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                    <text>Revista
de Historia

ECONOMIA Y POLITICA
EN EL SIGLO XIX
(Chile, México, Uruguay,
Venezuela, y Colombia )
Ano I, número 1
enero-junio de l 986

Facultad de
Filosofía y Letras

Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la U n.iversidad Autónoma de Nuevo León

AÑO I NUMERO 1

ENERO - JUNIO DE 1986

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este-número recibió la adhesión económica del
Departainentode Estudios Económicos y Sociales de la
Universida~ Autónpma de Yucatán

SUMARIO

Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . • • . . . . . • . . . . . • . . . .

3

lORqt U!ll'IEl:1°!',~

Enrique Florescano, Historia económica: econom(a y polftica . . . ..... - 11

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LoNGORIA

Los bienes temporales de los jesuitas en el reino de Chile (1593-1820).
Cuantificación y administración
por la monarqu(a... . . . . . . . • .

GUILLERMO BRAVO ACEVEDO

19

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Diseño: Eduardo Leyva S.
Tipografia: Andrea González Corona
Cuidado de la edición: Luis Vázquez Buenfil y Mario Cerutti
Colaboró en tareas de traducción: Miguel González Quiroga
Impresión: Proceso Gráfico, S. A.
Aparición semestral. Precio: 500 pesos mexicanos.
Para envíos al exterior, US $2.

Poder estatal, actividad económica y burgues(a regional en el noreste
de México (1855-1910) ......... • ....... MARIO CERUm
Uruguay: pol(tica industrializadora y grupos de presión
(1875-1898) . ... . ..•... .. . . •.•....... , .

67

RAUL JACOB

135

En busca de la prosperidad: Yucatán a la hora
de la independencia . . . . . . . ALEJANDRA GARCIA QUINTANILLA

165

Los intereses británicos y la polttica en Venezuela en las últimas décadas
del siglo XIX ..... . . . . . . . MARIA ELENA GoNZALEZ DELUCA 189
La formación de capital durante la época de la Regeneración
en Colombia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • DAVID C. JOHNSON

235

�PRESENTACION

El desarrollo de los estudios sobre el siglo XIX alcanzado en
México y en otros países latinoamericanos, en los últimos años,
es considerable. Fenómeno que se ha visto enriquecido por el
uso creciente y generalizado de fuentes primarias y por la implementación de técnicas y de recursos metodológicos renovados,
que han conducido a un conocimiento más profundo de esta
crucial etapa de la historia continental.
Período de transición entre la descomposición del orden colonial y el surgimiento regionalmente diversificado de la producción capitalista, el siglo XIX constituyó el momento en que se
establecieron no pocas de las bases que sustentan nuestro panorama más contemporáneo: la consolidación del Estado Nacional, la articulación y primer desenvolvimiento de mercados de características nacionales, la emergencia de grupos dominantes capaces de imponer y usufructuar el orden interior, las transformaciones suscitadas por los ciclos de la revolución liberal, la incorporación subordinada a un sistema económico internacional
hegemonizado por las sociedades que protagonizaron la revolución industrial, entre otras.

'

La abundancia de estudios sobre este siglo -cuya estricta
cronología puede abarcar los tramos finales del XVIII y las décadas iniciales del XX- no ha contado con una paralela organización de foros de intercambio y discusión o, mucho menos,
con la realización de ediciones conjuntas, ya fuere por medio
de memorias, volúmenes colectivos o revistas especializadas.
Como un intento para cubrir parte de estas ausencias nace
Siglo XIX. Revista de Historia, que tendrá carácter semestral y

�4

SigloXIX

aspirará a convertirse, justamente, en espacio abierto para dinamizar intercambios y discusiones. Sus páginas se pondrán a disposición de investigadores latinoamericanos, pero aguardan dar
cabida a la vez a colegas del sur de Europa, en cuyas sociedades
se habrían registrado -en el siglo XIX- fenómenos y procesos
cotejables con los de ciertas regiones de nuestro continente.

Siglo XIX espera contener en su período de arranque artículos y ensayos preparados a solicitud de sus editores, pero aceptará colaboraciones espontáneas que cubran los requisitos de práctica. En cada número se procurará incluir un elevado porcentaje
de materiales dedicados a un tema común y tratado por investigadores de países diversos a partir de los procesos de cada sociedad. Es factible que, según el caso, estos materiales sean
complementados con una introducción o comentario previo
destinado a resaltar elementos dignos o factibles de comparación: tarea, ésta, que deberá contarse entre los objetivos básicos de la publicación. En este marco, con frecuencia se rescatarán artículos ya impresos en revistas de circulación regional o
nacional, o en memorias de encuentros especializados, para
brindarles una nueva posibilidad de difusión -en una escala
quizás más amplia- y la oportunidad de que cobren una luz
diferente por ser reeditados junto con trabajos análogos efectuados en otros países.
Siglo XIX aparece gracias al apoyo resuelto de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de uevo
León: a poco más de diez años de haber fundado su Colegio
de Historia, esta institución de la ciudad de Monterrey, en el
noreste de México, reafirma así su política de estimular la investigación histórica y la pertinente difusión de sus resultados.
Desde ya se agradece la adhesión y colaboración de los colegas y amigos que reciban o tengan acceso al número 1 de
Siglo XIX. Su respaldo-ya provenga desde el lejano Sur, del
propio México o del otro lado del Atlántico- resultará decisivo para que este proyecto (alguna vez lejano) prosiga y se
consolide.

Presentación

5

Este número inaugural de Siglo XIX ofrece seis trabajos,
cuatro de ellos presentados como ponencias en el simposio
"Historia económica: economía y política" que, coordinado
por Enrique Florescano, se incluyó en el 45º Congreso Internacional de Americanistas.
Como en los otros dos artículos que integran el dossier, en
aquéllos se alude a procesos y fenómenos en los que quedan en
evidencia las imbricaciones ineludibles que economía y política
anudan en los procesos sociohistóricos. En algunos de los trabajos, inclusive, la conexión es mostrada de manera explícita y
notoria es, a la vez, la intención de recuperar o de revitalizar una
visión que -como indica Florescano en la minientrevista que
abre estos materiales y que, en parte, hace de introducción- el
vuelco hacia la historia económica había escindido hasta pocos
años atrás en la historiografía latinoamericana.
Tras los conceptos, precisos y firmes, de Florescano, se encontrará el detallado ensayo de Guillermo Bravo Acevedo. Se
centra en los bienes temporales que los jesuitas habían reunido
durante el período colonial en el alejado reino de Chile, y del
primer uso que se hizo de ellos a finales del régimen borbónico
y en los años inmediatamente posteriores a la independencia. Ya
en este caso impacta de inmediato cómo un hecho político-el
rompimiento con los jesuitas y la confiscación de sus bienesirrumpe sobre la propiedad y sobre medios productivos que
tienen un peso específico innegable sobre esta porción de la
economía colonial. Como se comentó en el simposio de Bogotá,
esta expropiación quizás resultó el escalón inicial del más prolongado fenómeno de la desamortización de los bienes eclesiásticos en España, que se extendería luego con Godoy, Mendizáhal y Madoz. De paso, el artículo de Bravo Acevedo ayuda
a percibir no solo la diversidad sino también la envergadura de
los bienes que la iglesia católica supo agrupar en sociedades que en
el siglo XIX se convertirían en los estados nacionales que hoy
reconocemos.

�6

SigloXIX

Presentación

7

El entrecruzamiento de lo político y lo económico está tratado con insistencia por Mario Cerutti al estudiar lo sucedido en
la segunda parte del siglo en el norte oriental de México. Se pone énfasis en dos momentos decisivos: cuando con la Reforma
se desata la guerra civil y se registra la invasión francesa -añ&lt;~s
en que la economía del noreste fronterizo se somete a la guerra-,
y cuando el porfiriato logra estabilizar y afirmar un orden interior que resultó fecundo para los grupos dominantes y para poner en marcha los brotes inaugurales y en gran escala del capitalismo. El poder político ( de dimensiones regionales hacia mediados de siglo, de capacidad nacional hacia 1900) actuó de manera
diferente, en cada caso, sobre la estructura económica. Mientras
en los difíciles años en que la guerra somete a la economía las
medidas apuntan a brindar oxigeno a la circulación mercantil y
hay una impresionante necesidad de acudir al préstamo de los
mismos comerciantes, durante el porfiriato la política económica incide abiertamente sobre la producción, el uso productivo ~l capital y el fortalecimiento de condiciones que puedan
llevar a abastecer las necesidades en ascenso del mercado nacional y, particularmente, del mercado mundial.

Alejandra García Quintanilla, por su lado, refleja los dilem~ y conflictos que en el otro extremo de México-la península de Yucatán- se plantearon al descomponerse el sistema
colonial español. ¿ Cómo enfrentar el sendero que debía llevar
a la prosperidad, la riqueza, el progreso? La capital regional,
Mérida, y el puerto fundamental, Campeche, ofrecerán a la
hora de la independencia alternativas distintas. Las distancias
entre ambas propuestas tomó constante la amenaza de una separación del resto de México: amenaza que desde Yucatán
planearía por lo !llenos hasta la mitad del siglo y que quedaría
clausurada cuando la prosperidad del henequén -desatada desde los años 70- contribuya a ligar los intereses dominantes locales con los de un poder central que pacientemente construía
Porfirio Díaz. Pero al abrirse el siglo XIX otras eran las posibilidades y expectativas. El comercio con la isla de Cuba, por
ejemplo, hace dudar a Mérida sobre la conveniencia de romper
con España. Ya en estos años y por estas latitudes emerge, por
otro lado, un personaje que gozará en el México de la primera
· mitad de la centuria de un peso considerable: Antonio López
de Santa Anna. Su ciclo quedó cerrado, precisamente, con la
Reforma.

Las políticas económicas y los lazos que se extienden entre
el Estado y los diferentes ~os de presión resultan el nudo del
artículo que ofrece Raúl Jac'"ob en torno al Uruguay del último
cuarto de siglo. El eje del estudio es, aquí, las limitaciones o posibilidades que para desarrollarse tuvo el sector manufacturero
en décadas en que el crecimiento global del aparato productivo
dependía de una inserción neta y abierta en la economía internacional. Al margen de los discursos liberales, queda evidenciado cómo el poder político resumido en el Estado juega un papel protagónico en estos años. Incluso, como lo muestra Jacob,
algunos de estos grupos de presión prácticamente nacen tras
las políticas asumidas desde la administración pública: hecho en
el que encontrarán un camino para su desenvolvimiento pero,
simultáneamente, un escollo concreto para un avance más autónomo o menos subordinado al de otros sectores sociales
dominantes.

Conflictiva resultó también la Colombia de finales del XIX.
David Johnson, en su trabajo, se encarga de rescatar la trayectoria de una familia convertida poco a poco en un emporio
empresarial en medio de tantas vicisitudes. Se trata de una descripción minuciosa, fincada en fuentes notariales, que comprueba los mecanismos de acumulación previa que en no pocas regiones latinoamericanas se protagonizaron en décadas en que
el capital tenía dificultades para volcarse a los procesos productivos. Johnson, por otro lado, no deja de señalar las vinculaciones de Reyes González -el empresario investigado- con
una de las grandes corrientes políticas colombianas. Al evidenciar sus relaciones con los conservadores, el autor se permite
dudar, simultáneamente, de generalizaciones que insisten en que
sólo los liberales se ocupaban de tareas modernizadoras y de
producciones tan prominentes como la de café. El café, ade-

�8

Siglo XIX

más alimenta la inserción de la economía colombiana en el mercado' mundial.
Los materiales de este número de apertura se cierran con un
muy sugerente ensayo que Maria Elena González Deluca publicó
previamente en Boletín Americanista, la revista que colegas y
amigos de la Sección de Historia de América de la Universidad de
Barcelona editan anualmente. Como se señala más arriba, el rescate y nueva difusión de trabajos de calidad que aborden la temática principal en cada número de Siglo XIX estará entre los objetivos de esta publicación. Más todavía si aluden a situaciones
nacionales diferentes a las analizadas por los otros autores. Con
el artículo de González Deluca, así, es factible incorporar a Venezuela al conjunto de sociedades revisadas y consideradas en
este dossier volcado sobre economta y política en el siglo XIX.
González Deluca presenta los problemas que la invertebrada
Venezuela mantuvo hasta comienzos del siglo XX para lograr
dinamizar el crecimiento capitalista que en otras regiones latinoamericanas se venía ya implementando. Las dificultades íntimas, señala, inclusive obstaculizan el arribo del capital inglés,
que por esas décadas se derramaba por el resto del continente
en forma generosa. Sus conclusiones ratifican lo que estudios
recientes aseveran cada vez con mayor insistencia: los cambios
que en el último tercio del siglo XIX se observaron en América
Latina tuvieron mucho que ver con reestructuraciones internas,
y con la aparición de grupos dominantes capaces de rearticularse
con provecho con la economia mundial. En ello insiste Marcello
Carmagnani, por ejemplo, en un volumen que en castellano vio
la luz en 1984*.
Del racimo de artículos sobre el que se afinca el número 1
de Siglo XIX quizás sea factible extraer -además de una información por momentos abundante- la siguiente percepción: es
una de las urgencias metodológicas más visibles la de reunificar
* Marcello Cannagnani, Estado y sociedad en América Latina. 1850-1930, Barcelona,
Critica-Grupo Editorial Grijalbo, 1984, pp. 28-30.

Presentación

9

economía y politica en los estudios sobre esta centuria (tan significativa como etapa 4istórica para la explicación de situaciones más contemporáneas). Lo polftico, en ocasiones -sobre todo en los picos de crisis- emergió como un condicionante estructural. Lo económico resultó reformulado tras esos picos,
para volver a asumir una cualidad indudablemente sustancial en
décadas en que la estructura productiva retomó a funcionar con
regularidad y orden.
Las páginas de Siglo XIX quedarán abiertas, desde ahora, para quienes quieran retomar este punto. Y para otros temas: las
líneas de cierre de este prólogo están destinadas a invitar a colaborar con este proyecto que nace en 1986 en una ciudad del interior de México. En estas generosas tierras mexicanas -que tan
desinteresadamente abrieron sus brazos a miles de latinoamericanos exiliados- esperamos producir una revista que reúna a un
núcleo creciente de especialistas dedicados a investigar el crucial
siglo de la independencia y de la construcción del Estado
Nacional.

�MINIENTREVISTA

Florescano: Economía y Política

La mayoría de los materiales recogidos en este número inaugural de Siglo XIX fue presentada en forma de ponencias en el
simposio "Historia económica: economía y política", dentro
del denso y amplio programa que comprendió el 45 Congreso
Internacional de Americanistas (Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985).
El principal animador y coordinador del simposio fue Enrique
Florescano, uno de los historiadores más prominentes de México y con relevancia continental.
Actual director del Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH), Florescano ha ganado reconocimiento por su
prolongada tarea de investigador, por sus numerosas publicaciones y por su labor de organizador y compilador de obras de inevitable consulta. Fue, también, un protagonista visible en la entrada de la historia económica en la historiografía latinoamericana.
Nadie mejor que Enrique Florescano, entonces, para propi·
ciar una fértil revisión sobre lo hecho por la historia económica
y sobre la necesidad de que los estudios históricos anuden en
una visión menos parcelada, más global, los estrechos vínculos
que los procesos sociales registran entre lo económico y lo politico. A esto suma el autor de Origen y desarrollo de los problemas agrarios en México, el compilador de Ensayos sobre el desarrollo económico de México y América Latina, el coordinador
del Atlas histórico de México, un interés casi apasionado por el
estudio histórico y por la historia de su propio país. Un énfasis
que no le hace perder de vista la necesidad imperiosa de acercarse al mflximo rigor científico cuando se pretende adquirir un
conocimiento histórico adecuado.

�12 Siglo XIX

En esta minientrevista F1orescano habla sobre los motivos
que gestaron el simposio de Bogotá, sobre el reacercamiento que
es menester plantear entre economía y política y sobre algunos
aspectos significativos del siglo XIX en México.
Siglo XIX.- Usted coordinó en el 45° Congreso Internacional de
Americanistas el simposio "Historia económica: economía y
política". ¿Por qué esta denominación, y por qué seleccionó un
tema con tales características?
Enrique Florescano.- Porque me parecía necesario contribuir
a que se volviera a unir el análisis político con todos los resultados -afortunadamente muy positivos- que se han logrado en la
historia económica y social reciente.

Cuando comenzó este boom, ese acento tan fuerte en el
análisis de las estructuras y de las coyunturas económicas, se
dio como una reacción contra una interpretación muy ideologizada de la historia política. Se llevó adelante con la convicción de que íbamos a encontrar un terreno más firme, más sólido que nos permitiría interpretar mejor tanto los procesos políticos como sus derivaciones o resultados ideológicos.
En verdad, eso no pasó, y no pasó por :¡]guna caUsa especial
que estuviera más allá de la propia forma con que funciona la
investigación- en nuestras áreas académicas: simplemente se parceló, se parcializó lo estudiado y se hizo de nuestra historia económica algo muy economicista. Y no se prestó suficiente atención a los grandes efectos y a las influencias del desarrollo político.
De todo esto creo que hay evidencias suficientes. Aunque la
historia económica avanzó mucho en América Latina, y aunque
ese cambio en el énfasis resultó positivo para el conjunto de la
historiografía americanista y mexicana, no alcanzamos a crear
un tipo de historiador que- al mismo tiempo que fuera descubriendo las características de la estructura económica de los
'
procesos económicos y el desarrollo de la formación económi-

Florescano: economía y pol(tica

13

ca- se acercara al fenómeno político. Este historiador, en lugar
de ver los hechos políticos como una parte sustancial del proceso histórico general, lo veía como una parte distante o refleja.
Además se tuvo la influencia muy marcada -quizás más ideológica que científica- de las corrientes marxistas y de izquierda
que, paralelamente a este nuevo interés por la historia económica,
insistieron sobre lo que podríamos llamar la dominancia o el
predominio de lo económico sobre lo político (sin que esta afirmación estuviera comprobada por los hechos). Se trataba, en
todo caso, de un punto de partida, de una hipótesis o un enfoque,
pero que fue aceptado como una conclusión, más que nada, por
el mismo desconocimiento que estas corrientes tenían de los
procesos históricos.
Siglo XIX.- ¿Sería factible puntualizar que esta mirada excesivamente volcada en el funcionamiento económico mostró límites
para brindar una explicación satisfactoria o más adecuada de los
procesos históricos?
Enrique Florescano.- Para responder a esto hay que considerar
dos problemas. Uno fue que, efectivamente, el análisis económico
exclusivo, rigurosamente centrado en los procesos económicos,
no alcanzó a ofrecer explicaciones satisfactorias de los propios
cambios económicos, para no hablar ya de los cambios sociopolíticos. Por otro lado se dio un problema ligado a la for~l!ción
misma del historiador en nuestros países, que obedece en ocasiones más a las modas que a una verdadera compenetración con·
los interrogantes que plantea una época. Aunque las modas pueden resultar benéficas (cuando sirven para ampliar la visión que
se tiene, recoger técnicas, métodos y enfoques que conducen a
profundizar lo que se anda tratando de explicar) si se las convierte en lo fundamental, entonces se distorsiona el objeto mismo
de estudio. Y creo que algo así nos pasó.

Pero me interesa aclarar lo siguiente: ni creo que la historia
económica haya abortado, ni mucho menos que haya alcanzado
a desbrozar y sistematizar la gran cantidad de información, de

�14

SigloXIX

conocimientos que necesitamos tener aclarados para poder explicar determinados procesos históricos. Pero si vemos lo que sucedió a fines de los años 60 y sobre todos durante los 70 (cuando se registró el vuelco hacia la historia económica), y si o~servamos lo que ocurre diez años después -pese a que no deJO de
crecer la investigación ni de perfeccionarse su infraestructura-,
nos encontramos con que tenemos menos estudios económicos
y socioeconómicos de los que contábamos en la década de los
70. Y además: no contamos con un buen análisis sobre qué llegamos a comprender mejor y qué nos falta por hacer.
Creo que aquí hay un problema de inconsistencia científi~a:
no se ha logrado dar continuidad a una verdadera preocupación
científica sobre los procesos económicos, a pesar de que ~esc~brimos fuentes prodigiosas aplicando los métodos de la histona
económica...

Siglo XIX.- Parecería que estamos situados en un punto en el
que hay que revisar cosas. Este simposio que coordinó en el
marco del 45º Congreso de Americanistas ¿fue un intento en
ese sentido? ¿Es un primer paso o se trata de una actitud que
comienza a generalizarse en Latinoamérica y México?
En-Ti-que Florescano.- Creo que esta revisión se está generalizando. No conozco con exactitud lo que sucede en el contexto latinoamericano, pero sí puede observarse que en el caso de México se ha generado recientemente un vuelco hacia los problemas de la historia política, especialmente para la época más
contemporánea. Resulta evidente que los estudios de caracter
político están dominando. Lo que es un buen signo, porque se
había olvidado en parte ese aspecto. También lo notamos en las
investigaciones sobre la época prehispánica, la colonial y el siglo
XIX. Es decir, vivimos un momento de revisión, de ajuste, en el
cual se observa una tendencia definida por los aspectos no esclarecidos de las estructuras políticas, por el análisis de los fenómenos políticos.
Pero, por otro lado, tampoco se ve aún, con claridad, una
interacción entre este enfoque y los anteriores: los que se sus-

Florescano: econ omfa y polftica

15

tentaron sobre la historia económica, la historia social e, incluso, lo que antes se denominaba historia de las ideas.

Siglo XIX.- ¿Le parece posible extraer alguna conclusión sobre
este punto del simposio de Bogotá?
Enrique Florescano.- Creo que es una muestra muy reducida para atraverse a extraer conclusiones respecto a la historiografía
en general, como respecto a cada país. Pero siento que hay~ cambio en las actuales generaciones: se han enriquecido con el aporte de la historia política europea (italiana, inglesa), que ha matizado visiblemente el enfoque de la historia cuantitativa francesa y el de la historiografía marxista, preocupadas más por el
análisis de las estructuras y los procesos económicos.
Esto ha enriquecido a todos, y ello se manifiesta no sólo
entre los historiadores, sino entre gente que se encuentra
en las fronteras de diversas disciplinas. Antropólogos, sociólogos, politólogos, se han acercado más a los métodos y enfoques
de la historia económica y de la historia social. Y puede percibirse ya como que están cuajando ciertas fundamentaciones
básicas para marchar hacia interpretaciones más globales del desarrollo histórico.

Siglo XIX.- Hay períodos en que lo polltico parece haber surgido con una fuerza singular, fenómeno a veces ligado a situaciones de crisis prolongadas, de alteraciones importantes. Para
esas etapas o momentos, esta recuperación de lo político -o
sea: su percepción y su valoración por parte del historiadorresultaría de enorme significación. ¿Cree usted que el siglo XIX,
en Latinoamérica y muy particularmente en México, estaría
entre esos períodos?
Enrique Florescano.- Claro que sí, pero pienso que ello puede
ser extendido a la época colonial, y a la anterior a la llegada de
los españoles... Si nos referimos al siglo XIX emerge un hecho
muY: claro: la estructura económica-en México- a partir de la

�/

Florescano: econom(a y pol(tica

17

16 SigloXlX

independencia, no cambia aunque cambie el horizonte histórico
y político del país. Su horizonte empieza a ser, ya, el de un proyecto de Estado y de ación independientes. Pero su estructura
es totalmente colonial, y las prácticas políticas, las costumbres y
la formación de su gente siguen siendo básicamente coloniales.
Gradas a la liberación política, la perspectiva que surge es la de
un proyecto nacional que, por otro lado- y esto es lo que me
parece extraordinario en el siglo XIX-, no existe en la realidad:
la realidad de México en ese momento no es todavía la de una
nación o de un estado.

Siglo XIX.- Por eso fue que la consumación del Estado Nacional
requirió su tiempo histórico ...
Enrique Florescano.- Si: nació más pronto el proyecto, que comenzó a definirse entre 1824 y la generación liberal. Pero sólo
era un proyecto: lo que hizo alcanzar la unidad de este proyecto
fue el triunfo de (Benito) Juárez frente a los peligros externos,
del imperialismo exterior, y frente a la reacción interna. Allí se
unificó la idea de trabajar por un proyecto nacional con la legitimidad necesaria para sus dirigentes.

'Pero tampoco era aún un verdadero Estado acional: se siguió trabajando so¡i-e el proyecto histórico generado en la primera mitad del siglÓ XIX, pero la estructura económica básicamente no había cambiado. Lo que si se había acentuado para
entonces era el predominio del capital mercantil, que hegemonizaba la estructura productiva, todas las relaciones, el tejido social y político. Este fenómeno ya lo contemplamos en el siglo
XVIII, pero en el XIX se consolida asumiendo una transformación no sé si estructural o cualitativa: cuando se da la aparición
de los llamados agiotistas y la especulación. La escala tiende a
ser la de un país de dimensión nacional y con vinculaciones cada
vez más claras con el desarrollo capitalista mundial. La variante
es, que ya no se trata de un espacio colonial, sino de un
país con autonomía política y que se enfrenta al fenómeno de
las relaciones capitalistas y comerciales internacionales con una

estructura que comienza recién a modificarse. Y allí estaba la
gente vinculada al agio, a la especulación, que llegó a adquirir
una importancia enorme e influyó en las alteraciones de la estructura económica.

Siglo XIX.- Pero ¿cómo modificar una estructura tan sólida como la heredada de la colonia? El peso específico de lo político
debió sentirse aquí, tuvo que emerger como una variable fundamental, decisiva. Un ejemplo, muy conocido: la expropiación de
los bienes de la Iglesia Católica y la inserción de estos bienes en
el mercado. Hecho que derivó en gran medida del grado de agudeza que llegó a tener el conflicto sociopolitico, pero que impactó en áreas claves de la estructura de la propiedad, de la economía en general, en el marco de un proyecto modernizante y
de construcción del propio Estado Nacional.
Enrique Florescano.- Buena parte de todo esto llegaba de las
ideas ilustradas, de la influencia que tuvieron en nuestra sociedad colonial. La Ilustración tuvo en México un efecto.ideológico extraordinario. Es adoptada por los grupos dirigentes que se
habían nutrido de una concepción religiosa del mundo y de la
sociedad. Y allí empieza un cambio que cuhnina - en términos
económicos y políticos, y como conflicto- con la expropiación
de los bienes de la iglesia. Los momentos más intensos de ese
conflicto se manifiestan entre 1824 y 1857.

Además, aquí se estaba definiendo el proyecto de intervención del Estado, como estado secular, en la orientación y conducción de la sociedad. Y se define también una educación laica, no religiosa, lo cual implica la secularización de la sociedad.
El Estado como conductor del conjunto social y nacional se
afirma cuando la iglesia pierde la dirección de la educación, de
todo su aparato administrativo (con influencia en la familia, la
moral, los casamientos, nacimientos). Se pasó de una sociedad y
un estado estamental y corporativo a un estado guiado administrativa, política y económicamente por los dirig~ntes del Estado Nacional. Este fue el gran cambio en un proceso que atra-

�18

SigloXIX

vesó todo el siglo XIX y concluyó en parte hacia los años 30 y
40 de este siglo: cuando las transformaciones políticas y admirústrativas de Cárdenas y del grupo de dirigentes que salen de
la revolución crean una administración pública con un proyecto económico, social y político conducido plenamente desde el
Estado.

Los Bienes Temporales Jesuitas
en el Reino de Chile (1593-1820).
Cuantificación y Administración
por la Monarquía
Guillermo Bravo Acevedo*

ace entonces otro problema: el de la supeditación de la sociedad civil a la dirigencia de un pequeño grupo, que es uno de
los elementos significativos, poderosos y duraderos que han conformado el desarrollo histórico y político de México.
Desde su llegada al Reino de Chile, los regulares de la Compañía de Jesús se destacaron en todas las actividades de la vida
colonial. No sólo condujeron las misiones entre los indígenas y
realizaron una amplia labor educacional, entregando un valioso
aporte cultural a la sociedad chilena durante los siglos coloniales, sino que también gozaron de gran prestigio social y acumularon una considerable cantidad de bienes económicos.
Al cabo de más de medio siglo, dichos bienes o "temporalidades", se convirtieron en su conjunto en una apreciable riqueza, que contrastaba con las fortunas privadas o de otras órdenes religiosas, dentro del contexto histórico-económico del
período colonial.
En esta perspectiva, este estudio expone los resultados de
una investigación sobre historia económica chilena, cuyo propósito fue conocer el conjunto de bienes que integraba el fondo de temporalidades jesuitas, con el objeto de cuantificar los
bienes económicos acumulados, desde su llegada al país (1593)
hasta su expulsión (1767).
Por otra parte, un segundo objetivo fue explicar el destino económico de los fondos de capital, reunidos por la enajenación de
*Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Oiile. Ponencia presentada
en el simposio "Historia económica: economía y política" , 45º Congreso Internacional de Americanistas, Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985.

�20 Siglo XIX

C. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

dichos bienes secuestrados a esa Orden religiosa, que fueron administrados por la corona española.
Partiendo del supuesto que el monto total que representaba
el valor de las temporalidades jesuitas, expresado en dinero, fue
subvalorado porque se incluyó en su cálculo sólo a· los bienes inmuebles, la investigación se orientó a conseguir datos documentales que permitieran determinar el valor de los bienes raíces y
de los bienes muebles - productos y mercancías, ganados y esclavos, entre otros-.
Adicionalmente, se estimó que el precio de venta de todos
los bienes estuvo ajustado a los precios corrientes del mercado,
aunque en el caso de los inmuebles se debían agregar los intereses devengados por las ventas a crédito, para obtener un valor
económico constante.
De este modo, en el cálculo de la riqueza temporal jesuita
se incluyeron los valores de los bienes muebles, de los inmuebles y de los intereses de crédito, obteniéndose con ello el valor
final del conjunto de temporalidades.
Cuanto a la administración del fondo de capitales, la corona
española aplicó un plan que puede dividirse en tres etapas: Administración Provisoria (1767-1771), Administración por la Junta Provincial de Temporalidades (1771-1789) y Administración
por vía de Ensayo (a partir de 1789).
I. EL TEMA E

LA HISTORIOGRAFIA

Los principales estudios históricos sobre el conjunto de bienes temporales de los jesuitas quedaron establecidos en la centuria decimonónica y aún cuando en el presente siglo se han hecho algunos trabajos sobre la materia, ninguno de ellos es de
carácter global (Aranguiz Donoso, H. 1967; Femández Larraín~
S. 1967; Fontana, Esteban, 1962; Hanisch E. Walter, 1963,
1974; Laval, Enrique, 1953).

21

El espíritu liberal del siglo XIX, presente en la sociedad chilena y representado en las corrientes historiográficas por don
Diego Barros Arana y don Benjamín Vicuña Mackenna, trató el
tema con vehemencia tanto al reconocer la valía de la influencia
cultural, como denunciando el poderío económico y la riqueza
temporal de la compañía. Al tiempo que el iesuita Francisco Enrich asume la defensa, tratando de justificar la tenencia de cuantiosas Temporalidades señalando que servían, precisamente,
para sostener la obra cultural de la Institución religiosa.
Diego Barros Arana (Barros Arana, 1872) señala que la influencia económica de la Orden podía ser estudiada viendo los
modos y formas que poseían los Jesuitas para crear e incrementar su riqueza, a la que califica como "considerable". Luego,
sugiere que detrás de cada actividad emprendida por los Jesuitas estaba presente "el espíritu mercantil", que dirigía todos los
negocios de la Orden.
Sin pretender, estimar "el monto total de la riqueza territorial de los Jesuitas en Chile", pues le faltan datos, concluye diciendo que el monto de la riqueza podía representar dos o tres
millones de pesos hacia 1767 y que si no se hubiera producido
la expulsión y la inversión constante de los fondos se hubiera
mantenido, esa fortuna jesuita· habría representado unos veinte
millones de pesos, en 1810.
Finalmente, a través del estudio se sugiere que es imposible
calcular con acierto el valor en dinero, que tenían dichas propiedades en el siglo XVIII, porque el precio de venta fue ínfimo a
causa de la mucha oferta que de ellas hubo.
Benjamín Vicuña Mackenna, en varios escritos (Vicuña
Mackenna, B. 1936 y 1938), no desconoce los méritos de los
Padres de la Compañía en el campo cultural y social, pero agrega que todo esto se empaña con "ese amor culpable, sórdido,
vil, por atesorar bienes", cuya posesión estimulada por el trabajo de la Orden, los convirtió en una "fabulosa riqueza".

�22

SigloXIX

Basándose en algunos documentos de archivo, señala los valores de algunas propiedades principales y aún cuando no llega
a cuantificar la totalidad de la riqueza jesuita, esboza una comparación de ella respecto del valor que tendrían en su propio
tiempo. Esta metodología determina un desfasamiento temporal
en su comparación, aunque sugiere que para apreciar el valor
real de los inmuebles se puede observar en un mapa colonial las
localidades en que estaban situadas, para verificar su extensión
territorial.
Francisco Enrich (Enrich, F. 1891), traza una historia de la
Compañía de Jesús en Chile y nos presenta la obra cultural de
los religiosos, llena de elogios, cuando comienza a rebatir precisamente todos los calificativos dados a la Orden. Exponiendo
planteamientos filosóficos y doctrinales, concluye que no es
ningún delito poseer riquezas si ellas se han adquirido por medios lícitos y siempre que no se "abuse de ellas para malos fines". Por otra parte señala que si los antiguos padres poseían
una riqueza, esta era proporcionada con sus necesidades. Para
probar su aserto cuantifica las propiedades inmuebles de la Orden, señalando que su precio no representa el valor real porque
se tasaron y vendieron en más de lo que realmente valían y, que
aún con todo, esas mismas propiedades sostenían toda la obra
educacional, misionera y cultural de la Compañía en Chile.
En síntesis, las conclusiones que sacamos de estos estudios
fueron:

l. Que, se observa en los trabajos historiográficos un enfrentamiento entre dos posiciones, que sin desconocer la influencia y obra cultural de la compañía, discrepan en cuanto se
refiere al monto de sus bienes económicos.
2. Que, tanto Barros Arana como Vicuña Mackenna, proponen
una comparación histórica anacrónica de la riqueza temporal jesuita puesto que la valoran fuera del contexto histórico
en que estaban situadas, aún cuando Vicuña Mackenna, intenta la elaboración de una estimación cualitativa de ella,

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

23

que a nuestro parecer es más acertado.
3. Que, el padre Francisco Enrich cuantifica las temporalidades, aunque sólo se refiere -al igual que los otros autores citados- a los bienes inmuebles de la Compañía, olvidando
que poseía también, otros bienes, menos valiosos individual- ·
mente, pero en su conjunto formaban un capital económico
nada despreciable.
II. BIENES TEMPORALES JESUITAS
Durante el período colonial, la labor de la Compañía de
Jesús en el terreno espiritual y educacional fue, sin lugar a dudas, permanente, valiosa y de una considerable influencia en el
desarrollo de la vida chilena de esa época. Además de contribuir
al desenvolvimiento de una forma cultural propia, los jesuitas
hicieron sentir su participación en los ramos de la administración colonial y muchas de las decisiones tomadas para enfrentar la marcha política del Reino se abrieron a sus sugerencias 1 .
Los esfuerzos desplegados por los hijos de San Ignacio, para
llevar adelante sus objetivos, debían contar lógicamente-con una
base sólida, estable y productiva, pues de otro modo, las dificultades de este género habría tenido influencia negativa en el trabajo general de la Orden. Así, pues, era imprescindible para los
regulares tener un apoyo material para afirmar su misión espiritual. Esto significó que, paralelamente al trabajo del espíritu y
la cultura, la Compañía no sólo debió procurarse los bienes que
en cantidad suficiente le permitieran fundar Colegios, Casas y
Misiones, sino que también, debió atender el desarrollo e incremento de ellos, ya que dentro del esquema administrativo de la
institución, éstos permitían la supervivencia de aquellos.
Como consecuencia de esta mentalidad, los negocios matel. Medina, 1965 T. l. p. 177 • 192 y T. ll.p. 53 y 123 y p. 140 -154. Transcribe
documentos sobre la Guerra Defensiva y los planes del padre Luis de Valdivia.
Solar, 1969. Trata la importancia cultural de los escritores jesuitas.

�24

SigloXIX

riales y las tareas propias de la Orden muchas veces se vieron
retardadas cuando, a consideración de los superiores, los bienes
con que contaba un colegio, no eran suficiente para mantenerlo
o para permitir una vida tranquila a los individuos designados
para ejercer una determinada función. En este principio podemos encontrar el amplio sentido práctico que aplicaban los jesuitas a sus n~ocios espirituales o materiales, que pueden explicar muchas de las acciones llevadas a cabo por la Compañía,
en bien de la sociedad o en provecho de su propia consolidación como institución.

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

25

nistrativo empleado6 para trabajar las temporalidades permitieron su ensanche y aún su incremento, a través del sistema de
compra, a particulares u órdenes religiosas7 •
.
Una tipología primaria dentro del conjunto de temporalidades nos permite distinguir entre estos bienes~ inmuebles y
muebles.

Los bienes temporales de la Compañía, a que hemos hecho
mención, llegaron a manos de la Orden por medio de donaciones o por compra.

Los bienes inmuebles o raíces, están subdivididos en: Propiedades urbanas y Propiedades rurales. Entendemos por aquéllas los solares urbanos y casas comprendidas en el casco urbano de la ciudad y chacras y molinos adyacentes a él, y por éstas,
las haciendas y estancias de la zona agrícola correspondiente a
una ciudad y sus términos.

De modo general, podemos establecer que las donaciones
correspondían a las denominadas de "intervivos',2; a las hechas
por testamento3 ; a las realizadas por cesión de herencia4 y a las
otorgadas por merced reaP .

Respecto de los bienes muebles, principalmente disti~uiremos tres clases: ganados, esclavos y mercancías y productos,
aunque en la cuantificación final incluiremos el dinero físico
encontrado en las cajas de colegios y haciendas.

Por otra parte, la ágil gestión financiera y el sistema admi2. Entre otras donaciones de este tipo es de importancia la del capitán Andrés de
Torquemada y del capitán Agustín Briceño, los cuales juntaron sus haciendas para fundar un colegio con el título y advocación de San Miguel. Torquemada donó la hacienda de Podaba! y Briceño 122 cuadras de pan llevar, que constituyen la chacra de la Olleria, y la hacienda de Rancagua.
Olivares, 1874. p. 25 ;Encina, 1945 T. V. p. 388 yEnrich, 1891 T. L p. 52-53.
3. Corresponde a este caso, la donación del alguacil Mayor de la ciudad de Santiago, don Antonio Martíne-i de Veigara, que instituyó por heredero de la hacienda de Chacabuco a la Compañía de Jesús.
Medina, 1952 p. 342.
4. Los hermanos Gonz.alo y Francisco Ferreira dedicaron su legítima herencia
(17 .000 pesos), para la fundación de un noviciado en la ciudad de Santiago,
que recibió el nombre de San Francisco de Borja.
Olivares, 1874 p. 258 ;Barros Arana, 1872, p. 32.
Benefactor del colegio máximo de San Miguel fue el padre Alonso de Ovalle,
quien por testamento legó todos sus bienes a la compañía.
Barros Alana, 1872 p. 29.
Además dotó 3 becas en el colegio seminario de San Francisco Javier.
Olivares, 1874 p. 32.
5. El Gobernador Alonso de Ribera extendió merced de tierras a la Compañía;
2.000 cuadras en el paraje de Quinchamalí y 1.600 en Qúllán.
Enrich 1891. T. l. p. 293.

IIl. CUANTIFICACIÓN DE LAS TEMPORALIDADES
Los distintos bienes económicos que hemos mencionado,
administrados convenientemente por los regulares de la Compañía en Chile, componían la riqueza temporal que le fue ocupada
a la Orden en 1767, año en que por disposición de Carlos III los
jesuitas fueron expulsados de España y de las colonias Indias y
Filipinas.
Pasados estos dineros a la administración Real8 , se convir6. Un buen ejemplo de administración de bienes, lo constituyen las "Instrucciones a los hermanos jesuitas administradores de haciendas". Este es un manual
administrativo que consta de más de 300 artículos.
Chevalier, 1950.
7. Numerosas fueron las compras de propiedades realizadas por la Compañía Estancia de Peñuelas (1667), Lagunillas (1668), Tunquén (1670), Calera de Tango
(1685).
Medina, 1952 p. 252 - 253; Enrich, 1891, T. I. p. 374;Olivares, 1874 p. 457.
8. Ver mi trabajo sobre el particular. Bravo, 1984, p. 87 - 108.

�26

SigloXIX

tieron en un fondo de capitales, cuyas finalidades eran: satisfacer las pensiones de los jesuitas expulsados y atender a las diversas aplicaciones autorizadas por voluntad del monarca.
Este fondo de capitales, formado por la incautación de dineros y la enajenación pública de los bienes, nos permitirá valorar cuantitativamente, en unidades monetarias, la riqueza económica poseída por los jesuitas chilenos al tiempo de su expulsión.

C. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

27

4.116 pesos 6 reales, en tanto que en el Colegio de Quillota,
142 pesos 2 reales; en el Colegio de Coquimbo 1.237 pesos 7
reales; en el Colegio de Talca 32 pesos 3 reales; en la Residencia
de V alparaíso 200 pesos; en el Colegio Estancia del Rey (Buena Esperanza), 93 pesos 4 reales.
En resumen, el total de dinero efectivo requisado a la Or-

den de Jesuitas en 1767 alcanzó la cantidad de 11.732 pesos
5 reales.

A) Dineros
En la Procuraduría del Colegio Máximo de San Miguel, el
Comisionado, Juan de Balmaceda, dejó constancia de haber
encontrado en caja 591 pesos, en plata sellada, y en la Procuraduría General de la Provincia, que funcionaba en el local del
mismo Colegio, la cantidad de 1.398 pesos 7 1/2 reales. De esta suma, 1.989 pesos 7 1/2 reales, se tuvo que deducir 633 pesos 6 reales, para costear los gastos de mantención de los jesuitas reunidos en el Colegio, más 215 pesos 6 reales que fue el
costo de la guardia que custodiaba el rec~to y otros gastos indispensables realizados para trasladar los jesuitas de otros colegios, quedó un saldo líquido de 1.143 pesos 1/2 real:9
Procediendo en la misma forma, que el Oidor Balmaceda,
los Comisionados que intervinieron en la ocupación de las temporalidades jesuitas registraron en el inventario, la cantidad de
dinero hallada en la Caja de la Procuraduría de cada Colegio,
cuyas cifras son:
·
En el Colegio del Noviciado de Santiago se encontraron
3.924 pesos 7 1/2 reales. Esta cantidad incluye el dinero efectivo encontrado el día del secuestro, más los pagos posteriores
que hicieron distintas personas que debían dinero al Noviciado.
En el Colegio de Bucalemu, la plata labrada encontrada fue
9. VI

TOTAL DE DINERO REQUISADO A LA ORDEN JESUITA
EN l 76Jiº
Colegio Máximo
Procuraduría de la Provincia
Noviciado de Santiago
Colegio de Bucalemu
Colegio de Quillota
Colegio de Coquimbo
Colegio de Talca
Residencia de Valparaíso
Colegio de la Estancia del Rey
TOTAL

591
1.398
3.924
4.116
142
1.237
32
200
93

4

11.732

5

71/2
71/2
6
2
7
3

B) Mercancías y Productos
Las mercancías, productos y efectos que se encontraron en
los colegios jesuitas, fueron clasificados tasados y glosados. Y,
luego, sacados a subasta pública, para que convertidos en dinero, satisficieran deudas y gastos contraídos por la administración provisoria de temporalidades11 .
10. VI ;Amunategui 1928 p.141, para los datos de Coquimbo.
11. Los gastos que 'demandaron los traslados, envíos y mantención de los jesuitas
chilenos fue de 91.038 pesos 1 1/4 reales. Bravo, 1984 p. 89.

�28

SigloXIX

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

Las cuentas del Colegio Máximo, que hemos revisado, señalan que en el momento de la ocupación de los libros de la
Procuraduría había un total de créditos activos, es decir, de
deudas contraídas por particulares, de 7 .059 pesos 3 reales12 .
Las ventas y Femates de mercaderías de propiedad del Colegio Máximo de San Miguel, fueron los más importantes que
se realizaron luego de la ocupación. Ello se debe a que esta casa jesuita era la más poderosa - económicamente hablando- de
toda la Provincia de Chile, pues contaba con recursos de capital y haciendas más que suficientes para atender a sus gastos.
Una parte de los productos allí encontrados fueron tasados
en 18.603 pesos 2 reales, y en la subasta pública del día 20 de
febrero de 1768, los remató don Domingo Bilbao sólo en
16.000 pesos, pagados la mitad a un año plazo y la otra mitad a
los diez ·meses siguientes. Luego el precio del remate quedó reducido a 15.091 pesos 2 reales, por las rebajas que debieron hacerse, al comprobar el subastador efectos f altantes de la lista del
inventario de tasación.13
También, se remataron géneros que hahía importado la Procuraduría del Colegio Máximo y que habían llegado a Valparaíso en el navío Begoña. La clase de géneros correspondían a:
Ropa de la Tierra, Paño de Quito, Tocuyo Blanco, Tocuyo para
abrigo, Gerga, avaluados en 3.232 pesos 6 reales. El remate, le
fue adjudicado a don Lorenzo Gutiérrez de Mier en 3.280 pesos,
el 9 de octubre de 1767 14 •
El total que produjeron estas mercaderías, pertenecientes al
Colegio Máximo y sus haciendas, sumó 31.560 pesos 5 3/4 reales, a los que deben agregarse los 7.059 pesos 3 reales por deudas impagas y 2.341 pesos 6 1/2 reales por el capital efectivo _de
la Botica del Colegio15 •
I

12. VI
13. vn
14. VII
15. VI

29

De la lista de remates de los otros colegios y haciendas de
jesuitas, merecen destacarse: 16
a. Mercaderías del Colegio de San Pablo, entre las cuales se
cuentan: Madera, vino, vinagre, grasa, cecinas, trigo, etc.,
por valor de 2.171 pesos 7 reales.

PRODUCTOS TOTALES DE LOS REMATES DE EFECTOS
Y PRODUCTOS DE COLEGIOS DE LA COMPAÑIA17
Colegio Máximo y sus haciendas
Colegio San Pablo y sus haciendas
Colegio del Noviciado y id.
Colegio Bucalemu
Colegio de Quillota y
id.
Colegio de Coquimbo y id.
Colegio de Chillán y
id.
Colegio de Mendoza y
id.
Res. de Valparaíso y
id.
Res. Aconcagua y
id.
Res. de San Femando y id.
Res. de Copiapó y
id.
Colegio-Estancia del Rey
Res. de Valdivia
TOTAL

40.961
3.493
2.163
2.739
181
3.716
1.383
3.688
406
1.226
1.706
1.266
947
1.215

5
11/2
4
2
1
21/2
1
11/2
4

65.094

7

71/4
61/2
21/2

b. Efectos traídos del Colegio de Bucalemu, rematados por
don Lorenzo Hemández en 2.238 pesos 1/4 real, el 19 de
octubre de 1767, a seis meses plazos.
c. Una factura de efectos de Castilla y de la tierra, comprados
en subasta pública de 19 de enero de 1768, por don Matheo
de la Fuente, en 661 pesos 7 1/2 reales, pertenecientes al
Colegio de la Villa de San Felipe.
16. VI - VII
17. VI-VII

�30

SigloX/X

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

d. El remate hecho por don Joseph Grez de productos de la
hacienda de Chacabuco, por un total de 1.643 pesos 6 1/2
reales. Entre los productos rematados figuran: 50 botijas de
grasa a dos pesos, botija; 23 quintales de sebo a 3 pesos 2
réales, quintal; 350 fanegas de trigo, a· 7 1/2 real, fanega;
25 quintales de charqui, a 2 pesos quintal; 450 arrobas de
vino, a 8 1/2 real, arroba; 45 velas de sebo ; aguardiente de
anís y sal por 72 pesos.
De manera que los valores reales del rendimiento económico de las temporalidades jesuitas, en estas primeras diligencias,
alcanzaron la suma de 76.827 pesos 4 reales, de acuerdo a la
siguiente cuenta de resultados.
Total dinero efectivo
Total de ventas y remates
de mercanderías y productos

65.094

7

TOTAL

76.827

4

11.732

31

Piezas de esclavos de 1 a 15 años: hasta 200 pesos.
Piezas de esclavos de 16 a 40 años: entre 225 y 250 pesos.
Piezas de esclavos viejísimos: 50 pesos.
Piezas de esclavos de 40 y más años: entre 200 y 250 pesos.
Agregamos a ello que el precio promedio de las piezas rematadas en 1768 fue de 191 pesos 3 1/2 reales, y el de todos los
esclavos rematados entre 1768 y 1776, de 185 pesos, poco más
o menos.
Respecto del primer precio, señalaba don Juan de La Comba, de la Dirección de Temporalidades de Lima, una opinión
que confirma que el precio real de venta de los esclavos no estaba de acuerdo con los normales:

5

C) Esclavos

La fuerza de trabaio esclava, que los jesuitas habían mantenido en sus haciendas, por las contingencias a que estaba expuesta, fue sacada a subasta pública.
Para estimar el precio de los esclavos de la Orden de los regulares expulsados, se tomó la decisión de nombrar Comisionados oficiales que tasarían las piezas, según sus características.
Por tanto se elaboró un padrón de evaluación según edad, sexo
y estado.
Del análisis de la documentación, pudimos establecer estimativamente el padrón utilizado por los tasadores de la Junta de
Temporalidades:18
18. IV. Los tasadores fueron don Jo.ige Lanz Y, en su falta, don Lorenzo de Arrechea. Luego, se nominaron otros dos: don Ignacio de los Olivos y don Domingo
Bilbao.

Un precio tan inferior que vaja del ínfimo a último extremo de
los efectos vendidos comprueba el acierto de la determinación de
Vuexelencia mandando suspender los remates (año 1770). . .
interin llegase la resolución de su Magestad para su enagenación
no habiendo duda que cuando esta se verifique se conseguirá en
este Reyno una venta mucho mas ventajosa que la que se ha logrado en Chile donde los campos se labran por hombres libres y
por consiguiente deben tener menor valor los esclavos que en las
inmediaciones de esta ciudad en que sólo por servidumbre se logra
el cultivo de las tierras.

Una última acotación: en Santiago de Chile hasta 1776 se
habían rematado 609 esclavos de la Orden y se habían enviado
224 y 127 a Lima y Buenos Aires, respectivamente, pues en
aquellas ciudades su precio era superior.
En resumen, para tener una visión global de los 1.190 escla·vos de la Orden, que hemos contabilizado, más 9 de los que sabemos su procedencia, pero no su destino, hemos realizado dos
cuadros estadísticos: 20

20. IV - VI - VII

�RESUMEN GENERAL DE ESCLAVOS DE JESUITAS EN EL REINO DE CHILE
w
Colegio o
Hacienda

Rematados
H
M Total

Hac. La Cale ra
Ot. Ollefla
Hac. Bucalemu
C. Máximo
C. Noviciado
C. San Pablo
Hac. Rancagua
C. Mendoza
Hac. Otacabuco
Hac. La Punta
Hic. Quilicura-Renca
Rés. Valparaíso
Res. Coquimbo
Res. Sn. Felipe-Aconcagua
Res. Copiap6
Res. Quillota
Res. Viña del Mar
Hac. San Pedro
Hac. Ocoa
C. Concepción
Res. San Juan
Res. San Luis
Res. San Femando

42 71
23 30
88 105
6 14 20
4 11
16 19
21 19
1
2
3
3
2
2
4
3
7 11
7
5
2
1
3 3 12 12
9
5
4
8

113
53
193
6
34
15
35
40
3
6
4
7
18
12
3
3
3
24
14
12

-

-

TOTALES

8

-

3

11

,283 327

609

Enviados a Lima Env. a B. Aires Quedaron
H M Total H M Total H M Total

1
4
20
3
1
4
1
36
6
1
2
2
14
1
5

1
4
23

1
2
61
4

12

1

-

-

7

6
1

-

-

-

108 116

l. No se especifica sexo, hemos repartido 50°/o para c/u.
FUENTE: IV-VI-VII
3. Id. se agregan 8.

:!l

3.

2

8
43
3
1
5
3
97
10
1
2
2
26
1
6

-

13

-

1

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

51

35

86

-

-

-

-

72

72

-

-

-

-

-

-·
-

-

-

-

-

102
25

-

-

-

-

51
7

51
18

-

-

224

58

69

-

-

-

-

-

127 123 107

-

230

572 618

-

1441

-

-

-

-

-

~

-43 72
27 34
159 163
9 15 20
8 12
17 21
129 152
7
6
4
3
4
2
6
3
21 23
8
5
2
7
3 3 19 18
9
6
8
4
51 51
7 18
8
3

-

t-.?

TOTALES
H M
Total

e

115
61
322
9
35
20
38
218

~

&gt;&lt;

13

.72

6
9
44 3
13
9
3
3
37
15
12
102
25
11
1.190

. 2. Al total, se debe agregar 1, que consta en inventario, sin destino.

::1 1cici0_;::e::ci??cic'fC.EUC .2C-2'~_;c_p:: .f!=s:u:u :'}0.o

u;:o

�C. Bravo Acevedo: los biene, jesuita, en el reino de Chüe

,

33

RESUMEN GENERAL DE ESCLAVOS DE JESUITAS REMATADOS EN SANTIAGO
Colegio o
Hacienda
C. Máximo
C. Noviciado
C. Sn.Pablo
C. Concepción
Ch. Olleria
H. LaOaera
H. La Punta
H. Quilicura
R. Viña del Mar
R. Valparaíso
R. Sn. Femando
H. Cllacabuco
H. San Pedro
H. Ocoa
R. Copiapó
R. San Felipe Ac.
R. Coquimbo
R. Quillota

H. Rancagua
H. Bucalernu

')

C. Mendoza
R. Sn. Juan
R. Sn. Luis

•;

:l.

~

1768
Valor
No. de E.

1769
No. de E. Valor

6
16
15

1.580
3.000
2.650

4

48
90

6.845
20.460

12
9

885

1771
No. de E. Valor

1772
No.de E. Valor

1773
No.de E. Valor

3

390

10

1.250

1

200

3

555

3

600

4

800

1
3

325
165

1774
No. de E. Valor

1776
No. de E. Valor

2.220(*)

5
1.405

4

5

5
10
3

1.100
1.810

1

2

350

2

100

1

760
300
750
180

1

150

450

16

11

1.980

3

650

3.130

19
169
16

3.300
33.400
3.700

7
1

1.200
130

1
2
10
24

397

78.295

49

8.970

62

300
240
1.490,4
4.306

10.551,4

13
14

2.125
1.625

10
1
1
6
3

l.345
150

2
1

500
130

50
1.089

550

10

1.490

9.234

18

3.120

1
1

250
100

17

2.340

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(1')

TOTALES
(*) 'Cifra es1imativa
FUENTE: IV•Vl•VII

175

65

1

175

TOTALES
V
E

34
15
12
53
113
6
4
3
7
11
3
24
14
3
12
18
3
35
193
40

1.580
5.725
2.650
2.220
7.605
24.120

925
855
165
1.200
1.960

450
4.105
1.625
650
1.845
3.410
600
5.929
37.060,4
8.006

609 112.685,4

�C. Bravo Acevedo: los bienes jesuita&amp; en el reino de Chile

35

1. El primero, presenta el número total de los esclavos poseídos por la Compañía en Chile y lo dividimos en cinco columnas, señalando sus respectivas procedencias y destinos.
2. El segundo, nos entrega la cantidad de esclavos rematados
en Santi~o de Chile, entre 1771 y 1776, con los alcances
en dinero obtenidos en las subastas, por año y por colegios
y haciendas.
De los cuadros estadísticos podemos deducir:
1. Que, los 609 esclavos vendidos en Santiago de Chile, en
112.685 pesos 4 reales, tienen un precio promedio de 185
pesos, aproximadamente.
2. Que, 581 esclavos fueron remitidos a Lima, Buenos Aires
o qued~ron en las haciendas.
3. Que, esas 581 piezas, pertenecían a las Temporalidades Jesuitas de la Provincia de Chile, y en consecuencia su valor
en dinero debe ser computado en el total que corresponde
a dichas temporalidades.
Entonces, no conociendo el producto de la venta de estos
581 esclavos, los tasaremos de acuerdo al precio promedio
que alcanzaron aquellos que fueron rematados en Santiago,
para suplir así, esa falta de información:
Valor de 609 esclavos
rematados en Santiago

112.685

4

107.485
Valor de 581 esclavos
a 185 pesos, precio promedio.
TOTAL:

220.170

4

De donde resulta, que los 1190 esclavos poseídos por la
Compañía de Jesús en Chile, al momento de la expulsión, rt-

�36

SigloXJX

presentan un bien económico cuyo valor total es de 220.170
pesos 4 reales.

CU.
Hacienda o

D) Ganados mayores y menores

Estancia

Al momento de valorar los bienes económicos de la Compañía de Jesús, una parte importante de ellos está representada por el ganado mayor y menor, que en gran número se encontró en las haciendas jesuitas requisadas y, por tanto, consta
en sus respectivos inventarios.

H. Quilicura
H. Chacabuco
H. L. Tablas
E. Pudahuel
Ch. Nuñoa
E. S. F. de Rexis
E. Peñuelas
E. Ocoa
H. S. Pedro Y L.
E. Perales
H. La Punta
H. La Calera
H. Las Palmas
H. Colchagua
H. Viña del Mar
H. Rancagua
H. S. Joseph
H. Bucalemu
H. Chequen
Ch. Ollería
E.C.J. de Guenon
E. S. M. D. Fuerte
E. La Arb. y de A.
E. Guaque
Las Misiones**
H. Longavi
H. Cucha-Cucha
H: éato
H. La Punta (Mend.

Para estimar su valor en dinero, hemos tenido a la vista, dos
documentos, uno es la tasación de la Hacienda de Guaque, en la
que señala que el precio total de los ganados es de 1.892 pesos
2 reales y se informa del precio unitario de ellos. El otro, es el
acta de venta, en subasta pública, de todos los ganados de las
Misiones de Arauco, por un valor total de 1.943 pesos 6 1/2
real, y como en el acta anterior también se especifica el precio
de cada animal.21
La estadística, respecto del ganado que poblaba las haciendas jesuitas, proviene de los inventarios practicados cuando se
ocuparon las temporalidades de la Orden en 1767. Ella registra,
como puede observarse en el cuadro resumen, el número de ganados en 30 haciendas y 2 misiones, que representan casi el
50% de las propiedades rurales de la Compañía.22
Al realizar el cálculo correspondiente, el valor del ganado,
en unidades monetarias, se obtienen las siguientes cifras:

Mis. Chiloé

TOTALES

* =Incluye bueye
** = Plaza de Aram

21. VD
22. VD

�37

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

CUADRO RESUMEN DE INVENTARIOS DE GANADOS EN LAS HACIENDAS Y ESTANCIAS DE JESUITAS. 1767
Hacienda o
Estancia

Ganado Vacuno
V. To. Te. Bueyes
Total

H. Quilicura
H. Oiacabuco
H. L. Tablas
E. Pudahuel
Ch. Nuñoa
E. S. F. de Rexis
E. Peñuelas
E. Ocoa
H. S. Pedro Y L.
E. Perales
H. La Punta
H. La Calera
H. Las Pahnas
H. Colchagua
H. Viña del Mar
H. Rancagua
H. S. Joseph
H. Bucalemu
H. Chequen
Ch. Ollería
E.C.J. de Guenon
E. S. M. D , Fuerte
E. La Arb. y de A.
E. Guaque
Las Misiones**
H. Longavi
H. Cucha-Cucha
H:Cato
H. La Punta (Mend.)
Mis. Chiloé
TOTALES

74.880

5
4.061
4.528
661
260

13
18
15

33
4.087
4.528
674
31
275

2.286
4.558

29
428

2.315
4.986

3.755
1.279
2.669
3.856*
8
7.609*
1.660
14.600
136
14
1.871
185
6.280
709
520
10.426
262
549
2.000
120

54
51
26

3.809
1.330
2.695
3.856
8
7.609
1.660
14.744
168
22
1.891
185
6.322
709
541
10.426
276
594
2.000
120

13

28
26

144
32
8
20
42
21
14
45

1.014

75.894

* = Incluye bueyes
** = Plaza de Arauco, Santa Fe, Santa Juana y San Cristóbal

Ganado Caballar
Cab. Yeg.
Total
13
317
298
74
23
27
56
95
264

108 ·
209
152
51
525
83
712
27
4
69
55
575
21
47
531
37
87
200
33

16
649
336
10
7
34
38
242
1.034

29
966
634
84
30
61
94
337
1.298

250
226
264
122

358
435
416
173

1.239
73
810
61
102
14
1.649
67
106
695
61
103
2.000
45

1.764
156
1.52-2
88
4
171
69
2.224
88
153
1.226
98
190
2.200
78

4.693 10.253

14.946

FUENTE: (22)

ov.

Ganado Ovino
Total
Cord.

350
7.700
203
1.397
100
750
1.869
3.524
1.310
4.050
2.327
1.300
2.575
375
4.913
2.237
14.200

39

376

204
1.044
71

309

717
1.515
985
274
4.580
740
1.700
950
962

299
246

61.603

2.726

138

Ganado Mular
G. Caprino
Burr. Total

Mul.

350
7.700
242
1.397
100
750

12
298
48
147
6
38

13
1

1.869
3.524
1.310
4.050
2.703
1.300
2.575
579
5.957
2.237
14.271
309

109
409

8
81

117
490

98
102
5
92
73
540
28
272

6

104
102
5
175
73
644
28
272

1.016
1.761
985
412
4.580
740
1.700
950

6
5
33
827
6
97
309
50
96
340

83
104

2
14
2
5
27
9
50

12
298
61
148
6
38

8
5
47
827
8
102
336
59
146
340

686
50

1.489

255
1.971
89
70
1.478
2.305
1.514

17
625
29
891
450
264

962
64.329

550

4.046

405

4.451

12.733

�G. Bravo Acevedo: los bienes jemitm en el reino de Chile

38 SigloXIX

Ganado Mayor y Menor. Valores Finales en Unidades
Monetarias. Año J 76J23
&amp;pecies
Vacuno en general a 20
reales c/u
Bueyes
4 pesos c/u
Caballos
3 pesos c/u
Yeguas
1 peso c/u
Ovinos en general
2 reales c/u
Mulas
4 pesos c/u
Burros
6 pesos c/u
Caprinos en general
2 reales c/ u
VALOR TOTAL

11.732

5

65.094
220.170
265.635

7
4
4

TOTAL

562.633

4

Número de piezas

Valor

74.880

187.200

4.056

16.224

4.693

14.079

Por tanto, una parte de la riqueza económica de la Compañía de Jesús afincada en Chile, era en ttrminos monetarios, casi
equivalente al presupuesto anual de la Real Hacienda del Reino
de Chile por esos mismos años.24

10.253

10.253

E) Bienes Inmuebles

64.329

16.082

4.046

16.184

405

2.430

12.733

3.183

2

265.635

4

2

En suma, si consideramos ahora el valor monetario de los
bienes muebles, créditos activos y efectos, pertenecientes a la
Provincia Chilena de la Compañía de Jes(ls, debemos señalar que
la cantidad global de dichos bienes asciende a 562.633 pesos 4
reales y que su distribución es la siguiente:

23. VII

Dinero físico secuestrado
Mercaderías, créditos activos y
efectos diversos
Valor de esclavos
Valor del ganado

39

Las numerosas haciendas y estancias que la Compañía poseía a lo largo de la geografía chilena colonial, además de las
propiedades urbanas, salieron a la venta pública, por medio del
sistema de remate, entre los años 1771 y 1794.25
El precio de venta de las propiedades se ajustó en la mayoría
de los casos, al de tasación. Por otra parte, los pagos fueron de
tres tipos: contado, a plazos, entre 2 y 9 años de crédito y con
interés del 5% anual sobre el principal, y a censo redimible.
Las actas de remates de propiedades, que hemos tenido a la
vista, y los documentos de tasación de las mismas, nos han permitido elaborar el siguiente cuadro resumen. En él se aprecian
el alto número de propiedades jesuitas y los precios de venta de
los mismos. Asimismo, se pone el nombre del comprador, la fecha del remate y las condiciones de la compra.
24. Encina, 1945 T. V, p. 361. Expresa que las entradas de la Real Hacienda entre
1773 y 1 777, inclusive, ascendieron a 2.535.275 pesos, cou un promedio anual
de 507.051 pesos. Vicuña Mackenna, 1936 T. III p. 146, dice que el importe
del presupuesto en 1776 era de 302.030 pesos 6 1/ 2 reales y que en él se incluían todos los ramos. Por su parte, Barros Arana, 1932 - 33 T. VII, p. 359 360, señala que en 1 788 las rentas llegaban a 592.178 pesos.
25. 11 - V. La Real Cédula de 14 de agosto de 1768 dispuso que las temporalidades
jesuitas ocupadas pasasen al patrimonio real y la del 27 de mano de 1769 autorizó la enajenación de los bienes raíces.

�40 S+,loXIX

De los datos, cifras expuestas en el cuadro precedente, se
obtiene que por las ventas y tasaciones de las propiedades inmuebles jesuitas chilenas se alcanzó la cantidad de 1.140 pesos
2 1/2 reales, de acuerdo al siguiente resumen por colegio:

Resumen del Valor A bsoluto de las Propiedades Urbanas
y Rurales Rematadas en Venta

Colegio
Colegio Máximo
Colegio Noviciado
Colegio San Pablo
Convictorio San Feo. Javier
Residencia de Copiapó
Colegio de La Serena
Residencia de San Felipe
Colegio de Quillota
Residencia de Valparaíso
Residencia de Melipilla
Colegio de Bucalemu
Residencia de San Fernando
Residencia de Talca
Colegio de Chillán
Colegio de Buena Esperanza
Colegio de La Concepción
Colegio de Mendoza
Residencia de San Juan
Residencia de San Luis
Residencia de Valdivia
Misiones de Chiloé
Cuarto Solar en Rancagua
TOTALES

Valor (pesos)
344.826
94.199
58.991
35.494
5.346
31.481
14.550
49.676
23.355
20.358
120.125
52.375
8.317
23.590
10.343
137.463
68.595
14.800
12.200
3.902
9.915
225
1.140.130

1
4
6

11/2
5
1/2
4

3
6
11/2
2

2 l/2

Sin embargo, este valor representa las unidades monetarias

�REMATES DE VENTAS DE PROPIEDADES JESUITAS URBANAS Y RURALES (1771-1794)
No.

Colegio o
Residencia

Propiedad

l. H. Rancagua

2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.

18.
19.
20.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.
36.
37.
38.
39.
40.
41.
42.
43.
44.
45.

C. frente a Sacristía
M. de las Canteras
H. San Pedro y Limache
H. La Punta
Ch. La Ollería
H. La Calera
H Chequén
C. Ntra. Sra. de Loreto
H. Pudahuel
Ch. de ~uñoa
S. y So. Agustina
H. Las Tablas
V.M. y Almendral
M. de la Cañada
Ch. de Quillcura
H. de Chacabuco
2 S. Sn Feo. de la Selva
Cu. calle San Pablo
C. calle Teatinos
C. Colegio San Pablo
Cha. del Convictorio
S. de la Moneda
C. del Convictorio
H. El Totoral
2 S. Sn Feo. de la Selva
27 1/2 Cu. en ld.
H. Maitén P. La Xarllla
Ch. La Punta
H. Elque
H. de Quile
So. Plaza Mayor
2 S. on la Villa
H. Sn Feo. de Rexis
So. y cuartos en la Villa
CnSn. l. de Perales
Cha. Perales de Atencio
E. de Ocoa
Cha. Santa Ana
C. Huerta Almendral
Cha. Villa del Mar
H .Las Palmas
H. Sn. José de MelbiUa
Tienda Cuartos y So. en
la Villa
Cn. de Mellpilla

Comprador

Fecha

San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel

Mateo de Toro y Zambrano
Juan de Aldunate
Manuel de la Puente
Miguel Rian
Lorenzo Gu tiérrez de Mler
Juan José de Santa Cruz
Francisco Ruiz Tagle
Juan de Dios Mena

24-10-1771
26-10-1771
08-11-1771
14-12-1771
12-03-1776
16-12-1776
28-11-1783
02-03-1784

Sn. Feo. de Borja
Sn, Feo. de Borja
Sn. Feo. de B.
Sn. Feo. de B.
Sn. Feo de B.
Sn. Feo. de B.
San Pablo
San Pablo
San Pablo
San Pablo
San Pablo
San Pablo
Sn. Feo. Javier
Sn. Feo. Javier
Sn. Feo. Javier
R. Coplapó
R. Copiapó
R. Copiapó
R Coplapó
La Serena
La Serena
La Serena
San Felipe
San Felipe
San Felipe
Quillota
Quillota
Quillota
Quillota
Quillota
R. Valparafso
R ..Valparaíso
R Valpara{so
R. MeUpilla

Lorenzo Gutiérrez de Mier
Nicolás de Balbontín
Joseph Silva
Juan Feo. Ruiz de Balmaceda
Nicolás de BalbonHn
Cabildo de Santiago
Gabriel de Ovalle
Joseph Alberto Dfaz
Manuel de la Puente
Angel Díaz Tagle
Antonio Molina

28-11-1771
28-11-1771
27-11-1780
09-02-1784

--

----

Lucía L6pez

--

---

11-11-1771
25-11-1771
22-02-1772
03-07-1772
14-11-178S

-----

15-03-1776
16-09-1776

Precio

90.000
9 ap.
8.700
cont.
4.500
4 ap.
78.881 4
9 ap.
9 ap.
95.535
7.659 7
9 ap.
30.000
9 ap.
25.550 4
ne.
ne.
8.000
14.622 4
4 ap.
4 ap.
13.191 s
860
8 ap.
9 ap.
52.025
13.000
ne.
500
ne.
7.000
5 ap.
34.000
A ap.
450
4 ap.
8.410
C. R.
1.410
9 ap.
7,721
ne.
10.010
ne.
9.000
PE.
16.486 4
ne.
500
C.R.
Co.
246
600
C. R.
9 ap,
4 .000
8.402 3 1/ 2 C. R.
6.217
9 ap.
ne.
16.681 6
250
C.R.
400
C.R.
13.900
C. R.
476
Co.
4 ap.
2.600
2 ap.
2.600
41.000
8 ap.
3.000
C. R.
500
9 ap.
4.730
9 ap.
20.125 1/2
18.600
9 ap.

Juan Baptista Sierralta
Juan Baptista Sierralta
Pedro Manríquez
Antonio Campos
Pedro Balbontfn
Felipe Mercado
Andrés Vareta
Francisco de Landa
Miguel de Aguero
Juan Feo. Rodr{guez
Jacobo García
Vicente de Zarate
Feo. Rodr{guez Brito
Diego de Echeverrfa
Joseph de Orrego

12-07-1785
18-09-1776
28-10-1793
22-08-179'4
07-11-1774
11-03-1775
15-03-1775
25-11-1771
28-11-1771
28-11-1771
28-11-1771
03-08-1775

Feo. Cortés Cartavio
Diego Antonio Ovalle
Formerio Badarán

03-03-1776
20-05-1776
07-11-1771

R. Melipilla
R. MeUpllla

Joseph Hurtado
Nicolás Cubé

05-08-1785
09-06-1786

786
971

--

--

--

Cond.

--

5
7

C.R.
ne.

3

9 ap.
2 ap.
9ap.
C. R.
3 ap.

H Bucalemu
Cha, Sn. Femando
H. Colchagua
S. en la Villa
E. Corazón de Jesús
de Guenón.
H. Sta. María de.l Fuerte
H. Cato
H. Caimacaguin
M. de la Villa
H. Guaque
H. Ventura (1)

Bucalemu
R. Sn. Fernando
R. Sn. Femando
R. Sn. Femando
R. Talca

Bartolomé de Urete
J. Manuel Velnsco
Miguel Baquedano
Gregorlo Ugarte
Eusebio de Toro

13-11-1778
26-lC)-1771
05-11-1771
26-01-1778
28-11-1771

120.125
8.050
44,125
200
6.317

R. Talca
Chillán
Chillán
Chillán
Estancia del Rey
Estancia del Rey

Joseph Antonio Bravo
Lorenzo Anau
Joseph Puga Xeron

14-12-1771
16-09-1776
20-09-1776

Ventura Pascal

16-02-1782
29-10-1792

2.000
16.170
6.820
600
3.556
2.266

3 ap.
9 ap.
6
6 ap.
PE.
6 1/2 9 ap.
3
ne.

57. Tierra Salto del Laja (2)

Estancia del Rey

1.460

ne.

58. V. Las ~ipas
59. Bodega, S. y Canón
Talcahuano.
60. H. Cucha-CUcha
61. H. Conuco, Sn. Jos6
Millahue.
62. Longaví
63. Cha. Caniel e Isla
64. H. Guanquegua
65. H. Torre6n y Magdalena
66. Bodega y Patio de
Ntra. Seilora
67. V. terrenos ant.
68. Tierras y Huertas
69. C. y So.
70. E. Valle de Uco
71. E. de Arriba
72. E. de Mendoza
73. M. de la ciudad
74. H. Huanacachi
75. H. Pulluta
76. E. San Xavler
77. C. de la residencia
78. M. de la ciudad
79. E. San Luis de la P.
80. E. de Tomen
81 . E. de Huape y tierras
Mulpun
82. Varias Propiedades

Estancia del Rey

---

3.500
9.900
16.010

6 ap.
8 ap.
C.R.
9 ap.
9 ap.
9 ap.
9 ap.

46.
47.
48.
49.
SO.
51.
52.
53.
54.
55.
56.

83. Cuarto So. Rancagua
FUENTE: (26)

-

--

--

Paacual Rodríguez

---

Concepcibn
Concepcibn
Concepción

Andrés Pereira
Alejandro Urresola
Antonio Ro¡lr{guez

Concepción
Concepción
Concepción
Concepción

Ignacio Zapata
Joseph Unutia y Mencliburu
Francisco Marquez
Feo. Xavier Manzano

30-07-1777
27-03-1779
02-12-1782
02-12-1782

85.000
4.500
2.403
16.150

-------

-----

----

------

3.780
13.200
29.715
11.668
4.266
3.931
1.425
610
2.300
10.000
2.500
9.000
1.300
10.000
2.077

------

----

--

-----

R. Valdivla
M.Chiloé

--

----

Pedro González

H

c

M

-

--

Ch
Cha -

Hacienda
Casa
Molino
Chacra
Chacarilla

s
So
V
Cu
p

-

--

-

La mitad de 9 ap. y la otra a C. R.
15 .000 pesos de contado
6.000 de contado
2.000 de contado

2.000 pesos de contado
8.000 pesos de contado

En inventario de 1800, 7721 pesos PT.
Por la Real Hacienda
En inventarlo 1800, 16.484 pesos PT.

2. 000 de contado

300 pesos de contado

Aplicada Hospital de V alparaíso

En 16.01.1797 rematada por Pedro de
Alamos en 591 pesos.
2.000 pesos de contado.

No salló a remate
(1) Sn. Rosendo, Huenuraqul y

Curipechum.
(2) Salto del Laja, 120 :E. Sn. Luis,
180 y E. y M. Tequeguelén 1200 posos

PE.

3.000

26-01-1774
15-03-1776
13-03-1777

Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
R. Sn. Juan
R. Sn. Juan
R. Sn. Juan
R. Sn. Juan
R, Sn. Luis
R. Sn. Luis
R. Valdivla

Observaciones

2

PT.
PT.
PT.
PT.
PT.

PT.
PT.
PT.
PT.
PT.
PT.
PT.
PT.

PT.
PT.

1.825
9.915

PT.
PT.

09-08-1772

225

ne.

Sitio
Solar
Vifla
Cuadra de tierra
Potrero

E
C.R. P.T. P.E. ap

-

1.504 pesos valor tierras donadas a
indígenas.

Estancia
Censo Redimible
Precio Tasacibn
Precio Estimado
Años Plazo

ne
Co

-

-

No consta
Contado

�G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chüe

43
26

absolutas de los bienes raíces jesuitas en el momento del remate ,
pero considerando que la mayor parte de las ventas fueron a
crédito y que los compradores27 no cumplieron con los plazos
establecidos, hemos agregado el interés del 5% anual, en los casos que correspondía, para obtener un valor constante y observar el rendimiento real de estos bienes económicos.
De acuerdo a estas consideraciones el valor final de las propiedades asciende a 1.398.515 pesos 3 reales28 •
Riqueza Temporal Jesuita, Valores Totales
(Valor de inmuebles incluyen los réditos)

11.732

5

65.094
220.170

7
4

265.635
1.398.515

4
3

Dinero físico secuestrado
Valor de mercaderías, créditos
activos y efectos diversos
Valor de 1.190 esclavos
Valor del ganado mayor, menor
y otros animales.
Valor final real de inmuebles

TOTAL

1.961.148

En consecuencia, la cuantificación global de la riqueza temporal de los jesuitas chilenos, que incluye muebles e inmuebles,
26. VII-XII-Xlll-XIV-XV-XVI; Enrich 1891, T. l. p. 378, para casa de Nuestra Señora de Loreto y viña, almendral y molino ;Fontana, 1962 p. 355 - 370, para los
datos del Colegio de Mendoza y las Residencias de Juan y San Luis ;Enrich T. l.
p. 380, para la Residencia de Valdivia ; Medina 1952, p. 370 - 371, para los datos Misiones de Chiloé.

27. La Hacienda de Rancagua fue comprada por don Mateo de Toro y Zambrano
en 90.000 pesos, con plazo de 9 años. Al cabo de 22 años pagó lo siguiente:
Xl
90.000
Amortización del principal (1771- 1793)
58.500
Intereses hasta 1 784
7.391 2 3/4
Intereses 1785- 1786
10.193 41/2
Intereses 1787 - 1792
164
Intereses 1 793
166.248 7 1/4
28. Ver mi artículo. Bravo, 1984 p. 99.

�44 SigloXIX

alcanzó la cifra de 1.961.148 pesos 7 reales.
. No cabe duda que la institución que tuviera este capital social poseía la mayor y más importante riqueza económica que
pudo existir en Chile Colonial.
IV.- LA MONARQUIA ESPAÑOLA ADMINISTRADORA DE
LAS TEMPORALIDADES

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuita&amp; en el reino de Chile

45

Es necesario conocer el importe total de los gastos que se
ocasionaron en el secuestro de los jesuitas para comprender las
medidas tomadas en Chile para reintegrar los fondos suplidos
por la Real Hacienda. En efecto, entre el día del secuestro y
fin de diciembre de 1769, el costo de la movilización general de
los jesuitas chilenos hacia el Perú y España, sus ropas, alimentación y otros rubros menores, era de 143.836 pesos 4 reales. Esta cantidad se integraba con 137.361 pesos 1 real que correspondían a 296 jesuitas de la Provincia de Chile y 6.475 pesos
3 reales, por 14 de la Provincia de Chiloé29 .

A) Admini.stración Provisoria (1767 - 1771)
La Pragmática Sanción de Carlos III, de 27 de febrero de
1767, extrañó a los jesuitas y dispuso que se ocupasen todos los
bienes temporales de la Compañía en sus Domirúos.
El Gobernador de Chile, Antonio Guill y Gonzaga, conoció
las órdenes reales a principios de agosto de 1767 y dictaminó
que la expulsión de los regulares se hiciera en el reino el 26 de
agosto de ese mismo año. Al mismo tiempo, nombró a los Comisionados y Oficiales Reales que cumplirían con las órdenes dictadas.
Estos funcionarios procedieron a levantar inventario de todos los bienes temporales Jesuitas, entregaron los dineros a los
Oficiales _Reales y procedieron al avalúo de las propiedades confiscadas, mcluyendo en el precio de la tasación las instalaciones
muebles, enseres y ganados.
'
Los inventarios practicados por los Comisionados tenían
una importll!1cia capital: servían para conocer el monto total
de los bienes temporales que cada residencia jesuita poseía al
momento de la _expulsión, por un lado, y por otro, la masa general de estos bienes debía procurar los medios económicos necesarios para cancelar los gastos de expatriación y pensiones que
el Rey había decidido otorgar a los jesuitas expulsos de sus dominios.

Aún haciendo uso de las atribuciones conferidas en el pliego reservado, el Gobernador de Chile no había podido sufragar
los gastos de la expulsión, ya que el monto de los dineros en
efectivo encontrados en las cajas de las residencias jesuitas alcanzó a la suma de 11.732 pesos 5 reales30 y la venta y liquidación de mercancías, productos y frutos, la cantidad de 65.094
pesos 7 reales'1 , lo que da un total de 76.827 pesos 4 reales,
hasta el año 1768. En consecuencia, como esta cantidad no bastaba al objeto de restituir a la Real Hacienda los 91.038 pesos
1 1/4 real32 que entregó para financiar la orden real, se pusieron en práctica otras medidas, provisorias, mientras se decidía
en la Península el destino de las temporalidades expropiadas.
Respecto a los bienes inmuebles, el Gobernador Guill y
Gonzaga dictó una disposición transitoria que mandaba sacar
a remate de arrendamiento todos los bienes raíces. Esta providencia tenía dos finalidades: la primera, sacar una renta de estos bienes que permitiese cubrir el déficit del ramo de Temporalidades contra la Real Hacienda, y la segunda, preservar dichos
bienes de
.. Jos frecuentes robos que se experimentan en la plebe de este
reino, y conservarlos por este meilio en el florido estado en que se

30. Ver nota 10
31. Ver nota 17
32. VI

�46

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de ChUe

SigloXIX

han encontrado, bien persuadido de la dificultad de conseguirlo
por administración de cuenta de la real hacienda... 33 .

Para llevar los negocios de Temporalidades se nombró una
Comisión General presidida por el Oidor Decano de la Real Audiencia y Alcalde de Corte, don Clemente de Traslaviña, e integrada por un Ministro de Real Audiencia, que haría de Fiscal, y
por Oficiales Reales, además del Escribano Público, que daría fe
de lo actuado por la Comisión.
La Comisión General de Temporalidades dio comienzo a sus
funciones el lo. de-octubre de 1767, fecha en que se hizo el primer remate de arrendamiento 34 • Fue subastado por don Miguel
Lozano, quien pagó 401 pesos anuales por arrendar la Chácara
de Quilicura35 .
El canón anual cancelado por el arrendatario equivalía al
cinco por ciento del valor de la tasación oficial de la propiedad
arrendada y en él se incluían los valores de las tierras, ganados,
esclavos y demás instalaciones y utillaje de la hacienda rematada en arriendo. Por otra parte, algunos cánones excedieron el valor de tasación del cinco por ciento y ello se debió al calor de
la puja de los postores del remate o a condiciones especiales que
se consignaron expresamente en el acta levantada ante el Escribano Público . .
Con este sistema de arrendamiento, implantado por el Gobernador de Chile, se remataron más de 50 propiedades rurales
y algunas urbanas, dando una entrada anual de 56.454 pesos 6
reales, rebajando de esta cifra algunas cantidades que excedieron el precio anual, en el primer año36

33. Barros Arana, 1932-33, l. VI. pp. 31 7-318.
34. El sistema seguido para arrendar los bienes inmuebles se puede leer en: Bravo,
1984 pp. 89-90.
35. vn, L.A. foj. 116-120
36. VI

47

Resumen de los valores anuales de Arrendam;entos de propiedades de Jesuitas expulsos, por colegios 31 •

Colegio Máximo
Colegio Noviciado
Colegio San Pablo
Residencia de Copiapó
Colegio de La Serena
Residencia de San Felipe
Colegio de Quillota
Residencia de Valparaíso
Residencia de Melipilla
Colegio de Bucalemu
Residencia de San Femando
Residencia de Talca
Colegio de Chillán
Colegio de Buena Esperanza
Colegio de la Concepción
Colegio de Mendoza
Residencia de San Juan
Residencia de San Luis

16.387,2
3.430
2.971
650
3.000
830
1.595
1.335
1.501
8.000
2.200
800
1.080
453,4
6.950
3.667
740
510

Total anual por arrendamiento

56.099,6

De los datos expuestos se deduce que el producto de los
arrendamientos alcanzaba anualmente a 56.099 pesos 6 reales,
con el antecedente que en el primer año se debían percibir
56.454 pesos 6 reales, por el aumento que tienen algunas propiedades. De otra parte, el producto total que se obtuvo por este rubro en la Caja de Temporalidades, en los tres años de su
vigencia, alcanzó a 168.653 pesos 4 reales, y con esta cantidad
el Gobernador de Chile debía hacer frente a los gastos de expatriación de los regulares.

37. Ill ;Vl ;Vll

�48 Siglo XIX

La segunda providencia que debió tomar el gobernador de
Chile, para saldar la deuda con la Real Hacienda, dice relación con los esclavos negros que en gran cantidad había poseído la Compañía de Jesús. Estos morenos, además de significar un gasto para el Real Erario, que debía atender a sus necesidades más inmediatas, necesitaban de cuidadores especiales
para evitar su fuga y su disminución por muerte.
Estas razones, principalmente, indujeron a las autoridades
del Reino a tomar la determinación de hacer saber a aquellos
que tenían las haciendas arrendadas, que ocupasen en las faenas
de cultivo sólo a los esclavos negros que fueren necesarios, y que
el resto los enviasen a Santiago para disponer su destino.
La gran concentración de esclavos en la capital ahondó el
problema, pues aunque éstos fueron repartidos entre los vecinos para que prestasen servicios a cambio de su mantención,
fueron devueltos a las temporalidades al poco tiempo.
Esta caótica situación se refleja en la respuesta que da el
Presidente de la Comisión General de Temporalidades al Gobernador de Chile:
Aunque en conformidad -dice Traslaviña- de la Instrucción del
Exmo. Sr. Conde de Aranda que previene se mantengan hasta segunda orden los vienes ocupados a los Religiosos Jesuitas, se ha
observado hasta oy esta deliveracíón con los esclavos ;'pero siendo
estos muchos, espuestos no solo a que hagan fuga sino a la muerte
como ya ha suhcedido con algunos, me parece conheniente a los
Reales intereses que se vendiesen, y reduxeren á dinero alguna
parte de ellos según se proporcionaren las oportunidades; Pues de
otra suerte hase como imposible su existencia, no obstante el medio que se tomó de rrepartirlos entre el Vesíndario asegurados,
porque varios los han devuelto . .. 38 .

La comunicación del Oidor, que se transcribe, tiene fecha
14 de enero de 1768. El día 16 se tomó el Real Acuerdo de que
se podrían sacar a subasta pública a todos los esclavos que se ha38. IV, foj. 4 vta.

C. Bravo Aceved~ los bienes jesuitas en el reino de Chile

49

bían transportado a Santiago, y el 21 se dictó el Auto que autorizaba el remate de las piezas de esclavos, conforme a derecho y
con todas las formalidades legales a que hubiese lugar. Los remates se iniciaron el 25 de enero de 1 768 y sólo en el transcurso de
este año se remataron 397 piezas de Indias, por un valor de
78.295 pesos 39 .
Con el dinero recaudado por estos dos conceptos a que nos
hemos referido, el Presidente de Chile tuvo que hacer frente a
las necesidades y gastos que demandaba la administración de las
temporalidades de jesuitas expulsos, mientras las autoridades de
la Península decidían los destinos finales de los bienes incautados.
Este régimen administrativo provisorio que las autoridades
locales habían ideado para conservar los bienes raíces, se prolongó por un tiempo cercano a los cuatro años. En este lapso,
se recibieron las Reales Cédulas que disponían, en forma más
precisa, el destino de las temporalidades y la forma de enajenarlas o aplicarlas según fuere el caso.
Un primer documento recibido en Chile fue la Real Cédula
de 14 de agosto de 1768, en la que se devolvía a Disposición
real las temporalidades jesuitas.
Aun cuando por esta Real Cédula quedaban devueltos al patrimonio real los bienes jesuitas secuestrados, era necesario dictar una norma jurídica especial que estableciese el sistema más
apropiado para proceder a la venta de dichos bienes. Esa ley no
tardó mucho en promulgarse, pues el 27 de marzo de 1769, Carlos III firmó la Real Cédula que creaba "las Juntas Pro'Vinciales
y municipales" y dictaba las normas que debran seguirse para
enajenar las temporalidades jesuitas.
El Rey y el Consejo Extraordinario resolvieron crear estas
Juntas en cada Provincia de Indias, pues era necesario establecer
39. VI; Para conocer las normas de venta y remate esclavos ver. Bravo, 1984 pp.
93 - 96.
-

�50 Siglo XIX

un sistema de control para vigilar el cometido de todos los que
habían actuado en la ocupación de temporalidades, especialmente en sus ventas (productos y esclavos), arrendamientos, tasaciones y otras diligencias. La competencia, entonces, de estas
Juntas fue la de formalizar y estudiar la mejor manera de realizar los remates y ventas de propiedades y su tasación. En una
palabra, las Juntas Provinciales tomaron bajo su control y responsabilidad todo lo referente a las Temporalidades40 •
B) Administración por la Junta Provincial, de Temporal,idades.
1771-1789

La demora en comenzar las actividades de la Junta Provincial de Temporalidades y de los remates de venta pública de
las haciendas y demás propiedades inmuebles en Chile, se debió, por un lado, a que la. mayoría de ellas se hallaban arrendadas a particulares por tiempo de tres años, y por otro, a la dificultad de tomar conocimiento de las Reales Cédulas, por la
distancia que separaba a la Península del Reino.
Con la experiencia acumulada en los remates de arrendamientos· de propiedades y las nuevas instrucciones recibidas,
la labor de la Junta de Temporalidades fue, en primer lugar,
retasar lo~ bienes raíces que salían a la almoneda pública, separando tierras y semoventes en dos grupos, para estimar mejor
el precio de venta.
·
Como hemos señalado, el precio de venta de las propiedades que salieron a subasta pública, generalmente, fue el de tasac~ón._ ,Los pagos de los inmuebles rematados, por expresa autonzac10n real, fueron de tres tipos: al contado, en el menor de
los casos; a plazo, con o sin una cantidad de dinero en el momento del remate, con interés anual del 5% calculado en forma lineal, por períodos de 2 a 9 años; y a censo redimible con
.
d el 5 Olo anual, admitiendo el abono que se hiciese ' para
mterés
40. V

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

51

descontar el principal que reditaba.
Excepcionalmente, hubo compras pagaderas con sistema
mixto, es decir, la mitad del principal a plazo de 9 años, y la
otra mitad a censo redimible. En este caso, los abonos descargaban el principal de la venta a plazo y una vez que éste estuviera cancelado, se admitían abonos al principal del censo41
Es interesante señalar que en la compra de propiedades pagadas a crédito, por norma general, los compradores no cumplieron con sus pagos_en los plazos indicados y muchas veces los
intereses devengados debieron pasar a una cuenta de Rezagos.
Esta misma situación obligó a la Oficina de Temporalidades a
extender nuevos plazos para los créditos contraídos y, en algunos casos, subastar nuevamente la propiedad, o en otros, iniciar un expediente que pedía la requisición del bien económico
enaienado42 •
A través de este sistema de remates y ventas, la mayor parte
de las propiedades de los ex-jesuitas pasaron a propiedad particular entre los años 1771 y 1785. Después de éste último año
se realizaron nuevos remates, aún cuando fueron esporádicos.
A principios del siglo XIX quedaban todavfa bienes inmuebles urbanos en la ciudad de Santiago sin poder venderse43 .
C) Administración por Vía de Ensayo.
A partir de 1789.

El 15 de Enero de 1789, Carlos IV puso en práctica dos
medidas legales complementarias: una Real Cédula que suprimía definitivamente las Juntas Municipales y el establecimiento

41. VII, LRH. En el caso de la Hacienda La Punta que fue rematada por don Lorenzo Gutiérrez de Ríen, el 12 de marzo de 1776, en 95.535 pesos. El compromiso
de pago fue el siguiente: la mitad del principal ( 47 .767 pesos 4 reales) a 9 años
plazo y, la otra mitad, a censo redimible.
42. XII; XXI
43. XXIII

�G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

52 SigloXIX

53

de un plan de administración de temporalidades, por vía de ensayo, en el reino de Chile.

tregar normas para la administración uniforme en todos los pueblos y administraciones subalternas, entregar los caudales a la
Real Hacienda, hacer un recuento mensual del ramo, etcétera.

La Real Instrucción que acompañaba a la Real Cédula citada instruía sobre el r~men administrativo que se debía seguir
en el Reino de Chile.

El artículo 39 de la Real Instrucción expresa a la letra:

En la ciudad de Santiago, dice la fustrucción, deberá existir
un Administrador-Tesorero, un Contador y dos empleados subalternos, todos nombrados por S.M.44 • Se señalan, además, sus
sueldos, fianzas que deben otorgar, preocuparse realizar los inventarios correspondientes a todos los bienes existentes en la
capital, en Concepción y otros 'lugares donde queden temporalidádes.
Deberá, también, el Administrador poner cuidado en las cobranzas de créditos y rentas debidas al Ramo, advirtiendo a los
morosos que se procederá con "rigor de derechos" para obtener
la cancelación de deudas. Asimismo, aquellos particulares que
han tomado censos, deberán reconocer sus compromisos y asegurar su cumplimiento, para no recurrir a procedimientos judiciales de cobranza.

.

Por otro lado, la venta de propiedades inmuebles será promovida con actividad, aunque vigilando que no se menoscabe
el justo valor de los bienes.
La larga lista de Instrucciones al Administrador le indica que
deberá: controlar la aplicación de Templos y Colegios que no
tengan destino, reclamar los capitales del ramo que se hayan
aplicado sin autorización real, recaudar los dinero de obras pías,
informar a la Dirección General de las marchas de los negocios,
informar sobre demandas y pleitos, nombramiento de administradores subalternos y remoción de los mismos a discreción, en-

Al fin de cada año se balancearán los libros y por ellos se formara
el Contador un puntual inventario de todos los bienes y créditos
que deban existir según sus clases, y verificándose que realmente
existen, se abrirán nuevos cargos al Administrador en la cuenta
del año siguiente, y lo mismo se executará con respecto a los
Administradores subalternos...

Para disponer el cumplimiento de este nuevo plan administrativo, se nombró Administrador, en propiedad, a don Pedro
Viguera, y como contador principal a don Pedro Lurquín, y se
estableció, además, una Junta Subalterna en Concepción y Coquimbo para la administración del Ramo en esas provincias.
El trabajo contable de la oficina se llevaba en tres libros
fundamentales: el Libro Manual, el Libro Mayor y el Libro de
Caxa. En cada uno de ellos los asientos contables debían realizarse por el sistema de partida doble; reemplazándose, en consecuencia, el an~uo sistema del "Cargo" y "Data", por los
conceptos de "Debe" y " Haber", respectivamente.
El libro Manual, que realmente debería llamarse Diario,
asentaba todas las partidas que tenía el ramo de temporalidades, es decir, registraba diariamente el movimiento contable de los fondos del ramo, certificándose cada asiento con
la firma del contador y del interesado45 •
En el libro Mayor se asentaban tres tipos diferentes de
cuentas y servía, también, de libro Resumen, muy a propósito para realizar el balance de comprobación y saldo que debía hacer la oficina cada fin de año.

44. IX, en adelante, todas las referencias a esta Real Instrucción proceden de esta

misma fuente.

45. X

�54

Siglo XIX

Las cuentas llevadas por este libro eran: 46

C. Bravo Acevedo: lo.f bienes jesuitas en el reino de Chile

55

y bienes raíces de los ex iesuitas en el Debe, y en el Haber se
registran los pagos sobre las partidas de la cuenta.

l. Ramo de Temporalidades: que correspondía a intereses de
Capitales de Haciendas, de capitales de Censos y de capitales dados a interés, Arrendamientos, Ventas de varios efectos, alcances de Cuentas, Productos de Haciendas existentes, Alquileres de Casas, Ramos Particulares y Aprovechamientos.
2. Ramos Particulares: comprendía capitales de Haciendas, de
Censos, y aquellos dados a Interés, Productos de Alhajas de
Oro y Plata, Depósitos, Reales Hospitales de Valparaíso y
San Borja, Haciendas existentes, Casas de Ejercicios de Valparaíso.
3. Gastos: sueldos de administración, sueldos de Capellanes,
Misiones, Colegios de Naturales, Gastos Generales, Gastos
Extraordinarios, Remesa de Caudales.
El libro de Caia resumía el movimiento de entrada y salida
de la Caja -valga la redundancia- de la Oficina, y se dividía en
dos clases de cuentas principales: Cuentas Generales y Cuentas
Suhalternas47 •
Las Cuentas Generales son 18 en total y de ellas se destacan:
a) Caja: ref!;istra el movimiento diario de entradas y gastos.
b) Doblones de a Ocho Escudos: en el Debe, asienta las compras y en el Haber, las remeses que se envían a España durante el año.
c) Deudores de Capitales de Haciendas: se anotan los deudores de capitales provenientes de la compra de las haciendas
46. XIX
47. XI;XIII;XV; xvm

d) Deudores de Capitales dados a interés: se asientan en el Debe los deudores d~ capitales dados a interés el 5% y en el
Haber los abonos.
e) Deudores de capitales de Censos: tanto en el Debe como en
el H~ber se registran las deudas y abonos a esta cuenta, respectivamente.
f) Rezagos: en el Debe se asientan los intereses no pagados durante el ejercicio anterior, de las cuentas Deudoras ( cuentas
subalternas correspondientes). En el Haber, los pagos efectuados por estos conceptos.
g) Real Hacienda de esta Capital (ciudad de Santiago): en esta
cuenta se registran en el Debe las distintas cantidades que la
Real Hacienda de Santiago ha tomado con calidad de reintegro, más los intereses que corresponden a estas cantidades.
En el Haber se registrarán los abonos. Decimos, se registrarán, porque los libros consultados no asientan ninguna partida de esta especie.
Las Cuentas Subalternas son seis, a saber: Deudores de Intereses de Capitales de Haciendas, de Censos y de Capitales dados a interés, la ciudad, Administración Subalterna de Coquimbo y de Concepción.
El mecanismo contable es similar al de las cuentas Generales
y lo único destacable es que todos los intereses de capitales corresponden al 5% anual, calculado sobre el monto de la deuda
respectiva.
Finalizado el ejercicio anual se realiza el Balance o Estado
General de los Valores de Temporalidades. Este Balance tenía
la importancia de reflejar los saldos del movimiento del año, los

�56 SigloXIX
avances o retrocesos de las diferentes cuentas y, junto al inventario practicado, servía para que la Oficina General de Madrid
conociera el exacto estado del Ramo. A su vez, los empleados
de esta última Oficina hacían la Auditoría correspondiente y,
evacuado su informe, se aprobaba o rechazaba el ejercicio contable de la Oficina de Temporalidades de Chile.48
A partir de este nuevo plan administrativo, el trabajo realizado en la Oficina de Chile dio los resultados esperados. Por esta razón la Secretaría del Despacho de Indias extendió este sistema administrativo a las demás provincias de Indias: Buenos
Aires, Quito y Santa Fe en 1797 y Lima en 1799, no pudiéndose hacer lo mismo en ueva España por la oposición de los virreyes49.
La Oficina de Chile siguió manejando los negocios de temporalidades en la forma indicada y, consecuentemente con la
reestructuración institucional de todo el Imperio, pasó a depender de la Superintendencia General de Temporalidades creada por Real Decreto de 10 de diciembre de 1797, y unida a la
Secretaría del Despacho Universal de Gracia y Justicia, con una
Dirección general del Ramo.50
Por Real Decreto de 19 de septiembre de 1 798 se mandó
agregar a la Real Hacienda las temporalidades de los regulares
de la extinguida Compañía, debido a que
. Jas extraordinarias y urgentes necesidades de la Monarquía
obligan a echar mano á recursos también extraordinarios con que
satisfacerlas, no es ya de ningún modo comparable la utilidad de
tales objetos con la muy superior de que unos bienes que propiamente pertenecen al Estado, siivan a la densa y conseivación del
Estado mismo ...51

C. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reíno de Chile

Consecuencia de esta norma legal fue la cesación de las
funciones de las Juntas Superiores y Subalternas de Aplicación
de Temporalidades52 •
Finalmente, se comunicó al Gobernador de Chile, por Real
Orden de 22 de diciembre de 1801, que el Rey disponía que se
diera por cancelado el crédito de 810.798 pesos 7 reales, que
mantenía la Real Hacienda con el Ramo de Temporalidades por
la imposibilidad de cancelarlo, y que se incorporasen los restos
de los fondos al Real Erario53 .
Con esta medida, prácticamente, la Oficina de Temporalidades de Chile continuó actuando, aunque sin fondos propios, y
con el solo objeto de llevar la contabilidad de las deudas pendientes de cobro y controlar las propiedades que todavía quedaban sin enajenar, pero ya no tenía la importancia capital que
mantuvo por más de treinta años.

El valor de las propiedades que a principios del siglo XIX
quedaban sin enajenar alcanzaba a 24.206 pesos 2 reales y se
trataba de la Casa de la Real Aduana (16.484 pesos 6 reales), la
Huerta del Colegio de San Pablo (440 pesos), las Piezas que ocupa el Presidio de Santiago (2.000 pesos), las Piezas de la Asamblea de Oficiales ( 4.000 pesos) y el Molino y tierras de San Pablo
(1.281 pesos 4 reales).54
Por esos mismos años, el informe que muestra el resumen
general de la Contaduría de Temporalidades de Indias es el siguiente:

48. XVI

49. xxm.
50. xvn
51. XX

57

52. XX

53. XXII
54. xxm

�58 SigloXJX

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

jas los once mil quatrocientos y ochenta y siete pesos quatro reales que segun los inventarios del Ramo de Temporalidades cargaron a censo en la Hacienda de las Palmas de que es referencia esta
escritura á más sus respectivos intereses de modo que yá queda libre de este gravamen y el p~ lo hizo en esta fecha. Santiago 10
de Diziembre de 1818 Correa .

RESUMEN GENERAL DE CONTADURIA
DE TEMPORALIDADES55
(PRINCIPIOS SIGLO XIX)

Oficina
Chile
Lima
México
Buenos Aires
Santa Fe
Caracas
Havana
Total

Valores de fincas
. rústicas y urbanas
24.206
34.825
378.627
83.547
111
11.207

2
3
21/2

532.524

1/2

1

Capitales de censos con
otros varios de réditos
379.549
3.162.990
930.816
101.773
239.791
81.147
320.000

4
51/2
5
3 3/4
1/2
6

59

En el caso de la Hacienda San Pedro y Limache, dicen los
documentos:
Quedan redimibles veinte mil pesos de los 35.438 que corresponden a esta Caja en el total de la escritura (se refiere al Acta de Remate de Venta de la propiedad) conforme a lo explicado en partidas de f. 8 del Manual de 1819, y pagados los reditos respectivos
de dicho capital hasta 24 de noviembre de 1818, cuyos 20.000 los
ha redimido Dª Manuela del Carmen viuda del señor Dn. Joaquín
Sánchez Dueñas57 .

5.234.069

Por último, en el margen de la escritura del remate de la hacienda La Punta, dice:
Como puede apreciarse, los capitales originales del fondo de
temporalidades confiscadas a la Compañía de Jesús de América,
representan casi el 100/o de la deuda total que todavía mantienen los particulares que compraran haciendas a plazo o a censo, o que solicitaron créditos de capital.
En el caso particular de Chile, se puede establecer que durante la segunda década del siglo XIX todavía los particulares
mantenían una importante deuda con el Ramo de Temporalidades y que tal situación, incluso, se mantuvo durante los primei:-os años de la vida de Chile republicano.
De _este modo, al margen de la escritura original de venta de
la Hacienda de Las Palmas, dice lo siguiente:

En 4 de octubre de 819 según f. 100 del Libro Manual entregó
Dn. Francisco Gutiérrez quatro mil pesos a cuenta de 7.767 pesos
(4) reales que según las (cuentas del Ramo de) Temporalidades (se
debían) todavía de los 47.767 4, los que reconocieron interes como (ilegible) de los 95.535 que expresa este remate, de modo que
queda reducido a 51.535 4 rs. y se anota para constancia. Correa
a f. 55 lis. de deudores de 82258.

Para mayor aclaración, diremos que el comprador de la Hacienda de La Punta, o sus descendientes, aún no redimían el censo de 47.767 pesos 4 reales, que sumados al saldo del crédito, o
sea los 3.768 pesos, alcanza la última cantidad anotada en el libro de deudores de 1822.

Chancelacion a f. 168 del Libro Manual de esta Tesorería General
consta que Don. José Antomo Oballe y Vivar entregó en estas ca55.

xxm

56. VII
57. VII
58. VII

�60

•

Siglo XIX

En conclusión, podemos señalar que la riqueza temporal de
la Compañía de Jesús alcanzó vastas proporciones durante el
período colonial. Cuando esta riqueza pasó a poder de la Monarquía española, la necesidad de la administración y del destino de esa riqueza determinó su transferencia a particulares. No
obstante las facilidades dadas para la adquisición de bienes inmuebles, aun a principios del siglo XIX, quedaban propiedades
sin venderse y, lo que era más grave, saldos por cuentas pendientes de pago, que incluso pasaron a ser administrados por las
autoridades de Gobierno de la naciente República de Chile.

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chüe 61

VI. 1769, Dic. 14
Lima

VII. 1770-1 784
Santiago, Chile

VIII. 1779, Dic. 31

-

Lima

INDICE DOCUMENTAL

l. 1767, Sep. 8 - 1769 Dic. "Cuenta General de los gastos ocaLima

II. 1768, Ago. 14
San Ildefonso

III. 1768, Sep. 12
Concepción, Chile

IV. 1768-1776
Santiago, Chile

V. 1769, Man. 27
Madrid

sionados en el sequestro y expatriación de Jesuitas de esta Capital...
y Reyno de Chile...".
AHNM. AJ. LIB. 431.

''Real Cédula. . . en que... declara
S.M. devuelto a su disposición ... el
dominio de los bienes ocupados a los
Regulares de la Compañía... "
AHNM. CONS. LIB. 1484. Pza. 77.
"Carta Informativa" (Sobre Temporalidades de Concepción).
AHNM. AJ. LEG.126. Pza. 40.

IX. 1789, Ene. 15
Madrid

X. 1793
Santiago, Chile

"Actas Originales de la venta y arrendamiento en remate público de las
Temporalidades que pertenecieron a
la Compañía de Jesús... "
AHNS. RA. VOL. 408.
''Estado de la Dirección General de
Temporalidades del Reino del Perú .. "
AHNM. AJ. LIB. 427.
" Real Instrucción para el régimen y
gobierno de la administración y contaduría de las Temporalidades que
fueron de la extinguida Compañía
nombrada de Jesús en el Reyno de
Chile".
BNM. MSS. 17615. Pza. 18.
''Libro Manual de la Administración
y Contaduría Principal de Temporalidades del Reyno de Chile, para la
cuenta del año 1793".
AHNM. AJ, LIB. 436.

XI. 1793
Santiago, Chile

"Libro de Caxa de la Administración
y Contaduría Principales de las Temporalidades del Reyno de Chile, para
la cuenta del año 1793".
AHNM. AJ. LIB. 439.

XII. 1794,Ene.2
Santiago, Chile

"Imbentario de todos los bienes que
a fin de año 1793 havia existentes.. .
propios de las Temporalidades... en
este Reyno de Chile".
AHNM. AJ. Papeles anejos al LIB. 439.

"Libro de Rema tes de esclavos de
Ex- jesuitas, 1768-1776 ".
AHNS. AJ. LIB. 366 Tomo 3°.
''Real Cédula de S.M. en que se expresan las reglas, y métodos... en las
ventas de los bienes pertenecientes a
Temporalidades".
AHNM. CONS. LEG. 8025. Pza. 297.

"Testimonio.. :de la cuenta general
que dieron los Oficiales Reales de esa
Capital (Santiago, Chile) de los Remates de Hacienda Esclavos y otros
asuntos concernientes a las Temporalidades de Jesuitas . .." .
AHNM. AJ. LEG. 95. Pza. 16.

�G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

62 SigloXIX

XIII. 1794
Santiago, Chile

XIV. 1795, Ene. 2
Santiago, Chile

San Ildefonso

Hacienda las Temporalidades de los
Regulares de la extinguida Compa-,, ,,
ma.
AHNM. CONS. LIB. 1499. Pza. 63.

XXI 1798, Oct. 25.

"Razón que manifiesta los compradores de Haciendas, nombres de éstas, cantidades derivad~ por razón
de principales, y réditos, en los días
del año 1796 que se expresarán".
AHNM. AJ. LEG. 250. Pza. 16.

"Libro de Caxa de la Administración
y Contaduría Principal de las Temporalidades del Reyno de Chile... año
de 1794".
AHNM. AJ. 440.
"Inventario de los fondos de Temporalidades correspondientes al año
1794".
AHNM. AJ. Papeles anexos al IJB.

Madrid

438.

XV 1796
Santiago, Chile

XVI. 1797, Oct. 26
Madrid

xvn.

1797, Dic. 17
Madrid.

XVIII 1797
Santiago, Chile

XIX 1797
Santigo, Chile

XX. 1798,Sep.19

"Libro de Caxa de la Administración
y Contaduría Principal de Temporalidades del Reyno de Chile... año de
1796".
AHNM. AJ.LIB. 441.

XXII. 1801, Dic. 22 a 1808
Madrid

XXIII. 1808-1809
"Informe de la Contaduría de Temporalidades de Yndias sobre las cuentas de la Administración de las del
Reyno de Chile compreensivas del
año entero de 1793".
AHNM. AJ .. Papeles anexos al LIB.
439.
"Real Cédula de S.M. . . . crea una
Superintendencia General de Temporalidades... "
AHNM. CONS. IJB. 1499. Pza.24.
"Libro de Caja de la Admirústración
y Contaduría principal de Temporalidades del Reyno de Chile. . . año
1797".
AHNM. AJ. LEG. 959.
"Libro Mayor de la Administración
y Contaduría Principal de Temporalidades del Reyno de Chile. . . año
1797".
AHNM. AJ. LIB. 435.
"Real Decreto. Se agregan a la Real

63

Madrid

"Registro de Reales Ordenes y recursos a su Majestad (Temporalidades de
Indias)".
AHNM. AJ. LEG. 962J. Pza. 8.
"Resumen General de Contaduría de
Temporalidades, Madrid".
AHNM. AJ. LEG. 962. Pza. 11.

ABREVIATURAS
AHNM
AHNS.

AJ. :
BNM:
CONS.

HAC.
LA.
LEG.
LIB.

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LRH.
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RA

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Archivo Histórico Nacional Santiago.
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Libro de Arrendamientos.
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Libro Remate Esclavos
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1938

Obras Completas.
"Historia de Santiago"

Vol. X- XI
Universidad de Chile.
Imp. General de Prisiones.
Santiago, Chile.

La ponencia procura comparar, en forma muy sintética, algunos aspectos de la acción del poder político sobre la actividad económica en el noreste de México, con una referencia especial a la aparición y fortalecimiento de una poderosa burguesía regional.
Adoptando como punto significativo del análisis las fuerzas que se asentaron en Monterrey -capital del estado de uevo León y escenario desde 1890 de un poco frecuente proceso
de crecimiento industrial-, los focos cronológicos para el estudio están situados en los extremos del período investigado, que comprende la segunda parte del siglo XIX y los inicios del XX: uno de esos focos coincidió con la fase de mayor
explosividad de la revolución liberal en México, durante los
años de la Reforma; el otro entroncó en línea generales con la
etapa de estabilidad del porfiriato, desde mediados de los 80.
El cotejo se practicará entre los años que mantuvo su hegemonía regional el gobernador y comandante militar Santiago
Vidaurri (1855-1864) y los que tuvieron al general Bernardo
Reyes -actuando desde uevo León - como centro de decisiones en el mismo espacio regional, de 1885 a 1909.
* Facultad de Ftlosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
Ponencia presentada en el simposio "Historia Económica: economía y política",
45° Congreso Internacional de Americanistas, Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985.

�68

St!loXIX

En el momento de la hegemonía vidaurrista era casi inexistente un efectivo poder central (y, por lo tanto, un Estado como aparato político y administrativo reconocido en una escala
nacional). La coyuntura estuvo entrecruzada por las luchas civiles y la intervención extranjera, además de que México terminaba de salir del catastrófico enfrentamiento con Estados Unidos. La guerra era, pues, el aspecto principal a resolver y condicionaba totalmente la actividad económica.
Provisto de una visión fuertemente autónoma -que respondía a su concepción de cómo debía organizarse el Estado
Nacional- Vidaurri dedicó sus esfuerzos a la construcción y
mantenimiento de ejércitos. En una época de alta inestabilidad sociopolftica y de enormes dificultades para regularizar
cierto dinamismo en la producción y en la circulación mercantil, el noreste (limítrofe con Estados Unidos y orientado hacia
el golfo de México) vio funcionar un sistema regional de poder
capaz de asumir decisiones y medidas que técnicamente debían
corresponder a un gobierno federal.
Este sistema resultó, a la vez, una respuesta a las nuevas e
imprevistas condiciones generadas en esas latitudes por un hecho fundamental: el cambio de la línea fronteriza tras la derrota
con Estados Unidos.
El poder político regional se mostró decididamente liberal,
pero con tendencias autárquicas que se expresaron -sobre todo,
y dadas las urgencias bélicas- en el establecimiento, control y
administración de aduanas, en el uso de sus recursos y en una
política arancelaria que entraba en antagonismo con lo que pretendía fijarse desde el centro del país. En nombre y en defensa
de la revolución liberal, Vidaurri abrió las fronteras a la introducción de mercancías extranjeras, y practicó una serie de políticas que benefició largamente a los grupos mercantiles del noreste, en especial a los afincados en Monterrey.
Muy distinta sería la etapa de Bernardo Reyes. A diferencia
de lo acaecido con Vidaurri -expresión local de la desarticula-

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

69

ción del Estado como poder soberano en una escala nacional-,
Reyes se convirtió en un eficaz delegado del orden porfiriano:
sus tareas tendieron a adecuar o perfeccionar regionalmente lo
que el gobierno central dictaminaba y disponía.
Pero para la historia económica del norte oriental de México
y en particular para la de Monterrey, la significación de Reyes
asumió otros matices. Así como Vidaurri accionó, por necesidad, en el plano de la circulación mercantil, Reyes patrocinó
medidas que impactaron decisivamente en el de la producción.
La industria fabril de la ciudad nacería al amparo de una legislación que estimuló la inversión en este sector productivo, complementando otras condiciones que se perfilaban en su favor:
entre otras, la articulación de un mercado tendencialmente nacional, la posibilidad de vincularse al mercado norteamericano,
la formación previa de grandes capitales.
Todo ello en el marco de la consolidación del Estado 1 ac10nal: producto, en buena parte, de los mecanismos que logró
montar y sostener el porfiriato.
La acción del poder político regional, como representante
obediente del central, no se usó ya para el mantenimiento de
ejércitos y para la defensa del orden liberal, sino para asegurar
la sólidez de aquel Estado Nacional y, en el plano económico,
para estimular la capacidad reproductiva del capital. Entre 1890
y la Revolución, así, se articularía en \1onterrey un empresariado de innegable influencia en el posterior desarrollo capitalista
del país.
GUERRA, SISTEl\lA REGIONAL Y COj1ERCIANTES

1.- El lapso que transcurrió desde la guerra con Estados Unidos (1846-47) hasta el fusilamiento de Maximiliano (1867) significó para México una coyuntura decisiva. En esta profunda
crisis, que llevó a grados extremos la contienda entre liberales y
conservadores, se jugó en fuerte medida su posibilidad de rlefi-

�70 S~lo XL\

nirse como Estado ;\acional.
En el alejado noreste, y en nombre del liberalismo, Santiago
Vidaurri ocupó el gobierno de Nuevo León tras levantarse contra el presidente Antonio de Santa Anna en mayo de 1855. Dos
meses después extendió su dominio a Coahuila, que sería integrado en un solo estado -formalmente- en febrero de 18561 .
Sus pretensiones de prolongar a Tamaulipas, hacia el oriente,
esta experiencia, fueron obstruídas por jefes locales ligados -en
ocasiones- a dirigentes nacionales2 • Pero la repercusión de sus
políticas sobre esta provincia litoral (ubicada en el ángulo septentrional del país sobre el golfo de México) con clara importancia portuaria, resultó marcada.
Puede afirmarse que Vidaurri, con altibajos, implementó en
el noreste entre 1855 y 1864 una visible hegemonía regional.
Nutrida por un doble matiz: por una parte era eficaz para la
causa liberal en su conjunto; por otra, apuntaba al fortalecimiento creciente de un poder de dimensiones regionales que se
negaba a someterse incluso a los gobiernos supremos liberales
que -con dificultades ingentes- intentaban consolidarse en la
zona central de México.

1.- La anexión de Coahuila a Nuevo León provocó la primera crisis entre Vidaurri y
el gobierno del general Ignacio Comonfort, quién se opuso terminantemente. El
conflicto llegó a generar choques annados. Pero Comonfort, a fines de 1856, debió tolerar la urúficación de ambos estados.
2.- Las disidencias con los jefes tamaulipecos eran consecuencia de las intenciones
subordinantes que mostraba Vidaurri. Desde Tamaulipas brotaba una animadversión notoria a este proyecto de hegemonía regional que, de concretarse totalmente, iba a suponer el control pleno de las aduanas fronterizas de este estado y
de sus dos puertos marítimos: Matamoros, al norte, y Tampico, en el extremo
sur. La inquietud era compartida por el poder central liberal que temía que Vidaurri adquiriese un peso indetenible si manejaba efectivamente el conjunto del
noreste. El gobernador de Tamaulipas, Juan José de la Garza, se alió a Comonfort para combatir a Vidaurri cuando se formalizó la anexi6n de Coahuila. En
realidad, sólo en momentos muy breves pudo Vidaurri instaurar su dominio militar y político sobre todo Tamaulipas. Su influencia, en cambio, resulta.ría más
ostensible en cuanto a las polÍticas arancelarias, que fueron asumidas en buena
medida por los jefes tamaulipecos, especialmente en las franjas fronterizas.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

71

Esta visión bifurcada -compleja- del vidaurrismo no era
más que una expresión del momento que transitaba ~léxico:
recorría una de sus instancias fundamentales en el fatigoso camino para conformar un Estado y un renovado orden social sobre cimientos liberales. Proyecto que no dependía solo de quienes pretendían articular un poder centralizante (en este caso,
en el seno del liberalismo) sino también -y mucho- del aporte
que ofrecían las poblaciones y iefes del interior. Esto último se
mostraba con agudeza mayor en el caso del noreste ante la reciente incorporación a Estados Unidos de territorios ahora limítrofes, y por las expectativas y amenazas de nuevas expansiones del ávido vecino.

Il.- Como sucedía con frecuencia en estas décadas, el peso
politico de Santiago Vidaurri se sustentó abiertamente en su
capacidad militar. Más de cinco mil hombres llegaron a ser
movilizados en un proceso que simultánea o sucesivamente
implicó la rebelión triunfante frente a Santa Anna, los aprestos para sofocar los primeros levantamientos conservadores
(como el que se suscitó en Puebla a principios de 1856), las
incursiones de grupos tejanos3 , el combate a muerte que se
libraba en contra de gruesos contingentes de indios seminómades, la guerra de Reforma (1858-1860). y el desembarco
francés (1862), sin dejar olvidados los mismos choques que
solían registrarse entre fuerzas liberales4 • En la conformación
de aquella densa tropa, el gobernador y comandante del Ejército del orte adquirió una vasta experiencia en la tarea de

3.- En octubre de 1855, por ejemplo, la localidad de Piedras Negras, en el extremo
norte de Coahuila, había sido invadida por grupos tejanos. Al respondeT militarmente a estas incursiones, Vidaurri consideraba que defendía la soberanía nacional. Por ello fue elogiado, tras lo de Piedras Negras, por el presiden te Juan Alvarez.
4.- La marcada autonomía que Santiago Vidaurri sostuvo respecto a los mismos gobiernos centrales liberales le obligaba a mantener tropas que, eventualmente, debían rechazar algún intento de sometimiento en el seno de esta corriente. Esto
explica, además, por qué se negaba sistemáticamente a que tropas federales fueran enviadas al norte, y a poner las suyas bajo órdenes de los comandantes generales que operaban en el centro de México.

�72 Si;!lo XL\

montar ' vestir , alimentar , armar y transportar enormes batallones, a lo que seguramente contribuyó su exhaustivo conocimiento de las posibilidades qe la frontera.
La actividad militar, con sus oscilaciones, provocó una implacable demanda de recursos. Su cuantificación, con alguna
aproximación, ha sido factible gracias a la muy minuciosa documentación que dejó la administración vidaurrista, especialmente
por medio de su tesorería general5 •
Esos papeles permiten señalar que los gastos militares llegaban a consumir alrededor del 85 por ciento de los ingresos que
contabilizaba aquella oficina: al menos ese fue el panorama en
circunstancias como las enfrentadas entre mayo y fines de
1855, o entre mediados de 1855 y septiembre de 1859, momento éste en el que Vidaurri pierde circunstancialmente el control
del gobierno de Nuevo León-Coahuila6 .
Ya fuera para pagar los abastecimientos que la misma economía regional producía pese a su carácter precapitalista (alimentos, animales para trasladar soldados y carga pesada, una
amplia gama de artículos artesanales como monturas, frenos,
costales, mochilas, bolsas, entre muchos otros), como para cubrir lo que representaba la importación de gran parte del vestuario y la totalidad de los pertrechos de guerra (armas, municiones, pólvora), Vidaurri acudió a dos fuentes vertebrales de
recursos: 1) las rentas que técnicamente debían corresponder
al gobierno federal, entre las que sobresalieron con nítidez los
ingresos aduanales y los impuestos a la circulación y/o exportación de metálico; 2) los créditos y préstamos en efectivo que
le facilitaban -amable o forzadamente- los mercaderes del
área (algunos situados en el sur de Estados Unidos y otros, los
5.- El tema lo hemos abordado en Economía de guerra y poder regional en el siglo
XIX, Monterrey, Archivo General del Estado de Nuevo León, 1983, parte primera. Los cálculos se efectuaron a partir de la documentación encontrada en la
sección Hacendarios, del Archivo General de Nuevo León (AGENL).
6.- Todo indica que ese porcentaje de egresos por razones bélicas siguió manteniéndose, sobre todo desde que se produjo la invasión de tropas europeas.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

73

más, residentes en Monterrey). Ambas vías de acceso al financiamiento de guerra, por otro lado, se ligaban muy estrechamente.

III.- En tanto, el cambio de la línea fronteriza -sancionado
por convenio efectuado con Estados Unidos en 1848- había
alterado radicalmente las expectativas y el funcionamiento de
áreas y poblaciones que, inesperadamente, pasaron a ser el extremo norte de ,vféxico.

Se convirtieron, de pronto, en vecinas directas de un país
cuyo capitalismo crecía con ritmos escasamente comparables en
la historia mundial. El extenso desierto que separaban de Estados Unidos a ciudades como Monterrey quedo cercenado.
Una inicial y formidable influencia se manifestaría en el comercio. o sólo por lo que iba a significar el asentamiento humano que implicó la colonización de Texas - que cubría, por
encima del río Bravo, todo el nuevo noreste-. Manifestaciones
más inmediatas supondría la instalación de activos núcleos mercantiles sobre la margen izquierda del Bravo, que con rápidez
conectarían este espacio mexicano con el flujo de artículos provenientes del mercado mundial. Una evidencia espectacular de
ello sería el cuantioso contrabando que se desenvolvió desde
1848, y que resultaba imposible frenar para las autoridades de
México 7 • Sobre todo cuando se fijaban elevados aranceles,
como los que intentó aplicar Santa Anna desde 1853.
7.- En 1870, el secretario de Hacienda, Matías Romero, recordaba: "Terminada la
guerra con Estados Unidos por el tratado de Guadalupe Hidalgo de 2 de Febrero de 1848, los IÍmites de la República se avanzaron muy considerablemente á
sus centros poblados, y la parte que se cedió :! la naci6n vecina aumentó notablemente de población. No habfan transucrrido aún dos años de la celebración
del tratado de Guadalupe, cuando por los cambios indicados, comenzaba ya á
hacerse sentir el contrabando por la frontera del Norte. Este era impulsado por
los muy altos derechos establecidos por el arancel del 4 de Octubre de 1845 vigente entonces". Y luego indicaba que desde 1851 "el contrabando no tuvo tr~ba
alguna". Circular del 4 de junio de 1870, en Diario Oficial del gobierno supremo
de la República, 17 de junio de 1870. Por su lado Moisés González Navarro describe: "Con la derrota del 46 aumentó el contrabando (encabezado por 'respeta-

�74

Siglo XIX

Cuando Vidaurri comenzó a imponer su hegemonía, una
serie de antecedentes -surgidos entre 1848 y 1855- le indicó
el camino a transitar. Antiguo y experto funcionario gubemamental8, conocía en detalle las preocupaciones y necesidades
de los habitantes fronterizos. Y se abocó con presteza a satisfacer dos de ellas: a) la persecución sistemática de los agresivos
indios que entraban a México al ser expulsados desde Estados
Unidos; b) la habilitación y sostenimiento sobre el Bravo de una
línea de puestos aduanales que -gracias a una complementaria
política de bajos aranceles- habría de intensificar el tráfico
mercantil legal.
o se considerará aquí la problemática indígena, de notoria
influencia en múltiples aspectos de la vida fronteriza 9 . Se aludirá sólo a la cuestión aduanal y al diseño de medidas arancelarias
que no solo se vinculaban con una vieja disputa en México 10 , sino que resultarían un instrumento decisivo para la adhesión y el
enriquecimiento de núcleos mercantiles de la región.

IV.- Para el gobernador Vidaurri, así como para sus colaboradores e inspiradores ideológicos11 , el control y aprovechabilísimas' casas extranjeras) por haberse acercado importantes centros de población a la nueva frontera con Estados Unidos; las alcabalas y los estancos abolidos por los invasores se restablecieron con dificultad y creó problemas el bajo
arancel fijado por los norteamericanos". González Navarro, Anatom(a del poder
en México {]848-1853), México, El Colegio de México, 1977, p. 170.
8.- Vídaurri comenzó su carrera administrativa a principios de los treinta. Fue escalando posiciones hasta llegar a ser secretario de Gobierno, cargo que ocupó durante varios años. Estaba en esas funciones cuando se rebeló contra Santa Anna.
9.- Véase José Reséndiz, La pol(tica de Vidaurri y la expulsión de las tribus nómadas en el noreste de México, tesis de licenciatura, Monterrey, 1983. González
Navarro, citado, también hace referencias a esta problemática en el norte. En
Economfa de guerra . .. , citado, incluimos la lucha contra los contingentes indígenas entre las actividades militares de los años de Vidaurri: el mantenimiento
de tropas para la defensa de las poblaciones de una amplia franja fronteriza demandaba permanentes gastos al gobierno de Nuevo León-Coahuila.
10.- Disputas que llevaban adelante corriente librecambistas y proteccionistas. El
debate se encuentra en Luis Córdova (nota preliminar, selección documental
y comentarios de), Del centralismo proteccionista al régimen liberal (J 83 7-1872),
. México, Banco de Comercio Exterior, 1976.
11.- Una referencia a estas posturas ideológicas, por momentos muy radicales, la

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

75

miento de las aduanas fronterizas con F:stados Unidos aparecieron como algo indispensable para armar y trasladar las tropas
que habrían de bregar con texanos, indios, conservadores y franceses.
Si se recuerdan las exigencias que planteaban las guerras civiles y a la vez no se olvidan los anhelos que borbotaban en los
habi;antes y
los grupos mercantiles más prominentes del noreste, no puede extrañar que a menos de tres _meses d~ ocupar
\lonterrey y a los treinta dfas de extender su mfluencia a Coahuila Vidaurri tomara decisiones fundamentales.

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'

Su primera gran medida fue el decreto del 22 de ago~? de
1855: reformaba el ordenamiento para las aduanas mar11:Imas
y fronterizas que en junio de 1853 -y con base e~ el de 1845había promulgado el presidente Santa Arma. El Jefe nuevoleonés rebajó los derechos en el mismo sentido -y en ciertos casos
aplicando idénticas tarifas- que lo que pre_vió el_ fug~ ~rancel
Ceballos, del 24 de enero de 1853: este régimen 1mpos1tivo fue
suprimido por Santa Anna al recuperar el poder, pues presentaba un marcado matiz liberal. F:l plan de Ayutla (1854), enarbolado contra Santa Anna, lo mencionaba expresamente como
sustento del orden mercantil que los liberales aspiraban a edificar. Inclusive fue adoptado provisionalmente entre octubre de
1855 y el 31 de enero de 1856, mientras se confeccionaba
el reglamento que el presidente Ignacio Comonfort puso en vigencia 12.
Con el citado decreto del 22 de agosto comenzaría a germinar el más tarde famoso y temido arancel Vidaurri. Su desarroefectuamos en "Poder regional, gobierno central y periodismo liberal en México en años de la Reforma. Santiago Vidawri y los estados fronterizos del noreste (1855-1864)", en Alberto Gil Novales (ed.), La prensa en la revolución liberal. España, Portugal y América Latina, Madrid, Universidad Complutense,
1983.
12.- El decreto de Vidaurri en AGENL, Circulares, 1854-55, 22 de agosto de 1855.
El arancel del 24 de enero de 1853 fue dictado por el presidente interino Juan
Bautista Ceballos, de breve mandato. Su sesgo liberal fue ampli3"6ente recuperado por el plan de Ayutla reformado en Acapulco, en su artículo 7 .

�76

Siglo XIX

llo posterior, en síntesis, abriría al mercado mundial -vfa el
río Bravo y Texas- el ámbito geográfico que rodeaba a Monterrey. Pondría además a los mercaderes de esa urbe, y a los de
ambas márgenes del Bravo, en evidente ventaja para competir en
las zonas centrales del país con colegas de Veracruz y de la ciudad de México.
El complemento inmediato e inevitable de esta disposición
fue la habilitación efectiva de diversos puestos aduanales sobre
el mismo Bravo. El 24 de agosto se ordenó la apertura de puertos para importación en Mier, Camargo y Laredo (Tamaulipas),
y en Piedras egras (Coahuila). A comienzos de octubre se prolongaron esos privilegios a Reynosa y Guerrero, también en Tamaulipas13.
La reorganización vidaurrista -que se implementaba en un
espacio menor al del futuro Estado 1acional, pero mucho mayor al de uevo León- tendía a un nítido obietivo: transformar
a Monterrey en el pivote militar, político y comercial de un
sistema regional en expansión que, por esto, alcanzaría repercusión en el contexto mexicano.
Pieza clave en esta reestructuración fue el artículo 4º del
decreto del 24 de agosto, mediante el cual quedaba instalada en
Monterrey una Dirección General de Aduanas con amplios poderes: desde la ciudad nuevoleonesa se administrarían así las
' y' se
recaudaciones correspondientes a los puertos habilitados
regularían todos los trámites conexos a una actividad tan básica
como el comercio intemacional14 .
Un par de meses más tarde Yidaurri explicaba al ministro de
Relaciones del flamante gobierno supremo liberal las causas de
tan controvertibles disposiciones: podrían atenderse los urgentes requerimientos del Ejército del\ orte; se sostendrían lastro13.- AGENL, Circulares, 1855, 24 de agosto; 1854-55, 4 de octubre de 1855.
14.· ldem, circular del 24 de agosto de 1855.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

77

pas que protegían la línea limítrofe ''invadida por los filibusteros tejanos"; se cubriría la deuda contraída con los pueblos,
consecuencia del levantamiento contra el ya derrocado Santa
Anna; podría desechar las proposiciones que le efectuaron
"algunos comerciantes" y que evaluó como "ofensivas al honor nacional y al mío propio"15 ; frenaría el contrabando proveniente de las villas situadas del lado norteamericano; poblaría
la zona de frontera y ahuyentaría los contingentes indígenas rebeldes16.
V.- Lo que se· conocería como arancel Vidaurri, en estos
años tumultuosos, fructificó como una combinación en la que
se imbricaron antecedentes regionales y nacionales, modificaciones que sobre la marcha impulsaban Vidaurri y otros jefes locales y sugerencias de comerciantes destacados del noreste 17
15.- Vidaurri modificaría su forma de pensar al respecto, seguramente asediado por
las ingentes necesidades de su despliegue militar. Los contratos especiales con
grandes mercaderes de la región - con fr.ecuencia para procurarse armas y pertrechos de guerra- constituyeron una fuente constante de recursos durante
1855 y 1856. A las finanzas del estado le resultaban tan onerosos algunos de
estos convenios que el propio gobernador mostraba disgusto ante el desmedido
interés de los proveedores.
16.- El Restaurador de la Libertad, Monterrey, 27 de noviembre de 1855.
17.- Entre los antecedentes regionales deben recordarse al menos dos: el levanta·
miento cívico-militar que dio a conocer el plan de la Loba, en septiembre de
1851, y la respuesta a esta actitud de rebeldía que resultó el arancel Avalos,
días más tarde. El plan de la Loba fue precedido por la ocupación de Camargo,
población ubicada sobre la margen derecha del Bravo. En su punto cuarto abordaba la cuestión arancelaria con claro sesgo liberal y exigía que se quitasen las
prohibiciones y se rebajasen derechos en materia de importación. Solicitaba penas menores para quienes ejercían el contrabando, la introducción libre de vfveres durante cinco años y que se estableciera una aduana en Reynosa, al este de
Camargo. Su jefe visible era José María Carvajal, acusado muchas veces-de tener
ligas íntimas con grandes contrabandistas. Para disminuir la tensión creada por
la ocupación de Camargo, el general Francisco Avalos, a cargo de la línea fronteriza y con residencia en Matamoros, villa marítima y fronteriza, rebajó drásticamente los impuestos que pesaban sobre las mercanefas introducidas por el lugar.
Lo hizo sin consultar con el gobierno central, lo que provocaría más tarde intensos debates. Avalos comentaría al ministro de Guerra y Marina que decidió
adoptar ese arancel por "lo excepcional de las circunstancias referidas, y el deseo de evitar que la guerra civil tomara incremento". Además era lo único
factible porque, así, las importaciones se harían por Matamoros en lugar de
realizarse por Camargo u otros puntos más occidentales. El arancel Avalos
mantuvo su vigencia hasta abril de 185 2. La proclama de Carvajal y las disposiciones de Avalosen AGENL, Ramo m11itar, 1851-57. Ya con Vidaurri al man-

�78

Siglo XIX

Cuando este arancel llegó a su punto de cristalización, hacia
1857, significó en concreto que por esa frontera se introducían
mercancías con recargos mucho menores a los que se imponían
en otros puertos, en los que se tenía que cumplir la ordenanza
general que en enero de 1856 pormulgó el presidente liberal
Comonfort. De acuerdo con referencias de entonces, ratificadas por cálculos nuestros, esa disminución oscilaba entre un 50
y un 65 por ciento. Podría afirmarse que, en promedio, el arancel Vidaurri representaba un descuento del 60 por ciento frente
a lo que cobraba el arancel federal.
La sólidez del sistema regional constituído desde uevo
León se retroalimentaba en la propia capacidad militar, pero a
la vez se nutría -en términos políticos- de la seguridad que se
ofrecía a los segmentos mercantiles y a las poblaciones de la
frontera. La influencia del vidaurrismo quedó probada a principios de 1858, al estallar la revuelta conservadora.
Tras el plan de Tacubaya, ocupada la ciudad de México por
los ejércitos opuestos al liberalismo, uevo León-Coahuila y
Tamaulipas recuperaron sus respectivas soberanías y se aliaron
en favor de la Constitución de 1857. Firmaron entonces un pacto ofensivo-defensivo en el que quedó expresamente señalada la
repercusión alcanzada por el arancel Vidaurri. Ambos estados se
comprometieron a levantar "el mayor número de fuerzas que les
sea posible para el sostén de la causa nacional". Para lograr tal
do de Nuevo León, y ante la necesidad de que se "establesca un arancel que
arregle las importaciones del comercio y fije las reglas á que deba sujetarse el
pago de derechos de las mercancías que se introduscan", el gobernador dispuso que se formara en Monterrey "una junta de aranceles". Entre otros la
integraban dos prominentes comerciantes de la ciudad: Juan Oausen y Mariano
de la Garza. En la orden se señalaba que debían tener en cuenta antecedentes
como los aranceles Avalos y Ceballos. AGENL, Hacendarios, 1855/3, 9 de
agosto. A comienzos de 1856, Guadalupe García, oficial a caigo de las tropas
fronterizas de Tamaulipas, sugiri6 a Vidaurri nuevas rebajas, que eran pedidas
por comerciantes de Matamoros. García logró que el comandante nuevoleonés
quitase los llamados derechos adicionales Y, además practicara una rebaja del
15º/o global. Vidaurri acentuaría después esta rebaja general hasta un 40º/o, con
lo que su arancel llegó al más alto nivel de liberalidad. Los pedidos de Guadalupe
García en AGENL, Correspondencia particular de Santiago Vidaurri (CPSV),
desde Matamoros, 27 de febrero de 1856.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y bu'1{uesía en México

79

objetivo, negociarían un préstamo "de~tro ó fuera de la Republica hasta de quinientos mil pesos, hipotecando para su pago
los productos de la Aduana marítima de Tampico y de las fronterizas del río Bravo". Y en el artículo 6° se indicaba:
Mientras duren las actuales circW1stancias regirá el arancel conocido con el nombre de Vidaurri, que espedirá (el gobernador de
Tamaulipas, MC) con la baja de un cuarenta por ciento... 18

Se oficializaba de esta manera en los tres estados del noreste
un arancel que se insinuó primero en uevo León, y que ahora
abarcaba el conjunto regional: resultado del inicio de la guerra
de Reforma, fase decisiva en el estallido de la revolución liberal
en México.
Y si bien en Tamaulipas la medida sería derogada en agosto
de 1860, cuando se daba por seguro el triunfo liberal, en uevo
León-Coahuila el arancel continuó funcionando. La lucha contra el invasor francés obligó a Benito Juárez en 1862 a conferir
poderes amplios a Vidaurri sobre Tamaulipas, lo que reavivaría
la vigencia global de sus políticas mercantiles. Sólo cuando el
poder regional fue sometido, en marzo de 186419 , .se abrió la
posibilidad de que la ordenanza general de 1856 comenzara a
respetarse en esta parte de la frontera.

VII.: A cambio de las ventajas arancelarias que la administración de Nuevo León-Coahuila otorgaba, obtenía recursos .
diversos para solventar los permanentes déficits provocados por
la incesante acción bélica.
Hasta que se sistematizó el funcionamiento del arancel
Vidaurri ( es decir, durante 1855 y 1856), los abastecimientos
de pertrechos de guerra se conseguían en las horas más apre-

18.- AGENL, Minutas, 1858, 23 de enero.
19.- P.resionado por el invasor francés, Benito Juárez marchó en !863 hacia el norte
del país. y las aduanas de esta frontera, sobre todo la de Piedras Negras - que

�80

SigloXIX

miantes por medio de contratos especiales: el gobernador otorgaba entonces drásticas rebajas en los derechos de importació~ a
determinados comerciantes, como forma de compensar la Introducción de armamento.
Un segundo mecanismo, que paulatinamente reemplazaría
al anterior, fue el de solicitar créditos y préstamos en efectivo
para cubrir los gastos militares. En este caso la devolución se
efectuaba por medio de certificados que -presentados luego en
los puestos aduanales- permitían concretar masivas importaciones en el marco del cada vez más liberal arancel Vidaurri. Como
puede observarse en los anexos 1 y 2, que aluden a las urgencias
planteadas durante la guerra de Reforma y en los momentos del
desembarco francés, Vidaurri no sólo debía acudir con suma frecuencia a los mercaderes del área, sino que tenía que agradecer
sus aportes con otra compensación: los fuertes premios (especie
de interés cobrado en plazos extremadamente breves, por el alto
riesgo de cada operación) que le sumaban los intermediarios,
transformados en financistas inevitables del poder regional.
Aunque el gobernador llegó a suponer que esos premios no
irían más allá del 11º/o -como lo indicaba en su circular del
22 de enero de 1858, destinada al comercio, y que se reproduce por su significación documental en el anexo 3-, en los días
de mayor tensión esos premios llegaron a representar el 50°/o
del dinero adelantado 20
vivía entonces un momento de auge por la guerra de Secesión en Estados Unidos- les fueron requeridas a Vidaurri. A principios de 1864, con Juárez en
Nuevo León-Coahuila. el gobernador se negó a ceder esos recursos y enfrentó
abiertamente al presiden te. Finalmente, rodeado por los ejércitos federales, Vidaurri abandonó el país. Se cerraban así casi diez años de poder autárquico en la
región. La consolidación del Estado Nacional despuntaba simultáneamente por
una doble vertiente: el rechazo de la intervención europea y la subordinación de
las fuerzas regionales. Esta Última tarea sería completada por Porfirio Díaz,
hacia los años 80. Tras su crisis con Vidaurri, Jufu:ez restableció a Coahuila la
autonomía que había perdido desde 1855.
20.- En los meses más críticos florecían los llamados préstamos de pronto reintegro,
brindados con premios elevados. Los grandes comerciantes de Monterrey -Valentín Rivero, Mariano Hernández, Juan Claussen, Patricio Milmo (que era yerno de Vidaurri), Brach y Shonfeld- proveían con rápidez el efectivo. En ciertos
casos lo hacían bajo duras presiones, pero recuperaban sus dineros con derechos
de importación, que estaban asegurados por la influencia de Vidaurri en los

M. Ceruttí: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

81

VIll- En este contexto condicionado por las necesidades
creadas por la guerra y por la respuesta que brindaba el po~er
regional, los núcleos de comerciantes loc~es lograban ampliar
visiblemente sus posibilidades de penetración en mercados alejados de la geografía nacional. Resulta obvio indicar que los que
·trabajaban desde Monterrey se encontraron entre los más bene, con.diana a aque1 po der21 .
ficiados, por la cercama
Si el espacio habitual de su dinamismo mercantil comprendía el noreste y estados vecinos del norte centro-oriental (como
Chihuahua o Zacatecas), con las rebajas verticales que se les concedía en materia arancelaria prolongaban sus contactos hacia el
sur: la ciudad capital, Guanajuato, partes de Jalisco y hasta Colima, sobre el Pacífico, recibían mercancías introducidas por la
frontera septentrional, además de que llegaban en fuerte escala
a San Luis Potosí y zonas menos distante. Sobre la base del
arancel Vidaurri, o de los contratos sellados en tiempos anteriores a su expresión más liberal, los traficantes regiomontanos y
sus colegas del sur de Estados Unidos se enlazaban cómodamente con el mercado mundial. Y competían exitosamente con
los grupos intermediarios de Veracruz o de la ciudad de México,
quienes en sus airadas protestas solían tener como portavoces a
los propios ministros federales22 . Un panorama que se reforzaba
puertos fronterizos. También intervenían traficantes de la región pero no afincados en Monterrey, como Juan P. Molony y Evaristo Madero. ~te último,_que
vivía en RÍO Grande cerca de Piedras Negras, transformado mas tarde en director de un verdadero 'imperio familiar, sería abuelo de Francisco Madero,jefe de
la etapa inicial de la revolución que destituyó a Porfirio Díaz en l 9i 1.
21 - Patricio Milmo ya mencionado, resultó uno de los casos más expresívos. En
· estos años se e'fectúa en Monterrey -al amparo de los conflictos civiles Y de
la guerra de Secesión norteamericana - la primera gran fase de acumulación previa de capitales, que décadas después serían transferid?s. ~ la producción capitalista. Los apellidos que encontraremos en los 90, lmCiando el proceso de
crecimiento fabril, serán en no pocos casos los mismos de tiempos de Vi~a_urri;
Rivero Zambrano Calderón Milmo, Hemández (sucedidos por los Mendirichaga). Otras familia~, en cambio, no mantendrán tanta perdurabilidad. Evaristo
Madero, por su lado, se asentará en Monterrey entre 1864 y 1870, marchará a
Panas (Coahuila) a inicios de los 70, y regresará a Monterrey en 1892 para fundar el primer banco del estado, el Banco de Nuevo León.
22.- Estos reclamos se tornaron particularmente agudos en 1856 y 18_57, cuando el
general Comonfort trataba de restablecer el orden interior y esperaba que en el
norte se aceptara su ordenanza general, de 1856. El 2 de noviembre de 1857 un

�82 Siglo XIX

por los descuentos complementarios que en el noreste se disfrutaba en la circulación y exportación de metálico, renglón que
también se controlaba sistemáticamente en Monterrey23 •
El gobernador Vidaurri encontró, así, un claro apoyo en esta burguesía incipiente que por momentos hasta lo respaldó en
sus arrestos más autárquicos. Aunque en ocasiones las relaciones entre poder político y comerciantes-prestamistas se volvían
tensas (por la ávidez que mostraban estos últimos, lo que llegaba a indignar al jefe militar), en general cabe afirmar que Vidaurri supo interpretar y satisfacer las expectativas de este reducido
conjunto de traficantes que -desde la lejana frontera norestese atrevían a invadir con artículos europeos o estadounidenses
las zonas centrales del vasto territorio mexicano.

M. Cerutti: poder estatal, economia y burgue.s(a en México

LA ADHESIO

83

A LA PAZ PORFIRIA A

I .· Con la llegada del general Porfirio Díaz al poder (187?•_77)
se registrarían, lenta pero firmemente, ~odi~caciones d.ec1S1vas
en la economía la sociedad y el func10nam1ento político mexicanos. Puesta; en marcha, ya, las_principales reformas liberales -tendientes a propiciar un crecimiento capitalista con clara
inserción en el mercado mundial- el paso siguiente consistió en
asegurar un orden interior capaz de favorecer los intereses de ~os
grupos modernizantes aptos para responder a las ~emandas 1:11·
ternacionales, de asociarse sin prejuicios con el capital extran1ero y de usufructuar las ventajas que podía brindar un Estado
acional en consolidación.
Sobre el porfiriato se ha comentado:

Desde los gobiernos centrales liberales, que intentaban
consolidarse, las cosas solían observarse de otra manera. Cuando
Manuel Payno estuvo a cargo de la secretaría de Hacienda, en el
período del general Ignacio Comonfort, envió a Vidaurri un extensísimo documento (anexo 4) en el que intentaba convencerlo
de que tales rasgos de autonomía, particularmente en los planos
aduana! y comercial, eran inconvenientes para la sólidez del proyecto nacional. Pero hasta marzo de 1864, cuando Benito Juárez necesitó imperiosamente los recursos de estas aduanas del
norte, sobre todo los de Piedras :\egras, el orden vidaurrista se
mantuvo, vigoroso, con el escasamente reticente apoyo de la
burguesía local.
oficio de la secretaría de Hacienda amenazaba con adoptar medidas drásticas si
no se detenían las introducciones por la frontera: su impacto alcanzaba la propia
capital de la República. La conclusión era que habían sido introducidas de contrabando o que "no han pagado los derechos de importación que señala la orde•
nanza de aduanas marítimas". AGENL, Correspondencia con el ministerio de
Haciendo (CMH), 1857-58, 2 de noviembre de 1857.
23.· El sistema regional vidaurrista alcanzó también la circulación y exportación del
metálico, savia inevitable para una eficaz vinculación con los mercados europeo
y estadounidense y con las franjas más monetizadas de la economía mexicana.
El gobernador obligaba a pagar los impuestos respectivos en la administración de
Rentas de Nuevo León-Coahuila. Como contrapartida ofrecía rebajas sensibles,
la protección y seguridad para el traslado de la moneda hacia los puntos de salida y los beneficios del arancel Vidaurri. Se apropiaba de estas rentas, de carácter

Si tuviéramos que reseñar en pocas palabras el significado ~ro fundo del po.rfiriato desde el punto de vis~ económico y soc1_1, los
elementos que eligiríamos apuntar serian: a) .. .la expanSion de
las exportaciones y de las inversiones extranjeras; b) _los efect~s de
la red de ferrocarriles y de la abolición de aduanas m te~as:,mtegración del mercado nacional (aunqu~ ?º total), c?n~olidac1on de
la ciudad de México como polo pohtico y econom1co, mayores
posibilidades de industrialización moderna (y p~r lo t~~o, u~ golpe asestado a diversos sectores artesan~es), .~culac1on directa
con el mercado norteamericano; c) cambios tecmcos de gran trascendencia: introducción de maquinaria industrial perfeccionada... d) las profundas contradicciones sociales y económicas del
régimen porfirista: persistencia de "arcaí~mos" a la par de novedades de peso; disparidades regionales v1olen~s; tremenda ~oncentración del ingreso garantizada por altos ruveles ?e repreSI6n;
crisis coyunturales... e~ monetizació? d;Jª economia, desarrollo
de las estructuras financieras y hancanas.
federal, como lo hacía con las del papel sellado, las que se &lt;:&lt;&gt;br~ban p~ fom_en·
to O las que comenzaron a derivar«ie las leyes de ~esamo~~e1ón Y nacro~aliza·
ción de bienes eclesiásticos y municipales. Ademas permitió la exportación de
plata pasta, expresamente prohibida por disposiciones nacionales.
24.· Ciro Cardoso (coordinador), México en el siglo XIX (1821 -1910). Historia económica y de la estructura social, México, N~eva lmag~n, 19~0, p. 268~9_- Para los
autores de este trabajo, además, el poñmato constituyó un caso clas1co de capitalismo dependiente en expansión (. ..) la consolidación de los procesos desen·

�84 Siglo XJX

En el plano sociopolítico, el porfiriato (que se extendió hasta 1911) conjugó en su práctica consensos y coerciones. Como
es perceptible para otras situaciones latinoamericanas, esas prácticas no sólo se orientaron hacia las clases subalternas sino tam'
bién a sectores de las mismas clases dominantes, especialmente
a
los que se nutrían regionalmente. En este último caso la propuesta era compartir una dominación a escala nacional, justamente, pero con un requisito imprescindible e inevitable: respetar y apoyar un poder central que entre otras funciones debería unificar a los segmentos dominantes25 •

Al regresar Díaz en 1884 a la presidencia -tras el período
del general Manuel González- las dificultades para plasmar este
proyecto se mantenían. El orden interno no había sido impuesto definitivamente, aunque mucho se había avanzado al respecto. Tampoco se había eliminado otro factor de perturbación: el
bandolerismo, que perduraba en ciertos espacios de la geografía
mexicana. Es a mediados de los ochenta cuando Díaz teje y se
lanza a implementar su intención de permanecer en forma indefinida en el mando del Poder Ejecutivo. La etapa de tumultuosidades y conflictos, que había tenido uno de sus picos máximos
en los años de la Reforma, comenzaría a agotarse.
Il.- En el noreste la inestabilidad no se había atenuado. En
Nuevo León, cada vez que se elegía gobernador podían presentarse problemas. Fue justamente en una de estas situaciones, en
el último trimestre de 1885, cuando Díaz resolvió intervenir
directamente y envió a comandar la tercera zona militar (que
cadenados por la refonna liberal permitió que dichos procesos llegaron, final~ente, a ~s consec~encias y resultados lógicos. Para que ello fuera posible, se
Imponían Ciertos reaJustes y acomodos sociales" (pp. 267-68).
25.- En la º?ra mencion~a en la nota anterior se señala que fue "a partir de 1880
qu se dio una espeCie de unificación y consolidación de la clase dominante del
país". Y luego: "en 1?~ años 1880,Y_ 1890, pasadas ya las tempestades de las dé~das pre_cedentes! militares y politicos... propietarios tradicionales inversiom~as re~dentes, Jóvenes intelectuales positivistas (los 'científicos') ~ue consigweron m~rta:rse en el sector financiero, se fundaron, en gran medida, en una
clase dommante que poseía coherencia relativa y estaba relacionada internamente" (p. 268).

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y bwgues(a en México

85

comprendía los tres estados del área) a un decidido y eficaz general: Bernardo Reyes.
Reyes llegaría para imponer la paz porfiriana en un doble
aspecto: a) sometiendo a dirigentes regionales que pretendían
discutir la hegemonía de Díaz, como en el caso del general Jerónimo Treviño, quien aspiraba a la misma presidencia de la nación26, b) desarticulando definitivamente el bandolerismo, que
interfería una mayor regularización de la actividad económica.
Uno de los biógrafos de Reyes, Víctor iemeyer, describe
que fue colocado en Nuevo León "por razones de tipo político":
tenía que acabar con "el poderoso cacicazgo de los amigos del
antiguo presidente Manuel González". Al arribar no contempló mucho más "que rm cuadro deprimente de inestabilidad
económica y política". Una de sus misiones, sigue el autor citado, era "colocar esta alejada entidad (del estado de 1uevo León,
MC) dentro de un más directo alineamiento económico y político con el Centro", y eliminar "los principales obstáculos"
que impedían "su integración a la nueva nación que Díaz se
había propuesto forjar".
El problema era que los dirigentes locales prolongaban su influencia a todo el noreste, como había alcanzado a hacerlo Vidaurri con más vigor y autonomía treinta años antes. ~iemeyer
insiste en que al llegar Reyes en 1885
la región fronteriza de Coahuila, Nuevo L eón y Tamaulipas se había escapado del control de la Ciudad de !\léxico por causa de la
distancia de la capital, de su ex tensión y la falta de medios adecuados de comunicación. Aprovechándose de la incapacidad del Gobierno central para ejercer control local, dos viejos combatientes
de la Intervención Francesa, el General Jerónimo Treviño y (el general) Francisco Naranjo ... habían adquirido un gran poder (y)

26.- Esta

aspiración de Treviño queda totalmente verificada en la documentación
existente en el Archivo General de Nuevo León. Dado que para 1884 era difícil
oponerse al retomo de Díaz al Poder Ejecutivo, Treviño trabajaba para sucederlo en 1888. Reyes suprimiría tajantemente el proyecto.

�86 Siglo XIX
se habían convertido en los árbitros del destino de su Estado desde 1867.. .27

Con el pleno respaldo del Poder Ejecutivo y con el uso
abierto del ejército federal, Reyes cumplió con rápidez esta labor. Se hizo cargo del gobierno de ·uevo León en forma provisional entre 1885 y 1887, y retornó como mandatario constitucional en 1889. Siguiendo el ejemplo de Díaz, se hizo reelegir
ininterrumpidamente hasta que en 1909 dejó el gobierno y salió
del país28 . Su influencia política y militar cubrió también Coahuila y Tamaulipas, posibilidad que se ampliaba en la medida en
que Monterrey, con su desarrollo industrial iniciado hacia 1890,
recuperaba la hegemonía que había gozado con Vidaurri 29 •
Por medio del accionar de Bernardo Reyes, el extremo noreste de México -con su pertinente influencia hacia todo el norte central- quedaría incorporado definitivamente al Estado 1 a27.- E. V. Niemeyer Jr., El general Bernardo Reyes, Monterrey Centro de Estudios
Humanfsticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León: 1966, pp. 33-35. A
su vez Josefina G. de Arellano señala: "Existía el rumor de que el general Jerónimo Treviño se, ocupaba primordialmente de encender la rebelión, y aunque la
prensa desmentia tales noticias la intranquilidad se dejaba sentir en aquella región, dominada políticamente por los mencionados militares y que comprendía no s6lo el Estado de Nuevo León, sino también los de Tamaulipas y Coahuila". A.rellano, Bernardo Reyes y el movimiento reyista en México Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1982, p. 27.
'
28.- El prestigio de Bernardo Reyes, nutrido por su accionar desde Monterrey lograría dimensión nacional. Su experiencia en el ministerio de Guerra e~tre
principios de 1900 y fines de 1902, elevaría aún más su imagen pero simultáneamente le traería problemas serios con otros núcleos porfiristas. En 1909
ante la posibilidad de que encabezara un movimiento destinado a suceder ~
Porfirio Díaz, el presidente lo envió al exterior. Véase las obras citadas de
Niemeyer y Arellano.
29.- Niemeyer menciona que Reyes, como comandante de la Tercera Zona Militar
e~a el oficial ~e más al~~ graduación "no solo en los tres estados que compo'.
n 1an la zona, smo tamb1en, extraoficialmente, en los vecinos de Zacatecas y Durango. Como representante de Díaz en la frontera, Reyes vigilaba continuamente a los políticos locales en Nuevo Le6n y Coahuila...". Obra citada p.
45. Y Arellano: "Con su carácter de representante del presidente Díaz en t~da
la región '.ronteriza, manti:n ía constante vigilancia en aquella zona a la vez que
se comurucaba con el gobierno del centro para mantenerlo al corriente de cuanto_ ?curría a lo largo de _ella". Obra citada, p. 31. Aunque Reyes dejó el mando
militar _p_ara poder funcionar como gobernador constitucional, puso como jefe
a un oficial de confianza con la aprobación de Díaz.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burguesfa en Ml!xico

87

cional mexicano. ,tientras que en los años de Vidaurri -y aún
en momentos posteriores- las amenazas de invasión norteamericana solían verse acompañadas por rebeldías regionales que
podían detonar en nuevos desgarramientos territoriales, con la
instauración del aparato reyista -brazo septentrional del aparato gestado por Díaz- esa posibilidad se redujo a su mínima
expresión. El establecimiento de la paz minuciosamente regida
por Reyes fue casi simultánea a la vinculación que el noreste
entabló con el interior gracias a un medio fundamental para la
política centralizadora: el ferrocarril 30 .
En cuanto al bandolerismo, Reyes actuó sistemáticamente
para suprimirlo y fortalecer, con ello, la tranquilidad necesaria
para la aparición de los mecanismos capitalistas de producción.
Aplicó leyes nacionales y modificó las locales, y empleó sus tropas para someter a bandidos y vagos. Para septiembre de 1887
comunicaba a la legislatura que había, ya, "seguridad completa
en el Estado" y que se abrían "nuevos horizontes a los hombres
laboriosos" 31
III.- Desde los años noventa, la producción industrial de
Monterrey comenzó a predominar abiertamente en uevo León,
que hasta entonce_s había sido un estado de bases agrícolas. Y
tanto a nivel general, como en el muy particular caso de la metalurgia pesada, los valores industriales comenzaron a impactar
inclusive en el contexto nacional. Proyectado hacia mercados en
expansión, este sector económico emergió como una actividad
suficientemente rentable como para atraer masivamente las
enormes fortunas que se habían acumulado en la ciudad desde
décadas atrás32 .
30.- Monterrey quedó unida con el centro del país en 1888, aunque el ferrocarril
-desde Estados Unidos- había ll~ado a la ciudad en 1882. Esta urbe se convertiría en el principal nudo de comunicaciones ferroviarias en el norte, lo que
resultó un elemento clave para que un mercado de características nacionales
quedara al alcance de la industria que SUigi6 hacia los noventa.
31.- Este punto lo hemos desarrollado más ampliamente en Burguesia y capitalismo
en Monterrey (1850-1910), Mé;cico, Claves Latinoamericanas, 1983,pp. 165-68.
32.- Las décadas que corrieron entre 1855 y principios de los 90 convirtieron a

�88

Siglo XIX

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burguesfa en México

89

Antiguos y expertos comerciantes (algunos de ellos actuaban ya en tiempos de Vidaurri, y entre 1870 y 1890 se habían
transformado también en importantes propietarios de tierras e
intensificado su actividad como prestamistas) traspasaron caudales y bienes a la producción industrial capitalista, y además realizaron inversiones cuantiosas en la minería, coadyuvaron a
montar el sistema bancario, participaron en la instalación de
transportes y otros servicios urbanos y modernizaron relativamente las ramas agropecuaria y mercantil.

radas en Estados Unidos, y la oportunidad de llegar a ese mercado gracias a disposiciones aduaneras norteamericanas y por
el uso del ferrocarri1 33 .

La instalación de un parque fabril significativo para la época
-dato saliente en el norte de México, y singularizado a nivel latinoamericano por la ya mencionada puesta en marcha de grandes plantas de metalurgia básica- fue propiciada por una coyuntura, que se abre hacia 1890, caracterizada por:

en general, y de las realizadas en la industria en particular: comienza a regir en uevo León por medio de leyes específicas
promulgadas en los años 1888 y 1889.

a) El rápido avance del tendido de los ferrocarriles, que convirtieron a Monterrey en una de las urbes mejor comunicadas
del país.
b) La paralela articulación de un mercado que tendía a ser
nacional, con demandas suficientes como para que la producción
industrial capitalista mostrara excelentes perspectivas.
c) Las necesidades de metales industriales no ferrosos gene~onterrey en ~n punto d~ concen~raciwi de capitales. El comercio legal y el
ilegal,. el maneJo especulativo del dinero, la apropiación y uso de tierras y una
lenta mcu~sion en la inversión productiva - directa o por medio del préstamo,
como se hizo en la comarca lagunera, con sus cultivos de algodón, desde 1870permitieron el surgimiento de un núcleo burgués apto para lanzarse a la producción capitalista cuando las condiciones del mercado nacional y del internacional
r~sultaron favorables. Los años ~e Vidaurri fueron, justamente, un momento iniCJal en este período de fonnacion de capitales, que no difer(a demasiado de lo
que sucedía en otras latitudes latinoamericanas. Lo distinto habría sido que se
rematara en un proceso de desarrollo fabril, cuya base fue la industria pesada.
Estos puntos han sido desarrollados en Burguesía y capitalismo citado. Una referencia más amplia a las transformaciones en la producción y e~ los valores que
generaban el sector agropecuario y la industria podrá encontrarse en nuestro
trabajo "División capitalista de la producción, industrias y mercado interior. Un
estudio regional: Monterrey (1890-1910)", incluido en El siglo XIX en México.
Cinco procesos regionales, México, Claves Latinoamericanas, 1985.

d) La comentada estabilidad sociopolítica impuesta por
Díaz y extendida al noreste por Reyes.
e) El arribo sistemático del capital extranjero.

f) Una política de promoción de las inversiones capitalistas

Conjunto de circunstancias que resultaba fortalecido por la
óptima ubicación geográfica de Monterrey: por una parte, en un
punto semifronterizo apto para acceder -ya fuere por ferrocarril, ya por vía marítima- al muy dinámico mercado norteamericano; por otra, en el seno de una amplia región minera (que incluía enormes yacimientos carboníferos) que sería vigorosamente vitalizada por los propios ferrocarriles y por los grandes
establecimientos de fundición.
33.- El poñuiato se inició con poco más de 600 kilómetros de vías férreas bajo concesión federal y se despidió con casi 20,000. En fuerte medida la red se extendió hacia el norte, porque las expectativas de comercio exterior ofrecían una variante única en el continente: sólo México tenía junto a alguna de sus fronteras
a una de las economías más grandes del mundo industrializado. Los estados del
norte oriental. - San Luis Potosí, Durango, Zacatecas, Chlhuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas- se verían entonces rápida y febrilmente atravesados.
Monterrey resultó uno de los nudos fundamentales de esta telaraña de rieles. Por
eso pudo conectarse tan eficazmente con el mercado norteamericano y con un
mercado interior en consolidación. Las do~ posibilidades fueron aprovechadas
por la industria que nació en Monterrey. La metalu¡gia básica producía plomo
y otros insumos para Estados Unidos. La industria liviana y la siderurgia -que
surgió en 1903 con el primer gran establecimiento de su tipo que por décadas
funcionó en Latinoamérica- , trabajaron para el consumo nacional. Esta doble
conexión dio a la burguesía regiomontana enonnes posibilidades de crecimiento, a la par de los capitales extranjeros que se asentaban en la región. En el caso de la metaluigia pesada, su desarrollo fue favorecido por la elevación de recargos a los minerales en bruto con baja ley de plata fijados en Estados Unidos
que obligó a transformarlos en metales en el propio norte de México.
'

�M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México 1

90 Siglo XIX

IV.- Desde finales de los 80 Bernardo Reyes propulsó e instauró una legislación que estimulaba la instal~ción Y(º e~pansión de establecimientos productivos de todo tipo (mmena, f~bricas, agro), así como en los ámbitos de las finanzas y lo~ serVIcios. Como correspondía al orden porfiriano, estas políticas no
excluían al capital extranjero, que gozaba de las mismas prerrogativas que el local.
Dicha legislación (ver anexo 5) amplió las condiciones creadas por la coyuntura arriba indicada. Los grupos burgueses regionales -tanto los asentados en Monterrey como los de otros
puntos del noreste, que comenzaron a trasladarse a la ciudad
nuevoleonesa- aceptaron con beneplácito estas propuestas. En
la práctica la legislación se tradujo sobre todo en fuertes exenciones impositivas a los inversionistas. Inclusive un decreto del
22 de noviembre de 1889 permitía declarar "de utilidad pública" a las más grandes inversiones, con lo que las exenciones podían prolongarse hasta treinta años34 . Así, la industrialización
34.- Este fue el caso de la Compañía Fundidora de Fierro y A_rero de Mo~terrey, S.
A cuya solicitud para la ,exención de impuestos fue realizada por Vicente Fe~a el 15 de marzo de 1900. Su puesta en marcha requirió una inversión de
diez millones de pesos (cinco millones de dólares al cambio de la época). Su
producción de lúerro y acero, como se la ~en~ionó, estuvo totalmente vo~ca~
al mercado interior sobre todo al abastecimiento de la demanda ferroviana.
A menos de cuatro ~os de comenzar a producir empleaba 1,700 personas. Su
planta incluía un alto horno con capacidad para quinientas toneladas diarias,
tres hornos de aceración tipo Siemens Martín (con trescientas toneladas de
manejo por unidad), groas eléctricas y locomotoras, un taller de laminación con
mil toneladas diarias de capacidad,un taller de fabricación comercial, un departamento para la construcción y reparación de maquinarias, dos l!aterias para la
elaboración de coke. Anualmente la planta podía generar 100,0t!O toneladas de
rieles de acero y vigas; 10,000 toneladas de hierro comercial; 12,000 de hierro
en lingotes; y 8,000 de hierro vaciado. El 20 de septiembre de 1903 el gobernador Reyes envió al presidente Díaz este expresivo mensaje: "Antier fueron fabricados en la 'Fundición de Fierro Y Acero de Monterrey' los primeros rieles
de acero que se han construido en la América española". Referencias pueden
encontrarse en AGENL, Memoria del gobernador del estado de Nuevo León,
período 1903--07, 1, pp. 67-9;lbidem, II, pp. 468-89;y en Concesiones, expediente del 7 de abril de 1900. La constitución de la compañía, y todos sus accionistas iniciales, se encuentra en AGENL, protocolo de Tomás C. Pacheco,
mayo de 1900, fs. 392-415. Entre los accionistas fundadores destacaban no sólo
integrantes de las familias locales más poderosas (Armendaiz, Milmo, Sada-Muguerza, Zambrano, Belden, Hemández- Menclirichaga, Ferrara, Garza, Madero,
González Treviño, Maiz), sino también personajes prominentes ligados al capital

91

que se suscitó en Monterrey -eje, a su vez de un vigoroso desarrollo capitalista en buena parte del norte oriental de Méxicoresultó notoriamente incentivada por la acción gubernamental.
La burguesía regional aprovecho este marco, fructífero para
sus intereses en ascenso. Su satisfacción se manifestaba no sólo
en sus crecientes inversiones, en su diversificación empresarial,
en su devenir estrictamente económico, sino también en apreciaciones públicamente favorables al mandatario de Nuevo León.
Bernardo Reyes sabía que podía contar para cada inevitable
reelección con sus amigos, los empresarios. Un caso muy notorio se dio en 1903, cuando Reyes se había reincorporado a sus
funciones tras haber sido ministro de Guerra de Díaz. El anuncio de su reelección movió a los principales miembros de la
burguesía local apoyar al candidato de siempre. El 25 de
marzo expresaron su ''voto de confianza y gratitud" en un documento que incluía estos conceptos:

a

Al calor del sabio, energico y prudente Gobierno de Ud. Señor
General, y á virtud de las garantías ofrecidas y hechas efectivas
por él, se obtuvo la paz y reinó la mayor armonía entre todas las
clases sociales: acudieron inmensos capitales que se derramaron
por todo el territorio del Estado; se crearon innumerables establecimientos de instrucción primaria... floreció el comercio, se
implantaron instituciones industriales y de crédito, que han aumentado considerablemente la riqueza pública, y se obtuvieron
multitud de otros positivos bienes, que son el orgullo de este
pueblo viril y trabajador.

Por eso
nosotros, todos los que somos agenos á la política, los qué nos dedicamos al trabajo, y que no pretendemos del Gobierno del Estado, sino aquellas garantías á que aspira todo pueblo que busca
en el trabajo honrado y pacífico su suprema aspiración, y la conservación de la paz, implantada en buena hora por el inmortal
Presidente de fyléxico, Don Porfirio Díaz; nosotros, Señor Genefrancés (León Honorat y León Signoret), al español (Antonio Basagoiti) y al
norteamericano (Tomás Braniff).

�92 SigloXIX
ral, volvemos á hacer públicos nuestros sentimientos de gratitud...
ratificándoles en todo, y dando a Ud. por medio del presente, un
voto de confianza por su benéfica y honrada Administración.35

Era el reconocimiento a una política capaz de abrir numerosas posibilidades, y que anudaba alianzas entre los grupos modernizantes y el delegado regional del poder central. Lo que inclusive se manifestaba con la colaboración de algunos empresarios o familiares directos de éstos en comisiones especiales, en
los parlamentos estatal o federal o en la alcaidía regiomontana
(ver anexo 6).
Para 1iemeyer,
lo que inspiró confianza al capital y a los negocios (fue) que vieron en don Bernardo la personificaci6n de la ''paz porfiriana ''.
He aquí un gobernador, se razonaba, que gozaba de la más completa confianza del Presidente Díaz y que tenía el prestigio y la
experiencia de un jefe militar para guardar la paz en esta región
que hasta hacía poco había estado sujeta a la guerra civil y a la
desobediencia de la ley 36 •

La visita que el propio Díaz realizó a Monterrey en diciembre de 1898 había mostrado esta completa adhesión de la burguesía que crecfaen Monterrey al proyecto porfiriano de desenvolvimiento socioeconómico. En la Comisión de Obsequio, pre35.- AGENL, Memoria del gobernador, período 1899-903, 1, pp. 166-68 (subrayado
nuestro). Entre quienes firmaban se encontraban los principales empresarios de
Monterrey: Vicente Ferrara, Isaac Garza, Francisco G. Sada, Tomás Mendirichaga, Valentín Rivero y Gajá, José A. Muguerza, Adolfo Zambrano, Miguel
Ferrara, Manuel Cantú Treviño, Francisco Belden, Ernesto Madero, Antonio V.
Hemández, José Armendaiz, Francisco Armendaiz, José Calderón, Mariano
Hernández y el norteamericano Joseph Robertson. La adhesión contaba también con el respaldo de numerosas compañías, cuyos nombres seguían a los de
los empresarios.
36.- Niemeyer, citado, pp. 57-8. Según este autor, Reyes "tomó un interés personal,
casi paternal, en aconsejar a los futuros inversionistas. En varias ocasiones a él
se debió que se situaran en el área de Monterrey diversas industrias que se proyectaban fundar en otra parte..." (p. 58). Para el cónsul _general de Estados
Unidos, John K. Pollard, al gobierno de Reyes se debía "mas que a cualquiera
otro los grandes pasos que se han dado en Monterrey. Es amigo de los americanos y yo mismo he sido objeto de muchas muestras de cortesía por su parte".
Citado en Niemeyer, p. 56.

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burgues(a en México

93

sidida por el propio Reyes, fueron inclmdos empresarios de
primera línea como Francisco Armendaiz, Antonio V. Hernández (concuñado de Evaristo Madero, cabeza de una de las familias de mayor peso en el capitalismo del noreste), V alentín Rivero y Cajá, Francisco G. Sada y Vicente Ferrara.
Reyes emitió entonces un vibrante elogio a la obra realizada por Porfirio Díaz, compartido por sus amigos regiomontanos. En uno de los tramos más significativos de su discurso
principal, el góbemador mencionó que aludir a la gestión de
Díaz
...es ver armónicamente unificarse la acción, antes anárquica o
dispersa, de las entidades federales, para consolidar la Patria común; es ver extenderse en nuestro territorio, como al contacto
de una vara mágica, 38,000 kilómetros de alambre telegráfico,
12,000 de vías férreas, con sus apéndices que son puentes, caminos y calzadas: amplio sistema de transporte y comunicación, en
que activa empezó a circula.r la vida nacional, estimulándose la
producción, desbordándose el comercio, al que abristeis y mejorásteis puertos con obras gigantes, como las de Tampico y Veracruz(...) Es estimar el fomento que directamente habéis imprimido a las industrias madres, la agricultura y la minería... Es admirar vuestra brega coronada de éxitos en el Ramo de Hacienda;
veros en medio de las abrumadoras catástrofes financieras (trayendo) el arreglo de las deudas interior y exterior, el del pago de
los inmensos créditos ferrocarrileros, la abolición de las alcabalas,
y por último, el brillante resultado sin ejemplo en nuestra historia, el equilibrio de nuestros ingresos y egresos...37 •

Por medio del delegado regional del poder central se manifestaba asf que la idea de sociedad, el Estado acional porfiriano era aceptado. o había ya diferencias irreversibles o profundas entre estos núcleos propietarios del noreste y las políticas
que desde el centro del país se propugnaban.

37.- AGENL, Memoria del gobernador, período 1895-99, II, p. 4 en adelante.

�94 Siglo XIX

V.· El naciente empresariado respondía, además, con acciones muy específicas y pertinentes: inversiones. Es que el capital podía ser transferido sin graves riesgos, ahora, a la esfera
productiva. La protección guhernament~ -manifestada _no_ sólo en una legislación adecuada (tanto nacional como provmc1al),
sino en un orden social favorable a la reproducción ampliada del
capital- lo facilitaba.
Las viejas familias que habían acumulado cuantiosas fortunas en las inestables décadas anteriores, más otras que se acercaban a Monterrey, más los capitales provenientes de distintas zonas del país, más el capital extranjero, podían articularse por
medio de la sociedad anónima, un instrumento que el porfiriato
llevó a su punto de mayor desarrollo en estos años.
Las principales familias locales, por ejemplo, pusieron en
marcha desde 1890 una gran cantidad de empresas, y cubrieron
muy diversos ramos de la actividad económica (ver anexo 7). Y
sus voceros reconocidos ~aban la decisión de invertir no sólo a
la favorable coyuntura nacional y mundial que se transitaba, sino también a las políticas implementadas desde el despacho de
Reyes. En 1900, un destacadísimo miembro de este empresariado -Vicente Ferrara- decía en vísperas de fundar el más relevante proyecto industrial de la época, la Fundidora de Fierro y
Acero de Monterrey, S. A.:
...para la consecución del fin que nos proponemos no bastan ni
la aprobación de los fondos necesarios, ni el favor que los hombres de negocios dispensen al que proyectamos, sino que ante todo y sobre todo nos es necesaria la protección amplia y eficaz del
Poder Público(...) La administración pública, cuyo cabal concepto de nuestras condiciones económicas ha sido tantas veces demostrado, no necesita, repito, de argumentos y demostraciones
para impulsar el progreso del E'.,;tado. (...) Sí, pues, la nueva empresa no cuenta con una protección que la coloque en condiciones de resistir la competencia ( extranjera, MC), la lucha que intente será insensata y su resultado no hará sino alejar el día en
que los elementos de la riqueza nacional deben desarrollarse libres. Las condiciones apuntadas se resumen en la exención de im-

M. Cerutti: poder estatal, econom{a y burguesfa en México

95

puestos por un periodo de tiem¡o que baste a establecer la producción y a asegurarle mercado3 .

Varios años antes, otros colegas de Ferrara -Santiago y
Francisco Belden, Patricio Milmo y Juan Weber- reconocían
"la protección decidida que en el ramo· industrial, como en todos los demás, imparte la actual administración del Estado", y
por ello habían resuelto establecer la Compañía Industrial de
Monterrey. Se dedicaría a la producción de muebles y artefactos de madera, y a la fabricación de objetos de metal laminado, rubros en los cuales había una marcada competencia extranjera. Por ello se hacía "necesario recurrir a las franquicias que
sabiamente los Gobiernos progresistas conceden a las nacientes
industrias . .. ". Y Francisco L. Cantú, en septiembre de 1895,
decía en ~na solicitud análoga que " ...atendiendo al impulso
proteccionista dado por el Gobierno de su digno cargo á las artes, á la agricultura y á la industria (. ..) y teniendo en cuenta
los felices resultados que ha producido su sistema que cría la
riqueza pública... ", iba a invertir en una fábrica de artefactos
de metal39 •
Son expresiones que se reiteran, y que acompañan generalmente una solicitud para que queden exentas de impuestos
provinciales y municipales las compañías que están por inaugurarse o que proyectan una expansión.
Las medidas y políticas del reyismo se insertaron en un proceso que en Monterrey derivaría en la consolidación de las formas capitalistas de producción con base en el sector fabril. A
diferencia de lo que acaece en otras áreas de América Latina en
esos años, la ciudad nuevoleonesa se lanzó al capitalismo sustentándose en la producción industrial. Se abrió allí el auge inicial
de esta burguesía regional. Su segundo período de intenso crecimiento llegaría recién treinta años después: hacia 1940,
38.- AGENL, Concesiones, expediente del 7 de abril de 1900.
39.- AGENL, Memoria del gobernador, periodo 1891-95, pp. 1077-78; y Memoria,
período 1895-99, II, pp. 509-14.

�96

Siglo XIX

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y bu,gues(a en México

cuando comenzaron a sentirse los efectos de la política económica de Lázaro Cárdenas, momento que coincide con la prosperidad que para las manufacturas latinoamericanas en general
trajo la Segunda Guerra.

ralizan por la geografía mexicana. Se ha visto que las decisiones de política económica -como las leyes de promoción a la
inversión- brindan condiciones óptimas para que eso suceda.
No se niega, pues, dicha influencia. Lo que se pretende significar es que las fuerzas endógenas del sistema económico cobran
mayor especificidad en una realidad cuya estructura y mecanismos brindan márgenes más generosos, y sobre la que golpean demandan mercantiles intensas y, sobre todo, regulares.

ALGU ASCO CLUSIONES
Los dos momentos que a nivel descriptivo se han cotejado
permitirían extraer algunas conclusiones -parciales- respecto
a la intensa interacción entre aspectos políticos y actividad económica en el siglo XIX.
Para empezar, es muy nítida la diferencia entre los años sacudidos de guerras y conflictos de diversa raíz, que condicionan globalmente el funcionamiento productivo y mercantil, y el
período de estabilidad que fuerza el porfiriato, cuya característica fue un desenvolvimiento más regular de la estructura económica.
En tiempos de la revolución liberal se percibía una sujeción
muy amplia de la circulación mercantil y de las labores productivas a la esfera político-militar. La economía regional era constantemente urgida por las necesidades bélicas. La posibilidad de
que la producción mercantil trabajara -aún dentro de un esquema precapitalista- de manera sostenida para los mercados regionales o intrarregionales quedaba frenada por las demandas de
las tropas. La misma mano de obra, abrumadoramente rural, era
exigida para integrar los batallones que marchaban a la guerra.
En los años de Bernardo Reyes -o sea, desde el momento
en que se consolida el orden porfiriano- la estructura productiva se ve desligada de tan implacable asedio. Incluso toma distancia de la esfera política en el sentido de que puede apuntar
con mayor autonomía hacia el objetivo de abastecer los mercados regionales y el internacional, que incrementan rápidamente
sus consumos. Esto se acentúa en la medida en que los brotes
capitalistas, la generación de productos en gran escala, se gene-

97

,,

Desde el punto de vista del capital -y de su instrumentadora, la naciente burguesía- la fase de Vidaurri acciona permanentemente sobre el dedicado a la circulación y al financiamiento.
Esto resultaba inevitable por la situación de conflicto militar
que entrecruzó a la sociedad mexicana, por las dificultades que
existían para llegar a los mercados (abiertos, a veces; cerrados,
en otras ocasiones; siempre dificultados por las malas comunicaciones). Coherente con su visión liberal, Vidaurri resolvió estos problemas poniendo las aduanas al servicio de los comerciantes del noreste. Es claro que esta tesitura combinaba no sólo con el tipo de actividad económica predominante y factible,
sino con el hecho, decisivo, de un Estado Nacional aún invertebrado. El poder regional se hacía cargo, incluso para enfrentar
al poder central, de recursos que no le hubieran correspondido
en caso de que aquel Estado Nacional estuviera, ya, configurado. Para los grupos burgueses regionales, la opción posible era
introducir mercancías y especular con las premuras del poder
regional. Invertir en producciones en escala era imposible.
Lo opuesto parece acaecer treinta años después. El poder
central extiende su soberanía sobre toda la geografía y la sociedad que constituyen el Estado acional. Controla, por ello,
las aduanas. Reglamenta a escala global la circulación interior.
Somete los poderes locales. Vincula un mercado que apunta a
lo nacional, y conecta las comarcas más dinámicas con el mercado mundial. Logra unificar los segmentos diversos de la clase
que se tornará dominante. Su legislación, ahora, puede operar
sobre el capital productivo, sobre la inversión productiva. Lo

�98 Siglo XIX

jurídico facilita ese traslado (desde la circulación o la especulación de los prestamistas) a la puesta en marcha de mecanismos productivos que, con frecuencia -y Monterrey es un ejemplo en este sentido- asumen rasgos capitalistas. O, como en
Yucatán, se encuentran bajo dominio total del capital.
En Monterrey, la burguesía no productora -que entre

1870 y 1890 se había dedicado también a la apropiación de
tierras- se abre a la inversión fabril y minera, moderniza sus
formas de actuación, se torna una burguesía capitalista. Se suma gustosa al proyecto porfiriano, y el Estado Nacional que éste
involucra queda definitivamente aceptado. Ni habrá insinuaciones autárquicas, como en los años de Vidaurri, ni habrá conatos
alternativos, como los que la burguesía catalana promueve en
España en más de una oportunidad desde fines del siglo.

ANEXO I

Comercian te

VARIOS
VARIOS
MARIANO HER!

JUAN CLAUSEI\
JUAN J. DE LA t

Se modifican, entonces, las formas de operar en los núcleos
sociales que por diversos medios han concentrado bienes y caudales. Con frecuencia fueron los mismos hombres, o las mismas
familias, las que recorrieron ambas fases del proceso aquí descripto. Lo que se está cumpliendo en el norte oriental de México en la parte última de la centuria pasada es ese momento en
que la acumulación originaria tiende a desembocar en la producción capitalista. Punto en que los grupos burgueses comienzan a
dominar la producción de manera directa, y absorben el excedente social sin intermediarios, con plena libertad. Los nexos
entre poder polftico y actividad económica, en ese punto, son
sometidos a una reestructuración.

BRACHYSHON
VALENTIN RIVI
AMADOFERNA
FLORENTJNO A
PATRICIO MILM
COMERCIO DEI
PATRICIO MILM
PATRICIO MILM

PATRICIO MILM
JUAN P. MOLON
BRACHY SHONI

�M. Cerutti: poder e,tatal, econom(a y burgue,fa en México

ANEXO I

Comerciante

99

PRESTAMOS Y CARGOS A LA TESORERIA GENERAL DEL ESTADO (1858-1859)

Cantidad

Premio

Fecha

Explicaciones anexos

VARIOS

$ 7,800

26-I-58

Para urgentes atenciones. Anticipos a cuenta
de derechos de importación.

VARIOS

4,000

25-4-58

Para atención de fuenas en campaña en el
interior.

MARIANO HERNANDEZ

3,000

8-5-58

Para atención del Ejército del Norte que
marcha hacia el interior.

JUAN CLAUSEN

3,000

50%

ídem

ídem.

JUAN J. DE LA GARZA CHAPA

3,000

SO%

ídem

ídem.

BRACH Y SHONFELD

1,000

50%

ídem

ídem.

VALENTIN RIVERO

1,000

50%

ídem

ídem.

AMADO FERNANDEZ

1,000

50°/o

11-5-58

ídem.

FLORENTINO ALBO

1,744.18

50%

23-6-58

ídem (representa una deuda por gastos del
mismo Ejército del Norte).

PATRICIO MILMO

2,000

50%

14-6-58

ídem.

COMERCIO DE LA PLAZA

6 ,000

2°1o

28-7-58

Para urgentes atenciones del Ejército del
Norte. Reintegrable en cuatro meses.

$296.72

29-7-58

Para atenciones Ejército del Norte.

mensual

PATRICIO MILMO

4,276.72

PATRICIO MILMO

1,000

ll°lo

10458

Pagos de flete de 84 caI"gas de pertrechos y
otros efectos de guerra conducidos a San
Luis Potosí.

PATRICIO MILMO

1,000

25°/o

16-8-58

Para atención de familias de soldados.

JUAN P. MOLONY

$10,000

l.5°1o

25-8-58

Para atenciones del Ejército del Norte, prestados en San Luis Potosí.

30-8-58

Préstamo de pronto reintegro, que se compensara con derechos.

mensual

BRACH Y SHONFELD

500

12%

�Siglo XIX

101

Sigue Anexo I

Comerciante

Cantidad

Premio

Fecha

Explicaciones anexas
Para urgentes necesidades de la tesorería del
Estado. Préstamo de pronto reintegro a
compensar con derechos.

MARIANO HERNANDEZ

1,000

20%

13-9-58

BRACH Y SHONFELD

1,000

20°/o

ídem

ídem.

VALENTIN RIVERO

1,000

20°/o

ídem

ídem.

PATRICIO MILMO

666.66

20°/o

ídem

ídem.

A. GARZA Y CHAPA

666.66

20%

ídem

ídem.

CLAUSEN Y CIA.

666.66

20%

ídem

ídem.

JOSEMORELL

900

25°/o

5-10-58

Por cantidades prestadas al Estado sin premio alguno, nuevo préstamo con dicho premio.

JOSEMORELL

1,000

11%

3-11-58

Para atenciones del Ejército del Norte.

ANTONIO DELA GARZA

1,000

11°/o

4-12-58

Para pago de armas.

TEOFILO DE LA GARZA

1,000

11°/o

ídem

MARIANO HERNANDEZ

400

11%

12-1-59

Se devolverá con derechos.

24.J-59

Compensa intereses y otros, sobre la hase
del préstamo efectuado en San Luis Potosí de 10.000 pesos, el 25-8-58.

ídem.

JUAN P. MOLONY

2,265

JUAN CLAUSEN

1,000

11%

25-2-59

A Pagaduría del Ejército. Se retribuirá con
derechos.

VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

1,000

11°/o

2-3-59

Para atenciones urgentes y como anticipo de
derechos.

IDEM

2,000

11°/o

14-3-59

Como anticipo de derechos de circulación y
exportación de metálico.

MARIANO HERNANDEZ

1,269

11°/o

21-3-59

Para atenciones de servicio público.

�M. Cerutti. poder estatal, econom(a y bu111ue1fa en M~ico

103

Sigue Anexo I

Comerciante

Cantidad

Premio

Explicaciones anexas

Fecha

A pagar en la Adm. de Rentas con derechos.

1,500

ll°lo

mzo-59

500

ll°lo

8459

MARIANO HERNANDEZ

1,500

ll°lo

abr-59

Para atenciones militares.

VALENTIN RIVERO

1,000

ll°lo

14-5-59

Para atenciones del Ejército del Norte. Préstamo de pronto reintegro.

VIlJDA DE TARNAVA Y CIAJUAN CLAUSEN-BRACH Y
SHONFELD-JOSE MORELL

3,375

ll°lo

15-5-59

Préstamo colectivo para atenciones del Ejército del Norte.

17-5-59

Para cubrir gastos del diputado Trinidad de
la Garza y Melo. A pagar con derechos aduanales.

BRACH Y SHONFELD
JUAN CLAUSEN

JUAN CLAUSEN

400

MARIANO HERNANDEZ

500

ll°lo

24-5-59

Para atenciones del Ejército del Norte.

MARIANO HERNANDEZ-VIlJDA DE
TARNAVA Y CIA-JUAN CLAUSEN

1,300

11°/o

8-6-59

Para atenciones del Ejército del Norte.

PATRICIO MILMO

2,000

11°/o

28-6-59

ídem.

JUAN P. MOLONY

7,000

20°/o

28-7-59

Se carga a gastos extraordinarios de guerra.

MARIANO HERNANDEZ

2,500

11°/o

9-8-59

El premio se carga a extraordinarios de guerra.

VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

2,445.75

11°/o

7-9-59

Para atenciones del Ejército del Norte. Se
pagará con derechos de exportación de moneda.

VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

1,500

ll°lo

22-9-59

A sastisfacer con derechos de exportación de
metálico.

300

U 0 /o

ídem

ídem.

1,500

llº/o

ídem

ídem.

600

llº/o

ídem

ídem.

VALENTIN RIVERO
MARIANO HERNANDEZ
BRACH Y SHONFELD

FUENTES : AGENL, Hacendarios, 1858 y 1859, tesorería general del estado de Nuevo León Y Coahuila.

�M. Cerutti: poder e1tatal, econom(a y burgue1{a en Múico

105

PRESTAMOS Y CARGOS A LA TFBORERIA GENERAL DEL ESTADO (1862)

ANEXOJI

Comercian te

Cantidad

PATRICIO MILMO

$

1,000

· Premio

Fecha

Explicaciones anexas

20%

9-1-62

Para urgentes atenciones del Estado. A pagarse con derechos.

PATRICIO MILMO

900

10-1-62

J.J]MENEZ

900

16-1-62

MARIANO GARClA
VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

1,020
800

ídem.
Facilitado por medio de Tárnava y Cía. Se

pagará en Piedras Negras con derechos.

(a)

24-3-62

Suman 500 pesos en efectivo y 520 en "buenos créditos", para urgentes atenciones.

11°/o

29-3-62

La mitad se pagará con derechos de importación.

EVARISTO MADERO

1,000

VALENTIN RIVERO

2,000

RAMONLAFON
TOMAS O'FARRELL

TOMAS O'FARREU

BRACH Y SH ONFELD
VIUDA DE TARNAVA Y CIA.
BRACII Y SIIONFELD

1-4-62

Para atenciones urgentes. Se pagará por la
aduana de Piedras Negras.

9-4-62

El bono a extenderse se admitirá en Rentas
como pago a derechos de exportación de plata pasta, con 7.5% de impuesto. Gracia que
se concede por "las circunstancias en que se
encuentra por la falta de recursos para atender los gastos nwnerosos que tiene que erogar(se) para la manutención de las fuerzas
que tiene en actu·al servicio... "

$25

12-4-62

A pagarse por Piedras Negras. La suma incluye el premio.

11%

30-4-62

Nuevo documento por préstamos anteriores.

495

23-5-62

Para pago de vestuario para regimiento de
Caballería. La mitad se devolverá en derechos, d resto en efectivo.

1,000

26-5-62

Se prestó como anticipo de derechos por
efectos a introducir a Monterrey.

650

27-5-62

ídem.

2,000

3-6-62

525
1,646.80

50°/o

Para urgentes atenciones del gobierno. A devolverse con derechos de exportación de moneda, liquidándose con impuestos del 6

7/8°/o.

�M. Cerutti: poder estatal, economta y bu11fues{a en México

107

Sigue Anexo II

Comerciante

Cantidad

Premio

Fecha

Explicaciones anexas

50°/o

14-6-62

Se compensará totalmente con derechos.

PATRICI.O MILMO

2,000

VIUDA DE T ARNAVA Y CIA.
BRACHY SHONFELD

708
1,711

25-6-62

Se admitirán los bonos en Rentas, por pago
de derechos a la exgortación de moneda con
impuestos del 6 7/8 1/o.

GABINO SANMIGUEL

1,600

1-7-62

800 pesos se reciben; otros 800 se adeudan
por suministros de harina al ejército. Se devolverá en un 80 por ciento con derechos de
importación por Piedras Negras.

EVARISTO MADERO

2,000

50°/o •

20-7-62

Se expide libranza por 3,000 pesos· contra
aduana de Piedras Negras, por derechos.

JOSEMORELL

1,000

11°/o

28-8-62

Para urgentes atenciones. La mitad se devolverá en derechos.

BRACH Y SHONFELD

1,000

4-9-62

A pagar con cualquier derecho "que causen" en la administración de Rentas.

25-9-62

Se aceptan documentos por esa suma. Se
extiende otro, en calidad de préstamo de
pronto reintegro.

PATRICCO MILMO

TOMAS O'FARRELL

$ 3,992.72

795

200/o

2-10-62

300 pesos que presta más un bono por 495
que se adeudaba. La mitad se devolverá con
derechos, incluídos de circulación y exportación de moneda con 6 7/8°/o de impuesto.

BRACH Y SHONFELD

2,500

22-11-62

El premio será de 15°/o si se paga en dos meses, y del 15°/o si se devuelve en mayor plazo. Se pagará con derechos sobre Piedras Negras y Monterrey.

BRACH Y SHONFELD

400

22-12-62

ídem.

(a) Cuando no se menciona el premio significa, con frecuencia, que la compensación está incluí da en el tipo de derechos o de concesiones que se otorgan.
FUENTES: AGENL, Hacendarios, 1862-2, tesorería del Estado.

�108 SigloXIX
M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

ANEXO III

CTRCULAR DEL 22 DE ENERO DE 1858,
DESTINADA AL COMERQO

Comprometido el Estado á cooperar con todo su poder al restablecimiento
neto de la Constitución de 1857 atacada de muerte por el motín militar de
Tacuhaya, que cadaEstado ha condenado por sí reasumiendo su soberanía,
formando grupos de coaliciones para conquistar con las armas los preciosos
bienes que se le quieren arrebatar por la fuerza, Nuevo-Leon y Coahuila,
que tanto se distinguió en el derrocamiento del tirano Santa Anna, debe
distinguirse tambien en esta obra de reparacion política y de consolidacion
del orden y de la paz. Al efecto, ha reasumido la plenitud de su soberanía
por medio de su legislatura y celebrado una alianza ofensiva y defensiva
con Tamaulipas, á que se ha adherido San Luis, para fonnar el grupo del
Norte y entrar desde luego en unión de los Estados que forman la confederacion en la guerra á que ha sido provocada la república por una facción
teocrático-militar tan pequeña, numéricamente considerada, como son
horribles sus tendencias de erigir sobre las ruinas de la libertad el imperio
del sable, hasta acabar con la vitalidad que ha quedado al país después de
agotar sus lágrimas y su sangre.
Pero como la empresa exige gastos proporcionados a su magnitud, el
Gobierno del Estado lejos de recurrirá préstamos que sin remediar la situación arruinarían á los pueblos, y lejos de celebrar contratos que favoreciendo á unos cuantos, perjudican a la mayoría del comercio y en cierta
manera lo obligan á hacer operaciones fraudulentas que tanto dañan la
hacienda pública; considerando todo esto y que los contratos no llenan las
necesidades del momento, ha debido buscar otras fuentes distintas para
sacar los recursos sin violencia usando de sus elementos en términos que
dén los resultados que demanda la urgencia del caso.
Es uno de ellos el producto de las aduanas del Bravo, incluso el de la
de Piedras-Negras, que debe partirse por la mitad entre Tamaulipas y Nuevo-Leon y Coahuila para sus operaciones militares, según la alianza que
acaban de celebrar ambos Estados en la ciudad de Montemorelos por medio de sus Gobernadores. Se ve por lo dicho que los dos gefes al concertar
sus medios ofensivos y defensivos han fundado sus esperanzas, entre otras
cosas, en el comercio si él sabe corresponder á la protección que se le dispensa en el arreglo que han hecho respecto del ramo mercantil, que consiste en que los derechos de importación se liquiden por el arancel Vidaurri
y de esta liquidacion se rebaje un cuarenta por ciento, que el derecho de
consumo se reduzca á la sesta parte del derecho que con la rebaja del cuarenta por ciento se causa en el puerto, que el municipal se reduzca también al doce y medio por ciento sobre el consumo, ó sea una octava parte

109

mas de lo que se deba pagar por dicho impuesto; que la esportación de
moneda pague un cuatro por ciento, la plata quintada un siete y la pasta
. esta misma cuota y mas el tres y un cuarto por cada pieza, cuyo arancel
debe expedir el Exmo. Sr. Gobernador de Tamaulipas y hacerse estensivo
á Nuevo-Leon y Coahuila, para que la uniformidad en este ramo favorezca
las miras de uno y otro Estado; de modo que en último análisis los derechos
· que pesaban sobre el comercio quedan reducidos á poco menos de la mitad de los que establece la ordenanza general de aduanas, y si con estas
franquicias el ramo mercantil no se vigoriza, las causas serán otras que las
que dependen del arbitrio de la autoridad, y si el fraude no se corrige, entrando los que lo hacen á la órbita legal que se le describe al comercio en
general, no tendrán que quejarse los culpables si pierden sus fortunas cuando sus efectos de contrabando caigan en la pena de comiso. No podía el
comercio esperar mas protección que la que se le dispensa por este arreglo:
exento de préstamos y fijada una regla y un impuesto moderado para todos, cada comerciante podrá hacer sus especulaciones sobre datos seguros
y sin el temor de que los contratos ó rebajas especiales, como otras veces se
han hecho a título de adelantos y de la necesidad., desnivelen el comercio
en general y perjudiquen las especulaciones en particular.
Pero como los productos ordinarios de las aduanas no pueden llenar la
urgencia en virtud de que los Estados de la frontera necesitan recursos de
pronto para mover sus tropas, no le queda otro medio al Gobierno que
ocurrir al comercio del Estado solicitando un anticipo á cuenta de derechos de importación y de consumo, para lo cual dispone el Exmo. S~. Gobernador que reuniendo V á los comerciantes de ese pueblo los ex1te en
pro de la causa que se defiende á que adelante cada uno lo que le sea posible, cuyo patriótico servicio será compensado con el premio de que se
hablará después; advirtiéndoles que si este medio á que apela el Gobierno
sin coercion alguna no surtiere el efecto que se espera, se verá en la necesidad de restablecer otra vez la fuerza y vigor de la ordenanza general de
aduanas, y negociar un préstamo con una sola casa empeñando los productos de las aduanas, y en este caso no tendrán que quejarse de los perjuicios
que reciban á proporción de las ventajas que se concedan á dicha casa ;asegurando á esos habitantes que si á virtud de las amplias facultades con que
ha sido investido S. E. le fuere dable abolir las alcabalas, lo hará así en bien
de todos ellos, pero que si las graves atenciones que lo rodean _le impidieren
verificarlo en los términos indicados, llevará adelante su proposito respecto
de aquellos efectos con que trafica la clase menesterosa. Para que lo espuesto tenga su debido cumplimiento me ha ordenado la superioridad lo
resuma en las prevenciones siguientes.
la. Las autoridades políticas reunirán en junta pública á todos los comerciantes de su jurisdiccion inmediatamente después de recibida esta cir-

�M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burguesía en México 111

110 Siglo XIX

EXPOSICION DEL MINISTRO MANUEL
PAYNO AL GOBERNADOR
SANTIAGO VIDAURRI (1856)

cular, y haciéndoles ver su contenido, les manifestaran que si proporcionan
al Gobierno las cantidades que les fuere posible como anticipo de lo que
causen por todos derechos, les aumentará un once por ciento: esto es, por
cada cien pesos les pagará ciento once.

ANEXO IV

2a. La Tesorería general del Estado estenderá á favor de los anticipantes un documento en que consten las cantidades anticipadas con el aumen•
to del once por ciento, y este documento servirá á los interesados para que
paguen con él los derechos que causen las importaciones de sus efectos por
cualquiera de las aduanas espresadas y también el de esportacion y consumo.

A mediados de abril de 1856, el ministro Manuel Payno, a cargo de la
secretaría de Hacienda en el momento en que era presidente el general
Ignacio Comonfort, mantuvo un intenso intercambio epistolar con el. gobernador Santiago Vidaurri. En síntesis, Payno pro.curaba co~v~ncer al Jefe
neoleonés de la necesidad de que aceptara y pUSlera en practica la ordenanza general de aduanas marítimas y fronte~~s, promulga_da. por el gobierno central en enero de aquel año. En func10n de ese obJetivo, Payno
dirigió el 15 de abril un extenso documento a Vidaurri (más de 26 cuartillas tamaño oficio), en el que abordaba muchos de los proble~as que
atravesaba México para configurarse como Estado Nacional, especialmente
en los planos de la administración, regulación mercantil, sistema de aranceles y aduanas, comercio internacional y control de los recursos que correspondían al poder federal.

3a. Las autoridades remitirán inmediatamente y con la debida seguridad á la indicada Tesorería las cantidades que reunan, así como una lista
nominal de los individuos que las hubieren proporcionado con espresión
de la que cada uno facilitare.
Dios y Libertad, Monterey, Enero 22 de 1858.

Jesus Garza Gonzalez
secretario
FUENTE: AGENL, Circulares, 1858.

En este anexo IV se sintetizan algunos tramos de ese documento, con
particular atención en los que se vinculan con los temas considerados e~ la
ponencia. Las aclaraciones entre paréntesis son ~uestras, y se han modificado levemente, modernizándolas, algunas expresiones.

1.- Motivo del oficio
No había contestado el oficio de V.E. de 4 del (mes) pasado con el
cual acompaña la representación del comercio de esa Ciudad ( de Monterrey), relativa á la nueva Ordenanza general de Aduanas, porque hallándose el E. S. Presidente en la campaña contra los sublevados de
Puebla, era necesario acordar con S.E. lo que debiera contestará ese
Gobierno sobre materia tan grave é importante.
De regreso á la Capital de la República y desembarazado un tanto S.
E. de las graves ocupaciones que en los primeros días ocurrieron, por
su órden tengo el honor de pasar á hacer las explicaciones convenientes.

2.- Aduanas en la frontera noreste
Las poblaciones que quedan mencionadas (en la frontera noreste), y
que personalmente conoce el que suscribe, son de pocos habitantes,
y las únicas de consideración que pueden surtir son Monterey y el
Saltillo (en Coahuila), pues de San Luis Potosí, Guadalajara y esta

�112 Siglo XIX

Capital quedan tan distantes que no puede presumirse que comerciante alguno se establezca en ellas con el objeto de hacer negocios
con el interior. Si el Gobierno accedió á hacer esta nueva reforma en
la Ordenanza ( aceptando la habilitación de algunos puestos aduanales sobre el río Bravo impuesta por Vidaurri), fué pura y exclusivamente en consideración á la frontera ( ...) y corriendo siempre el riesgo de que cuando la autoridad política ó militar no estuviera depositada en personas de la integridad y patriotismo de V. E., se abusase de
esta concesión, y entraran los efectos pagando muy insignificantes derechos ó no pagando nada, y viniesen a surtir las poblaciones del Sur
de la República con perjuicio del comercio de buena fé.

3.- Con el Plan de Ayutla
...basta lo expuesto sobre ésta materia para probar que el Gobierno,
al expedir la nueva Ordenanza, cumplió exactamente lo que había
ofrecido en el artículo respectivo del plan de Ayutla, y debió pensar
que si en general el comercio estaba satisfecho con el Arancel Cevallos, lo estaría mas conque á este arancel que destruyó el monopolio,
y estableció con sabiduría y utilidad los principios generales de la libertad del comercio, se añadieran otras concesiones nuevas y desconocidas hasta aquí en nuestra legislación fiscal.

4.- Derechos diferenciales en favor de la frontera
Nada costaría al Gobierno obsequiar las indicaciones de V. E. y los
deseos de ese comercio ( el de Monterrey, que solicitaba aranceles más.
bajos en el noreste, con el nombre de diferenciales, para compensar los
gastos de flete que debía afrontar en su competencia con colegas del
centro del país), y establecer con aplauso y beneficio de los habitantes
de esos países los derechos diferenciales en un cinco, en un diez, en un
veinte o treinta °lo si se quiere, pero una vez hecha ésta concesión para los puertos de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo Leon, Chihuahua las solicitaría como ya lo ha solicitado. Después vendrán Sonora,
Sinaloa, el Sur de Colima y el Estado de Guerrero, con iguales pretensiones, y en virtud que una vez concedida a un Estado era justo y necesario concederla á los demás. Sonora, Sinaloa y Chihuahua, lo mismo que los Estados donde reside V. E., son países lejanos, despoblados, combatidos igualmente por las tribus bárbaras, llenos de necesidades y solícitos y necesitados del apoyo de la Administración; y lo que
se concede á unos de ninguna manera podría negarse á los otros.
Pues bien, desde el momento en que esta concesion se hiciera general
en la frontera del Norte, y en la mayor parte de los puertos del Sur,

M. Cerutti: poder esta tal, econom fa y burgues(a en México

113

ella quedaría nula y de ningun valor para los mismos comerciantes que
por conducto de V. E. la desean y firman la ya citada representación
(remitida por Vidaurri junto con sus propias consideraciones a principios de marzo).

5.- Competencia con el comercio del centro del pa(s
Establecer los derechos diferenciales en todos los puertos que van
mencionados, cualesquiera que fuese el monto del tanto por ciento de
la diferencia, es claro que con ella y con el abuso indispensable en países en que por su estencion y despoblado es prácticamente imposible
que haya la vigilancia debida, los cargamentos vendrían á dar y á venderse á menos precio á las plazas del interior, y aun hasta los mismos
puertos del Golfo. Naturalmente, en este estado de cosas el abundante y poderoso comercio de Tampico y Veracruz reclamaría la misma
baja de derechos. Si se le concedía, entonces... quedaba enteramente
nulificada la gracia del derecho diferencial, y no resultaba mas que una
baja general y uniforme en todo el arancel(...) Si se les negaba era lo
mismo que condenará la muerte y á la miseria á los puertos de Tampico, Veracruz y Tabasco, á cerrará la circulación las vías que la naturaleza ó el arte han hecho más cercanas á las poblaciones más gruesas de
la República ( ...) (E)s preciso que las leyes que arreglan el comercio
sean ó liberales ó restrictivas; pero indispensablemente uniformes para
todos, de manera que el comerciante establecido en Veracruz esté tan
seguro de la mucha ó poca utilidad-de sus especulaciones como el que
se establezca en Tampico ó Matamoros...

6.- Naturaleza y comercio
La naturaleza del país y la situación de los puertos han marcado ya, de
años atrás, las plazas del consumo.
Tampico es el puerto que naturalmente está llamado á surtir a San Luis
y Zacatecas, co?1o Veracruz surte á Puebla, México y Guanajuato, y
como el Manzanillo y San Bias surten á Jalisco y Michoacán.
'; L

Las pretensiones del comercio de la frontera de surtirá estas plazas lejanas, que es á lo que equivale la solicitud sobre derechos diferenciales,
aunque justa en el fondo, pues todo comercio tiene derecho de procurar su actividad y adelantos, es imposible mientras la población no aumente y las vías de commúcación sean prontas y seguras, y ... la seguridad estén establecidas en todas partes de la República. Estas faltas
de que se resiente una Nación todavía muy estensa y nueva se quieren
remediar constantemente...

�114 Siglo XIX

M. Cerutti: poder estatal, economía y burguesfa en México

7.- Alcabalas
Cuanto pueda decir V. E. y el comercio de Nuevo Leon (sobre las alcabalas), el Gobierno lo tiene meditado ya de antemano. Ni la Administración en general ni los individuos que la componen pueden participar de las creencias y convicciones de un antiguo y envejecido sistema
fiscal, que dá lugar á los abusos de los empleados y limita el gíro del
comercio y de la agricultura; pero haré á V. E. una refleción, entre
otras, muy obvia y oportuna. La destruccion repentina de este impuesto (cuya eliminación urgían desde Monterrey), sin sustituírlo con
otro, habría sido la ruina total de los Estados; y si V. E., como indica,
cree que ha debido ya sustituirse, yo le preguntaré como, cuando y á
que hora (Payno alude aquí a los múltiples problemas políticos y militares que ha debido enfrentar el gobierno liberal desde su instalación
en octubre de 1855)...y le vuelvo á preguntar á que hora, como y en
que tiempo se sustituye con conciencia y con fruto un impuesto ya establecido con otro nuevo, para que al mismo tiempo que sea al gusto
de la mayoría de la Nación, produzca pecuniariamente los resultados
que debe procurarse el que administra inmediatamente los bienes de la
Nación, y el que tiene que satisfacer las grandes exijencias diarias de
toda la República, para que la frontera que se queja no sea enteramente esterminada por los aventureros y por los salvajes; para que esta libertad que se conquistó con una revolución no sea perdida y aniquilada; y para que estas partes disímbolas del país se conseiven unidas y
no sean presas de la anarquía, de la amhicion, y de los errores de los
que por un pretesto ó por otro turban la paz pública.

8.- Gobierno central y Estados
No omitiré decir á V. E., porque es preciso que se sepa en esa frontera
y en toda la Nación, cual ha sido la posicion del Gobierno (central)
respecto de los Estados en el corto pero muy crítico y terrible período
que ha atravezado.
~¡

A ninguno de ellos le ha exigido un solo peso··ae lo que, conforme a
la ley de clasificación de rentas del ( ex ministro) Prieto, debía contri1
buir para los gastos generales.
A ninguno ha enviado esas autoridades militares que prescindiendo del
caracter privado de las personas, han tenido en otras épocas la mision
de dominar y de oprimir.
(...) Los recursos de sus rentas generales, y muy particularmente los
de Aduanas marítimas, han sido invertidos por el Gobernador de Ta-

115

maulipas, por el Gobernador de Jalisco y por V. E. mismo, y que no
contento con esto, de su Tesorería de México han salido mas de cien
mil pesos como auxilio para diversos Estados.
( ...) El Estado de Chihuahua, el de Durango, el de Sonora y V. E.
mismo por el que dignamente manda, correo por correo piden recursos al Gobierno y con mucha justicia para defenderse de la guerra de
los salvajes. Los de Jalisco y Michoacan, por el trastorno que snfrieron
por la revolución, piden igualmente recursos. Los de México y Puebla,
lejos de ayudar al Gobierno, apenas pueden sostener las cargas de su
administración, y en caso idéntico se hallan tambien algunos otros.
Este estado de cosas, repito, no puede durar, y el Gobierno ... tiene
necesidad de percibir Íntegramente las rentas: de poner un orden estricto en la administración de sus /t. duanas y de procurar que los Estados organizen sus contribuciones...
( . . .) Esto es lo que real y positivamente constituirá el Gobierno, y
formará la unidad de la Nación; porque el otro sistema no sería sino
el de pequeños países separados unos de otros, débiles para hacer el
bien y defenderse, y fuertes siempre para hacer el mal y encender la
guerra civil.
FUENTE: AGENL, correspondencia con el ministerio de Hacienda, 1856,
15 de abril. ·

�116

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burgues(a en México

Siglo XIX

ANEXO V

LEGISLACION ORIENTADA AL
FOMENTO DE LA lNVERSION EN
NUEVO LEON A PARTIR DE 1885.
ALGUNOS EJEMPLOS

1.- Giros industriales y nuevos cultivos
Núm. 76.- El XXIV Congreso Constitucional, representando al pueblo
de Nuevo-León, decreta:
Artículo lo.- Quedan exentos de todo impuesto por siete años:

l.- Todo giro industrial que se establezca en el término de dos años,
contados desde esta fecha cuyo capital exceda de mil pesos. No gozará de
esta franquicia el capital que se destine a la elaboración de bebidas espirituosas.

117

2.- Fincas urbanas (*)
Núm. 77.- El XXIV Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo-León, decreta_:
Artículo lo. Las fincas urbanas que se edifiquen dentro de dos años,
contados desde esta fecha, y cuyo valor no baje de dos mil pesos, quedan
exentas de todo impuesto al Estado por el término de cinco años, computados desde el día de su conclusión.
Artículo 2o. Las personas que lúcieren alguna nueva finca de las condiciones dichas darán aviso a la Recaudación de Rentas respectivas, del día
en que se comience la obra, así como en el que se concluya, a fin de que se
haga la anotación correspondiente.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda.

especial de plantas diferentes a las que actualmente se cultivan en el Estado.

Es dado en el Salón de sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a catorce de diciembre de mil ochocientos ochenta y ocho.- P. Benítez y Leal,
Diputado presidente.- Joaquín Fox, Diputado secretario.- Aurelio Lartigue, Diputado secretario.

ID.- Toda hacienda que se forme dentro de igual período en terrenos
no cultivados.

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

II.- El capital que se invierta dentro del mismo término en el cultivo

Artículo 2o.- El término de siete años a que se refiere el artículo anterior, se contará desde el día en que se ponga en explotación el giro industrial o agrícola de que se trata.

Monterrey, diciembre 21 de 1888.- Lázaro Garza Ayala.- S. Roel, secretario.

3.- Obras de utilidad pública
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda.
·
Es dado en el Salón de sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a los
catorce días del mes de diciembre de mil ochocientos ochenta y ocho. P.
Benítez y Leal, Diputado presidente.- Joaquín Fox, Diputado secretario.Aurelio Lartigue, Diputado secretario.
Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

..

Monterrey, diciembre 21 de 1888.- Lázaro Garza Ayala.- S. Roe!, secretario.

Núm 8.- El XXV Congreso Constitucional del Estado, representando
al pueblo de Nuevo - León, decreta:
Artículo único.- Se autoriza al Ejecutivo del Estado, para que en los
contratos que celebre en el presente período constitucional sobre obras de
utilidad pública, conceda exención de contribuciones por un término que
no pase de veinte años, dando cuenta al H. Congreso del Estado del uso
que haga de esta autorización.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda .

�118 Swlo XIX
Es dado en el Salón de sesiones del H. Congreso del Estado, en Monterrey, a quince de noviembre de mil ochocientos ochenta y nueve.- Platón
Treviño, Diputado presidente.- T. Roe!, Diputado secretario.- Víctor de la
Gana, Diputado secretario.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burguesta en México

119

al pueblo de Nuevo - León, decreta:

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

Unica.- Se autoriza al Ejecutivo para que durante el presente periodo
constitucional, conceda exención de contribuciones del Estado y Municipios hasta por quince años al capital que se invierta en la construcción de
estanques o depósitos de agua en el Estado, para aprovechamientos industriales.

Monterrey, noviembre 22 de 1889.- B. Reyes.- Ramón G. Chávarri,
secretario.

Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda. ·

4.- Construccibn de casas en áreas de nueva urbanización.
Núm. 4.- El XXVIll Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo - León, decreta~
Artículo lo. Se exenciona por cinco años de contribuciones al Estado,
a los capitales que en el término de dos años se inviertan en construir casas,
cuyo valor no baje de ocho mil pesos, en una zona de tres manzanas a ambos lados de las calzadas Unión y Progreso y en las primeras que circundan
la Alameda Porfirio Díaz, de esta ciudad.

Dado en el Salón de Sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a los
veintiséis días del mes de septiembre de mil novecientos.- Manuel G. R.ivero, Diputado presidente.- Rafael Garza Cantú, Diputado secretario.
Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.
Monterrey, octubre 2 de 1900.- P. Benítez Leal.- El Secretario de Gobierno, Ramón G. Chávarri.

6.- Exenciones por cesión de terrenos urbanos
Artículo 2o.- El tiempo de la exención a que se refiere el artículo anterior principiará a correr desde el día en que quede terminada la finca,
dando aviso de ello al Gobierno para los efectos de este decreto.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar, y circular a quienes corresponda.
Dado en el Salón de sesiones del H. Congreso del Estac!o, en Monterrey, a los dos días del mes de octubre de mil ochocientos noventa y cinco.

Núm. 6.- El XXXI Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo León, decreta:
Artículo lo. Se concede exención de los impuestos que se causen en
el Estado, a los propietarios de predios urbanos que cedan al Municipio el
terreno necesario para ampliar las calles, con arreglo a las siguientes bases:

I.- El terreno que se ceda será de dos metros de latitud, por regla general, y de la longitud que el cedente designe.

C. Berardi, Diputado presidente.- F. Garza Flores, Diputado secretario
Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.
Monterrey, octubre 8 de 1895.- B. Reyes.- Ramón G. Chávarri, secretario.
5.- Construcción de depósitos de agua para aprovechamiento industrial.

Núm. 49.- El XXX Congreso Constitucional del Estado, representando

II.- La exención durará cinco años, desde la fecha en que se haga la
cesión.

lll.- La exención tendrá efecto sobre la parte del predio que se reseive
el propietario, con frente igual a la longitud del terreno cedido y con fondo hasta de cincuenta metros que en cada caso determinará el Ejecutivo.
Artículo 2o.- La cesión se hará por conducto del Alcalde lo. de la
Municipalidad de que se trate, quien dará cuenta de ella al Ejecutivo, para
los efectos de este decreto.

�120 Siglo XIX
Artículo 3o. Para el objeto del artículo lo., el Ejecutivo podrá aceptar cesiones de terrenos de mayor o menor latitud que la expresada en la
fracción I, del mismo artículo y variar proporcionalmente el término de la
exención de impuestos.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quien corresponda.

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burguesta en México

121

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
curoplimiento.
Monterrey, 27 de noviembre de 1903.- B. Reyes.- Ramón G. Chávarri,
secretario.

Dado en el Salón de sesiones del H. Congreso del Estado, en Monterrey, a los once días del mes de noviembre de mil novecientos uno.- Pedro C. Martínez, Diputado presidente.- Ramón E. Treviño, Diputado secretario.- Andrés Noriega, Diputado secretario.

(*) Los dos primeros decretos fueron sancionados durante el gobierno de

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

FUENTES: AGENL, Memorias del gobernador del estado de Nuevo León
(1889 a 1907); Periódico Oficial (del gobierno de Nuevo
León); Permisos y concesiones. 1890-1912, serie Indices y
Catálogos, s/f.

Monterrey, 19 de noviembre de 1901.- P. Benítez Leal.- Ramón G.
Chávarri, Secretario.

7.- Construcción de pozos de agua para la producción agropecuaria

Núm. 22.- El XXXII Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo León, decreta:
Artículo lo.- Se autoriza el Ejecutivo para que durante el período
constitucional que ha principiado ya y terminará el cuatro de octubre
de mil novecientos siete, conceda exención de impuestos del Estado y
Municipales, hasta por quince años a los capitales que se inviertan en la
construcción de pozos artesianos y de estanques o depósitos de aguas corrientes o pluviales, para la agricultura y ganadería y para cualquier otro
objeto que, por razón de su importancia, juzgue acreedor a la concesión.
Artículo 2o.- El Ejecutivo dará cuenta al Congreso, en cada caso, del
uso que haga de esta autorización.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador del Estado, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda.
Dado en el Salón de Sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a los
veintitres días del mes de noviembre de mil novecientos tres.- C. Madrigal,
Diputado presidente.- E. Ballesteros, Diputado secretario.- Virgilio Garza,
Diputado secretario.

Lázaro Garza Ay ala, que suplantó entre 1887 y 1889 a Bernardo Reyes. Garza Ayala fue designado gobernador constitucional con el auspicio y bajo la mirada atenta del propio Reyes.

�122

Siglo "\l.\

ANEXO VI

M. Cerutti: poder estatal, eco11omía y burgues(a en ,11éxico

CARGOS POLITICOS Y ADMINISTRATIVOS
CUBIERTOS POR EMPRESARIOS O MIEMBROS DE
FAMILIAS EMPRESARIALES DURANTE EL
PERIODO DE BERNARDO REYES.

integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
gobernador interino
diputado estatal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito
diputado estatal (suplente) 1° Distrito

123

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ídem
agos. 1902-nov .1902
set. 1903-set. 1905
set. 1905-set. 1907
set. 1907-set. 1909

Caso: 1: Adolfo Zambrano (*}
Caso 3: Carlos Berardi
año o período

cargo

°

diputado estatal (suplente) 1 Distrito
diputado estatal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 Distrito
presidente municipal (alcalde) de Monterrey
presidente municipal (alcalde) de Monterrey
presidente municipal (suplente) de Monterrey
diputado estatal 2° Distrito
integra Comisión 2a de Hacienda
integra Comisión de Guerra
alcalde 1 ° (suplente) de Monterrey
diputado federal (suplente) 4° Distrito
alcalde 1 ° (suplente) de Monterrey
diputado estatal 2° Distrito
integra Comisión 2a de Hacienda
integra Comisión de Guerra
diputado federal (suplente) 1 Distrito
diputado estatal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito
diputado federal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito

°

°

cargo

set. 1889-set. 1891
set. 1891-set. 1893
set. 1895-set. 1897
set. 1897-set. 1899
1897
1898
1899
set. 1899-set. 1901
ídem
ídem
1900
electo jul.1900
1901
set. 1901-set.1903
ídem
ídem
electo jul. 1902
set. 1903-set. 1905
set. 1905-set. 1907
electo jul. 1906
set. 1907-set. 1909

diputado estatal 3° Distrito
integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
diputado estatal 3° Distrito
integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
diputado estatal 3° Distrito

°

alcalde 1° de Monterrey
diputado estatal 1 ° Distrito
integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
presidente municipal (alcalde) de Monterrey
senador federal

set. 1889-set. 1891
ídem
ídem
set. 1891-set.1893
ídem
ídem
electo jul. 1892
1893
set. 1893-set. 1895
ídem
ídem
1894
diversos lapsos
1891-1895
1895
set. 1895-set. 1897
ídem
ídem
1896
electo julio de 1896

COMISIONES DE TRABAJO O CO EXAS CREADAS
PARA COLABORAR CON EL GOBERNADOR REYES

Caso 2: Manuel C. Rivero (*)
cargo

diputado estatal 1° Distrito
integra Comisión de Gobernación
integra Comisión 2a. de Hacienda
diputado estatal 1° Distrito
integra Comisión 2a. de Hacienda
integra Comisión de Guerra
senador federal
alcalde 1 ° de Monterrey
diputado estatal 1 Distrito
integra Comisión 2a. de Hacienda
integra Comisión de Guerra
alcalde 1 ° de Monterrey
gobernador interino

año o período

año o período

set. 1897-set. 1899
ídem
ídem
set. 1899-set. 1901
ídem
ídem
set. 1901-set. 1903

I.- Junta de Beneficencia para la adquisición de maíz en Estados
Unidos (1892)
presidente: Juan Weber.
Il.- Junta de Mejoras Jlateriales de Monterre_v (en 1896-1897)
presidente; general Bernardo Reyes
tesorero: Agustín Maiz
entre los vocales: Vicente Ferrara(*), Adolfo Zambrano, Mariano
Hernández (*), Gustavo Dresel.

�124 Siglo .\l.\

m.-

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burgues(a en México

Delegación industrial-comercial al Congreso Mercantil de Filadelfia (sugerida por Reyes, en 1897).
Antonio V. Hernández (*), Adolfo Zambrano, J oseph A. Rohertson.

IV.- Comisión de Obsequio, por visita del presidente Porfirio Díaz
(1898)
presidente: general Bernardo Reyes
secretario: Adolfo Zambrano
tesorero: Tomás Mendirichaga
entre los vocales: Francisco Annendaiz (*), Antonio V. Hernández, Juan Weber, Valentín Rivero y Gajá, Francisco G. Sada (*),
Vicente Ferrara, H. M. Dieffenbach, Manuel Cantú Treviño.
V.- ]unta de Mejoras Materiales de Monterrey (en 1903)
presidente: general Bernardo Reyes
tesorero: Adolfo Zambra.no
entre los miembros: Agustín Maíz, Vicente Ferrara, Mariano
Hernández, Gustavo Dresel.

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entre los miembros: Manuel G. Rivero, Gustavo Dresel.
VII.- ]unta Arqueófila de Nuevo León (1907)
presidente honorario: general Bernardo Reyes
2º vocal: Manuel G. Rivero.

VIII.- ]unta Directiva del Centro Agrícola (1907)
presidente honorario: general Bernardo Reyes
presidente: Adolfo Zambra.no
vicepresidente: Constantino de Támava
tesorero: Miguel Ferrara(*)
vocales: Gustavo Dresel, Joaquín Armedaiz (*), Manuel G. Rivero
(suplente), Jesús González Treviño (supl~nte).

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FUENTE: AGENL, Memorias del gobernador del estado de Nuevo León,
1889-1907.

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(*) Miembro de alguna de las diez familias de empresarios estndiadas en
Monterrey.

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IX.- Comisión Central Neolonesa del Cent,enario de la Independencia
(1907)
presidente: general Bernardo Reyes
vice-presidente: Manuel G. Rivero.
entre los vocales: Adolfo Zambra.no, Francisco G. Sada, Manuel
Cantú Treviño.

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VI.- ]unta local de Bosques (en 1907)

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Sigue Anexo VII

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Familias representadas

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9.- Compañía de ganado menor/1892

Mm/1892

Agropecuario

10.- Milmo National Bank ( d)

Mm/1892

Finanzas

11.- Teatro El Progreso

Zb/1892

Espectáculos

12.- Banco de Nuevo León/1892

Ar-Md-Zb/1892

Finanzas

13.- Fábrica de Azúcar La Constancia ( d)

Zb/1892

Industria

14.- Fábrica de hilados y tejidos El Porvenir
SA (d)

Rv-Zb/1892

Industria

15.- Compañía Industrial de Monterrey
SA/1892

Bd-Cm-Fer-Mm/1897

Industria

16.- Compañía Jabonera La Estrella del Norte
SA/1892

HM-Rv/1900

Industria

17.- Emilio Zambrano e Hijos ( d)

Zb/1893

Agropecuario

18.- Compañía criadora de ganado porcino/
1894

Zb/1894

Agropecuario

Familias representadas

Rubro

19 .- Madero y Hernández ( d)

Md/1894

Agropecuario

20.- Monterrey Brick Co/1894

Mm/1894

Industria

21.- Fábrica de mosaicos La Industrial
/1894

Rv/1902

22.- Fábrica de jabón El Brillante/1894

Zb/1895

Industria

23.- Sociedad Cooperativa de Ahorros e
Inversiones de Monterrey/1894

Bd-Zb/1894

Finanzas

24.- Annendaiz y Cía./1895

Ar/1895

Agropecuario

25.- Patricio Milmo e Hijos/1895

Mm/1895

Agropecuario
Finanzas

26.- La Esperanza SA ( d)

Bd-CM-Hm-Mm/1895

Industria

Sigue Anexo VII

Empresa

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27.- Compañía Industrial La Fama de Nuevo
León SA (d)

CM-HM-Rv/1895

Industria

28.- Club Atlético Monterrey SA/1895

Ar-Bd-Mm/1895

Deportes

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�Sigue Anexo VII
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Empresa

Familias representadas

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29.- Eduardo Zamhrano e Hijos/1896

Zh/1896

Agropecuario
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30.- Compañ(a de Fundición de Fierro y Manufacturera de Monterrey SA/1895

Mm/1898

Industria

31.- Castaño y Zambrano/1897

Zb/1897

Agropecuario

32.- Compañía anónima El Porvenir de
Matehuala

Bd-HM/1897

Transporte

33.- Banco de Coahuila SN1897

HM/1897

Finanzas

34.- Compañía de Baños de Monterrey
SA/1897

Ar-Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv/1897

Servicios

35.- Compañía de ganados de Sahinas/1898

Mm/1898

Agropecuario

36.- Sociedad Ganadera (vacunos)/1898

Mm/1898

Agropecuario

37.- Sociedad Ganadera (ganado de pelo)/1898

Mm/1898

Agropecuario

38.- Compañía ganadera de Sierra Mojada/1898

SMG/1898

Agropecuario

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Sigue Anexo VII

Empresa

Familias representadas

Rubro

39.- Fábrica de almidón El Hércules (d)

Rv/1898

Industria

40.- Molinos de trigo Jesús María

Rv/1898

Industria

41.- Compañía Industrial de artefactos de metal
laminado El Barco SA/1898

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Ar-Bd-CM-Fer-HM-Rv-SMG/ 1898

Industria

42.- Compañía industrial jabonera de La Laguna
SA/1898

Bd-CM-HM-Md-Mm/1898-99

Industria

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43.- Hacienda de Fundición.San Javier

Rv/1898

Industria

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44.- Compañía de Tranvías &lt;le Lerdo a Torreón

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Transporte

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Agropecuario

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45.- Compañía Sarope y Milmo/1899

Mm/1899

46.- Patricio Milmo e Hijos Sucesores/1899

Mm/1899

Agropecuario
Finanzas

47.-Arriaga y Zamhrano/1899

Zb/1899

Agropecuario

48.- Compañía de Terreno y Ganados de
Coahuila SA/1899

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Tierras
Agropecuario

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Empresa

Familias representadas

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49.- Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey
SA/1899

Todas las Familias/1904

Industria

50.- Compafiía del Panteón del Carmen SA/1899

Bd-CM-Fer-HM-Rv/1899

Seivicios

51.- Banco Mercantil de Monterrey SN1899

Fer-HM-Md-Mm-Rv-SMG-Zb/1899
Bd-CM-Fer-HM-Mm-Rv-SMG/1905 Finanzas

52.- La Defensa Compañía Periodística y Anunciadora SA/1899

Fer/1899

Periodismo
Servicios

53.- Fábrica de Cartón de Monterrey/1900

CM-HM-Md-Zb/1900.

Industria

54.- Compafiía Ladrillera Unión SA/1900

Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv-SMG
Zb/1900

Industria

55.- Tenería

Bd/1900

Industria

56.- Compafiía Fundidora de Fierro y Acero
de Monterrey SN1900

Todas las Familias/1900

Siderurgia

57 .- Lavandería de vapor de Monterrey SNl 900

CM-Md/1900

Servicios

Sigue Anexo VII

-

Empresa

1

58.- Compafiía Industrial Tipográfica de Monterrey SA/1900
59.- Compañía metalúrgica de Torreón
SA/1900
60.- Fábrica de azúcar Francisco Annendaiz
/1900

Familias representadas

Bd-HM-Rv-SMG/1900

Md/1900

Rubro

Industria

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Periodismo

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Industria

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Industria

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61.- Compafiía Ferrocarriles Urbanos de Monterrey, SA

Bd-CM-HM-Rv/1900

Transporte

62.- Teatro Circo de Monterrey SN1900

CM-Md-Rv-Zb/1900

Espectáculos

63.- Banco de Espafia

HM/1900

64.- Madero y García Gálán/1901

Md/1901

65.- Empresa Editorial de Monterrey SN1901

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Bd-CM-Fer-Hm-Md-Rv-SMGZb/1901

Finanzas
Industria

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Industria

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�Sigue Anexo VII

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Empresa

Familias representadas

Rubro

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66.- Asociación industrial Reinera SA. Fábrica
de cortinas-persianas/1901

Fer-HM-Md-Rv /1901

Industria

67.- Banco Central Mexicano (e)

BNL-BMM/1901

Finanzas

68.- Compafiía deslindadora de Tamaulipas
/1901

Zb/1901

D~slinde y explotación
de tierras.

69.- Compafiía Industrial de San Antonio de Abad

Ar/1901

Industria

70.- Banco de Tamaulipas SA

Rv/1902

Finanzas

71.- Compafiía Industrial del Norte SA/1902

Md-Rv/1902

Industria

72.- Compañía Industrial de Parras

Md/1902

Industria

73.- Fábrica de hilados y tejidos La Confianza SA

BNL-BMM/1903

Industria

74.- Compañía de Ferrocarriles de
Mat.ehuala SA/1903

Bd-HM-Mm/1903

Transporte

75.- Sada y Serrano/1904

SMG/1904

Agropecuario

Sigue Anexo Vil

Empresa

Familias representadas

Rubro

76.- Compañía de tierras de Sonora/1904

Md/1904

Tierras

77.- Imprenta y Litografía El Modelo

Md/1904

Industria

78.- Negociación agrícola y ganadera de
San Enrique SA/1905

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Md/1905

Agropecuario

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79.- Molinos de cilindros de Parras SA/1905

Md/1905

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Industria

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Se agrega el afio en que se constituyó la firma, en caso de haberse verificado. La enumeración es cronológica, a partir de 1890.
b) Las familias o grupos parentales -una de las bases de nuestras investigaciones sobre la formación de la
burguesía en Monterrey- son mencionadas de acuerdo con el siguiente código: Annendaiz (Ar), Belden
(Bd), Calderón-Muguerza (CM), Ferrara (Fer), Hemández-Mendirichaga (HM), Madero (Md), Sada Muguerza-Garza (SMG) y Zambrano (Zb). El estudio comprendió más de cuarenta empresarios.
c) No se incluye minería ni comercio. El primer rubro, porque la cantidad de empresas en las que participaban miembros de estas familias llenaría varias páginas. El segundo por haber sido la actividad original de buena parte de estos núcleos parentales en el período anterior a 1890.

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d) Estas empresas fueron constituídas antes de 1890.

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Fuent.e principal: AGENL, libros de notarios.

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�Uruguay: Política lndustrializadora
y Grupos de Presión (1875-1898)
Raúl Jacob*

INTRODUCCION
"Ni vencidos ni vencedores". Con tan lacónica frase, henchida de espíritu conciliador, se cerraba en 1851 el capítulo
uruguayo de un conflicto interno que se había internacionalizado, que había afectado a la cuenca del Plata, y en el que habían participado argentinos, uruguayos, pero también los gobiernos de Brasil, Inglaterra y Francia.
Las consecuencias de la contienda, en la que se depredó la
pradera oriental y \Jontevideo fue sitiada por tierra y por mar,
no sirvieron para desestimular las guerras civiles ni los derramamientos de sangre, que proseguirían con desigual intensidad
hasta 1904. Tampoco terminaron por pacificar por mucho tiempo la región. Pocas décadas después la ciudad uruguaya de
Paysandú, situada sobre el río Uruguay, sería bombardeada por
la escuadra brasileña y Uruguay se integraría a la Triple Alianza
participando de la-invasión al Paraguay.
Sin embargo, en lo económico la finalización de la denominada "Guerra Grande" tendría otro significado. Marca el inicio de un nuevo país que acentuaría gradualmente su inserción
en el moderno mundo capitalista, al que trataría de abastecer
de alimentos y materias primas, para lo cual intentaría transformar sus formas productivas:
* Centro Interdisciplinario de Estudios sobre et Desarrollo, Uruguay (CIEDUR).
Ponencia presentada en el simposio "Historia Económica: economía y polÍtica",
45º Congreso Internacional de Americanistas, BogotÍl, 1 al 7 de julio de 1985.

�136 Siglo XIX

Estos cambios internos, que comenzarían a señalar el pasaje de un modo de producción a otro, fueron auxiliados, cuando
no inducidos, por el entorno externo. Y en ello influyó la inmigración extranjera, que al igual que antaño poblaría un territorio vacío con más cabezas de ganado que habitantes.
La guerra civil había arruinado al antiguo grupo de propietarios; los ca~pos habían descendido en su valor; y la situación
era proclive para que los extranjeros, europeos, y fundamentalmente brasileños, invirtieran en tierras.
Algo semejante sucedió en el medio urbano. En la capital principal centro poblado del país- muchas fortunas se habían
eclipsado ante · tos saqueos como consecuencia del sitio y del
bloqueo de las escuadras extranjeras. El comercio de importación y exportación mostraría una creciente extranjerización: en
1853 se estimaba que las cuatro quintas partes del comercio y
artesanías que pagaban patente eran de extranjeros.
La inmigración - que haría ascender el número de habitantes a 221.000 en 1860, y a 500.000 en 1875, contra los escasos
132.000 de 1852 - aportaría capitales, técnicas y nuevas
mentalidades.
Pero la influencia extranjera también se reflejaría en otro
campo. Los primeros años de la década del cincuenta mostrarán, en lo financiero y en lo político, la impronta brasileña, facilitada por los tratados de 1851 con los que concluyó la contienda.
Brasil llegó a plantear en 1854 la transformación de Uruguay en una nueva Provincia Cisplatina, tal cual había acontecido entre 1817 y 1828.
F'rancia e Inglaterra se tornaron, al decir de 13arrán 1 , "más
1.- BARRAN, José P., Apogeo y crisis del [ruguay pastoril y caudillesco (18381875). Montevideo, Banda Oriental, 1974, pp. 50 a 53.

R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay

137

cautelosas aunque no menos exigentes".: advertían al Brasil sobre los riesgos de una incorporación del Uruguay a su Imperio,
pero amenazaban al gobierno oriental (lo hicieron en 1855 y
1862) si no concedía un trato preferencial a sus súbditos.

En la década del sesenta la tutela brasileña comenzará a
eclipsarse, dejando su sitio a la británica. Como por arte de birlibirloque - aunque todo tiene su explicación en el mundo de
las finanzas - el último empréstito brasileño, de 1863, fue refinanciado al año siguiente en Londres, como empréstito británico, inaugurando el cordón umbilical que ataría a los sucesivos gobiernos a la City.
El capitalismo nacional, adjetivo que en la realidad de ese
entonces significaba de uruguayos e inmigrantes que habían hecho su fortuna en el país, !_lió a luz el primer banco en 1857,
año en que también instaló el suyo el brasileño \lauá. En 1863
debieron contemporizar con la primera sucursal de un banco de
capitales europeos, el de "Londres, Buenos Aires y Río de la
Plata".
También fue "nacional" la iniciativa de construir el primer
ferrocarril en 1869, que sería adquirido en la década del setenta por capitales británicos y cuya casa central estaría radicada
en Londres.
En cambio, aún no se sabe a ciencia cierta quién alambró el
primer pedazo de campo, a comienzos de los años cincuenta. De
lo que no existen dudas es de que Uruguay no producía el alambre, materia de la que se nutriría tan importante proceso socioeconómico.
La refinación de ganados mediante la importación de cabezas de pedigree europeas fue emprendida por pio11eros extranjeros.
El saladero, la industria cárnica tradicional, siguió siendo la
principal actividad en ese campo. Pero en 1864, por iniciativa

�138 Siglo XIX

de un ingeniero alemán, comenzó sus faenas una sociedad para
exportar extracto de carnes según el procedimiento descubierto
por von Liebig, formándose al año siguiente en Londres la compañía que adoptó el nombre del célebre sabio germano.
Al festejarse los cuatro primeros lustros de la paz de 1851,
estaban dadas las bases sobre las que se asentaría el Uruguay
moderno: dependencia del capital financiero británico, ferrocarriles, bancos, alambramiento de los campQs, refinación de
ganados, diversificación en la preparación (y exportación) de
carnes.

2. UN l\'UEVO '':\IODELO" PARA EL AGRO
En los años sesenta, cuando la difusión del alambre y de
las técnicas de mejoramiento zootécnico aún no se habían generalizado, se produjo la denominada "revolución del ovino".
En esa década la existencia de lanares se multiplicó por cinco, pasando de aproximadamente tres millones de cabezas a
diéciseis millones de cabezas. Ese salto reconoce como causa
fundamental la demanda extranjera, las necesidades de la industria textil francesa e inglesa y las consecuencias de la guerra civil estadounidense en la oferta mundial de algodón. A lo que debe agregarse la crisis de precios que determinó la superproducción de tasajo, que incidió negativamente en la cotización de
los vacunos.
La adopción del ovino tuvo múltiples consecuencias: a) capitalizó el medio rural, ya que el lanar complementó al vacuno;
b) demandó mayor mano de obra; c) fortaleció a las capas medias agrarias, dado que el lanar requería cinco veces menos
campo que el vacuno; d) diversificó las exportaciones y en consecuencia los mercados.
Los ganaderos más progresistas, minoritarios en la realidad
nacional, intentaron extender y consolidar un nuevo esquema

R. Jacob: polftica industrializadora en l.,-ruguay

139

productivo en el que la estancia alambrada y dividida en potreros permitiría, mediante la utilización de sementales de pedigree importados, obtener un tipo de ganado acorde con las
pautas de consumo europeas. En el centro de la problemática
agraria del período hay que situar las consecuencias de la dependencia, en rigor verdadera tiranía, al ganado criollo y al
charque y tasajo.
Pero habían circunstancias que conspiraban para pro.mover estos cambios: el continuo clima de alzamientos civiles en que se
debatía el país y la existencia de un tipo humano peculiar, el
gaucho, cuyos hábitos libertarios y hasta seminómadas provocaban frecuentes incidentes. Ambos - guerras y gauchos - significaban casi lo mismo para la nueva estancia: alambrados destruídos y ganados mestizados o puros sacrificados.
A estos dos factores hay que agregarles la inestabilidad producida por la imprecisión en los límites de las propiedades (que
eran en general referencias geográficas); y la ausencia, precariedad o defectos de su titulación.
F.n 1871, en medio de una guerra civil que amenazaba una
vez más vidas y posesiones, un núcleo de ganadero-empresarios
(en buena medida extranjeros o de ascendencia extranjera, entre los que se destacan apellidos británicos), fundaron una entidad encargada de defenderlos y promover sus ideas: la Asociación !foral del Lruguay.
La paz que sobrevino fue un período en que la Asociación
difundió su programa en pos de sustituir al pastoreo libre por
un nuevo estadio que concluiría con el predominio de lo que
uno de sus ideólogos denominó "pastoreo industrial y granja".
Domingo Ordoñana, español, fundador y dirigente de esta gremial, definió lúcidamente el programa:
Siguiendo la historia de los pueblos que fueron pastoriles, encontramos muy claro el camino que esas poblaciones deben recorrer,
hasta llegar al período agrícola liso y llano: ese camino trazado
del modo siguiente:
período de pastoreo libre

�140 Siglo XIX
período de pastoreo industrial y de la granja
período de rotaciones generales o sea agricultura general.
( ...) La ganadería industrial está llamada en nuesn:~ concep_to ~
representar grande y distinguido papd en la evoluc1on econom1ca a que se dirige el país, por exceso de necesidad( .. .)2

Juan Ramón Gómez, otro de los dirigentes-fundadores de la
Rural, habló de la necesidad de "suplantar el lazo por la coyunda, para domesticar nuestros ganados y mandarlos gordos y
mansos a Inglaterra, quintuplicando su valor",. 3
Para llegar a la etapa de la "ganadería industrial", a la estancia
capitalista, se imponía adoptar una serie de medidas que iban
desde la reorganización de la policía rural a la adopción de un
Código Rural, pasando por el alambramiento masivo de los
campos.
Los hombres de la Rural buscarían promoverlas en el Parlamento (el citado Juan Ramón Gómez lo integraba), aunque el
éxito lo alcanzarían a partir de 1875, en que sectores militares
dieron un golpe de Estado. Con el denominado "período militarista" (1875-1886) cambió la campaña y cambio el país.

Se afirmó el principio de autoridad: el ejército fue modernizado y la policía reorganizada. El ferrocarril se extentlió, el
telégrafo comenzó a unir Montevideo con las capitales provinciales, el remington se impuso. Las tropas pudieron ser movilizadas con celeridad y fueron dotadas de mayor poder de tiro. Se
aprobó el Código Rural, que entró en vigencia en 1876 con
normas precisas para definir la propiedad de tierras y ganados.
Se impulsó el alambramiento: URa ley de 1875 liberó de impuestos los elementos imprescindibles (alambre, postes, grampas), y
se rebajaron los impuestos de contribución inmobiliaria a los
campos alambrados. En 1879, al revisarse el Código Rural, se estableció el régimen de medianería forzosa para los predios linderos, lo que produjo una disminución sensible en los costos del
cercamiento.
2. ORDOÑANA, Domingo, Pen.samientos rurales sobre necesidades sociales y económicas de la República, Montevideo, 1892, Tomo 1, pp. 315 a 318.
3.· Revista de la Asociación Rural del Uruguay, 1874~0. 24, pp. 41 a 45.

R. ]acob: política industrializadora en Uruguay

141

El alambramiento se desarrolló en forma acelerada y produjo
una serie de consecuencias, tanto sociales como económicas:
I).· Delimitó la P.ropiedad. La constitución de 1830, primera
que tuvo el país, la había declarado sagrada e inviolable, aunque
su pleno goce fue , durante décadas, más una aspiración que uná
realidad. Al efectuarse el alambramiento antes que la mensura
del país, permitió la apropiación por particulares de tierras fiscales. La medianería forzosa determinó la ruina de innumerables
pequeños y medianos propietarios que no pudieron hacer frente a
los gastos que les imponían sus vecinos. Por lo tanto, esta innovación tecnológica destinada_a cambiar el sistema productivo de
la estancia patriarcal, sirvió en primer término para consolidar la
gran propiedad y el latifundio.
II).· Permitió mestizar el ganado y subdividir los establecimientos. Aunque el stock· vacuno mejorado recién permitiría el
funcionamiento regular del primer frigorífico al comenzar el
siglo XX, fue fundamental en el proceso de refinación ovina.

ITI).· Liberó mano de obra. La "nueva" estancia pudo prescindir de pastores, peones y agregados, a los que se les sumarían
los pequeños y medianos propietarios arruinados. La "desocupación tecnológica" -como se la ha denominado4 - habría afectado a unas cuarenta mil personas, entre el 5 y el 1O por ciento de
los habitantes del medio rural. Se esbozaron algunas soluciones
para contrarrestar la desocupación: darles tierra fomentando la
colonización agrícola, transformando a los carentes de trabajo
en propietarios-agricultores. Lo realizado en este plano fue irrelevante.
El Estado aplicó medidas para el control social de la campaña (leva, cárcel). Algunos se afincaron a la vera de ríos y arroyos, viviendo de la agricultura familiar y de prestar servicios zafrales a la moderna estancia (yerra, esquilas, transporte de gana4.· vide BARRAN, J. P., NAHUM, Benjamín, Historia rural del Uruguay moderno,
Montevideo, Banda Oriental, 1967.

�142 Siglo XIX

dos, etc.). Otros engrosaron los cinturones de los centros urbanos. Y, por último, un contingente inestimable huyó de las medidas draconianas, buscando refugio en los países limítrofes.
La expL:&gt;tación intensiva coexistiría con la extensiva, determinando esta última - junto a la sobrevivencia del latifundio la frustración en muchos aspectos del modelo agrario.
3. EL MODELO "INDUSTRIAL"
( ...) Aquí donde el Presidente de la Asociación Rural acaba de
decir que se necesitan quesos de Holanda, manteca de Inglaterra,
5
frijoles de Chile, maíz del Brasil, tocino de Estados Unidos...

Estas palabras, constatan la situación del país a comienzos
de los años setenta; dependencia de la producción extranjera
incluso en el rubro alimentación. Sin embargo, la idea de tentar
el autoabastecimiento mediante el desarrollo de la industria sustitutiva de importaciones (sustitución que dada la etapa por la
que transitaba Uruguay se debía orientar a renglones elementales, tales como vestimenta, alimentación, materiales de construcción, etc.), si bien no tenía un soporte doctrinario profundo,
tampoco era novedosa.
De hecho se había planteado ya durante la revolución artiguista, antes de la independencia nacional. En septiembre de
1815, Artigas dictó un bando sobre la "organización del comercio y fomento de las industrias", mientras, paralelamente, procedía reglamentar la distribución de las tierras reales y de los
"malos europeos y peores americanos".
El esquema artiguista preveía la inserción de Uruguay - en
ese entonces la Banda Oriental - en un hinterl.and regional más
amplio, que comprendía parte de los países que actualmente integran la cuenca del Plata.
5.- Revista de la Asociación Rural del Uruguay, 1874. No. 30, pp. 86 a 88.

R. ]acob: polftica industrializadora en Uruguay 143

El "Reglamento Provisional de Derechos Aduaneros que deberán establecerse en los puertos de las Provincias Confederadas" contemplaba el desarrollo artesanal forjado en el período
colonial, estableciendo la libre introducción de "máquinas" y
un arancel aduanero protector, que discriminaba la importación de algunos productos elaborados en la región.
Las leyes aduaneras dictadas en 1833 (presidencia de Rivera,
posteriormente reconocido como fundador del Partido Colorado) y 1837 (presidencia de Oribe, su antagonista y líder del
futuro partido opositor, el Nacional), aprobadas en los primeros
años de la independencia nacional, gravaban la importación mediante una tarifa diferencial. La de 1837 estableció la libre importación de máquinas y un derecho mínimo para materias primas (hierro en barras, maderas), herramientas y carbón mineral.
Aunque ambas, al igual que la dictada en la época de Artigas,
también afectaban productos de consumo masivo, como yerba y
tabaco, evidenciando que no estaban exentas de sentido fiscal,
es decir, de la necesidad de recaudar rentas para el funcionamiento del aparato estatal.
De todos modos, útil es señalarlo, sobre todo si se considera
que a partir de 1861 otro presidente de origen nacionalista o
blanco daría su consentimientos a una legislación inspirada en el
librecambismo, la idea de proteger y estimular la actividad
manufacturera encontraría defensores - y detractores - en ambas colectividades tradicionales, en los primeros grupos políticos que se desarrollaron en el país.
En 1875, por impulso de don Andrés Lamas, Ministro de
Hacienda vinculado al Barón de Mauá y a los círculos intelectuales porteños, se dictó la que tradicionalmente ha sido considerada como la primera ley proteccionista, quizás atendiendo a
que clausuró los casi tres lustros en que la doctrina oficial miró
con simpatía -mitigada en ocasiones- los principios librecambistas6 .
6.- Hasta la fecha la investigación histórico no ha encarado un estudio comparativo pormenorizado y detallado de la legislación aduanera, que separe los mitos de las realidades.

�144 Siglo XIX

Cuatro años después, en 1879, un grupo de artesanos, talleristas, periodistas y defensores de la necesidad de desenvolver la
actividad manufactureras, fundan una institución que los agrupa: la Liga Industrial.
Desde las páginas de su órgano de expresión, la entidad efectuó una activa campaña en apoyo al desarrollo fabril del país,
concientizando acerca de la necesidad de afianzar un amplio
espectro proteccionista que sirviera de base para la futura evolución industrial del Uruguay.
Las ideas difundidas muestran por lo pronto un planteo coherente. Relevaron la nómina de artículos importados que se_
podían fabricar en el país: desde galletitas y jamones a cerveza
y queso; pasando por almidón, manteca, dulces, chocolates y
aguardiente. 7
Enumeraron las dificultades del mercado: el consumidor
prefería el artículo importado al nacional; la mano de obra especializada era escasa y cara; existía dependencia del exterior en
materia prima; se advertía la falta de equidad en los derechos de
aduana e introducción al país de unos productos por otros, burlando la vigilancia aduanera.
Proclamaron la nobleza y dignidad del trabajo industrial, cuyos
resultados eran "una ocasión de gloria más grande, más segura
que la que pudieron procurarnos nuestros famosos caudillos con
todas sus hazañas militares". 8
Exaltaron el valor de la técnica y admitieron la necesidad de
adquirir y aprovechar "toda máquina nueva, todo invento que
7.- A partir del 4 de abril de 1880 la institución comenzó a editar un semanario
denominado Liga Industrial, que en septiembre de 1881 adquirió el carácter de
diario con el título de La Liga Industrial, diario independiente.
De ambas publicaciones hemos extraído los fragmentos transcriptos.
8.- Sobre la ideología industrialista véase: RODRIGUEZ VILLAMIL, Silvia, Unantecedente del esp(ritu de empr~a: el industrialismo, en MOURAT, O. et al,
5 Perspectivas Históricas del Uruguay Moderno, Montevideo, Fundación de
Cultura Umversitiria, 1969; y JACOB, Raúl, El empresario :r la pol(tica proteccionista en el Uruguay: el caso de la Liga Industrial (I 879-1885), suplemento
dominical de El ])(a , 6 y 13 de agosto de 1978.

R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay 145

pueda ser propuesto para nuestra industria".
Atacaron al comercio importador y al capital especulativo,
entendiendo que la concordia entre el comercio y la industria
era posible en los países industrializados en que la actividad
mercantil abastecía al mercado interno y externo de productos manufacturados por el sector fabril. La realidad uruguaya era otra: la naciente industria debía luchar por erradicar los
productos extranjeros comercializados por el comercio importador.
Llamaron la atención sobre la necesidad de atraer inversiones hacia el sector manufacturero, reconociendo su debilidad.
Comba.tieron la idea, tan cara a algunos librecambistas, que el
comercio era el único elemento de riqueza para una nación.
Entendieron que la única fuente de riqueza era el trabajo interno, atacando uno de los más insistentes argumentos librecambistas (¿para qué producir en el país lo que se puede importar más barato desde el extranjero?).
Admitieron las ventajas de la teoría del libre cambio para
los países industrializados, pletóricos de crédito, cuyos productos se esparcfan por los mercados extranjeros.
Se definían - aceptando desglosar el liberalismo en sus
vertientes política y económica - como liberales en la "pura y
grande acepción de la palabra"; " Libertad es para nosotros vida, labor, actividad, progreso".

Coherentes con sus postulados políticos eran partidiarios
de la concordia social y de la protección a Jos más necesitados:
El trabajo se funda con protección a las pequeñas industrias; el
trabajo se garante aplicándolo a la tierra, haciendo que ésta sea
pronto y fácilmente adquirida en propiedad por el trabajador.

Eran concientes del papel que debía jugar el sector agropecuario, piedra angular del comercio exterior del país, en la estra-

�146 Siglo XIX

tegia de industrialización:
El aumento del número de propietarios, y por consiguiente de trabajadores de la tierra, nos dará: primero el hábito del orden, luego el saldo de riquezas que nos hacen falta para cumplir nuestros
compromisos de Nación ...

4. LA LIGA INDUSTRIAL COMO GRUPO DE PRESION
La fundación de una entidad gremial con la finalidad de
asumir representación y el impulso del sector fabril se inscribe
en un marco más amplio. En efecto, la década del setenta vió
nacer importantes grupos de presión: la Asociación Rural en
1871, la Cámara de Comercio en 1875, la Liga Industrial en
1879.
Si se piensa en el "Gremio de Hacendados" de la época colonial se puede colegir que para algunas actividades existieron
antecedentes previos. Y si se extrema el razonamiento se podría inferir que poco es lo que nace y mucho lo que se recrea.
Sin embargo, estos grupos de presión - al igual que los que
surgen en la segunda década del siglo XX (Cámara de Industrias
y Federación Rural, en 1915)- se originan en períodos en que el
Estado intenta impulsar un modelo económico y en que los diversos grupos económicos se diversifican, y en consecuencia se
diferencian o comienzan a diferenciarse en sus intereses.
Esta separación puede ser externa a la actividad, o puede
darse en el interior. En ambos casos debemos subrayar que no
es homogénea y que existen múltiples puntos de contacto, además de las posturas antagónicas que se perciben superficialmente.
La Liga Industrial fue fundada en marzo de 1879. Al revés
de la Asociación Rural, que se originó en las postrimerías de
una guerra civil con la . finalidad de lograr la pacificación del
país e imponer su modelo - lo que requería del Estado una

R. Jacob: po/(tica industrializadora en Uruguay 147

serie de medidas coercitivas -, nació años después de aprobarse
leyes tendientes a aumentar el grado de protección a la industria, y meses antes de que se lo disminuyera.
Entre sus fundadores se encontraron representantes de las
colonias española, francesa e italiana; artesanos y talleristas; periodistas e incluso el director de una planta elaboradora de
carnes conservadas, que comercializaba su producción en el exterior.
Los estatutos del nuevo organismo precjsaban sus cometidos: propender al desarrollo de todos los ramos de la industria nacional a fin de utilizar las materias primas producidas por
el país y asegurar el bienestar de los artesanos.
Especial cuidado se tuvo en declarar prescindencia de toda
actividad política y en evitar el embanderamiento religioso.
De acuerdo a la nómina de socios que publicó el periódico
Liga Industrial (edición del día 18 de abril de 1880), de 96

adherentes, 300/o de los apellidos eran de origen italiano,
30% de origen español (con gran proporción de catalapes),
20% de franceses y 4% de alemanes.
Ello refleja, como no podía ser de otra forma, el papel de
la inmigración en el desarrollo económico del país9 •
~ o todas las actividades representadas eran tipificables como fabriles: se incluyeron tipografías, casas de fotografías,
sastrerías, etc. o figuraban los saladeros, principal industria
vernácula. Pero sí formaron parte de los registros sociales de la
entidad las principales manufacturas del período.
9 ..- La importancia de la inmigración también era relevante en el mercado de trabajo. En 1898, el 52º/o del personal de la Usina Eléctrica de Montevideo era de
origen extranjero. La sección "Administración" era la dnica a cargo exclusivamente de uruguayos.
(MEDINA VlDAL, Marcos, Reseña histórica de la UTE, Org. Medina, Segunda
Edición, 1952, pp. 205-210).

�148

SigloXIX

El grueso de estos talleres eran pequeños establecimientos
caracterizados por un bajo nivel tecnológico, abundante empleo de mano de obra y de materia prima nacional, los más
modernos dotados de maquinaria a vapor10 .
Sus propietarios tenían el capital invertido en sus manufacturas: de acuerdo a la nómina de contribuyentes al pago
de la contribución inmobiliaria de 1870-1880 en \Jontevideo,
únicamente el molinero Santiago Gianelli tenía propiedades por
un valor superior a los cien mil pesos (veintiún mil libras esterlinas)11.
Es que el origen de estos inmigrantes, o hijos de inmigrantes, fu~ en la mayoría de los casos muy modesto .. Así Julio
Mailhos que se transformaría en el zar de la industria de tabacos, trabajó en una armería f-undada por su padre, cerrajero de
profesión. Carlos Anselmi, que comenzó a trabajar a los doce
años, fue primero panadero hasta que por evolución de su establecimiento fundó una fábrica de galletitas.
La integración del consejo directivo de la Liga Industrial
reflejaba la diversidad de actividades que fueron englobadas
bajo el rótulo de "industrias". Entre sus directivos figuraron
un litógrafo, un hojalatero, y un pintor.
Apoyaron a la entidad profesionales liberales, periodistas,
hombres de letras. Paralelamente, desde la Cátedra de Economía Política de la Universidad, se difundía y propagandeaba la
doctrina proteccionista.
Este apoyo intelectual contrastó con el escaso éxito que la
institución habría tenido entre los propios interesados: en
10.- Una nómina de las principales industrias en 1887-1888 establece la potencia
de los motores entre 12 y 80 HP., y el número de obreros entre 18 y 100.
(En base a WONNER, Esteban, De las industrias y del desarrollo industrial en
la República Oriental del Uruguay y especialmente en Montevideo, Montevideo, 1888).

R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay

149

1885 la Liga Industrial estimó que representaba a la vigésima
parte de los que desarrollaban actividades manufactureras en
Montevideo.
Recién ese año se intentó constituir filiales en el interior
del país, con la finalidad de darle impulso nacional. 12

5. LA "LIGA INDUSTRIAL" Y LOS OTROS GRUPOS DE
PRESION.
. La Liga debió convivir con otros grupos de presión empresanales, coetáneos a ella y - dado el escaso peso en la estructura productiva de· talleristas y artesanos -, mucho más poderosos en los intereses que representaban.
. Ya al nacer sufrió la hostilidad de la prensa librecambista,
VIJ1culada al alto comercio importador.
Como escribió La Reforma:
( ...) esa cla~ de corporaciones industriales no merece el apoyo
de la pre~sa liberal porque sus tendencias no son otra cosa que el
mon_opoho de uno o más gremios contra la mayoría de los consumidores y contra la concurrencia que es bello ideal en materia de
interés público ... 13

El sector mercantil era poderoso y su importancia no sólo
se asentaba en el abastecimiento de alimentos combustibles
'
vestimenta, maquinaria y materias primas al mercado
nacional.'
El puerto de Montevideo, y los de las ciudades litoraleñas de
Paysandú y Salto, mediante la modalidad del "comercio de
~ánsito,", servían al hinterland platense: la mesopotamia argentina, Rio Grande del Sur en Brasil y Paraguay. El comercio regional - tanto el de importación como exportación - eran en
parte canalizados - y en ocasiones financiado - desde Uruguay.
11, 12, Y 13.- JACOB, Raúl, Breve historia de la industria en Uruguay Montevideo
Fundación de Cultura Universitaria, 1981, pp. 44 y 45.
'
'

�150

Siglo XIX

Y si bien la industria sustitutiva de importaciones era más un
peligro potencial que real, el librecambismo combatió la doctrina proteccionista - que era la que podía, desde el Estado, favorecer el desarrollo de una actividad que se sentía como enemiga.
Con la Asociación Rural, que encamaba a otro grupo relevante, el de los productores rurales modemizantes, las relaciones
fueron más matizadas. Por lo pronto, siguiendo un esquema tradicional, se podría inferir que por constituir el sector agroexportador eran librecambistas a ultranza. Sin embargo, la realidad también muestra, además de blancos y negros, grises.
La legislación aduanera de inspiración liberal adoptada en
1861 liberó de impuestos a la importación de alambres y de toda máquina que fomentase la vialidad, la agricultura y la industria. Pero en 1870 se introdujeron algunas modificaciones en
la Ley de Aduana vigente desde 1861, por las cuales pasaron a
pagar el cinco por ciento de impuesto las maderas, los flejes,
el alambre para cercos, etc. 14
Retomar al sistema anterior, al que protegió la libre importación del alambre para modernizar la explotación rural, fue
una necesidad sentida por los dirigentes rurales. Y ella fue contemplada por la misma ley de aduanas, la de 1875, que introdujo una escala impositiva diferencial' en beneficio de algunos
productos que se fabricaban en el país, o que había interés en
estimular.
F,s decir que en el apoyo al renaciente proteccionismo,
productores rurales y talleristas y artesanos se encontraron en
1875.
Pero había otra área de contacto. En principio el esquema
productivo que habían elaborado los ideólogos de la Rural in14.- LAMAS, Mario y PlOTTI de LAMAS, Diosma, Historio de la industria en el
Uruguay (1730-1980), Montevideo, Cámara de Industrias del Uruguay, 1981,
p. 62.

R. Jocob: polftico industriolizodoro en Uruguay

151

cluía a la industria sustitutiva de importaciones que empleaba
materias primas agrarias. Y dada la evolución industrial del
país, en que pequeñas plantas trataban de competir con galletitas, harinas, jamones, zapatos, muebles, velas, fósforos y
otros artículos importados, es fácil advertir que también compartían con el agro la posibilidad de acceder al mercado interno, en constante crecimiento desde hacía años por la permanente afluencia de los inmigrantes.
Además, la elevación de los derechos de aduana - como lo
han señalado Barrán y Nahum - proporcionaba de inmediato
más recursos al Erario, liberando como fuente impositiva a la
actividad ganadera. 15
.Sin embargo esta coincidencia sería coyuntural: la clase alta rural era consumidora, y como tal, ella y sus asalariados sufrían por el aumento del-costo de vida que producía la legislación proteccionista; y por otra parte, discriminar la importación de productos podía llevar a que los mercados consumidores de la producción exportable uruguaya, en represalia, adoptaran idénticas medidas.
Lo cierto es que en 1880, en un artículo titulado "No existe tal antagonismo", desde la revista de la Asociación Rural se
desmentía la oposición a la Liga Industrial, "pues todas las industrias, sin excepción, que existen en el país, son elementos
de su prosperidad"16 .
La Liga Industrial recibió la solidaridad de industrialistas
de Buenos Aires. El planteo no deja de llamar la atención. En
El Industrial de Buenos Aires se habría publicado un artículo,
transcripto por un diario montevideano, en el que para salir
"de la abyección y servidumbre a que los sujetan las corruptoras doctrinas de \lanchester" se hablaba de la creación de una
liga aduanera o ZoUverein entre Argentina, Brasil y Uruguayl7.
15.- BARRAN, J.P. y NAHUM, B. Historio roro/ del Uruguay moderno, Montevideo, Banda Oriental, 1971, Tomo 2, pp. 390-391.
16.- Revisto de la Asociación Rural del Uruguay, 1880, No. 23, pp. 65ü-651.

�152

Siglo XIX

R. ]acob: política industrializadora en Uruguay 153

le sumaban otros adicionales) la importación de mercaderías19 .

6. LA LEGISLACION PROTECCIONISTA
En 1875, cuando el país sufría las consecuencias de una
grave crisis mundial, se reformula la política de protección a las
manufacturas nacionales, parcialmente abandonada durante la
gestión del librecambista Villalha, (1861 ) 18 .
Será obra de otro ministro de Hacienda don Andrés Lamas
.
'
'
qw~n ya en 1836 ~ahía elevado su voz en apoyo a la industria
nac10nal. _Lamas vmo ~esde Buenos Aires llamado por Pedro
Varela, dictador que inauguró el ciclo autoritario conocido
como_"m~litarismo" (1875-1886), en momento que la capital
portena :'1v:fa el choque de ideas e intereses, las discusiones y
debates, impulsados por un selecto grupo de teóricos del industrialismo. Fue Lamas además amigo, consejero y colaborador del
empresario brasileño Irineo Evangelista de Souza, Barón de
Mauá.
.

La legislació_n d~, 1875 tuvo dos objetivos: favorecer el proceso de modem1zac10n rural, y proteger e impulsar el desarrollo
fabril. ~ro e industria no eran antagónicos, sino partes complementanas de un modelo armónico.
. Se_decre!ó la libre importación de alambre para cercar, maqumana agncola, máquinas a vapor de más de un caballo materias primas y envases para la industria.
'
Se creó un arancel aduanero ·discriminatorio y diferencial
que gravaba con impuestos del 10 al 90% (en algunos casos s~
17.- Tran~~pto por La Tribuna Popular de Montevideo, 2 y 3 de enero de 1881.
18.- El Ministro de Hacienda don Tomás Villalba al defender en el Parlamento su
proyecto de ley de Aduanas en 1861 expresó que "la Aduana no es un medio
apr~piado para pr~teger industrias, y sólo debe considerarse como un medio
fácil para pr~por_monar re_cmsos al Erario Póblico". En la ocasión triunfo un
proyecto sustitutivo, que mstauró un sistema mixto, hl&gt;eral y pro1eccionista a la

vez.

(9UINTEROS DELGADO, J., La industria y el Estado en el U"'8U&lt;Jy Montevideo, García, 1926; pp. 83 a 85).
'

En 1877, segundo año del gobierno del coronel Lorenzo
Latorre (1876-1880), se liberó del pago de derechos de aduana
a la importación de carbón mineral. 20 .
En 1879 Latorre redujo a la mitad lo que pagaban los derechos de importación a que se referían las leyes aduaneras, con
excepción de los artículos exonerados que pagarían el 5% 21 .
Lo fundamentó en "el malestar económico que afecta ·a todas las clases". Con posterioridad, especialmente entre los años
1880 y 1883, se restablecieron parcialmente algunos de los recargos aduaneros de la ley de 1875, aunque con un sentido fis.
cal, buscando incrementar los ingresos del Estado.
En 1886, casi al finalizar el gobierno del general Máximo
Santos (1882-1886), se va a aprobar una nueva ley proteccionista.
La Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes,
que había canalizado una inquietud del Poder Ejecutivo de
aumentar los impuestos aduaneros, dio forma al proyecto de
ley, acompañándolo de una fundamentación proteccionista y un
soporte doctrinario que incluyó citas de las más variadas, desde
Thiers a Stuart Mill.
Decía el informe:
No nos basta dar facilidades para la exportación de nuestros productos rurales, sino que también es menester a la vez desenvolver las industrias urbanas, condición indispensable para el aumento de la población y el mejor aprovechamiento de la agricultura
19.- ALONSO CRIADO, Matías. Colección legislativa de la Repdblica Oriental del
Uruguay, 1875, Tomo IV, pp. 303-308.
20.- LAMAS-PIOTil de LAMAS, op. cit., p. 73.
21.- ALONSO CRIADO, op. cit., 1879, Tomo Vl (Apéndice II), p.1 61.

�R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay

154 Siglo XIX
y la ganadería.22

Entre los integrantes de la citada comISion legislativa se
encontraba el hijo del promotor de la ley de 1875, Domingo
Lamas, asesor económico y financiero de varios ministros de
Hacienda de ambas márgenes del Plata.
La ley aprobada en julio de 1886 establecía un derecho general del 30,50/o sobre su avaluación a todas las mercaderías de
procedencia extranjera a introducirse en el país.
Pero además fijaba excepciones mediante una escala diferencial que iba del 60/o (carbón mineral y sal de roca) al 51 O/o
(aguardientes, tabacos, etc.). Postes y alambres para cercos, maquinaria agrícola, máquinas a vapor para la industria, algunas
materias primas , pagaban el 8% de impuestos.
Se establecía que la comisión avaluadora de la mercadería a
introducirse estaría integrada por funcionarios aduaneros y un
número igual de comerciantes elegidos por el Ministro de Hacienda.
Esta ley, si bien adoptaba un derecho general, además de los
diferenciales, no conformó al sector mercantil (por su· fundamentación proteccionista), a los ganaderos (porque agravó algunos de los rubros imprescindibles para la modernización rural), a los saladeristas (que debían pagar impuestos por la introducción de sal, materia prima fundamental para la elaboración de tasajo) y a los talleristas y artesanos (a los que no se les
reconocía en la composición de la comisión avaluadora, ni se los
contemplaba en sus necesidades de tecnología y de materias primas).

155

de Representantes, en la que nuevamente estaba presente don
Domingo Lamas, propuso su revisión, presentando un proyecto
de ley - luego aprobado - que ampliaba los alcances proteccionistas de la norma de 1886.
El mismo fue acompañado, al igual que el que lo precedió,
de un soporte doctrinario proteccionista, en el que sobresalía
una mención a las ideas del alemán Friedrich List.
Seguía el informe:
La constitución de una nacionalidad y de una independencia
económica está en el poder industrial propio, es decir, en los medios que tenga un país de desarrollar de un modo armónico sus
fuerzas productivas y de ensanchar y multiplicar los empleos del
trabajo nacional, así como las inversiones fijas del capital ... 23

El proyecto fue aprobado a comienzos de 1888 con estas
innovaciones:

1) El derecho general se aumentó en un medio por cien to,
de 30.5 a 31 O/o.
2) La escala diferencial se mantuvo entre el 6 (carbón mineral y _sal) y el 51 %.
Aguardientes, tabacos y otros artículos pagarían derechos específicos (por litro, quilo, metro, etc.) en lugar
de los ad valorem vigentes.
3) Se estipulaba la libre introducción de maquinaria para
la industria y el agro, posUs y alambres para cercos, envases de vidrio y algunas materias primas.
4) Se ampliaba con dos industriales, elegidos por el \linistro de Hacienda, la comisión avaluadora, encargada de
fijar el costo de la mercadería extranjera sobre el que se
aplicarían los impuestos.

En octubre de 1887, la Comisión de Hacienda de la Cámara
Recién en 1912 se adoptó una ley general que concedió
22.- Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes, 1886, Sesión del 12 de
julio; p. 494 y sigs.

23. Ibídem, 1887, 21 de noviembre, p. 322 y sigs.

�R. Jacob: polttica indU$trializadora en Uruguay 157

156 Siglo XIX

franquicias a la importación de materias primas y maquinaria,
que amplió el espectro proteccionista de ~s~a ley de ~888. En
el interín la legislación aduanera fue casmsbca, atendiendo casos especiales de ramas industriales que había interés en promover.
Toda esta legislación adoleció de múltiples deficiencias. Salvo excepciones no contempló la libre introducción de los combustibles, ni del insumo básico de la principal industria de exportación.
En las ocasiones en que lo hizo con algunas materias primas,
fue en las que se destinaba a industrias que utilizaban p~oductos
del agro (lúpulo para cervecerías, cortezas para curtiembres,
etc.). En cambio maderas y metales en general fueron gravad~s,
al igual que los envases que no fueran de vidrio (maderas, caps
vacías para fósforos, arpilleras, etc.).
\Iuchas veces fue mayor el impuesto pagado por las materias primas que por los productos terminados, caso de la tinta
y el papel frente a los impresos.
Los establecimientos fabriles debían pagar la patente de giro, cuyas tasas fueron aumentadas en 1881. En 1883 fueron
exoneradas de la misma algunas industrias del interior como
lácteos, alpargatas, escobas, farináceos, etc. Pero siguieron vigen tes para las establecidas en Montevideo "donde se concentraba la mayor parte de los establecimientos, capitales y operarios". 24
Además el Estado prefería en sus adquisiciones los productos importados a los nacionales. Algo similar sucedía con el
consumo privado, lo que obligó a los fabricantes a etiquetar
su producción como si fuera elaborada en el exterior, como
vía de acceder al mercado nacional.
24.· LAMAS·PIOTTI de LAMAS, op. cit., pp. 94 a 98.

Capítulo aparte merecería el problema de los aforos. Los
iñdustriales se quejaban de que los comerciantes -hasta 1888
los únicos integrantes del sector privado en la Comisión de
Avalúos aduaneros - fijaban aforos mucho más bajos que los
reales, con lo que desvirtuaban, y en parte eludían, los alcances
de la legislación proteccionista. Es decir que los porcentajes de
los impuestos no se calculaban sobre el precio del mercado de
los productos, sino sobre el ficto oficial. En consecuencia el
grado de efectividad de la protección arancelaria estaba determinado por los precios mundiales.25
7. POLITICA Y ESTADO
El protagonismo político de un sector importante de talleristas y artesanos estaba en buena medida limitado por su condición de extranjeros: por disposiciones constitucionales no podían ser ni electos ni electores. Resulta sugestivo que El Telégrafo Marítimo, periódico que en general reflejaba los intereses
mercantiles, publicara en 1882 un artículo titulado " aturalidad forzosa".
En él advertía:
La mitad de su propiedad raíz (la de Uruguay) pertenece a extranjeros. Las tres cuartas partes, o quizás más, de las patentes
en giro las pagan extranjeros. Ellos tienen la industria y el comercio y figuran entre los primeros en la producción. Son el
combustible de la máquina política y el agua con que se forma
el vapor que mueve sus ruedas. Y esa masa de población que indudablemente es la más interesada en la cosa pública, está impedida por la ley de tener voto y voz en ella. ¿Puede estar bien
gobernado un pueblo en esas condiciones? De ninguna manera.26

Dada la inestabilidad política del país, los inmigrantes - en
especial los que tenían algún capital - eran reacios a prescindir
25.- FINCH, Henry, Historia económica del Urugua_y contempordneo, Montevideo,
Banda Oriental, 1980, pp. 89 y 90.
26.· El Telégrafo Marttimo, 5 de mayo de 1882.

�158 Siglo XIX

R . Jacob: po/(tica industrializadora en Uruguay

de su ciudadanía de origen y naturalizarse, ya que comunmente
eran las embajadas y legaciones extranjeras las que reclamaban
los daños y perjuicios ocasionados a las propiedades y pertenencias de sus súbditos.
Pero también había otros factores que conspiraban: en general, el personal político, dominado en buena medida por l~s restos del antiguo patriciado, era proclive a contemplar ~os mter~ses de los sectores económicos más poderosos, es decu, en pnmer lugar los de comerciantes, banqueros y saladeristas, y luego
los de los ganaderos.
Expresaba en 1880 la Revista de la Liga Industrial:
Bastaría echar una ojeada sobre la condición social de tod:18 las
personas que han desempeñado empleo públicos en la capit:11 Y
en los departamentos, lo mismo que en las bancas de leg1~ación en todas las épocas, para reconocer que la clase mdustnal
ha ~do siempre postergada o eliminada de toda ingerencia en la
administración de la cosa pública y relegada a·un verdadero y hu· 27
.
miliante vasalla1e.

!ª

Existieron excepciones que sirven, _como es habitual, para
confirmar la regla.28
.Marginados de la administración del Estado, estos talleristas
y artesanos buscarían insertarse en el sistema político con su

grupo de presión.
Para ello contarían con un aliado inestimable: los gobiernos
de fuerza que se sucedieron entre 1875 y 1886. Los militares en
general acceden al poder con un progr~ma muy escueto, que se
resume en dos palabras: orden y moralidad. Pero como con orden y moralidad no se resuelven las crisis socioeconómicas y políticas que interrumpen la paz de los cuarteles, deben aplicar
27.- Citado por LAMAS-PI OTTI DE LAMAS, op. cit., p. 86.
28.- Tal el caso del diputado Pablo Varzi'. fmnllflte en 1886 y 18~7 _de los proyectos
de ley proteccionistas. En 1887 Vam fundo una bodega, presidiendo en 1899 el
segundo Consejo Directivo de la Unión Industrial Uruguaya.

159

recetas elaboradas por otros. Es así que Varela y Latorre impulsan el modelo de la Asociación Rural, colmando en parte también las aspiraciones de talleristas y artesanos.
La Liga Industrial nace meses antes de producirse la desaceleración del impulso proteccionista (1879) y en intentar revertir la situación empleará gran parte de sus energías.
Su acción se verá beneficiada por la aceptación del proteccionismo por parte de sectores ilustrados, dependientes de las
ideas elaboradas en los centros hegemónicos mundiales. Es así
que don Carlos María de Pena, de cepa patricia, hace del proteccionismo la doctrina de la cátedra de Economía Política de la
Universidad de Montevideo, centro formador de buena parte del
personal político.
Por otra parte algunos profesionales liberales que adhirieron
a la institución sirvieron de nexo con el Estado, o asesoraron a
sus integrantes sobre asuntos que por su natural especificidad
o complefidad convenía que no fuesen asumidos pÓr sus integrantes.
La Liga Industrial también buscó adherentes en el personal
político, estrategia que podía ser eficaz para contrarrestar su
falta de representación: en 1884 fueron incorporados como socios activos el diputado Urbano Chucarro y el senador Agustín
de Castro.29
Junto con ellos ingresaron una brillante pléyade de abogados y periodistas, algunos de ellos ex-legisladores: Juan Carlos
Blanco, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos María de Pena, Carlos María y José Pedro Ramírez.
Desde sus inicios la Liga se empeñó en obtener mejoras y
beneficios para la industrial nacional. En 1881 difundió un

�160 Siglo XIX

proyecto de ley protecciorústa, elevando el arancel aduanero para algunos productos. Lo acompañó de una profusa propaganda y un detenido análisis comparativos con la realidad argentina.
La iniciativa, que despertó una viva polémica, no prosperó pero
sirvió de aliciente para otras similares, como la del entonces
Mirústro de Hacienda Juan Llndolfo Cuestas.
Sugestiva resulta la campaña que debió desplegar para asegurar la presencia de la industria uruguaya en la Exposición
Continental de Buenos Aires, en 1882.
A principios de 1880 el gobierno uruguayo aceptó la invitación para concurrir, nombrando una comisión integrada en
parte por miembros de la Asociación Rural, la que aconsejó
desistir del certamen.
La Liga Industrial solicitó al gobierno apoyo económico
para hacerse presente, entendiendo que éste, "por consejo de
una asociación de ganaderos", privaba a los productores mostrar los logros de las manufacturas uruguayas. La respuesta
oficial fue que la Confederación Argentina nunca sería mercado
consumidor para los productos uruguayos, similares a los que
ella producía.
Se entabló una polémica con la Asociación Rural, y la Liga
Industrial se quejó públicamente que a sus miembros se les había tildado despectivamente de "extranjeros". 30
La Liga decidió concurrir por sus propios medios, llegando
incluso a organizar espectáculos públicos para recaudar fondos.
A comienzos de 1882, cuando ya era segura su asistencia, el
Gobierno decidió apoyar sus esfuerzos.
Este episodio es elocuente: la Liga Industrial no accedió en
este período a los resortes imprescindibles para la aplicación de
29.- El Telégrafo Marítimo, 11 de marzo de 1884.
30.- JACOB, R. op. cit., pp. 48 y 49.

R. ]acob: política industriali:i:adora en Uruguay

161

una política proteccionista. Ella quedó librada a las decisiones
de los admirústradores del Estado.
Así, pese a la intensa campaña periodística, la Comisión de
Avalúos no fue integrada con representantes de la entidad. Y
esta era clave, ya que fijaba el precio de la mercadería extranjera sobre el que aplicaban los impuestos aduaneros.
A fines de 1884, la Liga pidió la reforma de la Ley de Aduanas, solicitando su representación en la Comisión de Avalúos. 31
La misma no prosperó, pero con mucha sagacidad los directivos de la institución difundieron su intención de reformarla,
transformándola en " Liga Industrial y Comercial"32
La ley aduanera de 1886 repitió la tradicional integración
de la Comisión de Avalúos. La de 1888 introdujo la representación de los industriales, pero, al igual que lo que acontecía
con los comerciantes, la elección no la hacían las gremiales empresariales sino el Poder Ejecutivo. Eran pues representantes de
la actividad y no de los grupos de presión.
Hacia esa fecha la actividad de la Liga Industrial decae, hasta desaparecer como institución. Muchos de sus hombres fundarán en 1898 la Unión Industrial Uruguaya, que ha sobrevivido hasta nuestros días. Para entonces, la realidad había cambiado.
En 1903 el gobierno reconoció a la Unión Industrial como
interlocutora en toda cuestión referente a la industria fabril y
a las tarifas de aduana con ellas relacionadas.
Hab(a triunfado el grupo de presión. Porque, como se los
habfa hecho notar en 1885 El Telégrafo 1"1arítimo,
31.- El Telégrafo Mar(timo, 4 de diciembre de 1884.
32.- ldem, 15 de diciembre de 1885.

�162 Siglo XIX
las fuerzas aisladas de los hombres trabajadores, no son de peso
ni ejercen influencia alguna en el sentido de mejorar ias situaciones violentas a que con frecuencia se ven reducidos por los avances de los Gobiernos, mientras que asociados en una sola fuerza
común, llámese "La Liga Industrial" o como quiera que se llame, contrarrestan esos mismos avances, y hacen prevalecer con
el ejercicio colectivo de las acciones que a su vez consagran las
leyes, los derechos de que necesariamente tienen que vivir asistidos en las relaciones del Estado y el individuo.33

R. Jacob: pol(tica industrializadora en Uruguay

163

V) La institución no representa los intereses de la principal
industria de exportación (cárnica) y tiene escaso peso: no logra
alcance nacional y en la capital consigue la adhesión de un quinto de los establecimientos existentes.
VI) La calidad de extranjeros de parte de sus miembros, y la
no naturalización, le impiden tener representación política. La
Liga busca la adhesión de políticos y profesionales universitarios como vía de suplir esa carencia.

8. A MA ERA DE FI AL
I) Coincidiendo con el desarrollo capitalista del país, y el aumento de su grado de inserción en el mercado mundial, en los
años setenta del siglo pasado se crean grupos de presión representativos de diversos intereses económicos: comercio importador, productores rurales modernizadores, sector fabril.
II) Los gobiernos autoritarios que se suceden (1875-1886),
en especial los del período 1875-1880, impulsan el modelo económico patrocinado por la Asociación Rural que busca introducir técnicas de explotación capitalistas en el campo, y que no
excluye el desarrollo de industrias de hase agraria, abastecidas
con materia prima nacional.
III) La decisión de proteger a la industria nacional, y poner
fin al anterior ciclo de inspiración librecambista, se origina en
el Estado y es previa al nacimiento del grupo de presión representativo del sector.
IV) La Liga Industrial es creada pocos meses antes de producirse el desaceleramiento del impulso proteccionista, por talleristas y artesanos en buena medida extranjeros, identificados
socialmente con las capas medias, orientados a la sustitución de
importaciones elementales (alimentos, vestimenta, mobiliario,
envases, etc.).
33.- ldem, 27 de junio de 1885.

VII) No logra acceder a los resortes administrativos claves para vigilar, controlar o impulsar una política proteccionista. En
cambio es eficaz en la prédica ideológica, favorecida por el
auge de la difusión de la doctrina proteccionista en Europa, y su
aceptación por sectores letrados nacionales.
VIII)·En 1888 el Estado reconoce a la actividad pero no al grupo de presión al aceptar modificar la composición de la Comisión de Avalúos de la Aduana, integrándola con "industriales".
IX) Parte de las limitaciones que encontraron estos talleristas
y artesanos se explica por el origen de la industria sustitutiva de
importaciones uruguaya: en general obra de artesanos e inmigrantes modestos, o de pequeños capitalistas.
X) Las sucesivas leyes proteccionistas, a pesar de sus limitaciones, de sus carencias y falencias, permitieron el desarrollo
industrial, favorecido además por el permanente crecimiento del
mercado de consumo y las coyunturas críticas mundiales.
XI) En 1898 surge una nueva entidad representativa de los
sectores industriales, que sustituye a la nacida en 1879. En
1903 logra ser reconocida por el Estado como interlocutora.
Para ese entonces la situación ha cambiado. Muchos de los
pequeños establecimientos logran expandirse, y surgen otros
nuevos.
Por otra parte este sector social emergente comienza a im-

�164

Siglo XIX

En Busca de la Prosperidad y la Riqueza:
Yucatán a la Hora de la Independencia

bricarse con el viejo patriciado, que fue durante décadas el tradicional proveedor del personal político.

XII) El nacimiento de la Liga Industrial se inscribe en la ~arga
lucha de los grupos de presión por intensificar su protagomsmo
e integración al sistema político, por forjar nue~os mecani~~os
de representación, por participar en la formulación de pohticas
y limitar el creciente poder del Estado.

Alejandra García Quintanilla*

1\ TRODLCCIO\!

Esa hora llegó en 1821 y sin guerra. Por entonces ya se hablaba del progreso, pero se trataba de un progr&lt;&gt;so más parecido
a la prosperidad y a la riqueza, es decir, más dieciochesco que
el estruendoso pro¡T.reso que propiamente caracterizó al siglo
XIX. Por aquel tiempo, los políticos, los ilustrados y por supuesto los comerciantes, tenían más fe en el comercio y en su
libertad que en la tecnología. Sin duda el régimen colonial había propiciado el poco respeto que por la cronología manifesló ) ucatán durante la primera mitad del diecinueve -tan dieciochesca según veremos. Curiosamente la lndependcncia llega
a \ ucatán también para avivar la disputa por la libertad comer_cial, por un liberalismo entendido tan solo como Laissez-fairP y,
aún eso, con muchos aseguncs.
Se trata ahora de un intento por aproximarnos a la sociedad
yucatcca a partir del proyecto económico vigente al momento
de la Independencia. l,n proyecto que matizará la peculiar forma en que el estado se integra a la nación ) , también, en el posterior desmembramiento de la provincia yucateca. \1 despuntar
el sie;lo, la provincia se hundía más allá de los actuales límites
nacionales con Guatemala y Belice. Para 1858 se separa el distrito de Campeche, erigiéndose en estado de la federación. En
1901, el general Ignacio A. Bravo y los coroneles Victoriano
* Departamento

de Estudios Económicos y Sociales del Centro de Investigaciones
Regionales de la Universidad Autónoma de Yucatán.

�A. Garc(a Quintanilla: Yucatdn a la hora de la Independencia

166 Siglo XIX

Huerta y Aureliano Blanquet toman la ciudad de Chan Santa
Cruz, proclamando la derrota de los mayas sublevados desde
1847, y posibilitando la creación del territorio de Quintana
Roo en 1902. Hoy día el estado de Yucatán ocupa menos de la
tercera parte del territorio que por aquellos tiempos le correspondía: la península entera.

l.
En julio de 1824, el brigadier general Antonio López de
Santa Arma informaba sobre su gestión en Yucatán al primer
secretario de Estado:
Hace dos meses que estoy en posesión de la comandancia general de este Estado, y no he podido pisar hasta ahora sino sobre
terreno movedizo: creo que el suelo firme en que debo sentar el
pié se halla muy distante. . . o hay duda, el conflicto es grande.
Yucatán en mi imaginación se presenta como la bomba arrojada
del mortero próxima a reventar. 1

Santa Anna entendía muy bien los distintos niveles de un
grave conflicto. La amenaza era guerra civil, desmembramiento
del territorio que ya se consideraba nacional, y si Yucatán se
iba, se dejaba a descubierto un flanco que resultaría muy atractivo para otras potencias: desde Cuba acechaba España; desde
Walix (ahora Belice), Inglaterra ;y desde la Florida, Estados Unidos, que recién estrenaba doctrina Monroe. Todo empezaba en
un conflicto añejo entre :\&gt;lérida, ~apital del estado, y Campeche
su puerto principal. La decisión del Congreso Xacional de declarar la guerra a España (1823) había agudizado la p~na que tenía por base dos tradiciones comerciales y dos proyectos econól. Oficio del General Santa-Anna de 9 de julio de 1824. En~ Memoria sobre la conveniencia, utilidad y necesidad de erigir constitucionalmente en Estado de la
Confederación Mexicana el Antiguo Distrito de Campeche, presentada al soberano congreso de la Unión y dirigida a las honorables legisjaturas de los estados
en agosto de 1861 por los ciudadanos Tomás Aznar Barbachano y Juan Carbó,
diputados al congreso de la Unión por el nuevo estado de Campeche, México,
Imprenta de Ignacio Cumplido, 1861, p. 9.

167

micos. Dejemos a Santa \nna desarrollar su análisis:
La declaratoria de la guerra a España ha sido aquí el problema o
la caja de Pandora, que lanza males abriéndose. Ella se ha lomado por pretesto para dividir y poner en movimientos tumultosos a este pacífico país, cómo se ha logrado ¡Qué desgracia! ningún otro de los confederados los han sufrido con este respecto ó
convencidos de la última justicia con que se decretó, o porque
su industria o comercio nada sufrían, o porque quisieron anteponer el decoro nacional a sus perjuicios públicos y privados.
Lo cierto es que Campeche en contra posición con las autoridades supremas ~e la capital (se refiere a Mérida, capital del estado,
A.G.Q.) adopto la guerra, y para publicarla, depuso primero tumultuariamente de sus empleos a los españoles... por sospechados en connivencia con aquellas, creyendo con esta conducta dar
un testimonio auténtico de su adhesión } total obediencia al gobierno federal. -Resentida la capital de Mérida de un accidente
tan estraordinario, quiso forzar aquella plaza, destacando sobre
ella una _numerosa división al mando de su comandante general,
para obligarla a su obediencia ) castigar a los culpables, por haberse sustraído de las principales autoridades del Estado, operansin su acuerdo; pero nada pudo lograr, y las tropas hicieron su
contramarcha después de un sitio regular, que solo produjo gastos, consternación y desaires .2

ªº

· En el fondo del conflicto estaba la reticencia de ~rida a
cortar con su único vínculo comercial externo: la Isla de Cuba.
Ln víncu]o de reciente creación, logrado apenas en 1814 con la
habilitación de Sisal como puerto menor, pero en el cual los
emeritenses habían puesto sus mejores esperanzas. Campeche
gozaba de una lar¡;?;a tradición como puerto principal que con el
avance del liberalismo español se refornó. Tenía para 1824, un
comercio diversificado entre \"cracruz y Cuba, lo cual al momento de la Independencia le daba un mayor margen &lt;le nacionalismo. Las relaciones entre Mérida, ciudad capital y asiento
del poder político, y Campeche, capital del comercio peninsular, no estaban exentas de roces y fricciones. En medio de una
región casi desprovista de un mercado interno, la primera requería de impuestos y defendía los incipientes vínculos comerciales
2. Op. cit., p. 1O

�168 SigloXIX

A. Careta Quintanilla: Yucatdn a la hora de la fudependencia

externos que apenas empezaba a disfrutar; la segunda, provista
de una importante flota marina y asiento de grandes astilleros'
veía nuevas perspectivas mercantiles. Santa Anna comprendía la
situación con cierta dosis de benevolencia":

169

nutría de los impuestos al comercio. Trató a Yucatán con toda
la "generosidad" que la situación le exigía:

04

Campeche y Mérida, aunque émulas antiguas sin olvidar de una
vez las rutinas, vicios y errores del anterior gobierno, no puedo
negar que cada una tiene sus razones y sus virtudes, aunque bajo
diverso aspecto. Que la primera haya obrado por sus resentimientos con la segunda o por el convencimiento que tenga de que la
guerra no perjudica tanto a su comercio como a Mérida, lo cierto es que debe atenderse a su entusiasmo por la independencia y a
su adhesión al Supremo Gobierno federal de México, pues estos
han sido los púLlicos sentimientos con que se ha manifestado en
el caso.- Que Mérida funde o no su conducta en su indiferencia
por su liJ&gt;ertad, o en sus ideas de negarse a la confederación por
razones que eHa tenga lo cierto es 1¡ue la legislatura )' el gobierno
del Estado demuestran con ex presiones fon&lt;la&lt;las los graves inconvenientes que median para publicarse la guerra, porque p-rivado &lt;le su antiguo comercio con la inmediata isla &lt;le Cuba, se le
escasean enteramente sus fondos para mantener sus necesarias
obligaciones, sin arbitrio de subrogarlos por ser un país pobre como es notorio. Y al mismo tiempo sus naturales caerían en la estrema miseria, por no tener precisamente otra salida, sus producciones y manufacturas, sino para aquellos puertos. 4

Santa Anna intentó mediar buscando la conciliación entre
Mérida y Campeche; abogó porque el gobierno nacional enviara
" un socorro de doscientos mil pesos"; y "permitió" que la suspensión del comercio con Cuba se aplazara hasta 1825. Todo
ello en un intento por suavizar la oposición de \ilérida al otorgarle recursos a la hacienda pública (asentada en 'Vlérida) que se
3. Según Pedro de Regil, la marina campechana era la más importante de América;
"Campeche ha visto prosperar su marina, hasta el término de ser quizá el puerto

que en América la tiene más numerosa..." "pasa de 79 buques de cruz, de 56
bongos, 5 buques costeros, y de 263 canoas, en cuyo manejo se entretienen más
de 2,000 hombres de mar, sin incluir los indios y milicia provincial que se entretienen en esta industria". Esto sin contar a los trabajadores de los astilleros que
en 1833 contaba con 65 carpinteros 67 calafates, 30 herreros, 8 aserradores, 170
en total. En: Regil, Pedro Manuel, MEMORIA INSTRUCTIVA SOBRf; EL COMERCIO DE YUCATAN Y PARTICULAR DEL PUERTO DECAMPECHF,, el

31 de diciembre de 1811, pp. 36 y 244.
4. Oficio del general Santa-Anna, Op. cit., p. 11

Se sabe que Yucatán por su situación geográfica y por su topografía, es la vanguardia de nuestra nación mexicana siendo una
,
'
pemnsula que cierra su Golfo, que tiene contacto inmediato, con
las islas extranjeras, y tan próximo con la de Cuba, que casi la tiene a la vista, y por consecuencia abandonadas sus costas, queda el
Seno á discreción de los enemigos, principalmente careciendo nosotros de la posesión de la isla de Cuba que está enmedio de la
embocadura del Seno, considerándose por lo mismo como su llave, y cuando dentro de ese mismo Estado existe el establecimiento de Walix que corresponde a una nación poderosa que insensiblemente se está est.endiendo y usurpando nuestras tierras; además de una porción considerable del Golfo que poseen los Estados-Unidos anglo-americanos, quienes no ahora, pero en la serie
del tiempo, causarán mucho daño.5

Mas que un análisis, las palabras de Santa Anna resultaron a
la larga una profecía geopolítica; pero en 1824, logró su cometi-

do: Yucatán permaneció ligado a México abandonando sus pretensiones de comercio con Cuba al cortar, en 1825, su juego de
neutralidad con España e independencia con '\&lt;léxico.

11.

Hay que decir que la Independencia era, en 1824, un evento
muy reciente para la península. Apenas en 1821, el 15 de septiembre, y sin que mediara la guerra, se había proclamado independiente de España. Un año antes, en 1820, los liberales yucatecos defendían la constitución de Cádiz, frente a los absolutistas que buscaban retrasar su aceptación. En la discusión política, la Independencia no estaba presente. En mayo del mismo
año, 1820, y después de gran agitación política, se proclamaba
la constitución española con el solemne Tedeum protocolario.
La Independencia no era el problema ni la consigna de conservadores o liberales. En la primera edición de su Historia de Yu5. Op. cit., p. 13

�170

SigloXIX

A. García Quintanilla: Yucatdn a la hora de la Independencia

catán (1878), Eligio Ancona señala que en 1821 el plan de
Iguala empieza a hacer presente la Independencia en algunos
periódicos de Mérida.6 Y desde entonces fue notoria la "impaciencia patriótica" del ayuntamiento de Campeche que "contrastaba notablemente con el aplomo, el acierto y la cordura de
la Diputación provincial" que sesionaba en '.\1.érida.7

La gran distancia que en la discusión política se evidenciaba era el reflejo de una auténtica lejanía promovida desde España. De una parte, la provincia había disfrutado de la categoría de capitanía general, y su gobernador -y capitán generalera nombrado directamente por el rey, aunque dependía de la
Audiencia de la :\ueva España para asuntos judiciales. Por otro
lado, el comercio con la Nueva España se había obstaculizado
en mayor grado que con Cuba. Finalmente estaban los piratas
" infestando " las costas de Campeche y haciendo altamente insegura la navegación hacia Veracruz. Pero vayamos por partes
y veamos cuales eran las expectativas de prosperidad hacia principios del diecinueve.
De manera unánime, Mérida y Campeche veían en la derogación de las prohibiciones comerciales la clave del desarrollo,
o para decirlo con propiedad histórica: " de la prosperidad, la
riqueza y el adelanto de los pueblos". En ello coincidían no tan
sólo campechanos y emeritenses, sino también absolutistas y
constitucionalistas (por la de Cádiz) en 1814.
Al respecto se manifestaba Policarpo Antonio de Echánove, Ministro de Real Hacienda en Yucatán:
Digan lo que quieran los trazadores de proyectos en fomentos,
compras y ventas, nada será más justo que cuanto conserve la
libertad del hombre... y por tanto, si se quiere que las provincias progresen según sus posibiliclades, ábrase el recíproco comercio por unos reglamentos de principios liberales, para que re6. Ancona, E!igio. HISTORIA DE YUCATAN, Ediciones de la Universidad de
Yucatán, Mérida, 1978 (primera edición, 1878), Torno III, p. 193.
7. Ancona, Eligio. op. cit., p. 201

171

cihiendo el ciudadano, sin obstllculos, ni distinciones metafísicas,
el fruto de sus combinaciones, se haga feliz y bendiga al gobierno
a que pertenece.8

El señor Echánove, de tendencia absolutista, era en materia
comercial, un liberal, las reformas de Cádiz eran insuficientes:
nuestro mayor enemigo pudiera dictamos leyes menos conformes a la razón, llegando al caso inconcebible de que unos y
otros pierdan al mismo juego, pues pierde el mexicano, porque
no compra y perdemos nosotros porque no vendemos.9

I

En este caso, la queja va contra la prohibición de reexportar vía Sisal (puerto de salida para '\1érida) los productos españoles que llegaban de Cuba.
Campeche tenía en 1814, miras comerciales más ambiciosas.
Habilitado desde 1778 como puerto menor, le llevaba a ~isal
treinta y seis años de ventaja ya que éste apenas en 1814 rPcibió
tal categoría. '\.dicionalmente, desde 1806 Campeche podía introducir a Veracruz "el sobrante de sus importaciones directas
de España".1º .\lientras Sisal apenas obtenía la posibilidad de
enviar sus " producciones naturales" a las costas de \ eracruz11 .
Campeche hacía tiempo tenía acceso a \ eracruz y sus "costas
laterales". Entendiéndose con esto, desde la Colonia del \ uPvo
Santander, por el norte, hasta "Goazacoalcos" al sur. Se comerciaba con "los pequeños puertos del Soto de la \larina, Tampico, Tuxpan , \}varado y Goazacoalcos, por dondP tanto los pueblos playeros como los centrales dan salida al sobrante dP las
producciones de su lánguida agricultura y rústica industria".12
Pedro \lanuel Rcgil, liberal campechano, fue electo diputado
a las cortes en el episodio 1810-1814 y en la \lemoria Instructi8. Echánove, Policarpo Antonio de. CUADRO ESTADISTICO DE YúCATAN
EN 1814, p. 59, No. 44
9. Ibídem.
10. Regil 1811, p. 20: 1806 real orden; p. 4: Real orden del 3 de marzo de 1814
reglamento del 12 de octubre de 1778.
11. Echánove, 1814
12. Regil, 1811, p. 19

�172 Siglo XIX

va sobre el comercio de la provincia (destinado a Cádiz) dá
cuenta del intercambio que ocurría entre Campeche y las "costas laterales de Veracruz"~
De ellos se importan a éste puerto el algodón, la pita, el almagre,
el piloncillo, queso, cueros al pelo, etc. y reportan en cambio sal,
costales de henequén, sobreros de huano, manufacturas de carey
y de algodón, cera y otros productos y artefactos de esta provincia. Esta recíproca útil y saludable permutación adquiriría actividad, fuerza y extensión con resultas de mutuo fomento, beneficio e ilustración, que acaso se extendería con la frecuencia y el
tiempo, por medio del caudaloso río de Goazacoalcos hasta las
costas del mar Pacífico, si además se la animase permitiendo desde este puerto la libre contratación de los efectos lícitos de Europa que son necesarios en aquellos para el consumo, comodidad o
negociación, mas este privilegio, resto malaventurado del antiguo
. .
V
13
fu nesto monopoJio, es pnvativo a eracruz.

Ya se habían hecho gestiones para que la flota campechana
tuviera acceso a los mercados interiores de la ;'\lueva España, pero al decir de Regil, Veracruz alegó que esa medida facilitaría el
contrabando vía Campeche-14 :
Ya se representaron los diputados de este comercio al anterior
consejo de regencia en 26 de octubre de 1809 (...) la odiosidad,
injusticia y perniciosas consecuencias de este privilegio: pero el
poder e influencia de aquel opulento emporio de ueva España,
que no quiere que la libertad mercantil respire sin las ca~enas con
que quiere trabar su progreso y afianzar el exclusivo beneficio de
sus moradores, hubo de contener la mano bienhechora que iba a
destruirle, concediendo una gracia que, como las demás, concedi15
das, reclama la justicia.

Pese a prohibiciones e impuestos Yucatán disfrutaba de algunos privilegios en materia de comercio. Así en 1796, una real
orden le concedió los privilegios correspondientes a las islas de
América: "redujo a una cuarta parte los derechos que pagaba
13. lbidem
14. Regil, 1811, p. 20
15. Regil., 1811, p. 19

A. Garc(a Quintani/la: Yucatdn a /IJ hora de la Independencia

173

fueran los que fueran y cobraranse con la denominación que se
,
cobraran " .16 Algo hab'1a que hacer con la pemnsula,
desprovista
c_omo ~staba de metales preciosos y de suelos gruesos para cultivar tngo y demás cultivos tradicionales de los españoles. Su deficitario comercio se cubría con un "subsidio" llamado entonces "situado" de la corona y con los "tributos;' que todavía en
1814 pesaban sobre la población maya:
la provincia no alcanza, con mucho a igualar con sus frutos la
adquisición de sus necesidades, y que por tanto ha hecho, y :stá
haciendo, un comercio pasivo que debe irle reduciendo a la miseria ; porque o ha de carecer de lo que parece que necesita ;o debe
producir y fomentar lo que equivalga a la diferencia: hasta aquí ha
igualado dicho descubierto, con moneda de los 150 y 200,000
ps. que anualmente remitían a sus cajas del tesoro público en calidad de situado, y los 120,000 de tributos de indios; per~ orden~ndose hoy, que cada territorio se mantenga de sus propios arbitnos, es preciso llenar con la industria, cuanto hasta ahora ha hecho con los metales. 17

Para fomentar la industria, las propuestas de Regil y Echánove consideraban necesaria la apertura del comercio, su liberalización. Pero mientras Echánove insiste en la necesidad de "máquinas e instrumentos" para fomentar el henequén y los textiles; y en "ensayos de laboratorio" para que las tenerías, talabarterías y zapaterías perdieran su "rustiquez"; Regil pone el acento en la eliminación de estancos y otros "monopolios" que sobre la sal, el tabaco, la comercialización del maíz, de la harina
Y.,del pal? de__ tinte, existían. Todo ello con fines de exportac10n, a excepción del maíz cuya salida estaba prohibida. Es cierto q_ue el documento preparado por Pedro Ylanuel Regil estaba
destinado expresamente a constituir un análisis y una propuesta
co~ercial, pero es claro al definir los principios básicos que
guiaban su análisis: "es en vano esperar esta abundancia sino de
la libre contratación de los frutos. " 18
16. Regí!, 1811, p. 28-30, realorden de 10 de abril de 1796.
17. Echánove, 1814, pp. 56-57
18. Regil., 1811, p. 14

�174 Siglo XIX

Campeche era más radical en su liberalismo comercial que
Mérida, pues esta, como ciudad capital, debía recaudar los fondos necesarios para mantener al gobierno de la provincia. Ello se
expresaba desde los impuestos municipales, que en Campeche
habían sido moderados desde antes de 1810.19 El liberalismo tenía, pues, connotaciones distintas para comerciantes y para burócratas.
III.
En medio de esta efervescencia liberal, Yucatán decide en
ese mismo año de 1814, emitir su propio Reglamento de Comercio, decretando
como único remedio para ocurrir a las necesidades del momento,
que se abran los puertos de Yucatán al comercio libre de los amigos y neutrales, admitiendo sus embarcaciones haxo de moderados derechos, haciendo la distinción conveniente y rebaja, a los
que lo hagan en buques españoles como único medio de animar
"lº
dustr1a,
· 1as artes, y e1comerc10.
-20
am
la navegac1on,

La invasión francesa a España, casi había paralizado el comercio de la provincia, y a ello había que agregar "los progresos de la malhadada insurrección ,,2J , alias Guerra de Independencia, que obstaculizaba el comercio con Veracruz. Yucatán
pretendía servirse con la cuchara grande, pero en un mundo
dominado por el proteccionismo esta medida no podía llevar al
"adelanto" anhelado. El reglamento de 1814 siguió vigente hasta la Independencia en 1823, pues con algunas modificaciones
fue aprobado por Fernando VJl después de su liberación.22
Cabe resaltar que de manera especial el nuevo reglamento
19. Rcgil se limita a consignar este evento de manera general (1811, p. 12).
20. " Reglamento formado por el Sr. Intendente electo D. Juan José de la _Hoz, ~n
las adiciones, variaciones y modificaciones acordadas por la excma. d1putacion
provincial en sesión de 28 de Marzo último, para la planificación del Comercio
libre, con las potencias amigas y neutrales". Reproducido por Eligio Ancona, op.
cil, como apendice al tomo Ill, 1978 (pp. 499-508).
21. Regil, 1811, p. 14
22. Ancona, Eligio, op. cit., p. 231.

A. Careta Quinlanilla: Yucalán a la hora de la Indepe ndencia

175

liberaba de impuestos y de trabas a las exportaciones. El palo de
tinte, exportación principal de Yucatán desde las reformas borbónicas, constituye una interesante muestra de las negociaciones entre burócratas y comerciantes. '.\Iediante el citado reglamento, podría exportarse directamente a Inglaterra, su mercado
principal. Ya no tendría que pasar por Cádiz a pagar impuestos y elevar fletes,2 3 podría llegar directo a teñir los textiles de
la revolución industrial; pero además del tres por ciento que todas las exportaciones debían pagar, el palo debía abonar seis por
ciento si salía en buque español u ocho por ciento si era transportado en barco extranjero. La razón: " ....como artículo que
no pueden ribalizamos los extranjeros(.. .) el palo de tinte será
el de única excepción ... ,,24 Pese a la sobretasa impositiva, el
palo de tinte fue el producto más favorecido. '\hora los yucatecos podrían competir con los ingleses que talaban los tintales del
sur, en Bélice.25 :'-io se trataba tan sólo de una reducción de im23. Regil, 1811, p. 25
24. Reglamento 1814 (citado en la nota 20), Cap. JI ;artículo 9o, Op. Cit., 1978.
p. 502.
25. En 1812 los ingleses extendieron su ocullación a la zona comprendida entre los
ríos Nuevo y Hondo, "ya no se trataba de un establecimiento para corte de maderas en aquel territorio; era una colonia inglesa como Yucatán lo era de España, &lt;;0n sus autoridades civiles y núlitares, sus leyes, su organización administrativa. Y aunque al volver a ocupar el tomo de sus mayores, Femando Vil celebró en el mismo año de 1814, un tratado con Inglaterra, para nada se mencionó
el asunto de Bélice, omisión que entraba en el juego de los ingleses ;y así lascosas, y sin que se suscitara nada con respecto a esa cuestión hasta la época de la
independencia de Yucatán, a quien correspondía dicho territorio, es inconcurso
que el estado de jure existente con relación al alcance de los tratados de 1783 y
1786 celebrados entres España e Inglaterra, con respecto al establecimiento de
Bélice, no sufrió modificación alguna, de donde arrancaron los derechos de México sobre Belice, aunque nunca se tuvieron en cuenta por parte de los gobiernos de nuestro país, sino hasta cuando lisa y llanamente se renunció a la soberanía, como una concesiÓn graciosa hecha a Ingl aterra", Acercto, Albino,
" HISTORIA POLITlCA DFSDE EL DESCUBRIMIENTO EUROPEO HASTA
1920" cap. Xll, pp. 159-164. En: Enciclo¡,edia Yuw1ane11$c, Edición Oficial del
Gobierno de Yucatán, México, 1977, 29 edición.
Ello ocurrió con el tratado Mariscal - St. John el 8 de julio de 1893. Lapointe,
Marie, LOS 11AYAS REBELDES DE YLCATAV, El Colegio de Michoacán,
México, 1983, p. 151.
Respecto al palo de linte confrontar: Millet, Luis, EL PALO DE TINTE Y LAS
OBRAS fl/DRAULICAS EN CAMPECHE. y "Logwood and Archaeology in
Campeche" En: JOl,RNAL OF AN1HROPOLOCICAL RESEARCH, Vol 40,
Ntím. 2, Swnmer, 1984. Toe University ofNew México.

�176 Siglo XIX

puestos, sino de acceso directo a nuevos mercados. El palo de
tinte provenía de las costas campechanas y de la Isla del Carmen llamada entonces Isla de Términos. Y aun cuando se trata' una actividad puramente extractiva, ya que se exportaban
ha de
los troncos para que en Europa se produjera el extracto que teñiría los textiles, Yucatán inauguraba una tradición que el henequén consolidaría sesenta años después: la de constituirse en
productor de materias primas para el mercado internacional
moderno. Para el mercado del capital, sólo el henequén le quitaría, después, el primer lugar en las exportaciones peninsulares
al palo de tinte o palo de campeche.
La sal y el arroz constituían por entonces las dos exportaciones de segunda importancia según las palabras del diputado
Regil y del tesorero Echánove. Según el diputado, la libertad
favoreció la salida de la sal, cuyo destino tradicional era Veracruz, de donde se dirigía a las minas para "beneficiar" la plata.26
Aunque al decir de Echánove, este producto también había sufrido tropiezos en su comercio "desde que la fatal revolución
mexicana, ha privado su interior comunicación con Veracruz ". 27 Regil, mas optimista, apunta que la exportación para
Veracruz había subido de 12 mil fanegas ("cuando estuvo estancada en Veracruz ") a 25 o 30 mil fanegas anuales "sólo para
aquel puerto, que dan ocupación a más de 4 mil toneladas de
buque, y al erario un producto de 7 a 8 mil pesos anuales... "28
Ocasionalmente se había enviado a La Habana pero hacia los
años que nos ocupan ahora (1814) había sido desplazada por la
sal procedente de Cádiz y Lisboa.29 La sal extraída de charcos
costeros padecía de una complicada legislación respecto de la
propiedad de los charcos, de la distribución del producto y de
que su extracción se hacía por medio de trabajadores
indios a quienes el gobierno voluntaria o coactivamente obliga a
este trabajo, nunca o raras veces bien recompensados distrihu26. Suárez Molina, Víctor. LA EVOLUCION ECONOMICA DE YUCATAN A TRAVES DEL SIGLO XIX¡ Ediciones de la Universidad de Yucatán, México, 1977,
Tomo II, p. 377.
27. Echánove, 1814,p. 79
28. Regil, 1811, p. 3. Una fanega de sal equivale aproximadamente a 120 litros.
29. Echánove, 1814,p. 79

A. Garcio Quintoníllo: Y ucatdn a lo hora de lo Independencia

177

yéndolos entre los salineros según el favor que han comprado...30

El arroz, producción novedosa de la península (su introducción ocurrió hacia la década de 1770) vió subir su precio debido
al incremento en su exportación para Cuba. Se calificaba de
"abundantísima" su cosecha pese a que "el indio no se aplica a
su uso ni cultivo".31 Su consumo interno se reducía "únicamente a los acomodados" pero constituía una "utilísima exportación" estimada por Regil en 250 mil arrobas anuales
(aproximadamente, 2750 toneladas). 32
La peletería de venado y en menor escala las manufacturas
de henequén como costales y sogas, así como el tasajo eran
otras exportaciones dirigidas a Cuba principalmente, y en menor escala a Veracruz. Pero éstas, si bien constituían una expectativa de buen comercio eran de mucho menor rango.
Como se ve el Reglamento de Comercio de 1814 destinado
a abrir el comercio yucateco a todas las naciones amigas y neutrales, significó poco en términos de nuevos mercados. Solo el
palo de tinte pudo ampliar el ámbito mercantil al eliminar la
triangulación de Cádiz. En general se mantuvieron las líneas
tradicionales de exportación, y en realidad las cosas no podían modificarse de manera radical mientras Yucatán no transformase su estructura productiva o se eliminaran las restricciones coloniales vigentes en la región.
Por otra parte, las perspectivas de importación que el reglamento abría resultaban también atractivas para Yucatán en varios sentidos. La harina, que la península no podía producir y
que se traía de Veracruz, podría ahora importarse de otros lugares. Ello resultaba particularmente importante en 1814 ya
que con la Guerra de Independencia se había prohibido su ex30. Regil, 1811, pp. 17-18
31. Echánove, 1814, pp. 78-79
32. Regil, 1811, p. 3.Echánove, 1814, pp. 78-79

�A. Garc(a Quintanilla: Yucatán a la hora de la Independencia

178 SigloXIX

tracción por aquel puerto.33 Otro tanto ocurría con el maíz,
que aún siendo la producción más importante de Yucatán, se
escaseaba con frecuencia como resultado de sequías o de la langosta. _\mbos productos fueron totalmente liberados de impuestos, con la excepción de las harinas extranjeras que debían pagar un impuesto diferencial según que llegaran en buques españoles o extranjeros.34
Pero había otro elemento interesante en esta cuestión de
las imporlaciones y era el hecho de que ampliaba las posibilidades de reventa, de reexportación, lo cual, para un puerto dotado de una extensa flota resultaba muy atractivo. El comercio
de reexportación era además un comercio de consideración para Campeche. ~cgún Regil (nuestro ya citado diputado campechano), en 1804, el año más reciente del cual existían datos respecto del comercio campechano (y además, año en el que era el
único puerto habilitado de la península) la importación de productos extranjeros sumó 120,145 pesos y 3 1/2 reales.35 Es decir que casi todos los productos extranjeros que llegaban a
Campeche estaban deslinados a la reventa externa. Sin duda, al
permitir la entrada (aún cuando hubiese impuestos de por medio) a los textiles extranjeros (¿ingleses·~) y a los licores cubanos, la mira estaba puesta en su reventa al exterior, más que .en
un mercado interno reducido y escasamente monetizado. Las
quejas contra el contrabando de estos dos productos abundan
en los siglos X V111 y XIX, as í que no resulta descabellada la hipótesis de una búsqueda de libertad a la reventa que permitiese
además la captura de fondos por la vía arancelaria para las deficitarias arcas yucatecas. Deficitarias por la debilidad de su propia economía e indirectamente por un comercio exterior tradi-

33. Regil, 1811, pp. 13-14
34. Reglamento 1814, p. 506 (citado nota 20).
35. Regil, 1811, pp. 7-8. Cabe señalar la contradicción que aparece entre los datos
citados y la afinnación posterior de Regil (p. 20) en el sentido de que fu e en
1806 cuando se autorizó a introducir en Veracruz el sobrante de las importaciones directas de España.

179

cionalmente en números rojos.36

IV.
\nte este panorama de déficits y de expectativas de prosrridad vía libertad comercial, la Independencia se asumió de
manera negociada. Para Campeche se abría la perspectiva de penetrar a un mercado al cual no había tenido arceso directo pues
\ eracruz se había interpuesto; para \lérida las cosas no eran tan
claras pues el ámbito de su acción poi ítica ) comercial sufría alteraciones cuyos resultados se presentaban difíciles de evaluar.
\o podía negarse pues Campeche estaba decididamente a favor.
igual que Tabasco, provincia subordinada a su intendencia. Por
otra parte, los ingleses, amenaza constante desde el siglo X\'II,
habían estado en poder de la lsla del Carmen durante casi un
siglo. explotando el palo de tinte. Su expulsión de la Isla, en
1716, no había limpiado el área de piratas, pues ahora estaban
en tierra firmr , en la parte sur de la provincia. Ello había significado precauciones y gastos de guerra } todos los buques que
se acercaban a sus puertos pagaban un impursto "voluntario"
del uno por ciento para mantener una cañonera que defendiese
la Isla del Carmen. 37 Por ahora los yucatecos -según lo sugieren las fuentes consultadas- ~ particularmrnte los mác, conservadores se sentían "españoles-americanos-yucatecos" y no

36. Regil, 1811, p. 28. consigna algunos datos sobre esta materia:
Año

lmportaci6n

pesos
1790
653,670
1791
572,059
897,112
1792
428,8 16
1793
1794
430,202
619,301
1795
1796
1.021,677
270,656
1797
1.325,215
1804
*Superávit.
37. Regil, 1811 , p. 29 Real cédula de 1807 y

Exportación
405,552
589,163
556,299
257,409
463,467
379,948
585,534
189,514
959,577

pesos

Déficit
248,118
17,104
340,813
171,407
*33,265
239,353
436,143
· 81,142
365,638

Reglamento 1814, art. 25.

�180 Siglo XIX

•,4. Careta Quintanílla: Yucatdn a la hora de la Independencia

So Que para precaver los irresarcibles perjuicios que resultarían de la
interrupción del comercio entre aquellos y estos puertos (Villahermosa y Campeche, A.G.Q.), se acuerde del mismo modo su
continuación, bajo las reglas, aranceles y seguridades, actualmente
estahlecidas.39

se percibe ni siquiera un coqueteo anexionista respecto de los
ingleses.
\itérida intentaba mantener la libertad que el Reglamento de
1814 le permitía. Por ello, al ser inevitable definirse a favor de
la Independencia (1821) se intentó una posición de neutralidad con España, que pese a incomodidades y conflictos, logró
prorrogarse hasta 1825. El "Acta De La Junta General", donde
Yucatán proclama su Independencia (15 de septiembre de
1821), es clara respecto de-las intenciones de conservar tanto en
lo interno como en lo externo la situación prevaleciente: se
continuaría respetando el orden impuesto por la constitución
de Cádiz38 y se reconocía "como hermanos y amigos... a los
españoles europeos" a fin de continuar "pacíficamente... todos
los negocios y transacciones de la vida civil". Dada la importancia de estas declaraciones, cito de manera textual los artículos
que contienen estas afirmaciones:
2o Que para afianzar más eficazmente los derechos sagrados de la libertad, propiedad y seguridad legítima, elementos que constituyen el orden público y la felicidad social, acordaron que sin la menor alteración se observen las leyes existen les, según el orden constirucional, y se respeten las autoridades en todos los ramos de gobierno, actualmente establecido.
3o Que reconoce por hermanos y amigos a todos los americanos y
españoles europeos que abundan en sus mismos sentimientos y
que sin turbar el reposo civil de que goza toda la provincia que como objeto preferente se desea const&gt;rvar, quieran comunicar pacíficamente con sus habitan les en razón de todos los negocios y
transacciones de la vida civil.

38.

Ya la constitución de cádiz se había ocupado de atacar los privilegios ancestrales que pesaban sobre el maya. Especialmente los de los curas al eliminar las
observaciones parroquiales. Lo cual desde 1812 había alentado el surgimiento y
el debate entre liberales y conservadores en Yucatán, y específicamente en Mérida. El revuelo fue mayúsculo y algunos h"berales fueron enviados a San Juan de
Ulúa, entre ellos Lorenzo de Zavala que a partir de la Independencia destacaría
en la escena nacional por su posición hl&gt;eraL Extrañamente moriría como texano en su rancho Zavala's Pont en 1836, a los_ 48 años. Este grupo fue conocido
como los Sanjuanistas.

181

Pese a exhabruptos y conflictos, se logró mantener el comercio con Cuba hasta 1825. La neutralidad con España no se negó por escrito sino hasta 1824. Veamos ahora, desde la perspectiva interna, la situación que Santa Anna calificó de explosiva y
peligrosa en julio de 1824, y que llevó a Yucatán a una redefinición de mercados y de la producción. En suma, a un nuevo proyecto económico que, paradójicamente, Santa Anna desde la
Presidencia contribuiría a clausurar en 1842, al emitir un decreto que declaraba a Yucatán enemigo de la nación y piratas las
embarcaciones yucatecas que tocaran puertos nacionales. El fantasma de la neutralidad volvería a aparecer; entonces sería con
Texas, y con ese fantasma, Santa Anna sería mucho menos comprensivo.

v.
\ la llegada de Santa Anna, en 1824, el Augusto Congreso
del Estado ya estaba en plena discusión respecto de la ruptura
comercial con Cuba, de los alcances y límites del Congreso Nacional, y ya desde antes de la instalación del Congreso del estado (20 de agosto de 1823), la Diputación provincial (emanada
de la Constitución de Cádiz en 1820 y vigente aún, según ya
veíamos) se había ocupado de la proclamación de la república
federal el 29 de mayo de 1823.40 El régimen federal significaba
la posibilidad de dar continuidad a la autonomía que ya Yucatán se había dado desde 1814, así como de salvar su espacio comercial.
39.

"Acta de la Junta General, en que Yucatán Proclamó su independencia de España". Reproducido por E. Ancona, 1978, corno apéndice al tomo IIL p.p.
496-499.

40.

Ancona, Eligio, 1978, p. 274

�182' Siglo XIX

El licenciado Eligio Ancona, escrupuloso historiador liberal
que entre otros cargos públicos se desempeñó como gobernador de Yucatán, primero en J 868, por disposición del presidente Benito Juárez y después en 1874-1876, primero por dísposición del Congreso del estado y posteriormente, por elección
popular,41 analiza en su Historia de Yucatán (1878) las razones
que llevaron a los yucatecos a la decisión de unirse a México y
adoptar el régimen federal:
Ciertos hábitos de independencia y libertad contraídos en la península durante los últimos tiempos del período colonial, habían hecho nacer en sus habitantes la aspiración de gobernarse a
sí mismos. Pero como no se les ocultaba que la provincia carecía
de algunos de los elementos necesarios para constituir una nación
independiente, y como además, su situación geográfica, su comercio y otros vínculos no menos poderosos, creados también desde
la época de la dominación española, la impulsaban a marchar unida a la antigua ueva España, se creyó con mucho acierto que estos dos intereses opuestos quedarían conciliados con la proclamación del regimen federal. 42

A partir del análisis del licenciado Ancona puede hacerse
una lectura entre líneas de la condición primera del acta en que
Yucatán proclamó el regimen federal:
Que la unión de Yucatán será la de una república federada, y no
en otra forma, y por consiguiente tendrá derecho para formar su
Constitución particular y establecer las leyes que juzgue convenientes a su felicidad. 43

Entre las primeras acciones del "Augusto Congreso Constituyente" (estatal) estuvieron las de ratificar el federalismo y
sentar sus bases. Su primer presidente fue nuestro viejo conocido, el diputado campechano Pedro Manuel de Regil.44
41. Suárez Molina, Víctor, 1977, Tomo I, pp. 36 y 39.
42. Ancona, Eligio, 1978. Tomo UI, pp. 275-276.
43. "Acta de proclamación de la República Federal" reproducido por Ancona.,
Eligio 1978, Tomo III, p. 276-277.
44. Colección de Leyes, Decretos y Ordenes que expidió el Augusto Congreso
Constituyente del Estado Libre de Yucatán. Comprende del 20 de Agosto de
1823 al 31 de Mayo de 1825. Tipografía de G. Canto, 1896. Decretos, 1, 3 y 8.

A. García Quintanilla: Yucatdn a la hora de la Independencia

183

Pese a los intentos por preservar sus relaciones mercantiles,
fuente importante del erario, la sentencia estaba firmada. El Acta Constitutiva acional (31 de enero de 1824) contenía la &lt;lis.posición de que ningún estado podría imponer derechos de tonelaje ni de importación o exportación sin el consentimiento del
Congreso General.45 El erario, recién nacionalizado, enfrentaba
el mismo dilema. del erario estatal, debía favorecer la libertad
comercial y a la vez recaudar los fondos que la joven república
en guerra requería para sobrevivir. Un dilema grave, cuando uno
de los eventos principales para aglutinar a los insurgentes fue el
anhelo de libertad (comercial). En el caso yucateco, este "anhelo de libertad comercial" salió a relucir con toda evidencia como el punto central en las negociaciones de la conformación nacional. En el nivel regional se disputaban la supremacía política
dos grupos: el de Campeche y el de ~érida, apoyándose uno en
sus mejores perspectivas y en la posibilidad real de integrarse al
mercado que ahor.a sería nacional46; el otro defendiendo su supremacía política en la región, las fuentes de ingresos para mantenerla, su único canal comercial, y su anhelo de libertad comercial, pues, entre 1814 y 1824, las medidas para liberar su comercio no le habían permitido pasar de la esperanza a la concreción.
En el plano nacional era el territorio, la misma integridad nacional la que estaba jugándose. Pero también se negociaba el proyecto de país, la autonomía comercial que conducía directamente a la autonomía política de los estados frente al poder
central estaba jugándose su definición y sus límites. A través de
las resoluciones emanadas del "Augusto Congreso Constituyente
del estado Libre de Yucatán" entre el 20 de agosto de 1823 (fecha de su instalación) y fines de 1824, puede observarse esta
primera etapa de la disputa por la nación. Etapa que sentaría las
45. Ancona, El.igio, 1978, Tomo 3,p. 285.
46. En 1823 se plantea en Campeche el cambio de ciudad capital. Los diputados
campecru:.nos en 1861 relatan como Campeche,estaba e~, mejores posibilidades
de responder al gobierno federal. Según se vera, su vers1on respecto de los hechos concuerda con el planteamiento de Santa- Anna quien en 1824, "en sesión secreta del Congreso de la Unión (30, septiembre) es acusado de haber
malversado los fondos que se le enviaron para reclutar marineros en Campeche,
de tener sobre las armas mayor número de fuerzas del que era necesario", y

�184 Siglo XIX

bases para el desarrollo regional hasta mediados de siglo. Veamos.
Lo primero que destaca son las diversas órdenes y decretos
mediante los cuales se establece una política arancelaria propia,
y en la cual, desde la perspectiva económica tan sólo se trata de
nuevas leyes para viejos reglamentos. 47
En el mismo sentido, pero otro plano, hay que reseñar la
Orden del 10 de septiembre de 1823, en donde después de
reafirmar su decisión de confederarse se hace una profesión de
adhesión nacionalista, muy interesante en el contexto que venimos reseñando y base de las disposiciones que en seguida veremos;
de exceso de benevolencia con Yucatán (Mérida). Esta es la versión de Bigio
Ancona ;la versión de los diputados campechanos es la siguiente:
"No pudo ponerse de acuerdo la diputación provincial con el ayuntamiento esto
es, Mérida con Campeche, y la disidencia siempre existente fue acrecentándose.
Los que dirigían la política en Mérida, consideraban a Yucatán, después de su
adhesión el plan de Casa-Mata, en cierta independencia, y creían que debía
establecerse una especie de gobierno supremo que debia dirigr la provincia hasta
que llegara el día de reconocer al gobierno nacional. Los intereses mercantiles
de Mérida estaban de tal manera ligados con Cuba, que los habitantes de esa
ciudad huían de toda situación que los forzase a una declaración de guerra y a
un rompimiento de hostilidades con España y sus colorúas fieles. Comprendían muy bien que el día que tal sucediese, acababa el comercio de Sisal con la
Habana. Por esta razón no querían declarar urúda la provincia a México, sino
que querían guardar cierta neutralidad que no entorpeciese aquel tráfico, y
cuando llegase la ocasión oportuna de unirse, no hacerlo lisa y llanamente, sino
bajo ciertas condiciones que pusieran a salvo la situación especial de Yucatán.
La diputación provincial, eco de estas ideas, celebró un acuerdo en 25 de abril y
dio un manifiesto el 27 en este sentido.
En Campeche no sucedía, lo que en Mérida. Su principal comercio, el de la sal,
lo hacia con los puertos del Seno mexicano. Esto unido a su ardiente patriotismo, que miraba como peligroso a la independencia hasta las relaciones mercantiles con España y sus colonias, al deseo de formar desde luego parte de la
nacion mexicana, y más que todo, al espíritu funesto de contradicción que dominaba a los dos pueblos, le hizo proceder de diferente manera".
Aznar y Carbó, op. cit., 1861, p. 31.
47. Decreto destilación e importación de aguardiente de 13/oct./ 1823 .
Decreto importación de aguardiente de 28/sept./1824.
Decreto cultivo, importación y exportación azúcar de 13/oct./1823.
Sobre palo de tinte, plata y cacao, decreto de 24/oct./1823.
Sobre impuestos arancelarios, decreto de 17/nov./1824.

A. Carc(a Quintanilla: Yucatán a la hora de la Independencia

185

Yucatán se considera obligado y está resuelto a defender con tocias sus fuerzas la Independencia y Libertad de él, no como una
potencia aliada, sino como parte integrante de la ación y bajo
las ordenes del Supremo Poder Ejecutivo Centrat.48

Casi un año después, en junio de 1824, ante las presiones para romper con Cuba y declarar la guerra a España, se prorroga
esta declaración y se pide al gobernador que de nuevo argumente a S. \.S.
que para romper ): ucatán su comercio con Cuba, la Federación
cuyos demás Estados no se hallan en situación tan precaria, debe
sostener a éste, y asegurando en él su socorro, sin el cual quedaría
expuesto a perecer sin recurso, podrá, sin comprometer visiblemente su exislencia, concurrir más abiertamente que ahora a la
guerra en los mismos términos que desea y que le ordena el CoLiemo de la Federación ...49

Dos días después, el 28 de junio de 1824, se declara y
previene que los artículos de pro&lt;lucción española o procedentes
ele puerlo español, importados hasta al10ra en Campeche bajo la
gara11tía de la Autoridad Suprema ele/ fstado, ,w caigan. .. en
la pena de comiso (el subrayado es mío).5

º

Campeche presionaba para cortar lazos con España, y el
Congreso, de mayoría emeritense pese a su presidcnle campechano, defendfa las posiciones de \lérida.
En septiembre se le pusieron claros los asegunes al Congreso
General, al autoconcederse el A. Congreso del Estado "la facultad de suspender el cumplimiento de una ley dictada por el Con48. Orden del 10 de septiembre de 1823. En: Colección de Leyes, Decretos y Or•
denes del Congreso Constituyente, 1896, op. cit.
49. Orden del 26 de Junio En: Colección de Leyes, Decretos y Ordenes del Con.
greso Constituyente, 1896, op. cit
50. Orden del 28 de Junio de 1824. En: Colección de Leyes, Decretos y Ordenes
del Congreso Constituyente, 1896, op. cit.

�186 Siglo XIX

greso General siempre que infiriese perjuicios graves e irreparables a los derechos e intereses esenciales del Estado". Se argumentaba que si el Congreso dictaba
alguna vez una ley que por accidentes imprevistos o por circunstancias peculiares infiriese perjuicios graves e irreparables a los
derechos eminentes o intereses esenciales de alguno de los Estados federados, su Legislatura tiene la facultad de suspender su
cumplimiento, mientras que exponiendo justificadamente los
motivos, el Con~eso Soberano, previa su discusión, ractifica o
rectifica la ley ... 1

Según se vé, esta discusión se hacía extensiva a todos
los estados ...
Un par de semanas después de la anterior declaración fue
imposible seguir retrasando la ruptura con Cuba. Sin embargo,
se logró. Se prohibió la importación desde la Isla, pero con tres
importantes excepciones: azúcar, café y aguardientes. Estos últimos seguirían llegando "mientras no se obtenga de los supremos poderes centrales, a quienes se ha dado y dá cuenta motivada de esta resolución, la que fuese justa y que será puntualmente ejecutada". Lo cual ocurrió al siguiente año, de 1825.

A. Garc(a Quintanilla: Yucatán a la hora de la Independencia

187

dos Males, uno mercantil y otro político. Mercantil porque entonces se desenvolvió un ruinoso contrabando con el establecimiento limttrofe de Belice, a donde fueron sin embozo para
proveerse los comerciantes de por menor y por mil vías surtieron ya cómodamente a los pueblos interiores dejando en la inercia
y en el olvido los mercados de Mérida y Campeche cuyos altos
precios corrientes los arredraba. Político, porque produciendo tal
estado de cosas un descontento general tomó entre otros este
pretexto el movimiento que, en 1840, produjo la escisión de esta
provincia.52

Entonces Yucatán volvería a defender el federalismo, pero
ahora contra el centralismo. Volvería Santa-Arma y otros fantasmas. Y al regresar el estado a incorporarse a la nación en
1848, lo haría para otra vez replantearse las bases de su prosperidad y de su progreso. Más que el cierre del mercado nacional
ocurrido entre 1842 y 48, los mayas que también tenían un
proyecto propio, se sublevaron en 1847 para destruir los cañaverales, para cancelar las perspectivas de expansión.
Después de la cancelación de este segundo proyecto, se regresaría al mercado externo. La gran producción henequenera
por fin posibilitaría a los dominantes alcanzar su orden, su
progreso y su gran prosperidad.

Con esta medida se cancelaba un mercado y un proyecto
económico. Ahora se intentaría la integración al "mercado nacional" y se empezaría a formar el mercado local. La caña de azúcar, el dulce y el aguardiente serían el eje dinámico, la esperanza
de Yucatán hasta la década de 1840. Durante esa década, la
cuestión arancelaria volvería a aparecer como problema pues
desde 1827, Yucatán lograría la rebaja de dos quintas partes respecto de los derechos de arancel vigentes para el resto de los
puertos nacionales. Esta gracia se cancelaría en 1837 y con ello
se provocarían

Hoy, el estado empieza a dar síntomas de reorientación de
su estructura productiva. Apenas ahora, desde la pasada década
(1970) ha empezado a enviar su producción hacia el mercado
nacional. Pero la integración que se intentó entre 1825-40 no
tiene nada que ver con la que hoy ocurre. Es más bien la tendencia contraria, la integración con el exterior, la que tuvo la
fuerza para hasta hoy expresarse como continuidad.

51. Orden del 16 de septiembre de 1824. En: Colección de Leyes, Decretos y Ordenes del Congreso Constituyente, 1896, op. cit.

52. Peón, Alonso Manuel y Regil, José Ma. Estadística de Yucatón, publÍcase por
acuerdo de la R Sociedad de Geografía y Estadística de 27 de enero de 1853,
pp. 269-270.

�Los Intereses Británicos y la Política en Venezuela
en las últimas Décadas del Siglo XIX
María Elena González Deluca*

INTRODUCCION
La idea de que fos países latinoamericanos recién independizados caen dentro del nuevo cerco económico formado por
el imperialismo británico es una de las generalizaciones menos
discutidas de la historia latinoamericana, y también una de las
menos estudiadas a nivel de áreas particulares. La mayor parte
de los estudios publicados tiende a centrarse en áreas latinoamericanas donde los intereses económicos británicos alcanzaron su
más acabada expresión, es decir en los países del cono sur del
continente, Brasil y en alguna medida Perú. La experiencia histórica particular de estos países ha sido probablemente la que
generó la idea señalada al comienzo. En tanto que las áreas donde los intereses económicos de Inglaterra fueron menos significativos aparecen como la zona difusa del cuadro, tácitamente
comprendidas, sin embargo, dentro de aquella generalización.
Este trabajo que es en realidad un esquema ampliado de una
investigación en curso, pretende considerar el problema en la
forma que adquiere en esa zona difusa mencionada. El propósito central es estudiar las relaciones entre los intereses económicos británicos en Venezuela y las condiciones socio-políticas
venezolanas hacia las décadas finales del siglo XIX. La hipótesis que se maneja es que el proceso histórico interno venezolano
* Facultad

de Humanidades y Educaci6n, Universidad Central de Venezuela. Este
artículo fue publicado previamente en Boletfn Americanista, 30, Universidad de
Barcelona, 1980. La autora lo presentó como ponencia en el XLlll Congreso Internacional de Americanistas, Vancouver, 1979.

�190 Siglo XIX

que supuestamente debía generar condiciones sociales y políticas favorables a la expansión de los intereses del capital europeo, evoluciona de forma tal que frustra las esperanzas en ese
sentido mantenidas tanto por sectores dominantes en Venezuela como por los capitalistas europeos, y en particular británicos
que son los que interesan en este trabajo. El proceso interno es,
entonces, la variable determinante del análisis, lo cual permitiría
afirmar como corolario que el capital británico no dominaba
donde quería sino donde podía.
El esquema está concebido en tres partes cuyo contenido es
el siguiente. En la primera parte se analiza brevemente el proceso económico de la Revolución Industrial que dio lugar en su
desarrollo a un cambio en la estrategia de la expansión económica externa de Gran Bretaña. Ese cambio estuvo dado por el
paso de una modalidad que durante la primera Revolución Industrial privilegia el comercio de bienes de consumo, particularmente textiles, eomo mecanismo de expansión, a una nueva estrategia durante la segunda Revolución Industrial, más perfecta
y diversificada. Esta nueva estrategia tendía a propiciar, mediante
la exportación de capitales y bienes de capital, el desarrollo de
condiciones que permitieran la expansión de los intereses del
capital. De esta manera el capital cumplía un doble papel reproductor: por una parte al invertir en transportes, comunicaciones y servicios creaba condiciones favorables a las inversiones, y a la vez se beneficiaba directamente con la operación de las empresas establecidas. El lugar que corresponde a
América Latina dentro de esta nueva estrategia resulta claramente significativo del manejo de datos cuantitativos y del
análisis comparativo de la situación en otras áreas.
En la segunda parte se intenta registrar el cambio de estrategia señalado en Venezuela. Por ello el punto de partida cronológico del análisis es anterior al período en consideración.
En la etapa exploratoria que comprende hasta la década de
1850, los intereses británicos más importantes y más estables
estuvieron vinculados al comercio exterior. En las últimas dé-

M. E. Gonzdlez Deluca: intereae, britdnico1 y polftica en Venezuela

191

cadas del siglo XIX, particularmente a partir de la década de
1880, se apreciaron los resultados de la nueva política asociada
a la exportación de capitales y bienes de capital. La situación a
fines del siglo indicaba que el doble papel reproductor asignado
a las inversiones británicas tendía al fracaso por los obstáculos
encontrados en Venezuela.
La tercera parte del trabajo analiza la política venezolana
que se correspondía en sus lineamientos teóricos más generales
con la llamada nueva estrategia del capital británico. Esta confluencia, cuyo resultado esperado debía ser la conformación de
condiciones para promover el progreso, ese equivalente decimonónico del desarrollo actual, no logró conformar una corriente efectiva. Las razones que explicarían esta fracasada tentativa
de expansión de los intereses británicos, radican a nuestro juicio en las contradicciones y dificultades de la misma política.

l. LA UEVA ETAPA EXPANSIVA DE LOS I TERESES
BRITANICOS
La capacidad de expansión de Gran Bretaña en la segunda
mitad del siglo XIX fue expresión de un proceso acumulativo
de poderío económico que tenía entonces una larga historia. Al
igual que España, Inglaterra(*) había tenido y había perdido,
aunque no completamente, un imperio mercantilista. Pero al
contrario de aquella, su fuerza expansiva no sólo no había quedado interrumpida con la caída del imperio, sino que el proceso
económico que comenzó paralelamente con la pérdida de las
colonias norteamericanas, le dio fuerzas renovadoras para iniciar
un proceso de expansión sin precedentes, ·y sin rivales durante
casi todo el siglo XIX. Hasta la segunda mitad del siglo, Inglaterra fue construyendo los mecanismos de su expansión, aunque
los dos procesos se dieron simultáneamente. Es decir no hubo
primero un período de construcción y luego un período de expansión, sino que ambos conformaron un proceso estrechamen-

•

Gran Bretaña e Inglaterra se emplean como nombres intercambiables, en tanto
que ambas comprenden el área geográfica que nos interesa.

�192 Siglo XIX

te asociado en el que los mecanismos económicos nutrían la expansión y vicevtrsa. De esta forma comenzó el proceso de creación de un mercado de dimensión mundiales del cual el capital
británico fue pionero y cabeza hasta fines del siglo pasado.
Dentro de ese proceso cabe distinguir dos momentos dados por
la preeminencia de mecanismos de expansión de características
diferentes: en el primero la exportación de textiles, en el segundo la exportación de tecnología y capitales. Es en el segundo momento cuando Inglaterra alcanzó el punto máximo de su
poderío económico y político que envolvió a América Latina
como área particularmente significativa dentro del proceso mencionado.

De la Estrategia Comercial a la Estrategia Invers;onista
Desde muy temprano la economía industrial británica se
expandió asociada al comercio internacional, relación que se intensificó a lo largo del siglo XIX por el largo monopolio de la
industrialización. La significación de las exportaciones en el crecimiento económico de Gran Bretaña, se aprecia claramente a
través del análisis de su relación con el ingreso nacional, que
demuestra su importancia creciente: de un 130/o del ingreso nacional a fines del siglo XVIII las exportaciones pasaron a representar un 22 1/20/o a comienzos de los años 1870. El papel del
mercado externo fue particularmente decisivo en el desarrollo
de las grandes industrias. Asf, la industria de textiles de algodón
exportaba más de la mitad del valor total de su producción en el
período 1819-21, proporción que siguió aumentando hasta superar el 780/o a fines del siglo. Parecida importancia tuvieron las
exportaciones de la industria del hierro y del acero que desde
los años 1860 en adelante colocaba alrededor del 400/o de su
producción en el mercado externo. 1
Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XIX las dimensiones del comercio exterior permanecieron dentro de límil. Deane y Cole, Britúh Economic Crowth, 1688-1959. Cambridge, Cambridge
University Press, 1969, pp. 187,225 y 309-10.

M. E. Com:ález Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela

193

tes relativamente estrechos, en comparación con el desarrollo alcanzado posteriormente. Ni la producción de mercancías, ni la
acumulación de capitales habían crecido al punto que haría
compulsiva la expansión de las últimas décadas del siglo. Por
otra parte prevalecían todavía las barreras tecnológicas que impedían o dificultaban la movilización rápida y eficiente de recursos humanos y materiales. Incluso las características mismas
del desarrollo industrial más avanzado de Europa -el británicoen la primera mitad del siglo XIX restringían las posibilidades de
expansión. En efecto, la exportación de bienes de consumo inmediato, particularmente textiles, no propiciaba una modificación substancial del mercado internacional. En primer término
porque la demanda de esos productos era relativamente inelástica, particularmente en áreas donde la población crecía muy
lentamente y su poder adquisitivo no era muy elevado; y en segundo término porque se trataba de un tipo de producción no
reproductiva, sin capacidad para modificar las condiciones del
mercado, y por lo tanto para generar nueva demanda.
La segunda fase de la Revolución Industrial cambió esta situación dando lugar a una nueva dinámica económica que multiplicó el crecimiento del comercio internacional y, particularmente, la capacidad de expansión británica. Entre 1800 y 1830
el valor total del comercio internacional se había incrementado
en un 30%, de 300 millones de libras a 400 millones de libras
aproximadamente. En las décadas siguientes entre 1840 y 1870,
se multiplicó más de cinco veces, y hacia la última fecha había
pasado de 2.000 millones de libras. 2 Esta ruptura del hasta entonces relativamente estrecho marco de la economía industrial,
era resultado fundamentalmente del continuado proceso de expansión de la industria británica apoyada ahora en la exportación de bienes de capital y capitales y en el control de los servicios asociados al comercio internacional.
En esta nueva etapa que se inicia mediados del siglo XIX, la
importancia de la exportación de textiles de algodón y lana en
2. Hobsbawm, Industry and Empire. Londres, penguin Books, 1972. p. 139.

�194 Siglo XIX

el comercio de exportación británico fue decreciendo de una
proporción superior al 550/o en 1830 a un 440/o aproximadamente en 18803 , en tanto que fue aumentando el valor de las
exportaciones de bienes de capital de alrededor del 11O/o en
1840-42 al 27% del total en 1882-84.4 Paralelamente se incrementaron las inversiones externas de un valor aproximado de
250 millones de libras a principios de los años 1850 a casi
1.000 millones de libras. hacia 18735 , calculándose que entre
1870 y 1914 el monto del capital exportado por Gran Bretaña
fue de 3.500 millones de libras6 aproximadamente. Las inversiones externas conformaron en este período un mecanismo ·de
expansión incomparablemente más refinado y efectivo que los
textiles, en tanto que no solamente incrementaron los ingresos
por concepto de las llamadas ganancias invisibles, sino que estimularon directa e indirectamente las exportaciones de la industria británica. En este sentido los ferrocarriles jugaron un papel
clave.

Según estimaciones, entre 1865 y 1894, el 60% de los capitales procedentes de emisiones de valores del mercado de Londres para inversiones en ultramar, se destinaron al financiamiento de los ferrocarriles.7 La tecnología del transporte ferroviario
constituyó una forma de inversión particularmente provechosa
para el capital excedente británico debido a tres razones fundamentales: l. La gran capacidad de absorción de capitales de los
ferrocarriles. 2. La construcción y operación de ferrocarriles
estimulaba directamente la producción de hierro, carbón, acero
y la industria metalúrgica en general, que. constituyeron las exportaciones británicas más significativas de la segunda mitad del
siglo XIX. 3. El ferrocarril tendía a modificar favorablemente
las condiciones del mercado, al permitir el transporte más rápi3. lmlah A., Economícs Elements in the Pax Brítannica. Cambridge, Massachussetts,
HaIVard Urúversity Press, 1958, pp.104 y 107.
4. Hobsbawm, op, cit., pp. 109-10 y 139.
5. Hall, A. R., 1ñe Export of Capital from Britain, 1870-1914. Londres, Methuen
&amp;, Co. Ltd., 1968, p. l.
6. Crouzet, F., "Commerce et Empire". Annales. París No. 2, Mars-Avril, 1964, p.
286.
7. Deane y Cole, op. cit., p. 234.

M. E. Gonzd/ez Deluca: intereses brítdnicos y pol(tica en Venezuela

195

do, eficaz y menos costoso de la producción y la población a
los puertos y centros de consumo. A la vez que facilitaba la
apertura de nuevas zonas de producción y poblamiento.
Por otra parte los servicios navieros, de seguros, y financieros , vinculados al comercio internacional también funcionaban
en este período bajo el control británico. Durante este período
Gran Bretaña afirmó su condición de primera potencia marítima. El valor del tonelaje construido y registrado en el país pasó
de 4.7 millones de libras en 1850-59 a 14,9 millones de libras en
1875-84 y 16,7 millones en 1900-1908.8 Además, Gran Bretaña controlaba más del 40% del total del tonelaje mundial.
Como consecuencia, las ganancias producidas por los servicios
navieron británicos se incrementaron así: de 16,5 millones de
libras en los años 1845-54, a 56.6 millones de libras en 1875-84
y 75,7 millones de libras en 1900-08.9 Hasta comienzos de la
década de 1870 estas ganancias excedieron el valor de los intere~es y dividendos de las inversiones británicas en el extranjero.
En estos años los inwesos invisibles británicos cubrieron el déficit de su balanza comercial, cuando el ascenso del nivel de
vida de su población determinó un aumento considerable de
sus importaciones de alimentos, en tanto que sus exportaciones de productos manufacturados enfrentaban una creciente
competencia.
Las Condiciones de la Estrategia Inversionista.

La expansión económica de Gran Bretaña fue acompañada
de una política que perseguía abrir mercados en nuevas regiones que se incorporarían de ese modo a la órbita de los intereses económicos británicos. Aunque hasta mediados del siglo
XIX sn área naturalmente prioritaria de expansión estuvo representada por los restos de su imperio mercantilista, particularmente la India y los dominios, de ningón modo fue el área
exclusiva. Inglaterra entendía muy bien que la exigencia funda-

s.

/bid.
9. /bid.

�M. E. Gonzdlez Deluca: intereses bri.tdnicos y política en Venezuela

196

197

Siglo XIX

mental de una economía en expansión era un mercado en expansión, por lo cual en ningún moment? descuid~ ~a búsqueda
de nuevos mercados fuera de sus colomas y domlillOS. La proporción de las exportaciones británicas colocadas dentro del
Imperio en ningún momento en el siglo XIX fue mucho más d~
la tercera parte del total. Por otra parte del total de 1.187 millones de libras en créditos externos entre 1815 y 1880, no
más de la sexta parte se invirtió en los territorios imperiale~.
Incluso en 1913, después de la incorporación de más de 6 ~1llones de Km. 2 al dominio británico entre 1880 y 1900, las ID·
versiones en el Imperio representaban alrededor del 47°/o de las
inversiones exteriores totales de Gran Bretaña. Es decir, que durante más de un siglo los territorios que no pertenecían fo_rm~mente a la nación británica constituyeron un área por demas Sig·
nificativa de su expansión económica. En el llamado períod~ de
la Pax Británica, que va desde el fin de las Guerras N~poleómc~
a los años 1880, la sólida preeminencia de su industna le_ permitió a Gran Bretaña imponer las reglas del iue~o sin necesidad de
emplear los tradicionales mecanismos de la conquista territorial
para controlar los mercados. De allí que_ para ~u~os a~tores ésta sea la era anti-imperialista de la políbca bntámca. Sm embar10
go, como lo han observado John Gallagher Y_ Ronald Robinson ,
lo que ocurrió fue un cambio en la estrategia glo\)al de la expansión que permitió no el abandono de los viejos métodos de dominación, pero sí la adopción de otros que la supremacía económica hacía viables.
La penetración e incorporación de áreas f~rm~ente independientes no fue, como lo demostró la expenenc1a de los préstamos a gobiernos latinoamericanos en la década de 1820, un
simple problema de oferta de mercancías. Si ?i~n ~a con~ción
pionera de la industria británica suponía el P?vilegio de dis~tar de mercados en forma más o menos excluSiva, ese era un pnvilegio que en gran medida había que crear dadas las limitacio10. Gallagher y Robinson, "Toe Imperialism of Free Trade". A. G. L. Shaw, Great
Britain and the Colonies, 1815-1865. Londres, Methuen &amp; Co. Ltd., 1970,pp.
142-163.

nes de los nuevos mercados potenciales. El proceso continuo y
en constante crecimiento de la producción industrial requería
mercados que absorbieran también en forma contínua y creciente esa producción. Y ese tipo de mercado sólo existía en
unos pocos países europeos, y en alguna medida en los Estados Unidos. En el resto del mundo predominaba todavía el intercambio comercial más o menos periódico, sobre la base de
un volumen relativamente reducido de bienes que correspondía
a las condiciones políticas, sociales y fiscales del mercado anterior a la Revolución Industrial. Para constituír un mercado que
respondiera a las necesidades de un flujo contínuo y creciente
de compra y venta de la industria moderna era preciso, entonces, operar sobre las condiciones que obstaculizaban la expansión. Esto suponía una diligente tarea en la que Gran Bretaña
tuvo una actuación destacada.
La primera fase de la política británica de apertura de nuevos mercados comenzó con la aplicación de los postulados del
libre comercio, tendientes a eliminar las restricciones establecidas por la política mercantilista. Lo que se perseguía no era
precisamente anular todas las restricciones, sino aquellas que
perjudicaran los intereses del comercio internacional británico.
A partir de la década de 1820 Gran Bretaña presionó la aplicación de esa política a través de los tratados de comercio que establecían igualdad de trato para las partes firmantes, e incluían
también la significativa cláusula de la nación más favorecida,
según la cual cualquier concesión arancelaria o de otro tipo, hecha por uno de los países al comercio de otro país, sería extendida automáticamente al otro país firmante. De hecho la ventaja de los intereses británicos estaba asegurada por su dominio
del comercio mundial. La igualdad de trato era parte de la misma mitología del libre cambio que el gobierno británico promovía no por una cuestión de principios, sino porque ésa era una
de las formas de apoyo a la industria y al capital inglés. La estrecha asociación entre economía y política ayudó a destruir las
barreras fiscales que se oponían al libre intercambio .económico.
A mediados del siglo ya Inglaterra había eliminado los últimos
vestigios de su política proteccionista: las leyes de granos, las

�198

Siglo XIX

leyes de navegación, y el tratamiento preferencial de la producción colonial. Recíprocamente, había logrado en casi toda Europa el establecimiento de un régimen fiscal moderado, caracterizado por impuestos bajos y ausencia de prohibiciones.
El proceso de adecuación del mercado a las exigencias de la
producción industrial pasaba no solamente por la eliminación de
las barreras fiscales, sino por la transformación de las condiciones que impedían el cabal funcionamiento del mercado, particularmente en áreas como América Latina. En consecuencia, se
buscó crear en esas áreas condiciones políticas y sociales favorables a los intereses británicos, mediante la formación de gobiernos estables dispuestos a reconocer la supremacía de estos intereses y a imponer condiciones de cooperación y seguridad para las
inversiones británicas. Para ello debían adoptarse políticas tendientes a modificar las características del mercado interno, lo
cual significaba operar en tres direcciones. Aumentar la población y modificar sus patrones de consumo a través de la inmigración; eliminar las barreras internas fiscales y físicas que impedían la libre circulación de las mercancías; y penetrar las regiones interiores para conectar las zonas productoras y de consumo con los puertos -el circuito básico del comercio exteriorª la vez que transformaba el mercado al destruir los obstáculos
físicos, abría una de las formas más significativas de la nueva estrategia inversionista: la construcción de ferrocarriles.
De esta forma, la nueva etapa de la expansión británica fue
mucho más efectiva en la tarea de adecuar el mercado a las necesidades creadas por la Revolución Industrial. Los préstamos
gubernamentales y la inversión de capitales en empresas de servicios públicos, transporte, comunicaciones, servicios portuarios, entre otros, promovían la creación de sus propias condiciones de operación a la vez que contribuían a cimentar y ampliar el mercado para la producción industrial británica.

M. E. Con%dlez Deluca: interuu britdnicos y pol(tica en Vene%uela

199

dose en Gran Bretaña en forma casi paralela con el crecimiento
de su economía industrial. Ese interés fue determinante en la
política de ayuda a las colonias en su lucha por lograr la independencia de la metrópoli española. Y en los años 1820, terminadas en Europa las Guerras Napoleónicas y en América las
Guerras de Independencia, las nuevas naciones latinoamericanas emergieron desprovistas de ataduras políticas, como un
área particularmente atractiva para hacer buenos negocios.
George Canning lo expresó con claridad en 1824: "Hispano
América es libre y si nosotros no administramos mal nuestros
asuntos, es inglesa". 11 Estos países, que comenzaban el proceso
de rehacer su producción económica y replantear sus estructuras, carecían justamente de lo que la economía británica estaba
dispuesta a ofrecer: productos manufacturados y dinero. A comienzos de la década, el público británico compraba presurosamente los bonos de los recién establecidos gobiernos y los
valores de un número considerable de empresas económicas, organizadas con el propósito de explotar las riquezas que durante
tanto tiempo habían sido infructuosamente codiciadas. Entre
1822 y 1825, todos los países latinoamericanos, con excepción
de Bolivia, Paraguay y Haití, contrataron empréstitos en Inglaterra por un valor nominal superior a 21 millones de libras. Solamente en 1824-25 se fundaron o proyectaron 624 compañías
con un capital autorizado superior a los 100 millones de libras.
Sin embargo, el entusiasmo frenético de los inversionistas decayó en 1827 cuando el precio de los bonos y valores bajó abruptamente. La especulación de esos años dejó como resultado una
ganancia de varios millones de libras en manos de los agentes financieros que negociaron los préstamos y lanzaron los valores al
mercado; un apreciable número de pequeños inversionistas británicos que perdieron considerables sumas de dinero invertido
en la compra de bonos y valores; y una deuda de más de 21 millones de libras en los países latinoamericanos, que sólo habían
recibido efectivamente alrededor de un 60% de esa suma.12

América Latina, Area Privilegiada de la Nueva Estrategia.

El interés por el mercado latinoamericano fue desarrollán-

11. lbid.. pp. 152-153.
12. .En aJgllilOS casos el porcentaje fue incluso menor. Una informaci6n detallada sobre las inversiones de los años 1820 se encuentran en Rippy, J. F., Brituh lnve8t
ments in Latín America, 1822-1949. Mineapolis, University of Minnesota Press,
1959, pp. 17-26.

�200 Siglo XIX

Deuda que, por otra parte, no pudo ser cancelada en los plazos
y condiciones estipuladas.
El intenso aunque breve período de flujo de capitales y mercancías decreció a fines de los años 1820, adecuándose a una
realidad que muy poco correspondía al espejismo creado por la
ambición de los capitalistas británicos. Lo que determinaba la
estrechez del mercado, y, por lo tanto, el derrumbe de la fiebre
especulativa, era justamente lo que la nueva dirección política
de los países latinoamericanos proponía transformar. Es decir:
una población reducida y con una capacidad de consumo baja
y estable, particularmente en áreas donde las necesidades de la
población eran satisfechas por la artesanía local o doméstica; las
dificultades de comunicación y de penetración de la mayor parte del territorio; la inestabilidad política que incrementaba el
riesgo de las inversiones_; y la ausencia de líneas de producción
adecuadas a la demanda exterior que permitieran un intercambio comercial regular.
El renacimiento de las expectativas britárúcas comenzó en
la segunda mitad del siglo. En el período 1860-80 se produjo
una nueva oleada de empréstitos gubernamentales. Pese al estado de mora del pago de la deuda en muchos países, los préstamos a los estados sudamericanos como explicaba The South
American Joumal en 187213 tenían apreciables ventajas. En
primer término- porque las condiciones impuestas eran mucho
más favorables al capital inglés que las aceptadas por países europeos como España, Italia y Austria; en segundo término porque los préstamos eran una forma reproductiva de inversión, en
tanto que eran destinados a la construcción de ferrocarriles con
materiales y personal inglés, y a desarrollar condiciones más
propicias de funcionamiento del mercado.
13. The South American ]ournal and Brazil &amp; River Plate Mail. Londres, 7/2/1872,
p. 16. En realidad en esta fecha y hasta 1879 el nombre del periódico fue The
Brazil and River Plate Mail and South American Mercantile Journal, pero aparece en la catalogación hemerogtáfica con el primer nombre que es además el
más difundido. Este semanario, de gran riqueza informativa, sexvfa de órgano de
infonnación de los intereses británicos en América Latina.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y pol(tica en Venezuela 201

A fines de 1880, del total de casi 180 millones de libras invertidas en América Latina, casi el 690/o estaba colocado en bonos gubernamentales. Lo cual paradójicamente plantea el caso
del capitalismo británico cuyo principio básico era el rechazo de
la intervención del Estado en materia económica, propiciando
en América Latina la participación activa del Estado en la creación de las condiciones necesarias para una eficiente operación
económica. Al finalizar este período, la mayoría de los estados
latinoamericanos estaban fuertemente endeudados, de modo
que sus ingresos eran absorbidos hasta en una cuarta parte por el
pago de intereses y amortización de la deuda. Entre 1875 y
1880 los efectos de la llamada "Gran Depresión" de 1873 se
manifestaron en una disminución de la entrada de capital británico a América Latina que, sin embargo, no afectó fundamentalmente las tendencias señaladas.
Una segunda etapa de las inversiones británicas fue la comprendida entre 1880 y 1890, durante la cual se produjo un incremento considerable del capital que fluyó hacia América Latina. El carácter de las inversiones demostró en estos años el
éxito de la nueva estrategia inversionista. En efecto, se operó
entonces una disminución relativa de la inversión en bonos gubernamentales, aunque en términos absolutos aumentó más de
71 millones de libras. Lo significativo es que más de la mitad
de las inversiones se concentraron en empresas económicas, cuyo número aumentó de 96 en 1880 a 289 en 1890, en tanto que
el capital invertido subió de 56 millones de libras en 1880 a
230 millones aproximadamente en 1890. Pero igualmente significativo fue que tanto los países morosos como la proporción de
la deuda en estado de mora se redujeron considerablemente en
este período: de 10 a 4, y del 60 al 40/o respectivamente. Situación que indicaba la solvencia de los gobiernos latinoamericanos
en ese período, y el surgimiento de condiciones que propiciaban
el mejor desenvolvimiento de las actividades económicas. En esta década, de 1880 a 1890, se definieron los rubros fundamentales de la inversión. El primero en importancia fue el de lo~ fe.
rrocarriles que absorbieron en estos años de auge entre el 65 y el
700/o del capital invertido en empresas económicas, inversión

�202 Siglo XIX

concentrada particularmente en Argentina, Brasil, Chile, México, Perú, Venezuela y Uruguay. Las empresas de servicios públicos, mineros, financieros, portuarios, y manufactureros absorbieron el resto del capital. Dentro del cuadro del total de las
inversiones británicas de portafolio los países latinoamericanos
ocupaban entre 1865 y 1914, el segundo lugar después de
·
·
14
América del Norte, con un 170/o del total de esas mverS1ones.
Durante los años 1890 y como expresión de la confianza en
el proceso de crecimiento económico latinoamericano, come~zó
una tendencia a la especulación particularmente en Argentina
que entonces absorbía casi el 37% del total de las inversiones
británicas en América Latina. El crecimiento artificial de la economía determinó en poco tiempo la crisis de la casa Baring que
dio lugar a la recesión de los años finales del siglo.15 Fue iustamente en esos años que la posición del comercio británico en
América Latina comenzó un proceso de deterioro relativo, debido a la competencia de la producción alemana y estadounidense.
Sin embargo, las exportaciones británicas a América Latina
continuaron aumentando, y su proporción en relación con el
total de las exportaciones británicas aumentó en un 10.50/o en
los años 1860, al 20º/o en los años 1880 y al 220/o entre 1900 y
1914.16 Hasta la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña mantuvo su superioridad económica, pese a la creciente competencia
de las naciones industrializadas, y América Latina continuó
siendo un campo particularmente significativo de su economía
externa.
2. LOS INTERESES BRITANICOS EN VENEZUELA EN EL
SIGLO XIX

M. E. González Deluca: interese, britdnicos y pol(tica en Venezuela

203

Porter el capítulo de su diario que registraba su llegada a Venezuela en noviembre de 1825 como cónsul británico.17 Probablemente Venezuela, entonces un departamento de la República de Colombia, no merecía el calificativo más que otros países de América Latina cuya turbulencia era igual o aún más
pronunciada en esa época. Pero también es verdad que para los
ingleses, aún para los políticamente informados, los países hispanoamericanos constituían un todo no muy bien diferenciado
cuya independencia política se iniciaba en medio de una agitada
inestabilidad. Y aún otra verdad es que los ingleses no preveían
entonces, como quizá tampoco los propios hispanoamericanos,
que esa turbulencia, indicación probable de una crisis que se
prolongaba más allá de la terminación de la guerra, evidenciaría
una naturaleza indómita capaz de vencer las fórmulas de progreso más eficientes de las próximas décadas.
El gran obstáculo para la expansión británica en América
Latina, y consiguientemente en Venezuela, había sido vencido:
superada su condición colonial, estos países ya no estaban s~metidos al celoso cerco - bien que menos rígido a fines del Sl·
glo XVIII- que la metrópoli había tendido a su alrededor. De
esta manera el codiciado mercado estaba libre, y en adelante
todo seria cuestión de buena administración, según la expresión de Canning. En realidad los años siguientes demostrarían
las dificultades, en ocasiones insuperables, para llevar delante
ese propósito, porque lo único real en esa etapa inicial era que
la codicia había creado un mito: el mito del gran mercado de
las ex-colonias hispanoamericanas. Hacer de ese mito una realidad requeriría algo más que una buena administración británica,
y esto era particularmente cierto en el caso de Venezuela.

La Etapa Exploratoria

"Venezuela, land of turbulence": así titulaba Sir Robert Ker
14. M. Simon, "The Pattem of New British Portfolio Foreign Investment, 18651914". A. R. Hall, op. cit., pp. 23-24.
15. Para las consideraciones relativas a las distintas fases de la inversión en América
Latina, nos hemos basado en Rippy, op. cit., pp. 1 Hi5.
16. Hobsbawm, op. cit., p. 148.

En 1830 la población de Venezuela era de 700.000 habitante aproximadamente. Ciertamente la cifra podía parecer sig17. Sir Robert Ker Porter's Caracas Diary, 1825-1842, Caracas, Editorial Arte,
1966, cap. 2.

�204 Siglo XIX

nificativa tomándola como base para apreciar las posibilidades
del mercado venezolano, pero la realidad socio-económica y
aún física de Venezuela reducía considerablemente aquella cifra. Por la misma fecha, Caracas, la ciudad capital y la más importante desde el punto de vista geográfico, tenía alrededor de
30.000 habitantes, y dado que la capacidad de consumo de productos importados se concentraba fundamentalmente en las ciudades más importantes, las ciudades-puerto y sus hinterlands,
cabe suponer que en términos numéricos el mercado debía ser
poco sustancioso. Por otra parte, la topografía y otras dificultades físicas del área donde se asentaba la mayor parte de la población venezolana, formaban una auténtica barrera en un país
que hasta las últimas décadas del siglo tuvo como únicos medios
de transporte el caballo y la recua de mulas, y muy escasos caminos de carretas. Por lo tanto, los productos importados que
llegaban a los pueblos y ciudades alejados de la costa después de
días de viaje por caminos casi intransitahles18 , alcanzaban precios fuera del alcance del consumidor corriente.
La idea o el mito de las riquezas de los países latinoamericanos que sólo aguardaban la oportunidad adecuada para transformarse en ávidos consumidores de la producción inglesa, había sido alimentada durante la colonia por la capacidad de la
economía para absorber el contrabando, y, después de la guerra
de independencia, por la expansión de una demanda acumulada
durante años. Esta última coyuntura fue aprovechada por Gran
Bretaña que abrió cargos consulares en los principales puertos
de Venezuela desde 1823, y ya en 1824 el cónsul británico en
Puerto Cabello estimaba que una proporción de dos tercios de
las importaciones estaba constituída por productos británicos.19
Hacia los años 1824-25 las importaciones británicas alcanzaron
el valor máximo de la década, decayendo considerablemente a

f:-

18. R.
Humi:ihreys (ed.) , British Consular Reports on the Trade and Politics of
Latín Amenca, 1824-1826. Londres, Royal Historical Society Camden Third
Series, LXUI, 1940, p. 281.
'
19. En la década de 1820 había en Brasil alrededor de 120 firmas comerciales británicas, en tanto que Buenos Aires contaba con 40, y con una comunidad británica de alrededor de 3.000 miembros que por supuesto eran los principales consumidores de productos importados. Cf. D. C. M. Platt, Latín America and British
Trade, 1806-1914. Londres, Adam &amp; &lt;liarles Black, 1972, pp. 39 y 42.

M. E. Conzdlez Deluca: in te reses britlfnicos y poi(tica en Venezuela

205

fines de la misma. El intercambio comercial con Gran Bretaña
mostraba ya una tendencia desfavorable a Venezuela que se
mantendría a lo largo del siglo. Fue durante estos años que comenzaron a llegar al país comerciantes, agentes viajeros y comisionistas que formaron una reducida e inestable comunidad británica.20 Sin embargo, durante esta década Venezuela ejerció
una atracción poco considerable sobre los intereses británicos.
A partir de 1830, separada Venezuela de la República de
Colombia, las relaciones económicas con Gran Bretaña se regularizaron sobre la hase de estos tres hechos: la aceptación venezolana de cubrir el 28 1/20/o del pago del préstamo británico a Colombia de 1824; la ratificación del Tratado de Amistad
y Comercio de 1825 que regulaba el intercambio comercial entre ambas naciones según la cláusula de la nación más favorecida, y por último el reconocimiento de Venezuela como nación independiente por parte de Gran Bretaña en 1835 deci.
'
s1ón que dependía de los razonables acuerdos logrados en relación con la deuda y el Tratado. En los diez o quince años siguientes, la relativa estabilidad política y económica de Venezuela determinó un aumento del número de comerciantes establecidos en el país, que, sin embargo, nunca pasó de cua~enta. Hacia fines de la década de 1840 operaban en Venezuela
alrededor de 24 firmas comerciales inglesas21 , además del
Colonial Bank of London fundado en 1839, y la firma británica que explotaba las minas de Aroa.
Durante los años 1830 a 1860 aproximadamente, los hombres de negocio británicos exploraron y apreciaron las dimensiones reales del mercado venezolano, mostrando una actitud
cautelosa. Si el fracaso de muchas operaciones económicas obstaculizó la formación de grandes fortunas, las pérdidas tampoco fueron cuantiosas - pese a las frecuentes reclamaciones por
daños y pérdidas de ciudadanos británicos- por cuanto las
20. G.E. Carl, British Commercial lnterests in Venezuela During the Nineteenth
Century (tesis doctoral no publicada) , pp. 24-25.
21. The South American Journal, 22/ 9/1874, p. 11.

�206 Siglo XIX

inversiones tampoco solían ser significativas. Los comerciantes,
por ejemplo, se establecían con un capital muy reducido, simplemente aceptando en consignación productos de manufactura
británica que vendían a cambio de comisiones. En Venezuela,
el comercio de importación británico tenía dos ventajas en comparación con otros mercados más importantes de América Latina: 1. La escasa competencia interna de comerciantes y productos no británicos pese a las ocasionales incursiones de comerciantes norteamericanos que compraban productos británicos en remates para revenderlos a bajo precio; y 2. la cercanía de las colonias británicas donde operaban ~andes depósitios de mercancías, que permitían a los comerciantes asentados en Venezuela renovar regularmente sus stocks sin tener
que invertir en grandes volúmenes de compra de una vez. Esta
última situación abría otro canal comercial de gran importancia desde la época colonial y que seguiría siéndolo en el futuro:
el contrabando, la tradicional forma de evitar el pago de los altos aranceles de aduana, fuente principal de ingresos del Estado
Venezolano. La ausencia de regulaciones sobre el comercio de
cabotaje, y de control adecuado de las costas, al menos hasta
1873, sumada a la connivencia de ciertos funcionarios de aduana, hicieron del contrabando una actividad regularmente próspera que podía añadir entre la mitad y un cuarto de las importaciones legales al volumen total de mercancías británicas que
entraban en el país.
El comercio de importaciones británicas comenzó a incrementarse a partir de mediados de los años 1830, y en las décadas
siguientes hasta 1860 mantuvo una tendencia ascendente, aunque por debajo de las expectativas de expansión británica. El
crecimiento de las importaciones, compuestas hasta en un 80%
de textiles, dependía de la regularidad de los modestos ingresos
de las exportaciones venezolanas, generados por una economía
agraria esclavista que no había experimentado grandes transformaciones desde la época colonial.
A finales de los años 1840, las dificultades acumuladas por
una economía que operaba dentro de marcos muy estrechos,

M. E. Gonzdlez Deluca: interese&amp; britdnicos y po/itica en Venezuela 207

sumados a la aparición de nuevos signos de inestabilidad política, perturbaron seriamente las perspectivas de los intereses británicos. Las expansiones más serias de esta perturbación evidenciaron que las perspectivas de una expansión eran todavía inciertas. En 1847, Venezuela no cumplía su compromiso con los
tenedores de bonos británicos, según los términos del acuerdo
de 1841 para el pago de la deuda externa. Comenzó así un proceso de constantes discusiones sobre las formas de pago, y negociaciones para contratar nuevos empréstitos y diferir el pago de
los atrasados, que se prolongó hasta nuestro siglo. En 1849 el
Colonial Bank of London se declaró en quiebra golpeado definiti·vamente, después de diez afios de actividad conflictiva, por
la moratoria sobre las deudas decretada por el gobierno en ese
afio, que le impidió recobrar los préstamos realizados. Por otra
parte, en esos años había comenzado la renegociación del Tratado de Amistad y Comercio ratificado en 1835, que proseguiría durante el resto del siglo, añadiendo creciente tensión a las
relaciones de Venezuela con Gran Bretaña, clara y única beneficiaria del Tratado, a cuya discusión se oponía. Las reclamaciones y amenazas británicas por daños económicos generalmente
inflados crearon resentimiento en Venezuela que unido a la creciente inestabilidad política de finales de la década de 1850
hizo abandonar el país a algunas firmas inglesas. La casa Boulton,
fundada en 1826 por John Boulton, fue una de las más importantes firmas que permaneció en el país.
Desde la primera casa de importación-exportación de La
Guayra, Boulton había ·ampliado y diversificado sus intereses
hacia la navegación, y paulatinamente orientado sus actividades hacia el mercado de Estados Unidos, principal consumidor
de café venezolano y proveedor de víveres y otros productos.
Además, la temprana y provechosa habilidad de la Casa Boulton para cultivar buenas relaciones con sectores oficiales y particularmente su disposición a ofrecer apoyo financiero a los
gobiernos siempre escasos de fondos, y en un país donde las
contadas firmas comerciales de importancia eran las únicas con
capacidad de hacer préstamos, le aseguraron condiciones de

�208 Siglo XIX

operación privilegiadamente estables. Durante los años 1850 y
1860, cuando muchos comerciantes abandonaban el país, aunque sus ganancias no habían sido siempre magras considerando
las modestas dimensiones de la economía venezola, la fortuna
de la casa Boulton aumentaba.
En estos años parte del comercio de importación pasó a ser
controlado por comerciantes alemanes cuyos negocios adquirieron solidez en los años siguientes. El hecho de que las importaciones británicas sostuvieran su tendencia moderadamente ascendente, hace suponer que, pese a los temores expresados por
los cónsules británicos, los comerciantes alemanes no sólo no
entorpecieron la posición dominante del comercio británico,
sino que ellos mismos actuaron como agentes, reemplazando en
esa función a algunos comerciantes británicos que habían abandonado la plaza.

M. E. González Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela

209

allí nuevas naciones, nuevas leyes y una nueva vida. Ya que según los argumentos de la proposición, estos países no sólo eran
incapaces de resolver sus disputas de límites territoriales, sino
también de levantar ingresos suficientes para pagar su deuda
pública. En realidad las quejas y comentarios desfavorables, incluso injuriosos hacia Venezuela constituyeron una constante
a lo largo del siglo, siempre que, por acciones deliberadas o no,
los intereses británicos relacionados con préstamos gubernamentales, inversiones o intercambio comercial, eran perjudicados en alguna forma. Esto no impidió que desde mediados de
la década de 1860, Venezuela fuera presentada como una perspectiva atrayente de inversión dado que era un campo virgen
donde todo estaba por hacerse y donde todo lo que se necesitaba era capital. El mismo gobierno venezolano a través de su cónsul en Londres F. Hemmings, comenzó en 1864 una activa campaña destinada a elevar el créditos y promover la prosperidad de
Venezuela.

Comercio e Inversiones en la Etapa de la Nueva Estrategia

Transcurrido medio siglo de expansión del mercado venezolano, la actitud tradicionalmente cautelosa del capital británico
no había sido abandonada, y si por una parte se intentaba convertir en acción punitiva el repudio hacia Venezuela, considerada la "oveia negra" por sus repetidos incumplimientos de los
compromisos de la deuda externa; por otra, existían crecientes,
aunque intermitentes, expectativas de cambio que tenían dos
puntos de apoyo. De un lado, la nueva estrategia de expansión
económica externa britárúca, y de otro, el interés del gobierno
venezolano en orientar esa expansión hacia su territorio. El recelo y la prepotencia de sus reclamaciones no anularon la ambición de los inversionistas británicos, lo cual explica que The
Brazil and River Plate Mail comentara en abril de 1864 las noticias de una Venezuela que estaba... "progresando pacífica y
prósperamente. . . " 22 , aunque pocos días después refiriera la
proposición de un miembro del London Stock Exchange para
comprar Ecuador, Nueva Granada y Venezuela para establecer
22. The South American Ioumal, 7/4/1864, p. 164.

El valor de las importaciones británicas empezó a recuperarse en los años 1860 de la caída de años anteriores.23 De 65.084
libras en 1863, el valor de la producción británica colocada en
el mercado venezolano alcanzó un máximo de 410.423 libras
en 1866, y 260.074 libras en 1867, cifra que representaba valores más estables. 24 Aunque el mercado venezolano era competitivamente muy reducido -en 1867 representaba apenas el
1,55% del total de 16.759.428 libras exportado a diversas partes de América Latina25 - , estaba dando signos de una alentadora expansión. La contratación de un empréstito por valor nominal de 1.500.000 libras en Londres, la formación del London
and Venezuela Bank, la iniciación de los trabajos del ferrocarril
Central de Venezuela, y el interés en desarrollar en Venezuela
una fuente alternativa de aprovisionamiento de algodón, ante
23. Cabe señalar, sin embaJgo, que en 1867 era 30º/o más bajo que en 1857.
24. The South American Joumal, 7/8/1865, p. 444; 22/3/1867, p. 17 y 22/4/1868,
p.13.
.
.
25. lbid., 22/4/1868, p. 13. La cifra representa el total de las exportac1~nes·a Brasil,
Argentina, C31.ile, Nueva Granada, Uruguay, Perú, Venezuela, Aménca Central y
Bolivia.

�210 SigloXIX

las dificultades del mercado productor de Estados Unidos, demostraban que el capital británico estaba dispuesto a ensayar en
Venezuela el plan de... "ofrecer su mando dondequiera que
existiera gente voluntariosa y lista para ayudarse a sí misma y
sacar provecho de esa ayuda"... , según la visión samaritana del
director de la compañía del Ferrocarril Central de Venezuela. 26
La inauguración de los trabajos del Ferrocarril constituyó la esperanza de una nueva era de grandes ganancias. El mencionado
Ferrocarril recorrería una distancia de entre 50 y 54 millas desde San Felipe a Puerto Cabello, distancia que las recuas de mula
recorrían empleando de 3 a 6 días, transportando a un costo de
7,00 u 8,00 libras la tonelada de café y algodón, distancia y costo que el nuevo medio de transporte prometía reducir considerablemente.27 Las perspectivas de expansión de la economía venezolana, una vez vencido el gran obstáculo del transporte que
impedía la efectiva comunicación de las zonas productoras con
sus mercados, entusiasmaba tanto a los productores venezolanos
como a los comerciantes e inversionistas británicos; aunque estos últimos recién comenzaron a abandonar su cautela en la década de 1880.
Durante todo el período hasta fines del siglo, el comercio
exterior de Venezuela operó a través de canales que reproducían
la estructura atomizada del país dividido en núcleos que comprendían una ciudad-puerto y un hinterland, que operaba como
mercado y zona productora, cuyas dimensiones dependían de la
capacidad de penetración de los medios de transporte existentes. Los tres núcleos más importantes eran: 1. La zona Centro
Norte, que comprendía Caracas, Valencia y toda la zona agrícola inmediata, que canalizaba su comercio exterior a través de La
Guaira y Puerto Cabello 28 ; 2. Ylaracaibo que controlaba el comercio exterior de toda la zona andina; y 3. Ciudad Bolívar que,
26. !bid., 7/ 12/ 1864, p. 63.
27. !bid., 7/6/1865, p. 354. Datos del infonne de Mr. Fairlie, ingeniero civil enviado
por la Compañía del Ferrocarril Central para investigar las perspectivas de la línea en construcci6n.
28. La regi6n oriental se comunicaba con las islas antillanas, particularmente con
Trinidad, y con puertos de otras regiones venezolanas mediante navegación de
cabotaje.

M, E. Gonzdlez Deluc.a: intereses británicps y polftica en Venezuela 211

a través del río Orinoco, comunicaba con el exterior de la zona
de Guayana y parte de la región Sud-Occidental hasta Colombia.
Cada una de estas tres áreas controlaba en forma independiente
su comercio de exportación e importación, e incluso, hasta la
década de 1870, sus propios ingresos de aduana. Dado que prácticamente no existía comunicación por tierra que conectara estos núcleos unos con otros, el país presentaba una estructura
que se ha llamado de archipiélago, formidable barrera para la
construcción de un mercado interno. Es a través de estos canales que ingresaban a Venezuela, en forma legal o ilegal, las importaciones británicas cuyo valor fue incrementándose de un
promedio anual de casi 360.000 libras en los últimos cinco años
de la década de 1860 a más de 500.000 libras en toda la década siguiente.
Entre 1870 y finales del siglo, el valor del comercio exterior
creció en una forma lenta y muy modesta presentando en su
curso contracciones y expansiones asociadas a algunos de estos
factores: la situación política del país; los resultados de la producción agrícola en general; el volumen, calidad y prec10s de su
producto básico, el café; y la explotación inestable de otros recursos como el oro, el cobre, las plumas de garza y el balatá, cuya expansión solía compensar la contracción de otros. En la
década de 1880 se acrecienta el peso de otro factor, que en los
años 1860 había comenzado a operar como estímulo de las importaciones. Se trata de las inversiones en obras públicas, transportes y empresas de explotación minera que abrieron un corto
período de expansión de los intereses económicos británicos en
Venezuela.
Las inversiones británicas en Venezuela hasta la década de
1860, al igual que en el resto de Amércia Latina, estuvieron
prácticamente limitadas a los préstamos gubernamentales que la
tradicional falta de capacidad de pago del gobierno había convertido en una inversión poco segura, al menos para los tenedores de bonos. Estas inversiones indirectas eran en principio concebidas como una forma de crear condiciones infraestructurales
favorables a las inversiones directas, a través de las políticas de

�212

Siglo XIX

fomento del progreso material formuladas en cada país. Venezuela contrató dos empréstitos, en 1862 por 1 millón de libras,
y en 1864 por 1 millón y medio de libras, ninguno de los cuales
pudo cancelar en los plazos estipulados, por lo cual ninguna inversión indirecta se hizo en la década de 1870. Esta situación no
era peculiar de Venezuela: más de 71 millones de libras de los
123 millones de libras -valor nominal- invertidos en bonos
gubernamentales latinoamericanos estaban en mora en esos
años. 29
El relativo entusiasmo de mediados de la década de 1860 tuvo corta existencia ya que las condiciones económicas y políticas del país no daban señales de cambio. Entre las nuevas
empresas el London and Venezuela Bank organizado por inversionistas de Londres y comerciantes británicos establecidos en
Venezuela, comenzó a operar en 1865, cerrando sus puertas en
1867, pese a que el banco no había otorgado préstamos a los hacendados ni al gobierno, según la conducta preestablecida, para
evitar dificultades en el cobro de estos préstamos. Lo cierto es
que las limitaciones de la economía frenaron la mayoría de las
inversiones durante los años 1860 y 1870. Una excepción fue la
minería de oro en l~ región de Guayana, que había hecho revivir entre los inversionistas la antigua leyenda de El Dorado. La
compañía minera más importante, El Callao, creada en 1870,
extrajo oro por valor de más de 3 millones y medio de libras entre 1871 y 1885. Los beneficios de esta compañía excepcionalmente altos se aprecian en el monto de dividendos pagados a los
accionistas, que fueron ascendiendo desde 644.000 bolívares en
1875 a 6.055.800 en 1883 y 9.660.000 en 1884.30 La minería
representó además un considerable estímulo para el comercio de
importación: en 1885 y 1884 el 19,15% y 27.48% respectivamente de las importaciones británicas del puerto de Ciudad Bolívar correspondía a maquinarias y otros productos destinados a

29. La compañía tenían en 1870 12 acciorustas, y en 1866, 600, entre los cuales
198 franceses, 134 ingleses y 34 venezolanos.
30. Rippy, op. cit., p. 31. The South American ]ournal, 15/5/ 1886, p. 221.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y pol(tica en Venezuela

213

las minas. 31 Cierto es que casi el 50% de esas importaciones correspondían a la compafiía de El Callao. Otras compañías como
la New Chili, la Venezuelan-Austin, Potosí, New Callao, Victory,
~acubay tenían niveles de producción muy inferiores. 32 El legendario poder de enriquecimiento de la minería de oro la hacía de por sí atractiva a los especuladores, pero cabe suponer
que, salvo para unas pocas compañías, los beneficios debieron
ser limitados dadas las dificultades existentes para la explotación. El transporte de personas, maquinarias, víveres, madera,
explosivos y demás productos para la minería debía hacerse en
carretas y recuas de mulas, único medio de transporte para recorrer una distancia aproximada de 165 millas desde el Puerto Las
Tablas en el río Orinoco hasta el distrito minero. El largo y dificultoso viaje significaba un enorme encarecimiento de los productos que sólo las compañías que tenían altos niveles de producción podían soportar. El proyecto de ferrocarril no se puso
en práctica, en tanto que la producción de oro comenzó a decaer rápidamente en la década de 1890, alejando las perspectivas de una prosperidad estable.
En los años 1880 el capital británico fue introduciéndose
más decididamente en Venezuela, a través de las inversiones clásicas de esos años en América Latina en ferrocarriles, servicios
portuarios, teléfonos, etc. En casi toda América _Latina el capital así invertido produjo altos niveles de ganancia, en tanto que
las condiciones de contratación limitaban los riesgos mediante el
establecimiento de subsidios, exención de impuestos, concesiones de tierras y, generalmente, la garantía de una utilidad del
7º/o sobre el capital invertido. En Venezuela las inversiones más
importantes se concentraron en los ferrocarriles, en el servicio
portuario de La Guaira, el puerto más importante del país, y, en
31. "Report by Vice-Consul Reddan on the Trade and Commerce of the Port and
Qty of Qudad Bolívar, for the year 1883-84". Parliamentary Papers, 1884-85,
LXXIX, p. 1575.
32. The South American Joumal del 19/ 1/ 1889, p. 6, indica el valor del oro producido en los últimos años (no precisa cuáles), asi: El Callao, entre 2 y 3.000.000
de libras; New Ch.ili, 250.000 hora~ Venezuelan Austin, 20.000 horas; Potosí,
10.000 horas; New Callao, 5.000 libras; Victory, 2.000 libras.

�214 Siglo XIX

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y polftica en Venezuela

215

una proporción mucho menor, en servicios telefónicos. Es decir,
se trataba de crear el soporte infraestructura} de una economía
cuya futura prosperidad estaría dada en ~ran parte por una más
eficiente comunicación de las zonas productoras con el mercado
internacional.

Guaira, alcanzaba un total de 7 millones de libras que sumado a
otras inversiones daba un total de alrededor de 11 millones de
libras hacia 189536 , lo cual representaba a fines de los años
1890 alrededor del 2,5% del valor nominal total de las inversiones británicas en América Latina.

Sin embargo el establecimiento de las líneas de ferrocarril
no p~rsiguió abrir nuevas zonas productoras, ni propició el poblamiento en nuevas áreas. El trazado fue absolutamente conservador en este aspecto. Concentrado en la zona norte, siguiendo rutas pre-establecidas, se limitaba a conectar los puertos en
los mercados cercanos más importantes, f:enetrando distancias
de poco más de 40 Km. hacia el interior. 3 De esta manera, el
~~bio en las condiciones de transporte de la producción se
lim1tab,a a la última parte del trayecto, -o a la primera en el caso de las importaciones- que atravesaba el área montañosa de la
Cordillera de la Costa en dirección a los puertos. En Venezuela
la idea no fue construir una economía nueva, sino aumentar la
eficiencia de la existente, pero incluso ese propósito tuvo alcances muy limitados. De las catorce líneas de ferrocarril, que recorrían. poco más de 80~ Km 34 , cinco eran de capital inglés a fines
del Siglo. Entre esas cmco líneas estaban dos de las tres más important~ ~esde el punto de vista de los mercados que unían y
del ~endim1ento del capital invertido: Caracas-La Guaira y Valencia-Puerto Cabello, de capital inglés; la tercera: Caracas-Valencia pertenecía a una empresa alemana. 35 El capital invertido
en las empresas ferrocarrileras, y en las obras del puerto de La

La Situación a Fines de Siglo

33. Las excepciones eran los ferrocarriles La Ceiba·Motatán (85 Km) y Encontradoi;La Frf~ (100 km), de capital nacional, _Y la lfnea.Santa Bárbara-El Vigía ( 60 km),
de capital francés, que penetraban hacia la zona productora de café de los Andes
34. En compa~ción, a fines del siglo la red ferrocarrilera aigentina recorría 16.500
~- C[- Ricardo M. Ortíz, Historia Económica de la Argentina. Buenos Aires,
Editonal Plus Ultra, 1971, T. !,P. 261. Por la mimJaépoca la red brasileña cubría
15.316 km., Cf. R. Graham, Britain and the Onset of Modemization in Brazil
1850-1914. Cambridge, Cambridge University Press, 1972, p. 30.
'
35. Las restantes líneas eran: Caracas-Petare (inglés, tramo de la lfnea Caraca&amp;-Santa
~ucía); Cara~-El Valle (nacional); Tucacas-Aroa (inglés); El Hacha-Barquísirneto
(mglés); La Cetba_-Valera (nacional); Santa, Bru:bara-El Vigía (francés); Encontrados-~ Fría (nacional); ~renero-San Jose (holandés); Guanta-Naricual (nacional), La Vela-Coro (amencano). The South American Journal. 22/1/1898, p. 88.

Ti:as años de predominio del comercio inglés, y después de
una década de fuertes inversiones, la tendencia en los años que
siguieron a 1890 fue mucho más moderada en toda América
Latina. En Gran Bretaña, la creciente preocupación por la posición del comercio británico determinó el nombramiento de
un Comisionado Especial, Mr. Thomas Worth~ton, enviado
por el Board of Trade a investigar en Centro y Sud-América la
posible caída relativa o absoluta de la demanda de productos
británicos, y la forma cómo corregir esa situación. El mismo
temor hizo que las voces en favor de la imposición de restricciones a la política de libre comercio se hicieran más insistentes en Inglaterra. Por años, la inquietud británica por la competencia del comercio europeo, particularmente alemán y en
menor medida francés, y la creciente amenaza del comercio
norteamericano, se vio reflejada en documentos oficiales, como
los informes consulares y del Board of Trade, y también en la
prensa especializada. 37
En Venezuela la presencia de lila mayoría de comerciantes alemanes asentados en las principales ciudades, así como la
evidente disminución de comerciantes británicos, nutrió desde
muy temprano el temor de un desplazamiento correspondiente
de los productos británicos por los alemanes. Los informes, sin
36. La cifra de 7.000.000 de. libras aparece en The South American ]oumal
25/2/1983, p. 216; la de 11.000.000 de libras en el mimJo periódico del
18/1/1896, p. 68.
37. En 1878, La Cámara de Comercio de Bristol rechazó, por 14 votos en contra y
11 en favor, una proposición a la Reunión Anual de Cámaras de Comercio de Inglaterra del año siguiente, consistente en restringir el libre comercio, imponiendo
aranceles a los productos de países donde los productos británicos no entraban
libremente. The Sout/1 American Joumal, 23/ 2/1878, p. 11.

�.....

216 Siglo XIX

embargo, no eran definitivos en ese sentido. Contra la idea de la
disminución del consumo de mercancías británicas se alegaba
que la mayor parte del contrabando estaba constituido por
artículos británicos; y que, dado que se identificaba la procedencia de las importaciones con el puerto de embarque, muchos
productos británicos embarcados en puertos de Alemania o Estados Unidos eran registrados como elaborados en esos países,
con lo cual se creaba una falsa impresión en cuanto al origen de
las importaciones que entraban al país.
En 1895 el cónsul inglés en Caracas H.L. Boulton informaba que durante 1894 las importaciones inglesas de Puerto Cabello habían disminuido en 20.000 libras y según sus cálculos, el
descenso, tomando en cuenta todos los puertos, sería de 100.000
libras. A esto agrega que... "el comercio de maquinarias y herramientas que antes se hacía fundamentalmente con Gran Bretaña, se hace ahora con Alemania y los Estados Unidos debido
a los precios más baratos, y el primer país (Alemania) encabeza
la lista en el valor de sus exportaciones a Venezuela. " 38 De la
lectura de diversos informes consulares se desprende que los
textiles d_e procedencia británica fueron el único renglón que
con segundad mantenía su predominio en el mercado venezolano. En otros renglones la certeza era menor.
En realidad la decadencia, o al menos el estancamiento de
los intereseS económicos británicos en Venezuela, parecía ser
el re~ltado lógico de un conjunto de factores de diverso tipo,
que dieron lugar a una situación poco favorable o directamente
contraria a esos intereses en los últimos años del siglo XIX. En
este sentido el capital británico enfrentó en Venezuela condiciones excepcionalmente desfavorables en comparación con otros
países de América Latina. Aparte de los ya mencionados factores limitativos, resultantes de la rivalidad europea y norteamerican~ _e_n el mercado latinoamericano, en Venezuela operaron
condic10nes adversas asociadas por una parte a una economía
38. "Report by Mr. Boulton on the Trade and Commerce of the Consular District
of Caracas, for tbe year 1894". Parliamentory Papers, CI, 1895, pp. 568-569.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela 217

cuyas limitaciones no había podido vencer el capital invertido,
y por otra a tensiones políticas que se había acumulado durante años hasta desencadenar una situación de conflicto entre las
dos naciones.
Concluidas, en 1894, las obras del ferrocarril Caracas-Valencia, el capital europeo no inició ningún otro proyecto de
obras públicas de importancia semejante a las iniciadas en la
década anterior. Sintomáticamente, comenzó entonces una
recesión económica, acompañada por las quejas de los desempleados de las obras públicas.39 En efecto, terminado el período de construcción, disminuyó el volumen de dinero puesto
en circulación por las compañías, por concepto de salarios y
otras expensas. Efecto que fue reforzado al iniciar las empresas la repatriación de sus ganancias. Se evidenciaba así que las
obras públicas, contrariamente a lo esperado, no ejercían la
estimulante influencia que los interesados le había asignado.
El puerto, los teléfonos y los ferrocarriles introdujeron una
mayor eficiencia en la etapa de distribución de la producción,
pero básicamente no alteraron ni la forma, ni el tipo, ni la magnitud de la producción venezolana. Los ferrocarriles no penetraron el territorio venezolano, por lo cual la mayor parte del
transporte de la producción siguió haciéndose fundamentalmente a lomo de mulas, en carretas, y en transporte fluvial o de cabotaje. Incluso en las rutas recorridas por los ferrocarriles se siguieron empleando las recuas de mulas como medio de transporte más lento pero menos costos. El ferrocarril había logrado
reducir el tiempo del transporte, pero los recorridos cortos y lo
accidentado de las rutas montañosas impidieron reducir los costos, como en otros países de Amércia Latina. Y, para. una economía modesta como la venezolana de esos años, el tiempo
contaba menos que el escasísimo dinero circulante.
Entonces, en la medida en que el ferrocarril no logró, como
se esperaba, afectar positivamente el rendimiento de la producción venezolana, tampoco pudo sentar las bases de su propia
prosperidad como negocio. Con excepción de las rutas más im39. The South American Joumal, 18/1/1896. p. 68.

�218 Siglo XIX

portantes: Caracas-La Guaira; Caracas-Valencia (de capital alemán), Valencia-Puerto Cabello, el resto de las líneas no resultaron una inversión altamente rentable. De allí la virtual paralización de las inversiones en este sector, el más importante dentro del no muy amplio panorama de los intereses del capital británico en Venezuela.
Por otra parte, las condiciones políticas no operaron más
desfavorablemente. Década tras década, desde 1830 las rela.
'
c10nes
entre Venezuela y Gran Bretaña habían acumulado
creciente tensión alrededor de tres cuestiones fundamentales: la
discusión del Tratado de Amistad y Comercio ratificado en
1835; la discusión de los límites con la colonia inglesa de Guayana; y el atraso en el pago de la deuda y de otros compromisos contraídos con las compañías de ferrocarril y la compañía
del Puerto de La Guaira. Estas tres cuestiones habían creado un
antagonismo in crescendo que se manifestó en diversas ocasiones a través de campañas de la prensa venezolana contra el capital y el expansionismo británico en general. El ostensible sentimiento antibritánico dio lugar en 1891 a un boicot contra
los intereses británicos que no dejó de tener algún resultado.
Pero antes, en 1887, Venezuela había sentado un precedente en
la diplomacia latinoamericana al romper sus relaciones con
Gran Bretaña, por un lapso de diez años, por el conflicto de límites con Guayana. Diez años durante los cuales los intentos de
impulsar el dominio económico inglés en Venezuela tropezarían con una latente o manifiesta hostilidad política. Los daños al comercio inglés provocados por la ruptura de relaciones,
se sumaban así a los producidos desde 1882 con la aplicación
de un impuesto adicional del 30º/o a todas las importaciones
pro~dentes de las islas antillanas. El comercio inglés, que usaba
esas rslas como entrepots, presionó sobre el gobierno venezolano
para que levantara esta medida, contribuyendo aún más al deterioro de las relaciones con Gran Bretaña. En 1893, el tercer
intento de establecimiento de un banco británico, el Anglo~~nezuelan Comme r~ial Bank, tropezó con una firme oposicron. Según los térmmos del contrato firmado con el gobierno
venezolano, el banco abriría una cuenta al gobierno y éste a su

M. E. González Deluco: intereses británicos y pol(tica en Venezuela 219

vez depositaría en él parte de sus ingresos. La prensa condenó el
acuerdo como antipatriótico, dada la disputa existente con la
nación británica. Alfred Blohm, presidente de la Cámara de
Comercio de Caracas, envió una carta al presidente de la República expresando la contrariedad de la comunidad mercantil
frente al contrato, y señalando el perjuicio económico que causaría una institución controlada por la banca londinense. El
banco nunca comenzó sus operaciones y el contrato fue declarado nulo por el Congreso· de Venezuela el 21 de diciembre de
189540 •
Los años finales del siglo fueron testigos del estancamiento
de los intereses británicos y en algunos sectores, como la minería, de un claro retroceso, cuando, incluso la empresa más prós•
pera de Guayana, la famosa El Callao, cesó sus operaciones.
Según la versión del Finandal Ti mes de Londres el cierre se debía no tanto al agotamiento de la riqueza como a. ; . "las crecientes exacciones del gobierno venezolano, sus monopolios y
concesiones y su inconciliable actitud hacia la población minera
de origen extranjero".41
3. UN A NUEVA POLITICA PARA U A ~UEV A
ESTRATEGIA.
Hacia la década de 1860 parecía estar llegando a su fin en
América Latina una larga etapa de intensa agitación política que
había impedido la transformación de sus estructuras, proyecto
siempre debatido y constantemente postergado. Los años de
conflicto más o menos permanente habían hecho cambiar el
proyecto, no en su finalidad de crear una nueva sociedad, pero
sí en cuanto a cómo c~mseguirla. Para la generación de líderes
políticos que había emergido de las luchas por la independencia, o que se había formado en ese período, la organización de
las instituciones políticas nacionales constituía la clave de la
40. Carl, op. cit., pp. 81-82. Significativamente la carta fue firmada entre otros por
H. L. Boulton, entonces, todavía, cónsul britárúco.
41. The South American Journal, 12/6/1897, p. 667.

�220 Siglo XIX

transformación deseada. La adopción de una apropiada forma
de organización política aseguraría la estabilidad necesaria. Sin
embargo los desacuerdos en cuanto a cuál sería esa forma política apropiada pasaron a sumar un elemento más a la inestabilidad política. O, quizá sería más exacto decir que la discusión
acerca de las formas constitucionales pasó a enmascarar conflictos enraizados en la contradictoria y desarticulada realidad de las nuevas naciones, que sólo nominalmente podían ser
consideradas como tales. Este período, sin embargo, no fue estéril. De alguna manera el pensamiento político y económico y
la praxi.s política latinoamericana se nutrieron en la experiencia
de esos años conflictivos, para introducir correctivos en el proyecto de creación de una sociedad que reprodujera las condiciones de los países capitalistas avanzados.
En la segunda fase de este proceso, las corrientes liberal-positivistas de mediados de~ siglo XIX básicamente sostuvieron que
era imposible darle una cabeza nueva a un cuerpo vieio. El organismo simplemente rechazaba el injerto. La solución, por
consiguiente, consistía en abandonar o relegar a un plano secundario la discusión sobre las formas de organización política, y
emprender una política de transformación que abarcase el conjunto, y no un sector o sectores en particular. El proyecto de creación de entidades nacionales viables, se tradujo en la política del
·progreso, o más pragmáticamente en lo que se ha dado en llamar
la fórmula del progreso, que casi todos los países latinoamericanos trataron de aplicar con variado éxito. De acuerdo con una
idea de perfectibilidad del proceso histórico, encontrar la ruta
del progreso constituía ~l ideal político de los gobiernos latinoamericanos, ideal que en la práctica tomó la forma de un conjunto de proposiciones diseñadas para lograr la expansión de las
oportunidades de una burguesía en formación.
Venezuela no fue excepción dentro de este cuadro, el proyecto nacional que en definitiva no perseguía sino la creación de
una sociedad capitalista siguiendo el idealizado modelo europeo
y estadounidense, seguía planteado como tal al finalizar la Guerra Federal (1859-1863), el último gran acto de la primera fa.

M. E. González Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela 221

se de discusión del proyecto. La redefinición de esa discusión
en tomo a los postulados del progreso, orientó de alguna manera la política de los gobiernos en los años siguientes. Pero las
contradicciones que entorpecían la aplicación de esos postulados demostraron ser más fuertes.
La Fórmula delProgeso Latinoamericano

La pertinaz violencia de la historia latinoamericana que siguió a la Guerra de Independencia destruyó lo que podía verse
como la edad de la inocencia de la política latinoamericana. Es
decir, la época en que predominaba la idea de que el progreso
económico seguiría naturalmente como resultado de un simple
cambio de los marcos legales y políticos que regulaban la organización de la nación. Por ello, la convicción de que la sociedad
era una realidad compleja, cuya transformación requería decisiones políticas que actuaran sobre ella directamente, fue extendiéndose entre los líderes políticos de mediados del siglo XIX.
Esa convicción tenía como punto de partida una percepción
de la sociedad latinoamericana como una entidad básicamente
inadecu.ada para alcanzar el progreso material, entendiendo por
tal las condiciones de funcionamiento del sistema capitalista.
La adecuación de la sociedad al nuevo modelo de crecimiento, abrió una nueva fase en el largo proceso de transformación
de la sociedad americana original que se había iniciado en los
siglos XV y XVI. Ese proceso de transformación cultural, económica y socio-étnica, según patrones europeos, o más concretamente hispanos, había agotado el curso de su primera etapa
durante el período colonial. En el siglo XIX comenzaron a operar nuevas exigencias de transformación, de acuerdo con el prototipo de las sociedades burguesas de Inglaterra, Francia y los
Estados Unidos. El modelo de estabilidad, justicia, bienestar y
progreso económico que irradiaba de esas sociedades conformaba el ideal de las nuevas naciones hispanoamericanas. El pensamiento político latinoamericano del siglo XIX en buen parte
fue conformándose en tomo al problema de cómo alcanzar ese
ideal, y las proposiciones en tal sentido fueron surgiendo aso-

�222 Siglo XIX

ciadas a la identificación de los factores que impedían el progreso. De modo que la cuestión de cómo lograr el progreso se
planteó en forma análoga a la de cómo superar el atraso.
Significativamente, el diagnóstico señaló como factores de
atraso un conjunto de situaciones propias de una estructura socio-económica que la ruptura de la condición colonial no había
alterado sustancialmente. La persistencia de esa estructura, que
hasta mediados del siglo XIX determinó la existencia de líneas
de desarrollo histórico común en casi toda América Latina, fue
vista como la causa del permanente desafío a la búsqueda de la
estabilidad y el progreso por la vía del cambio político-institucional. A partir de entonces, el pensamiento socio-político de la
época se dedicó a identificar en forma insistente los problemas
que debían atacarse.
La relación territorio-comurúcaciones-población, fue repetidamente señalada como componente fundamental del estado
de atraso. El poblamiento de América Latina no había avanzado más allá de los límites alcanzados entre los siglos XVI y
XVIII. Esto significaba la existencia de enormes territorios con
una densidad de población muy baja y ár~ sin poblar que cubrían vastas zonas del territorio, en tanto que en partes, proporcionalmente muy pequeñas, se concentraba la mayor parte de
la población. Pero a esto se agregaba la desarticulación existente entre las zonas pobladas, mal comurúcadas por sendas y caminos de tránsito para mulas o carretas, y con cierta frecuencia sin
comunicaciones terrestres. En esas condiciones, mal podía pensarse en una auténtica unidad nacional, y mucho menos en la
existencia de los fabulosos mercados latinoamericanos que la
mitología del capitalismo inglés había creado. Tanto el eiercicio efectivo del poder político nacional como el transporte de
mercancías y de personas era extremadamente difícil y azaroso. Condiciones que eran reforzadas por un coniunto de restricciones legales a la circulación de mercancías, y al tránsito en
general, como el pago de peajes o aranceles de aduana seca, y la
ausencia de sistemas nacionales monetarios, y de pesas y medidas.

M. E. Gon~d/ez Deluca: intereses británicos y pol{tica en Ve~uela

223

En este escenario poco propicio, tampoco lo eran los actores, rú en número ni en calidad. Una población pequeña y estancada, resultado de estructuras que la habían marcado con características consideradas poco deseables para desarrollar los
valores de una sociedad capitalista, debía ser objeto de urgente transformación. La ausencia de una burguesía plenamente
conformada y dinámica, según el modelo social de los países
capitalistas, privaba a los países latinoamericanos del agente básico de transformación socio-económica de aquellos países. De
aquí que se buscara acelerar el cambio social, creando las condiciones que prepararan el cambio, e impulsaran el desarrollo
de la burguesía.
Sin embargo, y contrariamente al proceso europeo, los grupos dirigentes del proyecto de cambio en América Latina, no
buscaron alterar radicahnente las bases económicas existentes.
La idea era modernizar la producción, hacerla más eficiente,
facilitar los medios de transporte, ampliar su área territorial,
y estimular nuevos rubros productivos, pero siempre sobre la
base de la explotación agropecuaria o extractiva, dominada por
los grandes propietarios y por grupos ligados a la vieja oligarquía. En realidad, el proyecto no respondía únicamente a imperativos internos, sino a la coyuntura económica creada por
las exigencias de un mercado internacional en expansión, que
requería el surgimiento de áreas económicas complementarias
· para satisfacer su demanda creciente de materias primas y alimentos.
Como en un rompecabezas las piezas del sistema capitalista
mundial en formación comenzaron a encajar, desarrollándose
un rápido proceso de articulación entre el centro y la periferia,
dado y estimulado por el encuentro de las demandas y ofertas
de parte y parte, o más concretamente de los excedentes de los
países industrializados y las carencias de los países latinoamericanos. De este modo, la nueva estrategia de expansión del capitalismo encontraba una respuesta política adecuada en la que
se conoce como la fórmula del progreso latinoamericano: inmigración, ferrocarriles y capitales. Estos recursos que Gran Bretaña como nación más avanzada del sistema estaba en condicio-

�224 Siglo XIX

nes de exportar42 , dieron el imprescindible apoyo material al
proyecto.
La política de inmigración perseguía dos fines: extender el
radio de ocupación efectiva del territorio, y ampliar y afirmar
el proceso de cambio socio-étnico de la población ... "El ministro de Estado que no duplica el censo de estos pueblos cada
diez años, ha perdido el tiempo en bagatelas y nimiedades ,,43 ,
escribía Juan B. Alberdi a mediados del siglo en una de las pocas
formulaciones sistemáticas y en ocasiones brutalmente clara de
la política del progreso. Siguiendo la idea de que "en América
todo lo que no es europeo es bárbaro"44 • • . , Alberdi proponía... "volver a llamar en socorro de nuestra cultura incompleta a esa Europa, que hemos combatido y vencido por las armas
en los campos de batalla, pero que estamos lejos de vencer en
los campos del pensamiento y de la industria'~5 "¿Queremos
que los hábitos de orden, de disciplina y de industria prevalezcan en nuestra América?"... preguntaba, respondiendo a continuación: ... "Llenémosla de gente que posea hondamente esos
hábitos"... "La planta de la civilización no se prop~a de semilla. Es como la viña, prende de gajo"... "Este es el medio, único de que la América, hoy desierta, llegue a ser un mlilldo opulento en poco tiempo. La reproducción por sí sola es medio
lentísimo. Si queremos ver agrandados nuestros Estados en
corto tiempo, traigamos de fuera sus elementos ya formados y
preparados". 46 El estímulo a la inmigración era considerado como el método más efectivo para implantar una población que
produjera y consumiera según las exigencias del mercado externo.

M. E. Gonz6lez Deluca: intereses británicos y pol{tica en Venezuela 225

taciones británicas, constituía otro pilar fundamental de la
instrumentación del proyecto. Las vías férreas penetrarían el territorio movilizando la población que colonizaría nuevas zonas,
transportando maquinarias, insumos y productos manufacturados a los centros de consumo, y trasladando la producción a los
puertos para ser exportada. El abaratamiento de los costos, y la
reducción del tiempo invertido en el transporte, aumentarían la
eficiencia del sistema productivo. Población y vías férreas terminarían, así, definitivamente con la rémora del aislamiento regional.
Por último las inversiones de capital en diversas áreas de la
población y los servicios públicos completarían el proceso de
acondicionamiento, aunque igualmente importante fue, en las
dos últimas décadas del siglo XIX, el capital colocado en la compra de bonos gubernamentales, que absorbió entre dos tercios
y la mitad aproximadamente del total de las inversiones del capital británico en América Latina. Pese al aparente elemento de
contradicción consistente en el fortalecimiento del Estado por
parte de los representantes del liberalismo económico, esto sólo
traducía una correcta apreciación de las estructuras socio-política latinoamericanas. De acuerdo con ella, el Estado era la única entidad capaz de organizar y respaldar políticas tendientes a
lograr una definitiva aceleración del cambio social. El Estado
asumía de ese modo el papel de agente del oambio, pero su efectividad como tal dependía de una sólida alianza a la vez con los
intereses de los grupos de dominación locales y con los intereses del capital extranjero. Del funcionamiento .de esa alianza
dependía en gran medida la viabilidad del proyecto nacional.

El segundo término de la fórmula, la construcción de fe.
rrocarriles, a la vez que abría un enorme campo para las expor-

La Aplicadón de la ,Vueva Política en Venezuela

42. Aunque una proporción muy baja de inmigrantes británicos se estableció en los
países de América Latina; la mayor parte provenía del sur y centro europeo y
de las islas Canarias.
'
43. Juan Bautista Alberdi, Bases. Buenos Aires, Ediciones Estrada, 1952, p. 77.
44. lbid. p. 68.
45. lbid., p. 70.
46. /bid., pp. 76-77.

Como en casi todos los países latinoamericanos, la política
venezolana se desarrolló en el siglo XIX alrededor del conflicto
entre continuidad y discontinuidad, cambio y permanencia.
Aunque no siempre resultaba fácil trazar la línea de diferenciación entre los grupos que respaldaban una u otra alternativa. En
efecto, ninguno de los grupos que se identificaba como liberal o

�226 Siglo XIX

conservador, por ejemplo, tenía una ortodoxa definición, a nivel teórico y/o práctico, que confirmara su carácter de tal. Lo
cual puede haber sido resultado de una inevitable adaptación a
la realidad de las posturas teóricas, en una sociedad que se debatía en un prolongado, y a veces confuso, proceso de búsqueda
de nuevas y específicas definiciones políticas económicas y sociales. Por otra parte, el hecho mismo de que los intentos de formulación de políticas de cambio dependieran más del apoyo de
una fracción política determinada, o de algún líder político, que
de presiones sociales consistentemente organizadas, contribuía a
restarle solidez a esos intentos.
Terminada la Guerra Federal, que durante cinco años había
mermado aún más los recursos del país, emergían nuevos líderes políticos en cuya capacidad se confiaba para aplicar la politica del progreso. Los conflictos armados entre caudillos retrasaron, sin embargo, esa posibilidad hasta 1870 cuando Antonio
Guzmán Blanco, político liberal, hijo él mismo del más viejo y
popular líder del antiguo movimiento liberal, conquistó el poder mediante las armas. Entre 1870 y 1888 Guzmán Blanco
ejerció un predominio discutido y amenazado constantemente,
pero sin desafíos prolongados. Ello le permitió asumir la ejecución de un programa que resumía en sus aspectos fundamentales
los postulados de la política del progreso. En tanto que esa política suponía el apoyo de recursos humanos y materiales externos, el régimen guzmancista concentró sus primeros esfuerzos en asegurar los prerrequisitos internos de ese apoyo. Es decir, el fortalecimiento de las bases de la autoridad centralizada
del Estado, y la racionalización de sus funciones administrativas; y el desmantelamiento de las restricciones a la libre circulación de mercancías, como la supresión del pago del impuesto
de peaje, la eliminación de los privilegios económicos de la Iglesia, y la unificación de la moneda y del sistema de pesas y medidas.
Sin embargo, la política de centralización no era sólo teóricamente incompatible con el federalismo que Guzmán Blanco
declaraba profesar, sino que era en la práctica contraria a la exis-

M. E. Gonzólez Deluca: intereses británicos y poUtica en Venea:uela 227

tencia de centros regionales de poder controlados por los caudillos. No parece que la primera incompatibilidad haya preocupado seriamente al gobierno, pero es evidente que la segunda fue
una de las preocupaciones fundamentales de la política interna
del guzmanato. Por lo tanto, y como alternativa de la derrota
militar, que nunca fue descartada, Guzmán Blanco puso en práctica una política tendiente a anular el poder de los caudillos regionales mediante dos recursos. Uno fue la eliminación de las
fuentes locales de financiam~ento autónomo haciendo depender
a los estados de los recursos del gobierno central.47 El otro fue
la compra de la lealtad de enemigos potenciales, mediante la
concesión de prebendas de diverso tipo. Este último aspecto
exhibió una faceta interesante, pero de ningún modo inusual, de
la política guzmanista en tanto que las concesiones para crear·
lealtades, generaban contradicciones con otras medidas. Ade- ·
más, en la misma dirección de afirmar el poder central, Guzmán Blanco, consciente de la necesidad de fortalecer la capacidad del Estado como factor de estabilización, y del papel
fundamental que debía cumplir el mismo dentro de la política
del progreso, llevó a cabo un plan de racionalización administrativa y de modernización de las estructuras con la creación
de organismos tales como la Dirección General de Estadística.
Esa conciencia del papel del Estado que la política del guzmanato expresaba con claridad parecía responder a una conciencia de la especificidad de la sociedad venezolana que desde Bolivar había sido señalada en más de una ocasión. En la época de
Guzmán Blanco la prénsa se ocupó de expresar que la realidad
venezolana - que era además una realidad latinoamericanarequería un Estado fuerte y activo . En 1874 un artículo del
Diario de Avisos rechazaba la idea del "dejar hacer" como inadecuado para Venezuela porque ella presupone el ... ''poder
hacer"... "la civilización viril y adelantada"... "una larga paz
y el progreso reinante no de un día sino de largos años". En
cambio "Pueblos niños piden gobiernos protectores"... "Somos (los venezolanos) niños, y necesitamos andaderas: Somos
47. Véase M. B. Floyd, " Política y Economía en tiempos de Guzmán Blanco"... Política y Econom(a e n Venezuela, 1810-1976. Caracas, Fundación John Boulton,
1976, pp. 168-178.

�228 Siglo XIX
M. E. Gon:r:dlez Deluca: interese, británicos y polttica en Venezuela 229

débiles, y relativamente a nuestros pueblos el gobierno siempre
es fuerte, es siempre poderoso."48
El autor del artículo citado se expresaba así en ocasión del
reciente decreto que promovía la inmigración. La "cuestión
brazos" como a menudo se denominaba el problema de la inmigración, fue así el primero de los términos de la fórmula del progreso que recibía atención. A través de la Dirección de Inmigración, fundada en 1874, el gobierno de Guzmán Blanco reactivó
los planes de asentamiento de población extranjera en el país.
La fundación de las colonias Bolívar y Guzmán Blanco fueron
expresión de esos planes, aunque sus resultados defraudaron las
expectativas. En la década de 1870, otra de las manifestaciones
del Estado activo fue la creacióu de las Juntas de Fomento que
cumplían una doble función. Por una parte darle una cuota de
poder local a amigos que debían recompensarse y a enemigos a
quienes se quería acallar con halagos. Por otra adelantar proyectos como la apertura de caminos, carreteras y diversas obras de
carácter urbano representativas del progreso material del país en
momentos en que todavía los recursos externos fluían parsimoniosamente.
El capital británico, y en menor proporción también de
otras nacionalidades, comenzó a aumentar el volumen de sus
inversiones en la década de 1880. Fue entonces cuando avanzaron los planes ferrocarrileros, que reanimaron en cierta medida
la vida de los principales centros urbanos que operaban como
terminales. Ciertamente, el transporte fue enormemente facilitado en las rutas atravesadas por los ferrocarriles, pero su función
de abrir nuevas zonas de producción, y de promover la ocupación efectiva del territorio, quedó sin efecto. Tanto la construcción de ferrocarriles, como la de servicios portuarios y telefónicos entre otros, incrementó a su nivel máximo las inversiones
británicas en el país, sin que pudieran apreciarse signos de cambio notables en la estructura socio-económica. En realidad, las
inversiones británicas en Venezuela no alcanzaron un volumen
tal que permitiera operar cambios significativos. A fines de la
48. Diario de Avisos, Caracas, 15/1/1874.

década de 1880 esas inversiones representaban alrededor del
2 1/2% del total invertido en América Latina.49 Y, comparando con Chile, país de población cuantitativamente similar en
esos años, el capital británico había invertido en Venezuela un
volumen inferior en más de la mitad al de aquel país. Pero también otros indicadores económicos guardaban parecida relación:
el valor total del comercio venezolano representaba aproximadamente la mitad del chileno; y sus ingresos totales, menos de
la cuarta parte del de Chile.50 Es decir que no eran sólo las inversiones británicas, sino la economía en su conjunto que operaba a niveles muy bajos.
El respaldo social a la política del progreso del régimen guzmancista fue relativamente precario, si tenemos en cuenta que
el gobierno sólo logró articular una alianza efectiva con un segmento de la clase dominante: el de los grandes comerciantes,
particularmente los establecidos en Caracas, en quienes el gobierno se apoyaba para salir de sus frecuentes atolladeros fiscales. El otro segmento, ligado a la única rama estable de la producción económica, el de los hacendados, condicionó su apoyo
al desarrollo de una efectiva política agraria que, entre otras cosas, abriera nuevas fuentes de crédito a la producción. Las relaciones entre gobierno y propietarios agrícolas no lograron conformar una alianza en la medida en que aquella política no se
dio, y en la medida en que el régimen guzmancista estrechó sus
relaciones con el sector mercantil, acreedor a su vez tanto del
gobierno como de los hacendados. En ausencia de un efectivo
soporte social, y concluido, a fines de la década de 1880, el
predominio de Guzmán Blanco, principal artífice de la política del progreso, ésta decayó aceleradamente en medio del resurgimiento del conflicto político entre facciones. En la última
década del siglo, era evidente que la fórmula del progreso había
fracasado en Venezuela. Las razones de ese fracaso en gran medida tenían que ver con una serie de contradicciones que la
política guzmancista no pudo superar.
49. Rippy, op. cit., p. 37.
50. The South American ]ournal. 14/5/1886, p. 275.

�230 Siglo XIX

Las Contradicciones y Dificultades de la Nueva Política
La política del período guzmancista representó el intento
más sostenido . en todo el siglo XIX de incorporación de Venezuela a la dinámica del sistema capitalista mundial. Sin embargo, su desarrollo se vio constantemente entorpecido por un
conjunto de contradicciones y dificultades que finalmente impidieron su implementación. Estas contradicciones surgieron
de situaciones antagón:icas que la misma política contribuyó a
resaltar.
La política de afianzamiento del poder central, y de racionalización administrativa, tropezó con la larga tradición de autonomía, aunque quizá cabría mejor decir de anarquía, de los
intereses regionales. Al amparo de un relativo aislamiento regional, habían ido afirmándose situaciones que impedían la aplicación de políticas de alcance efectivamente nacional. La tradición del "se acata pero no se cumple" seguía imperturbable,
y las posibilidades de sorprender a Caracas con una rebelión en
marcha se basaban precisamente en las difíciles comunicaciones
entre una región y otra. Por parte, es indudable que el contrabando "legal" -v.g. con la complicidad de los funcionarios de
aduana- e ilegal, prosperaba en la medida en que las distancias
impedían un efectivo control. Los beneficios en términos económicos, y en términos de poder político, que derivaban de esta
situación algunos sectores locales eran significativos, no en sí
mismos, sino teniendo en cuenta que en una economía débil
como la venezolana, el peculado, el contrabando y los privilegios del poder constituían prebendas que no desaparecían a
menos que surgiera una alternativa mejor. El mismo Guzmán
Blanco no conoció otra alternativa, tanto para su beneficio personal, como para el de otros a quienes le interesaba recompensar o acallar. Era notorio que ciertos cargos, como el de Inspector de Aduanas, cumplían con esa doble función de retribución,
de igual modo que el contrabando se amparaba en la complicidad de los funcionarios, y que otras prácticas -como el saqueo- satisfacían ambiciones más limitadas a las que el gobierno no quería o no podía poner coto. Puede decirse en resumen,

M. E. Gonzdlez Deluca: intere1e1 británicos y pol(tica en Venezuela

231

que el propósito de consolidar la autoridad del gobierno central, factor esencial de la política de integración, fue entorpecido por la existencia de otros intereses contradictorios.
Otro nivel de contradicciones que dio lugar a situaciones
particularmente notorias fue el que se generó del choque entre
dos líneas políticas: una, la asociada a la defensa del interés nacional y la otra consistente en propiciar las inversiones de capital extraniero, como parte de la fórmula del progreso. La contradicción se hizo evidente a raíz de los múltiples puntos de
tensión existentes entre Venezuela y Gran Bretaña, la nación inversionista más importante en el siglo XIX. A las dos cuestiones
más antiguas: la disputa de límites con la colonia británica de
Guadalupe, y la renegociación del Tratado de Amistad y Comercio , mediante la cual Venezuela buscaba limitar la vigencia del
mismo, se agregaron otros en las últimas décadas. Por una parte
las presiones para que el gobierno venezolano cumpliera sus
compromisos con los acreedores británicos con los que siempre
estaba en mora, y por otra la medida dispuesta por Guzmán
Blanco en 1882 de cobrar un impuesto del 30% adicional sobre las importaciones procedentes de las Antillas. Este impuesto era particularmente perjudicial para Inglaterra por cuando su
comercio con Venezuela se hacía usando sus colonias antillanas,
particularmente Trinidad, como entrepóts. Las presiones para
lograr la derogación de esta medida no dieron resultado. Diez
años después de establecido el impuesto adicional, el comercio
de Trinidad había decaído en un 70%51 • Pero fue la disputa
de límites lo que llevó a la ruptura de relaciones dispuesta por
Venezuela en 1887. Venezuela, escribía desde Caracas, el Coronel B. Vicent, es excepcional entre las repúblicas hispanoamericanas, desde varios puntos de vista ... "Pero la más gran~e excepción de todas es que Venezuela no está en buenas relaciones
de amistad con Gran Bretaña"52 . . . Ciertamente lo era, y además esta situación era contradictoria con los planes para atraer
el capital británico, contradicción que no parecía preocupar
51. /bid., 27/1/1894, p. 96.
52. /bid.

�232 Siglo XIX

mucho a Venezuela, pero sí a los británicos quienes constantemente daban cuenta de una reorientación de las relaciones comerciales de Venezuela hacia Estados Unidos y Alemania, en
detrimento del comercio inglés. El perjuicio ocasionado por
el sentimiento antibritánico parece evidente de la lectura de
las renuncias de H. L. Boulton y Moses Taurel a los consulados
británicos de Caracas y Barcelona respectivamente. Boulton, en
1895, extiende su renuncia en vista de que su familia y sus negocios pueden resultar ... "seria y largamente afectados por las
dificultades existentes entre Gran Bretaña y Venezuela, si continúo sosteniendo mi actual cargo"53 •.• Taurel, en 1896, alega
serios daños a la firma Taurel hermanos por la pérdida de clientes y crédito debidos a la hostilidad contra los representantes de
Gran Bretaña.54 La posibilidad de que la tendencia de los intereses británicos en Venezuela hubiera sido distinta de no haber
mediado el conflicto tendría que ser objeto de estudio detenido,
pero, ciertamente, los intereses británicos recibieron en esos
años un impacto negativo.
Finalmente, la contradicción más importante consistió en la
ausencia de una política definida con respecto a la producción
económica. Ni el régimen guzmancista, ni los gobiernos posteriores desarrollaron una política agraria tendiente a incrementar
la producción, lo cual significaba aumento de las exportaciones,
y, en consecuencia, fortalecimiento de la economía. Si bien
Gran Bretaña no era importante consumidora de café, el principal renglón de la producción venezolana, no se hicieron intentos
consistentes por desarrollar el comercio triangular: VenezuelaEstados Unidos-Gran Bretaña, en la forma en que lo logró Brasil; tampoco se logró estimular sostenidamente el desarrollo de
otros renglones productivos. De este modo el propósito de
orientar el país hacia el progreso material debía tener por lógica
escasas perspectivas, por cuanto, como efectivamente ocurrió,
el círculo de la debilidad estructural del país tendía a perpetuarse.

53. "General Correspondence", Foreign O/fice, 80/359, pp. 170-71.
54. lbid., 80/365, p. 146.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y pol(fica en Venezuela

233

CONCLUSIONES
Vista desde el ángulo donde alcanzó su máximo nivel de hegemonía, la expansión británica en América Latina conformó
un sistema muy bien aiustado. El desarrollo de su nueva estrategia, basada en la exportación de capitales y tecnología, hizo que
la onda expansiva de la Revolución Industrial, finalmente tocara estas naciones. La significación de esta nueva etapa en las
relaciones económicas entre América Latina y Gran Bretaña radicaba en la posibilidad de que las inversiones del capital excedente inglés finalmente rompieran el estrecho marco de las economías latinoamericanas. De acuerdo con esa expectativa, se
elaboraron formulaciones políticas que partían de una nueva
concepción de la realidad latinoamericana. Esta se basaba en
una percepción de su inadecuación estructural a los patrones de
funcionamiento propios del modelo capitalista que se quería
seguir. Para superar esa inadecuación se implementó la que algunos han llamado fórmula del progreso: inmigración - capitales
- ferrocarriles. Fórmula que encajaba perfectamente en la nueva estrategia de expansión británica.
La aplicación de esa fórmula en Venezuela bajo el ré.gimen
de Guzmán Blanco, demostró que su efectividad como tal, estaba suieta a un conjunto de condicionamientos internos que
eran, en última instancia, decisivos. La ausencia de una cooperación irrestricta a nivel local, truncó las posibilidades de expansión del capital británico, y con ello el factor más importante de la fórmula. Pero además, un conjunto de contradicciones que se manifestaron en la falta de un auténtico respaldo
social y político a la fórmula fueron determinante en el fracaso
de la misma. A nuestro juicio, esas contradicciones explican por
que Venezuela no logró entonces articular plenamente su economía al sistema capitalista mundial. Es indudable que el café,
principal producto de exportación de Venezuela, tenía una demanda relativamente baja en el mercado británico, de donde provenía la mayor parte de los capitales y productos manufacturados. Pero esto no explica, sin embargo, los casi nulos resultados

�234 Siglo XIX

del proyecto. En este sentido el caso del Brasil resulta comparativamente significativo en el mismo período. Con una producción muy similar a la venezolana, y con un comercio altamente
deficitario con Gran Bretaña, la economía brasileña comenzó a
operar siguiendo el modelo capitalista, sobre la base del excedente del comercio triangular Brasil-Estados Unidos-Gran Bretaña. Esto revela que las posibilidades de integración en el sistema capitalista dependían más de un conjunto complejo de
factores internos, socio-económicos y políticos, que de la posibilidad de ofrecer determinado producto en el mercado internacional. En Venezuela, la aceleración del cambio de condiciones internas asociada a la explotación petrolera permitió, recién
en el siglo XX, desarrollar el proyecto de creación de una economía capitalista.

Reyes González Hermanos:
La Formación de Capital durante la Epoca
de la Regeneración en Colombia
David C. J ohnson*

A finales del siglo XIX muchos gobiernos latinoamericanos
comenzaron a experimentar con nuevas políticás encaminadas a
modernizar el Estado, consolidar el poder federal y estimular el
crecimiento económico nacional. En Colombia esta tendencia se
ilustra con las políticas de la Regeneración, establecidas por Rafael Núñez en 1886 y modificadas por las administraciones posteriores hasta el comienzo de la Guerra de los Mil Días, que se
inició en 1899.
Los historiógrafos colombianos han debatido intensamente
sobre las consecuencias de la centralización, la protección económica, la aplicación de impuestos sobre las exportaciones y la
emisión del papel moneda. En tanto algunos afirman que el crecimiento económico comenzó durante este períodd , otros han
hecho hincapié en que estas mismas políticas desembocaron en
el conflicto regional-nacional que culminó con una desastrosa
guerra que habría de durar tres añoi.
Hay quienes proponen un argumento adicional, según el
cual las diferencias políticas se agudizaron durante este período
* Universidad

de Alberta, Canadá Ponencia presentada en el simposio "Historia
Económica: economía y poUtica", 45° Congreso Internacional de Americanistas,
Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985. Traducción: Margarita Valencia.

l. William Paul McGreevey, An Economic Hi&amp;tory of Co/om bia (Cambridge, 1971).
2. Charles W. Bergquist, Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910 (Durham,
1978).
Marco Palacios, Coffee in Colombia, 1850-1970 (Cambridge, 1980).

�236 Siglo XIX

debido a que los liberales - identificados como los cultivadores de café y los exportadores comerciales - se alinearon en
contra de los artesanos conservadores, los agricultores tradicionales, la iglesia y el poder centralizado en Bogotá. El debate se
ha centrado en los diferentes aspectos que presenta el problema
a nivel nacional, pero es muy poco lo que se ha investigado acerca del impacto regional de las reformas, y aún menos sobre la
gente que se vio directamente afectada.
Tanto Marco Palacios como Charles Berguist han puesto de
presente el hecho de que el Departamento de Santander fue el
área en donde la confrontación con la Regeneración se vivió de
manera más aguda. El antiguo Estado Soberano de Santander
había sido el núcleo de la actividad liberal radical desde la década de 1850. \1ás aún, la región nororiental de Colombia fue la
primera fe desarrolló el cultivo del café para su exportación
comercial . En 1874 Santander producía 100.000 sacos de café,
el cual representaba el 90 por ciento de las exportaciones colombianas del producto4 ; y en 1900 todavía producía el 60 por
ciento-5.
La caída de los precios del café en 1884 y el conflicto local
en Santander ejercieron una influencia pre_dominante en el estallido de la Guerra Civil de 1885; y sin duda alguna esta región
productora de café desempeñó un papel fundamental en el inicio de la Guerra de los ~lil Días. No es mera coincidencia el hecho de que gran parte de la lucha se haya llevado a cabo allí o
que Palonegro (en Santander) haya sido el escenario de la batalla más sangrienta de la guerra. El inicio de la Regeneración
coincidió con un incremento dramático en el precio mundial del
café, en 1887, en tanto que sus problemas se multiplicaron con
la caída vertical experimentada entre 1896 y 1899.

D. lohnson: formación de capital durante la Regeneracioo

237

económica de Colombia; pero también es posible observar variaciones al interior de las regiones. Es así como el progreso inicial
en el sur de Santander se desvaneció con el fracaso del tabaco, el
algodón, el cacao, los sombreros de jipijapa y los textiles. Durante las décadas de 1880 y 1890 miles de personas se trasladaron a las regiones cafeteras del centro y el norte de Santander,
en donde se estaba experimentando una nueva prosperidad. No
es difícil imaginar la frustración de estos ambiciosos agricultores: huyeron del fracaso en el sur, se trasladaron con sus familias
y recuperaron temporalmente su bienestar, sólo para enfrentar
de nuevo el desastre después de 1896.
Por tanto, el examen cuidadoso de la hlstoria económica de
Santander durante el período de la Regeneración puede ser de
gran utilidad para someter a prueba algunas generalizaciones. Este trabajo - que forma parte de un proyecto más ambicioso se centrará en las actividades de la compañía comercial bumanguesa Reyes González Hermanos. Esta compañía, formada en
18826 por tres hermanos - Reyes, Eleuterio Aereopajitas y
Florentino González - se disolvió y se reformó en varias oportunidades hasta la muerte de Reyes González en 1905 7 • Durante
su existencia, la compañía estuvo involucrada en una amplia serie de actividades, tales como la posesión y manejo de grandes
haciendas, compraventa de finca raíz tanto urbana como rural,
comercio, hipotecas, préstamos, manejo del estanco de aguardiente, derechos sobre los peajes, recolección del derecho del
degüello, y administración de la plaza de mercado bumanguesa.
Como se demostrará, los tres hermanos, originarios del pueblito de Matanza, acumularon tierra y capital con gran éxito;
crearon la compañía más poderosa en el área de Bucaramanga
en las décadas de 1880 y 1890, y establecieron sucursales a todo lo largo del territorio santandereano.

Sin duda alguna, existen variaciones regionales en la historia
3. Para un análisis de la situación anterior a 1886 ver David Church Johnson,
Santander siglo XIX, cambios socioeconómicos (Bogotá, 1984).
4. Bergquist, pág. 23.
5. Palacios, pág. 23.

6. Archivo de la Notaría Primera de Bucaramanga, XI-21, 1882, Tomo IV, escritura 555, folios 1459-1463.
De aquí en adelante las citas de la Notaría Primera serán dados como una fecha,
número de escritura y folios.
7. Juicio de !,UOOsiÓn de Reyes González, V-8-1907, T. Ill, No. 488,f. 1209-1375.

�238

D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

Siglo XIX

El análisis de la expansión de sus actividades puede ser de
gran utilidad en la medida en que amplía los escasos conocimientos sobre la historia ~mpresarial durante la Regeneración8.
Por otra parte, es interesante evaluar el éxito de Reyes González, quien se convirtió en un general conservador durante la
Guerra de los :Mil Días a pesar de carecer de experiencia militar. El hecho de que este conservador de vieja data haya sido
también comerciante y hacendado - y que además haya hecho
su fortuna con la quina - debe mover a reflexión en relación
con las luchas políticas del período. Si bien es cierto que los
hermanos González fueron excepcionales, el éxito financiero de
su compañía contradice las afirmaciones de que todos los exportadores eran liberales y de que las políticas conservadoras
fueron lesivas para la regiones cafeteras.
No existen registros de la compañía y, a excepción de unas
pocas cartas, no se han recopilado los documentos de los González, lo cual supone un serio obstáculo para la historia empresarial. A esto se debe añadir que los estudios locales y regionales
han prestado muy poca atención a la compañía y a sus directores. En las Crónicas de Bucaramanga de Arturo (José Joaquín
García) - imprescindibles en el estudio de la historia de la región - se menciona a Reyes González como el dueño de dos
de las primeras casas antisísmicas en la ciudad; el autor añade
que se trataba de un ciudadano con una gran vocación de servicio a la comunidad, como lo demostraron la concesión del uso
de un parque a la ciudad y la donación de dos casas para los
indigentes9. En La Culebra Pico de Oro, de Mario Acevedo Díaz,
se reproduce un documento que menciona a Reyes González
como uno de los miembros del grupo que salió en persecución
de los rebeldes después del alzamiento contra los establecimientos comerciales en 1879. pero su figuración probablemente fue
insignificante, pues su nombre no aparece en ninguno de los
8. El nuevo estudio sobre la familia Puyana constituye una excepción. Emilio /uenas, La Casa del Diablo, Los Puyana: Tenencia de tierras y acumulación de capi·
tal en Santander (Bucaramanga, 1982).
9. (Bogotá, 1896), págs. 256,262,278.

239

otros documentos reproducidos en el libro 10 •
Afortunadamente sobrevive el archivo de la Notaría Primera
de Bucaramanga, conservado en excelentes condiciones en la
Corporación Cultural Luis Perú de la Croix. Tanto en este archivo como entre los documentos que sobreviven de la Notaría
Segunda - que comenzó a funcionar en 1882 - se consultaron
aproximadamente 15.000 transacciones que se llevaron a cabo
entre 1866 y 1911. Existe gran cantidad de material sobre compr~venta de tier~as, hipotecas, testamentos y contratos que permiten reconstrmr la naturaleza de la economía y la sociedad loc~es. Desafortunadamente, su revisión y organización son difíciles y consumen gran cantidad de tiempo. El material es espec~al~ente in~resante porque en esta época Bucaramanga y los
distntos de füonegro, Lebrija y '.\Iatanza - incluídos en los archiv~~ -· experimentaron un rápido crecimiento gracias a la expans10n de la economía cafetera. Rionegro, Girón, Lebrija, \1atanza y Bucaramanga seguían siendo en 1927 los principales
c~ntros de producción de café en el sur de Santander. Aunque
Gir~n contaba co~ su propia oficina notarial, las grandes transacc10n~s eran registradas en Bucaramanga11 • Por otra parte, en
192: ~-onegro ocupaba el segundo lugar entre los principales
m~c1p10s productores de café en Colombia ( después de Fredorua, en Antioquía), con 6.321.900 cafetos; Lebrija ocupaba
el noveno lugar, y Girón y \llatanza los lugares 76 y 77, respectivamente12.
. ~i bien éste f~e un período que se caracterizó poi su gran
actiVIdad y por el mcremento en los precios, hubo muchas vent'.18 pequeñas. Hasta 1899 aparecen registradas compras de pastizales o chozas por menos de 100 pesos1 3 . Con el fin de determinar las tendencias generales y la participación de Reyes González Hermanos en el mercado de finca raíz fue necesario selec(Bogotá, 1978), pág. 239.
En parte debido a la ~tidad de comerciantes, y en parte por el hecho de que
Bucararnanga era la capital.
12. Diego Monsalve, Colombia cafetera (Bogotá, 1927), pág. 61 7.
13. 1-5-1899, T. l. No.13, f. 25-26;1-7-1899, T. l. No.16, f. 29-30 ;II-21-1899 T I
No. 148,f. 317-318; V-13-1899, T. II, No. 403, f. 1043-1044.
' ..
10.
11.

�D. ]ohnson: formación de capital durante la Regeneración

240 Siglo XIX

SANTANDER

Rfo C11ahira
del Esp(ritu Santo
1

MATANZA
1

•
-RIONEGRO

241

cionar algunos años, en los cuales se hizo un análisis exhaustivo
de todas las transacciones: 1885, 1886, 1887, 1890, 1894,
1895, 1899 y 1900 fueron considerados representativos de los
años de conflicto y de los de paz y prosperidad. De las 2533
transacciones de tierra, el 65 por ciento fueron por menos de
1.000 pesos. Pero obviamente constituyen un porcentaje mucho
menor del valor total de las compraventas en estos años, que fue
de 3.651.281 pesos. En este estudio se examinan las transacciones por más de 1.000 pesos con el propósito de detectar a los
principales vendedores y compradores de finca raíz rural y urbana. Una vez que se precisó la importancia de los hermanos González se procedió a estudiar los demás años en busca de documentos relevantes. También se analizaron algunos documentos
radicados en la '.\otaría Segunda y correspondientes a los años
representativos. Dado que esta notaría fue fundada apenas en
1882, allí se registraron muchas menos transacciones que en la
Primera y, a excepción de dos años, la actividad de los hermanos González fue menor. El análisis exhaustivo que se aplicó a
los documentos de la ~otaría Primera para los años seleccionados debería efectuarse para los años restantes y para los documentos de la ~otaría Segunda con el fin de configurar un cuadro completo.
El segundo de los doce hijos de Pedro González e Isabel Arciniegas14, Reyes González, nació en 1840 en \fatanza, un pe-

UCARAMANGA

•
1

FLORIDABLANCA
PIEDECUESTA-•
BETULIA-•

14. V-8-1907, T. lll. No. 488,f.1209-1375.
Después de terminar este ensayo yo encontré nuevos datos sobre el padre de los
hermanos González. Pedro González fué un señor acomodado económicamente
con tierras en Matanza y Piedecuesta. Antes de casar con Isabel Arciniegas, él tuvo once niños con su primera esposa, Sérjida Vera, por un total de veintitres hijos.
A su muerte, a pesar de una fortuna sustancial, su propiedad fué dividida entre
diez y ocho personas incluyendo hijos sobrevivientes y nietos de su primer ma•
trimonio. La porción de la herencia de los tres hermanos fue pequeña. Específicamente Reyes recibió las dos terceras partes de una casa en Piedecuesta con
valor de 298.65 pesos; Eleuterio recibió la mitad de un terreno, sitio Boquerón en
Piedecuesta a valor de 298.65 pesos~y florentino recfüó la octava parte de otro
terreno, sitio Boquerón, Piedecuesta, valor de 306.65 pesos. Más importante
que la propiedad que Pedro les dejó fué su modelo de actividad comercial y en
especulación en finca raíz seguido por tres de sus hijos. Archivo de Notaría,
Piedecuesta, Testamento de Pedro Gonzál.ez, XIl-17-1868, T. 11. No. 273, f.
411-418; Partici6n de bienes de Pedro Gonzál.ez, IV-4-1870, T. l. No. 82, f.
272-321.

�242 Siglo XIX

queño pueblo cuya población en 1870 era apenas de 3714 habitantes15 . Su hermano, Eleuterio Aereopajitas, catorce años
más joven, fue su socio hasta la muerte de Reyes en 1905, fecha en la cual Eleuterio se hizo cargo de la compañía hasta su
propia muerte en Panamá, en 192216 . Otro de sus hermanos,
Florentino, también fue miembro activo de la compañía desde
su fundación en 1882 hasta 1895, cuando se separó para formar
su propia compañía en Cúcuta. Durante esos años manejó negocios de .la compañía en Cúcuta, Pamplona, Ocaña y Venezuela17. Es posible que hayan surgido dicrepancias entre los hermanos, pues a partir del momento en que Florentino se retiró su
nombre no volvió a aparecer en los contratos o en las herencias. En 1895 le confirió un poder a Carlos Delgado y Vicente
Parra R., de Bucaramanga, para que cobraran una deuda a su
nombre que debía ser cancelada en Venezuela18 . Es curioso que
no le haya dado el poder a Reyes o a Eleuterio, quienes prestaban esta clase de servicios a sus clientes.
Florentino también sería un tema interesante de estudio,
pues tuvo mucho éxito en el negocio de importación y exportación en el norte de Santander. En 1896 la firma de Florentino
González era la quinta casa comercial más grande de Cúcuta, y
en ese año sus negocios en comercio exterior sumaron un total
de 2.169.610 pesos. Las primeras cuatro compañías eran todas
extranieras: Breuer ~Toller y Cor., Van Dissal y Cía, Andreson
Moller y Cía. y Luciana Avila y Cía.19 • Por otra parte, Florentino era un miembro respetado de la élite y se elogió con elocuencia su habilidad al frente de la administración del nuevo
hospital, labor por la cual no aceptó remuneración alguna2().
Florentino se casó con ~icolasa Arbelo, venezolana y mujer cé15. Censo de Colombia (Bogotá, 1870).
16. Diligencia de inventarios... a la sucesión del Sr. Eleuterio González, Notaría
Segunda de Bucaramanga, VI-4-1923, T. V. {falta nfunero de escritura), f.
5-66.
17. VIII-17-1895, T. II,No. 306,f. 861-869.
18. Notaría Segunda, Vlll-26-1895, T. I, No. 129, f. 250-251.
19. Vi¡gilio Barco, Informe anual del prefecto de Crlcuta (San José, 1896), pág. 9.
20. /bid., pág. 11.

D. fohnson.: formación de capital durante la Regeneración

243

lebre en su época, pero no tuvo descendencia legítima. Hacia el
final del período se asoció con Gregorio González, quien heredó parte de la riqueza de Reyes; pero la participación de Gregorio en los negocios de la compañía fue muy limitada.
)luy poco se sabe de los otros dos hermanos, Antonio y Eusebio;. éste último, el menor, no desempeñó papel alguno en la
compañía. Las cinco hermanas - Tránsito, Carmen, Zenobia
Fidelia y Francisca - aparecen ocasionalmente en las transacciones de la familia y heredaron parte de la fortuna de Reyes.
Francisca fue la única de las cinco que contraio matrimonio,
con Luis Felipe Tarazona. Las otras se establecieron en una gran
casa en la tercera cuadra de la Calle de Comercio, donde llevaron una existencia bastante aislada, a juzgar por las historias que
narran los descendientes de la familia.
Reyes González se casó con Zoila Blanco en Matanza, en
1868, cuando ella tenía catorce años de edad. La pareja tuvo
dos hijos: Pedro Julio, que nació en Matanza en 1869 y murió
a los 33 años de edad, y Juan Crisóstomo, quien también nació
en Matanza en 1875. Pedro nunca se involucró con la compañía,
a diferencia de su hermano menor, quien se convirtió en un
miembro activo a finales de la década de 1890.
Zoila Blanco murió en 1899, a los 45. Seis años después
murió Reyes, el 10 de mayo de 1905, cuando tenía 65 años de
edad. Un mes antes hizo su última gran venta de tierra, un terreno en sitio Cutigatá, en Lebrija, que vendió a su cuñado Luis Felipe Tarazona22 . A juzgar por su firma, durante los últimos años
de su vida estuvo muy enfermo.
La primera transacción conocida de Reyes González fue la
compra, en compañía de Femando Bueno, de unas tierras en
sitio La Fragua, en Suratá, por 360 pesos23 . Cuatro meses después él y Bueno vendieron las mismas tierras a Esteban Bueno
22. IV-3-1905, T. 11, No. 388, f. 842-843.
23. VI-25-1866, T. I, No. 56, f. 378-380.

�D. Johnson, formación de capital durante la Regeneración 245

244 Siglo XIX

por 500 pesos, obteniendo su primera ganancia de 70 pesos24 .
En 1868 Marcos Olago hipotecó a favor de Reyes González unas
tierras en Matanza llamadas "El Tanque", a cambio de un préstamo de 40 pesos. J\Bí se inició su carrera en el negocio de las hipotecas y los préstamos, que habría de extender en las décadas
de 1880 y 1890, logrando no sólo acumular capital adicional
sino también, en algunas ocasiones, las propiedades hipotecadas.
El ritmo de sus actividades se incrementó en 1869, cuando
25
compró· los derechos de la familia Cote en sitio La Matanza y
los solares de Pedro Alcántara Parra en el centro de .\latanza por
un total de 872 pesosl6 • En 1870 vendió parte de sitio La '\fatanza y cambió otra parte de una casa ubicada en la plaza de
Matanza27 . Con frecuencia sus negocios se caracterizaron por
las permutas, si bien posteriormente comenzó a cambiar propiedades urbanas en Bucaramanga por buenas tierras cafeteras.
Todo parece indicar que Reyes tenía una sólida reputación
entre sus conciudadanos; así lo demuestra el haber sido escogido como fiador de Jacobo Bueno cuando éste firmó un contrato
8
con el gobierno para operar las minas de oro y plata en Vetasl .
También lo evidencia la posición de alcalde de Matanza que ocupó en 1872, a pesar de ser un conservador en momentos en que
el gobierno estatal era liberal29 . Aparentemente no ocupó ning!'1n
30
otro cargo político hasta 1888, cuando fue prefecto de Soto •
Entre 1870 y 1873 continuó haciendo ventas y compras por
sumas pequeñas, entre los 10 y los 240 pesos. La adquisición de
varios derechos de tierras de diversas personas en un lugar llamado La Comunidad de los Arciniegas indica que la familia de su
madre había vivido en el área durante mucho tiempo y posiblemente Reyes González trataba de recuperar propiedades com24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.

X-18-1866, T. I, No. 30, f. 214-216.
XI-I-1869, T. 1, No. 59, f. 120-122. Ver también No. 55-58, misma fecha.
IV-15-1869, T. I, No. 14 y 15,f. 25-28.
IV-24-1870, T. I, No. 143, f. 63-65;V-27-1870, T. 1, No. 174, f. 240-212.
V-27-1870, T. I, No. 174, f. 204-212.
XII-31-1872, T. I, f. 364. El firmó como alcalde al fin del tomo,
"Informe del prefecto de Soto", Mensaje del Gobernador de Santander (Bucaramanga, 1888), págs. 37-39.

pradas o usurpadas por pequeños terratenientes31 .
Su carrera como comerciante se inició después de la compra
de dos almacenes en la plaza de Matanza, por un valor de 240
pesos32 • ~n 1871 llevó a cabo la primera transacción fuera de
Mat~nza; en esta ocasión fue el derecho a una casa en el pueblo
de P1ede~uesta, por un valor de 32 pesos. Tres años más tarde,
en 1_874, ya se había convertido en un terratenientes de importancia en Matanza, gracias a varias compras pequeñas y dos grandes.
En marz~}e compró a Trinidad Mantilla, por 800 pesos, el
te~r~no Si~gá , y en abril pagó 3.600 pesos - más de lo que hab1a mvertido en todas las compras anteriores - por la hacienda
de Báchiga, con su casa y sus plantaciones de café34 • Con el fin
de llevar a cabo esta transaeción.tuvo que vender algunas de sus
pequeñas propiedades y recibió un préstamo de 2.800 pesos de
Víctor Ortega, suma que pagó catorce meses más tarde35 . Como
se demostrará más adelante, Báchiga se convertiría en el punto
de partida de compras mucho más cuantiosas.
Durante este período, Reyes intentó por vez primera formar
una compañía. En marzo de 1873 se asoció con Ignacio y Manuel Blanco, sus cuñados, y or¡anizó la firma Blanco y González, que debía durar seis años3 . Desafortunadamente su primer
esfuerzo fracasó y la firma se disolvió poco más de un año después37.
Entre 1875 y 1876 Reyes continuó comprando y vendiendo
propiedades de mediano valor en el área de Matanza. Represen31.
32.
33.
34.
35.
36.
37.

III-8-1871, T. I, No. 24, f.124-128;IV-3-1871, T. I, No. 29, f. 140-142.
1-9-1872, T. I, No. 19, f. 65-f,7.
III-8-1874, T. I, No. 130, f. 259-264.
IV-14-1874, T. I, No. 192, f. 382-384.
IV-14-1874, T. I, No.193-196,f. 384-391 ~l-6-1875, T. II, No. 279, f. 782-783.
lll-6-1873, T. II, No.100, f. 2-7.
IV-14-1871, T. I, No.192, f. 382-384.

�D. ]ohnson:

246 Siglo XIX

tativa de su capacidad es la venta de dos tiendas en el costado
sur de la plaza de '.\latanza por 656 pesos38 , las cuales había
comprado cuatro años antes en 240 pesos. El incremento en el
valor es un reflejo del incremento en el comercio de café y en
las importaciones en la región.
Quizás la transacción crucial en la formación de la riqueza
de Reyes se llevó a cabo en 1877. En octubre de ese año vendió
la hacienda de Báchiga a Antonio Serrano por 14.112 pesos, con
una ganancia de 10.512 pesos en sólo tres años39 . Si bien este
margen es mucho más elevado que cualquiera de los logrados, refleja el patrón de la mayor parte de sus compraventas. De hecho,
un poco después le prestó dinero a Serrano, y cuando éste se
vio imposibilitado de pagar, compró Báchiga de nuevo por
8.000 pesos, en 188~, sólo para venderla unos años más tarde,
en 1890, por 10.000 pesos41 . Dado que en Báchiga había una
plantación de café bien establecida, no es descabellado suponer que también se benefició con el incremento en el precio de
• café entre 1874 y 1877. La compró de nuevo cuando los precios
bajaron, pero obtuvo ganancias durante la racha de precios altos
a fines de la década de 1880.
La cuestión fundamental aquí es que la venta de Báchiga en
1877 le dio a Reyes los recursos suficientes para comprar la hacienda La Luisiana, en el fértil distrito cafetero de Rionegro, que
habría de convertirse en una fuente constante de ingresos. El 4
de octubre de 1877 Reyes y Manuel Blanco pagaron 32.000 pesos por la propiedad de un conocido comerciante bumangués,
José María Valenzuela42 ; ésta incluía chozas de paja, pastizales
tanto naturales como artificiales, montaña, cultivos de café y
cacao y 400 cabezas de ganado.
Las condiciones de pago impuestas por Valenzuela facili38.
39.
40.
41.
42.

VI-6-1875, en 1876, T. II, No. 344, f. 441-444.
X-4-1877, T. II, No. 358, f. 59-62.
V-14-1883 , T. II, No. 261, f. 669-702.
VIIl-23-1890, T. V, No. 632,f.1172-1174.
X-4-1877, T. ll, No. 355, f. 45-51.

formación de capital durante la Regeneración

247

taron la transacción: a seis años, a un interés del 1 por ciento
mensual durante los primeros dos años y del 9 por ciento anual
en los últimos cuatro. En 1881 se transfirió la hipoteca a Bendix Koppel, y fue pagada y cancelada en su totalidad en 188743 .
La hacienda La Luisiana, conocida posteriormente como El
Playón, pasó a ser el cimiento de la riqueza de la familia y de la
cor::.¡añía. Si bien se vendieron y compraron pequeñas porciones , la mayor parte de la propiedad permaneció en la familia y
fue vendi'dá o transferida a Florentino45 y a Eleuterio46 , y pasó
a ser propiedad del hijo de Eleuterio, Ignacio González Cadena,
en l 94s47 . En ese momento los ingenieros calcularon que el
área de la propiedad excedía las 50.000 hectáreas48 , y los límites eran básicamente los mismos descritos en la compra y en la
partición de bienes de Eleuterio49 . El valor de la propiedad en
ese año era de doce mil pesos oro o 1.200.000 pesos en papel
moneda5º. Pero para ese momento la hacienda no se encontraba tan extensamente cultivada como lo había estado en el pasado51.
De gran importancia fue la concesión de todos los derechos y participaciones en las tierras del valle del río Pescado,
de cordillera a cordillera, al norte del río Cáchira del Espíritu
Santo52 . Tal como lo indica el informe de los ingenieros en 1943,
el área estaba llena de "monte rico" y de una gran diversidad
de árboles, entre los cuales sobresalía la quina rosada en toda la
zona entre los 800 y los 1.700 metros de altura. Se calculó una
densidad de 1.000 árboles por hectárea, siendo ésta mayor cer43.
44.
45.
46.
47.
48.
49.
50.
51.
52.

lV-1-1887, T. I, No. 315, f. 330-335.
En 1884, 1888, 1890, 1896, 1897, 1898~ 1899, Y 1900.
XII-14-1881, T. IV, No. 790, f.1195-1198.
X-25-1888, T. IV, No. 826,f. 1657-1658.
Archivo de Gobernación, Departamento de Santander, Asuntos "El Playón",
págs. 7-19.
lbid., pág. 24.
Notaría Segunda, Bucaramanga VI-4-1923, T. V., f. 43-66. Falta número de
escritura.
]bid.
Asuntos "El Playón", pág. 24.
X-4-1877, T. II, No. 355, f. 45-51.

�D. Johnson: formaci6n de capital durante la Regeneración 249

248 Siglo XIX

ca de la cordillera La Lora, a lo largo del río Cáchira del Espíritu Santo. En total, había más de un millón de árboles de quina53.
El momento de la adquisición resultó afortunado por azar;
los precios de la quina aumentaron durante la década de 1870,
pero sufrieron un incremento dramático en 1877-78 y 1878-79,
cuando se exportó quina por un valor aproximado de 2.5 millones de pesos; esta cifra aumentó hasta 3.3 millones en 1879-80
54
y fue superior a los cinco millones de pesos en 1880-81 •
Reyes y su socio tenían quma, la ventaja geográfica que suponía la proximidad del río ~lagdalena, y el suministro de mulas
para el transporte. ~lientras otros luchaban (literalmente) por la
quina en las tierras baldías, Reyes contaba con títulos de propiedad claros y derechos para la explotación de los bosques.
La venta de 300 cargas de quina de La Luisiana en 1881,
por valor de 24.000 pesos - el 75 por ciento del valor invertido
en la compra de la hacienda - nos da una idea de la fortuna acumulada durante el auge de este producto55 •
No hay forma de saber cuántas cargas se produjeron entre
1877, cuando se compró la hacienda, y 1881-82, fecha en la
cual el mercado se vino ahajo y las exportaciones cayeron a
140.000 pesos. Sin embargo, una de las ventajas evidentes de este tipo de comercio era que la tala de los árboles de quina no
ex~ía una inversión de capital mayor que el destinado a la
compra de machetes y mulas, y a los salarios.
Todo parece indicar que Reyes y Florentino, junto con José
María Valenzuela, se movían activamente en otras regiones productoras de quina, pues en 1882 hicieron un arreglo "amigable"
con los representantes de la Compañía Industrial de Ocaña en
53. Asuntos "El Play6n", págs. 24-26.
54. L~is Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, 1810-1930. (Medelhn, 1955), págs. 243-244.
55. X-6-1881, T. IV, No. 640, f. 130-136.

relación con una disputa sobre el contrato de venta de 1000 cargas de quina de La Luisiana5 6 .
~espués de enero de 1880 las ganancias producidas por la
propiedad comenzaron a pasar exclusivamente a manos de Reyes, pues éste compró a \fanuel Blanco su participación por
16.000 pesos57 • Si bien no es posible medirla con exactitud, la
tremenda riqueza producida por la quina se refleia en el aumento del valor de las transacciones de Reyes, a 28.500 y 46.875
pesos en 1881 y 1882 respectivamente. En julio de 1881 compró ?,tra hacienda en la rica región cafetera de Rionegro; en esta
ocas10n fu~ La Fe o Los Cocos, de propiedad de Alejandro Koppel, que mcluía tres casas, plantaciones de café, mulas y caballos por valor de 12.009 pesos58 • La Fe permanecería en la familia hasta la muerte de Eleuterio en l 92ZS9 .
Las dos ventas mayores en 1881 representan la transferencia
~e _La Luisiana_a Florentino60 , y de Los Cocos a Gregorio61 . En
Julio de ese mismo año adquirió sus primeras propiedades importantes en la Calle del Comercio de Bucaramanga: un almac~n y dos tiendas ubicados a tres cuadras de la plaza, de propiedad del comerciante alemán Guillermo Schrader.
L_a venta, en 1886, de sus acciones en la compañía de comercio González y Forero suministra otra clara indicación de la
riqu~za. reunida por Reyes a partir de la quina. La compañía
habia sido formada el 24 de junio de 1881 para "especular en
toda clase de negocios relacionados con la introducción y com~rci~ación de drogas al mayor y detal". En un período de
seis anos Forero Barreto habría de p~ar a Reyes 24.642 pesos
por el valor de los medicamentoi2 .
56.
57.
58.
59.
60.
61.
62.

Xl-ó-1882, T. IV, No. 634, f. 1647-1650.
1·28-1880, T. I, No. 48, f.113-116.
Vll-22-1881, T. 111, No. 424, f. 591-592.
Notaría Segunda, V-4-1923, T. V,f. 5-ó6.
Xll-14-1881, T. IV, No. 790, f. 1195-1198.
VIJ-30-1881, T. III, No. 460, f. 644-646.
Il-7-1886, T. I, No. 64 y 65, f. 128-130.

�250 Siglo XIX

Además del aumento de tierras, la más clara muestra de la
magnitud de la fortuna de González es la formación, el 21 de
noviembre de 1882, de la compañía Reyes González Hermanos, en la cual participaron Reyes, Florentino y Eleuterio. La
compañía contó con un capital de 254.000 pesos, una cantidad
extraordinariamente elevada para la época, en especial si se tiene en cuenta que sólo una década antes el total de las compras
de Reyes había sumado apenas 71 O pesos. Aún más sorprendente es el hecho de que la participación de Reyes consistía en
115.000 pesos en efectivo, y una casa y un almacén en la Calle
del Comercio, a cuatro cuadras de la plaza, cuyo valor ascendía
a 10.000 pesos63 •
Florentino y Eleuterio participaron con 11.000 pesos en
efectivo, 12.000 pesos en acciones de la compafiía Forero y
González, y las haciendas La Luisiana, Los Cocos (o La Fe), en
Rionegro, y Río de Oro y Vega de Suratá, en Bucaramanga,
además de una casa en la tercera cuadra de la Calle del Comercio, cuyo valor total ascendía a 106.000 pesos.
La sociedad se disolvió y se reformó en diversas ocasiones;
una de las más importantes fue cuando Florentino se separó
con el propósito de atender sus propios negocios en Cúcuta
en 1894. Florentino retiró 294.850 pesos para pagar las cantidades adeudadas en las sucursales de Cúcuta y Pamplona. Esta
cantidad se cubrió con el valor de las propiedades en estos lugares, que ascendía a 444.850 pesos. Florentino recibiría todas
las deudas y la mercancía de la compañía en el norte de Santander, así como una serie de propiedades urbanas y rurales64 •
A pesar de esta separación, en 1899, cuando se liquidó la
compañía a la muerte de Zoila, sus activos ascendieron a
2.118.630 pesos65 . El capital fue de 8.210.313 pesos cuando
63. IX-21-1882, T. IV, No. 555,f.1459-1463,
64. VDI-17-1895, T. II, No. 306, f. 861-869.
65. VD-27-1899, T. III, No. 685, f.1856-1869.
Para dar una idea del valor real de esta suma cabe anotar que el salario anual de
un militaJ con el rango de general era de 4 .800 pesos, en tanto que el juez su pe-

D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

251

la compañía se disolvió nuevamente en l 90s66 , y se constituyó
una vez más con un capital de cinco millones de pesos en billetes o 50.000 pesos oro67 .
A causa de la inflación antes y durante la Guerra de los \lil
Días es difícil comparar valores entre 1882 y 1903. Sin embargo, los activos en bienes inmuebles experimentaron un incremento considerable. La compañía poseía seis haciendas en Rionegro, Bucaramanga y Girón: La Fe o Los Cocos y La Loma o
El Vijagual estaban al mismo nivel de La Luisiana68 .
Por otra parte, era propietaria de nueve almacenes, de los
cuales cinco estaban localizados en las primeras cuatro cuadras
de la Calle del Comercio de Bucaramanga; tres se encontraban
cerca del mercado en el barrio San _\fateo y uno en Rione~ro·
asimismo, a su nombre había 17 casas en Bucaramanga y va~
ríos pastos y solares69 • E.sta lista no incluye la propiedad personal de Reyes, Eleuterio, Juan Crisóstomo o Gregorio. Si bien
las haciendas estaban dedicadas principalntente al cultivo del
café, también había cacao, caña de azúcar, árboles frutales, pastos y ganado. En La Loma o El Vijagual los cultivos de plátano y yuca ocupaban áreas extensas70 .
Si bien propiedades tales como La Luisiana, La Loma, Los
Cocos y Santa Lucía, y las casas y los almacenes en la Calle
del Comercio permanecieron en la familia hasta la partición de
bienes con Eleuterio en 1923, la mayor parte de las transacciones 'de la compañía eran de corta duración y su propósito era
la especulación o la venta cuando se requería dinero en efectivo. De hecho, las propiedades permanecían cerca de 2.6 años
rior de Bucaramanga recibía 3.000 pesos y un sargento 360 pesos. Carlos MarHnez Silva, Capítulos de historia po/(tica de Colombia (Bogotá, 1973), 11, págs.

354-358.
66. VllI-24-1903, T. IV, No. 1222, f. 2328-2346.
67. !bid.
68. VII-27-1889, T. Ul, No. 685 y 686, f. 1856-1880.
69. !bid.
70. Notaría Segunda, V-29-1891 , T. II, No. 325,f. 1018-1022.

�252 Siglo XIX

en posesión de la familia, en comparación con un período promedio de 3.9 años durante el cual se conservaba una propiedad
en Bucaramanga, de acuerdo con un año de muestra analizado
(1894). En esta época Bucaramanga era un centro comercial
dinámico y en proceso de crecimiento y el número de sus habitantes aumentaba constantemente debido a la inmigración (entre 1870 y 1912 la población de la ciudad se duplicó, y en las
décadas de 188.0 y 1890 experimentó su crecimiento más veloz71 ). Las cifras anteriores sobre promedio de años en posesión de tierras no son exactas porque sólo el 63 por ciento de las
ventas registradas incluye la fecha de venta. Pero incluso si se
presume que las transacciones que no aparecen listadas corresponden a propiedades que se conservaron durante más tiempo
es posible imaginar un comercio vital en finca raíz.

D. Johnson: formación de capital durante la &amp;generación

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Con el fin de dar una noción exacta de la participación de
los hermanos González en el mercado de finca raíz cabría añadir que se totalizaron todas las ventas durante los años de 1885,
1886, 1887, 1890, 1894, 1895, 1899 y 1900. El porcentaje del
valor total que corresponde a las compraventas de los González
aparece en el cuadro siguiente:

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/" ----------~-=---=-~71. Johnson,pág.266.

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Entre 1866 y 1905 aparecen en la Notaría Primera 171 adquisiciones a cargo de la compañía y de los hermanos González,
las cuales sumaron un total de 780.804 pesos; y 152 ventas por
un total de 650.713 pesos. Cuando se añaden las transacciones
registradas en la Notaría Segunda (31 adquisiciones por valor
de 107.814 pesos y 25 ventas por valor de 51.383 pesos) se llega a un total de 888.618 pesos por concepto de compras y
702.096 por concepto de ventas, lo cual resulta en un promedio de un poct&gt; más de 4.000 pesos por transacción.

....

253

�D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración 255

254 Siglo XIX

VALOR TOTAL

AÑO

CO~IPRAS

VE'\T,\S

1885

21.7%

21.2%

124.341 pesos

1886

7.7%

0.6%

386.105 pesos

1887

5.0%

4.0%

240.757 pesos

1890

0.6%

4.8%

621.044 pesos

1894

7.7%

0.9%

866.132 pesos

1895

3.9%

9.7°/o

579.020 pesos

1899

8.0%

5.5%

620.766 pesos

1900

0.0°/o

5.6%

213.106 pesos

PRINCIPALES ADQLISICIOi\i.':S INDIVIDUALES
NOTARIA PRIMARIA, BUCARAMANGA
(en 1885, 1886, 1887, 1890, 1895, 1899, 1900)

'
Durante estos años el total de las compras ascendió a
195.328 pesos y el total de las ventas sumó 193.020 pesos, lo
cual resulta en un porcentaje del 5.3 por ciento del valor de todas las transacciones de tierra.
·
Durante esos mismos años las transacciones individuales fueron cuantiosas, pero aparte de Reyes González Hermanos en la
lista de los compradores principales de finca raíz con transacciones múltiples sólo aparece la firma extranjera de Minios
Breuer. Esta fue la única que se aproximó al valor de Reyes
González Hermanos, en tanto que ninguno se acercó a sus 154
transacciones.

l. \Jecke y \ía., :\ueva York, y ~Iinlos Breuer y Cía.
1894: hacienda La Argentina en Arboledas, Cúcuta
92.306.55
2. Minios Breuer y Cía.
1886: dos haciendas, El Tablazo y La Fe, en
Bctulia ) Cirón

72.000.00

3. Cayetano García F.
1899: unas tierras en Piedecuesta

60.000.00

4. Jorge Jesús Prada y Manuel Cortissoz
1890: hacienda La Paz en Bctulia y Girón

60.000.00

5. Bemabé Rey
1894: haciendas Agua manca y Lisboa en
Lebrija

50.000.00

6. !\linlos Breuer y Cía.
1886: dos casas en Bucaramanga; terreno
San Joaquín en Lebrija

49.695.00

7. Lorent Keller y Cía.
1887: hacienda \lonte Bello en Betulia

40.000.00

8. Reyes y Juan C. Gonzálcz
1894: media hacienda La Fe o Los Cocos

40.000.00

9. Juan de la Cruz Pinilla
1895: terreno Palonegro en Lebrija

40.000.00

10. Joaquín \Iontilla
1899: dos lotes en Matanza; terreno en
Rionegro; tres casas en Bucaramanga

33.100.00

�D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

256 Siglo XIX

PRI\CIPALES CO\lPRADORES DE FIKCA RAIZ
~OTARIA PRI\IER \. BUCARA \IA'.'1GA
(en 1885, 1886, 1887, 1890, 1894, 1895, 1899, 1900)
transacciones

cantidad

l. Reyes González Hermanos

54

195.238

2. :\tintos Breuer y Cía.
(nota: seis ventas por un total de
84.095 pesos).

10

176.635

6

66.600

18

64.500

5. Simón Reyes

8

49.400

6. Trino \Jantilla

8

39.050

7. José 'iorwood

3

38.500

8. Julio Cadena

6

34.500

9. Julio Ogliastri Hermanos

6

29.600

10. Pedro David \}antilla

8

28.857

11. Laureano Cadena

3

28.000

12. Braulio _\. \Iantilla

6

26.700

13. Jorge \lutis

5

26.280

14. Cayetano González \lalo

5

23.640

15. Toribio González \Jantilla

2

22.000

16. Dr. Cayetano S. Pradilla

4

17.900

17. Sinforoso García Hermanos

5

17.380

18. Pablo Garcfa Florez

6

17.000

19. Silva Otero Hermanos

5

16.500

20. Rinaldo A. Goelkel

3

16.000

3. Bemabé Rey
4. Francisco Ordóñez Rodríguez
(nota: 21 ventas por un total de
62.500 pesos)

257

Dicho en una forma sencilla, los hermanos González fueron
los comerciantes en finca raíz por excelencia durante los años
analizados en Bucaramanga. Es posible que otras compañías conocidas - que aparecen en una lista de miembros de la Junta
del Comercio - hayan tenido una participación significativa
en los negocios, pero el papel que desempeñaban en el área de
la finca raíz era mínimo72 . De los 19 comerciantes y compañías
registrados - entre las cuales se encuentran nombres como
Lorent Keller, Christian P. Clausen, David Puyana e Hijo, Trinidad Parra de Orozco y Compañía, Ogliastri Hermanos, Koppel y Schloss, y Sinforoso García Hermanos - ninguno, salvo \linlos Breuer, aparece en la lista de compradores múltiples
con adquisiciones superiores a los 18.000 pesos. Es posible que
las transacciones más importantes se hayan llevado a cabo durante los años que no fueron sometidos al análisis por computador pero aún así sería difícil imaginar que alguien haya acumulado el valor total que alcanzó Reyes González Hermanos
durante el período en cuestión.
En los ne?;ocios urbanos se puede observar con mayor claridad la visión hacia el futuro y la perspicacia de Reyes. Con su
recién adquirida riqueza, acumulada gracias a la quina y al café,
procedió inmediatamente a adquirir casas y almacenes en el
corazón del distrito comercial de Bucaramanga. De hecho, entre 1881 y 1883 sus adquisiciones - que sumaron un total de
43.700 pesos - se limitaron exclusivamente a propiedades en
las primeras tres cuadras de la Calle del Comercio, al oriente de
la plaza principal. Entre 1884 y 1886 se expandió hacia e] oriente, y se dedicó a comprar propiedades entre la cuarta y la octava
\ cuadra. Si bien obtuvo algunas ganancias, el valor de sus compras al oriente de la plaza -- por un total de 98.888 pesos -excedió el valor de sus ventas (72.500 pesos), que se llevaron a
cabo en su mayoría después de 1889. Pero las propiedades en la
Calle del Comercio1 especialmente los numerosos almacenes,
eran esenciales para el interés de la compañía.
72. VII-10-1889, T. lll, No. 597, f.1431 -1438.

�D. ]ohnson: formación de capital durante la Regeneración

258 Siglo XIX

BARRIOS DE BUCARA:\lA~GA
1885 -1905

259

barrios conocidos como Laguna de San \Jateo y Santa Rosa,
que se convirtieron en Quebrada Seca.
El barrio de San \Jateo estaba localizado en la entrada de
la ciudad por el camino que venía de Rionegro, y Reyes consideraba, con razón, que ésta sería una zona de crecimiento. Dos
cuadras al norte estaba la Plazuela de Santa Rosa y ninguna de
las zonas había sido urbanizada, a excepción de ~unos solares
y unas cuantas chozas de paja. En 1885 Reyes González Hermanos compró al doctor Ruperto _\renas, por 1.230 pesos, una
cuadra en el lugar conocido como la Laguna de San \lateo73 , la
cual había pertenecido a Trinidad Parra de Orozco74 . Después
compró gran parte del área circundante. En 1889 el Concejo
Municipal le otorgó a \epomuceno Serrano e] privilegio de
construir una Casa de Mercado en la ciudad. Los pequeños comerciantes y tenderos ubicados en la plaza principal, donde se
llevaba a cabo el mercado semanal, se opusieron tenazmente
a esta decisión, y en vista de tal acogida Serrano cedió su privilegio a una compañía anónima75 • Los funcionarios de esta
compañía eran Reyes González, Eleuterio González, Juan \lanuel Dávila, Nepomuceno Serrano, Roso Cala y Carlos J. Delgado76.
El propósito de la Compañía de la Casa de \Jercado de Bucaramanga era la construcción y administración de un edificio
que sería utilizado como mercado público. Su capital llegaba a
los 20.000 pesos y estaba dividido en 200 acciones de 100 pesos cada una. El artículo 5 estipulaba que Reyes y Eleuterio tenían 55 acciones cada uno. Reyes sería el gerente. El lugar seleccionado para la construcción fue la Laguna de San .\Jateo.
de propiedad de Reyes González I fermanos77 . García asegura
que este lugar ofrecía la ventaja de que nada había sido cons-

A partir de 1884 comenzó a adquirir propiedades en otros
barrios tales como La Filadelfia, Charco Largo, El Volante, Payacua y Cabecera del Llano (ver plano). Es posible_ discernir un
patrón específico en sus compras en la zona noronental, en los

73. X-15-1885, T. II , No. 228, f. 485487.
74. 11-27-1872, T. I, N9. 104, f. 396402.
75. Arturo (José Joaquín García), Crónicas de Bucaramanga (Bogotá, 1896), página 243.
76. XIl-4-1889, T. IV, No. 927, f. 2121-2133.
77. !bid.

�260 Siglo XIX

truído allí78 . El mercado se abrió en 1895 y Reyes González
Hermanos efectuó una serie de ventas por un valor de 22.000
pesos, más del doble del valor de compra de ciertas propiedades específicas. La compañía también se hizo responsable de la
construcción de varias casas.
Sin embargo, García destaca el hecho de que mucha gente
estaba acostumbrada al mercado de carne que se encontraba
tres cuadras al occidente de la plaza, y consideraban que la nueva localización ofrecía inconvenientes79 . Pero la compañía tenía
una solución para este problema. F:n 1886 había comprado, por
40 pesos, una cuadra con una choza de paja en la Plazuela de
Santa Rosa y después había adquirido varias propiedades circundante~. Al convertir esta cuadra en un atractivo parque
Reyes sabía que crearía un nuevo centro de actividad al oriente del mercado de San \1ateo; así, el mercado sobre la calle principal pasaría a ser el núcleo de Bucaramanga y se aseguraría su
éxito al tiempo que se valorizaba la propiedad circundante. En
1886 se habían. vendido cuadras enteras en esa zona por 40 pesos, y en 1895 la compañía vendió mediaguas por un valor que
oscilaba entre los mil y los tres mil pesos.
Entre 1884 y 1904 la compañía adquirió propiedades por
valor de 60.587 pesos en el barrio Quebrada Seca, que incluía
las zonas de Santa Rosa y San \lateo. Sus ventas durante el
mismo período sumaron un total de 146.863 pesos, de forma
que el área se convirtió en su más exitosa aventura especulativa
desde la compra y la venta de la hacienda Báchiga. En sus negocios hacia el sureste, en los barrios El Y olante, Filadelfia y Charco Largo, se puede observar ún patrón similar, si bien no tan impactante. ~ o sería exagerado sugerir que el desarrollo del centro de Bucaramanga, hasta llegar a ser lo que es hoy, fue el resultado de las actividades de Reyes González Hermanos.

78. Garcfa, pág. 244.
79. /bid., pág. 280.
80. Notaría Segunda, Vll-26-1886, T. U, No. 374, f. 71-72.

D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

261

Desafortunadamente en este trabajo sólo es posible mencionar muy brevemente el asunto de las hipotecas y de los
préstamos, que co11slituyPro11 actividades básicas de la compafi fa. Los préstamos dispo11i hks para aquellos que podían
hipotecar finca raíz oscilaban &lt;'ntre los 40 r los 30.000 pesos;
las cantidades ce1lidas en pr(•stamo pasaron de 40 pesos en
1868 a 14.000 &lt;'ll 1883, 62.887 t&gt;11 1891, y 42.215 en 1895.
Las lasas de inkr&lt;'S (·obradas por Hcyrs Conzález I lermanos en
los años ochenta eran del 1 por ci1·11to mensual y del 8 por
cil'nto anual a sus principales clientes con un recargo por interes&lt;'s de mora del l por ciento mensual81 . Los períodos ele la
hipoteca iban de seis meses a dos años.
En 1894 las tasas aumentaron al 2 por ciento mensual, con
un recargo del 2,5 mensual por intereses de mora, lo cual se puede considerar como una cifra razonable a la luz de las tasas de
interés que prevalecen en la actualidad82 . En la década de 1890
~e especificaba que los pagos debían hacerse en moneda dura o
en café83 .
El caso de Pedro Parra rcprcscnla un ejemplo típico &lt;le una
propiedad hipotecada que eventualmente pasó a manos de la
compaííía. Parra pidió un préstamo de 5.147 pesos a dos años,
con una tasa de interés del 8 por ciento anual y un recargo del
1 por cimto mensual por intereses de mora; para este efecto hipotecó la hacienda La Loma, localizada en Bucaramanga, en la
carretera a Hionegro, sobre la cual ya pesaba otra hipoteca84 . En
1889 la compañía compró la mitad de la hacienda por 4.000
pesos, y en 1890 compró la otra mitad por 3.000 pesos85 . Obviamente fue una ganga, pues La Loma aparece con un avalúo
81. VII-21-1885, T. 11, No. 277; 111-13-1886, T. I, No.139, f. 301-303; VI-6-1886,
T.I, No. 229, f. 240; Vll-19-1887, T. III, No. 633,f. 736-738;Notaría Segunda
IV-11-1888 (falta número de escritura y folio).
82. Xl-16-1894, T. VIII, No. 935, f. 3472-3475; XI-23-1894, T. VIII, No. 957, f.
3560-3562 ;XI-17-1894, T. Vlll, No. 940, f. 3486-3492.
83. Xl-16-1894, T. Vlll, No. 935, f. 3472-3475; V-10-1887, T. 111, No. 447, f.
486-489.
84. Ill-13-1886. T. l. No.139. f. 301-303.
85. Xl-7-1889, T. IV, No. 874, f. 1984-1988; Notaría Segunda, Vl-6-1890, T. l,
No. 374, f. 670-672.

�262 Siglo XIX

mayor que el de La Luisiana en la partición de bienes de Eleuterio, en 1923.

"No es posible enumerar aquí la gran cantidad de actividades
a las qu~ se dedicaba Reyes González Hermanos, pero se puede
dar una idea a través del examen de un año, 1886. En ese año,
tenía contratos para el estanco (monopolio) de aguardiente en
Girón, Lebrija, Piedecuesta, Los Santos y Wilches86 , lo cual indudablemente constituía una ocupación bastante lucrativa. La
compañí~ ~taba involucrada en el remate de aguardiente, que
era la pnnc1pal fuente de ingresos departamentales, y en 1898
ten fa un contrato para recolectar los impuestos sobre la producción e introducción de licor en todo el departamento de Santander87.
Por otra parte, en 1886 la compañía firmó el contrato para
el derecho de degüello en las provincias de García Hovira Pamplona, Cúcuta y Soto88 , lo cual explica su interés en el m~rcado
público y en levante del ganado.
La co~pañía_ se involucró, asimismo, en una nueva empresa
para trabapr minas de oro y plata cuyo capital ascendía a
85.000 pesos89 . La construcción de carreteras y los peajes eran
de especial interés para los hermanos dadas sus actividades en
importación y exportación. Firmaron contratos para construir
car~eteras desde Hucaramanga hasta la Sabana de Torres. Botijas
y Colorado, y desde Hionegro hasta Cáchira, las cuales atran•saban sus propiedades90. También estaban encargados de la recolección de todos los peajes drsde la provincia de ~oto hasta el

86. Vlll-18-1886, T. 11, No. 419, f. 439-463 ;XIl-28-1886, T. lll, No. 777, f. 925933~11-19-1887. T. l. No. 145. f.135-137.
87. Ill-3-1898, T. 1, No. 156, f. 333-336.
88. ll-26-1887, T. I, No. 171, f. 177-181· falta fecha 1886 T. I No 87 f 168170.
'
'
'
'
. ' .
89. Vl-21-1886, T. 11, No. 277, f. 294-299.
90. 1-28-1886, García, pág. 229: Vlll-21-1886, T. 11, No. 421, f. 464-471; IX-61886, T. III, No. 467, f. 512-517.

D. /ohn1on: formación de capital durante la Regeneración

263

río Magdalena91 y administraban la recolección de los aranceles
sobre la mercancía que llegaba a Cúcuta92. Cuando Reyes fue
prefecto de Soto, en 1888, su principal preocupación radicaba,
según lo expresó en su informe, en la mejora de las carreteras
para facilitar el comercio93 .
La compañía pudo desarrollar todas estas actividades gracias a la riqueza en tierras que había reunido a través del comercio, pues para obtener estos contratos se exigían hipotecas
sustanciales. Así, su capital les ayudaba a crear mayor riqueza.
Durante la espiral inflacionaria de fines de la década de
1890 Reyes González Hermanos pudo sostener sus actividades
en el comercio exterior a través de los negocios con el oro y la
plata, los cuales podía llevar a cabo gracias a su riqueza acumulada94.
El nombramiento de Reyes González como Secretario de
Hacienda de Santander en 189895 fue el reconocimiento tanto
de su genio financiero como de su lealtad hacia el partido conservador. Su participación en la Guerra de los Mil Días se remonta a sus comienzos, en octubre de 1899, aunque él carecía
de experiencia militar alguna, o de rango96 . Aunque no se conoce con exactitud la naturaleza de su participación, se puede suponer que era de tipo organizativo o financiero. En cualquier caso, fue nombrado general y colocado al mando de las operaciones en Rionegro en 190197 . En realidad había muy pocos que
conocieran la región mejor que el hombre que era dueño de una
gran parte de ella.

91. ll-25-1885, en 1886, T. 11, No. 309, f. 327-335; VID-21-1886, T.11, No. 421, f.
464-471.
92. lX-6-1886, T. lll, No. 465, f. 508-512.
93. Mensaje del Gobernador de Santander, 1888, págs. 37-39.
94. Vlll-28-1903, T. IV, No.1232, f. 2365-2369.
95. Gaceta de Santander, Bucaramanga, 1-6-1898.
96. La Situación, Bucaramanga, IIl-16-1901.
97. /bid., VIII-24-190h

�264 Siglo XIX

El hecho de que los hermanos González, con sus modestos
antecedentes económicos y su clara filiación conservadora,
hayan creado una de las empresas capitalistas más poderosas de
Colombia con hase en la &lt;\urna, el café y la finca raíz no significa que la Regeneración haya estimulado el progreso económico.
Pero quizás sí indique que la política económica de Rafael Núñez no fue tan desastrosa para el comercio como lo sugiere la
retórica liberal del siglo XIX. Lo que sin duda se puede afirmar
es que la historia de Reyes González Hermanos pone de presente la habilidad, la visión hacia el futuro y la buena fortuna excepcionales de tres hermanos, y su comprensión de la importancia de la diversificación.
Agradezco a la directora de la Corporación Cultural Luis Pení de la Croix, doña
Marina de Cala, y el director de su archivo, Emilio Arenas. Creo que su trabajo puede
ser un modelo para otros archivos regionales tanto en su organización científica como
su colaboración con los investigadores.
Varias personas fueron instrumentales en el proceso de investigación para este
ensayo. Especialmente quiero dar mis gracias a mi asistente en Bucaramanga, Marcelo
Cote lsaza, cuyo trabajo fué indispensable. Además de su investigación cuidadosa, su
letra tan clara, aprecio sus observaciones astutas.
Dianna Wiedeman de la Universidad de Alberta me ayudó con el procesamiento
por computador de los datos. Angela Tarazona Figueroa del Archivo de la Corporación Cultural Luis Perú de la Croix encontró muchos datos útiles y ofreció sus percepciones claras en las etapas formativas. Yo me beneficié con los comentarios de
Renée Soulodre La France en nuestras discusiones durante el proceso de escribir.
El Consejo de Investigaciones en las Ciencias Sociales y Humanidades del Canadá hizo posible mi viaje a Colombia y costeó mi asistente.

�ENRIQUEFLORESCANO (minientrevista), Historia
económica: economía y política• GUILLERMO BRAVO
AcEVEDO,Los bienes temporales de los jesuitas en el
reino de Chile {1593-1820)• MARIO CERUTTI,Poder
es tata~ actividad económi~a y burguesía'l'egional
en el noreste de México (1855-1910) • RAULJACOB,
Uruguay: polítiea industrializadora y grupos de
presión (1875-1898) • ALEJANDRA GARCIA QUINTANILLA,
En busca de l,a prospéridad: Yucatán a 1,a hora de
mindependenéia • MARIAE.. GoNZALEZDELUCA,Los
intereses británicos y l,a política en Venezuela en las
últimas décadas del siglo XIX• DAvrnC.JoHNsON,
Laformación de capital durante Za época de la
Regeneración en Colombia.

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                  <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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de Historia

ELSIGLOXIX Y
LAS IDEAS
(Argentina, Colombia, Cuba,
México y Perúl
Allo 1, número 2
julio-diciembre de 1986

Facultad de
Filosofia y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Centro Coordinador y Difusor de Estudios
Latinoamericanos (CCYDEL) de la Universidad Nacional
Autónoma de México y de la Sección de Historia de las
Ideas de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las
Ciencias y de la Tecnología.

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Diseño: Eduardo Leyva S.
Tipografía: Andrea Conzález Corona
Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Impresión: Impresora Gralex
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $4.

�AÑO

JULIO - DICIEMBRE DE 1986

l NuMERO 2

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO
Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . · · · · · · · · · · · • · · ~

-UIMYIMt~

Presentación. •.. . . . . . . . . . . HORACIO CERUTII GULDBERG

7

Tres figuras para la historia de las ideas en la
Argentina decimonónica. . CELINA A. LERTORA MENDOZA

13

Imagen de Bolívar en Rusia y en la URSS. la biograf1á de
Boli'var por Lavretski ...... GUSTAVO VARGAS MARTINEZ

27

Significación de la obra de Enrique José Varona
en la filosofía cubana . .. PABLO GUADARRAMA GüNZALEZ

39

Notas para una historia de las ideas en Cuba
(siglo XIX) . . . . . . . . . GUSTAVO ESCOBAR VALENZUELA

69

Una previsión ideológica de la independencia de México:
Fray Servando Teresa de Mier, entre la utopú1 y la
profeda. . . . . . . . . . . . . . . . . . JAIME B. VILCHIS REYES

99

Valladolid, el mundo deMorelos ....... ABELARDO VILLEGAS

111

Las ideas en el Perú. Ilustración y romanticismo
(1780-1826) .. . .... MARIA LUISA RlVARA DE TUFSTA

119

La función social de las mujeres entre los liberales
latinoamericanos . ........ ALBERTO SALADINO GARCIA

175

Sugerencias para el tratamiento del tema utópico en el siglo
XIX latinoamericano . ... HORACIO CERUTTI GuLDBERG

189

�Nota del Editor

-

Con este número 2, Siglo XIX inicia la cobertura de otro
de los objetivos por los que fue creada esta Revista de Historia:
poner sus páginas a disposición no sólo de estudiosos del siglo
pasado en Latinoamérica, sino -a la vez- abrirlas como un espacio para centros de investigación o especialistas que, por su
adecuado conocimiento de áreas determinadas, sean capaces de
reunir con eficacia y rapidez un dossier específico.
\ o debe extrañar, entonces, que en este caso el compilador
de los materiales que se incluyen no sea estrictamente el Editor.
Aunque no nos despojamos de responsabilidades, hemos preferido que la selección de los trabajos la practicara un colega ducho
y atento al punto común sobre el que giran los diversos artículos: el siglo XIX y los ideas. La tarea fue cumplida por lloracio
Cerutti Guldberg*, integrante del Centro Coordinador y Difusor
de Estudios Latinoamericanos que dirige desde la Universidad
~acional Autónoma de \léxico el doctor Leopoldo Zea, y coordinador de la sección de Historia de las Ideas de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología.

* Horacio

Cerutti Guldberg es doctor en Filosofía por la Urúversidad de Cuenca
(Ecuador), codirector de Prometeo. Revista Latinoamericana de Filo,ofia Y
autor de Penmmiento ideali&amp;ta ecuatoriano (Quito, 1981) y Filo,of(a de la /i.
beración latinoamericana (México, 1983).

�4

Cerutti Gultlherg nos facilitó ensayos sobre Argentina, Colombia, Cuba, México y Perú, jurito a un par de trabajos dedicados a aspectos de dimensión continental. Y además de efectuar la Presentación, brindó a Siglo XIX la posibilidad de acoger
frutos recientes en el plano de la historia .Je las ideas: una parcela del estudio lústórico que por el avance tan intenso suscitado &lt;'n los últimos lustros en torno a lo económico_, lo socioeconómico o lo sociopo/,'tico había quedado relativamente desbordada. La apertura de Siglo XIX a dicha temática no es sino
parte de la propuesta inaugural planteada gracias a la entrevista
que se efectuó a Enrique Florescano: es absolutamente imprescindible recuperar una mirada integradora de las realidades históricas que se estudian para, así, lograr abordarlas con niveles
más adecuados de interpretación.
Interesa insistir en la diversidad de situaciones nacionales
que se analiza en este volumen. De manera análoga al 1, ha resultado factible obtener una respuesta inmediata de colegas de
diversos países, o de especialistas que trabajan sobre distintos
casos latinoamericanos. Esta intención de ofrecer cada semestre
el tratamiento compartido de lDl tema común, parece tener
muchas posibilidades de proseguir concretándose: para los números de 1987 se están ya reuniendo los materiales con idéntica frrmeza, y con la novedad de incorporar trabajos remitidos
desde países del sur europeo (otro de los objetivos de Siglo
XIX, ante lo que se considera urgente necesidad de cotejar ciertos procesos del viejo continente con algunos desenvueltos en
América).
El esfuerzo de poner en marcha este proyecto desde la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de
~uevo León (en Monterrey, México), ha sido valorado generosamente por numerosos colegas e instituciones de México, de
otros países del continente y europeos. Aún antes de conocerse la revista, y tan sólo sobre la base de una circular restringida

5

que se distribuyó, la respuesta había florecido auspiciosamente.
Ahora, al sacar de imprenta el número 2, queremos dejar
constancia de nuestro agradecimiento a toda la gente que nos
ayudó y alienta. Desde quienes contestaron a la aparición de
Siglo XIX con solicitudes de suscripción -frecuentes por parte de investigadores y bibliotecas de Estados Unidos-, hasta
quienes ofrecieron de inmediato su colaboración para números
futuros. A eso hay que agregar específicos apoyos institucionales: la Universidad Autónoma de Yucatán, la _Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Complutense de Madrid la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de
'
Barcelona, se cuentan entre las casas de las que provienen -de
una u otra manera- dicho respaldo y apoyo.
Esta es una referencia importantísima: permite suponer que
este proyecto puede estabilizarse. Cada respuesta que recibimos
indica que Siglo XIX quizás alcance a cubrir una necesidad, un
hueco. De ser así, sus posibilidades de mantenerse se reafirman.

Mario Cerutti
Monterrey, México,junio de 1986

�Presentación
Horacio Cerutti Guldberg*

-

L a cordial invitación del Editor de Siglo XIX, proponiendo dedicar
este segundo número de la revista a la hi&lt;.toria de las ideas, ha merecido
una acogida entusiasta por parte de numerosos colegas que en el país y
fuera de el se dedican acuciosatnente a su cultivo. Investigadores de larga
trayectoria como Arturo Ardao y Guillermo Francovich, entre otros, se
vieron obligados a declinar su participación por compromisos previamente
contraída;, al tiempo que elogiaban este proyecto.
Nos propusimos inicialmente realizar una evaluación preliminar del
estado de los estudios de historia de las ideas en diferentes regiones de
nuestra Améric.a. El objetivo era revisar la historia de la historiografía de
las ideas con d fin de rastrear metodologías, temas, enfoques, supuestos
y aspectos insuficientemente considerada; que reclamaran nuestra atención. De alguna manera, los trabaja; que integran este volumen - referidos
a Argentina, Colombia, Cuba, México, Perú y el Subcontinente- satisfacen estas expectativas en una primera aproicimación que deberemos seguir profundizando. De hecho hemos li&gt;grado una muestra bastante representativa del estado en que se encuentran los estudios de historia de las
ideas en relación con el siglo XIX y quizá sus características sean generalizables en medida no despreciable a la mayor parte de los esmdios sobre
historia de las ideas en relación con América latina en cualquier etapa de
su historia.
¿Cuáles son algunas de estas características más evidentes?

* Los

procedimie~tos y métodos utilizados o sugeridos son sumamente heterogéneos. Por lo general no superamos niveles descrip-

• Facultad de fUosofía y Letras/Centro Coordinador y Difusor de Estudios

Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México.

�8

Presentación

SigloXIX

tivos y la necesidad misma de ~a superación es discutida. Deberíamos enrique-cer esta discusión.

* Los trabajos abordan

ideas de detenninados autores, temas en regiones circunscritas, aspectos más generales en relación con toda
Latinoamérica. Probablemente esta diversidad revela desacuerdos
sobre el objeto mismo de la historia de las ideas y su relevancia.

* Los límites de la disciplina aparecen difuso-. A veces cabe confundirla con la historia de la filosofía, la historia de las ideologías, la
arqueología del saber, la sociología del conocimiento, etcétera.

* Se podría

decir que estamos frente a una disciplina no normalizada, si por tal se entiende aquella práctica científica que trabaja
sobre carriles perfectamente delimitados.

Estas características, y otras que podrían mencionarse, reclaman mayor trabajo y reflexión de nuestra parte. Quizá exponer una obsesión personal no sea más que expresar una demanda generalizada y sentida por la
mayor parte de los especialistas. Requerimos de una historia de la historiografía de las ideas en nuestra Aménca que nos describa y explique ( combino los términos con toda intención) cómo hacemos y hemos hecho his
toria de las ideas, por qué la hemos efectuado así y no de otza manera, cÓmo podríamos, deberíamos o, mejor, daiearíamos hacerla. Creo que estamos en un momento_privilegiado para redefinir todo un programa de trabajo y realizarlo. No aspiro a una normalización de la historia de las ideas, si
por tal se entiende uniformidad de métodos, procedimientos, objeto, pun·
tos di' partida, supuestos, enfoques. Más bien, considero que debemos fo.
mentar el debate y dejarnos fecundar por la polémica, explorar más y mejor temas y problemas, insistir con renovados instrumentos conceptuales
en resolver la tensión tan típica entze las ideas y lo ex1raideológico: tensión que ha caracterizado siemrre el cultivo de esta disciplina entre nosotros.
Deberíamos también organizamos para ser más eficaces en la comunicación, el rescate de patrimonios y tradiciones comunes, archivos, documentos, visiones, anhelos...

En este volumen de Siglo XIX, la historia de las ideas en la Argentina
del siglo XJX es examinada por Celina A. Lértora Mend~a tomando tres
núcleos: ideológico, romántico y positivo, situados alrededor de los años
1815, 1840 y 1880. Con los nomlres de generación de rnayo,generación
del 37 y gcn"rt1ción tlel fin de siglo han sido reconocidos estos momentos
por la historiografía posterior. La autora considera a tres autores, uno para

9

cada momento, elegidos entre aquellos menos tratad
la . .
,
de las ideas: Manuel M
J
M ,
.,
os por histonograna
La
. oreno, uan aria Gullerrez y Carlos Octavio Bun~~ro puesta se_ cierra con un llamado a repensar la historia de I id
;;:r:~:rr:~ i:7:~e=c~:a~~s entendidos que diversas tradicio~ . :
Gustavo Vargas Martín
.,
pr:f ciua RSdelSpdensamien to ;~1:C:c:~:~e~: :r:!;::rat:a'~;;~~itJ
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bate y la t ensión incesante del rnomen
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ca ?esatada dentro de la tnL$ma historio!!raÍÍa La rcctifica:óu c a _1,b?º OdgJI·
opusculo ,le Marx a arti d 1 . " , .
n sovie ca e
VargJs \lartírn•z, d ca1:niu: p:ra ªu~1:.~t1:e de Lavretski abr~, como dice
•¡uicra \larx r1•spelÍl en su o ,ÍI . 1 íY .
cn~oquf' ''.1arx1sta_ qu_c ni sinurstra historiografía de las i~le::• o. rs1.uS1011 ahwrta e unpresctndible en

-~º

El interés por el estuflio de la historia de las ideas en Cuba
.
acrcc1·11tado por la significación e la . I
., .
se ha VISlo
cultural d.-1 r1·slo dt&gt; nuestra \ "?.
GIS a y su revoluc1on tienen en la vida
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un~ r1·visió11 de ,~a lúi-Loria en el sialo .XJX
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~, anexionistas y separatista I I d
,. os,· de la Luz y Caballero Fél' V I E .
, s, os ega os
\lartí. Escobar Valenzucla se 'reoc: are a, nnque Jose Varona y José
dos por la larga labor histori p áfi pda porbadestacar los aportes ya realiza.
.
ogr ca e cu nos e investi d
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regiones mteresados por Cuba.
•
ga ores e o Iras
También en relación con Cub P hl G d
c_entral del desarrollo ideoló ·co-fil~ó~c: cuua arrama. analiza _una figura
nque José Varona (1849-19,3) Guadarra hano y labn~amencano: Ensobre el ateísmo y sobre la
: d d N ma revalora las ideas de Varona
soc1e a
os muestra el mod ,
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eIa b orar. und historia de las ideas fil oso
. 'fi cas d esd e prenIISas
. o como
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' . e
mente
insertas en un marco de referenc1as
. d e bpo
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De od o og¡ca-.
s1on., marxista de la historia d e 1as I.deas en Cuha se hace
•
s e esta v1·bt
rac1on del pensamiento
.
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POSI e una recupe&lt;lel filosofar latinoameri!:º!es~t:a e ar_olla, u?o de los "Fundadores"
co Romero.
segun Iª termmologia propuesta por FrancisRetornando novedosamente el controvertid
.
Fray S(•rvando Teresa de Micr J .
V'I h. . o te~ del pensamiento de
, a1me I c IS mtenta Situar su pensamiento

�10

Siglo XIX

dentro de la tensión entre utopía y profecía. Fray Servando aparece, a ojos
de la interpretación construida por Vilchls, como un propiciador del sustrato u tópico de la revolución de independencia y, además, como el representante de un profetismo "ec-tópico", entendiendoy?r tal_un es~~ ~era
de la r-.1zón tópica y una clara intencionalidad escatologica. Sm per.,utc10 &lt;le
es tas caracterizaciones, fue también Mier un visionario apocalíptico Y_ambiguamente milenarista. Con esta propu~ta, ~ilchls _r~nueva la neces!dad
de una reflexión sistemática sobre las complejas temabcas de la utop1a, el
profetismo, el apocalipticismo y el milenarismo mesiánico.
Abelardo Villegas ve en el siglo XIX todo un microcosmos que echa
luz sobre las paradojas del ser nacional mexicano. Su afirmación quizá
sería extensible también a todo el resto de nuestra América. Toma el caso
de José María l\forelos y la ciudad de VaJladolid para ubicar el pensamienLo de este guerrero muy especial de la independencia de México, en el contexto de una compleja sociedad de castas. .\lor&lt;•los aspiraba al aseen?º social y luchaba sistemáticamente por lograrlo. Villegas se apoya en la mvcstigación muy valiosa de Ernesto Lemoine: .ll~rclos y la rcvolució11 1P.. 18/ O.
para recuperar una versión del patriota punficada de toda una palma hcroificante, que dificulta grandemente la comprensón de su acción y d~ 5'.I
pensamiento político. Queda así lanzado el reto de rdecr a nuestros '·h1·roes" patrios en contextos críticos.
María Luisa Rivara de Tuesta, discípula del filósofo e historiador dr
las ideas peruano Augusto Salazar Bondy, aborda dos momentos centrales
de la historia de las ideas en el Pení: la ilustración y el romanticismo
(1780-1826). De inicio esto nos revela la plasticidad con que se debe to~_ar
la cronología del agio XIX. Rivara de Tuesta parle de la constatac10n
-compartida en la mayon'a de los estudios de nuestra historia de _las id;~sde que la filosofía actúa entre nosotros vertebra~do el mundo 1~~ologic?
y como una ideología en el sentido de pensamiento para la acc10n. As1,
Rivara de Tuesta pasa revista al movimiento ilustrado peruano y al romanticismo. La importancia y adaptación de ideas es una de sus preocupaciones centrales. La subversión de Túpac Amaru ocupa en su análisis un lugar
de privilegio, como antecedente de la lucha emancipadora de los Bolívar y
San Martín.
El utopismo del siglo XIX es un tema tan vasto como complejo yapasionante. En la breve comunicación de mi autoría, que se incluye en este
volumen, apunto algunos de lo, lineamientos que se deberían considerar
para el estudio del utopismo del siglo XIX. Estas sugerencias me fueron solicitadas por el doctor Leopoldo Zea para un encuentro de expertos en
Historia de las Ideas que se reunieron en Quito en 1982 para planificar un
volumen de próxima aparición. En lo fundamental, mi comunicación

Pre.sen tac ión

ll

apunta la importancia de estudiar, dentro de la amplia gama del utopismo,
el género utópico específicamente. Sus modalidades liberales y anarquistas son de gran importancia para entender una buena parte del pensamiento filosófico político del siglo.
El tema de la mujer es de vital importancia para un estudio acabado del
universo ideológico del siglo que nos ocupa. Alberto Saladino García ha
retomado la función social asignada a la mujer por los liberales latinoamericanos. Hubo toda una institucionalfaación de la educación femenina ~n
el siglo XIX como modo de intemalizar valores y pautas de conducta subordinados. La mujer aparece en una función claramente apendicular que
le impide toda manifestación no reprimida de su ser. La ideología patriarcalista se enseñorea en el siglo, aunque también, qufaá por ese motivo entre otros, al surgimiento del feminismo se ~ace sentir con toda fuerza. El
machismo aparece ya claramente definido con rasgos que hoy sohrevivcn
y el sojuzgamiento de la mujer adquiere carácter institucional. El aporte
de Saladino García es que esta candente cuestión queda puesta sobre la
mesa, reclamando más investigación.
Sea este volumen de Siglo XIX un eslabón más en las varias décadas
de esfuerzos por consolidar, no tanto la disciplina, sino lo, enfoques y
respuestas que pretende procurar. La historia de las ideas es una disciplina
abierta, cuyo cultivo y reformulación viene exigida por largas décadas de
trabajo infatigable entre nosotro,. Nos toca reelaborar métodos y marcos
referenciales de trabajo para hacerla cada día más fecunda, más enraizada
en el contexto de la labor de la historia y de las ciencias sociales. La meta
es procurar un acercamiento a la historia total de nuestra América, en este
caso del siglo XIX.

Antes de concluir estos párrafos unas líneas para exponer el criterio
en que se presentan los materiales. Establecimos secciones por orden
alfabético de los países considerados y los trabajos referidos a Latinoamérica en totalidad se presentan al final.

�Tres figuras para la historia de las ideas
en la Argentina decimonónica
Celina A. Lértora Mendoza *

LA HISTORIA DE LAS

IDEAS EN ARGENTINA
Desde ·1os albores del siglo, y coincidiendo c911 los movimientos liberlarios, los intelectuales de la naciente Argentina se ocuparon de la histo.
ria de las ideas, aunque sin darle ese nombre, como elemento explicativo
lle la historia política y como catalizador a la vez lle las propuestas sociales, culrurales, económicas o educativas que foonulahan desde la praxis.
Casi no hemos tenido en esa época lo que hoy denominamos el intelectual puro (si es que alguna vez lo hubo); casi todos fueron hombres de
acción -en alguna medida- y comprometidos poüticamente con su
tiempo. Por eso ats elaboraciones no tienen la (a veces pretendida) asepsia
de los investigadores modernos. Eso no les quita un doble valor: por una
parte, como testimonio del pensamiento generacional y epocal; por otra,
por el mérito intrínseco de sus ideas, que aún hoy en buena medida merecen ser tomadas en consideración.
Las disquisiciones teóricas no fueron pacíficas ni homogéneas, quizá
como reacción al monolitismo ideológico general imperante durante la
colonia, al menos tal como era percibido por sus sucesores. Casi todas las
teorías deben ser entendidas desde el marco de la polémica en cuyo seno
nacían y se desarrollaban. A la vez, deben comprenderse en función de la
doble visual~ación de sus autores: en efecto, ellos miraban al pasado comparándolo con el presente y medían un camino recorrido, pero a la vez mi:
raban al fururo y medían el camino por recorrer. En esa doble intersección, ideológica y epocal, ratica el punto de ajuste e inseraón de estos
pensadores. Desgajados de su contorno teórico y de su época, es imposible una comprensión squ.iera aproximada de su interés, su mérito y hasta
su in.fluencia.

• Concejo Nacional de lnvestigacion~ Oentíficas y Técnicas {CONICE'I) Buenos
Air~. Argentina.
'

�14

Siglo XIX

Fijar parámetro; temporales que dividan en período; nuestra histo. ria de las ideas en el si¡Jo XIX es poco a1inado, me parece. No sólo porque
la historia de las ideas no se constituyó como tal por entonces, sino y sobre
todo porque la historia de las ideas es una parte de la historia general Y sigue aproximadamente sus meandros. Y en cuanto es parte de las ideas de
un grupo en un tiempo determinado, participa de los caracteres generales
del "espíritu de su tiempo". Esos dos factores sí determinan, conjugadamentc, los rasgos diferenciales de algunos subperíodos. Por eso es válido
a~mitir que quienes pensaron sobre la historia de las ideas (general o argentina) entre nosotros en el siglo pasado, respondían a los tres grandes
período; culturales (filosóficos y a la vez políticos) que se sucedieron entre
J 810 y el centenario: el iluminismo con la ideología, el romanticismo político y literario, y el positivismo científico y· -filosófico. No pretendo justificar aquí una tal división histórica, sino señalar como un hecho la existencia de núcleos característicos del pensar ideológico, romántico o positivista, alrededor de ciertos Mtos temporales que estarían aproximadamente en 1815, 1840 y 1880. Hay varios nombre célebres que corporalizan
las llamadas generación de mayo, generación del 37 y generación de fin de
siglo. Pensadores como Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, Crisóstomo Lafinur, Bemardino Rivadavia -para la primera-, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Domingo Faustino Sarmiento, José Mármol.
-para la segunda-, José Ingenieros, Pedro Scalahrini, José M. Ramos
!\'lejía, Alfredo Ferreira, Juan B. Justo -para la tercera-, han ocupado
con preferencia la atención de los estudiosos de la historia de las ideas
puesto que la resonancia de su acción y sus obras sin duda lo justifica. Pero
l'Sta preferencia ha dejado en la sombra, involuntariamente, a otros intelectuales cuya obra, quizá más silenciosa, es sin embargo un aporte significativo al período histórico que les tocó vivir, e incluso han servido de fuente
-a veces innominada- a los logros posteriores de quienes los estu &lt;liaron
con más profundidad de lo que suele reconocérseles.

Fs precisamente en esta línea de rescate de figuras de interés y poco
estudiadas, que presento aquí tres pensadores que representan en cierto
modo, en sus líneas generales, a las tres generaciones mencionadas: Manuel
Moreno, Juan Macía Gutiérrez y Carlos Octavio Bunge.
MANUEL MORENO
Su figura ha quedado a la sombra de su hermano, Mariano Moreno, el
famoso Secretario de la Primera Junta de Gobierno Patrio. En realidad no
fue, como Mariano, un político, sino más bien un intelectual dedicado a
los estudios ñscos, químicos y naturales. Vicente Fidd López1 lo presentó como un earacter tenaz y apasionado, pero también antipático y
difícilmente tratable, hasta el punto de que sus enemigos (los de la prensa
unitaria) lo llamaban "don Oxide".

C. A- Lértoru Mendoza: Tre, figuro, en la Argentina decimonónica

15

Además de interesarse por las ciencias experimentales, tenía Manuel
Moreno un profundo sentido de la historia. Inclusive puede considerárselo
el primero entre nosotros en enseñar historia de la ciencia, pues incluyó
un capítulo sobre este tema en el Curso de Química dictado en 1820. El
otro gran interé.s de nuestro pensador fue la historia y teoría institucional,
especialmente de los nuevos países, como Estados Unidos. Según López
era quien más sabía en su tiempo acerca de este aspecto de la teoría polí. 2
tiea.
Pero aquí vamos a recordarlo por un aspecto muy especial de su pensamiento: su visión histórico-crítica de la cultura colonial. Un resumen de
sus ideas al respecto se halla en su obra sobre la vida de su hermano.3 Refiriéndose en especial al Colegio de San Carlos en Buenos Aires, donde se
formó buena parte de los patriotas de la Revolución, se lamentaba del bajo
nivel de la enseñanza allí impartida. La comparaba con los College de
Oxford y Edinburgo, que conocía, encontrándola limitada y hueca. Lo interesante de sus juicios es el nexo que en ellos se avizora entre las directivas políticas, retrógradas y centralizadoras por una parte, la cerrada jerarquía eclesiástica (suerte de super-clase omnipresente) por otra, y la paralización dd ingenio y la creatividad no sólo en Ja enseñanza, sino también
en el cultivo de las ciencias, las artes y el pensamiento. Para ilustrar este
punto trascribiré tres de estos juicios: sobre la enseñanza y sus fines, sobre"
el atraso teórico y sobre la preeminencia eclesiástica.
Para Manuel Moreno el fin de la educación es esencial al sistema. Si
las miras educativas no son adecuadas a la sociedad y a los tiempos que
corran, la enseñan.t.a será totalmente estéril. Justamente la educación
colonial falló porque conservaba fines e ideales educativos más bien medievales que modernos, ya que se ocupaba de cuestiones ah,tractas con
poco efectividad. Según Moreno, la enseñanza colonial se reducía a formar
teólogos intolerantes que gastan su tiempo en agitar y defender
cuestiones abstractas sobre la divinidad, los angeles, etcétera, y
consumen su vida en averiguar las opiniones de autores antiguos que han establecido sistema extravagantes y arbitrarios sobre puntoS que nadie es capaz de conocer.
Naturalmente el Colegio Carolingio no tenía por objeto específico la
enseñanza teológica, puesto que en realidad era una especie de segunda enseñanza, en que el trienio de Artes (Filosofía) era previo a la teología e
incluía Lógica (junto con Etica), Física y Metafísica. No obstante, estima
Moreno que el aprendizaje de talés materias no es útil porque
e1;1 este ~o se advierte el escolas~cismo en todo su rigor, y que
aun se defienden con calor las teSis que han sido abandonadas

�16

SigloXIX

en Europa hace cincuenta años, o se ignoran los descubrimientos
hechos por los modernos en esta parte tan provechosa de los conocimientos hwnanos.4
Nótese que se refiere aquí sin duda especialmen~ a la Física, y que al
mentar g1:néricamente a "Europa" tiene en vista más bien Francia e Inglat.erra, donde de hecho se había abandonado totalmente el peripatestismo o
el sistema ticónico, que alguno de los profesores todavía enseñaba.

La razón de este atraso, según Moreno, es que en el magisterio predominaban los clérigos cuyos intereses no eran científicos ni intelectuales, sino predominantemente ideológicos (religiosos); en esto tenemos una apreciación muy clara:
como sus miras (las de los clérigos) son los asuntos de religión,
no cuidan de instruirse en las ciencias naturales, y así mal pueden
comunicar a sus discípulos unos conocimientos que ellos no poseen.5
Los juicios de Moreno sobre la enseñanza y la cultura colonial son la
contapartida de las críticas que su hermano y otros patriotas, como Belgrano y Monteagudo, elevaron acerca de la vida política colonial bajo
los reyes españoles. Ambas apreciaciones se coimplican, porque es evidente que el centralismo y el absolutismo real en política se traduce en la intolerancia y el atraso que veían en la cultura y el mundo de las ideas. Miraudo a la Europa moderna (representada especialmente por Francia e Inglaterra) no podía Moreno sino lamentar la falta casi absoluta de manifestaciones culturales y científicas avanzadas. Quizá no tenía en cuenta no
sólo que el Colegio Carolingio no era una universidad ni un College en sentido inglés, sino que ni siquiera la Universidad de Córdoba, con sus precarios medios, podía acercarse no sólo a las universidades francesas o inglesas, sino ni aún a las españolas. Pero creo que, más que en la falta de resultados satisfactorios como consecuencia de la escasez de medios, lo que
Moreno quiere poner en evidencia es la esterilidad de la educación libresca,
abstracta, formal y clerical que imperó en los tiempos coloniales.
Este juicio ha tenido una gran repercusión histórica entre nosotros.
Repetido como verdad inconcusa por las generaciones posteriores, fue
retomado casi sin crítica por los primeros historiadores sístemáticos, casi
a fin de siglo, de donde ha pasado a nuestras apreciaciones habituales, a pesar de la intensa prédica en contrario que han hecho autores e investigadores recientes como Guillermo Furlong6 o Juan Carlos Zuretti. 7 Sin duda el
juicio de Moreno es demasiado lapidario para ser totalmente verdadero.
Tampoco puede decirse que sea estrictamente falso. Ocurre que al valorar la vida cultural y las ideas trasmitidas por el aparato docente colonial,
podemos colocamos en dos perspectivas distintas y hasta, si se quiere,

C. A. Lértora Mendoza:

Tru figuras en la Argentina decimonónica

l7

opuestas: la óptica de los revolucionarios que reaccionaron contra el pensamiento colonial hispánico, y la de un historiador que trata de visualizar
los acontecimientos dentro del marco espacio temporal que los contiene.
Si distinguimos estos dos puntos de vista, podemos comprender y dar razón tanto a las apreciaciones de Furlong, por ejemplo, como a las de Moreno. Porque sin duda la enseñanza colonial no estuvo muy a la zaga de la
hispánica, y hasta en algunos momentos privilegiados parecía ponerse a la
altura y aún superar a la francesa (por ejemplo hacia 1760 en Córdoba se
enseñaban, aunque muy superficialmente, la teorías newtonianas, cuando
en Francia todavía se lo rechazaba). Pero en su conjunto tal tipo de cultura ya desde fines del siglo XVIII quedó retrasada con respecto a los nuevo movimientos ideológicos europeos, y ésto es lo que Moreno veía con
claridad. En efecto, la enseñanza abstracta y fonnal, que había desembocado en el ergotismo8 estéril de las disput.as escolásticas, daba paso a un
aprendizaje basado en la repetición escolar de las experiencias y comprobaciones experimentales científicas, de modo que el alumno tuviera conciencia de los pasos y avances de la investigación que conducían a la formulación y comprobación de hipótesis. Las ciencias naturales y físicoquímicas tomaron el primer puesto en las universidades, relegando a la filosofía abstracta (así se consideraba a la metañsica) y a la teología sistemática.
Moreno vivió los primeros esfuerzos de la naciente república por darse
una cultura más acorde con el modelo de nación que est.aba gestándose y
que se separaba netamente del hispánico (y también del absolutismo mQnárquico del Congreso de Viena y la Restauración). Por eso fustigó los resabios de aquello que quería ver superado, quizá cargando demasiado las
tintas sobre nuestros académicos. Hoy, si miramos la historia de las ideas
en su posterior desarrollo, apreciamos a Moreno y quienes pensaban como
él, en cuanto han sido el hiato necesario con el pasado, el rompimiento definitivo de un cordón umbilical cuya función se había cumplido. Al despojar a la cultura tradicional de la dudosa venerabilidad con que la presentaban los sostenedores (ideológicos y políticos) del statu quo, preparaban el
camino a las nuevas ideas, las que füvadavia y el grupo de los primeros ilustrados intentaron plasmar en las instituciones nacidas con el gobierno patrio: la Univerr,idad de Buenos Aires (1821), los gabinetes y laboratorios
experimentales (1824), la reestructuración de las carreras de la Univers.dad
de Córdoba (1814) y del Colegio Carolingio (1816, cuando se denominó
Colegio de la Unión dd Sur). Moreno fue testigo y actor de esas reformas,
y hacia 1820 lo encontramos enseñando las ciencias mico-naturales, su
especialidad, y dándoles la orientación que él había proclamado como útil
y fecunda, al oponerse a la escolástica. El es pues un claro representante de
estos primeros y valorables esfuerz;os por crear una cultura propia, calcada
quizá de los modelos foráneos (porque por el momento no había otros, y
porque ellos, sinceramente, creían en su valor) pero con un auténtico inte-

�18

Siglo XIX

rés de asimilarlos y hacerlos propios.

C. A. Lértoro Mendoza: Tre, figuras en la Argentina decimonónica

19

de equilibrio práctico entre la tendencia al mantenimiento in tocado de las
tradiciones y el progresismo destructivo de las mismas.

JUAN MARIA GUTIERREZ
La vida de este pensador transcurre durante los años cruciales del
siglo XIX: 1809-1878. Vive pues el intento iluminista rivadaviano, la crisis
política de 1820 y la anarquía, los movimientos caudillescos y la tiranía de
Rosas. Partícipe activo de la Organización Nacional, ocupó diversos cargos:
fue congresal constituyente, ministro de Relaciones Exteriores d~ la ~nf~
deración, rector de la Universidad, fundador de la Facultad de Ciencias F1sicas y Matemáticas de Buenos Aires... Es coetáneo de otros dos grandes
humanistas americanos: Bello y CueIVo, y su influencia puede compararse
a la de ellos en sus respectivos paISes. Desde muy joven se interesó por la
cultura argentina (idioma, historia, ideología, idiosincracia). Quizá por iniciativa o apoyo suyo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires d~pone - por un decreto de 1872- la formación de un archivo de copias autenticadas de las obras y documentos literarios e históricos referentes al país y
que estuviesen en manos de pa_rticul~. Esta tarea fue encargada a Juan
María Gutiérrez, Bartolomé Mitre y Vicente G. Quesada. Fruto de sus propias investigaciones es su obra Noticias' históricas sobre el origen y desarrollo de la instrucción pública superior en Buenos Aires (1887) donde presenta la historia de las instituciones bonaerenses con gran acopio documental, conseIVado y ordenado gracias a él.
Como señala Marta E. Pena,9 en Gutiérrez "se daban armónicamente
combinados los afanes del investigador minucioso y las inquietudes estéticas". Perteneciente a la llamada generación del 37, compartió con Sastre,
Echeverría, Alberdi, y otros, las acaloradas tertulias en que se discutía la
fisonomía a dar a la nación argentina cuando pudiera reorganizarse. Exiliados todos por su oposición al gobierno de Rosas, el monolitismo ad
extra contra el caudillo se disolvía internamente en las distintas posturas
individuales. El Salón Literario inaugurado en ese año inició la polémica
acerca del conflicto entr~ los ideales de originalidad (búsqueda de la propia idiosincracia) y de progreso ( que exigía una inútación de las naciones
adelantadas). Naturalmente el progreso se identificaba con la cultura europea y el oscurantismo y el atraso con lo hispánico. Pero al mismo tiempo
se reconocía que las costumbres, la lengua, las tradiciones heredadas, son
parte de la realidad. En una postura extrema, los progresistas a ultranza
querÍan eliminar estos obstáculo. para avamar inútativamente hacia la meta soñada: parecemos a Europa. Por el otro lado, se sostenía que el progreso debería consistir en el desarrollo auténtico de la fisonomía propia de
cada pueblo, lo que obviamente depende en gran parte de sus tradiciones y
de su historia. El prejuicio antiespañol jugaba en tres figuras importantes
del momento: Sastre, Echeverría y Gutiérrez, y sobre todo en este último.
Con todo, debemos reconocer que teóricamente representa una posición

En realidad, Gutiérrez tenía razones más bien políticas que estrictamente teóricas para oponerse a España. La identificaba con la tiranía y
el oscurantismo que también rechazaba en el gobierno rosista del Río de
la Plata. Es decir, establecía un paralelo entre el avance o progreso de un
pueblo y el grado de desarrollo de su ciencia y su arte. Y en primer lugar,
consideraba de apremiante necesidad la reflexión teórica sobre nuestra historia, como lo evidencia un párrafo de la carta enviada a EcheverrÍa desde
Valparaíso, en enero de 1847, al recibir algunos ejemplar~ de El Dogma
S ociolú ta:

No tengo ocasión ni voluntad de decirle extensamente mi opinión
sobre su libro. Diré sí que le hallo el mérito de establecer con claridad y con sistema los antecedentes históricos de nuestra política
y que abre un camino claro, práctico, palpable a los deseos vagos,
a las esperanzas errantes que tienen en su mejor poivenir los hijos
dispersos de la gran familia.10
Años antes, en el Salón Literario había adelantado su idea de que las
naciones progresan en la medida en que desarrollan sus propias tradiciones
y toman conciencia como pueblos. Toda literatura auténtica, sostiene Gutiérrez, debe ser "localista ", nutrirse de sus propios temas, no puede ser, en
ese sentido, cosmopolita como la ciencia. No obstante, en un planteo general, admitía una suerte de rectoría por parte de Francia, que vendría así a
reemplazar a la caduca España, cuyas carencias no le permitían volcarse ni
en provecho propio ni en el de la humanidad. Su postura equilibrada se
manifiesta en su apreciación de que buscar inspiración en Europa no significa copiar servilmente modelos foráneos, pues la adaptación requiere tener
en cuenta las propias particularidades. Le cabe también el mérito de haber
sido uno de lo; pocos de su generación que valoró el pensamiento y las instituciones indígenas, quizá incluso como recurso jurídico para responder
a los argumentos lúspanistas sobre la legitimidad de la conquista de los
"bárbaros" americanos.
En suma, Gutiérrez es un fiel representante del movimiento romántico que no sólo soñó una nación sino que dió elementos teóricos y reflexivos sobre historia política y filosofía social. Valoró negativamente el pasado hispánico, como casi todoo sus contemporáneos, en parte por la misma
incipiente tradición revolucionaria iniciada con la generación de Mayo a la
que perteneció Moreno, y en parte también porque ese pasado debía ser
negado, en una 1Uerte de momento dialéctico, como hispánico (colonial,
dependiente) para ser asumido como tradición del pueblo a desarrollarse
hasta formar la Argentina del poIVenir.

�20

Siglo XIX

CARLOS OCTAVIO BUNGE
Su bm·e vida (1875-1918) fue compensada con la in~e~sidad y ~a_p~ecocidad de su producción. Cuando Bunge estuvo en condiciones de 1ruciar
su aport~ ideológico, hacia 189~, el paiS suf?'a grandes transf??"ªci~ne_s.
La clase política dirigente hab1a sido sacudida por la revoluc1~ de JUiio
de ese año y á bien se rehizo, perdió irrecuperablemente su umdad.u Al
mismo tiempo, se generaban diversos prollemas de identidad nacional_ y
cultural, debido al enonne movimiento inmigratorio, entre cuyos trabajadores se expandían las doctrinas socialistas y anárquicas de los sindicatos
europeos, sobre todo italianos. Bunge intentó un análisis ~óri~o _de Ia_historia social y cultural que representa uno de los aportes mas Sigruficativct
del pensamiento positivista argentino en el tema.
Al analizar, en forma sintética, las ideas centrales de su pensamiento,
debemos poner en primer lugar la concepción de la sociedad y los fenómenos sociales. Bunge adhiere sin reservas a la concepción psicologista, y
desde sus primeros trabajos, siendo muy joven, busca la explicación de los
fenómenos sociales y culturales en su génesis psicológica, entendida a su
vP.z en forma darwiniana, es decir, como un mecanismo de adaptación
biopsíquico, mediante el instrumento del instinto. Así, todo acto humano está inicialmente guiado por el instinto de supervivencia y adaptación,
que luego se clarifica como conciencia y voluntad; de allí que la necesidad biológica esté en la base de todo proceso psíquico, incluídas las más
elevadas manifestaciones culturales e intelectuales.
Desde este evolucionismo psicológico de hase, desarrollo Bunge su
teoría de la sociedad: ésta nace del instinto de conservación individual y
específico, de donde surgen motivaciones y sentiinientos gregarios, como
la ámpatía social, el sentido de unión y solidarid~d, etcétera. ~ allí
que la "génesis psicológica" sea el modo más cientifico de estudi31: l~
comportamientos humanos sociales, e_ individuales12 porque "lo. p~1qwco, como forma humana de lo hiologaco, es la base dd desenvolv1m1ento
individual y social''.13
De acuerdo con estas ideas, la psicología soci~ no es un~ ciencia d!vcrsa de la individual (porque sólo los individuos benen propiamente p~quis, la sociedad sólo la tiene en sentido metafórico), si~o ~a de ~s,a~licaciones que comprendería tres momentos; la Soc10l?gia fis10logaca
(etnografía, antropología), la Sociología naci?nal (estudio del alma _colectiva) y la Sociología trascendental ( que ~naliza desde esta~ _bases ps1c~
lógicas di&lt;.ciplinas tradicionalmente "filosoficas" como la, etica, la estetica y la metafísica). De allí que propon~ una Met?dologia de las Hu~nidades cuyo principio fundamental es ir de lo !Imple a lo complejo,
comenzando por tan to a esrudiar el hombre en sí y luego loS pueblos. Los

C. A. Lértora Mendoza: Tre, figura, en la Argentina decimonónica

21

estudios sociales se relacionan con otros: geografía, historia, ética, estética,
política, economía, derecho, educación. Estas relaciones pueden ser indirectas ( de las ciencias preliminares con las sociales, pasando por la psicología) y directas.14 F.stas últimas nos interesan especialmente porque
aclaran y fundamentan las teorías específicas de Bunge sobre el desarrollo de la cultura y las ideas. La psicologa'a social se relaciona directamente
por una parte con la filosofía y la historia, por otra, con la biología y la
antropología. De modo que esa disciplina es una especie de nudo donde
convergen los aportes teóricos y experimentales de los otros puntos de
vista.
Ahora bien, con todos estos elementos Bunge puede &lt;;laborar por una
parte una t.eori'a sobre el desarrollo de las ideas y por otra una tcon'a sobre América (y Argentina), su desarrollo histórico y cultural y su prospectiva.
Me ocuparé ahora de la primera_ Bunge relaciona el desarrollo cultural de un pueblo con la forma y finalidad de la educación que imparte
a sus componentes; así justifica al comienzo de su Tratado CP11&lt;'ral de Pedagog{a15 el enfoque histórico (entendido en forma evolucionista) del lema:
No podemos conocer el presente sino por el pasado. Para comprender las grandes cuestiones pedagógicas actuales es indispensable estudiar la evolución de la enseñanza a tra,·és de las edades
y de los pueblos. Pero una historia minuciosa de la educación
sen'a una historia completa de la humanidad ...
Y es de notar que, por ser la evolución de los sistemas educativos
consecuencia de la evolución de la moral y la política, esta síntesis involucraría, aunque por modo harto vago y genérico, toda
una genealogía de la moral y de la política.
Vemos pues, cuál es la función de la historia en esta tarea de comprensión de la sociedad. Pero la tarea concreta de historiar supone algo
más que la historiografía (colección de datos): debe buscar los elementos
comunes, los raFgos característicos, sin perder su hase empírica. En otros
términos, debe poder formular una teoría:
Los nechos humanos y los fenómenos sociales son complejos, por
cierto, y simplificarlos excesivamente podría ser desnaturalizarlos... Ah1' se revela el verdadero conocimiento de la historia y la
aptitud dialéctica del historiador, cuya tarea estriba fundamentalmente en sintetizar sin falsear. Por varios y difusos que sean los
casos y datos, siempre podrán condensarse en sus rasgos generales y comunes, es decir, refiriéndolos a las ideas madres.16
En la explicación del caracter de estas ''ideas madres" se nota toda la

�22

SigloXIX

concepción evolucionista y p1foologista de Bunge a que hicimos referencia
en nuestro párrafo anterior: las bases materiales y empíricas derivan de los
hechos psicológicos, económicos, etcétera, que siguen determinadas leyes
establecidas por la ciencia psicoló~ca y sociológica. Estas leyes son semejantes, en su estructura, a las que rigen el comportamiento de los seres físicos. De allí la comparación con el método de Stuart Mill: 17
La producción de las ideas madres se explica por antecedentes
económicos y psicológicos, por leyes psicológicas y sociológicas.
La aspiración humana obra generalmente provocando reacciones
por contraste• .. La comprobación de la existencia de las grandes
ideas madres puede hacerse analítica e inductivamente, comparando entre sí los fenómenos de la historia, para hallar sus concordancias. .. Aplicándose el método de la concordancia a la sociología, tómese un gran grupo de fenómenos -institutos, autores, sistemas, palabras- analícense, búsquense en ellos las ideas comunes; tradúzcanse estas ideas comunes en ideas fuerzas sociales; estúdiense luego comparativamente esas ideas fuerzas reduciéndolas
a su expresión m1nima y se hallará la idea madre que se busca.18
Estas "ideas madre" así reconstrui'das teóricamente, no son -para
Bunge- una ficción del intelectual investigador, sino que operan efectivamente en la realidad, de donde han sido tomados los datos esenciales que
prnnil•m reconstruirlas sistemáticamente, al modo de una ley física. Cada
época se gui'a por ciertos principios de acción, sus ideas madres encarnadas,
y sigue, aún sin saberlo, esas leyes generales aún ruando los individuos
crt&gt;an obrar por impulsos y motivaciones personales. Por ejemplo, Bunge
visualiza la lucha entre indios y españoles como un choque cultural donde
necesariamente los menos evolucionados serían vencidos y su cultura aniquilada. [so no es sino el cumplimiento de una ley histórico-social, más
allá dr las admoniciones y lo; esfuenos de algunos individuos, como el
padre Las Casas, cuyo mérito Bunge reconoce. Pero Las Casas no podía
tener éxito y la relación entre indios y españoles no sena sino de vasallaje:
"los indios nunca senan tratados como hermanos por los cristianos invasores, (JUe no podi'an desobedecer a la inercia de la historia! (...) Eran leyes
históricas fatales que se cumplían!" 19
Un ejemplo de la ley de reacción a que hicimos referencia lo encuentra
Bunge en el viraje ideol~co pronuneiadamente anti-hispano que siguió
nuestra política y sobre todo nuestra cultura desde 1810:
La a_iltu~a español!' _del coloniaje 1'!1vo_un_ señaladísimo espíritu
monarqu1co y teologico. Todas sus msUtuc1ones y actividades lle-

varon el doble sello de la religión y de la monarquía. En cambio
la cultura argentina, en violenta reacción contra la precedente'
manifestó desde sus albores la tendencia individualista y democrá~
tica de la filosofía del siglo XVIII :JJ

C. A. Lértora Mendoza: Tres figuras en la Argentina decimonónica

2.:$

Vemoo pues que Bunge da un fundamento teórico a las actitudes que
ochenta años antes hahi'a tenido la generación de Mayo, a uno de cuyos
representantes, Manuel Moreno, nos hemos referido en primer término.
La reflexión ha sucedido a la acción, y la generación del 80 ya puede
tomar la necesaria distancia y valorar el pasado a la luz de los principios
generales de la historia social y política que se habían elaborado teniendo
en vista la historia universal.
Pero por otra parte, la psicología social permite también la formulación de una teon'a sobre América, no ya en el aspecto del desarrollo de su
cultura o ideas, sino lomada como unidad socio-cu! tura!, resultado de la
interacción histórica de los églos de coloniaje. En esta teoría se habla de
la América presente y - quizá- de la futura, en cuanto pueda admitirse
que los hombres, tomando conciencia de las leyes históricas, logren, más
que modificar su curso, adaptarse a las constantes que ellas determinan y
obtener un provecho para sí mismos del devenir social universal. En su libro Nuestra América intenta una descripción del caracter psicológico de
los hispanoamericana;, centrado en tres notas: pereza total (síntesis de la
in~olencia española, la incu?a ~ativa y la apatía mulata), la tristeza (comun a los españoles y a los mchgenas pampeanos) y la arrogancia (típicamente española). Estas notas nos sitúan en el polo opuesto con respecto a
otra; pueblos nuevos, como el norteamericano, que manticnt&gt; su carácter
esencialmente europeo pues ha logrado mantener la pureza dr sangre. Para
Bunge la Argentina se acerca a ellos debido a la gran inmigración y al muy
bajo porcentaje de inrugenas en su población.
No todos los hombres de su generación coincidían con estos pcnsamien tos. Ingenieros fue uno de los primeros críticos, pu1•s cicrla1111·nt1·
B~ge generaliza imprudentemente algunos matices reales de españoles y
cnollos, pero que de por sí son insuficientes para formular una auténtica
psicologi'a social americana. Consecuentemente con estas ideas publicÍ&gt;
en 1904 el artículo "La evolución del derecho y la política", donde expone una tesis que luego desarrollan'a más ampliamente acerca del proceso
d~- diferenciación étnica, producido en la prehistoria por la diversa adaptac1on humana a loo ambientes. La división del trabajo produjo la entrada
del ~omhe en la historia y la distinción de clases, que a su vez constituye
el ongen del estado, de la legislación y de las religiones.

A travá. de la larga serie de conquistas y fracasos, de imperios que se
hacen y deshacen, incluyendo a nuestra América, llegamos a la época que
~u~ge vivfa: el Buenos Aires de fin de siglo, a¡,;tado por huelgas de la incipiente clase obrera, con una élite dirigente fraccionada y escéptica y una
juv~ntud aristocrática superficial y anodina. Bunge no creía en el igualitan~o que_ ~~pugnaba el socialismo, pues a su parecer la ciencia (la concepc1on poSitiVJSta acerca de las desigualdades raciales, hioló~eas y psico-

�24

C. A. Lértom Mendoza: Tres figuro, en la Argentina decimonónica 25

Siglo XIX

lógicas que determinaron el curso de la historia) demos~ha lo contrario
de lo que el socialismo proponía como idea o plan pohtico, desenmascarando así, según el, su caracter utópico.
Sin duda estos pensamientos inspiraron, directa o -~directamente,,ª
una buena parte de la reacción antisocialista en la po_htica Y_ la filos?º~
política argentinas. Pero no todos los exceso~ de esos mco~scientes discipulo, de Bunge son producto de su pensamiento. E? r~lidad,_ ~ersonalmente, fue tolerante y abierto. Quizás su fe en la ciencia positiva y los
principios evolucionistas a que adhería le impidieron considera,r las cuestiones desde una perspectiva más amplia. Pero no puede negarsele_ que,
dentro de la generación así llamada del ochenta, represenb un seno esfuerzo por elaborar una teoría sobre la evolución de l~ cul~ra y
las
ideas que, con todas sus innegables limitaciones~ ten_ia vanos ment~.
En primer lugar, el esfuerzo por superar tanto el lustonografi~o anecdotico como el utopismo romántico de sus predecesores. Ademas, dar una
visión global del desarrollo hlstórico, de modo que l?5_ proceso, locales
puedan ser considerados en el conjunto en forma armo~ca, logr~ndo que
nuestra historia "marginal" tenga su "lugar" en el concierto uruversal. Y
por último, intentó seriamente una prospectiva pragmáti~ d~ base -al
menos pretendidamente- científica, superando las vagas aspiracrones plasmadas por otros en obras literarias o discursos político, los ~uales, más
allá del valor estético o retórico (respectivamente), poco podian aportar,
como tales, a la implementación de las reformas deseadas.

?~

La obra de Bunge fue un llamado de atención a su ge~eración; quizá
no fue bien escuchado. Desde luego sus detractores postenores, tan cerradamente antipositivistas como cerradamente positivista_s fu~ron los _criticados Jo escucharon mal y lo tergiversaron. Nuestra histona de las ideas
(sohn: todo la de este siglo) está llena de esa; malos-entendidos_ ~e ahora,
casi al filo de otro milenio, deberíamos al menos tratar de disipar. Pero
esa es otra historia...

NOTAS

l. lbnoramo, y retro tos hi&amp;tórico,, prologo de Joaquín V. González, WM. Jakson,
2o. ed-, 1944, p. 223.
2. !bid. p. 224.
3. Vida y memorias del Dr. D. Mariano Moreno (publicada inicialmente en Londres, 1812), en Memorias y Autobiogrof1ás, 11, Buenos Aires, Museo Histórico
Nacional, 191 O, p.18 ~

4. !bid. p. 18.

5. !bid_ p. 20.
6. Nacimiento y Desarrollo de la Fílosofiá en el Río de la /tata, l 536-181 O, Bu()noS Aires, ed. Kraft, 1952, Introducción. Toda la obra de Furlong, ingente y
valiosísima como aporte documental, es un desesperado esfuerzo por reivindicar el valor de la cultura colonial e hispánica, desde su postura marcadamente
escolástica. Es natural pues, que rechace como "mala filosofía" casi todo el
movimiento ecléctico, las "desviaciones" materialistas, psicologistas, empiristas,
de la filosofía inglesa y francesa de los siglos XVll y XVIU y desde luego a todos
los historiadores que se han hecho eco de juicios como los de Moreno. Pero tampoco Furlong parece mesurado en sus propias apreciaciones. Según él, loS historiadores que critica "Lejas de ponerse a estudiar los códices, tesis y conclusio•
nes, existentes en archivos y bibliotecas, han preferido fantasear sobre la base de
que no pudo haber en aquellos tiempos coloniales, ni filósofos, ni filosofías"
(p. 18) Por eso, según él, Kom tuvo la "audacia" de escribir sobre una escolástica que desconocía; Raúl A. Or~, un "pedisecuo de Barreda Laos", es un "mal
latinista" (él por lo menos sí tuvo en sus manos códices de la época) y deforma
el sentido de las tesis que estudia (p. 20); Delfina Varela Domínguez "se ha h1&gt;
cho eco de todos los errores, tan crasos y tan infundados, como se leen en los textoS o manuales de Historia Patria, referentes a la cultura colonial" (p. 21). Es
evidente, por lo que vemos, el desacuerdo básico entre quienes rechazaban la
filasofía escolástica como primer paso, y luego, secundaria y subsidiariamen te,
criticaban la cultura colonial como un derivado (caso de Moreno) y quienes (como Furlong) le hallan suficientes méritas como para ser denominados propiamente filósofos quienes la cultivaron y enseñaron, tanto en España como en
América. La cuestión sigue abierta.
7. Se ha ocupado preferentemente de la segunda mitad del XVIII en diversos artículos, dopde evidencia su simpatía por los esfuerzos de nuestros profesores
coloniales. Por ejemplo, "Algunas corrientes filosóficas en Argentina durante el
período hispánico: la llamada Filosofía Moderna", Actas del 1o. Congreso
Nacional de Fi1osof1á, III, Mendoza, 1949, pp. 2122-2128; "La crisis de la Filosofía en el s. XVID y los autores conocidos en la Universidad de Córdoba",
Estudios, Buenos Aires, 1947, 128-134; "Tesis sobre Filosofía y Ciencias defendidas en 1792 en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires", Rev. de la
Univ. de Buenos Aires, octubre/noviembre, 1948, 516-533; "La orientación de
los estudios de filosofía entre los franciscanos en el Rlo de la Plata", Irinerarium, 4 (1947), n. 10, 199-207. Pero es sobre todo en su Nueva hútoria ecle•iámca argentina (Buenos Aires, ltinerariwn, 1972) donde intenta una revalo-

�26

Siglo XIX

Imagen de Bolívar en Rusia y en la URSS.
La biografía de Bolívar por Lavretski

ración de la cultura impartida por las órdenes religiosas y el clero secular colonial.
8. Denominase así el atuso del deductivismo fonnal, palabra derivada del latín
"ergo" (luego).

Gustavo Vargas Martínez*

9. Romanticismo y Política, Ed. CINAE ed. Docencia, Buenos Aires, 1985, p.182,

1 O. Archivo del Doctor luan Mar(a Gutié"ez, Epütolario, T. 11, Buenos Aires, Biblioteca del Congreso de la Nación, 1981, p. 89.
11.

C!·

E. Cárdenas y C. Payá "Carlos Octavio Bunge", en FJ mwimiento po1iti1111ta argentina, compilado por H. E. Biagini, Buenos Aires Ed. n..tarano 1985
p.520.
'
'
'

12. CT. C.O. Bunge, "Los dominios de la psicología", Rev. de Filo1of(a, enero 1915 .
p.46.

14. Cf.

e.o.

Bunge, Psicolog{a Individual

-

1. LA IMAGEN DE BOLIVAR EN RUSIA EN EL SIGLO XIX

13. /bid. p. 47

y Social, Madrid, Jorro, 1928, p. 18 ss.

15. La Eduooción (Tratado General de Pet/agr,gtá), Libro l. E11oluci6n de la educación, 60. ed. con Introducáón de Carlos Saavedra Lamas, Buenos Aires Vaccaro, 1920, p. 35.
•

16. lbid. p. 36, el subrayado es del autor.
17. El mismo Bunge cita, en este párrafo, el Traité de Logique lnductive (en traducción francesa) de Mili, y pone el ejemplo que trae esta obra sobre el método de
las concordancias, concluyendo: "Tal es lá aplicación que, con un ejemplo físico, ~ ha dado al método de las concordancias, cuya regla fundamental es: 8 ¡ dos
o mas casos del fenómeno en cuestión no tienen más que una circunstancia en
común, esta circunstancia es una cau.!IJ o efecto" (p. 37, el subrayado es del
autor).

La célebre biografía de Catalina II, de W. Tooke1 , publicada a fines
del siglo XVill, traía ya algunas noticias de las actividades de Francisco
de Miranda cerca de la corte rusa: aparece allí como fugitivo de La Habana que desde Estados Unidos y Canadá había llegado hasta San Petersburgo bajo la protección del príncipe Potemkin y en compañía del francés Leroux, pero que encuentra, al parecer, la ayuda que deseaba. Sólo
desde 1810 aparecen noticias fragmentarias en la prensa rosa sobre las
guerras de liberación de las colonias españolas en América, explicable
porque Rusia, Francia, Austria y España, sgnat.arias de la cuádruple
Alianza, no tenían mayor interés en este tipo de noticias revolucionarias.
Sin embargo, hacia 1818 es frecuente encontrar informaciones regulares
y completas: así el Noticiero de San Petersburgo (Sankt-Petersburkie
védomosti) narró las batallas de Valencia, Carabobo, Apure y Barinas.2

18. /bid. p. 37, subrayado del autor.
19. /bid. p. 175.
20

/bid. p. 190.

Entre 1818 y 1825 dos revistas compiten en informar sobre las aotividades revolucionarias de Bolívar: el Bolet{n de Europa (Vestnik
Evropi) El Telégrafo de Moscú (Moskovski Télegraf). El primero se refirió posteriormente a todos los períodos de la vida del Libertador ''teniendo en alta estima su actividad política y militar",3 y El Telégro.fo de
Moscú, portavoz de los liberales decembristas, defiende abiertamente la
lucha bolivariana y se compromete con sus proyectos políticos. Su editor,
Nicolai A. Pólovoi, comentaba con simpatía el papel de Bolívar en la independencia de la América meridional, la fundación de la Gran Colombia y los proyectos del Congreso Anfictiónico de Panamá. La historiadora
Vera Kuteischikova reseña que la fama de Bolívar en Rusia constituye tema aparte. Fue realmente asombrosa y nosotros hemos sabido siempre

y

* Escuela Nacional de An,tropología e Historia (ENAH), México.

�28

C. Varsas Marh'nez: Imagen de BoUvar en la UR SS

Siglo XIX

desde pequeños que se reflejó incluso en la moda de entonces. Recordemos: el primer capítulo de Eugenio Oneguin fué escrito en 1823 y por lo
tanto los dandy librepensadores peterburgueses ya llevaban, lo mismo
qqe Eugenio, "bolívares anchos". Esta palabra la comenta el mismo
Pushkin: "sombrero a la Bolívar". Así pues, Pushkin corrocía este nombre,
y no solo de oídas, sino porque frecuentaba el círculo de N.A. Pólevoi
y S. D. Poltoratski, ambos apasionados admiradores de Bolívar. " 'Hombre
superior a lo humano', así llamaba Pólevoi a su ídolo ".4 l' na muestra del
entusiasmo que despertó Bolívar entre los decembrist.as rusos es el siguiente aparte de un artículo de Pólevoi publicado en El Telégrafo de Moscú
en 1828:
Las incre1bles marchas interminables desde las áridas y tórridas
orillas de Cartagena hasta los límites de la Guayana desierta,
pantanosa y torturada por los calores; de Guayana a Nueva Granada a través de la inmensa y alti'sima cordillera que las separa;
de Bogotá hasta las fronteras de ~nezuela, en las orillas del Orinoco, lejos al otro lado de la capital del Perú, cruzando charcos
infecciosos, encaramándose por abruptos peñascos, entre nubes
de insectos y los inevitables reptiles, con soldados a menudo sin
pan, sin ropa, sin calzado. ¿Quién no reconoce que son campañas
más memorables que las victorias y no admite comparación con
las batallas ganadas según las reglas de la táctica común?. Cada
una de estas hazañas es una victoria sorprendente. Atraverse a estas proezas, asumirlas personalmente, ir a la cabeza de unos soldados nuevos, nacidos y educados en Colombia, sin queja llevarlos
tras de sí y, ya en el lugar de destino, desbaratar con ellos al numeroso ejército español y obligarlo a rendirse en el lugar que hab1'a elegido Bolívar para derrotar a su adversario, ¿no son bastante milagrosos para merecer el título de héroe? .s
Tan fervorosas alabanzas solo pueden ser escritas por quienes estaban
compenetrados de los ideales democráticos y republicanos de Bolívar, querían la caída del imperio ruso y encontraban en el ejemplo sudamericano
una experiencia inédita digna de seguirse.

El Telégrafo ~ Moscú mismo mostraba "ostensible simpatía por los
patriotas y se acentuaba el afán de Bolívar por crear un estado poderoso,
centralizado y con un alto grado de civilización".6 No en vano Pólevoi
publicaba corresponsalías de AJexandr Turguénev y de Yákov Tolstoi
desde Francia, quienes a su vez las recibían de los liberales Benjamín
Constant y del Abate Dominique du Pradt, por razones distintas dos de las
más decididas plumas europeas en defensa de la obra bolivariana. Así los
decemhristas estaban al tanto de las luchas políticas y militares de América
Latina con tanta efusión, que otros republicanos progresistas de Rusia,
además de Pólevoi y Poltoratski, como Piestel, Bestúzhev, Zavalishin,
llegaron a proponer "la creación en Rusia de una república federativa,

29

remitiéndose al Congreso de Panamá convocado por Simón Bolívar". 7
El historiador soviético N. Lávrov, en un ensayo conmemorativo del
sesquicentenario de nuestra independencia, nos explica la razón del entusiasmo de los decembristas por la revolución hispanoamericana:
La primera generación de revolucionarios, los decembristas, contemporáneos de esa guerra, siguieron atentamente el desarrollo de
la misma. En los patriotas latinoamericanos veían compañeros de
lucha contra la opresión y la tiranía. Los decembristas estudiaron
c on atención no solo la experiencia de la lucha de los pueblos de
América Latina por la libertad y la independencia, sino también
los regímenes políticos y sociales de los nuevos estados que se formaban. Piestel y Bestúzhev, jefes del movimiento decembrista,
estudiaron cuidadosamente la constitución de las nuevas repúblicas, a fin de aprovechar los mejores modelos de su legislación y estructura estatal en la Rusia republicana del porvenir, en nombre
de la cual los revolucionarios rusos se alzaron en diciembre de
182 5 justamente cuando la victoria coronaba la guerra de los pueblos de América Latina por su independencia. 8
Aunque en sn patria y en el extranjero Bolívar recibía arteros ataques
de sus enemigoo, que lo tildaban desde inepto en lo militar y ambicioso
en lo político hasta de querer erigirse en monarca de las naciones que él
mismo fundaba, hubo escritores rusos que defendieron a su contempo ráneo de esas acusaciones, como el artículo de E. Belov que recoge la Enciclopedia de ciencias militnres y mari'timas, donde se explican las acciones
de salvación tomadas por Bolívar ante las urgencias del tiempo y que habían servido para acusarlo de ambicioso y monarquista. 9 No faltaron, por
supuesto, documentos insidiosos sobre Bolívar, con la misma cantilena,
basándose en publicaciones de exoficiales personalmente enemistados con
el Libertador y que se difundieron profusamente en Europa en las dos décadas posteriores a su muerte. K. Krai es uno de ellos.1°
Pero solamente se han encontrado escritos sobre el Libertador en las
dos revist.as reseñadas, el Bolet(n de Europa ) El Telégrafo de Moscú.
También El Hijo de la Patria (Synotiéchestva) de San Petersburgo publicó en 1826 una sumaria biografía de Bolívar en donde afirma que
su ambición es de carácter noble y sublime; él repudia la adquisición de fortuna cualquiera que sea y desea morir con la fama del
hombre que estableció y afianzó la tranquilidad en América del
Sur.

También allí se puede leer una crí tica raramente temprana a las aspiraciones separatistas ( de Páez, Santander, etcétera) que dañaban la unidad
del Estado recién creado, la república centralizada de Colombia.11

�30

SigloXIX

Cuando Bolívar murió, el Noticiero de San Petersburgo (3 de mano
de 1831) publicó una nota necrológica que ponía el acento en "su papel
excepcional de organizador de la guerra Je independencia ' '12 y El Telégrafo de .lfoscú llamó a Bolívar, en ese mismo año, "sagrado para todas
las per»onas progresistas' ~l3
En la segunda mitad del siglo XIX desaparece Bolívar del interés de
los historiadores rusos, a la par que se precipita la expansión territorial
imperialista con la conquista de Crimea , la guerra del Cáucaso, la ocupación de Siberia y la agresión zarista a China.

2.

LA IMAGEN DE BOLIVAREN LA UNIO~ SOVIETICA

Salvo algunas biografías breves publicadas en Rusia con motivo del
Centenario del nacimiento de Bolívar ( L883), como PI qu e insl'rl.t el
Boletín de Historia 1(lstorichevski véstnik)1 4 encomiando el papel de
Bolívar en la guerra de independencia, el ensayo de V. Suvórova y el de
Iván Franko, estos dos publicados al filo del si¡¡;lo. en l 903 } 1904 rf'spectivamente, no se conocen en la Rusia pre-revolucionaria estudios significativos sobre la independencia latinoamericana. ::iuvórova en su biografía analiza con objetividad la situación colonial a comienzos cld siglo
XIX y las causas de las guerras y sigue de cerca las incidencias en la vida
del Libertador, fundamentándose en autores latinoamericanos, en los informes del viajero ruso N. Klark y se deja llevar de la idealización del
héroe, al decir de Mijail Fainshtein.15
Franko escribió para sus coetáneos, los campesinos ucranianos, y ciertamente no deja de llamar la atención que redactara un ensayo con pretensiones populares. Pero después aparece un gran vacío en la historiograña
rusa de comienzos del siglo.
Cuando después de la victoria de la Revolución de Octubre la nueva
Unión Soviética inició la publicación de las obras completas de Carlos
Marx y Federico Engels, muchos de sus artículos políticos fueron integrados sin comentarios marginales ni no tas ex plicativas que calificaran, de
alguna manera, los asertos escritos por los máximos fundadores del materilismo histórico.
Se prohijó de tal suerte el dogmatismo a la palabra escrita y se impidió no solo la crítica y la ponderación , que hiciera ecuménico el l egado
revolucionario de Marx y Engels, sino el desarrollo conceptual y creador
de una nueva generación de marxistas. Fue el caso ele! opúsculo de Marx
sobre Bolívar, escrito en 1858 para la Nueva Enciclopedia A mericana, que
editaban en Nueva York los señores Charles A. Dana y George Ripley, y

C. Varga, Martínez: Imagen de Boli'var en la URSS 31

que prácticamente desconocido durante casi ochenta años,. se incluyó en
la primera edición rusa de las Obras de Marx y Engels p_ubhcada en 1934.
De esta manera durante muchos años no se pudo apreciar el papel de revolucionario clasista , enemigo del modelo burgués y profundamente antimperialista que tuvo la vida, obra y pensamiento de Bolívar. Por el contrario, la breve biografía de Marx sobre Bolívar sirvió para &lt;I?e la izquierda
rehusara el estudio de su legado y para que la derecha fortificara su apreciación tradicionalista del héroe. Como en dos ocasiones he escrito ya al
respecto, remito al lector interesado a esa bibliografía.16
Ahora nos interesa saber que los historiadores soviéticos de la década
de los cuarenta, V. M. Miroshevski,17 F . Marshal y B. Kreyn, 18 S. N.
Rostoroki y B. K. Rudtzov, quienes en 1940 publicaron una Nueva Historia de los paises coloniales y dependientes, 19 se identificaron casi mecánicamente con la letra y el espíritu del opúsculo de Marx al tratar de Bolívar.
Resaltan el origen aristocrático del Libertador, el ambiente frívolo de su
juventud en Europa, su llegada tardía al proceso revolucionario de Venezuela, la pérdida de Puerto Cabello, la entrega de Miranda para "deshacerse de un rival peligroso y abrirse camino para subir"; se hace énfasis en
que era Bolívar el típico representante de los terratenientes separatistas
criollos, distinguido por su inteligencia, visión política, conocimiento de la
situación internacional y ...su capacidad de maniobrar.Y aunque separatista, "jamás fu e demócrata" . Artificioso, efectista, ambicioso, grosero
demagogo, en verdad era desconfiado y odiaba al pueblo. Militar de escasos talentos, al primer fracaso perdía la cabeza y abandonaba a su ejércit o. Y repiten la conocida diatriba de Marx: "es enojoso leer cómo a este
cobarde, vil y miserable canalla lo glorifican como a Napoleón 1".
i\,1uchos otros episodios en la vida del Libertador aparecen tan tergiversados que es difícil identificarlos. La entrevista de Guayaquil es vista
como expresión fehaciente de la ambición de Bolívar que así actuaba para
crear un vasto estado unido bajo su gobierno; el Congreso de Panamá se
habría c onvocado para igual fin, y la Confederación de los Andes habría
sido un tercer esfuerzo fallido, fracasos que a la postre lo llevaron a renunciar.
Las opiniones de Miroshevski son casi idénticas a las que en 1950 publicó la Gran Enciclopedia Soviética. Adolecen las dos de unilateralidad,
seguidismo acrítico al esquema de Marx y, ya lo hema, dicho, ausencia de
espíritu marxista en el estudio de la historia, porque no se hacen ni esfuerzos mínimos por encontrar las obvias contradicciones de clase entre ese
"terrateniente típico" y el hecho de su empobrecimiento, ni entre él y la
burguesía comercial ascendente, su enemiga, ni entre su obra inconclusa y
la de los que le sucedieron para fundar el estado oligárquico. Se le ha di&amp;-

�32

C. Var¡¡os Martínez: Imagen de Bollvar en la URSS 33

SigloXIX

culpado so pret.exto de la época dogmática y obscurantista en que vivió Y
en la ausencia de fuentes bibliográficas. Miroshevski, 1()3 redactores de _la
GES y otros sí tenían en los años 40 las fue~t.es que ~o lnvo Ma~; pudieron corregirlo pero o no quisie~n ~ ~o pud1ero~, m~ntras repeban toneladas de libros sobre el papel del mdiv1duo en la historia.
En 1956, M.S. Alperovich,20 Ermolaev, Semiónov y otros publicaron
un ensayo histórico rectificatorio, el primero de un~ _seri~ no~le por~e
se reconocieron las fuentes erróneas de Marx y se dio as1 cabida amplia a
una discusión tan objetiva como plural sobre las caract.erísticas de la independencia latinoamericana y el papel de sus_ héroes er,ó~~os. En_ 19~\J~sé Grigulevich Lavretski publico por vez primera su S1mon Bobvar '2 SJ:
multáneament.e a un valeroso artículo en Problemas de la Historia (YoproSJ
Istorii) "sobre la lucha libertadora de las colonias españolas en ~érica_"
escrito por los historiadores referidos. Allí refutan a la Gran Enciclopedlll
Soviética iniciándose con ello una severa autocrítica, que tiene su culminación en la nueva versión de la palabra "Bolívar" en la edición de 1970 de
la GES en ruso y de 1973 en inglés. Pero con las nuevas ob~as de rema
livariano publicada en la URSS, particularment.e con los escntos d_e Anatoh
Shulgovski, 22 las propias rectificaciones de la GE_S_ quedan _anucuadas y
parecen remiendos irnprovisad!)S. El Proyecto polit1co del Liberta~or~ es:crito por Shulgovski en 1983, es tan radicalmente nuevo que podrías~
ficar, al fin, el análisis de la vida y obra del Libertador a la luz del mate":1lismo histórico. Su ensayo Una vida en aras del_futuro 23 sobre el '."e~~Je
inconcluso y la vigencia revolucionaria de Bohvar representa el Vll'llJe mdispensable que hacía falta para poner de ~ue,o al _Libertador a la cabeza
de la nueva insurgencia; porque1 como e1 mJSmo dec1a,

bo:

libertador o muerto mereceré siempre el honor que me habéis
hecho sin que haya potestad humana sobre la tierra que detenga
el cur~o que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a
libertaros.24
1

3.

A PROPOSITO DEL BOIJVAR DE LAVRETSKI

Entre los historiadores contemporáneos de la Unión Soviética desta•
ca José Grigulévich Lavretski, doctor en Cienci~s Hi~óricas, correspo?diente de la Academia de Ciencias de la URSS, v1cepreS1dente del ConseJO
de Redacción de "Ciencias Sociales Contemporáneas", miembro de honor
de la Sociedad de Escritores de Colombia, del Instituto Mirandino de Caracas y de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Es autor de
numerosos ensayos históricos sobre Bolívar (1958, 1960, 1966, 1982),
Miranda (1965), Guevara (1975), Salvador Allende (1978), y de_ es~dios
sobre Rusia y la lucha por la Independencia Española (1976), Htstona de
la inquisición (1980), La Iglesia y la Sociedad en América Latina (1982),

entre otros. Su Simón Bol(var (1958) ha sido muy celebrado y goza de
excelente reputación como introducción al análisis marxista de la vida,
obra y pensamiento del Libertador. Se le ha publicado varias veces25 en
Moscú y en Caracas. De este libro dice Mijail Fainsht.ein que
narra en forma viva y amena la vida del ardiente revolucionario
y disipa leyendas sobre Bolívar creadas por los falsificadores burgueses de la historia.26
Lavretski contribuyó, con su obra bolivariana, a modificar sensiblemente la idea que se t.enía en la Unión Soviética sobre el Libertador. Y
con ésta y sus escritos mirandinos, sentó pautas avanzadas y creativas para
juzgar las revoluciones latinoamericanas. Su biografía de Bolívar tiene
aciertos destacados: introduce el análisis de las contradicciones de clase en
la bibliografía bolivariana -su mayor mérito- y subrayó el esfuerzo del
Libertador por lograr alianzas de clase en lo nacional y en el ext.erior
(pg. 179); mostró la prudencia de Bolívar cuando supo ceder en la discusión sobre el presidencialismo (pg. 164) y cuando no cedió frente a las
coaliciones de aristócratas y burgueses criollos por apoderarse de los frutos de la emancipación (pg. 168).
Sin embargo, Lavretski reit.era viejas acusaciones que le lanzaron en su
tiempo los demoliberales recalcitrant.es, justament.e los más caracterizados
representantes de la oligarquía naciente, particularmente .e n el lustro final
de su vida, descrita siempre como la más sombría y retrógrada en la vida de
Bolívar y que ahora empezamos a rescatar como la más lúcida, difícil y revolucionaria. No comprender el caráct.er de enfrentamiento de clases antagónicas que rodeó la vida del Libertador desde 1826 hasta su muerte conduce a reiterar la síntesis intencionada que repetían hasta la saciedad los demagogos de su época: Bolívar fue guerrero y nada más; la independencia
fue su mejor obra; al final, por no dejar hacer a IQ3 magistrados, apoyarse
en el clero y en los militares venezolanos e instaurar la dictadura bonapartista, frenó el desarrollo de libertad de la democracia institucional. El escritor tradicionalista colombiano Germán Arciniegas, fiel representante de ese
conservadurismo a ultranza que se arropa con fraseología liberal, lo dice
sin ambages:
hubo tiempos mejores, cuando al guerrero que hizo la campaña
desde el Orinoco hasta Ayacucho no había entrado en el período
de deterioro que marchitó su mente en el último lustro de su vida.27 Bolívar había ganado las batallas más difíciles de la guerra
y comenzó a perder las de la paz.28
·
Otro epígono de aquellos demagogos de antaño, el escritor liberal
que se cubre con ropaje socialista Gerardo Molina, reitera el infundio:

�34

C. VaT(JJI Martínez: Imagen de &amp;l(var en la URSS

SigloXIX

En ese año desgraciado, 1826, Bolívar rompió con su pasado. Su
gloria realmente llegó hasta entonces. De allí en adelante todo
fué deplorable: la aceptación de las actas de la dictadura que le
ofrecían sus tenientes en el viaje de Lima a Santa Fé, la ruptura
definitiva con Santander, la Absolución de Páez, las veleidades
monárquicas y en favor de un protectorado inglés, sus actos y
omisiones después de la conspiración del 25 de septiembre; todo
eso destruyó la leyenda elaborada en los años de la guerra y de la
construcción de repúhlicas.29
Por eso es necesario saber a fondo por qué subsiste, aún entre escritores de vanguardia, ideas conservadoras respecto al último lustro de vida dd
Libertador y, por supuesto, si ciertamente Bolívar claudicó en su lucha revolucionaria que para entonces solo podía ser antioligárquica, antihegemónica, an timperialista.
La ideología política que se manejó durante los años de la independencia de nuestra América es rica en directrices y matices, pero frecuentemente se halla impregnada de personalismos que la disimulan. Se puede conocer mejor estudiando las contradicciones sociales y políticas entre los actores de la guerra. Gracias así a los enfrentamientos entre Bolívar y sus
aliados, de una parte, y los partidarios de Santander, Páez, y otros, se
puede evaluar, siglo y medio después, la estructura de clase y pensamiento
de los contendientes. Sin proponérselo, Santander, el más sobresaliente político neogranadino de entonces, nos ha dejado el testimonio de la conducta y el pensamiento burgués triunfante hacia 1830 y por contraste, del fracaso transitorio de Bolívar.
Lavretski, al analizar las causas de este fracaso, dice que
Bolívar temía una guerra de ilotas y no quería pelear contra ellos.
Comprendía que un pueblo sublevado en lucha por sus derechos
es una fuerza enorme y todopoderosa. La tragedia de Bolívar consistía en que no quiso encabezar esa fuerza y, con ayuda de ella,
llevar a la práctica las reformas planeadas. A esta fuerza él la temía, temía verse aislado y aplastado por ella (pg. 160).
Entonces, como rehusó el apoyo del pueblo, se acogió al sostén de la
reacción:
reconocía que en las revoluciones se puede triunfar apoyándose
solo en el pueblo revolucionario, pero también pensaba que los
frutos de la victoria solo podían mantenerse con ayuda de elementos conservadores: el clero, los grandes hacendados y los ricos, como había hecho Napoleón (pg. 160).
Por ese apoyo debía pagar un alto precio: restablecer estructuras coloniales.

35

Siguiendo a los clérigos, empezaron a asediar a Bolívar los adversarios de las innovaciones republicanas, todos los que soñaban con
restablece; su antigua influencia, su poder y sus riquezas; entre
ellos hab1a muchos que en tiempos pasados fueron partidarios
abiertos o solapados de los españoles (pg. 164).
En suma, Bolívar habría traicionado así sus más caros ideales revolucionarios.
Pero, ¿cómo no ver una desembozada lucha de clases en medio de las
aparentes disputas personales entre dirigentes del estado recién emancipado? ¿Cómo no considerar que cuando el Congreso granadino destituía a
Bolívar antes de Ayacucho y le regateaba apoyo logístico, la burguesía
emasculaba el proyecto libertador porque no le importaba ni la independecia, ni las soluciones sociales, ni la unidad antimperialista de América?
¿Y ~n fin, cómo explicar que, dictador a pesar suyo, usó el poder para garanbzar la "nación de repúblicas" como un freno a las ambiciones particulares de los emisarios regionales y representantes del nacionalismo estrecho?

4.

POR QUE SUBSISTE UNA IMAGEN REACCIONARIA DE
BOLIVAR

Porque aún no se ha estudiado a plenitud el Bolívar inmerso en la lucha de clases, porque aún quedan rescoldos de las acusaciones demagógico-burguesas, porque no se aprecia a Bolívar más que como paladfu de su
clase original y no de un proceso de ruptura que iría más allá de la independencia y porque a ese esquema ha contrihuído cierta ''izquierda" masónica, tradicionalista, temerosa en reconocer que nunca fué más radical
Bolívar que cuando debió enfrentar a las oligarquías criollas, a las aristocracias coF1Spiradoras y al imperialismo intromisor, todo eso justamente
al final de su vida.

.• Es_ paradójico: las ideas reaccionarias de la oligarquía santanereña, el
mili~rtilmo de casta de oficiales venezolanos, el revam:hismo enconado de

la ~ocraci~ peruana, la campaña de desprestigio concebida por los monro1s~s amencanos, todos ellos empeñados en hacer morir los planes que
~!•var trabajó desde 1826, han persistido en no pocos historiadóres y po!•tólogos avanzados de nuestra época que no. se atreven a asumir el legado
mconcluso y espectante deJ Libertador.
Después de Ayacucho, que parece ser la línea divisoria entre los que
declararon que derrotados los españoles no había más revolución y los que
pe?831'on que entonces ~mpezaba el gran cambio, aparecen los proyectos
mas perdurables de Bohvar: los planes continentalistas, que van desde la

�C. VarSos Mart{nez: Imagen de Bol(var en la URSS

ej~oli~~!.~rtca~

37

Colo~~ia la r~d~, pasando p~r la Confederación de
lÓSi
la remuon anfictiomca de Panama; los grandes esfuerzos
J).Qf-r,m~tai, ~ 'j&gt;ases de una constitucionalidad original y propia para los
americanos liberados después de los trescientos años coloniales; y el denodado lúncapié en la unidad política de América Meridional para sobrevivir,
mi¡_PélJl..®,íil su vez un equilibrio universal que permitiera la pluralidad de
sistemas y un cierto tipo de coexistencia. Todo eso -su obra trascendente- es inspiración de los últimos año;.

diosos e invtStigadores, pero también en manos del pueblo para que cuando
decida, retome el lúlo conductor de una revolución latente e impostergable, propia y legítima, enraizada en la médula de la nacionalidad que ansía
nueva democracia, porque, lo dijo él, "los pueblos que no hacen revoluciones no merecen la libertad''. JO

:A .pesar del permanente atasco a la gestión bolivariana en las cámaras
-y flR la prensa -libre a pesar de todo-, no desmayó Bolívar en prepararse
1!ª'1'3 la defensa militar del continente, ora proponiendo la alian~a con
¾ixico, ora purgando por la liberación de Cuba y Puerto Rico, yen&lt;losc
hasta elaborar planes para liberar Brasil y de ser factible, limpiando de monarquistas a la propia España.

NOTAS

Ma~~. lista

Frente a las vallas de la reacción entronizada en el Congreso colombiano, persistió Bolívar en ofrecer una alternativa revolucionaria ª'.1!c la
expansión imperialista que e1 había vislumbrado con prematura lll ti&lt;lcz
tiempo atrás. Así, su lucha antihegemónica se inscrihe con perfiles de precursora, y cubre desde 1818,en que protesta por el falso neutralismo norteamericano cuando el asunto de las goletas Tigre y Libertad, hasta 1829,
en que vivió entristecido al confirmar la efectiva campaña de desprestigio
que se articulaba desde Estados Unido,.
Las muchas leyes sociales que hoy le son tan reconocidas como avanzadas aún para su época -libertad de esclavos, reparto de tierras, programas de asentamientos urbanos, defensa ecológica, desarrollo de la minería,
etcétera- solo sirvieron, en su momento, para aumentar la saña contra el
Libertador que desmontaba, así, el aparato colonial que la burguesía ansiaba seguir usufructuando. No es sino releer las actas de los congresos d,·
entonces para constatar con qué acrimonia los delfines del capitalismo usurero se incomodaban ante los decretos bolivarianos. Algunos aprobados a
sabiendas de que jamás serían cumplidos, los abogados de la burguesía
cumplieron bien su papel de clase: lograron desalentar al Libertador y sumirlo en depresión mortal.
Cuando reflexionamos sobre el fracaso del proyecto bolivariano, evadimos las cuestiones cruciales con subterfugios pena;os: era demasiado avanzado, era utopista, era loco. Menospreciamos la capacidad de intriga y
aislamiento que le impuso su clase enemiga, y el que Bolívar ciertamente
no pudo llevar a la práctica su ideario por carencia de tiempo lústórico para hacerlo, nunca por retrogradación imposible, jamás por traición. Pero lo
hemos dicho muchas veces: su obra discontinua está ahí, a la vista de estu-

-

l. Tooke, W.: The Life of Catharine Il, Empress of Russia. 5a. ed., Tomo III,
Dublin, 1800, pgs. 115-116.
2. Fainshtein, Mijail: Revista de América Latina, Moscú, 1982,pg. 45.
3. id.,pg.45.
4. Cit. por Vera Kuteischlkova en "Veinte horas de Angostura", Revista de Amén
ca Latina, Moscú, 1982, pg. 42.
5. Moskovski Télegraf (1828), cit. por Lavretsky, l. G.: Simón Bol(var, Editorial
Progreso (traducción del ruso por P. Boyko), Mo_scú, 1982, pg. 178. Las citas
hacen referencia a esta edición.
6. id., parte 2, pgs. 177-180 (1826), cit. por Fainshtein, pg. 45.
7. cit. por J. Grigulevich: Ruia y la lucha por la independencia de América Española, pg. 7.

8.- Lavrov, N.: El/ SO aniversario de la guerra de independencia, en Cultura y Vida,
Moscú, 8 (1960), pg;. 10-13.
9. Enciclopedia de. •., S. Petersburgo, Tomo 1, pg. 470 (cit. por Fainshtein, pg.
49).
l O. Diccionario Enciclopédico, S. Petersburgo, Tomo 2 (18"9), pgs. 394-97.
11. El hijo de la patria, S. Petersburgo, 110 (1826).
12. Noticieros de S. Petersburgo (3 de marzo de 1831), cit. por Fainshtein.
13. Moskovski Télegraf, parte 4 (1831), pgs. 579-80.
14. Bolet(n de Historia, S. Petersburgo, 1883; O. Suvórova: Uh Washington sudamericano (1903); Ivan Franko: Bol(var, Lvov, 1904.
15. Cfr. Suvórova.
16. Vargas Martínez, Gustavo: Bolívar y Marx: otro debate sobre la ideologú, del
Libertador, México, 1983; Reflexiones sobre el sueño bolivariano de la Patria
Grande, México, 1985.

�38

Significación de la obra
de Enrique José Varona
en la filosofía cubana

Siglo XIX

17. Miroshevsk~ V.M., et al: Nueva historia de los pa1'ses coloniales y dependien.
tes, Ed. Problemas, Argentina, 1941.
18. Miroshevski, V. M. et al: El movimiento libertador en las colonias americanas de
España, I 792- I 81 O, Tomo 1.

Pablo Guadarrama González *

19. íd., pg. 370.
20. Alperovich, M. S., et al: Acerca de la guerra de la liberoción de las colonias
españolas en América, I 81 O- I 826 (Voprosi istorií).
21. Lavrets4 lsidor: Simón Boli'var, Ed. Económic~social, M0saí, 1958.

-

22. Shulgovski, A.: El proyecto poUlico del Libertador Ediciones Ceis Bogotá,
1983.
'
'
23. Shulgovski, A.: "Una vida en aras del futuro",El D,á, México,julio de 1983.
24. Bolívar, Simón: Obras completas, Proclama de Campano, 7.9., 1814. Edit.
Lex, La Habana, 1950.
25. Lavretsk~ l., citado.

26. Fainshtein, pg. 51.
27. Arciniegas, Germán, prólogo a La constitución de la Quimera (de H. ValenciaVilla, Bogotá, 1982, pg, 9).
28. i'd.,pg.9.
29. Molina, Gera.rdo: "El militarismo en la época de la Independencia" revista
Boffvar, SI, Vol. XI, 1959, pg. 484.
'
30. CTr. Mariano Sánchez Roca, Espíritu del Libertador, en Bolívar: Obras Com.
pletas, ep11ogo, Tomo 111, pgs. 853 y ss.

Los años de fecundidad filosófica de Enrique José Varona (1849-1933)
se enmarcan entre la octava y la novena década del siglo pasado, hecho
est.e que se puso de manifiesto no solo por los resultados de sus significativas conferencias filosóficas que sobre lógica, psicología y moral pronunciara entre 1880 y 1933, sino por el dedicado empeño autodidáctico de
situarse al tanto del desarrollo del pensamiento filosófico mundial. V arona fue, y parece que tomó conciencia de ello, el digno heredero rle la tradición filosófica cubana que había partida de José Agustín Caballero, Félix Varela y José de la Luz y Caballero hasta llegar a su destacada labor
filosófica, que le hizo convertirse en la figura finisecular más relevante en
el pensamiento filosófico cubano, que entroncaba con el restante movimiento positivista que por esos años predominaba en Latinoamérica. El
filósofo cubano, si no el mayor, puede ser considerado junto a José Ingenieros (1877-1925), uno de los dos máximos representantes de esta corriente del pensamiento en nuestro continente, dada la profundidad y originalidad de sus ideas.
Varona tuvo ante sí la disywitiva que se les presentaba a todos aquellos que en nuestras tierras se identificaron con el positivismo, esto es, o
defender las dogmáticas ideas de Comte -como lo había hecho el cubano
Andrés Poey-, o tomar la otra §enda, la que presentaba el positivismo in-

gl~.
El deseo de c0nocer todos los adherentes de la doctrina que profesaba me llevó a estudiar a algunos filósofos ingleses designados
en Francia como positivistas. Me encontré en un mundo nuevo.
La escuela inglesa era sin duda positivista, pero sin haber pasado
porComte.1

* Universidad Cenual de Las Villas, 01.ba. Ponencia presentada en el XI Congreso Interamericano de Filosofía, Guadalajara (México), noviembre de 1985.

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11
11

1

SigloXIX

Esto no significó que Varona echase porla bo,rda todaslasideas del filó.
sdo francés. Ahora bien, lo primero que censuro Varona ,en Co'.11 te fu_e el
no haberse mantenido, como al inicio de su obra, fiel al metodo mducbvo,
método que según nuestro pensador era el resultado consecuente del desarrollo de las ciencias naturales y la filosofía. Esto, sin duda, se~~a_ba a
Varona del fundador del positivismo -pero no lo separaba del pos1bv1S1no
mismo-, quien ya había desarrollado con Mili el método inducti~o, recha•
zaba el carácter dogmático, autoritario del comtismo, y en especial su pr~•
tensión religiosa. Pensaba que la Jlamada ley de los tres esf:3dos no hab1a
sido más que el producto de una observación imper~e~ta ~, mconse~uente.
La aguda pluma de Varona se dirigió contra la claSJ~1cac10n com tlana de
las ciencias, la cual, partiendo del punto de referencia del, ~ado de gene•
ralidad de cada ciencia, situaba en la cúspide a las matemabcas, argume•,•·
to que eJ filósofo cubano, acorde con el criterio :.penceriano, no acepto,
ubicando en su lugar a la lógica.
En relación con Spencer, Varona pensaba que había co~?nu~do ~'.1ª·
mente la ohr-1 de Comte, en especial, mediante la elahorac10n sstemabca
de la sociología. De Spencer, Varona tomó su evolucionismo, su teoría d~I
equilibrio, su seudodialéctica de lo homogéneo inde~inido ~ _lo hetero~eneo definido las ideas fundamentales de sus concepciones ebcas y sociológicas, su e~tremado fisiologismo y hi~logismo, su ~~~vinismo social,
su liberalismo y su individualismo. Admiro la gran erudic1011 d_el _pensador
inglés y tomó conciencia de la necesidad de un vasto conoc1m1ento del
mundo para poseer una concepción lo más ac~rta~a de él. ~n ~p~ncer,
Varona encontró respuesta a muchas de sus mqu1etudes ps1cologicas Y
pedagógicas.

AJ igual que Stuart Mili, Var?~ª• otorgó esp~cial atención ª. ,'ª ló~&lt;:3
inductiva que le conducía al emptnsmo. La premisa de que partio_el_ f1Jo.
sofo cubano para aceptar y desarrollar estos criterios fue el reconoc1m1ento
de la uniformidad de la naturaleza, es decir, más que preocuparle el proble•
ma de objetividad de los fenómtnos naturales f sociales -de la _cual no
tenía dudas-, partió de que estos estuviesen regidos por leyes uniformes.
Siguiendo el postulado positiv~ta, Varona tomó como_ ~u?to ~~ /ar·
tida giioseológico los hechos: "recopmos hechos para adqmnr ideas , re•
comendaba aunque conocía que "los hechos lo prueban todo. Los hechos
no prueban nada. Según te rompas las narices contra el obje_to o te enc~r~
mes en el Pico Turquíno";3 poniendo de esa forma de manifiesto las hm1taciones propias del empirismo era el agiiostic~o del que Varona no_ se
pudo librar, aun cuando afloran en s~ ~oseo!ogia algunos rasgos~~ bien
pudieran identificarlo como un agnosbco. Sm embargo, ~ _confianza en
que el hombre dominaría las fuerzas de la naturaleza le hicieron superar

P. Guada"ama González: Joré Varona en la filorof(a cubana

41

este rasgo propio del positivismo. Sus profundos análisis sobre las reta.
ciones psicofisiológicas, problema este aún no resuelto por la ciencia de su
época, le indujeron a dejar atrás los marcos de la gnoseología positivista.
Varona estaba convencido de que la toma de conciencia de nuestra limitación temporal en el proceso del conocimiento no debe menguar nuestros esfuerzos en la búsqueda de la verdad, la cual nos reafirma en las múltiples actividades de este mundo. De aquí la satisfacción que se siente
cuando sin humildad ni arrogancia podemos afirmar que se entrevé algo,
que se sabe.

l.
La obra filosófica de Varona encierra en última instancia una postura
materialista frente al problema fundamental de la filosofía y esto se puede apreciar sobremanera en algo que lo diferenció notablemente del positivismo: su ateísmo. Muchos de los diri¡rentes de nuestro proceso de liberación nacional se percataron del extraordinario papel que representaba la
Iglesia para el dominio español y consecuentemente lanzaron sus ataques
directamente sobre esta milenaria institución. Entre ellos cabe destacar al
máximo exponente de nuestras guerras por la independencia, José Martí,
quien puso de manifiesto en todo momento su marcado anticlericalismo.
Si bien es cierto que la postura anticlerical fue elemento común no sólo de las personalidades políticas sino también entre las intelectuales de
fines del siglo pasado en nuestro país, no sucede así con las ideas ateístas,
ya que es común encontrar figuras que se declararon abiertamente anticlericales sin que por ello renunciaran a sus creencias religiosas. Esto conduce a pensar que resulta mucho más meritoria la valoración de aquella
personalidad en la que se conjugan amb~ factores. Tal es el caso de Varona quien, desde que irrumpe en la vida nacional a través de su labor filosófica y científica, junto al anticlericalismo dejó siempre impreso el sello
de su convencido ateísmo.
No cabe duda de que, al igual que en la AJemania de la cuarta y quinta década del siglo XIX, como señaló Engels,4 la lucha contra la religión
era una batalla política en la Cuba de fines de este siglo, cuando se em.
prendía el proceso de emancipación naciona~ el enfrentamiento con la
religión y la Iglesia también tenía una profunda significación política.
Mayor valor tendrían esos ataques cuando iban dirigidos no solo contra
el aparato institucional de las religiones si.no contra la esencia, raíces y
función de la concepción religiosa del mundo.
La sigiiificación de la labor ateísta y anticlerical de Varona no ha sido

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,,

1

1'
1

Siglo XIX

valorada suficientemente por cuanto la historia burguesa ha querido intencionalmente ocultar o subestimar este importante aspecto de la filosofía
varoniana, ya que, como señala con acierto Carlos Rafael Rodríguez,5 en
este sentido a Varona no se le puede combatir con las mismas armas que a
los marxistas y la mejor forma que han encontrado ha sido pasar por alto
estas ideas.
Varona duran te su infancia recibió la correspondiente educación religiosa en las escuelas Pías de Camagüey, su ciudad natal. Lógicamente, la
influencia de esta formación se evidencia en sus años juveniles, cuando publica sus primeros artículos periodísticos en el rotativo de esa ciudad: El
Fanal. Pero durante el período de la guerra de los 10 años se somete a una
intensa vida de estudios en fonna autodidacta en la que se pone en contacto con los clásicos de la literatura y la filosofía universal, y, lo más importante, con los últimos adelantos de las ciencias naturales, en especial con
la teoría de la evolución de Darwin. El resultado de esta labor fue la ruptura con sus creencias religiosas.
Tenninada la guerra se incorpora activamente a la vida política y cultural del país y ya en 1879 deja sentada claramente su posición ateísta
cuando publica uno de sus primeros trabajos de carácter filosófico : "La
evolución psicológica". En él expresaba que " hoy sabemos cuán deficiente
es ese presunto creador de orbes, en cuyo leer ya ha quemado tanto incienso la humanidad endiosada ".6 Ya aquí expresaba por vez primera su profunda concepción ateísta del mundo y entraba a analizar el problema
como un objeto especial de la investigación científica.
En definitiva una posición ateísta en cierta medida implica una concepción no solo materialista, sino también dialéctica, ya que supone no
admitir una fuerza exterior en el devenir del mundo, sino concebirlo en su
unidad material y en autodesarrollo. Este hecho diferencia notablemente a
Varona de los fundadores del positivismo. Si bien Com te había criticado el
cristianismo y otras religiones por considerarlas sistemas especulativos, no es
menos cierto que erróneamente concibió la religión como la fase primaria
de la evolución de la humanidad en correspondencia con su falsa teoría de
los tres estadios de la evolución de la humanidad y como etapa necesaria
de proceso del conocimiento humano. Por otro lado, Comte rechazó las
religiones creando una nueva religión no menos reaccionaria que las demás
que estimulaban en las masas el espíritu de sumisión y conformidad.
Por otra parte, Spencer aspiraba a dar punto final a la irreconciliable contradicción que existe entre la ciencia } la religión. Pero su solución
eran tan útil como imposible porque consistía en apoyar la fe religiosa sobre la base de los adelantos científicos. Se¡!,Ún el filósofo inglés ·cuan do el

P. Guadarrama Gon~ált%: José Varona en la filosof1'a cubana 43

c~e~tífico se enfrenta a los misterios de la naturaleza, ante lo cognoscible,
dinge sus pasos hacia la religión. El agnosticismo hizo que Spencer aban~~nara el terreno de la_ ciencia y pasara al de la religión. No es esta la posic1on de Varona El filosofo cubano tuvo siempre una extraordinaria confianza en los avances de la ciencia.
La concepción de Varona es radicalmente nueva en este aspecto respecto tanto a Comte y a Spencer, como a los representantes del positivisn:'~ en su segundo e~pa, los empiriocriticistas y pragmatistas, quienes en
!og¡ca. c?rrespon~~n~ia con_el retomo bu_rgués a la religión en la época
imperialista concilianon sus ideas con el mas vulgar clericalismo.
Marx y Engels establecieron que el ateísmo es una manifestación típica de las clases progresistas y en particular esto se aprecia en fonna más
agu.da en la época de ascenso de la burguesía cuando, junto a las banderas
ª.nbf~u~es de liberta? e igualdad, esta clase enarbola las consignas del anticlencalJSmo y el ateismo. En nuestra situación este hecho está ligado a
nuestro proceso de liberación nacional y a las aspiraciones de los ideólogos burgueses, como Varona, de dar libre paso a las relaciones capitalistas
de producción.
La rurguesía europea de fines del siglo pasado había ya demostrado su
carácter reaccionario desde su traición durante las revoluciones de 18481849 y la clase obrera internacional había puesto de manifiesto su pujanza con la difusión de las ideas del socialismo científico, la fundación
de la I Internacional y la máxima expresión de las luchas de las masas
populares en ese período: la Comuna de París. Esta burguesía no podía
continuar estimulando el ateísmo y el anticlericalismo como antes lo
había hecho porque estos eran un anna que se volvía ahora contra ella
mis~a. Pero no era esta la situación de la rurguesía latinoamericana y en
particular de la cubana en la segunda mitad de este siglo. Los pueblos latinoamericanos no hacía mucho que se habían emancipado del colonialismo español y portugués, las relaciones feudales de producción deform~das por formas esclavistas aún predominantes en la mayoría de los
pa1ses y la lucha por alcanzar el predominio de las relaciones capitalistas
~e producción_ en esas ~?ndiciones era una labor progresiva por cuanto
s1g111ficaban la implantac1on de una fonna superior de producción.
~ En el caso, específico de nuestro país, donde el colonialicmo español
aun ~ mantema, esta empresa tenía una mayor significacióu, y las manifestacion~ ateístas y :rnticleri~es de los ideólogos de nuestra burguesía
Y en particular de Ennque Jose Varona, eran expresión elocuente de la
lucha por el progreso social.

Rasgo común del ateísmo ha sido siempre revelar solamente las raíces

�44

SigloXIX

gnoseológicas de la religión, ya que la posición de clases de los filósofos
burgueses les impide revelar sus raíces sociológicas. Solo la filosofía
marxista-leninista ha dado respuesta acertada al problema del origen y la
esencia de la religión al descubrir los dos lados del problema
Si bien algunos filó,ofos burgueses han adoptado una postura materialista frente a la religión, haciendo depender las ideas religiosas de la vida
material, al concebir la religión solo como producto de la impotencia humana ante las fuerzas desconocidas, cuando han llevado su análisis al plano
social caen en el idealismo al otorgarles a las ideas religiosas una posición
que en realidad no poseen en la vida social. Algunos como Feuerbach y
Comte llegaron a considerar la religión como especie de motor de la historia, no fueron capa·ces de comprender que las ideas religiosas desempeñan un papel secundario en la sociedad y que si en determinados momentos de la historia de la humanidad han desempeñado un papel más activo,
ha sido siempre como reflejo tergiversado de las relaciones materiales y en
especial de las relaciones económicas, que son, en última instancia, las determinantes en el desarrollo social. Estos filósofos no revelan el carácter
clasista de la religión, no pueden indicar cómo esta ha sido un valioso instrumento de las clases dominantes para perpetuar su poder sobre las masas
popuJares embrutecidas.
¿Cuál fue la posición de Enrique José Varona ante esta problemática
En primer lugar, el filósofo cubano siempre recalcó el hecho de que las
ideas religiosas han surgido y se regeneran cuando la humanidad padece del
terrible mal de la ignorancia. Por eso escribe:
El hombre, débil y limitado ante lo objetivo, que lo sacude y lo
aterra con fuerza irresistible, se siente poseído de una especie
particular de terror que se ha llamado religioso y que tiene tantas
formas como grados hay en la escala de la civilización. 7
Pero donde mejor aparecen sus ideas sobre el origen de la religión es
en sus conferencias filosóficas sobre moral, dictadas en 1882:
El hombre de las primitivas edades ignorantes y débil, por su inexperiencia se encontraba amenazado de tan tremendos y desconocidos peligros, tan incierto de la hora próxima, tan pequeño ante
las fuerzas de la naturaleza, que no podía dejar de sentirse anonadado. Todo lo que se le presentaba como una revolución de
aquel inmenso poder desconocido, todo lo que a su imaginación
sobreexcitada parecía el éxito de cualquier empresa, de aumentar
sus fuerzas de cualquier manera y por cualquier medio, sombra,
sueño, animal poderoso, o extraño, objeto brillante, desconocido,
espíritu de un muerto, etcétera, se apoderaba de su ánimo con incontrastable imperio, ya le servía de aguijón de impulso. Ese mismo sentimiento de sumi;ión y admiración que lo llevaba a obede-

P. Guodarrama Gonsákz: Jo,é Varona en lafilo.ofía cubana

45

cer ciegamente al caudillo fuerte y sagaz que proporcionaba a la
tribu bienestar y seguridad, ese mismo temor que no lo dejaba
pens~ siquiera en volverse contra sus castigos, mezclados y confundidos con todo lo que tiene de depresiva para el espíritu la
presencia o la idea de lo desconocido, dominaban por completo
el ánimo del hombre primitivo en sus relaciones con el mundo objetivo que se le presentaba, por parte o en conjunto como una
inmensa personalidad,8
'
Se aprecia en estas palabras cómo Varona plantea el proceso de enajenación que da lugar a la aparición de la concepción religiosa del mundo
en el hombre primitivo. Incluso en este proceso no se le escapa el factor
social, pero tergiversa su esencia presentando como "sentimiento de sumisión" lo que fue la dura imposición de los primeros explotadores del hombre. Sin embargo, llama la atención el hecho de que el filósofo cubano se
percata de la necesidad de considerar el elemento social a la hora de analizar el origen y la esencia de la ideas religiosas. Precisó que desde el fetichismo más grosero hasta el deísmo más depurado, todas las relaciones entre
el hombre y sus dioses están vaciadas en el molde sociaJ.9
Ahora bien, lo que resulta realmente valioso es su apreciación sobre
los vínculos de las ideas religiosas con los intereses de las diferentes clases
sociales:
Cada clase o cada casta, según las condiciones en que se encuentran colocadas, favorable en grado muy desigual para los progresos ulteriores, irá formándose sus opiniones y les irá dando cuerpo
en costumbres especiales; conservará con mayor o menor tenacidad las supersticiones primitivas, les dará o no una forma más racional, modificará en fin la creencia religiosa al parecer común·
concebirá_ la ley y la obligación civil y polític~ de diversa manera,'
pues de diversa manera obra sobre cada una y como consecuencia
de todo esto su manera de educar y trasmitir las nociones adquiridas por la educación ha de variar de una a otra; y así llegan las
que coexisten en un mismo grupo a diferenciarse en su manera de
vivir, de hablar y aun de gustar los placeres estéticos.10
Aquí se pone de manifiesto la aguda sensibilidad científica de Varona,
que le sirve para captar la esencia que se esconde tras el fenómeno. Al plantear este problema, a nuestro juicio el pensador cubano se sitúa en un plano superior al del ateísmo burgués en este aspecto, pues reconoce abiertamente en qué medida la clase dominante de una sociedad dada acomoda
las ideas religiosas a sus intereses de clases. Como es apreciable, no solamente se refiere aquí a las ideas religiosas sino a ideas jurídicas, las ideas
políticas, etcétera.
Así_ vemos co'??,la posición de Varona frente al problema del origen
Y esencia de la religion revela rasgos específicos en relación con otros re-

�46

Siglo XIX

presentantes del ateísmo rurgués que le hacen ocupar un lugar superior al
presentar la función social de las ideas religiosas y el uso que a estas le da
la clase dominante de cada sociedad. Pero no por esto podemos pensar que
Varona adopta una posición consecuentemente materialista en el plano
social, ya que comete el mismo error que los demás ateístas burgueses al
darle a la religión un papel que no ha desempeñado en la historia de la
humanidad. Al concluir su análisis sobre la religión. Varona señalaba: "ya
hemos visto el gran elemento social que daba tono a ese sentimiento poderoso y tenso. Sea o no ilusorio, poco importa. Esta ilusiéln ha movido al
mundo. . . 'P Esta es una prueba de que la concepción de Varona en el
estudio de la sociedad no rebasaba los marcos del idealismo filosófico a P"·
sar de sus inconsecuencias que aparecerían con frecuencia en los rasgos
materialistas.
Por otro lado, Varona percibió la estrecha relación que existe entn·
la religión y el idealismo filosófico. Por esos sus ataques contra los sistemas morales dogmáticos van dirigidos también contra la filosofía idealista.
En más de una ocasión reveló el estrecho vínculo existente entre los sistemas filosóficos idealistas-a los que, siguiendo el cri tcrio positivista llamaba
metafísicos- y las ideas religiosas. "Los teólogos muerden a los metafísicos. Pero la teología y la metafísica son dos mellizas acostadas en la misma
cuna y cubiertas rnn los mismos pañales. "12
Pero Varona diferenciaba claramente los fundamentos de ambas
concepciones, porque, como es conocido, la religión, aun cuando mantiene
un estrecho vínculo con el idealismo filosófico, no se identifica totalmente
con él puesto que sus bases no son racionales sino 6deistas.
Los creyentes -escribe en 1923- colocan sus fantasmas luminosos en una gran región escondida que llaman a fe. Sus raíces se
afianzan en el corazón, no en la inteligencia. Dulces quimeras, pero quimeras incliscu tibies, como irreales. 13
La crítica de Varona al carácter insostenible de las ideas religiosas está
presente en toda su obra filosófica. Para él, "toda la teología es un chapoteo de lo absurdo".1 4 Considera que "las grandes religiones y las sectas
que pululan en torno suyo disputan furiosamente por los centímetros de
absurdidad, en más o menos, que cada uno contiene".1 5 En verdad, el elemento de ilogicidad es típico de todas las religiones y ha sido reconocido,
incluso, por los propios teólogos, como es el caso de uno de los representantes del cristiarúsmo primitivo, 'fertuliano, cuya máxima "creo porque
es absurdo" es clásica en la historia de esta religión.
Una crítica de esta índole contra la religión como forma específica de
la conciencia social no nos debe conducir a una suhvaloración de las ideas

P. Guadanuma González: Jo1é Varona en la filo1of(a cubana 47

religiosas, ni de su fundamento filosófico en la historia del pensamiento
universal. En este aspecto es necesario recordar la profunda valoración
lcninist.a que indica:
Y el oscurantismo clerical (idealismo filosófico), por supuesto,
tiene raíces epistemológicas, no carece de fundamento, es, sin
duda, una flor estéril, pero una flor que crece en el árbol vivo del
conocimiento humano, vivo, fértil, auténtico, poderoso, omnipotente, objetivo, absoluto_l6
D1·hcmos señalar que las ideas religiosas dialécticamente, a la vez que
nan constituido un obstáculo al verdadero desarrollo de la cienci?, pueden considerarse pasos de avance en el proceso de desarrollo del pensamiento abstracto del hombre primitivo y, en especial, esto lo vemos al
analizar cómo la aparición del monoteísmo sigrúficó el paso a un proceso
dt&gt; síntesis superior de las abstracciones. El elemento negativo de este
proceso radica en el divorcio que llega a establecerse entre esas abstracciones y la realidad y en el hecho de que ellas no reflejan acertadamente las
relaciones existentes entre el hombre y la naturale-za y entre los propios
hombrl'S.
El resultado de este distanciamiento es que la religión se aleja siempre y cada vez más de la verdad objetiva y de la ciencia. Varona comprendió esto cabal111e11te, estaba convencido de que rúnguna de las religiones
puede conducir al hombre al camino de la verdad, a la correcta correspondencia de sus idf'.,as con la realidad. Por eso afirmó: "El cristianismo ¿es
la verdad? No, ni el mahometanismo, ni el mosaísmo, ni el rudismo.
Pero resulta que en materia de religión, la verdad no tiene voz en el capítulo. Quien habla y dogmatiza y ordena con mero y mixto imperio es el
Sf'ntimiento. "1 7 El filósofo cubano comprendía que las ideas religiosas
constituyen una imagen deformada del mundo objetivo y que precisamente una de las formas de cambiarla es propagando la verdad científica. La
labor de Varona en este sentido fue muy sigrúficativa, ya que propagandizó a través de múltiples vías los últimos adelantos de la ciencia de su
eí1oca. Entre estas vías se destacan su labor publicista en la Revista de Cuba y la Revista Cubana y su trabajo docente en la Universidad de la Habana. En el terreno de la psicología no solo propagó sino que contribuyó con
originalidad al desarrollo de esta joven ciencia. Su sólida cultura y sus amplias fuentes de información le permitían estar al tanto de los últimos adelantos de las ciencias naturales, en especial de la física, la química, labiología y la astronomía.
Cada conferencia, cada libro, cada artículo periodístico de Varona iba
cargado no solo de profundo saber científico, sino también de una esclarecida concepción ateísta, que podía ser fácilmente reconocida por sus

�48

SigloXIX

P. Guadarrama González: José Varona en la filo1of(a cubana

lectores. No podemos conjeturar sobre la posible influencia de estas ideas
varonianas sobre los que se ponían en contacto con su concepción del
mundo, pero al menos tendremo, que aceptar que una figura de~ alto
pri&gt;stigio en el ambiente cultural cubano y latinoamericano de esa epoca
lógicaml'lltc haría sentir su influencia, especialmente sobre la juventud que
lo admiraba tanto y que estudiaba su pensamiento.

11.
Otro aspeclo sobre el cual fijó su atención Varona fue el espíritu de
sumisiim que inculca la religión a los hom hres. Este elemento es significativo porqur denota hasta que punto fue capaz el filósofo cubano de percatarse de las nocivas consecuencias de la religión sobre las masas popularrs. \1 analizar Pste aspecto en 1923, escribía: "El cristianismo, condenado al suicidio somete al hombre a la más cruel esclavitud, la de una vida
intolnable. "J.~ Plantea claramente cómo el hombre bajo el velo místico
de la rdi¡óón no in ten ta salir de su status y se mantiene pasivamente en este mundo para tener derecho a recibir los beneficios de un imaginario
mundo Cl'lestial. Los fundadores del marxismo llamaron la atención sobre
rsla conSl'eul'ncia de la influencia de la religión, pues las clases dominantes
ele la l&gt;oci1•1lad donde ha prevalecido la explotación del hombre por el hombre han 1·stimulado siempre las ideas religiosas para obtener resultados
satisfactorios en el plano ideológico, manteniendo a las masas populares
a111l'tlrl'ntaclas y sometidas, lo que se revierte consecuentemente después en
el plano económico.
Las religiones siempre han situado al hombre en una incómoda posición escéptica ante su futuro inmediato. Ellas pretenden dar solución a los
males que afli¡ren al hombre mediante el escape hacia la espiritualidad. Nin¡ru na rl'ligión ha mantenido como fundamento teórico el optimismo con
relación al poivenir inmediato de este mundo. Todas ellas han explotado la
i&lt;111orancia ele las masas embrutecidas para estimular la desconfianza y el
¡~csimismo, los cuales tienen sus causas no en el pensamiento humano sino
en las condiciones materiales de existencia a que se ve obligado el hombre
rn las sociedades de clases. La inseguridad económica y social constituye
un favorable terreno de cultivo para introducir las ideas religiosas con sus
pretendidas esperanzas de "salvación". En esencia, las religiones se asientan
sicm pre sobre los pilares del escepticismo y el pesimismo, y Enrique José
Varona fue capaz de percatarse de esta significativa característica, al expresar en 1917 que "la base de toda religión es pesimista ".19 Tal vez
pensarse si existe alguna relación entre este factor y los rasgos escepbcos
y pesimistas que son frecuentes en el pensamiento varoniano durante este
período. En rigor puede plantearse que tienen en última instancia causas
similares que descansan en la hase económica de la sociedad y en particu-

?º?Tía

49

lar en la situación de inestabilidad que se presenta en la sociedad burguesa
en ese período y que se aguóza con el inicio de la crisis general del capitalismo. Pero las soluciones que brinda la religión y las de Varona son muy
diferentes: él sabía que la solución a los problemas sociales no se encontraba en lo "celestial" sino en lo terrenal, y en un inicio su pos tura refonnista
lo hizo proponer solucionar los problemas sin alterar en esencia el régimen
capitalista, aunque al final de su vida percibió que tal solución era tan
irreal como imposible.
Por otra parte Varona se percataba de que junto a las falscdadl's so;tenidas por las religiones estaba el veneno político. R&lt;--velaba la inconsistencia de los dogmas éticos tanto del cristianismo como de otras reli¡rioncs e
indicaba cómo estos podían ser interpretados en un sentido o 1'11 otro s1•gún los intereses de cada una de ellas. Ejemplo de esto es su objc1:ión al
aforismo cristiano que expresa: "paz en la tierra a los hombres de bu1:na
voluntad" al que responde: "Ay, ¿por qué este mensaje divino ha 1le l1·111·r
una pierna más larga que la otra? A los de buena voluntad, y a los que sc.•au
o me parezcan o se me antojen de mala. "20
Así ponía de manifiesto el hecho evidente de que cada máxima rrli~iosa puede ser entendida de acuerdo con el punto de vista subjetivo, a prsar
del carácter dogmático y absoluto de los sistemas ético-políticos d1• la religión y en especial del cristianismo.
Como acertadamente precisó Raúl Roa: "su énfasis en el i111¡1crio
omnipotente de la ciencia y su destierro de Dios en la interpretación 01• la
realidad humana, natural y social, trasunta, obviamente, su ideario político ".21 Su posición ateísta y anticlerical estaba conscientemente vinculada a su ideología política, a su defensa del proceso de liberación nacional
de nuestro país. De aquí que prestara atención particular al enfrentamiento contra el clero católico, el cual inculcaba en los cubanos la idea de la
aceptación del poder colonial español. Refiriéndose a ello Varona indicaba:
El clero católico der.ende de un soberano, es en todo sentido, monárquico; todo en el, en su mentalidad, en sus costumbres, en la
práctica de su vida, está sometido a un poder despótico, el más
despótico del mundo occidental, y asp.ira a moldear tanto su cerebro como sus hábitos exteriores.22
Las ideas independentistas estaban en abierta contradicción con las
mantenidas por el clero, puesto que este era en su totalidad español. Incluso una vez lograda la independencia de España, el clero mantuvo su poder
tanto en la vida econ6mica como en el plano ideológico. Varona había
saludado lo que consideró una de las conquistas más importantes de la guerra de independencia, la total separación de la Iglesia del Estado; pero

�50

Siglo XIX

comprendía que mientras el clero mantuviese sus privilegios así como sus
nexos con los poderosos perúnsulares, que mantenían el control de varios
sectores de la economía cubana, y su predominio ideológico sobre la mayor parte de la población cubana, la lucha sería dificil. Varona se opuso
al control que mantenía la Iglesia sobre los cementerios, a que los funcionarios civiles asistieran a la iglesia durante los matrimorúos y se lamentó
del poder que ejercía esta situación sobre nuestro pueblo, fundamentalmente sobre las mujeres. Al proceso de ofensiva ideológica desatado por el
clero católico en Cuba una vez establecida la república mediatizada, Varona lo denominó "la reconquista•: genuina expresión del real objetivo de
los intereses económicos de España.
Al filósofo cubano le preocupaba extraordinariamente el daño que
causaba la Iglesia al pueblo cubano. Su aspiración era una sociedad en la
que el hombre se sintiese liberado de los prepicios religiosos y alcanzase
confianza en sus propias fuerzas. Esto no lo podía asegurar una sociedad
en la que la Iglesia disfrutaba aún de un poder casi similar al de los tiempos medievales y en la que se estimulaba el oscurantismo. "En lasiglesias
abren enormes ventanales-expresaba el pensador cubano- y los tapan herméticamente con vidrieras espléndidas. Símbolo transparente. Gran apariencia de aire y luz, gran realidad de confinamiento y sombras. "23 Sólo
eso puede asegurar cualquier religión, estimular la ignorancia,, la inseguridad y el pesimismo ante el futuro humano. Si bien la solución brindada
por Varona a través de la difusión de la ciencia y la cultura en general·era
insuficiente por cuanto la verdadera forma de combatir las ideas religiosas
consiste en transformar revolucionariamente la sociedad que las engendra,
es decir, erradicar los males sociales que sirven de mareo propio para la penetración de las ideas religiosas, no es menos cierto que en las condiciones
de Cuba -tanto durante la época colonial, como durante las primeras d~
cadas del presente siglo-, la labor ateísta del filósofo cubano, amt cuando
estuvo enmarcado dentro de los parámetros del atéísmo burgués, resultaba
muy meritoria.

111.
Si bien Varona no escribió muchos trabajos dedicados específicamente
a los problemas sociológicos -los de mayor !ignificación fueron "El bandolerismo" (1888) y ''El imperialismo a la luz de la sociología"(l905)en toda su obra filosófica, literaria, docente y política se expresan sus criterios sociológicos. Su labor como profesor de sociología de la Univer!idad
de La Habana le hicieron abordar múltiples problemas en este terreno, que
desgraciadamente no fueron recogidos para su publicación. A pesar de que
no escribió un texto sobre esta materia y para la docencia empleó la obra
del norteamericano Franklin Giddings, Fundamentos de sociología, no

P. Guadarrama Gonzólez: José Varona en la filo1of(a cubana 49

lar en la situación de inestabilidad que se presenta en la sociedad burguesa
en ese período y que se aguc!faa con el irúcio de la crisis general del capitalismo. Pero las soluciones que brinda la religión y las de Varona son muy
diferentes: él sabía que la solución a los problemas sociales no se encontraba en lo "celestial" sino en lo terrenal, y en un inicio su postura refonnista
lo hizo proponer solucionar los problemas sin alterar en esencia el régimen
capitalista, aunque al final de su vida percibió que tal solución era tau
irreal como imposible.
Por otra parte Varona se percataba de que junto a las falscdadt&gt;s sostenidas por las religiones estaba el veneno político. Revelaba la inconsistencia de los dogmas éticos tanto del cristianismo como de otras reli¡rioucs e
indicaba cómo estos podían ser interpretados en un sentido o 1•11 otro si·gún los intereses de cada una de ellas. Ejemplo de esto es su objeción al
aforismo cristiano que expresa: "paz en la tierra a los hombres de bul'na
voluntad" al que responde: "Ay, ¿por qué este mensajf! divino ha 1lti tt·,wr
una pierna más larga que la otra? A los de buena voluntad, y a los 11uc sc:au
o me parezcan o se me antojen de mala. "20
Así ponía de manifiesto el hecho evidente de 1¡ue cada máxima rrli¡riosa puede ser entendida de acuerdo con el punto de vista su l,jctivo, a ¡11·sar
del carácter dogmático y absoluto de los sistemas ético-políticos dt• la religión y en especial del cristianismo.
Como acertadamente precisó Raúl Roa: "su énfasis en el imperio
omrúpotente de la ciencia y su destierro de Dios en la interpretación &lt;lr la
realidad humana, natural y social, trasunta, obviamente, su idl'ario político ".21 Su posición ateísta y anticlerical estaba conscientemente vinculada a su ideología política, a su defensa del proceso de liberación nacional
de nuestro país. De aquí que prestara atención particular al enfren tamiento contra el clero católico, el cual inculcaba en los cubanos la idea de la
aceptación del poder colorúal español. Refiriéndose a ello Varona indicaba:
El clero católico der.ende de un soberano, es en todo sentido, monárquico; todo en el, en su mentalidad. en sus costumbres, en la
. práctica de su vida, está sometido a un poder despótico, el más
despótico del mundo occidental, y aspira a moldear tanto su cerebro como sus hábitos exteriores.2~
Las ideas independentistas estaban en abierta contradicción con las
mantenidas por el clero, puesto que este era en su totalidad español. Incluso una vez lograda la independencia de España, el clero mantuvo su poder
tanto en la vida econ6mica como en el plano ideológico. Varona había
saludado lo que consideró una de las conquistas más importantes de la guerra de independencia, la total separación de la Iglesia del Estado; pero

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SigloXIX

P. Guadarrama González: ]Olé Varona en lafil01of(a cubana

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comprendía que mientras el clero mantuviese sus ~rivilegios así como ~e
nexos con los poderosos peninsulares, que manteruan el control de vanos
sectores de la economía cubana, y su predominio ideológico sobre la mayor parte de la población cubana, la lucha sería difícil. Varona se opu_so
al control que mantenía la Iglesia sobre los cemente~os, ~ que los func1°;'
narios civiles asistieran a la iglesia durante los matnmoruos y se lamento
del poder que ejercía esta situación sobre nuestro pueblo, fundamentalmente sobre las mujeres. Al proceso de ofensiva ideológica desatado por el
clero católico en Cuba una vez establecida la república mediatizada, Varona lo denominó ''la reconquista", genuina expresión del real objetivo de
los intereses económicos de España.

la concepción materialista de la historia no exagera de ninguna manera el
papel del factor económico al considerarlo como el determinante en última instancia en la compleja red de las relaciones sociales. El análisis de la
situación socioeconómica de nuestro país en esa época condujo a Varona
a considerar la significación especial de tal factor; por eso en otra ocasión
expresaba:

AJ filósofo cubano le preocupaba extraordinariamente el daño que
causaba la Iglesia al pueblo cubano. Su aspiración era una sociedad en la
que el hombre se sintiese liberado de los prejuici_?S religiosos y alc~zase
confianza en sus propias fuerzas. Esto no lo podía asegurar una soc1~dad
en la que la Iglesia disfrutaba aún de un poder casi s~milar,f de l~ tle~pos medievales y en la que se estimulaba el oscuranbsmo. En las 1gles1as
abren enormes ventanales-expresaba el pensador cubano- y los tapan herméticamente con vidrieras espléndidas. Símbolo transparente. Gran apariencia de aire y luz, gran realidad de confinamiento y so~bras. ~'23 Sól?
eso puede asegurar cualquier religión, estimular la ignorancia,.. la msegundad y el pesimismo ante el futuro humano. Si bien la solución brindada
por Varona a través de la difusión de la ciencia y la c~ltura_ en gene_~-era
insuficiente por cuanto la verdadera fonna de combatlr las ideas religiosas
consiste en transformar revolucionariamente la sociedad que las engendra,
es decir erradicar los males sociales que sirven de marco propio para la penetración de las ideas religiosas, no es menos cierto que en las condicion«:5
de Cuba -tanto durante la época colonial, como durante las primeras decadas del presente siglo-, la labor ateísta del filósofo cubano, aun cuando
estuvo enmarcado dentro de los parámetros del atéísmo bmgués, resultaba
muy meritoria.

Resulta claro que cuando él se refiere a la estructura económica de la
sociedad no indica explícitamente hacia las relaciones de producción, pero
¿a qué otra cosa se refería cuando realizal)a sus brillantes análisis económicos sobre las causas de nuestras justas guerras por la independencia,
sino como él mismo indicaba a la forma en que estaba distribuida la propiedad, a la silllación desesperada de la mayoría de la población, etcétera?
Este criterio alejaba al filósofo cubano de la sociología positivista en la medida en que lo acercaba a la concepción materialista de la lústoria.

a mis ojos la causa más eficaz de la inestabilidad que presenta
nuestro pueblo desde hace casi un siglo, ha de buscarse en su estructura económica; en los cambios que ha sufrido y en la repercJsiÓn de ese hecho capital en los elementos de nuestra vida colectiva.36

DI.

Esto no significa que Varona mantuviese una consecuente posición
material respecto a la vida social, ya que evidentemente se deslizaba hacia el idealismo cuando no comprendía el papel de la lucha de clases como
motor del desarrollo en las sociedades clasistas y la suplantaba por la teoría
positivista del progreso social, así como cuando consideraba modificar la
sociedad a partir de un mejoramiento de la educación y de los sentimientos
humanos. Su concepción respecto al desarrollo social en los momentos en
que entroncaba con el materialismo, eraen su forma contemplativa, ya que
aun cuando reconocía el papel esencial de las condiciones objetivas materiales de la sociedad en cualquiera de sus esferas, no se planteaba la acción
práctico-revolucionaria del hombre en la transformación de ellas, sino que
se mantenía en las posiciones de un evolucionismo extrapolado que lo hizo
adoptar una actitud reformista en la vida política.

Si bien Varona no escribió muchos trabajos dedicados específicamente
a los problemas sociológicos -los de mayor significación fueron "El bandolerismo" (1888) y "El imperialismo a la luz de la sociología" (1905&gt;-:"
en toda so obra filosófica, literaria, docente y política se expresan sus cnterios sociológicos. Su labor como profesor de sociología de la Universidad
de La Habana le hicieron abordar múltiples problemas en este terreno, que
desgraciadamente no fueron recogidos para su publicació~. A pes3!" de que
no escribió un texto sobre esta materia y para la docencia empleo la obra
del norteamericano Franklin Giddings, Fundamentos de sociolog,'a, no

El predominio de una concepción evolucionista hizo que Varona no
pudiera resolver adecuadamente la correlación entre lo social y lo biológico
en el hombre y lo lle"Vase a compartir en det:erminados momentos de desarrollo de su pensamiento filosófico algunos criterios del darwinismo social
Había partido del supuesto que "en el crecimiento de un grupo humano no
vemos leyes distintas a las que presiden el crecimiento de un organismo individual, lo que cambia es la esfera de la acción más amplia y los resultados
infinitamente superiores•~ 3 7 Esto significaba que por entonces no comprendía cabalmente la especificidad del movimiento social, al reducir ai

-

�54

·1

Siglo XIX

complejidad a una interpretación biologizante; por eso aseguraba que "la
sociedad es un organismo, la correlación que existe entre sus partes comp0nentes no permiten que estén dañadas las entrañas sin que se resistan las
extremidades".38 Los elementos de darwinismo social, que podían apreciarse en sus palabras, constituían una reducción de una forma superior del
movimiento de la materia a la que la precede. En esto radicaba su principal
defecto, pero en definitiva esta concepción partía del reconocimiento de la
objetividad de ambas formas de movimiento lo que puede ser considerada
como una forma de materialismo metafísico, ya que simplifica esas relaci0nes y no comprende dialécticamente la riqueza de la multifacética interacción dd hombre y la naturaleza. Por otro lado se debe apuntar que esta
concepción constib.iye un intento de análisis sistemático del desarrollo social, que en el caso de Varona se expresa al considerar la existencia de una
conexión orgánica entre cada una de las partes y su significación en la conformación del todo por lo que no podremos negar tampoco la existencia
de algunos elementos dialécticos en su concepción, condicionados por el
propio evolucionismo.
Toda concepción socialdarwinista encierra en esencia una postura
reaccionaria porque siive como instrumento justificatorio de la desigualdad social y de la dominación de unos hombres sobre otros por medio de
la aceptación de la lucha por la existencia. Varona en cierta forma llegó a
compartir estos criterios cuando afirmaba que
el contacto y la vecindad de dos organismos sociales produce entre ellos reacciones ineludibles. Cuando un organismo más débil
-y todo orgarúsmo que empieza, por lo mismo que comienza a
surgir, es débil, más débil que uno que ya empezó y que está
adaptado a las condiciones que le ha permitido su vida- entra en
contacto con otro superior, las relaciones que se establecen entre
ellos pueden ser provechosas o dañinas al nuevo organismo, según
la vitalidad que tenga y desarrolle; esto no obedece a ningún plan
político, depende de la acción de contacto entre los organismos
sociales.39
Partiendo de esta opinión debía arribar a la conclusión según la cual
en el desarrollo social todo depende de la lucha natural y lo social quedaría en un segundo plano. Todo parece indicar que hubo ocasiones en la trayectoria ascendente de su pensamiento que zigzagueó y afloraron estos elementos biologizantes, como cuando señalaba:
La naturaleza es horrible en su indiferencia, lo mismo pulveriza la
flor espléndida y el insecto nacarado, que al águila caudal y al
hombre, coronado de presunción, horno sapiens. En el presente
y misterioso combate que libran la creación y la destrucción, la
victoria es siempre del más fuerte. Todo organismo para vivir necesita destruir a otro organismo.40

P. Cuadarrama Gonziiez: Jo,é Varona en la filo,oft'a cubano

55

Está demostrado el carácter anticientífico de esta concepc10n, que en
última instancia pretende tergiversar la aguda lucha de clases que se libra
en la sociedad capitalista. Engels al respecto expresaba que
por sí sola, la concepción de la historia como una serie de luchas
de clases es mucho más rica en contenido y más profunda que la
simple reducción a las diferentes fases, poco variadas entre sí, de
la lucha por la existencia.41
Esto no significa que Varona dej~e de reconocer la existencia de las
clases sociales y de su lucha, pero en ocasiones las diluyó en este combate
"natural", en e1 que de acuerdo con dicha concepción la sociedad se autodepura al eliminar a los menos resistentes. Con el objetivo también de alcanzar un mejoramiento social llegó a sostener . :.alsa teoría de los caracteres adquiridos por medio de la herencia que pennitiría un perfeccionamiento de las nuevas generaciones y un progreso en la moral 42 El filósofo cubano llegó a valorar ese proceso de selección social como el fundamento sobre el cual descansa la evolución social Según él, la ley fundamental que rige la vida de las sociedades así como la de todos los organismos en general es una evolución incesante, o sea, una adaptación continuada a las circunstancias externas, merced a la transmisión hereditaria de
los carácteres útiles, adquiridos por variaciones y modificaciones lentas en
el curso de la existencia individual y colectiva.43 A partir de este principio
Varona deriva un conjunto de leyes particulares que también coincidían
en gran medida con la sociología spenceriana.
Consideraba necesario conocer el funcionamiento de esas leyes a fin
de poder dirigir científicamente la sociedad, por lo que recomienda especialmente a los gobernantes su dominio a fin de dirigir armónicamente el
desarrollo social: según él, el desconocimiento de las leyes que presidían
la evolución social era una de las causas del malestar reinante en toda
época.44 · conformidad con Spencer, Varona consideró que en todas
partes se produce "una evolución constante de lo simple a lo compuesto,
de lo homogéneo a lo heterogéneo, de lo indefinido a lo definido y organizado "45 , y piensa que la "manera de funcionar de cualquier organismo es
la sucesiva diferenciación y subordinación de partes, sistemas y órganos". 46 Es innegable que estas tesis no carecen de ingenio y pueden indicar algunos aspectos del desarrollo pero no expresan su esencia, no señalan sus leyes fundamentales. Estos conceptos resultan imprecisos y no permiten efectuar un verdadero análisis científico de la sociedad, pues como
indicaba Lenin "...El propio concepto de 'diferenciación', 'heterogeneidad', etcétera, adquiere distintos significados según a qué ambiente social
se aplique.. .'~ 47 En verdad esta concepción desvía su atención del elemento esencial que define el desarrollo social, es decir, el grado de correspondencia existente entre las fuerzas productivas y las relaciones de pr0-

�56

SigloXIX

ducción de una formación económico-social históricamente determinada.

1

'

La teoría de la diferenciación social sirvió a la sociología positivista
para presentar la desigualdad entre las clases como al~o natural._ Este _argumento de la ide~logía burguesa que pretende eternizar, la exis~enc1a de
las clases se reveló en Varona en la ocasión en que busco sus or1¡?;cnes en
la distinción progresiva de los órganof que se llaman clafes soc~les que van definiéndose y acrecentandose cada vez mas, adqu1rie~do mayor suma de fuerza y obligándose recíprocamen~e a
concertar sus acciones para que r~1;11ten eficaces, es _su cu~hdad
característica, su regla, la cooperac10.!1; la depe~dencia re~tproca
de las partes, que asegura la au tonom1a de las unidades s?c_1~es; la
importancia creciente ~~l individuo en_ el ~stado, la div1S10_n de
los poderes y la formaoon de una conciencia y voluntad nacionales.48
De esta forma pretendía argumentar la n_ecesidad de_ una armonía entre las clases y evitar todo conflicto que pudiera conducir a la lucha entre
ellas y a la revolución social.
Varona consideró durante el primer período del desarrollo de su pensamiento filosófico que en la sociedad burguesa se rroducía un proc'.~º de
heterogenización que iba diferenciando cada vez •~ás a las clases sociales ,Y
automatizando en lo individual las relaciones socrales. En verdad ocurna
todo lo contrario, ya que como demostraron científicamente Marx Y
Engels:
Nuestra época, la época de la bur~es~a, se distingue, sin embar~o,
por haber simplificado las contra~cc1ones de clase. Toda la soc,~dad va dividiéndose, cada vez mas, en dos gra1;1des campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.49
Y a pesar del carácter velado que en ocasione.:' adopta la explot~ción
del hombre por el hombre en esa sociedad, escudandose tras las consignas
de igualdad, libertad, derechos humanos, etcétera, el r~~en capitalista ~s
tan antihumano como las anteriores formaciones econom1co-sociales claSIStas y queda excluida cualquier posibilidad de. armonía entre las clases.
El filósofo cubano consideró en aquellos momentos que las clases sociales a las que denominaba órganos del organismo social ne~esariamente
tienen que interdepender, cooperar y sobrellevarse a fin de evitar los gr~ndes conflictos sociales: las revoluciones. Su ideología burguesa lo llevo a
concebir múltiples fónnulas irrealizables para tra~r de me~orar_ ª'!°_ella
sociedad, por la vía pacífica y moderna, pero las c1rcunstancias h1ston~as
lo empujaron hacia una mejor comprensión del papel de fas transformac10-

P. Guodarroma González: Jo,é JIarona en la filo1of(o cubano 57

nes revolucionarias. Cuando Varona analizó las causas que motivaban las
necesarias guerras por nuestra independencia las encontraba en las excesivas cargas fiscales, en la enonne deuda exterior, en la diñcil situación de
los ~roductores de az~~r, de los sembradores de caña, en la falta de capital e1rculante y de creditos para la producción y como lógica consecuencia
de todo esto el incremento de braceros desocupados. Este estado de cosas
lo condujo a la conclusión de que "la revolución era solo cuestión de tiem.
po en Cuba ". 50 Y resulta significativo que su espíritu de moderación no se
convirtió en un obstáculo para comprender el carácter de aquella guerra.
Así, al ofrecer una valoración justificatoria de ella, llegó a afirmar:
La guerra es una triste necesidad. Pero cuando un pueblo ha agotado to~o~ los medios h1;Ullanos de persuasión para recabar de un
opresor mJUsto el remedio de sus males; si apela en último extremo a_ la fuerz~ co? el fin de repeler la agresión permanente que
constituye la tlrama, ese pueblo hace uso del legítimo derecho de
defensa y se encuentra justificado ante su conciencia y ante el
tribunal de las naciones.SI
De es~e modo, V_arona se fue convirtiendo en uno de los más grandes
propagandIStas de la Justeza de nuestra lucha desde las columnas de Patria,
al co~npren~cr que sus i~s liberales n°?ca podrían realizarse bajo la hege~001a espanol~, como ilusamente hab1a pensado durante su anterior periodo autonomista y en este aspecto también su actitud lo llevaba a romper con algunos de los principios de su concepción evolucionista sobre el
desarrollo social.
En definitiva a él nunca se le había escapado por completo el hecho de
que el desarrollo de la sociedad era mucho más complejo que el de la naturaleza, de alú que insistiese en que el hombre debía emanciparse de los mecanismos que pudieran acercarlo al animal. Ya desde sus célebres conferencias filosóficas había dejado esclarecido su criterio respecto a la evolución
sociológica como
La más compleja y vasta de todas, en que los individuos son tribus, razas, pueblos, grandes naciones, donde los períodos son las
edades históricas, y cuyo apogeo estará en esa cumbre tal vez
ideal y por lo mismo no imposible, a donde acudirán los' pueblos
a hacer patente el secreto de su común solidaridad, donde se romperá el pacto táctico de la eliminación por la guerra, y se redactará el código de la paz universal.52
. Pudiera parecer que existe una contradicción polar entre las ideas biologi~tes sobre el desarrollo soci~ de V~ona por un lado y la actitud que
asum10 ante nuestro proceso de liheracion nacional, pero en realidad se
trata de que aquellas ideas son aceptadas tomando en cuenta su supuesta

�58

Siglo XIX

P. Guotlorromo Go,míla: Jo,é Varona en la JD-qffi, culiwnc 59

base científica sobre la que se presentan, pero en la medida que transcurre el proceso histórico nacional el pensador cubano se percató de la propia
esencia reaccionaria de esas ideas y de la función ideológica que desempeñaban en el contexto lústórico en el que habían sido engendradas, al justificar la dominación colonial de unos pueblos sobre otros. Este factor hizo
que paulatinamente se debilitara la tendencia social darwinista en su enfoque sociológico.

la necesidad histórica de aquel proceso emancipador y propag¡¡ba sus ideas
convenciendo con cifras y con hechos que el podei español sobre Cuba estaba condenado a &lt;ie{laparecer y al pueblo le correspondía la misión de derribarlo. Haciendo una valoración de aquellas cÍrCUlllltancias Va,:ona escribía:
Martí desembarcó en Cuba con el JCDeral Gómcz y cuatro compañeros más. Antonio Maceo invadio a Baracoa con 20 homlrcs.
S~ audacia habn'a sido demencia pura y simple, si no hubieran sabido que los aguardaba un pueblo entero, dispuesto a seguirlos a
la victoria o la muerte. La historia no presenta ejemplo igual. El
valor, de_ es~ hom_bres n~ tiene paralelo. Pero su acción política
habna Sido mcxphcable sm un hecho capital (..•) El pueblo de
Cuba op~do, vejado, burlado, arruinado y desesperado estaba
resuelto a mtentar un supremo esfuerzo por derrocar el poder que
lo oprimía y solo anhelaba jefes que le marcaran el ca.mino.SS

Al analizar esa complejidad y especificidad del desarrollo social, Varona observó la existencia de mecanismos muy superiores a los existentes en
la naturaleza, y por esa vía llegó a una acertada comprensión del problema
del papel de las masas populares en la historia y su correlación con las
grandes personalidades. En este aspecto dejó atrás su darwinisrno social )'
los obstáculos que interpone la ideología burguesa a la concepción científica de la historia. Así Varona expuso objetivamente la dialéctica interacción que se produce entre los grandes hombrt&gt;S, los dirigentes de los procesos sociales y las masas populares. El criterio varoniano tuvo que enfrentarse a las teorías de Carlyle y Emerson, quienes sobrestimaban el papel
de las personalidades y omitían el de las masas, en tatlto que para el pendor cubano esos individuos eminentes eran realmente producto, antes de
ser causa del progreso social. 53 La verdadera fuerza motriz del proceso
histórico Varona la encontraba en las masas populares, por eso escribía:
"hoy los grandes actores en el drama de la historia no son los principales
de los pueblos, sino los pueblos mismos". 54 Lógicamente se percataba
de la necesidad de los grandes hombres, de su papel en determinadas circunstancias históricas, pero comprendía que en última instancia lo determinante era la participación de las masas populares:

De esta manera, Varona exponía su concepción sobre la forma en que
se revela la necesidad histórica con la casual aparición de las grandes personalidades. La lucha por la independencia era imprescindible, podría
demorarse años más o menos en dependencia de múltiples circunstancias,
entre las que figuraban la aparición de sus dirigentes, pero era un hecho
inevitable. El lugar de lo casual quedaba para él explicado al señalar que
en t~o momcnt~ histórico hay siempre algo accidental, que no
convJCne codfundir con lo permanente. Lo accidental son los
hombres que representan una situación. Lo permanente son las
ideas que conforman un estado social.59
Esas ideas las concibe como un reflejo del mundo, que se co.rresponde con las exigencias objetivas de 1a sociedad y toman fo.rma en la conciencia de los hombres encargados de transformar la realidad.

los hombres superiores son útiles -expresaba en 1886-, pero no
incmpensables. Los pueblos no deben esperar milenarios ni mesías, deben saber que el trabajo continuado de los pequeños es el
que realiza las obras colosales que luego se atribuyen a los grandes.SS

Y en 1905 insistía en el hecho de que "los pueblos son los que se labran su propio destino";56 sin embargo Varona no dejaba de reconocer
que las personalidades eran expresión también de la necesidad histórica
y no son solamente resultado de lo casual. Por eso en plena campaña ideológica durante la guerra del 95 señalaba: "ningún hombre es indispensable, pero en ciertos momentos hay hombres que encarnan grandes fuerzas
políticas o sociales, las que se menguan con su pérdida ".57 Esa era la real
situación que se produjo en aquellos momentos de la lucha del pueblo cubano tras la caída de su máximo dirigent,., José Martí. Sin embargo, aun
en tales circunstancias, al efectuar el análisis sociológico de aquellos momentos de nuestra historia, Varona se c::-ecía al ofrecer una comprensión de

•

Esta concepción de Varona no sólo se plasmó en el terreno de la acción poütica sino tamlién en otras manifestaciones de la vida material e
intelectual de la sociedad, en el arte, en la ciencia, etcétera, cuan~ planteaba:
los sabios profundos, los grandes maestros, los ingenios eximios
no se producen espontáneamente, si.no que: son ammcjados y prometidos por una gran cultura científica, artística o literaria. Es
decir, que donde llegan a señalarse vigorosamente esas individualidades, van dejando debajo de sí otras muchas menos caracterizadas que le sirven de base y sustento.
Tal comprensión descansaba en el presupuesto enunciado pOI." él de
que "en 1a sociedad todo es colectivo".61 De ahí que resulte extraordina-

�P. Guadanuma Gonzcílez: ]o!é Varona en la filosofía cubana

60

11

61

SigloXIX

ya que abarca solo un corto período de su vida y no caracteriza la totalidad de su pensamiento. En verdad, mientras Varona sostenía una concepción definitivamente determinista se alejaba más del pesimismo, pues confiaba en las posibilidades humanas de transformar la realidad natural y social y ponerla al servicio del hombre al conocer éste las leyes que la rigen.
De igual modo, resulta errónea la interpretación que atribuye al determinismo de Varona la negación de la libertad, como asegura Vitier, 65 ya que
por el contrario, Varona piensa que el hombre actúa con libertad, con conocimiento de causa y transfonna continuamente la desconocida necesidad
en necesidad consciente, en libertad. Precisamente en este aspecto se revela
su comprensión dialéctica de esta correlación que expuso por primera vez
aJ afirmar:

riamente valiaio que .haya podido elaborar una co~~,l&gt;ción ~pecto a esta
problemática que la distanciaba no solo del pantivtsmo smo del -~nsamiento filosófico y sociológico burgués en ·general que se_ ha, ~actenzado
por ignorar -el papel de las masas y pres~~tar los hechos histoncos como el
pr&lt;,.lucto de voluntades aisladas o dec1S1ones personales de, los hombres
"superiores". Es indudable que en este aspecto Varon~·_5l:,3c~rcó a,l~ concepción •materialista de l,ll historia: sin embargo, su pos1C1on 1deologic~_le
impedía realmente coincidir p,lenamente ,con _la 'verdadera comprens10?
científica del problema de. la dialéctica interrelación en~re las personalidades y lás masas en la lústoria. En primer lugar, porque el co~cepto de
masas y de pueblo que tyvo Varona, se infiere de sus planteam1e~tos, era
muy amplio y abstracto e i~lu~a prácticamen!e ~ todos !os m1em~r.os
de la sociedad. Resulta comprens1hle que tar criterio estuviese condic1&lt;:
nado por las ciréunstancias especifi~s de nuestro pa_ís, en el, que la domf- . ,
nación colonial inducia a agropa,t en un todo comun. al pueblo cuhan~,
para enfrentarla factor este que incidió junto a su arraigada ideologia
bur~esa en el hec~o de que el pen5:1dor _cubano no ef-ectuara un análisis
mucho más objetivo y por tanto daS1sta sobre las masas populares Ysu pa·
pel ·en la historia.·
'

el hombre no puede por tanto sustraerse al determinismo, pero sí
puede en cierto modo educarlo y guiarlo, que es aquí vencerlo.
No es un autómata; mas para no serlo se necesita cultivar tanto la
inteligencia como el sentimiento: la educación es su verdadera redentora.66

Esto demuestra el carácter insostenible de las tesis que pretenden alejar a Varona de la verdadera concepción científica. En realidad Varona en
vez de alejarse del detenninismo se aproxima a él en tanto que se alejó del
fatalismo y de la doctrina del libre albedrío, pues como señaló Lenin la

IV.
Todo el análisis sociológi.co de Varona _partía de una con·cepción profundamedte detenninista del 11mndo, que en lucha tinto contra el volunta- . ·
·rismo como contra el fatalismo encerraba profundos elementos dialécticos Y
materialistas. Su ·cr,i'terio detenninista partía del planteam~nto de la causalidad como ley fundamental que rige el desarrollo de todos los fen?'"enos de la realidad. "El prjncipio de causalida~d -afirmaba en sus Nociones
de Lógica-; niega 'fe los fen?menos se sucedan _unos a ?tros sin regla Y
por puro capricho. 1;2 Este mtsmo punto de parbda hab1a tomado en su
agu_da polémica con Teófilo Martínez en la.Universi~d de La Haba~a,- en
la que expuso sus ideas contra las llamadas causas pnmeras y,defendío una.
firme posic_ión detenninista fi;ente a la t~oría del.libre.albedrío. En aquella
ocasión señalaba: "la causalidad implica el determinismo (...) En el pun-_
to a: que han llegado nuestros conociinientos, una fuerza libres _es el ma_yor ,
dE- los ahsurdos".63 Varona sabía muy bi~n que una p~ció11·que negase
él detenninismo justificaba de hecho la intervención de una fueria•sobrenatural de Dios en el desenvolvimiento de los fenómenos, y ·argumeptó su •
concepción sobre la base de su arraigado ateísmo.
El problema di\ la -coQCepción deterininista de Varona, al igqal que su
"ateísmo ha sido tergfyersadQ po!- la historiografí~ ~rguesa ~bre su pensamiento. Se ha tratado de presentar sil determuusmo como una consecuencia del pesimismo de sus últiptos afios, 64 1o cual resulta insos/teni1?_1e,

'

..

. ..

idea del determinismo, que establece la necesidad de los actos del hombre
y rechaza la absurda leyenda del libre albedrío
. \

...no niega en un ápice la inteligencia ni la conciencia del hombre, como tampoco la valoración de sus acciones. Muy por el contrario solo la concepción determinista permite valorar rigurosa y
acertadamente, sin imputar todo lo imaginable al libre albe-

drío ...67

Así el deterininismo varoniano afianzado en el papel del conocimiento
humano, en su función desmistificadora de la realidad, rechazaba de plano
el fatalismo.
La necesidad es objetiva y, por tanto, existe con independencia del
hombre; sin embargo, éste no se somete a ella como obediente cordero, el
hombre la conoce y transforma en la práctica social de lo cual Varona se
percata. Por eso expresaba: "el hombre no es libre, pero se hace libre.
Empieza por obedecer, acaba por escoger pero no escoge por capricho,
escoge detenninándose " 6 8 Al propagar esa concepción cuya esencia era
dialéctica y materialista, Varona difundía la idea entre nuestro pueblo de
que éste podría transfonnar aquella sociedad colonial. Esto significa que
su labor filosófica no solo poseía un profundo contenido teórico, sino que
constituía un instrumento que coadyuvaba al proceso de maduración de la

�62

SigloXIX

conciencia para la necesaria lucha por la independencia. De modo sutil, al
enjuiciar filosóficamente d papel de la actuación libre del hombre, criticaba a los indecisos y escépticos dd período de la tregua fecunda cuando
decía en 1888:
como por lo general nos sentimos meras unidades, elementos
más o menos coherentes de un vasto agregado, nos dejamos fácilmente arrastrar por el Ímpetu de los acontecimientos, nos sometemos sin luchar a las influencias externas, o nos consideramos
simples espectadores de los hechos que se desarrollan sin participación nuestra; antes que estimamos como fuerzas autónomas,
capaces de exteriorizar o apreciar todas las fases de lo objetivo,
de oponerle resistencia llegado el caso, y modificar al cabo y
aunque sea en pequeña parte, la dirección de su continuo proceso.69

Esta era una de las formas en que las ideas filosóficas del pensador cubano trataban de convertirse en arma material instando a participar activamente en la batalla pOI' la independencia que ya se avecinaba.
Incluso en el momento de la crisis de su pensamiento en que poso de
manífiesto algunos rasgos pesimistas, mantuvo Varona so concepción sobre
las libres posibilidades humanas de acción en el cauce de la necesidad. De
ese período es este pequeño diálogo en que plantea:
- La sociedad nos pone una camisa de fuerza.
-Cierto. Pero quítatela y verás. Ni Polifemo con su ojo sano.70

Esto demuestra que Varona toda su vida confió en la capacidad del
hombre para actuar con libertad en la medida que conoce las foenas naturales y sociales, en la medida que domina las leyes que rigen la realidad objetiva y actúan en correspondencia con ellas. Tales criterios de Varona se
fundamentaban en la extraordinaria corúianza que siempre mantuvo en el
progreso humano. Si bien su concepción del progreso había estado limitada por el evolucionismo positivista unilateral, ella le sirvió para difundir la
seguridad en la necesaria transfonnación de la sociedad cubana de entonces, que en primer lugar requería emanciparse del colonialismo español para exigir una sociedad democrática.
El análisis sociológico varoniano se realizó desde una óptica liheraJ.
borgnesa; por esta razón sus juicios no podían ser nunca genuinamente
científicos, no obstante sus aciertos, ya que la ideología burguesa invierte las relaciones reales que se producen en la sociedad y las acomoda a su
antojo a fin de justificar el statns existente. Sin embargo, el filósofo cubano no siempre fue consecuente con su posición de clase. En muchas ocasiones- se situó por encima de las posibilidades reales de desarroUo de la

P. Cuadarramá Gonzále:z: JoúJ Varona en la filowfú1 cubana

63

burguesía cubana de su época, la cual no fue capaz dt&gt; po11erSI' al nivel de
las aspiraciones de este representante de la ilustraciún. \ la ,,ar si&gt; situaba
también fuera del marco de los intereses de(':;¡¡ cla"" cuando as¡1iraba a mojorar las condiciones d" vida de obreros } campesinos y d,, otros S('Ctores
discriminados y explotados, cuando dcferulía los drrcchos cid negro y de
la mujer y, especialmente, este alejamic1110 se apreóa mucho más l'Uando
en sus últimos años reconoce que la sociedad capitalista está rondcnada a
desaparecer y sus sueños demoliheralcs se •,-eían aplastados con la aparición del imperialismo. Estas oscilaciones e11 su postura de ,.(ase se reflejaron en sus ideas sociológicas, que 94&gt; alejaban dt: la verdad objetiva en la
m~ma medida que se mantenían en el estrecho marco del pensamiento
burgués y alcanzaban mayor objetividad y carácter rientífico cuando intentaba superar esos parámetros y reconocía la rt·¡!;lllaridad objetiva del desarrollo social, al plantear la significación del factor ( conóm iro 1·11 éste, al
confiar en el horn bre y en sus infinitas pO!-ibili da des d, perfrccio11anúento.
al valorar el papel de las masas populares t·11 su interaeóón &lt;'011 las grandes
personalidades en la historia, al expr!'Sar la dial,;ctica eorr('lación entre la
necesidad y la causalidad, entre la neceüdail y la libt·rtad )' al a:,egurar, por
último el continuado progreso de la sociedad, más allá &lt;lel horizonte burgués. De ahí que resulten plenam('nte iálidas las idra~ ,le \nnando Hart
al afinnar que "la evolución de las ide.as d.., \ arona , a In lar¡?:o el,· su vida,
nos revela que alcanzó mayor rigor intt·lcctual ~ riq111•7a ,·ultural alü donde se acercó al movimiento popular'~ 7 1 De i~al marwra \ 'arona ,-(' destaca
respecto a sus contemporáneos latinoamericanos que S(' ltahían id1·ntificado con la filosofía positivista tanto por el valor d(' su análisis l&lt;'Óri,·o corno
por las proyecciones de su orientación ideológica.
La objetividad del análisis sociológirn varonianu :,,1• acrecentó en la
misma medida en que se desembarazaba dr- la idPoio11ía hur¡!:lll'sa y en proporción directa con el reconocimiento de la frustración ,le sus id,~les. Por
eso sus últimos juicios sobre el problema social PStán caracfrrizaclos por la
sostenida idea de que la sociedad progresa, pPro 110 hacia los rumbos que él
anteriormente había pronosticado, sino hada el socialismo. Realmente el
porvenir de la humanidad significaba la negm:ión de ~us a11 tt'riores aspiraciones, pero con honestidad insuperable expresaba f'n sus últimos años:
quienes como yo se hab1an nutrido de la savia del individualismo, ven cómo crece y se hincha la ola gigantesca del socialismo.
Y un verdadero desgarramiento se produce en nuestro espíritu.
La organización económica de esta sociedad está podrida 72

Y más tarde sentenciaba "vamos, sin qu&lt;'r&lt;·rlo o 11u1·rii·ndolo. hac:ia el
socialismo". 73

�64

Siglo XJX

P. Cuadarrama González: )&lt; .,é Varona en la füosof1'a cubana

Esto significaba el nivel más alto a que podía llegar el prnsador cubano en su análisis sociológico y en su ideología política. El período final de
su vida resulta muy valioso y esclarecedor para la comprensión de toda su
obra filosófica y sociológica, porque significaba la neg.ición dialéctica de
muchas de sus ideas anteriores. Aunque en esta época solo escribió aforismos, artículos cortos, ya en algunas cartas abiertas es apreciable su parcial
dejación de muchas de las cat~orías sociológicas que en sus años de madurez habría empleado. Esto no implica que hubiese roto del todo con toda
su anterior concepción sobre el desarrollo social, enraizada por tantos
años de meditación, pero es evidente que las transformaciones sustanciales
que operaron en su pensamiento en este último periodo, condicionadas
por los avances de la sociedad contemporánea con el advenimiento de la
época del socialismo tras la gran revolución de Octubre, dieron lu1!3r a qur
no aceptase ya como válidos muchos de sus anteriores criterios socioló¡ticos y políticos. Incluso sus referencias a Comte, Spencer y a otros n·1m·sentantes de la sociología positivista, desaparecieron prácticanwnlr.
En definitiva, Varona nunca se había visto atado por complt·Lo al
positivismo. Si bien se había nutrido de él y había acPptado all!l-1110.,; df!
sus principios fundamentales, fue siempre capaz de anali;r,ar los proLl,·mas sociales con la suficiente originalidad que le propiriaha su vasta rnltura y la agudeza de su talento. La realidad cubana } la latinoanwricana,
así como sus estancias en España y los Estados Unidos, Ir hahían s.-rviclo
de fuente directa de infonnación y objeto de análisis para el rnfoqur so•
ciológico con una óptica propia.
No cabP- duda que las ideas filosóficas de Varona constituyP.11 una ele
las más altas expresiones del pensamiento filosófico y sociológico burgui:s
latinoamericano de fines del siglo XIX e inicios del XX, el«· profundo sentido progresista y significativo para nuestra herencia cultural. El estudio
de su pensamiento confirma plenamente las sustanciales orientaciones que
nos ofreció Juan Marinello, al indicarnos que "el balance final fue favorable': 74 Las huellas que dejó la polifacética labor de Varona en distintas
esferas de la cultura y la vida social de nuestro país le hacen ocupar un lugar de honor como una de las más valiosas figuras de nuestra filosofía, al
constituir un eslabón más en la transición de los objetivos de liberación
nacional de nuestro pueblo hacia la emancipación social.

-

65

NOTAS

1. E.J. Varona: "El positivismo". Revista de Cuba. La Habana, 1878, t. 111, p.
175.
2. E.J. Varona: Fundamentos de la moral. E~torial Appleton, New York, 1914,
p.42.

3. E. J. Varona: "Libreta de pensamientos", 11 (manuscritos de su biblioteca personal), p. 29.
4. Véase C. Marx. y F. Engels: Obras escogidas. Editorial de Lenguas Ext:ranjeras,
Moscú, 1955, t.11, p. 386.
5. Véase C. R. Rodríguez: 1-imdam&lt;'ntos. La Habana, 1949, p. 408.
6. E. J. Varona: Estudios literarios y filosóficos. Imprenta la nueva principal, La
Habana, 1883, p.196.

7. L J. Varona: Curso de psico/og1Íl. Imprenta La moderna poesía, La Habana,
1905, p. 485.
8. 1·. J. Varona: Co11/PrP11cns filo.&lt;óficas (Serie moral). Establecimiento tipográfico O'Rcilly, 1888, pp. 149-150.
9. E. J. Varona: Co11feren&lt;'Ías sobre los fundamentos de la moral. Editorial Appleton, Ncw York, 1918, p.182.
1O. 1. J. Varona : Co11f&lt;•re11ciasfilosóficas, citado, pp. 161-162.
11. l,J.,m, p. 153.
12. 1-.. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XXXIl, 127, Año XI, La Habana, 1923.
13. ldem, p. 193.
14. E. J. Varona: "Libreta de pensamientos" (manuscritosde&amp;1 biblioteca personal), p. 76.
15. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XIX, 76, Año Vll, La Habana, 1919,p.
146.
16. V J. Lenin: Obras completas.
17. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t.XlX, 76, Año VII, La Habana, 1919, p.
355.
18. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XXXIJ, 27m Año XI La Habana 1923
p. 33.
'
'
'
19. E. J. Varona: Cuba rlrtútica. La Habana, 1917.
20. E. J. Varona: "Con el eslabón" (manuscritos de la Biblioteca Nacional. Colección

�66

P. Guadarramo González: Jo,é Varona en lafilosof(a cubana ú7

Siglo XIX

cubana), p. 9.

40. E. J. Varona: "Días después". Desde mi beluedere, Imprenta Rambla, Bouza y
Cía, La Habana, 1907, p. 77.

21. R. Roa: "Palabras del doctor Raúl Roa Gama en su investidura como profesor
de mérito de la Universidad de La Habana". Crenmo, 25 de abril de 1977, p. 3.

41. F. Engels: Dialéctica dela naturaleza. Editorial Grijalbo, México, 1961, p. 266.

22. E. J. Vuona: Cubo Contemporáneo, tJ(IX, 76, Año VD, La Habana 1919, p. 35

42. Véase P. Guadarrama: "Las ideas éticas de E. J. Varona" .Islas, No. 55-56,
setiembre de 1976, pp. 171-205.

23. E. J. Vuona: "Ubreta de pensamientos" (manuscritos de su bilbioteca personal), p. 87.
24. C.R. Rodríguez: ''Varona y la trayectoria del pensanúento cubano", (Homenaje a Enrique José Varona). Municipio de La Habana, 1949, p. XXV.

25. R. Agramonte: D peRHmientQ filo,ófico de Varona. Editado por la Universidad de La Habana, 1935, p. 83.
26. E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América". Estudios
y conferencta$. Edición oficial de las obras de Enrique José Varona. La Habana,
1936, p. 86.
27. E. J. Varona: KE} imperialismo a la luz de la ,ociología". Antimperiolismo y república. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1970, p.112.
28. ldem, p.128.

43. E. J. Varona: Fundamentos de la moral, Editorial Appleton, New York, 1903, p.
175.
44. Véase E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América".
Estudios y confe,rencias, citado, p. 82.
45. E. J. Varona: Conferencias filosófiros (Serie lógica). Editorial Miguel de Villa,
La Habana, 1880, p. 1 7.
46. E. J. Varona: Curso de psicologfo, citado, p. 43.
47. V. l. Lenin: "Contenido económico del popularismo". Ob. Cit., t. l, p. 431.
48. E. J. Varona: "Discurso pronunciado en el teatro La Caridad de Santa Clara
el 15 de julio de 1889". De la colonia a la república, citado, p. 29.
49. C. Marx y F. Engels: "Manifiesto del partido comunista", Ob. cit., t. 1, p. 22.

29. l. S. Kon: Der PolitÍtlumus in derScniologie. Benin, 1968,p.105.

50. E. J. Varona: "En la Habana".Patria, 253, 3 de junio de 1896,NewYork,p.l.

30. Véase E. J. Varona: "Para UJIOs abogados". Cuba Contemporáneo, t. XXI, 84,
Año VD, La Habana, 1919, pp. 329-332.

51. E. J. Varona: D,, la colonia a la república, citado, r,. 39.
52. E. J. Varona: Conferencias filosóficas (Serie lógica), citado, p.17.

31. M. Vitier: l.As ideas y la filosof1á en Cuba. Edítorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1970, p. 422.
32. E. J. Varona: "Cavete cónsules, violetas y ortigas". Edición oficial de las obras
de Enrique José Varona. La Habana, 1938, p. 238.
33. E. J. Varona: "El bandolerumo". Reui,ta Cubana. La Habana,junio de 1888, t.
vn, p.482.

53. L J. Varona: "Emerson". Revisw de Cuba. La Habana, 1886, t. IV, p. 87.

55. ldem.
56. E. J. Varona: "El imperialismo a la luz de la sociología". AnlimpPrialismo y
república, citado, p.131.

34. F. Engels: "Carta a Bloch". C. Marx y F. Engels: Ob. cit., t. 11, p . 520.

57. E. J. Varona: "Cánovas". Patria, 377, año V, 11 de agosto de 1897, New York,
p. l.

35. E. J. Varona: "Abrimos los ojos". Art(culos. Publicaciones del Ministerio de
Educación, La Habana, 1951, p. 257.

58. E. J. Varona: "luz que ofust2". Patria, 217,año V, 29 de enero de 1896,New

36. ldem.
37. E. J. Varona: "El imperialismo a la luz de la sociología". Antimperialismo y república, citado, p. 113.
38. E. J. Varona: "El fracaso colonial de España". De 1a colonia a la repúbliro. Editorial Cuba contemporánea, La Habana, 1919, p.124.
39. E. J. Varona: "Sobre el sufragi.o universal". Por Cuba. Imprenta El Siglo XX, La
Habana, 1918, pp. 158-159.

York,p. l.
59. E. J. Varona: "Jamás Cuba fue servil". Artú:ulos, publicaciones del Ministerio
de Educación, La Habana, 1959, p. 295.
60. E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América". Estudios
y conferencias, citado, p. 85.
61. E. J. Varona: "Los grandes", Revi,ta Cubana. La Habana, 1886, t. IV, p. 86.
62. E. J. Varona: Nociones de lógica. Imprenta La Moderna poesía. La Habana,

�68

Siglo XIX

Notas para una Historia de las Ideas
en Cuba (siglo XIX)

1902,p. 78.
63. E. J. Varona: "La metafísica en la Uruversidad de La Habana".Estudio, literario, foo,óficos, citado.

Gustavo Escobar Valenzuela*

64. R. Agramoote: Varona el filósofo del escepticismo creador. Editorial Jesús Montero. La Habana, 1949, p. 160.
65. M. Vitier: Varona maestro de juventudes. Editorial Trópico. La Habana, 1937,
p.189.

Para mi amigo cubano Luis Toledo Sande

66. E. J. Varona: Conferencias fí}.os6ficas (Serie psicologÍa). Imprenta El retiro, La
Habana, 1888, p. 140.

Es cubano todo americano de nuestra América y en Cuba no
peleamos por la libertad humana solamente; ni por el bienestar
imposible bajo un gobierno de conquista y un servicio de sobornos, ni por el bien exclusivo de la isla idolatrada, que nos ilumina
y fortalece con su simple nombre: peleamos en Cuba para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana .

67. V. l. Lenin: "¿Qiiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los
socialdemócratas". Ob. cit., t. I, p.172.
68. E. J. Varona: Conferencia, filosóficas, citado, p. 411.
69. E. J. Varona: "Elogio del doctor Antoruo Mestre". Revista Cubana. La Habana,
1888, t. vm, p. 16.

José Martf

70. E. J. Varona: "Con el eslabón" (manuscritos de la Biblioteca Nacional, Colección Cubana), p. 3.
71. A. Hart: "Palabras pronunciadas con motivo del 70 cumpleaños del doctor
Raúl Roa", Granma, 28 de abril de 1977, p. 2.
72. E. J. Varona: "Balance" .Arti'aJlos, citado, p. 301.
73. E. J. Varona: "Declaraciones a El País". Documentos para la historia de Cuba
(Recopilación de Hortensia Pichardo). Editorial de Ciencias Sociales. La Habana,
t. JII, p. 446.
74. J. Marinello: " Respuesta a un ruestionario presentado al doctor Juan Marinello
por Pablo Guadarrama",lslu, 47, p. 110.

-

L a Historia 111· las lrlras rqm·srnla una importanh- disciplina co11 nolablr tradición en nueslra hisloria intelectual. Como a11tr1·cd1·11tcs ,;r han rr¡ristrado, por ejem¡.,lo, las olir-JS dr E¡¡;uiara ~ l•:¡,irf'II. ,1,, \lanriro ~ lo~
otros jesuitas del siglo \VIII: cnsa)OS rlaborados rn el siilo \l'\ rnmo la
Filo.wf(a en el Brasil, de Silv io l{omero (18,6), La Filosofta c11 la Yuern
f:spaña. dr -\ gustín Rivera (18%), Apu11taciones históricas de la filoso(ü,
en .\fé.rico, de Emeterio Valvrrd1· TPllez, en 1898, f:11sa_vo sobre la historia
del positi1,ismo en México, dr \gugtÍn Aragón (1898). El Pemamiento de
1mérica, drl argentino Luis Berisso, rn tre otras,l hasta llr¡¡;ar a obra::, fundam(•ntales ri&gt;alizadas en los últimos tiempos por autores 1·01110 Lropoldo
Zea, Francisco 1'1iró Quesada, Arturo Andri-s Roiµ;, \rturo \rdao, Luis
Villoro, Abclardo Villegas, Horacio Cerutti, ~lar¡i.arita V era. Ignacio ~oha
}, particulanncnte en relación con el tema que aquí abonlaremoti. los estudios de los escritores cubanos Medardo y Cintio Viticr, autom, "" o bras
esclarecedoras sobre el proceso &lt;le la historia dr las irlras e n Cuba.
La Historia de las ldi&gt;,as en Latinoamérica ha rt&gt;vf's tido a través dr su
desarrollo diversas modalidades que ya han sido estudiadas por \rluro \.
Roig. Ha estado ligada a una preocupación nacional, a un afán dr alcanzar
una caracterización de determinado pueblo latinoam&lt;'ricano ((•11 nul'stro
• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México.

�70

C. Escobar Valenzuela: La, idea, en Cuba en el 1iglo XIX

SigloXIX

caso el cubano), otras veces ha asumido la forma de una filosofía de la historia de América (recordemos aquí los valiosos trabajos de Leopoldo Zea),
de una ñlosofía de la cultura o de una filosofía del discurso filosófico. Sin
embargo, piensa Roig, mas.allá de las formas o de estos modos diversificados que ha adoptado la Historia de las Ideas, podríamos decir que ésta se
ha constituido como una forma de saber de América o de Latinoamérica.-.2
Sin desembocar en un regionalismo estrecho o en un chauuinismo, esta
forma de saber deberá entroncar en una búsqueda de lo propio, en ''un
intento de determinación de un perfil cultural y señaladamente de un destino social". Tales caracteristicas hacen qué la Historia de las Ideas rebase
los marcos puramente teóricos de la filosofía. "La historia de las ideas
-nos dice Roig- no es un campo de trabajo intelectual de esos que se los
define reduciéndolos a una fundamentación de posibilidad de tipo epi&amp;
temológico, obsesiÓfl típica de neokantianos y de hussedianos. ".3 Se trata antes que todo de un "saber de compromiso", de una vía plausible para reelaborar un saber historiográfico-filosófico, no sólo de los desarrollos
y planteamientos del pensamiento latinoamericano, sino también y necesariamente del pensamiento europeo que ha ido y va siempre involucrado
en nuestro pensamiento.
Por otra parte, la Historia de las Ideas, a juzgar por las modalidades que le
atribuye Andrés Roig, se presenta como una disciplina abarcadora en la
medida en que contempla aspectos políticos, sociales, culturales, de la vida
de nuestros pueblos. Para José Gaos, por ejemplo, la Historia de las Ideas
comprende tanto la historia de la füosofía como la historia del pensamiento. Por su parte, el mismo Andrés Roig entiende por Historia de las Ideas
un estudio de la función social de las ideas en el contexto de un
sistema de conexiones dado para cada momento histórico. No se
trata de rastrear las influencias dentro de un desarrollo inmanente
de las ideas filosóficas, no se trata tampoco de ubicar originalidades o de detectar retrasos de las oleadas de influencias. Se trata de
producir una ampliaci6n de la historia para dar cabida en ella tanto al pensamiento académico cuanto al pensamiento popular.
Tanto a las ideologías dominantes, cuanto a las ideologías de liberación de los oprimidos. El discurso filosófico no puede ser
leído con independencia de sus relaciones con el discurso político
y este último tiene formas de dominación y formas de liberación
que pueden caracterizarse formal y semióticamente.4
En un artículo denominado "Sobre el estudio de Ja filosofía latinoamericana", 5 Abelardo Villegas expJica el caracter interdisciplinario que
entraña la Historia de las Ideas, al ser auxiliada por disciplinas como la
sociología, la geografía, la filosofía y la literatura, pues "la novela y el
cuento pueden llegar a tener una transparencia ideológica muy grande"
Los vínculos entre literatura e Historia de las Ideas se advierten en obras
como El matadero de Esteban Echeverría que "plantea en la acción el

71

dilema de la civilización o barbarie que aguijonéo la conciencia de los
intelectuales ari¡entinos dd siglo XIX".6
Sin embargo la intervención del pensamiento popular en la Historia
de las Ideas ha sido poco estudiado. La obra de Juan Meyer, La Cristiada,
podría ser un ejemplo de lo que puede lograrse en este sentido.
No podemos soslayar el hecho de que los pueblos latinoamericanos
son tributarios, en la historia de sus ideas, de la cultura europea desde el
siglo XVI; sólo desde este siglo, afirma Augusto Salazar Bondy, "podemos
encontrar productos culturales definida mente filosóficos" ( esto si nos atenemos al registro de lo meramente filosófico). Pese a la influencia europea,
los filósofos y pensadores del siglo pasado en Latinoamérica no se dedicaron a reflejar en forma pasiva esta cultura, sino que le imprimieron, a la
luz de su realidad, su propio sello. Esto se puede advertir en el caso del
pensamiento cubano del siglo XIX que aquí apenas esbozarfmos.

l.
Según el historiador cubano Julio Le Riverend, en sus inicios Cuba fue
una colonia de escaso desarrollo: casi despoblada y carente de recursos fi.
nancieros, no tuvo una vida cultural de cierto valor hasta la segunda mitad
del siglo XVID 7 • Esta vida cultural se desarrolló dentro de los marcos de la
llustración, es decir, de la ideología que exaltaba el progreso y la razón como desideratas de la historia. Hacia finales del siglo XVID surgen personajes como Francisco Arango y Parreño (1765-1837), ideólogo de la burguesía que defendía la explotación de los esclavos y que consideraba que era
necesario divulgar los conocimientos necesarios para producir mejor y en
mayores proporciones el azúcar, el café y otros productos del agro. "Era
partidario de un comercio más libre, particularmente con Estados Unidos,
así como de la promulgación de leyes que abolieran una serie de prohibiciones e impedimentos económicos en cuanto a la propiedad de la tierra,
la crianza del ganado y el monopolio del tabaco"8 • También refiere Julio
Le Riverend, ~n su Breue Historia de Cuba, la importante labor científica
que por este tiempo llevó a cabo el médico cu han o Tomás Romay ( 1764
1849) al contribuir al perfeccionamiento de la enseñanza de la ciencia y al
librar al país de la viruela, enfermedad mortal en aquellos años, con la
aplicación de una vacuna 9 • Además de estas importantes manifestaciones de
la ilustración cubana, comenzaron a implementarse otras actividades de
carácter cultura~ tales como la publicación de un periódico, El Papel Periódico de La Habana, y la creación de la Sociedad Económica de Amigos
del País, fenómeno típicamente ilustrado, que a su vez impulsó la ciencia
y la cultura en general: por ejemplo, organizó la primera biblioteca pública del país. De esta manera, corno señala Le Riverend, "el aumento de

�72

SisioXJ.X
C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el siglo XIX

la producción (a finales del siglo XVIII) y del comercio vino acompañado
del desarrollo de la ciencia y de la cultura general "_10 Refirámonos brevemente a estos factores que contribuyeron al desarrollo de la ilustración
cubana, o sea, a todo un movimiento que va posibilitando cambios políticos y sociales significativos y que a su vez va conformando la nacionalidad cubana.
La Sociedad Económica de Amigos del País fue fundada en 1793
Y tiene larga y fecunda vida. Fue un instituto similar a las sociedades de
Amigos del País que aparecieron en la segunda mitad del siglo XVID
como parte de la poütica y acción educativa alentada por Carlos ID. Una
vez establecida, tuvo como primer presidente a Luis de las Casas. Las
primeras actividades que atendieron fueron las de la agricultura y la instrucción pública. En sus estatutos de 1846 se establecieron tres secciones
o áreas de interés que marcan las preocupaciones, que fueron mas bien
prácticas, de la época: agricultura y estadística, comercio e industria popular, e historia. Esta Sociedad fundó, conforme también a las preocupaciones de la época, una cátedra de economía política, instalada el 14 de
octubre de 1818, en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio,
siendo su primer catedrático Justo Vélez quien, en sus lecciones, seguía
de cerca el pensamiento del economista liberal J. Bautista Say, y trataba
de aplicar estas ideas a la realidad económica cubana. Justo Vélez logró,
en hase a sus propias lecciones, escribir un texto que "refleja un individualismo sistemático propio de la época. Alli lo que preocupa es el capital ;
para el trabajo, para et lado social y humano del problema económico, casi
nada. "11
A pesar de que Vélez escribió su libro en 1819, cuando ya Europa sentía las corrientes socialistas, teóricamente desenvueltas, prevalece, en su
obra, el individualismo burgués. De esta manera, escribe Medardo Vitier,
" se enseñaba, se escribía para un sociedad conservadora, de ideario (más
implícito que declarado) individualista. Más todavía: era una sociedad
minada por la nefanda institución de la esclavitud doméstica. ''12
La cátedra de economía política, después de que estuvo vacante dorate algún tiempo, fue ocupada por otro intelectual cubano: Antonio
Bachiller y Morales (1812-1889), que ha sido concebido como "americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso,
filósofo asiduo, ahogado justo, maestro amable, literato diligente. ''13
La obra más importante de Bachiller es, sin duda alguna, la que
con el _modest~ títtJ!o _de Apun~es para la historia de_las Letras y
de la mstruccion publica en la isla de Cuba, comenzo a publicar
en el J:aro -/ndustr~l y en la Revista de España, de Indias y del
extran1ero, de Madrid, y que al cabo recogiera en tres vólumenes,

73

en esta ciudad: el primero publicado en la impren ta de P. Massana,
calle de O'Reilly número 11 O en 1859, los otros dos, en ta imprenta del Tiempo, calle de Cuba Número 37, en 1860 y 1861.4
El enfoqu e que Bachiller le dá a esta f.amosa e histórica cátedra de
economfa política es diferente al de su antecesor: es menos in dividualista,
más orientado al problema humano y ético. A juicio de Bachiller la economía política no debe enseñarse "en vista sólo del libre jue{!;O dr los farlores materiales, es decir, tierras, medios de producción, caµital, labor huma•
na, mercados, oferta, demanda, etc., sino que el economista ha d1· incluir
la valoración ética entre esos hechos; ha de orientar la economía hacia la
justicia ". 15 De este m odo Bachiller tencüa convertir la economía política,
de ciencia meramente descrip tiva, a ciencia nonnativa. A propósito tlr este
cambio de enfoque que ex perimentó la e nseñanza de esta clisriplina en
aqu élla época, Me dardo Vitier recoge este repr&lt;·scnta tivo tex lo de Bachiller :
Vosotros oiréis que la economi'a p olítica es una ciencia enemiga
del hombre porque sólo atiende al poder mecánico que representa; es decir, que vale cuanto se aprecia una 1_náquina, y la parte
racional, el valor del hom bre como tal, se olvida enteramen te...
Recordaremos que su fin es la felicidad del hombre, que no puede existir sin justicia.16
Pero la Sociedad Económ ica fu n dó además de la cát1·dra de ceonomía polí tica, a la cual ya nos hemos referido, dive rsas cátedras y rscurlas,
entre las que se pueden destacar la aca demia de dibujo, cn·ada en L818, la
cátedra de contabilidad mercantil en 1845, la escurla d1• 111a11uinaria 1·11
1846, un c urso de dicado a parteras que se establrciú 1·11 ,.1 ll ospital d,·
Paula en 1831. La tónica o espíritu que se adv iertr r n todas estas cr,.aciones y actividades impulsadas por esta Sociedad, se traduce 1'11 una 1·s1wci1·
de realismo orientado hacia fi nes prácticos al mismo ti1·111 po que tra:..lu1·1·11
los ideales de la corriente ilustra da del siglo &gt;..'VIII. Pero ca bl' preguntar 1·11
qu é forma la Ilustració n europea se manifestó e n el contexto histó rico que
se pretende estu diar.
R ecordemos que la Ilustración presentó varias vertientes: a) una dirección filosófica que centra su interés en aspectos psicológicos y cognoscitivos y revisa la vieja concepción de la naturaleza humana. Bajo esta din·cción se enfren tan dos teorías centrales: el racionalismo que en el siglo
XVII había entronizado con Descartes, y el sensualismo difundido por filósofos como Hume, Condillac y Loc ke; h) una segu nda dirección es la r C'VOlucionaria que " busca cam bios positivos, alteración de las instituciones; el
derecho natural, la en ciclope dia, qu e culminaron en la declaración de los
derechos del hom hre. ' 'l 7

�C. E,cobor V alenzuela: Las idea, en Cuba en el 1iglo XIX

74

Pero ninguna de est.as direcciones de pensamiento tuvieron mayor resonancia en España, sin olvidar el movimiento liberal de las Cortes de
Cádiz y su Constitución. Mas bien la vertiente que predominó en España
y que penetró en sus colonias fue la filantrópica, huma~i~ria, de p!ogreso
nacional. La razón, la ilustración, el progreso eran las diVlSélS de la epoca y
acorde con estas se pugnó por una mejor sociedad, libre de trabas y selVidumbre. Signos visibles de este empeño lo fueron la Sociedad Económica
de los Amigos del País y publicacionefJ como El Papel Periódico de La Habana antes mencionado.
Este periódico comenzó a circular el 31 de octubre de 1790. Fue una
de las primeras realizaciones de la Sociedad Económica. Publicaba el arancel de precios al por mayor, infonnaba sobre compras y vent.as, la entr~da
y salida de los barcos, esclav,os, etcétera. lnserta~a d~, vez en ~~ando art1culos sobre educación y poesias. En 1805 la pubhcacion cambio de nombre:
se tituló Aviso hasta 1810, en que ya aparecía todos los días bajo el nombre de Diario.
Dentro de este marco, las exigencias tlustradas cobraron expresión en
el pensamiento del padre José Agustín Caballero -~1762-1835~1cuyas id~s
fueron un baluarte de modernidad y transformacion: combabo la filosofia
escolástica decaden-te y los anticuados métodos de enseñanza impuestos
por las jerarquías tradicionales de la Iglesia Católica. Para Medardo Vitier,
quien estudió con detenimiento la Historia de las Ideas en.Cuba dur~ te el
siglo XIX, el pensamiento del padre Caballero ( que por cierto fue ti,o del
ilustre Luz y Caballero) representa un notable antecedente de ~a epoca
crítica y de importantes cambios como los que se operaron en el siglo x_IX.
En efecto, pensadores como Caballero inician una tendencia progresista
dentto del pensamiento cubano y que se manifiesta en la defensa del
saber científico como medio valedero de conocimiento y el rechazo de los
métodos escolásticos. Esta tendencia va a tener continuadores destacados
como Varela Loz y Caballero y José Martí. Según Medardo Vitier las
solas ideas p~líticas, filosóficas, educativas, no explican por sí mismas las
causas profundas de esta crisis, pues

-

75

SigloXlA

toda sociedad lleva en su seno elementos suscitadores de cambio,
entre ellos, por supuesto, las doctrinas ~e una minoría; pero ést~s
deben apreciarse como factor conc_onntante, que aclara y preve,
no como raíz revolucionaria. La ratz se hunde en los soportes sociales, económicos,,espjrituales de la sociedad.18

I I.

Al reseñar las principalr.s ideas dt:sarrolladas en Cuba durante el siglo
pasado, es necesario tomar en cuenta para la ubicación de ims exponentes,

además de la Ilustración propiamente dicha, otras formas de pensamiento
que se derivan de aquella: el liberalismo, el positivismo y lo que estudiosos
del pensamiento cubano durante el siglo XIX, como Medardo Vitier, han
denominado realismo, el cual se manifiesta predominantemente en concepciones políticas y sociales.
Además, dentro de un ámbito esencialmente poütico, habría que
considerar las siguientes direcciones: el reformismo, el autonomismo, el
anexionismo y el separatismv. Destacados pensadores entroncaron con el
reformismo, como José de la Luz y Caballero, Antonio Bachiller y Morales, José Antonio Saco y otros. Hacia finales del siglo va a surgir, con José
Martí, una tendencia revolucionaria radicalmente separatista y antimperialista, que considera como improcedentes el reformismo y el anexionismo para cancelar la opresión española. Lo que Martí escribió contra el
autonomismo y contra la anexión, dice Marinello, podría recogerse en dos
gruesos volúmenes. No obstante, se vislumbra toda una continuidad histórica que ha. destacado muy bien el escritor cubano Cintio Vitier en su
obra Ese Sol del Muncro Moral, para una historia de la eticidad cubana,
cuyo título se inspira en una frase expresada por Luz y Caballero en una
histórica conferencia.
Ant.es que Cintio Vitier, Medardo Vitier, en su obra La Filosofía en
Cuba (1948), hacía notar al lado de la preocupación política que caracteriza al siglo XIX cubano, "de la emoción de la patria, ya velada, ya palpitante ( que) colora los temas de la ansiedad cubana", una tendencia metodológica y otra axiológica. La primera es expresión del pensamiento moderno (Descartes y Bacon, su preocupación por el método) mientras que la
segunda entraña "un fuerte eticismo de raíz cristiana, sin que falten reflexiones muy sugestivas, como aquella de Luz sobre el principio de utilidad:
'útil es un ferrocarril; pero más útil es la justicia" 18 (sentencia que emite
este pensador cubano en una de las polémicas filosóficas que se han consignado).
Por otra parte, en hase a este eticismo, Cintio Vitier traza los perfiles del pensamiento cubano aclarando que dicho eticismo no es privativo
de este pensamiento (puede hablarse de un eticismo mexicano, por ejemplo).
La eticidad cubana, para Cintio Vitier, se hace patente en "la captación
de un proceso espiritual concreto, el de la progresiva concepción de la
justicia, y las batallas por su realización, en la historia cubana".
Ahora bien, la eticidad cubana no se da en forma aislada y autónoma:
esa realidad es, en cada momento, el fruto de una interacción o
interpenetración de fuerzas. Se sobreentiende entonces que cuando aludimos a la posibilidad de una 'historia de la eticidad cuba-

�76

Siglo XIX.

C. Escobar Valenzuela: La, idea, en Cuba en el siglo XIX 77

na', no se trata de la historia de una sustancia autónoma, separable del acontecer económico, político y social, sino de una manifestación de éste, como cuando se hace la historia de la literatura
o de la economía; soro que esta manifestación es aquella en que se
clarifican los móviles y fines más generosos y creadores de la conducta. 20

latinoamericanos. Las conspiraciones fueron descubiertas y reprimidos sus participantes con graves condenas por las autoridades
coloniales. Uno de los comprometidos en esos proyectos fue el
gran poeta José María Heredia (1803-1839), cuya obra manifiesta por primera vez en la cultura cubana los valores y la inspiración patrióticas. 22 ·

A continuación caractericemos sumariamente las tendencias políticas
antes mencionadas como un mero recurso expositivo, pues no podemos
desligarlas de sus implicaciones filosóficas. Posteriormente revisaremos el
pensamiento de los principales filósofo; de esta época.

A principios del siglo XIX se manifiestan una serie de inquietudes políticas como resultado del grado de madurez lograda por la colectividad y
que va configurando gradualmente la nacionalidad cubana. Las ideas de reforma política atraviesan el siglo entero. "Ningún país hispanoamericano
registra un período tan largo y batallador como el de Cuba en sus demandas, pacíficas o armadas, por la libertad. ''23 Como sabemos el cubano
es el último de los pueblos hispanoamericanos en adquirir su independencia: ello Pxplica lo prolongado de sus demandas y luchas.

-

I II.

Remontándonos al siglo XVI, observamos en Cuba un sistema de
explotación e injusticia, un pequeño grupo de colonizadores, verdadera
oligarquía, se adueñó de las riquezas y también del poder político. Los
gobernadores tenían entre sus responsabilidades el aspecto militar y represivo de la colonia, supervisaban la actividad de los ayuntamientos. Generalmente se aliaban a los colonos españoles o a los nativos de Cuba que
terúan latifundios o grandes negocios comerciales, es decir, gobernaban de
acuerdo con los intereses de los poderosos.
A esta situación hay que agregar el fenómeno de la esclavitud que
desde diversos puntos de vista llamó la atención de los pensadores cubanos (por ejemplo Saco y Martí).
La vida de los esclavos era muy dura. Los que trabajaban en las
minas y en la agricultura realizaban jornadas de labor de catorce,
dieciséis o más horas; no les daban descanso y sólo les suministraban un poco de alimento y casi no les daban ropa; además no
tenían oportunidad de instruirse.2 1
En 1789 comenzó en Francia la revolución. Después de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa se inició en todo el
mundo un período de movimiento de rebeldía de los pueblos contra la
opresión y el abuso de las clases dominantes. Esto también ocurrió en Cuba. No sólo la; esclavos iniciaban sus protestas y se rebelaban sino también
los hombres libres emprendían el mismo camino pues comprendieron que
la política del gobierno de España perjudicaba a la población cubana.
Antes del movimiento de 1868 se dieron una serie de conspiraciones.
Algunas fueron muy importantes:
una llamada de los Soles y Rayos de Bolívar y otra, conocida como Gran Legión del Aguila Negra. Ambas tenían apoyo en países

Aunque José Antonio Saco (1797-1879), pensador destacado de la
época y sucesor del padre Vareta en el Real Colegio Seminario de San
Carlos y San Ambrosio, se caracterizó por sus ideas anti-anexionistas y su
r1·chazo a la esclavitud imperante, no devino en revolucionario sino en refonnista. Según Medardo Vitier, la obra de Saco Voto Particular (1867)
- donde se empeñó en dema;trar que una legislatura colonial no podía,
no dPbía inspirar temores de emancipación a los gobiernos y prohombres
de la metrópoli- reprPsenta un documento clave para comprender la posición del autor en los problemas cubanos de su tiempo. Las medidas o bases
que propugnaba en este documento eran típicamente reformistas. Algunas
dr ellas fueron: separación completa del poder militar y del poder civil;
hacer una justa división territorial en municipios y provincias; proteger
la inmigración blanca (que fue una de sus grandes preocupaciones); aumentar el número de ayuntamientos; suprimir toda censura en materia de
imprenta y establecer una ley que, con libertad y prudencia, permita el uso
111· tan importante institución, pues sin ella no puede haber libertad; realzar
la religión y el culto, aumentando el número de parroquias, sobre todo en
los campos, procuran,lo que el clero no sea lo que es hoy en general, sino
ministros dignos de las altas funciones a que están llamada;.
Acorde con su refonnismo, Saco pensaba que la revolución entrañaba
grandioso idl'.al, asequible tan sólo por una lenta pero segura evolución.
Consideraba que la independencia, como resultado de la revolución, era
hasta "ñsicamente imposible":
la muy escasa población de la colonia, los heterogéneos elementos
de que se compone, la únposibilidad de conciliarlos y reunirlos
para acometer empresa tan aventurada, las grandes fuenas mar:timas y terrestres que dominan toda la Isla, y lo que todavía es
más importante, el espíritu conservador de un pueblo rico aue

�78

r

SigloXJX

conociendo sus intereses, sabe que la revolución es. )'U muerte, ~ocio esto presenta obstáculos tan insuperables a la mdependencia,
que aun los mismos que de ella hablan, o no conocen a Cuba, o no
dicen lo que sienten.24
Las ideas de Saco, de inspiración liberal, tuvieron ciert.a influencia.
Por ejemplo el periódico El Siglo propagaba el ideario del pensador
hayamés. Es~ periódico fue fwidado por José Quintín, Suzarte y colaboraron en sus páginas autores como Miguel Aldama,Jose Manuel Mestre,
José Valdés Faule y José Morales Lemus. También figuró como director Y
animador de este diario el Conde de Pozos Dulces.
De 1865 a 1861S fue este periódico el vocero de la opinión liberal
cubana. Inspirábase en los planes autonómic?s de Var~la_ y Saco.
Se ha dicho, con verdad, que aquello fue mas un movmuento reformista que un partido.25
Cabe preguntar sobre los resultados obtenidos por la tendencia reformista en el siglo XIX. Al respecto dice Medardo Vitier:
ni El Siglo, ni el partirl;o. refonnis_ta ni la influencia de, Saco con~guieron el cambio poht1co crie mcesantemente pe~an. La actitud del gobierno español haoa la Junta de Infont}ac1on fue !~_nota definitiva: nada había que esperar. Los metodos pac,ficos
cedían sitio a la Revolución de 1686.26
Pero al término de la Revolución de 1 ~8, las ideas reformistas se manifiestan nuevamente. Así, una tendencia autonomist.a se observa en el
folleto de Alfredo Zayas Cuba autonómica (1889), que retoma en gran
parte ideas de Saco. El propósito de éste autor es demostrar que el r~•
men colonial de Cuba practicó la autonomía en el siglo XVI, por lo c~,
lejos de ser ésta extraña a las tradiciones hispánicas, se halla en los habitos gubemament.ales de los colonizadores. En esta forma acudía al pasado,
a los orígenes, para fundamentar su posición reformista.
En realidad el autonomismo era una posición tradicional y hasta
reaccionaria:
aspiraba a fundar la nacionalidad cubana, por medios pac,'ficos
(de ahí su reformismo), utilizando los cauces legales y el, convencimiento de la metrópoli. Se aspiraba a una autonom1a del
tipo realizada por Inglaterra con sus colonias. 27
Señala M. Vitier que el autonomismo encontró ~ difusión _en diarios como El Triunfo y El País, y comenta que El Tn.unfo, por e1emp~o,
fue un periódico famoso en los anales del periodismo cubano. Este diario propagó la ideología liberal orientando la opinión pública y, desde

G. E,cobar Valenzuela: Lo, ideas en Cuba en el siglo XIX

79

luego, no fue del agrado de los elementos conseivadores.
Al evaluar los logros y conquistas del autonomismo Medardo Vitier
concluye:
por espacio de unos diecisiete años, los oradores del partido autonomista expusieron desde la tribuna las necesidades del país y
adoctrinaron al pueblo cubano en los caminos de la ciudadanía.
Se familiariza al individuo con los problemas de la cosa pública.
Se siembra la inconformidad y se hace común la aspiración al
cambio. Se educa al pueblo mediante actos frecuentes que fomentan la cohesión en lo social y en lo político.
Los partidarios del autonomismo no eran separatistas, pero de
algún modo facilitaron la prédica revolucionaria, al preparar la
opinión con ideas liberales.
Lo autonomistas
sentían, percibían la distancia entre el largo batallar y la limitada
realización. En 1895, en marcha la revolución, el partido continuaba, no se rendía. no sabía disolverse a tiempo, según la frase
de Merchán {Rafael María Merchán, 1844-1905, literato y cn'tico
eminente). Ya, con todo, decredan sus fuerzas. Los más avisados
en la vision prác tica del momento comprendían que el sentido del
autonomismo se agotaba, que pasaba a cosa histórica. La tardía
implantación del régimen autonómico no vivificó al partido que
ineluctablemente debía ceder el lugar a otros métodos. Las' p ostreras agitaciones de su oleaje moribundo confudíanse con el
estruendo marcial de la acción que desató Martí, en su voluntad
de profeta y maestro.28
Entre los autores autonomistas figuran Montoro, Cortina, Galvez. El
primero de ellos, Rafael Montoro (1852-1933) tuvo una destacada participación en la vida poütica. Fue brillante orador, " el orador - dice M. Vitier - ha eclipsado un tanto al pensador". Como pensador no es sistemático. Fue un hombre de preocupaciones filosóficas en su juventud y un
verdadero pensador político durante toda su vida.
El pensamiento autonomista de Montoro se desarrolla cuando regresa de España, donde vivió su juventud, después de la guerra de independencia que duró diez años y se inicia en 1~9.
La revolución ha sido vencida. Desde 1878 a 1892 la isla tiene
una relativa autonomi'a que le ha sido concedida por España.
Los revolucionarios,sin embargo, no descansan,continúan luchando, aunque casi sin esperanza. En esta lucha se destaca la figura
máxima de José Marh. Esta es la Cuba que encuentra Montoro
a su regreso. 29

�80

SigloXlX

Montoro se opone a la separación violenta y espera que la independencia se alcance mediante una pacífica evolución. Las ideas filosóficas
que subyacen en el pensamiento político de este autonomista han sido estudiadas por Leopoldo Zea en su obra El Pensamiento Latinoamericano
(1976, tercera edición). Se manifiesta, en ese pensamiento, la influencia
de Hegel:
Montoro, dice Zea, sabe de los grandes errores cometidos por España, de sus nefastas consecuencias en la colonia, pero, fiel al
filósofo alemán (es decir, Hegel), cree en la superación de los
mismos, en su negación dialéctica. El viraje histórico vendrá, tarde o temprano habrá de venir; es esta ley ineludible de la historia. Sólo hay que saber esperar y preparar su llegada. Nada podrá
la impaciencia para apresurarlo: la dialéctica marchará por sí
sola, y lo que ha de ser será. 30
Tales ideas eran el fundamento de un verdadero reformismo opuesto
a un separatismo radical y revolucionario, que Cuba requería en esos momentos.

-

C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el siglo XIX 81

fisonomía nacional, en caso de ser anexada Cuba a la. Estados Unidos.
Medardo Vitier, tantas veces citado en este trabajo, recoge este testimonio
antianexionista perteneciente a Saco, donde se alcanzan a percibir sus
preocupaciones:
En cuanto a mí, a pesar de que conozco las inmensas ventajas
que obtendría Cuba con esa incorporación pacífica, debo confesar, con un reparo, un sentimiento secreto por la pérdida de la
nacionalidad, de la nacionalidad cubana. 32
Saco temía, por una parte, la idea de que la comunidad cubana perdiera su fisonomía (que identificaba con la nación blanca) al incorporarse
a los Estados Unidos; pero, por otra, consideraba como último recurso la
anexión, la revolución no llegó a alentarlo. Por ello su posición antianexionista no era radical. Pese a esto el mismo escribió su epitafio con estas palabras: "Aquí yace José Antonio Saco, que no fue anexionista, porque
fue más cubana que todos los anexionistas."
Según M. Vitier, los orígenes del anexionismo se remontan hacia mediados del siglo XIX y sus posibles causas fueron:

IV.

El anexionismo fue otra posición esgrimida durante el siglo. Fue la
tendencia más criticada y repudiada por los cubanos de mentalidad avanzada. José Martí lo combatirá de una manera tenaz y resuelta:
y aún hay otro peligro mayor, mayor tal vez que todos los demás
peligros. En Cuba ha habido siempre un grupo importante de
hombres cautelosos, bastante soberbios para abominar la dominación española pero bastante tímidos para no exponer su bienestar personal en combatirla. Esta clase de hombres, ayudados por
los que quisieran gozar de los beneficios de la libertad sin pagarlos
en su sangriento precio, favorecen vehementemente la anexión de
Cuba a los Estados Unidos. Todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los observadores ligeros, todos los apegados a la riqueza,
tienen tentaciones marcadas de apoyar esta solución, que cr~en
poco costosa y fácil. Así halagan su conciencia de patriotas, y su
miedo de serlo verdaderamente. Pero como esa es la naturaleza
humana, no hemos de ver con desdén estoico sus tentaciones sino
de atajarlas. 31
Jose Antonio Saco, autor que ya ha sido mencionado, se pronuncia
también contra el anexionismo. Saco no quería la anexión, ni el régimen
existente, ni -a diferencia de Martí- la revolución. Su pensamiento era
mas bien reformista. Contempló el problema de la anexión desde el punto
de vista de la nacionalidad. Como ya hema. visto, a Saco le preocupaba
la población blanca cubana (y esto marca otro profundo contraste con
Martí); consideraba que ésta era bastante raquítica para conseIVar la

la proximidad de Cuba a los Estados Unidos, ·1a institución de la
esclavitud, existente aquí como allá, la gravitación de nuestra
economía hacia el mercado norteamericano y el pertinaz despotismo que oprimía al país (...) Pueden enumerarse otras razones. Los cubanos no veían la posibilidad de un cambio político
aceptable. El año 183 7 había dejado terrible señal. La democracia norteamericana marchaba a su auge. El imperialismo de la
gran nación daba muestras de avance.33
El anexionismo, al igual que el separatismo, suscitó no solamente importantes alegatos y encedidas críticas como las de Martí, sino también
alentó varias conspiraciones. Así, desde 1848 se organizaron conspiraciones de carácter anexionista. Entre las de mayor relevancia figura la
capitaneada por el general del ejército español Narciso López (17981851), que desembarcó en Cuba con dos expediciones durante los años
de 1850 y 1851; su caudillo cayó prisionero de los españoles y fue condenado a muerte y ejecutado en la Habana.

-

V.

Además de estas posturas políticas que fueron el refonnismo, el
anexionismo y el separatismo, dirección que llevó a la lucha a varios
patriotas cubanOS- Carlos Manuel de Céspedes (1818-1874), Francisco
Vicente Aguilera (1821-1877), Pedro Figueredo (1819-1870), Ignacio
Agramonte (1841-1873) y otrOS- y más tarde, en 1895, a José Martí

�82

SigloXIX

a emprender lo que él llamó la "guerra necesaria•~ (acontecimiento de
gran trascendencia para la historia de Cuba), es menester referirnos a
otras ideas que conformaron el pensamiento cubano del siglo XIX. Es
claro que las ideas filosófitas no se pueden deslindar de las tendencias
políticas. Hemos vislumbrado por ejemplo, el hegelianismo que informa
el pensamiento de Rafael Montoro en sus empeños autonómicos, etcétera.
En una Historia de las Ideas el registro del pensamiento filosófico es
decisivo: a través de él se iluminan las ideas políticas, económicas y s~
ciales. Casi es inútil preguntarse fi hubo filósofos en Cuba durante la
época que nos ocupa y si fue "auténtica" su filosofía. Autores como
Medardo Vitier, Cintio Vitier, Piñera Llera, Leopoldo Zea, nos muestran a través de sus obras dedicadas al estudio de este pensamiento, los
logros alcanzados por esta filosofía y su autenticidad a juzgar por la aplicación que hicieron sus exponentes de los filosofemas europeos en la
solución de los problemas que su situación les demandaba.

José Gaos hizo notar en una importante obra de Historia de las Ideas,
el carácter pedagógico, político y estético que reviste el pensamiento
lúspanoamericano, particularmente del siglo XIX.
Leopoldo Zea ha reparado en el ideal educativo que está presente en
los románticos o liberales del siglo XIX. Se refiere a la emancipación mental como exigencia primordial de estos pensadores en su momento histórico. En Cuba, esta emancipación mental se realizaba, por razones históricas, circunstanciales, en una forma diferente:
mientras el resto de Hispanoamérica se debatía luchando por su
emancipación mental y trataba de encontrar una doctrina que
sustituyese a la que la había dominado, Cuba, siguiendo el camino inverso, ya señalado, se preparaba, una vez educada la generación que había de realizarla, a alcanzar su emancipación
p olítica de España.34
En este camino de preparación antes aludido, vamos a encontrar una
gran riqueza de pensamientos y literatura consignados por Medardo
Vitier en sendos estudios: revistas, conseivadas en numerosos volúmenes,
periódicos, folletos políticos dedicados al análisis de la realidad cubana.
Resulta interesante el mensaje que escribe Vitier al final de su prólogo a
Las Ideas en Cuba (1938): "deseo que los centenares de trabajos, libros,
folletos, artículos que cito, despierten en la juventud estudiosa la curi~
siad por conocerlos"- Es este un deseo legítimo que las nuevas generaci~
nes de investigadores, en el campo de la Historia de las Ideas, deben realizar en forma apremiante: redescubrir, rescatar, valorar todo este cúmulo
de textos.

G. E,cobar Valenzuela: Las ideos en Cuba en el nglo XIX 8.3

El punto de partida del pensamiento cubano del siglo XIX lo encontramos en las postrimerías del siglo XVID en la vida y obra del padre
José Agustín Caballero (1762-18.35) quien se sigrúficó como educador e
innovador. Durante el siglo XVIII y comienzos del XIX la educación impartida en la universidad cubana se aferraba a las doctrinas tradicionales
(aristotélicas y escolásticas), sin lograr abrirse del todo a las innovaciones
de la modernidad. En los planes de la vieja universidad figuraban materias
como teología, leyes, cánones, medicina, artes, matemáticas, sagradas
escrituras, retórica y gramática. La denominación de" Artes" correspondía
a filosofía. La enseñan:,.a teológica la impartían los dominicos mientras
que la de las otras materias estaban a cargo de seculares. La enseñanza de
las ciencias era insuficiente, la medicina se impartía a través de las teorías
de Avicena, la cirugía se basaba en Galeno y las matemáticas se guiaba
en los textos de Euclides.
Por otro lado, los autores que servían de hase para esta en~ñanza
eran repetidos y comentados en fonna superficial y dogmática ya que el
escolasticismo había sustituido al afán creador. Esta tradicional enseñanza
suscita la crítica del padre José Agustín Caballero, quién se pregunta:
"¿Qué recurso le queda a un maestro, por iluminado que sea, a quien se le
manda enseñar la latinidad por un escrito del siglo de hierro?"
Además de educador ilustre, José Agustín Caballero se distinguió
como reformador político. En 1811 redacta un proyecto de reforma para
el régimen español. La doctrina que defiende en sus reformas era de caracter liberal, sus antecedentes están en las corrientes europeas del siglo
XVfil; además su proyecto se ubica en el ambiente constitucional que
reina en las Cortes de Cádiz que cristalizó en la famosa Constitución de
1812.
A juicio de M. Vitier, José Agustín Caballero es una figura de transición. Se advierten en su obra rasgos escolásticos y tradicionales, pero en
aspectos filosóficos logra desprenderse de esos criterios.
El padre Caballero representa bien el tipo de mentalidad fronteriza. Sus criterios de pensador tienen altibajos. Los estudios eclesiásticos -que en él no fueron superficiales- le dieron una visión del mundo y de la vida, difícil de conciliar con el espíritu de
la filosofía moderna. Su información filosófica, por otra parte,
y la lucidez de su intelecto, conducíanle a difundir nociones de
la hora, así en el método como en la doctrina.35
Las reformas emprendidas por Caballero fueron consolidadas y apoyadas por su discípulo, el padre Félix Varela (1787-1853), quién rechazó
en forma contundente el criterio escolástico de autoridad, implantando la

�84

SigloXIX

filosofía moderna de Descartes a Condillac y la enseñanza científica experimental de la física y la química, así como la adopción del español en lugar del latín tanto en la cátedra como en las publicaciones.
El padre Varela enseñó filosofía en el Seminario de San Carlos, desde
1811 a 1820, donde efectuó decisivas reformas apoyado por el obispo
Juan José Diaz de Espada, "aquel obispo español - dijo Martí- que llevamos en el corazón todos los cubanos".
En 1921 se inauguró una cátedra denominada de "Constitución" como resultado del movimiento liberal efectuado en España en 1820, mismo
que restableció la Constitución que había sido adoptada en 1812. Varela
fue nombrado para impartir esta cátedra que despertó el interés público,
rebasando el caracter meramente académico ya que
desde las puertas y ventanas escuchaba mucha gente, pues el profesor el asunto y el momento histórico avivaron en extremo la
sensibilidad pública. 'Lecciones de poli'tica', decían en la calle.
Así era, en efecto, y subrayadas por los criterios liberales del catedrático.
Algo parecido eran las cátedras de Antonio Caso en otra situación y
momento.
¿Cuáles eran las ideas que el padre Varela comunicaba a su auditorio
y que llamaban tanto la atención? Un resumen de las mismas nos las ofrece
Cintio Vi tier en su ya mencionada obra:
Los puntos fundamentales defendidos por Varela en las Observaciones sobre la Constitución pol{tica de la monarquiá española
que escribió para dicha cátedra, son los siguientes: l. La soberanía y la autoridad residen en el pueblo, no en los reyes. El rey es
(según San Pablo) ministro de Dios, únicamente en cuanto cumple la justicia; 2. Es preciso distinguir entre la autoridad real y la
persona real o los individuos que gobiernan en una república; 3.
Lo que obliga al hombre libre en una sociedad justa no es el gobierno sino la ley: 'El hombre no manda a otro hombre, la ley
los manda a todos; 4. De las tres clases de igualdad, la natural, la
social y la legal, esta última es la única que no va acompañada de
desigualdad en las operaciones, pues lo mismo debe decidirse el
derecho de un pobre que el de un rico, el de un sabio que el de un
ignorante, supuesto que no depende de la opinión que se tiene de
las personas, ni de lo que éstas pueden prometer, sino de la naturaleza de los derechos sobre que se juzga.
Como reformador político Varela presentó una Memoria para la abolición de la esclavitud y un Proyecto de gobierno autonómico, del que
había sido precursor el redactado por su maestro, el padre José Agustín

C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el ,iglo XIX

85

Caballero en 1811; según Cintio Vitier la primera es de mayor interés porque esboza ya la radical actitud anticolonialista que desarrollará más tarde
José Martí.
Merced a sus ideas avanzadas y al disolverse por Femando VII las
Cortes de Cádiz, el padre Varela se vio en la necesidad de abandonar su patria para exiliarse en los Estados Unidos donde siguió defendiendo, con la
pluma, desde el periódico clandestino El Habanero (1824-1826), sus más
caros ideales. Profunda huella deja el pensamiento y la vida de este pensador cubano.José de la Luz y Caballero, otro notable autor de la época, dice que Varela fue "el primero que nos enseñó a pensar': Y, ante su tum ha,
en la pequeña ciudad de San Agustín de la Florida, otro ilustre cubano,
José Martí, expresó:
Allí están en la capilla a medio caerse, los resto de aquel patrio ta
entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el
carácter y las necesidades criollas, dejo sin miedo lo que vio,
y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo...
El carácter pedagógico del pensamiento hispanoamericano, a1 que ya
hemos aludido, cobra singular expresión en otra figura clave del pensamiento decimonónico cubano: José de la Luz y Caballero (1800-1002).
Estudió en la Real y Pontificia Universidad y en el Colegio Seminario de
San Carlos, donde se operaron sustanciales reformas en sus programas o
elencos. Entre el sacerdocio, el derecho y la enseñanza se decidió por la
última. Al evocar su memoria José Martí - que acostumbra valorar lo más
positivo de los héroes de su patria- destaca su apostolado en esta noble
tarea:
... fue maestro y convirtió en una sola generación un pueblo educado para la esclavitud en un pueblo de héroes, trabajadores y
hombres libres. Pudo ser abogado, con respetuosa y rica clientela,
y su patria fue su único cliente. Pudo lucir en las academias sin
esfuerzo su ciencia copiosa y sólo mostró lo que sabía de la verdad, cuando era indispensable defenderla. Pudo escribir en obras
-para su patria al menos- inmortales, lo que ayudando la soberanía de su entendimiento con la piedad de su corazón, aprendió
en los libros y en la naturaleza, sobre la música de lo creado y el
sentido del mundo, y no escribió en los libros, que recompensan,
sino en las almas que suelen olvidar. Supo cuanto se sabía en su
época; pero no para enseñar lo que sabía, sino para transmitirlo.
Sembró hombres.
Así pues, la enseñanza, la educación, fue una de las grandes preocupaciones de Luz y Caballero. Enseñó filosofía en el Colegio de Carraguao,
en el Convento de San Francisco ( de 1839 a 1843) y fundó un Colegio en
su propia casa, el Colegio de El Salvador, que cubría prácticamente la en-

�86

G. Escobar Valenruela: l.As idea, en Cuba en el siglo XIX

Siglo XIX

señanza elemental, la secundaria, el baclúllerato y detenninadas materias
superiores. Era, además, Luz y Caballero un poügrafo notable poseedor
de una vasta cultura. Viajero incansable recorrió varios lugares de Italia
y otros países de Europa como Inglaterra, Suiza, Bélgica y Holanda, siempre con afán de estudio y &lt;&gt;bservación. A pesar de que abandonó los hábitos cléricales coexistía con su vocación científica un espíritu religioso.
Sus biógrafos hablan de una "cátedra" que impartía fuera de todo programa: la "plática de los sábados" donde hacía interpretaciones y reflexiones profundas del Nuevo Test.amento.!
El tema religioso, que no ha de estar desligado de las realidades
humanas, iba vertiéndose en alusiones, o mejor, en sugestiones,
hacia las circunstancias abominables de su tierra, y parece que el
ardiente predicador (eso era en aquéllas pláticas) producía indecible impresión en la concurrencia. No podi'an evitar que la gente
de la calle formara multitud reverente en las puertas del Colegio
(su propio Colegio)".36

Medardo Vitier observa una especie de dualismo en la personalidad
de José de la Luz. Sus estudios teológicos y filosóficos, su vocación pedagógica, su intelecto y su sensibilidad lo revisten de una espiritualidad
singular, pero al lado de esto figura su formación científica, su positivismo
y su realismo. "El sesgo positivista de su filosofía cede espacio a la vena
emocional del creyente para quien el mundo de los valores espirituales
era tan real como el de la materia. ''3 7 Su pensamiento se inclinará por
el método inductivo rechazando todo dato que no cuente con la base
positiva de lo demostrable, pero dejando a salvo como fuga del espíritu la fe en un mundo suprasensible. Luz y Caballero muestra la influencia de filósofos empiristas como Locke y Hume, rehuye lo que el
primero llamó "la aventura metaffsica ". Rechaza toda noción a priori
para fundar el saber. Incluso oponiéndose a Kant sostiene que el espacio
y el tiempo no existen a priori en el sujeto como formas puras de la sensibilidad, sino que son, genéticamente hablando, meros productos de la
experiencia.

87

Caballero consideró que la doctrina de Cousin era perniciosa para la
juventud cubana: su "optimismo histórico" que tendía a justificar la realidad política existente, venía a aceptar resignadamente la servidumbre y
mala situación que por entonces imperaba en la Isla. Con respecto a esta
importante impugnación de Luz y Caballero, Medardo Vitier opina que
"nunca, en Cuba, las ideas filosóficas han bajado así, a tocar el mundo
real, como en el caso de Cousin y la impugnación. Era una doctrina enjuiciada por una realidad."
Por otra parte, esta impugnación ejemplifica lo que ha sostenido Gaos
sobre la naturaleza del pensamiento hispanoamericano. La importación de
filosofías europeas plantea el problema de su inserción en la realidad nacional. Se pregunta Gaos:
¿es posible que la importación de filosofías sea un hecho histórico tan puramente receptivo, tan pasivo, que no implique ninguna
actividad algo más que receptiva por poco que lo sea, y que por
ende pueda considerarse como aportativa, siquiera en grado mínimo? _38

Como podríamos constatar, lejos de ser pasiva la actitud de Luz y Caballero con respecto al pensamiento europeo, resulta ser eminentemente
activa, selectiva y comprometida.

-

VI.

En lo relativo a la idea de Dios piensa que no se le conoce por intuición sino por raz.onamiento. Esto nos recuerda su famoso aforismo:
"las ciencias son los ríos que nos llevar al mar insondable de la divinidad". También creía que nuestras ideas sobre la causa primera cambian
a medida que lo hacen nuestras ideas científicas acerca de la constitución
del universo.

Podema; decir que el realismo de Luz y Caballero no es un fenómeno
aislado en la historia de las ideas en Cuba durante el siglo XIX. Se obselVa
que esta tendencia, consistente en centrar el interés en el entorno social
para ocuparse de las necesidades concretas del país, es una preocupación
que está presente en otros pensadores: por ejemplo en José A. Saco, en
Arango y Parreño, en "El Lugareño", civilizador de Camagüey, en Francisco de Farías (Conde de Pozos Dulces), en José de la Luz y Caballero,
en Enrique José Varona, en José Martí (recuérdese, por ejemplo, entre
muchísimos textos más, su notable ensayo Nuestra América donde analiza
la realidad americana valorando sus ineludibles virtudes al tiempo que rechaza modelos extraños; donde habla también de una universidad americana que haga partir sus humanidades de las experiencias que le son propias,
la de sus hombres, la de sus indios, las de los que sufren y han sufrido dominaciones pero que, insistentemente, luchan por arrancárselas).

Manifestación del pensamiento realista de Luz y Caballero, o sea de
sus preocupaciones prácticas con respecto a las necesidades cubanas, es la
crítica que le formuló a la filosofía del francés Víctor Cousin, que había
alcanzado resonancia en la intelectualidad cubana de su tiempo. Luz y

Pero este realismo se manifiesta bajo diversas formas. En José Antonio
Saco -autor que escribe una Historia de la Esclavitud donde estudió, con
erudición y método angulares, la esclavitud en la antigüedad y en los países europeos hasta los tiempos modernos (en Rusia, hasta l&amp;&gt;l)- el realis-

�88

SigloXIX

C. Escobar Valenzuela: Las idea, en Cuba en el 1iglo XIX 89

Los cubanos -dice- han apelado a la fuerza, desesperados, no iracundos. Para defender su derecho y sacar triunfante un principio
eterno, sin el cual peligran las sociedades más robustas en apariencia, el de la justicia No hay derecho para oprimir. España nos
oprime. Al rebelarnos contra la opresión, defendemos el derecho.
ASÍ servimos a la causa de la humanidad, sirviendo nuestra propia
causa.

mo adquiere la forma de un "pragmatismo público" de interés sociológico. Saco, dice M. Vitier,
no escribía ni clamaba, envuelto en aureola de novísima fe civil o
poseído de profético aliento, sino armado de cifras, datos, de
pruebas, que hacían irrefragable su dialéctica.39
Saco estudió toda la estructura de la Colonia. Le vio sus antros, se
espantó ante sus abismos. Rastreó en los pueblos de la antigüedad los orígenes de la esclavitud, la institución que demoraba la
unidad cubana y disolvía en cierne la aignidad del hombre. Leyó, visitó bibliotecas europeas, consultó autoridades y fuentes.
Meditó, con sus materiales allegados a la vista, y dio al mundo la
Historia de la esclavitud, suficiente para inmortalizarlo.40

Las ideas filosóficas de Varona no deben buscarse exclusivamente en
sus trabajos orgánicos, también se localizan en articulos, conferencias y
pensamientos sueltos. Por ejemplo, es sintomático para reconstruir, un poco, su concepción del mundo, su libro titulado Con el eslabón, compuesto
de sentencias, reflexiones y diálogos breves, que traslucen cierto escepticismo. Algunos ejemplos:

A diferencia de Saco, el realismo de Luz y Caballero esta encuadrado
dentro de una dimensión filosófica.

Toda revolución política se esteriliza, como no abra el camino a
una revolución social.
Hemos levantado el edificio social sobre una base inquebrantable.
El egoísmo forma el cimiento y la mentira el cemento.
Teocracia, aristocracia, mesocracia, democracia, anallocracia, y
todas las cracias que se inventan no son sino bordones que repican nuestra radical incapacidad de gobernar, de gobernarnGs y
de ser gobernados.
El buenazo de Spencer pensaba que la conducta moral llegaría a
sernos tan espontánea como beberse un vaso de agua el sediento.
iAy! no vemos todavía indicios de que se haya iniciado, bosquejado siquiera, esa feliz evolución.

Hay hombres de extensa cultura que carecen de dimensión para lo
filosófico. No ven, no sienten, los problemas del ente, de los valores, del devenir, del sentido de la existencia, de la validez delconocir.tiento. . . Resbalan por sobre esas cuestiones. A Saco, por
caso, no parecen haberle interesado, al menos directamente. Su
intelecto tendía a los hechos y en esos dominios sirvió como nadie a Cuba. Ahora bien, los problemas filosóficos son también
hechos. Para verlos y penetrarlos se ha menester alguna dimensión
sicológica. En Luz era extraordinaria.41
Otro notable pensador de este período fue Enrique José Varona

( 18-1-9-1933) que ha acaparado la atención de varios estudiosos. El propio
\ ledardo V itier le dedica tres libros y varios auto res analizan diversos aspl'etos ele su obra: José M. Chacón y Calvo, Roberto Agramonte, Elías
Entral¡?:o, José Antonio Femández de Castro, Carlos Trellez, Fermín Peraza, José Gaos, Lcopoldo Zea, entre otros.
En Varona también se advierte el realismo antes visto.
Varona - dice M. Vitier- de mentalidad realista, no enseña ni
predica sin convocar antes a los hechos, en su vasta variedad.
Leyes, instituciones, partidos, impuestos, judicatura, pedagogía,
elecciones, libertad. . . Desgobierno, frenesí de riquezas, dictaduras... , todo cuanto puede salvar o perder la nación cae bajo la
escrutadora mirada de Varona.42
Sus preocupaciones por la realidad cubana se observan en obras como

El bandolerismo (1888), El Imperialismo a la luz de In Sociología (1905) y
el discurso "Cuba contra España" (1895), donde hace recuento de la herencia colonial impuesta por España y de la necesidad de la guerra para
que el pueblo cubano alcance su plena libertad.

Es necesario señalar que estos pensamientos de Varona no fueron
punto de partida de su prolongado magisterio. Lejos de inculcar y propagar un escepticismo, alentó a propiciar el cambio social. Creyó en sus íntimas reflexiones pero estaba convencido, como él mismo lo había expresado en una célebre conferencia, que la acción salva.
Al igual que su maestro José de la Luz y Caballero y acorde con su
postura realista, Varona no aceptará filosofías que vengan a justificar la
dominación o conducir a la depe· .dencia. Adopta el positivismo y lo ve como instrumento de liberación y no de conformismo. Rechaza el positivismo de Comte eligiendo, en parte, el de Spencer. Es evolucionista, pero sin
lo que de metafísica y de sistema hay en la filosofía de Spencer. Acepta el
positivismo de Spencer porque era el que más se acercaba al ideal de
emancipación mental que era necesario para alcanzar la independencia
política.

-vn.

La tendencia separatista que ya hemos mencionado encuentra una ma-

�90

Siglo XIX

nifestación clara y decidida en el pensamiento y acción de José Martí
(185.3-1895).
La guerra de liberación nacional emprendida en 1~8 culminó en
1878. El diez de febrero de ese año un grupo de jefes revolucionarios firmó, de acuerdo con las autoridades militares españolas, el llamado Pacto
de Zanjón. En este convenio se prometían al pueblo cubano algunas reformas; sin embargo muchos revolucionarios no las aceptaron. Mediante la
Protesta de Baragúa, Antonio Maceo y otros patriotas se opusieron al
Pacto de Zanjón. Meses después, Maceo decidió marchar hacia el extranjero a solicitar la ayuda de los emigrados cubanos sin obtener resultado.
Como en esos momentos no había posibilidades de seguir la guerra, Maceo
pennaneció en el extranjero pero manteniendo su llamado a continuar la
lucha: y, efectivamente, la lucha se reanudó bajo la organización previsora
y ordenada de José Martí.
Propiamente la praxis reevolucionaria de Martí se inicia desde su adolescencia. Recibe las enseñanzas de Rafael María Mendive, de ideas separatistas y revolucionarias. Apenas cumplía 17 años cuando es condenado a
sris años de trabajos foraados acusado de infidencia. Las autoridades españolas habían descubierto una carta firmada por él y su amigo Fermín
Valdés Domínguez en la que acusaba a un condiscípulo de apóstata por
haberse unido al ejército español.
Exiliado desde 1871, vivió en España (1871-1874) donde estudia, de
manera irregular, el resto de su bachillerato, derecho, y filosoña y letras en
las universidades de Madrid y Zaragoza. En España se familiariza con los
dásicos españoles, con sus pintores, místicos y estoicos.
Postcrionnente recorre varios países de América Latina: México ( donde conoce a su entrañable amigo Manuel Mercado), Guatemala y Venezuela ; a través de ellos recoge valiosas experiencias que le permiten conocer a
fondo la problemática social, política y económica de "Nuestra América".
Visita fugazmente su patria en dos ocasiones, en l877 y 1878; interviene en actividades conspirativas y es deportado a España en 1879. Aquí
permanece unos meses y despu~ se traslada a Nueva York (1881). En los
Estados Unidos permanecerá hasta 1895: en este país se entrega completamente a la actividad revolucionaria, a preparar la "Guerra necesaria" sacrificando hasta su propio hogar (su mujer, la cubana Carmen Zayas Bazán
y su hijo pequeño, se separan de él). En los Estados Unidos se familiarizará con la "América Europea" (la otra América). Sin dejar de reconocer al
principio sus virtudes, pronto descubre sus vicios y lacras ("Viví en el
monstruo, y le conozco las entrañas').

G. Eicobar Valenzuela: La, ideo, en Cuba en el ,iglo XIX 91

Marü -dice Roberto Femández Retam.ir- vive en los Estados
Unidos en el momento en que la nación pasa, de su capitalismo
premonopolis.a, al capitalismo monopolista e imperialista que lo
llevará inexorablemente a arrojarse sobre el mundo: en primer
lugar sobre la América Latina y el Caribe, y en particular sobre
Cuba El hecho de· ~e su patria permanezca como colonia ostensible, agudiza dramaticamente su sensibilidad, y su comprensión
de estos problemas, haciéndolo el primer antimperialista cabal del
continente.43
Siendo hasta el final consecuente con su ideario, Martí pierde la vida
luchando por la independencia de su patria, en el combate de Dos Ríos,
el 19 de mayo de 1895.
Martí rebasa el liberalismo del siglo XIX. Noel Salomon lo llama

idealista práctico, porque en lo relativo a la política supo expresar para su
tiempo, a través de un lenguaje idealista, un programa liberador y progresista. Para F-ernández Retamar, Martí es un demócrata revolucionario
que vivió en el límite extremo de las posibilidades de su circunstancia, y previó incluso no pocas de aquellas tareas que, según
comprendió con claridad, no le correspondían en ese momento.
Por su parte, Oleg Ternovi, historiador soviético, considera qur
la evolución hacia el matenalismo es el rasgo principal de la concepción martiana del mundo, su filosofi'a materialista por sus
tendencias, se va transformando en materialista en cuanto a sus
fundamentos.
Otro estudioso de Martí, el escritor cubano Juan Marinello (18981977), se preocupa por situar en sus justos términos la figura de Mar tí.
Subraya y reconoce ampliamente su pensamiento antimperialista. "Sacar
&amp; Martí de su tiempo sería gran despropósito; como lo sería igualmente
declarar que sus conceptos y criterios revolucionarios han dejado de tenn
vigencia entre nosotros. 'lW
Pero también la obra revolucionaria de Martí ha sido encubierta o sosláyada, desviada de sus cauces de avanzada social y política_ Por ello un
autor éomo Julio Antonio Mella ve la imperiosa necesidad de escribir un
libro que rescate a Martí de los intereses de la burguesía retardataria.
El pensamiento de José Martí es sumamente amplio y complejo para
poderlo reseñar en tan breve espacio. Sus escritos ( discursos, cartas, artículos, manifiestos, ensayos, poesías) comenzaron a ser recopilados por su
discípulo y amigo Gonzalo de Quesada. Hoy se cuentan con 27 tomos,
donde aparecen numerosas ideas filosóficas, políticas, religiosas, estéticas,

�92

Siglo XIX
G. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el 1iglo XIX

-

educativas, y que se pueden organizar en ideas políticas y revolucionarias,
latinoamericanistas, sobre los Estados Unidos, sobre Europa, obra poética,
teatro, novela.
La gran riqueza de este pensamiento martiano ha generado una serie
de obras sobre el pensamiento y la vicia del notable cubano que sería imposible enumerar aquí. Desde la biografía de Jorge Mañach Mar ti', el apóstol, el ensayo de Félix Lizaso Posibilidades filosóficas en M.ar tl' (catalogado como básico por Meclardo Vitier en Las Ideas en Cuba), el Mart( eclitado por Mauricio Magdaleno (México, 1942), José Mar ti' de Augusto Arias
(Quito, 1954), hasta los estudios de Marinello, de Roberto Fernández Retamar, de Cintio Vitier, de Ernesto Mejía Sánchez (recientemente fallecido), de Jaime Lahastida (JoséMartí, Textos. Mi tiempo: un mundo nuevo.
Una antolog{a General. México, 1982).
En Cuba los estudios sobre la obra martiana han sido numerosos y decisivos para la comprensión e interpretación de este pensamiento. Cabe
señalar que el 19 de julio de 1977 se fundó en la Habana el Centro de Estudios Martianos cuyo compromiso es, según las palabras de Armando Hart
Dávalos en la inauguración de este importante centro, "estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución socialista".

93

NOTAS

1. Cfr. con Ardao, Arturo. "La historia de la historiografía de las ideas en latinoamérica". Anuario de Estudios Latinoamericanos, 1 O, 1977.
2. Roig, Andrés. "De la historia de las ideas a la filosofía de la liberación". Anuario
de Estudios Latinoamericanos, 1977.

3. lbídem,p.48.
4. Cfr. con Horacio Cerutti G. Historia de la ideas en América Latina. Cuadernos
Críticos de la Universidad Pedagógica Nacional.

5. Cfr. sobre los estudios de la filosofía en latinoamérica en: Balance y perspectiuas de los estudios latinoomericanos. UNAM, México, 1985.
6. Op. cit., p. 96.

7. Le Riverend, Julio. Breve historia de Cuba. La Habana, 1981.
8. lb(dem.
9. lbi'dem.
10. lbi'dem.

El Centro de Estudios Martianos ha publicado, a la fecha, aportativos
estudios y obras sobre los diversos aspectos del ideario de José Martí, que
sería prolijo citar. Un poco al azar mencionemos tan solo unos cuantos:
" En tomo al idealismo de José Martí", de Noel Salomon; "La democracia en el Partido Revolucionario Cubano", de Salvador Morales; "Anticlericalismo, idealismo, religiosidad y práctica revolucionaria en José Martí"
de Luis Toledo Sande; "El democratismo revolucionario de José Martí"
de U. l. Shishkina; "El historicismo martiano en la idea del equilibrio del
mundo", de Julio Le Riverend; "Heredia en Martí: la pasión inextinguible
por la libertid" de Emilio de Armas.

11.

Medardo Vitier. Las ideas en Cuba, p. 41.

12. Op. Cit., p. 42.

13. Citado por José Manuel Pérez Cabrera en: Historiograf(a de Cuba, p. 298.
14. Ibídem.

15. Medardo Vitier, op. cit.., p. 44.

16. lbi'dem, p. 45 (el subrayado es nuestro).
17. Ibídem.
18. Op,cit., p.52.
19. Op. cit., p. 21.
20. Cintio Vitier. Ese sol del mundo moral, para una historia de la eticidad cubana
pp. 8-9,
'
21. Le Riverend, Julio. op. cit.., p. 21.
22. Op. cit., p. 51.
23. Medardo Vitier, op, cit., p.111.

�94

SigloXIX

C. E,cobar Valenzuela: La, idMI en Cuba en el ,ilifo XIX

24. lbídem.

95

BIBLIOGRAFIA

25. Op. cit., p. 25.
26. lbi'dem, p. 120.

AnuarÍQ.f del Centro de Estudios Martiano,: No. 1 (1978), No. 2 (1979); No. 3
(1980); No. 4 (1981). No. 5 (1982); No. 6 (1983), No . 7 (1984), No. 8 (1985).
Centro de Estudios Martianos, La Habana, Cuba.

27. Zea, Leopoldo. El pe11.$(1Íniento Latinoamericano. p. 37 5.
28. Medardo Vitier. op. cit.. p. 157.

Ardao, Arturo. "La Historia de la Historiografía de las ideas en Latinoamérica".
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29. Zea, Leopo1do. op. cit., p. 375
30. lb{dem, p. 379.
31. Martí, José en Obras Completas. Tomo 1, p.170.
32. Medardo Vitier. op. cit., p. 99.
33. lbídem, p. 98.
34. Zea, Leopoldo, op. cit., p. 365.
35. Medardo Vitier, La fdosofía en Cuba. Fondo de Cultura Económica, México,
p. 53.
36. Medardo Vitier. Las ideas en Cuba. La Habana,'p. 36.
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40. lbidem, p. 95.

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41. Ibídem, p. 213.

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42. Medardo Vitier, La filosofía en Cuba, p. 142.
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�UNA PREVISION IDEOLOGICA DE LA
[NDEPENDEN CIA DE MEXICO

Fray Servando Teresa de Mier,
entre la utopía y la profecía
Jaime B. Vilchis Reyes*

INTRO.DUCCION

-

El texto que a continuación presentamos como ensayo provisional
tiene la exclutiva intención de probar en la obra/vida dd que sin duda
fué el primer historiador de nuestra independencia y 811 más singular visionario, la óp1ica del pensamiento utópico y profético por ti nos descubre un modo más integral de comprender a tan contradictorio y proteico
personaje. A lo mejor sus contradicciones no son más que aparentes para la
mirada miope y/o ricamente complementarias si con la libertad de la reflexión ''intrahistórica" (Unamwio), inseparable de la "razón poética", tratamos a quien por encima de todo fue un hombre libre. Circunstancialmente libre para con Sil palabra y pensamiento, para con su orden y estado
clerical, para con su imaginación y sabiduría•.• para con la historia de
México. El ver cómo Don Teresa de Mier siempre a caballo -como el
"loco estrafalario"- entre su patriotismo criollo y con-pasión sincréúco
indigenista, entre 811 celda de monje y la cárcel de hereje, ensoñádorametlte entretejió la urdimbre de ideas y creencias que propició la emancipación de la copiosa casta hispanoindia, resulta altamente lignificativo
no sólo para la indagación historiográfica de nuestro iiglo XIX, sino también, así lo creemos, como ejemplo de nuestra peculiar historia de nuestras pasadas y futuras emancipaciones.
Estas páginas, porque provisionales .abiertas dd todo al diálogo, se
afanan en el hueso y carne del hombre contradictorio y pluridimensional
que fue dentro de un contexto hiitórico fracturado y decadente el padre
Mier. Detener la prisa entomóloga que a fuerza de clasificar con alfileres
deja bellamente muertas a las mariposas debe ser un imperativo a la hora
de pensar la obra radicalmente católica -que por celo universahle va sumando sincréticamente los más disparatados elementos en su espíritu festivo- que como la de José Guerra (seudónimo de Mier) no es de una sola
• Qaustro de Sor Juana, México.

�J. B. Vi1chi, Reye.: Padre Mier, entre la utopía y la profecfa 101

100 Siglo XIX
pieza. Es preciso, como lo hace O'Gonnan en su insuperable y pionero
estudio, seguirle el rastro a Mier en su debatirse "entre los dos fuegos de
unas convicciones que le eran inmensamente caras y de unos hechos que
las socavaban con la exijencia de su inohjetahilidad". Ese sutil "entre" es
el que queremos captar como coartada idiosincrática que caracteriza el
pensamiento del padre Mier y de todos los que en Iberoamérica desde el
siglo XVI han pensado desde la utopía y/o profecía como refutación de lo
violento en la demiurgia clááca occidenta~ que tan amplio desarrdlo ha
tenido en el viejo mundo.
Con todo, como lúcidamente observa Brading, el padre Mier era mucho mas consistente y tenaz en sus opiniones y creencias de lo que algunos comentaristas han sugerido. Sobre todo si hacemos el esfuerzo de
comprenderle como el culmen de la riquísima tradición guadalupana que
un día genialmente creara/inventara en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco el profesor indígena Valeriano y Alva Ixtlixóchitl, tradujera (O'
Gorman), y viéramos en este complejo ramillete de creencias el eje tradicional - devoción generatriz- sobre el que han rodado nuestras mas caras expresiones culturales y dramáticos atentados por ingresar a la Historia.
Ya nomás, para terminar con estos preliminares, aclaramos que debido
al carácter ensayÚ;tico de este texto nos hemoo permitido la liberta~ de
citar sólo entre paréntesis y al final ofrecemos un listado bibliográfico.

-

l. UTOPIA RACIONAL EN LA PREVISION DEL PADRE MIER

Por mas que su Orden religiosa tuviera a Santo Tomás de Aquino como máxima gloria intelectual, es claro que a nuestro criollo domirúco ya
no le fuera significativo ni siquiera como inspirador de una nueva escol~
tica al estilo Jaime Balmes o de cualquier jesuita antigalicano. Su talante
inquieto, ambicio;amen te abierto a la altura de su tiempo, le dotó de un
recelo perspicaz hacia lo conservador, hacia lo que tercamente se resiste
al cambio aunque sea mas cómodo y seguro, Con tal madera de revolucionario el padre Mier ni siquiera fue paulatinamente sorprendiendo a la
comunidad intelectual de su época, sino que de modo precipitado, inmaduro aún, se agenció de una vez para siempre (con su sermón del 12 de diciembre de 1974, donde rompía con la tradición oficial de Guadalupe) el
estigma imborrable de hereje y un largo destierro a las cárceles de España.
No es el momento de recordar el contenido de tan audaz sermón donde
deslegitimizaba nada menos que los derechos de conquista de España, pues
su evangelización llovió sobre mojado dado que las culturas precortesianas
desde el siglo I habían sido evangelizadas por el apóstol incrédulo Santo

Tomás. Con más detenimiento glosaremos este sermón en la segunda parte
de esta reflexión. Ahora, lo que nos preocupa es repasar los motivos, que
para nosotros componen el lado utópico-racional de nuestro genio, porlos
que urdió la poemática creencia de un cristianismo indígena apostólico que
implícita y gravemente contenía la conjura contra la Metrópoli (Villoro,

1984).
Evidentemente, el padre Mier confonne al tiempo y las circunstancias
fue descubriendo toda la motivación utópica que entrañaba como proyecto histórico mexicano su tesis central de un cristianismo apostólico en la
región del Collao y en Anahuac, según le ensefiara la crónica del agustino
Antonio de la Ca.lancha. Incluso esta misma tesis, que siempre fue el nervio
fiel de su criollismo rebelde, sufrió con el tiempo algunas matizaciones.
Los puntos que a continuación siguen, pues, Fray Servando no los comprendió de una sola vez, sino que los fue visualizando como anticipaciones prácticas para una República Mexicana Independiente.
a) En buena medida el mérito del dom.iico, como criollo que padece
en carne propia la decadencia del régimen borbónico invadido por Napoleón, fue precisamente el no haberse quedado en el resentimiento atragantado lino que con su mirar en tomo de la independencia de Norteamérica
y de la revolución Francesa, analíticamente ve factible la coyuntura oportuna para sacudirse el yugo, cada vez más apretado, de la tutela peninsular.
De este modo, alimentándose de la racionalidad de Clavijero, Boturini y el
abogado Borunda, que un agio después se hacían eco de los apologistas
del siglo XVII -Matteo Ricci y Louis Lecomte- que vieron que el confucianismo chino coincidía con d cristianismo, el padre Mier crea con fines
nacionalistas su patriotismo criollo (Gerbi).
Con su carísima tesis de una evangelización prehispánica tenema; en
Fray Servando un sólido y pintoresco valladar que en plenas Cortes de Cádiz
(1811), cuando el portavoz del Consulado de México pedía la limitación de
la representación novohispana, le acusó de en realidad ser portavoz de las
calumnias antiamericanistas del prusiano De Pauw, que tan usadas fueron
por el colonialismo europeo para justificar la sujeción de los americanos.
b) Como muy bien observa Brading en su inteligente y cálido ensayo
sobre los orígenes del nacionalismo mexicano, es en su exilio español donde el domirúco Mier concibe el modo en que México debiera ejercer su
estado de emancipación. Al abrigo de la amistad de Jovellanos, de la del
poeta Meléndez Valdés, y de Blanco White, todos ellos ilustres por su
ilustración, y con el enfoque histórico y constitucionalista que de ellos
misma¡ aprende, Mier combina el indigenismo histórico con los derechos
ancestrales criollos heredados de la conquista para llegar a la concluiión,
no tan de perogrullo como se podría pensar, y que por otra parte Rousseau

�102 Siglo XIX
ya bahía visto, de que el catolicismo debe ser propagador de la democracia
y antimonárquico.
No deja de ser irónico el que el archienernigo de los españoles encontrara en la misma madre patria, en la gaditana y liberal, la soberanía constitucionalista como arma idónea para que la hija por fin se hiciera patria
independiente. Pero tal soberanía bien merece otro inciso.
'
c) Es en Francia hacia 1801 donde en calidad de prófugo el padre
Mier comienza a ver en el sstema corutitucionaliJta republicano d mejor
modo político de hacer vigente la paz en la nueva nación mexicana. Sin
duda que fueron las buenas relaciones que mantuvo con Simón Rodríguez
-tutor de Simón Bolívar- y con el obispo jansenista Henri Gregoire, que
apoyó la constitución civil, las que le condicionaron decisivamente para
que sus convicciones católicas, aunque heterodoxas, no se violentaran con
un régimen de soberanía republicana que en Francia apoyaban tanto los
deístas estatales de Rohespierre como los anticristianos jacobinos. Por d
contrario, d obispo de Blois que de joven militó como presbiteriano para
luego ser el üder del clero constitucionalista, le enseñó a combinar las
libertades dd clero galicano y pistoyanense con las de la voluntad general representada soberanamente en el parlamento.
Si bien es cierto que en un primer momento el modelo visigótico de
"cortes" y "concilios" que d aristócrata asturiano Gaspar Melchor de
Jovellanos proponía como alternativa al absolutismo monárquico, influyera en Fray Servando para despreciar como inválidos los modelos de repú.
hlicas de Norteamérica y Francia, en un segundo momento mira hacia Inglaterra atento a su "centralismo bicameral" para injertarlo corno buen comienzo en la naciente patria mexicana. Pero ojo, sólo como buen comienzo, ya que luego, para la madurez de la nación, aconsejaba sin lugar a dudas la república federal. TaJ sensibilidad para el avance procesual del pueblo en sus reivindicaciones insurgentes es probablemente el aspecto más
razonable que la parte utópica de su mentalidad poseyera. En 1823 Mier,
en su famosa alocución "Profecía sobre la federación", y denunciando
la "nortemanía", dpcía:
encorvados trecientos años bajo el yugo de un monarca absoluto,
apenas acertamos a dar un paso sin tropiezo en el estado desconocido de la libertad. Somos como niños a quienes poco ha se han
quita.do las fajas, como esclavos que acabamos de largar cadenas
inveteradas.

En estas palabras ve el maestro Luis Villoro en su Proceso ideológico
de la Revolución de Independencia una lúcida crítica del padre Mier a la
tendencia "jacobina" que pretende poner en ejercicio principios, si se

]. B. Vilchi1 Reye1: Padre Mier, entre la utopi'a y la profecía

103

quiere, metafísicamente verdaderos, pero inaplicables en la práctica, porque consideran al hombre en abstracto y tal hombre no existe en la sociedad.

d) Por último, y sin tener la ilusión de haber agotado todos los elementos utópicos en la obra de Fray Servando, es muy interesante repensar lo que O'Gorman denomina la ''victoria pírrica" de nuestro monje
cuando, en 1799, el académico ilustrado Traggia, en contra de los censores Uribe y Omaña y el fiscal Nicolás Larragoiti, sale en su defensa con un
dictamen favorable desde la historia cri'tica ilustrada.
A raíz de esta defensa el padre Mier queda profundamente interpelado por la historia crítica, y ya que el padre Traggia deliberadamente supuso en su dictamen que Mier nunca creyó en el eslampamiento sobrenatural de la imagen de Guadalupe en la capa de Santo Tomás, aprovechó
para dudar de tal creencia y terminar convencido en su "Apología" de que
mas bien fué fruto de un burdo pincel indígena, aún cuando esta tesis
no dejara de tener graves escollos. En este punto y en el de la identifica
ción de Quetzalcoatl primero con Santo Tomás y luego con un misionero
oriental u occidental del Siglo VI, su antijesuitismo no fue tan eficaz, por
más que era sentimentalmente radical, a la hora de aplicarse tan obsesivamente pero sin éxito en los métodos de la historia crítica.
Si con tal empeño alcanzó o no la verdad histórica que a Halperín
Donghi tanto le preocupa, no creemos que sea la cuestión decisiva en un
patriota cuya fundamental preocupación era la emancipación de su pueblo desde sus más caras e idiosincráticas devociones.
Dentro de esta milma "malograda" proclividad por la ciencia histórica ilustrada hubo un aspecto del pensamiento político de Mier que no
ha tenido aún una mas atenta reflexión y donde su sensibilidad histórica
no sólo no es "malograda", sino que sabia y profundamente hinca su visión utópica en el momento generatriz de nuestro indigenismo histórico.
Nos estamos refiriendo al hecho de que cuando Fray Servando imagina anticipadamente una "carta Magna" para un México independiente, así como Jovellanos y sobre todo el erudito historiador legista Francisco Martínez Marina que, buscando un modelo para España, se inspiran en el pasado
visigótico con sus instituciones representativas que limitaban el poder
monárquico (Brading), el padre Mier se inspira en la tradición utópica
y profética de los primeros misioneros del agio XVI (Sala). Precisamente en
estas tradiciones, que en el siguiente apartado discerniremos, Fray Servando en el libro XVI de su Historia de la Revolución de Nueva España fundamenta la legitimidad de los criollos insurgentes: son ellos los verdaderos
herederos espirituales de los primeros misioneros que con gran celo apos-

�J. B. Vi/chis Reyes: Padre Mier, entre la utopía y la profecía l 05

104 Siglo XIX
tólico defendieron al iridígena de la encomienda del conquistador. Para él,
en estos misioneros estaba la clave de un verdadero "pacto social" que pusiera en vigencia la paz entre los mexicanos del siglo XIX, y no en el "contrato antisocial" de los jacobinos afrancesados.
Nacionalismo criollo, Democracia y antimonarqu,a, Constitución republicana y Previsión histórica, serían los cuatro elementos utópicos que
por ahora podemos ofrecer del pensamiento eminentemente "teurgico"
(Ortega) del padre Mier. Estos elementos serían los componentes de su
dimensión racional, práxica e lústórica (Gutiérrez) que le posibilitaron
verear lavigencia,aunque frustránea, de nuestra liberación nacional. Pero en
Fray Servando no sólo se da una utópica vigencia de la Paz sino que, como
hombre profundamente religioso que fué, tuvo una visión profética de la
paz en la que la vigencia utópica no sólo se imbrica sino que autónomamente se genera. Sin duda que entre una y otra media el salto de la libertad histórica, pero no creemos que, al menos en el drama humanístico de
Mier, se dé la contradicción. Pasemos, pues, al mostramiento de los temas
que componen la esperanza profética, que como imperativo de liberación/
consumación de la historia, tuvo nuestro visionario.

2. PROFETISMO EC-TOPICO EN LA VISION DEL PADRE MIER
Así como Fray Jerónimo de Mendieta, el último franciscano apocalíptico que conoció a los primeros doce (Phelan ), representa la consumación de un período y de una gran tradición que reivindicó al indio como
protagonista dd Nuevo Mundo, para nosotros Fray Servando Teresa de
Mier bien puede representar con su original guadalupanismo la conswna•
ción del criollismo y el resurgimiento del indio, si no como protagonista,
sí como antagonista que tiene todo por reivindicar. El indígena legitimador de América como Nuevo Mundo será el motivo principal de esta segunda parte. La extraordinaria "virtualidad metafórico-poética" de Guadalupe, no sólo le confiere el poder de ser la creencia indígena por excelencia, sino también el poder_heurístico de representamos los paradigmas mas
significativos -y hasta anti-paradigmas- de una posible historia de la teología (Kling) de la liberación mexicana. Pemútasenos decir: "María-Guadalupe como reina del cielo es la reina de los mestizos llamados a construir
la raza universal sobre la tierra (en nombre del Señor de la historia, su hl. )...•
"
JO
Creemos válida la nominación de "profetismo" aplicada a la visión
histórico-teológica del padre Mier, pues aparte de encontrar en ella los
principales elementos que se han sistematizado como propios de la tradición profética judeo-cristiana (Neher; Tresmontant; Sch6kel), también ve-

mos en su "talante" y genio religioso, acentuado por sus amigos jansenistas españoles y franceses, un visionario de marcado carácter apocalíptico,
aunque ambiguamente milenarista.
Lo de "ec-tópico" no queremos que sea un huero alarde etimológico.
Mas bien responde a la necesidad doble de por una parte denotar un "estar
fuera críticamente de la razón tópica", de la cual aunque irrelevante Mier
tampoco estuvo exento, y por otra la de connotar y conectar con una realidad última y definitiva -escatológica- que la tradición judeo-cristiana ha
poetizado históricamente en sus principales textos sagrados (Vilchis).
Si la palabra grandilocuente de Fray Servando, a pesar suyo, reivindica al indio como antagonista potencial tanto de los criollos como de los
peninsulares, el verbo de Juan Larrea de esencial estro poético y un siglo
mas tarde va dirigido a la anábasis del indio hispanoaméricano como agonista del Espíritu. Resulta altamente significativo, y no sólo para el álgebra astral y cabalística, que los dos sean desterrados y heterodoxos, apasionados buscadores de Viracocha e irredentos guadalupanistas. Lo que
uno reclama en el siglo XIX, el otro lo rinde humilde y generoso en el XX.
"Reclamo y rendición" por fin se redimensionan una vez mas, quizás como
última oportunidad, en el ahora de lberoamérica sobre el tálamo de lapalabra mestiza para concebir el nuevo Espíritu liberador.
Veamos entonces tales elementos proféticos:
a) Desde una promesa de liberación el padre Mier le toma el pulso a su
opresor y decadente presente; dictaminándolo como inviable se lanza a
buscar con selección y recuerdo en el pasado de las tradiciones mexicanas
para reactualizar creativamente la posibilidad lústórica de la Independencia. En esencia hace el mismo movimiento histórico-profético que Judas
Macabeo bajo los Seleucidas, que Daniel bajo Nabucodonosor o San Juan
bajo el imperio romano. En tan peculiar "tensión esencial" que genera el
cambio social, los tres tiempos del vivir histórico quedan recreados culturalmente desde la palabra generatriz del Exodo (Pixley).
... a los americanos a quienes se dió por norma y amparo una arca
mas misteriosa copiada al ejemplar de los designios de Dios sobre
el monte de la' nueva ley, arca que apareciendo en fjgura de nube
a los españoles en Tiaxcala ?~!:&gt;eló al idólatra Caanan y l_os intr?;
dujo en esta tierra de promfüon; arca que llevada a Mex1co abno
las aguas de su mayor inundación, como las del Jordán; arca también cautiva entre los filisteos, escondida por otro Jeremi'as en
un lugar incógnito cuando fa irrupción de los Caldeos, descubierta
después que el pueblo escogido salió de la escll\vitud de Babilonia,
llevada a la casa de Obededón, al alcázar de Sión, y últimamente
trasladada a su propio lugar, templo y santuario que se mandó fa-

�106 Siglo XIX
bricar, con una dedicación semejante a la del templo de Salomón
(sermón).
Tildar a Fray SeIVando de "inventor de mitos" desde esta perspectiva
nos parece del todo arbitrario. Lo que a hace es recrear creencias populares desde la profec(a histórica. El mito no se recrea, sólo se repite a pesar
de los acontecimientos históricos (Neher). Guadalupe no es un mito como
el de Tiresias, por mas que sea sugerentísimo relacionarla con él: es una
profecía. No poder distinguir ésto me parece una grave pobreza para quien
quiera entender algo de la historia de la américa hispanoindia.
Mier, mas que inventar, recoge y recrea el material que algunos cronistas del siglo XVI y XVII - Betanzos, Cieza de León, Sarmiento de Gamboa, Calancha, Sigüenza y Góngora, Gregorio García ...- ofrecen como
indicios del paso de un apóstol por Am.érica y por el Pero (Duviols). En su
sermón del 12 de diciembre de 1794 se convierte en piedra de escándalo
ante alcabaleros, centuriones y sepultureros por afirmar que "mil setecientos cincuenta años antes del presente la imágen de nuestra Señora de
Guadalupe ya era muy célebre, y adorada por los indios ya cristianos en la
cima plana de esta tierra de Tenanyuca donde la erigió templo y colocó
Santo Tomás".
Hasta su muerte obsesivamente perseguido por esta convicción, no sin
reeleaboraciones tercas en Quet:zalcoatl, d padre Mier finca sobre ella
como sólida y angular piedra escrita la nueva ciudad mexicana desposada
con la emancipación nacional. Si algún apóstol del siglo I o VI, Santo Tomás o San Brendano, oriental u occidental, siempre Quet:zalcoatl o Viracocha, cristianizó a los indios antes que Colón y Cortés, la opresora colonia de los españoles no solamente es injusta en lo humano, sino ilegítima
en lo divino. Luego, la rebelión insurgente, como imperativo ético-profético, es una tarea inescamoteable - metafísicamente (Miranda)- a organizar en el presente.
b) Ahora bien, si con la tesis de un cristianismo apost-0lico en América
le hubiera bastado para sus propósitos insurgentes ¿por qué Guadalupe como transparente columna y torre de señales?
No nos escapa que esta pregunta en Mier sólo tiene respuesta rotunda
en las últimas habitaciones de su sangre. Pero algo podemos decir si reflexionamos desde lo que Guadalupe tradicionalmente ha significado y significa para el indio y mestizo mesoamericano. Qué duda cabe que como fina construcción de la imaginación poética de nuestro pueblo, Guadalupe es
el símbolo que desde nuestra mas profunda orfandad ha logrado con su
azulenca morenez darnos una identidiad eminentemente sincrética. En ella
el indígena se mestiza y virtualmente acepta a su matria herida y renace a

J. B. Vilchis Reyes: Padre Mier, entre la utopia y la profeda 107
la posibilidad de una patria redimida. Sin Guadalupe, a lo mejor a los mexicanos no nos queda como alternativa mas que imitlr a los jacobinos y/ o
ser unos hijos de la chingada (Paz) ...
Leonardo Boff tiene en su valiente libro prohibido (por los rnismos
alcabaleros centuriones y sepultureros que Mier otrpra escandalizara)
unas palabras que salvando las distancias hasta parece que las cscri~ió
para estos borrones; y ya ~ e el libro libre no c!rcula'. vale la pena co~~ar
el siguiente texto de su capitulo "En favor del smcrebsmo: la elaborac1on
de la catolicidad del catolicismo":
(El sincretismo como refundición) Se trata de un largo proceso de
producción religiosa que es casi imperceptible. La religión se abre
a las diferentes expresiones religiosas, asimilándolas, reinterpretándolas y refundiéndolas desde los criterios de su pr?pia iden tidad. No se trata de un mero asumir, sino de un refundir y un convertir que a veces supone crisis, momentos de indefinición e indeterminación, no sabiéndose a ciencia cierta si la identidad ha quedado preservada o diluida. El proceso histórico constituye un factor decisivo que permite que el ethos básico de la religión dominante consiga "digerir" los elementos adventicios y hacerlos suyos.
Podemos decir que todas las grandes religiones que han tenido un
desarrollo sistemático han resultado de un inmenso proceso de
sincretización.
(El cristianismo es un grandioso sin~re~smo) El sincretismo, p~r
tanto, no constituye un mal necesario ru representa una patolog1a
de la religión pura. Por el contrario: representa su "normalidad",
como momento de encamación, expresión y objetivación de una
fe o experiencia religiosa. Naturalmente que puede, como veremos, presentar patologfas, _pe~o fundamentalment~_surge _c?mo
fenómeno universal constltu avo de toda expres1on religiosa.
Si el pensamiento del padre Mier es universalizable es precisamente
por haber calado hondo en el alma de nuestro pueblo y en el drama de
nuestra historia de la que el símbolo de Guadalupe es inseparable.
Escuchémosle una vez mas:
El color moreno del rostro de nuestra Señora significa la encarnación y pasión de nuestro Señor, pues en mexicano se dice poyauac
una cosa matizada de flores como la primavera, y advirtiendo su
sinónimo camilectic "que fue en pie o viviente al tiempo de pintar la fruta'', alude el rostro de nuestra Señora a la estación en que
se obraron aquellos altos misterios (... ) Pero si San Juan a1 verla vestida del sol y calzada de la luna sólo exclamó arrebatado que
veía un prodigio grande, signum magnum ¿cómo he de proseguir

�108

J. B. Vilchis Reyes: Padre Mier, entre la utopi'a y la profecía

Siglo XIX

yo a descifrar, sobre lo que aquello contiene en el Apocalipsis, lo
que cifra en los frasismos de los indios a quienes se dió por norma
de su creencia Omomachiotinextiquis? (sermón).

109

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Boff, Leonardo, iglesia: Carisma y Poder, 1981.

De este ya largo inciso sólo nos queda recordar que al fin y al cabo el
símbolo y la imágen de Guadalupe son ensoñadamente vistos y elaborados
en el primer colegio de América "Santa Cruz de Tlaltelolco", institución
fundamental para el despliegue de la inmensa obra misional, apoca]iptica
y inilenarista, de los primeros doce franciscanos del siglo XVI (VilchisSala). Fueron los indios - Valeriano, Alva y Cipac- los que maravillosa e
inspiradamente la encuentran, se les desvela como la mítica Kalypsos...
como la "mujer vestida de sol" que en el siglo XVII ~ligue! Sánchez descifra en ella (De la Maza).
Para nosotros es claro que Fray Servando descontinuadamentc continúa esta tradición, adecuando y refundiendo, como buen profeta, el sincretismo universal de Guadalupe a la coyuntura lústórica que le interpela
como palabra de Dios. El reactualiza la profecía guadalupana porque quiere ser fiel a su pueblo y a su lústoria; respetando en todo momento su estructura de liberación inmanente a su entrañable sentido apocalíptico
(Gorgulho-Anderson).
Aún podrían repensarse desde este punto &lt;lt' vista dos t&lt;&gt;mas más 1¡uc
también son de relevancia en el pensamiento teológico del dominico, pero que necesitamos mas elementos de juicio que en este momento aún no
disponemos. Tales temas sen'an: 1) su jansenismo político y eclesiástico
que le hacía sentir la necesidad de una profunda reforma de la Iglesia
católica teniendo como modelo la comunidad cristiana primitiva; y 2) su
ambiguo interés que muestra en sus memorias por el milenarismo del &lt;'Xjesuita heterodoxo Manuel Lacunza.
... rasgadme el pecho de la sombra
y dad mi sangre al sol. ..

Ganarás la Luz
León Felipe.

Brading, David, Los ori'genes del nacionalismo mexicano, Ed. Era, México, 1983.
Duviols, Pierre, La destrucción de las religiones andinas (durante la conquistn y
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Gerbi, Antonello, La disputa del Nuevo Mundo, (1955), Ed. FCE, México,
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�Valladolid, el mundo de Morelos

110 Siglo XIX
de Unam\Ulo, Miguel, En torno al Castici,mo, 1, DI, {1895) Ensayos, Madrid,
1945, t. l, pp. 40-49.

Abelardo Villegas*

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Vílloro, Luis, El proceso ideológico de la Revolución de Independencia, UNAM,
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Villoro, Luis, Los Grand/!3 Momentos del /ndigeni,mo en Mhcico, Ed. de la Casa
Chata, México, 1984, pp.137-145.

-

A tendiendo al título del Simposio, "El mundo de los libertadores,,,
me propongo tratar de elucidar cómo el análisis de algunos aspectos de
uno de ellos, José María Morelos, puede servir como factor explicativo
no sólo de su acción personal sino de la independencia en general. Varios
de los caudillos de la independencia lúspanoamericana eran criollos, lo
cual significa en general que descendían de padres españoles. sin mezcla
de las castas o indios americanos. O, al menos, eso creían ellos. Esto nos
avisa, en primer término, que las diferencias clasistas o de grupo en la sociedad colonial eran también, y en fuerte medida, diferencias raciales. La
sociedad colonial era una sociedad racista con criterios explícitamente ra-.
cistas que sólo en parte han sido superados en la época actual. Bolívar mismo, que era criollo, tuvo que ser defendido así por su maestro Simón Rodríguez:
¿qué dirán las naciones europeas cuando lleguen a saber que Bolívar es zambo? - iQué dirán los rubios de Inglaterra, los de Escocia, los de Francia y sobre todo los de... Andaluda? iun Zambo
mandando indios en el Perú!. .. iqué impropiedad i-Y ¿qué
dirán las gentes de juicio, si el autor de esta defensa emprendiese
probar, con papeles o con opiniones, que Bolívar es blanco de
primera, de segunda o de trigésima extracción? -noble de primera
o de centésima jerarqui'a: -Bolívar y su defensor son ZAMBOS;
pero ninguno de los dos es NECIO.!

En cambio Morelos, mestizo aindiado, probablemente con un poco de
sangre negra, interrogad.o por la Inquisición se declara "español". Estaba
acostumbrado a hacerlo porque los mestizos y castas carecían de privilegios y de oportunidades. La ordenanza del Seminario Tridentino de Valla-

* Facultad

de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Ponencia presentada en el coloquio sobre GEl mundo de los h'bertadores. Sentido
y proyección de la gesta emancipadora", Ciudad de México, octubre de 1982.

�A. Villegas: Valladolid, el mundo de Morelo,

ll3

ll2 Siglo XIX
dolid donde él estudió indicaba que se aceptaría al aspirante sólo si "es
español o indio puro, fin mezcla de otra mala generación de judíos, moros, chinos, mulatos o semejantes ".2 A esas alturas, último tercio del siglo XVIII, estas ordenanzas ya no se cumplían al pie de la letra, pero sí
indican cuáles eran los criterios de prestigio social que iban aunados a los
p~estos salientes de la sociedad colonial. Sensibles a estos criterios d~riminativos muchos de los próceres de Hispanoamérica abolieron la esclavitud. En concreto, Hidalgo y Morelos, además, abolieron los impuestos que
pesaban sobre las castas por el puro hecho de serlo. Esto no puede considerarse como una perspectiva puramente criolla; los criollos admiraban a
veces las civilizaciones indígenas del pasado remoto pero despreciaban al
indígena del presente aunque en la letra la'S leyes lo protegieran. Pero si
frente al indio tenían esta actitud ambivalente, su desprecio por los negros
era infinito. Los criollos fabricaron una serie de teorías indigenistas pero
ninguna negrista que yo sepa. La protección a los mestizos y a las castas es
una ruptura del punto de vista racista de los criollos y españoles.
En ~1orelos se da siempre un ímpetu de ascenso social. Abandonado
por su padre, su madre, su abuelo y sus parientes le costearon el aprendizaje de las primeras letras pero no pudieron pagarle la beca para sus estudios de seminario. Entonces, a los catorce años se empleó en el ranebo de
Tahuejo, donde permaneció alrededor de once años -1779-1790-. El
profesor Lemoine nos informa que este rancho era uno de los siete que
pertenecían al latifundio hacienda de San lldefonso Tarentan, propiedad
de la familia Iturbide en la zona caliente del estado de Michoacán. Pero no
se empleó en calidad de arriero como al parecer inventó Carlos María de
Bustamente, sino como "labrador", según declaró a la propia Inquisición.
Lemoine nos aclara lo que entonces significaba esta palabra. Labradores
eran, según una de las representaciones de Abad y Queipo, que fue obispo
balín de Michoacán, aunque gran intelectual, la gente ligada a la agricultura, desde los propietarios hasta los administradores y contralores, pero
no los peones. Morelos no era peón sino una especie de contralor ayudante del administrador el cual, a su vez, no era más que ayudante dd administrador de San Ildefonso, en tan to que la familia Iturbide residía en Valladolid. Y es que Morelos sabía leer, escribir y hacer cuentas. En ese rancho aprendió a manejar cuadrillas de peones y a administrar, cualidad esta
última que se refleja tanto en su vida privada como en el manejo del movimiento insurgente.
Estaba, pues, muy familiarizado con los probl~mas del a~o en una de
las zonas más ricas de México. lrúcialmente la prospera hacienda de San
Ildefonso Taretan había pertenecido a los agustinos, quienes la extendieron a costa de los terrenos de los pueblos de indios y luego tuvieron que
venderla en virtud de las medidas secularizadoras de los Borbones. El

proceso por el cual las haciendas se extendieron a costa de los pueblos de
indios se inicia desde los primeros años de la conquista hasta el porfirismo.
En sendos decretos Hidalgo y Morelos expresaron sus deseos de que las
comunidades indígenas gozaran íntegramente de las tierras que les pertenecían. El decreto de Hidalgo es famoso:
...mando a los jueces y justicias. .. que inmediatamente procedan
a la recaudación de las rentas vencidas hasta el dfa, por los arrendatarios de las tierras pertenecientes a las comunidades de los naturales, para que enterándolas en la Caja Nacional se entreguen a
los referidos naturales las tierras para su cultivo, sin que para lo
sucesivo puedan arrendarse, pues es mi voluntad que su goce sea
únicamente de los naturales de sus respectivos pueblos.3
Morelos expidió decretos parecidos pero en el sitio de Cuautla quedaron abandonados unos papeles no escritos por Morelos, pero sí autorizados
por él, que van más allá aunque en un contexto vago y muy vinculado a las
peculiaridades de la lucha:
Deben -se dice en esos papeles- inutilizarse tocias las haciendas
grandes, cuyos terrenos laboríos pasen de dos leguas cuando mucho, porque el beneficio positivo de la agricultura consiste en que
muchos se dediquen con separación a beneficiar un corto terreno
que puedan asistir con su trabajo e industria, y no que un sólo
particular tenga muchas extensiones de tierras infructíferas, esclavizando millares de gentes para que las cultiven por fuerza en la
clase de gañanes o esclavos, cuando pueden hacerlo como propietarios dc;_un terreno limitado, con libertad y beneficio suyo y del
público.4
A estas medidas se añadían medidas concretas de reparto de semillas,
dinero, ganado, de manera "que nadie enriquezca en lo particular, y todos
queden socorridos en lo general" en los territorios que iban ocupando los
insurgentes.
Sin embargo, en los once años transcurridos en Tahuejo Morelos no da
señas de que algo de esto se le haya ocurrido ni de prepararse para una actividad redentorista. Ahorra para sostener a su familia y para reunir el dinero
de la beca de estudios. Lemoine señala con razón que en Morelos hay una
vocación urbana. No le iba tan mal en Tahuejo y hasta hubiera podido ascender a administrador, pero prefirió regresar a Valladolid, la ciudad obispal y señorial. La prosperidad de Valladolid no se debía ni a su situación,
ni a su comercio ni a su agricultura, sino justamente a ser la sede del obispado. El obispado se había iniciado en Pátzcuaro, pero las intrigas contra
Vasco de Quiroga condujeron a que se produjera la mudanza. Era, pues,
Valladolid, una ciudad clerical, pero también administrativa porque era
la receptoría de rentas, impuestos y donaciones eclesiásticas, en donde la

�114 Siglo XIX

A. Villegus: Valladolid, el mundo de More/os

115

autoridad civil estaba de hecho subordinada a la influencia del obispo entre otras razones porque el obispo era mucho más rico. No es extraño que
Morelos, en su ímpetu ascencional, quisiera pertenecer a esa corporación,
aunque fuera en sus estratos más bajos.

1815, a la vista del desastre, lo envió a estudiar a los Estados Unidos. Almonte efectuó ocho años de estudios y luego regresó para incorporarse al
cuerpo diplomático y al partido Conservador desempeñando el papel que
todos conocemos.

Efectúa, pues, seis añ0$ de estudios sacerdotales, de 1790 a 1796, primero en el colegio de San Nicolás, cuyo rector era Miguel Hidalgo; luego
en el Seminario. Morelos había nacido en 1765, tenía, pues 24 años cuando inició sus estudios en ese Colegio, estudios cronológicamente equivalentes a lo que serían hoy los secundarios, once años mayor que el resto de
sus condiscípulos. Dichos estudios consisti'an principalmente en gramática,
retórica, filosofía, teología y dos años de latín, nada excepcional y sí al
parecer de baja calidad. Un poco antes de terminar, fue a México, hizo el
examen de bachillerato en artes en la Real y Pontificia Universidad y en
veinte días regresó para tomar los hábitos. Inmediatamente pidió una colocación y fue destinado auxiliar del cura de Uruapan, parroquia muy rica
que proporcionaba fuerte influencia local. Según una Inspección ocular,
citada por Lemoine, Uruapan es

La carrera de Juán Nepomuceno Almonte era el corolario lógico de la
trayectoria social de Morelos. Localizado éste en el seno de las clases medias bajas iba ascendiendo en virtud de su profesión, que como tal se puede concebir el sacerdocio. No era extraño, pues, que llegara a tener un hijo caballero y además conservador y monárquico. En Morelos hay una
quiebra; antes de 1810 no es ningún rebelde ni se prepara para la Revolución, su carrera es la de un sacerdote un tanto administrativo, un poquito
comerciante y nada místico puesto que para él, como para muchos otros,
el celibato era letra muerta. Y de pronto todo lo abandona para seguir a
Hidalgo.

curato de tasación y pagan estos naturales a su cura, de las festividades anuales, 1164 pesos, 32 reales. Ademá,s, 2 pesos por cada
difunto. Costean una arroba de cera de Castilla y Je dan todos los
días sal, chile, atole, tortillas y tamales al medio día y a la noche,
y leche los días de vigilia. Cada ocho días un peso de carne y 38
pesos anuales para verduras y terneras, el sebo para el gasto de su
casa, el zacate, agua, leña, ocote, carbón y huevos que consume; y
luego, los sitvientes, llamados pazaris, mita tes, caballerangos y petapes sin contar los cantores, sacristanes y campaneros, que dan
estos indios por separado para el servicio de la iglesia. ~ecibe también el cura de estos naturales 28 manteles y 30 pollos.5
Comenta el historiador que por eso los curas, a medida que discurría
su labor, se iban poniendo gordos y lucios como gatos de sacristía.
Algo de esto debe haberle tocado a Morelos. Sin embargo, él pidió
una parroquia propia. Pero como no tenía influencias le dieron un curato
miserable en tierra caliente, Churumuco, y luego otro más o menos igual,
el de Carácuaro. Pero sus talentos administrativos lo sacaron de pobre, en-.
tre otras razones porque era inflexible en el cobro de sus servicios e impuestos; además, compraba quincalla de Valladolid y la vendía en Carácuaro así como enviaba al mercado de Valladolid los frutos de tierra caliente y a veces fungía como contratista de obras. De acuerdo con su vocación urbana logró comprarse una casa en esa ciudad, a sólo tres cuadras de
la calle Real, donde vivían las familias más distinguidas. Ante la Inquisición confesó haber tenido tres hijos, pero a quien más quería era a Juan
Nepomuceno Almonte, quién lo acompañó en todas sus campañas; y ya en

Fijémenos un poco en la cuestión religiosa. Sin duda detrás de la fa.
chada del cura negociante había algo, como un estrato profundo del sentimiento religioso, porque ni él ni Hidalgo conciben a la constitución de la
nación mexicana sin el catolicismo. En los Sentimientos de la nación, al
lado dr la idea de que la soberanía dimana del pueblo, de que se proclama
ya la idea de la independencia de América, de que se debe distribuir la riqueza para moderar la opulencia y la indigencia establece "que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra" y que "todos sus ministros se sustenten de todos y sólo los diezmos y primicias y el pueblo no
tenga que pagar más obv~nciones que las de su devoción y ofrenda". Se
trata de un catolicismo acendrado que no se considera incompatible con
la independencia y lo que hoy llamaríamos justicia social. Un ascendiente
del catolicismo que cien años después acompañaría al zapatismo.
Hidalgo es de la misma opinión; cuando se defendió de las acusaciones de herejía dijo que
jamás me he apartado ni en un ápice de la creencia de la San ta
Iglesia Católica: jamás he dudado de ninguna de sus verdades:
siempre he estado convencido de la infalibilidad de sus dogmas
y estoy pronto a derramar mi sangre en defensa de todos y cada
uno de ellos.
Esto lo afirmó en un manifiesto a los mexicanos, y agregó:
abrid los ojos americanos, no os dejéis seducir de nuestros enemigos: ellos no son católicos, sino por política; su Dios es el dinero. .. ¿Creéis acaso que no puede ser verdadero católico el que no
está sujeto al déspota español?.6

�116 Siglo XIX
En su libro sobre la ideología de La Revolución de Independencia Luis
Villoro dice que, en un cierto momento, los españoles son los acusados de
herejía por afrancesados, por contaminados de la ideología napoleónica.
También observa que mientras Hidalgo es un caudillo ilustrado atraído por
las causas populares, Morelos es un caudillo propular atraído por la ilustración. Bueno, pues este su carácter popular es lo que explica su catolicimo no fingido y sí muy acendrado y también explica que ellos mismos
puedan distinguir que el catolicismo puede ponerse al servicio de la explotación, la esclavitud y el coloniaje así como al servicio de la independencia
y de las reivindicaciones raciales y económicas. En el caso de Hidalgo, como se ha visto en este simposio, aunaba ciertas corrientes progresistas de la
teología con las tesis de la Ilustración,

La generación que hizo la independencia fue anterior a la división maniquea que se abrió entre liberales y conservadores. De hecho es la que origina a estos dos grupos, cuando menos en México. En realidad fue la historiografía liberal la que hizo una interpretación liberal de la independencia
así como los conservadores la denostaron. Los liberales, por ejemplo, tratan de soslayar el monarquismo inicial de los insurgentes. No se trataba de
un simple disfraz, para los insurgentes criollos y mestizos había una distinción entre d rey Fernando, es decir, la corona 1 y los españoles. El Reino de
la Nueva España era un Reino Federado a la corona, pero no dependiente
de los españoles. Para Hidalgo no había ninguna contradicción entre matar
gachupines y proclamar su adhesión a Fernando. Cuando falta la corona
por obra de los manejos de Napoleón, los criollos se sienten con el mismo
derecho que los españoles y por eso el licenciado Rayón funda una junta
que debería desempeñar el mismo papel que desempeñaban las diferentes
jintas españolas. 7
La alternativa ilustrada a este monarquismo era la idea de un congreso_ Fray Servando Teresa de Mier lo diría muy elocuentemente: "congreso, congreso, congreso, luego, luego luego". Pero ya en la concepción
monárquica y católica de Hidalgo se introduce la idea de congreso. Y Morelos es el que la lleva a su primera realización; en realidad Morelos opone
la idea de congreso a la junta de Rayón. La idea de independencia, es decir,
de la disolución del vínculo federal con la corona, se va abriendo paso poco a poco en la mente de Hidalgo y sobre todo en la de Morelos, no sin
dificultades. Y desde luego, nada o casi nada, la de una presidencia republicana. También cabe recordar que, cancelado el aspecto social, los criollos consuman la independencia instaurando una monarquía que nada
más era parlamentaria de dientes para afuera, como lo demostraron los
acontecimientos.

En México la idea monárquica fue muy persistente. Tuvimos el impe-

A. Vr1lega8: Valladolid, el mundo de Morelo, 117

rio de lturbide y el de Maximiliano y algún nebuloso intento de Santa
Anna. Por eso con razón ha dicho el historiador Edrnundo O'Gorman que
en cuestiones de política, México osciló entre tener un emperador presidente o tener un presidente emperador, Este último es Porfirio Díaz que
tantas herencias dejó a la Revolución. (a fuerza y el centrismo del presidente mexicano eon un trasunto del viejo monarquismo. Así también puede explicarse en parte la debilidad del congreso mexicano
Ahora bien, el almácigo de la Revolución de Independencia fue la
ciudad obispal de Valladolid, ciudad monástica, administrativa y señorial,
muy característicamente colonial. De allí eran las figuras más radicales,
alü pasó Hidalgo sus mejores años hasta que lo desterraron a Colima, en
sus goteras nació Morelos; de allí fueron sus principales enemigos: Abad y
Queipo fue su obispo, Riaño fue su intendente. Allí nació, de opulenta
familia, Agustín de lturbide, que combatió a los insurgentes y luego consumó la independencia traicionando en realidad los ideales radicales de
sus iniciadores.
Aparentemente ultramontana, allí se impulsaron para el México independiente los ideales de monarquía y religión católica oficial. Pero también allí surgió la idea del reparto agrario, de la abolición de la esclavitud y
de la discriminación de las castas, de la eliminación de los múltiples impuestos con los que se agobiaba a las clases humildes. De allí nació la idea
de congreso, de la separación de poderes y de la soberanía nacional.
Valladolid, hov Morelia (al fin se abría de consumar la aspiración
urbanística del cura de Carácuaro), es el símbolo de la unidad original. Un
magma en donde se mezclan en forma proteica tendencias que de pronto
se combatirán furiosamente y de pronto se conciliarán amigablemente.
Ciudad que le formó al cura administrativo una doble naturaleza, simbólica
también de su propio país. Unidad original anterior al doblez maniqueísta
con que nos han acostumbrado a ver al siglo XIX, es todo un microcosmos que revela las paradojas de nuestro ser nacional.

�118 Siglo XIX

-

Las Ideas en el Perú.
Ilustración y romanticismo (1780-1826)

NOTAS

Citado en Leopoldo zea y Abelardo Villegas, Antolog¡á ~el pensamiento social
l. y pd(tico de América Latina. Unión Panamericana, Washington, 1964, p. 206.

María Luisa Rivara de Tuesta*

2. Véase el magnífico libro de Ernesto Lemoin~, -~el dculalGobb~ve mdeuclh:tada¿osd:
ideas, Morelos y la revolución de I 81 O. Ed1C1on e
o 1emo
s
Michoacán, México, 1979, p. 32 Y ss.
3. Antolog¡á, p. 99.

4. Ernesto de la Torre Villar y otros, Historia documental de México, Universidad
Nacional Autónoma de México, México, 1964, p. 87.

5. Lemoine, Morelos, p. 126.
6. Antología, p.100 YSS.
1

Véase de Luis Villoro, La revolución de independencia. Universid3:d N~cio~
• Autónoma de MéKico México, 1953; y el mío, La filosofía en la historia pol1tica de México. Editorial Ponnaca, MéKico, 1966.

-

La historia de las ideas en Latinoamérica y en el Perú está intrínsecamente unida a nuestro desenvolvimiento filosófico. F.s más, es un producto
de él. Si bien es cierto que nuestra "Filosofía", en sentido estricto, es decir, referida a la construcción de grandes iástemas filosóficos y al hecho de
que no haya tenido un carácter eminentemente creativo y más bien sí imitativo, ha seivido de fundamento a los pensadores, que inspirados por
esos sistemas o por determinado filósofo, procuraron hacer válidas esas
filosofías aplicándolas reflexivamente a determinadas realidades coyunturales históricas a fin de superarlas. La filosofía !irvió así, desde su vertiente práctica, como guía de la conducta del hombre americano, proporcionándole determinados filosofemas o principios racionales que al conjugarlos con nuestra realidad sirvieron, en primer lugar, para patentizar una situación defectiva que obligaba a efectuar modificaciones en la estructura
en vigencia y, en segundo lugar, condujeron a la modificación, reforma o
cambio de esa situación coyuntural.
El trabajo que hemos realizado sobre historia de las ideas en el Pení
en el siglo XIX obliga a examinar, en primer lugar, las influencias filosóficas -Ilustrada y Romántica- y en segundo lugar, su aplicabilidad a la
realidad coyuntural que atravesábamos y está por eso ligado intrínsecamente al proceso histórico de nuestra nación y al de América del Sur. Podn'amos, por las temáticas que hemos desarrollado hasta la tercera década
del siglo XIX, asegurar que un horizonte ideológico proveniente, primero
del pensamiento austrado que llega, aproximadamente, hasta 1816 es el
que produce sus efectos sobre los hechos históricos que tienen lugar en
nuestro país, luego se observa la penetración del pensamiento romántico
social, que es a la postre, el que influye con más fuerza en las decisiones
adoptadas, no solamente en el Perú, sino en América del Sur.
• Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de San Marcos, Pení.

�120

Siglo XIX

En lo que respecta a las temáticas desarrolladas están vinculadas al
proceso histórico y referidas a la penetración de nuevas ideas dirigidas a
criticar al listema impuesto por España en sus colonias. Se apoyan estas
críticas en la filosofía ilustrada y conducen al primer movimiento subversivo: La rebelión de Túpac Amaru; a este movimiento han de sucederle
otros a nivel continental que van desintegrando, paulatinamente, al réfi.men político realista. La entrevista de Guayaquil, en la que San Martín y
Bolívar intercambian ideas sobre las acciones a tomar a fin de arrojar definitivamente a los españoles de nuestro territorio, así como nuestra decisión de adoptar la fórmula republicana y establecer las bases de un gobierno democrático, están enmarcadas en nuevas concepciones ideoló@cas ·de
corte romántico social y conducen a sellar en las pampas de Junín y Ayacucho la independencia americana.
Establecida la república y logrado el propósito fundamenta~ la liberación política de España, el Pero, en lo que queda del siglo XIX, lapso que
no hemos desarrollado en este artículo, ha de debatirse desde la perspectiva política en una alternancia entre democracia y dictadura, respaldada
ideológicamente por las luchas entre liberales y conservadores.
Las últimas décadas del eiglo XIX están caracterizadas por la sustitnción del pensamiento romántico por concepciones filosóficas positivistas
y spenceristas que constituye una ideología de recuperación nacional después de la derrota sufrida por el Perú frente a Chile.

l. LA PENETRACION DE NUEVAS IDEAS Y LAS CRITICAS AL
SISTEMA COLONIAL
1) La Conciencia tk Depentkncia Cultural y Poli'tica

Producida la conquista, España procura formar en los vasallos de ultramar una conciencia de dependencia cultural y política asentada, si bien es
cierto en doctrinas imperantes en Europa, en principios autoritarios que limitaban la capacidad racional del hombre americano, impidiéndole una
verdadera toma de conciencia de sus posibilidades de realizacion.
Pero el siglo XVIll desarrolla una forma de pensamiento, el ilustrado,
que alcanzará no sólo a la multitud europea sino también a la americana.

M. L. Rimra De Tuula: Ru,tracilm y romanticúmo en el Perú 121
ti~dad ment;tl que estaban condenadas a ser reemplazadas por la razón. La
actitud filosofi~ o r~cional es la que ~ehía primar en la vida del hombre y

la que se deh1a aplicar a todos los ordenes del conocimiento humano.
_Aceptado es~ principio se examina la historia humana desde la perspectiva de la razon y se le encuentra irracional, se examina el presente y se
le encuentra igualmente irracional.
• Pero, si era cierto que ~I hombre había venido actuando ciega e irrac1o~ente, no por eso de,iaba de ser capaz de convertirse en algo racional Si su pasado demostraba que un juego de fuerzas irracionales lo habían
conducido, podía mrar con optimismo hacia adelante: los esfuerzos del
presente lo conducirían a realizar una edad de oro donde se vería actuar
solamente a la razón.

La felicidad unida a la prosperidad sería común a la humanidad Pero
antes ~, necesario reconstruir todo a la luz de la razón: los ruisofos
descuhnnan, d plan ~ l~ naturaleza, instituirían una nueva política que
transformana a los Sihditos y esclavos en ciudadanos un nuevo derecho
que, p~rmitiría acabar con las injusticias, una nueva reÚgión más natural y
autentica y un nuevo orden social y económico donde reinaría la libertad y
la pr0:iperidad.
La penetración de las ideas de la ilustración se produce en América a
lo lar~o del siglo XVIll y principios del XIX y constituyó la doctrina más
apropiada para crear una nueva conciencia en el hombre americano: con~ª en el poder de 81 razón y en la posibilidad de reorganizar a fondo la
sociedad colonial a hase de principios racionales.
3) El Despotismo flustrado de Carlos III

El despotismo il~strado de Carlos ID permitió una mayor libertad intelectual a nuestros cnollos y a la manera española se inicia la fundación de
Socie~des, Aca~emias, Escuelas y Periódicos: instituciones que permitirán
Y dar~ ?portunidad a los nuevos intelectuales americanos de expresar sus
conocimientos que se habían visto enriquecidos por el contacto con expediciones científicas y viajeros como Alexander Von Humboldt.
4) Rechazo a la Escolástica

2) La Razón, Punto de Partida de la Crítica

La teoría filosófica en que se sustentaba el movimiento i~~trado consistía en pensar que d hombre había desarrollado formas primitivas de ac-

Conforme avanzaba el siglo el rechazo a la escolástica considerada co. ~o _do_ctrina que er~ ~ causa de la ruina de los ingenios, y '1a acogida de las
disciplinas que permitieran el conocimiento de las ciencias de la naturaleza
se acentuaba. &amp;ta disposición hacia el conocimiento científico es permití~

�122 Siglo XIX
da por las autoridades españolas en vista de que podría permitir una mejor
explotación y aprovechamiento de las riquezas naturales.
5) El Progreso Cient(fico y las Reformas de los Estudios

Los estudios científicos, lin aparente relación en el proceso de desintegración de la estructura colonial, constituyen su punto de partida y su
génesis ya que permitirían apreciar al criollo que las virtudes de su razón
eran semejantes a las de la, europeos y que estaban capacitados, por lo
tanto, para penetrar en el conocimiento de la propia naturaleza; y para,
a través de los estudios de la naturaleza, aparentemente inofensivos para
el sistema político y social colonial, crear conciencia de patria y valoraci ón de las riquezas naturales del suelo americano.
El progreso científico y las reformas de los estudios (que se origina
con la expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles por real
cédula de Carlos III del año de 1767), inician el proceso de desintegración de la estructura tradicional colonial. Paralelamente ee produce un
interés de divulgación de los temas científicos que realizan las instituciones que agrupaban a los nuevos núcleos intelectuales y que adquieren
luego un carácter particular referido fundamentalmente al conocimiento
de nuestra naturaleza, nuestra geografía y nuestra historia.
El examen de estas cuestiones hace evidentes las fallas del sistema en
lo que concierne a política, derecho, religión, sociedad y economía y crea
en el criollo americano la necesidad de un camhio trascendental.
Hasta quí podríamos hablar de penetración de nuevas ideas, planteamientos teóricos, críticas al sistema, sugerencias de cambios y reclamos
que invocan la razón y la justicia, pero en el Perú a partir de 1780 se evidencia que la estructura de dominación ·debe desaparecer.

II. EL PRIMER MOVIMIENTO SUBVERSIVO: LA REBELION DE
TUPAC AMARU.
El 4 de noviembre de 1780 se produce la rebelión de Túpac Amaru.
Este movimiento considerado como "anticolonialista, reivindicador y precursor de justicia social e independencia política más importante que haya
tenido el Perú" fue "anterior a la revolución francesa( ..•) y acaeció cuando todavía la revolución separatista estadounidense estaba en plena pugna''.1 Pidió, entre otras cosas, que el gobierno estuviese en manos de un
virrey descendiente de la familia imperial incaica y fue en verdad, pese a
toda su motivación indigenista, un esfuerzo por unir a todas las castas del

M. L. Rivora De Tueda: Jlu,traci611 y roma11tici.mo en el l'eni 123

Perú: decretó_~ libertad del e~clavo negro, contó con mestizos y habló
en tono conciliador para los cnollos que aceptaeen su movimiento y hasta para los peninsulares que lo siguiesen.2
1) Significado de este Movimiento: No es posible hablar de Reuolución
Americana sin con,O, con el Movimiento Peruano.

Lo más sigoifica~vo d~I movimiento de Túpac Amaru estaría dado por
el hecho de haber evidenc1ado la necesidad de la violencia y de la rehelión
para lograr un cambio efectivo en la estructura colonia~. Por otro lado no
solas_aente c-ontó con la patticipa.cíón de los grupos sociales más expl~tadai smo &lt;p1e estuvo apoyado por la intelectualidad criolla.
. _Juan Pablo Vizcardo ,Y Guz_mán (Pampacol~ 1748 . Londres 1798),
,eswta expulsado del Peru, escnhe al 30 de setiembre de 1781 al cónsul
inglés en Livomo solicitando ayuda para la rebefión de Túpac Amaru. Lt•
m~ifiesta en ~a comuni~ción que el conocimiento que tiene del país y
las ideas adqumdas a traves de este conocimiento le })('rmitcn afirmar qu••
las vejaciones hechas a aquellos pueblos no han hecho sino acelerar una revolución, que indudablemente habn'a acaecido de inmediato si por cualquier motivo se hubiera perdido el equilibrio entre las diferentes razas que componen la población del Peni cuya
recíproca .d~confianza suspendía los efectos del desconte~ to y
del resent1m1ento que en cada una existía contra el gobierno
(... ).3

Los vínculos se han fortificado y los ánimos se han reunido "en un
mismo propósito de sacudirse el yugo por todos ahorrecido". 4
Sus reflexiones le penniten esbozar lo que sucederá como consecuencia de la revolución del caudillo indio.
Toda América. m~di~:m~J se desprend~rá del dominio español;
todas la~ provincias_ lim1trofes del Pe!11 tienen taJ dependencia
que, teniendo las mJSmas razones de disgusto deben ser impulsa~s por su ejemplo. Si se provee a estos pueblos con armas sufic!entes y ?uen&lt;!s ofic~es, ~? tienen que temer al poderi'o borbó-ruco; la distancia y Ja S1tuac1on de los lugares. así como el número
y bravura de los sublevados, garantizan mi aserto.5
La revolución de Túpac Amaru, como hecho concreto de manifestación de rebeldía frente al sistema, y las consideraciones ideológicas que
sustenta Vizcardo y Guzmán, certifican un acuerdo general de ataque y
rechazo de la estructura imperante.

�M. L. Rivaro De Tuata: Rumoción y romantici,mo en el Pení

124 Siglo XL'&lt;
Por otro lado las ideas sustentadas por Vizcardo y Guzmán no sólo
a firman la causa de la revolución de Túpac Amaro sino que inician una
línea ideológica claramente separatista: predica Vizcardo que el Perú se
dcspren derá dd dominio español y que todas las provincias limítrofes lo
imitarán por la dependencia en que se encuentran con respecto al Perú.
Se adquiere desde ese momento la clara idea de que todo movimiento
libertario debe culminarse en el Perú y que no es posible hablar de revolución americana sin contar con el movimiento peruano.

2)

Los Criollos y la Independencia.

Reprimido el movimiento de Túpac Amaru en forma cruel, los excesos
del dt•spotismo español se acentúan con lo cual sólo se consigue avivar la
conciencia separatista. Por eso ante las noticias de la patria lejana Vizcardo
v Guzmán no cesó en su afán de difundir su pensamiento libertario y así
;1ació la redacción de su famosa Carta a los españoles americanos, que terminó en 1792. Esta Carta es el primer documento que propone la independencia como la única solución posible a los problemas políticos, jurídicos,
sociales v económicos de América. Fue difundida por Francisco Miranda
(Caracas.1752 - Cádiz 1816) e influyó poderosamente en los ideales libertarios americanos.

\parte del contenido separatista y de los conceptos filosóficos pr?pios
di' la Ilustración usados por Vizcardo, es importante destacar aqu1 que
nm-slro autor se remonta a la génesis misma de la problemática separatista.
Los primeros conquistadores al implantarse el regimen virreinal se consideraron injustamente atropellados por la Corona española y es pues un criollo rlesccndientc de conquistadores, el que después de tres siglos de pacic~1lc tSpera hahla por sus antepasados y redama para los criollos la direceiím de los asuntos político-económicos de las tierras que conquistaron sus
progl'llitorcs.
Heitt•r..1

1·11

dicha Carta, una vez mas, que

bajo cualqui~r aspecto que sea mirada nuestra d~pendencia ?e España, se vera que todos nuestros deberes nos obligan a terrnmarl~.
Debemos hacerlo por gratitud a nuestros mayores que nos prodigaron su sangre y sus sudores para que el teatro de su gloria.º de
sus trabajos se convirtiese en el de nuestra miserable esclavitud.
Debérnoslo a nosotros mismos por la obligación indispensable de
conservar los derechos naturales, recibidos de nuestro Creador,
derechos preciosos que no somos dueños de enagenar y que no
pueden semos quitados sin injusticia. majo cualquier pretexto que
sea el hombre puede renunciar a su razón o puede serle ésta
arrancada por fuerza? La libertad personal no le pertenece menos

125

esencialmente que la razón. El libre uso de estos derechos, es la
herencia inestimable que debemos dejar a nuestra posteridad.6
Señala así Vizcardo que el esfuerzo de los conquistadores de América
les daba un derecho para apropiarse del fruto de su valor y de sus trabajos;
pero al intervenir &amp;paña estableciendo y dirigiendo las instituciones poüticas les había arrebatado injustamente sus más sagrados derechos naturales: razón y libertad..

Los descendientes de estos conquistadores y los de otros españoles
que sucesivamente han pasado a la América han sacrificado riquezas infinitas, su sudor y su sangre guiados por un entusiasmo ciego hacia &amp;paña,
un país extranjero a quien nada se le debía y de quien no se dependía. Esto era en buena cuenta una crud traición contra el país donde se había
nacido y suministraba las fuentes necesarias para la vida. Concluye:
Todo lo que hemos prodigado a E~aña ha sido pues usurpado
sobre nosotros y nuestros hijos; siendo tanta nuestra simpleza,
que nos hemos dejado encadenar con unos yerros que si no rompemos a tiempo, no nos queda otro recurso que el de soportar
esta ignominiosa esclavitud.7
Como es posible observar por el tenor de las reflexiones de Vizcardo,
.\mérica ya no pertenece a la oriunda población indígena, América pertenece a los descendientes de los conquistadores, a los que han nacido en las
tierras americanas, tierras que les suministran las fuentes necesarias para
la vida.
Así tenemos ideológicamente fundamentados dos principios que ope•
rarán tanto en las luchas de la independencia como en nuestra vida republicana: el primero, que América pertenecía a los criollos; y el segundo,
consecuencia del primero, que la idea de patria o país se vincularía a las
regiones donde detenninados núcleos de cridlos se habían establecido para
aprovechar las riquezas dd suelo nativo y d trabajo de los naturales o de
los esclavos traídos a América.
Hasta aquí tenemos bosquejada una primera etapa: la de penetración
de ideas del Siglo Ilustrado que los americanos convierten en un instrumento teórico que les permite evaluar su condición de dependencia; de
esta toma de conciencia surgen los intereses por el estudio de la historia,
la geografía y la naturaleza americanas que generan la idea de patria, como
fuente de riqueza cuyos beneficios no fuesen disfrutados por &amp;paña.
El elemento indígena, con el acuerdo de los otros grupos sociales o
castas que en diferentes grados sentían su situación de dependencia, es el

�126

Siglo XIX

primero que temerariamente intenta la revolución. Fracasada ésta el grupo
criollo evidencia la necesidad de continuar la propaganda ideológica, al
mismo tiempo que asunúr la dirección de la obra revolucionaria.

ID. ETAPA REVOLUCIONARIA (1792-1816)
La independencia de los Estados Unidos de Norte América y luego la
Revolución Francesa habían de afianzar los reclamos de las colonias americanas en sus dos tendencias: lograr un mayor liberalismo político o la separación definitiva de España.
1)

M. L. Rivara De Tuesta: Ru3tración y romanticÍlmo en el Perú

127

tituyente, es decir, legisladora dd estatu~? fundamental.
2) La Constitución Liberal de 1812

Y efectivamente logran decretar la Constitución Liberal de 1812
después de una labor fecunda e intensa, que establece un regimen de igual:
dad y cooperación de las colonias ultramarinas y de los pueblos perúnsulares.
Indiscutiblemente, la representación americana actuó ideoló~camente
en forma brillante y fue, en gran medida, la que le dió vida y sentido a través de sus magníficas inteivenciones.

Los Acontecimientos Históricos en España y América

Los acontecimientos históricos que se producen en España con la inva&amp;Ón napoleónica (1808-1814) coadyuvarán a formar un nuevo concepto
de la libertad o liberalismo político tanto en España como en América,
pues en la lucha contra los ejércitos invasores se líquida institucionalmente
al antiguo régimen absolutista incorporando a la mentalidad española la
corriente política liberal al mismo tiempo que toma cuerpo la autodeterminación de los pueblos.
Prisioneros de los franceses Carlos IV y Femando VIl, se produce una
reacción nacionalista en la metrópoli. En las colonias se rechaza a los enviados napoleónicos, se forman en cada provincia Juntas con fórmulas propias que inician la resistencia y acentúan, al mismo tiempo, el nacionalismo
y la conciencia de autogobemación. En España se nombra una Regenc ia
que gobernaría a nombre de Femando VII y que efectúa la convocatoria
a Cortes Constituyentes (1810) , un llamado a los representantes de las diversas regiones españolas y americanas, y que en el fondo no era sino un
anhelo de reformar 8 los estatutos fundamentales de la vida política española por la vía legal, organizando una España nueva, desde el punto de vista político , para cuando vol.viese Femando VII.
Las Cortes se instalaron el 25 de setiembre de 1810 e iniciaron su ac- '
tuación declarando la soberanía nacional de las Cortes y la invalidez de la
abdicación a favor de José I , hermano de Napoleón, a qu e había sido sometido Femando VII por los franceses en Bayona.
Frente a la instalación de las Cortes, la Regencia actuó como un cuerpo conseivador, y haciendo patente su distanciamiento se orienta al sostenimiento del poder real sin limitación alguna y dentro de los moldes tradicionales. En cambio las Cortes, integradas por americanos y españoles, representan el cuerpo liberal e innovador que se propone actuar como cons-

Bajo el respaldo de la razón y la ley actuaron en las Cortes nuestros
representantes. Procuraron, siguiendo sus propósitos de lograr un mayor
liberalismo político, la unión entre España y América dentro de los términos de igualdad política y social, pero desgraciadamente el regreso de
Femando VII (1814) representó una vuelta al absolutismo y una buda de
la monarquía española a los sagrados derechos que los americanos habían
defendido en las Cortes:
Su mayor conato ha sido - dice la comisión de Constitución en

su

Proyecto de Constitución Poli'tica de la Monarquiá Española- re-

coger con toda diligencia( ...) de entre todas las leyes del Código
Godo y de las demás que se publicaron desde la restauración hasta la decadencia de nuestra libertad, los principios fundamentales
.de una monarquía moderada(... ).9
La Constitución Política de la monarquía española fue promulgada el
19 de marzo de 1812. De espíritu liberal, decretada "para el buen gobierno y recta administración del Estado" señala en su artículo primero que
"la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios" y eu su artículo tercero "Que la soberanía reside esencialmente en
la Nación y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de
establecer sus]eyes fundamental~ ".10
El artículo catorce limitaba el poder absoluto del monarca estableciendo que "El gobierno de la Nación española es una Monarquía moderada
hereditaria" y en el artículo quin~e se decía que "la potestad de hacer las
leyes reside en las Cortes con el rey ".11 Los artículos veintisiete y veintiocho estaban referidos a la representación: Art. 27, "Las Cortes son la
reunión de todos los Diputados que representan la nación, nombrados por
los ciudadanos";12 Art. 28, ''La base para la representación nacional es la
misma en ambos hemisferios''.~3

�128 Sigk&gt;XIX
A través de estos artículos asi como los del capítulo Unico, artículo
trescientos setenta y uno, que señala: "Todos los españoles tienen libertad
de escribir sin revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo
las restricciones y responsabilidad que establescan las leyes",14 se evidencia la transfonnación de los principios discriminatorios que había venido
operando en principios únicos de tipo liberal y que estaban referidos a reconocer la igualdad de los españoles nacidos en dos hemisferios, la soberanía de la nación, la igualdad de españoles y americanos para la representación en las Cortes y por último la libertad de expresión de sus ideas políticas.

3) Fracaso de la Tendencia Ilustrada Liberal y l.a Vuelt.a al Absolutismo
Bajo el amparo de la Constitución la tendencia ilustrada liberal, llamada comunmente fidelista, parece haber logrado un triunfo definitivo en
sus luchas a través de la razón y la justicia. La pluma del ilustrado discurre optimista y se acrecientan las publicaciones referidas a planes, programas, proyectos integrales, proyectos regionales, obras que permiten apreciar las necesidades de reforma más apremiantes del momento en las colonias americanas. Como es lógico suponer, el liberalismo político de que
gozaron los americanos y luego la represión impuesta al regreso del monarca español Femando VIl determina una acentuación de la tendencia
que pretendía la separación definitiva de España, es decir, la línea separatista que, a partir de estos acontecimientos, se acrecentará en forma indeclinable.
J)

Acentuación de la Tendencia Separatista

Esta tendencia separatista no había, por supuesto, permanecido inactiva durante todo el proceso. Mientras los amantes de la razón y la justicia1 de tendencia ilustrada liberal, esperaban el nombramiento por parte
de España de un monarca criollo y confiaban en gestiones de tipo diplomático para obtener la realización de los cambios y refonnas que habían
programado, los partidarios de la tesis de que nada era posible sin una definitiva ruptura con la península habían venido utilizando la rebeldía y la
violencia, a fin de lograr sus propósitos.
Constituían un grupo de ideología romántica social, contrario a la idea
de que la fonna de gobierno que convenía a América era la monárquica,
aún cuando fuese moderada, y pensaban, más bien, que a través del sistema
republicano podrían obtener la destrucción definitiva de la estructura colonial.

M. L. Rivaro De Tuesta: Ru&amp;tración y romanticismo en el Perú 129

5) A bascal, Opositor de los Avances de la Revolución Americana
El gran opositor de los avances de la revolución americana fue el virrey
del Perú Fernando de Abascal (Oviedo 1743 - Madrid 1821). Su fidelismo
a la monarquía española y su sagaz inteligencia político-militar fueron la
causa del retardo de fa culminación del proceso libertario.
A) La Formación de un Ejército Regular.- Llegado al Pení en 1806,
una de sus múltiples preocupaciones por reorganizar el país fue la de constituir las milicias y realizar el alistamiento de reclutas con el fin de repeler
el posible ataque de los ingleses que por entonces se encontraban en guerra
con España. Esta medida habría de ser de suma importancia cuando tuvo
que emprender la lucha con los americanos que adoptaron la decisión de
rebelarse de la dominación española, pues había logrado formar un ejército regular que reforzado con los contingentes que arribarían de la península, no solo consiguió detener los avances de los ejércitos patriotas sino
que salió victorioso en muchas batallas por su disciplina y preparación técnica para el combate.
Abascal tuvo noticia de la abdicación de Carlos IV y de la unanimidad
con que en España se había jurado fidelidad a Femando VIl. Hizo lo propio en Lima el 13 de octubre de 1808. Las ciudades de Huamanga, Cuzco
y Arequipa mostraron igualmente sus sentimientos de adhesión al nuevo
monarca reiterando así el país su espíritu fidelista. Con estas medidas no
fue posible que se constituyesen Juntas en el territorio del virreinato peruano tal como se había hecho en España y se haría en otros lugares de
América.
Muy pronto las provincias del Alto Pení inician la insurrección. En
1809 y con extraordinaria rapidez se levantan Chuquisaca, el 25 de mayo,
La Paz, el 16 de julio, y Quito, el 10 de agosto. Constituyeron movimientos que no contaron con el apoyo de la multitud y fue fácil al virrey restituir las provincias sublevadas al orden habitual.

Los insurgentes de la Paz, sin embargo, delinean propósitos claramente separatistas en su proclama del 27 de julio, en la que manifiestan:
Ya es tiempo, de sacudir el yugo tan funesto a nuestra felicidad
como favorable al orgullo nacional del español. Ya es tiempo de
organizar un sistema nuevo de gobierno, fundado en los intereses
de nuestra patria, altamente deprimida por la bastarda política de
Madrid. Ya es tiempo, en fin, de levantar d estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título
y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.15

�130 Siglo XIX
Poco tiempo después, el 19 de abril de 1810, el capitán general Vicente Emparán es depuesto en Caracas constituyéndose una Junta Suprema que, aduciendo sujeción al monarca, inicia .y fomenta el espíri~ ~
rebelión en las provincias: convoca un Congreso General de las provmc1as
que proclama la independencia de Venezu_ela el ~ de ju~io ~~ 1811. El 2~
de niayo 1:a1cede algo similar- en Buenos Aires: baJO la direcc1on de Castelli
los patriotas solicitan al virrey Cisneros la creación de una junta que él debía presidir. Organizada ésta, se le obliga a renunciar y se p_rocede a ins~
lar otra formada por Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuenaga, Alberb,
Maltheu y Larrea, teniendo como secretario de la misma a ~~ano Moreno director espiritual de los trabajos que inmediatamente 1ruc1a la Junta
G~bemati.va, la cual proclama el libre desenvolvimiento de la econon;iía Y
dd comercio y el gobierno representativo de origen popul31:. ~n su afan de
asegurar su autonomía y contribuir a la extensión del movuruen':° ~volucionario, la Junta decide enviar expediciones núlitares a las, provincias d«;
pendientes de su virreinato: al Alto Pení, al mando de Balcarcel Y Castelli;
al Paraguay, de Belgrano, y al Uruguay, d~ ~ondeau. El ~o~ern~ establecido por la Junta de Buenos Aires fue el unico que consiguio, asi, mantenerse definitivamente alejado del poderío borbónico.
El cambio se produjo sin derramanúento de sangre tanto en Caracas Y
Buenos Aires como en Nueva Granada, México y Chile: las autoridades
españolas al frente de los respectivos gobiernos ac~ptaron sin may~r oposición la realidad del nuevo orden que se estallec1a adoptando la formula
política de "Juntas".
En el Perú con Ahascal al frente del gobierno las cosas no podían hacerse tan fácilmente. El centro de la oposición y el despotismo pasaría
así a constituirse, paradójicamente y contra la volunta~,del grupo libe~,
en centro fidelista de América. Los conatos de revoluc10n que se pro&lt;bJeron en Lima (mediados de 1809) recibidas las notici~ de los disturbios de
La Paz y Quito, así como de la invasión del Alto Peru ~r las tropas argentinas fueron inmediatamente controlados por las autondades. Pese a esto,
con ia llegada de José de la Riva Agüero y Sánchez _Bo~ete (Lima ~ 7831858), quien había abrazado las nuevas ideas r~voluCionanas establecien,do
contactos en Europa con los americanos de ideas avanzadat1i comenzo a
tomar cuerpo la tendencia primigenia separatista de Túpac Amaro y Viz.
cardo y Guzmán que comenzaría a actuar a partir de ese momento.
Se producen a continuación las in~rrecciones de Ta~ en los añ_os

18ll y 1813. La primera y la segunda guardan ~trecha relacion con la~ mvasiones de Castelli y de Belgrano al Alto Peru. La derrota de Castelli en
los campo, de Huaquí significó el fracaso de la primera. En cuanto a la se-

M. L. Rívoro De TuatJ: Iluwación y romantici,mo en el Perú 131

gunda, d revés de Belgrano en Vilcapuquio disipó toda esperanza de continuarla.
En provincias distantes de Tacna, Huamanga y Huánuco, lo mismo
que en la capital, continúan las conspiraciones. En 1812 se produce un levantamiento de indígenas en Huánuco exasperados por el maltrato y extorsiones de los subdelegados que habían reemplazado a los corregidores;
por otro lado, las po,ibles prohibiciones de beneficio y siembra de tabaco
exasperaron aún más a indios y criollos que habían sido influenciados por
las proclamas revolucionarias de Castelli. Abascal tan pronto tuvo noticia
de las alteraciones de Huánuco envió tropas que tin mayor esfuerzo cODSÍ·
guieron controlar la rebelión: se produjo la dispersión de indios y la sanción respectiva a los que habían formado una Junta Gubernativa Provisoria.
Simultáneamente en Huamanga, teniendo conocimiento de los avances

de los patriotas de Río de la Plata en el Alto Perú, se comenzaron a ~tar
los ánimos a través de propaganda de tipo subversiva. Una denuncia sobre
el día en que se daría el golpe puso en aviso a Abasca~ quien controló de
inmediato todo conato de insurrección.
El Cuzco volvió a agitarse a partir de noviembre de 1812 con motivo
de la elección de Diputados a Cortes. Se formaron dos bandos, el de la
Audiencia y el de los constitucionales encabezados por Rafael Ramírez de
Arellano; posteriormente, y llegado al Cuzco el texto de la Constitución
española, se exigió su publicación en un documento que firmó el indicado
Ramírez de Arellano, lo que motivó su detención. Los constitucionales
lograron introducir a sus representantes en la elección de cabildante, libe,.
rara su líder y constituirse en un ayuntamiento opuesto a los dictámenes
y resoluciones del gobierno.
Durante 1813 el movimiento se incrementó alentado con las noticias
de las victorias de Tucumán y Salta y la retirada del ejército realista del Alto Perú. En agosto de 1814, se da el golpe reduciendo a prisión a las autoridades y formando una Junta de tres sujetos que aparentando fidelidad
al monarca inició relaciones con los patriotas argentinos del Alto Pení;
pero el virrey notificado de los acontecimientos envió una Proclama a los
habitantes del Cuzco en la que les invitaba a deponer las annas advirtiéndoles que tropas dispuestas al rigor de la guerra eran enviado, en esa dirección. Y efectivamente, las fuerzas que se destinaron a controlar el movimiento fueron de tal magnitud que al final de la batalla había unos mil
cadáveres en el campo, en tanto que las tropas realistas solo tuvieron siete
muertos y seis ahogado, en el paso del río Halli.

�132 Siglo XIX
Estos movinúentos y otros muchos de menor trascendencia fueron hábilmente controlada; por el virrey Ahascal quién no escatimaba esfuerzo
alguno por convertir al Perú en el centro del fidelismo americano. Con los
recursos del rico virreinato peruano combatió a los ejércitos revolucionari~ en el Alto Pení, Quito, Chile y pudo contener el avance dela revolución argentina por la zona de Charcas. Balcárcel, Belgrano y Rondeau
fueron vencida; sucesivamente en 1811 en Huaqui, en 1813 en Vilcapuquio y Ayohwna y en 1815,en Viluma o Sipi-Sipe. ~on ~stasv~ctorias l_os
argentinos perdieron la region de Charcas que quedo baJo la cucunscnpción del Virrey del Perú. Los chilenos patriotas fueron derrotados en la
batalla de Rancagua en 1814.
En cuanto a la Junta de Quito, la hizo sucumbir en 1809. El segundo
levantamiento de Quito, en 1810, fue controlado por Abascal y el presidente de la Audiencia. Logrado este propósito, la ofensiva realista se prolongó al sur de Nueva Granada hasta la región de Pasto.
Hasta 1816 en que se retira Abascal del vi"einato del Perú, pudo
jactarse de haber pacificado el Perú y mantenido bajo control muchas secciones del continente. Impuso para esto sacrificios de hombres y de dinero
a las provincias bajo su dependencia, pero advirtiendo que sus esfuernos a
la postre resultarían estériles pidió aJ rey le permitiese retirarse del territorio peruano (1816).

En la lucha contra la revolución americana y peruana, AbascaJ había
logrado establecer un centro de operaciones militares sumamente s~lido
en el Perú. Unida a la condición de centro operacional se daba la calidad
del ejército que en su disciplina y estrategia siguió los lineamientos del virrey y, más aún, se vió constantemente enriquecido con los contingentes
enviados desde España integrados por veteranos de la guerra contra Napoleón; y por último la experiencia adquirida en las batallas tanto locales
como americanas les permitía un conocimiento cabal del territorio donde
se libraban las luchas. Todo esto explica, en parte, las dificultades y vicisitudes de los ejércitos patriotas para penetrar en el territorio peruano
y dar la batalla decisiva que consiguiese definitivamente arrojarlos del
suelo americano.
AbascaJ comprendió que el centro fidelista debía cimentarse en el
Perú no solamente concentrando en ese territorio el fuerte del ejército,
sino también emprendiendo una campaña de propagación de ideas favorables a la causa fidelista y tendiente a desacreditar la causa revolucionaria americana.
Conviene aquí referirnos a esta doble preocupación del virrey Abascal

M. L. Rivara De Tuesta; llustmción y romanticilmo en el Perú

133

porque ambas cuestiones, por haber sido sólidamente establecidas, por haberlas afianzado sobre bases cuidadosamente pensadas, pasarán a constituir problemas fundamentales a resolver en el proceso libertario americano.
No queremos extendernos en lo tocante a la necesidad de liquidar el
poder realista en una batalla en los campos peruanos. Simplemente reiteraremos que no era posible considerar el movimiento libertario terminado
si los ejércitos españoles no habían sido vencidos y arrojados del virreinato peruano.
B) La Formación de una Conciencia Antirrevolucionaria.- En lo que
concierne al fomento de las ideas contrarias a la revolución americana es
necesario señalar que el virrey Abascal emprendió aquí otra batalla. Aparte
de controlar los movimientos ideológico-libertarios, se dedicó a crear un
órgano antirrevolucionario y al servicio de la autoridad virreinal, la Caceta
del Gobierno de Lima (1810-1821).

Se trataba de dar noticias hábilmente controladas con el fin de crear
una conciencia de respaldo y afianzamiento al régimen que él representaba, y de rechazo, temor y angustia frente a la nueva ideología.
Creemos conveniente aquí presentar algunas versiones del proc~so
libertario vistas desde el ángulo antirrevolucionario por dos razones. La
primera, demostrar que se usó un órgano periodístico con el fin de controlar ideológicamente el movimiento y la segunda, para conocer con
cierto detalle cuáles eran las razones o argumentos que respaldaban el
pensamiento de los partidarios del continuismo colonial.
Como contestación a la proclama de los comandantes de la expedición militar de Buenos Aires, que seguramente era conocida en el Perú,
se dice que el desorden y la anarquía marchitan las antiguas glorias de la
capital del Río de la Plata, que las pasiones y los odios son las que animan
a los demás delincuentes y que el temor y el engaño es el que seduce a los
débiles y por último que el pueblo se decide por la novedad y la codicia.
Una obscura asamblea de hombres nuevos y turbulentos, profanando sin pudor el sagrado nombre de la patria y del rey, enarbola el sedicioso estandarte y amenaza a los pueblos que la rodean
con la forzosa alternativa de la traición o el estrago iPueblos seducidos, que de atentados no abortan los delirios de una imaginación exaltada( ... ) Estos caudillos revolucionarios son los mismos
que poco antes eran el desprecio de la sociedad y perseguidos por
las leyes no podían subsistir sin trastornarlas. No es vuestra seguridad sino el propio interés que los anima; no es la Patria, ni su
inmu:Udad. ni sus derechos que pretenden vengar: son sus ruino-

�M. L. Rivara JJe Tueata: Dustroci6n y romantici1mo en el Perú 135

134 Siglo XIX
sas fortunas y privados resentimientos que atizan la sanguinaria
tea de la discordia. 16
Más adelante se dirige el articulista a los incautos que ~reen en re~&lt;:
luciones diciéndoles que las más podersoa~ siem~re ~an temdo muy debiles 'pñncipios y han sido fomentadas por 1de~s lL5onJeras, pero que sobreviene a ellas la desorganización del orden soc1al, lo que conduce al h?mb_re
de abismo en abismo hasta llegar a la anarquía y por último a la brama.
La invocación última está dirigida a los españoles americanos Y al pueblo de Lima:
Si el honor y la generosidad no os animan: si la gr~~~d Y la ~speranza no os reunen a la sombre del majestuoso edif1c10 de l.a mt~ridad del gobierno hispano-americano: vuestro v~rdadero mteres
~s habla, el reclama por el seguro de vuestras prop1e.dades, vu~~ra
existencia civil y vuestra gloria. Separados por una mmens: . e
desiertos menesterosos aun en el medio de la misma abun n_c1a,
oprimid¿s por enemigos domésticos, codiciad?s por los ex~anos,
sin representación ni relaciones, vu~stra segu1:dad sflo es~1ba:~
la subordinación, la hermandad y la concordia. A a s&lt;?m ra e
magistrado prospera aquella libertad de que es susce~tible
den social: más allá está el horrible caos de la anarqm a fnb on /
el hombre solo hace alarde de su razón para exce~e!se en ª. ruta 1dad de las fieras. Deslumbre la seducción a los debiles y agite a los
delincuentes: que Lima entretanto que hace resp_etar el ~on?r nacional y su propia seguridad, reposa so!&gt;~e la r~ctitud de as intenciones de un jefe activo popular y benefico. F1Tme como un escollo ve romperse a sus pies las fur~osas olas, )'. en la calma .e~p.era
con dignidad el éxito de la gran hd, el premio de sus sacrif1c1os,
y el fruto de su lealtad y cordura.17

¡1 o¡-

Refiriéndose a la formación de la Junta de Caracas se dice:
Nada es más imprudente que la proclama de C~cas: tejido a,bsurdo de falsedades, de principios torpemente apl~:idos, Y de p~rfidas protestas. ¿Es ya España víctima de la opre_s1on? Eso qu1~1eran sus enemigos. ¿Han cesado por eso las c~nex1ones qu_e hab1an
hecho en Caracas compañera de su suerte? tlnfie!es y viles_ ,comañeros los que en la angustia rompen los lazos! &lt;.L~ opres1on de
ks aña está consumada? iDescarados embusteros! &lt;.Vrrtu~•.m°;
p "
f raterm'dad, unión y generosidad
son1avuestras divISas.
d erac1on,
• d'
¡ Os habéis mostrado incapaces de tanta v1r1:11 •
Se señala a Francia como promotra de los trastornos en América:
N O bastaban -dice el editor- las traiciones que _PUSO en prác~ca
1
de España· era menester en su SJStema revoluc10paral
sol"}?~esa es pan· olas.( ....
) Con este objeto envía emisarios
nar asa amencas

a Indias que cual otros comisionados de vacuna vienen a comunicarnos su pus, su lue y sus humores, que en efecto pegaron en las
partes en que no se precavieron.
Así por efecto de efervescencia se originó la fiebre y de repente
delira Buenos Aires, cae en convulsión Caracas, y el reino a que
pertenece; Quito pierde el equilibrio, Chile se desentona, México
no está de acuerdo, y el cuerpo político de ..\.mérica se parece a un
enfermo de accidentes complicados.
Exáltanse las pasiones, férmentanse los odios, la ambición toma el
ascendente y empiezan los hombres a matarse sin saber porqué,
ni como. Encendida una vez la llama de la discordia ya no es menester soplarla, ella misma hace progresos con el ambiente más leve ¿que será cuando sobran hombres perdidos, fanáticos, o belicosos que atizan la hoguera aunque el mundo se consuma, con tal
que ellos se lisonjeen de que van a figurar?
Este es el estado a que se han reducido nuestras Américas con sentimiento de todos los buenos; pero por fortuna Lima y su distrito
en medio de ta!ltos desórdenes, y de unos ejemplos tan contagiosos se ha mantenido tranquila porque la han hecho cantar los peligros ajenos (.. ,) no es menester muchos cálculos, para conocer
la mano diestra que ha conducido esta nave por en medio de las
borrascas del dulce puerto de la paz, que al presente disfruta. E9peremos continúe aun el piloto, a quien no separaran de sus planes las agitaciones de unos pequeños inquietos.19

La noticia de la liberación española alienta la esperanza de paz en el
continente. Se confía en el imperio de la razón que actuará a través del
Congreso para extender los monumentos de las ciencias y la prosperidad
pública a las regiones del continente, al mismo tiempo qu.e se vinculan ambos acontecimientos con elogiosas frases al virrey:
Las veleras naves traen a nuestras dilatadas orillas las nuevas de
las derrotas, y expulsión de las falanges enemigas de la Madre
Patria, al mismo tiempo que el acelerado correo del Alto Peni
publica las victorias que han acabado de reducir este imperio a
una dulce paz, desde el Ecuador hasta el trópico de Capricornio,
y desde las márgenes del Océano Pacífico hasta los dilatados llanos del Amazonas.
Estos fueron sus antiguos límites, y estos son los mismos en que
los presenta íntegros y quietos al genio prodigioso del Virrey del
Peni. i Qué dulce satisfacción reunir en un mismo tiempo los sentimientos que hacen de la patria libertada de un enemigo feroz, y
los de ver coronados sus cuidados, disgustos y afanes con la salvación total, no solamente de los países que se le habían confiado,
sino de otros muchos más, sumamente interesantes)D
Como es posible apreciar por el tenor de los artículos presentados anterionnente, el cuadro que se pinta de América es de caos y de desorden.
Los lugares donde ha prendido la insurrección es pasto de ambiciosos que
sólo pretenden el poder y riquezas, se trata de descarados embusteros que
no miran el bien de la patria sino el de sus propios intereses. Por otro lado

�M. L. R.ivara De Tue,ta; Rustración y romanticismo en el Perú

137

136 Siglo XIX
.
del Perú es asignado como el hombre que ha controlado estos m&lt;:
el virrey
. h
d la paz en el ternvimientos subversivos y quien con su gemo a conseiva o
.
torio peruano.

IV. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA
(1817-1818)
P
a los esfuerzos de Abascal por controlar los movimientos re~olu.
-:se tanto en los límites del territorio como en sus efectos en el _mtecJOnanos,
l
A , · estaba perdida y
. d I ís, vislumbró que la causa españo a en menea
:~~:cit: ~trey ser reemplazado por el generalJ_oaquín de laPezuela (17611830 España) vencedor de los ejércitos argentinos de Belgrano y Rondca~
y qui~n conti~uando los linea~ientos establecidos por su antecesor estana
al frente del virreinato del Pero hasta 1821.

nato y d pillaje: que todas sus teoría y proyectos no han traído a
estos pueblos otras ventajas que la desolación y la ruina: que se
han destruido entre sí mismos sin cesar: sin que hasta ahora hayan podido venir a conciliarse los intereses opuestos del indio, del
negro de las castas y del español (...) ; qúe todos ~-us caudillos se
han dirigido siempre por las pasiones más torpes y violentas; y
finalmente que desde que injusta y neciamente derrocaron la base
del orden sobre que reposaba este cuerpo social lo han conducido
ciega y precipitadamente a su extenuación y agonía( ... ).
Cesa ya la ilusión: convénzasr todo hombre de bien de que la rebelión es el mayor de los crímenes, y todo rebelde el mayor de nuestros enemigos; que en esta materia no hay venalidades; que es preciso arrancar de raíz esta semilla malvada que ha cundido tanto
entre nosotros y que es el origen de todos nuestros males: que
nuestro verdadero interés: nuestro sosiego, nuestro bien, nuestra
prosperidad consisten en ser fieles al rey en mantener el orden y
las autoridades legítimas, y en hacerlas obedecer y respetar corno
antes se obedeci'an y respetaban (... ) y la América entera disfrutará la misma paz y la misma abundancia en que poco ha la veíarnos (...) .2l

1) América en el año 1817
El virreinato del Perú al iniciarse el año 1817 se enco,ntraha e_n apar.-nte calma. Chile había sido tranquilizado. En el Alto Peru se hab1a controlado el avance de Buenos Aires. Quito se encontra~a en potr: ~s a~t:
idades es añolas. Morillo se imponía en Vene~ue a 'f :n . an
e.
:bsolutis:o de Femando Vil parecía ser la medida mas mdic~da
controlar la insubordinación a que había dado luga~ el_ desarr~ o e pe~samiento liberal y por lo tanto era mejor a sus des1gmos a~lrr la Co_n~~tu.,
bl
l I
. . . , y enviar tropas que termmasen def1m bv ac1on resta ecer a nqu1S1c1on
men~e con todo vestigio de rebelión Pn América.

:rª

2) La Gaceta del Gobierno de Lima y la Propaganda Ideológica Antirevolucionaria de Pezuela.
.
d
ta total y el editor de la
Todo parecía presagiar una pronta erro . .
.
Gaceta del Gobierno de Lima al iniciar las pubhcac10nes de 1817 mamfiesta:
Reflexionando en el año anterior sobre el _cur~o de nuestros ne.
habíamos llegado a concebir la hsonJera esperanza de
goc1os
.
,
al dar a luz nuestro primer
numero
en este ano , no. tenqu; o a ue hablar de revolución; ni que recordar el o~moso
sd! cdmenes, de debi~dades, de errores y de_de~gra~~sctua~

:::o

hS:J:t:;~~c;:::i:~t~

'fo:

~\~n;:s
~~~B3:e~os:ire~;
0 ;f~j~:a
a convencerlos de que todos sus esfuerzos a_la_m~ep~n en~1_a
y par serán siem re ineficaces; no pudiendo existir Jan:1;l8 ~ol_itlson y
. l ~ón de la metrópoli: en cuya protecc,1on umc~t;u:e: hallar una salvaguarda contra la anarqma, el ases1-

=~:

Pese a todo el alega to en favor de las autoridades legítimas y el orden
t¡uc ellas proporcionan, se evidencia a través del artículo que la situación
que se vive en esos momentos es de mera apariencia y que la causa revolucionaria está en el corazón del propietario, el empleado, el eclesiástico o
cualquier otro miembro de la comunidad, pues hace esta última invocación:
pero si así no fuese; si por una parte se destruye lo que por otra
se edifica; si la mala fe y la infidelidad prevalecen siempre en el
corazón, si el propietario, si el empleado, si el eclesiástico, aun
qué se yo que mas, se empeñan en servir a un tiempo a dos amos:
a pedir al rey el honor y la subsistencia y a desear interiormente y
fomentar la revolución, en una palabra a complacer a Dios y el
demonio: sepan todos que hallarán siempre como todos los que
siguen este camino su desengaño y su ruina: y por de pronto muchos y continuados sacrificios para sostener una fuerza armada y
proporcionada a la obstinación de nuestros enemigos, al inmenso
territorio que este país ocupa y a la mayor inmunidad que exige
la desconfianza (...) 22
El artículo en su tono final, amenazante, parece mostrar la impotencia de las autoridades para contener el movimiento subversivo que lo amenazaba desde lo que había considerado como su más seguro baluarte.

3) José de la Riva Agüero, Lúler del Grupo Separatista Peruano
•♦

Y efectivamente los peruanos que en términos generales había propiciado las gestiones a través de la razón y la ley, confiado en las Cortes,
procurado la reforma sin evidenciar un rompimiento definí tivo con España, a partir de 1816 convencidos por el restablecimiento del despotismo

�138

M. L. Rnma De Tue&amp;ta: Ilustración y romantici,mo en el Perú

Siglo XIX

monárquico que sus gestiones y sus esfuerzos han sido vanos, cambian de
métodos y ven necesario, entonces, el afianzamiento de la corriente ideológica separatista. Línea separatista que vió claramente desde el grito revolucionario de Túpac Amaro la necesidad de la violencia para conseguir
la liberación de España.

sante "Memoria sobre la pacificación de la América Meridional" dirigida a
Fernando VIl, certifica que solo el disimulo estudiado debido al temor es
lo que puede darse pero no lealtad al monarca. En dicha memoria se hace
patente la desesperación del.ilustrado liberal que confió en la justicia y la
razón. Urge al monarca a rectificar los sistemas dictados por la tiranía, el
furor y la torpeza preguntándole:

En Lima, "centro de la opresión y del despotismo", escribe en 1816
José de la Riva Agüero (Lima 1783-1858) "Las 28 causas de la Revolución Americana". Folleto de corte ilustrado que plantea definitivamente la
necesidad de salir del despotismo por medio de las bayonetas:
El deseo de la felicidad común es un precepto divino, que está
gravado en el corazón de todo ser virtuoso. Este deseo inherente
a la justicia y engendrado por la naturaleza, se manifiesta claramente cuando los hombres cansados de sufrir el grave peso de las
injusticias, conocen hasta donde llega el insoportable imperio del
despotismo. Entonces armándose los ciudadanos deponen las humildes súplicas y apelan solamente a lograr la victoria por medio
de las bayonetas: y he aquí la verdadera causa de casi todas las
revoluciones del mundo, y la única que ha impulsado la América,
conocida por colonia española o patrimonio de los españoles.23
Más adelante Riva Agüero sostiene:
La actual guerra intestina de la América en que van corridos más
de seis años, se hubieran evitado seguramente si los mandatarios
del antiguo gobierno hubieran depuesto algo de su ferocidad, insaciable codicia, y extremado amor a mandar sin respeto a las leyes,
o si hubieran tenido un mejor conocimiento de política.
Dejando ·os primeros tiempos de la conquista de América y los
lastimosos sucesos de ella, por ser tan sabidos, solamente asePtaremos que el origen de la discordia en estos países es tan antigua
como la conquista misma.24
Hay en esta última observación de Riva Agüero una evidente conexión
ideológica con Juan Pablo Vizcardo y Guzmán al remontarse a la génesis
de la causa separatista. Sin embargo consideramos que el precursor jesuita
estuvo más cerca de la evidencia histórico al considerar que la revolución
debía hacerse con la colaboración de las diferentes razas que poblaban el
Perú y considerando como elemento básico el aporte indígena. En cambio
Riva Agüero advierte que no tiene origen ni la menor relación con los' indios,25 lo que hace evidente la mentalidad del criollo en esta etapa del proceso libertario, mentalidad a la que hicimos referencia en páginas anteriores.
4)

Vidaurre y la Verdadera Situación Americana

En 1817 Manuel de Vidaurre (Lima 1773-1841), al escribir su intere-

139

¿Creerá V.M. que los maericanos han de ser fieles continuando esta política? Es muy grande el talento de V.M. para que se persuada de un sistema que reprueba la más vulgar razón. Podrá lograrse
que algunos pueblos desarmados callen sus sentimientos por algún tiempo que estudien el disimulo, que se cautelan de aquellas
mismas personas, cuya confianza es inspirada por la naturaleza;
pero en su interior renuevan diariamente sus votos: sus ruegos a
la deidad, tienen por objeto la independencia y esperan la ocasión
favorable en que realizarla.26
5)

La Acometida Final a la Estructura Pol{tica Española

Pese a la calma aparente se inicia en el año 1817 la acometida final a la
estructura política española. Los esfuerzos realizados por el virrey del Perú, Pezuela, se verán sin efecto, tanto en el terreno de la lucha revolucionaria como en la campaña ideológica. El torrente avasallador de la rebelión
americana, así como el acuerdo de la multitud expresado en su afán de
desprenderse para siempre del yugo español, son incontrolables.
6)

Derrotn del Ejército Español en Chacabuco

El 19 de marzo de 1817 se conoce en Lima la derrota del ejército español en Chacabuco el 12 de febrero. El plan de San Martín (Buenos Aires, 1778-Francia, 1850) concretado en la idea de que eltriunfo de la revolución sólo se obtendría por el paso de los Andes hacia el sur, libertando a
Chile para de ahí pasar al Pení, y abandonando la primera idea de avanzar
a través del Alto Pení, había sido coronado por el éxito.
7) Inquietud en Lima frente a los Avances de la Revolución

Dos años después el órgano oficialista no puede menos que transparentar la inquietud reinante por el avance de la revolución:
Los insurgentes del Río de la Plata -dice- rompieron al fin unos
vínculos tan sagrados, y los apóstatas de su libertad mal entendida de la sinceridad y buena fe de aquellos habitantes que obedecían por el hábito, y no por principios, se han impresionado con
unas ideas surgidas con el artificio, que al paso que lisongean sus
pasiones irritadas con d fatal origen de su destrucción y ruina
(...) y no satisfechos con haber arruinado su propio suelo, des-

�140 Siglo XIX
truyendo las minas, la industria y la agricultura quieren llevar la
tea de la insurrección a los lugares más remotos y envolverlos en
su ruina,
El reino de Chile ha sido la presa de esos sanguinarios, que no
obedeciendo otra ley que la de su capricho, se oponen a cada paso a estos mismos principios con que han querido cimentar su sistema revolucionario. Ellos se han servido de esta conquista como
de un medio para prepararse a otras, y sus criminales deseos de
avanzar hasta las riveras del Rímac. iTe-merarios! Vosotros pagaréis bien caro el arrojo con que intentáis turbar el orden y la obediencia que hacen el carácter de sus afortunados habitantes(...) 27
Se evidencia asi la proximidad del avance patriota a Lima y se intenta
todavía hacer campaña ideológica contra la fuerza de las annas buscando
el respaldo de los letrados de la capital.
No es la gloriosa carrera de las armas lo que únicamente sostiene
los inviolables derechos del rey y del Estado. También las letras
tienen a su vez un especial influjo sobre los reinos, turbados por la
discordia inducida por el fanatismo de una opinión engañosa y
mal fundada. Dócil el hombre a la primera insinuación de la naturaleza, luego se convence de la necesidad en que se halla de
obrar bien; y deduciendo unas verdades de otras, fácilmente se
persuade de la en que está de vivir en sociedad y sujetarse a las leyes fundamentales que la han constituido, y cuyo trastorno, si
quedase al arbitrio de los súbditos, sería más pernicioso que el
mismo mal que intentan evitar".28
El propósito del virrey era formar un cuerpo de juristas y letrados que
luchasen contra los enemigos del orden en el país, hombres que al amparo
de las leyes siguieran respaldando los inviolables derechos del amado monarca. Si bien es cierto que la institución formada por el virrey cumplió su
cometido temporalmente, pronto y paradojalmente se vería convertida en
un centro de oposición a muchos de los designios de los precursores de la
independencia americana, llegando en última instancia a decidir la fórmula
política que convenía al Perú y más aún decidir, mediante campañas ideológicas emprendidas a través de la prensa, sobre las actividades y decisiones del pueblo peruano.

8) La Proclama de San Martín a los Limeños y Habitantes de todo el Perú
Lima continúa así como aparente centro fidelista tanto militar como
ideológicamente, pero en verdad todo está convulsionado. Nadie ignora
las conexiones dd grupo separatista con los ejércitos revolucionarios que
preparan su ingreso al territorio peruano. La Gaceta publica la proclama de
San Martín del 13 de noviembre de 1818 y si bien es cierto al hacerlo al
texto está lleno de anotaciones que pretenden refutarle, lo que se persgue

M. L. Rivara De Tue,ta: Ru,tración y romanticilmo en el PenS 141

es informar a la opinión pública del avance del ejército patriota y de la proximidad de los acontecimientos que, todos saben, pronto han de producirse.
No nos es posible insertar aquí la proclama completa de San Martín

("A los limeños y habitantes de todo el Pení '}. Procuraremos sin embargo
presentarla en sus aspectos más significativos frente al proceso libertario
americano, al mismo tiempo que evidenciar el ideario que se propuso el
héroe de Chacat.lco.
Establece en primer lugar la necesidad de entrar al territorio peruano
para defender la causa de la libertad americana ya que
el virrey del Pení se esforzó a persuadir que había sido capaz de
aniquilar en los habitantes de Lima y sus dependencias hasta el
alma misma para sentir el peso e ignominia de sus grillos (..•)
La guerra siguió incendiando este inocente país; pero a pesar de
todas las convinaciones del despotismo, el evangelio de los derechos del hombre se propagaba en medio de las contradicciones
(...); mas la opinión fortificada por nobles pasiones, hacía sentir siempre su triunfo. Y así el tiempo regenerador de las sociedades poli'ticas acabó de preparar el gran momento que va a decidir lá suerte de la América del Sur.29
Ofrece luego la emancipación política al Perú, y se anuncia no como
conquistador que trata de sistemar una nueva esclavitud sino como el instrumento accidental de la justicia y agente del destino: "Sensible a los horrores con que la guerra aflige a la humanidad, siempre he procurado llenar mis fines del modo mas conciliable con los intereses y con mayor bien
de los peruanos". Por eso agrega que propuso al virrey se convocase al ilustre vecindario de Lima para que se oyese la exposición de sus quejas y derechos "y que se permitiese a los pueblos adoptar libreménte la forma de
que creyesen conveniente, cuya deliberación espontánea sería la ley supréma de mis operaciones". La respuesta a tal proposición liberal fue el insulto y las amenazas de las autoridades virreinales.
y así el orden de la justicia tanto como la seguridad común me
precisan a adoptar el último de los recursos de la razón, el uso de
la fuerza( •.. ), el resultado de la victoria hará que la capital del
Perú vea por la primera vez reunidos sus hijos eligiendo libremente su gobierno, y apareciendo a la faz del globo entre el rango de
las naciones. 30
Se refiere a los éxitos de la jornada de Chacabuco y a sus ideas de federación en los términos siguientes: "El ejército español fue enteramente
derrotado, Chile se hizo un Estado independiente, y sus habitantes empezaron a gozar de la seguridad de sus propiedades y de los frutos de su li-

�142 SiBlo XIX
bertad ". Buenos Aires, Chlle y luego el Pení unidos fonnarán tres estados
independientes lo que
acabará de inspirar a la España al sentimiento de su impotencia
y a los demás poderes el de la estim~ción .Y del ,r~speto. Afianzados los primeros pasos de vuestra ex1stenc1a pohtlca, un congreso
central compuesto de los representantes de los tres estados dará
a su respectiva organi,zación una n~eva estabilida~~ y la Cofstitu•
ción de cada uno as1 como su alianza y federac1on perpetua se
establecerán en medio de las luces, de la concordia y de la espe•
ranza universal. Los anales del mundo no recuerdan revolución
más santa en su fin, más necesaria a los hombres, ni más augusta
por la reunión de tantas voluntades y brazos.31
Aborda también la problemática del nuevo orden que ha de establecerse conseguida la libertad política, y manifiesta:
Bajo el imperio de nuevas leyes y de poderes nuevos, la misma actividad de la revolución se convertirá en el más saludable empeño
para emprender todo género de trabajos que mantienen y multi•
plican las creaciones y del orden, esos mismos escombros que ha
sembrado la gran convulsión política de este continente serán como las lavas de volcanes que se convierten en principios de fecundidad de los mismos campos que han asolado. Asi' vuestras cam•
pañas se cubrirán de todas las riquezas de la naturaleza, las duda·
des multiplicadas se decorarán con el esplendor dt: las ciencias, y
la magnificiencia de las artes; y el comercio extenderá libremente
su movimiento en ese inmenso espacio que nos ha señalado la naturaleza.32
Así tenemos programada en admirable síntesis la inmediata tart&gt;,a que
correspondía realizar: el uso de las armas para libertar al Perú y por ende
a América; dar a los pueblos una forma de gobierno conciliable con los intereses y el bien de los pueblos y adoptarla libremente; fonnar una gran
confederación integrada por Buenos Aires, Chile y el Perú; y crear de los
escombros de la estructura colonial en vías de desaparecer un nuevo orden bajo el imperio de nuevas leyes y poderes.

V. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA
(1819-1820)
1)

El Ejército Libertador y la Pretendida Esclavitud de Lima

El 3 de abril de 1819 anuncia la Gaceta la retirada de la escuadra que
bloqueaba el puerto del Callao. Pezuela aprovecha la ocasión para asegurar que Buenos Aires y Chile están exhaustos ya, y que los monstruos insaciables que las han destruido son los que dirigen ahora sus ambiciosas
miras a Lima.

M. L. Rivara De Tuuta: llultración y romantici1mo en el Perú

143

La que ora poco fue señora de todo el continente, y centro de
sus riquezas, vendría ser i que ignominia! esclava de sus provincias
(... ).
Limeños, vuestra fidelidad pasará por proverbio de generación en
generación, y de siglo en siglo. Muchos son los sacrificios que habéis hecho en diez años. Habéis auxiliado a la Peni'nsula, a los rei·
nos.de Quito y Chile y Santa Fé: y hasta el mismo Buenos Aires
que hoy trata de esclavizaros, debió a los socorros vuestros haberse podido libertar del yugo de la Inglaterra. El mundo ha visto
con asombro los inagotables recursos de la capital del Perú. Pero
aun restan sacrificios que hacer, y que serán las últimas acaso. Sin
estos, serían inútiles todos los pasados( ... )
Si continúan vuestros auxilios, como espero, no dudo en punto
triunfo de los enemigos de vuestro reposo. Vengan de nuevo, y
saldrán de nuevo confundidos (...) _33
Como es posible apreciar por el tenor de la exposición del virrey Pe.
zuela, un gran peligro acecha al Perú: su esclavitud. Dadas sus ingentes riquezas así ~orno el haberse constituido en centro y baluarte del fidelismo,
sosteniendó con sus enormes recursos económicos las campañas de represión en las provincias sublevadas-, es ahora mirado por Chile y Buenos Aires
como el lugar donde les será posible resarcirse de las pérdidas sufridas. El
Perú y Lima serían así devastadas por un nuevo conquistador y después de
haber sido el centro colonial de mayor importancia económica y política
pasaría a constituirse en zona dependiente de los chilenos y bonarenses.
Se sostiene en otro artículo:
El oro de vuestras minas es quien ha traido a vuestras costas a esos
hombres desmoralizados que abandonaron Europa para venir a
proteger la tiranía y el despotismo en la América. Y los persuadiréis por ventura que unos hombres que no han podido vivir bajo
del orden que hace felices a los pueblos; vengan de buena fe a
predicaros y a daros el ejemplo de lo que ellos mi'lmos no conocen ni quieren conocer? No: ellos vienen a privaros de la tranquilidad y el reposo, a llevarse vuestros bienes, a violar a vuestras
vírgenes, a profanar vuestros templos, y a desfigurar enteramente
la religión de vuestros padres.34
Se dirige a los ministros de la religión, a los varones esclarecidos a, los
comerciantes beneméritos, a los artistas de todas clases y por último a los
hombres ilustres pintándoles la situación que les espera por los cambios de
la estructura social que ha de presentarse.
A los hombres ilustres les manifiesta:
De nada os servirían vuestros estudios entonces; pues todo se
mudaría, ideas y palabras y sistemas. El ciego charlatanismo ven•

�144

M. L. Rivara De Tuuta: flu1tración y roman lici,mo en el Perú

145

Siglo XIX

dría a suceder a la verdadera filosofía: todas las ciencias se verían
reemplazadas por la ignorancia y la barbarie.
Los males que acabo de pintaros, y que serían consiguientes al
restablecimiento del orden, son bienes verdaderos en cotejo de
aquellos que deberían predecirle. Entonces; contribuciones enormes, prisiones, cadalsos, insultos, fuego, cuchillo, saqueo, y cuanto pueda imaginarse de horroroso!
Tal es el cuadro de los males que el enemigo os tiene preparados
en castigo del valor, la fidelidad y la constancia que os honran
tanto a vosotros, y que han desconcertado y destruido sus miras y
sus planes.35
Con esta política se procura crear un nuevo factor de resistencia frente al avance de los ejércitos patriotas. Y en verdad los documentos de la
época muestran la desconfianza surgida en el Perú en lo concenúente a este delicado tema y las providencias que se tomaron para evitar que el territorio peruano se convirtiese en un lugar de saqueo y devastación. Pero
quedó siempre en pie la problemática de qué Jugar le correspondería ocupar al Perú dentro de los planes de federación o confederación americana.
Dado el lugar que había venido ocupando el virreinato peruano, tanto
por sus riquezas como por haber sido el centro político más importante en
Sudamérica, pasará este punto a constituir una de las cuestiones más delicadas que habrían de decidirse trastornando los planes federativos programados para el continente.

2) La I deologi'a Antidemocrática y Antiliberal
La ideología revolucionaria se verá enriquecida aún más por las publicaciones de documentos que teorizaban sobre sistemas políticos o temas
filosóficos propios del pensamiento ilustrado liberal. Las publicaciones oficiales abordan esas cuestiones en un intento de controlar el avance de dos
ideas fundamentales a través de las cuales se atacaba el sistema colonial: las
ideas de democracia y libertad. ·

A) La Defema de la Monarquía.- Nos reíerimos en primer lugar a la
defensa del sistema monárquico y a los peligros de la democracia. Sostiene
el articulista que es una verdad incontestable que no existe forma de gobierno que no presente defectos. Pero que después de haber consultado la
histl'ria de los pueblos y la experiencia de los siglos, los políticos han tenido que concluir a favor de la monarquía, cuando ésta es moderada por leyes dictadas según el carácter y genio de los pueblos, así como teniendo en
consideración su situación geográfica, clima, población, producciones y extensión del territorio.
En cambie la democracia exige terrenos de poca extensión y bastante

poblados, que estén al abrigo de las invasiones y que se hallen favorecidos
por un clima que les permita producir lo suficiente para sostener todas las
necesidades de sus habitantes, a fin de que no se vean precisados por su miseria a mantener inquietos a sus vecinos, ni excitar con su abuñdancia su
codicia y sus celos.
Si falta alguna de las circunstancias descritas el edificio de la sociedad
se desploma y se arruina, por sólido y consistente que hayan parecido sus
principios de establecimiento.

El caso de Francia ejemplifica -dice el autor- esta verdad indiscutible:
Empeñado en perseguir la sombra alhagueña de la libertad e independencia derribó a la monarquía y se víó luego cargada de hierros por Napoleón que sedujo a sus soldados con promesas de
pillaje, licensiocidad y desenfreno. Y esto sucedió porque Francia
quiso dar a su gobierno una forma absolutamente inadaptable a
las cifcunstancias de su suelo, lo que la obligó a someterse a un
nuevo rey. 36
A renglón seguido motiva a la reflexión manüestando:
Juzgad vosotros, peruanos, si con la posición geográfica de vuestro país, con sus riquezas, con la grande extensión de su terreno,
y con su corta población, puede acomodarse por ventura ese nuevo sistema de que os hablan y con que intentan seduciros los enemigos vuestros.
Si queréis aseguraros completamente de la falsedad de sus promesas, volved la cara a los chilenos, a los desgraciados habitantes de
ese Estado llamado soberano; y los veréis gemir bajo el peso de las
cadenas más duras, y servir de instrumento a la ambición y a los
caprichos de los déspotas del otro lado de los Andes que tienen
ahora fijas sus miradas sobre las riquezas de vuestro suelo; y que
en su loco frenesí las cuentan suyas.37
Se inicia así a través de la propaganda ideológica anti-revolucionaria la
reflexión sobre la forma de gobierno que más conviene al Perú, al mismo
tiempo que se alienta la formación de una conciencia antifederativa sobre
la base de las formas económicas y recursos naturales delimitados dentro
de las antiguas estructuras coloniales.

B) El Terna de Mayor Polémica: La Libertad.- Artículos de índole fi.
losófica se dan de contínuo, utilizando los temas de mayor polémica. Tenemos por ejemplo el trato de la libertad, que es planteado en los siguientes términos:
Es la libertad el a tribu to más precioso de la criatura racional. Y

�146 Sislo XIX
aquella admirable propensión que nos arrastra a su disfrute con
una fuerza irresistible; y que jamás nos abandona desde la cuna
hasta el sepulcro; es la árbitra del hombre, y la rcyna absoluta de
todas sus pasiones (. . .) .
Pero esta libertad len qué consiste? lQué es? lAdonde se halla?
lLe conocen todos los que pelean por ella? lSaben todos cual es
este ídolo famoso. a quien dobla la rodilla el universo entero? La
libertad hablando filosóficamente, es la facultad de obrar o de no
obrar, y de hacer esto o aquello, con tal que ninguno esté prohibido por la ley (...). No hay libertad en un pueblo en que no se
respeta la virtud: y la virtud no puede respetarse en donde no hay
un freno con que se contengan los delitos (.. .) Es preciso vivir
bajo un gobierno; porque sin él, no hay orden, no hay seguridad
individual, no hay virtudes ni propiedades ni derechos.
Hay además, empero, una falsa libertad cuyo_exterior brillante se•
duce y arrebata; y que no viene a ser, en el fondo, sino el despotismo y la tiranía disfrazados con el traje y los atavíos de la líber•
tad (. . . ) Libertad pronunciada por cuatro sediciosos. Y lCuál ha
sido hasta aquí el fruto de sus esfuerzos?. .. Empobrecerse, des•
poblarse, y hacer efectivo un yugo que era imaginario. Buenos Aires y Chile y los otros pueblos sublevados lson más libres hoy
día que cuando estaban sujetos a la dominación española? (. .•)
iAh! Si fuesen preguntados por ventura en uno de esos momentos en que, calmado las pasiones, se deja oír la voz de la razón y
quisiesen ellos hablar de buena fe: contestarían que no; y ~e,
tiempo hace, están arrepentidos de haber cometido tantos críme•
nes, y de haber inmolado tantas víctimas en los terribles altares
de la insaciable libertad. iO libertad, hija primogénita del cielo!
Mejor no hubieras jamás bajado sobre la tierra, si habías de servir
a los tiranos para deslumbrar a los pueblos, y conducirlos a su
ruina.38
Creemos que no es necesario excederse en comentarios sobre el texto
anterior. La libertad, como motivo de reflexión, es una de las cuestiones
básicas que se replantean los ilustrados, pero fundamentalmente desde la
perspectiva política.

3) Primeros Intento, de Entrada a Lima de los Ejércitos Pa"triotns.
Pese a toda la acción desplegada por el virrey en septiembre de 1819
se hace evidente que la entrada de los ejércitos patriotas está próxima a
llevarse a cabo. En la Caceta del Gobierno de Lima se inserta la proclama
del director de Chile a los pueblos, esta vez con una nota editorial muy
breve que manifestaba:
Los esfuerzos importan tes del Director O'Higgins ( 17 76-184 2
Chile) para animar a los chilenos a venir contra el Perú, son nacidos de la desesperación y del miedo que se han apo.derado así de
él como de los demás jefes insurgentes al saber que se hallan próximas a Buenos Aires y a Lima las expediciones de España que
no creyeron hasta ahora llegasen a realizarse.3 9

M. L. Rfoara De Tuuta: Ilustración y romantici,mo en el Perú 147

El ~ext_o de la_ proclama _dirigida a ~os ciudadanos chilenos y signada en
el palacio directonal de Santiago de Chile el lo. de septiembre de 1819, sin
embargo, se publica sin anotación alguna lo que revela la infiltración del
grupo patriota en el órgano oficialista así como hasta qué punto se encuentra desorgani:iada la censura periodística del hasta hacía poco férreo control colonial.

4) La Pr1Jclama de O'Higgins
Hemos llegc1:do - dice O'Higgins- al período del último sacrificio,
y es necesano arrostrarlo: o el premio inalterable de los trabajos o
el aniquilamiento de la patria.
'
La empresa urgente de dar al Pení su independencia y todo el esfuerzo de la España para acabarnos, forman este contraste tan glorioso como terrible. Nada ha conseguido Chile arrojando de su seno a los enemigos, si no asegura su tranquilidad destruyendo a
los opresores de Lima, y ~anquéandose aquellas relaciones capa•
ces de recompensar sus fatigas. Todo lo hemos perdido, y los tiranos lo han ganado todo, si logran la victoria del golpe fuerte que
nos amaga.
(...) para vosotros suena el grito de un segundo interés. Chile se
consume en sí m i;ma si no emprende la expedición al Pení en circunstancias que la España se propone acabar con la de 'todo el
Sud( ...) Vamos pues a vencerlos. Vamos a imponer silencio a todos los derechos mientras se asegura el de la conservación de la
patria y su inalterable felicidad, vamos a mostrar todo su poder
~ontra el _de los tirll!1os(. . .) Probemos estar penetrados de que es
mcompaoble que ahente la libertad y vivan sus verdugos. Hemos
jurado sostenerla.
Los encarnizados enemigos nos cobran la palabra con el puñal.
Arrebatémoslo de su mano sangrienta, y no tendrán más contra
los que saben cumplir con su honor, y buscan la vida en los campos de la muerte antes que esperarla tranquilos en el fn'o cadalso(...)40

5) El Tratado entre los Estados de Buenos Aires y Chile para asegurar
la Independencia del Perú
Se hacía asi cada día más inminente el ingreso del ejército libertador al
territorio peruano y la opinión pública es informada, transcribiendo el
Corrier de Londres del lo. de junio de 1819, del tratado especial entre los
estados de Buenos Aires y Chile, firmado en la ciudad de Buenos Aires el
5 de febrero de 1819, para procurar a los habitantes del Pení una fuerza
annada para expeler al gobierno español y establecer otro que fuera análogo a su constitución física y moral.
Establece el tratado en su fundamentación que
El excmo. Director Supremo del Estado de Chile en uso de los po-

�148 Siglo XIX
deres que le están conferidos por la Constitución provisional de
los Estados respectivos; deseando poner fin a la dominación tiránica del gobierno español en el Perú, y procurar a sus habitantes
la libertad e independencia de que se hallan tan injustamente privados, y a efecto de. dispensar el auxilio que los habitantes de Lima han solicitado de ambos Estados contratantes, han resuelto
concluir el presente tratado.41
Se trataba así de responder al llamado del propio pueblo peruano y
por tal razón el ejército combinado de las Provincias Unidas y de Chile, se
comprometía, según lo estipulado en el artículo 11, a dirigir sus acciones
contra las autoridades actuales de Lima, y a la ayuda de aquellos
habitantes, cesará de permanecer en aquel país desde el momento que haya establecido un gobierno conforme a la libre voluntad de los habitante, a no ser que pida este gobierno y convenga a
las circunstancias así de las dos partes, como a los tres Estados de
Chile, Provincias Unidas y Lima, que este ejército subsista sobre
aquel territorio por cierto tiempo.42
E igualmente en el artículo IV se estipulaba que "Las dos partes contratantes ~ranti2:an mutuamente la independencia del Estado que se forma en el Perú, cuando la capital estuviere libre".43
Quedaba así clarificado el objetivo primordial de la expedición patriota al territorio peruano, al mismo tiempo que se garantizaba la existencia
de un gobierno independiente y conforme a la libre voluntad de sus hahi•
tantes. Pero esto no era todo. A fin de borrar la impresión dejada por lo
tantas veces repetido por la prensa oficilista en el sentido de que el interés
de la expedición era esclavizar y aprovechar las riquezas del Perú, se estipulaba en el artículo lli:
A fin de evitar toda causa de discordia entre los dos Estados contratantes, y el nuevo gobierno que se forma en el Perú, respecto
al pago de los gastos de la expedición liberatriz, y deseando remover para lo futuro todo pretexto que pudieran alegar los enemigos de la América para atribuir a esta expedición algunos motivos interesados que se hallan muy ajenos de ella, las dos partes
contratantes se convienen en no tratar del reintegro de sus expensas hasta que puedan arreglarse con el gobierno independiente
de Lima. El ejército combinado observará hasta entonces y después una conducta conforme a su objeto, que es de proteger, y no
de obrar hostilmente contra los habitantes, y respecto a todos estos puntos, los gobiernos darán órdenes expresas a sus generales
respectivos.44
Es necesario reconocer la importancia de los efectos de esta publicación en el ánimo de la población limeña que vivía en esos momentos las
más angustiosas expectativas. Para acrecentar aún más su conflicto y para

M. L. Rivaro De Tuetta: llunración y romanticilmo en el Pení 149
que medite acerca de la de~erminación que esÍá a punto de tomar, se prepara de inmediato un suplemento de la Gaceta a fin de dar una idea política del estado del Perú en el año 1819.

6) La Importancia Estratégica de Lima
Se dice allí entre otras cosas:
Lima colocada en el corazón de América Meridional es el punto
céntrico para su conservación y defensa; es como un escollo situado en el medio de una mar borrascosa, á cuyo pie vendrá
siempre á romperse de todas partes la furia de las olas revolucionarias. Mientras &lt;)Ue Lima subsista, mientras que se conserve la integridad del Peru, serán siempre vanos los esfuerzos más bien
combinados de los rebeldes para su independencia. Si Lima hubiese sucumbido, si no hubiese sido el depósito de la fidelidad
más constante, se hubiera ya decidido la suerte de este continente, ya habría perdido acaso para siempre la España esta vasta porción de sus dominios. De aquí como de un centro vuelan en todas direcciones con la rapidez necesaria los auxilios; desde aqui'
se ahogan en su misma cuna las maquinaciones más ocultas de la
malicia, y se frustran sus planes. Lima en fin, dividiendo las fuerzas enemigas impide e impedirá siempre la decantada unión continental: rica por naturaleza extiende a todas partes su benéfico
influjo, y aunque a veces pueda escasear de recursos, no los verá
jamás agotados.
Conocieron estas verdades los insurgentes mismos: conocieron la
importancia de este suelo para llevar a cabo sus planes, y ya por
su situación geográfica, ya por sus auxilios, cuando estamparon en
sus proclamas que era preciso clavar el puñal en el corazón de
América.45
Parece haber llegado así para el Perú el momento de su decisión final.
Ambos extremos dialécticos le requieren y reconocen su importancia estratégica para decidir la victoria de la causa realista o de la causa revolucionaria.

7) Lima y la Cau-sa Revolucionaria
No sería justo afirmar que en ese momento elige o se decide a abrazar
la causa revolucionaria. Podríamos afinnar más bien que el proceso ha sido
largo, que a través de interminables pasos, después de un lento proc~o de
incorporación de nuevas ideas, intentos de rebelión, gestiones a traves de
la razón y la justicia, luchas internas -motivadas por haberse constituido
en el baluarte realista, tanto en el aspecto militar como ideológic~, proceso ascendente de aceptación como único camino posible para obtener
la liberación de España, está preparada y ha asumido su compromiso frente a la coyuntura histórica en que se encuentra América.

�150 S;p, XIX
Acepta así unirse a la causa de sus hermanos americanos y desde ese
momento 1U participación en el proceso revolucionario contribuirá en mucho al logro de los fines inmediatos que se ha propuesto el mCNimiento libertorio. De otro lado su inserción en el proceso, aparentemente tardío,
le permite estar idológicamente preparada para el debate y el examen
racional de las problemáticas que se plantearían en la conformación de la
nueva estructura de gobierno para América.

8) Instrucciones que debe observar el Ejército Libertador del Perú.
Las instrucciones que debía observar el ejército libertador del Pení
le son dadas el 23 de junio de 1820 en la ciudad de Santiago de Chile.46
Su propósito fundamental quedaba establecido al indicarse que el espíritu
que lo animaba era sacar de la esclavitud y de la dominación del rey de
España a los habitantes de las vastas provincias peruanas, uniformar el sistema de la libertad civil y nacional en toda la América Meridional, acabar con los serviles partidarios de Fernando VII que refugiados en el
Pení sostenían obstinadamente una guerra destructora, y constituir unos
nuevos Estados independientes, que unidos para la defensa de la causa común con los que ya habían conseguido su libertad se hicieran impenetrables a los nuevos ataques que pudiera planear el gobierno español.
El ejército libertador debía actuar ciñéndose inviolablemente a las instrucciones estipuladas a través de veinticinco artículos que en síntesis señalaban que no debía usarse de la fuerza con los pueblos, haciéndoles entender más bien que el sistema de la libertad civil tenía como objetivo
primordial el espíritu de beneficencia y amor a la humanidad. Producida
la entrada en algún pueblo debía procederse a reunir las corporaciones
y vecinos principales a fin de efectuar la elección de las nueva.~ autoridades y a las cuales el ejército solicitaría hospitalidad. En caso de tener.que
recurrir a la fuerla para tomar un pueblo, había de evitarse en cuanto
fuera posible los saqueos, violencias y excesos. En la capital del Pení
debía procederse a elegir un Director o Junta Suprema y a esta ~pre_~ª
autoridad se le solicitaría la elaboración de un proyecto de Consbtuc1on
provisoria. Para la formación de la Constitución se o~rv~~ un r~peto
prudencial de las antiguas costumbres ya que su exbrpac1on, deb1a ~r
obra de la prudencia y el tiempo, y por lo tanto no se efectnanan modificaciones en lo que respecta a orden jerárquico de los nobles, caballeros,
cruzados, títulos, a quienes se les trataría con las distinciones establecidas
por su rango. No se producirían secuestros de bien~. La iglesia f sus bi~nes se declaraban inviolables, igualmente se apoyana y respetana la religión católica. A españoles e indios que no ofreciesen r~i~encia al n~f'~O
sistema se les aceptaría benignamente. En cuanto a los mdios se les ahviaría en cuanto fuera posible de las pesadas pensiones que les exigía el go-

M. L. Rivara De Tuutu: llu,tración y romanticismo en el Perú 151

biemo español; a los negros y mulatos se les aceptaría en el ejército, sin
libertarlos; y en principío debía respetarse el derecho de propiedad de los
amos.
Por el tenor del texto es posible concluir, en primer lugar, que las autoridades chilenas tomaroñ todas las precauciones posibles para no arriesgar una posible resistencia en su penetración al territorio peruano. En segundo lugar, se tomaba el poder mediante la creación de un nuevo cuerpo
político y separando de sus cargos sólo a las autoridades que continuaran
siendo fieles a la causa realista. Y por último se procuraba que la estructura
colonial no fuera modificada en sus aspectos fundamentales, excepto en lo
político.
VI. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA

(1820-1821)

La Entrada del Ejército Libertador al Perú
El 18 de agosto de 1820 se en con traba ya el ejército en Valparaiso
dispuesto a embarcarse en dieciséis transp~rte~. ~120 zary&gt;~r?n :rrnbando a
las costas del Pisco el 7 de septiembre, al día S1gu1ente se 1ruc1ana el desembarco en la Bahía de Paracas. Horas más tarde era ocupado el pueblo de
I)

Pisco sin que las fuerlas realistas ofreciesen resistencia.
El Cuartel General fue establecido en la ciudad de Pisco, desde donde
de inmediato San Martín, general en jefe del Ejército Libertador, dirige a
los habitantes del Perú una proclama.47
Mientras se encontraba en viaje al Perú la expedición libertadora, Pezuela había recibido instrucciones desde España de jurar la Constitución
&lt;le 1812 y proceder a la abolición del Tribunal dd Santo Oficio.
2)

La nueva Jura de la Constitución de I 812 y la Proclama de San Mart{n

San Martín es enterado de este nuevo giro de la política de Fernando
VII después de su salida de Valparaiso f _temeroso de los posibles_ e!~ctos
que esta novedad pudiera causar en el animo de los peruanos, decidiendolos a abrazar nuevamente la causa fidelista, se apresura a expresarles lo que
piensa de esta nueva actitud del monarca:

El rey juró la Constitucion, P'?rque no le quedaba otro arbitrio
para salvar su trono, que seguir la tendenaa de la voluntad general: el virrey ha imitado la conducta de su ~º• con _la esperanza de oponer una barrera al voto de la Amenca y evitar que

�M. L. Rivara De Tue,ta: Bu,tración y romanticúmo en el Peni

153

152 Siglo XIX
coopereis a su emancipación. Sólo los conflictos en que se halla
pueden excusar la injusticia que ha hecho a vuestro discernimiento, persuadiéndose que la Constitución de las Cortes sea capaz
de aletargar vuestra energía y de engañar a vuestros deseos: él
ignora que este cn·t&gt;r es un nuevo escollo con_tra sus desi~io~ p&lt;;&gt;rque es pasado ya el tiempo en que los amencanos vean sm indignación los planes impostores de la política española para pernubar. sus dominios sobre un vasto continente, que tiene la voluntad
y el poder de gobernarse por sus propias le~es .. ,
.
La América no puede contemplar la Consbtuc1on de las Cortes sino como un medio fraudulento de mantener en ella el sistema colonial, que es imposible conservar más tiempo por la fuerza.48
Recuerda San Martín a los peruanos que en esta ocasión el virrey Pezuela obra por iguales principios que su antecesor Abascal cuando en 1813
se valió del prestigio de las Cortes para deslumbrar a los intelectuales de
Lima con la idea de que una reforma era lo más conveniente para verificar
cambios ventajosos para el Perú y América. Por eso les dice:
Vosotros conoceis por experiencia la verdad de lo que os digo:
yo apelo a los hechos, y someto a vuestro juicio el examen de la
sinceridad de los españoles. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad, alhagando vuestras esperanzas con una Constitución extranjera, que os defrauda el derecho representativo en que ella misma se funda, y que no tiene la
menor analogía con nuestros intereses. El tiempo de la impostura
y del engaño, de la opinión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros; y solo existe en la historia de !~~calamidades pasadas.( . . )
Fiad en mi palabra, y en la resoluc1on de los bravos que me Siguen, asi como yo fio en los sentimientos y energía del pueblo
peruano.49
El tenor de la proclama pesó en el ánimo de los peruanos y el bando
no separatista, es decir el núcleo amante de la razón y la justicia, procuró
entonces llegar al poder logrando la instauración de la monarquía constitucional.
3)

La Tendencia Monárquica

Esta tendencia consideraba que la continuidad histórica exigiría que el
nuevo ré~men a instaurarse fuera la monarquía moderada. Veía en ella la
forma de gobierno más adecuada para las nuevas naciones americanas. Pensaba este !!IUpo que instaurar un sistema democrático sería inoperante ya
que sus principios constitutivos eran demasiado novedosos y c?ntradictorios con el sistema que había venido operando a través de tres siglos de gobierno español.
Procuran así formar opinión favorable a la instauración de un sistema

monárquico en el Perú. Cuentan para esto con recoger los frutos de la campaña ideoló~ca antirrevolucionaria y continúan publicando artículos que
contribuyen a cimentar esta concepción.
A fines de 1820 se editorializa sobre "política" en los términos siguientes:
La idea más sublime de cuantas ha producido el adelanto de las
ciencias poüticas, el más noble resultado de la perfección que se
ha dado a las instimciones sociales, es el carácter tan respetable
como benigno de que se halla revestido el mortal venturoso a
quien la Providencia coloca en un trono constimcional. Puesto en
la dichosa imposibilidad de hacer daño, depositario de una autoridad cuyos inconvenientes recaen solo en sus agentes subalternos,
exento de todo cargo, de toda responsabilidad, sus acciones no
pueden producir mas que bien, sus labios solo pronuncian palabras de paz y perdón, su presencia no enuncia sino respeto, ternura, y aquella sumisión racional que se apoya en la que se debe
a la ley. Un rey constitucional no ofrece ninguna de aquellas
ideas que hacen aborrecible al poder, sospechoso su ejercicio y
humillante su aparato.50
Se procura así conformar una conciencia general favorable aJ sistema
monárquico que actuaría en el momento en que la nueva nación americana debiera decidir su forma más conveniente de gobierno, la cual hasta el momento no estaba formulada en forma categórica. En las regiones
donde la experiencia revolucionaria había sido temprana no había sido
nada fácil establ~r on orden político estable, y el caos y el desorden habían imperado. tíconocimiento de esta cuestión constituía una evidencia
explotable por los monarquistas para ganar adeptos a su causa.
La corriente monarquista en el Perú era heredera de la corriente ilustrada liberal que había cifrado sus esperanzas de construir una nueva estructura colonial bajo el amparo de la razón y la justicia. Pensaban y confiaban en que mediante un nuevo cuerpo constitucional seria posible llegar a un nuevo orden de cosas en América. Su participación en el logro de
la Constitución Liberal de 1812 los hacia pensar qoe podía ser aplicada en
América eliminando, por supuesto, a Femando VII, y substituyéndolo por
un monarca criollo o un príncipe extranjero. Pero d tiempo transcurrido
entre la dación de la Constitución mencionada y el avance de las nuevas
tendencias románticas, que confiaban en la soberanía del pueblo, determinarían un giro muy distinto de la cuestión.
La problemática sobre la forma de gobierno que debía adoptar el Perú
pasa de la simple presentación de argumentos al debate ideológico en la
etapa del Protectorado, y constituye una resolución a adoptar impostergablcmente en los momentos en que San Martín viaja a Guayaquil.

�154 Sigb XIX
VII.LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL
Iniciado el año de 1822 la perspecliva americana se nos present.a ttatando de solucionar sus más urgentes problemas. Guayaquil no ha decidido
aún su incorporación a una de las dos grandes repúblicas americanas. El
Peru se debate en problemas de organización política y primea, y en este
sentido t.ampoco ha decidido si adopt.ará la forma monárquica o republicana. Tanto la república de Colombia como el Perú no han culminado aún
su empeño de arrojar definitivamente a los ejércitos realist.as del suelo americano. Todos estos problemas por resolver obligan a un acuerdo americano
fonnal, a través del cual se recogerá lo que la realidad misma eviden~iaba:
la necesidad de trabajar unidos, sin separaciones del norte y sur amencano,
para poder finalizar exitosamente las guerras que conmovían al continente.
De est.a necesidad histórica ha de surgir el ideal de una confederación americana, no como el sueño de un visionario o de un ambicioso sino como
una necesidad vital propia al equilibrio y normal desenvolvimiento de
América hispana.

M. L. Rivara De Tuesta: llustración y romantícismoen el Peni

155

Tanto los temas tratados en la entrevista, referidos a las más importantes problemáticas a resolver en ese momento, así como los acontecimientos que se suceden posteriormente, nos prueban que San Martín y
Bolívar, verdaderos conoee9ores de la realidad sur y norte de nuestro continente, intercambiaron ideas. No es posible afirmar por lo tanto, "que en
la entrevista loe personajes decidieron sobre esas cuestiones" sino que " la
entrevista les sirvió para clarificar sus conceptos presentes y su quehacer
futuro", lo que en última instancia da significado lústórico a la reunión
y explica el interés que ha suscitado y suscitará entre los historiadores.
Es decir que el hecho del encuentro y la conversación sostenida entre
San Martín y Bolívar les sirvió para acelerar sus decisiones, no llegar al enfrentamiento personal y escoger entre las posibilidades de reali1.ación la
más acorde con las circunstancias históricas que enfrentaban. En suma, la
idea de su encuentro fue un acierto político y producido éste se observarán
sus efectos favorables en la causa general americana.

Guayaquil: 26 y 27 de julio de 1822
La primera mit.ad de ese año muestra decisiones import.antes en punto
a estos urgentes problemas. En lo que respecta a la documen~ción qu~
ofrece información sobre la entrevista que sostuvieron San Martln y Bohvar, tendríamos que aceptar que efectivamente, y pese a todo lo que se
pueda especular sobre los detalles de la entrevista, los puntos
que trataron no se dieron al azar ni por casualidad: eran más bien consecuencias del
proceso histórico que vivía América. Dado que San Martín y Bolívar eran
en ese momento los dos grandes personajes que dirigían las cuestiones de
América, es lógico y hasta natural que en la coyuntura histórica en que los
colocaban los propios acontecimientos sintieran la urgente necesidad de intercambiar ideas y conocerse personalmente. No fue tampoco, en nuestra
opinión, d hecho de la entrevist.a lo que determinara a San Martín a aball•
donar el Perú.
En cuanto al lugar de la entrevista tendríamos que decir que ambos
apreciaban en Guayaquil una zona estratégica importante para el avance de
sus efectivos, ya que a ambos les quedaba por terminar campañas en los territorios en que actuaban los ejércitos bajo su mando; pero el que alguno
de ellos lograse decidir la opinión pública a favor dd núcleo que representaba era en realidad un avance no solo estratégico si.no político. La guerra a-si, prácticamente ganada -ya que los españoles no poseían reductos
de la import.aneia de Lima o Guayaquil-, pasaba a ocupar un segundo plano. Incluso podía ser alargada temporalmente sin mayor riesgo de pér,ü_da
y más bien con logros a travé.s de una táctica por agotamiento y eansan•!l?·
Esto explica en última instancia lo que podríamos llamar "la carrera hacia
Guayaquil de los personajes de la entrevista".

La documentación que consideramos como básica, y que, justa1111·nt&lt;',
ex.presa las problemáticas que abordaron está referida a las siguient!'s f1wntes: "La relación enviada al gobierno de Bo¡rotá ":51 "La relación enviada
al intendente de Quito, general A. J. de Suere ", 52 ambas firmados por PI
secretario de Bolívar, J. G. Pérez; la carta dirigida aJ Vieeprl'si1lente Santander sobre la conferencia de Guayaquil53 firmada por el propio Bolívar:
y la Relación del primer Edecán de San Martín, Rufino Guido.54
Prescindiendo de los detalles externos y apreciaciones personales sohrc•
la misma entrevista, los puntos más importantes que fueron tratados son
los siguientes: la forma de gobierno más conveniente a América, la organización política de las repúblicas, la colaboración f'll la lucha rontra los
realistas, el estado de Guayaquil y la necesidad de la confederación amnieana.
Nos remitiremos a las propias palabras de Bolívar a Santandrr cuando
le manifiesta haber logrado cosas bien importantes en la entrevista:
primera, la libertad del sur; segunda, la incorporación a Colombia de Guayaquil, Quito y las otras provincias; tercera, la amistad
de San Martín y del Perú para Colombia; y cuarta, salir del ejército aliado que va a damos en el Perú gloria y gratitud por aquellas
partes. Todos quedan agradecidos, porque a todos he servido, y
todos nos respetan, porque a nadie he cedido. Los españoles mismos van llenos de respeto y de reconocimiento al gobierno de
Colombia.
Ya no me falta más, mi querido amigo, si no es poner a salvo el

�156

Siglo XIX

tesoro de mis prosperidad, escondiéndome en un retiro profundo,
para que nadie me lo pueda robar, quiero decir que no me falta
más que retirarme y morir. Por Dios, que no quiero más: es por la
primera vez que no tengo nada que desear y que estoy contento
con la fortuna.55
Para nosotros los resultados de la entrevista fueron los siguientes:
1) Bolívar pudo comprobar lo que se venía diciendo de San Martín en
punto a sus ideas monárquicas; pero que él no pretendía ser monarca y que
sus planes consistían más bien en hacer venir de Europa a un principe.
2) Bolívar supo la determinación de San Martín de dejar el Perú después de asegurar al triunfo patriota y dejar bien establecidas las bases del
{!Obiemo.
3) Se acuerda la federación de los ejércitos del Perú y Colombia,
cuestión que San Martín consideraba fundamental para la continuación de
la guerra y al momento Bolívar embarca los auxilios.
4) San Martín no tuvo otro cosa que hacer, por el momento, que aceptar que Guayaquil estuviese ocupada por fuertas colombianas.

5) San Martín estuvo de acuerdo con la existencia de una Federación
americana.
Aparte de estas consideraciones sobre los resultados de la entrevista
queremos insistir en lo que atañe a la situación coyuntural americana
pues, después de la entrevista, se observará que las problemáticas abordadas adquil'ren un sesgo definido y comienzan a resolverse en forma más
adecuada.
En lo que respecta al Perú, éste ha de convertirse en el campo de la
lucha contra los realistas ya que el baluarte espa.t1ol había logrado ci.tnentarse en nuestro territorio y, a través del debate ideológico, ha de decidir
desechar la fórmula monárquica y adoptar la republicana.

vm.
1)

¿MONARQUIA O REPUBLICA? (1821-1822)

La lucha entre Monarquistas y Republicanos

El plan de monarquizar al Perú fue acordado el 24 de diciembre de
1821 por el Consejo de Estado bajo la presidencia del Protector del Pení.56
El acta señalaba las bases de las negociaciones que entablarían ante los
altos poderes de Europa los enviados Juan García del Río y Diego Pareissien.

M. L. Rivara De Tuesta: llustración y romanticilmo en el Perú

157

La primera consideración decía que para conservar el orden interior y
a fin de que el Estado peruano pudiera adquirir la respetabilidad exterior
convenía el establecimiento de la independencia, y la alianza o protección
de una de las potencias de primer orden en Europa. La Gran Bretaña y Rusia aparecían como las naciones más indicadas para proporcionar un príncipe que pasaría a coronarse como emperador del Pení.
Despachada esta misión se procede a fundar la Sociedad Patriótica 57
el 20 de enero de 1822. El Ministro de Gobierno Bernardo Monteagudo, su
presidente, esperaba reunir a los académicos del país a fin rlt&gt; discutir todas las cuestiones que tuvieran influjo directo o indirecto sobre el bien
público.
El 22 de febrero se propone como asunto de discusión ¿Cuál es la
forma de gobiemo más adaptable al Estado peruano, según su rx trnsión,
población, costumbres y grado que ocupa en la escala de la civilización?
El lro. de marzo de 1822, se abre el debate. El grupo liberal que integraba la academia quiso aludir a la discusión de este tf'ma dadas las manifiestas tendencias monárquicas de Monteagudo y concluyó diciendo qu"
se discutiese la cuestión, pero que se hiciese entender que la decisión sería
meramente académica, ya que
las secciones que la viesen discrepar del sistema que han abrazado
temerosas de que engrandecido tratase de privarlas de su libertad,
se estarían pasivas, y no le auxiliarían contra el invasor y se expondría por consiguiente a fracasar la libertad peruana.58
Luego de esta aclaración paso a presentar su exposición rl miembro de
la Sociedad José Ignacio Moreno, defensor de la monarquía y vocero del
gobierno, quién después de haber indicado en términos genrrales los abusos a inconvenientes de las diversas formas de gobierno, ohsl'rvÓ qui' era
"el mayor de todos los males la oclocracia y tras ésta la anarquía Pn qu"
suele degenerar la democracia".59
Dado el grado de ilustración y civilización que tenía el Perú no era
susceptible de otra forma de gobiemo que la monarquía. El país debido a
la dominación española se encontraba en su infancia de su ser político.
Empezaba recién a abrir los ojos a la luz y esta no podía comunicarSI' t·n
un momento a todas las clases de sus ciudadanos ya que por el mom1·nto
era sólo atributo de un corto número de hombres ilustrados.
El resto del país, su gran masa, se encontraba en las tinieblas dr la ignorancia y por consiguiente no se hallaba en estado de conocer bien y calcular por sí mismo sus propios intereses, ni de caminar siempre a un mismo
fin, y esto solo lo conseguiría poniéndose

�158 Siglo XIX
en manos de uno solo que ayudado de las luces de los sabios Y
moderado bajo el imperio de las leyes fundamentales que establezca el Congreso Nacional lo gobierne y conduzca el alto ~unto de grandeza, prosperidad y gloria ~ que pued~ ~ ?ebe asRirar.
La autoridad del Monarca; constitwda as1, rec1b1ra tamb1en el
carácter de suavidad que comunica el clima benigno del Perú
aun a las costumb'res ásperas y genios feroces que naturaleza formó al otro lado del Océano bajo de un cielo distinto y menos
apacible,60
Agregó como inconveniente al sistema democrático la heterogeneidad
de los elementos que formaban la población del Perú, los variad~ usos,
costumbres y opiniones de sus pueblos. Por otro lado la democracia o el
poder difundido entre todos los ciudadanos solo era aplicable a los pueblos de corta extensión territorial.
¿cómo pues -terminó preguntando- podría constituirse un _gobierno popular o democrático en el Perú que, cuando la suerte
formidable de las armas le permita hacer un solo todo con nosotros debería extenderse por lo menos desde Guayaquil o Tumbes,' hasta el Desaguader~, y desde las costas del Mar Pacífico hasta encontrar con las enmarañadas selvas que forman lo que se llama Montaña Real de los Andes, comprendiendo en su seno tantas y tan dilatadas provincias, diferentes en genio_s,. como en climas? ¿cómo sería posible que una tierra tan prodigiosa que (...)
derrama sus tesoros a medida del deseo de los que la habitan,
se sujete a la pobreza y austeras costumbres, únicas virtudes que
pueden conservar por mucho tiempo la igualdad y libertad republicanas?
,
No es adaptable pues -concluye- la _f?1:11ª _';1emocráti&lt;:~ al Peru,
visto de una parte el estado de su c1Vihzac1on, poblaoon Y cos· . 61
tumbres y considerada de otra la grandeza de su temtono.
Como se trataba de un debate público, con fecha lo. de marzo de
1822 y bajo el seudónimo de "El solitario de Sayán" escribe Faustino Sánchez Carrión "Sobre la inadaptabilidad del gobierno Monárquico al estado
libre del Perú", manifestando:

..

No nos deslumbremos por el sacro amor que nos merece lapatria con instituciones pomposas. Restablezcamos en todo su explendor la dignidad de hombres propiamente tales ( . ..) . No olvidemos, de que la mano regia es de~asiado poderosa, y que
quien llega a sentirla en toda su, exteI?~on,_ no tiene per~na, no
conoce propiedad, no siente en s1 el magico rmpulso de la libertad.
Estas prerrogativas solo se conservan por los que están habituados
a defenderlas, y de hecho las defien~en per~nnemente con las eficacia de su carácter, librado en las mst1tuc1ones popular~s (. _. .)
Asi que, la oportunidad de oprimir solo depende de la mepntud
de resistir; y a la manera que en el estado natural, ella_ c_ons~st~ en
la debilidad física, en el social nace de la flaqueza cIVil. .:Como

M. L. Rioora De Tueda: llustraci6n y romanticilmo en el Perú

159

n.~ defenderíamos de la real opresión, si poco diestros en el ejerc~c1O de nuestros derechos, no hemos sabido más que obedecer
c1egan_:iente? Un trono en el Pe~ serí~ acaso más despótico que
en ASia, y asentada la paz, se disputanan los mandatarios la palma de la tiranía.62
Se agitó la prensa de Lima con diversas publicaciones del grupo liberal y en el interior de la Sociedad Patriótica el 28 de marzo continuando
los debates expuso su pensamiento Manuel Pérez de Tudela. Dijo que el
Perú "que es pueblo libre, soberano e independiente debía elegir de propia voluntad el gobierno que exijan sus necesidades y facultades combinadas con sus circunstancias". 63
Expuso que "la maxima invariable de los tiranos era dividir para
mandar, que debíamos unirnos todos los pueblos dt&gt; América... " y
concluyó que "era preciso fonnar todos un cuerpo contra el Déspota para
conservar nuestra libertad ".64

Para contestar a Moreno pidió la palabra Mariano José di; Arce y dijo
que el discurso le había parecido digno de Bossuet y del siglo ele Luis
XIV, y además mucho más a propósito para afianr.ar el trono y el altar qut&gt;
una forma de gobierno.
Sobre el principio sos-tem-do por Moreno de que un gobirrno republicano solo puede mantenerse en un territorio pequeño, y que uno dilatado
solo puede gobernarse bajo la monarquía, aseguró que rse aserto era mirado como erróeno, después de haberse descubierto el sistema. representativo, el cual era adaptable desde el más pequeño hasta el más grande territorio. Concluyó que "los argumentos del señor Moreno no le convencían,
tal vez por ser idénticos a los que muchas veces oyó hacer para sostener el
cetro de Fernando".65
San Martín consideraba que la forma de gobierno que convenía al Perú_ ~ América era la monarquía, pero hasta que el Congreso Constituyente
eligiera la fonna de gobierno que considerase más conforme a nuestras costumbres y más acorde a las circunstancias políticas, económicas y sociales
en que nos encontrábamos, no pretendió imponer su voluntad. Preparaba
c~n estas ~scusiones San Martín el ambiente sin violentar la orinión. Con
miras a afianzar las ideas monárquicas estableció la Orden del Sol y declaró suh!istentes, como hemo. visto en el Estatuto, los títulos de nobleza.
Su ministro Monteagudo participaba de las mismas ideas, pero su plan
consistía en restringir las ideas liberales y democráticas y actuaba con métodos muy diferent.es al Protector.

�160 Siglo XIX
La idea de establecer un sistema monárquico no era privilegio solo del
Pero. Los desastres y convulsiones en que se agitaban las antiguas provincias hispano-americanas hacía pensar en muchas secciones de América en la
conveniencia del establecimiento de monarquías.
En los momentos más álgidos del debate es que San Martín emprende
viaje al norte. Asi pues sienao esta cuestión una de las grandes problemáticas a resolver es posible afirmar que el asunto fue tratado en la entrevista de Guayaquil tal como lo señalan las fuentes que hemos mencionado.
Lo que queda por aclarar sería lo siguiente: no se decidió en Guayaquil, el
sistema republicano; los acontecimientos que se suceden a la vuelta del
Protector, así como la opinión general a favor de la República, que San
Martín sabía respetar, son los que deciden la forma de gobierno para el
Perú.
2)

La deposición de Monteagudo y el Triunfo del Partido Liberal Peruano

Según Alberto Tauro del Pino se esperaba una ocasión propicia para
deshacerse del ministro Monteagudo y ésta se presentó justamente cuando
San ,1artín emprendió viaje a Guayaquil. La violencia de la tensión pudo
manifestarse cuando el ministro infirió vejámenes a ciudadanos prestigiosos que en alguna forma habían desaprobado sus medidas antiliherales. El
procrclimiento subversivo fue improvisado por el ciudadano Mariano Tramarria desde la tienda de venta de tabacos y papeles impresos que poseía.
Buscó ami¡!oS para protestar por el atropello que implicaba también la
deportación de esas ilustres personas, preparó una reclamación en que
constauan hechos de su autoritarismo y pedía su inmediato retiro del gobierno. Apoyado por Riva Agüero, Francisco Javier de Luna Pizarro, Francisco Javier i\fariátequi, José Faustino Sánchez Carrión y otros patriotas,
la reclamación se convirtió en un memorial respaldado por centenares de
finnas y una Comisión a la municipalidad de Lima la sometió a la consideración del Supremo Delegado, José Bernardo de Tagle. El Consejo de
Estado discutió sobre el asunto. El ejército intervino para controlar la agitación callejera y al final Bernardo Monteagu do optó por renunciar el 25
de julio de 1822. Como no se calmaron los ánimos fue necesario protegerlo de posibles atentados. Se pidió, incluso, un juicio de residencia y para
contener la agitación que este asunto seguía suscitando se decidió que
abandonara la ciudad. Monteagudo fue conducido al Callao y embarcado
sigilosamente con destino a Panamá.66

La deposición de Monteagudo significó el primer triunfo del partido
liberal peruano y publicaciones como las de la Abeja Republicana fueron
consecuencia de la agitación popular de esos momentos. Contribuyeron
esas publicaciones en mucho a conducir la opinión pública a favor del
sistema republicano.

M. L. Rivara De Tuesta: Dustración y romanticismo en el P,m,

161

. Para San Martín la deposición de Monteagudo fuc- una seria contraneda~ Y al reasumir el poder p~ocuró insistentemente reunir al Congreso
Constltuyente lo que se efectuana el 20 de septiembre de 1822.
Ante los representantes al Congreso entregó la handa bicolor insignia
de su autoridad, y manifestó:
'
Al depon~r la insign_ia que caracteriza al Jefe Supremo del Estado

n? hag~ smo ~umphr con mis deberes y con los votos de mi cora-

zon. S1 algo tlenen que a~adece_rme los peruanos es el ejercicio
del supremo poder que el nnpeno da las circunstancias me hizo
obtener. Hoy que felizmente lo ~ito, yo pido al Ser Supremo
que conceda a es!e. Congreso el acierto, luces y tino que necesita
para hacer la fehc1dad de sus representados. Peruanos ! !!Desde
este momento queda instalado el Congreso Soberano, el pueblo
reasume el poder supremo en todas su partes. 67
.. Saliendo ~el Congreso se retiró a su residencia para allí preparar 91
viaJe. ~¡ presidente, ?,el Congreso recién instalado, Francisco Javier de
Luna Piza~o de~l~ro hallarse_ solemnemente instalado ti Congreso y que
la Soheran1a resuba en la Nación y su ejercicio en el Congreso que legítimamente la representa ".68
Se embarca esa misma noche dirigiendo a los peruanos la siguiente
proclama:
'
Presencié la declaración de la independencia de los estados de
Chile y el ~ero.; existe ~n mi poder el estandarte que trajo Pizarro
p~ra _esclavizar al, Impeno de los Incas, y he dejado de ser hombre
publico: he aqu1 recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra est~ cumplidas; ~acer su independencia, dejar a su
voluntad la elecc1on de sus gobiernos. La presencia de un militar
afortunado, por mas desprendimiento que tenga, es temible a los
E~tados qu~ de n~evo se co~stituyen: por otra parte ya estoy abur~1do de ou ~ec1r que qwero hacerme soberano. Sin embargo,
siempre estare pronto a hacer el último sacrificio por la libertad
del país, pero en clase de simple particular y no mas. En cuanto a
mi conducta pública, mis compatriotas como en lo general de los
más divich'rán sus opiniones, los hijos de estos darán el verdadero
fallo.
i i iPeruanos: os dejo establecida la Representación Nacional; si
depositais en ella una entera confianza, cantad el triunfo, sinó, la
anarquía os va a devorar. Que el asierto presida vuestros destinos
y que estos os colmen de felicidad y paz.69
'
Quedaba así cerrado el debate sobre la forma de gobierno que más
convenía al Perú: la Republica.

�162 Siglo XIX

IX. EL ESTABLECIMIENTO DE LAS BASES DEL GOBIERNO
1) Coruideración Previa
Frente a las luchas de la independencia se daba el hecho de la desnucción de la estructura colonial. N-0 podía considerarse que destruido el
poder político español representado en la institución del virrey estuviese
todo logrado porque se habría tratado simplemente de un golpe de Estado
y de la sustitúción de una estructura de poder por otra. Las ideas que habían sustentando el movimiento revolucionario portaban principios liberales que obligaban a crear una estructura opuesta en su esencia a la que se
estaba rechazando, pero si nos ubicamos en la verdadera perspectiva histórica comprenderemos que esta era la tarea más delicada por realizar. No era
posible que un continente que había vivido dominado durante tres siglos
por un sistema autoritarista, un continente sin experiencia histórica en las
prácticas y métodos utilizados para ejercer la soberanía popular pudiera
crear conciencia inmediata sobre estas cuestiones. No se 'trataba de un acto
simplista de reemplazar un virrey por un pr~idente y que este actuara bajo
la etiquet.l de la democracia pero tal como lo hubiese hecho la autoridad
colonial Se trataba justamente de tomar el poder para desde todas las esferas actuar dentro de las normas liberales: el derecho, la religión, la economía, la sociedad, la cultura, en fin todo, debía ser modificado.
Esta fue en verdad una aspiración imposible de realizar en forma efectiva, más aún teniendo en consideración que se actuaba bajo la presión de
la inseguridad total en la victoria: que los gobernantes eran al mismo tiempo los lideres de la lucha emancipatoria; que las pasiones e intereses más
bajos afloraban de contínuo en la conciencia de los hombres que no quE&gt;
rían correr el riesgo de un cambio y que no podían después de tres siglos
de esclavitud estar capacitados para aceptar y asimilar el verdadero mensaje
del movimiento emancipatorio.
Así pues mucho se planeó y poco se podía realizar a este respecto.
Nos hem&lt;S detenido un tanto en esta consideración porque pensamos
que es justo emitir un juicio de reconocimiento a la labor y esfueraos que
en este sentido realizaron nuestros llamados héroes de la emancipación y
comprender todos los obstáculos que se presentarían a sus proyectos de
implantación de una verdadera estructura liberal.
Procuraron pese a todo crearla, ya hemos visto antes los esfuerzos de
San Martín al crear el Reglamento de Huaura y el Estatuto Provisorio, y
luego tratarán de afianzarla. Pero cada medida que se logró tomar significó
constantes oposiciones, en algunos casos discusiones estériles y retardatrices, y en algunos puntos más se retrocedía que se avanzaba.

M. L. Rivara De Tuesta: Ilustración y romanticismo en el Perú

163

Y es qur, en verdad, los problemas de establecer las bases de un gobiemo que procura cambios es realmente significativo para la movilización
y los logros de los intereses humanos. Es donde se ohlerva, casi siempre,
que mucho se planea y poco.se consigue en la realidad. Asi pues, mirada
desde esta perspectiva la emancipación y considerando la hora prrsrntr dr
nuestro compromiso frente a todo lo que queda por hacer en nuestra \rnérica, es que podemos apreciar que mucho de lo que trataron o programaron nos queda aún por realizar y constituye así nuc,,tra urgente tarea para
el futuro.
:!)

La .llemoria de llonteagudo

El 15 di' julio de 1822, mientras que San .\lartín emprendía \'iaj&lt;- al
norte rumbo a la entrevista con Bolívar, su ministro de Estado y Relaciones Exteriores Bernardo l\1onteagudo presentaba al Consejo de Estado una
memoria de las tareas administrativas70 que el gobierno había realizado.
Drspués de la entrada del Ejército Libertador -diceLa situación de esta capital exigía bien los miramientos con que
fue tratada, no solo por las ideas de justicia que animaban los libertadores, sino por el derecho que le daba su deplorada decadencia. El país estaba oprimido por el exceso de las con tribuciones,, y aún _más agobi~do por el peso enorme del desprecio que
hac1an sentir los espanoles, no solo en los actos de administración, sino en los más indiferentes de la sociedad y hasta en el
se~o mismo de las más estrechas relaciones. El c~mercio gemi'a
baJo el yugo del monopolio más injusto y de las trabas más ridi'culas, que han podido inventarse por los gobiernos que ignoran la
ciencia económica. La administración de rentas era un caos que
n~ con,venía desenredar por_que de él resultaba la ventaja de oprimrr _mas al pue_b!o .Y de hab1,tuarlo a no pensar en su prosperidad.
El Sistema Judic1ar10 se hab1a convertido en un plan de agresión
con~ra todos los der~chos; ya no eran inexorables las leyes, sino
los Jueces que las aplicaban, y que solo mantenían aquel carácter
contra los que habi'an tenido la suerte de ser americanos. En fin, a
mas de estas calamidades que exisu'an tiempo ha, diez años de
guerra sostenida casi en todo el continente por el gobierno de Lima, a expensas de la sangre y recursos de sus habitantes, y diez
meses de hostilidad y atrevidos amages del libenador para aislar
al enemigo de todo recurso, habi'an puesto a esta capital en el
colm_o ~e la angustia y de la necesidad, participando las demás
provmc1as de los males afectos a esta incomunicación; todo presentaba un cuadro de ~olor, de aniquilación y de desorden, hasta
que evacuado esta capital por las tropas del fey, cam bió su destmo, y la mano de la libertad empezó a curar las heridas de que
estaba cubierto el cuerpo político del Estado_71

Presenta Monteagudo un cuadro veraz de la situación porque atravc-

�164

Siglo XIX

saba _el gobiemo de Lima al tomar las riendas de éste el general San Martín.
Su smtesis apreciativa nos permite considerar la urgente tarea que se debía
efectuar para poder asentar las bases de un verdadero gobierno liberal.
La voluntad universal quedó cumplida en el acto de la independencia
pero para sostenerla
e~ preci~ que apare~ies.e una auto~idad que restituyese el movim1ent~ a es~ gran maquina, preparandola a recibir nuevas formas
Y modi~cac1ones (...). Se n~cesitaba un grado de corage que no
es c.omu!1 ~ 1~ 9Ue no ~an VlSto los co~bates, y una abstracción
de mteres mdiv1dual, digna del que hab1a dirigido esta empresa,
para ~ncargarse del mando y presidir a la administración de un
vast? territorio que al pasar de la servidumbre a la libertad debía
sufnr tremendos sacudimientos. 72.
•
Apenas existió el gobierno se empezó según Monteagudo a reedificar
el templo de la libertad, del que al fin de tres siglos no había quedado ni
aun escombros, y se hicieron ensayos para regularizar la administración
del Perú en todos sus ramos.
Luego enumera todos los cambios estructurales que se efectuaron
come~•.zando. por et de dividir al territorio libre en cinco departamentos,
se deJo sancionado el reglamento provisional de Huaura y se decretó la
erección de la Alta Cámara de Justicia que sustituyó a la ~udiencia.
Se dictaron providencias para prohibir el aUanamiento de las casas y
evitar los riesgos de que la revolución se convirtiese en desbordamiento
pasional, se trató en ~to -dice- de respetar la seguridad individual. El
sistema de rentas comenzaba a sentar en preliminares de su nueva administración mediante relaciones exactas sobre el estado de los fondos públicos. Se dió la abolición del tributo y de todo servicio personal a que estaban sometidos los indígenas.
Al ponerse las primeras bases de reforma y organización el gobierno
fue detenido en su marcha, y precisado a convertir toda su energía hacia
la preocupación primordial de salvar la tierra. Con esto se tuvo que hacer
un paréntesis al giro regular que e&amp;taban siguiendo los negocios ya que
"todos los esfuerzos del pueblo no tenían ni podían tener más fin que rechazar la agresión de un enemigo, que venía repleto de sentimientos éspañoles ". 73 Cuando el ejército español se retiró se restableció la calma de
la administración y en el mes de octubre se reiniciaron las tareas administrativas en los departamentos del Gobierno y Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, y Hacienda.
En lo que se refiere al primer departamento, se sancionó el Estatuto
Provisorio.

M. L. Rivara De Tuala: Ilustración y romanticwno en el Perú

165

Si el pueblo no entró a gozar de la plenitud de sus derechos, se
empezó a poseer los más inapreciables. El poder de aplicar las leyes se separó desde aquel día (... ) esta es la suprema garantía
de las prerrogativas civiles, y todo es quimérico Sdl ellas. 74
El tribunal de justicia_ debía aparecer bajo una forma análoga a las
circunstancias. Su reforma para ser completa debía extenderse a todos los
códigos, pero
mientras la sabidurt'a de nuestros legisladores destruye las tablas
góticas en que están escritas las antiguas leyes, no ha sido obra de
poco momento establecer la Alta Cámara de Justicia bajo los
principios que el día de su instalación se le recomendaron (...)
en el se han abolido errores y sostenido máximas así en lo civil
como en lo criminal que al menos producirán el gran efecto de dejar trazada la marcha que deben seguir las ideas y hacer que el
pueblo piense lo que tiene derecho a esperar por lo que ya ha otr
tenido. 75
La instrucción ¡xíblica que durante el gobierno español consistía en
"saber lo que podía entretener y confundir la razón de los americanos".
se encaminaba ahora a "alzar el velo que les ocultaba las realidades que
existen en el mundo, abrir la puerta a los grandes pensamientos de qu e es
incapaz el hombrP mientras vive en entredicho con su razón, porque no
se atreve a consultarla, y terne que su luz lo precipite ".76 Para su realización demanda tiempo y recursos de hombres que en las circunstancias de
la guerra Pra imposible lll'var a cabo. Pero la Sociedad Patriótica de Lima y
la Biblioteca 'lacional que ponían al alcance de todos los conocimientos
útiles prestaría a la juventud peruana medios sobreabundantes para enriquecer su inteligencia y dar rxpansión a su sensibilidad.
Se había procurado difundir en las varias clases del pueblo sus derechos y la necesidad de sostenerlos. "La opinión de patriota es hoy el bien
mas estimable que todos ambicionan y disputan(... ) ". n
Se da cuenta luego de diversas misiones al extranjero enviadas con el
fin de entablar negociaciones de interés común y de acordar cuanto convenga a la independencia y prosperidad del país.
En lo que respecta al departamento de Guerra y Marina relata tod:ts
las operaciones militares realizadas y la tarea de
organizar la milicia en todos los departamentos, aumentar el
ejército, buscar arbitrios para surtirlos y equiparlo con menos gravamen del pueblo, repasar su argumento y activar los trabajos
del parque y maestrapza, metodizar la contabilidad en el ramo
de guerra, establecer y clasüicar las graduaciones militares, y ane-

�M. L. Rivara De Tuesta: Ilustración y romantici1mo en el Perú

166 Siglo XIX

167

glar en fin otros pormenores, que no contribuyen menos a la actividad y al acierto de las empresas ( ...) . 78

nos aguarda, si marchamos con firmeza al objeto de nuestros sacrificios. 83

El ramo de hacienda que fué encontrado en el mayor desorden fue dirigido a "destruir el antiguo edificio para levantar otro nuevo: la reforma
era imposible de otro modo ".7 9

Prescindiendo de la consideración que todo mensaje político lleva en
su mismo ser -el engrandecimiento de la obra realizada- lo que nos parece
interesante a nuestro propósito del examen de esta fuente, es la constante
preocupación por crear básicamente una nueva estructura en oposición a
la anterior y sobre principios ideológicos realmente renovadores propios de
un verdadero tecnócrata.

Mientras se reunía información que pudiera seivir de base al orden de
la tesorería se ordenó a la Cámara de Comercio que formase una comisión
para que presentase un nuevo plan de derechos equitativos. Pasad_~ los
conflictos del mes de setiembre pudo publicarse el reglamento prov!Slonal
de comercio que bajo los principios de una sana economía trató de _reg~amentar el comercio interno y externo; en lo tocante a las mercadenas mgresadas del exterior trató de controlarse el contrabando.

No podía Monteagudo dejar de mencionar en su mensaje la problemática existente sobre la forma de gobierno que debía decidir el Perú y considerando que ese asunto sería solucionado muy pronto, apenas se llevase
a cabo la planificada campaña a puertos intermedios, dice:
Tenemos fuerzas para combatir y opinión para triunfar: al hablar
de la opinión, es necesario hacer saber al enemigo, que ella es uniforme y general en todas las clases del pueblo iDesgraciado el que
imagina lo contrario! Ya no hay sino un solo sentimiento acerca
de la independencia de América y en prueba de su universalidad,
la única cuestión que ocupa a los que piensan, es acerca de la
forma de gobierno que convenga adoptar: el nombre de rey, se
ha hecho odioso a los que aman la libertad: el sistema republicano
inspira confianza a los que temen la esclavitud: este gran problema será resuelto en el próximo Congreso: la voluntad general dará
la ley y ella será respaldada y sostenida. 84

Considerando que el ramo de Minería debía proporcionar a la Ha~i~nda sus principales ingresos, fue reorg.inizado mccliantc Banco~ de hab1~1tación a cargo de su director del ramo y que consultase sus rneJoras a geologos hábiles, y propusiese los medios de realizarlas. 80
Profundas medidas de organización variaron igualmente e~ _régimen
económico de las oficinas de Hacienda y el sistema de contab1hdad. Se
creó la dirección de censos y obras pías y el Banco auxiliar de papel mone-

da. SI
Refiriéndose luego a la situación del país y los medios que PO t&gt;l nuevo
orden de cosas se le ofrecían para su prosperidad dice
a nadie parecerá exagerado el concepto de los grandes _pr~gre_sos
que ha hecho a la sombra de la 1ibertad. Aunque se h_an ~!mmu1do
los capitales por los consumos de la guerra y la emigrac1~n que es
consiguiente a ella, la suma de los que han queda~o, nnde hoy
más productos que antes( ...) sin las trabas d~l a~ngu_o monopolio y porque en fuerza de nuestras nuevas 1nst1tuc1ones se ha
pu~sto en el mercado un gran número de capitales que estab~
sustraidos a la circulación (...) Subdivididas las fo!tunas, hoy VI·
ve con decencia una porción considerable de amencanos, que _no
ha mucho tiempo tenían que mendigar al amparo de los espanoles (... ) 82

Terminada la exposición referida a las tareas realizadas por el gobierno
en cada departamento de la administración dice:
aquí es necesario volver a recordar el pu~to de donde hei:no.s partido: pensar cual era la situación del pa1s en el mes de JUhO del
año anterior, y cuáles los adelantamientos en que hoy se _halla:
comparar lo pasado con lo presente, para calcular el porverur que

Estaba pues aceptada por '.\1onteagudo y por San Martín la decisión
del pueblo peruano que a través de los debates y confrontamientos de opiniones se había manifestado. Se trataba de gobernar escuchando la opinión
de los pueblos, superando los criterios y opiniones personales y esto era
sentar las bases de un buen gobierno. El Congreso afianzaría la adopción y
sobre principios sólidamente establecidos emprendería su vida la naciente
república peruana.
3)

El restablecimiento de las Bases del Gobierno al regresar San Martín
de Guayaquil

Es posible ahora comprender el profundo desaliento que se apoderó
de San Martín al enterarse de la deposición de su ministro y colaborador.
Su- propósito ya anunciado en la entrevista de dejar el Perú tan pronto pudiera asegurar el triunfo patriota }' dejar bien establecidas las bases del
gobierno se reafirmó profundamente en su ánimo a tal punto que solo
pensó en retirarse aún sin cumplir con el compromiso de llevar personalmente a la victoria a los ejércitos peruanos; pero en punto a esta cuestión,
habiendo planificado cuidadosamenle su campaña por puertos interme-

�168 Siglo XIX
dios, consideró que el éxito era seguro y que su presencia personal en este
aspecto tampoco era indispensable.
En síntesis pues, la conversación entre Bolívar y San Martín acerca del
establecimiento de las bases del gobierno peruano y el propósito del Protector de abandonar el país se cumplieron de acuerdo con el curso que había seguido el debate ideológico romántico y liberalista. Por otro lado el
hecho del encuentro no fue un factor detenninante ni al establecimiento
de bases republicanas en el Perú, que Monteagudo anuncia en su mensaje,
ni a la-salida de San Martín del país, ya que en todo caso habría sido un
factor de mayor fuena el hecho de la deposición de Monteagudo, pero en
verdad la determinación ya había sido tomada hacía mucho tiempo por el
Protector.
4) Bol{var en el Perú

Hasta el momento no había sido posible arrojar de nuestro territorio
a los ejércitos realistas, y Sucre desde su llegada, con hábiles maniobras diplomáticas, había logrado crear un ambiente favorable a la venida de Bolívar.
Mientras tanto el jefe realista Canterac desde la Sierra Central se puso
en marcha sobre Lima a principios de junio de 1823. El 18 de ese mes ya
estaba en la ciudad obligando a las autoridades a retirarse al puerto del
Callao. Permanecería en ella algún tiempo para luego retirarse.
Viendo crecer las posibilidades de éxito del ejército realista, el Congreso decidió crear un Poder Militar que encargó a Sucre y acordó invitar a
Bolívar para que pusiera fin a la guerra emancipadora en territorio peruano.
El lro. de setiembre de 1823 Bolívar se encontraba en territorio peruano. El 10 de setiembre asumía por decreto del Congreso la suprema
autoridad militar en toda la república; sin emmrgo, en el mes de enero
de 1824 la situación se tomaba crítica frente a los españoles. El 5 de fe.
brero una sublevación en las fortalezas del Callao vuelve a colocar en manos de realistas tan importante fuerte·militar; y conocedor de la ayuda que
Canterac envía a los sublevados, Bolívar ordena evacuar la capital. Se
echan a pique los barcos que no pueden ser evacuados del Callao y el Congreso que luego se declara en receso, decreta el 10 de febrero la entrega de
la plenitud de los poderes al Libertador Bolívar.
5) La lucha con/Ta los Realistas. La última Campaña

Al abandonar Lima, Bolívar ordena replegar sus tropas sobre PativiÍco. Desde este lugar inicia la reorganización de guerrillas en la costa y

M. L. Rivara De Tue&amp;ta: llu1traci6n y romanticí,mo en el Perú 169

en la sierra estableciendo al mismo tiempo una férrea disciplina en la tropa. Se trasladó luego a Trujillo donde establecería su cuartel general y la
sede de su gobierno. Se preocupó de disciplinar y equipar las tropas que
estaban en las zonas de Cajamarca y Huaraz, hasta lograr contratar con un
ejército eficiente.
Sucre actuaba, mientras tanto, en la sierra preparándose para la acometida final contra los ejércitos realistas. Las tropas patriotas wiidas estaban constituídas por unos 10,000 hombres que resultaban todavía insuficientes frente a los ejércitos realistas que contaban con unos 18,000.
En el Alto Perú Olañeta con 4,000 hombres se subleva y el virrey se
ve obligado a enviar a Valdéz con las fuerzas que tenía en Puno a reducirlo. Aprovechó esta magnífica oportunidad Bolívar para iniciar la campaña y acomete contra el ejército de Canterac que se encontraba entre
Jauja y Huancayo. Para los efectos concentró su ejército en el valle de
Huaraz y a principios de julio ordena emprender la marcha hacia las
zonas de Huánuco y Cerro de Paseo.
Con unos 8,000 hombres se encuentra el 2 de agosto cerca de Paseo.
Sorprendido Canterac decidió salirle al encuentro, movilizándose desde
Jauja hacia Paseo con igual número de hombres. Después de varios movimientos estratégicos ambos ejércitos convergen a la pampa de Junfo el
6 de agosto de 1824. La victoria fue de los independientes y los realistas fueron obligados a huir en dirección a Tarma. Bolívar que se encontraba muy cerca del lugar es informado por Miller del triunfo alcanzado.
De Tarma se dirige Canterac hacia el Cuzco y Bolívar hacia Chalhuanca donde establece su cuartel general, de alú después de dar órdenes a
Sucre, vuelve a Pativilca donde continúa sus esfuenos para incrementar
reservas.
Habiendo concentrado todos sus e1erc1tos en el Cuzco el virrey se
propone entrar en campaña. Con unos 10,000 hombres sale del Cuzco a
fines de 0&lt;¡tubre en busca de Sucre. Después de varias maniobras los
ejércitos se ¡encuentran cerca de la ciudad de Ayacucho el 8 de diciembre de 1824. Se trataba del último enfrentamiento que se produciría en
suelo americano entre independientes y realistas. Al amanecer del 9 de
diciembre todo estaba listo para dar la batalla final por la independencia americana: el triunfo fué de los patriotas, el virrey la Serna fue hecho
prisionero y los realistas pidieron la capitulación. Esta fue firmada en el
campo de batalla por Canterac y Sucre, estipulándose que el territorio que
cuidaban las tropas españolas en el Per.í, hasta el Desaguadero, con todos
sus elementos militares, serían entregados al ejército libertador. La plaza

�170 Siglo XIX
M. L. Rivara De Tueata: llustraci6n y romanticismo en el Perú

del Callao sería desocupada. En cuanto a los pnSioneros de guerra, todos
quedaban en libertad. Se respetarían las propiedades de los españoles en
el Perú y se comprometía al gobierno peruano, después de consultar al
Congreso, a reconocer la deuda contraída por el gobierno español

171

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

l. Valcarcel, Daniel. La Rebelión de Túpac Amaru. MéKico, Fondo de Oiltura
Económica, 1965, pág. 234.

En cuanto a las fortalezas del Callo fueron entregadas el 22 de enero
de 1825, por capitulación que firmó el general español José Ramón Rodil.
Quedaba así terminado en el Perú el poderío político español y sellada para la América su independencia. Se había cerrado con esto el ciclo
de una de las grandes problemáticas del continente, tal vez la más importante y capital de todas porque con su solución se podría atender con más
propiedad a otras cuestiones que aún no habían podido ser superadas.
De:.de una perspectiva integracionista es importante concluir que,
asimismo, se había llevado a feliz término la inquietud que San Martín
y Bolívar habían mostrado por unir a los ejércitos americanos para terminar a la brevedad posible con los últimos baluartes del poder realista.

2. Ob. Cit., págs. 235-236.
3. Vizcardo y Guzmán, Juan Pablo. "Propuesta al Cónsul Inglés en Llvomo para
que ayude a 1Üpac Amaru". En Raúl Ferrero, El Liberalúmo Peruano. Urna,
Tipografía Peruana, 1958, pág. 74.
4. Art. Cit., pág. 75.

5. Art. Cit., pág. 77.
6. "Carta dirigida a los españoles americanos''. En Rubén Vargas Ugarte, La carta
a los españoles americano&amp;. 2a. ed., Lima. Edit. Librería e Imprenta Gil, S. A.,
1964, pág.157.
7. Art. Cit., págs. 128-129
8. Hombres como Jovellanos y Campomanes habían introducido planes y reformas
que se dirigían a limitar el poder real y a acentuar los derechos del pueblo.
9. Proyecto de la Constitución Pol{tica de la Monarquía Española. Cádlz, lmprentz
Real, 1811. Parte Relativa al Gobierno Interior de las Provincias, etcétera, pág.
12.
1 O. Constitución Política de la Monarqu(a Española. lima, Imprenta de los Huérfanos, 1812,págs. 1-2.
11. ldem, Título 11, Cap.111, pág. 4.
12. ldem, Título III, Cap. 1, pág. 5.
13. ldem, Títulolll,Cap.I,pág.6.
14. ldem, Título IX, Capi'tulo Unico, pág. 46.
15. Vargas Ugarte, Rubén. llútorii General del Perú. Barcelona, Editorial Carlos
Milla Batres, 1966, Tomo V, pág. 196.
16. "El verdadero interés del Pe!Ú". En Gaceta del Gobierno de Lima, No. 2, octubre 20 de 1810, pá~. 19-20.
17. Art. Cit•• pá~. 20-22.
18. "Poütica". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 73, junio 28 de 1811, pág.
608.
19. "Félix quem facient aliena pericula cautum". En Caceta del Gobierno de Lima,
No. 1, enero 3 de 1812, pá~. 1-3.

�M. L. Rivara De Tuesta: Rustración y romanticí,mo en el Perú

172 Siglo XIX
20. "Introducción". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 1, enero l de 1814. págs.
1-3.
21. "Introducción". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 1, enero 4 de 1817,
págs. 1-3.

1 73

41. "Tratado especial entre los estados de Buenos Aires y Chile". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 88, noviembre 27 de 1819, pág. 890.
42. Art. Cit., pág. 891.
43. Loe. Cit.

22. Art. Cit., págs. 3-4.

44. Loe. Cit.

23. Riva Agüero, José de la. "Las 28 causas de la revolución de América". En Boletín del Museo Bolivariano. (Lima), año 11, No. 17, enero y mano de 1930,
pág. 61.

45. "Idea política del Estado del Pení en el año de 1819". Suplemento a la Gaceta
del Gobierno de Lima. No. 88, noviembre 27 de 1819, pág. 5.

24. Loe. Cit,

25. Art. Cit., pág. 59.
26. Vidaurre, Manuel de. "Memoria sobre la pacificación de América Meridional".
En Boletín del Museo Bolivariano, (Lima), año ll, No. 13, noviembre y diciembre de 1928, pág. 16.
27. "El Editor". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 11, febrero 13 de 1819, págs.
83-84.
28. Art. Cit., pág. 83.
29. "Proclama de D. José de San Martín". Gaceta Extraordinaria del Gobierno de
Lima. marzo 11 de 1819, pág. 142.
30. Art. Cit., págs. 142-144.
31. Art. Cit., pág. 144.
32. Art. Cit., pág. 144-145.
33. "El virrey del Perú a los habitantes de Lima". Gaceta del Gobierno de Lima.
No. 22, abril 3 de 1819, págs. 209-211.
34. "El verdadero amigo de los hombres". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 23,
abril 7 de 1 ~19, pág. 220.
35. Art. Cit., págs. 221-222.
36. Art. Cit., págs. 218-219.
37. "El verdadero amigo de los hombres". Art. Cit., pág. 219.
38. J. L. "Artículo remitido". Gaceta del Gobierno de Lima. No . 48, agosto 12 de
1820, págs. 397-402.
39. "El Editor". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 73. septiembre 29 de 1819,
pág. 768.

46. "Instrucciones que debe observar el Ejército Libertador del Perú". En Mariano
Santos de Quiróz. Colección de leyes, decretos y órdenes desde su independencia. Tomo 1, Lima, Imprenta José Masías, 1831, págs. 1-4.
47. San Martín, José de. "El geneial en jefe del Ejército Libertador, a los habitantes del Perú". En Manuel Odriozola, Documentos Históricos del /&gt;eni. Tomo
IV. Lima, 1873, págs. 32-34.
48. Art. Cit., pág. 33.
49. Art. Cit., págs. 33-34.
50. "Política". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 71, noviembre de 1820, pág.
601.
51. Pérez, J. G. "Relación enviada al gobierno de Bogotá". En Vicente Lecuna. La
Entrevista de Guayaquil. 4a. ed., Tomo l. Caracas. Ed. ltalgráfica, 1962, págs.
237-241.
52. "Relación enviada al Intendente de Quito, general A. J. de Sucre". Ob. Cit.,
págs. 242-245.
53. Bolívar, Simón. "Carta dirigida al Vice-presidente Santander". Ob. Cit., págs.
246-248.
54. Guido, Rufü10. "Relación del primer edecán". Ob. Cit., págs. 248-253.

55. Bolívar, Simón. ''Carta dirigida al Vice--presidente Santander". Ob. Cit~ pág.
247-248.
56. Odriozola, Manuel de. Documentos Literarios. "Documentos notables", Tomo
XI, Lima, 1877, pág~ 415-416.
57. "Acta de la Sociedad Patriótica". En Ob. Cit., págs. 417-495.
58. Act. Cit., pág. 422.
59. Act. Cit., pág. 423.
60. Act. Cit., págs. 424-425.

40. O'Higgins, Bernardo. "Proclama del Director de Chile a los pueblos". Gaceta
del Gobierno de Lima. No. 73, septiembre 29 de 1819, págs. 765-768.

61. Act. Cit., págs. 427-428.

�La función social de las mujeres

174 Siglo XIX
62.

...
1

entre los liberales latinoamericanos

Sánchez Canión, Faustino. "Sobre la inadaptabilidad del gobie~o mo~árquico
al Estado libre del Perú". En Bolet(n del Museo Bolivariano (Urna), ano l, No.
3, noviembre de 1928,págs. 33-34.

53. Odn·ozola, Manuel de. "Actas de la Sociedad Patriótica" En Ob. Cit., pág. 430.

Alberto Saladino García*

64. Act. Cit., pág. 431.

65. Act. Cit., pág. 432.
66. Tauro del Pino, Alberto. "Prólogo y Notas". En Lo Aveja Republicana. Lima,
Ediciones Copé, 1971, págs. XIV-XV.
67. Paz Soldan Mariano Felipe. Historia del Perú Independiente. Primer Peri'odo ,
pá~. 343-344.
.
68. Ob. Cit., pág. 344.
69. Ob. Cit., pág. 346.
70. Monteagudo, Bernardo. "Memoria". En Vicente Lecuna, Ob. Cit., págs. 206-230.
71. Mem. Cit., págs;. 208-209.
72. .\1em. Cit., pág. 209.
73. Mem. Cit., pág. 211.
74. ,\ fem. Cit., pág. 213.

75. .l1em. Cit., págs. 213-214.

76. Mem. Cit., pág. 216.

77. Mem. Cit., pág. 217.
78. Mem. Cit., pág. 221.
79. Jfem. Cit., pág. 224.
80. Mem. Cit., págs. 225-226.
81. Mem. Cit., págs. 227.
82. Mem. Cit., pág. 228.
83. Mem. Cit., pág. 229.
84. Mem. Cit., pág. 229

-

PRESENTACION

La interpretación liberal acerca del desenvolvimiento de la sociedad
señala el mejoramiento paulatino e ilimitado de ésta. Empero, en la realidad no acontece así. El mejoramiento de las condiciones de vida de casi todas las sociedades ha partido de transformaciones revolucionarias que han
abarcado tanto los factores estructurales como los superestructurales.
En los cambios introducidos por elementos de una sociedad determinada se evidencian aspectos benéficos que intentan alcanzar a una mayor
cantidad de personas. Al menos esto es lo que justifican las ideologías de
esos cambios: el capitalismo es un sistema superior al feudalismo, así como
el socialismo respecto de aquél. Eso lo sostiene en el primer caso el liberalismo y en el segundo el marxismo. No oootante los fundamentos racionales de ambas idrologías, han dado pie para cuestionar las relaciones sociales que pregonan. Este ha sido el caso del feminismo, por cuanto es conceptuado como la teoría y práctica de la lucha de la mujer por participar en
condiciones de igualdad frente al hombre en la sociedad civil y política. Ve
a las mencionadas ideologías como propias del patriarcado.

De ahí que no sea gratuito el surgimiento y fortalecimiento del feminismo a partir del siglo XIX y su creciente expansión hasta nuestros días,
pues corresponde con el enfrentamiento más agudo de las ideologías y sistemas que hoy dividen al mundo en bloques de poder. En el largo, lento,
pero sólido desarrollo del feminismo pueden destacarse dos fases reales y
necesarias: primero, la etapa de autoconciencia ele las mujeres sobre su
condición y la lucha por modestas pero necesarias reivindicaciones para
mejorar su situación social; y, segundo, la propiamente feminista donde la
claridad política de sus demandas por la emancipación del patriarcado y la
intención de coadyuvar al establecimiento de relaciones de igualdad humana entre los sexos es lo determinante.

* Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma del estado de México.

�176 Siglo XIX
Ambas fases son detectables en el estudio de la evolución del feminismo en los países europeos, pero ¿cuál ha sido su situación en América
Latina? &amp;te planteamiento exige una respuesta sustentada en el reconocimiento de lo que realmente ha representado la participación de la mujer
en la historia de Latinoamérica para evitar reproducir explicaciones mecanicistas.
La comprensión del problema mencionado es lo que orilló a enfocar
al presente tema como la determinación histórica que desempeñó este sector social en los proyectos nacionales de los políticos que guiaron la infancia de nuestros países. Por tal motivo daré cuenta de los lineamientos del
liberalismo, ideología en la cual orientaron sus deseos, el proyecto de nación, la forma como se educó a la mujer así como la práctica y concepción
que sobre ella tuvieron. Debido a la ausencia de escritos sistemáticos que
pudieran conformar una teoría sobre la mujer, ejemplificaré con datos de
diferentes liberales latinoamericanos.
CATEGORIAS DEL LIBERALISMO
Como sa hemos, el liberalismo no constituyó propiamente una determinada filosofía, ni un programa político o económico homogéneo, aunque aportaron elementos que hoy lo definen tanto filósofos, políticos como economistas. El liberalismo desbordó todo encajonamiento de sus más
ilustres representados: ha sido una ideología en permanente renovación. Es
ideología porque surgió como respuesta a las exigencias históricos de la
burguesía: "El capitalismo hizo del liberalismo su expresión más acabada,
su peculiar concepción del mundo, de la sociedad y del hombre ". 1 Es tanto una doctrina como un modo de ver. 2 El liberalismo, que nació como la
ideología de una clase social, se universalizó al convertirse en una concepción de toda una época histórica del hombre, la del capitalismo.
El liberalismo se convirtió en la ideología que mejor respondió a las
necesidades de la burguesía, ya que ha tratado de proteger al individuo
que, dentro de su cuadro social, es siempre libre para comprar su libertad.3
Entre los principales rasgos que lo caracterizan tenemos, además, a los siguientes: sostiene que por medio de la riqueza es aún más fácil alcanzar ~l
bienestar social concediendo al individuo la mayor libertad para sus inic.iativas; es una teoría individualista y racionalista; emancipó al hombre de
la conciencia teológica; conformó la teoría democrática del gobierno al dividir en tres órganos el poder (legislativo, ejecutivo y judicial); justificó el
nacimiento de los estados nacionales al unificar las ciudades, independientes durante el feudalismo; aportó la teoría de los derechos naturales o inalienables de todo hombre: libertad, igualdad, fraternidad, respeto a la propiedad privada; redujo la función dd gobierno a posibilitar la iniciativa pri-

A. Saladíno Carda: La mujer y 108 liberales latinoamericano,

177

v~d_a en el aspect~ económico y a la creación, para los propietarios, de con~i~10nes de _se~?dad: de esta forma el buen ciudadano (el que adquiere
exito) es el _mdividuo -~e logra la_ prosperidad económica; planteó el lucro
como esencia de la actividad economica.
~n la conformació? _de esos y otros rasgos del liberalismo, contribuyer~n mtele~tu~les que viv1~r~n en diferentes siglos y países, pero con relaciones capitalistas hegemorucas, pues expresaron sus exigencias. Por ello
P.ueden aglutinarse como teóricos dd liberalismo a Maquiavelo, Hohbes
Hooker, _Burke, ~ocke, Hume, Smith, Grocio, Milton, Calerdge, James'.
Stuart Mill, Ausbn, Bentham, Diderot, Voltaire, Montesquieu, Rousseau
Constant, Toqueville, Franklin, Hamilton, Jefferson, etcétera.
PROYECTO NACIONAL
. La bjst?ria de ~mérica Latina exhibe como rasgo común la dependencia econom1ca, pohtica y cultural. Las raíces de esta situación obviamente, ~011 l~st_ó_ri?as. Se originó ~011 la conquista ibérica. El coloniaje hispánico -~~?51bilito un desenvolvimiento autónomo. Para superar el coloniaje
se uu_c10 la lucha por la independencia, a la cual -hay que subrayarloco?tnbuyeron mu1eres, ahora consideradas heroínas: Josefa Ortiz de Dommguez, Leona Vicario, Manuela Taboada, Manuela Saénz, entre otras.
Al tri~fo de 1~ independencia, los libertadores pretendieron convertir
a los nov1S1mos paises en progresistas y modernos, a imagen y semejanza
d~ los modelos europeos (Inglaterra, Francia) y de &amp;tados Unidos. Quenan ~~cerios "Los Estados Unidos de América del Sur". Para intentar sus
p_r?pos1tos adoptaron la doctrina liberal como, básicamente, programa p0l1tico, y la adaptaron a las circunstancias latinoamericanas. Del liberalismo
tomaron d°'; ideas fundamentales a través de las cuales quisieron acercar a
nuestros pa1ses a ese prototipo de naciones libres y modernas mencionadas:
el sistema jurídico que decretaba, de una vez por todas, la igualdad cm~&lt;l:t~ª ante la ley4 ; 2) asignar a la educación la tarea suprema de
formar mdw1duos capaces que respondieran satisfactoriamente a las exig~ncias de la conformación de las naciones latinoamericanas. Sobre estos
p1lar~s es como pensaron erigir repúblicas de pequeños propietarios con la
finalidad de desterrar las relaciones precapitalistas dominantes.

9

Los políticos independientes y postindependentistas del siglo XIX encontraron en el liberalismo la ideología capaz de ,;atisfacer las demandas
Y propósitos de la etapa de afianzamiento de la independencia mediante
la conversi?n e~ _ciuda?an,o~ a los hombres habitantes de esta ;e~ón, decreta~do _d1SpOS1C1ones JUndicas y educativas. Creyeron que con garantizar
constitucionalmente la participación política de los individuos y con la

�•
A, Saladino Gardo: La mufer y los liberales latinoamericanos 179

178 Siglo XIX
expansión de la educación quedaría superada toda reminiscencia colonial.
Las mujeres no fueron consideradas como ciudadanas, estuvieron excluidas
de toda participación en el poder; sin embargo se les adscribieron funciones a partir de la propia concepción. de los liberales para transformar a los
países latinoamericanos.
EDUCACION ESCOLAR PARA LAS MUJERES
Consideraron a la educación como un instrumento de cambio o progreso inevitable para C!itas naciones. Encontraron en ella el elemento primordial para crear la mentalidad anticolonial y por tanto nacional. Así
José María Luis Mora, el liberal más destacado de los primeros años del
México independiente, sostuvo que al gobierno le corresponde la obligación de impartir la edueación porque sin ésta es difícil que el sistema republicano subsista e, igualmente, mediante ella el sstema político puede
generar la mayor suma de bienes para su gobernantes al servir de freno a las
pasiones e impulsar el amor a la libertad.5
Por tal motivo, a partir del mismo año de 1824 se iniciaron las acciones tendientes a sentar las bases del ideal de país. De ahí que en el campo
de la educación inmediatamente se hayan dictado los ordenamientos que
la regularían y orientarían. Si bien la atención se dirigió a la instrucción de
los niños, la hubo también, aunque en menor medida, para las niñas.
Educación pal'{l las niñas sólo se impartió en poblaciones grandes donde se localizaban los centros conocidos como "Amigas", que surgieron
desde el siglo XVID. En este caso, a diferencia de las instituciones donde
los niños recibían instrucción que eran públicas, casi siempre estuvieron
sostenidas por particulares:
Las niñas que asistían a estos centros eran enseñadas a leer, escribir cantar recitar el catecismo religioso y a realizar labores femenin'as com~ costura y bordado, dando más preferencia a éstas últimas actividades que las primeras.6
Hay que aclarar que la poca atención gubernamental prestada a la educación de las mujeres no fue sólo típico de México. En uno como en otro
país lo que sucede es que reproduce las relaciones de desigualdad social del
modo de producción capitalista, fomentadas por los propios "padres de las
naciones latinoamericanas", quienes consideraron al sexo femenino débil
y, por tanto, subalterno frente al masculino.
En las mencionadas escuelas, fueron pocas las mujeres de la clase dominante las que asistieron. Por ejemplo, en el estado de México sólo las
hubo en Toluca, a partir de 1828 anexa al Instituto Literario, y en el inte-

rior se ~ndaron en 1831_ las de Tulancingo, Tula, Pachuca, Taxco (estas
cua~ ci~_dades pertenec1an en ese entonces a esta entidad, pero con la
co~tituCion del estado de Guerrero en 1849, Taxco pasó a formar parte
de este, y las otras tres ciudades de Hidalgo, cuando se eri~ó en 1869), Temascaltepec, El Oro y Sultepec.7 Otro rasgo de este tipo de escuelas se
evidencia en las percepciones económicas que recibían como salario las
directoras y en general las empleadas, que fueron siempre inferiores a los
asignados a loa hombres con semejantes responsabilidades.
Esta visión de la necesidad de instrucción sobre las mujeres fue reproducida y en algún sentido completada por el Libertador Simón Bolívar. De
los diferentes documentos que suscribió, tomo como base el decreto titulado "Estableciendo wi colegio y academia de niñas" dado en la ciudad de
Caracas el 27 de junio de 1827. Allí justifica en tres considerandos la razón
de ser de esta institución y enwicia, luego, las medidas para su funcionamiento:
1 o)

~e el importante objeto de la educación pública quedaría
imperfecto no mejorando la de las niñas;

2o)

Que no hay en esta ciudad establecimiento alguno en que
ésta s~a adecuada a su fin; y

3o)

Que l?uede conseguirse tan inapreciable bien mejorando el
Colegio General, llamado de Niñas Educandas, en uso de las
facultades extraordinarias que ejerzo,
Decreto.
Artículo lo. A las rentas de que goza el Colegio de Niñas
Educandas acrecerán dos mil pesos anuales que le dará de
sus rentas la Universidad de Caracas; y acrecerán también
los réditos caídos, y los frutos o réditos, o arrendamiento
de la hacienda de Cumanibare... 8

El reconocimiento de la importancia de la instrucción de la mujer lo
hace El Libertador no como el planteamiento de la necesaria igualdad entre hombres y mujeres lino como exigencia de las condiciones y proyectos
que impulsa: la educación de la mujer es necesaria para el complemento de
la tarea histórica de los hombres. Esto es, no puede entenderse el cumplimiento cabal de la responsabilidad de los ciudadanos en tanto no cuenten
con el apoyo de compañeras capaces de impulsarlos en su misión. A las
mujeres ha de instruírseles para ese propósito.
Una cuestión reveladora de la escasa libertad con que contaban las mujeres para concretar proyectos en los centros que les permitían dirigir lo

�180 Siglo XIX

A. Saladino Carda: La mujer y los liberales latinoamericanos

era el hecho de que iiempre estaban supeditados a los lineamientos y organismos de los hombres. En el decreto que comentamos, Simón Bolívar
especifica que:
Artículo 3o. Habrá una Junta Inspectora de la educación de las
niñas, compuesta del intendente del departamento, del ordinario
de este arzobispado, del presidente de la Corte Superior de Justicia, del rector de la Universidad, y el del seminario de esta ciudad.
Artículo 4o. Las atribuciones de esta junta serán:

2.

Proponer al gobierno la planta que se deba dar a este establecimiento en cuanto a su régimen doméstico y de educación; y
aprobada, nombrar los maestros de los diversos ramos de educación que se vayan estableciendo.
3.
Proponer las reformas y mejoras que en adelante estime
convenientes.
4.

Nombrar rectora cuando vaque este encargo.,

9.

Nombrar administrador.9

Los transcrito nos revela que tal Junta era quien dirigía la institución,
tanto la cuestión académica como la determinación del personal docente y
administrativo. Todos sus integrantes eran hombres. A la rectora se le adscribieron tareas exclusivamente de administración escolar.
Con hase en lo señalado se hace conveniente cuestionar ¿cuál fue la
principal razón de impartir una educación escolar tan limitada a las mujeres? La respuesta puede obtenerse analizando la concepción y práctica social que sobre ellas se estableció durante el iiglo XIX en Latinoamérica. En
d ámbito escolar, como se ha demostrado, la función que les fue impuesta
por parte de nuestros liberales consistió en instruirlas para que auxiliaran
a los ciudadanos en la edificación de nuevas relaciones políticas para la
concreción de sus ideales de nación. Las mujeres fueron concebidas como
auxiliar complementario de la acción de los hombres. Esto lo patentiza la
educación escolar. Pero veamos brevemente lo propio de la educación fa.
miliar de aquella época.

LARAZoN DE SER DE LAS MUJERES: SERVIR AL HOMBRE
Si ha si.do definido el patriarcado como el poder de los hombres para
explotar el trabajo de las mujeres, esta práctica logra su correspondencia
ideal en la fonna como se educaba en el hogar -en cierta forma continúa
presente en nuestros días- a la mujer del siglo XIX. No &amp;bstante que existe
en tal centuria una gran cantidad de periódicos, vari08 de los cuales difun-

181

den cuadros de la vida familiar de las mujeres es difícil reconstruir sucotidianidad. Afortunadamente el profesor Hor:.cio Cerutti me hizo llegar
un insólito documento que ahora tomo como hase para dar cuenta sobre
el fin de la educación familiar entre las mujeres.
El señor Mariano Ospina Rodríguez dirigió el 21 de octubre de 1864
una carta a su hija María Josefa Ospina Barrientos con motivo de su mat~o~o- en Guatemala, con José Mariano Roma y Batres. En esta ilustrativa JlllSlVa le plantea un conjunto de consejos que evidencian la vercladera
fun~ión de la educación familiar y los cánones dominantes para el comportamiento de las mujeres en su relación con los ciudadanos. De en trada le
advierte:
1 Querida hija mía:

Mañan~ va Ud_. a entrar en una nueva carrera de la vida, que es

necesano continuar hasta la muerte. En cada nueva existencia a
que Dios la llama, su felicidad dependerá principalmente de su
conducta, hasta en los actos más insignificantes.1º
, Como padre, Mariano Ospina, desea a su ruja felicidad. Toda vez que
esta, se ha transcrito, dependerá de la conducta que sepa guardar María
Josefa, es conveniente indicar cuáles son las cualidades que deberían normar su comportamiento. En la misma carta se estipulan:
la fe~cidad depende... de la práctica sincera y constante de estas virtud~, modestas: la h~ildad, la paciencia, la resignación,
la abnegac1on, y ... de la bienandanza de nuestras relaciones domésticas que dependen de esas mismas virtudes cristianas.U
La moral cristiana, que en ningún momento discute el liberalismo
pues m~ bien busca adaptarla a nuevos contextos, no estuvo ausente e~
las relaciones sociales y familiares del siglo ''laico": continúo siendo la
rect~1: de ellas. Tal significado de la felicidad sólo pocha concretarse en la
relac10n con el esposo, una relación de supeditación total. Bajo estos criterios le recomienda:
De hoy e_n adel~te, la primera persona para Ud., la más interesante, el obJeto prunero de todas sus atenciones de todos sus cuidados, de todas sus inquietudes, es su marido .. .'
Su_ esposo es su am3:11~e, es su primer amigo, su protector, su companero ~rante el viaje de la vida, y estas consideraciones, producen relaciones y deberes cuya práctica ocupara todos los instantes
de la existencia de Ud.12

':'1

~n
lógica, es obvio que la recompensa de la entrega &lt;le la mujer se
ve cristalizada en tener consigo a su protector, el encargado de prodigarle

�182

Siglo XIX

toda seguridad. La imagen de debilidad propalada sobre el sexo femenino
es un producto genuino de la moral cristiana. El recoginúento con el hombre y la supeditación que reconoce ante él es una consecuencia nonnal de
su educación. Esa es, por tanto, su naturaleza, la que los liberales latinoamericanos cultivaron.
Con base en semejante concepción de la función de la mujec, como
esposa, sigue aconsejando Mariano Ospina a su hija:
Una de las primeras atenciones de Ud., será estudiar las inclinaciones, los hábitos y los gustos de su esposo, para no contrariarlos. No pretenda Ud. imponer su voluntad; ni siquiera el sacrificio de aquellos hábitos y gustos por insignificantes que le parezcan; por el contrario, haga Ud. de manera que él pueda seguirlos
sin estorbo.
Frecuentemente sucederá que haya entre los dos, hábitos y gustos
opuestos; no vacile Ud. un instante en sacrüicar los suyos propios;
antici'pese siempre a hacerlo.13
La mujer latinoamericana del siglo XIX era moddada tanto por la educación Í&lt;'rmal como, sobre todo, por la familiar para cumplir la misión de
apoyar las acciones del ser más importantes de nuestros países: el individuo, el ciudadano, el encargado de los asuntos públicos. La importancia
adscrita implícita o explícitamente al sexo femenino estribaba en actuar
conforme las necesidades y deseos de los hombres. Por tales motivos no
había razón de que otro tipo de consejos o habilidades se le enseñaran.
El "alma del hogar" sabía que su paso por el mundo estaba circunscrito a ser madre y ama de casa. El éxito de su misión consistía en realizar
adecuadamente esas funciones. Su "felicidad" la conseguía acoplándose a
las exigencias de su hombre. Para esto la preparaba. Las advertencias de
cómo debía proceder en el matrimonio respondía a los lineanúentos de la
moral dominante.
He aquí las últimas citas de esta carta que no resisto la tentación de
transcribir por ser tan ilustrativas:
. . .No hable Ud. con palabras cuando se sienta ofendida, retírese
de la escena si es posible, y pocos minutos después, sentirá Ud.
el contento y la satisfacción de haberse dominado y de haber
evitado una disputa, un disgusto, quizá un largo sentimiento que
amargara su corazón y el de personas queridas que es tan doloroso haber ofendido. No dispute Ud. jamás por ningún motivo con
su esposo...
...si es Ud. la enojada, calle también. Cuando sienta Ud. que estalla el fuego de la ira, grande o pequeña, acuérdese de su padre;
figúrese que esté delante de Ud., con el corazón lleno de doloro-

A. Saladino Garcfa: La mujer y l01 liberales latinoamericano&amp;

183

sos recuerdos, impasible el rostro, y que con el dedo sobre los labios, le dice "silencio".14
Las "tiernas" palabras de un padre que dice que así lo ha practicado y
de lo que en todo el texto~ expresa es la viva experiencia de la manera
como se educó a la mujer; radiografía el verdadero papd que a ésta le adsc?bió la sociedad decimonónica de nuestras naciones: la razón y existencia de la mujer fue el hombre. 'La mujer para d hombre, no para sí, fue la
conducta que le imprimió tanto la educación escolar como la familiar. Esta función la reforzó la concepción e imagen de la mujer prototipo entre
los políticos liberales latinoamericanos.
ELMACHISMO
Los cuadros y retratos femeninos contenidos en las obras de nuestros liberales decimonónicos reflejan fielmente como cualidades de la mujer la resignación, debilidad, humildad, paciencia, abnegaci~n. Todas istas frente a1 hombre. De ahí que el ideal de mujer era aquélla que mos•
traba esas cualidades, porque sólo así contribuía a la empresa de los ciudadanos, lograba erigirse en heroína. Es este d sentido del retrato de "Doña
Manuela Taboada de Ahaso]o" escrito por José María Luis Mora: la considera ''heroína mexicana" por los rasgos femeninos de su decidida intervención en la defensa de la vida de su esposo Mariano Ahasolo. En un pasaje donde describe las cualidades de su acción afirmó:
. . .Madame t-basol~, luego que su marido fue preso, se rev~tió
de una fnerg¡a supeno~ a su edad, a su delicadeza y a su sexo, se
presento a los que deb1an condenarlo, y sus reclamaciones apoyadas de sus lágrimas y de las protestas de justificar los servicios de
su marido a muchos españoles, le hicieron obtener una especie de
promesa... en todas partes rogó, suplicó, interesó a cuantos pudo a. f~vo~ de su marido. Después de haber sufrido mil desaires,
mort1f1cac1ones y escaceses, de haber atravesado el virreinato dos
veces y corrido de la manera más incómoda cerca de setecientas
leguas, logró, por recomendaciones y empeños, salvar la vida de
Abasolo, y se resolvió a acompañarlo en su deportación a Espa- ...15
na
Como puede oh.ervarse, Mora destaca los aspectos "más femeninos"
como los esenciales para describir la hazaña de esta mujer. Lo que está
revelando en realidad, es la manera propia de los liberales de idealizar y
prac1icar las relaciones con el sexo femenino. En forma semejante escribe
Joaquín Femández de Lizardi, periodista mexicano que interpreta magistralmente la situación nacional. De los muchos pasajes donde hace intervenir a personajes femeninos, 6;tos desempeñan el papel ideado por la
sociedad. Sentimientos de conmiseración y resignación son los más fre-

�184

A. Soladino García: La mujer y lo, liberalu latinoamericanos

183

Siglo XIX

cuentes en los cuadros de El Pemador Mexicano que retratan las actitudes
de las mujeres.16

En una posición extrema, en las descripciones de Domingo Faustino
Sarmiento se manifiestan en forma nítida los aspectos aparentemente
inexistentes del machismQ. En su Facundo, el personaje principal encama
todas esas actitudes. Desde provocar, por su trato, verdadero terror entre
las mujeres hasta pasar por alto las más duras atingencias de sus "seres
queridos", como en aquella ocasión en que enfenna su esposa y su madre,
sale en busca de un médico, pero en camino se le atraviesa un avestruz al
cual persigue olvidando la situación en que ~e encuen~an. sus enfermas. 17
En esta época de vida bronca, la fuerza se enge en el pnnc1pal rasgo de dominio del hombre sobre la mujer.
Facundo Quiroga es el prototipo de hombre capaz de hacer enten~~
a la mujer su función mediante la fuerza, el encargado de revelar su delihdad y supeditación total al hombre. Dice Sarmiento:
Quedaban en la Rioja, no obstante la orden de F_acun_do, una niña
y un sacerdote: la Severa y el padre Colina. La historia de la Seve-

ra Villafañe es un romance lastimero, es un cuento de hadas en
que la más hermosa princesa de su tiempo andaba errante :y fugitiva disfrazada de pastora unas veces, mendigando un asilo y un pe~o de pan otras, para escapar a las acechanzas de algún gi~te
espantoso, de algún sanguinari~ Barba Azul._ La Severa ha ten~do
la desgracia de exitar la concup1scenda del a.rano, y no hay qu_ien
le valga para librarse de sus feroces halagos... La Severa _resiste
años enteros. Una vez escapa de ser envenenada por su tigre _en
una pasa de higo; otra, el mismo Quiroga, despechado toma _opio,
para quitarse la vida. Un día se escapa de las manos de los aSIStentes del general, que van a extenderla de pies y manos en una m~ralla por alarmar su pudor; otro, Quiroga la sorprende en el pano
de ~ casa, la agarra de un br8;Zo, la baña en san~e y bofetadas, la
arroja por tierra y con el tacon de su vota le _quiebra la cabeza....
La Severa huye al fin a Catamarca, y se encierra en un beatario.
Dos años después pasaba por allí Facundo y manda que se abra
el asilo y la superiora traiga a su pr~sen~~ a las. reclu5a;5. Una ~ubo que dió un grito al verla y quedo exarume. tNo es este un hndo romance? iEra la Severa!.lS
Semejante "romance" demuestra de manera cruda pero real la fonna
como llegaba a ser tratada la mujer si intentaba resistir la omnipresencia
del hombre. Seguramente ese conjunto de elementos descritos hayan refonado el enjuiciamiento sintetizado en el refranero popular: "el qu~ te
pega te quiere" El sujeto de este reveladora frase es el sexo masculino.
Domingo Faustino Sarmiento escribe en Facundo varios pasajes donde
se vislumbran las actitudes sociales frente a la mujer. Y estos retra~ pue-

den ser obtenidos de toda la literatura generada por los liberales latino.
americanos, lo cual pennitiría ampliar considerablemente este texto. Sin
embargo, con lo transcrito creo es suficiente para comprender la institucionalización que se hizo de la supeditación de la mujer ante el hombre.

INSTITUCIONALIZACION DEL SOJUZGAMIENTO
El jacobinismo de los liberales latinoamericanos posibilitó que tomaran
conciencia de que el Estado debía encargarse de testificar el matrimonio.
En México, Melchor Ocampo, quien contribuyó a erradicar las ataduras coloniales fortaleciendo al Estado, fue el liberal más radical de la generación
encabezada por Benito Juárez. A él se le adjudica la autoría dela "Exhortación" que desde el siglo pasado se lee a los novios en la ceremonia del
matimonio civil. Confonne lo que nos ocupa, es conveniente aclarar que
tal texto no surgió por la mera inspiración de un liberal eminente. El valor
de su autor consistió en haber expresado magistralmente la ideología y
práctica social dominante. Con ese escrito se institucionalizó la subordinación de la mujer frente al hombre. A éste le otorgó una función específica
en los siguientes términos:
...El hombre, cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y
la fuerza, debe dar y dará a la mujer, protección, alimento y dirección, tratándola siempre con la parte más delicada, sensible y
FINA de sí mismo y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil, esencialmente cuando este DEBIL
se entrega a él y cuando por la sociedad se le ha confiado.
Como es factible confrontar, la claridad de ~te texto no deja dudas
sobre la obligación social del hombre: dar seguridad a la mujer, porque su
naturaleza así lo exige. A ésta, la sociedad patriarcal le impuso, para corresponder a la protección que le garantiza, las siguientes fonnas de conducta, explicitadas en tal "Exhortación" matrimonial:
. .. La mujer, cuyas principales dotes sexuales son la abnegación,
la belleza, la perspicacia y la ternura, debe dar y dará al marido
obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándole
siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya
y defiende.

O sea, lo que este documento resume es la práctica de las relaciones
sociales entre hombres y mujeres propugnada por los políticos más progresistas de la pasada centuria.
CONSIDERACIONES FINALES
Para los liberales latinoamericanos del siglo XIX la mujer tuvo como

�186 Siglo XIX
función social ser madre o esposa de los ciudadanos. La mujer ideal, entonces, fue aquella que debía esmerarse en cumplir con esas exigencias. Sus
cualidades quedaron circunscritas a la resignación, entrega total, humildad,
paciencia, abnegación, comprensión ante los deseos, propósitos y actitudes
de los hombres.
La formación de ese tipo de mujer corrió a cargo de dos instituciones:
la escuela y la familia. La sociedad de esa época concibió como normal tal
situación de la mujer, porque el hábito, la práctica de tratarlas así se convirtió en lo natural. La costumbre se transformó en ley. El "exhorto matrimonial" fue la expresión institucional más genuina de las relaciones sociales imperantes.
En realidad, ni la independencia ni los liberales transformaron la relación de supedítaciqn de la mujer ante el hombre. Su principal logro consistió en legislarla. Pero esta medida tampoco resolvió la permanente lucha,
aún no organizada, de las mujeres para superar tal subordinación. De todas maneras introdujo la posibilidad de autoconciencia para mejorar sus
condiciones de vida al grado de que continuaron practicando el derecho
a decidir el destino de sus vidas manteniéndose solas como viudas, divorciadas, separadas, abandonadas, "escapadas" o enclaustradas.

A. Saladino Carda: La mujer y los libera/e&amp; latinoamericano•

REFERENOAS BIBLIOGRAFICAS

1. Francisco López Cámara, ¿Qué e, el liberalismo?, Xalapa, Cuadernos de la Facultad de Derecho, UniversidadYeracruzana, 1962,p. 18.

2. Harold J. Laski, El liberalismo europeo, México, Fondo de Cultura Económia,
1974-, p. 15.
3. lbid-., p. 53.
4. Alexis de Tocqueville, La democracia en América, México, Fondo de Cultura
Económica, 1973, p-. 70.

5. Cfr. José María Luis Mora, En1ayo&amp;, ideo, y retrato., México, UNAM, 1964,

w.77-85.
6. Comisión de Estudios Históricos, 150 ailo, de Educación en el Es111do de México, Toluca, Dirección General de Edlrcación PuNica, 1974, p. 54.
7. lbid., P: 54.
8. Miguel Acosta Saignes, Antología dé Simón Bolí11ar, México, UNAM, 1981, pp.
241-242.

9. l~id., pp. 242-243

Con la conversión del capitalismo en modo de producción dominante a fines del siglo pasado en Latinoamérica, se presentó la necesidad
de contar con personas más capacitadas ténicamen te. A la mujer, como
nunca ha estado al margen de la producción, también le alcanzó esta exigencia. Entonces, en pleno siglo XIX se crearon las primeras instituciones de capacitación para ellas como las escuelas de artes y oficios, las escuelas normales y las escuelas de enfermería. Lo que no comprendieron los
liberales fue el carácter revolucionario de estas medidas pues al profesionalizar a las mujeres, se les estaban otorgando las armas para desarrollar y
demostrar Slls capacidades, iguales a las de los hombres: así, fueron colocadas en condiciones para ya no nada más luchar por mejorar sus condiciones en la relación con los hombres, sino para pugnar por su emancipación. Esta lucha encontró sus gérmenes en pleno siglo XIX.
Por consiguiente, la posibilidad de liberación de la mujer se la permitió el mismo desarrollo capitalista, con lo cual es factible corroborar lo que
Marx sentenció sobre el capitalismo, pero ahora en otro sentido: éste engendra su propia destrucción. Esto es, si entendemos el feminismo como la
revolución de la vida cotidiana en aras de relaciones sociales más humanas
y de completa igualdad, su propósito es desterrarlo como sistema de vida.
Contribuye a superarlo.

187

I

1 O. Academia Colombiana de Historia, Boletin de Hi&amp;toria y Ant~üedaáes, Vol.
LXXU, Bogotá, 1985, p. 241.

11. lbid., p. 242.
12. lbid., p. l4 3.
13. lbid., p. 244.
14. lbid., p. 249.

J.5. José María Luis Mora, ()p. tít., p.150.
16. Joaquín Famánde;z de Lizardi, Et l'enscdo• .We:\ irono, ~téxioo, UNAM, 1979,
pp. 28-36.
17. Domingo Faustino Sannier.to, facundo o cfoili:m:ión y barbarie, México, Ed~
tora Nacional; 1972, p. 212.

18. lbid., p. 145.

�~l &lt;;ERL \Cf..\

El tratamiento del tema utópico
en el siglo XIX latinoamericano
Horacio Cerutti Guldberg*

-

C ompartida por la mayoría de los especialÍ'lt.as la importancia de la temática utópica en relación con nuestra América, actualmente se renueva la
exigencia de mayores y más acabados tra t.amientos de la misma . .\fe permito realizar algunas sugerencias en relación a la consderación de esta temática en nuestro siglo XIX, con vistas a la programación del volumen para lo
cual estamos reunido; aqui'.

A pesar de la presencia reiterativa del lenp,uaje en &amp;i uso cotidiano, es
obvio que el tratamiento de lo que de un modo mu~ amplio y general denomino el tema utópico, reclarna un sentido de ·'u topía ,. diferente al de
mera quimera o rótulo de imposibilidad... Instalándonos en otro nivel
de consideraciones, el de las virtualidades filosófi co-po líticas de la utopía
y del utopizar, por lo t.anto en el plano renovador y rrmovedor del pensamiento y de la práctica que ejercen los utópicos, vale ronsignar dos precauciones metodoló¡;cas. Por un lado, la utopi'a e,, un /!P-nero con características cspeci'ficas que nos permiten reconocer como integrantes del mismoa obras como Peregrinac ión de Luz del D10 del argentino Juan Bautista
Alberdi o La -lrmon1a del Universo del mexicano Juan '\epomuccno
Adorno (ob~s de 1887 y 1882 respectivamente). Pero, por otro lado, hay
un horizonte utópico en todo discurso poli'lico, hay una dimensión utópica del proyecto en toda prác tica polt'tica. Esta &lt;limrnsión e;, quizá más dificil de identificar, pero incluye todo lo alternativo a la insli tu cionalidad vigente - inclui'dos sus valores- en un momento his tórico detrrminado; alternativas que se proponen como lo a.xiológicammte drseaLle, como lo
nuevo, d cambio, la transformación ineludible. En este sentido, es daro
que si bien Bolívar no escribió una utopía al estilo de \loro, laboró in• Facultad de Filosofía y Letras/Centro Coordinador y Difusor de Estudios
Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de '.\féxico. Comunicación
enviada a la Reunión de Consulta sobre 1-listoria de las Ideas, Quito, noviembre de 1982.

�190 Siglo XIX
cansahlemente por una utopía mucho más maravillosa y deseable: la urúdad de nuestra América. Magna utopía en cuya búsqueda tantos lo acompañaron y acompañan. Con esto quiero indicar que no sólo es posible
sino deseable un tratamiento·no peyorativo de la temática utópica. En ella
late la fuerza de los sueños acumulados e irreal~ados (o parcialmente irrealizados) de la humarúdad y, muy especialmente, de las clases subalternas.

H. Cerutti C.: ITatJmiento del tema utópico en el Siglo XIX 191

desarrollada en Estados Unidos a partir de la tradición de la sociología del
conocimiento de Scheller-Mannheim y desarrollada inicialmente por
Merton.Sorokin es muy importante. Conviene tomar en cuenta estos aportes que intentan rigorizar el tratamiento sociológico de la utopía.Inclusive
presentan la posibilidad de analizar las contrautopías. En nuestro caso se•
ría interesante examinar por qué el pensamiento conservador, principal
generador de antiutopías según la consideración teórica a que nos referí.
mos, coincide, sin embargo, con el utopismo de la versión bolivariana. El
cuencano Benigno Malo constituye un ejemplo ilustre de este fenómeno
con su Nuevo Mapa de América (1866).

Dada la brevedad que requiere este texto, no me voy a detener aquí
demasiado en el segundo aspecto que he mencionado, porque en relación
a Bolívar ha sido abundantemente estudiado y .no creo que pueda estar
ausente del volumen que programamos. Más bien, quisiera aprovechar la
ocasión para destacar el género utópico, porque generalmente se desvalori•
za su estudio o se lo deja como mero pasatiempo para husmeadores de ra•
rezas. El tratamiento del género utópico, no enfocándolo como mero deva.
neo de autores ingeniosos, sino tratándolo con el desarrollo vertebral de las
temáticas ideológicas de nuestros pensadores y filosófos, puede albergar
sorpresas muy interesantes. Pero, además, este género ha solido ser parte
de una práctica u tópica de colonización y urbanización no ajenas a tradiciones religiosas y de lucha social dignas de ser recuperadas integralmente
por nuestra memoria histórica.

Las relaciones con España han sido señaladas varias veces en lo que al
erasmismo se refiere. Convendría, sin embargo, reconocer otras líneas de
desarrollos como, por ejemplo, las manifestaciones utópicas de la ilustración. De,cripción de la Sinapia, pen(nsula en la tierra austral es un ejemplo
importante de Antitopía. Anti- la topía de la España existente. Pro la España por la que luchaban los Aranda, Floridablanca y Campomanes. Pro.
hable obra de un "jansenista" hispano, tiene muy poco de "utópico" en el
sentido peyorativo de lo irrealizable, si uno la compara con la obra de la
ilustración española y de la dinastía borbónica.

No se s nuestro sglo XIX podría ser calificado con justicia de, más
corto o más largo que otros siglos XIXs. En todo caso, la cro~ologia ~o
puede primar sobre los contenidos y, ~n ese sentido, me atreve~1.a ~ _cons1g•
nar tres amplias etapas del género utopico que merecen, a ffll JWCIO, una
consideración más detallada y que coinciden, no seguramente por azar,
con tres momentos importantes de la evolución de nuestra conciencia.
Todavía en el siglo XVIII, pero con una problemática que ya anu~cia ~uestr~ siglo XIX, se utopiza desde la ilustració~. En el siglo XIX el lfberal~mo
culmina uno de sus ciclos intelectuales mas fecundos en utop1a. El agio
se cierra con los primeros pasos de, la or~iz~ción del movimiento obrero Y
ahí reaparece con toda fuerza el genero utop1co.

Gran importancia histórico.social revestiría el rastrear las manifesta•
ciones de la utopía indígena y/o campesina, que de algún modo continúa
y relanu la utopía magna de Túpac-Amaru. También los mesianismos in•
cluyen marúfestaciones utópicas entremezcladas en la compleja trama
político.religiosa que los caracteriza. La demanda por la tierra y por una
refonna de la propiedad que realizaban los campesinos vendrá a coincidir
con las posiciones sustentadas por ilustres exiliados socialistas utópicos,
que recalan en México despu&amp;; del 48 y difunden las ideas de Víctor
Considérant. Habrá que esperar hasta la revolución mexicana de 191 Opara
que estos reclamos comiencen a satisfacerse.

Por su parte, parece de suma importancia atender a las relaciones ~tre
el utopismo en los Estados Unidos de Norte América y nuestra~ expenen•
cías utópicas. Como parte del movimiento colonizador y urbanizador, como instrumento del avance de una cierta "civilización", los experimentos
utópicos también han abundado. Baste señalar la mezcla entre tradiciones
religiosas y reivindicaciones sociales en las colo~as "c~erativas" ~
Owen en Sinaloa (México). FJ arraigo y procedencia de esas ideas en mon
mientos norteamericanos que remontan, inclmive, al ~raower, ~ ~uy
fuerte y ha sido ya señalada su relación con el movimiento founensta
(Oneida) norteamericano.
En otro orden, cabe señalar que la teorización acerca de la utopía

Hasta donde llegan mis informaciones, no contamos con trabajos que
aborden suficientemente estos aspectos aquí sugeridos para nuestro siglo
XIX. Por ello, propongo que se los tome en cuenta en el volumen cuya
programación nos reune.

����</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>-.

.-----·

.

. . ·. ·. :·...

.

., ...: ... .... . . ..

.

ºXIX
Revista
de Historia

LIBERALISMO: REFORMA
Y CONTRARREFORMA
EN EL SIGLO XIX
(Chile, Perú, México, Venezuela,
España y Portug,d)
Año II, número 3
enero - junio de 1987

Facultad de
F ilosofla }'. Letras

U ni,·ersjdad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

,

,

·.

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica del
Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias de
la Información de la Universidad Complutense de

Madrid, España
Recibió asimismo la adhesión económica del Centro de
Estudios Latinoamericanos de la Unwersidad de California
en Berkeley, Estados Unidos

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGO RIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Tipografía: Andrea González Corona
Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Impresión: Impresora Gralex
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $4.

�I

.AÑO

II

NUMERO

3

ENERO - JUNIO DE
$ 111!1

1987

!111

sigloXIX
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO

61!eO lffll ~Ji IIÍO
Nota del Editor• .•...•...·. . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . .

3

La Sociedad de la Igualdad: liberales y artesanos en la vida
política de Santiago de Chile . . . . . LUIS ALBERTO RoMERO

15

Progreso, inmigración y libertad de cultos e11 Perií
a mediados del s~lo XIX . . . . . . . . PILAR GARCIA JORDAN

37

El agrarismo liberal en México . . . LUIS GoNZALEZ Y GoNZALEZ

63

Liberalismo y problemas estructurales: el Noreste de México
a mediados del XIX. . . . . . . . . JosE RESENDI.Z BALDERAS

87

Sin fe. sin ley y sin caudillo. Cambio cultura~ liberalismo e
i11surgencias populares . . . . . . . . . . . . . . . . MIQUEL IZARD

113

Revueltas y revoluciones en España
(1766-1874) . . . . . . . . . . . . . . . . . ALBERTO GIL NOVALES

133

Colonialismo y absolutismo español: el contrapurito
balear del Dieciocho. . . . . . . . . . LLu1s RoURA I AULINAS

165

la Revolnción de 1820. Notas para &lt;'l e.~tudio del liberafümo
portugués y rle su correlación
pe 11i11sulnr . . . . • . . . . . . . . . . . . ISABFL NoB RE VARGUES

173

�4

Siglo XIX

Industrial no alcanzó a trastocar radicalmente, en el siglo pasado, todo el occidente europeo. Y la forma de proyectarse sobre
su periferia más cercana -España, Portugal, verbigracia- no parece haber sido excesivamente distinta a la que golpeó buena
parte del continente americano.

...

Cuando se abordan problemas o temas como la formación
del mercado .nacional, del surgimiento y desenvolvimiento de
núcleos burgueses, de la aparición de la producción capitalista,
de la vinculación creciente con el mercado mundial, de los brotes de industrialización, de la consolidación de un poder central
frente a las pugnas regionales, del tan condicionado triunfo del
liberalismo ante los recortes que a las reformas planteaban los
sectores conservadores, de la reconcentración que la propiedad
de la tierra tuvo pese a su laicización creciente, las historias
española y mexicana -por ejemplo- presentan un cuadro riquísimo para el cotejo, para el paralelismo y para una diferenciación enriquecedora. Tanta, que se puede dudar que resulte mis
provechoso, en este sentido, aproximar España con Inglaterra,
o México con Haití. Es que, como en Europa, esta Ammca no
sajona que dificultosamente fue generando la Latinoamérica
que hoy conocemos presentó situaciones tan distintas que, al
menos, obligan al historiador a matizar.
Con suma cautela pero con no menor fervor queremos señalar que los historiadores españoles, portugueses e italianos
quizás tenga mucho que decir sobre procesos y fenómenos que
apasionan a los latinoamericanos. De allí que uno de los objetivos de esta publicacion haya sido- y continuará siendo- reunir
materiales conjuntos, latinoamericanos y europeos, sobre el
siglo que nos preocupa.
Si existía un tema muy pertinente para iniciar este puente
de intercambio y comunicación, era seguramente el de las reformas liberales y de las respuestas contrarrefonnistas que suscitaron en el XIX.
El liberalismo. Bueno es acotar que hoy es centro de un re-

�Nota del editor

Noto del Editor

5

novado interés en Latinoamérica. La trágica actuación de recientes regímenes militares ha obligado a revalorar usos de la vida
cotidiana que, sin ninguna duda, estuvieron contenidos en el
liberalismo (como concepción del mundo) desde los grandes
combates del siglo pasado.

-

\l inaugurar su segundo año de vida, Siglo XIX. Revista de
Historia concreta otro de los objetivos por los que fue gestada:
incorporar a los debates y aportes sobre el siglo pasado estudi~s
dedicados a procesos acontecidos en países de la Europa meridional.
Una mirada atenta sobre este período -especialmente para
quienes lo trabajan con un enfoque concentrado en ámbitos regionales - sugiere lo fructífero que podna resultar el cotejo de
ciertos fenómenos y procesos españoles, portugueses y hasta
italianos con otros, acaecidos en nuestro continente.
Se trata de un planteamiento delicado. Para empezar, significa una fuerte fractura con la muy asentada concepción de
observar lo europeo como antagónico u opuesto a lo latinoamericano: visión sensiblemente alimentada por las nociones
dependentistas que tan fulminante éxito obtuvieron desde fines
de los años 60. Además, puede llevar no solo a una eventual
controversia entre historiadores lationamericanistas, sino con los
mismos colegas europeos o dedicados a la investigación sobre el
siglo XIX en Europa.
Pero, ¿cual Europa? ¿Sólo la de la Revolución Industrial?
¿1'10 hubo otra Europa, menos conmovida por dicha ruptura
histórica? ¿ Y España? ¿ Y Portugal? ¿ Y esa misma Italia tan
condicionada, atrapada por el feudalizado Sur? La Revolución

Las libertades de opinión, de prensa, de asociación, de selección y cambio de gobernantes por vía del sufragio universal y
secreto, de manifestacion abierta de tendencias políticas y profesionales no eran simples concesiones burguesas, o al servicio
de una burguesía inevitablemente maquiavélica. Por el contrario,
y como lo han sostenido europeos de la lucidez de Enrico Berlinguer, ese racimo de derechos fue producto de grandes luchas
y conquistas de los hombres en sociedad, y a lo que ninguna
excusa moral, pretexto ideológico o justificación teórica debe
obligar a renunciar. Su destrucción puede conducir -en Latinoamérica condujo -a que se vulneren y pisoteen derechos aún
más sustanciales ( si cabe): la integridad física y moral de los
individuos, la misma vida humana.
Encontramos una doble satisfacción, pues, en la presentacion de este dossier. El sumergirse en el estudio histórico de
una corriente que basó en buena medida sus propuestas de reforma en lo arriba indicado, no nos aleja en lo más mínimo dt
un presente urgido de esclarecimiento y, en algunos casos, de
definiciones. Esto probablemente tome menos académica a una
publicación que aspira a ser esencialmente académica. Pero,
realmente, no lo lamentamos. Entre otras cosas, porque ha dado
ocasión de reunir materiales sobre seis casos nacionales diferentes: Chile, Perú, México, Venezuela, España y Portugal.
El dossier se abre con un artículo sobre Chile, a cargo de
Luis Alberto Romero. Se analiza allí la situación que vivía el
liberalismo concentrado en Santiago a mediados de siglo, con
énfasis en el surgimiento de una de sus expresiones más radicales: la Sociedad de la Igualdad, que agrupaba en su seno a figuras significativas de las clases acomodadas y a representantes

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Siglo XIX

de los núcleos artesanales de la capital chilena.
Fue una experiencia organizativa que no excluyó sucesos
violentos, insertos a n1 vez "en una guerra _civil m_ás e:~ensa¡ y
en el cuadro de agitaciones que al promediar el Siglo sacu eron a muchas capitales hispanoamericanas y afectaron la estabilidad de los regímenes autoritarios".
Es en estos términos que Romero profundiza en el analisis
de la Sociedad de la Igualdad, cuya actuación se sitúa e°: la crisis política chilena que se prolongó desde 1849 a ~851 (~pactada por la sucesion presidencial) y en el contexto mternac1onal
dado por ola revolucionaria europea del 48.

Las fases socialista y liberal son también mencionadas como
momentos del devenir de la Sociedad, cuyos ímpetus serian
clausurados tras el motín de Santiago, en abril de 1851. ~omero
termina haciendo alusión a la aureola mítica que posteriormente envolvió estas jornadas, a las cuales procura ubicar en un contexto histórico más ajustado.
--Pilar García Jordán recuerda en su ensayo so~re Peru ~n~
de las grandes claves del liber~smo la~oamencano decimononico: el progreso, la inmigrac1on, la lib~rtad de cult~s. Pero a
diferencia de Romero no adopta como e1e de su estud10 una ~r. · , adscripta a esa corriente ideológica. Por el contrario,
gamzac1on
d e ,r ~
muestra las caractensticas de la llamada Socieda
ato ico- eruana cuva mision era oponerse, precisamente, a las_ reformas
que s; pr~pugnaban para la transformación de la sociedad vernácula.
La descripción es útil para conocer las características d~ los
planteamientos de innondores y conservad~res e~ el Peru de
mediados dt· siglo. y las limitaciones que al liberalismo l~cal le
impuso 110 sólo la t'ontrarreforma sino una estruc~ra soc10económit'a heredada desde la colonia y en la que hab1a -como en

Nota del Editor

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México- un altísimo componente de desigualdad racial.
Libertad de cultos, inmigracion y progreso eran una misma
y simultánea propuesta para estos liberales, finalmente no
excesivamente distintos a correligionarios de otras latitudes.
Todo aquello era n_ecesario para abrir el camino al desarrollo
del capitalismo, muy particularmente en la agricultura, uno de
los objetivos troncales para estos cambios que se deseaban
implementar. Frente a ello, los católicos insistían que en Perú
la única religión debía ser la católica "con exclusión de otra
alguna".
Como en Mé~ico, la defensa ideológica conlleva en Perú la
proteccioo, también, de los intereses económicos de la Iglesia:
la cuesticn de la desamortización de sus bienes y del ataque a
otros derechos es aludida, con amplitud, en el trabajo de Garcia
Jordán.
Si hubo un contexto en el que las transformaciones propugnadas por el liberalismo- y los antagonismos que supuso- acercaron el proceso histórico a la revolución liberal que mencionan
con frecuencia los colegas europeos, fue el de México. Las reformas se fundieron aquí con una guerra civil que, además,
terminó con la invasión extranjera. ·
El caso mexicano es de una riqueza notable no sólo para la
comprensión de los grandes procesos liberales del XIX, sino
para intentar cotejos con situaciones como la española~ la arriba
citada cuestión de la desamortización de los bienes eclesiásticos
(y los municip'ales, menos estudiados en México, por cierto) es
un ejemplo de lo que afirmamos.
Luis González y González aborda en su trabajo un matiz interesantísimo: el radicalismo agrario. Al pretender erradicar ·
tradiciones que se consideraban obstáculos para la construcción de la modernidad anhelada, al intentar incorporar lo científico y una cultura sustentada en técnicas diferentes a las usua-

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SigloXIX
Noto del Editor

les, los liberales mexicanos- en su expresión más pertinaz- propugnaban modificaciones profundas en el ámbito rural.
En México tambiln se deseaba la inmigración dinamizadora
e inteligente, edificar nuevos far wests, ya en la sureña Yucatanía
ya en los desiertos norteños recorridos por apaches y comanches.
Además, había que transformar esa zona central en la que los
herederos de las culturas precolombinas pon Íl1l un componente
racial que no siempre agradaba a los pensadores reformistas.

Sin dejar de recordar los usos del ejército y los combates
contra la Iglesia, González alude principalmente a ese nuevo orden que se quería consolidar repitiendo o imitando el proceso
norteamericano: "El agrarismo liberal -destaca- se propuso
rehacer la vida del campo". Por ello procuró atraer el capital
extranjero, introducir cultivos, modernizar la labranza, suprimir las alcabalas, aumentar la población, construir ferrocarriles,
dividir los latifundios, liberar la fuerza de trabajo, repartir los
bienes comunales. Pero no todo finalizó como se anhelaba, y
el porfiriato dibujaría resultados muy diferentes a lo que se
planteaba en los épicos años de la Reforma.
Interesa remarcar que el artículo de González fue elaborado
varios lustros atrás. Ha sido incorporado a este dossier porque
prosigue siendo un instrumento eficaz para conocer aspectos del
liberalismo en México, sobre todo para colegas de otros países.
Ya hemos señalado que es una de las tareas primordiales de
Siglo XIX recuperar y redifundir en un marco distinto materiales con un reconocible nivel de calidad. Esta tesitura se ha
aplicado en número anteriores, y en el actual se extiende a los
aportes de Romero, Miquel Izard y Alberto Gil Novales.
José Reséndiz Balderas sitúa, por su lado, al liberalismo de
México entre cotas algo distintas a las de González: 1) ofrece
antecedentes que explican matices del estallido de 1855; 2)
pero agrega un análisis sustentado desde el punto de vista de
un espacio regional, el noreste.

9

Ej€rcito regular e Iglesia saturan con su presencia la estructura social y las disputas políticas en la primera mitad del XIX.
Son, para el autor, escollos fundamentales para modernizar la
sociedad mexicana, para hacerla avanzar hacia formas burguesas
y hasta para que se defina como Estado Nacional diferenciado.
Revisando este proceso casi desde la Independencia, Reséndiz describe cómo se manifestaron en una alejada área que se
transformaría imprevistamente en fronteriza tras la catastrófica guerra con Estados Unidos (1846-47). Es por eso que se
encuentran alusiones al liberalismo en los años 30 y a un personaje que tiende a convertirse en protagonista principal: el
general Antonio López de Santa Anna, expulsado en 1855
precisamente por una rebeldía generalizada.
En este devenir y en esa explosión del 55, las fuerzas regionales jugaron un papel cuya importancia no ha estado a la par
de las escasas investigaciones que se le han dedicado. En el
noreste, la cuestión liberal-conservadora quedaba entrecruzada
por problemas locales: no eran los menores la nueva relación
con Estados Unidos y el permanente trajinar frente a los grupos
indígenas no sometidos en esta área de frontera.
La aparición de un jefe militar y político como Santiago
Vidaurri, desde 1855, indicaba por un lado la pujanza de los
liberales en el norte oriental, pero por otro la clara autonomía
que respecto al poder central se intentaba defender con una
visión marcada por los dilemas locales. Vidaurri mostro que el
liberalismo, al menos en México, no tenía nada de homogeneo.
Uno de sus matices centrales residía, nítidamente, en los antagonismos regionales.
Si en Luis González se percibe cierta ironía en cuanto a lo
que fueron los anhelos de la gestión liberal, en Miquel lzard
aparece un juicio de contenidos críticos, por momentos ácido.
El énfasis recae en el tipo de sociedad que se edificó en la América de raíces coloniales, y en la modernidad y usos culturales
que trajo consigo el capitalismo.

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SigloXIX

Izard hace una referencia-final al caso venezolano, pero no
por ello deja de revisar con rápidez otras situaciones nacionales
y presenta un esbozo de mirada unificadora. Su acento está en
las insurgencias populares que acompañaron -aunque no siempre
en su favor- estos intentos de reformas o de transformaciones.
Insiste en que los protagonistas centrales del nuevo orden
liberal no dejaron de ser parte de una elite, cuyas ideas y proyectos no encajaban con frecuencia en el contexto en que
operaban. Para el autor, muchas veces las propuestas liberales
eran sélo una repetición excesivamente mecánica de las nacidas
en países centrales.
Al aludir al caso venezolano recuerda que, finalmente, liberales y conservadores decidieron pactar ante la generalización
de la insurgencia popular. Con ello, de paso, lzard muestra su
desacuerdo con corrientes historiográficas que hicieron de los
próceres del liberalismo figuras representativas de las clases
desposeídas. Eso no habría sido así, señala. Y una buena
manera de profundizar en el conocimiento de dichos procesos,
y terminar con las tendencias a mitificar, es intensificar las investigaciones regionales sobre el siglo XIX, además de llevar
adelante un cotejo más amplio y persistente entre diferentes
situaciones latinoamericanas y algunas europeas.
Postura ésta que, claro está, compartimos totalmente desde
Siglo XIX.

Con su reconocida erudición, Alberto Gil Novales practica
un minucioso recuento de. las revueltas y revoluciones que
atravesaron la España de finales del XVID y mas de la mitad del
XIX. Abre su recorrido con el motm de (contra) Esquilache, en
1766, y lo agota con los vaivenes que sucedieron a la g~oriosa
revolución de 1868.
La crisis del Antiguo Régimen, las luchas por la In.dependencia (la española, frente a Francia, por cierto), _el emerger del

Nota del Editor

11

fenómeno juntista, el contrarreformismo de Fernando VII, el
Trienio Liberal, el sinuoso camino hacia una monarquía parlamentaria tras la muerte del rey, el bienio progresista y el sexenio
qu~ sigue a 1868 serían algunos de los picos de esta amplia histona por transformar una España que dudaba en ingresar a la
modernidad.
Modernidad que, como en no pocos casos latinoamericanos,
tuvo que enfrentar a actores conocidos: los grandes terratenientes, la Iglesia Católica, un ejército que oscilaba entre el conservad~rismo y los arr~stos . liberales, las dificultades para que
surg¡era ~na burgues1a pupnte en el plano de la producción,
la ausencia de Revolución Industrial, la marginación sistemática
de enormes masas campesinas, la no integración del mercado
in_terior. Y, para insistir en lo comparable, las alianzas que
nucl~os burgueses y representantes del orden antiguo terminarían
configurando en la segunda parte del siglo.
Es asombrosa, sin duda, la actividad insurrecciona! española.
Que fue matizándose de visos anarquistas, utópicos, republicanos, en medio de batallas rurales y del amanecer, en urbes como Barcelona, del fervor obrero. Y por supuesto, hablando de
España, con claros elementos regionales, aspecto que ha continuado vigente en tiempos más contemporáneos.
La voluntad popular, dirá Gil Novales, fue sistemáticamente
dejada de lado. Y muchos conflictos irresueltos entrarían al siglo XX con un vigor tal que no puede sorprender -entonces- su
capacidad para hacer germinar algo tan dramático como la guerra
civil que detono en julio de 1936.
Aunque breve, el material que nos envió Lluis Roura i Aulinas constituye un aporte novedoso: está dirigido a tratar el caso
de las_ Baleares en. ~l contexto de la desarticulación del imperio
colomal y de la cns1S que azotaba al Antiguo Régimen. Además,
Roura lleva adelante una rápida comparacion con las situaciones
americanas: destaca allí la diferente respuesta que cupo a los
núcleos dirigentes frente al hecho posible de la Independencia.

�Nota del Editor

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13

SigloXIX

El fenómeno del criollismo y el impacto del pensamiento
ilustrado liberal son dos aspectos que, según el autor, diferencian
nítidamente la situación americana de lo sucedido en estas islas
mediterráneas. Convertidas en refugio de muchos españoles
privilegiados -en el momento de la invasión napoleónica - quedará
reafirmada en las Baleares un sistema de dominación y de vinculación con la metrópoli que se traducira en resultados históricos
distintos.
La reacción absolutista establecerá aquí un verdadero bloqueo al liberalismo que se alimentaba en Cadiz, y sus posturas e
intereses se reafirmarán cuando Fernando VII restaure el viejo
orden.
Sólo vientos más modernos, mucho más contemporáneos,.
infiere el autor, readecuaron
este panorama para acentuar la
integración balear al funcionamiento peninsular.

Las páginas de este número 3 se cierran con el ensayo de
Isabel \obre Yargues, orientado a Portugal. Su exposición
conecta firmemente los procesos políticos que en 1820 se suscitaron en ambas partes de la península ibérica. "El proceso liberal
portugués- destaca- se puede correlacionar directa y principalmente con el español".
La elite intelectual y política venía preparando desde tiempo
atrás "el universo mental" que debía contribuir a las tranformaciones sociales que tendrían al liberalismo como fuerza motriz.
Como en España, las invasiones napoleónica precipitaron los
acontecimientos, condicionados también por la situación colonial y por el enorme peso que asume Brasil.
La república queda esbozada en 1820, pero genera resistencias contundentes. La "regeneración" y la Constitución que
aspira a reemplazar el anterior orden son puestos en marcha.
En todo el proceso se perfila el impacto de la revolución francesa y las conexiones con una España que vive el Trienio Liberal.

"Quien lee su texto (el de la Constitución portuguesa de 1822)
ve nítidamente la influencia de Constitución española de 1820",
recuerda Nobre.
Liberalismo equivale a subversión. Las logias y sectas proliferan, y no fue la península su escenario menor. Por momentos hay quienes sugieren la construcción de un único Estado
Nacional.
El trabajo termina con una referencia a la prensa y la funcién cumplida en tan críticos momentos históricos, en el extremo
occidente de una Europa que se mostraba impedida de acercarse a su revolución industrial, aunque caminara la revolución
liberal.
Clausuramos estas notas con un párrafo dedicado a los
apoyos institucionales receptados, y que han tornado más
factible no solo la aparición de este número de Siglo XIX sino
un mayor afiatamiento hacia el futuro. Esos respaldos fueron
de dos tipos: a) económico, generosa y espontáneamente brindado por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berkeley, en California, Estados Unidos. Su ayuda
resultó decisiva ante los costos cada vez más elevados que en
materia de impresión soporta México; b) académico, gracias a
la inmediata y solidaria actividad de colegas de la Universidad
Complutense de Madrid, que remitieron los materiales referidos
a España y Portugal.
No nos cansaremos de insistir en el valor que guardan estas
contribuciones. Sin ellas buena parte del sentido por el que se
lanzó este proyecto carecería de sentido. Es que, finalmente,
Siglo XIX pretende cimentar un espacio que requiere ser llenado
por investigadores de diversas latitudes. Nuestra invitación
inaugural, por lo tanto, está más vigente que nunca.

Mario Cerutti
Monterrey, México, diciembre de 1986

�La Sociedad de la Igualdad:
liberales y artesanos en la vida política
de Santiago de Chile

Luis Alberto Romero*

-

L a creación de la Sociedad de la Igualdad, en Santiago de Chile en
1850, y la posterior participación de sus miembros en el "motín de Santiago" de ese año -episodio que a su vez se inscribe en una guerra civil más
extensa- es parte del cuadro de agitaciones que hacia mediados del siglo
pasado sacudieron a muchas capitales hispanoamericanas y afectaron la
estabilidad de los regímenes autoritarios constituidos en las décadas postrevolucionarias.
En la mayoría de los casos, los agitadores se identificaron con el liberalismo y tacharon de conservadores a sus adversarios (quienes, en ocasiones, asumieron tal calificación). Su existencia política tuvo que ver, a veces, con fracciones identificables dentro de un patriciado que se homogeneizaba lentamente: mineros norteños en Chile, comerciantes costeños en
Ecuador, financistas de paupérrimos estados en varias partes; pero generalmente su núcleo se componía de abogados, periodistas o simplemente políticos -la versión decimonónica de los antiguos letrados- sin ubicación en
un régimen administrativo dominado por militares o grandes propietarios.
Menos difusa que su raigambre social era su identificación política: el
liberalismo constituía una filosofía y un programa para emprender la reforma de la sociedad y sacarla de su atraso, más visible por la permanente
comparación con Europa. La inspiración era heterogénea: desde el utilitarismo de Bentham hasta el romanticismo social También variaban las propuestas políticas: los cañones se enfilaban alternativa o simultáneamente
contra la Iglesia, los militares o los grandes terratenientes.
*Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Cientfücas y Técnicas (CONICET), Buenos Aucs,
Argentina. El texto se basa en un trabajo más amplio: La Sociedad de la Igualdad.
Lo, artuano, de Santiago de Chile y 1111 primero, experiencia, polítiau, 1820-1851,
Buenos Aires, Instituto Torcuato Di Tella, Serie Historia, 1978.

�L. A. Romero: Liberales y arte,anos en Santiago de Chile

16

SigloXIX

Pese a eso, el liberalismo ofrecía un conjunto de soluciones mucho
más coherente que las que aplicaban los adversarios, símplemente consagrados a defender pragmáticamente el orden establecido. Sobre todo, el programa liberal, cuando era predicado desde la oposición, reforzaba 1~ identidad de facciones lanzadas hacia el poder, aunque, una vez conseguido, hacían adecuaciones igualmente 1:'ragmáticas de sus principios.
De cualquier modo, una política programática, aunque inconsecuente,
ya era una novedad en la Hispanoamérica de mediados de siglo, como lo
eran otras formas nuevas o remozadas de hacerla. Fueron casi siempre los
liberales quienes percibieron los cambios que se estaban produciendo en
las principales sociedades urbanas y los aprovecharon con fines políticos.1
Aunque con lentitud, fos puertos y capitales crecieron y prosperaron
en las décadas posteriores' a la Independencia. SilS sociedades se diversificaron y sus elites se modernizaron en hábitos, costumbres y formas de consumo. Una población urbana acrecida, y sobre todo una elite exigente, impulsaron el desarrollo de una vasta capa de artesanos e hicieron la fortuna
de algunos, dueños de capacidades y conocimientos pocó frecuentes e11 un _
medio rústico. Prósperos y seguros de sí, respetables pero todavía marcados por el estigma que, en sociedades aun fuertemente hidalgas, representaba
el trabajo manual, estos artesanos tuvieron con las elites relaciones ambiguas,· signadas alternativamente por el deseo de incorporación, el rechazo o
la confrontación. Por otra parte, las diferencias que separaban a maestros
de oficiales, o las que dividían a las ramas prósperas y retrasadas de los artesanos, crearon conflictos y tensiones en el sector. Todos estos factores
seguramente estimularon distintos tipos de acciones de estos nuevos sectores y los convirtieron en potenciales protagonistas de una escena política que comenzaba a agitarse y complicarse.
No fue raro, entonces, que quienes eran sus protagonistas tradicionales aspiraran a aprovechar esta fuerza, movilizarla y encuadrarla. Lo hizo
Rosas en Buenos Aires, en un contexto autoritario y conservador; lo hizo
Belzú en Bolivia y también los liberales neogranadinos, que aprovecharon
las tensiones ocasionadas por la política librecambista; quizá también lo
hizo el caraqueño Antonio Leocadio Guzmán. La constitución de la Sociedad de la Igualdad, y el motín que le siguió, ocupan un lugar entre estos episodios: reveladores de una mayor diversidad de la escena política y
de la aparición, bien que tímida, de nuevos sectores, muestran el intento
de los grupos liberales de encontrar apoyos entre los sectores más respetables del pueblo, según la persistente tradición revolucionaria europea.
LOS ARTESANOS DE SANTIAGO
E.l crecimiento de la población de Santiago - señalaba El Progre-

17

so a fmes de 1842- es aún más rápido de un tiempo a esta parte,
dejándose percibir fácilmente en la acumulación espontánea de
casas, calles y barrios enteros, que antes no existían.

Esta precoz percepción, debida probablemente a Domingo Faustino
Sarmiento, es complementaria de otra, del economista liberal Marcial González:
al mismo tiempo que se ven extenderse las poblaciones, formarse
pueblos nuevos al lado de los antiguos, mejorarse las construcciones, levantarse la capital, y en las provincias templos y edificios
públicos. . . vemos la ebanistería, la carrocería, la ferretería, la
curtiduría y tantas otras artes cuyo ejercicio era poco conocido
contribuir con sus útiles y perfectas creaciones a la comodidad de
nuestras vidas y al progreso y embellecimiento de nuestras jóvenes ciudades.2

Efectivamente, en las tres décadas que siguieron a la Emancipación,
Santiago experinientó un crecimiento relativamente importante -mayor
que el de casi todas las capitales hispanoamericanas- que reflejaba la prosperidad económica y la estabilidad política del país, también excepcionales
en su época. Los hacendados del Valle Central, los mineros del Norte Chico
y los comerciantes de la ciudad o de Valparaiso, radicados en la capital, requirieron una variada gama de bienes y servicios. Mucha gente emigró por
entonces , la capital, cuya población creció considerablemente, hasta rondar los 90,000 habitantes a mediados de siglo. Entre la masa de rotos sin
profesión definida, que poblaban "las rancherías.,., que hay en todos los
suburbios", fue recortándose un sector artesanal de fisonomía cada vez
más precisa.
La mayoría eran zapateros, carpinteros, panaderos, herreros, dueños
de técnicas tradicionales y rudimentarias y limitados en sus posibilidades
por la escasa capacidad adquisitiva de sus compradores. Algunas profesiones inclusive se hallahan en franco retroceso, como la de los tradicionales
plateros o la de las tejedores, víctimas de la competencia de los textiles
importados.
Eme tipo de artesano se encontraba, en mayor Q menor medida, en
cualquier pueblo o ciudad de entonces, grande o pequeña. Pero en las
capitales, como Santiago y también Valparaiso, comenzó a emerger un
grupo singular: ebanistas, carroceros, boteros, joyeros, modistas, con&amp;tructores y decoradores, tipógrafos o litógrafos. . . es decir un conjunto
de profesiones vinculadas al consumo de las elites, que estaban adoptando los nuevos modos europeos. Su desarrollo estuvo ligado a la llegada de
artesanos extranjeros, principalmente franceses y alemanes, portadores de

�18

SigloXIX

técnicas novedosas y capaces de satisfacer unas exigencias que en ocasiones ellos mismos creaban.
Tan impreciso era el gusto y el juicio de las élites criollas, que carpinteros de ribera podían echar plaza de ebanistas. Tal era la diferencia de
conocimientos, que mediante un "terrible monopolio" estos artesanos podían cobrar "precios exorbitantes" y hacer fortuna con rápidez.3 Se dibujaron así dos sectores entre los artesanos. La división entre "dignos" e
"indignos" se combinaba, y a menudo se superponía, con la de extranjeros y criollos, y las tensiones que esto originó se sumaron a las que, en talleres de alguna envergadura, comenzaron a separar a patronos de oficiales.

Más allá de esas diferencias, el artesanado santiaguino comenzó a di&amp;tinguirse del resto de los sectores populares y a adquirir una fisonomía
propia. En distintos niveles de la sociedad comenzó a percibirse una cierta
movilidad, como lo muestra el desarrollo del sector que Blest Gana llamaba del medio pelo, nutrido de pequeños empleados, rentistas modestos, militares o gente de posición venida a menos.
Las nuevas posibilidades beneficiaron a los artesanos, sobre todo a los

más prósperos y a quienes, por ser extranjeros, afectaba menos la capitis
dimírwtio del trabajo manual. Según el norteamericano Gilliss, singular testigo del Santiago de los igualitarios, "cualquiera que a prende un arte mecánico llegará a ser independiente si se dedica a su vocación con esmero". Para Sarmiento -quien sin embargo consideraba vedados para los decentes
esos oficios manuales- "un hombre de pueblo, con economía, talento natural y constancia puede, ejercitándose en su oficio, llegar a la fortuna y
enrolarse en el número de los capitalistas''.4

La fortuna estaba íntimamente asociada con la respetabilidad. El buen
artesano no frecuentaba las chinganas sino el teatro popular o la Iglesia.
Algunos leían el periódico; otros vestían elegantemente.
Hay un deseo de aseo y orden en su vida doméstica. Pero en público, su pasión es la ropa refinada, y un extranjero difícilmente
sospechará que el hombre a quien encuentra con una capa de fina
tela, acompañando a una señora envuelta en joyas y pieles, ocupa en la escala social un rango no más alto que el de un hojalatero, carpintero o tendero.•.s

A los ojos de los decentes, los artesanos adquirieron una fisonomía

peculiar. Su presencia suscitó reacciones variadas, pero no fue ignorada, y
los "trabajadores" fueron cada vez más claramente diferenciados del
"populacho". Los problemas relacionados con ellos se convirtieron en acuciantes, sobre todo a la luz de las experiencias europeas contemporáneas.

L. A. Romera: Liberale, y arte.ano, en Santiago de Chile 19

Hubo quienes se preocuparon por su condición moral y procuraron inculcarles hábitos de ahorro o templanza. Otros se inquietaron por "las coaliciones. • . para hacer subir los salarios" y por la escasez de trabajadores calificados, que permitía a los más capaces cobrar salarios desmedidos. Algunos creyeron que era posible comprometer a los más respetables en la
conservación de un orden que temían amenazado, "ligándolos ya por medio de la propiedad, ya por medio de una pequeña fortuna". Hasta se
pensó que era importante autorizar la expresión de las inquietudes del sector y permitir el funcionamiento de las "válvulas de seguridad de las sociedades democráticas". Hubo quienes, finalmente, advirtieron en ellos una
fuerza capaz de ser volcada en la política.6
LAS FORMAS TRADICIONALES DE CONVOCATORIA POLITICA
Hasta mediados de la década de 1840 es difícil distinguir entre los artesanos una acción política diferente de la del conjunto tradicionalmente
denominado como "pueblo de Santiago". Este constituyó, desde los movimientos iniciales de 1810, una masa potencialmente utilizable en la lucha política, hacia la que ocasionalmente se dirigieron los distintos bandos
que se disputaban el poder; sin embargo, sólo lo hicieron en momento de
crisis, cuando su acción podía desequilibrar una situación irresoluta, y en
general los conflictos post Tevolucionarios se mantuvieron dentro del ámbito de la elite.
Ocasionalmente estos grupos participaron, en favor o en contra de los
españoles; luego apoyaron al partido carrerino y más tarde a pipiolos o
pelucones. Más que objetivos de largo plazo, los guiaba la perspectiva del
saqueo u otros beneficios inmediatos. "Pululaban como lobos en las calles,
en la expectativa del saqueo, cuando se ofrece alguna reyerta o revolución".7 Los pipiolos los usaron para montar una maquinaria electoral en la
que se combinaban la compra de votos con la "acción directa". Los pelucones, que incluyeron a los artesanos en cuerpos armados para respaldar el
orden, en la oposición utilizaron a los grupos más bajos para provocar desórdenes y socavar la autoridad del gobierno pipiolo.
Luego de la batalla de Lircay (1830), que inicia el largo predominio
conservador, estos grupos fueron naturalmente reprimidos y el gobierno
abandonó toda idea de movilización. Los artesanos fueron incluidos en la
Guardia Cívica, bajo el mando de oficiales del Ejército, y de allí en más
este tipo de iniciativas quedó exclusivamente en manos de los pipiolos.

En 1840, en vísperas de la renovación presidencial, hubo posibilidad
de una breve agitación. Estos episodios se repitieron en 1844, durante el
entierro del dirigente pipiolo José Miguel Infante, y poco después, cua'ldo

�ID

SigloXIX

fue juzgado Francisco Bilbao por su Sociabilidad chilena. También durante la campaña electoral de 1845, en el juicio al periodista opositor Pedro
Godoy. En los tumultos, "si bien. .. dominaban los jóvenes estudiantes,
se encontraban algunos caballeros de otras condiciones y muchos hombres del pueblo de la clase de artesanos".8
La capacidad de los pipiolos o liberales para ganar la calle era un elemento original en la escena poütica santiaguina. Otra novedad, más importante, era la incorporación a la oposición liberal de un grupo de intelectuales y universitarios, que se unían a los antiguos opositores profesionales e introducían algunos elementos ideológicos nuevos.
La vida intelectual santiaguina estaba cobrando por esos años una
gran intensidad. La acción de destacados maestros -como Bello o Mora-,
la del grupo de emigrados argentinos -Sarmiento, Alherdi, Gutiérrez,
López o Mitre- y sobre todo la intensificación de los contactos de todo
tipo con Europa despertaron nuevas inquietudes, que adquirieron forma orgánica cuando en 1842 se creó la Sociedad literaria. El influjo de las
nuevas ideas no se limitó a los círculos intelectuales; aunque simplificadas
y convertidas en apenas algo más que una moda, fueron recihidaa. por toda
la sociedad decente santiaguina.
El romanticismo había llegado a Santiago. No solamente el de Lamartine o Hugo, sino el de los pensadores sociales. Francisco Bilbao siguió a
Lamennais en su Sociabilidad chilena: pese a lo confuso de sus ideas, el
libro impresionó tanto a los santiaguinos que se ordenó su quema pública,
con lo que Bilbao terminó convirtiéndose en el mentor de todos los jóvenes con inquietudes. Uno de los componentes de esta nueva sensibilidad
romántica era la actitud de acercamiento al "pueblo", al que se debía instruir e interesar en la vida política. La apelaci'ln al pueblo de la década del
cuarenta -y sobre todo a su capa más ilustrada, los artesanos- fue en buena medida una consecuencia de esa actitud de filiación romántica.
Durante la elección presidencial de 1846 este tipo de apelación creció
y la agitación popular pareció incrementarse, al punto de preocupar a los
grupos adictos al gobierno que constituyeron una Sociedad del Orden (su
presidente, Ramón Errázuriz, sería paradójicamente el candidato presidencial liberal en 1850). La oposición liberal, por su parte, constituyó la
Sociedad Caupolicáo, que debió "atraer a su seno a la gente de la clase
obrera". La apelación al pueblo seguía siendo de estilo tradicional Se lo
convocaba para una coyuntura electoral, sin fines ulteriores, aunque sus
enunciados "filantrópicos", en los que se afirmaba la necesidad de sacar
"el sufragio popular de la afrentosa tutela que lo encadenaba y envilecía",
permitían adivinar la incipiente influencia del nue\"o pensamiento social.

J.. A. Romero: Liberale, y arte,ano, en Santiago de Chile 21

El resultado fue mediocre, pues apenas medio centenar de artesanos concurrieron a la Sociedad. De cualquier modo, resuelta la elección, la agitación desapareció totalmente.
A lo largo de los años que van desde la Independencia hasta 1846, los
distintos sectores políticos recurrieron, en lo más agudo de la confrontación, a los sectores populares. Lo hicieron generalmente quienes estaban
en la oposición y trataban así de equilibrar los recursos de que disponían
quienes gobernaban: la policía o las clientelas electorales formadas por
guardias cívicos o empleados públicos. Sin embargo, y pese a que no hubo
respuestas importantes de los artesanos, comenzaba a percibirse en esa apelación la presencia de otras motivaciones, inspiradas en el pensamiento social europeo. Esas son las tendencias que maduraron en el período siguiente.
LA CRISIS POLITICA(l849-1851)
Una sucesión presidencial muy compleja, una situación económica deteriorada como consecuencia de la crisis europea de 1847-48, y además las
repercusiones locales de la marea revolucionaria europea, crearon en Santiago, y en menor medida en otras ciudades, las condiciones para la emergencia de una situación política nueva en la que, por primera vez, los artesanos fueron llamados a desempeñar un papel importante.
En los años anteriores a 1851, el grupo que rodeaba al presidente Bulnes se enfrentó con motivo de su sucesión; la presencia de dirigentes liberales, fuerte en el próspero Norte Chico minero, agudizó una división que,
sin embargo, era interna al grupo dirigente. Desde 1846 era jefe del gabinete Manuel Camino Vial, quien organizó una suerte de clan político familiar, nutrido principalmente con jóvenes. Frente a éi Manuel Montt aspiraba también a la sucesión.
En las elecciones de 1849, aunque en general Vial pudo imponer sus
candidatos, sufrió derrotas en cuatro distritos importantes, a manos de candidatos liberales pero también conservadores (Francisco Tocomal triunfó
en Valparaiso, con el apoyo, siempre errático, de los artesanos). Bulnes
reemplazó a Vial por Montt y aquel pasó a la oposición, uniéndose a los
liberales en una activa campaña, parlamentaria y periodística. Edward Vives describió esta "fronda liberal" como el producto de la unión de los clanes Vial y Errázuriz. Se trataba realmente de una fronda aristocrática: el
Club de la Reforma, fundado a fines de 1849, languideció pronto, cuando
sus jefes marcharon a sus fundos a dirigir las tareas de la cosecha. La designación de Antonio Varas, mano derecha de Montt, como ministro de Inte-

�22

SigloXIX

rior, auguraba no solo el fin de la "fronda" sino la segura elección de
Montt.
No obstante, la división entre sectores oficialistas había sido mucho
más profunda que en ocasiones anteriores, y los grupos liberales, antiguos
o recientes, no se resignaron a ceder el terreno sin dar una batalla. La crisis económica que se vivía contribuía a crear un clima de intranquilidad
propicio para la propaganda electoral.
Por entonces, la economía chilena tenía con las metropolitanas vínculos comerciales lo suficientemente importantes como para que recibiera los
efectos de la crisis de 1847-48. Primero se sintió la disminución del comercio de tránsito, que alimentaba la actividad de V alparaiso; luego, la declinación de las exportaciones de cobre y trigo, aunque muy poco después la
apertura del mercado californiano restableció la prosperidad. Momentáneamente la preocupación era general y los periódicos dedicaban largos artículos a examinar las posibles repercusiones de la declinación del comercio de
tránsito sobre la economía interna. El principal de ellos fue la disminución de las rentas de Aduana y, consecuentemente, de los ingresos del Estado. Aunque es difícil precisar sobre quienes repercutió esta crisis, es indudable que el clima de intranquilidad que se generaba estuvo presente en
toda la coyuntura política de 1849.
Sin embargo, el factor más importante fue de otro tipo. " La revolución francesa de 1848 tuvo en Chile un eco poderoso". Estas palabras_, con
las que Vicuña Mackenna inicia su libro Los jirondinos chilenos, parecen
resumir la intensidad del ~pacto ideológico del proceso revolucionario
francés. Los demócratas republicanos que triunfaron en las jornadas de febrero tuvieron sus émulos en el Club de la Reforma:
Se ha dicho que en Chile no había patriotismo ni opinión y se ha
engañado - escribían en el número inicial de La R eforma- ; faltaba solamente una palanca que la removiese, un acontecimiento
grande y sublime que nos sacudiera, para presentarnos tan patriotas y republicanos como cualquier otro pueblo de la tierra. Los
últimos acontecimientos de la Francia. .. han dispuesto aquel entusiasmo ambiente, que se sintió en los grandes y gloriosos días
de nuestra revolución de Independencia.

L. A. Romero: Liberale1 y arte,am&gt;s en Santiago de Chile 23

~nservah:m todavía la confusión y ambigüedad que durante las ~tapas iniciales tuvieron para sus propios protagonistas, y legítimamente podían
ex~erse ~e los suces~ distintas consecuencias. Los sectores más jóvenes
del liberalismo,, y _especialmente los uniyersitarios, se sintieron atraídos por
la aureola romantica de los sucesos y recibieron, entremezclados todos los
mensajes de la revolución de febrera. De la Historia de los Girdndinos de
Lamartine, que llegó a Chile por entonces, se vendieron muchísimos ejem. OliZa&amp; cad a uno" , y sus tem~ estuvieron de moda durante
plares, " a selS
1849 Y 1850. Gustaban los jóvenes liberales de llamarse entre sí con los
nombres de los principales protagonistas de la Revolución Francesa: hubo
un D~nton, un Brissot, un Mirabeau; Eusebio Lillo, el poeta, fue Lamartine; Bilbao, el orador fogoso, fue V ergniaud; Santiago Arcos, Marat. Y así
co~o tomaron los nombres, repitieron sus actos y apelaron al pueblo, a
quien c~nvocaron, para ~e se i l ~ a primero y luego para que participara activamente en pohtica, resolviendo en favor de los jóvenes liberales
la lucha por el poder que entonces se estaba librando.
-Difícil sería exagerar la importancia de este impacto ideológico sobre
los jóvenes liberales. ·Santiago Arcos, uno de los fundadores del Club de la
Reforma, había estado en París hasta 1847. En febrero de 1850 volvió a
Santiago Francisco Bilbao, exiliado desde la condenación de su Sociabilidad Chile-na en 1844: no solo había convivido en Pana con Quinet, Michelet y Lamennais sino que había asistido activamente a las gloriosas jomanadas.de febrero y las más trágicas de junio. El ejemplo estaba demasiado
a la VlSta para que nó se sintiera tentado de buscar, en el apacible Santiago, al pueblo que debía educar y conducir y, sobre todo, a su parte más
culta, el artesanado.
También los moderados defensores del orden coincidían en atribuir
importancia a la experiencia francesa, y atacaban, con ironía mezclada con
preo_cupación, a "los que están viendo en todas partes jornadas de febrero,
barricadas, balazos, como la intención o el principio de una revolución. ..;
(los que) ~ he~ho alianza con la masa bruta del pueblo, enarbolando la
chaqueta roJa, súnholo del comunismo roto y también de la mashorca
de Rosas''_10
LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD LA FASE SOCIALISTA

Con moderación y aparente ingenuidad, el conseivador El Comercio
~e Valparaiso, redac~do por A!herdi, respondía que, aunque esos propósitos ~ran loables,, Chil? ya ~ab1a superado la etapa recién cumplida por la
Francia, pues hacia vanas decadas que tenía un gobierno republicano.9
No era solo hipocresía lo de El Comercio . .. Las noticias de Francia

(MARZO- JUNIO DE 1850)
El n~cleo inícial de la Sociedad de la Igualdad11 estuvo integrado por
Arcos, Bilbao, Recañarren, el poeta Eusebio Lillo y Benjamfu Vicuña
Mackenna, separados todos del Club de la Reforma. En las reuniones iniciales, de marzo de 1850, quedó definido el propósito básico: "atraerse al
pueblo, es decir a la clase ofüera. .. y esto por medio de sus más recomen-

�24

SwtoXIX

dables jefes de taller". El texto de Vicuña Mackenna sintetiza admirablemente el proceso intelectual seguido por un sector de la élite en su percepción del elemento popular; también define los medios seguidos por este
grupo de jóvenes intelectuales y políticos para acercarse a las clases laboriosas. Los maestros artesanos o jefes de taller, es decir la capa superior
de los trabajadores, aquellos que se distinguían por "su afición a la lectura
de diarios" o por "cierto tinte de ilustración"12 serían los convocados en
primer término, correspondiéndoles a ellos traducir las enseñamas recibidas al lenguaje más sencillo de los trabajadores comunes. Los jóvenes igualitarios contaban con capitalizar la organización del trabajo existente, y
también con aprovechar el ascendiente de los jefes de taller, ·pero al mismo
tiempo proyectaban aprovechar el otro ámbito donde los artesanos estaban
organizados, la Guardia Cívica, de la que muchos maestros eran sargentos.

En el núcleo fundador bahía "seis obreros, jefes de taller" (los términos eran considerados equivalentes), a los que agregaron otros cuando se
organizó la primera Junta Directiva. Entre estas diez personas (que constituyeron el grupo artesanal inicial de la Sociedad) bahía cuatro sastres, un
zapatero, un sombrerero, un talabartero, un carpintero, un tipógrafo y un
músico. En algunos casos, se aclaraba que eran jefes de taller, y en un caso
se especificaba que se trataba de un sargento de la Guardia Cívica. Con
excepción del tipógrafo, y en cierta medida del músico, todos los demás
pertenecían al artesanado tradicional y al conjunto de profesiones que, en
mayor o menor medida, se encontraban en cualquier ciudad chilena. Este
carácter tradicional del núcleo artesanal de los igualitarios está reforzado
por el hecho de que entre ellos no bahía ningún nombre extranjero. Podría agregarse que, posiblemente, no se tratara de artesanos muy prósperos, o por lo menos que hubieran realizado alguna de aquellas brillantes
carreras propias de los extranjeros especializados.
El resultado inicial de la convocatoria no fue muy exitoso. En la reunión inicial del grupo fundador, en el mes de marzo, se intercambiaron
noticias
acerca de la disposición en que se hallan los obreros de Santiago.
Solo oímos palabras desconsoladas -comenta Zapiola- que hubieran desalentado a los más entusiastas, pero no a nosotros, que
teníamos fe en nuestra obra.
Aunque la Sociedad creció mucho en los meses siguientes, nunca atrajo a un número considerable de artesanos ni logró dar a los pocos que concmrieron formas organizativas sólidas, capaces de resistir la represión gubernamental. A fines de 1850, uno de los dirigentes renegaba de la "soñolienta capital", donde con la excepción de veinte jefes de taller "no bahía prácticamente pueblo".

L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chüe

25

La misma convocatoria había sido limitada, pues los igualitarios recortaron claramente a su interlocutor dentro del conjunto de los sectores
populares santiaguinos, y en ningún momento pensaron en acudir a los
rotos; por el contrario, hay evidencias posteriores del deseo de evitar cuidadosamente su participación, especialmente durante el motín del 20 de
abril de 1851. Luego de su fracaso, Santiago Arcos, el más lúcido de los
dirigentes igualitarios, reconoció que "los que por entonces estuvieron en
contacto con usted (Bilbao) fueron muy pocos", aunque a diferencia de
los que participaron en otros movimientos en ese año se trataba de "pobres inteligentes".13
'
Santi~~, Arcos había sido precisamente quien inició el viraje de los
~pos m3&amp; JQvenes del Club de la Reforma hacia posiciones novedosas. Segun recuerda Zapiola, en una de las sesiones del Club a fines de 1849 manifestó ~e "nuestros trabajos no solo deben tener p;r objeto el trilUlfo de
un candidato_ progre~~,sino también sacar al pueblo de la vergonzosa tutela que lo tiene SUJeto . En febrero de 1850 regresó de Paris Francisco
Bilbao; su person:tlid~d vigoro~, el prestigio que le daba su emigración de
184.5 y ~ expenenci~ e~ las Jornadas de 1848 hicieron que sus vagas y
confusas ideas se convirtieran en el programa inicial de la Sociedad. El Estatuto que pr~paró incluía tres puntos lo suficientemente generales como
para que pudieran ser aceptados por cualquier liberal, y solo suscitaron roces en el aspecto religioso.
. ~l progr~~ ~e la Sociedad adquirió expresión más clara con la puhli~c10n del penodico El Amigo del Pueblo, dirigido por Eusebio Lillo·
Vicuña Mackenna lo definió como "más socialista que democrático m~
rev~lucionario ~e ~~ítico". En l?s editoriales de El Amigo del Pueblo se
adVIerte la comhmac10n de la antigua problemática política con la nueva
perspectiva social. El objetivo inmediato seguía siendo la reforma electoral
Y_l~ lucha por l~ libertad y la justicia; pero apartándose de la vieja tradición
pipiola, El Amigo_ del ~ueblo desechaba la vía electoral o golpista, se defima como revoluc10nano pero no violento y, reafirmando su fe en las ideas
Y, la. prop~anda, proponía "una revolución pacífica y santa, que nos dejara bienes m.mensos y con un horizonte político sereno y bien extendido".
Para lo~arlo, era necesario acceder a quien debía ser el agente de esa
transfonnacron: el pueblo, llevando hasta él aquellas ideas que en su sen?, hi:!'rí3!1 de fructificar. "Liguémonos al pueblo", proclamab~ el perió~co, ah~º?ºª p~ ~n nuestras ideas hasta el corazón del pueblo, deJ~do alli el ~~en vivificador _de los buenos principios. ..".14 Organizac1on y educacr~n eran los cammos para una reforma pacífica pero profund~ de la ~ciedad f p~a ello era necesario "ilustrar al pueblo, dándole
una IDStrucc10n gratuita; mculcar el principio del amor y la fraternidad".

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L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chile

'l:l

SigloXIX

Esa función docente se habria de cumplir en forma sistemática, por medio
de cursos, pero también a través de la convivencia entre los "caballeros" y
la "gente del pueblo", como lo expresaba con entusiasta ingenuidad el
mismo José Zapiola:
Los resultados (de la Sociedad) correspondieron a sus miras,
pues el hombre culto modelaba por e1 su porte, con tanta mejor
voluntad cuanto que era tratado con consideraciones que le eran
desconocidas hasta entonces .

Santiago Arcos expresó con más claridad que ninguno de sus compañeros los contenidos programáticos del grupo societario. En su Carta a
Francisco Bilbao, escrita en 1852, separó claramente a la Sociedad del viejo partido pipiolo, al afirmar que estos diferian de los pelucones solo en
matices. Es curioso sin embargo que, en el vasto programa de transformaciones del país que proponía, y que incluía el reparto de los latifundios y
la inmigración en gran escala, no se hiciera la menor mención a los arte~
nos y a sus eventuales intereses. Los artesanos, cuya voz apenas se 01a,
fueron convocados a apoyar un programa de objetivos generales, que no
incluía sus reivindicaciones específicas.
Los jóvenes igualitarios dieron a la organización de la Sociedad más
importancia que a las formulaciones programáticas. Sus reglas se establecieron con toda formalidad. El grupo inicial que integraban cinco intelectuales y seis artesanos, decidió adoptar una organización desceptralizada,
fomentando la constitución de distintos grupos barriales, donde se di..&lt;ieu•
tirian los problemas, aportando iniciativas que debía canalizar la Junta Directiva. Cada grupo podía tener un máximo de 24 miembros, procurando
así facilitar la participación de los integrantes; cada uno de ellos recibía del
secretario del grupo una credencial como socio, que le permitía concurrir
a las reuniones plenarias de toda la Sociedad, que se celebraban quincenalmente. Estas eran coordinadas por la Junta Directiva central y en ellas se
discutían las proposiciones elaboradas por los grupos.
Dos eran las tareas principales de la Sociedad y ninguna de ellas se relacionaba con la política práctica o con la lucha de partidos. La primera
consistía en discutir diversos proyectos que hacían a la reforma poüticao al
mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo. La segunda, en el dictado de cursos en los que cada uno de sus miembros aportaba sus conocimientos, sin distinciones ni jerarquías. Manuel Recabarren enseñaba economía política, Bilbao filosofía, Arcos tocaba temas políticos; junto con
ellos, Zapiola enseñaba música, el sastre Rojas costura y "un negro... Mr.
Moore, inglés a los ciudadanos de poncho".
Para los igualitarios estos cursos satisfacían varios objetivos. Además

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de cultivar a los artesanos y prepararlos para su misión trascendente, los
apartaban del vicio, del juego y la bebida. Finalmente, obreros y artesanos
instruidos no podrian ser captados por los partidos oficialistas u opositores mediante los tradicionales mecanismos del soborno o el alcohol. Esta
confianza en la pedagogía y en los resultados que se podían obtener a largo
plazo se acompañaba de un rechazo a la posibilidad de constituir un movimiento masivo, que pudiera obtener rápidos resultados electorales. Ambas
notas caracterizaron esta primera fase de la Sociedad, que podria calificarse de socialista.

LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD: LA FASE LIBERAL
(JULIO- NOVIEMBRE DE 1850)
En sus primeros meses de vida la Sociedad se mantuvo dentro de los
lineamientos trazados por sus fundadores y procuró mantenerse por encima de la lucha de partidos, que arreciaba a medida que se acercaba la elección. La Sociedad, que inicialmente había absorbido al Club de la Reforma, tenía cada día más miembros y adherentes, aunque entre los nuevos,
antes que los artesanos, predominaban los jóvenes de buena familia. Hacia
el mes de julio los concurrentes a las reuniones desbordaban el patio de la
casa que servía de sede y salían a la calle; entre los sectores adictos al gobierno crecía el temor de que la Sociedad, inicialmente no comprometida
en la lucha política inmediata, fuera absorbida por la oposición liberal.
La coyuntura política influyó en el cambio de orientación de la Sociedad. La designación de Varas en el ministerio de Interior y la ya segura
candidatura de Montt llevaron a Vial, los liberales y sus seguidores, a acercarse a la Sociedad, "único elemento de poder que le queda a la oposición". Esto desató conflictos entre los directivos originales de la Sociedad
y los nuevos adherentes liberales. Momentáneamente los primeros mantuvieron el control, gracias al apoyo de los artesanos, como se reveló en el.
cuestionamiento que los liberales hicieron a Bilbao por la publicación de
sus Boletines del Espíritu, en los que, siguiendo a Lamennais, atacaba algunos dogmas del catolicismo.
Sin embargo, no pudieron mantenerse fuera de la lucha política partidista. A principios de agosto los miembros de la Sociedad comenzaron a
concurrir en grupos a la Cámara. El 19 de agosto, un grupo policial, al que
se unió gente reclutada en los barrios bajos, asaltó la sede de la Sociedad,
donde había finalizado una de las reuniones plenarias " rompiendo algunos
huesos en la disputa que se produjo, magullando a unos cuantos y capturando a algunos para enviarlos a prisión". La noticia conmovió a la ciudad
y en pocos días la Sociedad triplicó sus adherentes, que pasaron de 600 a
2000. Fue necesario alquilar para las reuniones un local descubierto en la

�28

SigioXIX

calle Duarte, a pocos pasos de la Alameda. Buena parte de los nuevos adherentes provenía de la oposición liberal y de la fracción de origen conservador de Manuel Camilo Vial, que ingresaron masivamente en la sociedad.
Tal como lo dejó testimoniado Blest Gana en Martín Rivas, la politización
de la ciudad alcanzó un punto muy elevado, que no decrecería sino a m&amp;
diados de 1851.
Desde el mes de octubre la Sociedad apareció volcada definitivamente
a la lucha política. Apoyaron la candidatura presidencial de Ramón Errázuriz, figura difícilmente identificable con un programa progresista. En
octubre, el poeta Eusebio Lillo componía una marcha, La Igualitaria, al
estilo de las de la Francia revolucionaria, llamando al pueblo a la lucha. El
periódico La Barra, abandonando la prédica pacifista y reformista de los
primeros tiempos, desafiaba al gobierno con lenguaje encendido: "¿Qu&amp;
réis hacer fuego sobre el pueblo? ¡Cuidado! Porque el pueblo obrero os
cargará las víctimas de una cuenta terrible y sangrienta" .15

L. A. Romero: Liberalu y artesanos en Santú,go de Chile

29

que fueron excluidos algunos suboficiales que simpatizaban con lós Igualitarios, y reforzando la vigilancia. Como se vio, el 19 de agosto, un grupo organizado y protegido por oficiales de la policía había asaltado el local dela Sociedad. El ataque fracasó porque otra partida policial, que desoonocía el suceso, entró al edificio y arrestó a los asaltantes. La integración del grupo
asaltante muestra el intento del gobierno de movilizar a otros grupos populares, tanto de artesanos como del bajo mundo, para oponerse a los iguali·
talios. Habían en él gente de la calle de la Bandera (por,entonces una de las
zonas peligrosas de Santiago), y también dos zapateros, un carpintero y un
jornalero. Su jefe era Isidro Jara "El Chanchero", de variadas profesiones:
herrero en Valparaiso, bodeguero en Santiago, y luego agente electoral del
gobierno, "enganchador de reclutas mediante los garitos tolerad9s" y en
ese momento sargento de la Gu&lt;1Idia Cív,ica. El fracasado a.salto resultó contraproducente: aumentó las adhesiones a la Sociedad y despertó fuertes
críticas entre los sectores altos santiaguinos, sobre todo por Sil poca eficacia.17

A mediados de octubre, luego de una de las sesiones plenarias, se orga-

nizó un desfile por la Alameda hasta el Cuartel de Artillería, ubicado en el
extremo este del paseo; en respuesta el gobierno decidió prohibir las manifestaciones públicas. Un par de semanas después se realizó lo que sería la
última reunión pública de la Sociedad, a la que asistieron unas 1500 personas, "entre las cuales había no menos de 200 personas de distinción"; a
sn término hubo una nueva procesión por la Alameda, realizada por "200
personas decentes. .• y algunos artesanos", reclamando que el gobierno declarara formalmente que no auspiciaba la candidatura de Montt. Poco después se produjo el motín de San Felipe; llegado ese punto, el gobierno decidió declarar el estado de sitio y ordenó la disolución de la Sociedad.
El gobierno había demorado varios meses en decidirse a tomar esa m&amp;
dida, a lo largo de los cuales su preocupación fue en aumento, al igual que
la de los sectores altos de la sociedad santiaguina: "un buen pueblo debe
contentarse con el derecho de divertirse en las festividades públicas y no
meterse en lo que no entiende. Si cada artesano da su opinión en política,
no veo la utilidad de estudiar", dice uno de los personajes de Martín Rivas.
A los fantasmas de igualitarismo y el comunismo se unía el temor de una
sangrienta insurrección, que prepararían los jóvenes igualitarios "con apoyo de las masas, a las que darían los despojos del saqueo de las casas de los
ricos".16
En lvS primeros meses, el grupo político que ocupaba el gobierno pudo pensar en disputar la calle a los liberales e igualitarios, pero en ese terreno fue totalmente derrotado. Se preocupó en cambio por controlar los
aspectos más peligrosos de la situación, depurando la Guardia Cívica, de la

Luego del asalto fracasado el gohiemo se mantuvo a la expectativa,
limitándose a circunscribir las manifestaciones c,allejeras. Pero . el mitín
producido en la vecina capital departamental de San Felipe, donde participaron igualitarios y artesanos, lo llevó a declarar, el 7 de noviemhre, el
estado de sitio y la disolución de la Sociedad, detefliendo a muchos de sus
dingent~. Según el gobierno, los responsables de los desórdene~ eran los
políticos, in,telectuales y periodistas, culpables de "explotar la ignorancia y
mala$ pasiones de la clase acomodada",
La acción del gobie1110, muy rápida, evitó cualquier posible oposición,
perq la Sociedad tampoco fue capaz de ensayar resistencia ltlguna. Lamayoría de los dirigentes apresados fueron deportados, a Lima alguno.a, al
penal de Magallanes los menos afortunados. "Las prisiones de artesanos
continúan a destajo -anota Vicuña Mackenna en su Di.ario- y no pasa día
sin que tomen a diez o doce de estos infelices, de los cuales muchos han sid9 enviados a V alparaiso". Los que quedaron, v:ieron con amarga desilusión que la esperad¡¡ reacción popular no se producía y que, de los 5000
artesanos con que Bilbao declaraba poder contar, solo había algunos grupos pequeños, impotentes y faltos de organización.
.
Por unos días, imaginaron que era posible asaltar. el Cuartel de Artill&amp;
ría, "armar al pueblo, reunirlo to.c ando a rebato en el campanario, y generala, en los cuartel.es. .. y esperar al enemigo en la Alameda". Sin embargo,
las noticiaa. qu~. fy.eron llegando resultaron desalentador1113: las partidas,
mucho más reducidas que lo supuesto, optaban por disolverse por falta de
elementos para combatir, o habían sido delatadas a las fuerzas del gobierno. De, los.300 ~nos que, según se decía, estaban reunidos en San Mi-

�L. A. Romero: Liberalu y artuano, en Santitwo de Chile

30

31

SigtoXIX

dos eran escasamente doscientos.
goel (el sohurlrio del Sur), solo quedaban partidas sueltas, que se disol'rieron "por no tener annas, ni siquiera piedras con que hacer frente a los
granaderos y al (regimiento) Y ungay, que se acercaba a dispersarlos." Similares noticias llegaban de las parti1las que el sastre Rojas tenía (o debía
haber tenido) en el Tajamar, o de la de Melcbor Ugarte al sur de la Alameda.

A estas anotaciones de su Diario, Vicuña Macketma agregaría, aiios de&amp;pués, amargos oomentarlos sobre la capacidad y el valor de algunos dirigentes, que gastaron todo su talento en encontrar insólitos escondrijos
para eludir la detención. ba Sociedad, dueña basta entonces de- la calle,
fue rápidamente derrotada por un gobierno que, además, se benefició
con la llegada del verano y el fin del aiio político.

EL MOTIN DE SANTIAGO (20 DE ABRIL DE 1851)
Lentamente, a medida que el verano concluía, los dirigentes radicales
reanudaron la actmdad con la esperanza de una nueva confrontación con
el gobierno, La posibilidad de movilizar y organizar a los sectores populares que habían simpatizado con la Sociedad de la Igualdad no bahía sido
descartada; Vicuña Mackenna recorrió los talleres, hablando con los artesanos y repartiendo ejemplares de La Bon-a. Sin embargo, la mayoría se inclinaba por lograr el respaldo de alguna unidad militar e intentar un golpe
contra el gobierno, para lo cual consiguieron el apoyo del coronel Urriola,
jefe del regimiento Valdivia, la unidad militar más importante de Santiago,
a quien se comprometió la adhesión de "cinco mil igualitarios". Pese a que
se insistía en las ideas originarias de movilización del pueblo al estilo de las
jornadas parisinas, el apoyo a un golpe militar que, en definitiva, solo reclamaba la renuncia del ministerio y el retiro del apoyo a Montt, significó
empero un retroceso considerable respecto de los postulados iniciales de la
Sociedad.
En la madrugada del 20 de abril de 1851, el Regimiento Valdívia ocupó la Plaza de Armas; en ese momento el gobierno no disponía de una
fuena militar equivalente. Rápidamente se juntó en las inmediaciones una
enorme cantidad de gente; las esquinas "estaban atestadas de curiosos y de
paseantes, especialmente de sirvientes domésticos, que iban al recaudo del
aLasto". Urriola y los dirigentes igualitarios arengaron a la muchedumbre
pero C'&gt;n escaso éxito: la mayoría optó }l'&gt;r irse, aunque muchos se queda•
ron a presenciar un cspectáeúlo que prometía ser animado. Pn grupo reducido se incorporó al movimiento, pero entre ellos escaseaban los obreros y
artesanos 1fUÍCnes, según se supo dcspuéí!, en su mayon'a estaban en ese
momento acudiendo al llamado de los cuartele I de la Guardia; abundaba,
en caml,io, "el ¡10pulacho d,~ 1()1; arrabales". Par cnton~, los civiles arma-

Con lentitud, Urriola ocupó el Cuartel de Artillería, decisivo para el
triunfo de cualquier motín. Los civiles llegaban a cuatrocientos, aunque
muchos solo estáhan armados con adoquines. El motín comenzó a tomar
la apariencia de una jornada parisina, con barricadas cerrando la Alameda
y tiradores en los techos de las casas vecinas. Pero poco pudieron hacer
cuaildo dos regimientos gubernamentales, y coinpaiiías de la guardia Civil, asaltaron el cuartel
La derrota militar del levantamiento estaba de algún modo preannnciada por el fracaso en la movilización del artesanado. Muchos permanecieron indiferentes y otros, inclusive, acudieron a la convocatoria de los
regimientos de la Guardia Cívica y terminaron combatiendo contra los
igualitarios. Los jóvenes dirigentes, que soñaban con condncir al pueblo
al poder, se vieron así enfrentados con una realidad bien distinta. Un Ji.
beral puro, como José Victoriano Lastarria, con escasas veleidades populares, atribuía esta defección del puebló a "su imbecilidad" innata y a los
erróres de condncción. Vicufia Mackenna lo atribuyó, en cambio, a la falta
de convicciones ideológicas profundas de los obreros, tocados solo superficialmente por la prédica de la Sociedad. Esta había sido eficaz mientras
todo se limitara a escuchar conferencias o, inclusive, a ganar la calle, pero
no resultó lo suficientemente fuerte como para que tomaran las armas.
¡

Sólo le quedó a los igualitarios la adhesión de "cincuenta o cien hombres resueltos, la mayoría jefe de taller o aprendices". En cambio, los igualitarios descubrieron en la jornada de abril un aliado tan sorpresivo como
poco deseado.
En cuanto a la turbamulta que nos había venido siguiendo desde
los arrabales -escribe Vicuña Mackenna- esta solo pedía dinero;
pero al mismo tiempo pedía fusiles. Esta era la leva revolucio~
ria del motín, la carne de cañ6n de las batallas. Esos querían pelear.

El rechazo al "bajo pueblo", a los "rotos", es aquí bien explícito.
La represión que siguió al motín fue lo suficientemente intensa como
para que, en momentos en que la guerra civil agitaba todo el país, Santiago
no volviera a ser escenario de hechos de importancia. En mayo se proclamó en Concepción la candidatura del general Cruz, militar y conservado,r,
pero hombre del sur. Los liberales santiaguinos y los propios igualitarios
sobrevivientes la apoyaron, aunque muy poco del programa del general
tenía que ver con la tradición igualitaria. En Santiago las elecciones fu~
ron canónicas y triunfó Montt, con la colaboración de la maquinaria ele-o- .

�32

SipXIX
L. A. Romero: Liberale• y anuano• en Santiago de Chile

toral integrada por los habituales "apretadores", "discutidores", "compradores" y "banqueros".

A la oposición liberal solo le quedó realizar una manifestación frente
al periódico El Progreso, atrincherándose "detrás de las montañas de tierra
de un edificio en construcción, y combatir a pedradas con la policía", es
decir poco más o menos lo que había podido hacer en 1840 o 184.5. ~uego
del triunfo de Montt se inició en el norte y el sur el vasto levantamiento
que encabezó d general Cruz y que culminó con su derrota en Loncomilla.
Durante esos agitados días, nada ocurrió en Santiago, celosamente vigilada
por la policía, y muchos de los jefes igualitarios y liberales prefirieron trasladaJSe a otros lugares para desarrollar su acción. Así culminó esta experiencia, la primera de importancia, de convocatoria política del artesanado

santiaguino.

33

esta experiencia intelectual aumentó, a los ojos de los jóvenes igualitarios,
la visibilidad social y política de los artesanos.
La convocatoria de 1850 incluyó dos vetas diferentes, que acabaron
mezclándose. La primera se inspiraba en el pensamiento social europeo
de ~vanzada, aunque recogía motivos de la más tradicional Ilustración. A
través de la Sociedad se pensaba realizar una lenta y paciente tarea de
educación, en la que lo político era solo una de las dimensiones. La segunda se vinculaba con necesidades más inmediatas: encontrar apoyos para jaquear a una faccjón adversa que, con el monopolio del poder, estaba
asegurándose los beneficios de la sucesión. Esta segt&gt;.nda veta, que suponía una manipulación de la movilización popular, también reconocía precedentes europeos, como el reformismo británico de 1832 o la revolución
parisina de 1830.

CONCLUSIONES
Estos episodios pemúten sacar algunas conclusiones acerca de la vida
política de la capital chilena y la acción de los grupos liberales. También,
aunque en menor medida, sobre la historia de los sectores populares san-

tiaguinos.
La creación de la Sociedad de la Igualdad marca una separación entre
dos maneras de convocar a los sectores populares para dirimir conflictos
políticos en d seno de la élite. Tradicionalmente, en los momentos de crisis, alguno de los dos sectores convocaba al temido y despreciado populacho. Lo hacían generalmente quienes estaban en la oposición, y si tenían éxito se apresuraban a desprenderse de tan incómodos aliados. El
período 1849-51, cuando se decidió la sucesión del general Bulnes, tuvo
todos los ingredientes para estimular estas formas tradicionales de convocatoria.
Pero la apelación de 1850 fue distinta. En parte contribuyó a ello la
experiencia de quienes advirtieron el desarrollo del artesano santiaguino.
Objetivamente, los artesanos eran más numerosos, se los encontraba en
más lugares, suscitaban más comentarios y preocupaciones, mostraban más
aristas conflictivas. Pero taniliién influyó otra experiencia, de naturaleza
más ideológica: el impacto del proceso revolucionario europeo, en cuya
vanguardia siempre l10día encontrarse a los herederos de los míticos sans
culottcs. transfonnados en los más modernos trabajadores. Con él, la influencia de muchos escritora;: románticos, republicanos, demócratas, socialistas, utópicos, cuyas ideas, rara wz leídas de primera mano, podían sin
embargo cncontrars..· en la profu..--a literatura dt• dinilgarión qlll' circulaba
por las manos de cual11uier jown ilustrado. Es difícil saber hasta que punto

. Así, el proceso político de esos años transfonnó la naturaleza de la Sociedad, convirtiéndola en el ariete de la oposición liberal que se adueñó de
su dirección. A ella ingresaron todos los dirigentes opositores, quienes la
utilizaron para reeditar en Santiago una joumée paririna. Luego, el grupo
dirigente se apartó cada vez más de las líneas originarias: jugó sus cartas a
un "pronunciamiento" a la española, en el que la participación popular
fue escasa e inútil, y luego las depositó en manos de un general conservador.
Todo culminó en un fracaso inmediato pero dejó sus l\,uellas. La escena política se hizo más compleja que antes; por otra parte, y por caminos
diversos, el advenimientó de Montt inició una larga transiciÓJ\, {{lle dos
décadas después llevaría -a la presidencia a un liberal definido, Federico
Errázuriz, cualquiera que sea el significado que tal denominación política
tenga.
El episodio taniliién dice algo, si no mucho, sobre la historia de los
sectores populares santiaguinos. Los sucesos tienen un carácter menos
épico que lo que la tradición ha presentado hahitualniente. La Sociedad
no movilizó a demasiados artesanos. Aunque no lo sabemos con seguridad,
parece que quienes respondieron a la convocatoria se encontraban entre
los grupos más rezagados y menos beneficiados con las transformaciones
económicas generales, de modo que su participación pudo haber expresado algún tipo de disconformismo generado en esa situación. Pero no se manifestarón ní objetivos propios ni formas autónomas de organización. Más
aún, la Sociedad no pudo romper las formas tradicionales de encuadramiento: los artesanos respondieron en ,buena medida a la convocatoria a la
Guardia Nacional y participaron en la represipn de los igualitarios.
·

�34

L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chile

SigloXIX

Y sin embargo, este movimiento ocupa legítimamente un lugar en la
historia,. fragmentaria y discontínua, de unos sectores populares que medio
siglo después serían protagonistas principales de las luchas sociales y políticas de Santiago y de Chile. Algunos de los artesanos que hicieron sus primeras experiencias en la Sociedad aparecen, en las décadas siguientes, animando los movimientos mutualistas, antecesores de las formas más modernas de sindicalismo.
Pero sobre todo, la experiencia de la Sociedad pasó a convertirse en
algo así como la piedra inicial de una historia, más mítica que real, de estos
sectores. En ella, lo real se combinó con lo imaginado, aprovechando episodios realmente ocurridos con otros que forjaron a posteriori sus protagonistas y otros- proyectados por quienes se sentían sus sucesores. La validez
de estas tradiciones no tiene nect.Sariamente que ver con la opinión de los
especialistas acerca de su veracidad, pero establecer qué hay de cierto y
qué hay de mítico en ellas -como se trató de hacer en estas páginas-, ayuda a entender los aspectos más específicamente ideológicos a través de los
cuales los sectores populares van construyendo su identidad.

3.5

celo Segall, Ltu luchas de clases en las primeras décadas de la República de Chile,
1810-1846. Santiago, 1962.
9. Artículos del Comercio de Valparaiso a propósito de la Revolución Francesa de
1848, Valparaiso, 1848. La cita de La Reforma está tomada de Luis Vitale,
Interpretación marrista de la hútoria de Chile, Santiago, t. 11, 1971.

10. El Comercio de Valparaiso, 2-5-1849.
11. Los testimonios referidos a la Sociedad de la Igualdad son escasos. Una de las
fuentes principales es el folleto La Sociedad de la Igualdad y ,,u enemigos (Santiago, 1850), escrito por uno de sus miembros, el músico José Zapiola, quien
fümó con las iniciales E. A. La otra fuente importante es la Hútoria de la jornada del 20 de abril, de Vicuña Madcenna. La obra fue escrita en 1878 y el~
toriador y político liberal analiza los hechos, en los que participÓ, con una perspectiva influida por los casi treinta años tmnscunidos. Muchas de sus apreciaciones contrastan con las de su Diario, escrito entre 1850 y 1851, que sirvió de base
para su historia. Cf. "Diario de don Benjamín Vicuña Mackenna desde el 28 de
octubre de 1850 hasta el 15 de abril de 1851", Revúta Chilena de Hútoria y
Geografía, I, 2 a 4, Santiago, 1911. También tiene interés el "Diario de don
José Victorino Lastarria desde junio de 1849 hasta maizo de 1852", en Revista
Chilena, 1, 1 y 2, 1917/18.
12. Barros Arana, cit., l XV, p. 383. La cita recuerda el texto en el que Sanniento
se admiraba de que un artesano se hubiera suscripto a El ho(freso.

NOTAS
l. Sobre los cambios en las sociedades latinoamericanas y sos ideologías, véase:

José Luis Romero, Lotinoarnérica,

la, ciudades y la, ideas. México, Siglo Vein-

tiuno F.ditores, 1976.

2. "Santiago", en El Prope,o, Santiago de Chile, 19-12-1842. Marcial González,
"Situación económica", en Revista de Santiago, 1, 1848, p. 36.

13. Santiago Aloos, Carta a Francilco Bilbao (1852). Reproducida en Hemán Godoy UIZúa, Estructura social de Chile. Santiago, F.ditorial Universitaria, 1971,
p. 200 y ss.
14. Los textos de este periódico están tomados de Julio César Jobet, Santiago Arcos
Arlegui y la Sociedad de la Igualdad. Un socialista utopúta chileno. Santiago,
F.ditorial Cultura, 1942, p. 121. El artículo parece haber sido escrito por Arcos.
En todo el texto, el único sinónimo de "pueblo" que se emplea es "artesano".
15. Los textos de La Barra

están tomados de Vicuña Madcenna, Hútoria, cil

3. Domingo F. Sarmiento, "Las madezas", en Obru, t. X, Santiago, 1887, p. 190.
16. Gilliss, cit., p. 478.

4. James M. Gilliss, Tlie U.S. Astronomical Expedition to Southem Hemúphere
during the yean 1849 to 1852. Washington, 1855, t. 1, "Chih..,, p. 214. "Santiago". cit.

5. Gilliss, cit., p. 219.
6. Sarmiento, "El salario", en Obras, X, p. 232. "El crédito en manos del pueblo",
en El Comercio de Valparaiso, 12-1-1849. "Las válvuJas de seguridad", en El
Comercio de Valparairo, 19-2-49.
7. Richard Longevillc VoweU, Campa&amp;u y cruceros en. Venezuela y Nueva Granada
y en el Océano Pacíftco, de 1817 a 1830_ En J.T. Medina y G. Feliu Cruz, Viaje,
relativo.a Chile, IV, Santiago, 1962, p. 261.

8. Diego Bauo5 Arana, Un decenio de la liidoria de Chile, 184"-1851. En Obra,
Completa., XIV, Santiago. 1913, p. 99-100. Sobre estos episodios, véase: Mar-

17. Vicuña Madcenna, cit., p. 139. Véase: Abél Valdés A., "El asalto a la Sociedad
de la Igualdad en 1850", en Revilta Chilena de Hi6toria y Geografía, no. 116,
Santiago, 1950.

�Progreso, inmigración y libertad
de cultos en Perú a mediados
del siglo XIX
Pilar García Jordán*

-

Si á los prodigiosos esfuenos que hicimos para emanciparnos debemos nuestra existencia política, á los que empleemos para
atraer la inmigración deberemos nuestra prosperidad futura. .. La
intolerancia. ese funesto legado del coloniaje y de la ignorancia
de nuestros padres, es uno de los graves inconvenientes que tenemos que combatir para facilitar la inmigración europea, que es la
preferible en el estado de infancia de nuestra sociedad. Goze el
inmigrado de amplia seguridad y proteccion, desaparezca el esclusivismo que lo reduce á la condicion de peregrino ó mendigo,
respétese el santuario de su conciencia. y de su culto, y se purificará nuestro hermoso suelo del contajio venenoso que auyenta á las
poblaciones del antiguo mundo, y se llenarán de hombres nuestros grandes vacios territoriales, y cambiarán de aspecto los inmensos desiertos, en donde, por falta de recursos, no ha podido
aun la tienda del viajero desplegar su dosel hospitalario.1

Con estas palabras el ministro de Gobierno, Juan Manuel del Mar, propuso al Congreso, en 1849, la aprobación de un proyecto de le~, sobre inmigración extranjera; la tesis fundamental aducida fue la estrecha dependencia existente entre prosperidad, desarrollo eeonómico y entrada de inmigrantes - mejor si fuesen anglosajones- los cuales aportarían 1aano de
obra y/o capitales. Como he señalado en otros artículoi en 1845 se inició una progresiva adaptación del Pení al mercado exterior, cuando la explotación del guano generó los capitales suficientes para proceder a la
transformación de las estructuras existentes, proceso propugnado por los
sectores emergentes de la costa y algunos grupos terratenientes del interior, interesados en principio en la vertebración de un Estado moderno.
Este proyecto implicaba necesariamente la abolición de los fueros personales y corporativos y la desaparición de gravámenes o cargas existentes
sobre la tierra, tales como censos, diezmos, capellanías, vinculaciones, etc.,
*Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona

�38

P. Garcw Jordán: Progruo, inmisración y culto• en Perú

Si&amp;foXJX

privilegios de los cuales la Iglesia era sino la única, sí la princiral ~en~~
ciaria En consecuencia la influencia social de la que gozaba la ínstitucion
fue taniliién cuestionada, iniciándose un proceso secularizador de la vida
pública cuyas características son prácti~ente d~sconoc~d'.'51 aunque
foizosamente debió afectar en alguna medida la Vida cotidiana de los
peruanos.
No es de extrañar que la Iglesia ante esta "ofensiva liberal" planteara
una defensa a fondo tarito de sus bienes como de su ideología, o lo que es
lo mismo se esforzara en reivindicar cuán necesaria era la presencia de la
religión y de una institución e~esial fuerte ~n ,1a sociedad pei:uana Los mecanismos utilizados fueron varios pero aqui solo voy a refenrme a uno, la
organización de laicos que fueran capaces de presionar, a través de la pre~sa y mediante actos públicos, en la calle o e? el templo, S_?bre el poder Civil siempre que la influencia social de la Iglesia fuese cuestionada
El tema más conflictivo fue sin duda alguna la polémica alrededor de
la tolerancia de cultos, quebrando así fa tradicional unidad r~,ligiosa en
tomo a la religión católica De acuerdo con toda la documentacion consultada3 la posible aprobación por la Cámara Constituyente en 1867 _de la
libertad de cultos fue la causa inmediata del surgimiento de la Sociedad
Católico-Peruana - SCP-; como intentaré demostrar en este trabajo, aquélla es sólo una de las razones, no la más importante pero sí la más efectiva,
en aras a lograr una mayor movilización de las masas populares frente al
poder legislativo. De esta forma la defensa de la religió~ enmascara la defensa del status ideológico y socioeconómico de la IgleSia y de unos sectores sociales más vinculados al pasado que al futuro, en el período en que se
produjo el primer intento de vertebración del Estado moderno peruano.

"LA REIJGION DE LA REPUBIJCA DEL PERU ES, Y SERA SIEMPRE
LA-CATOUCA, APOSTOIJCA, ROMANA, UNICA VERDADERA CON
EXCLUSION DE OTRA ALGUNA"

4

El F.statuto Provisional dictado p0r San Martín con fecha 8 de octubre de 1821, primer documento constitu~i?~al de} !erú repuhli~3!!º, reconocía en su artículo primero que la religion catolica era la religion del
Estado el cual se encargaría de conservarla defenderla de cualquier ataque a sus dogmas o principios fundamenq¡).es .

¡

En consecuencia no debe extrañamos que cuando en 1823, la Comisión encargada de redactar las bases constitucionales del nuevo Estado
planteó la posibilidad de incluir entre las m~as. la tole~an~a de cult~s,
el hecho levantase un cierto malestar entre las fuerzas Vivas de la sociedad limeña que enviaron rápidamente una carta al Congreso. El texto de-

39

nunció la redacción "confusa" del artículo So. de las bases constitucionales, cuya formulación era susceptible de interpretaciones "siniestras",
esto es la tolerancia religiosa, reivindicando por el contrario la unidad religiosa permanente en el Pení, aunque ello supusiera "renunciar.. .a cuantas
ventajas temporales podría proporcionarles la mezcla con los heterodoxos',6
Por vez primera se relacionan directamente dos cuestiones que a lo largo
del siglo XIX aparecerán unidas -positiva o negativamente según quien
sea el personaje que lo haga- como son la libertad de cultos y el progreso
del país.

La Asamblea de 1823 se inclinó finalmente por la opción conservadora, con una mayoría de votos favorables a que la religión y la Iglesia estuvieran protegidas por el F.stado, el cual habría de velar y asegurar el mantenimiento de ambas. El hecho subrayaba aun más si cahe el significado de la
independencia, proclamada en el Pení como única alternativa que garantizaba la continuidad de las estructuras socioeconómicas vigentes hasta entonces, de las cuales la Iglesia era institución fundamental y la religión,
principal instrumento ideológico de los grupos dominantes. Además h1&gt;
mos de tener en cuenta que el papel de la religión nunca fue cuestionado
ni siquiera por los sectores progresistas que participaban de la idea utili~a de la misma y del clero secular que la propagaba Por ello todas las
constituciones que siguieron a la Carta de 1823, la llamada constitución
"vitalicia" del 26 con Bolívar de presidente,7 la aprobada en 1828 con
La Mar de presidente con claras connotaciones liberales,8 el texto de 1834
y la carta de Huancayo -que aprobada en 1839 estuvo vigente hasta la
"revolución liberal" promovida por Castilla en 1855- todas ellas mantu•
vieron prácticamente sin cambios los artículos relativos a la religión y la
institución eclesial.
Sólo de forma esporádica, a lo largo de las dos primeras décadas republicanas, se publicaron escritos atacando a la Iglesia como institución detentadora de privilegios seculares y bienes materiales considerables, la cual
era considerada al miSlno tiempo el principal obstáculo para el desarrollo
del país y el bienestar de sus habitantes. En esta línea de pensamiento se
incluyen por ejemplo un largo artículo de Vicente Albistur y algunos escritos de Tobías ~eón, todos fechados en 1825,9 donde a pesar de criticar
a la Iglesia como receptora de diezmos, capellanías, vinculaciones, etc., se
elogia la función de la religión:
Nosotros por fortuna profesamos la creencia mas segura de cuantas se predican sobre el Globo. La Religión Católica Apostólica
Romana, es la que se há jurado al frente de nuestra CONSTITUCION POLITICA y ojala que ella conservada en toda su pure-La
acompañe á nuestra Nacion hasta la segunda regeneracion de la
tierra lo

�40

P. Garc(a Jordán: Progruo, inmigración y cultos en Pero

SigloXlX

INMIGRACION, PROGRESO Y LIBERTAD DE CULTOS
La subida al poder del primer gabinete Castilla (184.5-1851) y con_ ~I,
el ascenso de los grupos socioeconómicos interesados en la vertebrac1on
de un nuevo Estado en el que desaparecieran los obstáculos existentes a la
vinculación del Pcní a la economía de lihrecamhio, tales como mayorazgos,
fueros personales y corporativos, esclavibld, tributo indígena, diezmos,
capellanías, etc., trajo UD deterioro creciente en las relaciones entre el
poder civil y la Iglesia. Investigaciones recientes han señalado la voluntad
política del general Castilla de desarrollar parte de la normativa liberal relativa al :igro peruano legislada por los gobiernos "libertadores" entre 1821
y 1828, 11 y cuya aplicación bahía sido mínima, por no decir nula, hasta
entonces.
Uno de los temas más frecuentes en los escritos de la época fue sin
duda algona la apremiante necesidad de la agricultura costeña de obtener
mano de obra para sus haciendas, coyunturalmente en expansión; a ello se
refería el ministro José Gregorio Paz Soldán, cuando en su Memoria al
Congreso Ordinario de 1847 subrayaba que:

l. La agricultura costera se encontraba en
decadencia".

UD

"estado lamentable de

2. La razón fundamental era el insuficiente número de brazos que trabajaban en las haciendas.
3. Los "hombres del interior", es decir los serranos, nunca se trasladarían a la costa, bien por la diferencia de clinta y forma de vida, bien porque el período del año en que más nec~ios eran los b_razos en _la c~sta
coincidía con los meses en que su traba10 era necesano en el mtenor.
4. La emigración espontánea procedente del extranjero no tenía suficientes alicientes en el Pení, fundamentalmente por las dificultades en que
se encontraban los posibles colonos para acceder a la posesión de tierras.

En consecuencia el Gobierno esperaba del legislativo la aprobación del
proyecto de ley presentado, relativo a la reglamentación de las empresas
particulares encargadas de encauzar hacia el Pení los colonos contratados,
poniendo especial énfasis en que los inmigrantes tendrían plenas gar:.ntías
12
sohrc d cumplimiento de los contratos estahlecidos.
El

III ismo

Paz Soldán, ahora en funciones de ministro de Relaciones

41

Exteriores, Justicia y Negocios Eclesiásticos, tras señalar el fortalecimiento de la religión en el Pení a lo largo del siglo XIX, "siglo de ilustración"
pero también "siglo creyente y religioso", se quejaba de la oposición que
hah ía encontrado el Gobierno en el ejercicio del patronato y de sus regalías, por parte de las jerarquías eclesiásticas a'las que sarcásticamente denomina
Cuerpos mas respetables de la sociedad; cueipos que llenos de
ilustracion sostienen sus fueros y prerrogativas con teson y constancia, que nunca ceden el terreno sino palmo a palmo, reputando sacrilegio y considerando agravio el que siquiera se ponga la
mano sobre la arca de sus fueros;13
el texto era suficientemente ilustrativo de la voluntad del poder civil de
ejercer un control de la Iglesia, reforzando la supremacía del Estado sobre
la misma14
Pero volvamos al tema central de nuestro trabajo de la mano del ministro Juan Manuel del Mar que en 1849 reclamaba de la Cámara legislativa
la aprobación de un proyecto de ley ~ue de ser sancionado, otorgaría a los
inmigrados europeos un trato de favor, viendo respetados sus conciencias
y cultos. Punto fundamental de la defensa la constituía el hecho que, de
no aprobarse la citada ley facilitando la entrada de mano de obra extranjera, se perdería definitivamente el tren del progreso pues:
Si nuestra arruinada agricultura clama imperiosamente por brazos
que la adelanten, si nuestros inagotables veneros de riqueza se
mantienen ocultos, y nuestra ilustración é industria se conservan
como estacionarias en el siglo de la electricidad y del vapor: si
cuanto depende, en fin, de nuestra situación interior, con respecto á la inmigración, no acreciese la necesidad de procurarla,
si todos estos elementos no eran suficientes, señalaba el ministro, debía
tomarse en consideración un nuevo acontecimiento que reclamaba urgentemente la aprobación de la citada ley: se refería a la posibilidad de transitar por el Istmo de Panamá que facilitaba la entrada de población extranjera hacia el Norte, es decir, hacia los Estados Unidos de Norteamérica15
El proyecto fue uno de los muchos intentos realizados, bien por el
Gobierno bien por algunos sectores de la Cámara, con el propósito de establecer las condiciones legales que posibilitaran la emergencia del capitalismo y la transformación de ciertas estructuras, proceso en el que obviamente debieron enfrentarse con aquellos grupos más vinculados al antiguo
régimen -entre los cuales se encontraba la Iglesia- que no a los nuevos
tiempos "liberales". Así a lo largo de 1849 se produjo lo que he denomi-

�42

SigloXIX

nado en varias ocasiones "ofensiva a gran escala" contra la institución
eclesial, cuando algunos diputados propusieron la supresión del fuero
eclesiástico, reducción de diezmos, cambios en la elección de prelados
regulares, etc.;16 cueBtiones que si momentáneamente no fueron aprobadas por las disensiones en el seno de los grupos hegemónicos, pr~figur-aban varias de las medidas discutidas y aprobadas en la Constitución de
1856.
Recordemos que tras el triunfo de La Palma, el mariscal Castilla se
apresuró a convocar una Convención Nacional -elegida por primera vez
por sufragio directo- que abrió sus sesiones el 14 de julio de 1854, siendo
violentamente disuelta por el coronel Arguedas el 2 de noviembre de
1857.17 Fue entonces cuando se aprobaron una serie de medidas encaminadas a acabar con los privilegios y bienes de los que la Iglesia hah ía gozado secularmente, cuya pervivencia no podía ser tolerada por un Estado que
pretendía el progreso del país.
Una de las cuestiones sino "la cuestión" por excelencia, que hizo correr ríos de tinta, fue la tolerancia de cultos, tema aparentemente poco
importante pero fundamental pues una vez rota la unidad religiosa la influencia social de la iglesia católica estaría gravemente amenazada. Esta es
la razón por la cual pocassemanasantes de la apertura de las sesiones constituyentes, el obispo José Sebastián de Goyeneche publicó una pastoral18
en la que ponía en guardia a los católicos ante los impresos que circulaban
contra la religión, publicados por los "enemigos de la verdad". Según el
prelado arequipeño estos "falsos apóstoles de la felicidad de los pueblos"
que defendían la aprobación de la libertad de cultos, considerada como de
conveniencia pública, en realidad pretendían acabar con los derechos de la
Iglesia, ignorar la autoridad del papa, e independizar todas las "iglesias
particulares", es decir nacionales, del Vaticano. Es uno de los primeros textos salidos de la iglesia institucional en que se mencionan y vinculan todos
los elementos presentes en el tímido proceso reformista liberal desarrollado entre 1845 y 1867 aproximadamente, razón por la cual no puede sorprendemos que Goyeneche proclamase la necesidad de que los católicos se
unieran en la defensa de la"causa de Dios"; si bien deberemos esperar algunos años a que esta llamada cause efecto, es el precedente inmediato de la
Sociedad Católico-Peruana, fundada en Lima en 1867.
En consecuencia a lo largo de 1855 y 1856 se sucedieron una serie de
escritos cuyo denominador común fue la defensa de la unidad religiosa en
torno al catolicismo y la protección de los privilegios y propiedades de la
iglesia secular y regular.
Los más interesantes son, sin duda alguna, la Exposicion del Capítulo

P. Garcrá]ordán: Progr~ inmigraciónyculto•enPerú

43

Metropolitano de Lima a la Convención Nacional, 19 el Ensayo sobre los
principios _de tolerancia expuestos por Julio Manuel del Portillo,31 el folll}to, de autor desconocido, El clero regular y sus bienes ante la leí política
y civuZl y el informe de Mariano Salcedo Sobre los proyectos de "ley de
supresión de diezmos y obvenciones parroquiales.22 No obstante sólo comentaremos los dos primeros porque por una parte sintetizan la totalidad
de las preocupaciones, objeciones y censuras de la iglesia institucional a los
proyectos liberales de la Asamblea del 56, y por otra parte vinculan claramente la libertad de cultos al proceso desamortizador y al progreso.23
El primer texto, enviado por el Capítulo metropolitano limeño al
Congreso con fecha 8 de agosto de 1855, se estructura en 3 apartados:

l. "Exclusión de los falsos cultos", donde se sostiene que la sociedad
pedecta es imposible fuera de la Iglesia católica - institución encargada de
velar por la unidad católica, creencia que mantiene unidos en una sola comunidad nacional a razas tan diferentes como las existentes en el Peníque ha formado y conservado la unidad de la patria. En consecuencia dl}nuncia las posiciones de aquellos que consideran la libertad de cultos el
medio imprescindible para asegurat el progreso del país y concluye:
Ni la religión, ni la razon, ni el ejemplo de las otras naciones de la
tierra, ...suministra apoyo á la declaracion de la libertad de cultos... al contrario, ella se opondria directamente á la ley de Dios,
y de la Iglesia, á la unidad social del Perú, al derecho, á la voluntad solemnemente declarada, y á la felicidad de los pueblos.34

2. "Libertad de la Iglesia", apartado que defiende la independencia de
la institudón eclesial respecto el poder civil Toda la argumentación constituye un ataque a la existencia del patronato que desde l!ll8 orígenes, se
afirma, redujo a la Iglesia a la "esclavitud", situación agravada tras el surgimiento del Pení republicano.
3. "Derecho de propiedad de la Iglesia", tema al que se dedica el mayor número de páginas, expresando bien cuáles eran las preocupaciones de
la institución. Tras unas consideraciones generales sobre los derechos históricos, divinos y canónicos que "asistían" a la Iglesia en la defensa de 808
bienes, percepción de diezmos, disfrute de capellanías, vinculaciones, etc.,
se atacaban los argumentos utilizados por los legisladores sobre la desamortización de bienes, proceso que de ninguna forma debía aplicarse a las propiedades eclesiásticas:
La Iglesia es soberana e independiente. Este es al mismo tiempo
un dogma de fé y un hecho palpable... Esta perentoria contestacion comprende a todo pensamiento de reforma de la Iglesia en

�44

Si61oXIX
cualquier materia por el poder secular y de intervenci~n ~e est~
en la administración de sus bienes: se extiende por consigwente a
la idea de que la Convención suprima el Diezmo y la primicia y
los derechos parroquiales y señale otro im~uesto, que sum~tr~
fondos al Gobierno, para que pueda asalariar el clero, y acudir a
los gastos del culto. lQué iría a ganar la Nacion con este atropellamiento y esta esclavitud de la Iglesia.25

El escrito finalizaba defendiendo la existencia de todos y cada uno de los
bienes poseídos por la Iglesia secular y regular, situación que decía, sólo
podía ser ignorada por los socialitas y comunistas de 1848 seguidores de
las filosoñas de Saint Simon y Proudhon.
El segundo de los textos citados se dedica íntegramente a criticar la
tolerancia de cultos, punto fundamental del programa propuesto por Julio
Manuel Portillo a sus conciudadanos limeños en la campaña para la elección de diputados a la Cámara del 56, donde se consideraba la aprobación
de la medida como ineludible en aras del progreso del país. El escrito lamenta los extravíos de una filosofía que
llama progreso social á la propagacion del error, luz civilizadora á
las tinieblas, ilustracion á la inmoralidad, tolerancia al despotismo intelectual, y derecho á_la licencia de costumbres... (lo cual)
es insultar al sentido comun, es la ironía del progreso, la civilización y el derech~,

tras lo cual se pregunta por el porvenir del Perú -país agonizante ya, por

el espíritu disolvente del partido liberal- en el caso de que llegara a rompCl'SC la unidad religiosa; la respuesta no puede ser más que una, catastrófica, la mina del país, ya que la tolerancia ele cultos permitiría la entrada
en el Peni de los panteístas modernos como Kant, Fichte, Schelling, Hegei
Cousin, los racionalistas, comunistas y socialistas como V oltaire, Robespierre, Leroux, Strauss, Weitting, Proudhon, y los chinos, musulmanes, etc.
En consecuencia el documento exhorta a los legisladores a respetar la unidad del culto -salvaguarda de las instituciones republicanas, de la independencia peruana y base de toda la comunidad nacional- que no puede ser
deshecha para facilitar la entrada de emigrantes, que por otra parte pueden
buscarse en naciones europeas católicas.27
El ana1isis de estos documentos permite afirmar que si bien la defensa de la religión fue importante, no lo fue menos la relativa a la propiedad eclesiástica, tema que figuró en todos ellos. El mismo obispo Goyeneche no dudó en enviar una carta, en agosto de 1856, al ministro de Gobier~
no, Justicia y Culto, en la que acabados todos los argumentos utilizados
hasta entonces por la jerarquía eclesiástica para impedir la supresión del

P. García Jordáo: Progre,.o, inmigración y culto, en Perú

45

fuero eclesiástico, vinculaciones, etc., solicitaba del poder civil que tratase
con la Santa Sede, única autorizada para negociar estos temas, y suplicaba
del presidente Castilla que "liberase" a la Iglesia peruana de todos los males que la amenazaban, de llevarse a la práctica todas las medidas aprobadas en la Cámara,28 entre las cuales destacan la abolición del fuero eclesiástico y la supresión de las vinculaciones y diezmos. No obstante la fórmula relativa a la libertad de cultos fue desestimada al ser mayoría los que
se pronunciaron contra la misma -46 contra 22-, por lo que la r~óo
continuó siendo protegida por el Estado, el cual como rezaba el articulo
cuarto, no permitiría el ejercicio público de otra alguna.29
La Constitución de 1856 apenas estuvo vigente unos meses pues el
levantamiento de Arequipa a fines de ese mismo afio, junto a la sublevación del coronel Arguedas un año más tarde -ambos movimientos de
claro signo conservador- permitieron a Castilla desprenderse de los elementos " ideológicamente" más radicales y poner en suspenso el texto
aprobado.~ No obstante el proceso reformista liberal iniciado en la década de 1840 no sufrió modificaciones substanciales pues todas las medidas
"anticlericales" sancionadas en 1856 subsistieron en la constitución reformista y conservadora de 1860 a pesar de que algunos de los participantes en la misma habían protestado entonces el que no se hubieran
guardado el respeto y los fueros a los "Ministros de la Religión".31
Hemos de llegar a 1867 para que las variables imrugración, progreso,
libertad de cultos, aparezcan claramente vinculadas en los distintos debates parlamentarios desarrollados en ese afio, ¿qué había sucedido? Bonilla afirma que a lo largo de la década de 1860 el grupo terratenient~omercial luchó por la utilización productiva de los recursos guaneros. Uno
de sus representantes más destacados, Manuel Pardo -primer presidente civil del Pení en 1872-, ministro de Hacienda ·del gabinete del coronel Mariano Ignacio Prado, pretendió hacer de la construcción de ferrocarriles el
arma que propiciara el desarrollo económico del país; el medio que posibilitaría el proyecto sería el capital extranjero obtenido con la garantía de la
hipoteca del guano. En consecuencia Pardo tomó una serie de medidas como disminución del aparato burocrático, reducción de salarios de los fun.
cionarios, imposición de tasas de exportación a la producción nacional y
sobre todo, el restablecimiento del progra_I!la trihutario.32 Este proceso
parecía necesitar de una nueva constitución.33
Diferentes analistas de los procesos constitucionales peruanos han afir.
mado que la Carta del 67 contenía la mayoría de los postulados de la
Constitución de 1856, con tonos más radicales. Señalan entre otras la aprobación de la total libertad de enseñanza, quebrando el monopolio ejercido hasta entonces por la Iglesia, la libertad de imprenta, el mantenimiento

�46

Siglo XIX

P. García Jordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

de la supresión de los privilegios hereditarios, fueros personales y vinculaciones, la restauración del sufragio directo; la religión católica continuó
siendo considerada creencia oficial del Estado el cual no pennitiría el ejercicio público de otra, aunque es evidente el avance de los partidarios de la
tolerancia que en 1867 sumaron 40 votos contra los 43 que se mostraron
contrarios, a diferencia de lo sucedido en 1856 cuando los primeros ascendieron a 22 contra 46 votos negativos.34
No puede sorprendemos que justo un día antes de que la Comisión
Constitucional presentara su proyecto en la Cámara, lo que sucedió el 8
de marzo de 1867, Juan Ambrosio Huerta, obispo de Puno, publicara una
pastoral señalando las reglas de conducta que debían observar sus diocesanos en aquellos momentos, documento que dirigió también a la Cámara
constituyente.35 El texto, tras una consideraciones generales atacando las
posiciones progresistas que hacían de la tolerancia de cultos condición
imprescindible para el bienestar y progreso social, encomiaba 1a labor de la
Iglesia en pro de la libertad de pensamiento a lo largo de la historia y fundamentalmente cuestionaba la permisividad religiosa a partir de varias pr&amp;
guntas:

l. ¿Las sociedades exigen la tolerancia religiosa para poder conseguir
sus objetivos?
2. ¿Es la tolerancia condición indispensable para el progreso del país?
3. ¿Los soberanos, el poder civil, pueden ordenar la tolerancia en sus
&amp;tados?
La respuesta era obviamente negativa y todas las razones aducidas por
el prelado puneño giraban en tomo al hecho de que la tolerancia de cultos
supondría la ruina material de la sociedad. En este contexto no resisto citar uno de los párrafos, a mi entender muy ilustrativo de la ideología eclesial del momento:
¿Le sería grato al Perú verse transformado en Nacion comercial
como Inglaterra, teniendo que presenciar al mismo tiempo el horrible espectáculo del pauperismo? Casi no hay pais protestante
que no se sienta trabajado por esta tremenda enfermedad desconocida antes de tres siglos.36
Era pues inadmisible según el prelado, que el progreso necesitase de la tol&amp;
rancia religiosa, de la misma fonna que los legisladores no estaban facultados para introducir la medida en la Constitución por mucho " ¡Qué.. .
nos hablen de la necesidad de inmigración!" .

47

A continuación el escrito defendía la capacidad de la Iglesia para poseer bienes adquiridos a lo largo de la historia, propiedades que el Estado
no podía desamortizar con el pretexto de que el erario nacional necesitaba
con urgencia de los mismos, operación que de aprobarse supondría una declaración de guerra al catolicismo y en realidad beneficiaría a unos pocos:
Mas, estos bienes que se usuzpan á la Iglesia, ¿se destinarán en
efecto para algo provechoso á la Nacion? iOh hijos carísimos,
antes de un año, dichos bienes habran ido á engrosar las arcas
de individuos particulares, sin que el tesoro público haya logrado
remediar la mas pequeña de sus necesidades. Que se pregunte á
la Francia, é Inglaterra, en donde está el caudal de que despojaron á sus iglesias respectivas: que conteste la España, que nos diga
lo que ha hecho, lo que ha ganado su erario con el brusco despojo
de los bienes de la Iglesia!.37
La pastoral finalizaba exhortando a los católicos a sostener el catolicismo;

parecía llegado el momento de organizar grupos de laicos capaces de ·ejercer presión sobre los poderes públicos. Permítaseme antes hacer un breve
comentario sobre este proceso desamortizador que "amenazaba" las propiedades eclesiásticas en 1867. Hasta la fecha me ha sido imposible consultar los debates parlamentarios alrededor del tema, pero me consta que
Femando Casós, representante por Trujillo, presentó un tímido proyecto
al respecto que fue sometido al juicio del Gobierno por las Comisiones de
Culto y Hacienda de la Cámara; el gabinete solicitó a todas las jerarquías
eclesiásticas un informe sobre el mismo que obviamente fue negativo. Todas las respuestas, informes, memoriales enviadas por los onispos al Ejecutivo presentaban la misma estructura: legitimidad de las propiedades
eclesiásticas y exenciones tributarias a lo largo de los síglos; consideración
de los fundos rústicos como productores de riqueza, negación de la denominación de bienes de mano muerta a las propiedades de las comunidades
religiosas y memorial de agravios recibidos por la Iglesia a lo largo de la
República.38
El proyecto desamortizador fue desestimado y la Constitución fue
promulgada el 29 de agosto de 1867, aunque su vigencia fue mínima pues
Arequipa - que se había negado a jurar el texto- se levantó nuevamente
contra el Gobierno lim~ño a fines de 1867, al tiempo que el coronel José
Balta se alzó en el Norte. El gabinete del coronel Prado cayó y Díez
Canseco, líder de la sublevación arequipeña, ascendió a la jefatura del Estado el 20 de enero de 1868, restableciendo tocos días después la constitución de 1860 vigente en el Perú hasta 1920.
Los acontecimientos posteriores se encargaron de mostrar cómo, en
palabras de Heraclio Bonilla:

�48

SisioXIX
La e1ite económica modemizante al no poder asumir por su propia cuenta la tarea de transformación integral del país, se limitará
a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX a participar en el proceso productivo en calidad de asociada de los capitalistas británicos, extrayendo de esta situación parte de sus beneficios. Además,
y es esto lo fundamental, los obstáculos institucionales... y la
persistencia de los rasgos señoriales en la mentalidad de esta nueva
clase, los hicieron reticentes a toda inversión productiva.40

SOCIEDAD CATOLICO-PERUANA, SURGIMIENTO
Y ORGANIZACION
La primera noticia que tenemos de la SCP sitúa su nacimiento en Lima
el 22 de mayo de 1867 -momento en que se debatía el proyecto constitucional en. la Asamblea Nacional- cuando una serie de personas "notables",
fuerzas V1Vas de la capital, se reunieron en la residencia del obispo de Huánuco, Manuel Teodoro del Valle, con el propósito de organizarse como
grupo de presión capaz de defender la re!it.ón y la iglesia de los ataques
que estaba recibiendo en los últimos años, procedentes del partido liberal. La Asociación pretendía ser:
No solo el sosten del catolicismo en el Perú, sino el apoyo de los
Gobiernos, el élemento sin el cual nada bueno se haga, y con el
que cuenten siempre como. base todos los mandatarios de la República.41
Aun cuando en un primer análisis el debate alrededor de la tolerancia
de cultos aparece como la causa inmediata y principal del surgimiento del
grupo, un estudio más profundo de todos los discursos pronunciados por
quienes participaron en las sesiones públicas organizadas por la SCP tan42
to en Lima como en sus filiales de Arequipa y Puno permite señalar como causas fundamentales:

l. El ataque a las inmunidades y privilegios seculares de las cuales ha
gozado la Iglesia.
2. La existencia del patronato, cuyo ejercicio por el poder civil se ha
ido radicalizando a lo largo del período republicano con el propósito de
lograr la total subordinación de la Iglesia al poder civil.
3. La supresión de conventos y monasterios y la enajenación de sus
bienes.
4. El recorte progresivo de todas las rentas percibidas por la iglesia
secular, que amenazaba con acabar con ella.

P. Gatera Jonláll: Progre.o, inm~n,. culto• m Pení

49

Los dirigentes, de la SCP seftalaron oomo responsables de todo este
proceso al partido liberal, cuya
Siniestra influencia se ha hecho sentir en difeientes ocasiones
con varias medidas que hieren de muerte-los intereses católicos.
No contento con haber despojado á la Iglesia de sus inmunidades y privilejios seculares: con haber estrechado el círculo de su.
accion, y sometídola al influjo de la potestad civil hasta en las
mas simples operaciones de su régimen anterior: con haberla privado de una gran parte de sus rentas, y rodeándola de numerosas
trabas en la administracion de su exiguo patrimonio: con haber
suprimido un gran número -de conventos y arrojado al viento sus
despojos; todavía se propone ir mas léjos, todavía pretende ~
tarle la direccion de sus obras piadosas, hasta de las cofradías,
arrebatarle el derecho de propiedad sobre sus bienes y enajenar estos en provecho del fisco nacional, dejando al clero sin medios de
subsistencia y al culto sin los recursos que la piedad de los fieles
le había dedicado desde los tiempos mas remot·:&gt;s. En una palabra,
se ha querido y quiere desnudar á la Iglesia. reducirla á la miseria,
para romper en seguida el vínculo sagrado de la alianza que la liga
con el Estado, proclamando tardíamente su separacion recíproca
bajo el pretesto de darle libertad.43
Todo este proceso, cuyos postulados esenciales se plantearon públicamente por vez primera en la Convención de 1855 como denunció la SCP,
se pretendió desarrollar con y en nombre del progreso, civilización y desarrollo del país. Esta transformación exigía como premisa básica la aprobación de la tolerancia religiosa que propiciaría la entrada de inmigrantes y
de capitales procedentes de los países anglosajones; esta es la razón por la
cual la unidad religiosa figuró siempre en ,tmner plano en todos los discursos y escritos de los dirigentes de la SCP, aunque es evidente después de
todo lo dicho hasta ahora que la "cuestión religiosa" iba mucho más allá
de la tolerancia y/o libertad de cultos y cuestionaba toda la in&amp;.encia social de la Iglesia en la sociedad peruana.
En consecuencia y a pesar de que tanto el Reglamento de la Sociedad
como destacados personajes de la misma proclamaron la no injeffllcia de
la SCP en asuntos políticos, desarrollando una labor ajena por completo
a la política,45 la afirmación no sólo era discutible sino decididamP.11te falsa
por cuanto los mismos dirigentes de la entidad señalaron que la misma no
podía mantenerse inactiva ante las medidas dictadas o susceptibles de ser
aprobadas por el poder civil, el cual debía legislar de acnerdo con las doctrinas y preceptos religiosos. Por otra parte está suficientemente demostrado
qu en todos los países de tradición católica, la entrada de los católicos
-como fuerza organizada- en la política, fue planteada cuando la t:ran.
fonnación socioeconómica operada desde fines del siglo XVIll y a lo largo
del siglo XIX, comportó una progresiva secularización de la vida pública y
privada y por lo tanto cuestionó la presencia social de la Iglesia.

�50

SigloXIX

P. García]ordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

51

46

He señalado en otros trabajos que la ideología católica tiene dos caracteres que le son propios, naturaleza totalizadora y carácter sagrado en
tanto única vía de acceso a lo desconocido, cuestiones que permiten a la
ideología religiosa realizar una acción perdurable y efectiva en las sociedades donde está presente, en las cuales configura unas determinadas concepciones políticas, sociales, económicas y en consecuencia un cuerpo de valores; así vemos cómo la Iglesia aduciendo su origen y fines trascendentales,
se adhiere o rechaza acontecimientos, personas e ideas políticas_ No es extraño que cuando la influencia social de la Iglesia sea cuestionada, la institución organice grupos capaces de ejercer presión sobre los poderes públicos, como en el &lt;:a$().que nos ocupa fue la SCP impulsada por el obispo de
Huánuco, Manuel Teodoro del Valle, quien dibujó también las líneas fundamentales del Reglamento de la Sociedad.47
El análisis de los 47 artículos y 5 disposiciones transitorias contenidos
en los Estatutos nos permite afirmar:
lo. La SCP perseguía la defensa del catolicismo y de sus derechos en
el Pení, la propagación de las doc~ católicas a partir de la enseñanza,
fundación y/o protección de periódicos y folletos, y el rechazo de todas
las medidas que "atentaren" contra la Iglesia y la sociedad católica. Esta
posición supuso una declaración de guerra a las tímidas reformas "liberales" proyectadas a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX.
2o. La organización de la entidad era rígidamente piramidal: de arriba
hacia ahajo contaba con el Consejo Central Permanente con sede en Lima,
órgano supremo de la Sociedad, del cual dependían los diferentes Consejos Departamentales que a su vez controlaban los Consejos Provinciales y
así sucesivamente hasta llegar a los puestos más bajos, legionarios, centurionea y decuriones; nótese el uso de terminología militar nada extraño en
una Sociedad que pretendía agrupar "soldados" en la defensa del reino de
Dios en la tierra
La falta de documentación me impide por el momento analizar el papel efectivo desarrollado por la SCP en los años posteriores. No obstante
es evidente que la entidad fue precursora de la Unión Católica, surgida tras
la Guerra del Pacífico, que a fines de siglo - coincidiendo (?) de nuevo con
una fuerte polémica en la calle y en el Parlamento sobre la libertad de cultos, matrimonio civil, cementerios laicos, etc., - organizó el Primer Congreso Católico del Pení en 1896.

REFLEXIONES FINALES

F.s evidente que la vinculación del Pení a la economía de librecambio a

partir de las explotaciones de guano, azúcar y algodón, comportó en el plano interno el intento del grupo terratenient~omercial por vertebrar un
Estado moderno, que posibilitara su consolidación como grupo hegemónico. El proceso implicaba la transformación -por tímida que esta fuese- de
las estructuras socioeconómicas existentes y la abolición de fueros personales y corporativos, la supresión de diezmos, vinculaciones, capellanías, en
suma de las situaciones de privilegio -de las cuales la Iglesia era sino la única sí la principal beneficiaria- que obstaculizaban el desarrollo del país.
Esta es la razón fundamental por la cual a partir de la década de 1840
asistimos a un enfrentamiento progresivo entre el poder civil y la institución eclesial, poco dispuesta a renunciar a la influencia ejercida hasta entonces. La oposición se acentuó en los períodos constituyentes cuando la
presencia social de la iglesia fue cuestionada, es decir, cuando surgieron los
primeros intentos de secularización de la vida pública y privada de los
peruanos, como sucedió en la Convención de 1856 y se repitió en la Asamblea de 1867.
Durante estos años las jerarquías eclesiásticas señalaron a los católicos
la necesidad de luchar contra las médidas "anticlericales", proclamas que
cristalizaron finalmente en 1867 con el surgimiento de la Sociedad CatólicerPeruana. El grupo, exclusivamente laico aunque formado a instancias y
bajo la supervisión de la iniciativa eclesiástica, tenía como objeto directo la
defensa de la unidad religiosa en tomo al catolicismo pero también la salvaguarda del orden social, de los bienes de la Iglesia, de los principios "verdaderos y eternos".
A lo largo del siglo XIX, fundamentalmente a partir de 1840, asistimos a la publicación de libros, folletos y artículos periodísticos favorables
o contrarios a la tolerancia de cultos. En opinión de sus partidarios la inclusión de la medida en los textos constitucionales posibilitaría el progreso de la agricultura e industria peruanas al facilitar la entrada de emigrantes
y capitales anglosajones; por el contrario sus detractores sostenían que la
tolerancia religiosa permitiría el ingreso de todas las teorías y doctrinas disolventes defendidas por el partido liberal, acabaría con el orden social y
arrojaría a la Iglesia y sus ministros a la mendicidad.
Aunque el crecimiento de los primeros fue constante a lo largo de los
años, la medida no fue aprobada hasta 1915. Hemos de considerar además
otros hechos como: a) la aprobación entre 1850 y 1867 de una serie de leyes y decretos de corte liberal tales como la supresión de diezmos, capellanías, vinculaciones, la abolición de fueros personales y corporativos, medidas que no impidieron la bancarrota del Estado peruano unos años más tarde, insalvable tras la Guerra del Pacífico; b) el fracaso del primer proyecto

�52

Siglo XIX

P. García Jordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

vertehrador de un Estado moderno.
Estos datos nos obligan a cuestionar si no la existencia sí la vastedad
del proyecto secularizador planteado por unos grupos, una clase, que al
tiempo que renunció a la transformación real del país, necesitó de la Iglesia
y de la religión para homogeneizar y someter a una población indígena que
le era extraña y desconocida. Por las mismas razones la actividad de la Sociedad Católico-Peruana se vería considerablemente reducida porque al fin
y al cabo, el león, es decir los liberales, no era tan fiero como parecía.

53

30, BN. D.11644 y de Tobías León en El Censor Ecle,iástico (Cuzco, 14 y
21 de abril de 1825), pp. 4 y 15 el cual pretendía "discurrir sobre la erogacion Y
administracion de los diezmos en su parte hlstórica teológica y económica: del
derecho de las obvenciones Parroquiales en su origen, p1ogresos y abusos: del
método con que ,e há manejado la piedad y devocion de los fieles; y en fin de
cuanto sea condueente á ilustrar la materia para el desengaño de la gente super~
ticiosa, para la satisfacción de los verdaderos creyentes, y sobre todo para establecer un nuevo método correspondiente á nuestra constitución Uberaf'.
10. Tobías León, El Censor Eclesiástico (Cuzco, 14 abril 1825), p. 2.

11. Jean Piei Capitalisme agraire au Pérou. París, Ed. Antlu:opos, 1975-83, 2V.; He-

NOTAS
l. Memoria del Ministro de Gobierno del Perú a la Legislatura Ordinaria de 1849.
Lima, Imp. Eusebio Aranda, 1849, p. 20. Todas las citas textuales que aparecen
a lo largo de este artículo (incluidos los apéndices) conservan la ortografía utilizada en las fuentes originales.
2. Pilar García Jordán,"¿Poder eclesiástico frente a poder civil? Algunas reflexiones
sobre la Iglesia peruana ante la formación del Estado moderno (1808-1860l'
Boleh'n Americanilta, Año XXVI, no. 34 (Barcelona, 1984), pp. 45-74; La
Iglesia peruana ante la fomiación del Estado moderno (1821-186 2). Histórica
-en prensa-.
3. Documentación localizada en el Archivo General de la Nación, -AGN- Bibli~
teca Nacional-BN- y Biblioteca Vargas Ugarte, -BVU- de Lima.
4. Afinnación contenida en la Repre.tentación suscrita por 11ecinos de Lima para
que se uclarezca el significado exacto de un decreto relativo a la profesión de la
religión católica por el Estado en función de otros credos. Lima, 30 de noviembre de 1822, en BN. D. 8596. El texto completo íigura en Apéndice 1.

5. Artículo primero de la Sección Primera del Estatuto Pro11isional dado por el protector de la libertad del Perú, para el mejor régimen de los departamentos, ínte·
rin se establece la Constitución permanente del Estado, con fecha 8 de octubre
de 1821, en José Pareja Paz Soldán. Las Constituciones del Perú. Madrid, Ed.
Cultura Hispánica, 1954, p. 415.

6. Representación suscrita. .. p. 2.
7. Constitución que en su artículo 147 sancionaba: "Quedan abolidos los empleos
y privilegios hereditarios y las vinculaciones; y son enajenables todas las propi&amp;dades, aunque pertenezcan a obras pías, a religiones o a otros objetos".J. Pareja
Paz Soldán, Ob. cit.,_p. 499.
8. La Asamblea estuvo presidida por el eclesiástico F. Javier Luna Pizarro, años
más tarde arzobispo de Lima El texto constitucional ratificó en su artículo 160
las disposiciones anteriores relativas a la supresión de vinculaciones y enajenación de propiedades eclesiásticas. J. Pareja Paz Soldán, Ob. cit., p. 536.
9. Artículos de Vicente A1bistur en Suplemento a la E,trella de A.)'OCucho, número

raclio Bonilla, Guano y burguesÚJ en el Perú. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1974; Ernesto Yepes del Castillo, Perú 1820-1920 ¿un siglo de desarrollo
capitalista?. Lima, Ed. Signo, 1981; P. García Jordán, Art. cit.
12. Memoria que el Ministro de E,tado en el De.tpacho de Gobierno, Instrucción Pública y Beneficencia de la República Peruana presenta al Cong,6$0 Ordinario de
1847. Lima, Imp. "El Comercio", 1847. En el mismo documento hay algunos
comentarios relativos a la buena disposición de Castilla para establecer los medios adecuados para que se enajenen las propiedades de interés público susceptibles de producir un "aumento del número de propietarios y contribuyentes, que
han cubierto la tierra antes eriasa y abandonada, de vejetales productivos de .riqueza, y que han mejorado las fincas con todas las novedades poSioles de com~
didad, aseo y ornato" p. 7.
13. Memoria que el Ministro de fatado en el Despacho de Relacione., Exteriores,
Justicia y Negocios Eclesiásticos del Perú, presenta á la Legislatura Ordinaria de
1847. Lima, Imp. "El Comercio", 1847, p. 62.
14. El siguiente párrafo es lo suficientemente explicativo: "Nuestro clero moderado
y pacífico no tiene pretensiones á influir y dominar, como en otras partes: sus
rentas no son bastantes para ese objeto: contraído á la predicacion evanjéUca y á
la administracion de los sacramentos, se:rá un apoyo del orden y de las instituci~
nes", lbid., p. 55.
15. Memoria del Ministro de Gobierno del Perú a la Legislatura Ordinaria de 1849.
Lima, Imp. Eusebio Aranda, 1849, pp. 19-21.
16. Cuestiones que f"¡guraron constantemente en el epistolario cruzado entre F. J.
Luna Pizarro, arzobispo de Lima, y J. S. Goyeneche y Barreda, obispo de Ar&amp;quipa entre 1849 y 1851. BN. D.8618.
17. En esta Asamblea destacaron entre los sectores moderados Pedro Gálvez, Manuel Tonoio Ureta, Juan Gualberto Valdivia, Santiago Távara, Juan Unánue,
el coronel Manuel Ignacio Prado, Monseñor Pedro José Tordoya, y entre los
progresistas Ignacio Escudero, Juan C. Cavero y José Gálvez, según J. Pareja
Paz Soldán, la f"igura más representativa del Congreso, ob. cit., pp. 215 y ss.
18. José Sebastián de Goyeneche y Barreda. Pastoral que con motivo de los impresos que circulan en la República contra la Religión, dirije al Yenemble Dean
y Cabildo, Clero Secular y Regular, y a todos los fiel&amp; de su Dióce.fis. Arequipa, Imp. F. lbáñez y Hnos, 1855, publicada también en Arequipa Católica
no. 9 (Arequipa, 11 de junio 1855). Días antes - 13 de mayo de 1855- apare-

�54

Sip,XIX
P. García Jordán: Pr&lt;&gt;sruo, inmwoot6n y culto• en Perú
cieron en Cuzco unas hojas volantes tituladas Rupecto de que por vario, papele, público• de lo capital ,e ataca la Religion Católú:a Apostólica Romana, y se
pretfflde la sancion de lo contrario a ella en la procsima Asamblea ,e hace la
npiente PREV-ENCJON y fumadas por el Fiscal de la Corte Superior de Justicia
Bonifacio Alvarez y una 1aiga lista de personas "notables" donde afümaban que
"en la nueva Constitución que ha de darse, no admitiran variacion alguna que
directa ni indirectamente altere la religion del Estado, que no es ni puede ser,
sino la Católica, Apostólica, Romana con esclusion de toda otra. Por lo que los
representantes de la Convencion prócsima tendran presente ser tal la voluntad de
este pueblo haciendolos responsables de los males que resuhen si obran en sentido contrario", BVU. 011210. Perú. Iglesia 39, No. 46. Algunas semanas más
wde aparecieron en Lima, Imp. "El Católico", hojas volantes bajo el título de
Cuemon trmc~ntal reirindicando que los diputados debían jurar sostener la
religión católica. BVU. 011185. Perú. Iglesia 1, No. 14. El texto iigura en Apéndice 2.

19. &amp;poáción del Capítulo Metropolitano de Lima a la Convención Nacional, ,obre
la e:xclunon de lo, faho•·culto1 y ,obre lo, derecho, de libertad y de propiedad
de 1a lgk,ia. Lima, Imp. Feo. Solís, 1855; texto fümado por José Manuel Pasquel y Lozada .-obispo Eretria-, Lucas Pellicer, Bartolomé Herrera, Carlos
OJbea, Manuel Antonio Urrismendi, Nicolás Garay, Pedro de Benavente, Pedro
José Tordoya, Pedro Pablo Rodrígues, Francisco M. de la Banda, Miguel de los
Santos Bennejo, Mateo Gomes, Joaquín Jordan, Manuel l. Menacho, Julian Enderica. José Cebrlan, Toribio Salcedo, Camilo José Garrido.

20. E11M1:yo sobre lo, principio, de tolerancia 1entodo1 por D. Julio Manuel del Portillo en m pr&lt;&gt;srama publicado en El Comercio del 13 del presente me&amp;. Lima,
Imp. J. M. Masias, 1855.
21. El ckro regular y m, bienes, ante la lei polítú:a y civil. Arequipa, Imp. Feo. lb~
ñez y Hmnos., 1855.
22. Mariano Salcedo.lnfonne que a solicitud de la Vú:aría de la lJiócesü de Arequipo emite fpánoco de Orurillo, sobre lo, proyectos de ley de ,up,emn de dieftmo, y obllffldona parroquialea.Lima, Imp.del "católico", 1856.

55

mosvisto hasta ahora", lbid.,pp.12 y ss.
28. José Sebastián de Goyeneche y Bmeda. Representación del obúpo de Arequipa al
Supremo Gobierno PrOllinonal de la República, aobre el fuero ecluirútico,
10$ diezmo1, primicia,, y derecho, parroquialea. Arequipa, lmp.Fco. lbáñez y
Hmnos, 1856 (24 de agosto).
29. Uno de los puntos más controvertidos de la Constitución de 1856 -texto no
aceptado por ningún obispo peruano alegando que los legisladores no habían
consultado las cuestiones referidas a la instituciÓn eclesial con la Santa Sed~
fue el relativo a los fueros personales; la jerarquía eclesiástica enrió un memorial
al Congreso oponiéndose a la supresión, texto que fue defendüo en la Cámara
por Pedro José Tordoya, aunque la redacclón final del artíruJo sexto, correspondiente al Título m sobre las Garantías Nacionales no reconoció pririlegios
hereditarios, fueros personales, empleos en propiedad ni vinculaciones y d~
claró que toda propiedad era enajenable en la founa en que lo determinara la
ley, en J. Pareja Paz Soklán. Ob. cit., p. 660.
30. Es significativo que el Gobierno su¡gido de los sucesos del 1857, hechos que
habían permitido a Castilla aislar a los elementos más radicales de la Cámara,
estaba dispuesto a ielanzar los planes de colonización, continuación de los
proyectos de 1853, relativos a la entrada de colonos alemanes en el Peni, pob.J.a.
ción que se consideraba beneficiosa para la apicultura e industria del país.
Memoria que pruenta al Congre.o Extraordinario de 1858 el Minútro de
Gobierno, Culto y Obra, Públicas. Lima, Tip.Nacional, 1858,pp.19-29 y 31-51.
31. En la Cámara de 1860, Bartolomé Herrera realizó una férrea defensa del fuero y
de la existencia de vinculaciones, basando su argumentación en los beneficios
que comportaban para la conservación de capitales y sustento de los sacerdotes,
procedentes de todas las clases sociales del país. Cf. todo lo relativo a los planteamientos de Herrera y su proyecto constitucional en J. Pareja Paz Soldán, Ob.
cit., pp. 239 y ss. y pp. 845-880. También en esta Asamblea se realizó un nuevo
intento, por parte del diputado Silva Santistevan, para excluir del artículo ~
lativo a la religión la fónnula "(La Nación) no pemúte el ejercicio público de
otra alguna", moción que fue derrotada por 79 votos contra 12.

23. Todas estas publicaciones nos proporcionan informaciones interesantes relativas
a aspectos económicos de la ig)esia, sobre los cuales no podemos detenernos en
este artículo.

32. Heraclio Bonilla.Guano y burguuía en el Perú.Lima, Instituto de Estudios
Peruanos, 1974, pp.55 y ss.

24. E,q,orici6n del Capítulo Metropolitano._, Ob. cit, p. 13; características similares al texto citado es el que afuma: "fue proclamada con refouna esencial á
los progresos materiales del pais, el establecimiento del cuho de la razon y de la
libertad. la aboticion de la moral y la confusion intrínseca de lo bueno y de lo
malo", en El clero regular y sw biene&amp;•., Ob. cit., p. 4.

33. La comisión que preparó el proyecto constitucional estaba formada por los repiesentantes del Norte: Pedro J. Saavedra, Juan Luna y Femando Casós; del
Centro: Manuel M. Rivas, Manuel Pérez y Francisco Lazo; del Sur: José M.
Quimper, Francisco García Calderón y Annando de la Fuente; en J. Pareja Paz
Soklán, Ob. cit., p. 261. Esta Comisión presentó su proyecto en la Cámara que
fue aprobado en sus líneas generales, el 8 de marzo de 1867.

25. &amp;poa:i6n del Capítulo Metropolitano.-,Ob.cit.,p.11.

26. Eruayo sobre l0$ principio, de tolenmcia.•., Ob. cit., p. 4.

'1:/. "¿Cómo se lab:raran nuestros campos si no admitimos ó llamamos la imnigraciÓn? ¡, y cómo vendrá esta de las naciones no católicas sin tolerancia de cultos ? Puede tzaeise de las naciones católicas europeas. La ley de intolerancia
no impide que vengan emigrados que no profesen nuestro cuho, como lo h~

34. A tal situaci6n había conducido probablemente tantos las transfounaciones
-por mínimas que fuesen- operadas en la sociedad peruana, oomo las publicaciones de personajes como Francisco de Paula González Vigil que en una de sus
obras decía: "El profundo convencimiento que tenemos de la suma utilidad,
por no llamarla necesidad, de atraer la concurrencia de t&gt;.stranjeros intelijentes
é industriosos á nuestras Repúblicas despobladas, nos ha movido á considerar el
punto de tolerancia y hl&gt;ertad de cultos bajo de diferentes formas en varios
opúsculos, y á fundarlo y defenderlo de los buenos y repetidos ataques de los
intolerantes", en De la Libertad civü de cultos, rin relijion del &amp;todo. Tacna.

�56

P. García Jordán; Progre.ro, inmwraci6n y culto, en Perú

57

SigloXJX

veneros de riqueza que yacen sepultados en el seno de nuestras inexploradas
montañas" en Anale, de la SCP, Arequipa, 1868, pp. 32-33.

Imp. "El Potvenir'', 1861, p. 3.
35. Juan Ambrosio Huerta.. Instrucción piutoral que obispo de Puno da a sus amado, diocesarnn, marcandole, la regla de conducta que deben observar en la ac•
tualidad. Puno, Imp. Popular, 1867 (7 de marzo).
36. Ibid., p. 14.
37. lbid., p. 34.
38. Manuel Teodoro del Valle. Expolición sobre la deaamorti:~ion de bienes
e(:k,iásticos dirigida al Soberano Consreso por el¡obupo. de Huánuco. Lima,
Imp. lose M. Noriega, 1867 -texto original en BN. D. 2569-; José Francisco
Ezequiel Moreyra. Al limo Sr. Dr. D. ]oaé Sebastiin de Goyeneche (Informe
sobre deaamorti:ación de biene.r ecle,iá,tico,). Ayacucho, 1867 -texto original en BN. D.2722; Pedro de la Flor. (Informe de vicario capitular de Arequipa,· ,obre deaamormación de biene, ecle.riómco,). Arequipa, 1867, BN. D.
2795; Francisco Orueta. &amp;policion que/obúpo de Trujillo, dirije al Ilmo.
S. D. D. Joaé Sebamán de Goyeneche. • •,obre el proyecto de lei de de,amortizacion de biene, eclu:iámco1. Trujillo, Imp. Francisco W. Rázuri, 1867.
39. No obstante el artículo relativo a la religiÓn católica fue reformado el 11 de
noviembre de 1915, cuando por la ley 2193 se mantuvo la religión católica c&lt;r
mo creencia oficial de la Naci6n pero se excluyó la fórmula "(El Estado) no
permite el ejercicio público de otra (religión alguna)" lo que equivalía a intr&lt;r
ducir la tolerancia de cultos.
40. Heraclio Bonilla, Ob. cit., p. 63.
41. Anale, de la Sociedad Católico-Peruana in,ialada en Lima en 22 de mayo de
1867. üma, Imp. José Masias, 1868, p. 5._
42. Analu de la Sociedad Católico-Peruana inaugurada en Arequipa el 19 de julio de 1868. s.p.i, Anale, del Con,ejo Departamental de la Sociedad CatólicoPeruana. Arequipa, Imp. Santiago Galdos, 1869, T. 11, Anale, de la Sociedad
Católico-Peruana inaugurada en Puno el 1 de noviembre de 1868. Puno, Imp.
"La Iglesia puneiía", 1868, Anale, de la Sociedad Católico-Peruana. • •Lima. •. ,
Lima, Imp. José Masías, 1868, y José Sebastián de Goyeneche y Barreda.
(Circular ,obre el ettablecimienw de la Sociedad Católico-Peruana), fechada
en Lima el 20 de IIlllIZO de 1868.
43. Analel de la SCP/Arequipa 1868, pp. 33-34. Los miembros de la SCP afirmaban que el "proceso revo~cionario" que los liberales pretendían imponer en
el Perú procedía de teorías y doctrinas swgidas en Europa, donde habían causado el mal de todas las naciones, filosofías tales como el panteismo, protestafr
tismo, deísmo, racionalismo, socialismo, comunismo, y todos los "ismos" p&lt;r
sibles.
44. En palabras de Pedro José Bustamante, Presidente de la SCP arequipeña, ni la
civilización ni el progreso estaban reñidas con la unidad religiosa pues: "El c&lt;r
mercio y la industria en general . . nada deben a la libertad de cultos, pues es
notoño que florecieron ántes que ella. Un país nuevo y despoblado como el
nuestro, nece.sita ciertamente de la afluencia de industriales estranjeros que
vengan á dar vida y animacion á nuestro inculto territorio, á explotar tantos

45. Según rezaba el artículo 4o. del Reglamento -cuyo extracto figura en Apéndice 3-- "La Sociedad no podrá ingerirse en manera alguna en asuntos políticos" en Analu de la SCP Lima 1867, p. 12. Sobre el mismo tema se pronunciaron varios de los dirigentes de la entidad en las respectivas inaugunciones públicas, entre ellos Pedro José Bustamante, Manuel M. Cornejo, José Ma.
La Jara, etc.

46. Pilar García Jordán. Et, ctrt6lic, catalanl i la Segona República, 1931-1936.
Barcelona, Publicacions de r Abadía de Montsenat, 1986. Cf. también
J. A Portero Molina. Púlpito e ideolop, en la E,palla del riglo XIX. Zaragoza, Pórtico, 1978, o J. Klaiber. Religi6n y revolución en el Perú, 182¼1976.
Lima, Universidad del Pacífico, 1980.
47. Analel de la SCP, Lima, 1867, p. 6.

APENDICES
l.

Representación suscrita por vecif!&lt;&gt;S d~ Lima para q~~ se esclarez~~ !l
significado exacto de un decreto relatwo a la profeswn de la relrgwn
católica por el Estado en funcwn de otros credos. Lima, 30 de noviembre de 1822.
El Pueblo Heroico de Lima, hace presente a Vuestra Soberanía, que
habiendo dado el 7 de Septiembre del año pasado las pruevas mas relevantes de amor al Patrio suelo con que Dios le favoreció, se halla resuelto á dar las mayores para conservar en su seno, sin ruga ni manS1lJa
la Religion Santa Catolica Apostolica y Romana, unica verdadera. Y
creyendo firmemente que el art. 5o. de bases en los tenninos que se há
sancionado, deja abierta la puerta á interpretaciones siniestras, distantes sin duda de la fé de todos los Sres. Diputados que se hán conformado con el, Suplica á Vuestra Soberania, el que se exclaresca sumente, de un modo difinitivo con la adiccion propuesta por el Sr. Larrea, a
saber, con exclusion de otra alguna. 1
Esta Sr., es la voluntad expresa de todo este Vecindario, y lo es igualmente de los Pueblos de su Departamento pues el Teniente Gobernador de Chilca don Juan Nepomuceno Manco, bá hecho saber á varios
Vecinos de esta Ciudad, el disgusto grande que se nota en los naturales
de dicho Pueblo, y en los de Conchucos, Yayos, y Huarochiri,2 por haber sabido que se trataba de alterar la Religion unico vinculo que los
liga á Vuestra Sobernia.
La misma decisión há manifestado el Sr. Larrea por el Departamento
de Huaylas y el Sr. Sanchez Carrion por el de Trujillo. De modo que
todos los Pueblos Libres del Perú declaman altamente contra la tolerancia Religiosa, y piden que se exprese claramente en el citado artículo la negativa á todo culto fuera del Catolico que profesan.
Y si algunos de los Sres. Diputados Suplentes de las Provincias ocupadas por el enemigo, tienen voluntad presunta de que los Pueblos que
representan quieren admitir la tolerancia, que aboguen enhorabuena

�58

SiBfoXJX
P. Carda Jordán: Progruo, inmigración y culto.en Perú

por ella. Mas este Pueblo Sr. que reconoce, y ama el divino don de la
fé, como la Joya mas preciosa que debe conservar, y transmitirá sus
hijos, y nietos de generacion en generacion, pura y sin mansilla como
la recibio de sus Padres, y Pastores, renuncia á la faz del mundo cuantas ventajas temporales podria proporcionarle la mescla con los heterodoxos, 3 y protexta el que ni ahora ni nunca se conformará ni admitirá
ninguna sancion en contrario.
L?s ~dadanos bo~dos que subscriven esta representacion, creén
dár a Vu~stra Soberarua, con ella, la mayor satisfaccion y consuelo,
por que siendo estos sentimientos los mismos que le animan, le será
m~y grata la resolucion que piden, tán conforme á la voluntad de los
mismos que los representan; cual es, el que la Religion de la Republica
del Perú es, y sera siempre la Catolica, Apostolica Ro ,na~ unica verdadera con exclusion de otra alguna.
Lima Noviembre 30 de 1822. Señor Pedro Tbadeo Bravo Zaval (rúbrica)5
2.

Cuestión trascendental. Lima, 13 de julio de 1855.
Una cuestión importante se ventila en estos dias en la Convencion Nado~ el juramento que su~ miemb;os deben prestar de sostener la
~e~on que profesamos, y d~ creeran los pueblos del Perú? ¿podrian
rmagmarse que en nuestro pais, y despues de sus protestas tan termi~tes, los Di~utados á la Convencion, pensarán hacer cuestionable, el
J~amento pedido de respetar y sostener la Religion Católica, Apostólica, Romana? pues ello es cierto, y si parece inconcebible una tal aberración, mas increíble será, que una gran parte de estos mismos con su
Preside!'~e al frente, esten elu~en?o de todos modos se apruebe esta
prop0S1c1on, y procuren reducir a la nulidad el tal proyecto con el
nombramiento de dos nuevos comisionados para ahogar el catolicismo, despues de haber sujetado á comision el concienzudo proyecto
que deb~ó aprobarse por unanimida? tan luego que se presentara, y qu;
aun debieran haber deseado se pusiese en planta esa proposicion para
hacer patente á los pueblos su decision de justicia dejando ver al mundo entero, que eran realmente Católicos, y no mazones ocultos con la
capa del catolicismo.
i~~eblos del P~ní! ~~stros representantes os venden, iDiputados Catolicos! ~aced unprrmtr los nombres de los enemigos del Catolicismo
que t~nets en vuestro seno, para qµe el pueblo conozca quienes son sus
enemigos y los q_ue p_or sus protestas no son realmente diputados,
puesto que en debido tiempo les retiraran sus poderes; y siendo el pueblo el soberano, segun su misma opinion, y desempeñando los convenci_onales el encargo de ese pu~bl_o su soberano y su juez, no pueden de
nmgun modo traspasar los hm1tes, que sus poderdantes les confiaran
pues es principio de derecho, que es nulo todo lo que obre un apode~
rado, mas allá de sus poderes respectivos. Por nuestra parte recordamos de nuevo sus deberes á los Sres. Portillo6 y Cortés, nuestros representantes en las Cámaras y les decimos también que si sus nombres
no estan entre los defensores de nuestra Santa Religion les retiran su
nombramiento.
Lima, á 13 de julio de 1855. Los Limeños.
Advertencia.- La nota del Sr. Ministro del Culto que se ha publicado
en "El Comercio" del Martes próximo pasado, está victoriosamente

59

destruida por el artículo á los Editores de ..El Comercio" que se rejistra en el número 11 de periódico Católico, y la publicidad de esa nota
tanto tiempo despues de pasada, demuestra á toda luz la intención
hostil del Ministerio para con los Editores de "El Católico".
3.

Extracto del Reglamento de la Sociedad Católico-Peruana. 7
Haciendo uso del derecho de asocíacion, cuyo inicio garantiza el artículo 17 de la Constitución de la República, se ha formado la "Sociedad Católico-Peruana", con el fin de defender el Catolicismo y sus
derechos en el Perú, de los ataques que directa ó indirectamente pudieran dirigírsele; de propagar las doctrinas católicas, procurando ademas la union y recíproco auxilio de sus miembros.
Los medios que empleará la Sociedad para conseguir (?) su fin serán
puramente pacíficos, protestando de palabra ó por escrito, de cualquier acto, discurso ó publicacion, que tienda a dañar la integridad de
la fé ó á destruir la unidad católica en el Perú, y haciendo publicaciones periódicas ó de cualquiera otra clase, con el objeto de defender ó
propagar el Catolicismo.
Como la Sociedad no se propone otra cosa que defender y propagar la
verdad católica, no tendrá injerencia alguna en asuntos poüticos, que
deberán serle completamente estraños.
Y debiendo obrar á la luz del di&amp;, no aceptará como miembros á los
que lo sean de alguna sociedad secreta.
Se consideran como socios, los 9ue libre y espontáneamente manifiesten su voluntad de pertenecer a la Sociedad. No serán admitidos en
ella los que á juicio de los respectivos consejos, observen una conducta
reprensible.
Son obligaciones de los socios: obedecer las ordenes de sus superiores
inmediatos; inscribirse en una decuria determinada; protejerse y socorrerse mutuamente, sin perjuicio de hacer estensiva la caridad á las personas estrañas á la Sociedad.
La Sociedad será rejida por un Consejo Central, residente en la Capital
de la República, y por Consejos Departamentales. Sus miembros se
distribuirán en secciones de á mil ó lejiones de á ciento ó centurias y
de á diez ó decurias. Cada una de estas secciones reconocerá un jefe
diverso. De una á diez decurias se formará una centuria y de una á diez
centurias una !ejión.
El Consejo Central se compondrá de doce vocales vitalicios. Para remplazarlos y ayudarlos en sus labores, se elejirán tambien doce vocales
honorarios, igualmente vitalicios.
El Consejero Central nombrará los cinco miembros de que deben
componerse los Consejos Departamentales, en cuyo cargo durarán dos
años, pudiendo ser reelejídos.
Los Consejos provinciales se compondrán de tres miembros elejidos,
por el Consejo Central á propuesta de los respectivos Departamentales.
La duracion de sus cargos tambien es de dos años.
Para remplazar y ayudar en sus labores á los miembros de los Consejos
departamentales y provinciales, nombrará el Consejo Central tantos
Consejeros honorarios, cuantos sean los propietarios que forman aquellos Consejos.
Para ser lejíonarío, centurion ó decurion, se necesita tener veinte y un
años de edad, la plena confianza del Consejo que los nombra, no haber

�60

SiBfoXIX

P. García Jordán: Progre.o, inmi,sración y cultcn en Perú

manifestado doctrinas y tendencias contrarias al espíritu de la Sociedad y no haber sido condenado por sentencia judicial á pena infamante.
Los deberes de los lejionarios son: velar sobre la conducta de los
centuriones y decuriones de su lejion, trascribir á los centuriones las
comunicaciones del Consejo de que depende, llevar un rejistro de los
asociados de su lejion, expresando el nombre, apellido, profesion y
estado de cada uno de ellos, esforzarse por tener completo el número
de centurias de su lejion, avivar el celo de sus centuriones, consultar
al Consejo las dificultades con que tropiece en el cumplimiento de
sus deberes, é informar trimestralmente al Consejo sobre el estado de
su lejion, evacuando además todos los informes que este le pidiere.
Los deberes de los centuriones son: vijilar sobre la conducta de los
decuriones, trascribir las órdenes que reciban de los lejionarios,
llevar como estos un registro de las personas que componen su ::entuña; esforzarse por tenerla completa, reunirla siempre que lo permitan
las circunstancias, para conservar vivo el espíritu de la Sociedad,
consultar con el lejionario las medidas que crea necesarias emplear
para conservar la disiplina de su centuria, é informarle mensualmente
sobre el estado de ella.
Los deberes de los decuriones son: estrechar cada vez mas sus relaciones con los asociados de su decuria, procurando captarse su confianza,
con afabilidad y modestia, y evitando toda manifestacion de superioridad, procurar la conciliacion en las cuestiones que se susciten entre
los asociados de su decuria, reunirlos para leerles las instrucciones
que les dirija el lejionario inmediato, avivar su celo, auxiliarlos y consolarlos en sus necesidades, manifestar á los centuriones las dificultades que encuentren en el cumplimiento de sus deberes, y llevar
como los lejionarios y centuriones, un rejístro de los miembros de su
decuria
Los miembros de la Sociedad erogarán diez centavos mensuales, para
la formacion de rentas de la Sociedad, pudiendo ser eximidos de esta
obligacion los, que, á juicio de los respectivos Consejos, no puedan
cumplirla La recaudación de esta renta correrá a cargo de los Tesoreros que nombren los diversos Consejos, ayudándolos en la recaudacion
los respectivos lejionarios, sin exijir ni unos ni otros retribucion alguna.

NOTAS APENDICES
l. Subiayado en el original

2- lbül
3. lbüJ.
4. lbül

S. ZavaJa es d primero de una laiga lista de nombres, todos ellos "fuerzas vivas''
de la sociedad limeña

61

6. Este pezsonaje es el mismo que í,gura en la nota 20 del texto.
7. El Reglamento completo íigu.ra en Anaie, de la Sociedad Cotólico-Püutalada en Lima en 22 de mayo de 1867. Lima. Imp. José Masías, 1868,
pp. 11-21. El extiacto del Reglamento enlbül, pp. 8-10.

�El agrarismo liberal
en México

Luis González y González*

L

El credo de la Reforma se define el mismo día en que los insw:gentes
de Ayuda se autonombran liberales y llaman consetvadores y "cangrejos"
a los paladines de la dictadura santárúca. Ese credo compartía, a la mexicana, las filias y las fobias del liberalismo europeo y del estadounidense:
la voluntad de enriquecimiento, libertad, orden, democracia y ciencia, y la
,ioluritad de tradición. Comportaba también un par de dogmas nacionales.
Uno, formulado por Miguel Lerdo en 1856, dice: " El suelo de México es
uno de los más fértiles del mundo." 1 El otro, con palabras de don José
María Vigil, afirma: "(los mexicanos no podemos) hacer física, material,
positivamente efectivos los dones de que se nos ha colmado".2 En la raíz
de la grandeza natural se entrevió la obra de la Providencia; en la pequeñez
humana, la labor &lt;le la Historia.
Según los reformadores, existía un indomable antagonismo entre los
antecedentes históricos de México y su engrandecimiento futuro. En vez
de considerarlos " como hase indispensable de cualquier cambio, como sucede en general en todos los pueblos", se bablaha de " removerlos radicalmente para lanzarse por una vía del todo nueva".3 "Queremos romper
-decía Julio Záratc- con las tradiciones que nos k-gara un pasado de inmensos errores y de imper&lt;lonahlu.- locuras" f y Francisco Zarco: " No somos como esos legisladores que capitulan cou el pasado. .. ; legislemos ¡,ara
el porvenir.''5 Ellos gravitan hacia un futuro CU}'OS principales ingredientes
eran la libertad, el saber científico}' el confort.
Componían la prl--visla Libertad nna media docena de libertades, apellidadas económica, tH&gt;líLica, intelectual, religiosa, pedagógica y de Lrc1liajo.
*El Colegio de Michoacán. Una versión previa de este trabajo se publicó en 1/istoria
M..xicana, 28, El Colegio de México. abril-junio de 1958.

�64

L. González y González: El agrarismo liberal en Méxie-0

SigloXIX

Este surtido laissez-faire presuponía la supresión del Tirano y la noble tiranía de la Ley, la cual, para mantenerse equidistante entre el despotismo
y el cao!&gt;, necesitaba de la democracia entendida como gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, siempre y cuando el pueblo fuera capaz de hacer buen uso de su razón. Nuestros reformadores temían que el
mexicano no llenara este requisito. " ¿Cómo se han de establecer y afirmar
las instituciones liberales -se preguntaba Castillo Velasco en el Congreso
Constituyente d~ 1856-:- si hay una mayoría de ciudadanos para quien la
libertad es una quimera y tal vez un ahsurdo?''6 La democracia mexicana,·
si quería prevalecer, debía educar.
La ciencia moderna, metódica, convincente, válida para la totalidad de
los hombres, capaz de descifrar todos los enigmas y vencer todas las resistencias (según se anunciaba la del siglo XIX), debía educar al mexicano para la democracia. El grupo que se arremolinó alrededor de J uárez no se
propuso que su patria colaborase a corto plazo en el desenvolvimiento del
espíritu científico; contentábase/con difundirlo, rápidamente, en su última
fase, en todos los ámbitos del pa~ y también, con igual premura, se empeñaba en obtener de sus derivaciones técrúcas una mejor explotación de los
recursos naturales y una economía mecanizada para sacar a México de la
pobreza (que "encierra en su seno lacerado el germen de todos los males")
y llevarlo a un estado de bienestar material.

La sed de enriquecimiento vino a ser actitud plausible. Si los promotores de la Reforma no se enriquecieron; no fue por falta de ganas rú de
oportunidades. Estimaron que su papel de apóstoles de la nueva doctrina
les imponía la obligación de introducir el bien en la casa ajena antes que en
la propia. También cometieron otra anomalía: en vez de perseguir la riqueza nacional por el camino de la industria, a la manera europea del siglo
X1X, la procura.ron por el rumbo de la agricultura, quizá por no apartarse
del modelo norteamericano que se habían impuesto, pero más presumiblemente por creer que el país contaba con recursos agrícolas potenciales
muy superiores a los entonces efectivos, creencia que no podían des-mentir las inexistentes estadísticas agrarias, y mucho menos la precaria
rusticidad de los reformistas.7
El hecho de que la Reforma haya nacido en el minúsculo caserío de
Ayutla, acaudillada por un hacendado, no debe hacemos creer que sus autores fueran rancheros. Los más se habían educado en la ciudad, y ejercían allí oficios de burócratas, médicos, ahogados, periodistas o poetas.
Eran personas de modestos recursos económicos, de clase media urbana,
que no desconocían del todo la vida campestre. En algunos, este conocimiento provenía de sus experiencias infantiles; en otros, de haber convivido transitoriamente con labriegos durante los rigores de la lucha civil.

65

Su saber acerca del campo les permitió darse cuenta de la mala situación
de los campesinos, pero no de la verdadera magnitud de los recursos agrícolas. Así pudo mantenerse la idea de un paraíso mexicano "donde no
sólo es eterna la primavera, sino eternos, si puede decirse, los elementos
de vida, de prosperidad y de progrcso".8

Las peculiaridades apuntadas no agotan los temas de la "actitud primaria" y la "cosmovisión" de los hombres de la Reforma. Pero bastan como introducción a tres rasgos de aquel partido: el rumbo agrícola_ que
tomó su concupiscencia económica, su imagen del p~blema agr31:10, y
( dentro de las timideces ~r~pias de la escuela) la_ a~dacia de_ su agransmo.
Mientras los gobiernos similares de Europa resist1an heroicamente a la
tentación de entrometerse en asuntos del campo, el nuestro se empeñó en
convertir las tierras vírgenes en madres fecundas, a los miserables sin tierra
en terraterúentes prósperos, a las víctimas del peonaje en seres libres, y a
los esclavos del mito en señores de la ciencia positiva.

IL
El problema agrario, para comenzar, fue descompuesto en sus partes
por la inteligencia reformista. En el orden técrúco se lamentó la escasez de
brazos para el cultivo de la tierra, el uso rudimentario del abono y el riego,
el atraso de la labranza, la tala de bosques, la carencia de capital y los raquíticos medios de comunicación y transporte; en el orden institucional,
la abundancia de terrenos baldíos, las comurúdades indígenas, las deprt&gt;
daciones de los "bárbaros", los diezmos, la mano muerta, ~l latifundio, el
peonaje, la discordia civil y la leva; en el orden intelectual, las co~cepciones mágicas y arúmistas, la religiosidad aunada al desapego cientifico, la
ignorancia del idioma español en unos y la falta de letras en todos.
La sociedad rural -escribe José María Vigil- "no guarda proporción
con su territorio"; su número está muy por debajo de "los infinitos elementos de riqueza que encierra el suelo que ocupa"'. Hacia 1857 había
ocho millones de mexicanos: menos de dos habitaban en ciudades: más
de seis eran campesinos que sólo labraban una mínima parte de la superficie del país, y no la mejor, que se mantenían en "estado de naturaleza".
Así en el inmenso Norte la península de Baja Califorrúa, el delta del Colorado, la mesopotamia sonorensc, la Sierra Madre Occidental, y lo más de
las llanuras de Chihuahua, Coahuila, Durango y Tamaulipas, tierras que
podían convertirse en un Far West mexicano. También en la región tran&amp;tehuana había fertilísimas zonas vírgenes: ciénegas de Tabasco, selvas del
sur de Yucatania y del noroeste de Qriapas, y la llanura costera del Soconusco. Aun la porción media del país, la más poblada y productiva, tenía
feraces reservas territoriales en ambas costas.

�66

SigloXIX

La exigua población-rústica se limitaba a cultivar el suelo que habían
amansaqo las sociedades precolombinas y los colonos españoles: el Anáhuac, la zona oriental del Válfe del Balsas, los vallecitos de la Sierra Madre
del Sur, el norte de Yucatania, el centro de Veracruz, e islotes rodeados de
desolación en lo restante del país. El estómago, que no el apetito de lucro,
decidía los cultivos: maíz, frijol, trigo y chile para las comidas; caña de
azúcar, café y tabaco para los postres del beau monde, y maguey para aperitivos y digestivos de la gran- masa del pueblo. La excepción a la regla la
ofrecen algunas haciendas de ganado, las fincas henequeneras de_ Y ucatá~
el cultivo del añil y la vainilla y las explotaciones forestales en las zonas
costeras de Veracruz, Tabasco y Campeche; las últimas, navajas de doble

filo.
Ya se veía en la tala caprichosa de los bosques rm factor adverso a la
agricultura. En su estudio sobre la propiedad territorial, dice Manuel
Payno:
En México, generahnente los indígenas que tienen bosques en
común y los propietarios que trafican en madera, han abusado de
una manera escandalosa de la tolerancia o descuido de las autori•
dades, y día tras día v~mos tornar frondosas selvas en eriazos y
descarnadas lomas que alejan la población, hacen tardía la estación de lluvias y acaban con todos los elementos de subsistencia y
vida.9
Con todo, los pronósticos de Payno no quitan el suefío a los taladores
de bosques, quienes, como todos los campesinos, permanecen fieles al imperio del hábito.
En rm folleto de 1848, atribuído a Mariano Otero, se dice lo que después se repetiría incansablemente:
Hasta ahora han sido vanos para los labradores de México todos
los descubrimientos y mejoras que se han hecho en otros países
de algunos años a esta parte para abreviar y hacer más económicas
las operaciones de la agricultura.10
Las herramientas y los sistemas de cultivo seguían siendo tan añejos
como ineficaces. Muy pocos agricultores regaban y abonaban sus tierras, y
ninguno conocía los modernos medios para procurarse agua y beneficiar
con abonos químicos sus sembradíos. Eran hombres del pasado, y aun a
los administradores de las haciendas les daban miedo las mejoras técnicas
introducidas por los norteamericanos en los métodos de producción.
Al misoneísmo &lt;le los labriegos se sumaba la carencia de capital: eran

L. Conza1ez y Conzález: El agrarismo liberal en México

67

desconocidos los bancos de crédito agrícola, y las tareas agropecuarias no
permitían la capitalización. Ni los pocos labradores adinerados obtenían
ganancias apreciables, salvo si después de un año fértil venían dos o tres
estériles, y si sus sementeras colindaban con alguna ciudad o puerto que
consumiera o diera salida a los productos. Generalmente cada comunidad,
rancho o hacienda producía ni más ni menos que lo necesario para satisfacer el consumo estrictamente local. Trasponer este punto era exponerse a
los riesgos de la superproducción, y no cultivar en cada sitio lo necesario
para vivir era signo premonitorio del hambre. "La falta de consumidores
-escribe Ignacio Ramírez- hace que el labrador sólo siembre lo muy
preciso." 11
Varios factores concurrían a esta desgracia. Uno era "la odiosísima
servidumbre del sistema de ruuilialas". Otro, lo disperso, escaso e indolente de la población nacional Y sobre todo, la ineficacia de los medios de
comunicación y transporte. Las recuas de mulas y las carretas de bueyes no
pennitían excesos en la agricultura, por ser transportes caros, lentos e insuficientes, que hacían incosteable el tránsito de mercancías de los centros
productores a los mercados del país, y aún más a los extranjeros.12 La fal.
ta de vías férreas, fluviales y marítimas era funesta, y el pésimo estado
de las pocas carreteras existentes ponía en el cuadro una última y sombría
pincelada.
Agréguense a la lista de factores adversos las instituciones rurales, rémoras de la economía y sobre todo de la libertad, la democracia y el orden. A esta especie pertenecían los terrenos baldíos, administrados oor F.spaña en la época de la dominación y por el gobierno mexicano a partir de
1821, de los que se sabía que ocupaban una gran parte del país, pero no su
exacta ubicación, extensión y calidad. Los más eran vírgenes; muy pocos
estaban cultivados por ocupantes indígenas sin título de propiedad, y una
porción mayor era frecuentada por la apachería, gente nómada que hacía
sumamente difícil la vida, la agricultura y el pastoreo en los estados de
Sonora, Chihuahua y Coahuila.
Los apaches, habilísimos en el manejo del caballo, la lanza, la flecha y
las armas de fuego, conocían el arte de la guerra y eran insuperables en la
caza. A la nútad del XIX, cuando los f arwesteros yanquis empezaron a disputarles la tierra, se enfurecieron hasta el punto de convertirse en el peor
azote de vidas y fortunas a uno y otro lado de la raya fronteriza. Conducidos por capitanes que añadían a su nombre el epíteto jaské, que significa
"valiente", iluminados por el "capitán del cielo", caían en grupos de diez,
quince o veinte individuos sobre caravanas, haciendas y pueblos. Eran aficionadísimos a asesinar varones y a convertir en botín las bestias, las mujeres y el cuero cabelludo de sus víctimas. Debido a su eficacia en el ejercí-

�68

SigloXIX

cio de la devastación se retardó el poblamiento del Norte y se despoblaron
velozmente las pocas zonas habitadas y en cultivo.
Los sonorindios (pimas, yaquis, mayas, tarahumaras, etc.) buscaban,
como los apaches, el abatimiento del blanco; pero, aparte de tener un delgado barniz de civilización occidental, practicaban la agricultura, aunque
(para su desdicha) en terrenos,que se presumían baldíos. Lo mejor del suelo sonorense, la mesopotamia situada entre el Yaqui y el Mayo, la poseían
ilegítimamente. En acatamiento a la ley, se procedió en 1825 a medirla y
evaluarla, lo cual no llegó a conseguirse porque sus ocupantes se declararon
en rebeldía. Desde entonces yaquis y mayos siguieron en pie de lucha contra los posibles invasores de sus tierras. En guerra e independientes los sorprendió el gobierno emanado de la revolución de Ayutla.
En el otro extremo del país, la creencia de que "los indios no oyen
sino por las n;tlgas", puesta en práctica por los terratenientes yucatecos,
hizo estallar en 1847 una guerra crudelísima. Durante tres años se mató,
se robó, se quemó sin tregua ni piedad. Al cabo de ese tiempo, se convino
tácitamente que los insurrectos ocuparan el sur de la Península, y los ru
tiguos amos, más los indios fieles, el norte. Los del Sur se organizaron en estados libres, se dieron una religión nueva, trabaron amistad con los angloheliceños, y con las armas que éstos les daban a cambio de madera invadían y devastaban periódicamente las haciendas de sus antiguos señores
quienes, por su parte, hacían también frecuentes incursiones a las guaridas
de sus ex siervos y a cuantos lograban pillar los vendían como esclavos a las
negreros de Cuba. Este ir y venir de unos y otros produjo un sinfín de males y una nueva actividad agrícola: la industria henequcnera.13

La mayor parte de los indios mansos (nahuas, otomíes, tarascos, zapotccas, mixtecas, totonacos, huaxtecos, etc.) se repartía en cinco mil pequeñas aldeas que, en vez de considerarse partes de un todo nacional, se sentían como mundos cerrados. Cada una era dueña de un territorio de escasa
superficie y generalmente de mala calidad, dividido en "fundo" (lugar donde se asentaba el caserío), "propios" (terrenos destinados a sostener el
ayuntamiento), "ejido" (para los usos comunes de la población) y "tierras de común repartimiento" , usufructuadas individualmente por los vecinos y poseídas en común. Cuando cesó la tutela sobre el indio en virtud de
la implantación del régimen de igualdad jurídica, las haciendas arrebataron a los pueblos parte de sus posesiones hasta el punto de hacerlas insuficientes para sostener al vecindario y obligar a los vecinos a engancharse
de jornaleros. Por su parte, un clero hostil al partido liberal y negligente en
la administración de los bienes celestiales por apego a los de la tierra, manejaba las comunas a su antojo y recibía de ellas diezmos y obvenciones
parroquiales.

L González y González: El agrarismo liberal en México

69

IIL

La riqueza estancada del clero, la célebre "mano muerta", comprendía bienes muebles e inmuebles, productivos e improductivos, rústicos y
umanos, destinados al beneficio de órdenes religiosas, sacerdotes seglares,
seminarios, cofradías e institutos de enseñanza. Según los cálculos de
don Miguel Lerdo de Tejada, que concuerdan con los de don Lucas Atamán, el valor de esos bienes ascendía, a mediados de siglo, a cerca de trescientos millones. El hecho de que no estuviesen a la venta se consideraba
nocivo para la hacienda pública y para la economía privada. Aquélla dejaba de ganar lo correspondiente a traslaciones de dominio, y ésta no podía invertir su dinero en la compra de unas propiedades entre las que se
contaban ochocientas o novecientas fincas rústicas arrendadas a particulares, quienes, además de no poder hacerlas suyas, las atendían indebidamente.14
Los terrenos de propiedad individual se llamaban, según su extensión,
ranchos o haciendas. Los ranchos (pequeñas propiedades) eran vistos con
simpatía por los prohombres del liberalismo; las haciendas, con superfi.
cíes de más de mil hectáreas y población de más de cien vecinos, fueron
mal vistas. En 1854 había 6,092 haciendas y un número sensiblemente
menor de hacendados. Las del Norte y de las costas eran tan vastas que,
para recorrerll\S de punta a punta, se caminaban días enteros. Ponciano
Arriaga, el orador de locución tarda y frase dura, se pronunció contra
ellas en el Congreso Constituyente:
La acumulación en una o pocas personas de grandes posesiones
territoriales, sin trabajo, sin cultivo, sin producción, perjudica el
bien común y es contrario a la índole del gobierno republicano
y democrático.15
Como es sabido, sólo una parte de las haciendas era explotada, ora
por cuenta exclusiva del propietario, ora, parcialmente, por cuenta de
los arrendadores, pero casi nunca bajo la vigilancia directa del dueño. Los
hacendados no solían vivir en sus haciendas por temor al bandolerismo y a
los pronunciamientos. Hacían sus veces los administradores que, según don
Luis de la Rosa, más que en los negocios del latifundio, se ocupaban "en
los placeres lícitos o ilícitos de la vida rústica: los coleaderos, los gallos,
las carreras de caballos y los amoríos con las jóvenes del lugar".16 De ellos
dependía toda la población de la hacienda: mayordomos, capitanes, vaqueros, caporales, peones libres y acasillados. Llamáhanse "peones libres"
los vecinos de los pueblos que trabajaban temporalmente en las haciendas,
y "acasillados" los adscritos de por vida al fundo.

�70

SigtoXIX
Me he convencido hasta la evidencia - prosigue don Luis de la
Rosa- que el sistema de cultivar las grandes propiedades territoriales por medio de jornaleros, a que se da el nombre de peones,
es funestísimo para la moralidad pública, y cada d{a ha de ser
más perjudicial para los intereses de los grandes propietarios.17

El jornalero, en especial el acasillado, era un pésimo labrador. El jornal apenas daba para mal comer, medio vestir y abrigarse en una choza de
varejones y zacate. Lo de menos era que una parte se les pagase en especie
y otra en vales canjeables en los tendajones de raya Lo verdaderamente antiliheral era la servidwnhre por deudas. Para cubrir gastos extraordinarios
(matrimonios, bautizos, borracheras y entierros) el peón se endeudaba
hasta el punto de quedar vendido al patrón, del que sólo podía clesprenderse mediante la fuga o porque otro amo pagara el monto de su deuda En el
primer caso era perseguido por las autoridades y, algunas veces, devuelto;
en el segundo, ¿qué podía ganar?
Dondequiera los administradores y mayordomos eran la misma cosa.

Las excepciones se cuentan con los dedos de la mano. Todos pagaban poco y pegaban mucho. A fuerza de látigo y puntapiés querían vencer la indeclinable pereza del peón, y a fuerza de entlapixcarlo, purgar sus pe&lt;[Ueños delitos, sobre todo el de embriagarse en lunes. Por más que las almas
liberales disculpaban al trabajador, p~es tenían la culpa el misérrimo salario, la servidwnhre por deudas, las agobiantes jornadas de sol a sol y los
castigos físicos, la casta de capataces insistía en su táctica y se negaba a ver
en d bandolerismo una secuela del maltrato, y en la tolerancia liberal un
buen remedio para la pereza y la sed de pulquc.1s

IV.
El peón, víctima del peonaje, era vengado por el bandolero, quien
nunca robaba a los pobres,
antes les daba dinero.

"Ladrón de caminos" le llamaron sus detractores, y "héroe del camino real", algunos liberales que reconocieron la justicia de su causa. Con
todo, nadie se atrevió a defenderlo abiertamente, pues no eran defendibles por moral alguna sus atentados a mano annada contra la vida, la hacienda y honor de propietarios y caminantes. Para asesinar y raptar se
agavillaba. Las gavillas, que se contaban por docenas en los Fstados centrales, no tenían bandera política aunque a veces buscaran el amparo de alguna con el fin de evitarse riesgos. Al frente de cada gavilla iba un capitán
"trigueño, robusto, curtido al sol y a la intemperie", hábil en el manejo
de caballos, sogas y armas. Durante uno de sus viajes entre Toluca y Méxi-

L. Gonzákz y Gonzála: El agrari,mo liberal en México

71

co, Ignacio Manuel Altamirano comprobó la destreza del capitán Roca, el
terror del Monte de las Cruces.19 Manuel Payno reveló los motivos, propósitos y fechorías de los bandidos de Río Frfo.3&gt; Perrohlillos, con menos
éxito, intentó hacer otro tanto con los plateados que caían sobre sus víctimas al grito de " ¡Viva l'hacha y santo filo!"21 Manuel Lozada y sus compañeros son todavía personajes en husca de autor.
Lozada fue el máximo bandido de su tiempo. Pobre e iletrado, en
1853, tras de ser peón en las Mojarras y huésped en la cárcel de la hacienda, inicia sus andanzas de bandolero al frente de una pequeña gavilla en la
que figuran indios coras. En menos de un lustro se convierte en amo y
señor del Séptimo Cantón de Jalisco. con capital en Tepie. Desconoce la
Constitución de 1857 y el gobierno de Juárez; devuelve a los indios de la
sierra de Alica la tierra de que habían sido despojados por los voraces
latifundistas; se señala como protector de los débiles y desvalidos; se pronuncia por el Segundo Imperio; Maximiliano lo condecora y el partido
liberal le planta el membrete de "Tigre de Aliea", nombre adecuado al
oficio de bandolero que tan heroicamente ejerció.22
No debe confundirse a un bandolero como Lozada con un jefe sedicioso o "pronunciado", incansable redentor del ejército en los cincuenta
primeros años de vida independiente. El "pronunciado" es militar experto, hombre de alguna educación, incapaz de alzarse en armas sin antes seducir a la tropa con promesas de grados, empleos y botín, y sin difundir
oportunamente, por medio de manifiestos y proclamas, los propósitos de
su "pronunciamiento": poner o quitar un gobernante odiado para sustituirlo con su persona Mientras lo consigue, se constituye en "árbitro y
dueño de todas las haciendas que recorre. Se apropia los mejores caballos,
mata los toros más finos, sus hombres desperdician las semillas y aniquilan los sembrados". Al conjunto de todos los pronunciamientos habidos
desde la consumación de la independencia hasta la victoria liberal, se da
el piadoso nombre de "lucha civil".23
Entre otros males, la "lucha civil" propició la leva que, aparte de
mancillar la libertad del hombre, robó sus mejores brazos a la agricultura.
Para hacerse de tropa -que oficiales y jefes los había en abundancia-, lo
mismo las partidas de sediciosos que el tirano en turno nunca prescindieron de la "comisión de leva" que caía en pueblos y haciendas, acorralaba
a los labrantines, seleccionaba a los más robustos y, seguida del llanto de
madres, viudas y huérfanos, los arreaba a un cuarte~ de donde, tras de
ejercitarse en el manejo de las armas, salían con rwnho "a todos los mataderos del país", a morir sin gloria, sin conocimiento de la "causa" por la
que peleaban y dejando una familia al garete.ai

�72

SigloXJX

V.

Hay todavía un tercer punto de la vida nística condenado enérgica•
mente por la Reforma: la supenivencia del mito. Las agrupaciones indígenas, sobre todo las más alejadas del centro, continuaban ~isas a_} imperio de una tradición mágica animista. El resto del campesinado, SI menos supersticioso, se aferraba a creencias y actitudes religiosas que, por lo
menos en parte, no se entendían con el progreso científico. La raza vernácula, por añadidura, desconocía el español y el arte de leer y escribir;
los otros labriegos se resignaban a sólo ser analfabetas; nadie en el campo
marchaba al compás de los ideales del siglo XIX, el siglo de la plenitud de
los tiempos.
El indio creía en un mundo donde todo era animado, regido unas veces por las reglas de la magia, y otras por 1a caprichosa voluntad de los
espíritus que habitaban en astros, cumbres, ríos, bestias y plantas. A esta
imagen del cosmos correspondía un ritual mágico y un culto, celosamente
cultivados por el pueblo y muy bien protegidos por un ejército de brujos.
Las creencias y las costumbres de apaches y sonorindios paraban en esto;
pero los demás indígenas injertaron en la magia y el animiSlno la religión
traída por la invasión española, y esto produjo, al decir de Guillermo Prieto, un "ponche" de "costumbres p6hlicas e íntimas dignas de la mayor
censura", toleradas por los párrocos católicos, ora por temor, ora por
descuido. 25

La superstición se conciliaba con la ignorancia del castellano. En vez
de idioma de los muchos, usábanse, entre indios, lenguas minoritarias y
pobres, tan opuestas a la unidad nacional como a la de los indígenas mismos. Cada etnia se entendía a su manera y había más de cien etnias aborígenes. Casi millón y medio de indios se expresaban en nahua; alrededor
de quinientos mil en otomí; un cuarto de millón, en maya; otra cifra igual
en idiomas zapotecas; poco menos, en mixteco; unos cien mil, en tarasco,
y grupos menores en alguna de las hablas restantes: totonaca, tzotzil,
tzeltal, huaxteca, popoloca, rarámuri, zoque, yaqui, chontal, etc.26 Ya
para entonces, ningún idioma de la vieja raza se escribía. "En vano buscaremos -afirma Ignacio Ramírez- quien componga en elegante azteca o
en sonoro tarasco", las dos lenguas de mayor tradición literaria.'Zl
Los demás labriegos, con ser hispanohablantes, no llenaban los requisitos de la modernidad. Su ideario religioso, aparte de no ser puramente
evangc'lico, de estar contaminado de superstición, amparaba actitudes intolerantes y misoneístas. Su saber profano era bien poco; su falta de letras,
total Y ni siquiera tenían oportunidades de instruirse. A las escuelas urha-

L. González y Gonuílez: El agrarismo liberal en Mmco

73

nas no iban los niños del campo, y en éste, teníase por cosa extraordinaria
la existencia de una escuela. Las empresas educativas de Alamán, Mora,
Alcocer, la Sociedad Lancasteriana y otras personas e instituciones de la
primera mitad del siglo XIX se señalan por su nobleza de propósitos y su
fracaso. Un censo de 1857 contó dos mil cuatrocientas veinticinco escuelas
que enseñaban a leer, escribir y rezar a unas ciento ochenta y cinco mil
criaturas, casi todas citadinas y decentes. Lupe Monroy escribe: "feliz podía considerarse el pueblo que tenía una escuela miserahle";lll y aquí, la
palabra "feliz" hay que tomarla como exageración retórica, pues ningún
pueblo lo fue por poseer una escuela donde un tirano impone su ciencia
apolillada a fuerza de chicote.

-

VI.

El agrarismo liberal se propuso rehacer la vida del campo. En lo que
mira a lo económico, trató de atraer capital extranjero, introducir nuevos
cultivos, modernizar la labranza, suprimir las alcabalas, y principalmente
aumentar la población, cultivar las zonas vírgenes con colonos de aquí y
de fuera, y construir ferrocarriles, canales, carreteras y telégrafos. En el
orden social, buscó el deslinde y la.venta de los baldíos, el reparto entre
sus condueños de las comunas indígenas, la desamortización de los bienes
eclesiásticos, la división de los latifundios, la libertad de trabajo y la guerra contra los apaches, los indios rebeldes, el bandidaje y la sedición. El
problema de orden intelectual quiso resolverlo con la laicización, difu.
sión y obligatoriedad de la escuela primaria y con un instituto de enseñanza agrícola. Algunos puntos de tan vasto programa ya habían sido intentados por las generaciones precedentes, en especial por la que en 1833 encabezó don Valentín Gómez Farías; otros son totalmente nuevos: sólo
quiero detenerme en los más importantes.
Escritos de Luis Robles, José María Iglesias, Sehastián Lerdo de Tejada, Francisco Zarco y Francisco Zamacona dejan traslucir una fe ciega en
la capacidad redentora y lucrativa de los ferrocarriles. Robles dijo:
La paz, el aumento de la población, el equilibrio entre las rentas
públicas y los gastos y la exportación de los varios frutos de
nuestro suelo, son las necesidades de México: todas el.las quedarán satisfechas cuando tengamos una red de ferrocarriles que
una nuestros distritos productores con las costas.29

Zamacona aseguró: "Los caminos de hierro resolverán todas las cuestiones
políticas, sociales y económicas que no han podido resolver la abnegación
y la sangre de dos generaciones." Como índice de la admiración y enbisiasmo que suscitaban los ferrocarriles, baste decir que el grupo porfirista denominó su vocero, en los años de 1867 a 1872, El Fe"ocnrril. 3&gt;

�74

L. Gonzo1ez y Gonza1ez: El ograri&amp;mo liberal en México

75

Sip,XIX

En 1856, la mayoría de los países europeos y los Estados Unidos disponían de una vasta red de caminos de hierro. México, en cambio, no había unido siquiera so capital con el mayor de sos puertos. La construcción
de ferrovías llegó a tomarse en serio cuando el partido liberal se hizo del
del poder. Siendo presidente de la República don Jwiacio Comonfort, se
otorgaron concesiones a varias compañías constructoras. La discordia
política y la inexperiencia de a1gunos concesionarios retardaron la tarea
Pasada la tempestad, se hacen nuevas concesiones y comienzan a entreverse los frutos de las antiguas. El 20 de diciembre de 1872 se unen en las
Cumbres de Maltrata los rieles que venían de V eracruz con los que iban de
México. El lo. de enero de 1873, el presidente Lerdo de Tejada inaugura
el camino por donde ingresarían, junto con un sinnúmero de bienes, los
anhelados extranjeros.
"La inmigración ha sido el sueño constante de nuestros gobiernos",
escribe Juvenal en 1871.31 Desde que México se hizo independiente llamó a inmigrantes agrícolas de los países más adelantados. En aquella edad
santánica vinieron muy pocos por temor al desorden y a la intolerancia religiosa de los mexicanos, según se dijo. El Constituyente de 1856, después
de acalorados debates, se decidió por la libertad de cultos. Y en el mani-

fiesto que desde V eracruz lanzan los prohombres del liberalismo, el 7 de
julio de 1859, se lee:
La inmigración de hombres activos e industriosos de otros países
es, sin duda, una de las primeras exigencias de la República, por•
que del aumento de su población depende ya no únicamente el
progresivo desarrollo de su riqueza y el consiguiente bienestar interior, $ino también la conservación de su nacionalidad. Por estas
razones el gobierno se propone trabajar muy empeñosamente en
hacerla efectiva, y para que ello se ejecute del modo que es conveniente. . ., cuidará de allanar las dificultades prácticas que se
oponen a su ingreso y a su permanencia en el país.32
El inmigrante acarrearía al país incalculables beneficios: mejoraría,
con el ejemplo, la situación moral de los mexicanos, y, sobre todo, haría
del nuestro "uno de los países agrícolas más ricos del mundo". Con él, se
convertía en tarea de años la colonización de las tierras vírgenes; sin él, en
obra de siglos. Por tanto, urgía apresurar su venida y establecer las primeras colonias. Comonfort sentó las bases: por ley de primero de afio de 1856
autorizó a los extranjeros a adquirir en la República toda clase de tierras;
en febrero ordenó el establecimiento de una colo,úa mixta de alemanes
en el estado de Nuevo León; en mayo dispuso la fundación de cuatro colonias agrícolas a los lados del camino de Veracruz. "En fin - escribe Anselmo
de la Portilla-, no perdonó medio de cuantos estaban en su mano para aumentar la !.)Oblación de la República."33

El presidente Juárez sigue por la ruta de su predecesor. En marzo de
1861 concede gracias a los extranjeros compradores de tierras mexicanas.34
En 1864 cede a una compañía estadounidense la mayor parte de la Baja
California, y otorga a sus colonos libertad de cultos, libre administración
municipal y exención de impuestos y contribuciones durante un decenio.'6
A cambio de tan manifiestas ventajas, la compañía se obliga a reservar
una parte de los terrenos a labriegos mexicanos, cumplir la Constitución y
las leyes de México, pagar cada sitio de ganado mayor a bajo precio, levantar planos de los pueblos que funde, asentar en la superficie concedida,
dentro de un plazo de cinco años, cuando menos, doscientas familias de
extranjeros, y repartir entre éstos, después de veinte años, lotes no mayores de tres leguas cuadradas.36 Hacia 1867 se inició el arribo de los colonos. A fines de 1871 ya habían llegado 480, quienes, en vez de labrar la
tierra, se dedicaron a rapar los campos de orchilla, liquen tintóreo muy
apreciado por la industria inglesa de casimires.37 Estos y otros abusos de la
compañía obligaron a nulificar la concesión. 38

VIL
A raíz de la derrota del Imperio, se dijo:
Cambiada _del todo la escena, el país en masa desea y busca la colonización. Y vendrá, porque en el extranjero se sabe ya perfectamente que el México de ahora es muy diverso al México de antes.39

Los años vuelan y los colonos no vienen; la opinión pública comienza a intranquilizarse y el Congreso lanza la ley de 31 de mayo de 1875, que confía la ejecución de la tarea colonizadora a la empresa privada y no sólo al
Estado; ofrece a los inmigrantes tierras a precios módicos y pagaderos a
largo plazo, facilidad para adquirir la ciudadanía mexicana y diversas ayudas económicas, así como notables privilegios. Para afrontar los primeros
gastos de la colonización, el Congreso aprueba una partida de doscientos
cincuenta mil pesos.40
Como coadyuvante del poblamiento y la colonización se propuso el
deslinde y la venta de terrenos baldíos. El 9 de junio de 1856, el presidente determinó los trámites a que debían sujetarse las solicitudes de tales
terrenos. El 20 de julio de 1863, cuando el gobierno republicano se hallaba en San Luis Potosí, se expidió una ley general de enajenación de baldíos que, a la vez que fomentara la colonización y la pequeña propiedad,
le diera a la República los fondos indispensables para proseguir la lucha
contra las huestes napoleónicas.

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L. González y Gonza'le:&amp;: El agrarumo liberal en México

SigloXIX

La ley de 1863 adolecía de los defectos naturales propios de los
tiempos en que fue dictada Contenía preceptos incompatibles
con el régimen constitucional .. ; otros invadían la soberanía y
lastimaban los derechos de los Estados. .. ; los había meramente
circunstanciales. .. ; y por último, perseguía fines cuyo logro iba a
resultar delicado, pues a más de facilitar los denuncios de los baldíos, y hacer más breve y sencilla su adquisición, tendría que reprimir las resistencias de los detentadores ilegítimos de ellas.41
Entre éstos se contaban algunos pueblos indígenas cuyos terrenos fuoron denunciados y adjudicados al denunciante. Pasado un lustro, el gobierno cayó en la cuenta de su error y quiso enmendarlo. El 30 de septiembre
de 1867 dispuso que los baldíos se adjudicaran sin perjuicio de tercero y
que se diera a los indios, tras previa denuncia, título de propiedad de los
que ocuparan.42 La política de baldíos, así reformada, no favoreció a los
indígenas, que nunca se enteraban de las leyes hechas a su favor. Tampoco
produjo pequeños propietarios; pero sí benefició a los grandes latifundistas, igual que las leyes desamortizadoras.

El 25 de junio de 1856, don Miguel Lerdo de Tejada mandó adjudicar las fincas nísticas de las corporaciones civiles y eclesiásticas a los arrendatarios o, en su defecto, a los denunciantes y a quienes las comprasen en
subasta pública. El artículo 8o. de esa- orden exceptuaba de la adjudicación
el fundo y los ejidos de los pueblos, pero abandonaba a su suerte los propios y las tierras de común repartimiento, en los que de hecho se perpetraron despojos. Para impedirlos en el futuro, se expidió el decreto de 9 de
octubre de 1856, y para repararlos, el 20 de diciembre se ordenó dividir
los bienes de cofradías entre los indios.43 Luego el artículo 27 de la Con&amp;
titución dispuso el reparto de los ejidos,44 y días después se mandó que se
tomase de ellos lo indispensable para panteones, rastros y otros institutos
públicos, y el resto se repartiera entre las cabezas de familia de cada pu&amp;
blo.45
Los indios se opusieron a todas estas medidas, tanto por carecer de
espíritu individualista, sq;ún se dijo, como por miedo a los abusos. El
Constitucional denuncia:
Multitud de terrenos que se llamaban de comunidad y que cultivaban los indios por su cuenta, han pasado a manos de denunciantes, quedándose aquéllos, de la noche a la mañana, sin un palmo
de tierra en que poner un pie, y expuestos a las arbitrariedades de
los nuevos dueños.46
Ignacio Ramírez pide en 1868 que se 8118penda la parcelación de la propiedad indígena, pues sobre "los bienes comunales la usurpación ha ostentado la variedad de sus recursos. •. , comprando jueces y obteniendo una fá-

77

cil complicidad en autoridades superiores".47
En los diez años de la República Restaurada sólo se consigue repartir
los bienes de algunos pueblos; otros, a duras penas, logran impedirlo.
Aquéllos, lo que no pierden en los trámites de la parcelación, suelen perderlo después. El indio, ya dueño de su parcela, se encuentra un día con
un cacique que lo amenaza con quitársela por no haber pagado contribuciones. El indio acude con un leguleyo que está de acuerdo con el cacique.
El leguleyo le aconseja vender el terreno antes de perderlo. El indio acepta
y se lo cede al cacique a cambio de cualquier cosa. Y ésta fue sólo una de
las múltiples formas en que se consumó el despojo.

VIlL
Con la primera ley de desamortización (la del 25 de junio de 1856) se
quiso, más que dividir las comunas indígenas, repartir la "mano muerta"
eclesiástica entre muchos y poner en circulación grandes riquezas estanca-

das,
y todo esto por una sabia.combinación en virtud de la cual no
sólo no quedaba perjudicado el clero sino más bien favorecido,
puesto que se le aseguraba el rédito de sus capitales, y se salvaba
su propiedad de atentados, haciéndola cambiar de forma.

Por añadidura, se conseguiría el aumento de los fondos de la hacienda
pública, y otros beneficios menores. Pero todos los obispos -que no los
curas del pueblo- protestaron contra la ley, lo que no dejó de influir en
su aplicación y resultado.48
En lo que toca al campo, los más de los arrendatarios de las fincas rusticas clericales y en general los pequeños agricultores, unos por falta de
dinero, otros por escnípulos de conciencia, no hicieron suya la propiedad
eclesiástica. Ningún pobre remedió su pobreza con la ley de Lerdo; pero
muchos terratenientes y comerciantes ricos aumentaron su fortuna sin
importarles un bledo las excomuniones lanzadas por los obispos, quienes,
dispuestos a matarse con cualquiera, fomentaron las guerras de Reforma.
Como respuesta a esa actitud belicosa, y para obtener un empréstito de los
Estados Unidos, Juárez dispuso la nacionalización de la mano muerta del
clero.49 Este, doblemente herido, siguió en pie de lucha, pero cuando fue
derrotado empezó a vender perdones a bajo precio a los que habían acrocentado su riqueza con la del templo.
Contrá el latifundio laico no se tomaron medidas enérgicas. La mayoría del Congreso Constituyente de 1856 se hizo sorda a las proposiciones
de Isidro Olvera, José María Castillo Velasco y Ponciano Amaga. Olvera

�78

Sip,XIX

L. Gonuílez y Gonzáles: El agrarismo liberal en México

propuso que a los terratenientes con fundos mayores de diez leguas cuadradas de labor, o veinte de dehesa, se les prohibiese adquirir más terreno.
Castillo V elasco pidió la compra oficial de tierras para el uso común de los
vecinos. Aniaga fue más lejos en 811 celebre voto: "Para que del actual sistema de la propiedad ilusoria, porque acuerda el derecho solamente a una
minoría, la humanidad pase al sistema de la propiedad real, que acordará
el fruto de sus obras a la mayoría hasta hoy explotada", pide que se di&amp;
tribuyan "nuestras tierras feraces y hoy incultas entre los hombres laboriosos de nuestro país"; propone, pues, entre otras medidas prácticas, el oh&amp;
gar a los dueños de fincas con una extensión mayor de quince leguas cuadradas a cercarlas y cultivarlas, so pena de perderlas; dar ejidos a los pueblos que carezcan de ellos, y repartir solares a censo enfitéutico entre el
vecindario, comprando con este fin terrenos a las haciendas colindantes.ro
Los García lcazhalceta, Octaviano Muiioz Ledo, Juan Gomar, Manuel
Escandón, Longinos Muriel y otros ochenta hacendados, todos "agenos a
los movimientos de la política" y poseedores de propiedades adquiridas
con el fruto de 811 trabajo, según reza la representación que hacen al Congreso Constituyente, se lamentan de las palabras oprobiosas emitidas por
los señores diputados Olvera, Castillo y Arriaga contra el sagrado derecho
de la propiedad, y estiman que por razones económicas, ya no sólo de justicia, deben echarse en saco roto.51 El Congreso, en fin de cuentas, los dejó tranquilos; pero J uárez, Ocampo, Ruiz y Miguel Lerdo volvieron a poner el dedo en la llaga en el manifiesto veracruzano de 7 de julio de 1859.
"Otra de las grandes necesidades de la República -se dijo allí- es la subdivisión de la propiedad territorial." 52 Con todo, fuera de confiscarse las fincas de algunos imperialistas y repartirse una de ellas entre setecientos gañanes, no se hizo nada para abatir el latifundio laico, nada para detener su ensanchamiento.

La aversión liberal al sistema de peonaje se traduce en algunas medidas de orden jurídico. Es fama que el presidente Juárez, al oír a un peón
lamentarse de los azotes que había recibido por habérsele roto una reja del
arado, dispuso la abolición de los castigos corpor:-!es. Por otra parte, el
artículo 5 de la Constitución de 1857 prohibe tácitamente la servidumbre
por dcudai-:. Agreguemos a estas disposiciones una del gobierno de Puebla
eucarninad:i a obtener el alza del salario rural, eximir a los sirvientes de l.as
deudas contraídas con el amo y limitar, en adelante, el monto de los présl.11110&lt;;; otra, 111• J8&lt;,H, del gobernador de la Baja California en favor de la
scrvidumlm· ..~.&lt;leudada y contra el uso "del cepo, prisión, grillos y demás
1:1pn:mios con 1¡uc se· ha et•mpclido hasta aquí a los trabajadores"; la del
;;ohforno tic Coahuita, simultánea y semejante a la anterior; la ley tamauli1'(,'Ca 1lr l H70 1¡11r r,,cfut·c la jornada de trabajo a "tas tres cuartas partes
,Jd ,ifo h.íhff.., 1¡11o· va rfosd,· la aurora hasta el ocaso; y otras del gobierno

79

de Veracraz que se omiten en gracia a la hrevedad.53

La leva, tan antiliheral como el peonaje o más aún, fue proscrista sin
entusiasmo por don Juan Alvarez.54 Después, cuando era ministro de Relaciones y Gobernación el donquijotesco León Guzmán, ordenó, por apego
a los principios constitucionales, y en plena lucha de tres afios, que se 8118pendiesen las levas. Según Justo Sierra, "todos los gobernadores, todos los
jefes políticos, todos los oficiales conminados por el ministro se apresuraron a no hacerle caso".55 Para algunos, la leva era un mal necesario; otros
le ne.;aron necesidad, y huho quien la llamó civilizadora, pues veía en el
acuartelamiento de los "enlevados" una manera de relacionarlos con el
mundo de la civilización; pero no vio que, para morir al día siguiente, no
era indispensable instruirse el anterior.

IX.

A otros P{ohlemas agrarios ee les atacó con la terapia del rifle. Leyes,
medidas policiales y campañas se enderezaron para abatir el bandolerismo.
Las leyes de 6 de diciembre de 1856, 5 de enero de 1857, 3 de junio de
1861, 25 de enero de 1862 y 13 de .abril de 1869, establecieron el modo
de juzgar y punir a los salteadores.56 Para llenar el requisito previo de
aprehenderlos, don Ignacio Comonfort creó una guardia de seguridad, y
don Benito Juárez, un lustro después, los cuerpos de rurales, o "acordada".
En 1861, con el nombre de "Resguardo del Comercio", empezó a batallar
el primer cuerpo y a él se sumaron cinco más en la década siguiente. Rancheros en su mayoría (algunos matones de oficio~ los rurales hicieron boquetes de consideración en las filas del bandidaje.

La campafia contra los indios rebeldes costó mucho. En 1858, Pe&amp;
queira somete a los yaqnis. En 1859, los yllquis y los mayos, a las órdenes
de Juan y Refugio Tánori, deponen a Pesqueira de la gnhematma de Sonora y le dan el gobierno a Gándara, general conservador. En 1866, Pe&amp;
queira recobra el mando. En 1867, Juárez concede a Ignacio Gómez del
Campo parte de las tierras que poseían los yaquis y los mayos para co''&gt;nizarlas. Los indios, que no entienden la colonización, se alzan y Pe&amp;
queira los somete; vuelven a sublevarse en 1368 y 8l1Íren nuev-a derrota. En
1875, José María Leyva Cajeme, alcalde mayor de los pueblos del Y aquí,
organiza un respetable ejército, hace una matanza de yoris (blancos), vence al gobernador, 8118trae del imperio de las autoridades legítimas a su alcaldía, y la organiza en Estado independiente con leyes e instituciones
propias.
En Yucatán, la guerra contra los mayas insurrectos sigue un curso
desigual En 1860, se envía un ejército de 3,000 hombres bien armados

�80

SigioXIX

contra Chan Santa Cruz, centro religioso y político de los cruzoob, los más
numerosos y aguerridos entre los rebeldes. En tres sucesivos encuentros el
ejército expedicionario queda fuera de combate; pierde 1,500 hombres,
2,500 fusiles y más de 500 mulas. En venganza, vuelven a venderse indios
prisioneros a Cuba. Enterado del infame comercio, el presidente "prohibe
la extracción para el extranjero de los indígenas de Yucatán, bajo cualquier
título o denominación que sea". Al restablecerse la República, las principa•
les poblaciones de Yucatán y Campeche estaban en serio peligro de caer en
manos de los cruzoob. El peligro se conjuró al poco tiempo. Tras una tregua de dos años, los indios arremeten otra vez contra los blancos; pero éstos se mantienen en su puesto y en él continuarán por lustros. A su sombra, la industria henequenera alcanza su culminación.
En el otro extremo del país, las incursiones apaches se recrudecían y
comenzaban las de los comanches. En Sonora, los generales Elías, Morales,
Urrea, Carrasco, Yáñez, Flores y Pesqueira combaten día y noche y sin
buen éxito contra la tribu apache de Cachise. En Chihuahua, Joaquín y
Luis Terrazas obtienen sonados triunfos, gracias a lo cual logran hacer de
su E.atado el imperio ganadero más grande del país. Coahuila y Nuevo
León, que contaban con el valiosísimo auxilio de los indios kikapus, destiemm a los comanches y aprenden a escamotear a los apaches. En 1868,
el gobierno del centro decide tomar cartas en el asunto. El Congreso ordena la fundación de tránta colonias militares en la zona amagada por los
bárhar-OS, con el doble fin de arrasar a éstos y cultivar el desierto. Cada
una se compondría de cien jinetes bien armados y provistos; una mitad
sería de miembros del ejército y la otra de voluntarios oriundos de las regiones depredadas. Los colonos iban a recibir un sueldo mensual, lotes, útiles de labranza y materiales de construcción; en cambio, debían observar
estrictamente la disciplina castrense, so pena de perder sus lotes y ser sometidos a trabajos forzados. Siete años después, en 1875, se erigieron las
primeras colonias, con colonos tan miopes que nunca distinguían el paso
de los apaches.58

X.

Una lucha de otro orden se emprende -contra la ignorancia y los hábitos viciosos de la población pacífica. José María Luis Mora había dicho:
"El elemento más necesario para la prosperidad de un pueblo es el buen
uso y ejercicio de su razón, que no se logra sino por la educación de las
masas".!9 Ignacio Manuel Altamirano dirá: "Lo que necesita México..• es
abrir escuelas de enseñanza primaria,· por todas partes, en todos los ámbitos del país, con profusión, con impaciencia, casi con exageración."8&gt; Justo Sierra atestigua que el mayor anhelo de Juárez fue la escuela, sobre todo
lo que debía sacar "a la familia indígena de su postración moral, la supers-

L. González y Gonzá/ez: El agrarismo liberal en México

81

tición; de la abyección mental, la ignorancia; de la abyección fisiológica, el
alcoholismo, a un estado mejor, aun cuando fuese lentamente mejor".6l.
La Carta Magna de 1857 dispuso: "la enseñanza es lihre".62 La ley de
15 de abril de 1861 ratificó la libertad de enseñanza e hizo gratuita la oficial. La ley Martínez de Castro, promulgada el 2 de diciembre de 1867,
aplicable al Distrito y territorios federales, fue más lejos al hacer obligatorio el aprendizaje de las primeras letras y dar a la enseñanza una orientación positiva, inspirada en las ideas de Augusto Comte, traídas a México
por don Gabino Barreda. La ley del 15 de mayo de 1869 redondeó la del 2
de diciembre y puso especial empeño en la reglamentación de la enseñanza
elemental Al ejemplo del Distrito acudió la mayoría de los Estados: se expidieron leyes que declaraban gratuita, cientista y obligatoria la primera
enseñanza y sancionaban a los padres de familia remisos.63
Tras las leyes venían las apasionadas discusiones sobre métodos pedagógicos, y se erigían escuelas. José Díaz Covarruhias, encargado de la in.strucción pública, infonnó en 1875 que había 8,103 escuelas primarias
(5,679 más que en 1857) y cerca de 350,000 educandos (164,000 más que
en 1857). Casi las tres cuartas partes de las escuelas apellidábanse oficiales.
Entre las sostenidas por la iniciativa particular sobresalen las de la Sociedad
Lancasteriana y ocupan un si~io poco decoroso las sostenidas por el clero,
escasas y conservadoras. Son éstas, sin embargo, las que monopolizan la
instrucción rural La nueva escuela se abstuvo, por razones económicas, de
ir al campo.64
Algunos campesinos (muy pocos) vinieron a la escuela capitalina de
Agricultura y Veterinaria. Dejémonos de antecedentes: el 4 de enero de
1856 se promulga la ley que la crea; el cinco de mayo su primer reglamento,85 y el último de diciembre Comonfort dispone: "En la Escuela Nacional de Agricultura se aumentarán las cátedras necesarias y los medios materiales de enseñanza, para que desde luego queden establecidas las carreras
de agricultor, de veterinario y de ingeniero." Dentro de la primera, cabían
las especializaciones de profesor, administrador y mayordomo; dentro de
la segunda, profesor y mariscal; dentro de la tercera, topógrafo, mecánico e
ingeniero de puentes y calzadas. Todas las carreras presuponían la instrucción elemental;66 pero años después se inventó una para los analfabetas,
la de peón. El interés puesto en la escuela nunca correspondió a los resultados. En 1867 se dijo: "El principal defecto de la Escuela de Agricultura
consiste en que los alumnos son muy pocos. .. Los ricos no quieren concurrir, a los pobres no encuentran porvenir".67 Ningún hacendado quería
súbditos instruídos.
Una mitad de la población rustica, la indígena, no alcanzó nada y perdió lo poco que tenía. Las misiones venían languideciendo desde 1821 y

�82

L. González y González: El Olf"aTismo liberal en México

SigloXIX

dejaron de existir a mediados de siglo. El régimen liberctl no pudo establecer escuelas para indios. A la de los hispanohablantes no podían asistir por·
que ignoraban el español, y era difícil encontrar dónde y con quién apren•
derlo. Ignacio Ramírez sugirió inútilmente, entre otras medidas prácticas,
que se enseñara a los indios en su propio idioma. Entre las razas vernáculas y la mexicana se abría el abismo de la lengua. El salvarlo era urgente y
poco menos que imposible. La gran generación liberal, encabezada por
don Benito Juárez, no lo salvó y, por ende, se abstuvo de cumplir el vehemente anhelo de transportar al indio de la remota cultura en que vivía al
presente liberal

83

la Revolución en la educación mexicana (México, 1956) y en Do&amp; etapa&amp; del
pensamiento en Hi&amp;panoamérica (El Colegio de México, 1949) analiza, a propósito de la introducción del positivismo en México, el espíritu científico y otros
muchos aspectos de la "cosmovisión" hoeral Eli de Gortari ha publicado La
ciencia en la Reforma (México, 1957). Que yo sepa, no hay casi nada escrito sobre la actitud reformista frente a la tradición, y nada acerca del rumbo agrícola
que tomó la concupiscencia económica de entonces; por lo que parece, hasta se
ignora el hecho, pues sólo así se explica la frecuencia con que se le cuelga el mote de "industriar' al liberalismo juarista

8. Cf. Luis González y González, "El hombre y la tierra" en Daniel Cosío Vlllegas
(ed.), Hi&amp;toria moderna de México. La República Re&amp;taurada: Vida &amp;ocial, p.
133.

La derrota del agrarismo reformista ha permitido a los historiadores de
derecha y de izquierda el placer de explicarla. Unos dicen: el plan agrario
de la Reforma no era para cumplirse en todas sus partes; fue una treta para
uncir la clase pobre al carro de la insaciable sed de gloria, confort y poder
de la clase burguesa. Otros, fanáticos de la disciplina, niegan a los gobiernos democrático-liherales la facultad creadora, que no la destructora. Miradas las cosas de cerca, entre el dicho y el hecho del agrarismo liberal, en
vez de mala fe o ineptitud, se ve la confabulación de distintas circunstancias adversas: la enemiga del clero, el ejército y los terratenientes, la intromisión napoleónica, la división del grupo liberal en puros y tímidos, la
apatía del pueblo, las escaseces de la hacienda pública, et caetera.

9. Manuel Payno, Tratado de la propiedad, bnprenta de L Cumplido, México,
1869, p. 203.
10. Comideracion&amp; sobre la situación política y social de la República Mexicana en
el afio de 1847, V aldés y Redondas, México, 1848, p. 11.
11. El Archivo Mexicano, tomo V (México, 1861), p. 449.
12. Luis Robles Pezuela, Apunte&amp; sobre la&amp; mejora&amp; materiale&amp; aplicable&amp; a la América Latioo, Brachet, París, 1869, p. 14; Comideracion&amp;, op. cit., p. 11.
13. Luis González y González, "fil subsuelo indígena", loe. cit.
14. Lucio Mendieta y Núñez, El problema agrario de Mé:icico, México, 1946, pp.
111-122; Porfirio Parra, Sociologi'a de la Reforma, México, 1948, pp. 7&amp;-92.
15. Zarco, op. cit., pp. 392-402.

NOTAS
l. Miguel Leido de Tejada, Cuadro &amp;inóptico de la República Mexicana, Imprenta
Cumplido, Méxioo, 1856, p. 32.

2 "fil poIVenir de México", en El Siglo XIX, 25 de diciembre, 1872.

3. Loe. cit.
4. El Sigfo XIX, 18 septiembre, 1867.
5. Fran&lt;isco Zaroo, Hutoria del Congruo Comtituyentc, 1856-1857, El Colegio de
México, 1956, p. 575.

5. lbúl., p. 362.

7. Investigaciones recientes han esclarecido varios de estos puntos. Daniel Cosío Villegas en su J/istoria m.:xlerna de México. /,a Rrp,íblica Restaurada: Vida
política (México, 1955), y Walter V. Scholcs en MPxican politics during the
)uárnz regime, 1855-1872 (Columbia, Missouri, 1957), definen la democracia, el
oroen y la libertad política por que lucharon Juárez y sus amigos. Leopoldo Zea
c.:n El po&amp;itivumo mexicano (El Colegio de México, 1943), en DPI liberalismo a

16. Cf. Francisco Pimentel, Obra&amp; completa&amp;, México, 1903, vol Ill, p. 224.
17. !bid., p. 226.
18. Luis González y González, "La escuela socjal'', loe. cit., pp. 340-346.
19. Ignacio Manuel Ahamirano, Pai&amp;aj&amp; y leyenda&amp;, tradicione&amp; y co&amp;tumbru de
México, México, 1949, pp. 241-242.
20. Manuel Payno, Lo&amp; bandido&amp; de Río Fr(o, Eds. México Moderno, México,
1919.
21. Perroblillos, Lo&amp; plateado&amp; de Tierra Caliente, Tipografía de Filomeno Mata,
México, 1891.
22 Luis González y González, "El subsuelo indígena", loe. cit., pp. 230-23L
23. Manuel Payno, op. cit., p. 209; Morales, El gallo pitag6rico, pp. 17-18.
24. Justo Sierra, Juárez. Su obra y &amp;u tiempo, México, 1948, p. 258; El Monitor
Republicano, 24 febrero, 1876; La llun:ración Potorina, 1869, art de J. T.
Cuéllar, pp. 217-219.

�84

SigloXIX
L. González y Gonza1e:r:: El agrarúmo liberal en México

25. "Fidef', Viaje, de orden suprema, Imprenta de Vicenta García Torres, México, 1857, pp. 189-190.

85

41. El Siglo XIX, 20 de noviembre, 1868.
26. Manuel Orozco y Berra, Geografía de ku lenguas y carta etoográfica de México, Méxicn, 1864.

48. Anselmo de la Portilla, op. cit., pp. 68-70; Walter V. Scholes. op. cit., p. 55.

27. El Monitor Republicano, 5 septiembre, 1867.

49. Mendieta y Núñez, op. cit., pp. 127-129.

28. Guadalupe Monroy, "Instrucción pública" en La República Re&amp;taurada: Vida
,ocia~ pp. 634-650.

50. Zarco, op. cit., pp. 690-697, 363-365, 387-404.

29. Luis Robles Pezuela, op. cit., pp. 11-12.
30. Francisco Calderón, en Cosío Villegas (ed.), Historia moderna de México. La
República Renaurada: Vida económica, pp. 610 y 612.

51. Repruentación que hacen al Congreso Comtituyente vario&amp; dueño&amp; de propredades territoriale&amp;. .. , Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1856.
52. Informes y manifiestos, vol II, p. 427.

31. El Monitor Republicano, 9 junio, 1871.

53. González y González, " La escala sociaf', loe. cit., pp. 347-350; Zarco op.
cit., p. 1345; Francisco Hemández y Hemández, Memoria pre,entada
Honorable Congre&amp;o del E&amp;tado de Veracru:r:. • . el día 13 de mano de 1869.

32. Informe, y manifie,tos de los podere, ejecutivo y legi&amp;lativo de 1821 a 1904,
Imprenta del Gobierno Federal, México, 1905, vol II, p. 427.

54. Archivo Mexicano, tomo 1, p. 97.

33. Anselmo de la Portilla, México en 1856 y 1857, Imprenta de S. Hallet, Nueva
York, 1858, pp. 272-273.

ai

55. Sierra, op. cit., p. 259.
56. Cosío Villegas, op. cit., pp. 237-250; De la Portilla, op. cit., p. 264.

34. Archivo Mexicano, tomo VI, pp. 591 y 594.

57. González y González, loe. cit., pp. 357-361.
35. Francisco de la Maza, Código de colonización y terrenos bald ÍO&amp; de la República
Mexicana, años 1451 a 1892, Tipografía de la Secretaría de Fomento, México,
1893, p. 69.
36. Femando Iglesias Calderón, La conce&amp;ión Leese, México, 1924; Luis González
y González, "El hombre y la tierra", loe. cit., pp. 21-25.

58. lbid., pp. 216-219, 294, 192-195.
59. José María Luis Mora, Obra, sueltas, Lfürería de Rosa,
229.

París, 1837, vol J. p.

60. Cf. Guadalupe Monroy, loe. cit., p. 654.
37. /bid., p. 140.
38. /bid., pp. 142-143.

61. J~~ Sierra, Evolnción política del pueblo mexicano, El Colegio de México,
Mexico, 1940, p. 423.

39. De la Maza, op. cit., pp. 633-634.

62. Zarco, op. cit., p. 1345.

40. Colección de leye, sobre tierra&amp; y dispo&amp;iciones sobre ejidos, Imprenta y Fototipia de la Secretaría de Fomento, México, 1910, pp. 5-11.

63. Guadalupe Monroy, loe. cit., pp. 662-674.
64. lbid., pp. 692-698.

41. Francisco Calderón, loe. cit., p. 63.
42. De la Maza, op. cit., p. 784.

65. Francisco González de Cosío, Hútoria de la tenencia y e:rplotaci6n del campo
de~~ la época precortuiana hasta ku leyes del 6 de enero de 1915, tomo L
Mexico, 1957, p. 169.

43. Moisés González Navarro, en Métodos y resultados de la política indigeni&amp;ta en
México, México, 1954, pp. 125-126.

66. Archivo Mexicano, vol 1, pp. 405-414; vol lI, pp. 577-580.

44. Zarco, op. cit., p. 1348.

67. Guadalupe Monroy, loe. cit., p. 732.

45. Colección de leyes, p. 17.
46. El Con&amp;tituciona~ 23 octubre, 1867.

�Liberalismo y problemas estructurales:
el noreste de México a
mediados del XIX
José Reséndiz Balderas*

-

l. PROBLEMAS DEL NUEVO TIPO DE ESTADO
La vida política posindependiente en el estado de Nuevo León -en el
norte oriental de México- emergió matizada por la incertidumbre, producto de las expectativas que se planteaban después de 300 años de colonización: los esfuerzos desplegados por la conformación de un nuevo tipo de
Estado no se apartan en lo fundamental de los que el grupo gobernante nacional realiza. El sentimiento nacionalista impreso por la dirigencia política, el atishamiento en el lenguaje de los gobernantes hacia el comportamiento de otras naciones (de manera especial de España) y el esfuerzo descollado en la organización y administración de la Nación, son elementos
que sobresalen también en la política local.
Los primeros gobernantes nuevoleoneses -José María Parás (18251826), Manuel Gómez de Castro (1827-1828) y Joaquín García (18291832)- ejercieron sus mandatos en estricto apego a los lineamientos y normas fijados por el gobierno central. Se mantuvieron fieles al jefe naeional
de turno, definiéndose abiertamento cuando las circunstancias lo exigieron.
&amp;Í, el 19 de diciembre de 1828 Manuel Gómez de Castro manifiesta su
apoyo incondicional al gobierno federal en su lucha contra Antonio López
de Santa Anna, levantado en armas en V eracruz contra el poder estahlecido. 1
Corresponde a ellos la responsabilidad de establecer las bases organi*

Facuhad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México). Ponencia presentada en el V Encuentro sobre "La formación del capitalismo en México. El enfoque regional", Zacatecas, noviembre de 1986.

�88

SígloXIX

zativas sobre las cuales habrá de regirse la vida institucional de Nuevo
León. Con sus particularidades distintivas, la etapa administrativa que
abarcan se conforma por una serie de acciones que no se apartan de la política nacional.
En esta dimensión se ubica la posición que adoptan contra el peligro
de la agresión española Confficto en el que el estado norteño no se limita a
ser simple espectador, sino que participa activamente: pone en movimiento, en mayo de 1830, 645 mulas y 84 caballos a fin de conducir los víveres, municiones, armamento, equipaje y demás implementos, rumho a
2
Tampico, con el fin de defepder al país de un posible ataque exterior.
También en junio de 1830, el gobernador Joaquín García dispone que un
grupo de reclutas sea conducido a Matamoros y entregado al comandante
Mier y Terán con el fin de que se integre a la lucha contra los españoles.:.
Responde a la misma inquietud nacional la organización de las milicias
y el monopolio estatal sobre la producción y venta del tabaco. La creación

de las milicias cívicas es una disposición federal que el gobierno de José
\1aría Parás concreta en noviembre de 1826. Por su orden se forma una milicia activa y otra permanente. La primera, formada con dos compañía de
100 plazas cada una; y la segunda, de i25 plazas.
La organización de estas fuerzas armadas es de vital importancia para
una época como la analizada, donde la guerra será una constante. Para el
estado de Nuevo León adquiere relevanci.a especial además por el acecho
cotidiano de los ataques indígenas. Precisamente la milicia permanente se
estableció en Punta de Lampazos por ser uno de los lugares más frecuentados por los indios.
Aunque Nuevo León no era un centro productor de tabaco, se mantuvieron vigentes, con bastante celo, todas las reglamentaciones gubernamentales de· carácter federal atinentes a su producción y mercantilización.
También se legisló con la mira de establecer jurídicamente las normas bajo
5
las cuales se orientaran las relaciones sociales de producción. Se fijaron
así las primeras bases sociales por las cuales se regirían los dos agentes principales de la producción agraria: peones y amos.
Otras dos medidas trascendentales en la evolución institucional de
Nuevo León son las dictadas por el gobernador Manuel Gómez de Castro
sobre los rubros de extracción de ganado y el registro de fierros. La primera de las dos leyes ya la había reglamentado José María Parás, y Gómez de

J. Ruénd~ El liberalinno en el norute de Mésico

89

Castro le dio el carácter de ley en marzo de 1827; en relación a la segunda, se decreta que el registro de los fierros se haga en la Tesorería del Estado en lugar de la intendencia de San Luis Potosí, como tradicionalmente
ocurría 6 Estas medidas son relevantes no sólo porque representan fuentes
importantes de captación de recursos, sino porque impulsan la creación de
dependencias que permiten atender con diligencia las nuevas necesidades
de la sociedad local.
Este panorama regional está inmerso en un contexto político nacional estigmatizado por la lucha, que en la mayoría de las veces se dirime
por medio de las armas, que sostienen los grupos políticos impulsados por
el control del poder. Las facciones en pugna son capitaneadas por caudillos que sobreviven a la guerra de !~dependencia (Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, por citar algunos), y por generales que habían luchado al lado
de los realistas: Anastasio Bustamente es un ejemplo nítido.
La doctrina y el programa de las tendencias dominantes se identifican
plenamente con el proyecto de nacién que sustentan laa logias escocesa y
yorkina, ritos que en estos tiempos juegan el papel de verdaderos partidos
políticos y a quienes se deben las primeras experiencias de educación política 7 La tendencia que se agrupa en torno al rito escocés considera que la
mejor opción del país para enfrentar los problemas que plantea la naciente
vida independiente, es el establecimiento de una república central donde el
ejército y la iglesia jueguen un rol semejante al que desempeñaban en la
época de la colonia. La yorkina sostiene con plena convicción que la alternativa es la realización de una república popular federal, cuyo principio
motor sea la soberanía e independencia de los estados y la extirpación de
todo residuo colonial; la iglesia y el ejército deben estar subordinados a las
exigencias del poder civil, lo que implica que sus fueron y privilegios sean
reducidos en buena medida.
República Federal o República Central son las banderas que tremolan
las asonadas militares y las fricciones electorales, son las formas de gobierno que va experimentando el país según la tendencia que arriba al poder.
Entre estos dos tipos de experiencia de gobierno va evolucionando la vida
organizativa del país. El tránsito resulta demasiado costoso debido a que la
guerra intestina se convierte en la pesadilla del momento. Con excepción
de Guadalupe Victoria, que gobernó de 1825 a 1828, ninguno de los presidentes que le siguieron hasta 1833 terminó su períoJo, consecuencia de
golpes militares que provocaron sus caídas. Guerrero apenas duró un año

�90

J. Reséndiz: El liberalúmo en el norute de Mkico

Si,gio XIX

de los cuatro que debía ejercer, Bustamante permaneció dos de los cuatro
que le correspondían; Manuel Gómez Pedraza ejerce los tres meses para
los que fue electo, y su estancia sólo sirve de puente para que Antonio López de Santa Anna llegue a la presidencia de la República.

La inest.ahilidad política, traslucida en cambios bruscos de gobiernos,
dificultaha sobremanera la realización de los proyectos de los grupos dominantes y mantenía sumido al país en el pantano del atraso económico, al
tiempo que Inglaterra invadía el mercado mundial con sus mercancías, especialmente de algodón, hijas de la Revolución Industrial que desde el
último cuarto del siglo XVID había empezado a sacudir su estructura económica.
La revolución económica inglesa sorprendía a México con una deficiente planta productiva, sin la menor posibilidad de poder competir
eficientemente, en tanto que los gobiernos mexicanos apenas acertaban
a prohibir la introducción de artículos extranjeros en un afán por proteger
la incipiente producción nacional. A dicho propósito responde la prohibición de introducción, que decreta Guerrero el 22 de mayo de 1829, de
54 artículos extranjeros;8 con la misma intención, Guadalupe Victoria
decreta el 28 de febrero de 1828 que los tejidos de algodón, lana y seda
de fáhricación mexicana quedan lihrés de todo derecho en el Distrito Federal y territorios de la federación; 9 también encuadra dentro del mismo
objetivo la creación del Banco de Avío en 1831. 1 º

Empero, todos los esfueizos tendientes a proteger la industria contra
las manufacturas extranacionales, así como las encaminadas a modernizar
y transformar las técnicas de producción que hicieran factible que el país
arribara a niveles de competencia internacional, resultaron infructuosos.

Múltiples y variados factores se i::onjugan en el fracaso. Uno de ellos,
sin pretender establecer primacías, lo constituye la grave limitación de reCWSOII financieros, problema que agobia a México desde los primeros momentos de su vida independiente y lo obliga a recurrir al crédito extranjero, con las funestas consecuencias que ello implica.11 Simultáneamente,
uno de los más serios obstáculos se encasillaba en elementos estructurales:
los privilegios del clero y del ejército.
El clero había demostrado gran habilidad de mutación, adaptándose a
la transformación política de México sin menoscabo de sus fueros y privilegios: aprovechaba la coyuntura para crear un poder paralelo al civil.

9'1.

Concentró sus esfuerzos en la tentativa de depender directamente del poder papal, desconociendo el derecho de patronato eclesiástico al gobierno
mexicano. 12 Sus bienes eran cuantiosos y en su gran mayoría improductivos
a la vez que de origen bastante censurable. Sus privilegios, como los diez.
mos y demás, aparecían como serios valladares para cualquier programa
encaminado a transformar radicalmente el aparato productivo: ello llevaría ineluctahlemente a la afectación de sus intereses.
El ejército era una rémora colonial que lejos de convertirse en el garante del gobierno representaba el principal instrumento de su inseguridad.
Hacía de los asaltos militares la principal ocupación de su vida rutinaria.
En los levantamientos sus integrantes encontraban la manera más fácil de
obtener ascensos, prebendas, bienes materiales y puestos públicos. Sus cabecillas, lo primero que hacían era apoderarse de las arcas públicas utilizándolas a su antojo con el pretexto de sufragar los gastos de guerra; luego
obligaban a los particulares a otorgarles préstamos, sometiéndolos a toda
clase de vejaciones o desapareciéndolos en caso de negativa. Este mecanismo motivó que, de pronto, surgiesen militares de grado con enormes
fortunas cuyo origen se ignora. 13
Era el ejército una fuerza no controlada por el gobierno y, por lo m.i&amp;mo, uno de los principales responsables del caos reinante. Todo intento de
reforma en esta época implicaba enfrentarse con las fuerzas militar y clerical. Los gobiernos posindependientes, antes de 1833, prefirieron eludir
el choque, optando por actuar en acuerdo con las dos instituciones.
2.

EL LIBERALISMO DE LA DECADA DE LOS 30

En 1833 es electo presidente de la República el general Antonio López de Santa Anna, jefe de ideas conservadoras y de una ambición personal sin límites. La responsabilidad de la vicepresidencia recae en Valentín
Gómez Farías, hombre de ideas liberales, identificado plenamente con el
pensamiento progresista que empieza a pennear la esfera nacional. Es él el
artífice intelectual de la reforma de 1833-1834. Las medidas transformadoras abarcaban tres aspectos principales: educación, ejército y clero.
En el nivel educativo se pretendía minar el monopolio eclesiástico y
dar, así, el primer paso para que el Estado se convirtiera en rector de la
política educativa. Con esta intención se creó la Dirección de Instrucción
Pública y se suspendieron centros católicos importantes como el Colegio
Mayor de Santa María de Todos los Santos y la Universidad Pontificia.

�92

SigloXIX
La reforma eclesiástica iha encaminada a atenuar los privilegios de la

iglesia en d0$ frentes: el político y el económico. Los decretos reformadores así se interpretan. Los atinentes a educación contrarrestan grandemente su influencia en este renglón. Otros la subordinan al Estado, como
el que consigna el derecho de patronato al gobierno. En el mismo sentido
está el decreto que deroga las leyes civiles que hnponen· cualquier género
de coacción para el cumplimiento de los votos monásticos. 14 De esta ~
nea el gobierno pasaba a desempeñar el papel que antes ejercía tocante al
nomhramiento de las autoridades religiosas, es decir, las supeditaba a su
determinación. Asimismo invadía espacios de incumbencia de la iglesia,
pues normaba el derecho de los religiosos o a abandonar voluntariamente
los conventos y garantizaba protección ·a todos los que lo hicieran.

J. R&amp;éndi:: El liberalúmo en el norelte de México

Siendo De Llano diputado del Congreso local, el gobernador J oaquín García ordenó la renovación, mediante elecciones, de todos los representantes populares (diputados, senadores, etc.), según lo estipulado en
el artículo 3o. del Plan de Pacificación{*) . Esta disposición provocó una
enérgica protesta de siete diputados propietarios y un suplente, de los once
propietarios y cuatro suplentes que constituían el Congreso. AJ frente de
los inconformes se encuentra Manuel María de Llano. En su escrito, entre
otros conceptos, expresa:
Investidos los que suscriben de los poderes públicos del Estado
bajo las formas constitucionales, próximos a reemplazar esa honorable asamblea sin que haya objetado el más leve vicio ni defecto,
a la elección ni a sus personas, acaban de saber que las destituyen,
con desaire y deshonor del derecho justamente aquirido para representar este Estado, con notoria infracción de todas las formas
tutelares de las leyes fundamentales. y del Estado. 18

El poder económico religioso es atacado con leyes de desamortización
como la dictada el 17 de agosto de 1833, que ordenó
la secularización de los bienes de la misión de ambas Californias
y más tarde que cedía a los Estados la propiedad de las fincas que
habían pertenecido a los jesuitas y que se encontrasen en sus respectivos territorios. 15

Con igual significado está el decreto que dicta la suspensión del pago
civil del diezmo eclesiástico, reduciendo su obligatoriedad al aporte voluntario de cada individuo. 16

Al P-jército se pretendía restarle poder mediante la delimitación de
funciones y una reducción considerable de sus miembros. Su papel se limitaría a defender el país de cualquier ataque exterior y a conservar el orden interior: todo en estricto acatamiento de lo señalado por el Ejecutivo.
También se preveía la disolución de los cuerpos que se hubieran sublevado
contra las instituciones.
Las iniciativas progresistas de V alentín Gómez Farías encontraron
acogida entre la clase media liberal, a la que pertenecía y que, sobre todo
en el interior, había ganado presencia en la sociedad con sus ideas renovadoras sensiblemente influenciadas por la enciclopedia francesa. 1 7
En l\Jucvo León los airl's innovadores del pensamiento encamaron en

1,, pn:cmna d1· Mamwl '\1aría de Llano, un hombre de gran formación cul-

,1,· notal,lr

n.pninu-ia polítit·a y administrativa resultado de su del&lt;rrrtpr110 ,·01110 alt-ald,· pri111ero dl'I i\yunlamicnto de Monlcrrey y como
l,·:.-i--l.11lor.
l 111~,i,

93

Su inconformidad empero, sólo queda manifiesta de esta manera, sin
poder evitar que se realicen los comicios previstos, en los que de Llano es
ratificado como diputado local.
Pocos días después, febrero de 1833, se llevan a cabo elecciones para
gobernador y vicegobernador, recayendo la responsabilidad en Manuel
Gómez de Castro y Manuel María de Llano respectivamente. Debido a la
renuncia del primero, quien no tomó posesión del cargo, de Llano asciende
al Poder Ejecutivo en su calidad de vicegobernador. Es así como se le presenta la oportunidad de intentar concretizar su doctrina liberal, momento
coincidente con un gobierno central de identica tendencia.
La innegable influencia nacional de la corriente liberal reformadora
dio pábulo a que las fuerzas no coincidentes se inquietaran y organizaran
alzamientos militares contra el gobierno legítimamente constituído. De
manera especial, contra el vicepresidente.
En mayo de 1830 la guarnición de Morelia, al mando del coronel
Ignacio Escalada, ocupa el poder político del Estado por medio de la
fuerza. Protesta sostener a toda costa "la santa religión de Jesucristo, los
fueros y privilegios del clero y del ejército amenazados por las autoridades

•

El Plan de Pacificación o de Zavaleta, firmado en diciembre de 1832
por Santa Anna y Bustarnante, pone fin al movimiento armado en
contra de este último y reconoce corno presidente a Manuel

Gómez Pedraza.

�94

SigloXIX

intrusas". 19 Apoya incondicionalmente al presidente Santa Anna y se
declarl!- ~espetuoso de la seguridad individual y de las propiedades.

J. Ruéndiz: El liberali,,no en el norNte de Mésico

95

las medidas de julio de 1833 sino del conjunto que incidía en la merma de
prerrogativas. La administración de de Llano, pretendiendo ser congruente con la política nacional, no cejaba en su intento de cristalizar la
reforma eclesiástica tomando medidas que iban mostrando creciente radicalización. Así, el 20 de febrero de 1834, se propone al Congreso un proyecto de ley que pretende abolir los derechos parroquiales y demás que
por costumhre se salían cobrar por el servicio de los sacramentos. En el
artículo 2°. se dejaba en libertad a los particulares que quisieran una distinción especial en el servicio sacramental, y para que entraran en convenio
con los párrocos o vicarios respectivos, pero sujetándose siempre a las prevenciones del reglamento impuesto por el mismo gobiemo.24

BUS

Dicha asonada es paralela a un persistente cuestiona.miento del origen
de los bienes de la iglesia. El Congreso local se declara solidario con el
gobierno federal y se pronuncia contra los sublevados en una declaración
que remarca que, contra la iglesia, no se tiene la más leve intención de
actuar. El señalamiento de no pretender chocar con el clero es un rasgo
peculiar de las diversas manifestaciones partidarias del gobierno nacional.
Si bien el pronunciamiento de Escalada es secundado en varias partes
20
del país, para principios de julio prácticamente está controlado.
Inmediatamente después sigue un período de crítica del origen y monto de los
bienes del clero por parte de los liberales. A fines de 1833 se resiente más
la relación Estado - iglesia y los dictámenes civiles reformadores que aten21
tan contra el poder clerical se multiplican.
El gobierno nuevoleonés, debido al cobro arbitrario e irregular del
clero por los sacramentos, decreta el 23 de julio de 1833 el arancel común
para todas las parroquias y capillas en lo concerniente a bautismos, casamientod y entierros. Se establecen cobros topes y se eliminan costumbres que
sólo servían para encarecer estos servicios.
Por ejemplo, en una de las prevenciones se señala que sólo se cobrarán
dos reales, sin distinción, por entierro. También se elimina el uso de la
cruz alta de plata o cruz baja y de madera, hábitos que accionaban como
pretexto para encarecer el oficio (ver anexo 1).
Más tarde el gobierno del estado de Tamaulipas (vecino de Nuevo
León) expide un decreto donde se rebajan los derechos que cobran los
.
·
. enberros,
·
curas por b autismos,
matnmomos,
ete. 22
Disposiciones civiles como éstas provocan la reacción violenta del
clero en toda la nación. En Nuevo León, Belauzarán, Obispo de Monterrey,
aprueba en mayo de 1834 la posición de los curas encamjnada a cerrar
las parroquias a causa de la baja de los precios de los sacramentos. En
abril del mismo año, el Obispo de Puebla es acusado de ser el cabecilla de
la reacción católica y de invitar a Valentín Canalizo a acercarse a Puebla
con el fin de que encabezara un movimiento popular.23
La actitud del clero nuevoleonés era, en tanto, producto no sólo de

En mayo de 1834 se promulga un decreto donde se trasluce la inten•
ción de controlar las acciones del clero: su propósito era hacer respetar
la política del gobierno civil. En el documento se indica que toda disposición eclesiástica debe contar con la aprobación del Ejecutivo estatal
para que sea legítima y obligatoria. También se establecen sanciones para
los transgresores, religiosos o civiles, qne implican hasta expulsión del
estado por un tiempo determinado.
Para mayo de 1834 -justamente- la reacción conservadora, guarecida en
la iglesia y el ejército, había cobrado bastante importancia manifestándose
en distintos lugares del país. Los pronunciamientos con el lema Religión
y Fueros sé hicieron comunes. Santa Anna, traicionande a los liberales,
se pone al frente de los sublevados en Veracruz. Por otra parte, la clase
media liberal gobernante ante la presión del clero, del ejército y la actitud
de Santa Anna se ve obligada a abandonar el poder. Duefto absoluto de la
situación y con su investidura de presidente, Santa Amia dispuso de inmediato la disolución del Congreso de la Unión y preparó el camino para el
establecimiento de una república centralista.
El 10 de junio de 1834, el gobernante de Llano declara en Nuevo León
que desconocerá las medidas adoptadas por Santa Anna mientras éste no
reconozca y garantice el ejercicio del Congreso de la Unión.25 Sin embargo, el poder político de los liberales iba en franco retroceso. A su influencia reformadora sólo le quedaban días de existencia. Sin apoyo de los sectores humildes y sin garantía de fuerza armada a través de la milicia cívica,
dos meses después de 811 declaración Manuel María de Llano se ve obligado
a abandonar el Ejecutivo del Estado, dejándolo en manos del jefe de las
fuerzas de la guarnición, Domingo Ugartechea.

�96

SigloXIX

Toda la intención reformadora de la clase media liberal en Nuevo
León se había concentrado realmente en procurar reducir los fueros y privilegios del clero. La educación y el ejército fueron poco o nada tocados
aunque a de Llano se debe la creación en el estado de las dos primeras
escuelas oficiales, que vinieron a sustituir a las dos religiosas que el clero se
vio obligada a suspender. Igualmente hubo intentos de reformar la milicia
cívica.26
La limitacion, no la eliminación de los privilegios y fueros del clero
y del ejército, fue el rasgo distintivo de la primera reforma. No se planteó
la extirpación de las prerrogativas eclesiásticas y castrenses. Pero el dilema
de la reforma era que se pretendía realizarla en un momento en que los
dos elementos estructurales mencionados determinaban la directriz del
país. Si se suma a esto a la existencia de una sociedad marcadamente religiosa, resulta comprensible que sus alcances fueran reducidos, que su
proyecto difícilmente rebasara el nivel de un planteamiento romantico.
3.

LIBERALISMO, PODER CENTRAL Y PROBLEMAS REGIONALES
DE INTEGRACION

La caída de Valentín Gómez Farías no sólo representa el truncamiento de los ideales condensados en la primera reforma liberal sino que significa el inicio de una nueva forma de gobierno adoptada por el Estado: el
centralismo republicano, con Santa Anna como .actor principal. Es la tercera forma de gobierno que se experimenta desde el fin de la dominación
española y se mantiene hasta el triunfo de la revolución de Ayutla, en
1855 (movimiento acaudillado por J nan Alvarez y dirigido contra el
gobierno dictatorial de Santa Anna).
Santa Anna había encontrado su más sólido apoyo en las fuerzas
reaccionarias del clero y del ejército, remedos coloniales y parapetos
fundamentales de la corriente conservadora. En tal virtud, su caída debe
interpretarse, además, como la pérdida de la hegemonía política conservadora y el repunte decisivo del liberalismo que habrá de culminar en la
realización acabada de su doctrina.

•

Pero el tránsito que ha de recorrer el liberalismo sustentado por la
nueva generación de políticos - Alvarez, Juárez, Degollado, Guillermo
Prieto, Lerdo de Tejada- es sumamente escabroso. Tiene que hacer frente
a una guerra civil, enfrentar las amenazas sistemáticas e intentos de invasión norteamericanas y europeas, manejar una política que concilie y

J. Ruéndiz: El liberalúmo en el norene de México

97

enrole en la mecánica nacional a los diferentes poderes regionales con marcada tendencia autárquica, defender la seguridad y legitimidad de su gobierno ante el imperio de Maximiliano y la intervención francesa.
Corresponde a un momento histórico donde la sociedad mexicana
se haya parcelada por la ausencia de fuerzas cohesionadoras intrínsecas
de un desarrollo capitalista en ascenso, circunstancia que acicateaba la
presencia de autonomías regionales con inclinación caudillista. Las que,
a su vez. dificultaban la configuración de un gobierno central con la
fuerza política y económica indispensables para establecer su jefatura sobre
los grupos regionales e insertarlos en el compromiso de una política nacional. Así, pues, problemas estructurales derivados del escaso desarrollo
del país conspiran en la dispersión del poder político y económico.
Para el caso del norte de México se conjugan aditamentos estructurales que singularizan la problemática regional y que Santiago Vidaurri
sabe manejar como parte consustancial de su política. Este personaje
arriba a los primeros peldaños de Ja esfera política en mayo de 1855,
cuando toma Monterrey luego de declararse en rebeldía contra el gobierno
de Santa Anna. Desde 1855 hasta 1864 -desde Nuevo León- se convierte
en agente primordial de una política que, con respecto al gobierno del
centro, se desliza desde la oposición verbal y cautelosa hasta la armada
y frontal. Siempre - empero- manteniéndose en el marco del proyecto liberal.
Como gobernador y jefe principal de gruesos contingentes militares,
Vidaurri delineó- una política que se sustentaba en tres aristas vertebrales:
adhesión al plan de Ayutla e integración, en líneas generales,
a la causa y programa liberales.
manifestacion expresa de la autonomía del poder político (y
militar) estatal, a la que procuró ampliar con sus intentos de
unificación de Nuevo León con Coahuila (consumado efectivamente en febrero de 1856) y con Tamaulipas (nunca logrado, pese a ocasiones en que adquirió un dominio relativo).
sostenimiento de esa autonomía echando mano a recursos que
formalmente correspondía al gobierno federal. El más significativo y conflictivo sería el control de las aduanas fronterizas que
se habilitaron sobre el río Bravo, frente a los territorios que
desde 1848 pasaron a ser norteamericanos. 27
La inclinación hacia la autarquía del vidaurrismo se vio favorecida por
la debilidad política y económica del gobierno del centro, distraído en

�J. Reléndiz: El liberalwno en el noreste de México

98

99

Siglo XIX

repeler la agresión armada de los enemigos (además de la incidencia de elementos infraestructurales como los precarios medios de comunicación y de
transporte).
El motor de su expresa autonomía lo constituyen los recursos pecuniarios provenientes de las aduanas fronterizas, especialmente de Piedras

Negras.
El control de las aduanas le generaba indirectamente importantes
recursos financieros, pues esta prerrogativa le permitía maniobrar para
obtener cooperación económica de los comerciantes locales (préstamos,
por ejemplo). En recoprocidad los mercaderes recibían estímulos a sus
actividades mediante el cobro de aranceles prefereJ1ciales, además de brin2
darles toda clase de oportunidades a la importanción de mercancías. s
La captación de recursos por vía de estos mecanismos, así como
mediante el cobro de impuestos a metales preciosos que buscan salida
hacia el norte; le permitían mantener importantes contingenten militares
por todo el territorio bajo su autoridad. La justificación de los efectivos
militares la encontraba en su destacada participación en la lucha contra
los conservadores y los intervencionistas. También, en la necesidad inaplazable de contar con un contingente bien equipado en lucha contra el indio
rebelde, considerado por el gobernador norteño como uno de los problemas
más acuciantes por atender.30
Este problema se gestó a mediados del siglo XVI, cuando los españoles
colonizarón la región norte de México. La dinámica colonizadora trae
entre sus consecuencias la expulsión de la mayoría de los indios que habitaban la región, obligándolos a replegarse en una vasta área ubicada más
allá del río Bravo. Desde allí realizarán visitas sistemáticas a los poblados
norteños, a quienes hacen objeto de múltiples depredaciones. En vísperas
de la sublevacióu de los texanos -1836 - se multiplican los ataques de las
tribus nómadas (indios rebeldes), dejando tras de sí una estela de pesadumbre, desolación y muerte. Después del cambio de frontera suscitado
por la guerra de 1847, el problema adquiere proporciones mayores y complicaciones nuevas. En los tiempos en que más comunes se volvieron sus
incursiones, llegaron a realizarse en un área que abarcaba más de la mitad
del territorio ~acional. El teatro común de SU8 correrías lo constituían los
estados de Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, Durango, Sonora, Zacatecas,
San Luis Potosí, y algunas veces Jalisco y Aguascalientes.

Con la nueva lfoea fronteriza (a partir de 1848) el problema indígena
involucró tanto al gobierno mexicano como al estadounidense en la búsqueda de mecanismos para enfrentarlo. En este contexto se origina el filibusterismo, lastre que junto con el contrabando, el .tráfico de caballada
y el bandolerismo, amén de las depredaciones indígenas, constituyen la
maraña de la problemática fronteriza. 31
Frente a tal estado de cosas resulta justificada la persistencia de Vi~urri por obtener asistencia financiera del gobierno del centro, el cual Siempre se mostró renuente a hacerlo en los términos planteados por el jefe
d~ Nuevo León. Las discrepancias entre ambos radicaba en el tipo de ayuda:
mientras uno ofrecía asistencijl militar, el otro, la exigía en moneda. Este
rejuego pone de manifiesto la tendencia caciquil de uno y el recelo y temor d~l otro._ La d4:5aveniencia subyacerá en la intransigencia que muestra
el gobierno vidaurnsta en cuanto a preservar el privilegio del control de
las aduanas aún en los momentos más críticos para el país*. Tal obcecación sería una de las causas fundamentales de su ruptura definitiva con
Benito Juárez, circunstancia que la llevaría finalmente a abandonar el
gobierno estatal e incorporarse luego a las fuerzas intervencionistas a las
que permanecerá fiel hasta su muerte Gulio de 1867).
'
4 . LA ESTRUCTURA AGRARIA Y LA POLITICA LIBERAL
A pesar de todas las dificultades vividas entre el gobierno central y
Vidaurri, éste, con su estilo muy personal representó en el norte oriental
de México lo más consistente del proyecto liberal. Todas sus acciones estuvieron normadas por el programa y la doctrina liberales, tanto en la actividad mercantil como en la agrícola. En el comercio puso en práctica medidas que repercutieron en el incremento sustancial de la circulación de
mercancías, objetivo identificado plenamente con la sociedad liberal.
En materia agraria se preocupó sobremanera por sentar las bases legales de la organización del uso del agua y de la tierra para facilitar una
explotación más racional desde la perspectiva del Estado. Con este fin puso

*

Hacia -?11es de 1863 con la intervención francesa había necesidad de
centralizll; los rec~rsos '! las fuerzas armadas. Así lo plantea el presidente Juarez a V1daum en su.peregrinar por el norte. Para entonces
los co~erv~dores e invasores tenían casí el control absoluto del resto
del temtono.

•

�]. Ruéndü:: El liberalwno en el noreste de México

101

l 00 Siglo XIX
en práctica un paquete legislativo que haría cimbrar de raíz la estructura
agraria prevaleciente: se hayaba conformada por la gran propiedad, representada por la hacienda, y por la pequeña propiedad, en sus modalidades
de ejidos, propios y accionistas particulares.
El contenido legislativo se enmarcó en lo contemplado en las leyes del
25 de junio de 1856, del 16 de octubre de 1857 y del 9 de marzo de 1858.
La primera fue sostén del golpe demoledor que los liberales asestaron a la
iglesia, propiciando con ello el inicio de la pérdida del poder económico
del clero; la segunda vino a cubrir el vacío dejado por la ausencia de una ley
agraria que regularse el problema,del agua y de la tierra: planteaba como
objetivo esencial la determinación, el arreglo y registro de las aguas y de las
caballerías mercedadas en el estado; la última, normó la enajenación de las
tierras de propios y ejidos.
Las tres leyes cuidaban de no propiciar, aunque no lograron evitarlo,
la concentración de los recursos naturales en cuestión. Esta intención la
encontramos plasmada en los artículos 30, 4° y 5° en la ley del 16 de oc32
tubre de 1857; en el artículo 12º de la del 9 de marzo de 1858; y en la
tercera prevención de las cuatro que ordenó Santiago Vidaurri, con aprobaacion del gobierno nacional, conforme a las cuales debía hacerse la enajenación de las corporaciones civiles en el estado unificado de Nuevo León
Coahuila.33
La realización de la política agraria vidaurrista inició la desaparición
paulatina de formas tradicionales de propiedad, pero también motivó la
transferencia y el acaparamiento en manos de flamantes propietarios, por
lo común identificados con los nuevos grupos sociales dominantes. Las
tierras de ejidos y de propios fueron objeto de compra-venta con bastante
regularidad, constituyéndose en fuente importante de los municipios, a
· de constantes conflictossoc1ºales.34
a 1a vez que en motivo
Lru¡ propiedades del clero serían también sometidas a un proceso de
enajenación que aparentó no ser tan violento debido, tal vez, al hecho de
que los bienes eclesiásticos no contaban la magnitud que en el centro del
país, donde el conflicto Iglesia-Estado adquirió tintes sumamente dramáticos. Empero, el gobierno vidaurrista no cedió a ninguna presión por
las leyes de desamortización, siendo inflexible y firme ante cualquier intento del clero de desoír los mandatos gubernamentales sobre la materia.

5.

LIBERALISMO Y PODER CLERICAL

La iglesia, confiada en su poder económico, se mostró arrogante y
prepotente ante el proyecto liberal, el cual pretendía acabar muy partí•
cularmente con los fueros y privilegios del clero. Antes de la segunda reforma encamaba al primer terrateniente y prestamista del país:
(. ..) tenía más ingresos anuales que el gobierno nacional. Las estimaciones del ingreso anual de la iglesia varían, pero era cuando
menos de 23 millones de pesos sino es que llegaba a una cifra tan
alta como 100 millones de pesos.3 5
En tales condiciones desafiar su poderío era para los liberales una
aventura sumamente riesgosa y que finalmente costó al país tres años de
una guerra intestina, más otros tres de sometimiento a un emperador ex•
tranjero.
El enfrentamiento tenía que ser a muerte debido a que en el proyecto
de nación de la Reforma el matrimonio entre la iglesia y el Estado debía
abolirse bajo el principio del establecimiento de la hegemonía política del
último. Su cristalización implicaba para el poder religioso la pérdida de
preferencias tradicionales, algunas de las cuales eras incumbencia de las
funciones del poder secular: estadísticas sobre bautismos, matrimonios,
defunciones, etcetera. La eliminación de tales prerrogativas era una condicion insoslayable para allanar el desarrollo de la sociedad en gestación.
El triunfo de los liberales en la guerra de Reformas hizo factible la
puesta en marcha de las leyes de desamortización, pero su impulso se vio
compelido por la inestabilidad institucional del gobierno liberal a partir de
1862, a causa de la ocupación del país por las fuerzas francesas. En el norte
de México siguió avanzando, aunque también en forma conflictiva, gracias
al aumento de la clase media liberal, a los intereses de los nuevos grupos sociales dominantes identificados sobre todo con la actividad mercantil, a
la toma de conciencia de la pléyade de liberales locales y la tardía llegada
de la guerra extranjera.
En Nuevo León, el gobierno vidaurrista abrazó con entusiasmo y decisión los postulados liberales y enfrentó abiertamente a la iglesia. Su política fue secundada por los sectores modernizadores que pugnaban por un
nuevo orden regido por los principios de la libre competencia, de la liberación de la fuerza de trabajo y de la libertad para la producción y la circulación. Precisamente la realización de la política liberal y el resquebraja-

�102 Siglo XIX
miento de las estructuras caducas se les ofrece como una coyuntura que
les permitiría acaparar los bienes desamortizados, tanto religiosos como
seculares.
Los nuevos propietarios accionan en la esfera de la circulación mercantil y de la política, están estrechamente vinculados a la pJutocracia. Entre otros muchos tenemos a Julián Quiroga, lndalecio Vidaurri, Gregorio
Zambrano, Manuel María de Llano, Patricio Milmo, Mariano Escobedo y
Jesús Dávila y Prieto.36 Julián Quiroga,junto con Zuazua, es el hombre de
confianza de Vidaurri; Indalecio Vidaurri es hennano del gobernador;
Gregorio Zwnhrano, reconocido político local y jefe de una familia de
connotndos comerciantes locales; Patricio f\.1ilmo, yerno de Vidaurri y uno
de los más destacados mercaderes de Monterrey; Mariano Escobedo, brazo
armado fundamental de los liberales en el norte y quien dirigiera las fuerzas liberales que tomaron prisionero a Maximiliano en Querétaro; Manuel
María de Llano, ex gobernador e impulsor local de la primera reforma;
Jesús Dávila y Prieto, hombre de vasta experiencia política y administrativa.
La venta de las tierras eclesiásticas contribuyó a sufragar los gastos
ocasionados por la guerra. El Estado es quien se convierte en subastador
de dichos bienes y establece que todo el producto derivado de sus ventas
sea depositado en la tesorería.
Debido a las exigencias de la guerra y a la escasez de recursos suele
disponer de dichos capitales en calidad de préstamo. Un ejemplo: en julio
de 1864, Ignacio Arizpe pide al gobierno del estado se le pague la cantidad
de tres mil quinientos sesenta y cuatro pesos y los intereses correspondientes, a partir de 1858, por la venta de la capellanía de San Pedro de los Nogales, que fue objeto de desamortización. Dicha cantidad ingresó a la
tesorería del estado en febrero de 1858 y fue utilizada para sostener los
gastos del Ejército del Norte, ocupado en la lucha contra los intervencionistas.37
Paralelamente a la realización del programa liberal el vidaurrismo movilizó las fuerzas sociales y productivas en función de la defensa de la soberanía nacional, basado en la aplicación de una virulenta legislación que
se manifiesta en medidas como las siguientes:
-

Establecimiento de contingentes extraordinarios a los municipios para
sufragar los gastos ocasionados por la guerra.

J. Re,éndiz: El liberalúmo en el nore,te de Mhico

-

103

Reducción temporal de salarios a los empleados civiles y militares.
Imposición de tasas de contribución sobre capitales muebles e inmuebles.
Obligatoriedad de todos los ciudadanos, que estén dentro de los requisitos exigidos, de enlistarse en la guardia nacional o en cualquier
organización armada dispuesta por el Estado.38

El avance de la reforma liberal iba aparejada a una profunda tirantez
de las relaciones entre el poder secular y el religioso. Si bien el conflicto en
Nuevo León no se manifiesta con la misma intensidad que en el centro, en
cambio la renuencia del clero es inobjetable en cuanto a acatar las leyes de
desamortización, las leyes sobre obvenciones parroquiales y el juramento
de obediencia a la Constitución de 1857.
Su obcecada posición en tomo a estos puntos conlleva a que el gobierno vidaurrista haga uso de todos los recursos con el fin de establecer
e imponer la autoridad civil y el acatamiento de sus lineamientos. Cuando
se hizo imprescindible hacer uso de la violencia no vaciló ni un instante.
Así, el 12 de julio de 1857 el párroco de la iglesia de Marín, Manuel Martínez, es red~cido a prisión por haber pretendido difundir una carta pastoral no sancionada por la autoridad civil.39 Acusados de conspirar contra
e! orden establecido e incitar a la sublevación al pueblo de la Villa de Santlag~ Y de Monterrey, en 1859 son sentenciados a 8 años de prisión, en el
C~tillo de_ S~ Juan de Ulúa, el Presbítero Lorenzo de León y Santiago
Suarez. AsIIDJSmo se condena a 6 años de trabajos forzosos, en el mismo
reclusorio, a Anastacio Casas, Félix Marroquín y Jesús Villalón.4 º
En el ~mo ab~co de justificaciones se ubica la expulsión del
estado del ohJSpo de Lmares Francisco de Paula, puesto que insiste
e?, su propósit~ de no recibir a las autoridades en la solemne func1on que esta CIUdad celebra hoy en honor de la patrona tutelar,y
q:,ie n~ pued e, porque en su concepto es pecado, derogar las prov1de~cias__que ha dictado para que no se cumpla la ley de desa~ort1zac1on, 1~ ~e. obvenciones parroquiales y algunas contingencias que a su Jwc10 estan en contraposición con los dogmas de
la Iglesia. .. 41
. La salida del obispo de Linares no significó el arrodillamiento del clero
m, ~ucho m~os_, su derrota final. La batalla se siguió dando a través del
Cabildo Ecles1astico de la Catedral. Pero la preeminencia de la autoridad

�104 Si¡j/o XIX

J. Relindi.r: El liberalúmo en el norute de México

civil sobre la clerical era cada vez más clara y se consolidaba en la medida
en que el tiempo transcurría.
Los primeros saldos favorables del enfrentamiento con la iglesia impulsa al gobierno liberal a no detenerse en su programa reformador. En
tal virtud, el 10 de agosto de 1859 se suspenden en todos los pueblos del
~tado el derecho de fábrica, y a partir de 1861 se hace más palpable la
severidad de la vigilancia para el cumplimiento de lo estipulado en la ley
del Registro Civil (ver anexo 3).
La marcha ascendente de los postulados liberales continúa hasta 1862,
año en que el gobierno se compromete en una guerra intervencionista
que llega a su fin en 1867 y, con ello, marca el triunfo definitivo del liberalismo.

105

bilidad de dirigir las fuerzas mexicanas. AGENL, Circulares, caja 8, 13 de junio
de 1830.
4. AGENL, Memorias de Gobernadores, Memoria de 1826 presentada por José
María Parás el 21 de febrero de 1827, hoja 10 frente y vuelta, y boja 11 frente.

S. El gobierno de José Mana Parás decreta el 29 de abril de 1826 un proyecto de
cinco artículos en los cuales se tipifican con claridad los derechos de los sirvientes y de los amos. AGENL, Circulares, caja 4,1826. En relacion al mismo
tópico, el gobernador Joaquín García, el 9 de mayo de 1831, promulga un de:
creto en el se establece que "los amos a quienes se les muera algún peón o sirviente deviéndoles cantidad de dinero, no están obligados a pagar el entierro de
aquel mozo. Exceptuándose en estos casos los derechos de fábrica como que
están destinados exclusivamente paralosgastos del culto divino ( ... ) AGENL,
Circulares, caja 9, 1831 - 1832.
6. El decreto contemplaba que por el registro de fierros se pagaría en adelante seis
pesos en lugar de los veinte que pagaban. Los de escasos recursos pagarán sólo
tres pesos. AGENL, Circulares, caja 4, decreto 21, 1827, 18 de febrero,

A manera de conclusión señalaremos que:
-

-

El movimiento liberal de mediados del siglo XIX se diferencia del de
los años treinta en que aquél se planteó la abolición de los fueros y
privilegios del clero en tanto que éste sólo quería limitarlos.
La lucha liberal de los cincuenta coincide con una clara transición
hacia renovadas estructuras económicas; con un momento en que la
iglesia es sumamente poderosa pero su aliado natural, la fuerza militar,
se haya disperso entre los ejércitos regionales y ya no constituye una
fuerza directriz a manera de los años treinta.
Al lograr el resquebrajamiento del poder de la iglesia y del ejército,
haciendo posible la transferencia de los bienes eclesiásticos, el movimiento liberal sentó las bases para futuras transformaciones estructurales en el país, que lo situaría en el sendero de una economía burguesa.

7. "Si bien escoceses y yorlcinos agitaron al país con sus disputas y luchas, no puede
desconocerse que además de constituir los primeros partidos en la vida nacional,
con su acción establecieron las bases .de nuestra educación política, y que, en el
caso de los segundos, proporcionaron los principios de una doctrina y un programa ltl&gt;eral y democrático, antecedentes de los ideales y planes de transfonnación social y política que habían de cubninar con el triunfo del partido del progreso, en el histórico año de 1867 ''. Agustín Cué Cánovas, Hútoria Social y
Económica de México. 1521 • 1854, editorial Trillas, México, 1976, p. 314.
8. La prolubición del decreto comprende entre otros los siguientes artículos:
"algodón en rama de cualquier procedencia extranjera, añiles, cinta de algodón
y lino ordinario, cobertores y sobrecamas hechas de lana y algodón, cartoncitos
de algodón, cuya calidad no llegue a la de la indiana inglesa fina, dulces, flecas
de algodón y lana, pañetes, o medios paños papel de colores, sorgas de lana,
quesos de todas clases, tajalos de algodón, tejidos o lienzos trigueños y blancos
de algodón cualesquiera que sean sus dimensiones y denominación, cuya calidad
no llegue a la del coco fino". AGENL, Ministeóo de Hacienda, 1829, 22 de
mayo de 1829.
9. AGENL, Ministerio de Hacienda, 1828, primero de febrero de 1828.

NOTAS
l. Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), Circulares, caja 6, 19 de
diciembre de 1828.
2. Los animales fueron aportados por los municipios del Estado. Pesquería Grande
contnl&gt;uyó con 100 mulas. AGENL, Circulares, caja 8, 26 de mayo de 1830.
3. Los generales Mier y Terán y Antonio López de Santa Anna tenían la responsa-

10. En el artículo 10° que crea el Banco de Avío, se asienta:" Se fomentarán de
manera preferencial los tejidos de algodón y lana, cría y elaboración de seda
Pero tambien se estimularán otros ramos tanto industriales como agrícolas
que sean de interés para la Nación. " AGENL, Circulares, caja 8, 1830 - 1831,
4 de noviembre de 1831.
11. En circular de 21 de noviembre de 1827, el gobierno de Nuevo León hace del
conocimiento de los nuevoleoneses que el gobierno federal fue autorizado para
rectl&gt;ir un crédito, en dinero, hasta de cuatro millones de pesos. AGENL, C ~
lares, caja 5, 1827. En relación al mismo asunto el ministro de Hacienda en funciones, José Ignacio Pavón, pide al gobierno de Nuevo León haga llegar cuanto
antes los mayores aportes posibles. Esta exigencia se debe a que hay una caren-

�106

J. Ruéndú: El liberalúrno en el no,,- de Múico

Sigk&gt;XlX

cia notable de recursos financieros, hasta para atender lo más indispensable.
Asimismo notifica que el préstamo de cuatro millones de pesos no se ha podido
conseguir. AGENL, Ministerio de Hacienda, 1828, 12 de enero de 1828.
12. En virtud del patronato eclesiástico, el verdadero jefe de la iglesia en las colonias
españolas era el monarca españoL Al independizarse México, dicho derecho debena derivar al Estado Mexicano y en consecuencia el clero convertirse en un
subordinado del gobierno civiL Ver Alfonso Toro, La Revolución de lndepen•
dencia y Múico lndependienUJ, Editorial Patria, México, 1963, pp. 310 y 311.
También consultar Agustín Cué cánovas, op. cit., p. 322.
13. Alfonso Toro, op. cit., pp. 314 y 315. Agustín Cué Cánovas, op. cit., p. 334.
14. AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 6 de noviembre de 1833.
1S. Agustín Cué Cánovas, op. cit. p. 323.
16. El artículo primero del decreto que signa la abolición del diezmo dice textualmente: "Cesa en toda la República la obligación civil de pagar el Diezmo Eclesiástico, dejándose a cada individuo en entera hoertad para obrar en esto con
arreglo a lo que su conciencia le dicte: AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 27
de octubre de 1833.
17. Charles A. Hale, El Liberalilmo Mexicano en época de Mora. 1821 · 1853, Siglo XXI, Editores, México, 1972, pp. 42 • 73.
18. Los diputados que fuman el escrito de protesta, y que en su mayoría han de
conformar el equipo político de Mánuel María de Llano, son Pedro TreYi:ño y
Pereyra, Francisco Tomás de Iglesias, Joaquín Caso, Camilo Gutiérrez, Antonio
Ayala y Bernardo Quiroz (suplente), además. del propio de Llano. AGENL,
Periódico Oficial, 8, 1833, 19 de enero de 1833.
19. AGENL, Periódico Oficial, 26 de mayo de 1833.
20. Ante las mínimas posibilidades de que su movimiento triunfará, Escalada pide
a principios de julio de 1833 el indulto al gobierno de Morelia y en septiembre
es hecho prisionero. AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 4 de julio y 23 de septiembre de 1833.
21. El 20 de noviembre de 1833, el gobierno del Estado comunica a todos los ha·
bitantes que con el 31 de octubre recibió del ministro de Justicia y Asuntos
Eclesiásticos una disposición que contempla entre otras cosas las síguientes prevenciones que "debo cumplir en mi territorio de mando":
1 Que vigile para que los eclesiásticos no toquen en el pulpito materias
políticas, ni para apoyar ni para secundar los principios de la administración
pública.
2°. Que si advirtiere algún exceso en esta materia use de los medios represivos propios de su autoridad, y dé aviso al supremo gobierno para los que fueren de su resorte.
3º. Que al respecto se tenga presente la ley 19, tít.
lib. 1°. de la Recopilación de Indias que a letra es como sigue: ..Encargam~! a los Pr~~os
seculares, que tengan mucho cuidado de amonestar a los clengos y religiosos
predicadores que no digan ni prediquen en púlpitos palabras escandalosas tocante al gobierno público y universal, ni de que se pueda seguir pasión o diferen-

°.

xn,

107

cía". AGENL, Periódico Oficial, 8, 14 de noviembre de 1833.
22. AGENL, Periódico Oficial, 9, 1834, 1 de mayo de 1834.
23. El citado obispo de Puebla, Francisco Pablo Vázquez, en flagrante violación a
la ley de votos eclesiásticos y en abierto reto al gobierno civil, en abril de 1834
excomulgó a una monja por abandonar la profesión monacal Ver AGENL,
Periódico Oficial, 9, 3 de abril, 24 de abril y 14 de mayo de 1834.
24. En lo referente al tiempo regular en el que deben realizarse los sacramentos el
gobierno establece uno de invierno y otro de verano. El primero comprende del
15 de septiembre al 1S de marzo, con una duración diaria de doce horas que
comenzarán a correr desde las seis de la mañana a las seis de la tarde para la celebración de los casamientos y bautismos; y el segundo, del 1S de marzo hasta el
15 de septiembre, en un horario que vaya desde las cinco de la mañana hasta las
siete de la tarde. Los entierros también estaban bien sujetos a las especificaciones
del reglamento. AGENL, Circulares, caja 10, 1832 - 184S.
25. AGENL, Circulares, caja 10, 1832 • 184S, 10 de junio de 1845.
26. ldem. 19 de diciembre de 1833.
27. Mario Cerutti, "Poder regional, gobierno central y periodismo liberal en México
en años de la Reforma. Santiago Vidpurri y los estados fronterizos del noreste
(18S5 - 1864)", en Alberto Gil Novales (ed.), La prerua en la Revolución LiberaL
E1pa11a, Portugal y América Latina, Madrid, Universidad Complutense, 1983,
p. 243.
28. los estímulos en materia aduana! conllevaron a que los comerciantes intensificaran
sus importaciones de producto europeos y norteamericanos ante las airadas protestas de los comerciantes del centro del país. El disgusto de éstos se explica si
consideramos que " ( ... ) Vidaurri tomaba decisiones en materia aduana! que
alteraban o modificaban las ordenanzas nacionales. Un ejemplo nítido fue su
rebaja de los derechos aduanales: por los puertos terrestres bajo su dominio, las
importaciones se hacían con rebajas que llegaban a más de un cincuenta por
ciento de lo fijado por la reglamentación de 1856, sancionada por Comonfort '.
Mario Cerutti, op. cit., p. 261
29. En 1862 el gobierno de Vidaurri decomisó un cargamento de plata en pasta, por
valor de 9824 pesos, perteneciente a la casa Uhde y Cª de Matamoros. Dicho cargamento procedía de San Luis Potosí y se dirigía a Matamoros. AGENL, Concluídos, caja 7, 1862.
30. Este tema lo trato más ampliamente en "La política de Vidaurri y la expulsión
de las tnous nómadas en el noreste de México", tesis que presenté en la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León con opción
al título de Licenciado en Historia.
31. Para una información más detallada acerca de los problemas de la frontera
méxico-estadounidense en el período de 1848-1870, ver Informe de la Comúión
Pe,qui,idora, facsímil publicado en junio de 1984 por el Archivo General del
Estado de Nuevo León.

�108 Siglo XIX

J. Ruindú: El liberulümo en el norufe de México

32. Este artículo textualmente dice: "Al prudente arbitrio de los alcaldes primeros,
se deja el repartimiento de los terrenos de ejidos y de propios, recomendándoseles muy especialmente la mayot post"ble subdivisión. En consecuencia, nadie
podrá tener más de cuatro fanegas de sembradura y los que por renta disfruten
de mayor cantidad, midiéndose toda, se les enagenará por el avalúo ó se adjudicará en subasta, según lo dispuesto en el artículo 3º". AGENL, Periódico Ofi·
cial, de enero uno de 1858 a septiembre 20 de 1859. Boletín Oficial, Monterrey,
mano 16 de 1858.
33. Se previene que las aguas y tierras sobrantes que no estén en arriendo sean divididas lo más posl"ble con el fin de que sea mayor el número de propietarios.
AGENL, Periódico Oficial, 3 de diciembre de 1857.
34. Este tema lo desarrollo más ampliamente en "La Propiedad del Agua Y de la
Tierra en Nuevo León (1855-1870)" presentado en el cuarto encuentro sobre
lA Formación del Capitalúmo en México, Jalapa, Veracruz en diciembre de 1985.
35. Parra, "Grandes Tendencias",p. LXXVII;C.Cumberland,México: 'TheStruggle
for Modernity (Nueva Yorlc, 1968), p 177, citados por T. G. Ppwell en El Liberolumo y el Camperinado en el Centro de Mérico {1850 a 1876), Sepsetentas,
122, México, 1974, p 28.
36. AGENL, Concluídoscaja 65, 1861. Ver también AGENL, Legajo no clasificado,
1857 -18S8.
37. AGENL, Concluídos, caja 19, 1864 · 1865, julio de 1864.

CASAMIENTOS
Art. 3
monios.

°. Bases para el cobro de derechos por celebración de matri-

ª·

1 Por la declaracion de los novios, o sea el ducho, se cobrará dos
pesos si el párroco va a la casa; en caso de que la distancia sea más de una
legua sin pasar de dos, se cobrará cuatro pesos; y si la distancia es mayor
de dos leguas entonces se convendrán párroco y pretensos.
2ª. Por las informaciones matrimoniales no se cobrará derecho
alguno, sino que se continuará pagando un real por el papel, y dos al escnbiente por cada declaración.
3ª. Se pagarán tres reales por cada una de las tres moniciones que preceden al matrimonio.
4ª. Dos pesos por el matrimoni~.
5ª. Un peso por velación o bendición nupcial.
6ª. Dos reales por desgaste de lás candelas que arden en el altar y las
que se entregan a los contrayentes.
7ª. Se continuarán pagando trece reales por las arras.

38. Ver trabajo señalado en nota 34, pp. 3 y 4.

8ª. Los que soliciten madrugada pagarán además de lo dicho en las
prevenciones anteriores, lo acostumbrado en cada pueblo, siempre que no
pase de tres pesos.

39. AGENL, Legajo no clasificado.
40. AGENL, Concluídos, caja 47, 1859.
41. AGENL, Legajo no clasificado. Ver también anexo 2.

ANEXO

109

9ª. Si los contrayentes pertenecen a parroquias diferentes pueden casarse en la iglesia que lo deseen. El cura que celebra el matrimonio y hace
la velacion, cobrará los derechos contenidos en estas prevenciones y al
del otro contrayente, solamente se le pagarán_Jos seis reales designados en
la tercera base de este arancel.

1

El gobierno del Estado decreta el establecimiento del arancel común
para todas las parroquias y capillas del Estado, tocante a bautismos, casamientos y entierros.
BAUTISMOS
Art. 1°. Se establece la cantidad de pago único de cuatro reales el
bautismo sin distinción de clase ni persona.
Art. 2°. Se prohiben los decretos de Capa, Cruz Alta, y Altares.

ENTIERROS
El cobro de los entierros se sujetará a las prevenciones siguientes.

°.

Art. 4 Queda prohibida para siempre en el Estado la desigualdad de
obvención que por la desigualdad y origen de clase y aún por la localidad y
sitios, en los campos santos y templos, se ha exigido a los fieles hasta
ahora por los curas por el entierro de un adulto o párvulo. En consecuencia sólo se cobrará dos reales por cada entierro sin distinción alguna. Cuatro reales por cada acompañado y dos reales por cada doble, cualquiera
que sea el número de las campanas que se toquen, y su duración.
1

ª· Queda igualmente abolida la distinción, de entierro mayor o m

�J. Ruéndiz: El liberalúmo en el nore,te de México

111

llO SigloXIX
nor, así como, la costumbre de cruz alta, de plata o baja y de madera.
2ª. ·para la fábrica se continuará pagando, sin distinción alguna, por
cada persona un peso por el entierro que se haga.
3ª. Se renuevan las reiteradas prohibiciones de enterrar a los cádaveres
de cualquier persona en los templos y capillas del Estado. La contravención de esta orden será objeto de un castigo consistente en el pago de cien
pesos.

de la iglesia de Nµevo León y Coahuila, que por su ministerio espiritual y
como pastor del rebaño de Jesucristo, debió dar á este ejemplos más saludables y más dignos de su alta misión.
COMPATRIOTAS: el boletín que se circula hoy os instruirá de los pormenores de este suceso. El Gobierno está resuelto á sostener íntegro el
sagrado depósito que le habeis confiado, la paz y el órden legal. Mientras
caminemos como hasta aquí, formando un cuerpo compuesto, nada hay
que temer aunque la reacción se presente bajo cualquier forma. Tal es el
norte de vuestro Gobernador y amigo.
Santiago Vidaurri.
Monterrey, Septiembre 9 de 1857.

4ª. Se prohiben las exhibiciones de los cádaveres descubiertos por las
calles y plazas públicas de los pueblos.
5ª. Queda prohibido para siempre el depósito de cádaveres en las capillas y parroquias para hacerles honras y funerales. La violación de esta
prevención se sancionará con cien pesos.

Fuente: AGENL, Legajo no clasificado relativo a la correspondencia entre
el gobierno de Nuevo León y la iglesia durante el año de 185 7.

6ª Sólo son permitidos los entierros en los templos en aquellos pueblos que carezcan de campo santo.

ANEXO

7ª. Lo no derogado expresamente en este arancel, queda vigente,
hasta la resolución del Honorable Congreso del Estado. Dado en Monterrey a 23 de julio de 1833.

Secretaria del Gobierno
del Estado Libre y Soberano de
Nuevo León y Coahuila

Y para que llegue a noticia de. todos, y se le de el debido cumplimiento, mando se imprima, publique y circule. Fecha ut supra.- Manuel M.
de Llano.- Ancelmo R. de Marichalar. Secretario.

Circular Núm. 27

Fuente. AGENL, Circulares, caja 10, 23 de junio de 1833.

ANEXO 2

Santiago Vidaurri,
a los Nuevoleo-Coahuilenses.
CONCIUDADANOS: ayer ha tenido lugar en esta capital un acontecimiento que debo dar cuenta al Estado, pues tal es su gravedad.
El Prelado diocesano creyendo que podía impunemente sobreponerse á
las leyes y á las autoridades, mandó que se hiciera un desaire público al
Ayuntamiento de esta capital, o más bien que se ejerciera una nueva
venganza en el templo de Dios. Despues de este atentado, la autoridad de,l
Gobierno habría sido un sarcasmo y objeto de burla: por su parte agoto
todos los medios de prudencia para evitarlo; y habiendo sido inútiles no
le quedó otro recurso que empicar su poder para reprimirlo y cortar de raíz
un mal que si se hubiera dejado cundir por mas tiempo, nos habría traído
muy funestas consecuencias. El trastorno de la paz, nultificando ante~ la
Ley y la potestad temporal, á esto tendía visiblemente la conducta del Jefe

3

El Exmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores y Gobernación, con
fecha 23 de próximo pasado Mayo dirigió al Exmo. Sr. Gobernador la
comunicación siguiente:
Exmo. Sr.
Habiendo consultado el Prefecto de Tulancingo á este Ministerio si los curas párrocos deben hacer los bautismos
antes ó despues que se haya verificado la inscripción que previene la ley de
Registro Civil, el Exmo. Sr. Presidente se ha servido resolver por punto
general que, sin ingerirse la autoridad civil en lo relativo á los actos eclesiásticos del bautismo, está en su derecho, y en la obligación, conforme á la
ley de obligar á los padres de familia á que inscriban en el referido Registro civil á sus hijos, lo cual deberán verificar dentro del tercero día de nacidos.- Y tengo el honor de comunicarlo á V. E. de orden suprema para su
conocimiento y efectos consiguientes.
Y de órden superior lo trascribo á V. para su inteligencia y cumplimiento.
Manuel G. Rejón.
Dios y Libertad. Monterrey,Junio 5 de 1861.
Fuente: AGENL Circulares, caja 10, circular 27, 1861.

�SIN FE, SIN LEY Y SIN CAUDILLO

Cambio cultural, liberalismo
e insurgencias populares

Miquel Izard*

Mientras la Historia oficial sigue repitiendo que sólo se podía comerciar con la Metrópoli y la Nueva España (lo que provocaba el malestar del
mantuanaje), que sólo se aceptaba la ideología impuesta por Madrid, que
el poder estaba en manos de la burocracia peninsular o que las prolúhici&lt;&gt;nes no sólo se acataban sino que además se cumplían; la realidad, descrita
por Ramón Aizpurua, tendería a mostrarnos el norte de la actual V enezuela convertido en una enorme plantación, con miles de esclavos, comercializando la mayoría de la producción (azúcar, tabaco, cacao o bienes pecuarios) a través de una vía sumergida o subterránea. Este norte de Venezuela
era una pieza importante de un ámbito mayor comunicado por una navegación circular, puesta en marcha por los curazoleños (en buena parte sefardíes), que llegaba también a Jamaica, Cuba, los puertos sureños de las
1
Trece Colonias, Santo Domingo, Puerto Rico y las Antillas menores.
Por este circuito llegaron a Venezuela no sólo alimentos, manufacturados y esclavos, sino también nuevas ideas, de las que quisiera destacar cuatro, dos americanas y dos europeas: la secesionista que culminó en la revuelta de las Trece Colonias, el rechazo a la esclavitud que desencadenó los
sucesos de Haití, la ilustración que provocó la revolución francesa, y el liberalismo que degeneró en el capitalismo. La primera y la tercera influyeron a Gual, España o Miranda, la última a Bolívar, y el rechazo a la esclavitud o a la moral capitalista pudieron esclarecer las insurgencias populares.
Los enfrentamientos convirtieron a la Tierra Firme en uno de los principales escenarios mundiales de la transición final de la sociedad autosuficiente
a la sociedad excedentaria.
*Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona. Este trabajo es, en par·
te, una reelabo.raeión de la ponencia "El hoeralismo y el federalismo como reconocimiento e intento de institucionalización de los poderes de hecho y del caudillismo", presentada en el Primer Congreso del Pensamiento Político, Caracas, 29 de junio al 2 de julio de 1983.

�M. lzard: Cambio cultura~ liberalismo e insu,gencias populares

115

114 Siglo XIX

Y el incremento de las insurgencias populares en el siglo XIX se debió esencialmente a que las guerras de la Independencia no supusieron
transformaciones estructurales, sino la consolidación de la primera etapa
de la revolución capitalista, acelerando las transformaciones que (gestándose en favor de la oligarquía desde, como mínimo, mediados del siglo
XVIll) perseguían en parte resquebrajar el entramado que permitía el funcionamiento de la sociedad autosuficiente, que había servido para alcanzar
todos los elementos que constituían su identidad, para satisfacer todos los
objetivos que cada grupo había escogido para existir, para defenderse de
los ataques desde el exterior.
Los futuros beneficiarios de las transformaciones, y 8118 apóstoles, proponían el paquete de medidas que podríamos calificar de programa liberal:
abolición de viejas trabas como monopolios o diezmos; algún tipo de desamortización, fingiendo que se vend(an los bienes de manos muertas (pero
por encima de todo los bienes comunales y los resguardos), terrenos de
donde cada comunidad obtenía buena parte de lo que necesitaba para subsistir y era por ello menos vulnerable; obviamente, la de$amortización favoreció, indirectamente, a la vieja oligarquía o creó una nueva burguesía,
agraria o urbana, que si no pertenecía ya a él se convertía al nuevo orden
para defender sus adquisiciones; un desarme arancelario frente a la invasión
de bienes industriales del exterior que acabarían arruinando, uno tras otro,
los restos de manufacturas y obrajes; o la construcción de redes de transporte para facilitar la depredación de los bienes del interior y la invasión de
los forasteros.
Pero, por encima de todo, debían imponer una nueva cultura, la suya,
sin lo que habría sido imposible e impensable el triunfo de la Buena Nueva~ un conjunto de creencias, esencialmente represivas, que, entre otras
cosas, debían servir para justificar los castigos y anatemas que recibirían
infractores y contestatarios; una nueva moral que hablaba de las excelencias del crecimiento, el triunfo y el éxito individual, de una sola idea válida
de progreso o de los beneficios de la laboriosidad y el ahorro; el engaño del
parlamentarismo, como única forma deseable de gobierno supuestamente
democrática; una forma distinta de organizar la producción, no para satisfacer necesidades, sino para producir más para vender más; una escuela peculiar, que tardaría mucho en extenderse suponiendo que llegara a hacerlo,
para transmitir unos conocimientos técnicos y para estabular a la chiquillería con la finalidad de rohotizarla, podarle su natural espíritu imaginativo,
inconformista y contestatario e inculcarle los nuevos códigos; el ocio convertido en una mercancía de consumo que serviría para rematar la tarea
estandarizadora iniciada en las escuelas.

Quizás lo que acabo de decir se clarificaría señalando, o recordando,

alguna de las diferencias entre la cultura de las sociedades autosuficientes y
la cultura liberal o capitalista. A nivel de las creencias, una especie de pan♦
teísmo protoecologista y una satisfacción con todos los placeres de los sentidos frente a una religión atolondradora y unas normativas victorianas que
lo que no tenían por maligno, lo tenían por pecaminoso; a nivel de la moral, la solidaridad, la reciprocidad y la cooperación ante el egoísmo; en
cuanto a la política, si antes debía lucharse contra la opresión, cuando la
hubo, ahora había que proseguir la misma lucha contra la opresión y además contra la alienación; la producción para satisfacer los objetivos que el
grupo había escogido para existir, ante una producción para conseguir excedentes a través del trabajo, pesado y no satisfactorio, presentándolo como una maldición bíblica (aunque se estaba gestando una maldición peor,
el paro, la carencia de trabajo); del aprendizaje por simple observación se
pretendía pasar a una escuela alienante y embrutecedora; a cambio de,un
ocio variado y participativo, se presentaba un ocio como bien de consumo
pasivo, controlable y manipulable desde el poder, formado por un corp~
único, estandar, centralizado y, por supuesto, escrito.
Los futuros beneficiarios y sus apóstoles no sólo debían imponer la
~ueva cultura: debían perpetrar los cambios mencionados a la vez que realizab~n una, tarea pedagógica compleja, comprometida e imprescindible;
no solo deb1an cantar las excelencias del nuevo proyecto, de la Tierra Prometida, sino que debían vituperar la cultura anterior. Demostrar, valiéndo~e de todos los ~djetivos necesarios, que puesto que estaba superada y era
nnprocedente e madecuada, no quedaba otra alternativa que prescindir de
ella. Y en las Indias no se trataba solamente de denigrar la cultura occidental anterior, ~o que, por ene~ de todo, era imprescindible desprestigiar
Y menospreciar la cultura ahongen y las que se habían ido creando desde
la invasión europea, la de los esclavos, mestizos o llaneros.

l.

LA CRISIS DEL CAMBIO DE SIGLO

Lo ocurrido en las décadas inmediatamente anteriores y posteriores a
1800 fue trascendental para todo el ámbito europeo y sus enclaves americanos. Se sucedieron y entrecruzaron una serie de acontecimientos de consecuencias irrevocables para toda el área hasta la actualidad.
En las Indias y en buena parte del Viejo Continente la transición final
de la sociedad autosuficiente a la excedentaria, provocó un sinfín de insurg_enci~ de las masas. En las ~días y el Caribe la revuelta podían protagomzarla. esclavos que no quenan serlo; mestizos o mulatos que protestaban, entre o~as c~sas, por una brutal segregación racial; indios que se negaban a traha!:11" mas a fin de ~o~eguir para los propietarios de los medios
de producc10n mayores rendimientos y por lo tanto mayores beneficios,

�M. lzard: Cambio cultural, liberalúmo e insurgencia. populares

116 Siglo XIX
pero no para ellos mismos; pequeños blancos que se revelaban dentro de
unos conflictos de intereses, contra la opresión ejercida por quienes aparecían calificados con el mismo apelativo étnico que ellos pero eran grandes·
propietarios de tierras, plantaciones o minas, o controlaban los intercambios y los mantenían a ellos. en una situación de subordinación; y en último lugar, pueblos libres de las fronteras, que habían conseguido defender
su tierra y sus peculiares formas de vida frente al acoso de la oligarquía
criolla (los llaneros del Apure pongo por caso), pueblos de frontera que
podían incrementar desmesuradamente su potencial desestabilizador si
acogían en su seno a las personas de los grupos anteriores que huían de la
zona controlada por los blancos en un desesperado intento de escapar, en
forma centrífuga, del acoso de quienes querían explotarlos.
Obviamente, el riesgo que existía en cada región indiana de que la
situación deviniera explosiva dependía de la cantidad y cualidad de cada
grupo insurgente y podía llegar a un límite, en Caracas o en Buenos Aires,
casos paradigmáticos donde la oligarquía debió enfrentarse a la exasperación sumada de negros, castas, indios, pequeños blancos y hombres de la
sabana.
Por añadidura, a partir de 1805, cuando tras la batalla de Trafalgar
Napoleón decretó el bloqueo contin':ntal y los británicos se vieron en la
necesidad de asegurarse al precio que fuese el mercado americano para la
ingente cantidad de bienes generados en la isla a partir del estallido de la
revolución industrial, a los grupos étnicos mencionados hasta este momento se fueron añadiendo, unas tras otras, las impresionantes avalanchas
de obreros de los obraies, arruinados definitivamente por la llegada de los
productos ine:leses ya que, de la noche a la mañana y en cantidades que
ya no cesarían de crecer, dejaban de ser obreros altamente cualificados
y remunerados más o menos en consonancia con su habilidad, para convertirse en un ejército de parados, de miserables, que ya nunca más se
reubicarían en la nueva sociedad resultante, no sólo privados de sus ingresos monetarios sino también de la actividad a través de la cual su vida
tenía sentido.

117

dirigidos por la oligarquía o por distintas facciones de las burguesías locales se reanudarían repetidamente desde entonces, pero los rechazos oligárquicos iniciados en 1810 tuvieron unos resultados inmediatos de consecuencias irreversibles: se desmoronó el imperio ultramarino de Castilla y
las Indias se fraccionaron en unas cuantas repúblicas que se constituyeron
como estados formalmente independientes.
Pienso que en región indiana alguna (premoniciones irrelevantes al
margen), las oligarquías locales deseaban ni habían previsto la secesión.
Los acontecimientos ocurridos en la Metrópoli, que provocaron sus actitudes de rechazo, las sorprendieron sin proyectos alternativos de ningún
tipo. ~omo la separación no llevaba tiempo preparándose no había grupos
o partidos que desde más o menos tiempo estuvieran madurando sus planteamientos y hubiesen ya escogido formas de recambio para cuando triunfasen sus intentos. Creo que esta hipótesis, caso de ser cierta, habría tenido
diversas consecuencias que ayudarían a comprender la temática de estas
notas.
En primer lugar -y por lo que !engo dicho- en cada región indiana
los beneficiarios políticos de la secesión debieron hacer frente, desde el
primer momento, a la continuada insurgencia popular, que ya no cesaría ni
un momento, insisto en ello, y que mayoritariamente iba dirigida contra la
oligarquía El resultado concreto de lo que acabo de mencionar es que una
de las múltiples características de las nuevas repúblicas fue una inestabilidad política y social perenne. La insurgencia de las masas de finales del período colonial y la de la actualidad es la misma y continuada. Si de algunos
momentos no tenemos noticias es debido a que los investigadores no han
buceado en los archivos en búsqueda de la información precisa, a que gobiernos más o menos dictatoriales pudieron controlar los medios de expresión escritos hasta el extremo de conseguir la apariencia de una tranquilidad casi total, o a que las revueltas populares no eran detectadas por los
observadores de otros grupos sociales y los protagonistas no sintieron la
necesidad de dar a conocer sus gestas o sus memoriales de agravios.

Por todas partes, a partir de 1810, estas insurgencias populares se entrecruzaron en un endiablado y complejo fenómeno todavía muy mal conocido y peor estudiado, pero bien enmascarado, con el rechazo de las oligarquías indianas (criollas y peninsulares) primero a la monarquía metropolitana de José Bonaparte y a partir de 1820 a la monarquía constitucional de Femando VII.

En segundo lugar, al fracasar los contados intentos de crear un solo estado plurinacional con todos los pueblos de las Indias, éstas se fraccionarían en un número -en un primer momento indefinido e indeciso- de repúhli~~ ~e no tenían u?os límites precisos. No existían unos precedentes histoncos, o qo se tuvieron en cuenta los precolombinos, sobre los cuales se pudiesen inv~ntar unos determinados límites fronterizos. Estos como
e~ to~as part~ ~ trazaron artificialmente, sin tener presente ni la geografia, m las nac10nalidades, ni la división administrativa virreinal.

Las insurgencias populares ya no cesarían, y han continuado, con mayor o menor virulencia, hasta la actualidad. Sus cruces con movimientos

De esta manera regiones naturales concretas, el Chaco para poner un

�118 SigloXIX
solo ejemplo, quedaron abruptamente repartidas entre estados limítrofes;
antiguas naciones, con una seilas de identidad muy anteriores a la invasión
europea, vieron a sus gentes convertidas en súbditos, que no ciudadanos,
de estados vecinos, frecuentemente enfrentados por absurdas rivalidades
(los Mayas sin ir más lejos, que si hasta 1821 habían padecido la opresión
de los virreyes ahora sufrirían la de los gobernantes de México, Guatemala
y Honduras); ilógicas pero más o menos consolidadas circunscripciones administrativas, levantadas en algunos casos hacía trescientos años, no fueron
tenidas en cuenta porque tampoco había razón para ello, pero el territorio
sin ninguna trabazón humana, geográfica, económica o política que se había llamado Charcas desde la llegada de los castellanos, que había formado
parte del virreinato del Perú y más tarde, por bien pocos años, del Río de
la Plata y por el cual se enfrentaron las oligarquías de ambas capitales a
partir de 1810, se convirtió desde 1825 en la actual Bolivia, que el Libertador quiso crear como estado modélico y ha conseguido alcanzar tristes y
notorios récords de inestabilidad, no porque las personas encerradas dentro
de sus fronteras sean especialmente ingobernables, sino por viejos problemas estructurales iniciados en 1535, y por no tan viejos problemas políticos que acabo de mencionar.
Todo lo que he venido señalando en este segundo apartado ha tenido
una serie de consecuencias sobradamente conocidas. Las artificiales fron-

teras perpetradas en los ailos veinte del siglo pasado no se han sostenido:
Bolivia, de nuevo un caso paradigmático, ha perdido más de la mitad del
territorio de 1825 en beneficio de sus vecinos, que han visto, en consecuencia, aumentado el suyo. Globalmente, esta cuestión ha degenerado en
el sinfín de pleitos de límites que son un motivo más de fricciones y malos
entendidos, de actitudes parafascistas y de enfrentamientos fratricidas tan
absurdos como cualquier guerra.
Contrariamente han sido también frecuentes los movimientos secesionistas de grupos regionales o comarcales que no se sentían excesivamente
vinculados a un determinado proyecto estatal o que pensaban solucionar
sus problemas concretos a través de la segregación o uniéndose al estado
vecino.
Una tercera consecuencia de lo impremeditado de la independencia
fue que las oligarquías que construyeron los nuevos estados en beneficio
propio, se vieron en la necesidad de organizar una parafernalia política
como simulacro institucional, sin tener, como ya he indicado, un concreto proyecto que hubieran estado madurando durante largo tiempo. La absurda actitud adoptada primero por la regencia de Cádiz y más tarde por el
necio Femando VII, supuso que debiera recurrirse sin entusiasmo alguno a
la organización republicana. Pero aquí -y ni siquiera en todos los casos-

M. lzard: Cambio cultural, liberalismo e insurgencias populares

119

se te~ó _el acuerdo. Por añadidura la inestabilidad política, sobre la que
ya he msJSti~o, y el atraso económico del que hablaré de inmediato, hacían
pensar a qtnenes creían en los poderes taumatúrgicos de determinadas alternativas, que todos los problemas dejarían de serlo tan pronto como se
adoptara una organización determinada, federal, centralista o la que fuere,
tan pronto como se recurriera al sufragio universal o se pidiera la intervención de un gendarme a todas luces innecesario.
Acabo de mencionar el atraso económico. La inesperada independencia de las Indias tuvo lugar, como ya he señalado, en el mismo momento
en que se producía la transición final y una de las múltiples consecuencias
de esta transición fue que el mundo quedó dividido, a partir de este momento, en países capitalistas centrales y países capitalistas periféricos, con
unos intercambios entre los mismos que a partir de ahora se harían en condiciones de desigualdad: los primeros serían cada vez más ricos materialmente a costa de los segundos, que cada vez serían más pobres. En todos
los estados _de la_ ~érica Latina, que se vieron inmersos en este segundo
grupo, pod1a atribuuse el subdesarrollo al pasado hispánico, a la composición, étnica o al cariz de la independencia, pero también en todas partes
pod1an aparecer quienes pensaran, o dijeran pensar, que bastaba con importar las formas de organización estatal susceptibles de ser presentadas
co!11o las causas del crecimiento económico, para que éste se produjera sin
mas.
De esta manera quizás sería más fácil entender las actitudes políticas
de los distintos grupos sociales, aunque debe realizarse una advertencia
previa: salvo casos tan excepcionales que no vale la pena mencionarlos,
desde un primer momento se decidió que intervenir, pensar o manipular
e~, la co8;" pública era potestad e~clusiva de quienes tuvieron la pigmentac1on cutánea de un color determmado y pertenecieran a una cultura bien
concreta, lo que pudo degenerar en que fueran consultados, y eso en el
mejor de los casos, sólo el uno por ciento de los súbditos.
De entre estos superdotados que personalmente se habían autoconcedido la cualidad de padres de la patria, habría que segregar a la inmensa
mayoría de la oligarquía (detentores de los latifundios, las mayores empresas comerciales, las pocas minas de plata o similares que se salvaron de las
guerras civiles), los cuales, por el monto de sus recursos, devenían casi automáticament-e en conservadores reaccionarios, enemigos de cualquier alternativa, temerosos de cualquier cambio, pacatos ante cualquier iniciativa,
contrarios a cualquier novedad.
El resto de la burguesía, mayoritariamente, se aferró cada vez que pudo a algo intangible e inconcreto que podríamos llamar saintsimonismo, in-

�M. Izord: Cambio cultura~ liberalismo e insurgenciM populares

121

120 Siglo XIX
tentó transplantar a sus países unas reformas tarde y mal inútadas de los
países capitalistas centrales con la esperanza de que miméticamente darían
los mismos resultados.
Algunas veces, lo veremos en las páginas próximas, se pensó que un liberalismo político de inspiración más o menos británica, podía dar excelentes resultados mezclado con el federalismo, forma de organización estatal a la que se podía atribuir la aparente expansión de los Estados Unidos.
Pero pudo ocurrir, y ocurrió, exactamente lo contrario, que los liberales no
fueran federalistas como en Venezuela, Nueva Granada o México, sino unitarios y centralistas como en la Argentina o incluso que quienes decían defender las propuestas más progresistas en lo económico o en lo social, se
mostraran partidarios, siguiendo más o menos el caso alemán, de un ejecutivo ilustrado, fuerte y despótico, bien porque así lo creyeran, bien porque como intelectuales orgánicos de algún caudillo estuvieran dispuestos a
hacer pensar que les parecía la solución más correcta.
Se ha escrito bastante sobre estas diferentes, y en algunos casos contradictorias, alternativas. Como veremos en los próximos epígrafes la cuestión no está clara en absoluto y serán necesarios todavía muchos trabajos
monográficos para que pueda empezarse a detectar alguna claridad. Dada
la cantidad y la calidad de los trabajos realizados basta el momento, descontando los análisis puramente deSGriptivos en que se mencionan exclusivamente cambios constituyentes, guerras civiles y pronunciamientos sin
que asome el más mínimo interrogante en un primer y tímido intento de
encontrarles respuestas a tantas cuestiones, y sobre todo, dado el ámbito
geográfico del Continente, sólo puedo aspirar en los próximos apartados a
mencionar algunas de las propuestas liberales y/o federales en algunos países concretos y centrarme, algo más monográficamente, en el caso venezc&gt;lano para denunciar las falacias del federalismo.3 Pero quizás valdría la pena, con todo el riesgo que comporta, intentar previamente una primera
aproximación, necesariamente muy general, al liberalismo ideológico latinoamericano.

2. LOS LIBERALES
Hay quien ha afirmado que proceden más o menos directamente de
los ilustrados del setecientos, y en varias de las nuevas repúblicas, dadas las
dificultades para organizarse en las primeras décadas de la independencia,
se agruparon en asociaciones más o menos secretas, más o menos masónicas, lo que quizás ayudaría a comprender su furibundo anticlericalismo militante, del que jamás llegarían a sanar. Creían ciegamente en la razón y el
progreso, lo que les hacía sumamente pragmáticos, y para alcanzarlo pensaban que era imprescindible el orden, y para conseguir ambos podían lle-

gar a justificar a un caudillo si garantizaba el orden que facilitaría el prc&gt;greso. Eran regeneracionistas y acérrimos defensores de lo urbano, lo que
les llevaba a veces a menospreciar lo rural y al campesinado que solían ver
como representante del atraso. Se creían parte de un movimiento internacional y panamericano, y protagonistas de un debate ideológico; decían querer romper con el aislamiento intelectual de sus países respecto de los que
consideraban los países adelantados, lo que les llevaba a deslumbrarse ante los Estados Unidos, admirar a héroes míticos como Garibaldi o inspirarse exclusivamente en pensadores europeos, de Proudhon a Comte, pasando por Considérant.
Este internacionalismo, esta dependencia tan marcada frente a pensadores foráneos (que contrasta con la escasez o irrelevancia de los pensadores autóctonos, las más de las veces meros traductores), está en notable
contradicción con las opiniones de quienes los tienen por forjadores de un
sentimiento nacional, por quienes rompiendo con la vieja sociedad jerárquica, con los anteriores vínculos, especialmente los religiosos, iniciaron el
culto a los libertadores o a los héroes de la independencia y fundaron la religión de la patria.4
Su programa político era en principio el de cualquier liberalismo: libertades básicas (de imprenta, de palabra, ete.), abolición de Ja esclavitud, secularización legal y moral, reforma del sistema judicial y del tributario, libertad de enseñanza. Pero también propui,iaban, lo que enmascaraba racismo y un deslumbramiento ante lo europeo, blanquear la población, intentando la atracción de inmigrantes del viejo continente ofreciéndoles tierras baldías. Al margen de este contraste entre liberalismo y racismo, obviamente los inmigrantes europeos empezaron a llegar en cantidades
estimables, no cuando fueron solicitados por los liberales latinoamericanos: sino cuando fueron expulsados de Europa, porque se alcanzó un cierto grado de desarrollo material que exigía la eliminación de personas que
ya no eran necesarias y, sin embargo, podían ofrecer al imperialismo mejores rendimientos trabajando en las tierras vírgenes de América.
El paquete de medidas económicas convertía a los liberales en abogados del capitalismo exterior, en correveydiles, conscientes o no, de los intereses forasteros, así el fomento de la navegación fluvial a vapor, el librecambio, o lo que el profesor Jordi Nadal ha llamado la desamortización del
subsuelo (la cesión de los yacimientos mineros a empresas extranjeras), y
favorecía la exportación de bienes primarios sin elaborar y la introducción
de bienes industriales que arrninaría las manufacturas aborígenes.5 Este desanne ante la oferta o la demanda exterior solía ir acompañado de la creencia en las virtudes taumatúrgicas que tendrían los capitales de los países
capitalistas centrales, se invirtieran en la construcción de una red ferrovia-

�M. 1 ~ Cambio cultura~ liberalúmo e in,urgenciaa popularu

122 Siglo XIX
ria o fueran simples préstamos para oxigenar haciendas siempre tambaleantes.
En otro orden de cosas, no cabe la menor duda de que d cuerpo doctrinal de los liberales, porque fuera el suyo o porque aparentaran que lo
era, fue el bagaje ideológico del que se sirvió uno de los dos bandos en muchos de los enfrentamientos que se sucedieron en los nuevos estados. Estos
enfrentamientos se dieron entre caudillos aglutinadores y los caciques regionales a los que pretendían someter (y no olvidemos que en muchos casos la historia del liberalismo fue esencialmente la historia de su personalidad dominante), entre oligarquías capitalinas enfrentadas por conflictos de
intereses y burguesías pro,-inciales, entre "progresistas" de la costa y conservadores del interior. En este último caso los primeros podían coincidir
con intereses de la capital o representarlos (Buenos Aires) frente a un interior "tradicionalista", o los del puerto abierto al exterior frente a uncentro cerrado sobre sí mismo (Guayaquil vs. Quito), pero en otras circunstancias los enfrentamientos podían oponer a grupos, clases o regiones de forma mucho más enmarañada y compleja, hasta el punto de que todavía hoy
no se han podido descifrar los códigos que nos permitirían deshilvanar el
ovillo, incluso en casos en que el antagonismo llegó a situaciones límite comola violencia colombiana de los años cincuenta.
Como he dicho, los liberales se vieron reiteradamente enfrentados con
las masas que podían pensar que sus enemigos y los causantes de sus problemas no era la "modernización" capitalista, sino quienes la preconizaban
y eran capaces de aparecer como sus responsables. Pero aunque no fueron
excesivamente frecuentes también hubo dirigentes liberales con carisma suficiente para, en lugar de enfrentarse a los desposeídos, ponerse, aparentemente, al frente de sus huestes. Sin embargo, en todos los casos encontramos los mismos obstáculos: si nuestros conocimientos sobre el liberalismo
son confusos, el papel de estos dirigentes está totalmente por esclarecer, lo
que pennite que cada quien los pueda mirar desde su óptica o los reivindique como caudillo propio. Nada sabemos del fascinante caudillo neogranadino Vicente Herrera; el chileno José Miguel Carrera sigue envuelto por
u.na impenetrable nebulosa. Hacia mediados del ochocientos los aborígenes del estado de Guerrero siguieron al general mestizo Juan Alvarez, el
"patriarca del sur", insurgente de la independencia, caudillo liberal y tambien, en principio contradictoriamente, defensor de los peones, de los humildes y de los indios, en fin de los desposeídos de la tierra, y más tarde
uno de los rebeldes frente a Maximiliano.6 Este, el emperador, resulta también enigmático: apoyado por el conservadurismo más reaccionario, no
hay duda alimna que también propugnaba una "modernización" tan ligada al capitalismo exterior como la del liberalismo de Benito J uárez. Y se
sentía a su vez inclinado hacia los indígenes, aunque de ello no sepamos

123

nada.
Más sorprendente, si cabe, fue el caso de Ezequiel Zamora, que consiguió armonizar las ideas y los intereses de los llaneros con las de las masas
de los valles del norte y con los de la oposición liberal al gobierno de Caracas, y fue capaz de pertrechar a los segundos (los primeros se bastaban con
sus armas herramientas) desatando la guerra federal en 1859. Fue asesinado un año más tarde, posiblemente por sus propios correligionarios atemorizados por el cariz que había adoptado la contienda, que muchos compararon con las guerras de la Independencia. Pienso que el resto de aquélla,
hasta abril de 1863, no fue sino un largo paréntesis que se prolongó el
tiempo que centralistas y federales tardaron en detener la revuelta social
que entre todos habían dejado desatarse, y en devolver las cosas a la situación anterior a la guerra.7
No cabe la menor duda de que el análisis de toda esta temática tiene
un extraordinario valor propedéutico: debería analizarse con mayor profundidad cada caso estatal, sin olvidar los imprescindibles cotejos con los
similares pero también discrepantes casos de las otras repúblicas latinoamericanas y con otros casos de la perireria capitalista, los de los estados del
sur de Europa pongo por caso. Sería altamente aconsejable que los historiadores españoles conocieran lo que se está investigando en América Latina y viceversa. Ya Francois Chevalier ha insistido al respecto, y Mario
Cerutti ha sugerido e iniciado en cierta forma una propuesta de comparación entre el País V asco, Cataluña y Monterrey, en México. 8
Y podríamos preguntarnos: ¿el liberalismo supuso, para América Latina o para España, el triunfo de la revolución burguesa? No voy aquí a entrar en una discusión que se ha enconado innecesariamente. Si entendemos
por revolución burguesa un despegue político, social y económico similar
al que bahía tenido lugar en los países capitalistas centrales, es evidente
que todavía no se ha producido, mientras que si por revolución burguesa
entendemos el ascenso de una burguesía local subordinada que realizó buenos beneficios pero, por encima de todo, facilitó el ensamblaje desfavorable de sus países al sistema económico mundial, la respuesta ha de ser afir.
mativa.9 Y podríamos añadir como colofón a este apartado que el liberalismo no significó en la América Latina la superación de viejos problemas
estructurales que se habían ido forjando a lo largo del período colonial: al
contrario, los agravó, desbrozando el camino que llevaba al subdesarrollo
y a la dependencia.

3. DE LOS MASONES A LOS CIENTIFICOS
Ciro Cardoso y sus colaboradores, que han llevado a cabo un intere-

�M. lzard: Cambio cultural., lil&gt;l'ralümo &lt;&gt; imu,gencias popularu

125

124 Siglo XIX
sante y estimulante intento de aproximación al ochocientos mexicano,
apuntan las que a su juicio serían las principales características económicas de la reforma liberal en su fase formativa, la que transcurrió entre
1854 y 1867. En primer lugar los reformadores, repr~entantes de la
fracción más progresista de la oligarquía dominante, debieron desarrollar
su programa pensando en responder a la creciente demanda mu~dial d~
bienes primarios, enfrentándose conflictivamente con los secto~es mmov1listas de la oligarquía virreinal En segundo lugar, la reforma liberal comportó una reordenación profunda de la estructuras materiales del país para adecuarlas al abastecimiento de la creciente demanda de bienes de exportación. Señalan en tercer lugar que la refonna liberal supuso también, a nivel interno, un proceso de acwnu.lación originaria en sus dos vertientes ineludibles: acwnulación de capital y medios de producción en manos de la burguesía (esencialmente a través de la desamortización), y separación entre los trabajadores y los medios de producción creando y/o ampliando el mercado de trabajo. En cuarto lugar, las reformas lib~rales no
supusieron -como tampoco ocurrió en España, por ejemplo- la libertad Y
la igualdad de derechos para los trabajadores. En último lugar, los autores mencionados llegan a la conclusión de que no existió una contradicción entre las intenciones de los líderes liberales y el resultado final de la
Reforma, que fue, no una expansión de la mediana propiedad, sino, con10
trariamente, el fortalecimiento del latifundismo.
Desde el punto de vista ideológico y político, Ciro Cardoso y ~s co~aboradores enfatizan los siguientes puntos. Siguiendo a D. A. Bradmg, msisten en que la ideología liberal -con las características generales que he
señalado en el apartado anterior- estaba formada por un conjunto de abstracciones importadas de los países capitalistas centrales, que podía ser
reivindicado por grupos sociales bien dispares, mientras que los conservadores no pretendían nada más que eso, conservar privilegios y ventajas
que se habían ido consiguiendo durante el período colonial Sin embargo,
unos y otros coincidían en algunos puntos: la exclusión de las masas populares del juego político (sobre lo que vol~eré de inmedia~), la p~eponderancia dada a las actividades agropecuanas sobre las demas actmdades
productivas y la total oposición téorica al intervencionismo estatal en lo
económico.
Por lo que acabo de señalar, la política estaba restringida a un grupo
bien limitado de súbditos, y se pueden distinguir dos etapas nítidamente
separadas: la que transcurrió desde la "independencia" hasta 1854 y, una
segunda, desde esta última fecha hasta la consolidación del porfiriato en
1884. La primera se habría caracterizado por la actuación a través de organizaciones protopolíticas -las logias masónicas principalmente- y por
la discusión de una problemática que podríamos calificar todavía de co-

lonial, ventilándose cuestiones que se había empezado a debatir en el período del reformismo borbónico. En la segunda ya se habían definido los
dos grupos opuestos, liberales vs. conservadores, que luchaban por planteamientos nítidamente diferentes.
También cabría insistir en que quizás México fue el único país latinoamericano donde en el enfrentamiento mencionado y en el resultado
final, jugó un papel bien importante la intervención militar extranjera y
la oposición a la misma de uno de los dos grupos, el liberal.
He mencionado la exclusión de las masas de la discusión política. Creo
que es necesario insistir sobre este punto -aunque serían necesarios muchos más trabajos monográficos para esclarecerlo al máximo- porque precisamen te una determinada historiografía, invirtiendo los términos, ha
querido atribuir un cariz popular a un movimiento que no lo tenía en absoluto. En todas las nuevas repúblicas latinoamericanas las masas fueron
explotadas y nadie pensó que pudieran ser consultadas para conocer su
parecer sobre la construcción nacional. Pero en el caso de México, y quizás en alguna otra república, las mas3!1 no sólo fueron marginadas: fueron
derrotadas a principios de siglo en las guerras que se siguen llamando de la
independencia, y a partir de este momento (tal fue el pánico producido
por la insurgencia de los de ahajo), los campesinos y el proletariado urbano serían no solamente tenidos como marginales sino también como
enemigos a los que se había vencido y a los que debía tenerse constantemente bajo vigilancia para poder sofocar antes de que se extendiera
cualquier nueva insurgencia.
4.

CIEN AAOS DE VIOLENCIA

En la Nueva Granada el liberalismo surgió, aparentemente, algo más
tarde que en México, pero igual -que en esta república representado por
grupos emergentes que acusaban a una oligarquía conservadora de continuar manteniendo al país, en todos los aspectos, como en el período colonial, lo que, todo sea dicho de paso, confirmaría una vez más que los
enfrentamientos desencadenados entre 1810 y 1830 no habían acarreado
transformaciones estructurales.
En 1848, fecha que algunos autores señalan como la del orto del
liberalismo, La América, periódico de esta tendencia, acusaba a los gobernantes de lo que acabo de señalar.11
Gerardo Molina; un buen especialista sobre el liberalismo neogranadino y al que he seguido en estas notas, hace un ponnenorizado recuento
de los grupos sociales burgueses contrarios a la oligatquía colonial, co-

�126 Siglo XIX
merciantes, mineros del oro que invertían sus beneficios en otras actividades, manufactureros, pequeños o medianos propietarios de tierras Y !os
arrendatarios de las rentas públicas. Pero si todos estos grupos se opoman
a la oligarquía no podían llegar a un acue~do a l~ hora de ?rop?ner reformas determinadas: los comerciantes ped1an el librecambio mientras los
manufactureros pedían proteccionismo y transformaciones social~ que
ampliaran la capacidad adquisitiva de sus paisanos, los radicales ped1an el
federalismo mientras otros más timoratos pensaban en un estado central
fuerte que pudiera garantizar el orden social, que fuera capaz de emprender costosas obras de infraestructura o que tuviera recursos para atraer
inmigrantes europeos.
Estas y otras cuestiones más doctrinales o ideológicas provocaron la
escisión del liberalismo en dos ramas, la liberal propiamente dicha y la
democrática, una inspirándose en los postulados franceses de 1789 y la
otra inspirándose en teóricos más radicales como Proudhon, por ejemplo.
Estas no podían ponerse de acuerdo en la forma de organizar la enseñanza,
en la manera de mam{mitir a los esclavos o en la actitud a adoptar frente
al monopolio del tabaco.
Florentino González, que en sus años mozos y en la época bolivariana había mostrado veleidades muy radicales, regresó convenientemente
moderado tras una larga estancia en l.íl Gran Bretaña, plausiblemente como
abogado de los intereses ingl~es, y durante la primera administración Mosquera llevó a la adopción del librecambismo o a dar facilidades para la navegación por el Magdalena.
Poco más tarde las dos fracciones liberales se conocieron como draconianos y gólgotas. Y la más radical, precisamente con este calificativo, dominó en Colombia entre 1863 y 1877, defendiendo las libertades más absolutas, el federalismo a ultranza, la total separación entre iglesia y estado,
0 minimizando el papel del gobierno. Pero los radicales, tremendamente
idealistas, moviéndose en las esferas intelectuales sin tocar de pies en el
suelo, pensando que sólo en las ciudades vivían gentes "civilizadas" o convencidos del poder taumatúrgico del federalismo, fueron incapaces de consolidar su programa y contrariamente y sin quererlo, beneficiaron a sus
máximos opositores; así, por citar un solo ejemplo, la vieja oligarquía virreinal fue la gran beneficiaria de la desamortización.
El programa radical no solamente no cuajó, por añadidura supuso el
ascenso al poder de un liberal tan peculiar y, valga la paradoja, tan poco
liberal como Rafael Núñez, que d~ r.adical devino mosquerista para acabar
fuIJdando do¡¡ partidos, el Independiente y _más tarde el Nacional, qu~ d~
generó tn autoritario, autocrático, aristocrático, de{ensor de la Iglesia, y

M. Izard: Cambio cultura~ liberalúmo e insurgencias populares

127

partidario de una democracia restringida al máximo, a la que él llamó
"democracia convenientemente dirigida". 12 Cabría insistir en que en Colombia fue, aparentemente, donde alcanzó mayor violencia el antagonismo entre liberales y conservadores.

5.

LOS OLIGARCAS QUE NO TEMBLARON

En los apartados anteriores he insistido sobre las limitaciones del liberalismo y del federalismo en México y Colombia. El caso argentino (sobre el que se empezó a trabajar a fondo hará unos quince años, tarea que
se vio entorpecida por condiciones políticas bien poco propicias), es aparentemente más complejo, ya que quizás en este caso hubo enfrentamiento entre liberalismo y federalismo, y no tengo la osadía ni siquiera de intentar pergeñar algunas generalidades.
Desafortunadamente tampoco es suficiente la información bibliográfica sobre el caso venezolano: también aquí serán necesarios muchos análisis monográficos para empezar a vislumbrar un poco de claridad.
Años después de 1830, el liberalismo venezolano fue escindiéndose:
mientras la facción moderada se sentía cada vez más próxima a los conservadores, la facción radical se iba separando rápidamente y llegó a crear un
partido nuevo, el federal, populista, con un desdibujado programa en el
que se exigían garantías formales pero no se planteaban las graves cuestiones estructurales heredadas del período colonial Así, se hablaba de una tenue vinculación con el programa bolivariano, se mencionaban taumatúrgicas virtudes de la organización descentralizada o se prometía una serie de
libertades formales, pero se olvidaban las relaciones de producción, la propiedad de la tierra o las reivindicaciones llaneras.
No tengo la menor pretensión de aportar ninguna novedad en una temática en la que recién me estoy adentrando, pero quisiera proporcionar,
como colofón, algunas muestras de los calificativos con que la oligarquía
conservadora obsequió a sus oponentes a lo largo de una cruenta guerra
civil que muchos consideraron como la continuación de la de la Independencia. Oponentes con los que, a pesar de estos calificativos, perpetraron el
contubernio de Coche precisamente porque el desarrollo de la contienda
había llegado a tal extremo y las masas populares y los llaneros del Apure
habían pensado que protagonizaban una verdadera revolución, lo que provocó que la burguesía federal prefiriera pactar con sus enemigos antes que
verse arrastrada por unos correligionarios que habían llegado a creerse sus
proclamas. Una vez más las masas y los llaneros perdieron la guerra cuando
tenían la victoria en sus manos. 13

�128 Siglo XIX
A finales de marzo de 1858, el general Castro escribía al licenciado
Rodríguez sobre el curso de la guerra y lamentándose de la lentitud de las
operaciones del ejército gubernamental, añadía que Sotillo, batido en
Oriente, se limitaba, huyendo siempre de sus oponentes, "a atacar las poblaciones indefensas, si bien cometiendo todo linaje de excesos, con el propósito de arrastrar prose1itos; pero su plan es inútil: el eco de la muerte sólo responde a sus gritos desenfrenados". El 7 de enero de 1860 era el Dr.
Pérez de V elasco quien escribía a Rodríguez: "Hoy la revolución ha degenerado en salteamientos de bandoleros. Batidos los revolucionarios por todas partes, ya no pretenden medirse en guerra regular con los sostenedores
del Gobierno y agrupados en partidas poco considerables, siembran el espanto dondequiera". En la Memoria de lo Interior y Justicia del mismo
1860, decía el Secretario: "Todas las facciones mencionadas (•..) tienen
un mismo carácter: manifiestan las más disociadoras tendencias, cometen
atentados de todo linaje contra la propiedad y la familia, y dejan por huella de su paso el incendio, el saqueo, el deshonor de las mujeres y la orfan•
dad de los niños". A mediados de este mismo año, el 7 de mayo, el licenciado Siso escribía a Rodríguez y le decía "asaltan y asesinan todos los
días, es decir, Cisneros multiplicado por diez". Esta comparación con el
guerrillero "realista" obedecía, plausiblemente, a un sentimiento de desesperación: a finales de enero de este año Pedro Gual le bahía escrito a
Rodríguez: "Mi esperanza, pues, no está ahora en los hombres sino en la
Providencia".
A mediados del año siguiente, el 19 de julio, en un decreto declarando en estado de asamblea a las provincias "acosadas por los facciosos", se
afirmaba: "la sociedad está amenazada en sus bases fundamentales; la fortuna pública y privada desaparece; la seguridad personal apenas existe en
las grandes ciudades; la anarquía todo lo invade, todo lo trastorna, todo lo
destruye, hasta los restos de la civilización cristiana que heredamos de
nuestros padres y que procuramos cultivar con esmero en los felices días
de la República". A finales de este mismo año Rodríguez, hablando de la
dictadura de Páez, decía que la sociedad venezolana quería "probar si por
este medio se le restituía el perdido tesoro de su sosiego y civilización, a la
vez que volvía a ejercer su ~perio e} olvidado ~espeto.ª la propiedad, que
había sido atropellado, y mas todavta escarnecido y p1SOteado por hordas
analfabetas y anárquicas a las que se les había hecho pérfidamente creer
que así era como se hacía patria".
En febrero de 1862 el Secretario del Interior oficiaba a todos los gobernadores y decía de los insurgentes que eran "hordas desalmadas, sin fe,
sin ley, sin religión y aún sin caudillo". El 20 de septiembre el gobernador de Aragua enviaba a los concejos municipales un curioso proyecto para acabar eon la revuelta, proponiendo, entre otras muchas cosas, oponer

M. lzard: Cambio cultural, liberalúmo e inmrgencio, populare1

129

"a sus pasiones y rencores la tolerancia en las opiniones y las ideas de concordia y de paz y a esa propaganda demagógica y socialista, que exalta el
ánimo de los ciudadanos incautos y les lanza a armar su brazo contra el
gobierno y contra la sociedad, doctrinas sanas que hagan renacer en ellos
el amor al trabajo y a las artes de la paz y medidas benéficas que sean capaces de producir este resultado".
El 25 de enero del 63 enviaban desde Calabozo documentos sobre el
asesinato del comandante Juan Vicente Alvarez y se hablaba de "la traición, instrumento ordinario de los bandidos que han declarado a la sociedad una guerra de exterminio". Añadían que Alvarez había sido "muerto
por aquellos bárbaros que no podían perdonarle su decidido amor al orden".1ª
Insisto en que sólo es una muestra de que, dado el nivel alcanzado por
los enfrentamientos, no debe extrañarnos que los dirigentes federales decidieran pactar con los conservadores cuando éstos tenían irremediablemente perdid:¡¡ la guerra. Tampoco deberíamos escandalizamos por las limitaciones programáticas de federales o liberales en los países latinoamericanos. Lo que no tiene justificación alguna, lo que es una falacia, es haberlos querido presentar como lo que no fueron, como dirigentes revolucionarios abjurando de sus vinculaciones de clase y misteriosamente dirigiendo unas revoluciones populares. Tales anacronismos y chapuzas han
sido perpetrados no por quienes están interesados en saber lo que ocurrió,
sino por quienes inventan un pasado para u.nos grupos actuales bien concretos.

NOTAS
l. "El contrabando de la provincia de Venezuela en tiempos de la Compañía Guipuzcoana. 1730-1784 (Curazao y la costa de Caracas)", tesis de doctorado
leída en la Universidad de Barcelona, septiembre de 1985.
2. Para facilitar la comprensión de lo que sigue es necesario que defina lo que e&amp;
tiendo por cultura: todo lo que los pueblos o naciones han imaginado, escogido,
6reado, aprendido o constru{do para adaptarse y vivir en un medio concreto (y

en unas condiciones históricas detenninadas) y para realcionarse entre ellos.
Agradezco la imprescindible colaboración de los profesores Caridad Martínez,
Marielsa López y Mariano Heuera que tanto me han ayudado a clarificar mis
confusas ideas al respecto.
3. Como un notable e¡jemplo de estos estudios puramente descriptivos puede citatse VV AA, Lo, riltema, federrdu del continente americano, México, 1972, FCE
yUNAM, 677.
4. Sobre esta temática ta bibliografía es todavía muy

escasa. pero existen ya ~

�M. lzard: Cambio cultural, liberalismo e insurgencias populares

130 Siglo XIX
nas obras excelentes: D. Brading, Los orígenes del nacionalúmo mexicano,
México, 1973, Sep-Setentas, 224; J. Lafaye, Quettalcóatl y Guadalupe. La formación de la conciencia nacional en México, México, 1977, 483; o G. Carrera
Damas, El culto a Bol(var, Caracas, 1969, UCV, 309.

5. Joroi Nadal, El fra,xuo de la revolución industrial en España, 1814-1913, Barcelona, 1975, Ariel, 315.
6. Existe alguna información, muy escasa, en Jean Meyer, Problemas campe,inos y
revueltas agrarw (1821-1910), México, 1973, Sep-,Setentas, 235.
7. He intentado una prúnera aproximación a esta temática en "Oligarcas temblad,
viva la hbertacl Los llaneros del Apure y la Guerra Federal", en Boletfn Americanúta, Universidad de Barcelona, 32 (1982), 78-134.
8. Chevalier, América Latina de la independencia a nuestros días, Barcelona,
1979, Labor, Nueva Clio 44, 271. Cerutti ha publicado ya una primera aproxi•
mación, "Burguesía regional, mercados y capitalismo. Apuntes metodológicos y
referencias sobre un caso latinoamericano. Monterrey (1850-191 O)", en Revista
Mexicana de Sociologfa, Universidad Nacional Autónoma de México, vol XLV,
1 (enero-marzo 1983), 129-148.

9. Véase un completo estado de la cuestión para el caso español en Carlos Martínez Sbaw, "Sobre el feudalismo taroío en España: algunas acotaciones a Bartolomé Clavero", en Teoría, Madrid, 4 (enero-marzo 1980), 163-186.
10. Ciro Cardoso (cooroinador), México en el siglo XIX (1821-1910). 1-listoria económica y de la estructura social, México, 1980, Nueva Imagen, passim. Todo el
libro es sumamente sugestivo, véase por ejemplo la desmitificación del nacionalismo reformista de Juárez en páginas 277-279. Puede encontrarse más bibliografía en el útil bbro de Enrique Florescano (coordinador), México en 500 libros, México, 1980, Nueva lmagPn, 187.
11. Sobre este tema también José M. Samper en su Ensayo sobre las revoluciones
políticas y la condición ,ocial de las repúblicas colombianas, Bogotá, sf, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, pauim.
12. Geraroo Molina ha escrito un útil resumen sobre el tema con una buena información bibliográfica: Las ideas liberales en Colombia. 1849-1914, I, Bogotá,
1978, Tercer Mundo, 339.
13. La bibliografía sobre el federalismo venezolano es escasa y muy desigual Existe
una obra clásica de Lisandro Alvarado, Historia de la revolución federal en
Venezuela, Caracas, 1956, Ministerio de Educación, 314 (la primera edici9n es
de 1909). Se pueden citar varios estudios más recientes F. Brito Figueroa, Tiempo de Ezequiel Zamora, Caracas, 1976, OCI, 529; Miquel Izard. "Oligarcas temblad", y "Tanto pelear para terminar conversando. El caudillismo en Venezuela", en Nova Americana. Torino, 2 (1979), 37-82; Adolfo Rodríguez, Exequiel
Zamora, Caracas, 1977, Ministerio de Educación, 356; y José León Tapia, Por
aquí pasó 7..amora, Caracas, 1976! Centauro, 293.
14.

José Santiago Rodríguez, Contribución al estudio de la guerra federal en V enezuela, Caracas, 1960, Imprenta Nacional, 1, 235 y 11, 41; Memoria de lo Interior
y Justicia, 1860, Caracas, 1860, Imprenta Zarzamend~ 7; Rodríguez, Contribu-

!I.

131

ción,
~~ Y 42-43; AGN, Interior y Justicia, DCXCIU, 9, 27-61; Rodríguez
Contnbuc10n, 11, 224-229; AGN, 1 y J, DCCV 20 50-56· DCCXXV 59 22i
226 y DCCXXXII, 5, 45-53.
'
'
'
'
'

�Revueltas y revoluciones en
España (1766-1874)

Alberto Gil Novales*

L

El título de este trabajo podría ser también Revueltas y revoluciones
en la formación de la España actual Ciertamente que todo el pasado de un
país contribuye a formar su estado presente, y en este sentido incluso las
investigaciones arqueológicas lo cobran para entender determinados rasgos,
persistentes o no, en nuestra historia. Y por supuesto que revueltas y revoluciones, alteraciones como se decía con palabra clásica, tuvieron lugar en
el solar de Hispania a todo lo largo de la existencia de sus pueblos. En la
España moderna, ¿cómo no mencionar a los comuneros de Castilla, los
agermanados de Valencia y Mallorca, las alteraciones de Aragón con motivo de la huida de Antonio Pérez, etc.?, movimientos que serán ampliamente recordados en el siglo XIX. ¿Cómo no recordar la crisis del siglo
XVII, con las sublevaciones de Cataluña, Portugal y Nápoles? -la famosa
crisis de la Monarquía Hispánica de los Felipes, en la que tanto insisten los
historiadores de hoy. ¿Cómo no hablar del carácter popular y multitudinario que tomó entre nosotros la Guerra de Sucesión?
Razones no faltan para recoger todos estos movimientos, y aun los
medievales e incluso de la Antigüedad, a la hora de trazar la historia revolucionaria o tumultuaria de la España actuai. No obstante, y sin perjuicio de hacer quizá alusiones rápidas a ese pasado, creo que no debemos
perdemos en el, sino que por el contrario debemos tomar como punto de
partida el que marca el comienzo del fin del Antiguo Régimen, es decir
1766. Las Comunidades de Castilla han sido definidas como una revolución burguesa temprana1 -y a ello deben su rabiosa actualidad en el siglo
XIX. Pero en ningún momento ese movimiento puso en peligro la existencia misma del Antiguo Régimen- como no sea que lo interpretemos como
un aviso a tres siglos vista
*Facultad de Ciencias de .la Información, Universidad Complutense de Madrid. Este
trabajo fue publicado previamente en Revista de História da&amp; /fkias, vol 7, Facultad
de Letras, Universidad de Co.irnbra (Portugal), 1985.

�A. Gil Nooole.,: Revueltas y revoluciones en fspaña

135

134 Siglo XIX
Decididamente mejor es partir de los llamados Motines de Esquilache
(es decir, contra Esquilache) en 1766, porque aunque tampoco con ellos
desaparece el Antiguo Régimen, sin embargo su naturaleza a !a vez arcaica
y modernísima, su incidencia geográfica, su dimensión -la&amp; más grandes
alteraciones sociales de Europa hasta la Francia de 1789, al decir de Pierre
Vital- confiere a estos motines el significado inequívoco de que con ellos
empieza a cuartearse la fábrica de nuestro Antiguo Régimen. Pierre Vilar y
Gonzalo Anes3 han insistido en que el motín madrileño contra Esquilache
es un motín de subsistencias, originado en la ordenanza de libre circulación
de los granos, es decir, algo muy semejante a la guerre des farines francesa.
Otros han visto sobre todo el aspecto político, de conjura aristocrática y
antiilustrada.4 La interpretación tradicional, presente ya al día siguiente de
los acontecimientos y en toda la tradición liberal, echó la culpa a los jesuitas; y de aquí la expulsión de éstos en 1767. Recientemente Giovanni
Stiffoni, al utilizar una fuente hasta ahora no empleada a este respecto, las
relaciones de los embajadores vénetos, ha venido a confirmar documental5
mente la tesis de Pierre Vilar.
Observemos que los motines de 1766 se extendieron no solamente a
Madrid, sino a Aragón, Castilla, Guipúzcoa - las machinadas vascas- Valencia y Murcia, llegando incluso a Andalucía, en donde asistimos al insólito espectáculo de la insubordinación de todo un regimiento en Sevilla; lo
cual tiene, por lo menos, carácter ptemonitorio del futuro papel del Ejér6

cito en España.

Después de la gran prueba que el año 1766 había planteado a la Monarquía., pareció entrar ésta en un período de normalidad con las grandes
reformas ilustradas de Carlos ID y su continuación bajo Carlos IV. La resistencia a las reformas, que de tan aguda manera conmocionará a la España del siglo XIX, no da lugar en esta época a graves alteraciones del orden,
aunque los intereses amenazados no dejan de hacer sentir su presencia,
presagiando acaso el futuro. El año 1776 tiene lugar la fulminante destitución de Olavide, con el proceso inquisitorial consiguiente -y naturalmente todo el equipo gobernante era o~eto de vigilancia, y aun quizá de
algo más grave: de momento, contenido.
De manera 1fUe la Ilustración encontraba su correctivo en la Inquisición, y aunque la caída de Olavide no significó el abandono total de la
política ilustrada,8 sin embargo indicaba bastante bien la función que en
la sociedad española empezaba a jugar la Iglesia. Actitud ya manifiesta en
la dramática representación del Obispo de Cuenca, D. Isidro de Carvajal
y Lancaster, tantbién de 1766, en la que el piadoso Prelado se quejaba de
"la persecución &lt;le la Iglesia, saqueada en sus bienes, ultrajada en sus Mirústros, y atropellada en su inmunidad", a la que contestó el gobierno con un

Memorial-ajustado.9

Esto pareció de momento disensiones originadas en el celo por el bien
de la Patria, ~. ciertamente el rei~~do de Carlos III no presentó ninguna
nueva revoluc,on o contrarrevoluc1on (en España; sí en América). Al año
de su muerte, 1788, estallaba la revolución francesa, que por miedo y rabia
va a lanzar a la más extrema reacción a algunos de los ilustrados de mayor
nombradía, a comenzar por FloridaJ&gt;lanca. 10 La guerra contra la República
francesa en 1793, con su emoción patriótica, fue aprovechada también por
las fuerzas reaccionarias para movilizar al pueblo, no sólo contra la Francia
regicida, sino contra las mismas ideas de la Ilustración monárquica española.11 Un título del famoso Fray Diego José de Cádiz indica muy bien el espíritu con el que la Iglesia, o un sector de ella - porque convendrá matizar- se dispone a encarar la llegada del mundo contemporáneo: El soldado
católico en guerra de religión, 1794.12
_ Sin emb~rgo una clase mu) diferente de alteraciones tenía lugar en Esp~a, las denvadas de la escasez de primera materia, típicas de toda econom,a de Antiguo Régimen; como los célebres motines de Barcelona del año
prec~ente_, 1789.13 Carentes de finalidad social o política a largo plazo'.
no dejaron sm embargo estos motines de preocupar a las autoridades. Sintomático parece el caso de los "albo~otadores de la UUoa", protesta antifi~al manipulada o aprovechada por la Iglesia: al grito de Viva el Rey:
L'IVa la Ulloa: muera la Unica (contribución) estos gallegos de la provincia
d~ Lugo llegaron a caer clamorosamente sobre Orense el 22 y 23 de noviembre de 1790, siendo apaciguados por la mediación eclesiástica.13a Mayor dimensión tuvieron los motines valencianos de 1793-1794y 1800-1801.
El primer motín, el de 1793, "año de precios altos", fue una conmoción
cont~a _los sacerdotes franceses España había entrado en guerra con la
República- en la que parece adivinarse una intriga del Capitán General,
Duque de la Roca, contra el Arzobispo. Al año siguiente, 1794, la orden
de formación de un cuerpo de Milicias, llamado de Voluntarios Honrados
confiado por el Capitán General a tres magistrados de la Audiencia, entr;
ellos el fiscal Don Juan Romero Afpuente, dio lugar a la protesta de éstos,
Yª. que el reclutamiento se hacía a expensas de los reclutados, gente humilde que no podían pagar elevadas cantidades. El Duque de la Roca metió en la cárcel a los magistrados, y de aquí se derivó un motín contra el
Capitán General y a favor de los magistrados, al que se sumó la nobleza
valenciana, lo que obligó a Godoy en 1795 a ordenar la liberación de los
tres magistrados, y en definitiva a dar marcha atrás. 14
El miedo a la Revolución francesa, unido a las dificultades econórrúcas
de buena parte de la población, explican estos desórdenes. Carácter diferente tiene la conspiración de Juan Picornell, llamada del "Cerrillo de San
~las", que buscaba proclamar la República, según la interpretación tradic10~, o por lo menos una Monarquía Constitucional. Aunque la conspirac,on lleve una fecha concreta, febrero de 1795, venía incubándose de

�A. Gil Novales: Revuelta.! y revoluciones en España

136 Siglo XIX
tiempo atrás: así lo demuestra el Catecismo político, de 1787, qu~ descubrió Iris M. Zavala. Pero la amplia represión provocada por esta inten14
tona se relaciona naturalmente con el miedo a la Revolución francesa. ª
La aparición en Galicia de una burguesía que plenamente podemos
llamar feudal, por usar con los campesinos de los peores métodos d~l
antiguo orden, explica que en esa región se den motines populares antJburgueses, como los que en 1797 y 1798 a~caron la_ empresa.~e Sargadelos, del famoso Don Antonio Raimundo Ihañez. La mtervenc10n -0e los
notables de la comarca en el motín, entre ellos muchos eclesiásticos, confiere a estos sucesos el aspecto de "ensayo general de la guerra civil que
apenas treinta años más tarde había de desgarrar el país", se~n h~_puesto luminosamente de relieve María Rosa Saurín de la Iglesia Ihanez no
14
llegó hasta la guerra civil: fue asesinado por sus vasallos en 1809. b
Por un problema semejante, pero con otro planteamiento inicial, en
diciembre de 1800 estalló en Valencia un motín contra el intendente, el
cual tuvo que escapar disfrazado; motín que se reprodujo, y se comunicó
a otros puntos además de la capital, con motivo de la ~~lut~ de las llamadas Milicias Provinciales, que violaba un supuesto pnV1leg10 foral, pero
que al mismo tiempo atentaba contra el carácter aristoc~tico de~ mand~.
En agosto y septiembre de 180leste motín se transformo en una¡acquene
campesina, que anuncia ya los intensos m~~miento de ~~~8, en la_ que
apareció un cabecilla, persona real, pero rap1damente mitificado baJo el
apelativo de Pep de l'Horta. En nombr~ del Rey y a las órdenes de Pep de
15
l'Horta, la revuelta adquirió clara connotación antifeudal.
La prepotencia de Godoy y la presión francesa iban muy pronto a
conducir a estallidos revolucionarios. En octubre de 1807 la famosa Causa
del Escorial -conspiración de Fernando contra su padre Carlos IV- indicaba que incluso en la cúspide monárquica del país la situación se iba deteriorando. Unos meses después, ya con media España ocupada por las tropas de Napoleón, se produjo el_ motín de Aranju~z -17-19 d~ marzo de
1808-- contra Godoy, que obligo a Carlos IV a abdicar._ Se ~ato de un_ motín popular, por el odio al valido todopoderoso, pero mstigado po~ cierto
sector aristocrático que políticamente tomaba la forma del partido fernandino. El nombre del Tío Pedro -Conde del Montijo- simboliza bastante bien la conjura para convertir España en dominación directa de la aristocracia, que estará presente en sus actuaciones durante la Guerra de la lndependencia.16
La cual, desde el punto de vista que aquí nos interesa, es ~~a extrao~dinaria concatenación de motines y revueltas. La artera ocupac,on del pa1s
por los franceses produce creciente descontento, que sabrán aprovechar para sus fines las fuerLas reaccionarias, que explotarán para ello la fibra de lo

137

patriótico. Pero la Guerra de la Independencia no se reduce a este aspecto,
sino que es también una formidable movilización popular, aparte de representar, por la presencia de tres ejércitos en nuestro suelo, una gran destrucción de la riqueza material de España, factor que va a retrasar durante largos aiioR el progreso nacional.

IL
La insurrección madrileña del Dos de Mayo de 1808 no es meramente
una conmoción popular contra el invasor, motivada por la salida de los últimos miembros de la familia real camino de Francia, sino que es, como
justamente se ha dicho muchas veces, un símbolo de toda la contienda.
Madrid empieza así a mostrar revolucionariamente rango de capital de Es1paña, que sabrá refrendar a lo largo de todo el siglo XIX, hasta 1936. Insurrección seguida de represión -los fusilamientos del 3 de mayo, inmortaizados por Goya- que no hace más que sembrar más indignación, y como retruque, más coraje nacional El pueblo, víctima pero protagonista,
ha hecho su aparición en la escena histórica.
De repente, todo se precipita en España. Movimientos, motines y
proclamaciones de Gijón y Oviedo -5 y 9 de mayo- con evidente emoción antifrancesa, y la aparición de una Junta que envía delegados a Inglaterra a negociar la inversión de las alianzas. La Corufta -29-30 de mayocon formación de Junta, origen de la Suprema de Galicia. Santiago de
Compostela, con movimiento de origen popular, pero que termina típicamente con su Junta presidida por el Arzobispo. Santander -27 de mayo-idéntico caso, Badajoz -30 de mayo- asesinato del Capitán General
Conde del Fresno. Sevilla -Z? de mayo- con proclamación de la titulada
Junta Suprema de Gobierno de España e Indias, con influjo inmediato sobre Córdoba, Jaén y Granada, y con envío también de representantes a Inglaterra. Cádiz -29 de mayo- asesinato del Capitán General Marqués del
Socorro, y formación de Junta.Cartagena, lo mismo (el asesinado se llamaba Don Francisco de Borja). En Murcia preside el viejo Conde de Floridablanca La violencia se ceba en Valencia, con la acción del canónigo Baltasar Calvo -asesinato del harón de Alhalat y de 300 franceses. Junta en
Palma de Mallorca -30 de mayo- presidida típicamente por el Capitán
General. En Lérida -finales de junio- se forma la Junta General del Principado de Cataluña, ya que Barcelona se halla ocupada por los franceses.
Juntas en Aragón, con la de Zaragoza el 26 de mayo. Destitución del Capitán General en Canarias, y formación de Junta presidida por el nuevo Capitán General.
Sobre el fenómeno que las Juntas representan en el orden militar y
político, ya muy estudiado17 -aunque nos falten datos de análisis concreto18- sólo insistiré en el hecho de que en todas ellas el movimiento

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en ¡.;,paño

139

138 Siglo XIX

La pérdida de la libertad fue fácil. Recobrarla no lo será tanto. Aparte
popular aparece controlado por las clases superiores, y que el recurso a
formar Juntas, típico de todo el siglo XIX, pasará del elemento feudal a
la burguesía, y servirá para burlar al pueblo protagonista los efectos buscados con su acción.
Pero de momento las Juntas son un poderoso elemento de encauzac
miento y movilización controlada del pueblo, y de soberanía desparramada por todo el país. Las necesidades de la guerra, y la conciencia de unidad nacional que se había ido forjando en la centuria anterior, lleva a es-tas Juntas a crear la Central -25 de septiembre de 1808. Esta medida determinó nada menos que la aparición del golpismo militar, que trataba de
impedirla, cuando el Capitán General de Castilla y León, Gregorio de la
Cuesta, manda detener por subversivos a los delegados de León en la Central. Mejor que ningún comentario, bastará reproducir un pJrrafo de la
carta que el también general Castaños le escribe a Cuesta para hacerle desistir de su acción:
....si los generales, a quienes está confiada la fuerza militar para
derrotar a nuestros enemigos, se han de hacer independientes y
aun superiores a la autoridad civil, procediendo por sí mismos
contra las personas en quienes reside, no se diga ya que los objetos para que se arman los pueblos y se crean los ejércitos son la
defensa de Fernando VII, la independencia y libertad de España,
ni la conservación de las leyes; sino que se trata de establecer
una anarquía militar, que desp)lés de derramar torrentes de sangre, nos ha de hacer caer en las manos de nuestros enemigos y nos
ha de precipitar en el despotismo y la esclavitud.19
Palabras que el tiempo se encargó de hacer proféticas.
No podemos seguir aquí todos los avatares de la Guerra de la Independencia, con la acción de las guerrillas y la reunión de las Cortes de Cádiz,
pero naturahnente habremos de tenerlos presentes para entender los acontecimientos posteriores. Las Cortes de Cádiz habían tratado de convertir
España en una monarquía constitucional Quedaba la incógnita de cuál sería la actitud de Femando VII, a su vuelta de Valencey, en 1814. La Constitución tenía muchos enemigos que deseaban volver sin más al Antiguo
Régimen. Y así el 17 de abril de 1814 el Capitán General Francisco Javier
Elío, en Valencia, se pronunció en favor del absolutismo, lo cual, unido al
Manifiesto de los Persas - 69 diputados de las Cortes ordinarias que invitaban al rey a lo mismo- permitió a Femando dar el célebre Decreto del
4 de mayo por el que se abolía la Constitución, mientras otro de la misma
fecha suprimía la libertad de expresión. El golpe de Estado del Rey fue
protegido por las tropas de Samuel Whittingham, general británico al servicio de España.

las tropas de Elío y del inglés, el resto de los militares habían estado pasivos, ~niéndose sólo a ohdecer _lo que resultase. Los aflos siguientes
c~ianan en gran manera esta actitud. Parece ser que contra el cumplinnento del Decreto se suscitó un motín en el Barrio de Santa María de Cádiz para forzar a la resistencia al gobernador militar de la plaza. La cosa no
pasó de intentona, y su principal autor tuvo que refugiarse en Gihraltar.20
~mediatamente comenzaron las conspiraciones. La primera fue la de
Franc1SC0 Espoz y Mina, antiguo guerrillero, que se alzó en Puente la
Reina el 25 de septiembre de 1814, pero fracasó ante Pamplona y tuvo que
re~arse en Francia. El carácter de Mina antes de esta fecha -se sahe que
hab1a ordenado el fusilamiento del libro de la Constitución- y en su actución posterior, arrojan muchas dudas sobre la naturaleza de esta acción.
Que Espoz y Mina no era un liberal convencido, su vida lo demostró; pero
en 1814, si quería tener éxito, su actuación sólo podía ser liberal. El marquesito Juan Díaz Portier logró fugarse del Castillo de San Antón, en donde e5!aba pres~ po~,liberal, y al f¡-e~te de la guarnición de la Coruña proclamo la Constituc1on el 19 de septiembre de 1815. Sólo en El Ferrol encontró e,co, y en consecuencia, derrotado y juzgado, fue ajusticiado a los
pocos d1as. En febrero de 1816 se descubrió la conspiración llamada del
~~ulo, cuyo agente principal era Vicente Ramón llichart, y cuyo propoSJto se dice que era matar al rey. Aparte su índole triangular, poco sabemos de esta conspiración y de sus pretendidas conexiones en las altas esferas, a pesar de haber sido publicada y analizada su causa dos veces.21
Mayor resonancia alcanzó la conspiración tramada por los generales
Don Luis Lacy y Don Francisco Milans del Bosch, quienes en abril de 1817
trataron en Barcelona y Gerona de restablecer la Constitución. En este movimiento encon~amos ya una importante participación burguesa. Habiendo fracasado Milans pudo escapar, mientras Lacy era hecho prisionero.
Una segunda conspiración, destinada a darle libertad, fracasó también y
Lacy fue ajusticiado en el castillo de Bellver, en Mallorca, por orden 'de
Castaños cu3?do todo el mundo esperaba el perdón. Castaños ganó así
ante sus coetáneos fama de general absolutista amigo de derramar la sangre
de sus compañeros de armas. En pocos años, el vencedor de Bailén, el increpante de Cuesta, se había transformado en un servil de nota. En estos
años difíciles, los acontecimientos parecían no tolerar medias tintas.
Nueva conjuración, la del coronel Vidal en Valencia a comienzos de

1819._ El propio capitán general Elfo apufl.aló a Vidal, que murió á consecuencia de las heridas; sus compañeros fueron ejecutados. Todas estas conjuraciones fueron seguidas de represión, con detenciones en cadena; y sin
embargo, como hemos visto, hubo casi una conjuración cada año, mientras

�140 SigloXIX
la Inquisición, los escándalos gubernativos y la falta de horizontes políticos desprestigiaban al régimen. Este llegó a preocuparse por su propia imagen en Europa, y acaso a esto se debió que cuando se descubre la siguiente
conspiración, la llamada del Palmar, 7 de julio de 1819, aunque hubo detenciones, no hubo muertes, y el gobierno mostró una extraña parsimonia.
Protagonista de la conjuración del Palmar había sido el cuerpo expedicionario reunido en tomo a Cádiz, para reconquistar Buenos Aires, llave de
la América del Sur. Los mismos elementos van a ser los autores de la Revolución de 1820, hasta el punto de que podemos considerar como uno solo
a los dos movimientos. Entre las tropas destinadas a Ultramar habían cundido las ideas liberales, en parte como consecuencia de la democratización
del ejército operada durante la Guerra de la Independencia: al querer volver el absolutismo al ejército aristocrático del Antiguo Régimen, paralizando la promoción de los oficiales de otra extracción, era lógico que éstos se
sintiesen dispuestos a la acción. Además hasta estas tropas llegan las noticias sobre las terribles condiciones de la guerra colonial, y también la propaganda, y a veces el dinero de los gobiernos insurrectos, y en consecuencia surge un sentimiento de solidaridad entre los combatientes por la Libertad a ambas orillas del Atlántico: para Riego y los suyos, la vuelta a la
Constitución resolverá los problemas tanto de América como de España.

m.
De este modo, con el pronunciamiento de Riego el lo. de enero de
1820 en Cabezas de San Juan (Sevilla) empieza el llamado Trienio liberal,
y podemos hablar por primera vez acaso de revolución. Pero conviene ver
en síntesis el desarrollo de los acontecimientos. El pronunciamiento de
Riego, seguido por su famosa marcha por Andalucía, aunque en sí mismo
no logró el triunfo, sirvió para que el movimiento repercutiese en otras
partes de España: La Coruña, 21 de febrero; Zaragoza, 5 de marzo; Barcelona, 13 de marzo; Pamplona, 11 de marzo; Cartagena y Murcia, Sevilla,
Granada, Valladolid y Madrid. En todas estas ciudades actuó el ejército en
sentido liberal, o acaso mejor sectores del mismo; hubo también alguna
colaboración civil, en ocasiones muy intensa, y en Barcelona se señala la
presencia de los gremios. Después de cada pronunci~ento generalmente
se forma una Junta. Femando VII se decidió a aceptar la Constitución de
Cádiz el 7 de marzo de 1820, pero un motín del día 9 entregó el poder a
una Junta Provisional, presidida por el Arzobispo de Toledo, que inmediatamente reclamó para sí la soberanía sobre toda España.
Este resultado, triunfo de la Constitución pero con el poder escamoteado a los revolucionarios, se había dado ya en algunas actuaciones locales, Zaragoza, Barcelona, Pamplona, etc., y llega a su madurez el 9 de

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

141

marzo con la Junta provisional. ¿Revolución? Sí, en lo formal, porque
vuelve a regir la Constitución gaditana, habrá elecciones y Cortes y vida
políti~ y esperanza de libertad. Por primera vez el pueblo, todas las clases sociales, empieza a vivir una vida política abierta, y hay lógicos enfrentamientos de intereses contrapuestos, y apasionamiento, escrito y oratorio,
por manifestar las opiniones. La Revolución amenaza con extenderse al
pueblo, y yo creo que esta amenaza es decisiva porque muchos interpretarán los sucesos nacionales, miméticamente, a la luz de lo sucedido en Francia en su gran revolución. La burguesía nacional, débil y mal cohesionada,
puede hacer avanzar en las Cortes su propio programa, dando origen a una
legislación que será fundamental para todo el siglo XIX; pero vivirá entre
dos temores, el del pueblo y el de la contrarrevolución realista. Desde el
punto de vista revolucionario -empleemos ya la expresión: de revolución
burguesa- los gobiernos liberales dejan insatisfechos a sus propios seguidores, actúan con recelo y con frecuencia contra el pueblo -el cual está
lejos de ser un pueblo unívoco, pues aparte la separación geográfica
(tradiciones, cultura)- entre unas regiones y otras- hay una separación
fundamental, difícilmente salvable, entre pueblo urbano y campesinado.
Todo esto explica la difícil vida política del Trienio liberal, la serie de
intentos contrarrevolucionarios y de otro cariz, que aparecen ya en 1820
pero se generalizan en 1821. En 1820 y 1821 aparecen las partidas absolu:
tistas, avanzadilla del carlismo -incluso el nombre de Don Carlos como
rey de España se propone por primera vez en 1821- expresión de la crisis campesina que la política liberal no sabrá remediar. Al no atreverse la
burguesía a acaudillar decididamente al campesinado en la lucha contra el
orden feudal, y contentarse de momento con soluciones intermedias sobre. el campesino cae _I? peor de los dos sistemas; que la timidez y falt~ de
honzontes en la soluc1on de los problemas de la Hacienda, no hará más que
agravar. La Iwesia reaccionaria sabrá aprovecharse de la coyuntura convirtiendo a los campesinos en feotas, o defensores de la fe.
'
El pueblo urbano, sobre todo, sinceramente liberal, atemorizado con
la posibilidad de la recaída en una situación semejante a la de 1814, reacciona contra las claudicaciones de los e;ohiernos, sobre todo el de 1821
promoviendo unos vastos movimientos de desobediencia cívica, con cen:
tro en Cádiz y Sevilla, que afectó junto a estas ciudades a Córdoba, Cuenca, La Coruña, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Cartagena, Murcia, Granada y Badajoz, movimientos populares urbanos, sobre los cuales ya Marx
llamó la atención.22
Cuando el movimiento popular decae, a comienzos de 1822, tiene lugar la represión oficialmente orquestada contra los patriotas, preparación
a su vez de la gran contrarrevolución de 30 de junio - 7 de julio de 1822;

�A. Gil Novales: Revuelta&amp; y revolucione, en &amp;paila

142

143

Siglo XIX

adelantada en algunos puntos, como Valencia, por impaciencia, a mayo
del mismo año. Este desequilibrio temporal y la ausencia de identidad de
miras entre los contrarrevolucionarios, ya que unos querían volver lisa y
llanamente al Antiguo Régimen, y otros se contentaban con implantar un
régimen de cámarm, explica la derrota de la contrarrevolución, en Madrid, el 7 de julio de 1822. Pero se hace necesario hablar también para entenderla de la movilización liberal de los barrios de la capital, la aparición de las guerrillas urbanas, el No pasarán y el heroísmo innominado
-todo tan moderno- de las clases bajas, sin más organización que la Milicia Nacional y el Ayuntamiento -frente al Rey y la familia real, los palaciegos, las tropas de élite Guardias de la Real Persona, el Gobierno, la Iglesia y la inactividad de la Diputación permanente de las Cortes. La victoria
popular del 7 &lt;!e julio hizo necesaria la intervención exterior, de la Santa
Alianza. Muchos liberales moderados se asustaron de las consecuencias
mismas del triunfo del liberalismo, y juzgaron que de Francia -país que en
definitiva se regía por una Carta- les vendría la ayuda necesaria para desembarazarse del pueblo, y no la terrible represión que inmediatamente se
desató y de la cual, los que no pudieron marchar al exilio, fueron las primeras víctimas. El ajusticiamiento de Riego el 7 de noviembre de 1823 es
el mejor símbolo de esta época aciagl!,-23

-

IV.
Los siguientes diez años del restablecido absolutismo, 1823-1833,
se parecen en algún sentido al período anterior 18141820, lo que explica los intentos repetidos de volver por la violencia al régimen liberal. Pero la pasada aceptación de la Constitución por el Rey, el no restablecimiento en esta etapa de la Inquisición y acaso cierta frustración teocrática explican que también los ultrarrealistas fragüen continuas conspiraciones para imponer su programa. Conjuras liberales y conjuras ultrarrealistas se suceden las unas a las otras hasta la muerte del rey en 1833.
Acaso la primera es la intentada por el coronel Francisco Valdés que, partiendo de Gibraltar, el 3 de agosto de 1824 se apoderó de Tarifa. Pensaba
Valdés llegar hasta la Serranía de Ronda, pero la impaciencia de Cristóbal
López Merino, quien al frente de unos paisanos proclamó la Constitución
en Jimena, le obligó a acudir a defenderlo: unos días después absolutistas
españoles y franceses le derrotaban. Valdés pudo escapar, pero el 24 de
agosto fueron fusilados en Algeciras treinta y uno de sus partidarios. Otros,
separándose de Valdés, se habían dirigido hacia Almería, siendo también
derrotados, con los consiguientes fusilamientos. Uno de ellos, el célebre
Pablo Iglesias - no confundirlo con el socialista- fue conducido a Madrid,
y ahorcado allí el 25 de agosto de 1825.
También en 1824 se descubrió en Cartagena una nueva conspiración,

esta vez para favorecer un _d~mbarco de emigrados. Las cosas no quedar~n muy dem~tra~as - ~ bien parece tratarse de una provocación ingeniada por el bngadier• realista Don Francisco Nebot pero los conjurados
fueron fusilados.

'

En septiembre de 1824, por el contrario se descubre la llamada Conjuración Caro~ o de la Ancora o de la Estr~lla,que trataba de proclamar
~ Carlos V,_ quitan?º a ~ernando VII, por haber indultado S.M. a algunos
liber~es (sic), C011Jurac1on que se extiende por la Mancha, acaso Madrid,
Arago~ Y on:os puntos, y que debe estar en relación con la de los generales
&lt;?-pape y Gnmarest en Zaragoza. (Aunque esta conjuración se llama Carolina, ya en ella consta la palabra carlista, que muy pronto prevalecerá).
Para el.
siguiente las J ~tas Apostólicas preparaban al parecer una insurrecc1on general, pero solo tuvo lugar la intentona de Bessieres. Fracasado éste ante Sigüenza, el Conde de España lo hizo prisionero el 25 de
~ o de 1825 y lo fusiló al día siguiente, quemando sus papeles, para encubnr acaso más altas responsabilidades.

:mº

En 1826 aparecía el Manifiesto de la Federación de Realist&lt;u Puros
y a la vez el desembarco de los herm·anos Femández Bazán en Guardamar'
cerca de Alicante, el 18 de febrero. Perdida la acción de Muchamiel el 22'
pocos días después fueron fusilados en Alicante y Orihuela. Los intento~
liberales tienen si_empre este air~ de impreparación, que sólo sirve aparentemente P~. obligar al ~soluhsmo a cubrirse de sangre, y por tanto para
~ desprestigio. A este genero pertenecen también la conspiración descub1~rta, o que se alegó haber descubierto, en Canillas de Aceituno, cerca de
Vel~ Málaga -enero de 1827- y la del coronel Don Miguel Nogueras, en
S~e~-ª (Huesca) el 2 de mayo de 1827: ambas terminadas en fracaso y
e1ecuc10n.

1827 es también la fecha de la llamada Guerra de los Agraviados
-els Malcontents- con dos fases: una primera en primavera, superficial
porque no fue seguida, pedía Inquisición, aplastamiento de los liberales
y cambio de Fernando por Carlos; la segunda, en el verano, con el mism~
programa, excepto en lo relativo al destronamiento de Femando Vll cobró enonne fuerza, con ~iudades importantes como Manresa, Vic, oiot y
Cervera en poder de los msurrectos, y con la formación en Manresa de una
Junta superior provisional de gobierno. Barcelona misma estaba amenaza~a.Jemando VII aplastó el movimiento, trasladándose él mismo a Cataluna.
La muerte de Juan VI de Portugal inau~ra la crisis constitucional &lt;le
este país -Don Miguel, reaccionario, contra Doña María de la Gloria, niña
de corta edad- despertando las esperanzas de los emigrados españoles, que

�144 Siglo XIX
en 1827 intentan sin éxito aprovecharse de la coyuntura portuguesa para
sus propósitos en España. Todavía mayor esperanza va a despertar la revolución francesa de 1830 y las europeas en general de este año. Para estas
fechas ya toda España se había cubierto otra vez de Juntas clandestinas
,
'
mas o menos _autónomas, en relación siempre y en dependencia muchas
veces mal consentida de los emigrados. Pero hay que advertir que revolucionarios del interior y del exterior se hallaban en todo momento con infiltrados absolutistas, que por otra parte dejaban correr rumores falsos, por
lo que era muy difícil para aquellos liberales saber quién era amigo y
quién enemigo. Así tiene lugar el intento de invasión de España por la
frontera de Navarra y Aragón -la expedición de Vera- en 1830. Fracasó,
lo mismo que los intentos de Cataluña y Galicia. En febrero de 1831 Torrijos desembarca cerca de Algeciras, teniendo que reembarcar inmediata~ente. Salvador M~anares pagó con su vida un intento semejante el propio año. En combmación con su acción llegó a darse una sublevación en
Cádiz, pero fue prontamente traicionada y vencida. Finalmente Torrijos
fue atraído a una auténtica emboscada desde Gibraltar a Málaga, y fusilado con sus compañeros sin proceso.
. , Todavía en marzo de 1831 un espía denunciaba la llamada conspirac1on de Marco-Artu, eco de las actividades de Espoz y Mina. En 1832 seguían los fusilamientos. Al afio siguiente murió el rey. Asombra en la
etapa femándina el número de conjuraciones e intentonas revolucionarias,
asombra también la división mortal de los liberales desde el principio has~ el fin, cómo después de cada fracaso -ahogado en sangre- siguen consprrando, para ser delatados una vez más por el supuesto amigo. Esto pare~e demost~ar que el absolutismo se mantiene por inercia, más que por pu1anza propia, pero la forma de hacerse el intento revolucionario a lo largo
de tantos años explica que a la muerte de Femando VIl el liberalismo no
implique una profunda revolución social25

v.
Mientras comienza la primera guerra carlista (1833-1839-40), un nuevo período revolucionario se abre en la España que sigue a la reina niña
Isahei y que por comodidad llamaremos liberal. El miedo al carlismo explica muchos de los sucesos de estos años, aunque no lo explica todo. El
sistema político llamado del despotismo ilustrado no contenta a nadie, por
lo que en abril de 1834 es sustituido por el Estatuto _R~ especie de carta
otorgada con dos cámaras. Bajo su vigencia ocunen en España sucesos muy
dramáticos, a través de los cuales la burguesía se hace con el poder.
La aparición del cólera morbo en Madrid -julio de 183426- hace correr la especie de que los frailes había envenenado las aguas, y de aquí la

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en lispaña

145

matanza de los mismos, típica estampa que todavía será recordada en
1931.27 Digamos de paso que la situación económica de muchos conventos, las deserciones debidas a la guerra y a los pasados disturbios y las
matanzas que empiezan en 1834 van a hacer posible la desamortización
realidad social antes que legal. Unos días después del degüello de los frai:
les se descubre la coaspiración llamada la Isabelina, en la que aparecen
comprometidos importantes personajes desde el general Palafox hasta el
anciano Romero Alpuente -a éste la prisión le costará la vida- pero en la
que no se sabe dónde acaba la verdad y donde empieza la suposición alarmista del Gobierno, acaso para desembarazarse de posibles críticos. J oaquín María López, procurador en las Cortes del Estatuto, se refirió a "esa
conspiración, que más bien puede llamarse ridícula farsa".28 Todo había
partido al parecer de Eugenio de Aviraneta, fundador de una sociedad
secret~
Los guardadores de la inocencia o Isabelinos, cuyos Estatutos 1mpnrruo. De acuerdo con Don Juan Olavarría y con otros liberales,
dirigió una Exposición a la reina madre, sugiriéndole la conveniencia de
cambiar el Estatuto Real por una Constitución inspirada en el modelo
belga de 1830, menos radical que la del 12, pero todavía con disposiciones altamente revolucionarias.

ti~ª?,ª

En su intención lo que se pedía era perfectamente legal Solamente
si la reina se negaba a seguir el consejo se recurriría a la sublevación con
transformación del Estamento de procuradores en Asamblea Nacio~al y
nombramiento de un gobierno. Después de esta agitación, todo quedó en
agua de borrajas. Pero de nuevo la revolución estalló en 1835 y 1836.
~s acontecimientos de 1835 recorren rápidamente toda España,
constituyendo la prolongación lógica de los movimientos de desobediencia cívica de 1821. Comienza con la acción del Ayudante Cardero c.:&gt;ntra la
Casa de Correos de Madrid, de la que se apodera -18 de enero- y de cuyas
resultas muere el general Canterac. Sigue un motín de subsistencia en
Huesca, seguido de un alboroto en Málaga por haberse querido prohibir
en la ciudad los cantos patrióticos. En abril asesinato de frailes en Zarago~a, y en_ Murcia, y enjulio más asesinatos de religiosos en Zaragoza, bajo la
mfluenc1a de la quema de conventos y matanza de frailes de Reus, de donde se corrió a Barcelona -asesinato del general Bassa el 5 de agosto, y
quema de conventos. En Barcelona la asonada adquiere un matiz luddita
con quema de la fábrica El V apor, lo que asustará a la burguesía. Nuevos
desórdenes en Valencia, Murcia y Zaragoza. El Gobierno declara el estado
de sitio en Madrid, y ordena la detención de varios procuradores. Entre
agostv y septiembre pronunciamiento de Cádiz, Tarifa, Algeciras, Huelva,
Málaga, Córdoba, Jaén, Granada, Sevilla, La Coruña y el Ferrol, Murcia,
Badajoz y Cáceres, Asturias y Santander. El 14 de septiembre de 1835 la
reina llamaba a formar gobierno a Mendizáhal, quien rápidamente fue Jo-

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en E,paña

146 Siglo XIX
grando la pacificación. Sólo en Valencia hubo todavía una nueva conm&lt;r
ción contra el jefe político, culpable de tibieza frente a la facción.

Más difícil se presentaba aparentemente la situación de Andalucía, en
donde las diferentes Juntas habían organizado una Central, llamada de
Andújar, por la plaza de su residencia, y un ejército que, al mand~ del Conde de las Navas, se dírigía contra Madrid. Pero la Junta de Andúpr fue un
órgano de corta duración -del 2 al 19 de octubre de 1835- tardío -ya
que se constituye después del decreto de 28 de septiembre de convocatoria de Cortes, que desarma al movimiento ciudadano, y finalmente entreguista, gracias a una negociación semisecreta en la que intervienen la Junta
de Barcelona, interesada en yugular el movimiento andaluz, para concentrarse todos en la lucha contra el carlismo, Mendizábal, Istúriz y por la
Junta de Andú_jar, Bartolomé Gutiérrez Acuña y Pedro Antonio de Acuña,
además del Conde de las Navas. Intervienen también Argüelles y Alcalá Galiano.29
El movimiento revolucionario resurge en 1836 como consecuencia de
que el 15 de mayo María Cristina sustituye a Men~záhal por Fran~isco
Javier Istúriz, antiguo exaltado súbitamente convertido al moder~tts~o
-al decir de los autores- pero a quien hemos visto en secreta combmac1on
con el propio Mendizáhal. Esta vez la insurrección comenzó en Málaga! se
corrió a toda Andalucía, siguió luego a Zaragoza y Barcelona, estallo en
Madrid el 3 de agosto y culminó en el llamado Motín de los sargentos d~
La Granja, quienes el 13 de agosto obligaron a S.M. a restablecer la Constitución de 1812.
Los movimientos de 1836 ofrecen agudas contradicciones, en las que
no entraré ahora.3&gt; Baste decir que de ellos salió la convocatoria de Cortes
constituyentes, que redactaron la Constitución de 1837; Constitución d~
rivada de un pacto entre progresistas y m~erados, que no r~~oge las asp1raciones populares, y desde el punto de vista de la rev?luc1on burguesa,
aunque equivale a la asunción del ~oder por burgues1~, ~o hace renunciando al mismo tiempo la burgues1a a acaudillar el movmuento popular,
y tolerando la perduración de muchos eleme~~os del pasado ~e~?al.
así esta Constitución pudo presentarse como un hecho de c1V1lizac1on

!ª

~'!!1

frente al carlismo.31
Típica del momento político que se vivía en España en vísperas de la
promulgación de la Constitución de 1837, fu~ la "soñada conspir~ción de
noviembre de 1836", tan parecida a la Isabelina: se habla de reumones de
elementos liberales, pero lo efectivo fue la detención de una serie de pr&lt;r
hombres que habían manifestado inclinaciones demócratas, como 32
Benito
Alejo Gaminde, Lorenzo Calvo de Rozas, José María Orense y otros.

147

.,Ü: lógico pensar_que Larra se suicidase (1837), awique algw10 de los
penodicos que mantienen la llama revolucionaria se lo censure 33 Desde
1837 hasta el final de la primera guerra carlista, 1839 en el fren~ vascongad? Y 1840 e~ el_ ~~án, no en~~n~os más movimientos -aparte los
carlistas- que md1Sc1p1!11a en el eJ~rc1to, duramente reprimida por Espar•
tero, Y la pugna entre este y Narvaez por el dominio militar-y político-en España.34 Los generales Luis Fernández de Córdoba y Narváez trataron. de ponerse en Sevilla al frente de una Junta contrarrevolucionaria,
noV1embr~ 1838, pero fracasados tuvieron que salir de España.35 Es interesante, sm embargo, señalar ya en esta época la presencia de intentos revoluci~narios de. tipo republicano, muy mal conocidos, como los de los
subternentes Doti y Guisasola en León, enero de 1838: ambos fueron
prontamente fusilados.36
En 1840 se produce la llamada revolución de este año triunfo de EsP~_rtero sobr~ María Cristina, con la marcha de ésta a Fran'cia y la exaltac1~n _de aquel a la _8:egencia. Frente a los proyectos retrógrados de María
~nsti_na -le~ m::rnc1~al, etc.- y frente a los hombres del llamado "partido Jove~anísta -nnemhros de la Sociedad jovellánica, continuadora de
la del ~~ se levantaron los liberales en septiembre de 1840, y le diero~ la VIctona a Espartero.37 Existe ya en esta época un intenso movimiento p~pular, del mejor estilo zurriaguesco de antaño, que es frenado
Y perseguido por el poder oficial, y tampoco prospera un movimiento de
Juntas pro~~iales y Junta Central, como el de 1808.38 Pero a pesar de
esta, '.11oderac1on del poder, empiezan en seguida la sublevaciones, que la
pohtica desacertada del Regente va a intensificar.
, Adu~iendo como pretexto que el partido moderado no reconocía
mas legalidad que la de María Cristina, se preparó una contrarrevolución
para 1841, a cargo de Diego de León y otros en Madrid, Leopoldo O'Donnell en Pamplona, Borso di Canninati en Zaragoza, Narváez en Andalucía,
~ Mont~ ~e Oca en las Provincias Vascongadas. De todos los comprometido~ el ur~co que tuvo cierto éxito fue O'Donnell. Los demás pagaron con
81_1 Vlda el m!ento, excepto Narváez, que no se movió de Gibraltar, es decir, no acudio a sublevar Andalucía.39
. Todo esto repercutió en Barcelona, donde comenzó a derribarse la
Cmdadela para evitar que se repitan en la Ciudad Condal las escenas de
Pamplona, con un muy notable matiz foralista, contra Felipe V, pero
donde come~aron a ser desarmados con cierta alarma estudiantes y jorna1:ros, des~amisados y anarquistas, partidarios todos ellos de Espartero el
ano antenor.40
En noviembre de 1842 Barcelona volvió a inflamarse contra el Regen-

�148 Siglo XIX
te con participación obrera y republicana, y cierto matiz anti-militar41 que
derivó en una Junta Popular Directiva, que contó con amplio apoyo social,
y que pedía descentralización, proteccionismo y reforma liberal del Estado.42 La torpeza de Espartero consistió en no haber encontrado otra r~
puesta que la de bombardear la ciudad. Se puede decir que éste fue el pnncipio del fin de su Regencia.
Al año siguiente, en efecto, moderados y progresistas catalanes ~
unen al movimiento generalizado en toda España contra Espartero, movimiento centralista, es decir, propugnador de una Junta Central a partir de
las Provinciales, al estilo de 1808, contra el progresismo anglófilo y centralizador del Regente. Aunque en la España de entonces había una gran variedad de pensamiento político radical -comuneros, isabelinos, federalistas, carhonarios, al decir de Tanski43- bastó la acción solidaria promovida
por el Eco del Comercio para defender la libertad de imprenta -25 de octubre de 1843- para congregar en la oposición al gobierno a moderados y
progresistas, y a que, mediante la victoria militar de Narváez, oportunamente desembarcado en Valencia, el glorioso movimiento nacio~al de
1843 se transformase en una fecha más de las que marcaron la contrarrevolución en España. A los progresistas, por apocados, se la jugaron los moderados. También es normal en nuestra Historia. En este rápido desarrollo
de los acontecimientos Zaragoza, Valencia y Sevilla ocupan, junto a Barcelona, un puesto esencial.44
Espartero perdió la Regencia, y la reina, inconstitucionalmente, fue
proclamada mayor de edad. Olózaga tuvo que huir de España. Mientras
tanto comenzaban las persecuciones. Doscientos republicanos sevillanos se
apoderaron de Morón, pero batidos en Benamejí, fueron pasados por las
armas. Lo mismo ocurrió con otros que se alzaron en La Carolina 45 Ya
con régimen oficialmente liberal comenzaba la larga queja de los hombres
sensibles, de los amantes de la Libertad, como en las mejores épocas absolutistas. La Guardia Civil se creó en 1844. Incluso las exhalaciones inocentemente poéticas se vieron perseguidas.46 Esta política moderada, con
exclusión total de los progresistas, determinará el destronamiento de Isabel II en 1868. Pero para llegar a esta fecha en algún sentido grande, todavía habrá que pasar por la revolución de 1854 y los diversos movimientos
que la prepararon.
Inspirándose en el levantamiento de septiembre de 1840 y contra la
ley de Ayuntamientos repuesta inmediatamente por el Gobierno reaccionario, se levantó Don Pantaleón Bonet en Alicante, seguido al poco de la
formación de una Junta en Cartagena.47 Pero fueron en seguida desbaratados. Bonet, ex-carlista pasado a t.:sparlero, pagó con su vida48 Esto no es
nuevo, pero sí lo fue que el ¡¡;ohierno cobró miedo, veía por todas partes

A Gil Nova/e,: Revuelta, y revoluciones en E.paila

149

partidari08 de la Junta Central, y de hecho, aunque no de derecho, pUS8
fuera de 1a ley al partido pro~ista, va que consideraba instigadores de
la revolución a Pascual Madoz y a su hermano Femando, Manuel Cortina,
Joaquín Garrido, Juan Antonio Garnica, Joaquín María López, M4,rucl
Ors y García, Joaquín Verdú y · Pérez, Mamés Benedicto, el Marque.,;¡ de
Tabuérniga, Ramón Calatrava, Becerra, Caballero, Velo,. etc_, v al obispo
electo de Jaén.49 A todos ellos se les formó proceso, y aunque fueron
absueltos, el efecto de considerar provisionalmente delincuente a
toda actitud política no moderada se había conseguido. Esto recuerda viejos procedimientos de 1820. Se diría que nada bahía cambiado en España.
Sin embargo 1a revolución era necesaria, y la conducta a diario del poder acrecentaba esta necesidad. Así lo comprendió el general Don Martín
Zurbano, quien en noviembre de 1844 se pronunció en Nájera en favor de
1a Constitución de- 1837: sólo le siguieron los pueblos de Hecho y Ansó,
en el Pirineo aragonés, por lo que fueron todos prontamente vencidos. La
ejecución de Zurbano se hizo celebre en los anales de España.50 Esta situación, más 1a aprobación en 1845 de 1a reforma tributaria de Mon, determinó el eatallido de la revolución gallega de 1846, llamada de "los márt:ites del Carral". por el d~o que tuvieron sus protagonistas: ser fusilados en el pueblecito de Carral Iniciada la sublevación en Lugo por el coronel Miguel Solís y Cuetos a los gritos de ¡Viva 1a libertad! ¡Viva la Reina
libre y constitucional! ¡Abajo la camarilla y el dictador Narváez! ¡Abajo el
sistema tributario!, se pronunciaron sucesivamente las ciudades de Santiago -con 8118 estudiante&amp;- Pontevedra y Vigo, fonnándose una- Junta Suprema del Reino de Galicia. Esta es la primera vez que empiezan a notarse
ciertas tendencias galleguistas, ejemplificadas en 1a persona de Antolín
Faraldo, director del periódico La revolución. Solís se comportó en su sublevación con una caballerosidad que recuerda 1a de Riego en 1820. El premio ya se ha dicho: sorprende en efecto la vesania con que 108 sublevados
de 1843 fusilan a los que contra su violación del derecho se sublevan posteriormente.51
Todavía en esta época se señala la existencia de motines del pan, como
el de Sevilla de 6 de mayo de 1847, motfu que dio lugar, como era sólito,
a que el jefe político resignase su poder en el capitán general, quien curándose en salud prohibe 1a salida antes de la hora acostumbrada de los ohrl}ros de la fábrica de tabacos.52 También en La Coruña, 20 y 25 de marzo de
1847: oposición al embarque de maíz; Granada, 4 de mayo de 1847, provocado por el precio del pan,53 etc. Esta situación explica la aparición de
partidas carlistas, autorizadas a la rebelión por el fracaso, público ya en
1845, de los planes matrimoniales entre Montemolín (Carlos VII) e Isabel
II. Las partidas aparecen en Cataluiia (Berga), y por lo menos La Mancha y
Andalucía. Fenómeno interesante es la colaboración entre carlistas y repu-

�A, Gil Nova/e,: Revueltas y revolucione, en España

150 Siglo XIX
blicanos, motivada a mi juicio por la guerra sin cuartel a ~e se entregr ~
fumas del orden, con frecuente utilización de la que mas tarde se amo
ley de fugas. Aun así no deja de ser políticam_ente sorprendente la formación de la llamada conspiración cario-republicana en tomo de Cabrera.
Aunque Montemolín ya el 12 de septiembre de 1846 dio un _manifiesto en el que dice que los resultados de la acción ~arlista no han sido como
se esperaba, y en consecuencia predica concordia entre los españoles, las
-de la insurrección la prolongan hasta enlazar con la revolu-_
causas de f ondo
l , ·
dir
Esp ción francesa de 1848. La vigilancia de Narváez ogro _unpe en
ana
una fuerte participación revolucionaria, pero aun as1 hubo conatos e?
l Ah d) Madrid y Sevilla, además de Cataluña. MontemohHuesca (Manue
ª '
·
y
final d 1848
nistas hubo también en Navarra y en el País asco, pero a . es ~.
· · to está terminando en todas partes. Algunos motines militares
el movmuen
. d
ha
un·1cado
- Sevilla, diciembre 1848- indican que la inquieto se
com
54
también a las fueraas armadas.

Lo e en 1848 no pudo lograrse, se realizará unos añ~s después, ya
que exiJ: en todo el país una sorda oposición al n:1oderanttsmo; h? u~
erenne actitud de expectativa, que busca el desquite. Conocem~ a eXt&amp;iencia de alguna Junta revolucionaria en, 1853, como l_a de C;~ª,
uesta de rogresistas avanzados y democratas repuhlicano8: . ero a ~
!olución v"! a comenzar bajo la fonna clásica de un pronunctam1ento militar, protagonizado por los generales O'D~mnel y Dulce.

tm•

-

151

hecho decisivo de la revolución hay que ponerlo en Madrid o en provincias.57

Lo que sí es evidente es la continuidad que esta serie de revoluciones
tienen con los momentos revolucionarios anteriores del pueblo español.
Es el espíritu de 1820 y de J 835-36, y de 1840-1848. Todavía el 7 de julio el ministro de la Guerra, Áuseh10 Blaser, para acabar con el alzamiento,
ofrecía el perdón de la Reina a los sublevados. Unos días después el pronunciamiento de la división que mandaba el propio Blaser dio al traste con
toda resistencia. Nada indica mejor el ánimo de la insurrección que el siguiente fragmento de carta de la Junta Popular de Gobierno de Pozoblanco:
Once años hace que día por día están anhelando los que tienen la
honra de componer esta Junta Popular, el triunfo de la libertad,
la libertad de la Patria y la reparación de sus inmensas pérdidas
desde el año del 43. Once años de esclavitud, de persecuciones, de
amargura y conflictos han desaparecido como en fugar meteoro...57a
ante el triunfo de Espartero y San Miguel Estos nombres, fantasmas del
pasado, como decía Marx,58 eran el producto de la revolución en provincias, especialmente en Aragón, y en Madrid. Interesante tema, que aquí no
podemos ni tocar, es ,.J de la conducta ante la revolución de la guardia civil, que sólo contaba diez años de vida.59 Llama la atención, entre los telegramas que envían las Juntas revolucionarias, la mención de que reina la
más completa tranquilidad, lo que parece indicar que los elementos de orden dominan y encauzan las fuerzas populares.60

VI.

La

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la cél:,bre revolución de Julio. No voy a enlrar en la discuSion sobre SI el

Esto es justamente lo que pasó en Madrid, en donde la revuelta popular dio lugar a la formación de Juntas, como la llamada del Sur, con fuerte acento demócrata: frente a ella la Junta de Salvación, Armamento y
Defensa, constituida por San Miguel, no tenía más finalidad que salvar a la
Monarquía, evitando los aspectos más peligrosos de la revolución. La solución estaba en Espartero y O'Donnell a la vez. Pero es sintomático que
mientras O'Donnel camino de Madrid pregunta por telegrama el 24 de julio si ya ha llegado Espartero, éste informa el 28 desde Guadalajara que viene bastante fatigado, por lo que hasta el día siguiente no saldrá de Alca-

lá.61
Así dio comienzo el llamado Bienio progresista, que temina en 1856
con la eliminación de Espartero del Gobierno. Durante este tiempo todavía más abiertamente de como lo hiciera en épocas pasadas, el Trono conspira contra la revolución, se convocan unas Cortes constituyentes, redactoras de una Constitución que no llegará a regir, se promulga una nueva ley

�A. Gil Noooles: Revue/uu y reoolucionu en E,palla

152 Siglo XIX
desamortizadora, que dará lugar a conflictos con la Iglesia, se asiste a una
62
nueva rebelión carlista y hay una intensa agitación popular. Los problemas sociales dieron lugar en Barcelona a una gran actividad luddita, contra
las selfactina.s, a su prohibición y reposición alternativa por la autoridad, al
comienzo de una gran represión en la que se fusiló al líder obrero Josep
Barceló, y finalmente en julio de 1855, siempre en Barcelona, al desencadenamiento de la primera huelga general de España.63 Las ideas socialistas
utópicas cundían por el país.
En 1856 la situación social, incluso campesina, se agravó. Sequía y escasez dieron lugar a motines del hambre, pronto reprimidos. En este ambiente de "peligro rojo", un tanto exagerado, se produjo la sustitución de
Espartero por O'Donnell, es decir la contrarrevolución, frente a la cual la
resistencia que opusieron las clases populares en el mismo Madrid fue notable -Sixto Cámara se encontraba allí-.Hubo también alguna resistencia en
Galicia, y sobre todo en Andalucía, y una vez más en Barcelona, en donde
64
la situación llegó a ser muy seria, y otras ciudades de Cataluña. La represión fue durísima.615
Todavía intentó Sixto Cámara, escapado de Madrid, la resistencia en
Málaga, en noviembre de 1856, con Romualdo de Lafuente, Bernardo García y otros, y en Zaragoza, mediante la creación en abril de 1857 de la Junta Nacional Revolucionaria, en cuyo manifiesto dice no querer
abandonar al pueblo a la funesta dominación de los once años;
a aquella dominación que por abajo difundía el terror y la míseria y por arriba se fonnulaba en escándalos y orgías.Ei6
La citada Junta de Zaragoza formaba parte, probablemente, de la
Nueva Carbonaria, vasta conspiración revolucionaria dirigida desde Portugal por Eladio Manuel Guerra, quien suele firmar "Yo soy el que soy", y
Sixto Cámara, aunque éste no parece haber llevado los hilos de la trama.
De marzo a mayo de 1857 se extiende esta conspiración demócrata, con
aspectos muy arcaicos - la traducción como arma de lucha de un libro B&lt;r
bre Paralelo entre Jesucristo y los Papas, por ejemplo- con voluntad de
extemúnio de toda la familia real española y de todas las autoridades de
Madrid, pero también dando entrada en la conspiración a las organizaciones obreras, de hiladores y tejedores -al hablar de ellos, sin embargo, se
piensa en la Inglaterra de Carlos 1- y lo mismo que en las vísperas de 1848
se acepta la colaboración, como hermanos, de republicanos y carlistas. La
finalidad es la liberación del pueblo y la regeneración de toda la humanidad. En muchas cartas se repite la hase de que "la justicia nacional castigará a todos los traidores, a todos los tiranos del pueblo, a todos los opresores de la humanidad".

153

Se fijó el día de la ruptura en el 10 de mayo de 1857, pero como todos los documentos ultrasecretos -ingenuidad de los revoluóonarioshabían caído en manos del Gobierno, fue fácil desbaratarla. El resultado
fue un centenar de fusilamientos y un millar de deportaciones.67
Yo no sé si en este cómputo ehtra la represión de las gavillas aparecidas en Andalucía en el verano de 1857. Como decía un jefe de la Guardia Civil de Sevilla, "el partido republicano es aquí socialista". Circulan
proclamas impresas sobre la Milicia (Nacional), sobre libertad de imprenta. Se temen los ataques a la propiedad en la fonna de incendios y robos.
De hecho a finales de junio de 1857 apareció en Utrera, Pruna, Arahal,
Paradas, etc., una facción de 120 o 150 hombres, capitaneados por D. Manuel Caro, comandante expulsado del ejército por la reacción de 184.5, partida que difunde el grito de "Viva la República, mueran las quintas y los
consumos". Típico del movimiento es que a él se sumaron los obreros del
ferrocarril y los segadores de Puente Genil. Después se dijo que el motín
de Arahal era comunista.
La represión fue feroz. El ejército les pemiguió y derrotó, e incluso en
algún comunicado oficial se habla de que los habitantes de los pueblos colaboraron a la derrota de los revolucionarios; pero habría que saber de qué
clase de habitantes se trata. Los principales jefes, Manuel Caro, Gabriel
Lallave, Rafael Latorre, fueron inmediatamente fuailados, lo mismo que
Antonio Romero, alias "el Buñolero", y otros muchos. Las ejecuciones se
sucedieron desde el 8 de julio hasta el 15, en cuya fecha se dio la orden de
que siga en sus tareas la Comisión militar, pero que no se mate a nadie antes de consultar con S.M., por si tiene a bien ejercer la regia prerrogativa. A
esta orden tardía se había llegado como consecuencia de las peticiones de
indulto de Sevilla, del 13 de julio de 1857, que todavía hoy nos impresionan: imploran misericordia el pueblo sevillano (95 páginas de firmas), la
Asociación de Beneficencia Domiciliaria de la capital -vicepresidenta, la
Marquesa Viuda de la Motilla; secretaria general, la Marquesa del Moscoso- y el propio Ayuntamiento de Sevilla.
Además de las ejecuciones, hay que contar las deportaciones, muchos
enviados al Penal de Ceuta y al correccional de Badajoz "a fin de alejarlos
del trato y relaciones que pudieran tener con sus respectivas familias" (sic).
A algunos, como al capitán general de Andalucía Atanasio Aleson, no les
parece esto suficiente. Aleson solicita del Gobierno que, después de que se
haya cumplido la ley en todo su rigor, se le permita mandar al servicio de
las armas en Ultramar a los jóvenes de los pueblos que hubiese simpatizado
con la rebelión. El Gobierno lo pensó acaso mejor y sustituyó a Aleson por
Manuel Lassala y Solera, quien el 19 de julio dio un manifiesto en el que
decía que el ejército ha sido, y será, "la tahla salvadora del trono, de las

�154 SigloXIX
instituciones y del orden", y anunciando tamhiin que a partir de ese día
cesan las penas de muerte.li8
En mano y abril de 1860 tuvo lugar una intentona carlista, con el coronel Jaime Ortega en San Carlos de la Rápita. Fácilmente vencido, Ortega
fue ajusticiado, mientras el pretendiente Montemotín huía en tartana.69
Con las insurrecciones andaluzas de 1857 hemos enoontrado ya las famosas agitaciones de la región. Clásica fue la acaudillada en 1861 por Rafael Pérez del Alamo, el albéitar de Loja, quien había montado una conjus
ra con ramificaciones en varios pueblos, Alhama, Loja, Antequera, Mollina,
lznájar y otros; pero la acción se precipitó por un decreto judicial de prisión contra Pérez del Alamo, al que respondió el 28 de junio poniéndose a
la cabeza de 600 hombres, luego aumentados a varios miles con los que t°"
mó la villa de Iznájar y a continuación Loja, al grito de "Viva la Repúhlica
y muera la Reina".
En Loja se hizo fuerte, y resistió el asedio hasta el 4 de julio, en cuya
fecha salieron de la ciudad en todo orden, dispersándose y poniéndose otra
vez a trabajar en el campo. La ideología de Pérez del Alamo es republicana
y anticlerical, con fuerte acento social, aunque no sea del todo exacto llamarle socialista. Todo lo más se ha visto alguna diferencia entre la actitud
del líder y la de la masa que le sigue, -ésta más radical acaso en todo. La represión no fue tan sangrienta como en 1857. Pero el susto, incluso entre
los progresistas, n,.e enorme: Olózaga, en un famoso discurso del propio
año 1861, no dudaba del carácter socialista de los sucesos de Loja, y lo
que es peor, le parecía que toda Espafia lo era, hasta hacerle temblar: incluso a la sopa de los conventos la reputaba propagadora del socialismo.70
También en Aragón en 1861 se persigue a los carbonarios, sin que podamos precisar la exactitud de la acusación.71
El susto no logró, sin embargo, la reconciliación de los partidos pr°"
gresista y demócrata con la Monarquía. Isabel II corría hacia su destronamiento. En 1863 se produce el retraimiento de los progresistas, y la inútil apelación -aún es tiempo, Señora- de Carlos Rubio.72 El general Prim,
cuya historia no era precisamente la de un enamorado de la libertad, se
distanció también de la Corona y pasó al extranjero, dispuesto a conspirar,
tras haber brindado en Oviedo por la Virgen, por Don Pelayo y por el general Riego.73 Los afios siguientes son, en gran parte, los de sus intentos
revolucionarios, que culminarán en septiembre de 1868.

-

VIL
En 1864, puesto al habla Prim con los demócratas, pudo formarse un
directorio revolucionario y dos juntas, una progresista y otra demócrata.

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

155

Se trabaja activamente en lograr adhesiones militares, puesto que en los
planes de Prim y sus amigos el ejército lo era todo. La conspiración penetró
profundamente en los medios militares, pero no se encontraba nadie que se
atreviera a ser el primero, el tiempo pasaba entre la impaciencia de los conjurados. Aiií s~ llegó a la intentona del 6 de junio de 1864, que fue un fr~
caso, y despues a la del 5 de agosto del mismo afio, que fracasó también...
antes de nacer.74
Las dificultades en que se hallaba el Tesoro decidieron a Isabel II a autorizar la venta de una parte del Patrimonio Real, _750/o para la nación,
250/o para su presupuesto particular, lo que fue muy elogiado por toda la
pr_ensa moderada. Emilio Castelar replicó con su artículo "El rasgo", publicado en La Democracia, en el que satirizaba la supuesta generosidad de
la reina Narváez exigió al Rector de la Universidad de Madrid que lo expulsase de la cátedra, el Rector se negó, los estudiantes se manifestaron, la
Guardia Civil ocupó la Universidad: en la noche de San Danie~ 10 de abril
de 1865, hubo nueve estudiantes muertos y más de cien heridos.75
Más gravedad todavía revistieron los sucesos de 1866: sublevación en
Aranjuez y Ücaña de los regimientos de caballería de Bailén y Ocaña, 3 de
enero de 1866, que se pusieron a las órdenes de Prim, sublevaciones militares también en Avila y en Tarragona y en Béjar, aparición de una partida
en Alhama de Aragón. El 22 de junio tuvo lugar el acontecimiento más duradero por su fama posterior: la insurrección de los sargentos de artillería
del cuartel de San Gil, sin sus jefes y oficiales, pero a las órdenes del general Pierrad. Esta sublevación fue seguida el 23 d~ intentos en Cataluña, pero como el resto del país no se sublevó a la vez -cosa frecuente en los pr°"
nunciamientos- los sargentos fueron vencidos, y lo mismo Milans del
Bosch y sus amigos catalanes, que encontraron en Francia su salvación.
Durísima represión se ejerció sobre los sargentos.76
Ya era imposible aguantar por más tiempo a Isabel II. Los preparativos
se hacían febrilmente, la conspiración crecía. Una entrada por tierras de
~uesca en 1867 no dio todavía el resultado apetecido.71 Al final, en septiembre de 1868, la escuadra fondeada en Cádiz, de acuerdo con los militares y con los partidos, dio el grito de insurrección, que rápidamente fue
secundado en todo el país por las Juntas clandestinas o que inmediat~
mente se fundaron.
. De manera que la revolución de 1868, la gloriosa revolución de septiembre, fue un pronunciamiento militar de acuerdo con hombres civiles,
inmediatamente secundado por el pueblo. La narración de lo sucedido en
numerosos puntos de España adquiere tintes inconfundihlemente dem°"
cráticos. Pero nunca se mezclaron ambos elementos, el militar y el dem°"

�A. Gil Novales: Revueltas y revolucione, en E,paiia

157

156 Siglo XIX
crático. Las Juntas provinciales querían repetir el programa de 1808, tan
buscado a lo largo del siglo XIX, pei:o Prim impuso su criterio: Monarquía, aun con otra dinastía, sometimiento de las Juntas y de los Voluntarios de la Libertad, control del Ejecutivo. El instrumento para burlar la
revolución popular fue la Junta revolucionaria de Madrid, quien ahusando
de sus poderes, reconoció al Gobierno provisional, es decir a Prim y a los
generales.78
No es de este lugar detallar las diferentes candidaturas al trono. Sí, en
cambio, decir que el desencanto popular produjo los alzamientos republicanos de 1869, a cuya represión se aplicó el ejército.79 Como en ningún
momento en el curso del llamado Sexenio (1868-1874) hubo una profunda reforma de la Hacienda, la contrarrevolución vendrá por sí sola, por
agotamiento y conspiración, y los mismos hombres de la situación de
1868, con muy pocas excepciones, se incorporarán a la contrarrevolución
borbónica.

tividad, y aunque tendrá momentos de euforia, el pasado le pesa y siempre
la recaída es más dolorosa. Por lo menos la conflictividad nacional ha contribuido a desenmascarar a las fuerzas de la reacción, que ya no podrán
abroquelarse en palabras cándidas y generosas. Y otra consecuencia importante: a lo largo del siglo XIX, cualquiera que sean las ideologías proclamadas, la actitud, sincera o calculista, del revolucionario es lo esencial,
pues en esa centuria se irá dando un cambio paulatino de fuenas que pasarán de la revolución clásica decimonónica a la reacción ya en términos del
siglo XX. Esta inserción de ex-izquierdismo en las sucesivas reacciones, y
no sólo las actitudes políticas, sino las fuenas sociales representadas, contribuirá de manera eminente a la fuerza del franquismo, el fenómeno social
y político más importante de nuestra época en Espaiia. Pero desarrollar este tema no cabe en los límites del presente trabajo.

NOTAS

Antes de llegar a este resultado, las Cortes han aprobado la Constitución de 1869, la más avanzada del país, que vuelve a enlazar con la de
1812, y se ha proclamado rey de España a Amadeo I de Sahoya, y por abdicación de éste en 1873 las dos cámaras reunidas han proclamado la Primera República. No faltaron los conflictos: guerra de liberación en Cuba,
nueva guerra carlista en el Norte, insúrrección cantonal por impaciencia de
los federales y de sus aliados los internacionalistas, pues de 1868 las doctrinas de Bakunin, difundidas por Giuseppe Fanell~ se han adueñado de
gran parte del proletariado español.
Hay falta de entendimiento entre los republicanos antiguos y los nuevos, los ex-radicales que habían sido partidarios de Amadeo. Prohombres
radicales, como Martos, intentan repetidas veces el golpe de Estado. Frente a la triple subversión, carlista, cubana y cantonal, los gobernantes de la
República, no obstante con frecuencia su altura moral, no encuentran más
solución que el restablecimiento de la disciplina en el ejército puesto en
manos de generales monárquicos y contrarrevolucionarios. El golpe de Estado del general Pavía, que disuelve manumilitari las Cortes, es la consecuencia de esta política. La Restauración no se hace esperar: el 29 de diciembre de 1874el general Martínez Campos, a! frente de la brigada Dahán,
proclamaba a Alfonso XII en Sagunto.00
No termina con ello la historia revolucionaria de España. El siglo siguiente se iba a revelar igualmente conflictivo e igualmente insatisfactorio. España en este lapso se ha transformado: va siendo cada vez más un
país burgués, con resabios arcaicos y gran dependencia del exterior. El
pueblo, mientras tanto, ha buscado su liberación con una tesonera acome-

l. Cf. Manfred Kossok, "Comuneros und Gennanfas. Spanien an der Schwelle der
frühbürgerlichen Revolution", Zeit,chrift for Guchichte, Heft 1, 1979, pp.
46-65.
2. Cf. ~erre Vilar, "El 'motín de Esquilache' y las crisis del Antiguo Régimen",
Revista de Occidente, 107, febrero de 1972.

3. Vilar, ob. cit., y Gonzalo Anes, "Antecedentes próximos del motín contra ~
quilache", Moneda y Crédito, U8, maIZo de 1974, pp. 219-224.
4. Cf. Vicente Rodríguez Casado, "La 'revolución burguesa' del XVIIl españof',
Arbor 61, enero de 1951; y Laura Rodríguez Díaz, "The Spanisb Riots of
1766", Panand Pruent 59, mayo 1973, pp. 117-146.

5. Cf. Giovanni Stiffoni, "Diplomazia ed 'opinione pubblica' vene-ziane di fronte ad
una crisi dell'assolutismo rifonnatore: le rivolte di Madrid e provincie del 1766"

NU-OVa Rivista Storica, V-VI, 1982, pp. 511-546.

'

6. Remito a Alberto Gil Novales, Política y Sociedad, en Manuel Tuñón de Lara
(dir.), Hutoria de E,paila VII, Centralúmo, Ilustración y agoniá del Antiguo
Rigimen (1715-1833), Barcelona, Labor, 1980, 221-227 (en adelante Centralismo).
7. Cf. Marcelin Défoumeaux, Pablo de Olavide ou l'Afrancuado París, PUF 1959·
y del mismo: "Régalisme et lnquisition: une campagne co~tre Campo~anes"'
Me'lange, a la mémoire de I ean Sarraiih, París, lnstitut d'Etudes Hispaniques:
1966, l, pp. 299-310.

8. Cf. Franco Venturi, Settecento riformatore. IV. La caduta de0'Antico &amp;gime

q;;i-::.89),

Tomo I, I grandi stati dell'Occidente, Turin, Einaudi, 1984, p.

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

158 Siglo XIX
9. Cf. Memorial-ajustado hecho de orden del Consejo-Pleno, a instancia de los Señores FÍ8Cale&amp;, del e:rpediente consultivo vilto por remisión de Su Mag. a él. sobre el contenido, y e:rpresiones de diferentes Cartas del Rev. Obispo de Cuenca
D. Isidro de Carbajal y Lancaster. Con licencia Barcelona, Thomas Piferrer,
1768. El ejemplar de mi propiedad lleva al fmal una nota ms., en la que se da
cuenta de la muerte del obispo en 1771, y se ponderan sus virtudes ejemplares,
modelo para prelados y sacerdotes.

10. Cf. Alberto Gil Novales, ob. cit., pp. 251-252.
11. Cf. ob. cit., en n. ant., pp. 254-256.
12. Ecija, Imp. de D. Benito Daza, 1794. Palau registra otras eds. de 1794, 1795,
1813, 1814, 1815, 1840 y 1895.

13. Cf. Irene Castells, "Els rebomboris del pa de 1789

a Barcelona", Recerques I,

1970, pp. 51-82.
13a. Cf. Juan Manuel Bedoya: Retrato histórico del Emmo. Excmo. e Rmo. Señor
Don Pedro de Quevedo y Quintana, Madrid, Imp. que fue de Fuentenebro, 1835.
14. Cf. Manuel Aidit Lucas, Revolución liberal y revuelta campesina, Barcelona,
Arle), 1977, pp. 96-98; y mi Introducción a Juan Romero Alpuente, Hiltoria de
la revolución espaflola (en prensa).
14a. Cf. Iris M. Zavala: "Picomell y la revolución de San Blas: 1795", Historia Ibérica, 1, 1973, 35-58; la misma: "Cabarrús y Picornell: un documento desconocido", Cuadernos hispanoamericanos, ·Junio 1969, 774-782; M.ª Jesús Aguirrezábal y José Luis Comellas: "La Conspiración de Picomell", Revista de Historia
Contemponinea, Sevilla, 1, diciembre de 1982. 7-39; Giovanni Stíffoni: "Dal
'Motín' contro Esquilache al 'Motín' di Aranjuez: la transformazione di un
modello nella crisi dell' Antico Regime in Spagna", Annali di Ca' Foscari, XXI,
1-2, 1982, 200-204.
14b. Cf. María Rosa Saurín de la Iglesia: Reforma y reacción en la Galicia del siglo
XVffl (1764-1798), La Coruña, "La Voz de Galicia", 1983, pp. 135-165.
15. Cf. Ardit Lucas, ob. cit., pp. 9!Hl9.
16. Cf. A. Gil Novales, Centralismo, pp. 262-263, y Claude Morange: "El Conde del
Montijo durante la Guerra de la Independencia Apuntes para su biografía",
Trienio 2, de noviembre de 1983, pp. 3-40; del mismo, "El Conde del Montijo.
Reflexiones en tomo al 'partido' aristocrático de 1794 a 1814" Trienio 4
de noviembre de 1984, pp. 13-67.
'
' '
17. Cf. Jean-René Aymes, La Guerre d'lndépendance E,pagnole, París, Bordas,
1973, pp. 72-74; Alberto Gil Novales, "El problema de la revolución en el lfüeralismo español (1808--1868)", Estudios de Historia socia~ 22-23, julio-diciembre de 1982, pp. 12 y ss; del mismo Centralismo, 270.
18. Cf. Antonio Moliner Prada, &amp;tructura, funcionamiento y terminologú, de la,
Juntas suprema, provincialu en la guerro contra Napoleón. Los casos de Mallorca, Cataluña, A1turias y León, tesis doctoral inédita leída en la Universidad Autónoma de Barcelona en 1981.

159

19. Cf. Impugnación que hacen lo, individuos que compusieron la Suprema Junta
Central al Manifiesto del Capitán General Don Gregario de la Cuesta, Cádiz,
Imp. del Estado-Mayor-General, 1812, p. 6. de los Documento, puestos a modo
de Apéndice. La carta de Castaños está fechada en Madrid a 18 de septiembre de
1808.
20. Cf. Alberto Gil Novales, Las Sociedade, patrióticas, Madrid, Tecnos, 1975, p.
803 (entrada Diego Correa, quien habría sido el dirigente del motín). En adelante, Soc. Patr.
21. Cf. "Causa contra D. Vicente Ramón Richart, D. Baltasar Gutiérrez, D. Ramón
Calatrava, D. Juan Antonio Yandiola, D. Simón la Plaza y otros, formada en
1816 sobre conspiración contra la persona del Rey", en Colección de la, causas más célebres e interesantes de lo, mejores modelo, de alegatos, actuacione,
frscales, interrogatorios y la, más elocuentes de/ensa, en lo civil y criminal del
foro espaiio~ francés e inglés por una Sociedad de Jurisconsultos. Parte española. Madrid, Libr. de D. Leocadio López, 1863, VIII, pp. 77-291; y Ma. Pilar Ramos Rodríguez, La conspiración del triángulo, Univ. de Sevilla, 1970.

a

22. Cf. Karl Marx, "La intervenció
Espanya", presentado por Jaume Torras,
Recerques, 6, Barcelona, 1976, pp. 7-11 (fragmento de un texto de 1864, incorporado en alemán a las Marx Engel, Werke, Berlín, 1970).
23. Cf. para toda la época mis libros Céntrafümo, cit.; Soc. Patr.; y El Trienio libera~ Madrid, Siglo XXI, 1980.
24. Cf. Jaime Torras Elías, La guerra de los Agraviados, Univ. de Barcelona, 1967.
25.

et

sobre las conspiraciones de este periodo mis artículos "La contrarrevolución femandina (1814-1820 y 1823-1833)", Hiltoria 16, extra 111, junio de
1977, pp. 7-26, y "Repercusiones españolas de la Revolución de 1830'', Anales de Literatura española, Universidad de Alicante, n. 0 2, 1983, pp. 281-328.
Cf. también Irene Castells Oliván, "Torrijos y Málaga",]ábega, Málaga, 1982 El
contexto europeo en Clive H. Church: Europe in 1830, London, Geo¡ge Allen &amp;
Unwin, 1983. Del mismo: "Success and failure in 1830", Trienio, 2, de noviembre de 1983, pp. 41-72.

26. Cf. Francisco Javier Puerto y Carlos San Juan, " La epidemia de cólera en 1834
en Madrid", Estudios de Historia Socia4 15, octubre-diciembre de 1980, pp.
9-63.
27. Cf. Roberto Castrovido, La quema de conventos, en José M.a de la Chica, Cómo
se incendiaron los conventos de Madrid, Madrid, Edit. Castro, s. a. (1931),
pp. '.Vi.
28. Cf. Diario de la, sesiones de Cortes, No. 32, 6 de septiembre de 1834, p. 199.
29. Cf. mi art. " El movimiento juntero de 1835 en Andalucía", Cuaderno, de F11ología, Universidad de Valencia, III, 3, 1983, pp. 85-118.
30. CT. mi art. "El problema de la revolución en el h"beralismo español (1808-1868),
Estudios de Hiltoria Socia~ 22-23, julio-diciembre 1982, pp. 7-22.

�A. Gil Novales: Revueltiu y revoluciones en Lpaña

160 SigloXIX
31. Cf. el cap. V. "Liberalism and Carlisrn" de Raymond Can, Spain 1808-1939,
Oxford, Clarendon Press, 1966.
32. Cf. El Duende liberal, Madrid, No. 82, 19 de noviembre de 1836, y números siguientes hasta el 232, 13 de mayo de 1837. Y El Matamoscas, Madrid, cit. en
nota siguiente.
33. Cf. mi art, "Prensa satírica de la época de Larra: El Mawmos00$", en Albert
Dérozier (ed.), Revisión de Larra, París, Les Belles Lettres, 1983, pp. 133-140.
34. Cf. Luis Bordas, Historia de la revolución y guerra civil de España, Barcelona,
Imp. Hispana, 1847, p. 302 y ss..Ramón María Narváe.z, Manifiesto del Mamcal
de Campo• .. en contutación a las acU11aciones del Capitán General Conde de
Luchana, Madrid, Imp. Comp. Tipográfica, 1839.
35. Cf. Exposición de lo, sucesos de Sevilla en el mes de noviembre de 1838, Sevilla,
Imp. de D. J. H. Dávila, 1839.
36. Cf. Fray Gerundio, León, 4.0 Trimestre, 1838, pp. 72-94.
37. Cf. Reselfa histórica del glorioso alz-amiento de 1840, Madrid, Imp. de Vicente
de Lalama, 1840.
38. Cf. Enrique Rodríguez Solís, Historia del partido republicano españo~ Madrid,
Imp. de Fernando Cano y Domingo del Val, 1892-93, II, pp. 376-77; J. A. González Casanova, Federalume i autonomía a Catalunya, Barcelona, Curial, 1974.
39. Cf. Carlos Navarro y Rodrigo, O'Dormel y su tiempo, Madrid, Imp. de la Biblioteca Universal Económica, 1869, pp. 53-55.
40. Cf. Manifiesto de la Milicia Nacional armada de Barcelona. Barcelona, Imp. delConstitucional, 1841.
41. Cf. Manuel J. Risques, "La insurrecció de Barcelona pel novembre de 1842. La
seva dinámica sociar', Recerqu1!4, 10, 1980, pp. 93-112.
42. Cf. González Casanova, ob. cit.,
43. Cf. J. Tanoo, L'Espagne en 1843 et 1844, París, A René, 1844.
44. Cf. Joaquín María López, Exposición razonada de los principales ,ucesos polí-

ticos que tuvieron lugar en España durante el Ministerio del 9 de mayo de 1843,

ª

y después en el Gobierno provisiona~ Madrid, José M. Canalejas, s. a. Rayrnond
Carr, Spain 1808-1939, Oxford at the Clarendon Press, 1966, pp. 224-27.

José Amador de los Ríos, Alzamiento y defensa de Sevilla, Sevilla, Alvarez y

Cia, 1843.
45. Cf. Mario Méndez Bejarano: Idealismo jurídico-político e historia interna de la
Revolución de Septiembre de 1868, Madrid, Real Acad. de Jurisprudencia y
Legislación, 19192, p. 10.
46. Cf. José Ordás y Avecilla, Defensa verbal que el abogado. .. pronunció en el
Jurado celebrado el veinte y seis de junio del presente año, para calificar el folleto titulado Proscriptos y encarcelados, en Causas, cit., VI, pp. 345-37 6 (el

161

folleto comprendía los siguientes canw,: La noche,. de José Ferrer; La expatriación, de Julián Santín Quevedo; Recuerdo, de la Patria, de Amires Avelino
Benítez; La libertad perdida, de Alfonso García Tejero; La esperanza, de Luis
Díaz y Montes; Al 101 de la libertad, de Bmulio Antón Ramírez).
47. Cf. Evaristo Escalera y Manuel González Llana, La España del Siglo XIX, Madrid, J. J. Marfínez, 1865, III, pp. 370-372.

48. Cf. Tansk~ ob. cit.
49. Cf. Causa criminal. • .contra. • •D. Joaquín MarÚJ López y D. Manuel Cortina y
lo, leiiore, D. Pascual Madoz, D. Juan Antonio Gamica, D. Miguel On y García,
D. Joaqu{n Garrido, D. Joaquín Verdú y Pérez y D. Mamé, Benedicto por,ospechas de complicidad en el alzamiento de la ciudad de Alicante verificada en
28 de enero de 1844, en Caiuos, VII, 1863, pp. 5- 222.
50. Cf.. Eduardo Chao, Historia de la vida militar y política de Martín Zurbano, Madrid, Est. li-tip. de P. Madoz y L Sagasti, 1846. Femando Garrido, Historia del
reinado del último Borbón de Lpaña, Barcelona, S. Manero, 1868-69, 11, pp.
604-606.
51. Cf. Francisco Tettamancy Gastón, La revolución gallega de 1846, La Coruña,
Imp. y Fotograbado de Ferrer, 19092.
52. Cf. Diario de Sevilla de Comercio, Arte, y Literatura, 8 de mayo de 1847.
53. Cf. Archivo Militar General de Segovia, Sección 2.0 , Div. 4.0 , Leg. 197.
54. Id. id., leg. 196. Cf. también Teatro de la guerra: Cabrera, los montemolinistas
y ;epublicano, en Cataluña, Madrid, B. González, 1849, y Joan Carnps i Giró,
La guerra deis matiner, i el catalanilme polític (1846-1849), Barcelona, Curial,
1978.

55. Cf. Francisco Rispa y Perpiña, Cincuenta allos de conspirador, Barcelona, Librería Villela, 1932, pp. 7-8.
56. Cf. V.G. Kiernan, The Revolution of 1854 in Spani,h History, Oxford, At the
Clarendon Ptess, 1966. Angel Fernández de los Ríos, Estudio histórico de las luchas política, en la España del ,iglo XIX, Madrid, English y Gras, 1880, 2. a ed.,
II,p. 331 yss.
57. Cf. Mari.e-Claude Lecuyer, "Los pronunciamientos de 1854", Estudio, de Hiswria Socia4 18-19, julio-diciembre, 1981; id.: "La formación de las Juntas en la
revolución de 1854", id., pp. 22-23, julio-diciembre de 1982. José Ramón Urquijo y Goitía, La revolución de 1854 en Madrid, Madrid, CSIC, 1984.
57a. Archivo General Militar de Segovia, Sección 2.ª, Leg. 198. En adelante AGM
Segovia.
58. Cf. Karl Matx-Friedrich Engels, Revolución en E,paña, Caracu-Barcelona, Ariel,
1960 (trad. de Manuel Entenza), p. 37, en donde la frase "ilusiones del pasado"
se aplica a Espartero.

�A. Gil Novales: Revueltas y revolucione, en Espaifa

163

162 SigloXIX
59. Siempre al servicio del Gobierno, según Alfredo Pisso, La Guardia Civil y su
tiempo, Barcelona, s. a., I, p. 80.
60. Así p. ej. ta Junta de Cádiz comunica su instalación el 22 de julio en los siguientes ténninos: "Cádiz se ha adherido al alzamiento nacional Se ha constituído
una Junta. Ningún servicio público se ha interrumpido, y continúa reinando la
más completa tranquilidad" (AGM, Sección 2.ª, Leg. 198 ; estos legajos han
sido trasladados al Servicio histórico militar de Madrid, conservando las signaturas de Segovia).
61. Cf. AGM Segovia, Leg. 198.
62. Cf. Kieman, ób cit. Antonio Ignacio Cervera, La voluntad nacional Como el
pueblo espera que la interpreten la&amp; Corte, Constituyentes, Madrid, Imp. de Tomás Núñez Amor, 1854 (reproducido por Antonio Elorza en Estudios de Historia Socia4 10-11, julio-diciembre 1979, pp. 432-444).
63. Cf. Josep Beneti Casimir Mart4 Barcelona a mitjan segle XIX. El movimiento
obrer durant el bieniprogre,mta (1854-1856), Barcelona, Curial, 1976, dos vols.
64. Cf. Ramón Garrabou, "Un testimonio de la crisis de subsistencia de 1856-57:
el expediente de la Dirección General de Comercio", Agricultura y Sociedad,
14, enero-marzo 1980. Benet i Mart4 ob. cit.; Kieman, ob. cit..
65. Cf. Alberto Columbrí, Memorias de un presidiario político (1857), Barcelona,
lmp. Española de l. López, 1864. Rafael Pérez del Alamo: Apunte, sobre dos
revolucione, andaluzas.. Introducción de Antoruo María Calero, Madrid Zero
1971, p. 51 (desarme de la MN de Loja, la patria de Narváez y de Pé~ez dei

AJamo).
66. Cf. Sixto Cámara, La Junta Nacional Revolucionaria al Pueblo, Zaragoza y abril
de 1857 (hoja suelta, sin pie de imprenta, existente en la BN de París, Oc 1323);
Fernando Garrido, "Sixto Cámara", Obras escogidas, Barcelona, Salvador Manero 1859, I, pp. 389-420.
67. Cf. Pedro de Répide, "Un conspirador de ayer", en Los e,pejos de Clío Madrid, Edit. América, s. a., pp. 107-152. Y AGM de Segovia (ahora en Madrid)
Leg. 175. Pierre de Luz, Isabel JI reina de España, Barcelona, Juventud, 1937'.
p. 202.
68. Cf. Manuel LassaJa. Habitante, del Distrito Militar de Andalucía, Sevilla 19, de
julio de 1857 (bando impreso, en leg. 175 AGM Segovia). Maximiano García
Venero, Historia de la&amp; Internacionales en España, Madrid, Eds. del Movimiento,
1956, I, pp. 51-52.
69. Cf. Miguel Villalba Hervás, Recuerdos de cinco lustros,1843-1868 Madrid La
Guirnalda 1896, p. 197 ss.
'
'
70. Cf. Juan Díaz del Moral, Historia de la&amp; agitaciones campesinas andaluzas - Córdoba, Madrid, Alianza Edit., 1973, pp. 78-81. Rafael Pérez del Alamo, ob. cit.;
El discurso de Olózaga en La Iberia, Suplemento 19 de diciembre de 1861. A.
Gil Novales, "Las contradicciones de la revolución burguesa española", Coloquio Internacional de Lcipzing, noviembre de 1983 (en prensa).

71. Cf. (Eduardo Ruiz Pons), Historia de la causa formada en Zaragoza el año de
1861 contra el Ex-constituyente. •• y consorte&amp;. .•, Porto, Typographia de D.
Antonio Moldes, 1864, pp. 19, 44, 132 y 135.
72. Cf. Carlos Rubio, "Reverente carta que dirige a S. M. la Reina Da. Isabel If',
La Iberia, 12 de diciembre de 1863.
73. Cf. Rafael Olivar Bertrand, Prim, Madrid, Tebas, 1975. p. 385.
74. Cf. Rispa y Perpiña, ob. cit., p. 61 ss.
75. Cf. F. G. Bruguera, Histoire contemporaine d'&amp;pf18ne,1789-1950, París. Ophrys,
1953, pp. 246-247. Andrés Sánchez del Real, Emilio Gaste/ar, Barcelona, Manero, 1873, pp. 128-136.
76. Cf. Pérez del Alarno, ob. cit., pp. 94-98. Enrique Rodríguez Solís. Memorias,
Madrid, Plutarco, 1931, pp. 35-43. Es muy curiosa la novela de Vicente Mor~
no de la Tejera, La sangre de un héroe, Madrid, Robles y cía., s. a., que trae al
final la lista de todos los fusilados.
77. Cf. Juan Massanet y Ochando, Memoria sobre los sucesos de Aragón en agosto
de 1867. Madrid, Imp. de Tejado, 1868. Eugenio García Ruiz La Revolución en
España, París, Ch. Lahure, Octubre de 1867.
'
78. Cf. Manuel Ibo Alfaro, Historia de la interinidad e,paflola, 2 vols., Madrid. Alvarez, 1871 y 1876. Felipe Ducazcal, "Memorias de un empresario", Heraldo de
Madrid, de 4, 8, 12, 22 y 28 de noviembre y de 4 y 17 de diciembre de 1890.
Mario Méndez Bejarano, Idealismo jur{dico-político e historia interna de la Revolución de Septiembre de 1868, Madrid, Real Acad. de Jurisprudencia y Legislación, 1919 (l. a ed. 1889). MM. de Lara, El cronista de la revolución espafiola de 1868, Barcelona, Celestino Verdaguer, 1869. Alberto Gil Novales, La
Revolución de 1868 en el Alto Aragón, Zaragoza, Guara, 1980.
79. Cf. Romualdo Lafuente, Málaga y sus opresores; relato verídico de los últimos
suce,os de Málaga, Orán, 1869. Amalio Gimeno y Cabañas: El partido republicano de Valencia ante la Historia, Valencia, 1870.
80. Cf. Francisco Pi Y Margall Y Francisco Pi y Arsuaga, Historia de España en el
,iglo XIX, Barcelona, Miguel Segu4 1902. t. V.; C.A.M. Hennessy La República federal_ en EsJJ'!fa, Madrid, Aguilar, 1966. Nelly Clémessy, L'Espagne de
la Restaurafion, Pans, Bordas, 1973. Earl R. Beck, A Time of Triumph and of
Sorrow. Spanish Política during the reign of Alfonso XII. Southern Illinois Univ.
Press 1979. A. Houghton, Les origines de la Restauration de, Bourbons en
Espagne, París, Pion, 1890. Manuel Espadas Burgos, Alfonso XII y los orígenes
de la Rutm,ración, Madrid, CSIC, 1975.

�Colonialismo y absolutismo español:
el contrapunto balear del Dieciocho

Lluís Roura i Aulinas*

l.

El proceso de implantación de las monarquías absolutas europeas
viene a ser un "tour de force" permanente desde la Baja Edad Media hasta el final del Antiguo Régimen. Aque1 viene dado por la resistencia que
ofrecen la infinidad de poderes que, bajo una gran diversidad de formas,
se resisten a desapareer o a modificarse. Se trata del peso del "privilegio"
-estamental, local, territorial, dinástico...- en la sociedad feudal.
En el caso español, cuya monarquía deriva hacia la formación de un
imperio, la fragilidad de su carácter absolutista se patentiza especialmente
en la resistencia a la unión por parte de algunas de las coronas y territorios que la configuran (unión tardía, por ejemplo, de la Corona de Aragón
-cuya oposición no será superada con éxito prácticamente hasta finales
del siglo XVII-; o el abierto enfrentamiento de los Países Bajos - verdadera gangrena del principal requisito en la estabilidad del poder absoluto:
la salud de sus finanzas--).

En este marco, la organización del poder y la administración de los
territorios del "Nuevo Mundo" - en los que se impone tabla rasa del elemento indígena- aparece, teórica y formalmente, como tierra propicia
para el establecimiento del ideal absolutista de la corona.
Virreinatos, gobernaciones, capitanías, corregimientos, audiencias...
una estructura que aspira a garantizar la vinculación directa al ejercicio del
poder real. No parece exagerado decir que se pretendía establecer una
"Castilla ideal" en las Américas - al menos a efectos de la monarquía- . Su
fracaso, al que tanto contribuyó la lejanía de los nuevos territorios, pero
sobretodo su subordinación a las urgencias de Castilla y la Corona, no obs-

*Facultad de Letras, Universidad Autónoma de Barcelona

�166 Siglo XIX
ta para poner de manifiesto aquellas pretensiones ni para reconocer la voluntad de la monarquía de estructurar un nuevo modelo de Estado.

El cambio dinástico en el siglo XVIII no supuso un viraje sustancial
respecto de los planteamientos de los Austrias españoles: ni en cuanto a las
colonias (se aspira a mayor eficacia en la satisfacción de un móvil incuestionable: la apropiación de riquezas), ni mucho menos respecto de la aspiración de culminar el estado absolutista en España.
La consolidación en el trono de Felipe V, tras la Guerra de Sucesión
(1700-1714), va a permitir a este monarca ampliar las parcelas del absolutismo especialmente sobre aquellos territorios, peninsulares e insulares, que
aparecían derrotados (fundamentalmente los de la Corona de Aragón). La
reestructuración formal del poder y la administración supondrá, en primer
lugar, un barrido de las instituciones -consideradas puntales de la resistencia secular-. No es de extrañar que luego, en lo que se supone la nueva
planta institucional-absolutista, se tienda al modelo que se tiene a mano:
aquel que se había establecido en las colonias y en el cual se seguía confiando. Que su planteamiento responde a la aspiración de racionalidad absolutista, lo ratifica la reestructuración de la fiscalidad que acompaña a la
nueva planta administrativa.
11

En este marco, pues, creo que es útil, tanto epistemológica como metodológicamente, llamar la atención sobre el paralelismo y las divergencias
que se dan entre las realidades coloniales y la balear, en el marco del establecimiento de una misma monarquía absoluta. Resulta difícil considerar
meras coincidencias a determinados rasgos paralelos, así como aceptar que
obedecen a factores que no tengan en común más que la mera formalidad.
Por lo que se refiere a los dominios de la Corona de Aragón, se ha insistido mucho, tradicionalmente, en el cambio que supuso la implantación
de los decretos de Nueva Planta. Por ellos se suprimían, en el caso de Baleares (25 de noviemhre de 1715), sus instituciones propias y multiseculares ( el Gran i General Consell, los Jurats de Palma y del Reino, las Univer•
sitats. .. ). En su lugar se establecían la Audiencia, la Capitan(a Genera~ los
Regidores municipales, el Intendente. .., todos ellos dependientes, en última instancia, del Consejo de Castilla.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la situación bajo el reinado
de los Austrias estaba lejos de ser tan halagüeña como supone la historiografía romántica. Como ya hemos indicado, más bien hay que considerar
qu los decretos de Nueva Planta imponían, con la facilidád de la victoria
militar, lo que también había sido una vieja aspiración austriacista, y resolvían una dinámica de poderes enfrentados que venía siendo característica

L. Roura i Aulinas: Colonialismo y abaolutúmo espaliol

167

de los tiempos modernos, desde sus inicios.
Para los territ~~os peninsulares el planteamiento borbónico suponía
~le~er una pohtica claramente centralizadora. Sin embargo, para los
te~t?nos de fuera d~ la Península, y éste es el caso de las Baleares, aquella
P?htica se decantaria -dados los condicionamientos del momento, por
eJemplo en algo tan elemental como las comunicaciones- hacia un carácter
~u~h~ más propio al de su área de procedencia, institucionalizando una
dinánuca de dependencia equiparable a la que es propia de las relaciones
entre colonia y metrópoli.

Mallorca había tenido hasta el siglo XVIII una situación que derivaba
de una dependencia institucionalizada de hase feudal, respecto de la Penín.
sula -fundamentalmente respecto del Principado de Cataluña-· situación
establecida, fund~en~en~e, soh_re la hase de las rentas ~arias, por
~~e de una !!'an divel'Sldad Jerarqmzada de señores e instituciones. En el
siglo XVIII, sm embargo, se da el paso a una situación en la que la dependencia _respecto de la Península -ahora fundamentalmente Castilla- se
ª?°Yara en un esquema que podemos denominar de tipo colonial-absolu~ La fal~ de conci~~cia de esta situación en la sociedad balear no desVll'tú~ esta mterpretac1on. Como se sabe, el mismo fenómeno colonial
amencano nunca fue planteado y reconocido como tal por la monarquía
esp~ola, y hasta el siglo XVID tampoco parece que lo reconocieran O explicitaran así aquellos pueblos.
Sin embargo, no creo que pueda aplicarse de manera genuina el esquema colonial a_las ~as Baleares. Entre otras razones porque no representan
un ce~tro de mteres ~ara la explotación colonial No hay bienes de los que
aprop~ (en cu:i!quier caso la confiscación de las salinas de Ibiza confirma la mterpretac10n
que estamos dando)·, su "micultura
es defic1·tan·a,yel
.
~-comerci? ~e se es~erza_ en resurgir no atrae más que a ciertos sectores de
las r~op1as islas. El mteres estratégico -tanto a efectos económicos como
~hticos- P:U-ece ser, pu~, una de las razones de mayor peso en el empeno metropolitano -especialmente tras la situación internacional estahlecid? en Utrech~-:· No debe extrañar, pues, que se procure el control y dominio con e~ m1rumo cost~. Por ello, a nivel ~terno, la sociedad mallorquina
va a funcronar y evolucionar -tanto economica como socialmente- b ·
e~emalas " autar'qwcos
• " . Es d ecir:
· los propios de una sociedad agraria traªJº
dicion
ABí pues, el paso a una forma de dependencia colonial-absolutista en
l~ ~al~es -que se pone de manifiesto tanto en la dinámica política y admmIStra~a com? ~n las reformas tributarias y en el control sobre sus in~rcamhios econonncos, aunque tímidos-, va acompañado de la ersistencia de formas de dependencia
de tipo "feudal", que siune
~ , d
. .
"b- n enratZan ose
en la estructura tradicional de la sociedad isleña.

�168 SigloXIX
En esta situación, a lo largo del siglo XVID cristaliz~n o cobr:irán
impulso en Mallorca una serie de elementos y comportamientos sociales
y económicos que difícilmente pueden hacemos ol~dar los que s_e d_an en
gran parte de los ámbitos coloniales de la monarqu1a españo!~ Si ~1en su
razón de ser depende de una compleja red de factores, tamhien ,está claro
que resulta enormemente facilitada por una estructura que hahta establecido el marco propicio para ello.
Por un lado es evidente la importancia de las .clases urbanas como
grupo dirigente. Fundamentalmente propietarios, administrad?res, "hidalgos" ("ciutadans", en el caso de Palma), grandes arrendatarios y comerciantes.
Por otra parte la venalidad de títulos y/o cargos se presenta como un
medio eficaz para el rápido acceso a aquella categoría social, por parte de
los sectores que se encuentran en una situación de expansión económica
- tal es el caso, en Mallorca, de los más activos arrendatarios-.
En tercer lugar, la aristocracia terrateniente aparece como un pro~
gonista indiscutible, detentando el poder. Mientras la estructura colonial
permanece estable, ello se traduce ~n u~ declarado colaboracio~o. Las
modificaciones en el poder la llevaran, sm embargo, a las contranedades de
la adaptación: ya sea jugando un papel fundamental en el surgimiento del
criollismo (caso americano), ya sea sorteando las d~cultad~ de su P~ºf':
siva pérdida de protagonismo con escaramuzas de diversa mdole -dinásticas, funcionariales, caciquiles. ..- (caso mallorquín).
.
Los grupos sociales inmediatamente inferiores (pequeños comerciantes, artesanos. .. ) aparecen claramente subordinados. Pero la existe~cia de
sectores extraordinariamente oprimidos y/o marginados (indígenas, 'esclavos) estimula actitudes de superioridad y confoanismo que obstaculizan
la toma de conciencia de su propia situación real. En este sentido no debe
subestimarse, para el caso mallorquín, la importancia social y de mentalidad que supone la permanente marginación y desprecio de que son objeto
los "xuetes" (familias con los apellidos que se consideran exclusivos de los
descendientes de judeoconversos).
El eslabón social inferior se caracteriza, en fin, por la gran importancia de mano de obra en claras condiciones de sobreexplotación Gornaleros,
esclavos).
.
Por último, no podemos dejar de señalar la trascendencia, tanto cuantitativa como de prestigio, que caracteriza a los sectores "pasivos" en la
sociedad colonial (clero, funcionariado y ejérc~, princip~ente). Así como 1;10 debemos dejar de recordar la trascendencia de la venalidad, la corrupción, el agiotismo... como principales ejes de la movilidad social

La constatación del paralelismo que acabamos de reseguir nos advierte
al mismo tiempo de la fragilidad de los esquemas y periodizaciones " clási-

L. Roura i AulinM: Colonialumo y ab.alummo espaflQI

169

cas" aplicadas de forma genérica a las sociedades europeas. Ciertamente~ en
nuestr-0 caso, conceptos como "Antiguo Régimen" o "Revolución Burguesa" son definidores d~ fenómenos COD$tatahle11 en la sociedad mallorquina,
pero no puede olvidarse hasta qué punto vendrán condicionados por la dialéctica que se mantiene en una situación de duplicidad de poderes (195 que
se hasan en las rel~ciopes internas de la isla, y aquéllos que se derivan d~ la
v.inculació.n al poder y a las estructuras del Estado). Así se comprend~, por
ejemplo, que los cambios de la sociedad del Antiguo Régimen no lleguen a
ser, en un determinado contexto, más que fonnales, y que no comporten
n~amente su propia superación en coincidencia con las transformaciones que tienen lugar en la Península.

-

IlI.

La situación de los territorio.e coloniales en el siglo XVIIl, y su vinculación a la metrópoli, se encontraba, sin embargo, muy distante de los
esquemas en los que se movía la situación balear. Sería absurdo fonar el
paralelismo.
Pero, así como los factores concordantes pueden ayudarnos a dar luz
sobre ambas sociedades, los elementos y dinámicas discordantes pueden
semos, por lo menos, tan útiles como los primeros. Tal puede ser el caso
de poner en consideración tres factores decisivos en la última etapa colonial, que no sólo no coinciden sino que se contraponen· a la trayectoria
balear -a pesar de que "a priori" se habría podido presumir un cierto paralelismo-. Me refiero a la aparición e importancia del criollismo, a la difusión e influencia de los planteanúentos ílustrado$-liberales, y a la consecución de la independencia.
Un mismo contexto de crisis -el de la Guerra de la Independencia en
España- va a facilitar la culminación de resultados contrapuestos.
Aunque sin reduccionisrnos, hay que considerar lógico que la fuerza
del criollismo, apoyado en el racionalismo ilustrado-liberal, desemboque en
la independencia. De la misma manera, pues, la ausencia del primero y el
peso de la Reacción actuarán como elementos multiplicadores del integracionismo, v como lastre frente a cualquier asomo de despe~e.
Este último es el caso que registramos en la situación balear. El contexto excepcional que se configura en los años de la Guerra de la Independencia española resulta, en este marco, muy clarificador de la dinámica que
subyacía a la estructura colonial-absolutista.
De 1808 a 1814 las Baleares se mantendrán a salvo de la presencia napoleónica en España. La distancia de la Península convierte a Mallorca en
un resguardo seguro para los sectores privilegiados. Estos van a ser los primeros eu emigrar a una isla que llegaría a acoger cerca de unas 20.000 personas a lo largo de seis años -la mayor parte de las cuales en condiciones
mucho menos favorables de las que gozaron las jerarquías eclesiásticas, los

�L. Roura i Aulina,: C.OloniaJumo y abiolutumo e,palfol

170 Siglo XIX
grandes comerciantes o las dignidades llegadas en los primeros momentos-.
Mallorca se convierte así_ en un lugar de refugio y "privilegio"; aunque estas mismas condiciones desembocarán en el carácter limitado de ambas. Todo ello en una inevitable situación de provisionalidad.
Pero no sólo la llegada de refugiados va a sacudir a la sociedad mallorquina: la culminación de los principios liberales, en Cádiz, y la vinculación
a las necesidades de sostén de la guerra van a sumarse y entrelazarse con lo
primero.
Se pondrá de manifiesto, en estos aílos, la debilidad del sistema demográfico en Mallorca, así como las limitaciones de un abastecimiento endémicamente precario y de una economía de subsistencia cuyas consecuencias pueden llegar a ser trágicas.
En este conte¡cto, la estructura de dominación colonial-absolutista estimulará una respuesta institucional propia de los intereses de aquéllos sectores sociales que la detentan. La urgencia en los problemas de abastos, los
imperativos de la guerra y los apasionamientos ideológicos proporcionarán
argumentos más que suficientes para una actuación que interesa, fundamentalmente, por motivos difícilmente explicitados.
As~ en la tan frecuentemente proclamada identificación a la causa nacional-patriótica, subyace el recurso de los poderes locales a lo que se adivina como garantía de su status político y del afianzamiento de su peso social La coyuntura permite, precisamente, a estos sectores, ver potenciado
su distanciamiento de privilegio respécto del resto de la población -tanto
autóctona, como inmigrada-. Lo viene a corroborar el peso del carácter
formal en la identificación con la causa patriótica, frente a una realidad
bastante menos generosa -como lo demuestran los balances de su contribución económica y militar-.
También así se comprende mejor la trascendencia que en definitiva
adquirirá el debate ideológico -que no debe verse tan sólo como el eco de
una problemática exógena. Y conviene no olvidar que el protagonismo en
el debate ideológico registrado estos años en Mallorca será, a fin de cuentas, de la Reacción, tanto por la jerarquía de sus defensores, como por la
cantidad y características de sus medios de actuación.
De esta manera tenemos, por una parte, junto a la intrascendencia real
de la Ilustración, el peso del bloqueo que la Reacción establece en el momento decisivo del liberalismo gaditano. Y, por otro lado, la falta de conciencia de la situación de dependencia que establecía la estructura colonial-absolutista. Con razón no hallamos, pues, el menor asomo de criollismo (*). La falta de verdaderos motivos que pudieran hacer sentir el peso
No hay que olvidar dos puntales básicos en el criollismo americano: el propio
carácter de la emigración ttansoceánica, y el comportamiento de la nobleza local
Si no hace falta indicar la ausencia del primero, en Mallorca, tampoco se puede olvidar el carácter acomodaticio de la nobleza mallorquina en momentos clave para

{*)

ella, como lo fue el siglo XVIIL

171

de la explotación metropolitana debe entenderse como elemento fundamental de la "docilidad" de los terratenientes y comerciantes de la isla, así
como de una fácil canalización del malestar social.
,La r~taur~~ión absolutista de 1814 -y, claro está, de 1823- reafirmara el uunovilismo y la dependencia. Ambos factores, tanto a nivel estructural como mental, van a perdurar en las islas a lo largo del siglo XIX.
Y, probablement~, h~ta el momento en que la penetración de la banca, las
modernas comumcaciones y las nuevas fuentes de ingresos requerirán unas
formas de dependencia mucho más ágiles y eficaces, hasta desembocar en
una perfecta integración.
~n cualquier caso, los afios de la Guerra de la Independencia pueden
ser VIStos como la c~nstatación de ~a imposibilidad de dar un viraje a unas
formas ~e de~ndencia que, establecidas en el siglo XVIII, van a verse claramente distancllldas del proceso que van a seguir los genuinos territorios coloniales de la monarquía espafiola.
No creo que pueda hablarse, para Mallorca, de los aílos de la Guerra de
1~ Independencia, como de una "ocasión perdida". Sería no haber entendido nada del dieciocho balear y español. Sin embargo considero que estos
~os d~ el marchamo de la irreversibilidad al integracionisrno que había
ido culmmando a lo largo del setecieRtos.

IV.
Como balance, en fin, el ensayo comparativo que hemos venido realizando nos lleva a constatar cómo la estructuración e institucionalización
del poder monárquico, que facilita una estratificación social determinada
queda en segundo lugar frente a los intereses de las mismas clases social~
a 1~ que ha contribuido a _consolidar. Creo que la divergencia en la trayectona de estos sectores sociales en el marco de una .c,isma monarquía, tal
como lo consta~os. en la_ confrontación de los ámbitos colonial y balear,
puede haber contnhu1do a ilustrarlo satisfactoriamente.

NOTA BIBLIOGRAFICA
El lecto~ puede encontrar bibliografía complementaria sobre los aspectos tratados en
este articulo en las obras que recogemos en esta breve nota, todas ellas dotadas de
amplias referencias bibliográficas.
~~r _lo que se refiere al contexto global de la monarquía española en el siglo XVIII e
llll:1?s del XIX, puede verse el volumen VII de la Hútoria de E&amp;paña dirigida por M.
Tuñon de Laza: ~entralúm?, flu&amp;iración y agonía del Antiguo Régimen (1715-1833),
obra de E. Femandez d_e ~~º• A
Novales y A Derozier (Barcelona, 1980, ed.
Labor). Respect? a la sit~ac10n eco~nuca ~e España es fundamental la obra que r~
coge las aportaciones recientes de diversos historiadores, La economía e,pail-Ola al¡;.

?il.

�172 Siglo XIX
LA REVOLUCION DE 1820
nal del Antiguo Régimen (4 volúmenes coordinados por G. Anes, J. Fontana, P.

Notas para el estudio del liberalismo
portugués y de su correlación peninsular

Tedde y M. Artola; Madrid 1982, ed. Alianza-Banco de España). Un abanico de temas que interesan directamente el marco tratado en nuestro artículo, puede hallarse
en A. Gil Novales (ed.): Homenaje a Noel Solomon. Jhutración upaflola e independencia de América (Barcelona, 1979, ed. Universidad Autónoma de Barcelona).
Sobre el período de la guerra de la Independencia española, véase la síntesis -ya merecidamente clásica- de J. R. Aymes: La Gue"a de la Independencia en E1pafla
{1808-1814) (Madrid 1974, ed. Siglo XX[). Puede enmarcarse en el conjunto de la
problemática de la crisis del Antiguo Régimen en España con la útil guía para este
período de J. Fontana: La crim del Antiguo régimen, 1808-1833, (Barcelona, 1979,
ed. Crítica).
Respecto a la situación específica de las Islas Baleares y de Mallorca, me remito fundamentahnente a mi trabajo L'Antic R¾im a Mallorca. Aba,t de la commoció dela
any, 1808-1814 (Pahna de Mallorca, 1985, ed. Dirección General de Cultura del
Gobierno Balear). Sobre los aspectos socio-económicos del ámbito interno de Mallorca, véase L Moll-J.Suau: "Senyors i pagesos a Mallorca (1718-1860/70)" en &amp;tudú d'Hiatoria Agraria 2 (1979), pp. 94-170 (Barcelona, ed. Curial). Para un esbozo
en torno a la nobleza mallorquina en el siglo XVIU puede verse A. Le Senne-P.
Montaner: "Introducción al estudio de 'Ses Nou Cases"', en Bolletí de la Societat
Arqueoqica LuUiana, 35 (1977), 385-394 (Palma de Mallorca).
Por lo que se refiere al ámbito de las colonias americanas, me remito a alguna de las
excelentes visiones generales que existen, como pueden ser las obras de R. Konetzke
(América Latina. La época colonia~ Madrid 1971, ed. Siglo XX[); G. Cespedes del
Castillo (América Húpana, 1492-1898, Barcelona, 1983, ed. Labor); o la síntesis que,
de la mano de diversos especialistas, ofrecen los volúmenes XX y XXI de la Hi,toria
Univer,al Salvat (Barcelona, 1984, ed. Salvat). Me pennito recordar, sin embargo, re9pecto a la problemática tratada, obras como &amp;tructura ,ocial de la colonia. En,ayo
de Hútoria de América Latina, de S. Bagú (Buenos Aires, 1952); Spanuh .Colonial
Adminútrotion (1782-1810). The intendant 8)'lfem in the oiceroyalty of the Río de
la Plata. (Londres 1958); y La, revolucione, hi,panoamericana&amp;, 1808-1826 (Barcelona, 1976, ed. Ariel) de J. Lynch.

Isabel Nobre Vargues*

-

Son por demás conocidos los reflejos de la Revolución Francesa de
1789 en la Península. Y también es un lugar común afirmar que contribuyó en gran parte a la liquidación del Antiguo Regimen, tanto en Portugal como en España. Además de esto, hay que tener presente que en ambos países, antes del 89 y merced a coyunturas y realidades muy específicas, estaban en cul'SO mutaciones sociales que concurrirían con la influencia ideológica revolucionaria en· la explosión liberal de principios del
siglo XIX.
Nuestro propósito será intentar mostrar, a través de ejemplos extraídos
del momento político y de la opinión pública, cómo el proceso liberal
portugués se puede correlacionar directa y principalmente con el español,
sobre todo cuando la revolución liberal que ocurre en la Península solo
puede/debe ser comprendida en toda su extensión y complejidad si analizamos en conjunto los dos estados ibéricos. Esto es, teniendo siempre presente su situación política, diplomática y militar, la situación socio-económica y la cultural.
No podemos ignorar que además de las relaciones familiares de sus
monarquías hay otro tipo de problemas comunes en el siglo XIX, como
por ejemplo el de la cuestión colonial o el que resulta de su situación de
países "satélites" de Francia o de Inglaterra.

l.
Entre la e1ite intelectual y política portuguesa se preparaba hacía ya
algún tiempo el universo mental que contribuyó a la transformación social.
Los acontecimientos se suceden vertiginosamente en respuesta a esa nece*Universidad de Coimbra, Portugal. Traducción de Leticia Gámez.

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

174 Siglo XIX

sidad: las invasiones napoleónicas acentúan la situación caótica en que el
país estaba sumido desde 1801. La condición de colonia en que Portugal
se encontraba con relación a Brasil, el malestar sentido en el cuerpo militar, sobre todo con la falta de pago y con el comando entregado a los ingleses (Beresford era simultáneamente, jefe político y militar), una situación económica deficitaria en la que particularmente la agricultura denotaba una necesidad urgente de transformación, la crítica y propuesta de reforma dirigidas por los emigrados portugueses en sus periódicos publicados
en Londres y en París (entre ellos se destaca O Campeao Portugués, redactado en Londres por José Liberato F. de Carvalho), son algunos de los factores que explican uno de los momentos más significativos de la revolución liberal que ocurre en Portugal: merced no solo de esa especificidad, sino también del "fermento" revolucionario que estaba a la orden del día en
Europa.
Desde principios del siglo XIX circulan en Portugal escritos revolucionarios así como las obras de los Enciclopedistas y Filósofos, y esto a pesar
de su prohibición. Con las invasiones, el flujo político y cultural francés se
intensifica. Surge un nuevo elemento en la sociedad portuguesa: el grupo
de los "afrancesados" que luego, en 1810, será perseguido. Algo se iba
transformando.
A pesar que la Revolución de 1820 tuvo fundamentos propios, resultado de una coyuntura interna de crisis en varios niveles, no le fue extraña
una afinidad ideológica y política con el modelo inglés ( que no analizamos
aqm), con el francés y, aún, con el español. Se sabe que la formación de
los hombres que promovieron la revolución liberal en Portugal se bahía hecho, en gran parte, bajo el acervo mental que originó el 89. A ese propósito
recordemos la definición de la Revolución veintista practicada por Alexandre Herculano, en moldes aparentemente ingenuos pero no por eso menos
reveladores:
Fue un fuego cruzado de banquetes, procesiones, cohetes, discursos arcos de triunfo, revistas, Te Deum, elecciones, artículos de
periódicos y cañonazos. Cada día traía su fiesta nueva, la gente se
desenfrenaba. Era una lluvia fuerte de himnos, sonetos, canciones,
cortes de ropas, formas de zapatos liberales. Las logias masónicas
se multiplicaban. . . Las Cortes fueron convocadas. Se hizo una
Constitución más o menos republicana pero perfectamente inaplicable en el país.
Se repitió palabra por palabra, traducidos al portugués, los discursos más destacados del Choix des Rapports o las páginas más excéntricas de Rousseau y de Bentham; lo que se hacía con la probidad literaria más escrupulosa con respecto a las ideas omitiéndose solamente el nombre de los autores. El pueblo se sorprendía

175

de encontrarse tan grande, tan libre, tan rico en derecho teórico,
porque en lo que respecta a la realidad. ... eran muy pocas las
cosas que permanecían las mismas*.
Uno de los miembros de las Cortes veintistas, Xavier de Aráujo, decía
también en 1846, analizando la acción de sus compañeros diputados:
Había una predilección ciega y fanática en algunos por las doctrinas francesas de 1789... Si hay abusos se debe examinar primero si
al extirparlos se hará mayor daño a ese cuerpo que se pretende
mejorar... no se hizo esto en 1821 y fueron las teorías' bebidas
en el Choix des Rapports que nos llevaron más allá de lo justo
(Revela9oes e Memórias para a história da revolu9ao de 24 de
Agosto de 1820 e de 15 de Setembro do mesmo ano, por...,
Lisboa, T. Rollandiana, 1846).

-

I I.
Veamos el momento político.
En 1820 y en vísperas del pronunciamiento militar de Porto se notan
en Portugal (y también en el extra~jero) síntomas de efervescencia de la
opinión pública, acentuándose cada vez más las manifestaciones de descontento y deseo de cambio bajo la influencia directa del país vecino.
En su análisis sobre la revolución espafiola M. de Pradt, arzobispo de
Malines, sugiere que una de las consecuencias que los sucesos de España
pueden tener es su influencia directa en Portugal: en ese sentido acumula
varios ejemplos que lo comprueban.

También Lesseps, el encargado de negocios de Francia en Portugal,
lo refiere en oficio del 27 de marzo de 1820:
Los espíritus fermentan en Portugal bajo la influencia de los
acontecimientos de España, se habla más libremente que nunca,
se pide a voces un cambio próximo, pero Lisboa no es el punto de
donde partirá la primera explosión. Las provincias del Norte, cuya
opinión parece haber sido más fuertemente entusiasmada por el
ejemplo español, meditan secretamente en seguirla. ..

. Más tarde, en oficio del 22 de abril de 1820, el mismo Lesseps da
cuenta que la intervención directa de D. José María de Pando, el encargado
de negocios español en Lisboa, activa sustancialmente el proceso revolucio-

*

A. Herculano - "Mouzinho da Silveria ou La Révolution Portugaise,
1856", in Opusculos, Tomo Il, Lisboa, 1873, pp. 177 -178.

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

176 Siglo XIX
nario en Portugal. En efecto, Pando y el agregado
teniente coronel Barrero, probablemente actuando por cuenta propia y/o tal vez por orden expresa del gobierno español, no escondieron sus simpatías por los proyectos
de revolución que existían en ese momento en nuestro país. Esto es, no
ocultaron sus simpatías por la acción de los hombres que desde 1818 preparaban activamente la revolución en Portugal. En julio de 1820 negocian
apoyos con los sinedristas y entablan conversaciones particulares con el
principal representante de esa asociación cívica: Fernandes Tomás.
Además, durante su estancia en Portugal al frente de la diplomacia e1r
pañola (hasta 1822), Pando fue dando cuenta en sus oficios diplomáticos
de la realidad político-social portuguesa y sus visicitudes. Y fue tan nítida
su actuación en pro de la revolución portuguesa que la regencia (el gobierno) solicita su remoción a Madrid, así como la de Barrero, en septiembre
de 1820.
Ya antes (13 de abril de 1820), nuestro embajador en París, el Marqués de Marialva, mandaba un oficio a D. Miguel Pereira Forjaz exponiendo lo que era de su conocimiento sobre los intentos revolucionarios
relativos a Portugal. Pormenorizaba cómo la revolución española se forjaba
en asociaciones secretas. Cómo éstas eran accionadas por otras con sede en
París y compuestas por emigrados españoles. Relataba cómo se seducían
los ánimos de los militares prometiéndoles la posesión de tierras; cómo era
fuerte la vinculación entre las logias portuguesas y españolas. En fin, cómo
desde España se prometía que Lisboa sería la capital de la Península luego
que se hiciera la unión ibérica
Y de España, António de Saldanha de Gama, nuestro representante
diplomático, ~estacaba el papel secreto de Pando (6 de julio de 1820):
... una revuelta militar cuyas cabezas imponen al soberano una
constitución fundada en la soberanía del pueblo y en la cual el
poder ejecutivo es nulo, el principio de rebelión consagrado y los
jefes revoltosos premiados, son consideraciones que ofrece este
país en el actual estado de los acontecimientos a todos los gabinetes de Europa A esto se agrega la consideración de que todo es
manejado por las sociedades secretas... Los efectos de tal sistema y del espíritu de proselitismo son bastante manifiestos por los
éxitos de Nápoles. El mismo club que instituyó Mr_ de Oniz para
revolucionar el reino de Nápoles fué el que instituyó el señor Pando para revolucionar el reino de Portugal. .. La intención de este
país (España) es la intención actual de estos reformadores, dividirlo en siete repúblicas formando una confederación y siendo su
constitución análoga a la de Francia.
El 1 de agosto de 1820 Saldanha de Gama participaba que los liberales

177

españoles preten~ían constituirse en república, incluyendo Portugal en su
proyecto. Despues, el 4 de agosto (o sea, a 20 días del pronunoiamiento
porteño), es publicado en el periódico español de tendencia exaltada El
Conservador (no. 131) una proclama dirigida a los portugueses:
P~rtugu:ses: no seais los últimos en tomar una resolución que
afianzara vuestr~ dicha. No p~rdáis el momento favorable que
ofrece esta Espana, vuestra amiga que estrechará sus vínculos de
fraternidad para unir vuestros intereses a los suyos.
. ~ declaraciones nos prueban también que el movimiento de con1r
pi~acion ~~ era sorpr~ para el gobierno portugués. Era del dominio público el VIaJe de revolucionarios portugueses de Madrid con el fin de buscar_ a~yos, así como se sabía que en Lisboa un español llamado Villaroel
recib10 cerca de 200 ejemplares de la Constitución española y otros panfletos.. En Badaj~z, un_ port~és llamado Macedo hasta se ofreció para
traducrr del espanol e mtroducrr en Portugal todos los escritos revolucionari?s.que le enviaran. En Portugal se conocían los miembros de la logia
m~omca que en Madrid era el cent~o/sede de todos los planes revolucionan~s europeos. ~ ~ esta logia ~atriz pertenecían Pando y Barrero. El
P_rop10 Pando escrib1a para la logia de Madrid afirmando haber establecido en Lisboa un~ asociación compuesta por portugueses y españoles,
cuyo _fin er~ traba1ar para la "reg~neración e instrucción de Portugal".
En Lisboa circulaban entonces vanas proclamas de las sociedades secretas madrileñas.

. . . Consun:,ado el mo~~:ento de Porto del 24 de agosto de 1820, se daba
rmc~o a ~a r~generac1on . El 15 de septiembre, en Lisboa, el gobierno
adhiere ~m Pr,1~ ante la pasividad en el resto del país. Una de las primeras
referencias públicas a la Constitución española fue hecha en esa fecha
(15 de septiembre), cuando el pueblo lisboeta reunido en Ros.sio con los
cu~171os militares apla_udía y repetía incesantemente los "vivas" a la revoluc1on. Veamos el cunoso relato de un testigo:
En ci~rta. ?casión se oyó ~na voz que gritaba: - iQueremos una
Constttuc10_n!- Lo qu_e fue estruendosamente repetido por todos.
Entonces vmo al balcon el Conde de Sampaio (uno de los gobernadores) sombrero en mano y dijo: -Sí, señores, ha de hacerse,
ha de hacerse-. Estas palabras fueron aclamadas con grandes
aplausos. Luego, una voz gritando: - iQueremos una Constituc1on como la de España!- . A lo que el Conde respondió muy
amablemente: -_Ha de hacerse-... Y aparece otra voz, grit~do
fuertemente: -:: 1Queremos una Constitución mucho más liberal
que la de Espana!-. A esto el Conde no respondió nada, Jimitán-

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

179

178 Siglo XIX
dose apenas a menear el sombrero (Francisco José de Almeida,
Apontamentos da Vida de um homem obscuro, Lisboa, 1985, p.
69).
Y continúan surgiendo las apelaciones hasta diciembre de 1820 en el
sentido de que se convocasen las Cortes, que se eligieran los diputados que
trazarían una nueva ley constitucional. Se elaboraron instrucciones electorales, pero el 11 de noviembre un sector radical del ejército, apoyado por
la Casa de los 24 de Lisboa, se manifiesta contra éstas y contra el gobierno
que las presentaba declarando que "no estaban confonne las de España,
que todos los liberales portugueses sabían de memoria." Gaspar Texeira es
el militar que lidera ese movimiento de descontento, intimando a los gobernadores del reino para que se eligieran "unas cortes tan libremente escogidas como las de España y una Constitución no menos liberal que la de
Cádiz". El gobierno cedió prometiendo reformular las instrucciones electorales y proclamando la Constitución española.
Después de reunidas las Cortes, desde enero de 1821, y a propósito
de la discusión de las Bases Constitucionales y, luego, del proyecto de
Constitución,_ son varias las referencias al texto español. Hubo casos en
que algunos diputados pretendían aprobar sin alteraciones el articulado de
la Constitución española (actitud frecuente en Botges Carneiro), lo que
una vez llevó a la siguiente afirmación de nuestro "patriarca de la revolución", M. Fernandes Tomás, en la sesión del 13 de febrero de 1821: "La
Constitución española no es un evangelio. Soy portugués y estoy aquí para hacer una constitución portuguesa y no española".
La Constitución se hizo y fue aprobada en 1822. Quien lee su texto
ve nítidamente la influencia de la Constitución española de 1820 o de las
constituciones francesas de 1790 y 1791. Es que ya en 1820 se publicaba
en Portugal una Colleci;ao de Constituii;oes antigas e modernas com o
projecto d'outras seguidas de hum exame comparativo de todas ellas (Por
dois Hacharéis, Tomo I, Lisboa, T. Rollandiana, 1820), en la que, tal como
su título indica, se presentaban los textos constitucionales franceses (1789,
1790 y 1791) y español_ (de 1812), precedidos por las Leyes Fundamentales de Lamego. Así se beneficiaban nuestros políticos de otras experiencias, que ahora podían comparar con nuestra anterior vivencia de Cortes.
Recordemos su significativo epígrafe: "Aquí es el momento donde cada
ciudadano debe ofrecer a su país el tributo de sus reflexiones, someteir
sus pensamientos a aque11os a quienes los une un interés común con él"
(Condorcet, sobre las asambleas provinciales, primera parte, p. 5).

Otro ejemplo que no podemos omitir cuando se analiza la revolución

de 1820 reside en el tema de la unión ibérica, siempre tan debatido y siempre abierto.
Ya vimos que la revolución portuguesa de 1820 no fue ajena a la revuelta de Cádiz. Había simpatía española por el proceso portugués y también había acuerdos con respecto a eso.
Del lado español, ya en 1813, se pensaba hacer un solo reino de la
Península, tal como lo verificamos en el análisis del trienio liberal portugués, tendencioso pero sintomático, hecho por un representante del
pensamiento conservador: el Señor de Pancas, José Sehastiao Oliveira e
Daun. Nos dice:
En 1813 lo oí yo mismo en Cádiz y en Sevilla~ no solo en el Sa•
Ión de las Cortes sino en las sociedades, en los paseos y hasta en
el Real Alcázar de Sevilla a donde fuÍ invitado a cenar por el Intendente de aquel palacio, D. Alvaro Flores d' Estrada; allí oí establecer el principio de que era no solo necesario sino político abandonar las Colonias y hacer de la Península Española un solo reino
que con su población e islas y por su posición continuaría siendo
una de las potencias de primer orden en Europa: principio verdaderamente quijotesco y que considere como un mero sueño (Diorama de Portugal nos 33 mezes constitucionaes ou golpe de vista
sobre a revolurao de 1820 - a Constituifao de 1822- a restaurafªº de 1823, Lisboa, Impressao Régía, 1823).
Pero es en 1817 que las cuestiones en torno de una unión ibérica toman gran vigor. Lo prueban los innúmeros encuentros entre el brigadier español Cabanes y el general portugués Gomes Freire, realizados en Lisboa
En aquel tiempo nuestro representante en Madrid era D. José Luís de
Sousa. Fue para él que D. Miguel Pereira Forjaz (uno de los miembros del
gobierno portugués) mandó una ficha detallada de todos los pasos de
Cabanes durante su estancia entre nosotros.
E~, ~erismo tampoco era una corriente muy secreta en Portugal: en
el p_enod1c~ O Campeao Portugués -editado en Londres y redactado por
J ose L. Freire de Carvalho-, se publicó en 1820 un curioso artículo titulado "Destinos futuros de Portugal", que defendiendo el iberismo creía
defender el liberalismo peninsular. Allí se afirmaba:
E°: las actuales circunstancias Portugal solo puede ser considerado
baJo_ tres puntos ~e vista: como país independiente, como unido a
Brasil o como UD1d~ .ª Españ:i, El primer caso es inadmisible porque aun cuando qws1era realizar esa independencia, sería siempre

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

180 Siglo XIX
nominal, pues en su posición y fuerzas comparativamente pequeñas sería constantemente un muñeco, o en manos de un protector
0 de un rico rival. El segundo es el más propio y natural, cuando
Brasil, conociendo sus verdaderos intereses quisiera hacer cuanto
pueda y cuanto debe en favor de los portugueses de E~opa. El
tercero solo puede ser un último esfuerzo de desesperac1on cuando Brasil como ya dijimos no haga cuanto pueda y cuanto deba,
porque en última instancia es mejor_ formar PM:e de una grande,
vecina y libre nación, que ser colonia de otra distante, mal gobernada y que en vez de proteger es opresora. .. (s1;1brayado nuestro).
Y continúa:
...
. . .admitida la hipótesis de que Portugal no puede VIVIT mdepe~dientemente por sí solo, ninguna unión después de la de Brasil
le es más natural que la de España. En todos los tiempos Portu~al
fue considerado una parte de España. .. (O Campeao Portugues,
No. 27, vol 3o).
La doctrina iberista así expuesta por J. Liberato muestra que el liberalismo peninsular encontraba sus defensores en aquellos que lo c~locaban
arriba de los simples valores patrióticos. En iulio de 1820, en el nusmo periódico (No. 25), afirmaba:
Dijimos que era necesario confiar ciegamente en la supuesta antipatía de los portugueses coñtra los españoles; aI:~ra veremos que
tuvimos razón en hablar así cuando se nos participa que en Portugal se escribieron y distribuyeron los siguientes versos:
Es infeliz Portugal

Pois promete abrir-te a cova
Quem contigo se apelída
Antepondo Vila Nova

A tua sorte fatal
]!ura compaixao me mete
Es desgrar;ado con seis
Porque nao procuras sete?
(Mientras que en el primer cuarteto se ve la nítida alusión al ministro
Tomás Vila Nova Portugal, cuya actuación era contraria al proyecto de
unión, en la segunda también es clara la referencia a Juan VI y a Fernando

VII).
Líneas antes notamos que el encargado de negocios español, Pando,
era un agitador en Portugal. En algunas proclamaciones en Porto, en 1820,

181

se hablaba de tropas españolas colocadas en la frontera para intervenir en
cualquier momento en auxilio de la revolución portuguesa Sin embargo
nunca los revolucionarios de Porto adhirieron a la idea de una unión ibérica, mostrándose sí fieles a la dinastía de la Casa de Braganza Es esto lo
que nos confiesa uno de los hombres de 1820, el ya citado José María
Xavier de Araújo:
Esta fidelidad fue sujeta a una ruda prueba cuando el coronel español Barreto llegó a Porto en junio de 1820 con misión del encargado de negocios de España José María Pando para promover
una revolución en Portugal prometiendo, de parte del gobierno de
Madrid, todos los auxilios en gente y dinero con tal que Portugal
se uniera a España. El coronel Barreiros (sic) tuvo una conferencia
con Fernandes Tomás, Ferreira Borges y Francisco Gomes en un
jardín de la calle de Cedofeita a media noche. Las propuestas arriba citadas fueron hechas y oídas: Fernandes Tomás respondió
que la Revolución iba a hacerse; y solo Dios sabe lo que pasaría;
pero que unir Portugal a España era imposible de ejecutarse y hasta absurdo de intentar. Repitió muchas veces con vehemencia al
enviado: - iPerdemos nu!l6tra nacionalidad! Nunca, nunca-.
Barreiros no replicó (Revelar;oes e Memórias para a história de
revolur;ao de 24 de Agosto de 1820, cit.}.
A medida que la revolución y la contrarrevolución avanzaban en los
dos países comenzó a pensarse con mayores probabilidades en una alianza
peninsular, que tendría como fin coligar las fuerzas liberales en una lucha
común contra la Santa Alianza Nunca llegó a hacerse efectiva a pesar de
los contactos diplomáticos habidos en ese sentido hasta 1823, y a pesar de
su defensa en un sector de la prensa portuguesa.
Afirmaba O lndependente (No. 27, 27 de diciembre de 1821) -periódico redactado por Fernandes Tomás y Ferreira de Moura, dos de los
más activos "hombres de 1820"-: "En la política de los dos gobiernos todo
es peninsular... y ambos han tomado por divisa: Independencia y Unión".
Razones de política interna y externa que abordaremos solo superficialmente se oponían a la realización de un acuerdo luso-español Preguntaba Pierre Chapuis, un periodista francés y observador crítico de la escena
política liberal en los dos países:
lPor qué no existe un tratado de alianza entre España y Portugal?
lEs error del primero de estos gobiernos, o es el segundo? Es
error del ministerio portugués... Portugal y España deberían dai·
el ejemplo de una alianza parecida, Portugal se rehusó y esta es la

�L Nobre Vargue.: La Revoluci6n de 1820 en Portugal

182 Siglo XIX
consecuencia que deduzco de la persuasión íntima hasta donde
sigo los esfuerzos que ha hecho España por contraer un tratad~
con aquél . . ¿Quién se opone entonces, quien se opone todav1a
a tal unión? El ministerio portugués o mejor, el Sr. Silvestre
Pinheiro, primer ministro. Este diplomático de quien estoy lejos
de poner en duda el carácter, el_mérito y la finez,a. ..p?c_o acostumbrado al sistema representat:Ivo•.. se cree mas el m1D1Stro de
un rey déspota que el de un rey constitucional. Cree por ejem~lo
que Portugal no podría ser el aliado de España sin ser el ~nenugo
de potencias extranjeras: prefiere entonces aceptar o meJor mantener la alianza de Europa y rechazar la de España (Du Portugal
en 1822 :, por P. Chapuis, Lisboa, T. Patriotica, 1822).
Palabras violentas éstas y que con seguridad no pasaron desapercibidas a los diputados portugueses que se manifestaron desde temprano co~
tra el asilo político de Pierre Chaupies, acusándolo de que ya en Fr;mc1a
bahía cometido abusos de libertad de prensa En 1823 se cerraba, as1, una
página más de la cuestión ibérica; que no nació con el veint~o e irá rea~areciendo siempre en periódicos críticos, a lo largo del siglo
hasta nuestros días.

XIX. Y aun

-

I ll
V amos a finalizar señalando todavía algunos indicadores de una acción política común a Portugal y a Espafia en el trie~? ~e~~ que n~
tienen otro fin que el de probar que el proceso pohtico ihenco tema
apoyos internacionales que lo querían salvaguardar.
Es el caso de la llegada y ac~ación_, en Port~al y Esp~a, ~el g~neral
napolitano Giuseppe Pepe, del pU11Dontes J. Pech10, del militar ingles Robert Wilson y aún del francés Pierre Chapuis, entre otros.

El ya citado Oliveira y Daun afirmaba: "El conde Pechio Piamo_n!es
autor del folleto Mes quinze jours a Lisbonne y el general Pepe no vuueron en balde dos veces a Lisboa en 1822". Y más adelante:
El general Pepe Napolitano sien~o ~útil su r~sistencia _'.'1 ejércit~
austriaco... destruida la Constituoon napolitano-espanola huyo
y vino a Portugal, donde recibió hospedaje y una ayuda de diez
mil cruzados.
Se cree que el general Pepe fue re~nsahle en Portugal y España ~e la
instalación de la sociedad secreta conocida por el nombre de Carbonana. Y
es sabido también cuál fue el papel de esas sociedades secretas y patrióticas

183

en la revolución liberal ibérica*.
En e1 periódico portugués Gazeta de Lisboa, informándose en 1824 de
su congénere de Ma-drid; se indicaban las actividades.de las sociedades secretas en España. Dándoles así al conocimiento del público portugués, se
leía:
El Carbonarismo, proscripto en su país natal, vino á pagar su tributo al genio de la Revolución Española. Entre nosotros apenas
era concicido antes de la lleg¡ida de los italianos y piamonteses emigrados~ sin embargo estos tratarían de arraigarlos rápidamente,
comenzando por ~arcelona y otros puntos de Cataluña; siendo
sus primeros apóstoles Pacchiarotti y D. Atelly; llevándolo otros a
Valencia y Málaga y hasta probaron suerte en Madrid y para eso
trabajó bastante un tal Pechio...
Y continúa:
El general Pepe, fugitivo de Nápo1es llegó a Báiéelona .yluego presentó al Gran Oriente Liberal un plano de Conspiración para regenerar Europa. El Gran Oriente Liberal pareció aprobarlo en sus
bases. . . más temió comprometerse y abandonó a Pepe y su proyecto, -el cual sin esperanzás de conseguir en España lo que deseaba fue a tentar fortuna en otra parte y marchó para Lisboa y Londres {Gazeta·de Lisboa, No. 135, 8- de junio de 1824}.

Como se ve, la península era el refugio de los revolucionarios de todos
los países que se unían en defensa del ideal liberal.

El caso del general Robert Wilson es muy curioso: ya desde 1808 se
bahía colocado en defensa de la causa de la libertad, creando en Londres
*La sociedad secreta -de mayor influencia en aquel tiempo parecía ser la de- los
Carbonario!. Se cree que fue establecida en Portugal en el año de 1822, o en 1823,
habiendo venido a Lisboa para este fin el general italiano Pepe y su ayudante, el coronel Pizza. De las cartas que en 1823 cayeron en manos de los ministros despóticos o
del rey absoluto en Portugal, constó a punto de no poderse dudar de esto, que los
oficiales italianos dispersos por las dife1entes capitales de Europa eran los que procuraban revolucionar todo el medio día de EUiopa por medio de las sociedades secretas.
Pero les constó que las dichas sociedades eran de hecho las carbonadas; que éstas ex~
tían en Portugal, en España. en Inglaterra y en Francia. En Portugal se designaban como socios de ellas los siguientes individuos: Lobo de Moura, Jore da Silva Carvalho,
general Sepúlveda, Cristovao Ped.Io dé Moillis-Sarmento, apareciendo el general Joao
fleire de Andrade como canal para una comunicación de Francia para España. Los
socios en España eran D. Evaristo S. Miguel, general Riego, general B.allesteros, Luis
ijurtado de Mendoza, Onis, Galliano, Isturiz Bertran de lis, Moreno Guerra, José Armero, Vela.seo, Calatrava, Lopez Baños, Del Parque y Aguilar. En Inglaterra eran reconocidos también como socio~ Robert Wilson, Hutchinson y Bowring. ..". {Copia
de un extracto de los oficios del Conde de Porto Santo, en Luz Soriano, Historia da
Gue"a Civil e do &amp;tabelecimiento do Sistema parlamentar• .., 3a. época, tomo II,
parte 1, p. 181-182).

�184 Siglo XIX
l. Nobre Va'81Je1: La Revolución de 1820 en Portugal

la Leal Legión Lusitana, cuerpo militar para ayudar la resistencia en Portugal contra el invasor francés. Había tomado partido desde hacía tiempo
por la causa de los revolucionarios de todos los países, y en particular la de
los portugueses y españoles, de lo que son prueba las numerosas cartas y
proclamaciones que en ese sentido hiciera. A tal punto llegó su consideración en Portugal que el gobierno le otorgó el cargo de Comendador de la
Orden de la Torre y la Espada, honra que le sería retirada posteriormente
(ley del 11 de agosto de 1823).
Respecto a Pierre Chapuis y avanzando un poco más lejos de lo que ya
afirmamos, diremos que fue el redactor de un importante periódico, Le
Regulateur, que se publicó en Madrid y en Lisboa y, aunque por poco
tiempo, contribuyó fuertemente con sus editoriales para la agitación en la
Península.
En su prospecto Le Nouveau Regulateur, que mandó imprinúr en Lisboa, el lo. de febrero de 1822, hacia la siguiente profesión de fe:
...nos proponemos publicar en Lisboa un periódico francés desti•
nado a defender y propagar las ideas liberales... no pertenecemos
a ningún partido; ciudadanos del mundo, fieles súbditos de buenos reyes. . . creemos que los reyes se dejan cegar por sus consejeros, que las quejas de los pueblos quieren libertad, rechazamos
el libertinaje... seremos IMPARCIALES.

185

cos opiniones extraídas de los españoles El Universal (afrancesado), El
Conservador (exaltado), El Zurriago (satírico), entre otros.
Además, se sabe de la existencia de suscripciones a periódicos españoles en Portugal. Borges Carneiro, uno de nuestros diputados exaltados,
clasificó El Universal de "excelente periódico". El redactor de un polémico periódico publicado en 1822 (El Patriota Sandoval), fue en España el
responsable del Diario Guipozcoano.
Libros versados sobre contenidos constitucionales son ofrecidos también condicionantes internos muy específicos y sólo puede/debe ser analiDireito Publico Constituciona~ de Ramón Salas, que fue traducido por
Diogo Goes Lara de Andrade.
En fin, podríamos anotar muchos otros ejemplos pero no queremos
extendemos. Creemos haber conseguido mostrar que el proceso político
revolucionario, esto es, la revolución liberal que ocurre en la Península a
principios del siglo XIX, si tuvo modelos (el francés o el inglés), tuvo también condicionantes internos muy específicos y sólo puede/debe ser analízada en toda su complejidad teniendo presente el desarrollo histórico en
los dos países ibéricos.

IV
Y no queremos olvidar tampoco la contribución de la prensa periódica que informando y hasta tomando partido en algunos casos, como ya
vimos también, colocaba la revolución en el orden del día.
Desde 1808 circuJaban en nuestro país -asimismo- periódicos españoles, algunos traducidos (como es el caso del Semanario Patriótico 1808;
del Di.ario de Badajoz, 1809; del Diario do Governo da Corunha, 1808; El
Veddico, 1812). En estas fechas son también muy asiduos, los panfletos
y otros escritos que unen Portugal y España en el combate contra el invasor francés. Pero es durante el Trienio Liberal (1820-1823) que surge una
prensa de opinión política extremadamente fuerte.

En Portugal, como en España, los periódicos ofrecen en sus páginas
artículos dedicados a los proyectos de reforma en curso, y se citan mutuamente. Es común en casi todos los periódicos portugueses el extracto de
opiniones y de noticias de lo que pasa en España, mejor dicho, de lo que
pasa en el mundo. En efecto, frecuentemente se leen en nuestros periódi-

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>��.AÑO

Il

NUMERO

4

JULIO -DICIEMBRE DE

1987

SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

sigloXIX __El&gt;ª ~
REVISTA DE HISTORIA

·Al·~~ñ~~--·

1¡~

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . • · · · · • · • · · · · · · · · · · · · ~

-Ll~iJWITJ&gt;6'IJ3
0

De Veracruz a Durango: un análisis regional de la Nueva España
borbónica . . . . • • . . . . . . . . JUAN CARLOS GARAVAGLIA
JUAN CARLOS (;Rosso

9

El gran norte oriental y la formación del mercado nacional en
México a finales del siglo XIX . . . . . . . . . . '1ARIO CERUTTI

53

Mercado de mercancías, mercado monetario y mercado de capitales
en el Litoral argentino de la f1rimera mitad del XIX: el caso de
Corrientes . . . • . . . . • . • . . . .)OSE CARLOS CHIARAMONTE

81

ltafma: comercio y frontera en el Paraguay del doctor Francia.
Algunas consideraciones . . . . . . • . . • . . . NIDIA ll MECES

Editor Responsable

NORA E. BoUVET

l 1:1

lúpacios coloniales y economías nacionales: Bolivia y el norte
argentino (1810-1930) .. . . . . . . . . . . . l•:RICK 1). I.ANGER

1:1:,

MARIO CERUTI'I

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Silvia Eloísa Morán y Diana Correa.
Tipografía: Andrea González Corona
Impresión: Editora El Sol
Aparición semestral
Para envios al exterior, U. S. A. $7.

La formación del mercado interior en condiciones coloniales. Inmigración y comercio catalán en las Antillas españolas durante el
sigloXIX .••. · ·· · · •· · • · JORDI MALUQUER DE MoTES

161

f,;l impacto de la guerra de Independencia en la economía
catalana . . . . • . . . . . . . . . . . . ANTONIO MOLINER l'RADA

ta:!

La formación del mercado interior en la España del
siglo XIX . l{AMON (;ARRABOU y J1-:sus SANZ FERNANDEZ

199

�Nota del Editor

En este número 4 de Siglo XIX se agrupa una masa de información y un conjunto de pautas interpretativas que, muy probablemente, resultarán útiles para avanzar en el conocimiento histórico de la cuestión de los mercados en América Latina y España, esas dos significativas periferias de la Revolución Industrial.
Como otras relevantes aristas del devenir decimonónico latinoamericano (la configuración del Estado-nación, la consolidación de un poder centralizante), o latinoamericano y español -los brotes de producción bajo dominio del capital, la aparición y desenvolvimiento de franjas burguesas, la modernización paulatina de porciones considerables del sistema productivo-, el funcionamiento de los mercados estuvo ampliamente
condicionado por mecanismos de dimensión regional. Y fueron
tan vigorosos y persistentes esos mecanismos que la aparición
de un mercado de rasgos nacionales - tanto en ciertas sociedades de nuestro continente como en España- no puede ser vista
corno una característica del siglo XIX sino como uno de sus resultados.

�4

SigloX/X

Si de América Latina hablamos, es evidente que uno de los
datos medulares a tener en cuenta es el peso que, en ciertos casos, mantuvieron las estructuras edificadas durante la colonia.
Por ello es oportuna la descripción que Juan Carlos Garavaglia
y Juan Carlos Grosso practican de la Nueva España borbónica,
de aspectos centrales de la producción y circulación que se observó -justamente- en determinados y discriminables espacios regionales. Apoyándose en fuentes derivadas de la percepción de
alcabalas, recorren con minuciosidad y destacan las diferencias
que mostraba el mapa del México pre independiente. Esas distinciones íntimas no dejarán de golpear por décadas los posteriores proyectos unificadores de una sociedad que sólo a fines
del XIX (tras perder la mitad del territorio heredado de España)
quedó realmente constituída como Estado nacional y nutrida
por un mercado de sesgos nacionales.

En el otro extremo del continente, el virreinato del Río de
la Plata también fue sometido a fuerzas centrífugas tras la ruptura con la metrópoli. Pero si en el plano político se caminó hacia la desarticulación, en el económico insistían en perdurar muchos de los antiguos lazos mercantiles y sus fuentes de dinamismo.

!I

Frente a este último fenómeno se encuentra coincidencia
en lo planteado por Nidia Areces-Nora Bouvet y Erick Langer,
al analizar las situaciones de Paraguay y el Alto Perú. Los autores recalcan que para la primera mitad del XIX, tan tumultuosa, es poco fértil adoptar áreas de estudio recortadas por las
muy recientes y aún inestables fronteras políticas. Si Paraguay
necesitaba respirar por los viejos circuitos de intercambio, la
flamante Bolivia se empeñó en sostener su influencia sobre el
ámbito en que alguna vez -en tiempos más prósperos- reinó la
plata potosina.

Nota del Editor

5

En el caso paraguayo, Areces-Bouvet detallan también el
rigor y precauciones que impuso al comercio -al abrirse la etapa independiente- ese Estado dirigido por el doctor José Gaspar R. Francia: de tal magnitud que, por momentos, dificultaba una más fluida vinculación con las provincias argentinas y
con el mismo mercado mundial. Desde el Alto Perú, en cambio,
las fuerzas económicas más poderosas arrastraban a la reintegración con el nuevo noroeste argentino. Para Langer, este hecho
fue tan contundente -y tan duradero- que perturbó la construcción de una efectiva economía nacional. Por ello, concluye
señalando que, para Bolivia, no podría hablarse de un mercado
de características nacionales hasta muy avanzado el siglo actual.
Las décadas inmediatamente posteriores a la Independencia
es el tiempo elegido por José Carlos Chiaramonte -asimismopara revisar lo acaecido en una provincia argentina citada con
asiduidad en el trabajo de Areces-Bouvet: Corrientes. Su objetivo es perfilar las distintas vertientes que alimentan la configuración de un mercado (producción, tierra, moneda, capitales) y
evaluar su peso en la economía de la entonces pujante Corrientes. Una pujanza que, advierte Chiaramonte, nunca logró
desbordar los límites precapitalistas -lo que denuncian, entre
otras cosas, los usos comerciales-, y que fue en muchas ocasiones sometida a mecanismos no muy reñidos con el mercantilismo. Las pugnas regionales -Corrientes versus Buenos Aires- matizaron claramente estos procesos: indicaban, simultáneamente, cuán alejada se hallaba Argentina de poder articularse
sobre un sistema económico de dimensión nacional.
Si fuesen necesarios más datos sobre el peso de las estructuras coloniales en el XIX, Jordi Maluquer de Motes los aporta al
reseñar el panorama de Cuba y, en menor medida, Puerto Rico.
Ultimos fragmentos del imperio que comenzó a montarse en el
siglo XV, se asentaban a mediados de la centuria pasada sobre
una economía que no por colonial descartaba el funcionamiento

�6

Siglo XIX

de un mercado interior. Hacia este punto dirige Maluquer su
análisis, mientras destaca el impacto global de un sistema productivo orientado a la monoproducción y los inconvenientes
que planteaba para alimentar un mercado nacional. Simultáneamente, informa con amplitud en torno a la participación que tenían los catalanes en el comercio con Cuba y Puerto Rico, en
las décadas previas al más tardío ciclo independentista hispanoamencano.

Pero América Latina no gozaba de exclusividad alguna al enfrentar un siglo XIX tumultuoso y complejo. España, vecina inmediata del área donde se desató la Revolución Industrial pero
históricamente ubicada en similar posición periférica, inauguró
el período no sólo con el derrumbe colonial: a la par de ello, vivió su propia guerra de Independencia. Abriría entonces un ciclo de intervenciones, conflictos, pugnas civiles y militares e
inestabilidad que no diferenciaron excesivamente el proceso hispano de los transcurridos en sus antiguas posesiones. Antonio
Moliner Prada estudia el impacto de esa guerra (contra las huestes napoleónicas) sobre el funcionamiento productivo y comercial peninsular. Adopta como marco uno de los espacios que
más activamente se habían desenvuelto durante el XVIII: Cataluña. Y menciona cómo se trastocó un ritmo de crecimiento
sumamente llamativo en el contexto español, además de acentuarse en una escala más global las desconexiones de la escasamente vinculada economía nacional.
Tras la lectura de este artículo, el aporte de Ramón Garrabou y Jesús Sanz Femández podrá ser mejor precisado. Porque esboza el elevado grado de invertebración que presentaba
España en la mitad inicial del XIX. Sin embargo, tanto España
como al,gunas sociedades latinoamericanas lograrían reformular -al amparo de las reformas liberales y durante la segunda
mitad del siglo- tan perturbado funcionamiento.

Nota del Editor

7

Es en este sentido que el artículo a mi cargo -dedicado a
México y a su norte oriental- coincide con el de GarrahouSanz Fernández respecto a visualizar un proceso sustancial: la
configuración, en ambos casos y a finales del XIX, de un mercado que tiende a ser nacional. Lo regional no era ya necesariamente un coto que dificultaba la integración de un mercado
de dimensiones mayores y globalizantes, sino asiento de dinamismos que, con frecuencia, exigían su unificación (en un mismo movimiento con la exigencia de ligarse al intercambio internacional).
Lo que según Maluquer no podía protagonizarse en Cuba
por la dependencia colonial, lo que Langer puntualiza que se
retardó de manera marcada en Bolivia, en España y México empieza a materializarse como consecuencia de las transformaciones que propugna el liberalismo (y sus aspiraciones de edificar
una sociedad burguesa), con las políticas de apertura al capital
extranjero, con el tendido de los ferrocarriles y la expansión de
los medios de comunicación (telégrafos, correos, teléfonos), la
especialización creciente de la producción -tanto en términos
empresariales como regionales-, la legislación modemizante del
poder central, los brotes cada vez más generalizados de producción bajo dominio del capital y capitalista, la aparición de mecanismos unificadores de los precios (sobre los que se atarean ampliamente Garrabou-Sanz Femández), el crecimiento de sectores
burgueses interesados en transferir capitales a la producción y lo
que Edward J. Nell ha llamado "el desarrollo de las instituciones
r,apitalistas "(* ).

*Nell, "Población, revolución de los precios y acumulación primitiva", en Histuria
y teoría ecun6mica, Barcelona, Editorial Crítica, 1984, p. 143.
El fortalecimiento de estas instituciones, en Jo cual el Estado juega un papel smgular,
sería un dato central en los procesos de acumulación originaria: es decir, en ese período histórico en que se gestan las condiciones para la aparición generalizada de las
formas capitalistas de producción.

�8

SígloXIX

Mientras Garrabou-Sanz Fernández adoptaron como uno de
los ejes de su trabajo la producción cerealera y su circulación
entre 1830 y los tramos finales del siglo, en mi caso procuré
poner atención en el impacto que el norte oriental de México
habría tenido en la constitución del mercado nacional (debido
al notorio dinamismo que lo caract~rizó, y a la enorme influencia de la próspera frontera estadounidense).

De esta forma, el cuerpo de materiales nucleados en este
número 4 ofrece referencias suficientes como para observar distinciones y similitudes en dos niveles: a) entre lo que fue la primera mitad del siglo XIX y lo que representó su parte final en
América Latina y España; b) entre diversos casos latinoamericanos, y entre algunos de ellos y España.
Aunque sería apresurado procurar obtener excesivas conclusiones a partir de estos contenidos, abrigamos la esperanza
de que lo aquí informado y planteado revitalice las discusiones en lo que atañe al problema de los mercados en América Latina (en forma análoga, sería esperable, a lo ya sucedido en el
contexto de la rica historiografía española, apoyada -dicho sea
de paso- en exhaustivas investigaciones regionales). Si algo de
esto ocurre, el esfuerzo de sostener Siglo XIX. Revista de Historia continuará satisfaciendo el propósito por el que fue puesto
en marcha, dos años atrás.

Mario Cerutti

Monterrey, México, julio de 1987

De Veracruz a Durango: un Análisis
Regional de la Nueva España Borbónica

Juan Carlos Garavaglia*
Juan Carlos Grosso**

l.

NOTASINTRODUCTORIAS

En un estudio anterior hemos realizado un ensayo de regionalización económica de la Nueva España a fines del período colonial a partir de dos tipos de indicadores: alca.balas y datos demográficos.1 Aquí nos proponemos avanzar en esta línea, penetrando en el análisis deJ comportamiento
de algunas áreas de las regiones que se han caracterizado por su mayor dinamismo, realizando un trabajo similar al que hemos efectuado con los datos poblanos en otro artículo reciente. 2

EJ concepto de "región" ha sido muy utilizado por Jos historiadores,
pero, salvo contadas excepciones, la reflexión teórica acerca del mismo por
3
parte de éstos ha sido escasa. Nuestro análisis se halla condicionado por
las restricciones que presenta la fuente, en cuanto a que las diversas "regiones" coinciden en realidad con los límites administrativos de las jurisdicciones alcahalatorias.
*Ex profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa y ex investigador Nacional/SEP (México). Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (fandil, Argentina).
•~entro de Investigaciones Históricas y Sociales de la Universidad Autónoma de Puebla (México) y Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (fandil. Argentina).
Los autores agradecen la inestimable colaboración del ingeniero Francisco Javier Castro Godoy en todo el proceso de elaboración de los datos de las alcabalas. También
debemos mencionar la generosidad de Alejandra Moreno Toscano y Leonor Ortiz Monasterio quienes, desde su posición de directoras del Archivo General de la Nación de
México, nos dieron todas las facilidades para trabajar esta documentación que se halla
aun en vías de clasificación. Por supuesto que este agradecimiento se debe hacer extensible a todos los empleados de ese archivo, cuya ayuda para localizar e iniciar la
ldasificación de este enorme fondo documental fue invalorable.

�10

SigloXIX

Metodología de la fuente

La alcabala es una figura fiscal muy antigua en el regimen hacendístico hispano. Los primeros vestigios de ella en los reinos castellanos datan del siglo
XIV y su vigencia llegó hasta mediados del siglo XIX en el marco del regimen fiscal español. Se instaura desde temprano en América y si bien era
un impuesto que gravaba las transacciones mercantiles de bienes muebles,
inmuebles y semovientes, funcionó en realidad como un impuesto a la
circulación: su pago debía efectuarse en el momento de introducir los efectos en la jurisdicción alcabalatoria. Tanto en la metrópoli como en la Nueva España, la Real Hacienda recurrió a tres sistemas para el cobro de las
alcabalas: la administración directa por parte de funcionarios reales, su
arrendamiento a particulares y el encabezamiento realizado por determinadas instituciones como los ayuntamientos y los consulados de comercio.4
Los datos en los que se basa el trabajo surgen fundamentalmente -si
bien no exclusivamente- de los "resúmenes anuales" de la reacaudación de
las alcabalas que cada una de las receptorías encargadas de su cobro debía
hacer llegar a la Dirección General del ramo una vez al año. Este organismo fue creado en 1776 como consecuencia de la instauración del sistema
de recaudación directa por parte de la Real Hacienda, pero no contamos
con información regularizada sino desde 1778 en adelante. De ahí que
nuestro análisis d~ la fuente se inicie en ese año; se cierra en 1809 porque
los cambios que se suceden desde entonces en los mecanismos de presión
fiscal, unidos a los problemas ocasionados por la guerra insurgente, hacen
que la continuidad de las series se interrumpa a la par que se multiplican
las dificultades en la interpretación de los datos.
El territorio de la Nueva España fue dividido en 12 Administraciones
Foráneas de Alcabalas que se correspondían grosso modo, pero no completamente, con las jurisdicciones de las Intendencias borbónicas recientemente creadas. 5 Cada una de estas administraciones tenía un número variable
de receptorías y, a su vez, cada una de estas poseía una cierta cantidad de
suhreceptorías y de pueblos aún de menor jerarquía.
Por supuesto hay que recordar que esta fuente presenta algunos
problemas metodológicos importantes: hay excepciones de personas (indios, eclesiásticos) y de cosas (maíz, insumos mineros, etc.) que limitan en
cierto sentido su representatividad. No insistiremos aquí en ello pues lo hemos analizado en algunos trabajos a los que una vez más remitimos al paciente lector.6
Ahora bien, hay que señalar que la tasa sobre la cual se calculaba la alcabala, sufrió variaciones durante el lapso de estudio (6 °/o entre 1776 y

Garavaglia-Grouo: Análiris regional de la Nueva E,paña borbónica

11

1780; 8°/o entre esa fecha y 1791 y nuevamente se redujo al 6% entre
1791 y 1810). Además, por razones de política de promoción fiscal, la
administración colonial había decidido otore;ar exenciones mediante tasas
menores a ciertas regiones. 7 Por lo tanto, la única forma de hacer compatible y comparable a los distintos períodos y a la totalidad de las receptorías
es convertir a las sumas recaudadas en montos {{lobales, mediante una simple multiplicación que de cuenta de los diversos porcentajes.
Los montos asi obtenidos, nos han permitido efectuar un análisis comparativo y mostrar cual era la regionalización del grado de actividad económica en la Nueva España de fines del siglo XVIII. Con estas palabras queremos decir que la alcabala novohispana expresa una serie compleja de variables (consumo, producción y circulación) que la hace totalmente apta para
los fines que estamos persiguiendo.
2.

LAS ADMINISTRACIONES FORANEAS Y LAS GRANDES REGIONES NOVOHISPANAS

Para profundizar en el tema que nos interesa, hemos reagrupado a las diferentes administraciones en cinco grandes regiones. El Norte, donde se hallan Sonora, Durango, San Luis Potosí y Zacatecas (las áreas que están todavía más al norte se hallan bajo un régimen fiscal especial y escapan a nuestra fuente). El Occidente, compuesto por las administraciones de Guadalajara y de Valladolid. El Cent,·o, donde se encuentran las de Guanajuato y
México. El Oriente, con Puebla y Veracruz. Y, finalmente, el Sur, donde
se hallan Oaxaca y Tabasco, en Yucatán.
Esta reagrupación, que tiene sentido en tanto estos conjuntos tuvieron
en muchos casos estrechos vínculos económicos y vivieron una historia común, podría haber sido diferente. Por ejemplo, el lector interesado en una
historia de la minería novohispana estaría mucho más dispuesto a agrupar
las Administraciones que incluyen los grandes centros mineros eu una sola
categoría. En el caso de la minería hay que recordar de todos modos que la
falta de pago de la alcabala de los insumos mineros siempre va a dificultar
un conocimiento realista de esa problemática a partir de estos datos. Otros,
más preocupados por los grandes centros de producción agrícola orientados hacia el mercado interno, tendrían una opción distinta. Y así sucesivamente. Las cifras desagregadas del apéndice le dan al lector interesado esa
posibilidad (ver apéndice, cuadro 1).

Asi definida nuestra opción, veamos ahora el gráfico l.

�12

Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Análi.tis regional de la Nueva España borbónica

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Podemos comprobar algo evidente: salvo el caso del Sur (pero, el hecho de que la grana no pague la alcabala en Oaxaca8 y que los datos yucatecos se refieran en realidad sólo a Tabasco,9 hace del caso del Sur, una situación bastante peculiar), existe una enorme paridad entre las cuatro
grandes agrupaciones. Más hay algo que merece señalarse: hay un desnivel
notorio entre el eje Centro/Norte y el eje Centro/Sur. Desnivel que no cottesponde con lo que sabemos de otros indicadores, como es el de la pobla.' (e1 Norte novohispano es tradic1on
· al mente un area
'
" vac1a
, " . . ..
) 10
c10n
Veamos ahora que ocurre cuando nos volcamos a estudiar nuestro
problema desde el punto de vista diacrónico. Para ello, hemos dividido al
período 1778-1809 en cuatro suhperíodos, homogéneos y lo suficientemente amplios como para evitar -dentro de lo posible- que las alteraciones coyunturales influyan excesivamente en la interpretación de los resultados. Seguidamente, hemos calculado el porcentaje de crecimiento entre
el primero (1778-1785) y el último (1802/1809) de los suhperíodos elegidos.
Los resultados que se refieren a las grandes regiones, se pueden ver
en el gráfico 2. Allí es posible comprobar, nuevamente, que el Norte y el
Occidente se comportan "mejor" que el resto. Aquí la buena performance
de Veracruz no puede evitar que el Oriente también descienda.
Este mayor dinamismo del Norte y del Occidente se ve considerablemente reforzado por otros indicadores (relación positiva entre alcabalas y
población; bajo porcentaje de participación de las mercancías importadas
en el total de la recaudación, etc.) tal como lo hemos mostrado en un trabajo anterior. Debemos recordar, además, que en el Norte se acumulan las
receptorías que cuentan con un status privilegiado; en algunas de estas
existen exenciones totales y en otras la producción local escapa totalmente
11
al pago de la alcabala. Una razón más para destacar la peculiar performance del Norte. Por el contrario, el Centro, el Oriente y el Sur presentan
un panorama totalmente distinto. Aunque, por supuesto, hay que matizar
esta afirmación, pues tanto Zacatecas en el Norte, como Veracruz en el
Oriente son ejemplos opuestos y que hablan de comportamientos absolutamente diversos.
En este esquema, además, sobresalen tres Administraciones Foráneas
(con el posible acompañamiento de otras dos, que serían la de Guadalajara y la de México) que son San Luis Potosí, Veracruz y VaUadolid, en ese
orden, en las cuaJes todos los indicadores -equilibrio entre los diversos polos económicos internos, mayores índices de actividad económica, alto
consumo de productos de la tierra y porcentaJCS de crecimiento superiores
a la media- nos hablan de la existencia de zonas económicamente muy

�14

SigloXIX

V)

Garavaglia-Grouo: Análisis regional de la Nueva España borbónica

dinámicas.

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Nos ocuparemos en el acápite siguiente de Veracruz. Sólo quisiéramos
aquí hacer algunos brevísimos comentarios sobre Valladolid y San Luis
Potosí.

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Tradicionalmente se ha considerado a Valladolid como un área muy
dinámica a fines del período colonial: no hay dudas de ellos. De todos modos, hay diferencias internas notables. Mientras algunas zonas, como la llamada "Media Luna tropical" efectivamente tuvo un crecimiento destaca12
do en sus alcabalas, en otros lugares como Zamora, las cosas se presentan en forma más contradictoria y no sólo porque de esta receptoría se
irán desprendiendo muchas suhreceptorías menores, sino porque hay notables discrepancias entre las cifras de esta fuente y la de los diezmos. 13
Pero, además, hay que llamar la atención ~bre algunas afirmaciones que se
han hecho sobre el comportamiento de las alcabalas michoacanas y que están basadas en una interpretación errónea de la fuente. 14 De todos modos, la impresión de un comportamiento muy dinámico de algunos sectores regionales sigue siendo una realidad, remarcándose, en especial, un mayor desarrollo de las receptorías menores de la Administración frente a las
tres dominantes en los inicios de la serie. 15
Finalmente, para terminar estas notas generales, no hay que olvidar,
respecto a la peculiar performance de San Luis Potosí, el boom minero
que sacude a esta jurisdicción desde mediados del siglo XVIIL En efecto,
después de los años de bonanza de 1690/1709 (con promedios anuales que
superan ampliamente los 150 000 pesos de recaudación en impuestos relacionados con la actividad minera), San Luis Potosí había caído a un promedio bajísimo que no llegaba a los 60 000 pesos durante el largo período 1710/1749. De allí en más, el boom no hace sino crecer hasta fines
del período analizado, con 143 000 pesos en las tres décadas que van de
1750 a 1779, alcanzándose finalmente la suma de 326 000 pesos de pro16
medio en los años 1780/1809. En resumen, si a mediados del XVIII era
la séptima caja novohispana -siempre hablando de impuestos relacionados
con la actividad minera- se convertirá en los primeros años del siglo XIX
en la tercera, detrás de la caja de México y de la esplendorosa Guanajuato
de la Valenciana... No olvidemos por otra parte que Catorce - uno de los
reales de minas más importantes de esa época- está ubicado en San Luis
Potosí. 17
3.

ANALISIS DE ALGUNOS CASOS REGIONALES

o
Veracruz
Comenzamos este estudio pormenorizado de algunas regiones novohis-

�16

Siglo XIX

Garavaglia-Grouo: Análi8is regional de la /!{ueoa España borbónica

17

panas por aquélla que representa uno de los comportamientos más originales a fines del siglo XVIlI y que, salvo escasas excepciones, no parece
haber llamado en demasía la atención de los estudiosos.

más, como ya lo dijimos en el acápite precedente, se trata de la única administración alcabalatoria situada en las regiones surorientales que tiene un
comportamiento tan dinámico.

En primer lugar, hay que señalar que la Administración Foránea de
Alcabalas de Veracruz comprende las siguientes receptorías: Acayucan,
Antigua, Córdoba, Cosarnaloapan, Orizaba, Tampico, Tuxtla y Xalapa. Es
decir que aquí, como ocurre en otros casos, no hay coincidencia entre los
límites administrativos de la Intendencia veracruzana y los de la Administración Foránea correspondiente, pues, por ejemplo, Papantla, pese a formar parte de esta Intendencia, esta bajo la jursidicción de la receptoría
poblana de Zacatlán para el cobro de las alcabalas.

Son varios los indicadores que coadyuvan a este dinamismo veracruzano: alto porcentaje de crecimiento en todo el período; marcada diferencia
entre la participación porcentual de las alcabalas respecto a la población;
incremento de su participación poreentual relativa respecto al total de la
Nueva F.spaña entre 1778/85 y 1802/09, como podemos ver en el cuadro
siguiente:

Por lo demás, los resúmenes localizados y los Libros Reales de Alcabalas no incluyen ningún dato para las alcabalas del puerto de Veracruz,
dado que éste depende -desde época muy temprana- de la Dirección de
Aduanas de la Capital. Ello quiere decir que si bien los efectos del Libre
ComeL"Cio se harán sentir en forma de multiplicación de la demanda de
bastimentos y alimentación para un número cada vez mayor de naves y
de la expansión en la demanda de algunos productos tropicales, como el
azúcar, nuestros datos no están directamente ligados a la coyuntura mercantil del puerto.

CUADRO 1

De todos mo.dos, la información trabajada es altamente representativa del movimiento que experimentó el intercambio y la actividad económica en el ámbito de la intendencia, ya que incluye al grueso de esa región
y a sus polos económicos más importantes: Orizaba, Córdoba y Xalapa.
Ya en la época, algunos escritores poblanos, como el agudo Fernández
de Echeverría y Veytia, habían comprendido el caracter dinámico de esta
región y no dejaron de señalarlo en algunos de sus escritos con amargura
18
-pues a sus ojos contrastaba más con la decadencia de Puebla. Y es interesante recordar que este cronista escribe antes de la liberalización comercial borbónica y antes del inicio de las series que estamos analizando;
ello nos muestra que esta situación de bonanza tiene raíces bastante profundas.
Veamos unos primeros datos alcahalatorios. Vista desde las alcabalas,
las receptorías de Veracruz conforman una de las áreas más dinámicas
durante todo el período 1778-1809. El movimiento del monto global
creció un 56.11 °/o, porcentaje superior al general de la Nueva España y
sólo superado por el de la Adnúnistración Foránea de San Luis Potosí
(el caso de Sonora que también posee un porcentaje superior, es bastante
especial, como explicaremos más adelante al estudiar esta región). Ade-

VERACRUZ Y NUEVA ESPA/1/A: CRECIMIENTO Y POSICION
RELATIVA SEGUN MONTOS GLOBALES
Nueva España
0
/o de cree.

°lo de cree.

porcentaje de Veracruz
respecto al total de NE

-4.68
25.10
8.62

-8.96
45.96
17.48

6.7
6.4
7.5
8.1

1778/1785
1786/1793
1794/1801
1802/1809

Veracruz

1778-1809
1778/85 - 1802/09

7.2
29.53

56.11

Y finalmente, uno de los indicadores más relevantes en este sentido:
Veracruz es la primera de las doce Administraciones Foráneas en cuanto al
peso del rubro de efectos de la tierra en el total de la recaudación de alcabalas para el año 1796 con un 67.47°/o; y además, comparte con la Administración de México el último lugar (con un porcentaje del 16.76º/o) en
cuanto a la participación de los productos importados.
Otros datos cuantitativos a nuestra disposición, como son los diezmos,
reafirman de modo evidente este comportamiento regional y demuestran,
una vez más, el carácter plenamente confiable de la fuente de alcabala para

�18

19

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

Siglo XIX

medir en un área determinada lo que hemos llamado en otros estudios
"grado de actividad económica".
Según documentación del archivo de Sevilla y de México -parcialmente confirmada por los datos publicados por Medina Rubio en su libro,
pese a ciertos problemas que sus cifras presentan para el siglo XVIII~ los
diezmos veracruzanos, desagregados de la masa del obispado de Puebla a
la que pertenecían, crecieron en forma acentuada desde 1775, con 42 362
pesos para ese año, 61,881 para 1783 y una suma de 98 546 para 1790.

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Esto también e.s distinto a lo que ocurre en otras Administraciones
foráneas. Aquí, al revés de lo que sucede en la de Puebla o en la de Guadalajara, no existe una ciudad que funcione como polo aplastante y que determine en forma unilateral el comportamiento de toda una región. En Veracruz son tres las áreas que tendrán influencia decisiva en ese desarrollo.

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Más, sí bien son ocho las receptorías que componen la Administración
Foránea veracruzana, tres de ellas concentran el 83.79°/o del total del
monto global durante el lapso 1778-1809: Orizaha, Córdoba y Xalapa.

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Volviendo a las alcabalas, veamos ahora qué ocurre al interior de la
Administración Foránea. Podemos advertir ciertas diferencias en la dinámica de las distintas áreas representadas por sus respectivas receptorías.
Pero, pese a ello -y dejando de lado los altibajos sufridos por algunas receptorías en determinados períodos- ninguna de ellas tuvo un comportamiento negativo si comparamos las cifras de 1778/85 con las de 1802/09.
Como veremos, esto marca una diferencia significativa respecto a otras
Administraciones foráneas de alcabalas.

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Este incremento, muy superior al del total de la masa poblana, hace
que la participación porcentual de los predios decimales de Veracruz pase
del 15.03°/o en 1775, al 20. 11 °/o en 1783 y finalice con casi el 26°fo en
1790.20 Y hay que subrayar, pues resulta de particular importancia a la
luz de los datos de las alcabalas, que este crecimiento de los diezmos veracruzanos se debe casi exclusivamente al boom de un solo predio decimal: Orizaba/Córdoba, que pasa de 35 715 pesos en 1775 a 84 771 en
1790, convirtiéndose (y de lejos) en el predio decimal más destacado de
todo el obispado de Puebla. 21
Es decir, estamos ante un crecimiento de la producción -siempre que
aceptemos que los diezmos son un buen indicador indirecto de ese movimiento- que es mayor que el aumento de la población y que el incremento de los precios.22

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SigloXIX

Garavaglia-Grosso: Análim regional de la Nueva Espafia borbónica

En este sentido, el notable dinamismo de Orizaba, se verá contrabalanceado por la fluctuante evolución de Córdoba.

CUADRO 3

CUADRO 2

COMPOSICION DE LAS ALCABALAS DE ORIZABA
1782 Y 1806

PARTICIPACION RELATIVA DE LAS TRES RECEPTORIAS
PRINCIPALES: 1778-1809

" t.

21

1778185

1802109

ºlo

ºlo

Orizaba
Córdoba
Xalapa

34.99
30.34
17.39

43.29
24.53
17.83

Totales

82.72

85.65

Orizaba no sólo es la que presenta un mayor dinamismo. Además, es
la única receptoría que mantuvo un crecimiento sosterúdo durante todo el
período. Este hecho debería relacionarse en gran parte, según creemos, con
el auge del cultivo del tabaco, principal producción local. Ya un trabajo de
Susan Deans nos ha mostrado de qué forma el cultivo de esta planta en
Orizaba dio como resultado la proliferación de sectores productivos bastante diferenciados, entre los que abun8an los pequeños y medianos pro23
ductores.
Es bien sabido que el tabaco es un tipo de cultivo que exige
grandes cuidados: ello favorece, obviamente, la explotación intensiva y no
extensiva.
Hay que recordar que no sólo el tabaco paga alcabala: por otra parte,
los adelantos que realiza la Renta de Tabacos entre los cosecheros, inyectan ingentes cantidades de dinero fresco en los diversos circuitos mercantiles de la región. Un sondeo realizado en los Libros Reales de Alcabalas de
la receptoría de Orizaba nos muestra claramente este hecho y la expansión
del tabaco:

castilla*

1782
1806

tierra

viento

ºlo

ºlo

ºlo

15.27
8.67

68.06
72.78

16.68
18.55

* Incluye las cortas partidas de efectos de la China.

Fuentes: Libros Reales de Alcabalas de Orizaba, años 1782 y 1806,
en AGNM-Indif. RH.

En una palabra: mientras el total del monto global de la receptoría
creciQ.,en un 19.31°/o entre las dos fechas consideradas, el monto referido
a lo recaudado en concepto de tierra y viento lo hizo en un 28.59º/o.
Además esta actividad tuvo otros efectos multiplicadores a través de la instalación en la ciudad de la Fábrica de Tabaco. Por otra parte, Orizaba fue
siempre -y esta especialidad debió acentuarse después del Libre Comercio- una ciudad/estación, donde la arriería daba ocupación y ganancias a
. ' 24
un sector .tmportante de supoblac1on.
Xalapa, que entre 1778 y 1809 experimentó un crecimiento elevado,
se vio afectada sin embargo por una marcada caída en el lapso 1786/1793;
en el período siguiente la receptoría recupera sus rúveles anteriores.
En cuanto a Córdoba, la segunda receptoría, contrasta con Orizaba
por sus altibajos y por un porcentaje de crecimiento muy inferior al de las
dos receptorías más dinámicas y al del total registrado por la entera Administración veracruzana: ello se expresa en la marcada disminución de su
participación relativa en el conjunto de esa urúdad administrativa. Llama
también la atención el comportamiento de Cosamaloapan, tierra de producción algodonera y la más destacada de las receptorías menores. Sus

�22

Siglo XIX

flu??1aciones coinci~en bastante con las de Córdoba, pese a que su recuperac1~n _es mucho mas finne, como se puede advertir por el porcentaje de
crecuniento alcanzado entre 1778/85 y 1802/09 (ver cuadro 2 del apéndice).
Hay dos hechos de particular relevancia, más alJá del ya referido al establecimiento de la Renta de Tabacos, que explican el comportamiento de
es_ta región: 1~ _cercanía del puerto de Veracruz, con el excepcionaJ crecirruento del trafico mercantil, ocurrido en los últimos dos decenios del siglo
XVID - los datos de las cajas reales veracruzanas, tal como nos los muestra
el excelente artículo de Herbert Klein, 25 son una prueba fehaciente de
ell~; Y estrechamente relacionado con esto, la enorme expansión que expe~mentaron los productos tropicales a fines del siglo XVlll. AJ respecto
es interesante verificar cómo este dinamismo caracteriza también a otras
áre,'!8 de tierra calien!e, como el c~ que vimos de la "Media Luna tropical en la Intendencia de Valladolid, o el territorio representado por la
receptoría poblana de Yzúcar.

Una de las producciones tropicales &lt;¡ue parece haber tenido gran expansión es la caña de azúcar. Hacia 1788, las cosechas de los obispados de
México, Valiado! id y Puebla apenas llegaban a las 800 000 arrobas. 26 Según un informe del Consulado de México, las causas del escaso desarrollo
lo~do hasta et1tonces por la producción azucarera radicaban en la competencia de las Islas de Barlovento y en la reiterada prohibición de fabricar el
27
aguardiente "de la tierra". Según el sabio alemán, la in tendencia de Vera~ruz será una de las principales regiones responsables de la expansión del
azucar:
Desde que el consumo del azúcar ha tenido un aumento considerable, y que el comercio del Nuevo Continente proporciona a la
Eu!opa muchos productos que en otros tiempos se sacaban de
A~1a Y A~ica, las tierras cali~ntes no hay dudas que presentan
mas ~tr_act1vos para el establecimiento de colonias; por esto se han
multJphcado en la provincia de Veracruz las plantaciones de caña
Y de algodonales, principalmente desde los funestos sucesos de
Santo Domingo, que ~fl dado un gran impulso a la industria en
las colonias españolas.
También ~oreno Fraginals, en su obra clásica sobre el ingenio cubano, subraya especialmente este aspecto de la coyuntura internacional como uno
de los pilares en los que se asienta el auge que desde ese momento experimentó el azúcar de la isla. 29
~n el caso d~ la I\Jueva España, si bien el crecimiento general de la producc1on estuvo ligado principalmente a la expansión de la demanda interior, el azúcar también alcanzó a inicios del sigfo XfX un lugar destacado

Garavaglia-Gro$$o: An6/í$i., regional de la Nueva España borbónica

23

en sus exportaciones agrícolas: en 1802 salieron para España 431667
arrobas por un valor de 1 454 240 pesos, y en el año 1803 fueron 483 944
arrobas con un valor en pesos de 1495056 (en este último año, la grana,
el principaJ producto agrícola de exportación novohispano, alcanzó un
vaJor de 2 191 399 pesos). 30
Y hay que recordar que Veracruz tenía una ventaja comparativa muy
grande respecto a ot-ras zonas de Tierra Caliente: se haUaba casi en la boca
del puerto... En la Intendencia, los principales plantíos de caña estaban
localizados en las jurisdicciones de Córdoba, Orizaba y Xalapa. Pero, al
parecer, desde mediados del XVIII se estaba produciendo una redistribución de los ingenios en perjuicio de Córdoba.
Si esta hipótesis se confirmara, tendríamos un elemento explicativo
para entender en parce el errático comportamiento que caracterizó a las
alcabalas de esta jurisdicción en el período que eslanlos considerando. En
efecto, hacia la mitad del siglo XVIII, había en Córdoba 33 ingenios y
trapiches y un número no precisado en XaJapa, Orizaba, Tuxtla y otras localidades menores. 31 En 1804, las "haciendas de fabricar azúcar" de Córdoba se redujeron a 23, en tanto que Xalapa contaba con 11 trapiches e
ingenios y Orizaba con un número no aclarado de "grandes ingenios".32
No hay que olvidar, por otra parte, que las villas de Orizaba, Córdoba
Y Xalapa - al igual que el hasta ese entonces humilde pueblo de Perote- se
convierten en esta época en localidad que fueron centro de importantes
acantonamientos de tropas. El documentado trabajo de Christon Archer
muestra los efectos económicos multiplicadores que tuvo el estacionamien•
lo de las tropas en todo el área sobre la estructura productiva local y el
mercado regional.33
En Orizaba, por ejemplo, tanto el tabaco, como el azúcar y la nueva
presencia de las tropas acantonadas en la ciudad, dieron como :resuJtado el
incremento de las actividades artesanales y manufactureras. En 1803 la viUa cuenta, además de sus ingenios y de la Fábrica de puros y cigarros, con
''...tres molinos de pan moler, tres sombrererías, como treinta telares de ha•
cer manta, tres curtidurías de vaquetas, seis gamuzerías y nueve ladrille•
ras y tejerías... ,,34 Con una población que alcanzaba casi los 10 000 habitantes (en 1791 se habían empadronado unas 7 074 personas), Orizaba
era también sede de un " . . .crecido número de comerciantes. . . ,,35

Sonora y Durango
Sonora

Si tenemos en cuenta el monto de las aJcabaJas recaudadas en el período

�21

SigloXIX
Garavagtia-Crouo: Análi,i, regional de la Nueva España borbónica

1778-1809, la Administración Foránea de Sonora es una de las menos importantes de la \iueva España: su participación en el monto global total es
apenas del 2.4 °/o, ocupando el anteúltimo lugar entre las 12 Administraciones Foráneas de Alcabalas.
Pese a elJo, su caso presenta especial interés por ser la jurisdicción que
en ese mismo período presentó un mayor índice de crecimiento (con un
pon-enlaje superior al 500°/o... ), seguido de muy lejos por San Luis Potosí, con un 70°/o, y Veracruz con el 56°/o.
Sin duda este porcrntaje está sobrevaluando la expansión de los intercambios mercantiles ya que, por ser un área hasta entonces exenta del
pago de la alcabala, la recaudación en los primeros años de la aplicación del
sistrma de administración dirrcta por parle de la Real llaricnda, no abarcó la totalidad de las actividades gravables ni todo el territorio; tanto unas
como el otro se fueron incorporando gradualmente a la captación fiscal. 36
Ütas regiones no fueron las únicas qur gozaron dr un status privilegiado y
de una situac-ión mu} peculiar, favorrcidas por la política de promoción
fiscal de la corona.37
Volviendo a Sonora hay que subrayar que, pese a lo dicho, si comparamos los monlos globales en el segundo de los períodos considerados
(1786/1793), cuando ya la administración de las alcabalas se había extendido a gran parte de la jurisdicción, con el último de ellos (1802/1809), el
porcentaje de crecimiento sigue siendo muy elevado y es superior al 100°/o.
Creemos que este caso, como el de Durango, son especialmente representativos del dinamismo que experimentó el norte minero en la última década
de la época colonial. Los dalos decimales confirman plenamente lo que se
ve a través de la fuente de alcabalas.

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La región del noroeste, con una tradicional actividad minera que se
remonta a la segunda mitad del siglo XVII, gracias al descubrimiento en
1655 de la primera veta de plata en el Real de Minas de Nuestra Señora del
Rosario, experimentó un notable crecimiento económico en las áltimas
décadas del período colonial: debido, en buena parte, a la incorporación
de nuevos territorios y a la reactivación de las áreas ya ocupadas y explotadas. Ello posibilitaría la expansión de la frontera y del gradual sometimiento de las poblaciones indígenas hostiles.
Este proceso se había iniciado con la visita de don José de Gálvez a
los pueblos y "presidios" del norte en la década de 1760; esa visita impulsó
una reorganización total del sistema defensivo español y se concretó en un
avance de los presidios al norte del río Bravo, rn campañas prrmanentes
contra los indígenas hostiles, en alianzas con otros y en una fortificación
de la frontera con los apaches. Todo ello dio como rrsultado finalmente
que, hacia 1780, Sonora y el norte de Sinaloa pudieran go?..ar de una situación de relativa paz.38
Esta vigorosa intervención de las autoridadrs españolas en el norte se
completó con diversas medidas tendientes a reorganizar y fortalecer la administración civil y eclesiástica: en 1776 Sonora y Sinaloa quedaron sujetas a la jurisdicción de las recientemente creadas Provincias Internas y en
1786 conformaron la Intendencia de Arizpe. Desde 1780 estos territorios
constituyeron además el obispado de Sonora, cuyos vicarios residieron primero en Rosario y luego en CuJiacán, a pesar de ser Arizpe la sede oficial
de la silJa episcopal.

El distrito de Sonora comprendía aproximada'Tlente el territorio que
en 1786 conformó la Intendencia de Arizpe y que con anterioridad com·spond ía a las provincias de Sinaloa y Sonora. Inicialmente, en los años
1778/1785, contó con :mio tres suelos alcabalatorios: Alamos, Arizpe y
Rosario. Estos constituyen en toda la época estudiada las principales receptorías y son responsables de un 66º/o del total del monto recaudado
entre 1778 y 1809.

Entre tanto, la expulsión de los jrsuítas (1767) y la secularización de
las misiones del sur del valJe del Yaqui, favorecieron el avance colonizador
de españoles y mestizos y la movilización de la población indígena como
fuerza de trabajo para minas y haciendas. En 1773, en el Real de San Ildefonso de la Cienaguilla, cuyos placeres de oro habían sido descubiertos dos
años antes, residían 786 españoles y unos 1 500 indios. Las haciendas y
ranchos fueron extendiéndose gradualmente en áreas hasta ese entonces
despobladas } en las mismas tierras de las misiones; las rancherías } pueblos abandonados facilitaron el proceso legal de la "denuncia", que se sumó a la creciente usurpación de tierras mdígcnas. 39

A fines de la década de los ochenta e inicioi. de la siguiente se crearon
cuatro nuevas receptorías: San Antonio de la Huerta (l 789), Sinaloa
(l 790), C.Ulia&lt;'án (1791) y Cosalá (1792); posteriormente se establecieron
receptorías en Horcasitas (1801) y CienaguilJa (1804). Esta misma expansión de la red de captación fiscal t•s un claro indicador del crecimiento de
las actividades económi('as objeto del gravamen.

Hacia 1780, Sonora y Sinaloa contaban con 30 reales de minas, 7
villas, 106 pueblos, 35 misiones y 6 presidios. En p0&lt;·0 más de una década la población de los centros más importantes y estables creció notablemente: entre 1777/1780 y 1791/1794 la poblafión de Arizpe se elevó de
1 540 a 9 000 habitantes; la de Los Atamos de 5 000 a 9 000; la de Rosario de 3 600 a 7 200 almas; y para 1793, Culiacan tenía 13 800 habitantes.40

25

�26

Siglo XIX

l&lt;:l sector de población flotante, que se trasladaba de un distrito minero a otro siguiendo los diversos momentos de auge y decadencia de sus vetas, creció con el aporte de nuevos contingentes de españoles y mestizos y
con el de la población indígena que había abandonado sus tradicionales
lugares de residencia. Así Cienaguilla, en su época de mayor bonanza, hacia 1805, llegó a concentrar cerca de 5 000 pobladores; el antiguo presidio
de San Miguel de Horcasitas, en Sonora, se transformó en pocos años en
próspero mercado de un distrito agrícola en crecimiento que atrajo a los
indígenas de las cercanas misiones y a inmigrantes españoles.41
El desarrollo de la actividad minera fue el principal motor del crecimiento demográfico y económico del noroeste. Gálvez había otorgado en
su visita gran importancia a la minería de la región. Posteriormente ideó un
ambicioso plan para la promoción de las actividades productivas que, en
gran parte, no llegó a implementarse por falta de recursos.
De todos modos, los yacimientos de Sonora y Sinaloa se vieron favorecidos por las medidas generales adoptadas por la Corona en las décadas
subsiguientes a la visita de Gálvez (reducción del precio del azogue y de la
sal, beneficios fiscales, etc.) y por otras disposiciones más específicas como
el establecimiento de las Cajas Reales en Alamos y en Rosario. Este hecho
no sólo redujo los riesgos y los costos de los cargamentos de minerales que
hasta ese entonces deh ían llevarse hasta Guadalajara: también, acortó el
tiempo que debían esperar los mineros para el reintegro en moneda de los
envíos en minerales; las Cajas fueron provistas de un fondo revolvente en
efectivo -aún cuando fue siempre insuficiente, a juicio de los mineroscon el cual se compraba a éstos el mineral. El establecimiento de las Cajas
también aligeró la crónica escasez de azogue que afectaba, sobre todo en
los momentos de bonanzas, la producción minera.42
Este conjunto de medidas estimuló el desarrollo de los distritos mineros en especial, de aquéllos situados en las áreas de influencia de AJamos y
Ro~rio: vivieron una época de gran prosperidad en las décadas de los
ochenta y noventa, hecho que no dejó de manifestarse en los montos de las
alcabalas en ambas receptorías (si consideramos los promedios anuales de
los períodos 1778/85 y 1794/01, la recaudación en las dos receptorías
creció en un 31 °/o y un 175°/o respectivamente). Y no hay que olvidar
que esta fuente tiene en este aspecto un sesgo marcadamente negativo y
que tiende a subvaluar el peso de la actividad económica real: todos los
medios de producción destinados en forma directa a la minería no pagan
la alcabala y por lo tanto, dada la cantidad de distritos de minas que existen en estas receptorías, los montos deberían ser mucho mayores.
Ahora bien, hay que señalar que el incremento de la actividad minera

Caravaglia-Gros.to: Análisis regional de la Nueva España borbónica

27

no se limitó a esas dos jurisdicciones nombradas. Se descubrieron placeres
de oro en el noroeste de Sonora; se abrieron nuevas minas de plata en el
noreste, en las regiones de Opata y Ostimuri y en la región central de Sinaloa, a los pies de las montañas de la Sierra Madre. El crecimiento de Arizpe
no sólo se debió a sus nuevas funciones administrativas sino también al desarrollo de su distrito minero (la recaudación se incrementó entre 1786/93
y 1794/01 en un 60%). Una década más tarde, el área minera de Cienaguilla atravesó su momento de mayor auge: en 1803 se descubrió en sus
inmediaciones un rico yacimiento a flor de tierra, San Francisco de Asís,
que en pocos meses concentró más de 3 000 pobladores. En el mismo real
de Cienaguilla fueron descubiertos nuevos placeres de oro que reanimaron
la producción y la vida económica de la villa: en 1802 tenía 42 tiendas de
vivanderos, 71 de rescates y 21 de comercio. No es casual que para entonces se estableciera allí una nueva receptoría de alcabalas que -durante el
período 1802/1809- captó casi el 10°/o del monto total de toda la Administración Foránea sonorense, pese a haber ini&lt;;iado sus actividades en
1804.43
El crecimiento económico del noroeste no se debió exclusivamente a
la minería. Como ya ha sido destacado reiteradamente por la historiografía, alrededor de los centros mineros se formó un complejo económico que
integró la producción minera con la agrícola y ganadera a escala regional.
El cuadro 4 permite apreciar cual fue el crecimiento de la ganadería
de la región entre 1783 y 1805, especialmente, en el caso del ganado vacuno y caballar. Obviamente, ello se tradujo en una reducción del precio del
ganado: por (ljemplo, las reses vieron descender sus precios en forma considerable, con lo que fue posible que se constituyera un mercado mucho más
estable de abastecimientos·para las áreas mineras. 44
En los alrededores de Culiacáo se desarrolló un importante distrito
agrícola tributario de una amplia zona desde los yacimientos ubicados en
las cercanías de la Sierra Madre hasta AJamos. En 1802 existían en la juridiscción cuatro haciendas y 126 ranchos; en el territorio del suelo alcabalatorio de Sinaloa se localizaban 82 ranchos dedicados a. siembra de maíz
y a la cría de ganado vacuno. Ya hemos mencionado el desarrollo de una
importante área agrícola en el fértil valle del río Dolores, en las inmediaciones de San Miguel Horcasitas. En San Antonio, según el administrador
de alcabalas, había tres haciendas y varios ranchos que producían
" . . .abundante maíz, cría de ganado vacuno, cría de caballada... ". La producción triguera de la región daba lugar ocasionalmente a modestos envíos
de harinas, por tierra y por mar, a California, San Bias y Acapulco. Según
un informe de 1805 se ex;portaron a Acapulco 500 cargas de hanna desde
Sonora.45

�28

SigloXIX

Garavaglw-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

CUADRO 4

RIQUEZA PECUARIA DE SINALOA Y SONORA: 1783-1805

ganado

vacuno
lanar
caballar
mular
asnal

número de cabezas
1783

1805

120 000
31 500
18 400
17 000
2 000

272 723
35 550
62 794
19 907
4 228

Fuentes: 1783 -Navarro García, L., Don José Gálvez. . ., cit., p. 417.
1805 - "Resultado general de las noticias que pide el Real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", en Florescano, E. y
Gil Sánchez, l. (comps.), Descripciones. . .provincias del
Norte, cit., p. 146

i,

1,

Indudablemente, esta actividad agrícola y ganadera debió ser responsable de una parte no despreciable de los intercambios captados por los registros alcabalatorios, de modo tal que aquéllos no pueden ser reducidos tan
sólo al consumo de efectos de ultramar y de la tierra provenientes de otras
regiones.
Sin embargo, la participación de los efectos de Castilla en el comercio
regional parece haber sido mucho mayor que en otros distritos alcabalatorios. Según los datos reunidos para el Consulado de Veracruz en 1805, el
valor de los efectos de Castilla y de la China comercializados en la Intendencia se habría elevado a la suma de 770 800 pesos; de acuerdo a nuestras cifras, el promedio anual del valor de intercambio captado por la
fuente para el período 1802/1809 es de unos 1 358.00 pesos, con lo cual
podríamos deducir que la participación de los efectos de ultramar sería de
alrededor del 50º/o; del restante 50% serían responsables los diversos
efectos de la tierra comercializados en el distrito, parte de los cuales -como es el caso de los textiles- provenían del occidente y del centro del virreinato. 46

29

Esta presencia de los efectos importados muy superior al promedio de
la Nueva España v que también es claramente perceptible en el caso de
otra receptoría y distrito de clara vocación minera de la región norteña,
Durango, merece algunas líneas. Es probable que el tipo de explotación
minera muchas veces superficial y de "placeres" diera lugar a inesperados
booms, seguidos pocos años después de un rápido agotamiento (como hemos visto que ocurrió en Cienaguilla en 1803). Ello impediría la formación
en determinadas ocasiones -que habría que estudiar en forma pormenorizada- de los clásicos "cinturones" de abastecimiento: en especial, en el rubro de bienes duraderos como textiles y otros, para los cuales es indispensable una cierta estabilidad y arraigo de la población.

Esto quiere decir que, para esta Administración Foránea, como para
el caso de la receptoría de Durango en la Administración homónima, podría ser válida la observación que nos han hecho algunos colegas de que la
fuente de alcabalas mediría en esta circunstancia particular más el consumo que lo que hemos llamado en otros estudios "grado de actividad económica". Mas dejemos para el final, cuando hablaremos brevemente del
caso duranguense, una nueva discusión sobre este problema que es tan decisivo para evaluar los lúnites concretos de la fuente que estamos utilizando.
t

Culiacán y Rosario fueron los centros más relevantes del comercio regional, cuyo crecimiento acompañó al desarrollo minero y agropecuario.
En 1755 en toda la gobernación de Sonora y Sinaloa había 15 establecimientos mercantiles. En 1806 tan sólo en Cienaguilla había 27 casas de comercio y 41 tiendas de vivanderos. Culiacán se vio favorecida por su localización en el cruce del camino procedente de México y Durango por la
ruta de la Sierra y que desde allí continuaba hacia Sonora y California, en
tanto que se hallaba comunicada con Guadalajara -el gran centro mercantil y productivo del Occidente- por el camino de la costa. Por su parte,
Rosario controlaba gran parte del comercio de un vasto territorio que se
extendía por el sur de SinaJoa y parte del territorio del actual estado de
Nayarit: ya hacia fines de la década de los setenta y contaba con algunos
mercaderes que manejaban caudales de regular importancia.47
El lento y oneroso transporte terrestre de las mercancías desde el centro o desde el puerto d-e Veracruz, determinó que el abastecimiento de la
región fuera irregular y que e_l precio de los artículos fuese excesivamente
alto (se decía que una casulla de damasco comprada en México a 30 pesos
podía costar 60 en la Pimería... ). Es obvio que esta estructura de "mercado imperfecto", que man1enía siempre a la oferta muy por debajo de la

�30

Siglo X1X

demanda, era alentada por los propios comerciantes de México, Guadalajara, Veracruz y Puebla y por sus representantes locales que dominaban en
el ámbito mercantil regional: ello les daba la posibilidad de grandes ganancias.48 También era evidente que este permanente suhabastecimiento terminaría favoreciendo la práctica del contrabando, que en estas regiones adquirió un desarrollo mucho mayor que en otras áreas del virreinato. Desde
la década de 1790 -probablemente como consecuencia de una creciente
presión de la demanda- la presencia de buques ingieses y n,orteamericanos
en las costas del Pacífico septentrional se hizo cada vez mas frecuente, resultando inútiles los esfuerzos desplegados por las autoridades virreinales
para controlar el contrabando practicado a lo largo de un extenso litoral
imposible de vigilar.

Un caso muy llamativo en este sentido es el de la fragata nort~ericana Dromo que atracó durante varios meses en Guaymas y Mazatlán ( desde
septiembre de 1808 hasta enero de 1809), vendiendo mercaderías por un
valor superior a los 180 000 pesos con la autorización expresa de _las autoridades locales. El estudio realizado por Vidargas del Moral permite apreciar el fuerte impacto que tuvieron las ventas del Dromo en el peculiar sistema mercantil del noroeste. Mientras algunos mercaderes locales -respaldados ·como era de suponer por sus habilitadores de M~xico- proteslBhan por el daño que experimentaría el comercio establecido, otros acudieron desde diversas localidades de la Intendencia e incluso desde Durango
para aprovisionarse por lare:o tiemvo de artículos de baio precio _V buena
calidad. 49 El propio comandante de las Provinci~ Internas, Nemes1? Salcedo, justificaba el hecho argumentando que debido al es~do de _mdefensión de las extensas costas y a la carestía de las mercanc1as proVIstas mediante el tráfico regular, era imposible controlar ~I ~omerci? il~ci!&lt;&gt;_, V
que todas las medidas que se adoptaren para repnmrrlo senan mutil~
" ... porque siempre las harán ilusorias la facilidad del contrabando y la utilidad del contrabandista... ". 50
A pesar de que en este caso los compradores presentaron sus facturas y guías en las aduanas respectivas, y p~aron 1~ alcab~a correspondiente, es evidente que no siempre suced1a lo mlSlllo. S1 t~n~mos e~
cuenta el volumen que alcanzó el comercio ilícito en las dos '."tunas decadas del período colonial, es notorio que la actividad mercantil de Sonora y Sinaloa debió haber alcanzado valores ~?.n mayores que los expre~dos a través de nuestra fuente. Pero, parado11camente, este hecho -le1os
de contradecir nuestro análisis- se suma a la serie de indicadores que atestiguan el notable crecimiento económico del Noroeste en los últimos decenios del siglo XVIII.

Caravaglia-Crosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

31

A propósito de la discusión "consumo" versus "actividad económica": una
apostilla sobre el caso de Durango.

La Administración ForaIÍea de Alcabalas de Durango tiene sólo dos receptorías, la de Chihuahua Qa más importante y que cubre el 66.8% del monto global totaJ durante el período 1778-1809) y la homónima de Durango (ver apéndice, cuadro 5).
Esta región norteña fue siempre un área donde la minería tuvo un
desarrollo excepcional. Tanto los distritos mineros de primer orden como
los secundarios se cuentan por decenas. Destacan los de Parral, Chihuahua,
Yndé, Cuencamé, Batopilas, Cosiguriachi y Santa Eulalia, en la jurisdicción chihuahuense. Y sobre todo en el caso de Durango, los mineraJes de
Guarisamey, Mapimí y otros menores tuvieron también relevante actividad
a fines del período colonial.
No debe extrañarnos entonces que la minería se refleje en la importancia creciente que tendrán estas dos jurisdicciones en el marco de los
impuestos relacionados con esa actividad en las Cajas Reales de la Nueva
España Pasando de un 4.8°/o del total novohispano en el decenio 17801789 a un 5.9°/o en el siguiente y cuando finaliza la serie publicada por
Klein en el oeríodo 1800-1809, alcanzan ya un porcentaje del 8.7% sobre
51
el total del reino. Y en los años 1806-1809, el 74.5% de la recaudación
de alcabalas de la receptoría de Chihuahua proviene de distritos mineros
(véase ap~ndice, cuadro 6).
Pero también nos hallamos en Chihuahua, y en menor medida en Durango, con los clásicos cinturones de abastecimiento que rodean a las minas
con sus haciendas, estancias de ganado mayor y ranchos anexos: San Bartolomé, un valle célebre por sus recursos agrícolas, Santiago Papasquiaro,
Nombre de Dios y San Juan del Río son los más destacados. 52
Ahora bien, si comparamos la evolución de las alcabalas de estas dos
receptorías con la de sus diezmos, comprobamos algo bastante llamativo:
mientras que en Oiihuahua la marcha de los diezmos es bastante armónica
en relación a la de las alcabalas, en Durango es posible percibir un salto en
el lapso 1794/1801, seguido de un retroceso bien marcado en el período
1802/1809 (ver cuadros 5 y 9 del apéndice). El gráfico 4 nos muestra en
fonna más evidente ese disímil comportamiento entre diezmos y alcabalas
del que estamos hablando.
¿Cómo explicar este hecho contradictorio? Durango es la Administración Foránea de alcabalas donde en 1796 es mayor la participación de los
efectos importados respecto al total novohispanos, con un 4-0.07º/o

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N)

GRAFIC04
en

(!¡¡'

DIEZMOS
100

o

■

Chihuahua

□

Durango

~

90
80
70
60
50
40
30
20
10

o
1760/ 1764

1796/1800

1774/1781

1806/1812

GRAFIC04

ALCABALAS
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Chihuahua

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Durango

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1778/1785

1 786/ 1793

1794/ 1801

1802/1809

w
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�34

Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

(siendo el 28.7°/o el promedio para toda la Nueva &amp;paña (ver cuadro 7
del apéndice). Además, ello se debe fundamentalmente a las cifras relativas a la receptoría de Durango, pues en Chihuahua las cosas son diversas
como se puede ver en el siguiente cuadro:

CUADRO 5

COMPOSICION DE LAS ALCABALAS DE CHilIUAHUA
Y DURANGO, EN PESOS: 1796

castilla
Durango
Chihuahua

41 453
11 789

china
821
1 048

tierra

viento

igualas

12 901
28 258

14 615
2 096

3 855
2 757

35

evolución de la relación diezmos/alcabalas, podríamos justamente reafirmar aún más el carácter de esta última fuente como documento privilegiado para estudiar las relaciones entre consumo, producción y circulación.
En este caso específico y donde la participación de los efectos importados es casi exactamente el doble que la del promedio general novohispano, esta contradicción entre los diezmos y las alcabalas, es decir, esa serie de alcabalas que parece tener independencia respecto a los datos contemporáneos sobre la evolución de la producción, nos está mostrando claramente uno de los límites de la fuente. O dicho de otra forma y llegando
a una conclusión que a esta altura será obvia para el lector: cuanto más alta sea la participación de los efectos importados, menos representatividad
tendrá la fuente para medir lo que hemos llamado el "grado de actividad
económica"...

4.

CONCLUSIONES.

¿Cuáles son las conclusiones más relevantes a lo que hemos llegado gracias
al análisis de estos casos regionales mediante la fuente de las alcabalas?

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

Y no solo ello es así, sino que este comportamiento de la receptoría
de Durango, con un 57 .4°lo de la recaudación referida a los efectos importados, se destaca incluso entre las 66 receptorías de la Nueva España para las cuales poseemos datos al respecto en ese período (se trata de las receptorías más importantes del "reino" y que suman más del 85% del total de lo recaudado en concepto de alcabalas durante ese año)53 . Sólo la
receptoria de Sierra de Pinos la supera entre las diez primeras receptorías
novohispanas donde los efectos importados ocupan un lugar destacado
(ver el cuadro 8 del apéndice).
Y como se puede ver consultando la lista, no sería lícito llegar a la
conclusión, un tanto apresurada, de que esta característica tiene que ver
sólo con la condición de asiento de minas que tenga una receptoría, pues
de las diez sólo se destacan tres jurisdicción netamente mineras: Sierra
de Pinos, Duran¡¡;o y Zacatecas. En otros casos -esa sería probablemente la
situación de Tehuacán y Oaxaca- esta dominancia de los efectos importados debe ligarse con la persistencia de los repartos como sistema de mercantilización forzosa. Y para Saltillo y Coahuila la explicación debe remitimos al peculiar comportamiento de ciertos mercados norteños de frontera.
Volviendo al caso de Durango, si conectamos este hecho con la disímil

Ante todo, una reafirmación: la alcabala novohispana, tal corno fun.
cionaba desde 1776 en adelante, es un instrumento privilegiado para estudiar las complejas relaciones entre producción, circulación y consumo en
un espacio y un momento determinado. En especial, si controlamos a esta
fuente con el auxilio de otros indicadores, como los diezmos o la población. Sea que hablemos de Veracruz y su variada vocación económica en
tierra caliente, orientada tanto al consumo interno como al mercado exterior (tabaco, algodón, arriería, azúcar, etc.), como de aquellas regiones norteñas de Sonora y Sinaloa con una dinámica frontera minero/agraria donde
la minería aparece como la actividad productiva dominante, la alcabala resulta ser un fiel indicador de esa vida económica tan rica y diversa.
Pero, además (y los casos que hemos mencionado de Zamora y Durango son ejemplos claros en este sentido), es necesario poner mucha atención en el uso que se hace de este tipo de material estadístico. A veces
-cambios administrativos en el caso zamorano y enorme peso de los efectos importados en Durango- los datos esconden serios problemas y una
evaluación superficial puede llevarnos a conclusiones completamente equivocadas.

E?.r~idad, este tip,o de trabajo sólo puede damos las Iíneas generales
de anáhSJs y, como dec1amos arriba, es indispensable acudir a otros indicado~es que s~an de "control" para verificar las coincidencias o explicar
las dISCr~panc1as. Y Fr supuesto, el único camino finalmente válido para
profundIZar el estudio en este sentido es trabajar con la información de los

�36

GaravaglP-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

SigloXIX

Libros Reales, donde la enorme riqueza del material aporta siempre las
respuestas a casi todas las preguntas que surgen de las series.

REFERENCIAS DE REPOSITORIOS DOCUMENTALES

AGI
AGNM
AGNM-Indif. RH

Archivo General de Indias, Sevilla
Archivo General de la Nación, México
Archivo General de la Nación, México, Indiferente de Real Hacienda en proceso de clasificación.

-

NOTAS

l. Véase "las regiones novohispanas en la época borbónica: un análisis cuantitativo
(1778-1809)", a ser publicado próximamente en la Rivista Storica Italiana..
2. "La evolución económica de la región poblana (1778-1809). Una visión a través de la fuente de l!lcabalas", en Anuario.segunda época, vol. 12, Facultad de
Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario (Argentina, en prensa).
3. Ver en este sentido, las reflexiones de E. Van Young, en "Doing Regional History: Methodological and Theoretical Considerations", mimeo, 1985.
4. Véase el estudio preliminar a nuestro libro Las alcabalas novohispanas (17761821), Archivo General de la Nación, México (en prensa).

5. Es decir, el principio general es el de la correspondencia entre los límites de la
Intendencia y los de las Administraciones Foráneas, pero hay algunos casos que
no concuerdan totalmente con esta norma general. Las doce Administraciones
Foráneas fueron: Durango, Guadalajara, Guanajuato, México, Oaxaca, Puebla,
San Luis Potosí, Sonora, Valladolid, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. Las alcabalas del casco de la ciudad de México y sus receptorías subalternas dependían de
la aduana capitalina.
6. Ver las alcabalas• .., citado.
7. Para más detalles sobre este aspecto de la política fiscal borbónica, véase nuestro
trabajo: "Estado borbónico y presión fiscal en la Nueva España, 1750-1821",
presentado en el VIl Congreso de AHILA, Florencia, 1985.
8. La grana, una de las producciones mercantiles más importantes de Oaxaca no paga alcabala, pero sí lo hacen todas las mercancías que se siguen repartiendo entre
las comunidades para el laboreo de la grana. .. De todos modos, es obvio que
este hecho da como resultado una subrepresentación de Oaxaca, pues según las
cifras que apoota ..Biian Hamnett el valor de la grana registrada en la capital de

37

la Intendencia durante los años del período 1778-1807 sería de alrededor de 35
millones de pesos; ello elevaría considerablemente el monto global de la Administración Foránea de Oaxaca. Ver: Hamnett, B .. Politics and trade in southern
México, 1750-1821, Cambridge University Press, 1971, p. 171.
9. Respecto a Yucatán, hay que señalar que no hemos hallado, pese a repetidos
intentos, datos sobre las alcabalas de Mérida y es muy probable que la villa yucateca y gran parte de la península tuvieran un status especial en este ramo; la
única receptoría que se incluye en la Administración Foránea de Alcabalas de
Yucatán es la de Tabasco. Los autores, que han usado la documentación de alcabalas del año 1792, tampoco han podido hallar datos para Mérida. Ver Moreno Toscano, A., "Economía regional y urbanización: tres ejemplos de relación
entre ciudades y regiones en Nueva España a finales del siglo XVIII", en AAVV,
Ensayos sobre el desarrollo urbano de México, SEP/Setentas, México, 1974,
pp. 95-130 e Izard, M., "Metropolitanos, criollos y reformistas. La Nueva España de Revillagigedo (1789-1794)", Boletín americanista, Universidad de Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, año (XXII), 30, 1980, pp. 180-222. Esto
hace que la posición de Yucatán aparezca como muchísimo más subalterna respecto al total de la Nueva España de lo que debió ser en realidad por la sencrna
razón de que Tabasco -única región efectivamente representada por los datos
que se esconden detrás del nombre de la Administración Foránea yucatecaposee a fines del siglo XVIII sólo el 10 °/o del total de la población de la península. Ver: Cook, S. F., y Borah, W., "La población de Yucatán, 1517-1960",
en Ensayos sobre historia de la población: México y el Caribe, Siglo XXI, México, 1978, tomo II y "Descripción de la provincia de Tabasco, pedida por el
excmo. virrey de este reyno, conde de Revilla Gigedo y formada por su actual
gobernador don Miguel Castro y Araoz" (1794), en Florescano, E. y Gil Sánchez, L, De.scripciones económicas regionales de la Nueva España.. Provincias del
centro sud11$te y sur, I 766-1827, INAH, México, 1976, pp. 276-283.
10. Según los datos de Fernando Navarro y N oriega, el Norte contaba con 770 550
habitantes, es decir sólo el 14.2°/o del total de la población vivía en esta región.
Ver los datos en Navarro y Noriega, F., "Memoria sobre la población del Reino
de la Nueva España", en Catálogo de los curatos y misiones de la Nueva España,
seguido de la memoria. .•, México, Instituto de Investigaciones HistóricasJurídicas, 1943, citado por Victoria Lerner "Consideraciones sobre la población de la Nueva España, 1793-1810. Según Humboldt y Navarro Noriega",
Historia Mexicana, 17 (3), enero-marzo de 1968, pp. 327-348.
11. Los reales de minas de Catorce, en San Luis Potosí y de Guarisarney, en Chihuahua, tuvieron durante una época exención total de la alcabala; en Nuevo Santander, también de la administración foránea potosina y en el Nuevo Reyno de
León y en Chihuahua, hay importantes exenciones parciales referidas a toda la
producción local agraria, artesanal y manufacturera. Para más detalles. véase
nuestro trabajo "Estado borbónico y presión fiscal .. ", cit Y los comentarios
que hacemos en la sección referida a Sonora y Durango en este mismo artículo.
12. Nos referimos a las receptorías de tierra caliente de Apatzingán, Ario Y Huetamo
cuyos territorios se extendían por una vasta depresión en forma de media luna
encerrada entre montañas. Si hacemos el cálculo de crecimiento de los montos
globales de estas tres receptorías entre 1786-1793 y 1802-1809 (donde la incidencia de los cambios administrativos de que hablaremos en la nota siguiente
tuvo mucho menos peso), comprobamos altos porcentajes de crecimiento:
Ario 124º/o; Apatzingán 84°/o y Huetamo 67°/o.

�38

SigloXIX

Garavagló-Gro$$O: Análisis regional de la Nueva España borbónica

13. Las tres receptorías más importantes de la Administración Foránea de Valladolid son las siguientes:
Participación relativa de las tres receptorías principales: 1778-1809
1778/85

1802/09

Valladolid
Zamora
Pátzcuaro

35.60°/o
32.86°/o
16.65°,b

33.71°,b
15.27°/o
14.07°/o

resto

14.89°/o

36.95º/o

Como se puede apreciar, hay un incremento del papel de las receptorías menores, Y la caída de Zamora parece enonne, pero una parte no despreciable de esa
ca1da se debe a los desprendimientos administrativos que sufre la receptoría
cuando en 1784/1785 se separan algunos territorios hasta ese entonces sometidos a Zamora como Apatzingán, Ario y Huetamo; en 1796 se incorporaron a éstas tres otras 12 subreceptorías, también segregadas de Zamora. En 1795 lar~
caudación de Zamora fue de 44 719 pesos y en 1796 se redujo a 26 645 pesos
(AGNM-Indif. RH, Resúmenes Anuales, año 1796 y Libro Real de Alcabalas de
Zamora). Pero, hay que señalar que al hecho administrativo se habrían sumado
otros de diversa índole. Luis González subraya la crisis de la ganadería mayor
zamorana en esos años (González y G., L., Zamora, Monografías Municipales
del Estado de Michoacán, Gobierno del Estado de Michoacán, 1978, p. 63) y si
bien la producción agraria, según el indicador decimal gozaba de un momento
excepcional precisamente en la década del noventa, ello no incluía a la caña
de azúcar que se estaba desplazando hacia tierra caliente (González, L., op. cit.
Y Morin, C., Michoacán en la Nueva E$paña del Siglo XVDL Crecúniento y de$igualdad en una economía colonial, FCE, México, 1979, pp. 120-121).
14. Claude Morin en su excelente lfüro Michoacán en la Nueva España. •• , transcribe una serie sobre el "rendimiento de las alcabalas de Michoacán" que tiene un
serio error: mientras que para los primeros años de la serie maneja cifras correspondientes a la cabecera de la Intendencia, para los últimos años los datos ser~
fieren a toda la administración foránea. .. y entonces el autor af"rrma que " ... el
valor de los intercambios de Michoacán se triplica entre 1794 y 1809... "(ver
op. cit., pp. 150-151). Como hemos dicho en repetidas ocasiones, la utilidad de
esta fuente es enorme, pero debe usarse con un máximo de cuidado pues la casuística es realmente interminable.
15. No se puede dudar que Valladolid tuvo un desempeño particularmente destacable hasta fines del período que estamos analizando. La prueba más evidente de
ello son sus diezmos, comparados con los de los restantes obispados. El obispado
de Michoacán y el de Durango fueron los obispados que más crecieron entre
1771 Y 1810. En el caso de Durango, incluso,elcrecimientodebióhabersido mayor, pues desde los años ochenta se Je restan las cabeceras decimales que formarían el obispado de Sonora. También hay crecimiento sostenido en Puebla
(aquí habría que '·culpar" por ello a las cabeceras decimales veracruzanas, como
veremos mas adelante) y en Oaxaca. México y Guadalajara, después de un p~
ríodo de gran crecimiento entre 1771/76 y 1784/89 se estancan en los años
1806/10. Por supuesto que un tipo de indicador corno este debe ser usado con
muchísimo cuidado por las casi infinitas variantes regionales y locales que enci1&gt;
rran cada uno de los territorios cubiertos por los diversos obispados. De todos

39

modos creemos que la impresión sobre el crecimiento de Valladolid sigue siendo
válida. El cuadro 10 del apéndice nos da los datos sobre los promedios anuales
de los diezmos de los seis obispados más importantes de Nueva España para tres
períodos plurianuales entre 1771 y 1810.
16. Klein, H. S. "La economía de la Nueva España, 1680-1809: un análisis a partir
de las Cajas Reales", Historia Mexicana (en prensa),
17. El Real de Catorce está esperando un trabajo que Je haga justicia; algunas referencias en Brading. D. A., Mineros y comerciantes en el México Borbónico
(1763-1810), FCE,México, 1975, pp. 265-268.
18. Dice Fernández de Echeverría, hablando de las ferias de Xalapa instituidas desde
los años veinte del siglo XVID: " ... aq~i (en Puebla) se hacia la provision que
hay el día de hoy en los territorios de Orizaba,_ Jalapa y otros mas inmediatos
a la costa... ". Ver: Historia de la Fundación de la ciudad de Puebla de los Angeles, Ediciones Altiplano, Puebla, 1962, I, p. 297.
19. El libro de A. Medina Rubio La Iglesia y la producción agrícola en Puebla, 15401795, El Colegio de México, 1983, es bastante confiable en los datos para los
siglos XVI y XVII, pero lamentablemente su serie para los años 1749-1795,
en pp. 164-170, posee muchos problemas (estos son particularmente notables en
las series de Atlixco y Cercanías de Puebla que son casi inservibles en el estado
que el autor las presenta). De todos modos, en términos generales y pese a que
Medina Rubio no discrimina en su serie entre Córdoba/Orizaba y el resto de los
predios decimales veracruzanos, sus datos confirman los nuestros, pues del quinquenio 1769/1773 Córdoba pasa del 10.5°/o del total poblano al 40.4°/o en
1779/1783 y alcanza el 25°/o en 1789/1793.
20. Las cifras de 1775 y 1783 en AGI-México 2576 y la que corresponde al año
1790 en AGNM-RH, Diezmos 20.
21. En efecto, en 1775, los primeros tres predios decimales eran Tepeaca con
53 178 pesos, Orizaba-Córdoba con 35 715 y Cholula con 35 565. En 1785
Orizaba ya ha pasado al primer lugar con una suma de 48 861 pesos, Tepeaca
cuenta con 48 280 y Tuxcala es el tercero con 38 756. En 1790 Orizaba tiene
84 771 pesos, Tepeaca 54 145 y Tlaxcala 42 630 (la serie de Cholula está incompleta, pues Je falta para este año nada menos que el rubro de los trigos).
22. Sobre el problema del incremento de los precios a fines del XVIII, véase Garner,
R., "Price Trends in Eighteenth-Century México", Hispanic American Historical
Review, 65 (2), 1985, pp. 279-325. Este autor confirma en líneas generales lo
que ya sabíamos acerca de este problema del incremento de los precios en esta
época gracias al estudio clásico de Enrique Florescano, Precios del maíz y crisis
agrícola$ en México {1708-1810), El Colegio de México, pp. 180-181 y el más
reciente de Eric Van Young Hacienda and market in eighteenth- century Mexico.
The rural economy of the Guadalajara región, 1675-1820, University ofCalifornia Press, Berkeley-Los Angeles, 1981, pp. 81-82.
23. Deans, S., "The Money Plant. The Royal Tobacco Monopoly of New Spain,
1765-1821", mimeo, 1982.

�40

Siglo XIX

Caravaglia-Crouo: Análisis regional de la Nueva Espaíía borbónica

24. Moreno Toscano, A., "Economía regional... ", cit.

1776-1780

ºto

25. Klein, H. S., "La economía de la Nueva España. .. ", cit

26. Chávez Orozco, L. y Aorescano, E., Agricultura e industria textil de Veracruz,
Universidad Veracruzana, Xalapa, 1965, p. 49.
17. Cuadro de la situación económica novohispana en 1788, Recopilación Y adver-

tencia de L. Chávez Orozco, Publicaciones de la Secretaría de la Economía
Nacional, México, 1934, p. 61 y ss.
28. Humboldt, A. de, Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España, Porrúa,
México, 1980, p. 284.

'•

19. Moreno Praginals, M., El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar,
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, I, pp. 39-62.
30. Humboldt, A. de, Ensayo político.•. , pp. 177,285 y 472480.
31. Chávez Orozc-0, L., y F1orescano, E., Agricultura••. , cit. p. 49.
32. Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones.• • provincias del centro.. • , cit.,
pp. 76-83.
33.- Archer, Ch., El ejército en el México Borbónico, 1760-1810, FCE, México,
1983; ver en especial, el capítulo V, pp. 141-176.
34. Chávez Orozco, L., y Florescano, E., Agricultura. . ., cit. p. 57.
35. Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones. • . provincias del centro. .•, cit.,
p. 83.
36. Los comerciantes de Sinaloa y Sonora habían logrado exitosamente oponerse a
la actitud de los arrendatarios de las alcabalas de Guadalajara que en diversas
oportunidades habían pretendido gravar los cargamentos que se dirigían a esas
provincias. Cuando en 1780 T. de Croix se hizo cargo de la Comandancia de las
Provincias Internas se puso en marcha una nueva política de impulso hacendístico tendiente a lograr de Sonora y de la Nueva Vizcaya los recursos suficientes
con que sostener las milicias provinciales. De acuerdo a esta política, Croix ordenó el cobro de las alcabalas adeudadas desde el 15 de agosto de 1777 y de allí
en más se hizo efectivo su cobro regular; en la zona meridional de Sinaloa, donde su cobro ya había sido introducido, elJ,orcentaje sería del 6°to; en los lugares
donde se la exigía por primera vez, el 4 /o y en aouellos territorios que aún padecían hostilidades el 2°/o. Sólo quedan exentos del pago de las alcabalas los
presidios y los lugares situados en un radio de diez leguas alrededor de estos. Cf.
Navarro García, L., Don José de Cálvez y la comandancia general de las provincias internas del norte de la Nueva España, Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1964, pp. 127-128 y 363-364.

Alamos (Sonora)
Arispe (Sonora)
Chihuahua (Durango)
Cienaguilla (Sonora)
Coahuila (SL PotosO
Cosalá (Sonora)
Culiacán (Sonora)
Horcasitas (Sonora)
Mazapil (Zacatecas)
Monterrey (SL PotosO
Saltillo (SL PotosO
San Antonio H. (Sonora)
Santander (SL PotosO
Sinaloa (Sonora)

41

1781-1790

1791-1809

ºto

ºto

4
2
2
2
2
4
4
4
4
2
2
4

4

4
4

5.33
4

4
2
2.33
2
2
4
4
4

5
2.33
2

4
2
2
2
2

4
4
4
4
2
2
4
2.66
4

Para más detalles sobre este aspecto de la política fiscal borbónica, véase nuestro
trabajo: "Estado borbónico y presión fiscal .. ", cit.
38.- Navarro García, l., Don José de Gálvez• .. , cit., pp. 205-212. Florescano, E.,
"Colonización, ocupación del suelo y 'frontera' en el norte de la Nueva España, 1521-1750", en Tierras nuevas, México, El Colegio de México, 1973, pp.
48-51; Voss, S. F., On the periphery of nineteenth century México. Sonora
and Sina/oa 1810-1877, The University of Arizona Press, Tucson, Arizona,
1982, pp. 19-20.
39. Radding de Murrieta, C., "The function of the market in changing economic
structures in the mission communities of Pimería Alta, 1768-1821 ., The Ame•
ricas, vol XXXIV (2), 1977, pp. 161-169; Voss, S. F., On the periphery. .. ,
cit., pp. 20-22; Navarro García, L., Don José de Gálvez.• •, cit., pp. 406-407.
40. Navarro García, L., Don José de Cá/vez. .. , cit, p. 417; Voss, S. F., On the
periphery. •. , cit., pp. 28-29; Humboldt, A. de, "Tablas geográficas del reino
de Nueva España. .. ", en Florescano, E. y Gil, l., Descripciones económicas ge•
nerales de la Nueva España, 1784-1817, INAH, México, 1973, p. 156.
41. Navarro García, L., Las provincias internas en el Siglo XIX, Escuela de Estudios
Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1965, p. 6 y Voss, S. F., 0n the periphe•
ry. .., cit., p. 28.
42. Navarro García, L., Don José Gálvez.. •, cit., pp. 153-157 ; Voss, S. F., On the
periphery. •• , cit., p. 23 y Brading. D. A., Mineros y Comerciantes. •• cit., pp.
197-198.
43. Navarro García, L., Las provincia&amp; .., cit, pp. 4--9; Voss, S. F., On the periphe•
ry• ••• cit., pp. 23-29 y Brading, D. A., MinPJos y comerciantes. •., cit., p ..268;
Stagg, A., The Almadas and A/amos, 1783-1867, Tucson, 1978.
44. Navarro García, L., Las provincias. .. , cit., p. 11.

37 .- Las siguientes receptorías (entre paréntesis la Administración Foránea correspondiente) gozaron de porcentajes diferenciales:

45. Florescano E., "Colonización..., cit., pp. 55-56 y 67-72; Nakayama, A., Culia•
cán, Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, 1981, p. 24; Navarro García,

�42

SwloXIX

L., Las provincias• .., cit., pp. 10-11; el documento "Resultado general de las
noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", publicado en
Florescano, E. y Gil Sánchez, I., Descripcionu económicM regionales de la Nueva España. Provincias del Norte, 1790-1814, INAH, México, 1976, p. 146 Y
Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-lndif. RH.
46. "Resultado general de las noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz...", en Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones económicas regionales. .. provincias del norte... , cit., pp. 145-146.

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva Espaiia borbónica

43

ticipación de productos importados relevante). De este modo, los datos del
cuadro expresan, como decimos en el texto, un 85.6º/o del total recaudado en
ese año y es por ello que, pese a las falencias de la fuente, afinnam os que estas
cifras son muy representativas; ver Resumen de Alcabalas, en AGNM-Indif.
RH. Por supuesto que todas estas cifras no toman en cuenta a los datos del casco de la capital y sus receptorías subalternas; a partir de los datos promedios de
los ~os 1791 y 1792 para la ciudad de México, podríamos calcular en un
35.5 1/o el porcentaje total de los efectos importados tomando en cuenta a las
alcabalas de la capital

47. Viveros, G., "Introducción" a J. Rafael GaJlardo Informe sobre Sinaloa y Sonora. Año de 1750, México, Archivo General de la Nación-Archivo Histórico de
Hacienda, 1975, pp. XX-XXVill; Navarro García, L., Las provincias. .., cit.,
p. 6 y Don /osé de Gálvez. .•, cit., pp. 112/129; Nakayama, A., Culíacán, cit.,
pp. 4-10 y del mismo autor Documentos para la historia de El Ro80Tio, Culiacán, Editorial Sinaloa, s/f, p. 8.

APF;NDICES

48. Viveros, G., "Introduoción", cit., p. XXVI.
49. Vidargas del Moral, J. D., "Un caso de contrabando en Sonora y su repercusión
en los Consulados de comercio deNueva España", en VII Simposio de Historia
de Sonora, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad de Sonora, Hermosillo, 1982, pp. 147-163. En su infonne, ya citado, "Resultado general de las
noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", Alejo Gaxcía
Conde anotó: "Contrabandos... En estos últimos años pueden haber sido considerables, porque los puertos están despoblados, abiertos y sin defensa, no hay
guardacosta y los ingleses y angloamericanos se han presentado varias veces en
ellos, siendo imposfüle el remediar que abran comercio clandestino con los habitantes de estas provincias no obstante que sobre el particular se han tomado muchas providencias y se ha contenido el exceso en lo posible, pero aquellos extranjeros como no ven la oposición de un sólo canon entran y salen con desverguenza", op. cit., p. 146.
50. Navarro García, L., Las provincias.. •, cit., p. 12.
51. Klein, H. S., "La economía de la Nueva España. .. ", cit.
52. Consultar, entre otros estudios y fuentes: Hadley, P. L.. Minerfa y Sociedad
en el centro minero de Santa Eulalia, Chihuahua (1709-1750), FCE, México,
1979; Alatriste, O., Desarrollo de la Industria Minera de Hidalgo del Parral durante la segunda mitad del #glo XVOI (1765-1810), UNAM, México, 1983.
Cano fuentes, véanse: el informe de los administradores de alcabalas de las
receptorías de Durango y Chihuahua de 1788, en AGNM-Alcabalas, volumen
617; "Lista o noticia de las jurisdicciones o partidos de la compresión de la
provincia de Nueva Vizcaya. .. ", de Bernardo Bonavía (1803), Florescano,
E. y Gil Sánchez. l., Descripciones económicas regionales. .. provincias del
norte•.., cit., pp. 85-96; Humboldt, A. de, Eruayo político. .., cit., pp. 186190 y Ward, G. H.,México en 1827, FCE, México, 1981, pp. 624-643.
53. Hay que aclarar el procedimiento utilizado. Tenemos datos para 81 receptorías
sobre un total de 94 existentes en toda la Nueva España ese año. La recaudación
de estas 81 receptorías representan un 90.3°/o del total novohispano, pero, hemos preferido restar las cifras de las receptorías donde los rubros de viento e
igualas son dominantes (aquí las igualas pueden esconder un porcentaje de par-

CUADRO I

MONTOS GLOBALES PARA LAS 12 ADMINISTRACIONES
FORANEAS: 1778-1809

Guadalajara
Puebla
México
Guanajuato
SL Potosí
Veracruz
Valladolid
Durango
Zacatecas
Oaxaca
Sonora
Yucatán

1778-1785

1786-1793

1794-1801

1802-1809

37 501 958
41102 820
35 247 712
31 266 741
19 125 960
16 692 612
16 628 425
14 388 987
16 312 834
16 429 008
1772062
2 610 287

38 722 350
35 858 733
31398208
26 555 308
20 215 005
15 196 241
19 261 808
16 634 002
12 890 012
13 709 542
5 278 779
1702217

40 887 249
45 169 415
40 641 165
30 179 499
26 422 487
22 180 782
22 600 232
22 872 256
18 497 066
17 086 749
8 614 533
1 868 705

53 824 764
43 509 132
41358432
33 494 399
32 556 924
26 060 016
23 682 432
21 120 700
18 045 408
16 807 249
10867250
1 324 383

Fuentes: Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-Indif.

�:t

CUADRO 2

(,:)

di:i'

o

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
VERACRUZ 1778-1809

Acayucán
Antigua*
Córdoba
Cosamaloapan
Orizaba
Tampico
Tuxtla
Xalapa
Totales

1778/1785

1786/1793

825 590

571 432

5 065 726
864 015
5 841 798
844 405
347 750
2 903 339
16 692 612

1794/1801

1802/1809

~

1778/1809

4435576
782 680
6 564 482
823 897
444 893
1 573 293

735 267
98 883
7 220 418
1430033
8 169 818
916 450
555 900
3 054 017

948 268
122 367
6 394 450
1 223 133
11 283 800
891 432
549 650
4 646 919

3 080 557
221 250
23 116 170
4 299 861
31 859 898
3 476 184
1 898 193
12 177 565

15 196 241

22 180 782

26 060 016

80 129 678

*Se abre como receptoría en 1 794.
Fuentes: Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-lndif. RH

CUADRO 3

•

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
SONORA: 1778-1809
1778-1785
Alamos (1)
Arizpe (2)
Cienaguilla (3)
Cosalá (4)
Culiacán (5)
Rosario
SA Huerta (6)
SM Horcasitas (7)
Sinaloa (8)

822 550
57 400

892 112

~

{ª
is·

1786/1793

1794/1801

1 734 750
835 000

1 723 475
1334400

176 625
424 150
1441105
513 224
153 925

1 030 125
1 046 800
2 457 133
573 850
59 975
388 775

2 188 825
1 410 400
878 200
718 775
1 075 700
2 731 200
942 800
605 625
315 725

5 278 779

8 614 533

10 867 250

1802/1809

1778/1809
6 469 600
3 637 200
878 200
1 925 525
2 546 650
7 521 550
2 029 874
665 600
858 425

r
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s-

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E

C&gt;'J

Totales
1)
2)
3)
4)

1 772 062

Se abre como receptoría en 1781
ldem en 1785
idem en 1804
ídem en 1792

5)
6)
7)
8)

Idem en 1791
idem en 1789
idem en 1801
ídem en 1790

26 532 625

~
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e,

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8:
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Fuentes: AGNM~ Indif. RH

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�f

~

CUADRO 4

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
VALLADOLID: 1778-1809
1778/1785

1802/1809

418 480
933 750
286 947
1 690 654
2 474 223
881 210
6 319 557
657 709
5 599 278

632 933
1 771 365
475 183
2 906 683
3 365 184
755 034
7 157 833
1 138 300
4 397 716

772 252
2 093 999
480 416
3 197 017
3 333 265
911 000
7 985 500
1290517
3 618 466

1 868 928
4 922 489
1 301 058
9 074 487
11 941 859
3 350 252
27 383 403
3 250 126
19 080 294

16 628 425

19 261 808

22 600 232

23 682 432

82 172 898

1)
2)
3)
4)

~

1778/1809

Apatzingan (1) ,
45 263
Ario (2)
123 375
Huetamo (3)
58 512
1280133
Marav/Zitac (4)
Pátzcuaro
2 769 187
Tlalpujahua
803 008
Valladolid
5 920 513
Xiquilpan (5)
163 600
5 464 834
Zamora
Totales

•

1794/1801

1786/1793

en
~-s-

siderando a la dupla Maravatío/Zitácuaro como

Se abre como receptoría en 1785
ídem en 1785
idem en 1784
Maravatío se desprende en 1806 y se constituye en
receptoría independiente, pese a lo cual seguimos con-

una s6la receptoría.
5) Se abre como receptoría en 1784

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

CUADRO 5

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
DURANGO: 1778-1809

f

&lt;!!..
is·

~

~

::i,..

is,

Chihuahua
Durango
Totales

~

1778/1785

1786/1793

1794/1801

1802/1809

1778/1809

!.;•

10 653 357
3 735 630

12 715 698
3 918 304

14 849 650
8 022 600

15 894 600
5 226 100

54 113 305
20 902 634

i-a

14 388 987

16 634 002

22 872 250

21 120 700

.,

~

s-75 015 939

~

2

r

~·

~
8:
::,

g·

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

'.!:i

�48

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nu eva España borbónica

Siglo XIX

CUADRO 6

CUADRO 7

ALCABALAS DE LA RECEPTORJA DE CHIHUAHUA
1806/1809

NUEVA ESPARA: COMPOSICION DE LAS ALCABALAS
DE LAS 12 ADMINISTRACIONES.l 796

monto recaudado en ps.

...

Cabecera*
Parral*
Valle de San Bartolomé
Yndé del Oro*
Santiago Papasquiaro
Cuencamé*
Batopilas*
San Juan del Rt'o
Cosiguriachi*
Ciénaga de los Olivos
Santa Eulalia*
Basuchil
Valle de Carretas
Babonoyava
Santa Isabel
Cajurichi

56 339
24 467
17 059
14 777
14 275
13 978
9 903
9 182
7 167
2 318
658
317
310
63
36
28

porcentajes
33
14.3
10
8.6
8.4
8.2
5.8
5.4
4.2
1.3
0.4

castilla
º/o

china
º/o

tierra
º/o

viento
º/o

igualas
º/o

Guadalajara
Puebla
México
Guanajuato
SL Potosí
Veracruz
Valladolid
Durango
Zacatecas
Oaxaca
Sonora
Yucatán

32.32
29.72
15.09
26.28
22.99
16.58
21.86
44.51
27.87
35.73
s/d
34.08

1.93
0.47
1.35
2.06
2.15
0.16
0.58
1.56
8.67
0.39
s/d
0.00

24.62
17.27
29.54
30.88
22.83
67.46
14.35
34.41
25. 71
49.77
s/d
59.76

28.55
41.56
31.69
32.72
48.04
15.00
37.25
13.97
29.33
10.11
s/d
3.66

12.55
10.94
21. 75
8.03
3.74
0.80
25.93
5.52
8.39
3.97
s/d
2.46

Totales

26.74

1.95

30.22

30.59

10.40

Fuentes: Resúmen de Alcabalas, año 1 796, en AGNM-Indif. RH
,;

1

Total

170 877

*reales de minas

127 289

Fuentes: AGNM- Indif. RH

100

74.5

49

�50

...

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

SigloXIX

51

CUADRO 8

CUADRO 9

NUEVA ESPAAA: PARTICIPACION PORCENTUAL DE LOS
EFECTOS IMPORTADOS POR RECEPTORIAS 1796

DIEZMOS DE LAS CABECERAS DECIMALES CORRESPONDIENTES
A LAS JURISDICCIONES ALCABALATORJ.AS DE LA
ADMINISTRACION FORANEA DE DURANGO: 1760-1812
(PROMEDIOS ANUALES EN PESOS)

Sierra de Pinos (Zacatecas)
Durango (Durango)
Saltillo (SL Potos11
Tehuacán (Puebla)
Tepic (Guadalajara)
Monterrey (SL Potosi)
Tuxtla (Veracruz)
Zacatecas (Zacatecas)
Coahuila (SL Potosí)
Oaxaca (Oaxaca)

Fuentes: AGNM-Indif. RH

67.79
57.40
56.94
47.87
47.17
39.39
39.24
39.10
38.54
38.51

1774/1781

1796/1800

1806/1812

CHIHUAHUA
San Bartolomé
10 200
7 713
Chihuahua
Yndé del Oro
4 992
3 743
Cuencamé
San juan del Río
1 660
Santiago Papasquiaro
798
Batopilas

8 121
2 305
10 461
5 570
1 978
1 560

15 848
7 600
15 885
9 630
5 700
3 070
277

19 666
14123
22 756
16 241
7 811
3 808
313

Totales

29 106

29 995

58 010

84 718

10 158
7 815

7 961
10 853

15 383
14 641
125

27 289
22 756
198
1 680

18 033

18 814

30 149

51 923

1760/1764

DURANGO
Durango
Villa Nombre Dios
Gurisamey
Mezquital
Totales

Nota bene: hemos reagrupado a las cabeceras decimales de acuerdo a los
diversos suelos alcabalatorios de las dos receptorías duranguenses y es obvio
que éstas no son todas las cabeceras del obispado.

Fuentes: AGI-Guadalajara 549.

�52

SigloXIX

El Gran Norte Oriental y la Formación
del Mercado Nacional en México a finales
del Siglo XIX

CUADRO 10

NUEVA ESPA~A: PROMEDIOS ANUALES EN PESOS DE LOS
DlEZMOS DE LOS SEIS OBISPADOS MAS IMPORTANTES (1771-1810)

México
Puebla
Valladolid
Guadalajara
Durango
Oaxaca

1771/76

1784/89

1806/10

346 297
287 317
269 600
171 833
93 514
70 236

731 583
354 298
319 300
270 238
105 986
84 315

582 601
432 391
485 037
192 142
175 214
102517

Fuentes: Los datos de 1771/76 y 1784/89 fueron publicados por Enrique
Florescano en Origen y desarrollo de los problemas agrarios de México.
1500-1821, Era, México, 1981, p. 69; los de los años 1806/10 los hemos
tomado de la Memoria sobre el estado de la agricultura e industria de la
Repú,blica, que la Dirección General de estos ramos presenta al Gobierno
Supremo en cumplimiento del artículo 26 del Decreto Orgánico de 2 de
diciembre de 1842, México, Imprenta de J. M. Lara, 1843.

Mario Cerutti*

l.- Las últimas décadas del siglo X1X y los años inmediatamente anteriores a la Revolución ofrecieron en México -de manera paralela a su integración a una economía munilial hegemonizada por los países de gran avance
industrial- un triple y simultáneo fenómeno: a) la articulación y expansión de un mercado de características tendencialmente nacionales; b) el
rápido crecimiento de amplios núcleos burgueses que, con su inserción y
dominio ascendentes en el manejo de la producción, se estructuraban como una clase social diferenciada; c) la consolidación del estado nacional.
En este apretado trabajo se brindará una referencia sobre el primer
punto, con explícita mención al impacto que tuvo en el desenvolvimiento
del mercado nacional -y, a la vez, en la de grupos burguese&amp;- lo que hemos convenido en denominar el sistema del norte. Se conformaba, este
último, con un vasto territorio escasamente poblado que abarcaba siete
estados ubicados en el norte central y en el nort!' oriental: un extf'nso
ámbito económico regional que incluía porciones considerables de San
Luis Potosí, Zacatecas, Durango y Chihuahua, además de los estados de
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
La atalaya que nos permitió visualizar el funcionamiento de este espacio económico -más allá de barreras geográficas o de límites jurisdiccionale&amp;- y separarlo en el análisis del resto del país, fue el comportamiento y actividades de los segmentos burgueses que operaban desde
Monterrey. Una ciudad que lenta pero firmemente comenzó a convertirse -desde los años en que el cambio de la línea fronteriza y las políticas
de Santiago Vidaurri le otorgaron un status diferente- en uno de los centros fundamentales (si no al principal) de est!' ámbito regional. Asumiría

"'Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México).
Una versión previa de este trabajo fue publicada en Deslinde, 7, Universidad Autónoma de Nuevo León, enero-abril de 1984.

�54

Siglo XIX

entonces un papel que quedaría visiblemente ratificado desde 1890, al
arrancar su proceso de industrialización y al perfilarse como un nudo de
comunicaciones ferroviarias de la mayor importancia, tanto en el marco
del sistema del norte como a nivel nacional. 1

...

La perspectiva alcanzada, fincada en buena medida en lo que contienen documentos revisados en archivos locales, muestra que en este ancho
~pacio norteño se entretejió un movimiento económico global que emergio como uno de los fragmentos vertebrales del mercado nacional. Casi
nos atreveríamos a afirmar que el mercado interno que a finales de siglo
se encuentra en estructuración -aunque con limitaciones- no podría haber asumido características nítidas sin la concurrencia, vigorosa y múltiple, del sistema del norte. Su significación en el nacimiento y desarrollo
del capitalismo en México, empero, no parece haber sido evaluada aún con
toda precisión.
2.- Es menester aclarar desde ya que la noción de mercado que aquí instrumentamos no se restringe a señalar el consumo de la población que ingresa en los circuitos monetizados (visión que ha sido frecuente en estudios latinoamericanos hasta años recientes).
Atañe no sólo a que más mercancías recorran con mayor velocidad
espacios más extensos con la creciente intensificación de los intercambios. También supone la aparición de flujos masivos de fuerza de trabajo,
que en el período analizado se robustecieron con la quiebra parcial de los
mecanismos de rete.nción que los nuevos asalariados soportaban en las
zonas rurales y con el tendido de los ferrocarriles. Simultáneamente, y
esto fue muy perceptible desde la Reforma, tiende a incluir la mercantilización de la tierra: ya fuere la que se encontraba amortizada (en manos de
la iglesia, de comunidades indígenas o de municipios), o que era baldía o
bajo el control formal del Estado. Habrá que sumar, a lo mencionado, una
más compleja bifurcación de los capitales acumulados durante los tumultuosos años que precedieron a la afirmación de Porfirio Díaz en el poder:
su circulación, es decir la construcción pausada pero concreta de un mercado de capitales, fue dinamizada en primer lugar por casas mercantiles y
-hacia fines de siglo y sin que lo anterior quedase suprimido- se tomaria más efectiva por el establecimiento de una red bancaria que, al menos
en términos regionales, logró funcionar.
El fortalecimiento del poder central y su legislación modernizante,
así como la generosa red ferroviaria y de comunicaciones (telégrafos,
correos, teléfonos), implementados al terminar el siglo jugaron un rol
decisivo en la articulación del mercado nacional. Coadyuvaban a la VP.Z a

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

55

posibilitar cierta unificación relativa de los precios, aspecto que marchaba
a la par del crecimiento de la producción en gran escala y a su rápida diseminación más allá de límites comarcales, zonales e incluso regionales.
Y si, siguiendo esta línea, nos detenemos en la circulación estricta de
productos convertidos en mercancías, notamos que el mercado tendencialmente nacional que se va configurando desde mediados de la centuria se
fue ampliando horizontalmente por el aumento de la población integrada
a una economía en la que se aceleraban los intercambios. Se multiplicaron
los consumos de carácter masivo y no directamente productivo: vestidos,
alimentación y bebidas, artículos para higiene, elementos dedicados a la
construcción de viviendas, entre otros. Era un fenómeno que se percibía
con claridad en las áreas urbanas y en regiones o comarcas que tendían a
especializarse en producciones mercantiles, las que denotaban una firme
expansión demográfica alimentada principalmente por el arribo de trabajadores procedentes de otros puntos del país.
Pero es imprescindible recalcar que se incrementó, con mucho vigor,
otro tipo de consumo, cuya importancia era central en la confonnación y
-sobre todo- expansión del mercado interior: se trataba de un consumo
en profundidad, gestado por los innumerables abastecimientos que requería el propio proceso productivo, ya fuere -éste- capitalista o no totalmente capitalista. El intercambio, las compras y ventas entre productores,
entre empresas, la circulación de bienes destinados a ser insumidos en la
producción enriquecía notoriamenle el tráfico mercantil: hecho ligado, es
obvio, a la especialización y división social del trabajo, tanto entre unidades productivas como en el caso de comarcas o regiones. El algodón de La
Laguna, el carbón que se extraía en Coabuila, los metales -especialmente
hierro y acero- que lanzaban las grandes fundiciones asentadas en Monterrey (para citar casos insertos en el sistema del norte) son algunos ejemplos
del estímulo que el mercado receptaba por el intercambio ascendente entre
2
productores, entre empresas.
3.- La expansión de un mercado de dimensiones que apuntaba a lo nacional durante la segunda fracción del siglo XIX debe vincularse, inevitablemente, a procesos de acumulación originaria y de concentración de fortunas y bienes acaecidos en es~s tiempos, y que tuvieron como protagonistas
principales a los núcleos burgucs&lt;'.s en constitución.
De ambos movimientos surgirían con nítidez en los últimos veinte
años los mecanismos capitalistas de producción, o, en O&lt;) pocos casos, la
evidente sujeción al capital de importantes segmentos de la producción.
Un ejemplo contundente de la aparición acelerada del capitalismo como

�56

SigloXJ_X

sistema•productivo se dio en Monterrey, hacia 1890, tras varias décadas de
actividad burguesa destinada a la concentración de bienes y a la formación
de fortunas., Una muestra de las formidables transformaciones que arrastró
el dominio del capital sobre la producción, aun cuando las relaciones sociales no resultasen estrictamente capitalistas, fue Yucatán: territorio que,
desde la década de los setenta, se convirtió en una gigantesca plantación
henequenera.3
En términos de una geografía de los mercados, estas transformaciones
se vincularon a demandas gestadas en un doble contexto: por un lado, en
el espacio nacional, el que rigurosamente se definía por el funcionamiento
de ámbitos regionales de notorio dinamismo -como el sistema del norteunidos por el ferrocarril; por otro, en la economía mundial, en especial las
derivadas del desarrollo capitalistas de las naciones avanzadas. Y ucatán, sin
duda, creció estructuralmente conectado a mercados externos a México.
La zona lagunera, por su parte, fue u_n caso de desenvolvimiento exclusivamente orientado a demandas nacionales, provocadas por la industria textil.
Monterrey y sus plantas fabriles, a su vez, sería un ejemplo de crecimiento
ligado tanto al mercado interior como al internacional.

4.- El caso de Yucatán nos recuerda con contundencia cómo México -como la mayoría de los países latinoamericanoir se convirtió en un productor especializado de materias primas: respuesta a la división del trabajo que
desde el último tercio del siglo plantearon las economías de mayor desarrollo industrial.
Diversas zonas del territorio mexicano -y franjas del norte estuvieron
decididamente entre ellair iniciaron o incrementaron actividades de visible prosperidad para los grupos propietarios, en un movimiento que acompañó y pennitió la famosa estabilidad.porfiriana. De esta incorporación
regular y necesaria al mercado mundial, según diría Bujarin, devino la significación espectacular de la nueva minería (y su anexo inmediato, la metalurgia básica), del ya citado henequén, del café, del ixtle, de la expansión
en la cría de ganado y del aprovechamiento de sus pieles, así como la intensificación de la explotación maderera, la aparición de la producción
petrolífera y de ciertos frutos tropicales y semitropicalcs. Además, claro
está, de llevarse a escalas inusuales la antigua producción de minerales y
metales preciosos.
El cuadro del comercio exterior mexicano verifica el auge que se suscita a partir de los años 80. Sin olvidar la tendencia a la devaluación que
registraba la moneda nacional, no deja de ser impactante observar que los
valores en pesos de las exportaciones se duplican entre 1877 y 1888, se

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

57

vuelven a duplicar para 1897 y se aproximan a una nueva duplicación hacia 1906, en vísperas de una crisis que se sintió con vigor económica y socialmente (índice evidente, por lo tanto, de la significación acentuada que
las exportaciones mantenía en los ritmos internos).
Pero lo que interesa remarcar por ahora es que la especialización productiva que -por dicho auge exportador- tuvieron que asumir ciertos espacios de la geografía nacional, resultó decisiva en la configuración, integración y expansión del mercado interior.
Esas comarcas, zonas y regiones requerían para su propio y cotidiano
funcionamiento un conjunto de elementos: fuerza de trabajo, capitales,
tierras libremente abiertas a su utilización, un subsuelo sin trabas para su
apovechamiento rentable, insumos variados y masivos para nutrir los procesos productivos, ahasteómiento sistemático de las necesidades vitales de
sus trabajadores, una infraestructura de transportes y comunicaciones suficientemente densa.
Con ritmos de intensidad ascendente, una mercantilización en espiral
y demandas incrementadas, la especialización de esas áreas obligó a ,otras
especializaciones, las tornó rentables. Pero, ahora, vinculadas al propio
mercado interno. Y que llegaron, en no pocos casos, a provocar sensibles
transformaciones tanto en las relaciones sociales como en la organización
del trabajo y en los instrumentos y medios de producción. La elaboración
del azúcar en Morelos, las alteraciones y fortalecimiento de la manufactura textil en estados del Centro, las industrias liviana e intermedia que en
Monterrey prosperan desde 1890 (sumándose al tronco fundfil.[lental que
fue la industria pesada), el desenvolvimiento de las ya mencionadas producciones de algodón y carbón, las maderas de Chihuahua y Nuevo León;
el tabaco veracruzano, los cereales de El Bajío y Jaliseo, el pulque de los
estados de México e Hidalgo, las carnes y cueros provenientes del mismo
Jalisco y de la árida geografía norteña son datos que,cntre otros, tienen qui'
agregarse a este movimiento acelerado de espeeialización derivado de la
ampliación de las demandas internas~
5.- Se ha señalado oon frecuencia, y atinadamente, cuánta significación alcanzó en este proceso la red ferroviaria. El porfiriato se inaugura con poco más de 600 kilómetros de vías bajo concesión federal, y se despide con
casi 20 000.
En fuerte medida - y es lo que importa indicar aquí- esta teleraña de
rieles apuntó hacia el norte. Si en un momento inicial México pareció intentar las experiencias de otras naciones latinoamericanas, y llevó hacia su
puerto atlántico el primer camino de fierro (paso inevitable, en tanto el

�/

58

Siglo XIX

comercio exterior miraba preponderantemente hacia Europa), desde los 80
la proyección sería muy distinta. Es que sus expecta?vas ~e _comer~io_ exterior ofrecían una variante única en el continente: solo Mex1co tema Junto a alguna de sus fronteras a una de las más grandes ec_onomías ~el mundo
industrializado. La mirada hacia el extremo septentrional, hacia Estados
Unidos, no puede asombrar.
El sistema del norte se vería entonces rápida y febrilmente atravesado
por los ferrocarriles. Con tres llamativas consecuencias: una inter~te comunicación en su seno, una ligazón adecuada con el mercado nac10nal y
-muy particularmente- una conexión eficaz con el mercado norteamericano. Las dos grandes líneas -el Central y el Nacional- cruzaron este inmenso espacio en .su búsqueda de Estados Unidos. Otras dos destacadas
empresas se instalaron en el interior del sistema: el Internacional, que descendía desde Piedras Negras hacia Torreón -y se prolongaba hasta Durango- tras acercarse a Monterrey; y el Ferrocarril de Monterrey al Golfo, que
unificaba el Nacional con el Internacional y marchaba desde Monterrey
hacia el principal puerto marítimo del área, Tampico.
Un superficial vistazo al mapa ferroviario de principios de este siglo
destaca dos cosas: a) el sistema del norte absorbió una parte sustancial de
la red de transportes y -más importante aún- le permitió tener a su alcance el mercado de una de las más dinámicas potencias del mundo capitalista;
b) Monterrey, urbe que nos permitiremos recordar repetidamente en este
trabajo, era el punto de mayor concentración de vías en el sistema (y probablemente uno de los principales del país). Sólo Torreón se le acercaba en
este sentido, lo cual no hacía sino robustecer el peso de Monterrey en el
ancho mundo del norte: las relaciones entre las casas mercantiles y _los capitales regiomontanos con la comarca: lagunera ya eran más que múltiples
antes de que el ferrocarril llegase por esos rumbos y uniera (por varias líneas) a ambas ciudades.
La red se bifurcaba desde los caminos troncales y enlazaba las zonas
de mayor capacidad productiva y los centros urbanos preponderantes:
Chihuahua con Torreón; Torreón con Durango, Zacatecas y Monterrey;
Monterrey con Ciudad Victoria, San Luis Potosí y Tampico; San Luis con
Tampico. En fin: las zonas productoras de minerales, de carbón, de algo·
dón, de madera, trigo e ixtle, las ganaderas, se vieron atravesadas, entrecruzadas o tocadas por el camino de fierro. El arribo del ferrocarril provocó alteraciones fundamentales en no pocos lugares: sin dejar de recordar el
caso excepcional de Torreón, bueno es mencionar también el de la comarca citrícola de Nuevo León, que desde mediados de los 90 comenzó a abastecer d mercado del sur norteamericano mientras quedaban desplaiados
en tomo a Montemorelos y Linares cultivos más tradicionales (caña de
azúcar, maíz).

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

59

El sistema del norte se integraba por este medio a Estados Unidos a
través de cuatro puntos: El Paso, Piedras Negras, Nuevo Laredo y Matamoros. Tres de estos polos fronterizos tenían conexión directa con Monten-ey, que también podía unirse al cuarto (El Paso) vía Torreón.

6.- Como señaló y sistematizó hace tiempo Jorge Espinosa de los Reyes,
Estados Unidos pasó a jugar un papel preponderante en el conjunto del
comercio exterior mexicano hacia 1880: desplazó, con firmeza y nítidez
desde entonces, a los países europeos. De acuerdo con lo que indica Espinosa de los Reyes, en 1872-73 fluía hacia Estados Unidos el 36.1 % de
las exportaciones, mientras que Inglaterra y Francia recibían el 54.2%.
Para 1909-10, Estados Unidos absorbía el 75.7%, en tanto que los citados
estados del viejo continente adquirían el 15.7°/o. 6
Según los Anuarios Estad(sticos coordinados por el doctor Antonio
Peñafiel correspondientes a los años 1898-1901, ese panorama queda totalmente ratificado. En 1898, verhigracja,. Estados Unidos compró el
71.2% de los productos mexicanos exportados, y en 1901 rebasó el
80%. Muy atrás quedaba, ya, Inglaterra, que en 1901 no pasó del 9%.6
Si se alude a varios de los artículos que encabezaban o se situaban en
un rango muy significativo en el conjunto de las exportaciones, es factible
confeccionar el cuadro siguiente para 1898:

CUADRO I
0

artículo

café
henequén
mineral de plata
plata en pasta
plomo
cobre
ganado vacuno
ganado menor
pieles de chivo
pieles de res
ixtle en rama

/o exportado a

EEUU del total
72.5
98.9
89.9
81.8
83 .7
63.5
66.4
93.3
99.8
94.9
35.9

(FUENTE: Anuario estadístico de la República Mexicana. 1898, México,
Ministerio de Fomento, 1899).

�60

M. Cerotti: La formación del mercado nacional en México

SigloXIX

Y si se revisan las cifras que los anuarios de Peñafiel detallan para el
lapso que corrió entre mediados de 1887, en algunos casos, o mediados de
1888, en otros, hasta la mitad de 1894, se tendrá una idea precisa del giro
que ya venían protagonizando las exportaciones de México:

CUADROII

artículo
café
henequén en rama
mineral de plata
plata en pasta
plomo
cobre
ganado vacuno
ganado menor
pieles de chivo
pieles de res
ixtle en rama

º/o exportado a
EEUU del total
92.9
92.2
80.9
72.7
97.4
8.1
90.7
97.9
98.9
88.1
71.5

(FUENTE: Anuario estadístico de la República Mexicana, 1896, México,
Ministerio de Fomento, 1897).

7.- Vinculado con eficacia por los grandes troncos ferroviarios, ubicado en
la inme_diata trastienda de las franjas más vigorosas del mercado estadounidense de la época (las que iban desde el pujante Texas hasta los grandes lagos y Nueva Inglaterra), dotado de una variada gama de recursos naturales
y partero de ávidos grupos burgueses que habían acumulado enormes for-

tunas y bienes durante las difíciles e inestables décadas previas a 1880
-Monte~re!, con toda seguridad, es uno de los ejemplos más verificables
de esto ult1mo-, no puede sorprender que el sistema del norte se convirtiera en u~o de_los grandes proveedores de la vecina potencia. Posibilidad que
se ~ntia estimulada por el arribo del capital extranjero, por las políticas
que implementaba el poder central y por la identificación creciente que se
daba en~e los gobernadores - delegados que dirigían los estados y los grupos dommantes. El general Bernardo Reyes, que tuvo a su cargo el ejecutivo en Nue~o León c:15i rermanentemente entre 1885 y 1909, aparece
como una figura paradigmatica en este sentido.

61

Así como la historia del desenvolvimiento que transitó Sonora por estos años no puede entenderse sin tener en cuenta la costa occidental de
Estados Unidos (según lo comprueban investigaciones recientes), el análisis del desarrollo y de las transformaciones económicas del sistema del
norte resultaría absolutamente incompleto si no se dibuja el enorme peso
que asumieron las relaciones con aquel país: se emplazó como una inmensa área adherida al mercado de más espectacular crecimiento en el mundo
capitalista.
En primer término, la minería. Pero sólo en primer término, porque el
impacto fue más generoso. y, sin duda, dinamizó múltiples actividades que
a su vez -y reiteramos esto- generaron un amplio movimiento ligado al
mercado interior.

CUADRO III

estado
1.- Chihuahua

2.- Durango
3.4.5.6.7 .8.9.10.-

Sonora
Sinaloa
Zacatecas
Hidalgo
Coahuila
Guanajuato
San Luis Potosí
Baja California

valor de la producción minera
(1897-1900)
$ 42 723 406

38947909
26 441 398
24 876 783
23 007 077
22 089 652
19 805 374
18 665 219
15 492 843
13 898 693

Total 10 estados más importantes

245 948 354

Total de producción nª-cional

279 998 227

Estados del sistema del norte

139 976 609

(FUENTE: Anuarios, de Antonio Peñafiel, años 1898 a 1901).
Como se observa en el cuadro ID, con datos de los años 1897 a 1900,
los principales estados mineros del sistema del norte (se exrluyen TamauJipas y Nuevo León) ~neraron al 50°/o de los valores de esta rama a nivel
nacional, y casi el 57% de lo que computaron los diez estados de vanguardia en la actividad.

�62

Siglo XIX

Sólo ~ntre Chihua~ua y Duran&amp;º' que se encon_trahan ~ la ~aheza en
los años citados, produ1eron el 30 1/o del total nacional. Si reVISalllos el
Anuario de 1901, por ejemplo, encontramos esto:

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

salía más de un tercio del plomo mexicano, además que estaban -largamente- a la cabeza en la producción de plata y sulfuro de plata.

*Durango fue el primer productor de minerales con contenidos de
oro-plata-plomo (casi el 70°/o del país).

WADROW

*Zacatecas y Chihuahua eran los principales en minerales de plata:
rebasaron conjuntamente el 51°lo del total.

valores de los metales
beneficiados (1897-1900)

estado.

*Zacatecas encabezó las cifras en minerales de plata-cobre.
*Cinco estados del sistema (Durango, Zacatecas, Coahuila, Chihuahua
y Nuevo León, en ese orden) generaban cerca del 90% de la producción
de minerales con plata-plomo.
*Nuevo León fue el más fuerte productor de minerales con plomo:
más del 960/o.
*Y junto con Coahuila, ese estado registró más del 92°/o en minerales
con plomo-fierro-plata.

8.- La existencia de ricos yacimientos -entre los que no debe olvidarse los
de carbón, requerido en grandes proporciones como combustible por tocemotoras y plantas de fundición-, el tendido de líneas troncales y com~mentarias de ferrocarril , las necesidades del mercado estadounidense (a las
que se sumarían con énfasis las demandas internas) y la sanción de leyes
.que protegían a la minería norteamericana, permitirían -en el sistema
del norte- el surgimiento de establecimientos dedicados a la fundición de
los minerales, a su transformaclpn en metales. Algunos de ellos, como sucedió en Monterrey, de dimensiones que estaban muy por arriba de lo que
se vefa en otras ramas de la industria fabril.
El cuadro IV destaca la gravitación de la gran metalurgia de Nuevo
León y de la que funcionaba en San Luis, y puntualiza que Durango y
Chihuahua y Zacatecas también mantenían una actividad remarcahle. Estos cinco estados, con Nuevo León-Monterrey al frente, registraron entre
1897 y 1900 más del 51 O/o de lo producido en México.
Estos números dicen que los estados del sistema del norte allí mencionados cubrían el 57°/o de la producción de los diez principales del país,
que Nuevo León. brindaba el 23°/o del total nacional, y que junto con San
Luis alcanzaba el 31.6 °/o. De las grandes plantas fundidoras de Monterrey

63

1.-

Nuevo León

$ 68 948 271

2.- Aguascalien tes
3.4.5.6.-

7.8.9.10.-

30 000 862
25 503 284
23 022 454
21 435 647
20 554 406
20 073 877
19 200 405
18 969 882
18 961 405

San Luis Potosí
Sonora
Hidalgo
Baja California
Durango
Sinaloa
Chihuahua
Zacatecas

Total 10 estados más importantes

266 670 493

Total producción nacional

298 225 978

Estados del sistema del norte

152 456 719

(FUENTE: Anuario, de Antonio Peñafiel, de 1898 a 1901).

9.- El estar a la cabeza de las producciones de minerales y metales, tan solo, deja constancia de la significación global de este espacio del territorio
mexicano. Retener ese dato coadyuva, sin duda, a esclarecer el inipacto
que sobre el conjunto de la economía nacional mantuvo el sistema a finales de siglo.
La preeminencia global de las actividades minero-metalúrgicas se desen el cuadro que sigue, en el que se sintetizan las exportaciones
registradas entre 1887 y 1897, con exclusión de la plata acuñada. Están
incluidos todos los rubros que en ese lapso superaron los diez millones de
pesos.

tac:1

1

1

�64

SigloXIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

CUADRÓ V
artículo
1.- plata en pasta

2.3.4.5.6.7 .8.9.10.11.12.-

minerales de plata
café
henequén en rama
plomo argentífero
oro en pasta
cobre
pieles de chivo
plomo
maderas tintóreas
sulfuro de plata
plata mixta (con oro)

exportaciones (1887-1897)
$ 119 270 077

91 765 186
73 936 599
71 201 054
18 859 404
18276961
18 193 617
12 485 342
12 445 140
11605 409
10 799 020
10 538 916

(FUENTE: Anuario estadútico de la República Mexicana. 1897, México,
Ministerio de Fomento, 1898).

Pero en el gran norte-oriental había otras cosas para exportar. Al margen de las pieles de. chivo, que figuran en el octavo lugar del cuadro que se
acaba de ver, en la tabla de comercio exterior encontramos artículos de
evidente importancia: entre 1887 y 1897 se vendió ganado vacuno por valor de 8 849 868 de pesos; pieles de res por 6 933 191; ixtle en rama por
más de seis millones. Como ya se ha mencionado, de todos estos productos
el principal comprador era Estados Unidos.
El impacto que desde estas actividades se dio sobre el conjunto de la
economía nacional no resulta difícil de imaginar. De la multiplicación de
demandas que se crearon surgieron nuevas producciones, o se ampliaron algunas que ya existían: el sistema del norte participó, con amplitud, en esta
alimentación interior.
10.- Aunque la producción destinada a la exportación resultó un elemento
fundamental en el desarrollo del capital y del capitalismo durante el porfiriato, de ninguna manera puede sostenerse que el resto del funcionamiento
de la estructura económica era marginal, apenas complementario.
El dinamismo, los entrelazamientos y mutuos incentivos que generaban el acentuamiento de los procesos de acumulación originaria, la apari-

65

ción y veloz crecimiento de numerosos núcleos burgueses, el rápido y hábil traslado de fortunas y bienes a la producción subsumida al capital o
abiertamente capitalista, el arribo sistemático del capital extranjero, el tendido de los ferrocarriles y de otros medios de comunicación y las modificaciones jurídicas que desde el aparato estatal acompañaban todos estos
fenómenos, propiciaron en el México finisecular una serie de vigorosas demandas internas. La producción para el mercado interior, así, recibió buena parte de los esfuer.ws empresariales, debió absorber una posición significativa de los capitales invertidos y seguramente generó ganancias suficientes para quienes proyectaban hacia este tipo de demandas sus labores productivas.
El nivel de estas demandas es constatahle por las cifras que recogieron

las estadísticas de la época. Aunque es muy probable que contengan ciertas imprecisiones, no dejan de mostrar tendencias nítidas.
El cuadro VI, centrado en productos agrícolas, evidencia cómo uno
de los rubros volcados en forma prácticamente total en el consumo interior
-el trigo-, marchaba a la par del henequén, que destacaba con amplitud,
por su lado, entre las exportaciones que no incluían la plata.
El algodón, a su vez, no parece quedar demasiado atrás del café, y
algo similar oourría con el azúcar. Significa esto que producciones exclusiva o preponderantemente volcadas al mercado interno (azúcar, algodón,
trigo), a un mercado que se iba articulando sobre la hase de la unificación
de diterentes ámbitos regionales antes no vinculados con la fluidez que trajo el ferrocarril, asumieron un peso no desdeñable en la economía mexicana de finalr,s de siglo. Esta conclusión es suficiente par-a justificar la profundización de las investigaciones sobre la formación, articulación y expansión del mercado nacional en el México decimonónico. Y muy particularmente en las décadas previas a la Revolución.

ll.- Parece visible que el sistema del norte participó con amplitud en este
movimiento interior, tanto como área generadora de mercancías como en
lo que atañe a la generación de demandas.
Con respecto a lo primero, bueno es recordar ejemplos como el del algodón. Su consumo creció verticalmente con la expansión que la renovada
industria textil tuvo desde los años 80. Hacia 1895 pasaba las 20 000 toneladas anuales, y para 1900 subía ya a 30 000. La zona lagunera (en Coahuila-Durango) comenzó a tultivar algodón en forma sistemática en los 70,
gracias -en buena medida- a las habilitaciones que los grandes comerciantes de Monterrey realizaban a los agricultores. En pocos años la Laguna
proveería casi las tres cuartas partes de toda la producción nacional, como

�66

Siglo XIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en Méxiro

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1894
1895
1896
1897
1898
1899
1900
1901

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Coa.huila

Durango

Coah/Dgo

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16 609 823 5 211 572 4 454 335 9 665 907
35612531 14935947 10724965 25660912
29 185 522 9 167 845 12 178 000 21 345 845
32 915 394 17 968 187 5 533 043 23 501 230
45 525 767 9 620 825 25 978 043 35 598 868
22487517 8601327 4847453 13448780
21 795 895 6 067 743 9 744 493 15 812 236
22 364 092 6 984 845 9 311 500 16 296 345

º/o del total
78.21
58.19
72.05
73.14
71.40
78.19
59.80
72.55
72.87

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(FUENTES: Anuarios, de Antonio Peñafiel, 1893-1902).

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De este espacio norteño se extraería también el carbón ( con Coahuila
a la cabeza, que para 1905, según el gobtlrnador del Estado, generaba diez
mil toneladas diarias), cuya demanda fue sensiblemente multiplicada por
las locomotoras y los establecimientos de fundición. Su rentabilidad en
función del mercado interno supo ser captada por los grupos empresariales, entre los que no podían faltar los de Monterrey: en 1902 se fundó en
la capital nuevoleonesa la "Compañía Carbonífera de Monterrey SA", con
una inversión inicial de un millón de pesos (casi medio millón de dólares).
Su significación puede inferirse por los accionistas que tuvo, entre los que
no sólo había individuos, sino empresas: la "Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey"; la "Compañía Minera, Fundidora y Afinadora
Monterrey SA "; la "Cervecería Cuauhtémoc "; la "Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey" ; la "Ladrillera Unión", entre otras. En su conformación fusionó a la "Compañía Mexicana de Carbón de Piedra", que tenía entre sus principales miembros a Enrique C. Creel; componente poderosísimo del grupo Terrazas, de Chihuahua, gobernador de este Estado y
ministro de Porfirio Díaz en los años iniciales del siglo XX. 7
Del amplio ámbito norte-oriental que aquí analizamos muy brevemente salían volúmenes destacables de ganados vacuno y menor, pieles,
una fracción no desdeñable de trigo ( de la misma comarca lagunera) y manufacturas textiles ( de Coahuila, Durango y Nuevo León). Un insumo clave para las más diversas actividades era la madera. Pues bien: las cifras de
finales de siglo verifican la significación de Nuevo León en las maderas de

�68

SigloXJX

álamo, nogal y mezquite; de Coahuila con el huizache; de Chihuahua con
el cedro. Nuevo León, en tanlo, encabezaba los valores en corteza para
curtir, y siempre figuraba entre los primeros en piloncillo.
No puede cerrarse esta síntesis sin detallar que fue en estos años en
que comenzó el primer auge de la industria liviana asentada en Monterrey,
totalmente vinculada a las demandas del mercado interior: textiles de diferentes clases, sombreros, calzados y otros artículos de cuero, almidón, pan
y galletas, pastas alimenticias, harinas, vinagres y aceites, mantequilla, cerveza, licores varios, aguas gaseosas, hielo, chocolates y derivados, dulces,
cerillos, velas, jabones y cosméticos de diversa índole, perfumes, cigarros,
escobas, baúles, artefactos de cobre y hojalata para el hogar, camas y catres, libros y demá&lt;s impresos, materiales escolares, muebles caseros y para
oficina, mosaicos, cal y afines, carnes conservadas. E inclusive una industria de mayor complejidad, que también realizaba sus mercancías en el
mercado nacional: tubería de plomo, válvulas de bronce, ladrillos y piedras artificiales, productos refractarios, glicerina y antiselenitas, hormas y
artefactos de madera, carruajes, cortinas y persianas, aguarrás y alcoholes,
niquelado y dorado de metales, alambres y otros derivados del lúerro, cartuchos y armas, accesorios de cartón, cemento, botellas y derivados del
vidrio. 8
Pero el sistema del norte era, simultáneamente, un gran consumidor,
un notorio generador de demandas. Todo este conjunto productivo requería a su vez una alimentación constante: desde los trabajadores que fluían
de regiones de menor desarrollo relativo y se convertían en asalariados en
las minas y fábricas norteñas, hasta los centros mineros y agropecuarios
que necesitaban una serie de insumos para la propia producción, pasando
por las gigantescas solicitudes del sistema ferroviario (tan vastas que permitirían surgir, a principios de siglo, la más grande planta fundidora de fierro
y acero que por décadas existió en Latinoamérica, y que se instaló justamente en Monterr!!y).
Precisamente la industria pesada que se alzó en Monterrey sirve de
ejemplo en este punto: el desenvolvimiento del capitalismo y el ascenso del
donúnio del capital sobre la producción provocarían múltiples demandas
en el mercado nacional. En un trabajo anterior, en este sentido, hemos
puntualizado:
Los grandes establecimientos fundidores que se levantaban en
Monterrey coadyuvaron abiertamente a reactivar la producción
minera nacional, sobre todo en el norte de México. Las demandas
que gestaron incitaron a los más destacados componentes de la
burguesía local a trasladar fuertes capitales a este sector de la
producción, en un mismo movimiento con las persistentes inver-

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

69

siones que arribaban desde los países avanzados(... ). La "American Smelting" era propietaria y arrendataria de una densa cadena
de fundos (y) a mediados de la deéada primera del presente siglo
beneficiaba minerales auríferos, argentíferos, cobrllos y plomosos procedentes de casi todos los estados del país. En un año tan
temprano como 1896, la entonces "Gran Fundición Nacional"
informaba que en su planta de Monterrey había utilizado minerales por un valor superior a los tres millones de dólares. La "Compañía Minera, Fundidora y Afinadora", en 1896, realizó compras
por casi dos millones de dólares: la materia prima se había traído
de Coahuila, Nuevo León, San Luis y Durango.9
Una intensificada división del trabajo social se registraba en el norte-oriental de \itéxico, cimentando una de las claves para la formación y expansión
del mercado interior. Su minucioso estudio puede resultar fundamental para explicar aspectos importantes de la consolidación de los grupos burgueses, del capitalismo y del propio estado nacional.
12.- Los estados del extremo norte del país, junto con la península de Yucatán, fueron los más conmovidos por ese gigantesco movimiento de privatización de tierras que se tejió durante el porfiriato. Extensiones enormes
de terrenos públicos pasaron a manos de compañías e individuos, fueron
lanzados a la circulación mercantil y -en no pocos casos- comenzaron a
ser puestos en producción: la causa fue la vigencia efectiva de las leyes de
colonización.
En el sistema del norte este proceso afectó con vigor a Chihuahua,
Coahuila y Durango, mientras que en Tamaulipas, San Luis y Nuevo León
tuvo una repercusión menor.
Si se toman las cifras atinentes a los terrenos baldíos adjudicados por
denuncios ("conforme a las leyes del 22 de julio de 1863 y del 26 de marzo de 1894") se puede estructurar el cuadro VID, entre los años 1880 y
1899.

&amp; detecta que en esle lapso - las dos Meadas finales del siglo XXmás de la tercera parte de las tierras cedidas por denuncios (a precios bajísimos y en forma masiva) fue traspasada en los estados del sistema. En los
m?mentos ~n que la repercusión de esta política alcanzó uno de sus picos
mas soberbios -los años del presidente Manuel González- se llegó a comp~tar en el espaci~ nor:re-oriental del país casi el 70°/o de las tierras adjudicadas por esta via. Solo entre Coahuila y Chihuahua, en 1884 sumaron
casi 800 mil hectáreas.
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Poc otro lado, de todas las tierras enajenadas entre 1877 y 1910, en

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Siglo XIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

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Para que se observe cómo esta tarea colonizadora implicó no sólo la
transferencia a manos privadas de terrenos antes usufructuados por las trirus indígenas que corrían por el desierto, sino también el arranque de una
tarea concreta dirigida a la producción -plasmada en muchos casos- sintetizamos a continuación algunos párrafos del informe que el doctor
Chas Gresswel efectuó en 1891, tras una inspección de los terrenos "El
Burro" y "San José de las Piedras", de los qui' era dueño Naranjo. Gresswel, que había cumplido esta labor "a ruego y expensas de la 'Denver
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Nos atrevemos a recordar aquí, brevemente, que en el lapso en que
Manuel González fue mandatario se integró una compañía deslindadora
que contaba entre sus accionistas más destacados a dos jefes militares y
políticos de primer rango en el norte: los generales Gerónimo Treviñ.o y
Francisco Naranjo, ambos muy vinculados -incluso en cuestión de negocios- al presidente. De esta actividad empresarial -que se intensificó en
los 90, especialmente en el caso de Treviñ.o-, los dos hombres de armas
obtendrían centenares de miles de hect.áreas en el norte, sobre todo en el
occidente septentrional de Coahuila.

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estos estados se llegó a poco menos del 32°/o (6 629 448 hectáreas), y
entre Coahuila y Chihuahua -con 5 835 821- alcanzaron el 880/o del
sistema. 10

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*El suelo (en áreas de Coahuila, MC) es muy fértil, y produce grandes cosechas de cereales, algodón y uva. La irrigación es necesaria
(en la mayoría de las) partes y los medios para tener el agua á las
tierras son faciles en muchos distritos. El pasto para los caballos,
reses, borregos y cabras es bueno. Las industrias á que se dedican
los habitantes son: cría de ganado vacuno, caballar, lanar y de pelo; agricultura, manufactura de efectos de lana y algodón; elaboración de vinos de uva, y últimamente á explotar el carbón.
*La calidad de la tierra en ambos lotes (los de Naranjo, MC) á propósito para ganado vacuno y caballar es la que está comprendida en
los valles de 'Salada Grande', de 'San Vicente' y de 'San José', en
el lote de San José de las Piedras, y en los valles de 'Guasalobo',
'Zorra' y 'el Burro', en el lote del Burro(... ) Haciendo un cálculo brusco hay como 350 leguas cuadradas ó sean 1 540 000 acres
(616 000 hectáreas, MC) de pasto para ganado vacuno y como
USO leguas ó 5 72 000 acres (casi 230 000 hectáreas) de pasto para
lanar y pelo ( . ..) El clima es todo lo que puede desearse y en
ninguna parte he visto lugar más á propósito para la cría de ganados.
*En la actualidad la demanda (de ganado vacuno) es considerable y

�72

SigloXIX

conforme el presente desarrollo de la industria ganadera en los Estados Unidos, es de esperarse que la demanda de ganado mexicano en la América crezca.
*Estimo que los productos de este negocio, después de deducir el
5 por ciento anual para mejoramiento de sus tierras y aguas... y
a la vuelta de cinco años, debe(n) calcularse en su mas baja estima en un 60 ó 75ºto al año del capital invertido en ganados. Este
es el cálculo que se hace también en el norte de México en esta
línea de negocios; pero con frecuencia resultan mayores ganancias cuando (hay) un buen manejo.
*Apenas es necesario aludir al gran valor que tiene el carbón de
piedra en México ...y a la cantidad comparativamente tan pequeña que se extrae en este País; y siendo notorio el hecho de que
México está obligado á importar de 4 á 5 millones de toneladas
anualmente, de Estados Unidos e Inglaterra, habla por sí mismo.
La demanda en el Norte de México crece por (el) establecimiento
de fundiciones, especialmente en Monterrey.
Gresswel estimaba que en el lote "San José de las Piedras" existían extensiones enormes con carbón de piedra. Sus indicaciones principales estaban
"en La Salada Grande y Salada Chica". Y más adelante recordaba la propiedad del general Treviño:
La Babia es el establecimiento central de la enorme propiedad del
Gral. Treviño y se compoQ.e de una buena residencia v numerosas
cas~ para los trabajadores y maquinaria. Como 200 hombres trabajan aquí para la mejora de esta propiedad, (lo) que se hace con
rapidez. Para establecer el lugar y fomentar la agricultura, se han
hecho trabajos de irrigación (y) presas... para pastos. También
hay cría de caballos y últimamente se explora el carbón. A 50 millas de esta propiedad están los terrenos del Gral. Naranjo. 11
La transferencia masiva de tierras formalmente del Estado a manos privadas contribuyó claramente a la estructuración de un mercado de tierras.
Este proceso coronó las políticas de desamortización que se venían cumpliendo sobre todo desde la reforma liberal, y que hahían afectado aterrenos eclesiásticos, de comunidades y municipales. En el extremo norte, de
baja densidad de población, limitada influencia de la iglesia y sin grupos
indígenas sedentarios, el impacto se dio con la transferencia de tierras
nacionales, que en no pocos casos comenzaron a generar productos destinados al mercado interior o al norteamericano.
13. En este movimiento global -tanto a nivel nacional como en el espacio
que estamos considerando- habrá que incluir someramente el de la pobla-

M. Cerotti: La fonnación del mercado nacional en México

73

ción.
Con excepción de San Luis Potosí y Zacatecas, en los que la sociedad
colonial había tenido gran arraigo, el resto de los estados del sistema llega
al siglo XIX con muy escasa densidad demográfica.
Cuando a finales de la centuria dehe ponerse en marcha todo el mecanismo productivo del que se han dado atgunos matices en este resumen, la
cuestión de la fuerza de trabajo será fundamental. Resultó obviamente importante, aquí, el papel del ferr~arril. Junto a salarios que solían ser más
altos que en otras zonas del país -lo que se observa con nítidez en Monterrey y, menos fuertemente, en los centros mineros del extremo septentrional- este medio de transporte facilitó claramente las migraciones internas.
L~ trahajadores podían llegar desde estados ajenos al sistema, o bien fluir
internamente desde las áreas de menor dinamismo y hacia las más activas:
la ciudad de Monterrey, por ejemplo, recibiría en estos años un fuerte volumen de migrantes provenientes de San Luis Potosí, Zacatecas, Tamaulipas y Coahuila, pero también de Guanajuato, Jalisco y Aguascalientcs. 12
Se conoce con bastante precisión de qué manera se intensificó la circulación de personas con el advenimiento del ferrocarril. Los de concesión
federal movían a fines de los 70, en México, unos 800 mil pasajeros. Pero en 1906 la cifra desbordó los 16 millones (es un incremento que, asimismo, se verifica en la carga transportada: recién en 1880 se pasó las
200 mil toneladas anuales; en 1905, en cambio los ferrocarriles federales
fletaron casi 15 millones de toneladas).13
Esto modificaría el cuadro demográfico nacional. Y dentro de los
ámbitos regionales efectivamente incentivados por la expansión de la producción, el comercio y los servicios, las diferencias internas quedarían definidas por el mayor o menor dinamismo de ciertas ciudades o comarcas.

Globalmente, el sistema del norte acompañó con cierta ventaja el crecimiento nacional. Pero, como se enumera en el cuadro IX, hubo estados
que saltaron dramáticamente en términos porcentuales entre la instalación
porfirista y la Revolución.
De acuerdo con estas cifras, la población mexicanan habría aumentado en un 59.9°/o entre 1877 y 1910, en tanto que la del sistema lo hizo en
un 70.3°/o. Pero internamente existieron fuertes diferencias, que mostrarían las dispares necesidades de flujo demográfico planteadas a finales de
siglo y en los albores de la caída de Díaz. Así, Coahuila elevó su población
en un 248°/o entre 1877 y 1910; Chihuahua la vio ascender en un 124%;

�74

Siglo XIX

M. Cerutti: La formaciim del mercado nacional en México

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Durango en un 153°/o; y Nuevo León, más moderadamente, en un
92.5°/o. Por el contr.u-io, para Zacatecas el incremento resultó mínimo
(15.5°/o), muy por debajo no sólo del sistema sino del nacional; y situación similar transitó San Luis Potosí: subió en un 19.5°/o.

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relativa, se detectarán ciertos rasgos significativos:

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14 774
39 912
26 425

23 996
30405
62 266
61 019
10 086
32 866
31 092

35 414
39 706
78 528
68 022
12 103
25 900
31 763

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Si bien el crecimiento porcentual más elevado corresponde a Chihuahua (117°/o) en estos años -que constituyen buena parte de los de mayor
auge del porfiriato- , es Monterrey la urbe capitalina que aparece, con claridad, con un peso tendencialmente preponderante. No sólo porque se
incrementa con vigor el número de sus residentes (72%), porque es un foco permanente de atracción de fuerza de trabajo y porque deja atrás a
San Luis en 1900, sino porque pasa a ser la cuarta ciudad del país en 1910.
Además, Monterrey presenta otra particularidad: se toma hase casi exclusiva de la expansión demográfica de Nuevo León, cosa que no sucede tan
abiertamente con las restantes capitales en sus respectivos estados.

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El otro gran centro de veloz aglutinamiento humano en el sistema,
curiosamente, no era capital: Torreón. Su ascenso en este plano parece explicar los altibajos de Saltillo , urbe que quedó situada un poco al margen
de las comarcas de mayor dinamism·o en Coahuila, agrícolas y mineras.
Mientras que en los inicios del porfiriato vivían en tomo al rancho del
Torreón un par de cientos de personas, en 1900 había ya 13 845, y para
1910 estaba casi a la altura de Saltillo. Como la proyección no se frenó,
pese a la Revolución y sus efectos, en 1921 Torreón contaba con 50 902

�76

SigloXlX

habitantes, es decir 10 000 más que Saltillo. Fue sin duda el caso más espectacular, y a la vez el más mostrativo, de las modificaciones demográficas operadas en el sistema del norte. Sus causas estuvieron en la transformación de Torreón en un nudo ferroviario de primer orden, en que en su
derredor inmediato prosperaron las producciones de algodón y trigo, y en
las vinculaciones que brotaron con las áreas mineras próximas, en medio
de un espacio que no era fácilmente abastecido por otras ciudades. Podría
decirse que Torreón simbolizó la expansión de la propia comarca lagunera:
un dato que ayuda a recordar que el norte no era sólo minería y grandes
extensiones rurales inexplotadas o mal utilizadas. 14
Pero es indudablemente cierto que la minería ocupaba un papel vertebral en todo este dinamismo. Por ello fue que en muchos casos las ciudades capitales no acompañaron el ribno de expansión poblacional que se
daba a nivel de los estados. Así, mientras que Coahuila aumentó su población entre 1895 y 1910 en un 50°/o, Saltillo lo hizo en un 32%. Mientras
que la del estado de Durango se incrementó en un 64°/o en esos años, su
ciudad capital lo hizo en un 20%. La ciudad de San Luis bajó en población, en tanto el estado aumentaba. Lo mismo sucedía con la ciudad de
Zacatecas y su entorno. Sólo Chihuahua y Monterrey presentaron una
tendencia distinta, que resultó mucho más marcada en la capital nuevoleonesa (tanto en términos absolutos como relativos). Fenómeno, este último, que se explica por el inicial auge de la industria fabril en la urbe regiomontana.
La minería y su prolongación, la gran metalurgia, concentrarían una
porción importante de la fuen:a de trabajo que arribaba al norte. Destacarían, inclusive, en el contexto nacional.

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

77

CUADRO XI
TRABAJADORES OCUPADOS EN LA MINERIA (1898-1900)
estado

1898

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Coahuila
Chihuahua
Durango
Guanajuato
Hidalgo
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San Luis
Sinaloa
Sonora
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2 843
4 852
7 652
13 000
3 434
3 483
3 989
3 210
4 982
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1899

1900

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2 903
3 885
6 350
7 048
17 683
9 406
3 520
7 646
4411
4104
9 850

2 777
2 869
6 357
8 478
8 053
8 759
3 310
10 768
4 572
3 577
21 862

30 909

56 254

38 299

53 644

89 072

106 536

95 523

98 196

52.8

40.1

54.7

34.7

7 361
9 692
8 310
11 886
9 158
3 915

(FUENTE: Anuarios, de Antonio Peñafiel, 1898-1901)

*sin Tamaulipas

El cuadro XI enumera los trabajadores ocupados a fines de siglo en

la minería: se contabilizan los estados de más alta producción y se agrega Nuevo León, de mediana envergadura. Las estadísticas parecen mostrar debilidades (como las tan perceptibles o&amp;:ilaciones que aparecen en
casos determinados), pero de todos modos ayudan a detectar ciertos rasgos vertebrales.
Con estas advertencias, cl cuadro muestra que la fuen:a de trabajo
ocupada en el sistema del norte (en el que se.excluye Tamaulipas) rondaba
el cincuenta por ciento del total nacional. Si se suman esos cuatro años y
se extrae el porcentaje global se tendrá que en el norte se ocupó el 46 %
de la mano de obra empleada en la minería. Esta importante atracción de
brazos se percibió también en la metalurgia básica. En 1898, los estados
del sistema (con exclusión de Coahuila y Tamaulipas) requirieron el
35.5°/o de la fuen:a de trabajo del sector; en 1899 el Índice suhió a
42.1%, y en 1900 la demanda llegó al 34%.

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Pese a mostrar enormes zonas vacías, el norte-oriental evidenció en esfase del siglo XIX una notoria agilidad demográfica. Estudios que hemos

reaJizado sobre Monterrey verificarían que en este ámbito la circulación de
trabajadores jugó un papel clave en ese dinamismo, fenómeno que, por
otro lado, solía ser multiplicado por la constante migración de mexicanos
a Estados Unidos. El sistema del norte, muy probablemente, resultó uno
de los espacios en los que con mayor eficacia se plasmó un mercado de trabajadores libres, dato central para la construcción del mercado interno y
para el establecimiento del capitalismo como mecanismo productivo.

14.- Si se recuerda que a finales de siglo aparece en México un sistema bancario moderno, y se detalla que para esos años Chihuahua contaba con dos
bancos, el Minero (instalado en 1888) y el Comercial (1890); que en Monterrey funcionaban otros dos, el de Nuevo León (1892) y el Mercantil

�78

Siglo XIX

(1899); y que también habían surgido estas casas en Zacatecas (1891),
San Luis Potosí (1897), Durango (1891) y Coahuila (1897), habrá que enumerar cntrt\ otros aspectos la neta in&lt;;orporación del norte oriental al
movimiento de capitales que estas instituciones permitían.15
De un total de 19 bancos que funcionaban en el país en 1899, 8 estaban en el área que nos ocupa (es decir, el 42°1o). Debe agregarse a ello
que el Banco Nacional dt&gt; México tenía sucul'Sales en Chihuahua, Durango, Monterrey, San Luis, Zacatecas y Tampico (6 sobre 14 a nivel nacional). Y que el Banco de Londres y México abrió para entonces filiales en
Lerdo, Monterrey y San Luis (3 de 10). Por otra parte, los bancos locales
se bifurcaron con rápidez. Un ejemplo contundente lo protagonizaron los
dos bancos con asiento en Montl'rrcy: con indiscutible eficaci.a montaron
una densa red de agencias, sucursales y corresponsales por todo el noreste,
además de establecer vínculos con otras áreas de México y con el exterior.
15.- Esta más que suscinta descripción -dado el amplísimo margen que
puede permitir una investigación de mayor minuciosidad- quizás resulte
suficiente para cubrir el objetivo básico de este trabajo: llamar la atención
sobre el impacto que debió tener en la constitución del mercado interno
este conjunto de estados que hemos agrupado bajo la denominación de
sistema del norte.

El dinamismo que ofreció estuvo conectado a las demandas del mercado norteamericano, por un lado; pero, también, a las necesidades, movimientos y transformaciones del propio mercado nacional.
El hecho -irrepetible en Latinoamérica- de encontarse en la puerta
de Estados Unidos significó un motor vertebral para ese dinamismo. La
frontera del norte emerge como un dato clave para entender el surgimiento y consolidación del capitalismo en el sistema y en México en general.
El mapa Ít·rroviario, la produc&lt;"iún minera, la nwtalurgia básica, la ganadPría r«'novada y m mayor 1'-Scala, la,; inversiones rstadounid«•ns«•s )' rrgional,•s:
todo ello comprueba con persistencia la importancia de este contacto.
Todo esto, empero, sería enmarcado y, simultáneamente, coadyuvaría
a las claras transformaciones que se operaban en México a finales de siglo.
La estructuración de un mercado nacional, con demandas propias, no fue
una de las menores, como tampoco es desdeñable el nacimiento y crecimiento de sectores burgueses tan relevantes como los que se instalaron en
Monl«·rr«·y. Aunqu«' las «·sladísti«·as 11lifü:adas no si«•mprr n·sullan ,·onfiabl«•s, no purdl' dudarsr t¡ur pn•sc•ntan l1•nrlN1cias llamativas, las q111· ~in
corroboradas, por otra parte, por los estudios que hemos realizado sobre la
aparición del empresariado en Monterrey.

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

79

Un empleo más a fondo de fuentes directas, sobre todo regionales,
seguramente tenninará de esclarecer matices básicos de estos procesos forjadores del capitalismo y, en fuerte medida, del estado nacional mexicanos.

-

NOTAS

1.- Parte de la visión alcanzada en nuestras investigaciones desde Monterrey puede
encontrarse en Burguesw y capitalismo en Monterrey {1850-1910), México,

Claves Latinoamericanas, 1983.
2.- Un avance sobre el surgimiento de la industria pesada en Monterrey y la dinamización de un mercado multirregional lo hemos realizado en "División capitalista
de la producción, industrias y mercado interior. Un estudio regional: Monterrey
(1890-1910)", incluido en El siglo XIX en México: cinco procesos regionales,
México, Claves Latinoamericanas, 1985.
3.- Sobre el funcionamiento económico de Yucatán desde mediados de siglo y el
significado económico y social que asumió la producción de henequén, véase
Alejandra García Q., "La formación de la estructura económica de Yucatán,
1850-1915", infonne final, Mérida, 1983.
4.- Trabajos que brindan una idea enriquecedora sobre estos procesos son -entre

otros- los de Manuel Plana, respecto a la comarca lagunera; Mario Aldana Rendón, relativos a Jalisco; Domenico Sindico, en torno a Morelos; Héctor DíazPolanco, que se refiere al Bajío; Juan Felipe Leal y Mario Huacuja Rountree,
sobre las haciendas pulgueras de los estados de México e Hidalgo; Alejandra García Q., en Yucatán. Deben sumarse asimismo los que se desenvuelven en el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Puebla, en el
Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Veracruzana, los que
realizamos desde la Facultad de Fílosofía y Letras de la Universidad Autónoma
de Nuevo León, en Monterrey, y los de Mario Ramírez Rancaño sobre la industria textil. Una más amplia referencia biblio~ráfica ouede encontrarse en Cerutti,
"Contribuciones recientes y relevancia de la investigación regional sobre la segunda parte del siglo XIX en México", de próxima publicación.

5.- Jorge Espinosa de los Reyes, Relaciones económicas entre México y Estados
Unidos. 1870-1910, México, Nacional Financiera, 1951, p. 53.
6.- Anuario estadístico de la República Mexicana. 1898, México, Ministerio de Fomento, 1899. También, los Anuarios, de Antonio Peñafiel (así serán denominados en adelante) de 1899, I 900 y 1901.
7 .• La referencia a la producción carbonífera en Coahuila está en el Informe del
gobernador de ese estado, 15 de noviembre de I 905, p. 3. La escritura de constitución de la "Compañía Carbonífera de Monterrey, SA" en Archivo General
del Estado de Nuevo León (AGENL), protocolo de Francisco Pérez, diciembre
de 1902, fs. 191-214.
8.- Isidro Vizcaya Canales, Lus orígenes de la industrialización en Monterrey
(1867-1920), Monterrey, Librería Tecnológico SA. J971, pp. 74-87; Cerutti,
Burguesía y capitalismo, cit., pp. 107-130, y "División capitalista de la producción .. .'\ cit.

�80

EL CASO DE CORRIENTES

SJgloXIX

Mercado de Mercancías, Mercado
Monetario y Mercado de Capitales
en el Litoral Argentino de la primera
mitad del XIX 1

9.- Cerutti, "División capitalista de la producción... ", citado.
10.- Estadúticas Socialll$ del porfiriato, 1877-1910, México, Secretaría de E:conomía, 1956, p. 42, ofrece las cifras sobre las que se practicaron estos cálculos.
11.- AGENL, Documentación del general Francisco Naranjo, "Informe que rinde el
Dr. Chas Gresswel" tras una inspección hecha en mayo y junio de 1891 (traducido del inglés por Leopoldo Naranjo).

José Carlos Chiaramonte*

12.- Cerutti, Burgues(a y capitalismo, citado, pp. 137-169.
13.- Anuario Estadístico de los &amp;tados Unidos Mexicanos. 1939, México, Secretaría de la Economía Nacional. 1941, p. 516.
14.- Sobre La Laguna consúltese Manuel Plana, "El algodón y el riego en La Laguna:
la formación de la propiedad agraria en una región económica del norte de México durante el Porfiriato, 1877-1910", Nooo Americana, 4, 1981; y Plana, 11
regno del cotone in Messico. La strottura asroria de La Laguna (1855-1910),
Milán, Franco Angeli Editore, 1984. Las cifras demográficas sobre Torreón y
Saltillo de 1900, 1910 y 1921, en Anuario Estadístico, citado, p. 43, basadas en
los censos respectivos.
15.- Anuario. 1899, de Antonio Peñafiel, p. 63, brinda la referencia a los bancos existentes en ese momento.

Durante la mayor parte del período comprendido entre la crisis de 1820 y
la caída de Juan Manuel de Rosas, la provincia de Corrientes desempeñó
un destacado papel en los conflictos surgidos en tomo a las nuevas iniciativas de organización nacional, y sobresalió por su enconada oposición a la
política de la de Buenos Aires. Ciertos aspectos de su programa políticoeconómico dieron lugar a presumir un grado de desarrollo económico cercano, en alguna medida, al capitalismo.
Sin embargo, las características de esa economía provincial eran todavía sustancialmente tradicionales, rasgo que se observa tanto en su comercio interior y exterior como en las formas de movilizar recursos para actividades productivas: un limitado desarrollo de relaciones mercantiles y la
inexistencia de un sistema moderno de banca y crédito, son algunas de sus
principales características. En las páginas que siguen considerarnos ciertos
aspectos de su comercio y producción que corresponden a lo apuntado.

l.

COMERCIO INTERIOR Y EXTERIOR DE LA PROVINCIA

Agricultura y ganadería en pequeña escala, caza y pesca, en una región natural como la correspondiente a Corrientes, facilitaban la subsistencia de
gran parte de la población, con escasa necesidad de transacciones mercantiles. El cultivo doméstico de maíz, batata, mandioca, zapallos, cítricos y
otros vegetales, contribuía, junto a la leche de algunos vacunos, la pesca
en el amplio sistema hidrográfico provincial, la abundante caza de diver*Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos
Aires, Argentina. Este trabajo fue elaborado cuando el autor pertenecía al Instituto
de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue presentado como ponencia en las Vll Jornadas de Historia Económica Argentina (Rosario, octubre de 1985). Publicado previamente en Anuario, 12, Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, 1986.

�82

Siglo XIX

sas especies de aves y mamíferos, a resolver, en distinto grado, el problema de la alimentación en buena parte de la población rural. Los ovinos,
abundantes en la provincia, proporcionaban la lana que, como el algodón,
se utilizaba ampliamente en la producción doméstica textil. Recursos a los
que se sumaba la fácil provisión de cuero característica de la época.
La facilidad de la reproducción de ganado mayor y menor en la provincia era notable, al punto que, por ejemplo, a fines del período colonial,
el bajo precio de los equinos había impulsado a los hacendados a sacrifi•
carios sin utilización lucrativa. 2 Otro testimonio, de 1822, permite también inferir la relativa facilidad de la posesión de ganado, en este caso v-acuno:
Estas campañas -escribía el Alcalde provincial- principalmente
la de entre el Batel y Río Corrientes, se hallan llenas de tristes albergues y miserables tugurios cuyos moradores no alcanzo a concebir cómo pueden mantenerse, si no es del robo, y del pillaje.
Muchos no tienen una lechera y la mayor parte no alcanzan a
poseer díez.3
Como el alimento, también la vestimenta era por lo común de producción
doméstica: todos los tejidos, incluso ponchos, se hacen en las campañas,
escribe D'Orbigny, en telares de una sencillez difícil de creer. Cada familia
posee el suyo, en el que tejen mujeres e hijas. 4
El comercio interior

Las actividades mercantiles tenían, por lo tanto, persistentes línútes que
provenían de esa amplia vigencia de la producción doméstica. En la medida en que ellas fuesen necesarias, el trueque persistía como el recurso más
generalizado, tal como admirara en la misma capital provincial a uno de los
Robertson hacia 1815:
. . .no dejó de sorprenderme el oir los curiosos pregones de una
cantidad de rapazuelos congregados en mi puerta... Sal por velas,
gritaba uno. Tabaco por pan, chillaba otro. Yerba por huevos,
vociferaba un tercero. Tomates por azúcar, aullaba el cuarto. De
tal suerte, una docena de rapaces - varones y mujeres- ofrecían:
papas en cambio de almidón, leña en cambio de harina, cigarros
por jabón, verduras por azul de lavar, manteca por pimienta, chorizos por aceite, leche por vinagre y en este quid pro quo, cantidad de provisiones caseras culinarias en que pueden competir correntinos y correntinas para satisfacción de sus necesidades por
medio del trueque.5

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 83
Sin embargo, ciertas necesidades monetarias eran insalvables. Exigencias de
la vida social, como los servicios religiosos o el juego, y algunas compras
que no pudiese efectuarse por trueque, demandaban el uso de moneda en
6
cierta escala. Así, las cuentas de peones de un establecimiento rural, registran, junto a mercaderías de diversa naturaleza, la entrega de cortas cantidades de reales. 7
El mismo testimonio de los Robertson agrega a continuación del párrafo recién citado: "Debo decir que a tales gritos se añadían otros, proferidos por un mayor número de muchachos que anunciaban también variedad de artículos pero todos por 'plata ' ". La circulación monetaria era ló
gicamente mayor en la ciudad capital, pero la escasez de moneda de plata, que más adelante comentamos, afectaba las transacciones.
En este medio de crónica escasez monetaria, el trueque no era sólo un
recurso de los consumidores, pues también lo empleaban comerciantes y
productores para negocios de mayor monto, tales como ventas de ganado a
cambio de tabaco, o de mercancías importadas a cambio de productos ganaderos.8
Como especialización, el comercio era manejado por dos clases de
mercaderes. Una de ellas, la de los comerciantes legalmente autorizados de
la capital, villas y pueblos del interior de la provincia, quienes solían auxiliarse con el empleo de corredores, a los que proveían de mercaderías para
~tercambiar por los productos de especial demanda, tales como tabaco o
cueros. La otra, la de los propietarios rurales que comerciaban no sólo sus
productos, sino también los de su región, y reunían, entonces, las dos condiciones de productores y comerciantes.
Por prescripción constitucional estaban excluidos del comercio en el
interior de la provincia los extranjeros que no fuesen domiciliados -esto
es, los que ingresaran la suma de cuatro núl pesos como mÍnimo, o tuviesen un oficio o profesión útil y supiesen leer y escribir. Se les prohibía expresamente recorrer el interior y se les fijaba como único lugar de residencia la ciudad de Goya; autorización ampliada, en 1830, a los puertos de Bella Vista y Esquina. Se exceptuaban también los dueños de establecimientos agrarios que, según las reformas constitucionales de 1824, superasen un
valor mínimo de 2 000 pesos fuertes. 9
El comercio por medio de corredores, reglamentado por el estado provincial, poseía características comunes a las de toda Hispanoamérica colonial y post-colonial. Para el caso correntino, fueron descritas por los Robertson (1815) y por D'Orbigny (1826/27). La forma de comerciar en Corrientes - dicen los súbditos británicos- es la de habilitar a los productores

�84

SigloXJX

rurales con dinero o mercancías, entregadas a cuenta de futuros acopios de
frutos del país. Los rie~gos de una operación -que denominan "habilitaciones o créditos"- fundada en un convenio verbal obligaban, añaden, a
fijar precios muy por encima de los reales a las mercancías entregadas al
productor rural y pagar muy bajo las suyas. Este debía entregar luego al
comerciante, al precio previamente convenido, los frutos acopiados. Operaciones mercantiles que comprobaremos al describir las actividades de un
establecimiento rural.
Por su parte, D'Orbigny describe similares procedimientos en la producción de tabaco. ''Multitud de pequeños comerciantes recorren el campo, cuando se aproxima la temporada, ofreciendo sus mercaderías a los
agricultores". Estos las compran a crédito, debiendo pagarlas más adelante
con el tabaco. Los comerciantes venden sus mercaderías asegurándose
''un beneficio mínimo del ciento por ciento'' y las adelantan a los compradores según el mayor rendimiento que estimen de la futura cosecha.
"Varias veces - recuerda- asistí a tales transacciones sin moneda". El
comercian le
empieza por doblar el precio de su mercadería y conviene recibir
antes de que se haya establecido el precio de la cosecha del año,
por ejemplo, cada mazo de venta -es decir, de un calibre conocido en el país- a razón de un peso, o sea cinco francos, seguro de ganar bastante sobre el precio, pues vi comerciantes de esos que
vendían tabaco a doce reales, vale decir, siete francos con cincuenta el mazo, en el momento más favorable del mercado.
El tabaco se lleva luego a Corrientes en carretas y allá se vende a comerciantes mayoristas que lo expiden a Buenos Aircs. 10
Esta forma de vender hacía depender a los productores de los comerciantes, tanto respecto del precio de esos productos, como del de las mercancías que recibían en calidad de pago o anticipo. La succión del capital
comercial está presente en todos los niveles, hasta en el salario en especie
de los peones, como veremos enseguida. Sólo escapaban a esta situación de
usufructo de las actividades productivas por el capital comercial, aquellos
productores que por su disponibilidad de recursos y experiencia mercantil
podían establecer contacto directo con el ~ercado. Pero, en tal caso, el
productor era sobre todo un mercader, para el que la actividad de hacendado o agricultor consLiluÍa un complemento desu más decisiva función comercial.
La informaci~.l} más detallada que poseemos al respecto data de los
años 1838 y 1839. Es la contenida en la citada contabilidad de León

J.C. Chü:uamonte: Mercados en el Litoral argentino

85

Spalding, propietario de dos establecimientos rurales y de una tienda. Se
trata de las cuentas de dos propiedades cercanas al río Santa Lucía, no distantes de San Roque, y de una tienda en sociedad con un comerciante, en
la población de Bella Vista. Ellas indican un grado de desarrollo de actividades mercantiles mayor que el mostrado por otros casos en los que el productor rural realiza una función intermediaria entre los comerciantes que
los habilitan con mercancías y los consumidores residentes en su propiedad
y zonas vecinas -a la vez que pagan esas mercancías tanto con productos
suyos como con otros acopiados. Casos, éstos, como los descritos por los
Robertson: he visto con frecuencia, recuerda uno de ellos, a propietarios
rurales
...salir con seis u ocho mulas cargadas con nuestra mercancía en
dirección a sus estancias donde vendían al menudeo a peones y
vecinos, prendas de vestir, para volver después al frente de sus
carretas cargadas con cueros, a pagarnos con esos productos las
, comprad as. u
mercanc1as
Según los asientos de la contabilidad de Spalding, éste realizaba actividades
ganaderas y, aparentemente, también agrícolas (aunque no surge con claridad de sus cuentas, en el segundo caso, si lo vendido es cosecha suya o
fué acopiado). En cambio, la condición de acopiador es clara para parte de
esas ventas, tanto de productos ganaderos como agrícolas (maíz, batatas,
rrúel de caña, tabaco), mercancías que se transportaban por el río Santa
Lucía hasta Goya, y en ocasiones hasta Buenos Aires, en un lanchón de
su propiedad. Consta asimismo que en julio de 1833 se asoció en compañia
con un comerciante de Bella Vista, que le proveía de mercancías para vender a sus trabajadores y a pobladores del lugar. Amplió luego sus actividades mediante la compra de otra tienda, esta vez en Goya, en 1838, tienda
de una firma con la que tenía trato comercial anterior. La compañía con el
comerciante de Bella Vista estaba convenida "al partir por mitad de utilidades" al concluirse el negocio; negocio que tenía por objeto la venta de
un conjunto limitado de mercancías, inventariadas por un valor total de
1 252 pesos fuertes; sin perjuicio de su renovación, legal o de hecho, como
en este caso en que se vuelven a registrar otros envíos de mercancías posteriores a la primitiva fecha de extinción de la compañ fa_ Spalding paga a su
socio ya sea mediante remesas de metálico, ya de productos como ganado
en pie, tabaco o crin.
·
El com piejo de actividades mercantiles de Spalding incluía otras operaciones, menudas o grandes, características de la actividad del capital comercial en economías como la correntina. Por ejemplo, entrega de mercancías a un hermano, aparentemente estanciero, y recibo de ganado como
parle de pago (aunque también podría describirse la transacción como adelanto, en mercancías, de una parte del precio del ganado)- Adelanto, tam-

�86

Siglo XIX

bién, de mercancías o de pequeñas cantidades de metálico, tanto a peones
como a pobladores del establecimiento, y contabilización, como parte del
pago de la deuda, de cortas cantidades de maíz, batata u otros productos,
posteriormente inclutdos en alguna operación de venta de acopios.
Pero una de las operaciones más notables de esta contabilidad es un
pequeño y transitorio contrato con un vendedor "al partir por mitad de
utilidades". Este recibe de Spalding miel y huevos por valor de 89 pesos,
para vender -aparentemente correteando por la zona rural cercana, dado
que en los gastos figura el alquiler de bueyes y carro-, y entrega como devolución del capital, más utilidades, la suma de 253 pesos. Cantidad que,
restados 28 pesos de gastos, significó una utilidad a repartir de 136 pesos
fuertes. Para Spalding se trató de una inversión de 89 pesos y una utilidad
de 68;esto es, una ganancia del 76.4°/o.
Pero como esta operación deriva de otra, efectuada un mes antes, la
utilidad es en realidad mucho más notable: unos treinta días antes, al partir también de utilidades, Spalding había entregado a otra persona cuarenta
y un cabezas de ganado vacuno para ser vendidas a dos pesos cada una, y
con la condición de invertirse de inmediato el importe de esa venta en la
compra de tabaco y de miel, al precio fijado anticipadamente en el contrato, de 3 y 5 pesos por arroba, respectivamente. Como esta transacción es
inmediata anterior a la de miel y huevos, y fué asentada en el folio inmediato posterior, es claro que la miel comprada con la suma obtenida por la
venta del ganado fué la que se vendió luego a través del corredor. Esto permite una mayor aproximación a la utilidad real obtenida por Spalding,
dado que ha comprado la miel a 5 pesos la arroba, la entregó al socio-corredor a 7 pesos -precio que determina su integración del "capital" asentado en su libro-, quien la vendió luego con una nueva utilidad que hace
ascender el precio final de la miel --sumando los 7 pesos por arroba a lo
qw• resulta de lo ganado por Spalding- a 12,34 pesos por árroba. La difer!'ncia entn~ el precio pagado inicialmente -5 pesos por arroba- y el de
la venta final -12,34 pesos- significa un 1470/o de utilidad. Esto es, un
margen d,· ganancia enorme qui', en economías precapitalistas, es propio
di' la posición monopolista del mercado, y de su consiguiente dominio sobre la producción, qui' caracteriza al capital comercial. Esos márgenl's de
ganancia fueron conocidos por los Robertson en sus operaciones en Corrientes hacia 1815 y los observaría D'Orbigny una Meada más tarde.
Ellos denuncian los rasgos arcaicos de la economía correntina que volveremos a comprobar en las páginas que siguen.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 87
hierno provincial reglamentó la profesión de corredor entre otros motivos
por algo que ya había preocupado en tiempos coloniales: la necesidad de
reprimir actividades mercantiles clandestinas, calificadas de vagancia. Por
decreto de octubre de 1829, cuyos considerandos refieren los perjuicios
causados a los productores rurales por sujetos de dudosas condiciones que
actuaban como corredores, declara el cese de todos los existentes hasta el
momento. Y dispone que, de allí en adelante, los comerciantes que quisieran emplear corredores debían presentarlos a los jueces de policía y otorgarles una fianza. El funcionario, a su vez, proveería de un distintivo especial a dichos sujetos para ser utilizado durante sus operaciones. En los artículos finales del decreto se describen las actividades consideradas ilícitas
en relación a la compra-venta de cueros y crin, y las penas correspondientes. Pocos años después, la persistencia de los mismos problemas es alegada en los considerandos de otro decreto que prohibía el corretaje en la
campaña y centralizaba en las villas las operaciones mercantiles: el único
mercado de cada departamento será "su plaza respectiva ".13 No sabemos
si el decreto fué cumplido, pero la práctica de las habilitaciones continuó
y datos dispersos indican que los corredores continuaron en actividad.
En cuanto respecta al comercio urbano, observemos que, además del
ocasional en la ya descrita forma del trueque y de los vendedores ambulantes, existían negocios minoristas y mayoristas, de las tres variedades entonces habituales: pulperías -de "menudeo" exclusivamente-, tiendas y
almacenes. La reglamentación del impuesto de patentes las describe con
mayor precisión, al clasificarlas a los efectos che aplicarles la escala del impuesto. Las tiendas eran de tres clases; las que reunían en sí solas " .. .la
venta de efectos secos, caldos por mayor y menor, con comestibles u
otros artículos''; las que sólo vendían " ...efectos secos, caldos, por mayor,
armas, etc."; y las que solo vendían efectos secos. Los almacenes, de
una sola categoría impositiva, vendían caldos u otros efectos, por mayor
y menor, o so'l o por mayor. 14

Los registros del impuesto de patentes y los papeles de escribanías permiten comprobar que gran parte de los comercios minoristas y mayoristas
de las ciudades estaban en manos de los comerciantes que ejercían, también, el comercio exterior de la provincia. Pues, en realidad, las tiendas y
almacenes solían no ser otra cosa que locales, muchas veces transitorios,
en los que el comerciante introductor daba salida a sus mercancías.

El comercio exterior de la provincia

Las habilitaciones a los productores y el empleo de corredores no eran
exclusivos de la producción tabacalera y pecuaria. Se utilizaban para la
captación de todos los frutos del país de importancia mcrcantiJ12. El go-

La ubicación geográfica de la provincia había favorecido el desarrollo de
sus actividades mercantiles. Situada su capital sobre el Paraná, práctica-

�88

SigloXJX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

89

mente frente a la confluencia con el río Paraguay, unió a las posibilidades
que podía ofrecerle su zona de control político, las ventajas de su vecindad con el Paraguay y las buenas cualidades de su puerto para el calado de
las embarcaciones de la época. Asimismo, la red fluvial del interior de la
provincia, especialmente los ríos Corrientes -con sus afluentes Batel y
Batelito- y Santa Lucía, contribuyó a facilitar la salida de los "frutos del
país" hacia sus puertos exportadores.

el aguardiente cuyano- en el consumo de los habitantes de Corrientes. Las
mercaderías importadas, comentaba D'Orbigny

La ley de aduanas de enero de 1825 habilitó los puertos de Goya y
Esquina, además del de Corrientes, para el comercio exterior. El de Goya,
próximo a la desembocadura del Santa Lucía; y el de Esquina, junto a la
del río Corrienles. Unos meses después, en mayo del mismo año, se añadió
el puerto de la recientemente fundada población de Bella Vista, al norte
de Goya. 15

CUADRO l

El comercio por el río Uruguay, con los vecinos estados del Brasil y

el Uruguay, fué de casi imposible regulación dada la falta de control político de la provincia sobre su despoblada franja oriental, en la que sólo
existían los restoi; de algunos ex pueblos guaraníes que habían sido parte
de las misiones jesuíticas Recién en 1830 se efectuó un intento de controlar el tráfico por aquella zona mediante el establecimiento de dos rutas
obligatorias: una, por el paso de Itaquí y el camino a Curuzú Cuatiá. La
otra, por el paso de Los Higos y su respectivo camino a la misma ciudad
del sur correntino, en la que se había establecido una receptoría de renta
en 1821. Y en diciembre de 1830 se habilitaba el paso de Santa Ana, sobre
el Uruguay, para el comercio con las misiones orientales.16
Luego de los efectos destructivos de las luchas civiles que culminaron
en 1820, el comercio exterior de la provincia se habría de recuperar, aunque no en la medida que deseaban los correntinos. Para una evaluación de
ese comercio en el período que nos ocupa, sólo tenemos cifras a partir de
1825 (véase el cuadro 1). En una primer lectura, lo más llamativo de ese
cuadro es el continuo déficit de la balanza comercial, que constituyó una
de las raíces de los conflictos de Corrientes con Buenos Aires y de su política global del período. La expansión del comercio libre había penetrado también su economía al punto que las importaciones ultramarinas compon :an ya parte del consumo popular.
Los registros comerciales no permiten distinguir el origen, fuese rioplatense o ultramarino, de las mercancías importadas, como para lograr
una estimación discriminada de esas importaciones. Textiles ingleses y
franceses, y ferretería inglesa, sobre todo, así como artículos suntuarios de
diverso origen, figuraban junto a productos sudamericanos y de otras provincias rioplatenses - como el tabaco brasileño, los ponchos cordobeses o

consisten principalmente en paños ingleses y franceses, sobre todo
de estos últimos porque son muy baratos; en franelas de todos
colores, que sirven para hacer o forrar los ponchos o para fabricar
chiripás; en indianas, y particularmente en vestidos de muselina,
en bordados verdes o rojos, de producción inglesa; en sombreros
de lana, etc... 17

COMERCIO EXTERIOR DE LA PROVINCIA DE COlUUENTES
1825 - 1841 ( en pesos plata)
Año

hnportaciones

Exportaciones

1825
1826
1827
1828
1829
1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1841

357 624
391 074
385 411
196 801
626 448
462 934
349 008
426 243
407 147
394 953
540 279
399 967
502 511
308 640
96 779
387 991
397 076

172 232
258 322
286 879
206 550
411 203
241 967
322 287
332 325
374 832
334 733
455 809
435 387
350 183
213 088
64 221
202 987
314 175

Balanza
185 392
132 752
98 532
9 749
215 245
220 967
26 721
93 918
32 315
60 220
84470
35 420
152 328
95 552
32 558
185 004
82 901

FUENTES: años de 1827 y 1828, Registro Oficial de la Provincia de Corrientes (ROPC), II, págs. 219 y 333. El resto de los años, Archivo General
de la Provincia de Corrientes (APC), E. A. (se trata de planillas sueltas, con
el título "Estado General que manifiesta las entradas y salidas que ha habido en la Caja General y Receptorías de la Provincia, con distinción de ramos, capitales de importación y exportación en todo el año de... ", título que, con variantes de detalles, se mantiene a lo largo del período; las
planillas de cada año se encuentran intercaladas generalmente entre los expedientes administrativos de los primeros meses del año siguiente).

tf

�90

Siglo XIX

El consumo de las importaciones textiles era abundante hasta en las capas
populares. Así lo muestran las listas de mercancías enviadas desde los puertos a lugares del interior y aún las mismas cuentas de peones de los Q}encionados establecimientos tie Spalding: lienzo, bramantes, hilo, sarasa, hachas,
bayetas, pañuelos casimir, pañuelos de seda, chales casimir, figuran -las
cuatro mencionadas en primer término con frecuencia- en las cuentas de
sus peones, junto a tabaco, sal y otros productos de posible origen correntino y rioplatense. Importaciones ultramarinas, por ejemplo, enviadas de
Buenos Aires a Goya en 1833, incluían tijeras, cuchillos, estribos de metal,
agua de colonia, peines de marfil, papel té, peinetas, jabón americano, aceite, arroz, vinagre, vino Cartón, Málaga, fideos, muselinas, crisoles, limas y
alambres para plateros... 18
Sin llegar, entonces, a la situación subrayada por Parish para Buenos
Aires donde, según el diplomático inglés, salvo las bolas de potro y las boleadoras, el resto de lo que utilizaba el gaucho en su vida cotidiana era de
origen europeo, el consumo de productos importados estaba bastante extendido en la provincia de Corrientes. Contribuía a ello no sólo la falta o la
insuficiencia de la producción local, sino también el menor precio de algunas importaciones textiles con respecto a las producidas en la provincia:
. . .debe decirse -recuerda Mackinnon- que los vestidos, casi todos de fabricación regional, aunque comparativamente toscos, estaban hechos a mano muy acabadamente y, por lo tanto, eran
mucho más caros que las ropas femeninas europeas de la misma
calidad.19
En ese consumo de importaciones existen, evidentemente, productos que
podemos considerar de lujo, lujo modesto y esporádico, pero al que no
eran reacios los pobladores del Río de la Plata cuando disponían de algún
recurso. Aunque también en esto primaba la ventaja de la baratura de algunos productos importados. 20
En cuanto a las exportaciones, los rubros principales los constituían
los productos ganaderos -sobre todo los cueros sin curtir-, las maderas
y el tabaco. Y, asimismo, productos de similar origen que los anteriores
pero con cierto proceso de industrialización, como maderas trabajadas,
suelas y cigarros. Poseían también cierta consideración las exportaciones
de pieles de nutria, de troncos de palmera y cañas bambú, y de cítricos.
Los cuadros 2 y 3 ofrecen una aproximación al volumen de lo exportado por el puerto de la ciudad de Corrientes -que constituía alrededor de
un 60°/o del total del valor de las exportaciones de la provincia. Por las
características de la fuente utilizada -según se explica en las observaciones
de los cuadros-, carecemos de datos sobre la exportación de carretas y em-

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

91

barcaciones, así como de textiles u otros productos. 21
Sólo para una aproximación al valor de las exportaciones de cueros,
así como del conjunto de las exportaciones pecuarias, nos son útiles las
series elaboradas por Julio Broide, indicadoras de la tendencia general de
los precios de las exportaciones pecuarias de Buenos Aires. La gráfica l,
CUADRO 2

ADUANA DE LA CIUDAD DE CORRIENTES-EXPORTACIONES,
PRINCIPALES PRODUCTOS 1826 - 1841
PRODUCTOS VARIOS - CANTIDADES
Medidas: pieles de nutria en docenas, el resto en unidades.
Cueros Cueros
Cueros
vacunos equinos vacunos
Años Suelas curtidos curtidos (sin curtir)

1826
1827
1828
1829
1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1841

3 122
4626
5 594
4249
1 914
5 498
4480
4 901
6 098
9 104
5 934
3 423
2 225
1 725
2 679
6 707

326
267
137
129
328
459
400
174
211
416
484
223
64
567
640

722
365
804
1 211
90
484
473
54
412
519
101
806
1 058
769
859
524

4 819
18
4 164
17 203
9 208
21 703
22 238
18 924
22 115
22 931
34 183
32 824
11 617
55
21 962
26 697

Astas
11 060
5 400
6 425
5 143
11300
34 830
48 221
48 057
56 261
54 010
40 923
36 131
6 928
6 900

Pieles de
Nutrias

42
6 975
4 108
266
58
1 947
16 850
20 502
12 912
6 186
4 394
19 500
1 080

Naranjas

462 200
184 500
245 000
193 500
301 300
650 300
1 166 300
1 114 100
460 500
242 000
987 800
361 000
72 000
33 000
39 000

Observaciones: En las cantidades de cueros vacunos sin curtir hemos incluido una parte de las cantidades de cueros anotadas en los registros
de gtt"Ías sin especificación. Para ello, dividirnos esas cantidades en dos partes proporcionales a las cantidades de cueros vacunos y equinos de cada
año. . . En varias de las columnas se omiten pequeñas partidas de cueros
anotadas "en fardos".
FUENTES: Archivo General.de la Provincia de Corrientes, Toma de Razón
de Guías.

,,

�92 SigioXJX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

tomada de la serie de precios pecuarios en pesos oro de Broide, nos muestra la fuerte caída iniciada en 1835 y acentuada desde 1837.

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93

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Contamos también con información relativa a los precios del cuero
rioplatense en el exterior, en Londres y en Hamburgo -de estos últimos
hemos calculado números índices (véanse cuadro 4 y gráfica 2). Ellos
muestran una tendencia declinante desde mediados de los años 1821-30,
cosa que constituye un trasfondo probablemente tanto o más decisivo
para los problemas de la economía correntina que los efeclos de la políLica bonaerense (es posible que la discordancia con la serie de Broide en
1838-40, se deba a la escasez del producto en Europa derivada del conflicto de Buenos Aires con Francia y el bloqueo francés del Río de la Pla-

ta). 22

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Las informaciones de diversas fuentes respecto del carácter lucrativo de la
producción agropecuaria, así como los cálculos respecto del valor de las
propiedades y de sus ganancias, no significan que existiese en Corrientes

u

C\IOOIO,..,C\10&gt;,...IOll"lCl&gt;Oll"l,...,..,C'l
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2. MERCADO Y PRODUCCION

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OBSERVACIONES A LOS CUADROS 2 Y 3
Los cuadros de las exportaciones de la Aduana de Corrientes son sólo una lejana
aproximación a este aspecto del comercio exterior correntino por sus varias limitaciones. Una. la que deriva de ser sólo lo exportado por el puerto de la capital -del
que sabemos, empero, que representaba aproximadamente el 60°/o del total de las
exportaciones de la provincia. Otra. que proviene del hecho de constituir el cómputo
de solamente las salidas por vía fluvial, debido a que las guías terrestres consignan como destino poblados tales como Gaya o Curuzú Cuatiá y dejan sin definir si se trata
de destino final o lugares de reexpedición para fuera de la provincia. Quedan así sin
registro productos que, como ganado en pie o carretas, tenían salida casi exclusivamente terrestre. Tampoco reflejan los cuadros la posib)e exportación de mercancías
exentas de derechos de aduanas; tales como los tejidos, mencionados como componentes de las exportaciones correntinas, cuya real magnitud hubiese sido útil conocer
por ser uno de los productos más afectados por la competencia no sólo ultramarina sino también rioplatense. Por último, los cuadros informan sólo de la cantidad de productos exportados y no del valor de los mismos.
Hay otros productos (sobre todo tabaco y cigarros, pero también sebo, grasa.
crin, yerba mate...) cuya variedad de unidades de medida - la mayoría de las cuales
no nos es posible convertir a alguna de las otras- no hace posible incluirlas en los cuadros; sobre todo porque muy pocas de esas medidas tienen registro constante. Por
ejemplo, las del tabaco son las siguientes: bolsa, bolsita, bulto, bultito, bocoy, cajón,
saco, barrica. arroba. petacón, barril, sobornal, petaca, rollo, fardito, petaconcito,
saquito. No hay, tampoco, alguna medida que predomine en forma tal que pudiera
hacer posible prescindir de las otras siquiera a manera de ilustración.

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NUMl•:ROS INDICES DEL NIVEL GENERAL DE PRECIOS
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lll'l.:'\OS ,\ IIU .S, l:'\STITUTO DE F.CONOMIA, FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMIC.\$, UNIVI. RSIDAD UF.
BCl.:'\OS \ IIU .S, 1951.

CUADR04
PRECIOS DEL CUERO "DE BUENOS AlRES" EN HAMBURGO, 1814-1845
Mios

1814
1815
1816
1817
1818
1819
1820
1821
1822
1823
1824
1825
1826
1827
1828
1829

Precios
(marcos)

Núm. índice

0.88
0.89
1.01
0.89
0.90
1.00
1.10
1.08
1.08
1.10
1.00
1.13
1.05
1.00
1.00
0.99

104.8
105.9
120.2
105.9
107.1
119.0
130.9
128.6
128.6
130.9
119.0
134.5
125.0
119.0
119.0
117.9

Afios
1

1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1941
1842
1843
1844
1845

Precios
(marcos)
0.94
0.92
0.87
0.84
0.80
0.78
0.74
0.78
0.78
0.80
0.86
0.76
0.71
0.68
0.71
0.72

Núm. índice

119.8
109.5
103.6
100.0
95.2
92.9
88.1
92.9
92.9
95.2
102.4
90.5
84.5
80.9
84.5
85. 7

FUENTE: Jacobs, Alfred und Richter, Hans, Die Grosshandelpreise in Deustchland von 1792 bis 1934,
Berlín Hanseatische Verlaganstalt, Hamburgo, 1935, pág. 68.
Observación: En la serie de números índice, 1833 = 100.

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un mercado de tierras generalizado. 23 Las noticias dispersas que se encuentran sobre el particular, más bien indican que la tierra entraba en circulación dentro de condiciones limitadas. En primer lugar, como es lógico, las
tierras con cierto mínimo de extensión, una adecuada ubicación respecto
de las posibilidades de transporte de los productos, y ciertas características
de aptitud para la explotación agropecuaria -terrenos no anegadizos, buenos pastos, zonas no expuestas a riesgos de bandidos o de incursiones de
indígenas-, entre otras.
Pero, junto a los testimonios de ventas de campos para explotación
pecuaria, agrícola o mixta, que se encuentran en los registros de escribanos y otras fuentes, consta la habitual ocupación de tierras sin operación
mercantil ni título legítimo. La abundancia de tierras públicas, por una
parte, y la de tierras de propiedad privada con explotación extensiva, unida
a las situaciones tradicionales semejantes al colonato, por otra, facilitaba
el asentamiento de la población sin título alguno. Los esfuerzos del gobierno para lograr la regularizacion de estos tipos de tenencia, aún llegando al
extremo de ofrecerla con bajos canones enfitéuticos y, en cierto momento,
gratuitamente sin otra obligación que los trámites administrativos para la
obtención de los títulos, fueron infructuosos. 24

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Así, la facilidad con que se reproducían la producción doméstica para

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autoconsumo y la pequeña producción mercantil conspiraba contra el
desarrollo del mercado de·tierras, como también del mercado de mano de
obra. Ambos mercados eran hipotéticamente libres. La tierra no estaba
vinculada a privilegio alguno, y la mano de obra -a excepción del corto
número de esclavos cuya participación en actividades productivas iba en
acelerado declive- carecía de lazos de sujeción personal.

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La tendencia fue a constreñir a la población al trabajo productivo,
especialmente en producciones mercantiles, y a facilitar un acceso a la

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En cuanto respecta a la tierra, el estado correntino iniciaría y llevaría adelante con tenacidad una política de afianzamiento de esa libertad e
igualdad de derechos -que establecía el reglamento constitucional de la
provincia-, por medio de una abundante legislación. Diversas leyes o decretos tendieron a facilitar los trámites administrativos y pagos necesarios
para la regularización de los títulos de propiedad, la legalización de la
ocupación productiva de tierras públicas, y el acceso de familias de escasos recursos, ya fuera a la propiedad, ya al usufructo en enfiteusis de la tierra pública. Mientras que, en cambio, respecto de la población trabajadora -o potencialmente tal-, desarrollaba una firme política de restricción
de su libertad de movimientos y de su posibilidad de subsistencia al margen de las formas legalizadas por el estado provincial.

97

J.C: Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

SigloXIX

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�98

Siglo XIX

tierra legalmente ordenado -cosa que, entre otros aspectos-- significaba
que todo lo que se hiciera fuese capaz de rendir ingresos al fisco.
Con respecto a la propiedad de la tierra, la respuesta de buena parte
de la población que debía haber estado interesada en regularizar su situación o en aprovechar las facilidades concedidas para convertirse en propietaria, muestra que, o bien juzgaba innecesarios tales procedimientos
dada la facilidad con que se podían ocupar gratis terrenos públicos o privados, o bien carecía del mínimo de recursos necesarios para llevarlos a

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

3.15°/o con respecto al lapso 1825-1830, mientras el promedio anual de
las exportaciones subió un 34°/o. El déficit de la balanza cayó entonces
un 54.6 °/o con respecto al primero de esos lapsos. Es claro que, pese a
todo, un promedio anual de déficit de alrededor de 63 763 pesos plata era
todavía un problema no despreciable, sobre todo si se tienen en cuenta
que el conjunto del comercio exterior, estimado por la suma de sus exportaciones e importaciones, subió apenas un 15.3°/o entre los dos lapsos
(véase cuadro 5).

cabo.

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,

Dadas las reiteraciones de los ofrecimientos gubernamentales y las
sucesivas ampliaciones de los plazos establecidos, es posible partir del
juicio vertido en uno de esos documentos públicos, en el que se califica
esa actitud como ''apática e indiferente" respecto de una tal posibilidad
de asegurarse la propiedad de la tierra poseída. Y reintrepretar este texto
en el sentido de la primera de las dos hipótesis recién anotadas. Esto es, de
la falta de interés, sobre todo de quienes no eran productores mercantiles,
en el esfuerzo necesario para garantizar la propiedad de un bien relativamente abundante y cuyo usufructo era prácticamente gratuito.
Las limitaciones de los mercados de tierra y mano de obra se correspondían con las del mercado de dinero. Las dificultades de la economía
provincial y del fisco vinculadas a la creciente escasez de metálico contribuían a ello pues, como en todo el Río de la Plata, los tiempos posteriores a la independencia habían conocido un continuo flujo del metálico hacia el exterior.
El déficit de la balanza comercial y el problema monetario
La balanza comercial de Corrientes entre los años 1825 y 1838 sintetiza el
conjunto de problemas que condicionaron su política económica antes y

después del tratado de 1831. En primer lugar, si los datos de Mantilla para
alrededor de 1815 fuesen representativos del comercio exterior regular, las
importaciones y exportaciones de la provincia habrían descendido de
750 000 y 500 000 pesos plata, respectivamente, " antes de trastornar la
provincia el caudillo oriental", a lo que muestra nuestro cuadro 1. 25 En
segundo lugar, la magnitud del déficit daba a los correntinos una med~d~
de su pérdida de riquezas, identificada por ellos con la penuria de metalico que lo acompañaba.
Pero, al mismo tiempo, los años posteriores a 1830 muestran que esa
política económica había tenido efectos bastante destacados. Entre 1831
y 1838, las importaciones anuales aumentaron, en promedio, apenas un

99

CUADRO 5

BALANZA COMERCIAL, 1825-1841; PROMEDIOS ANUALES
a. Cifras de los promedios anuales

Período hnportaciones Exportaciones
1825-30
18!11-38

403 382
416 093

262 859
352 330

Suma hnportaciones
y Exportaciones
666 241
768 424

Balanza
140 523
63 763

b. Porcentajes de aumento o disminución del período 1831-38
con respecto a 1825-30.

+ 3.15°/o

+ 34.03°/o

+ 15.34°/o

-· 54.62º/o

FUENTES: Véase Cuadro l.

No estará de más agregar aqu~ como dato comparativo interesante,
que un cuadro del couiercio exterior de Mendoza, publicado en Buenos
Aires en 1835, muestra una situación inversa a la de Corrientes en los tres
años -1828, 1833 y 1834- que contiene esa infonnación. Importaciones
y exportaciones, que fueron en el primero de esos años de 590 389 y
227 740 pesos plata, respectivamente, habían descendido a 245 389 y
36 500 en 1833, y a 244 490 y 50 438 pesos plata, respectivamente en
1834. El déficit fue de 362 649, 209 395 y 194 052 en cada uno de esos
años. Déficit elevado, pese a la reducción conseguida, especialmente, merced a la disminución de las importaciones desde Chile.26
En cuanto a Corrientes, la disminución del déficit de la balanza es llamativa y podría haber sido un argumento de peso contra la observación
que El Lucero efectuara en 1831, si las cosas no hubiesen llegado a otro ni27
vel de exasperación. Además, aunque el déficit había disminuido notablemente, esto no satisfacía las expectativas que los hombres de negocios
correntinos y sus líderes políticos cultivaban respecto de las posibilidades
de la economía provincial. Por otra parte, a la lista de agravios de Buenos
Aires podían añadir las pérdidas sufridas en la venta de sus productos de

�100 Siglo XIX

exportación derivadas de Ja f.alta de contacto directo con el mercado exte. 28
nor.
Si el lento desarrollo de la economía de Corrientes limitaba el crecimiento de las rentas públicas, eJ casi permanente déficit de la balanza comercial añadía un grave problema: la escasez monetaria derivada de la
práctica habitual del comercio de cubrir con metálico el exceso de las importaciones sobre las exportaciones. Las disposiciones fiscales tendientes a
combatirla abarcan todo el período. Fundamentalmente, consistieron, por
una parte, en atacar el déficit de la balanza mediante una conjunción de
medidas que incluían el proteccionismo aduanero, el fomento de las actividades productivas y la incorporación al mercado de habitantes marginales a
e1. Y, por otra, en prohibir la extracción de oro y plata, así como de joyas
o monedas de esos metales. Estas prohibiciones, adoptadas en enero de
1825 y reiteradas en varias oportunidades, fueron refonadas por la obligación impuesta a los comerciantes (decreto de diciembre de 1826) de cubrir el valor de las importacionP-S con el importe de exportaciones de productos de la provincia. La medida del gobierno reglamentaba las formas de
cobro y pago de las mercancías introducidas en el territorio provincial y las
penalidades a los infractores. 29
Por otra parte, se establecían procedimientos relativos a las libranzas
para otras plazas, disponiendo la obligación de ser infonnadas al gobierno
a los efectos de conceder a éste prioridad para tomarlas en caso que nece. dos en otras provmc1as.
--aoLos
sitase girar contra fond os suyos depos1ta
considerandos del decreto, relativamente extensos, comenzaban con una
referencia adversa al papel moneda de Buenos Aires -que se quería, denunciaba, «introducir en los demás pueblos de la nación"- al que adjudica el
efecto de alterar las relaciones que existían en el comercio antes de su aparición
.. .las causas que obligaron a echar mano de aquel recurso -afirma con un criterio cuantitativista respecto de la moneda- obligan y obligarán siempre, a que la emisión del papel sea excesivamente preponderante sobre todos los artículos y mercaderías
cuyos valores entran en la circulación al estímulo del interés real
que busca el comercio, y en esta desproporción en que la mercadería moneda pierde el nivel que siempre procura con todos los
artículos de cambio, ella es forzoso que decaiga al último abatimiento, y por una contraria proporción adquieren los efectos de
valor real un precio, el más alto, y excesivamente extraordinario.
De allí se sigue la pérdida de la estimación pública por el papel moneda.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 101
Por otra parte, añadía el decreto, otra consecuencia nociva del papel era
la inevitable escasez y quizás total desaparición del metálico. De manera
que, considerando que la prohibición de extraer metálico, establecida en
enero de 1825, no surtió el efecto buscado, el gobierno se ve obligado a
prevenir los males que pudiesen sobrevenir, adoptando las medidas ya
comentadas.31
El decreto es en parte un recurso defensivo contra la depreciación del
papel moneda de Buenos Aires, comenzada en febrero de 1826 y agravada
en la segunda mitad del año. Proceso inflacionario que continuó hasta
1830, con una breve pausa durante el fugaz gobierno de Dorrego. 32 Esta
depreciación había tenido efectos inmediatos en Corrientes, al punto que
en julio y agosto de ese año dos comerciantes demandaron a colegas que
habían entregado libranzas pagaderas en Buenos Aires a cambio de sumas
de metálico recibidas en Corrientes. Los dos demandantes informaban que
el pago de las libranzas había sido hecho en papel moneda y no en metálico, con pérdidas sensibles para ellos, pues se había tomado el cambio oficial de diecisiete pesos papel
onza de oro, mientras ésta se cotizaba
en realidad a veintitrés pesos. 3

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La escasez de metales preciosos no era nueva pero parece haberse
agravado al coinienzo del período que consideramos. Hemos visto que los
Rohertson describen con frecuencia el trueque en las compras al menudeo
pero también, junto a él, dan testimonio del uso de moneda de plata. En
cambio, hacia 1822 el gobernador Blanco debió solicitar autorizaci~n del
Cabildo -en funciones sustitutas del Congreso en receso- para enviar un
mensajero a Buenos Aires con dos mil pesos en onzas de oro a fin de cambiarlas por monedas de plata. El gobernador explicó que, pese a haber realizado las mayores diligencias en Corrientes, no había podido cambiar las
onzas debido a la escasez de plata, cosa que impedía el pago de las tropas y otros gastos indispensables. 34 Y, en mayo Je 1826 se intentó un
rudimentario papel moneda provincial, en una emisión cuyo monto alcanzaba a 3 000 pesos fuertes. Modesta cantidad que indica, en realidad,
la limitada pretensión de atender con estos billetes, más bien vales, el pago de ciertas obligaciones del estado, especialmente sueldos burocráticos
y militares, así como facilitarles a las familias de ese personal sus compras
menudas.

Los billetes, del valor de un peso fuerte, eran canjeables por onzas de
oro en la colecturía general cuando el portador reuniese los diecisiete pesos
fuertes papel equivalentes. El gobierno hacía obligatoria su aceptación en
mercados y en cual~er operac~ón comercial, así como ~os ~dmit~a en el
pago de impuestos. 5 Los considerandos del decreto atribu1an la mnovación a la extrema escasez de moneda de plata, que causaba quebrantos a la

T

�102

Siglo XIX

tropa y a las familias de todas las clases en el cambio de onzas de oro por
plata, aparentemente por el premio de la plata sobre el oro derivado de esa
escasez.
Pocos meses después de la emisión, a fines de octubre del mismo año,

el gobierno tuvo que retirar de la circulación el papel emitido porque " ...algún genio enemigo de todo orden físico y moral" había lanzado a la circulación billetes falsificados. Un año después, vuelve a lanzarse otra emisión,
por la misma suma. Esta vez, los billetes eran en parte del valor de un peso
de a ocho reales, como en la anterior, y en parte de dos reales. El decreto·
alude a la desaparición de la causa que obligó al retiro de la emisión anterior y a la subsistencia de los mismos problemas que la motivaron.36

...

Al rechazo del papel moneda de Buenos Aires, Corrientes añadió,
entonces, las medidas referidas a la existencia de metálico y a su disponibilidad, la limitada emisión de papel moneda convertible con una relación oro-plata-papel :fijada oficialmente, y la fiscalización de las libranzas
sobre otras provincias como parte de la obligación que impuso a los comerciantes de exportar por igual valor de lo importado.

No vuelve a tenerse noticia de otras emisiones. Sí de la persistencia de
la escasez de metálico, testimoniada por la referida reiteración de los controles sobre extracción de moneda o de metales, y por la introducción,
descubierta en enero de 1833, de moneda falsa de plata, del valor de dos
reales. Y, asimismo, por otra medida del gobierno provincial que, en 1835,
reglamentó la venta de joyas u otros objetos de metal precioso, imponiendo la intervención de la policía para convalidar las operaciones. 37
Sin embargo, algunos comentarios oficiales pueden permitir suponer
que las disposiciones legales relativas al comercio exterior y al fomento
de la producción tendieron a aliviarla por su sensible efecto, ya comentado, sobre el déficit de la balanza de comercio: cuando el gobierno de Buenos Aires solicita al de Corrientes hacer suya la prohibición de exportar
metálico, adoptada en 1837 en Buenos Aires cuando el conflicto con
Francia, el gobernador correntino le expresa a Rosas su satisfacción por ver
triunfar
...unos principios que el Gobierno de esta Provincia había adoptado desde mucho tiempo atrás para impedir la extracción de plata y oro y cortar anticipadamente los males que la codicia extranjera ha hecho sentir en otras partes.
Con evidente regocijo ante la oportunidad de desquitarse de las críticas recibidas de la prensa porteña por el rigor de la legislación local, el gobernador correntino señalaba que, fuese por la severidad de la ley o por su es-

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 103

tricta aplicación, " ...nunca han faltado los medios de cambio y circulación tan necesarios al comercio... ,,as De manera que, aún habida cuenta
de la probable exageración del gobernador, el efecto conjugado de las disposiciones legales que prohibían la salida del metálico, y de la reducción
del déficit de la balanza comercial, parecerían haber aliviado la escasez de
moneda.
En el agravamiento de la escasez de plata, a comienzos del período,
debe haber conc11rrido también un refuerzo de la tendencia a la tesaurización, derivada de la inseguridad vivida por la población correntina d11rante la ocupación de la provincia por tropas artiguistas y bajo la subsiguiente dominación del caudillo entrerriano Ramírez. D'Orbigny advertía
que en Corrientes el dinero "se echa a tierra", hábito que unido al déficit de la balanza comercial le hacían parecer razonables las medidas oficiales de prohibir la exportación del metálico. 39
No es de extrañar, entonces, que perdurase la extendida vigencia del
crédito, tanto en el comercio como en la producción, conocida ya desde
antes de la independencia. El trueque y el crédito eran modalidades de amplio predominio en la vida económica correntina, como ya tuvimos oportunidad de comprobarlo más arriba. Una fuente importante de crédito eran las
casas comerciales de Buenos Aires que enviaban mercancías y recibían letras de cambio, giradas contra otros comerciantes de Buenos Aires de quie- '
nes los correntinos eran acreedores por el envío de productos locales.
En el ámbito del comercio exterior de la provincia era común la letra
de cambio, cuya utilidad se acrecentaba, como es conocido, por la posibilidad de sucesivos endosos. Las letras de cambio pagaderas en Buenos Aires permitían facilitar las transacciones entre ambas plazas tanto a los mercaderes como al mismo estado correntino que, en su ya comentada resolución de diciembre .de 1826, se reservaba el privilegio de disponer de las libranzas efectuadas por aquellos mercaderes que debían docul'!1entar los
saldos negativos de sus balanzas individuales. 40
Por otra parte, ya lo señalamos, no existían en la provincia instituciones modernas de crédito y banca. Ni siquiera, casas mercantiles que tuviesen cierta especialización en algunos servicios de tipo bancario. Préstamos
en metálico se podían obtener, como era normal en este tipo de economía,
de parte de algunos mercaderes de fortuna, con garantía de hipotecas sobre
establecimientos rurales, al 6°/o de interés, y con plazos que variaban de
meses a años (algunos hasta cinco años, cosa posible por la hipoteca del inmueble). Pero, por la abundancia de registros en los inventarios de bienes
de los testamentos, se infiere que eran más frecuentes los préstamos en metálico de cortas cantidades.41

�104

Siglo XIX

Asimismo, una de las fonnas más difundidas para lograr capital, fuese
para el comercio o para la producción, comportaba también una variante
tradicional del crédito. Nos referimos a la conocida con el nombre de
habilitación, que ya describimos más arriba. El crédito podría ser en dinero
o en mercancías, caso este último más común por la comentada escasez de
moneda metálica. En caso de ser efectuada en dinero, consistía en lo que la
jurisprudencia designaba con el nombre de mutuo, una de las formas de
contratos reales. En caso de realizarse mediante la entrega de mercancías
poseía la naturaleza jurídica de una venta al fiado: esto es, una variante de
la compra venta, una de las formas de contratos consensuales. 42
Las habilitaciones se encuentran con frecuencia en las relaciones de
comerciantes mayoristas con sus colegas minoristas de las localidades del
interior de la provincia o con corredores que cumplían análogas funciones.
Pues, más allá de su estricta forma jurídica, cumplían la más compleja función, en las condiciones de esa economía pre-capitalista, de poner en marcha un mecanismo de succión de las producciones locales: el comerciante
lugareño habilitado por su colega de la capital o de algún otro puesto exportador de la provincia saldaba sus obligaciones así contraídas mediante
el envío de "frutos del país" de los que era acopiador natural por mérito
de sus conexiones mercantiles y de su disponibilidad de mercancías. En
este punto la inicial habilitación comercial daba lugar a otro tipo de habilitación: la del productor por el comerciante. Este entregaba mercancías,
habilitaba, al productor a condición de una futura entrega suya de sus
productos en forma de pago. Sustancialmente, las habilitaciones a los
productores configuran un fenómeno similar al conocido con el nombre
de trabajo a domicilio y utilizado en Europa desde la baja Edad Media por
los mercaderes para ampliar la producción industrial. 43
Otro procedimiento habitual de obtener o completar un capital, fuese
para operaciones comerciales o productivas, era la constitución de compañías, la antigua y difundida forma de sociedad mercantil que en Europa
surgió a fines de la Edad Media en sustitución de la commenda. Compañías de hecho o legalizadas ante escribano, familiares o no, se utilizaban
para múltiples fines. Los protocolos de escribanos registran la constitución,
o disolución, de diversas compañías, tanto para explotación de una tienda,
como para la de una estancia o la de una embarcación fluvial, entre otras.
Los compañeros podían aportar dinero o, más frecuentemente, mercane ías, en calidad de capital. Asimismo, caso también usual, uno aportaba
mercancías e instalaciones y otro su trabajo personal. Los contratos respectivos suelen incluir estipulaciones sobre otras obligaciones de cada
miembro de la compañía y sobre reparto de utilidades. En caso de omisiones, la legislación española aún vigente contemplaba normas precisas.44

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

105

Mediante este tipo de asociación mercantil se evitaban desembolsos monetarios, aprovechándose la disponibilidad de bienes por parte de unos -que,
dado el carácter frecuentemente aleatorio de las comunicaciones transoceánicas podía abarrotar de mercancías en los momentos menos esperados a cualquier comerciante- y la experiencia mercantil por parte de
otros.
Mientras el valor de la exportación no iguale al de la introducción,
no podrá el comerciante dar por concluído el negocio: será considerado como verdadero deudor, con arreglo al tenor y espíritu del
art. 2 y sufrirá los mandamientos de apremio prevenidos en el
art. 3.
Fae artículo 5o. del ya citado decreto de diciembre de 1826, con su in•
tento de aplicar en escala individual la doctrina de la balanza favorable
-medida empleada ya a fines de la Edad Media en Venecia-, traduce en la
fonna más aguda no solo la necesidad de mejorar la recaudación fiscal sino,
sobre todo, la urgencia del estado correntino en promover la mercantilización de la vida económica provincial: urgencia manifestada en otros ámbitos de su política económica, además del comercio exterior. Y revela, también, las mayores limitaciones para el desarrollo y transformación de esa
economía provincial: aquellas que provenían de la escasa magnitud del excedente capaz de ser comercializ11do.
Esas limitaciones se observan en la amplitud de la economía de subsistencia, en la frecuencia del trueque junto a esporádicas operaciones mone•
tarias, en la difusión de distintas formas de crédito tradicional para compensar la escasa circulación monetaria -desde las ventas con pagos diferidos hasta las habilitaciones, tanto para el comercio y producción del interior de la provincia, como para el comercio exterior.
Ese escaso desarrollo del mercado monetario corría parejo, señalamos,
con el limitado desarrollo de los mercados de tierras, mano de ohra y capitales. Habilitaciones y compañías, junto a la sociedad familiar tradicional, fueron procedimientos habituales para compensar aquellas caracterís•
licas mediante la reunión inmediata de medios de producción diversos:
mercancías y tierra, men:ancías y trabajo personal capacitado, esto mismo
Y tierra, entre otros, fueron frecuentes casos de poner en marcha empresas
comerciales, industriales, agropecuarias o navieras, sin desembolsos monetarios.
A través de estos procedimientos, un grupo mercantil antiguo, y aún
fuerte pese a las viscisitudes posteriores a la independencia, continuó
IL'!ufructuando las posibilidades de expansión mercantil de esa economía,
al par que intentaba desesperadas medidas de ruptura de sus limitaciones
en el plano de la poi ítica interprovincial rioplatense.

�106

Sig/Q XIX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

-

cional, Río de Janeiro, Brasil, t. I 30, 26, 89. Este personaje, al que parece habérsele confiado la misión de ayudar al pueblo de Belén, en Paraguay, consulta si
dado el infeliz estado de la población de Belén, la podrá "fomentar y auxiliar"
con sus "propios intereses" para que sus habitantes puedan emprender algunos
trabajos útiles, " ...llevando una cuenta exacta -agrega- a fin de que se me pague con preferencia, como es debido a todo Habilitador... ".

NOTAS

1.- El texto de esta ponencia reúne varios fragmentos de un trabajo a publicar, cuyo título es Mercaderes del Litora~ la cuestión regional argentina en la primera
mitad del siglo XIX y el caso de la provincia de Corrientes. El autor agradece el
apoyo del Social Science Research Council para la investigación que hizo posible
ese trabajo.
2.- "Informe del Diputado por Corrientes, Dn. Isidoro Martínez Cires", Telégrafo
Mercan~ Rura~ Po/ítico-&amp;onómico e Hi$toriográf,co del Río de la Plata,
(1801-1802), Reimpr. Facsimilar por la Junta de Historia y Numismática Argentina, T. Vl, Año 1801, Buenos Aires, 1914, pág. 368 -número del 22/VIll/801.
3.- Informe del Alcalde Provincial, José J. de Goytía, al Gobernador Blanco, Batel,
19/ll/822, Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentación Hi$tórica, Años 1821 y 1822, Corrientes, 1928, pág. 156.
4.- A. D'Orbigny, Viaje a la América Meridional Tomo I, Buenos Aires, Futuro,
1945.
5.- J. P. y G. P. Robertson, Cartas de Sud-América, Primera Serie, Andanzas por el
Litoral Argentino (1815-1816), Buenos Aires, Emecé, 1950.
6.- Véanse los aranceles eclesiásticos para bautismos, casamientos, y entierros; Ley
del 22/V/827, Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, t. ll. pág. 112.
7 .- Cuentas de León Spaldin&amp; Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles de Particulares, Leg. Unico.
8.- Asiento de venta de 41 cabezas de ganado vacuno a cambio de tabaco y miel
(uno de los negocios por trueque asentados en las cuentas de Spalding), ldem,
Leg. cit., Correspondencia de José Cayetano Femández con José Fontenau,
septiembre de 1834 a noviembre de 1835 (pago de efectos diversos, parte en metálico y parte con productos ganaderos de San Antonio del Palmar, al comerciante residente en Corrientes), en "Fernández, José Cayetano, Concurso",
ldem, Expedientes Administrativos, Sec. Judicial. 1835, Leg. 83, Expdte. Civil
2253.
9.- Reglamento Provisorio Constitucional (1821), y Ley Constitucional (1824),
Regi$tro Oficial de la Provincia de Corrientes, t. I, págs. 25 y 247; Ley del
22/1/830, Id., t. 11, pág. 359.
10.- J. P. y G. P. Robertson, ob. cit., págs. 195 y sigts.; A. D'Orbigny, ob. cit.,
pág. 232. En la obra de Robertson se ilustra la situación privilegiada del habilitador frente al productor: los productores. .. "encontraban más cómodo llevar sus
pocos cueros a Goya que viajar con ellos a Corrientes. Nada sabían de números,
cuentas, medidas o pesas... "(pág. 178).
11.- J. P. y G, P. Robertson, ob. cit., pág. 249.
12.- A. D'Orbigny, ob. cit., págs. 158 y 321; J. P. y G. P: Robertson, ob. cit., pág.5.
195 y sigts; Decto. del 19/X/829, Reg. Of,cial. .., cit., t. ll pág. 344; Oficio de
Teófilo Yusi, Belén, 29/1/812, Col~o Visconde do Río Branco, Biblioteca Na-

107

13.· Dectos. del 19/X/829 y del 23NIII/833, Reg. Oficial. • ., cit., t. II. pág. 344, y
HI, pág. 191, respectivamente.
14.• Reg. Oficial. .., cit., t. I, pág. 35 7.
15.- Ley de arancel y reglamento general de aduanas, 26/1/825, ldem, ldem, pág.
3~4; Ley del 17/Vl/825 -habilitando el puerto de Bella Vista para las operaciones de carga y descarga-, ldem, ldem, pág. 375. La exclusividad de esos tres
puertos volvió a ser ratificada por decreto del 17/X.11/829 -Idem, t. II, pág. 328.
El puerto más importante, luego del de Corrientes, era el de Goya, sobre el que
explicaba D'Orbigny:"...Goya no creció realmente hasta 1812, porque, esperando que las leyes provinciales se sancionaran. ese lugar empezó por servir de
puerto a las mercaderías extranjeras y para la exportación de los numerosos product?s de estas comarcas, lo que determinó que, en 1823, se le diera el título
de ciudad Y fuera el segundo puerto de la provincia. El comercio es aJJ í tan libre
como en Corrientes. Gran número de comerciantes se establecieron para embarcar.los cueros_ del abundante ganado que cubre las orillas de los tres grandes ríos
vecinos Y debido a la concentración de los productos de los tabacales, en medio
de los bosques de palmeras yatais, que se extienden desde allí hasta Caacaty...
Todo anu~cia que Goya será muy importante por su comercio, siendo, por derecho, la saltda de todos los productos de las regiones australes de ese país tan ricas en establecimientos donde se cría ganado...Hay numerosos negoci¿s atendidos por extranjeros e indios... ". Ob. cit., pág. 3_47.

16.- Decto. del 30/VII/830 y Ley del Il/XTl/830, Reg. Oficial. .. , cit., t. II, págs.
393 y 381, respectivamente.
17.- A. D'Orbigny, ob cit., pág. 320. Del mismo autor: "Se fabrica en Córdoba la
mayoría de los ponchos de lana usados en Corrientes; son más o menos finos y
generaimente gnses con rayas rojas y azules. Hay también de otros colores y de
distintas telas. Los colores más usados son el azul, el rojo y el verde. Las mujeres
hacen en Corrientes ponchos de lana, adornados de vivos colores y que son de
una gran solidez. Se emplean como mordentes el alumbre y los orines putrefactos. Ellas tejen también ponchos de algodón, de un tejido muy cerrado y casi
impermeable, rayado alternativamente de blanco y azul". ldem, pag. 355.
l8.- Cuentas de León Spalding, Cuentas de Peones, Archivo G. P."Corrientes, Papeles
de Part., Leg. único; "Razón ... de los efectos que introdujo con guía de Buenos
Aires Don Baltasar Forman", Goya, 20/Ill/833, ldem, Expedientes Administrativos, 1833, Leg. 38. Este documento, representativo del conjunto, permite distinguir con seguridad el origen de cada producto, pues los clasifica a los efectos
de aplicarles los distintos aranceles correspondientes a mercancías rioplatenses y
extranjeras.
19

-· Woodbine Parish, Buenos Aires y las provincias del R(o de la Plata, Buenos Aires, Hachette, 1958, pág. 527; L B. Mackinnon, La /!$Cuadra anglo-francesa en el
Paraná, 1846, Buenos Aires, 1957, pág. 119.

�108 Siglo XIX
20.- "De los géneros que Ud. me ofrece -le escribe al importador un comerciante del
interior correntino- si hay pañuelos de lanilla de bonitos colores y buen gusto
podrá mandarme una 1/2 docena y otra 1/2 docena de los de punto blancos, 2
docenas de muselina de 4/4 con cenefa color y sin ella, una docena de espumilla
si son medianos y baratos, o de seda medianos de buen gusto baratos; si hay
algunas 3 o 4 medias piezas de linón estampado de colores _que si es posible no
sea el fondo blanco y que su precio no sea caro; algunas docenas de cuchillos de
cabo blanco medianos como de 2 pesos docena y ordinarios de 10 a 12 rs., 4
docenas de vainas de cuchillos diferentes tamaños; dos cajitas de zarcillos de
diferente gusto que los que me mandó; y una de sortijas, y alguna otra chuchería
si tiene siendo barato para estos destinos", La insistencia en la baratura concuerda con el rechazo de otros artículos: " ... debo decirle que los 4 velos de punto
son enteramente inútiles para estos destinos, si a Ud. no le sirve de inconveniente se los devolveré muy bien acondicionados. Los pañuelos de espumilla ha hecho bien de no mandarlos pues son muy caros". Correspondencia de José Cayetano Fernández con José Fontenau, cit.
21 .- Las cifras de las exportaciones correntinas, cuyos principales rubros hemos mostrado en los cuadros 2 y 3, corresponden a cantidades de cada producto y no a
valores. No nos es posible estimar el valor de esas exportaciones a partir de la
fuente utilizada, pues solo consigna cantidades de las mercancías exportadas, y
no valores, ni precios. Y, en cuanto a las series de precios pecuarios elaboradas
por Julio Broide (La evolución de los precios pecuarios argentinos en el período
1830-1850, Buenos Aires, Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenns Aires, 1951.) ellas corresponden, en el caso de los
cueros, a una medida y una calidad del producto -la pesada de cueros de 35 libras y la mejor calidad de cueros de buey- que torna muy incierta su aplicación
a las cifras de nuestro cuadro, referidas a unidades y sin especificación de calidad. Aspecto, este úitimo, que hace también más riesgosa la conversión de unidades a pesadas. Por otra parte, las series de Broide no incluyen suelas y solo
nos servirían para seis años de exportaciones de astas, y para los tres de tasajo
que registró el comercio exterior correntino en el período. Respecto de las medidas de peso utilizadas entonces en Buenos Aires, escribía Senillosa: Los cueros
vacunos y caballares... "Se venden al tirar o por piezas, o al peso constando la
pesada de 35 libras si son secos y 60 libras si son salados. Los cueros vacunos secos menores de 18 libras se consideran como becerros o de desecho. Los cueros
de vaca pesan regularmente de 21 a 23 libras, si son cueros secos, y de 55 a 60
si son cueros salados. Los cueros de novillo secos pesan, término medio, de 28
a 33 libras, y de 70 a 80 si son salados". Felipe Senillosa, Memoria sobre los pesos y medidas eacrita. .. en 1835, Buenos Aires, 1876, pág. 48.
22.- Sobre los precios de Hamburgo, véase el citado cuadro 4. Los de Londres, en
Tulio Halperín Donghi, "La expansión ganadera en la campaña de Buenos Aires
(1810-1852)", Desarrollo económico, vol 3, no. 1-2, 1963, págs. 61 y sigts.
Respecto de los mercados de las exportaciones, así como del contrabando con
los países limítrofes, nos ocupamos en el trabajo mencionado en la nota 1, del
que están extraídas estas páginas.
23.- Véanse las referencias sobre propiedades y negocios en LB. Mackinnon, ob. cit.,
págs. 153 y sigts.; J. P. y G.P. Robertson, ob. cit., págs. 270 y sigts.; A. D'Orbigny, ob. cit., págs. 121 y 122.
24.- Respecto de la ocupación irregular del suelo, la política de tierras del gobierno
de Corrientes, y otros aspectos del mismo asunto que mencionamos en esta

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 109
página y las que le siguen, véase nuestro trabajo "Organización del Estado y
construcción del orden social: la política económica de la provincia de Corrientes hacia 1821-1840'', Anuario del Instituto de Investigaciones Hístóricas, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Rosario,
1985.
25.- M F. Mantilla, pág. 202. El dato coincide con el de los Robertson: ob. cit.,
pág. 74.

26.- C~municación del gobierno de Mendoza al de Buenos Aires, del 7 /1/835, en Hamilton a Wellington, 4/11/835, Public Record Office, Foreign Office, Londres,
Gran Bretaña, no. 15, fs. 133 a 135. Se trata de una nota del gobernador Molina
a Rosas en la que exh.tbe el déficit de la balanza, describe la abultada salida de
metálico que ha reducido el comercio, afirma, al trueque practicado en los primeros tiempos del poblamiento de la provincia, y señala: "Una situación semejante, aleja indefinidamente la época tan deseada de poder constituirnos· siendo
éste otro de los males de gravedad que es preciso prevenir". Sé trata de' una de
las presiones que llevaron a la ley de aduanas de 1835. Rosas remitió la nota a la
Cámara de Representantes para su consideración.
f

27.- Nótese que la serie de importaciones y exportaciones de Corrientes que analiza
F1 Lucero -y que reproducen Ravignani (Documentos para la Historia Argentina, Tom_o XVII, Relaciones int~provinciales, La Liga Litoral, 1829-1833),
Buenos Aires, Facultad de Ftlosofia y Letras, Instituto de Investigaciones Históricas, 1922, pág. 201) Y Miron Burgin (Aspectos económicos del federalismo
argentino, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1960, pág. 297) -termina en 1830.
La serie de nuestro cuadro 1, al incluir los años siguientes a las medidas del más
fuerte proteccionismo correntino, se presta a distintas inferencias. Sin haberse
conseguido eliminar el déficit, su acentuada reducción era un argumento más
que acicateaba la lucha contra el monopolio del comercio exterior por Buenos
Aires.
28.- Por una factura de venta de cueros del estado correntino en Buenos Aires, en
1837, se comprueba una pérdida (por diferencia de precios, impuestos bonaerenses y comisión de venta) de 2.13 pesos papel por pesada de cuero vacuno de buena calidad (0.26 pesos plata según la cotización del peso papel en julio y agosto
de 1837, meses de esta operación). Un 6°/o de pérdida por pesada: "Cuenta de
venta y gastos de 110 cueros vacunos que de parte del Estado de la provincia de
Corrientes remitió a mi consignación con fecha 5 de mayo el Sr. Colector General, Y 1 200 dichos que remitió el Receptor de Alcabalas de la Villa de Goya en
la Goleta Cincinati con fecha 20 de mayo pasado", Buenos Aires, 19/VII/837
firmado por el consignatario Rem_igío G. Moreno. Archivo G. P. Corrientes,
Exps. Admvos., cit., 1837. El promedio de peso de los cueros era de 31, 18 libras cada uno, lo que los colocaba en la cotización más alta de mercado: 35 a 36
pesos papel por pesada, según La Gaceta Mercantil; o un promedio de 35.44 pesos en julio y 36 pesos papel en agosto, según la serie de Julio Broide (ob.cit.,
pág. 41, cuadro 16). Los cueros del gobierno de Corrientes habían sido vendidos
por su consignatario, al mejor precio que pudo obtener, a un promedio de 30.89
pesos papel por pesada de 35 libras.
29.- Decreto del 20/Xll/826, Reg. Oficial P. C., cit., t. II, pág. 65. Reiterado por
Decto. del 8/1/830, Id., pág. 389. Las prohibiciones sobre el metálico formaban
ya parte de la Ley de arancel y reglamento general de aduana de enero de 1825,
cap. VII, art. lo., ya citada previamente; el Cabildo había dispuesto similar me-

�110

Siglo XIX

dida en 1822, en un decreto sobre comercio de mulas, en el que un artículo
prohibía a los arrieros la extracción de alhajas de plata y oro y de moneda sellada (Id., t. 1, pág. 121). Las prohibiciones se Ieiteraron en años posteriores:
Dectos. del 3/XII/829, Id., t. ll, pág. 347, y el ya citado de 1830.
30.- Decto. del 30/XIl/826, cit., art. 6, pág. 67.
31.- Id., págs. 65 y sigts.
32.- M Burgin, ob. cit., págs. 82 y 103.
33.- "Domingo Latorre contra Domingo Dagorret sobre cambio de letra en moneda
de oro" y "Ramón Bejarano contra Juan Manuel Bedoya sobre un contrato de
préstamo", el primero iniciado el 11/VII y el segundo el 2/Vlll/826. Archivo
G. P. Corrientes, Archivo de los Tribunales de Corrientes., Expdtes. Civiles,
1826.
34.- Sesión capitular del 4/XI/822, en Archivo G. P. Corrientes, Documentación
Histórica. .• , cit., pág. 273.
35.- Dcto. del 30/V/826, Reg. Oficial P. Corrientes, t. II, pág. 49.
36.- Dectos. del 31/X/826 y 20/V/827., Reg. Oficial P. Corrientes, t. ll, págs. 59 y
163.
37 .- Id., t. lll, pág. 185; Id., Dcto. del 12/Xl/835, pág. 298.
38.- Rosas a Gramajo, Buenos Aires, 12/X/837; Gramajo a Rosas, Corrientes,
22/XI/837. Ambas (la de Rosas es un borrador) en Archivo Gral. de la Nación
Buenos Aires, Aigentina, Gobierno, Corrientes, X-5-7~.
39.- A. D'Orbigny, ob. cit.
40.- Respecto de la difusión de la letra de cambio en Buenos Aires, véase Samuel
Amaral, "Comercio y crédito: El Banco de Buenos Aires (1822-1826)", América, no. 4, año ll, Buenos Aires, abril de 1977.
41.- Entre los préstamos de cierta magnitud: Pedro Leoncio Cabral presta a Machado 250 pesos plata al 6°/o anual sobre hipoteca de la Chacra, Archivo Pcia. de
Corrientes, Expedientes Administrativos, Sección Judicial, 1835, Cabral a Machado por cobro de pesos. Rolón recibe de Pedro Ferré 100 onzas de oro al
6 °/o, con hipoteca; Isasa recibe de los herederos de Juan Francisco Cabra! 1794
pesos con hipoteca; Ferré presta Juan Oporto y A. Pacheco 8 500 pesos plata
con hipoteca: Idem, Protocolos de Escribanos, 1835, varios. Seis años más tarde
el interés es el mismo: Miguel lsasa recibe de Isabel Cabra! 1794 'besos 5 rs.
plata, correspondientes al testamento de Juan Francisco Cabra!. al 6 '/o con hipoteca de un campo, ldem, Idem, Protocolos de Ramón Beláustegu~ 1841.
42.- Pedro Somellera, Principios de Derecho Civil (Curso dictado en la Universidad
de Buenos Aires en el año 1824), Buenos Aires, Instituto de Historia del Derecho argentino, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, 1939, pág. 223, José
María Alvarez, lnstituciones de Derecho Real de Castilla y de Indias, t. II, México, UNAM, 1982, Libro III, págs. 40 y 100.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

111

43.- Véase, al respecto, nuestro trabajo Formas de sociedad y economÚJ en Hispanoamérica, México, Grijalbo, 1984, págs. 180 y sigts.
44. Hemos ya referido las compañías formadas por Spalding para la venta de productos agrarios - compañía de corta duración- y para la explotación de una
tienda. Eran frecuentes también en la instalación de estancias, para explotar el
transporte fluvial en diversos tipos de embarcaciones, entre otras, según consta
en los protocolos de escribanos y en las testamentarías. Respecto de las prescripciones jurídicas, véase J. M. Alvarez, ob. cit., pá~. 179 y sigts.

.. .

�Itapúa: Comercio y Frontera en el
Paraguay del Doctor Francia
ALGUNAS CONSIDERACIONES

Nidia R Afeces y Nora E. Bouvet*

INTRODUCCION
La problemática global en la cual se encuadra el caso que estudiamos se
centra en la conformación y consolidación del estado paraguayo en la época del doctor José Gaspar Rodríguez Francia, Estado-nación que se organiza en su conjunto sobre una matriz no capitalista y que, a pesar de su acción "reguladora" para impedir la penetración colonialista, entra en contacto con el sistema mundial capitalista dominado por Inglaterra. Sin embargo, estos CQntactos están muy mediatizados por la fuerte presencia e&amp;
tatal.
ltapúa y su comercio durante la Dictadura evidencian que el mercado paraguayo mantuvo relación con el exterior bajo el control de un estado que :fiscalizaba la entrada y salida tanto de personas como de productos, asegurando los circuitos de comunicación e intercambio en una frontera bélica y móvil por medio de la vigilancia y acción del ejército. El funcionamiento de Itapúa, como centro nodal de esta frontera, tiene su hase
de sustentación en la política socio-económica de la Dictadura.
El objeto de estudio abordado en algunos de sus aspectos nos permite
acercarnos a la comprensión del proceso histórico que se desarrolla en un
amplio espacio ligado a los ríos Paraná y Uruguay, cuya salida hacia el
Atlántico se logra vía Brasil o Río de la Plata, amplio espacio que incluye
el Paraguay (entre el río del mismo nombre y el Paraná), el litoral argentino, Río Grande del Sur y el Uruguay; y, con esta comprensión, poder salir
de las estrechas historias nacionales para aprehender un espacio que, en
la primera mitad del siglo XIX, tiene una coherencia dada por condiciones
estructurales semejantes.
En este abordaje inicial utilizamos fundamentalmente como hase do*Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario (Argentina)

.,.

�114 Siglo XIX

cumental los oficios de Francia a sus funcionarios en Itapúa: correspondencia constante y minuciosa que contiene valiosos infonnes sobre la actividad administrativa, las fonnas y mecanismos de realización de los intercambios entre el Estado y los comerciantes extranjeros, la atención y el
movimiento de la tropa así como de la situación del distrito misionero y
de sus repetidos con:llictos. La documentación empleada deberá ser complementada con otras fuentes (Libros de Caja, Registros de Aduana, Comprobantes de Alcabala, etc.) para lograr comprender en su complejidad el
nivel de la circulación y el mercado paraguayo en la primera mitad del
siglo XIX.
ITAPUA Y SU ESPACIO
En la frontera sur paraguaya, consolidada la dictadura francista, durante
las décadas del 20 y 30, los dos puertos abiertos al comercio exterior son
Pilar e ltapúa.
Pero es este último el que a partir de su apertura, en 1823, permanecerá habilitado sin experimentar interrupciones. Pilar -centro comunicante con el litoral argentino- sufre en cambio clausuras temporarias por el
bloqueo del río Paraná y por el problemático resguardo de su área de influencia, debido a ese estado de "guerra no declarada" entre Paraguay y
Corrientes. 1
En la frontera norte, desde los primeros tiempos del gobierno del
doctor Francia y hasta 1819, el comercio con los portugueses se venía
realizando por Borhón y Concepción. El acrecentamiento de las fuerzas
portuguesas en Coimbra y el auxilio que éstas brindaban a los mbayás y
guanás en sus continuos asaltos depredatorios, llevó a que el Estado paraguayo prohibiera todo tráfico por el Matto Grosso y que estableciera y
reforzara presidios para impedir el avance brasilefio en una zona de muy
difícil control.
En lo que se refiere a la cuestión de fronteras la posición de la Dicta-

mra es defuúda y consecuente. Cerrado el norte, habilita y resguarda el sur
cuyas condiciones y posibilidades son mejores tanto para lograr contactos
más directos con el exterior como para la fiscalización de su espacio. La
Dictadura proclamó sus derechos al dominio sobre todo el Otaco hasta el
río Jaurí, al norte, y la isla de Atajo, al sur: es decir, hasta la confluencia
del río Paraguay con el Paraná, así como sohre las Misiones hasta el rÍo
Uruguay.2
Implementó una política de puestos defensivos con tres frentes: en
el norte, para contener el expansionismo brasileiio y a los mbayás y gua-

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

115

nás; en el Chaco occidental, para contener a los indios no sometidos; y en
el sur, para asegurar los dominios misioneros cuya posesión era cuestionada por artiguistas y correntinos.

El espacio que con1rola Itapúa -área de las antiguas misiones jesuíticas- llegó a tener en el período que estudiamos un dinamismo en lo político, económico y militar que borra la imagen de un Paraguay completamente cerrado al exterior durante la Dictadura que dieron viajeros de la
época. En este antiguo espacio de circulación de las misiones, ltapúa, fundada en 1619, era una de las ocho reducciones que la orden había establecido entre los río, Paraná y Paraguay, hoy en territorio paraguayo, ubicada
frente a Candelaria, cabecera de las reducciones. San Borja, cabecera de las
siete reducciones portuguesas, en el actual territorio de Río Grande del
Sur, conectaba estos pueblos con Buenos Aires, la Banda Oriental y el
Brasil.3 Para llegar de ltapúa -en la margen derecha del río Paraná- a San
Borja -en la margen izquierda del río Uruguay- había que atravesar el
territorio de Candelaria, cuyo dominio estaba en disputa entre correntinos y paraguayos.
La organización económico-social que la orden jesuita había impuesto
a estos pueblo., conjuntamente con condiciones naturales favorables
-abundancia de vegetales, tierras aptas para agricultura y pastoreo, un
clima templado subtropical-, posibilitaron el aumento demográfico, el
incremento de la productividad y un fluido y floreciente tráfico interno y
externo. El área de las reducciones era un espacio integrado entre sí y, al
mismo tiempo, conectado con otros espacios a través de los mecanismos de
la misma orden.
Esta integración espacial se fue modificando a partir de la expulsión
de los jesuitas, cuando las reducciones pasaron a ser controladas por otros
administradores laicos y religiosos: entraron en una general decadencia,
acentuada durante el artiguismo y los con:llictos en el litoral. La población de ltapúa, cuyo crecimiento había sido significativo en1re l 750 y
1767 -de 3 276 a 4 600 habitantes-, ya en 1784 había descendido a
2 800 y en 1801 a 2 100 habitantes.4
En plena etapa del artiguismo, hacia 1815, cuando el comerciante inglés Rohertson visita las Misiones, describe así a Itapúa:
Triste, melancólico, desolado era su aspecto y el de su pueblo. Todas las cosas estaban destruyéndose -iglesia, colegio, chozasmuchas de las últimas estaban en ruinas; los hombres de a pie, indiferentes en sus puertas; malezas y zarzas brotaban por doquier;
la población mermaba diariamente; y con dificultad dos curas en
cada pueblo podían arañar lo bastante del trabajo de toda la co-

�116

SigloXJX

munidad, para escasamente alimentar y malamente vestir a los indios... E.n ltapúa se nos informó haberse destruido la balsa que
antes servía para transportar carruajes a través del río y que había
tan poco tráfico entre Paraguay y Candelaria, la capital de Misiones, que nunca se había creído necesario construir una nueva... 5
En los momentos iniciales de la apertura de ltapúa hacia 1823, el agente
francés Grandsir, que tramitaba la liberación de Bonpland, señala:
Itapúa tiene 2000 habitantes... Este magnífico país puede llegar
a ser un día de la mayor importancia para el comercio europeo,
pero al presente sólo es accesible a los habitantes del Brasil. Doce
o quince comerciantes de esta nacionalidad mantienen ellos solos
las relaciones comerciales con la provincia de Matto Grosso...6
Mientras que, en el mismo año, el enviado brasileño Antonio Manuel Correa da Cámara, retenido en ltapúa por Francia, influenciado por el fracaso
de su misión diplomática y comercial dice:
Este Povo, cercado de Ríos, e de Arroyos sujeitos a repetidas enchentes annuaes, que inundao o Territorio adjacente cobrindo-o
de hum Limo infecto e prejudicial; he ao mesmo tempo rodeado
de Pantanos, e €barcos inmundos dónde fluem continuamente
pestíferas miasmas. Bosques impenetraveis, e sombríos, que se
perdem coro a vista por hum Terreno inmenso, e alagadico ...
Tempestades temerozas, ventos dezabridos, hum ár já seco, e
humido, a calma ardente e hum frío penetrante e insoffrivel, a
chuva de pedras, ou descarregada por torrentes, tudo isto se
succede nó curto espaco de hum día, e hum día nao tero aqui
differenca de que se lhe segue en todo hum anno. Tal he o clima
do Mercado Paraguayo aberto ao Commercio do Brazil-! 7
La ruta que unía Itapúa a Asunción por un lado, e Itapúa a Buenos Aires,
la Banda t1riental y Porto Alegre, por San Borja, por otro, permaneció
asegurada durante las décadas de estabilización de la Dictadura por efectivos militares paraguayos que tenían órdenes expresas de proteger a los comerciantes autorizados por el Estado.
El tramo Asunción-Itapúa, que atravesaba los pueblos de ltá, Yaguaron, Villa Rica, Caazapá, Yuti, Jesús -66 leguas según Robertson8 - se
cubría en carretas, carruajes, cargueros y caballos siguiendo los mejores pasos de los rÍos y las mejores sendas de los bosques. Arenales y pantanos dificultaba el tránsito en amplios sectores y el paso de los ríos más caudalosos se realizaba en balsas.
De Itapúa a San Borja, el camino se extendía apenas 34 leguas que se

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

117

recorrían aproximadamente en dos días a través del actual territorio misionero y correntino. En Itapúa era preciso atravesar el río Paraná para llegar
a Candelaria, cruce que era escoltado frecuentemente por el ejército paraguayo que patrullaba la región. La mayorÍa de los comerciantes que llegaban a ltapúa, intermediarios de mayoristas de plazas más importantes, tenían su residencia permanente en San Borja. Hasta esta población, el tráfico por la conflictiva área de Candelaria se hacía en caravanas de carretas
fuertemente custodiadas. Salto era el puerto de mayor significación sobre
el río Uruguay donde desembocaban los productos paraguayos para alcanzar los mercados brasileños y del Río de la Plata. 9
En el período estudiado, Itapúa era una de las cuatro delegaciones,
junto con San Isidro de Curuguaty, Pilar de Neembucú y Villa Concepción. La delegación de Itapúa era administrada por un Delegado, cargo que
entre 1820 y 1840 desempeñaron José Norberto Ortellado, José León Ramírez y Casimiro Roxas.
El Delegado poseía una amplia jurisdicción en lo político, económico y judicial como ejecutor de Jas órdenes y agente de información por
excelencia del Dictador con quien mantenía un trato directo y permanente.
Esta jurisdicción comprendía los pueblos misioneros de Candelaria,
al sur, y los partidos de Jesús, Trinidad, Carmen y San Cosme, al norte,
hasta Yutí, sobre el río Tebicuary. De la delegación de Itapúa dependía la
subdelegación de Santiago, a la que Pstahan subordinados los mayordomos de los Pueblos de Indios. Los Comandantes de Urbanos ejercían una
actividad predominantemente militar con la función específica de promover el reclutamiento y la instrucción de dicho cuerpo, y colaboraban
con la tropa en la defensa del territorio y la protección del comercio que
se realizaba por el área. En los distintos pueblos de la jurisdicción de Itapúa, Jueces Comisionados cumplían diversas funciones realizadas para el
fomento de la · agricultura, la instrucción popular y el mantenimiento del
· · • 10
orden y de la JUSbc1a.
El Receptor de la Aduana de Itapúa, Ramón León entre otros, fiscalizaba la entrada y salida de productos y cobraba los derechos aduaneros,
controlaba los fardos, cajones y bultos y hacía el inventario, memorial o
razón, completo y detallado, de los efectos que intentaban introducir los
comerciantes. Lo enviaba, junto con muestras de los mismos, a la Tesorería en Asunción para ser aforados, así como enviaba las remesas de lo recaudado en la Aduana cuyo registro era muy estricto y supervisado directamente por el Dictador.

�118 Siglo XIX

APERTURA DE ITAPUA. INTERCAMBIO Y CONTROL ESTATAL
Durante la primera década del Paraguay independiente, su comercio exterior, que se realizaba primordialmente por el sur siguiendo la vía natural de
los río,, se vio afectado por los agudos conflictos con Buenos Aires y las
provincias del litoral argentino.
Si bien este comercio no cesó enteramente, su decadencia era notoria
hacia 1822: fue ésta una de las causas de la creciente oposición oligárquica
que culmina en "la gran conspiración de 1820", reprimida enérgicamente
por la Dictadura Suprema y Perpetua.
Las exportaciones cayeron de 391 233 pesos en 1816 a 291 564
pesos en 1818;a 191852en 1819,asolamente57493en1820.
De la misma manera, como se refleja en los impuestos de importación, cayeron de 83 640 pesos en 1816 a 58 840 pesos en 1820
debido al desarrollo de la guerra civil de ese año, sólo para continuar declinando a 44 346 pesos en 1821, alcanzando finalmente
su punto más bajo de 4 828 pesos en 1822. 11
La necesidad de revertir esta situación para que el Estado contara nuevamente con la importante fuente de recursos proveniente de los derechos de
importación y exportación, así como de los otros impuestos que recaían
sobre el comercio, y la presión del capitalismo inglés -vía Brasil-, confluyeron en la apertura de ltapúa hacia 1823. La coyuntura era favorable para dicha apertura en la medida en que el mercado paraguayo requería mínimamente de ciertos productos manufacturados. Al mismo tiempo, necesitaba abrir una vía de comercio legal, una válvula, que pudiera controlar y
reducir de esta manera el contrabando (que si bien en términos absolutos
no era importante tenía un peso relativamente significativo en la economía
paraguaya) y, por otro lado, obligar a los comerciantes particulares a no
operar sin licencias, a pagar los derechos e impuestos y a respetar los precios que fijaba el Estado.
En la década del 20, Brasil, buscando garantizar la neutralidad paraguaya en la inminente guerra Cisplatina con las Provincias Unidas del Río
de la Plata, envía distintas misiones oficiales que fracasan.
En enero de 1822 llegó a Asunción, don Pablo Machado, emisa,rio Brasilero para proponer al Dictador, entablar relaciones entre
ambos países y el Dictador después de estudiar la propuesta, la
aceptó: pero con la condición de ser provisoria y como ensayo
por un año, designando a "ltapúa" como único punto para el intercambio comercial debiendo los brasileros llevar sus productos a
dicho puerto, sin poderse extender más de una legua de aquél lu-

Areces-Bou11et: Comercio y frontera en Paraguay

119

gar. Los brasileros con las condiciones expuestas, no les convenía el negócio, así que pocos llegaron a Itapúa, pero en cambio.
se aventuraron a llegar varios comerciantes Correntinos y Entrerrianos, y éstos con pasaportes de Montevideo y como los productos de mercadería que llevaban tenía un precio excesivo, debido a
que el viaje que tenían que hacer por tierra era largo, fueron pocos los que se exponían a un negocio que no les rendía ganancia
y más bien pérdidas, por las grandes trabas que se les ponían, de
manera que el arreglo comercial con los brasileros pudo darse
por fracasado. 12

En 1824 arribó a Asunción el cónsul brasileño Antonio Manuel Correa da
Cámara. El doctor Francia presionó para que terminaran las incursiones
brasileñas en la frontera norte y el apoyo d~do a los indios. Correa reconoció las quejas paraguayas como legítimas y aseguró al gobierno que las
violaciones cesarían, lo que no se cumplió.

Es a partir de una gestión directa entre el comandante de las Misiones de San Borja y el delegado de Itapúa, que comerciantes brasileiios
residentes en San Borja logran la habilitación del puerto. Este primer intercambio permitido legalmente está encuadrado en los términos de una
simple operación mercantil: traían diversos efectos y "algún Dinero con
intención de imhertirlo en Yerba y Tabaco", no traían "cosa mayor por
no saber el estado de este País" y solicitaban "auxilio de Soldados y Cargueros hasta las inmediaciones del Uruguay" para el transporte de las mer13
caderías. La operación se centró en la compra inmediata de 3 tercios de
yerba y 8 aITohas de tabaco por lo que se pagaron respectivamente 8 y 30
reales la arroba.
Los dos primeros comerciantes brasileños habilitados, Antunes y Al'taeta, acordaron negocios posteriores: uno con el pueblo de Trinidad por
100 arrobas de yerba a 9 reales, puesta la mercadería en Itapúa; y otro por
200 arrobas también de yerba, para lo cual depositaran en poder en dos
personas las onzas y el resto de sus efectos, para el P3&amp;° de los tra~ concertados prometiendo volver cuanto antes con los art1culos anunciados y
'
asegurando
que con ellos han de venir otros trayendo carretas y bueyes. 14
Se están exportando los productos tradicionales, yerba y tabaco, que desde
la época colonial tenían mercado en el exterior, y, al mismo tiempo, se
están concertando distintas operaciones, lo que seiiala el interés por mantener abierto el tráfico.
En el transcurso del mismo año 1823, la Dictadura dispuso que una
tercera parte de los productos llevados al mercado de ltapúa debía ser yerba perteneciente a los propios de la ciudad, la cual tenía que adquirirse de
los respectivos almacenes a razón de un peso la arroba ( quedando exonera-

�120 Siglo XIX

A reces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

da de pagar el impuesto de 4 reales por tercio fijado anterionnente). Así
se daba salida a la "crecida porción de Hacienda destinadas al bien común
y exigencias públicas, aprovechando el comercio abierto en la Frontera de
la República con los Portugueses Americanos del Brasil ". 15
Hasta fines de la década del 30, por Itapúa, la yerba y el tabaco serán
los rubros de exportación más importantes. Seguían el ganado, los cueros y
otros productos primarios que nunca alcanzan los elevados procentajes de
los primeros. 16

...

Los frutos del país eran intercambiados por productos manufacturados de diversa índole y de procedencia sobre todo inglesa: gran variedad de
tejidos de lana y algodón (paño, brin, bayeta, lienzo, casimir, lanilla, etc.);
herramientas y utensilios (hachas, tijeras, azadas, clavos, limas, calderas,
jarros, cuchillos,. navajas, sierras, etc.); metal en bruto (hierro y acero); sus•
tancias alimenticias y farmacéuticas (condimentos, canela, pasa de Málaga,
añil, etc.); artículos varios (vidrios, espejos, cuadernos, papel, lentes, botones, loza, adornos, etc.); material de guerra (pólvora, municiones, sables,
pistolas, tercerolas, etc.); y juguetes e instrumentos musicales.
El siguiente memorial de los efectos comprados en Itapúa a un comerciante brasileño que "corresponde a la tropa de carretas despachada a
Asunción el 14 de febrero de 1837 con las mercaderías adquiridas a un
sólo comerciante", es una muestra de la procedencia y de la variedad de
los productos introducidos:

Razón de algunos de los efectos comprados a Olivera
2
2
1
1
6
3
24
15
12

docenas... tijeras de costura las mejores
a
gruesas.... cuerdas romanas comunes
para guitarra, cada gruesa a
docena .... sombreros negros de pelos
finos de los de inferior calidad a
arroba .... anís, la arroba a
libras .... comino, la libra a
libras .... pimienta, la libra a
sombreros negros de pelo, fábrica porteña copa ancha arriba, calidad inferior de
a 8 y 1/2 pulgadas de alto a
.... sombreros blancos de pelo de la misma calidad inferior de a 8 y 1/2 pulgadas
de alto a
.... abanicos de papel, varillas de hueso
caladas de buena vista, de 1O pulgadas de

4 $ 4 reales
6 reales
4$
2 reales
2
,,
2

alto a
.... abanicos de papel, varillas de madera
ordinaria a
1
docena ..... anteojos de patillas, vidrios blancos ovalados de
32
estuches de a 2 navajas, cabos blancos
de hueso para barba, calidad inferior, el
estuche a
16
.. . . estuches de cartón negro de a 2 navajas, cabos negros de asta para barba de
mejor calidad, el estuche a
1
gruesa . ... cuerda de Chile para guitarra
surtidos en grosor - en
24
.... armónicas de a 4 y 3 y 1/2 pulgadas
de largo a
24
.... armónicas de a 3 pulgadas a
48
.... armónicas de a 2 y 1/2 pulgadas y a
figuras de peras a
1 y 1/2 docenas .... tijeras elásticas de a una pulgada oja por docena a

a

4$

6

12
4$

12 reales

24

1 y 1/2 docenas .... tijeras elásticas 6 y 1/2 pulgadas oja por docena a
20
calderas de fierro estañadas de a 6 pulgadas de fondo y 3 de boca a
6
. • .. pizarras de a 12 pulgadas largas de alto y 8 de ancho con 80 lápices para ella a
20.000 .... agujas a saber 4.000 del No. 1 - 2.000
del No. 2 - 6.500 del No. 3 - 4.500 del No.
4-2.000 del No. 5 y 1.000 del No. 6, buena calidad, el millar a
20
.... azuelas inglesas, corbadas ojos cuadrados de a 7 y 1/2 pulgadas de alto y
4 1/2 de boca a
18
.... azuelas buenas ojos redondos de a 7
pulgadas de alto y 3 y 1/2 de boca la docena a
8
docenas .... azadas de fierro de a 1/4 de
varas de alto y de boca y 3 y 1/2 la docena a
32
arrobas .... acero grueso bueno la arroba

arrobas .... fierro en 6 planchas de 1 y
1/2 pulgadas de ancho la arroba a
arrobas .. . . fierro en 7 barras cuadradillos
la arroba a

121

3 "
12 $
8 reales

10
6

2

"

1 y 1/2 real
1 real

9$
9$
7 reales
8

2$
10 reales

15 $
12 $

9 $ 3 reales
10 reales
10

La calidad de los variados productos transportados en convoyes que cada

�122

Siglo XIX

uno de los comerciantes aforaba en ltapúa, era controlada en Asunción_por
medio de las muestras enviadas. Eran revisados cuidadosamente asimismo
el peso y las medidas declaradas de los productos que los comerciantes intentaban ingresar al país, y muchas veces rechazados "para que vean que
también aquí entendemos y queremos cosas buenas supuesto que se las ha
. "18
de pagar bien
.
Por ejemplo, se rechazaron al comerciante Palmeiro
9 piezas que trabe por lila, diciéndole que no son verdadera lila.
sino el que llaman Chamelote de Olanda que es una tela muy sencilla, que no sirve aquí para nada y mucho menos para tropa por19
que casi es los mismo que la lanilla delgada.
!k• .....

a 111,

.,,,

o "hcchisos inservibles en figura de sable" con recomendación de decirle al
comerciante que
en el Paraguay no se admiten tales disparates inútiles y que así lo
lleve y remita de nuevo otra vez, porque no se le ha de permitir
poner en venta, pues no se han de aforar, para que no se engañe a
ningún simple y también, para que esos Lucitanos no se acostumbren a traher basuras para llevarse los buenos ganados que tanto
le sirven, y necesitan, así como las buenas haciendas, que tanto se
.
, :1)
estunan
y valen en otros patses.

Palmeiro es uno de los tantos comerciantes que llegan a Itapúa como Peralta, Guimarais, Ximénez, Farías, Yardin, Souza, Rego y Olivera Blanco.
La extensión y los inconvenientes que presentaba la ruta obstaculizaban el traslado de los chasques que hacían el recorrido entre Itapúa y
Asunción y, por lo tanto, dilataban las operaciones. Estas y otras demoras
dificultaban la vehiculización del capital comercial, retenido por largos meses en Itapúa. Correa da Cámara informa acerca de estos inconvenientes:
Os chamados Negociantes Portuguaes, que aquí soiao negociar,
demoravao-se a concluir os seos tratos, quando muito seis mexes;
durante este tempo faziao repetidas visitas a S. Borja para mudarem de ares; os seos Peons, e Domesticos permaneciao sobre a
margem esquerda do Paraná em frente de ltapúa para fogirem
quanto !hes hera possivel a peste que o devasta; apezar de todas
estas precaucoens viviao huns, e outros huma vida enfoerma. e
mizeravel. A Escolta que para qui mandei com o Capitao Silva
volveo toda a S. Luis estropeada, Hum d'aquelles que a compunhao morreo poucos días depois de chegar a S. Niláo. . . 21

Una vez que el Dictador autorizaba la operación y ésta se concretaba, gran
parte de los efectos comprados por el gobierno se depositaban en los alma-

Arece1-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

123

cenes o tiendas del Estado. Su encargado era directamente el ministro de
Hacien~a quien "8&lt;:omo~ en Cajones numerados los efectos siguientes
...po~~ndo a continuacion de esta Orden Nota individual de lo que trai~
cada caJon, para que se traslade a los almacenes de la casa de Gobierno". 22
Los efectos almacenados eran ofrecidos en venta directa al público con
precios fijados por el Estado.
En este medio de ese~ monetaria los efectos se intercambiaban por
otros efectos, la mercaderia por otra mereadería, siendo éste el mecanismo
más ~cuenteme°:te utilizado ~or los comerciantes y por el Estado para
negociar. De este tipo de operaciones seleccionamos algunos casos que consideramos significativos:
Dile á Acuña que supuesto que a Silva le han venido paños de
la estrella _Proc~e componerse con él, para que le cesa al me?ºs una ~ieza, o todo lo que le queda. sea a pagarle en dinero,
o a camb10 de otros efectos que tenga. ó le haga traher de cuyo m?do f~ tendrá menos que retomar, de lo que debe ~ la Tesorena, diciéndole igualmente que también se le recibirá paño
de menos an~ho qu~ sea de buena calidad dando algunas varas
~as. Puedes ir vendiendo a los siete pesos los mancarrones vieJOS, que te parezca, pero solamente a cambio de paño regular
de la estrella, que no se destiña, y a los precios de su aforo. De
ese mo_&lt;lo el qu,e quiera Caballos, diligenciará esos paños con
otros, º, los hara traher. De azero y bayeta tiene muchísimo la
Tesoreria. por que los Correntinos tambien han trahido
mucho. 23

En otra transacción, por ejemplo, se acuerda que
Se tomarán las cinco piezas paño de segunda de Rego con ciento
treinta y cuatro y media varas a los tres pesos que ha ofrecido las
que se pagarán en puras zuelas á tres pesos c~atro reales y as/ correspon?e darle ciento, quin~e zuelas faltando un peso, 'que debe
~sprec_iars~! respecto a que a mas de darsele estas a bajo precio, y
sm obligacion de pagar su extracción, sus paños son todos defectuosos. Supongo que quedará contento. 24

O se estipula que
Se entregarán desde luego a Barbosa las 200 arrobas de tabaco y
a Ribero los 26 cueros de garra comunes, por la seda verde, de la
que cada chasque me vendrá trayendo a 2 libras. De los mismos
cueros se entregarán a Hurtado los 336, que se le deben por el trato anterior.25

Aparece aquí d débito o el crédito de uso comente en la colonia y

�124

Siglo XIX

que se mantiene para llevar a cabo las transacciones:
Los restos, trapería, y cosas despreciables, é inutiles para Tezorería que manifiesta Farias, no son abono para el c~o porque t~poco han de producir el dinero, ni los efectos utiles del deb1to.
Así rio solo no se Je hade permitir mas extracción de cosa alguna,
sino que con él y con los otros deudores se hade tener el cuidado,
que ya hé indicado, de que á nombre de otro, ó en cabeza agena
no hagan alguna extracción clandestina, fraudulenta; pero se l~s
puede decir, que haga priniero traher algunas cosas p~~-Tezorena
á cuenta de sus obligaciones, y entonces se le perm1trra extraher
otra vez, pues que despues de la primera remes~ que hizo, aun no
ha hecho traher cosa alguna. Supongo, que asi el como Sousa ya
remitieron algunos productos de sus ventas, y el total de sus debítos ya es de consideracion. 35
Est.amos considerando las operaciones que el mismo estado par,.guayo realiza con los comerciantes extranjeros, observando cómo dicho Estado intenta regular las mismas obligando a la compra de detenninados efectos.

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

125

sus funcionarios es el de ser infonnantes y hasta espías, lo que llevaba a
una cierta complicidad en el trato. La Dictadura repetidamente encarga,
por ejemplo a Morínigo, subdelegado de Santiago, que
reservadamente averigüe siempre con los comerciantes que están
allá y con los que en adelante vengan de las noticias, que hayan de
Europa porque se aguardan grandes novedades sobre las Américas
y los Portugueses del Janeiro y Montevideo por su situación las
pueden saber primero que en Buenos Aires. De cualquier noticia
que adquiera, se me avisará inmediatamente. 29
Apreciamos algunos de los límites del mercado paraguayo: básicamente, la
persistencia de una economía premonetaria en la que las mercancías anticipadas son las que dan vida a la circulación de mercancías. Este cuadro no
está completo en la medida en que no incorporamos al comerciante particular paraguayo, para de esa manera poder testimoniar su participación y
peso en el comercio por Itapúa.
Este comercio, que fue muy importante durante las décadas estudia-

das -representa el 74.50% del total de las exportaciones en 1829, el

En 1831, uno de los años de gran incremento del ganado, los comerciantes deudores son obligados a comprar los ganados de las Estancias de
la Patria a cambio de traer "para su pago los generos y efectos que ya saben ellos cuales son los que conviene a la Tezorería ". Z1

92.49°/o en 1832, el 90.42°/o en 1835 y el 79.95% en 183730 - , no estaba acompañado por la presencia fluida de la moneda metálica en la órbita de la circulación, fenómeno más acentuado en otras villas y pueblos
del interior paraguayo donde, en general, prevalecía el trueque.

La necesidad de conocer los precios de los productos en el mercado
exterior para acordar un trato equivalente es preocupación constante del
gobierno, lo que explica -entre otros motivos- los pedidos insisten~s de
gacetas (La Gaceta Mercantil, El Lucero, El Diario de la Tarde, El ~ibera/
y otros). Sus principales proveedores eran estos mercaderei; que arnbaban
a ltapúa. Las gacetas aportaban los valores de las mercade~1&amp;: en el mercado exterior. Conociendo éstos se intentaba obtener un prec10 JU5to para los
efectos del país.

De todas maneras, siendo Itapúa un centro de concentración mercantil se realizaban pagos en moneda, aunque aparentemente en forma limitada, interviniendo el Estado en la circulación de metálico. Desde antes
de la apertura de Itapúa, la Dictadura instrumentó severas medidas para
evitar la evasión de moneda, con algunas excepciones referidas a la compra
de material bélico cuya adquisición se privilegiaba.31

De todas maneras, el mismo mecanismo del capital comercial hacía
que los comerciantes obtuviesen ventajosas ganan~ias a pesar de las protestas y reclamos de la Dictadura, que se repiten en las décadas que ~alizamos. Por ejemplo, en 1829 el gobierno se quejó de que los comerciantes
brasileños se resistían a pagar 20 reales (menos de 3 pesos) la_~oha de
yerba que vendían en Buenos Aires a 50 pesos. 28 Esta explot::ic1on _del capital comercial de uno de los polos productores en par_te explica la importante afluencia de comerciantes de distinta procedencia, pero sobre todo
brasileña, al puerto de Itapúa.
Otro servicio que el Estado requiere de los comerciantes a través de

Al iniciarse el comercio por ltapúa, las operaciones mercantiles realizadas durante los dos primeros años no se ajustaron a las reglamentaciones
y disposiciones vigentes sobre extracción de metálico. Esta situación se re.lleja en los considerandos del Decreto -francista de noviembre de 1825:
.. .los Comerciantes que vienen a Ytapúa, exportan algunas cantidades no solo por varios informes de los que de aquí han ido al
Comercio de aquel Pueblo, sino por el hecho mismo de que no todos los sobredichos Comerciantes llevan en haciendas, o frutos del
país todo el valor de los efectos, que introducen, lo que manifiesta evidentemente, que lo demás del importe de sus géneros lo llevan y sacan en plata sellada, siendo un comprobante de lo mismo
las considerables ventas, que se les ha tolerado hacer en dinero
efectivo, que no vuelven a emplear en compra de haciendas, o fru-

�126 Siglo XIX
tos, cuando uno de los motivos, que se ha tenido en la observancia de no percibirse de ellos sino en sus mismos generos casi toda,
o la mayor parte de los Derechos de introducción, ha sido el excusarse la precisión de hacer crecidos expendios a plata selladas, y
que así verificasen generalmente extraher y con cuya condición
se abrió y franqueó el comercio en el expresado pueblo.. .
y se encarga al mayordomo Receptor que
en adelante no consienta la frecuencia y continuación de tales empleos, ó compras á dinero efectivo no siendo en aquella moderada
y muy precisa porción, ó cantidad, que se considere indispensable
para pago de algunos Derechos, y de los gastos precisos, que tengan para su subsistencia los mencionados comerciantes, y que no
puedan proporcionarlos con sus mismos Efectos, zelando al propio tiempo con particular cuidado por todos los medios que le
dicten la prudencia, y las circunstancias del régimen, que aquellos
comerciantes obserban asi en sus pasages á la otra banda, como en
el de sus peones ó sirvientes, y en los transportes de sus Haciendas, el que en ninguna ocasion se vuelvan á hacer exportaciones
de dinero, practicando al efecto los registros y reconocimientos
que convengan, ó sea necesario en sus Equipages y en las mismas
Haciendas, que se transportan ...32
En 1829, cuando el comercio se normaliza después de la guerra Cisplatina,
se vuelven a reiterar esas disposiciones porque
hubo en esto gran abuso, y los portugueses extrajeron algunas
cantidades de dinero, habiéndose sabido, que uno llamado José
López, se llevó hasta tres mil pesos y así otros porque no se ponía
reparo por total descuido y falta de celo del Mayordomo Morínigo, que hacía de Comandante...33
Para evitar entonces la extracción clandestina de metales se debía efectuar
un registro minucioso no sólo de las personas de los mercaderes sino de sus
mercaderías y monturas: "Años pasados, yo (Francia) mandé hacer aquí
barrenas largas que atravesaban todo el tercio de yerba de un costado a
otro, porque no hay arbitrio y artificio o fraude que no discurran para extraer monedas. " 34

Arece1-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

127

efectos convenientes, no menos que p. r. la falta de anteriores correspondencias y relaciones comerciales bien que el giro mismo y
el curso de los ne~cios podrán ir facilitando sus progresos. Además la franca y libre Navegación del Paraná, q. e debe sostenerse
como de una vía pública exenta de toda traba, y la entera franqueza de los Puertos de la Rep. ca, que con absoluta libertad de
comerciar, ha resuelto mi Gov. no el modo q.e otros Estados y
Países de América constituídos independientes como el Paraguay, dan lugar a Ex tensas especulaciones mercantiles.
Puede ser q.e de aquí a algun tiempo vayan de esta parte otros
Negociantes llevando hasta el paso de Santo Tomé Azúcar., Miel,
Sal, Yerba, y Tabaco bien q.e no en mayores porciones, pr. ignorarse, si en este Destino se encontrarán a cambio los géneros, q.e
se busquen aunque de los más usuales.35
En una de las comunicaciones de rutina que el Dictador envía a sus Comandantes sintetiza los objetivos dd comercio paraguayo reactivado por
Itapúa:
de este modo se contribuirá al comercio, yendo muchos pobres
con sus cortas partidas a expenderlas allá con estimación, y proveerse de géneros baratos. No habrá el monopolio de los europeos
y extraños que abarcando todo el comercio (roto) recogiendo miles en dinero sin beneficio, utilidad, ni adelantamiento alguno de
los hijos del país, que hasta aquí sólo han enriquecido a extraños.
Y por último se guardará en mucha parte la ocasión y facilidad de
sacar la plata en lo que debe tenerse un contínuo e incesante cuidado y vigilancia a prevenir las fatales consecuencias de la escasez
y falta de dinero.36

CANDELARIA: FRONTERA BELICA
~ara_ concretar los objetivos económicos del gobierno paraguayo era prion~o asegurar la, ruta c~ercial a través del distrito de Misiones y alcanzar
d no Uruguay, v1a de salida no bloqueada al exterior.

Estas medidas, referidas al metálico y el intento de bloquear la salida
de los mismos, están englobadas en el programa económico que la Dictadura implementó. En particular respecto al comercio exterior expresa:

La situación de conflicto entre Corrientes y Asunción data de 1810:
cuando la convocatoria de la Junta de Buenos Aires fue acatada por Corrientes mientras que Asunción continuaba su lucha frente a la supremacía portefta. La Junta ordenó a las autoridades correntinas que interrumpieran todo comercio y correspondencia con el Paraguay.

El tráfico en nuestras respectivas Fronteras será acaso limitado en
sus principios por la dificultad de los transportes, y por las distancias al interior p. a. el surtimiento de los artículos, frutos y

LI)! aflos 1811 y 1812 estuvieron mareados por una tregua armada,
sin grandes hostilidades reales. Sin embargo, respondiendo a las órdenes de

�128 Siglo XIX

A reces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

129

Buenos Aires, el teniente gobernador de Corrientes estableció un bloqueo:
capturó los buques paraguayos que iban en tránsito hacia el sur y se impusieron nuevos y altos impuestos a los productos paraguayos en los mercados rioplatenses ( de todas maneras, a través del contrabando, se mantuvo
una relativa comunicación).

amenaza para el Paraguay. Se ordenó entonces desmantelar Santa Ana y
las patrullas paraguayas capturaron a Bonpland, hecho que tuvo gran repercusión. Bonpland fue obligado a permanecer en el Paraguay nueve años,
durante los cuales montó establecimientos rurales, se dedicó a la agricultura y a la fabricación de medicamentos y dulces.

Uno de los problemas más difíciles de resolver era determinar a
quién pertenecía el departamento de Candelaria. Durante la época colonial había dependido de Asunción. Sus pueblos formaron parte de las Misiones del Paraguay que, a partir de 1810, se consideraron integrantes de
Corrientes. El tratado del 12 de octubre de 1811 había dejado sin resolver los límites entre Corrientes y Paraguay y en misiones diplomáticas pos37
teriores esta cuestión no llegó siquiera a plantearse.

Cuando había preparado una buena provisión, partía cada ocho
días del lugar de mi residencia para Itapúa, acompañado de un
carguero, llegado a esta pequeña villa, alquilaba una pieza y exponía allí mi mercadería. También establecí una fábrica de aguardientes y licores; en fin tuve un taller de carpintería y un aserradero, que no solamente me sirvieron para la explotación de mi donúnio sino que me procuraron algunos recursos pecuniarios.40

Todavía en 1831, el doctor Francia continuaba reafirmando el dominio paraguayo sobre el distrito misionero:
... aún se les puede decir que a más de otras razones, Velazco
último Gobernador Europeo del Paraguay era al mismo tiempo
Gobernador de Misiones hasta Yapeyú, y la Cruz, porque Misiones ha sido siempre un Gobierno político y militar distinto del de
Buenos Aires, y que si van a Buenos Aires, digan por allá que
los paraguayos conociendo que se le quiere estorbar su comercio,
están dispuestos a destruir y desbaratar cualquier establecimiento
en esos lugares. 38
La aparición y constante incf!'mento del comercio brasileño por Itapúa,
cruzando el castigado departamento de Candelaria, hizo que patrullas paraguayas entraran desde 1821 en ese territorio para asegurar la ruta comer•
cial. El gobierno paraguayo tenía sobrados motivos para defender a toda
costa Misiones. A este respecto Francia decía que debía impedirse que los
enemigos sacasen la yerba "para sostenerse y criar fuerzas contra el Paraguay", y que la República -consultando su propia seguridad y tranquilidad- debía dominar hasta el río Uruguay.39
Un intruso famoso, Aimé Jacques Bonpland, naturalista francés, con
el apoyo de Francisco Ramfrez y habiendo recibido una concesión del gobierno entrerriano, puso en marcha en Santa Ana una empresa yerbatera.
Esta instalación fue considerada por el Dictador como amenazante para los
intereses paraguayos por su cercanía a Itapúa. Temía que se estableciese
allí una hase de operaciones que permitiese la invasión de los ejércitos de
Ramírez, conociendo la relación que éste tenía con Bonplancl.
Luego de la derrota del entrerriano, el científico francés se alió con el
caudillo Nicolás Aripi, considerado también por el Dictador como una

El incremento del comercio hizo que el doctór Francia adoptara la medida de ocupar Candelaria por la fuena, y comenzaron los trabajos de construcción del fuerte San José sobre el río Paraná. En 1832, una expedición
de aproximadamente un mes de duración apresó a toda la gente sospechosa y estas acciones preocuparon a los correntinos que las consideraban como una invasión a su territorio. La guerra entre Paraguay y Corrientes no.
se declaró en 1832, porque esta provincia no encontró en las otras del litoral argentino el apoyo necesario para iniciar la lucha. 41 La Dictadura estableció guarniciones al sur del Paraná, envió patrullas y expediciones regulares por las rutas comerciales y por los ríos con la orden de aprehender a
toda persona que anduviese sin licencia. De esa manera mantuvo el control
,obre Candelaria.
Entre 1831 y 1832, patrullas correntinas, partiditas y algunas emboscadas, irrumpen en el área. Francia insiste en qur. los terrenos entre el
Aguapei y el Uruguay, incluso las poblaciones de Yapeyú y La Cruz, pertenecen al Paraguay.42 En octubre de 1832, Ferré declara la guerra, tropas
correntinas ocupan Candelaria y la guarnición paraguaya se retira sin luchar. A pesar de las fuertes recriminaciones a sus oficiales, Francia no ordena una decidida ofensiva para reconquistar Candelaria, sino que se limita
a proteger el tráfico comercial:
El fin es proteger el pasaje de hacienda, para lo que basta que la
tropa se mantenga en alguna de las dos picadas, de las que se me
informara cual será la más aparente, supuesto que en cualquiera
de ellas pueden alojarse en tiendas, y barracas aunque sean .doscientos hombres. Ni hay necesidad de tanta gente, y mucho menos de andar con Artillería lo que sería una faena bien escusada.
Tampoco es preciso meterse en el monte, que será intolerable de
sabandijas, y la emboscada puede hacerse cuando bien se proporcione. Un oficial, o sargento, que supiese portarse con cincuenta
fusileros, era muy suficiente para ahuyentar a esos salvajes, que en

�130

SigloXIX

percibiendo haver tropa, ninguno se acercaría a tiro.- Lo que
estoy previendo es, que de resulta se a~arán y ya no andarán
con confianza lo que trastorna mis planes.
El tono y contenido de este oficio se repite en las distintas comunicaciones de Francia al delegado de Itapúa en estos años. Durante los enfrentamientos, el Paraguay ordenó abandonar el campamento de Salto y cerró
las tranqueras de Loreto y San Miguel, lo que obligó a arrear el ganado a la
banda occidental. Entre 1832 y 1834 se produjeron continuos enfrentamientos. La provincia de Corrientes dominó transitoriamente Candelaria,
explotó sus yerbales y estableció puertos sobre el rÍo Uruguay al sur de
San Borja. En los años finales de la Dictadura, el Paraguay ejerce progresivamente el control: es intensa la activiaad militar de tipo defensivo.
La consideración de Itapúa como centro nodal de esta zona de opera•
ciones, reforzada con otros fuertes, guardias y fortale'las, hace de esta villa
sede de una importante concentración de efectivos militares. En 1832, año
de auge del comercio por Itapúa y de recrudecimiento de la ofensiva correntina, se encuentran destacados en ltapúa "133 individuos entre soldados y Tambores de las dos Compañías de Cavallería y troeo de fusileros,
44
18 Cabos, 5 Sargentos y 3 Sub-tenientes", sin tener en cuenta que en
los otros puestos, fuertes y guardias existentes en el distrito se encuentran
igualmente destacadas otras guarniciones militares.
En otros documentos se habla de escoltar a los comerciantes con
45
250 hombres. Y en distintos oficios, el mismo Dictador llega a fantasear con un ejército de 4 000 hombres que se concentraría en Pilar para
asaltar a Corrientes.46 No se tiene conocimiento exacto del total de efectivos: como una medida de seguridad, las cifras exactas sólo eran conocidas por el Dictador y su tesorero.
De todas maneras las fuerzas armadas llegaron a constituir el sector
más importan te y costoso de los egresos de la Tesorería. R A. White,
contabilizando los sueldos anotados en los Libros Manuales de la Tesorería General, calcula para 1828 un total de 1 167 efectivos distribuidos entre 5 compañías de carabineros, 4 de granaderos a caballo, 3 de infantería,
3 de caballería y 2 de artiUería; y, en 1837 un total de 1 760 organizados en
4 compaf\Ías de infantería, 4 carabineros, 4 de caballería, 3 de lanceros, 3
de granaderos, 1 de artillería y 1 banda militar.4 7
Dicho historiador considera como promedio válido un poco más de
1 200 soldados incorporados durante todo el período del gobierno de
Francia,48 núentras que Andrada estima 3 000 hombres en servicio con una
reserva de algunos miles de Urbanos considerados como la continuación de
las antiguas milicias. 49

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

131

La milicia colonial había llegado a la revolución controlada por las
clases propietarias, y es esta milicia proveniente de las encumbradas familias terratenientes la que es decapitada por Francia, quien depura y
controla el cuerpo de oficiales. Su gravitación política también tennina por
ser severamente limitada, aunque sólo luego de un complejo proceso entre
1810 y 1816, fecha del último Congreso que otorga la perpetuidad a la
Dictadura y donde los militares ya no tienen peso político.
El reclutamiento se realizaba entre los hombres más fuertes de cada localidad, excluidos los de familias distinguidas; no por privilegio sino para
evitar su inclusión en las filas del ejército y, desde esos cuadros, tener la
posibilidad de organizar y fomentar alguna fuena de oposición a la Dictadura. La oficialidad estaba integrada por los .Comandantes de fuertes y
puestos, los Delegados jefes militares con amplia jurisdicción en sus respectivas delegaciones, y los Comandantes de Urbanos en sus respectivos partí•
dos.
La formación de esta oficialidad era precaria puesto que prácticamente
no recibían instrucción militar ni había escuela preparatoria alguna. No
existían rangos mayores a capitanes y tenientes y entre los mismos se realizaba una rotación periódica de los lugares de destino. Los ascensos eran
minucioSélÚlente estudiados, teniendo en cuenta principalmente la aptitud
y la adhesión a la causa de la República, aplicando severos castigos y reprimendas a los contraventores. Los sueldos de los militares eran superiores a
cualquier categoría burocrática, reteniéndose parte de ellos para alimentación y vestuario. Las Provisiones eran regularmente remitidas por el Estado
a los distintos cuarteles y provenían de las Estancias de la Patria.
Una gran diversidad de documentos muestra la preocupación de la
Dictadura por las fuenas armadas: desde el unifonne, :fijando las telas
correspondientes para las estaciones del año, y el alojamiento (estableciendo pautas para la construcción), hasta la salud de la tropa, que Jbozaba de
períodos de descanso sobre todo las establecidas en las fronteras.
Al no existir una Escuela de preparación militar, el Dictador ( que
ejercía las funciones de ministro de Guerra, comandante en Jefe y Auditor de Guerra) personalmente se encargaba de la instrucción, en particular de la caballería. En Asunción, el centro militar más importante seguido de Itapúa y Pilar, recibía los partes de los jefes de las distintas unidades y sin demoras resolvía sobre las distintas cuestiones que se le presentaban. A partir de 1819 un decreto del Dictador organiza los regimientos de Milicias de costa arriba y costa ahajo con sus presidios. 51 El doctor
Francia entendía que la renovación del ejército no era posible sin su modernización: buen equipamiento técnico y efectivas tácticas y estrategias.

...

�132

Siglo XIX

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

Este ejército, que mantuvo una posición defensiva en la conflictiva
frontera sur -juego político-rrúlitar frente a los correntinos de avances y
retrocesos, de emboscadas y partiditas-, logró asegurar las antiguas vías
de circulación del espacio misionero.

-

NOTAS

133

12.- Wisner de Morgenster, Enrique, El Dictador del Paraguay. Dr. José Gaspar
Rodríguez de Francia, Concordia, 1923, p. 123.
13.- Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (BNRJ) Colee. Río Branco, 1-30, 21, 86.
José Pedro César a José Norberto Ortellado, San Borja, lo. de febrero de 1823.
14.- BNRJ, Colee. Río Branco, 1-29, 23, 28. Ortelladoal Dictador. ltapúa 8 de mano
de 1823.
15.- ANA, Sección Historia (SH), 237, Decreto Supremo, 12 de septiembre de 1823.
16.- White, R. A., op. cit., pp. 246-252.

1.- Williams, John Hoyt, "La guerra no declarada entre el Paraguay y Corrientes" en
Estudios Paraguayos. Vol. 1, No. 1, Asunción, noviembre de 1973, pp. 35-43.

2.• Los derechos sobre el área misionera son afirmados en los oficios a Comandantes, que eran transmitidos a los comerciantes con licencia que frecuentaban la
zona sur.
3.- En territorio paraguayo: San Ignacio Guazú, Santa María de la Fe, Santa Rosa,
Santiago, San Cosme, Itapúa, Tónidad y Jesús. En la actual República Argentina: Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus, San Carlos, San
José, Mártires, Concepción, Apóstoles, Santa María Mayor, San Javier, Santo
Tané, La Cruz y Yapeyú. Al este del río Uruguay, hoy en Brasil: San Borja,
San Nicolás, San Luis Gonzaga, San Miguel Arcángel, San Lorenzo, San Juan
Bautista y San Angel..
4.- White, Richard Alan, Paraguay's autorwmous Revolution. 1810-1840, University of New Mexico Press, Alburquerque, 1974, p. 26.
5.- Robertson, Juan P., y Guillermo P., La Argentina en la época de la Revolución. Cartas sobre el Paraguay comprendiendo la relación de una residencia de
cuatro años en esa República bajo el gobierrw del Dictador Francia, trad. y
prólogo de Carlos Aldao, La Cultura Argentina, Buenos Aires, 1920 pp. 67-64.

17.- Vázquez, José Antonio, El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos,
Eudeba, Buenos Aires, 1975, pp. 321-322.
18.- ANA, SH. 24J, 12. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 25 de octubre de 1832.
19.- ANA, SH, 241, 12. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 17 de marzo de 1832.
,¡

20.- ANA, SH, 241, 7. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 18 de junio de 1831.
21.- Anais do ltomaratí, cit., p. 245.
22.- ANA, NE, 3106. Orden de Francia, 28 de diciembre de 1825.
23.- ANA, SH, 240-2. Francia al Deleg. de ltapúa, 2 de octubre de 1829.
24.- ANA, SH, 241-12. Francia al Deleg. de Itapúa, 25 de octubre de 1832.-

25.- ANA, SH, 243-12. Francia al Deleg. de ltapúa, 27 de junio de 1838.

26.- ANA, SH, 241-7. Francia al Deleg. de ltapúa, 18 de junio de 1831.
27.- ANA, SH, 241-7, cit.

6.- Carta de Grandsir a Humboldt, Itapúa 10 de septiembre de 1824. En Pérez
Acosta, "Juan F. Francia y Bonpland" Instituto de Investigaciones Históricas,
No. LXXIX, Buenos Aires, 1942.
7.- Anais do ltamaratí, t. 111, introducción de Aurelio Porto, Río de Janeiro, 1938,
p. 247.

28,- ANA, SH, 240. Decreto del 11 de mano de 1829 y Oficio de Francia al Delegado de ltapúa, junio de 1829; BNRJ, Cuaderno de Autos Supremos, 17-2-8, pp.
3841. Decreto 4 de noviembre de 1825.
29 .- ANA, NE, 2561. Oficio de Francia aJ Subdelegado de Santiago, 17 de junio de
1824.

8.- Robertson, op. cit., p. 65.
30.- Whlte, R. A., op. cit., en base al cuadro de p. 145.
9.- Andrada e Silva, Raúl, Ensaio sobre a Dictadura do Paraguay, 1814-1840.
Universidad de Sao Pablo, Fundo de Pesquisa do Museu Paulista, Sao Pablo,
1978,pp. 217 y 220.

31.- ANA, SH, 218. Decreto de la Junta, 7 de julio de 1812.
ANA, SH, 223.-4. Decreto del Dictador, 13 de noviembre de 1814.

10.- Archivo Nacional de Asunción (ANA), Nueva Encuadernación (NE). 3111.
Auto de Francia,27 dejuniode 1827.
11.- White, R. A., op. cit., p. 108.

ANA, SH, 226. Decreto del Dictador, 8 de septiembre de 1816.
32.- ANA, SH, 237-10. Decreto 4 de noviembre de 1825.
33.- ANA, SH, 240-2. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 9 de febrero de 1829.

�134 Siglo XIX
34.- ANA, SH, 240-2. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 17 de junio de 1829.

Espacios Coloniales y Economías
Nacionales: Bolivia y el Norte Argentino
(1810-1930)

35.- BNRJ, Colección Río Branco, 1-29-23-28. Francia a Norberto Ortellado febrero
de 182;:3, en Justo_ Pastor Benítez, La Vida Solitaria del Dr. J. G. de F,;ncia F1
Ateneo, Buenos Aires, 1937, pp. 254-255.
'

36.- ANA, NE. 3107. Oficio del Dictador al Cte. de Pilar, 16 de noviembre de 1825.
37.- Archivo General dela Nación Aigentina (AGNA), Leg. X.1-9-12; Leg. X. 1-9-13.

Erick D. Langer*

38.- ANA, S. A. 241-7. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 30 de diciembre de
1831.
39.- BNRJ, Col. R. Branco oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 3 de febrero de
1822.
40.- Louis Adolphe Brunel,Biographie de Aimé Bonpland Pari's, 1871 pp 84-85
A t v
.
Bonpland, cit. p. 43.
•
, .
, en
J• »e'
e, rez cos a, rranc,a y
4 1.- Willi~s, John N., "La guerra no declarada entre Paraguay y Corrientes" en
Estudws Paraguayo,, Vol 1, No. 1, Asunción, noviembre de 1973, pp. 3543.
42.- ANA, SH, 241, 12- Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 14 de agosto de
1832 Y 28 de octubre de 1832.
43.- ANA, SH, 241-7. Francia al Delegado de ltapúa, 27 de febrero de 1833.
44.- ANA, SH, 241-12. Orden de Francia. 17 de marzo de 1832.
45.- Ver Supra.
46.- ANA,_ SH, 241-12-Francia al Delegado de Itapúa. 25 de octubre de 1832;
Francia del Delegado de ltapúa, 28 de octubre de 1832.
47 .- Wbite. R A., op. cit., apéndice, pp. 259-261.48.- White RA., op. cit., Y_ol. DI, No. 2, diciembre de 1975, p. 120. Rengger, Juan
J., ~ongc~p, ~arcelmo, Ensayo hútórico ,obre la Revolución del Paraguay y
go_bierno dictatorial del Doctor Francia, Imprenta y librería de Mayo Buenos
Arres, 1883, p. 148.
'
49.- Andrada e Silva, Raúl de, op. cit., p. 184.
50.- ANA, ~H, 243. 12. Oficios de Francia, 14 de noviembre. 22 de noviembre y 29
de noVJembre de 1838.
51.- ANA, SH, 229-9. Decreto de Francia, 13 de marzo de 1819.

Para la mayoría de los historiadores latinoamericanos, el siglo XJX representa un período durante el cual las repúblicas recién establecidas se consolidaron como naciones, aunque este proceso fue en ocasiones difícil y
soportó intensas disputas internas y el nacimiento del caudillismo divisivo. No obstante, los historiadores tradicionales que han tratado temas
políticos del siglo XIX aceptaron implícitamente a la nación como unidad
apropiada de análisis. Los pocos historiadores económicos que han escrito sobre el siglo XIX (a menudo como "antecedente" de temas del siglo
XX) han aceptado generalmente a las fronteras de los nuevos países como
límites económicos viables. Hasta cierto punto este enfoque fue impuesto
por las fuentes disponibles y el aumento de las economías de exportación
ligadas al comercio británico. Obviamente, el comercio con Europa dependía en gran parte de las políticas seguidas por los nuevos gobiernos latinoamericanos, haciendo factible un análisis basado en las unidades nacionales.
Durante los últimos quince años, en la medida que los historiadores

han empezado a descubrir y usar los abundantes recursos documentales de
las regiones fuera de las ciudades capitales, se ha hecho aparente que el comercio regional era mucho más importante de lo que indicarían los registros en las capitales nacionales. Aunque muchos de estos nuevos estudios
se concentraron con frecuencia precisamente en sus propias regiones particulares, se tomó visible que el comercio interno conservó su importancia.
Este intercambio incluía el comercio dentro de los límites nacionales,
así como el comercio entre los países latinoamericanos basado frecuentemente en patrones coloniales. Por supuesto, el comercio interno y los mercados eran más importantes lejos de las ái-eas costeras a las que los comer•
ciantes británicos poaían llegar con faciliélad. Sin embargo, estas regiones
*Departamento de Historia, Carnegie-Mellon Univeuity (Pittsburgh, USA). Traducción de Laura Gorena M. y Guadalupe Almaguer S.

·11'

�136 Siglo XIX
no costeras representaban áreas sumamente importantes en donde vivía
la mayor parte de la población latinoamericana en la primera mitad del
siglo después de la independencia, como en el centro de México y la región
andina.
Para mostrar la dinámica de los mercados internos durante el siglo
XIX este estudio examina el comercio en la región central de los Andes,
donde se incluye al sur del Perú, Bolivia y la parte norte de Argentina.
Aunque se enfoca en los primeros cincuenta años después del establecimiento de las nuevas repúblicas y especialmente en Bolivia, el centro económico de la región durante el período colonial, la hipótesis es que, a través de la óptica de las relaciones comerciales, es necesario ubicar la consolidación económica de los estados latinoamericanos hacia la década de
1930.
Queda mucho por hacer al respecto para esclarecer los puntos espe~íficos y lo que aquí se incluye es un bosquejo basado e~ gr~ p~rte_ en mfonnación secundaria así como en algunas fuentes pnmanas. Sm embargo de esta evaluación tentativa es posible discernir ciertas tendenci~
generales. Durante el período que se extiende desde la Independencia
hasta la división de la región en sus respectivas economías nacionales en la
década de 1930, se manifiestan cuatro etapas en las relaciones comerciales
entre Bolivia y el norte de Argentina. Desde luego, esta periodización es
sólo aproximada: las fechas proporcionadas son, en el mejor de los casos,
preliminares ya que el proceso del cambio económico varió de un área a
otra.
La primera etapa, de 1810 a 1825, abarcó los trastornos de las luch,as
por la independencia. Durante la segunda fase, de 1825 a 1860, el patron
comercial colonial siguió siendo débil pero permaneció intacto en su mayor parte. El período de 1860 a 1890 fué de transición: mientras que 1~
econ~mía de extracción de plata boliviana disfrutó de un breve resurgimiento y hasta cierto punto fortaleció al comercio interno, se desarrollaron tendencias centrífugas que con el tiempo provocaron la desintegración
de la red colonial. En la última fase, de 1890 a 1930, la floreciente economía argentina llenó el vacío comercial que dejó el declive abrupto de la
economía basada en la extracción de plata en la región sudeste de Bolivia. Sólo durante la Gran Depresión y la Guerra del Chaco (1932-1935),
la región se dividió en economías particulares siguiend~ en ~n part~ las
fronteras políticas nacionales a la vez.que los estados nnpoman ":'e~das
proteccionistas y se fortalecían en general al tratar asuntos econom1cos.

E. Langer-: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

137

rante la mayor parte del período colonial el motor de la economía sudameric~na española. Como ha demostrado Carlos Sempat Assadourian,
el funcwnamiento de las minas de Potosí requirió la creación de una extensa red comercial que abarcaba casi todo el continente y era alimen~da por_ la circulación interna de la plata extraída de las mina8 para pagar
bienes diversos, como telas baratas, mulas, ganado, trigo, coca, yerba mate y otros bienes necesarios que no eran proporcionados por España.2 La
demanda de productos provenía tanto de las regiones mineras como de la
ciudad de Potosí, la que durante el siglo XVllalcanzó un total de 160 000
habitantes.
Es evidente que la importancia de otros centros comerciales aumentó
al declinar la productividad de Potosí en la segunda mitad del siglo XVII.
Uno de los casos más nótables fue el desarrollo impresionante de Buenos
Aires durante el siglo XVID, lo que en 1776 obligó a la Corona Española a
separar Bolivia (llamada Alto Perú en el período colonial) y lo que ahora
es Argentina, Paraguay y Uruguay del antiguo virreinato de Lima. La floreciente ciudad de Buenos Aires se convirtió en la capital del nuevo virreinato. Sin embargo, la intensa presión ejercida por los comerciantes limeños
para que la Corona devolviera a Lima la jurisdicción del Alto Perú, demuestra que la región platera de Potosí siguió siendo un importante centro económico que los peruanos no estaban dispuestos a perder. 3
En vísperas de la independencia, a pesar de la disminución de la producción de plata, Alto Perú permaneció como uno de los mercados más
importantes de Sudamérica. Con un millón de habitantes, contenía aproximadamente el doble de la población de la futura nación dr Argentina.4
No obstante que una cantidad importante dr residentes del Alto Perú
eran indios comunitarios, autosuficientes en sus necesidades, P.staban más
atados a la economía mercantil a través de la necesidad de pagar tributo
y la mita (tributo pagado principalmente en plata, no en mano de obra)
que i;ná~ adelante e~, el siglo XIX. 5 Como resultado, d antiguo "espacio
econom,co peruano tomando la frase de Assadourian, con Potosí como su centro, mantuvo su atracción como un mercado importante a pesar del flujo de_ plata a través del pu~rto de Buenos Aires. Las regiones que
rodeaban las minas de plata dependian todavía de esos mercados. Eso sucedía especialmente en el mismo Alto Perú y en las provincias norteñas de
la actual Argentina: Catamarca, Santiago del Estero Tucumán Salta
Jujuy y parte de Córdoba. 6
'
'
'
EL PERIODO DE LA INDEPENDENCIA.1810-1825

EL LEGADO COLONIAL
El caso de Bolivia resulta especialmente ilustrativo, puesto que tas minas de
plata de Potosí, localizadas en la región central sur del país, fueron du-

La larga guerra civil de quince años que acompañó a las luchas por la independencia afectó seriamente a los patrones del comercio colonial. Esto
sucedió particularmente en la región que comprende el norte de Argentina

�138

Siglo XIX

y Bolivia. Aunque Alto Perú pertenecía al virreinato de la Plata, los patriotas en Buenos Aires no lograban apoderarse de esa región. En cambio, las
incursiones de las fuerzas argentinas semejaban las acciones de las fuerzas
realistas: ambas vaciaban la Casa de la Moneda en Potosí de todo el metálico que ésta había acumulado. La falta de seguridad y la fuga constante de
recursos durante la guerra obstaculizaron la extracción a gran escala de
minerales; los pozos mineros fueron inundados y sólo mineros a pequeña
escala, con frecuencia indios, explotaban los residuos de minerales. Como
resultado, el mercado minero, que había mostrado cierto repunte durante
los últimos años del régimen colonial, decayó significativamente.
La capacidad productiva de las regiones que tradicionalmente abastecían a las minas en Potosí fue arrasada durante las guerras de independencia. ~n la provincia de Cinti, una área que suministraba vino, aguardiente y fruta· a los mercado adyacentes de las tierras altas, los lados
contrarios en la larga contienda guerrillera destruyeron los viñedos, confiscaron el ganado, y saquearon las casas de hacienda. Los peones de las
haciendas huyeron hacia la frontera, a las junglas de las tierras bajas en
donde los guerreros chiriguanos recapturaron sus tierras ancestrales en posesión de las misiones españolas y los pocos soldados realistas apostados
allí.7 La destrucción masiva de la base agrícola se generalizó en todo Alto
Perú, que no se independizó sino hasta 1825.
Las provincias del norte de Argentina se vieron igualmente afectadas.
Jujuy y Salta, por ejemplo, sufrieron repetidas veces las invasiones de las
tropas españolas entre 1812 y 1822; el "sistema Güemes," que mantenía
abastecido al ejército gaucho patriota, se nutría de las fuertes extorsiones a
los grandes terratenientes y comerciantes, precisamente quienes dependían
de las conexiones con los mercados del Alto Perú para mantener sus posiciones financieras, relaciones ahora difíciles de mantener debido a la guerra
y a la pérdida constante de capital otorgado a los caudillos patriotas. Martín de Güemes, líder militar de la revolución en el norte, con conocimiento
de causa, afirmó que "esta provincia por todos sus aspectos no me repre8
senta más que un semblante de miseria, de lágrimas y agonía."
A pesar de estos problemas, el comercio continuó, i~cluso a través de
las líneas enemigas. Los circuitos comerciales coloniales, que unían al
norte de Argentina con Bolivia, permanecieron intactos porque en realidad no había alternativa. Además, indudablemente los comerciantes veían
grandes oportunidades de lucro a pesar de los altos riesgos durante el conflicto. Existen pruebas suficientes que confirman que el comercio continuó
y que de hecho era pennitido. Por ejemplo, un comerciante de Santiago
del Estero en 1820 cuya mercancía textil estaba destinada a Tupiza (en
Alto Perú) y presumiblemente hacia regiones al norte, la perdió en el sa-

E. Lariger: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

139

queo de Salta de ese año. Además, los altos oficiales del gobierno patriota
no prohibieron el comercio con el Alto Perú durante la lucha, solamente lo
gravaban con impuestos más altos. Sólo se prohibió la venta de mulas a AJ.
to Perú debido a su valor militar, aunque incluso é'stas penetraron en grandes cantidades a los territorios en posesión de los realistas. En 1823 las
autoridades de Salta permitieron la entrada de casi 3 000 mulas a las regiones controladas por los españoles. Esto se sumaba al probable contrabando
masivo de estos animales con los enemigos realistas.9
La evidencia sugiere que el intercambio entre el Bajo Perú (El Perú
actual) y P_o tosí revivió durante las luchas por la independencia a costa
del _comercio con _las provincias argentinas, mientras que las tierras altas
andinas perma~e~1~ en ~anos de los r~listas. El viajero inglés Joscph
Pe~tland, que visito Potosi un año despues de la victoria de los rrvolucionanos, estimó que el comercio con Perú era mucho más importan~ que
con las provincias bajo el gobierno de Buenos Aires. Este retroceso de los
patrones de finales del siglo XVIII, de los que Perú había sido excluído,
ocurrió mucho antes de que se diera la independencia final en 1825. Entre la producción peruana se incluía algodón para la fabricación de tela
en Cochahamha, vinos y aguardiente de Moqur,gua y Tambo, así como lana
de Cuzco, Puno, y otros puntos en las tierras altas del sur de Perú. 1º De
esta manera perduraron los antiguos circuitos comerciales, aún cuando las
guerras de independencia representaron una gran desorganización en el
comercio y casi con certeza los trastornos sociales y económicos más graves del siglo XIX. De hecho, la separación de las provincias argentinas del
Alto Perú, la ocupación de la costa del Pacífico por las fuerzas patriotas de
San Martín, y la integración efímera de las tierras altas peruanas y bolivianas bajo las fuerzas realistas ayudó a la restauración de la mitad norte del
"espacio económico peruano" que había desaparecido cuando en 1776 la
C_orona Española había prohibido el comercio entre Alto Perú y Bajo Peru.

CONSERV ACION POR ABANDONO. 1826-1860
Sin embargo, la descripción del comercio en Potosí realizada por Joseph
Pentland subrayaba el declive del comercio interregional como resultado
de la acometida de los textiles ingleses, que estaban desplazando a los
productores tradicionales. Por esta razón, afirmaba Pentland, el comercio
~n~ Argentina y Bolivia había disminuído considerablemente. El viajero
tngles colocaba esto dentro del contexto de la producción de plata que era
extremadamente débil después de la independencia. Los tejidos de Cochahan1ba y Mojos, la única exportación importante de Bolivia a la Argentina
(después del comercio de la plata suspendido temporalmente), no podían
competir con las telas que los comerciantes británicos volcaban en América

�140

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

Siglo XIX

141

del Sur. Esto significaba que los bolivianos no podían vender sus productos
de exportación y obtener el capital suficiente para comprar mulas y caballos en la Rioja y Tucumán, uno de los pocos intercambios todavía existentes entre los dos países. 11 Por supuesto, tampoco facilitaba las cosas el
impuesto del 40°/o que las autoridades bolivianas exigían en 1827 a todos
los productos argenlinos; es probable que esta medida haya aumentado el
contrabando de manera considerable, poniendo en duda las cifras aduaneras como fuente.

poco más de 30 000 pesos, mientras que los productos importados de Argentina y Perú hacia Potosí eran valorados en
poco menos de los
10 000 pesos. En 1841 la situación era aún todavía peor, si nos confiamos
en los registros aduaneros de Potosí. Mientras que el valor de la categoría
"efectos de ultramar'' se ~antenía constante alrededor de 800 000 pesos,
los productos de otras regiones del interior de Bolivia habían declinado a
8 500 pesos las importaciones de Argentina y Perú a un poco más de los
3 000 pesos. 4

Los ingleses también se interesaron brevemente en las minas de, plata
de Potosí pero no lograron llegar más allá de una actividad especulativa.
Desafortunadamente para los que esperaban que los ingleses invirtieran
grandes cantidades en las minas de plata, la quiebra de la bolsa de valores
londinense en 1825, tras la independencia boliviana, dió fin a esta oportunidad. Aparentemente una compañía, _la Asociación Minera Peruana de
Potosí y La Paz, acumuló un capital de un millón de libras esterlinas; sin
embargo, sólo se invirtieron 80 000 en maquinaria y otros bienes. La
compañía quebró después de ciertas dificultades. De allí en adelante, la industria minera boliviana no dispuso de fuentes importantes de capital extranjero hasta la segunda mitad del siglo XIX. Los capitalistas locales continuaron la obra que los ingleses abandonaron; para finales de la década de
1820 los inversionistas locales, prin~ipalmente las antiguas familias involucradas en la minería durante el período colonial, empezaron a invertir sumas importantes en la rehabilitación de las minas, aun1ue estas empresas
1
seguían experimentando una escasez general de capital.

Estas cifras, aunque valiosas, son engañosas por varias razones.
En primer lugar, los artículos de lujo obviamente son más costosos
que las mercancías producidas localmente y para un mercado más amplio.
En _s~ndo luga~, en 1841 las importaciones aumentaron pues el gobierno
hoh~ano levanto breve~ente las restricciones sobre las importaciones extranJeras. Lo que es mas importante, los registros aduaneros subestiman
gravemente al comercio interno. Mientras que todas las mercancías importadas de Europa e_r~n gravada~, esto ?º suc~día con los artículos producidos, dentro de_ Bol1V1a o los pa1ses vecmos. Solo las bebidas alcohólicas aparec1an e~ las hsta_s de los productos domésticos bajo impuesto. De Argentina Y Peru, telas, Jabones y el alcohol pasaban la revisión del agente aduanero. De ~ta m_a~era, no existe información sobre algunos de los renglones
de comerc1? mas unportantes, como el trigo, las telas y el ganado domésticos. Del mismo modo,
en el norte de Argentina
por lo menos, las p·1c1es,
.
_
las mulas y otro tipo de ganado eran probablemente artículos mercantiles
mucho más importantes que los que eran gravados.

La expansión de los tejidos y el capital ingleses en las tierras altas andinas demostró ser de corta duración. Se hizo evidente para finales de la
década de 1820 que las oportunidades mercantiles se mantenían restringidas para los fabricantes europeos. La industria minera no revivió hasta el
punto anticipado por los especuladores británicos, haciendo a esta área
menos atractiva de lo que esperaban. Los productos importados continuaron llegando, pero eran canalizados principalmente a través de un puerto,
Cobija (también llamado La Mar), y es probable que se limitaran a artículos de lujo. Desafortunadamente los registros aduaneros disponibles con
frecuencia no especifican el producto preciso; y cuando lo hacen, aparecen en los registros artículos como "una docena de teteras y media arroba
13
de coñac", artículos difícilmente considerados de consumo popular.

?tras evidencias sugieren que hasta la década de 1860 el sistema comercial con hase ~n Potosí? q~e incluía_!ª mayor parte del sur de Perú y
el norte de Argentina, contmuo manteruendose más o menos intacto. Esto
lo sugiere la observación de Joseph Pentland de que la feria en las tierras
altas holivian_as en Paria (O~ro) co?tinuaba abasteciendo grandes cantidad_es de algodon peruano a la mdustna textil de Cochabamba. En 1826 por
eJemplo, Pentland calculó que los habitantes de Cochabamha compr~ron
8 O~ cargas ~e algo~ón, co~ un valor de $600 000. Hasta cierto punto esta cifra desm1e?te la rmpres1~n que Pentland, quien tenía interés en exagerar l~s opo~mdade~ comerc1ales británicas, intentó crear con respecto aJ
d_e,chve de la mdu~!X'ª te~til local. Lo mismo se puede argumentar en relac1on a la prod_ucc1on de VInos la cual reconoció el viajero inglés al referirse
a los terrateruentes de Cinti: "produce... en abundancia una industria
que se incrementa a diario",16
'

Al calcular el valor de los diferentes tipos de mercancías, se tiene la
impresión de que las mercancías importadas de Europa superaban al comercio local. Por ejemplo, de acuerdo a los registros aduaneros de 1839 la
importación de "efectos de ultra.mar" en Potosí excedía los 800 000 pesos. Las mercancías de las regiones del interior de Bolivia sólo sumaban un

l

Asim_ismo, durante la primera mi~d del siglo XIX, el comercio de granos, particularmente el tngo y el ma1z, provenía exclusivamente de los
productores locales, incluyendo Cochabamba, el norte de Potosí y Chu-

�142 Siglo XIX
quisaca. Lo interesante son los métodos diferentes de producción que se
utilizaban en cada región para abastecer de granos a los mercados de las
tierras altas. En Chuquisaca, las haciendas de la añeja aristocracia minera y terrateniente abastecían a "las provincias más frías" con trigo
y maíz. A su vez, los pequeños productores de Cochabamba cultivaban y
vendían granos a los mercados de las tierras altas como consecuencia de la
desintegración de las haciendas durante el siglo XVIII cuando se redujo el
mercado minero. El valle de Cochabamha, el granero tradicional boliviano
desde el siglo XVI, con toda probabilidad abastecía la mayor parte de los
productos agrícolas, el maíz en particular. Las comunidades indígenas del
norte de Potosí, que rodeaban a algunas de las minas de plata más importantes, abastecían también cantidades importantes de trigo no sólo a los
pueblos mineros, sino incluso a las demás regiones del altiplano del sur de
Perú. Tristan Platt supone que los caciques indígenas dominaron este comercio, práctica que se remonta al período colonial.16
José María Dalence, cuyo Bosquejo estadístico &lt;k Bolivia, escrito en
1846, es la fuente publicada más importante sobre la condición económica
del país a mediados del siglo XIX, consideraba que el valor del comercio
interior superaba al comercio extranjero por casi seis veces. Aunque Dalence podía haber exagerado un poco, puesto que era un partidario del grupo
dentro de las élites b9livianas que apoyaban las medidas proteccionistas
para los productores locales, sus meticulosas recopilaciones siguen siendo
recordatorios apremiantes y sugerentes de la importancia contínua de los
circuitos comerciales que se concentraban ~n las regiones mineras de plata.17

-.

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

143

cer brevemente la Confederación peruano-boliviana (1835-39) y también
intentó incorporar a las provincias de la parte más septentrional de Argentina a la esfera boliviana mediante una anexión forzada. Explotó con habilidad los sentimientos separatistas en Jujuy en 1837, pero sus planes grandiosos se vieron frustrados cuando Chile ganó la guerra contra la Confederación en 1839 .19 La contienda sobre el contorno territorial de los nuevos
estados republicanos no disminuyó porque todavía en 1841 el caudillo peruano Agustín Gamarra invadió el altiplano boliviano con la intención de
unir nuevamente a Perú con Bolivia. La muerte de Gamarra en el campo
de batalla de lngavi ese mismo año destruyó todas las esperanzas de unificar los dos países.
Si la circulación de la plata potosina era el indicador principal de la
extensión del espacio económico peruano, como lo definió Carlos Sempat
Assadourian para el s~lo XVI, la influencia de las minas de plata bolivianas
debió habet sido enorme. Esta influencia abarcaba desde los departamentos de Tacna, Moquegua, Puno y Cuzco al sur de Perú hasta casi todo el interior de Argentina, desde d sector norte a Cuyo, cerca de la frontera de
Chile a la altura de Santiago. Cuando el gobierno argentino intentó imponer su papel moneda en 1854 prohibiendo la circulación de los pesos de
plata bolivianos, hubo disturbios en La Rioja, Córdoba y otras provincias.
En Tucumán así como más al norte, los comerciantes simplemente se negaron a aceptar la nueva moneda nacional.20

Como ha señalado Antonio Mitre, la visión de Dalence era hasta cierto punto estrecha, pues el definía el "comercio interior" a lo largo de los
límites nacionales en vez de tomar en cuenta la dependencia económica en
los mercados mineros bolivianos de regiones como el norte de Argentina y
el sur de Pení. El que Dalence no tomara esto en cuenta condujo quizá a
la eventual derrota en la segunda mitad del siglo XIX de los proteccionistas asociados con los productores, artesanos y ciertos grupos de terratenientes coloniales a manos de un grupo nuevo de mineros de plata y comerciantes de productos importados y exportados.18 Hay indicaciones que
durante este período el comercio entre el norte de Argentina y el sur de
Pení con Boliria siguió siendo fuerte y no existían aún mercados nacionales verdaderos, delineados por fronteras políticas.

De hecho, a pesar de los graves problemas que ocasionaba a los mineros de plata el uso creciente del gobierno boliviano de las monedas de pla!:a devaluadas, llamadas pesos febles, ayudó a mantener al antiguo espacio
económico. Las devaluaciones efectivas de la moneda encarecieron las
importaciones extranjeras, puesto que los comerciantes europeos sólo
aceptaban el valor intrínseco de la plata en las monedas. De esta manera,
los fabricantes y los productores agrícolas dentro de la región donde circulaba la moneda boliviana estaban protegidos de la competencia externa
hasta cierto punto en tanto dedicaron su producción a la compra dentro
de la región. Esto aparentemente provocó un intercambio comercial importante: como un observador de la época anotó, "la moneda feble acumulada en el Sur de Pení es la• que ha fomentado y desarrollado con una
rápidez inesperada las industrias que hoy dan tanta importancia a aquellos
departamenlos límilrofes ". 21

En realidad, durante la primera mitad del siglo XIX las propias fronteras políticas eran precarias en el mejor de los casos. Andrés de Santa
Cruz, presidente de Bolivia entre 1829 y 1839, por ejemplo, intentó unificar bajo su dominio la mayor parte del área andina central. Logró estable-

Antes de 1854 el gobierno de Buenos Aires ayudó y estimuló implí•
citamente fa dependencia del norte de Argentina con Bolivia porque no hizo nada por romper las numerosas baneras aduanales de las provincias que
con frecuencia hacía de las importaciones lejos de la costa prohibitivamen-

�144 Siglo XIX
te costosas, aun exceptuando los costos de transporte. 22 El caudiJlismo
que invadió a la política argentina, señal de una falta de centralización
política, ayudó a mantener antiguos patrones de comercio. Buenos Aires
no podía imponerse por completo en las provincias; aún si lo hacía mediante alianzas políticas y asesinatos, no era capaz de afectar de ninguna
manera a los patrones económicos debido a la debilidad inherente del modelo político caudillista.23
El comercio entre las provincias continuó a pesar de las numerosas barreras, y especialmente después de que la fuerza del comercio británico diminuyó en Ja década de 1830. Por ejemplo, Cuyo enviaba cantidades considerables de muJas y licores a Salta, que obviamente se encontraba todavía
bajó la influencia de la economía minera boliviana. A su vez, Salta pagaba
con la plata que adquiría de los productos vendidos en Bolivia, muchos de
los cuales provenían de las provin&lt;:ias argentinas. En cierto srntido Salta,
con su feria importante, servía de intermediario entre los mercados mineros de plata bolivianos y el interior de Argentina, además, en Argentina el
oro era especialmente codiciado y la mayoría de las «&gt;Xportaciones de oro
boüviano iban dirigidas a ese país en lugar de exportado directamentf" a
través de los puertos del Pacífico. 24 Hasta la década de 1860 Salta exportaba más mercancías hacia Bolivia, y de aU í a Perú, que a !as ciernas. provincias
argentinas. En comparación las importaciones europeas hacia Salta permanecieron en un nivel insignificante. Mientras que Bolivia no correspondía
con mucho más que coca y chocolatf" el antiguo patrón colonial de intercambiar mercancías por metálico debió continuar en este período. En
1851, por ejemplo, Salta exportó mercancías con un valor de 345 500
pesos a Bolivia y Perú, mientras que sólo vendió 258 300 pesos al resto de
Argentina. En la categoría anterior, 9 000 muJas, valoradas en 227 000 pesos, representaban claramente la exportación más importante. Las exportaciones a la segunda área consistían casi exclusivamente en oro y plata;
puesto que la mayor parte de estos metales preciosos provenía presumiblemente de Bolivia, esta es otra indicación del predominio de las conexiones
comerciales de Salta con el norte. En palabras de la Cámara de Comercio
Exterior de Salta en 1852, "~se dinero sencillo (boliviano) y onzas de oro
de todos los cuños es el qut&gt; el comercio de SaJta desparrama rn las provincias interiores de la Confederación por la carrrra de Buenos Aires y algún
tanto por la de Cuyo". A su Vt&gt;Z, Salta sólo compró el equivalente a
110 000 pesos de productos importados europeos.26
Aunque los detalles anteriores apoyan enérgicamente la persistencia
del espacio económico colonial ubicado en Potosí, no debe exagerarse la
importancia de la fuerza y el tamaño de este mercado interno. Tristan
Platt ha criticado correctamente el argumento historicista de muchos bolivianistas que veían los primeros años del siglo XIX meramente como un

E. Langer: Bolivia y el n-0rte argentino (I 810-1930)

145

preludio del dominio del modelo económico liberal en la segunda mitad
del mismo siglo. Platt asevera que el desarrollo de los mercados internos,
mediante la política de producción de pesos febles, representó una alternativa viable a la economía no intervencionista orientada a las exportaciones que las nuevas élites políticas impusieron en la década de 1870.26
A pesar de las cualidades atractivas de este argumento y su rectitud esencial para las primeras décadas después de la independencia, el mercado
interno que sobrevivió al período colonial tenía serias debilidades que provocaron su rápida desaparición en la segunda mitad del siglo XIX.
Tres problemas, la naturaleza de la demanda del mercado interno, el
papel de la plata como mercancía y moneda, y las políticas inciertas en
relación con las importaciones extranjeras son esenciales para comprender
la dinámica del cambio económico que abarcó a la región desde principios
de la década dt&gt; 1860. En priml'r lugar, los mercados mineros siguieron operando a pequeña escala en comparación con los períodos anteriores. Aunque hubo un pequeño auge en la producción de plata durante la década de
1840, muy pocos trabajadores regresaron a las minas. La ciudad de Potosí,
que había sido tradicionalmente el centro de la actividad minera, perdió
importancia respecto a las minas en las provincias del departamento de
Potosí. Esto estuvo estrechamentl' ligado ron la abolición, después de la independencia, de la mita qui" obligaba a la mano de obra minera india a trabaj;ir en las minas de Potosí. Aunque la producción de plata de las regiones
qut&gt; no tenían t'I beneficio de la mita impuesta por el gobierno prospt•ró
también durante el período colonial y de hecho, para los siglos XVII y
XVIII la mita se había convertido Pn otra exacción monetaria para los indios más que en un tributo laboral, el dinero que los propietarios de las
minas recibían para pagar a los trabajadores voluntarios o sencillamente para subsidiar a las empresas mineras de Potosí había tenido una gran importancia en la evolución del mercado minero de Potosí.27

U na vez desaparecido este impuesto excesivo, los campesinos que habitaban las comurúdades indígenas, la gran mayoría de la población rural
de la nación, volvían genf"ralmrntr a las ac·tividades de subsistrncia. Claro
que la exacción de los pagos tributarios no relacionados con la mita continuaron y representaron una gran fuente de ingresos para el estado durante casi todo el siglo XIX. 28 De igual manera, las exacciones tributarias continuaron estimulando la participación en el mercado de los miembros de
la comurúdad quienes tenían que adquirir dinero para pagar el impuesto
principal y explica la importante, ~~d_ucción de trigo en e! ~~ea domina~a
por el ayllu del norte de Potosi. No obstante, la aboltc1on de la mita
disminuyó significativamente la participación en el mercado de una gran
parte de la población dC"bido a la disminución de la demanda de efectivo
entre el campesinado autosuficiente. Esto sucedió junto con la desurbani-

�146

Siglo XIX

E. Langer: Bolivia y el ,wrte argentino (1810-1930)

147

zación de la región, tendencia que se inició en la segunda mitad del siglo
XVll. Para 1800 la población de la alguna vez poderosa Potosí oscilaba entre los 20 000 habitantes, de los 160 000 que eran en 1640. La disminución de la población urbana se estabilizó alrededor de 1800; después sólo
La Paz y, durante un corlo período Cochabamba, experimentaron un au30
mento en la población durante el siglo XIX.

sentó una fuga de la moneda de plata boliviana hacia la esfera de influencia
chilena.31 También debe tomarse en cuenta el grado de comercio en plata
con Buenos Aires y sus efectos pero resulta muy difícil su cuantificación
debido al uso de la moneda boliviana como divisa en los ámbitos del norte
de la Confederación y la importancia del conlrabando sin registrar hacia la
capilal argentina.32

En esencia, lo que había hecho al Alto Perú un mercado importante
en casi toda Sudamérica fue la monetarización de la economía regional debido a las intensas actividades mineras. La mayor parte de la comercialización de las actividades había sido impuesta por el gobierno colonial; una
vez que las parles principales de esta actividad coercitiva fueron abolidas
por la independencia, la demanda del mercado disminuyó correspondientemente. Esto, por supuesto, no niega el hecho que incluso las poblaciones
rurales autosuficientes participaban en el mercado. La disminución en las
actividades comerciales en la región durante el siglo XIX debe verse como
una baja de niveles anormalmente altos a niveles más "nonnales" compatibles con la gran población campesina de la región.

Las políticas del gobierno lampoco eran consistentes. Aunque, como
Tihor Wittman ha señalado, existió un debate progresivo sobre la promoción de las importaciones/exportaciones o el comercio interno, incluso los
líderes que parecían favorecer a los productos locales, como Andrés de
Santa Cruz, tenían políticas contradictorias. Aún cuando Santa Cruz ponía en circulación pesos febles, por lo menos al principio, con la justificación de que deseaba proporcionar el dinero suficiente para la demanda interna, también fue uno de los principales promotores del puerto de Cobija
en el Pacífico el cual, gracias a políticas ara_ncelarias favorables, funcionaba
como un punto importante de entrada para los efectos de ultramar que
contribuyó a la ruina de las manufacturas locales. Quizás sólo Manuel Belzú (1848-1855) permaneció fiel a sus aliados artesanos, pero para entonces
ya se había hecho mucho daño. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, incluso el grupo proteccionista definió su posición en líneas puramente nacionalistas, y no logró comprender la importancia de sostener
los lazos de las porciones complementarias de las cercanas Argentina y Pero que mantenían la autosuficiencia del mercado interior. 33

Otro problema se relacionaba con el papel de la plata como mercancía y como moneda. Al principio los pesos febles servían como moneda
en el mercado interno mientras que el gobierno producía pesos fuertes
para exportación. Este sistema, sin embargo, se desintegró cuando el gobie1no aumentó la producción de pesos febles a costa de la acuñación intrínsecamente más valiosa. Esto obligó a los comf'rciantes importadores/
exportadores a aceptar pesos febles, provocando la pérdida de la moneda
para los mercados internos.

UN PERIODO DE TRANSICION: 1860-1890

Este problema se presentaba especialmente en dos regiones: a lo largo
de la costa del Pacífico en Bolivia y en la región de Cuyo en Argentina. A
pesar de los esfuerzos por parle de varias administraciones bolivianas por
fomentar el desarrollo de una economía a lo largo del litoral boliviano
junto con las Lierras altas del interior del país, los chilenos desde un principio empezaron a dominar el comercio del territorio costeño boliviano.
Los chilenos, que estaban estrechamente comprometidos con los intereses
comerciales ingleses, aceptaban cada vez con mayor frecuencia los pesos febles como pago de las importaciones del extranjero, aunque al valor inherente. Puesto que las áreas costeras se encontraban extremadamente aisladas de los centros de las tierras altas, tenían que depender en gran parte
de las mercancías importadas, y de esta manera comerciar incluso con
pesos febles.

Resulta irónico que el declive del espacio económico supranacional con base en los mercados mineros de Potosí coincida con el resurgimiento de las
minas de plata en Bolivia durante la segunda mitad del siglo XIX. ¿Cómo
fue posible? Tanto los cambios internos como en las economías de las naciones vecinas precipitaron el colapso de los antiguos circuitos comerciales.
Internamente, el surgimiento de una élite minera nueva y dinámica ligada
al capital chileno, la imposición exitosa de su programa de reformas no intervencionista y la forma como se exportaba la plata provocaron un cambio en la estructura productiva de la economía regional. También fueron
factores importantes el desarrollo del comercio mundial y sus efectos en
Perú y Argentina, los que ayudaron en gran parte a integrar a regiones
periféricas en sus respectivas economías nacionales. Todos estos elementos provocaron la desintegración de los vestigios del antiguo "espacio económico peruano" a finales del siglo XIX.

En el mismo caso, la economía de Cuyo, que durante la primera mitad
del siglo XIX comerciaba más con Santiago que con Buenos Aires, repre-

Como ha afinnado Antonio Milre, para la década de 1860 había sur-

�148

Siglo XIX

gido una nueva élite de mineros de plata. Las antiguas famil~as de la ind_ustria minera al enfrentarse al fracaso de sus empresas, recumeron a capitalistas y comerciantes que recorrían los caminos del Pacífico que contaban
con los requisitos o conexiones con los mercados financieros chilenos
para rescatar sus empresas. Con el tiempo estos nuevos empresarios se
hicieron cargo de las minas de plata inyectándoles nuevo capital y la maquinaria más moderna. Esto provocó aumentos importantes en la producción. Por ejemplo, entre 1865 y 1895 se cuadruplicó la producción de plata en la Compañía Huanchaca, una de las empresas mineras más grandes.
Otras compañías experimentaron curvas de producción similares, creando
grandes fortunas para los accionistas de las compañías mineras. La producción aumentó a pesar de una baja notable en el precio de la plata,
lo que se hizo notable especialmente a principios de la década de 1870.34
Una vez que los nuevos mineros lograron un predominio económico, !11·
gresaron a la política para instituir un número de reformas que eUos cre1an
• sus propios
· bo1s1·11os. 35
traerían progreso al país y, de paso, llenanan
El primer punto que unificó a los mineros fue en tomo a la exporta•
ción libre de la plata y la emisión de pesos febles. Los gobiernos republicanos habían continuado la práctica colonial de exigir a todos los mineros que llevaran su plata a bancos mineros especiales en los que el metal
era acuñado y los mineros recibían un precio inferior que en el mercado
abierto. Además de los impuestos gubernamentales sobre la acuñación, las
ganancias de los mineros disminuían todavía más por el pago de una proporción creciente de sus utilidades en pesos febles. Para la década de 1850,
esto costaba a los empresarios hasta el 28% del valor original del mineral.36 Para 1873 los mineros, aliados con los comerciantes de importaciones/exportaciones, lograron una victoria importante cuando el estado declaró que el mineral de plata podía ser exportado libremente, sin pasar
por los bancos. Todavía de una mayor relevancia resultó que después de
1871 la casa de moneda de Potosí dejara de producir el peso feble. Aunque
los esfuerzos del gobierno por cambiar al peso feble fracasaron, estas medidas condujeron inevitablemente al declive del espacio económico supr~nacional cuando la reducción en el suministro de las monedas de plata eliminó la desventaja comparativa de los precios de las mercancías importadas.
Este proceso de contracción no fue de ninguna man&lt;'ra repentino: los
pesos bolivianos continuaron circulando en un área más allá de los límites
nacionales. 37 De igual manera, el resurgimiento de la extracción de plata
creó temporalmente nuevas demandas que dieron por resultado el resta·
blecimiento, o , en algunos casos, la creación de circuitos comerciales locales ubicados en los distritos mineros. Esto sucedió con la producción azucarera en Santa Cruz, la cual aumentó dramáticamente durante el período

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

149

del auge minero. Desde finales de la década de 1870 el departamento exportó firmemente más de 800 000 kilogramos de azúcar al afio; éste fue
un aumento substancial sobre las exportaciones en años anteriores, cuando
estas promediaban un poco menos de los 600 000 kilogramos. 38 Del mismo modo, la provincia de Tomina en Chuquisaca experimentó una prosperidad considerable durante la segunda mitad del siglo XIX con la crianza
del ganado: los comerciantes de Cochahamba se establecieron en la región
y compraron pieles que después vendían a la floreciente industria peletera
en su departamento de procedencia, industria 1ue había logrado una importancia considerable desde la década de 1830. 9
No obstante, la nueva prosperidad en las minas· tuvo mucho que ver
con la destrucción de muchos circuitos comerciales que habían sobrevivido
desde el período colonial. Esto se hizo evidente por primera vez en el comercio del trigo. Como se explicó con anterioridad, las comunidades indígenas del norte de Potosí producían trigo que vendían hasta el sur de
Perú y el altiplano boliviano. Durante la presidencia de Mariano Melgarejo (1866-1871), quien favorecía los intereses chilenos, las importaciones
de harina de trigo de ese país empezaron a desplazar a la producción del
norte de Potosí.40
La actitud no intervencionista hacia las importacionl',s extranjeras que
caracterizó el régimen de Melgarejo no cesó después de su caída; a pesar
del repudio de los gobiernos subsecuentes a las políticas de Melgarejo, esto
no se extendió hacia su inclinación por un comercio liberal. Como lo demuestra el ejemplo de la extracción librt&gt; d&lt;· plata, las nuevas élites políticas de Bolivia favorecían en la década de 1870 las políticas no intervencionistas y de libre comercio. Esta actitud se extendió también a las importaciones extranjeras; la harina de trigo chilena continuó invadiendo al país.
En 1876 una vía férrea de Moliendo en la costa peruana a Puno, m el lado
peruano del Lago Titicaca, reorientó al comercio del norl&lt;: de Bolivia, La
Paz en particular, hacia Perú. Desde esta fecha hasta los inicios del siglo
XX el altiplano boliviano, con su gran población indígena.cayó bajo la influencia de la región económica de Arequipa. A cambio de la lana de ovejas y alpaca, las firmas comerciales de Arequipa aprovisionaban la región
con productos importados del extranjero.41
Las políticas de libre comercio adoptadas por el gobierno boliviano
produjeron la fragmentación del país en tres esferas separadas que provocó la desintegración efectiva del antiguo espacio económico localizado
en las minas de Potosí. La Paz y el norte de Bolivia, por medio del ferrocarril Moliendo-Puno y la ruta Arica-La Paz, orientó el comercio hacia
Perú. Con el tiempo la región sureste de Bolivia, se convirtió en una dependencia de la economía de Buenos Aires; y la región central se rela-

..

�150 Siglo XIX
cíonó con la economía chífona, La Guerra del Pacífico (1879-1884), en
la que Bolivia, aliada con Perú, perdió su costa del Pacífico en favor de
Chile, fué un elemento crucial en esta transformación. Al principio, la
guerra reorientó el comercio hacia Argentina, fortaleciendo quizá temporalmente las relaciones del norte de Argentina con el sur de Bolivia. Entre
1879 y 1880 el comercio de Bolivia con Argentina se triplicó a casi
700 000 pesos argentinos, puesto que el estado de guerra a lo largo de la
costa del Pacífico imposibilitaba el comercio.42 Los comerciantes bolivianos en Tarija, a lo largo de la frontera argentina, se beneficiaron más que
todo de este cambio en los patrones comerciales, a pesar de sus quejas frecuentes sobre los medios deficientes de comunicación. Las firmas familiares como Trigo Hermanos, V. Navajas e Hijos, Paz Hermanos, y M. Araoz
e Hijos, lograron importancia durante este período aliándose con los bancos y las compañías comerciales de Buenos Aires.43
Sin embargo, las relaciones con Argentina fueron efímeras en lo que
respecta a las regiones mineras del centro de Bolivia. El Pacto de Tregua de
1884 con Chile dió a la nación victoriosa un control substancial sobre el
comercio de Bolivia. Los productos chilenos entraron sin ninguna barrera
arancelaria, creando grandes dificultades a la industria nacional. Todavía
más destructiva resultó la construcción de vías férreas entre la costa del
Pacífico y los centros mineros de Bolivia. Uno de los planes más importantes de los mineros de plata era construir ferrocarriles para exportar hacia la
costa los minerales a bajo costo. Esto se hiw finalmente posible después de
la guerra cuando los capitalistas chilenos y también los ingleses S(' aliaron
con los mineros bolivianos en la construcción de los ferrocarriles di" la costa del Pacífico (ahora propiedad de Chile) hacia los centros mineros. Así
por ejl"mplo la comp;tñía Huanchaca, la cual contaba con una participación
importante de financieros chilenos, logró que se extendiera una vía férrea
que llegaba a los depósitos dP. nitrato hasta la región minera boliviana.
El ferrocarril llegó al pueblo minero de Uyuni en 1889, Oruro en
1892, y La Paz en 1908. La compañía Huanchaca estableció también ramales tributarios hacia sus minas ubicadas en el centro de Potosí, reduciendo en gran parle los costos de tra11sporte. 44 Los ferrocarriles eran una necesidad indudable para la prosperidad de las compañías mineras, pues los
precios de la plata continuaban disminuyl"ndo al transcurrir el siglo. De
esta manera las empresas mineras podían reducir no sólo los costos de
transportación, sino además los gastos de refinamiento enviando los minerales en un estado de menor pureza. 45
DE LA PLATA AL ESTAÑO. 1890-1930
A pesar di" los esfuerzos de los mineros por conlrarrrslar la caída en los

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

151

precios de la plata, esto resultó imposible para principios de 1890. Las
compañías mineras explotadoras de plata fueron quebrando una tras otra,
ocasionando esto grandes dificultades no solamente entre los trabajadores
sino a la vez entre la oligarquía minera antigua. No fue sino hasta finales de
siglo cuando el estaño empezó a ocupar el lugar de la plata como metal
principal de exportación. Como resultado, se fue desplazando el centro
económico del país hacia el norte, concretamente a La Paz, en donde ya
grandes empresas extranjeras habían asentado sus centros de operaciones.
Incluso Simón Patiño, el gran magnate boliviano del estaño, contaba con
apoyo importante de intereses norteamericanos.46 Las tendencias emergentes en la última década del período anterior se acentuaron cada vez más.
Aunque la influencia del ferrocarril vino a ser una bendición para los
mineros del estaño, resultó desastrosa para los remanentes del mercado interno. Costaba menos transportar granos por ferrocarril desde Chile hacia
los centros mineros y urbanos que desde los centros de producción más
cercanos y tradicionales. Como declaró en 1894 un administrador de haciendas tanto en Cochabamba como en Chuquisaca:
El año agrícola ha sido bueno, y será mejor con la perspectiva de
buenos precios, salvo la competencia lo haga bajar, y en especial
la que nos hace el ferrocarril, que vomita en cada tren cientos de
quintales de harina de trigo que se sobreponen en el mercado a las
que rinden nuestros molinos.47
Asimismo, las telas fabricadas en telares al igual que otros productos importados eran vendidas con mucha frecuencia más baratas en las regiones
mineras que lo que se producía en la localidad.
A pesar de esta tendencia, los pequeños poblados esparcidos por el altiplano boliviano experimentaron un resurgimiento en importancia comercial y política. Silvia Rivera ha formulado la hipóLesis de que los mestizos
que predominaban en estos poblados fueron capaces finalmt&gt;nte de monopolizar el comercio en las provincias como resultado di• la llegada dl"I ferrocarril que reemplazó a los numerosos arrieros, indios en su mayoría,
quienes habían impedido inicialmente la concentración de mercados en los
pueblos dominados por los mestiws.48
El proceso de expansión de las haciendas durante finales del siglo
diecinueve y en los inicios del veinte, que daría por resultado la incorporación de grandes partes de tierras comunitarias a las fincas del altiplano, también indudablemente tuvo mucho que ver con el desarrollo de las
poblaciones provincianas. Aunque muchas haciendas mantenían relaciones
tradicionales en las tierras recientemente adquiridas, la organización del

�152 Siglo XIX
área rural en haciendas encauzó un porcentaje mucho mayor del excedente
del campesinado del altiplano hacia la economía monetaria y contribuyó
a proporcionarle a las poblaciones una importancia comercial adicional,
como nexos importantes entre el campesinado y la economía urbana.
Los ferrocarriles de la costa del Pacífico no llegaron a Potosí hasta
1911 y no lograron integrar gran parte de las porciones este y sur del
país a la red minera central. Estas regiones, incapaces de competir con las
importaciones baratas, e ignoradas en gran medida por la oligarquía argentífera dominante. se fueron convirtiendo en dependencias económicas de
los países cercanos. Tal vez el caso más flagrante fue el de las zonas de
Acre y Beni, productores de caucho en la parte noreste de Bolivia, pero
esta área siempre había permanecido extremadamente marginada de la red
comercial en la parte central del Potosí.49 Lo que es mucho menos conocido es que ocurrió un proceso similar a lo largo de la frontera sureste de
Bolivia. Hacia finales del siglo diecinueve, cuando millones de inmigrantes
inundaron el litoral argentino, el estado federal consolidó finalmente su
control político sobre las áreas alejadas, y (en forma relacionada) se construyeron ferrocarriles desde Buenos Aires hacia el interior. La economía
de la región sureste de Bolivia (Tarija, el oriente de Chuquisaca y el sur de
Santa Cruz) fue quedando cada vez más bajo el control de la economía
del Atlántico basada en Buenos Aires.
Los comerciantes establecidos en Tarija, quienes empezaron a prosperar durante la Guerra del Pacífico, estaban en una posición de sacar ventaja
de innumerables contactos con sus colegas argentinos y empezaron a importar enormes cantidades de textiles de fabricación europea desde Buenos
Aires hasta el sureste de Bolivia. Transportaban su mercancía de Buenos
Aires por ferrocarril al extremo de la línea cercana a la frontera boliviana, y
luego transbordaban sus productos a lomo de burro y de mulas, en caravanas de hasta 200 cabezas, conducida por muleros provenientes de la provincia de Catarnarca al norte de Argentina. Otros iban hacia la feria en
Yavi, cerca del centro ferroviario argentino, para comprar mercancía europea. Compraban algunos artículos de lujo y telas ligeras, al igual que algo
de azúcar de Jujuy, con los que abastecían gran parte de la región marginada por el desplome de mercados de plata y la reorientación del comercio
de las regiones montañosas occidentales hacia el Pacífico. 50
El comercio no se restringía al movimiento hacia el norte de manufacturas extranjeras principalmente al sureste de Bolivia. Asimismo y en
forna creciente se desplazaban hacia el sur hombres y animales del Chaco
Boliviano. Los indios Chiriguanos, el grupo étnico más numeroso a lo largo
de las estribaciones de los Andes en Bolivia con 46 000 miembros en 1880,
emigraban cada ve--¡; más hacia los ingenios florecientes de Jujuy para traba-

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

153

jar durante la zafra. Aún cuando este desplazamiento puede remontarse a
la década de 1850, empezó a tener importancia durante los últimos años
del siglo diecinueve, ya que innumerables indios permanecieron en Argentina, ocasionando esto una escasez laboral excesiva en las haciendas de Bolivia de donde habían venido.51
Esta migración a su vez se debía en gran parte no solamente a la
atracción que ejercía en los indios la próspera economía azucarera del
noroeste Argentino, sino también a los patrones de colonización ocasionados por el éxito de los comerciantes de Tarija. Conforme dichos
comerciantes acumulaban capital, invertían grandes porciones del mismo
en terrenos. Esto a su vez condujo a una concentración de tierras en los
valles alrededor del Tarija en manos de ricos comerciantes y a la expulsión
de pequeños granjeros, quienes habían vivido en estas tierras, hacia territorio fronterizo al norte y al este en las márgenes del Chaco. La presión
ejercida por estos colonizadores condujo al éxodo de los Chiriguanos hacia
la Argentina, donde percibían muchos mejores sueldos y eran tratados con
mayores consideraciones que en su tierra natal. Hacia principios del siglo
veinte los cultivadores de la caña azucarera, particularmente en el valle de
Ledesma en el Jujuy, ya se habían vuelto extremadamente dependientes
de los Chiriguanos y de otras tribus del Chaco para su fuerza laboral. Como señaló un observador contemporáneo,
el chiriguano es irremplazable en el trabajo de pala y en la labor,

como el mataco (otra tribu Chaco) lo es en el corte y en la hacha. El ingenio es su creación; suprímase el indio, y todas esas
riquezas, toda esa civilización naciente, muere, falta de trabajo
que elabore. 52
Además, el comercio de la ganadería del Chaco boliviano unía la región con el norte de Argentina. Sin embargo, este ganado no era consumido en la Argentina, sino engordado en Salta y reexportado hacia las minas de nitrato del norte de Chile, varias en territorios anteriormente bolivianos.53 Así nació un nuevo circuito comercial, que hasta cierto punto
reunificó un área que había sido subdividida entre tres estados diferentes.
No obstante, este nuevo circuito utilizó la red ferroviaria argl'ntina extensamente para traer ganado a los mercados. La culminación de este negocio
comercial ocurrió entre los inicios de la Primera Guerra Mundial y la Gran
Depresión cuando, conforme a un cálculo, Bolivia exportó 25 000 cabezas
de ganado a la Argentina en 1921, cuando tuvo su máxima prosperidad.
Desafortunadamente, las cifras oficiales son totalmente inadecuadas para la
medición de este comercio, ya que con demasiada frecuencia se sufría de
contrabandos a lo largo de la frontera escasamente poblada e indefensa.64

...

�154

Siglo XIX

La dependencia económica del suroeste de Bolivia con Argentina fue
observado con alarma sólo cuando el gobierno central se interesó en el Pilcomayo y en otros ríos en el Chaco como una vía para disminuir su dependecia de Chile para las exportaciones. Como observó el Ministro de Colonización, el proceso de integración de la región a la economía argentina había ido demasiado lejos. De acuerdo a este oficial
hasta ahora Cordillera, el Azero y el Chaco, no tienen más comercio que con la Argentina, donde exportan su producción ganadera... De otro lado, los consumos del Chaco principalmente en la
región del Pilcomayo, son atendidos desde Fonnosa,JujuyySalta.
El Chaco, siendo una región políticamente boliviana, es una de55
. d el extranJero
.
' ·
pendencia
en lo comerc1"al y econom1co.
La sangrienta Guerra del Chaco (1932-35), que entablaron Paraguay y
Bolivia en esta región, puso fin a estos patrones comerciales. La guerra aniquiló los grandes rebaños de ganado, y los Chiriguanos huyeron de los
ejércitos hacia el interior o permanecieron como refugiados en la Argentina. Además, la Gran Depresión virtualmente cerró las minas del norte de
Chile, destruyendo esta oportunidad de mercado. En efecto, la Depresión
de los años 30 eventualmente condujo a una mayor participación del estado en asuntos económicos en todo el hemisferio. Las medidas proteccionistas adoptadas en todas partes anunciaron el fin de la economía regionaJ
que abarcaba la región central de los Andes. Efectivamente, este fue el fin
de lo que quedaba del espacio económico en el antiguo Potosí.
CONCLUSIONES
En realidad, las fronteras políticas no correspondieron a las regiones económicas en el corazón de América del Sur hasta muy avanzado el siglo XX.
Como ha sido cada vez más evidente, patrones heredados de la época colonial jugaron un papel mucho más importante en el desarrollo de la región
de Jo que se pensaba anteriormente. Aún aceptando que el área centTal andina es fuertemente representativa de este fenómeno -dado el aislamiento
de la región hasta fines del XIX y la fuerza del "espacio económico peruano" con centro en la minería y los mercados urbano.s de Potosí- la persistencia e importancia de patrones comerciaJes supranacionales en América
Latina durante el XIX es un asunto de extrema importancia, que ha sido
casi completamente ignorado como consecuencia de la más reciente concentraci~n de los enfoques sobre el comercio ultramarino con las economías del Atlántico norte.
¿Qué implicaciones tiene esta perspectiva sobre los mercados internos
para el estudio histórico de la América Latina del siglo diecinueve? Por
una parte, el modelo orientado hacia la exportación que logró predominio

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (l 810-1930)

155

a finales del siglo diecinueve tuvo que reemplazar a otro sistema económico viable, aunque quizá no tan dinámico, ya implantado. Así, el triunfo
del liberalismo implicó la destrucción de un orden anterior que había proporcionado un cierto nivel de prosperidad o cuando menos una mínima
seguridad económica a un extenso segmento de la población en Latinoamérica.
Aunque es un truismo que el nuevo modelo económico ocasionó una
gran miseria, especiaJmente entre la población ruraJ, las causas de esto,
fincadas en un profundo conocimiento de los cambios en la estructura económica desde el movimiento de independencia y no solamente desde finales del sigfo XIX, no se han esclarecido. Más aún. debemos redefinir nuestras unidades de análisis. Como he tratado de sugerir en estP bosquejo sobre un área particular, el concepto de "economía ~acionaJ" es, en gran medida, irrelevante para una interpretación de la historia económica de la región hasta el siglo veinte.
En el caso de la región central andina, aún la destrucción de los antiguos patrones comerciales supranacionales no implicó el establecimiento
de nna economía nacional. De esta manera, Bolivia quedó dividida en tres
o hasta cuatro regiones económicas (si uno considera la economía del caucho dr las regione.s selváticas marginales del noreste) para fines del siglo
diecinueve. Cada una de ellas tenía mayor contacto con alguno de los países vecinos que con otras regiones económicas dentro de la nación. ¿No
podría ser aplicable este modelo, por el cual no queda establecida una verdadera economía nacional hasta mucho después de las declaraciones formales de independencia, para otras partes de América Latina?

NOTAS

1.- Cualquiera que esté trabajando sobre el problema de los efectos de la economía
minera argentífera en el Potosí debe sentirse agradecido con Carlos Sempat
Assadourian y con Tristán Platt, Antonio Mitre y Heraclio Bonilla. Para un deuneamiento bastante sugestivo de un proyecto en colaboración que enfoca este
problema. ver Minería y eapacio económico en los Andes, siglos XVI-XX, de
Carlos Sempat Asi.adourian, Heraclio Bonilla. Antonio Mitre y Tristán Platt (Lima. 1980).

2.- Carlos Sempat Assadourian, El sistema de la economía colonial: Mercado interno, regiones y espacio económico (Lima. 1982).

�E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

156 Siglo XIX

157

3.- Guillenno Céspedes del Castillo, "Lima y Buenos Aires: Repercusiones económicu y políticas de la creación del virreinato de la Plata", Anuario de Estudios
Americanos, 3 (1946), pp. 669-874; Jonathan Brown, A Socio--Economic History of Argentina, 1776-1860 (Cambridge, 1979), pp. 9-49.

10.- Joseph Barclay Pentland, Informe sobre Bolivia, tr. de Jack Aitken Soux (Potosí, 1975), pp. 103-105.

4.- Asthenio Averanga Mollinedo, Aspectos generales de la población boliviana (La
Paz, 1974), p. 2. Aunque esta cifra data de 1831, presumiblemente la población
de Bolivia no había cambiado mucho (y quizá hasta hubiera disminuído) desde
1800. Para el caso de Argentina, ver Ernesto J. A. Maeder, Evolución demográfica argentina desde 1810 a 1869 (Buenos Aires, 1969).

í2.- Para una estimación de las inversiones británicas dentro de la industria minera en la Bolivia republicana de los primeros años, ver de William Lofstrom,
"Attempted Economic Refonn and lnnovation in Bolivia under Antonio José de Sucre (1825-1828)", Hispanic American Historical Review, 50:2 (1970),
,&gt;p. 279-299 y de Guillermo Ovando Sanz, "British interests in Potosí", Hispa11ic American Historical Review, 45:1 (1965), pp. 64-87; Antonio Mitre, Los
patriarcas de la plata: Estructura socioeconómica de la minería boliviana en el
siglo XIX (Lima, 1981 ), pp. 80-88.

5.- Para valoraciones recientes de las tramfonnaciones de la mita, ver Peter Bakewell, Miners of the Red Mountain: lndian Labour in Potosí, 1545-1650 (Albuquerque, 1984), y Jeffrey A. Cole, The Potosí Mita, 1573-1700: Compulso'!
lndian Labor in the Andes (Stanford, 1985). Por supuesto, gran parte de lo nusmo podría decirse acerca de la orientación subsistente de otros grupos en el
Virreinato de Buenos Aires; como en el caso de la "cultura de la ganadería" en
gran parte autosuficiente que floreció a lo largo de la frontera de las pampas.
Ver Ricardo E. Rodríguez Molas, Historia social del gaucho, 2a. ed. (Buenos
Aires, 1982), y Richard W. Slatta, Gauchos and the Vanishing Frontier (Lincoln, 1983).
6.- Con relación al tema del comercio de mulas, ver de Florencia Cornejo, "El Litoral, Salta y el Perú, unidos por una compañía de mulas (Olavegoya-Candioti~,
1798-1810" Tercer Congreso de Historia Argentina y Regional, 4 (Buenos Aires, 1977), ;p. 151-161; y "El comercio de mulas de Salta con el Litoral, Córdoba, Alto y Bajo Perú (1800-1810)", Cuarto Congreso Nacional Y_,Regional
de Historia Argentina, 1 (Buenos Aires, 1979), pp. 365-373. Ta,rnb1e~ ver de
Carlos Sempat Assadourian, "El sector exportador de una econom1a reg10nal del
interior argentino, Córdoba, 1800-1860 (Esquema cuantitativo Y form~~ de
producción)", en El sistema de la economía colonial, pp. 222-276. Tamb1en se
incluye una buena parte de material sugestivo en Nils Jacobson Y Hans-Ju.rgen
Puhle, eds., The &amp;onomies of Mexico and Pero During the Late Colonial
Period 1760-1810 (Berlín, 1986).
7.- Erick D. Langer, "Rural Society and Land Consolidation in a Declining Economy: Chuquisaca, Bolivia 1880-1930", Tesis Doctoral (Stanford, 1984), pp.
130-133.
8. Citada en Emilio A. Bidondo, La Guerra de la independencia en el norte argentino (Buenos Aires, 1976), p. 159. Además de la obra excelente Y detallada de
Bidondo ver Tulio Halperín Donghi, Poli tics, Economics and Society in Argen•
tina in the Revolutionary Period (Cambridge, 1975), pp. 264-269 para un análisis sucinto del "sistema Güemes".
9.- Archivo Histórico de la Provincia de Jujuy (en lo sucesivo, AHPJ), 1821, Caja
No. l 20 Hacienda, "Expediente referido a productos que consignaba el comerci~nte'Santiagueño José Benigno Frías para la población de Tupiza". Para
el comercio de mulas en 1823, ver Archivo Histórico de la Provincia de Salta,
Hacienda 449, "Libro auxiliar del ramo de Sisa del año 1823". Las prohibiciones contra el comercio están especificadas en AHPJ, 1825, Caja No. 1, 1.1.2.
"Agustín Dávalos al Inte. de Exerto. Don Antonio del Pino Teniente Tesorero de esta Casa", f. l.

11.- /bid., pp. 102-105.

13.- Archivo Nacional de Bolivia, Sucre (en lo sucesivo ANB), Tribunal Nacional
de Cuentas (en lo sucesivo TNC), 2256, "Libro Manual principal de la Aduana
Nacional del Departamento de Potosí. .. 1839", No. 364.
14.- ANB, TNC 2256, passim; TNC 2197, "Libro Manual principal de la Aduana
Nacional de Potosí. . .1841 ". Para 1839, las cifras exactas eran: efectos de
ultramar: 833 817 pesos, bienes domésticos: 30 818 pesos, estados limítrofes:
9 694 pesos. Para 1841, efectos de ultramar: 809 588 pesos, bienes domésticos: 8 593 pesos, estados limítrofes 3 262 pesos.
15.- Pentland, p. 103. De acuerdo al autor, 8 000 cargas equivalían a 200 toneladas
de .algodón limpio. La cita acerca de Cinti es de la pág. 60. Ver también de Edmond Temple, Travels in Various Parts of Pero, 2, (Londres, 1830), p. 346, para otro enfoque de la Cinti republicana de los primeros años.
16.- Para Chuquisaca, ver a Pentland, pp. 56-60; para Cochabamba, ver de Brooke
Larson, "Economic Decline and Social Change in an Agrarian Hinterland: Cochabamba (Bolivia) in the· Late Colonial Period", Tesis Doctoral (Universidad
de Colombia, 1978); ver también del mismo autor, Explotación agraria y resistencia campesina en Cochabamba, 2a. ed. (Cochabamba, 1984), especialmente
pp. 165-191; Erwin P. Brieshaber, "Survival of lndian Communities in Nineteemn-Century- Bolivia", Tesis Doctoral (Universidad de North Carolina, 1977),
p. ~28; P~ra el nor~e del Potosí, ver de Tristán Platt, Estado &amp;liviano y ayllu
andino: Trerra y tributo en el Norte del Potosí (Lima, 1982), pp. 23-35. De
acuerdo con José María Dalence, el Potosí en 1846 produjo las máximas cantidades de trigo, -~92 354 fa,negas, mientras que Cochabamba obtuvo el primer lugar en producc1on de ma1z, aportando 476 794 fanegas. Chuquisaca quedó en
ter~r lugar de la p'toducción de trigo co~ 60 400 fanegas y tercero (después de
Tar1Ja pero antes del Potosí) en produccion de maíz con 242 266 fanegas. Ver
de Dalence, Bosquejo estadístico de Bolivia (1851: reimpreso La Paz 1975)
p. 238.
'
'
. '
17.- Dalence, pp. 278-281; ver también de Tibor Wittman, "Reflexiones sobre las
ideas económicas de José María Dalence", &amp;tudios Históricos sobre Bolivia
(La Paz, 1975), pp. 177-193.
18.- Assadourian, et. al; Antonio Mitre, "Espacio regional andino y política en el
sigl~ XIX", Historia Boliviana, 2:2 (1982), pp. 165-178; Mitre, Los patriarcas,
capitulo 6.

�158 Siglo XIX
19.- Phillip T. Parkerson, Andrés de Santa Croz y la Confederación Pero-Boliviana,
1835-1839 (La Paz, 1984). Para detalles acerca de la invasión del Jujuy, ver
pp. 239-244. Para un mayor contexto geopolítico, ver de Robert N. Bun,
By Reason or by Force: Chüe and the Balancing of Power in South America,
1830-1905 (Berkeley, 1965).
20.- Para el Perú, ver de Assadourian, et. al., pp. 90-91; para efectos de la imposición
del papel moneda en la Argentina, ver Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, Colección Anselmo Rojas, Correspondencia, Vol. 2 (años 1854-1856),
José Hilario Carol a Manuel Taboada, Paraná, 19 de agosto, 1854, y Roque Alvarado a Anselmo Rojas, Jujuy, 7 de septiembre, 1854.
21.- Citado en Assadourian, et. al., pp. 90-91.
22.· Para un resumen de asuntos comerciales, ver de David Bushnell, Reform and
Reaction in the Platine Provinces, 1810-1852 Gainesville, 1983). Mi argumento
en gran parte contradice la obra clásica de Miron Burgin, Aspectos económicos
del federalismo argentino, trad. de Mario Calés (Buenos Aires, 1960), quien
postuló que la industria del interior se deterioró rápidamente con la intromisión impetuosa de los fabricantes británicos. Creo que su concentración sobre
los años iniciales de la república (principalmente la década de 1820) y su enfoque en la provincia de Buenos Aires Jo condujeron erróneamente en cuanto a
los efectos de las importaciones a largo plazo.
23.- Para un análisis sobre el caudillo, ver de Eric R. Wolf y Edward C. Hanson,
"Caudillo Politics: A Structural Analysis", Comparative Studies in Society and
Hi4tory, 9:2 (1967), pp. 168-179.
24.- Por ejemplo, en 1839 todos los embarques de oro, excepto uno (de valor no determinado) iban dirigidos a Salta o a Jujuy, por un valor total de 3,066 pesos.
Ver ANB, TNC 2256.
25.- Las estadísticas comerciales proceden de la Comisión de Comercio, "Informe
económico de los señores Victorino Solá, Juan G. Leguismon, Atanasio Ojeda,
Vicente Ansóategui y Segundo D. de Bedoya, comisionados el 17 de mayo de
1852 por la Junta General de Comerciantes de la Provincia de Salta", Revi4ta de
Economía R~ona/ (1964), pp. 67. La cita es del mismo reporte, p. 68, también
mencionado en Graciela Lloveras de Arce, "Aportes para el estudio del comercio
entre Salta-Cuyo durante el siglo XlX", Cuarto Congreso Nacional y R~onal de
Historia Argentina, 1 (Buenos Aires, 1979), p. 143.
26.- Tristán Platt, Estado tributario y librecambio en Potosí (siglo X[X): Mercado indígena, proyecto proteccionista y lucha de ideologías monetarias (La Paz, 1986),
p. 16.

E. Langer: Bolivia Y el norte argentino (1810-1930)

159

29.- Platt, Estado boliviano, pp. 23-35.
30.- Wolfgang Schoop, Ciudades bolivianas (La Paz, 1981).
31.- Platt'. Estado tributario y de Lloveras de Arce, "Aportes". Salta también tenía
r~lac1ones comerciales con Chile, y la plata pudiera igualmente haber sido canalizada a través de esta región.
32.- Ver _por ejemplo los constantes intentos de Dámaso de Uriburu un comerciante
Y _mmero de_S:i1ta en Bolivia, de extraer mineral como contraban'ao hacia Buenos
~~s. De ~ilham Lofstrom'. f!ámaso de Uriburu: Un empresario minero de princ1p1os del siglo XIX en Bolivia, tr. de Marta Urioste de Aguirre (La Paz, 1982).
33.- Para _el ~esarrollo de Cobija como puerto principal, ver de Femando Cajías, La
prov1~cra de Atacama (1825-1842) (La Paz, 1975), pp. 248-252. Para una valorac10~ de la administración de Belzu, ver de Herbert S. Klein, Bolivia: The
Evolutwn of a -~ulti-Ethnic S?ciety (Nueva York, 1982), pp. 128-131; igualmente, en relacion con las pohticas monetarias, ver de Platt, Estado tributario,
pp. 34-38.
34.- Mitre, Los patriarcas, pp. 25-42.
35.- lbid., pp. 66-{;7; para un contexto mas amplio que la minería, ver de Herbert
S. Klein, Parties and Política/ Change in Bolivia 1880-1952 (Cambridge 1969)
pp. 18-38, y de Langer, "Rural Society", pp. 23-31.
•
'
36. Mitre, Los patriarcas, pp. 46-49; Julio Benavides, Historia de la moneda en
Bolivia (La Paz, 1972), pp. 38-39.
37.- Este fue el caso en Tucumán durante 1875. Ver por ejemplo, de Donna J.
Guy, Argentine Sugar Politics: Tucumán and the Generation of Eighty (fempe, 1980), p. 20.
38.- Gustavo Rodríguez O., "Capitalismo, crisis de mercado y luchas regionales en
Santa Cruz (1891-1932)", Correo, (Cochabamba, 6 y 13 de febrero, 1986),
pp. 4-5.
39 .· ~ara Tomina, ver de Erick D. Langer, "Rural Society and the Mining Economy
m Southem Bolivia", manuscrito sin publicar (1986), capítuJo 7 sobre Cochabamba; ver de Gustavo Rodríguez O., "Análisis histórico del proceso de constru5cción de una región", Los Tiempos (Cochabamba, 14 de septiembre, 1985),
p. .
40.- Platt, Estado boliviano, p. 35.
41.- Alberto F1ores-Galindo, Arequipa y el sur andino (siglos XVII-XX (Lima, 1977),
pp, 61-145.

27 .• Para la mita colonial, ver nota 5. Evidentemente hubo una resurrección parcial
de la mita durante el período republicano como "la mita voluntaria" en 1829.
Ver de Platt, Estado tributario, pp. 31-32. Ver también el Archivo de la Casa de
la Moneda (Potosí), PD 109 "Correspondencia del Tribunal de Minería", Martín
de Jáuregui al Prefecto de Potosí, Potosí, 24 de junio, 1831.

42.- ~in.i~terio de Hacienda, Estadística del Comercio Exterior y de la Navegación
1ntenor y exterior de la República Argentina correspondie,¡te a! año 1880
(Buenos Aires, 1881), pp. 61-{;2.

28.· Nicolás Sánchez Albornoz, Indios y Tributos en el Alto Perú (Lima, 1978),
pp. 187-218.

43.- ":'er por ejemplo La Estrella de Tarija, 6:159 (28 de abril, 1882) p. 2. La histona del desarrollo de las empresas comerciales de Tarija es un relato fascinante

�160 Siglo XIX
que no se há escrito.
44.- Thomas P. O'Brien, "The Antofogasta Company: A Case Study of Peripheral
Capitalism", Hispanic American Historical Review, 60:l (1980), pp. 1-31; Mitre, Los patriarcas, pp. 166-179.

LA FORMACION DEL MERCADO INTERIOR
EN CONDICIONES COLONIALES

Inmigración y Comercio Catalán en las
Antillas Españolas durante el Siglo XIX

45.- Mitre,Lospatriarcas, pp. 191-192.

Jordi Maluquer de Motes*
46.- Herbert S. Klein, "The Creation of the Patiño Tin Empire", lnteramerican &amp;onomic Affairs, 19:2 (1965), pp. 3-23.
47.- Biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz), Colección Gregario
Pacheco, "1893 Jilio (sic) de 1893 a mayo 11 de 1895, libro del Dr. José Ma.
Valda, 1895", p. 274.
48.- Silvia Rivera, "La expansión del latifundio en el altiplano boliviano: Elementos
para la caracterización de una oligarquía regional", Avances, 2:2 (1978), pp.

95-118.

..

49.- Para un panorama general acerca de la economía del caucho en Bolivia, ver de
Valerie J. Fifer, Bolivia: Land, Location and Po/itics Since 1825 (Cambridge,
1973).
50.- Entrevista, Alberto Navajas Trigo, Tarija, 14 de julio, 1986.
51.- La primera noticia sobre el desplazamiento de los Chiriguanos a la Argentina

para laborar en los campos de caña de azúcar proviene de El Comercio (Salta),
3:175 (7 de enero, 1857), pp. 1-2 y 3:178 (10 de enero, 1857), pp. 1-2. Las
formas de migración de los Chiriguanos y sus efectos en la economía rural del
sureste de Bolivia se discuten en Erick D. Langer, "Franciscan Missions and
Chiriguano Workers: Colonization, Acculturation and Indian Labor in Southeastern Bolivia", The Americas, 42 (enero, 1987).
52.- Juan Bialet y Massé, El estado de úu cúues obreros argentinas a comienz:os del
siglo (1904; reimpreso, Córdoba, 1968), p. 83.
53.- Dirección General de Aduanas, Sección de Estadística Comercial, Comercio
especial deB.olivia, afio 1918 (La Paz, 1919), pp. 17-18.
54.- Manuel S. Mendieta, Tie"a rica, pueblo pobre: Por nuestras fronteras (Sucre,
1928), p. 58. Para una discusión sobre el comercio ganadero en el sureste de Bolivia y sus implicaciones, ver de Langer, "Rural Society", pp. 198-204.
55.- Biblioteca Nacional de Bolivia (Sucre), Publicaciones Oficiales, A. Melean, Memoria de Guerra y Coloniz:ación, 1927 (La Paz, 1927), p. 116.

56.- Para los efectos de la gran depresión en Bolivia, ver de Lawrence Whitehead,
"El impacto de la gran depresión en Bolivia", Desarrollo Económico, 12:45
(1972), pp. 49-80 Para el Perú, ver de Rosemary Thorpe y Geoffrey Bertram,
Perú 1890-1977: Growth and Policy in an Open &amp;onomy (Nueva York, 1978);
para la Argentina, dos de los mejores volúmenes son: de Carlos F. Díaz Alejandro, Essays on the Economic History of the Argentine Republic (New Haven,
1970), pp. 94-105 y de Laura Ranclall, An Economic History of Argentina in
the Twentieth Century (Nueva York, 1978).

Cuba y Puerto Rico durante el siglo XIX constituyen un excelente ejemplo del proceso de formación del mercado interior bajo dominio colonial
en régimen esclavista. Las razones son, por lo menos, de dos tipos. En primer lugar, el haberse tratado de un fenómeno tardío le proporciona la
ventaja de la abundancia de información y la posibilidad de contrastar
suficientemente el análisis. En segundo lugar, la rápidez con que tuvo lugar, sobre todo en el caso cubano, le confiere una gran claridad, lo que facilita su estudio. En este trabajo me propongo desentrañar la naturaleza de
los mecanismos más sobresalientes que intervienen en ello y poner de relieve sus principales consecuencias. El importante papel de los comerciantes catalanes en este proceso será el hilo conductor fundamental.
LA ESTRUCTURA DE LA ECONOMIA COLONIAL Y LA FUNCION
DEL COMERCIO EXTERIOR
La estructura de la economía colonial puede ser descrita por medio de un
modelo extraordinariamente simple capaz de mostrar los sectores fundamentales en que está dividida. La fórmula más idónea para lograrlo consiste en agrupar aquellos procesos y productos que, pese a su diversidad, contienen elementos en su comportamiento y/o en su naturaleza suficientemente uniformes como para justificar su agregación. La información concreta sobre la que se ha procedido a diseñar el modelo corresponde fundamentalmente a la isla de Cuba1 y en la definición de los sectores que lo
componen se ha dejado de lado el factor tiempo.
Los principales subconjuntos que integran la producción en el ámbit0
colonial y las corrientes comerciales gue les están asociadas son cinco:
"'Departamento de Economía e Historia Económica. Universidad Autónoma de
Barcelona.

�162

Siglo XIX

1) Agricultura exportadora fuertemente especializada y en régimen de
monocultivo. Constituye una muy elevada proporción del producto nacional y vende la casi totalidad de su producción en el exterior, bien sea de
forma directa o después de su procesamiento por la industria transformadora. Es el sector líder de la economía hasta el punto de que su trayectoria influye decisivamente sobre los restantes que le están subordinados.
Además confonna de un modo muy acusado a la sociedad entera.
2) La industria transformadora de los bienes agrícolas de exportación
tiene un papel auxiliar respecto de la agricultura exportadora: su propia
entidad es función del tamaño de la misma así como de las relaciones con
los mercados externos, que pueden causar la extracción tras un procesamiento parcial o incluso sin ninguno. Obviamente, dirige una proporción
abrumadora de las mercancías elaboradas al exterior.
3) Agricultura y ganadería auxiliar orientadas a cubrir las necesidades
de las actividades exportadoras. En este caso, la producción presenta un
muy alto coeficiente de comercialización y también un carácter de inmediatez, en ocasiones incluso geográfica, muy claro frente a sus habituales
frentes de demanda. Para los consumidores de los bienes producidos por
este grupo, las mercancías se extraen del ámbito local y cuando no pueden
obtenerse de ese modo se adquieren en el área con excedentes más próxima en términos de costes de transporte.
4) Agricultura y ganadería local dirigida a la satisfacción de la demanda final de alimentos, con un fuerte componente de cultivos de subsistencia tanto en las estancias próximas a las poblaciones como, y mucho
más todavía, en los conucos de los esclavos2 • La producción comercial
es distrihúida fundamentalmente en el ámbito local a través de los mercados y de la venta ambulante.
5) Artesanado y pequeña industria urbana aplicados a la producción
de una parte reducida del total de los bienes manufacturados demandados
internamente. Tienen un carácter marginal, limitado a aquellos tipos de
bienes para los cuales los consumidores exigen condiciones específicas, o
complementario respecto de los manufacturados de importación.
Todo el sistema está regido por el sector exportador que determina
la capacidad de importación, la entidad de los sectores orientados hacia la
demanda interna e, incluso, los niveles de la recaudación tributaria. Dado
el carácter esclavista de la economía de plantación (azúcar, café. ..), la

]. Maluquér de Mote,: El mercado interior en la, Antilla, e1pañoúu

163

~uricultura exportadora condiciona el monto total -de la población al prop~rcionar los recursos necesarios para proceder a la inmigración forzada
de mano de obra exterior. Existe, por consiguiente, una fuerte interdependencia estructural bajo el liderazgo de las actividades exportadoras.
Resultados del elevado grado de especialización de la economía y del
escaso desarrollo de la producción orientada hacia el mercado interior son
una peculiar división de la oferta entre productos locales e importaciones,
y la práctica inexistencia de comercio interregional.
Las mercancías de oferta local no precisan generalmente de un sistema
de distribución específico. Tienen, además, carácter de bienes sustitutivos en la mayor parte de los casos, lo que significa que la elevación en el
precio de cualquiera de ellos provoca el desplazamiento hacia la derecha de
la curva de demanda de los demás y un relativamente rápido ree,ruilibramiento del mercado. Por otra parte, su elasticidad-renta suele ser baja y, en
consecuencia, su sensibilidad al crecimiento del ingreso reducida. En algunos casos, registran sensibles incrementos en las cantidades demandadas
cuando desciende la renta de los consumidores y con ella la posibilidad de
adquirir productos de importación. De todos modos, este conjunto de mercancías de oferta local se caracteriza por la estabilidad de sus precios relativos, a Ja vez que por la pronunciada similitud de sus niveles y variaciones
en las distintas regiones.
Por el contrario, las mercancías producidas para el mercado exterior
presentan precios, aunque homogéneos en el conjunto del territorio, fuertemente variables en el tiempo. Las 0uctuaciones pueden llegar a ser extraordinariamente intensas, con aumentos del orden del 1000% (desde 3 a
30 pesos el quintal, por ejemplo) en el caso del café. La determinación de
los ¡,recios depende sólo de factores ajenos a las condiciones internas de
la oferta puesto que se genera en el mercado mundial y tiene carácter externo. A esta fuerte variabilidad de los precios se le une, agravándola en
ocasiones, una segunda circunstancia que afecta cs11ecíficamente a los productos coloniales. Me refiero a la incidencia de la política comercial de los
gobiernos de los países que constituyen los mercados 11rincipales (en este
caso los Estados Unidos): someten a represalias la importación de bienes
de procedencia colonial, del tipo del establecimiento de derechos diferenciales, como forma de 1,resión sobre su respectiva metrópoli. En consecuencia, la economía de las colonias se encuentra afectada de una gran
vulnerabilidad, tanto mayor cuanto menos diversificada sea la gama de
mercados a que tiene acceso. Además, en segundo lugar, los niveles de la

�164

Siglo XIX

renta interior resultan asimismo enormemente fluctuantes, habida cuenta
del gran peso en la misma de las mercancías de exportación.
En razón del mecanismo que se acaba de describir, también varía
con intensidad el consumo interior, lo que priva a la demanda, sobre todo
de productos no imprescindibles, de la conveniente regularidad y estabilidad, cosa que actúa decididamente como factor desincentivador de cualquier tipo de orientación industrializadora. En la misma dirección de bloquear, o por lo menos dificultar, la industrialización, opera la estructura
de la demanda que deriva de la característica disparidad entre los diferentes tipos de ingresos propia de las economías esclavistas. Los esclavos tienen, por definición, un acceso mínimo, casi nulo, a] consumo de manufacturados. Si disponen de alguna capacidad de ahorro, la invierten indefectiblemente en la "coartación", o adquisición de su libertad mediante pagos a plazos, lo que limita el uso de bienes manufacturados en una elevada
proporción de la población total a las "esquifaciones ", o entregas de vestuario por parte de los dueños. La extremada desigualdad de las rentas,
típica del sistema, concentra una gran parle del ingreso total en manos de
un grupo muy restringido de familias. Estas últimas acumulan una fracción muy alta del consumo global, lo que se traduce en una acentuada
diversidad de los manufacturados demandados. En resumidas cuentas, la
disparidad entre los distintos grupos de ingresos condiciona el consumo
privado de modo tal que impide la formación de un mercado masivo de
bienes de consumo corriente y restringe las posibilidades del sistema productivo, sobre todo en el sector industrial.
La marcada especialización productiva hacia bienes de exportación
crea, lógicamente, un gran déficit de alimentos y de manufacturados de
consumo: debe cubrirse a través de la importación, como también la maquinaria e incluso el material de embalaje de las mercancías vendidas al
exterior. En el caso del azúcar, como ejemplo de esto último, la industria
cubana de la tonelería se limitaba a dar forma a los distintos envases (ban-iles, bocoyes o pipas) componiendo un conjunto de piezas de madera y
arcos metálicos importados. De todos los productos procedentes del exterior, sólo los comestibles y bienes de consumo corriente, vestido y calzado
muy principalmente, requieren de un sistema de distribución específico dada la regularidad de la demanda en el tiempo y la necesidad de su suministro.
En esas condiciones, la circulación de mercancías está fundamentalmente formada por flujos de "internación " 3 de bienes procedentes del ex-

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas 165

terior y, en consecuencia, la gestación del mercado interior no guarda nin-

gú,~ tipo de relación con el proceso de formación del mercado nacional que
esta en la base del desarrollo económico moderno. Esto no es conlradictorio, desde luego, con el hecho de que pueda producirse un crecimiento
muy rápido, como sucede en el caso cubano durante los dos primeros tercios del siglo por lo menos. El mercado interior es complementario del comercio_ exterior y plenamente subordinado a él. Así, comercio detallista y
mayorista dependen del comercio de importación-exportación a todos los
efectos. A ello debe unírsele todavía que el sistema depende de los importadores incluso para proveerse de fuerza del trabajo. Un hecho peculiar de
las Antillas, sobre todo de Cuba, es que gran parte del transporte interior
se efectúa a través del tráfico de cabotaje, lo que acentúa más aún la complementariedad entre el comercio interior y el exterior que es siempre,
naturalmente, marítimo.
Las condiciones de privilegio para el comercio metropolitano (¡ue
comporta el régimen colonial proporcionan a los mercaderes peninsulares
la exclusividad o, por lo menos, grandes ventajas en los mercados antillanos, al entregarles el control de los mecanismos de distribución interior
que residen precisamente en la esfera de los intercambios exteriores. Algunos importantes factores extra-económicos, drl tipo de facilidades y
protección proporcionadas por el poder político, que los contempla como
instrumentos de reforzamiento de su dominio, completan el conjunto dr
circunstancias causantes de la peculiar trayectoria adoptada por el proceso de gestación del mercado interior. El uso ~cneralizado del ténnino
despectivo de pulperos4 en el México colonial para designar al conjunto
de los residentes españoles muestra hasta qué punto podía identificarse a
este conjunto humano con el tráfico interior de mercaderías y el comercio detallista. En las Antillas se produjo un fenómeno de estas características, con un muy acentuado protagonismo de inmigrantes de origen
catalán, en los dos primeros tercios del siglo XIX.
La existencia de una corriente migratoria desde Cataluña hacia América y la importante presencia de catalanes en la esfera de los intercambios
comerciales a fines del siglo XVfil y en los primeros años del XIX es algo
bien documentado. 5 Es menos conocida, en cambio, la continuidad dr
esos flujos en los dos primeros tercios del siglo pasado. Entre los estudios
histórico~conómicos dedicados a la Cataluña del ochocientos aparece como un tópico, ampliamente invocado pero escasamente explorado. En los
-apartados siguientes me propongo precisar un tanto su magnitud y sus características.

�166 Siglo XIX

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en la, Antillas española, 167

LA INMIGRACION Y EL COMERCIO CATALAN EN LA REGION DE
SANTIAGO
El análisis estará dirigido a la zona oriental de la isla de Cuba a -la región
de Santiago, por consiguiente-, a cuyo comercio suele imputársele una notable presencia catalana durante el siglo pasado. El registro de la Matrícula
de Comerciante,6 establecido en la isla en 1833, permitirá medir su alcance
sobre cifras seguras y establecer una base de aproximación sólida. Es sabido que esta fuente constituye un listado nominal de los individuos legalmente habilitados para dedicarse a cualquier tipo de actividad comercial.
En nuestro caso, el registro consigna el lugar de nacimiento y el estado civil de cada uno de los inscritos, con lo que pueden clasificarse por procedencias y nacionalidad. Faltan en cambio, desgraciadamente, los datos
necesarios para determinar de manera precisa la clase concreta de actividad a que se dedicaban, el volwnen de sus negocios, sus relaciones con
otros comerciantes de la propia isla o del exterior, etc. Esto significa, por
lo tanto, que la documentación consultada no consiente un conocimiento
completo del segmento más elevado (mayorista y exterior) del comercio
de la zona.

conjunto -un llOCO más del 7°/o-, que deben relacionarse con la emigración desencadenada en la parte francesa de la isla de Sanlo Domingo al
producirse la revolución encabezada por Toussaint Louverture. Sorprende,
en cambio, la bajísima cifra de comerciantes criollos, que no alcanza siquiera un 5°/o del total. Evidentemente, el comercio de esta parte de la
isla estaba, en gran medida, en manos de españoles.
La afirmación que cierra el párrafo anterior es todavía demasiado imprecisa. El cuadro 2 muestra que el grupo dominante en el comercio de la
zona del Oriente cubano era, sin ninguna clase de duda, catalán. Los nacidos en el Principado, hasta un total de 230, representaban el 86.l°lo de
los españoles y nada menos que el 71.4% del total de los comerciantes
de la región. El segundo de los grupos españoles era muy reducido, ya que
sólo integraba ocho personas, y tenía su origen en las Baleares. El hecho de
compartir la lengua con los catalanes explica 1¡ue en Cuba se le confundiera
habitualmente con este otro conjunto mayoritario.

CUADRO 2
CUADRO 1
COMERCIANTES ESPA~OLES DE LA ZONA
DE SANTIAGO EN 1833 POR REGIONES

COMERCIANTES DE LA REGION DE SANTIAGO
EN 1833 POR PAISES DE PROCEDENCIA
España
Antillas Españolas
Francia
útados Unidos

267
13
23
8

Italia
Gran Bretaña
otros
total

3

3
5

322

El principal elemento con que se cuenta en la documentación manejada es un registro exhaustivo de los comerciantes, de todo tipo -conviene recordarlo-, establecidos en la región en el momento de la instauración
de la Matrícula, es decir en el segundo semestre de 1833. Merece la pena
añadir que la inmensa mayoría de ellos actuaban en la misma ciudad de
Santiago. El cuadro l agrupa las cifras totales d.e los comerciantes según
países de procedencia. Resulta especialmente evidente la abrumadora mayoría de los comerciantes españoles que totalizan casi el 83%. En cuanto
a los extranjeros, destaca la lista de los mercaderes franceses, veintitrés en

Cataluña
Baleares
Andalucía
Castilla

230
8
6
6

Cantabria
Galicia
otras
total

5
4
8

267

Los datos relativos al lugar de nacimiento de los mercaderes establecidos entonces en la zona son también de un gran interés. Al margen de una
pequeña fracción de catalanes de quienes no consta el lugar de nacimiento,
más de la mitad de los restantes procedían de una única comarca y, más
concretamente, de Sitges y de la población vecina de Sant Perc de Ribes.
En realidad, la casi totalidad de los inmigrantes había nacido en un número
muy pequeño de poblaciones situadas, sin excepción, en la costa. :"Jo existía emigración alguna a las colonias desde el interior de Cataluña.

�J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolm

168 Siglo XIX

informaciones indirectas y en alguna ocasión por la propia matrícula,
consta el retorno de muchos de ellos a la península.

CUADRO 3

POBLACIONES DE ORIGEN DE LOS COMERCIANTES
CATALANES DE SANTIAGO EN EL AÑO 1833
Sitges
Sant Pere de Ribes
Barcelona
Mataró
La Escala
Calella

85
19
14
13
8
7

Vilanova i la Geltrú
Begur
Sant Feliu de Guixols
otros
desconocidas*
total

169

6
6
6
44
22
230

(*) se indica únicamente "Cataluña".

Las cifras presentadas hasta aquí corresponden a un momento histórico muy concreto y proporcionan una visión estática del tejido mercantil de
la zona. Los datos sobre las actividades específicas de los comerciantes matriculados, sin embargo, no consienten un conocimiento cabal de sus estructuras internas. Se puede afirmar, tan sólo, que la inmensa mayoría de
los inscritos se relacionan con pequeños negocios del comercio al detalle
y con diversos oficios menores. Las anotaciones del documento contienen
principalmente clasificaciones del tipo de "comercio por menor", "tienda
mixta ", "pan, tabaco, azúcar", "tienda de víveres", "pulpería", "panadería", "fonda", "ferretería y quincallería" o "sombrerería". En algunas
ocasiones constan menciones explícitas de sociedades mercantiles de que
formaban parte los matriculados, pero no aportan información cualitativa
al respecto. Así pues, hay que limitarse, de momento, a subrayar el predorrúnio de los pequeños comerciantes y la falta de datos sobre el tráfico de
media o gran importancia.
El resto de la documentación sobre el comercio santiaguero no permite
trazar un cuadro completo de los comerciantes de la región, puesto que registra las nuevas incorporaciones pero no las bajas. Sin embargo, ele las mismas anotaciones del re~tro se deduce claramente que en algunos casos los
nuevos comerciantes ocupaban el espacio dejado por otros que abandonaban la actividad, normalmente a través de la adquisición de un negocio ya
existente. Ignoramos la suerte de quienes salían del comercio, aunque, por

En cualquier caso, sí puede efectuarse una clasificación idéntica a la
que se acaba de presentar y evaluar algunos aspectos relativos al establecirrúento ~e n~ev~s comerciantes en la región. Cabe señalar antes 4ue nada
que- las mscnpc10nes durante los años 1834-1840 son escasísimas. Desde
1841 hasta 1862, fecha final del período cubierto por la documentación
que utilizamos, los datos son, en cambio, bastante abundantes. La clasificación s_egún su o~gen de los matriculados se ha agrupado en dos conjuntos sensiblemente iguales, de alrededor de un millar de personas en ambos
casos, que corresponden los años 1841-1849 y 1850-1862. Algunos de los
dernentos característicos del primer grupo de comerciantes, ya analizado,
vienen confirmados por estos otTos dos. Lo más destacabale es, sin duda la
c?ntin~da~ del predominio aplastante de los nacidos en España, t¡ue s~situan 11racllcame11te al mismo nivel, alrededor del 80% del tola! con una
ligerísima tendencia declinante.
'

CUADRO 4

COMERCIANTES ESTABLECIDOS EN LA REGION
DE SANTIAGO POR PAJSES (1841-1862)

España
Cuba
Francia
Alemania
Italia
otros países europeos
1:1841-1849

l

2

829
95
47
7
6
8

818
210
25
3
2
9

l

2

Venezuela
14
Estados Unidos
7
Haití
4
Santo Domingo
5
otros países americanos 12
totales
1034

6
4
7
4
9
1097

2: 1850-1862.

~estaca ne!amcnte la caída en términos relativos del contingente
de ongen frances. Creer en cambio, como es natural, el grupo de los comerciantes criollos, pero sigue anclado en porcentajes muy bajos por debajo del 10% y del 20% en 1841-1849 y 1850-1862 respecti;amente.

�170

J. Maluquer de Mote,: El mercado interior en hu Antilla, e.1pailoku

Siglo XlX

El resto de las procedencias corresponde a grupos de dimensiones reducidas. Hay que adv~rtir todavía •1ue una parte considerable de &lt;¡uienes han
sido clasificados como americanos, por haber nacido en la misma isla de
Cuba o en otros territorios del continente, eran hijos de inmigrantes españoles y continuadores del negocio familiar. Es imposible establecerlo con
claridad en el caso de 4uienes tenían apellidos castellanos, pero resulta
muy claro para los de origen catalán. He anotado así como criollos a los
santiagueros Magfu Robert, Juan Savanell, Justo Bilhé, Juan y Francisco
Sarret, Jorge Isal~uué, Luis Roca, Juan Roger y Francisco Celí; al bayamés
Francisco Coll; Pooro Rogé y José Barceló, de Baracoa; Mercedes Bonet,
de Trinidad; Juan Arché, de Santa Catalina de Cuantánamo; y Santiago
7
Puncet y Jaime Esteva de Maracaiho.
La distribución por regiones de nacimiento de los comerciantes españoles instalados en la zona santiaguera presenta asimismo algunas diferencias de interés con la que contienen los cuadros del momento inicial de
nuestra documentación, en el año 1833. El contingente mayor corresponde aún a los procedentes de Cataluña que alcanza un total superior a los
1 200 individuos conjuntamente en los dos períodos considerados. Se
trata de una cifra muy alta, sobre todo si tenemos en cuenta que el total
general sobrepasa escasamente los 2 000 inscritos. El contingente de los
comerciantes catalanes es, sin embargo, decreciente en ténninos relativos
puesto que aparecen grupos nuevos con cierta importancia, fundamentalmente procedentes de las regiones cantábricas.

Se encuentran, en efecto, cifras bastante respetables de vascos, gallegos, asturianos y, sobre todo, montañeses. El arranque de la emigración
cantábrica, hacia esta wna por lo menos, parece haber sido bastante más
tardío que el producido en Cataluña, lo que no se aleja mucho de las propuestas que sobre la cuestión han formulados algunos especialistas como
Ojed!i y San Miguel.8 Hay que subrayar otra vez el contingente balear.
Es digno de atención también el hecho de que, como en el caso de los comerciantes criollos y extranjeros, encontramos entre los nacidos en otras
regiones españolas algunos apellidos que sugieren un origen catalán de segunda generación como los de Tomás Vila, de Madrid; José Planell, de Andalucía; Manuel Masforrol, de Cádiz; y Rafael Martí, de Córdoba. Parece
bastante probable, a la vista de estos datos, que algunas parte de las redes
comerciales catalanas extendidas en los mercados español y americano continental a fines del siglo XVIII hubieran sido trasladadas a la isla.

171

CUADRO 5

COMERCIANTES ESPA~OLES EN LA ZONA
DE SANTIAGO POR REGIONES (1841-1862)
l
Cataluña
Baleares
País Vasco
Gálicia

Asturias
Cantabria

...!.

635 573
39 13
11
17
20 30
22 37
52 78

País Valenciano
Castilla-León
Andalucía
otras
totales

l

2

8
13
19

12
27
17
14
818

10

829

1: 1841-1849 2: 1850-1862.

~l aná.~sis de los des conjuntos de comerciantes catalanes que tomo en
cons1d~ra~10n no puede llevarse aJ terreno de su origen según localidades
de nacumento
de . la
·"
·'
fr
1 a causa
•
. disminución de la cali"dad de la 10
10rmac1on
que, su e e registro utilizado. Es factible solamente para el primer
periodo, pero no para el segundo. Habrá que proceder, pues, por separado.
, . En el Japso 1841-1849, bien documentado, se mantienen las caractensticas presentes antes, ya conocidas por los datos que recoge el cuadro 3,
hasta el punto de que las primeras ocho localidades de aquella lista coinciden de una manera casi exacta con las que contienen el cuadro 6. Las variaciones de o~en, incluso, son poco significativas. Se confirma el papel
destacado de S1tges y de Sant Pere de Rihes, así como el carácter casi exclusivamente costero, con muy pocas excepciones y de mínima entidad
~ las poblaciones originarias de los inmigrantes. Cuando se trata, exce/
~onalm~nte, de localidades del interior coinciden siempre en la circunstanCla c~mun de una gran proximidad al mar. Por otra parte, con la única excepc1on de ;Barcelona, cuyas cifras son insignificantes en relación con el ta~ño de la ciudad, no existe ningún tipo de emigración desde las poblaCiones de carácter industrial de Cataluña hacia la :,,ona de Santiago de
Cuba.

�172

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

Siglo XIX

~jercicio -~e la comparación en sentido estricto, toda vez que contiene
mformac1on menos detallada.

CUADRO 6

COMERCIANTES CATALANES DE SANTIAGO
SEGUN SU ORIGEN (1841-1849)
Sitges
Sant Pere de Ribes
Barcelona
Sant Feliu de Guixols
L'Escala
Mataró
Lloret

174
63
47
35

28
26
24

Begur
Vendrell
Calella
otros
descQnocido*
total

173

22
21
15
127

El período del que poseo la información corresponde en este caso a
los años 1833-1841. Se encuentra en la estructura del área mercantil habaner~ Y matancera mayor_complejidad que en Oriente, lo que no impide
el caracter ,ne~mente dommante, también aquí, del grupo de los nacidos
e~ la metropoli, que supera las tres cuartas partes del censo. Los comerc1~ntes cubanos apenas superaban, en cambio, el 8%. El conjunto siguiente, formado por los comerciantes norteamericanos residentes sólo
~cendía al 4%.
'

53

635

CUADRO 7

(*) consta exclusivamente el origen catalán.

Para el período 1850-1862 los datos son menos precisos. En las inscripciones figura normalmente la región de procedencia, pero ,s~lo en una
cuarta parte, más o menos, el lugar concreto de forma exphc1ta. D~ los
comerciantes catalanes consta el origen exacto de 132 sobre 537 registrados en la Matrícula. En general, esta muestra reducida confirma de nuevo
las características apuntadas anteriormente, con una posición muy destacada de Sitges (49 personas) y Sant Pere de Ribes (18 matriculados). El
, comercio catalán en la zona de Santiago mostraba, pues, una fuerte concentración en la procedencia de sus efectivos: las dos localidades recién
citadas son lugar de nacimiento de casi la mitad de los mercaderes del Principado consignados en el registro con indicación exacta de su origen.

LOS CASOS DEL OCCIDENTE CUBANO Y DE PUERTO RICO
El otro gran foco d~ actividad comercial y de recepción de inmigrantes
europeos en Cuba, mucho más importante todavía c1ue el de Oriente,
corresponde al área de La Habana y Matanzas. He utilizado de forma parcial los datos del registro comercial de esta zona para la etapa inicial del
mismo, con la finalidad de obtener un contrapunto para valorar los de Santiago presentados más arriba. La documentación empleada no admite el

COMERCIANTES ESTABLECIDOS EN LA PROVINCIA
DE LA HABANA POR PAISES (1833-1841)

España
Cuba
Estados Unidos
Alemania
Francia

946

102
50
46

36

Gran Bretaña
Italia
Suiza
otro.s
total

18
13

8
39

1258

En cuanto a la composición interna del grupo de comerciantes procedentes de la metrópoli, se comprueba nuevamente la presencia mayoritaria
de los catalanes, como muestra el cuadro 8. En esta otra área occidental de
la isla, con diferencia la de más importancia comercial, alcanzan ya cifras
bastante considerables los grupos procedentes de las regioncs cantábri~s
Qa propia Cantabria, Galicia, País Vasco-Navarra y Asturias) así combandaluces y canarios. El análisis de los comerciantes catalanes no puede efectuarse, como en Oriente, mediante la clasificación según las localidades de
nacimiento a causa del deterioro de la información que contiene la Matrícula.

�J. Maluquer de Motu: El mercado interior en ltu Antilltu espaifoltu 175

174 Siglo XIX

CUADRO 8

COMERCIANTES ESPA~OLES EN LA PROVINCIA
DE LA HABANA POR REGIONES (18.33-1841)
Cataluña
Cantabria
Galicia
Pais Vasco-Navarra
Andalucía
Asturias

373
115

98
80
77
74

Canarias
Castilla la Vieja&gt;II
Baleares
otras
total

61
32
19

17
94€

(*) puede incluir algunos individuos del grupo cántabro.

AW1que el peso relativo de los comerciantes catalanes instalados_ en la
zona de La Habana y Matanzas hacia 1833-1841 era menor que en Oriente,
la cifra total era más elevada allí. Interesa subrayar, sin embargo, que
todo apunta a la existencia de muy estrechas relaciones entre ambos
grupos.

..

,

El control cuasimonopolístico de las actividades mercantiles en el
Oriente cubano desde los años treinta hasta los sesenta por parte de los
comerciantes catalanes, y su fuerte presencia en el área occidental, aparece
igualmente constatada, y con mayor intensidad todavía, en la otra Antilla
9
bajo dominio español en el lapso 1800-1830. En esta etapa, en efecto'. el
00º/0 de los comerciantes de origen conocido instalados en Puerto Rico
eran catalanes. Quizá sea todavía más significativo el dato relativo a la
participación porcentual de la inmigración catalana, sin distinción profesional, en el total de los españoles de origen conocido en la pequeña Antilla: alrededor de las dos terceras partes.
La naturaleza de esta inmigración catalana en Puerto Rico es idéntica
a la que se ha encontrado en Cuba. Su origen coincide en un número limitado de poblaciones, con especial relieve de Lloret de Mar, T~, Blanes,
Sant Feliu de Guixols y Vilanova i la Geltrú. Acaparaban una fracción muy
importante del comercio de importación y exportación en San Juan, pero
también, y principalmente, mantenían una gran cantidad de pulperias Y
tiendas mixtas en los pueblos, sobre todo en las áreas de Ponce, Mayagücz
y Aguadilla.

Un rasgo muy destacable de la emigración catal_ana a las Antillas en
la primera mitad del siglo XIX es su estrechísima relación con las actividades mercantiles. Existe una casi total coincidencia entre el número de
catalanes residentes y el de quienes se dedicaban al comercio. En Puerto
Rico la proporción correspondiente para todo el período 1800-1830 asciende al 89%. Para la isla de Cuba no puedo alcanzar una concreción
completa, pero sí .señalar que multitud de indicios y pruebas indirectas
apun_tan _exactamente en la misma dirección. No se encuentran, por ejemplo, inmigrantes catalanes en la gran Antilla que se dedicaran al cultivo de
la tierra. El único intento de esta clase, promovido por Miguel Estorch en
el ingenio "La Colonia" durante los años 1840 y 1841, terminaría con un
estrepitoso fracaso. 1º
Otro trazo igualmente destacable es la enorme cohesión interna de
estos grupos o "colonias" de comerciantes originarios de la costa catalana.
La inmensa mayoría de los que llegaban a cualquiera de las dos islas tenían
ya previas relaciones familiares o de amistad con otros emigrantes instalados desde bastante antes, lo que les facilitaba la inserción en los circuitos
de la intermediación comercial en ambas sociedades coloniales. Muy frecuentemente tales vínculos vienen determinados por la procedencia de los
mismos lugares de nacimiento. Esto explica la impresionante concentración de vecinos de Sitges y Sant Pere de Rihes en el comercio de la región
santiaguera. Existían, por lo tanto, unos complejos sistemas de acogida que
ayudan a entender la relativa intensidad del flujo de la emigración catalana
a colonias, un tanto insólita en el contexto de una sociedad poco inclinada
a generar corrientes emigratorias en la primera mitad del siglo XIX. 11
Por otra parte, los inmigrantes catalanes en las Antillas no se identificaban demasiado, por lo menos en el primer tercio del siglo, con el espíritu del colonizador ni se esforzaban por consolidar el dominio colonial en
aqu.ello.s territorios. Esto les procuraba una actitud de hostilidad decidida
por parte de las autoridades españolas, como reflejan las Instrucciones al
Diputado del Cabildo de San luan del año 1809. En este texto se advertía
en tono de abierta censura, que "estos hombres -los catalanes- en quien~
se absuelve todo el numerario rara vez construyan fábricas, fomenten haciendas, ni tomen otro destino que la salida, o el transporte con el metálico que han grangeado ". 12
En cambio, los inmigrantes catalanes de aquella primera hora no motivaron, que se sepa, enfrentamíentos con la población criolla. Rosa Marazzi no encontró ni una sola prueba de animadversión hacia los catalanes

�J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

176 Siglo XIX
en los numerosos informes sobre forasteros de los municipios de la isla de
Puerto Rico para el período que estudia. Del mismo modo, tampoco se detectan eo Cuba, durante las primeras décadas del siglo, señales de rechazo
¡,,ntre la población local. Fl testimonio de José Antonio Saco nos aclara
que, durante su infancia en Bayamo, los Españoles eran
casi todos catalanes, casi todos taberneros o tenderos, ninguno
tenía aspiraciones políticas, carecían de influencia social, no pensaban más que en buscar dinero con su industria, y felizmente no
existían entre ellos y los bayameses los odios fratricidas que des·
13
pués se despertaron con tanta fuerza.

Los conflictos aparecieron sólo cuando la ubicación, cada vez más céntrica,
de los comerciantes catalanes en ambas sociedades antillanas acabaría
por interesarles muy directamente en la política colonial.
UNA EMIGRACION DETERMINADA POR FACTORES DE ATRAC-

CION
La emigración catalana a las Antillas en las dos primeras décadas del siglo
XIX no constituye un flujo mu} grande desde el punto de vista cuantitativo. El conjunto de los emigrante$ conocidos a través de las fuentes utilizadas alcanza una cifra inferior a los tres mil individuos. Es cierto que no dispongo de un censo exhaustivo. Algunos de ellos pudieron haberse insta·
lado allí con sus familias, aunque no parece ser una situación frecuente. Para Cuba faltan todos aquellos 1¡ue se ubicaban en el exterior del ámbito
mercantil o incluso dentro de él pero sin disponer de la titularidad de un
negocio. Todo junto no podría sobrepasar, en mi opinión, un total de
10 000 personas para más de sesenta años. Aunque la cifra real resultara
doble de la que he calculado, la proporción que supondría sobre la población catalana total, que se mueve durante el mismo lapso entre cerca del
millón y más del millón y medio de habitantes, no constituye un límite
muy alto. Claro que los porcentajes sobre la población específica de las
localidades concretas de origen ya suponen algo muy espectacular, a la
vista de la fortísima concentración de las procedencias. Pero aún así habría que matizarlo mucho teniendo en cuenta la duración de la estancia
de cada inmigrante, probablemente breve en muchos casos, y el monto,
14
en apariencia muy considerable, de la tasa de retornos.
Es preciso, por consiguiente, situar el terna en el terreno de la valoración cualitativa. Desde la óptica de las sociedades receptoras, las con·
secuencias de esta inmigración catalana, una vez establecido el modelo de

177

creci~ien_to hacia f~era, deben ser consideradas como muy Jlositivas ya
que_1mplicaba una nnportante aportación de caJlilal humano de que las
Antillas estaban escasamente dotadas. Se trataba de un flujo de &lt;.'ntrada
de ho~bres en. edad de trabajar con un tipo de ca1,acitación técnica muy
determmado, liga~o al comercio ultramarino y a la navegación atlántica,
Y_~uy apt~ par~ impulsar el comercio y el transporte interior en las condi~iones mas arriba descritas. Además, la formación de esta fuerza de trahaJo, probablemente bastante calificada, no había producido en las islas
coste alguno en su, infancia o en su adolescencia. Queda JIOr establecer, sin
~n~argo, hasta que punto modificaría estas apreciaciones un mejor conocmue_nt~ del tema de los regresos de los inmigrantes y de sus consecuencias
economicas.
Para Cataluña, la aplicación en el exterior de estos recursos no debió
supon_er una _pérdjda real apreciable puesto que la independencia de las
~lomas contmentales de España y el drástico debilitamiento del comerc10 ultra~arino dejarían, presumiblemente, sin empleo alternativo a estos
grnpos vinculados a la navegación y al tráfico internacionaJ.15 Por otra
parte, se obtuvieron, sin duda, muy importantes ventajas del hecho de contar con _u~~ _organización comercial extendida en el exterior y constituida,
por ~efuuc1~n, en la representación más segura y activa de la producción
~op1a. Gracias a ello, Cataluña sería uno de los principales proveedores de
tmentos Y manu~acturado~ ~iversos en lós mercados coloniales. Por si
e~a. ~o~, ambas islas se er1g1eron en una suerte de cabcza de puente que
~sibil1to alguna conti11uidad del tráfico con las repúblicas independientes
n_uentras no se regularizaron sus relaciones con la antigua metrópoli e hizo
~able ~l mantenimiento de una conexión, fundamental para la economía
mdustnal catalana, con los puertos sureños de los l.:stados Unidos para el
aprovisionamiento de algodón en rama.
R_esta to~avía, de otro lado, la cuestión de los retornos. El flujo rnigratono cons1dc~ado pres~nta la característica de ser en gran medida -no
de forma e~clus1va- de_ tipo t~m¡,oral, I? que significa qui' había de generar una comente de capital hacia la mctropoli en forma de remesas, más 0
menos regulares, o de transferencias. De esa 'repatriación' de capitales existen pruebas abundantes como también de su canalización, directa O indirecta, hacia la moderna industria algodonera y hacia muchos otros sectores
~e 1~ eco~omía catalana. Pero la cuestión de la inversión del capital de los
'indianos queda un poco lejos del tema de este trabajo.
En cuanto a la frecuencia del regreso de Los emigrantes, me limitaré

�178

Siglo XIX

a reproducir dos referencias de la época relativas a poblaci~nes muy
significativas. En 1833 se escribe que una buena parte de los habitantes de
Sitges eran
comerciantes o marinos retirados del comercio y tráfico de la
América, especialmente de la isla de Cuba, que es e! punto_al que
se han mostrado más inclinad?s _Y dirigido des~e l~¿mos tiempos
por sus operaciones y establecumentos mercantiles.

De la ciudad de Vilanova i la Geltrú se nos dice, en el mismo. momen~o,
que sus habitantes se dedicaban mayoritariamente al comerc10 colorual
fundando establecimientos en la América, cuyo emporio ha sido
la ciudad de la Habana, donde la mayor parte de individuos de las
clases pudientes han permanecido muchos años, hasta que _favore·
cidos por la fortuna han regresado a sus hogares para disfruw
tranquilamente en el seno de sus familias el fruto de sus afanes.

De estos y otros muchos testim~~os se d~uce de fonna incontrovertible que se trata de una emigrac10n detenmnada fundamen~ente por
factores de atracción. A.sí, en el centro mismo de nuestro penodo, el ~tahlecimiento de la fábrica de hilados de algodón_ de la e~rresa Batllo Y
Cía en Sitges, que tantos vecinos tenía en las Antillas, ob~o ~ rec_lutar lo~
1
cerca de cien trabajadores ocupados fuera de la poblac1on. , V1l31:1ova 1
la Geltrú debía contratar para la vendimia y otras faenas_ 3lNcolas Jornaleros procedentes de los más lejanos rincones de Ca':81una. Desde ~ta
ciudad se observaba en 1843 que "a las comarcas vecmas no las ha per.iudicado directamente. la aglomeración de obreros en Barcelona; lo q~e. les
que tenían los mozos de pasar a nuestras Amencas
perjudicó fue la manía
,,20
para probar fortuna •

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas 179

de un activo comercio con las colonias, fenómeno ron el t¡uc mantenía
una relación de causa y efecto de doble dirección. Esto creaba mecanismos de información y sistemas de acogida, incentivos y oportunidades
para maximizar el aprovechamiento de la capacitación específica que abundaba en las poblaciones de la costa catalana. La emigración y el comercio
catalán con las Antillas a lo largo de los dos primeros tercios del siglo
XIX no son otra cosa, en última instancia, que las dos vertientes de un
único fenómeno histórico.
El proceso de gestación del mercado nacional, o, si se prefiere designarlo de otro modo, la formación de una economía de mercado, contiene
cierto tipo de re&lt;¡uerimientos que las sociedades esclavistas incumplen por
definición. Falta en todo caso, evidentemente, la condición necesaria ele la
movilidad de los factores de producción desde el momento que el mismo
trabajo está sometido, por lo menos en parte, a restricciones insalvables.
Todo mercado se halla políticamente determinado en sus dimensiones y
en la normativa que rige su evolución a través de su legislación fundamental
y de la política económica del gobierno. Cuando la dirección política opera desde el exterior y con criterios orientado~ a garantizar las ganancias
obtenidas en el exterior, el proceso tampoco puede encaminarse hacia la
diversificación productiva y hacia un desarrollo económico relativamente
armónico. La formación del mercado interior en las economías exportadoras, mucho más todavía cuando están estructuradas bajo condiciones coloniales, aparece como un fenómeno complementario del comercio exterior y subordinado a él.

-

NOTAS

Evidentemente, los catalanes marchan a colonias durante los primeros sesenta años del siglo pasado no por la necesidad de emigrar sino por
Ja existencia de oportunidades económicas, por la posibilidad de forjar una
fortuna O "hacer la América". Como advierte Estela Cifre de Loubriel, rara vez el catalán atraviesa el Atlántico durante ese período sin contar previamente con una ocupación.21 Naturalmente, esto no significa que falten del todo factores de expulsión. Toda corriente migratoria encuentra
alguna base en dificultades surgi_das en lo~ focos d~ origen de la_ m~m~- Pero, sin duda, Cataluña incorporo en la prunera mitad del XIX mc~ugr~t~
en número bastante superior a los emigrantes que dejaron su temt~no. ~1
se generaba un flujo de salida de cierta consideración era por la existencia

1.- Existe una información impresa muy abundante fonnada por libros de viajeros

v, mejor aún, por análisis realizados en la época, sobre la economía cubana de
los dos primeros tercios del siglo XIX. No son pocos, asimismo, los estudios
modernos sobre el tema. En cambio es más escasa la información disponible sobre Puerto Rico, a pesar de que una joven historiografía, muy reciente y también muy calificada, está cambiando radicalmente el panorama. Dejo p-ira una
versión ulterior de este trabajo, mucho más extensa, las referencias bibliográficas precisas.
2.- Las estancias eran las explotaciones rurales próximas a las poblaciones destinadas a la producción de alimentos, tales como legumbres, verduras, hortalizas,
volatería, leche, queso o forraje, para el mercado urbano. Los conucos eran pequeñas suertes de tierra que los propietarios cedían a los esclavos para cultivar

�180

Siglo XIX

]. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

181

en su propio beneficio. Los esclavos más laboriosos y con escasas cargas familiares podían alcanzar la libertad en el conuco por medio de su auto-compra a
término o "coartación".

15.- Para el marco general del comercio colonial en el XlX, mi estudio "El mercado
colonial antillano en el siglo XlX", en Jordi Nadal y Gabriel Tortella (eds.):
Agricultura, comercio colonial y crecimiento econ6mico en la España contemporánea, Barcelona, 1974, pp. 322-356.

3.- Tomo el empleo de este expresivo concepto de un texto de la época Véase
"Cuba", Gaceta de Madrid, 4 de febrero de 1841.

16.- Diccionario Geográfico Universal, Barcelona, 1832-1834, vol. lX, p. 108.

4.- Harold D. Sims: La expulsión de los españoles de México (1821-1828), Madrid,
1974.
5.- Josep M. Delgado Ribas: "La emigración española a América Latina durante la
época del comercio libre (1765-1820). El ejemplo catalán", Boletín Americanista, XXIV (1982), 32, pp. 115-137.
6.- La documentación pertenece al Archivo Nacional de Cuba, de la Habana. He
empleado fundamentalmente una Relaci6n de los individuos que desde Julio de
1833 hasta Dicieml,r,e de 1849 han sido presentados. .. en la matrícula de Comerciantes y su continuación, así como el Registro público y general de comercio de la provincia de la Havana.
7 .- En algunos casos, como en el de Juan AIChé, consta el origen catalán de su padre
(J. A. Arché).
8.- Germán Ojeda y José Luis San Míguel: Campesinos, emigrantes, úulianos, Salinas, 1985. Sobre algunos aspectos de la emigración gallega en estos mismo años,
Norma Peraza: "'Esclavos· gallegos en Cuba", Revista de la Biblioteca Nacional
José Martí, XXII (1983), 3, pp. 111-132; y Ma. Xosé Rodryroez Galdo y Fausto
Dopico: Crisis agrarias y crecimiento económico en Galicia en el siglo XIX, La
Coruña, 1981.

9.- Rosa Marazzi: El impacto de la inm.igraci6n a Puerto Rico, 1800 a 1830: análisis
estadístico, San Juan, s. a.
10.- Jordi Maluquer de Motes: "La burguesía catalana y la esclavitud en Cuba: polÍtica y prÓducción", Revista de la Biblioteca Nacional losé Martí, XVIIl (1976),
2, pp. 11-81.
11.- Según Jordi Nada!, la población catalana creció entre 1814 y 1857 con una tasa
anual del 1 °/o. En cambio, entre 1857 y 1910 lo haría sólo con el modesto ritmo del O 43º/o. Véase su capítulo en Joaquim Nada! i Farreras Y Philippe
Wolff (dirs.): Hiswria de Catalunya, Barcelona, 1984.
12.- R. Marazzi: op. cit., p. 39.
13.- José Antonio Saco había nacido en el año 1797. La cita, tomada de su Autobiografía, está reproducida en Eduardo Torres-Cuevas: La polémica de la esclavitud, José Antonio Saco, La Habana, 1984, p. 7.
14.- En este punto discrepo de las afirmaciones de Estela Cifre de Loubriel, que tiende a minimizar los retornos en su monumental estudio La formaci6n del pueblo
puertorriqueño. La contribución de los catalanes, baleárico, y valencianos, San
Juan, 1975.

17 .- ld. id., vol. X. p. 735.
18.- Lluís Jou Mirabent: Notes pera l'estudi de la Marina de Sitges, 1840-1880,
Villafranca del Penedes, 1977.p. 32.
19. - Alb.ert Virella i Bloda: ''De quan Vilanova i la Geltrú era un empori del vi",
Miscel. lania Penedesenca, 1978,pp. 205-240. Véase pp. 217-218.

20.- "Industria vitícola catalana", El &amp;o del Comercio, 5 de marzo de 1843.
21.- E_ Cifre de Loubriel: op. cit., p. 25.

�El Impacto de la Guerra de
Independencia en la Economía Catalana

Antonio Moliner Prada*

Esta,; breve,; nota,;, extraída,; de un trabajo sobre la ]unta Superior de Cataluña, pretenden ofrecer una primera aproximación sobre las repercusiones que tuvo la guerra de la Independencia en la economía catalana.
El desarrollo espectacular del último cuarto del siglo XVIll quedó
bruscamente interrumpido por esta guerra. La prosperidad de la manufactura algodonera se debía a la exportación de tejidos y aguardiente al
mercado colonial español. La introducción de tejidos franceses e ingleses
durante esta guerra, la ocupación de los principales puertos por los franceses y el mismo levantamiento de las colonias americanas, suponían un
golpe mortal contra la naciente industria catalana. A ello hay que añadir
las consecuencias negativas de la grave crisis de 1811-1812, que afectó
con dureza al Principado de Cataluña, así como la destrucción de las cosechas, ganados y propiedades, acaparamiento de los productos de primera necesidad y aumento de la presión fiscal en los pueblos.
Ante el vacío de poder creado por Jas autoridades, incapacr,s de hacer
frente a la situación de la invasión del ejército francés, nace la Junta Superior de Cataluña, al igual que en las demás provincias del Estado espailol. La comisión de hacienda, creada en el interior de la Junta, intentó
desde el principio reunir los fondos necesarios para sufragar los cuantiosos
gastos existentes, obligando a todos los pueblos y grupos sociales a prestar su colaboración. Pero el sistema fiscal que impuso no funcionó. En el
mejor de los casos no llegó a recaudar ni la mitad de los gastos, sin contabilizar la fiscalización de los ejércitos de José I y Napoleón y lo incautado
por las tropas francesas.
Por otra parte, el gobierno central (Junta Central, Consejo de Regencia, Cortes) se vio en serias dificultades en la Hacienda. Uno tras otro fueron fracasándo los diversos proyectos emprendidos, como lo ha puesto de
*San Juan, Alicante (España}

�184

Siglo XIX

manifiesto J. Fontana recientemente (Guerra y Hacienda. La hacienda del
gobierno central en los años de la guerra de la Independencia (1808-1814),
Alicante, 1986).

La depresión general de la economía europea tras las guerras napoleónicas dificultó después la reactivación catalana.
L

••

LAS TRANSFORMACIONES DEL SIGLO XVIII

A pesar de que Cataluña perdió su organización institucional propia, tras
la guerra de Sucesión y los decretos de Nueva Planta de principios del siglo
XVUI, a lo largo de esta centuria conoció una serie de transformaciones tan
importantes que provocaron un cambio profundo en el modo de producción. La aportación de P. Vilar al conocimiento de estos cambios en su
obra La Cat.alogne dans l'Espagne moderne (París, l'.162, 3 vols.) es fundamental.1
a)

El crecimiento de la población.

A lo largo del siglo XVIIl la población catalana se duplicó. En poco menos
de 70 años pasó de 407 432 habitantes en 1718 a 814 412 en 1787
(año del Censo de Floridablanca~2 lo q'!e significaba una densidad de población de más de 27 habitantes por km 2 . El crecimiento de su población
era superior al del resto de España, invirtiéndose el equilibrio demográfico
peninsular a favor de 1~ periferia marítima respecto del interior. Este impulso demográfico catalán lo sitúa P. Vilar entre los años 1715-1748,
época de bajos precios de trigo. A partir del 48 y en la década de los 60 los
salarios se mantuvieron bajos y los precios subieron provocando una corriente migratoria hacia el exterior (América, etcétera).
Este crecimiento no fue homogéneo.3 Hubo un movimiento de lapoblación de la montaña hacia el llano, buscando tierras más aptas para los
cultivos. Las comarcas que tuvieron un crecimiento rápido se sitúan a lo
largo de la costa catalana, desde Blanes hasta el delta del Ebro y excepcionalmente algunas interiores, como el Segria. Dicho crecimiento no se debió sólo al crecimiento vegetativo o natural sino al fenómeno de la inmigración. Como áreas deprimidas o estancadas cabe situar a las zonas de montaña, el Pirineo y el Prepirineo.
Este crecimiento demográfico supone la entrada en una etapa moderna de la historia de la población catalana, con un crecimiento casi ininterrumpido y por la pirdida de la virulencia de 1~ m~rtali~ades catastró~cas
de siglos anteriores, aunque afectaron todav1a ep1dem1as como el colera
en el siglo XIX.

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

185

b) El desarrollo de la agricultura

La expansión demográfica de los primeros años del siglo está unida a la
expansión agrícola. Las transformaciones que sufrió la agricultura catalana
a lo largo del siglo fueron profundas. En primer lugar la producción aumentó debido a la ampliación de la superficie de l¡¡s tierras dedicadas al
cultivo, mediante la roturación de nuevas tierras de bosques y la desecación de tierras pantanosas y fluviales-marítimas (delta del Ebro y del
Llobregat). Esta agricultura, basada en la utilización de nuevas tierras, se
dió preferentemente en la franja litoral y en las depresiones interiores. En
segundo lugar la producción se intensificó mediante la introducción de
nuevas técnicas agrícolas, la utilización de abonos y nuevos sistemas de
rotación de cultivos (suprimiendo el barbecho), la expansión de cultivos
arbustivos de secano en la costa (principalmente la vid), 5 así como otros
productos que desplazaron a los clásicos mediterráneos (cereales, olivo)
por otros nuevos como el maíz, la patata, los forrajes, el cáñamo o el arroz .
Tales transformaciones no fueron iguales en toda la geografía del
Principado. Hay que distinguir entre las zonas montañosas, poco fértiles,
que proseguían la tendencia al autoconsumo y que no dispoman de núcleos importantes de población, y las zonas costeras, más aptas para una
especialización agrícola, incluso rayando el monocultivo (vid, arroz). En
una zona intermedia, en las depresiones interiores, se produjo una disminución del barbecho y una extensión de los cultivos.

Tal prosperidad agrícola se logró por la posibilidad de comercialización de los excedentes en el mercado y el aumento de la demanda. A lo
largo del siglo se da un proceso de integración del mercado regional, que
posibilita pasar de una economía agraria de autoconsumo, ligada en cuanto a los precios a las variaciones cíclicas y estacionales, a otra de tipo moderno, donde las variaciones periódicas son más moderadas.6 El comercio
regional se ensanchó con el mercado colonial donde los catalanes vendían
sus productos, principalmente vino, aguardiente y textiles.
El alza de los precios desde 1784-85, el paro y el estancamiento de los
salarios provocaron en Barcelona y otras ciudades (Vic, Mataró, Valis) los
célebrf'..S " rebomboris del pa" (tumultos populares por la carestía del
pan). 7 En el último tercio del siglo se produjo tatnhién un aumento de la
presión señorial en el campo catalán, provocando serios conflictos entre
señores y vasallos en muchos pueblos al oponerse éstos a pagar tales derechos (así por ejemplo los vecinos de Vimbodí se negaron a pagar los diezmos y demás derechos al real Monasterio de Poblet).

�186
c)

Siglo XIX
La formación del capital comercial y las transformaciones de la
manufactura.

El incremento de la población hasta 1740 se basó en el bajo precio de los
granos y condujo a un descenso del salario agrícola y a un aumento de la
renta señorial. P. Vilar calcula que durante el siglo XVIII mientras las rentas señoriales se cuadruplicaron, los precios agrícolas se triplicaron y los
salarios se doblaron. Una parte de estas rentas señoriales se canalizaron hacia actividades mercantiles a través de un triple canal: el arriendo del cobro
de las rentas señoriales por la burguesía barcelonesa, la compra de fincas, y
la conversión en mercaderes de los segundones de las familias que se veían
obligados a abandonar las masías catalanas.
A mediados del siglo la crisis del comercio catalán con Inglaterra hizo
que éste se orientase hacia las colonias americanas, primero a través de
Cádiz, después directamente con las Antillas americanas: la acumulación
comercial refor.¿Ó de este modo la primitiva acumulación agraria. El aumento de este comercio, que se legalizó oficialmente a partir de 1778 con
la libertad de comercio con América, queda demostrado por la proliferación de las destilerías de aguardientes entre 1760 y 1780, que se multi8
plicaron por tres, y por el desarrollo del crédito.
A mediados del siglo, un nuevo desequilibrio entre hombres y recursos. por la reducción en beneficio de la vid del área destinada ~ los cereale~,
reintrodujo la crisis demográfica. Al contra~o de lo que_ ~ucediera en la p~mera mitad del siglo, hacia 1770-7 5 sobreviene una cns1s basada e~ la disminución de la fuerza de mano de obra, el incremento de los salanos y el
descenso de la renta agraria. A partir de 1778 también se p~odujo un de~
censo de los precios de las exportaciones de vino~ y aguardien!es: Esta situación orientó al burgués catalán hacia otras acbVJdades econom1cas relacionadas con las posibilidades del comercio americano: la fabricación de
tejidos de algodón de una fonna industrial, sector nuevo en el que no había ningún control gremial.9 Así, el beneficio industrial sustituía a la
renta señorial como medio de acumulación de capital.
No hay ninguna duda de que a finales del siglo, a partir de 1768-70, ya
se había establecido en el Principado el tipo de trabajo empresarial, superando el trabajo de tipo doméstico. Del estudio de Grau y López se desprende que ya a mediados del siglo XVIII, y no tan tardí~~nte co~o _se
afirmaba, existían muchos telares: en concreto, las ocho fáhncas de mdia10
nas establecidas en Barcelona sumaban más de 300. En la difusión de las
nuevas técnicas jugó un papel importante la Junta particular de comercio
de Barcelona, instaurada en 1758, siendo muy escaso el de las Sociedades
Económicas de Amigos del País establecidas en Cataluña a partir de 1776.

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

187

En t~as las tr~nsformaciones apuntadas, íntimamente relacionadas,
tuv_o una_ rmportanc1a capital la estructura de la propiedad de la tierra la
cas1-prop1e~ad de los contratos enfiteúticos. Los cultivadores enfiteu~,
con su caracter perpetuo, sometidos a un censo fijo y módico, pagado ge~eralmente en productos, se beneficiaron de la subida de los precios del
siglo, au~que p~gasen también los diezmos y otras cargas señorialessll
lo que hizo posible que parte de los beneficios se reinvirtieran en las tierras.
Co_n el algodón, detrás de los vinos, Cataluña se había acostumbrado a
produci_r n_o _para el consumo sino para la venta, lo que suponía un cambio
en el pnncipio del modo de producción.
Estas transformaciones se vieron truncadas por los efectos negativos
de las guerras, con Francia en 1793-95 y 1808-14 y contra Inglaterra en
1799-1801 Y 1804-1808, que bloquearon el comercio colonial Según R
Ferr~r, contemporáneo de la época, las fábricas y el comercio. quedaro~
paralizados después de la guerra de 1804. La Junta de Comercio en el balance de 1807 ~~aluaba di~has pérdidas en una disminución de las 2/3
partes ~e la ac~IVld_ad economica catalana. 12 Tras la e:uerra del frances el
comercio colorual solo se recuperaría ya parcialmente. r3

2 .- LA CRISIS DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
De 1808 a 1814 la Guerra de la Independencia
can:ibió el he1?°oso semblante que presentaba Cataluña; dirigió las
meJores Y mas fundadas_ esperanzas; paralizó el trabajo; detuvo
~s progresos que se babia consagrado al beneficio de la mina más
nea '.}ue tienen los Estados, de aquella que nunca se apura y que
continuamente se está produciendo. Aquellas ostentosas manufacturas que eran ya la envidia del extranjero, si no por lo que elaboraban por lo que podían elaborar, dirigidas por hombres activos Y naturalmente industriosos, redujéronse a cenizas, y a montones de escombros las mayores fábricas. 14
Según Vicens Vives la invasión francesa, la guerra, la destrucción de

las cosechas Y ~l acap~ramiento de los productos de primera necesidad
15
provocaron
' para
1
, un ciclo alcISta de carácter inflacionan·o • U n d uro reves
a econom!a catal?na, sobre todo para el campesinado que se vió sometido
a una creciente tributación directa y vió disminuir sus cosechas y ganados.

. ¿Cómo refleja la documentación de la época esta difícil situación? Lógicamente la guerra suponí~ una sangría para la economía del Principado
en hombres, productos y dinero. Desde el principio la C01nisión de Hacie-

�188

Siglo XIX

da, creada dentro de la Junta Superior, dirigió todos sus esfuerzos para lograr que todos los pueblos y grupos sociales contribuyeran a la marcha de
la guerra. La excesiva presión fiscal a la que se sometió a los pueblos provocó una cierta pasividad en sus gentes y al mismo tiempo su repulsa contra los excesos cometidos por los soldados en las cosechas de los campesinos. Las Juntas locales y los guerrilleros se incautaron sucesivamente de
sus productos y en ocasiones se vieron sometidos a la .fiscalidad francesa
cuando sus territorios caían en sus manos.
a)

Los problemas económicos

Los problemas económicos fueron graves durante estos años. A las malas
cosechas de 1809 y 1811 hay que añadir la pobreza, hambre, miseria,
epidemia y desesperación de 1812. Como ha demostrado J. Nada! esta
crisis de subsistencia desató otra vez la crisis demográfica. Más que por las
campañas militares, las muertes se debieron a las penalidades sufridas y al
hambre. En una muestra de doce localidades catalanas, los muertos pasaron de 1 704 en 1808 a 4 203 en 1809 (año en el que hubo una
campaña
16
militar desastrosa) y 2 308 en 1812, año de hambre catastrófica.
Los precios del trigo se incrementaron más aún en las ciudades sitiadas. Así por ejemplo en Gerona, según el Informe de E. l. Ruiz (Capitán
Comisario de Guerra), el pan de libra llegó a valer 8 reales de vellón y la
cuartera de trigo candeal 112 reales. 17 La escasez de granos provocó el
consiguiente acaparamiento de ellos y la subida de precios, beneficiándose
los hacendados y perceptores de diezmos. En el mercado de Igualada, que
se celebraba los miércoles y sábados, los precios del trigo casi se duplicaron en el corto período de tres semanas (finales de marzo a mediados de
abril de 1810): "(...) el que se compraba a 3 duros y medio la quartera
se pagó el día 14 a seis duros y medio y el que se compraba a 4 duros y
medio se vendía a 8".18 En Sant Feliu Sassera la cosecha de 1810 no llegaba ni para cubrir las necesidades de una tercera parte del año, por lo que
su Ayuntamiento pidió a la Junta Superior el penniso para valerse del
trigo correspondiente al noveno.19 A finales de este año la situación era
preocupante en Reus. Según un Informe de su Ayuntamiento la falta de
brazos había provocado un aumento de los salarios, el éxodo de los fabricantes había hecho disminuir la producción y el comercio y los propieta20
rios no podían hacer frente a tantas contribuciones.
La incipiente industria textil catalana su.frió un gran revés en 1808 al
autorizar al Capitán General y Gobernador de Cádiz Tomás de Merlo, con
el consentimiento de la Junta sevillana, la libre entrada de tejidos ingleses
de algodón por el puerto gaditano. Por este motivo, los diputados catalanes
en la Junta Central pidieron medidas proteccionistas para la industria tex-

A. Moliner Prada: Gue"a de Independencia y economfo catalana

189

til catal ana y por consiguiente la prohibición de los textiles ingleses:
~adíe ignora que en España la industria acaba de nacer, que necesita de t_?da la p~otección del Govierno (... ). Las fábricas de hilazas y teJidos estan muy diseminadas y emplean a más de 150.000
~a~ entre hombres y mujeres y niños de ambos sexos (•.. ).
c:.'?ue haremos de la rica y abundante cosecha de algodón de Motril y de Menorca y de nuestra América(... ), entre todas las manufactur~ que h_ay en ~uestro país no hay otra que reuna más
las ventajas de la mdustna popular que la del algodón que ocupa a
las personas de todas las clases y edades de ambos sexos, que sus
operaciones pueden hacerse en cualquier parte y a cualquier hora
(... ), que son de fácil ejecución. De ello es una prueba irrecusable
el habers~ extendido tanto en la población rural, en la que por
este medio se ha amalgamado la agricultura y la industria con notable mejora de la primera (... ). Se trata de arruinar la Provincia
~ás industriosa de España; se trata de arruinar no sólo esta preciosa rama de nuestra industria, sino también a todos los capitalistas que se ocupan en ella.21

La Central acogió favorablemente esta petición y suspendió la orden dictada por el Capitán General.
La industria lanera se vió afectada en 1810 por el impuesto introducido ~60 reales por arroba) por las Juntas de Valencia y Murcia. J. Bautista
G:ah_,, en nombre de los fabricantes de la ciudad de Terrassa, exigió la med_1ac1on d~ la J~ta C~?greso de Tarragona para que dichas Juntas permitieran la libre c1rculac10n de la lana de sus territorios respectivos. Dos eran
las razones aducidas: 1) por los vínculos fraternales que unían a ambos reinos ~on el P?nc~~ado ca1:3lán _; y 2) por las nefastas consecuencias que
ti:aena la aphcac10n de dicho impuesto a muchas familias de Olesa, Momstr?l, _F.sparraguera e Igualada que perderían su trabajo por el cierre de
l~s fáhncas. 22 Dicha peticion fné aceptada por la Junta valenciana en noviembre y por la de Murcia en octubre de este mismo año.
. La penuri~ e~~ó~ica fue t?davía mayor en 1811. La Junta Supenor de Cataluna dirtg10 al arzobispo de Valencia una llamada de auxilio
exhortándole para que sus fieles socorrieran al desdichado pueblo cata~
lán. El hambre empezaba ya a aparecer:
Dígase al arzobispo de Valencia que así como ofreció continuos
auxilios, que ahora debemos reclamar todo recurso, y que espera
la Junta qu~ exh_ortarf a su Cab~do y sus feligreses para que socorran, en la mtehgencia que aqu1 se apurarán todos los tristes recursos que puede prestar a esta desolada Provincia hasta ~uedarse
sin comer sus habitantes. 23

�190

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y econom(a catalana

Siglo XIX

La cosecha de este año fue notablemente inferior a la de años anteriores.
La imposibilidad de importar granos del e:'tranjero y su ext~acci~~ de lo~
pueblos cercanos a la capital, hicieron mas vulnerable esta Situac~on. As1
lo denunciaba la Junta corregimental de Manresa a la Junta Supenor en el
mes de noviembre:
En la calamitosa época en que nos hallamos, y en la ocasión que
aumentando diariamente los apuros, nos encaminamos a padecerlos considerable es por la falta de trigo y otros granos, por causa
de la cortísima cosecha, y no venir del extranjero (... ). Se observa la más escandalosa extracción (...) de infinitos negociantes
que permanecen en Sabadell, Tarrasa y Caldes y demás pueblos
rayanos al Corregimiento de Barcelona, donde se transportan a
tropel granos de las citadas especies, carbón y otros efectos para
introducirlos en dicha plaza. 24
Como medida la Junta Superior prohibió tajantemente la salida de productos a zonas ocupadas por las tropas francesas.

r

El corregimiento del Valles sufrió gran carestía de trigo otros _víveres a causa de los continuos saqueos de la tropa Su voz llego al gobierno
central que se limitó a ordenar al Intendente prestase la ayuda solicitada. 25
El problema se agravó más aún en 1812. La escasez de alimentos provocó el hambre y apareció una fuerte epidemia. En febrero la Junta del
Principado nombró a tres de sus vocales (V. Sis~ennes, J. Ferr~r y J. Bta.
Galí) para que "mediten y propongan los medios para remediar la suma
escasez que experimenta la Provincia y evitar el hambre, que amenaza de
cerca". 26"

Las peticiones de ayuda se sucedieron a lo largo del año. En _e~ mes de
febrero la Junta solicitó de la comisión enviada a Mallorca que h1c1era ges·
tiones a través del cónsul español o británico en Argel para adquirir granos. La situación era dramática:
Las devastaciones que el enemigo aflige a este Principado -afir-

maba-, se hacen tanto más sensibles para quanto le han reducido
a la más lamentable miseria y a una escasez absoluta de granos
siendo la carestía de estos otro poderoso enemigo, que se hace
aún más terrible, que los mismos vándalos que intentan oprimirnos. Antes que es~e ~al llegue ~ su colmo y al extremo de hacer
experimentar al Pnnc1pado los ngores del hambre (... ). 27
Al mismo tiempo la Junta se dirigió a los diputados en Cortcssolicitando
su ayuda: "Todo, todo, Srs. Diputados -manifestaba- presenta en Catalu-

191

ña el aspecto más lúgubre; y lo que es más sensible, la hambre va a sellar
mui en breve el heroísmo". 28
En febrero la Junta elaboró un plan para procurar los víveres necesarios. Para solucionar la carestía de cereales pensaba reunir un fondo de
cincuenta o sesenta mil duros mensuales para su compra, facilitando su entrada en los puertos de mar sin ningún recargo y embargando los buques
que llevasen este cargamento. 29 Con el mismo objeto elaboró un plan de
recaudación de trigo, distribuido equitativamente entre todos los corregimientos y pueblos, cuyas cantidades debían &lt;'ntregar en el punto señalado antes del 15 de agosto. En septiembre se dirigió al Consejo de Regencia pidiéndole tomara cuantas medidas fueran necesarias para evitar el
hambre en todo el territorio.30
Sin embargo en la Cataluña franct&gt;sa, aunqu" no SI' manifestó la crisis de 1812 con tanta virulencia, su menor efecto se debió a las precauciones tomadas por Decaen prohibiendo las exportaciones de granos a zonas
enemigas, y a una St&gt;ril' de medidas sanitarias que combatían la epidemia.
En definitiva, a pesar de la guerra, la situación fue más favorable en las zonas ocupadas por los franceses. J. Mercader ha señalado que el comercio,
aunque no recuperó el ritmo anterior de 1808, no permaneció estancado:
trabajaban algunas fábricas de estampados y los tejedores de lino, en cuyas
industrias estaban empleados no pocos jóvenes que habían desertado del
ejército de la Provincia.31
Ante esta crisis que afectó duramente a toda España, el gobierno exhortó a los prelados, Juntas Superiores e intendentes, para que orientasen
a los campesinos de los pueblos en los cultivos agrícolas (granos y legumbres) y así remediar "la escasez de subsistencias que aflige a gran parte de
32
la península". Difícilmente tal situación podía subsanarse con estos consejos gubernamentales sin tomar otro tipo de medidas en el sector agrario.
b) Los problemas de la Hacienda.

Uno de los problemas básicos que tuvo que afrontar la junta de Cataluña
desde su constitución fue la cuestión financiera. La situación era crucial
en esta guerra al estar ocupada gran parte del territorio del Principado por
las tropas francesas. Según un cálculo prudencial, realizado por la Junta,
las Rentas en un año normal ascendían a un total de 57 614 611 reales de
vellón. 33
Básicamente lo recaudado debía emplearse en la manutención del
ejército. Si bien la Junta suprimió algunas contribuciones antiguas, las
circunstancias le obligaron a introducir otras nuevas, que fueron una pesa-

�192

A. Moliner Prado: Guerra de Independencia y economía catalana

SigloXIX

da carga para los campesinos en una coyuntura económica recesiva y de
crisis, cuyo punto álgido fueron los años 1811-1812. Entre los impuestos abolidos estaban el odioso tributo personal (30 junio 1808), el del
cuartillo de vino y aguardiente (6 julio 1808), el del tres y tercio de los
frutos que no diezman y el de los diezmos exentos (6 julio 1808). En
febrero de 1809 se aplicó el decreto real (20 noviembre) que abolía las
tasas sobre los legados y sucesiones colaterales. En octubre de 1809 la
Junta suprimió el derecho de peaje sobre los puentes; el 28 de abril de
1810 el congreso de Solsona abolió el derecho del 25°/o (que cargaba
sobre los diezmos percibidos por laicos) y en diciembre del mismo año
el de Tarragona anuló la percepción del veinteno de todas las rentas.

193

gar los gastos del ejército, al oro y a la plata de las Jnlesias
1
ueblos " · uil d
.
&amp;
Y nunca a os
.
,
aruq
a
os
por
la
larga
decadencia
del
comercio
como
y
de
la
P
contmua ex:inc10~
., d. ~ pagos en los años anteriores, circunstancias
'
ue les
han dexado imposib1litados a practicar lo que harían gustosos »_36 q
La_ crítica situación económica, debida a las malas cosechas a la crisis
c~mercial de años anterio~ y a la presencia de las tropas enemi~as, motivo que algunas Juntas particulares le pidiesen una disminución en sus tributos o su total exención.
En 1809 la Junta creó en cada distrito una caja especial para sufra ar

1~ g~stos de los somatenes. La desorganización de la Hacienda era to!J •
La política de la Junta se basó en exigir con prontitud todos los
impuestos que se cobraban anterionnente, tal como señalara en el plan de
contribuciones de 26 de junio de 1808, e introdujo otros nuevos con el
fin de resolver situaciones apuradas ( donativos, capitación, subsidios eclesiásticos, pensiones, carnes, carrozas, diplomas, loterías, etcétera). Sin
embargo fue incapaz, por las muchas dificultades que encontró, de estructurar un sistema eficaz para recaudar dichos impuestos.
Para tener una breve idea de la situación económica y financiera del
Principado conviene ver su evolución a lo largo de los años de la guerra, a
través de la documentación de la Junta en el ramo de Hacienda.
Una de las primeras decisiones de la Junta fue adoptar un plan de
contribuciones y arbitrios para formar el fondo necesario para la manutención del ejército y otros gastos (26 de junio de 1808). Comprendía este plan los siguientes tributos: doble catastro;salinas; aduanas; papel sellado; casas diezmeras y noveno decimal; vacantes eclesiásticas; fondo beneficial, subsidio eclesiástico, bulas de cruzada y carnes; patrimonio real; dona·
ti vos voluntarios de propietarios, comerciantes y eclesiásticos; el 17 .50°/o
con que contribuían al Rey los propios y arbitrios de los pueblos del Principado; contribuciones sobre carnes; impuesto del 5°/o sobre el producto
de las fraguas de hierro y otros minerales; bienes y rentas de la orden de
San Juan de J erusal~n; la capitación general y otros arbitrios (puertos, canales, puentes y caminos).

34

Sin embargo, a pesar de las exhortaciones de la Junta a pagar los viejos y nuevos tributos impuestos, todos los grupos sociales se resistían a
aportarlos, principalmente los campesinos. Incluso algunas Juntas -eomo
la de Tarragona- se negaron a satisfacer los arbitrios señalados, enfrentán35
dose directamente con la Junta Superior. Las quejas fueron frecuentes.
El baile de Ribes de Freser, del corregimiento de Puigcerda, le envió un
memorial señalando que debía recurrir a las personas pudientes para sufra-

exJSlrnn ~uchos empleados de hospitales y finanzas sin ser necesarios.
contable~ inexpertos, gente que cobraba los impuestos fraudulentament;
Y n_ioroSidad en l_o~ p~o~, Las medidas introducidas por la Junta fueron
antJpopulares: ~x1gir mas impuestos. Intentó cobrar Lodas las contribuciones atrasadas e impuso una contribución extraordinaria de 24 millones de
reales
7 millones a los clériaos
y 481 000 reales a l as congre. a los seglares,
. .
i:,
gaciones re1igiosas. Para hacer frente al sitio de Gerona el congreso d M
sa
d,
, . f
e an~e _a,cor o un ~mpr~tlto orzoso de 40 millones de reales y para su amorbzaci?n ~e penso en imponer un veinteno sobre los frutos, lucros y rentas
del Pnncipado. 37
Durante 1_810 lo~ co~fesos de Solsona y Tarragona intentaron hacer
frente
· ., con
1 • a la delicada s1tuac10n hacendística· Se nombro' a u na com JS1on
e ob1eto de buscar los recursos oportunos, como el aumento de los derech~ de aduana de algunos productos (cochinilla, café, cacao, azúcar, algodon, cuero, madera, etcétera) y la supresión del contrabando canal,·
.
d 1
· , .
,
zan
. º, ~ _co'.°erc10 um~amente a través ~el puerto de Tarragona. 38 Todo fue
mut'.l. m los em_penos de 1~ Junta, ru los congresos sirvieron para sanear la
Hacienda. Las cifras obtemdas eran muy inferiores a las de un año normal
Desde el lo. de junio de 1809 al 31 de mayo de 1810 el producto total d~
las ~entas Y contribuciones ascendía a un total de 48 201 432 reale d
~M~
se
_L~ crisis se agravó en 1811. Los resultados fueron muy pobres, de poco SJ.rV1eron los buenos propósitos de la Junta para obtener más recursos.
Las Juntas se negaban reiteradamente a dar eumta de los wbros de im~uesto,s, desobedeciendo las llamadas del lntendenll'} de la Junta. El exceSJ.vo numero de empleados en la Hacienda se llevaba cuantiosas sumas de lo
recaudado rar~ pagar sus ~arios. El crecido número de oficiales existentes en el e1erc1to en, relacion con la tropa acrecentaba más aún el déficit
40
mensual, que ascendia a 3.5 millones de reales.

�194

A. Moliner Prada: Guerra de Jndependencia
. Y econom,a
, catalana

Siglo XIX

Un nuevo plan de reorganización de la Hacienda se puso en práctica
en 1812. Su objetivo era recaudar las rentas con prontitud, proporción y
equidad para remediar las necesidades del ejército. Se establecieron comisarios de guerra contra el carácter ele ministros de la Reaf Hacienda, representando al Intendente en cada cantón, para activar el cobro de las contribuciones ordinarias y extraordinarias, procurar la asistencia a la tropa, cuidar de su
socorro en los casos urgentes, evitar la percepción de ayudas dobles, dar razón a los caudales existentes en cada cantón, instar a las comisiones populares a que presentasen sus cuentas y ser intermediarios entre el Intendente, administradores y contribuyentes. Sin embargo, la aplicación de este
nuevo plan solucionó muy pocas cosas. Más aún, ocasionó continuos roces ep.tre la Junta y el Intendente. El saneamiento de la Hacienda fue
imposible conseguirlo en un año tan crítico como el de 1812. A juicio de
la Junta la situación caótica de la Hacienda se debía principalmente a la inseguridad reinante en todo el territorio, al extravío de papeles y a los continuos cambios en su administración:
Puesto el gobierno de Cataluña, como el de las demás provincias, en tantas manos divididas, en tantos trozos quantos son los
partidos de que consta, la variación de gobernantes quasi continua
o a lo menos muy frecuente y la inseguridad general del Principado con las fugas, emigraciones, extravíos o pérdida de papeles y
otras causas, tal es el origen funesto del caos en que se halla el ra41
mo de contribuciones y de la hacienda pública en Cataluña.
Los proyectos de la Junta a lo largo de este año tampoco se cumplieron. A
finales de noviembre trazó un balance de lo recaudado en concepto de
arriendos de medios diezmos, noveno decimal, casas mayores dezmeras y
contribución extraordinaria: de los 10 704 374 reales previstos sólo había
obtenido una tercera parte de ellos, 3 611 518. Esta era la cruda realidad.42
Evaluar los costos de la guerra de la Independencia en Cataluña es
difícil de realizar. La tesorería general señalaba en febrero de 1814 la cantidad de 488 224·657 reales gastados por el ejército en los cinco primeros
años de la guerra. Cifra a la que hay que añadir los 40 mil millones aportados para el sitio de Gerona y unos 500 000 en razón de alimentos. En
total más de 1 000 millones de reales. Sin embargo, estas cifras no son de
ningún modo exactas, pues es claro el fracaso de la Junta en llevar a cabo
un plan eficaz en la Hacienda durante estos años. El dinero se sacaba de
donde se podia. Los guerrilleros y las Juntas locales pedían a los pueblos
los impuestos neresarios para subsistir en forma de préstamo forzoso. En
ciudades y pueblos se constituyeron Juntas de recursos para hacer frente
a las necesidades más perentorias. Sería necesario tener muy en cuenta las

195

cantidades
a ambos bandos, la fiscal.izac10n
. , mme
.
d"iata de los
bJ ( entregadas
, .
pue _os todav1a sm contabilizar), el número de muertos, los robos destrucciones de casas, cosechas y ganados.43
y
. Una vezb más, los gas~os recayeron principalmente sobre los campesmos
re la pequeña
. rural . La h urguesia,
, en su mayor parte hu ,y soMali
, mdustna
,
yo
a
orca
llevandose
consigo
gran
parte
de
sus
.
Laguerra sup
nquezas.
totalm us; ~~ ~ptut traumática para la economía campesina que quedó
. en, e e enora_ a. La protesta del campo se alzaría des ués en 1
zonas mas empobrecidas por la contienda. En defirútiva ¡
p d
as
de la r l ·, · d
J
, a segun a etapa
evo uc1on m ustria en Cataluña se construiría sobre la ruina del
campo y no sobre su esplendor como en la primera etapa.

-

NOTAS

1.- Existe una tradm;ción catalana de esta obra en Ediciones 62 Importa sob

t
do ~.1 volumen. ~11: "Les transformacions del segle X:Vlll ca tala''
re oIV, La formac10 Jel capital comercial", Barcelona, 1966-68.
Y el volumen

2 ·• ~~~:: e~Ce~;~r¡~ri~ab~: en Cataluña El cens del Compte de Fl(&gt;l"idalgl .
• ª
e at unya. lntroducció, edició ¡ index per Jo
eSJes. Barcelona, Fundació Vives Casajuana, 1969-70, 2 vols.
sep
3.- Vilar, P., op. cit., pp. 57 y s.
4.- ~-.N~dal señala que la reducción de la mortalidad catastrófica, especialmente .
d~•ca. ya ~b?zada
el _s,iglo XVl1I español. no culminaría hasta 1900 cue~~
s~ gla,eneralizo la utihzac1on de la vacuna contra la viruela. Cfr La pob'la .,
espano Barcelona,1971,p.1 4 .
·
c1on

~~

5·- n·
Giralt•. EM
"La
d vificu lt ura Y el comercio catalán del siglo XVIII" en E tud· d
1$1ona
o erna 'Barcelona, II (1952), pp. 157-176.
•
s ws e
6

··

~~~ª!:~~~¡:~º~:¡~~~~:~~
Barcelona, L (1970), pp. 83-121.

!~!

rnercat ca~a en el segle XVUI. Una prim~
s grans a Tarrega: 1732-1811", Recerques,

7 •· Castells,
"Els
rebomboris del pa de 1789 a Barcelona", Recerques, Barcelona,
l (1970),l.pp.
51-81.
8.- Sobre ~ irnpor~ncia del comercio colonial Nada!, J. Y Torrella, G A . 1
comercio colonial y crecimiento econó .
la Es ., 15;rcu tura,
celona, 1975 (
d
.
,
m,cuen
pana contemporanea Barlzard),
son e gran •nteres las aportaciones de Fontana, García .Baq~ero e
9.- Sobre
la indóstria
M lndwtr·
r .,algodonb er~ se d ebe consultar entre otros los trabajos de lzard.
.,
,a izacron y o rerumo, Barcelona, 1973 y Nada!, J., El fracaso de In

�A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

196

197

Siglo XIX
revolución industrial en España (1814-1913), Barcelona, 1975 (capítulo 7o).

10.- Grau R. y López, M., "Empresari i capitalis~ ~ la ma~ufa_ctur~, catalana del
segle XVIIL Introducció a I 'estudi de les fabnques d md1anes , Recerques,
Barcelona, IV (1974) pp. 19-47.
11.- Balcells, A., Cataluña Contemporánea (siglo XIX), Bar~lona, 1977, P: 5. La
situación de los nuevos enfiteutas nacidos a lo largo del siglo XVIII fue diferente
a la de los antiguos, pues los nuevos "establiments" ya no eran perpetuos Y no
rentaban un censo fijo.
.
Respecto a las rentas señoriales éstas ascendían a unos 20 millones de reales, no
existiendo grandes latifundios. La lglesia poseía alrededor de una cuarta parte de
las tierras.
12.- Ferrer, R, Barcelona cautiva o sea diario exacto de lo ocurrido en la misma ciudad mientrru la oprimieron los franceses, esto es, desde el 13 de febrero de 1808
hasta el 28 de mayo de 1814, Barcelona, 1815, vol 1, pp. 3-4.

25.- A.C.A., G.I., vol. 4, fs. 358-358v.

26.- A.J.S.C., sesión 15 de febrero de 1812, A.C.A., vol. 2, f. 282v.
27.- A.C.A., G.I., vol 29, fs. 63-63v.
Sobre la tributación de los distintos corregimientos en este crítico año existe el
estudio de Corona, C. y Asensio, E., "Reparto y cobro de tributos en los corregimientos catalanes en la cosecha de 1812", en Estudios de la Guerra de la Independencia, Zaragoza, 1864, vol. 1, pp. 363-376.
28.- A.C.A., G.I., vol. 19, f. 24.
29.- AC.A., GI., vol. 29. Biblioteca de Cataluña (B.C.). folletos Bonsoms, no. 8481.
30.- A.C.A., G.I., vol 19, fs. 346-347.
31.- Mercader, J., Catalunya i l'imperi napoleónic, Barcelona, 1978, p. 307.
32.- A C.A., G. L, vol. 10, f. 7v.

13.- Fontana, J, "Formación del mercado nacional y ~orna de ~onciencia de la burguesía" en Cambio económico y actitudes políticas del siglo XTX, Barcelona,
1973, pp. 43-48.

33.- A.C.A, G.I. vol. 4, f. 72v. Sobre esta cuestión ver mi artículo "Los problemas
de la Hacienda en Cataluña durante la guerra de la Independencia". en Anales
de la Universidad de Alicante. Historia contemporánea, 2 (1983) pp. 35-ó7.

14.- Texto citado por Nada! (en El fracaso de la revolución i'!dustrial, p. 192) de M.
Ma. Gutiérrez, Impugnación a las cinco proposiciones de Pebrer sobre los gra1;·
des males que causa la ley de los aranceles a la nac_ión en general, a la Cataluna
en particular y a las mismas fábricas catalanas, Madnd, 1835, p. 145.

34.- Plan de las contribuciones y arbitrios para la manutención del ejército de Cataluña, Lérida, 26 de junio de 1808. A.J.S.C., sesión 25 de junio de 1808, vol. 1,
fs. 45-52; B. C. folletos Bonsoms, no. 8463.

15.- Vicens Vives, J., lndustrials i politics (segle XIX), Barcelona, 1972, p. 177.

35.- A.C.A., G. L, vol. 33, fs 275-276v.

16.- Nada!, J.,Lapoblación española, cit., pp. 122-123.

36.- A.C.A, G.L, caja 150.

17.- Precios de los comestibles de la Plaza de Gerona durante el_ sitio ~e.~ 809 des~e
el módico hasta el mas subido según crecía la escasez y la 1mpos1bilidad de 111troducirlos, Mataró, 22 de diciembre de 18~9. Citado_ por el Conde de T?re~o,
Historia del levantamiento, guerra y revolución, Madri?, 1948, vol. 2, ~pend1ce
no. 1, pp. 26-27. (La fanega de trigo se pagó en Aragon y en Andaluc1a a 450
reales y en Madrid llegó hasta 540).

37.- A.C.A., G.L,caja 117.

18.- Oficio de la Junta del Principado, Igualada, 18 de abril de 18 ~O. Archivo. de la
Corona de Aragón (A.C.A.), Sección Guerra de la Independencia (G. l.) caJa 12.

38.- AC.A., G.I., vol. 28, fs. 289-291.
39.- Informe Comisión de Hacienda, A.C.A., G,l, vol. 174.
40.- A.C.A., G.I., vol. 41, f. 140.
41.- AC.A., G.I., vol 19, f. 303v.

19.- A.C.A., G. l,.caja 178.

42.- A.C.A., G.I., vol 29, f. 616.

20.- A.C.A., G. I.,cajas 175 y 178.

43.- J. Fontana ha señalado reiteradamente la necesidad de realizar estudios locales
con este fin. Cfr., "La financiación de la Guerra de Independencia", Hacienda
Pública &amp;,,añola, Ministerio de Hacienda, Instituto de Estudios Fiscales", Madrid, 1981, pp. 209-217; Qui va pagar la Guerra del Frances? en La invasió
napoleónica, Bellaterra, 1981, pp. 7-20. Sobre la guerra de la independencia en
Cataluña ver mi tesis doctoral "Estructura, funcionamiento y terminología de
las Juntas Supremas Provinciales en la Guerra contra Napoleón. Los casos de
Mallorca, Cataluña, Asturias y León", Universidad Autónoma de Barcelona,
1981 (inédita), vol. II: Id "Movimientos populares en Cataluña durante la Guerra de la Independencia", en Estudios de Historia Social, III-IV (1982). pp. 23-40.

21.- A.C.A., G. l., caja 3.
22.- A.C.A, G.L, vol 40, fs. 145v-146; Id. caja 117.
23.- Actru Junta Superior de Cataluña (J.S.C.), Sesión 2 de junio 1811, A.C.A., vol.
2, f. 183.
24.- Oficio de la Junta corregimental de Manr~ a la Junta Superior del Principado,
22 de diciembre de 1811, A.C.A., G. l., caJa 16.

�La Formación del Mercado Interior en
la España del Siglo XIX

Ramón Garrahou* y Jesús Sanz Fernánde,¿**

Uno de los elementos estructurales de la economía del antiguo régimen
era la fragmentación del sistema de intercambios en una multiplicidad de
pequeños mercados locales y comarcales con un funcionamiento autónomo y escasamente relacionados entre sí. Sólo determinadas mercancías, generalmente de valor elevado en relación a su peso, podían superar estas
barreras y tenían un área de distribución mucho inás amplia. Los efectos
sobre el sector agrario de esta estructura de mercados son bien conocidos:
generalización de un policultivo que cubriera las necesidades de autoahastecimiento con predominio de cereales, violentas oscilaciones de los precios que en poco tiempo pasaban de cotizaciones muy alLas a precios Ínfimos, inversamente a las fluctuaciones de las cosechas; Lodo ello se traducía en la inexistencia de estímulos para incrementar la producción y frecuentemente desembocaba en una caída de la remuneración.
G. Anes1 ha demostrado mediante el análisis de los precios, con sus diferencias de nivel y sus agudas fluctuaciones, multiplicadas por maniobras
especulativas, el escaso grado de integración de la economía española a
fines del siglo XVIll. P. Vilar2 estableció la distinta dinámica de la agricultura catalana con una clara tendencia a la especialización, lo que conlleva
unas estructuras mercantiles más evolucionadas, posible gracias a la extracción de determinados productos agrarios hacia los mercados europeos y
americanos. A su vez J. Fontana3 mostró cómo el crecimiento económico
del siglo XVIII catalán se hizo a espaldas de la España interior: las importaciones de cereales extranjeros hicieron posible una dedicación creciente a
aquellos productos que encontraban una salida en los mercados exteriores.
Quizá se tendría que matizar esta afirmación en el sentido de que una par*Colegio Universitario de Gerona. Universidad Autónoma de Barcelona
**Universidad Complutense de Madrid
Este artículo reproduce una parte de la introducción al tomo II de H istorw agraria de
la España contemporánea. Expansi/m y crisis (1850-1900), Barcelona. Crítica-Grijalbo, 1985.

�200

Carrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

te del consumo catalán de cereales se cubría con gran9s procedentes de
4
Aragón y del litoral mediterráneo, como observ_a J. M. Fra~era ~n- su estudio sobre los circuitos comerciales catalanes a fines del antiguo regimen. Es
de suponer que gran parte del trigo que se importaba del_ litor~ medi~erráneo procediera del área manchega, pero, con todo, el trafico mterregional
entre la España interior y el litoral era muy limitpdo e irregular. El elevado
coste del transporte de la mayor parte de los productos agrarios, que según
los datos aportados por Santos Madrazo5 frecucnt~~ente doblaba el ~recio del punto de origen al .superar los 400 o 500 kilometros de recomdo,
bloqueaba un tráfico regular y sólo podía resultar rentable en años de precios excepcionalmente altos.
En estas circunstancias una gran parte de la p~oducci~n agrari~,' especialmente la de cereales, era autoconsumida: semilla y ahmentac10~ humana y animal absorbían una porción sustancial de la cosec~a. Ciertamente los agricultores vendían en el mercado pero no produc1an para el
mercado, ya que una gran parle de ellos realizaba sus ventas de una forma
irregular y escasa, excepto en los años de buenas cosechas c~ando los precios eran mínimos. Es verdad que el segmento de la poblacion ~ue c~~
guía disponer de excedentes comercializables de una manera SISte1?atica
-perceptores de rentas feudales, grandes propietari~s y arre_ndatanos de
una cierta cuantía- acumulaban voluminosas ganancias, gracias al_c~n~ol
que ejercían sobre estos mercados; pero tambié~ l~ es que una dm~?ª
semejante enlorpecía más que estimulaba el crec1m1ento de la producc1on
agrícola. Sin posibilidad de dar salida a un hipotético aumento de las cosechas, los precios se derrumbaban, la remuneración ~inuía, y creemos
que ésta es una de las claves para explicar el estancamie~to de ~a producción agrícola a corrúenzos. del siglo XIX: las notables difere~c1a~ de p~cios entre localidades relativamente cercanas, y una extraordinana amplitud del movimiento cíclico, se convierten en el testimonio evidente de la
escasa integraci6n económica del estado español a comienzos del siglo
pasado.

A) LA REORJENTACION DE LA ECONOMIA ESPAÑOLA A PARTIR
DE LA PROHIBICION DE LA ENTRADA DE CEREALES
♦

La pérdida de las colonias y las dificultades de funcionamiento del estado
absolutista impusieron un giro radical a la política económica, cuyas líneas
maestras han sido definidas con claridad por J. Fontana: problemas presupuestarios, dificultades financieras, crisis de los sectores agrícolas y manufactureros que se habían desarrollado en contacto con los mercados coloniales, tendencia a la baja de los precios, obligaron a adoptar una serie ~e
medidas que fundamentalmente pasaban por el impulso de las exportaciones y la reducción de las importaciones con Europa por un lado y, por

201

otro, por el ~~Ímulo de la producción autóctona. Así, se procuraba activar la extracc1on de aquellos productos que ya tenían una cierta tradición
y se ~tent:ma i~troducir otros en el marco de la división intraeuropea del
trabaJo agncola mherente al desarrollo del capitalismo.
De todos modos, el esfuerzo oásico pasaba por incrementar la producción, y este objetivo estaba estrechamente unido con el establecimiento de
intercambios interregionales, con una profundización de la división del
trabajo y con una especialización en las actividades para las que cada zona
estaba mejor d?tada. En la medida en que los excedentes de cada región
encontraran salida en los mercados interiores o exteriores y se regularizaran los intncambios, sr evitaría el derrumbe de los precios, se procednía
a una nivelación de las cotizaciones, las áreas más deprimidas percibirían
una mejor remuneración por su trabajo y el consumidor adquiriría los productos más baratos. Así se crearían las condiciones necesarias para incremen ~r la prod~cción, y de forma progresiva la explotación agrícola que
se onentara hacia el mercado desplazaría a la que estaba centrada en el autoconsumo.

A partir de 1820 estr modelo de desarrollo basado en la potenciación
del mercado interior y en las exportaciones se formula con loda claridad, y
en las décadas siguientes se convirtió en el eje fundamental de la política
económica española. Sin embargo, la articulación de un mercado inlerior
exige cambios en la produccion, en la distribución y en la circulación, y su
puesta en funcionamiento resulta más compleja que la promulgación de
medidas arancelarias o de política comrrcial. Todavía estamos muy maJ inf?_rmados sobre la cronología y el ritmo con que se procrdió a la integracion de la economía r.spañola. Las crisis de subsistencias, muy activas hasta el último tercio del siglo XIX, las fluctuaciones intensas dr la produceión }
de los precios a comienzos drl siglo actual, frecurnlrmenle han sido interpretadas como uno dr los indicadores más expresivos del inmovilismo de la
agricultura española y de la lentitud en la formación del mercado interior.
Nosottos mismos, en más de una ocasión, habíamos mantenido posiciones
similares.
Ciertamente, este texto no puede sustituir la falta de investigaciones
sobre las décadas centrales del siglo pasado. Pero disponemos de elementos
para avanzar algunas hipótesis sobre la dinámica real de la agricultura española durante la etapa expansiva que se inicia a partir de la década de
1830-1840, que cuestionan aquellas interpretaciones. Dada la imposibilidad de seguir en toda su amplitud un proceso tan complejo centraremos
nuestra atención en un producto, el trigo, e intentaremos reconstruir la
cronología del establecimiento del tráfico regular de cereales y harinas entre la submeseta Norte, en especial el área estructurada alrededor de Valladolid, y el litoral mediterráneo. La importancia del cultivo cereal, y el vo-

�Gorrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

202

203

Siglo XI'!(

1828
1829
1830
1838-1842
1846

lumen de su producción en la meseta casteUana, pensamos que justifican
la elección.

B) EL FLUJO DEL TRIGO CASTELLANO HACIA LOS MERCADOS
DEL LITORAL MEDITERRANEO
La extracción de cereales de Castilla septentrional con destino a los centros
de consumo del Meditemfueo había sido prácticamente inexistente hasta
las primeras décadas del siglo XIX. El transporte hasta cualquier punto del
litoral y su posterior envío por cabotaje significaba frecuentemente doblar
el precio de los mercados de origen, y excepto en momento de alzas espectaculares no resultaba rentable. Además, para que su transporte por cabotaje no fuera excesivamente caro requería disponer de carga de retomo, lo
que implicaba un cierto grado de organización, y esto explica que no se
pudiera improvisar de la noche a la mañana.
Así no ha de sorprender que a pesar del decreto de 1820 prohibiendo
la introducción de cereales extranjeros, el envío de los excedentes de granos castellanos hacia Cataluña no fuera inmediato sino que exigió una
etapa de preparación. Como es sabido, la ruta elegida fue la que los conducía hacia el Cantábrico, sobre todo hacia Santander, y posterionnente
eran transportados por cabotaje hasta el ~editerráneo. Según J. M. Fradera,6 de hecho no fue sino hasta fines de la década 1820-1830 cuando se
consolidó un flujo regular de cereales del interior hacia los mercados mediterráneos. En los primeros años de este de&lt;"l'nio los granos llt•gados a Barcelona procedentes de Santander fueron más bien escasos. Gran parte de la
demanda catalana continuó cubriéndosr con granos extranjeros, bien fuera a
lraVt'S d1· autorizaciones tcmporall's o a través dr la 1•11trada fraudulenta
mediante el contrabando, en cuyo tráfico parece que estaban implicadas
algunas casas comerciales catalanas para las cuales el comercio de granos
constituía una piPza fundamental de su sistema mercantil.
Si bien es cierto que desde 1820 se cotizan cereales procedentes de
Santander en el mercado barcelonés, lodo Ueva a suponer que durante
es7
tos primeros años su volumen era muy reducido. Martínez Vara, basándose en una memoria de la Junta de Coml'rcio de Santander, evalúa que el
promedio anual entre 1824.-1832 de las extracciones desde el puerto del
Cantábrico a Cataluña fue solo de 4 950 trn. Esta cifra quizás es válida para
los primeros años de la década 1820-1830, pero proba.l?lemente es baja
para los años finales del decenio. En efecto, según los datos contenidos en
la Información Arancelaria di' 184'78 que parecen bastante sólidos, las salidas de trigo y harina por cabotaje desde Santander fundamentalmente clirigidai:; a los puertos catalanes evolucionaron así:

20 727
8 631
32 739
27 664

tm

"
"
"

31 716 "

1:

~i se aceptan estas cifras se constata que alrededor de 1830 las salid
de tngo y harina hacia los puertos españoles se sitllan alrededor de
~O ~00 tm, c1~a ya re~prtahle y que al parecer se mantuvo en las décadas
9
61_gu~entes. Segun Martmez Vara, a partir de 1846 se inicia un notable crecumento, hasta ll3:&gt;3, después disminuye, hasta llegar a cifras ínfimas en
1855-1858. Las pnmeras e~dísticas regulares del comercio de cabotaje
cree~os que confirman la validez de las cifras que hemos manejado hasta
aqu1, como se puede ver en el cuadro siguiente:

CU tDRO J

TRIGO SALIDO POR CABOTAJE DEL PUERTO DE SA'\JTA.NDER
(EN TM)

Trigo
1857
1858
1859
1860
1861
1862
1863
1864

2 563
5 116
2 405
3 826
1502
22

Harina reducida
a trigo
3 781
7 092
33 099
67 957
77 085
86 985
80 024
39 856

Total
3 781
7 092
35 662
73 073
79 490
90 811
81 526
39 878

FUENTE: Estadísticas del comercio de cabotaje (reducción de harina a trigo: 100 kg de trigo igual a 70 kg de harina}.

Observ_emos en primer lugar la escasa importancia del tráfico de trigo.
Ya ~n la de&lt;:3da de 1840-1850, se comprobaba la rápida sustitución de los
env1os de tngo por harina a partir del desarrollo de una industria harinera
casteUa~_a. Pero hay que destacar sobre todo el volumen alcanzado por la
extracc1on d~ cereales castellanos por el puerto de Santander. Dejando al
n_iargen las cifras de 1857-1858, anómalas debido a la crisis de subsisten~as de estos años y a la autorización de la importación de granos extranJeros, en 1859 se recupera el nivel de los años cuarenta y casi Uega a tri-

�204

Ga"abou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

plicarse en 1862-1863. Estos años fueron sin nin~na duda la ~tapad~ máxima expansión del comercio de trigo por cabotaJe santandenno: mas de
1 000 000 hl de trigo castellano se enviaban regularmente hacia los puer10
tos del Atl"1tico y, sobre todo, a los del Mediterráneo. El ferrocarril representó un primer golpe para este tráfico de cereales organizado a través
del eje Valladolid-Santander. La caída de 1864 no es casual: el año anterior se habían terminado los enlaces ferroviarios que permitían el transporte directo desde Valladolid a Barcelona. Los comerciantes trigueros
optaron de forma creciente por el nuevo sistema ~e tr~porte, aun~e
eran tantos los intereses alrededor de este comple30 hannero-mercantil,
que todavía las salidas por cabotaje se mantuvieron unas décadas, si bien a
un nivel muy inferior.

C) LA AMPLIACION DEL MERCADO INTERIOR A LAS COLONIAS
ANTILLANAS
Santander, aJ mismo tiempo que canalizaba las extracciones hacia los mercados de la periferia peninsular, se convirtió en el principal y durante m~chos años único puerto de exportación de los cereales castell~os hacia
Cuba. Este tráfico se había iniciado en el siglo XVIII y de fines de ese
siglo data una cierta implantación de la industria h~era montañesa. Per~
todos los testimonios coinciden en señalar que la hanna se elaboraba casi
totalmente con granos importados del extranjero y sólo de fonna marginal
se utilizaban cereales castellanos; unas 1 500 tm en 1787, 0,09 tm en 1790
11 Ad
'
, estas
y unas 300 en 1793, se elaboraron con granos autoctonos.
emas,
exportaciones escasas e irregulares se interrumpieron durante la guerra de

205

~cultura, sobre una petición de las diputaciones de Zamora y Valiadolid para que se prohíba la entrada de trigos extranjeros en Cuba ante la noticia de que se va a construir en la isla una gran harinera moderna. Según
este organismo,
~as col~nias deberían carecer de grandes focos de ilustración y de
mdustna que no pueden menos de confluir a un punto diametralmente opuesto al que se busca. Nada de universidades, ni de Academias ni de grandes fábricas. Las primeras no deben autorizarse:
las segundas no es menester prohibirlas directamente. 12
En consecuencia, el Consejo acaba proponiendo que se prohiba la entrada
de granos extranjeros en la isla; así, indirectamente, se impedirá que se
construya la harinera y se garantizará el disfrute exclusivo de este mercado
para la metrópoli. En este tipo de literatura nadie pone en duda la legitimidad de mantener los mercados antillanos reservados a las harinas españolas.
Cuando en 1830, por razones fiscales, se imponga un gravamen de 30 reales por barril, la Junta de Comercio de Santander inicia una campaña para
conseguir su eliminación y encuentra eco en varias ciudades castellanas.
Conjuntamente, a comienzos de la década siguiente presionaron para que
se prohibiese la entrada en la isla de harina norteamericana, su principal
competidor. A pesar de que no alcanzan plenamente el objetivo, ya que la
harina española continuó gravada y la extranjera continuó entrando en la
isla, sin embargo, como puede versr en el cuadro 2, se mantuvo una posición privilegiada para los harineros castellanos. 13

la Independencia.

CUADR02

Constituye un tópico situar el punto de arranque de la exportación de
harinas castellanas hacia Cuba en la circular del intendente de La Habana
de 5 de septiembre de 1819, por la que se gravaba con 170 reales el barril
de harina extranjera y se decretaba la libre introducción de harinas españ~
las. En la abundante literatura sobre el comercio hispanocubano de la pnmera mitad del siglo XIX se hace referencia constante a esta circ?l'.'-1°? Y ~
la elogia con parecidos términos que los dedicados al decreto prohih1c1orusta de 1820. Los argumentos que se utilizan para justificar la reserva del
mercado interior a los agricultores españoles son muy similares a los que se
emplean para exigir que las harinas castell:m~ tengan un mer~do reservado en las Antillas Se plantea con frecuencia s1 Cuba debe coJlSlderarse una
provincia o una colonia. En el primer cas?, se_ dice, debe seguirs? la mis~a
legislación prohihicionista que en la metropoli y, en conse~u?nc1a, debena
eliminarse cualquier recargo a las harinas españolas y prohihrrse la entrada
de las extranjeras o mantener aranceles tan altos que impidan su introducción. Si, por el contrario, Cuba se conceptúa como u;°a colonia, a~n tienen más argumentos para reservar su disfrute excl_u&amp;vo a la metropo~. No
nos resistimos a transcribir un párrafo de un dictamen del Conse10 de

5?

PRECIOS Y GRAVAMENESDELA HARINA
(REALES POR BARRIL)

1830
1834
1843
1863

Derechos a la harina
española
(bandera española)

1mpuestos a la harina
extranjera
(bandera extranjera)

Precio medio del
barril en
La Habana

30
40
44
45

160
190
200
195

150 a 200 (1841)
250 (1860)

Las elevadas tarifas con que se gravaban las harinas extranjeras, cuatro o cinco veces superiores a las españolas, que algunos años igualaban el
precio de venta de la harina en La Habana, significaban un auténtico muro que mantenía los mercados antilJanos prácticamente reservados a los

�206

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

exportadores españoles. Por estas razones creemos que es adecuado considerar el mercado cubano una extensión del mercado interior.
El flujo de cereales castellanos hacia Cuba, a pesar de las frecuentes
quejas de los exportadores castellanos, es perfectamente comparable al que
por estas mismas fechas se dirigió hacia el litoral mediterráneo. También
fue a partir de la década 1820-1830 cuando empezó a consolidarse, aunque el arranque se inicia un poco más tarde que las extracciones hacia Cataluña,14 como puede verse en el cuadro que sigue:
CUADR03
EXPORTACION A CUBA DE HARIN '\ REDUCIDA
A TRIGO, PROMEDIO ANUAL (EN TM)
1825-1829
1830-1834
1835-1839
1840-1844
1845-1849
1850-1854
1855-1859
1860-1864

,,

7 685
8 007
12 233
18 718
28 887
37 309
42 540
49 691

100
104.2
159.2
243.6
375.9
485.4
553.5
646.6

Las exportaciones inician desde 1835-1839 un crecimiento notable
en cuyo período superan en un 60º/o las cifras iniciales. Se mantiene
la misma tendencia en los años siguientes y en 184.5-1849 se multiplican
por cuatro las cantidades iniciales, y en 1860-1864 cerca de siete veces.
Señalemos, asimismo, la extraordinaria regularidad de la serie a diferencia de lo que sucede en el comercio de cabotaje y todavía más en las exportaciones a Europa. Conviene no olvidar que estas cifras se refieren al
total de las extracciones españolas; hasta finales de la década de 1840-1850
los testimonios son unánimes en afirmar que la casi totalidad de las salidas
se realizaban desde Santander. Sólo diez años después la Dirección General
de Aduanas empezará a facilitar el detalle de los puertos de exportación, y
según estas informaciones los envíos de harinas a Cuba se realizan desde diversos puertos. pero Santander continúa canalizando un alto porcentaje de
este tráfico y por regla general supera el 70% de las exportaciones. Bilbao, los puertos guipuzcoanos y algunos puertos de Galicia tienen una
cierta entidad y también empieza a aparecer Barcelona como puerto exportador. Pero no creo que sea exagerado considerar que hasta comienzos de
la década 1860-1870 un mínimo del 80°/o de los envíos de harinas a Cuba
procede de granos castellanos canalizados a través de los puertos del Cantá-

207

brico. De ser exacto este porcentaje representaría para aquellas fechas unas
40 000 tm. Además, a estas cantidades extraídas por cabotaje y hacia Cuba, habría que añadir las exportaciones a Europa, que también tnvieron en
Santander su puerto natural de salida y que gozaron de años de esplendor
en las décadas centrales del siglo pasado.
Conviene no olvidar que la importante movilización de los excedentes
trigueros castellanos a través del comercio de cabotaje fue posible en la
medida en que se consiguió articular un tráfico de ida y retomo entre el
Atlántico y el Mediterráneo, sin el cual hubiera resultado muy costoso:
flujo de mercancías bastante más complejo que el tópico intercambio
trigo contra tejidos. Ya en una etapa tan temprana como la de 1824-1832,
la contrapartida a los envíos de harina y cereales a Cataluña desde Santander eran el aguardiente, el vino, el aceite, el papel y el jabón,15 sin que ni
tan siquiera se mencionen los tejidos. Era el sector agrario catalán el principal beneficiario de la activación del tráfico. El mismo comentario tendríamos que hacer respecto al envío de harina a Cuba, que sirvió de hase
a un sistema de intercambio bastante complejo. En este caso la contrapartida eran productos coloniales, el azúcar sobre todo y también el café. Esto explica en parte la extraordinaria estabilidad del envío de harinas desde
Santander a las Antillas. Los enormes capitales comprometidos en este comercio, así como las inversiones en la industria harinera, no permitían la
paralización del tráfico, y así resulta comprensible que, incluso en años de
dificultades de abastecimiento interno tales como 1847 o 1856-1858 las
exportaciones se mantuvieron muy altas.
'
D) EL COMERCIO DE CEREALES A :\lEDIADOS DEL SIGLO XIX
Hasta ahora nos hemos referido al surgimiento y desarrollo de intercambios de gran entidad entre Castilla y Cataluña a través de Santander entre
1830 y 1860, pero es de suponer que procesos similares tuvieron lugar entre otras regiones y lógicamente que afectaron a una serie más amplia de
productos que el trigo y la harina. Sin que podamos disponer de datos tan
concluyentes como los que hemos utilizado hasta ahora, diversos testimonios parecen indicar tendencias similares en otras regiones, especialmente
las que podían utilizar fácilmente el transporte marítimo. Quizá, como
recuerda J. M. Fradera,16 se ha tendido a prestar menos atención al tráfico
de cabotaje por el litoral mediterráneo por el hecho de que este tipo decircuitos comerciales contaban con una larga tradición, mientras que el comercio con el Cantábrico fue la gran novedad.
Siguiendo con el tráfico de cereales, sabemos que desde siglos anteriores los trigos aragoneses llegaban hasta Cataluña y que los manchegos &amp;yudaban a cubrir el déficit crónico del País Valenciano, e incluso algunas can-

�208

Garrabou-Sanz Fernández: Lafonnacwn del mercado interior en España

Siglo XIX

tidades se enviaban hacia Cataluña a través de los puertos de esta región.
Asimismo, en Andalucía el comercio interregional de granos debía
tener
una cierta actividad. Las extracciones hacia Portugal, utilizando el Duero,
eran una de las vías tradicionales de salida de los granos castellanos. Resulta significativo que a partir de 1820 se hicieran diversos proyectos para
adecuar la navegación por este río desde Salamanca; incluso se pensaba que
desde Valladolid se podía llegar hasta Oporto. Sin embargo, dichas salidas
de cereales nunca tuvieron entidad y sólo se extraían pequeñas cantidades.
La primera visión de conjunto del comercio de cabotaje de cereales
conocida por nosotros es la contenida en la Información Arancelaria de
1847, ya que las estadísticas regulares de cabotaje no se empezarán
a ela17
borar hasta 1857. Con estas fuentes se ha elaborado el cuadro 4.
Empecemos con algunas observaciones sobre las cifras de 1846. No se
trata, a diferencia de las columnas siguientes, del saldo regional de las entradas y salidas de trigo y harina, sino sólo de los puertos por donde se han
realizado las extracciones con destino al conjunto de puertos catalanes.
Además, en el caso de Santander y Sevilla se dan también el total de las
salidas. Por tanto, para 1846 no hemos podido establecer el saldo regional
entre salidas y entradas, y lógicamente las cifras tienen un valor más aproximado que los datos referidos a períodos posteriores.
A pesar de estas limitaciones, pensamos que dibujan con claridad las
grandes rutas de circulación de los cereales españoles a mediados del siglo
pasado, desde un centro productor a los puntos de consumo de la periferia.
La suhmeseta Norte extrae masivamente sus excedentes por Santander y
cantidades insignificantes por Asturias, Galicia y País Vasco. Hasta aquí
una confinnación más de lo que se ha venido argumentando. El dato revelador, y pensamos que de enorme interés, es la aparición del País Valenciano como un área exportadora, con un volumen superior incluso al de Santander. Así como por este puerto la harina domina sobre el conjunto de las
extracciones, en el caso valenciano trigo y harina mantienen una posición
equilibrada. Evidentemente, no se trata de cereales autóctonos; con toda
probabilidad nos encontramos ante los excedentes de la submeseta inferior que llegan a Cataluña a través del País Valenciano. Las salidas murcianas, especialmente el trigo de Aguilas, puerto de embarque de los excedentes de la zona de Lorca, se cotiza regularmente en el mercado barcelonés y alcanza un cierto relieve. Nos queda finalmente el caso andaluz, que
si aceptamos estas cifras se convertiría en la principal región exportadora.
Los autores de la Información Arancelaria de 1847 destacan el surgimiento
de Sevilla, un puerto tradicionalmente receptor, como el gran centro de
extracción de trigo, que llegaría a superar a Santander. Probablemente sea
cierto que el puerto andaluz se consolidó como puerto de salida de los excedentes de cereales del valle del Guadalquivir, pero la cifra que le atribu-

209

CUADR04

TRANSPORTE DE TRIGO Y HARINA POR CABOTAJE
(TM)

1846

Santander

+ 31 593

A

B + 1057

e
Asturias

1875
1879

1885

lll89

1890
1894

51.7 463
A+ 2 109+ 2 922.2 + 4 742.4+
B + 29 484 + 67 237.2 +48637. 4 + 23 049.9 + 18 528

e
P. Vasco

1859
1863

+ 70 159.4 + 53 379. 8 + 23 101.6 + 28 065
152. 4+
157.4
+ 1 945.9 +
+ 11 261.8 + 4840. 1 + 9 607.8

+ 1 057 + 13 207.7 + 4 992.5 + 9 765.2

A+
B +

708
369

-

508.7 7 474.3 -

816.3
1 761.9

-

-

78.8
6 882.9

-

e +
Galicia
.

6 .961. 7
7 983.0
2 578.2
1 077
169 +
444.6 +
363
A+ 1538 + 1 702.9 +
B +
194 - 8 482.7 - 14 963.9 - 6 534.7 - 6 422
6 059
e + 1 732 - 6 779.8 - 14 767.9 - 6 090.1
A

Andalucía

B

+ 40 995 + 1 563 -

3 756.6 + 6 378.8 + 14 866.9 + 13 072
25 529.6 - 20 004.5 - 12 209.9 -39 754

e

+42 558 - 29 286.2 - 13 625.7 + 2 657
35
2 732 + 4 312
+ 643.8 B
- 5 883.6 - 2 898.7 - 3 126.5

26 682

A +

Murcia

e +
P. Valenc.

2 732 -

-

+ 25 018.9 + 6 333.0

3 161.5

16 614.1

40 204

A - 24 911 - 23 732.6 - 12 941.6 - 5 205.2 - 3 806
B -22 870 - 39 486.1 + 3 198.8 + 18 419.1 + 65 910

e - 47781 - 63 218.7
Baleares

2 254.9

A + 12 539 + 18 958.5 + 4 490.7 - 6 264.3 - 6 768
B + 11 202 + 6 060.4 + 1 842.3 - 10 349.8 - 33 436

e + 33 741
Cataluña

1 5 71.6

A+
B +

345 69 -

5 550.7 2 841.6

e +

414 -

8 392.3

-

9 742.8 + 13 213.9
2 954.8 - 2 116. 7
2 954.8 -

+ 62 104

2 116.7

A ~ Saldo general del comercio de trigo. B = Saldo general del comercio de
hanna reducida a trigo. C = Saldo de A y B.

�210

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

yen los autores de la Información Arancelaria de 1847, pensamos que es
muy exagerada. A falta de otros testimonios creemos que es suficiente
comprobar que las cifras más altas de salida de trigo por Sevilla que conocemos a partir de 1857 en ningún caso llegan a la mitad de la supuesta cantidad de 1846. Santander, País Valenciano y Murcia y de forma menos clara Andalucía serían las zonas de salida de un importante tráfico de trigo y
harina que se encamina hacia los mercados catalanes. En 1846 se introdujeron en los puertos catalanes 47 .7 millares de toneladas que superan ampliamente los 37 o 40 millares de tonaledas de granos extranjeros que se
importaban antes de 1820.
Las cifras ya mucho más seguras del período 1859-1863 confirman
en lo esencial esta estructura del mercado triguero. Santander ha reforzado su posición, multiplicándose por más de dos su saldo positivo; y el País
V asco, concretamente Bilbao, se consolida como puerto de salida, relativamente importante, de los cereales castellanos; por el contrario, tanto en
Asturias como en Galicia las entradas superan ampliamente a las salidas,
aunque en esta última el tráfico de trigo tenía un saldo ligeramente positivo. También el País Valenciano mantiene su posición de zona extractora, aunque con un retroceso respecto a 1846, atribuible parciahnente a las
deficiencias de las estadísticas de cabotaje de 1859, que sólo dan una cantidad agregada para cereales y que no se ha contabilizado. Señalemos, sin
embargo, que la salida de trigo ha crecido sustanciahnente. Alicante se
confirma como el principal punto de extracción de trigo mientras que las
salidas de harina por Valencia han disminuido de forma notable. El caso
más sorprendente es Andalucía, que ha pasado de región exportadora en
1846 a la más deficitaria después de Cataluña. Inexplicablemente registra
un saldo negativo también de trigo. Estas fluctuaciones del comercio de
cereales andaluz por cabotaje, se repetirán como veremos en las décadas
siguientes.
Las cifras aportadas hasta aquí son suficientes para comprobar cómo a
mediados de siglo XIX, antes de que el ferrocarril tuviera una eficacia real,
el comercio interregional del trigo y de la harina había adquirido una importancia indiscutible y mostraba una clara tendencia alcista, como se pone de manifiesto al examinar el total de salidas por cabotaje:
TRIGO Y H \RL\ \ REDUCIDA A TRIGO (EN TM)

No. índice
1846
1857-1859
1860-1864

103 970
58612
168 270

100
56
161

21 l

Es probable que el crecimiento entre la primera y la última fecha sea
incluso más alto, debido a los problemas de las cifras de 1846. La caída de
1857-1859 no significa un cambio de tendencia sino que es el resultado de
la fuerte incidencia de las malas cosechas, como la de 1856-1857, que reduce drásticamente los intercambios entre el interior y el litoral al abastecerse este ~timo con cereales extranjeros. Estas cifras también sirven para
constatar como a lo largo de estos años flujos crecientes de cereales del interior llegan a la periferia, y que el tradicional tráfico de la periferia mediterránea se ha_ ~ctivado. De todas fo?°as, no deja de impresionar la capacidad de absorc1on del mercado catalan por un lado, que importa más de la
mitad del trigo y harina transportados por cabotaje, y, por otro, el volumen
extraordinario de los excedentes castellanos. Para el período 1859-1863,
si sumamos las extracciones realizadas a través de Santander y del País
Vasco, evidentemente de trigos castellanos, alcanzan un promedio anual
de 86 715 tm. Si a esta cifra agregamos las exportaciones a Cuba y a Europa realizadas por estos puertos del Cantábrico, que dan un promedio
anual de unas 80 000 tm para 1861-1863 (únicos años de esta etapa en
que cons,ta_n las salidas por provinc!as), llegamos a la conclusión de que,
como mrnuno, los excedentes de tngo y harina de Castilla la Vieja-León
alcanzaban las 166 000 tm, cifra inferior pero perfectamente comparable
a la que obtiene J. Sanz18 para el período 1890-1894, que calcula
l&lt;:&gt;5 excedentes de esta región en 282 513 tm. Es cierto que las exportaClones en 1861 fueron elevadas, y al promediar sólo con los dos años siguientes nos ~a ~na cifra un p~co más alta, pero no podemos olvidar que
computando umcamente las salidas por los puertos del Cantábrico no se
contabilizan las cantidades extraídas por vía terrestre hacia el Sur, especialmente hacia Madrid.
E) LOS PRECIOS CO~1011\DICADOR
Los precios pueden proporcionar informaciones bastante precisas acerca
del grado de integración de un mercado; los historiadores han recurrido
frecuentemente a este indicador y de modo especial han interpretado la
existencia de violentas oscilaciones como el claro exponente de una economía escasamente integrada. ¿Cómo evolucionaron los precios españoles del
trigo después de las terribles alzas de comienzos de siglo? Poco se ha publicado e investigado sobre el tema para el período que transcurre entre el fi~al de la gue~a de la Independencia y mediados de siglo. Las series de precios que publicaba de forma regular la Gaceta de Madrid a partir de 1856,
permitieron a Nicolás Sánchez Albornoz constatar la gravedad de las crisis de subsistencias de 1856-1857 y de 1867-186819 que han contribuido a
reforzar las interpretaciones de que poco habían cambiado las cosas en la
agricultura española por aquellas fechas.
Pero volvamos a la pregunta quf' formulábamos anteriormenle acerca

�212

Gorrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

SigloXIX

de la evolución de los precios del trigo entre 1814 y 1860. L_a e~casa información } reflexión disponible sobre el tema creemos que_ Justifican la
formulación de algunas hipótesis a partir de unas cuantas senes, la mayor
parte de ellas publicadas y las restantes cedid: ~nerosamente por c?le2
gas amigos. Como se puede ver en el cuadro 5, disponemos de las cotizaciones de tres mercados de zonas productoras, y de otros dos que corresponden a mercados de consumo del litoral.

CUADR05
AMPLITUD DEL MOVIMIENTO CICLICO
(°lo ENTRE EL MINIMO Y MAXIMO DE CADA PERIODO)

Valladolid
1815-1819
1820-1830
1831-1840
1841-1850
1851-1860
1861-1870
1871-1880
1881-1890

77

57
109.7
107.6
168
110.6
46.6
45.3

Zaragoza

Sevilla

Barcelona

Valencia

85.6
150
196
38.6
106.2
87.5
34.7
74.6

19.6
85.9
93.2
98.9
127.5
55.7
58.4
66.4

65
32.5
44.4
62.4
53.0
36.7
14.7
35.4

41.3
53.3
35.7
45.1
73.6
25.7
30.5
27.9

Una primera observación nos permite constatar una ve~ ?1:ás el distinto
comportamiento de los mer?ados que v~os a ~amar perif~~cos respe~~
a los del interior. En los pnmeros, las diferencias entre maxunos y m1rumos siempre son menores y tienden a reducirse más pronto. Pensamos que
es interesante observar la notable atenuación de las oscilaciones que los
mercados del litoral habían alcanzado a comienzos de los años 1840, a
pesar del establecimiento de la política prohibicionista. Después de un~~ve período inicial, las dificultades parec~n super~ y ~os ~ercados perifericos son abastecidos sin problemas, casi se podría decir meJor que cuan~o
se importaban granos extranjeros, por lo menos esto es lo que parece mdicar la evolución de los precios.
La ausencia de alzas violentas en los mercados del litoral en el período
1835-1840, parece confirmar este supuesto. En cambio, Valladolid, Zaragoza y Sevilla aparecen como un símbolo de contin~ida~. ~-duso se puede
pensar que la situación ha empeorado respecto al c1?lo 1mc1al; ?ºr l~ menos Sevilla y Zaragoza en la década 1820-1830 registran una mtensificación de las oscilaciones, mientras Valladolid parece reducirlas. Sin emhar-

213

go, en la década siguiente el movimiento ríclico tanto en Sevilla (1835) como en Zaragoza (1838) o Valladolid (1~;$5-1838), se activa enormemente.
Destaquemos la diversidad de fechas como una manifestación más de la falta de homogeneidad, y señalemos que en 1837-1838 también registran un
máximo importante los mercados mediterráneos.
De todos modos, resulta lógico que el proceso de integración de los
mercados del interior fuera más complejo y lento, y que la intensidad de
las oscilaciones se mantuviera hasta la década de los cuarenta.
Más difícil de explicar resulta en cambio lo que sucede en las décadas
posteriores. Por un lado, nos encontramos con un signo de homogeneización: las crisis de 1847, 1856-1867 y 1868, se manifiestan en todas las series. Es significativo que las dos primeras fechas significan, tanto para V alencia como Barcelona, una inlensiíicación del movimiento cíclico;
pero, sobre todo, asombra la amplitud de Valladolid y Sevilla durante la
crisis de 1856-1857 y de 1867-1868.
¿Cómo interpretar ei agravamiento de las crisis de subsistencias entre
1840-1870? ¿Se rompió el equilibrio población-subsistencias? ¿Las frágiles
estructuras del mercado triguero perdieron eficacia a partir de estos años?
¿La agudización del movimiento cíclico se debe ver como un retroceso en
la articulación de un mercado interior?
Con la información disponible no parece creíble que la producción registrara un estancamiento sino más bien al contrario; consideraciones similares podrían hacerse respecto a los mecanismos comerciales y a su capacidad de movilizar los excedenles de las regiones productoras. No creemos
que las explicaciones tengan relación con ello. Nos parece más razonable
relacionar la agudización de las crisis de subsistencias con el proceso de integración a un mercado interior y de la producción española en los mercados internacionales.
En efecto, a medida que se abren nuevos mercados a las wnas productoras las extracciones tienden a aumentar hasta liquidar cualquier reserva,
y el advenimiento de una mala cosecha se puede convertir en una auténtica
catástrofe. Más todavía en el caso español, que a diferencia de los restantes
países europeos mantiene cerradas las fronteras a los cereales extranjeros y,
lógicamente, en un momento de carestía como los que todavía se producen en la Europa de mediados del siglo XIX, tiene muchas más dificultades
que los restantes países para abastecerse. Todo ello sin olvidar los grupos
de presión partidarios de una política prohibicionista y que en estas circunstancias accionan para for1,ar el alza. Esta hipótesis parece bastante verosímil cuando se comprueba que en los años inmediatamente anteriores

�214

Garrabou-Sanz Fernóndez: La fomiación del mercado interior en España

Siglo XIX

a las crisis de subsistencias, las exportaciones de cereales a las Antillas Y a
Europa, según las estadísticas del comercio extP,rior, registran un alza espectacular como se puede comprobar en el cuadro 6.

CUADRO 7
COEFICIENTE DE VARJACION VALLADOLID-BARCELONA

CUADR06

Porcentaje

EXPORTACIONES TOTALES DE TRIGO Y HARINA
(l'ROMEDIO ANUAL, EN TM)

Trigo
1846
1849-1852
1853-1855
1862-1864
1865-1867

26 816
3 411
87 366
1 887
43 126

Harina
21 188
27 600
69 383
39 748
55 314

Harina reducida
en trigo
30 299
39 468
99 218
56 840
79 099

Total
57 115
42 879 100
186 584 435
58 727 100
122 225 208

La incidencia de las exportaciones creo que es indiscutible, sobre todo en el desencadenamiento de la crisis de 1856-1857. No olvidemos que
en el período de máximo esplendor del comercio de cabotaje, 1860-1864,
se extrajeron 168 270 tm. Además, otro hecho a tener en cuenta es que las
exportaciones a Cuba, en contra de lo previsible, en el momento más agudo de la crisis. por ejemplo, en 1856-1857, no se reducen sino que tienden
a aumentar l~eramente; la naturaleza del comercio colonial así lo exigía,
aunque ello significara desabastecer el mercado interior.
Otro de los métodos utilizados para conocer el proceso de formación
de un mercado interior y de homogeneización de los diversos mercados locales y comarcales es el coeficiente de variación. Un valor alto expresa que
el grado de autonomía de los mercados que se comparan es muy elevado, y
su ritmo de reducción nos puede proporcionar pistas interesantes respecto
a las etapas decisivas en que se logran avances hacia la fusión en un único
mercado. Con las series anteriores hemos elaborado el cuadro 7.
Observemos en primer lugar los altos valores del período inici~l, que
confirman nuevamente la escasa o nula articulación del mercado tnguero
español en general y entre Barcelona y Valladolid en particular. Una evidencia más de un sistema mercantil que actúa con un alto grado de autonomía en cada zona. Pero tan interesante como esta constatación, previsible
por otra parte, es la notable reducción que se produce en el período siguiente del orden del 30º/o y que se consolidará entre 1845-1854
hasta valores que representan una caída superior al 40°/o respecto ~l
período inicial. Somos conscientes de la precaución con que se han de uti-

215

1817-1829
1830-1844
1845-1854
1855-1864
1865-1874
1874-1884
1885-1896
1897-1906

43.65
31.59
28.30
15.30
11.50
13
7.80
5.97

No. Indice
100
72.4
54.8
33
24.8
28.1
16.8
12.9

!izar estas cifras, pero creemos que expresan modificaciones importantes
de las estructuras mercantiles durante este período. Es cierto que todavía los
valores son muy altos. Baste recordar que hacia 1840 el coeficiente de variación de los precios del trigo en Francia era de un 16 por 100,21 pero
tanto como los valores absolutos interesa detectar la tendencia, y ésta nos
parece que se muestra con toda claridad.
Juntamente con el movimiento cíclico y los coeficientes de variación
que en cierto modo reflejan la dinámica de cad;i serie, el nivel de precios
alcanzado en cada uno de los mercados constituye otro indicador significativo del grado de homogeneización de una estructura mercantil al que se
ha prestado menos atención hasta ahora. A las economías precapitalistas
corresponderían diferencias sustanciales en los niveles de precios durante
un mismo año, mientras que las economías capitalistas se caracterizarían
por una tendencia a la igualación. El estudio desde esta perspectiva de estas series pensamos que aporta muchas enseñanzas, como puede comprobarse en el gráfico l. La comparación entre los precios del trigo de Valladolid y Barcelona resulta altamente ilustrativa. El trigo entre 1815-1830 se
cotiza en la ciudad catalana entre dos y tres veces más caro que en Valladolid. Un indicador más de la total falta de conexión entre ambos mercados.
Asimismo, ante estas cifras queda perfectamente justificada la queja tan
frecuente desde fines del siglo XVIII de la extraordinaria desvalorización
de los cereales en la España interior en años de cosecha normal, mientras
en la periferia alcanzaban elevadas cotizaciones. Otra consideración que sugieren estas cifras, y hasta ahora muy poco tenida en cuenta, es la escasa
remuneración que percibían los productores de cereales castellanos, en re-

�216

Siglo XIX

Carrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

GRAFICO 1
PRl~CIOS DEL TRIGO EN VARIOS MERCADOS ESPA~OLES
(PTAS. /hl)
35

217

ferencias, pero en todos los casos es moderado, y no contradice en nada la
tendencia general a la reducción cuyos momentos decisivos se sitúan en los
quinquenios 1830-1834 y 1855-1859. Conviene recordar que por estas
mismas fechas el coeficiente de variación entre Barcelona y Valladolid registra una notable reducción, y que fue a partir de 1830 cuando se consolidó la extracción de cereales y harinas por Santander hacia Cataluña y
Cuba.

30

Señalemos, además, que hasta los años cincuenta la reducción de las
25

GRAFICO 2

20

DIFERENCIAS DEL PRECIO DEL TRIGO ENTRE
15
10

5

Barcelona
- - Valencia
- · - Zaragoza
---- Sevilla
........Yalladolid

VALLADOLID Y BARCELONA
35

30

PRECIOS DEL TRIGO
EN BARCELONA

25

o 4---.----,-..---,---r--,--r--,--r--ir---r---r--,--r-"T"""-r.....,.--,
1815
1825
1835
1845
1855
1865
18/!,
1865
1895
1~
19 1820 29 1830 39 1840 49 1850 59 J&amp;.0 69 1870 J'J 1&amp;80 89 1&amp;90 \19 1900 O!/
24
34
44
54
64
74
64
94
04

20
15

10
PRECIOS DEL TRIGO EN VALLADOLID

!ación con otros agricultores mejor situados para abastecer los centros de
con.sumo. El trigo castellano bien poco vaJía, y en consecuencia el estímulo para impulsar la producción era escaso. Las rentas diferenciales que podía obtener un agricultor catalán o de otra zona que le permitiera acceder
al mercado barcelonés eran enormes, aunque los costes de producción fueran más altos, como se señala en determinadas ocasiones. Pensamos que estas cifras aportan sugerencias interesantes para explicar el distinto grado de
desarrollo aJcanzado por la agricultura castellana y la catalana a fines del
antiguo régimen. Pero esto no es todo.
Como puede comprobarse en los gráficos 1 y 2, el desnivel entre ambas series empieza a reducirse significativamente a partir de 1830, y entre
esta fecha y mediados de la década sii,iiente los precios barceloneses se
sitúan sólo entre un 80 y un 100°/o ~r encima de los de Valladolid,
lo que significa una drástica reducción de la diferencia respecto al período
anterior. Sigue la misma tendencia en la década siguiente, aunque con menor intensidad, y de nuevo entre 1855-1864 se sitúa otra etapa de sustancial disminución. Ciertamente, el movimiento no es lineal: en los períodos
1840-1844, 1850-1854 o 1860-1864 se produce un incremento de las di-

1815
19

1825
29

183 5 1845
39
49

~~t

~~~;

1855
59

1865
69

1875
79

1885
89

1895
99

Costes del transporte de VaUadolid a
Barcelona más gastos de comercialización

diferencias es el resultado de un doble fenómeno: tendencia a la baja
de los precios de Barcelona y movimiento de signo contrario en Valladolid. Los precios de esta ciudad registran un incremento notable a partir
de 1830 hasta 1850-1854. Tampoco en este caso se trata de un alza continuada entre ambos períodos; en 1840-1844 o 1850-1854 se producen ligeros retrocesos, pero los mínimos siempre se sitúan en puntos más altos y
el movimiento alcista es indiscu tibie. En el caso de Valladolid el final de
la depresión se puede situar a fines de la década 1820-1830.
El otro período durante el cual se produce un acercamiento entre las
dos series, 1855-1859, coincide con una etapa de alza en las dos series, pe-

�218

Siglo XIX

ro '!'lucho más intensa en el caso castellano que en el de Barcelona. Con
mucho, es el tirón más importante y que estabilizó las diferencias hasta
la etapa de la crisis finisecular. En esta ocasión, la demanda europea, estimulada por las dificultades de abastecimiento provocadas por la guerra
de Crimea, junto con la canalización de las extracciones hacia los mercados periféricos y antillano, fueron los factores que provocaron el espectacular incremento.
Ante los hechos que evidencian la evolución comparada de los precios de Barcelona y Valladolid, resultan mucho más comprensibles las frecuentes alusiones respecto al crecimiento de la agricultura cerealística castellana y a las expectativas favorables de que España se convirtiera en un
país exportador. Frases como "las frraces llanuras castellanas son un gra22
nero inagotable que la naturaleza renueva sin cesar" o los campos
"castellanos arrojan espontáneamente los tesoros que depositó en sus entrañas la fecunda naturaleza",23 pueden ser consideradas como algo más
que meros recursos retóricos; por el contrario pensamos que expresan los
cambios cualitativos que se habían producido en unas pocas décadas. Sin
duda, manifiestan la toma de conciencia de que se había conseguido impulsar el aprovechamiento de unos recursos, improductivos hasta aquel
momento.
El secreto del dinamismo de la agricultura castellana en las décadas
centrales del siglo pasado, como diría P. Vilar al referirse a la agricultura
catalana del siglo XVlli, está en el hecho de que encontró salida para sus
productos, trigos y harinas, y esto determinó que se produjera de forma
creciente para el mercado. El contraste entre los campos castellanos de los
años veinte y de los cincuenta es señalado una y otra vez: "Las Castillas
yacían también en el abandono más lastimoso, depreciados sus campos,
depreciados sus ricos frutos y pereciendo de necesidad los labradores en
medio de la abundancia, mas el tráfico harinero comenzó a desarrollarse
y todo cambió de aspecto", explica el secretario de la Junta de Comercio de Santander, y prosigue:
F.I comercio, por su parte, se dedicó con ardor a mejorar la ela·

boración de las harinas, a establecer fábricas por los métodos
más adelantados de la maquinaria, a construir buques, a facilitar
arrastres, a introducir, en fin, el espíritu de la más estricta economía en todas las operaciones de tráfico. Hasta qué punto han llegado sus esfuerzos lo demuestran más de 500 000 fanegas de tierra de sembradura, hoy convertidas por el arado en feraces mieses,
cuando hace pocos años eran en totalidad presa lastimosa del parásito abrojo y de la estéril maleza; lo demuestran cincuenta fábricas, planteadas con inmensos costos en las provincias produc·
toras y en la de Santander; lo demuestran más de 60 barcos con
14 000 toneladas, que el comercio de esta plaza adquirió para los

Garrabou-Sanz Femández: La formación del mercado interior en Espo,la

2 L9

tran~orte~... lo demuestran millares de familias, que cifran su
su~sistenc~a en la pr?ducción, en los transportes, y en otras operaciones aJenas al trafico de harinas ... ; lo demuestran en fin más
de 500 millones de reales puestos en movimiento en tierras, fábricas, buques, carros, bestias, embases y jornales para dar alimento
al comercio de harina.24
Testimonios semejantes son frecuentes durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado y en todos ellos sorprende la coincidencia en la
caracte~ación del cambio, sus causas e incluso su cronología.25 Las transformaciones dr la a¡,-icultura castellana rntre 1820 y 1850 furron sin duda
profundas cuando dejaron estas huellas.
La formación de un mercado triguero a escala estatal comportaba de
fo~a fundamental ~a homogeneización de los mercados castellano y catalan pero no excluSivamente. Otras regiones contaban también con excedentes para ~astecer los centros de consumo. Cataluña había recibido
d~s~e muy ~nt~uo crre~les aragoneses'. ) aunque hay noticias de que este
tráfic_o contm~o en el _siglo XIX no d1Sponemos de información que nos
perm~t:1 cuanti~carlo m conocer su evolución durante estos años. La comparac1on del mvel d~ precios entre Barcelona y Zaragoza indica un fenó~~no bastante parecido al que acabamos de describir para Castilla. Tamb1e_n ~n el caso_ a~agonés los precios de trigo inician un movimiento alcista,
pracb~ente mmterrumpido desde 1830-1834 hasta 1855-1859, sólo con
una ~aida en los_años anteriores a este último período. Dada la tendencia
de s~o c~ntrano que reg~tran los precios barceloneses, se produce una
apro~a~1on de ambas senes como puede verse en los gráficos 1 y 3. Las
modificaciones operadas entre la etapa inicial y mediados de siglo, aunque
men?s espectac~lares ~ue en el ejemplo de Valladolid, son también significativas. Las diferencias en la etapa inicial no alcanzan los valores del
mercado castellano, perfectamente explicables si tenemos en cuenta las
rel~cio~~s cxiste?tes entre mercados catalanes y aragoneses. Hasta 1840 la
cotizac1~n del tngo ,en Zaragoza se sitúa alrededor de un 50% por debajo
~el precio barceJones, aunque ~n el período_ 1_8~5-1829 el desnivel puPJe
acercarse al 100 1/o. Pero a partir de 1840 se m1e1a una clara rrducció11. Las
~erencias en términos absolutos se sitúan entre 5 y 7 pesetas por hectoli~o, lo que representa que las co~izarione;, aragonesas perma111·ce11 habitualmente entre un 30 y un 35 1/o por debajo de las de Barcelona.
. Más complej,o es el movimiento de los precios en Sevilla, con oscilac1on~ mucho mas b":'scas ~ue parecen expresar un movimiento de la prod~cc1on con fluctuaciones intensas, que pasan fácilmente de la abundancia a la c~tía. ~~bablemente, estas variaciones de la producción dificultan la arbculac1on de un sistema comercial, como sucedía en regiones
con excedentes regulares. Es significativo que Cádiz y Málaga fueran las

�Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

221

Siglo XIX

220

GRAFICO 3
DIFERENCIAS ENTRE LOS PRECIOS DE BARCELONA Y LOS DE
VALLADOLID. Z \RAGOZA, SE\ Il,LA Y VALENCIA (PT \S./hi)
25

Sevilla

20

Valladolid
Zaragoza
Valencia

- .-.-

15
10
5

o
/

·-·__.,.

1825
29

1835
39

'\

Finalmente, resulta interesante el análisis del caso valenciano: tanto
en el movimiento de la serie como en el nivel muestra una extraordinaria
similitud con los precios de Barcelona. En ambos mercados la tendencia
es clarame~te descendente hasta 1850-1854. Como corresponde a los
mercados htorales altamente integrados, las diferencias nunca superan el
14% y puede~ ~r tanto de s~no positivo como negativo; prohablemen~ las caracteristicas de la sene de precios de Barcelona, formada excluSlv~en te con las ~otizaciones de trigos de Santander, que por regla general siempre son mas baratos que los procedentes de Valencia dificultan la
comparación entre el nivel de precios valenciano y barcelon6s. De lo contrario ~o se explicana_ que desde Valencia se pudieran mandar granos a
Cataluna como lo atestiguan numerosos testimonios.

F) ELSISTEMADETRANSPORTETRADICIO 'AL, ¿UI\ OB~TACULO
INSALVABLE?

.... ✓

-5
1815
19

~ones hacia Cataluña p~ce que se han estabilizado. Pero en el quinqueruo 1855-1859 los prectos sevillanos se sitúan al mismo nivel que los de
~~elona, y la reducida diferencia del quinquenio siguiente no parece suf1c1ente para hacer rentable el rnvío de granos andalucPS a los puertos catalanes.

1845
49

1855
59

1865 1875
69
79

1885
89

1895
99

1905
09

únicas provincias que recurrieran de una forma ilegal a las importaciones de granos extranjeros en 1835,26 y que en Sevilla, en 1847 o 1856, los
precios se duplicaran respecto a los años anteriores. Sería interesante que
se investigara sobre el funcionamiento del mercado triguero andaluz, para
eitplicar cómo se puede pasar tan fácilmente de extracciones voluminosas
a las importaciones y, en definitiva, que dieran razón del hecho sorprendente de que Andalucía disponía de mejores condiciones que Castilla
(tierras, situación geográfica) y no aprovechara las posibilidades que se
abrían a los productores trigueros con las ventas en los mercados catalán
)' antillano e incluso al propio mercado andaluz. De todos modos, los
precios sevillanos participan de las mismas tendencias que los de las regiones productoras. Inician un movimiento alcista a partir de 1830 hasta
1850-1854, pero poco activo y con retrocesos en 1840-1844 y 1850-1854.
En el quinquenio 1855-1859 la serie da otro salto que iguala los precios
de Sevilla a los de Barcelona. Respecto a las diferencias entre ambas series,
también se observa un movimiento particular, nunca alcanzan los valores
de Valladolid ni de Zaragoza; como máximo se sitúan en un 46% por debajo de las cotizaciones de Barcelona, pero pueden descender a cifras
mucho más bajas. A partir del período 1835-1839 la diferencia se esta·
biliza alrededor de las 4 o 5 pesetas, que representan entre un 25 y un
30%. Durante esta etapa, que se mantiene hasta 1850-1854, las exporta-

La may?r parte de los autores que desde el siglo XVIII se han preocupado por unpulsar el desarrollo económico español, se refieren de una for~ obsesiva ~ _mal estado de caminos y carreteras y a la persistencia de los
SÍStemas tradictonales de transporte, que encarecían extraordinariamente
los productos hasta el punto de que· su comercialización ofrecía escasas
expectativas de beneficios. En especial rsto es palpable en aquellos artículos que, como los cereales, tienen un valor relativamente escaso en relación
con su peso. Otras mercancías más valiosas soportan mejor los altos costes
del transporte y ello explica su radio de circulación mucho más extenso.
28

Los trabajos de Ringro~,27 de P. Ponsot y, más recientemente, de
Santos _\1adra~o. aportan _e~1dencias suficientes para constatar que a fin~
del antigu? reg':°1~n el sl.Sl:ema de transportes era lento, irregular, tenía
una capactdad limitada y, sobre todo, era extraordinariamente caro. La
constatación, hecha tantas veces, de que mientras una comarca se encuentra en una situación miserable por un exceso de producción, otra relativamente cercana sufre los rigores de la carestía, se debe en gran parte al
coste elevado del transporte, que desanima los intercambios hasta que los
d~niveles de pre~ios no alcancen un margen remunerador para el comerctante o transportista.
S~n Santos Madrazo,29 el valor de productos como el trigo podía
verse mcrementado en un 50 y hasta en un 100% al recorrer una cierta

�222

Siglo XIX

distancia. Lógicamente este porcentaje descenderá en años de precios altos, pero en otros puede incrementarse, y su costo podrá variar si existe un
transporte organizado o si se dispone de carga para el retorno. En consecuencia, es arriesgada cualquier generalización. También resulta muy complejo establecer unos precios medios del coste del transporte. Los datos
aportados por los autores citados muestran tales discrepancias - lógicas por
otra parte, dada la heterogeneidad de las fuentes y la diversidad de factores que influyen en la fijación de tarifas- que no permiten ver con suficiente claridad si entre fines del siglo XVID y mediados del siglo XIX se
redujeron o si, por el contrario, se mantuvieron sin grandes variaciones.
Santos Madrazo, sin aportar demasiadas evidencias empíricas, afirma:
En 1850, con respecto a la centuria anterior las tarifas habían
bajado como consecuencia del alza del precio del trigo, de las mejores comunicaciones y del aumento de la carga útil en un grado
superior al del precio del ganado y forrajes y al menor de salarios
de conductores y empleados de este sector. Aunque no puede generalizarse, debido a la diversidad de los ejemplos que van desde
los 45 a los 100 M/T/K (es decir de 0,33 a 0,75 pesetas por tonelada y kilómetro, R.G. y ].S.F.) el transporte de mercancías en
galeras y mensajerías supone un descenso de los costes pese a la
especialización de dicho. tráfico.30
No hay ninguna duda de que a mediados del siglo XIX el sistema tradicional de transporte era un obstáculo importante para la homogeneización del
mercado interior. Los contemporáneos se refieren constantemente al tema
y no cesan de reclamar al estado que tome medidas. La comisión que elaboró un proyecto de ley de cereales en 1842, que no llegó a aprobarse, se
lamenta de que las medidas liberalizadoras del comercio interior de granos
de poco servirán si no se destruyen las trabas ñsicas
que internamente le imposibilitan por falta de caminos, canales,
ferrocarriles, únicos medios que facilitan las comunicaciones de
las provincias entre sí, cuya falta o mal estado impiden que de
una a otra se transporten con facilidad y economía sus respectivas
producciones. Entonces y sólo entonces podremos prometernos
los grandiosos resultados de este comercio de cereales como los de
las demás fuentes de nuestra agricultura.31
Si interpretásemos de una forma mecánica este tipo de observaciones, probablemente válidas a nivel general, ¿cómo explicar el indiscutible avance
de la producción agrícola castellana y su creciente especialización cerealística, en gran medida posible gracias a la oportunidad creada por la política
prohibicionista de acceder a mercados tan alejados como los de la periferia

Ca"abou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

223

mediterránea y los de las Antillas? Es evidente que en este caso se consiguió superar el obstáculo que representaba el precario sistema de transporte, y ello nos lleva a destacar la importancia de otros factores. El hecho
fundamental era la capacidad de producción de excedentes y de conseguir
mercados donde venderlos. El fenómeno ya constatado para la Cataluña
del siglo XVID pensamos que se repite en Castilla a partir de la cuarta década del siglo pasado.
Centrándonos de nuevo en el caso castellano, creemos que simultáneamente al crecimiento de los excedentes estimulado por la reserva del
mercado interior y colonial, y a la organización de un importante comercio
de trigo y harina en el que Santander desempeñó un papel fundamental, se
consiguió comprimir de forma sustancial el coste del transporte. Como recordará el secretario de la Junta de Comercio de Santander a mediados de
la década 1840-1850, el éxito de la etapa inicial de este comercio
(1820-1830) se basaba en el bajo precio del trigo en los centros de producción, que permitía absorber con éxito costes elevados de transporte, fabricación de harina y corretaje. Pero a medida que la demanda se incrementó,
los precios pagados al agricultor aumentaron notablemente y surgieron dificultades de venta; para mantener el beneficio fue necesario comprimir los
restantes gastos, entre ellos el transporte. El consulado de Santander presionó para que se mejoraran las comunicaciones, y consiguió "la compostura de la carretera de Reinosa y su continuación hasta el interior de la provincia de Palencia". Se forzó a los transportistas, empacadores y barrileros
32
a que redujeran a más de la mitad los precios de sus operaciones.
Veamos en qué medida las cifras disponibles sobre tarifas de transporte confirman estas afirmaciones. Los cereales de Tierra de Campos para acceder hasta el puerto de embarque de Santander podían utilizar en una
parte del trayecto el -canal de Castilla, pero tenía que cubrir la última parte, unos 138 kilómetros por rutas terrestres, es decir la distancia entre
Alar del Rey y la capital de la Montaña. De nuevo aquí tropezamos con la
diversidad de cifras, como puede verse en el cuadro 8, en donde se intenta
establecer el coste del transporte. 33
Digamos, de entrada, que la heterogeneidad de las cifras obedecen al
hecho de que el coste de los transportes fluctúa
constantemente por multitud de causas. Cuando el comercio recibe noticias funestas, que desalientan a los especuladores; cuando
en la estación de verano los caminos se hallan más transitables;
cuando la miseria pública atrahe mayor número de carros que el
ordinario, cuando el canal de Castilla se halla espedito y algo mejor servido. Y en ocasiones semejantes, los transportes se hacen
con bastante economía, pues que exceden muy poco o nada de 4

,.

�224

Siglo XIX

Garrabou-Sanz Fernández:: La formación del mercado interior en España

mrs. por arroba y legua por tierra (0,46 pesetas por tonelada y
kilómetro, R. G. y ].S.F.). Al contrario, en la estación en que los
carreteros, que también son labradores, se dedican al cultivo de sus
haciendas, cuando las nieves y temporales del invierno obstruyen
los caminos, o hacen muy penoso el tránsito; cuando se hiela el
canal; y cuando otras causas imprevistas exigen celeridad y aumento en los arrastres, suben los portes de una a dos terceras
partes. 34

CVADROB

36

d~ verano y 0.1~5 pesetas por tonelada y kilómetro los de invierno. A la
VISta_ de estas cifr~ _vensamos que el ~anal fue un elemento decisivo para
explicar la expans1on de la econom1a cerealística castellana a partir de

1830.
Con todas estas informaciones conviene que intentemos contestar a la
pregunta que formulábamos al principio de este epígrafe: ¿los transportes
bloquearon el proceso de especialización triguera y comercialización de la
agricultura castellana? Un artículo publicado en una revista gerundense en
1852, en donde se expresa la preocupación por la creciente llegada de cereales castellanos, ayuda de forma adecuada a esbozar la respuesta; según

COSTE DEL TRANSPORTE DE TRIGO ENTRE ALAR DEL REY Y
SANTANDER (EN PESETAS POR TONELADA Y KILOMETRO)

{

Respuesta de la Junta de Comercio de Santander
al cuestionario de 1845
L. M. de la Sierra (Cuestión de harinas)

1830

1845

N. Heras de Puig
Nicolás Sánchez Albornoz
A. Gómez Mendoza

1852
1855
1850

0.761
0.460
0.860

{

0.349
0.262
0.293
0.474
0.532

Sin entrar a discutir cada una de estas cifras parece aceptable admitir que
el transporte de trigo entre Alar y Santander oscilaría entre 0.262 y 0.470
pesetas por tonelada y kilómetro, que si lo comparamos con las 0.411 pesetas por tonelada y kilómetro que Santos Madrazo35 calcula para otras
regiones, pueden ser tomados como unos costes relativamente favorables
para el transporte terrestre del grano castellano hacia el Cantábrico. Sin
embargo, la posicion ventajosa para el transporte de los cereales de Tierra
de Campos se basa sobre todo en la posibilidad de utilizar casi en la mitad
del trayecto (130 kilómetros entre Valladolid y Alar) un sistema de transporte mucho más barato: el arrastre por el canal de Castilla Desde fines
del siglo XVIII se utilizaba el ramal norte; en 1835 entró en servicio el canal sur que ponía en comunicación Valladolid con Alar, y en 1849 se inauguró el tercer canal de Campos. Los costes del transporte por el canal son
sustancialmente más bajos. Desde mediados de la década de 1840-1850,
tenemos constancia, y esta vez coincidente, de que las tarifas que impuso
la Compañía del Canal de Castilla, oscilan entre 0.173 pesetas los meses

225

CUADRO 9

COSTE DEL TRANSPORTE DE UN HECTOLiTRO DE TRJGO
DE VALLADOLID A BARCELONA
Transporte Valladolid-Alar
(Canal de Castilla)
Transporte Alar-Santander

1.66 ptas. (0.163 ptas. tm/km) 1.66
3.15
(0.293 ptas. tm/km) 4.95 (0.46
ptas.t~km).
3.15

3.15

7.96 ptas.

9.76

Almacenamiento, comisiones,
embarque y seguros
1.53 ptas.

1.53

Santander-Gerona
Total transporte

TOTAL

9.49 ptas.

11.29 ptas.

Narciso Heras, el autor del artículo, la estructura de costes del transporte
37
de cereales entre Valladolid y Gerona era la expresada en el Cuadro 9.

La primera columna del cuadro corresponde a las cifras de N. Heras

y la segunda se ha modificado, considerando que la tarifa entre Alar y
Santander fuera de 0.46 pesetas por tonelada y kilómetro. Estos cálculos
disipan muchas dudas: para que el trigo de Valladolid pudiera venderse en
Barcelona sin pérdidas, como mínw10 debía cotizarse a 9. 49 pesetas por
hectolitro menos que en Cataluña según los cálculos de N. Heras, o de
11.29 pesetas por hectolitro, según las correcciones introducidas. Conviene

�226

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

recordar ahora las diferencias del precio del trigo entre ambos mercados,
recogidas en el cuadro siguiente:

1825-1829
1830-1834
1835-1839
1840-1844
1845-1849
1850-1854
1855-1859
1860-1864

14.30 ptas.
10.21 ,,"
12.00
11.28 "
,,
10.31
9.76 ,,"
5.14
7.28 "

De estas cifras se deduce que hasta el período 1840-1844 las diferencias del nivel de precios entre ambos mercados superan ampliamente las
929 pesetas, y en consecuencia es perfectamente admisible que los trigos
castellanos pudieran venderse en Cataluña aunque el transporte fuera más
caro. Pero en el período 1845-1854, la posibilidad de extracción exigía
que el coste del transporte y comercialización se contuviera alrededor de
las 9 pesetas, cifra que como puede comprobarse coincide con la que da
nuestro autor. Unas tarifas de transporte más altas hubieran hecho ruinoso el tráfico, como sucedió durante la crisis de subsistencias de 1856-1857,
en que al elevarse el precio d.el trigo castellano por estas fechas, Santander
no realizó envios a Cataluña. Probablemente, en los primeros años de la
década 1860-1870, antes de que entraran en funcionamiento las grandes
redes ferroviarias, todavía este sistema tradicional de extracción de los cereales castellanos vía Santander redujo las tarifas. De lo contrario no se
explicaría que se siguiera mandando harina por cabotaje hacia Cataluña,
habiendo disminuido la diferencia de precios hasta 7.28 pesetas por hectolitro. Pero estos años fueron el canto del cisne de la ruta ValladolidSantander. La Compañía de Ferrocarriles del Norte concluyó en 1863 la
red que ponía en comunicación Valiadolid y Barcelona; al año siguiente
las salidas por Santander cayeron a menos de la mitad y el ferrocarril
acabó captando gran parte del tráfico de cereales entre la submeseta
'orte } Cataluña.
Es indiscutible que con el ferrocarril la integración en un único mercado se aceleró, pero lo que hemos intentado mostrar a lo largo de estas
páginas es que el proceso había empezado antes y que a mediados de siglo
se habían dado pasos importantes, especialmente por parte de aquellas regiones que habían conseguido dar salida a su producción. Otras, el caso
más evidente es Extremadura, continuaron bajo el predominio de una
agricul1ura de autoabastecimiento y de fragmentación del mercado. Igual
sucedió en las áreas de difícil acceso dentro de cada región. En el fondo,

227

1~ cut:5tión i~portante es poder detectar cómo una nueva clase de propietarios actua, s~ mue~e, ~ara sentar las bases sobre las que pueda funcionar. un~ econori:na capitalista. El caso castellano, o mejor dicho, el del
tem!ono organizado alrededor del eje Valladolid-Santander, pensarnos
que ilustra con bastante claridad cómo, a partir de la tercera o cuarta décad_a del siglo pasado, se ponen en funcionamiento fuerzas económicas y
~•al~ ~e rompen con las formas tradicionales de producción y dis~-uc1~?• impulsa~ un crec~ento de la producción, intensifican la espeaaltzac1on y constituyen una tmportante red comercial. En definitiva, fuero~ 1~ necesidad:5 ~readas por estas nuevas formas de organización de las
actiVtdades econolTUcas las que exigieron encontrar una alternativa más
ooi:ata al sistema de transporte. Ello nos lleva a pensar que el mercado intenor no surgió a partir del ferrocarril sino al contrario: el ferrocarril se
construyó, precisamente, por la presión que ejercieron aquellos sectores de
~ economía ~pañola, y entre ellos los agricultores castellanos, que a mediados del Siglo pasado necesitaban reducir los costes del transporte.
RECUENTO
El aná~isis del crecimiento y consolidación de los intercambios de trigo entre regiones productoras y consumidoras y la constatación de cómo se pasa de un movimiento de precios del trigo, sometido a violentas fluctuaciones, con un alto grado de autonomía y con unas enormes diferencias de nivel entre unos y otros mercados, a un comportamiento distinto f'n el que
el ~novimiento cíclico se ha reducido, igual que las diferencias y todas las
senes adquieren una dinámica semejante, han sido los dos principales instrumentos que nos han permitido seguir el proceso de formación de un
mercado interior. Proceso evidentemente prolongado, que se dilata a lo
largo de varias décadas ya que, arrancando de la década 1830-1840, ha
alcanzado ya un gran dinamismo a comienzos de la década 1860-1870
se ha intensificado con la construcción de la .red ferroviaria y a comienzo~
del siglo XX el mercado triguero se encuentra sólidamente homogeneizado.
Paralelamente, otros sectores agrícolas registran procrsos similares e
incluso más rápidos. Todo ello ha sido causa y efecto, a la vez, de la imp~a~tación de nuevas formas de organizar la producción en las que las tradicionales exp1otacionf'-S orientadas aJ auto-abastecimiendo se han visto desplazadas por otras cuyo objetivo fundamental es la producción de mercancías. En este contexto, en la medida que se ha conseguido dar salida a unos
crecientes excedentes han desaparecido viejos obstáculos y la producción
registró un incremento muy notable, aunque difícil de medir, pero creemos
que indiscutible.

�228

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

Para evitar confusiones quizá convenga recordar que la formación de
un mercado interior, el crecimiento de )a producción, la llamada modernización en definitiva no significó superar la mísera situación de una parte
numerosa de la población rural española sino que, a corto plazo, probablemente muchos jornaleros, colonos o pequeños propietarios vieron empeorar
su nivel de vida. Es necesario tener presente que la implantación de una
economía capitalista, de la cual el mercado interior constituía una pieza
fundamental, no fijaba su horizonte en mejorar el nivel de vida del conjunto de la población sino en crear las condiciones para que el capital pudiera reproducirse lo más ampliamente posible, y desde este punto de vista el
éxito de la burguesía española parece indiscutible.

-

NOTAS

l. Gonzalo Ancs, "Las crisis agrarias en la España moderna", Taurus, Madrid,
1970, y del mismo autor, "Las fluctuaciones de los precios del trigo de la cebada y del aceite en España (1718-1808): un contraste regional", en Economía
e llustración en la España del siglo XVW, Ariel, Barcelona, 1969, pp. 43-70.

2.- P. Vilar, Catalunya dins l'Espanya moderna. Les transformacions agraries del
seg/e XVlll catala, vol. Ill, Barcelona, 1966.
3.- J. Fontana, La quiebra de la monarquía absoluta, 1804-1820, Ariel, Barcelona,
1971, y del mismo autor, "Colapso y transformación del comercio exterior español entre 1792 y 1827", en Moneda y Cridito, no. 115 (1970), pp. 3-23.
4.- J. M. Fradera, "Crisi colonial i mercal interior, 1814-1837 (Les basescomercials
de la industria catalana moderna)", tesis doctoral inédita, presentada a la UAB,
1983, especialmente cap. 1, apartados 3 y 5.
5.- Santos Madrazo, "Precios del transporte y tráfico de mercancías en la España de
finales del Antiguo Régimen", en Moneda y Crédito, no. 159 (1981). pp. 39-71.
6.- J. M. Fradera, "El comercio de cereales y la prohibición de 1820. El caso del
mercado catalán", en curso de publicación en Agricultura y Sociedad. Según este autor, entre julio de 1821 y marzo de 1822 sólo habían entrado por cabotaje
un poco más de 2 000 tm de trigo español, y una cifra ligeramente superior entre mayo y diciembre de 1826. Ambas cantidades están muy alejadas de las
37 000 a 40 000 tm que se importaban del exterior en los años inmediatamente
anteriores a la prolúbición. Es interesante la constatación que hace este autor respecto a la actitud adversa al prolúbicionismo triguero que mostraban determinados sectores de la burguesía mercantil catalana.
7.- T. Martínez Vara, Santander de villa a ciudad (un siglo de esplendor y crisis),
Santander, 1983, p. 215. El autor reproduce sin ningún comentario ni aclaración
las cifras de esta Memoria y las de la Información Arancelaria de 1847 (véase
nota siguiente), que son muy diferentes.

229

8.- "Dictamen que la sección de cereales someta a la aprobación de la Junta General de Información creada por R D. de 4 de marzo de 1847", publicado en la
Gaceta de Madrid el 15-16 y 20 de mayo de 1847 y reproducido en Agricultura
y Sociedad (enero-marzo de 1979). A partir de ahora se citará como Informa- ,
ción Arancelaria de 1847.
9.- T. Martínez Vara, Santander de villa a ciudad.. . Esto se puede desprender del
gráfico que publica en la p. 223.

10_- Ante estas cifras uno no deja de sorprenderse de que A Gómez Mendoza, despues de laboriosos cálculos sobre el tráfico ferroviario de cereales descubre que
"En 1909, los barceloneses comían pan de trigo cosechado en España, a 800 kilómetros de sus tahonas" (Antonio Gómez Mendoza, Ferrocarriles y cambio
económico en &amp;paña, 1855-1913, Alianza Editorial, Madrid, 1982, p. 200).

11 .- "Memoria sobre el estado del comercio que publica la Real Junta de Santander,
redactada por su secretario, D. Luis María Sierra", Santander, 1833, p. 567, citada por M. Terán, " Santander puerto de embarque para las harinas de Castilla",
en Estudios Geográficos, no. 29 (noviembre 1948), p. 748.
12.- Dictamen elaborado por una comisión del Consejo de Agricultura, Industria y
Comercio en 1849. Archivo Ministerio Agricultura, leg. 6, exp_ 11 _
13.- Las cifras de los aranceles de 1830 y 1834 proceden de la Información Arancelaria de 1847. La de 1843, de M. Torrente, Memoria sobre la cuestión de Harinas, Madrid, 1845; y la de 1863, de Consulta elevada al Excmo. Sr. Ministro de
Ultramar por la )unta provincial de Agricultura, Industria y Comercio de Santander sobre la introducción en las Antillas de las harinas nacionales y extranjeras, Santander, 1863. De este mismo folleto procede el precio medio del barril
de harina de este año. El valor correspondiente a 184 I procede de una exposición de la Junta de Comercio de Santander al Congreso de Diputados (Archivo
Congreso Diputados, leg. 63, no. 48).
14.- L~ cifras correspondientes al período 1825-1845 proceden de la Información
Arancelaria de 1847. Para 1846 he preferido la cifra que se publica en Gaceta
de Madrid de 17-lV-1848. La exportación de 1847 procede del Diccionario de
Madoz (t. 13, p. 768) y corresponde sólo a Santander_ La cifra de 1848 del
Boletín Oficial del Ministerio áe Hacienda, t n. no. 34 (agosto 1850), pp. 236238, parece más fiable que otra estadística referente a la exportación de harina
a la isla de Cuba, publicada en este mismo boletín (t. Ill, no. 57, 1851, P- 150).
Para los restantes años, proceden ya de las Estadísticas de Comercio Exterior.
15.- T. Martínez Vera, Santander de villa a ciudad..., p. 215.
16.- J. M. Fradera, " El comercio de cereales", art. cit.
17 .- Para el período 1890-1894 aparecen agrupadas las cifras de Santander, País
Vasco y Asturias y también las del País Valenciano y Murcia. Las diferencias que
se observan entre el volumen de las extracciones realizado por Santander correspondientes al período 1859-1863 y las que constan en el cuadro 2, se deben a
que en este último caso no se han descontado las cantidades entradas en los
puertos de estas zonas.
18.- Esta cifra la obtiene J. Sanz tras una minuciosa elaboración de los datos conteni-

�230

Siglo XIX

dos en el Informe acerca de la producci6n, comercio y consumo de trigo en España, Madrid, 1896, estudio contenido en su tesis doctoral inédita.
19.- NicoJ;f, Sánchez Albornoz, Las crisis de subsistencias de España en el siglo XIX,
Instituto de Investigaciones Históricas, Rosario, 1963.
20. La procedencia de las series del cuadro es la siguiente: para el tramo 1891-1906,
Grupo de Estudios de Historia Rural, Los precios del trigo y la cebada en España, 1891-1907, Servicio de Estudios, Banco de España, Madrid, 1980; para el
período 1847-1890, excepto 1850-1852, Gaceta de Madrid; en ambos períodos
se trata de cotizaciones medias de las provincias. Menos homogeneidad tienen las
series de la primera mitad de siglo, que proceden de fuentes locales que recogen
las cotizaciones de un único mercado, generalmente el de la capital de la provincia
Las fuentes son las siguientes:

BARCELONA (1815-1846 y 1850-1852). Precios publicados en el Diario de
Barcelona y recogido por A. Segura, "El mercat de cereals i llegums a Barcelona
(1814-1868)" en Recerques, no. J4 (1983). La serie se ha construido ~xclusivamente con las cotizaciones del trigo de Santander, excepto para un numero reducido de años en que no se cotiza. y entonces se toma la media de las diversas
variedades de trigo cotizados en el mercado barcelonés. En todos los casos los
precios corresponden a la primera quincena de julio.
VALLADOLID (1815-1840). Condiciones del trigo en el mercado de Medina de
Rioseco, procedentes del Archivo Históri~o Municipal de e~ta localidad (caj~
266, no. 4 843), recopiladas por Bartolome Yun cuya generosidad nos ha permitido disponer de las cotizaciones de este mercado castellano, que era clave para
nuestra argumentación.
VALLADOLID (1841-1848 y 1850-1852). Precios de la ciudad de Valladolid
publicados por Germán Rueda Hemanz, La dcsamortizaci6n de Mendizábal en
Valladolid (/836-53). Transformaciones y constantes en el mundo rural y urbano de Castilla la Vieja, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1980, p. 597.
ZARAGOZA (1815-1846 y 1850-185i). Precios en el mercado de esta capital
según datos de Ja Sociedad Económica de Amigos del País publicados a fines del
siglo pasado por Pío Cerrada, La riqueza agrícola y pecuaria en España. M~ograf(a presentada al concurso abierto en 31 de enero de 1893. ~ea/ Academia de
Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1896, pp. 52-53. Esta sene presenta graves
deficiencias y sólo de torma muy imprecisa y aproximada registra el movimiento y el nivel de los precios zaragozanos. A pesar de ello hem_os decidido utiJ!·
zarla. con todas las reservas que se quiera. ya que hemos considerado que tema
interés disponer de los precios de otro mercado interior. Sin embargo para medu
la amplitud cíclica del período 1831-1840 (Pío Ce~ad~ da para 1_836 un valor
absolutamente increfüle) hemos preferido las cotJzacmnes publicadas por el
Diario de Zaragozo. Esto ha sido posible gracias a la investigación ~ue está realizando Antonio Peiró sobre los precios zaragozanos y a la generosidad con que
nos ha permitido utilizar sus resultados.
SEVILLA (1815-1846 y 1850-1852). Cotizaciones de la Alhóndiga de Sev~a,
por tanto corresponden al precio de esta ciudad. El tramo 1815-1833 ha sido
publicado por María José AJvarez Pantoja, Aspectos econ6micos de la Sevilla

Garrabou-Sanz Fernándl'z: /,a formació11 del mPrcado interior"" f;spaña

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Jnnandina (1800-1833), ScviUa, 1972, vol. 11, pp. 113-114. Los valores de los
períodos 1834-1846 y 1850-1852 nos han sido facilitados amablemente por A
M. Bernal Y coinciden con la serie publicada por J.M. Benavides a mediados del
siglo pasado y reproducida por Nicolás Sánchez Albornoz, Las crisi.~ dP subsistencias de f;spaña &lt;'n el siglo)./'(, cit., p. 122.

VALENCIA (1816-1846 y 1850-1852). Precios de la ciudad de Valencia. publicados en la prensa de esta ciudad y que han sido recopilados por Telésforo Marcial Hemández y J. Piqueras."Materiales para la historia de los precios t:n Valencia durante el siglo XIX", en Estudis, no. 7 (1978), pp. 155-216, especialmente
apéndices l a 4. Las cifras de nuestro cuadro proceden de promediar, a partir de
1821, las series de "Trigo Huerta de Valencia" y "Trigo fuerte de Castilla". Para 1816-~81 sólo se dispone de la rr!rnera serie, y para 1820 no se registra ninguna cotízac1on. .Al comparar esta sene con las elaboradas a partir de los datos
de la Gaceta de Madrid en los años cincuenta, se comprueba un movimiento similar pero diferencias de nivel significativas: los precios de la ciudad de Valencia. que son los que utilizamos para la primera mitad del siglo, siempre se sitúan
por encima de los precios provinciales que da la Caceta de Madrid. Conviene tener presente estos problemas para interpretar adecuadamente el nivel de los precios a partir de 1853, ya que utilizamos los datos provinciales.

?,

21.- Roger Price, The modernization ofrural f'rance, Hutchison University Library,
1983,p. 310.
22.- "Exposición de la Junta de Comercio de Santander al Congreso de Diputados,
junio de 1840", leg. 63, no. 48, Archivo Congreso Diputados.
23 .- "Exposición al Congreso de Diputados del Ayuntamiento y de la Junta de Comercio de Santander, mayo 1842", leg. 62, no. 11, AIChivo Congreso Diputados.
24.- L. M. de la Sierra, Cuestión de harinas, contestación al Sr. D. Mariano Torrente,
Santander, 1845, pp. IV y 50.
25.- Veamos cómo captan el mismo fenómeno un grupo de ciudadanos de Valladolid en una exposición dirigida al Congreso de Diputados, solicitando que se indemnice a los propietarios de las fábricas de harinas destruidas durante los motines por la crisis de subsistencia de 1856: "La prosperidad actual de Castilla,
el repentino desarrollo de la agricultura, principal riqueza de su suelo, la acumulación de capitales en estas provincias, tan pacíficas como leales; la fabricación
de harinas en una escala que honra a nuestra Nación y el haberse triplicado el valor de la propiedad rústica y urbana de pocos años a esta parte ha sido todo consecuencia de la apertura de los canales de Castilla, fundamento principal de la
exportación de cereales, de la que surgen como consecuencia enlazadas todas las
ventajas indicadas". Concluyen la exposición expresando temor de que las destrucciones de fábricas aludidas, espanten a los capitalistas e impidan "que los
naturales elementos para que Castilla sea agrícola y fabril no se utilizarán y empezará desde hoy la decadencia de estas provincias" (''Exposición a las Cortes
Constituyentes, junio de 1856 ", Archivo Congreso Diputados, leg. 104, no. 39).
26.- En el &lt;\!Chivo General de Sirnancas, Sección Consejo Real de España e indias,
legs. 24 y 25, se conserva un amplio expediente titulado "Málaga y Cádiz. Sobre las importaciones de granos extranjeros 'lUe se han hecho por aquellos puertos, 1835", que concluye con una severa conden~ y una negativa explí-:ita de

�Siglo XI\'

que continúen la~ importaciones sin una previa autori1.ación del Conscio.
27 .- D. R. Ringrose, Lo., transportes y rl Pstuncamirnto 1•conómico .J,, f.&lt;.spañtL
1750 1850, Tecnos, Madnd, 1972.

28.- P. Ponsot. "Andalousic occidcntalc: systcmes de transports et développcmcnt
économique (XVlc-XIXe siecles)", en '111nu/,,., (1976), pp. 1 19S-l 212.
29.- 1:1 tngo adquirido por la ciudad de Cácercs entre 173S y 1739 doblaba su precio a partir de los 260 km, según Santos Madrazo. Fn cambio, otros datos aportados por el mismo autor muestran que la duplicación del precio se realizaría
entre los 426 y 766 km. A mediados del siglo XIX. en un año de precios relativamente bajos, el precio del trigo doblaba su valor al superar los S00 km. (Santos
Madrazo, "Precios del transporte", cit., pp. 43, 57 y 67).

l:l.· Santos Madrazo, "Precios del transporte", cit., p. 67.
31.- "Proyecto de ley de cereales, 1842", Archivo Congreso Diputados, legajo 22,
11.
32.- L. M. de la Sierra, CuPstión de harinas, cit., pp. 50 y 61. en una nota a pie de la
última página, dice: "Los fletes que llegaron a pagarse a 100 reales barril, hoy
son de 28 a 30; costaba un barnl para empacar harina de IS a 18 reales, hoy no
pasa de 8 a 9; costaba el porte de una arroba de harina 3 o 4 reales desde Reinosa a Santander, hoy cuesta de 9 a 12 cuartos aunque los portazgos han subido.
33.- La Junta de Comercio de Santander, en la contestación a un cuestionario que le
envió la administración y reproducido como apéndice en el texto ya citado de L
M. de la Sierra (CuPstió11 de harinas, p. 88), se refiere a las frecuentes variaciones
del coste del transporte y dice que en condiciones favorables resulta a 0.461
ptas. por tm/km, pero que en otras se encarecen y en tiempo de guerra llegó a
pagarse hasta a 0.761 ptas. por tm/km. En unas páginas anteriores (pp. 61~2)
de este mismo texto, L. M. de la Sierra dice que al iniciarse el tráfico de harinas
por Santander, que hemos situado hacia 1830, se pagaba entre tres y cuatro reales por arroba entre Reinosa y Santander, y que en 184S costaba de 9 a 12
cuartos; hechas las oportunas reducciones, son las cifras que constan en el cuadro. Para las restantes cifras las referencias son las siguientes: Narciso Heras de
Puig, "Porvenir del cultivo de trigo en la provincia de Gerona", en La Granja,
No. 7 (18S2), pp. 172-174 (debo el conocimiento de este interesante artículo,
al que más adelante me referiré, al amigo J. M. Fradera). Nicolás Sánchez Albornoz. Las crisis de subsistencias en &amp;paña, cit., p. 72, nota 38. Y A. Gómez Mendoza, "La Compañía del canal de Castilla y el ferrocarril de Isabel JI: dos empresas de transporte en Castilla", en Historia económica y pen&amp;11miento social.
Estudios en homenaje a Diego ,'tfateo del Peral, Alianza/Banco de España, Madrid, 1983, p. 375.
34.- L. M. de la Sierra, Cuestión de harinas, cit., Apéndice, pp. 88-89.
35.- Santos Madrazo, "Precios del transporte", cit., p. 6 7.
36.- A. Gómez Mendoza (op cit., p. 376) dice que al constituirse la empresa del canal de Castilla en 1831 se lijaron las tarifas en 0.3516 ptas. por tm/km y que al
transformarse en una compañía por acciones, en 1842, se redujeron a 0.17S8
ptas. por tm/km. Tanto la Junta de Comercio de Santander como Narciso H.

Garrabou-Sanz Fernández·· Lajiormac,on
., d e 1mncado interior e11 España

23:{

de Puig Y los datos del Dicci n · M d
• .
diados de la década 1840-1 o un~ a oz _c_omc1den en señalar que, desde meperíodo del año, que oscilan8;~;r~ª ;~;jan1~ aphca tanfas ~1ferentes, según el
por tm/km de mayo a noviembre.
.
en os meses de tnVJcrno Y 0.115 ptas.
37.- Narciso Heras dePuig "Porvenir d 1 1 .
.
ctt, p. 173. La tarifa de 0.46 pt:Scu t1vo d/e~1go en la provincia de Gerona",
reunidas en el cuadro anterior.
· por tm
procede de otras estimaciones

��JUAN CARLOS ÜARAVAGLIA Y JUAN CARLOS ÜROSSO,

Un análisis regional de la Nueva España borb6nica
• MAiuo CERUTII, El gran norte oriental y la
formaci6n del mercado nacional en México • JosE
CARLOS ÜIIARAMONTE, Mercados de mercancías,
monetario y de capitales en el Litoral argentino •
NIDIA ARECES Y NoRA BOUVET, Comercio y
frontera en el Paraguay del doctor Francia • ErucK
LANGER, Espacios coloniales y economías
nacionales: Bolivia y el norte argentino • JoRD1
MALUQUER DE MoTES, La formación del mercado
interior en condiciones coloniales: las Antillas
españolas en el XIX• ANTONIO MoLINER PRADA,
La guerra de Independencia y la economía catalana
• RAM:oN GARRABOU y JESUS SANZ FERNANDEZ, la
formación del mercado interior en la España del
siglo XIX•

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                    <text>Revista
de Historia

FINANZAS, INVERSIONES
Y POLITICA ESTATAL EN
EL SIGlO XIX
(Brasil, Ecuador, Argentina,
Uruguay y México)
Año 111, número S
enero-junio de 1988

!"acuitad de
Filosofía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León

•

Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue realizado con la contribución académica del
Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana
lztapalapa, México - D. F.

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LoNGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Sylvia Eloísa Morán y Mario Cerutti
Tipografía: Andrea González Corona
hnpresión: Editora El Sol
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $7.

�ÁÑO

fil

NUMERO

5

ENERO- JUNIO DE

1988

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

FONDO UNIVWITAltlO

SUMARJO

Nota del Editor. . . . . . . • . . . • . • . . • . . . . • . . • . • . . . . . • • •

1

La revolución republicana en Brasil: ¿ La burguesía en el
poder?. .... ..•. •. . ... .• .. ••.••... STEVEN TOPIK

9

Las finanzas públicas en el Ecuador del
siglo XIX . . . . . . . . . . . . LINDA ALEXANDER RODRIGUEZ

45

Políticas de desarrollo económico y deuda externa en
Argentina (1868-1880) . .. . • •.•.... . CARLOS MARICHAL

89

Las inversiones francesas en los ferrocarriles
argentinos (1887-1900) • .... ANDRES MARTIN REGALSKY

125

Los grandes negocios en Uruguay . ... . .. JULIO C. RODRIGUEZ

167

El poder de las finanzas y las finanzas del poder en México
durante el siglo XI.X. ....••... . . BARBARA TENENBAUM

197

Crisis fiscal y reforma hacenda ria en el siglo XIX
mexicano . . .•.....• . . . . . . . . . JAVIER PEREZ SILLER

223

�Nota del Editor

Finanzas, inversiones y posibilidad de funcionamiento efectivo
de un aparato estatal fueron tres variables ampliamente vinculadas durante el siglo XIX en las sociedades latinoamericanas. En
la medida que recientes investigaciones profundizan estos aspectos, se perfila la necesidad de conectarlos aún más firmemente,
y de brindarles un peso estructural en el trabajoso y lento proceso que llevó a la configuración de los estados nacionales en el
continente.
Este número 5 de Siglo XIX se nutre, precisamente, con materiales referidos a esta temática. Como sucediera con nuestros
números 2 ("El siglo XIX y las ideas") y 3 ("Liberalismo:
reforma y contrarreforma en el siglo XIX"), el dossier que ahora
se presenta fue compilado gracias a la gestión directa de un
reconocido especialista: Carlos Marichal, jefe del área de Estado
y Sociedad del Departamento de Filosofía de la Universidad

�Nota del Editor 3

2 Sig!oXIX

Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, de la ciudad de México*.
.
·
' una de sus propuestas
S. l XIX mantiene en VIgenc1a, as1,
.
ig o
.
, .nas a es ecialistas capaces de sugenr
inaugurales: abnr sus pagi
.p
· tes de diferentes
un tema central y de reunir trabaJOS provemen
países de América Latina.

,
abre con el firmado por Steven
El cuerpo de articulos se
.
B il En tono
d
l evolución republicana en ras .
Topik, centra o en, ª. r To ik se permite dudar de interpretapor momentos polemico, P , .
, · as adoptadas por
e las pohticas econom1c
ciones que aseguran qu
.
destinadas a favorecer el
los gobiernos po~ impe~i_ale_s estuVI~:º~nas de esas interpretacrecimiento fabril. El e1erc1tob, .segu , . dustrial y a la clase mehab ía aliado a la urgues1a m
ciones, se
r .
d
los cambios hacia el capitadia urbana en un mtento e ace1erar
lismo.
d
álisis Topik refuta esos
Susten~ndose en un edeta:~i:h:políticas -entre otras, la
puntos de VIsta y con~y. qu Rui Barbosa- fueron más bien
impleme~tada. ~ord:l 1:~e:ales, y no una ruptura con ellas.
una cont_muac1~n . ificati~as no habrían sido proyectadas para
Las medidas mas ~~- al de la industria brasileña: por el contrafavorecer el auge imci
di
•erto desenvolvimiento
niega que se era c1
rio -y aunque no se
"
po generalindustrial- se motivaron para complac~r a_un gru 1m erío"
.
d . la 'lite comercial y financiera del
p . .
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.
n estas décadas de finaTopik remarca la impoi:tanc1~ que e_
s a la banca, y los
l de siulo asumieron los nucleos ligado
1
l'
es
·-o
usufructuando as po 1grandes negocios que consumaron
ticas del Estado central.
•
Universidad de Harvard (U . S. A.). EntJe
$(:arios Marichal es doctor en Histona
la
México (1800-1925), México, 1986,
sus publicaciones se cuentan &amp;:nea y :e:oz:;:n liberal y los partidos políticos en Es·
ue editó con Leonor Llldlow' Y La
~ña, 1834-1844, Madrid, 1980.

pod

El ensayo de Linda Alexander Rodríguez ofrece un interesante panorama sobre el Ecuador decimonónico. Si bien alude básicamente a los problemas que planteaban las finanzas
públicas y sus requerimientos siempre urgentes en materia fiscal, insiste en un aspecto que nos parece fundamental para todo estudio de la época: las hondas diferencias regionales que
obstaculizaban o frenaban la constitución del Estado-nación.
La autora es explícita desde el principio: el regionalismo, los
aislados y casi autosuficientes mercados serranos, el gran sector
de subsistencia, las barreras geográficas que limitaban los flujos
de bienes e ideas y las dificultades para alcanzar un consenso
político global perturbaban la eficacia de las prácticas fiscales.
Es decir, resquebrajaban todo proyecto de alimentar con recursos a un Estado que tenía mucho de invertebrado.
Una atención particular se destina a la costa, con centro en
Guayaquil: por sus exportaciones de cacao se ubicó en un lugar
estratégico frente al sistema fiscal nacional. Otra referencia destacada es la de los ingresos aduanales: en Ecuador, como en la
mayoría de los países latinoamericanos, los recargos al comercio
externo, muy particularmente a las importaciones, constituían
una fuente inmediata y segura de recursos para la avidez nunca
complacida de los gobiernos.
La tributación que se exigía a determinados sectores sociales o raciales, el peso de la deuda exterior y la aparición de los
primeros bancos en Ecuador completan el amplio trabajo de
Linda Alexander Rodríguez.

El caso argentino es revisado por dos artículos. El primero,
a cargo de Carlos Marichal, concentra su atención en los vínculos que se plasmaron entre la conformación de un gobierno central efectivo, la deuda externa y el desarrollo económico desde

�4

SigloXIX
Nota del Editor

finales de los años 60. Para el autor, el estudio del papel del Estado "en la promoción del desarrollo económico en Argentina y
en otros países latinoamericanos durante el siglo XIX constituye
un tema todavía poco explorado". o deja de reconocer, empero, que estudios recientes mencionan que los gobiernos influyeron más de lo que se supone en el desenvolvimiento capitalista
que se protagonizaba en la segunda fracción de la centuria
pasada.
Marichal pone énfasis que en Argentina se dio, inclusive, una
institucionalización de estas políticas de promoción. Entre 1868
y 1880, por ejemplo, la modernización de los sistemas d~ _comunicaciones y transportes fue prioritaria. o sólo para facilitar las
cada vez más generosas transacciones mercantiles: también, para acentuar el peso e influencia de la administración pública en
una escala nacional.
Se describen en el trabajo la implantación y expansión del
correo y los telégrafos, del sistema de caminos y puentes, de los
puertos y de la navegación fluvial, y finalmente se alude a la
política ferroviaria: tareas todas impulsadas por el ministerio del
Interior, convertido en una auténtica agencia de desarrollo. El
examen se agota con el empréstito de Obras Públicas de 1871,
calificado como una operación financiera cara pero no impro•
ductiva. La promoción del desarrollo económico era ya, a estas
alturas, "una de las prioridades de las funciones del Estado" en
Argentina.
Andrés Martín Regalsky prosigue esta temática. Pero la circunscribe a las inversiones extranjeras en los ferrocarriles argentinos, particularmente las de origen francés y en décadas siguientes a las investigadas por Marichal.
Apunta que si bien las inversiones ferroviarias francesas nunca se situaron en la dimensión de las británicas, no dejaron de

5

resultar significativas en estos años: cuando Argentina se integraba -con una pujanza que jamás recuperaría en su historia
contemporánea- al mercado mundial de cereales y carnes.
Regalsky delínea la actividad de tres grupos inversionistas
que, por lo general, solían entrelazar a poderosos grupos bancarios con grandes compañías metalúrgicas. Un especial interés
presentó la instalación de redes en la provincia de Santa Fe,
donde el auge en las explotaciones cerealeras se llevó adelante
conjuntamente con un aluvión inmigratorio y un sistema de
utilización de la tierra poco frecuente en el contexto latinoamericano.
Explica asimismo las condiciones generales de la inversión
francesa, la recaudación de los respectivos fondos, la marcha de
las empresas una vez concretada la construcción de las redes y
las características de los contratos, que requerían de amplias
garantías por parte del Estado. Su exposición ratifica no pocas
de las apreciaciones previas de Marichal, y ofrece nuevos elementos para esclarecer ese protagonismo al que Linda Rodríguez perfiló al hablar de "el Estado activo".

El análisis que Julio Rodríguez efectúa sobre el Uruguay del
siglo XIX retoma en fuerte medida algunos de los planteamientos de Topik sobre Brasil: insiste en los grandes negocios que derivaron del surgimiento de las instituciones bancarias y del usufructo de la deuda pública.
· Remontándose al momento inmediatamente posterior al
desprendimiento de España, recuerda que las repúblicas del
continente nacieron con "un oneroso y, hasta si se quiere, heróico estigma: la deuda pública", contraída con suma frecuencia por urgencias bélicas, para atender guerras civiles e
internacionales. Así, el vivaz puerto de Montevideo se conver-

�6 Siglo XlX

tiría, en el sureño Uruguay, en un inevitable abastecedor de recursos aduaneros destinados a la amortización de deudas viejas
y de nuevos y sedientos empréstitos.
Rodríguez efectúa una minuciosa descripción de las formas
con que operaban los grupos burgueses ligados a las penurias
estatales, y muestra sus diferentes facetas en el devenir decimonónico. Destaca la sensible intervención de acreedores extranjeros (sobre todo de ingleses y brasileños), la febril actividad de la bolsa en la capital del país y el nacimiento de los bancos en la década de los 50.
El trabajo se cierra con una mención al auge bancario de las
décadas finales del siglo, en el que sobresalió la creación Y derrumbe del Banco Nacional, entre 1887 y 1890. De tanta inestabilidad, resume el autor, surgiría en Uruguay "el presupuesto
económico-financiero, ético y psicológico que permitió el establecimiento del Banco de la República", al que considera una
institución que logró asumir una "formidable proyección" en

Nota del Editor 7

La autora dedica un largo tramo de su exposición a la gestión de Agustín de lturbide, a quien ciertos núcleos dominantes
apoyaron con impaciencia porque esperaban que la independencia les devolvería ''su antigua gloria y trajera la prosperidad". No fue así, sin embargo, y el mismo Iturbide se vio obligado a alterar sus iniciales propuestas en materia fiscal.
Su caída abrió un período en que la inestabilidad política
fue la norma. La primera república federal, el lapso del centralismo, las experiencias administrativas de Santa Anna y la situación gestada por la guerra con Estados Unidos son descritas en
el ensayo, que no deja de destacar la insistencia de los gobernantes en recurrir -para solventar sus urgencias implacablesª los bienes y recursos de la Iglesia.
Habrá que aguardar al porfiriato, tras el impacto de las reformas liberales, concluye Tenenbaum, para que se avizoren
soluciones al déficit público y para que, a la vez, el poder político se establezca con mayor firmeza.

la economía uruguaya.

Tras un muy sugerente título, Barbara Tenenhaum traza el
panorama de las vinculaciones entre necesida~e_s fiscale~, _fmancimiento del aparato gubernamental y estabilidad pohtica en
México: procura explorar "la relación entre liderazgo político
y los ingresos hacendarios", o "entre el poder y el dinero".
Las luchas de independencia dejarán a los nuevos administradores -como en Uruguay- dificultades financieras serias.
Los gastos militares llegarían a tener un peso abrumador. Frente
a ello, Tenenhaum señala la negativa casi permanente de los grupo$ propietarios para admitir cargas impositivas fijadas por un
poder político que no sólo era inestable, sino que en ocasiones
acudía a recetas tan impensables como originales de tributación.

Javier Pérez Siller, precisamente, enfoca su análisis hacia la
parte última del siglo en México: la reforma hacendaría que
impuso el liberalismo, indica, se convirtió en un elemento vertebral para lograr soluciones a la crónica crisis señalada por
Tenenhaum.
Sus planteamientos rozan aspectos metodológicos destacables. Como apuntaran tiempo atrás en España historiadores como Josep Fontana, el estudio de la hacienda pública no se agota
en un simple ejercicio técnico, sino que constituye un paso fundamental para la comprensión de procesos de significación estructural en una sociedad que procura transitar hacia el capitalismo. Por ejemplo: la conformación del mercado interno y la
consolidación del Rstado Nacional.

�8

Siglo XIX

La reforma liberal enfrentó aspectos estructurales y -quizás ·
por ello- se atrevió a avanzar en el plano fiscal. Entre las vías
propuestas estuvieron, comenta el autor, modificaciones administrativas, reformulación en cuanto a crédito y moneda y
alteraciones en lo estrictamente tributario. En la hase de todas
estas medidas se encontraba el fomento a la producción-para la
exportación.
Tras detallar las diferentes fases que atravesó esta reformulación, Pérez Siller brinda relevancia a un hecho llamativo: los
ingresos provenientes del mercado interior, en 1893-94, igualaron los derivados de los productos importados y/ así, "pudo superarse la dependencia del erario con relación a esos impuestos". Quedarían ratificadas de esta manera las afirmaciones de
quienes han puesto énfasis en la importancia que asumió el mercado nacional en sociedades como la mexicana, a fines del XIX.
El ensayo termina destacando que la reforma hacendaria logró sus objetivos, y pudo sentar entonces los cimientos materiales para el Estado que dirigió el país hasta 1910.

La Revolución Republicana en Brasil:
¿La Burguesía en el Poder?
Steven Topik*

Los años transcurridos entre 1888 y 1894 han sido considerados un pe:
ríodo clave en el desarrollo económico del Brasil. Los analistas concuerdan en general con Albert Fishlow en cuanto a que dicho período repre- ·
sentó la primera experiencia brasileña de industrialización basada en la
sustitución de importaciones,1 y las manufacturas se desenvolvieron con
rápidez. La mayoría de los estudiosos argumentan que las políticas del
Estado fueron en gran parte responsables de tal desarrollo. Anm'bal Villela y Wilson Suzigan, por ejemplo, sostienen que ''los primeros años de la
república fueron tal vez el único período anterior a los treinta en el cual
las políticas
del gobierno manifestaron interés por promover el desarrollo ".2
Se menciona generalmente que la inclinación del Estado en favor de

Estimamos, en síntesis, que este número de Siglo XIX reitera el objetivo alcanzado por algunos de los precedentes: en forma paralela ofrece una gruesa cantidad de información y proporciona puntos de vista que, seguramente, enriquecerán la aún
parcial visión que se tiene de una centuria fundamental. La respuesta obtenida por autores de diferentes latitudes, tanto americanas como europeas, es. un estímulo inestimable para los
editores.

Mario Cerutti

Monterrey, México, enero de 1988

la industria fue causada por la revolución política ocurrida en esos años: la
abolición de la esclavitud en 1888, la sustitución de la monarquía por la
República en 1889, y el régimen militar de 1889 a 1894 permitieron las
primeras políticas de estado progresistas encaminadas al desarrollo del
Brasil. Durante los turbulentos y caóticos años iniciales de la República,
el ejército supuestamente se alió con la burguesía industrial y la clase media urbana para acelerar la transformación de un régimen esclavista a relaciones capitalistas plenas. Hélio Silva, por ejemplo, afirma que "la naciente burguesía industrial (era la) fracción hegemónica del bloque gober3
nante ", mientr'ls que Nelson Werneck Sodré sostiene que "la burguesía
(estuvo) en el centi:o del escenario ".4 En efecto, ciertos eruditos han
afirmado que la revolución republicana fue una revolución burguesa. Como el diputado Alexandre José Barbosa Lima dijo en esa época, ''la bur*Departamento de Historia de la Universidad de California en lrvine, U. S. A. Ponencia presentada en el encuentro sobre Historia Económica organizado por la
Universidad de California en Los Angeles, en mayo de 1985. Traducción de Isabel
Mata y Miguel A. González Quiroga.

�10

S. Topik: Revolució11 republicana y burgue,ía e11 Bra,i/

Siglo XIX

guesía se alzó intrépidamente contra los aristócratas'~

5

Las medidas económicas seguidas por el Estado en los años 1889 a
1894 se señalan como una marcada desviación de las políticas de laissez
faire hasta entonces prevalecientes. Esto se refiere sobre todo al programa de Rui Barhosa, quien presidió el ministerio de Finanzas desde noviembre de 1889 a enero de 1891: se lo considera uno de los pensadores
económicos más iluslrados del Brasil y, según Sodré, "el intérprete de la
6
ascendente burguesía ".
Por desgracia, según la versión general, la clase terrateniente se alió
con los especuladores para luego derrotar este atrevido intento para estimular el desarrollo. El activismo del Estado cayó en el descrédito. La
oligarquía exportadora recuperó algo del poder en 1891 y retomó el gobierno en 1894, regresando al régimen de laissez faire e impidiendo la
corriente industrializadera.7 Fue hasta después de 1930 que la burguesía industrial pudo de nuevo ejercer una gran influencia en las políticas del
Estado. El período de 1889-94, por tanto, se considera como una oportunidad perdida que hay que lamentar; el fracaso de las políticas de ese
período se juzga como evidencia de los obstáculos para implementar una
política progresista de industrialización en una economía de exportaciones dominada por los latifundios.
Este trabajo tiene como propósito demostrar que las políticas económicas de los gobiernos militares, así como su legado, han sido malinterpretados. Las medidas económicas republicanas fueron la continuación de las
imperiales, y no su ruptura. Esto no debe sorprender ya que, en realidad,
ni los industriales habían alcanzado la hegemonía, ni los militares gozaban
de autonomía suficiente como para crear un proyecto industrial independiente. De hecho, el supuesto paladín de la industria y pensador económico progresista, Rui Barbosa, no tenía como preocupación principal a
los industriales. Sus medidas más importantes suponían más bien, como
objetivo primordial, complacer a un grupo generalmente ignorado: la élite
comercial y financiera del Imperio. Cuando un gobierno militar más interesado en la industria asumió el poder en 1891, trazó un rumbo que se asemejaba más al de los regímenes terratenientes que prevalecieron a partir
de 1894, que al del primer equipo militar. La política monetaria expansionista de Rui Barhosa cayó en descrédito basta la depresión de la década
de 1930 no porque favoreciera a la industria, sino porque intentó recompensar principalmente a un pequeño grupo de especuladores y financieros que poseímt importancia política. Así, la revolución de 1889 no dio a
luz la clase de República con que habían soñado los republicanos militantes.

11

LA REVOLUCION REPUBLICANA
Cuando los sol~ados del Campo de Sant'Anna de Rio de Janeiro derrocar??1 al lmpeno, el Economist de Londres reportó que "ninguna revoluc1on de .,
tal magnitud se había efectuado con tan escaso alhoro.
to" s
La revoluc1on, a 1a que algunos ~e sus más radicales defensores compararon con _l~ ~rancesa, fue en realidad un golpe palaciego.9 Los únicos disparos se dirigieron, a un perro que intentaba morder los talones de un soldado. Uno de los lideres republicanos recordó después:
Casi r_io ~ubo colaboración de parte del sector civil, (la gente) se
quedo_ sm h_acer nada, atontados, como bestias, atónitos y sorprendidos, _sm saber lo que estaba sucediendo. Muchos de ellos
creyeron sinceramente que estaban presenciando un desfile!º
El S~uth American Journal reportó que la revolución ocurrió "sin derramamiento de sangre Y con apenas un ~oco más de la emoción acostumbrada en las calles durante el Carnaval".1 El Imperio se desmoronó más por
falta de ~poyo_ que por una fuerte oposición. Los paulistas anhelaban la
a~tonom1a regional y el apoyo a la inmigración; los dueños de plantacwnes en el Valle de Paraíha estaban resentidos por la pérdida no indemniza~a de su~ esclavo~; l?s s~_ldados fueron impulsados a la rebelión por los
baJOS salarios y la mc1tac1on de los civiles; los clérigos estaban molestos
por la falta de apoyo del Imperio.
Los republicanos no contaban con la suficiente cohesión interna ni
con el apoyo n~cional para imponer un programa económico radicalmente
nuevo e~ ~l. pa1s. En los reductos republicanos del Centro.sur, el partido
es_taha d1~dido entre reformadores radicales, como Antonio de Silva Jardm, Y anti~os esclavis~ como Manoel Ferraz de Campos Sales. Mientras
q~e _los seguidores del pnmero soñaban con un Brasil urbanizado e industrializado, muchos de los miembros del ala conservadora deseaban sobre
todo ~~rar una mayor autonomía local y detener la reforma agraria.12
La f~cc!on c?nservadora ~unfó: ~ampos Sales llegó a la presidencia de la
Republica mientras que Silva Jardm nunca desempeñó un puesto público.
, ~uera del Centro.sur, el republicanismo era aún más débil como fuerza
pohtica. Era_ ~asi inexistente en el noreste, que aún contenía más del 40%
de la poblac1~? d~l B~as~., El Jornal de Notícias de Bahía reportó en mayo
de 1890 que la mscnpc1on en la antigua bandera ha cambiado los hombres en el poder son invariablemente los mismos'? Luego explicaba que
la adhesiór_i a la Repúb~ica no implica un cambio completo para
ellos (los lideres de_Bah1a). S~n Republicanos porque se rindieron
a la fuerza de las crrcunstanc1as, son, y seguirán siendo, ambicio-

�12

Siglo XIX
sos. 13

Asimismo las fuenas armadas estaban demasiado débiles y divididas para
efectuar ~a refonna profunda. El ejército sólo contaba con 17 000 _soldados en todo el país. Importante era asimismo que el cuerpo de oficiales
estaba dividido en dos: los jóvenes y politizados subalternos y los d~ rango
superior más sumisos que se oponían al cambio. Los celos prof~10nales
' crearon discordi ~ tan senas
que
entre el ' ejército y la' marina taro b"1en
.
culminaron con la revuelta de la marina en 1893. Estas diferencias se manifestaron en desacuerdos sobre la política económica en el seno de las
fuenas annadas. 14
El mariscal Deodoro da Fonseca, que gobernó del 15 d? noviembre de
1889 al 24 de noviembre de 1891, pertenecía al grupo mas conservador.
Según sus propias palabras, se creía "competente sólo para coman~ar las
tropas".15 Así que se apoyaba en los civiles, pero no en los republicanos.
El Rfo News observaba en el obituario de Deodoro, en 1892:
Soldado simple y de educación regular, se vio c~&gt;nducido, tr~
más de cuarenta años al servicio de la monarqu1a, a un movimiento político con el cual nunca había te~do contacto personal y por el que parecía sentir poca simpat1a. No cabe duda de
que la revolución de 1889 torgó tanto por sorpresa al General
Deodoro como a Don Pedro II.
Quintino Bocayuva, dirigente del Partido Republ~cano _Nacional en 1889,
recordaría más tarde que Deodoro "desconoc1a casi por completo al
,, 17
grupo rep ublicano .
Aunque Deodoro designó a prominentes republicanos como ministros en la mayoría de los puestos después del. }5 de novie'!'~re, quie_n
más responsabilidad ejerció en la implementac1on d~ la pol~tica econ~mica, el ministro de Finanzas Rui Barbosa, no se hab1a adhen~o al moVImiento republicano: obtuvo el puesto gracias a sus estrech?~ vm_~ulos con
el ejército tras su campaña en la prensa a favor de la pohtiz~,c1on de 1~
fuerzas armadas(lo que resulta irónico en vista ~e la repu~c1on ~u~ Rm
tiene en la historiografía brasileña como palad m d_el gob•~rno CIVll por
su fallida campaña presidencial de 1910). Rui afirmo postenonnente que
"era un monarquista sincero en ese tiempo (1889)". 18 Luego de que Barbosa y el gabinete completo renunciaran ~n enero de ~891, Deodoro ~ostró de nuevo su alejamiento de los republicanos al designar a monarquistas
del noreste para sustituir a los salientes del Centro-sur.
Dado el escaso entusiasmo popular que suscitó la Revolución 8:epublicana, la estrecha y dividida base política de los republicanos y los militares,

S. Topik: &amp;volución republicana y burgue,ía en Bra,iJ

13

y la inclinación conservadora del mariscal Fonseca, no es de sorprender
que el gobierno de Deodoro no rompiera abruptamente con la política imperial. El programa económico del primer gobierno republicano estaba motivado principalmente por la necesidad de conseguir simpatizantes del régimen entre la clase dominante imperial, y no para recompensar a la recién llegada clase industrial.

EL PROGRAMA ECO OMICO
La meta de la primera política economica republicana consistía en reducir y descentralizar la intervención estatal y estimular los mercados de tierras, productos, mano de obra y capital. Brasil estaba efectuando la misma
transición a relaciones capitalistas que gran parte del resto de Latinoamé19
rica realizaba en ese momento. Pero ésto no era una innovación republicana. El proceso ya estaba en marcha desde la última década del Imperio.
Más aÚn, la mayoría de las reformas pretendía beneficiar a los banqueros y
terratenientes, y no a los industriales.
El paso más importante en la transformación de las relaciones de producción fue sin duda la abolición de la esclavitud, el 13 de mayo de 1888.
Pero ese fue un logro del Imperio. Cierto que los dirigentes imperiales actuaron con lentitud y Brasil fue el último reducto de la esclavitud del
mundo occidental. Pero ésta ya había perdido importancia en forma dramática desde que el tráfico de esclavos africanos fuera abolido a mediados
de siglo. Para 1889 apenas un 5% de la población brasileña aún se mantenía esclavizada (además, muchos de los republicanos sostenían una posición ambivalente en cuanto a la abolición, o incluso se oponían a ella).20
La oleada de inmigrantes, una de las principales contribuciones atribuida a la República, ya se había iniciado con anterioridad. Los últimos
tres años de la monarquía contemplaron el ingreso al país de 150 000 inmigrantes europeos. Si bien es cierto que la provincia de Sao Paulo cubrió
gran parte del subsidio para el pasaje de estos europeos, el gobierno central
había dedicado una cantidad mucho mayor para tal propósito en los últimos años. El presupuesto de 1889 destinó 10 000 contos para los inmigrantes, equivalente a unos cinco millones de dólares, la cuarta parte del
presupuesto del ministerio de Agricultura. Los subsidios gubernamentales
aumentaron rápidamente después de 1889. Tan sólo en 1890 Francisco
Glycério comprometió al gobierno a aportar 700 000 contos en contratos
de colonización, equivalentes a todo el presupuesto federal del cuatro
años. Aunque la mayoría de las compañías colonizadoras eran empresas especuladoras que nunca cumplieron sus contratos, el objetivo, tanto antes
como después de la Revolución, era proporcionar trabajadores agrícolas

�14

SigloXIX

que reemplazaran a los esclavos liberados, en vez de crear un proletariado
industrial.21
Los republicanos también intentaron estimular lps n:iercados d_e _tierrs
para incrementar el crédito y la líquidez rurales. El gobierno pro~sional,
como parte del proyecto de colonización, otorgó gener~~ concesion~s a
particulares en 1890 (lo que provocó quejas de corrupcion). La Consbtución de 1891 concedió la gran mayoría de las tierras federales a los estados
para facilitar su distribución, otorgándoles jurisdicción ~?bre los der~chos de agua y minerales. Como resultado, el _E~do_verdio el monopolio
de los derechos de aguas y minerales que habia e1ercido dur3:11te el Imperio, que pasaron a ser propiedad privada. Asimismo, el gobierno central
intentó establecer un registro de tierras en 1890 para aclarar lo co~cerniente al título de propiedad de las tierras y el alcance de los-gravamenes.22
Muchas de estas medidas no eran nuevas. En 1845, el gobierno imperial había intentado demarcar y distribuir la tierra de las comunidades indígenas, y en 1850 había emitido una ley para regularizar los_ tí~los_ ~e
los posesionarios y proporcionar un proceso ordenado para la distribucion
de la tierra pública restante. Hubo también intentos f~Uidos para estahl~cer
un registro de hipotecas. Fracasaron porque el gobierno _ce?tral sencillamente no podía evitar la apropiación privada de ti~~as publi~ Y_~orque
los endeudados terratenientes se rehusaban a perm1br una legislacion que
facilitaría las ejecuciones hipotecarias. ~ampoc? l~ gobiem~s repub~canos tuvieron éxito en salvaguardar las berras publicas Y, legalizar_ l?s btulos de propiedad.23 Una vez más, las medidas pre~ndi:m b~?eficiar al
sector -dinámico de la clase terrateniente y alentar la mrrugracion para la
mano de obra rural.
El nuevo gobierno republicano puso especial atención en el mejoramiento del transporte y las comunicacion~ _para ref?r,zar el ?1ercado de
productos. El ministro de Agricultura, Glyceno, autonzo_ ~ solo en 189~
certificados de garantía de participación en la constru~ci~&gt;n d~ 15 000 kilómetros de nuevas vías férreas cuando la red ferroviaria eXIStente en el
Brasil era de unos 9 000 kilómetros. El sistema telegráfico se extendió
rápidamente. La República también alen~ó e~, desarrollo del~ marina mercante mediante subsidios y la nacionalizacion del comercio costero en

1891.24
El Imperio ya había realizado grandes avances en las com_~cacion~s
internas. En términos absolutos, la década de 1880 presencio un cre~imiento de la red ferroviaria que fue el segundo en importancia en la historia del Brasil (mucho mayor que el de la década de 1890) gracias a los

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Br08i/

15

generosos subsidios públicos y a las inversiones directas en los ferrocarriles estatales. De hecho, una tercera parte del sistema nacional era propiedad d~l ~stado e~ 1889; En efecto, Brasil disfrutaba de la más amplia red
fe~~ana ~n ~atmoamerica. La marina mercante también había recibido
su~SI~os p~licos_ ~urante mucho tiempo, y el sistema telegráfico había
recibido una atencion notable, aunque inadecuada.25
Del mism~ mod? _que en los_ mercados de tierras y mano de obra, los
~e~os por mtensificar el flu10 de mercaderías tenía como propósito
pnncipal ayudar al sector de exportaciones agrícolas. Los ferrocarriles se
concentraban en_ las regiones cafetaleras del Centro-sur, y en las cañeras
del nores~. Los ~ntereses ~e motivaban a la red telegráfica eran la defensa
de la nacion, su mtegracion, y la expansión de la autoridad del Estado. El
apoyo a los _embarques internos tenía como propósito auxiliar a los productores agncolas, com_o los cultivadores de arroz y los ganaderos de Río
Gran~~ do Sul, ª. ~?mmar los merc~dos nacionales. Aunque Ja industria
t.:imhien se beneficio con la expansion del mercado interno, sus retribuciones ~~ron más b!en una coincidencia. Más aún, al mismo tiempo que
la Repu~lica extendia el sistema de transportes, obstaculizaba el flujo de
mercanc1as enn:e los estados al concederles el impuesto de exportación
~ste se aplicaba_ a los artículos cuando cruzaban los límites estataJes, estu:
vieran o no destinados al extranjero.
. , Es ~n hec~o que el incremento a los derechos de importación beneficio a la mdustría . En 1890 Barbosa estableció derechos aduanales pagaderos en oro y no en devaluados milreis; esto ayudó en forma efectiva a
ma~tener la tasa impositiva real de un 10 a un 20% por encima de lo que
h~biera sumado de no aplicarse tal medida. No obstante, el objetivo princi~~ de _Barbo5;3 no era proteger la industria nacional. Antes de ingresar al
miruSten? babia declarado ser "intrínsecamente hostil" a la protección
arancelana para la industria. 26 Implantó los derechos pagaderos en oro en
1891 para defender las finanzas federales y el valor de la moneda. Esto Jo
demuestra el hecho de que el arancel de Barbosa estableció impuestos en
oro_ a todos los artículos de importación antes que conceder privilegios especi~~ a los bienes de capitaJ importados y a las materias primas, como
lo hicieran los aranceles de 1889 y 1892. Además, al utilizar el oro de los
derechos ~e importación para combatir la caída del milreis, Barbosa socavaba parcialmente la barrera protectora de la industria: un milreis debilitado hacía ~bir el precio de las importaciones, lo cual ayudaba a los produ~tores nacionales. Por otra parte, el nivel protector de la tarifa arancelaria de 1890 fue de hecho inferior al de 1889.27
. Otra medida tomada por el gobierno provisional a favor de la industria, la lei dos similares decretada en 1890, era en realidad sólo una ver-

�16

SigloXIX

sión disminuida de la promulgada tres años atrás. Con el objeto de proteger la industria local, el gobierno imperial había decretado que ningún
artículo quedaría exento del pago de derechos de importación si se producía uno similar en el Brasil. La revisión de 1890 estipulaba que sólo los
artículos producidos en cantidades suficientes para satisfacer toda la de. ' 28
manda ·mterna tendr'1an derecho a tal protecc1on.
El compromiso que el gobierno de Deodoro tenía con la industrialización fue también puesto en tela de juicio por el tratado comercial
Blaine-Mendonca entre los Estados Unidos y Brasil. Este último, para
evitar los derechos de aduana estadounidenses sobre el azúcar y el café
brasileños, otorgó la exención total, o bien una reducción del 25°/o a las
tarifas arancelarias a un gran número de productos norteamericanos, algunos de ellos industriales. El tratado provocó una fuerte oposición de
parte de los industriales, la clase obrera y las organizaciones comerciales
porque "golpeaba duramente a . .. las nacientes industrias, que indiscuti29
blemente se hallaban en un período de considerable desarrollo". El
tratado de hecho socavó la única industria que había recibido ayuda gubernamental sustancial y directa, en forma de préstamos y garantía por utilidades : las centrales azucareras. El acuerdo comerciaJ sólo permitía al Bra30
sil exportar hacia Estados Unidos el azúcar relativamente no refinado.
Muchos economistas sostienen que el desarrollo de la industria durante los inicios de la década de 1890 en realidad se debió más a una po31
lítica monetaria expansionista que a la protección arancelaria. La política monetaria fue considerada en esa época como el principal instrumento económico del gobierno, y desde entonces se le ha visto como el
elemento más controvertido del programa económico republicano.
La escasez de capital y de empresarios capitalistas han sido durante
mucho tiempo citadas como las razones principales por las que el Brasil
no habría realizado su enorme potencial. Si el gobierno hubiese estado
dirigido por una ascendente burguesía industrial, una de sus preocupaciones
principales habría sido la de incrementar la disponibilidad de crédito.
Es en esta área donde Rui Barbosa se ganó su reputación. Por lo tanto
la examinaremos con cierto detalle. Para poder apreciar el significado
de 1as reformas emprendidas y a quienes pretendían beneficiar, es necesario recordar el sistema financiero de los últimos años del Imperio.

'
POLITICA MONETARIA
BAJO EL IMPERIO
La abolición de la esclavitud en mayo de 1888 creó serias dificultades pa-

S. Topik: Revolución republicana y burgue,ía en Brasil

17

ra el subdesarrollado sistema financiero del Brasil, llevando finalmente a
una reforma ~ompleta. En 1888 eJ país tenía sólo 26 bancos que totalizaban un capital de 145 000 contos -apenas diez milreis o cinco dólares
per capita. Incluso, sólo siete de los veinte estados brasileños contaban
con bancos. El prósper? _estado. de Sao Paulo apenas poseía una séptima
parte de todos los depos1tos, mientras que el Distrito Federal albergaba
más de las dos terceras partes.
A~arte de estar subdesarrollada y concentrada por regiones, la red
~ancana e~a co~rv~dora. En parte por la inseguridad legal y la incertidumbre inf1ac1onana, los bancos preferían manejar préstamos a corto
plazo, descuentos y operaciones cambiarias, en lugar de prestar a largo
plazo. El crédito agrícola era escaso.32
El gobie~o ~perial ~~ía desempeñado un importante papel en
cuanto a restringir el crecumento de los mercados financieros. Con el
fin ~e incrementar el valor de la moneda oficial, el milréis, y de regresar al
p~tr~n oro, el ministerio de Hacienda había hecho que bajara un 30°/o en
·termmos reales la cantidad de circulante per cápita en los años de 1870 a
1888. Asimismo, había solicitado grandes préstamos internos. La deuda interna, de la cu_al unas tres cuartas partes se había contraído con personas
dentro del pa1s, era tres veces y media más grande que los depósitos en
todos los _bancos nacionales. ~l mercado de valores estaba dominado por
el comerc10 de bonos del gobierno, y muchos de los bancos más importantes ~ran acreedores de enormes deudas flotantes, aparte de la consolidada.3
. Con el rá~ido crecimiento que la economía experimentó en la segunda
~~~ de la decada de 1880, la abolición de la esclavitud y la afluencia de
lDillgrantes para la mano de obra asalariada, fue necesario efectuar cambios importantes. La primera medida consistió en firmar acuerdos con el
B3!1co do Brasil y el Banco de Bahía en el segundo semestre de 1888 para
prestamos por 18 000 contos (unos nueve millones de dólares) a la agric~ltura. En noviembre, el gobierno autorizó a los bancos privados la emiSion de moneda hasta por un total potencial de 600 000 contos, tres veces
la reserva monetaria existente. Sin embargo, la cautela de los bancos causada por la inestabilidad política y los estrictos requisitos para la emisión
de mon~da invalidaron las medidas. Se dedicó poco dinero para préstamos
a la agricultura (4 300 conto:¿, y ningún banco aprovechó las concesiones
para la emisión de circulante.
El último primer ministro del Imperio, el Vizconde de Ouro Preto,
~u8? en marcha un programa mucho más generoso de crédito agrícola en
Jumo de 1889. Firmó contratos con diecisiete bancos, ofreciéndoles un

�18

S-,glo XIX

total de 86 000 contos sin intereses; los bancos debían proporcionar un
fondo equivalente, y concederlos en préstamos a largo plazo y al 6% a
la agricultura. Considerando que la deuda total del sector cafetalero se había calculado en 300 000 contos en 1883, se pensaba que el préstamo de
Ouro Preto tendría un gran impacto.35 Al parecer el Estado transfería fondos del sector financiero al agrícola, ya que el ministerio de Hacienda emitió bonos para pagar ~l préstamo, en lugar de imprimir moneda o utilizar
las contribuciones recaudadas.
Ouro Preto también emprendió la expansión de la reserva monetaria y
por tanto del crédito, mediante la revisión de la ley sobre bancos de emisión. En vista de que la nueva ley prometía niveles más generosos de circulante y de que la moneda del Brasil había estado a la par durante nueve
meses y se tenía la confianza de que así permaneciera, trece bancos solicitaron y recibieron concesiones para emitir billetes convertibles en oro. Tal
paso fue un importante punto de partida pues el ministerio d~ Hacie~da
había intentado recuperar el monopolio de emisión durante mas de vemte
años. Ouro Preto no sólo concedió el privilegio de emisión a bancos privados, sino que previó el eventual retiro de todos los billetes de ~ t~rería.
El Banco Nacional debía sustituir dicha moneda con sus propios billetes
en un período de cinco años. Sin embargo, la medida no significaba un
rompimiento abrupto con la ortodoxia económica. Ouro Preto no intentó
acelerar las imprentas para crear dinero barato que aliviara la carga de los
endeudados dueños de cafetales. Los bancos tenían que emitir billetes convertibles en oro a una tasa de cambio de 27 centavos, nivel alcanzado sólo
un par de veces en los últimos cuarenta años del lmperio.36 De tal modo
que al retirar la moneda no convertible de latesorería y sustituirlo por dinero convertible a la par, la reforma pretendía en realidad estabilizar la tasa de cambio a un alto nivel. Esto no representaba un prospecto agradable
para los cafetaleros insolventes del valle de Paraiba, quienes preferían recibir más milréis por libra esterlina ya que asi reducirían sus deudas y gastos por mano de obra. Sin embargo, la medida fue aplaudida por los acreedores de los terratenientes y los tenedores de títulos públicos.

La ayuda al préstamo agrícola fue con mucho la mayor en su género
en la historia del Brasil de aquella época. Fue también una de las más controvertidas. A simple vista parecía ser una operación de rescate de los acorralados y endeudados esclavistas para asegurar una lealtad prolongada al
Imperio. Como tal se le podría considerar como una medida que benefició
en primer lugar al sector precapitalista. Ouro Preto declaró que los préstamos realmente salvaron a muchos fazendeiros del valle de Paraíba de
caer en bancarrota.37

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

19

En realidad, se emplearon principalmente en las ciudades, donde originaron el boom del mercado de valores conocido como el encilhamento.
Para empezar, la mayoría de los bancos que recibieron fondos gubernamentales en forma de préstanios agrícolas eran empresas especulativas
creadas precisamente para aprovechar tales fondos. Los principales beneficiarios de los préstamos de la tesorería, el Banco de Crédito Real do Brasil
y el Banco dd Lavoura e do Commércio do Brasil, que debían recibir casi
la mitad de los fondos gubernamentales (40 000 contos), tan sólo habían
desembolsado 7 740 contos de su capital oficial de 40 000 contos y tenían
reservas combinadas de apenas 268 contos. El Banco Lorena recibió la
concesión para ayuda agrícola incluso antes de que el público se enterara
de que tal banco existiese. Por otra parte, el Banco do Brasil, que contaba
con un amplio historial sobre préstamos de fondos gubernamentales a la
agricultura, recibió sólo 2 000 contos sobre la suma otorgada por la legislación de 1888.38 Hasta Francisco de Paula Mayrink, cuyo Banco de Credito Real receptara una de las mayores concesiones, acusó a muchos de los
bancos de ser puramente especulativos (con excepción del suyo, por SU·
puesto), y el presidente del Banco do Brasil denunció la existencia de una
"especulación (que era) más que irregular".39 Algunos de los bancos prestaron todos sus fondos gubernamentales y luego acudieron de nuevo a la
tesorería para obtener más dinero público, en lugar de facilitar su propio
dinero como se había convenido.40
Aún cuando los fazendeiros obtuvieron dinero, por lo común no se
quedaron con él. Uno de los principales propósitos del préstamo era el de
ayudar a los terratenientes a cubrir deudas contraídas con bancos y comerciantes, y no a ampliar la producción y pagar a los trabajadores. 41 Lo.s
préstamos agrícolas a largo plazo representaban un riesgo y no eran muy
provechosos. El Banco do Brasil había dejado de concederlos en 1884 y
sólo aceptó el contrato del gobierno en 1888 por "espíritu de patriotismo". 42 Cuando los bancos extendían crédito a largo plazo bajo el programa de ayuda agrícola, lo hacían a menudo mediante comisarios, que ya
eran clientes suyos, para otorgar los préstamos a terratenientes que habían
tenido dificultades en saldar deudas a corto plazo. Con frecuencia, los terratenientes no llegaban a ver el efectivo: una cifra registrada en su cuenta
pagaba la deuda a corto plazo y establecía una hipoteca en su lugar. El resultado para el banco que otorgaba el préstamo era que contaba con
efectivo y una hipoteca en lugar de una deuda vencida a corto plazo. El
efectivo podía luego ser prestado donde mejor pareciera, por lo general en
las ciudades.
Los fondos gubernamentales también se empleaban en pagar deudas
morosas a largo plazo. Muchas hipotecas pendientes estaban garantizadas
por esclavos. Este era el caso, por ejemplo, del 61°lo de las hipotecas del

�20

Siglo XIX

Banco do Brasil en 1888. La abolición de la esclavitud significó que nuevas
43
' habr1an
' de negociarse.
.
formas de garant1a
Las concesiones del derecho para emitir billetes también recompensaron más al sector financiero y comercial que al agrícola. El principal diario especializado del Brasil, el Jornal do_ ~omercio, pensaba que 1~ refo~a
era sólo otra manifestación de una poütica gubernamental de quince anos
de antigüedad, que otorgaba préstamos sin in~er~ ~ los bancos ~ero,~o a
la agricultura. Afirmaba que los bancos eran 'los umcos favorecidos por
la ayuda al programa agrícola.44
Aunque Ouro Preto autorizó que trece, bancos e~itie~~n circulante,
apelando al sentimiento federalista que tem1~ la centralizac1?n y el mo~~polio en un solo banco emisor, el Banco ac1onal fue autonzado a _effiltrr
más de la mitad del circulante. Para muchos observadores, parec1a una
elección dudosa ya que había sido fundado apenas en septiembre de 1889.
Por otra parte, había desembolsado tan sólo el 20°/o de ~ capital y casi_ n~
tenía reservas. El banquero Mayrink (ciertamente resentido por no recibir
la concesión) secundó el sentimiento común de ese tiempo: el Banco Nacional había sido "inventado" por "exigencias políticas", es decir, para
"contribuir poderosamente al triunfo en unas elecciones que producirían
una Cámara (de Diputados) que obedecería a Celso (Ouro Preto)".44
Muchos argumentaban que la necesidad de comprar amigos no sólo para la monarquía, sino también para el gabinete liberal de Ouro Preto, era
un factor más importante de la política bancaria que las exigencias de la
economía. La amistad y las relaciones comerciales que unían a Ouro Preto con el Conde de Figuereido, organizador del Banco Nacional, tal vez
expliquen por qué la concesión fue otorgada al Nacional y no al del ~rasil. Después de todo, el Banco do Brasil contaba con el doble de car1ta1
realizado y un gran fondo de reservas. Asimismo poseía un largo ~torial como agente gubernamental en el extr~jero y com? banco_ eIDJsor
(1853-1864). Mientras que el Nacional tema fuertes vmculos internacionales ya que la mitad de sus accionistas eran franceses, el Banco do
. , . Banng.
. 46
Brasil mantenía estrechas relaciones con la casa bntan1ca
El resultado más notable de los préstamos agrícolas fue el arranque
del boom del mercado de valores: el encilhamento. Entre la abolición de
la esclavitud en mayo de 1888 y el fin del Imperio, la Bolsa de Río presenció tantas negociaciones como las realizadas en los, sesent:i años anteriores. La mayoría de las nuevas transacciones se referia a acciones bancarias, y no a compañías agrícolas o industriales: Casi ~160% de todo el capital accionario en diciembre de 1889 estaba invertido en bancos. De los
cuarenta bancos en funcionamiento para fines de 1889, no menos de ca-

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Bra8ÍI

21

torce habían sido fundados un año antes.4 7 Las acciones bancarias se compraban on margin, así que se desembolsaba poco capital y se apartaban pocas reservas. El capital real de todos los bancos equivalía apenas al 29%
del capital; en contraste, las otras corporaciones en la bolsa de valores habían realizado el 60% del capital. 48 Surgieron nuevos bancos mientras
que los antiguos incrementaban su capital con el objeto de aprovechar los
privilegios gubernamentales: préstamos y el derecho a emitir criculante.
Los especuladores invertían en acciones bancarias, las utilizaban para solicitar préstamos con los que compraban más acciones, y repetían la operación varias veces. Mientras las cotizaciontS estuvieran al alza, las ganancias
continuaban. Hasta noviembre de 1889 las acciones subieron con rapidez.
El Jornal do Commercio describía el ambiente: ''La compra (tomada) de
acciones era hecha no sólo con emoción, sino con locura, con delirio, con
49
vértigo y aturdimiento ''.
ingur.o de los bancos creados en Río era en
realidad banco hipotecario agrícola.5 0
Aunque Ouro Preto pertenecía al partido Liberal, que tenía al federalismo como uno de sus puntos principales, la reforma bancaria reforzó la
concentración del capital en la ciudad de Rio de Janeiro. Los bancos con
base en Río recibieron menos de la mitad de las concesiones para ayuda
agrícola, pero percibieron el 84% de los fondos. Del mismo modo, se les
había concedido sólo cinco de las trece concesiones para la emisión de circulan te, pero estaban autorizados para emitir el 84%.51 Esta política condujo a Rui Barbosa y a otros liberales más radicales a denunciar el ministerio de Ouro Preto como '&lt;un ataque en contra del partido Liberal", y una
"transparente invasión de la corona" que había convertido al ministerio en
"un instrumento del Imperio en contra de la nación".52
Frank Colson ha argumentado que la reforma bancaria de Ouro Preto
constituía una desesperada medida de la élite conservadora de Río para evitar el ascenso de la burguesía terrateniente de Sao Paulo. Los inversionistas de Rio, que controlaban muchas de las más importantes empresas fe_
rroviarias, bancarias, de embarques, portuarias y de inmigración de Sao
Paulo, trataron de utilizar los fondos para mantener su posición.53
Aún cuando hay algo de verdad en esto, lo más probable es que exagere la situación. Los paulistas aprovecharon la expansión de los medios
de pago, combinada con la escalada en los precios del café, para ampliar
en gran forma su cartera de inversiones durante 1889 y 1890. El Banco do
Brasil, con hase en Rio y anteriormente uno de los principales prestadores
de Sao Paulo, vendió su sucursal de Sao Paulo porque no pudo competir
con los numerosos bancos paulistas que surgieron. Pero ya fuera que las
reformas intentaran mantener el dominio de Río o siniplemente ayudar a
todos los financiros y comerciantes, originaron una acalorada oposición.

�22

SigloXIX

La Gazeta de Noticias lanzó una advertencia en el sentido de que a causa
de las políticas de Ouro Preto "la revolución republicana llegará mucho antes de lo que hasta ayer suponíamos".54
Parece extraño que Ouro Preto no asignara más fondos a la agricultura, considerando el supuesto dominio político de los fazendeiros. La razón
es que el Brasil no estaba dominado únicamente por los terratenientes, sino por terratenientes adinerados, banqueros y comerciantes. Como mencionó el secretario de la Associnrao Commercial de Sao Paulo:
En el ·estado de Rio de Janeiro, que incluye el Distrito Federal,
así como en la vida financiera del país, siempre se ha dejado sentir la influencia benéfica o dañina de los acaudalados, ya sean nacionales o extranjeros.55
_

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

23

Preto. El Banco da Repuhlica, el mayor de la nación desde 1890 contaba
entre sus accionistas a veintiún barones, tres condes y dieciocho ~condes
y vizcondesas. Posiblemente Ouro Preto deseaba ganarse a los ricos terratenientes, comerciantes, banqueros y altos personajes del Imperio mediante
su reforma bancaria, ~ás que acudir en auxilio de los f azendeiros en quiebra. O, com? lo creyo mucha gente de su tiempo: podría haber estado inter~do, mas IJ?e nada, en enriquecerse a sí mismo y a sus amigos. El Financzal News afirmaba que ''Este ~nisterio Liberal es el más corrupto que
haya_ ocupado el poder en el Imperio, y se han realizado algunos de los más
ultraJantes contratos. Es (el ministerio) propiedad del Conde de Figueiredo
(presidente del Banco Nacional)!-.6 1

POLITICA MONETARIA BAJO LA REPUBLICA
Muchos de los ricos terratenientes del valle de Paraíha habían invertido
siempre en bonos, acciones y bienes raíces urbanos. Ya en 1878 un terrateniente insolvente de Rio hacía notar que había diferentes fracciones en
la clase de los fazendeiros, y que poseían intereses diferentes: "Hay tres
tipos de terratenientes: los capitalistas, los cómodos y los que sufren".56
Esta tendencia se aceleró a medida que los ten:atenientes ricos invertían
en las casas bancarias y comerciales de Rio. También en Sao Paulo lo practicaban cada vez más en acciones, bonos y empresas urbanas conforme su
liquidez aumentaba en la década de 1880.57
El grupo de banqueros y comerciantes fue adquiriendo cada vez mayor influencia durante la última década del Imperio. Los comissários
(agentes de venta de café a comisión) acumularon riquezas y emprendieron diversas actividades. En 1885, Van Delden Laeme hizo su famosa observación: "los comissários, de ser agentes de los agricultores, se convirtieron en sus banqueros". 58 Y a diferencia de lo que sucedía en el comercio
mayorista de importaciones y exportaciones, la gran maioría de comissários eran brasileños e inmigrantes que invertían en Brasil. 9
También los banqueros acrecentaron su importancia en la década de

1880. La inminente abolición de la esclavitud liberó al capital. El gobierno
imperial concedió diversos privilegios para fortalecer al sector y el capital
extranjero entró al país, estableciendo tres bancos europeos y realizando
inversiones en algunos brasileños.60
Durante mucho tiempo la clase imperial gobernante había hecho importantes inversiones en bonos de gobierno, y cada vez más en otros documentos financieros. Por ejemplo, muchos de los primeros ministros del Imperio pertenecían a las juntas directivas de los bancos y poseían considerables inversiones: ltaborahy, Souza Dantas, Cotegipe, Joao Alfredo y Ouro

La ~toriografía br~ileña generalmente ha dado por hecho que el ministro
de Fmanz~ del gobierno provisional, Rui Barbosa, rompió abruptamente
con la ~ohllca de Ouro Preto para favorecer a la burguesía industrial sobre
la agrana, a la que,en apariencia había brindado su apoyo Ouro Preto. Nelso~ Wemeck Sodr~ co1?entó: ''En su posición como ministro de Finanzas,
Rw Bar~osa contribuyo al desarrollo de las relaciones capitalistas gracias a
las medidas que propuso o ejecutó en detrimento de los intereses de los la62
tifundi
, a Barbosa como el "ministro de la
_
os" • Hu mh
. erto Bastos aludra
:?de~endencia económica hrasileña".63 Pelaez y Suzigan concluyen que
Rw Barb_osa fue uno de los pocos ministros de fazenda del período (Primera Republica) que consideró acertadamente la necesidad de impulsar el
desarrollo del país". Y Hélio Silva se refiere a Rui como a "uno de los líderes más activos de la naciente burguesía industrial': 64
Su reputaci?n se debe a su política arancelaria (ya discutida) y a sus
reformas bancanas. De hecho, las reformas financieras de Rui tenían como
objetivo poner de su parte a los mismos especuladores de bolsa entusiasmados por las medidas de Ouro Preto. La declaración más citada de Rui (''El
desarrollo de la industria no es para la nación una cuestión principalmente
económica, sino política') supuestamente demuestra su apoyo al sector fabril.65
En realidad, Barbosa no se refería únicamente a fábricas cuando mencionó "la industria", sino más bien a la formación de nuevas corporaciones,_ Y_ª fu~ra_ en la banca,_~l transporte, la cons!1"'1cción, o en empresas de
~~c10 pú_hlico. ~a cuestion era sobre todo pol1tica: no porque la burguesia mdustnal hu~1era logrado acrecentar su poder, sino porque, al igual que
'?uchos terratementes, comerciantes, financieros y políticos, tenían inversiones en tales empresas.

�24

SigloXJX
S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

Cuando Barbosa se hizo cargo de la cartera de finanzas, el mercado de
valores iba en picada a medida que el número de vendedores sobrepasaba
al de compradores. El cambio de regimen había ocasionado que muchos
de los poseedores de la moneda convertible del Banco Nacional la cobraran
en oro temiendo una caída de la tasa de cambio. Esto provocó una contracció~ del crédito. La Asociación Comercial de Rio y los especuladores
de bolsa exigieron acción de parte del gobierno para auxili~ a los banc~s.
El Jornal &lt;!o Commércio, vocero conservador de la comurudad comercial
de Rio, se oponía a una nueva ayuda a los bancos: "¿Sería justo imponer
un sacrificio a catorce millones de personas para favorecer a tres o cuatro
mil hombres imprudentes o ambiciosos?".66 Sugería no dar ayuda a los
bancos y poner fin a la compra de acciones on margin, una práctica cada
vez más común pero ilegal.
Sin embargo, Rui decidió continuar con la política de ayuda de Ouro
Preto a bancos y especuladores de bolsa. Barbosa había reconocido que la
revolución republicana "se originó por accidente ... Ciertas reformas... la
hubieran evitado... La Nación lo aceptó (al movimiento republicano) pero
., )"67
no era suyo (de la nac1on
.
Para ganarse el apoyo de la élite imperial, Rui intentó primero mantener en funcionamiento los bancos respaldados en oro y emisores de Ouro
Preto, y firmó contratos para emitir billetes convertibles con nueve insti~ciones, así como confirió un préstamo de 18 500 contos al Banco Nacional y al Banco do Brasil para canalizarlos al mercado. Asimismo continuó con la ayuda al &amp;rograma agrícola durante algún tiempo, pero más
tarde le puso término.
La revolución republicana provocó temores en el extranjero que a su
vez causaron la caída del milréis. Los Rothschilds suspendieron el crédito
extranjero del erario brasileño y el Banco de Pay Bas se negó a adelantar
divisas al Banco Nacional. Como resultado, los bancos emisores rehusaron
emitir circulante convertible a la par.69 Rui encontró entonces otro medio
de hacer frente a las exigencias de los inversionistas.
En diciembre Je 1889 se entrevistó con miembros de la élite imperial
("algunos banqueros, comerciant~s, y corredores debo~'.), foero ~on ningún industrial, para hallarle soluc1on a la escas~z de credi_to. Mas tarde,
junto con el banquero Francisco de Paula Maynnk, redacto uno de los proyectos de ley más controvertidos del siglo XIX. Esta ley, promulgada el 17
de enero de 1890, facultaba a tres bancos regionales la emisión de hasta
450 000 contos de circulante no convertible, más del doble de lo que se
hallaba entonces en circulación. Privilegios sin precedentes fueron concedidos a los bancos para crear empresas industriales, comerciales, agrícolas

25

y de transporte así como preferencia en los contratos de gobierno para las
concesiones, terrenos gratuitos para el establecimiento de colonias o vías
férreas, y exención de impuestos para la importación de bienes necesarios
para sus empresas. Algunos autores han afirmado que Rui intentaba crear
el equivalente brasileño de los grandes bancos alemanes para estimular la
industrialización.71
Dos elementos más ponen en tela de juicio el propósito de las concesiones de promover el desarrollo: la ley permitía que los valores corporativos se negociaran tras
haber cubierto apenas el 10% de su valor (a lo
cual se había opuesto en forma enérgica el Jornal do Commércio, por considerarlo una medida en favor de los especuladores) y el banco que operaría en el centro del país, desde Paraná hasta Espirito Santo, fue concedido
al hombre que había ayudado a redactar la legislación, Mayrink. El banco
que recibió tal privilegio, el Banco dos Estados Unidos do Brasil (BEUB), y
a cuyos promotores el South American Journal Uamara "gavilla de especuladores", se creó solo diéciséis días después de que se promulgara la ley .72
La ley provocó una tremenda protesta pública. Rui admitió que los
industriales se oponían a ella porque concedía a Lres bancos privilegios
casi monopólicos para la creación y financiamiento de nuevas industrias.
También la mayoría de los republicanos históricos en el gabinete del gobierno provisional se oponían a tal medida porque abandonaba el patrón
oro, otorgaba excesivos privilegios a unos cuantos bancos y ceBtralizaba el
crédito. Sao Paulo quedaría bajo la jurisdicción de un banco regional con
base en Rio, exactamente el tipo de maniobra que Rui había denunciado
en la reforma de Ouro Preto. La discusión fue tan violenta que todos los
ministros estuvieron a punto de renunciar por su causa. Sólo el apoyo de
Deodoro permitió que la ley de Rui fuera aprobada.73 Incluso entonces tuvo que reformarla al conceder primero a Sao Paulo un banco emisor y autorizar después tres bancos más en el norte. Asimismo se redujo la cantidad que cada banco podría emitir. La cuota del BEUB cayó de 200 000
contos a 50 000.
La decisión de Rui de elegir a Mayrink como consejero y a su BEUB
como base del sistema bancario nacional subraya su dependencia de la
clase gobernante imperial. Mayrink había sido uno de los más importantes
financieros del Imperio y estaba íntimamente ligado a la monarquía. Su
padre había sido miembro importante de la corte de Pedro II, su tío senador y presidente de la provincia de Pernambuco, su hermano vizconde, y
el mismo Mayrink fue concejal imperial. Cuando Dom Pedro huyó a Europa, lo hizo en uno de los barcos de Mayrink. Tan estrechamente estaba
ligado aJ Imperio, que cuando se declaró la República fue arrestado por
fervorosos soldados. No obstante, pronto se congració con miembros pro-

�26

SigioXIX
S. Topik: Revolución republicana y bu,gue,ía en BrtUil

minentes del gobierno provisional y Hegó a ser uno de los arquitectos de la
,. financ1era.
• 74

pol1tica

Parece desconcertante que el banco de Mayrink resultara elegido para
recibir la concesión por el distrito central. Es probable que sus antecedentes imperiales no le perjudicaran mucho porque los presidentes de _los o~os
dos grandes bancos del país, el Banco Nacional y el Banco do Brasil, ten~an
vínculos semejantes con la monarquía. Sin embargo, el banco de Mayrink
acababa de iniciar su existencia, había desembolsado escaso capital, no
contaba con reservas ni había entablado relaciones con bancos extranjeros.
Desde el punto de vista económico, el Banco nacional y el Banco do Brasil ambos con experiencia como instituciones semioficiales, constituirían
m;jores opciones. Pero la cuestión no era simplemente económica.
Rui estaba en contra del Banco acional porque había sido creado por
Ouro Preto. Aunque se le había invitado a formar parte del gabinete de
Ouro Preto, Rui se había negado porque pensaba, que era ''un inc~eíhle
ataque al partido Liberal" y "no representaba mas que a la co~e _lffip~rial".75 Como castigo por sus virulentos y constantes ataques al m1ruSteno
de Ouro Preto y sus tendencias centralizantes (irónico en vista de las políticas que más tarde el mismo Rui adoptaría), el partido Liberal negó a
Barbosa un escaño como diputado federal. Fue esta acción la que reparaba Rui cuando en esencia anuló la concesión del Banco Nacional y eligió al
BEUB en su lugar.
La razón por la que no se eligió al Banco do Brasil es un poco más
oscura. El Banco do Brasil contaba con un capital desembolsado de 66 500
contos y una enorme reserva (18 077 contos), un largo historial de relaciones estrechas con el gobierno, y un presidente, Manoel Pinto de Souza, que
era amigo íntimo y protector político de Rui. Que su amistad~ enfrió algo después de que Rui asumiera el cargo, se hace evidente a traves de su correspondencia, pero las razones no son claras. Tal vez se d_,~ba en parle al
resentimiento de Rui por no haber sido designado en el gabinete de Dan tas
en 1884.76
Aunque las medidas de Rui se han explicado siempre en términos de la
racionalidad de la teoría económica, puesto que fue así como en forma elocuente justificara Rui su programa, es probable que un aspecto no teóric_o
influyera profundamente en la decisión. El triunfo de Mayrink al consegu!r
la concesión se debió en parte al hecho de que era uno de los hombres mas
ricos del Brasil. La riqueza del financiero quedó manifestada en f?rn:1ª elocuente al ceder al gobierno ff'deral el Palacio Catete, cl_que ha~1a s1~0.adquirido a un cafetalero con problemas fmancieros. ~ayn~ hab1a dec~d1do
entregar Catete, que se convirtió en la suntuosa res1denc1a de los presiden-

27

tes de Brasil de 1897 a 1960, porque era más pequeño que la residencia
del banquero en Engenho Velho. Pasada la Revolución de noviembre, los
republicanos se apresuraron a disfrutar de sus canonjías políticas, colocando a amigos y familiares en importantes puestos del gobierno. También
vendieron su influencia al mejor postor. Por ejemplo, Quintino Bocayuva,
presidente del partido Republicano nacional antes de la Revolución y ministro de Justicia en el gobierno provisional, había sido secretario en una
compañía ferroviaria propiedad de Mayrink y aún mantenían estrechas relaciones:
Mayrink ya está en la capital y tal vez sería conveniente que usted
le comunicara mis intenciones (de comprar una fazenda cafetalera) y mis necesidades. El prometió ayudarme en este aspecto y
supongo que estaría de acuerdo en cumplir su promesa. Mi situación actual no es mala y puedo vivir en fonna modesta. Sin embargo, eso no me bastaría. Acaso no tengo derecho a aspirar a algo en este país y esta república para la cual, creo, he trabajado
con esfuerzo y buena voluntad.n
La riqueza de Mayrink puede haber influido en la economía personal de
Rui. El Río News afirmaba que Rui vivía sin pagar renta en una casa perteneciente a Mayrink, quien ofreció también comprarle una casa a Rui cuando abandonó el ministerio. Barbosa era el director de tres compañías propiedad de Mayrink y su cuñado se hizo rico especulando en valores que en
parte eran coinversiones con Mayrink. 78 Algunos años después, enzarzado
en la lucha política con Barbosa, el diputado Ceasar Zama lo acusó de
enriquecimiento inexplicable durante su período como ministro de Finanzas: "Durante el gobierno provisional poseía carruajes con un tiro de cabalJos, y numerosos diamantes hasta el punto de deslumbrarnos con el lujo ostentoso que demostraba''. Y concluía: "Siempre he dicho que no hay
nada peor para una sociedad que un gran talento combinado con la ausencia de escrúpulos (como en el caso) del señor Rui Barhosa". La Cámara de
Diputados le respondió con exclamaciones de "muy bien, muy bien".79
Las acciones de Rui demuestran un interés por ayudar a los grandes
bancos al costo que fuera. Su genio residía en la habilidad para justificar
de manera convincente acciones contradictorias. Después de permitir al
BEUB la emisión de moneda inconvertible, pero a costo del retiro gradual
de la deuda interna pública, en marzo concedió al BB y al BN el derecho
a emitir 25 000 contos de circulante inconvertible respaldado en oro sin
costo algunos para los bancos. En septiembre, todos los bancos recibieron
autorización para emitir circulante inconvertible respaldado en oro. Cuando los bancos no contaron con dinero suficiente para la compra de bonos
de gobierno o de oro que sirvieran como garantía, Rui les prestaba la ga-

�28

Siglo XIX

S. Topík: Revolución republicana y burgue,ía en Bra,il

29

80

rantía, socavando por completo el propósito de ésta.

A pesar del hecho de que por lo común se ha considerado al nacimiento de la República como un triunfo de la descentralización federalista,
los tres grandes bancos, dirigidos todos por prominentes monarquistas, llegaron a dominar la reserva monetaria, el crédito y las inversiones, concentrando así el poder en el Distrito Federal. Para septiembre de 1890 los tres
bancos de Rio suministraban el 87% de todos los billetes de banco. Además, el Banco acional poseía una cuarta parte de las acciones de otro
banco emisor. El BEUB ayudó en la fundación del banco emisor de Sao
Paulo, el Banco Uniao.
El Mail and Express reportó en junio de 1890 que la mayoría de los
bancos de Sao Paulo estaban pasando apuros para formar el capital y tenían que depender de los financieros con sede en Rio: "Parece haber una
sed de ... monopolios, a la cabeza de la cual se encuentra el señor Mayrinch (sic), hábil maquinador y financiero'.' 81 El BEUB también poseía :,Odas las acciones de uno de los bancos del norte. Por lo tanto, solo el 5 1/o
de todos los billetes no estaba controlado por ellos. Por añadidura, el
BEUB tenía también participación importante en otros cinco bancos.
Para acentuar aún más la concentración de la banca, el presidente del
Banco acional y el hermano del presidente del BEUB eran directores del
Banco do Brasil.82 Los Bancos eran también los principales inversionistas
de valores, y organizadores de numerosas emisiones accionarias. El BEUB
había invertido 21 540 contos en veinticuatro compañías para agosto de
1890, y el Banco do Brasil 11 133 en acciones en 1891_. Rui ~bservó en
1890: "raras son las compañías creadas (lanchada) este ano aqu1 o en Sao
Paulo, que no hayan sido ayudadas efectiva y poderosamente por el BEUB
y sus filiales ".83
En diciembre de 1890 la concentración de la banca se elevó aún más
cuando Rui permitió la fusión del hiperextenso Banco acional y el Bl!:UB
paraºintegrar el Banco da República dos Estados Unidos_d~,Brasil. E~to reforzó también la influencia de Mayrink cuando se convut10 en presidente
del nuevo banco mientras se dejaba al margen a Figueiredo. El nuevo b~co poseía un capital autorizado de 200 000 contos y el derecho de emitir
hasta 600 000 contos: en otras palabras, el derecho a duplicar la moneda
en circulante a voluntad.
El Banco da República despertó especial hostilidad a causa de su magnitud y privilegios. Alfonso Peña, futuro presidente, escribió: "El eje de
todo fraude financiero es el Banco da República, que trata de imponerse

como la encarnación del nuevo régimen, haciendo que la estabilidad de este último dependa de su (del banco) destino".84 Esta concentración de poder provocó una especi_al preocupación porque una buena parte de los
fondos del BR fue prestada a un puñado de los mismos directores del
banco. Por tales acciones Rui se ganó la reputación de "Law del Brasil",
en referencia al especulador de bolsa responsable del auge especulativo al
que siguió un espectacular derrumbe en la Francia del siglo XVID.85
Inclusive, después de que Barbosa renunciara a su puesto en enero de

1891, el gobierno de Deodoro continuó cortejando a la comunidad financiera mediante el otorgamiento de amplio crédito para su inversión en valores. De hecho, el cónsul británico C. F. Frederick Adam reportó que
los especuladores de la bolsa de valores están firmemente a su favor (de Deodoro), y muchos de los miembros de la Asamblea se
han contagiado de la fiebre especulativa... y por consiguiente es
probable que voten por él. 86
El mini~tro británico relató más tarde que Deodoro había de hecho ganado
las elecciones en buen parte debido a que los especuladores que se enriquecieron a su amparo sobornaron a los electores titubeantes.87
La influencia ininterrumpida de la élite imperial se hizo más evidente
cuando Deodoro sustituyó a los ministros republicanos que renunciaban
por prominentes mo11arquistas del noreste. El nuevb dirigente de su administración no sólo había sido monarquista, sino también miembro del
partido Conservador imperial, gobernador de Pernambuco, terrateniente
cañero, y propietario de esclavos: el Barón de Lucena. A Lucena, que desde su elevación al poder había sido descrito como un "saqueador" por el
ministro británico, se le dejó la avalancha creada por la legislación banca88
ria de Rui. Continuó los vínculos amistosos con Mayrink y otros banqueros, y siguió favoreciéndolos, particularmente al banquero Henry Lowndes,
Conde de Leopoldina.
El efecto colateral del vertiginoso encilhamento había sido un índice
inflacionario cercano al 50%, que ocasionó un irónico comentario del
Rio News: "Si la tasa actual de progreso financiero se mantiene por mucho tiempo más, pronto tendrá uno que organizar una compañía de cien
contos ($50 000) cada mañana para poder desayunar".89 Para hacer frente
al perpetuo crecimiento de la demanda de crédito, Lucena propuso aumentar la emisión de circulante. Además prestó sumas considerables del
erario público a bancos debilitados por inversiones imprudentes. Supuestamente brindó a cuatro bancos el equivalente de más de $10 000 000 que
nunca fueron reembolsados.90

�30

SigloXIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

Durante el segundo trimestre de 1891, la burbuja accionaria mostró
signos de estallar. Los precios de las acciones comenzaron a desplomarse;
los suscriptores, que habían pagado entre el 10 y el 40% del valor de las
acciones, se negaron a aparecer con el resto, perdiendo la inversión original.
Los bancos con excesivos préstamos, en especial el Banco da República y
el Banco do Brasil, fue perdiendo solvencia a medida que muchos de sus
préstamos asegurados por acciones se iban quedando sin valor. En el tercer trimestre el valor del milréis se desplomó en forma dramática. El Congreso se rebeló y exigió que ya no se emitiera circulante debido a la devaluación e inflación que se estaban provocando.
Sin embargo, en septiembre Lucena sugirió al Congreso que autorizara un aumento en las emisiones del Banco da República aunque estas
no contaran con un respaldo real. Ponía como razón que
era natural que el gobierno de la revolución completara su proyecto de coparticipación directa en el movimiento en marcha,
facilitando la creación de compañías y bancos que pondrían su
capital a disposición de la mano de obra, y de las muchas otras
(actividades) que explotan la riqueza nacional.

los días de dinero fácil del encilhamento. La importaci·o'n de maqumana
· ·

.,
tamhxen
comprobaba el arranque de la actividad industrial.94

, . Pero el cr~cimiento de la fabricación fue un efecto colateral de la po-

hti~ monetaria,_ no su interés principal. De hecho, apenas el 5% de las
acc1on~s comerciadas en la bolsa de Río pertenecían a la industria textil.
Ade~as, gran parte del crecimiento del capital accionario de las compañías
te~es no ~r~ prueba de nuevas inversiones en las fábricas, sino que eran
accmnes ~lllltidas
ya como dividendos, o para comprar compañías textiles
que se uman.95
.
La_ mejor evidencia del poco interés que sentían Rui y Lucena por la
mdus!1"1a es el hec,h~ de que los industriales y los partidarios del sector se
o~oman a ~s políticas monetarias. Los representantes del Congreso Indus~al, por ejemplo, s~ alzar~n en contra de la política de dinero fácil. El
~putado Barbosa Luna, energico defensor de la industrialización denuncio
de Deodoro , que desvirtuaba "una de '1as pnn•
· alel "falso industrialismo"
•
c1p . ~s conquJStas de la sociedad moderna, la corporación" .96 Continuaba
queJandose de que
El ej~c~tivo (utilizó) ~l prestigio y la fuerza del gobierno para encubrir ~numerables irregularidades, vicios, fraudes, organizados
por ~~dia docena de individuos altamente protegidos... con el
propos1to de hacer fortuna rápido.97

Proseguía diciendo que el gobierno "tenía que acompañar la febril marcha
de la libertad de asociación de las compañías... para fortalecer la fe en las
instituciones repuhlicanas'.'.91 El congreso no estuvo de acuerdo.
Las diferencias entre el ejecutivo y la legislatura se pusieron de manifiesto cuando Deodoro clausuró el Congreso el 3 de noviembre de 1891 y
gobernó por decreto. Permitió que Lucena autorizara_velozmente una
mayor emisión de billetes, reformara la ley corporativa para que los bancos
pudieran recibir sus propias acciones como garantía de préstamo, prestara
a bancos sus propias garantías depositadas en el erario público para que pudieran utilizarlas como respaldo a nuevas emisiones de circulante,"/ prestara fondos del gobierno depositados en Londres al Banco da República.92
Es cierto que la ayuda a los bancos durante los dos primeros años de la
República dio origen a una considerable industrialización. En Río, el aumento real en las empresas textiles de algodón fue mayor en 1889 que durante todos los seis años anteriores. Fue aún mayor en 1890. Los tres grandes bancos financiaron muchas empresas industriales. En Sao Paulo la fabricación creció con rapidez; el Banco Uniao era su principal h1versionista.
El crecimiento de la fabricación se extendió hasta Pernamhu.co donde el
cónsul británico relató en 1894: ''La evolución industrial de los últimos
cinco años ha sido grandiosa" .93 De las fábricas industriales existentes en
Río en 1905, por lo menos el 30% habían sido fundadas entre 1890 y
1895, y muchas del 50% iniciadas antes de 1889 se expandieron durante

31

Como hizo notar un crítico, a causa del encilhamento, mucha gente llegó
te9~
que las corporaciones eran "sinónimo de asalto a mano annada . . En lugar de fundar una nueva política monetaria progresista y vigo~ar los mercados de capital, como bancos y mercado de valores el
encilh~mento o~ó un regreso a la economía ortodoxa y la desconfianza hacia las pol~ticas de desai:rollo gubernamentales. El problema no era
que ~os terr~ten~entes se opusieran a las políticas porque negaban apoyo
a la mdustn~, smo porque las reformas bancarias favorecían sólo a unos
cuantos, y dejaban en la miseria a miles.99
·

ª

Las políticas de Deodoro no eran populares entre la ·población en general. El sucesor de Deodoro, Mariscal Floriano Peixoto era mucho más
P~P?lar. A diferenci~ de Deo~oro, basó s? apoyo en los ;epuhlicanos. Sus
rmrusn:os eran de vemte a tremta años mas jovenes que los de Deodoro; la
mayona eran del Centro-sur. Sólo dos de los designados habían sido conse1:adores bajo el Imperio (uno de ellos era el representante de los terratementes paulistas, Franciso de Paulo Rodríguez Alves), mientras que
cuatro eran republicanos históricos.
Floriano era especialmente popular entre las clases media urbana y

�32

SigloXIX

obrera, y los oficiales subalternos y soldados de tropa de la milicia. Se le
considera el presidente que más favoreció la industrialización durante la
Primera República. Sodré afirma que durante su administración "la burguesía estuvo en el centro del escenario ". 100 Y sin embargo adoptó una ~lítica monetaria diametralmente opuesta a la de Deodoro. Por lo comun,
la expansión de la reserva monetaria no era considerada un acto a favor de
la industria.
Floriano redujo el crecimiento de la reserva monetaria e ~tentó equ_il~brar el presupuesto. En 1892 se suspendió el derecho bancano para eIDJllr
moneda y el ministerio de Hacienda reanudó la emisión de circulante. A
fines de 1893 el Banco da República se fusionó al Banco do Brasil. Pero esta unión representó la incautación del poder financiero por parte del Estado, más que su concentración en manos de unos cuantos banqueros co~o
sucediera con la fusión de 1890. El presidente del nuevo banco, el vicepresidente y uno de los directores fueron designa~os por _el g~biemo !
ejercían el poder de veto. Por otra parte, se desterro a los fmanc1eros mas
importantes del encilhamento. Mayrink fue obligado a ab~donar la presidencia del BR y marchó al exilio en el interior de la nac1on. El banquero conde de Leopoldina, amigo íntimo de Lucena, fue desterr~do al Am_azonas por una supuesta complicidad en un complot monarqu1Sta. Al ffilSmo tiempo el gobierno inició un proceso de bancarrota en contra del
'
'
101
conde, haciéndole perder la mayor parte de su fortuna.
El gobierno de Floriano mantuvo la práctica de otorgar ~uantiosos
préstamos a los bancos privados. Durante 1892 y 1893, presto 120 ~
contos. Pero ahora el banco más grande estaba bajo el control del gobierno. Los bancos más gequeños perdieron sus privilegios gubernamentales Y
muchos fracasaron. 10 El propósito de la fusión, más que ampliar la inversión y las emisiones monetarias de la nueva institución como sucedió co~
la primera fusión, era el de enmendar el caos creado por los numerosos billetes. Como se informó en febrero de 1892:
Noticias del interior afirman que el comercio se ha vuelto casi imposible por la incertidumbre r~la~ionada con_ la v~dez de la ~oneda. Es del conocimiento publico que vanos billetes han sido
retirados de la circulación, pero nadie parece ser capaz d~ determinar cuales son, por consecuencia los campesinos vacilan en
aceptarlos. 103
Este problema debía corregirse con la apropiación de todos los billetes, tarea realizada por el BR con la supervisión del gobierno.
El grado hasta el cual los intereses fabriles se oponían a la con~~ción que el gobierno hacía a los bancos quedó ilustrado por el empresti-

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

33

to de apoyo a la propia industria, en 1893. Autorizaba una emisión en bonos por 100 000 contos para su uso en créditos industriales, y a menudo es
mencionado como el primer préstamo considerable con miras al desarrollo
en el Brasil. El ministro de Finanzas Felishello Freire aducía que con el
préstamo "los poderes públicos entraban a una nueva fase de proteccionismo, al dar preferencia a la industria sobre la agricultura~' 104
Sin embargo es un hecho que muchos indus~ales se opusieron a la
medida. Una carta supuestamente firmada por 405 industriales rechazaba
el decreto por considerar que la industria ya había recibido suficiente ayuda del gobierno y no necesitaba más. Temían que los bonos, que se tomaban en las oficinas del gobierno como pago por deudas, aumentaran el suministro monetario, crearan inflación y devaluaran el milréis. Como muchas industrias importaban alrededot de la mitad de sus materias primas
así como su maquinaria, las afectaría adversamente.105
La otra queja principal era que el préstamo no era para las industrias.
El diputado Oiticica resumió una posición común: "Se puede decir que los
bonos no se emiten para ayudar a la industria; se emiten para ayudar al
Banco da República ". 106 Nilo Pa~anha, enérgico defensor de la industrialización, estaba en contra del empréstito porque pensaba que iría a parar
en manos de amigos de políticos y sería usado por el Banco da República,
el que se suponía iba a administrarlo para auxiliar a las empresas en deuda
con el banco y para colocar a gente allegada en el consejo directivo de las
compañías.107 El parecer de muchos de los diputados, aún de aquellos que
eran industriales como Pacifico Mascarenhas, era que en la mayoría de los
estados la industria estaba prosperando (las fábricas textiles de su familia
estaban distribuyendo dividendos de más del 20°1o) .Sólo las grandes plantas textiles padecían porque se había unidoa la fiebre especulativa al invertir en otras industrias y fundirse con otras más pequeñas. 108 El grado de
inquietud que se tenía de que el BR empleara los fondos del empréstito
para fines distintos del fomento de la industria, se reveló con la forma alterada en que al final se lo aprobó. En lugar de permitir que el BR prestara a
quien deseara como lo habría hecho Mayrink, el Congreso estipuló que
sólo una tercera parte de los préstamos se destinara a empresas del Distrito Federal. Puesto que el Distrito Federal es donde el BR concedió la gran
mayoría de sus préstamos, y donde se localizaban la mayor parte de las
grandes fabricas del país, ésta fue una clara medida de descentralización,
así como contraria al BR. Parece que esto se hizo cumplir: al final el Distrito Federal recibió sólo un tercio de los préstamos mientras que Sao
Paulo recibía casi un 30°/o, suma que excedía en mucho a su porcentaje en
la industria nacional. Aunque el 20°/o de los préstamos se dedicó a la agricultura, la industria recibió más de la mitad del capital. 109

�34

Siglo XIX
S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

CONCLUSION
La transición del Imperio a la República no señaló un rompimiento brusco
en política económica con una burguesía progresista que llegaba al poder.
La abolición de la esclavitud en 1888 había sido el parteaguas. De hecho la
República no presenció iniciativas nuevas en el campo de la política económica. La agricultura no se hizo acreedora a ningún favor particular, ni fue
la industria la beneficiaria en especial.
En realidad, durante los dos primeros años de la República, la fuerza
directriz detrás de la política era la élite financiera imperial, grupo al que a
menudo se considera parasitario más que empresarial. Contrario a lo que
sostienen la mayoría de los estudiosos de este período, en el sentido de
que Rui Barbosa representaba a la burguesía industrial y bahía puesto en
práctica una política de desarrollo perspicaz y progresiva, Rui buscaba ganarse el apoyo político de la clase imperial gobernante. En lugar de estimular la acumulación de capital en el sistema bancario y crear bancos de
desarrollo, las reformas de Barbosa condujeron a fracasos masivos y a la
bacarrota de algunos de los financieros más acaudalados del país.
El hecho de que sus iniciativas del uso de bancos como instrumentos
de desarrollo y la separación del patrón oro no fueran adoptadas por subsecuentes administraciones, no es prueba del limitado pensamiento económico de la burguesía agraria, sino una crítica al modo en que Rui ejecutó
sus políticas: desacreditó los análisis estructuralistas y devolvió la ortodoxia económica a los forjadores de la política económica del país. La milicia en el poder no parece haber sido un breve interludio de poi íticas progresistas sino, al menos durante la administración de Deodoro, una carrera para disfrutar de las canonjías del oficio. Plus ga change. ..

35

de Jaime Larry Benchimol (Rio: Editora Campus, 1979), p. 91. Flávio Rabelo
Versiani afirma en "lndustrializa~o e economía de exporta~o: a experiencia
brasileira antes de 1914", Revi.sta Brll$ileira de Economía, 34 (1980), p. 9, que
el gran aceleramiento industrial de Brasil comenzó en la década de 1880, mucho
antes de la política monetaria expansionista del año final del Imperio.
2. Anníbal Villela y Wilson Suzigan, A política do governo e crescimento da economía brasileira, 1889-1945 (Rio: IPEA/INPES, 1973), p. 127. Véase también
E. Bradford Burns, A History of Brasil, 2a. edición (NY: Columbia University
Press, 1980), p. 293; y Humberto Bastos, O pensamento industrial no Brasil
(SP: Livraria Martins, 1954), p. 19. Fishlow en ''Orí.gens" p. 12 sostiene que el
crecimiento industrial de la época no solamente no fue planeado, sino a veces lo
opuesto a las metas de las poi íticas.
3. Helio Silva, 1889: A república na esperou o amanhecer (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1972), p. 76.
4. Nelson Werneck Sodré, Hi.stória da burguesía brasileira (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1976), p. 162.
5. Brasil, Congresso, Documentos Parlamentares, Alexandre José Barbosa Lima,
Di.scursos parlamentare&amp; (Brasilia: Camara dos Deputados, 1963), p. 120. En una
versión modificada de este punto Nícea Vilela Luz afirma en ''O papel das classes médias brasileiras no movimento republicano", Revista de Hi.stória 68
(1964) p. 20 que "por primera vez, con el advenimiento de la República se unieron los elementos de una nueva clase, de una nueva burguesía": Florestan Fernándes concluye en A revo/Ut;ao burguesa no Brasil, Ensaio de interpreta,;ao
wciológica (Rio: Zahar Editores, 1974 ), pp. 203-205 que 1888 y 1889 marcaron el inicio de la transición de la "era señorial" a la "era burguesa". Hubo muchas alusiones conscientes a la Revolución Francesa a principios de la década de
1890. Los oficiales de gobierno aludían unos a otros como "ciudadano", el grupo republicano más combativo se denominaba "Jacobinos" y una revuelta en el
sur fue llamada la "Vendee" del Brasil.
6. Sodré, Burguesía brasileira, p. 189.
7. Véase, por ejemplo, de Carlos Manuel Pelaez y Wilson Suzigan, Hi.stória monetária do Brasil: análise da política, comportamento e institu&lt;¡oe&amp; monetárill$ (Rio :
IPEA/INPES, 1976), pp. 179-185.

NOTAS

8. Economi.st, Londres, nov. 23 de 1889, p. 495.
9. Para los sucesos del golpe de estado véase a Silva, 1889, pp. 87-136; Delso Renault, O dia-a-dia no Rio de ]aneiro segundo os jornai.s, 1870-/889 (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1982), p. 236.

l. Albert Fishlow, "Origens e conseqüencias da substitui~o de importa~oes no
Brasil", en Flávio Rabelo Versiani y José Mendo~ de Barros (eds.), Forrn&lt;u;ao
económica do Brll$il, A experiéncia da industrializat;ao (Sao Paulo: Saraiva,
1978), pp. 8, 12. Para puntos de vista similares ver Wilson Cano, Raize&amp; da concentraf(lo indu&amp;trial em Sao Paulo SP: DIFEL, 1977), p. 145; Eulália Maria
Lahmeyer Lobo, Hi.stpria do Rio de laneiro, (Do capital comercial ao capital
industrial e financeiro) (Rio: IBMEC, 1978), vol. 2, p. 456; Nícia Vilepa Luz,
A /uta pela indmtrialízaf'lo do Brll$i/ (1961 rpt. SP: Alfa Omega. 1975), p. 66;
Stanley Stein, Origen&amp; e evolu,;ao da indrútria textil no Brasil, 1850-1950, trad.

10. Citado en Silva, 1889, p. 88.
ll. South American ]ournal, diciembre 14 de 1889, p. 757.
12. George C. A. Boehrer, Da monarquía a República, história do Partido Republicano do Brasil ( 1870-1889), trad. de Berenice Xavier (Rio: MEC, Servicio de Documentac;ao, 1954), passim; Hildiberto Ramos Cavalcanti A. Junior, "Os republicanos fluminense na legislature de 1888", en Richard Graham (ed.), Ensaios sobre

�36

SigloXIX
a político e a economia do provincia fluminen&amp;e no seculo XIX (Rio: Arquivo
Nacional, 1974), pp. 248-283; Richard Graham, "Landowners and the Overthrow of the Empire", Luso-Brozilion Review 1 (1970), p_p. 44-5 6; Barbosa Lima
Sobrinho, Preseni;.a de Alberto Torres (suo vido e pell.$0mento) (Rio: Civiliza~o
Brasileira, 1968), pp. 69-103; Joao Sebastiao Witter ed. Jdeias políticos de Francisco Glicério (Rio: Funda~o Casa de Rui Barbosa, 1982), pp. 31-36.

13. D. Burke al Departamento de Estado de EEUU, Salvador, Bahía, 19 de junio de
1890. Burke concordaba con la apreciación del periódico. Le Temps informó
el 18 de noviembre de 1889 que Bahía estaba en contra de la revolución republi-

cana.
14. En "Soldiers in Congress, 1890-1894", un manuscrito inédito, he .demostrado
mediante un análisis de los Anois de la Camara dos Deputados de 1890-1894 que
los 31 militares activos que ocupaban un escaño en la Cámara Federal de Diputados disentían en cuestiones económicas. En las cinco votaciones que localicé, los diputados militares se dividían en la misma proporción de 60°/o-40°/o
que la Cámara en general.
15. Joao Moura de Dunshee de Abranches, O golpe de Estodo, otos e otos do Governo Luceno (Rio: Oficinas Gráficas do Jornal do Brasil, 1954).

S. Topik: Revolución republicano y burguesía en Brasil

37

25. Alfonso Celso de Figueiredo, (Visconde de Ouro Preto), A décoda republicano,
(Rio: Companhia Typ. do Brasil, 1899), p. 63; Castro Carreira, Histório Finonceira, vol. 2, pp. 477, 837; Frederic Stirton Weaver, Clos&amp;, Stote, and Industrial
Structure (Westport Ct.: Greenwood Press, 1980), p. 80.
26. Citado en Luz, Luto pela industrializ:~o, p. 169.
27. Versiani, "lndustrializa~o antes de 1914", p. 36; J. P. Wileman calculaba en
Brazilian Exchange: The Study of an Inconvertible Currency (1896 rpt. NY:
Greenwood Press, 1969), p. 215, que la protección aduana! promedio de la
tarifa arancelaria de Barbosa era casi idéntica a la de la tarifa anterior 44º/o a
43°/o. Los derechoss de aduana del oro no fueron una innovació; radical.
Como escribió D. Burke al Departamento de Estado de los Estados Unidos el
23 de mayo de 1891 en "Despachos de los Cónsules de Estados Unidos en
Bahía, Brasil, 1889-1895", Archivos Nacionales, Registros del Departamento
de Estado, Grupo de Registros 5 6, la tarifa arancelaria había tenido niveles
flotantes que dependían del tipo de cambio. Cuando la moneda brasileña se
depreció, el impuesto aumentó para compensar el valor real de los derechos,
que se calculaban sobre un valor de 24 peniques ingleses por milreis.

16. Río News, 22 de agosto de 1892.

28. Ministério da Fazenda, Relatório 1893, p. 123; Centro Industrial do Brasil a
Alfonso Pena, sin fecha, archivo Alfonso Pena, Arquivo Nacional, AP 11-1.2.
1382.

17. Quintino Bocayuva, 31 de julio de 1902 en archivo Q. Bocayuva, QB 01.02.05
cp.

29. Camara dos Deputados, Anois, 1891, vol. I, pp. 222-224; Congresso Constituente, Anois, 1890, vol. 3, p. 52.

18. Rui Barbosa, A queda do imperio vol. 1 (Rio: MEC, 1952), p. 15.

30. Congreso Constituente, Anois, 1890, vol. 3, p. 65. Para mayor información
acerca del tratado véase Steven Topik, "Informal Empire? The U.S.-Brazilian
Trade Teaty of 1891 ", M. A. thesis, University of Texas, Austin, 1974.

19. Ciro F. S. Cardoso y Héctor Pérez Brignoli, Historio económica de Américo
Lotino, vol. 2 (Barcelona: Editorial Crítica, 1979), pp. 29-63.
20. Robert Conrad, The Destmrction of Brazilion Slavery, 1850-1888 (Berkeley:
University of California Press, 1972), pp. 95, 220.
21. Brasil, D.iretoria Geral de Estatistica (DGE), Anuário estotístico, 1939/I 940
(Rio: Imprensa Nacional, 1940), p. 1307; Liberto de Castro Carreira, Histório finonceiro e or(}Omentário do império no Brasil vol. 2 (1889 rpt. Brasilia:
Senado Federal/ MEC, 1980), p. 642; Witter, ldeios de Glicério, vol. 1, pp.
88-91.
.
22. Rio News, 17 de marzo de 1891; Banco Hypotecário a Floriano Peixoto, Río de
Janeiro, 18 de octubre de 1893 en archivo F. Peixoto, ArquivoNacionalCaixa
8L Pacote 5.
23. Thomas Holloway, lmmigrants on the Land (Chapel Hill: Univ. of North Carolina Press, 1980), p. 317.
24. Witter, Ideias de Glicério, vol. 1, pp. 86, 87; Brasil, Ministério de Via~o e Obras
Públicas, Relat6rio, 1921, pp. 188-191; Camara dos Deputados, Anois, 1892,
vol. I, pp. 100-110; Pan American Union, Bulletin, marzo de 1894, p. 665. La
nacionalización del transporte costero no se realizó de hecho sino hasta fines
de la década de 1890.

31. Fishlow, "Origens", p. 7; Werner Baer y Anníbal Villela, "Crescimento industrial e ind ustrializa~o: revisoes nos estágios do desenvolvimento económico
do Brasil", en Wemer Baer, A industrializafQO e o desenvolvimento económico do Brosi~ 4a. edición (rio: &amp;litora de Funda~o Getúlio Vargas, 1979). pp.
288 289. Versiani, en "lndustrializa~o antes de 1914", afirma que la proteCCJon arancelaria fue importante.

.r

32. Almanok Laemmert, 1889, pp. xvii. 1205-22; M. F. J. de Santa Anna Nery,
Le Brésil en 1889 (Paris: Librairie Charles Delagrave, 1889), pp. 347-351;
Joao Ribeiro, Bancos, memoria apre1entada ao Congresso lndustriol de Minos Gerais (Juiz da Fora; Typ. Central, 1903), p. 48.
33. Nery, Le Brésil, p. 452; Contadoria Geral do Império, Balam;o do receito e
despesa para 1888 (Río: lmprensa Nacional, 1891), p. 11 y 1925 (Rio: Imprensa Naciona,
prensa Nacional, 1926), p. 248; Atada Se~o do Conselhode Estado, Rio, 12 de
marzo de 1885 en Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Cole~o Instituto, Pasta 55, Lata 545; O. J. Placido e Silva, Caixas económicas federais e
opera!(oes bancárias (SP: FAitora Rumo, 1930), pp. 12, 33, 66; Maria Bárbara
Levy, História da bolsa de valores (Rio: IBMEC, 1979), pp. 107, 108, 280;
Gustavo Henrique Barroso Franco, Reforma Monetário e instobilidode durante
a transi!,{lo republicano (Rio: BNDES, 1983), p. 146.

�38

SigloXlX

34. Banco do Brasil, Relatório de 1889 (Río: Typ. Carioca, 1889), p. 121; L.R.O.
Quatro mezes de adminútra~o financeira (Lisboa: Typ_ Universal, 1890), p.
18; Anón. Os projectos sobre banco de credito real (SP: Typ. King, 1889),
pp.4-17.
35. Ernília Voitti da Costa, Da senzala a colonia (SP: Difusao europeía do livro,
1966), p. 215. El Provincia de Sao Paula calculaba en octubre 23 de 1889 que
la deuda agrícola de Sao Paulo se aproximaba a los 160 000 contos y que el
total de la deuda flotante del estado tal vez no era menor.
36. Contrato del Banco Nacional con el Ministerio de Fazenda, 2 de octubre de
1889 en Casa Rui Barbosa, Pasta Banco do Brasil; DGE., Anuário estatístico,
1939/ 1940, p. 1353.
37. Figueiredo, Década republicana, p. 245.
38. Castro Carreira, Hút6ria financeira, pp. 696, 697; Memorándum de Francisco
de Paulo Mayrink, Casa Rui Barbosa, Pasta Banco do Brasil. Mayrink de hecho
aseveró que Ouro Preto intentaba arruinar al Banco do Brasil.
39. Banco do Brasil, Relat6rio, 1890, p_ 14.
40. Ministério da Fazenda, Aux,1ios a lavoura (Rio: (mprensa Nacional, 1889), p.
53.
41. Banco do Brasil, Relatório, 1888, pp. vü, 22.
42. !bid, 1890, p. 32. El Banco do Brasil continuó reduciendo sus obligaciones hlpotecarias, de las cuales más de la mitad estaban atrasadas. De un alto nivel de
29 000 contos en 1879, bajó a 19 120 contos en 1888, 17 600 en 1889, y
13 034 en 1890, Relatório 1889, p. 20, 1890, p. 32, 34.
43. Amaro Cavalcanti, Resenha finaceira do império (Río: Imprensa Nacional,
1890), p. 50; Banco do Brasil, Relatório, 1888, p. 18. El Diario Popular observó el 30 de noviembre de 1889 que la ayuda a la agricultura no benefició a
aquéllos que realmente la necesitaban: "Los miles de contos ya entregados (por
el gobierno) han servido principalmente para consolidar las cuentas de dichos
establecimientos (bancos) y ayudarlos a liquidar deudas vencidas".
44. Jornal do Commércio, 8 de septiembre de 1889 en Casa Rui Barbosa, Recortes,
1889; véase también A Na~o que exponía que el plan daba "ayuda a los bancos Y no a la agricultura" en Joma/ do Cammércio, 30 de agosto de 1889 en
Recortes de CRB.
45. Memorándum Mayrink, CRB; O Dia, 30 de agosto de 1889, Recortes de CRB;
el South American Journal declaró el 14 de diciembre de 1889, p. 757, que
"durante más años de los que pudieran contarse la rama administrativa estuvo
podrido hasta la médula".

S. Topik: Revolución republicana y burgue1ía en Brasil

39

Re,enhafinanceira, p. 76.
48. Calculado de Castro Carreira, Hút6riafinanceira, vol 2, p. 776.
49. Jornal do Commércio, diciembre de 1889, CRB, Recortes 1889.
50. Juca Faro a Quintino Bocayuva, Río de Janeiro, 4 de enero de 1892 en QB
891.03.31 cp; Banco Hypotecário a Floriano Peixoto, Río de Janeiro, 18 de
octubre de 1893, en archivo F. Peixoto, AN Caixa 8L, Pacote 5.

51. Franco, Reforma monetória, pp. 84, 85. El crédito de la ayuda agrícola no se
con~ntró en la m!5"1a proporción en beneficio de los deudores de Rio, ya que
la ?1~tad de los prestamo_s del Banco do Brasil fueron a parar a Sao Paulo (Relatorw, 1~90, p. 4~) Y solo una cuarta parte al estado de Rio, aunque sin duda
la mayor1a de las hipotecas que ayudaban a refinanciar estaban en poder debancos C?n base en Rio. Más de tres cuartas partes de la ayuda a fondos agrícolas se
~lizaron a las provincias centrales de Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais.
52. Cazeta de Noticias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889.
53. Colson, " On Expectations", pp. 281,292.
54. Cazeta de Noticias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889; Banco do Brasil
Relatório, 1891, p. 4. Si bien no hay duda de que el control carioca sobre Sa~
Paulo era bastante fuerte, es probable que Colson exagere. Por ejemplo Colson
afirma que Sao Paulo aún dependía comercialmente del puerto de Río• cuando
en realidad, de acuerdo con el Relatório apresentado ao Ex. Sr. Presidente da
Provincia de Sao Paulo pela Commissao Central de Estatística, (SP: Leroy King
Bookwalter, 1888), pp. 128, 258, casi el 90º/o del café de Sao Paulo salía por
Santos ya en 1886-S7. Por otra parte, los bancos propiedad de paulistas como
el Banco de Comércio de Sao Paulo y el Banco de Ocdito Real de Sao Paulo ya
eran bastante importantes en 1887.
55. Joao Pedro de Veiga Filho, Estudo económico e financeiro sobre o estado de
Sao Paulo (SP: l'Yp. do Diario Oficial, 1896), p. 16.
56. Congresso Agrícola, cole~o de documentos (Río: 1878), p. 134.

57. Ze~ M. ~doso de Mello. "Contribui~es ao estudo da natureza do empre~nado paulista", en e] X encontro nacional de economía de la Associa~o Nactonal dos Centros de Pos-Gradua~o em Economía, Aguas de Sao Pedro, Río
Gr~e do ~ul, 1982 (Porto Alegre: 1982), 1060. 1064, 1068; Jospeh Earl
Sweigart, "Financing a.nd Marketing Brazilian Export Agriculture: The Coffee
Factors of Rio de Janeiro, 1850-1888", PhD. Dissertation, University of Texas,
Austin, 1980, pp. 225, 226.
58. C.F. van Delden Laerne, Brazil and Javo: Report on Coffee-Culture in Ame.
rica, Asia and A/rica to H. E. the Minúter of the Colonies (Londres: W. H.
Allen, 1885), p. 212.

46. Frank Colson, "On Expectations - Perspectivcs on the Crisis of 1889",lournal
of Latin American Studie3, 13 (1981), p. 285; Franco, Reforma monetária, p.
92; Banco do Brasil, Relatório, 1891, p. 3.

59. Sweigart, "Financing Exports", pp. 69, 70,225.

47. Almanak Laemmert, l 890, passim, Castro Carreira, ~l. 2, p. 77 6; Cavalcanti,

60. Los bancos británicos se habían fundado en 1862 y 1863, y un banco alemán en

�40

Siglo XIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

41

1888. Inversionistas franceses suscribieron la mitad del capital del Banco NacionaJ, Ministro de Fazenda a N. H. Rothschild, Rio, 8 de febrero de 1887 en
Cole',30 Francisco Belisário, IHGB, Lata 277, Documento 31.

71. Francisco de Paula Mayrink, Financas do Brasil; Discursos proferidos na Camara_dos Deputados nas sessoes de 25, 26 28 de agosto de 1891 (Rio: Companhia Impressora, 1891), p. 44.

61. Financia! News, Noviembre 26 de 1890 en Recortes de CRB. 1890; Banco da
República. Relatório, 1892, p. 22; Almanak Laemmert, 1889, passim.

72. Cazeta de Notícias, 16 de marzo de 1892; Almanak Laemmert, 1890, pp.
1132, 1211, 1212, 1~22; The South Americanlournal, 21 de junio de 1890,
p. 79_8. Uno d~ los duectores del BEUB incluso sugirió que la efigie de Rui y
~ayr_mk apare~~eran en la moneda del BEUB, idea que fue rechazada por considerars~le_pohtI&lt;:3~ente irrealizable. Resulta irónico que, cuando el gobierno brasdeno dec1d10 en 1985 crear el billete de mayor denominación a causa
de la peor inflación en la historia del país se imprimiera la efigie de Rui en el
billete de 10 000 cruzeiros.

62. Nelson Werneck Sodré, História militar do Brasil (Rio : Civiliza',30 Brasileira,
1965), P. 164.
63. Humberto Bastos. Rui Barbo&amp;a, ministro de independencia económica do Brasil
(Rio: Casa Rui Barbosa, 1949).
64. Pelaez y Suzigan, História monetária, p. 179; Silva, 1889, p. 73.
65. Véase, por ejemplo, Versiani. "lndustrializa,¡ao antes de 1914", p. 27; Rairnundo Faoro, Os Donos do poder; formai;ao do patronato político brasileiro, vol.
1 (SP: Editora Globo, Editora da USP, 1975), pp. 517-519; Sodré, Histório da
burguesía, p. 189.

e

73. Ministério da Fazenda, Relatório, 1890, p. 46; véase también Abranches, Atas
do govemo provisório.
74. Francisco de Paula Mayrink Lessa, Vida e obra do Conselheiro Mayrink (Rio·
Pongetti, 1975), pp. 27, 49, 54.
·

15. Cazeta de Notícias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889.
66. Jornal do Commercio, diciembre de 1889, Recortes de CRB, 1889. Esta cita
pone en duda la opinión común recabada a partir del Visconde de Taunay, O
Encilhamento, Cenas contemporaneas da Bolsa do Río de laneiro em 1890,
1891, e 1892 (1893 rpt. Belo Horizonte: Editora Itatiaia. 1971), según la cual
todos, desde el recadero hasta la alta burguesía, estaban involucrados en la especulación de vaJores. El banco que con mucho era el mayor y más activo en
actividades bursátiles. el Banco da República, reportó tener apenas unos 1 250
accionistas en 1892 (Banco da República, Relatório, 1892 (Rio: TYp. da Gazeta
de Noticias, 1892), pp. 20-24.
67. Citado en Silva, 1889, pp. 88, 89.

76. Carlos Viana Bandeira, Lado a lado de Rui (1876-1923) (Rio: MEC y Casa de
Rui Barbosa, 1960), p. 25.
77. Quintín? Bocayuva a R. Abreu, Valen(?, Rio de Janeiro, 11 de mayo de 1892
en archivo Q. Bocayuva, CPDOC, QB 891.03.31 cp. Véanse también: Ministério
da . F~nda, archivo en la Casa Rui Barbosa para solicitudes de cargos; Américo
Jacobina Lacombe, (ed.), Correspondencia do Conselheiro Manuel P. de Souza
Oantas
Dant°:' (Rio: Casa de Rui Barbosa, 1962), pp. 98, 106, 108, 121, 123; Lessa.
Mayrmk, pp. 149, 179-182, 195, 204; Barbosa Lima Sobrinho, Alberto Torres,
PP. 91, 92. El ofrecimiento de cargos llegó a los niveles más aJtos. El Almanak
La_e_mmert reportó en 1891, pp. 43, 44, 47, que Oeodoro designó a cuatro familiares en altos cargos y realizó maniobras para ganar senadurías para uno de
ellos.

68. Rui afirmaba que había puesto fin a la ayuda al programa agrícola porque los
bancos y no la agricultura, eran los que recibían los fondos. En cambio, autorizó al' Banco Hypotecário Nacional, en potencia el mayor banco hipotecario
en la historia del Brasil. la emisión de hasta 100 000 contos por hipotecas en todo el país. No es de sorprenderse que el presidente del banco fuese hermano de
Francisco Mayrink; más tarde el mismo Mayrink se hizo cargo de la empresa.
Véase Raimundo MagaJhaes Júnior, Ru~ o homen e o mito (Rio: Editora Civiliza,;ao Brasileira, 1965 ), pp. 5 6-58. Se suponía que el banco estaba financia~o
por capital extranjero, pero en realidad fue establecido por financieros _de R10.
Al mismo tiempo, Rui escnl&gt;ió a Prudente de Morais de Sao Paulo (R10, 9 de
agosto de 1890, archivo P. Morais IHGB) que no autorizaría un banco hipotecario regional para Sao Paulo porque "los bancos hipotecarios regionales nunca podrán producir resultados en un país que no puede organizar un sistema
de crédito sin capital extranjero".

81. Mail and Express, 7 de junio de 1890, CRB, Recortes, 1890.

69. Agencia Havos, Lisboa, 14 de diciembre de 1889, Recortes de CRB 1889;
Wyndam a Salisbury, Rio, 23 de diciembre de 1889, British Foreign Office
Box 658; Franco, Reforma Monetária, p. 100.

82. Mayrink a Rui Barbosa, 22 de agosto de 1890, CRB Pasta BEUB· Mayrink
Questao financeira, p. 42; Almanak Laemmert, 1890, p. 1207 ; Vítor Viana:
O Banco do Brasil (Río: JornaJ do Commercio, 1926), p. 609.

70. Banco do Brasil, Relatório, 1890, p. 14; Camara Syndical dos Corretores de
Fundos Publicos da Capital Federal. Relatório, 1895, P. 25.

83. Ministé!io da Fazenda, Relatório, 1890, p. 15 ; Mayrink a Barbosa, ibid; Felisbello Freue, Hislória ~o Banco do Brasil (Rio : Typ. d'O Economista Brasileiro,
1907 ), p. 171. El Diputado federal Oiticica observó en Documentos Parlamen-

78. Bandeira, Lad'! a lad~, pp. 41, 49, 50; Almanak Laemmert, 1891, p. 1261 ;
Magalhaes Junmr, Ruz, 71-80; John Schulz, " The Brazilian Army and Politics:
1850-1895)", PhD. Dissertation, Princeton University, 1973, p. 209.
79. Camara dos Deputados, Anais, 1896, vol. 6, pp. 331, 332.
80. 675.
Adams a Salisbury, Rio, 23 de enero de 1891 , British Foreiun
..,.. Office, Box

�42

Siglo XIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

tares Meio circulante 1893-1894 (Rio: Imprensa Nacional, 1917) que a principio~ de la década d~ 1890 "el Banco da República organi~ba todo lo que
fuera empresa, viable o no viable, posible o im~sible". Veiga en Estudo financeiro, p. 25, señaló que el Banco Uniao orgamzado en ~o Paulo por Ma}'rink debía 4 000 oontos en capital industrial Esto oontrad1~ un
el parecer de werner Baer y Anníbal Villela en "Alguns co~entanos a O~igens ,~
conseqUéncias da substitui~o de importa~es no Brasil de Albert Flshlow
en Estudos Económicos 3 (abril de 197 3), p. 130, en C?3nto _a que expansión de crédito a inicios de la década de 1890 no benefici? a la mdustna ~rq~e
prácticamente no hubo crédito bancario para ellos: casi toda la expans1on md ustrial provino de sus propias utilidades reinvertidas.

P:&gt;~

!ª

84. Alfonso Pena a F.P. Rodrigues Alves, Barbacena M. G., 2 de diciembre de
1891, en archivo A. Pena AP. 2-1.1.512.
85. Mayrink en Quest.ao financeira, pp. 28, 38, 39, admitió ~ue tanto el BEUB ~mo el Banco Nacional habían hecho préstamos a sus drrectores, co~o lo ~ciera casi la totalidad de los bancos. Mientras que refutaba la afümac1on de F1gueiredo en el sentido de que el banco da República prestaba sus fondos a
"media docena de personas" Mayrink concedió que el banoo prestaba "sumas
extremadamente grandes" a ~as cuantas personas que recibían la mayor parte
de los préstamos bancarios.
86. Adams a Sanderson, Petrópolis, 4 de febrero de 1891, British Foreign Office,
R.G. 13.
87. British Foreign Office, 27 de febrero de 1891, Box 675.
88. Taunay, Encilhamento, p. 4.
89. Río News, 17 de enero de 1891.
90. Figueiredo, Década republicana, pp. 92, 94,215; Gazet.a de Notícias, 16 de marzo de 1892.

43

Economía brasileira, uma visao histórica (Rio: Editora Campus, 1980).

96. Barbosa Llma,Discursos, p. 154; Luz, Luta pela industrializar;ao, p, 174.
97. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, p. 352.
98. Cazet.a de Comércio e Finanr;as, 5 de diciembre de 1895, p. 2.
99. Wileman en Brazilian Exchange, p. 172, calculaba una baja real del 21º¡o en los
salarios entre 1890 y 1894. La gravedad de la situación fue descrita por el Ministério da Justi~ en Relatório 1892, p. 3: "Las crecientes estadísticas de crímenes cometidos recientemente en contra de la propiedad y en contra de la
seguridad individual; la audacia de sus autores; la vertiginosa velocidad con la
que crece la clase de los vagos y malvivientes; la enorme avalancha de los hetereogéneos elementos que actualmente componen la población de esta capi. tal. .. (demuestran) la urgencia de medidas apropiadas".
100. Sodré, História da burguesía, p. 162.
101. Arlindo A. Leoni, Embargos n. 2 286: Henry Lowndes, Conde de Leopoldina,
Embargados Banco do Brasil e a Uniao Federal (Rio: Typ. do Jornal do Commercio, 1918), pp. 9, 10, 13, 17, 22, 26. En una carta mecanografiada al reverso de la oopia del hl&gt;ro hallado en la biblioteca de Rui Barbosa, éste admitía que Floriano había provocado la quiebra de Leopoldina por razones políticas. Lessa,Mayrink, pp. 93,168,169.
102. Veiga Filho estima en Estudo Financeiro, p. 126, que se liquidaron dieciséis
bancos y cuarenta y siete oompañ ías tras del estallido del encilhamento en Sao
Paulo. En Río, según Levy, Bolsa de valores, p. 174, el número de bancos que
comerciaban en la bolsa cayó de cuarenta y tres en 1890 a catorce en 1892. Muchos de los más grandes fracasaron como el Banco Universal. El Banco da
República salió tan mal librado que el otrora gigante, producto de la fusión del
Banco Nacional, el BEUB y el Banco do Brasil, hubiera ido a la ruina en 1900
debido a las deudas contraídas durante el encilhomento, de no ser porque el
gobierno lo nacionalizó y lo sacó del apuro.

91. Barao de Lucena, Exposir;ao de motivos sobre a situ~ao financeira e ideias de
reforma (Río: Imprensa Nacional, 1891), pp. 11, 12; Ca.mara dos Deputados,
Anais, 1892, vol. 3, p. 134.

103. Rio News, 22 de febrero de 1892, p. 5.

92. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, p. 135. _El Jornal do Commérc'.? dijo en su Restrospecto comercial de 1891 que el Cierre d~! C~ngreso era_ un,~
conspiración en contra del erario" destinada a ayudar a los amigos financieros
de Lucena.

104. Freire, Banco do Brasil, p. 195. Stein en lndúslria texti4 p. 91, sostiene que esta emisión de bonos representaba la victoria de los industriales y que de allí en
adelante hubo un vínculo reconocido entre "el desarrollo industrial y la intervención del gobierno".

93. Pan American Union Bulletin julio de 1895, pp. 13, 14. F. P. Mayrink a R.
Barbosa, Rio, 22 de ;gosto de' 1890, CRB Pasta B~UB; _Freire, &amp;neo do Br~il,
p. 171 ; Viana, Banco do Brasil, pp. 603-604; Veiga Filho, Estudo financeiro,
p.25.

105. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, pp. 150,217; vol. 4, pp. 300, 329,
330. Los defensores del proyecto sostenían que todos los fümantes de la carta,
con excepción de 69, eran extranjeros que representaban a importadores, y no a
industriales. En cualquier caso, un considerable número de ellos eran industriales.

94. Franco, Reforma monetária, p. 122; Versiani, "Industrializa~o antes de 1914" ,
p. 10.

106. Congresso, Meio circulante, 1893, p. 61.

95. Levy, Bolsa de valores, p. 175; Camara dos Deputados, 189P2ul, voNI. 3uh,P. 14ed0.
Véase también: Maria Bárbara Levy, "O Encilhamento" en a o e aus .

107. Jornal do Commércio, 12 de junio de 1894, p. 4.
108. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, pp. 139-142, 148, 149. Wileman, en

�44

SigloXIX
Brazilian Exchange, muestra que muchas empresas aún realizaban ganancias de
más del lOºJo.

109

Las Finanzas Públicas en el
Ecuador del siglo XIX

Banco da República, Relatório, 1895, p. 24; Ministério da Fazenda, Relatório,
· 1895, p. 112; Congresso, Meio circulante, 1893, a 1895., p. 11.

Linda Alexander Rodríguez*

Las condiciones estructurales que retardaban el desarrollo político, social
y económico del Ecuador ~ l regionalismo, los aislados y casi autosufi-

cientes mercados serranos, el gran sector de subsistencia, las barreras geográficas que limitaban el flujo de bienes y de ideas, y la ausencia de consenso poi ítico- perturbaban también sus finanzas públicas. Fueron esos
factores, y no las ideologías, los determinantes fundamentales de las prácticas fiscales ecuatorianas. Como esas condiciones prevalecieron durante
todo el siglo XIX, no debe sorprender que existieran similitudes en los
problemas financieros que tuvieron que enfrentar sucesivas administraciones y en las soluciones propuestas para resolverlos. La persistencia de
tales obstáculos tampoco debe llevar a la conclusión de que en la economía política del Ecuador no cambiaba nada. Los gastos gubernamentales aumentaron y se diversificaron a medida que cambiaban las actitudes
hacia el papel del estado. En varias etapas de ese proceso evolutivo, sin
embargo, tentativas gubernamentales de equilibrar el presupuesto, cobrar y administrar los ingresos derivados de los impuestos, negociar préstamos extranjeros y efectuar otras operaciones fiscales fracasaron debido
al aislamiento geográfico, el regionalismo, la pobreza y la lucha civil. En
suma, aun cuando el sistema se desarrolló y se hizo más complejo, las condiciones físicas, económicas, políticas y sociales subyacentes restringían
la capacidad del estado de formular e implementar una política financiera.
Igual que en otros aspectos de la vida nacional, el regionalismo afectaba las finanzas gubernamentales. La costa proporcionaba la mayor parte de los ingresos del gobierno central. Desde 1830 la aduana, y en particular los impuestos a las importaciones, han sido la más importante fuente
de ingresos ordinarios del estado (v. cuadro 1). La costa y su principal ciu-

-Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de California en Los Angeles,
U.S.A.

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CUADRO 1

en
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~

INGRESOS ADUANALES COMO PORCENTAJE DE LOS INGRESOS
GUBERNAMENTALES EN Al"IOS SELECCIONADOS, 1830-1900

Afio

Cantidad absoluta1
en millares

1830
1832
1839
1846
1852 1ª 1
1853
1854
1855
1856
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871

312
200
321
371

310
546
503
498
559
623
927
559
542
549
565
745
752
765
880
1 346
1 463

1872

1873
1874
1875
1876
1877
1878
1879
1880
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1895
1896
1897
1898
1899
1900

1 681

1 768
1 525
1 127

1 329

1 278
1 438
1 830

981

1 155
1 775

385
2 817
2 478
3 181
3

2 333

2 860

3 509(b)

3 236(b)

3 678

5 373
6 129

º/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios

44
36
39
34
41
53

51

47
53
49
64
50
40
38
36
54
47
53
53
60
59
58

57
49
40
56
59
59
60
40

4:6

56
76
70
80
76
65
75

8h&gt;

~ ~( b)

78
79
6 008
79
7 396
91
l. Pesos corrientes de 1830 a 1880; sucres corrientes de 1885 a 1900.
(a) Incluye solamente los ingresos desde el lo. de noviembre de 1852

hasta el 30 de junio de 1853.
(b) Para este año fue imposible calcular el _porcentaje por disponer solamente de datos incompletos sobre los ingresos gubernamentales.

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FUENTES: Cálculos basados en datos de Ecuador, Ministro Secretario de
Estado, Exposición 1831; Ecuador¡ Ministro de HacíendaÁ Informe 1833,
1847, 1894,
1853, 1902.
1857, 1863, 1867, 873, 1880, 1885, 18i57, 1888, 1890,
1892,

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~

�48

Siglo XIX

dad, Guayaquil, eran la principal fuente de ingresos de la nación porque
producían casi todas las exportaciones del país y recibían la mayoría de
sus importaciones. La economía monetaria de la costa, en contraste con
la economía principalmente de subsistencia de la sierra, daba además al
estado oportunidad de imponer una variedad de impuestos directos e indirectos. Así, aun cuando la región contenía pocas personas, rendía al
gobierno ingresos mucho mayores que la populosa sierra. Además, empresarios costeños proporcionaron a los regímenes ecuatorianos la mayor parte de sus fondos de emergencia hasta la fundación del Banco .Central en
1927.
En el siglo XIX, los gobiernos frecuentemente recurrían a arbitrios
extraordinarios para financiar sus actividades porque los ingresos ordinarios, incluyendo los impuestos y los derivados de servicios y propiedades
del estado, no les proporcionaban fondos suficientes para cubrir los gastos del gobierno. Hasta la creación de bancos comerciales en la década de
1860, los capitalistas costeños aportaron préstamos voluntarios o forzosos
para cubrir el déficit presupuestario. El gobierno también buscaba tales
préstamos en la sierra, pero los nego.ciantes de la costa parecían ser blanco
fácil para tales exacciones porque poseían más capital líquido que sus contrapartes de la sierra. En la sierra la riqueza consistía generalmente en tierra, con la cual el gobierno nacional no interfería. Entre 1860 y 1925 los
bancos costeños reemplazaron a los individuos particulares como principal
fuente de préstamos al gobierno.
Los impuestos eran el segmento más importante de los ingresos ordinarios del gobierno, pero por una variedad de razones las diversas administraciones nunca fueron capaces de formular o aplicar un sistema tributario
eficaz. La pobreza del país y su escaso potencial de desarrollo, en vista de
la tecnología contemporánea, reducían la hase imponible. Al mismo tiempo, la política limitaba la capacidad impositiva. Había obstáculos geográficos, sociales y políticos para el desarrollo de un gobierno nacional fuerte.
Hasta bien entrado el siglo XIX el Ecuador fue una serie de regiones
tenuemente articuladas más que una nación. La tributación eficaz requiere
autoridad y eficiencia del gobierno, pero los regímenes ecuatorianos fueron en general débiles e ineficaces. La inestabilidad y la división civil características del sistema político ecuatoriano hacían la recaudación de impuestos difícil y en muchas ocasiones imposible. Aun en períodos comparativamente tranquilos, las actitl.ldes individuales dificultaban la recaudación: los ecuatorianos no tenían inclinación a pagar impuestos y el estado
no tenía fuerza para imponer en general el cumplimiento de la ley. Una de
las convicciones más intimas del país es que pagaba exceso de impuestos.

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

49

Sin datos exactos sobre la economía, el gobierno oo estaba en condiciones
de refutar semejante idea, ni de formular un código tributario racional ni
de juzgar la eficacia de sus sistema fiscal. Por último, durante el siglo XIX
los regímenes ecuatorianos no disponían de una burocracia entrenada para
administrar impuestos. Por consiguiente, el país se sirvió de los impuestos
fáciles de cobrar, sin considerar su equidad, su productividad o su racionalidad económica.
Los esfuerzos por aumentar la productividad del sistema tributario se
centraban en el procedimiento relativamente simple y generalmente ineficaz de modificar las leyes fiscales en lugar de corregir los problemas estructurales que dificultaban el proceso impositivo. Cuando la legislación
se reveló incapaz de resolver la cuestión, los gobiernos empezaron a pedir
préstamos para obtener los fondos necesarios. Como no podían obtener
fondos en el extranjero porque el Ecuador había dejado de pagar préstamos
anteriores y no podía reanudar el servicio de la deuda, la única alternativa
era el préstamo interno.
Los gastos gubernamentales aumentaron durante el siglo XIX a medida que el campo de su actividad se ampliaba. En el momento de la independencia, el papel del estado consistía principalmente en mantener el orden interno y la seguridad exterior, pero gradualmente se fue expandiendo
para incluir el bienestar social y el desarrollo económico, y la tendencia
culminó en la multiplicación de las funciones gubernamentales a medida
que el gobierno intentaba resolver algunos de los problemas sociales y económicos más complejos y apremiantes de la nación. El desarrollo del estado activo, que requería un aumento del gasto gubernamental, no dejó de
encontrar oposición ni evolucionó en forma sistemática. Los regionalistas,
por ejemplo, lograron más a menudo canalizar los nuevos recursos estatales hacia sus propios proyectos, que el gobierno modelar un consenso nacional. Con frecuencia el estado fracasó en la persecución de objetivos nacionales si requerían transferir recursos de una región a otra. Con todo, los
gastos gubernamentales nacionales aumentaron con el tiempo y el papel
del estado se expandió.
LA LUCHA POR EL CONTROL FISCAL
A lo largo del siglo XIX hubo una lucha de regionalistas y nacionalistas por
el recurso cada vez más valioso que era el estado. El conflicto entrañaba

enfrentamientos anuales entre grupos de interés que reclamaban porciones
mayores del creciente presupuesto nacional, así como un choque ideológico entre quienes intentaban centralizar el control fiscal y quienes defendían la descentralización. El Ecuador heredó de España un sistema financiero descentralizado que asignaba ingresos específicos a proyectos o acti-

�50

SigloXIX

vidades individuales. Después de la independencia, los regionalistas trataron de preservar y expandir el sistema antiguo, prefiriendo que agencias
especiales, juntas locales autónomas creadas para cumplir funciones específicas, recaudaran y desembolsaran la mayor parte de los ingresos gubernamentales. Por el contrario, los nacionalistas trataban de extender el poder del estado a través del control centralizado de los ingresos gubernamentales. En general los legisladores y los funcionarios locales defendían
la descentralización mientras que la rama ejecutiva era favorable a la centralización. Cada lado creía que su sistema era el que mejor satisfacía las
necesidades del país. Los nacionalistas argumentaban que un sistema de fi.
nanzas centralizado permitiría al gobierno asignar sus escasos recursos en
forma eficiente y así superar los obstáculos a la unidad nacional. Los regionalistas defendían un sistema descentralizado porque las dificultades
de la comunicación y la continua inestabilidad política hacía impráctico
un sistema centralizado. Creían que la descentralización aseguraría financiamiento ininterrumpido para proyectos y servicios locales vitales.
Los argumentos de los regionalistas y los nacionalistas encubrían desacuerdos más fundamentales relativos al desarrollo nacional. Los regionalistas juzgaban la eficacia y el valor de los gastos del gobierno según el impacto inmediato que tenían en sus respectivas áreas. Por lo tanto, favorecían los proyectos y servicios locales e insistían en que los fondos fueran
asignados de manera que imposibilitara su reorientación hacia otros fines.
Los nacionalistas preferían una asignación integrada y, en su opinión, más
racional de los recursos nacionales. Daban prioridad a los proyectos que
impulsaban el desarrollo nacional general, sin preocuparse por su impacto
en regiones particulares. Para emprender programas nacionales de desarrollo, el gobierno necesitaba el control fiscal centralizado que le permitiera transferir recursos de un área a otra. El conflicto entre esas dos posiciones se intensificó en la segunda mitad del siglo XIX mientras el crecimiento de la economía exportadora de cacao generaba nuevas expectativas sobre el papel deJ gobierno nacional. Tanto regionalistas como nacionalistas trataron de moldear el estado activo en emergencia a sus propios propósitos. Ninguno alcanzó una victoria duradera en la lucha que
abarcó todos los aspectos de las finanzas gubernamentales, incluyendo la
contabilidad, la tributación y el manejo del presupuesto. 1
Los ministros de finanzas trataron de tomar el control de las cajas o
tesorerías locales a comienzos del período nacional. En 1831 el ministro
de finanzas se quejó de que la nueva nación era en realidad cuatro estados diferentes en términos de finanzas gubernamentales: los departamentos de Quito, Guayaquil, Cuenca y Cauca -en ese tiempo este último era
considerado parte de el Ecuador-. Cada uno de los departamentos era intensamente regionalista y defendía sus propios intereses por medio de una

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

51

administración fiscal independiente. l&lt;:s posible que el sistema hubiera funcionado bien para la Gran Colombia, cuando la capital de la ~ación es~a
en la lejana Bogotá, alegaba el ministro, pero ahora con,ced1a demasiado
poder a departamentos individuales. En cambio prop~&gt;n1a_ una estructura
fiscal nacional en que las cajas departamentales actuanan simplemente como oficinas recaudadoras de impuestos. Sólo la tesorería nacional tendría
autoridad para desembolsar fondos gubernamentales. En opinión del ministro el control fiscal unificado no sólo fortalecería el estado nacional
sino q~e debilitaría y por fin eliminaría las sublev~ciones oc~i~n~das por
intereses regionalistas. Además, el sistema centralizado perm1tiria al gobierno uniformar los procedimientos de contaliilidad y simplificar las auditorías de las cuentas estatales.2 El congreso respondió instaurando un
sistema centralizado de finanzas gubernamentales. Como siempre, era más
fácil aprobar leyes que hacerlas cumplir.
Los informes de ministros de finanzas del siglo XIX están llenos de
quejas contra las autoridades locales que se negaban a obedecer la _ley y
las directivas ministeriales. Por ejemplo, los esfuerzos hechos para mtroducir un sistema de contabilidad único y para hacer auditorías en las cajas provinciales tuvieron escaso éxito. Eran demasiado pocas_ l:15 personas
fuera de Guayaquil que poseían habilidades contables suf1c~ente~ para
aplicar los nuevos métodos. Al mismo tiempo, muchos fnnc1onanos locales ignoraban la orden de presentar sus cuentas para su examen.3 El
impulso hacia la uniformación de la contabilidad recibió nuevo ímpetu
cuando en la década de 1850 e] ministro de finanzas introdujo una versión simplificada de la contabilidad de doble en~rada. Recibido por los
contemporáneos como un adelanto notable, el sistema nó parece haber
tenido éxito. La primera administración de García Moreno tuvo que introducirlo nuevamente en la década de 1860. En años posteriores, los
ministros de finanzas continuaron informando que las cuentas locales
se llevaban en forma irregular, que en el país se usaban muchos métodos diferentes y que era extremadamente difícil hacer auditorías en las
cajas locales. En consecuencia el gobierno no tenía un cuadro correcto
de las finanzas nacionales. Todavía en 1897 a los lilierales les costó mucho
implementar un procedimiento contable reformado porque había escasez
de personal con conocimiento ade~uado del sistema de r~gistro ~~ doble
entrada en las provincias internas. La lucha por la umformac1on y el
control de las finanzas gubernamentales continuó hasta bien entrado el
siglo XX.
La legislación impositiva constituía otra fuente de conflicto entre regionalistas y nacionalistas. Legisladores regionalistas introducían leyes
impositivas y modificaban las viejas de modo de asignar los ingresos a
proyectos o funciones específicos. P.ara impedir la desviación de esos

�52

Siglo XIX
L. A. Rodríguez: úu /inan'Z04 públicas en el &amp;uador

dineros, creaban juntas autónomas para recaudar y/o ~dmin~~rar esos
fondos. Las leyes de ese tipo condujeron a un sistema unpos1t1vo muy
complicado donde a los impuestos existentes se añadían muchos ~ gos
extra. Las tarifas aduanales en particular soportaban numerosos y finalmente ridículos cargos adicionaJes pese a los intentos del gobierno de simplificar los procedimientos aduanales consolidando los numerosos cargos
adicionales en un derecho único. Por ejemplo, la tarifa aduanaJ reformada
de 1885 sustituyó muchos cargos extra por un solo 20% adicional, c~~os
fondos serían subdivididos entre cincuenta y nueve proyectos y servicios
financiados por medio de los cargos adicionales. Tales reformas pr~ducían
solamente mejoras momentáneas, porque el congreso nunca vacilaba ~n
crear nuevos impuestos adicionales o suhllividir el producto de ~os eXJstentes.5 En consecuencia, la recaudación y el desembolso de los ingresos
siguió siendo un proceso tedioso y complicado hasta bien entrado el
siglo XX.
La legislación impositiva de intereses especiales tenía efectos negativos de largo alcance. Los impuestos adicionaJes prolif~~aban porque. e~an
la principal fuente de capital de desarrollo, y cada region estaba dec1d1da
a recibir su parte. Por ejemplo, la expansión del sistem~ _de trans~rtes en
el siglo XIX fue financiada con fondos especiales. Tamh1en del mismo modo se financiaron proyectos de educación, agua corriente, salubridad y
construcciones públicas. Inevitablemente, la legislación de intereses esp~ciales socavó los intentos gubernamentales de tomar el control de las fi.
nanzas nacionales; despojaba a la rama ejecutiva de autoridad para regular la recaudación de impuestos y asignar los fondos gubernamentales. El
costo de la recaudación de impuestos y la administración de programas
aumentaba a medida que se multiplicaban_ las age? cias especiales: La te~dencia a dividir los ingresos entre un creciente numero de agencias au!onomas reducía los ingresos de muchas juntas; algunas a veces no ten 1an
dinero ni para cubrir sus propios costos administrativos: En otros caso~, organismos autónomos tenían un e~cedente que ?? ~d1an gastar. El ~Jecutivo estaba impotente para corregir esos desequilihnos porque la ley 1mped ía la transferencia de fondos de una agencia a otra. Los problemas de la
contabilidad y las auditorías también aumentaban con la proliferación
de juntas. Muchos organismos utilizaban sus propios proc~dimientos pa~a
llevar sus libros, ignorando los pedidos del gobierno de umformar l~s metodos de contabilidad. En algunos casos, las agencias no estaban obligad~
por la ley a someter sus registros aJ gobierno nacional, y en consecuencia
el gobierno no tenía conocimiento ni control de un segmento grande del
ingreso y los gastos nacionales.6
Los esfuerzos de los regionaJistas en el congreso por utilizar el goh~~rno nacionaJ para capturar para sus áreas los s ímbolos del progreso tamb1en

53

tuvieron un efecto pernicioso sobre la formación del presupuesto nacional.
A medida que el campo de la actividad del gobierno se expandía en la segunda mitad del siglo XIX para responder a las crecientes demandas de
progreso material, los legisladores con frecuencia aprobaban gastos incompatibles con proyecciones realistas de los ingresos ordinarios. En lugar de
limitar el número de proyectos a los que el estado pod Ía efectivamente fi.
nanciar, el congreso aumentaba arbitrariamente las estimaciones o6ciales
de los ingresos gubernamentales de manera que, en el papel, los ingresos
cubrían los egresos que habían votado para sus distritos. Los ministros de
finanzas exhortaban infructuosamente a la legislatura a adoptar proyecciones reaJistas de los ingresos gubernamentales, basadas en las recaudaciones pasadas, para que el proceso presupuestario pudiera irse volviendo
más racional. El gobierno necesitaba presupuestos realistas para no tener
que buscar ingresos extraordinarios en préstamos a fin de pagar gastos ordinarios y necesarios. Pocos legisladores aceptaron tales proposiciones, especialmente durante el boom del cacao. En consecuencia, el estado con
tinuó soportando graves déficits hasta los últimos años del siglo XIX.
LA TRIBUTACIO
El sistema tributario ecuatoriano era a la vez inadecuado e injusto. Los ingresos tributarios nunca eran suficientes para cubrir los gastos ordinarios
corrientes porque los ecuatorianos eran renuentes a pagar impuestos. Las
recaudaciones más fructíferas de la nación eran impuestos indirectos, como derechos de aduana, que se recaudaban principalmente en la costa. La
clase gobernante ecuatoriana sólo aceptaba dos impuestos directos signi6cativos: el tributo de los indios y el diezmo, impuestos que recaían principaJmente sobre los pobres y sobre la región costeña, menos poblada. Los
gobiernos ecuatorianos trataro n de mejorar la recaudación de impuestos a
la vez que intentaban inútilmente convencer a los terratenientes de la sierra de que pagaran la parte de los impuestos que en justicia les correspondía.
El Ecuador del siglo XIX confiaba principalmente en los impuestos indirectos para los ingresos ordinarios del gobierno. De esos impuestos, los
más productivos eran los derechos de aduana (v. cuadro 1). Los ingresos no
derivados de impuestos, como los provenientes de servicios y propiedades
estatales, apenas contribuían una pequeña cantidad a los ingresos ordinarios del gobierno. Los impuestos directos no generaban ingresos sustanciales. Esto estaba en marcado contraste con el período coloniaJ cuando el
tributo de los indios, un impuesto directo a la población indígena, constituía la principaJ fuente de ingresos de la colonia (v. cuadro 2 ). El principal cambio en la estructura tributaria post erior a la independencia fue el
aumento en la recaudación de derechos de aduana. En la última parte del

�54

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

CUADRO 2

INGRESOS GUBERNAMENTALES
Fuente
Tributo de los indios

Aguardiente
Alcabalas
Temporalidades, Noyenos, Vacantes
Mayores y Menores
Tabaco
Papel Sellado, Habilitaciones,
Timbres Móviles
Orden de Carlos JU
Aduanas
Total

1807

1830

248 951 *
91 727
32 252

201 379*
39 618
69 605

71592
5 539

60 138
9 329

11317
81 663

15 892
1 000
311 500

543 041

708 461

* Pesos
FUENTE: Ecuador, Ministro Secretario de Estado, Esposición, 1831, Cuadro 1, 2.

período colonial los derechos de aduana se establecían en general en España, o en alguna otra parte del imperio, al exportar hacia el Ecuador. A
la entrada a la jurisdicción de la Audiencia de Quito sólo se cobraba una
modestasuma.7
La costa se había beneficiado con los camhios imperiales en las reglamentaciones del comercio de fines del siglo XVIII. En el momento de la
independencia la región estaba en medio de un boom de las exportaciones de cacao mientras que la sierra, el área más poblada del país, sufría
una prolongada depresión. Los tejidos, su principal industria de exportación, ya no podían competir con las telas europeas, mejores y más baratas. Además, tamhién su principal mercado, las minas del Perú, estaban
en declinación. En consecuencia, lejos de producir ingresos gubernamentales, la sierra los consurn ía. Por eso el gobierno nacional se apoyó en la
creciente economía exportadora costeña corno fuente principal de impuestos indirectos.8
Las exportaciones de cacao eran fundamentales para la economía y

55

el sistema fiscal de la nación. Aún cuando los productores de cacao pagaban impuestos a la exportación y diezmos - este último sustituido por
un cargo especial a la exportación cobrado sobre el cacao en la década de
1890- éstos no proporcionaban ingresos grandes al gobierno. En camhio,
las exportaciones de cacao contribuían a los ingresos nacionales en forma
indirecta. Las exportaciones de cacao producían los ingresos que permitían a los ecuatorianos adquirir un volumen relativamente alto de productos importados.9 Cuando la producción de cacao disminuía, o cuando había dislocaciones del mercado, las ganancias derivadas de la exportación caían; en consecuencia había que reducir las importaciones y los
ingresos del gobierno caían tamhién. La espectacular actuación del cacao como exportación hasta la década de 1920 pagó la expansión del
gobierno y la emergencia del estado activo en el Ecuador, pero el boom
del cacao no transformó a un país pobre, dependiente de la exportación
de un solo producto de la agricultura tropical, en una nación rica. Aún
durante los mejores años del cacao los impuestos a las importaciones no
fueron suficientes para superar los obstáculos al desarrollo que enfrentaba el Ecuador.
Durante el siglo XJX los ingresos de los gobiernos ecuatorianos dependían de los derechos de aduana, y sólo ocasionalmente se usaron para
promover el desarrollo. De las veinte leyes tarifarias promulgadas entre
1830 y 1894, ninguna era proteccionista. En algunos casos los códigos
eximían de impuestos a la maquinaria y bienes necesarios para industrias locales y proyectos públicos, o les aplicaban una tarifa reducida. Pero tales exenciones eran generalmente de corta duración. Como la inestabilidad política del país generaba reiteradas crisis gubernamentales, regímenes en guerra, enfrentados a la necesidad urgente de aumentar los ingresos, gravaban nuevamente los bienes antes exentos y aumentaba las cargas sobre la importación.10
Los regímenes del siglo XIX ensayaron varios métodos para estimar
los derechos de importación con el fin de crear un sistema tributario que
fuera a la vez productivo y fácil de administrar. Todos los gobiernos trataron de mantener los derechos equivalentes al 25°/o del valor en el mercado de los bienes importados. En el siglo XJX ese objetivo se alcanzaba
por medio de tarifas que daban el valor específico de los derechos por
cada artículo importado. El sistema tenía dos grandes dificultades. Pese a
las periódicas revisiones de las tarifas fijadas, los funcionarios aduanales
no lograban seguir el paso ni del aumento de los precios de los artículos
importados ni de la introducción de productos nuevos en el pa-ís, y la
aduana estaba siempre envuelta en complicados litigios sobre la clasificación correcta de importaciones no incluidas en la lista de tarifas. En consecuencia , los artículos que sí estaban en la lista y tenían tarifas fijadas ra-

�56

Siglo XIX

ra vez pagaban el 25°/o ad valorem; a veces los derechos de aduana caían
hasta el 10°/o del valor en el mercado antes que los funcionarios pudieran
aumentar los derechos para reflejar los precios aumentados. En la década
de 1860 se hicieron esfuerws por sustituir el 25°/o del valor por el sistema
de derechos específicos, pero esa reforma y otros esfuerzos por modificar
la estructura tarifaria fallaron. Los defensores del sistema existente alegaron que el estado podía mantener la productividad de la tarifa con sólo
revisarla frecuentemente; pensaban que era más fácil hacer esas revisiones
administrativas que tratar de controlar el fraude que un sistema ad valorem
pod ía acarrear.
Para la década de 1880 las tarifas específicas habían llegado a ser demasiado engouosas. En 1884, por ejemplo, importaciones legales estimadas en 15 416 163 gesos pagaron solamente 1 668 917 pesos de derechos
de aduana, el 10.8 1/o del valor declarado. Y la declaración aún de ese
modesto impuesto era una operación dificuJtosa. Antes de calcuJar la
tarifa, los importadores y los funcionarios aduanales tenían que ponerse
de acuerdo sobre la clasificación correcta de los artículos imponibles. Los
desacuerdos a menudo desemhocaban en prolongadas disputas que tenían
que resolverse en los tribunales o por funcionarios gubernamentales de
mayor categoría. Una vez que las autoridades acordaban una clasificación,
tenían que computar los derechos. Algunos gravámenes se calcuJaban en
base al peso, otros en base a las dimensiones de los artícuJos importados,
otros más según el número de piezas del embarque. Una vez establecido el derecho básico, los funcionarios aduanales tenían que sumar la
miríada de cargos adicionales destinados a financiar agencias o proyectos especiales. Esto a menudo requería una docena de cálcuJos diferentes antes de Uegar a lo que debía pagar determinada importación, y cada paso ofrecía amplio espacio para divergencias entre el servicio aduana)
y el importador.
La campaiia de la década de 1880 por la reforma de la aduana trató de
simplificar la administración aumentando al mismo tiempo la productividad de las tarifas. Las reformas se concentraron en dos puntos: el establecimiento de un derecho general uniforme y la eliminación de los numerosos
cargos adicionales. Varios ministros de finanzas propusieron un derecho único basado en el peso bruto de las importaciones, sistema que se
utilizaba con éxito en Colomhia, Venezuela, Costa Rica y icaragua. Los
reformadores afirmaban que México y Chile habían decidido pasar del impuesto ad valorem a otro basado en el peso bruto debido a la dificuJtad para controlar el fraude. Sostenían que sería más fácil administrar ese derecho que una tasa uniforme ad valorem porque no se pedía, al servicio aduana!, que estableciera el verdadero valor de los artículos importados, tarea
difícil porque los comerciantes podían presentar declaraciones falsas. 11

L. A. Rodríguez: úu finanzas públicas en el Ecuador

57

Finalmente el gobierno promulgó un nuevo código aduanal basado en
el peso en 1885. Pero la nueva legislación no establecía un derecho uniforme: en cambio dividía las importaciones en nueve clases, imponibles a tasas diferentes cada una. Los viejos cargos adicionales se consolidaban en
uno solo, del 20°/o. El derecho básico iría al tesoro nacional; los cargos
adicionales se distribuirían entre los proyectos y las agencias autónomas
autorizados por el congreso a recibirlos. El nuevo sistema impositivo aumentó por algún tiempo los ingresos de la aduana, pero para 1896 la recaudación ya había descendido al 21.69°/o del valor declarado de las importaciones legales. El ministro de finanzas se quejaba de que los ingresos
del Ecuador decaían en el momento en que otras naciones estaban cobrando derechos hasta del 38% ad valorem. Además, el 20% de cargo
adicional resultó insuficiente para financiar las agenciás autónomas, por
lo que el congreso impuso nuevos cargos adicionales. Para el nacimiento
del siglo el nuevo sistema aduanal había llegado a ser tan complicado, tan
engorroso y tan ineficaz como el que había reemplazado.12
En contraste con los impuestos aduanales indirectos, los directos disminuyeron en importancia durante el siglo XIX. Sólo dos impuestos directos, el tributo de los indios y el diezmo -un impuesto del 10% sobre
la producción agrícola bruta- eran significativos. Aun cuando en el
período colonial habían sido las principales fuentes de ingresos, después
de la independencia declinaron en relación con otros gravámenes. Los
enemigos de esos impuestos afirmaban que no eran equjtativos y que
constituían una traba para el desarrollo nacional. Sin embargo, el tributo
de los indios subsistió hasta 1857 y el gobierno no abolió los diezmos hasta
1889. Muchos ecuatorianos urbanos de clase media y alta se negaban a pagar impuestos directos, pero estaban perfectamente dispuestos a apoyar
los que recayeran en la población indígena. Los indios no sólo tenían que
pagar el tributo sino que en la sierra contribuían con una parte desproporcionada de los diezmos. La pesada carga fiscal sobre ese segmento de la población estaba en relación directa con su importancia en la sociedad ecuatoriana.
El tributo de los indios, el impuesto directo más productivo de la nación, se recaudaba únicamente en la sierra. En la costa no se había cobrado
desde 1820.13 Durante la primera década de vida nacional el tributo de los
indios representó entre un tercio y un quinto del total de los ingresos ordinarios del gobierno. Su importancia declinó en los años siguientes y finalmente fue abolido en 1857 (v. cuadro 3).
La campaña por la abolición del tributo indio y la contraria lucha por
mantenerlo constituyeron un aspecto de los conflictos regionales que dividieron la nación en el siglo XIX. Las condiciones locales }'. los valores so-

�L. A. Rodríguez: Las finanzas pública., en el Ecuador

58

59

Siglo XIX

ciales conformaban las actitudes en conflicto de la costa y la sierra sobre el
tributo de los indios. Los costeños se oponían al impuesto arguyendo que
los indios de la costa, liberados de esa pesada carga, producían más que sus
contrapartes de la sierra. Afirmaban que la abolición del tributo estimularía la producción en la sierra e integraría a los indígenas a la economía de
mercado, pero sus argumentaciones dejaban de lado dos problemas importantes. Sólo unos pocos indios vivían en la costa, y la población de la región estaba más integrada económicamente porque escaseaba la mano de
obra y porque la costa era el centro de la economía exportadora. Esas
condiciones no existían en la sierra. Los políticos y los terratenientes de la
sierra alegaban que el impuesto era necesario porque los indios eran perezosos y no trabajarían a menos que se les obligara a pagar tributo. Advertían además que el estado no podía permitirse perder tan importante
fuente de ingreso. Los legisladores serranos lograron frustrar los intentos
de varios gobiernos de abolir el tributo de los indios. Hicieron falta los
esfuerzos combinados de las administraciones de José María Urvina
(1851-1856) y Francisco Robles (1856-1859) para abolir el tributo en
1857 .14 Esos presidentes alcanzaron su objetivo porque ambos eran militares con fuertes vínculos con la costa. La insatisfacción en la sierra por la
abolición del tributo constituyó un elemento importante en el derrocamiento del gobierno de Robles y la subsiguiente llegada al poder de Gabriel García Moreno y los conservadores.

CUADRO 3
TRIBUTO DE LOS INDIOS, 1830-1857

Año

Cantidad en pesos

º/o de la renta
gubernamental ordinaria

1830
1831
1832
1839
1847
1855
1856
1857

201 379
205 652
197 000
176 845
168 188
150 558
156 995
147 289

28.4
26.4
35.6
20.3
15.2
15.2
14.9
12.6

Como se había previsto, los ingresos derivados de impuestos declinaron en forma dramática tras la abolición del tributo de los indios. En 1858
el ministro, de hacienda señaló que las cajas de las provincias del interior
ya no pod1an hacer frente a rus obligaciones. Para remediar esa situación
el ?obiemo t_uvo que_tra_nsferir fondos recaudados por la aduana de Guayaquil_ a las caJas de P1chmcha, Cuenca y Loja (v. cuadro 4). Como para el
gobierno la transferencia de ingresos de Guayaquil hacia las provincias del
interior era ~a solución de~adable pero necesaria, instó al congreso a
proveer a la sierra de sus propias fuentes permanentes de financiamiento. 15
El pr?b~ema de cobrar impue51:os ~n una región densamente poblada pero
econom1camente atrasada contmuo frustrando a generaciones de funcionarios gubernamentales. Mientras la industria y la agricuJtura de la sierra siguieran aisladas de la costa, la sierra tendría que recurrir a transferencias
de fondos de la costa para pagar servicios necesarios. Esa situación convenció a los costeños de que su área estaba siendo explotada para mantener a
un interior improductivo.

CUADRO 4
EFECTOS DE LA ABOLICIO DEL TRTBUTO E 1857

Provincia
Pichincha
Imbabura
León
Chimborazo
Cuenca
Loja
Total

Ingresos

Gastos

Déficit

3 499
1 857
1636
1 949
1 436
573

12 588
1 721
1 232
1 259
3 289
681

9 089

10 950

20 779

11 059

Superávit

136
404
690
1862
108
1200

l.

Sólo las cifras para Quito incluyen gastos militares.

2.

Estos déficits habrían sido mayores y más provincias hubieran tenido
déficit, a no ser porque en las cuentas de 1857 se incluyeron cobranzas tardías de tributos.

FUENTE: Ecuador. Ministro de Hacienda, Esposición, 1858, p. 5.
FUENTE: Cálculos basados en datos en Ecuador, Ministro Secretario de
Estado, Esposición, 1831; Ecuador, Ministro de Hacienda,Memorúz, 1833;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposición, 1847, 1855, 1857, 1858.

~us quejas pasaron a formar parte de la retórica regionalista y siguieron siendo fuente de conflictos hasta bien entrado el siglo XX.

�60

Siglo XIX
L. A. Rodríguez: La8 finanzu pública8 en el Ecuador

El diezmo era el otro impuesto directo importante en el siglo XIX
(v. cuadro 5). Los diezmos sustituían a un impuesto colonial llamado los.
novenos. El producto del diezmo se repartía entre la iglesia y el estado.
Hasta 1867 dos tercios del total recaudado iban a la iglesia y un tercio a1
gobierno. Posteriormente, como resultado de enmiendas al Concordato de
1862 negociadas por Antonio Flores Jijón, la parte del gobierno aumentó
a la mitad. El Vaticano además cedió al gobierno ecuatoriano una donación especial de diezmos de 1863 a 1866 que elevó transitonamente la
parte del estado a los dos tercios. A partir de 1872 el gobierno recibió el
60°/o de los diezmos. En todos esos acuerdos el estado aceptaha que la
iglesia tendría prioridad y el gobierno devolvería parte de esos fondos en
el caso de que la parte de la iglesia no alcanzara para atender a sus necesidades.16
Como el estado no poseía la burocracia necesaria para administrar
los diezmos, confiaba la recaudación a contratistas particulares. El sistema era ineficaz y daba lugar a muchos abusos; el gobierno recibía apenas una ínfima parte de lo recaudado mientras que los recaudadores a
menudo robaban a los indios y pequeños propietarios rurales. El gobierno
advirtió repetidamente a los recaudadores que no estimaran más del 10%
de la producción agrícola y que se abstuvieran de aceptar pollos, cuyes y
otros productos que era imposible dividir en diez partes. Pero los ministros de hacienda denunciaban que los recaudadores ignoraban los reglamentos y que sus abusos perjudicaban a la agricultura.17 El impuesto resultaba particularmente oneroso para los indios de la sierra, que se veían
obligados a desprenderse de bienes cuyo valor a menudo excedía al de todo el henefjcio anual de sus pequeñas parcelas. Como los diezmos se calculaban sobre la producción agrícola bruta y no neta, en los años buenos los
terratenientes podían llegar a pagar el 20 o el 30°/o de su ingreso. En los
años malos las obligaciones del diezmo podían obligar a agricultores pequeños a abandonar la tierra. Dada la estructura socioeconómica del
Ecuador del siglo XIX, los indios eran particularmente vulnerables a la explotación por los recaudadores de impuestos. A veces las exacciones terminaban en choques s.angrientos entre comunidades indígenes y recaudadores; en otros casos los sobrecargados indios abandonaban sus tierras y
huían a la costa para salvarse de los impuestos.
El diezmo rindió más altos ingresos en la sierra que en la costa durante
la primera mitad del siglo XIX. Hasta 1850 la mayor suma producida por
los diezmos en la diócesis de Guayaquil ascendió a 34 761 pesos, pero después de la mitad del siglo la situación tuvo un cambio dramático. En 1854
el diezmo de Guayaquil produjo 43 842 pesos y para 1857 había aumentado a 127 589 pesos, mientras que los diezmos de Quito y de Cuenca
producían tan sólo 88 226 y 28 188 pesos, respectivamente. Como los

61

CUADROS
INGRESOS GUBERNAMENTALES PROCEDENTES DE
DIEZMOS, 1830-1889

Año
1830
1832
1846
1854
1855
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878
1882
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1
a.
b.

c.

Cantidad ahsoluta 1
60 138ª
37 820
37 634
57 075
43 107
81 334
117 723
92 537
200 518~
152 881b
431 089b
66 109
326 279
36 166
100 712
118 666
181 632
228 478
296 882
347 039
141 007
367 496
224 497
266 269
187 132
308 223
390 008c
448 378
451 656
392 150
363 754

º/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios

8.5
6.9
3.4
5.6
4.1
6.3
8.1
8.2
14.9
10.6
27.2
4.8
20.2
2.5
6.1
5.3
7.3
7.8
9.6
11.2
4.9
15.4
10.4
10.8
8.5
9.7
15.5
14.1
10.1
9.7
11.7

Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
Estimación del ministro secretario de estado en 1831
Los ingresos gubernamentales por diezmos aument~on en esos años
p~r una donación especial de la iglesia católica, impuesta por la enmienda al concordato del 26 de septiembre de 1862.
Ingresos gubernamentales procedentes de diezmos, 1830-1889.
Rentas gubernamentales estiniadas. El total recaudado por diezmos en
1885 fue de 686 663 sucres.

FUENTES: C~1;1!-1os basados en dato~ &lt;!e: E_cuador, Ministro Secretario de
Estado, Esposicton 1831; Ecuador, Ministeno de Hacienda Informe 1833
184?, 1855, 1857, 1858, 1863, 1867, 1880, 1885 1887 '1888 1890· EÍ
N,
acional (Quito) no. 327 (1868).
'
'
'
'

�62

SigloXIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

diezmos de todo el país para 1857 ascendieron a 244 004 pesos, Guayaquil sola había contribuido más de la mitad. De ahí en adelante la recaudación de diezmos aumentó lentamente en la sierra, pero en la costa se elevó en forma dramática debido al boom del cacao. Como eso coincidió con
la abolición del tributo de los indios, que constituía el mayor impuesto de
la sierra, el papel de la costa como principal fuente de ingreso g~ernamental se hizo aun más pronunciado. En un intento de aumentar sus mgresos, el gobierno tomó directamente el control de la recaudación del diezmo
en la costa en 1869. Sin embargo los contratistas particulares continuaron
cobrando el diezmo en la sierra hasta que se abolió en 1889. A partir de
1869 el gobierno se benefició directamente de la expansión económica de
la costa porque a través del diezmo recibía una cantidad sustancial del
del principal cultivo de exportación del país. Préstamos del Banco del
Ecuador financiaban la comercialización de las exportaciones de cacao del
gobierno.18
Muchos ecuatorianos criticaban el diezmo como un impuesto regresivo
que perjudicaba a la agricultura. Pero su importancia como fuente de ingresos y la ausencia de un impuesto alternativo en la sierra s~lenciaba~ a
sus opositores. En varias ocasiones diversos reformadores hab1an sugendo
que el gobierno debía reemplazar los diezmos por impuesto~ a la renta, y
a la propiedad, pero nadie aceptaba seriamente tales alternativas. Ad~mas,
la iglesia se oponía a su abolición hasta que encontrara un nuevo ~etod_o
de financiar sus actividades. Finalmente en la década de 1880 el mteres
económico indujo a los terratenientes conservadores y proclericales de la
sierra a unirse a sus contrapartes liberales y anticlericales de la costa para
suprimir el diezmo. El 16 de noviembre el gobierno ecuatoriano llegó a un
acuerdo con el Vaticano que abolía los diezmos y destinaba al sostén de la
iglesia un impuesto de tres sucres por mil al valor de la propiedad rural.19
Igual que en el caso del tributo de los indios, la abolición de ~os die~n:i~s
redujo el ingreso gubernamental, obligando al estado a cuhnr el deficit
con préstamos bancarios e impuestos adiciona1es sobre el cacao. La supresión de los diezmos no puso fin a los abusos relacionados con su recaudación en la sierra. Los cobradores de los nuevos impue.stos siguieron explotando a los pobres que cargaban con una parte desproporcionada del nuevo gravamen. Y quienes no podían pagar veían sus bíenes confiscados y
vendidos.
El bajo rendimiento del nuevo impuesto directo a la propiedad rura1
demostró que los grandes terratenientes serranos no estaban dispuestos
a pagar. Utilizaban su influencia para evitar el pago o subestimaban grandemente sus posesiones y por lo tanto su irnponihilidad. El gobierno no
podía derrotar a los intereses arraigados locales. Las actitudes hacia la
tributación no habían variado desde la década de 1850, cuando el gobier-

63

no fracasó en su intento de sustituir el tributo m·di'gen
·
d.
1
•
a por un impuesto
,recto a a pr?pieda_~ rura1. Como los ecuatorianos ricos rechazaban el
concepto de trihutac1on progresiva la practica coloru·a1 de
l
.
,
pasar os costos 0el gobierno a los menos capaces de pagarlos continuó hasta el siglo

1

XX.

La admini~tración de la tributación ha planteado problemas serios al
estado ecuatonano. Durante el siglo XIX y comienzos del XX
' ·
mente t 0 d l
. .
d h
, practica.
os os_ mmistros e acienda se quejaron de que los reglamentos
CXJstentes
eran madecuados , afirmando que la recaudac,on
·' d e impuestos
·
.
, .
meJ?raria si s~ _contara con legislación adecuada. Casi todas las administraciones modificaron las leyes impositivas convenci·das de
1
·
hah' fall
,
que as antenor~s
'.~ . ª~?, _pero pese a los numerosos cambios el rendimiento de
1~ tributac1~n- s1gw? _siendo bajo y los gobiernos escasamente podían financiar los servicios bas1cos. La historia de los impuestos al aguardiente local
hecho de caña de azúcar, es un excelente ejemplo de los problemas'.
.
Los fun;ionarios ecuatorianos estaban divididos entre la necesidad de
unJJ?ner algun gravamen al producto y el deseo de limitar su uso. La maY?na de los ~dministradore~ . deploraban, el amplio consumo de aguardiente, q~e ve ian como un Vicio que aflig1a a las clases bajas inutilizando a
los trabaJador~. Peco no podían abolir el impuesto porque lo consideraban una lucrativa fuente de ingresos; en realidad, funcionarios guherna'.11entales buscaban ~I modo de aumentar los ingresos procedentes de los
impuestos a las bebidas alcohólicas. Justificaban su acción destinando 1
productos del aguardiente a empresas meritorias como la manumisión
esli~lavos, Y proyectos de lazaretos, escuelas y obras para el bienestar púb co.

J:

f

El gobiern~ ~e Antonio Flores Jijón estableció el modelo de buscar
ormas de maxu~~zar los ingresos derivados del aguardiente. En septiem~~e de 1830 ahoho ~1- monopolio estatal del alcohol que existía, reemplanandolo p~r el reqws1to de u~a ~~encia para los productores. Pero la ley
O
e prov~y~ nada sobre ~u ~phc~c1on y la accidentada topografía facilitaba
1
flo1:e~1m1e~to de destilerias sm licencia. Como era de esperar, el sistema
restto maphcahJe, para junio de 1831 el gobierno de Flores reconoció
su, acaso Y lo abolio. A continuación introdujo un impuesto a la caña de
azu~ar, que se cobraba a nivel local y se basaba en la cantidad de tierra
:1tivada.. Para estimular una administración eficiente, la ley autorizaba
as ~utondades canto~ales a re~audar el impuesto y a retener el 5°/o de lo
0
_hterudo.
nuevo metodo fallo cuando los propietarios se negaron a refstrar sus _tie~as. Como los funcionarios cantonales tenían vínculos sociaes Y econom1cos con los terratenientes locales, no podían imponer la ley.

r,

E!

�64

Siglo XIX

El congreso suspendió la medida en noviembre de 1831 y de ahí en
adelante se asignó a todos los destiladores, importadores y distribuidores
de alcohol conocidos, un cargo mensual de entre uno y seis pesos, según la
magnitud de las- operaciones y las circunstancias locales. Pero el nuevo
arreglo tampoco generó mucho ingreso. En 1835, sólo cinco años después
de su abolición, el gobierno de Rocafuerte volvió a imponer el estanco de la
producción de- azúcar en la sierra, conservando para la costa un sistema de
cargo mensual modificado. Pero el estanco volvió a fracasar y,fue abolido
otra vez en 1837. De ahí en adelante, el gobierno volvió a la política de
regular la producción y la venta de aguardiente.21
En las siguientes décadas los gobiernos ensayaron, descartaron .y volvieron a instaurar una variedad de enfoques en su búsqueda del mejor método de extraer ingresos al aguardiente. El congreso aprobó catorce leyes
que reestructuraban los impuestos a las bebidas alcohólicas entre 1830 y
1893. Todas resultaron por último inadecuadas. Sucesivos ministros de
hacienda pidieron cambios en las leyes que regulaban el tráfico de alcohol
en la vana esperanza de terminar con el fraude y el contrabando, aumentando a la vez los ingresos gubernamentales. La mayoría de Los administradores creían que si pudieran descubrir el modo de cobrar impuesto a
todo el aguardiente que efectivamente se producía y se comercializaba en
Ecuador, podrían recaudar ingresos inferiores solamente a los aduanales.22 Por consiguiente, muchos gobiernos dedicaron cantidades extraordinarias de tiempo y esfuerzo a tratar de aumentar una fuente de ingreso que
raramente producía siquiera el 5°/o del ingreso estatal (v. cuadro 6).
Pero ni leyes perfectas hubieran podido asegurar la recaudación eficiente de impuestos al aguardiente. El problema estaba en las actitudes del
público hacia la tributación y en la incapacidad de los funcionarios públicos para imponer las leyes fiscales. El gobierno simplemente no tenía
el personal necesario para aplicar las leyes fiscales y cobrar los impuestos. Sus empleados, mal preparados y mal pagados, encontraban más conveniente acceder a los deseos de los que debían regular que obedecer las
instrucciones del gobierno.
Además, gracias a las influencias locales los funcionarios del aguardiente solían ser parientes y amigos de los destiladores clandestinos: los
lazos de parentesco y las relaciones clientelares hacían improbable que personas influyentes fueran castigadas o la producción ilícita en gran escala
terminara. En cambio la aplicición de la ley solía desviarse hacia el pequeño productor y el transgresor modesto. Pero aún en los casos en que los
funcionarios se proponían aplicar la ley, se lo impedía la escasez de personal para regular la producción y r:ecaudar impuestos en las regiones aisladas. Aún en condiciones ideales las reglamentaciones del gobierno sólo

L. A. Rodríguez: Las finanzas públietu en el Ecuador

CUADR06

INGRESOS GUBERNAMENTALES DERIVADOS DEL AGUARDIENTE
1830-1924
0

Año
1830
1832
1836
1837
1838
1839
1846
1852
1853
1854
1855
1856
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878
1879
1882
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1895

Cantidad absoluta1
39 618
15 400
27 150
37 942
30 370
27 841
44 007
14 483
50 170
31 468
40 170
51 636
56 127
52 517
72 036
56 291
62 744
69 258
71 440
71400
66 493
90 687
100 404
100 844
112 074
118 410
122 632
121 408
134 627
97 667
122 436
124 165
83 425
180 633
149 558
154 198
146 234
112 794
112 714
132 643
171827
185 834
176 679
75 430

/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios
5.6
2.8
3.6
4.9
3.8
3.4
4.0
1.8
4.8
3 .1
4.8
4.9
4.4
3.7
6.4
4 .1
4.4
4.3
5.2
4.4
4.6
5.5
4.4
4.1
3.9
3.8
4.0
4.2
5.7
4.5
5.0
4.1
3.8
5 .7
5.9
4.8
3.3
2.8
3.6
3.2
4.8
4.9
4.1
a

65

�66

Siglo XIX

L. A. &amp;dríguez: Las fuumz&lt;U pública&amp; en el Ecuador

CUADR06

Año
1896
1897
1898
1899
1900
1901
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924

Cantidad absoluta1

tenían probabilidades de ser aplicadas en las inmediaciones de las grandes
ciudades o junto a los principales caminos.

(sigue)

°lo de los ingresos
gubernamentales ordinarios

267 822
322 106
330 205
337 553
379 826
339 093
356 786
343 758
355 861
254 161
541 525
384 678
586 900
832 361
721 323
752 404
797 847
962 265
1 023 099
928 297
1048251
1 035 865
1 260 761
1 020 461
976 480
743 401
953 563
1 511 240
1 485 824

l.

Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

ª·

Datos incompletos impiden calcular el porcentaje.

67

a

4.7
4.2
4.4
4.7
3.2
3.8
3.4
4.2
2.2
4.2
3.1
4.6
5.2
5.4
5.6
4.0
4.8
6.0
6.2
6.5
6.3
9.1
6.7
5.7
4.7
5.l
8.2
7.0

FUENTES: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministerio de Hacienda Informe 1833 1847 1855 1857, 1858, 1863, 1867, 1880, 1885, 1887,
1888, 1890, 1892, 1894, 1898, 1901, 1902, 190~,. 19~6, 1912, _1913,
1915 1916, 1917, 1919, and 1921; Ecuador, M1msteno de Hacienda,
Boletín de estadística fiscal y comercial III {1912), VII (1_917); El Nacional (Quito) no. 327 (1868); Ecuador, Ministerio Secretario de Estado,
Esposición 1831· Ecuador Ministerio de Hacienda, libro de balances
1919-1920, 1922-1925; E¿uador, Ministerio de Hacienda, Balance general
y sus anexos 1920.

Para superar esas dificultades, muchas administraciones confiaron la
recaudación de los impuestos sobre el aguardiente a contratistas particulares, puesto que la experiencia había demostrado que éstos eran más
eficientes. Cuando el gobierno nacional intentó recaudar los impuestos,
los ingresos cayeron abruptamente. Peco también los recaudadores independientes tenían sus defectos. Como el estado carecía de datos sobre la
producción y el consumo de aguardiente, no podían establecer un precio
mínimo basado en una estimación realista del rendimiento del impuesto,
y tenía que aceptar la oferta más alta. Así, el gobierno actuaba sin CO·
nocer la cantidad de beneficio que obtenían los recaudadores, lo que en las
áreas más alejadas planteaba problemas serios. Los recaudadores privados
tenían además el poder de impedir al gobierno que los reglamentara o
creara competencia. Muchos de ellos, que se dedicaban a la compra en
gran escala y la distribución de aguardiente, compraban grandes cantidades del alcohol y las almacenaban. Si el estado intentaba cobrar directamente los impuestos o rematar el contrato a algún otro, el recaudador saliente lanzaba al mercado su provisión de aguardiente. Esa venta no sólo
atascaba el mercado sino que, como ese licor ya había pagado el impuesto,
reducía profundamente los beneficios del nuevo recaudador y los ingresos gubernamentales. Así unos pocos individuos monopolizaban las subastas del impuesto al aguardiente, y el estado raras veces pudo desafiar con
éxito su posición de privilegio.25
La experimentación con diversos enfoques para aumentar Ja eficacia
de la tributación no se limitó a un solo artículo. Los legisladores modificaban continuamente las leyes impositivas en su esfueczo por aumentar los ingresos gubernrunentales, pero, al igual que en el caso del aguardiente, esos esfuerzos fracasaron porque no apuntaban a los obstáculos
reales. La legislación no podía modificar las actitudes públicas hacia el
pago de impuestos, y el congreso nunca creó la burocracia adecuada, bien
preparada, necesaria para imponer la tributación a una población renuente.

LA DEUDA EXTER A
Mucho gobiernos latinoamericanos del siglo XIX recurrieron a los préstamos extranjeros como forma de atender gastos extraordinarios, especialmente a comienzos del período independiente. Pero el Ecuador no podía negociar préstamos porque no había pagado su parte de las sumas obtenidas en préstamo por la Gran Colombia durante la guerra de independencia. 24 En 1838, el Ecuador asumió el 21.5 por ciento de la deuda,

�68

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las rmanztu públicas en el &amp;uador

equivalente a 1 424 579 libras esterlinas (7 122 896 p~s).2 ~ Durante los
diez años siguientes no pagó nada debido a que los co~flictos mtern?s ocupaban toda la atención y todos los fondos de l°:' gobiernos del pa,s. Para
1848 la deuda había aumentado, con los intereses no pagados, a
17 210 475 pesos.26
El gobierno ecuatoriano inició, en 1850, renegociaciones con los representantes de los poseedores ingleses de bonos de la deuda de la Gran
Colombia. Después de cuatro años de difíciles regateos,, las ~a.rtes llegaron
a un acuerdo para el pago de la deuda. El Ecuador acepto emitir nuevos bonos en septiembre de 1855 por valor de 1 824 000 libras esterlinas
(9 120 000 pesos) para refinanciar la deuda original y 339 421 libras esterlinas de intereses atrasados. Esos ''bonos ecuatorianos de la deuda extranjera consolidada" pagarían un in~rés del 1% ~ual mientras los ingresos
de la aduana de Guayaquil estuVIeran por debaJo de los 400 000 pesos
anuales· de ahí en adelante la tasa de interés aumentaría proporcionalmente ~ lo recaudado hasta alcanzar un máximo del 6%. El gobierno retuvo un cuarto de los ingresos de la aduana de Guayaquil para pagar capital e intereses. Los nuevos bonos no consolidaban todos los intere~s no
pagados que se habían sumado al ~apita! original. El Ecuador cancel~ ~a~te de los intereses cuando entrego a los poseedores de los bonos bntán~cos ciertos documentos peruanos que tenía; el resto de la deuda se amortizaría cediendo a los acreedores grandes extensiones de tierr~ en Esmer~:
das y en el Oriente. Esa parte de la deuda no producía interes_ y se cuhn?
con una emisión especial de bonos, llamados "bonos ecuatonanos provisionales"1 por la suma de 996 646.50 libras esterlinas (4 98~ 232.50 pesos). Los adquirentes de los bonos tenía~ veintiún añ~~ a partir de la_fecha
en que entró en vigor el acuerdo para ejercer su opc10n sobre las- tierras.
, automati;31Den
, ·
te .27
Si no lo hacían, los bonos se cancelar1an
El acuerdo de 1854, igual que todos los arreglos suhsiguien~ ~ntre el
Ecuador y sus acreedores extranjeros, se convirtió en blanco de _c~1tícas severas y cada vez más duras. Desde el momento en que se ratificaban los
acuerdos sobre la deuda, empezaban los ataques de los críticos internos
del gobierno, que pensaban que los términos eran demasiado one~os&lt;:&gt;5.
Los vecinos de Ecuador, Colombia y Perú, también plantearon ob~ec10nes al tratado porque afirmaban tener derecho sobre algunas _de las tierras
cedidas a los poseedores de bonos.28 Esos prolongados vo~1íerantes a~ques al acuerdo sobre la deuda proporcionaban una rac1onal1dad al subsiguiente incumplimiento.

r

Entre 1855 y 1891 el Ecuador hizo apenas unos pocos pag~s según el acuerdo de 1854. Inic!alm~~te suspendió los pagos durante periodos
de perturbación interna e mvasion externa, como en 1859-1860, 1863

69

y 1864. García Moreno trató, sin éxito, de renegociar la deuda durante sus
dos administraciones (1861-1865 y 1869-1875) con la esperanza de obtener un nuevo préstamo para construir un ferrocarril de Guayaquil a Quito
y liquidar la deuda del gobierno con los bancos locales. En 1869 ordenó
una suspensión de pagos hasta que fuera ratificado un nuevo acuerdo. Los
representantes de Ecuador no podían renegociar la deuda anterior ni obtener un nuevo préstamo porque ni el congreso ni el público tenían expectativas realistas: se negaban a tomar en cuenta la historia de inestabilidad po·
lítica del país, su mal desempeño como deudor y su limitado potencial
para el desarrolle a corto o mediano plazo, e insistían por el contrario en
obtener términos similares a los acordados a las naciones europeas, mayores y más estables. Por ejemplo, los ecuatorianos proponían un préstamo
a cincuenta años al 6%de interés con un descuento de sólo 14%, garantizado por el 25°/o de los ingresos aduanales del país. Esos términos resultaban inaceptables para los financistas extranjeros, y el Ecuador seguía en
mora. Asediados por las dificultades internas, la mayoría de los gobiernos simplemente ignoraban la deuda externa. Aun cuando los acreedores
formaron la Ecuador Land Company Ltd., sus esfuerzos por llevar a la
práctica el acuerdo de transferir tierras a los poseedores de bonos extranjeros fracasaron. 29
En 1888, el presidente Antonio Flores Jijón dio prioridad a la restauración del crédito exterior del Ecuador porque el país necesitaba
capital extranjero para desarrollar un sistema de transportes moderno. Evidentemente no podía obtener capital mientras estuviera en mora. Después
de dos años de negociaciones, el congreso aprobó un nuevo acuerdo en
1890. El Ecuador accedía a emitir 750 000 libras esterlinas (3 750 000
sucres) en nuevos bonos para reemplazar las 1 824 000 libras esterlinas
(9 120 000 sucres) de los bonos consolidados de 1854 y las 442 560
libras esterlinas(2 112 800 sucres) de intereses no pagados que se habían
sumado en los veintitrés años que el país había estado en mora. Como
los poseedores sólo presentaron para su conversión bonos antiguos por
valor de 1 753 500 libras esterlinas el Ecuador sólo emitió bonos nuevos por valor de 713 900 libras esterlinas (3 569 500 sucres), al 4.5%
de interés anual durante los primeros cinco años y al 5°/o de ahí en adelante. Un impuesto adicional del 10% sobre las importaciones se destinaba a la amortización de la deuda. En el caso de que el nuevo impuesto
no produjera ingresos suficientes para pagar la deuda, el gobierno se com,
prometía a cubrir la diferencia con otras rentas.
Aún cuando el nuevo acuerdo beneficiaba al Ecuador, parte del público y algunos funcionarios gubernamentales sotuvieron que el gobierno
había reconocido una cantidad excesiva de la deuda original, que el plan
de pago era demasiado largo y los !f1tereses demasiado elevados. Los crí-

�70

Siglo XIX

ticos no tomaban en cuenta que el nuevo acuerdo consolidaba la deuda a
aproximadamente el 40% de su valor original y cancelaba completamente los intereses atrasados. no pagados. Sin embargo, los críticos triunfaron. En 1894, después de sólo tres pagos semianuales, el congreso suspendió los pagos a la espera de la resolución de la crisis monetaria mundial y
de una revisión del acuerdo de 1890. La administración Cordero logró
obtener un acuerdo nuevo y más beneficioso que entró en vigor en marzo
de 1895. El nuevo arreglo resultó tan efímero como sus predecesores.
Cuando los liberales llegaron al poder suspendieron los pagos de la deuda
externa en marzo de 1896 con el argumento de que la revisión de 1895
no servía a los intereses nacionales.30 El viejo problema de la deuda externa quedó sin resolver.

L. A. &amp;dríguez: úu finanzas públicas en el &amp;uador

oscila_ban entre 5?0 000 y 800 000 pesos. Pese a decididos esfuerzos por
reducir la deuda interna, para 1864 había aumentado y se estimaba en
3 903 201 pesos. Pese a que continuó creciendo durante el resto del
siglo, la expansión de los ingresos gubernamentales procedentes del cacao redujo la tasa de crecimiento de la deuda, de modo que sólo aumentó a 5 528 929 sucres para 1891 (v. el cuadro 7).32

CUADRO 7
DEUDA PUBLICA INTER A
1831-1891
Año

LA DEUDA INTERNA
Incapaz de cubrir sus gastos por medio de la t~utació? o de n_egociar nuevos préstamos extranjeros, el Ecuador recumo al prestamo mtemo para
cubrir su perenne déficit presupuestario. En 1836 Vicente Rocafuerte describió el tesoro nacional como agotado por la guerra, la falta de exportaciones y el estado de subdesarrollo de la agricultura. Esa situación subsistió todo el resto del siglo. A pesar de que los recursos gubernamentales aumentaron, especialmente después de la mitad del siglo, debido ~ la expansión de la demanda mundial de productos de la agricultura tropical, nunca
alcanzaban a cubrir las obligaciones del gobierno, que también habían aumentado. Los efectos de la inestabilidad política sobre las finanzas del gobierno se agravaron en 1852 cuando el congreso aprobó una ley que hacía
responsable al estado por los daños a la propiedad pri~~da re~ultantes de
invasiones extranjeras, insurrecciones y otros actos polthcos VIOientos. De
ahí en adelante las reclamaciones individuales por tales pérdidas aumentaron considerablemente la deuda interna .31
Los registros de las fmanzas públicas en el siglo XIX eran caóti~os, lo
que acarreaba pérdidas tanto para los particulares como para el gobierno.
Los acreedores o sus herederos con frecuencia no podían establecer la validez de sus reclamaciones. El desorden, sin embargo, favorecía a los inescrupulosos que presentaban con éxito reclamaci?n.es fraudule~tas o cobraban varias veces la misma deuda. umerosos mmtStros de hacienda trataro n valerosamente de imponer un control a los registros de la deuda interna, pero su éxito fue limitado : el Ecuador no poseía ni los recursos financieros ni el personal preparado para poner en orden sus finanzas. Por
eso fue imposible establecer la magnitud precisa de la deud_a interna ~e _la
nación en el momento de la independencia. Durante la pnmera adm1rustración de Flores (1830-1834 ). lo~ ,-álculos oficiales de la deuda interna

71

183 1
1865
1877
1888
1889
1891

Cantidad
absoluta1
800 oooª
3 903 201ª
4 432 99{'í
4 981 985
5 424 398
5 528 929

a. Estimados.
l. Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

FUENTES: Cálculos basados en datos de:
Ecuador, Ministro de Estado, Esposición, 183 1, p. 16;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposición, 1865, p. 12-13.
Ecuador, Ministro de Hacienda, Mem oria, 1880, p . 26 ;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 18 90, cuadro R;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1892, cuadro P.

La deuda interna estaba formada por diversas obligaciones. Las deudas heredadas de la Gran Colombia constituían la parte más importante
en .e! momento de la independencia: esa obligación consistía en bo nos
emtltdos por la Gran Colombia en 1827 que Ecuador aaimió al independizarse. Aun cuando el nuevo gobierno sólo fue amortizando lenblmente
esa deuda su importancia di,sminuyó rápidamente a medida que crecían
otras obligacio nes. Los s.alarios no pagados, las pensiones y beneficios de
retiro, los préstamos voluntarios y forzosos, los intereses y el valor de bienes Y servicios requisados sustituyeron pronto a los bonos grancolornhia-

�72

SigloXIX

nos como elementos más significativos de la deuda interna. En la segunda
mitad del siglo XIX los préstamos de bancos locales contribuyeron a la
creciente deuda interna.33
Los salarios civiles y militares atrasados se convirtieron en una forma
particularmente perturbadora de endeudamiento público. El gobierno no
podía reclutar empleados públicos capaces porque los salarios eran inadecuados y se atrasaban con frecuencia. Quienes ingresaban a la burocracia estaban tan preocupados por cobrar su sueldo que el gobierno quedaba casi paralizado. Los altos funcionarios del ministerio de hacienda tenían que dedicar una cantidad de tiempo tan desproporcionada a la consideración de exigencias de pago de salarios atrasados que sus demás tareas se resentían. La situación generaba además otros problemas porque
los empleados públicos no pagados con frecuencia no tenían otro camino
para sobrevivir que la corrupción. Y, desde luego, un ejército al que no se
pagaban sus sueldos constituía la peor amenaza' para el gobierno y el orden público: los soldados en la miseria recurrían al tumulto y el saqueo
mientras que sus oficiales tramaban revoluciones. Pese a esos peligros, la
mayoría de los gobiernos del siglo XIX suspendían periódicamente el pago
de los sueldos del ejército.
El estado intentó resolver el problema de los salarios por varias vías.
A corto plazo, recurría al expediente de pagar a sus empleados con boletas
de crédito que servían para pagar los impuestos o podían cambiarse por
tierras públicas en disputa, en el Oriente. La práctica se inició en 1830
cuando el gobierno emitió 100 000 pesos en títulos de crédito y se prolongó por todo el resto del siglo. Pocos empleados públicos estaban en
condiciones de utilizar los títulos para los fu:ies previstos o de esperar su
eventual redención; como tenían que venderlos para sobrevivir, se depreciaban rápidamente. Los importadores los adquirían con enormes descuentos y los usaban para pagar los derechos de aduana, reduciendo así los ingresos gubernamentales. En períodos de crisis financiera, el estado, desesperado por dinero en efectivo, se negaba a aceptar los títulos o bien los
aceptaba solamente como pago parcial de impuestos, deprimiendo aún
más su valor.
La única solución a largo plazo para el estado era amortizar la deuda,
pero aunque la mayoría ~e los presupuestos incluían sumas destinadas a
pagos atrasados, en general los fondos resultaban insuficientes para cancelar la deuda o se desviaban hacia el pago de otros costos. No era nada inusitado que los pagos de la deuda interna tuvieran décadas de atraso. Por
ejemplo, el 15 de agosto de 1855 el presidente de la Dirección General del
Crédíto Público anunció con satisfacción que la administración había

L. A. Rodríguez: Las finanZQ8 públicas en el Ecuador

73

amortizado una porción sustancial de la deuda interna acumulada hasta
e~ 6 de marzo de 1845. Pero más de 500 000 pesos de obligaciones del gob_1~mo, g_eneradas entr? marzo de 1845 y agosto de 1855, fecha de redacc10n,del mforme, segu 1an en pie y no se pagaron por otros diez años. Hasta
1~ _decada de 1890 los ~resupuestos incluían provisiones para la financiac10n de pagos atrasados.
_Durante los ~rimeros treinta años de vida nacional, los préstamos de
part1cul~res conshtuy~ron la principal fuente de ingresos extraordinarios
del gobierno. En penodos de desorden interno esos préstamos co~ frecuencia fueron la única fuente de ingresos del gobierno, porque la activid~d de los rebeldes impedía a la administración cobrar los impuestos.35
Sm embargo, a pesar de su importancia, la mayoría de los ecuatorianos
consideraba que los préstamos extraordinarios eran nocivos para el estado.
·
Los primeros dos presidentes ecuatorianos, Juan José Flores y Vicente Rocafuerte, criticaron severamente el costo de los préstamos de particulares. Durante esos años turbulentos, empresarios costeños exigían tasas
de interés de hasta el 3°/o mensual en préstamos a corto plazo al gobierno.
Y esas ~asas no eran excesivas si se consideran los riesgos que corrían los
prestamistas. Aunque algunos individuos hicieron fortunas considerables
prestando dinero al estado, otros, como Miguel Anzoátegui que ayudó a fi.
nanciar el movimiento independentista y además garantizó el préstamo para la guerra de 1832 contra Colombia, murieron en la pobreza. Los gobiernos generalmente pagaban con mucha lentitud a sus acreedores.
Pero además, _después de cada cambio de gobierno los nuevos dirigentes a menudo obligaban a los acreedores a renegociar los términos de sus
ª:uerdos, en especial si habían sido sus adversarios políticos. Las reclamaciones de esos infortunados individuos en general se reducían drásticamente y a veces eran rechazadas por entero. En vista de tales circunstancias, las altas tasas de interés estah'an justificadas. La literatura oficial sobre las finanzas gubernamentales en el primer período nacional en América ~atina está llena de referencias a los "agiotistas" que desangraban a los
gobiernos con s_us altas tasas de interés. Esas acusaciones, provenientes gener~mente d~ Jefes de estado o ministros de hacienda, no dicen que los
gob1e~nos teman una historia crediticia desastrosa y que los que prestaban
prove1an de fondos a regímenes que no tenían ninguna otra fuente de recursos. 36

BANCOS Y POLITICA
Dada la crónica insolvencia del estado y su limitada capacidad para au-

�74

Siglo XIX

mentar sus ingl"esoS ordinarios u obtener préstamos extranjeros, era natural que el gobierno usara su poder de autorizar la creación de bancos co~o
medio para obtener más fondos. La primera legislación sobre la au~~nzación de bancos vinculaba la aprobación de sus estatutos a la conces1on de
préstamos y otros servicios al gobierno. En las décadas de 1830 y 1840 v~rias administraciones trataron infructuosamente de promover el establecimiento de un banco en Guayaquil; buscaban impulsar el desarrollo económico de la nación y también crear una institución que refinanciara la deuda interna y le prestara al gobierno al 9°/o anual. Esos esfuerzos fracasaron
hasta la década de 1860, cuando la expansión de la economía costeña había alcanzado dimensiones suficientes para sostener nuevas estructuras financieras. Si bien los gobiernos siguieron endeudándose con p~rtic~ares
debido a su incapacidad para pagar salarios y responder a sus obligac10nes,
desde la década de 1860 se volvieron cada vez más hacia los bancos de
37
Guayaquil para cubrir el déficit de su presupuesto.
Entre el gobierno ecuatoriano y los bancos existía una r~lación de
dependencia mutua. Los bancos suministraban fondos al gobierno Y el
gobierno fijaba los límites de la actividad bancaria. La b~~a en el Ecua~~r,
era una empresa tan política como e~nómica. La expans1on o ~ntracc1on
del crédito generalmente dependía mas de las demandas de prestamos del
gobierno que de las condiciones económicas del país o de las instituciones
prestadoras.
Gabriel García Moreno, pür ejemplo, pidió al Banco Luzarraga, establecido en Guayaquil en 1860, que prestara a su administración 100 000
pesos a cambio del derecho a emitir billetes por valor de 500 000. El
estado se comprometía a aceptar los billetes como moneda legal en tod;1¡
las transacciones públicas, incluyendo el pago de derechos de aduana.
Acuerdos similares precedieron a la fundación de otros dos bancos de Guayaquil: el Banco Particular y el Banco del Ecuador. Entre 1860 y 1861
la administración de García Moreno pidió prestado a los bancos 500 000
pesos para defenderse de sus enemigos. Corno el conflicto político se_r~olongó por algún tiempo, el gobierno no pudo pagar sus deudas ~ _obligo ~
los bancos a renegociar la forma de pago. En 1863 y 1864 el regimen pidió prestados 800 000 pesos más para cubrir el déficit ~el presupuest~ Y
pagar la deuda anterior. De ahí en adelante el pago de prestamos bancarios
39
se convirtió en parte importante de! presupuesto n~cional. General_me~te
se daba prioridad al pago de los prestamos bancanos so~re otras obligac1~nes del gobierno porque el estado necesitaba nuevos prestamos P'";ª seguIC
funcionando. Pero los bancos, igual que antes los acreedores parbculares,
no tenían ninguna garantía de la lealtad o el apoyo del gobierno. Durante
el siglo XIX varios bancos de Guayaquil naufragaron cuando el estado, des40
pués de depender de ellos, los abandonó.

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

75

Los gobiernos ecuatorianos no siempre negociaban préstamos con los
bancos; en algunas ocasiones simplemente se apoderaron de los fondos.
En 1867 ~arcía Moreno o~li~~ al Banco Particular a entregarle 3 902 pesos depositados por el mumc1p10 de Guayaquil. Esa práctica llegó al extremo en 1882-1883, durante la lucha contra el gobierno de Veintimilla. En
esa época Guayaquil quedó en manos del presidente Ignacio de VeintimiUa mientras que Quito estaba bajo el control de una coalición de liberales
y conservadores autodesignada gobierno provisional. La coalición serrana
financió su campaña de dos maneras: primero se apoderó de 174 000 pesos de la cuenta personal de V eintirnilla en el Banco de la Unión de Quito
afirmando que probablemente los había robado al tesoro nacional. A continuación el gobierno obligó al Banco de la Unión y al Banco de Quito a
prestarle 130 000 y 125 000 pesos respectivamente. Veintimilla respondió
afirmando que el Banco de la Unión había transferido el dinero al Banco
del Ecuador en Guayaquil donde tenía una cuenta con saldo de 115 000
pesos. En Guayaquil el banco se negó a entregar el dinero sin autorización del banco de Quito. Entonces el general Veintimilla envió a sus soldados a cobrar un préstamo de 200 000 pesos. Estaba considerando pedir
un "préstamo" adicional al Banco de Crédito Hipotecario cuando lo derrocaron sus contrincantes a mediados de 1883.41
Generalmente los gobiernos empleaban formas más sutiles de coerción para obtener préstamos bancarios. Por ejemplo, el gobierno tenía derecho a aceptar o rechazar determinados documentos bancarios en las oficinas gubernamentales. Las instituciones cuyos documentos eran aceptados por las oficinas fiscales prosperaban; las que eran rechazadas enfrent:m~n una perspectiva desastrosa. Las licencias concedidas por el gobierno
limitaban el derecho de los bancos a emitir moneda, de modo que los bancos siempre estaban cortejando al gobierno para obtener el derecho a emitir más dinero. El 7 de noviembre de 1871 la administración introdujo una
ley bancaria uniforme que entre otras cosas exigía a los bancos mantener
una reserva de oro y plata igual a un tercio de la cantidad emitida en billetes. La misma ley establecía la regulación gubernamental a través de una
inspección periódica de los registros bancarios. Aun cuando ]a legislación
fue revisada en 1878 y de nuevo en 1886, el requisito de la reserva y la
provisión sobre la inspección gubernamental no fueron alterados. El estado utilizó ese poder de regulación en forma selectiva de acuerdo con su
propio interés. Los bancos que apoyaban al gobierno tenían tratamiento
preferencial. En algunos casos los inspectores bancarios entendían que
''.billetes en circulación" significaba solamente el dinero que estaba efectivamente en manos del público, mientras que en otros incluían también
lo depositado en las bóvedas de los bancos. Eso era importante porque en
el siglo XIX los bancos generalmente imprimían más billetes de los que la
ley les permitía. La reacción gubernamental variaba entre exigir el retiro

�76

SigloXlX

inmediato de todos los billetes con respaldo insuficiente, aunque el banco
estuviera en condiciones de acrecentar su reserva metálica, e ignorar el
asunto y dar a la institución un plazo ilimitado para retirar de la circulación el papel sin respaldo o aumentar sus reservas. La respuesta del gobierno en tales situaciones dependía de la relación que tuviera el banco con
el régimen.42
El gobierno aplicaba deliberadamente una poi ítica bancaria flexible
para fortalecer o desgastar la posición de determinados bancos. Por eso
para las instituciones financieras era conveniente cooperar plenamente con
el estado y conceder préstamos que eran parte integrante de la poi ítica fiscal del gobierno. El alto precio de no responder a las exigencias de una
administración y las recompensas a la complacencia se hicieron evidentes
antes de 1870. También quedó claro que los pasados servicios al gobierno
no aseguraban la posición de un banco: mucho más importante era la capacidad de proporcionar ayuda futura a regímenes eternamente escasos de
fondos. Sucesivas generaciones de banqueros no desaprovecharon esas
lecciones, y por consiguiente la política de los bancos reflejaba la comprensión de que las únicas instituciones no desechables en Ecuador e~
las que mantenían estrechos laws con el gobierno. Los banqueros ten1an
que estar dispuestos y en condiciones de subordinar una poi ítica bancaria
prudente a la conveniencia política.

L. A. Rodríguez: úu /inan%a4 públicas en el Ecuador

77

yó la fundación de un nuevo banco con capital y reservas suficientes para
prestar al gobierno 800 000 pesos y para convertir sus billetes en especie
cuando se le pidiera. Después de varios intentos infructuosos, un grupo de
empresarios de Guayaquil fonnó en 1867 el Banco del Ecuador, con capital y reserva considerablemente mayores que los del Banco Particular. Uno
de los primeros actos del nuevo organismos fue conceder al gobierno un
préstamo de 500 000 pesos en 1868, a cambio de un contrato que concedía al banco en exclusividad el derecho a presentar sus bilJetes a la par en
las oficinas públicas. Eso selló el destino del Banco Particular. El Banco
del Ecuador pasó a ser la principal fuente de ingresos extraordinarios de
García Moreno hasta su muerte en 1876. A fines de 1873 el gobierno deb Ía al banco 1 254 263 pesos y tenía una Iínea de crédito adicional de un
millón de pesos, que podía utilizar a voluntad. Para garantizar los préstamos García Moreno hipotecó el 90°/o de los ingresos aduanales de la nación, los diezmos de la diócesis de Guayaquil y la mitad de los ingresos
gubernamentales por el monopolio de la sal. En esencia García Moreno
cambió las principales fuentes de ingresos futuros del gobierno por un
crédito ilimitado del Banco del Ecuador.

La relación de dependencia mutua entre el gobierno y los bancos
prósperos que caracterizaba al sistema bancario ecuatoriano se establ_eció apenas se inició la banca moderna en 1860. Dos bancos de Guayaqwl,
el Particular y el del Ecuador, tipifican esa relación. El Banco Particular
fue el sostén de la administración de García Moreno en los años de 1862
a 1864, prestando al gobierno 800 000 pesos. A cambio de ello la administración se comprometió a aceptar a la par. los billetes del banco en
todas las oficinas públicas como pago de impuestos y contribuciones. Como el dinero a menudo se descontaba al trasladarse de una región a otra,
la aceptación de los billetes por el estado por su valor declarado _f~rtaleció
la confian7,a del público en la institución. Pero el apoyo del regimen no
duró mucho. En 1865 García Moreno resolvió no aceptar los billetes a la
par en la sierra; esa acción debilitó al Banco Particular y contribuyó a su
desaparición en 1870.43

Una expansión rápida de la cantidad de dinero existente a través de
la emisión de moneda por los bancos precipitó una crisis monetaria y financiera. Entre 1872 y julio de 1874 el valor del peso declinó de $1,02 por
dólar a Sl,63. En consecuencia el público perdió confianza en el Banco del
Ecuador y empezó a redimir sus billetes cambiándolos por oro y plata. Para
salvar al banco, el gobierno prohibió la exportación de esos metales y limitó el derecho del público a redimir billetes, dando al Banco del Ecuador
ocasión de reducir el volumen de su moneda en circulación y fortalecer su
posición financiera. El banco reclamó la mayor parte de sus préstamos a
particulares pero no exigió al gobierno que pagara su deuda a pesar de que
el estado era con mucho el mayor deudor. En ese caso las acciones del gobierno protegieron al banco, porque el gobierno continuó dependiendo de
él por su crédito. El Banco del Ecuador sobrevivió y continuó dando crédito a otras administraciones; siguió siendo el banco dominante en el país
durante el resto del siglo XIX y la principal fuente de crédito del gobierno.
En 1890 el estado debía al Banco del Ecuador 1 183 710 sucres, de los
2 046 148 que había obtenido en préstamos de bancos ecuatorianos.44

La quiebra del Banco Particular rstuvo directamente relacionada con
la campaña de García Moreno para obtener otro préstamo grande. En
1865, el gobierno decidió que la institución no era suficientemente grande
para proporcionar aJ estado otro préstamo importante y por lo tanto apo-

El monto de los intereses pagados a los bancos en el período de 1883
a 1889 (v. el cuadro 8) indica la continuada importancia de los préstamos
al gobierno y su carácter regional. Los bancos de Guayaquil, las instituciones más grandes y mejor capitalizadas del país, cuya fuerza derivaba del ac-

�78

SigloXIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

. extranieras
generadas por la economía
ceso al oro Y Ias diVisas
~
f costeña,
· ah 1
tenían la mayor parte de la deuda del gobierno. ~ fuerza en atiz a a
importancia de la región como principal fuente de mgreso gubernamental,
realidad que exacerbaba los antagonismos regionales.

CUADRO 8
INTERESES PAGADOS A LOS BANCOS, 1883-1889

Año

Instituciones
de Guayaquil1

Instituciones
de Quito2

1883
1884
1885
1886
1887
1888
1889

74 257
80 071
80 071
88 145
306 552
116 242
166 834

9 665
13 222
3 466
7 352
10 561
8 460
6 191

l.

2.

Total

83 922
93 293
83 537
95 497
317 113
124 702
173 025

Incluye: Banco del Ecuador, Banco Internacional y Corporación Comercial.
Incluye: Banco de Quito y Banco de la Unión.

FUENTE: Calculados a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1890.

LA EMERGENCIA DEL ESTADO ACTIVO
Los presupuestos del siglo XIX reflejan el ~umento del al~nce de la activi~
dad estatal. La tendencia secular aumento tanto en los mgr~so~ como e
los gastos gubernamentales en el período 1830-1895. El crec1m1ento de la
economía de exportación de la costa hizo posible el aumento d_e escala de
la actividad estatal. En 1830 los ingresos y los gastos se esti_n_iahan en
708 000 y 692 000 pesos respectivamente, aparte de gastos militares extraordinarios. Para 1893 el ingreso gubernamental había aumentad~ a
4 326 000 sucres y los gastos a 4 433 000. Ese aumento en los gastos iba

79

de la mano con la multiplicación de las funciones gubernamentales.
En los primeros decenios de vida nacional, los gastos militares y el servicio de la deuda consumían casi la mitad del presupuesto nacional. En
esos años, el gobierno en buena parte se limitaba a autopreservarse. Por
ejemplo, en 1830 el 73.9°/o del presupuesto se destinó a los militares. Durante los treinta años siguientes, los gastos militares siguieron
siendo eJ elemento más importante del presupuesto, absorbiendo cuando
menos el 30°/o del presupuesto y superando con frecuencia el 50%.
Esas cifras subestiman el nivel real de los gastos militares, porque grandes
gastos extraordinarios de guerra no se incluían en el presupuesto. Si bien
los gastos militares disminuyeron como porcentaje del presupuesto en la
década de 1860, siguieron siendo el renglón más importante deJ presupuesto de la nación durante todo el siglo. En la segunda mitad del siglo XIX las
fuerzas armadas insumieron entre un cuarto y un tercio de todos los ingresos ordinarios del gobierno. Períodos de guerra civil e inestabilidad política aumentaban los gastos militares; cuando se producían, el gobierno tenía que pedir prestados ingresos extraordinarios importantes. Como los
préstamos internos eran una necesidad política, el servicio de la deuda se
convirtió en el siglo XIX en parte significativa del presupuesto. Entre 1830
y 1878 el servicio de la deuda insumía normalmente entre un cuarto y un
tercio de los egresos ordinarios, pero en algunos casos llegó al 40°/o de los
gastos presupuestados.
Los gobernantes ecuatorianos, empezando por Flores y Rocafuerte.
aspiraban a expandir la actividad gubernamental en la educación, las obras
públicas y el bienestar general. Sus discursos, informes y legislación servirían como ideal para el futuro. Rocafuerte, por ejemplo, sostenía que los
caminos no sólo mejorarían la comunicación y el transporte sino que impulsarían el desarrollo económico. También creía que la educación era
imprescindible si el país había de tener una población ilustrada y productiva.45 Pero a pesar de que esas opiniones eran ampliamente compartidas
no había mayores posibilidades de llevarlas a la práctica en la primera mitad del siglo XIX. La pobreza de] país y su constante agitación política
impedían a los gobiernos destinar recursos a esos propósitos en cantidades
significativas. Durante los veinte años siguientes a la independencia el gobierno destinó menos del 10% de sus ingresos a la educación, las obras públicas y el bienestar.
El potencial de acción estatal empezó a cambiar en la segunda mitad
del siglo XIX, como resultado del rápido crecimiento del sector exporta-

�80

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanza, pública$ en el Ecuador

dor. Además el gobierno aumentó sus rentas al introducir en la costa un
sistema más eficiente de recaudación de impuestos. El aumento en los ingresos gubernamentales coincidió con un aumento de la demanda pública
y de que el estado adoptara un papel más activo en la expansión de la infraestructura socioeconómica de la nación. Los empresarios costeños en particular exigieron la introducción de mejores sistemas de comun~cación y
la expansión del sistema educativo.46
·
La mayoría de los historiadores han aceptado la idea de que García
Moreno fue el principal arquitecto del estado activo en Ecuador. Frede~ck
B. Pike distinguido estudioso que ha examinado cuidadosamente la literatura ~cundaria, resumió recientemente esa actitud al escribir: ''Pese a
la enconada oposición que provocó, García Moreno llevó más progreso a
Ecuador que ningún otro presidente antes que él o después. ,,47 Esa creencia está ampliamente difundida debido a la escasez de investigaciones sobre
la historia de Ecuador en el siglo XIX. Un examen de la acción gubernamental en la educación y las comunicaciones, sin embargo, muestra que
García Moreno no obró en forma distinta de otros dirigentes nacionales.
Pese a que el principal presidente conservador de Ecuador hizo contribuciones importantes en ambas áreas, no fue el primero en hacerlo y tales
empresas no se acabaron con su muerte.48

81
'

Un ~t,udio del -~eri~o 1841-1894 indica que la educación primaria
se expandio en relam~n directa con el crecimiento de la economía exportadora de cacao. El numero de escuelas aumentó de 166 en 1841 a 254 en
1857. Después de la asunción de García Moreno en 1861 la educación
contin,uó expandiéndose aproximadamente al mismo paso.' Y no declinó
despues de su muerte en 1875. En realidad, para 1894,justo antes de que
tomaran el poder los liberales, había el doble de escuelas, con dos y media
veces de los alumnos existentes en 1875, cuando García Moreno fue asesinado (v. el cuadro 9).
Las cifras del cuadro 9 obviamente no pueden evaluar la calidad de la
educación. Sin un análisis detallado de la educación en el Ecuador del siglo
XIX, no es posible sino extraer conclusiones elementales de los escasos datos disponibles. Sin embargo, el creciente énfasis puesto en la educación
el crecimiento del ~istema escolar y 1~, rápida expansión de los fondos gu~
bemamentales destinados a la educac1on, todo atestigua la importancia del
estado en la provisión de los servicios sociales necesarios para el desarrollo
de un sector urbano modernizante en Ecuador a fines del siglo XIX (v. el
cuadro 10).
CUADRO 10

GASTO GUBERNAMENTAL PARA EDUCACION, 1847-1893
CUADRO 9

EDUCACION PRIMARIA, 1841-1894

Año
1841
1854
1857
1867
1873
1875
1885
1890
1892
1894

Número de escuelas
166
212
254
343
433
526
800
853
1106
1 209

Número de alumnos
4 769
5 862
10 348
13 495
22 448
31 795
51 000
56 126
68 274
76 152

FUENTE: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministro de Instrucción
Pública. Informe, 1890, 1894; Ministro de Interior, Esposición, 1857.

Año

Cantidad1

Año

Cantidad1

1847
1855
1857
1863

3 052
7 639
15 234
35 307

1884
1887
1888
1889

244 638
284 397
317570
336 174

1865
1871
1879

50 952
151 189
191 624

1890
1891
1893

459 902
491492
379 005

1 Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

FUENTE: Calculado a ¡.,artir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda
Informe, 1847, 1855, 1858, 1865, 1873, 1880, 1885, 1888, 1890, 1892:
1894.

. Durante la se~nda mitad del siglo XIX también preocupaban al gobierno las obras publicas, en especial las comunicaciones (v. el cuadro
ll). En 1830-40 gastó en obras públicas 1 256 pesos, pero para 1891 ese

�82

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: úu finanza, públicas en el &amp;uador

gasto ascendió a 685 005 sucres. Como ya se ha indicado previamente'. ~l
gobierno dedicaba una parte considerable de sus recursos a la construcc1on
de caminos y más tarde a la construcción de vías férreas. En realidad , los
re novados esfuerzos por refinanciar la deuda externa de la década de
1880 estuvieron directamente ligados a los deseos de la administración de
obtener dinero para proyectos viales y ferroviarios. Aun cuando las administraciones de García Moreno y Antonio Flores hicieron contribuciones
importantes a la construcción de caminos en la sierra , fracasaron en el intento de construir un ferrocarril.

CUADRO 11

GA TOSGUBER AME TALE PARA OBRA PUBLICA
1839-1891
Afio

1839-40
1846-47
1854-55
1863
1865
1871
1879
1887
1891

Cantidad1
1 256
3 776

20 517
11073 1
139 017
430 025
512254
588 695
638 005

l. Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
FUENTE: Calculados a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1847, 1855, 1865, 1867, 1880, 1888 y 1892.

Para realizar tan gran proyecto los ecuatorianos necesitaban capital
extranjero que no podían conseguir en términos aceptables. ~os p~yectos de telecomunicaciones en cambio eran realizables, y el gobierno instaló un sistema telegráfico entre la cost a y la sierra entre 1880 y 1900. El
aumento de velocidad de la comunicación tuvo un impacto tremendo en
el país al provocar una dramática expansión de la autoridad guherna~ental.
El telégrafo permitió un grado de control fiscal de los fondos centralizados

83

nunca antes imaginado. Y el mejoramiento de las comunicaciones no sólo
hizo más fuerte y eficiente el gobierno nacional sino que condujo a un aumento de la demanda pública de servicios estatales que la prosperidad de la
nación a fines del siglo XIX paree ía posihilitar.49
La expansión de la educación y el mejoramiento de las comunicaciones son sólo los ejemplos más prominentes del surgimiento del estado
activo en Ecuador. Para el final del siglo la esfera de acción del gobierno
estaba altamente diversificada. Los ecuatorianos percibían cada vez más
al gobierno como encargado de un papel importante en la promoción del
desarrollo social y económico. Esa opinión derivaba en mucho ímpetu de
la continuada expansión económica de la costa y, paralelamente, de una mayor complejidad de la sociedad. También estaba ligada con deseos regionales de mejoramiento local. Guayaquil y la costa fueron las primeras en beneficiarse de los nuevos programas gubernamentales sobre los proyectos
de obras sanitarias y salud, así como embellecimiento urbano. Pero al poco tiempo Quito y otros centros serranos aspiraban a similares comodidades modernas.
Para las décadas de 1880 y 1890 era ampliamente aceptada entre los
Pr11atorianos la idea de que el estado tenía la responsabilidad de promo-

CUADRO 12

GASTO GUBER AME TAL E BIE ESTAR SOCIAL
1854-1893
Afio
1854-55
1863
1871
1878
1884
1888
1890
1893

Cantidad1
615
6 574
20 921
79 479
91 826
139 473
124 874
249 299

1 Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
FUENTE: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1855, 1865, 1873, 1880, 1885, 1890 y 1894.

�84

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

ver el bienestar económico y social, aunque es~an en ~esacuerdo sobre
el grado de participación gubernamental necesano. Por e1emplo, los gastos
en bienestar social aumentaron de 615 pesos en 1854-55 a 249 299 sucres
en 1893 (cuadro 12).
Para 1893 la educación, el bienestar social y las obras públicas ~r3'.1
depositarias del 26.8% de los gastos del gobierno. Sin embargo el p~nc1pal costo gubernamental siguió siendo el manteni~ent~ del ord~n mterno y la defensa exterior. Hasta el siglo XX no _h:ilma un mtento exito~o de
efectuar una diversificación masiva de las act1V1dades estatales a traves de
la asignación de una parte mayor de los recursos públicos a funciones no
militares.

Ec d Director del Tesoro "Informe. June 12, 1931 "; Ecuador, Presidente,
l. ''M::~j; especial", en Ecuador, Ministro de Hacrenda, Informe, 1930, p. 359.
2. Ecuador, Ministro de Estado, Memoria 1831.
3 _ Ecuador, Ministro de Hacienda, füposición, 1855, Documentos; Memoria,
1858, 36~ p. 5-8;Esposición, 1865, p. l.
4. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1863, p. 4; 1896-97, p. 60-61.
Ecuador Ministro de Hacienda, Esposicwn, 1873, p. 9; Informe 1883, p. 18;
· Informe: 1896-97, p. 25-26; Ecuador, Director del Tesoro, Informe, 1930,
Ec11ador, Ministro de Hacienda, lnfon-:ie, 1890, p._ 3~-3~j 1892, p. 5.1-52 ;
· 1894 P 26-27· Esmeraldas, Gobemacion de la Provmc1a., Info~e, abril 11,
' ·en Ecuador
'
· ,fo l n1orme,
r.
1894·• Leon,
1894"
Ministro de Hacren......,
. . Gobemad H
ción d~ la Provinci~ "Informe, Abril 18, 1894", en Ecuador, MIIllstro e acienda, Informe, 1896-97, p. 26.

7 Este mismo fenómeno ha sido señalado para la Gran Colombia ~r ~avi~
· Bushnell en The Santander Regime in Gran Colombia, Newark: Umvers1ty o
Delaware Press, 1954. p. 79.
8

10. Ecuador, Ministro de Estado, Informe, 1831; "Lei de Octubre 25, 1833", en
Ecuador, Primer registro auténtico nacional, Quito, 1839, I, p. 427-28 (cit. en
adelante como PRAN); Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1883, p. 18.
11. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1885, p. 18-22; füposici6n, 1867, p.
12-13; 1855, p. 11-12; 1857, p. 18-19; 1858, p. 19; 1873, p. 18-19;lnfonne,
1883, p. 14-18.

12. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1888, p. 7-11; 1896-97, p. 25.
13. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 12. Hamerly, en Historia social parece indicar que el tributo continuó cobrándose en la costa. Como el mismo autor indica que el resurgimiento demográfico de los indios de la costa es
atribuible en gran parte a la migración de la sierra, es posible que esos inmigrantes serranos hayan continuado pagando tributo.

15. Ecuador, Ministro de Hacienda,Esposicwn, 1858, p. 2-6.
16. El Nacional (Quito), no. 235 (6 de julio de 1866); no. 225 (14 de abril de
1866); Ecuador Ministro de Hacienda, Esposición, 1867; 1873, p. 10-11, 22;1nforme, 1888, p. 12. Para un examen de la política que rodeó la aprobación del
Concordato y las subsiguientes enmiendas v. César Bustos-Videla, Church and
State in Ecuador : A History of Politico-Ecclesiastical Relations in the Age of
Gabriel García Moreno. 1860-1875 , Tesis doctoral, Georgetown University,

1966, p. 57-97, 287-308, 326-334.

p. 21.
6

9. Ecuador, Ministro de Hacienda,Memoria, 1857, p. 18-19.

14. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria 1857, p. 8-13; Esposición, 1858, p.
2-3. Acerca de la dificultad para abolir el tributo de los indios cf. Marck van
Aken, 'The Lingering Death of lndian Tribute in Ecuador",Hispanic American
HistorÍCfJ/ Review, 61:3 (Agosto de 1981), p. 429-459.

NOTAS

5

85

s bre la economía de obrajes en la sierra ver Robson Tyrer, "The ~mographic
· ;d Economic History of the Audiencia of Quito". Sobre la econo~ 1a d~ la ~sta durante el primer período nacional, véase Michael T. Hamerly, Hutorwils~c~~
• · de la an,;=,n
y econom,ca
•.,._ provincia de Guayaquil.1763-1842, Guayaqu •
chivo Histórico del Guayas, 1973.

~

17. Ecuador, Ministro de Hacienda,lnforme, 1887, p. 8; 1885, p. 12; 1883, p.11;
Esposición 1855, p. 2; Memoria, 1857, p. 14, 21-22; Esposición, 1865, p. 6;
Memoria, 1880, p. 14-15. Para un estudio de la carga dediezmosaplicadaalos
indios v. Piedad Peñaherrera de Costales y Alfredo Costales, Historia social del
Ecuador, 3 vols. Quito: Llacta, 1964, I, p. 98-116.
18. Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposici6n, 1885, Cuadro A; 1858, p. 15-16;
1873, p. 10-11; Banco del Ecuador, Historia de medio siglo, 1868-1918, Guayaquil, Imprenta de El Independiente, 1919, p. 61.
19. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1833, p. 17; Informe, 1885, p. 12;
1890, Documentos xili-xv, p. 12-13; 1892, Cuadro E; 1894, p. 33-35. Para un
análisis del papel de Antonio Flores Jijón en la abolición de los diezmos v. Luis
Robalino Dávila, Orígenes del Ecuador de hoy, 7 vols., Puebla: Editorial Cajica,
1967-1970, VI, p. 219-247.
.
20. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 2-6; Ecuador, Gobernador
de la Provincia de Pichincha, "Informe, Abril 27, 1894 ", en Ministro de Hacienda, Informe 1894; Ecuador, Presidente, ''Mensaje, 15 de mayo de 1890", en
Alejandro Noboa, Recopilación de meTl$0jes dirigidos por los presidentes y vicepresidentes de la república, jefes supremos y gobiernos provisorios a las conven-

•

�86

L. A. Rodríguez: úu finanzas públicas en el Ecuador

SigloXIX

ciones y congresos nacionales desde el año de 1819 hasta nuestTos días, 5 vols.,
Guayaquil. Imprenta de A. Noboa e Imprenta de El Tiempo, 1900-1908, t. IV,
p. 1-13; Ecuador. Ministro de Hacienda. Informe, 1892, Cuadro E; Ecuado~•
Contaduría Mayor del distrito del Guayas, "I,nforme. 10 de agosto de 1853 •
en Ministro de Hacienda. Esposición, 1853.
21. Las leyes que regulaban el aguardiente en el prim~r período se encuentran en
PRAN, l, p. 56-57. 14647, 185-86, 317-18, 523-34.
22. V. por ejemplo Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición, 1845, p. 4-5 ; 1867,
p. 18;/nforme, 1863, p. 13; 1885, p. 10-12;E&amp;J]osición, 1873, p. 7; lnfonne,,
1887, p. 10; 1888, p. 16-17; 1890, p. 10; 1892, p. 15-17.
23. Los Informes de los ministros de hacienda contienen mucha informaci~n acerca
del aguardiente. V. especialmente los lnfo~es de 1901 1904. El,metodo _de
recaudación de los impuestos al alcohol vanaba en el pa1s: algunas_areas tenian
contratistas mientras que en otros el gobierno se encargaba de ello drrectamente.
V. Los Informes de. los gobernadores de Tunguragua, Chim borazo Y ~uay, en
Ecuador, Ministro de Hacienda. Infonne, 1901, para algunos de esos diferentes
enfoques.

,ª

24. Para una discusión de la fuente de esa deuda original v. David Bushnell. The
Santander Regime, p. 112-117• y Emilio M. Terán,lnfonne al Jefe suprem? General Eloy Alfaro sobre la deuda anglo-ecuatoriana, Quito, Imprenta Nacional,
1896,p. 147.
25. Ecuador, Ministro de Hacienda. lnfonne, 1912, CXLVIIJf-CL; Terán, Informe,
p. 61-95.
26. TeránJnfonne, p. 95.
27. /bid., p. 222-231; Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición, 1853, p. 7; 1855,
p. 5-7;/nforme, 1912, CXLVIII-CL; 1863, p. 5-7.
28 _ Para un estudio de las críticas a las diversas negociaciones y acuerdos del siglo
XIX entre Ecuador y los poseedores de bonos extranjeros v. Terán. Informe.
29. /bid., p. 417-597 ; Ecuador. Ministro de Hacienda. Esposición, 1865, p . ll_-12;
1867, p. 29-30; 1873, p. 22; Informe, 1888, p. 32; Documento XVII; Alejandro Noboa. Recopilación de mensajes, t. lll, p. 3-14. 19, 132.
30. Terán, Informe, p. 701-735, 743. 788-793; Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe 1890 Documento XVDI ; 1894, p. 44-50; 1912, CL-CLX; Ecuador,
Diario Oficial, 'no. 245 (20 de febrero de 1894); no. 287 (4 de agosto de 1894);
"Mensaje del Presidente al Congreso Extraordinario''. 24 de mayo de 1890,
en Noboa.Recopilación de Mensajes, t. IV. p. 15-31.
31. Ecuador Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 18, 19, 31-33; Informe,
1863, p.• 1-3; "Informe del Gobernador de la Provincia del Guayas", en Ecuador, Ministro de Hacienda. lnfonne, 1894.
32. Ecuador Ministro de Estado, Memoria, 1831, p. 16; PRAN, t. I. p. 35-36;
Ecuador: Ministro de Hacienda. Memoria, 1833, p. 34; Esposíción, 1865, p.
12-13; 1867, p. 33-35; 1858, p. 6, 10.

•

87

33. Ecuador. Ministro de Estado. Memoria, 1831, p. 15; Ecuador. Ministro de
Hacienda. Esposición, 1847, p. 11-12; 1853, Cuadro 3-4; 1867, p. 33-34;
1873, p. 15-21 ; 1875, p. 20; Memoria, 1833, p. 3; " Informe de la Dirección
Jeneral del Crédito Público", en Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición,
1857; Ecuador, Jeneral Jefe del Estado Mayor. Memoria, 1833.
34. Ecuador, Ministro de Estado, Informe, 1831, p. 17; Ecuador Mirustro de Hacienda, Memoria, 1833, p_ 3, 7; Esposición, 1853, Cuadro 3, 71; "Informe de
la Contaduría Mayor del distrito del Guayas", 1847-1853; p. 11-12; 1858, p.
6-10; 1865, p. 12-13; 1873, p. 15.
35. Ecuador, Ministro de Hacienda_ Memoria, 1833, p. 1-2; Esposición, 1853, p.
13; Ecuador, Secretarío Jeneral, Sección de Hacienda. lnfonne, 1861. p. 10-11.
36. Ecuador, Presidente, "Mensaje, 1831 ", en Noboa. Recopilación de mensajes,
t. l, p. 183-95; Ecuador, Ministro de Estado. Informe, 1831, p. 16 ; Ecuador,
Ministro de Hacienda, Esposición, 1853, p. 9; 1865, p. 3; 1855, p. 10; 1873,
p_ 15.
37. Julio Estrada Y caza, Los bancos del siglo XIX, Guayaquil, Archivo Histórico
del Guayas. 1976. p. 19-30, examina los primeros bancos.
38. La Unión Colombiana (Guaya,quil), no. 9 (5 de diciembre de 1860).
39. Ecuador, Presidente. Mensaje, 1863, p. 4; Ecuador, Ministro de Hacienda.
Informe, 1863; 1865, Cuadro D; 1867, p. 37, Cuadro R. '
40. "Mensaje del Jefe Supremo, 1896-97", en Noboa, Recopilación de mensajes,
t. IV, p. 222; Ecuador. Ministro de Hacienda. Informe, 1887, p. 14, Cuadro E;
1888, p. 29.
41. Estrada, Los bancos, cit.,
me, 1883, Documento V.

p. 89-100. Ecuador, Ministro de Hacienda, Infor-

42. Ecuador. Ministro de Hacienda, Informe, 1894, p. 41 ; Estrada. Los bancos, p.
59-123.
43. Estrada, Los bancos, cit. p. 33, 48-49; Ecuador, Ministro de Hacienda.Informe,
1867, p. 37-38; Aurelio Noboa, Colección de las leyes, Guayaquil, Imprenta de
A. Noboa. 1901, p_ 37-38.
44. Luis A. Carbo,Historia monetaria y cambiaria del Ecuador, Quito: Imprenta del
Banco Central, 1953, p_ 33-34; Estrella de Panamá (Panamá), 10 de jumo de
1874; Ecuador, Ministro de Hacienda. Informe 1892, p. 29; Banco del Ecuador,
Historia de medio siglo, p. 91-96, 135; El Nacional, lo. de septiembre de 1886;
Ecuador. Ministro de Hacienda. Infonne, 1890, p. 30.
45. V. las cartas de Rocafuerte a Flores en Jaime E. Rodríguez, Estudios sobre Vicente Rocafuerte, Guayaquil, Archivo Histórico del Guayas. 1975, p. 194-341;
Ecuador, Ministro del Interior, Memoria, 1833; Ecuador, Mirustro de Estado.
Esposición, 1841, p. 25; Noboa, Recopilación de mensajes, t. 1, p. 259-60.
46. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 18-19, 31-32; Ecuador, Mi-

�88

Siglo XIX
nistro del Interior y Relaciones Exteriores, Esposición, 1863, p. 5-6, 11-15;
1865, p. 12-27.

47. Frederick B. Pike, The United States and the Andean Republics: Peru, Bolivia,
and Ecuador, Cambridge, Mass.. Harvard Unive!sity Press, 1977, p. 114.

48. Entre los estudios sobre la educación, ver Darío Guevara, Rocafuerte y la educación pública, Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1965 y ~ranci~o ~ira?.da
Ribadeneira, La Primera escuela Politécnica del Ecuador, Qwto, Ed1tonal La

Políticas de Desarrollo Económico y Deuda
Externa en Argentina (1868-1880)
Carlos Marichal*

Unión", 1972.
49. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1894, p. 4.

El estudio del papel del Estado en la promoción del desarroJlo económico
en Argentina y en otros países latinoamericanos durante el siglo XIX constituye un tema todavía poco explorado. Sin embargo, en los últimos años
un creciente número de historiadores ha comenzado-a prestarle mayor
atención, si bien las publicaciones detalladas al respecto siguen siendo todavía relativamente escasas.1 Debe añadirse, por otra parte, que este tópico también ha despertado el interés de algunos científicos políticos y sociólogos contemporáneos, los cuales han insistido en la necesidad de analizar la evolución del Estado dentro de las sociedades latinoamericanas' desde una Óptica propiament~ histórica.2 Ello contribuiría, en principio, a
que se pudiese traspasar el marco estrictamente coyuntural y posiblemente
encaminaría a los investigadores hacia la formulación de un enfoque de
"largo plazo" del cambiante rol económico del Estado.
Quizá la hipótesis más innovadora que emerge de los estudios (todavía preliminares) sobre esta problemática sea aquella que subraya que en la
mayoría de los países latinoamericanos del siglo XIX los gobiernos ejercieron una influencia mayor en eJ proceso de desarrollo capitalista de lo
que generalmente se suponía.3 Es decir, ya no parecen aceptables aquellas
interpretaciones tradicionales que tendían a subvalorar el peso del Estado
dentro de la economía o, alternativamente, sostenían que el establecimiento de los regímenes "liberales" en América Latina, desde mediados
del siglo, podían definirse sencillamente en términos de una serie de poi íticas del más puro laissez-faire. Al contrario, las investigaciones actuales
tienden a enfatizar que la paulatina construcción de los estados/naciones
*Universidad .Autónoma Metropolitana-IztapaJapa, México.
Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en la reunión del Conference
on Latin American History celebrada en San Francisco, 27-29 de diciembre de 1983.
Agradezco los comentarios de Stev_en Topik y Barbara Tenenbaum. asf como las
"Valiosas correcciones y sugerencias de Adela Harispuru.

�90

Siglo XIX

en la región no sólo sentó los cimie~tos legales pa~a un incipiente proceso
de desarrollo capitalista, sino ademas que las entidades gohem~men~es
contribuyeron al establecimiento de los primeros sistemas bancarios nacionales a la modernización de la infraestructura urbana y de transportes Y,
en al~os casos, a la defensa de sectores manufacwreros locales.
El grado relativo de éxito o fracaso de tales programas ~arió ~nsiderablemente, dependiendo del país y del período que se a~alice. EVIdentemente el Estado como tal no llegó a jugar un rol tan prommente d~ntro de
las economías latinoamericanas como había de ser el caso a partir d_e los
años de 1930. Ni tampoco resultan aceptables los ~nfoques que su~er~n
que el Estado fue, en si mismo, uz pieza clave y artic~adora del c~p1talismo del siglo XIX:.4 Pero al mismo tiempo debe enfatizarse, que sm efectuar un análisis crítico de esta problemática- y ~ás espe~1fi~amente de
la relación entre gobierno, clases sociales y cambios econonnco~- andaríamos profundamente errados. Pues como ha señalado Jean BouV1er en un
reciente artículo de síntesis:
¿Qué ha sido el Estado, en los siglos XIX y XX, sino... la mayor
y más grande de las empresas? Por l_a ~asa de su personal, por 1~
enormidad de sus negocios y el movumento d~ fondos de los ~~a
les era el receptor, por la diversidad de las fun~iones que ª~~10 Y
los servicios que proporcionó, el Estado fue siempre el mas m(lu,
•
5
yente de los agentes econom1cos.
Existen varios posibles métodos para interpretar el ?apel del Estado
como promotor del desarrollo económico durante el siglo XIX, de l~s
cuales citaremos tres de los más relevantes.-~º~ nos ,e~plaza a c~ntrar ~
atención sobre los cambios en la formulacwn 1deolo~tca de los ~roy~
t de desarrollo,, de los grupos dirigentes en una sociedad dete~mada.
segundo enfoque pone mayor énfasis en el análisis de las políticas concretas que se adoptaron y la manera en que~ implemen~on ? lJn~ ter~e~
ra perspectiva resalta la necesidad de estudiar_ los ~canismos de financia_
miento de los programas económicos del gobierno mcluy~ndo, claro ~ta,
tanto los ingresos y egresos como la poi ítica de endeudamiento del gob1erno.8

J:

Nuestra intención en el presente trabajo se encamina a vinc~ar tale~ enfoques- ya que son en cierto sentido inseparables- per?, haciendo hincapié en la institucionalización de las políticas de promoc1on del desarrollo
económico en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX. En otras
palabras, consideramos fundamental tratar de exp_licar como lo~ proyectos
económicos del gobierno nacional fueron traducidos a la reali~a~. En el
caso argentino ello implica pres~r una a~encf~n especial al crec~ent? ~~
las funciones de aquella institucion mult1facet1ca que se denomino Mlllls

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

91

terio del Interior. Aunque este organismo fue creado en 1862, no cobró vida sino hasta la administración de Sarmiento (1868-74) a partir de cuando
fue adquiriendo su carácter de principal "agencia del desarrollo" del Estado nacional, función que seguiría cumpliendo hasta fines de siglo.9
Pero debemos enfatizar que el ejemplo argentino no fue de ninguna
manera singular sino al contrario más bien típico de lo que ocurría en el
resto del suhcontinente. Desde mediados del siglo XIX, la mayoría de los
Estados latinoamericanos establecieron varios géneros de ministerios y organismos que asumieron la responsabilidad por la planificación e implementación de los proyectos para el crecimiento económico. En sus inicios, tales
agencias administrativas eran de pequeñas dimensiones y se limitaban a tareas relativamente simples como podían ser la supervisió_n y reparación de
los sistemas rudimentarios de caminos, la operación del servicio de correos
o la recopilación y publicación de informes estadísticos y técnicos sobre
algunos importantes sectores de actividad, agricultura, minería, etc. Pero,
con el pasar del tiempo, las funciones asignadas fueron multiplicándose y
haciéndose más· complejas, incluyendo planes para la modernización de los
principales puertos, la construcción de ferrocarriles, la promoción de la
inmigración, colonias agrícolas, canales y regadío o proyectos para la realización de obras de infraestructura urbana.
El origen y la evolución de tales organismos estatales varió de país en
país dependiendo de una amplia gama de factores que no se veían circunscritos al nivel de estabilidad política o de desarrollo económico alcanzados
en la respectiva nación sino que, además, podían ser determinados por el
acceso al poder de ciertas élites que deseaban impulsar la modernización
del Estado y la economía. Entre tales iniciativas puede citarse la creación
de la "Secretaría de Fomento" (1853) en México bajo la inspiración de las
ideas deJ político conservador Lucas Alaman.10 En Brasil fue unos años
más tarde, en 1861, que se estableció el "Ministerio de Agricultura, Comercio y Obras Públicas" mientras que en Venezuela y Guatemala no fue hasta
principios de los años de 1870 cuando los respectivos "Ministerios de Fomento" fueron organizados. u En Chile se siguió un camino administrativo
algo distinto ya que la mayoría de los programas económicos estatales fueron colocados bajo la jurisdicción del "Ministerio del Interior" , entidad pública que también cumplía una serie de funciones políticas claves. Pero ya
desde 1837 este ministerio chileno se responsabilizaba por los pequeños
departamentos de obras públicas, caminos, correos y programas de sani~ad, hecho que tiende a sugerir el considerable grado de madurez y estabilidad alcanzados por la administración gubernamental en ese país desde fechas relativamente tempranas.12 En Argentina, como ya se ha señalado, las
mismas funciones también fueron colocadas bajo el techo del Ministerio
del interior, aunque ello no pudo efectuarse de manera definitiva hasta la

�92

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deudo externa en Argentina

SigloXlX

consolidación del gobierno nacional a principios del decenio de 1860.
Si uno se propusiera efectuar una comparación de tales entidades estatales en los düerentes países mencionados, ser_ía razonable esperar a
priori que se descubrirían diferencias sustanciales de carácter tanto ideológico como administrativo entre ellas. Pero esto no debe oscurecer el hecho primordial -en nuestra opinión- de que los gobiernos latinoamericanos de la época efectivamente intentaron realizar esfuerzos coordinados
por definir prioridades para el desarrollo económico, creando mecanismos
institucionales para cumplir esos objetivos.
·

93

re~ultaha_ casi invariable .que los políticos saludasen los rinci ios del
laissez-faire con r~v~renc1a, frecuentemente denigrando la ~apacfdad del
Estado como admm1Strador de empresas. 14 No obstante cuando e ah
b
J t
.
,
s
oca_an a a area ~oncreta ~e Implementar los programas económicos, los dir~entes argentmos tend1an a fa\Torecer una participación creciente del gobierno en las esferas del transporte, las comunicaciones, la banca, etc.

Nuestro plan de trabajo en el presente ensayo consiste en efectuar
primero un rápido repaso de algunas de las principales propuestas económicas de la élite argentina de mediados del siglo XIX, para luego adentrarnos en el estudio específico de su implementación a través de la ampliación
de las funciones del Ministerio del Interior desde 1868 hasta 1880. Ello
nos llevará, por otra parte, a enfocar la atención sobre el ámbito económico más importante de actividad estatal: la política ferroviaria y las
formas que el gobierno utilizó para su financiamiento.

Tropezamos
· ·
, aqui' por conSigWente
con una serie de contradicciones
que. no eran solo aparentes sino que tenían algunas consecuencias práctiCl_lS mesperadas. ~Uo se debía en parte a que ese conjunto de ideas O ·de
pro~ectos financieros, comerciales, agrícolas y fiscales que propug ah
los mtelectuales y políticos era -en verdad- bastante heterogeneo.
, n pan
or
1ado hay que tener en cuenta que hasta 1852
otro
·
ti"'
b
no ens o un p1an gu~rname~tal ~~y consistente para favorecer el desarrollo económico a
nivel n~ciona_J. Es más, inclusive durante el decenio siguiente, 1852-62
~a dcoe~~tenc1a _de dos entidades estatales rivales -el gobierno de la Con~
~ e:acion Y ~I de 1~ provincia de Buenos Aires- impuso un sello conflictivo ªi la Vida politi_~ Y por, ende a la elaboración de planes sistemáticos para a transformac1on economica.

IDEOLOGIAS DEL DESARROLLO.ECONOMICO

a

Los políticos e intelectuales argentinos más destacados de mediados del
siglo XIX compartían una serie de conceptos acerca de cómo estimular el
crecimiento · económico del país tanto en el plano interno como en sus
transacciones internacionales. En una reciente revisión de los escritos de
los principales ideólogos del período, Halperín ha argumentado que "Un
sólido consenso va a afirmarse entonces en torno a los princifios básicos
1
para la renovación económica postulada para la Argentina ..."
La inmigración, la apertura al capital extranjero, el libre comercio,
una política monetaria más o menos estable, y la expansión de la frontera agrícola y ganadera fueron, sin duda, algunos de los instrumentos que
se consideraron indispensables para impulsar el desarrollo o el "progreso", para utilizar la terminología correspondiente de la época.
Sin embargo, tales proposiciones no fueron ni inmóviles ni totalmente inflexibles. Las opiniones de los voceros más renombrados de la élite
política y económica cambiaron frecuentemente, de acuerdo con las
circunstancias, y el consenso podía verse transformada en virulenta disensión dentro de los salones legislativos o en las páginas editoriales de los
más influyentes periódicos. Tales contradiccion~ fueron especialmente
manifiestas en el terreno de la discusión sobre el papel del Estado en el
proceso de expansión económica, aún cuando en sus discursos y artículos

Pero debe sug~r~e. ~ue ya a partir de este último decenio comenzó
per?-1arse una d~mc1on entre las posiciones de los ideológos que fa.
v~rec1an. la adopc~on de políticas liberales más puras (libre comercio
~zssezfazre) y aquellos que abogaban por un programa de carácter saint~
Simomano favorable a una fuerte intervención del Estad
J
' E 1
•
·
o en a econo~ z~. n e gobierno de la Confederación este enfrentamiento se expreso un~amentalm~nte en la confrontación de las ideas de Juan Bautista
~erdi Y de M:U-1ª.~º Fragueiro. Los influyentes escritos de Alberdi reeJahan la destilac1on de algunas de las tesis centrales de J
I d
Adam Smith
dº ,
.
a escue a e
e. d
y sus_ JS~1pul~s, rruentras que Fragueiro se apegaba a una
8
~e planes samt-sunomanos para permitir la monopolización del
cred1to por el Estado, cuya finalidad consistía aparentemente en lograr
un esarroUo económico dirigido desde arriba. 16
. En la provincia de Buenos Aires los contrastes entre diferentes poi':as no e~an menos significativ?s, pues aún cuando las autoridades l~«:8 tendieron .a favorecer, el libre comercio e intentaron atraer a los
°'.1P1talest; extranJeros, el prospero gobierno provincial dedicó una atenc1on pre e~ente a dos entidades económicas que fueron apoyadas luego progreSJvamente controladas por el Estado: el Banco de I p Y. ·
y el Fe
arriJ O
.
a rovmcia
rroc
este, ambas las pnmeras empresas importantes del país
1
en os ramos de banca y transportes.17
A raíz del establecimiento del gobierno nacional en 1862, los de-

�94

Siglo XI.X

bates legislativos pronto revelaron que existía un acuerdo tácito entre
diputados y senadores para continuar con las políticas de desarrollo ensayadas por los gobiernos anteriores. Las críticas anti~statistas siguieron
siendo frecuentes pero también persistía alguna conciencia que, al menos en ciertos terrenos, no podía prescindirse de la participación activa
del Estado. Sin embargo, la relativa penuria -fiscal no pennitió avances de
mucha importancia durante la administración de Mitre (1862-68) cuando
las finanzas del Estado se vieron de tal manera subordinadas a las necesidades de cubrir los costos de operaciones militares (especialmente la
Guerra del Paraguay) que resultó ilusorio proponer que se realizase un esfuerzo sistemático por promover un programa de obras públicas. En este
terreno la función del Estado se limitó a ser garante de la inversión privada.
A partir de 1868, en cambio, la nueva administración encabezada por
Sarmiento adelantó un plan para acentuar el papel económico del Estado,
aún cuando simultáneamente seguía defendiendo la libre empresa. En su
discurso inaugural ante el Congreso, en 1869, el nuevo presidente subrayó
su deseo de dibujar un nuevo curso político y económico fundado en la
promoción de una amplia gama de proyectos que incluían la construcción
de ferrocarriles y telégrafos, la modernización de los puertos, el apoyo a la
colonización agrícola y la celebración de una primera exposición nacional
de industria y agricultura en la ciudad de Córdoba.18 La elección de Córdoba resultaba sin duda significativa pues esta ciudad era el eje principal
del comercio este/oeste y norte/sur del país. Implícito en tal decisión podía vislumbrarse el deseo de impulsar un mayor grado de unidad riacional
tanto en el plano mercantil como en el político/militar.
Para Vélez Sarsfield, ministro del Interior-desde 1869, verdadero estratega de las políticas de desarrollo económico de la administración, los
mayores enemigos del progreso los constituían "la distancia" y "el desierto". La construcción de caminos y puentes, la extensión de los telégrafos
y el fomento de los ferrocarriles se presentaban por consiguiente como
los instrumentos indispensables para vencer tales obstáculos. Vélez Sarsfield afirmó en su informe al Congreso: "Adelantos materiales: ese es en el
día la política única que en el Litoral y el Interior de la Refsública, hacen
hoy tanto el Gobierno General como los Gobiernos locales". 9

Y ello se vinculaba estrechamente con los cambios que se iban produciendo en el plano político y social:
Nuestros pueblos aprenden paulatinamente que la paz es la mejor
garantía del trabajo... Ya no son ni las ambiciones ni los disturbios los que hacen la política argentina. La República se ha

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

95

lanzado ansiosa de adelantos, por el camino del progreso, y hoy
son la pal~ Y el arado los que abren la tierra, donde, hasta hace
P?co, la pica y sable del montonero abrían heridas en el corazon de la patna.

rJ

Para
,, dlas ¡ autoridades
•. nacionales' por lo tanto , la "paz" ( osea larepreSion e os movmnentos P?puJares ~egionales y disidentes) constituía un
~aso fu~da~ental para abnr el cammo hacia un desarrollo sostenido de
tipo c~p1tal1Sta; Pero la realización de las metas económicas enunciadas
req~ena ~de~as la ~ues~ en m31:cha de una serie de reformas adminis~ativas, teci:ucas Y. fmanc1eras. Mas específicamente, la nueva cúpula dirtgeJJte se vio obligada a determinar con precisiÓJJ cuál de los departa~~ntos gubernamentales iba a hacerse cargo efectivo de la implementa~•on de sus pr?gramas_. ~~iento y V élez Sarsfield evidentemente no duaro~ en elegir al Mm1Steno del Interior como el instrumento idóneo
ampliando sus funciones de manera que se pudieran institucio al'
1'
proyectos que ya habían sido esbozados.
n izar os

~io~i~~TERIO DEL INTERIOR COMO "AGENCIA DEL DESADe _los cinco _ministerios que fu_eron establecidos en 1862 poi: el nuevo
g~bi_ern~ nacmnal, cuatro teman funciones claramente definidas: el
M1n1Ster10 de Guer~a, el de H~ciehda, el de Justicia, Educación y Culto~ _Y e! de Relac1?nes Extenores. Pero el quinto departamento -el
~mISteno_ del Interior- era mucho más heterogéneo desde el
t d
vista _fu~c1onal y administrativo.21 El organigrama de su complefa°:;uc~
tura mdica que, desde mediados de los años 60 esta i·nsa·tu . ,
abili ab
, .,
,
c1on se respo~ , z ,a por 1a supems1on y administración de gastos de un mu
v_anad? catálo~o de entidades que incluían al Congreso Nacional, la Pr[
S1denc1a, el sIStem~ ~acional de correos, el departamento de caminos
P_~entes Y obras púhhcas, el Archivo Nacional las oficinas de · · '
c1on y est d 1' 1·
1
. ,
'
mrmgra,.
a st ~a, a po1_1c1a municipal de Buenos Aires, el Consejo de
Htgtene de la capital, y vanas otras agencias.22
E_I M~~erio. del Interior aparecía, por consiguiente, como un pote
~o cab1an estrictamente dentro de la Jºurisdicción de los de '
· _qu
no E 1
, •
mas m1Il1Stes. n a prac~1ca, no obstante, este repartición vino a asumir esencialm~n_te d_os funciones, una política y la otra económica. Siendo el único
mimsteno ve!daderamente "político", era lógico que se responsabili
Jl?r el,,mane~o ! la coordinación de las complejas y cambiantes "si:~
;;ones provmc1ales y municipales. En otras palabras, le incumbía la taa de mantener el control sobre los jefes poi íticos regionales y locales,
poum ~d.minis~atívo, al cual eran relegadas todas aquellas actividades

�96

Siglo XIX

premiándoles por su lealtad o alternativamente cas~i,gándoles e~ casos
de disidencia pronunciada. A ello se agregaba la func1on de orgaruzar las
elecciones de tal manera que el régimen en el poder pudiese esperar res~tados relativamente favorables, aunque debe indicarse que en los decenios
de 1860/70 la maquinaria electoral todavía no estaba suficientemente bien
. tales obºJetlvos.
. 23
aceitada para garantizar
Al mismo tiempo, el Ministerio del Interior era virtualmen!e _la única
agencia nacional dedicada a la promoción del desarroU? eco11onuco. Los
dineros requeridos para tales fines naruralmente proveman de las arcas del
Ministerio de Hacienda pero el del Interior era el organismo encargado de
gastarlos y administrarlos. Al principio sus funciones "econói_ni~" no estuvieron bien definidas, pero desde fines de los años 60 y pnnc1p1os de l?s
70 los encargados de la cartera fueron ampliando los departamentos exJSte~tes y creando algunos nuevos: entre las suhreparticiones administr~~vas
más importantes -de carácter económico- pueden señalarse las oficm~s
de correos y telégrafos, el Departamento de camino~! puen~es Y obras publicas, la Oficina nacional de ingenieros, la Inspecc1on nacional de ferrocarriles, y el Departamento de agricultura.
Durante este período la prioridad del Ministerio consistió clarame~te
en la modernización del sistema de comunicaciones y transportes a ruvel
nacional. Que así fuese no tenía nada de extraño pues este programa
efectivamente unía los objetivos claves de la adininistración en la esfera
política y económica. El establecimiento d~ _una red más ext~nsa Y eficiente de comunicaciones, por ejemplo, facilitaba las tr~sacciones ~ercantiles, pero de manera igualmente importante contrihma a la c?n~hdación de la administración política a nivel nacional.24 De forma sunilar, la
promoción de los ferrocarriles no sólo fa~or~cía la expansión d_el_ comercio sino que representaba un instrumento mdISpensable para el rap1do despliegue de las fuerzas militares donde eran requeridas: por ejemplo e~ el
caso de incursiones de diversas tribus de indios guerreros o, alternativamente, para reprimir levantamientos provinciales dirigidos en contra del
gobierno central.25
.
El análisis detallado de la compleja relación entre la esfera económica
y la político/militar, no obstante, trasciende los límites del presente ensayo. Nuestro propósito aquí consiste en limitarnos a la revisión de las
funciones del Ministerio del Interior, estrictamente en términos de los
programas de desarrollo económico adoptados por los gobernantes contemporáneos, y las formas de financiamiento que utilizaron para llevarlos
a cabo. Para evaluar la importancia relativa de los diferentes proyectos
emprendidos nos parece esencial proceder a la deli~~ación de 1~ c~tegorías funcionales en las que se encuadraban las actiVJdades economicas

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

97

bajo la jurisdicción del Ministerio. Comenzaremos con unos breves come!1tarios acerca de la operación del sistema de comunicaciones (correos y
telegrafos) para pasar luego al de transportes (puentes caminos navega.,
f
arril 26
,
'
c1on Y erroc .. es). Este _enfoque nos ayudará a explicar por qué un
campo de actIVJdad en particular - la construcción de ferrocarriles- se
converti~ía. e~ el objetivo econóinico primordial del gobierno nacional
desde pnnc1pios del decenio de 1870.

EL ESTADO Y LA EMPRESA PRIVADA EN LA ORGANIZACION DEL
SISTEMA NACIONAL DE CORREOS

~l primer paso qu~ e~prendió la administración nacional para mejorar el
sistema de comumcac1ones fue el establecuniento de un servicio de correos que abarcó a las catorce provincias de la república. Para realizar esta
tarea, ~to el gobierno de Mitre (1862-08) como el de Sarmiento (186874), tuVJeron la fortuna de poder construir sobre las bases que habían sentado los gobi~mos anteriores. Más concretamente, durante la década
1850/60 !ºs_ ~1der~s de la Confederación ya habían formado el esqueleto
de. un prurutJvo sistema de correos al autorizar la contratación de una
sene de po~t~ Y dil~encias regulares para transportar la correspondencia
entre las pnnc1pales cmdades del interior y a lo largo de los ríos Paraná ·y
Uruguay.21
Estas iniciativas fueron continuadas después de 1862 y por una nueva ley d_e _1866 el Congreso Nacional estableció las condiciones a regir en
los semc1~s contr_atados con los empresarios que se encargaban de las
c?ntadas lmeas eXISt~ntes: De acuerdo con esta legislación, varias diligencias de corre?s deb1an ~1rcular por las cuatro principales rutas que conectaban la cmda~ de Cordob_a con las de Jujuy, Catamarca, La Rioja y
Mendoza, respectivamente, mientras que la correspondencia entre los
pue~los secundarios de las provincias del norte y occidente se conducía
mediante postas de a caballo.28

. A P~ de l~s avances logrados a mediados de los años 60, la hurocraci~, Y las 1nstaJac1ones de estos servici&lt;&gt;s seguían siendo exiguas, no amph~ndose hasta unos años más tarde cuando la Administración Nacional
de C~?'eos co~e~ó a consolidarse. En 1869 el Congreso autorizó la construcc1on de. edifi~1os adecuados para las oficinas en Buenos Aires y en
?tras poblaciones unpo~ntes y por primera vez se delegaron una serie de
mspectores para superVISar las operaciones en todas las provincias. Los
contratos pronto se multiplicaron en base a negociaciones con una multit~d de pequeñas compañías. El correo a reinitirse por el Río Paraná, por
eJemplo, fue contratado con el naviero David Bruce y el del Río Uruguay

�98

SigloXIX

con el empresario Uladislao Barañao. En 1872 se firmaron acuerdos para
el establecimiento de postas regulares entre Tucumán y San Juan Y para
varias rutas en regiones del centro y oeste del país. Las comunicaciones ya
existentes entre las capitales provinciales fueron complementadas por una
serie de correos a los ·pueblos rurales pequeños, como podía notarse a
raíz del establecimiento en 1873 de veinte líneas nuevas en la provincia
de Buenos Aires y varias otras que llegaron a las colonias agrícolas recien29
temente fundadas en la provincia de Santa Fé . En el año 1876 _Y~ estaban
en operación noventa y dos líneas de diligencias de correos subsidiadas por
el gobierno nacional y unas treinta y cinco postas a caballo que alcanzaban, en su conjunto, a la mayoría de los distritos más poblados del país.Jo
El sistema de correos nacionales creció con rápidez en años subsiguientes, según lo atestigua el hecho de que existi~~n unas, 400 oficinas
postales a mediados de los años ochenta. Pero tamhien habria que rem~car que seguía siendo un servicio manejado esencialmente por firm~ pnvadas pues eran éstas las que efectuaban el transporte _terrestre y flu~al de
la correspondencia. El gobierno, por supuesto, superYISaba las operacio?es
pero su función fundamental consistió en apoyar a los numerosos capitalistas involucrados mediante el otorgamiento de subsidios y contratos.JI
EL SISTEMA TELEGRAFICO: PRIORIDADES MILITARES Y MERCANTILES
En contraste ·con los correos, la red telegráfica nacional fue controlada más
directamente por el Estado. La construcción de este segundo y más moderno sistema de comunicaciones arrancó verdaderamente bajo la administración de Sarmiento. En octubre de 1869, el Congreso Nacional creó la Inspección General de Telégrafos y a partir de entonces esta oficina inició n~gociaciones con una serie de compañías contratistas para el tendido ~e miles de kilómetros de cables hacia el norte, sur y oeste de Buenos Aires Y
2
Rosario, incluyendo una línea que llegó hasta la frontera cbilena.J
El costo abultado de estos proyectos requirió nuevas formas de fi.
nanciamiento. En 1869 la legislatura nacional resolvió acudir al mercado
local de capitales autorizando la venta de un monto considerable de ~onos estatales -llamados "acciones de caminos y puentes"- para financiar
el programa de construcción de telégrafos así como algunas otras obras
públicas.J3 De esta manera el gobierno pudo invertir unos 880 000 pesos
(obtenidos en la Bolsa de Buenos Aires) para tender las largas líneas que
cruzaron las provincias del interior y otras más cortas en el litoral. Para
1876 ya existían más de 8 000 kilómetros de telégrafos, de los cuales
aproximadamente el 60% pertenecía al Estado.

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

99

Debe agregarse que tal empresa supuso 1a importación de grandes volúmenes de materiales -especialmente cables desde Inglaterra- lo cual obligó al gobierno a abrir una cuenta especial con la casa bancaria londinense
de Cristóbal Murrieta and Co. para agilizar los pagos por el equipo contrátado.34
Ello revelaba la complejidad técnica y financiera que ya comenzaban
a alcanzar los planes de desarrollo económico del joven gobierno argentino.
L~ _importancia mercantil de estos proyectos era igualada por su utilidad militar como ha demostrado Colin Lewis en sus estudios acerca de las
c:1~pañas co~tra los indios pampas en los años de 1870. El telégrafo ejerc10 un papel 1DStrumental en las mismas, facilitando de manera inédita los
movimientos coordinados de tro~as a lo largo de las fronteras sur y oeste
~e la provincia de Buen?s Aires. 5 Por otra parte, no hay duda que políbcamente, este nuevo sIStema ultra/rápido de comunicaciones facilitó el
proceso de centralización administrativa que había de culminar en los
años 80.36
LA MODERNIZACION DEL SISTEMA TRADICIONAL DE
TRANSPORTES: CAMINOS Y PUENTES
Si ~ien el mejo~ami~nto de las comunicaciones mediante el correo y los
telegrafos constituyo un objetivo vital dentro de los planes de desarrollo
del Ministerio del Interior, más importante aún fue la reforma de los sis37
t~mas básicos de transporte. La tarea no resultaba fácil. A mediados del
siglo XIX el vasto Y poco poblado territorio argentino contaba con una
red caminera rudim~ntaria de raig;tmbre colonial.38 En la zona pampeana
los ganaderos Y .:igr1cultores segu1an dependiendo de las lentísimas carret:18 de buey~, vehículo universal para el transporte de mercancías. A par~ del decemo 1830/40, algunos ricos propietarios y comerciantes establecieron empresas de carre~ qae pe~itieron un flujo de tráfico algo más
regular, pero el gran ohstaculo contmuaba siendo el tiempo: se requerían
semanas para trasladar el creciente volumen de lanas, caeros y granos hasta los puertos. Y el, problema se tomaba cada vez más agudo en la medida
qae la frontera agr1cola/ganadera se iba extendiendo hacia el sur oeste y
norte.
'
En las provincias del interior los arrieros, con sus largas recuas de mulas, se encargaban del transporte a través de las zonas montañosas mientras
que en los valles y las estepas semidesérticas se utilizaban diversos tipos
~e carros Y carr~tas que transitaban por las mismas rutas de hacía tres
stglos. _La urgenc'.a de modernizar era aquí todavía más apremiante que en
las regiones del litoral, pues las trayectorias de los viejos caminos no resul-

�100

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

Siglo XIX

ta.han adecuadas para las cambiantes nece~idad_es de sus _eco~?~ías. ~rante la colonia, el grueso del tráfico del mtenor se habia_ dirigido hacia
las zonas mineras del Alto Perú o, alternativamente, a Chile, pero desde
mediados del siglo XIX el comercio se reorientaba en direcci?n a los dinámicos polos de crecimiento surgidos alrededor de Buenos Aires Y Rosario.
A partir de la independencia y has~. los años '60 l~ _gobiernos provinciales poco habían hecho para modificar la ~ed trad1:1onal d~ transporte, no sólo por la frecuencia de los conflictos mte~-regionales smo fundamentalmente a causa de la escasez de fondos. Umcamente en la provincia de Buenos Aires podía encontrarse una tesoreria lo suficientemente
próspera como para pagar a las empresas contratistas e~ca~adas de re~aración y construcción de caminos. En el resto de la rep~~ca,_ en cambio,
la implementación de un programa de reformas recaena meVItablement~
sobre los hombros del gobierno nacional y, más específicamente, del Ministerio del Interior.
Durante la presidencia de Mitre, no obstante, los recursos ~~tales
disponibles para tales fines fueron tan limitados que no s~ logro smo
reparación de algunas viejas rutas.39 ~esde 1869, e~ ~amh10, se prod~JO
un notable avance, especialmente a ra1z del establec1mtento_ d_~ la Ofi~ma
Nacional de Ingenieros.40 A pesar de ser ésta una reparttc1on relat~vamente pequeña, habría de cumplir una misión fundamental en la reah_~ción del conjunto de los ambiciosos proyectos de desarroll~ que se m'.·
ciaron bajo la administración de Sarmiento. Y así _lo reconocieron 1~ rru·
nistros que llegaron a ocupar la cartera del Interior en años postenores.
En 1878, por ejemplo, se señalaba:

!ª

Hasta 1869 las obras públicas se contrataron con empresas o
compañías particulares sin intervención las más veces de personas competentes... ; creada la Oficina de'lngenieros en esa fecha,
empezó a establecerse un sistema más regular en este impo~tante servicio de la administración pública. .. Fue... en ese periodo
de 1869 a 1875, que se contrataron y empezaron en su mayor
parte los ferrocarriles, puentes, caminos, líneas telegráficas, etc.,
., 41
que hoy posee 1a N ac1on.
Ingenieros nacionales como Pompeyo Moneta, Knut Lindmark, Carl~
Chriesternsson, Guillermo Villanueva y Julio Lacroze, entre otros, reali·
zaron una tarea fonnidable, recorriendo el país para trazar los planos de
los nuevos caminos, puentes y líneas ferroviarias proyectadas, publicando
42
sus informes y efectuando la inspección de las. obras en marcha. Fue
precisamente a partir de este esfuerzo que se pudo comenzar a articular ~
programa coherente para expandir las principales arterias del comercio,

101

especialmente en las provincias del centro y occidente.
En algunos casos, los mismos ingenieros estatales se encargaron de la
construcción de las carreteras y puentes pero en general su labor consistió
e? la sup_ervisión _de la 1ecución _de aquellos contratos negociados con
diversas firmas pnvadas.4 Es decir, el E!&gt;tado proporcionaba el financiamiento y la asesoría técnica mientras que los empresarios individuales se encargaban de reunir la mano de obra y llevar a cabo-la mayor parte de la construcción. Ilustrativo de tales capitalistas fue el multifacético
catamarquefio. Adolfo Carranza, q~en tuvo especial empeño en promover el desarrollo de las provincias del noroeste del país. Habiendo obtenido los contratos para el transporte del correo desde Tucumán a Catamarca y San Juan en los aiios 60, pronto captó los contratos para el tendido de líneas telegráficas a lo largo de las mismas rutas. Por ello no. fue
sorprendente que en 1873/74 decidiera entrar en negociaciones para la
construcción de caminos entre estas ciudades ni que más tardíamente se
convirtiera en activo promotor de los primeros proyectos ferroviarios en
dichas regiones.44
El ejemplo de Carranza refleja con precisión de que' manera los programas de modernización de los sistemas de correos, telégrafos, caminos,
p~entes y ferrocarriles estaban basados en una integración mutua y func10nal. En este sentido el gobierno jugaba un papel regulador fundamental
fª que era la única instancia con capacidad técnica y financiera para
unpulsar este paquete de servicios esenciales para el incipiente desarrollo
capitalista. Los resultados iniciales, en lo que se refiere al transporte terrestre tradicional, no fueron espectaculares pero sí constituyeron un
avance prometedor. Entre 1870 y 1875 el gobierno nacional financió el
tendido de diez puentes importantes en las provincias de Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y la construcción de 18 nuevas carreteras en las provincias.45
LOS PUERTOS Y LA NAVEGACION FLUVlAL: LA NEGLIGENCIA
ESTATAL
El mejoramiento de las instalaciones portuarias existentes y de los sistemas de navegación fluvial fueron objetivos complementarios asumidos
por el Ministerio del Interior, pero en este caso, el monto de fondos
efectivamente invertidos fue tan reducido que las iniciativas guhername~tal~ resultaron francamente decepcionantes. Es cierto, como ya se
ha md1cado, que las autoridades nacionales firmaron una serie de contratos con diversas compañías de navegación para transportar el correo
entre los puertos fluviales durante los aiios de 1863-74, pero posteriormente se cancelaron la mayoría de los subsidios, dejando el fomento del

�102

Siglo XIX

tráfico fluvial y de la marina mercante enteramente en manos de empresas privadas, locales o extranjeras.46
Más sorprendente aún fue la negligencia casi total del Estado con
respecto a la modernización de los puertos, cuyas instalaciones no se
habían modificado sustancialmente desde la época colonial a pesar del
enorme incremento en el tráfico naviero internacional realizado a través
de ellos. En 1869 dos grupos de capitalistas anglo/argentinos presentaron
propuestas para dragar el puerto de Buenos Aires y construir algunos
muelles, lo cual hubiese permitido que los navíos de mucho calado pudieran descargar directamente sin tener que efectuar el lento y engorroso proceso de transbordage como seguía siendo la práctica habitual.
Pero ni la legislatura provincial ni la nacional aprobaron los proyectos a
pesardelas enérgicas gestiones a su favor por parte de Sarmiento.47 Por
consiguiente, el mayor puerto de la república seguiría operando con graves deficiencias hasta fines de los años 80. De acuerdo con las Memorias
del Ministerio del Interior (1873 y 1874), las únicas obras portuarias emprendidas consistieron en el establecimiento de algunos faros, almacenes
de aduanas y lazaretos, estos últimos sirviendo como oficinas de cuarentena establecidas a raíz de la terrible epidemia de fiebre amarilla de 1871 y
de los brotes de cólera (durante 1871) en Buenos Aires y Corrientes. Las
sumas ridículamente exiguas gastadas durante el período, claramente sugieren que las prioridades del gobierno no se orientaban a impulsar el tráfico fluvial o marítimo sino que se centraban en los requisitos del transporte terrestre y, de forma cada vez más acentuada, en la expansión de
ese nuevo y revolucionario instrumento que era el ferrocarril.

LA POLITlCA FERROVIARIA DEL MINISTERIO DEL INTERIOR
Dentro del campo del desarrollo económico puede argumentarse que la
organización de la red ferroviaria nacional representó el mayor desafío
técnico, administrativo y financiero que enfrentó el Estado argentino durante la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, la construcción de los fe.
rrocarriles absorbió cerca del 75°/o del total de gastos públicos asignados
para proyectos de desarrollo a lo largo de los años '60 y '70 (véase cuadro I). Ello ayuda a explicar por qué en el año de 1880, el Estado ya
controlaba cerca del 50°/o del kilometraje nacional de ferrocarriles, además de proporcionar cuantiosos subsidios para la mayoría de las líneas
privadas (véase cuadro II).
El repaso de los documentos contemporáneos revela, una vez más, el
rol crítico de la administración de Sarmiento en la implementación de esta
estrategia económica, aunque no debe hacerse caso omiso de aquellos an-

C. Marichal: PolítiCO$ de desarrollo y

deuda externa en Argentina

103

tecedentes legislativos y prácticos que contribuyeron a la formulación paulatina de_ ~na poi íti~ ferroviaria nacional.48 No hay duda, por ejemplo,
que el regimen antenor, encabezado por el general Mitre, había considerado que la introducción de la locomotora era un prerequisito indispensable para el crecimiento económico. Pero es igualmente cierto que no sería
hasta 1870 cuando el gobierno comenzó a determinar con precisión cual
debía ser el papel del Estado en este sector.
La experiencia extranjera sugería una serie de modelos posibles, como
bien lo sabían los miembros más educados de la élite argentina. En Gran
Bretaña y Francia el gobierno había asumido un rol insignificante en el desarrollo ferroviario, política que podía atribuirse a la extraordinaria abundancia de capitales que existían en aquellos países y que fueron canalizados hacia este tipo de negocio. En Estados Unidos, el Estado tampoco tomó una participación directa en las compafiías, pero las autoridaiJes federales las favorecieron ofreciéndoles una serie de atractivos incentivos en
la forma de concesiones de vastas extensiones de tierras ricas en recursos
naturales. En contraste, desde 1860, en Australia se produjo una situación radicalmente distinta, pues los gobiernos provinciales sostuvieron un
virtual monopolio sobre la red ferroviaria, tendencia que podía atribuirse,
al tnenos en parte, a la falta de interés por parte de ·ganaderos y mineros
locales en invertir sus fuentes relativamente limitadas de capitales en empresas de esta naturaleza.49
. , Nu~~':°sos historiadores han sugerido que en el caso argentino tamb1en ex1s~~ una esc~ez de capital privado local, lo cual explicaría porqué
se depend10 alternabvamente de empresas extranjeras o del mismo Estado
para financiar su construcción. Esta disyuntiva, asimismo, podría considerarse como una de las causas del carácter contradictorio de las políticas
adoptadas por el_ E~tado, La primera compañía ferroviaria argentina fue
estatal; las dos s1gwentes fueron de capital británico y la cuarta de tipo
"~xto'_', en la cual coparticipaban accionistas privados argentinos y britámcos Juntos, con el gobierno nacional.50
Al comenzar la década de 1870, sin embargo, la administración de
Sarmiento resol~~ _imponer un programa algo más coherente para el fo.
m~nto Y supervis1on del sector. Su iruíovación técnico/administrativo
mas destacada fue la creación de una repartición especializada llamada
Inspección Nacional de Ferrocarriles que dependía indirectamente de la
Oficina Nacional de Ingenieros. Este nuevo departamento, encabezado inicialmente por el ingeniero Pompeyo Moneta, tuvo jurisdicción sobre el diseño d~ !odas las rutas proyectadas, además de ser responsable por la implementac10_n _de 1~ leyes sobre operación de ferrocarriles que fueron ratificadas casi sunultaneamente por la legislatura nacional.51

�....
o

~

CUADRO 1

en

~
o

~

INVERSIONES ESTATALES REALES EN PROGRAMAS DE DESARROLLO ECONOMICO*
(en miles de pesos fuertes)

(1863-1880)

Año

Obras (a)
Públicas

1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874

104
135
100
43
20
82
197
195
205
178
419
424

44
46
122
69
1 591
614
325
890
1 160
2 136
3 728

1875
1876
1877
1878
1879
1880

299
250
67
132
71
89

5 149
1 560
359
1,122
530
1 430

Construcción (c)
Telégrafos

Construcción (b)
Ferrocarriles

-

-

-15
1

1

;-

'

25
293
298
297
60
70

13
25
78
40
30

Construcción
Edif. Publ.

22
34
21
15
6
14
21
79
53
66
159
177

Inmigración

L"

2
15
15
15
22
25
71
53
66
159
177

Agricultura

-r

12
12
28
46

~

232
223
59
30

232
223
321
379
498
396

~
.,¡:;•

41

*

La infonnación incluída en este cuadro se refiere únicamente a inversiones de capital para ampliar instalaciones, etc. No se incluyen aquí los gastos ordinarios por operación de los servicios.
Este rubro incluye esencialmente inversiones en construcción de caminos y puentes aunque ocasionalmente algunos gastos de subsidios a empresas de navegación o referentes a algunas obras portuarias.
b) Este rubro incluye inversiones directas por el Estado en los ferrocarriles Andino y Central Norte adec) más de garantías pagadas a compañías privadas en proceso de construcción.
En este rubro se incluye el monto de capital líquido y de bonos entregados a los contratistas para la
construcción de los telégrafos estatales. No se incluyen los 30 000 pesos anuales que se pagaron a la
empresa del telégrafo transandino entre 1869 y 1880 ni los dineros invertidos en telégrafos militares;
éstos últimos comenzaron a ser importantes en 1875.
a)

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i:
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'&lt;

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1:

~
~

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g
FUENTE: Memoria de Ministerio de Hacienda {1863-1880), en particular las "Cuentas de Inversión". De
particular
utilidad fueron los resúmenes estadísticos de las Memorias de 1876, pp. LXXXVI-XC y de 1880,
p. XLV-LXXIX.

(1)

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~

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1·
.....

~

�106

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

CUADRO II

FERROCARRILES ESTATALES Y PRN ADOS COMPARADOS
(1865-1880)
(en ºJo de 1as variables elegidas)

.
,,(a)
Ferrocarriles estatales y " mixtos

Kilometraje
Capital declarado
Pasajeros transportados
Carga transportada
Ingresos totales

1870

1875

1880

ºlo

ºJo

º/o

º/o

EL EMPRESTITO DE 1871 Y LA POLITICA FERROVIARIA

58
50
32

78
68
31
74
40

70
50
36
55
53

65
54
34
56
55

El 16 de mayo de 1870, el mandatario argentino Domingo Sarmiento presidió las ceremonias de inauguración del Ferrocarril Central Argentino
que unía las ciudades de Rosario y Córdoba. Esta línea, iniciada cinco años
antes, había sido construída con capitales mgleses y argentinos.52 Para Sarmiento, su terminación significaba una combinación de adelantos de carácter económico y político. Declaró :

71

Ferrocarriles privados (b)

Kilometraje
Capital declarado
Pasajeros transportados
Carga transportada
Ingresos totales

El otro paso impo.rtante que emprendió el gobierno nacional fue la
planificación y construcción de un esqoeleto de Iíneas a través de las provincias, extendiendo la ruta ya existente de Rosario-Córdoba hacia el norte
a Tucumán y hacia el oeste a Me,1doza. Pero para realizar estas obras se
requería una cantidad sin precedentes de capitales, recursos materiales y
mano de obra. Para cumplir con taJes necesidades, en 1870 el Congreso
Nacional aprobó la emisión de un gran empréstito extranjero -conocido
como el ''Empréstito de Obras Públicas"- que, dicho sea de paso, fue el
mayor préstamo que ·el gobierno argentino había solicitado hasta entonces.

1865

53

42
50
68
29
47

22
32
69
26
60

30
50
64
45
47

35
46
64
44
45

a)

Ferrocarriles estatales y "mixtos" se refiere a 4 em_presas fer~oviart;
El Ferrocarril Oeste de la Provincia de Buenos Air~s (propiedad e
obiemo de la Provincia de Buenos Aires; Ferro~arril Andmo Y ~en~ral Norte del gobierno nacional; y el Ferrocarril Central Argentmo,
empresa mixta.

b)

Los ferrocarriles privados eran cinco empresas pr?piedad de ca1;&gt;italistas británicos: Ferrocarril Gran Sur de Buenos Arres; Ferrocru:z-il Buenos Aires-Ensenada; Ferrocarril Argentino del Este; Ferrocarril Norte
de Buenos Aires; Ferrocarril Buenos Aires-Rosario.

FUENTE, El cuadro está basado en un resumen de las estadístic~ detall~:
das sobre todos los ferrocarriles que se encuentran en las Memorias del M
nisterio de Obras Públicas (1898-1899).

107

El ferrocarril inaugurado será el resorte principal de la unión
de la República en sus intereses materiales, como conductor de
sus progresos morales y como agente para la realización de sus
instituciones. ..53
La construcción del Central Argentino constituía, sin duda, un primer paso
en esta dirección, pero además, las autoridades gubernamentales tenían
muy claro que debía ser ampliado y completado con una serie de líneas
troncales adicionaJes que alcanzaran a las demás capitales del interior. Dentro de este programa , dos prioridades concretas, de carácter geo/político y
económico se perfilaban con nitidez: la primera consistía en la necesidad
de construir una línea ferroviaria (que se llamaría Ferrocarril Central del
Norte) desde Córdoba hasta las provincias norteñas de Tucumán, Salta y
Jujuy. La segunda meta se abocaba al tendido de una vía férrea (que se llamó FerrocarrilAndino)haciael oeste, hacia San Luis, :,an Juan y Mendoza.
En realidad ambas trayectorias habían sido proyectadas desde hacía
algunos años. La propuesta más antigua -aceptada por el gobierno de la
Confederación en la década del '50- había contempJado la posibilidad de
crear una ruta transcontinental desde Rosario, pasando por Córdoba y
llegando eventualmente a Valpara íso en Chile, uniendo el Atlántico con
el Pacífico mediante el riel. Tales esperanzas, excesivamente ambiciosas,
pronto se vieron frustradas, pero a partir de principios de los años 60

�108

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de de8arro/lo y deuda externa en Argentina

.
· · ·
l · portancia
numerosos legisladores naci~nales volVIer:n a ~IS~rl:nco~:cción de
que tendría para la formac10n del Emlerca od na~1?t Sarsfield afirmó en
una línea troncal de este a oeste.
sena or e ez
1862 que
El ferrocarril creará un gran centro de comercio en Córdoba~ al
. , sin duda todos los pueblos que hoy comercJ.aD
cual Chile
concurrrran,
• se hallan al pie
• de la Cordillera
busLos pueblos que
.
con,
. . .m as' u' til y más fácil • las mercaderías
caran como
. 54 que vienen del
Atlántico al puerto de Buenos Aires o Rosano.

, tard e, en noVI·embre de 1867 ' el gobierno 1nacional. ratificó
Unos años mas
. d
un decreto que asentaba_ la urgenJte ne)ces;dad de a~erc~l ~i:;~VI;::ori~
Cuyo (Mendoza, San Luis y San uan a os merca, os
:
d
b la realización de un detallado estudio topografico y ~nanc1ero e 1a
za a línea. Esta se !Jamaría "Ferrocarn.1,Andino,, y su pnmer .tramo
futura
h co/
, d de Villa María (la última estacion del Central ArgentJno) asta
rrenaCuarto
es ambas en la provincia d e Cor
, do ba.55 por otratalparte' se .,
anunRío
' para llevar las v1as
, h asta Mend za aunque
extens10n se
ciaron planes
percibía como todavía algo prematura.

°

·

La idea de construir•un ferrocarril hacia el norte a •~_provincia de T;cumán (que pronto se convertiría en una importante regi~n ~rod;ctorad e
azúcar) era más novedosa. Pero desde fines de los añ~s , O, os iputa os
senadores de las provincias nortefias estaban preSiona~~o con mayor
!hínco aún que sus colegas de Cuyo para lograr la/ontrat~~: .de u::.:;:
troncal que diese salida a los productos locales. orno sen
a e1s . nal.
de Jujuy, Araóz, este proyecto era indispensable para el desarrollo regio ·

P~ºi

Por falta de este ferrocarril se puede decir que está, muerta_ la
d ·ón O ahogada en todas esas provincias (Tucuman, Santiago e
. Y Salta) • • • Este será la gran arteria ·que llevad lal sanEucci
stero, JUJUY
gre vivificante las acción de los capitales, de las ideas Y e. proe o de Ei:ir;pa y especialmente del litoral y de Buenos A~es a
gr
s estas provmcias
. . que se encuen tran casi en completa mactodas
•,
56
cion.,.

El roblema principal que enfrentaban los legisladores de_ 187~ se cifraba
en 1as formas de financiar la deseada red ferroviaria en el mten?r de la nación. El capital local era extremadamente escaso en estas regiones y los
obiernos provinciales no contaban con los abundantes recurs~s ~e las
gh
as provincias del este. Las únicas opciones reales, por consigment~,
erman
.
consegwr
consistían en ofrecer concesiones a empr~9:19 extranJeras O en
que el gobierno nacional asumiese esa prodigiosa tarea.

109

Las opiniones estaban divididas. Inicialmente se abrieron negociaciones con el empresario William Wheelwright, que estaba terminando la línea de Rosario a Córdoba. En conversaciones preliminares las autoridades
estatales sugirieron que se le adjudicaría la concesión para la nueva ruta a
Tucumán y J ujuy, pero paulatinamente las relaciones entre el flemático capitalista y el gobierno se enfriaron.57 Que así fuese se debió, en buena
parte, a la emergencia de un movimiento popular en la ciudad de Córdoba.
Más concretamente, cuando los rieles del Central Argentino finalmente llegaron a Córdoba en la primavera de 1870, los habitantes de la provincia,
comerciantes, ganaderos y pequeños agricultores, esperapan grandes transformaciones pero pronto fueron defraudados. Los directores británicos
de la empresa inmediatamente aumentaron las tarifas sobre el transporte
de pasajeros y mercancías. Por lo tanto no fue sorprendente que unas semanas después de la inauguración las-protestas se multiplicasen y que se
celebrasen reuniones públicas en la ciudad para protestar contra los abu58
sos de la compañía. Al mismo tiempo, algunos artículos comenzaron
a circular en la prensa cordobesa sugiriendo la conveniencia de nacionalizar al ferrocarril.
Estas propuestas pronto se hicieron escuchar en los salones del Congreso Nacional. Varios senadores recordaron que, tanto Mitre como Sarmiento, habían invertido cuantiosas sumas de dineros públicos en el Central Argentino desde sus inicios en 1865. De hecho, entre esa fecha y 1870,
el Ministerio del Interior había desembolsado aproximadamente dos millones de pesos para adquirir acciones de la empresa, además de concederle
cerca de 200 000 hectáreas en tierras públicas y otorgarle subsidios anuales que ya totalizaban un millón de pesos.59 A pesar de ello, ni Wheelwright, ni los demás directores extranjeros de la firma manifestaron su
disposición a rebajar las tarifas.
Cuando la administración de Sarmiento decidió hacer públicos sus
proyectos ferroviarios, en junio de 1870, quedaban pocas dudas que el único camino políticamente viable consistía en el control estatal sobre los
nuevos ferrocarriles a construirse. El ministro de Hacienda, Gorostiaga, hizo notar que sin estas vías resultaba dudoso que la economía argentina pudiese lograr los niveles de prosperidad de los países capitalistas más avanzados, afiadiendo:
Estamos conformes en que es más conveniente que esas grandes
obras se ejecuten por cuenta de la Nación y no por empresas particulares (ya) que sería necesario formarlas con fuertes garantías
y con grandes recompensas...60
La cuestión clave entonces no era el control privado o estatal - pues

�110

SigloXIX

ya se había decidido a favor de este último- sino específicamente cómo
reunir los dineros requeridos. En general existía consenso que sería virtualmente imposible conseguir suficientes fondos en la Bolsa de Buenos
Aires. Por consiguiente, el poder ejecutivo propuso que se emitiera un gran
empréstito externo por valor de 30 millones de pesos fuertes (aproximadamente 6 millones de libras esterlinas) en los mercados europeos de capital.
De esta enorme suma aproximadamente 60°/o se destinaría a proyectos ferroviarios estatales, 20°/o para obras portuarias y para la cancelación
de algunos créditos impagos, y finalmente, 20°/o para cubrir los gastos de
colocación, comisiones de banqueros, etc. (cuadro III).

En su conjunto la propuesta de un " préstarn¿ para el desarrollo" fue
aceptada por unanimidad en las Cámaras de Diputados y Senadores, pues
aún los más acérrimos opositores del gobierno, como Nicasio Oroño, senador por Santa Fé, reconocían que la nueva transacción financiera representaba una ruptura, en cierto sentido radical, con el pasado y en particular con el endeudamiento militar que había caracterizado a la administración de Mitre. Oroño hizo notar en el recinto que
Es sabido que las deudas casi todas de la República Argentina han
sido contraídas para sostener guerras fratricidas. Ahoia (el gobierno) piensa de otro modo, piensa que debe contraer esos emprés61
titos para hacer ferrocarriles...
_
Y luego añadió: "Acepto ese empréstito en las condiciones que viene porque se destina por primera vez en la República Argentina al desarrollo de
los intereses materiales del país...''62
A pesar del consenso acerca de los beneficios a obtenerst mediante
empréstitos para el crecimiento económico (en contraste con préstamos
para la guerra) existían ciertas discrepancias con respecto al destino de los
fondos que se obtuvieran. Para un grupo de senadores encabezados Por
Aiaóz, de Jujuy, el dinero debía utilizarse en primer lugar para estatizar
el Ferrocarril Central Argentino y luego para financiar la construcción de
nuevas I íneas.63
Tales propuestas incitaron al ministro de Hacienda a acusar a los legisladores disidentes de estar proponiendo medidas que violarían los derechos
a la propiedad privada establecidas por la Constitución de 1853. Más pertinente y convincente fue su argumento de que cualquier plan de nacionalización casi seguramente haría fracasar la negociación del empréstito externo.

C. Marichal: Políticas de desarrollo Y deuda externa en Argentina

111

El ministro Gorostiaga exclamó.entonces:
No se podría ir con esa ley señor
.d
ropeos, y mucho menos a' la
pres1 :nte, a los mercados eumundo, como se ha dicho d Igranl capital de los capitales del
•
e ng aterra a pedir c · tal
verur a expropiar una propiedad en ue , , . a~1 es para
los principales accionistas.64
q los subditos mgleses son
El argumento era contundente y or co . .
retirar su propuesta aunque n .P d . ns1gu1ente los senadores decidieron
lativamente moderadas.
o sm e1ar constancia de sus protestas, ya rePor último, quedaba pendiente la cuestión de)
,
de las condiciones a exigir por lo b
monto del prestamo y
gabinete opinaba que la colocac· ,s danqlueros _encargados de la emisión. El
,
ion e os tremta ·11
d
nos deh1a ser negociada con una fuert fir b
~ ones e pesos en boanunciar públicamente cual había de :er
a~can~ ~e Londres, pero sin
biemo. El responsable de Hac·e d
. -~ prec10 m1,mmo aceptable algosistiría en otorgarle poderes~ nli;/;:¡mº que el _metodo más efic'._1Z conestaba en camino a la capital: lesa :;:nte ofic1~ de Argen~a (que ya
la mejor oferta.
g
) P que pudiese detennmar cual era

7ª

Por otra parte, la poderosa casa de B . B h
do al ministro de Hacienda que si I
t ~;gd rot ers ya le había adverticar los bonos exitosamente te d :18 au on a es argentinas deseaban coloción, tanteando a los difer~ t n ~an que pro~eder con la máxima discremiento público que despertarnaesl anc?~, y ealvitando cu~quier pronuncia.
a avanc1a o ternati
!os mversores potenciales.65
'
vamente, e1 temor de
Los legisladores no se opusieron a este ar
caron el gran volumen del présta
El
d gumento pero algunos critihincapié en los peligros que pres::.~ , sena or Or?,ño, por ejemplo, hiw
se podían invertir los fondos recib .dna una operac1on tan cuantiosa si no
mente designada. El caso del empr~:s c:~ rapi;e~ y en la fonna previa1858 era ilustrativo: los fondos ohte -~ c e~ ~ errocarriles del año de
absorbidos por un grupo de ca italis m os _en on r~ fueron rápidamente
sidente Montt. El oro extr . p habt::18 chil_enos, arrugos o aliados del preanJero
ia semdo par
t· J al
1ocal pero no contrihu ó d
. . . . a es imu ar comercio
. .
y
e manera significativa a la
tr . , f
VIana. Ahora en 1870 el Estad
.
cons ucc1on erro.
o argentmo enfrentab
•
.,
Jante ya que no era probable
1
.
.
a una s1tuac1on semeque os seJS millones de lib
1·
diesen ser invertidos inmediatamente en Jo f
. ras ester mas pusenador Oroño observó que
s errocarriles programados. El
La oportunidad ·es la más brillante
difícilmente se podrá encontrar
para hacer el empréstito y
otra mejor por el bajo interés

�112

C. Moricha/: Políticas de de,arrollo y deuda externa en Argentina

Siglo XIX

del dinero en Europa... Pero en e~ta mateJiª· .. la experiencia
y la historia nos aconsejan ser muy discretos.
La "discreción", sin embargo, no constituía la máxima prioridad de los
dirigentes políticos en esa coyuntura. Lo urgente era aprovec~ar la fie~re
especulativa en Ja Bolsa de Londres para obtener el oro req~endo para implementar los ambiciosos lroyectos. de desarrollo que hab ian hecho presa de la imaginación de la ebte argentma.
EL DESTJNO DE LOS FONDOS DEL EMPRESTITO DE
OBRAS PUBLICAS DE 1871.
Cuando el agente oficial del gobierno argentin~, ~ariano Vare!~, ~ornen, a negociar los términos específicos del emprest1to de obras públicas en
~: ciudad de Londres, recibió una carta de Sanniento e~ la cual se le recomendaba que abriera discusiones con la casa bancana de Tho?15on,
Bonar. Ello ocurría en octubre de 1870, pero pocas semanas despues Vareta estaba celebrando conversaciones paralelas y secretas con por ~o _menos dos firmas londinenses adicionales, Lo~s Cohen and Son~ y Cnstobal
· ta and Co67 Las negociaciones continuaron hasta abril cuando el
Murne
.
L
. .
, . rta sen
contrato definitivo fue firmado con Murrieta. a noticia causo_ c1e
:
sación entre los círculos financieros de Europa y de Buenos Aires, no~lo por el desplazamiento de los dos primeros me;chant ~anks mencionados, sino sobre todo porque el gobierno no habia ~refendo bu_scar los
servicios de la prestigiosa banca de Baring B~ot~ers, la firma financiera ~ue
se habí!\ encargado de los ante~ores ~mp~estitos ~xtemos de Argenbna:
Pero la casa de Murrieta tambien tenia vmculos _1mportant~s. con el gol
biemo argentino desde hacía algún tiempo, habiendo participado e~ e
financiamiento del Ferrocarril Oeste de la Provincia de Buenos AtitS
68

(empresa estatal) desde 1860.

Posiblemente el hecho de que la firma de Murrieta n? fuese de las~
meras del mercado londinense haya sido un fact~r ~ue dific~tara la ve do
de los seis millones de libras en bonos del emprestlto argentino. En to
caso, Murrieta solamente pudo colocar tres millon~ de1lib~as en _1~71/72:
después de lo cual las ventas amainaron.69 En ello mfluyo la_ ~nSlS finan
ciera internacional de 1873 que provocó una baja en l:15 act1V1dades bur:
'til
E última instancia los banqueros se vieron obligados a vender pe
sa es. n
,
d, d
· d h~·
queñas parcelas de bonos argentinos durante toda la eca a no sien ? .
ta 1880 cuando se vendió el último lote de los valores de este empre¡;tito.

d:

En la práctica, por consiguiente, tanto la re~epción de los fondos
empréstito de 1871 como su desembolso efectivo tardaron m_ucho ~ .
70
tiempo de lo que se había estimado en un principio. Para explicar cu es

ll3

fueron los métodos empleados por las autoridades hacendarías argentinas
para escalonar las operaciones financieras puede resultar conveniente prestar una atención especial al "ciclo de vida" del empréstito, o sea sus distintas etapas.
En la primera etapa -correspondiente a los años de 1871 y 1872- el
gobierno recibió el grueso de los fondos del empréstito. De acuerdo con los
objetivos marcados por la ley de agosto de 1870, los dineros debían destinarse para la construcción de ferrocarriles estatales, la modernización de
puertos y, en menor grado, la devolución de algunas deudas pendientes
(véase cuadro ID). Sin embargo, desde fines de 1872, apenas se habían
iniciado las obras públicas proyectadas. Por lo tanto él ministro de Hacienda resolvió que se utilizaran los dineros para cancelar un viejo préstamo otorgado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires al gobierno nacional, colocando el oro restante en cuentas abiertas con varias instituciones bancarias de la capital. De acuerdo con el informe anuaJ de 1872
_(presentado al Congreso por el Ministerio de Hacienda), la mayoría de los
fondos fueron depositados en el Banco de la Provincia a una tasa de interés del 5°/o anual, en bancos privados a 7°/o, y otra porción en letras de
crédito a 8°/o. Un año más tarde el poder ejecutivo informaba que m:ás de
ocho millones de pesos fuertes seguían en las cajas del Banco de la Provincia.71 El Estado, evidentemente, estaba recibiendo intereses sobre sus depósitos pero, al mismo tiempo, tenía que efectuar todavía mayores pagos
a los tenedores de los bonos.
Durante los dos primeros años de vida del empréstito, por lo tanto, el
oro de Londres no fue utilizado para financiar actividades productivas, sino que fue transferido para su custodia a las arcas de diversos bancos bonaerenses. De esta manera, tales instituciones financieras recibieron una
tremenda inyección de capital a corto plazo que pudieron utilizar para incrementar sus operaciones ordinarias de crédito.72
Pero, eventualmente, el gobierno si pudo comenzar a canalizar los
ingresos externos hacia las obras públicas proyectadas, lo que constituía
una segunda etapa en la vida del préstamo. La mayor parte del efectivo
fue utilizada para la construcción de los ferrocarriles estatales. Más concretamente, las primeras partidas se destinaron al ambicioso proyecto del
tendido de) Ferrocarril Andino desde la provincia de Córdoba hasta la de
Mendoza. Dos millones de pesos fuertes del préstamo se gastaron entre
1872 y 1874 en la construcción del primer tramo- que cubría el trayecto
de Villa María a Río Cuarto- alcanzando unos 132 kilómetros. Una ex~nsión de Río Cuarto a Villa Mercedes en la provincia de San Luis iniciada en 1873, absorbió otros dos millones de pesos73 (véase cu~dro
III). En su conjunto para 1875 las dos secciones del Andino cubrían

�114

Siglo XIX

254 kilómetros, siendo equipadas con varias locomotoras y varias docenas
de vagones de pasajeros y de carga.
De acuerdo con los planes del Ministerio del Interior la línea debía
seguir avanzando hacia el oeste para dar salida a la creciente producción agrícola y frutícola de Cuyo. Pero la grave crisis fiscal que sufrió el
gobierno nacional, a principios de 1876, trajo el virtual congelamiento de
las obras públicas en marcha. Por ello, no sería sino hasta 1880 que las autoridades pudieron reemprender e impulsar la construcción del Andino para alcanzar su meta definitiva. Con el dinero proveniente de un nuevo empréstito, negociado en 1881 con banqueros franceses e ingleses, los ingenieros y obreros argentinos lograron colocar los rieles que llegaron hasta
San Luis en 1882, La Paz en 1883, Maipú en 1884 y las capitales de Mendoza y San Juan en 1885. Al presidir la inauguración de la línea ya completada- después de 15 años de trabajos- el presidente Roca se refirió a la
ciudad de Mendoza como "la Chicago Argentina", añadiendo que el ferrocarril permitiría un gran aumento en la exportación de vinos y frutas de
esa región, "nueva tierra de Canaan que se abre a-la inmigración y a los capital~s argentinos y extranjeros".74
El otro gran proyecto ferroviariG estatal iniciado con los fondos provenientes del empréstito de 1871 fue la construcción de la ruta denominada "Central Norte" que unió a las ciudades de Córdoba y Tucumán. Iniciada en 1872, se llevó a cabo bajo la dirección del contratista Telíener
(un empresario y aristócrata de origen austriaco) cuya empresa trajo docenas de técnicos y obreros especializados de Europa para realizar los trabajos,
aunque el trazado básico fue efectuado por miembros de la Oficina Nacional de Ingenieros. El gobierno financió el conjunto de las obras entregando
al contratista una mitad de los fondos en efectivo y la otra mitad en bonos del empréstito.75 A su vez, Telfener entregó los títulos a varias firmas
financieras para que procedieran a venderlas en la Bolsa de Londres. Con
ese dinero, la empresa pudo adquirir el equipo esencial que requería para
la puesta en marcha del ferrocarril: rieles, materiales para puentes, locomotoras, vagones, etc. Para mediados de 1875 la vía ya había llegado a
Tucumán, siendo la línea ferroviaria más larga de la nación (547 kilómetros).
Poco después de concluída la obra, el influyente periódico el London
Times atacó al conde Telfener, sugiriendo que había robado ingentes
cantidades de dinero merced al contrato. Esta difamación, sin embargo,
no tenía fundamento pues -como ha señalado Scalabrini Ortíz- una
comisión oficial realizó una detallada investigación a raíz de las denuncias levantadas y encontró que el contratista había cumplido al pie de la
letra con las estipulaciones acordadas con el gobierno.76 La crítica britá-

C. Marichal: PolítiCM de desarrollo y deuda externa en Argentina

115

nica parecía obedecer a los recelos de las compañías privadas ferroviarias
(de capi~ inglés) que habían comenzado a operar en el Río de la Plata,
pues tem1an los avances del Estado en este terreno.

CUADROIII
EL EMPRESTITO DE OBRAS PUBLICAS DE 1871
CUENTA DE FONDOS AUTORIZADOS Y GASTADOS
(en miles de pesos fuertes)

Objetivo
Empréstito Banco
de la Provincia
Ferrocarril Andino
Ferrocarril Central Norte
Puerto de Buenos Aires

Fondos Autorizados

2 800 000

2 800 000

ººº

4 696 255

14 700 000

9 276 208

4 000 000

184 893

2 150

Puerto de Rosario
Gastos Emisión de los Bonos
Totales

Fondos Invertidos

350 000
6

ººº 000

30 000 000

350
6

ººº

ººº 000

23 307 356*

*Saldo: De acu_erdo con la Memoria de Hacienda de 1880 el saldo restante
de 5 845 643 pesos fuertes se gastó de la siguiente manera:
1) 3 837 144 en compras de annamentosporley del 16 de mayo de 1879
2) 1 161 4?2 e.~ gastos finan~ieros dive~sos incluyendo pagos de intereses
y amortizac10n sobre el mismo emprestito.
3) 694 008 en bonos sin colocar

FUENTE: Memoria del Ministerio de Hacienda (1880), p. 100. Para un
d~sglose detallado de los desembolsos hasta 1876, véase Memoria de Hacienda (1876) sección 11, Parte IV, p. 83.

�116

SigloXJX

No había dudas: el establecimiento de esta poderosa em~res_a estatal abría una parte del centro/ norte del país al d~ll~ cap1tal1sta. Y
régimen pres1denc1al
de 1880-86
sob re esta 1,mea troncal el subsim,,ente
i,,
al
· t
había de construir una espesa red de ram~es qu~ alcanz:i-nan . con1un o
de los distritos más productivos de la region. As1 lo hab1a preVIsto el pi~
original de 1870 y así Jo previó el presidente Avellaneda en su mensaJe
oficial de 1877:
Este hecho Qa inauguración del Ferro;ai:ru Có~doba-T~cumán)
es el acontecimiento capital de los úl_ttmos tiempos,. por sus
efectos sociales y económicos que empiezan ya a sentrr~e. Los
habitantes del norte de la República han q~edado ap~oxrmados
en diez o doce días a las ciudades comerciales del litoral que
proveen con las mercaderías extranjeras a la may?~ parte de ~s
consumos y los valiosos productos de aquella reg1on de la Rep~blica se e~cuentran a su vez en posesión de nuevos mercados. ..
Por último, cabe agregar que los fondos restantes del Empréstito _de Obras
Públicas -unos cinco millones y medio de pesos fuertes- tuvieron un
destino bastante distinto del que se había proyectado o~almente. ~e
acuerdo con la legislación de 1870, algo más de cuatro mill?nes deb 1an
utilizarse para la modernización de los puertos de Buenos Aires Y Rosario. En la práctica, apenas medio millón se desembolsaron para este fin
mientras que casi 4 millones se gastaron en la compra de armamento en
Europa. ¡Era éste el precio que había que pagar por el progreso!

REFLEXIONES FINALES
En resumidas cuentas, el Empréstito de Obras Públicas de 187~ r~ultó
una transacción financiera cara, pero no improductiva. Sus pnnc1pales
defectos fueron dos. En primer lugar, el largo plazo que ocuparon tanto
la recepción como la inversión de los fondos imp~CÓ :nertes gastos fi.
nancieros sobre capitales que no produjeron beneficios smo hasta algunos
años más tarde. En segundo lugar, el propósito original de utilizar una
porción de los fondos en obras portuari~ quedó ~~virtuado ya que_ ~e
desembolsaron principalmente para finalid~des m~~res_- ~~ro tamh1en
fue cierto que la mayor parte del oro extran1ero recib1~0-s1Mo_ para la r~lización de una serie de importantes proyectos ferroVIanos baJo las administraciones de Sarmiento y Avellaneda.
El volumen de fondos invertiaos en el sector ferroviario demostró
con claridad que éste se había convertido en el ámbito_ prioritari~ de los
programas de desarrollo económico del ~s~do ~entm?. ~ cifras de
inversión estatal en infraestructura econonuca as1 lo md1can, aunque

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

117

variaron sustancialmente de año en año: antes de 1870 no alcanzaban al
5°/o de los gastos totales del gobierno nacional; entre 1870 y 1875 la inversión ascendió hasta cerca del 20°/o de los desembolsos globales; pero
luego de la crisis internacional tendíó a decaer ya que entre 1876 y 1880
bajó a poco menos del 10°/o?8 Sin embargo, la nueva tendencia era manifiesta: la promoción del desarrollo económico se había convertido en una
de las prioridades de las funciones del Estado argentino. Tales logros, como ya se ha sugerido, constituyeron precedentes fundamentales para la
administración del general Roca (l.880-1886), cuyos programas de expansión ~conómica se asentaron, por lo tanto, en bases ya sólidamente establecidas.

NOTAS
1.- En el caso argentino resulta curioso constatar que existe un mayor número de
estudios detallados sobre las finanzas estatales de la primera mitad del siglo

XIX que sobre la segunda mitad. Para el período de 1800-1850, véanse por
ejemplo, Miron Burgin, The &amp;onomic Aspects of Argentine Federali.sm, 18201852 (Nueva York, 1946); Tulio Halperín, Gue"a y finanzas en los orígenes
del Estado argentino {1791-1850) (Buenos Aires, 1982); Juan Carlos Vedoya.
La verdad sobre el empréstito Baring (Buenos Aires, 1971); y Sergió Bagú. El
plan económico del grupo rivadaviano {1811-1827) (Buenos Aires, 1966).
2.- El ejemplo más relevante posiblemente sea el reciente trabajo del sociólogo
Osear Oszlak, La formación del Estado argentino (Buenos Aires, 1982).

3.- Véanse, entre otros, los trabajos de Steven Topik, The Political Economy of
the Brazilian State, 1889-1930 (Austin, Texas, 1987); Heraclio Bonilla, Guano y burguesía en el Perú (Lima, 1974); y Linda Alexander RodrÍguez, The
Search for Public Policy: Regional Politics and Govemment Finances in Ecuador, 1830-1840 (Los Angeles, 1986).
4.- Por ejemplo, Oszlak llega a afirmar en una oportunidad que el Estado argen-

tino del siglo XIX se encargó de "crear, transfonnar, promover y_ .. ensamblar
los diferentes factores de la producción, regulando sus relaciones." Ello sugiere una imagen equivocada de un Estado casi omnipotente. Oszlak, op. cit.,
p. 141.

5.-

Jean Bouvier, "Histoire financiere et problemes d ·anafyse des dépenses publiques", Anales E.S.A. no. 2 (marzo-abril, 1978), pp. 207-215.

6.- Un excelente trabajo en este sentido es el de José Carlos Chiaramonte, Nacionalismo y liberalismo económicos en Argentina, 1868-1880 (Buenos Aires,
1971).

7 .- En el caso argentino se ha prestado particular atención a la implementación de
políticas monetarias: A. G. Ford,El patrón oro, 1880-1914. Inglaterra y Argen-

�118

Siglo XIX
tina (Buenos Aires, 1966); J. H. Williams, Argentine lntemational Trade under
Inconvertible Currency, 1880-1900 (Cambridge, Mass. 1920); H. Cuccorese,
Historia de la conversión del papel moneda en Buenos Aires (1861 -1867) (La
Plata, 1959). Sobre la implementación de políticas arancelarias véase Chiaramonte, op. cit., y Carlos Díaz Alejandro, Ensayos sobre historia económica argentina (Buenos Aires, 197 5).

8.- Sobre el tema específico del financiamiento estatal del desarrollo económico
hay pocas muestras en la bibliografía histórica argentina. Para el periodo 18601890 quizá las obras más útiles sigan siendo las de Alberto Martínez, El presupuesto nacional (Buenos Aires, 1890), y la de Eteocle Lorini, La República
Argentina e i suoi migliori problemi di economia e di finanza (Roma, 19021910), 3 vols.
9.- A fines de la dúcada de 1890 se llevó a cabo una importante reforma administrativa a partir de la cual se desdoblaron las principales funciones económicas del
Ministerio del Interior en dos nuevos ministerios: el Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Agricultura y Ganadería.
10.- Véase Barbara Tenenbawn, "Hwnboldt's Heirs: Development Planning in Mexico under th~ Reforma and the Empire", trabajo presentado al X Congreso del
Latín American Studies Association.

ll .- Para el caso brasileño véase la discusión acerca de las consecuencias del decreto

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

119

Gregorio Weinberg, Mariano Fragueiro, Pensador Olvidado (Buenos
1958).
Aires,
17.- ~bre la ~storia temprana del Ferrocarril Oeste véase Eduardo Zalduendo,
1
~ b"!" -&gt;; ne/es &lt;But:n~s Aires, 1975), pp. 264-283. Sobre el Banco de la Provtncta vease O. Gamgos. El Banco de la Provincia de Buenos Aires (Buenos Aires, 1873).
18.- Para el texto ~el discurso de Sarmiento véanse los Diarios de Sesiones del Con.
greso; alternativamente, D. F. Sarmiento, Obras (Buenos Aires, 1920), vol. 50.
19.- Véanse los detaJJados comentarios de Vé lez en la Memoria del Ministerio del
Interior (1869), pp. 7-14.
20.- Memoria del Ministerio del Interior (1871), p. XI.
21.- Para un muy apretado resumen de sus funciones véase Oszlak (1982) p. 159.
22.- Para detaJJes. v~anse Memoria del Ministerio del Interior (1863-1866) y la lista
de subr~partic1~nes enumeradas en las Memorias del Ministerio de Hacienda
de los mismos anos, en las secciones de las "cuentas de inversión".
23.- Sobre el funcionamiento electoral en períodos posteriores véase Natalio Botana, El orden conseroador. La política argentina entre 1880 y 1916 (Buenos Aires, 1979).

fundacional del 16 de febrero de 1861 en Relatorio da Repartii;ao dos Negocios
da Agricultura, Comercio e Obras Públicas (Rio de Janeiro, 1861). En el caso
venezolano véanse los comentarios acerca de la importancia del decreto del 24
de agosto de 1874 por el cual se organizó el ministerio correspondiente en Memoria del Ministerio de Fomento (Caracas, 1876). Sobre Guatemala véase la reciente monografía de David McGreery, Desarrollo económico y política nacional; el Ministerio de Fomento de Guatemala, 1871-1885 (Guatemala, 1982).

24.- A título de e~emplo puede citarse la opinión del Inspector de Postas y Caminos
del ?e~te, Irineo ~ega, quien señalaba en 1865: "aproximar la capital de la
Republica las relac10nes que hoy existen a distancias remotas es una medida
polí~ca que por sí sola se recomienda, pues así se hace efectiva la acción del
Gobierno", Memoria, Ministerio del Interior (1865).

12.- Para información detaJJada sobre el caso chileno véase la "Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento del Interior presenta al Congreso Nacional" ( 1839) contenido en el volumen Documentos Parlamentarios, Discursos de
Apertura, Memorias Ministeriales, correspondientes a la Administración Prieto
(1831-1841) (Santiago de Chile, 1858), vol. I, pp. 99-100.

25.- Para una descripción de la importancia del ferrocarril y del telégrafo en la lucha contra las poblaciones indÍgenas véase Colin Lewis "La consolidación de
la_!~ontera argenti_na a fmes de la década del 70: los indios, Roca y el ferrocar~ en G. Ferran Y E. Gallo eds., La A,gentina del 80 al centenario (Buenos
Aires, 1980), pp. 469496.

13.- Tulio Halperín Donghi, Proyecto y construcción de una nación: Argentina,
1846-1880 (Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1980), p. LXXIX.

26.- ~o intE:11taremos. aqu[, ~ ¡¡nálisis del "Departamento de Agricultura" ni del
'Co~seJo de lnm¡grac1on . Ambos comenzaron a tener cierta efectividad desde
los ~ -o s de 1870 pero con presupuestos mucho más reducidos que los de las reparticiones encargadas de comunicaciones y transportes. Véase nuestro Cuadro . I al respecto. Para el primer informe escrito sobre el Departamento de
Agricultura puede consultarse la Memoria del Ministerio del Interior (1874)
p.XLV.
'

14.- Véanse, por ejemplo los textos de Mitre, Hernández y Alberdi recopilados en
Halperín, op. cit., (1980).
15.- La preocupación central del gobierno de Rosas en la provincia de Buenos Aires fue siempre la militar como se demuestra detaJJadamente en Halperín, op.
cit. (1982).
16.- Cwiosamente las diferencias ideológicas referidas no llevaron en la práctica a
conflictos profundos en la implementación de las políticas económicas de la
Confederación. Para una confrontación de las propuestas formales de reformas
económicas véanse Juan Bautista Alberdi, Sistema económico y rentístico de la
Confederación argentina (Buenos Aires, 1854) y Mariano Fragueiro, Organización del crédito (Santiago de Chile, 1850), de la cual existe una reedición en

27.- Sobr~ la~ co°!~nicaciones ~n esta_época véa~ Walter Bose, "Historia de lascomurucac1ones en Academia Nacional de Historia, Historia Argentina Contemporánea (Bue~os. ;-üres, i96?), vo!. 3, pp, 575-655. Para una escueta pero
detaJJada descnpc1on del funC1onam1ento de los servicios de correos bajo la Con- ·
federación véase Moussy (1860), vol. II, pp. 569-571. Debe añadirse que la misma empresa que se había encargado de las diligencias de correo en el Interior du~te la Confederación- "Lasmcnsagerías Nacionales" (establecida en 1854)disfrutaba de esta concesión en 1864. Cinco años más tarde en 1869 el Ministro

�120

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

121

del Interior, Vélez Sarsfield informaba al Congreso que el empresario Pedro Ramayo era el encargado de administrar esta empresa. Para detalles véase Memoria
del Ministerio del Interior (1864), pp. XLI-Lll; (1869) pp. 11-12..

pone al desarrollo comercial e industrial d I
b .
.
objetivo de mis labores
,, Memo . d Me.~ po_ laciones, ha sido el punto
I
· · · • · r,a e m1Steno del Interior (1869), p. 8.

28.- Para el texto de la ley de Correos véase Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados (1866), p. 406. Para información detallada sobre el servicio de correos
en ese año véase la Memoria del Ministerio del Interior (1866), pp. 308-380.

38.- Sobre el transporte en la primera tnitad del .
,
Historia de los medios de comunicación tr. Siglo X1X vease R~~n Carcano,
na, (Buenos Aires 1893) y 1 - t
Y ansporte ~n la Republlca Argentide1 año
1863 citados e; Osz:t0 ;~:~t:~.c~; ~~~'.os del ministro Rawson
7

29 .- Para detalles acerca de los contratos de correos durante estos años véanse Memoria del Ministerio del Interior (1873), pp. 31-38 y (1874), pp. XXV-XXXXI,
y el anexo "correos", pp. 330-395.
30.- Para una excelente reseña estadística véase Memoria del Ministerio de Hacienda
(1876 ), sección I, Parte I, p. XI.
31.- Durante los años de 1863-67 el promedio de las apropiaciones de fondos por el
Congreso para subsidios a las compañías denominadas "mensajerías" alcanzaron
un promedio de 30 000 pesos fuertes por año, subiendo a cerca de 60 000 pesos
en 1873/74. Para mayor información véase Estadística del Comercio y de la Navegación de la República Argentina, correspondiente al año de 1883 (Buenos Aires, 1884 ), pp. 290-97.
32.- La creación del puesto de Inspector General de Telégrafos fue ratificada por la
ley 350 del 6 de octubre de 1869 en el Senado y el 7 de octubre en la Cámara
de Diputados. Para información sobre contratos aprobados inmediatamente después véase la discusión breve acerca de las leyes 353 y 359 del 7 y 9 de octubre en
el Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados.
33.- Los bonos internos llamados "acciones de puentes y caminos" fueron autorizados por las leyes 61 y 362 de los años 1863 y 1869 respectivamente. Pero la venta de tales bonos no comenzó hasta 1869. El procedimiento normal consistió en
que el Ministerio del Interior pagaba a los contratistas de telégrafos con bonos
en vez de líquido. Entre estos contratistas los más destacados fueron las firmas
de E. A. Hopk.ins, Fusoni Hermanos y A.N. Rojo; ellos luego vendían los bonos
a través de intermediarios financieros en las bolsas de Buenos Aires y Rosario.
Para información precisa sobre las emisiones anuales de estos bonos entre 1869
y 1874 véase Memoria del Ministerio de Hacienda (1874), pp. 105-106.
34 .• Para detalles sobre la cuenta de telégrafos abierto con Murrieta véase, por ejemplo, la información en Memoria del Ministerio de Hacienda (1874), Anexo A.,
p. 236.

39.- Memoria del Ministerio del Interior (1864), pp. XXXII-XXXm.
40.- No conocemos ningún estudio hist' ·
ros a pesar del rol clave que ju ó co;:co de _la O~ci~a Nacional de Ingeniemayor parte de las obras púbicas de 1:pe!"1~r tecmc~ Y -ª~ministrador de la
oficina fue establecida por la ley 325 s anos 70 Y pnnc!p1os de los '80. La
septiembre de 1869.
aprobada por la legislatura nacional en
4 1.- Memoria del Ministerio del Interior (1878), p. 20l.
42-· ~ responsabilidades del Departamento ·
, .
.,
cion de caminos· 2) supe .. , d ti
me_1u1an. 1) construcc10n Y conservaestatales; 4) obr~s hidráui;;::;n5) eotrro~iles ,na~ionales; 3) telégrafos civiles
del Interior (1878), p. 201. '
ras O ras publicas. Memoria del Ministerio
De acuerdo con la Memoria d I J,,lº .
. d H.
nda
(1878), p. 49, el Departamenti de i~';!':u":'roseco
' "Cu:nta de lnv~rsión"
ros y 6 ayudantes de ingenieros, cifras que aumen~ a en e~ ano con_ 13 ingenielos demás ingenieros nacionales de 1 - 70 aron en ~os postenores. Entre
ber, White, Stavelius Dumesnil Tao~ anos . pued~n citarse a Dahlquist, Hubre su actuación co~súJtese la
~~VI~, Pdelllelschi f Castilla. So73, 74 y 78).
m,s eno e nterwr (1871, 72,

ª:~

Me:~~ s;:~~-

43.- Para información sobre contratos de camino·
,
Ministerio del Interior (1873) PP 39 51 (187,4 y puentes vease Memoria del
•
• • Y
), pp. 33-38.

44 -- Algunos datos sobre los contratos de Carr

mes anuales del Ministerio del Inte .
~ pueden encontrarse en los inforPara mayor información sobre el p~rºsor,npoa·er e1empArmloen el de 1873, pp. 34, 40.
• .
~ vease
ando Bazan "R fl ·
so bre 1a h 1stona contemporánea de Cat
,, Bo ,
, e ex1ones
nal de Historia, vol. XLy (Buenos Aire
l~tm de la 1cad~,mia Nacio fo Esteban Carranza, el Wheelwright de~tam) Y ~~úl E. ?onzález, Don Adoltoria de Catamarca, vol. III (Catamarca, 1966).arca , en Primer Congreso de His-

~~c;3 •

35 .- Lewis, op. cit., p. 489.

45.- Memoria del Ministerio de Hacienda (1876), Parte I, pp. XI-XIII.

36.- Un testimonio elocuente de ello se encuentra en las palabras del Ministro del Interior del año de 1875: "El Gobierno encuentra en él (el télegrafo) al mismo
tiempo un poderoso auxiliar del orden y la paz. La rapidez con que fue vencida_
la última rebelión lo prueba evidentemente, pues allí donde llega el hilo eléctrico
está también la acción, la influencia y el poder de la nación".
Memoria del Ministerio del Interior (1875), p. XVII.

46.- Los subsidios presupuestados para las corn - ,
.,
guientes (en pesos fuertes):
panias de navegac1on fueron los si-

37 .- El ministerio del Interior, Vélez Sarsfield, sintetizaba esta aspiración en su informe de 1869 señalando: "Abrir caminos; facilitar el tráfico y la comunicación;
abreviar las dificultades que la distancia, ese enemigo constante del progreso,

1863

61 000
1868
83 000
1864
61
1869
58
1865
69 000
1870
45 000
1866
57 000
1871
70 000
1867
80
1872
4
, . del Comercio y de la3Nav
Fuente.. Estadistica
correspondiente al año de 1883, (Buenos

ººº
ººº

ººº

ººº

1873
1874
1875
1876
1877 , .

Aire:~~;:)~;: f;g_~:~~
.,

43
43

ººº
ººº

_
Argentina,

�122

Siglo XIX

47 .- Sarmiento inclusive Je escribió al famoso promotor del Canal de Suez, Lesseps,
para obtener su opinión sobre la modernización de los puertos del Río de la
Plata. Posteriormente el presidente argentino 1&gt;_resionó para que se aprobaran
los proyectos presentados por el ingeniero británico Bateman para el puerto de
Buenos Aires.
48.- El análisis más detallado de las políticas ferroviarias iniciales se encuentra en
Raúl Scalabrini Ortiz, Historia de los ferroca"iles argentinos (Buenos Aires,
1974, 60. ed.), y en Zalduendo, op. cit.
49 .- Sobre la inversión estatal en ferrocarriles en Australia véase Noel G. Butlin,
"Colonial Socialism in Australia, 1850-1900" en Hugh Aitken, ed. The State
and Economic Growth (Nueva York, 1959). Para una visión general de la política ferroviaria en varios países contemporáneos véase Henry Parry, Govemments and Railways in the 19th Century (Londres, 1965).
50.- Nos referimos al Ferrocarril Oeste (ets. 1857) que era propiedad del gobierno
de la provincia de Buenos Aires; el Ferrocarril Gran Sur (1862) y el Ferrocarril
Buenos Aires.Campana (1863), ambos de propiedad británica, y el Ferrocarril
Central argentino (1865), empresa mixta en la cual participaban como accionistas el gobierno argentino y capitalistas argentinos y británicos.
51.- Para el texto íntegro de la ley de inspecciones de ferrocarriles véase Diario de
Sesiones, Cámara de Diputados (1872), pp. 894-899.
52.- Sobre el Ferrocarril Central Argentino véase Scalabrini Ortíz, op. cit., pp. 118155; Zalduendo, op. cit., pp. 286-302; Lewis, op. cit., pp. 55-68; Y Alberdi,
La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del
Sur (P&amp;rís, 1876).
53.- Sarmiento, Obras, vol. 50, p. 375.
54.- Diario de Sesiones, Cámara de Senadores (1862), p. 186.

55 .• Para detalles véase Scalabrini Ortíz, op. cit., pp. 287 y ss.
56.- Diario de Sesiones, Cámara de Senadores (1870), p. 40.

57. Para una interpretación algo parcial de las relaciones entre Wheelwright y el gobierno véase Alberdi, op. cit., pp. 225-228.
58.- El senador Araóz observó que la protesta nopular fue tan virulenta que eventualmente la empresa ferroviaria se vió obligada a reducir sus tarifas de 22 a 16
pesos por tonelada de mercancía transportada entre Rosario y Córdoba. Diario
de Sesiones, Cámara de Senadores (2 de junio, 1870), p. 40.
59.- Los datos son de Scalabrini Ortíz, op. cit., p. 149, pero deben ser comparados
con la información reunida en los informes anuales del Ministerio de Hacienda.
60.- Diario de Sesiones Cámara de Senadores (1870), p. 326.
61.- !bid. p. 321.
62.- !bid. p . 333.

C. Marichal: Políticas de desarrollo Y deuda extema en A rgentina

123

63 .· En caso de no proceder a la nacionalización Araóz sostu
"
de media República va a quedar trib t .
F
. vo que el comercio
1
sometido a sus caprichos.,, Diario d uf~ e ;r_rocarril Central Argentino y
p. 353.
e esiones, uimara de Senadores (1870),

¿

64.- Ibid. p. 351.
65.- Ibid. pp. 330-331.
66.- !bid. p. 324.
67.· lnformación detallada sobre estas tr
.
préstito de 1871" Carpet
/nsacctones P~ede encontrarse en "Ero209
tema de Argentin; (Minist~o de Econ!;?a~~• Archivo de la Deuda Pública Ex68.- Sobre las transacciones de M •
(1975), p. 285. Para otros de~~:~o~: el F~rrocarril Oeste véase Zalduendo
véase Memoria del Departamento de H. su_s vmculos ~ las finanzas provinciales
Buenos Aires (1871), pp 204-0
ac,enda, Go?ier"? de la Provincia de
5
1
forme de la Comisión de A.guas C Y_e ante~o II del mismo informe titulado "Inornen es.

69.- ~l precio inicial de la emisión en 1871 fue de

o
,
unplicaba que el gobierno cobraría un
t d 89.5
Despues de gastos ello
los bonos. Pero después de 1873 1
ne ~ e 86.5 /o del valor nominal de
d
,
as proporciones recaudadas se red ·
d b.
o a 1a ca1da de los precios en la Bolsa V,
Alb
. UJeron e I·
argentinas. Estudios e ideas sobre
. ease , . erto de Guemco, Finanzas
1886); Y H. E. Peters, The Foreig:i;;::::¡';,t~stitos _extRemos {!3uenos Aires,
1934).
e rgentine epublic (Baltimore,

tg.

70.- Para información adicional véase H J Cuccore
"E
, . .
obras públicas, Contribución a la hi¡to¡;.a finan _se, d I Iaempre_suto _mglés para
to" en Humanidades t XXXVII
(L p
ctera e pres1denc1a Sarmien• ·
, no. 2 a lata, 1961).

71.- Véase información en Memoria d ¡ Mi ·
•
Y (1874), pp. 31-32 Y Anexo B {amb~~isterio -~e HaCcienda (1873), pp. 24-29
.
n consu tese uccorese (1961), p. 271.

72.- Véase Chiaramonte (1971), pp.1I0-l 20.
73.- Sobre el financiamiento del And.
,
M
.
(1875), p. LVII y p. 223.
mo vease emona del Ministerio de Hacienda
74.- Citado en William Fleming "Mendoza el
cional entre 1854 y 1884 ,: 1
. . Y de:rrollo de la red ferroviaria nade 1977 (Buenos Aires).
• nvestrgacwnes y nsayos, no. 23 julio-diciembre,
75.- La inversión anual del Ministerio del Interi
1 ,
,
aproximadamente la s' ient .
or en a línea Cordoba.Tucumán fue
1874. 3 400 000· I81f\
pesos fuertes; 1873 - 484 000·
Véase información en Memo . d ;l Mi" : 1 ~00 000.
'
(1873) p . XXIX; (1874) An::o ; ..
d~ H~cienda _(1~72), p. 135;
(1875) p. LVIJ ; (1876) V, pp. 82-83.
pres o e bras publicas" pp. 2-3;

1tó ¿gJ\s~iº ººº

~;ist~ri:t

76.- Scalabrini Ortíz, op. cit. (1974), pp. 212-213.

�124

Siglo XIX

.. Ort'z
1 • o•n
77 _. Citado en Scalabnru
,... cit• (1974), pp. 211-212.
"Cuentas de inversión" de las Memorias del
78 . Calculado en base a datos de las
ial los excelentes resúmenes en
· Ministerio de Hacienda (1~?2· 1880),
Y en la Memoria de 1880 pp.
la Memoria de 1876 Secc1on 1, PP'

[~;!

LXI-LXXV.

Las Inversiones Francesas en los
Ferrocarriles Argentinos (1887-1900)
Andrés Martín Regalsky ~

En el presente trabajo nos proponemos estudiar el desarrollo de las inversiones francesas en el sector ferroviario argentino desde mediados de la
década de 1880 hasta el final del siglo pasado. Estas inversiones, si bien
fueron mucho menores que las británicas, revistieron especial significación por tratarse de las primeras inversiones extranjeras de otro origen que
se registraron en el sector. Su desarrollo comprendió dos fases: una de auge, previa a la crisis de 1890; y otra de liquidación, en el curso de la década
posterior. Nuestro análisis estará centrado en la actividad de los grupos
inversores que intervinieron en ese proceso, deteniéndonos particularmente en los factores que llevaron a su introducción, las modalidades con que
recaudaron e invirtieron sus capitales, y los resultados que arrojó su accionar.
Los últimos años de la década de 1880 se caracterizar,-,n por una copiosa entrada de capitales extranjeros en la Argentina, mucho mayor que la
registrada en la primera mitad de esa década. Una de las características más
notables de este flujo fue la gra¡i proporción en que se volcó hacia las inversiones ferroviarias (ver cuadro 1). Sin duda los inversores extranjeros se
veían a.traídos por las perspectivas de una elevada rentabilidad, que era posihle bajo las nuevas condiciones del comercio internacional. La aptitud de
los territorios argentinos para la producción de los bienes primarios más
demandados auguraba un creciente tráfico para los nuevos fen;ocarriles. 1
En ese contexto, no puede extrañar que una porción significativa de
los capitales franceses que ingresaron al país en esos años se invirtiera
también en el rubro mencionado. Las primeras inversiones francesas en la
Argentina habían tenido lugar a principios de la década de 1880, cuando
'Consejo Nacional de Investigaciom:s Científicas y Técnicas (CONICET) y U:niversi•
dad Nacional de Luján, Buenos Aires, Argentina."Ponencia presentada en las VII
Jornadás de Historia Económica Argentina, Rosario, octubre de 1985.

�126

A. M. Regalsky: Inversiones france/laS en "err~M....:¡
.
J'
v ~ . . esargentinos

Siglo XIX

CUADRO 1

INVERSIONES EXTRANJERAS ANUALES ACUMULADAS
1881-85 Y 1886-90
1881-1885
miles de pesos oro

Empréstitos públicos
Cédulas hipotecarias
Compañías ferroviarias
Compañías diversas
Total

0

1886-1890
/o

31 313
13,000

68.1
-22.5
9.4

199 287.2
170 619
215 121
60 023

138 859

100.0

645 050

94546

--

0

miles de pesos oro

/o

30.9
26.5
33.3
9.3

para atraer capitales externos intervinie d
vasta que si lo hacía como tom d dirn o como garante era mucho más
buscara promover de esta maneª olr
ectdo. Es probable que el gobierno
.
ra a entra a de nu
•
en el negoc10 ferroviario para qu
..
evos grupos mversores
,
e compitieran con l
tahl .
provecho de los terratenientes de l
.
os ya es
ec1dos en
rantir un 5% de beneficios
~ zonas involucradas. El sistema de gatroducción de grupos finan _por u~ apso muy prolongado favorecía la inc1eros ªJenos a la activid d
obtener sus recursos mediante la
.. , d ,
ª , porque les pennitía
sultaban de más fácil colocac'ó emlis1on e titulos de interés fijo, que re1 n en os mercados europeos.

CUADR02

CAPITALES FRANCESES EN LA ARGENTJNA AL 31-DIC-1890.

100.0

FUENTES: J. Williams, Argentine lnternational Trade under Inconvertible Paper Money, Cambridge, (Mass.), 1920, pp. 41-3, 85, 91, 93
y 101. Hemos suprimido en el rubro empréstitos 1886-90 22 861 000
correspondientes a créditos de corto plazo y empréstitos reemboldos. Aún así las cuentas de Williams presentan otras imprecisiones que
obligan a tomar las cifras con reservas.

Capitales franceses

l:.mpréstitos nacionales
Empréstitos provinciales
Compañías ferroviarias
Compañías diversas
Total

importantes consorcios de bancos franceses contrataron los empréstitos del
gobierno nacional. A raíz de la crisis de 1882, que sumió aJ mercado financiero de París en una profunda depresión, esos grupos fueron desplazados
por otros británicos y alemanes de esa esfera de negocios.2 Con la reactivación del mercado francés en 1886 se reanudó el interés de los grupos inversores de ese origen por la Argentina, pero esta vez se dirigieron principalmente a la contratación de empréstitos provinciales y a la creación de compañías ferroviarias (ver cuadro 2).
Su irrupción en el campo de los negocios ferroviarios tuvo relación
con las oportunidades abiertas a raíz de la nueva política implantada por
Juárez Celman en 1887, que mediante la aplicación en gran escala del régimen de beneficios garantizados dio gran aliento a las inversiones ferroviarias directas. Esto significó un viraje profundo respecto de la política seguida por la administración Roca, de encarar grandes construcciones ferro·
viarias recurriendo al endeudamienl:9 extemo.3 La capacidad del Estado

127

miles de pesos oro

º/o

15 181
19 736
26 457
8 800

21.6
28.1
37.7
12.6

70 174

100.0

FUENTES: para calcular los ca ital fr
versas obras entre las cuales p es d anceses hemos consultado di'
.
merecen estacarse
A N
.
ces eontemporames
París 1910
VI
• eymarck, Fmanp. A gote, l nJorme
,+.
'
'
' vo1.
'
335-8
1
VII
del Presidente del C 'd·
, .Y vo.
' 266-7;
res, 1889, T. V 50-84· R
~e ito Publico. . ., Buenos Ai130· R A M 'd H ! . A., Memoria de Hacienda (1890) T 11
nda
2088, 2096' y 209e7 ·
M' dArcF~ivo de la deuda pública, carp'~t~
•
'
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·•
e manees
·
ses en A rgentme Uuin 1911) .·L 'E
. , Etat d es eapitaux
Francaidfversas). Para calcular los ~api/;¡no71ste Francais, 1888-89 (fechas
c1ones de compañías hem
li es ran~eses colocados en obligamos para los empréstitos p~ivm~pc1·calado(la misma proporción que hallaes ver nota 2).

:_c~

�128

Siglo XIX

A. M. Regauky. Inversiones francesas en ferrocarriles ªllfentinos

Es de destacar que todas las compañías formadas por los grupos franceses se hicieron bajo este régimen de los "ferrocarriles garantidos". En tal
sentido podemos afirmar que las inversiones francesas no se proyectaron
en función de obtener una elevada rentabilidad derivada de la explotación,
sino sobre la hase de que la prosperidad económica de la Argentina posibilitaría a sus ,gobiernos actuar como garantes de una rentabilidad mínima, y
permitiría entretanto a los inversores obtener una serie de ventajas o beneficios de tipo indirecto.

o

U')
U')

Lo podemos advertir examinando la composición de los grupos inver•
sores que participaron en la creación de las compañías ferroviarias. Se hallaban integrados por un lado por financistas y bancos de negocios, dotados de abundantes fondos propios que les permitían intervenir en operaciones de riesgo, y por otro, por compañias metalúrgicas con una larga trayectoria en el ramo ferroviario. Con su participación, tanto unos como
otros buscaban asegurarse un nuevo mercado para sus operaciones habituales: los banqueros, encargándose de la emisión de los títulos con que se
financiaría la inversión y adelantando los fondos necesarios; y las compañías metalúrgicas, mediante la provisión de locomotoras, rieles y otros materiales. Esta asociación de intereses financieros e industriales en pos de
mercados externos fue estimulada por las condiciones de estancamiento
absoluto en que se desenvolvió la economía francesa durante la década de
1880, que redujeron sus posibilidades de acción en el mercado interno.

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i::

Paribas y Fives Lille fundaron dos compañías: FCA (Compagnie
Francaise de Chemins de Fer Argentins) y FCSF (Compagnie Francaise de
Chemins de Fer de Santa Fe). Con la primera, que cubría el trayecto de
Tucumán a San Cristóbal (Santa Fe), buscaban participar en el pujante
auge azucarero de aquella provincia. La línea acercaba su producción a los
puertos de Santa Fe, mediante un empalme con la segunda compañía,
FCSF. Est.a última servía una región con una producción cerealera ya desarrollada y con abundantes recursos forestales. Ambas compañías forma•
han en realidad un mismo sistema, y si se habían constituído separadamente era porque la primera tenía origen en una concesión nacional y la segun·

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4J

V

En el p-eríodo que estudiamos intervinieron tres grupos inversores
franceses o con participación francesa. El más importante estaba integrado
por el poderoso banco de negocios Paribas y la compañía metalúrgica
Fives Lille, de dilatada actuación en la construcción de ferrocarriles en Europa. Los otros dos grupos estaban constituídos por un sindicato de financistas franco-belgas y por la Société de Batignolles, otra firma metalúrgica
interesada en las construcciones feroviarias.4 Todos estos grupos formaron
compañías que funcionaron bajo concesiones otorgadas en 1887, o cuyo
origen puede rastrearse en ese año (ver cuadro 3).

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'º
·;:;

&gt;

CN,

;:s i:: .... o
~¡¡,--,;:s .... ....

129

�130

Siglo XIX

da en una de la provincia de Santa Fe.
En cuanto a los otros dos grupos, sus inversiones presentaban un patrón de localización diferente, más acorde con las tendencias prevalecientes
en materia de concesiones ferroviarias en 1887. El sindicato franco belga
fundó la GFCCSA (Compagnie du Grand Chemin de Fer Sud-Américaine),
de Reconquista a Fonnosa y Pilcomayo, en plena región chaqueña, donde
el auge de concesiones estaba ligado a la adquisición de _la~ndios con
propósitos especulativos. La Societé- de Batignolles constituyo el ~NOA
(Compagnie Francaise de Chemins de Fer du Nord-Ou~t Arge~tin), de
Villa Francaise de Chemins de Fer du Nord-Ouest Argentin), de Villa Mercedes (San Luis) a La Rioja. Esta línea se internaba en la región andina, en
comarcas de antiguo poblamiento y ahora marginales, donde también hubo abundantes concesiones, relacionadas más bien con la política oficial
de alianzas provinciales.5
Ahora bien estos dos últimos grupos constituyeron sus respectivas
compañías en ~omentos en que se iniciaba la crisis de 1890, y esta circunstancia les impidió realizar la emisión de obligaciones con que proyectaban financiar las construcciones. Con recursos propios muy menguados,
Batingnolles apenas logró construir un pequeño tramo de la línea o~al,
mientras que el grupo franco-belga ni siquiera pudo completar las pruneras
construcciones.6 Por eso en los puntos siguientes nos vamos a referir solamente a las actividades desarrolladas por el grupo de Fives Lille y Paribas,
que fue el único que pudo llevar a cabo íntegramente sus planes de inverSJOn.

LA CONFORMACION DEL GRUPO FRANCES Y EL ORIGEN DE SUS
INVERSIONES
El interés del grupo Paribas-Fives Lüle en los negocios ferroviarios argentinos puede comprenderse claramente si analizamos las características y antecedentes de las fumas que lo integraban.

Paribas era el más importante establecimiento especializado en operaciones de banca de inversión en Francia. Junto a otros grandes bancos de
París se había beneficiado del proceso de concentración de recursos que se
venía experimentando en el mercado financiero francés desde la década de
1870 y con mayor intensidad en la de 1880. Esto lo había llevado a ex:p~dir su radio de actividades a escala internacional, inicialmente en el continente europeo, y luego a países de ultramar. Entre 1881 y 1887 había e!1·
cahezado el sindicato encargado de colocar en Francia los grandes emprestitos argentinos de obras públicas. También bahía desarrollado su accionar

A.M. Regaltky: Inversiones francelaS en ferrocarriles argentinos

131

en otros países sudamericanos. Esto lo convertía en el establecimiento de
mayor influencia entre el público comprador de títulos de ese origen en
París.7
La creación de compañías ferroviarias en la Argentina atraía su interés por cuanto le permitía abrir una nueva línea de negocios en el mercado
financiero francés, con perspectivas de un fructífero desarrollo. Por Lo menos, así lo dejaba entrever el ejemplo de los títulos ferroviarios en el mercado de Londres. Por otra parte, la apertura de esta línea de negocios le resultaba necesaria para mantener en movimiento el mercado de títulos argentinos, hasta entonces confinado a los empréstitos públicos nacionales,
un rubro que por la nueva orientación del gobierno tenía pocas perspectivas de actividad emisora.
El otro socio, Fives Lille, era una de las principales empresas francesas
dedicadas a la construcción de maquinaria, locomotoras y otros materiales de uso ferroviario. Bajo su antigua razón social,Parent, Schaken et Cie.,
había tenido participación en las construcciones ferroviarias del continente
europeo desde la década de 1860. Sin embargo sus posibilidades en ese
mercado se veían menguadas por la atenuación del ritmo de construcciones
y la competencia de las industrias locales. Esto la bahía llevado a buscar
nuevas oportunidades en ultramar.
A fines de la década de 1870 había logrado penetrar en el mercado argentino, en el rubro de maquinaria para los ingenios azucareros de Tucumán, y en poco tiempo obtuvo un completo predominio sobre los competidores ingleses. En el rubro ferroviario sus resultados fueron menos exitosos. A principios de la década de 1880 había conseguido algunos pedidos
para los ferrocarriles estatales, principalmente para la provisión de puentes
metálicos, pero no había logrado colocar locomotoras ni rieles, cuya provisión estaba en manos de los competidores ingleses, belgas y norteamericanos. Con respecto a estos fabricantes se hallaba en inferioridad de condiciones por el alto costo de los insumos en Francia.8 De ahí que apareciera,
como una alternativa interesante, la creación de compañías ferroviarias,
por la posibilidad de hacerse de mercados cautivos a los cuales pudiera vender sus productos al abrigo de toda competencia.9
Ahora bien, si estos antecedentes explican suficientemente el interés
de los inversores por participar en estos negocios, no bastan para entender
la forma en que se produjo su entrada, que estuvo influida en gran medida
por circunstancias locales. Es precisamente la confluencia de intereses locales y de otros grupos extranjeros con los del grupo francés lo que nos
pennite explicar las características peculiares con que se dio ese proceso.

�132

Siglo XIX
A.M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

En efecto, el origen de las dos comp~í'.18 se puede relacionar con un
proyecto formulado por el gobierno provmcial ya a fines. ~e 1884. En ese
proyecto el gobierno de Santa Fe se planteaba la ~xpans10n, de su re~ de
trocha angosta en dos direcciones: por un lado hacia Tucuman_ y Santia~o,
con el objeto de transformar a los puertos provinciales en el eJ_e com~rc_1al
del interior del país (lo que daría lugar al FCA); por otro, ~a~ia las ~tintas zonas de la propia provincia de Santa Fe, de m~era de engir un s~ma
elI
paralelo al de la trocha ancha , que con fletes. mas baratos favoreciera
,
•
aumento de la producción y del valor de las tierras (lo qµe dana ongen a

FCSF). 10

La red provincial había sido construida y financiada por un gru~o ~ritánico constitmdo por las firmas de J.C. Meiggs ( contratistas ferrovi:ri~s)
y C. de Murrieta (banqueros). Este grupo, a principios de 1~87, paso a mteresarse en un nuevo negocio que consistía en la construcc1on del Cen~
Córdoba y la compra del Central No~. Esta circu:"~cia es la IP;1e posib'.litó la intervención del grupo frances, pues Mumeta iba a necesitar desligarse de sus negocios anteriores par~ co~centrar sus ~ecursos en las nuevas
operaciones, y el gobierno santafecmo iba a requerir el concurso de un
nuevo grupo para poder concretar su proyecto.

LAS NEGOCIACIONES PRELIMINARES
El grupo de Fives Lille y Paribas co~enzó la búsqu~da de n~evos ne~ocios
en la Argentina aún antes de que surgiera la oporturudad de mtroduc~ en
los ferrocarriles de Santa Fe. En un principio int~ntó obtener diver~s
negocios de construcción _Y ~anciación de _obras public_as con los gobiernos nacional y de la provmc1a de Buenos Aires. En septiembre-octubre ~e
1886 inició gestiones por intermedio de Portalis (representan~ &lt;:°mercial
de Fives Lille) para obtener la contratación de 1~ obras ~1ntrias de La
Plata, a la vez que envió un agente directo ( el ingeru~ro Soulie~ para pro~oner la construcción y :financiación de un canal de crrcunvalac1on en la cmdad de Buenos Aires. Estos proyectos, cuyo trámite se prolongaría durante
1887 fueron finalmente rechazados por motivos técnicos y financieros,
pero dan cuenta del interés de los inversores por abrir nuevas líneas de ne. en el pa1s.
, u
goc1os
La orientación del grupo francés hacia los ferrocarriles de Santa Fe data de un tiempo después, de los meses de abril y may_o de 18_8!. Fue en c~
momento cuando el grupo deMeiggs y Murrieta tomo la _dec1S1on de _adquirir la concesión de J. Temple para construir el ferrocarril ~en?"al Cordoba
y comprar al gobierno nacional el Ce_n~ Norte, qu~ constitu1a el compl~mento natural del priniero. Que ello nnphcaba su retirada de los ferrocarn-

133

les de Santa Fe parece haber quedado claro desde un principio, pues casi al
mismo tiempo el gobierno de Santa Fe comenzó a buscar nuevos interesados para proseguir su programa de expansión ferroviaria y transferirles el
control de la red provincial. 12 Enseguida entró en negociaciones con el
grupo francés a través dePortalis, con quien acordó el 31 de mayo la construcción de una línea de San Cristóbal a Tucumán ( el futuro FCA ). Esta
concesión, que se hacía bajo el réginien de los beneficios garantidos, configuraba un paso previo para la transferencia al grupo francés de toda la red
provincial existente.U Es probable que el gobierno provincial exigiera su
construcción como requisito para otorgar el resto del negocio. Pero también podía revestir un interés especial para el propio grupo francés, pues la
línea permitiría la ampliación de uno de sus mercados tradicionales: al
proveer una comunicación más directa de Tucumán y Santiago con los
mercados del Litoral, favorecía la expansión de la industria azucarera,
abastecida casi exclusivamente por Ja propia Fives Lille.
Este proyecto sufrió un serio traspié antes de que llegara a ejecutarse,
porque la poderosa compañía británica del Ferrocarril Buenos Aires al Rosario - FCBAR - decidió construir una Ünea más directo y con un trazado
paralelo que uniría Rosario con Tucumán. Esto sin embargo no llevó a un
abandono del proyecto, sino a una reformulación del mismo. Como las
perspectivas de rentabilidad de la línea de San Cristóbal se veían comprometidas, el grupo francés requirió una mayor sólidez de la garantía estatal. Para eso pasó a negociar la concesión con el gobierno nacional, cuya
solvencia como garante era mucho mayor. 14 Bajo Ja nueva concesión, que
se aprobó en septiembre de 1887, Portalis obtuvo condiciones más favorables, que examinaremos en detalle en el próxinio apartado.
No obstante, deberían transcurrir todavía muchos meses hasta que se
firmará el contrato definitivo, y Fives Lille asumiera directamente sus ejecución (el 15 de mayo de 1888). Aún entonces, quedaban pendientes las
gestiones para el traspaso de la red provincial, que constituía la segunda
parte del negocio (el futuro FCSF), y que recién se concluyeron el 12 de
octubre de 1888 (ver cuadro 3).
Estas demoras se pueden atribuir en parte a los avatares en la discusión
de las condiciones, que registraron numerosas modificaciones en el curso
de la negociación. Pero también advertinios que guardaron una estrecha
correlación con las dificultades del grupo Murrieta para concretar la compra del Central Norte. Al respecto debemos recordar que del resultado de
esas gestiones dependía que Murrieta se retirara del negocio de los ferrocarriles de Santa Fe, lo cual era una condición indispensable para que el grupo francés pudiera introducirse en el mismo. Este verdadero reparto de esferas de influencia entre ambos grupos no quedó totalmente definido sino

�134

Siglo XIX

después de varias contramarchas.
El proyecto de enajenación del Central Norte, que Murrieta pensaba
obtener mediante la adjudicación directa, luego de un agitado debate legislativo desembocó en una licitación. En ésta se interesaron también un
sindicato británico que representaba el Central Argentino, y el propio grupo de Paribas. La licitación fue finalmente ganada por Murrieta, luego de
15
un trámite más que dudoso, recién en diciembre de 1887. Al discutirse
los mecanismos de pago en 1888, afloraron nuevas dificultades por la imposibilidad de rescatar el empréstito nacional de Ferrocarriles de 1881, que
tenía un gravamen lúpotecario sobre el Central Norte. Como ese empréstito no contaba con una cláusula que permitiera su amortización anticipada se decidió propiciar su conversión voluntaria por los títulos de la nueva
compañía que explotaría el ferrocarril. Esta solución supuso a su vez un
acuerdo más estrecho con Paribas, cuya colaboración er&amp; indispensable
para obtener el consenso de los tenedores franceses de dicho empréstito.16

LAS CONDICIONES GENERALES DE LA INVERSION
Resulta interesante examinar las condiciones pactadas por el grupo francés
en los sucesivos contratos y concesiones, porque nos permiten apreciar las
perspectivas con que encaró el negocio en sus diferentes aspectos y en los
distintos momentos de su tramitación. En términos generales, la estrategia
del grupo inversor consistió en procurar las garantías más sólidas por par•
te de los respectivos gobiernos, que redujeran a un mínimo los riesgos de
una baja rentabilidad de la explotación. Unido a esto, pusieron especial
énfasis en asegurarse ventajas en aspectos ajenos a la explotación, referidos
a la construcción y financiación de las líneas. No obstante esa inclinación
por los beneficios de tipo indirecto, también intentaron dotar a su red de
un trazado que le permitiera cierta competitividad e independencia frente
a los sistemas vecinos, como el del FCBAR.
Con respecto a la primera concesión, otorgada por el gobierno de Santa Fe para la construcción del ferrocarril de San Cristóbal (FCA), contenía las disposiciones habituales en el régimen de los ferrocarriles garantidos. El gobierno garantía un 5°/o sobre un capital calculado en base a un
costo de construcción máximo de 18 mil pesos oro por kilómetro. Las sumas
garantidas se entregarían previo descuento de los beneficios de la explota·
ción, para lo cual se establecía un coeficiente máximo de gastos del 50°/o
del producto bruto. 17 Los contratistas obtenían la línea en propiedad perpetua, pero el régimen de garantía se concedía por 20 años, con cargo de
devolución.

A.M. Regalsky: lnvertiones france8a8 en ferrocarriles argentino,

135

. Al renegociarse la misma concesión con el gobierno nacional, en septiembr~, de 1887, Portalis hizo incluir otras cláusulas que equiparaban la
o~eracion a un verdadero empréstito. La vigencia de la garantía se extendia a ~5 ~os, al cab,o de los cuales la línea sería entregada al gobierno. Esto equiv~1a a un prestamo de los contratistas por 55 años contra el pago
de an?ali~~des del _5% (es decir un 4.5% de interés y un 0.5% de
amortizacion, aproXImadamente), pero con la ventaja para el
po inver~r. de _que la co_nstrucción y explotación quedaba a su cargo. 1 Otras modificaciones teman por objeto elevar el margen de beneficios de fundador
que los inversores podrían obtener, que dependía de la diferencia entre el
costo de construcción reconocido por el gobierno y el efectivamente reali19
zado . _P?r un lado se aumentaba el costo reconocido por el gobierno hasta~~ maxuno de _18 500 pesos por kilómetro, y por otro se reducía el peso
exigido para los neles de 25 a 21.5 kg. por metro lineal.2º

Fr

En el contrato definitivo de la línea de San Cristóbal, del 2 de abril de
1888, Portalis h~? incluir todavía nuevas modificaciones, que probablemente fueran exigidas por el grupo inversor para tomar directamente a su
cargo la con?esión. Esta~ ~_?dificaciones, referidas al mecanismo de pago
de_ 1~ garanbas y a la fiJac1on del costo de construcción, apuntaban a su~i:irmr los elementos_ de condicionalidad que subsistían en Ja ley de conces10~. C~n ellas, l_os m~ersores aumentaban las garantías de la operación,
equiparandolas aun mas con las de un empréstito, a la vez que se asegurab~n un mayor 1?,argen de beneficios de fundador. Con respecto a las garanhas, se está.hlec10 que el gobierno las pagaría automáticamente sin descontar los beneficios de la explotación, que podrían ser retenidos indefinidamente por los empresarios. En cuanto al costo de la construcción se transformó el costo máximo en costo fijo, librando a los contratistas de una ulterior inspección estatal y facilitándoles la obtención de una diferencia con
el costo efectivo.21
Esto h_abla bien a las claras de cuáles eran las perspectivas que los inversores avizoraban para el negocio FCA, que pasaban fundamentalmente
por las g:3;11ancias de ~po indirecto, mientras que sus expectativas de que la
explotacion fuera redituable eran escasas. Su principal interés radicaba en
~btener las ma~?res garantías posibles del gobierno, con el objeto de facilitar la colocacion de los títulos de la futura compañía entre la habitual
clientela de títulos públicos argentinos en París.
En cuanto al contrato con la provincia de Santa Fé para la toma de
c?ntrol de la red provincial ( el futuro FCSF), presentaba marcadas diferenc~as con el c~ntrato del F~A. Por ~n lado comprendía una serie de operaciones financieras complejas, relacionadas con la retirada de Murrieta del
negocio y con la menor solvencia del gobierno provincial. Estas operacio-

�136

A. M. Regahky: Inversiones france&amp;a&amp; en ferrocarriles argentinos

Siglo XIX

LOS FERROCARRILES DE SANTA FE ANTES
DE LA ENTRADA DEL GRUPO FRANCES

137

nes constituían una interesante fuente de beneficios, ajena por cierto a los
resultados de la explotación. Por otro lado, el hecho de que la garantía
estatal resultara menos sólida implicaba un mayor riesgo, pero este riesgo
se compensaba por las perspectivas más tangibles que se avizoraban en la
rentabilidad de la explotación.

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Las disposiciones referidas a la retirada de Murrieta nos permiten advertir el grado de interrelación que tenía la entrada del grupo francés en este negocio, con la reorientación del grupo británico hacia el Central Córdoba. Para tomar el control de la red provincial existente, el grupo francés debía rescatar previamente un primer tramo de los títulos provinciales emitidos por Murrieta para su construcción (por valor nominal del 079 500 Ji.
22
bras esterlinas) , y asumir el compromiso de retirar el resto (2 191100 libras esterlinas) en los tres años siguientes. Esto resultaba particularmente
beneficioso para Murrieta pues le permitía liberarse de una porción sustancial de títulos que retenía en cartera por el fracaso parcial d._e las emisiones, y contar así con fondos adicionales para respaldar la conversión del
empréstito nacional de Ferrocarriles de 1881.23

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Había además otros elementos que permiten sugerir la existencia de
un acuerdo previo entre ambos grupos en sus respectivas operaciones.
Murrieta necesitaba la colaboración de Paribas para obtener la conversión
de los títulos del empréstito de Ferrocarriles que habían sido colocados
en Francia precisamente por dicho banco. Por su parte el grupo francés
necesitaba del consentimiento de Murrieta para tomar el control de la red
provincial sin haber retirado todavía la mayoría de los títulos que la gravaban, máxime si consideramos que sus tenedores venían administrando la
red hasta ese momento.

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Para financiar el retiro de los títulos provinciales, el grupo francés estaba autorizado a emitir otros títulos de la nueva compañía que iba a explotar la red provincial. Sin embargo, solo podía hacerlo por una cantidad
equivalente a la de los títulos que se retiraran. El gobierno provincial había
exigido este condición para no tener que afrontar el pago de las garantías
sobre una suma mayor de la que pagaba hasta entonces. Esto implicaba un
quebranto para el grupo inversor, por lo menos en lo que respecta al primer tramo de títulos, pues debía rescatarlos por su valor a la par, mientras
que de momento solo podía colocar los nuevos títulos en Francia a un precios bastante inferior a la par.
Este quebranto, que formaba parte del precio de la transferencia, se
compensaba en realidad con la autorización para construir 500 kilómetros
de nuevas líneas en condiciones de costo más ventajosas que las que el
mismo grupo había obtenido en el caso del FCA. El costo reconocido por

�138

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

kilómetro se fijaba en 20 400 pesos oro, y el peso de los rieles en 18 kg.
por metro. Esto dejaba suficiente margen como para costear el quebranto
del primer tramo del reembolso y aún para obtener las correspondientes
ganancias de fundador.

LOS FERROCARRILES FRANCESES HACIA 1893

Tucumán,/

Resistencia

!

139

La Sabana

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En cuanto a la garantía de los beneficios, las condiciones eran similares a las convenidas en el contrato del FCA. Regía sobre el capital invertido en las líneas ya construídas de acuerdo al monto de títulos emitidos, y
sobre el de las líneas a construir en hase al costo kilométrico mencionado.
De tal manera el gobierno abonaba en concepto de garantías las mismas sumas que antes hacía por servicio de los empréstitos. La diferencia con el
régimen anterior consistía en que el grupo francés aceptaba tomar en pago
de las garantías una nueva emisión de títulos provinciales, según su cotización en Europa, y acordaba un plazo de espera de tres años para su servi-

c10.

I

Este sistema equivalía a una refinanciación del servicio de los anteriores empréstitos con la emisión de otros nuevos, y puede ayudar a explicar
el interés del gobierno por transferir la red al grupo inversor. También
puede explicar el interés de este grupo por lo menos de Paribas, ya que
además de la emisión de los títulos de fa nueva compañía :francesa (FCSF),
daba lugar también a dos operaciones conexas (el rescate de los títulos de
Murrieta y la emisión de los nuevos títulos con que se pagaría la garantía)
de las cuales podía obtener ganancias.

nta Fe

_ _ _ _ Central Norte Y
Central Córdoba
.•• ·-··--······· otros

Otro aspecto interesante del contrato era el referido a la construcción
de los 500 kilómetros de nuevos ramales. Ante todo debemos destacar que
los inversores se hicieron autorizar esta longitud de líneas antes de tener
noción de qué rutas eran convenientes.24 Como hemos visto, esto les interesaba para poder licuar en su costo los gastos de rescate de los títulos de
Murrieta y también por la gran magnitud de pedidos de material que involucraba. De todo modos el trazado finalmente elegido nos permite
advertir que la preocupación por la rentabilidad de la explotación no
estaba ausente (ver mapas).
Dos de los ramales proyectados apuntaban a mejorar la poS1c1on
del sistema frente a la competencia de la línea Rosario-Tucumán del
FCBAR. Se trataba de las nuevas líneas directas entre San Cristóbal y
Santa Fe, así como entre Santa Fe y Rosario. Con la primera se mejoraría la articulación de la red provincial con la futura línea San Cristóhal-Tucumán 25del FCA, proveyéndole una salida más corta por el puerto de Santa Fe. Con la segunda se dotaría al conjunto del sistema de una
salida propia hacia Rosario, que hasta entonces dependía de los empalmes
con el FCBAR. Por otra parte se proyectaba una línea hacia la estrihacio-

�140

Siglo XIX

nes del Chaco santafecino, en una zona despoblada pero que despertaba
gran interés por su rique~a de recursos forestales, y particulannente de un
producto cuya exportación presentaba perspectivas muy favorables: el
quebracho colorado. Al contrario de las otras rutas, servía un área muy
alejada del radio de acción de las compañías ya establecidas y permitía
establecer allí un lucrativo monopolio de zona:

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en J'
-rerrocam·1esargenttnos
.

141

marcha de la explotación de las com - ,
nes, etc.). Es por eso que el mer dp~n;, 5?b~e el curso de sus cotizaciopicio para la colocación de em rf ti~ e _ar1~ siempre había sido más prorísticas de una renta fija y la p ~, ~públicos, que reunían las caractemos visto al analizar los conJ:anha . ecta de los gobiemos.21 Como hetía estatal sobre los ferrocarrilesos, losimil~versores procuraron que la garan, .
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prestítos, para aprovechar la rece ti .d d
. mas pos e a a e los emcia los títulos públicos arge tm· p VI a creciente del mercado francés han os.

LA RECAUDACION DE LOS FONDOS PARA LA INVERSION
Una vez concluida la fase de negociaciones con el gobierno, el grupo francés procedió a encarar la siguiente etapa, que correspondía a la recaudación de los fondos necesarios para llevar a cabo la inversión. El primer paso
consistió en la creación de las compañías que iban a tomar la explotación
de las respectivas concesiones. Para ello Fives Lille transfirió los derechos
obterúdos del gobierno, a cambio de hacerse cargo de la construcción. El
capital accionario fue suscripto en su totalidad por el propio grupo inversor. La mayor parte debió haber sido tomada por Fives Lille, puesto que
sus directores ocuparon la presidencia y vice-presidencia de las dos compañías. A su vez Fives Lille parece haber retrocedido una parte de sus acciones a una tercera firma con la que estaba muy ligada, la Banque Russe et
Francaise. Sabemos que esta última detentaba el 14% del capital acciona26
rio del FCA y el 7.3°/o del de FCSF.
De todos modos la magnitud de fondos aportados por vía de la suscripción de acciones era bien modesta: un millón de pesos oro nominales
en el caso del FCA y dos millones en el del FCSF, integrados en un principio sólo en la cuarta parte. El objetivo era simplemente asegurarse el control de las sociedades a un mínimo costo,atender los gastos de constitución,
conformar una garantía para las obligaciones con que se iban a financiar las
construcciones y eventualmente proveer el capital de trabajo que se necesitará en el curso de la explotación. Mediante el control accionario de las
sociedades, los inversores se aseguraban su participación en aquellas operaciones que les interesaban: la provisión de los materiales en el éaso de Fives
Lille y la emisión de obligaciones y demás operaciones financieras en el caso de Paribas.
La adopción del sistema de emitir obligaciones de interés fijo (S°lo)
para financiar las obras se debía a que esa era la forma más factible de recaudar fondos a través del mercado de París. La clientela de títulos-valores
estaba compuesta principalmente por pequeños ahorristas, más proclives a
colocar sus fondos en títulos de renta fija que a hacerlo en valores de interés variable (acciones). Par.a operar con estos últimos se requerían una serie
de conocimientos especializados que los ahorristas no poseían (sobre la

Por otra parte este ,sistema presentaba vari
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�142

Siglo XIX

Los inversores emitieron en primer término las obligaciones del FCA,
el 10 de agosto de 1888. En realidad realizaron esta emisión con mucha
anticipación con respecto a las fechas en que necesitaban los fondos. Tenían plazo hasta marzo de 1889 para presentar los estudios (que recién
estaban comenzando) y, luego de que fueran aprobados, otros tres meses
para iniciar las otras. Estas anticipación para concretar el lanzamiento de
los títulos se puede explicar por la situación del mercado financiero y las
perspectivas futuras. A mediados de 1888 el mercado de valores argentinos en París pasaba por su mejor momento, con una gran receptividad del
público ahorrista y un alza general de las cotizaciones. Sin embargo las
perspectivas futuras no eran muy favorables porque había un gran número de emisiones provinciales en vista, que amenazaban con provocar una
saturación del incipiente mercado.31 De ahí la premura del grupo de Paribas por anticiparse a esa avalancha.
Las obligaciones fueron ofrecidas a un 90.5% de su valor nominal y,
descontados los plazos de pago, a un 89.6% efectivo.32 Aparentemente
los resultados fueron exitosos. Paribas anunció que hubo 14 mil suscriptores que hicieron pedidos por una suma total diez veces mayor que
la ofrecida. No obstante, este éxito queda relativizado si tomamos en consideración la evolución posterior. En los meses siguientes, en que Paribas
y sus allegados debían recolocar sus propios pedidos, las cotizaciones no
llegaron a superar el precio de emisión, como resultado de la saturación
del mercado a que hicimos referencia. Después de la crisis de 1890 Paribas.
todavía mantenía en cartera un monto equivalente al 10.2°/o de la emisión.33
Esta desfavorable evolución del mercado financiero puede haber influ ído también para que los inversores postergaran la emisión de la segun·
da compañía, FCSE, que se realizó recién el 25 de abril de 1889. Esta demora resulta más notoria si tenemos en cuenta que Paribas ya había adelantado fondos propios a principios de enero, para efectuar el rescate de
los títulos provinciales de Murrieta, según lo estipulado en el contrato.
Por entonces la situación era poco propicia porque a la saturación de títulos argentinos se agregaba la desconfianza del público europeo por la
creciente alza de la prima del oro en Buenos Aires. La decisión de emitir
en abril no parece haber respondido a que esta situación se hubiera revertido sino más bien a que las perspectivas futuras eran más inciertas. Esto incluyó en el precio de la emisión, que se fijó en un 85.5% (85°1o
efectivo), bastante inferior al de las obligaciones del FCA.
Los resultados de la emisión fueron mediocres. El anuncio oficial de
que los pedidos habían sido dos veces superiores a los títulos ofrecidos era
ya de tono menos optimista que en el caso anterior. Por otra parte las

A. M. Regalsky: Inversiones franc= en J'
.rerrocam·les argentinos
.

143

cotizaciones experimentaron una continua h .
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LA INVERSION DE LOS FONDOS
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A.M. Regalsky: lnversione4 francesas en ferrocarri/e4 argentinos

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145

En el cuadro 4 hemos volcado nuestras estimaciones sobre la distribución de los fondos. Estas estimaciones tienen un carácter solamente áproximado, pues la información disponible no siempre es suficientemente precisa. Particularmente en el caso del FCA contamos con algunas cifras muy
poco desagregadas, que hemos debido desglosar por analogía con el

FCSF. 36
Entre los principales rasgos que podemos señalar, se destaca la baja
participación del rubro construcciones en el capital total de las compañías: un 30°/o en el FCSF y un 55u/o en el FCA. Medido en relación a la
longitud de las líneas, el monto gastado en obras ascendía a 10 100 pesos
por kilómetro en el FCSF y 9 700 pesos en el FCA. Esto representaba en
ambos casos aproximadamente la mitad del costo kilométrico reconocido
por el gobierno para el pago de las garantías. Este bajo nivel resultaba coherente con las condiciones generales en que se efectuaba la inversión. Como el gobierno reconocía anticipadamente un costo fijo, los inversores
tendían a maximizar sus beneficios cuanto más lograran reducir sus gastos
por debajo de los costos oficiales.
En este sentido podemos destacar también las elevadas comisiones percibidas por Paribas y los demás banqueros participantes en las emisiones.
De acuerdo a la diferencia entre los fondos recaudados y los disponibles
para la inversión, estas comisiones habrían alcanzado un 8.50/o·en el caso
del FCSF y un 13.5% en el del FCA. Estos niveles se pueden considerar
muy altos para los parámetros de la época. Lo que llama la atención es que
hayan sido más elevados en la emisión del FCA que en la del FCSF, ya que
la primera fue una operación más segura, por las mejores condiciones del
mercado y la mayor sólidez de las garantías. Esto podría explicarse por la
existencia de otro tipo de gastos financieros, como la adquisición de la
concesión a Portalis. En el FCSF este gasto no existía porque la concesión
fue tomada directamente por el grupo inversor. Si bien la actividad de gestor de Portalis no era realmente independiente del grupo inversor, como
para justificar una suma tan abultada, también podía suceder que una parte
de esa suma retomara a dicho grupo por vías informales. En efecto, era habitual que los financistas franceses que dirigían sociedades anónimas (como Paribas) buscaran percibir una parte de sus comisiones fuera de contrato para no tener que rendir cuentas a sus propios accionistas.37
Finalmente, podemos señalar el alto costo de los servicios financieros
de las obligaciones del FCA (un 18.5% del total). Esto fue el resultado de
haber emitido las obligaciones con más de un año de anticipación con respecto al comienzo de las obras, que a su vez demandaron casi tres años más
para su conclusión. Este elevado costo fue entonces la contrapartida de los
beneficios que los inversores recogieron por disponer libremente de esos

�146

Siglo XIX

A. M. Regalsky: lnver&amp;iones francesa&amp; en ferrocarrile&amp; argentinos

fondos durante un período tan largo.
La valuación de los gastos destinados a las construcciones también es
útil para medir el mercado que estas inversiones representaron para Fives
Lille, en su condición de proveedor de materiales. Sin embargo, no todas
esas sumas se canalizaron hacia dicha firma. Una parte sustancial correspond ía a la adquisición de terrenos38 y a diversas obras subcontratadas
con empresarios locales (desmonte, terraplenamicnto, durmientes). Lamen•
tablemente, no disponemos de información suficientemente detallada co~o para desglosar esos rubros. En cambio, podemos esbozar una imagen
del mercado que obtuvo Fives Lille por el volumen de los materiales empicados. Con respecto a la vía permanente, podemos calcular, en hase a
las especificaciones de los contratos, que representó pedidos por unas
48 mil toneladas de rieles. En cuanto al material rodante, disponemos de
un estado detallado, clasificado según los distintos fabricantes.
En el cuadro 5 se puede observar que las firmas que tomaron la mayor
parte de los pedidos fueron la propia Fives Ljfü, y Dietrich, que probable•
mente estuvieran relacionadas. Significativamente, ninguna de las dos ha•
hía logrado acceder al mercado argentino en esos rubros. En cambio, Dyle
et Bacalan, la más importante constructora francesa de vagones, y la única
que tenía una posición competitiva en el mercado argentino (donde ya había colocado unas 770 unidades) apenas tuvo una participación marginal.
Esto permite apreciar cómo el negocio estaba concebido como un medio
de procurar la penetración comercial de firmas que de otra manera no tenían acceso al mercado argentino. También se puede destacar que las firmas británicas que habían sido habituales proveedoras de la red provincial antes que entrara el grupo francés, fueron prolijamente excluídas de
los pedidos.39
Con respecto a la marcha de las obras, ya hemos aludido al considerable retraso con que se iniciaron las del FCA. A pesar de que los fondos se
hallaban disponibles desde el segundo semestre de 1888, las obras no cobraron impulso hasta principios de 1890. Esto puede atribuirse s61o en
parte a factores externos, como los trastornos climáticos que asolaron la
provincia de Santa Fe en 1889. También fue un reflejo de la improvisación
con que los inversores abordaron inicialmente los aspectos técnicos del negocio, interesados como estaban en sus facetas financieras e industriales.
El estudio y aprobación de la traza demoró un año (hasta julio de 1889) y
aún después los contratistas debieron pedir importantes modificaciones,
para suprimir tramos que atravesaban áreas totalmente improductivas o
que ofrecían muchas dificultades técnicas. Lo mismo sucedió con la línea
del FCSF hacia el Chaco santafecino. En un principio no se había establecido ni su punto de arranque ni el de su terminación, y su relevamiento re-

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147

�148

Siglo XIX

A. M. J!.egalaky: Inversiones francesas en fe"ocarri/es argentinos

cién se completó en 1891.

CUADR06
CONSTRUCClON DE LAS LINEAS FRANCESAS (FCSF Y FCA)

Compañía

FCSF
red
antigua

FCSF

Secciones

Santa Fe - Rafaela- San
Cristóbal

Longibtd Fecha
(en km.) apertura

200.9

15-VIII-85

Contratista

J. Meiggs
&amp;Co.

Ramales diversos (a San Carlos, Gálvez, Colastiné, S. José,
Soledad y frontera de Córdoba)

295.3

Santa Fe-San Justo
Reconquista

l-III-88/
316.6 24-11-90 J. Meiggs

Santa Fe-Rosario y ramales

180.9 1-VI-91/
l -Xll-91

Fives Lille

M. Gálvez (Nelson) - San
Cristóbal

119.7 2-Xl-91

Fives Lille

Vera - Paralelo 28 (La Sábana)

179.8 l-XI-92

Fives Lille

San Cristóbal-Fortín Inca
Fortín Inca- Fortín Melero

161.4 1-V-91
141.1 l-II-92

Fives Lille
Fives Lille

F. Melero - Suncho CorralAurora

152.4 7-VII-92

Fives Lille

Aurora - Tucumán

144.7 7-Vll-92

Fives Lille

35.0 7-VIl-92

Fives Lille

l-Vll-86/
l-VI-88

líneas
nuevas

FCA

Ramales diversos

149

J. Meiggs

-

FUENTES: R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de
Ferrocarriles en explotación (1892 y 1914), Tabla l.

El desarrollo posterior de las obras nos muestra, entre otros aspectos,
la importancia que los inversores asignaron al tráfico de Tucumán como
eje articulador del sistema FCSF-FCA, y su preocupación por la competencia de la línea rival del FCBAR (ver cuadro 6). Las construcciones que
abordaron en primer Lérmino fueron las de las secciones de Rosario a Santa Fe y de Santa Fe a San Cristóbal, que iban a permitir el acceso del tráfico del FCA por la vía más corta. En el otro extremo del sistema, incorporaron al plan de obras una nutrida red de ramales y desvíos hacia los ingenios ubicados en las proximidades de la ciudad de Tucumán. 40
El intento de los inversores de disputar el transporte de la producción
tucumana se aprecia también en la precipitada terminación de las últimas
secciones del FCA, que se habilitaron con un año de anticipación sobre los
plazos del contrato. De esta manera intentaban aminorar el retraso que llevaban con respecto al FCBAR, que bahía llegado a Tucumán en febrero de
1891. Empero, la razón más decisiva para apurar los trabajos fue la de anticipar la fecha en que el gobierno se haría cargo del pago de la garantía
sobre toda la línea. Esto los eximiría de seguir distrayendo recursos propios que ya se estaban agotando.
Hacia fines de 1892 el grupo francés completó también los últimos
tramos del FCSF. La conclusión de estas obras, que se ajustó apenas a los
plazos establecidos, resultaba irrelevante para el cobro de los intereses garantidos, pues el gobierno provincial ya había entrado en cesación de pagos. En cambio, tenía importancia para afianzar la posición de los inversores en las negociaciones que por entonces se desarrollaban para canjear
las garantías por la propiedad perpetua de la red.

LOS RESULTADOS DE LAS INVERSIONES Y LA MARCHA DE LA
EXPLOTACION
En los puntos anteriores hemos examinado el accionar del grupo francés en
las sucesivas fases del desarrollo de las inversiones. A través de ese análisis
hemos podido apreciar cómo su intervención estuvo guiada por la obtención de una variada gama de beneficios. La mayor parte de estos beneficios
los podemos calificar de indirectos: se relacionaban más con el control
que dicho grupo tenía sobre el proceso de inversión que con el uso de sus
fondos propios.
Como hemos visto, los resultados no siempre estuvieron a la altura de
Jas expectativas de los inversores. Su éxito dependía del mantenimiento de

�r·

150

Siglo XIX

las condiciones generales existentes en 1887-88, cuando tuvieron su origen
las inversiones: creciente interés del público europeo en las colocaciones
argentinas, alza del valor de la tierra y mantenimiento de una mínima estabilidad cambiaría. Sin embargo, en el período en que se ejecutaron las inversiones (1889-1892), se produjo un viraje hacia condiciones más adversas, tanto en la coyuntura internacional como en la situación de la Argentina. Esto impidió realizar plenamente los beneficios previstos, que dependían de la completa colocación de las obligaciones y de la continuidad en
el proceso de especulación y colorúzación de tierras. Al respecto, cabe consignar que el grupo francés había hecho varias inversiones colaterales~ tanto para promover la explotación de las tierras servidas por el ferrocarril co41
mo para beneficiarse de la valorización que el mismo engendraría.
Ahora bien, el hecho de que los inversores estuvieran prioritariamente
interesados en este tipo de beneficios no significa que descartaran totalmente la obtención de los beneficios directos, vale decir los derivados de la
inversión de fondos propios, en su condición de accionistas. Como hemos
visto, el hecho de que el capital .accionario fuera una porción minoritaria
del capital total les permitía potenciar al máximo los beneficios derivados
de un excedente cualquiera. En los contratos habían hecho incluir una
cláusula para devolver las garantías sólo cuando los beneficios de explotación superaran el 6 %. El excedente que esto implicaba les permitiría repartir hasta un 10% de dividendos sobre el capital accionario. Por otra
parte, el hecho de que aceptaran fijar los gastos de explotación en el 55°/o
de los ingresos brutos indicaba cuando menos que esperaban obtener un
rendÍIJliento suficiente como para cubrir esa proporción.
La experiencia de la explotación de los ferrocarriles hasta 1895, año
en que los inversores renegociaron las condiciones con el gobierno, demostró que esas expectativas de una mínima rentabilidad no se cumplieron.
Los resultados fuer~n tan pobres que no sólo impidieron repartir dividendo alguno sobre el capital accionario, sino que tampoco bastaron para
atender el servicio de las obligaciones ni para cubrir el coeficiente de explotación estipulado en los contratos. En el caso del FCA, los ingresos ni siquiera alcanzaron a equiparar los gastos de la explotación, dando !ugar a
un drenaje de recursos de los propios inversores para mantener la !mea en
funcionamiento.
Estos resultados se pueden explicar en parte porque la explotación
comenzó cuando ya se había iniciado el proceso de aguda depreciación
del papel moneda. Entre 1889 y 1892 el papel perdió un 42°/o de su valor en términos de oro, que pasó de 0.52 a 0.30 pesos oro. Esto reducía la
significación de los beneficios en relación al capital invertido. En cambio,
los altos coeficientes de gastos y aún los resultados deficitarios sólo pueden

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

151

explicarse por el escaso tráfico obtenido en las áreas de influencia.
La e~olución del FCSF, si bien en términos generales arrojó resultados mediocres, se puede dividir claramente en dos períodos: 1889-92
en qu~ la red funcio?? con _sólo una parte de su longitud total, por esta;
todav1a en construcc1on vanos ramales a cargo de Fives Lille y deMeiggs,
Y !893 en ~delante, en crie la red funcionó con su longitud completa. El
pnmer periodo comenzo con un resultado deficitario en el año 1889
debido a los trastornos provocados por las inundacion;s de ese año. Pos~
t~riormente los ingresos comenzaron a aumentar, aunque con menor rapidez qu~ el aum~~to de la longitud de la red, por el escaso aporte de las
nuevas_ lme~ ~abihtadas. Esto se reflejó en un coeficiente de gastos, que
alcanzo su maximo en 1892 con el 91.3°/o de los ingresos brutos.
_ En el segundo período los resultados globales experimentaron una leve
meJora por el aumento del tráfico en las nuevas líneas del área forestal
Mie~tras tanto, el de las lín_eas antiguas del área cerealera registró un estan~
caimento que se prolongar1a hasta el final de la década. El coeficiente de
gastos comenzó a bajar, y se situó en un promedio de 85.9%. De todos
~odos, se~ía estando ~uy por ?n?ima del 55°/o reconocido por el gob1crno, y aun del obterudo en el ultimo año de la administración inglesa
del 76.4°/o (ver cuadro, 7). Los beneficios promedio tanto en el primer~
co~o en _el segundo perwdo resultaron insignificantes en relación al capital mv_er:iido: alr~dedor del ~-5%, es decir un décimo de lo necesario para
el semc10 financiero de los titulos afectados a las líneas.
Mucho más estrepitoso fue el fracaso de la explotación del FCA. En
1~91 -92, en momentos en que la línea funcionó con una parte de su longitud ~tal, los gastos ~eron más de 10 veces superiores a los ingresos.
Todav1a en 1893, el prlDler año completo en que funcionó toda la línea
el ?ºeficiente de_ gastos llegó al 187% de los ingresos (ver cuadro 7). Pos:
te~1ormen!e _los mve~res lograron mejorar l~s resultados, hasta llegar al
pnmer y umco superav1t en 1895. Esto se debio en parte a un aumento del
tráfico,_ que creció a un ritmo inferior al de los ingresos. En mayor medida
~e posible por el aumento tarifario que los inversores obtuvieron del gobierno en 1894, y fundamentalmente por el drástico recorte de los gastos. ~ste recorte c~?'espondi? enteramente a los rubros de vía y obra,
tracc1on y conservac1on de veh1culos, lo que significa que los inversores desaten~ieron las necesidades de mantenimiento de la vía y el tren rodante,
pre~1sa~ente cuando el mayor_ tráfico generaba un mayor desgaste. Este
desmteres por el estado de la !mea se puede vincular con el hecho de que
ya estaban en marcha las tratativas para transferir la propiedad al gobierno.
Otro indicador claro del fracaso de esta línea fue la baja participación

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CUADRO 7

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RESULTADOS DE LA EXPLOTACION DE LOS FERROCARRILES FRANCESES
FCSF
1888
A) Longitud media en explotación
(en km.)
1

B)

Tráfico
(miles de toneladas)

l.

Volumen carga
Recorrido medio (km)
Composición carga:
Cereales
(º/o sobre total)
Maderas
(º/o sobre total)
Azúcar
(º/o sobre total)

2.

'

l.

Producto total
Producto carga
(º/o sobre total)

3.

1 307 1 635

341.3

460.5
161

588.11
220

201.5
43.7
150.3
32.6
14.9
3.2

162-1
27.6
269.5
45.8
22.4
3.8

--

960.1
726.5
75.7

1 558,7
266.9
81.3

422.8
76.4

624.2
83.6

824.7
85.9

--

--

168.7

--

--

--

----.
--

--

- -1

·,

--

--

553.1

J

'

Gastos totales
(º/o sobre producto)
Composición:
Vía y obra
Tracción y conservación
vehículos
Tráfico estaciones
Movimiento trenes
Administración
Directorio y representantes
locales

..!._

--

-'

.

746.6

--

,_

Beneficios totales
Media por kilómetro

--

--

;

1

---

--

- -

1

1897-9

1 307

1_1· _ _

.-

1893-5

943

210.8

Resultados de la explotación
(en miles de pesos oro):

2.

453

--

C)

~

1890-2

FC A
1892*

130.3
0.28

122.8
0.13

1894

1895

635

635

635

73.2

187-2
121

195.6
133

273-2
136

--

6-2
3.3
99.1
52.9
10.8
5.8

5-3
2. 7
82.5
42.1
28.9
14.8

5-2
1.9
83.8
23.7
23.7
8.7

74.9
66.8
89.3

220.5
182.2
82.6

320.1
262.1
81.9

415.9
364. 7
89.9

251.6
80.3

143.4
191.5

412.3
187

391.2
122

374.1
89.9

365.9

--

124.8

114.4

100.4

318.6
125-5
84.2
84.2

480.1
192.7
90,2
90.2

40.3

59.3

138.2
0.11

1893

314.2
0.24

--

--

-,
--

--

--

133. 7
3 1. 7
58.6
58.6

127.2
32.9
64.4
64.4

--

20.3

20.5

16.0

· 191.8
-0.30

· 71. 1
·0.11

41.8
0.07

· 68.5
· 0.11

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27.3
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FUENTES: R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de Ferrocarriles en explotación (1892-1899), passim.
Provincia de Santa Fe, Mensajes del Gobernador (1889-92), passim.

*

datos del 2o. semestre solamente.
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VI

w

�154

Siglo XIX

del azúcar y la caña en el tráfico total. Ese rubro, en el que los inversores habían basado grandes expectativas, participó entre 1893 y 1895 con
sólo el 10.5% de la carga total. Los mediocres resultados del transporte
del azúcar se pueden apreciar mejor si comparamos su volumen con el de
las otras lfoeas que unían Tucumán con el litoral.
En 1894 el FCA transportó solamente 28 915 toneladas, frente a las
69 986 del FCBAR y las 97 101 del Central Córdoba. Por otra parte ni siquiera esa magra cantidad se volcó a la red del FCSF, que ·ese año transportó ll 968 toneladas. En realidad la mayor parte de la carga transportada
por el FCA no se canalizó hacia el FCSF sino que más bien correspondió a
un tráfico local, entre las estaciones de la última sección, que concluía en
la ciudad de Tucumán. Esto significaba un serio revés para los planes franceses, desde que la carga total del FCA había alcanzado en 1895 a ~~presentar un 56% de la del FCSF y hubiera ayudado a elevar la rentabilidad
de esta última compañía.42

LA CUESTION DE LAS GARANTIAS Y LA RENEGOCIACION DE LOS
CONTRATOS
Como podemos apreciar por los resultados de la explotación, el cobro de
las garantías asumía para los inversores una importancia vital a los efectos
de mantener en pie el esquema financiero sobre el que habían montado sus
negocios. Sin embargo, la crisis de 1890, al colocar_a l?s g?~~ernos na~ional
y provinciales en un estado de completa insolvencia, 1mp1d10 que los mv~rsores pudieran recurrir a este mecanismo. Esto dio. lugar a un compl~Jº
proceso de negociaciones, en que las distintas parte.s mvolucradas en las mversiones intentaron liquidar sus pérdidas al menor costo posible.
En el caso del FCSF los inversores habían reconocido tácitamente la
insolvencia del gobierno santafecino desde el momento mismo de la firma
del contrato, cuando aceptaron recibir el pago de las garantías en nue~os
títulos provinciales en vez de efectivo. A fines de 1889 el go~ierno provmcial autorizó la emisión de tres millones de pesos oro en titulos, con los
que entonces se pensa~a cubrir el se~~cio de la ga_~tía d~-los tres pr~eros años. La negociacion de las cond1c1ones de em1S1on rec1en concluyo en
junio de 1890. Los inversores acordaron tomar los títulos al 75% de su
valor nominal (cotizaban entonces al 88/90%) ! hacerse :argo de sus ~ntereses en los tres primeros años. La transferencia de los titulos todavia se
demoró hasta agosto y ya para entonces las cotizaciones h_abían cajdo p~r
debajo del precio pactado. En los meses siguientes la ca1da no hizo mas
43
que acentuarse, hasta llegar a sólo un 30% de su valor nominal.

A. M. Regahky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

155

Ante esta situación, y el fracaso de su intento de obtener un lote adicional de títulos, los inversores adoptaron la decisión de suspender los
servicios financieros afectados a la garantía. Como esto involucraba a los
empréstitos provinciales de Murrieta aún en circulación, se llegó a una situación muy compleja en la que los inversores franceses reclamaban algobierno el pago de la garantía, el gobierno reclamaba a los inversores el pago
d~I servicio de los empréstitos provinciales, y los tenedores ingleses de esos
titulos demandaban a ambos por los intereses caídos. Además, como el
crédito exterior del gobierno provincial había virtualmente desaparecido
,
'
no se pod1a recurrir al expediente de una nueva emisión que saldara los
intereses de las anteriores.
. ~~ situació~ pareció destrabarse en 1892 cuando el gobierno nacional
dec1d10 concurrir en apoyo del de Santa Fe, y los franceses accedieron a
hacerse cargo del arreglo con los tenedores ingleses. Por el contrato del 29
de septiembre el grupo francés obtenía la propiedad "absoluta y definitiva" de toda la red, incluso de la parte hipotecada por los empréstitos ingleses, a cambio de su renuncia a las garantías y su compromiso de reembolsar los empréstitos pendientes. En realidad, esta última condición ya fi.
guraha en el contrato de concesión, según el cual los inversores debían haber co~pletado_ el rescate de los títulos en octubre de 1891. Por su parte
el gobierno nac1onal aportaba al grupo francés tres millones de pesos oro
en títulos 6°/o del empréstito Morgan (con garantía de las aduanas nacionales) en reemplazo de los títulos provinciales recibidos en 1890. 44
Las condiciones no fueron muy bien recibidas en la legislatura cuando
se debatió el contrato, y si bien éste fue aprobado, se incluyó una cláusula
para el caso de que fracasara, que propiciaba como alternativa la retención de las líneas en manos de la provincia y la entrega a los inversores
franceses de una cantidad menor de títulos. Sin duda los terratenientes
santafecinos veían esfumarse con esta operación el proyecto de una red
~e transportes con tarifas de fomento, más bajas que las de las líneas particulares.
, De todos modos, el convenio quedó en suspenso porque el grupo frances no logró el, consentimiento de los tenedores ingleses, que se negaron a
cancelar sus titulos contra la transferencia de los bonos nacionales. En
esos momentos las cotizaciones de los títulos santafecinos en Londres llegaban a su mínima expresión, por debajo del 20°!o de su valor nominal.
Desde principios de 1892, en que se produjo la quiebra de Murrieta, regis~aban una continua caída mientras los demás valores argentinos evidenciaban una tímida recuperación. El grupo francés seguramente entendía
que esta circunstancia debía llevar a sus tenedores a reducir el nivel de aspiraciones. Por su parte estos últimos, representados por la influyente

�156

Siglo XIX

River PI.ate Trust Co. confiaban en que sus conexiones con las esferas oficiales argentinas les permitirían conseguir un mejor resultado por la vía
judicial. En abril de 1894, asesorados por Manuel Quintana, iniciaron un
juicio contra la provincia por el pago de los intereses atrasados que ya sumaban 2 318 960 pesos oro.45

Mejores resultados tuvo el grupo inversor en sus negociaciones con los
tenedores franceses de obligaciones. A diferencia de los títulos provinciales, la mayor parte de esos valores estaba afectada a la construcción de las
líneas nuevas, y su servicio se atendía con los fondos destinados a las mismas. No obstante, el grupo francés había suspendido los pagos desde principios de 1892, cuando todavía faltaba un tramo importante de las obras.
Luego de fracasar sus intentos por convertir las obligaciones en nuevas
acciones, los inversores consiguieron hacer aceptar su canje por nuevas
obligaciones de interés variable. Estos valores tendrían derecho al 90%
de las utilidades hasta que fueran saldados los intereses originales, período
en el cual no se podrían repartir dividendos a las acciones.46
En cuanto al FCA, su situación hizo crisis bastante después que el
FCSF, a mediados de 1893. Hasta ese momento los inversores habían pagado el servicio de las obligaciones normalmente, inclusive el del primer semestre posterior a la habilitación total de la línea. A su vez habían logrado cobrar en títulos Morgan la primera cuota de la garantía, correspondiente a una sección abierta en 1891. Sin embargo desde. mediados de
1892 era perceptible un viraje en la política del gobierno nacional, que se
negaba a seguir emitiendo títulos Morgan para las garantías, y exigía a las
compañías ferroviarias la entrega del 45% de su producto bruto para retomar el pago en efectivo.
Frente a estas perspectivas inciertas, los inversores resolvieron colocar
a la compañía en liquidación judicial, en julio de 1893. Según el informe
de los liquidadores sólo quedaban 204 178 pesos oro (correspondientes al
saldo del capital accionario) para seguir atendiendo los gastos de funcionamiento del ferrocarril. En octubre de ese año el grupo inversor arribó a un
concordato con los tenedores de obligaciones similar al del FCSF. Los tenedores obtenían derechos sobre el 95% de las utilidades pero a diferencia del caso anterior aceptaban que se repartiera el 5% restante entre los
accionistas, aún cuando no se hubieran cancelado los intereses originales.
·Esto era importante porque las posibilidades de obtener un saldo distribuible por vía de la garantía eran mayores que en el caso del FCSF (pues
el gobierno nacional conservaba cierta solvencia).47
La situación de la compañía se mantuvo sin variantes hasta principios
de 1895. En el interín los escasos fondos disponibles se consumieron rá-

A. M. Regalsky: Inversiones francesas_en ferrocarriles argentinos

157

p~damente por los continuad~s déficit ~e explotación. Los inversores pudieron mantener el ferrocarril en funcionamiento sólo porque a mediado~ de 1894 el gobie~~ retor_:t el pago de las garantías, aunque por un
40 1/o de los valores ongmales. A comienzos de 1895 se prod ·
· ·
1
J' •
UJO un nuevo Vlr_aJ_~ en a po 1tica,oficial, tendiente a cancelar las garantías mediante
la em1S1on ~e nuev_o~ htulos públicos. Bajo esta nueva situación los inversores negociaron rapu]~mente, la transferencia al gobierno de la línea. Evidentemente, e~, ausencia del regimen de las garantías, no les convenía mantener _la poseSion de una línea deficitaria que iba a requerir un contínuo
drenaJe de fondos. Por otra parte, la transferencia no afectaría sus intereses
en el FCSF,
'
· d pues en, razón. de su diseño la línea de San Cns·tóbal segu·1na
man temen o su caracter tributario de esa red.
Las ?ondi~io~es del contrato de transferencia establecieron que el grupo frances recibina el pago en títulos nacionales a razón de 16 000
kil ,
d ,
. .
pesos
o~o por ometro e v1a _principal y auxiliar, además del monto de garanbas _que se hallaban pendientes de pago. Este sistema implicaba una mayor
longi~d (670 km.) que _el _que se venía utilizando para la liquidación de las
garantias (650 km.). AsimlSJJlo el precio kilométrico era más favorable que
e! calculado por la Comisión Especial de Ferrocarriles Garantidos, que estimaba el valor de la línea a razón de 10 000 pesos oro. 49
Estas cues~~nes así como las críticas habituales sobre la pobre calidad
de la co~cc1on y las malas condiciones de mantenimiento motivaron
que el gobierno ~ope~~a con muchas dificultades para hacer aprobar el
contrato, Y su _rati:6cac1on se demoró desde abril de 1895 (en que fue firmado) ~asta enero de 1896. T?d_avía l~s invers?res debieron aguardar has~ com1enzos de 1898 para recibir los htulos puhlicos, que resultaron suficientes para reembolsar a la par todas las obligaciones concordatorias
Duran~e el período de demora (1896 y 1897) recibieron los intereses d~
esos tJtulos, del 4% anual, lo que les permitió repartir un módico dividend? _sobre el capita} obligatorio y sobre su propio capital accionario. En
de_fimtiva, la o~eracion les pe~i~ó recuperar el capital invertido y restituir el que habia aportado el publico ahorrista, aunque sin reportar intereses durante un~ parte del ti_empo e~ ~e estuvo inmovilizado. Igualmente
quedaron en pie_ las ganancias de tipo mdirecto que habían logrado obtener en las operac10nes de recaudación e inversión de los fondos.

LA NEGOCIACIONES FINALES Y EL COMIENZO DE UNA NUEVA
ETAPA
Al mismo tiempo que arreglaban su salida del negocio del FCA, los inversores franceses reanudaban sus negociaciones con los tenedores ingleses pa-

�158

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

.
.
. , del FCSF. En enero de 1896 lograron ratifi~
ra regulanzar la S1tuac1on l
tim"e to de los tenedores ingleses. Sm
el convenio d~ 189~ con ed ~o:::n ea~an or la negativa del gobierno ?ª·
embargo, su e1ecucion que o M qu
. ~ almente convenidos. Debian
cional a. apo~t.ar los tí~os org:°re:~su posición, lo que se produjo
transcumr mas de tres ~o~ para_ 4;Ill Roca
e procuraba concluir con totras el ascenso de la ad~mmstrac1on timulJ'1una nueva oleada de inversiodas las cuestiones pendientes para es
nes extranjeras.
- 'ashcuya. situación
En 1899 el FCSF era una de las P?:as co~panih
.dido en sefa.
.
P
t.ambien debieron a er mc1
guía sin regul~ar. or ~-ntonces~e ·ones del obierno provincial, que se
vo~ de una rap1~a soluc1on l::U~ d:sfavorableg en el litigio entablado en
veia comprometido por ~n
almente interesado estaba el grupo
1894 por los tenedores ingleses. Igul
er en marcha nuevos pla,
d se ha llegar a un arreg o para pon
,
1
frances,.
que
.
,e
a
.
ta
de
la
favorable
evolución
de la compañia en os
nes de mvers1on, en VlS
últimos años.
sultados de la explotación fueEn efecto, en el período 1897. 99
- 1os rtee . s El promedio de los in.
. es a los anos an nore .
ron notoriamente supenor
. al d 1
,odo 1893-95 y el aumento
fu
62% supenor
e pen
. d
b
gresos rutos e un
b fi .
del 127 .3%. En matena e
fue aún mayor en el caso de los, ene c1os~
acteres definitivos:
tráfico, la red del FCSF co~olido en esos an:~:n el principal comel tráfico forestal siguió creciendf
coQ~izás lo más significativo fue
ponente de la carga total, con e
. odi.. on a las líneas más nuevas y
ás grandes correspon er
E
l
que os progresos m
el área forestal como en la ce~alera. sdistantes de la cabecera, tanto en l d
11 del tráfico p9d1a deparar
to era un índice elocuente de qu~ e -~sarr;ot otra parte, esas líneas, que
todavía mejores result:idos de e~! ::~:; con el territorio nacional del
en un caso se extend1an hasta
C, d ha tenían por delante grandes
. •
t h ta la frontera con or o ,
Chaco y en o ro as
,
. . 1 b·etivo de futuras amp1iacioáreas sin explot.ar que pod1an constJtuu e o ~
nes de la red.50

4~ª;~

.
, . . o a reducir la incidencia
El desarrollo del tráfico contribuyofias~JSmthaJ·ó a un promedio del
d
plotación cuyo coe cien e
,
de los gastos e ~x .
' º'/o ara 1899 Este descenso fue mas mar80 3°1o para el tnemo, Y 75.5
P
· dir ., lo que siunifica
.
d
. . nto de trenes y
ecc1on,
&gt;t&gt;·cado en los rubros e movume ,
un mejor aprovechamiento de la
que se pudo atender el mayor tráfico con .
A su vez este menor coefi· · t·
operab\ia
,
misma estructura admuustra wa y , 1 . .
res incrementar fuerteti
ennitio a os mverso
,
ciente de gastos opera vos .P .
de vías del tren rodante, que veman
mente los gastos de manterum,~nto .
- : por la escasez de recursos.
siendo postergados desde hacia varios ano

159

Este mayor interés de los inversores por la mejora del estado de la red
se advierte también en su política de distribución de beneficios. En el
período 1897-99, en que los beneficios de la explotación acumulados represent.aron un 5.6% del capital en obligaciones, los inversores repartieron sólo un 30% de los mismos a sus tenedores. Con los beneficios reinvertidos emprendieron diversas obras de mejora, la ampliación del puerto
propio de Colastiné y la adquisición de nuevo material rodante. Al concluir el período, las existencias de vagones se habían incrementado en
228 unidades, o el 18.75º/0 •51
Esta política de capitalización puede interpret.arse también como
una política de redistribución de ingresos. Con recursos obtenidos a partir de una situación de suspensión de pagos que perjudicaba a los tenedores de obligaciones francesas tanto como a los tenedores de empréstitos
ingleses, el grupo inversor aumentaba la capacidad de la red de generar
utilidades, a la vez que desplazaba el momento de su distribución hacia
una etapa futura, en que la reforma del concordato le permitiera percibir dividendos sobre su capital accionario.
Esa nueva etapa se abció a partir de los acuerdos celebrados en diciembre de 1899. Por esos acuerdos los inversores obtuvieron la reforma
del concordato en el sentido apuntado, así como la aprobación de los postergados contratos con la provincia de Santa Fe y con los tenedores ingleses_s2
El contrato con Santa Fe tenía las mismas características que el de

1892. Los inversores recibían en propiedad perpetua la totalidad de las
líneas y tomaban a su cargo el rescate de los empréstitos en poder de los
tenedores ingleses. Asimismo recibían del gobierno nacional unos 4 875 000
pesos oro en títulos de 4%, en vez de los tres millones de pesos oro en bonos de 6% que se habían convenido en 1892. Por el contrato con los tenedores ingleses les transferían esos títulos nacionales junto con otros
3 170 000 pesos oro en nuevas obligaciones de 3% de la compañía francesa. De tal manera, los tenedores ingleses recibían en total nuevos títulos
por el 74% del valor de los empréstitos que tenían en cartera, aunque en
términos de intereses esos nuevos títulos les reportaban sólo el 53% de lo
que percibían antiguamente.
Este arreglo puede calificarse como satisfactorio para los tenedores ingleses, si tenemos en cuenta la debilidad de su posición. Los empréstitos
que mantenían en cartera tenían una muy baja cotización (en enero de
1899 era del 34% y un año antes del 22%) La antigua casa emisora
rMurrieta) había quebrado y no jugaba ya ningún papel en la captación de
capitales para la Argentina que hubiera permitido exigir un tratamiento es-

�160

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

·a1 Finalmente las líneas hipotecadas contra los empréstitos eran mepectretazos
.
' principal, y su posesion
, no o fre ct,a
, o t ra ven taJ·a que la
ros
de la red
de ser una herramienta de presión sobre el grupo frances.
Más satisfactorio resuJtaha el arreglo para el grupo francés que ohte~ía
la ropiedad perpetua de toda la red, aunque sólo bahía ap~rtado el 60 fo
deicapital invertido en la misma. Además concretaba el rearo_ de los tenedores ingleses utilizando mayormente títulos del g?hiemo nacto~~- ~e tal
manera la operación implicaba un gravamen equt~alente al 22 .'º e 1os
beneficios de la compañía en 1899, y con perspecbvas d~ reducll"SC ª medida que los resuJtados de la explotación continuaran me1orando. P?_r
parte el retiro de los títulos ingleses implicaba una verdadera defl~c1on e
"tal que quedaba reducido a una cifra más cercana a lo efectwame~te
=~d~ en obras, y más adecuada para obtener una rentabilidad atractiva
en un plazo más corto.

o:~

En cuanto a la reforma del concordato pactada con los ten~d~res_ ~e
obligaciones francesas, tos inversores ofrecieron una mayo~ parbc1pac1on
a los tenedores en los beneficios distrihuihles. (de~, 93.25 fo en ~ez del
90%) y como contrapartida obtuvieron autortzac1on para repartrr el ~manen~e como dividendos para su capi~ ªC&lt;;ion:t"o, Y que~ru:on facu_ ·
tados para emitir nuevas obligaciones de mtercs fiJo cuyo servicio ~oz~ria
de prioridad sobre los anteriores títulos emitidos. Desde el P~_nto e vista
de los tenedores esta solución implicaba una nueva postergact0n en sus aspiraciones a retomar el interés del 5°1o estipulado .º~~~mente, aun:
se compensaba en el largo plazo con la mayor parbc1pac1on que toma ,
1 saldos distrihuibles. Desde la óptica de los inversores el ~pecto m~
en os
,
. • bliga
es que si
favorable estaba tal vez en la autorizacion para emitir o
c1on , .
de momento apuntaba a la conclusión del arreglo con los te?edores m~eses los colocaba nuevamente en condiciones de poder recumr al merca 0
de París para alimentar los planes de expansión que ya se estaban gestando.s3

161

2. Hemos descrito este proceso en nuestros trabajos: "Las inversiones francesas en
empréstitos provinciales en la década de 1880", V Jornadas de Historia Económica, Universidad de San Juan, 1983 y "Las inversiones francesas en empréstitos
públicos nacionales, 1881-1890", VI Jornadas de Historia Económica, Universidad de Córdoba, 1984.
3. Mientras en el gobierno de Roca se otorgaron sólo 3 concesiones por 459 kilómetros, en el de Juárez Celman se dictaron 25 leyes de concesión garantidas por
13 482 kilómetros. Particularmente en 1887 se concedieron 14 líneas con garantía por 7 724 kilómetros, además de la enajenación de las dos líneas estatales por unos 1 200 kilómetros. En cuanto a las construcciones ferroviarias, .e n
1881-86 totalizaron 3 651 kilómetros y en 1887-92, 6 956 kilómetros.R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de Fe"ocarriles en Explotación
(1895), passim.
4. El sindicato franco-belga estaba integrado entre otros por Deves (Cfedit Foncier de Francia), Otlet (Compañía de Gas de Río de Janeiio) y Empain (ferrocarriles del Perigord). SAJ (fhe South American Journal), 27-IX-90, 377. Sobre la Société de Batignolles y su fundador Gouin hay abundante información en R. Cameron, Francia y el deaarro/lo económico de Europa, 1800-1914,
Madrid, Tecnos, 1971, pp. 76, 106-7, 274 y ss.

5. Sobre la especulación con latifundios en el Chaco hay abundantes referencias en
los periódicos de la época. Al debatirse la concesión de Peláez, El Diario (4VIII-87) publica una "nómina de los que han obtenido tierras en el Chaco y se
verán favorecidos por este ferrocarril", que incluía a P. Groussac, Langworthy,
T. Malbrán, Casares y otros. En 1887 también se otorgaron concesiones en el
Chaco a F. Younger (Paraná-Tartagal), A. Lanús (Resistencia-Metán) y J. Martínez (Nanducito-Presidencia Roca). En cuanto al área andina, hubo también
abundantes concesiones ese año: l. Quiroga (S. Juan.(:humbicha), P. Prud'home
(Chilecito-Mejicana), Sánchez e lgarzábal (S. Juan.(:hilecito) y A. Carranza
(Chumbicha Tinogasta). R. A., DSCD (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados), 1887, II, 1.107.08.
6. Batignolle, habilitó 86.5 kilómetros el l-Xll-90 (V. Mercedes-La Toma). En
1891 redujo las obras a un mínimo (14 hombres trabajando) por falta de fondos. En cuanto al grupo franco-belga, en agosto de 1890 debió suspender las
Qbras por un litigio con Peláez, y en octubre de 1891 las interrumpió definitivamente. R. A.,Memoria de Obras Públicas (1889-91), 11, 21-7, 156-9 y 252-6.
SAJ, 20 y 26-IX-90, 335 y 373.
7. E. Baldy, Le, Banques d'Affaires depuis 1900, París, 1922, 28-30 y 140-159.
Sobre su participación en los empréstitos argentinos, véase nota 2.

NOTAS

t:: :t

l. Entre 1880 y 1886 se registró una fuerte baja de los ~ete~ m~í~o~
mitió abastecer el mercado europeo de productos pnmanos e . e P 1
.
alejados, como la Argentina. H.S. Ferns, Gran Bretaffa y Argentma en el_ s'8l0
XIX Buenos Aires, Solar, 1966, p. 407. También se encuentran referencias en
L
(L 'Economiste Francais), 15-1-1887, p. 78.

'EF

8. The Economist, 25-VII y l-VIIJ-85, 906 y 958. Sobre la actividad deFives Lille en
Europa puede consultarse R. Cameron, ob. cit., 70, 107, 274 y ss. Su predominio en el mercado azucarero es testimoniado por el cónsul británico Egerton. The Ecorwmist, 12-11-81, 1 400. También, L 'EF, 7-1-82, 15. Sus ventas a
los ferrocarriles estatales en R. A., Registro Nacional, 22-Vll-84.
9. Este interés por la exportación de capitales como vía de penetración comercial
se reflejaba en la prensa financiera francesa. "Inglaterra nos vence en el terreno
del gran consumo. Lo hace por un procedimiento que ignoramos: la importa•
ción de capitales. Es así como se ha apoderado de todas las grandes empresas que

�162

Siglo XIX
dan a los capitales ingleses rendimientos que... casi nunca bajan de 10°/o... y
no consumen más que productos ingleses. Lo que muestra el cuadro general de
nuestras relaciones con la República Argentina es que allí como aquí permaneciendo estacionarios perdemos terreno. ·No hemos hecho nada por ganarlo, buscando en este país nuevo el empleo de capitales que abundan en Francia sin empleo" LEF, 14-Xll-86, 755.

10. Ley de la provincia de Santa Fe promulgada el 2-1-85, en E. Schlatter (DGVC),
Leyes, contratos y resoluciones referentes a ferrocarriles, Buenos Aires, 1903,
IV, 141-2. Los propósitos de esta expansión fueron claramente explicitados por
el gobierno."...nuestro engrandecimiento como pueblo está hoy perfectamente
asegurado, desde que el sistema de ferrocarriles de trocha angosta está destinado
a formar en la República, con Santa Fe como centro, una red completa que
atraiga el comercio y la producción andina, chaquense y del extremo noroeste,
a los puertos principales del Litoral. .. " (ministro Cafferata, en PSF, Memoria
de Gobierno 1887, LXIX). " ... el transbordo de una línea ancha a una angosta
quedará suprimido por el único medio natural y practicable que consiste en dar
a la trocha angosta todos los Puertos que tiene la trocha ancha ... De este modo
la carga podrá tomar/ una u otra / aprovechando de las competencias en los precios que con beneficio del país tienen forzosamente que establecerse dentro de
lúnites prudentes y racionales " (gobernador Galvez, en PSF, Mensajes del Gobernador (1888), 25-VI).

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

163

17. A partir del undécimo año de explotación. PSF.Memoria.. ., 73.
18. Ese fue el argumento de Láinez para oponerse a la concesión: "El 5º/o durante
55 años viene a ser la amortización del capital entre 42 y 45 años con el 4º/o de
interés y l de amortización. Luego, a los 45 años, si la nación mandara a construir por su cuenta este ferrocarril, sería completamente dueña de él, después de
haberlo explotado durante ese tiempo". DSCD, 10-X-87, 58.
19. Esta categoría de beneficio es analizada con especial detalle-en R. Hilferding,EI
Capital Financiero, Madrid, Tecnos, 1973, cap. VII. "Mientras que el capitalista
monetario recibe interés por prestar su capital, el Banco emisor de acciones, que
en este caso no presta nada, tampoco recibe ningún interés. El interés lo reciben
más bien los propietarios de acciones como dividendos. Al Banco afluye la ganancia del empresario; pero no como ingreso anual sino capitalizado como ganancia de fundador. . . Este método asegura para los fundadores tos beneficios
extraordinarios que han de esperarse de la fundación y de todos los progresos futuros y coyunturas favorables, mientras la ganancia del público poseedor de títulos queda fijada en un límite constante que no sobrepasa demasiado el interés."pp. 122 y 136-7.

20. Ade1!1~~ se recono~ía un coeficiente de gastos ?e 55º/o por los 55 años. Según la
Com1s10n de In tenor del Senado, Portalis hab1a pedido una garantía del 6 /o sobre un capital kilométrico de 20 mil pesos oro. DSCS, 27-IX-87, 636.

11. E/Diario, 21-1-87 y 10-V-87,y LEF, 29-X-87.
12. Para la tramitación del Central Córdoba puede consultarse E. Schlatter, op.
cit., íll, 5-10. Las primeras negociaciones de Murrieta para comprar el Central
Norte y del gobierno santafecino para vender la red provincial se hallan testimoniadas en El Diario, 14-IV-30-V-87.

13. PSF,Memoria de Gobierno (1887), 72. " ... lanzada la concesión al mercado, ~a
despertado tal interés que sus concesionarios han realizado operaciones ventaJosísimas para ellos y para la Provincia, atrayendo capitales franceses ... Se puede,
en ese concepto, anticipar una idea que germina ya en las combinaciones financieras de algunos sindicatos europeos. Nuestros ferrocarriles serán objeto dentro
de poco de negociaciones para que pasen á la acción particular. Estas negociaciones se producirán sin que el gobierno las provoque, demostrando así que somos
objeto del estudio de las eminencias financieras de la Europa, que ... tratan de
vincularse con grandes capitales a nuestro porvenir económico" (ídem, LXIX-

LXXIO.
14. Las dificultades acarreadas por la concesión del FCBAR son reconocidas en la
Memoria de Gobierno ya citada (p. LXX). La nueva propuesta ante el gobierno
nacional contó con el apoyo explícito del gobierno de Santa Fe. DSGS (Diario
de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Nación), 1887, 383.
15. El Diario (21 y 23-XII-87) informó acerca de tres propuestas, de las cuales la
más alta era la de Bouwers (FCCA). Luego el gobierno dio a conocer una cuarta
oferta a cargo de Hume Hermanos, que resultó triunfadora. Lo llamativo es que
los Hume eran meros representantes de Meiggs, que había presentado una de las
propuestas más bajas. R. A., Memoria del Interior, 1888, 623.
16. R. A.,M. de Hacienda, Archivo de la Deuda Pública, carpeta 2088.

21. E. Schlatter, op. cit., III, 121-3. "Como se ve, por el contrato se alteraba la ley
de concesión, puesto que no debían entregar al gobierno el 45º/o del Producto
Bruto.. . comprobándose la negligencia, por no usar de una palabra más fuerte,
de los gobiernos que violentaban las leyes en sus contratos, perjudicando al tesoro público en beneficio de los particulares " (senador FigueJoa, en DSCS,
21-XII-1895, 920).
22. El monto emitido había sido en realidad de 1 039 500 libras esterlinas. La diferencia (40 000) corresponde al costo de construcción del ramal S. Fe-Colastiné.
Sin embargo este ramal estaba incluido en el prospecto de emisión de las
1 039 500 libras esterlinas. The Economist, 12-XII-85, 1.521.
23. Sobre el fracaso parcial de las primeras emisiones, SAJ, 5-l-89, 3. Con respecto a
las últimas, hay testimonios de que Murrieta retenía un importante stock en
Reuiew ofthe Riuer Plate -RRP-, 27-U-92, 12 y SAJ, 3-11-94, 129.
'
24. Por la ley del 19-IX-88 se autorizaba a Fiues Lüle "la construcción de 500 kilómetros de líneas nuevas, que se determinarán de acuerdo con el Excmo. Gobierno." E. Schlatter, op. cit., IV, 153.
25. La ruta de Tucumán a Santa Fe vía San Cristóbal quedaba reducida a unos 750
kilómetros, mientras que la ruta de Tucumán a Rosario vía Sunchales (FCBAR)
era de 850 kilómetros.
26. LEE (L 'Economiste Européen), 1-IX-1894, 273. El presidente de FCSF -Ewald
integraba simultáneamente los directorios de Fives Lille y de la Banqu; Russ/
Esta última institución estaba involucrada en negocios en Santa Fe desde fines
de 1887, cuando se ocupó de emitir las primeras obligaciones de CFSF Crédit Foncier de Santa Fe. El Diario, 14-X-87 y LEF, 5-XJ-87.

�164

Siglo XIX
A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

27. Véase R. Cameron, op. cit., 96 y 440. En 1852-81 los emprésJitos representaron el 51.6º/o de las inversiones externas, y en 1892-1913, el 62 /o.
28. R. Cameron, op. cit., p. 481.
29. Véase las memorias de ambos bancos

en LEF, 16-Il-1889 Y 27-IV-1889.

30. Así pues a fines de abril de 1887 se explicaba la débil cotizaciÓn del empréstito' argentino de Obras Públicas emitido a principios de enero de ese año porque
su colocación no estaba todavía suficientemente avanzada (LEF, 27-IV-87,
486).
31. "Se anuncia un empréstito de 10 millones de la provincia de Catamarca, ~ ~mpréstito de 7 y medio de la provincia de San Juan y finalmente dos emprestltos
de 60 millones en conjunto de la ciudad y provincia de Córdoba. La simultaneidad de todas estas operaciones puede impedir por un tiempo que estos títulos
alcancen la pa.i:." LEF, 4-VIII-1888, 151.
32. Se debía abonar el 25º/o al contado, el 30°/o a dos meses y el 35.5°/o restante a
4 meses. LEF, 4-VIII-88, 156.
33. "El Banco, que ha prestado sus mostradores a las compañías /FCA y F~S~! para la emisión de sus obligaciones, posee desde hace tiempo 21 355 obligaciones
de FCSF y 11 433 de FCA ". Memoria de Paribas en LEF, 2-Vll-1892, p. 30.
34. LEF, 13.7 y 24-VIII-1889.
35. (Ver nota 32). Fives Lille tomó la construcción de las líneas mediante un c~ntrato de riesgo, Jo que significa que aceptaba recibir parte del pago en obliga.
ciones (LEF, 18-V-89). En su asamblea del 30-XI-95, los directores de esta firma
declararon un saldo acreedor de 751 094 francos, pese a las amortizaciones
anuales de 200 mil francos. LEE, 4-1-1896, 11.
36. En la cuenta de construcciones de FCA correspondiente al primer año, se incluía también la prima de las obligaciones emitidas. Para poder desagregar ambos
rubros partirnos del supuesto de que los gastos específicos de construcciones debieron representar c;n eJ primer año el mismo porcentaje sobre el total gastado
hasta el final de las obras que en el FCSF (11°/o).
37. Un testimonio de esta práctica aparece en los informes de Pellegrini sobre las
negociaciones por el empréstito de Obras Públicas: "Me han hecho pedir una
comisión extraordinaria y fuera del contrato por una parte del anticipo ... Me
han hecho decir que en esa comisión estaba todo el secreto de la operación ...
/Los / franceses ... son sociedades anónimas y las comisiones son una parte para
los Directores y otra para la Sociedad. . . y por consiguiente la parte de los Di·
rectores no figura ... o si figura será a nombre de un tercero - Mallman, Bem•
berg o cualquier otro, quien recibe y distribuye." R. A., M. de Hacienda, Archivo• .•, carpeta 2096, Pellegrini a Pacheco, 20-V-1885.
38. Las sumas a gastar en terrenos estaban especificados en el contrato del FCSF
(unos 500 mil pesos oro). En cambio no lo estaban en el-caso del FCA. SegÚn
la versión disponible de su balance de 1889, se habí;in imputado 1 742 000
mil pesos oro en "Securities on land" (SAl, 9-Vlll-90, 173).

165

39. Las secciones construidas por Meiggs habían sido equipadas con materiales de
firmas inglesas, exclusivamente (Railway Carriage, Brown Marshall, Cloucester
Wagon, etc.). Dirección General de Ferrocarriles, op. cit., 1894, .passim.
40. El gobierno no aceptó otorgar garantías sobre una parte de esos ramales: "porque los hubieran construido los dueños de ingenio por propia conveniencia."
DSCS, 21-XJI-95, 920. El FCBAR peticionó contra la garantía de esos ramales,
que conducían a ingenios ya servidos por dicha compañía. RRP, 24-Xl-94, 7.
41. El grupo francés había invertido en tierras indirectamente, a través de CFSF.
Esta compañía había tomado posesió.n de tierras próximas a la línea del FCA
Y al ramal chaqueño de FCSF, C. Chapeaurouge, Atlas Catastral de la República Argentina, Buenos Aires, 1901. También hubo inversiones directas. Tras su
liquidación, se supo que la Banque Russe había invertido 453 797 francos en
lotes Y terrenos de Santa Fe, Santiago y Tucumán, y ouos 473 800 en acciones
de la Société des Terres de l'Inca, con 142 500 hectáreas cerca de Fortín Inca
(FCA). LEE, l-IX-1894, 273.
42. En 1896 y 1897 alrededor de un 90°/o de la carga fue despachada desde estaciones ubicadas a más de 500 kilómetros de San Cristóbal, mientras que el re.corrido medio del total fue inferior a los 140 kilómetros.Dirección General de
Ferrocarriles, op. cit., l 896 y 1897.
43. SAJ, 7-111-1891, 301.
44. J. B. Peña, Compilación de leyes... y contratos sobre la deuda pública nacional
Buenos Aires 1907, 1.097-99. Ya en 1891 Cafferata anunciaba la intervenció~
de PeUegrini en la resolución del conflicto PSF,Mensaje..• (1891), 24.
45. SAJ,24-IV-94,477.

46. Concordato celebrado el 26 de abril y ratificado el 6 de julio de 1892. LEF,
2-VlIJ Y 13-Vlll-92, 30 y 220. Annuaíre Générale, Paris 1910.
47. CFC -Cámara Francesa de Comercio en Buenos Aires- agosto-noviembre
1893.
'
48. Junto al FCNEA fue la única compañía que solicitó el pago en papel a fin de
atender los gastos de funcionamiento (CFC, febrero 1895).
49. El texto inicial y las observaciones de la Comisión Especial, en DSCS, 21-XII-95,
920-3 y DSCD, 7-I-96, 1.015.
50. Entre 1896 Y 1899 las líneas de Pilar a Frontera de Córdoba y de Humboldt a
Sobedad aumentaron su participación en la región cerealera de un 20.7 a un
330 /o. Las de Vera a Reconquista y a Paralelo 28, que en 1896 aportaban el
47_ /o ~~ la carga procedente del área chaqueña, en 1899 despacharon el 54.3º/o.
Duecc10n General de Ferrocarriles, op. cit., 1896 y 1899.

51. ldem nota 50. CFC, octubre 1899 y LEF, 7-VIl-1900.
52. El l-Xll-1899 la River Plate Trust infonnaba haber obtenido el consentimiento
de suficientes tenedores como para ratificar el acuerdo (SAJ, 2-XII-99, 639). La
asamblea de tenedores franceses que aprobó los contratos y aceptó reformar el

�166

Siglo XIX
concordato se celebró el 8-XH-99 (LEE, 15-Xll-99, 750-1). Para el texto del
contrato con Santa Fe ver E. Schlatter, op. cit., IV, 176-77.

53. A partir de la finna de estos convenios el grupo francés, comenzó_ a _preparar el
mercado francés para nuevas emisiones de FCSF, a traves de una ms1stente propaganda sobre sus títulos, y ya a fmes de 1900 an~nció su_propósito de prolongar las líneas al territorio del Chaco y a la provmc1a de Cordoba (RRP, 15-XIl1900, 15).

Los Grandes Negocios en Uruguay

Julio C. Rodríguez*

El Uruguay del siglo XIX, conmovido cotidianamente por las guerras civiles, poseía, sin embargo, una segura póliza contra la bancarrota económica:
la producción natural de pasturas y ganados. Con o sin guerras, averiado
apenas el ciclo biológico por secas y epizootias, la ca111paiia oriental producía año tras año millonarias pariciones de terneros y corderos, prodigiosamente dispuestos a seguir comiendo pastos a pesar de las tormentas que
de tanto en tanto, surgían en el mundo de sus pastores.
La escasa población que se disputaba el beneficio de aquellos ganados
y el monopolio de aquellas pasturas, con un rtl ínimo gasto de fuerza de
trabajo, obtenía varias veces más -&lt;lecenas de veces más- cueros y kilos
de carne por habitante que los más desarrollados países del Atlántico
Norte. La sociedad cimarrona que allí crecía casi ignoraba que detentaba
una gruesa cuota de lo que los clásicos de la economía poi ítica habían
llamado renta diferencial del suelo. Fue a caballo de ese prodigioso margen
de exceso sobre la ganancia media de la explotación agrícola-ganadera
mundial, que el Uruguay del siglo XIX fue realizando su acumulación de
capital nacional.
A ese elemento primordial de acumulación agregóse, ya desde los
umbrales coloniales, el usufructo del puerto montevideano, que incluso
luego de la separación nacional continuó desarrollándose por encima de las
estrictas necesidades del mercado uruguayo, para derramarse como puerto
de tránsito para buena parte del Cono Sur. Esta segunda forma de acumulación de capital conoció períodos de amplia expansión, tanto en la Guerra
Grande (complicidad mediante el bloqueo anglofrancés a Buenos Aires)

*Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay.
Este trabajo fue publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República en 1970.

�168

Siglo XIX

como, y en especial, en la Guerra con Paraguay, en que Montevideo se
transformó en la base marítima de operaciones de los expedicionarios
brasileños.
De más está decir que el mejoramiento del proceso productivo y económico de la ganadería, la sucesiva expansión de la demanda mundial de
nuestros productos no hicieron sino reforzar estos elementos excepcionales de acumulación uruguaya.
Para la sociedad dominante que comandaba el usufructo de esa alta
renta nacional y de esa altísima productividad hora/ hombre, uno de los
más divertidos modos de entretenimiento lo constituyó el cómo distribuir
y redistribuir esa renta nacional. Los "grandes negocios" del siglo no fue~on -en una primera instancia- la producción misma obviamente nacida
de los trabajadores, ni la administración concreta de esa producción, desde
el estatuto de estanciero hasta el de empresario y comerciante urbano. La
altísima y excepcional valoración social del banquero y del bolsista uruguayo del siglo XIX no hizo sino reflejar un fenómeno económico real.
Allí, en su privilegiado giro, se organizó la más formidable acumulación de
capital. La banca y la Deuda Pública fueron los "grandes negocios" del
Uruguay precapitalista.
EN EL PRINCIPIO FUE LA USURA...

Las repúblicas latinoamericanas nacieron con un oneroso y, hastá si se
quiere, heroico estigma: la deuda pública. Contraída para atender las urgencias de los ejércitos revolucionarios, se transformó de necesidad con cara de hereje, en hereje sin necesidad. En el Uruguay, aquellos modestos
compromisos del Cabildo rebelde de 1822-23, y los todavía aceptables
sometimientos de los que financiaron la revolución de 1825, fueron adquiriendo un carácter progresivamente más turbio con la cohorte usurera que
financió la expedición de Rivera a las Misiones y que aprendido el oficio se
descargó sobre el país independiente a partir de 1830.
En el país que entonces nacía, sin rentas establecidas, sin estructura
económico-social moderna, con islotes mercantiles en un océano de producción seminatural y de intercambio de subsistencia por trabajo y servicios, la posibilidad de erigir una arquitectura tributaria ágil, eficiente y
barata era una utopía. La extrema facilidad con que el país podía obtener
sus rentas de aquel puerto casi· monopolista de Montevideo, transformó
tempranamente las Rentas de Aduana en la casi única fuente de amortización.de deudas viejas y empréstitos nuevos.
Si se enfoca la situación del país con esa forma abrillantada de la igno·

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

169

rancia que se llama .ª sí misma "técnica financiera apolítica", podría suponerse que nada hu?1e~~ co~ta~o levantar de inmediato un empréstito a largo plazo con_ suscnpcwn publica que hubiese fácilmente enjugado la deuda
flota~te sem11Tecon?cida y semiclasificada. Pero la escasa oligarquía de comerciantes que tenia los comandos en sus manos, había bebido hasta las
heces los_ valore_s de~ mundo colonial semifeudal, donde la privis legio y el
monopolio hab ,an sido las formas consuetudinarias e institucionalizadas de
acumula~ión de capital. El crédito moderno con las técnicas correspondiente~ ?ahria de ser en el Uruguay también, el fruto tardío del completo dom1ruo de las relaciones capitalistas en toda la estructura económico-social
Y, ~~r Jo ta?to, -~el t?tal ~orecimiento de su réplica teórica en economía
pohtica, legislac10n fmanc1era, y en su contexto ético en el mundo de los
valores y estilos de vida.
Cuando los ministerios de hacienda de Pereira, Santiago Vázquez y
Lucas Obes (1830-34) vendían por uno, cinco y diez años los anticipos
de las rentas de patentes, sellados, corrales, tablada, etc., no habían avanzado un centímetro ?e los modales publicanos de la república y el imperio
romanos. Eran el ep ,gono charrúa de aquellos judíos y lombardos medievales que amamantaron, crecieron, quebraron y engordaron con los barones feudales y las monarquías de fe púnica.
El país conocí? tempranamente (1834-35) la división de la proto-Bolsa de valore_s en guelfos (Lacas Obes, Antonio Montero, Doming_o Vázqucz, ~tm _de Castro, José E!lauri, Manuel Herrera y Ohes) y gibelinos
(Juan Marta l'erez, Jorge y R.amon de las Carreras, Ramón Masini Francisco Muñoz, Antonio Díaz) con el triunfo aplastante del clan usur~ro encabezado por Juan María Pérez y que dio lugar a la que hubiera sido una
~rillante op~~ación d~ bolsa ~Co~solidación de la deuda de 1836 y postenor convers10n en prestamo mgles) de no haber mediado el levantamiento
de Rivera.
·
De 1843 a 1851 , la ciudad aislada de la Campaña, sostenida intermitentemente ~or el in_íl~~iento de sus negocios en los períodos de bloqueo
de Buenos Aires, vend10 una lras otras sus rentas a sucesivas sociedades de
com_erciantes en su mayoría extranjeros residentes, cuyos montos de usura
hubieran hecho palidecer a los logreros judíos del muy católico reinado de
Casti~la y León o a los l~mbardos que sangraban a Francia e Inglaterra en
la baJa Edad Media. La llamada ''Sociedad de Aduanas del 48" o la del
''51 ", aquellos Antonini, Lafone, Hocquard, Weill, que prorrateaban los
abastos _de armas, vestuarios, alimentos, a las legiones extranjeras y cuerpos nacionales de la Defensa, no sólo se enriquecieron en contratos fraudulentos Y dolosos, sino que además consolidaron un estilo financiero todo
un género de vida, alimentaron determinado espíritu de empresa' y un
mundo de valores ético-poi íticos siniestro para los intereses de la nación.

�170

Siglo XIX

El especulador el bolsista, fue desde en-tonces la más alta caracterización de un objetiv~ de vida. Fue no sólo, la más rápida ,Y. fulminant~ forma de acumulación de capital que conocio el Uruguay decimonono smo, Y
además, la más paralizante y reaccionaria forma de aplastar el desarrollo
económico y productivo. En el seno de las clases altas ~~uguayas, se ~e
larvando una tradición según la cual, determinadas fam1l1as sol~ pod1an
dedicar su ocio a la rueda de Bolsa y al trajín bancario. Lo demas, el desarrollo tecnológico de la ganadcr ía, la aplicación del capital a ~a manufactura y a la industria era cosa de gringos, de vascos o de transfugas.
Sin embargo, gran parte de la fortuna gringa _(inglc~es, !ranceses) apli~
cada al desarrollo moderno de la ganadería hab,a nacido Justamente ali,
en el inframundo de la usura, de la compra de sueldos al 5 por mil, de pensiones de viudas y huérfanos al l por ciento, en la venta de vcst~arios,
apolillados al precio de cachemiras, de trigo ardidos para la tr~~a cotizados
como especias de las lndias. Ellos, venidos de un mundo versahl Y mercantilizado en todos los poros, giraban rápidamente en sus posturas Y como el
tordo ponían el huevo en todos los nidos.
~] país conoció sus Jacques Coeur, en personajes ~e alucina~1te, c~rrera y catastrófica plancha final. Samuel Lafone, el ~ron de M~ua, bm1lio Reus fueron las más altas cumbres euyas trayectorias han deJado en la
sombra a traficantes más ladinos y más grises porque se retiraron tempranamente a invertir el fruto de sus felices operaciones en los rubros que el
mundo moderno exigía: la ganadería moderna y la industria desarroll~da
silenciosamente a la sombra de las altas tarifas aduaneras que ~mort•~ban la deuda pública. Los hijos y nietos de los usureros de la primera mitad del siglo fueron en definitiva los que ajusticiaron a los usureros de la
segunda mitad.

EL ESQUEMA Y LA TECNICA
Sobre la historia de la deuda pública del Uruguay es posible construir un
modelo comprensivo de sus más peculiares atributos. Un p~Ís siempre escaso de rentas, incapaz de cubrir su presupuesto anual c_n. e?ocas no~ales por la inflación de su lista civü y militar, acumula def1c1ts,- Al mLSIJIO
tiempo la guerra civil permanente impone gruesos compromJSOs para el
pago d~ armas, vestuarios, alimentos. Déficits presupuesta(~s Y gastos de
guerra son apenas los cimientos para edificar las pagodas afiligranadas con
que luego los operadores montan sus birlibirloques de Bolsa.
La concurrencia de todos los acreedores a las sucesivas llamadas del
gobierno (representado en cada etapa por un Junta ele Crédito Público)

f. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

171

supone:
a) El reconocimiento de la legitimidad de la deuda.
b) Su clasificación, o sea el orden de prelación de cada crédito.
c) Creación del plan de consolidación o sea su transformación en nuevos
títulos de deuda con fondo amortizan te.
d) En caso de que las rentas normales no proporcionen el capital suficiente, contratación de um empréstito a largo plazo que proporcione
el capital para la amortización ele la deuda consolidada, de modo tal
que el largo plazo permita aminorar las partidas anuales del servicio de
la deuda.
En cada etapa se ha diseñado un proceso que es más o menos así: el
sector más rico de los acreedores no acepta que sus contratos de remate de
rentas, o de abastecimientos, etc., pasen a ser depreciados en la conversión
del conjunto de la deuda flotante. Logran generalmente ser separados de
la convención y mediante presiones diversas (embajadas, escuadras de guerra, etc.) obtienen servicios especiales de amortización para sus deudas. El
sector menesteroso de los acreedores, funcionarios públicos y militares,
jubiJados y pensionistas, vende sus sueldos a los grupos bajistas que justamente impiden r l pago de sus haberes o provocan por sus conexiones en el
aparato de gobierno la desesperación en este sector.
Del mismo modo, los pequeños tenedores de créditos por abastos,
préstamos, letras de tesorería, etc., lejos ele la estrategia de la Bolsa y de la
poi ítica, venden sus documentos apenas leen en el diario de la mañana que
el Estado no podrá pagar a sus acreedores. Cuando esta enorme masa de
documentos de crédito contra el Estado se halla en manos del grupo que
hasta entonces jugó a la baja, comienza la segunda operación. En primer
lugar, el grupo pugnará por acceder de inmediato al gobierno si ya no se
encontraba en él. Se le verá entonces pontificar sobre la ignominiosa situación del crédito nacional que por su incumplimiento nos coloca aJ nivel de las tribus africanas.
Una bien orqurstada campaña poi ítica y period ísitca, elevará poco a
poco los valores de sus títulos en la Bolsa. Con los valores en alza, podrá
entonces o vender sus documentos y quedar satisfechos con la diferencia
de una mera alza de los valores, o ir mucho más lejos, y comienza entonces la tercera etapa ele la operación: la conversión. El grupo ahora alcista
aumentará el ritmo ele su desconsuelo público por ver el crédito de la nación despreciado por los pulperos de campaña y los mercachifles de la ciudad, recordará la&lt;; viudas de la fndependencia o de la Defensa que no cobran sus haberes; conmovidos suficientemente los que están y los que no
están en la pomada, será entonces fácil arribar a la extrema necesidad en

�172

Siglo XIX

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios ,en Uruguay

, ·
t a jero que al traer los
que se halla el paí~ de co~f~rat~ u:~:::e~=gt:c~:s \ npennitirá enjugar la
capitales del exterior toru •~~a n
deuda que nos oprime y averguenza.
. . , de los que no están en
la, pandilla
no es
A todo esto si la opos1c1on
mhº
ali' e puede
'
1
t
quito y ta ien , s
muy rui~osa, pu~den ~os valo~es ab~::: :e:p)ados. Per.o el buen jugador de
vender s1 no se tiene os nerviods . 1
tener la ganga de ser enviado a
· ,
e ando Pue e me uso
.
b 1
o sa, segwra esp r l . , ft con lo cual el bolsista traga los vientos
Londres a corretear e empres ' o, d
.
t dos ·los alcistas, allá marde la gloria. Pero como no se pue e enV1ar a o
chan dos o tres y el resto espera.
, .d demasiado las formas. Se coloca
'
En Londres no hay por que cm ar d las condiciones las imponen
el empréstito como sedpBuede,ddeRtodtso~; i:s quebrantos del monto del
Bari
Thompson an
onar ' o e
.
. .
fl
ng,
. ,
40% otro diez se irá en com1s10nes, ecapital oscilaran desde el 25 al
, .
al país llegará lo que pueda.
rimeras cuotas y conversiones Y
.
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tes, seguros, P
f . t
a coronar la operac10n e conPero eso que Uegu_e debe ser su 1c1en pt:nces los bolsistas que organizaversión de deuda mterna en elxtema. n t 'tulos (o el oro) y vender enseron la trama pueden cobrar os nuevos '
guida, porque sólo Dios sabrá qué pasará dentro de un mes.

i

e edecir
los escanAdemás, claro, están los negocios de 1as " p1ay,ºtas"'bass
un documen. .
d
'ditos que toman como
dalosos reconoc1m1entos e crel
tt· 1· por miJ· así cobró Carlos de
1 d
esos y os mu 1p 1can
'
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to por va or e unos P, .
1 . li d
o 4· y otro tanto pero multiCastro en 187_1 ~n cMred1to lmHu tip acay ~is:Cl~ussen con un terreno sub•
li d or mil hizo anue errer
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candalosos. En m, ei; as .
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ihº, BatUe y al que BatUe clavó en la cruz
Este fue el Uruguay que rec JO
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I esta' Batlle pudo hacer
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tardad moderna. ero, e aro
'
de su prob1 a y meo ', .
dºar las deudas espúreas, organizar el
lo que hizo, sanear el cred1to, r?u 1
arte de las rentas al ciclo proaparato tributario moderno y vo car ~~n ~ah, asistido alelada a· los fueductivo justamente porque su generac10n , 1a
. .
gos artificiales de la especulación de la belle epoque fmJSecu 1ar.
. , d 18:i l " a uete" de la Consolidada que
La escandalosa convers1on e . ,' e p. q
fu dación
iebra del
realizó Reusen 1887 con la conversJon Barmg, la n_, e 1~ :ntalidad
Banco Nacional y crisis del 91, provocaron una erupc1on n
económica de la época.

173

En esos años finales del siglo XIX y de principios del XX, los nuevos
hombres de la industria y ganadería capitalista, los Vidiella, Serrato, Acevedo, Gallina!, Barreiro y Ramos, Lanza, Caviglia, etc., eran los representantes de un mundo de valores totalmente distinto, donde la burguesía había
por fin interiorizado la libre concurrencia de los capitales en la deuda pública como el acceso democrático, igualitario y proho de todos los poseedores de capital a la suscripción del crédito público, que debía además ser
el instrumento de las inversiones reproductivas. Eran ya la burguesía nacional, pujante, austera y honrada.

LA HISTORIA CONVULSA (1851-1859)
El Gobierno de Juan Francisco Giró, fruto de un compromiso político,
férreamente vigilado por el Imperio brasileño y las potencias europeas,
caminando sobre el filo de una navaja, debió enfrentarse a una situación paradoja!. Dirigía un país sin rentas, o mejor dicho con rentas que
estaban en manos de particulares. Incapaz en un principio de enfrentar a
los "propietarios" de las rentas públicas contrató para salir de sus primeros apuros un empréstito de 300 mil pesos y declaró las tierras públicas
afectadas al pago de la deuda general. Al mismo tiempo las cámaras autorizaron al gobierno a proceder al arrelgo, clasificación y liquidación de la
deuda, previa venia legislativa. Como en 1853 aún nada habíase resuelto
sobre el tema, las cámaras autorizaron al gobierno a contratar un empréstito de un millón de pesos, pero como de todos modos subsistía el problema de fondo , el gobierno nombró una com_isión de 30 personas. La-Comisión, sabedora del aluvión de créditos a liquidar, consideró necesario acceder a la conversión y consolidación de la deuda general mediant_t un empréstito de 8 millones de pesos y otros arbitrios para el servicio de la conversión y de los intereses que variarían según el origen de la deuda. Para
entonces la comisión que recibía la información sobre los créditos contra
el Estado la estimaba en 30 millones de pesos, que devengaban J millón
230 mil pesos anuales de intereses.
En abril de 1853, propuso el gobierno se le armara desde ya con rubros capaces de realizar la amortización cuando se finalizara la liquidación de la deuda, pidiendo se autorizara la creación de una caja de amortización que recogiera los fondos de los diversos arbitrios amortizantes.
Poco después el gobierno presentó un proyecto de clasificación de la
deuda según una jerarquía que recibiría diversos abatimientos del monto. De todo lo discutido sólo se transfonnó en ley un proyecto de Eduardo Acevedo, por la cual se creaba la ~a de amortización y rescate a la
puja de la deuda general del Estado, que recibiría el 5°/o de, prácticamente, todas las rentas del Estado.

�174

Siglo XIX

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay
Entretanto la Junta de Crédito Público informaba que la estimación
de la deuda reconocida llegaba ya a 40 millones de pesos y que toda ella
se hallaba ya en manos de un escaso grupo de especuladores que había
comprado los documentos originales a precios ruinosos, cuando no casi
gratuitos (los sueldos incobrados se habían vendido al medio por ciento) y caJculaba que, con exageración, los 40 millones habían sido comprados al 10°/o de su valor por especuladores que esperaban agazapados el
arreglo de la deuda.
Como el país así endeudado era una bicoca se vio a truhanes de todo
género (Gounouilhou -el popular Guruyú-, Agell, Murguiondo, Maines),
poseedores de 3 millones
500 000 pesos adquiridos por algunas decenas
de miles, o como f'emando Menck, en representación de inversores franceses, o a Jaime Estrázulas (en representación de conspicuos comerciantes extranjeros y caudillos rurales agrupados en una "sociedad de población y fomento"), ofrecer increíbles contratos supuestamente capaces
de aliviar al país del peso de aquella deuda de granito.
Las cámaras, muchos de cuyos integrantes participaban del cohecho,
aprobaron algunas de esas propuestas, cuya total inviabilidad fue en definitiva la que ahorró al país las terribles consecuencias que aparejaban.
Una accidental formación política que jugaba a la baja tuvo la nefasta idea de inaugurar en todo el planeta la creación de la deuda por perjuicios de guerras a particulares Qey de 14 de julio de 1853), cuerda con la
que nos ahorcarían sucesivamente los gobiernos inglés, francés, italiano,
español, brasileño, y cuanto selenita tenía en el Uruguay un compatriota,
haeiéndose pagar onza sobre onza los más funambulescos montos de
"pérdidas", cuyos expedientes de liquidación se inventaban como folletines por entregas, y fueron posteriormente cobrados a libro cerrado y
puño en alto por los embajadores extranjeros. Y como el país exhausto
y hepático rechazaba una taza, las cámaras le ofrecieron dos con la Ley
de Reforma Militar, que suponía el retiro del supernumerario plantel de
oficiales sin guerra a la vista, mediante el precio de 2 a 6 años de sueldo.
Pero había un sector, rico, restringido y en lo fundamental integrado por comerciantes extranjeros residentes en el país, que no hallaba satisfactorio el curso de las cosas. Formado principalmente por acreedores hipotecarios y prestamistas con contratos bien timbrados, habían
recibido y administraban con sus propios empleados, la aduana, la oficina
de patentes, mercado, correos, etc., ya desde los años anteriores de la
Guerra Grande. A estos ricos, bien situados y protegidos, acreedores ex·
tranjerus, no les gustaba que se jugara con sus contratos ni aceptaban que

175

se arrojase al fondo común de la de d
.
gocios de remate de rentas y c trutoa generfal sus muy bien cotizados neC d
on a s con ondos amortiz t
.
uan o obedeciendo a la resolución d I . Asambl
_an es propios.
la administración de las ofic•
d
e a
ea, el gobierno les quitó
•
mas e rentas con las que eU
gah
,
mJSmoas religiosamente los honorabl
.
os sepa an a s1
nas y los rematadores d~ las d , es miembros de la Sociedad de Adua.,
emas rentas arquearon la
·
.
peccion y pensaron que el p ,
b '
,
s ceJas con c1rcunsa1s comenza a a escaparseles de las manos.
Cuando el gobierno empezó a ne .
. .
rentas a quienes le prestaba d'
gociar anticipos sobre esas mismas
n meros en sus urgenc· d I d, 1 .
grey d e acreedores no pudo
.
ias e 1a, a Vieja
más a los prestamistas de h
menols qdue colegir que el gobierno amaba
.
ºY que a os e ayer Homh
.
Y d e paciencia regular no se lanz
·
res poco angustiados
da porque hubiera debido cobrar:;: a v~nigÍ s~s documentos de deuellos, aunque más no sea por un de·o ~:s e
o e su v~or original, y
aqueJla caterva de bandido
J
orgullo, no quenan transar con
s que ya comenzaban a llamarse "bajistas".
Comenzaban a desperezarse -aún no a dese erarse
. .
vestíbulos de sus respectivas emha'ada
sp
- y a as1Stir a los
nes de moda donde
d,
:J
s, y de tanto en tanto a los salo,
po 1an conversar co
fi ·a1
uJ
Asamblea en pleno furor ba. i t
. . , ~ o c1 es e tos, cuando la
tratos " quirografiarios" con / s ~ decid; mvelar _sus sacramentales conjuicios de guerra" y "reform~ ~ =es'~ :euda rnventada por, los " perso de los que ya comenzaban a llamarse·.. n~onc~ h~t~ _el mas perezolución como una bofetada y se
. , alcistas recih10 aquella resopuso en acc1on.
El Triunvirato que s~cedió a Giró duró I d,
.
el general Flores consolidara su
di . , do~ ias suficientes para que
la situación del erario estaba baj;on c1~n e Jefe de gobierno, y como
fensa' aceptaron que po I
cero!, os. grandes acreedores de la Der o menos se es diesen 50 ·1
de la Aduana para la amortización d
, .
m1 pesos mensuales
tas de papel sellado y mere d F e sus cred1tos y el 50°/o de las ren1
a o. ueron anuladas por ...
al " ¡
eyes que había creado la "ba'ista" C . d
. ., mmor es as
la deuda pública y lo
~
. ªJª e Amortizac1on y rescate de
,
s arreglos particulares ea1i d
dores de deuda a la ba1·a Pe
lb
r -~ª os con 1os compra. ,
. ro como e ruta! ba,on de 1
rrut,a componendas Flores d . , d
li
,
as rentas no adnas y se enruló en' un sub -d~Job e ·1c~mp r con la Sociedad de Aduas1 10 ras1 eno de 60 mil
,
pesos mensuales, y
dado que los contratos en el U
ños acamparon en Montevideo. ruguay poco vahan, 4 000 soldados hrasileDe acuerdo con los tratados e . .d
.
llegar al arreglo de la de d
XIgid os por Brasil, el gobierno decidió
. d
u a contratan o con Femando M k
,
hto e 12 millones de pesos L d . .
.,
, ene un empres·t
d
.
·
a
a
mmistrac1on
aprobo
ade
,
,
t1 o e 2 millones par
r Rf
..
mas un empresa cump tr Ia e orma m1l1tar y una nueva ley de con-

�176

Siglo XIX

solidación que reconocía como deuda la liquidada por la Junta de Crédito
Público (la misma que antes se había rechazado_f&gt;r inm?r~), compl~tando
aparentemente el círculo de la perfec~a ope~ac10n hols1s~ca que exige que
primero se clame contra la deuda espurea (jugar a la baJ~) y luego se considere su pago como una cuestión de honor de la nac1on Gugar al alza).
Para entonces laJ unta estimaba la deuda general en 48 000 000 de pesos donde titilaba con detonante brillo la cifra de 23 000 000 por sueldos
atrasados bocato di cardenale de los usureros de levita, que habían comprado ~ hermoso paquete de deuda en poco más de 100 000 p~o~;- la
Junta comunicaba que en la cifra no se hallaban computados los per.JUICI~
de guerra y suministros de ganado que ya andaba p~r los 12 000 000_, ?1
los 2 millones y medio de otra deuda externa, el millon y pico del subs1d10
francés y el millón y medio del brasileño.
Cuando la Junta estimó finalmente la deuda de carácter interno en
60 000 000, no supuso jamás que los "perjuicios de guerr~" la har!an trepar
otro poquito h·asta los 100 millones. La Junta propogia amortizar sen:ie_jante deuda en 32 años a un precio no mayor del 25 ~o de su_ valor origi·
nal. El plan de consolidación de julio de 1854 fracaso estrepitosamente,
amortizándose a menos del 4 °/o los primeros documentos pre~~t~dos, de
modo tal que el gobierno en 1855 estableció que no _se admitir~an propuestas que superasen el 5°/o del precio eriginal. Alguien estaba ~ugando
nuevamente a la baja, lo que parece tonfirmarse cua~~o se lee el mform~
de la Junta de crédito público, donde la deuda clas1f1cada llegaba en diciembre de 1856, a 102 572 240 de pesos, apenas 50 años de presupuesto
nacional.
Los fatigados ingleses integrantes de la ~ocieda~ de Aduanas !~~aron
por fin que la embajada inglesa respaldara e mspecc1onara el cum~limiento
de un contrato arrancado al gobierno de Flores, por el cual un mto~~le
octavo de la renta de Aduana debía dedicarse mes a mes a pagar s~s vieJOB
créditos... y el costo de las tropas de marinería ingle~ en la capital que
habían aprendido del Imperio brasileño cómo se garantizaban los c~ntra·
tos en el Uruguay. Así garantizados, su l 077 000 pesos, los comerc1ant~
ingleses de Montevideo se repatingaron en sus s~ones y vieron entonces si
con inocultable alegría, cómo el resto de los onentales se despedazaba en
el jueguito de alza y baja ... con la d~uda de otros_. Pudo entonces aceptar
que el gran jugador a la baja, don Irineo Evangehsta de Souza, ~arao de
Mauá, repleto ya de los Bonos de la Consolidada co~prad~ en c~as que
iban del 1 por mil al 3°/o, hiciera uno de sus _neg~~1os del siglo (hizo muchos en el siglo) con la grande y famosa Consohdacion del 59 •
Cuando los bolsillos de Mauá se hallaban desbordantes de Bonos de la

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

177

Consolidada, cuando comprendió que la cabeza ya se estaba uniendo con
la cola, es decir cuando aquellos Bonos debían por fin convertirse en onzas
de oro sellado, ruvo la indescriptible suerte que las Cámaras declararan cerrada la conversión de la deuda por perjuicios de guerra en Bonos de la
Consolidada, impidiendo de ese modo que los Bonos por él comprados de
tanto acelerar en la baja llegaran al abismo de venderse a menos de lo que
por ellos había pagado.

DE LA CONSOLIDACION MAUA AL AÑO TERRIBLE (1859-1875)
A me~iados de 1~59, don Andrés Lamas, en representación de Uruguay, y
el Baron de Maua en representación de un grupo de acreedores formalizaron un convenio por el cual todos los créditos convertidos en Bonos de la
Consolidada se le aceptarían al 5°/o de su valor, y todos los créditos (fundamentalmente sueldos devengados desde 1854) de la Deuda Exigible se
le aceptarían al 10°/o de su monto original. A todos los acreedores que firmaran el convenio se les entregaría títulos de Deuda Fundada (la. serie) con
6°/o de interés anual_ y 1°/o de amortización anual a la puja (si los títulos
se halJ~an por dehaJo de la par) o a sorteo (cuando estuviesen a la par o
por encuna de ella); como garantía se destinaban el 2°/o de importación el
4°/o de exportación, cuyas cantidades serían depositadas semanalmente,en
el Banco _Mauá (fundado en 1857). La Ley que aprobó el convenio, exigió
que los firmantes por lo menos reunieran 80 millones de pesos nominales
de Bonos Consolidados y extendió a 5 años el plazo dado a los acreedores para entrar en el Convenio. Cuan.do el arreglo se hizo definitivo, 89 millones y medio de pesos de la Consolidada se transformaron en la Deuda
Fundada de 4 790 713 pesos con un servicio mensual de 28 744.
En febrero de 1860, 80 millones de Consolidada habíanse transformado en Fundada. Andaban por ahí 14 millones de pesos que remoloneaban sin querer aceptar el quebranto. Ya volverían muchos de sus tenedores, diez años después, briosamente enhorquetados en un ministerio, a hacer su propia conversión a un tipo que haría poner amarillo de envidia al
propio Mauá.
El peor de los arreglos de la deuda pública, por más que haya sido fru.
to de una operación de bolsa siniestra, por más que signifique que un grupo de especuladores le junte la cabeza a centenares de pequeños o medianos especuladores, siempre que posea un regular y no demasiado oneroso
servicio de amortización, era una bendición para el Uruguay que recibió
d~n Bernardo Berro en 1860. De ahí que por más que 4 millones y medio de pesos era una deuda terriblemente alta, era por lo menos una cifra
terrenal, lejos de aquella sideral, superior a los cien millones, que ni se pa-

�178

Siglo XIX

gaba, ni estaba garantizada, ni daba paz a los hombres en su perpeluo darse
de codos para cobrar los unos anles que los otros. Corno todo triunfo
espectacular de una muy bien colocada pandilla de bolsistas, era por fin
un triunfo, y por lo tanto un tratado de paz en la Bolsa. De tocios modos, era esperable, y los primeros años de gobierno de Berro así lo confirmaron, que el crecimiento económico del país abatiera el ¡,orcenlaje anual
de cada presupuesto destinado a la amortización de aquella accidentada
deuda pública.
Pero estaban los derrotados. Estaban aquellos que no aceptaban arrojar el valor de sus documentos de crédito al fuego de la conversión con un
quebranto del 95º/o, estaban los ricos comerciantes ingleses, franceses y
los hacendados brasileños. que se consideraban demasiado poderosos para
comer la migaja de la Conversión al 5°/o. El fuego fue roto por ingleses y
franceses residentes en el país, que llamaron en su auxilio a sus respectivas legaciones para que cohonestaran con amenazas y con la armada en el
puerto de Montevideo, que ellos no eran acreedores como aquellos que
Mauá había comprado al uno por mil. Ellos se llamaban Young, 'tirling,
Jackson, Tomkinson, Duplessis, Mclntire, McEachen,McColl, Cash, eran ricos comerciantes; o poseían apellidos vasco-franceses y de creer sus expedientes habían poseído más ovejas que Australia. Ellos no solo se cobraron lo que quizás habían perdido en incidentes bélicos, sino lo que hubieran podido perder. Cobraron sustos, incomodidades, fantasías, todo a Ji.
bro cerrado. El gobierno de Berro, por más que mostró en la oportunidad
toda la dignidad de que era capaz, debió resignarse y aceptar el reconocimiento de la llamada Deuda-Franco-Inglesa con un capital de 3 millones
200 mil pesos.
uevos e insatisfechos acreMores, y los llamados acreedores hipotecarios que poseyendo rentas amortizantes propias no habían acudido a la
Conversión de Mauá,aceptaron convertir sus créditos en la llamada Deuda
Interna de 1861 que se vio enormemente acrecentada con motivo de la
invasión de Flores y de los gastos de guerra consiguientes. Acudieron solícitamente a la suscripción lanzada en 1863 el Banco Mauá, el Banco Comercial y la Casa Platero, que tomaron 2 millones y medio de pesos
(1 550 000, 250 000 y 700 000 respectivamente) al ruinoso tipo de
40-40 1/2°/o. El fuego de la guerra impuso al gobierno de Berro someterse
casi incondicionalmente a la bolsa de Mauá, quien por convenio celebrado
en octubre de 1863 se constituyó en proveedor de fondos del gobierno
hasta la suma de 6 millones nominales al 4!J°/o, bajo el rubro Deuda Interna, comprometiéndose el gobierno a no hacer otras emisiones bajo dicho
título.
El apoyo financiero que Mauá ofreció al gobierno de Berro provocó

J. C. Rodrí((UPZ: Los grandes negocios Pn Uruguay

179

la ira de Flores, quien amenazaba continuamente a los prestamistas con
desconocer por siempre jamás la validez de los títulos de Deuda con que
creían estar garantizados. La preocupación de Mauá ante tales amenazas lo
obligó a aprovechar la autorización legislativa y emigrar a Londres donde
convirtió 4 millones 700 mil pesos de Deuda Interna en el primer empréstito externo que oprimió al país: el Empréstito Montevideano Europeo
por un millón de libras esterlinas.
Cuando Flort"s se recibió del gobierno tuvo a bien enterarse 1¡ue como
consecuencia de la invasión y guerra por él precipitada, la deuda pública
del Uruguay había pasado en dos años aproximadamente de 6 a 12 millones de pesos (7 millones localizados en Montevideo y 4,7 en Londres).
[ra el turno de Flores. Para abrir el apetito, los herederos de la Casa
de AJzáihar-Solsona, Lavalleja, etc., habían logrado que se les reconociese
el derecho a 250 leguas cuadradas de tierra; de inmerliato cedieron sus
derechos a los Magariños Cervantes, a Samuel Lafone y al grupo RowleySolsona. Estos, ávidos por hacer fructificar aquellas inconmensurables leguas no encontraron mejor expediente que aprovechar la ausencia de los
que guerreaban en Paraguay para ocupar sus campos. El escándalo fue tal
que Flores se vio obligado a detener la inicua acción, canjeando sus derechos a "ubicar tierras fiscales" por los títulos de deuda de Rescate de tierras que en enero de 1869 alcanzaba ya a 2 millones de pesos.
Para todos los gastos de guerra efectuados por Flores como para los
sueldos impagos de sus oficiales y tropas y demás créditos, a fines de
1866 se estableció una comisión encargada de estudiar las reclamaciones.
En enero de 1868, los acreedores reconocidos fueron llamados a convertir sus documentos en títulos de Deuda Jnterna (2a. serie), cuya emisión
fue cerrada un año después con el bonito rubro de 6 838 676 pesos. En
1867, Mauá reconciliado con Flores realizó un convenio que dio lugar a
la Deuda Fundada, 2a. serie, por casi 2 millones. Por último, Los subsidios brasileños aumentaron la deuda nacida en 1851 de 1.7 millones a
más de 3 millones. Era el carnaval. A fines de 1868, el Estado se reconocía deudor por 31 millones de pesos. Se estaba nuevamente a fojas cero.
Cuando el general Lorenzo BatUe ocupó el gobierno, los amagos revolucionarios de Máximo Pérez, Caraballo y sobre todo la larga y devastadora "revolución de las lanzas" de Timoteo Aparicio, aumentaron hasta
el paroxismo la deuda pública, pero nada de ello fue tan importante como
el desbarajuste que sobre el fisco produjo el desastre bancario y la incontrolada emisión que sin respaldo fue enjugada por el gobierno mediante un
nuevo empréstito extranjero, el "Empréstito Uruguayo", celebrado en octubre de 1871, por 3 millones y medio de libras esterlinas, destinado en su

�180

Siglo XIX

mayor parte a enjugar los 7 millones de billetes sin respaldo. El Empréstito Uruguayo por un valor real de 10 472 673 pesos, comprometió al país
en 16 450 000 millones de pesos, pero ni aún aquella cifra llegó físicamente al país, porque por comisiones, primera cuota y otras yerbas, llegaron realmente al país, 8 695 000, o sea ¡ ¡la mitad!! ¡ ¡La usura inglesa
era así más del 50º/o1 ! Terminada la guerra civil, diversas emisiones de empréstitos ("Pacificación", la. y 2a. serie, "Consolidados del 72", etc.)
empujaron la deuda reconocida a 40 millones de pesos, cuya cifra siguió
creciendo bajo la administración Ellauri (fue en su período que la Legación
italiana arrancó su famoso crédito de 1 millón 200 mil pesos por perjúicios de guerra a sus connacionales en la Guerra Grande!!).
En 1873, la situación financiera del Uruguay era si se quiere terriblemente peor que aquellos divertidos años de 1854, en que la deuda estaha estimada en 116 millones de pesos. En esta fecha, se sabía que tal
cifra era meramente nominal, y toda la riña se hallaba en quién atrapaba
el negocio de la conversión y a qué tipo de quebranto se realizaría. Pero en
1873 era sustancialmente distinta. La deuda era en cifras, inferior a la mitad, no alcanzaba quizás a los 50 millones. Pero los tenedores de esta deuda no eran de arrear con el poncho ni se iban a dejar convertir sus papeles
con un quebranto del 95%. 16 millones se hallaban en Londres y en Londres nadie jugaba a las muñecas. 2 millones y medio era perteneciente a la
Franco-Inglesa, cuyo servicio se cumplía como los dioses bajo la severa mirada de ambas embajadas. Y el resto se hallaba repartido entre los favoritos del régimen que estaban dispuestos a cualquier cosa menos a jugar a la
baja contra sus propios títulos.
Fue justamente para cobrarse esta deuda interna que frisaba los 19 millones y que se hallaba en sus manos, que el grupo de tenedores nacionales decidió hipotecar al país en otro empréstito extranjero que pagara en
oro los documentos que poseían. El país no podía soportar el pago anual
de 3 millones y medio por concepto de amortización e intereses. Esto lo
sabían muy bien los acreedores. En cualquier momento, y por cualquier
circunstancia, el fisco haría agua, y la suspensión del servicio de la deuda
llevaría sus papeles al abismo. En cambio, la conversión permitiría traer
oro al país, tonificar los negocios y reducir a la mitad el servicio anual de
la deuda. Si de este modo se hipotecaba el futuro y se ahorcaba a la nación bajo la cuerda inglesa no era asunto que preocupara demasiado a los
cortacupones de la nación charrúa.
Aprobada la autorización legislativa, partieron a Londres los Dres. Pérez Gomar y Bustamante, quienes ad referendum contrataron con Thompson Bonard y Cía. de Londres un empréstito con un quebranto del 25 °lo,
cuyo monto líquido dejaría 19 763 500, suficientes para quitar el susto

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Ur"glJay

181

a los atribulados acreedores uruguayos y convertir su paquete de deuda
de incierto futuro en oro de contacto cierto. Las cámaras rechazaron el
acuerdo provocando gravísimas consecuen~ias con ciertos contratos recientemente realizados bajo la garantía de ser cubiertos con el oro de la
conversión inglesa. "La situación es a:fligente -diría un ministro de hacienda- y no podemos demorar, porque el agua nos llega a los labios".

EL DELIQUIO DE LAS CONVERSIONES (1875-1887)
Las cámaras prefirieron que el a1:,rua les llegara a la coronilla, por lo cual no
puede extrañar 11uc el 15 de enero de 1875, hubiera 1¡uienes creyeran necesario derribar al gobierno y ver •Jué pasaba con la dictadura. Pero la situaciún había llegado al término previsto por aquellos IJUC habían perseguido la conversión externa. El país, además gravemente empapelado por
emisiones de bancos privados sin respaldo, llegó al límite de sus fuerzas y
el 27 de marzo de 1875, se suspendió el servicio de las deudas nacionales
y de la externa; de la bancarrota sólo se salvaron la deuda franco-ingfosa
y la italiana.
'
La situación llegó a su peor grado al comienzo del año 76. Los títulos de deuda se cotizaban entre 15 y 21, y a,¡ucllos 11ue en esos meses compraron los depreciados títulos de deuda interna, debieron ser conceptuados o demasiado locos o demasiado clarividentes. El caos en la Bolsa y el
boicot orista derribaron al gobierno de Varela-Lemus y dieron paso a
Lorenzo Latorre. Los arreglos hechos por éste con los tenedores de títulos elevaron sus cotizaciones casi al doble, por lo que en pocos meses los
compradores a la baja de febrero vendieron al alza a mediados de año, duplicando sus inversiones, exactamente poco antes 1111e en 1877 el gobierno
volviera a incumplir el convenio y dejase de pagar los servicios de la deuda. Las violentas oscilaciones de la Bolsa entre fines del 74 y mediados del
77 son quizás uno de los períodos más interesantes para la técnica de las
operaciones de Bolsa y para probar la sólidez cardíaca de sus participantes.
Las conversaciones iniciadas con los tenedores de deuda interna y externa a fines de 1877 y los buenos auspicios con que fueron realizadas elevaron su cotización de tal modo, que los arreglos ,lefoútivamente firmados
en 1878 estabilizaron las cotizaciones de la deuda interna entre 30-35 e impulsaron la deuda franco-inglesa y la italiana a 65-75. Como éramos pocos,
la deuda pegó otro cstironcito con el reconocimiento de la deuda francesa
por subsidios (2 millones) y las garantías al ferrocarril inglés (otro milloncito).
Al finalizar 1879, la deuda consolidada se hallaba en 30 millones y la

�182

Siglo XIX

pendiente de arreglo en 9 más. En la administración Santos-Vida] hasta
mediados de 1882 se reconocieron viejos créditos y se contrataron nuevos
em1,réstitos por casi 10 millones. El país estaba maduro para otra conversión. Todo comenzó con un nuevo convenio con los tenedores de deuda
interna con los cuales se convino un nuevo plazo de diez años y un servicio mensual de 105 mil pesos oro con amortización a la puja. La operación fue en realidad una excelente operación de bolsa realizado por los
favoritos del régimen.

AJ comienzo del 82, bajaron las cotizaciones de al¡.,'lmús papeles, y los
rumores inciertos sobre la finalización del convenio del 78, hi:r.o 11ue el grupo bajista incorporara a su cartera la mayor parte de los títulos de deuda
interna. Fueron ellos 1¡uicncs celcbrar011 el convenio del 82 y quienes se
garantizaron a sí mismos un servicio decoroso pero firme para el pago de
esos títulos. El mejoramiento de la balanza de pagos del país permitió al
1nismo tiempo vislumbrar con cierta esperanza la posibilidad de una conversión extc-rna de la deuda. De tal modo, los papeles tJue al nacer 1882 se
hallal,an entre 20 y 35, fueron convertidos (luego de una acelerada alza de
los valores) en mayo de 1883 en una escala que iha del 75 al 100°/o de
su valor nominal. Fue seguramente la más grande y mejor organizada operación de bolsa t¡uc haya realizado jamás un grupo alcista en el país.
El "Empréstito Urúficado" fue aprobado el 12 de mayo de 1883 bajo
el ministerio de José Ladislao Terra, primo del Barón de Mauá. Su destino
era retirar el "~mpréstito Urub'l.1ayo" radicado en Londres, y todas las deudas internas consolidadas, mediante la emisión de un nuevo empréstito en
Londres. El 18 de octubre de 1883 fue aprobado el contrato con la casa
Thompson Bonard y Cía., que suponía la emisión de 11 127 000 libras
esterlinas nominales.
El defecto capital de esta combinación financiera - diría años
después Eduardo Acevedo- consiste en el abandono del sistema
ya definitivamente conquistado de la amortización a la puja, imponiendo al tesoro público la obligación de efectuar el rescate sobre la base del valor escrito.
Efectivamcntl\ los 11uc enhebraron, bordaron y cerraron la operación de
alza de valores de 1882 a 1883 y la conversión, la habían realizado para
hincharse de oro a reventar. Veamos el increíble curso de esla operación
financiera.
'
La administración Santos finalizó con continuas emisiones de deuda, particularmente bajo el rubro de la llama1la Deuda Consolidada de
1886, cuya 2a. serie fue lanzada por Taj(·s apenas tomó el poder en no-

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

183

vie~re del m~mo año. Por el canal de esta emisión fueron emitidos gran
cantidad de millones de pesos de deuda a un tipo lamentable de alrededor del 50%. Era demasiada carnada para una caña como la que usaba
Emilio Reus y su pandilla.
Denominación de

Antes de

la Deuda

aprobarse
la ley

"Billetes del Tesoro"
Títulos adicionales.
Empréstito Extraordinario .....................
Empréstito Extraordinario, 2a. serie ......
Deuda Fundada, 2a.
serie (bis) .................
Empréstito Pacificación, la. serie..........
Empréstito Pacificación, 2a. serie...........
Deuda Rescate de
Tierras......................
Otras deudas.............

Cotización en el
momento de la

Tipo a que se
convirtió (º/o)

la conversión

58
48

72
61

126
100

48

55

100

46

52

100

46

51

100

44

51

100

44

51

100

44
10-35

49
15-40

100
30-78

En los primeros días de 1887, una febril actividad se produce en la
Bolsa, un desconocido grupo de inversionistas, cuya residencia se halla
en Buenos Aires, comienza a comprar febrilmente los bonos de la Consolidada del 86. El año 87 se abre con los Consolidados a 55 en febrero
están ya a 60, marzo cierra a 82 , de allí emprc11J,c11 una veloz 'carrera 1,ara
saltar a 96 en mayo. Quienes se habían dedicado a inflar los valores de los
Consolidados del 86 (Aquí estamos comprando Deuda Consolidada de la
la. Serie, desde el día en que se pusieron de mal humor unos cuantos bolsistas, dice Emilio Reus en La Nación del 28 de abril de 1887), sabían lo
1¡uc hacían. El 29 de julio de 1887, cJ gobierno fue autorizado para contraLar con el Banco Inglés del Río de la Plata un empréstito de 20 millones
destin~do al rescate en metalico a la par de las Deudas Consolidadas, la. ;
2a. sene. A,¡ucllo era un negocio dodccaé«lrico. Realizado en definitiva el
empréstito con Baring Brothers, el país reconoció una deuda de 20 millones, de Jos que recibió 15 y medio para pagar en oro, 12 millones y medio de ~onsolidados del 86 a la par, y que antes de que Reus los acaparara ten1an un _valor de Bolsa de 6 millones. Fue con ese oro que se fundó
el Banco Nacional. Reus no era un banquero, era un prestidigitador.

�184

Siglo XIX

EL CREDITO PREBANCJ\RIO

El establecimiento dd crédito privado en el Urut,ruay conoció los humildes
orígenes que suelen hallarse detrás de los pn.-stigios de la b~nca escocesa_o
de los Bancos de Inglaterra y de F'ra11cia. En la época ~loma], ~le lenta c_irculació11 &lt;le mercancía transoceá11ica, la moneda metálica deb ta ncccsanamentc acumularst" en mayor proporción c¡ue la conocida en Europa en relación a la masa de mercancía circulada. A pesar de ser la Ba~da Oric~1~al uua
plaza relativamente cercana a las fuentes de produccwn me~1ca de
Potosí y Brasil, la moneda fue escasa y tendió a atesorarse ~o solo por
los hábitos prccapitalistas, sino y sobre todo por~1uc la m_oclal1d~d del ~omercio así lo exigía. , ólo los grandes 111011opohstas -: Vilanlcbo, l\1ac1_el,
Magariños, J11a11icó, etc.- dispusieron drl 1·xcc5? de circulante nccr5:1~0,
y en esa condición fueron tcmpranamc11tc los pnmcros agentes del c~d1to
privado a los escasos eslabones mercantiles de la estructura de su epoca.
La ruptura del monopolio español - coincidente ~011 d proceso de independencia- y la sucesiva inserción de la ~anda Onen~ en l?s conglomc:rados monetario-financirros de Buenos \ires ) de Brasil, traJcron a¡,an·jados profu11dos eamhios. Por 1111 lado, la a_Ita valorización d~· los prod~ctos exportables nacionales y la ma) or vrloc1dad de los cambios co111erc1alcs produjeron un ritmo mucho más alto de afluencia del rnctal, c!uc no St'
tradujo necesariamente en un balancc· favorable por la coi:respomhenlc' elevación de las importaciones. Esta ''escasez'' de ml'lal '.'º nen_~ 11ada 1¡11t· vc·r
con la antigua, se procrsa en un momento en c¡111· la circulae1011 de mercancías c•s 111uclias veces mayor, y en c¡uc ha invadido vcrc·das antes 110 fn•.
cucntadas.
Por otro lado la Banda Oriental conoce por primera vc1. la emisión de
papel bancario - s~rgido del Banco de la Provincia clc Bue11os \ircs ) la
invasión de la 111011eda fraccionaria clr cobrc· brasileña. La galopante ) desmesurada emisión de: ambas especies, no sólo 110 se detuvo e~ la Inclcp~·!•·
tlrncia de 1828, sino 1¡uc aumentó vertiginosamente por la mtro~ucc!1111
en especial de la mom·da de vellón brasilciia. El Urugu~y se asomo a~• l'll
1830 con un mercado dinerario totalmente corro111p1do y dcpend1l'nt1•
de- centros c·conómicos 110 manrjables por la I lacimcla pública nacional.
El cobre brasileño en especial. sobrcprcciado un 35°/o en \lontevideo
con relació11 a Río dt· Janeiro, fue 11articularmentc i111¡,ortado por el grau
comercio montevideano vinculado a ac¡urlla pla1.a, eonstitu)c111lo así un
fraudulento mc,lio de acumulación cli· ga11a11cias) di' distorsión de nuestro
mercado. '\l mismo tiempo, el litoral urugua) o y en especial el "hintc·rland" ,¡uc iba de Colonia a Mercedes usaba rl billete argentino con prrfc·-

J.

C. Rodríguez: Lo, grande, negocio, en

Uruguay

185

rmcia a otros instru111cntos. Fue entonces una de las primeras providencias la de desterrar estas monedas c¡uc inundaban la plaza y provocaban el
atesoramiento de las buenas) antiguas monedas espaiiolas. Cna sociedad
de comerciantes, por suscripción rública, al tiempo c¡uc logró el retiro paulatino de la rmisic'm mediante un préstamo al Estado a111ortizablc con un
adicio11al ,le Aduanas, impuso en el país el primer antecedente de billete
11acional emitido 11or la misma sociedad, pero de inmediato cancelado, apenas la buena moneda afluyó nuevamente a la circulación.
Este lento proceso de deyección de las fiducias argentina y brasileña se
desarrolló desde 1825 a 1835 aproximadamrntc. Selló sin duda la conciencia de los co111ercia11tes c¡ur en esa época ad,¡uirieron sus primeras armas de
la ciencia económica. Desde rntouccs, u11a larvada co11eic11cia orista y despreciadora del curso de los papeles 1¡uc Juraba11 pagar oro al portador y a la
vista se fue gestando ya no sólo en los eslabones comerciantes de la sociedad, sino incluso cutre los gaucl1os ,¡uc habían anuado sus cigarrillos con el
deprcciacl ísi1110 papel del Banco dr la provincia de Buenos Aires. La sociedad oriental se su111crt,rió nm·varnentc en el n1u11do monetario y bancario
porteño, claro está, durante el período 184.3-51, } sin oh'Ídar esa nueva
experiencia papelista de la campaiia oriental, alcance con pensar c¡uc el
Uru¡.,rua) independiente ) comerciante leía atentamente las locas aventuras
de la depreciación del papel argentino dura11tc las décadas de 1820-50.
o 1111cdc extrañar entonces c¡ue el primer senado posterior al pacto
ele la unión del 5 l, fuese extremadamente dcscon fiado y pacato e11 el tratamiento de los J.lroyectos dt• fu11dación de bancos &lt;¡ur fueron surgiendo.
La deficfrntr experiencia papelista de 1825-34, y la tradición aún 1,cor del
proceso monetario y bancario argentino, furron los primeros tratados de
economía política ,¡ue leyeron los financistas de entonces.
También el crédito público, las urgl'llcias dinerarias del gobierno provocaron en nuestro país los primeros amagos de casas dedicadas al descuento de documentos y tomadoras de letras de tesorería. ~in olvidar c¡ue muchos y ricos comerciantes ejercieron dichas funciones durante las presidc•ncias de Rivera ) Oribe (tales como Juan \1aría Pércz, Jorge ) Ramón
de la Carreras, etc.), un grupo financiero (Agustín di' Castro, Antonio
\1ontcro, i\ntonio \1aría \1arc.¡ues Guirnararns, Domi11go \ á:r.c¡ucz, José
\1aría Estévc1., Cayetano Regalía, etc.) fue el primero c¡ue contrató con el
gobierno (ministerio Lucas Ohes) la provisión regular de fondos en cuenta
&lt;'orricnte, emitiendo sus propios documentos privados c111c circulaban
como billete de buena ley t·n las transacciones usuales del comercio.
La debilidad drl crédito público y la insaciabilidad de Rivera, y sobre
to1l0 el enfrentamiento del grupo de comerciantes dirigido ¡,or Juan \1aría

�186

Siglo XIX

J.

Pérez, no sólo provocaron la derrota de esta primera experie~cia semi~ancaria, sino incluso la estrepitosa 11uicbra del grupo prestanusla Y ennsor.
En el período 1835-1851, '\1ontevideo sólo conoci~ la ma}or o me,~or
seguridad de los documentos ele los principales comcrc1~ntcs, 4ue pod 1an
circular con cierta reguJaridad asistidos o no de los sucesivos endosos_en ~a
medida en que su primer emisor fuera, por demás, fuerte ~ seguro cap~talista. 0 fue entonces, sino después de 1851, en 1p1e el l'ª's se enfrento a la
ncct"Sidad de solucionar la creación de una estructura bancaria.

LA DISCUSIO

TEORICA

Inmediatamente de la paz del 51, y antes de la fundación d_c los Jtrimeros
bancos, tanto la Agencia Mauá, fundada para atender el trafic~ de _do~umentos de crédito contra el Estado, como la Sociedad de Cambios, CJ~fCleron sin reglamentación ni fiscalización de nin¡,runa clase las oprracio_nes
normales de descuentos de efectos del comercio y de letras d_c :csorena Y
de Aduana. Las antiguas Sociedades de Aduana, q_ue admimstraban las
rentas de exportación c importación, fueron necesanamc_n~c arrast~ad~ ~
tráficos similares, creando desde bastante antes las cond1c1oncs ¡1s1col~gicas y las facilidades comerciales 1¡ue terminaron por imponcrsr como 1111postcrgahles.
Las primeras discusiones sobre creación de b~ncos dividieron. ~a opinión entre la actitud conservadora - cuyos moltvos hc1~1os a,~~n,;ado
,1uc no aceptaba 1¡11e la e111isió11 de billetrs superara~ enca1c m~l?~co, )' la
opiniÍ&gt;n audaz de los jóvenes 1¡uc sostenían la vcnlaJa de la e1111s1on 1~r el
duplo y triple del encaje, basados en los resultados de las plazas financieras
desarrolladas. Con motivo de la discusión del banco propuesto por Men_c_k,
viosr ) a 1¡uc la mayoría de los csprcialistas co11cd.1ía anll· todo la func1011
bancaria como servicio particularmentr vinculado a las finanzas estatales,
pagando tributo desde temprano no sólo aJ prcsti~o del Banco ~e Inglaterra y de Francia sino, y sobre todo, al ~rra~o. CJem¡1lo ~aucano po_rtt·ño, CU}as notorias incapacidad1•s se 1·nknd1an fac1lmentc evitables n11·~1ai'.te la emisión contenida y el control público y férreo por parte de las_ mstitucioncs y d comercio. Pero no faltaron los pro) celos que en_tcn~I '.ªn la
funciún bancaria como u11 giro privado de irrestricto derecho 111d1V1dual.
Los 1 ►roy&lt;'ctos prcsrntados por Juan José Arkaga, Ambrosio V daY.ru y t''.1
¡,articular el de José Cabrid Palomc&lt;JU!', se amparaban en la muy con_oc1da &gt; exitosa organización de la banca t·scoc1•sa, por la_ cual se re~o,!ocia d
derecho de crear bancos a todos los particulares o sociedades anorumas de
n,-sponsahilit!ad ilimitada, con 1lerccho a emitir billet1:s ~e acuerdo a reglamentaciones corrt.-sporulicntcs. Oc lodos modus las opunones sobre la cr&lt;·a-

C. Rodríguez:

Los grandes negocios en Uruguay

187

ción de bancos no adt¡uiriero11 el tono de aííos posteriores. Será luego de
1865, }' en particular en los grandcs debates sobre libertad bancaria de las
cámaras principistas, 1¡ue los acton-s lanzarán sobre el ruedo el peso de las
contrapuestas opiniones de M. L. Wolowski (en especial "La question des
banques", París, 1864), de J. E. Hom ("La liberté desbanques", París,
1866), J. G. Courcelle-Seneuil (''Tratado teórico y práctico de las operaciones de banca", edición española, París, 1874) y de otros autores, que
en la década del 60 habían convulsionado Francia sobre las tesis enfrentadas de libertad bancaria y reforzamientos de los privilegios del Banco de
Francia.
El ¡•aís llegó hasta 1865 sin posl'cr otra lc¡,rislación fina11ciera 1¡uc la
que se resolvía en la autorización concreta a cada sociedad o persona que la
solicitaba. Y si en esa peripecia se fue resolviendo de hecho la libertad de
creación de bancos, no fue sino el 23 de marw de 1865 11uc, bajo el rubro
de reglamento orgánico de bancos, se consagró definitivamente el principio
de libertad bancaria con las restricciones que veremos en el período correspondiente, y que recogía en reaJidad las escaldaduras singuJares que el país
había sufrido en los 7 u 8 rulos de funcionamiento de los bancos de plaza.
Para entonces, el autor del Reglamento, do11 Tomás Villalha, poilría recoger aííos dl'spués (1868) la rxpt&gt;riencia urugua} a, afinnando 1¡ue ..1pcli¡,rro
no se haJlaba en la libertad de bancos sino en el demasiado estrecho contacto de los bancos con el Estado, cuyas aventuras financieras y descrédito
hah ían arrastrado al sistema bancario en su caída. El brra,1 comercio orista
} los representantes del Banco de Londres y Comercial hicieron oir su voz,
tambiÍ'n contra los bancos cursistas vinculados a las operaciones cll' gobi1•r110 ) a las cspcculaeio111·s Je Bolsa; y si bien, José Pedro Ra111írl':t., Elbio
Femández, etc., sostuvieron entonces lo irrestricto de la libertad bancaria
como única gara11tía 1lc funcionamiento r1·g11lar del siskma, era) a cvidcntt- 1¡11c la discusión de principios disimuJaLa aprnas la dl'fcusa de situaciones de hecho vinculadas a las tradiciones bancarias ('11frentadas en la rt·alidad del país.
Cuando e11 1873 José Pedro Ra111 írez sostuvo nucvament1' la libertad
absoluta de c111isió11, par('cía difícil qui' el Júpiter d1• los irrcstrictos derecl1os individuaJt•s se topara con u11a cámara legislativa 111ás papista 1¡u&lt;' el
papa } c¡U(• votaba corazón contento el derecho de todos los habitantes de
la república para emitir notas y billetes por cuaJ1¡uicr cantidad, convertibles a la vista en metálico. La violencia con c¡ue sc enfrentaban los partidarios de entonces impidió toda innovación sobre el reglamento de 1865, que
no sufrió prácticamente cambios hasta el surgimiento del Banco acioual en 1887.

�188

Siglo XIX
J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

SE VIENEN LOS BANCOS... !!
En 1854, el diputado Hordeñana presentó en Cámara w1 proyecto ,¡ue
autorizaba al Poder Ejecutivo a promover la organización de un Banco Nacional de Descuentos y Depósitos, con facultad de emisión, pero sin curso
forzoso. Luego de sucesivos rctot¡ucs parlamentarios, la ley fue ¡,romulgada el 15 de julio de 1854, con w,a severa limitación, según la cual, la cmisió11 no 11odría sobre¡,asar el encaje metálico.
Fue de acuerdo a esta ley que en 1855 se presentó Femando Menck, a
nomhre de un sindicato europeo de inversores, solicitando autorización para fundar un banco con un capital de 3 millones de pesos. La ley de su
aprobación le garantizaba el monopolio de emisión, cuyo monto no podría sobrepasar el duplo del encaje. La autorización solicitada no fue de todos modos aprovechada. Quien sí usó de la puerta fue el Barón de Mauá,
poseedor del mayor y más suculento paquete de deuda flotante y Consolidada. El 2 de julio de 1857, la ley que autorizó el funcionamiento del
Banco Mauá, establecía que ~ capital provisorio alcanzaba un millón
200 mil pesos y podría ser ampliado hasta 6 millones. La emisión no podría exceder el triple del encaje. Parecido origen tuvo la Conversión de la
Sociedad de Cambios en Banco de emisión, depósitos y descuentos, cuyo
nuevo giro dio lugar al Banco Comercial, autorizado a funcionar por ley de
23 de julio de 1857 y convertido en sociedad anónima w1 año después. Pero las condiciones de su giro fueron mucho más duras que las sufridas por
el Banco Mauá. AJ Banco Comercial se le impuso en su primer año la responsabilidad ilimitada de sus fundadores, se abatió a 600 mil pesos su capital inicial co11 facultad de ampliar a 2 millones y se le impuso un poder
emisor &lt;le sólo el duplo de su encaje.
En el período que va desde 1857 hasta la entrada del General Flores
en Montevideo (febrero de 1865), el derrotero de ambos Bancos fue divergente. El Banco Mauá era ante todo el proveedor de fon~os de un Es~do
crónicamente exhausto, razón por la cual, durante los gobiernos de Pererra,
Berro y Aguirre fue el directo impulsor y beneficiario del "arreglo" de la
Deuda pública y de la primera conversión de deuda 11acio11al en deuda extranjera (1865). El Banco Comercial, donde junto a escasos ca¡,italistas nacionales (Juan M4,,uel Martínez) prosperaban comerciantes ingleses (Tom·
kinson, Jackson), españoles (Cibils, Sácnz de Zumarán), franceses (Duplcssis), ¡rero de estricta residcucia en el ¡1aís, eligió fumlamcutalmente la tradicional manera de la banca escocesa, giro solvenh- con transacciones comerciales, industriales y de comercio exterior. Quizás hacieudo de la necesidad virtud, transformó lo 'JUe fue en su orige11 una limitación legal -escaso poder emisor- en atributo de respetabilidad y seguridad para sus depositantes. Alejado siempre del carnaval de la Deuda, no fue asiduo toma-

189

dor de los papeles del Estado, y cuando fue 11restamista del mismo sus lristoriadores no dejan de agregar t¡uc lo hizo en carácter forzoso olvidando
1¡uc. ~or esa violencia hecha a la voluntad del Banco se le otorgó '1a adrninistrac1on de rentas para su amortización.
Ya en la agonía de la administración blanca, corrido el Banco Mauá
por ~a saca de oro de los que emigraban y de los que se quedaban con desconfianzas, amenazado por Flores que no olvidaba en cada manifiesto de
d_eclarar como no r~ados_los empréstitos otorgados al gobierno constitucional de Berro, logro Maua que el gobierno le arrojara la tahJa del curso
forzoso que pe~tió salvar su B~nco, mientras él corría a Londres para
transformar_ s_~s títulos de deuda mterna en deuda inglesa. Garantizada su
doble cond1Cion de banquero y bolsista por este doble cerrojo de seguridad -curs~ forzoso y ~onversión-, Mauá esperó entonces tranquilamente
que el Gobierno Flores Inaugurara una nueva política bancaria.
Obra de Tomás Villalha, el decreto-ley del 23 de marzo de 1865 fue
como lo definiera Eduar&lt;lo Accvedo "el primer reglamento orgánico de
Ba,_•~~s". Por dicha ley, se autorizaba la creación de Bancos de depósito,
em1s10n y descuento. La emisión sería cu billetes pagaderos en oro seUado al portador y a la vista sobre un III ínimo de diez pesos. La emisión
de fracciones no podría exceder del 20% de la circulación de cada banco.
Se prescribía la liquidación inmediata del Banco que no convirtiese en oro
todo billete llevado a sus ventanillas. Se uniformaba el tope de emisión
e~ el_ triple del encaje metálico, los tenedores de billetes eran acreedores privilegiados. El Gobierno 110 podría imponer emprestitos a los Bancos ni
otorgar concr-sioncs 11ue fueren contra las leyes generales del giro bancario,
etc.
~ue bajo ~l imperio de esta ley que, junto a los bancos Mauá y Comercial Y al pruner banco extranjero (Banco de Londres y Río de la Plata,
1865), se ~egaron los bancos Montevideano (1865), Navia, Italiano
(186.6) y Or~ental (1867). Poco después abrían sus puertas el Banco Mercantil de] Rio de la Plata, el Banco Alemán-Belga del Kío de la Plata y el
Banco Hcrrcra-Eatsman y Cía. y las "casas de cr[-ilito" de Lcgrand, EsteVt&gt;,S, Hoffma11, Platero, etc., enriquecidos con los préstamos a corto plazo
al Estado y en el buen manejo de las deudas mejor servidas (sus nombres
son los q~e c?n mayor fre?uencia se encuentran entre los que concurren a
las amortizaciones a la puJa de la deuda franco-inglesa y de la Fundada).
ORISTAS Y CURSISTAS

Las primeras noticias llegadas a Montevideo sobre la terrible crisis financiera

�190

Siglo XIX

inglesa no hicieron sino precipitar los factores de la que ~quejab,a ~ endeble
país que no conocía la paz desde Asencio. En pocos d1as el p~li~o depositó en el Banco Mauá más de un millón y medio de billetes solic1tando el
oro contante y sonante. Nuevamente el curso forzoso decretado por el gobierno salvó al Banco Mauá de la liquidación. Sólo el Banco de Londres y
el Banco Comercial ("oristas") no sólo no 11eccsitaron sino que protestaron
por la medida dirigida a salvar al Banco Mauá y a los demás pequeños, endebles y audaces bancos de plaza. Alentados, antes que pr~cavidos, por el
curso forzoso los bancos "cursistas" llevaron hasta el paroxISrno la especulación y la emisión. Un ministro "orista", Pedro Bustamahte, sosteni~o por
una sólida alianza de "banca seria" y "prensa seria", por el comercio mayorista de exportación e importación y por la bastante sólid~ autoridad militar de Lorenzo Batllc, despreciamlo las amenazas de Mana y los amagos
militares, conminó a los Bancos a someterse al decreto-ley de 1865, reabriendo sus puertas el lo. de junio de 1868 para someters? ~ la prueba de
fuego de la conversión. Ni Mauá ni los pequeños bancos resIStieron la prueba. Su cierre tuvo graves consecuencias entre la amplísima masa de tenedores de billetes de los "quebrados", pues la cotización de los mismos descendió a valores irrisorios.
El brote "orista" tuvo corta vida. Poco después de un mes caía el ministerio Bustamaute y el gobierno de Batllc lanzaba el decreto de 16 de
julio de 1868, por el cual declaraba moneda legal por el término de 2~ ~eses los billetes de los bancos que acreditaran su solvencia ante una com1S1on
nombrada al efecto y que ofrecieran valores que garantizaran su monto.
Apenas si en medio de la cohonestación del Curso forzoso, el gobierno
aminoró las posibles reiteraciones de la crisis obligando a los _bancos "cursistas" a reducir su enúsión hastc el tope del duplo del encaJe. Los pasos
sucesivos y contradictorios llevaron al Banco Mauá a un nuevo cierre y el
estallido de la guerra civil del 70 frustró todos los planes.
Establecida la paz en 1872, fue necesario el Empréstito Uruguayo en
Londres para rescatar la emisión que en 1871 ascendía a un circulante de
7 millones. En 1874, quedaban apenas 500 000 pesos en billetes, pero la
grave crisis financiera y económica impidió que el triunfo orista ll??ara a la
defi11itiva extinción del papel. El motín de enero de 1875 reabno 11ucvamente el viejo panorama.
Otro Bustamante, José Cándido, fue el encargad~ desde el ministe~o
de Hacienda de promover los defü1uios del triunfo cursista. A diez d1a_s
apenas del motín se creó la Junta de Crédito Público encargada de emitir hasta 3 millones de pesos en billetes ,¡ue serían canjeados al qu~ se pre·
sentase con no menos de 4 pesos 70 centavos. La Junta adelantana algo•
bierno hasta 2 millones de pesos quien garantizaría su pago con hipotecas Y

J. C. Rodríguez: Los grandes negocio&amp; en Uruguay

191

bienes. F.sta primera y curiosa institució11 oficial de emisión recibió la orden Je conservar un encaje metálico no menor a la tercera parte de su circulante, pero c1_i !onna ,flor demás divertida no recibió los medios para hace~ del escumdizo y aureo metal. Claro está, sólo el curso forzoso podía
~bhgar a !?s tene~ores ~e oro ª. vo!car en la Junta el metal necesario para
compr~ los billetes 1mprescmdihles en los pagos al Estado y demás
transacc10ncs. E11 marzo se obligó a los tenedores de deuda a recibir los
pagos en billetes, se decretó la proscripción de la moneda metálica en los
pago~ 3! gobierno, fuer?n nacionalizados los billetes derrengados del Banco NaVIa_ Y se establecieron fortísimas multas a c¡uienes operaran en oro.
La euforia de los cursistas llegó a tal fiebre que se declaró retroactivo el
uso del papel moneda para los contratos anteriores 11ue lo prescribieran
expresamente en oro. En agosto la soberbia cursista debió someterse a las
buenas maneras de un hombre de Mauá, pero infinitamente más prestigioso y paciente: Andrés Lamas.
El famoso plan financiero de Lamas descansaba fundamentalmente en
la creación de un gran Banco Nacional privilegiado, de emisión y descuent~s, con un ~eso capital inicial d~ 20 millones de pesos. El proyecto supon 1a la absorc1on de los bancos existentes, y en cuanto a la emisión la "limitaba" a los 3 millones autorizados en enero de 1875 a los bille~es naciona~zados de Mauá y al saldo de los billetes nacio~alizados del 68,
amortizados en su casi totalidad. Lamas, comprendiendo la utopía que perseguían los pequeños bancos "quebrados" -no era lo mismo el cursista Na1
via ¡ue el cursista Mauá- derogó la increíble disposición de la retroactividad del curso forzoso y se disruso al concordato con los tenedores de deude cuyo servicio estaba interrumpido. Las reclamaciones brasileñas alimentad:i5 por Mauá enc~ntraron un comprensivo interlocutor en Lamas quien
al firmar las convenciones del 22 de octubre y 9 de noviembre de 1875 entregó n~,evamente a Irineo, Evangelista de Souza el suculento negocio de la
eo~vers1_on de la _Deuda__Publica. El proyecto del Banco Nacional pasó a
meJ~r VIda, M~ua reabno, sus p~ertas con algunos privilegios que empalid~c1an los antiguo~: pod1a ex1gu el r•ago en oro de las obligaciones pend'.cntcs, se le ¡,cruutía subrogar la emisión nacional de billetes por la propia cuyo to~e se elevaba nuevamente al triple de su capital realizado, para
cuya ~arant,a el Estado ofrecía su solidaridad )' bien&lt;,-s, y rentas afectadas
espec1ficamente; la emisión Mauá sería la única recibida en las oficinas del
Estado, y gozaría además del privilegio de la emisión fraccionaria de los
depósitos judiciales y del servicio de la deuda pública. Los billetes ~acionalcs se canjearían por la emisión l\1auá y pasarían a transformarse en deuda
11acio,,1al sii!,i11~e~és _( i,',wtahl~ desprendimiento!). Por su parte, el gobierno
tcndna el pnVIlc¡,'lo de girar en descubierto contra el Banco hasta el
monto de dos 111illo~1es de pesos... cmiti&lt;los por Mauá, cuyo valor (vale
la pena recordarlo) solo estaba garantizado por la solidaridad financiera del

�192

Siglo XIX

Estado y por las rentas afectadas para su amortización. Por tamaño esfuerzo, el Gohicmo Varcla-Lamas logró que el Luperio retirara sus notas de encendida reclamación. Los buenos modales 11uedaron a salvo.
Los oristas clamaron y ejercieron su oficio, depreciaron los billetes y
con la loca carrera hacia el abismo del papel, se derrumbó la ca¡1acidad fiscal del gobierno y su posibilidad de servir la deuda con .billetes ~e nadie
aceptaba -sino con el descuento correspondiente que variaba ~d~mas todos
los días. A fin~ del 75, la casi unanimidad del mundo economico montevideano firmaba el ''Convenio del Comercio" por el cual los suscriptores se
comprometían a no usar otra moneda que el oro en sus transacciones. El
21 de febrero de 1876 caía Andrés Lamas, pocos días después el ex-banquero quebrado Pedro Varela seguía sus pasos. Allí estaba Latorre.
Los oristas, reunidos en la casa del Juez de Comercio Juan A. Vázquez, no sólo impusieron a Latorre como el candida~o d~eable para oc~par el gobierno sino que impusieron también al prop10 Vazquez co~o Ministro de Hacienda, una de cuyas primeras medidas fue la anulacion del
contrato Mauá y la conversión de la emisión circulante mediante una
sólida amortización garantizada por rentas nacionales, de modo tal que en
1877 habían sido extinguidos 6 millones de pesos. La rescisión del contrato con Mauá -realizado de común acuerdo- supuso una fortísima erogación en letras de Tesorería (un millón 700 mil pesos) y el reconocimiento a
favor de Mauá de una deuda nacional por 12 millones en billetes. El gran
comercio montevideano se salvaba de Mauá y el cursismo pagando un
grueso rescate cuyo monto, claro está, sería pagado multitudinariamente
por todos los uruguayos.

EL BANCO NACIONAL
De 1875 a 1886, el aumento de la ca11acidad productiva del país, particularmente ganadera, y el mejoramiento de los precios inte~acionales Y
cierto comienzo de sustitución de importaciones por produccion m~~acturera nacional provocan un vertical mejoramiento del balance econo~cofinanciero del país. La balanza comercial arroja un superávit &lt;le 19 nnlloncs de pesos oro, la colocación de deuda pública en el exterio~ atrae -~O
millones de pesos nominales y los emprestitos arrojan sobre la crrculac,on
35 millones de pesos oro. Este aumento brusco y desmesurado de valores
sobre una plaza particularmente prC'capitalista y especuladora (aumento
precipitado especialmente con la hipoteca .de las ren1:3s nacional~ encar••adas de enjugar en el futuro los compro,msos financieros conlra1dos) '~º
hiw sino agudil'.ar la cocaínica estructura comercial y bancaria del pa1s.

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

193

El gabii~ete de la "con~ili~ción" de 1886 fue el fruto de una plaza que
ya no necesitaba del pretonamsmo para la custodia de la tradición orista.
El oro ya no sólo a11cgaba los "ca11alcs rle circulación" monetaria sino , ,e
11
se derrama}&gt;a ~'~ el atcsoram~~nto, y en su flexible conversión en alhajas
y en la mas ngida trasmutacion en palacios, muebles, carrozas y menage
suntuario. Veintisiete bancos aplastaban la plaza en lugar de sostenerla.
más de cien sociedades anónimas con m1 .fantasmal capital de más de 400
millones de pesos ofrecían al uruguayo la posibilidad de integrar una "sociedad del ~iencstar" av~nt la lettre. Fue en el curso de ese apresurado'
amontonamiento de sociedades de fomento, de crédito hipotecario, de
trazado de puentes y caminos, de explotación de minas, de loteo de quin~ solariegas, de construcción de barrios, de edificación suntuaria, que surgio en la cresta de la ola especuladora, el Banco Nacional y su artífice
Emilio Reus.

E,~ el mensaje por &lt;'l cual se enviaba al parlan1ento el proyecto d&lt;' Banco Na~10nal (25:4'-18~7J, el ¡'.residente Tajes anunciaba orgullosamente que
el gobierno hahia rec1h1do diez propuestas de fundación de Bancos apoyadas en otras tantas ofertas &lt;le capital proporcionado por inversores extranjeros. El capital financiero internacional rompía, hacía ya tiempo, las
c?sturas de las ~e~.ópolis nacionales y se derramaba sediento de ganancias sohre las prumtivas plazas del mundo americano. Una habilidosa tra".1ª ~&lt;' C01~1pad~azgos políticos y financieros definió la puja a favor del
smdicato fmanciero encabezado por un grupo de capitalistas residentes en
Buenos Aires, a cuya cabeza se hallaba el dos veces quebrado aventurero
español Emilio Reus.
El Banco Nacional, creado el 24 de mayo de 1887, estaba inscrito dentro de los modelos conocidos del banco Lamas-Mauá de 1875 y del abortado Banco del Uruguay (1883) autorizado bajo el ministerio del primo de
Mauá -José Ladislao Terra- que no llegó a nacer por el fracaso en la recolección de capitales. El Banco Nacional de 1887 fue creado con un capital de 10 millones en acciones de 100 pesos. Se le otorgó la facultad de
acuñar moneda nacional hasta 10 millones y establecer Casa de Moneda.
Se le autorizó a emitir billetes hasta el duplo de su capital en billetes de
10 a 500 pesos y emitir billetes fraccionarios hasta el 40%, con la obligación de un encaje metálico del 25°/o. El Banco además monopolizaría
el sci:vicio de la deuda pública y los depósitos judicial&lt;'s, poseía exenciones fiscales y otorgaba al gobierno un giro en descubierto hasta 1 millón
500 mil pesos. El gobierno designaría el Presidente del Banco, la tercera
part~ del Direct?rio y al jefr del dcpartarncuto de Emisión. El Banco posecria dos secciones: co111ercial e hipotecaria; S11 concesión duraría 40
arios.

�194

Siglo XIX

El "apogeo ) caí&lt;la" del Banco acional pertenece ya al acervo folklórico del Uni¡,ri1ay, y sus principales detalles fueron profusamente divulgados en el sc'.ili&lt;lu Uruguay que va desde el nacirni~nto del_ Ba~\co República hasta el reavaJúo de 1935. En la sesuda y sena orgaruzac1on bancaria del Estado batllista, hasta sus muy recientes epígonos de la inmediata
postguerra (1946), la tradición bancaria Mauá-José L. Terra-Emilio Reus
fue el ogro con que se espantaba toda alocada expansión del capital bancario privado y de su conmi.xtión con la peripecia financiera del Estado.
Claro está, en el Urnguay 1¡uc conoció la crisis bancaria de 1965 } la cam·ra devaluacionista 11ue llega a nuestros días, no se encontrará un niíio 11ue
se espante por a1p1cllas maniobras de los filibusteros y financistas del siglo
pasado, pero entonces, el pánico que provocó la catástrofe del Banco Nacional, fue el presupuesto económico-financiero, ético y psicológico que
permitió el establecimiento del Banco de la República de formidable y
positiva proyección en la historia y desarrollo económico del Uruguay y
de( primer tercio del siglo XX.
El Banco acional lanzó la suscripción pública de sus acciones en julio
de 1887. Ofrecida una suscripción de 20 mil acciones por un total de 2 millones de pesos, en diez días los registros recibieron ofertas por 16 111illo11cs.Lanzadas a la Bolsa, las acciones meramente suscritas, adquirieron rápidamente el duplo de st.¡ valor nominal. La Bolsa fue entonces teatro de
alquitaradas operaciones por las cuales la pandilla de bolsistas que medraba
en el Banco ¡ aeional jugaba al monito con los funcionarios públicos y artesanos, pC(JUeños comerciantes, amas de casa, empresarios, estancieros, y
que presas de terible codicia o de pánico estupidizante? :1°daba~ a la c~a
de rumores, noticias, confidencias, datos, que les pcnmbcra abnr a la baJa
y cerrar al alza, por más que el balance semanal los di&lt;'~a ~orno pcnn~11t·ntes perdedores en la selva inextricable de aquellas oscilac1011es de pizarra
por la que sentían un religioso r&lt;'spcto.
En tanto 11ue en la Bolsa jugaba al alza y a la baja. el Banco acional
comprometía en su casa central el oro del capital suscrito y de sus depositantes y clientes. Los incrcibles capitanes de empresa 1¡ue haliía11 organizado el Banco habían realizado w1a ya vieja Y. conocida maniobra: habían integrado la mayor parte del capital con oro contante y sonante (~acido a su vez de la jugada de Bolsa dt· la consolidada del 86 y convcrs1011
Baring Brothers del 87), con dicho capital habían dominado -obviamenteel paquete de acciones y la dirección del Banco - era su criatura, but'nO
fuera- ; pero apenas abiertas las puertas d&lt;' la honorable casa de crédito, se
habían prestado a sí mismos el capital que habían integrado, y posteriormente, en su inmensa mayoría, habían vendido al alza las acciones de un
banco que ya no tenía capital. Cuando arrastrado por la caía de las eotizaciont's de Bolsa } &lt;le los valores territoriales y por las especulaciones sin

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

195

freno, el Banco Nacional suspendió el 5 de julio de 1890 la conversión de
los billetes, el pánico ll1'111, las calles de gente y las bocas, dt' silencio.
Producida la quiebra, las cámaras aprnas pudieron hacer otra cosa
que homologar el desastre: se suspendió la conversión de billetes por seis
meses; se separó el departamento de emisión que fue puesto bajo el control de una comisión fiscal encargada de vigilar el circulante, cuyo precio se
intentó sostener. La inconversión fue prorrogada continuamente hasta que
la caída de la Banca Baring precipitó la definitiva liquidación del Banco
Nacional. Un intento del presidente Julio Herrera y Obes y de su ministro
de finanzas Carlos María R.am Írcz por crear otro Banco -acional servido
con capitales europeos fracasó tempranamente. Recién bajo el gobierno
de Idiarte Borda y ¡K&gt;r iniciativa de su ministro Vidiella, prosperó la
reconstrucción de un banco nacional que comenzó a funcionar en 1896
regido por la Ley Orgánica del novel Banco de la República, y posible entonces por la nueva y próspera situación económica del país expresada en
continuos y favorables saldos de la balan:,,,a comercial y de pagos y por el
remanente de un nuevo empréstito iuglés.

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Viesca, Carlos. Emilio Reu, y su époce, Banda Oriental, 1963.

�El Poder de las Finanzas y las Finanzas del
Poder en México durante el siglo XIX
Barbara Tenenhaum*

Muchas de Jas naciones de Hispanoamérica llegaron a ser independientes
como consecuencia, en parte, del heroísmo y la determinación de un sólo
líder. Pero a menudo el comandante de las tropas -ya fuera Bolívar,
Santander, O'Higgins o Iturbide- se vio imposibilitado para gobernar.
Este ensayo explora la relación entre el liderazgo político y los ingresos
hacendarios o, dicho de un modo más directo, entre el poder y el dinero.
La mayoría de las recién independizadas naciones de Latinoamérica
durante los años de 1820 carecía de ambos. Habían sufrido más de una
década de luchas por su independencia, y en países como México, Venezuela, Colombia y Pení, las guerras habían destruido propiedades y trastornado el funcionamiento normal de la economía. Más aún, este trastorno económico iba aparejado con una crisis de legitimidad política tras la
liberación de la Corona española. Durante las prolongadas luchas, los virreinatos regidos por España habían si'do reemplazádos por un conjunto de
feudos controlados por insurgentes o por jefes realistas. A las nuevas naciones les llevaría décadas restablecer la autoridad sobre los territorios
que España había poseído en 1790. Sin embargo, aunque España había
mantenido el control político sobre sus posesiones del Nuevo Mundo por
el resto del período colonial, fue perdiendo con rapidez su capacidad para
solventar su administración.

EL CONTEXTO FISCAL DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
Las Reformas Borbónicas de fines del siglo XVID alteraron en forma importante la estructura fiscal de la colonia. En 1760, la Corona recaudó
impuestos por un total de 4 675 178 pesos; en 1790, acumuló 11493 748
"Colaboradora de l Handbook -of Latin American Studies, Washington, D. C., U.S.A

�198

Siglo XIX

-un aumento del 246°/o para un período de treinta años. La mayoría de
los ingresos se presentaron en forma de tarifas, cobros diversos, e impuestos a los salarios. El nuevo monopolio del tabaco, establecido en 1766 y
cuyas ganancias iban directamente a España, proporcionó un 9% de la
recaudación total de 1790.1
El aumento en los cobros fiscales, combinado con el pago por mercancías únportadas, contribuyó a la escasez generalizada de efectivo en toda la Nueva España. Como resultado, el comercio se realizaba con frecuencia a crédito. En una sociedad donde la tenencia de tierras era en general
la única garantía aceptable para los préstamos, los comerciantes, por su
actividad y su acceso al efectivo, formaron alianzas con los hacendados,
con los que a menudo se involucraron en operaciones mineras, sobre todo
en el Bajío. Como resultado, se formó un tipo de empresa familiar-elitista
que llegó a ser la hase de la sociedad colonial, apuntalada por la riqueza del
clero.2
Según TePaske, en las décadas de 1770 y 1780, cuando las ganancias
mineras dieron un espectacular salto, los gastos de guerra y defensa aumentaron de un modo igualmente brusco. Además, los ingresos enviados a España casi se quintuplicaron entre 1700 y 1790. Para los años 90, la real hacienda en México debía un poco más de tres millones de pesos déficit que
para 1810 sumaba 31 millones. Hacia 1798, la hacienda había engullido
hasta 16 millones de pesos de sus reservas, y afirma TePaske que para 1810
"las instituciones laicas y clericales y los mexicanos ricos habían sido muy
duramente exprimidos, casi hasta el punto en que era poco lo que les quedaba por dar al gobierno virreinal. ,,3
Para fines del siglo XVTII, las necesidades monetarias de la Corona
amenazaron incluso el papel tradicional de la Iglesia. En 1798, España
ordenó a la Iglesia vender todas las propiedades pertenecientes a instituciones benéficas, hermandades, obras pías y funcionarios eclesiásticos, y
la forzó a prestar los beneficios a la real hacienda, al 3% de interés anual.
Luego, el 26 de diciembre de 1804, el Virrey José ltnrrigaray promulgó la
Ley de Consolidación, culminación del ataque borbónico al poder y riqueza clericales, iniciado con la expulsión de los Jesuitas en 1767. La Ley de
Consolidación decretaba que los préstamos que se debían al clero fueran
pagados, y que los fondos se enviaran a España. Para 1809, la Iglesia había remitido más de diez millones de pesos, 25% de los cuales procedía de la arquidiócesis de México exclusivamente.4
La situación empeoró con el comienzo de la rebelión de Hidalgo
en septiembre de 1810. Como resultado, los funcionarios de la ciudad
de México aumentaron las tasas de Los impuestos de venta (alcabala) y del

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

199

comercio (almojarifazgo), gravaron el pulque y el tabaco, exigieron nuevos
donativos, y descontaron los salarios de todos los funcionarios púhlicos.5
. No ?hstan~e, la rebelión de Hidalgo asustó tanto a españoles como a
nacionalistas cnollos, y los indujo a una nueva lealtad hacia España. Desde
1808 a 1810, los terratenientes proporcionaron a la Corona ocho millones
de pesos y, hasta 1812, prestaron en forma voluntaria sumas adicionales
6
al gobierno colonial. Pero en 1812, los préstamos dejaron de ser voluntarios, y el Virrey Venegas se vio forzado a imponer tasas más altas a todos
los artículos consumidos en las áreas urbanas. En la ciudad de México los
funcionarios fijaron un impuesto del 10°/o a todos los bienes raíces u~han~s, y uno del 3 al 12% sobre la renta. También fijaron un impuesto especial a las conductas y fueron especialmente insistentes en el cobro de la
alcabala.7
Cuando se hizo evidente que la Corona no podría liquidar los préstamos anteriores, los comerciantes y otros acreedores se volvieron muy reacios a prestarle más dinero. Después de 1812, los comerciantes empezaron
a rechazar las peticiones de fondos, a menos que tuvieran la certeza de obtener garantías complementarias satisfactorias, tales como hipotecas sobre
futuros cobros fiscales. El virrey Félix Calleja se quejaba ya en 1813 que
el ~ohierno había ca~d? _completamente en manos de sus acredores, y para
abril, calculaba un def1c1t mensual de 260 000 pesos: cuando acudió a las
élites para solicitar un préstamo, le exigieron una hipoteca sobre los ingresos por alcabalas de la ciudad de México y las áreas circundantes sobre el
impuesto al pulque, el del dos por mil por uso de caminos, y el de guerra
sobre los alimentos. Calleja tuvo que comprometer la mitad de la recaudación fiscal de la ciudad de México para poder conseguir suficiente dinero
Y mantener el monopolio del tabaco, la fábrica de pólvora y la Casa de Moneda en funcionamiento. 8
El 13 de septiembre de 1813 las Cortes españolas promulgaron un
Nuevo Plan de Contribuciones Públicas que sugería el reemplazo de las alcabalas _Y los monopoli~s por impuestos portuarios y capitaciones, junto
con un rmpuesto del 1O 1/o sobre la propiedad urbana, de 1% sobre la plata acuñada, y un incremento del 50% al precio del tabaco. Calleja envió
una carta a sus superiores en la corte, donde señalaba que si tal plan fuera
puesto en práctica " mi gobierno será inevitablemente detestado!''IJ
El 21 de julio de 1814, Calleja estableció nuevos principios para aumentar la recaudación fiscal mediante comités que evaluaran tasas y redactaran listas en todo el virreinato, para efectuar cobros regionales por
mes. Después de la caída de las Cortes en 1814, Calleja rebautizó los nuevos inipuestos como "subvención temporal de guerra", y tuvo tal dificuJ-

�200

Siglo XIX

tad en hacer que los residentes contribuyeran a un préstamo forzado que
debió amenazarlos. A fines de 1815, la situación se había agravado tanto
que intentó establecer una lotería forzosa, idea que pronto abandonó.10
Como ha señalado TePaske, para fines de 1815 la tasa de incremento
de la deuda había disminuido considerablemente porque se había ya extraído hasta el último centavo de la colonia. Hasta la plata doméstica y la
de las iglesias había sido donada para financiar la guerra. Para fines de
1816, un cálculo aproximado indicaba que el Ministerio de Hacienda de
México debía 81 millones de pesos.11
Para empeorar las cosas, muchos españoles ricos prefirieron abandonar
México después de la revuelta de Hidalgo o simplemente enviar su riqueza
fuera del país en espera de mejores tie_mpos. Lamentablemente, aún es imposible calcular el monto de la fuga de capitales, pero José María Quiroz
la fija en 786 millones de pesos. 12
Con el objeto de hacer la independencia más aceptable, Agustín de
Iturhide prometió en su Plan de Iguala que la Iglesia Católica estaría segura en el nuevo entorno político, y queios españoles también encontrarían
ahí un hogar protegido. De esta manera, el movimiento iturhidista aseguró a sus partidarios que se restablecería el crédito en la misma medida que
antes, y que los peninsulares ricos no necesitarían enviar su capital a ninguna otra parte. Estas promesas tranquilizadoras, y los temores de lo que
podría acontecer en una Nueva España gobernada por unas Cortes españolas liberales, ayudaron a preparar el terreno de la independencia.
Los poderosos grupos elitistas -la Iglesia, los comerciantes, los propietarios de miiias, los terratenientes, el ejército- esperaban que la independencia les devolviera su antigua gloria y trajera la prosperidad predicha por
Alexander von Humboldt. Pero la república mexicana tendría que reconciliar esas expectativas con el legado de minas anegadas, enormes deudas y
dafios generalizados a la propiedad. Por lo tanto, antes de que pudiera convertirse en una nación en vías de consolidación, la república mexicana tendría que resolver tres problemas prioritarios.
Primero, restablecer el control político y fiscal sobre su territorio. Como lo ha demostrado TePaske, los erarios regionales casi habían suspendido el pago de impuestos anuales a la caja central de la ciudad de México; la
nueva nación necesitaría esos fondos para establecer un régimen viable.13
Segundo, lturbide tenía que recobrar la lealtad de una población descontenta por las frecuentes exacciones y la constante inseguridad, y hacerlo rápida y convincentemente para poder revertir la añeja tendencia ha-

B. Tenenbaum: Finonz&lt;U y poder en México

201

cia la enaje~a~ión y la atomización. Hecho esto, la nueva república podría
esperar un facil acceso a los préstamos y la confianza pública.
. Terc_e~o, el nue~o régimen tendría que crear una nueva y aplicable hase unpoSitiva, a partir de las ruinas de la estructura colonial, de tal modo
que pudiera pagarse al ejército. El gobierno nacional debía diseiiar un sistema fiscal que pudiera satisfacer sus necesidades sin sacrificar demasiado
su popularidad.
Iturhide, al igual que la mayoría de los líderes del movimiento independentista, creía que su popularidad personal como liberador de México
le otorgaría poder suficiente para construir un gobierno viable para la nueva nación. Ignoraba que las élites criollas esperaban que la independencia
mexicana las liberara de las cargas del sistema tributario colonial español, y
de las incesantes exigencias de préstamos no respaldados por parte de la
Corona. No tenían intención de proporcionar a ningún líder mexicano más
recursos suyos, aún cuando la nueva nación necesitara ayuda para establecer u~ gobierno estable. Más bien, pensaban que Iturhide (y sus sucesores)
dehenan buscar esas sumas en alguna otra parte. Dadas estas premisas,
lturhide solo contaba con su popularidad; no tenía poder para obligar a
las élites a hacer lo que se requería para construir la clase de nación que decían desear, pero que estaban muy poco dispuestas a pagar.
Como lo demostrará este artículo, no existió dicotomía entre el poder
y el dinero durante gran parte de la historia de México del siglo XIX. Las
élites, con excepción importante de la Iglesia, que era demasiado pública y
demasiado vulnerable a la intervención gubernamental, se rehusaron a pagar contribuciones, dejando a los gobiernos demasiado empobrecidos para
proporcionarles la estabilidad que ellas supuestamente requerían. La solución a este dilema llegó recién durante el porfiriato, cuando las exportaciones mexicanas volvieron a tener valor y las élites al fin reconocieron la necesidad de un gobierno nacional fuerte y estable.

ITURBIDE Y EL PRINCIPIO DEL DEFICIT
Durante sus cuatro primeros meses en el poder, la administración de Iturbide fue poco a poco descubriendo la naturaleza del sistema fiscal que había heredado, a medida que emprendía la construcción de una estructura
fiscal interina. Pronto abolió los impuestos sobre el aguardiente y el mezcal, las subvenciones temporales de guerra, el impuesto directo de guerra, el de las conductas, el del 10% sobre el valor y renta de casas y exportaciones, los impuestos sobre el henequén, y todos los pagos extraor-

�202

Siglo XIX

'.linarios. Además, redujo 1a alcabala sobre artículos nacionales, del 16%
al 6°1o, y el de los importados, del 16°/o al 8°/o. Con el objeto de ayudar
a los propietarios de minas, el gobierno asimismo combinó once impuestos
14
separados en uno solo del 3% ad valorem.
Además, el Ministerio de Hacienda tranquilizó a las élites en cuanto a
la posibilidad de impuestos adicionales poniendo fin a la Administración
de Arbitrios, que había determinado nuevos impuestos durante las guerras
de independencia. El gobierno estableció una junta de crédito público para investigar el estado de la deuda pública, aparentando con ello asegurar
a los acreedores criollos que sus créditos serían redimidos. Más tarde, Hacienda publicó una nueva tarifa del 25% ad valorem (que anteriormente
era del 36.5 °lo) y decretó la restitución de la propiedad confiscada durante
la guerra. Además restableció el monopolio del tabaco.
Al mismo tiempo, el gobierno fijó el salario de lturbide en 120 000
pesos anuales y fijó el pago d~ los tres regentes a 10 000 ca~,ª ~n~, el d~ los
secretarios en 8 000, y asigno a la viuda de Juan O'DonoJu, último VUTey
de la Nueva España, una pensión de 12 000. Más tarde, la regencia estableció reglamentos para la organización de los cuatro ministerios (de Relaciones Exteriores, Guerra, Justicia y Hacienda) a un costo anual de 21 720
pesos cada uno. 16
Sin embargo, la estructura fiscal mexicana no se recuperó tan rápido
como se esperaba. El 31 de diciembre de 1821 el erario contenía tan sólo
6 647. A principios de enero, el gobierno autorizó que lturbide solici~a
en préstamo 1 500 000. El 4 de enero lturbide instó a la junta de gobierno a atender sus súplicas y pagar al ejército. Cinco días más tarde, pidió a
los obispados de Guadalajara, Durango y Oaxaca 750 000 pesos en un plazo de seis meses.17

B. Tenenbaum: Finanzll$ y poder en México

203

general. Por consiguiente, se reabrió la casa de moneda en Zacatecas, se
prohibió la fabricación de pólvora y se mejoraron las instalaciones portuarias en Guaymas y Mazatlán de tal modo que pudieran ser reabiertas para
recibir buques extranjeros. Once impuestos separados sobre monedas y plata se combinaron en uno solo del 3% sobre su valor en efectivo, y se redujeron los gravámenes sobre aquilatamiento y otros impuestos de acuñación, subieron los impuestos al aguardiente extranjero a 20°/o (del 6%
anterior), y se fijaron los de licores nacionales en 12% (febrero 20). 18
El primer congreso de la nación mexicana fue instalado en forma oficial el 24 de febrero de 1822. Tres días más tarde, el ministro Rafael Pérez Maldonado presentó su Memoria de Hacienda. Su presupuesto para
die-.t meses ( de septiembre de 1821 al 30 de junio de 1822) mostraba que
los gastos (11 311 063 pesos) sobrepasarían los ingresos (10 212 373) por
1 921 973 pesos, pero el reporte tenía un tono confiado y optimista. Pérez
Maldonado pensaba que el sistema tributario colonial pronto empezaría a
funcionar de manera normal, y que generaría aumentos considerables en
los ingresos.
El ministro de Hacienda sostenía que el restablecimiento de paz tras
las guerras de independencia pronto estimularía el comercio y la agricultura y que las élites, ahora liberadas de impuestos arbitrarios, regresarían
a los negocios como siempre y reinvertirían su riqueza. Instó a Iturbide a
alentar la minería y mejorar la administración del monopolio del tabaco
para que las ganancias regresaran a sus altos niveles anteriores. También
sugirió simplificar el gobierno civil, reduciendo el ejército mediante la
creación de milicias nacionales, y estableciendo una contribución directa moderada, ya que el erario había tenido que pedir prestados 900 000
pesos en menos de seis meses.

Aunque se había restablecido la paz, las élites seguían sin estar dispuestas a invertir lo que les quedaba de sus fortunas en México. En un
obvio intento por detener la seria fuga de capitales, el gobierno ordenó una
sobretasa del 15% en la exportación de monedas. Pero la crisis persistió
sin cambio de tal modo que el 16 de febrero la Regencia prohibió especialmente la exportación de efectivo, con excepción del necesario para el comercio, sin un permiso específico.

Pérez Maldonado era demasiado optimista, pero tenía escaso conocimiento de la situación que la nación mexicana había heredado de la Nueva España. Supuso incorrectamente que el nuevo régimen podría rescatar
una estructura tributaria colonial española completamente funcional que
pronto produciría sustanciales ingresos dándole el tiempo y el manejo adecuado. Además, el ministro de Hacienda, interesadamente, olvidó incluir
las enormes deudas que la nueva nación había accedido a pagar para ganar el apoyo de las élites.

A principios de febrero de 1822, el régimen de lturbide ya estaba
adoptando las tácticas de sus predecesores. Se declaró ante la Junta ~e
como el gobierno necesitaba con urgencia recursos para mantener el e1ercito el erario había transferido fondos del consulado de la ciudad de
México, de la Casa de Moneda y de donativos para obras pías, a la reserva

Lo que es más importante, Pérez Maldonado no tuvo en cuenta la suposición tácita de las élites sobre que podían evitar contribuir al mantenimiento del nuevo gobierno. La fuerza del compromiso de la élite con esta
posición condujo a una seria confrontación entre el Congreso y el liberador de México.

�204

Siglo XIX

ITURBIDE Y EL CONGRESO
Las élites pronto demostraron que no tenían intención de apoyar fin~ci~ramente al nuevo gobierno. Durante su primer mes, el Congreso actuo rapidamente para proteger la riqueza de las élites a costa de la hacienda del
país. El 16 de marzo de 1822, transformó el préstamo f~rzado de
l 500 000 pesos en donativo voluntario, y el 22 de marzo revoco la ley en
contra de la exportación de efectivo y permitió a la gente abandonar el
país en el plazo de un mes con las sumas que desearan.20
Durante todo el resto del período de sesiones, el Congreso no promulgó una sola nueva ley fiscal, aunque sí permitió un pré~tamo de 60~ 000
pesos que sería recaudado principalmente de los comerciantes de la c1?dad
de México y reducciones de salarios de hasta un 20°/o para los ~nc1onarios. La insuficiencia de ingresos se manejó recurriendo a extran1eros ~~
proveyeran los fondos necesarios. Por consiguiente, el Congres? autorizo
un préstamo externo de 25 a 30 millones de pesos con todo el mgreso ~acendario nacional como garantía. Ordenó el inventario de todas las propiedades pertenecientes a los misioneros filipinos y los "santos lugares de Jerusalén•: hizo que el impuesto del 2°/o sobre oro y plata acuñados abarca'
ra al cobre, y al tero' 1os gravamenes
sobre 1·icores.21
Mientras tanto la crisis fiscal empeoraba debido a que muchos en el
ejército se creían ~erecedores de f~vores especiales, asce~s. o gratifi~ciones, a semejanza de lo que suced1a en el resto de la rec1~n lib~rada Hisp anoamérica. Como Lorenzo de Zavala dijo exagerando, 'la nntad de la
· · ' no e~a nada desu·
nación pedía tal o cual recompensa. ,.22 Su aprec1~c1on
sada, pues cuando Iturbide no recibió lo que ~0~1der~a ?n JUSt~ reconocimiento a su lealtad hacia la Corona, se conVlrtlo de súh1do en msurgente.
Como observó Joel Poinsett, "en tanto que (lturbide) posea los me:
dios para pagar y recompensar (a los oficiales y soldados), se mante?dra
en el trono; cuando éstos le falten, se verá arrojado de él. •'24 En abril de
1822 Iturbide enfrentó un ejército ávido de recompensas y un Congreso
reaci¿ a decretar los nuevos impuestos necesarios para proporcionarlas.
Más aún, desde que el Congreso había empezado a reunirse, la recaudación se había desplomado en forma drástica. De acuerdo con la conta;
bilidad de marzo de 1822, el gobierno recaudó 819 184 pesos y gasto
813 612 pesos, dejando un excedente de sólo 5 672.,La may?r parte de
esos ingresos (304 854 pesos, o sea el 37%) provema del prestamo forzado de los consulados, o de ingresos aduanales (163 000 pesos, o sea el
20°/o). Pero para cuando el préstamo forzado fue rescindido en mayo,

B. Tenenbaum: Finanz04 y poder en JI.léxico

205

los ingresos habían disminuido a 302 892 pesos, de los cuales 143 502,
o sea el 47°/o procedía de un excedente hacendario del mes anterior.
Debido a que el ministerio de Hacienda contaba sólo con 969 pesos para
el primero de junio, el ingreso para los 28 días siguientes disminuyó hasta 245 419, de los cuales la mayor parte (79 886 pesos, es decir el 32.5°/o)
provenía de ingresos arancelarios.25
Iturbide intentó hacer frente al problema mediante el cambio de su
ministro de Guerra, Antonio Medina, al de Hacienda, el primero de julio de
1822. Sin duda pensaba que Medina podría hallar la solución a sus dos
problemas más urgentes: el descontento del ejército, y las arcas vacías. Pero para octubre de 1822, la situación fiscal se había vuelto tan desesperada
que Iturbide se vio forzado a apoderarse de una conducta que transportaba plata con un valor de 1 200 000 pesos y que pertenecía a comerciantes
de Perote. Justificó su "expropiación" observando correctamente que
no había fondos para pagar al ejército ni a los empleados de gobierno, las arcas estaban vacías, no se conseguía dinero a préstamo en el país, y los préstamos extranjeros se llevaban más tiem-

po.26

Medina presentó su clara y realista Memoria de Hacienda el 28 de octubre
de 1822, y después de reportar que el erario tendría un déficit de
2 826 630 pesos para fines de 1822, aconsejó a lturbide en forma franca:
Sin duda Su Excelencia preferirá dar los pasos más convenientes
para equilibrar los ingresos y los egresos... f¡ero en el futuro, serán necesarias nuevas fuentes de recaudación. 7
Medina atribuyó el obvio desequilibrio entre el ingreso y los gastos a las
reducciones en los cobros fiscales y a las necesidades adicionales del
ejército, que incluían los costos de manutención de los soldados españoles
que habían capitulado ante el ejército insurgente y estaban en espera de
ser repatriados a España.28 Sin embargo, dedicó la mayor parte de su reporte hacendario a un examen sumamente detallado de todas y cada una
de las categorías tributarias existentes desde los tiempos de la Colonia.
Hizo notar que los costos por cobro, particularmente de los salarios, permanecían fijos, y que la recaudación de cada tributo había descendido
excepto la alcabala, que debería haber producido más a causa del mayor
comercio. ¡Incluso la lotería registró una baja del 75°/o debido a la pobreza general!29
El ministro de Hacienda sugirió que México pidiera préstamos voluntarios o iristituyera nuevos impuestos. Como la nueva nación no podía proporcionar reservas para pagar los cargos por intereses y amortización de un

�206

Siglo XlX

préstamo voluntario, éste pronto se convertiría en una exacción forzada.
Aunque Medina también"trlencionó la posibilidad de emitir papel moneda,
hizo notar que, al igual que un préstamo voluntario, también requería confianza en el Ministerio de Hacienda, el cual "estaba en estado crítico" porque había que pagar a las tropas sus sueldos atrasados y los corrientes.

Medina concluyó que lturbide debía presionar por el establecimiento
de un impuesto provisional que sería dividido entre los residentes adinerados para cubrir el déficit y darle tiempo al Congreso para tomar acción
más permanente. Estas nuevas recaudaciones ayudarían también a restablecer el monopolio del tabaco y alentarían la minería. Luego se podrían
agregar impuestos directos e indirectos en el futuro. De otro modo, advertía, las quejas se acumularían y Hacienda (y todo el gobierno) quedarían
desacreditados.30
Pero las élites ya estaban hartas de Iturbide. El 26 de agosto de 1822,
el Emperador se enteró de un complot en contra de su gobierno y arrestó
a quince prominentes diputados y a otras treinta y cinco personas. En represalia, el Comandante de las Provincias Interiores de Oriente, Felipe de
la Garza, encabezó un levantamiento para conseguir su liberación, y Vicente Rocafuerte laboró incansablemente entre sus contactos diplomáticos para aseJrrarse de que lturbide no recibiera mucha ayuda de los Esta·
dos Unidos.
Dada la situación, el Congreso permaneció impasible ante las conclusiones o sugerencias de Medina, y se mantuvo firme en su determinación
de no contribuir el mantenimiento del gobierno. Un día después de que
Medina presentara su reporte, el Congreso emitió una nueva ley quepo·
nía fin al monopolio del tabaco en 1825, privando así al gobierno de una
de sus más importantes fuentes d ingresos, y rehusó aprobar planes para
un nuevo préstamo, a pesar de las promesas de reembolsarlo por parte de
lturbide.32

Así pues, Iturbide concluyó en forma sensata que no estaba en posibilidades de poner en práctica las recomendaciones de Medina para aumentar la recaudación, dada la fuerte oposición por parte del Congreso. Como
ha sefialado Anna: "durante sus nueve meses de existencia, el Congreso
había fracasado en cuanto a plantear las cuestiones básicas de la consolidación del imperio".33 Peor aún, el Congreso probablemente había estorbado todos y cada uno de los esfuerzos por decretar medidas apropiadas para
solucionar la crisis.
El 31 de octubre de 1822, lturbide disolvió el Congreso, quejándose

B. Tenenboum: Finanzas y poder en México

207

de que, entre sus otros pecados no había dis - d I
ria propia de una nación indepe~diente 34 L e~a o. a estructura hacendates de la desesperada confrontación .
i°s h1Stonadores, poco concienca de las medidas fiscales han
d entrde e emperador y el congreso acer'
con ena o en forma ge
I I h"d
1o que creyeron una medida arbitraria Sin e b
_n?r~ a tur J e por
rador hubiera permitido que el C
. l m argo, dii1cil!"1ente el empeongreso e negara nuevos un
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peraba que su gobierno sobrev1V1era.
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IMPUESTOS Y TIRANIA
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·· e J Congreso el 31 de octubre de 1822 Iturb"de tabl
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edeclaró su intención de implanta Y
. antiguos diputados, la cual
cit. El 5 de noviembre la Junta d r nu~vos unpuestos para reducir el défines de pesos, seguido ;or la emisi:c:e: ~n pres~o forzado de 2.8 millomoneda el 20 de diciembre A] d, . . uatro lm~o~es de pesos en papel
· 'ª siguiente' eahmm18tro Medina presento,
su presupuesto para 1823 en I al
,
e cu enumer a gastos por 20 328 740
pesos previendo un déficil de 6 000 000 T
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.
Iturbide declaró que cada provi .
, . ras ed anuncio del presupuesto,
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ncia sena grava a con el pago d ·
tos directos de cuatro reales anuales or
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piedades seculares tendríanpesos e trib~ma). fodos los dueños de prod
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que con wr con el 40% del al tasad
e sus berras; la Iglesia pagaría sólo el 5%. 35
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, Y erarios vac,os y casi ·
, ·
bide falló EUos tamb •, tu . '
runguno tuvo exito donde Itur.
,en vieron una extraordinaria popularidad en el

�208

Siglo XIX

inicio de sus regímenes, que se evaporó en proporción directa con la escalada de sus exigencias fiscales. Sin embargo, el destino y la historia fueron más benévolos con la mayoría de ellos que con el liberador de México.

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

209

PRECEDENTES PERNICIOSOS

tructura hacendaría colonial, la destrucción de la economía minera y los
once años de incertidumbre política, por no mencionar la nula disposición
de las élites a pagar más impuestos o a prestar sumas adicionales a tasas nominales.38 La persistente fijación en los gastos alimentó la lucha de facciones ya que cada bando acusaba al otro de derrochar y pagar favoritos, interpretación que continúa en tiempos modernos.

La caída de Iturbide estableció tres desafortunados precedentes fiscales
que determinarían gran parte de la historia del México del siglo XIX.

LA PRIMERA REPUBLICA FEDERAL, 1824-1836

El primero y más importante fue la firme negativade las élites a pagar
impuestos. Su falta de disposición para contribuir al mantenimiento de su
gobierno alimentó el faccionalismo y la inestabilidad. Esta situación se vio
también exacerbada por el hecho de que ningún grupo elitista -fueran mineros, comerciantes, la Iglesia, o los hacendados- era lo suficientemente
fuerte como para dominar al resto, como lo hicieron los estancieros aliados de Rosas en la Argentina.
El comportamiento de las élites condujo al segundo precedente problemático. Durante todo el período, los gastos militares siguieron siendo
una considerable sangría a una recaudación inadecuada. A excepción del
costo de los préstamos agiotistas en la década de 1840, los salarios militares resultaron la partida más grande del presupuesto mexicano durante
gran parte del siglo XIX. Cuando las arcas se vaciaron, el ejército se quedó
sin paga, y los soldados se rebelaron, lo que explica el gran número de
distintos gobiernos que rigieron México de 1821 a 1856. La inestabilidad consecuente hizo poco por convencer a las élites de que debían mostrarse más cooperativas en cuanto a proporcionar fondos al erario, y estropearon los esfuerzos de México por obtener más préstamos, o atraer inversiones de capital europeo.

Con el objeto de crear apoyo suficiente para un gobierno viable, la estructur~ fiscal de la primera república federal (1824-1836) pasó la carga trihutana a los derechos aduanales sobre el comercio exterior. Durante los años
de 1824 a 1827, la ganancia inesperada proporcionada por los dos préstamos bancarios ingleses liheraron a la administración de Guadalupe Victoria
de agobiar a los ricos, aunque el cobro de impuestos por sí solo no podía
aún solventar los costos de gobierno. Cuando las arcas se vaciaron de nuevo, sin embargo, el gobierno aprendió con rápidez a obtener préstamos internos de los agiotistas, a plazos cortos con altos intereses, a menudo reembolsables directamente en la aduana, la única fuente confiable de recaudación.
No obstante, para 1829 se hizo evidente que los derechos de importación por sí solos no podían mantener el erario, así que el ministro de Hacienda Lorenzo Zavala decretó nuevos impuestos. En el plazo de seis semanas, el gobierno anuló esos impuestos y destituyó a Zavala. 39 La siguiente administración, de Anastasio Bustamente y Lucas Alemán, proml",tió erróneamente que podría pagar los costos de gobierno mediante la reducción de los gastos, pero también se vio forzada a tomar dinero a préstamo.40 Sus sucesores liberales, como Gómez Farías y Zavalá, idearon la estrategia de llenar las arcas ordenando a la Iglesia vender sus propiedades a
nuevos dueños que pagaran impuestos por ventas, idea que con el tiempo
condujo al colapso del gobierno y de la primera república también. De este modo, durante los años de 1821 a 1834, los gobiernos se vieron en la
imposibilidad de añadir un sofo nuevo impuesto aJ inadecuado sistema hacendario.

El tercer precedente fue el resultado de la testarudez y el carácter interesado del debate acerca de problemas fiscales, que permaneció sin cambio desde la independencia hasta después de la Reforma. Si bien los costos
administrativos eran en gran parte fijos, como correctamente hizo notar Antonio de Medina en 1822, los líderes políticos mexicanos persistieron en afirmar que los gastos, y no la falta de ingresos, era el problema fundamental. Naturalmente que esta interpretación surgió de la
negativa elitista a pagar impuestos.

CENTRALISMO, 1836-1847

Su insistencia en considerar los gastos como el problema, y no a los
ingresos insuficientes, queda ampliamente demostrado en los ataques al
régimen de lturbide, tanto contemporáneos como históricos, que resaltaron su lujosa corte y extravagante salario, y no la desintegración de la es-

De cualquier modo, la administración federalista de 1832-1834 dejó un
importante legado para el desarrollo del centralismo y de una estructura
fiscal independiente. Su disposición para destruir la Iglesia tradicional con
el objeto de financiar el nuevo Estado amenazó el status quo lo suficiente

�210

Siglo XIX

como para hacer añicos el sólido frente elitista en contra de las contribuciones. La Iglesia consideró oportuno dar a Santa Anna pagos mensuales
para postergar la inevitable desamortización de sus propiedades. Pero se
enfrentó a una amenaza inmediata y tangible que no afectó en forma directa a otros grupos. Estos empezaron a contribuir también por miedo a
la desestabilización social que resultaría del restablecimiento del control
federalista/liberal, y por el consentimiento de los centralistas de dejarles
llevar la voz cantante en sus localidades. Más aún, como en algo había
revivido la economía, podían permitirse ser un poco más generosos.
Sin embargo, como demuestra este breve resumen, las élites no se
apresuraron a contribuir con su gobierno. Los centralistas habían planeado al principio evitar los impuestos mediante la simplificación de las
administraciones tanto nacional como estatal, pero la sublevación en
Texas los forzó a imponer su "subsidio de guerra extraordinario", una
sobretasa en el precio de venta de la propiedad urbana en noviembre de
1835. Las élites se quejaron tan enérgicamente que el gobierno tuvo que
convertir el impuesto en un préstamo, pagando el 6°/o de interés anual.41
Enseguida, el ministerio de Hacienda decretó un préstamo forzoso sobre
las corporaciones religiosas, terratenientes y comerciantes, para "cubrir el
déficit nacional" el 16 de junio de 1836. 42 Cuando esta táctica falló, el
gobierno implantó los primeros impuestos nuevos en la historia de la república -dos pesos al millar sobre la propiedad urbana, tres al millar sobre
la propiedad rural, e impuestos sobre la renta en comercios urbanos proporcionales a su tipo y ubicación ("propiedades, rentas y giros"). Durante los años de 1836 a 1844, estos impuestos rindieron tanto como el
17 .3°/o de la recaudación Lolal.43
Asimismo, el gobierno buscaba recaudar mayores contribuciones del
comercio bajando los derechos aduanales un 10°/o, hasta sus niveles de
1821. Estas Lasas se revocaron en 1842 porque Santa Anna quería complacer a los algodoneros de Veracruz y sus aliados empresariales, pero sus resultados no fueron nada espect.aculares.44 Cuando los franceses bloquearon
el puerto de Veracruz durante la Guerra de los Pasteles, el gobierno de
Bustamantc implantó un "impuesto extraordinario" sobre el comerrio, las
profesiones, el capital (invertido o en bonos), y los artículos de lujo (definidos como carruajes, caballos y otros animales de carga, sirvimtas, cm
barcaciones, fincas, y literas) divididos en sectores. Estos impuestos produjeron cantidad ínfimas durante 1839 y 1840 y fueron revocados.45
Cuando el gobierno decretó un impuesto mensual sobre las cabezas de familias, comunidades y corporaciones eclesiásticas (capitación mensual), las
élites se resistieron a tal extremo qut&gt; el erario pudo recaudar tan sólo
10 717 pesos.46 Más Larde el gobierno elevó el impuesto sobre artículos de
importación vendidos fuera de los puertos, de un 5 a un 15%, pero se vio

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

211

obligado a revocarlo al mes siguienle.47 El 11 de mar1.,0 de 1841, la administración de Bustamanlc decretó un impuesto del 3 al millar sobre la propiedad, y el 8 de abril añadió una capitación mensual de entre 2 reales y
2 pesos por cada mexicano de más de 18 años de edad.48
La combinación dt&gt;I 10% de aumento en el impuesto al consumo y
los impuestos directos a la propiedad y a los individuos, finalmente destruyeron la coalición centralista. El 28 de septiembre de 1841, Santa Anna,
Paredes y otros promulgaron las Bases de Tacubaya, que exigían al Congreso rrdactar una nueva Constitución. El experimento centralista original
había llegado a su fin.
Santa Anna y su nuevo gobierno no estaban en posición dr aprender
de los errores de sus prr&lt;lecesorrs. Al principio, solicitó el apoyo de las
élites eliminando por completo el impuesto del 15% al consumo y modificando el de tres al millar sobre la propiedad urbana y rural. Pero el ministro de Hacienda Trigueros pronto decretó nuevos impuestos sobre establecimientos industriales, sueldos y salarios, pro[esiont&gt;s y ocupaciones, artículos de lujo, y una capitación de medio real al mes. En efecto, el nuevo
sistema proponía gravar a cada habitante de México. El paquete fiscal se
parecía mucho a un sistema tributario moderno, y como tal requería una
bien organizada } eficiente administración (o su equivalente para fijar las
tasas y recaudar los nuevos impuestos), que México no poseía.
Aunque los nuevos impuestos produjnon una mayor recaudación,
los costos de la misma fueron astronómicos. Sólo en 1842, los impuestos
produjeron el 42.1 °/o de los ingresos totales del año, pero los cestos de
recaudación constituyeron el 69°/o de los gastos de operación de todo el
sistema hacendario.49
En septiembre de 1843, el gobierno aumentó los derechos de importación a 3Oº/o, su nivel más alto, con un 1°/o de sobretasa } un 5°/o extra de impuesto sobre la venta en puertos y en el interior. Más tarde el ministerio de Hacienda agregó una sobretasa del 2°/o para pagar la construcción de un ferrocarril de Perote a San Juan. De inmediato, los comerciantes protestaron, Uamando a la nueva contribución "la hija de la tiranía y
de la reacción''?l Finalmente, el 21 de agosto de 1814, el gobierno decretó un aumento del dos al millar al gravamen sobre la propiedad rural, un
nuevo impuesto de 3 al millar sobre el valor estimado de las fábricas de paños e hilos, el equivalente a un año de impuestos en bonos, y uno y dos
al millar sobre el dinero invertido en el fondo para la minería o en el gremio mereantil.51
Por afiadidura, Santa Anna continuamente solicitaba dinero a la Igle-

�212

Siglo XIX
B. Tenenbaum: Finanz08 y poder en México

sia. Al principio había buscado el apoyo de los clérigos permitiendo que
los Jesuitas regresaran a México, y autorizando el establecimiento de la
Congregación de las Hermanas de la Caridad. Sin embargo, pronto exigió
500 000 pesos (que más Larde redujo a 200 000 pesos) y el derecho de venta de una antigua propiedad Jesuita. Durante 1842 y 1843, el gobierno
emitió muchos decretos anticlericales incluyendo un impuesto del 15°/o
sobre todas las recién adquiridas propiedades y capitaJ, y la prohibición
en contra de Ja venta de ornamentos eclesiaJes, so pena de enjuiciamiento
por robo. Santa Anna obligó asimismo a la Iglesia a vender las propiedades del Fondo Pío de las CaJifornias a precios determinados caJculando la
tasa anuaJ de rendimiento aJ 6%.52
Los nuevos impuestos y el ataque a la IgJesia contradecían las prome-

sas fiscales del centraJismo y revelaron su bancarrota política y financiera.
Posteriormente, los líderes de Jalisco y Querétaro convencieron aJ generaJ
Mariano Paredes y Arrillaga a pronunciarse en contra de la dictadura el
2 de noviembre de 1844. l-Iacia fines del mes, la nación estaba bajo ley
marciaJ, el Congreso había sido suspendido, y Santa Anna se había facu!tado para administrar el erario y el ejército. El gobierno cayó el 6 de diciembre de 1844.

213

Estas cifras reflejaban la respuesta del gobierno a Ja presión referente aJ pago de préstamos atrasados, supuestamente para recibir nuevos préstamos. Según Ja Memoria de Hacienda de 1841, aunque los gastos del Departamento del Tesoro en 1840 fueron de 12 484 048 pesos,
se desglosaban en 2 375 314 para verdaderos gastos hacendarios, y
10 108 733
"préstamos, pago de intereses, y liquidación de dine, . para
. ,,5s
ro en depoSito
en eI erario.
Así pues, los centraJistas no lograron sacar aJ erario del ruinoso patrón de empréstitos que sus predecesores habían iniciado. Peor aún, los
centraJistas necesitaban los préstamos aún más que los federaJistas. Primero, porque se suponía que el centraJismo, después de todo, iba a suprimir los estados en nombre de la eficiencia fiscaJ. De ahí que sus proponentes no quisieran reconocer que aún no podían encontrar fondos suficientes para administrar el gobierno, ni siquiera con un sistema centralista. Segundo, a diferencia de los federaJistas que pJaneaban resolver el
problema fiscaJ mediante la expropiación de la lgJesia, los centrali~tas ya
habían agotado todos sus ardides, así que se vieron forzados a pedir prestado más que sus predecesores cada año.
La incapacidad básica del centraJismo para poner fin aJ federalismo y
las revueltas que engendraba exigía gastos ruinosos, pero fue la herencia
de pasadas deudas -extranjeras y nacionaJes- lo que mantenía las arcas
vacías, y débil aJ gobierno nacionaJ. Y estos préstamos se atribuyen directamente a la negativa de las élites para pagar impuestos.

La raída de la dictadura militar de las Bases Orgánicas puso un caUado fin a la era centraJista de la historia de México. Después de 1844, hasta sus proponentes admitían en forma tácita que el centraJismo no había
cumplido sus promesas cuando respaldaron el golpe supuestamente promonárquico de Paredes. Posteriormente, los centraJistas se presentaron a
las élites como protectores del modo mexicano de vida ante los federaJistas, y no como proponentes de un método superior de administMción
fiscal.53

LAS FINANZAS DURANTE LA GUERRA MEXICO-AMERICANA

El centraJismo logró crear una estructura fiscaJ un poco más confiable, pero los déficits presupuestarios de cada año fueron mayores que
durante el anterior período federalista. A pesar de la creciente actividad militar que caracterizó esos años, los déficits se produjeron por la necesidad de liquidar los préstamos intPrnos iniciados en 1827 cuando el
gobierno, desesperado por más fondos, había tenido que acudir a los comerciantes convertidos en agiotistas.

Desde el 6 de diciembre de 1844 aJ 20 de junio de 1848, diez diferentes
administraciones "gobernaron" México: Herrera, Paredes y Arrillaga, Bravo SaJas Gómez Farías Santa Anna Anaya, Santa Anna, Peña y Peña,
~aya, P~ña y Peña, y finaJmente He:rera. Durante este c~ótico perío~o,
ninguna administración se las arregló para cobrar nuevos tmpuestos e mcluso las declaraciones de tal intento muJtiplicaban la inestabilidad, provocaban revueltas.

A partir de 1835-1836, los gastos hacendarios eclipsaron a t~d?s
los demás. Por ejemplo, en 1839 la diferencia en gastos entre los m1rusterios de Hacienda y de Guerra sobrepasó los diez millones de pesos, en
1842 subió a casi doce millones, y el año siguiente aJcanzó los catorce
millones. En efecto durante los años del centraJismo, los gastos hacendarios sobrepasaron' los costos militares por un promedio de casi siete
y medio millones por año.

Cuando Santa Anna llt:gó a México para saJvar a la nación, reimpuso
la constitución federaJista de 1824 y su distribución de ingresos entre los
gobiernos nacionaJ y estataJ. También abolió la aJcabaJa y volvió a fijar impuestos sobre la propiedad así como una sobretasa del 50% en los impuestos aJ comercio, la renta y los artícuJos de lujo cobrados por los estados.
Esta ley pronto fue revocada junto con un cambio de ministro de Ha-

�214

B. Tenenbaum: FinanZ08 y poder en México

Siglo XIX

cienda, y el erario acudió de nuevo a la Iglesia.56 Después de la caída de
Monterrey, el gobierno no pudo darse el lujo de seguir esperando. El 2 de
octubre de 1846, el gobierno decretó que todas las corporaciones tenían
que contribuir con la renta de un mes al erario, calculada ésta al 5% del
valor total de 1~ propiedad. Pocos días antes que el ministro de Hacienda Antonio Haro y Tamariz renunciara, ordenó a la Iglesia aceptar
una hipoteca de dos millones de pesos sobre su propiedad que serían proporcionados por los agiotistas.57
La Iglesia rehusó vender su propiedad pero consintió en prestar al gobierno un total de l 850 000 pesos, con toda la propiedad no hipotecada
como garantía. En los primeros días de 1847, las tropas de Santa Anna
combatían desesperadamente a los invasores norteamericanos en Buena
Vista, mientras otras unidades militares trataban de repeler la toma de
Veracruz por parte de Estados Unidos. Las arcas estaban vacías otra vez y
el gobierno ya no tenía nada para asegurar más préstamos. Por lo tanto, el
II de enero de 1847, el vicepresidente Gómez Garías decretó la nacionalización y venta de propiedades de la Iglesia con valor de quince millones
de pesos.
No es de extrañar que la Iglesia pusiera un hasta aquí. Convenció a
la guardia nacional de la ciudad de México para que organizara la "rebelión de los polkos" (llamados así por su supuesta adhesión al presidente
norteamericano James Polk). Aunque la rebelión no logró derrocar al
gobierno, obligó a Santa Anna a regresar a la ciudad de México, revocar la
ley y despedir a Gómez Farías a cambio de una garantía por un préstamo
de l 500 000 pesos. Empero, eL daño ya estaba hecho. En los meses anteriores, el gobierno había autorizado préstamos hasta por 20 000 000 pesos que serían asegurados por piezas específicas de propiedades de la Iglesia.51f
Las exigencias centralistas en cuanto a las riquezas del clero, iniciadas
en 1834, debilitaron en forma considerable a la Iglesia como institución financiera, y ayudaron a precipitar la división de las élites. La guerra Méxicoestadounidense y sus constantes solicitudes de fondos impactaron en forma durísima sobre la Iglesia y asestaron el verdadero golpe de gracia a la
institución de "manos muertas". Para 1848, los agiotislas habían adquirido gran parte de la riqueza que la Iglesia había perdido, y aún así la venerable institución seguiría siendo el blanco más fácil para los erarios necesitados.
FEDERALISMO Y SANTA A

A, DE UEVO (1848-1855)

Los años que van de 1848 a 1855 parecen una versión exagerada de los

215

períodos de 1824 a 1827, y 1842 a 1844. Tras la firma del tratado de
Guadalupe Hidalgo en 1848, que puso fin a la guerra, Estados Unidos pagó a México una indemnización de quince millones de pesos en plazos
anuales de tres millones cada uno. Como resultado, el presidente José
Joaqufu Herrera, al igual que Guadalupe Victoria antes que él, cumplió
Lodo su período en el cargo sin que el gobierno pudiera convencer a las
élites, tambaleantes aún por el impacto de los préstamos forzados durante
la guerra, de que pagaran más impuestos. Todas y cada una de las propuestas gubernamentales acerca de nuevos impuestos, ya fueran destinados a
ricos o a pobres, eran rechazadas sin miramientos. Lo que es más conmovedor, el gobierno nacional falló por completo en sus intentos por obligar
a los estados a pagar sus contingentes o cualquier otro impuesto al erario
nacional.59 Cuando el dinero de la indemnización se agolÓ en 1852, el presidente Mariano Arista cayó poco después.
En este momento de incertidumbre, Santa Anna regresó como la opción de los centralistas/conservadores. Los agiotistas de inmediato presentaron al ministro de Hacienda, Antonio Haro y Tamariz, una propuesta
para fundar un banco que manejara los préstamos y transacciones en
efectivo del gobierno, y emitiera papel moneda. Se comprometieron a dar
al gobierno nacional 9 000 000 pesos anuales a cambio del derecho de cobro y administración de todas las contribuciones. Haro y Tamariz rechazó
el plan y en vez de ello acudió a la Iglesia.60 Propuso que la Iglesia prestara
al gobierno 17 000 000 pesos y emitiera una suma equivalente en bonos al
6% de interés anual. La Iglesia se negó y Haro y Tamariz renunció a su
cargo.61
Santa Anna encontró, en cambio, nuevas entradas por la venta a EE.
UU del territorio conocido como La Mesilla en quince millones de pesos,
los que más tarde se redujeron a diez millones. Tras la firma del tratado de
venta, Santa Anna emprendió la guerra en contra de su viejo enemigo
federalista, el caudillo Juan AJvarez. Durante los dos años comprendidos
entre la renuncia de Haro y Tamariz en agosto de 1853, y la de Santa Anna
en agosto de 1855, el ministerio de Hacienda decretó la reimposición de la
alcabala y de impuestos directos. Más aún, implantó una serie de impuestos indirectos que incluían el de tres pesos por devanade.ra sobre las máquinas de fabricación de hilo de algodón, lana y lino, y ordenó el cobro de
un peso por perro por familia cada mes, así como sumas adicionales por
ventanas y puertas exteriores.62 A medida que las necesidades monetarias
de Santa Arma aumentaban, disipó los fondos provenientes de ventas de
tierras, con préstamos por adelantado a intereses exhorbitantes, obtenidos
de unos cuantos agiotistas favorecidos.63 AJ final, dejó a sus sucesores un
erario vacío, y la determinación nacional de no vender más territorio a los
1-:stados Unidos para llenarlo.

�216

Siglo XIX

CONCLUSION: REFORMA, RESISTENCIA Y RESULTADOS
A PARTffi DE 1855
Los revolucionarios de Ayutla que habían derrocado a Santa Anna retuviron su sistema hacendario, a excepción de los impuestos mensuales por
puertas, ventanas y perros. El nuevo ministro de Hacienda, Guillermo Prieto, tomó una I Ínea de conducta centralista. Aspiraba a equilibrar el presupuesto mediante el recorte de la burocracia y el rjército. Había afirmado: ''la organización del erario reside en el ministerio de Guerra ".64
Pero las reducciones en los gastos no pagan las cuentas.
Como era de esperarse, Prieto solicitó primero al Arzobispo de México un préstamo de l 500 000 pesos. Enseguida propuso la venta de
12 000 000 en bonos del gobierno, disponiendo que la lgleisa comprara
1 500 000 y forzando a los empleados a pagar en proporción a sus salarios. Finalmente, propuso que la Iglesia hipotecara sus propiedades y diera
al gobierno 3 000 000 de pesos en abonos con más de la misma propiedad
como garantía.65 La Iglesia rechazó todos estos proyectos.
Después que Puebla se sublevara el 12 de diciembre de 1855, en respuesta a la emisión de la Ley Juárez, las contribuciones bajaron bruscamente porque los cobros aduanales de Veracruz, el puerto más grande,
tenían dificultad para llegar a la ciudad de México. in embargo, buscando
ganarse el favor de los agiotistas, el gobierno abolió el monopolio del tabaco que algunos de ellos controlaban", y les pagó sumas considerables.66 Para
abril de 1856, después de la victoria del gobierno sobre los rebeldes de
Puebla, México estaba al borde de la bancarrota.
Por último, el gobierno ofreció una nueva solución al problema hacendario con la Ley Lerdo, que decretaba que la Iglesia debía vender sus
propiedades a sus arrendatarios o, tras un período indicado de tiempo, a
cualquiera que ofreciese dinero. El erario recibiría entonces un 5°1o por
el impuesto de venta, y en el futuro se recaudarían los impuestos a la propiedad. El gobierno desea·ba hacer uso de la Ley Lerdo como la base de
una estructura tributaria completamente nueva.
En lugar de ello, la nueva ley provocó una serie de conflictos que culminaron en el establecimiento de un imperio extranjero en 1863. Aunque
las élites siempre habían creído que los extranjeros debían pagar los gastos de administración de la república a través de los impuestos sobre artículos de importación, no deseaban ver que todas las oportunidades comerciales dentro de la nación fueran usurpadas por empresarios y comerciantes europeos.

B. Tenenbaum: FinanZQ.f y poder en México

217

Al finaJ Juárez y los liberales derrotaron a las tropas francesas y ejecutaron al emperador Maximiliano. Sin embargo, serían necesarios muchos
años más, y las habilidosas maniobras políticas de Porfirio Díaz, para convencer a las élites de que México merecía su apoyo financiero desinteresado.

NOTAS

1. Fabián Fonseca y Carlos de Urrutia. Historia General de Real Hacienda vol. I
México, Imprenta de Vicente García Torres, 1845, introducción, pp. i~xxxvüi
Y cuadro 3; John TePaske en colaboración con José y Mari Luz Hernández
Palomo, L:1 _Real Hacienda de Nueva España: La Real Caja de México (15761816), Mex1co, Departamento de Investigaciones Históricas, Colección Científica. Fuentes (Historia Económica de México) 41, 1976, sin número de página; y "Sumario General de Cartas Cuentas de Veracruz", proporcionado por el
profesor TePaske, Duke University.
2. John E. Kicza. Colonial Entrepreneurs: Famílies and Business in Bourbon
México City, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1983, pp. 13-42;
Richard B. Lindley, Hacienda.f and Economic Deve/opment: Guadalajara, Mexico at lndependence, Austin, University ofTexas, 1983, capítulo 2.
3. John J. TePaske, "The financia! disintegration of the royal government of México during the ePoch of independence, 1791-1821", de próxima publicación en
Proceedings of the Conference on lndependence and the Creation of the Federal
Republíc, Universidad de California en Irvine, febrero de 1987. La autora agradece aJ profesor TePaske el haberle permitido citar esta obra.
4. Doris M. Ladd, The Mexican Nobílíty at lndependence 1780-1826, Austin,
Instituto de Estudios Latinoamericanos, University of Texas, 1976, p. 99, tabla
20,pp.100-101 y 102-103.
5. TePaske, "Financia! disintegration", pp. 11-12.
6. Lindley, Haciendas, pp. 89-J 22; Brian R. Harnnett, "Royalist Counterinsurgency and the Continuity of Rebellion: Guanajuato and Michoacán, 1813-1820",
en Hispaníc American Historícal Reuiew, vol. 62, 1982, pp. 19-48; Timothy
E. Anna, The Fa/1 of the Royal Government in Mexico City, Lincoln, University
of Nebraska Press, 1978, pp. 151-158.
7. TePaske, "Financia] disintegration", p. 12.
8. Brian R. Harnnctt, Reuolucíón y contrarreuolución en México y el Perú (líberalí&amp;mo, realeza, y separatismo 1800-1824), México, Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 87-88.
9. /bid., pp. 93-94.

�218

Siglo XIX

10. Anna, Fall of Royal Government, pp. 155-158.
11. TePaske, "Financia) disintegration", p. 15.
12. Ladd, Nobility, pp. 148-153. Para un interesante punto de vista acerca del problema de la fuga de capitales, véase a Romeo Flores Caballero, Counterrevolution. The Role of the Spaniards in the lndependence of Mexico, I 804-1838, trad.
de Jaime E. Rodríguez O., Lincoln, University of Nebraska Press, 1974, P- 72.
13. TePaske, "Financia! disintegration", p. 9.
14. Rafael Pérez Maldonado, Memoria que el Ministro de Hacienda present~ al soberano Congreso sobre el estado del erario, México, 1822, p. 9; Memorw de Hacienda 1870, PP- 67-68.
15. Pérez Maldonado Memoria de Hacienda 1822, pp. 9, J9;Manucl Dublán Y José
María Lozano Legislación mexicana o colección completa de las disposiciones
legislativas es/edidas desde la independencia de la República, México, Imprenta
del Comercio, 1876-1912, vol. 1, p. 590.
16. Dublán y Lozano, legislación mexicana, vol. 1, pp. 552-553.
17. William Spence Robertson, lturbide of Mexico, New York, Greenwood Press
Publishers, 1968, pp. 152-153.
18. Pérez Maldonado, Memoria de Hacienda 1822, pp. 10, 21; Dublán Y Lozano,
Legislación mexicana, vol. 1, pp. 594-596; Robertson, lturbide, p. 153.
19. Pérez Maldonado,Memoria de Hacienda 1822, pp. 15-17, 21.
20. Colección de órdenes y decretos de la soberana junta provisional gubernativa Y
soberanos congresos generales de la nación mexicana, vol. 2, México, 1839, pp.
13, 17, 34.
21. /bid., pp. 7, 49, 52-53, 56-57, 72-73; Dublán y Lozano, legislación mexicana,
vol. l,pp. 617-619.
22. Lorenzo Zavala, Ensayo histórico de las revoluciones de México, vol. 1, México
1918, p. 126, citado en Robertson, lturbide, p. 203.
23. Timothy Anna, "The independence of Mexico and Latin America", en ~slie
Bethell (ed.), The Cambridge History of Latin America, vol. 3, Cambndge,
Cambridge University Press, 1985, p. 87.
24. Joel Poinsett, Notes on Mexico, Filadelfia, 1824, p. 68, en Robcrtson, lturbide,
p.192.

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

219

(1823-1946), México, El Colegio de México, 1968, p. 15.

27. A~tonio de Medina, Memoria de Hacienda, México, 1822; Iturbide Papers, Biblioteca del Congreso, Washington, D. C., microfilm, rollo 9, pp. 1-2. La autora
desea agradecer la ayuda de Wanda Turnley, Colección Latinoamericana Benson
University of Texas, Austin, para armonizar el manuscrito de este reporte co;
la versión impresa.
28. /bid., pp. 2, 3, 7. Según Medina, costaron aproximadamente 35 000 pesos al
mes.
29. Medina, "!1;moria de Hacienda 1822. Aunque su cuidadoso análisis palidece en
comparac1on con el de Manuel Payno y Bustamante en 1844, era muy superior
a la clásica discusión del sistema tributario colonial que Matías Romero tomara
de Fonseca y Urrutia para utilizarlo en su Memoria de Hacienda 1870.
30. Medina,Memoria de Hacienda 1822, pp. 2-7.
31. Timothy Anna, "The Rule of Agustín de Itrubide: A Reappraisal", ]ourna/ of
Latín American Studies, vol. 17, p. 100; Jaime E. Rodríguez, The Emergence of
Spanish America, Berkeley, University of California Press, 1975, pp. 60-64.
32. Colección de decretos, vol. 2, pp. 87-88.
33. Anna, "lturbide", pp. 100-101.
34. /bid.
35. "Presupuesto por el año de 1823", Antonio de Medina, México, 21 de diciembre
de 1822, INAH, T-3, 35, Colección Antigua. Decreto del Emperador y de la
]unta Nacional Instituyente, el 21 de diciembre de 1822. Se dispuso que los comerciantes aceptaran hasta un tercio del pago de sus mercancías en el nuevo papel moneda. La autora desea agradecer al profesor Timothy Anna (Universidad
de Manitoba) por proporcionarle información sobre esta cita.
36. Robertson,Jturbide, pp. 221-225.
37. "Quejas del pueblo control el papel moneda", México, 1823, Colección Hernández Y Dávalos, Colección Latinoamericana Benson citado en Anna, "Iturbide", p. 99. Por ejemplo, en los primeros tres meses de 1823, el gobierno recaudó 49 303 pesos, 49 143 pesos, y 43 259 pesos, respectivamente. Véase la Gaceta imperial de México, 9 de enero de 1823, p. 16; 8 de febrero de 1823, p.
70; 6 de marzo de 1823, p. 120; Gaceta de México, 10 de abril de 1823, p. 182.
38. Anna, "lturbide'', pp. 96-99.
39. Memoria de Hacienda 1870, pp. 97-98, 100-103.

25 _ Gaceta imperial de México, cuadro opuesto, emisiones del I de abril, 5 de junio
y 1 de julio de 1822.
26. Lorenzo Zavala Umbral de la independencia, México, Empresas Editoriales,
1949, p. 196, ~itado en Jan Bazant, Historia de la deuda exterior de México

40. Memoria de Hacienda 1832, pp. 10, 1 J, y estado general;Memoria de Hacienda
1833, cuadros 12 y 13.
41. Memoria de Hacienda 1838, p. 15;Memoria de Hacienda 1840, p. 21; Memoria
de Hacienda 1841, p. 20, segunda parte, 1841, p. 19; Memoria de Hacienda
1844, p. 5.

�220

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

Siglo XIX

42. Memoria de Hacienda 1870, pp. 152-154, 162-163.
43. Memoria de Hacienda 1838, p. 75; Memoria de Hacienda 1840, p. 21 ;Memoria
de Hacienda 1841, p. 20, segunda parte, 1841, p. 19; Memoria de Hacienda
1844, p. 5.
44. Memoria de Hacienda 1836/37, pp. 73-74; Memoria de Hacienda 1839, p. 10;
Memoria de Hacienda 1840, p. I0;Memoria de Hacienda 1841, p. 19.
45. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, vol. 3, pp. 512-533; Memoria de Hacienda 1840, p. 22;Memoria de Hacienda 1841, p. 19.

46. Memoria de Hacienda 1840, p. 20.
47. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 3, pp. 673-674; t. 4, pp. 11-12.
48. /bid., t. 4, pp. 11-12.
49. Memoria de Hacienda 1845, p. 5
50. Guillermo Prieto, Indicaciones sobre el origen, vicisitudes, y estado que guardan
actualmente las rentas generales de la federación mexicana, México, Cumplido,
1850, p. l6;Memoria de Hacienda 1870, pp. 245-246.
51. Memoria de Hacienda 1870, pp. 255-256.
52. Hubert Howe Bancroft, History of Mexico, vol. 5, San Francisco, A. L. Bancroft
and Company, 1885, pp. 239, 246, n. 58; Jan Bazant, Alienation of Church
Wealth in Mexico. Social and Economic Aspects of the Liberal Revolution
1856-1875, trad. de Michael Costaloe, Cambridge, Cambridge University Press,
1971, pp. 25, 27-28.
53. Véasi;, por ejemplo, el manifiesto Conservador en los cinco volúmenes de Lucas
Alamán, Hiswria de Méjico.
54. Memoria de Hacienda 1870, pp. 118-119; Memoria de Hacienda 1835, pp.
55-61; Memoria de Hacienda 1837, pp. 33-34; Memoria de Hacienda 1839, pp.
73-75; Memoria de Hacienda 1840, segunda parte, pp. 5-7,Memoria de Hacienda 1840, pp. 3-7; Memoria de Hacienda 1841, pp. 19-21; Memoria de Hacienda
1845, p.5.
55. Memoria de Hacienda 1841, p. 14.
56. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 5, pp. 175-177. José Fernando Ramírez afmna que los impuestos fueron revocados debido a sobornos pagados al
ministro de Hacienda Antonio Haro y Tamariz. Véase a José Femando Ramírez,
México during the War with the United States, ed. Walter V. Scholes y trad. de
Elliott B. Scherr, Columbia, Missouri, University of Missouri Press, 1950, p. 90.
57. Bazant, Church Wealth, p. 29; Jan Bazant, Antonio Haro y Tamariz y sus aventuras políticas l 8ll-1869, México, El Colegio de México, 1985, pp. 48-50.
Para la explicación que da Bazant sobre la renuncia de Haro, véanse las pp. 5051.

221

58. Véa~ Mic~ael Cos!eloe, '_'The_ Mexican Church and the Rebellion of the Polkos"
en H';'pamc Amencan Historical Review, vol. 46 1966 pp 170-178 T b"' '
Ramuez Mé · d · w
•
• ·
. am 1en,
.
,
xico uring ar, pp. 104-107. Ramírez sostiene que el Vicario
Capitular Juan Manuel Irisarri financió la revuelta y que a los rebeldes les sobraron 9 3 000 pesos después de los gastos. Culpa a la Iglesia por la pérdida de Ve
r~~ruz (p. ~ 13_) Y afmna que hubo un notable descenso en el respeto a la reli:
g¡on tras el mc1dente (p. 114)
59. Documentos relativos a la reunión en esta capital de los gobernadores de los estados convocados para pr~veer a las exigencias del erario federal, México, J.M.
L3!a, 1851. _Para un estudio completo acerca del intento del gobierno por institu~ ~uevos unpuestos, véase Bárbara A. Tenenbaum, México en la época de los
agzotutas 1821-1857, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, capítulo 4.
60. Ant?nio Haro _Y Tamariz, Informe presentado al presidente por el Ministro de
H,acienda, México, 1853, pp. 23-25.
61. /bid., pp. 9-14.
62. Memoria de Hacienda 1870, p. 412.
63. ~anuel_ Olasagarre (ed.), Cuenta de la percepción, distribución e inversión de los
diez_ millones de pesos que produjo el tratado de la Mesilla celebrado por el
gobiern? _supremo de la república con el de los Estados Unidos de América el
13 de diciembre de 1853, México, 1855.
'
64. Guillermo _P~ieto, Circular del ministro de hacienda a los gobernadores de los
estados, Mex1co, 1855, pp. 8-15.
65. "Pr~yecto de préstamo", Fondo Bustarnante 50, núm. 54, Archivos del Museo
Nacional de Antropología, México. lldefonso López, "Préstamo patriótico",
15 de octubre de 1855, Fondo Bustamante 50, núm. 25, Archivos del Museo
Nacional de Antropología, México.
66. M~m?r_ia de Hacienda 1855-1866, pp. 43-53. El gobierno ganó algún dinero al
pnnc1p10 con la vent~ de un poco de tabaco y cuantos artículos poseía por
813 238 pesos._Deb?r~ recordarse,q~e el entonces ministro de Hacienda, Manuel
Payno, era amigo intuno del mas importante prestamista, Manuel Escandón.

�Crisis Fiscal y Reforma Hacendaria en el
siglo XIX Mexicano
Javier Pérez Siller*

La cuestión más difícil que se puede presentar a los hombres de
estado en México, y cuya solución ha ofrecido siempre muchas y
muy graves dificultades es la de nivelar los ingresos con los egresos del erario público. Esta cuestión ha ocasionado la caída de
varias administraciones, y no podría considerarse que la Nación
disfrute de una manera estable y sólida, los beneficios de la paz
y la seguridad mientras no se le dé una solución conveniente y satisfactoria.
Matías Romero

PRESENTACIOt\t
El artículo sostiene la tesis siguiente: que la reforma hacendaría realizada
durante el periodo 1867 a 1892, es un elemento decisivo para comprender
la conformación del mercado interno y la consolidación del Estado Nacional en México.
Desde la Independencia, los gobiernos vivieron en una continua crisis fiscal que les impidió tener estabilidad. A partir de 1867, con la restauración de la República, se inició un proceso de reformas radicales a la
hacienda pública para solucionar dicha crisis. Se tomaron entonces medidas para fomentar la producción de excedentes económicos y para establecer los instrumentos fiscales de captación de recursos.
Las distintas crisis económicas que conoció el último tercio del siglo
X1X aceleraron este proceso: con la de 1890-92, la reforma alcanzó sus
objetivos.

*Facultad de Ciencias Políticas, Universidad Nacional Autónoma de México. Este
Uabajo fue originalmente presentado en el " Il Encuentro Nacional de Historiadores Mexicanos de la ADHILAC", Puebla, abril de 1983. Aquí sólo se agregan algunas
cifras para tomar más compren51ble las tendencias que describe.

�J. Pérez Siller: Cri8u fiscal y hacienda en Méxi~

224 Siglo XIX
Advertiré que el artículo es el resultado de una investigación sobre los
ingresos federales y el gasto público en México de 1867 a 1913 que vengo
realizando, y de la que hasta ahora he concluido la parte relativa a los ingresos. Este estado inacabado de la investigación quizá se revele en la argumentación que sigue. Las fuentes para la investigación de las que hablo han
sido las Memorias de Hacienda y las Cuentas del Tesoro Federal del periodo, así como libros y documentos de la época.1
Así pues, el tema que trataré es el de la reforma hacendaria del siglo
XIX. Para ello veré primero la crisis fiscal, luego las medidas que se propusieron para superarla, las que llegaron a adoptarse y sus resultados. Finalmente ofreceré algunas consideraciones para la reflexión.

I.

CRISIS DE LA HACIENDA PUBLICA

Durante el periodo de 1821 a 1867, aunada a la constante inestabilidad
económica, política y social, los gobiernos que se sucedieron experimentaron una permanente crisis fiscal. Este fenómeno provocó el derrumbe de
varias administraciones, pues sin ingresos suficientes para cubrir su gastos,
los gobiernos no podían enfrentar las sublevaciones opositoras. ¿En qué
consistía la crisis fiscal'? y ¿cuáles fueron sus elementos?.
A grandes rasgos la crisis se reflejaba en una continua situación deficitaria que impedía a los gobiernos solventar sus gastos y los obligaba a
buscar recursos vía créditos o la ampliación de impuestos.
Algunos de los elementos de esta crisis fueron: el caos del sistema
hacendario, la baja de los ingresos, los altos gastos y los ruinosos compromisos del crédito.
El sistema hacendario de ese periodo, 1821-1867, seguía siendo el mismo que el que había funcionado durante la Colonia después de las Reformas Borbónicas; lo nuevo estaba en que, debido a las necesidades de los
gobiernos en turno, se le habían agregado, de manera anárquica, una serie
de disposiciones impositivas y organizativas que ahondaban más la crisis;
se había provocado un caos en la aplicación y recaudación de los gravámenes y no existía un control sobre los gastos. Los ingresos recaudados generalmente no llegaban al Gobierno Federal, sino que eran utilizados por
las autoridades o los jefes militares locales.
Por otra parte, a pesar de que se creaban y abolían impuestos, los ingresos federales recaudados durante este periodo se redujeron casi a la
mitad de lo obtenido por la Real Hacienda durante los últimos años del

225

Virreinato.2
CUADRO 1

COMPARACION DE INGRESOS EFECTIVOS 1792-1867
(miles de pesos)
años

monto

1792
1802
1812 a 1816
1821 a 1866

19 522
20 200
11 726
472 344

promedio anual

19 522
20 200
2 345
10 268

FUENTE: para 1972 y 1802, Humboldt A., Ensayo pol{tico sobre el reino
de la Nueva España, México, 1978, pág. 540; para 1812-16, Macedo P.,
la evolución mercantil; comunicaciones y obras públicas; la hacienda pú.
blica; 3 monograf{as, México, 1905, pág. 369; para 182 Hi 7, Memoria de
Hacienda, 1870, págs. 834-835.

Por otra parte, la estructura de los ingresos tenía el inconveniente de
que cuatro de los impuestos aportaban más del 80°/o del total de ingresos,
y uno solo, el impuesto a las importaciones, concentraba más del 60º/o.3
Lo reducido de los ingresos y la excesiva concentración de ellos en los
product9s de los impuestos a la importación hacía muy vulnerable al erario. Una guerra que bloqueara el comercio exterior, la toma de una aduana
o una sublevación bastaba para que el Gobierno no contara con más de la
mitad de sus ingresos.4
Por el lado de los egresos, la inestabilidad política, los constantes levantamientos y las luchas contra las invasiones extranjeras hicieron que los
gastos destinados a gobernación y a guerra ocuparan el primer renglón del
presupuesto. A lo largo del periodo ambos rubros representaron en promedio el 77°/o del totaJ.5
Además, el caos administrativo hacía más costosa la recaudación de
los impuestos. Según Matías Romero, de 1825 a 1867 el costo de la recaudación fue en promedio de 16°/o del producto de lo recaudado.6 De
esta manera, el costo del control interior del país y de su defensa, unido a
los gastos de recaudación rebasaban el 89°/o del total. Con un 11°/o del
presupuesto los gobiernos quedaban incapaces de realizar cualquier polí-

�226 Siglo XlX

J. Pérez Siller: Crisis fi1cal y hacienda en México

CUADR02

RECAUDACION PROMEDIO DE LOS PRINCIPALES IMPUESTOS
1822-1867

Impuestos
Producto de aduanas ( 1)
Alcabalas en el D. F. (2)
Contingente (3)
Papel sellado (4)
Total de ingresos efectivos (5)

Producto Medio
(Miles de pesos)

º/o del total
efectivo

6 399
1 027
863

62.3
10.0
8.4
1.4
100.0

148

10 268

FUENTE: Memoria..., 1870, págs. 835-846.
l.

2.
3.

4.
5.

Incluye los impuestos a la importación y exportación, así como los
servicios aduanales. Es un promedio de 44 años.
Término medio de 18 años y medio, 1825-26 a 1836-37, 1841 a 1844,
1848-49, 1853 y 1856.
Corresponde por término medio a 15 años y medio de Contingente,
1825 a 1835-36, y de 1848 a 1851-52.
Corresponde por término medio a los 26 primeros años de papel
sellado, 1825 a 1845 y de 1848 a 1856.
Corresponde por término medio a los ingresos habidos de 1822 a
1867.

CUADR03

DISTRIBUCION PORCENTUAL DE GASTOS FEDERALES
POR RAMOS
1821-1867

Guerra
70°/o

SHyCP

Deuda
10°/o

Gobernación

Total
99°/o

FUENTE: M. Romero, Memoria de Hacienda . .. 1870, y G. F. Aguilar,
los presupuestos mexicanos desde los tiempos de la colonia . ..
Los porcentajes son un promedio anual demasiado relativo.

227

tica. en materia económica. Peor aún, el 10% de los ingresos estuvo
destinado al pago de las deudas. Esto condujo a una constante situación deficitaria que puso en quiebra permanente a la hacienda pública y
con ello a los gobiernos en turno, pues, sin ingresos suficientes, éstos se
volvían inestables. AJ respecto Pablo Macedo comentaba lo siguiente:
el señor ingeniero Don Francisco Bulnes ha condensado la ley
que rigió la relación entre nuestro deficiente y nuestras revoluciones, le.y que puede expresarse así; "mientras el deficiente no
llegaba al 25 por 100 de los egresos, aunque surgiera una revolución, la dominaba siempre el gobierno establecido, si el deficiente excedía del 25 por 100, la revolución triunfaba y el nuevo gobierno venía a desempeñar una función liquidadora de los
compromisos de su antecesor, pasándolo al capítulo de la deuda
pública".7
Una de las formas de aminorar la bancarrota fue la venta de los bienes de
la Nación y los préstamos de los particulares; pero en lugar de resolver la
situación, ambas medidas la prolongaron: la venta de bienes, además de esporádica y limitada, se realizó a bajos precios en la mayoría de los casos a
crédito.
Los préstamos, por su parte, metían a la hacienda en un "círculo vicioso". AJ otorgar crédito al Gobierno, los prestamistas imponían tan altos
intereses que no podían ser pagados, a la vez que exigían la hipoteca o el
arrendamiento de las principales fuentes de ingresos, con lo cual se reducían las recaudaciones y se obligaba al erario a recurrir nuevamente al
crédito.
La crisis fiscal, y con ello la inestabilidad de las administraciones fue
objeto de múltiples críticas de distintos sectores de la población.8 La
opinión mayoritaria era realizar una reforma a la hacienda pública que produjera un aumento de los ingresos y así superar el deficiente.
Se había tocado el meollo del problema: necesidad de mayores re.cursos para sostener al gobierno. Sin embargo, la forma de obtener esos recursos no estaba resuelta. Los conservadores proponían el proteccionismo
y el fortalecimiento de la industria nacional, mientras que los liberales se
inclinaban por el lihre cambio, la reducción de la deuda y la enajenación de
los bienes eclesiásticos. Si bien ambas propuestas se encaminaban a obtener
mayores recursos para el erario, ninguna de las dos fue totalmente viable.
Pues lo que se debatía en el fondo de esta lucha por imponer una política para aumentar los ingresos era el tipo de Estado que se quería crear
y, como éste dependía de la reestructuración de las fuerzas sociales, que

�228 Siglo XIX

aún estaban en proceso, esto no podía llevarse a cabo. Aún no se daban
las condiciones para imponer un Lipo de Estado.
En 1867, con el triunfo de la República sobre el Segundo Imperio, se
marcó un momento definitivo en el proceso de consolidación del Estado
Nacional y, con ello, se pusieron las bases para que el nuevo grupo en el
poder impulsara un nuevo tipo de Estado. En estas circunstancias, la reforma hacendaría no sólo se presentó como algo viable, sino necesaria para
el sostenimiento del Estado y de su consolidación política.
Sin embargo, la reforma debía de elaborarse y ajustarse a las grandes
tendencias de la sociedad y a las posibilidades del nuevo grupo en el poder,
así como debía enfrentar los obstáculos que se le presentaran. Por ello, la
reforma hacendaría no pudo darse de golpe, en una acción que diera respuesta definitiva a las necesidades para superar la crisis hacendaria, sino
mediante transformaciones paulatinas que se realizaron a lo largo del periodo. Cada una ofreció soluciones parciales al problema y venció la resistencia opositora; pero entre todas esas medidas existió una coherencia
para superar el caos financiero. Aquí es donde se ubica la continuidad de
la política seguida por los gobiernos que se sucedieron de 1867 a 1910.
¿En qué consistió esa reforma hacendaría?; ¿cuáles fueron los planteamientos y las medidas que se impusieron?; ¿qué resultados tuvo?

II. PLANTEAMIENTOS DE LA REFORMA HACENDARIA
Fue hasta después de 1867 cuando las iniciativas encaminadas a modificar la crisis hacendaría se concretaron y dieron origen a la revolución de
las instituciones estatales. Esa revolución fue uno de los pilares que fortaleció al Estado recién consolidado y ~eguró su permanencia.

J. Pérez Siller: Cri3is fecal y hacienda en México

229

crediticios que el gobierno manejaba en esos años.
Para incrementar esos recursos se propusieron tres vías, cuya orientación estuvo dirigida a impulsar las actividades productivas y el intercambio mercantil del país. Estas fueron: la administrativa, la del crédito
y la moneda, y la fiscal.
La vía administrativa estuvo encaminada a modernizar el aparato de
recaud;ción y distribución de ingresos y a reducir el gasto público. Se
pretendió reformular el papel de la Secretaría de Hacienda, el de la Tesorería de la Federación y el de las oficinas recaudadoras en el interior
de la República, con el objetivo de centralizar la toma de decisiones por
el Ejecutivo.
La centralización de las decisiones era de vital importancia, pues durante los 45 años de vida independiente se habían arraigado prácticas en
el manejo de los recursos y la toma de decisiones en materia hacendaría
que ya no dependían de la Secretaría, sino de las urgencias monetarias de
las autoridades o los jefes militares locales.
De aquí que la reorganización se enfocara a centralizar las decisiones sobre la aplicación de las leyes y la distribución de ingresos a partir de
un plan fiscal general que controlara el propio Secretario de Hacienda.
Con relación a la reducción del gasto, se pretendió modernizar los
aparatos administrativos y recaudatorios, y reducir el gasto de guerra. Para
administrar los recursos se propuso organizar los presupuestos y las Cuentas del Tesoro mediante la creación de un sistema de estadística fiscal que
funcionara en todas las dependencias y principalmente en la Tesorería.
Con ello se esperaba reducir los costos de la recaudación y mejorar la administración de los recursos.

Estos cambios institucionales tuvieron dos momentos: el primero
comprende la elaboración jurídica de las reformas y el segundo las medidas adoptadas para llevarlas a cabo. Es a este proceso que denomino
reforma hacendaría.

Gran parte de los deficientes presupuestales te~ía su ori~_en_ en los altos gastos de la Secretaría de Guerra, la que sostenia a un e1erc1to de entre 70 a 80 mil hombres. La reforma se proponía reducirlo de 16 a 18
mil soldados. 10

Los planteamientos de la reforma hacendaría comenzaron a ser elaborados por el grupo en el poder durante los primeros años del periodo. De
1867 a 1875 se produjeron una gran cantidad de informes, proyectos, iniciativas de ley y Memorias,9 documentos donde se exponen los principales
planteamientos que durante todo el periodo de 1867 a 1910 sirvieron de
hilo conductor para la reforma hacendaría. Su objetivo central fue superar el continuo deficiente mediante el aumento de Los recursos fiscales y

La vía del crédito y la moneda buscaban allegar recursos al erario
para aliviar el deficiente y fomentar la circulación de mer?~cías. Las m~didas propuestas fueron: el arreglo de la deuda y la em1s10n de 18 oullones de pesos en billetes del Tesoro.
Ya en 1867 se tenía una visión general sobre el estado de la deuda
externa y cierto conocimiento sobre la intema.11 Sólo faltaba tomar

�230 Siglo XIX
medidas. Fue entonces que el Gobierno propuso una iniciativa para que
todos los tipos de deuda pública se redujeran a una sola clase de títulos,
causantes del mismo interés y pagaderos de la misma forma. 12 .

A pesar de que se sah ía que esta iniciativa para arreglar la deuda era
una respuesta provisional -pues en tanto el erario no registrara excedentes
era imposible atender los pagos de la deuda- se pretendía obtener con
ello la confianza de los prestamistas.
No obstante, mientras no se obtuvieran excedentes o se lograran nuevos préstamos, se propuso emitir 18 millones de pesos en billetes del Tesoro con el fin de cubrir el faltante del dinero que resultaba del desfase
entre la lenta recaudación y los apremios de los gastos. La curiosa propuesta -que tendía a la creación de un banco de emisión ligado al Estado- consistía en emitir billetes equivalentes al presupuesto de ingresos,
darles curso forzoso entre los acreedores del Gobierno, erogar cada mes
sólo la duodécima parte del monto total y recibirlos en todas las oficinas
federales para el pago de impuestos o para su reconversión en dinero metálico. 13
La tercera vía: la fiscal, fue el punto central a partir del cual se puso
en práctica la reforma hacendaria. El planteamiento más acabado sobre
la vía fiscal se encuentra en la célebre Memoria de Hacienda de 1870,
donde Matías Romero, después de hacer un balance histórico de la hacienda mexicana, propone los cambios radicales para la reforma~
Los cambios propuestos por Romero enfocan tres rubros: f omeny superar la dependencia del
erario con relación a los impuestos a la importación. Para fomentar la
minería se proponía desde la reducción de los múltiples impuestos a uno
solo, que pesara sobre las ganancias de los mineros, hasta la recuperación
de las casas de moneda por el Gobierno.
to., la minería, estimular el intercambio

Con relación al intercambio se propusieron varias medidas: para el comercio interno, la política estatal se centró en la abolición de alcabalas y
el impulso a la construcción de medios de comunicación que comunicaran
a toda la República. Para el comercio exterior se propuso rebajar los impuestos a las importac_iones, abolir los derechos de exportación, fomentar
las líneas de vapores y prohibir a los estados gravar las importaciones y las
exportaciones.
Finalmente, para suprimir la dependencia con relación a los impuestos a la importación, la vía fiscal propuso la creación de un gravamen a la
riqueza interna y al consumo denominado Renta del Timbre.

J. Pérez Sil~r: Crisis fucal y hacienda en México

231

La hase de todas estas medidas se encontraba en el fomento a la producción para la exportación, especialmente a los metales preciosos. Se
pensaba que el desarrollo de la minería traería como consecuencia el florecimiento de la agricultura y de la industria y, con ello, el de los intercambios. De esta manera aumentarían los ingresos internos y podría superarse Ia crisis fiscal.
Estos objetivos -fomentar la minería, estimular el intercambio y superar la dependencia- apuntaban hacia las grandes tendencias que marcaron la historia de México en el siglo XIX: la conformación del mercado intemo y la consolidación del Estado Nacional.

III. MEDIDAS ADOPTADAS Y RESULTADOS DE LA REFORMA
HACENDARIA
¿Se realizó este plan de verdadera regeneración económica y fiscal?, fue
la pregunta que se hizo Pablo Macedo en 1904.15 A ella responderé con la
descripción de las medidas adoptadas por el Gobierno a partir de los objetivos que se iban logrando en cada una de las vías de la reforma hacendaria.
Primero describiré cómo se superaron las dificultades para que se llevara a
cabo la reforma y el modo en que se establecieron sus bases, proceso que
se apoyó en la respuesta estatal a la crisis de 1873-76. Luego veré cómo la
crisis de 1884-86 puso los cimientos para consolidar la reforma, y finalmente describiré los resultados obtenidos por la reforma después de la
crisis de 1890-92.
1) Condiciones y bases para la reforma: 1867 a 1882

La experiencia hacendaría de la primera mitad del siglo XIX demostró que
no podía existir un erario estable sin obtener la paz social. También enseñó que el establecimiento y la recaudación de los impuestos era un punto de conflicto con las autoridades regionales. No se podía llevar a cabo
ninguna reforma radical a la hacienda hasta que se consolidara la paz y
los gobiernos locales aceptaran un estado de derecho federal. 16
En 1867, el triunfo sobre el imperio permitió al nuevo Gobierno establecer la paz en todo el territorio y legitimarse ante la nación. Sin embargo, hasta después del triunfo del Plan de Tuxtepec se logró enteramente la
paz social. Mientras tanto, el establecimiento del sistema de derecho federal para los ciudadanos y las autoridades de los estados se fue afianzando
en el Congreso de la Unión.
Se puede afirmar que la primera prueba de ambas condiciones -paz

�232 Siglo XIX
social y sistema legal federal- fue el cambio de poderes de 1880, cuando
Manuel González asumió la presidencia de la República de forma constitucional. Paralelamente a la superación de esas dificultades, se empezaron
a erigir las bases de la reforma hacendaría para cada una de) las vías establecidas.
En relación a la vía administrativa, de 1867 a 1882 se llevó a cabo la
reorganización de la Secretaría de Hacienda y se redujo el gasto público.
En ese tiempo, el Gobierno estableció mediante diversas iniciativas que se
sintetizaban en las Memorias de Hacienda una política fiscal general
aprobada en el Congreso, a la cual se subordinaron todas las dependencias, las autoridades y los gobiernos regionales; además, se modernizó desde 1867 el aparato hacendario y en 1882, con la creación de la Dirección
General de Estadística se formalizó el sistema de estadística nacional para
controlar y administrar los recursos! 7
Con estas medidas la Secretaría de Hacienda se convirtió en un potente aparato que centralizó la autoridad fiscal del país y estableció los mecanismos administrativos adecuados para recaudar los ingresos en toda la
República. Con el establecimiento del plan fiscal se pudieron reducir los
gastos, vía economías, en la administración y la reducción del presupuesto de la Secretaría de Guerra. En 1881, el gasto de guerra se redujo del
50°/o del total de egresos que había mantenido desde 1867, a sólo el
30°/o. A partir de 1882, el gasto militar permaneció por debajo del
25°/o.18 Con estos ahorros se aminoró el déficit del erario.
En relación a la vía del crédito y la moneda, en esta primera etapa,
1867-1882, el Gobierno reconoció parte de la deuda externa y llevó a cabo
almonedas para el reconocimiento de la deuda interior, operaciones que
concluyeron en 1871. Además en 1873, se reconocieron las deudas con
Estados Unidos. Todo ello dio como resultado el restablecimiento del
crédito interno, y en consecuencia la obtención de préstamos para cubrir los deficientes del gasto público y para fomentar los medios de comunicación.
Señalamos antes que la vía fiscál estaba orientada a tres objetivos:
fomentar la minería, estimular el intercambio y superar la dependencia
del erario de los impuestos a la importación. En esta primera etapa de la
reforma, 1867-82, las medidas tomadas para lograr estos objetivos fueron:
para la minería, a principios de 1868 el Gobierno nombró una comisión
encargada de examinar los impuestos que pesaban sobre este rubro y proponer las modificaciones en la legislación. 19 La comisión tomó medidas para enfrentar la crisis minera que se desató en 1872 y los problemas que trajo la baja de la planta de 1873.

l. Pérez Siller: Crüü Fiscal y hacienda en México

233

CUADRO 4
DISTRIBUCION PORCENTUAL DEL GASTO FEDERAL
POR RUBROS.1868-1913
1868-1881

1882-1890

1892-1913

ºlo

ºlo

º/o

Guerra
Deuda
Comunicación
Fomento
Gobernación
Hacienda
Instrucción

47.2
6.3
8.4
1.6
8.8
14.0
2.3

25.4
35.9
11.9
1.8
6.7
11.6
1.3

20.1
33.7
12.4
1.9
9.8
10.6
4.9

Total

88.6

94.6

93.4

FUENTE: El Erario Federal en el último decenio y Memorias de Hacienda,
Cuentas del Tesoro Federal ·de los años correspondientes.
Los totales no cubren el 100°/o a causa de otros rubros no incluidos en
el cuadro.

Como resultado, en 1872 se derogó la prohibición de exportar metales
preciosos en pasta, implantada nuevamente en 1877. Al año siguiente,
1878, se declararon libres de todo derecho de im~rtación a los insumos
para beneficiar el metal y en 1882 se redujo el 50 1/o a los derechos de exportación a los metales preciosos.
Por otra parte, la crisis influyó para que en 1874 el Gobierno pudiera
recuperar, a excepción de la de México, las casas de moneda que tenía
arrendadas a los particulares desde la Independencia. Este logro fue efímero, pues en 1876 la crisis financiera del gobierno de Lerdo de Tejada
obligó a éste a arrendarlas de nuevo a cambio de algunos préstamos. Todas estas medidas fomentaron la minería, que desde 1873 veía reducir los
precios de sus principales productos.
Para estimular el intercambio se dieron varias medidas relacionadas
con el comercio exterior, el interior y las comunicaciones. En cuanto al
comercio exterior: con el objeto de frenar el contrabando, se estable-

�234 Siglo XIX
cieron de 1868 a 1871, los contraregistros en la frontera norte y, mediante los aranceles de 1872 y 1880, se redujeron los impuestos a la importación y a la exportación de metales preciosos. Para estimular el mercado
interno, en 1872 se emitió una iniciativa para la supresión de alcabalas
que no tuvo eco en el Congreso.
Por otro lado, desde 1868 el Gobierno emprendió el fomento a las
comunicaciones mediante el impulso a la reconstrucción de caminos y la
subvención a vapores que tocaran nuestros litorales. Además, dieron concesiones para la construcció~ de los ferrocarriles y en 1873 se terminó el
ferrocarril México-Veracruz. Gracias a ello estimuló de manera sustantiva
el intercambio en esa zona comercial.
Como vimos, en los planteamientos de la reforma, sobre la base del incremento del mercado interno y mediante la creación de rentas interiores,
se pretendió superar la dependencia del erario. En 1871 se creó la renta del
timbre, la innovación fiscal más importante del periodo. La renta del timbre fue el símbolo de la reforma hacendaria. Consistía en establecer un impuesto en todo el país orientado al intercambio mercantil. Aunque establecida en 1871, la renta del timbre empezó a funcionar hasta 1875, debido
a la oposición de comerciantes, mineros, industriales y gobiernos locales y
a la falta de máquinas impresoras. En 1876 se decretó una nueva ley del
timbre que no afectó a las mercancías y sólo abarcó a las estampillas comunes y a la contribución federal. Con la ley de 1880 y la de 1881 el
timbre se extendió a varias mercancías, con lo que se venció la oposición
que se Je tenía.2º Así, el Gobierno Federal estableció con el timbre un instrumento fiscal capaz de transferirle recursos de los estados y municipios y
darle a él cierta autonomía.
Con todas estas medidas, para 1882 se cubrieron los requisitos y se
erigieron las bases de la reforma hacendaria.
2) Consolidación de la reforma hacendaría: 1884 a 1892

La crisis nacional y mundial de 1884-86 puso a la hacienda pública en
quiebra; ya no podían cubrirse los deficientes con los empréstitos internos
como en los años anteriores, y las rentas afectadas por las deudas en un
90°/o habían disminuido. Mientras tanto, los gastos crecían por los compromisos del Gobierno en el fomento de los ferrocarriles, telégrafos y vapores, y las reservas del Banco Nacional de México se encontraban agotadas. De tal suerte que el erario no tenía de donde echar mano. Fue entonces cuando la dinámica de la situación aceleró las medidas de la reforma hacendaria.

J. Pérez Siller: Crisi8 fiscal y hacienda en Méxwo

235

Ante _este panorama era urgente la búsqueda de créditos externos y
el arreglo mterno de las deudas. Después de múltiples negociaciones en el
Congreso, en noviembre de 1884 el Gobierno reconoció la deuda de Londres, cuyo arreglo definitivo tuvo lugar el 23 de julio de 1886. A la par se
dio la iniciativa de junio de 1885, mediante la cual, después de cuatro
años de trabajo, el Gobierno logró convertir 1os diversos tipos de crédito
que formaban la deuda interior y exterior en una sola categoría de bonos.
Como lo refiere Pablo Macedo "esta medida fue la piedra angular del edificio de nuestro crédito público", gracias a que con ella se consiguió el tan
buscado arreglo general de las deudas y se abrió la puerta del crédito exterior.21
A la vez que se solucionaba el problema del crédito, en 1884 el gobierno alentó la fundación del Banco Nacional de México y emitió el Código de Comercio, con el que se reglamentó el funcionamiento de los
bancos. Este Código otorgó al Banco Nacional múltiples privilegios, entre
ellos el de auxiliar en la administración de los recursos del erario y del
crédito público. En suma, con el arreglo de la deuda pública y los convenios realizados con el Banco Nacional, se liberaron las rentas afectadas y se redujeron las presiones sobre los ingresos del erario. Además, el
gobierno pudo enfrentar sus gastos gracias a los empréstitos extranjeros.
Por otra parte la crisis de 1884-86 tuvo efectos en el mercado interno
y en el externo: ambos se contrajeron. Esta situación forzó al Gobierno a

tomar nuevas medidas. En relación al comercio exterior se emitieron las
Ordenanzas Aduanales de 1885, 1887 y 1891, que redujeron los impuestos y las tarifas. En cuanto al comercio interior, en 1883 se celebró una
reunión de representantes de los estados para estudiar la desaparición de
los impuestos alcabalatorios, que representaron una verdadera traba al intercambio y, que en esas circunstancias ahondaban la crisis. En esa reunión se vio que los ingresos de los estados dependían de un 30°/o a un
70°/o del cobro de las alcabalas, razón por la cual no podían suprimirse
de golpe.22 Para 1890 se realizó otra conferencia donde se establecieron
las bases para su abolición definitiva.
La crisis también afectó a la minería que vió reducir nuevamente los
precios de sus productos. Ante ello, en 1884 el Gobierno decretó el Código Minero, que redujo los diversos impuestos existentes a uno sólo, y
bajó las tarifas.23
Por el lado de las comunicaciones, el Gobierno continuó subsidiando
con los empréstitos extranjeros la construcción de medios de comunicación (Véase cuadro 4). De 1882 a 1890 aumentaron las subvenciones a los
vapores, se extendieron los telégrafos y el correo, y sobre todo, se cons-

�236 Siglo XIX

l. Pérez Siller: Crim fucal y hacienda en México

truyó la mitad de la red fer,oviaria que se tendió durante el porfiriato. Con
esta infraestructura quedó unida gran parte de las zonas productoras y comerciales del país.
Finalmente, con las leyes de 1885 , 1887 y 1892 el impuesto de la
renta del timbre se amplió a todos los productos del intercambio, y con
ello se consolidó como instrumento fiscal de captación de recursos: al
grado de que, en 1892 aportó el 24% del total de ingresos24 (Ver cuadro
5). Así, pues, la reforma hacendaría salió consolidada de la crisis de
1884-86 y vio sus frutos después de 1894.
CUADRO 5

CRECIMIENTO Y PORCENTAJE DE LA RE TA DEL TIMBRE
1867-1913

1867-1882
1884-1890
1892-1913

Monto

Cree. Prom.

(Miles p. c.)

Anual
'01o

2 572
6 749
26 718

5.7
9.0
6.6

0

/o del Tot.

de Ingresos

13.8
22.5
34.8

FUENTE: El Erario Federal en el último decenio y cuentas del Tesoro Federal de los años correspondientes.

3) Resultados de la reforma ha(;endaria: 1894 en adelante

De 1890 a 1892, la crisis internacional por la que atravesó el mundo tam·
bién afectó al país. En estos años se desplomó el precio mundial de la plata
y se perdieron gran parte de las cosechas nacionales, lo que influyó fuerte•
mente en la economía.
La caída de los precios de la plata afectó a la minería, que se vió
obligada a fortalecer sus técnicas para compensar con productividad la pérdida en los precios, a la vez que obligó a los capitales con poca productividad a concentrarse en los más fuertes o a abandonar esa rama productiva.
Por otra parte, la baja de la plata provocó una devaluación de hecho
que redujo la capacidad de importación, amplió las perspectivas para la
exportación y ofreció muchas ventajas a los inversionistas extranjeros. Es-

237

ta s!tuación atr~jo a lo~ capi!3les nacionales retirados de la minería y a los
capitales extran1eros a invertir en la agricultura de export .,
1 ·
d
· L
·
.
ac10n y en a m~tna. a primera, favo~ec1da por los precios competitivos a nivel mund,aldy, 1la ~gunda, _protegida por los aranceles e indirectamente por locostos e as unportac1ones.
Con estos cambios, y las medidas que la reforma hacendaría había impuesto en los ª~?s anteriores, el país salió de la crisis con una economía
fuerte,· 'que erecto
de forma acelerada hasta 1907-08· El crec1m1ento
· ·
1
repercut10 en e merca~o interno y con ello en los productos de los ingreso1s ffederales. De aq~1 que desde 1894 se empezaron a ver los resultados de
a re o~a hacendana.
.
En primer _lugar, la renta del timbre aumentó considerablemente sus
mgreso~ ~n el mcremento del mercado interno, de tal suerte que en 189394 llego a igualar a los productos de los impuestos a la importación y pudo
superarse la depende~cia del erario con relación a esos impuestos. Con
ello, el E_stado :iseguro una fuente de ingresos propia que incrementó su
autonom1a relativa.
CUADRO 6

ESTRUCTURA PORCENTUAL DE LOS INGRESOS FEDERALES
1867 -1913
Ramos e Impuestos

Importación
Timbre
Contribuciones
Correos
Telégrafos
Exportaciones
Casas de Moneda
Otros
Total

1867-1882

1884-1890

ºlo

ºlo

0

53.7
13.8
10.4
2.6
0.5
5.7
2.3
11.0

53.2
22.5
8.3
2.3
0.7
0.7
0.3
12.0

42.4
34.8
8.2
4.9
1.7
1.3
1.2
5.5

100.0

100.0

100.0

1892-1913

/o

FUENTE: EI_Erario Federal_ en el último decenio y cuentas deJ Tesoro Federal de los anos correspondientes.

�238

Siglo XIX

J. Pérez Silkr: Crim fecal Y hacienda en México

En segundo lugar, la propia expansión del mercado interno no pudo
tolerar las alcabalas; éstas mantenían los privilegios de circuitos comerciales regionales, razón por la cual se les derogó en 1896. Este hecho eliminó la última traba que tenía el mercado interno, y demostró la fuerza
del Estado Nacional frente a los grupos regionaJes.25
Finalmenle, el crecimiento económico incrementó los produclos de
los impuestos federales al grado de que
por primera vez en nuestra historia como pueblo independiente, o
más bien desde que estalló la guerra de Independencia de 181 O, el
año fiscal de 1894-95 presentó un superávit en nuestras rentas públicas y la nación aplaudió con alborozo hecho tan importante e
insólito.26
De esta manera, el proceso de reforma hacendaria logró sus objetivos y sentó la base material sobre la que el Estado se mantuvo hasta 1910. Sin embargo, aunque la estructura del Estado permaneció inmutable, esa base
material fue socavada por los movimientos sociales y económicos que se
dieron entre 1892 y 1907. La crisis que se inició en este último año obligaría al Estado a adecuarse a las nuevas condiciones, como se haría evidente
con la Revolución de 1910.

CONSIDERACIONES FINALES
A lo largo del artículo hemos visto cómo el Estado superó por medio de la
reforma hacendaria la crisis fiscal que lo ahogaba. La reforma hacendaria
fue decisiva para la constitución del aparato estatal ya que sin una base
económica firme el Estado no habría podido intervenir en la constitución
del mercado interno y en todo lo que esto implica para el desarrollo del
capitalismo en México. Para concluir este trabajo, qoiero compartir algunas de las ideas que surgen a partir de esta afirmación.

1.- La reforma hacendaria ofrece elementos indispensables para entender
los cambios que experimentó el Estado durante las crisis del último tercio del siglo XIX. En otros términos, el estudio de la reforma hacendaria
es un puente para integrar de manera más orgánica las modificaciones del
aparato estatal con las crisis económicas.
2.- La reforma hacendaria ofrece también los elementos para entender la
reestructuración de las fuerzas sociales: los grupos regionales, la burguesía con proyección nacional y el propio Estado en tanto fuerza política.

239

3.- .El ~~tudio de la reforma hacendaría ofrece una vía alte
.
explicac,on muchas veces politicista de la dictadura
. . mabva a la
~ite c_omrend; la _eficiencia de una estructura econ!:~;::t:~::~::
a ecuo a as ten enc,as de la acumulación de ese periodo.

4.- En suma, el estudio de la reforma hacendaría -dicho e t, .
;~es, de la_ constitución del aparato económico del Esta~oe:1:i°;i;i:
- ~~ un mstru~en_to de análisis más fino para entretejer los elementos poi tltcos y econom,cos de la historia del siglo XIX
d .
estos hilo 1
· ·, d
, es ec1r, para atar
inte
atahcolns~t~cion e la clase capitalista, la creación del mercado
mo, e es
ec1m1ento del estado nacional y lru, fo
1• .
que se tradujo.
rmas po 1t1cas en

r

~OTAS
1 P,
Sill
·
.- ere~
er, Jay¡er., Los ingr~sos federa/e, en México: 1867-1913, Tesis de licenCJatura, FCPyS. UNAM' Mex1co, 1982, 492 pa'gs., 2 T .
2.- P~. el añ? de 1802 _la Real Hacienda obtuvo 20 millones de pesos de recaudaCJon de ingresos, mientras que para el periodo de 1821 a 1867 se obtu
promedio anual 10 millones de pesos. Ver Pérez Siller ob cit P~º 53
drvo e4n
, • - ...,. , cua o .
3.- Ver, Pérez Siller, ob. cit. pág. 66, cuadro 5.
4.-

~ esto se d~be que bl?&lt;Jueo o la_ toma de aduanas fuera el primer paso que reali_zaran los mtervenCJorustas enenugos que vio el país de 1821 a 1867; en es _
~al la de Veracruz, pues es~ sola aduana aportó casi el 35°¡0 del total de ios
1t1,F.esos federales en ese periodo. Ver Pérez Siller, ob. cit., pág. 132, cuadro

e!

5.- ~éase,_Aguilar, Gustavo F., Los presupuestos mexicanos desde los tiempo, de la
oloma hasta nuestros días, México 1940, SHyCP, pág. 21.
6.- Los cistos de la recaudación ~scal de 1825 a 1867 fueron en término medio de
16.05 '/o sobre el producto. Vease Memoria de Hacienda 1870, pág. 852.
7.- Macedo Pablo, Tres Monografías.• . México, 1905, J. Ballescá y Cía., pág. 423.
8.- Muc~as opiniones sobre 1~ necesidad de una reforma a la Hacienda Pública se
pub~caro~ durante el periodo de 1821 a 1867: en la mayoría de los informes
preSJdenctales el ejecutivo planteó al Congreso la necesidad de una refo
para _superar el ~ntinuo deficiente. Ver México a través de los Informes
denc,ales: la llac,enda Pública, T. 4, L. 1, SHyCP, México, 1976, págs. 1 a 121
Por el lado de lo~ particulares la propuesta que tuvo más éxito fue la de lo·
conservadores, quienes en 1830 propusieron el impulso a la industria mediant:

p:::t

�240

Siglo XIX

el proteccionismo y la creación del Banco de Avío. Ver Cañas Domínguez,
Manuel. La lnduslTia Textil Mexicana.1790-1845, Tesis de licenciatura, FCPyS,
UNAM, 1981,Cap. IX.
Otras iniciativas que los particulares impulsaron para la reforma de la Hacienda
fueron hechas por: Esteban de Antuñano en 1838, Marcos Amaud el mismo año
y Manuel Escandón en 1853. Este último propuso la fundación de un banco
nacional con 6 millones de pesos de capital para administrar por cuenta propia
las rentas del Estado. Ver Trápaga Delfín, Yolanda, Bibliografía de la historia
económica de México: 1821-1857, Tesis de licenciatura, FCPyS, UNAM, México 1978, Cap. VI.
9.- Al respecto ver el balance bibliográfico de Rodríguez López, Guadalupe, Bibliografía de la historia económica de México: 1857-1876, Tesis de licenciatura,
FCPyS, UNAM, México, 1980, Cap. 6.
10.- Exposición que el Ejecutivo dirige al Congreso de la Unión•.. , México, 1870,
pág. 27.
11.- Ver Rodríguez López, ob. cit., pág. 175.

12.- Exposición e iniciativa del Ejecutivo Federal sobre la situación Hacendaria . •.,
México, 1869, pág. 1J.
13.- Exposición e iniciativa. .•, 1869, págs. 83-87.
14.- Memoria de Hacienda•.. , 1870, México, págs. 1003 a 1006.
15 .- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 4 28.
16.- Memoria de Hacienda . .•, 1868, enero, págs. 7 a 12.
17.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 79.
18.- Consultar los cuadros estadísticos del tercer anexo de Pérez Siller, ob. cit., pág.
423.
19.- Memoria de Hacienda••. , 1868, septiembre, pág. 16.
20.- Con relación a la oposición que enfrentó la renta del timbre, ver Sierra, Carlos Y
Martínez Vera, Rogelio, El papel sellado y la ley del timbre; 18211 1871, 1971,
México, 1972, SHyCP. Estos autores afirman que uno de los motivos de levantamiento del Plan de Tuxtepec fue la oposición a la renta del timbre.
21.- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 443.
22.- Memoria de Hacienda ... , 1883-84, México, pág. XXXV.
23.- Memoria de Hacienda • .., 1883-84, México, pág. XXXLX.
24.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 105, cuadro 13.
25.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 183.
26.- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 475.

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                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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de Historia

TRABAJADORES, VIDA
COTIDIANA Y FORMAS DE
RESISTENCIA EN EL XIX
(Uruguay, Argentina, México,
Cuba, Bolivia y Venezuela)
Año III, número 6
julio-diciembre de I 988

Facultad de
Filoso[ ía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey- MéXlco

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 - Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Programa de Estudios de Historia Económica y Social
Americana (PEHESA) d~I Centro de lnvesligaciones Sociales
sobre el Estado y la Adminislración (CISEA), Buenos Aires,
Argentina

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO f ARIAS LONGO RIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
'.\1ARIO CERllTIJ

Editor Adjunto
MIGUEL GO"'ZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Sylvia Eloísa Morán y Mario Cerutti

Tipografía: Andrea González Corona
Impresión: Editora! El Sol
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $7

�AÑO

ill

NUMERO

6

JULIO-DICIEMBRE DE

1988

5igloX1X
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO
Nota del Editor. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 1
FCMIPO u1uvw1TAA

º

Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay. El Centro
Internacional de Estudios Sociales .... CARLOS ZUBILLAGA

11

Condiciones de la vida material de los sectores populares
en Buenos Aires, 1880-1914 . . . . . . . LEANDRO GUTIERREZ

41

La clase obrera textil del valle de O rizaba, en México. Migraciones
y origen . ..... .. ... . . . . . . . .BERNARDO GARCIA DIAZ

77

Trabajo, inmigración y colonización en Cuba
(1789--1847) . ..•.. . ... .... .. ... EDUARDO BITLLOCH

109

Evolución y persistencia del colonaje en las haciendas
de Cochnbamba . ..... .. . . . . . . . . . ROBERT H. JACKSON

145

La formación de la clase obrera en Venezuela.
Notas introductorias . . . . . . . . . . . . . . . . . ALhERTO PLA

163

Conflictos obreros y legislación laboral en Nuevo León
(1885-1918) . . . . . . . . . . . . . . . JAVIER RoJAS SANDOVAL

187

Estructuras de dominación y formas de resistencia
en las haciendas yucatecas a fines del
porfiriato . . .... .. . GILBERT M. JOSEPH Y ALLEN WELLS

215

�Nota del Editor

El mundo de los trabajadores en el largo siglo XIX que se abrió
con las reformas borbónicas y terminó con la Primera Guerra
Mundial, la extrema diversidad que en nuestro continente matizaba ese mundo, las formas de resistencia que se pusieron en
marcha contra los propietarios y -en algunos casos- las propuestas de alternativas a la dominación que los trabajadores
soportaban, constituyen el eje de este número 6 de Siglo XIX.
Revista de Historia.
Con el aporte de nueve especialistas que abordan seis casos
nacionales, así, se cierra el tercer año de vida de esta publicación: un proyecto que si nació con timidez en el extremo norte
de Latinoamérica, bajo el vientre mismo de Texas, ha sido generosamente alimentado por instituciones, colegas y amigos de las

�Nota del Editor

2

Siglo XIX

más variadas latitudes. Este dossier, por ejemplo, fue articulado
en parte gracias a la contribución del Programa de Estudios de
Historia Económica y Social Americana del Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración (CISEA), de
Buenos Aires.

La compilación se abre con el artículo de Carlos Zubillaga,
dedicado al Uruguay finisecular. Tiempos en que el proyecto
modernizador que llevaban adelante los propietarios rurales estaba en pleno desenvolvimiento: haría factible la integración de
este pequeño país al mercado mundial de alimentos.
Eran años en que, simultáneamente, despertaba una limitada industria urbana y Montevideo se convertía en el corazón de
las prácticas políticas y del debate ideológico. La ciudad veía
emerger, a la vez, un conjunto de sectores populares que no dejaría de mostrar su disgusto con el llamado orden oligárquico,
ante una específica "cultura del poder".
Una cultura saturada del positivismo spenceriano, con su impacto inevitable en los ámbitos universitarios. Y a su lado, señala Zuhillaga, la menos hegemónica pero también activa acción
de los conservadores católicos que "levantaron la alternativa de
un retorno a los supuestos solidaristas del corporativismo medieval".
En una actitud de franca ruptura con liberales y católicos,
especialmente en lo que hacía a la cuestión social,_surgirían, empero, corrientes claramente contestatarias: el socialismo inspirado en el marxismo y el tempestuoso anarquismo fueron las fundamentales. Como en la vecina Buenos Aires, esta disidencia se
vio nutrida por el arribo de inmigrantes europeos: dieron forma
a una resistencia que Zubillaga describe en términos de una cultura alternativa.

3

Fue en este plano que sobresalió el Centro Internacional de
Estudios Sociales, tema central del ensayo, fundado en 1897
bajo el impulso "de un núcleo de inmigrantes italianos, en su
mayoría sastres". Con trazo ágil, el autor narra las actividades
del Centro y de qué manera contribuyó a discutir la cultura del
poder y el poder de la cultura dominante. O, como dirán Joseph
y Wells al hablar sobre Yucatán, el idioma del poder. Capítulo
particularmente interesante es el referido al uso del teatro como
instrumento de comunicación y rebeldía.
Para Zubillaga, el Centro Internacional configuró "una experiencia inédita" en Montevideo, "una peculiar forma de protagonismo intelectual por parte de sectores tradicionalmente excluidos de una reflexión socialmente legitimada".

Leandro Gutiérrez aborda la vida de los sectores populares
en la otra gran urbe del Río de la Plata: Buenos Aires. Pero en
este caso se pone énfasis en las condiciones de la vida material
de estos segmentos sociales, ampliados drásticamente por el
auge exportador y el arribo de decenas de miles de europeos.
No obstante las transformaciones que se operaron en el Buenos Aires de fines de siglo, Gutiérrez se extraña por la escasez de
estudios dirigidos a la vida cotidiana de semejante masa urbana,
a sus necesidades de consumo y de servicios.
Buenos Aires creció aceleradamente con tanta migración extracontinental (en la que sobresalían italianos y españoles). Y
un grueso paquete de problemas técnicos, administrativos y sociales tuvo que ser enfrentado por sus capas dirigentes.
Es en este contexto que Gutiérrez analiza el agudo dilema

�4

SigloXIX

de la vivienda y brinda pormenores sobre la alimentación de los
grupos populares urbanos. La aparición del conventillo (residencia colectiva) y la difusión de los asentamientos periféricos al
casco céntrico de Buenos Aires fueron dos momentos diferenciables en el primer tema. La contradicción que viviría la ciudad -capital de una sociedad exportadora de cereales y carne
pero con serias dificultades para proveer alimentos baratos a sus
pobladores- es el segundo punto discutido.
Vivienda y alimentación, termina Gutiérrez, eran en verdad
componentes de una realidad única. Implicaban un uso alternativo de recursos: el acceso a una mejor habitación podía obligar
a optar por un comer más precario, a menos que la propiedad
de un lote urbano facilitara la cría de animales domésticos y el
cultivo de hortalizas. La acción del Estado y sus organismos, por
otro lado, nunca resultó suficiente para paliar las difíciles condiciones de la cotidianeidad popular.

Bernardo García Díaz -como Gutiérrez- sugiere mecanismos nuevos y campos distintos en el estudio de los trabajadores.
En su caso, investiga la constitución de los núcleos obreros de la
industria textil del valle de Orizaba, en el pujante Veracruz del
México porfiriano.
Tras explicar las características empresariales de la concentración fabril de Orizaba, García Díaz pasa a describir las peculiaridades de la fuerza de trabajo ocupada. Un predominio completo de brazos provenientes de otros ámbitos regionales mexicanos fue la más relevante: de paso, queda evidenciado cómo se
estaba conformando en el México posterior a 1880 un mercado
de fuerza de trabajo libre. Y en contraste con los casos de Montevideo y Buenos Aires, los migrantes no provenían de distantes
tierras europeas.

Nota del Editor

5

La novedad más notable, según manifiesta el autor, sería la
importancia numérica de los oaxaqueños: llegaban desde comunidades muy alejadas de Orizaba, desde el extremo sudocc1dental del país. Significativa era, asimismo, la ola de poblanos, revestidos de una experiencia fabril que no habían viVIdo los oaxaqueños.
El itinerario no siempre finalizaba en el valle de Orizaba.
Con frecuencia era sólo un escalón de un ciclo mayor ligado a
oportunidades de empleos rurales y urbanos, abierto gracias a la
profunda penetración del capital en la producción. En Orizaba,
sin embargo, quedaban muchos. Allí arraigarían obreros con antecedentes vitales en conflictos y en organizaciones que pugnaban por ocupar su espacio en el rígido sistema porfiriano.
El autor rescata este matiz y no olvida otro: el conectado
con las solidaridades étnicas. Todo eso influyó en la formación
de la clase obrera en Orizaba, creada por medio "del desplazamiento geográfico de cientos de hombres", por una "abigarrada
multitud que ingresaba y salía incesantemente" de las fábricas
algodoneras: escenario propicio para una maduración social que
"se alcanzó relativamente en pocos años y de manera más cabal" que en otras áreas del mismo México.

Si Uruguay y Argentina crecieron gracias al arribo de trabajadores libres europeos, y si México logró conformar un mercado laboral austentadb en caudalosas migraciones internas, diferente fue el caso de Cuba durante el mismo siglo XIX.
Eduardo Bitlloch puntualiza los matices que asumió la producción en esta isla caribeña a partir de la gran expansión provocada por la insurgencia e independencia que golpearon a
Haití, en la cercana Santo Domingo. Con tierras aptas para el

�6

Nota del Editor

SigloXIX

cultivo del ílZÚCar y del café, Cuba se amparó en la legislación
borbónica para dinamizar su desarrollo agrícola. Pero la mano
de obra utilizada sería, aquí, de otro continente: Africa.
"Se sentaron así las premisas históricas que permitieron la
transformación de Cuba en una 'gran plantación"', detalla
Bitlloch. Y, simultáneamente, comenzó un gran debate, minuciosamente seguido en el artículo: ¿debía usarse indefinidamente el esclavo negro o atraerse -también- agricultores blancos? La opción, ya se sabe, fue la primera. La mayor o la más
segura rentabilidad del esclavo habría determinado el camino,
seguramente estimulado por el uso intensivo que se podía hacer
de su energía, de su consideración como un instrumento de trabajo, como capital constante.
Se implementó un régimen laboral sensiblemente cimentado
en la violencia abierta -sobre este punto se habla asimismo en el
ensayo dedicado a Yucatán-, en el que las condiciones de vida
diferían de las que se desenvolvían en otros espacios latinoamericanos. La alimentación de los esclavos, por ejemplo, puede
mostrar esas distinciones: el autor dedica a este punto parte de
su exposición.
Bitlloch cierra su aporte aludiendo a las dificultades que la
clase dominante cubana enfrentó para modificar este régimen de
trabajo. La importación de asalariados europeos resultaba "absolutamente inviable". Hacia mediados del XIX se intentó establecer un régimen de servidumbre que, estrictamente, no alcanzó a alterar el sistema esclavista.

Rohert Jackson y Alberto Pla analizan otras dos situaciones
sudamericanas: Bolivia y Venezuela. La aguda diversidad regional del continente queda reafirmada por estos trabajos.

7

Jackson alude a esos vínculos en la producción rural que se
denominaron colonaje. Hasta fines del XIX, comenta, era la
''forma principal de relación laboral en las haciendas de Cochabamba", su área de estudio en el contexto boliviano. Su perdurabilidad devenía de "la habilidad de los hacendados para obtener este tipo de trabajo servil": es que se trataba de "un importante factor para la propia rentabilidad de la agricultura" a pesar
de los limitados y cambiantes mercados.
Jackson polemiza con otros especialistas en tomo a los orígenes y desarrollo del colonaje. Insinúa una reinterpretación de
este sistema, basado en el uso minucioso de fuentes primarias.
Especifica que el arriendo de tierras a cambio de trabajo se originó en el siglo XVII, en respuesta a la inestabilidad de la fuerza
laboral y al dinamismo del mercado de granos en el Potosí.
Además de enumerar las obligaciones complementarias que
el colono soportaba en el siglo XIX, apunta que realmente la revolución de 1952 terminó de extirpar este régimen en el Altiplano. Su decadencia, empero, se "había iniciado al transformarse
la estructura de la tenencia de la tierra en los valles centrales" en
las décadas primeras del siglo actual.

Pla, por su lado, centra su artículo en la formación de la clase obrera venezolana, un proceso que comenzó a transitarse en
el último tercio de la centuria pasada.
Destaca con amplitud ciertos mecanismos organizativos del
proletariado incipiente: sus puntos de referencia son las manifestaciones mutuales, por una parte, y la emergencia de segmentos de asalariados ligados a las explotaciones petrolíferas, por
otra.
Pero todo ello se protagonizaba en un marco fuertemente

�8

SigloXIX

precapitalista, en el que los levantamientos campesinos eran el
dato fundamental del conflicto social.
Tras un repaso a la actividad de las organizaciones mutualistas, Pla practica una revisión de determinados elementos de expresión de la clase obrera en constitución: la prensa es uno de
ellos; las huelgas que comienzan a desatarse es otro (en ferrocarriles, puertos, servicios como el telegráfico o de tranvías, petróleo); las relaciones entre los escasos inmigrantes europeos Y
la Internacional, un tercero.
Ya en la década inaugural del siglo XX, los movimientos de
protesta se acentúan: influye en ello la lleg~da más ~o.rosa del
capital extranjero y la difusión de las relaciones capitalistas. La
·dictadura de Juan Vicente Gómez, desde 1908, pondrá un veloz
límite a estas expresiones, en forma análoga a lo que Díaz concretaba en México. Pla finaliza con una alusión a la polémica SO·
bre las influencias anarquistas y comunistas en los peldaños
inaugurales del devenir proletario, y a los embates descargados
para derrocar a Gómez (que moriría, en el poder, en 1935).

México es tema de estudio en este dossier con otros dos
trabajos que perfilan no sólo la diversidad regional en escala
continental, sino en ese mismo y múltiple Estado-nación.
Uno de ellos, el de Javier Rojas Sandoval, enfoca los cambios que en la legislación laboral se vivieron en Nuevo León
(en el noreste), adoptando muy particularmente a Monterrey
-una urbe en proceso de industrialización desde 1890- como
núcleo de atención.
Rojas investiga un aspecto de la realidad que -desde su perfil jurídico- también brinda pistas para analizar las transforma-

Nota del Editor

9

ciones sociales. Sobre todo porque el examen se realiza en un
período caracterizado por esa enorme explosión que fue la Revolución Mexicana.
Para destacar las diferencias que se van definiendo, el autor
reseña primero la escasa legislación de los tiempos porfirianos,
cuando el estado de Nuevo León era administrado por el general Bernardo Reyes. El advenimiento de la Revolución -como
en Yucatán- trastornaría las relaciones de poder: los nuevos gobiernos -desde el tímido momento de Francisco I. Madero hasta
los que siguen a la Constitución de 1917- fueron forzados a
responder a la tempestad social, y también es verdad que resultaron más sensibles a las necesidades y requerimientos de los
trabajadores rurales y urbanos.

En el otro extremo, en Yucatán -más cerca de Cuba que de
Estados Unidos- existía un mundo sustancialmente distinto.
Gilbert Joseph y Allen Wells ofrecen un aporte enriquecedor de
un tema vastamente estudiado: el impacto del henequén en el
devenir de esa península.
Luego de definir los mecanismos de explotación a que fueron sometidos los peones yucatecos -los herederos de la cultura
maya- tras la instauración de la finca de monocultivo, señ.alan de cuántas maneras se resistió la opresión derivada del auge exportador.
Obligados a modificar drásticamente sus ritmos de producción -al ser desmontada la hacienda maicero-ganadera y al inventarse formas mecánicas de desfibramiento de la hoja del henequén-, los peones locales quedaron insertados en un esquema
que combinó la ·coerción, el aislamiento y el patemalismo. La
fusión de estos tres elementos, nítidamente descritos por

�10

SigloXJX

Luchas Populares y Cultura
Alternativa en Uruguay. El Centro
Internacional de Estudios Sociales

Gilbert y Wells, conformó el idioma del poder de la esplendorosa casta divina asentada en Mérida.
Pero los autores intentan sobre todo poner énfasis en las actitudes de resistencia de aquellos mayas convertidos en peones
acasillados. Pese al silencio y a una cotidianeidad en apariencia
pacífica, el conflicto estuvo siempre presente y tuvo sus expresiones violentas.
Cuando llegó la Revolución, Yucatán estalló en insurgencias
impensables para un ojo no avizor. Y los ejércitos que bajaron
del norte se vieron obligados a desmontar aquel aparato de poder construido sobre la impresionante expansión del henequén.
Un nuevo mundo, una distinta relación sociopolítica amanecería entonces a orillas del Caribe mexicano.

En síntesis, el dossier de este número 6 de Siglo XIX evidencia la notoria diversidad de la América Latina decimonónica. De
tal magnitud que cada día cuesta más asumir un enfoque global
de este continente, y cada día parece más urgente insistir en la
importancia metodológica de la investigación regional para tan
decisiva centuria. El mundo de la producción, del trabajo y de
los trabajadores no fue, es obvio, una excepción.
Nos satisface pues editar y suscribir este conjunto de materiales sobre la Hispanoamérica que discurrió entre Carlos ID y la
Primera Guerra.

Mario Cerutti
Monterrey, México, agosto de 1988

Carlos Zuhillaga*

l.

LA "CUESfIO SOCIAL" COMO PROBLEMA IDEOLOG ICO

Los ori'genes de la "cuestión social" en Uruguay

El proyecto modernizador que a partir de la década de los 70 llevó adelante el núcleo de propietarios representado por la Asociación Rural del
Uruguay, supuso una racionalización de la empresa pecuaria (el alambramiento de los campos y la consiguiente consolidación de la propiedad, la
mestización del ganado criollo, el desarrollo de la explotación ovina, el
desplazamiento de la mano de obra excedente hasla entonces "agregada" a
la estancia tradicional o "cimarrona"), tendiente a ofrecer una producción
primaria de calidad y de precio aceptables, así como de volumen creciente,
para los mercados consumidores de las sociedades industrializadas (en particular, de la Gran Bretaña).
Este programa, para cuya implementación hubo de recurrirse al poder
militar (como único factoF político con capacidad para imponer los profundos cambio~ socio-económicos que el modelo modernizador requería),
se complemento con un proyecto industrial concebido como sustituidor de
importaciones en ramos elementales de la producción (alimentos, vestimenta, materiales para la construcción, que requerían escasos insumos

*Ce~tro ~atinoamericano de Economía Humana (CLAEH) y Departamento de Histonolog1a, Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad de Montevideo Uruguay.
•

�12

C. Zubillaga: Luchm populares y cultura alternativa en Uruguay

Siglo XIX

tecnológicos como valor agregado).
La política arancelaria de signo proteccionista fue el instrumento al
que se recurrió para fomentar la industria nacional incipiente, que tempranamente (1879) articuló un organismo defensor de sus intereses: la Liga
lndustrial. 1
El primitivo carácter artesanal de la industria uruguaya inhibió el desarrollo de organizaciones sindicales formales, aunque ciertas modalidades de
asociacionismo asistencial (sociedades de socorros mutuos) entre elementos asalariados se registraron ya en 1870. Fueron asimismo tempranas las
expresiones de interna&lt;·ionalismo obrero que alcanzaron a manifestarse en
el país, aunque más bien como reflejo de la problemática europea.
A medida que se incrementó el papel de la industria en el sistema productivo nacional, expandiéndose correlativamentf' el volumen y la significación del sector servicios, Jas necesidades de los sectores populares urbanos fueron siendo objeto de continuas demandas que se tradujeron en una
conflictividad social de ritmo e intensidad crecientes.
Amparado en la inexistencia df' una legislación social previsora o reparadora de los perjuicios dimanados de la condición asalariada, el capital
acentuó sus aspiraciones de lucro: sometió a los sel'tores populares a condiciones de vida y de trabajo que nacionalizaron la "cuestión social", rt'produeiendo en d país las ya viejas injusticias que el liheralismo manchesteriano venía generando en los centros del sislt'ma.
En qué medida esta probkmática fue asumida por la socie,lad uruguaya eomo un desafío a las práctil·as poi íticas, es tema quP hac1· a la identificación de los condi&lt;'ionami1·ntos que sufría la "cultura del podt&gt;r" (en tanto rellt'xión desde y al scrvil"io del statu quo), ya t•n sus manifcstal"Ío111·~
formalizadas (la educación univt'rsilaria, por ejt'mplo), }ª l'n ;.us expn·siones ideológico-organizativas (d neocorporativismo eatólico, como la más
audaz de las implemt"ntadas).

que hizo batir en retirada a las concepciones espiritualistas no sin severas
(y declamadas) confrontaciones. Evocando esta situación señalaría en
1945 Dardo Regules: "La ciencia se enclaustró en lo experiencia!. Y la
moral, y el derecho, y la cultura, y el arte, y la religión, quedaron reduci2
dos a la medida de un común denominador positivo ".
El ventarrón positivista que se filtró en los claustros universitarios fue
sustancialmente de cuño spenceriano. No sin razón, pues, el rector Vásquez Acevedo despedía a los egresados en 1887 recordándoles que pertenecían
a esa hermosa escuela que lo espera todo de las leyes naturales;
que no admite las transformaciones rápidas ni el cambio de las
viejas instituciones por otras nuevas antes que se hallen bien organizadas para ocupar el lugar de aquéllas; que tiene grandiosos
ideales, pero que no se empeña en alcanzarlos mientras se encuentran en contradicción con el estado real de la sociedad.3
Las teorías sociales individualistas )' liberales que Spcncer expuso rigurosamente en sus obras Social Statics (1850) y The Man versus the State
(1884) encauzaron su pensamiento en el marco filosófico del darwinismo
social: cimentaban el convencimiento en la ninguna utilidad social df' los
individuos ineptos (en consecuencia, en la falta de pertinencia de las políticas estatale:-i de asistencia a los sectores menesterosos), en que la libre
competencia fructifi,·aría en _un mejor sistema económico, en la inconvenirncia de la intervención del Estado en la economía (salvo para hacer
cumplir los contratos y salvaguardar los dem·hos individuales). Un aporte
de ~la naturaleza transferido a los dau~tros universitarios tradujo la función q11/ la sociedad uruguaya le atribuía a la formación superior de sus
élites: la de convalidar intelectualmente (resguardando) las relaciones sociales de dominación existentes. Con agudeza lo advirtió Alberto Zum Felde al señalar:
Razones de orden social determinaban asimismo la adopción de
esa doctrina fría, por parte de Jo que podría llamarse la intelectualidad de las clases conservadoras, en un sentido jurídicoeconómico. El individualismo social de Spencer, liberal y progresista afirmaba sin embargo, en su integridad, la razón del orden
4
jurídico existente, es decir, del régimen capitalista y propietario.

El auge del positivismo spenceriano
Las r«·formas programáti«·al' :y la ori«·nta«·ión el«• los plam-s inlrodm·idas t'n
la Universidad dt&gt; Mont«·vidco a partir dt' 1885 (m:lorado del do1·tor Al fredo Vást1uez Ae.-wdo) rnnfiguraron un ava111·1· del positivismo filosúfirn,

13

La

proyect·1on del evolucionismo spcnceriano en las cátedras que tenían
particular la

por misión abordar los problemas económicos y sociales (en

�14

Siglo XIX

de Economía Poi ítica y Finanzas) resulLó significativa. Las Lesis doctorales
5
de los estudianles, así como las orientaciones de los cursos, pagaron
tributo al liberalismo individualista que tan caro resultaba a los sectores
empresariales de la induslria nacional en crecimienlo. Tanto Carlos María
de Pena como Eduardo Acevedo (que ocuparon alternativamente la
referida cátedra en las dos últimas décadas del siglo XIX y primera del XX)
sostuvieron criterios spencerianos en lomo a la "cuestión social". En
particular Acevedo defendió en sus clase.-, conceptos incqu ívocamente
inspirados en las enseñanzas del filósofo inglés:
Apenas tenemos necesidad de agregar que el trabajo para ser fecundo reclame la más amplia libertad. La reglamentación industrial por medio de la ley, pone obstáculos insalvables al progreso
sofoca el espíritu de reforma y coloca al Estado en (...) fataÍ
pendiente (...) La intervención del Estado es grande y fecunda
en lo que se refiere a las leyes de higiene. Lo demás, debe y pue?e quedar li~rado a la concurrencia sin trabas ... (... ) problemas
igualmente mteresantes plantean el antagonismo entre el obrero
y el capital y la intervención del poder público en la reglamentació~ de! ':1'abajo (... ) Su grande y fecunda misión es la de garantir
el eJerc1c10 de los derechos. Fuera de esa intervención indiscutible, sólo puede actuar el Estado en circunstancias muy limitadas
para garantir la higiene y la seguridad del obrero en los talleres,
para reglamentar el trabajo de los niños que carecen de voluntad
propia y que no pueden quedar sacrificados a la voracidad de los
padres y de los patrones.6
En ese semillero de políticos y dirigentes sociales y económicos que fue la
universidad uruguaya de fines del siglo XIX y comienzos del XX, menudearon los "estudiantes que juraban por Spcmcer ", como recordaba en
1963 el líder socialista Emilio Frugoni, evocando el escándalo que su
marxismo juvenil provocara en tal contexto.7

C. Zubillago: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

15

-particularmente en Francia-, varias experi~ncias de ~rgan_i~ción originadas en la creciente preocupácion de la Igfes1a por la s1tuac1on de- las clases
trabajadoras. La mayor parte de estos intenlos por Íncidir e~ la orientac!ón
de la ''cuestión social " estuvo sjgnada por un fuerle conterudo paternahsta
y caracLerizada por una metodología asistencial-caritativa.
Fundada en 1855 por el abate Charles Maignen y por Augusto Cochin,
y reorganizada en 1871 por René de la Tour du Pin y Albert de Man, la
obra de los Circulo!; CaLólicos de Obreros tuvo en Francia un desarrollo
importante y logró una proyección internacional considerable. Sobre sus
limitaciones en el plano de la acción social deT catolicismo inserto en el
proceso dé industrialización, ha dicho Federico Rodríguez:
Los Círculos se fundaban en la desigualdad de las élases sociall!S
como en un hecho consumado, no sólo en cuanto al hecho de la
desigualdad, sino también en cuanto a las circunstancias de su
atribución concreta. Eran patemalistas, y creían, con una ingenuidad que vivía cincuenta años retrasada entonces, en la posibilidad de organizar corporaciones mixtas en las que trabajadores y
patrones conviviesen pacíficamente, por supuesto sin colocar a
8
ambos en situación de verdadera igualdad.
No ohstanlt' '11 earencia referida, y partiwlarmente con anteridad a 1891,
loi; Círculos gozaron de cierto predicamento, avalados por León XIII en su
virtualidad operaliva. El papa no había dado -todavía- el paso fundamental en su prédica so1:ial: la consagraciím dd sindicato obrero como instrumenlo de acción de los trabajadores; paso que rncién se haría explícito en
la Rerum nouarum, y cuya significación en el plan&lt;'&gt;: de las definiciones
1."Clesiales rnntemporáneas fue muy grande,

Discrepantes con los fundamenlos filosóficos del evolucionismo spenceriano, pero convergentes con sus propuestas económico liber.tles los sectores
católicos conservadores levantaron la alternativa de un reto:no a los supuestos solidaristas del corporcttivismo medieval. La expresión organizativa
de esta propuesta fue la denominada Obra de los Círculos.

En este marco de gravitación creciente de las opciones paternalistas en
el seno de la Iglesia universal, se op,:ró en 188!) el nacimiento del Círculo
Católi(•O de Obreros de Montevid,•o, germen del Const&gt;jo Superior de los'
Círculos Católicos de Obreros instalado en 1900. El nacimiento del Círculo no fue ajeno a la corriente palernalista qut&gt; lo inspiró, con su t:orrelato
de alternativa pat:ifisla a la violencia revolueionaria de socialistas y anarquistas. 0 1, allí que el discurso inaugural de Francisco Bauzá -SU primer
presidente- revelara una especial preocupación por tomar dis~cia frente
a las experiencia:,; de sindicalización obrera, presentadas como instrumentos de acc:ión de opl'ionf's ulÓpi1·as:

La segunda mitad del siglo XIX vio surgir en el seno del catolicismo

Se ha querido hacer ele! obrero, un elemento de trastorno social;

La avanzada neocorporativista

�16

S;gtoXIX

cuando' es por excelencia la base de todo orden regular; y pretextando darle mayores recursos a trueque de grandes esperanzas, se
le ha dejado sin esperanzas y sin recursos. Díganlo si no los millares de hombres honestos que distraídos de sus ocupaciones por
ilusos propagandistas, se han encontrado sin trabajo ni medios
para obtenerlo, al día siguiente de aquel en que sus Mentores les
habían ofrecido un paraíso terrestre.9
En esta concepción el movimiento de los Círculos debía traducir un acuerdo social pleno: capital y trabajo dispuestos a cumplir con fidelidad sus
respectivos deberes en un clima de armonía derivado de la común aceptación de los valores cristianos. El planteo adolecía -sin embargo- de una
carencia sustancial: creer en la igualdad de condiciones de actuación del
capital y del trabajo, y confiar excesivamente en la justicia contractual
(que suponía ineludiblemente aquella igualdad). Semejante enfoque
-ajeno a la realidad- ubicó a los sostenedores de los Círculos muy cerca
de los liberales conservadores, con su m Ítica confianza en el valor de los
contratos (que León XID pondría en entredicho en la Rerum novarum).

Los balbuceos socialistas
En una actitud de franca ruptura con las respuestas que el liberal-eonservadurismo (de matriz spenceriana) y el neocorporativismo católico dieron
a la "cuestión social", se ubicó el socialismo inspirado en los supuestos
teóricos del marxismo, que tuvo en la última década del siglo XIX sus primeras expresiones en Uruguay. Concibió la lucha de los asalariados como
un esfuerzo org-,mizativo tendiente a lograr la presencia activa de un nuevo
actor socio-político (el partido de clase), mediante la inserción en' la dinámica del sistema político vigente (democrático-representativo).
La propuesta socialista implicó el reconocimiento de la vía legislativa
como modo de convertir la realidad. Para ello estribó su acción en la organiztción gremial de los asalariados y en la prédica pubJicística (periodismo
de tesis, literatura "comprometida'), todo ello en la perspectiva de la sanción de una legislación social previsora y reparadora, que ampliara el espacio protagónico de los sectores populares a la vez que mejorara sensiblemente sus condiciones de vida.
Hacia 1895 esta vertiente tenía ya definidas sus propuestas de acción
a través de organizaciones sindicales (como la Sociedad Cosmopolita Unión
de Obreros Panaderos y la Sociedad Cosmopolita de Obreros Albañiles de

C. ZubillQga: Lucha, popularea y cultura alternatioo en Uruguay

17

Mutuo y Mejoramiento) y órganos de prensa (como el semanario ~l Defendel Obrero): encabezaron un movimiento tendiente a la conqwsta de la
sor
·
da laboral de ocho horas (en el marco del reclamo de 1as "tres ocho " :
JOrna
' '') l
l
.,
"para el descanso, para el trabajo, para la il_ustra~ion , a reg :mientac10n
legal del trabajo de niños y mujeres, y el me1oranuento de los ruveles de retribución salarial.
En 1896 el periódico El Grito del Pueblo dio a publicidad el programa
de principios del Partido Socialista Obrero, concretado en cuatro puntos
fundamentales:
lo La transformación de la propiedad individual o corporativa de
los instrumentos de trabajo en propiedad colectiva, social o común. 2o. La organización de la sociedad sobre la b~e. de la fun~ción ec-onómica, cuya unidad la forma la colectMdad gremial
obrera, la sección industrial o agrícola, con el derecho de _usufructo de los medios de producción, confederadas estas s~cc1ones locales en comunas autónomas que a su vez se hallan umdas a grandes federaciones regionales que robustezcan y garanticen la administración por todos y para tod?s. 3o. La_ igualdad de tod?s ante
los medios de desarrollo y accion; es declf, que a cada miembro
de la sociedad se le garanta la enseñanza general, científica y especial en cada profesión, y su participaci~n en el ~~ajo. 4o. La
igualdad de todos en las ventajas, es decir, la ~olic1on del asalariado la realización del derecho de cada trabajador a una parte
alícu~ta en el valor de los productos, cuyo valor se medirá por la
cantidad de tiempo de trabajo social necesario para su producción; y la satisfacción por la sociedad de las necesidades de los impedidos por edad o padecimiento, 10
0

Los intentos de promoción del partido, en cuanto a la capaci~ad de operar electoralmente con mínima relevancia, resultaron frustraneos hasta
1910 en razón de la legislación electoral restrictiva por entonces vigente,
así ~mo del fuerte condicionamiento tradicionalista que las prácticas políticas conservaron hasta bien entrado el siglo XX.

Las concepciones socialistas chocaron con los postulados anarquistas
en sus diversas vertientes, a partir del rechazo frontal que todas éstas hacían del Estado ( en consecuencia, de la vía parlamentaria para allegar soluciones a la "cuestión social') y de la prédica antiorganizacionista de que
hacía gala un vasto sector de los elementos ácratas (que inhibía todo intento de federar las organizaciones sindicales de base y potencializar la
acción conjunta de las clases populares).

�18

Siglo XIX

La tradición &lt;lJnarquista
Co~áneam;nte con el proceso de industrialización sustitutiva ae importaciones a que. s~ ha hecho r~ferencia, un grupo de trabajadores de origen
e~opeo orgamzo en MonteVJdeo la Federación Regional de la República
Onental _del Uruguay _(ta~ién denominada Federación Montevideana),
com~ ~~al de la Asoc1act0n Internacional de los Trabajadores, iniciando
la difusion local de los principios doctrinarios del internacionalismo de
tendencia federalista libertaria (inspirada por las enseñanzas de Proudhon
Y Bakunin). Los estatutos de la nueva organización consignaron el concepto-meta de "emancipación económico-social" en término inequívocos:
Librarnos de toda tiranía, así social como económica, cualquiera
se~ su nombre y cualquiera sea la forma en que se halle constituida. Hacer que el capital, las primeras materias y los instrumentos ~~ trabajo, vayan a parar a manos de los que directamen~ l~s utili~an, o se~, a manos de trabajadores organizados en asooaciones libres, agricolas e industriales, a fin de librarse de la esclavitud del salario y conseguir que la sociedad llegue a ser una libre federación de libres asociaciones obreras.

Dos años m1 tarde el Comité Federal de la AIT con sede en Chaux-auxFonds (Suiza, que nucleaha a organizaciones obreras de Francia Italia
España, Suiza, Bélgica y América Latina, enfrentadas a ·1a conducció~
marxista del movimiento internacional y que, en consecuencia, no habían
reconocido la disolución de la Primera Internacional declarada en Nueva
Yo.rk en 1876) aceptó la adhesión de la Federación Montevideana, la que
en m~yo de 1878 dio a luz El Internacional ("órgano de las clases trabajadoras ), desde cuyas columnas predicó la irreconciliabilidad del capital y
cl trabajo~
La i~eal aven~ncia. ~e ambos elementos es una quimera, y los
1PabaJa~or~ solo VtVImos de realidades (... ); en tanto cuanto
los capitalistas sean los verc!,ugos de la humanidad, los sacrificadores del trabajo, el duelo entre las vÍ&lt;;timas y lo.s verdugos entre
nosotros y ellos, tiene que ser un duelo a muerte.11
'
El inicio de la década de los 80 vio debilitarse el intento Federacionista
uruguayo, al compás de la crisis irreversible que había hecho desaparecer
formalmente a la Primera Internacional.
En 1884 un grupo de inmigrantes franceses y españoles fundó en Montevideo la Asociación Internacional de Obreros, en vinculación con las actividades de la rama francesa del anarquismo, qne en el Congreso de Londres

C. Zubillaga: Lucha, popularu y cultura alternativa en Uruguay

19

de 1881 había concurrido junto con las organizaciones ácratas de España,
Austria, Italia, Inglaterra y Estados Unidos a la Fundación de la lnternational Working People's Association, considerada como continuadora de la
Primera Internacional.
La entonación ideológica de esta nueva expresión del anarquismo en

Uruguay difirió de la de la década precedente. Sustentada en la idea de
''la unión de los trabajadores ( ...), sobre la base de la solidaridad en la lucha del trabajo contra el capital", lucha que debía "tener por coronamiento la completa libertad de_l trabajo", la Asociación apeló al combate
"sin tregua ni descanso" por el camino de "la persuación, por el buen
ejemplo, jamás por la violencia". Las ideas matrices de la organización
anarquista, difundidas por La Lucha Obrera (periódico semanal "defensor
de las clases obreras') se sintetizaron en la cuaternidad: "Libertad, Igualdad, Fraternidad y Justicia ".12
La acción anarquista de los años posteriores estuvo representada fundamentalmente por la difusión de las ideas que llevaron a cabo diversas
hojas periodísticas y grupos ácratas (no siempre integrados a una programación común), formados por asalariados inmigrantes y criollos y por
propagandistas extranjeros que operaban indistintamente en Montevideo,
Buenos Aires y Rosario.
Los periódicos anarquistas explicitaron la controversia propia de los
sectores ácratas entre "antiorganizacionistas" y "federacionistas". Los
primeros se expresaron en numerosos órganos de prensa obrerista 13 (El
Libertario, La Aurora, El Derecho a la Vida, entre otros); los segundos
tuvieron su tribuna tanto·en hojas obreras14 (El Obrero Panadero en su
segunda época fue uno de los ejemplos más claros), como obreristas (El
Internacional, Federación de Trabajadores, entre otras).
Los "antiorganizacionistas" centraron su prédica en la doctrina ácrata,
dejando de lado la práctica sindical, por considerarla "una cosa transitoria
en las luchas de íntegra emancipación". El énfasis de esta prensa estuvo en
la difusión de un pensamiento que apostaba al espontane~mo revolucionario de los sectores postergados de la sociedad, que llegarían a la acción sin
necesidad de una organización previa ni de una regimentación de sus conductas (regimentación que, aún consensual, era vista como expresión de
autoritarismo que resultaba preciso ahogar para que no se filtrara en el
mundo de los desposeídos el "perjudicial engranaje" del poder coercitivo).
"¿A qué reglamentar, a qué federar estas agrupaciones ya federadas por el

�20

SigloXIX

dolor común y por la esperanza futura?", se pregunta en 1901 La Aurora,
en un ejercicio, sin duda ingenuo, de confianza en la capacidad espontánea
de los trabajadores para descubrir el camino de su redención y transitado
sin forma alguna de ordenación y potenciálización de sus fuerzas. El fondo
individualista de esta vertiente ácrata se manifestaba en la concepción
medular de su prédica.

Al rech~ los modos organizativos de los "federacionistas", postulaba la idea de la huelga general revolucionaria como el cwnplimiento de
un imperativo histórico ( en una suerte de ''neoprovidencialismo "). Textos
como el de El Derecho a la Vida en su edición del 29 de abril de 1894 resultaban, así, paradigmáticos:
Cuando llegue la ocasión no se precisará forzar a los seres inconscientes a empuñar las armas. Cada desheredado comprenderá que
pelea por su redención económica, por el bien de toda la humanidad, y ya se sabe de lo que es capaz el hombre cuando lucha sin
que le hagan héroe forzoso.
Desde su perspectiva, los "federacionistas" propugnaron a través de su
prensa e impulsaron en las organizaciones sindicales el principio de la solidaridad entre los obreros de las diversas profesiones en cada país, y la
unión fraternal entre los trabajadores de todas las naciones. La prédica periodística resumió esta aspiración en la idea de la asociación de todas las
fuerzas obreras como presupuesto para "derrumbar las bases" del régimen
social imperante y "sobre nuevos cimientos", levantar una sociedad en que
las riquezas fueran socializadas y "la libertad reemplazará a la tiranía".

La fe en la instrucción

Descubrir su condición de clase supuso en el seno de los sectores asalariados una labor educativa que estuvo en el centro de la prédica anarquista.
En 1878 lo advirbó El internaoional al definir su programa e identificar el
origen de la lucha reivindicativa con la capacidad de los hombres de reflexionar sobre sí mismos y sobre su situación ("llegó un día, no muy lejano,
en que las clases obreras, desheredadas de todo bien, menos de la inteligencia, comprendieron su angustiosa situación").

Esa tarea educativa tuvo un marco de cumplimiento preferencial en
el movimiento sindical: la instrucción de los jóvenes, para que tuvieran

C. Zubillago: Lucha&amp; populares y cultura alternativa en Uruguay

2l

"íntima
cncia de sus derecbQs,,'.', comenzó con el establecimiento de
"clases especiales\ que permitieran desarrollar las capacidad intelectuales
generalmente "adorme~das" por el trabajo sin descanso. Esa labor didáctica encontró en la prédi\;a periodística una continuación natural. La Voz
del Trabajador lo señaló clarame~te, en 1889, al decir: "(...) este semanario (...) se consagrará ( ...) a i'\iciar (a la clase obrera) al estudio y desarrollo de los descubrimientos de la~ leyes de la ciencia sociológica, que pueden llevarla a su completa emancipación moral y material".

Una confianza de fuerte signo racionalista en la eficacia de la instrucción presidió esta apuesta estratégica del movimiento sindical, y caracteri-

zó un tramo importante d~ su historia. "A regenerar por medio del estudio" convocaba con términos inequívocos La Voz del Obrero, al esbozar
1896. Con similar entusiasmo reflexionaban los editores de
Tribuna Libertaria al comenzar el si_glo: ·

su Programa en

La instrucción de las clases trabajadoras debe forzosamente preceder a su emancipación,,porque nunca una clase ignorante o más
atrasada que las otras se &amp;a elevado ni ha salido de su abyección.
El primer deber de las clases obreras, su más imperiosa y urgente
necesidad es la de instruirse.. Todo debéis sacrificarlo a este sagrado deber.

La labor educativa que implicó la autopercepción clasista fue considerada
por las diversas vertientes del tronco ácrata como un camino para la revolución social y, consecuentemente, la alternativa al sindicalismo reivindicativo (o economicista). "Los males sociales no se curarán con sueldos más o
menos grandes" -advertía El Derecho a la Vida en 1895-, sino con "la
revolución social que acabe con la desigualdad de explotados y explotadores"; y la revolución no sería un fruto espontáneo de la dinámica social, sino la consecuencia de un esclarecimiento ideológico logrado mediante un
esfuerzo pedagógico llevado a cabo por los propios trabajadores.
En esta línea de acción el Centro Internacional de Estudios Sociales
fundó en noviembre de 1902 una escuela "nocturna y libre" para trabajadores, en la que se impartían cursos de sociología, historia, economí~, fi.
siología e idiomas, con el concurso de "varios intelectuales" montevideanos.

Se trató, en consecuencia, de una modalidad de autogestión en el plano intelectual que ignoró el sistema educativo formal (por considerarlo

�22

C. Zubíllaga: Luchas populare, y cultura alternativa en Uruguay

SigloXIX

funcional al régimen capitalista) y cimentó las bases de una cultura alternativa, cuyas manifestaciones alcanzaron los campos de la creación literaria,
las ciencias sociales, la plástica y la música. Rasgos identificadores de esta
cultura alternativa fueron, según la ajustada observación de Carlos Real de
Azúa, tanto
el optimismo y la ingenuidad con que desconoció la capacidad de
resistencia de las fuerzas orgánicas sociales o confió en el nudo
impulso de un entusiasmo suscitado por la palabra tonante y

exaltada (como la) tonalidad ética que concebía la reforma social como una parte, casi como una consecuencia, de la reforma
individual, una palingenesia de lo íntimo con sentido religioso, al
modo del evangelismo tolstoiano.15
Más que de un autodidactismo cabría hablar en el caso de un mutuodidactismo, en cuanto los participantes de esta experiencia nunca desdeñaron el
hecho de compartir con sus iguales el descubrimiento del mundo: de los
defectos de la organización social, de las utopías entrevistas al impacto de
lecturas de diversas matrices ideológicas, de los parámetros de una nueva
ética. Ese mutualismo cultural signó la conducta de varias generaciones de
asalariados, más allá de su adhesión o rechazo final a las propuestas ácratas. Se trató, más que de un avance del anarquismo como doctrina encauzadora del cambio social, de una aceptación generalizada por vastos secto•
res de las dases trabajadoras de los modos más eficaces de acercarse al conocimiento de los supuestos de ese cambio.
En este proceso jugó un papel relevante no sólo la prensa obrera y
obrerista (canal de tesis y de denuncia) sino también la difusión de las ediciones Sempere, de VaJencia, que vendidas a precioJ muy accesibles para
los sectores populares -quince centésimos el volumen- pusieron al alcance
de ávidos (y desprevenidos, en más de un sentido) lectores, las obras de
~roudhon, Nietzsche, Marx, Jaures, Bakunin, Reclus, Kropotkin... Un
esfuerzo local comparable (si se tienen en cuenta las dimensiones del mercado uruguayo} inauguró hacia el 900 el anarquista italiano Orsini Bertani,
cuya librería fue a la vez cenáculo literario de avanzada.

II. EL CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS SOCIALES
Una función peculiar

Así como el Oub Católico (fundado en 1875) y el Ateneo de Montevideo

23

,.
· · ·' us acti"vidades en 1877) fueron los ámbitos de la polémica
,que imc10 s
. .,
· d
'fi
que pautó el proceso de seculanzac1on de la socieda
filoso co-reliaiosa
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uruguaya durante la etapa de la modernización, el Cuc ~
to 1co e
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Montevideo
la
Universidad
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constituyeron
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reductos
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los
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lógica sobre la "cuestión social" adquirió mayor dunens1on_ e~ e timo
· 1 XIX y primera década
del XX:.
,
,. En .1904
. surgma
. un nuevo
, .
lustro de1 sigo
protagonista del debate: la Union Democratico Cnstiana, vertiente cato1•ca diferenciada netamente del neocorporativismo conservador. Que postuló un modelo social autogestionario y coadyuvó acti:a~ente _en la con·sta de las reivindicaciones básicas del movimiento smdical: Jornada de
qm
ab . d ·ocho horas, descanso dominical, regulación legal del tr ªJº e mnos Y
mujeres, previsión y reparación en accidentes de trabajo, etc.
El Centro Internacional de Estudios Sociales (denominado indis~tamente Círculo Internacional. ..) comenzó sus actividades e~ 1897, al~italianos, en su mayona sastres: ms1 de un núcleo de inmiurantes
~so
~
ámh' d
·tos en la corriente del anarquismo, decidieron crear un
1to e
en
. .d.
I
discusión y capacitación abierto a todos los que comc1 , 1~ran en ~ n~cesidad del cambio social en profundidad. El rec~zo aJ re~men cap~tallSta
y a los valores que le eran funcionales, co~figuro el comun. den~m_ma~or
de los elementos integrados a la nueva entidad. El espectro 1deologi~ un. do en los participantes de esta experiencia fue desde• el, comumsmo
pl1ca
1
·
anárquico hasta el socialismo científico, si bien predommo a vertiente
ácrata de entonación antiorganizacionista hasta transformar al Centro en
sinónimo de anarquismo a ultranza.

16

Como señaló acertadamente Zuro Felde, "el individuo libre en 1~ comunidad libre, fue el lema del Centro"¡ y. en él_ se, n~garon y comb~tieron
en absoluto "todos los principios econom1cos, 1undicos y moral~ sobre
los cuales se fundó "la sociedad contemporánea desde la Revoluc1on Francesa ". 17
Ambiente propicio para la lectura de los "cl~icos" revol~cionarios
y de la prensa avanzada de todo el mundo, el Centro fue a un tiempo palestra de debates foco irradiador del activismo social, campo abonado para
el surgimiento d~ una cultura alte~ativa (o pop~ar), escuela de_ ''.agitadores" sindicales cenáculo de bohemtos que combmaron su estetic1SID0 decadente con
encrispada aspiración de la utopía libertaria, lugar de encuentro (de esparcimiento y de relación afectiva) de numerosos compo-

¡¡

nentes de los sectores populares.

18

�24

SigloXlX

C. Zubíllaga: Lucha, populares y cultura alternativa en Uruguay

La significación que el Centro alcanzó en su época se reflejó no sólo
en la adhesión que casi sin excepciones le brindaron los elementos avanza19
dos, sino más bien en el reconocimiento de los sectores funcionales al
sistema, cuyos voceros fueron vehículo constante de información de las
actividades del Centro (tal fue el caso de El Día, órgano periodístico de la
-fracción populista del Partido Colorado) o llegaron a formular evaluaciones
no exentas de advertencia precautoria. En este último caso se inscribió la
revista Rojo y Blanco, semanario dirigido por Samuel Blixen, que en 1901
señaló:
El Centro Internacional (... ) desempeña un rol de importancia
';1'1e conviene no desconocer, entre las clases obreras pues que en
el, franqueadas sus puertas a todas las ideas y tendencias sociales,
se elaboran Y han elaborado la mayor parte si no todos esos movimientos_gremiales que de algún tiempo a esta parte suelen agitar
a Montevideo (... ). Las huelgas producidas aquí han encontrado
inmedi~ta ac?gida en el Centro Internacional de donde han partido de ~~diato las voces amigas que alientan y contribuyen a la
pr~longacion de aquellas hasta obtener el mejoramiento o las ventaJas para cuya adquisición se lucha. En la tribuna del Centro van
formándose, además, oradores que adquieren mayor vuelo cada
día Y no extraña, por esta misma circunstancia, escuchar al mismo tiempo q_~e la palabra ruda y áspera del trabajador inculto, la
de hombres Jovenes educados e instruidos que han caído tal vez
e~ las primeras_ Iu_chas de su existencia y que hablan con persuasion y convencrmiento.... no es suficientemente conocido en el
~aís el Centro Internacional que puede convertirse en (. . . ) el
~~ulsor poderoso de ocultas fuerzas sociales, con sorpresa de los
mdiferentes y aún de los hombres estudiosos que no se hayan detenido a examinar su marcha y tendencias. Bueno es que todos vivan advertidos. . . no esperar a que truene para acordarse de
Santa Bárbara (... ).

t

25

tendencia a polemizar respecto de todo lo que los componentes de la "sociedad burguesa" opinaran, creyeran o defendieran,

La confrontación con la Iglesia Católica constituyó una de las prácticas permanentes en la acción del Centro Internacional de Estudios Sociales. Resultaron frecuentes las reuniones anti-clericales o las polémicas sobre temas relativos al dogma, las definiciones teológicas o las prácticas litúrgicas, mediante las cuales se intentaba inhibir las tareas catequísticas
de la Igleisa uruguaya o desvirtuar las propuestas del neocorporativismo en
términos de una real atención a los pr'oblemas de los asalariados.
Dirigida "al pueblo en general y al obrero en particular", la invitación
a una "reunión anti-clerical" moti~ada por la celebración del Primer Congreso de los Círculos Católicos de Obreros del Uruguay en mayo de 1900,
que formulaba en grandes caracteres y en primera página Tribuna Libertaria, 21 constituía un ejemplo del aludido plano de confrontación. Temas
conexos con los religiosos (tales como el del "amor libre" o el de la emancipación femenina), que permitían atacar convenciones sociales con sustento tradicional en preceptos o criterios eclesiales, fueron frecuentemente
abordados en la tribuna del Centro Internacional de Estudios Sociales por
divulgadores del ideal ácrata como el argentino Pascual Guaglianone, el
italiano Rómulo Ovidi y el vasco Julián Basterra.

La intensidad de estas acciones preocuparon a los sectores católicos
conservadores que contrapusieron la imagen de los Círculos Católicos de
Obreros (ámbitos de concordia social, de "buenas lecturas" y de adhesión
a las "sanas costumbres'') con la del Centro Internacional de Estudios Sociales ("antro revolucionario" en el que "se predica el odio y la guerra
contra la sociedad y su actual organización", como advertía El Amigo del

Obrero).22
La polémica como principio
La controversia (oral y escrita) constituyó no sólo el modo de operar sobre
la realid~d. social que los _anarquistas privilegiaron, sino un principio básico
de su predica, desde que esta se justificaba por su- capacidad cuestionadora
del orden existente. Se trataba de poner todo en entredicho (instituciones,
costumbres, valores, prejuicios, adhesiones) de forma de encontrarse en
condiciones de impulsar un trastocamiento cabal de la sociedad, para cimentar sobre nuevas bases la Acracia redentora. Una propuesta de tal naturaleza exigía de sus partidarios una firme capacidad dialéctica dotes de oratoria, habilidad para la réplica punzante u oportuna, y una' como obsesiva

Pero no sólo la religión configuró el objeto de las polémicas que tuvieron lugar en el Centro Internacional de Estudios Sociales; también la
prédica liberal-conservadora y los ataques al ideal ácrata que protagonizó
la mayor parte de la prensa montevideana resultaron motivo privilegiado
de controversia. En agosto de 1900, el Centfo Internacional, junto a los
Círculos anarquistas de Montevideo (Redención, Justicia, Antorcha, Tierra y Libertad, Aurora, Vida Nueva, Germinal, El Hambre es Terrible,
1
Acrata, Nuestra Patria es el Mundo Entero, Libre PenfladOrC!j y Progreso),
desafió a los diarios El Siglo, El Bien, La Razqn, La Tribuna Popular, 23
El Pa{s y La Espaff.a "a pública discusión", a efectos de evitar que siguie-

I

�26

Sigl-OXIX

ran "tergiversando y difamando el ideal de la anarquía". Más que una invitación al debate, se trataba de imponer la polémica, a riesgo de que su
elusión fuera asimilada a un reconocimiento de derrota ("si huyen y no
discuten, tendremos el derecho de creer que los periódicos citados están
escritos por hombres farsantes, embaucadores del pueblo y causantes de
todos sus males").24
Este perfil cuestionador, por momento incisivo en la opinión pública,
tuvo consecuencias no deseadas por los anarquistas pero que reflejaron
el grado de préocupación con que el sistema política advirtió la capacidad
"desquiciadora" del statu. quo que poseía la continuidad de aquella prédica, sobre todo en instancias electorales en las que la práctica tradicional del
clientelismo exigía la "participación tutelada" de los sectores populares.
En octubre de 1901 el Jefe Político y de Policía de Montevideo clau•
suró varios locales sindicales y la sede del Centro Internacional de Estu•
dios Sindicales: prohibió la celebración de reuniones gremiales, bajo el
pretexto de la creciente conflictividad social que se registraba en la ciudad,
coincidente con los aprestos electorales para el mes de noviembre en que se
celebraron comicios padamentarios. El cotidiano El Trabajo, vocero oficioso del Centro Internacional, comentó el hecho a lo largo de varias ediciones. Bajo el título ''Por el derecho de reunión" señaló:
En ningún artículo de la Constitución se determina que el Jefe
Político pueda por sí y ante sí cerrar ningún centro político ni
social (... ) lPretende el Jefe Políti,co no renovar esos derechos e
imponer su voluntad educada en el cuartel? (Para concluir con
una amenaza:) si continúa el poder burlándose de los trabajadores, estos entonces tomarán sus medidas y declararán la huelga general y conste que únicamente falta una chispa para que estalle.25
Con recurso a otros argumentos, El Trabajo contrapuso la clausura del
Centro ("donde antes se estudiaba, se diecutía y se enseñaba al pueblo')
cpn la complicidad policial con el juego de azar clandestino, manifiesta en
la impunidad que le aseguraba la Policía a los garitos donde aquél se practi,
caba (''El juego da resultado. La ciencia es cosa vieja y cosa de tontQS, y
no da para comer. Ya sabemos bastante. Para qué queremos estudiar más?",
ironizaba el vocero anarquista),26 y con las toleradas prácticas fraudulentas
y sediciosas de los clubes políticos tradicionales ("en los clubs de blancos y
colorados... se politiquea, se conspira, sin que nadie incomode a nadie ").27
La apertura de los centros clausurados, dispuesta ~ los pocos días

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

27

de celebradas las elecciones parlamentarias, confirmó las razones de fondo
de la medida policial, mereciendo la alusión punzante de los anarquistas:
"galantería gubernamental".

La contribución al movimiento sindical
Intimamente vinculado al movimiento sindical, el Centro Internacional de
&amp;tudios Sociales no constituyó, sin embargo, ni una central obrera, ni un
organismo· integrado a una estructura formal de los sectores asalariados.
Fue más bien una entidad solidaria, concurrente a la lucha sindical, que
ofreció a la vez un ámbito para reuniones gremiales,28 una tribuna para el
esclarecimiento de los problemas que estaban informando las plataformas
reivindicativas, un "proveedor" de oradores y propagandistas (de "agitadores" en el lenguaje de la prensa defensora del statu. quo, que los periódicos anarquistas hicieron suyo como un nuevo desafío). Todo ello en la
perspectiva de un avance de las ideas ácratas como fruto de una participación activa en la conflictividad social creciente que se registraba en Uruguay al finalizar el siglo XIX.
Así lo valoraba en 1901 Tribuna Libertaria, al realizar un balance general del movimiento obrero, señalando que el Centro Internacional, "sos•
tenido, a través de todas las reacciones y de todas las persecuciones que
esta gran agitación trajo, por grupos de compañeros batalladores y entu•
, siastas", fue el que dio "e) contingente de oradores y de agitadores a las.
masas".~

Si bien, como se ha visto, la labor desarrollada por el Centro Internacional distó mucho de configurar el intento de creación de una central
obrera, la persistente contribución a las luchas reivindicativas de las sociedades de resistencia (que en 1901 alcanzaron a representar a la mayoría de
los sectores asalariados),30 dio en los hechos a la entidad los Easgos de una
proto-central obrera, en cuyo seno los componentes de organizaciones sindicales de oficios comenzaron a reconocer la interrelación de sus situaciones, a comprender la globalidad de la ·"cuestión social" y a comprobar la
eficacia de la solidaridad en el combate.
Por lo mismo, resultó frecuente la imputación de personería delegada
del Centro Internacional, que se hiw respecto de los agitadores que actuaron en las grandes huelgas del período. En noviembre de 1901, por

�28

SigloXIX

ejemplo, el di~o El Día señalaba que la huelga que mantenían los recolectores de basura (dependientes de la Junta Económico Administrativa
de Montevideo) había sido declarada por "dos delegados del Centro Internacional". Similar señalamiento efectuaban por entonces los gerentes
de las compañías (británica y alemanas) de tranvías de Montevideo.
"Varios socios" suscribieron en el cotidiano El Trabajo una aclaración
que resumió el sentido que los militantes anarquistas le atribuían a su tarea, así como el· deslinde que de la misma hacían respecto de la labor del
Centro Internacional, que aunque funcional a aquélla, no revestía carácter
de directiva y orientación sindical específica:
(. . . ) el Centro Internacional no da ninguna delegación oficial
a nadie, pues todos sus socios toman participación en la lucha
o~rera :spontáneamente, por libre iniciativa; y toman participac1on, pr!111ero, porque esto concuerda con sus principios y luego,
para evitar que los obreros sean engañados por procuradores y
políticos.31

La reflexión como sistema: las conferencias
El instrumento fundamental de que se valio el Centro 'Internacional para
la prédica del cambio social (también, en ocasiones, para explicitar su solidaridad con las luchas sindicales concretas) fue el de las conferencias. La
tribuna del Centro irradió así, intensamente, el ideario anarquista, ya a
través de acreditados propagandistas extranjeros, ya a través de fogosos
orado~~ locales (un po~o.literatos, un poco bohemios, un poco agitadores)
que h1c1eron de esta predica un modus operandi personal que no se prolongaba demasiado en el tiempo.32
Entre los conferenciantes extranjeros se destacaron Pietro Gori y
Enrico Ferri (que editaban en Buenos Aires la revista Criminología Moderna); del primero diría en 1899 el periódico anarquista El Derecho a la
Vida que predicó cual nuevo Cristo en la tierra, sin odio, sin alteración,
con mucha calma y sangre fría, haciendo el retrato exacto de las miserias
humanas, y anunciando el advenimiento de una era de felicidad en toda
la superficie de la tierra".33
Los temas abordados, por lo general en régimen de "tribuna libre"
(es d~cir, permitiendo la participación, sin restricciones de los asistentes), fueron del más variado espectro, aunque todos conc'urrentes a ta acción contestataria que configuraba la metodología del centro: el derecho

C. Zubillasa: Lucha, populare, y cultura alternatiúa en Uruguay

29

de reunión, la "cuestión social", las luchas econom1cas, el delito y la
"cuestión social", "las huelgas ante la Razón", la emancipación femenina,
la religión y el Estado como enemigos de la libertad . . . Celebradas en la
mayoría de los. casos durante la tarde de los domingos, estas conferencias
se complementaban con actuaciones teatrales o musicales (entre estas últimas era de rigor la interpretación del himno "Hijos del Pueblo", a cargo
del Orfeón Libertario).
Particular relevancia adquirían las conferencias del lo. de mayo, en
las que intevenían varios oradores: centraban la atención en el conjunto de
los problemas sociales que afectaban a los asalariados y en la dimensión internacional de esas circunstancias, a partir del señalamiento de la tríada
responsable: Capitalismo-Gobierno-Religión.
La confianza en la capacidad persuasiva de esta modalidad de la prédica social, que evidenció su reiteración por parte del Centro Internacional
de Estudios Sociales, denotó un cierto esquematismo operativo, que derivó en prácticas ritualizadas que, al promediar la primera década del siglo
XX, habían dejado de preocupar a los sectores conservadores, seguros ya
de que el "apocalipsis social" tantas veces anunciado como inininente por
los anarquistas, constituía más un motivo de reflexión que un ejercicio
creíble de prospectiva política.

Una comunicación alternativa: la actividad teatral

En el seno del Centro Internacional de Estudios Sociales alentó una modalidad de acción cultural que habría de tener consecuencias relevante en el
desarrollo intelectual del Río de la Plata: el teatro social.
Un grupo de jóvenes, conformado entre otros por Florencio Sánchez,
José Eulogio Peyrot y Edmundo Bianchi, dio vida a un conjunto "filodramático" que se dispuso a trasladar la protesta social a las tablas. Piezas cortas, escritas y representadas tanto en castellano como en italiano, verdaderas "declaraciones de fe, trasladadas desde el folleto de propaganda o desde
34
la oratoria (...) que(...) conseguían apenas presumir de teatro", alimentaron entonces la labor de este núcleo: Senza Patria, "escenas sociales"
de Pietro Gori; Si fuera cura, monólogo de Rómulo Ovidi; Felice il Cerimoníoso, farsa en un acto de Bartolomé Ardy; ¡Mártir!, "drama en.cinco
cuadr~s y una apoteosis", de Mario Lazzoni ... Pasos de comedia, pequeños dramas, breves bocetos escénicos, estas obritas fueron muchas veces el

�30

SigloXIX

sucedáneo eficaz de la disertación sociológica, profunda pero aburrida, que
el auditorio escuchaba con más disciplina que entusiasmo.
Florencio Sánchez, que al correr de la década siguientt se convertiría
en el primer dramaturgo rioplatense, participó con entusiasmo de esta nueva modalidad de militancia. Como señaló García Esteban en su biografía
de Sánchez,
Florencio intervino en las veladas como actor de muy principalísimo papel. Hacía en ellas unas conferencias dialogadas, en las
que hartaba a sarcasmos a la policía y, sobre todo, al comisario
La Sota, terror de los anarquistas de entonces. Lo hacía en tal
fonna, y con tal arte, y tanta chispa, que el heterogéneo auditorio se retorcía de risa y premiaba aquellas inolvidables Conversaciones con estruendosos aplausos.35
Un paso más en esta labor fue el que en ese mismo año de 1897 cumplió
Flor~ncio Sánchez escribiendo su "scherw en un acto" Puertas adentro,
cruda sátira sobre la sociedad montevideana a cargo de dos sirvientes, que
al paso revelan aspectos relacionados con las condiciones de trabajo del
servicio doméstico.
Faltos de obras en las que la inmediata reaJidad montevideana resultara aludida, el grupo filodramático del Centro Internacional debió recurrir a sus integrantes más audaces para escribir piezas ad hoc. Hacia 1901,
y al impulso de Florencio Sánchez, éste, José Eulogio Peyrot y Edmundo
Bianchi, produjeron sendas obras. Sánchez escribió ¡Ladrones!, que sería
el primer esbozo de su popular Canillita ( obra estrenada en 1902 en
Rosario, Argentina); Peyrot produjo Desquite; y Bianchi dio forma al
"boceto social en un acto" Nobleza de Esclavo. Las tres piezas se estrenaron simultáneamente en el Centro Internacional en julio de 1901.36

El teatro social fue un inteligente recurso frente al desafío de encauzar popularmente, la denuncia de situaciones injustas y la promesa de un
futuro redimido. La burla, la compasión, la protesta, el sarcasmo, se convirtieron en los breves actos de estas piezas, en nuevas armas de lucha, cu•
ya incidencia en los sectores populares reveló nuevas posibilidades de propaganda y ancho campo para la receptividad del discurso revolucionario.

C. Zubillaga: Luchas popular&amp; y cultura alternativa en Uruguay

31

La mútica revolucionaria

M' de diez órganos de la prensa obrerista estuvieron vinculados en su surgi:iento, organización, redacción o difusión, al Centro Internacional. ~e
Estudios Sociales. 37 Algunos de estos periódicos tuvieron_ una ~elac1on
institucional con el Centro, como en los casos de Tribuna Li~ertarw, cuya
(calle de
direcCI·o'n y administración se localizó en la sede de la entidad
U d. ·a1
Río Negro número 274) y ·que llegó a publicar bajo su se o e 1t?n.
38
("Biblioteca de Tribuna Libertaria'") fo~le~os anarq~stas que se d1stn~
buían en las conferencias y veladas artISticas orgamzadas por el Centro,
del cotidiano El Trabajo, la idea de cuya aparición y los primeros pasos
:rganizativos tuvieron lugar en el Centro Internacional, al impulso del
entusiasta Florencio Sánchez.
Sin perjuicio de jugar un importante papel como difusores del ideal
ácrata, como receptores de denuncias sobre violacion~ a los de~ec~os
humanos en el mercado laboral montevideano, como vmculos solidanos
con organizaciones obreras de otros países, estos periódic~s cu~plieron
f inalidad pecuJiar: la de contribuir a la mística revoluc1onana, es de~
~
cir a la sublimación de la utopía-posible Oa Acracia). El lenguaje u izaOa entonación voluntarista de todo el discurso p~riodístico) no_ difirió en todo caso sustancialmente, del de las conferencias, y por lo mismo,
car~ió de proy~cción intensa en los medios aslaria~os por más q~e provocara inquietud en los círculos gobernantes y motivara el sosterudo recelo policial.

d&lt;/

En una similar lfuea de servicio a la mística revolucionaria se inscribieron los homenajes que el Centro Internacional tributó a las grandes figuras
internacionales que encarnaban en ese momento los antivalor~ ~e los que
el anarquismo hacía su bandera de lucha: Emile Zola y EIIBee Reclus.
C
tivo de la muerte de Zola, el Centro Internacional, junto con
on mo
d
• · · d
o umvers1tano
los eIement oS liberales (Club Liberal) y el estudianta
. ,
•f
·' e
Montevideo (Asociación de Estudiantes), orgam_zo una ~aru estac1o_n c~Uejera, en la que fueron discernibles el contmgente liberal-estudiantil
(trescientos hombres) que marchó al frente y separado del resto -~e la columna y el nucleamiento anarquista (estimado por La Rebelwn entre
cuatro' y cinco mil personas), encabezado por el estandarte rojo Y ~egro
del Centro Internacional con la inscripción "Germinal. Los anarqmstas.
Emilio Zola apóstol de la Verdad y del Trabajo".

�32

SigloXIX

El ritualismo cuasi litúrgico de las manifestaciones ácratas tuvo en
la ocasión un abrupto epílogo, del que diera cuenta la crónica de la época:
De regreso los i:nanifestantes al punto de partida, el grupo de liberales Y estudiantes doblaron hacia la calle 18 dirigiéndose a
sus locales (...). Los anarquistas al contrario continuaron en
línea_ ~ecta hasta el centro de la Plaza, donde 'y aunque estaba
proh1b1do hablar por ser silencioso el mitin, el compañero Roberto de_ las C~eras pronun,ció un pequeño, pero vibrante discurso.
1:ermmado e~te, p~esentose el Jefe Político pidiendo se disolvi_eran. Se disponian los compañeros a hacerlo, cantando el
himno de los trabajadores, cuando fueron brutalmente atropellado~ por el_ Escuadrón de Seguridad, siendo un compañero
agredido a punetazos por un esbirro, educado en los prostíbulos
Y en los b?~i~hes de barrios bajos. En pequeños grupos y escol~dos _se ding1eron luego al Centro Internacional, al cual les fue
1mpos1ble entrar por impedirlo la policía que lo tomó por asalto.39

Como complemento de este homenaje eJ Centro Internacional editó un
"número único" de Pro-Zola, con trabajos de Angel Miranda, Enrique
Crosa, Emilio Frugoni, José Ingenieros, Edmundo Bianchi, Perfecto B.
López, José Santos Chocano, José Eulogio Peyrot, Leopoldo Durán y
Soledad Gustavo.40

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

33

La solidaridad internacional
La concepción internacionalista informó la prédica ácrata como lógica derivación del repudio aJ Estado (apreciado en tanto estructura política de
dominación en manos del capital) y a las divisiones nacionales que tenían
al Estado como categoría sustantiva. De allí que los sentimientos de fraternidad proletaria representaran tanto el reconocimiento de una común problemática (y en consecuencia, de una común lucha), como una expresión
negatoria del Estado en cuanto modalidad organizativa de la sociedad.
"Internacionalismo versus nacionalismo" constituyó una de las constantes de la prédica anarquista, manifestada de múltiples maneras en la
actividad del Centro Internacional de Estudios Sociales. En esa perspectiva se inscribió la lectura pública de sus Cart,as de un flojo, que Florencio
Sínchez realizó en 1901 en el salón del Centro. Texto en el que se enjuiciaban las prácticas belicistas de la política criolla (el frecuente recurso a
la guerra civil para dirimir las contiendas partidarias), Cartas de un flojo
fue también el testimonio personal deJ joven dramaturgo (que había participado en 1897 de la revolución saravista) de su ruptura con un "orden"
social sustentado en valores darwinistas:

El duelo por la muerte de Reclus por su parte, fue solemnizado por
el Centro Internacional de Estudios Sociales mediante una velada artísticoliteraria celebrada en el Victoria-Hall de Montevideo el 23 de julio de
1905 : inte~nieron c~n sendos trabajos Pascual Lorenzo, José Eulogio
Peyrot, Emilio Frugoru, Angel Falco, Edmundo Bianchi y Julio R. Barcos.
41
Reco~dos en un folleto, junto a un texto de Kropotkin traducido expresamente de Les Temps Nouveaux de París, los trabajos aludidos constituyeron el homenaje de los sectores avanzados de la sociedad montevideana (incluidos los socialistas), que no contaron en la oportunidad con
el concurso de liberales ni de estudiantes, lo que llevó a Pascual Lorenzo a
advertir que

Te declaro con toda franqueza que quisiera ser más optimista
acerca de la suerte de este país; pero no puedo ver de color rosa
lo que se está poniendo de un gris muy oscuro. Creo que tengan
ustedes las bellas condiciones de que me hablas, pero nada positivo espero de ellas, desde que veo a esa intelectualidad joven
quemándose las cejas sobre amarillos mamotretos, empeñados en
desentrañar enseñanzas de las epopeyas de nuestra raquítica existencia americana, en vez de ocuparse de los hermosos problemas
científicos que agitan las mentalidades contemporáneas, agrupada
en pos de las tibias resacas del primer gaucho clásico que se le
ocurre héroe, enarboladas a guisa de ideal, o de las piltrafas vivas
de cualquier pseudo caudillo, tropero de pasiones, en lugar de estar con los que desde ahora trazan rumbos sobre el porvenir,
desperdiciando en una subordinación lamentable de lo que vale a
la insignificancia, toda su exhuberante vitalidad. No creo en ustedes, patriotas, guapos y politiqueros.43

entre (... ) los habitantes de Montevideo, ni existen liberales ni
existe juventud estudiosa que rebelándose a los viejos y aplasta~res prejuicios sepan pensar de acuerdo con los grandes ideales
unpuestos por el ininterrumpido progreso en su marcha triunfal
hacia la libertad. 42

Conteste con la opción que Florencio Sánchez establecía en su contestatario texto, el Centro Internacional mantuvo una permanent~ preocupación
por los sucesos internacionales que afectaban la situación de los trabajadores, manifestando su solidaridad mediante conferencias y mitines que, según el grado de compatibilidad que sus objetivos presentaban con respe&lt;;to

�34

SigloX/X

a los supuestos locales del orden establecido, resultaban en ocasiones
acompañados por organizaciones liberales y estudiantiles. La enumeración
taxati~ de estas expresiones resultaría fatigosa, pero su mención parcial
puede ilustrar los extremos de una conducta que se encauzó fluidamente
en la vocación internacional del Uruguay.
En septiembre de 1901 la protesta del Centro Internacional se refirió
a ~'la injusticia de que eran víctimas los proletarios de La Coruña (...) a
ra1z de una huelga en que el pueblo fue despiadadamente atropellado ,,_44
En e~e~~ de 1905 e! Centro encabezó Gunto al Partido Socialista y a la
~c1ac1on de Estudiantes) la convocatoria al mitin de protesta ''por los
cr1menes perpetrados por la autocracia rusa, que inhumanamente sembró
de cadáveres de obreros las calles de San Petersburgo ".45
En marzo del mismo año el Centro Internacional y el Partido Socialista volvieron a protagonizar un mitin de solidaridad, referido en la ocasión
a los obreros argentinos, víctimas de la represión dei;atada por el gobierno
de_ Quintana al imponer el estado de sitio para dominar la huelga portuaria .46 En mayo de 1909 la demostración organizada por el Centro Internacio1;1 estuvo referida a los sangrientos sucesos bonaerenses del lo. de mayo, en tanto que en octubre del mismo año protagonizó la más importante demostración popular registrada hasta entonces en Montevideo, en
repudio al fusilamiento en España de Francisco Ferrer. El mitin celebra~º. en ~~ ocasión'. a iniciativa del Centro Internacional, contó con la. par~c1pac10n oratona de, eleme~tos liberales (incluidos legisladores del parti_do gobernante: Rodo, Martmez Thedy) y de connotadas figuras anarquistas Ouana Buela, Angel Falco, Francisco Corney) y socialistas (Emilio
48
Frugoni). No obstante lo cual, los anarquistas dieron su impronta al
acto, portando carteles que reivindicaban el carácter de la movilización
(''Protesta del Pueblo"), y que terminaron en manos de la policía.

CONCLUSION
Fermento de luchas ideológicas por demás gravitantes en la historia uruguaya contemporánea, el Centro Internacional de Estudios Sociales
configuró una experiencia inédita en el ambiente urbano de la capital,
condicionado por la modernización. Implicó una peculiar forma de protagonismo intelectual por parte de sectores tradicionalmente excluidos de
una reflexión socialmente legitimada. En su tribuna, antes qúe la significación de los grados académicos, se consagró el valor ético de la militancia

C. Zubillaga, Lucha&amp; populares y cultura alternativa en Uruguay

35

social. No fueron, en consecuencia, los "bachilleres" quienes hicieron en
sus salones uso y abuso de la retórica, al compás de los últimos textos universitarios no siempre bien traducidos del francés; si hubo retórica (y en
verdad la hubo) esta fue mucho más "ingenua", como propia de quienes
hacían las primeras armas en el esfuerzo por comunicar ideales asumidos
como verdades indiscutidas (y por lo mismo, como los únicos medios para
"despertar a la sociedad adormecida" y conducirla por los senderos de una
"redención" definitiva).
Más allá de sus carencias (de sus debilidades ideológicas, de la excesiva
confianza en el poder transformador de la palabra), la acción del Centro
Internacional de Estudios Sociales marcó un estilo y señaló una conducta
que no resultaron ajenos a la conformación del movimiento sindical ni al
surgimiento de los "partidos de ideas", factores ambos que habrían de
profundizar, en las décadas siguientes, los cauces de una acción unitaria.

NOTAS

l. Sobre el rol cumplido por esta entidad como grupo de presión, cfr. Jacob,
Raúl, "Política -industrializadora y grupos de presión (1875-1898)", en Siglo
XIX. Revista de Historia. No. l. Monterrey (México), enero-junio de 1986,
pp. 146 ss.

2. Regules, Dardo, "Sobre la creación de la Facultad de Humanidades", en Anales de la Universidad. Entrega 155. Montevideo, 1945, p. 40.
3. Citado por Odoone, Juan y París, Blanca. La Universidad uruguaya desde el
militarismo a la crisis (1885-1958). Montevideo, Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República. 1972. tomo l, p. 12.
4. Zum Felde, Alhe~o, Proce$o intelectual del Uruguay. Crítica de su Literatura,
tomo II. La Generación del Novecientos. Montevideo, Ediciones del Nuevo
Mundo, 1967, p.17.
5. Ejemplo de est.a tendencia fue la tesis presentada en 1884 para optar al grado
de Doctor en Jurisprudencia por José T. Piaggio, que versó sobre "El Socialismo y el trabajo a partir de los principios metodológicos de Spencer".
6. Acevedo, Eduardo, Economía Política y Finanzas. Extracto del Curso dictado
en la Universidad. Montevideo, Imprenta El Siglo Ilustrado, 1903, pp. 39, 183184.

�36

SigloXIX

7. Frugoni, Emilio, "Eduardo Acevedo, evocación de un maestro", en Gaceta de lo
Universidad. Año VI. No. 2. Montevideo,junio-julio 1963.
8. Rodríguez, Federico (comp.), Doctrina Pontificia. lli. Documentos sociales.
2a. edición. Madrid, Bfülioteca de Autores Cristianos, MCMLXIV, pp. 196-197.
9. Círculo Católico de Obreros de Montevideo, Album de los Bocla4 de Oro. 18851935. Montevideo, 1936.
10. El Grito del Pueblo. Montevideo, 11 de noviembre de 1896 ("Aspiraciones del
Partido Socialista"),
11. El Internacional. Montevideo, 12-5-1878 ("Un favor y un disfavor").
12. La Lucha Obrera. Montevideo, 13-7-1884, p. l ("Nota").

n.

Denominamos prensa obrerista a aquellos órganos periodísticos que respondían
con su prédica a alguna corriente de pensamiento que perseguía la instauración
de un proyecto social de cambio, sin que en todos los casos sus propulsores pertenecieran• claramente a los sectores asalariados y a sus organizaciones de clase.

14. Denominamos prensa obrera en cambio a aquellos órganos periodísticos publicados por organizaciones gremiales específicas.

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

37

20. Rojo y Blanco. Montevideo, 18·8·1901, p. 137.
21. El texto de la invitación alud fa al motívo de la reunión: "Para protestar contra
el Congreso clerical que en perjuicio de la clase trabajadora pretende imponerse
por medio de la mistificación, arma de la que se han valido siempre los negros
sayones de la Inquisición". (Tribuna Libertaria. Montevideo, 20-5-1900, p. 1).
22. El Amigo del Obrero. MonteVideo, 25-8-1901, p. 2 ("Los anarquistas").
23. La confrontación del Centro Internacional de Estudios Sociales con el diario
La Tribuna Popular tuvo ribetes de agresividad. En octubre de 1901 "varios so•
cios del Centro Internacional" requirieron que el periódíco rectificara su insinua•
ción de que afiliados a la institución anarquista intervenían "en las huelgas como
agitadores interesados" que vivían a costa de los obreros. Ante el silencio de La
Tribuna Popular y bajo la firma de más de quinientos adherentes al Centro lnter•
nacional de Estudios Sociales (que encabezaban Edmundo Bianchi y Pascual
Guaglianone), los anarquistas reiteraron su desafío en lenguaje de inequívoca
provocación: "nosotros, que tenemos virilidad sobrada para poderle dispensar al·
guna de limosna al que nos injuria rastreramente (...), volvemos a desafiar al
tilingo y estulto redactorzuelo que (... ) ha escrito alevosa y vilmente, escudado
en el anonimato(...)". El Trabajo. Montevideo, 25·10- 1901, p. 2; 31-10-1901,
p. 1.
24. Tribuna Libertaria. Montevideo, 2a. quincena de agostoJ.900, p. 3.

15. Real de Azúa, Carlos, Ambiente espiritual del 900. Montevideo, Biblioteca del
Autor Nacional, 1984, p. 25.
16. No deja de resultar significativo que el vocero anarquista El Obrero (de tenden•
cia federacionista) formulara en 1905 la siguiente crítica a la orientación de los
responsabl~ del Centro: "Los administradores del Centro Internacional, ultra·
libertarios, por excelencia enemigos de los reglamentos, partidarios acérrimos de
la libre iniciativa a parole se entiende, porque en los hechos son todo lo conúario,a no ser que por libre iniciativa se entienda reducirla a una cuestión determinada, como hacen ellos, que consideran a todo aquel que no comulgue en
su capilla. antianarquista, como si la propaganda de una idea pudiera reducirse
a un medio tan estrecho" (El Obrero. Montevideo, 10·9-1905, p. 3.).
17. Zum Felde, ob. y tomo cit., p. 28.
18. Alvaro Armando Vasseur (el primer crítico y difusor serio de Marx en Uruguay)
precursor del P'artido Socialista, señaló en una ''nota autobiográfica" escrit;
en 1955 Y dedicada al primer senador socialista, doctor José Pedro Cardoso
•
que tenía ''idea de que hasta ciertos domingos por la tarde se bailaba (en el Cen~
tro)".
19. El citado Vasseur fue una de esas raras excepciones. En una "memoria autobiográfica" de años posteriores, enfatizó al respecto: "Si bien nunca me permití
concurrir a dicho Centro, por no haber sido nunca profesional teórico del 'anar·
quismo' (...). sabía por diversos conocidos y amigos, cuán extraordinario era el
pres~igio que había alcanzado en razón de la frecuencia y del interés social que
suscitaban las conferencias doctrin_arias de tantos intelectuales extranjeros y las
~esoluciones huelguísticas de los líderes anárquicos" (Vasseur, A. A., Infancia y
¡uventud. Montevideo, Editorial Arca, 1969, p. 74).

25. El Trabajo. Montevideo, 5-11-1901, p. l.
26. El Trabajo. Montevideo, 5-11-1901, p. 2 ("Ciencia y vicio").

21. El Trabajo. Montevideo, 21-11-1901, p. 1 (''El Círculo Internacional-Sigue la
clausura").
28. El Trabajo informaba en septiembre de 1901: "El Cúculo Internacional de
estudios Sociales nos comunica que pone sus salones a disposición de todos
los gtemios o sociedades que deseen celebrar reuniones (...)" (El Trabajo. Montevideo, 17-9-1901, p. 2. "El Círculo Internacional de Estudios Sociales-Ofrt.
ciendo su local gratis a los obreros").
Por su parte, Rojo y Blanco ofrecía frecuente cobertura gráfica de las reunio•
nes obreras celebradas en el Centro (véanse por ejemplo: 13·10-1901, p. 268.
"La huelga de cigarreros. En el Centro Internacional"; 20-10-1901, p. 278, "La
lucha obrera. En el Centro Internacional. Asistentes a las Conferencias. . .").
29. Tribuna Libertaria. Montevideo, 7-1-1902, p. 2 ("1901. Balance general del
movimiento obrero").
30. Los gremios en conflicto a lo largo del año fueron los de fideeros, panaderos,
obreros de la construcción del p_uerto de Montevideo, zapateros, conductores
de carruajes, molineros, cerveceros, pelloneros, cigarreros, cartoneros, curtidores, alpargateros, horneros, tranviarios, herreros, peones de barraca (Cfr.: Zubi·
llaga, Carlos y Balbis, Jorge, Historia del movimiento sindical uruguayo. Tomo
I: Cronología y Fuentes (hasta 1905). Montevideo. Ediciones de la Banda
Oriental, 1985, pp. 73/78).
31. El Trabajo. Montevideo, 2-11-1901, p. l. ("Movimiento obrero-Ecos de la huel-

�38

SigloXIX

ga de basureros").
32. Un ejemplo claro de esta situación lo ofreció el caso del argentino Pascual
Guaglianone, quien entre 1897 y 1902 desarrolló una intensa actividad en los
medios asalariados de Montevideo como conferencista, orador y periodista,
siendo objeto (en noviembre de 1901) de un atentado criminal cuyos autores
nunca fueron identificados por la policía local. Retornó por entonces a Buenos
Aires donde continuó hasta 1904 su labor agitativa, para pasar - como recordará
alguna vez- "a trabajar seriamente", ingresando al Ministerio de Instrucción Pública y dedicándose a la docencia. En esta carrera culminó su actuación como
Subinspector General de Enseñanza Secundaria y Profesor universitario en La
Plata y Tucumán, alejado de "todas las locuras que se hacen antes de echar la
muela del juicio" (según su propia confesión).
33. Et Derecho a la Vida. Montevideo, diciembre 1899, p. 2 ("La verdad en marcha").
34. Cúneo, Dardo, Anotación a "Puertas adentro", en Sánchez, Florencio, Teatro
Completo. Veinte piezas seguidas de otras páginas del autor compiladas y anotadas por Dardo Cúneo. 3a. edición. Buenos Aires, Ed. Claridad, 1964.
35. García Esteban, Femando, Vida de Florencio Sánchez. Con cartas inéditas del
insigne dramaturgo. Santiago de Chile, Ediciones Ercilla, 1939, p. 72.
36. La Razón. Montevideo, 2-12-1920 ("Autores uruguayos"."Creo que daremos
al mundo - dice el señor Edmundo Bianchi- nuestra gran cooperación artística").
37. Fueron ellos: El Derecho a la Vida (1898-1900), La .Aurora (1899-1900), El
Amigo del pueblo (1899-1900), El Libertario (1900), Tribuna Libertaria (19001902), Et Trabajo (1901-1902). La Rebelión (1901-1903), Vida Nueva (1902),
Tiempos Nuevos (1903), Futuro (1904-1905), El Combate (1905).
38. En 1900 dio a las prensas el trabajo de Kropotkin La anarquía en la evolución
socialista.
39. La Rebelión. Montevideo, 12-10-1902, pp. 23 ("Manifestación pro-Zola").
40. Pro-Zola. Número único. Montevideo, editado por el Centro Internacional de
Estudios Sociales (1902) (18 pp.).
41. Elueo Reclus. Homenaje. Montevideo, 1905 (original conservado en el lnternational instituut voor Sociale . Gechiedenis - Amsterdam ).
42. lbidem, pp.14/ 15.
43. Sánchez, Teatro Completo. ..• cit., pp. 503/504 (Cartas de un flojo. ll. No creo
en ustedes).
44. Et Trabajo. Montevideo, 16-9-1901,p. 2.
45 . Diario Nuevo. Montevideo, 28-1-1905, p. 2.
46. De este mitin, que convocó a más de 4 000 personas, participaron los dirigentes

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

39

argentinos Alfonso Grijalbo (anarquista) y Alfredo Palacios (socialista) (El Obrero. Montevideo, 11-3-1905, p. l).
47. Caras y Caretas. Buenos Aires, 15-5-1909.

48. Caras y caretas. Buenos Aires 23-10-1909.

�Condiciones de la Vida Material de los Sectores
Populares en Buenos Aires, 1880-1914

Leandro Gutiérrez*

El siguiente trabajo tiene como propósito describir y analizar algunos aspectos de la vida material de los sectores populares en la ciudad de Buenos Aires en los años que median entre 1880 y 1914. En Buenos Aires,
como en otras ciudades latinoamericanas, estos fueron años de profundas transformaciones en la sociedad en su conjunto y en los sectores populares en particular: fueron adquiriendo una dimensión antes desconocida y s.e fueron conformando sus actitudes y modalidades.
No obstante su relevancia, este acontecer histórico no recibió, hasta
hace pocos afios, un tratamiento equivalente entre los historiadores profesionales, que se orientaron más bien a efectuar la historia de gobiernos
y gobernantes antes que la de la sociedad. Sin embargo, desde otros campos del quehacer intelectual surgieron libros, folletos y diversos tipos de
publicaciones que sí tuvieron a algunas fracciones de los sectores populares como sujeto de sus análisis. Existen algunos trabajos paradigmáticos
~e marcaron ciertas orientaciones en obras posteriores- de los que conviene reseñar brevemente sus características para estimar sus logros y limitaciones.
En nuestro caso, y para el período que nos ocupa, son fundamental-

*Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos Aires,
Aigentina. Una versión inicial de este trabajo fue incluida en Revista de Indias, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Espafia), vol. XLI, 163-164, enero-junio
de 1981.

�42

SigloX/X

mente tres los textos que reúnen esas características.1 En primer lugar,
cada wto de ellos es producto dpl trabajo de dirigentes sindicales de los
distintos signos ideológicos (anarquismo, socialismo y sindicalismo) que
dominaron la escena en esos años formativos. Constituyen cada uno un
ferviente alegato en favor de sus posiciones, a la vez que una fuente de información de singular valor. No obstante esta fuerte diferencia, tanto las
fuentes utilizadas como las dimensiones recorridas son comwtes. Las
fuentes son los periódicos y actas de los congresos de diferentes organizaciones aunque, naturalmente, interpretados de manera distinta según
cada autor. En cuanto a las dimensiones analizadas, todos se ocupan casi
exclusivamente de la organización sindical, las ideologías dominantes y la
acción de protesta. Cabe señalar que estas orientaciones establecieron una
cierta tradición en los estudios posteriores: aún hoy historiadores y sociólogos profesionales continúan por esos caminos iniciales, aunque profundizando la información y aportando algunos nuevos conocimientos.
Pero para nuestros efectos la reseña efectuada tiene por objeto remarcar que importantes aspectos de la historia de los sectores populares no
fueron atendidos por esos textos y, tampoco, por quienes siguieron sus
lineamientos. Las condiciones de la vida material fue uno de ellos. Esta
particularidad parece compartirla nuestra historia con lo acontecido en
otros contextos. Eulalia María Lahmeyer Lobo sefiala idénticas situaciones para el caso brasileño cuando afirma:
Estos enfoques dejaron de lado aspectos ·fundamentales, tales como las condiciones de vida en general de la clase obrera y, en
particular, en la fábrica, las peculiaridades de la clase obrera en
función del proceso de transición de la artesanía hacia la manufactura y de ésta hacia la industria, y perjudicaron el hallazgo de
un método más adecuado de mvestigación.2

Las disgresiones precedentes tuvieron por objeto fundamental mostrar
wta de las causas de la legitimidad de emprender una investigación tendiente a esclarecer las singularidades de las condiciones de la vida material de los sectores populares, y tratar de hallarles alguna explicación. Pero, además de las carencias bibliograficas, existen otras de carácter más
teórico que incrementan tal legitimidad.

En primer término, los estudios sobre organización, ideoJogía y acción toman a los trabajadores instalados en su lugar de producción: espacio sin duda relevante para comprender su constitución como tales pero

L. Gutiérrez: Condicione, de vida populares en B. Airea

43

que deja al margen el lugar del consumo, donde también se articulan y estrechan componentes de tal constitución. Particularmente en contextos como Buenos Aires, donde por las características del mundo del trabajo ~
comparten más experiencias fuera del lugar de trabajo que en su propio
~no.
Este conjunto de experiencias compartidas se trasmutará en el proceso histórico en atributos de la cultura popular que permitirán a estos sectores, al mismo tiempo, identificarse y diferenciarse del resto del conjunto
social.
El conjunto de problemas que encierra el tema es muy amplio y alcanza desde algunos inmateriales y de muy difícil medición hasta otros
más claramente definidos,3 que indudablemente le corresponden. Los
tratados en este artículo corresponden a este último grupo: habitación y
vivienda son sin duda aspectos centrales de las condiciones de vida de los
sectores populares, particularmente en context~s de rápida urbanización.
Estas dos dimensiones procurarán ser analizadas con una proyección
más extensa que lo simplemente cuantitativo y, con ello, resolver el problema planteado por la vertiente de la historiografía que se detuvo particularmente en el análisis de los nive]es de vida obviando el problema de su cali-

dad.
En este sentido resulta de interés conocer los lineamientos de la discusión surgida en tomo al pr'oblema de los niveles de vida de las clases trabajadoras inglesas a comienzos de la Revolución Industrial. La diferenciación
existente entre ambas corrientes se tradujo o provenía del uso de determinadas fuentes y métodos de investigación. Así, quienes estudiaban fundamentalmente el nivel de vida emplearon el salario real como el indicador
más apropiado. Este indicador merece sm embargo algunas objeciones provenientes del mismo campo de los economistas que Taylor resume: 1) conciernen básicamente a los salarios y no a los ahorros; 2) no dicen nada acerca del desempleo; 3) no toman en cuenta los cambios en la distribución de
ocupaciones dentro de la economía; 4) no permiten ver las continuas variaciones en las necesidades y carencias como lo que se expresa a través de los
presupuestos familiares. Por otro lado, quienes se inclinan más por estudiar la calidad de la vida convienen en señalar que "se da el caso -el fenómeno es perfectamente posible- de que las medias estadísticas y las experiencias humanas lleven direcciones opuestas".4

�44

SigloXIX

El Buenos Aires de los años bajo estudio ofrece un estimulante campo
de análisis de esa divergencia. Aún aceptando totahnente el crecimiento de
los salarios reales, como lo demuestra para ciertos conjuntos de trabajadores quizá la única investigación realizada con esta perspectiva,5 las condiciones de habitación, salud y alimentaciór{, la incertidumbre laboral y los
trastornos y frustraciones de numerosos inmigrantes desesperanzados parecen haber sustraído parte de las ventajas posibles de obtener con mayores
recursos monetarios. La pieza de conventillo* ~e habrían podido pagar
no sólo confinaba a los trabajadores arribados a Buenos Aires a un clima de
insalubridad y hacinamiento semejante quizá al que dejaban atrás, sino
que también los obligaba a reestructurar relaciones familiares y crear, no
siempre con éxito, nuevos sistemas de solidaridad.
Algunos problemas semejantes podrían plantearse en el campo de la
alimentación. No parece suficiente demostrar que se podían adquirir alimentos sino también preguntarse por su calidad cuando, en parte por problemas derivados del mismo crecimiento urbano, su adulteración era un
hecho frecuente. Y la elaboración afinada de esos alimentos era imposible
por las características de la vivienda y el pobre instrumental doméstico
existente.
Finalmente es preciso indicar que las fuentes utilizables no son muy
abundantes, aunque tampoco escasas. Existen presupuestos familiares tp1e
no son muy frecuentes y que merecen un análisis minucioso. Hay informaciones de periódicos y ensayos parciales sobre algunos temas conexos; y las
tesis universitarias referidas a las condiciones de los sectores populares y a
problemas de consumo de bienes básicos para mejorar la vida, son abundantes y utilizables. De cualquier manera, el tratamiento de la cuestión
exige gran versatilidad en el empleo de fuentes puesto que, como afinna
Kula,
el sistema de consumo se halla ligado a todos los elementos de la
vida social. Necesita ser analizado en su más amplio contexto y

sobre la base de fuentes documentales más diversas. No es posible abandonar la tarea cuando no existan presupuestos familiares
o datos cuantitativos. Los ritos populares, los proverbios, las diversas metáforas, etc. : . todo ello es susceptible de abrimos camino hacia el examen de unos problemas humanos trascendentales.6

*Nota del Editor: véase la definición de conventillo brindada por el autor y la descripción de Eduardo Wílde en el apartado dedicado a vivienda.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Air.es

45

BUENOS AIRES ENTRE 1880 Y 1914
La República Argentina inició hacia 1880 ~ pro~ que hab~a de concluir con su incorporación plena a la econom1a mundial como pais p~o~uctor de alimentos. Fue una inserción dependiente a un mercado capitalista
desarrollado facilitada por agentes externos, capitales y mano de obra, e
internos, como la disponibilidad de tierra abundante para la expansión de
las actividades agropecuarias productoras de bienes exportables.
Entre 1880 y 1914 el crecimiento de la población, el intercambio comercial y la renta por habitante fueron notables. Junto al desarrollo de las
exportaciones fue reordenándose la estructura pr~uctiv~ interna en fa_vor
de rubros más modernos que los cueros, lanas sucias, tasaJO y otros art1culos de escasa elaboración, que constituían las anteriores listas de productos
negociados con el exterior. Las importaciones también aumentaron en
estos años. Su composición incluía el capital y materias primas para manufacturas locales. Las inversiones externas, particulannente británicas, se
volcaron, en una primera etapa, hacia los préstamos al gobierno bajo_~ersas formas. Luego de la retracción de inversiones siguiente a la c ~ de
1890 se reiniciaron en los primeros años del siglo XX con una nueva onentació~: ferrocarriles, compañías de tierras, bancos y frigoríficos fueron, a
partir de entonces, quienes se beneficiaron.
El crecimiento de la población fue acelerado y basado en la incorporación de migrantes europeos, especialmente italianos y españoles. El total
de habitantes pasó de 1 836 490 en 1869 a 3 955 060 en 1895 y 7 ~5 237
en 1914. La expansión territorial constituyó el factor interno que, J?nto a
los señalados, permitió la incorporación del país al mercado mun~al. La
conquista y ocupación de tierras inexplotadas modificaron sustantivamente la extensión de las áreas cultivadas.7
Así como factores internos y externos contribuyeron a la expansión
final resultante, agentes de igual carácter influyeron para que _en su proceso
se registraran etapas diferentes de distinto signo. Para el periodo que estudiamos se encuentran por lo menos tres:

a) La década de 1880 hasta la crisis de 1890, durante la cual ~ubo u~ elevado saldo inmigratorio positivo, crecimiento del comercio extenor Y
de las inversiones de capital británico en la Argentina.

�46

SigloXIX

/,. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

b) Desde la crisis de 1890 hasta los primeros a.fios del siglo XX, en que e)
ritmo de ingresos de migrantes externos disminuyó y se interrumpió el
flujo de capitales.
c) A partir de los primeros a.fios de la centuria y hasta 1913, en que se retoma la expansión de la inmigración, con afluencia de capitales y de
inversiones en infraestructura.
El carácter exportador del modelo económico trajo como consecuencia el crecimiento rápido de la ciudad de Buenos Aires: lugar de embarque
de los productos y de arribo de la mano de obra, se instaló en ella una parte considerable de la población y de la red de comercialización. Es preciso
agregar que su carácter de capital y centro administrativo del país. contribuyó a tal crecimiento, al tiempo que la necesidad de procesar, por lo menos en parte, algunos de los productos exportables y el auge de la demanda
urbana misma, decidieron la instalación de establecimientos de transformación de cierta magnitud y una considerable cantidad de pequeños talleres manufactureros.

CRECIMIENTO DE LA POBLACION Y LA OCUPACION (1869-1914)

1869 .•.......
1887 .........
1895 .........
1904 ...... .•.
1909 ........•
1914 .........

1

Población P.oblación
total
ocupada Argentinos ºlo Extranjero@ º/o
177 787
433 375
663 854
950 891
1 231 698
1 575 814

98 723
203 272 54 607 26.9
305 124 84 500 27.7
406 681 141 443 34.7
641944 254 019 39.6
792 361 279 678 35.3

La incorporación de nuevos espacios modificó el tamaño del radio urbano donde, además, se realizaron diversas obras de mejoramiento. Las distancias interurbanas se acortaron con la instalación progresiva de vías de
tranvías que dibujaron una apretada malla. Naturalmente, el crecimiento
de la población total resultó acelerado y, simultáneamente, se e~p~dió la
ocupada. El cuadro I permite apreciar una y otra cosa como, asmusmo, la
participación de los extranjeros.

Una información más desagregada de esta población empleada puede
verse en el cuadro II. Muestra, en primer lugar, el mantenimiento, en l~eas
generales, de una cierta distribución de las ocupaciones d~nde_ predo~an
las actividades de servicios, junto a otras con denommac1ones mas o
menos estereotipadas que no permiten una clara diferenciación en ténninos de relaciones de producción. Es decir, no sabemos cuantos de ellos son
trabajadores dependientes con relación salarial definida, y cuántos especi~listas con algún grado de autonomía. De cualquier manera, para los prop~
sitos de la investigación, esta diferenciación no parece ser un dato decididamente significativo: ambos conjuntos forman parte sin duda de los
sectores populares, cuyas condiciones materiales constituyen el objetivo
de la investigación.
LA VIVIENDA

CUADRO 1

Afio

47

148 665
220 634
265 538
387 925
512 683

73.1
72.3
65.3
60.4
64.7

FUENTES: Censos Nacionales de 1869, 1895 y 1914.
Censos Municipales de 1887, 1904 y 1910.
Scobie, Buenos Aires, del centro a los barrios, 1870-191 O, citado.

Las condiciones de habitación de los sectores populares en el período
8
estudiado pueden dividirse, como lo ha hecho Yujnovsky, en dos etapas
definidas: la) 1880-1900, cuando predomina el conventillo; 2a) 19001914, en que el conventillo se reduce parcialmente y se difunde el asentamiento periférico.
Los conventillos eran viviendas colectivas donde alquilaban habitaciones los trabajadores. Las mismas se caracterizaron por sus condiciones de
habitabilidad deficientes en extremo, por la ~arencia usual de un número
de baños suficiente, carencia de cocinas, aire e iluminación poco adecuados, etc. Los testimonios de contemporáneos son probablemente los aportes más precisos para su conocimiento. Algunos de ellos provienen de destacados hombres públicos que, sensibles a lo crítico de la situación, emprendieron campañas para su mejoramiento. Eduardo Wilde, por ejemplo,
describía en 1893:
No trataremos de las casas de las personas bien acomodadas o que
tienen una mediana posición; hablemos de lo que son las casas de
inquilinato para los pobres.

�48

Siglo XIX

L. Gutié"ez: Condiciones de vida populares en B. Aires

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En est.as condiciones vivía una cantidad de personas cuya magnitud fue
considerable como puede observarse en el cuadro III.

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No sé si todos las conocen.
Yo, por mi profesión, me veo obligado muchísimas veces a penetrar en ellas, y tengo ocasión de observar lo que allí pasa.
Un cuarto de conventillo, como se llaman esas casas ómnibus, que
albergan desde el pordiosero hasta el pequeño industrial, tiene
una puerta al patio y una ventana, cuando más; es una pieza cuadrada de cuatro metros por costado, y sirve para todo lo siguientes: es la alcoba del marido, de la mujer y de la cría, como dicen
ellos en su lenguaje expresivo; la cría son cinco o seis chicos debidamente sucios; es comedor, cocina, despensa, patio para que
jueguen los niños, sitio donde se depositan los excrementos, a lo
menos temporalmente, depósito de basura, almacén de ropa sucia
y limpia si la hay, morada del perro y del gato, depósito de agua,
almacén de comestibles, sitio donde arde de noche un candil, una
vela o una lámpara; en fin, cada cuarto de éstos es un pandemónium donde respiran, contra las prescripciones higiénicas, contra
las leyes del sentido común y del buen gusto y hasta contra las
exigencias del organismo mismo, cuatro, cinco o más personas.
De manera que si hubiera hecho algo con el propósito de contrariar todos los preceptos higiénicos, al hacer un conventillo, no se
habría acertado mejor.9

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49

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•1

Naturalmente estos indicadores resumen situaciones de diferente orden. En efecto , la distribución de los conventillos fue desigual dentro de
la ciudad: se nucleaban más en algunas secciones que en otras, como lo informan tanto los datos censales como las fuentes cualitativas. 10 . El mayor número de conventillos por extensión se registró en las áreas centrales
de la ciudad donde, como lo señala el comentarista del censo municipal de
1887, se concentraban las fuentes de ocupación de los habitantes de los
. .
11
mismos.
También se registraban diferencias en lo relacionado al porcent.aje de población habitante de los inquilinatos respecto del total de
la población. Existieron barrios do~de la población habitante de los mismos llegaba al 40%, como por ejemplo La Boca. Los del centro de la ciudad, por la razón anteriormente apuntada, agrupaban una porción considerahle de la población, entre un tercio y un cuarto, en estas deterioradas viviendas.
Durante el subperíodo 1880-1900 los barrios más alejados, como
Belgrano y Flores, casi no contaban con este tipo de viviendas.

�50

SigloXIX

L. Gutiérrez: Condicione, de vida populares en B. Aires

51

El promedio de personas por cuarto para toda la ciudad escondía
asimismo realidades diferentes. Ciertamente muchos albergaban sólo a un
matrimonio con sus hijos o un número de personas cercano al promedio.
Pero eran numerosos los casos, como los que da noticias Scobie, donde la
aglomeración era sensiblemente mayor al promedio. En efecto, cuartos de
conventillos donde vivían ocho o más personas no eran infrecuentes. Así,
por ejemplo:

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El conventillo de la calle Salta 807 tiene ocho piezas habitadas
por 48 personas. En el cuarto número 5, de 5 varas por 6, dormía
un matrimonio, una niña de quince años y seis hombres. En la
pieza número 2, de 5 por 5, dormía una mujer, cuyo marido estaba en el lazareto, y cinco hombres más. Dos cocinas albergaban
once hombres y la pieza número 7 a seis hombres más.
Algunos años después, en una sorpresiva visita nocturna a los conventillos de La Boca, el jefe de servicio de salud pública encontró habitaciones en las cuales dormían doce personas. 12

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CONVENTILLOS EN EL CENTRO DE LA CIUDAD (1887-1904)

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Número de
habitantes
en conventillos

/o Total
población
en el centro

º/o Total
población
en conven
tillos

188 7 (distritos
Hi)

877

30.9

35 277

32.5

30.3

1904 (distritos
13-14)

647

26.3

34.790

26.8

25.2

::,

~

FUENTE: Scobie, citado, cuadro 5.

�52

Siglo XIX

También respecto a las características de la construcción de las casas convertidas en conventillos el dato global oculta diferencias. En los barrios
centrales lo predominante lo constituían las casas de material de construcción antiguas, a muchas de las cuales se les habían agregado instalaciones
más precarias con el objeto de obtener mayores beneficios con su arrendamiento. En otras secciones de la ciudad, especialmente en el barrio de La
Boca, lo dominante eran las construcciones de chapa y madera sin mejoras atenuantes del frío o el calor.

Las diferencias apuntadas no anulan las semejanzas, vale decir lo que
era común a todas estas viviendas. En primer término, las nacionalidades
dominantes. No es extraño que en una ciudad que creció por la incorporación de trabajadores inmigrantes, el grueso de la población habitante de
estas barracas, además de trabajadores, fuesen extranjeros. En el año 1887
la proporción de extranjeros inquilinos para toda la ciudad era del 66%.13
En verdad, aunque se hallasen casas donde una nacionalidad prevalecía, en
la mayoría de ellas la plurinacionalidad se reiteraba.
Luego, las condiciones de habitabilidad. Las casas construidas o adaptadas para conventillos carecían en mayor o menor medida de elementos
necesarios para una vida confortable. Los extremos de aquella casa con
300 habitantes, con sólo seis llaves de agua, dos baños - que los menores
de diez a catorce años no podían usar- y tres mecheros de gas para alumbrar todo el edificio, parecen poco corrientes. 14 Sin embargo, fue característico que sólo tuvieseil una puerta como única comunicación al exterior
y logar de entrada de aire y luz. La falta de duchas, canillas y baños fue
constante a pesar de las disposiciones municipales reglamentarias. 15

La preparación de las comidas se realizaba habitualmente en braseros

de carbón colocados a la entrada de las habitaciones, ya que las piezas no
poseían cocinas individuales ni el conventillo las tenía comunes. El equipamiento doméstico era por demás escaso probablemente porque los ingresos no eran suficientes para mejorarlo pero, además, porque el tamaño de
las habitaciones no lo permitía. El espacio en ellas estaba ocupado fundamentalmente por personas. El activo en moblaje lo formaban habitualmente una cama, una mesa, alguna silla, a veces un lavatorio, aunque generalmente el aseo personal se efectuaba fuera de la habitación, en algún
recipiente sencillo. Estaban también los que los contemporáneos llamaban
"los efectos morales" derivados de la convivencia en un único ambiente de

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

53

matrimonios con hijos de diferente sexo y edades, de adultos no emparentados con menores y adolescentes.
El hacinamiento y las malas condiciones de habitabilidad de los edificios hicieron de la vivienda popular un foco de generación y difusión de
enfermedades infecciosas, epidémicas y otras relacionadas con las carencias que apuntamos. Médicos preocupados por la higiene pública, funcionarios de la administración, estudiosos, dirigentes de organizaciones populares diarios del origen más variado y otras fuentes dan cuenta de este fe,
·
•
16
nómeno que no es menos grave por ser conocido.
El rápido crecimiento de la población y el no igualmente rápido de la
vivienda provocaron el hacinamiento.
El costo de la vivienda tuvo significativa incidencia en los gastos de la
familia trabajadora. Las estimaciones de los contemporáneos, aceptadas
posteriormente, lo ubican entre el 20% y el 30% del gasto total. Cortés
Conde obtiene un 22% promediando presupuestos de diferentes años entre 1897 y 1918.17 Asimismo el costo del alquiler consumía una parte importante del salario. Esta participación tendió a crecer en la década de 18801890. Posteriormente, en la siguiente, podría haber descendido en términos nominales. "Sin embargo, el dato para 1896 indicaría que se habría
· ºdenc1a
· sobre el salario
. " . 18
mantenido o incluso aumentado la mc1
El crecimiento notable del número de conventillos ocurrió entre 1880
y 1890, disminuyendo luego para alcanzar los anteriores niveles nuevamente en 1904. El movimiento está estrechamente vinculado a las fluctuaciones en el saldo inmigratorio y a los ciclos de la economía en su conjunto.
De cualquier manera, en la última etapa las condiciones de la vivienda mejoraron no tanto porque los edificios donde se agrupaban los trabajadores
hubieran cambiado sustancialmente, sino porque la difusión del servicio de
aguas corrientes, cloacas, recolección de desperdicios y otros mejoraron la
higiene pública, particularmente en los barrios céntricos de concentración

de la vivienda popular.
En los años que siguieron a 1900, hasta 1914, hubo cambios que permiten diferenciarlos del anterior período. En primer lugar se redujo el porcentaje de ocupantes de los conventillos sobre el total de la población. Por
otro lado, un conjunto de circunstancias favorecieron la descentraliza-

�54

SigloXIX

ción de la población y la adquisición de lotes de tierra urbana, donde luego _se construiría, o de casas construidas por parte de los trabajadores que
meJoraron de esta manera sus condiciones de vivienda. Los conventillos
continuaron existiendo en el centro de la ciudad.

El proceso de traslado de la población basado en la adquisición de la
propiedad de lotes de tierras periféricas fue posibilitado por algunas circunstancias concurrentes: a) electrificación de la red tranviaria que acortó
las distanc~as entre los barrios alejados y los lugares de trabajo, y abaratamiento de las tarifas del transporte por ese medio; b) incorporación al
mercado de tierra urbana que, fraccionada, se ofrecía a precios accesibles
Y con facilidades de pago; c) nuevo ciclo de auge de la economía nacional
con cierta estabilidad monetaria.
Durante estos años, hasta 1910 aproximadamente,19 " ... la adquisición de un pequeño lote y de una casa modesta estuvieron al alcance del
obrero especializado, del artesano o del empleado de Buenos Aires".20
Esta situación, al desagregarse, muestra que " . . . han quedado en
los conventillos las capas de población de menores recursos, sin ingresos
suficientes para el acceso a -la propiedad inmobiliaria",21 y que eran los
italianos los mayores adquirentes en el anillo periférico.

No parece haber duda que en esta etapa hubo una modificación favorable en la cuestión vivienda de los sectores populares. De cualquier forma,
persistieron algunos problemas relacionados con el tipo de servicios colectivos ejecutados usualmente por alguna instancia del Estado. Muchos de
los terrenos en que se asentaban las nuevas viviendas eran anegadizos, sin
obras que resolvieran el drenaje de las aguas. Tampoco le alcanzaban las
extensiones de agua corriente ni los servicios cloacales.22 Allí los problemas de morbilidad consecuentes con el conventillo habían desaparecido
en lo que hace a la propagación, ya que el hacinamiento difusor de enfermedades cedió terreno con la vivienda aislada. Lo que, en cambio, no
se solucionó fue la persistencia de enfermedades infecciosas y gastrointestinales derivadas, sobre todo, de la utilización de aguas con~inadas,
provenientes de pozos cercanos a sumideros o de las compradas a aguadores sin condiciones de higienización suficiente.
Otro problema preocupaba por lo menos a los inspectores del Depar-

L. Gutiérre~: Condicione, de vida popularu en B. Aire,

55

tamento Nacional del Trabajo y seguramente también a los sectores populares: el tamaño de la vivienda.
En la vivienda del obrero inglés -decía el Boletín del Departamento Nacional del Trabajo- predomina el tipo de 4 y 5 piezas,
en el alemán de 3 piezas y en la del francés 2. Entre nosotros la
vivienda de una pieza predomina con 70 por 100, alcanzan las de
2 piezas a 24 por 100 escaso y el tipo de tres y más piezas, que
numéricamente da el 6 por 100, es en realidad parir el obrero desconocido.23
Todavía en 1919 la mitad de las familias obreras vivía en una pieza y el

38% en dos.24

No hay ninguna duda de que el crecimiento de la población y, consecuentemente de la demanda de vivienda, abrió la posibilidad de obtener
grandes beneficios a los propietarios urbanos. Esta posibilidad estuvo favorecida por la acción del Estado, que no intervino en el funcionamiento del
mercado de vivienda.25 Los poderes públicos, nacionales o municipales, se
abstuvieron de iniciar cualquier acción significativa tendiente a mejorar
la situación habitacional de los sectores populares. Es cierto que hubo algiinos intentos provenientes en primer lugar de los poderes municipales,26
pero o sólo fueron iniciativas o tuvieron poca extensión sea en cuanto al
número de viviendas construidas como a los grupos que pudieron favorecerse con ellas. El análisis de la política estatal ha demostrado que la ideología liberal dominante fue la que orientó su no participación en el mercado de vivienda, dejado, en consecuencia, libre para la acción de la actividad privada (favorecida y estimulada a su vez por diversos mecanismos).
Si bien el Estado no mostró preocupaciones por solucionar la vivienda del trabajador, sí las tuvo por los problemas que la mala vivienda podía ocasionar al conjunto de los sectores sociales. Esto determinó que se
dictasen nonnas municipales tendientes a disminuir en lo posible, y sin
afectar los mecanismos del mercado, los perjuicios de las viviendas insalubres: la mayor parte estuvo orientada contra la proliferación de gérmenes
e insectos portadores, y se originó y reactivó en períodos epidémicos.
Otras disposiciones eran más puntuales y obligaban a denuncíar los casos
de enfermedades cuya propagación era incontenible si no se procedía a un
rápido aislamiento del afectado. La viruela mereció especial atención en
este sentido.
Todas estas disposiciones fueron frecuentemente eludidas. Periódicos

�56

Siglo XIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

57

e instituciones daban cuenta frecuente de ello y de los mecanismos con
los que se eludían las posibles infracciolies y las sanciones de la autoridad
de aplicación. En última instancia, el medio que el Estado empleaba para
proteger la salud pública amenazada por estas viviendas y sus habitantes
era su desalojo. Casi a diario los periódicos y otras fuentes informaban sobre estas acciones.27 Pero al margen de la efectividad que se haya observado en el cumplimiento de las ordenanzas, importa señalar que siendo el
cuidado de la higiene pública su principal objetivo, poco se cuidaba la
situación de los habitantes de las casas desalojadas. La fuerza era el
instrumento empleado frecuentemente contra inquilinos de viviendas
cuyos propietarios no realizaban las mejoras obligadas, simplemente porque usaban intensivamente su capitaI.28

dieron construir allí su vivienda, en medio de un ciclo de auge de la ec9nomía y de estabilidad monetaria que permitió la adquisición y construcción
financiada. Esto pudo haber significado un mejoramiento en las condiciones de la vivienda popular a pesar de no alcanzarles las obras de mejoramiento urbano y sanitario. También habría representado un proceso de
diferenciación al interior de los sectores populares, donde los nuevos propietarios se distingu Ían de los que nada poseían. Estos últimos continuaron viviendo en los hacinamientos de los antiguos barrios que, sin embargo, habían mejorado relativamente con la extensión de los servicios de
aguas corrientes, cloacas, pavimentos, barrido de calles, etc., aunque no en
todas las zonas por igual, dado que algunas, como La Boca, no perdieron
sus carencias.

Por otro lado, mientras la oferta de viviendas no crecía al ritmo de la
demanda, y la casa Ómnibus, con gran concentración de población, era
la alternativa habitacional (por el costo del alquiler) para los sectores populares, los desalojos no conseguían otra coas que desplazar el hacinamiento de un lugar a otro, con lo cual el propósito de mejorar las condiciones de higiene pública volvía a quedar insatisfecho. Esta paradoja, ya
señalada por los contemporáneos, ha sido retomada por los estudiosos
actuales.29

Algo, con todo, se mantuvo inalterable y fue el costo de la vivienda.
"El alquiler en la Capital Federal -decía el Boletín del Departamento Nacional del Trabajo en 1912- es mucho más elevado que en otras partes del
mundo y pesa mucho más sobre el inquilino que en los países europeos y
más que en las ciudades norteamericanas ".30 Para los que habían adquirido
ai parcela el precio de las cuotas pesaba de igual manera y los obligaba a
serias restricciones en otras áreas del consumo.

En síntesis, el rápido crecimiento de la población de Buenos Aires
durante los treinta años recorridos no fue acompañado por un proceso
semejante en el parque de vivienda. Consecuentemente, viejos edificios y,
en medida mucho menor, otr.os construidos al efecto, constituyeron la
habitación de los sectores populares. En ellos se agruparon en condiciones deficitarias: al elevado número de personas por habitación se agregó
la insuficiencia de instalaciones confortables dentro (falta de baños, cocinas y llaves de agua) y fuera (cloacas, pavim.entos, drenajes, etc.) de la casa. Los poderes públicos nada hicieron por mejorar la situación de la vivienda de los trabajadores en los conventillos. Se ocuparon, sí, de los aspectos en que la mala vivienda se vinculaba con la higiene pública. El
éxito de esta preocupación estuvo limitado fundamentalmente por la paradoja señalada.
Estas condiciones, sin embargo, no fueron iguales a lo largo de todo
el período. En los últimos diez años, particularmente, hubo una expansión
hacia los suburbios basada en la adquisición de la propiedad privada de tierra urbana en lotes que fueron reduciendo su tamaño. Los trabajadores que
participaron en este proceso, los de mejores y más estables ingresos, pu-

A pesar de estas circunstancias adversas, son escasos los hechos colectivos en relación al problema de la vivienda. Un movimiento de protesta de
alguna magnitud tuvo lugar con la " huelga de inquilinos" de 1907 que, si
bien se extendió por la ciudad y tuvo repercusión amplia y aún reconocimiento de su justeza por parte de agentes del Estado, no pudo provocar
modificaciones definitivas en lo que constituían sus demandas. 31 Ciertamente, a partir de entonces los partidos políticos más sensibilizados con
las preocupaciones populares propiciaron cambios en las políticas públicas
Y privadas respecto de la vivienda; poco es lo que se obtuvo, sin embargo,
salvo la definición más explícita de parte de los sectores dominantes en favor de la no intervención del Estado en la materia.32 Los sectores populares, por último, tampoco organizaron instituciones destinadas a solucionar
colectiva y autónomamente el problema. El único conocido y exitoso, una
cooperativa de crédito, requería para poder utilizar sus ventajas la posesión
de un cierto capital inicial y la capacidad de amortización del préstamo. El
campo de beneficiarios se limitó, consecuentemente, a los trabajadores de
mejores y regulares ingresos.

�58

SigloXIX

ALIMENTACION
En la Argentina no existen estudios sobre la cuestión de la alimentación
que permitan observar qué tipo de modificaciones resultaron, por lo menos coetáneas, al proceso de urbanización e incipiente industrialización registrado en la ciudad de Buenos Aires para el período en análisis. Obviamente no pueden hacerse inferencias sobre si la inserción de los migrantes
en el ámbito urbano en formación provocó desajustes en su dieta alimentaria.
Sería deseable llegar a conocer con certeza, por lo menos, dos circunstancias: la composición de la canasta de consumos alimenticios en diferentes años, y la relación entre el tipo de alimentación en el país de origen y
la consumida en la ciudad de Buenos Aires. Sin duda alguna, la primera
cuestión, junto con la posibilidad de plantear algunas hipótesis referidas a
si la dieta satisfacía o no los requerimientos de la recuperación cotidiana
de la fuerza de trabajo, parece más probable de resolver que la segunda,
que exigiría de un trabajo comparativo con los países de origen inmigratorio, en particular Italia y España.
En el estudio de los problemas de alimentación en la ciudad de Buenos
Aires debe tenerse en cuenta por lo menos dos características importantes:
1) la ciudad era, y es, el nudo central de un país exportador de alimentos,
en particular carne y cereales; 2) no contaba con una estructura industrial
importante productora de los alimentos requeridos por una población en
rápido crecimiento. Buena parte de los productos alimenticios, en consecuencia, provenía de la importación.
En líneas generales puede afirmarse que el precio de los alimentos en
d período estudiado, habida cuenta de fluctuaciones, mantuvo una tendencia a subir .33 Este crecimiento parece vincularse fundamentalmente
al registrado en los precios de los principales productos componentes del
gasto en alinfentos en la población: la carne y el pan.34 A ellos puede
sumarse la leche, otro artículo significativo en la dieta popular.
La carne fue, a diferencia de lo ocurrido en otros contextos, un con91mo habitual y abundante en la ciudad de Buenos Aires. Naturalmente,
se combinaba con otros productos para constituir el alimento cotidiano,
pero la incidencia de los mismos era decididamente menor a ella.35 El
consumo de carne por habitante en la ciudad, según las cifras de que se
dispone, fue siempre superior a los 100 kilogramos por año, llegando en .
oportunidades a 180: a formarlo concurrían las carnes vacunas, ovina y

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

59

porcina, aunque en diferentes proporciones, alcanzando la primera de ellas
d 85% del total. "La abundancia y el precio de la carne son legendarios
, un VIaJero
..
·
ali1,..."d
, ec1a
en 1888.36 El testimonio
de un europeo daba
cuenta de las diferencias de cantidades registradas entre las ciudades de su
continente y las que observaba en la rioplatense. De cualquier manera,
d problema de la carne estuvo presente desde los años iniciales del período
dado que las variaciones en el precio y, luego, en el consumo, preocuparon
a los habitantes de Buenos Aires alejados de las ventajas comparativas.
Ya en 1880, a continuación del conflicto armado que decidió la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la constituyó en capital de la
nación, un incremento en el precio de las carnes agravó la situación de los
habitantes de un medio enrarecido en todos sus aspectos por efectos de
37
la guerra. Aunque parecía que la coyuntura bélica era la responsable del
aumento registrado, el mantenimiento de los niveles alcanzados obligó a
buscar los motivos en otros lados. ''Hemos tratado de inquirir las causas
de este grave inconveniente -decía La Prensa- y no se nos ha podido explicarlas".38 El hecho fue de tal significación que provocó pequeños tumultos protagonizados por "gente de modesto vivir" en una ciudad que
desconocía las manifestaciones de protesta por el precio de los alimentos.39
Al tiempo que continuaban las conjeturas en relación al posible ori-

gen del fenómeno, la mayoría de las cuales pasaban por atribuir la responsabilidad a los comerciantes minoristas, se ofrecieron alternativas para
su solución que informan sobre las orientaciones e intereses de sus proponentes. En efecto el Cluh Industrial -una institución que reunía a propietarios de la incipiente manufactura urbana y apreciaba acciones estatales que favoreciesen el desarrollo de sus actividades- proponía un control
más estricto en la formación del precio y la intervención municipal en la
comercialización de la carne. Sin duda a este sector le preocupaba seriamente el aumento del costo de la vida y las consecuencias previsibles en
té~nos de los salarios, sobre todo en una etapa histórica donde el capitalJSta no estaba muy alejado de sus trabajadores.40 Desde otra perspectiva, el diario La Prensa, vinculado estrechamente al liberalismo económico
propiciaba como medio necesario para producir un abaratamiento dei
precio no el control por parte de las autoridades sino, por el contrario, el
mejoramiento de los mecanismos de mercado libre y de los métodos de comercialización. La propuesta reclamaba un mayor número de bocas de expendio, atacando la concesión de radios privilegiados a los constructores de
mercados, y el abastecimiento de la venta, a precio libre, por unidad de pe-

�60

SigloXIX

L. Gutiérrez:: Condiciones de vida populares en B. Aires

so y no a destajo (por pieza, como era y siguió siendo el método habitual a
lo largo de los treinta años). 41
Dado que el problema continuó subsistiendo, la autoridad municipal
intervino aunque no con medidas directamente vinculadas al precio. En
efecto, al tiempo que se disponía efectuar una investigación en tomo a la
posibilidad de la existencia de especulación abusiva en el abastecimiento de
carne y pan, se suspendieron algunos impuestos y se facilitó el traslado de
animales solicitando la cooperación de las compañías ferroviarias en el
abaratamiento del flete. 42
0

Ninguna de las medidas adoptadas fue efectiva. Tampoco prosperaron
intentos de consignatarios que ofrecieron carnes de cordero a precios menores,43 o la de crear carnicerías cooperativas "imitando a las de Europa"
donde los suscriptores adquirían carne a precio de costo.44 Lo que se había presumido de importancia capital para ordenar el mercado y disminuir los precios, la venta por peso y no por pieza, no resultó cierto: los
precios se mantuvieron elevados aún donde se efectivizó la norma.
Probablemente las causas fuesen otras. El ofrecimiento de un introductor de ganado de proveer carne a la ciudad a un precio sensiblemente
menor al corriente volvió a hacer pensar en la especulación como origen ele
los trastornos. En este punto se enfrentaban comerciantes por mayor y al
menudeo en la atribución de responsahiliclades.45 1880 transcurrió sin que
se hallasen soluciones aceptables y, por las noticias recogidas, la inquietud
persisitió en años siguientes aunque sin alcanzar niveles críticos. La descripción del suceso tiene importancia, sin embargo, porque aparecen todos
los actores involucrados de allí en más en torno a la cuestión de la carne:
consumidores, comerciantes en toda su gama y poderes públicos y algunas
instituciones que, como la red ele intermediación, se convertirán en objeto
sistemático de la acusación.

61

pal que lo comparaban con datos de las ciudades europeas.47 La comparación denunciaba una posición favorable a Buenos Aires en cuanto a la cantidad. Nada decía, en cambio, del problema de la calidad, que ya se insinuaba con una relación inversa. Los primeros cuatro años del siglo XX
mantuvieron tales características, aún teniendo en cuenta el alerta que hacía el Anuario Estadístico de la Municipalidad de Buenos Aires en tomo a
las importantes cantidades de carne que, figurando como consumidas en la
ciudad, eran embarcadas para alimento de tripulaciones y pasaje de las embarcaciones salidas del puerto.48
En cuanto a los precios, en los primeros años del siglo volvieron a
elevarse. Las fuentes municipales dan cuenta de este proceso y salen al paso de quienes atribuyen su existencia a los impuestos. 49 Es claro que el
aumento del precio de los alimentos parecía más generalizado, al punto
de motivar estudios acerca del encarecimiento de la vida.50 Los datos que
poseemos dan cuenta, asimismo, de la reducción del consumo anual por
habitante. Aunque las fuentes oficiales se inclinan en alguna oportunidad
a explicarlo por presuntas fallas estadísticas, el consumo medio durante
la primera década disminuyó respecto de fines de] siglo XIX. Algunos otros,
en cambio, atribuían al aumento de los precios la retracción de] consumo:
La disminución que se observa en el consumo del principal producto de alimentación - se afirmaba en 1914- no es sólo del año
que estudio, sino también de los anteriores y provienen sin duda
alguna del encarecimiento que ha tenido la carne procedente de
los animales bovinos y ovinos y de las dificultades para la vida que
se anotan como resultado de las perturbaciones económicas que
pasa el país.51

Lo cierto es que hacia 1912 el Boletfn del Departamento Nacional del Trabajo daba cuenta de la alarma por el precio alcanzado, semejante al de al-

Los primeros tiempos posteriores a la crisis de 1890 observaron· también un fuerte incremento en los precios, pero en esta oportunidad sí se
pusieron en marcha recursos por parte del poder municipal para detenerlo.
Se distribuyó carne gratuita a los necesitados y fuertes controles de precios fueron implantados,46 destinados seguramente a aliviar tensiones sociales en medio de una situación conflictiva y amenazante.

gunas ciudades europeas y mayor que los vigentes en Estados Unidos e
Inglaterra, a pesar de ser este último importador de carnes argentinas. Justamente el papel del mercado externo en una economía abierta aparecía
ahora como una de las causas probables del encarecimiento del producto.
La demanda externa provocaba no sólo tal elevación de precios sino, también, la desmejora relativa del animal dedicado al mercado interior que, sin
embargo, costaba más por efecto de las inversiones en el mejoramiento de
planteles destinados a la exportación.52

El consumo anual de carne por habitante continuó siendo elevado en
la década de 1890, y alegraba a los compiladores de la estadística munici-

Además de esta circunstancia se observaban también las características de la estructura de la oferta. El exceso de intermediación seguía sub-

�62

SigloXlX

sistiendo y era, para algunos analistas, el factor decisivo en la determinación del precio y su crecimiento.53 El argumento sostenía que el monto
de las ventas que esos pequeños comercios alcanzaban no satisfacía márgenes de utilidad aceptables sino con precios comparativamente altos. Y
estos pequeños comerciantes, que no comerciaban sino media o una res
por día, er~ numerosos. A ellos se agregaban carniceros ambulantes.54
Existían otras circunstancias que contribuían al aumento de los precios. Una de ellas era la venta por piezas y no por unidad de peso. Obtener la adopción de este sistema que permitía una menor arbitrariedad en la
negociación constituía un antiguo intento de las autoridades. No obstante
la existencia de disposiciones en ese sentido, todavía a finales del período
que estudiamos continuaban las ventas con un sistema tan poco preciso
como el destajo. Es difícil saber si su persistencia era producto de una
acción consciente por parte de los comerciantes solamente o los hábitos de
los consumidores seguían teniendo peso en su mantenimiento. Los sistemas de faena del ganado destinado al consumo también aportaban a, por
lo menos, la no disminución de los precios. En 1896, el intendente doctor
Francisco Alcobendas seilalaba que siendo la carne el primero de los artículos del consumo, se podría exigir mataderos más acordes con los adelantos tecnológicos existentes y más aptos para obtener una carne "fresca
apta para la alimentación".55
Nuevas y mejores instalaciones comenzaron a construirse para habilitarse ailos después aunque sin poder emplearse por la oposición de gremios vinculados al comercio de carnes.56 Más todavía, enl911 la matanza
en mataderos municipales estaba léjos de efectuarse con procedimientos
mecánicos adecuados para reducir costos de producción en condiciones
higiénicas aceptables. Esto provocaba los temores de una monopolización
del mercado por parte de los frigoríficos que ofrecían a precios menores,
seguramente, por una mejor estructura de costos.
La higiene de la faena era en general deficitaria y se hacía en lugares
que un intendente, en 1901, no vaciló en denominar "inmundos corrales",
como de antihigiénica a la costumbre de transportar la carne en carros.57
Esta carencia de higiene no sólo atentaba contra la salud de la población
sino también con el nivel de precios, porque las sucesivas limpiezas originaban una pérdida que debía ser compensada y la suma de compensaciones Uegaha al consumidor final imposibilitado de transferirla. Si bien la
acción de la policía municipal podía atenuar los efectos insalubres en mercados, su acción alcanzaba mucho menos a otros comercios y menos aún a

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

63

los vendedores ambulantes, cuya existencia puede encontrarse en parte
justificada por la dispersión pohlacional en algunos barrios periféricos.
El aumento del precio de la carne, junto con el registrado en otros
rubros de la alimentación, preocuparon a las autoridades municipales que
decidieron medidas tendientes a contenerlo sin afectar la libre competencia, que era la hase del funcionamiento de la economía nacional. Con este
objeto crearon instituciones que procuraban poner en contacto directamente a productores y consumidores. En 1907 fue el primer intento de
instalar las "ferias francas" con ese objetivo, sin éxito continuado. Nuevamente se lo procuró en 1911, con éxito en lo relativo a la estructura del
mercado. Sin embargo, el precio de la carne continuó su alza sin duda alguna por la influencia del comercio exterior, que constituía una causa
más estructural que la intermediación o la red comercial, compleja y pocoeficiente.
Los datos que se poseen para el resto de los alimentos son menos frecuentes y más imprecisos. Esto es válido para el pan y la leche, no obstante su importancia en la dieta de los sectores populares. Los precios medios
anuales del pan parecen haber registrado un aumento, a partir de 1885,
que alcanzó su punto culminante en 1891, afio en que la Unión de Panaderos alertaba sobre dicho aumento: lo vinculaba a las exportaciones de trigos y harinas y a los acaparadores.58 El encarecimiento que tuvo la carne
desde los primeros años del siglo alcanzó también al pan, como dan cuenta
los testimonios. Esta situación Se prolongó hasta 1914. La investigación
llevada a cabo por el Departamento Nacional del Trabajo en 1912 comprobó que el precio en dicho aAo era un 33% superior al de 1902.59 El pan
más barato había subido de 13 centavos el kilo en 1900 a 22 centavos en
1909 ... ; "el pan costaba más que en París, Londres, Amsterdam o Nueva
York", afirma Scohie.6 Ciertamente, el crecimiento relativo de los precios
fue en este período mayor en Buenos Aires que en las ciudades señaladas.

°

El encarecimiento de los alimentos registrado desde comienzos del
siglo alcanzó también a la leche aunque, parece, en medida menor. Fueron
los de la carne los que subieron relativamente más y eso explicaría que, a
pesar del aumento de los precios, el consumo del pan por habitante -tomando como indicador la cantidad de harina elaborada en panaderías- haya crecido de manera notable. La fuente estadística municipal señalaba
que en 1894 se habían elaborado 64 kilos de harina por habitante en las
panaderías y que

�64

SigloX/X

este consumo de pan por habitante que resulta para Buenos Aires
es notablemente bajo, comparado con el que tuvo París en 1887
y en 1889. En dieciocho años... cada habitante de París consumió, respectivamente, 148 y 140 kilos de pan. Si faltó, pues, carne al parisiense comparado con el habitante de Buenos Aires, en
cambio le sobró pan; y vaya lo uno por Jo otro .61
El consumo de pan continuó aumentando a largo plazo, con oscilaciones
intermedias, llegando en 1914 a 116 kilos por habitante. Ciertamente estaba ocurriendo un cierto proceso de sustitución en los consumos alimenticios, presionado por el crecimiento de los precios de la carne.
A primera vísta este aumento {el del pan) resulta injustificado
-comenta la fuente-, desde el momento que la estadística comprueba una disminución de carne y leche en el consumo, pero si
se reflexiona un poco se ve que él puede explicarse por las mismas
dificultades económicas... A falta de esos dos productos de mayor precio, la población ha recurrido al pan...62
Respecto de la leche, aunque los precios parecen haber subido en los períodos en que crecieron más notoriamente el pan y la carne, es decir los
tiempos inmediatos a la crisis de 1890, sin embargo no se observó en el siguiente ciclo tal aumento.63 Lo que es cierto, con todo, es que el consumo por habitante no era elevado, alcanzando para 1909 a 357 gramos por
día por persona. Habría que tener en cuenta, no obstante, el papel que en
este mantenimiento jugó la adulteración del producto. Según los propios
expendedores, se agregaba un litro de agua por cada 16 de leche; otras opiniones, en cambio, indicaban que el aumento de volumen alcanzaba el

30%.
El problema de la adulteración no se restringía a la leche. En su caso
confluían la falsificación del producto y los problemas de salud muy francamente al mezclar una leche sin control sanitario con agua muy probablemente contaminada. Pero no era el único caso. El hecho parecía bastante
frecuente dado que estos dos problemas -adulteración y condiciones sanitarias deficiente- mantuvieron insistentes reclamos :vrovenientes, en particular, de círculos médicos y quírnicos64 y también desde diferentes órganos de expresión.
El fenómeno de la adulteración no era nuevo en Buenos Aires, que bahía tenido una Oficina Quúnica para controlar alimentos, suprimida por
un tiempo por cuestiones presupue,starias y luego reinstalada. Pero ahora

L. Gqtié"ez: Condiciones de vida populares en B. Aires

65

parecía reactivarse, al tiempo que se descubría la inexistencia de normas
que regularan el estado sanitario de los alimentos para prevenir que su insuficiencia actuase como disparador de enfermedades difusivas.
El pan, la leche, los vinos eran objeto de manipuleos frecuentes. Una
investigación realizada por una junta de médicos en diciembre de 1878 sobre el pan fabricado en 151 panaderías concluyó con el siguiente dictamen:
pan de mala calidad, 38 panaderías; pan malísimo, 51 panaderías; pan mal
elaborado, 55 panaderías; y pan bueno, 7 panaderías. Las falsificaeiones se
realizaban eon productos químicos tendientes tanto a mejorar el aspecto
del producto como a acelerar el proceso de elaboración, disminuyendo la
mano de ohra.65 Recién entrado 1892 se propone una reglamentación para
la fabricación y venta de pan, donde se incluye no sólo la calidad de la
harina que debe emple,_~ sino también la prohibición de emplear en su
factura agua de pozo.
La leche es el objeto de falsificaciones por parte de los expendedores, que no solamente le extraen la manteca sino que le ,agregan
agua en gran cantidad y algunas sustancias, tales como feculas y
Pedazos de cerebro de cordero o de buey para darle la densidad
que normalmente debe tener y el aspecto que posee la manteca.66
Ya se ha visto como todavía en 1914 la leche seguía adulterándose mediante el empleo de agua pero, además, la ordenanza municipal sobre higienización de la leche fue proyectada por Emilio Coni y aprobada por el
Concejo Deliberante años después ..
La carne provenía hasta 1881 de la faena de animales inspeccionados
deficientemente. La renuncia del veterinario municipal por la falta de asistencia a sus funciones por parte de los empleados del matadero, permitió
comprobar que la inspección de carnes no estaba sometida a reglamento
alguno, se practicaba de manera imperfecta y sólo en el matadero municipal, quedando absolutamente fuera de control las matanzas hechas en establecimientos particulares, en especial de lanares y cerdos. A propuesta de
la Sección de Higiene Municipal de la Municipalidad, se dictó un reglamento circunstanciado para la inspección de carnes siguiendo los lineamientos
del Congreso Internacional de Higiene reunido en Turín a fines de 1880.
No obstante, un artículo adicional proponía la creación de la inspección
veterinaria en establecimientos particuJares faenadores de lanares y cerdos
y también vacuna.67 Por otro lado, ya se ha señalado de qué manera las
características del establecimiento municipal, y el transporte desde allí a

�66

Siglo XIX

los mercados, afectaban la higiene de la carne; que, también, era adulterada, "estirada", por la acción de los carniceros, aun cuando entró en plena
.
. Ia ord enanza que unpoma
.
' Ja ven ta de carne por peso.68
VIgencia
Las autoridades municipales dictaron disposiciones y crearon organismos de control en procura de mejorar las situaciones descritas. Sin embargo·, es sostenida la opinión de que no eran suficientes. Cuando se reereó la
Oficina Química Municipal, el químico designado declinó el ofrecimiento
porque " ... el trabajo que se acumularía sobre una persona sola sería excesivo y los resultados, por consiguiente, deficientes... ";69 y el autor del
reglamento de inspección de carnes apuntaba, diez años después, el extremadamente reducido número de profesionales a cargo de la tarea especí70
fica. Es probable que esta circunstancia se vincule a problemas supuestamente presupuestarios o de cierta despreocupación estatal hacia los problemas de la alimentación destinada fundamentalmente a los sectores populares. Pero también es legítimo suponer que el crecimiento del consumo,
derivado del de la población, era más acentuado que el posible de supervisar en los organismos de control e inspección.
Los alimentos transitaban por varias manos, como se ha insinuado, en
su trayecto entre el productor y el consumidor. Esto constituía la red de
intermediación a la que se atribuye una considerable participación en
el crecimiento de Jos precios. La carne, la leche, las frutas y verduras llegaban al consumidor luego de cuatro o cinco etapas que no introducían modificación al producto. En el extremo estaba el comerciante detallista. Estos comerciantes podían estar agrupados en mercados municipales; en mercados privados, que gozaban del privilegio del monopolio sobre una zona
circundante al mismo; dispersos en diferentes lugares de la ciudad o ser
vendedores ambulantes.
En los primeros, los controles por parte de la autoridad eran factihles
y los alquileres de los locales más bajos que los que se abonaban en los
mercados particulares. En éstos la municipalidad no tenía ningún control
sobre los precios. A pesar que ya en 1903 un intendente propuso municipalizar todos los mercados particulares, en 1912 seguía en estado de proyecto. En estas concentraciones de vendedores las condiciones de higiene
estaban lejos de lo óptimo. Muchos carecían de techados, estaban recorridos interiormente por caminos adoquinados que transitaban los carros
proveedores, donde se concentraban abundantemente materias orgánicas.
La instalación de piletones para el lavado de frutas y verduras y eJ reem-

L. Gutúírrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

67

plazo de los mostradores de madera por mármol eran considerados, en
1901, avances significativos.
Si las condiciones de higiene y calidad eran difíciles en los inercados,
lo fueron aún más, sin duda, en los comercios aislados y entre vendedores
ambulantes. En este complejo conjunto de comerciantes (a quienes se pensaba responsables del incremento de los precios y en donde se había comprobado la proveniencia del mayor número de adulteraciones), adquirían
sus alimentos los sectores populares, usualmente al contado porque "para
conseguir libreta en el almacén -que se retira en épocas de huelga- es
· ,,.71
menester presentar b uenas referenc1as

CONSIDERACIONES FINALES

La revisión hecha a las condiciones de vivienda y alimentación de los sectores populares en Buenos Aires permite efectuar algun~ reflexi~nes, ~e
pueden hacerse separadamente para una y otra cu~~on. La diferenciación, sin embargo, tiene carácter meramente expositivo dado que en la
vida cotidiana ambas situaciones constituían solo una. En primer término,
pon¡ue implicaban uso alternativo de recursos; en segundo _lugar, los trabajadores que accedieron a la propiedad del lote urbano tuvieron la op~rtunidad de disminuir el gasto en alimentación y, presumiblemente, meJorar
su calidad mediante la cría de animales domésticos y el cultivo de verduras
para el autoconsumo. Vivienda y alimentac~ón, en consecuen~a, ~ vi~culahan en estos casos estrechamente. Es dificil, por el contrano, lfilagmar
buenas condiciones en la alimentación de los habitantes de los conventillos donde, por las de la vivienda, desde la cocción hasta la ingesta se
efectuaba en un contexto material y social deteriorado.
Las malas condiciones de la vivienda popular, su deficiente habitabilidad y su carestía, parecen estar estrechamente vinculadas al proceso de
rápido crecimiento de la población urbana, constituyente de una demanda
· que no podía satisfacerse rápidamente. La vivienda para trabajadores no fue
una preocupación empresarial. No se registraron, por lo menos hasta
1914, planes de construcción ni públicos ni privados con ese destino de
importancia.

,

En el caso de los alinientos, el fenómeno del crecimiento urbano parece haber sido determinante en el aumento de los precios de los principales
artículos del consumo popular, como parece indicarlo el hecho de que el

�68

SigloXIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

mayor incremento es contemporáneo a un nuevo ciclo de auge de la inmigi-ación. Tampoco la oferta se acomodó inmediatamente a la demanda. El
fenómeno del crecimiento y, después de 1904, sobre todo la dispersión de
la población, han de haber operado favorablemente en el desarrollo de una
red comercial compleja, numerosa y encarecedora de los productos. El
mismo incremento de la demanda y la laxitud del aparato de control, originado en la diferencia entre la inercia de crecimiento del aparato administrativo y de la población, facilitaron sin duda la práctica de la adulteración (destinada casi siempre al "estiramiento" de los productos).
Asimismo, en tanto país exportador de alimentos, el mercado exterior
jugó un papel importante en el alza de los precios del pan y la carne, especialmente a partir de los primeros años de este siglo. Los testimonios son
reiterativos en este sentido.
Había en consecuencia, en el caso de los alimentos, dos tipos de causas
presionando sobre ellos. U nas, que compartían con la vivienda, estaban vinculadas al proceso de urbanización, finalmente coyunturales y de soluciones tecnológicas. Al finalizar el período estudiado algunas han sido practicadas, pero no se ha superado aún el desajuste. La otra presión sufrida por
los alimentos, conectada con el carácter exportador de la economía nacional, se vinculó al modelo de acumulación dominante. Era, entonces,
estructural, y cualquier solución aparecía incompatible con aquél.
Los sectores populares no podían esperar acciones estatales tendientes
a mejorar su situación que, al mismo tiempo, alterasen los mecanismos del
mercado y las bases del proceso de acumulación. En todo caso, esas acciones tenían como objeto mejorar esos mecanismos: ya fuese aumentando la
competencia, como con la instalación de las ferias francas, ya procurando
normalizar la operación mediante la fijación de unidades de venta (venta
de carne por peso y de leche de acuerdo al sistema métrico decimal) y de
otras medidas con igual orientación. Dentro de esos mecanismos, parte de
los sectores populares pudieron acceder a otro tipo de vivienda que los alejó de los conventillos. En relación a la alimentación, en cambio, habrían
reorientado sus recursos, desplazándolos de la carne al pan.

'

69

NOTAS

l. Nos referimos a los libros de D. Abad de Santillán, La FORA: ideología y trayectoria, 2o. ed., Buenos Aires, Proyección, 1971; Sebaslián Marotta, El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Lacio, 1960-61; y Jacinto Oddone,
Gremialismo proletario argentino, Buenos Aires, La Vanguardia, 1949. La
persistencia de esta corriente orientada a las ideologías, organizaciones y acciones tiene manifestaciones más recientes en los libros de Iaacov Oved, El
anarquismo y el movimiento obrero, México, Siglo XXI, 1978; y Edgardo
Bilsky, La FORA y el movimiento obrero (1900-1910), Buenos Aires, CEAL,
1985, y La semana trágica, Buenos Aires, CEAL, 1984. Son muy pocos los
ejemplos de un traamiento diferente de los problemas de los sectores populares. En parte ello puede encontrarse en estos títulos: H. Spalding, La clase trabajadora argentina, Buenos Aires, Galerna, 1970;José Panettieri, Los trabajadores, Buenos Aires, Jorge Alvarez, 1967; James Scobie, Buenos Aires, del centro
a los barrios, /870-1910, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1977; y Roberto Cortés
Conde, El progreso argentino, I 880-/ 914, Buenos Aires, Sudamericana, 1979.
2. Eulalia María Lahrnever Lobo. "Las condiciones de vida de los artesanos y de
la .clase obrera en Río de Janeiro en la década de 1880 hasta 1920", en H/LSA
V, lo. semestre de 1985, pág. 91.
3. A. Taylor, The standard of living in Britain in the Industrial Revolution, Londres, Methuen, 1975, "El poder adquisitivo, la habilidad para comprar alimentos y ropa, el costo y calidad de la vivienda y la salud y la expectativa de vida,
todos estos temas están comprendidos dentro de la esfera de la existencia material. Igualmente las virtudes comparativas de la vida urbana y la rural y los
efectos psicológicos que la transición del campo a la ciudad ejerce sobre los
individuos, ambos pertenecen a lo que Hobsbawm llama 'territorios no materiales'. Pero entre estas dos esferas existe una amplia tierra de frontera donde las
condiciones de existencia material y la calidad de la vida se dan frecuentemente
mezcladas al punto de hacer imposible su separación".
4. E.P. Thompson, La formación de la clase trabajadora inglesa, Barcelona, Laia,
1977, T .11, pág. 39.
5. Roberto Cortés Conde, El progreso argentino, Buenos Aires, Sudamericana,
1979.
6. Witold Kula, Problemas y métodos di&gt; la historia económica, Barcelona, Península, 1973, pág. 225.
7. Para un examen más acabado del período véase Roberto Cortés Conde y E. Gallo, La formación de la Argentina moderna, Buenos Aires, Paidós, 1967; y La
República conservadora, Buenos Aires, Paidós, 1972.
8. Osear Yujnovsky, " Políticas de vivienda en la ciudad de Buenos Aires, 18801914", en Desarrollo Económico, IDES, No. 54, Vol. 14, Buenos Aires, julioseptiembre de 1974.

�70

Siglo XIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

71

9. Eduardo Wilde, Obras completaf, tomo II, pá~. 29-30.
10. Guillenno Rawson, ''Estudio sobre las casas de inquilinato", en Escritos y Discursos, tomo 1, Buenos Aires, Compañía Sudamericana de Billetes de Banco,
1891. "Suponiendo dividida la ciudad por la calle de la Victoria, se puede
apreciar que los barrios del Sur han sido siempre descuidados por la autoridad, de suerte que los trabajos concurrentes aJ saneamiento van aJlí más despa,cio que en el lado Norte. Las grandes casas, los edificios públicos mismos, los
hoteles, están, con rarísimas excepciones, todos en el lado del Norte; y hacia el
Sur gran parte de las caJles no están pavimentadas, y la edificación, por tanto,
se resiente de la escasa atracción de esta región para los capitales. No es que la
población sea aquí menos numerosa seguramente, pero es indudable que ella
por lo generaJ está poco acomodada. Es tradicional el hecho de que las epidemias, sea de las enfermedades exóticas, sea de las enfermedades endémicas que
suelen tomar forma difusiva, tienen su origen y su punto de arrastre en los barrios menos cuidados del Sur, lo que probará, sin más demostración, que son
éstas las secciones donde menos se ha atendido a la salubridad de la ciudad"
(págs. 164 y si~.).

ll. Censo General de Población (Edificación, Comercio e Industria de la Ciudad de
Buenos Aires), 1887, tomo 11, pág. 78: "Resulta que la sección 20 es la que
tiene mayor número de conventillos, debiendo observar que en esa sección son
todos ellos de madera y constan de dos pisos, pero la 5a., una de las más centrales de la ciudad y que se compone sólo de 40 manzanas, es la que con relación a su extensión tiene más conventillos... En las nuevas secciones (Flores
y Belgrano ~ .. el censo no menciona conventillos, no siendo esto extraño porque los moradores de conventillos son siempre jornaleros y operarios que, por
razón de sus ocupaciones, no pueden alejarse del centro del municipio".
12. Scobie, citado, pág. 199.
13. Scobie,citado, pág.194.
14. La Protesta, 30 de mayo de 1905.

15. Scobie, citado, pág. 189: " ... como en 1983, cuando se estableció que debían
proveer por lo menos una ducha para hombres y otra para mujeres( . .. ); sin
embargo, el Concejo Deliberante insistió en 1899 en que hubiera una ducha por
cada diez habitaciones. En la práctica, dichas instalaciones jamás alcanzaron los
niveles establecidos por la Municipalidad; en 1904 había aún un promedio de un
cuarto de baño con ducha para cada 60 personas".
16. Guillermo Rawson y Eduardo Wilde, citados, y Samuel Gache, Les logements
ouvriers aBuenos Aires, París, 1900.
17. Roberto Cortés Conde, ''Tendencias en la evolución de los salarios reales en la
Argentina, 1880-1910. Resultados preliminares", en Economía, año XXII,
No. 2-3, mayo-diciembre de 1976.
18. Yujnovsky, citado, pág. 356.En pág. 358: Relación del alquiler promedio de un
cuarto de conventillos o casa de inquilinato al salario en la ciudad de Buenos
Aires:

Monto del alquiler por lO0tsalario mensual
estimado

Año

Alquiler
mensual
$

1881 ............
1883 ... ,........
1886 ............
1890 ............
1896 ... .........
1903 ............
1904 ............
1907 ............
1907 ............
1912 ............
1913 ............
1914 .., .........

5.23
5.44
11.00
15.51
18.00
14.90
15.47
21.69
27.50
28.15
27.40
23.20

Promedio obreros
industriales
ºto

Oficial
albañil
ºto

Oficial
Carpintero
ºto

13.6
9.6
16.4
18.7
19.2

30.l
27.2

17.7
16.5
18.l
22.7
27.6
22.1
24.0

18.3.
21.5
21.4
16.6
18.4

26.0

19. Esto puede observarse en la curva de superficie vend(da. El Boletín del l_)e~tamento Nacional del Trabajo, No. 21, del 30 de noviembre de 1912, dice. La
gran extensión de nuestra capital, la tendencia de las familias a vivir se~aradas
unas de otras en una sola casa, y la facilidad existente, hasta hace P?Cos anos, ~e
adquirir relativamente barato el terreno para edificación de la vivienda pro~!ª•
ha causado entre nosotros la prevalencia del sistema de casas para una fam~a,
el que recién en los últimos años se ha visto obligado a ceder su lu?~ al caseron
de alquiler, tipo común en las grandes ciudades de Europa y America del Norte", pág. 422.
20. Scobie,citado, pág. 229.
21. Yujnovsky, citado, págs. 263-265.
22. F .R. Cibils: "La descentralización urbana en la ciudad de Buenos Aires", en
Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, No. 16, 31 de marzo de 1911.
En pág. 89 dice: "En busca de los terrenos más ~~atos, los nuev?5 pobladores
los han adquirido generalmente en la especulac1on, muchos baJos Y algunos
hasta inundables ( ... ). En el deseo de hacerse propietarios ~isponiendo gene~almente de fondos limitados... han poblado en terrenos baJos, de subsuelo unpermeable, y donde los pozos de agua común y los de agua servida_están_ ~lo a
tres, cuatro o cinco metros de la superficie y, por tanto, en necesana Y fac~ ~municación. Al Sud y al Oeste, en los bañados y bajos de Barracas,_San Cnstobal Flores Vélez Sarsfield y San Carlos; en el Norte, en los anegadizos de San
Ber~ardo, Palermo, cuenca del Arroyo Maldonado, barrio de Darwin Y Alvarez
Thomas Sportiva bajos de Belgrano, de Saavedra, etc., se han levantado en pocos año; numero~s centros de población y edificación que carecen en gene:aJ Y
salvo raras excepciones de servicios de aguas corrientes, empedrado, desagues Y
alumbrado".

�72

Siglo XIX

23. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, 1912, pág. 426.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

73

37. Scobie, citado, pág.. 176-177.
38. La Prensa, 15 de julio de 1880.

24. Carlos M.' Coll, "Casas para obreros", en Boletín del Museo Social Argentino,
año VIII, 'fo. 5, julio-septiembre de 1919, p~. 91-93 (CoU era entonces presidente de la Comisión Nacional de Casas Baratas).

39. La Prensa, 19 de septiembre de 1880.

25. Yujnovsky , citado.

40. En la sesión del Concejo Deliberante del 27 de julio se leyó una nota donde el
Club Industrial indicaba las resoluciones tomadas por su comisión administradora: I) que se fije diariamente por una comisión adhoc el precio de las reses en

26. El único proyecto exitoso a nivel nacional durante el período fue el presentado
por Juan F. Cafferata en 1912, convertido en Ley en 1915, que creo la Comisión Nacional de Casas Baratas.
Z"/. Yujnovsky, citado, pág. 336: "Por ejemplo, la intendencia de Torcuato de Alvear desalojó 210 casas en 1884, y en 1892 se especifican: 'La inspección ha sido severa y enérgica, habiéndose desalojado en los años 1891 y 1892, 890 casas
por las mal&lt;!S condicione,s y 336 piezas por exceso de habitan tes' .

los mataderos; 2) que se fije su venta por libra al menudeo y su precio consiguiente con el aumento que sea justo; 3) que se supriman los impuestos muoicipales a la carne aplicándolos al cuero; 4) que se establezcan carnicerías municipales en todos los barrios; 5) que se bajen los alquileres de los puestos de carne
en los mercados municipales. En muoicipalidad de Buenos Aires.Actas de Sesio•
nes del Concejo Deliberante, 27 de julio de 1880.
41. La Prensa, 19 de septiembre de 1880.
42. Actas del Concejo Deliberante, 24 de septiembre de 1880.

28. La Prensa, 21 de enero de 1885: " ...a un inspector cualquiera le parece que tal
o cual casa está en mal estado higiénico y pasa a sus dueños una intimación. Por
una u otra causa el dueño de la casa o negocio no puede encontrar un alojamiento adonde poder trasladarse en un término perentorio. ·Qué hace entonces
el inspecto de Higiene? Haciendo de lado toda clase de co~deraciones solicita
el auxilio de la Policía e imponen por la fuerza a los propietarios a abandonar las
casas sacando el menaje de las habitaciones".

43. La Prensa, 26 de septiembre de 1880.
44. La Prensa, 26 de septiembre de 1880.
45. La Prensa, 24 de septiembre y 17 de octubre de 1880.

46. Scobie,citado, págs.177-178.
29. Gaché,Scobie y Yujnovsky,citados.
30. Boletín del Depart,amento Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de
1912, pág. 427.

47. Anuorio Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1896. Se compara el consumo de Buenos Aires con Roma.

48. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1904.
31. Yujnovsky , citado, y Hobert A. Spalding, "Cuando los inquilinos hacen huelga ...", en Extra, Buenos Aires, septiembre de 1966; Scobie, citado.
32. Yujnovsky, citado, pág. 346.
33. Cortés Conde, El progreso argentino, citado, pág. 144.
34. A. Bunge, "El costo en la vida en Argentina, de 1910 a 1917", en Revista de
Economía Argentina, año 1, Lomo !,julio de 1918, págs. 39 y sis,.: "En nuestro
país los dos artículos de mayor consumo son la carne y el pan; cada uno de ellos
absorbe el treinta por ciento del valor total invertido en alimentación ...".
35. Scobie, citado, pág. 76: "La comida si bien más modesta y menos abundante,
era muy parecida a la que se servía en las casas acomodadas. Con frecuencia el
desayuno consistía en uno o dos mates. El maíz, Ja harina de maíz, guisada o
como polenta, constituía un importante rubro de la dieta. Sin embargo, la carne seguía siendo su componente más importante. El puchero, principalmente de
carne, zapallo y papas, era a menudo eJ plato fuerte del almuerzo, y hasta de la
cena'".

36. E. Daireaux, Vida y costumbre del /'/at,a, Buenos Aires, Lajouane, Lomo f, 1888,
pág. 173.

49. Memoria Municipal, 1903.
50. Por ejemplo: " Los obreros y el trabajo", serie de 40 artículos publicados por La
Prensa a partir del 16 de agosto de 1901. El primero se titula "El encarecimiento
de la vida. Falta de ocupación y miseria en el país de la carne y el trigo";Juan
B. González, El encarecimiento de la vida en la República Argentina, Buenos Aires, l908;y otros.
51. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, l 914.
52. Boletú1 del Departamento Nacional del Trabajo, 30 de noviembre de 1912,
pág. 340: " .. .hay que agregar, como factores de alza, los malos años y también
el exceso de exportación que ha hecho que día a día los criadores vayan mejorando el tipo de exportación, con detrimento y encarecimiento a la vez del animal destinado al consumo interno del país''.
53. ldem, pág. 342: "En cuanto a las tarifas de detalle se ha puesto en evidencia,
una vez más, la influencia perniciosa que ejerce en este comercio la extrema subdivisión de la venta sobre una cantidad de carne más o menos constante, destinada a satisfacer las necesidades del consumo".

�74

Siglo XIX

54. "De las 600 carnicerías de esa naturaleza establecidas en el municipio fuera de
los mercados no es aventurado decir que 500 operan con una sola o media res
de carne", Boletín Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de 1912,
pág. 347.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

75

66. Jdem, noviembre de 1880.
67. La l'rensa, 6 de enero de 1901.
68. La Voz de la Iglesia, 9 de enero de 1902, publica una nota titulada "El triunfo
de la chacra: la venta de carne al peso. Ordenanza de ñanga pichanga. Mucho
peor que antes".

55. Memoria presentada al Honorable Concejo Deliberante por el intendente municipal don Francisco Alcobendas, 1986, pág.113: "Los animales cuya carne es destinada al consumo de la población son sacrificados a causa de la defectuosidad
de las instalaciones, en la forma implantada por nuestros padres los españoles
en los antiguos saladeros .. . , esperamos la terminación de los nuevos mataderos
para asimilamos los procedimientos que permitan obtener una buena carne fresca apta para la alimentación".

70. Emilio R. Coni, Memorias de un médico higienista, Buenos Aires, 1918, pág.
218.

56. Memoria de la Intendencia Municipal, 1898-1901, pág. 67.

71. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, pág. 309.

57. "La carne Uega por la noche del matadero, de donde la traen largas filas de carros cubiertos; su viaje no es muy largo, pero en cambio es peligroso .. · ., y dichos carros están construidos para atravesar profundos lodazales, donde a veces
se quedan enclavados.( ... ) Es una maravilla ver... que hombres y caballos puedan en los Uuviosos días de invierno emprender y Uevar a cabo este trabajo hercúleo; dos caballos bastan para arrastrar esta carga por un camino empedrado;
pero antes de llegar a dicho empedrado tienen que emprender una especie de escalamiento por calles llenas de baches donde apenas son suficientes para salir del
paso seis caballos de refuerzo, rudamente azotados y hostigados por los gestos,
gritos y espuelas de los gauchos que los montan; entran en la ciudad los carros
Uenos de lodo y entregan, de mil vaivenes, su mercancía traqueteada, que a no
ser por este penoso viaje no tendría sin duda valor alguno. A veces, para completar el cuadro, el carro lleva, colgada por las partes de afuera, una ternera muerta
al nacer, cuya carne temblona y mueUe agitada a cada vuelta de las ruedas con
movimiento de pólipo viscoso constituye, según parece para los aficionados, un
plato escogido, el bacaray. A las diez, todo el mundo se ha marchado ; el mercado vacío no es más que un pasaje invadido por las moscas, cuyo número es tal
que a los hombres asistan" (E. Daireaux, citado, pág. 1775 ).
58. La Prensa, 21 de abril de 1891.
59. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de
1912, pág. 325.
60. Scobie, citado, pág. 180.
61. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1894, pág. LXXI.
62. ldem, 1914
63. "Las casas revendedoras sotienen, a su vez, que la leche es uno de los pocos
artículos de primera necesidad que ha mantenido uniforme su precio en los últimos diez años...", Boletín del Departamento Nacional del trabajo, pág. 376.
64. La Revista Farmacéutica y la Revista Médico-Quirúrgica abundan en denuncias
sobre adulteraciones y falta de medidas sanitarias respecto a los alimentos.
65. La Revista Farmacéutica, 21 de enero de 1879.

69. Revista Médico-Quirúrgica, año VIU, No. 5, 8 de julio de 1881.

�La Clase Obrera Textil
del Valle de Orizaba, en México
MIGRACIONES Y ORIGEN

Bernardo García Diaz*

l.

.,

Edward Thompson en su libro sobre la formación de la clase obrera inglesa, convertido en clásico desde la primera edición, s11brayaha la importancia de estudiar la clase obrera en SllS relaciones con el pasado y otros
grupos sociales. Escrihía en 1963, fecha de aparición de la obra:
La formación de la clase obrera es un fenómeno de historia política y cultural tanto como de historia económica. No nació por
generación espontánea, producto del sistema fabril. Sería lamentable suponer una fuerza exterior - la revolución industrialque habría operado sobre una materia prima humana indiferenciada y fantástica convirtiéndola por arte de mecanismos mágicos
en una "nueva raza de hombres". La relaciones de producción en
proceso de cambio y las condiciones de trabajo existentes en la
revolución industrial obraron, no sobre una materia prima de
ninguna clase, sino sobre el "inglés libre de nacimiento", tal como lo había dejado Paine o lo había moldeado el metodismo. 1

En la década siguiente, en ocasión de la presentación de un número monográfico de Le Mouvement Socia~ dedicado al nacimiento de la clase
obrera, la profesora Rolande Trempe lamentaba el hecho que uno de los

*Centro de Investigaciones Históricas, Universidad Veracruzana, Jalapa, México. Una
primera versión de este ensayo fue publicada en Historias, 19, Instituto Nacional de

Antropología e Historia (lNAH), México.

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SigloXIX

problemas peor estudiados fuera precisamente el de los orígenes geográficos, sociales e históricos de la clase obrera.2 Rolande Trempe aprovechó la presentación para desarrollar un largo alegato sobre la necesidad de
investigar estos orígenes, en general vagamente definidos.
Por fortuna, desde entonces a la fecha se ha escrito un respetable número de trabajos al respecto en diversos países .de Europa y en los Estados Unidos, que se podrían considerar ejemplares desde el punto de vista
metodológico. Atrás de ellos sin duda estuvo el impulso inicial dado por
trabajos pioneros como los de los dos grandes historiadores antes mencionados. En América Latina, en cambio, son menos frecuentes las investigaciones emprendidas desde una óptica de historia social.
La historiografía mexicana sobre el tema no es excepcional. Se posee
un amplio acervo bibliográfico sobre la historia del movimiento obrero:
sobre sus luchas más dramáticas y sus sindicatos y centrales más importantes. Empero, no se cuenta sino con pocos estudios que ofrezcan una
explicación totalizadora del complejo proceso de formación de la clase.
De hecho se insiste en equiparar la historia del movimiento obrero con
la historia de la clase obrera. Debe señalarse sin embargo que -afortunadamente- algún cambio comienza a observarse desde principios de la presente década, con la aparición de diversos ensayos y más aún con la conclusión de numerosas w,gis, elaboradas con una óptica diferente.3
El presente artículo pretende colocarse precisamente dentro de estas
nuevas vertientes de la historiografía de Ja clase obrera. Nos interesa describir y comenzar a analizar el caso de las migraciones que nutrieron las
fábricas de textiles de algodón del valle de Orizaba, entre los años 90
del siglo pasado y la primera década del actual. Específicamente, tenemos la preocupación de relacionar los desplazamientos de población con
el problema de la formación de la clase obrera orizaheña y las formas de
conciencia que adquirió y heredó.
A partir de la década final del siglo XIX asistimos al auge del desarrollo textil de Orizaha, protagonizado dentro del proceso de expansión
que vivía la industria para esos años. En efecto, en este período, que alcanzaría su final hacia 1904-1905, se crearon varias sociedades anónimas,
encabezada sobre todo por franceses, que fundarían compañías en una escala descono~ida anteriormente. Fue la concentración de capitales acumulados en el país, a través del comercio, principalmente, y en menor
medida, de capitales europeos canalizados a través de "La Sociedad Fi-

B. García Díaz: L~s obreros textiles de Orizaba

79

nanciera para la Industria de México", fundada en París en 1890, lo que
permitió una inversión masiva para la modernización de la industria. Pero
también contrihuyeron las modificaciones en el comercio internacional de
los países centrales: hacían ahora hincapié en la exportación de bienes de
capital (un cambio fundamental para la industria fue la introducción de la
energía eléctrica: permitió innovaciones tecnológicas, en tanto que hizo
posible la introducción de husos de alta velocidad, telares automáticos y
estampadoras).4
El proceso de modernización vino a inaugurarse, precisamente, con
la creación de la Compañía Industrial de Orizaba (CIDOSA). Esta compañía fundó la fábrica Río Blanco en 1892, la cual sería entonces la más
grande y moderna del país; compró además San Lorenzo, Los Cerritos
y la Cocolapam, las renovó y amplió e integró a la Río Blanco, para constituir un solo proceso productivo. Mientras estas tres últimas.fábricas se
especializaron en el tejido y la hiladura de telas, la Río Blanco se encargó
de su blanqueo y estampado.
A estas factorías se sumarían en los años siguientes la Santa Gertrudis,
elaboradora de productos de yute, y la Mirafuentes, una hilandería establecida en Nogales, ambas compañías de capital extranjero. El proceso culminaría con la creación de la Santa Rosa, inaugurada en 1899 y también propiedad de inversionistas franceses agrupados en la Compañía Industrial Veracruzana, S. A. (CIVSA). La Santa Rosa tendría 1 400 telares, 40 183
husos y cuatro estampadoras; la Río Blanco en cambio, llegaría a contar
1 650 telares y 43 000 husos. Si se piensa que una década antes las fábricas
tenían como promedio cien telares y 2 000 husos, se puede tener una idea
de la magnitud de estas factorías. Para mover en 1905 la Santa Rosa, por
ejemplo, se necesitaban alrededor de 1 800 operarios, sin contar los técnicos extranjeros.5

La elección de Orizaba para instalar fábricas grandes y modernas no
fue fortuita: una conjunción de circunstancias creaba allí un medio favorable para la intalación-de empresas textiles. El valle no sólo sacaba provecho
de la presencia cercana del Citlaltépetl, que desempeñaba el papel de distribuidor de abundantes aguas, sino de la humedad de su clima, que permitía la confección de telas de textura más fina que las elaboradas e!! el clima relativamente seco de la Mesa Central. Además el ferrocarril pennitía a
los industriales explotar la condición intennedia del distrito entre el puerto
de Veracruz, lugar en que se concentraba el algodón, y el populoso Altiplano, principal centro de consumo y de distribución de los textiles hacia

�80

Siglo XIX
B. García Díaz: Los obreros text,1es de Orizaba

81

el resto del país.
No obstante el valle sufría una limitación esencial: no tenía suficiente
gente interesada y capacitada para echar a andar la industria de la zona.
Las dos fábricas más grandes, antes mencionadas, se esta:blecieron en terrenos casi deshabitados, pertenecientes a dos pueblos indígenas instalados en
las mon_tañas que circundaban el valle. La San Lorenzo, que se ubicó en el
pueblo más importante del valle, después de Orizaba, también tuvo, como
veremos enseguida, que importar una gran cantidad de tejedores; y así pasó
en cada una de las fábricas.
¿De dónde viene la gente, de dónde salen los inmigrantes que permi-

tirán la elaboración de telas? A partir de la información de un padrón electoral de 1892 del municipio de Nogales, se pudieron identificar 427 obreros que trabajaban en su mayor parte en la San Lorenzo y, en porcentaje
menor, en la recién inaugurada Río Blanco.6 La gran mayoría era inmigrantes, a excepción de 54 nativos de la región, 30 de Orizaba y 24 de Nogales. El estado que más proporcionaría inmigrantes sería Puebla, que
aportó aproximadamente la mitad del total (144 de la capital y 66 del interior del estado). En segundo lugar se colocaría la ciudad de México con
66 textileros. Después, pero a mucha distancia, vendrían los grupos de inmigrantes de los estados de Tlaxcala y Oaxaca, 27 del primero y apenas
once del segundo, y un minúsculo grupo que llegó de otros lugares de Veracroz, especialmente de Xalapa. Por último estaban unos cuantos de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato. Otros más tenían un origen no precisado.
Estos inmigrantes eran en su mayoría jóvenes. Entre ellos predominaban los solteros: constituían alrededor de un 57%. Los obreros casados y
solteros que vivían con su pareja y sus hijos conformaban un 26.46%; y
los casados que vivían solos alcanzaban un 13.58%. Los solteros tenían
24 años de edad promedio, los casados 31 años y sus esposas 27, y sus fa.
milias eran pequeñas, con dos hijos como promedio. Los obreros casados
que vivían solos se colocaban alrededor de los 34 años como media. En
suma, una población joven: el 62% del total de esta población obrera oscilaba entre lo 18 y 30 años. Un rasgo interesante de estos migranLes es el
gran número de los que sabían leer y escribir: 183 de 427, más del 42%.
Pero esta migración, que es fruto de las primeras oleadas que llegan,
sufrirá sustanciales modificaciones para mediados de la década siguiente,
que coincide con el funcionamiento pleno de las dos fáhricas más grandes.
De acuerdo con datos desglosados de la muestra de 603 obreros de la fá-

brica Santa Rosa -un tercio de su total- el radio de atracción se ampliará
y se volverá más variado. 7 Puebla seguirá manteniéndose a la cabeza como
el principal proveedor de inmigrantes, con 47%. Oaxaca que en la década
anterior ocupaba un lugar irrelevante, pasará en cambio al segundo lugar
con el 23%. México y su región textil circundante ofrecerán un 13°/o. En
seguida se colocará Tlaxcala con un 8% y, un poco después, Querétaro
con 5%. Estados como Hidalgo, Michoacán y Guanajuato también aportarán algunos inmigrantes.
La novedad más notable será la importancia numérica que adquiere,
en forma impresionante, la migración oaxaqueña. Menos evidentes pero
tan significativos serán los cambios que sufre en su composición la migración poblana. La ciudad de Puebla, que predominaba con 144 de los
210 inmigrantes poblanos en 1892, pierde ahora peso frente al ascenso de
los que provienen del interior del estado: la proporción se invierte y ahora
son solamente 41 angel~nos frente a 212. El descenso de inmigrantes de la
ciudad de Puebla implica, como contrapartida, un aumento de importancia
de los que vienen del campo: combinado con el aumento notable de la migración oaxaqueña, originaria en gran medida de la Mixteca, conlleva a que
el número de inmigrantes de procedencia rural se convierta en mayoritario
en forma clara. Por lo que se refiere al valle de México, aunque del segundo
lugar pasa al tercero, sigue conservando numéricamente su importancia. Lo
mismo pasa con la migración tlaxcalteca: si bien minoritaria, sostiene su
continuidad en el flujo. Querétaro sigue ocupando el último lugar dentro
de los estados que ofrecen una cuota regular de mano de obra, pero aumenta el número de sus inmigrantes en ténninos absolutos.
Si colocáramos a todos los inmigrantes dentro de dos categorías
-aquellos proveniente de sitios con industria textil y aquellos originarios
de sitios que carecen de ésta- encontraríamos la siguiente proporción:
34°/o para los primeros y 66°/o para los segundos.
Sin embargo, aún cuando estas informaciones son útiles no bastan
además de ser muy generales. Es necesario saber quiénes era~ estos tlax~
caltecas, oaxaqu~ños y queretanos: ¿por qué están saliendo de localidades
tan diversas como Tlaxcala, San Angel o Tajimaroa?; ¿qué experiencias
vividas o heredadas traían consigo?: ¿cuál era el fardo cultural e histórico
que aportaban cuando se trasladahan?8 Estas y otras preguntas similares
están detrás de este ensayo. Desde luego, las respuestas áÚn tienen un car-.ícter bastante provisorio y están cargadas de demasiados quizás y muchos
muy probablemen/e. Aún así, una de nuestras pretensiones principales es

�82

SigloXIX

llamar la atención sobre una línea de investigación que privilegie el estudio
de las connotaciones históricamente determinadas por las estructuras socia1es que preceden a la fábrica.

II.
f,os poblanos

Una de las mayores especia1idades de la ciudad de.Puebla, desde la época
virreinal, fue la producción de textiles; y no sólo de algodón, seda o lana,
sino de textiles de carne y hueso, es decir de artesanos y operarios textiles.
Se podría recordar aquí el barrio formado en la ciudad de México, en los
primeros años del siglo XIX, a partir de la llegada de decenas de artesanos
textiles que migraban de Puebla.9
A medida que el siglo avanzaba la vocación textilera de Puebla se acendraría y, ya para mediados del siglo y sobre todo con fuerza después de
1870, se daría un proceso de autorreproducción de la fuerza de trabajo
fabril por la heredabilidad del oficio. Esto se encontraba en relación con el
desarrollo de una nueva industria textil, ya mecanizada, que surgió desde
mediados de los años 30 en las márgenes del río Atoyac, en los a1edaños
de Puebla, tras la inauguración de la Constancia (la primera fábrica textil
del país) en 1835. Con ~os establecimientos se fue imponiendo de manera
lenta y gradua1, en convivencia con la producción artesanal, la industria
textil. A las diez fábricas que en 1843 podría conferírseles ese título, en
los años siguientes se sumaron otras más: para 1877 podían contabilizarse
veintiuna en el municipio.10
Alrededor de v¡µias de estas fábricas se organizaron villas fabriles para
garantizar el aprovisionamiento estable de mano de obra. En estas vi_llas se
autorreproduciría la clase obrera de una manera clara a partir de 1870, si
bien el proceso de captación de mano de obra continuó haciéndose, en parte, por el reclutamiento de una mano de obra en proceso de proletarización, tanto de sectores urbanos como del campesinado de pueblos circunvecinos. En las villas fabriles, como en los pueblos aledaños, que se podían
considerar como extensiones de las villas, se dio un proceso de reproducción a través de la promoción del trabajo familiar, lo que permitió por otro
lado mantener bajos los sa1arios individuales. Si las mujeres participaron
sólo marginalmente en este proceso, su ausencia se vió compensada por el
alto porcentaje de niños que ingresaba en la fábrica y constituía cerca de
una cuarta parte del tota1 de operarios textiles en 1878-1879.11

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

83

Así, para el período de máxima expansión de la industria en el país,
Puebla pudo contar con un proletariado textil avezado en los modernos
métodos de producción. Proletariado que estuvo en condición de migrar
hacia otras regiones, como experto, en el momento en que se inauguraban
fábricas. Esto sucedió cuando los poblanos formaron parte del primer grupo de cien obreros contratados para Tajimaroa, Michoacán, en 1895,
"mientras se enseñan los hijos de la comarca", para iniciar los trabajos de
la fábrica La Virgen. 12 Lo hicieron también en años anteriores, cuando
fueron a la San Lorenzo, en Veracruz, en 1881 y posteriormente cuando
se trasladaron hasta Juanacatlán, Jalisco, en 1896.13
Según algunos autores, los poblanos migraban buscando mejores salarios. Por ejemplo Keremitsis anota que en la década 1880-1890 los industriales poblanos pagaban un sa1ario mínimo de 25 centavos, "uno de los
más bajos del país";14 en contraste con Orizaba, el mínimo era de 35. Juan
C. Grosso coincide con esa apreciación, pero agrega que existen diversas referencias sobre una situación de desempleo en la ciudad de Puebla, consecuencia de la incapacidad de la estructura productiva de absorber una creciente disponibilidad de fuerza de trabajo ligada al proceso de proletariza., de sectores campesmos
.
c1on
y artesanales.is
Pero no sólo saldrían poblanos de la capital del estado y pueblos circunvecinos. También migraron de los distritos agrarios de Chalchicomula,
Tecaniachalco y Tehuacán. Sobre todo de los pueblos de San Andrés Chalchicomula, Tecamachalco, Tochtepec, Auecholoc, Cañada Morelos, San
José Ixtapan, San Agustín del Palmar y de otras muchas localidades dominadas por las grandes haciendas.
Por ahora, en espera de estudios locales sobre estas regiones en la era
porfirista, sólo conocemos en forma particular el caso de los campesinos
de San José Ixtapan. Asfixiados por las haciendas cercanas, los josefinos se
vieron obligados a cultivar las tierras de estas haciendas como aparceros o
dedicarse a otras actividades rurales, como la arriería o la cría de vacunos.
Inclusive salieron en cuadrilla a trabajar cuando se tendió la vía del ferrocarril Esperanza-Tehuacán; también fueron a laborar a una cantera de mármol vecina. La construcción de la Santa Rosa, que ofreció trabajo a los
canteros, y su posterior funcionamiento, aparecería como una alternativa
' ante e1despOJO
· de sus medios de vi"da. 16
mas
Estos poblanos no sólo llegaban hasta Orizaba sino que seguían, en su
descenso, hasta las tierras más bajas del distrito agrícola de Córdoba, al

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SigloXIX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

85

trabajo en haciendas y plantaciones tropicales. 17 Contribuían así a renovar el material humano de la tierra caliente, tan escaso y tan propenso a
ser víc~ima de las fiebres y enfermedades tropicales. Por último debe
agregarse que algunos de estos migrantes rurales procedían en algunos casos de un contexto productivo artesanal, más que exclusivamente campesino. En el distrito de Tecamachalco existía en algunos pueblos, por
ejemplo, la tradición de] tejido de la lana en telares de manos. 18

la Mixteca no sufrieron a mediados del XIX los embates de los hacendados.
Aún así, al interior de Jas comunidades se dio un proceso de privatización
de las tierras comunales. El derecho de usufructo devino gradualmente en
una form_a de propiedad privada, que avanzó sobre todo debido al crecimiento de la agricultura mercantil en la región. De hecho se ha propuesto
una desamortiz~ción informal en parte de la Mixteca antes de 1856.21 Esta
desamortización parcial contrihu ía a la separación de algunos productores
de sus medios de vida.

Los oaxaqueños

Tan importante en la expulsión como la parcial disociación de sus medios de producción, o quizás más por ser un elemento permanente, sería el
embate que siempre han sufrido los mixtecos por la pobreza de su medio
natural. Insertos en una abrupta región, los recursos que les ofrecen sus
montañas son escasos. Incluso en sus valles, la agricultura de temporal es
difícil e inconstante: debido a su altura viven bajo las amenazas del hielo
negro y por otra parte las lluvias no están garantizadas. Ciertamente el
hambre es la gran espoleadora de la diáspora de la Mixteca. A ellas se podrían apljcar las palabras de Fernando Braudel sobre las montañas: fábricas de hombres para uso ajeno.22

Del estado de Oaxaca vendrían remontando a pie sus anchas serranías,
sembradas de órganos y candelabros, los indígenas de la Mixteca. Especialmente saldrían de los distritos de Tepozcolula, Coixtlahuaca, Tlaxiaco y
Nochistlán, ubicados en la Alta Mixteca. También llegarían de la región de
los valles centrales: de la propia ciudad de Oaxaca y de algunos pueblos de
su distrito. Unos cuantos saldrían incJusive de la región de la sierra de Juárez .19 Los oaxaqueños, los últimos en llegar al valle de Orizaba, para la primera década del siglo constituirían el segundo grupo estatal de inmigrantes, colocado solamente después del formado por los poblanos.
La migración de la Mixteca contrasta con la resistencia e indiferencia
de los indígenas nahuas de la sierra de Zongolica que no ingresan al trabajo
fabril. Mientras los nahuas se encuentran en las montaijas circundantes del
valle textil, los hombres de la Mixteca se localizan a muchos kilómetros de
distancia. Kilómetros que se multiplican si se considera el área no en términos de distancia-espacio, sino en términos de distancia-tiempo. La ida a
Orizaba implicaba para alguien que saliera de Santa Catarina Tayata, distrito de Tlaxiaco, un viaje de varios días. 2 Cargado su morral con totopos,
su harina de frijol, hecha con ºfrijol tostado y molido, y sus calabazos de
agua, dejaban atrás sus jacales de bajereque y se lanzaban hacia el cañón de
Tomellin que los Hevaba al valJe de Tehuacán. Tardaban hasta cinco días
en llegar a Tehuacán, en un viaje fatigante y pesado, subiendo y bajando
por montes y quebradas en ásperos caminos. Al sexto día, después de mecli_a jornada de camino, llegaban hasta Puerto del Aire: desde sus alturas pod,an ver finalmente con alivio, a sus pies, las tierras labrantías de AcuJtzingo, que iniciaban el valle de O rizaba por su parte sur: necesitarían entonces
de sólo unas horas para desencumbar y entrar en las primeras villas fabriles
del distrito.

°

A diferencia de las comunidades del centro del país, los habitantes de

AJ parecer la migración a Orizaba fue precedida por migraciones temporales de jornaleros agrícolas hacia las tierras del Golfo. Por una protesta
de las comunidades sabemos que, a finales del siglo XIX, anualmente subían enganchadores a reclutar cuadrillas al distrito de Huajuapan de
23
León. Estos comision~dos de los propietarios extranjeros, de las fincas
tabacaleras de la región de San Andrés Tuxtla, reparten dinero a los que
quieren comprometerse a trabajar por un periodo de seis meses en el levantamiento de la cosecha. Una vez que reúnen suficiente gente, la traen
hacia Tehuacán, donde se embarcan las cuadrillas para la costa en el ferrocarril. Ahí se toma el ramal de Tehuacán a Esperanza, Puebla, y después
transbordan al F crrocarril Mexicano para ir hacia Veracruz. Durante el
viaje, después de descender las cumbres de Maltrata, atravesarán los pueblos fabriles de O rizaba, que en esos años acaban de inaugurar sus fábricas
más grandes. Según el jefe político de Huajuapan de León, la oposición de
los pueblos nace del abuso y los atropellos que cometen con las cuadrillas.
Sostiene que los contratistas se aprovechan de la necesidad de los individuos y por un puñado de dinero se los llevan prometiendo beneficios que
recibirán y un clima saludable, aunque después resulte todo lo contrario.24
Es posible que estos migrantes pendulares que se anotan en las cuadrillas, sean los que vayan posteriormente hacia Orizaba. De hecho, la moder-

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8. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

SigloXIX

nizac1on de la industria hizo que el proceso productivo se volviera más
complejo y se subdividiera en un mayor número de etapas.25 Así por un
lado se hacía necesaria la contratación de obreros experimentados para las
actividades que requerían mayor calificación; por otro, apareció una gama
de empleos que no requería ninguna especialización: podían ser ocupados
por migrantes que vinieran directamente del campo a trabajar por temporadas. Esto pasaba en particular en los departamentos de estampado, tanto de la Río Blanco como de la Santa Rosa, donde al lado de oficios calificados como el de grabador o tintorero, había grupos de trabajadores que
sólo desarrollaban labores manuales de fácil ejecución. Además en todas las
fábricas necesitaban cuadrillas de peones para realizar trabajos duros y desagradables. Ya familiarizados los jornaleros con la ruta de inmigración de
la Mixteca hacia Tehuacán y de aquí hacia Veracruz, podían probar fortuna en las fábricas de Orizaba. Allí los empresarios franceses los necesitaban tanto como ocupaban tejedores expertos.
Si el trabajo fácil les resultaría mucho más extraño que las labores
agrícolas a desarrollar en las fincas tropicales, no sufrirían las mismas
coacciones para permanecer por prolongados períodos. En las fábricas
podían estar durante algunas semanas, hasta que se cansaran o les pareciera insoportable el trabajo, la disciplina fabril tan terriblemente novedosa
para· ellos, o el tipo de vida que se llevaba ahí, y regresar libremente a sus
pueblos. Y de hecho tardaron en afincarse en la región. Todavía en el cuarto lustro de este siglo, durante los primeros años del sindicalismo, los militantes gremiales sufrirían su desinterés en la organización: en tanto que
eran trabajadores temporales, en incesante ir y venir, entre la fábrica y sus
comunidades, poco entusiasmo mostraban en la causa sindical.26
Pero también cabía la alternativa opuesta de que se fueran familiarizando, desde su trabajo en la cuadrilla de peones, con los diferentes departamentos, y terminaran aprendiendo las labores en algún puesto de trabajo.
Y efectivamente, así lo hicieron algunos. Quizás Orizaba y sus fábricas aparecieron como una forma de opresión menos terrible, si bien más extraña,
que el trabajo en las fincas. Además conforme la corriente migratoria se ensanchó con la llegada sucesiva de parientes y paisanos, los mixtecos pudieron desarrollar formas de solidaridad que les hicieran la vida menos adversa
en esta lejana tierra. Numerosos testimonios de historial oral27 coinciden
en señalar los fuertes lazos de hermandad que se creaban entre ellos: "ay
hermano", decían cuando moría alguno. Algunos viejos trabajadores se
quejaban de lo montoneros que solían mostrarse los mixtecos cuando de
pelear se trataba: no se podía tocar a uno, porque todos se venían encima.

87

Esto lo supieron bien los queretanos que tendrían pleito casado con ellos,
. d ustr1·a1es como en Atlixco.2s
lo mismo en V eracruz que en otros centros m
Esta cohesión interna, que era en parte una respuesta al menosprecio por
parte de los mestizos arribeños y en parte una solidaridad impuesta por las
mismas necesidades de la emigración, nacía también de la profundidad e
identidad étnica mixteca: no desaparecía con la migración, que no implicaba automáticamente una renuncia a su cultura, ni una descaracterización étnica.29
De la región de los valles centrales saldrían de la ciudad de Oaxaca y
del distrito de Etla. Aunque más distante que la Mix:teca, se volvería cercana con el ferrocarril Mexicano del Sur, que comenzó a circular desde
1892, comunicando desde entonces a la Antequera con el resto del país.
En Etla se habían instalado dos pequeñas factorías: la San José y la Vista
Hennosa, en 1875 y en 1885 respectivamente.30 De aquí saldrían operarios para Veracruz.

La tercera región oaxaqueña que aportaría inmigrantes sería la de la
Sierra de Juárez. En Xía, Tomás Grandison, un empresario inglés, instaló
m 1875 una fábrica textil, en medio del campo, para aprovechar la riqueza hidraúlica del lug-.ir.31 Enemigo de importar trabajadores y con un
proyecto de dominio patriarcal que incluía viviendas, tienda, escuela y
capilla, creó su propia fuerza de trabajo a partir del reclutamiento de serranos. Su proyecto de forjar obreros y obreras en el campo se revelaría al
parecer exitoso, durante el período que funcionó la fábrica: de aquí salli-ían asalariados textiles lo mismo para Veracruz que, posteriormente, pa32
ra Etla, cuando dejó de trabajar la fábrica.

los mexicanos
Fue de la ciudad de México, de Tlalpan, de Contreras, de San Angel, de
Miraflores, de Tlalnepantla y de Toluca, es decir, de las poblaciones y zonas con industria textil, de donde saldrían los obreros que del estado de
México y de la capital del país irían a Veracruz. Esta zona de México vivió tempranamente un proceso de instalación de fábricas textiles que le
pennitieron competir con Puebla por la supremacía textil. En algunos años
llegó a tener más trabajadores textiles que Puebla, como en 1877: había
3 261 operarios ubicados en catorce fáhricas, mientras en las veintiuna de
Puebla se encontraban sólo 2 760. 33

�88

Siglo XIX

La instalación de fábricas se inició en la tercera década del siglo '&lt;IX y
para 1843 eran diecisiete las factorías establecidas. 34 La mayor parte de
las fábricas grandes se ubicarían en tres zonas: an Angel y Tlalpan, Tlalnepantla y Chalco. Las trt's estaban comunicadas entre sí, y de hecho se
podría hablar de una sola región textil. La concentración de más de 3 000
trabajadores en una misma zona permitiría el desarrollo temprano de una
red de comunicación y solidaridad. 35
Aquí también se dió un proceso de reproducción de la fuerza de trabajo semejante al de Puebla. -\sí, para 1870 había varios casos de maestros, algunos de ellos salidos de las filas obreras, otros del artesanado, que
habiendo iniciado su trabajo en los salones textiles desde niños, ya podían
sustituir a maestros y operarios calificados extranjeros. A esto contribuyó
la fundación de algunos talleres escuela desde 1830, pero también la
transmisión del oficio textil de una generación a otra, facilitado por la conformación de comunidades en los alrededores de algunas fábricas que contaban con viviendas para sus trabajadores, como La Fama y San Fernando
en Tlalpan. tn estos barrios se comenzaron a formar pequeños núcleos de
obreros que romperían con su entorno rural, y empezarían a ensayar formas asociativas y de lucha 1¡ue marcaron el inicio de una identificación de
clase. Ilustrativos de una idrntificarión a partir del trabajo son los desfiles
que hacían con sus instrumentos de trabajo. Por ejemplo, en 1873, en
Contreras, los trabajadores desfilaron con sus lanzaderas y otros instrumentos para recibir a una comisión del Gran Círculo de Obreros.
Pc,-o más significativas fueron las numerosas luchas regionales que sostuvieron, así como los intentos organizativos que levantaron lo obreros:
ya fuera en forma autónoma, como la experiencia de "Las Fábricas Unidas", o en los que participaron bajo la dirección del artesanado, como con
el Gran Círculo de Obreros (GCO). Por lo que se refiere a las luchas, de la~
41 huelgas textiles que estallaron en el país en el período 1850-1883, 2i
tuvieron lugar en el Distrito .Federal} en rl estado de ~léxico, es decir casi
36
dos l!·rcio:;. En este sentido se podría afínnar que el centro de gravedad
de la lucha textil, en las déeadas de aparición del sistema de fábrica, estaba
t·n la zona. Las mutualidades se vinieron creando desde los años 60 y paulatinamente se transformarían en sociedades de resistencia; cuando se formó el GCO, se afiliaron, } para 1875, de las 28 sucursales que coordinaba
d Gran Círculo, do&lt;·e &lt;"Orrespond ían a fábricas textiles. El importante peso
que los textiles tenían en la composición del GCO se reflejaría en la atención que el periódico oficia] del Gran Círculo daba a los problemas y luchas de los obreros, lo que provocaría a su vez que algunos operarios fue-

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

89

1311 asiduos lectores y sostenedores de esta prrnsa. ,\ través de su par~ci~ación en el GCO, los obreros obtendrían O&lt;'asionalmrntc a}-uda econom1ca
01 sus huelgas y la difusión de sus problemas.

En el difícil camino de su constitución como clase, más importante
fue sin embargo la experiencia de "Las Fábricas l rudas", que funci?naba
como una suerte de coordinador de las organizaciones del Valle. Scrra una
agrupación más netamente obrera que el GC?: su dirección estuvo en manos de los propios trabajadores y ya no mas en las de l?s artesanos. ~u
importancia estribaba en que contribuyó a superar el caracter l~cal y aJSlado de las luchas y generó w1a red de solidaridad. En este sentido fue u~
antecedente del Gran Círculo de Obrero;; Libres creado en 1906 en Onzaba, sólo que más limitado geográfÍl·amentc. Acle,~~• dc_b~_mencion~
que la población de la región textil del \ alle de Mex.ico VlVlO la expcnencia fundamental de luchar en la guerra de Intervención, contra los franceses. Algunos tejedores que se &lt;·onvirtieron en guerrilleros y lucharon en
contra del Imperio de Maximiliano, y a favor de las Leyes de Reforma, serían reconocidos como líderes de sus comunidades después de la guerra.37
Los obreros mPxicanos se caracterizaron, en los años previos a que un
contingente de ellos se trasladara a Orizaba, por una gran riqueza en su vi:
da asociativa y por su constante efervescrncia y disposición a la lucha. S1
tomamos como índice el número de huelgas y los proyectos organizativos
que promovieron, debemos admitir que sin lugar a dudas constituían una
de las vanguardias del incipiente prolt'tariado industrial.

Coincidentemente, en los años inmediatamente anteriores a la apertura de las fábricas francesas de \, ecacruz, se dio una oleada de represión patronal para acabar con la org.inización de los trabajadores: se elaboraron
listas de operarios que no eran aceptados en ninguna fábrica, se disparó
contra huelguistas y asambleístas y se encan:eló a dirigentes destacados.
Entre los más golpeados estuvieron los trabajadores de Tlalpan, a quienes
la prensa calificaba como "hábiles, tenaces y testarudos,-.38 Verdaderamentc qut&gt; lo eran: a pesar de haber sufrido una severa derrota en 1875, se
declararían en huelga en cuatro ocasiones en el bienio 1876-1877; y su
Dlf'sa directiva terminó en prisión en 18,i.
Entre las filas de la migración vrnían -con seguridad- algunos de estos curtidos militante o algunos otros luchadore del valle de Anáhuac,
tan testarudos o cmpednados como ellos. De la misma manera que se ha

�90

Siglo XIX

relacionado la llegada de migraciones transatlánticas con la efervescencia
política en los puertos de arribo, deberían conectarse estos desplazamientos internos (por ahora poco estudiados) con Ja extensión de la agitación
y de la organización.

Los tlaxcaltecas
Y o viví en Nogales. .. como yo era el mayor, recuerdo cuando
llegamos a Nogales. Allá trabajó mi papá por un tiempo. Según
mi papá fuimos porque mis abuelos también se habían ido en
busca de trabajo. Mi familia completa ya tenía la costumbre de
irse para Veracruz, le habían probado en algunos pueblos de Tiax.
cala, habían buscado en fábrica la cosa de los textiles por todo
11axcala, pero había mejor paga allá en Veracruz, además había
más movimiento en topo. La cosa fue que a veces también vendíamos, llevábamos comida; la fruta de aquí, carne, quesos, en
fin muchas veces las vendíamos entre nuestros parientes o compadres. Allá en Río Blanco también teníamos familia que trabajaba
en las textileras...

Este testimonio de Gregorio Serrano,39 "campesino-obrero" de Santa
Inés Zacatelco, nos da algunas de las razones de la migración hacia Orizaba. Nos habla de la búsqueda de trabajo y de un salario mejor, pero también de los hábitos de los tlaxcaltecas (de la región sur-centro del estado)
de salir de sus comunidades a buscar trabajo, de probar suerte en las fábricas textiles y de dirigirse hacia el estado de V eracruz. Don Gregorio Serrano, que ~duvo por tierras veracruzanas en la última década del porfiriato,
pertenec1a a un grupo que se caracterizó tanto por su movilidad geográfica
como ocupacional.
Históricamente, los pueblos ubicados en el corredor Apizaco-Puebla
fueron como los barrios pobres, las reservas proletarias de la Puebla colonial. A Puebla y a su región circundante la proveían de gente para la construcción de edificios públicos, para sus talleres y para que trabajaran como
segadores.
En el siglo XIX la favorable ubicación de la zona, surcada por los ríos
Atoyac y Zahuapan y por el Ferrocarril Interoceánico, y la crianza intensiv~ de ov~!as; hicieron de los pueblos de la región lugares escogidos para
la ms~ac1on d: -~na docena de fábricas textiles, que pudieron aprovechar
ademas la tradic1on en la producción textil doméstica. Con la instalación
de las fábricas se fue creando un proletariado de tiempo parcial que com-

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

91

binaba su trabajo en el campo con el de las factorías. La experiencia de
buscar un ingreso adicional fuera de la agricultura, como artesanos, comerciantes ambulantes y arrieros o fabricantes, no era una novedad en la zona. El exceso de población rural de la región, que radicaba en pueblos con
terrenos comunales fraccionados en minúsculas e insuficientes parcelas,
que se explotaban individualmente, hacía indispensable la búsqueda de un
· 40
ingreso complementano.

Así, cuando vino el despegue industrial de Orizaba, que se tomó
cercana con el tránsito permanente de ferrocarriles, la ida a las factorías
no implicó una gran aventura, ni siquiera un cambio drástico en las formas de ganarse la vida. Realmente lo que pasaba era que se hacía más
amplio el radio de acción dentro del cual deambulaban los "campesinosobreros", que también fueron a trabajar a otra zona textil de Veracruz,
la de Xalapa-Perote. 41 Aunque el hecho de alejarse de Tlaxcala por.temporadas de semanas, o ~un de meses, hacía más marcados y definidos los
tiempos ocupados en el trabajo de la industria y los tiempos utilizados en
las labores agrícolas: lo que llevaría a que algunos inmigrantes tlaxcaltecas
en el mediano plazo tomaran una decisión más definitiva respecto al trabajo fabril .
Los habitantes de este minúsculo estado del centro de México se significaban por provenir de pueblos con una tradición de protesta y lucha
contra los hacendados. Más singular resultaba, no obstante, la reciente difusión de un movimiento religioso disidente en la región: el metodismo.42
El metodismo se propagó con éxito en la zona centro-sur de Tlaxca-

la y buena parte de su membrecía estaba constituída precisamente por estos trabajadores móviles que, trasladándose de un lugar a otro, portaban
consigo su credo. Este fue el caso de Agustín Flores Serrano, tejedor tlaxcalteca: lo primero que hacía una vez que se instalaba en el trabajo era localizar un lugar vecino donde hubiera reunión evangelista, lo mismo estu-·
viera en Santa Cruz, Tlaxcala, en Metepec, Puebla, en la ciudad de México
o en Río Blanco, Veracruz. Agustín Flores había transcurrido su infancia
en el pueblo de Zompantepec, que además de ser un centro metodista era
un foco liberal. En algún 16 de septiembre -recuerda don Agustín-, su
tío Petronilo Serrano, que era juez local, en un momento importante del
discurso oficial diría: "en una mano la santa biblia y en otra la santa Constitución". Con la misma emoción rememora, y aun entona, algunos fragmentos en francés de La Marsellesa, que uno de sus maestros liberales le
enseñó en su educación prirnaria. 43

�92

SigloXIX

El metodismo, además de conformar un espacio de solidaridad de tipo mutualista, tuvo un papel importante como fuente educativa para los
trabajadores tlaxcaltecas. A través de la celebración de veladas, o más
precisamente actos cívicos-religiosos, celebrados el 5 de febrero, el 21 de
marzo, el 5 de mayo y el 11 de septiembre y otras fechas fundamentales
del santoral liheral, se exaltaba la figura de Juárez, Hidalgo y Morelos y se
ponderaba lo que se consideraban lás virtudes del liberalismo mexicano.
Ahí surgían precisamente las críticas contra el gobierno porfirista; aJ observar el abismo entre la realidad política y los principios democráticos de
la Constitución liheral.
En esta labor eran importantes, además de la circulación de periódicos
protestantes como El A bogado Cristiano Ilustrado, la actividad y el· celo
de los propagandistas locales, que después de haber asistido al seminario
de Puebla, regresaban a sus comunidades en entusiasta labor proselitista.
Varias familias tlaxcaltecas que se adhirieron al metodismo, cuando emigraron a Orizaba participaron en la. conformación de una congregación en
Río Blanco, junto con migrantes que arribaron de Miraflores, ChaJco y de
otras partes del país donde el metodismo había cundido. La congregación
de Río Blanco, dirigida por José Rwnbia, jugaría un papel clave a la vuelta
del siglo. Sería sede, bajo el impacto de los militantes del Partido Liberal
Mexicano, de la primera organización obrera militante de la zona: el Gran
Círculo de Obreros Libres (GCOL). Además de Samuel A: Ramírez, nativo
de Zompantepec y personaje central de la historia local del GCOL, saldrían
desde las filas del metodismo otros militantes de los círculos, como Manuel
Avila y Andrés Mota.44

Queretanos y de otros estados
Vinieron además migrantes de los estadt&gt;s de Querétaro, Hidalgo, Michoacán y Guanajuato. Pero serían unos cuantos, a excepción de los queretanos que constituían alrededor de un 5% del total de los inmigrantes que
arribaron a la región. Los queretanos provenían de la capital del estado y
del poblado textil creado alrededor de la fábrica Hércules; cuando fue fundada esta planta, en los años 40 del XIX, se trajo la maquinaria de Francia,
de donde también se importaron artesanos y obreros calificados para que
durante tres años instruyeran a los mexicanos que luego los sustituirían.45
Después de varias décadas, también Querétaro exportaba operarios para
Jnanacatlán, Jalisco, para Uruapan, Michoacán, para Veracruz e inclusive
para la zona de Atlixco, Puehla. 46

B. Gorcía Díoz: Los obreros textiles de Orizobo

93

m.
La riada de inmigrantes que vino a nutrir las fábricas y a revitalizar la condición de tierra de forasteros de Orizaba fue muy variada, en tanto que era
bija de un México decimonónico caracterizado por una marcada diversidad
regional. Aún así se podrían agrupar principalmente dos tipos de inmigrantes. Aquéllos para quienes las factorías no representaban sino una ocupación esporádica y temporal, una forma de ganar el pan entre otras, aceptaih únicamente por razones de sobrevivencia; una mano de obra que tenía
aún como lugares fundamentales de su identidad las comunidades rurales,
la familia agrícola y el campo. Otros, en cambio, que salían de regiones
textiles, para los cuales la fábrica ya formaba parte de su destino o aJ menos así lo consideraban. En el medio de los dos tipos se ubicaba además
una gran diversidad de inmigrantes, como los llamados "campesinos-obreros" del altiplano.
Los miembros del segundo grupo, si bien no constituían la mayoría
del contiugente de migrantes, desempeñarían un papel central para que la
masa de trabajadores lograra avanzar en su autoreconocimiento de clase.
Ellos serían los promotores de las agrupaciones de resistencia y los animadores de las luchas en Orizaba, aunque nunca sus únicos protagonistas. Orizaba se vio favorecida en este sentido por el arribo de un grupo pequeño,
pero a la vez consistente, de obreros que ya habían pasado por experiencias fabriles en diferentes grados. Algunos eran verdaderos operarios expertos, con años de trabajo en el ramo; otros eran jó'!enes que recién habían
ingresado al mundo fabril en sus regiones de origen, pero que en ciertos
casos habían tenido ancestros relacionados con las fábricas: realmente se
harían obreros en Orizaha o en algún otro nuevo centro industrial como
Atlixco, distinto a su lugar de origen.
Estos obreros vendrían a formar parte de un proletariado textil que
se caracterizaba por su transhumancia a través de un eje o corredor textil
que se extendía desde el valle de México hasta Veracruz, atravesando desde luego la regiim textilera Puebla-Tlaxcala, y que incluía eventualmente
las fábricas del Bajío, establec\das en Querétaro, Jalisco y Michoacán. En
tanto no tenían propiedad de la cual vivir, estaban condenados al mercado
de mano de obra de una industria que se caracterizaba en general por su
inestabilidad, y debían 1:!asladarse a donde les compraran su fuerza de tra-

bajo.
Este proletariado nómada se movía en forma colectiva: ya fuera en

�94

Siglo XIX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

equipos volantes -integrados por pequeños grupos de amigos o parientes
solteros- que surcaban las regiones textiles, o en colectividades enteras de
docenas de operarios que, ante el cierre de su fábrica o el despido masivo
se veían ohligados a emigrar l1evando a cuestas sus familias y sus e ~
pertenencias.
Los movimientos, que en ocasiones se daban al interior de una misma
región y otras veces de un estado a otro, eran numerosos. En 1865 106
huelguistas de San Ildefonso, en el estado de México, son desalojados y
se trasladan a la fabrica La Colmena y Barrón.47 En 1868 hay un éxodo
masivo de trabajadores de Tlalpan, Contreras y Tizapan hacia la zona tex48
til de Tialnepantla. En 1875 huelguistas de La Fama y San Femando, de
Tlalpan, no son aceptados en su trabajo al término de su movimiento y dehen emigrar hacia las fábricas de San Angel y Tlalnepantla.49
Exodos mayores fueron el de 1868, de los huelguistas de la Magdale.
na, La Fama Y San Fernando, hacia el estado de Pueblafº el de 1873, de
~uelguistas de ~~peji del Río, Hidalgo, hacia San Ildefonso;51 el que realizaron 300 familias de huelguistas que, en 1877, emigraron desde Hércules, Querétaro, a La Fama de Tlalpan;52 el de 1889, de 200 obreros, que
acompañados de sus familias llegan de Jalisco como esquiroles a una huelga en San Fernando, en el Valle de México ;53 el que se hace de Puehla hacia San Antonio Abad, en 1893, para romper otra huelga;54 el de 1896, de
San Fernando hasta Juanacatlán, Jalisco, de cien obreros con sus fami.
' do sena
, conservado en la memoria por un corrido:
lias .55 Este u'ltimo
exo
Ya se acabó San Femando
Y a los obreros se van,

'

Se llevan la maquinaria,
Se van a Juanacatlán.
Conrado Carranza y otros
se van a armar los telares
pa cuando llegue la gente
ya estén listos sus lugares.
Roberto Carlos y algunos
Juan Pérez y don Sarnuel
se fueron a armar las mulas
y tróciles a nivel.
Adios, pulquito curado
con plátano de manila

95

...

nos vamos para Jalisco
a tomar puro tequµa.56

AJ igual que de San Femando llegarían contingentes de obreros de Querétaro, Puebla y de la región de Guadalajara. Los éxodos están lejos de ser
excepcionales y no pasan muchos años para que ocurra alguno.
Pero también estos trabajadores se movían en forma individual. Sin embargo: ¿cómo aprehender, cómo reconstruir capilarmente los movimientos,
las direcciones, los posibles itinerarios de estos tejedores e hilanderos girovagos, para los cuales las fábricas más que un sitio de estabilidad o de certidumbre parecía ser un lugar de continuo pasaje, un puerto de permanente
circulación?
Sus historias son agitadas y difíciles de seguir. Aún así, a través de la
historia oral se conoce algo de ellas. Un caso _sería el de Primitivo Soto:
mtivo de Puebla, se mudó a Nogales en donde trabajó como tejedor en
57
1904; posteriormente se trasladaría hacia Contreras y San Angel. Tras
una huelga en la Hormiga se tuvo que ir para La Carolina. Más tarde viajaría a Metepec, Atli.xco, donde también después de una huelga hubo vacantes. Posteriormente deambularía por las fábricas del municipio de Pue.
bla, finalmente regresaría a Orizaba y se instaló en la Santa Rosa. Otra historia es la de Alberto Lara Rojano, un obrero sobreviviente de la huelga del
7 de enero de 1907, originario de Miraflores, Chalco.58 De tradición familiar textil, pues su abuelo materno fue tejedor y sus tíos obreros del ramo, a los pocos meses de haber nacido Alberto su familia se dirigió a TlaJ.
pan, a la San Femando: su padre iba siguiendo a su tío, que era engomador. Cuando cierra San Femando, el padre de Alherto se traslada a Contreras; en cambio su tío se va a la Providencia y la San Pedro, fábricas de
Uruapan, Michoacán. Más tarde migran su padre y sus tíos a Puebla y fi.
mlmente llegan a Río Blanco; ahí los alcanzará Alherto, para ingresar en
el departamento de telares. Un caso más es el de Agustín Ramírez, un
chiquillo tlaxcalteca del puehlo de San Salvador Tzompantepec que cuando no ha cumplido aún los diez años de edad ingresa a la Trinidad, en Santa Cruz; de aquí pasará junto con su hermano a Metepec, donde un tío lo
ayudará; la siguiente escala será La Carolina, en el Valle de México, donde
también encuentra parientes, y en 1911 vendrá a Río Blanco, lugar en el
que se estahlecerá.59 De Querétaro tenemos el caso de Antioco Mosqueda,
que llegó en 1901 a la Santa Rosa después de haber estado en La Reforma,
e.n Salvatierra; del valle de Orizaba regresaría a Occidente a La Virgen, de
Tajimaroa, y sólo retornaría a Orizaba hasta 1918.60 Estas, pensamos, son

�96

SigtoXJX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

97

lústorias menudas entre decenas.
Y son historias de gente que se arraigó finalmente en Orizaba. Pero
más numerosas serían las de aquellos que no se quedaron y sólo se detuvieron temporalmente. Por ejemplo, para la fábrica Santa Rosa se ha observado en el período 1901-1906 una tasa de entradas y salidas bastante alta: de
1 348 obreros que trabajaban en 1901 sólo el 14°/o de ellos continuó laborando cinco años más tarde.61 ¿A dónde se trasladó el otro 86°/o?, ¿se
dirigió a otra fábrica del mismo valle o lo abandonó en búsqueda de una
mejor suerte?. Es una investigación todavía por hacerse. Lo evidente es que
era una clase obrera difícil de sedentarizarse, y al movimiento permanente
de población que llegaba correspondía otro flujo igualmente vigoroso de
gente que se iba. El valle debió. dar la impresión, en esos años, de ser un
honniguero con toda esa masa colorida y fluctuante que entraba y salía
permanentemente.
A la movilidad contribuían varios factores. En el caso de la gente que
venía directamente del campo, y regresaba a éste, desde luego su retomo
tenía que ver con las dificultades para adaptarse, y atrás de ello estaba
quizás un intercambio estacional entre agricultura e industria. En cambio,
para los integrados de manera menos parcial a las textileras, la inestabilidad expresa la creación de expectativas y no sólo insatisfacción. La movilidad era signo del deseo de mejorar la propia condición, tanto como reflejo de la crisis en que caían algunas fábricas. Como las ocasiones de trabajo habían aumentado, los obreros calificados no se sentían obligados a
adaptarse a un mal empleo ligándose a la primera oportunidad que encontraran. Así, se movían con el afán de encontrar una mejor posición y salarios más elevados. Si no hallaban con la migración una mejora, no aceptaban establecerse y continuaban viajando o regresaban a la región de la
que habían salido.
Este sector de trabajadores, a pesar de que se caracterizaba por no permanecer fijo, perteneció a una generación que estaba preocupada más por
la existencia de un puesto de trabajo, eventual o permanente, y por la creación de asociaciones de resistencia, que por el regreso a la tierra. La dimensión de este contingente, formado por varios centenares de obreros, es
mínima si se le compara con la del proletariado textil ocasional o semicampesino, pero disminuye más aún su presencia si se le pone en relación
con los trabajadores de un México central fundamentalmente agrario, o
con el más amplio mundo artesanal del período. Es un sector minoritario
que coexiste en las textileras con aquellos operarios que ingresan directa-

mente del campo a la fábrica y que viven la actividad textil como una p~sihilidad de rehabilitar.su economía campesina, a la cual regresan. Con~ve,
...._L· •
ianwten, c0 n aquellos
- que combinan en forma permanente labores
l
)agnc&lt;r
las e industriales, ya sean campesinos libres (como los tlaxca tecas_ o peoe entran al trabajo fabril, de acuerdo con los ritmos de la agncultura
Ías órdenes del propietario textil que es, al mismo ~empo,.hacen~ado.62 En este último caso no sería difícil enc~~trar trabajadores_ md~str1ales controlados y retenidos por sistemas tradicionales de eeonaJe, tíend~
de raya y dependencia por deudas. Aún así, e~tos p~~eros obreros textiles modernos, a pesar de ser más bien personajes at1p~~os en_ la estructur~
iaJ de la segunda mitad del XIX, en período de crJS1s seran muy sens1soc
, all'
bles a la agitación y tendrán capacidad para ampliar sus protestas mas a
de los límites del escaso número que representan.

~

Estos fabricantes se formaron en la comparación y en el inte~cambio
de ideas y de experiencias regionales. Habían madurado ademas en el
con~to y en la discusión con otros sectores, _c~mo los art~san~s, Y en varios oasos no sólo sabían leer, sino hasta escrih1an y contrihu1an al mantenimiento de periódicos. Y no raramente además h~~ían -~dquirido ~s
¡ropias convicciones poi íticas, maduradas en su partic1pac1on en asociaciones obreras y artesanales.
Comenzaron a existir como grupo desde los años 60 y 70, o al menos
así lo hace suponer la serie de migraciones que efectúan entone~, que nos
muestran grupos de operarios que no regresan al camp~, o a ~c~VIdades artesanales, ni aún por razones de sobrevivencia, y prefie~e~ VIaJar e~ busca
del trabajo textil. Pero de hecho su presencia se consolido en el te11do social con la aparición de las grandes fábricas fundadas en lugares como
Orizaba O Atlixco, y con la modernización y ampliación de al~as del
Valle de México. Es decir, su existencia se afirmó con la expans1on Y el
auge de la industria en los años que se colocan a caballo entre el pasado
agio y el presente.
Se puede decir que empiezan ya a constituir parte de lo que sería_un
mercado libre de trabajo, si bien se valen de lazos de parentesco y paISanaje para tener acceso a algunas de las fábricas, particularmente en las menos grandes (en donde eran fundamental~ tal~- lazo~ para el control del
merca~o de trabajo). E_fect~;amente, la migrac10~, leJos de ser_ un desorden, exigía cierta orgaruzac1on de contacto~, no solo para es~ mformado
sobre las zonas en que había realmente demanda de trabajo y sobre las

�98

SigloXIX

condiciones de éste, sino para el moment~ del arribo. En el caso de Orizaba, el mercado de información fue creado por los primeros en llegar que
transmitían las noticias hasta sus lugares de origen. Con el crecimiento de
la inmigración, la familia y la más amplia red de parientes irían adquiriendo una siempre mayor importancia como transmisores de comunicaciones
sobre la oferta y la demanda de trabajo. Esto era aplicable tanto para los
que venían del campo como para los que salían desde distintas factorías.
La comunicación fue facilitada por el tránsito permanente de los ferrocarriles, que contribuyeron así al desarrollo de la migración interna en
estos años. No fue una casualidad que la mayor parte de las rutas de inmigr-ación concidieran con el tendido de vías férreas. El ferrocarril, a través
de sus empleados y pasajeros, no sólo hacía posible la difusión acerca de
las nuevas oportunidades que se abrían, sino que -como se ha señalado
acertadamente-, su gr-an velocidad pudo haber disminuido los costos psicológicos de la separación del hogar y la familia para muchos inmigrantes.63

La estructuración de los desplazamientos tuvo como consecuencia
que se formaran cadenas de migración: iban desde pequeños pueblos, algunos de ellos apenas minúsculos caseríos encerrados por las montañas,
como Santa Catarina Tayata, y desde las villas fabriles de la mesa central,
hasta Orizaba, hacia las fábricas en que se encontraban trabajando familiares, amigos o conocidos de la patria chica. Ahí, en los barrios obreros,
se recrearían en la mayoría de los casos relaciones de solidaridad entre
paisanos y parientes.
Esto, que fue un rasgo particular de los migrantes oaxaqueños de la
Mixteca -bastaba que se reunieran cuatro o cinco de ellos para recrear
:Ñuñuma, el país de las nubes, es decir la Mixteca-, no era exclusivo de
ellos. Según Gregorio Serrano los tlaxcaltecas establecidos en Nogales
"siempre apoyaban a sus paisanos y los ayudaban, ya con comida, con
dinero, con asilo, hasta que entraran a trabajar a la fábrica".64 Con él
coincide Agustín Ramírez, que recuerda la alegr-ía que sentía cuando
llegaba alguno de su rumbo y cómo él mismo fue auxiliado por sus pa·
rientes de Tlaxcala cuando arrib&amp;' a Río Blanco.65 Los de San José lxtapan, Puebla, contaban con un paisano, Marino López, maestro de preparación de telares, que funcionaba como una llave de entrada a la fábrica. Los mismos josefinos se agruparon en un barrio llamado San José,
en las orillas de Santa Rosa. 66 El mapa de movilidad bien puede reflejar
las redes de parentesco y de paisanaje, que a su vez reflejan otra geografía: la que nace de las constricciones del mercado de trabajo, que mueve

B. García Díaz: Los obreros textües de Orizaba

99

a los grupos de inmigrantes de un lado hacia otro.
Si en el conjunto se podría hablar de una clase obrera joven, tanto
biológicamente -por su edad- como socialmente (por su reciente pasado
preindustrial), también es posible afirmar que en su seno contenía ya un
sector que pertenecía a la segunda generación de la clase obrera textil del
país, y que formaba parte de un grupo de trabajadores que nacionalmente
se dedicaba de manera profesional a ser obreros. En este sentido se podría
decir que no toda la clase textil 0rizabeña comenzó a formarse en ese lluvioso valle en los últimos lustros del siglo XIX. Una porción de ella se
venía creando desde varias décadas antes en diversas zonas, al menos desde
la mitad del siglo pasado.
Sería este grupo ya más familiarizado con el incipiente mundo industrial del país, y más próximo a su constitución como clase, a pesar de su
movilidad, el que comenzaría a absorber a los nuevos. Una parte de esta
fracción de trabajadores se encargaría informalmente de integr-ar a los recién incorporados al mundo fabril, tanto en el sentido de enseñarles a
trabajar como en el de transmitirles, por vía del ejemplo cotidiano, los
hábitos del comportamiento obrero. Ellos debieron enseñarles cómo adquirir un concepto urbano del tiempo tanto como las propias sirenas de
las fábricas. Algunos de estos obreros, y esto como influencia del metodismo, asumirían abiertamente la función de promotores del orden y la
ll&gt;hriedad entre la masa de los inmigr-antes.67
Pero la influencia de los obreros asimilados al sistema fabril no sólo se
daría en un sentido disciplinario. También contribuía a acelerar el proce!l&gt; de definición social de los recién incorporados a través de la dirección
de los primeros movimientos y de las primeras organizaciones: si observamos las luchas obreras, y la lucha proletaria por excelencia, la huelga, nos
damos cuenta que no tuvieron que pasar muchos años antes de que se pusiera en práctica. Las formas de resistencia colectiva comienzan desde el
momento mismo en que inician sus actividades las fábricas. En San Lorenzo estalló una huelga en 1881, año de su inauguración.68 Lo mismo sucedió en Santa Rosa en 1899, donde hubo una huelga a pocos meses de haber iniciado las labores en forma regular, y cuando ni siquiera Porfirio
Díaz había llegado a inaugurar oficialmente la factoría.69
Estos datos revelan que los primeros migrantes, los que llegaban a
"domar" las máquinas, ya estaban familiarizados con las formas modernas de lucha obrera y no ten Ían que recorrer un largo camino antes de en-

�100

Siglo XIX

frentarse colectivamente a los empresarios. Igualmente es notable la
precocidad que mostraron en superar el localismo de sus proyectos organizativos. Cuando en 1906 se funda el Gran Círculo de Obreros Libres
(GCOL), se decide promover la fundación de filiales a lo largo de todo el
altiplano y aún en Oaxaca. Este temprano rompimiento con los límites locales tiene que ver, desde luego, con los proyectos magonistas de crear
W1a oposición nacional al régimen porfirista, y con los lazos de los migrantes con sus orígenes. Pero es, al mismo tiempo, una herencia de las experiencias de ''Las Fábricas Unidas" , y de la del Gran Círculo de Obreros
(GCO), que se levantó 34 años antes en el valle de México. La similitud de
nombres que tienen el "GCO" y el "GCOL" no es mera coincidencia: el
recuerdo y la tradición del primero persiste en el segundo, aún cuando sean
dos organizaciones sustancialmente diversas que corresponden a distintos
momentos históricos del acontecer de la clase.

B. García Díaz: Los obrero, textües de Orizaba

101

pionera, aún siendo estrechos, eran mayores a los existentes normalmente
ro. las fábricas enclavadas en el campo.

Además, el funcionamiento más o menos regular y permanente de las

distintas fábricas contribuiría a que se fuera creando un núcleo de trabajadores estable. Esta fracción, si bien numéricamente fue ínfima al inicio,
año con año fue creciendo en forma paulatina hasta convertirse en un conjunto importante, que se reproduciría a sí mismo. Así, en la Santa Rosa
vemos que en 1898, año de apertura de la fábrica, se quedaron más de 23
trabajadores; al año siguiente se les agregan otros 12; en 1900 otros 33: así,
con cuentagotas, hasta llegar a 190 en 1905 y a 347 en 1909.71 En esta
forma, para un grupo de textiles transhumantes, su último movimiento sería precisamente hacia Orizaba. De esta manera, simultáneamente a la
persistencia de la movilidad de la gran mayoría de los trabajadores, se
inicia una tendencia en contrario, de sedimentación de un núcleo obrero.
Esta contratendencia no concluiría sino hasta la tercera década del siglo,
con la afirmación del sindicalismo y su control del mercado de trabajo, y
con la constitución de comunidades obreras.

Si en Orizaba asistimos a un punto de arribo de este proceso de formación de la clase obrera textil decimonónica, es también gracias al carácter de las fuerzas económicas que ahí tenían sede. En efecto la modernidad de las fábricas francesas actuaría en el sentido de ofrecer la base material .para que cristalizara este proceso en relativamente pocos años. Las
compañías francesas fueron de las pocas firmas de carácter monopólico en
el ramo, en esta época, organizadas en verdaderas sociedades anónimas y
centralizando considerables volúmenes de capital. El tamaño de sus establecimientos concentraba en unos cuantos recintos a un importante conglomerado de obreros. En estas plantas las relaciones de producción eran
más anónimas, más carentas de cualquier participación afectiva y personal, lo que hacía que las relaciones de clase fueran más advertibles.

El proceso no se dio ciertamente en forma automática. Los distintos
componentes de la masa proletaria lo vivieron con diferente ritmo y diversa conclusión. Así, a pesar de la modernidad del sistema fabril en Orizaba,
no se constituyó en el corto plazo una clase obrera moderna más que parcialmente. Una buena parte de los contingentes que se congregaron en el
valle conformaban una clase obrera que no quería serlo, o al menos no de
tiempo completo, y que encontraba muchas dificultades para convertirse en tal. El nuevo tipo de trabajo y la vida que conllevaba les eran muy
extraños, representaban todo un choque cultural, y sólo lo aceptaban en
la medida en que les era impuesto y en que eran empujados por la necesidad.

Una mentalidad empresarial más moderna, más urbana que la de la
mayoría de la patronal textil, se reflejaba en las relaciones laborales. 70 La
dominación de tipo patriarcal, en la que el patrón se apersonaba con frecuencia para mantener su dominio por medio de su presencia física, con
su mansión construida en medio de la fábrica, no existía más en Orizaba.
Aquí los obreros lograban sacudirse el ordenamiento social jerárquico a
que estaban sujetos en aquellas fábricas establecidas en el campo (que formaban en ocasiones parte de una hacienda), en donde los propietarios o
sus administradores intentaban ejercer un modelo de relaciones de corte
paternalista. Los márgenes de libertad e independencia de la población

Dado que se trataba de una clase rica en contrastes y pobre en homogeneidad, el camino hacia una toma de conciencia colectiva sería sinuoso
y cuesta arriba. No debe haber sido fácil la convivencia y la creación de
lazos de solidaridad entre grupos de obreros con tan diferentes orígenes
geográficos, sociales, culturales y hasta étnicos. Si no hubo más que parcialmente los problemas de falta de comunicación, nacidos de la diversidad de lengua, que existieron históricamente en numerosos países en el
momento de constitución de la clase, sí debieron manifestarse fuertes diferencias culturales y de procedencia social en su interior. En la fábrica
trabajaban lo mismo el obrero que vestía flex de casimir y sombrero de

�102

Siglo X/X

fieltro, que venía de un pasado fahril y estaba orgulloso de su oficio, que el
recién llegado del campo, que usaba calzón de manta y huaraches. La relación entre ambos no siempre fue fácil.

Los agrupamientos regionales informales y las mutualidades serían
los que originariamente buscarían resolver los problemas y, al mismo tiem.
po, los promotores de la solidaridad. No sería sino en un segundo momento cuando organizaciones más generales retomaron en sus manos la
búsqueda de soluciones, una vez que los primeros organizadores hubieran
librado algunas batallas al interior de la clase a fin de ganar consenso para
la construcción de agrupaciones que fueran más allá de la solidaridad entre paisanos o parientes, y que arribaran al enfrentamiento con los empresarios como vía de solución de los problemas.
Si los militantes tuvieron que trahajar arduamente para encuadrar en
sus proyectos a gente con tan diversos orígenes y expectativas, para los
administradores extranjeros no fue más sencillo pugnar con este multiforme proletariado. A la vez que enfrentahan a los militantes y sus simpatizantes, que al menos en forma parcial habían interiorizado y asumido el
sistema de fábrica (y que luchaban por mejoras salariales), tenían que
bregar con un proletariado más incontrolahle y espontáneo, más sensible
a rechazar las formas de administración:72 sus formas de resistencia eran
tanto o más difíciles de combatir que las colectivas medianamente organizadas.
En este sentido debe decirse que el movimiento obrero orizaheño, en
sus primeros años, no sólo fue hijo de las experiencias de la segunda generación de textiles: también descendía en línea directa de las formas de protesta y de resistencia de los recién llegados del campo. Después de todo no
se debe olvidar que el movimiento más dramático de esos años no fue una
huelga precisamente, sino una revuelta: la del 7 de enero de 1907.

IV. CONSIDERACIONES GENERALES

La clase obrera textil congregada en -el valle de Orizaba durante el Porfiriato se creó a través del desplazamiento geográfico de cientos de hombres,
provenientes de un vasto espacio territorial. De un área amplia que comprendía tanto los territorios de México, Puebla y Tlaxcala -que consti-

B. Garcfa Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

103

tuían la principal sede de la industria textil del período- como al suriano
ec¡tado de Oaxaca, y que abarcaba inclusive a otros estados más distantes
de Veracruz, como los del Bajío. Dada la extensión del espacio, se localizaban en su seno variadas y diversas regiones, poseedoras cada una de ellas
de específicos y singulares rasgos históricos, sociales y culturales. De ellas
salieron las migraciones que confluyen en Orizaba desde los aiíos 80 del
¡¡glo XIX.
.
Dentro de estos flujos migratorios se hallaban hombres de distintos
oficios y condiciones sociales, que junto con sus familias traerían consigo
una diversidad de formas de vida y de pensamiento. Venía el indígena de la
Mixteca, para quien el ingreso a la fábrica no era sino una de las vari~ modalidades económicas -la más diversa seguramente-, que le ofrec1a su·
descenso temporal a las tierras intermedias y bajas de Veracruz; las otras alternativas podían ser el corte de caiía en los ingenios del Papaloapan, o el
trabajo como jornalero en las fincas tahaqueras. Arribaban también los
obreros del valle de México, en algunos casos tejedores de segunda generación, que venían en pos de las oportunidades que ofrecía esta nueva zona
en expansión. Con ellos compartieron la experiencia de la migración los
"campesinos-obreros" de Tlaxcala, que con su viaje a Orizaba ampliaban
91 ámbito de circulación entre la factoría y el campo. Otros más que se
desplazaron fueron el campesino poblano, que huía de las presiones territoriales de los hacendados; el antiguo artesano ferrocarrilero, que proveniente ~e Apizaco mudaba de rama industrial; o aquél que combinaha el comercio pueblerino, la arriería y el trahajo en la industria.
En suma, era una abigarrada multitud la que _ingresaba y salía incesantemente de las compaiíías francesas productoras de géneros de algodón.
Como consecuencia de ello, esta clase se caracterizaría por conformar un
conglomerado heterogéneo y por ser un grupo muy difícil de fijar en el
espacio geográfico y social: un mismo obrero, debido a su movilidad, podía ser por ejemplo orizaheño o tlaxcalteca, de acuerdo al lugar en que laborara temporalmente, o ser campesino, artesano o trabajador, según la
labor que desempeñara. En realidad, esta falta de unidad y homogeneidad no era sino una confirmación de lo que ha sido una constante histórica en el momento de formación de la clase obrera en distintos países.
De importancia ha resultado identificar, dentro de ese conjunto de migrantes, a un núcleo de trabajadores que no inician su proceso de constitución en Orizaha, en el momento de apertura de las fábricas, sino que hunden sus raíces en la segunda mitad del siglo XIX, en la experiencia que re-

�104

Siglo XIX

presentaron las primeras fábricas textiles que se alzaron en el altiplano.
Fue un grupo que se consolidaría hacia los últimos lustros de la era porfi.
riana, cuando con el desarrollo de zonas textiles como Atlixco y Orizaha
empezó a defuúrse por su concentración geográfica el proletariado textil.
Fue en estas regiones fabriles (por mucho tiempo, desde el punto de vista
cuantitativo, realidades minoritarias), que el rostro del proletariado se dibujaría finalmente, de manera riítida e incontrastable, y hasta dramáticamente, en ese México aún profundamente agrario.
Estos antiguos obreros estuvieron preparados al comienzo del nuevo
siglo para absorber a los recién llegados al mundo fabril. Contribuirían sin
duda a producir auténticos semilleros de aprendices en los talleres en que
ingresaron, a la vez que socializaban de manera lenta y dificultosa las nuevas formas de vida y de pensamiento que traía consigo la aparición del sistema de fábrica. En medio de la renovación contínua de las filas proletarias, característica de la clase obrera en vías de constitución, el papel de
este núcleo, no siempre sedentario, sería fundamental para brindar alguna suerte de continuidad al proceso organizativo.
Las grandes compañías textiles constituirán, por otra parte, un escenario propicio en el momento en que este núcleo minoritario y los militantes del Partido Liberal Mexicano buscaran crear asociaciones obreras
con claros fines reivindicativos y de oposición al régimen porfiriano. Sin
duda la capacidad de amalgama de las modernas factorías contribuiría a
acelerar el proceso de unificación e identificación de los textiles "orizaheños". Mientras en las décadas anteriores se venía formando un proletariado sin grandes sobresaltos, a través de una lenta mutación que duró décadas, y que en ocasiones estaba fundada en una fuerte y secular tradición
artesanal o manufacturera (como en Querétaro o en Puebla), en el Valle
de nuestra atención esta maduración se alcanzó en relativamente pocos
años y de manera más cabal, en correspondencia con el desarrollo especta·
cular de la industria textil en la zona.

B. García Díaz:: Los obreros textiles de Oriz:aba

105

NOTAS

l. E.P. Thompson, ÚJ Formación Histórica de lo Clase Obrera, vol. l, Barcelona,
LAIA, 1977, pp. 16-7.
2. Rolande Trempe, "Presentación", en Le Mouvement Social, 97, París, octubrediciembre 1976.
3. Victoria Novello nos ofrece una lista que aun cuando incompleta recoge los
nombres de varios de estos nuevos trabajos en " Los Trabajadores Mexicanos en
el ~o XIX. Artesanos u Obreros", manuscrito, Ciesa, 1988.

4. Dawn Keremitsis, ÚJ Industria Textil Mexicana en el siglo XIX, México, SepSetenlas, 67, 1973, pp. 60-154.
5. Bernardo García D., Un Pueblo Fabril del Porfiriato: Santo Rosa, Veracruz,
~1éxico, Sep-Ochentas, 2, 1981. pp.11-29.

6. Padrórt General del Censo de Población del Municipio de Nogales (/892), Archivo Municipal de Nogales, Letra P. núm. 6. Los datos de este padrón fueron
procesados en computadora por los pasantes en lnfonnática Edda Arrez ReboUedo y Marte Meza, quienes diseñaron el programa de organización de la información.
7. Para aprender este flujo migratorio se trabajó en los libros de nacimientos del
Archivo del Registro Civil del municipio de Ciudad Mendoza. Se anotaron los
padres y los testigos que llevaron a registrar niños entre 1900 y 1908.
8. Algunas ideas desarrolladas en este ensayo fueron tomadas del proyecto colectivo "Formas y Formación: Historia Social de la Clase Obrera en México, 18801940", elaborado por Lief Adleson, Mario Carnarena y Gerardo ecoechea. Pero más importante aún fue la lectura de la iluminante conferencia que impartió en Roma en 1978 Rolande Trempe: "Storia Sociale e fonnazione della
classe operaia in Francia", en Annali della Fondazione Lelio e Lisli Bassolssaco, vol. IV, Roma, Franco Angeli Editore, 1982.
9. Juan Carlos Grosso, Estructura Productiva y F uerz:a de Trabajo: Puebla 1830.
/890, Cuadernos de la Casa Presno, 2, p. 31.
LO. Leticia Gamboa Ojeda, Los empresarios de Ayer, Puebla, 1985, pp. 25-33.

11. Véase para el problema de la reproducción de la fuerza de trabajo, el ensayo
citado de Juan Carlos Grosso.
12. José Alfredo Uribe Salas, ÚJ Jndustia Textil en Michoactin 1840-1910, Morelia,
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1983, p. 138.
13. Jorge Durand en l,n PURblo Obrero, Zamora, 1983, pp. 131-2.

�106

Siglo XIX

14.. Keremitsis, Op. cit., p. 202.

B. Carcfa Diaz: Los obreros textiles de Orizaba

107

34. Margarita García Luna, El movimiento obrero en el Ettado de México, México,
UAEM, 1984, pp. 36-7.

15. J. C. Gros.50, Op. cit., pp. 33-34.
16. Bernardo García Díaz, Op. cit., pp. 35-36.
17. Teodoro A. Dehesa, Memuria General del Estado de Veracruz 1896-1898,
Xalapa, Gobierno del Estado, 1898, p. 21.
18. J.C. Gros.50, Op. cit. p. 30.
19. Para la migración oaxaqueña véase Bernardo García, Op. cit., apéndice, p. 158.

20. Timoteo Reyes/Bernardo García, Programa de Historia Oral del Centro de
Estudios Históricos (PHO.CEH); Melesia Valentina Espinoza/Bemardo García,
PHO-CEH.
21. Esta tesis es sostenida por el profesor RodoÍfo Pastor; veáse: Francis R. Chassen,
"Oaxaca: del Porfiriato a la Revolución, 1902-1911 ", UNAM, Tesis de doctorado en estudios latinoamericanos, 1986, pp. 73-83.
22. Femando Braudel, El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en la época de
Felipe 11, vol. I, México, FCE, 1953, p. 148.

23. Archivo General de Oaxaca, Sec. de Gobierno, correspondencia, Reg. 96, exp. 7,
julio de 1903.

24. Karl Kaerger, "Tabasco en Chiapas", en Friedrich Katz, La Servidumbre Agraria en México en la Epoca Porfiriana, México, Ed. Era, 1982, pp. 77-82.

25. Cuauhtémoc Carnarena Ocampo, "Las luchas de los trabajadores textiles Mexicanos: 1865-1907", ENAH, tesis de Lic. en Antropología Social, 1985, p. 60.

35. Estas páginas sobre el Valle de México están tomadas fundamentalmente de la
excelente tesis de Cuauhtémoc Carnarena.

36. Cuauhtémoc Carnarena ''Las luchas de los Trabajadores Textiles, 1850-1907",
en Leticia Reina (coord.), Las Luchas Populares en México en el siglo XIX,
México, Cuadernos de la Casa Chata, 90, 1983, p. 189. Para la historia del
GCOL, que es bastante compleja, véase el importante trabajo de José Villaseñor
Orígenes del Movimiento Obrero Mexicano. El Gran Círculo de Obreros de México, 1870-1880, Avances de Investigación, 51, Cela, UNAM 1982.

37. Cuauhtémoc Carnarena, tesis cit., pp. 131-140.
38. [bid., p. 230.

39. Entrevista realizada por Beatriz Cano a don Gregorio Serrano, 12/sept/1979, en
la ciuda~ de México.

J. Buve, "Protesta de Obreros y Campesinos durante el Porfiriato", en Boletín de Estudios Latinoamericano,, 13, diciembre de 1972, pp. 1-20.

40. Raymond Th.

41. Abe) Juárez, "El trabajo en la hacienda de San José de Los Molinos", en Mario
Cerutti (coord.) De los Borbones a la Revolución, México, COMECSO-GV
Editores-UANL, 1986, pp. 204-5.

42. La infonnación sobre el Metodismo en Tiaxcala está tomada de: Jean Pierre
Bastián, Protestantismo y Sociedad en México, México, CUPSA, 1983 e "Itinerario de un Intelectual Menor de la Revolución Tlaxcalteca,José Rumbia Gu7.lllán,
Pastor y Maestro de Escuela Metodista, 1865-1913", mecanoescrito, 1986, pp.
7-11.

26. Francisco T. Olivares/Bernardo García, PHO-CEH.

43. Agustín Ram írez Serrano/Bernardo García, PHO-CEH.

27. Entrevistas realizadas con Luisa Muñoz, Gonzálo García Ortíz y Federico Madrid, PHO.CEH.

44. Peri~~c~, ~io Bl~nco,,, 28 de febrero y 13 de marzo de 1876, en Jean Pierre
Bastián, I tinerano. . . .

28. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García, PHO-CEH.

4.5. Margarita García Luna, Op. cit., pp. 23-4.

29. La vitalidad étnica permanece viva en el correr de los tiempos: lo demuestran los
etnólogos, que encuentran la reproducción de esta etnicidad en espacios poco
adecuados y alejados del ámbito comunal. Véase: Miguel A. Bartolomé/Alicia
M. Barabas ''La Pluralidad Desigual en Oaxaca", en Etnicidad y Pluralismo Cultural, México, INAH, 1986, pp. 73-75.

46. Para Juanacatlán, véase Jorge Durand, Op. cit., p. 131-2; para Tajimaroa véase
José Alfredo Uribe Salas, Op. cit., p.138.

47. Cuauhtémoc Camarena, tesis cit., p. 177.
48. lbid., p. 180.

30. Francis R. Chassen, Op. cit., p. 125.
31. lbi1., p. 126.

49. Cuauhtémoc Carnarena, Op. cit. (1983), p. 230.
50. lbid., p. 216.

32. Arturo Hernández/Bernardo García, PHO.CEH.
51. lbid., p. 221.
33. Moisés González Navarro, Las huelgas textiles en el Porfiriato, México, Cajica,
1970, pp. 36-37.

52. lbid., p. 236-7.

�108

Siglo XIX

53. lbid., p. 255-7.
54. /bid., pp. 262-3.

Trabajo, Inmigración y Colonización
en Cuba (1789-1847)

55. Jorge Durand, Op. cit., pp.131-2.
56. Jbidem.
57. Primitivo Soto/Bernardo García, PHO-CEH.

Eduardo Bitlloch*

58. Alberto Lara RojanofBernardo García.
59. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García.
60. Carmelita Mosqueda/Bernardo García.
61. Bernardo García, Op. cit., pp. 62-3.
62. Luis G. Morales, "Los obreros de Mayorazgo, 1912-1918", UAM-1, tesis de licenciatura, pp. 47-50, encontró el caso de peones endeudados todavía para la
segunda década del siglo.
63.

John H. Coatsworth, El impacto Económico de los ferrocarriles en el Porfiriato, México, Era, 1984, pp. 65-0.

64. Entrevista de Beatriz Cano con Gregorio Serrano.
65. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García Díaz.
66. Bernardo García Díaz, Op. cit., p. 39.
67.

Jean Pierre Bastian, "Itinerario ...", p. 7.

68. Cuauhtémoc Camarena, cit. (1983 ), pp. 244-5.
69. Periódico El Reproductor, 9 de febrero de 1899.
70. Es!as observacion~ _sobre el tipo de empresario textil francés que invierte en
Onzaha son de Letic1a Gamboa Ojeda.
71. Estos cálculos han sido elaborados en base a listas de personal del Archivo de la
Conpañía Industrial Veracruzana, S. A.
72. Para los problemas de indisciplina se puede ver Bernardo García Díaz. Op. cit.,
pp.46-48.

LA PLANTACION

La ruina de la colonia francesa de Saint-Domingue en 1791, gran productora mundial de azúcar hasta entonces (era llamada la reina de las islas azucareras), 1 significó la prosperidad de Cuba, a la cual consideraba ya
algunos años antes Thomas-Guillaume Raynal en su Histoire. .. que ella
sola podía valer un reino. 2 La insurrección haitiana tuvo para Cuha una doble importancia: por una parte, dejó libre un espacio en el mercado internacional del azúcar y del café; por otra, generó una inmigración de colonos franceses que aportaron capitales y esclavos, pero fundamentalmente
ó1i práctica en el manejo de plantaciones y su experiencia técnica.3
Ramón de la Sagra había señalado ya en 1831 la importancia de esos
hechos históricos:
El mismo suceso de Santo Domingo, cooperó poderosamente á
las medidas de protección dispensadas por el Gobierno supremo a
esta Isla, favoreciendo la industria agrícola y estableciendo el
comercio de la Habana sobre otras bases diversas de las que regian en el sistema colonial; con la mira de conseguir, que se llenase con los frutos cubanos, parte del hueco que aquel funesto
suceso· dejaba en el mundo mercantil.4

*Este artículo sintetiza diversos capítulos de la tesis doctoral que el autor prepara solre la formación de la clase obrera en Cuba en el siglo XIX, bajo la dirección del pr0fesor Gerrit Huizer, en la Universidad de Nijmegen, Holanda.

�110

SigloXIX

Es que en Cuba se dieron todas las condiciones requeridas para facilitar
su auge:

1. a) Tierras aptas para el cultivo del azúcar y del café ubicadas geograficamente en las cercanías de las zonas portuarias, requisito básico en esa
época en que la existencia de escasos caminos y su mal estado representaban un aumento excesivo en los costos de transporte;5 b) montes abundantes, que suministraban las maderas necesarias utilizadas tanto en la
construcción de ingenios y cafetales, como en carretas, en la fabricación de
utensilios y, más aún, como combustible; e) ganados suficientes, para ser
utilizados como fuerza motriz y, en parte, para la alimentación de los esclavos.6
2. Una legislación favorable al desarrollo de la agricultura; fueron dicta-

das en la última década del siglo XVID una serie dé leyes que propiciaban
no solamente el cultivo del azúcar, sino también los del café, añil y algodón. El más antiguo ejemplo al respecto es el llamado privilegio, por el
cual no se podían embargar los ingenios, concedido a Cuba por Felipe II
el 30 de diciembre de 1595. Posterior en el tiempo, aunque quizás objetivamente más importante, fue la Real Cédula del 30 de agosto de 1815 de
"libertad de montes y plantíos", que permitió la demolición de numerosas fincas antiguas y la formación de nuevos ingenios, cafetales y potreros. 7
3. La mano de obra necesaria, facilitada por la introducción masiva de
africanos -hasta ese momento la trata se hacía por el sistema de asientostras el dictado de la real Cédula del 28 de febrero de 1789 "(...) á fin de
acudir a la estrecha necesidad con que se hallan de estos brazos, sin los
cuales no pueden prosperar y florecer, ni producir al estado las inmensas
riquezas que ofrece su clima y fertilidad de sus terrenos. ,,s
A esas condiciones se sumó una aristocracia agraria que supo visualizar y hacer uso de su oportunidad, "(. ..) que consiste en aprovechar este
momento, el único en que puede darse un fomento increíble á la riqueza nacional, ó lo que es lo mismo á la agricultura.'~
Coincidiendo con tal propósito de favorecer la agricultura, en los artículos 7 o. y 80. de la cédula de 1789 se establecía, respectivamente, que:
a) la corona de España iba a gratificar a razón de cuatro pesos por cada
africano a los españoles que los introdujeran de "buena calidad"; b) que
como el principal objetivo para la concesión de libertades en el tráfico de

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

111

esclavos iba determinado a fomentar la agricultura, se imponía una capitación anual de dos pesos por cada africano_que no fuese destinado al trabajo rural, sino al servicio doméstico en las ciudades y pueblos.
Otras leyes prorrogando y ampliando el comercio esclavista fueron
promulgadas el 20 de febrero y 24 de n?viem_bre de 1791 Y_ el 22 de abril
de 1804, siendo esta última la qué_ cerro el ciclo de concesiones negreras
hasta la firma, el 24 de septiembre de 1817, del tratado entre España e
Inglaterra. Como consecuencia, a 'partir del cambio de ratificaciones el 11 .
de noviembre del mismo año, se prohibía la trata y se la declaraba totalmente abolida en todas las p~esiones españolas -eomo fecha tope- desde el 30 de mayo de 1820.
Pero vencido este definitivo plazo legal, se inició la era del contraband~ negrero que iba a durar hasta bien avanzado el siglo pasado, debido
a la tolerancia de las autoridades, que no encontraban otro modo de
reemplazar la fuerza de trabajo· esclava. Esto se agravaba, además, por. fiº
que la reproducción natural de los ese1avos era lllSU
ciente.10
Se sentaron así las premisas históricas que permitieron la transformación de Cuba en una "gran plantación". Simultáneamente con esos
cambios económicos, comenzaron los debates sobre el sistema de trabajo -esclavista o asalariado- y sobre la inmigración y colonización blanca. Resultaban cuestiones pri~ritarias en una economía de plantación que
era inconcebible sin esclavos debido a su mismo carácter: grandes extensiones de tierra y numerosos productores que efectuaban una labor rutinaria en extenuantes jornadas de 18 horas. Cuestiones que fueron debatidas prácticamente a lo largo de todo el siglo XIX, y que tuverion su
antecedente teórico más lejano en el que puede considerar el primer historiador cubano, José Martín Félix de Arrate, que hacia 1754 escribió que
los esclavos ·
(... } a más del preciso desembolso de su compra, sirven al _coste
y riesgo de sus dueños; quienes reportan los gastos de su ~unen-

to vestuario y curación, y la paga de sus fugas, hurtos y entierros,
pe~diendo muchas veces su valor antes de utilizar~e de su servicio:
espuestos continuamente a ser enfadosos y nocivos a los amo~,
por la rudeza y barbarie casi común en todos, y la mala condición y viciosa costumbre de muchos de ellos.11

�112

Siglo XIX

TRABAJO ESCLAVO Y TRABAJO ASALARIADO
En su sesión del 29 de febrero de 1844, la Real Junta de Fomento de
Agricultura y Comercio de La Habana consideró el nuevo plan de población por medio del cual se resolvía fundar sociedades anónimas de colonización blanca, disponiendo una serie de medidas prácticas: subsidios, reglas de funcionamiento, carácter que se debía dar a la inmigración, etc.
Pero una semana más tarde, en una nueva reunión efectuada el 7 de marzo, se decidió no fomentar colonias agrícolas -algo implícito en la resolución anterior- sino "importar inmigrantes" en ealidad de jornaleros.12

La burguesía cubana comenzaba así a buscar una solución posible al
problema de la carencia de mano de obra, agudizado progresivamente tras
los acuerdos de 1817. En el decenio de 1840 coincidieron distintos factores que agravaron esa cuestión que, suscintamente, se pueden compendiar
en: externamente, una mayor agresividad política inglesa, no sólo ya en lo
concerniente a la extinción del tráfico negrero, sino también de la esclavitud como sistema económico;13 internamente, en la conspiración de la Escalera de 1844, cuyos alcances verdaderos -como conjura- están todavía por precisarse, pero que aterrorizó a gobernantes y hacendados y que
sirvió, en última instancia, para liquidar a un sector social de africanos Ji.
bres -artesanos, comerciantes, profesionales- que podían tornarse una
amenaza potencial a nivel económico y político.
Raynal había señalado en 1780 que las pocas industrias artesanales
existentes en Cuba estaban en manos de mulatos y negros Libres;14 casi
cincuenta años más tarde, José Antonio Saco había advertido en la "Memoria sobre la vagancia en Cuba" tal peligro: "Por una desgracia harto lamentable, casi todas las artes se hallan en nuestra Isla en manos de la
gente de color."15
Pero en Cuba la controversia sobre el trabajo y la inmigración estaba
íntimamente unida a la cuestión del rendimiento de los ingenios. En las
firmas cubanas el crecimiento era condicionado por el propio método de
trabajo, por la competencia de otros países productores de azúcar y por
el progresivo desarrollo de una industrial europea de azúcar de remolacha.
Esta última, inicialmente relativizada como concurrente eventual en el
mercado internacional, terminó por provocar aprensión para una posible
expansión de las plantaciones cubanas .

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

113

El azúcar de remolacha, mirada á los principios con desden, y
con menosprecio cuando se indicaba en relación con el futuro
cultivo de la caña, ha llegado á inspirar verdaderos temores, tanto
por la masa de productos que ofrece al mercado, cuanto por los
medios que para favorecerla, adoptan los gobiernos de Europa.
Al mismo tiempo, la enorme producción del azúcar escediendo á
los consumos, ha producido en los precios una baja que no admiten las fincas actuales, establecidas sobre un plan vicioso de prodigalidad y desperdicios. 16
Su trascendencia se reflejó, igualmente, en Saco, quien dedicó un trabajo
a esa industria y analizó sus probabilidades de prosperar en Francia y sus
consecuencias, tanto para las propias colonias galas como para Cuba.17
Para poder continuar exportando, manteniendo, por lo tanto, precios
competitivos a nivel mundial, había que tecnificar la producción de las
haciendas cubanas. Pero esto era prácticamente imposible mientras sub!'istiera el trabajo esclavo como base principal de la economía. Los esclavos no tenían interés ni capacidad, dado el régimen embrutecedor en que
se desenvolvían, para hacerse cargo de tareas que requerían como precondición cierta fonnación técnica. La coacción u obligación extra-económica
tenía su correlato en los pobres niveles de las técnicas utilizadas, en la
rotura de los instrumentos de trabajo, en el desperdicio de las materias
primas. Circunstancias que
(... ) encarecen la producción basada en la e~clavitud. En ésta, según la notable expresión de los antiguos, el trabajador sólo se distinguiría del animal y de la herramienta inanimada como el instrumentum vocale se distingue del instrumentum mutum (. . . )
Pero el propio esclavo hace sentir muy bien a los animales y a los
instrumentos de trabajo que están muy lejos de ser sus iguales,
que él es el hombre. Para darse ese placer, los maltrata con amore.
Por consiguiente es un principio económico aceptado en ese modo de producción el de que se deben emplear los instrumentos de
trabajo más rudos y pesados, para que su bastedad y peso los hagan más difíciles de deteriorarse (... )18
Tal era la conclusión a la que llegaba Karl Marx, bruándose en las afinnaciones de dos hombres, John Elliot Cairnes y Frederick Law Olmstead, que
habían recorrido las plantaciones algodoneras del sur de Estados Unidos. 19
Sagra y Saco habían formulado apreciaciones similares. Según el primero, no dejaba de ser una fuente constante de inconvenientes para todo
intento de perfeccionamiento de la agricultura;

�114

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1189-1841)

Siglo XIX

115

(...)la clase de trabajadores que se emplean para el cultivo;porque el negro esclavo, por mal dirigido, es grosero en su trabajo,
no distingue la constancia y la asiduidad de la fuerza material, y
emplea esta siempre y cuando se propone cumplir mejor, por
voluntad ó por miedo. El grande y uniforme cultivo que se hace
en los ingenios y cafetales, y los vicios introducidos en su régimen, han hecho que s~ disponga de las masas de operarios como
máquinas de fuerza, y se deja poco ó nada al tino y a la previsión.20

Con Jo que, de hecho, los comerciantes perdían las garantías de sus
préstamos. Concretamente, en cuanto a la abolición de la esclavitud, proponía cuatro disposiciones:

Saco, por su parte y también refiriéndose concretamente a la labor esclava
en Cuha, escribió que

2. Borrar o destruir la preocupación de color: aconsejaba que se forma-

la indolencia y a veces la perversidad de los esclavos, es causa de
muchos quebrantos en un ingenio. El animal que se suelta, y es·
tropea el sembrado, el caballo que se pasma, el bu que se des·
nuda, la chispa que salta y quema el cañaveral (... )2

como una forma de ir obteniendo la desaparición paulatina de los preJW·
cios de color.

1y

l. Abolición efectiva del tráfico de esclavos: la única manera de lograr

tal objetivo era por medio de un estricto control legal, pero eso dependía de las autoridades, cómplices, hasta ese momento, del contrabando negrero.

ran colonias mixtas, compuestas por jornaleros blancos y mujeres ne~~•

3. Mejorar la condición de los esclavos. Indicaba una serie de medidas
tendientes a mejorar la situación de los africanos: disminución de los

El problema para los plantadores cubanos consistía, enlonces, en cómo
transformar esclavos en asalariados sin desestabilizar el orden existente.
Por otra parte, si se aceptaba el principio de la abolición, cómo ejecutarla,
traLando de armonizar los distintos intereses en pugna. Las soluciones pro. puestas eran disímiles. Arango y Parreño, el mejor representante de su cla•
se -como intelectual y como empresario-, el hombre que había pensado
a Cuha como una enorme plantación, que hahía pugnado por la introduc•
ción masiva de africanos,22 se había convertido, años más tarde, en 1832,
en un abolicionista, descubriendo que los esclavos"(...) trabajan en general, más de lo que deben. Se les castiga cruelmente. No se les alimenta, viste ni asiste en sus enfermedades(.. .f,23
Pero no había en ello arrepentimiento moral Oo que, obviamente, no
entraba en sus cálculos -en 1789 hahía calificado a la trata de "miserable comercio", pero al mismo tiempo se quejaban de no poder participar en la misma-), sino el más craso interés económico. Es que él veía
más allá que su clase, la que en conjunto se distinguía por su codicia y
por su atraso, percatándose de que el mantenimiento de la esclavitud
significaba a largo plazo la desaparición del ingenio y, por ende, la de un
grupo social. Simultáneamente su antiesclavismo era una expresión de la
contradicción hacendado-comerciante, ya que sugería la medida económica perfecta contra los segundos: "(. . .) que se declarenglebae adicti
los esclavos campestres, no pudiendo rematarse, ni aun para pagar al Fisco, y solo cuando ellos lo soliciten con justa causa, sea permitida su separación de la hacienda en que se hallen (...)',24

días laborables, menor intensidad en el ritmo de trabajo, mejoras en la
alimentación, en la vestimenta, en el alojamiento y en la asistencia médica, etc.

4. Establecer un sistema de manumisión gradual: debía ser elaborado y
puesto en práctica un sistema de manumisión que no superara los límites
. •25
señald
a os por la expenenc,a.
Otros aconsejaban separar las operaciones agrícolas de las de elaboración en los ingenios, dejando a colonos blancos la siembra y el cultivo, y
a los propietarios, la manufactura.26
A la polémica sobre la supresión de la esclavitud se sumaba otro inconveniente: cómo evitar el desequilibrio demográfico entre blancos y
oegros.27 La respuesta -tan difícil de implementar y que, por otra parte,
nunca asumió otra forma que la simple condición de un paliativo- era
dramáticamente sencilla: fomentar la población blanca. Es que el recuerdo de la revuelta haitiana de 1791 permanecía fresco en la conciencia
colectiva de los hacendados cubanos.

Pero había que ver si las condiciones de la economía eran favorables
para la inmigración, que carácter debía darse a la misma. Antes de respon-

�116

E. Bitlloch: Trabajo e inmigroción en Cuba (1789-1847)

Siglo XIX

der a estas y otras preguntas debemos interrogarnos qué es un esclavo y
qué es un asalariado, cuáles eran las diferencias de sus costos para los
plantadores cubanos. Finalmente debemos preguntarnos sobre algo que
resulta problemático y enojoso de responder: cuál era la rentabilidad del
trabajo esclavo.
Recapitularemos los pro y los contra en la labor esclava según el clásJ.
co estudio de Cairnes. Entre los pro mencionaba el poder omnímodo
(fundamental para la organización del trabajo en gran escala que requiere
toda plantación) que los amos ejercían sobre los esclavos y la apropiación
total de los productos del trabajo. Entre los segundos indicaba: a) se trata
de un trabajo hecho de mala gana y en consecuencia su productividad depende de la vigilancia que se ejerza: en el momento en que esta disminuye,
el esclavo relaja sus esfuerzos. i\sí, los costos del trabajo esclavo están proporcionahnente relacionados con el grado de concentración o de dispersión
de la fuerza de trabajo, según las necesidades de la producción, en el espacio de la plantación; b) es un trabajo inevitablemeente no calificado. No
existe interés del esclavo en su labor: a esto se suma el hecho de que es inducido a no ejercer ninguna de sus facultades. Se puede afirmar que la
Pducación en la ignorancia es prioritaria para el funcionamiento de la esclavitud; e) se trata de un trabajo carente de la más mínima versatilidad:
cuando los esclavos aprenden una tarea no pueden ser utilizados en otra
distinta.28
Estos aspectos perjudiciales del trabajo esclavo, continuaba sosteniendo Cairnes, tienen sus lógicas consecuencias. En primer lugar sobre la
agricultura y, en segundo lugar, sobre la industria y el comercio: inmoviliza
grandes sumas de capital en esclavos, lo que torna problemática la acumulación o la impide directamenle.29

117

queña en las actuales circunstancias, pues 5 Y ~ún 7°/o, no ~orresponden a un sistema de industria a l_a vez agronomo Y fabril, que
exige la anticipación de grandes capitales, y que se halla expues. 31
to a innumerables d esgrac1as.

Un historiador contemporáneo, Eugene D. Genovese, menciona a Edmund
Ruffin, autor de The Political Economy of Slavery (Washington, 18~7),
quien se oponía a las tesis del ricardiano Cairnes manif~tando, que m1~ntras hubo tierras fértiles y baratas, la habilidad en el trabaJO tema un caracter secundario. Fue el agotamiento de los terrenos lo que generó "(... )
las condiciones que exigían una participación inteligente de la fuer1;a de

. (...)',32
traba.Jº
Pero Ruffin, concluye Genovese, nunca terminó por elucidar su idea
al respecto, ni sacó las correspondientes conclusiones.

ORG t\..'JIZACIO - DEL TRABAJO
Aunque los esclavos trabajaran en relación a sus propias capacidades, los
límites a las mismas estaban determinados por condiciones quizás ajenas
a su voluntad. La vigilancia, por ejemplo, es necesaria en todo modelo de
sociedad cimentado en el antagonismo entre el productor y el propietario: cuanto mayor es ese antagonismo, más importante es el rol que adquiere el control laboral, que alcanza su apogeo en el sistema esclavista.
Charles S. Sydnor puntualizaba la eficacia de la supervisión del trabajo
en una plantación de M~issippi, especificando la diferencia de algodón
cosrchado en relación con un día habitual de trabajo:

Aún cuando Cairnes pueda haber caído en cierta desmesura en sus
observaciones, no existe la menor duda de que las mismas coinciden con
las de la mayoría de los economistas y viajeros de la época. Sagra, que
quizás escribió los mejores tratados sobre la economía cubana en el siglo
XIX, señaló la misma contradicción. Remarcaba: a) la imposibilidad de
toda organización científica de la agricultura mientras que el cultivo se
efectuase con esclavos; b) la irracionalidad de un sistema que consideraba
la estúpidez como una cualidad preciosa de los esclavos, a fin de mantenerlos en una perfecta sumisión.30 En una obra anterior decía:

El 27 de septiembre de 1830, un grupo de catorce esclavos, e?
una plantación algodonera de Mississippi, recolectaron 4 520 libras de semillas limpias. de algodón o sea, un promedio de 323
libras por esclavo. La mayor cantidad recolectada ese día, ~or un
esclavo fue de 415 libras y la menor fue de 240. El trabajo fue
concie~zudamente observado, por ser una labor pagada, Y los resultados fueron lo suficientemente inusuales para ser publicados
en la prensa. Por ello, es evidente que los esclavos calificados, bien
estimulados, podían recolectar dos o tres vec,es más que lo que_ un
esclavo común era capaz de efectuar en un d1a. El esclavo corriente, bajo condiciones normales, no era obligado a trabajar hasta el
33
límite de sus fuerzas.

De todos modos la utilidad que rinden los ingenios es muy pe-

Pero cuando la·vigilancia degeneraba en un castigo constante, la negligen-

�118

Siglo XIX

cia y la despreocupación eran incesantes en la vida de las plantaciones.
Cuba no fue una excepción a esa pauta de control de las tareas diarias. La
figura del mayoral, el barracón, el aislamiento, el castigo, emergen -como
símbolos de la estricta vigilancia- de la lectura de los escritos dejados por
los viajeros de esos años, aunque también se deducen matices divergentes
en el trato dado a los esclavos entre un ingenio y otro, y de acuerdo a las
34
distintas épocas. Louis-René Villermé reproduce un cuestionario que le
envió a Dé la Sagra:
(. . .) que ha vivido mucho tiempo en la Habana, de querer responder a esta pregunta: ¿quiénes son, en la isla de Cuba, los que
tratan mejor a sus esclavos, y quienes los que los tratan peor? He
aquí cual ha sido su respuesta:
En primer lugar hay que poner a aquellos que tratan peor a los esclavos, les exigen de más y se muestran crueles con ellos: los negros libres.
Después vienen los mulatos.
En tercer lugar los blancos de condición media.
En fin, aquellos que tratan mejor a los esclavos son los blancos
mas ricos.
Los esclavos más maltratados son los pertenecientes a hacendados
pobres y aquellos de la agricultura. Los últimos son puestos bajo
las órdenes de blancos sin educación y crueles, nacidos en los
campos de la isla de Cuba, o de naturales de las islas Canarias, que
fueron a Cuba a hacer fortuna, como administradores de explotaciones rurales. La mejor condición para los esclavos es la de domésticos de la clase rica; ellos viven mejor que un gran número de
obreros en Europa. Así por poco humano que sea su amo, ellos la
prefieren a la libertad.35
En general se puede sostener que el tratamiento dado a los esclavos estaba
determinado por la cantidad disponible, por su precio, por las técnicas de
producción y por las condiciones del mercado. Un buen paradigma al respecto es Arango y Parreño, que en el cénit de su desvelo abolicionista propuso que se premiara a los dueños de ingenios que lograran tener, entre sus
dotaciones, mayor número de esclavos nacidos que muertos.36

LA ALIMENTACION
Otro de los factores que debe haber influido en el ritmo de trabajo de los
esclavos es la dieta. Si bien por ley los propietarios de las fincas tenían la
imposición de suministrarles una cantidad de alimentos establecida como
escribió Frederika Bremer, ¿quién podía controlarlos?37 Evident:mente

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

119

die pues todo airaba en tomo a la obtención de superbeneficios que era,
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en última instancia, lo que determinaba las jornadas intensivas e tr . ªJº·
De modo que la dieta cumplía un cometido específi.~o, y era dependie~te

de los intereses económicos. Ambos aspectos determmaban los promedios
de vida de los esclavos.

Arango y Parreño se habían preguntado en su "Discurso,~bre la ~ culmra. . . " cómo lograr que los esclavos trabajaran el maxnno posible
con el menor costo de alimentación:
Los ingleses, franceses y portugueses en la mayor part_e ~ienen
un mismo modo de alimentar sus esclavos. No les dan m din~ro,
ni alimento (aunque esto último se Jo prevengan sus leyes), smo
un pedacito de terreno para que lo cultiven, y el tie~po que cada
nación ha juzgado conveniente. Nosotros dam_os el m!smo terre~o
y el mismo tiempo para el cultivo al que se qmere aplicar:; pero sm
perjuicio de la ración diaria de carne y menestra. Los m?Jeses Y
los franceses tienen menos días festivos y por consecuencia sacan
mayores tareas de sus esclavos.38

Los viajeros mencionan casi unánimemente y sin demasiadas variacio~es en
el devenir del siglo XIX, un régimen alimenticio consistente en tasaJO y/o
bacalao, harina de maíz, arroz y plátanos. Alimentos que variaban -para
bien O para mal- entre las distintas plantaciones, ~e~ido no sol_ament~ a
los criterios particulares con que cada plantador adrmrustraha su finca, smo
también en función de las existencias -en el sentido de capacidad de producción- de materias alimentarias en cada región.39
En cuanto a la calidad de los alimentos podemos ver las observaciones
del médico negrero Honorato Bemard de Chateausalins, que sostuvo que el
tasajo y el pescado salado llegaban muchas veces con un principio de fermentación pútrida sumamente dañosa, así como las del cónsul inglés
Richard R. Madden, su antípoda ideológica, quien aseveró que el tasajo
de Brasil era extremadamente duro, de escasa materia nutritiva, de mal sabor y peor olor.40

En cuanto a la cantidad de comestibles suministrados a los esclavos
podemos formular un modelo hipótetico de dieta41 cotidiana basado en:

�120

Siglo XIX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

tasajo:
arroz:
harina de arroz:
bananas:

230 gramos
112 gramos
336 gramos
6 u 8 piezas

~

t.)

Al analizar los componentes de dicha dieta es posible establecer el
cuadro de la página siguiente.

3 400 unidades
85 gramos
100 gramos

todo lo referente a la dieta de los esclavos.

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*Mi agradecimiento a la doctora Paula Poldennan por sus consejos y asesoramiento en

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En general podemos decir que, de acuerdo con la comida que se suministraba, no se pueden deducir otras deficiencias alimentari~, aunque
esto no implique negar otro tipo de enfermedades debidas a las condiciones higiénicas de trabajo y vivienda o a la calidad de la comida.42 Además,
debemos tener en cuenta que, después de cierta cantidad de horas diarias

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En conclusión, se puede afirmar, teniendo en cuenta el ritmo de trabajo de los esclavos, que eon esa alimentación sufrían un proceso progresivo de adelgazamiento y, por consiguiente, de debilidad, provocados por
la escasa cantidad de calorías y grasas que recibían. Dos enfermedades
concretas originadas en la falta total de vitamina A son la _xeroftalmía y la
alteración de la capacidad visual nocturna. Las vitaminas B y C se adquie1
ren con 1a ingestión de bananas, por lo que este alimento cumple un papel
tan importante que se lo podría considerar "el salvador de los esclavos".

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10 miligramos
0.45 miligramos
1.4 miligramos
50 miligramos*

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Un hombre entre los 20 y los 35 años y de un peso aproximado de
70 kilos y que desarrolla diariamente una labor física intensa necesita:
calorías:
albúminas:
grasas:
hidratos de carbono:
hierro:
Vitamina A:
Vitamina B :
1
Vitamina C:

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121

�122

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

Siglo XIX

de labor intensa, el ritmo de trabajo decrecía por agotamiento físico.
Madden, refiriéndose a los esclavos del ingenio O/anda, dijo: ''El aspecto
de los negros en esta propiedad, era miserable en extremo, lucían muertos
de cansancio, indiferentes, estupefactos, macilentos y extenuados(... )"43
En las sociedades de economía de plantación la estructura del trabajo determina que los beneficios de los hacendados se obtengan por simple
extensión del tiempo total de labor de los productores, es decir, mediante
la prolongación del proceso de trabajo:

•

Es en Cuba, hoy día, cuyos ingresos se cuentan por millones y
cuyos plantadores son príncipes, donde vemos que la clase servil
paga el precio más alto, con la labor más exhaustiva e infatigable, y aún más con la destrucción absoluta de una parte de sus
miembros cada año, causada por la lenta tortura de trabajar demasiado y dormir y descansar insuficientemente (... )44

COSTO DE LA MANO DE OBRA, INMIGRACION Y COLONIZACION
Pero si la jornada laboral y la dieta influían objetivamente en el rendimiento del esclavo, ¿cuál era la rentabilidad del trabajo esclavo? De
esta pregunta se derivan otros interrogantes: ¿cómo transponer legítimamente a un modo de producción esclavista el problema de la rentabilidad, propio de un modo de producción capitalista? Y si fuera posible
hablar de rendimiento: ¿se trata del rendimiento del esclavo o de un modo de producción? Pero si bien en Cuba existían problemas de rendimiento (tal como lo prueba la existencia misma del debate sobre los sistemas de
45
trabajo), éstos no eran lo suficientemente profundos como para que
pudieran provocar una transformación de las relaciones de producción.
Lo que no implica desconocer las diferencias, en la capacidad y el interés
en su labor, entre un esclavo y un asalariado.
La fluidez del capital, la versatilidad del trabajo y la indiferencia del
trabajador por el tipo de labor que tiene que cumplir -en tanto que perciba que siempre le reditúa el mismo producto: dinero- son propias de una
46
sociedad capitalista. Además el esclavo pertenecía a un amo, equivalía a
capital constante y debía ser amortizado -igual que una máquina- proporcionalmente con su vida útil, que oscilaba entre 10 y 15 años. 47 El esclavo recibía en especies los elementos necesarios para su manutención.

123

El asalariado, por su parte, debe venderse al capital, no a un patrón determinado, por lo que dentro de ciertos límites lógicos tien~ posibilidad de
elegir y de cambiar, y recibe los medios para su subsistencia en forma de
dinero.
Al analizar las diferencias entre un esclavo y un asalariado dejamos de
lado todo juicio de valor sobre las condiciones de vida de uno y otro. En
este aspecto, quizás, no había demasiadas disparidades considerando la
miseria en que vivían los proletarios europeos.48 Moreno Fraginals dice:
El bárbaro sistema de explotación de los asalariados ingleses durante la primera mitad del siglo XIX fue un poderoso argumento
justificador de la esclavitud. Quien lea las trágicas descripciones
de Engels sobre los irlandeses en Gran Bretaña o el vibrante White
Slaves in England de John C. Cobden, dará en cierta forma la razón a los negreros cubanos.49
Lo cual no deja de sorprendernos porque si -refiriéndonos a un aspecto
tan específico como el de las condiciones de vida- en algún momento los
esclavos fueron tratados mejor se debía, simplemente, a que eran una inversión de capital. Además, un proletario europeo o sus hijos podían socialmente progresar, mientras que un esclavo ni siquiera tenía existencia
jurídica: era simplemente una cosa.
Llegados a este punto nos debemos preguntar si, en términos estrictamente económicos, la transición del trabajo esclavo al trabajo asalariado
no afectaba la competitividad del azúcar cubano en el mercado internacional. Vázquez Queipo, en el anteriormente citado Informe fisc.al. .. , ya
se había formulado tal pregunta y agregaba:
Para ello se hace preciso fijar el salario en que hoy puede regularse el jornal de los esclavos, y el precio ínfimo del azúcar que
permite cubrir este salario, sin beneficio alguno para el propietario. Sin estos datos carecería absolutamente de base el proyecto
de inmigración de jornaleros blancos, y si la Real Junta no los
reunió y discutió, preciso es confesar que su determinación en
materia tan grave ha sido menos el resultado del convencimiento
emanado de un detenido y concienzudo examen, que el de una
noble impulsión espontánea, que se parece mucho á la tentativa
ó ensayo de aclimatación de una planta que se juzgase útil, pero
cuyas condiciones de cultivo y temperamento se ignorasen.50

�124

Siglo XTX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba {1789-1847)

125

pesos (anuales)

Su análisis precisaba los costos anuales de un esclavo de la siguiente manera:

120

Salario mensual a 10 pesos
pesos (anuales)
Cecina o tasajo, 1/2 libra diaria a 2 pesos la arroba

14

Dos esquifaciones o vestidos de lienzo completos,
con una frazada

4

Maíz, plátanos u otras viandas de la finca a 1/8 de ·
real el día

Cecina o tasajo, la misma ración y calidad
que para un esclavo

14

Maíz, plátano, etc., etc.

5

Médico y botica para las enfermedades, que no
excedan de cuatro días

1

5
Total

Médico y botica para una finca de 200 negros, 400
pesos

2

Interés del capital de 300 pesos valor medio de un
negro de la dotación

30

Amortización del capital, suponiendo 5% de mortandad o 20 la vida media en este país

15

Total

140

70

Tal era el costo de un esclavo anualmente.51 A estos cálculos de Vázquez Queipo corresponde efectuar dos observaciones: en primer lugar,
en la tan manoseada palabra costos solamente pudo verificar aproximadamente los alimentos producidos por los propios esclavos, cuando esto
es básico para la obtención de los costos reales; en segundo lugar, como lo
señaló Juan Pérez de la Riva, no es menos cierto que la competencia del
azúcar de remolacha había iniciado un período de baja en los precios del
52
azúcar de caña. Según Vázquez Queipo el precio de la arroba de azúcar,
necesario para cubrir los gastos de producción, en este caso, era de 5 1/3
reales.
Determinando esto para los ingenios con esclavos africanos, resta
imaginar el hipotético cultivo por asalariados blancos de una plantación.
Sin tener en cuenta los gastos de inmigración de los jornaleros europeos,
los mismos serían:

De tal manera el salario anual mínimo para un jornalero europeo, estimándolo lo más bajo posible, duplicaba los costos de un esclavo.53 El salario
mensual de diez pesos Vázquez Queipo lo calculaba en base a lo que se
pagaba por el alquiler de un esclavo -que sabía un ofi.ci&lt;&gt;-:- y que oscilaba
entre 15 y 17 pesos mensuales, siendo para los simples braceros de diez
pesos. 54 Reconocía, además, que ni la comida -tasajo-- ni la casa -barracón- podían ser dadas a los europeos. A ello se debía añadir el hecho de
que los últimos no aceptarían el severo régimen de disciplina a que eran sometidos los esclavos.ss Por último es preciso señalar que el precio de la
arroba de azúcar necesario para solventar los gastos en esta "hipótesis de
plantación" debería ser de 8 reales.
Antt&gt;riormente, Arango y Parreño y José Antonio Saco, entre otros,
bahían manifestado apreciaciones parecidas -en cuanto al costo de la
mano de obra-, pero particularizadas por las diferentes épocas en que
fueron formuladas, por los intereses distintos y por los enfoques divergentes de las posibles soluciones.Arango, en 1805, calculaba en 200 pesos anuales el costo de un esclavo (comprendía los gastos de subsistencia
y amortización anual) y en 400 pesos el de un trabajador libre, aunque advirtiendo lo bajo de este último cómputo.s6 Saco, si bien no lo verificaba
con cifras, aseveraba: "(...) bien se que el trabajo de los esclavos, materialmente considerado, y atendiendo a las circunstancias del momento, es
más barato que el de los lihres. ,.r:,J
Estas elementales estimaciones salariales -a las que debemos adicionar
los elevados precios de artículos de primera necesidad: carnes, pescados,

�126

Siglo XIX

ropas, así como arrendamientos de viviendas-,58 evidenciaban la impractibilidad de todo proceso inmigratorio de operarios europeos mientras perdurara la misma organización esclavista del trabajo y, por consiguiente,
idénticas técnicas de producción. Como prueba de esto tenemos el fracaso
de los diversos -y sucesivos- ensayos y tentativas de colonización y elaboración de azúcar con obreros a sueldo. Es que, en la práctica, faltaban
las condiciones de producción que permitieran la formación de una clase
trabajadoras asalariada barata.59
Para el autor del Informe fiscal. .. , la única viabilidad real de promover la población blanca en la isla de Cuba residía en modificar su mapa
econtmico, desarrollando otras industrias y cultivos, especiahnente el tabaco. Con lucidez sustentaba que el problema esencial de los plantadores no radicaba en incrementar la productividad -dada la transformación
que, por entonces, se operaba en el mercado mundial en azúcar, café, tabaco- sino en reducir los gastos en la producción, y esto no se obtenía
con la introducción de emigrantes provenientes de Europa. Enunciaba
así -con otras palabras y en otro contexto- algo que ya bahía sido expuesto teoréticamente en 1836 por Andrés de Zayas: ante las dificultades
concretas de innovar tecnológicamente, lo que debería hacerse era efectuar una reorganización del trabajo esclavo.61
Pérez de la Riva, en su artículo antes citado, parte de una realidad innegable: las altas renumeraciones que se abonaban a los jornaleros rurales
-y en particular, a los que sabían una profesión- en todas las colonias
europeas del Caribe con economía de plantación. Terminaba afirmando
que "(...) los salarios cubanos eran de tres o cuatro veces superiores a los
europeos de la misma época, afios 1845-1850, pero si se tiene en cuenta
el poder de compra de la moneda en la adquisición de alimentos, serán sólo
del doble(.. .)':62
No sabemos adónde quiso llegar Pérez de la Riva con esta afirmación:
nos parece incorrecta la comparación de los jornales entre dos sociedades
cualitativamente, absolutamente diferentes como la Cuba colonial y esclavista por un lado y Francia e Inglaterra (no sólo en plena expansión industrial, sino las potencias hegemónicas del momento), por otro. Por otra par·
te la evolución de los salarios es diametrahnente opuesta entre esos países:
mientras que en Cuba aumentan los estipendios rurales, los urbanos per·
manecen estables -algo ya marcado en 1861 por el hacendado Francisco
Diago en su informe a la Real Junta de Fomento-; a su vez en Francia e
Inglaterra recorren la vía inversa. Además debemos sefialar que le quita

E. Bitlloch: Trabajo e inmigraci6n en Cuba (1789-1847)

127

valor a la comparación el hecho de que utilice una moneda (el peso) sin
uso en el comercio de la época, pues los valores dependen de la tasa de
63
cambio aplicada en uno y otro caso.
Pero los elevados estipendios que se pagaban a los jornaleros rurales
en todos los países con economía de plantación (y Cuba no era una ex64

cepción a la regla), y el aumento progresivo del precio de los bozales,
obligaban a los hacendados cubanos a resolver el ~ema de 1~ i~~~iencia
de mano de obra, especiahnente de aquella con cierta espec1al1z~c1on. Como el plan de población de la Real Junta de Fomento de Agricultura Y
Comercio -que contemplaba la importación de inmigrantes blancos- era
absolutamente inviable, resucitó una vieja institución: la servidumbre contratada. Así implementaron la compra e introducción de trabajadores asiáticos chinos en el caso particular de Cuba, que también estaban siendo llevado~ a gran parte de las colonias francesas, holand~ e ~gl":8as. ~eonar~
Wray había elogiado, en los culíes chinos, su frugalidad, mtelige~cta, esptritu de iniciativa y capacidad técnica, considerándolos como los Jornaleros
65
ideales para las colonias europeas de las Antillas. El primer contingente
de los nuevos inmigrantes, que habían firmado contratos de labor por un
66
plazo mínimo de 8 años, llegó en 1847 .
En resumen, la servidumbre contratada no fue otra cosa que una solapada forma de reorganización del trabajo esclavo y, por ende, un intento,
el último, de perpetuar la sociedad esclavista.

NOTAS

l. Los ponnenores, así como las consecuencias de ese proceso revolucionario que
detenninó la ru,ina de Saint-Domingue como gran colonia azucarera son, en general, conocidos, pero, de todos modos, no esta de más_cit~, a título info~_ativo, algunas obras al respecto: José Luciano Franco, Huto~ra de la R~lucion
de Haití; David Patrick Geggus, Slavery, War and Revolut1on. The Bntuh Occupation of Saint-Domingue, 1793-1798. En 1789 Saint-Domingue tenía: 793
ingenios, 3117 cafetales, 3151 fincas en las que se cultivaba y elaboraba el
añil, 789 plantaciones de algodón, más de 170 destilerías de ron. Pien:e Plucchon en la introducción a Justin Girod de Chartrans, Voyage d'un Su,ue. ..,
p. 32. Obra fundamental sobre el Haití colonial es la de Médéric-Louis-Elie
Moreau de Saint-Méry, De3Cription. .. de la partie fraru;aise de / 'isle de Saint-

�128

Sigú:&gt;XIX
E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

129

Dom ingue, cuya primera edición fue hecha en Filadelfia en 1797.

2. T. III, p. 257.

3. Gabriel Debien, Colons de Saint-Domingue réfugiés aCuba (1793-1815).
4. Historia económica-política. •., p. 139. En las citas de libros antiguos respetamos la ortorgrafía de la época.
5. Véanse al respecto, José de Arazoza, ''O tro discurso sobre caminos . ..", en Memorias de la Rrol Sociedad Económica de la Habana... 1817, pp. 57-68;José
Antonio Saco, "Memoria sobre caminos...", en Colección de Papeles. . ., t.
1, pp.61-150.
6. "Al presente necesitamos comprar algunos cientos de miles de arrobas de carne
salada á los vecinos de Tampico y Buenos Aires, cuando en tiempos pasados
podíamos proveer a otros pueblos." Francisco de Arango y Parreño, "Discurso
sobre la Agricultura..." en Obras, t. 1, p. 95.
7. Saldándose, así,~ favor de los hacendados, el viejo conflicto que tenían con la
marina española por la posesión y utilización de los bosques. El desmonte indi&amp;criminado que siguió a esta ley fue denunciado por De la Sagra: "En estas tumbas se sacrifican todos los árboles, y caen bajo el hacha esterminadora ( ... ) árboles de maderas preciosísirnas que el fuego consume en pocos días. Los cortes
de leña, ya para los ingerúos ya para hacer carbón, sacrifican también árboles
del mayor precio, que ni se reponen ni es posible conseguirlo en cuatro generaciones. De resultas de esta tala asoladora y del sistema de imprevisión que 1a dirige, se ven transformados en llanuras estériles y abrasadas terrenos antes pingües y frondosos, se han abandonado fincas valiosas por falta de combustible,
se ha acrecentado el costo de los materiales para el establecimiento de las nuevas, y sucesivamente se verán subir la temperatura y escasear las lluvias en las inmediaciones de las ciudades...". Op. cit., p. 184.
8. José María Zamora y Coronado, Biblioteca de Legislación Ultramarina..., t. 1,
p.123.
9. Arango y Parreño, loe. cit., p. 54.
10. José Ahumada y Centurión, Memoria histórico-política. .., pp. 41-42. " La esclava preñada y parida es inútil muchos meses, y en este largo período de
inacción, su alimento debe ser mayor y de mejor calidad. Esta privación de trabajo, este aumento de costo en la madre, salen del bolsillo del amo. De él sale~
también los largos, y las más ( de las) veces estériles gastos del mismo recién nacido, y á este se unen los riesgos que se corren en las vidas de madre é hijo; y todo
fonna un desembolso de tánta consideración para el dueño, que el negro que
nace en casa ha costado más, cuando puede trabajar, que el que de igual edad se
compra en pública feria." Arango y Parreño, "Representación. .. ", en Obras,
t. 2, pp. 194-195.
11. Llave del nuevo mundo• .•, p. 40.
12. Manuscritos de América, 19519, hojas 1-5. En este mismo manuscrito se encuentran referencias sobre una serie de premios monetarios a concederse -por la alu-

dida Junta- a los propietarios que cultivasen sus fincas con .!amilias blan_cas,
(hojas 6-11 ). La.5 disposiciones de esas r~u11;iones fueron, tamb1en, reproducidas
por Vicente Vázquez Queipo en los apend1ces a su Informe f,scal• . ., pp. 1-7.
13 A este respecto pueden consultarse: Hubert H. S. Aimes, A History of Slavery in
· Cuba 1511 to 1868; Arthur F. Corwin, Spain and the Abolition of Slavery in
Cuba: 1817-1886; José Luciano Franco, Comercio c~ndestino de e~clav~s Y La
diáspora africana en el nuevo mundo; Franklin W. Kmght,Slave Soc1ety m Cu~a
During the nineteenth Century; Richard R. Madden, La ~s~ de Cuba; DaVJd
Murray, Odious Commerce. Britain, Spain and the A bolitwn of the Cuban
Slave Trode; Fernando Ortiz, Los negros esclavos; Rebecca J. Sco~e, Slave
Emancipation in Cuba, the Tronsition to Free Labor, 1_860-1899; DaVId Turnbull Travels in the west. Cuba, with notices of Porto Rico and the Slave Trade.
Sob;e la historia del movimiento aboliciorústa inglés, véanse: Thomas Fowell
Buxton, The African Slave Trade and its Remedy; íbid. _Memoirs; R. ~?land,
The British Anti-Slavery Movement; William Law Matl11e84?n, ~reat Bntam and
the Slave Trade, 1839-1865; ibid., British Slave Emanc1patton, ,1838-1~~9;
íbid., British Slavery and its Abolition, 1823-1838; Howard Temperley, Br1t1&amp;h
Antislavery, 1833-1870.

14. Op. cit., t. DI, p. 266.
15. En Colección de Papeles. .. , t. l , p. 188¡en pp. 216-221, se explaya más ~xtensamente .sobre este asunto. Su "Memoria..." es, también, sumamente interesante por las referencias que hace a asilos, casas de beneficenc!a y cárceles como
instituciones formadoras y educadoras de futuros proletanos, pp. 197-199.
Aunque posterior, el R(fflamento para el aprendizaj~ ~e _artes y o[icius, de
1849, es un buen ejemplo del trabajo tomado como d1SC1plinante social. A~go y Parreño había criticado en 1811 la existencia de una numerosa clase de libertos y el riesgo que ello entrañaba: "Por el más funesto descuido d~ nuestra
soñolienta policía, y por el más culpable olvido de todos nu~t~os mtereses,
nuestras casas en todas épocas han estado plagadas de esclavos Sll'Vlentes de ambos sexos, y principalmente de hembras, que viven comodísimamente, y por I?
mismo contraen todo género de vicios, siendo los más seguros la pereza y la liviandad. Todos tienen su~ión, y muy numerosa los más; y todos, la facilidad
de libertarse y libertarla á ella y á si mismos; de lo cual ha resultado en 1odas
nuestras poblaciones esa infinidad de gentes de color que con tánto cuidado, como nosotros habrá V.M. observado en los padrones que enviamos. El daño en
esta ciudad Úega á tan alto punto, que casi están á la par los libres de color con los
esclavos; y, unidas ambas clases, llegan á una asombrosa suma de 55.077, que es
muy superior á la de blancos, cuyo mal á cada paso !orna tan~ incr~mento,
que, en el número de bautismo de los dos años antenores, casi salimo~ a dos de
color por uno blanco. Pensar en medidas violentas para echar de las cmdades y
transportar á los campos estas gentes en lo general corrompidas, es pensar un
imposible( ... ):' "Representación...", p. 201. "El odio que tienen los libres de
color á la agricultura, ó quizá la poca protección que en ella encuentra t~o el
que la emprende sin caudal Di mayores proporciones, y sobre todo, el estunulo
que ofrecen las ciudades á sus vicios, ó á su aplicación preferente á las-~~
mecánicas, son causas que explican en gran parte su asombrosa propagacron .
Antonio del Valle Hernández, "Sobre la población de la isla de Cuba" en Ar311;go
y Parreño, op. cit., t. 2, p. 260. En los censos de 1827, 1841 y 1846 se percibe
la importancia numérica de los libertos - hombres y mujeres- en diferentes oficios: albañiles, carpinteros, jornaleros, sastres, tabaqueros, talabarteros, zapateros, costureras, lavanderas, tejedoras de sombreros, domésticas, etc. En lo re-

�Siglo XIX

130

lativo a los orígenes y eclipse de ese sector social, son esenciales dos obras:
una de Pedro Deschamps Chapeaux, El negro en la economía habanera del
siglo XIX; y la otra de este mismo autor y Juan Pérez de la Riva, Contribución
a la historia de la gente sin historia. En cuanto a las relaciones sexuales entre las
distintas clases y razas en la sociedad esclavista cubana, es imprescindible la
lectura de Verena Martínez-Alier, Marriage, Class ami Colour in NineteenthCentury Cuba.
16. Sagra, op. cit., p. 104.
17. "Manoria sobre el azúcar de remolacha" en Colección de Papeles• .., t. 2,
pp. 20-30. Emile Légier, en Histoire des Origines de la Fabrication du Smre en
Fmnce, realizó una inestimable síntesis sobre los comienzos y evolución de esta industria hasta 1850. Como prolegómeno a su obra repreduce la memoria
presentada en 1747 por Andreas-Sigismond Marggraf a la Academia de Ciencias
de Berlín, comunicando su descubrimiento sobre la posibilidad de obtener azúcar de la remolacha, pp. 8-14. Pero, como casi todo precursor, sus observaciones
pasaron desapercibidas hasta 1799 en que el químico y naturalista CharlesFrédéric Achard logró los primeros resultados prácticos tras trece años de experimentación en su finca de Caulsdorf, en las cercanías de Berlín.

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

131

'll. Sobre la evolución de la población cubana durante la primera mitad del siglo
XIX, véanse: Cuadro estadístico... correspondiente al año de 1827; Resumen
del censo de población. .. del año 1841; Cuadro estadístico. .. corre.fpondiente
al año de 1846. Sagra reproduce en su Historia • .. las estadísticas demográficas
de 1774, 1792 y 1817. Por su parte Antonio López Prieto llevó a cabo un extracto de los padrones y censos hechos en Cuba entre 1768-1879, Cuadro sinóptico . .. Una obra moderna sobre la historia demográfica cubana es la de Kenneth
F. Kiple, Blacks in Colonial Cuba . . .; sobre el tráfico de esclavos es de consulta
inprescindible el libro de Phillip D. Curtin, The Atlantic Slave Tmde, A Cen•
sus.

28. Caimes, op. cit., pp. 43-47. Análogas apreciaciones formuló Olmstead , op. cit.,
pp.104-105,337-339 .

29. Cairnes, op. cit., pp. 66-70.

·30. Estudios coloniale.f con aplicación a la Isla de Cuba. De los efectos de la supre#Ón en el tráfico de negros. Un óptimo -y al mismo tiempo olvidado- ensayo
sobre el sistema de la esclavitud en las colonias europeas, es el de Henri Wallon,
De l 'esclavage dans les colonies. ..

18. El capital, t. l, nota 18, pp. 202-203.

31. Historia . . ., p. 109.

19. Caimes, The Slave Power. ••, pp. 53-63 ; Olmstead, Seabord Slaves States. ..,
pp. 46-47, 402.

32. Genovese, Economía política de la esclavitud, p. 49. El historiador estadouni-

20. Op. cit., p. 87.
21. "La abolición del tráfico de esclavos ... ", en Colección de Papeles• .., t. 2, p.

118.

dense Ubich Bonnel Phillips -nostálgico del viejo sur esclavista- produjo la
mejor introducción, hasta este momento, sobre esta temática en su American
Negro Slavery, pp. 344-358.

33. "On Septernher 27, 1830, a force of fourteen slaves on a Mississippi plantation
picked 4 520 pounds of clear seed cotton, an average oí 323 pounds per hand.

22. Véanse al respecto: "Primer papel sobre el comercio de negros"; " Representación manifestando las ventajas de una absoluta libertad en la introducción de ne-

The largest amount picked by any one slave on this day was 415 pounds and the
smallest was 240. The work was closely observed hecause it was done on a
wager, and the results were sufficiently unusual to call for newspaper notice. It

gros, y solicitando se amplíe á ocho la prórroga concedida por dos años";
"Papel número 2 que se cita en la representación antecedente"; " Oficio acompa•
ñando copia de la representación sobre la introducción de negros, y corroborándola con razones muy sólidas", en Obras, t. 1, pp. 7-13, 31-38, 39-41, 43-45,
respectivamente.

is thus evident that skilled slaves with proper encouragement could pick two or
even three times as much cotton as the average slave picked in a day. The
average slave under normal conditions was, therefore, not driven to the limit of
this power ... Slavery in Mississippi, p. 16, y en general sobre el trabajo de vigilancia, ver pp. 6 7-85. En Phillips, op. cit., ver pp. 260-290.

23. "Representación al Rey sobre la extinción del tráfico de negros y medios de
mejorar la suerte de los esclavos coloniales", ibid., t. 2 , pp. 654-ó55.
24. lbid., pp. 656-657. A fin de fomentar la producción azucarera estaba legalmente prohibido confiscar ingenios por deudas, pero los esclavos no estaban incluidos en tal disposición por lo que podían ser embargados. Así, de aprobarse
la propuesta de Arango y Parreño, todo el aval sobre los empréstitos, a favor de
los comerciantes, se evaporaba irremediablemente. Manuel Moreno Fraginals, El
ingenio..., t. l, pp. 289-291.
•

25. "Representación al Rey ... " , loe. cit., pp. 647-658.
26. " Industria agrícola. ¿Puede suplirse á la falta de brazos esclavos en el establecimiento de un ingenio de fabricar azúcar?", en Memorias de la Real Sociedad
Económica de La Habana, no. 7, mayo de 1836, pp. 35-48.

34. Los libros de viajeros constituyen una fuente inapreciable para la recuperación
de la historia de las clases laboriosas cubanas. En ellos se encuentran referencias a comidas, viviendas, alquileres, horarios y fonnas de trabajo, fiestas, juegos, etc. En una palabra, reproducen la vida cotidiana de aquellos que un francés decimonónico llamó classes dangereuses. Abiel Abhot, John Abhot, JeanJacques Ampere, Frederika Bremer, Richard Dana, Walter Goodman, Samuel
Hazard, Julia Howe, Francis Robert Jameson, la condesa de Merlin, Amelía Murray, Arthur Morelet, F. Trench Townshend, Anthony TroUope, Edward Bean
Undemill, son los nombres de algunos de ellos.

35. " . . . qui a longtemps habité la Havane, de vouloir bien répondre

a

cette question: Quels sont, dans l'rle de Cuba, ceux qui traitent le mieux leurs esclaves, et
ceux qui les traitent le plus mal? Voici quelle a été sa réponse:
D faut mettre au premier rang de ceux qlli traitent mal les esclaves, en exigent le
plus et se montrent cruels envers eux, les m;gres libres.

�132

E. Bit/loch: Trabajo e inmigración en Cuba (/789-1847)

Sis/o XIX

Puis viennent les mulatres.
Au troisiime rang les blancs de médiocre condition.
Enfin, ceux qui traitent le mieux les esclaves sont les blancs les plus riches.
Les esclaves les plus maltraités sont les domestiques des mames pauvres et ceux
de l'agriculture. Les derniers sont placés sous des blancs sans éducation et
cruels, nés dans les campagnes de l'ile de Cuba, ou sous des naturels des ilea
Canaries, qui vont Cuba pour faire fortune, comme gérans de fermes ou d'
exploitations rurales. La meilleure condition pour les esclaves est celle de domestiques de la classe riche; elle veut mieux que celle d'un tres grand nombre
d'ouvriers en Europe. Aussi, pour peu que le maitre soiut humain, ils la préfe.
rent la liberté." Tableau . .., t. 2, nota 1, pp. 63-04.

a

a

36. "Documentos anexos á la Representación al Rey ... ", en Obras, t. 2, p. 655.
37. Cartas desde Cuba, Jl. 79. El 31 de mayo de 1789 había sido sancionada la na.
mada "Real Céduh, é instrucción circular sobre la educación, trato y ocupación
de los esclavos", reglamentándose minuciosamente en sus catorce artículos. En
su capítulo O, la vida del esclavo, referido a alimentos y \'estuario, se especifica.
ha: "Siendo constante la obligación en que se constituyen los dueños de esclavos de alimentarlos y vestirlos, y á sus mugeres é hijos, ya sean estos de la misma condición , ó ya libres, hasta que puedan ganar por sí con que mantenerse,
que se presume poderlo hacer en llegando á la edad de 12 años en las mugeres,
y 14 en los varones; y no pudiéndose ~ar regla fija sobre la cantidad y cualidad
de los alimentos, y clase de ropas, que se les deben suministrar, por la diversi•
dad de provincias, climas, temperamentos y otras causas particulares; se previene, que en cuanto á estos puntos, las justicias del distrito de las haciendas,
con acuerdo del ayuntamiento y audiencia del procurador síndico, en calidad
de protector de los esclavos, señalen y determinen la cantidad y cualidad de
alimentos y vestuario que proporcionalmente, según sus edades y sexos, deban
suministrarse á los esclavos por sus dueños diariamente, conforme a la costumbre del país, y a los que comunmente se dan á los jornaleros, y ropas de que
usan los trabajadores libres, cuyo reglamento, después de aprobado por la audiencia del districto, se fijará mensualmente en las puertas del ayuntamiento y
de las iglesias de cada pueblo, y en las de los oratorios, ó ermitas de las haciendas, para que llegue á noticia de todos, y nadie pueda alegar ignorancia." Zamora y Coronado, op. cit., t. 3, pp. 131-132. Este mismo autor se explaya más
extensamente, en lo concerniente a la legislación negrera en las pp. 108-142.
Sobre la condición jurídica de los esclavos ver, también, Ortiz, op. cit., pp. 309356, 401-487.

133

41. Elaborada en base a las informaciones dadas por tres libros: Justo Cantero, Los
Ingenios; Samuel Kazard, Cuba .. .; Ortiz, op. cit.

42. Sobre la vida cotidiana de los esclavos véanse: Barrera Y Domingo, Reflexiones•. •; Chateausalins, op. cit.

43. Op. cit., p. 70.

44. Weston, Progress 'of Slavery, citado endCaITllb.esilli,~P- cit.,dp. 1h11. "lit ist in Cubpa~t
this day, whose revenues are reckone y m ons, an w ose P an ers ~e
ces, that we see, in the servile class, the coarses! íare, the m~st exh~ustmg and
unremitting toil and even the absolute destruction of a portion of 1ts numbers
every year, by the slow torture of overwork and insufficient sleep and rest."

45. En el aspecto de la rentabilidad nos hemos limitado a enunci~ ~gunas cuesti~nes metodológicas sin desarrollarlas, a fin de no exceder los limites de estas paginas. Pero sí de~os agregar que, e? todo ~ríodo corres~ndiente a este
artículo, la producción de azúcar y cafe estuvo ~~l~ble~~nte !1gada a la COI?·
pra masiva de esclavos. Sobre el debate trabaJo-mn11grac10!1, veanse: Antomo
Conrado y Asprer, Cartas sobre inmigTación y colonias; J~ Curbelo, Proyect~
de inmigración nacional para la Isla de ~uba! Urbano Fe1~00 Sotomayor, Inmigración de trabajadores españoles; Fe~ m F~era, Es~1os sobre la Isla de Cuba La cuestión social; Doningo de G01couna, !tfemor,a/. .• para el aumento de
la ~oblación blanca; Ramón Hemández Poggio,Aclimatación e higiene de los europeos en Cuba; Cristóbal Madan, El trabajo libre y el (ibre cambi~ en_ Cuba; Carlos Palance Gutiérrez, Proyecto de inmigración tonk,na y cochmch1na para las
islas de Cuba y Puerto Rico; Conde de Pozos-Dulces, La cuestión del trabajo agrÍ•
cola y de la población en la Isla de Cuba; _Joa~ ín Rodr~ez San Pedro, La
cuestión social en las Antillas españolas; Jose Suarez Argudm, Proyecto o representación afectuosa sobre inmigración africana.

e!

46. Marx,EI capital, libro 1, capitulo VI (inédito), pp. 70-72.
47. Un viajero de esos tiempos, Gustavo d11espel d'Harponville, afirmó -al i~al
que Vázquez Queipo- que la vida útil era, aproxirnadarnent~, de unos 20 ~os.
A) otro extmno debe situarse F. Trench Townshend, para quien el promedio de
vida era de 5 años, Wild Life in Florida with a Visit to Cuba, pp. 198-199.

48. Por ejemplo, la mortalidad en Inglaterra, en_ la ~rim~ra mi~ad del sigto X~ -Y
tomando modelo comparativo tanto los d1Str1tos mdustnales como agr1colas
más importantes era la siguiente·

38. En Obras, t. l, pp. 66-67.
39. Del examen de las balanzas del comercio exterior de la isla de Cuba pueden deducirse, con bastante exactitud, las cantidades de alimentos importados destinados a los esclavos, pero simplemente consultando los escritos de Ramón de la
Sagra se infiere la c:yltidad progresiva de arroz. harinas, tasajo y bacalao impor·
tado; además, se puede deducir el atraso de la agricultura cubana, en cuanto a
métodos de cultivos y productos obtenidos: "El total de las especies vegetales
destinadas al alimento del hombre cultivadas así en las grandes como en las pequeñas fmcas es muy poco numeroso y muy escaso en variedades( ... )". Histo•
ria• .., p. 80. Una visión completa de la economía cubana se halla en el trabajo
de Julio Le Riverend, Historia económica de Cuba.
40. Chateausalins, El Vademecum . .., p.14;Madden, op. cit., p. 169.

Expectativas de
Sobre 10 000 muertos habían
vida
cumplido
Distritos más
40 años
:
10 años
manufactureros
años
5386
34
3369
Monmouth
20
5962
3959
York ( distrito Est)
121/2
6953
4852
Lancastl'r
,.,
Distritos más
agrícolas
43
4826
2801
Hereford
39
5044
2947
York (North)
, .
Villermé, Tableau .. . , tomo ll, pp. 267-269. En esta obra no se c1lan estad1sticas
sobre Manchester.

�134

Siglo XIX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

Sobre l_as con~cio~es de vida: horas de trabajo, desocupación, enfennedades,
al~hohsmo, d1vel'Slones beneficencia, tasas de mortalidad, nacimientos, casarme~tos, salarios, ~entos, etc., se pueden ver abundantes referencias en
Eugene B';ll"et! La misere des classes laboriewes. .. ; John Cobden, The White Slaves• • :; Fnednch Eng_els, La situación. ..; H.A. Frégier, Des classes dangereuse.iM;
de Ger:rn_do. De la b1enfainsance• .. y Le visiteur du pauvre; F .M. L. Naville, De
la c"":1te• ..; Ro~rt A. Slaney, Stnte of the Poorer Classes•.. La literatura 00
fue a~ena a la.~dad des~ bem_po: Les Mysteres de Par-is, de Eugene Sue,es
una Viva_ descr1pc1on de la vida ml6erable de los trabajadores franceses. En cuanto a la literatura ~ubana merecen citarse tres magníficas obras: Anselmo Suárez
Y_ Rome~o, Francisco. El ingenio o las delicias del campo; Cirilo Villaverde, Cecilia Valdes o la loma del ángel; Antonio Zambrana, El negro Francisco. Novela de

costumbres cubanas.

135

Back• •.; Feijóo Sotomayor, op. cit.; D'Hespel d'Harponville,op. cit.; Hobsbawn,
Trabajadores•• .; E. Levasseur, Hist-Oire des classes ouvrieres.. ., y L 'ouvrier américan; Fran~s Simiand, Le salaire.. .; Mariano Torrente,Bosquejo...; Villenné,
op. cit.

64. Entre 1844 y 1858 se habían duplicado los precios de los bozales, Pérez de la
Riva, loe. cit., p.145.
65. The Pmctical Sugar Plante,. .., pp. 82-112.
66. Sobre los culíes chinos en Cuba, véanse. Denise Helly, ldéologie et ethnicité..•;
Pérez de la Riva, El barracón. .•

49. Op. cit., t. 1, p. 261.
50. P.18.
51. !bid., pp.18-19.

BIBLIOGRAFIA

52. Pérez de la Riva, "La contradicción ... ", p. 144.
53. Vázquez Queipo, op. cit., p. 23.
54. lbid., p. 21. J .D.B. De Bow en su Industrial Resources. .., t. 1, pp. 161-162 reproduce los gastos anuales de un plantador de Carolina del Sur de los cual~ se
deducen los altos salarios que ganaban los especializados coro~ carpinteros y
herreros.
55. /bid., p. 23.

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1888.

56. Op. cit., t. 1, nota 86, p. 520.
57. "Carta de un Cubano ... ", en Colección de Papeles. .., t.

Ahumada y Centurión, José, Memoria histórico política de la Isla de Cuba,
La Habana, Librería e Imp. de A. Pego, 1874.

m, p. 210.

58. Vázquez Queipo, op. cit., pp.101-105.
59. Miguel Eston:h, Apuntes para la historia sobre la administración. .., pp. 35-45;
~?1'eno Fragmals, op. cit., tomo I, pp. 259-306; Antonio Valverde, Colonizac1on... , pp. 41-87.
60. Op. c~t., _PP- 37-49. En lo referente a la contradicción entre el azúcar y el tabaco
f su Stgruficado en la historia de Cuba, véase el excelente artículo de Agnes Toth
_'El veguero ...", en Acta Histórica, tomo LXVIII, pp. 3-16; o los ya clásicos
~os de i;:_~mando Ortiz Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar y de José
Rivero Mun1z, Tabaco, su historia en Cuba.
61. Andrés de Zayas, "Observaciones...", en Memorias de la Sociedad Económica
de La Habana, 1836, tomo 12, pp. 174-183, 255-273.
62. Loe. cit., p. 148.
63. Sobre esta_ temática pueden consultarse, entre otros, los siguientes trabajos:
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Arazoza, José de, "Otro discurso sobre caminos de la Isla de Cuba y limpieza del puerto de La Habana" en Memorias de la Real Sociedad Económica de La Habana. Colección primera que comprende doce números coTTespondientes a los doce meses del año
de 1817, La Habana, Oficina del Gobierno y Real Sociedad Patriótica, No. 2, pp. 5 7-68.
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Barrera y Domingo, Francisco, Reflexiones histórico físico naturales médico quirúrgicas. Prácticos y especulativos entretenimientos acerca de la vida, usos, costumbres, alimentos, vestidos, color y . enfermedades a que propendían los negros de Africa, venidos á las
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'
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su Ley de Enjuiciamiento; las reales Cédulas, Ordenes, Reglamentos y demás disposiciones legislativas aplicadas á cada ramo,
desde 1680 hasta el dt'a, en que se comprenden las del Registro
Ultramarino con oportunas reformas, y agregación de Acorda•
dos de Audiencias, Bandos y Autos generales de gobierno; y cuan•
tas noticias y datos estadúticos se han creido convenientes para
marcar el progreso sucesivo de las posesiones ultramarinas, y á
los fines de su más acertado régimen administrativo, mejoras que
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�Evolución y ·Persistencia del Colonaje en las
Haciendas de Cochabamba

Robert H. Jackson*

El colon.aje era a fines del siglo XIX la forma principal de relación laboral
en las haciendas de Cochahamha, en Bolivia. La habilidad de los hacendados para obtener este tipo de trabajo servil de parte de los colonos
resultó ser un factor importante para la rentabilidad de la agricultura, a
pesar de los cambiantes o limitados mercados.
Algunos autores han analizado los orígenes del colonaje y su importancia en el seno de la economía interna de fa hacienda. Brooke Larson en
particular estudió la estructura rural de Cochabamba a fines del período
colonial, y Gustavo Rodríguez Ostria examinó la agricultura y la hacienda
bolivianas al término del siglo pasado. Si se hace un análisis más detallado,
sin embargo, se encontrará que la caracterización del colonaje hecha por
estos autores es inadecuada. Este ensayo intenta proporcionar una reinterpretación del colonaje, centrándose en las postrimerías del siglo XIX.

0RIGENES DEL COLONAJE
Larson sostiene que su origen en el siglo XVill sirvió para resolver el problema de mercados reducidos y escasez de capital. Según Larson, la obten-

*Este trabajo resume algunos tramos de la tesis doctoral "LiberaJ Land and Economic
Policy aod the Transfonnation of the RuraJ Sector of the Bolivian Economy-: The
Calle of Cochabamba. 1863-1929", que el autor presentó en la Universidad de California en Berkeley (USA), 1988. Traducción del inglés a cargo de Isabel Cristina Mata
Velázquez y Miguel A. González Quiroga.

�146

ción de mano de obra de los arrenderos redujo o transfirió el costo de
producción del hacendado hacia su inquilino. Por otra parte, al desarrollarse el arriendo de la tierra a cambio de servidumbre, el hacendado puso menos atención en la producción del demesne. * En otras palabras, con el descenso de la demanda de harina y granos de Cochabamba, los hacendados se
preocuparon menos por la explotación directa de las tierras agrícolas, y
por la participación en el mercado, y las rentaron -entre otros- a campesinos.
Como evidencia para su interpretación del colonaje, Larson presenta
una estimación del valor de la hacienda Aramasi en Calliri, en el valle del
río Tapacari. La superficie de la hacienda era de l 218.82 hectáreas, sin
incluir la estancia en las lomas vecinas. Del área total, .551.30 hectáreas
eran ~ierra cedida a arrenderos· (45%), más otras 80.46 hectáreas (l°lo)
trabajadas por el administrador indio. El demesne constituía menos de la
mita_d de la tierra agrícola localizada en el valle del río. La vasta superficie
de tierra arrendada muestra, según Larson, la emergencia del colonaje en
d siglo XVIII. 1
La explicación que da Larson a este surgimiento en función de cambios en el mercado está abierta a modificación. En gran parte ignora el
papel de los cambiantes patrones demográficos en lá evolución de las relaciones de trabajo de la hacienda. El arriendo a cambio de trabajo servil
desempeñó una importante función en el esquema de producción de la
hacienda en la época de su formación en Cochabamba, a fines del siglo
XVI e inicios del XVII, en la cúspide del auge minero de Potosí. Los productores de Cochabamba participaron activamente en el lucrativo comercio de granos y harina hacia Potosí, que llegó a tener una población de
160 000 habitantes hacia 1611.
~l hacendado atraía mano de obra, en un período en que escaseaba,
mediante el ofrecimiento de tierra. En tiempo de escasez de mano de
obra y tecnología estática, los terratenientes pueden usar su abundante
tierra como una forma no monetaria de pago a la mano de obra, la que
de otro modo constituiría el insumo más costoso en la agricullura si se le
· remunerara en efectivo. Además, el terrateniente podría tratar de exten-

147

R.H. ]ackwn: El colonaje en Cochabamba

Siglo XIX

der sus propiedades a costo de las comunidades campesinas con el objeto
de privarlas de sus tierras, y con ello forzar a los indígenas a vender su
fuerza de trabajo por temporadas, o a aceptar el status de colono.
La hacienda se desarrolló en los valles centrales de Cochabamha como respuesta a la demanda y a los altos precios en Potosí, pero también
durante un período de inestabilidad en la población rural. Antes de la
conquista española los valles centrales estaban escasamente habitados, y
la población rural permaneció poco estable hasta fines del siglo XVIll.
Nos concretaremos a su evolución en el Valle Bajo, uno de los tres que
fonnaban el centro agrícola de la región durante el período colonial.
La población indígena del Valle Bajo consistía de dos grupos con
status bien definido: originarios con plenos deyechos a usufructuar la
tierra en una de las tres comunidades indígenas del Valle, y forasteros
gn tierras, muchos de los cuales habían abandonado sus cemunidades
!'JI el Altiplano para evitar los tributos y el reclutamiento de mano de
obra fijados por el estado colonial. La mita, este reclutamiento forzoso
de trabajadores organizado por el virrey Francisco de Toledo en la década de 1570 para proporcionar mano de obra barata a Potosí, Huancavelica y otros centros mineros del Altiplano, resultó ser particularmente

CUADRO 1

NUMERO DE TRIBUTARIOS EN.EL VALLE BAJO, 1573-1804
Año

SipeSipe

1573
1633
1683
1732
1786
1798
1804

815
201
386
274
401
395
368

Quillacollo 4

Paso

Tiquipaya

Total

680
111
427
213
230
226
202

502
183
394
226
402
472
416

1 997
666
1 624
983
1317
1 430
1 252

171
417
270
284
337
266

*Tributarios categorizados como forasteros
~ierras explo_t;idas ~e manera directa por el propietario. Eran las mejores de la hacien~a; tarnb1en sohan ser trabajadas por colonos y la producción se destinaba al
dueno.

FUENTE: Nicolás Sánchez-Albomoz, Indios y tributarios en el Alto Perú
(Lima, 1978), p. 106.

�148

Siglo XIX

R. H. Jackson: El colonaje en Cochobamba

perturbadora para la economía de subsistencia de los indios incluidos en
sus distritos. La reacción generalizada de los miembros de las comunidades
era escapar hacia los valles de Cochabamha u otras áreas de frontera
donde, como forasteros, estaban inicialmente exentos de trabajos forzados.3 Muchos iban a trabajar como yanaconas a las haciendas y otras
propiedades prívadas en el Valle Bajo o bien ocupaban tierras comunitarias ociosas o parcialmente utilizadas como resultado de la declinación
en el número de originarios.
Hasta fines del siglo XVIII el total de tributarios del Valle Bajo,
tanto originarios como forasteros, fluctuó bajo el impacto de enfermedades y de cambios en la legislación colonial española que regulaba el
tributo. El número de tributarios descendió entre fines del siglo XVI y
principios del XVII de 1997 en 1573, cuando se organizaron las tres comunidades indígenas, a 666 en 1633. El arribo de forasteros hizo aumentar
su cantidad a 1624 en 1683, pero la cifra luego se desplomó hasta 983 en
1732. En la década de 1680, el virrey Duque de la Palata realizó un estudio general de condiciones en el Alto Perú, y modificó la estructura tri-

149

butaria para eliminar las exenciones de las que anteriormente disfrutaban
los forasteros. Con la supresión de las exenciones del tributo y la mita, los
forasteros tendrían menos incentivo para permanecer en Cochabamba. Es
probable que algunos regresaran a sus comunidades de origen o fueran a
Oruro y otros centros mineros como trabajadores libres. La emigración
de forasteros al final del siglo XVII contribuyó a la caída del número de
tributarios. A mediados y fines del XVID la cifra volvió a ascender, esta
vez debido a la reproducción natural y a un descenso en las tasas de migración. Según datos publicados por Larson, sólo un 3.4% de varones tributarios estaban ausentes de Valle Bajo en la dérada de 1780.4
El número de tributarios es un indicador insuficiente para medir

las dimensiones de la fuerza laboral de la hacienda. Algunos forasteros
vivían en las comunidades indígenas o bien trabajaban en las chácaras,
propiedades de mediana o pequeña extensión. Un censo de yanaconas

CUADRO 3
POBLACION DE YANACONAS EN COCHABAMBA EN 1692
PORJURISDICCION

CUADRO 2
TRIBUTARIOS EN JURISDICCION DE TRES COMUNIDADES

POR CATEGORIAS

Varones 18 a 50 años

SipeSipe

Paso

Tiquipaya

Año

o

F

y

o

F

y

o

F

t

1683
1732
1750
1786
1792
1798

65
70
116
68
156
132
133

222
204
147
333
264
263
235

99

113
56
94
38
108
95
99

232
157
107
192
128
131
103

82

66
158
138
90
143
142
143

257
66
84
312
290
330
273

71

1804

O = Originario
F == Forastero
Y = Y anacona
FUENTE: Nicolás Sánchez-Albomoz, Indios y tributarios en el Alto Perú
(Lima, 1978), p. 163.

Presentes

Jurisdicción
Valle Bajo
Capinota
Caraza
Sacaba
Valle Alto
Total

!

Presentes º/o

Ausentes

787
73
128
258
1 079

265
19
75
116
335

2 325

810

'

Ausentes

ºfo

100
13
22
42
147

34
50
28
29
38

198
13
58
101
244

66
50
72

324

35

614

65

71

62

FUENTE: José Gordillo Claure, "El proceso de extinción del yanaconaje
en el valle de Cochabamba. Análisis de un padrón de yanaconas (1692)",
Cochabamba, mimeo, 1987.

�150

Siglo XIX

en Cochabamba de 1692 documenta más directamente una de las causas
de la inestabilidad de la fuerza de trabajo, en este caso a fines del siglo
XVII. Alrededor de la cuarta parte de los yanaconas registrados como residentes en las haciendas habían huido, y la mayoría de los ausentes pertenec ían al grupo de varones con edades de 18 a 50 años. Un total de 810
yanaconas, el 26% de su población, h~bían abandonado las haciendas de
la región, y de esta cifra 614 (16%) eran varones cuyas edades iban de
los 18 a los 50 años.5 En otras palabras, un gran porcentaje de la fuerza
laboral de las haciendas abandonó la región de Cochabamba, probablemente como consecuencia del cambio en el status tributario propuesto
por el Duque de la Palata y formalizado por decreto real en 1689.

Contrario a lo que argumenta Larson, el arriendo a cambio de trabajo
servil se originó en el siglo XVII, si no antes, como respuesta a la inestabilidad de la fuerza laboral y no a cambios en el mercado. Un inventario reali•
zado en 1666 en la hacienda Londo, en Caraza, pequeño valle que colinda
con el Valle Bajo, muestra que la tierra cedida a yanaconas ocupaba 41.02
hectáreas, el 21% de la superficie total de la hacienda de 192.40 hectáreas.6
Los hacendados utilizaban la tierra para atraer la escasa mano de obra ya
desde mediados del siglo XVII, por lo menos.
La, orígenes del colonaje en Cochabamba guardan una estrecha semejanza con la evolución del inquilinaje y del peonaje en la parte central de
Chile y en el Bajío mexicano.
Los productores chilenos de trigo exportaban hacia un reducido mer•
cado en Perú a fines del período colonial. Según ciertos cálculos la cantidad de trigo exportada a Lima podía cultivarse en unas 45 000 hectáreas,
y las haciendas del área de Santiago dedicaban un promedio de unas 25 a
100 hectareas de tierra a la producción para la economía de exportación,
apenas un pequeño porcentaje del área total de las haciendas.7 El inquilinaje se desarrolló debido a la escasez de la mano de obra, pero con el crecimiento de la población rural durante los siglos XVlli y XIX los hacenrfat.los lograron que los inquilinos les proporcionaran servicios adicionales.
El excedente de mano de obra, junto con el crecimiento de la población,
permitieron al hacendado imponer condiciones aún más favorables. A fi.
nes del XVID y principios del XIX, el crecimiento del mercado en Guana·
juato creó, en el Bajío mexicano, una demanda del trigo abastecido por
los grandes productores de las tierras agrícolas aledañas al centro minero.
Los hacendados atrajeron trabajadores agrícolas ofreciendo tierra.8

R. H. Jack,on: El colonaje en Cochabamba

151

EL COLONAJE COMO FUENTE DE RENTA FUA EN EFECTIVO
O. arguyó que el
En un estudio realizado en 1977, Gustavo ·Rodríguez
dinero pagado por concepto de renta constituyo' una ·unpo rtante . fuente
de ingresos para los propietarios de haciendas, y que esto era refleJO de la
mentalidad rentista de los terratenientes de Cochabamba. Para prob~ tal
interpretación Rodríguez presentó datos que muestran que durante cmco
de los primeros años del siglo XIX las rentas fij:15 sobre la tierra sumaron
d 57º/o del ingreso de la hacienda CalaCala, SI?1ada en las afueras de la
ciudad de Cochahamha.9 La hipótesis de Rodnguez puede ser ~u~ta a
rueba si se verifica la superficie cedida a colonos dentro del temtor10 de
~s haciendas, la renta que pagaban y las alternativas abiertas a los hacendados para la explotación directa de sus tierras.
Algunos contratos de venta y tasaciones de haciendas contienen infonnación acerca del área de las parcelas concedidas a los colonos. El
registro en 1898 de la partición de la finca MolleMolle, en Punata, ~ ~~
Alto, consignaba no sólo el área total de los dos suyos. en que fue dJV1dida la hacienda, sino también el área de los terren~s asignados a los colonos. El lote oriental tenía un área de 63.46 hec~reas, Y las parc~l:15 de
subsistencia de los colonos 2.04 hectáreas (el 3.2 fo de la superf1c1e total) La fracción occidental medía de 65.79 hectáreas y las de los colonos. 2.18 hectáreas (3.3% del total). 1º En 1889, la finca Sopo'. en el
Cantón Sicaya, Arque, localizada en un estrecho valle del. Altiplano,
presentaba un área del 310.46 hectáreas, más las tierras de pastizal y -~onte. La, cultivo~ más importantes eran trigo, cebada y papa, los b:151cos
en la agricultura del altiplano. La renta de los pastizales, el herbaje, e~
también una fuente considerable de ingresos. Los colo:os ocupab'.111 terrenos con una superficie total de 8.70 hectáreas, el 2.8 1o de 1~ hac1en~a,
y pagaban una renta anual de 193 pesos. 11 Los do~ cas~s menc1ona~os mdican que el terrateniente facilitaba sólo un pequeno porcentaJe del
área de la hacienda, aunque los documentos no registran el númer? de _colonos ni indican las necesidades de mano de obra de los prop1etanos.
Otro ejemplo es el de Arocagua, localiz_ada en el v~e de Sacaba. En
1875 el cuerpo principal de la hacienda, mcluyendo tierras en el valle
2
y colinas circundantes, abarcaba un área de 1 2~.62 ~ectáreas: : Un reporte de 1869 sobre el manejo de la hacienda brmda mformac1on acerca
de otras fuentes de ingreso aparte de los de la venta de las cosechas. La
renta fija pagada por los 121 colonos totalizaba 1 485 pesos, Y sus par-

�152

R. H. ]ackron: El colonaje en Cochabam ba

Siglo XIX

celas ocupaban 143.78 hectáreas, el 11.5% del área total. También contabiliza renta de pastizales (90 pesos), chal,a de papa, venta de restos
que tras la cosecha servían como forraje (323 pesos) y la tasación de
papa y oca (100 pesos). 13
Un caso final es el de la hacienda Hornillos, uhicada en un valle del
Altiplano, en la provincia de Totora. La superficie de la propiedad en
1867 era de 77.08 hectáreas. El demesne ocupaba 4.16 hectáreas (5.8%),
y las tierras rentadas más las parcelas asignadas a colonos, 67.92 hectáreas
14
(94.2%). Al término dersiglo XIX la proporción de las tierras asignadas
a los colonos variaba de un caso a otro, y no pueden observarse tendencias
claras en los aquí documentados.
El diner9 pagado en renta fija por los colonos en algunos de los casos
constituía apenas un pequeño porcentaje de los ingresos totales de la hacienda.

mercado sin tener q~e invertir mucho capital, ni inmovilizarlo por largo
tiempo, o preocuparse por su depreciación.

CUADR04

RENTA DE HACIENDAS EN DETERMINADOS ~os, POR REGION

Muestra

Bajo

Valle
Alto

1860-1869
1876-1885
1890-1899

65
75
59

19
16
10

199

45

VaJle

Total

Un informe de los ingresos y egresos de una parte de la hacienda Tucsapucyo, en el valle de Sacaha, para los años de 1869 a 1876, da una clara
idea de la importancia de la producción agrícola en su economía interna.
El documento (1876) menciona dos fuentes de ingreso: la venta de granos,
7 261 pesos con un real por los ocho años (90.9%); y la .renta de pastos o
herbaje, 730 pesos (9.1 %). Los salarios pagados a colonos daban un total
de 663 pesos con 3 1/2 reales, lo que demuestra claramente que el negocio
de la hacienda era la agricultura y que no en todos los casos utilizaba
la tierra como sustituto del salario en moneda. 15

se

En 1880, la mayor parte del ingreso de la hacienda Changolla, en el altiplano de Araque, provenía de la venta de granos. Según un estudio catastral preparado hacia 1912, Changolla tenía una superficie tntal de 1190.08
hectáreas, con una pohlación de 140 colonos. 16 La venta de trigo y cebada
rindió un total de 2 595 pesos (92.l %), y la renta pagada por colonos,
223 pesos (1.9% ). 17
La evidencia presentada aquí sigiere que la venta de los productos
agrícolas -y no la renta pagada por colonos- constituía la fuenta más importante de ingresos, lo que refuta la hipótesis de Rodríguez. La alternativa más común para asegurar un ingreso de parte de la tierra sin los riesgos
ni gastos de la explotación directa era la renta a corto plazo de la hacienda
completa, lo que heneficiaba tanto al dueño como al arrendador. El terrateniente se aseguraba un ingreso estable, y el arrend.atario lograba entrar al

153

Chapare/
Sacaba

Provincias del
Altiplano

TotaJ

8
12

'.13
38
45

135
140
126

31

126

401

11

FUENTES: Protocolos notariales de Cochabamba y Quillacollo, Archivo
Histórico Municipal de Cochabamba.

El análisis de tres muestras de transacciones de tierra registradas en los
protocolos notariales entre 1860 y 1899 muestra que el arrendam_iento de
haciendas era una práctica común hacia fines del siglo XIX, espe~1almente
en los valles centrales. La renta de una hacienda resultaba lucrativa y por
lo tanto atrayente, por lo que siguió siendo una alternativa a la inversión a
largo plazo que representaba su compra. Po~ otra part~,.fue la fo~a preÍfrida de admi!Wtración en el caso_ ?e las orden~ rehgio~ que aun poseían propiedades rurales. La contahihdad de la hacienda ~liza en Valle AJ.
to en el año de. 1877, tras un período de tres años _de arnendo, demuestra
la rentahilidad de esta fonna de operación. Esta hacienda, propiedad del
monasterio de Santa Clara de la ciudad de Cochabamba, era la más extensa de Valle Alto. Segu'n un ·cálculo de 1828 la hacienda sumaba una superficie de 2 563 hectáreas, con valor de 300 000 pesos. 18 ManueI Sáinz Y
José Urquidi organizaron una sociedad limitada basada en partes d~~es
para trabajarla: 80% de las ganancias para Sáinz, y 20% para Urqwdi. ~
los tres años, el ingreso neto fue de 18 952 pesos con 7 reales, lo que eqwvale a un rendimiento del 19% del capital invertido.

�154

R. H. Jackson: El colonaje en Cochabamba

Siglo XIX

CUADRO 5
INGRESOS Y EGRESOS, HACIENDA CLIZA (1875-1877)

Egresos

Ingresos

Partida

Importe

Partida

155

les servicios. Hemos encontrado dos casos en la década de 1890 en los que
la producción se organizaba basándose en la aparcería (compañía): la e&amp;
tancia Uculapia en el Cantón Pazo di Valle Bajo (1890), y la finca Alalay
en el Valle de Sacaba (1892).2º La aparcería fue ganando importancia en
los valles centrales durante el siglo XX y sustituyó al colonaje como relación dominante en las haciendas.21

Importe

La mayoría de las obligaciones incluían trabajo directo en el demesne
Venta de maíz
87 532p 1 1/2 r
Venta de papa
13 732p 4 1/2 r
5 879p 1 r
Renta de huertos
Ingresos varios
12 504p 2 r

Total

119 048p 1 r

Renta
78 900 p.
Impuesto por "exceso de predios" en 18 75
para costear la guerra
civil
600p.
Diezmo y costos
de producción
20 595 p4r
100 095 p 4r

FUENTES: Escrituras públicas, expediente No. 129, Archivo Histórico
Municipal de Cochabamba.

SERVICIOS DE MANO DE OBRA Y ECONOMIA INTERNA DE LA
HACIENDA
Un artículo publicado en 1907 en un diario de Cochabamha resumía en
forma sucinta la importancia de las obligaciones laborales de los colonos en
la explotación directa de la hacienda
Existen enormes y numerosas estancias en lastue los costos de
producción se reducen a la compra de semilla, teniendo los colonos la obligación de transportar el producto al mercado en el que
el patrón cree conveniente vender. Por otra parte, existen fincas
en las que el costo de cultivo, a pesar del alto precio de los salarios y el transporte, permanece bajo a causa de estas circunstan·
cias. 19
Los servicios prestados por los colonos incluían tres tipos básicos de obligaciones: pongueaje o servicio personal, trabajo en los distintos aspectos
de la producción del demesne, y tareas de mantenimiento y transporte del
producto al mercado. Sin embargo, no todos los terratenientes recibían ta-

y las cachas, transporte del producto al mercado, lo que eliminaba o redu-

cía los costos de producción y transporte para el propietario de la hacienda. No obstante, las obligaciones no eran las mismas para toda la región.
Nuestra intención es ofrecer un resumen de ejemplos específicos en haciendas de los valles centrales y del Altiplano, registrados en sus tasaciones
La importancia de la mano de obra en lasescasamente pobladas yungas
de la región productora de coca, en la provincia de Chapare, en la región
oriental de Cochabamba, se manifiesta claramente en una tasación de la
hacienda de Santa Rita de Pucara de 1861. El valor de la finca era de
9 275 pesos con 3 1/2 reaJes, y el principal cultivo era la coca, planta
de hoja narcótica tradicionalmente masticada por los campesinos del Altiplano para aumentar el vigor, y que hoy se usa en la producción de cocaína.
Doce colonos proporcionaban la mano de obra directa, y se contabilizaban
en el valor de la propiedad a razón de cincuenta pesos por colono: seiscientos pesos, o sea el 6.5% del valor total.22
En 1863, los 51 colonos de la hacienda Montecillo, localizada en el
cantón Tiquipaya de Valle Bajo, pagaban una renta de doce reales por arroba de tierra concedida en usufructo, abastecían de leña al terrateniente,
limpiaban el canal de irrigación, sembraban, quitaban la maleza y levantaban las cosech~en el demesne, llevaban los productos al mercado por un
salario de diez reales, y prestaban servicios personales por dos reaJes a la semana. Montecillo era una típica hacienda de Valle Bajo, que contaba con
tierras tanto en el valle como en las laderas y colinas. Las tierras principales
de la hacienda tenían una superficie de 113.51 hectáreas, y la estancia no
estaba medida. Los cultivos principales incluían trigo, maíz, papa, oca, cebada, papa lisa, quinua y hortalizas.23
En 1867, los doce colonos de la finca Caico, localizada en el cantón
ltocta cerca de Cochahamha, tenían como obligación el abasto de leña y
mukear dos veces al año (mukear era moler maíz para iniciar el proceso de
fermentación de la chicha, cerveza de alto consumo en Cochabamha y

�156

Siglo XIX

R. H. Jacklon: El colonaje en Cochabambo
24

otras partes de Bolivia). Diez años después, el número de colonos se había elevado a dieciocho, y las obligaciones eran algo diferentes: abastecer
de leña, prestar servicios personales y producir sobre la hase de la aparcería. 25

Las obligaciones en otras haciendas de los valles centrales eran similares. La estancia Choroco, en el cantón SipeSipe de Valle Bajo, contaba una
fuerza laboral de veintidós colofios y un área de 467.17 hectáreas. Los eolonos prestaban servicios personales o quedaban exentos mediante un pago, transportaban el producto y la leña al mercado y elaboraban escohas.26
Los quince colonos de Lloquemayu, en el valle de Sacaba, brindaban servicio personal y mano de obra para la producción en el demesne. 27
Los colonos de las haciendas del Altiplano tenían obligaciones semejantes: los de la finca Queraya, en Ayopaya, llevaban el producto al mercado, lo que era importante si se toma en cuenta los altos costos del
transporte y las malas condiciones de los caminos del área.28 Podemos citar varios casos en Arque y Tapacari. En 1889 las cuatro haciendas de
Sopo, Larama, Huainapata y Cori, en el cantón Sicaya (provincia de Arque), tenían una fuerza laboral total de veintinueve colonos: pagaban una
renta de 1 215 pesos y proporcionaban servicios personales y mano de
obra para el demesne. 29 La hacienda Calliri, en el cantón del mismo nombre en la provincia de Tapacari, presentaba en 1885 una superficie de
701.52 hectáreas y un valor de 31 882 pesos con 11/2 reales. Los cultivos
principales incluían maíz, vegetales, alfalfa, trigo, papa y otros tubérculos.
La fuerza laboral estaba formada por colonos y trabajadores que recibían
un salario basado en las dimensiones de la parcela que cultivaban. Sus obligaciones implicaban producir en el de.mesne, tareas de mantenimiento remuneradas con la distribución de raciones alimenticias y de coca, y el
transporte del producto al mercado por un pequeño estipendio. El terrateniente organizaba el resto del trabajo de la hacienda bajo el sistema de salarios en efectivo.30
La hacienda Londo, en Caraza, pertenecía a José Aguirre, miembro de
una importante familia terrateniente con intereses en él altiplano de Colomi, en la provincia de Chapare, el valle de Sacaba, y el Valle Bajo. La superficie de la propiedad era de 190.97 hectáreas en la década de 1890. Los
colonos mantenían y limpiaban el sistema de irrigación y otras instalaciones de la hacienda a cambio de una ración de comida, proporcionaban mano de obra para el demesne, transportaban quince cargas de leña a la ciudad de Cochahamha cada quince días por una ración de alimentos con va-

/

157

Ior de veinte centavos, llevaban el producto al mercado por otra ración alimenticia, y prestaban servicios personales al terrateniente. Los hijos de los
colonos que trabajaban para el patrón en la casa de la hacienda percibían
un salario semanal de cuarenta centavos, mientras que las mujeres, que
31
proporcionaban el mismo servicio, no recibían retribución alguna.
Durante el primer lustro de nuestro siglo el gobierno municipal de
Cochabamha administró diversas propiedades estatales en Arque, Tapacari y Vacas, y arrendó dichas tierras con el fin de obtener fondos para
apoyar la educación pública. En 1917 y 1922 el ayuntamiento publicó las
~ligaciones de los colonos en siete fincas diferentes. Su arriendo incluía el
derecho a recibir las habituales obligaciones de trabajo de los colonos. Los
de Vacas aportaban mano de obra para la producción en el demesne y en
ciertos casos se establecieron acuerdos de aparcería, transportaban productos al mercado, y prestaban servicios personales. Los colonos de las otras
haciendas tenían obligaciones similares.32

EL OCASO DEL COLONAJE
El colonaje persisti6 hasta la reforma agraria de 1953, pero su decadencia
se había iniciado al transformarse la estructura de la tenencia de la tierra
en los valles centrales. Los colonos aprovecharon la expansión del mercado de tierra para adquirirla, y en muchos de los casos compraron las parcelas que ya laboraban. A partir de las últimas décadas del siglo XIX aumentó el número de propiedades en los valles centrales, la posesión de haciendas se volvió inestable y ¡¡e subdividieron algunas de ellas. Con la
adopción de la política de libre comercio y la construcción del ferrocarril
Antofagasta-Oruro, en 1892, para unir al Altiplano con la costa, Bolivia
abrió las puertas a la harina de trigo barata procedente de Chile y más
tarde de Argentina y Estados Unidos, lo que hizo que se malvendiera el
producto de Cochabamha en su principal mercado: los centros urbanos y
mineros del Altiplano.
Con la pérdida de esos antiguos mercados se inició un período de cri-

sis y estancamiento en la agricultura de Cochabamha que contribuyó al
decaimiento de la hacienda. Algunos terratenientes perdieron sus propiedades a causa de hipotecas, mientras que otros aprovecharon el valor ascendente y la demanda de tierras para vender pequeñas parcelas.33 Al
mismo tiempo, el número de colonos disminuyó. La participación en el
mercado local mediante la venta de excedentes permitió a los cam11esinos

�158

SwtoXIX

R. H. ]aéluon: El colonaje en Cochabamba

159

sin tierras acumular el dinero auf:iciente para comprarlas.34 Entre 1882y

La habilidad para obtener esos servicios concedía prestigio a los pro-

1912, aproximadamente, la cantidad de colonos del departamento de
Cochahamha cayó de 41 491 a 31 757 (ver cuadro 6). En las provincias altas del departamento mencionado, sin embargo, los hacendados mantenían

pietarios pero, como hemos visto, guardaba importancia secundaria en el
e;quema de trabajo de la hacienda. Ya desde 1923, el Congreso boliviano
consideró establecer una legislación que aboliera el pongueaje, pero no se
realizó ninguna acción.36

la tierra agrícola casi monopolizada, y el crecimiento demográfico de los
campesinos sin tierra les permitió sacar trabajo adicional de los colonos.

CONCLUSIONES

CUADRO 6
NUMERO DE COLONOS PORPROVlNCIA EN AROS SELECCIONADOS
Provincia•

c.1882

c.1902

Cercado
Cliza
Tapacari
Arque
Mizque
Ayopaya
Chapare

1 500
12 890
8 000
4 978
5 858
4000
4 265

1394
10466
5 016
4 830
5 858**
2 317
4 265**

c. 1912
1 074
7 888
4 567
4412
6 149
4046
3 621

Total
41 491
35 146
31 757
*Se han conservado las jurisdicciones políticas que existían en 1882 para
mantener la validez de la comparación.
**La misma cifra que en 1882, lo que indica que no se había efectuado un
nuevo estudio catastral.
FUt:NTES: El Heraldo, 23-IX-1898; Zenón Cosío,Jnforme del Prefecto y
Comanda_nte ~eneral d~I. Departamento, 1915-1916 (Cochabamba, 1917);
Y Honono Pmto, Bolw,a, tierra y población. 1844-1939 (Lima, 1978).
La persistencia del colonaje y los abusos con él asociados se convirtieron en una cuestión importante para los políticos reformistas del período
posterior a la guerra del Chaco (1932-1935), y el fracaso en sancionar una
legislación refonnadora en la década de 1940 contribuyó a desatar una
rebelión campesina en la provincia de Ayopaya, en 1947. Entre los abu806
se hallaban la amenaza de desalojo y el uso de la fuerza para expulsar colo~s de _los_ terrenos de la hacienda.35 Los servicios personales eran el objetivo pnnc1pal de la reforma, pero su abolición no alteraría en lo fundamental el régimen de trabajo de la hacienda ni mejoraría el status de los
colonos en cuanto a subordinación a su dueño.

El sistema de colonaje surgió en los valles centrales de Cochahamha a principios del siglo XVII, en respuesta al dinámico mercado de granos del Potosí y a una población rural inestable. Los terrateniente adquirieron grandes extensiones de tierra fértil, y utilizaron la superficie excedente de la
que requería la producción para el mercado para atraer fuerza de trabajo
(que era limitada y, por lo tanto, significaba el insumo más importante en
llll sistema agrícola caracterizado por escasos cambios tecnológicos y una
pesada dependencia de la mano de obra). Conforme funcionaba el sistema
en el siglo XIX, los colonos cedían una renta y su trabajo, pero era esto .
último el aspecto más importante.
A fines del XIX y principios del siglo XX la crisis y la transformación
de la economía agraria de Cochabamba contribuyeron a la disminución del
colonaje, especialmente en los valles centrales. Los hacendados lo sustituyeron por la aparcería que, a diferencia del primero, transfería los costos
y riesgos de la producción al campesino. El sistema de aparceros resultó
ser una alternativa viable 'll la explotación directa por parte de los hacendados, en la economía de mercados restringidos y variables de principios
de siglo. Asimismo, los propietarios vendieron tierras, con lo que el número de campesinos independientes aumentó mientras que el de colonos
disminuyó.
En las provincias del Altiplano del departamento de Cochahamha,
por otra parte, y en e~cial en la de Ayopaya, la crisis económica tuvo
menos impacto: los hacendados mantuvieron, así, el virtual monopolio de
la tierra. El aumento demográfico entre los campesinos sin tierra permitió a los dueños de haciendas modificar las obligaciones de servicios para
imponer trabajo adicional, como también ocurrió en el valle central de
Chile durante el siglo XIX. La persistencia del colonaje en el Altiplano
contribuyó a acrecentar la tensión social que desembocó en la agitación
eampesina de 1927 coincidente con un movimiento a gran escala en todo

�160

Siglo XIX

R. H. ]ack,on: El colonaje en Cochabamba

Bolivia, y que se repitió en 1947. El programa de reforma agraria decretado en 1953 eliminó el colonaje: su mayor impaeto se dio en las provin.
cías del Altiplano.

161

9. Gustavo Rodríguez Ostria, "Acumulación originaria, ca),pitalism
º 1 o ,.Y agricultura
precapitalista en Bolivia (1870-1885), Avance, 2 (1978 pp. 1 9-1...
3
10. Registro de Derechos Reales, departamento de Cochabamba, provincia de Punata, 1898.

ll. Escrituras Públicas, expediente 147, Archivo Histórico Municipal de Cochabamba (de aquí m adelante citado como EP).

NOTAS
l. Brooke Larson, ''Economic Decline and.Social Change in an Agrarian Hinterland:
Cochabamba (Bolivia) in the Late Colonial Period", tesis doctoral sin publicar,
Columbia University, 1978, pp.117, 126. Princeton University Presa prepara
el estudio de Larson para su publicación.

2. lbid., p. 33.
3. Para las migraciones de los siglos XVI y XVII;- en el Alto Perú, véase Nicolú
Sánchez-Albornoz, Indios y tributo&amp; en el Alto Perú (Lima, 1978), pp. 74-9;
Thierry Saignes, "Ayllus, mercado y coacción colonial: El Teto de las migraciones en Charcas (siglo XVD)", en Olivia Harris, Enrique Tandeter y Brooke
Larson Participación indígena en l01 mercado&amp; 1urandino1 (Cochabamba, de
próxim~ publicación); y Ann Zulawski, "Wages, Ore Sharing._ and Peasant
Agriculture: Labor in Oruro's Silver Mines, 1607-1720", The Hispanic American Historical Review 67 (1987), 405-430. Saignes destaca que los kura~
de los ayllus del Altiplano conseguían a veces aplicar y exigir tributo a los rrugrantes proveniente de distintas partes del Alto Perú, incluso de Cochabamba.
Zulawski sefíala que los trabajadores indígimas de Oruro recordaban su- ayDu
de origen durante varias generaciones. Por otra parte, según un censo de 1683,
había forasteros y yanaconas de Cochabamba en Oruro, o descendientes de
quienes habían emigrado de Cochabamba para trabajar en las minas de Oruro.
Loe indígenas recordaban su ayllu de origen, y es posible que hayan rete~o
Jos derechos de usufructo de las tierras de la comunidad a pesar de su ausenCll.
4. Larson, "Economic Decline", p. 106.

12. Protocolos Notariales de Cochabamba, 1873, Archivo Histórico Municipal de
Cochabamba (de aquí en adelante citado como PN).
13. EP, expediente 118.
14. PN Cochabamba, 1867.

15. EP, expediente 128.

16. Catastro de la Propiedad Rústica, provincia de Arque, cantón Tacopaya.
17. PN Cochabamba, 1880.

18. Larson, ''Economic Decline", pp. 79-80.
19. La Patria, 17/IV/1097.
20. EP, expediente 153; PN Cochabamba, 1890.
21. En la década de 1940 el colonaje seguía siendo la relación laboral dominante en
las haciendas de la provincia de Ayopaya, en el Altiplano, donde la hacienda fue
la fonna primordial de tenencia de tierras hasta la refonna agraria de 1953.
Jorge Dandler y Juan Torrico, ''From the National lndigenous Congress to the
Ayopaya Rebellion: Bolivia, 1945-1947", en Remtance, R ebeUion and Comciousneu in the Andean Peaaant World, 18th to 20th Centurie,, Steve Stern
editor (Madison, 1987), p. 336. Sobre la aparcería en los valles centrales de
Cochabamba, véase Rafael Reyeros,EI pongueaje, la servidumbre personal de lo,
indios boliviano, (La Paz, 1949), pp. 225-6.

2'l. EP, expediente 104.

5. José Gordillo Claure, ''El proceso de extinción del yanaconaje en el valle d_e
Cochabamba (Análisis de un padrón de yanaconas, 1692)", Cochabamba, Dll·
meo, 1987. Algunos autores establecen una distinción entre yanaconas y colonos, pero en la práctica parece haber sido lo mismo.

23. EP, expediente 107.

6. José Gordillo Claure, ''El origen de la hacienda en el Valle Bajo de Cochabam~
Confonnación de la estructura agraria (1550-1700)", tesis sin publicar, Urovusidad Mayor de San Simón, 1987, p. 229.

25. PN Cochabamba, 1877.

24. EP, expediente 115.

26. PN Cochabamba, 1875.

7. Amold Bauer, Chilean Rural Society from the Spanúh Conque,t to 1930 (Cam·
bridge, 1975), pp.13-15.

27. EP, expediente 123.

8. David Brading, Hacienda&amp; and Rancho, in the Mexican Bajío, Leon 1700-1860

28. PN Cochabamba, 1881.

(Cambridge, 1978), p. 12.

29. EP, expediente 147.

�162

SwloXIX

00. PN Cochabamba, 1885.

NOTAS INTRODUCTORIAS

31. EP, expediente 149.

La Formación de la Clase Obrera
en Venezuela

32. Citado en Alberto Rivera,''Los terratenientes de Cochabamba", Coohabamba,
mimeo, 1987.
33. Sobre la apertura de la economía nacional y la construcción del primer ferrocarril que permitió la importación de harina chilena barata, véase Antonio
Mitre, Lo, patriarCIU de la plata (Lima, 1981), pp. 156-179. La transformación
de la estructura de la tenencia de la tierra en Cochabamba entre 1860 y 1929 es
examinada con mayor detalle en ''Liberal Land and Economic Policy and the
Transformation of the Rmal Sector of the Bolivian Economy: The C- of
Cochabamba, 1863-1929", de Robert H. Jackson, tesis doctoral sin publicar,
University of California, Berkeley, 1988.

Alberto J. Pla*

34. En 1917, por ejemplo, al concluirse el ferrocarril Ormo.Cochabamba, surgió 111
gran número de colonos y pequeños propietarios que vendían sus productoe
en Oruro. Christine Whitehead, "Cochabamba Landowners and the Agrarian
Refonn ", tesis sin publicar, St. Hugh's College-O:xford University, 1970, p.17.
35. Roger Simmons, Palea and Pucaro, A Study of the Effects of Revolution on
Two Bolivian Haciendas (Berkeley y Los Angeles, 1974), pp. 70-71. Carlos dela
Riva anplea la historia oral para documentar la violenta expulsión de colonos de
una hacienda de Cochabamba en la década de 1930: "Sacabamba, 1U1a historia
para tomar en cuenta", en Historia y evoluci6n del movimiento popular (Cochabamba, 1986). pp. 311-29.

36. El Heraldo, l/Xll{l923.

I.
El proceso formativo de la clase obrera venezolana abarca un período que
podríamos acotar entre dos acontecimientos posibles de registrar: por un
lado la aparición de las primeras organizaciones mutuales de artesanos,
poco después de mediados del siglo XIX; y por otro, el surgimiento del
proletariado petrolero, que va a adquirir una personalidad en los años
veinte del presente siglo.
Si bien la aparición de organizaciones mutuales artesanales no es expresión directa de la existencia de una clase obrera, sí constituye el antecedente que permite registrar una serie de procesos sociales, económicos
y de organización que nos conducirán a su presencia. Por otro lado, el
hecho de que aparezca conformado un proletariado petrolero no debe inducir a pensar que es recién entonces cuando se constituye un sector obrero en el país. Por el contrario, en Venezuela, lo mismo que en los demás
países de América Latina, el proceso de formación de la clase obrera debe
identificarse con el proceso de cambio de las relaciones de producción, es
decir, con la aparición de relaciones capitalistas tanto en el campo como en

*Instituto de Investigaciones. Facultad de Humanidades y Artes. Universidad Nacio~ de Rosario. Argentina. El texto reproduce la introducción a "Sindicatos y política en Venezuela. 1924-1950", tesis doctoral presentada por el autor en París VIO.
1985.
·

�164

Siglo XIX

la ciudad. Y este proceso es tardío, en Venezuela, referido aJ contexto de
otros países latinoamericanos. :
Los movimientos de contenido social del siglo XIX fueron creando
las condiciones para romper con las sujeciones precapitalistas existentes
desde el período colonial. En tal sentido, se puede decir que las guerras
por la independencia son un lejano antecedente de la aparición de un problema social en el pa Ís, pero es recién a mediados de siglo en que aparecen
movimientos con mayor contenido. Y naturalmente esta convulsión aparece primero en el campo.
Ya en la insurrección campesina de 184748 s.- levantó un programa
que reclamaba "tierra y hombres libres", y asoma entonces un pensamiento social que traducen en ados los campesinos armados. En la nueva insurrección de 1858-63, en rl mareo de la guerra federal, se plantea en el programa la "igualdad social", que el autor venezolano Federico Brilo Figueroa interpreta &lt;'Orno "subjetivamente equivalente a la abolición de las clases sociales". Si bien es un tanto exagerada tal interpretación, en dicho
programa se dice "el pobre igual al rico, el negro al blanco", y éstt' fue el
credo de los oprimidos del campo "humillados y ofendidos".1 Como se
puede apreciar aún eslá vigente la reivindicación que corresponde a las relaciones sociales de la colonia, con la equiparación de las llamadas "castas".
En el mismo trabajo Brito Figueroa enmarca estas convulsiones campesinas dPntro de un proceso de difusión de las ideas socialistas utópicas en
VPnezuela de.scfe la década de los años 40. Señala distintos aconlccimien·
los: a) la ll&lt;&gt;gada de inmigrantes franceses después de l848; b) la &lt;:dición
del periódico Credo Igualitario, en La Victoria, entre 18:'&gt;2 y l8S5, por
parlt; de Pit'rre Cerreau; c) el hel'ho de que "uno ele los rnlaboradores más
Íntimos dt' Zamora en las dos insurre,·ciones campesinas fm· el inglés José
Brandford, 4ue en 1850 escrihía crónicas para The Red Republican, ~rna·
nario cartista que se edil.aba en Londres ".2
La guerra federal, verdaocra insurrcrción camp,·sina d1· rnntcnido social, pero manipulada al Lriunfar en 1863 por sus dirig1·nt1·s lilwralcs ya 4ut·
Eze(1uiel Zamora fue mucrlo hat·ia t&gt;I final de la campaña, ha dejado al
país en una siluaeión c:rÍLi,·a: desorganiza1·ión prorlut·Liva y 1·nd1•udamimto
con el exterior. En esas 1·ondii-ionf's el presidente liLt'ral Antonio (;uzrnán
Blam·o, 4u1• asurn1· f'n l870, lralará d ... modernizar al país. Las clas1·s domina ni c.~, derrotadas 1•n la expresión de sus vif'jos eaudillos, s1· acercan al
nuevo goht&gt;rnant,• y los acuerdos surgen naturalmente.

A. Pla:" Fonnación de la cltue obrero en Venezuela

165

Desde un punto de vista económico la construcción y reparación de
caminos se complementa con la introducción de capital extranjero para
tender líneas ferroviarias. Este hecho marca el comienzo sistemático de
una inversión imperialista del capital, inglés de manera esencial, y que
se une a la existencia de la deuda externa (empréstitos) para configurar
d carácter de la dependencia venezolana en sus primeros pasos de modernización capital_ista.
Guzmán Blanco domina el panorama poi ítico venezolano desde 1870
hasta 1887. Gobernó directamente en tres períodos (1870-77; 1879-84;
1886-87 ). Venezuela sigue siendo país agrícola y sus rubros más importanles de producción son el café y el cacao. Guzmán Blanco neutralizó a los
caudiUos, centralizó el poder del Estado y estableció una firme alianza con
los hacendados, los comerciantes (casas extranjeras), iniciando la inversión
sistemática de capital extranjero. Su política liheraJ se corresponde con la
onda dominante en ese momento (matrimonio civil, laicización de cementerios, el&lt;:.).
La construcción de puentes, vías férreas, carreteras, muelles .Y enseguida el telégrafo al.rae trabajadores, se contratan técnicos e ingenieros. La
producción minera es favorecida y ciertamente los capitales extranjeros
combinan la inversión productiva (minas de cobre de Aroa, por ejemplo),
con la construcción del ferrocarril (Tucacas-Aroa) todo de capital inglés,
y que acerca la producción al puerto. Es de notar que en Venezuela no se
construyó una red ferroviaria sino líneas troncales solamente. Más aún, ni
siquiera en la actualidad existe una verdadera red ferroviaria en el país.
Si por un lado Guzmán Blanco desvirtuó el contenido de la revolución
campesina federal, por el otro se constituyó en el gobernante que intentó
en Venezuela un proceso institucional de liberalización y modernización
del Estado. En otros países ese proceso se realizó hasta su expresión final
(por ejemplo, como lo hizo la burguesía argentina a partir de 1880), pero
t'll Venezuela el proceso quedó muy pronlo desvirtuado con el regreso de
los caudillos al poder.
La fuerza de trabajo se reclutó principalmente entre los campesinos,
y este desplazamienlo se acentuó enseguida con el crecimienlo urbano. Demás está decir que aún no existía legislación laboral, excepto para compulsar la gente a Lrabajar. Típicas de ello eran las reglamentaciones contra lo
que denominaban "la vagancia". Dicen unas Ordenanzas de los años setenta:

�166

Siglo XIX

será considerado vago y mal entretenido toda persona, que a pesar
de estar en perfectas condiciones físicas y mentales no esté trabajando por el bienestar de la nación y a1 contrario causándole gastos innecesarios al Estado. Las personas que trabajan no podrán
abandonar sus empleos sin previo aviso a los dueños, pues se considerará como causante de pérdida para la nación.3
Para tener una idea sobre las características de la organización del trabajo y
el avance tecnológico, se puede mencionar que recién en diciembre de
1874 se instaló la primera máquina a vapor, en los talleres tipográficos de

La Opinión Nacional.

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

167

En 1865, el Gremio, en un Memorándum a "Senadores y Diputados
de los Estados Unidos de Venezuela", al oponerse a la manera en que se
aplicaba el arancel aduanero, clecía:
El arancel favorece la importación del artefacto extranjero que
daña al consumidor, que pone en ocio y desaliento al artesano, que
mata a las artes como está sucediendo con la herrería, con la carpintería, con la sombrería, con la latonería, con la fundición y
· hasta con la imprenta... Ya la peinetería no ~xiste, la platería
expira... el extranjero se lleva el dinero... y sus artefactos a ~oco tiempo inutilizados completamente, a la vez que han perdido
el fruto de su trabajo, ha disminuído también las riquezas del
país. . .

II.
La existencia de gremios artesanales es un hecho que viene desde la época
colonial. No obstante, aquellos gremioi,: de artesanos privilegiados prácticamente van a desaparecer al vaivén de las guerras por la independencia y
las luchas caudillescas, que durante toda la primera mitad del siglo XIX
desorganizan la vida nacional. Con el proceso de modernización comenzaron a surgir nuevos gremios de artesanos que poco después intentarán ya
organizar mutualidades de otro tipo.
El primero es el Gremio de Artesanos de Caracas, cuyos principales organizadores son Valentín Espinal y su hijo Mariano. En el Archivo Histórico
del Congreso de la República figuran las notas enviadas por el Gremio al
Congreso Constituyente en abril de 1864, así como la lista de sus miembros; y por la correspondencia se puede apreciar el tipo de actividades
que realizaba, como por ejemplo conciertos gratuitos. Su tarea más importante fue establecer un Monte de Piedad y el Banco Popular de Crédito
Mobiliario. El Gremio dice que estas actividades no deben ser consideradas
"como industria", sino como "obras piadosas". Asimismo sostiene una
Academia de Instrucción Popular, "en donde se dará instrucción gratis a
quinientos alumnos". Dicho Instituto no sólo daba instrucción gratuita
sino que proporcionó "libros a los alumnos y aún vestido a los niños que
por su extrema pobreza", en caso contrario, se verían obligados a abandonar el estudio. El Gremio se pronunció también por la lucha para "mejorar
la condición de las clases más necesitadas". La intención era que a partir
del Monte de Piedad pudiera formarse una verdadera "Sociedad de Socorros Mutuos". 4

Aparte del contenido del alegato, es interesante la enumeración de las actividades productivas consignadas: como se puede apreciar son típicamente
artesanales, y aún no se perciben las características ni ele un modo de producción capitalista, ni de la existencia di' un proletariado verdadero.
El Memorándum abunda en argumt'ntos y dice: "De allí el espectáculo
de multitud de hombres sumidos en la vagancia", a quienes luego les aplicarían las Ordenanzas contra la vagan&lt;'ia ya mencionada. Por ello agrega
que dicho comercio, que favorece a los productos extranjeros contra la
producción local, es "la tumha de las artes".5 Lo que muestra un_a clar_a
percepción de estos artesanos, pero no alcanza a proponer alternativas diferentes al predominio del capital y de los comerciantes extranjeros, y
busca sólo mantener las condiciones preexistentes sin comprender que no
era ya posible. Su dt&gt;íensa de un proteccionismo comercial tiene como referencia la defensa del antiguo taller. Ello está ubicado en el pro&lt;:eso de la
Lransición hacia la incorporación de un modo de producción capitalista en
el país, lo que llevará también a eliminar talleres artesanales)' hará emerger
algunas fábricas, aun cuando al romienzo ocupen pocos obreros. En cambio van ir surgiendo se1;tores obreros en las adividades de servicios }'
construcción (transportes, comunicaciones, caminos y puentes, etc.).

a

En relación a la prensa artesanal, puntualit·emos que en 1879 aparece
un periódico llamado El Obrero. Será el anll'c1·dentc de varios pcriódi('.oS

&lt;lcl mismo nomlm• publicados en Caracas}' Maracaibo.

�168

Sigl-OXJX

El de 1879 revela una mezcla de posiciones: si por un lado torna del
Manifiesto Comunista la consigna de que la emancipación de los trabajadores será obra del proletariado mismo, por el otro se declara cristiano.
Se editaron sólo treinta y cinco números de este periódico,
pionero de
este tipo de actividades. En 1890 aparece otro periódico El Obrero, que
sólo publicará catorce números; más coherente que el anterior ataca a la
religión y cita a Proudhom como fuente de inspiración. Hasta l 911 seguirán apareciendo diversas publicaciones del mismo nombre.
En la década del noventa, con la presencia de una inmigración europea de origen obrero y artesanal, comenzarán las referencias a las actividades obreras en Europa y sus organizaciones. Hay que tener en cuenta
que esa nueva inmigración europea incluye algunos participantes en hechos
como La Comuna de París, así como perseguidos por las leyes de excepción de Bismarck contra los socialdemócratas. Se publican algunas noticias sobre el Congreso de Liverpool y el socialismo inglés (El Pueblo, 7 de
octubre de 1890): sobre la personalidad de Engels (El Avisador Comercial,
1896); sobre los sucesos de Chicago, en diversas oportunidades. La prensa
de la época se hace eco de af'ontecimientos mundiales y es sistemática la
difusión de artículos en defensa del proteccionismo comercial como manera dt&gt; promover el desarrollo de la manufac-tura (El Mensajero).
En 1893 aparecerá una información significativa: en el Café Caracas
se reúne, el 25 de julio, un grupo de obreros alemanes que eligen como
su representante ante el VI Congreso Internacional Obrero a Franz Schleese
y el al'to termina con el canto de "La Internacional". Esto no implicaba la
existencia de un movimiento obrero -en-el sentido de verdadera organización- pero muestra un dalo interesante de la actividad precursora de los
obreros ~ue, en Venezuela como en otros países de América Latina con
ma)or fuerza, introducen concepciones qut&gt; hacen a una comprensión internacional amplia, de acuerdo con las corrientes de pensamiento de la
época. En Venezuela, esta actividad no lcndrá continuidad posterior, a la
inversa de lo que SU&lt;:edió en países como Argentina o Uruguay. Decía la
información sobre esta reunión:
Acta de la primera reunión de trabajadores socialistas de Venezuela, realizada el 25 de julio de 1893 en Caracas, en el Restaurant
'Café Caracas'. La asamblea, con la asistencia de 14 camaradas,
fue abierta por el camarada Bruno Rossner a las 9.30 de la noche.
Luego de algunas palabras introductorias de su parte, se principió
por la elección de un Buró, y se escogió para integrarlo a los camaradas: Adolfo Pickel, H. Willhoft, Bruno Rossner. A proposi-

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

169

ción del camarada B. Rossner se elaboró un acta con el propósito
de legitimar al camarada Franz Schleese por ante el IV Congreso
Internacional Obrero y fue firmada por todos los camaradas presentes. La misma es del tenor que sigue: 'Los trabajadores socialdemócratas de habla alemana reunidos hoy aquí en Caracas, capital de la República de Venezuela, en virtud de la presente, nombran al ciudadano Franz Schleese, nacido en Magdeburg el 7 de
abril de 1861 como su delegado ante el IV Congreso Internacional Obrero d; Zurich de agosto de 1893. Después de la firma de
esta acta por todos los camaradas, y luego del agradecimiento de
Fránz Schleese por la confianza en él depositada, instó al camarada Picket a transformar esta reunión de provisoria en permanente y realizar, por tanto, a la brevedad, una nueva as:im~~ea.
Terminada la parte formal, a las 11 de la noche se pros1gwo la
reunión con una pequeña tenida durante la cual se formularon
y fueron acogidos múltiples deseos relacionados con nuestras
tareas. Tras el canto de la Marsellisa de los Trabajadores, finalizó la asamblea a la una de la noche.
En 1895 se realiza la primera manifestación de desempleados. Para esa
fecha existían en Caracas unos 3 000 desocupados, y el 20 de enero
salen a manifestar a la calle. Llevan carteles con leyendas tales como
"Pedimos protección para el Gremio de Artesanos" y "El pueblo perece" y aparece un dirigente llamado Antorúo Acosta. Es disuelta por la policía y se detiene a muchos manifestantes. Ante la protesta de la prensa,
el gobernador responde justificando la represión con el argumento de
que "es la onda del socialismo que invade al Viejo Mundo". Así lo narra
Ramón J. Velázquez:
El gobernador de Caracas, Juan Francisco Castillo responde a la
prensa: "no se trata de una manifestación sino de un motín",
afirma, y explica: "no se pidió permiso ni se dió aviso a ninguna
autoridad y además las leyendas de los carteles constituían la
más clara incitación a la asonada". Y agrega Castillo: "El pueblo
conoce la penuria del gobierno" y concluye al referirse a la manifestación de trabaJadores: "es la onda del socialismo que invade al Viejo Mundo".
Al año siguiente (1896) se realizará una importante reunión: se denominará "Primer Congreso de Obreros de Venezuela", y marcará toda una
etapa en la historia social venezolana y en los intentos de artesanos-obreros por hallar formas de aglutinamiento, de organización. Este Congreso
se instaló el 28 de octubre en la Biblioteca "Obreros del Porverúr",
su
presidente fue el doctor Alberto Gonzá]ez Briceño y su secretario Leopoldo Torres Abandero. No vamos a seguir ahora la polémica entablada sobre

�170

SigloXIX

el carácter de esta reunión, pero creemos importante que sectores artesanales e intelectuales tuvieran esta iniciativa. Es más, en el orden del día
se incluyó la propuesta de formar un partido político, que no llegó a plasmarse.
Organizaron este Congreso las siguientes instituciones (que dan una
idea de su composición): el Centro Popular, el Liceo Pedagógico, la Alianza del Trabajo, la Alianza Filantrópica, y los gremios de artesanos, de impresores gráficos, carpinteros, ebanistas, etc. En un remitido publicado en
El Tiempo de Caracas del 20 de octubre de 1896, se incluyen también
otras corporaciones benéficas del Distrito Federal tales como Mutuo Auxilio, Vínculo de Caridad, Amparo Recíproco, Aurora Benéfica, etc.8
Según informa El Tiempo, 9 en el Congreso se declaró fundado el
''Partido Popular". Y ya con fecha 9 de noviembre, ese mismo periódico
anunciaba haber recibido el primer número del periódico El Partido Popular, que apareció el 7 de noviembre de 1896 y que decía ser el órgano
del "Centro Popular y de los Gremios".

Las resoluciones def Congreso se refieren a la educación popular, al
fomento de 1a "economía entre las clases obreras", a "mejorar la situación de las clases obreras según los principios del trabajo", el ahorro y el
cooperativismo entre sus miembros, etc. Este Congreso es el síntoma más
significativo de los cambios que se iban produciendo en Venezuela, y del
surgimiento de nuevas preocupaciones sociales. En este sentido debemos
puntualizar que el gremio más importante entre los presentes en el Congreso es el de los impresores de Caracas, y que ya no se trata de un gre·
mio artesanal, sino obrero. Este gremio se constituyó en 1890.
Como se puede apreciar estamos ante los primeros pasos organizativos e ideológicos. Las expresiones que se encuentran son entonces fragmentarias, aisladas, faltas de continuidad, pero al mismo tiempo significa·
tivas. Hay periódicos, hay reuniones, hay presencia de ideas socialistas y
anarquistas. Si bien no existieron organizaciones socialistas (sociaJdemÓ·
eratas), sino sólo algunos intentos por constituirlas, las ideas socialistas
están presentes y en la prensa se recogen algunas de sus manifestaciones.
En 1893 escribía Pedro E. CoU sobre el lo. de mayo:
es un día grande y hermoso para todos los que aman verdadera•
mente al pueblo y anhelan el triunfo de la verdad... pero taro·
bién... es el día en que la gran familia obrera, compacta, for-

A. Pla: Formación de la cla# obrera en Vennuela

171

mando un solo cuerpo y una misma alma, se presenta al gobierno y a la sociedad reclamando derechos y pidiendo justicia. ..
así como también es el día cuando ... los gobiernos se rodean
con bayonetas, la policía se dispone a hacer fuego sobre el pueblo y la gente acomodada se va al campo, a sus quintas, lejos,
bien lejos... IO
Este Pedro Emilio Coll será luego ministro de Fomento del presidente de
Venezuela José Gil Fortoul, durante un breve interregno en el período
gomecista. Es decir, durante el largo período d?minado J&gt;C?r ~a dictadura
de Juan Vicente Gómez (1908-1935), en la que este gobemo directamente
0 a través de presidentes adictos. CoU era ministro en el año 1914, cuando
estalló la importante huelga de los telegrafistas que fue, aparentemente, la
primera huelga nacional de un gremio en Venezuela; y como ministro la
enfrenta y trata de derrotarla.
La formación de la clase obrera y las primeras organizaciones artesana-

les y de apoyo mutuo fueron suficientes para asustar a las clases dominantes, que creían o querían mostrar los peligros de la nueva situación social.
Sin haberse constituido un sector significativo donde ya se desarrollaban
relaciones capitalistas de producción, las ideas y los programas socialistas
0 anarquistas apuntaban a expresarse. Los inmigrados europ_eos, que no
eran muchos en Venezuela, encontraron así en algunos intelectuales (maestros, abogados) y algunos artesanos, un medio propicio para sembrar las
primeras inquietudes sociales de una nueva clase social, que existía más
como germen que como realidad significativa. Mientras esto fuera así, perscmajes como Coll podían ser sensibles a ciertas reivindicaciones, como lo
hizo en 1893. En 1914 se ha trocado en ministro del sistema gomecista y
su posición ha cambiado radicalmente.
EUo no significa que estas posiciones finiseculares de obreros, artesanos e intelectuales no encontraran contradictores que veían el peligro social inherente a las nuevas ideas. Con motivo de los acontecimientos de los
años 1895-96, el periódico El Obrero Católico exclamará refiriéndose a los
artesanos: "¡Qué ejemplo para enseñamos a comer el pan, amasado con el
sudor de nuestra frente, sin soñar nunca con imposible nivelaciones sociales!". Y se lanzaba contra "la revolución" que azuzaba a los obreros diciendo: "¿Por qué ha de haber pobres y ricos? ¿Quién es ese Dios que da a
wios tanto, y a otros tan poco? Así lo grita la Revolución a los Obreros, ·
excitando en ellos la ambición, el orgullo, la soberbia y el espíritu de rebeldía ".11

�172

Siglo XIX

En resumen, para fines del siglo XIX existían en Venezuela diversos
elementos destacables en lo que se atafle al lento proceso de modernir.ación del país: la introducción en algunos sectores de relaciones de producción capitalistas, con el consiguiente efecto de la aparición de núcleos verdaderamente obreros y ya no sólo artesanales; la inversión de capital extrañjero y sus consecuencias en cuanto a la dependencia de tipo imperialista, y no sólo comercial del país, frente a los centros metropolitanos
(especialmente Inglaterra); y por último, una confrontación de ideas sociales distintas, unido a intentos organizativos que no por incompletos o
fracasádos dejan de ser parte de las nuevas condiciones.
En lo que se refiere al petróleo, señalemos que ya en 1878 se había
otorgado una concesión para su explotación a la Compañía Petrolia del
Táchira. Sus operaciones son las primeras en este rubro, y sólo nos indica una fecha en que las actividades ligadas a este tipo de actividad económica comienzan a expresarse. Los trabajadores de estos campos son más
bien jornaleros en pequeño número, aunque al mismo tiempo constituyen
d antecedente de la formación del proletariado petrolero.

' en Caracas y
En 1902 aparecen varias entidades de tipo mutualista
en el puerto de La Guaira (en esta última se denominará "Sociedad Vínculos de Caridad'} Y también en otras ciudades del país comienzan a formarse mutualidades de trabajadores de talleres de pequeña producción.
Una de las características de la época, es que los diversos gobiernos, en
época de crisis, rebajan los sueldos de sus empleados. Así por ejemplo, en
agosto de 1901 se disminuyen los sueldos como consecuencia de la guerra
civil, y la rebaja es "proporcional de los sueldos que pasen de cien bolívares, desde un 15 hasta un 500/o. Esto último para los de mil bolívares en
adelante ...",12 según consta en el periódico El Obrero de Maracaiho. Un
poco más adelante se mencionan los sueldos que se pagan en las oficinas de
telégrafos: Jefe de estación, 120 bolívares; guarda, 60 bolívares; repartidores, 1 Oholívares.13

m.
En la primera década del siglo se hacen más frecuentes los movimientos de
protesta de diversos sectores de trabajadores.

A. Pla: Formación de la cime obrera en Venezuela

173

En 1908 hay una huelga en el puerto de La Guaira y otra de tranviarios de la ciudad de Caracas. Por fin, en 1909 se registrará un nuevo intento organizativo de las asociaciones activas en el momento, y que agrupan a
verdaderos núcleos obreros. Se trata de la "Asociación ele Obreros y Artesanos del Distrito Federal", que publica un órgano de prensa: Unión Obrera.

Ese mismo año se aprobó el Estatuto del Gremio de Tipógrafos, que
ya cuenta entre sus estipulaciones que quien·sea presidente de la República será Presidente Honorario de la sociedad. Así el Gremio se dirige a Juan
Vicente Gómez para comunicarle su designación como Presidente Honorario. Era un requisito legal para poder actuar, pero se debe tener·en cuenta
que el gobierno de Gómez, en sus primeros años, no era todavía la dictadura que fué posteriormente. En ese momento, era sólo el caudillo de turno.
Es oportuno señalar que Gómez había derrocado a su compadre el
general Cipriano Castro en 1908, quien gohemaba desde 1899. Castro se
caracterizó por oponerse a pagar las deudas a las potencias extranjeras, con
lo cual adquirió una cierta aureola de luchador nacionalista, y ello suscitó
un conflicto internacional en 1902. En ese año las escuadras alemana e inglesa bloquearon las costas venezolanas. Ese bloqueo se produjo mientras
se desarrollaba en el país una insurrección armada dirigida por Manuel A.
Matos. Fue la llamada "Revolución Libertadora " y estuvo financiada por
empresas como Raison and Co. de Londres, el Ferrocarril Alemán, The
New York and Bermúdez Co. y la Corporación del Cable Submarino, francesa.
La coincidencia del bloqueo llevó a que la burguesía y los comerciantes locales se unieran al reclamo de que Castro accediera a las demandas de
las escuadras que cerraban los puertos. Castro se niega. Hay una acción mi~tar con la cual, el 17 de enero de 1903, los buques de guerra alemanes trataron de romper la barra del puerto de Maracaibo, pero fracasan por la
eficaz acción de la artillería venezolana. No obstante, Castro debe acceder
a garantizar el pago de la deuda con el 30% de los ingresos del puerto de
La Guaira. Con todo esto se suscita una intervención holandesa y también
de los Estados Unidos, y continúan los roces con las grandes potencias
hasta que, el 20 de junio de 1908, este último país rompe relaciones con
Venezuela. Pocos días después también lo hace Holanda. Castro ha enfermado y Juan Vicente Gómez aprovecha para tomar el poder manifestando
que se trata de "una evolución dentro de la misma causa ".14

�174

Sigk&gt;XIX

Gómez cuenta con apoyo del exterior, y especialmente de los &amp;tados
Unidos. Se inicia así una larga dictadura que si comenzó como otro pron~~ciamiento ~udill~, será al mismo tiempo el último caudillo del tipo
mihtar-&lt;¼lmpesmo del siglo XIX. Sólo que Gómez aprovechará la bonam.a
petrolera para convertir al país en monoproductor, garantizando a las compañías extranjeras el orden necesario para su explotación. Se convierte así
en gendarme de las compañías para asegurar ei' funcionamiento de los campos de petróleo. Los grandes beneficiarios, a través de un proceso de traspaso de concesiones de exploración y explotación, serán la Standard Oi)
Co. y la Royal Dutch Shell.

Las relaciones de producción capitalistas -empero- se abren paso
muy lentamente. Un documento de 1911 explica cómo se realizaban las
tareas rurales. Según testimonio asentado en el Archivo Histórico de Miraflores,15 la carta que envía desde Santa Bárbara del Zulia el Jefe Civil del
Distrito Colón al presidente Juan V. Gómez, describe como "completa~ente desastroso y tirano (...) el mal tratamiento que tienen los peonesJOmaleros de las distintas haciendas del Distrito", y califica la situación no
como de ciudadanos libres sino "como de animales y esclavos". El mecanismo de explotación incluye multas y demás "cargos indebidos" a los
efectos de "sostener el hacendado una deuda de cada peón, para que éste
esté obligado a vivir esclavizado en un trabajo, perdidas por completo sus
garantías ciudadanas".
Como se puede apreciar se trata de la supervivencia de relaciones sociales de producción muy comunes en la América colonial, que se han
denominado sistema de "peonaje", o sea servidumbre por deudas. El salario rara vez supera los dos bolívares diarios, que generalmente recibe el
peón en mercancías, cuyo precio está recargado por el monopolio que ejerce la tienda de raya de la hacienda. A veces para mencionar el valor de una
hacienda no se dice cuánto cosecha, sino cuánto produce la pulpería. Estas
formas precapitalistas siguieron prevaleciendo hasta casi mediados del siglo
XX, pero en la época en que el Jefe Civil hizo su denuncia era lo común.
Sobre todo se debe tener en cuenta que nos estamos refiriendo a un distrito
e~ donde,se ha dado ya el impacto del desarrollo petrolero, y es de las reg10nes mas adelantadas del campo venezolano. Para terminar la anécdota
diremos que los hacendados de la zona y los personeros gomecistas acusarán
al Jefe Civil. Entre los acusadores se encuentra el general Régulo Olivares,

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

175

a quien veremos aparecer unos años más tarde en la escena política de Maracaiho, y un tal señor Ménd~z, que consiguen al poco tiempo una solución
acorde con la orientación del propio Gómez: la destitución del Jefe Civil.
Entre febrero y marzo de 1914 se llevó a cabo el movimiento de huel-

ga más importante del período que estamos tratando: la huelga de los telegrafistas, que adquiere carácter nacional. Se quejaban de Ja rebaja de sueldos y de la limitación de las partidas para el mantenimiento de los equipos.
Indica el documento del Archivo Histórico de Miraflores:
En marzo de 1914, los telegrafistas de todo el país fueron al paro
por razones laborales. La Dirección General de Telégrafos había
acordado una rebaja general de salarios y la eliminación de las partidas destinadas a la conservación de los equipos. A esta disposición que afectaba de manera grave a la vida familiar de los operarios, respondieron los trabajadores. Al movimiento de protesta
iniciado por los operarios de la Estación Central de Caracas respondieron los Jefes de Estación Oriente, encabezados por Jacinto
López, Carlos Savelli, Felipe Rivas, J. Fernández Ortíz y F.
Croes, de Irapa, Macuro, Yaguaraparo, Río Grande y Güiria, respectivamente. Otro tanto hicieron desde Río Chico Nemesio Parada, Abraham Carrillo, Femando Azpurúa y Domingo Russián.
Igual Valencia, Trujillo, Maracaibo. En San Cristóbal la intervención de Eustoquio Gómez impidió el movimiento de solidaridad.
El Presidente Provisional Dr. Gil Fortoul dictó medidas de prisión
contra los promotores de la huelga. 16
Los trabajadores, al recibir la comunicación con las mencionadas medidas,
envían inmediatamente un telegrama al Direclor General en el cual terminan manifestando: "Esperamos aumento de sueldo y mejor trato o reemplazo inmediato". El gobierno decide un aumento de 10 bolívares por
quincena, que es rechazado. El 2 de marzo, en otro telegrama, los trabajadores dicen que no sólo protestan sino que renuncian a sus cargos, "si no
se nos aumenta el sueldo. Los telegrafistas de Venezuela son demasiado
abnegados para tan poca recompensa".
El movimiento sigue y se forma una Junta de los operarios para hacer
frente al gobierno. Es interesante notar que los telegrafistas siguen en sus
puestos y controlan las líneas de la red, por lo que sus telegramas, organizando nacionalmente la huelga del gremio, es un instrumento esencial de la
lucha. Su actuación es legal y hasta las convocatorias a las reuniones las
hacen por la red nacional de telégrafos. Est.á insinuada una ocupación de
las fuentes de trabajo, y el gobierno reacciona ordenando la prisión de to-

�176

Siglo XIX
A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

dos los jefes de estación. Los operarios responden y desde Oriente llega el
primer telegrama a las autoridades: "Pedimos se suspenda la orden de prisión contra los jefes de estaciones de esta ciudad y de Carúpano, o si no
que se ordene también nuestra prisión, pues somos solidarios de nuestros
compañeros".
Este telegrama muestra la segunda faceta importante que podemos
destacar de este movimiento, no muy bien conocido por lo fragmentaria
de la información que nos ha llegado. Si por un lado es un movimiento
nacional y los operarios actúan durante varios días ocupando las estaciones y utilizando la red telegráfica, por fin demuestra un solidaridad en la
lucha que caracterizará m~chas luchas obreras venezolanas posteriores.
Digamos por último, que el propio documento del Archivo señala:
"No se encuentran en el Archivo documentos que relaten el finaJ de la
jornada, pero a deducir por uno de los últimos telegramas que aquí se
publican, los telegrafistas lograron las modificaciones del Presupuesto que
originó la protesta".
En 1918 se produce otro movimiento importante: la huelga ferrocarrilera del mes de junio. En la zona de Aroa se encontraban minas de cobre que habían S1do explotadas desde mediados del siglo XIX con intervención de capitales británicos. Asimismo, desde la costa. y aprovechando
el puerto de Tucacas se extendió la línea ferroviaria de Aroa-Tucacas, por
supuesto también de capital inglés. Citando a Carlos E. Febres se constata :
Desde principios de 1918 los empleados y obreros del ferrocarril
Tucacas-Aroa comenzaron a expresar su descontento por los bajos
sueldos y salarios que devengaban, así corno por las pésimas condiciones de trabajo que imperaban en la zona. Vale notar que las
relaciones de trabajo estaban regidas por el "Re;Iamento Interno
de Ferrocarriles Ingleses para América del Sur". 1
Y un poco más adelante:
Los primeros días de julio estalló la huelga y paralizó totalmente
las actividades de la "Bolívar Railway Company Limited" en sus
estaciones de Aroa, Tucacas y Duaca así como las actividades extractivas y procesadoras de la "South American Copper Synd.icate
Limited". El conflicto ocasionó también la paralización del tráfico de goletas entre Tucacas y las Antillas Holandesas, ya que por
el tren eran embarcados los productos agrícolas que abastecían a
Curacao, Bonaire y Aruba.

177

El gobierno de Gómez envió fuerzas policiales y un comisionado, ante lo
cual los huelguistas descarrilaron trenes de carga en diversos tramos de la
línea y paralizaron el tráfico en forma completa. Ante la gravedad de los
hechos las compañías ofrecen un pequeño aumento de salario, que los
obreros resisten. No obstante, la represión traducida en la detención de un
grupo de trabajadores termina por hacer que los ferrocarrileros acepten el
ofrecimiento de la compañía. Es interesante notar cómo aquí también aparece una acción obrera muy decidida, con el descarrilamiento de trenes,
métodos de lucha que no se volverán a repetir más adelante.
En ese mismo año de 1918 se publica en Caracas un periódico que
volverá a llevar el nombre de El Obrero. Su principal animador es Leopoldo Torres Abandero, a quien vimos como secretario del Congreso Obrero
de 1896. Los primeros siete editoriales están dedicados a explicar "Qué es
bolchevismo". Con respecto a este atrevimiento, es necesario aclarar que la
prensa del régimen gomecista venía sacando artículos sobre la revolución
rusa, terminando siempre por mostrar que los bolcheviques eran propiamente el diablo, arrasaban los campos y realizaban desmanes y saqueos de
todo tipo. Torres Abandero pensó narrar con mayor objetividad los hechos, lo cual en verdad lo ubicaba en una línea de simpatía hacia la revolución rusa y los bolcheviques, sin que se pueda afirmar que fuera comunista.
Sin embargo, y a pesar del tono descriptivo y periodístico de los textos, la
dictadura no se engañó:
El Obrero es clausurado violentamente, incinerados los ejemplares

localizados y solamente se salvan algunos números que sirven de
apoyo a esa referencia histórica. Los redactores son presos y conducidos a La Rotunda de donde jamás salen en libertad: allí mueren tal es la orden de Juan Vicente Gómez, quien sí intuye la
' que diSlffiU
. 1an aquellos e diton.ales... 18
verdad
Aclaramos que La Rotunda era la prisión gomecista, que se hizo famosa
pues allí iban a parar los presos políticos en -esta época. Salir con vida de
La Rotunda era casi un milagro.
En 1919 se organizó una Confederación General Obrera sobre la base
de los trabajadores tranviarios de Caracas, del Gran Ferrocarril y de Teléfonos, participando también obreros de la electricidad. Publicó otro periódico El Obrero de corta vida.
En ese mismo año hay diversas huelgas, como las de los zapateros,

�178

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

Siglo XIX

tranviarios, tipógrafos, de miner&lt;?S dP cobre de Aroa (que consiguen un aumento de salario de 15,5 céntimos diarios), etc. Los tranviarios realizaron
diversos movimientos durante este período } se pueden contabilizar las
huelgas reivindicativas de 1913, 1919, 1921, 1925 y 1930, según testimonió más adelante Pedro Ortega Díaz, abogado del sindicato y dirigente comunista.19
Es dP destacar que en esos años se desarrollan divrrsas actividades económicas 4ue serán centro dr formación de núcleos proletarios: una fábrica
de cemrnto en La Vrga, varias fábricas de cervPza y de textiles, moderni1,ación dP los ferrocarriles, } otras. Con el fin de la Primera Guerra \1undial
Uegarán a Venezuela varios militante~ anarco-sindicalistas qut&gt; influyeron
para organizar diversos sindicatos di' oficios: zapateros, albañiles, carpinteros, panadt&gt;ros, empedradores de calles y caminos, etc. Estos sindicatos de
oficios muestran la existencia amplia de talleres donde se mezcla la vieja
relación artesanal subsistente con el proceso de la formación de una clase
obrera manufacturPra más diversificada.
Otra huelga importante de este período es la del puerto de La Guaira,
Pn junio de 1919. Los trabajadores de The La Guaira Harbor Corporation
Ltd ., ped Ían un aumento de sueldo dt&gt; tres bolívares por tont&gt;lada que S&lt;'
descargara. Estos trabajadores cumplían un horario de trabajo de 10 horas
todos los días, indu idos los domingos. La huelga duró menos de una semana. El administrador informó así sobre el movimiento:

. . . fuí infonnado por el caporal que él podía formar una nueva
cuadrilla para atender el trabajo, pues había hombres suficientes
dispuestos a trabajar. Le autoricé para ello y más tarde me informó que tenía una cuadrilla de 40 hombres y los extraordinarios
que necesitase... En las primeras horas de la mañana como 10 de
los huelguistas se estacionaron en la puerta inferior del rompe
olas diciendo que no pennitirían pasar a ningún hombre de los
muelles; informé al prefecto de esto y él ordenó a la policía que
hicieran salir dichos hombres de las propiedades de la compañía;
salieron todos y entonces la nueva cuadrilla pasó a los muelles y
se dió comienzo a la descarga del vapor; pero al salir el primer
tren de pasajeros y equipajes, los huelguistas aumentados por muchos otros hombres del pueblo, detuvieron el tren en aduana, diciendo que no permitirían descargaran el equipaje ...20
Con esta solidaridad del pueblo del puerto, los huelguistas consiguen hacer
retroceder a la compañía, que acepta una mediación del Prefecto. Los
trabajadores nombran una comisión que los presenta y se llega al acuerdo

179

de volver al trabajo pagando la compañía 2 ,25 bolívares por tonelada descargada, y un bolívar extra si la tarea se realiza después de las seis de la
tarde, o en d Ías domingo o feriados.
En relación a los ferrocarriles y sus trabajadores, sPñalemos que de
acuerdo con las investigaciones de José l. Urquijo se consiguió en ese sector el primer contrato colectivo en Venezuela, tan temprano como en

1919.
El ferrocarril tiene una larga historia en el país, pues los primeros intentos de trazar una línea se remontan a 1835. Luego de diversos proyectos fracasados, fue en 1877 cuando se logró este avance. Se trataba precisamente del ferrocarril que unía Tucacas con las minas de Aroa. En 1914
existían diez líneas de ferrocarril , con una extensión de 831 kilómetros
de acuerdo a los datos del ministro de Obras Públicas. La mayorÍa de ellas
df' capital extranjero. A ello había que agregar unos 98 kilómetros más de
vías locales para la actividad minera.
El Gran Ferrocarril de Venezuela, al cual sr lo conocía como el ferrocarril alemán por estar en manos de capitales alemanes, era una de las
mejores IÍneas y tenía una longitud dr 180 kilómetros. Su estación de partida estaba situada en Caracas y tocaba veinticinco estaciones hasta llegar
a la ciudad de Valencia. Para 1911 el ferrocarril alemán contaba con 423
trabajadores y es de hacer notar que la mayoría tenían alguna calificación,
dado el tipo de actividad .
En 1919, según el periódic? El Obrero, había dos gremios de trabajadores ferroviarios: la Corporación Obrera del Ferrocarril Central de Venezuela y la Corporación Obrera del Gran Ferrocarril de Venezuela (el ferrocarril alemán). La empresa del ferrocarril alemán era de las que se podían
drnominar progresista para su época, ya que había construido hospital para sus obreros, cuidaba las condiciones de trabajo y estimulaba el trabajo
con premios y reconocimientos. El 19 de julio de 1919 la empresa accedió a firmar un convenio con sus trabajadores. En dicho convenio, que
llrquijo considera legítimamente un convenio colectivo, se estipulan varias
conquistas de los trabajadores, que en esta oportunidad no fué necesario
arrancar por medio-de un movimiento de fuerza. El convenio, publicado en
El Universal del 18 de julio de 1919, lleva por título "En el Ferrocarril
Alemán; Bases del Acuerdo entre la Dirección y los Empleados y Jornaleros". Se consignan allí once cláusulas, de las cuales las más salientes dicen:
a) aumento de sueldos y jornales de un 25% siendo el minimum Bs. 40

�180

Siglo XIX

y el máximo Bs. 50; 2) todo empleado con más de cinco años de antigüedad tendrá sueldo mensual; 3) se fija 9 y media hora de trabajo para todos
los jornaleros; 4) se acepta un seguro por accidente que será entre 2 500
Bs. y 5 000 Bs. "tomando en consideración las condiciones de tiempo y
sueldo del empleado"; 5) se dará un descanso anual de quince días a todo
empleado a sueldo: 6) habría indemnización en caso de muerte del trabajador; etc.21

A. Pla: Fonnación de la clase obrera en Veneruela

181

ro se vio en aprietos para rescatar un pasado comunista que tuvo influencia
real en el movimiento obrero, al mismo tiempo que tomaba distancia con
las primeras actividades de esos comunistas.
Con respecto a Pío Tamayo, un comunista romántico de su época y
no un anarco comunista, los testimonios son unánimes al declarar que
hablaba no sólo de materialismo histórico, sino de organización sindical y
política.

IV.
Según Rodolfo Quintero, militante comunista de muy vasta y contradictoria trayectoria, el movimiento obrero venezolano se inició con la
influencia anarco sindicalista. En realidad esta visión es exacta a medias,
ya que si bien Uegaron anarcosindicalistas al país lo cit&gt;rto es que diferenciar a los primt&gt;ros comunistas de aquellos sindicalistas es tarea difícil.
Ha) elementos contradictorios de tipo ideológico a considerar. Quintero
dice así, por ejemplo, en un trabajo:
... el predominio del taller artesanal y la pequeña manufactura,
las prédicas y gestiones de los anarcosindicalistas europeos, espa-

ñoles e italianos principalmente, y el contacto con un grupo de
estudiantes influenciados por las charlas del anarco comunista
Pío Tamayo en los calabozos del Castillo de Puerto Cabello fueron los factores económico-sociales e ideológicos que signar~n la
propaganda obrerista de los primeros tiempos.22
Como dijimos, Quintero, como comunista, en sus escritos más actuales da
una versión matizada de los ht&gt;chos pasados. Hay que recordar que como
militante tuvo actuación destacada aún antes de participar en la fundación de un sindicato en 1932, en la zona petrolna.
Pero t&gt;I argumento de Quintero es que él mismo fué influenciado en
aquella época por las ideas anarquistas, razón por la cual se hizo una autocrítica. Era la manera más rápida y menos comprometida de borrar
la actividad de los comunistas venezolanos, especialmente a partir de
1928 cuando imperó el criterio de lucha de "clase contra clase" en la
lntrrnacional Comunista. Se descalificó toda una época, hasta 1935, invocando una influencia anarquista que part&gt;cc enorme ) en realidad ha
sido pequeña. Es sintomático que rsas influencias "anarquistas" se tra·
duzcan en incitación a actuar en política, lo que estaba más de acuerdo
con la posición comunista del llamado "tercer pt&gt;ríodo ". Sólo que Quinte·

A Pío Tamayo oímos por primera vez en su charla llena de imágenes poéticas, el relato de las luchas de los partidos políticos, de las
huelgas, de la constitución de los sindicatos.
A él, quien estaba en vigilia permanente de muerte, le escuchamos
por primera vez una concepción materialista de la historia y una
teoría cabal de cuanto acontecía en Venezuela.23

Pío Tamayo era un poeta, con lecturas del materialismo histórico y una inquietud política que lo hizo caer en los sótanos de la cárcel. Pero los comunistas, incluso aún dirigentes del Partido Comunista venezolano hasta pocos años 'atrás, se nutrieron de aquella influencia de la cual Tamayo fue
uno de los primeros en abrir un nuevo horizonte.
Sin embargo Quinteto dice que los rasgos anarquistas de aquel período
inicial se pueden observar por las "formulaciones, objetivos y tácticas,, de
las organizaciones de la época. La autocrítica de Quintero llegó a mencionar que
las "Lecciones Obreras" redactadas por mí y difundidas en Caracas en 1930 reflejan un estado de confusióo ideológico y los efectos de los planteamientos hechos por aquellos equivocados pero
respetables compañeros anarco-sindicalistas. Los gremios de panaderos, tranviarios y otros organismos denominados de "mutuo
auxilio" fueron seriamente penetrados por las ideas de Proudhom
y Bakunin.
Es más, sostiene que en el sindicato petrolero, SAMOP, fundado en 1932,
"predominaban tendencias anarquistas". Es importante señalar que esta es
la fecha también de la aparición del primer manifiesto del Partido Comunista. Y es interesante encontrar la coincidencia de lo que dice este manifiesto con lo que, a la distancia de los años; Quintero califica de anarquismo. La concepción de clase contra clase inspiró el primer manifiesto comunista.

�182

Siglo XIX

Ya volveremos sobre el problema del comurúsmo. No obstante no queremos negar la existencia de la influencia anarquista. Existió y se expresó
en la organización de los sindicatos por oficio, que es parte de toda una
concepción, pero en forma limitada. El periódico Compañero transcribía
un testimonio interesante de un viejo militante sindical:
Yo recuerdo, ya para los años 27 y 28, época de las luchas estudiantiles, que todavía existían muchos anarcosindicalistas. Ellos,
subestimaban al partido político y le daban fundamentalmente
importancia al sindicato. Consideraban que el sindicato era la
fuerza definitiva para la transformación de la sociedad y que la revolución tenía que fundamentarse en una huelga general que desquiciaría la actual sociedad y que necesariamente convertiría a la
clase obrera en el elemento determinante de la dinámica social.
Ellos predicaban esto e impulsaron organizaciones de las más antiguas, como la de zapateros, albañiles, y algunos grupos gráficos
que nacieron bajo el signo del anarcosindicalismo... Los anarcosindicalistas fueron los que enseñaron a los intelectuales las primeras cosas referentes a los sindicatos.24
Junto al proceso de formación de la clase obrera y las primeras manifestaciones organizativas así como de las luchas que entablaron, se va a ir
desenvolviendo un proceso de resistencia a la dictadura de Juan Vicente
Gómez: culminará en la formación de diversas organizaciones políticas.
Cipriano Castro fué el que inició el dominio de un grupo de caudillos
del estado Táchira de los Andes venezolanos. Los sucesivos gobernantes
desde 1899 hasta 1945 son tachirenses y generales (Castro, Gómez, López
Contreras, Medina Anagarita ), y especialmente Gómez combinó todas las
artes de la dictadura con la represión más violenta en beneficio del grupo
de hacendados, del qüe formaba parte, y de las compañías petroleras. En
el gobierno se convierte en el aliado de las empresas petroleras, que encuentran en el gobernante venezolano la garantía policial para la impunidad de sus actividades.
No obstante, esta situación generó recelos y resistencias. Hay una
combinación de elementos en esta resistencia a Gómez: viejos caudillos
desplazados, nuevos sectores sociales que buscan mejorar sus condiciones
de existencia como son los trabajadores de diversos ramos y por fin, el
surgimiento de un sector de intelectuales y estudiantes que van a nutrir
varias empresas antigomecistas.
Surgen entonces diversas organizaciones políticas, donde la mayoría

A. Pla: Formación de la clase obrera en Veneruela

183

de las veces. se confunden algunos viejos caudillos con los jóvenes estudiantes que quieren abatir la dictadura. Haremos una menció~ de algunas
de estas organizaciones, con la intención de mostrar que aun antes de
1928, fecha de la rebelión estudiantil, ya existía un gérmen de preocupación y organización política. Las diversas organizaciones que van emergiendo muestran los intentos, en c_ondiciones de clandesti~dad, r~r encontrar una respuesta política y aun social como alternativa al regimen.
Si la dictadura no fué abatida, ya que se mantuvo hasta la muerte de
Gómez, en diciembre de 1935, es importante señalar la existencia de
elementos que explicarán a los protagorúslas posteriores. En este ~er~odo
que cubre de 1918 hasta 1929 se pueden considerar dos etapas distintas
en cuanto a organismos de resistencia contra la dictadura.
En primer lugar una etapa de organizaciones en el exilio, que resumidamente comprende las siguientes:

1918- "La Nueva Venezuela", en Nueva York. Son conservadores, pretendían invadir

1918-

Venezuela, pero no lo consiguen.

"La Unión Patriótica". Del mismo carácter que la anterior.

1918- "La Sociedad Patriótica". Del mismo carácter que las anteriores.
1919- ''Partido Republicano Democrático", en Cúcuta, Colombia. Son
nacionalistas y como los anteriores se preparan a invadir a Vene•
zuela, sin lograrlo.

1922- ''Partido Republicano", en México. Se los ha calificado de socialistas utópicos, se inspiran en la revolución mexicana. Organizaron dos invasiones: una es la de Arévalo Cedeño en marzo de
1924 a través del Río Arauca (Colombia): y la otra es la de Rafael
Simón Urbina, que lo intentó por Coro en Venezuela.

1922- ''Unión Revolucionaria Venezolana", que se organizó también en
México y pretendió invadir, sin conseguirlo.
Estas organizaciones todavía reflejan la presencia de corrientes tradicionales de la política venezolana: viejos caudillos desplazados, en su mayoría de mentalidad conservadora o en el mejor de los casos nacionalista.

�184

Siglo XIX

Algunos de los protagonistas de estas luchas contra Gómez participarán en
las organizaciones que surgirán en Ja segunda etapa que hemos mencionado.
Esta segunda etapa ve nacer a otro tipo de organización, con una preocupación social mayor. Entre otras comprendió:
1926- "Partido Revolucionario Venezolano" (PRV), que se organiza en
México. Quieren invadir pero se fijan el objetivo político de
concientizar al pueblo, y buscan desarrollar en el interior del país
una acción coordinada con el grupo en el interior. Hay allí ya una
influencia de la Internacional Comunista que se combina con la
de la revolución mexicana. Plantean ''la emancipación del obrero
de la arbitrariedad capitalista". Intentó dos veces derrocar a Gómez. La primera invasión la dirigieron Gustavo Machado -luego
uno de los principales dirigentes comunistas hasta la época presente- y Rafael Simón Urbina, por la vía de Curacao. Esta invasión
tuvo ribetes de heroísmo y fué el más importante de todos los
intentos desde el exterior. Después de derrotada esta invasión en
territorio venezolano, Urbina realizará un segundo intento, también fallido.
1927- "Unión Cívica Venezolana", en Nueva York. Se pronuncia contra
el caudillismo y contra el comunismo.
1929- ''Partido de Liberación Nacional", en París. Organizan una invasión por el oriente de Venezuela, entrando por Cumaná. Antes de
ser derrotados tienen varios choques armados importantes.
Como se puede apreciar, al mismo tiempo que la dictadura se consoli-

da, se va modificando de manera paralela el tipo de organización que surge
para oponerse. El más importante sin duda es el PRV, que va a ser un centro de aglutinamiento de los pocos comunistas venezolanos de la época. Hay
que tener en cuenta que la presencia de la Tercera Internacional en el Caribe, por esos años 20, va a ser importante y también surge allí, con sede
en México, la Liga Antimperialista de las Américas, que publica un periódico llamado El Libertador por lo menos entre los años 1925 y 1928. En
dicho periódico figuran como miembros de su dirección dos destacados comunistas venezolanos: Salvador de la Plaza y Gustavo Machado. Se destaca
por el apoyo a las luchas de Sandino en Nicaragua, y si en general se queda
en un planteamiento antimperialista, preconiza la táctica de "frente único",
aprobada en el Primer Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista en diciembre de 1921.

A. Pla: Fonnación de la clase obrera en Venezuela

185

Por último mencionemos la existencia de una organización denomina-

da ''Unión Obrera" , formada por emigrados venezolanos en Nueva York
y cuyo principaJ dirigente es el doctor Carlos León. De este grupo, José
Rafael Pocaterra dijo en sus Memorias:
Venía a ser este grupo, chico y todo, un punto de contacto para
corrientes dispersas . . . Pero naturalmente fuera de los intereses
de los dos o tres que dragoneaban allí de jefes, acogióse con simpatía y algunos les prestaron ayuda -nunca mejor que el sacrificio que se imponían sus propios fundadores- a aquel grupo, y se
25
creyó que sería el núcleo de un partido obrero organizado".

OTAS
l. Brito Figueroa, Federico. TAS repercusiones de la revoluci6n socialista de Octubre en Venezuela. Ed. Vanguardia, Caracas, 1977.
2. Brito Figueroa, Federico. Las repercusiones. .. , op. cit., p. 17.
3. Ordenanzas 1870-1876. Resoluciones y Acuerdos sancionados por el Consejo
Municipal. C~nsejo Administrativo del Distrito Federal. Secció? XXV, p. 41~3.
Citado por Carlos E. Febres et. al." Antecedentes y primeros nucleos proletanos
venezolanos 1870-1914". Facuitad de Ciencias Económicas y Sociales, UCV, s/f,
mimeo, p. 64.
·
4. Arclúvo Históricodel Congreso de la República, Caracas, 1864.

5. "Solicitud de los Representantes del Gremio de Artesanos a los ciudadanos Senadores y Diputados de los Estados Unidos Venezolanos", Archivo Histórico
del Congreso de la República, 1865. Reproducido en el periódico El Eco de las
Artes, Caracas, 19 de mayo de 1865.

6. Citado por Naudy Suárez. "Un capítulo inédito en nuestra historia de las ideas.
Socialdemócratas en la Venezuela de fines del siglo XIX". En re\·ista Nueva
Política, no. 17-18, Caracas,julio-diciembre de 1975.
7. Velázquez, Ramón. La caída del liberalismo amarillo. Caracas, 1973, p. 327 Y
sigs.

8. Parra Aranguren, Femando Ignacio. Antecedentes de la ley del Trabajo de 1928.
Universidad del Zulia, Maracaibo, 1975, p. 45-43.
9. El Tiempo, Caracas, 16 de diciembre de 1896, no. 1122.
10. El País Caracas 2 de mayo de 1893. Citado por Leonardo Rodríguez, "El primero le mayo e~ el siglo XIX", en revista Esfuerzo, Caracas, no. 10, mayo-junio
de 1981, p. 16.
11. El Obrero Católico; Tovar, año 1 , no. 3, 20 de julio de 1896.

�186

Siglo XIX

12. El Obrero, Maracaibo, no. 35, 12 de agosto de 1901.

PORFIRIATO Y REVOLUCION

13. El Obrero, Maracaibo, no. 85, 10 de octubre de 1902.

Conflictos Obreros y Legislación Laboral
en Nuevo León (1885-1918)

14. Croes, Hemmy, El movimiento obrero venezolano, Ed. Movimiento Obrero,
Caracas, 1973, p. 47.
15. Archivo Histórico de Miraflores, no. 32, septiembre-octubre de 1964, p. 183189.
16. Archivo Histórico de Miraflores, no. 28-29, enero-abril de 1964.

Javier Rojas Sandoval*

17. Febres, Carlos Eduardo. "La huelga ferrocarrilera de junio de 1918", El Nacional, Caracas, 4 de mayo de 1980.
18. Brito Figueroa, Federico. La, repercusiones. .., op. cit. p. 21.
19. Ortega Díaz, Pedro, en Aquí Está, 31 de mano de 1943.
20. Arcila Farías, Eduardo. Centenario del Ministeriode Obra, Pública, 1874-1974,
Ministerio de Obras Públicas, Caracas, 1974, p. 265.
21. Urquijo, José l. R.P. "El primer contrato colectivo en Venezuela", en Revisto de
Investigaciones sobre Relaciones Industriales y Labora/e,, Universidad Católica
Andrés Bello, Caracas, septiembre-octubre de 1979, no. 2, p. 35-46.
22. Quintero, Rodolfo. "Bajo el signo anarquista se inicia el movimiento sindical
venezolano", en Jesús Prieto Soto, Las luchas obrera, por nue1tro petróleo, Maracaibo, 1970, p. xn.xm.
23. Femández, Carlos E. Hombres y sucesos de mi tierra, (1909-1920), Caracas,
1960, p.133.
24. Compañero, Carneas, no. 2, mayo de 1976.
25. Pocaterra, Rafael ;J. Memorias de un venezolano de la decadencia. Ed. Edime,
Caracas-Madrid, 1966, 4 lomos, vol. IV, p. 25.

Este trabajo es un breve estudio sobre la situación de los obreros fabriles
de Monterrey, y de los trabajadores en general de Nuevo León (en el noreste de México). Abarca dos períodos: el primero comprende el gobierno
del general Bernardo Reyes (1885-1909); el segundo, algunos momentos
fundamentales de la Revolución, entre 1912 y 1918.
El aspecto principal que se trata de describir es el relativo a los decretos sobre derechos obreros emitidos tanto por el régimen de Bernardo
Reyes como por los grupos de revolucionarios que se sucedieron en el poder local, desde los maderistas hasta los constitucionalistas.
Al final se hace una comparación sobre dichas medidas legislativas con
otros estados de México con el objeto de conocer el avance realizado en la
protección de los derechos de los trabajadores durante todo el período.

l.

LA LEGJSLACION LABORAL DURANTE EL REYISMO

En principio, cabe aclarar que no es del todo acertado hablar de una legislación laboral durante el mandato de Bernardo Reyes, como tampoco en el
régimen de Porfirio Díaz: los derechos obreros no estaban plasmados en

*Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

�188

Siglo XIX

instrumentos jurídicos específicos. Sin embargo en Nuevo León, durante el
reyismo, se produjeron algunas iniciativas legales que de alguna manera pretendieron regular las relaciones obrero-patronales. Tal fue el caso de la Ley
sobre Accidentes de Trabajo expedida en 1906, sobre la cual y en torno a
otras iniciativas jurídicas relativas a los obreros trataremos en el presente
trabajo.
El período que va de finales de la octava década del siglo XIX hasta
1909, que compr~nde parte del gobierno de Lázaro Gana Ayala y las dos
décadas del régimen de Bernardo Reyes, ha pasado a la historia regional
como el del despegue industrial de Monterrey.
Fábricas de- acero y otros metales, cerveza, vidrio, textiles y cemento,
entre otras, se instalaron y crecieron bajo la política liberal del Estado porfirista y de su representante local Bernardo Reyes.
Con lo anotado, no ..se pretende atribuirle el mérito exclusivo y determinante en el proceso de industrialización a los personajes que estuvieron
al frente del gobierno de Nuevo León, y de manera señalada a Bernardo
Reyes. Sólo se pretende subrayar que la política aplicada por Reyes constituyó un factor que, junto con otros, fue de primordial importancia para
el proceso de industrialización local.
El gobierno reyista no solo otorgó concesiones y exenciones de unpuestos a los empresarios. También les proporcionó un ambiente de paz
laboral mediante la aplicación de instrumentos legales como una forma de
control sobre la fuerza de trabajo, lo que permitió la formación de una
mano de obra segura, estable y disciplinada, y posibilitó una sostenida y
ascendente acumulación de capital.
Durante el reyismo, en ausencia de una legislación laboral que amparara los derechos colectivos de los obreros, el sistema que reglamentaba las
relaciones entre éstos y los patrones se basaba en los códigos Civil y Penal
y, en particular, en el contrato individual. Dejaba así en manos del con•
tratante las prerrogativas de fijar las condiciones de trabajo: jornada, salario, etc.. Por lo cual, en los casos en que el obrero no cumpliera con las
normas dictadas por los propietarios de las fábricas, podía ser despedido
sin ninguna responsabilidad para el empleador.
Primero fue la penalización de la vagancia (1886): todo aquel ciudadano que no ejerciera "alguna industria, arte u oficio honesto de subsistir"

J. Rojcu S.: Conflicto, y legulación laboral en Nuevo Le6•

189

era obligado a cpntratarse en las fábricas o las haciendas mineras en calidad

de prófugo de la justicia, o bien, enrolado en el servicio militar. En caso
contrario tenía que depositar una fianza de entre 100 y 300 pesos, hasta
que se ocupara en un trabajo honesto.* Era una forma de proveer de
mano de obra, por parte del Estado, a una industria urgida de fuerza de
trabajo ''libre ".1
Frente a las intenciones que los asalariados pudieran abrigar de realizar
huelgas o cualquiera otra forma de acción para mejorar sus condiciones de
vida ¡ de trabajo, el régimen aplicaba mano dura. Según el Código Penal de
la época, se castigaba con ocho días y hasta tres meses de prisión, o era
sometido a trabajos forzados -además de pagar de 25 a 500 pesos de multa-, quien empleara violencia física o moral con el objeto de hacer subir o
bajar los salarios o jornales obreros.2 Otro ejemplo de esta política de
mano dura lo constituyó el hecho de que en mar1.o de 1898, con motivo
de la huelga del Ferrocarril del Golfo, se envió una circular a los jueces de
Letras en la que se recomendaba proceder con todo el rigor de la ley, negando el derecho df' libertad bajo fianza a los involucrados en delitos contra la propiedad, el servicio o el orden público. Señalaba de manera especí- ,
fica a los huelguistas ferrocarrileros. 3
Para los efectos de capacitar la fuerza laboral que requerían las empre•
sas, '; recurría a los contratos de aprendizaje. Los aprendices, que podían
ser adultos o menores de edad, eran contratados por los patrones sin ningún compromiso de retribución salarial. Si el aprendiz abandonaba el centro de instrucción, el propietario tenía facultades para demandarlo (a él o
a su representante, en el caso de menores de edad) por los perjuicios ocasionados al abandonar el lugar de trabajo. 4
Pese a tal situación, Bernardo Reyes se dio a la tarea de sancionar leyes
en favor de los trabajadores. Francisco l. Madero sostendría en su libro La
sucesión presidencial que estas leyes obedecían a propósitos propagan•
dísticos, con el objeto de ganar adeptos en su promoción para la presiden•
cia de la repúhlica.5 Y es probable que esas hayan sido las motivaciones de
Reyes para impulsar algunas importantes disposiciones legales -como las
que se señalan abajo- en favor de los asalariados.

*Curiosa moral, cuando algunos de los capitales amasados por empresarios do Monterrey habían surgido del comercio ilegal realizado con Estados Unidos.

�190

J. Roj&lt;u S.: Conflict.o, y legulaci6n laboral en Nuevo Le/Jn

Sip,XIX

Jornales y fraude

Al parecer eran frecuentes los abusos cometidos por algunos patrones
~ecíficamente en las sociedades anónimas- quienes, aduciendo insolvencia económica, no pagaban los salarios. Ello hizo que el gobierno reyista tipificara como delito de fraude o robo sin violencia estos casos,
mediante una refonna al Código Penal del estado promovida en 1906.6

Accidentes de trabajo

En febrero de 1907, un periódico local, el Monterrey News, publicó un
artículo editorial sobre la necesidad de legislar en materia de accidentes
de trabajo. Decía el periódico:
En estos momentos en que los fatales acontecimientos de Río
Blanco se relacionan, parécenos oportuno llamar la atención hacia la falta de una ley sobre accidentes de trabajo. La industria comienza a desenvolverse con cierta amplitud y adquirir las formas
que tiene en los pueblos civilizados, en donde por desgracia la
pugna entre el capital y el trabajo reviste con no poca frecuencia
gravísimos caracteres. .. Entre nosotros el capital tiene como es
debido toda clase de garantías, y a esto debemos su inmigración
que tantos beneficios ocasiona, puesto que viene a fomentar la
riqueza y dar impulso al progreso y a la prosperidad de la Nación,
no acontece otro tanto con el trabajo que puede decirse carece
del apoyo del poder público. for estas tierras se ignora si los edificios q1.1e albergan las industrias tienen la necesaria amplitud para
contener a los que están expuestos a contraer enfermedades a causa de las substancias que manejan o de las emanaciones que aspiran, si trabajan más tiempo del que pueden resistir sin lesionarse el
organismo humano, si las mujeres y los niños son dedicados a
labores que los agoten, si la maquinaria está en buenas condiciones de seguridad e instaladas de tal manera ~ue aleje la posibilidad·dc una desgracia no imputable a descuido.
Del texto citado se pueden inferir en parte las condiciones de trabajo pre•
valecientes durante el reyismo, lo cual explicaría la expedición de la Ley
sobre Accidentes de Trabajo. Conviene tener presente que esta ley tuvo como antecedente inmediato la promulgada por Vicente Villalda en el Distrito Federal, en abril de 1904.
La reglamentación reyista obligaba al patrón a indemnizar a los obreros en casos de accidentes de trabajo. En su artículo cuarto se especificaba

191

que la indemnización comprendía "el pago por la asistencia médica y far.
macéutica de la víctima, por un tiempo no mayor de seis meses, así como
el de los gastos de inhumación".8
Había tres tipos de accidente en que el patrón quedaba eximido de
responsabilidad civil: a) los de fuerza mayor, extraña a la industria de que
se tratara; b) por negligencia inexcusable o culpa grave de la víctima; c) los
derivados de la intención del empleado y operario por causarse daño.
El artículo segundo establecía: "independientemente de la imputación
de la causa todo accidente se estima como accidente de trabajo y por lo
tanto es responsabilidad del patrón, hasta en tanto no se compruebe lo
contrario".9 No obstante lo anterior, en el considerando once establecía
que la prueba "de estas excepciones -se refiere a los accidentes en donde
el empresario era eximido de responsabilidad- queda a cargo del patrón o
propietario de la industria ". 10
Es importante hacer notar que la citada ley hace referencia exclusivamente a los accidentes de trabajo, y deja fuera de consideración las enfermedades profesionales. Tampoco se contemplan los casos del trabajo infantil o de mujeres embarazadas.
Según Santiago Roel, en un trabajo publicado en 1931, la aplicación
de la ley fue muy limitada:
Los patrones se rehusaban a cumplirla y obligaban a los trabajadores a acudir a los tribunales de justicia para reclamar sus derechos alegando siempre aquéllos que el operario sufría el accidente
por impericia o descuido y, tras una tramitación que duraba largos
años, o la acción deducida por la víctima era abandonada o se
concedía la razón al patrón. Aquella humilde ley de accidentes de
. era com bati'da energicamen
' .
t e por e1 cap1'tal.11
trab aJo

Ley de Jornales

Un año antes que renunciara a la gubematura de Nuevo León, Bernardo
Reyes decretó (agosto de 1908), la Ley sobre Jornales: prohibía los abusos
que cometían los hacendados con los peones agrícolas, quienes eran vinculados a las haciendas mediante el otorgamiento de préstamos o adelantos
monetarios. De esa manera los peones quedaban sujetos al hacendado de
por vida, y era frecuente que sus hijos heredaran las deudas.

�192

SigioXJX
J. Roja, S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

Dado que las industrias demandaban cada vez mayor número de ohr&amp;ros, el régimen reyista decretó la ley citada. Establecía que "e] salario de
los jornaleros no está sujeto al pago de anticipos que se hagan a éstos a
cuenta de trabajo... el pago del anticipo sólo será exigible hasta la tercera
parte de la cantidad que importe dicho jornal en un afio ".12 No prohibía
pues el trabajo por deudas: sólo reglamentaba dicho sistema.

Junto a la legislación del reyismo operaba la política laboral de los
propios empresarios. Consistente en el otorgamiento de casas y escuelas,
!lis acciones se dirigían a fijar y, por lo tanto, controlar la fuerza de trabajo.
Con respecto a los salarios que se pagaban en esa época en las industrias, era evidente su superioridad en comparación a los rurales. En 1906,
por ejemplo, mientras Cervecería Cuauhtémoc pagaba un peso por jornada diaria, en el campo los trabajadores agrícolas recibían en promedio cincuenta centavos. 13
Entre los trabajadores de una misma empresa existían diferencias salariales de consideración, que rebasaban los promedios. Sin embargo, cabe
advertir que ello obedecía, principalmente, a la existencia de técrúcos extranjeros -como sucedía en las grandes fundiciones y en la Fábrica de Vidrios y Cristales- quienes recibían salarios más elevados. En Fundidora
de Fierro y Acero, el salario era hacia 1906 de tres pesos con 75 centavos,
en tanto que en Vidrios y Cristales llegaba a cinco pesos el pagado a técrúcos alemanes.14
Conviene señalar empero que los obreros regiomontanos no disfrutaban de una situación de privilegio en comparación con otros de la república. Si se comparan los salarios devengados por los trabajadores textiles de
Veracruz (que en promedio ascendían a un peso 25 centavos en 1906) con
los obterúdos por los obreros de la misma rama industrial de Nuevo León,
la diferencia es negativa para estos últimos en 25 centavos.
Si bien es. cierto que los trabajadores regiomontanos recibían algunas
prestaciones, como casas y educación para sus hijos, es difícil considerar
que esto los convirtiera en obreros que gozaban de coqdiciones excepcionales: en otros centros fabriles del país se otorgaban similares prestaciones.

193

A) lado de estas prestaciones era frecuente el trabajo infantil en empresas

como las textiles, con salarios muy inferiores a los de los adul tos. 15
En cuanto a acciones huelguísticas y paros obreros, se tienen pocas
noticias: la de los ferroviarios de 1906, cuya demanda principal era la
igualación de los salarios de los obreros regiomontanos con los d~
extranjeros; la huelga de 1906 promovida por alemanes contra la fábrica de
Vidrios porque la empresa les descontó una parte del salario, debido a que
descansaron el 5 de mayo, lo cual no estaba contemplado en los contratos;
00 1907 se registraron conflictos menores en las fundicion~ Y_ otro en el
Ferrocarril Central, por aumento de salarios y por el reconocuruento de las
uniones gremiales.

1?8

De los datos consignados se puede anotar que la acción obrera durante
d reyismo fue mas bien débil. Ello puede explicarse a partir de una serie de
hechos combinados, como los siguientes: la política laboral de los emp~esarios; la legislación laboral del gobierno y su ac~itu~, conten~~ora_ ~, finalmente el desarrollo tardío del proceso de orgaruzac1on y politizac1on obrera (po; ejemplo, hasta
no han ~o~alizado e~presiones del an~~
mo u otras corrientes pohtícas e 1deologicas ohrerJStas durante esos anos.
tanto la organización como la ideología predominantes fueron el mutualismo y el cooperativismo).

ah~r:1 ~

Esto no significaba, empero, que no existiera en Monterrey el _pro~~ema obrero. Se expresaba justamente por la carencia de una legislac1on
que amparara los derechos fundam~ntale~ de los asalariados_, ~to de
sus condiciones de vida y de trabajo as1 como del reconocumento de
sus organizaciones. Es decir, no cab~a _el recono~imie~t? de los d~r~~?8
de asociación, de huelga, jornada maxuna, salarios ~numos, prohib'.~1on
del trabajo infantil, salarios iguales de los obreros meXJcanos con relac1on a
los extranjeros, días de descanso pagados, horas e~tras, etc., L~ prueba de
que tales prerrogativas no existían, ni en el pape~ ru en la practica, fue_ que
serían demandados reiterativamente por los trabaJadores durante el penodo
revolucionario.

ll. EL MADERISMO Y EL MOVIMIENTO OBRERO
En La sucesión presidencia~ Madero hace referencia de manera específica
a los conflictos de Río Blanco y Cananea. 16

�194

Sigi-OXIX

Sobre las huelgas textiles, si bien justificaba las acciones emprendidas
por los obreros y reconocía las causas que las motivaban, concedía no obstante la razón a Porfirio Díaz por no haber obligado a los empresarios a
que aumentaran los salarios, al mismo tiempo que criticaba a los trabajadores por haber decretado la huelga en un momento inoportuno. Asimismo
juzgó como un momento de extravío el asalto a la tienda de raya realizado por los obreros de Orizaba.
En relación a Cananea, Madero censuraba a D íaz por no haber procedido a formar colonias agrícolas con los desocupados. Lo mismo decía
respecto de los textiles de Orizaba y Puebla.
Ya en el poder, el maderismo se mostró más conservador que revolucionario en relación al problema obrero. Madero retomó las funciones del
Departamento del Trabajo creado por el presidente interino Francisco
León de la Barra. El organismo gubernamental se concebía como un instrumento para controlar y mediatizar las huelgas.

. Rosendo Salazar, un historiador del movimiento obrero nacional , ha
dicho que
la democracia maderista temía a los dirigen tes obreros y, a veces,
los mandaba al exilio; el órgano periodístico maderista Nueva
Era, tildó a la Casa del Obrero Mundial de ser un nido de anarquistas que difundían propaganda perniciosa y conspiraban contra el gobierno. Temeroso de la influencia que alcanzó la Casa del
Obrero Mundial entre los círculos obreros, Madero ordenó su
clausura, la supresión de su periódico, el arresto de sus dirigentes
mexicanos y el exilio de los extranjeros. Simultáneamente los
funcionarios del gobierno propiciaron la formación de una ~rganización rival y menos militante: La Gran Liga Obrera.17

En Monterrey, la familia de Francisco l. Madero tenía importantes intereses
económicos, tal y como lo han revelado las investigaciones de Mario
Cerutti. El abuelo del revolucionario, Evaristo Madero, había amasado,
desde la segunda mitad del siglo XIX, una respetable fortuna que sería
luego invertida en negocios industriales y otras empresas cuyos capitales
se encontraban asociados a los Madero.
Debido a ello, no es extraño que uno de los dos personajes que ocuparon la gubernatura del estado durante el período maderista haya sido,
precisamente, miembro. de la familia Madero: Viviano L. Villarreal, tío

J. Rojas S.: Conflictos y legislaci6n laboral en Nuevo León

195

político del presidente, casado con Carolina Madero, que fue presidente
del Consejo de Administración del Banco de Nuevo León (fundado por
Evaristo Madero). Villarreal figuraba además como accionista en importantes empresas locales. El otro gobernador fue el general Gerónimo Treviño, quien concluyó el ciclo maderista: mantenía múltiples lazos empresariales con los Madero, incluyendo al citado Banco de Nuevo León. 18
En el aspecto obrero, hasta ahora no se ha podido encontrar información que indique las repercusiones inmediatas del cambio de régimen
político entre los trabajadores regiomontanos. Existen algunos datos
que comprueban que dentro del marco de la apertura política creada
por el maderismo, algunos grupos obreros participaron en actividades
políticas.
Se tienen referencias de la constitución del Primer Círculo de Obreros Libres en abril de 1912, que agrupaba a los asalariados textiles de las
fábricas La Industrial y El Porvenir. Es probable que la constitución de
este organismo haya estado relacionado con la convención de industriales y obreros de la industria textil realizada en julio de 1912, cuando se
estableció el reglamento que normaría las condiciones de trabajo de esta
rama industrial a nivel nacional, problema que surgió durante el gobier•
no maderista. En este mismo lapso se tienen noticias de la huelga promovida por la Unión Fraternal de Obreros de la fábrica textil La Fama,
por aumento de salarios.
Hay que anotar que durante el ciclo maderista la economía regional
no sufrió alteraciones en su funcionamiento. Por el contrario -según ha
19
argumentado un historiador local- mantuvo su nivel de desarrollo.

ID. EL HUERTISMO
Ramón Eduardo Ruiz, historiador del movimiento obrero durante la revolución mexicana, asienta que "el régimen huertista, ya fuera deliberada
o accidentalmente, irónicamente contribuyó a ampliar la esfera de las
reformas laborales".
Agrega que si bien el dictador ordenó clausurar la Casa del Obrero
Mundial
al mismo tiempo .designó para la jefatura del Departamento del

�196

Siglo XIX

Trabajo a Andrés Molina Enríquez y a Rafael Sierra, reformadores muy capaces (. . .) Según reconocieron los mismos constitucionalistas, bajo el régimen de Huerta el gobierno aceptó por
primera vez en la historia de México la importancia del Departamento del Trabajo, el cual no sólo creció en tamaño, sino que
también contó con un presupuesto de ciento once mil pesos, suma dos veces mayor que la asignada por el gobierno de MaderoJ
mayor que la que más tarde le dieron los constitucionalistas.
La actitud del dictador Victoriano Huerta, en relación a los obreros, tenía
un propósito político muy preciso: evitar que los obreros engrosaran Jac;
filas de los eonstitucionalistas, ya que difícilmente podría atribuírsele alguna simpatía por aquellos.

A nivel local, al hacerse Huerta del poder, nombró gobernador de
Nuevo León a Salomé BoLello (ex-diputado reyista, asesor y apoderado de
varias empresas), quien se dedicó a organizar la contrarrevolución con el
apoyo de algunos industriales.21
Es esle gobernador quien promueve la instalación de la Cámara del
Trabajo de Nuevo León, a cinco meses de haber tomado las riendas de la
administración, el 18 de agosto de 1913.22 Medida que era consecuencia
de la política de Victoriano Huerta. El hecho tiene particular importancia
porque tal vez sea el primer organismo gubernamental creado específicamente para atender los asuntos obrero-patronales en Monterrey.
Aunque para el objeto de su constitución fueron convocados empresarios y trabajadores, los puestos principales de la junta direcliva de la
Cámara fueron ocupados por connotados empresarios y funcionarios
gubernamentales. La presidencia quedó bajo el mando del industrial Manuel
G. Rivero, varias veces diputado durante el período de Reyes.
Es probable que el organismo no haya logrado funcionar debido a los
conflictos políticos que desencadenaron Jas acciones armadas de los constitucionalistas.

IV. LA REVOLUCION CONSTITUCIONALISTA
A) El carrancismo y el movimiento obrero
Si bien el proceso revolucionario post-maderista entrelazó varias corrientes

]. Rojas S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

197

(la villista, la zapatista, la carraneista y la íloresmagonista), no obstante!ª
que determinó su rumbo fue la de los terratenientes del norte del pa1s,
representados por Venustiano Carranza.
Como se sabe, el punto de referencia del programa político del carrancismo fue el Plan de Guadalupe: tenía como fin desconocer a Victoriano
Huerta como presidente y nombrar a Carranza como primer jefe del Ejército Constitucionalista. El documento no contiene programa alguno de
reformas sociales.
o es sino hasta después de su ruptura con la Convención de Aguascalientes que Carranza -desde Veracruz, en diciembre de 1914- dio a conocer adiciones al Plan de Guadalupe. En ellas se comprometía a expedir
y poner en vigor una legislación para mejorar las condiciones del peón rural, del obrero y en gener-dl de las clases proletarias.
De una manera más amplia, Carranza expuso sus ideas sobre el problema del trabajo en su discurso del primero de diciembre de 1916, durante
las juntas preparatorias del Congreso Constituyente. Carranza planteó reformar la fracción XX del artículo 72 de la Constitución de 1857, mediante el cual se confería al poder legislativo federal facultades para expedir
leyes sobre el trabajo con las que se implantaran instituciones de progreso
social en favor de la clase obrera y de todos los trabajadores.
Carranza hizo además referencia a la reducción de la jornada de trabajo, las responsabilidades de los empresarios en casos de accidente, al ~eguro
de-enfermedad y vejez, los salarios mínimos, entre otras demandas. Sm embargo, no abordó el punto atinente al derecho de los obreros a formar
sindicatos.
A pesar de estos pronunciamientos favorables a la clase obrera, la práctica demostró que Venustiano Carranza estaba muy lejos de pretender realizar reformar profundas sobre sus derechos. Así lo confirmó el decreto
de agosto de 1916, con el cual Carranza condenó a pe~a de muc~te a los
electricistas que se habían declarado en huelga por meJoras salanales. En
los considerandos, Carranza fue tajante en su posición contra los trabajadores, al expresar que si bien la revolución había tenido como u_no de sus
principales fines la destrucción de la tiranía capitalista, no hab1a de permitir que se levantase otra tan perjudicial... como sería la tiranía de los
trabajadores.23

�198

Siglo XIX

Con esto Carranza pagaba el acto de adhesión que un año y medio
atrás la Casa del Obrero Mundial le había hecho patente, al formar los Batallones Rojos para combatir a los campesinos revolucionarios zapatistas.
Como argumenta un tratadista del derecho mexicano del trabajo
Nestor de Buen, "las consecuencias sociales de la revolución, y en particular las contenidas en el Artículo 123, se produjeron no gracias a Venustiano Carranza, sino a pesar de él".24

J. Rojas S:: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

199

l · ·ento del salario mínimo, acabar con la desigualdad entre los
estab ecum
, d I ah . inf til
obreros nacionales y los extranjeros, la prohibicion e tr ªJº
an ,
etc.
Justamente en noviembre de 1914, cuando los revolucionarios a~
mantenían controlada la ciudad de Monterrey, los obreros de~~ Comp~1a
Minera, Fundidora y Afinadora estaban reclamando la reducc1on de la Jor26

nada de trahajo.

B) De Antonio l. Villarreal a la Junta Central de Conciliación y Arbitraje

En la exposición de motivos del decreto, el jefe revolucionario ~frece
su visión de la sociedad regiomontana y en general de Nuevo Leon de

l. La prohibición del trabajo por deudas

esos tiempos. Decía Villarreal:

A mediados de 1914, Salomé Botello, adicto al huertismo, fue obligado a
renunciar por los revolucionarios constitucionalistas. Quedó al frente del
estado el general Antonio I. Villarreal, nombrado por V enustiano Carranza.
Como resultado de los enfrentamientos armados entre huertistas y
constitucionalistas, las actividades económicas de Monterrey se vieron
afectadas considerablemente. Se habla incluso de una semiparálisis de la industria, el comercio y las comunicaciones, lo que trajo escasez y el encarecimiento de múltiples productos de consumo popular.
Después de tomada la plaza, los revolucionarios procedieron a confiscar los bienes de las personas que habían colaborado con el huertismo, lo
que hizo que muchos propietarios de empresas y negocios huyeran y se
internaran en los Estados Unidos.25
En este contexto y a un mes de haber tomado posesión de la administración del gobierno de Nuevo León, el general Villarreal emitió ul\ decreto
prohibiendo los trabajos personales en compensación por deudas.
Resulta interesante hacer notar lo limitado del decreto, particular•
mente por cuanto su autor había sido un destacado militante del movi•
miento floresmagonista, movimiento que se había caracterizado por representar la corriente más radical del constitucionalismo en relación al
problema obrero.
El general Villarreal había firmado el programa del Partido Liberal en
1906: contemplaba la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas, el

En el Estado de mi gobierno -y este debe ser un timbre _de or~
gullo para los nuevoleoneses- puede decirse que n~, existe e
proletariado con los caracteres de miseria y abyecc10_n_ ~~e se
perfila en la mayor parte de los estados mexic_anos. ~a d1v1s1on de
la propiedad, la extendida costumbre de antano arraigad~ d~ celebrar contratos de aparcería con los labradores; la peq~ena industria siempre floreciente; la multitud de escuelas esparcidas por todo su territorio, etc., han contribuido a que sea un p~co menos
conflictiva la condición de la causa desamparada y huerfana, objeto de todas nuestras solicitudes...
Hasta aquí la parte optimista del documento, que r~ta el pro~eso ~e
Nuevo León. Luego menciona el problema que seg~m el revoluc1onar10
era el que más afectaba a algunos sectores de asalanados: las deudas de
peones y sirvientes:
pero todavía quedan resabios coloniales y restos ~-e tiranía
fe~dal; aún existen peones y sirvientes que de ge~erac1on en generación vienen soportando el peso de las cue?t3:8 inacabables debidas a los amos; aún en los talleres y en las fabncas se consum,en_
obreros sin poder redimir ni con su sangre las deudas_de_l patron,
, en e1 seno de las familias vegetan, desesperados s1rv1entes
aun
d
' de
todas las clases que no alcanzan jamas a ver el fruto e sus 1mprobos trabajos, porque todo lo abonan a_ la deuda, esa deuda que
mientras más se afana por solventarla, mas _c~ece; y es_p_o~ todo lo
expuesto, obligación de est~ _gobierno, ~x1gir el sacnf1c10 de los
pudientes en auxilio y benef1c10 de los miserables.

· Villarreal decretaba·· 1) Queda estrictamente prohibido
E n consecuencia,
exigir trabajos personales en compensación de deudas; 2) Los contravento-

�200

Siglo XIX

res serán considerados como enemigos de la causa y castigados severamente; 3) Amos, patrones, etc., quedan_ obligados a dar a conocer este decre~ a los sirvientes de _ambos sexos, fijándolo en lugares visibles; 4) Habrá
mspectores para el meJor cumplimiento de esta disposición.27
_ El documento tiene particular significado porque tal vez haya sido
Junto con la creación de la Junta Central de C011ciliación y Arbitraje del
estado e~ octubre de 1918, la instrumentación jurídica más importante
~e- realIZaron sobre los derechos de los trabajadores de Nuevo León los
disbntos grupos revolucionarios que se sucedieron en el poder local.2s
El de~reto de Antonio I. Villarreal revela que el trabajo por deudas no
era e_~clus1vo para los trabajadores del campo: el general revolucionario
tambien hace ~ef~renci~ ~ fábricas y talleres. El sistema de trabajo por
~eudas en las fabncas quIZas tuviera como base las Liendas de raya que func10"1&gt;an en algunas empresas.
icuán real era la visión optimista que expresara el general Villarreal en
la primera parte del decreto? Aunque el nivel de las investigaciones realiz~das hasta el presente no nos permite hacer generalizaciones, tenía razon _rl general revolucio~rio al comparar la situación de Nuevo León ( que
tenia e~ Mo~~errey un area industrializada y con alto desarroUo urbano),
con la ~1tuac1on muy d~erente de otros estados de la república en donde
p~edommaba la econom1~ agrícola. Acudiendo al estudio de algunos conflictos obreros que se ~egistran durante el gobierno del general Villarreal,
nos podemos dar una idea, aunque sea parcial, de las condiciones de trabajo en que se desempeñaban los obreros regiomontanos. .
Antes de esto, conviene apuntar un factor que habría de influir decisivamente como estímulo de las luchas obreras: nos referimos a la desarticulación de la aclividad económica como consecuencia de los enfrentamienlos ~~dos, como ya lo mencionamos anteriormente, lo que hará
que las peticiones sobre aumentos de salario sean la demanda más frecuente de los movim'.entos huelguísticos. Las otras demandas prioritarias
ohrera_s ~ran las relativas a la reducción de la jornada de trabajo y el reconoc1mienlo por parte de las empresas de las organizaciones gremiales.

De los conflictos obreros más importantes registrados durante el go-

J. Rojas S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

201

hiemo del general Villarreal, pueden anotarse los siguientes:
a) La huelga del Sindicato de Motoristas y Conductores de la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz de Monterrey, empresa de capital extranjero (canadiense) que e11 1916 fue intervenida por el gobierno.29
Esta huelga· generó una división entre los grupos revolucionarios, ya
que el general Ildefonso Vázquez envió una escolta de diez soldados, a
petición de la empresa, para brindar protección a los empleados de la
compañía. En tanto, otro militar revolucionario, el coronel José E. Santos,
remitió otro contingente armado el día siguiente de iniciada la huelga
con instrucciones para que no se obedecieran las órdenes de los representantes de la compañía, sino únicamente las que emanaran de las autoridades militares.
Entre las exigencias de los trabajadores huelguistas figuraban el reconocimiento del sindicato, aumento de 23 centavos por día a los salarios
y el retiro de tres empleados de la compañía, entre ellos el superintendente. La empresa no accedió a las demandas obreras. En particular, se
negó a reconocer al sindicato y a otorgar el aumento de salarios.
Este conflicto tiene particular significación por la crítica que hacen los
obreros al movimiento constitucionalista y por la respuesta que diera el general Villarreal a sus delegados, a quienes expresó que no era momento de
hacer huelgas.30
b) En octubre de 1914 los obreros de la Compañía Manufacturera de
Cerillos, agrupados en el Sindicato de Cerilleros, declaran una huelga, por
segunda ocasión, en demanda de la reducción de la jornada de trabajo de 9
a 8 horas, el reconocimiento del sindicato, para que la empresa contratara
obreros exclusivamente del sindicato, supresión del uso de fósforo blanco
por su alto riesgo para la salud de los trabajadores, cancelación del trabajo
. y aumento de salarios.
. 31
a destaJO
La empresa se niega a satisfacer las peticiones y amenaza con cerrar la
planta, despedir a los agitadores y recontratar nuevo personal. Al parecer
los empresarios hacen efectiva parte de la amenaza, ya que un año después
del conflicto, un grupo de obreros acude: ante el gobierno del estado pidiéndole interceda por ellos para que la empresa los reinstale en sus antiguos puestos de trabajo.
·

�202

Siglo XIX

J. Roja&amp; S.: Conflicto&amp; y legislaci6n laboral en Nuevo Le6n

203

e) Los gremios de la Compañía Minera y Fundidora de Monterrey van
a la huelga en noviembre de 1914, en demanda de aumento de 50 centavos
al salario y reducción de la jornada de diez a ocho horas.32

se expresaba como la libertad irrestricta de los patrones para contratar
fuerza de trabajo según sus necesidades e imponiendo sus condiciones en
cuanto a jornada, salario y otros. _,

La empresa juzga que la huelga es ocasionada por la acción de unos
cuantos descontentos y da a conocer, en carta dirigida al gobierno, que los
obreros reciben 25 centavos diarios como premio (anteriormente sólo era
para los que trabajaban domingos y días festivos y religiosos), que además
ofrece medicinas y servicio médico gratuito y la mitad del sueldo por enfermedad.

Lo que sí hicieron los sucesores de Villarreal fue instrumentar medidas
para la reconstrucción y la desconfiscación de los bienes, para ganar así la
confianza de los empresarios.

d) En este mismo período se producen otros conflictos obreros en las
fábricas textiles: por aumentos de salarios, por la reinstalación de trabajadores despedidos, por la creación de una bolsa de trabajo para los desempleados y por el reconocimiento del derecho de sindicalización.

El general Pablo A. de la Garza, gobernador designado por Carranza
en junio de 1915, duró en el cargo -exceptuando los tres meses que ocuparon la plaza los villistas- hasta 1917.
De la Garza procedió a desmantelar la Oficina Confiscadora y devolvió los bienes a los propietarios que habían sido afectados por los revolucionarios del gobierno anterior. La otra medida tomada por Pablo A. de
la Garza fue la de poner en vigor las antiguas disposiciones del Código Penal reyista, destinadas a castigar la vagancia y la mendicidad.

3. Las huelgas de l 918
Finalmente, es importante anotar que durante el gobierno del general
Antonio l. Villarreal se fundó la que, tal vez, haya sido la primera organización multisindical del estado: La Federación del Trabajo de Nuevo León,
en octubre de 1914.33
Aunque al parecer fue una organización que no agrupaba a los sindicatos y uniones obreras de las grandes empresas, no dejó de tener representatividad. Los sindicatos fundadores de la Federación fueron los panaderos, albañiles, carpinteros, pintores, curtidores y zapateros.
2.

De la confiscación a la reconciliación

Los gobernadores que sucedieron al general Villarreal hasta la promulgación de la Constitución local, en diciembre de 1917, no tuvieron ni el tiempo ni quizás la intención de introducir reformas significativas en favor de
los asalariados.
La reiterada demanda obrera de que les reconocieran sus organizaciones gremiales se topó con un empresariado que no estaba dispuesto a
aceptar un poder extraño dentro de la fábrica. De aceptarlo, significaría
renunciar a la vieja práctica del capitalismo liberal de la época reyista, que

El primer gobierno constitucional fue el de Nicéforo Zambrano: tomó las
riendas del estado en mayo de 1917 y permaneció hasta 1919.
Durante la administración de Zambrano se expidió la Constitución de
Nuevo León, se eligió la primera legislatura constitucional y se fundó la
Junta Central de Conciliación y Arbitraje de Nuevo León.

Entre 1917 y 1918 se computó un gran número de huelgas en las
cuales se vieron involucradas las más importantes empresas: las fundiciones, las cuatro fábricas textiles (La Leona, la Fama, el Porvenir y la
Industrial), la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz, la Cervecería
Cuauhtémoe. También,
los maestros de las escuelas municipales de
Monterrey.
Fue un período de auge huelguístico en demanda de aumentos salariales, reinstalación de obreros despedidos, firma de contratos colectivos,
aplicación de la Ley sobre Accidentes de Trabajo, reducción de la jornada y reconocimiento de las organizaciones gremiales.
La mayoría de esos movimientos exigían el cumplimiento de las dis-

�204

Siglo XIX

J. Rojas S.: Conflict-Os y legislación laboral en Nuevo León

205

posiciones del Artículo 123 de la Constitución Federal, recientemente
aprobado, lo que daba a las demandas obreras legitimidad frente al Estado y frente a los empresarios.

condiciones que probablemente existían en otras empresas de la misma rama. El documento es importante, también, porque los obreros toman como referencia lo estipulado por el Artículo 123. Decía:

Conviene tener presente que detrás de esta avalancha de acciones obreras se encontraba una serie de hechos que tomaba difícil la situación de la
población trabajadora. Entre ellos cabe mencionar la sequía que azotó la
región desde 1914 hasta 1917, provocando una reducción considerable de
la producción agrícola; y las dificultades para importar alimentos de Estados Unidos, debido a la Primera Guerra Mundial. Ello trajo como consecuencia la escasez de alimentos y su encarecimiento.

a) "no se respeta la jornada nocturna de 7 horas en varios departamentos" (por lo cual los obreros exigen el tiempo extra, como lo estipulaba la fracción 1 del art. 123).
b) ''La empresa no concede el día de descanso semanal obligatorio".
c) "No existe el reparto de utilidades".
,
d) ''Los técnicos extranjeros ganan de 6 a ~ pesos po~ d1~, en ~to
que los obreros mexicanos que realizan el mJSmo trahaJO solo reciben
de 2 a 3 pesos".
e) Se pedía que el gobierno nombrase una comisión del Consejo Superior de Salubridad para que inspeccionara las casas de los obreros,
ya que carecían de los servicios más elementales.
f) "No se respeta la ley contra accidentes de trabajo. Solo existen en el
interior de la empresa, para atender los accidentes, agua oxigenada,
alcohol y petróleo" ( reconocen los servicios de un médico en la planta, pero pocas veces lo localizaban. Agregan una descripción de las
condiciones antihigiénicas que prevalecen en la fábrica).
g) ''La empresa no respeta el derecho de los obreros a organizarse en
sindiéatos" ( denuncian que fueron despedidos en masa los miembros
35
de la directiva del sindicato).

Otro factor que contribuyó a agravar aún más la situación de la población, fue la epidemia de fiebre española que tuvo lugar a mediados de
1918. Según los informes del gobernador Zambrano, provocó alrededor de
5 600 defunciones.34
Ante la ola huelguística y las dificultades para resolver los conflictos
sólo bajo sus buenos oficios, y como consecuencia del mandato constitucional, Zambrano resuelve convocar a las uniones y sindicatos obreros, así
como a los gerentes de las negociaciones industriales y al presidente de la
Cámara de Comercio de Monterrey. Su objetivo era constituir la Junta
Central de Conciliación y Arbitraje del estado (JCCyA), de acuerdo con los
términos del texto constitucional (que en su preámbulo y la fracción X
facultaba a los gobiernos de los estados a legislar en materia del trabajo).
En marzo de 1918 quedó instalado el organismo conciliatorio, integrado por cinco miembros: dos patrones, dos obreros y un representante del
poder público.
Desde sus primeras intervenciones en los conflictos obrero-patronales,
el organismo oficial enfrentó las reticencias de los empresarios, que no
acataban los fallos emitidos por la Junta, sobre todo los extranjeros.
A dos meses de haberse constituido, la Junta intervino en el conflicto de los trabajadores siderúrgicos y metalúrgicos. Los representantes
obreros enviaron una carta al gobernador Zamhrano exponiéndole la actitud del gerente de la compañía ASARCO, quien no acataba las disposiciones emitidas por la Junta. Es importante citar algunos de los puntos de la
carta porque reflejan las concliciones de trabajo en la fábrica mencionada,

El gerente de ASARCO envió al gobierno del estado una respuesta a
las denuncias formuladas, negando su veracidad. Los obreros deciden lanzarse a la huelga poco tiempo después.
En general, la actitud adoptada por el primer gobierno constitucional
no fue más allá de la conciliación de los conflictos. Hasta ahora no se han
encontrado referencias que indiquen que se haya inclinado en favor de los
asalariados. Por el contrario, en algunos casos apoyó abiertamente a los
empresarios y no faltó ocasión para que amenazara con reprimir los mo~mientos de huelga, como el promovido por los trabajadores del Ferrocarril
36
Constitucionalista en septiembre de 1918.
Los conflictos más agudos estallados en 1918 fueron los de las fundiciones ASARCO, Compañía de Minerales y Metales, Fundidora de Fierro
y Acero, Compañía Fundidora y Afinadora Monterrey y Compañía de
Tranvías, Luz y Fuerza Motriz.

�206

Siglo XIX

A principios de junio de 1918, los obreros de Fundidora de Fierro y
Acero declaran un paro exigiendo de la empresa el pago de tiempo extra
por el trabajo de los domingos. Ante la negativa de la gerencia, buscan la
solidaridad entre compañeros de las otras fundiciones. Se suman los tranviarios, quienes incorporan su rechazo a un nuevo reglamento que quiere
imponerles la empresa.

El movimiento de las grandes fundiciones amplía su pliego de demandas al incluir el reconocimiento de las uniones gremiales y sindicales, el
cumplimiento de la Ley de Accidentes de Trabajo, mejorar la higiene y
seguridad en el interior de las fábricas y que ningún trabajador sea despedido sin causa justificada.

El conflicto obliga a realizar un congreso de sociedades obreras, con
el objeto de conjuntar fuer.i;as y así hacer una mayor presión sobre los
patrones. Las huelgas concluyen con la firma de sendos convenios en los
cuales los trabajadores logran sacar adelante la mayoría de las demandas.
Esto sucedió el 10 de junio de 1918. Pero un mes después, los trabajadores
vuelven a promover paros y otras acciones en protesta porque los empresarios se niegan a cumplir con lo pactado el 10 de junio.
El gobernador de Nuevo León, en su informe de 1918, expuso los resultados finales de los movimientos huelguísticos registrados durante ese
año. Informó que los obreros tranviarios fueron cesados en masa; los de la
Fundidora de Fierro y Acero regresaron al trabajo sin haber conseguido solución alguna a sus demandas; en tanto que los obreros de ASARCO y de
la Compañía Fundidora y Afinadora Monterrey (Peñoles) habían levantado sus huelgas por solidaridad.37

Dos años después, en 1920, se vuelven a plantear, en las mismas empresas, excepto en la de tranvías, nuevas acciones huelguísticas por las mismas causas que motivaron las de 1918.
. Puede anotarse que estos movimientos huelguísticos constituyeron las
primeras grandes derrotas que sufrió la clase obrera regiomonlana, según
se desprende de la documentación estudiada.

J. Roj&lt;U S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

207

CONCLUSIONES PRELIMINARES
En vista de que el trabajo desarrollado constituye un primer acercamiento

al tema sobre la problemática obrera durante el período aludido, no es
posible derivar conclusiones consistentes.
Sólo se puede dejar apuntado que en la documentación revisada se
observa que los distintos grupos de revolucionarios que se sucedieron en
el gobierno del estado, desde el maderismo hasta el primer gobierno constitucional no lograron instrumentar acciones legislativas de fondo que ampararan 1~ derechos fundamentales de los trabajadores (to~avía en 1918 el
Secretario General de gobierno recomendaba a la gerencia de la Compa•
ñJa de Tranvías Luz y Fuerza Motriz la instalación de una tienda de raya,
,
•
38
como tenían otras empresas de la localidad).
De una manera preliminar se puede dejar anotado que en términos
comparativos con otros estados, Nuevo León muestra un apreciable retraso
en el reconocimiento y reglamentación de algunos de esos derechos: de
huelga, reducción de la jornada, y prohibición del LTabajo infantil, entre
otros.
Como se sabe, el texto constitucional de 1917 contemplaba en el Artículo 123 el amparo de tales derechos, además de facultar a los congresos
de las entidades federativas a legislar en materia laboral.
A partir del mandato constitucional, los estado~ que primero reconocieron y legislaron sobre el derecho de huelga -.segun Alberto Trueba Urbina- fueron Veracruz, Yucatán y Nayarit en 1918; Sonora en 1919;
Coahuila y Sinaloa en 1920; Michoacán y Puebla en 1921. En Nuevo
39
León no se decretó hasta 1924.
La diferencia resulta todavía más notable si se compara a otros aspectos de la legislación laboral realizada en otros estados antes que se promulgara la Constitución de 1917. Para ilustrar lo anterior vale la pena c!~ a Mario de la Cueva, sobre la acción legislativa promovida por los pn·
meros gobiernos revolucionarios post-maderistas:
(... )Después de la caída de Huerta, enjulio de -~914, los jefes de
las tropas constitucionalistas iniciaron la creac1on de leyes protectoras de los trabajadores.
.,
E.l 8 de agosto de 1914, se decretó en Aguascalientes la reducc1on

�208

Siglo XIX

de la jornada de trabajo a 8 horas; se impuso el descanso semanal
y se prohibió cualquier reducción de los salarios.
El 15 de septiembre del mismo año se dictó en San Luis Potosí un
decreto fijando los salarios mínimos. Cuatro días después se fijaron en el estado de Tabasco los salarios mínimos, se redujo a ocho
horas la jornada de trabajo y se cancelaron las deudas de los campesinos. En Jalisco, Manuel M. Diéguez expidió un decreto sobre
jornada de trabajo, descanso semanal obligatorio y vacaciones; el
siete de octubre, también en Jalisco, Aguirre Berlanga publicó
un decreto que tiene el mérito de ser la primera ley del trabajo de
la revolución constitucionalista, sustituido y superado por el del
28 de diciembre de 1915 que contenía: jornada de trabajo de 9
horas; prohibición del trabajo de los menores de 9 años; salarios
mínimos en el campo y en la ciudad; protección del salario; reglamentación del trabajo a destajo; aceptación de la teoría del riesgo
profesional y creación de las juntas de conciliación y arbitraje. El
cuatro de octubre de 1914, se dispuso el descanso semanal en el
estado de Veracruz y el 19 del mismo mes, Cándido Aguilar expidió la ley del trabajo del estado, cuya resonancia fue muy grande
en toda la República: jornada máxima de 8 horas, descanso semanal, salario mínimo, teoría del riesgo profesional, inspección del
trabajo y reorganización de la justicia obrera. Un año después se
promulgó en el mismo estado, la primera ley de asociaciones profesionales de la República.
En el mismo año de 1915, el general Salvador Alvarado se propuso réformar el orden social y económico del estado de Yuca•
tán, a cuyo efecto expidió las leyes agrarias, de hacienda, del catastro, del municipio libre y del trabajo. Esta última reconoció y
declaró algunos de los principios básicos que más tarde integrarían el Artículo 123 de la Constitución de 1917 .40

J. Rojas S.: Conflictos y legi,loción laboral en Nuevo León

209

NOTAS

l. Código Penal del Estado de Nuevo León, art. 808, delitos contr~ el orddenNpÚ•
blito. Capítulo primero: vagancia y mendicidad. Imprenta del gobierno e uevo León, 1893.
2. [bid., capítulo XHI, art. 877, penas contra las huelgas.
3. La voz de Nuevo León, marzo 26 de 1898.

4 _ Código Civil del Estado de Nuevo León, capítulo V del contra~o de aprendi·zaje.
Impreso en 1891 y reimpreso con sus reformas correspondientes en 18 99 Y
1906.
5. Francisco l. Madero, La Sucesión Presidencial, Editora Nacional, México, 1967.
p.279.
6. Código Penal del Estado de Nuevo león, cit., art. 394, del robo sin viole;cia.:
particular la reforma al art. 395. fracción VHI : "S~ impondrá _la pena e ro__
sin violencia en los términos siguientes: al que habiendo obterudo la prestac1on
de servicios por jornal no pagara la retribución debida, conforme a los artículos
2391 y 2392 del Código Civil del Estado de Nuevo León ..."
7. Monterrey News, febrero 22 de 1907.
8. Ley Sobre Accidentes de Trabajo, Gobierno del Estado de Nuevo León, noviembre 9 de 1906.

Desde mucho antes que se expidiera la Constitución de 1917 se habían
puesto en marcha ya, en varios estados, importantes reformas en favor de
41
los asalariados. Nacionalmente, la reglamentación del Art. 123 consti•
tucional no se realizó hasta 1931, cuando se expide el Código Federal del
Trabajo. Previamente, el presidente Emilio Portes Gil, en 1929, había
promovido la primera reforma al Art. 123 federalizando la facultad de legislar en materia de trahajo.42

9. /bid.
10. lbid.

u.

Santiago Roel, La Ley del trabajo. Apuntes y breves comentarios, Talleres L.
Canlú Leal, Monterrey, 1931.

12. Ley Sobre Jornales, Imprenta del Gobierno del Estado de ~uevo León, 1908.
13. Mario Cerutti, Burguesía y capitalismo en Monterrey (1850 -1910), Claves Latinoamericanas, México, 1983, pp.146-149.
14. Cerutti, obra citada, p. 149; Archivo General del EstadoCde alNuev; León
(AGENL), documento sobre huelga en Fábrica de Vidrios y rist es, cretaría de Relaciones Exteriores, 1903.

�210

J. Roj&lt;u S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

Siglo XI&gt;.

15. Cerutti, obra citada, p.162.

211

traje del estado.

16. Madero, obra citada, pp. 211-16.

29. AGENL, carta enviada por el Sindicato de Motoristas y Conductores al general
Antonio l. Villarreal, noviembre 24 de 1914, Conclu ídos.

17. Ramón Eduardo Ruiz, La revolución mexicana y el movimiento obrero 19111913, Era, México, 1978, p. 58.
·

30. /bid.

18. Cerutti, obra citada, pp. 68 y ss; Cerutti, "Militares, terratenientes y empresarios
en el noreste. Los generales Treviño y Naranjo {1880-1910)", en Mario Cerutti
{~rd.). ~onterrey, Nuevo León, el Noreste. Siete estudios históricos, UniverSidad A utonoma de Nuevo León, Monterrey, 1987, especialmente anexo sobre
empresas con participación del general Treviño.

31. AGENL, comunicación del Sindicato de Cerilleros enviada a la gerencia de la
empresa, 9 de octubre de 1914. Correspondencia de gobernadores.

19. Isidro V~cay_a ~ales: Los orígenes de la industrialización de Monterrey (18671920), E di tonal Librena Tecnológico, Monterrey, I 971, pp. 127-128.

33. AGENL, carta enviada por el Comité Directivo de la Federación del Trabajo de
Nuevo León. Octubre de 1914. Varias carpetas.

20. Eduardo Ruiz, citado, p. 63.

34. Memoria del gobernador Nicéforo Zambrano, septiembre de 1918.

21. Aspectos_ de la gestión de Botello pueden consultarse en Rocío González M ·
El huertismo en Nuevo León. Un caso: Salomé Botello Monterrey Arch%:
General del Estado de Nuevo León, 1985.
'
'

35. AGENL, comunicación de los representantes obreros ante la Junta Central de
Conciliación y Arbitraje, dirigida al gobernador del estado, 22 de mayo de
1918.

22. AGENL, Acta constitutiva del comité organizador de la Cámara del Trabajo de
Nuevo León, Concluidos, caja sin número, 16 de agosto de 1913.

36. AGENL, carta de la Unión de Mecánicos Mexicanos Suc. No. 9, dirigida algobernador del estado 27 de noviembre de 1918.

23. Eduardo Ruiz, citado, p. 81.

37. AGENL, Informe del gobernador Zambrano, 1918.

24. Nestor de Buen, Derecho del trabajo, Ed. Porrúa México 1977 2 tomos vol J
p.299.
'
'
'
'
. '

38. AGENL, del Secretario General de gobierno, licenciado M. Treviño, a la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz, 25 de febrero de 1918, Concluidos,
caja 2.

25. O~a_r Flores T?~es, "La presencia de la continuidad en el cambio. Grupos econormcos Y poi 1ticos en Monterrey 1909-1923". Ponencia presentada en Seminario de Historia Regional, organizado por la Asociación de Historiadores Profesionales de Noreste de México, A. C., Monterrey, 11 al 13 de febrero de 1986·
González Maíz,citado.
'
26. AGENL, comunica~ión enviada por el Sndicato Obrero Fundición No. 2, dirigíal _empresario Vicente Ferrara el 23 de noviembre de 1914, Concluídos, caja
sm numero.

~ª

27. AGENL, decreto del gobernador y comandante militar de Nuevo León general
Antonio l. Villarreal, 7 de mayo de 1914.
'
28. Hasta el momento se dispone sólo de información acerca de medidas legislativas
concretas para el amparo de los asalariados regionales desde 1922: cuando se
decret_:m la jo~ada de ocho horas y el domingo como descanso obligatorio.
Dos anos despues el general Porfirio G. González reconoce el derecho de huelga contenido en la reglamentación de la Junta Central de Conciliación y Arbi-

32. AGENL, documento del Sindicato Obrero de la Fundición No. 2, miembro de
la Casa del Obrero· Mundial, 23 de noviembre de 1914. Varias Carpetas.

39. Alberto Trucha Urbina, Evolución de la huelga, Ed. Botas, México 1950, pp.
133 y SS.
40. Mario de la Cueva, El nuevo derecho mexicano del trabajo, 2 vols., Ed. Porrúa, México, 1984, tomo I, pp. 45-46.
41. En Nuevo León podemos enlistar las siguientes reformas laborales a partir de
su fecha de expedición: Ley Sobre Accidentes de Trabajo 1906; Ley Sobre
Jornales, 1908 : Decreto prohibiendo el trabajo por deudas, 1914; Creación de
la Junta de Conciliación y Arbitraje, 1918; Reglamentación de la jornada máxima y Descanso Dominical, 1922 ; Derecho de huelga y Prohibición del trabajo
infantil, 1924.
42. Emilio Portes Gil, Quince años de política m exicana, Ed. Botas, México, 1941.

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ANEXO

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LEGISLACION SOBRE DERECHOS LABORALES

en

cj¡¡·

Según el año en que fue emitida en diversos estados

o

~
~

Derecho
huelga

Estado

Reducción
jornada

Salario
mínimo

Descanso
semanal

Prohibición
trab. infantil

Distrito y T.
Federales

1917

1917

1917

1917

1917

Yucatán

1915

1915

1915

1915

1915

Veracruz

1918

1914

1914

Nayarit

1918

Sonora

1919

Sinaloa

1920

Coahuila
Michoacán

,,

Accidentes de
trabajo
1904*

1914

1920
1911

Puebla

1921

Durango

1922

San Luis Potosí

1922

Chihuahua

1922

Querétaro

1922

Jaliseo

1923

Guanajuato

1924

Nuevo León

1924

Campeche

1924

~

Colima

1925

Oaxaca

1926

~
~
o

Tabasco

1926

Tamaulipas

1926

'&lt;

Zacatecas

1927

{

Chiapas

1927

Hidalgo

1928

Aguascalientes

1928

1914

1914

1915

1914

1915

1922

1924

1922

1924

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que se indica. Durante la batalla contra Villa en Celaya (abril de 1915), Obregón expidió un decreto estableciendo el salario mínimo
y haciéndolo extensivo a los estados de Michoacán, Querétaro, Hidalgo y Guanajuato.

r

El cuadro fue elaborado a partir de la información contenida en las siguientes obras:
Alberto Trueba Urbina, Evolución de la huelga, Ed. Botas, México, 1950, pp 133-236.
Mario de la Cueva, El r1uevo derecho mexicano del trabajo, Ed. Porrúa, 2 tomos, México, 1984, vol. 1, pp. 50-52.
Nestor de Buen, Derecho del trabajo, Ed. Porrúa, 2 tomos, México, 1977, vol. I, pp. 300-305.

w

* La primera ley sobre accidentes de trabajo fue expedida en el Distrito Federal por el gobernador Francisco Villalda, en el año

[:,

....

ts;¡

�EL MONOCULTIVO IIENEQUENERO
Y SUS CONTRADICCIONES

Estructura de Dominación y Formas de
Resistencia en las Haciendas Yucatecas
a fines del Porfiriato
Gilbert M. Joseph*
Allen Wells**

INTRODUCCION
iSí son conscientes!. .. En sus pechos los peones acasillados sienten odio y un deseo de venganza en contra de sus amos y de las
autoridades que ayudaron a esclavizarlos.

Tomás Pérez Ponce

La sensacional entrevista con Tomás Pérez Ponce, defensor público y organizador laboral radical, publicada a mediados de 1911 en El Ciudadano.
fugaz diario de Mérida, debe haber disgustado a los hacendados henequeneros de Yucatán, acostumbrados a dominar las condiciones del debate
tanto en la prensa local como en sus fincas. 1 Pérez Ponce, calificado por
periodistas pagados por los hacendados como "el líder del peonaje", exigía en forma provocadora el fin del acasillamiento del peonaje, la libertad
*University of North Carolina, Chapel Hill (USA).
**Appalachian State University y Bowdoin CoUege (USA).
Los autores agradecen el apoyo recibido, para la investigación y para la redacción de
este ensayo, del Center for U.S. Mexican Studies (University of California, San Diego), la American Philosophical Society, el University Research Comittee of Appalachian State University y del lnstitute of Latin American Studies de la University
of North Carolina, Chapel Hill. Traducción de Isabel Cristina Mata Velázquez y
Miguel A. González Quiroga.

�216

Siglo XIX

Joseph Y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

217

de movimiento para los jornaleros del campo2 y mejores salarios para los
trabajadores del henequén. El advenedizo abogado, que había pasado la
mayor parte de los últimos años del porfiriato en la penitenciaría Juárez
de Mérida por movilizar obreros urbanos y rurales, y por su desatada crítica de la oligarquía, aprovechaba ahora la apertura maderista para hacer
públicas sus visitas a las haciendas de la zona henequenera.3

que El Ciudadano concedió amplio espacio a Pérez Ponce para la exposición de sus radicales puntos de vista, el diario morenista mantenía distancia de esos comentarios. Una cosa era reclutar la ayuda de agitadores,
y otro muy distinta apoyar el tipo de cambios radicales y la lucha de clases que Pérez Ponce había hecho suya.

En la entrevista (que llevaba el conveniente título de "La gravísima
cuestión agrícola'), Pérez Ponce señalaba con astucia que el culpable de
este nefasto régimen laboral eran las demandas incesantes del monocultivo del henequén.

Es evidente que los problemas planteados por la entrevista guardaban
el propósito de asustar a los terratenientes de la región. Los morenistas en
busca del poder tenían mucho que ganar, al menos a corto plazo, al fo.
mentar el caos en la porción noroeste de la península: su intención era
maquinar un desasosiego "manejable" que provocara el derrocamiento del
gobernador maderista, José María Pino Suárez.

En su alegato a favor de la diversificación, prevenía a los henequeneros de que, a menos que se suavizara la despiadada presión de la producción mediante la siembra de maíz y frijol, y con la reintroducción de
la cría de ganado en la zona henequenera, existía la posibilidad de ,¡ue
los peones acasillados - hartos de que los terratenientes y políticos locales los embaucaran y se aprovecharan de ellos- recurrieran a la violencia contra sus antiguos amos y escaparan a los pueblos, cabeceras y centros urbanos aledaños: Mérida, VaUadolid y Progreso. Enseguida, Pérez
Ponce exhortaba a los jornaleros para que desconocieran sus "ilegales"
deudas y abandonaran sus fincas. Si los jefes políticos los arrestaban y los
hacían regresar a la hacienda, sus familiares deberían comunicarselo: Pérez Ponce aseguraría que "las autoridades hicieran cumplir las leyes".4
Tan descarada agitación hubiera sido inconcebible die~ años antes. La
puhlicación de la entrevista en julio de 1911 es significativa por varias razones: desde el punto de vista político, demuestra la voluntad de una
facción elitista descontenta, conocida localmente como los morenistas
(por su abanderado, el periodista Delio Moreno Cantón), de recurrir a
elementos progresistas de la sociedad meridana.5 Frustrados en sus intentos previos por alcanzar el poder en el estado, los morenistas sentían
que no tenían más alternativa que adherirse a organizadores del estilo del
elocuente Pérez Ponce, que tenía importantes contactos con las clases trabajadoras urbana y rural.
Por otra parte, la entrevista señalaba el reconocimiento de las élites
de que el problema "laboral" mral era lo que había que plantearse -al
menos en forma retórica- como el quid pro quo para lograr el apoyo de
persuasivos hombres claves, o de agitadores como Pérez Ponce, durante los
primeros meses del período maderista. Resulta interesante que, mientras

No obstante, la libertad de movimiento que Pérez Ponce preconizaba
en 1911 para los trabajadores del henequén, habría amenazado la esencia
del monocultivo al socavar de un modo efectivo las relacio~es sociales de
1
producción. Si los jornaleros partían de sus fincas hacia lQ.s pueblos y ciudades aledañas para convertirse en lo que entonces llamaban ''hombres libres", el mundo que los henequeneros conocían se vería en serio peligro.
El hecho de que esta cuestión pudiera salir a la luz pública en forma
tan dramática y abierta da fe de las divisiones que existían en Yucatán en
las postrimerías del porfiriato. El descontento rural, generalizado de 1907
a 1911, permitió a facciones elitistas descontentas (como los morenistas,
que luchaban por el control político del estado) reclutar peones de hacienda y campesinos marginados para participar en el mosaico de jacqueries,
disturbios y rebeliones que estremeció la península en los años iniciales de
la Revolución.
Este ensayo no intentará desenmarañar por completo la madeja de
contradicciones políticas, económicas y sociales que fomentó las olas de
rebelión por todo el estado durante los primeros años de la Revolución
(verdaderas "tiempos de rebelión" que sólo con grandes dificultades fueron reducidos a la inocuidad por las élites y las autoridades locales hacia
mediados de 1913). Se dedicará -tan sólo- a examinar las posibilidades
y limitaciones de la movilización dentro de una de las regiones más importantes de Yucatán: la zona henequenera.6
Es interesante notar que, tal vez debido a las comparaciones con
otras regiones mexicanas que sufrieron un pasado revolucionario más violento, los historiadores modernos siempre han subestimado la resistencia

�218

Siglo XIX

]&lt;&gt;&amp;&gt;eph y Wells: Dominación y resi.stencia en las haciendas yucatecas

219

que el campesinado yucateco mostrara antes del derrocamiento del dominio oligárquico por el Ejército Constitucíonalista del Sureste, al mando
del general Salvador Alvarado, en marzo de 1915. En particular se ha malinterpretado el comportamiento social y la mentalidad de los peones acasillados: a diferencia de los hacendados porfiristas y de su adversario Tomás Pérez Ponce, los escritores modernos han desestimado la capacidad de
los peones para oponerse o protestar ante las demandas de sus amos.

explícita la estructura de dominación formada por el Estado y los hacendados, que obstaculizó las posibilidades de movilización en la zona henequenera durante sus años de auge; 2) relatar el amplio espectro de formas "rutinarias" y "cotidianas" con que los peones respondían a las exigencias del monocultivo; y 3) esbozar a grandes rasgos las intensas contradicciones sociales que alimentaron reiterados ciclos de desasosiego en
todo el área rural yucateca durante los años finales del ancien régime.

Los henequeneros usaban con efectividad la táctica de la zanahoria y
el garrote: mezclaban incentivos paternalístas y cierto grado de seguridad
con mecanismos restrictivos de coerción y aislamiento. No es de sorprender, por tanto, que sus sirvientes carecieran del potencial revolucionario
- "movilidad táctica", según Eric Wolf7 - tan evidente en los comuneros,
vaqueros, mineros y campesinos serranos que formaron los ejércitos revolucionarios del centro y norte de México. No obstante, y por la misma razón, los peones acasillados que se afanaban en las haciendas henequeneras de Yucatán no eran de naturaleza pasiva. Su representación en la literatura histórica como una masa despreciable de dóciles sirvientes es una
profunda exageración. Lo más irónico es que tal descripción hace evocar
los estereotipos de aquella época propuestos (por muy distintas razones)
por cronistas extranjeros hipercríticos y apologistas henequeneros por
igual.ª

Primero, empero, caracterizaremos de modo breve la hacienda henequenera, con especial atención en el problema particular que el monocultivo representaban para las relaciones laborales en dicha zona.

Nuestra propia investigación en el Ramo de Justicia del Archivo General del Estado de Yucatán sugiere una caracterización muy diferente del
campesinado de fines del porfiríato. En particular, modifica la idea generalizada en cuanto a la incapacidad de los acasíllados para resistir a sus amos.
Afirmamos que sí bien la estructura de dominación característica del monocultivo del henequén restringía el potencial de insurrección autogenerada en las fincas, a menudo no podía evitar que los acasillados se unieran a
revueltas originadas en los alrededores de la zona henequenera en los inicios de la era revolucionaria. Además, el hecho de que los peones yucatecos no se rebelaran tan abiertamente como los comuneros que residían
fuera de la zona henequenera, no significa que no resistieran al régimen de
monocultivo. Por el contrario, sus testimonios personales así como otros
documentos locales sugieren que participaban "en formas de resistencia cotidianas" mas silenciosas: resultaban a la larga más seguras y exitosas para
impugnar, simbólica y materialmente, los acelerados ritmos de trabajo y
otros aspectos poco gratos del monocultivo henequenero.
Este ensayo, por lo tanto, se ha fijado las siguientes metas: 1) hacer

LA HACIENDA HENEQUENERA: UNA INSTITUCION HIBRIDA
El mundo que en las haciendas forjaron durante el auge henequenero peones y propietarios -mundo en buena medida autosuficíente- abundaba en
inconsistencias. El boom de finales de siglo fue tan repentino que no logró horrar los vestigios de la hacienda maicero-ganadera, unidad productiva que había dominado el área noroccidental entre 1760 y 1850. Una
breve comparación del monocultivo del henequén con el complejo azucarero, su equivalente caribeño de mayor desarrollo, confirmará que las fin.
cas henequeneras nunca llegaron a convertirse en plantaciones comerciales modernas.
Mientras que la industria azucarera del Caribe utilizó técnicas nuevas
para separar los sectores agrícola e industrial, y con ello hizo crecer la
productividad y la eficiencia durante la parte final del XlX, los henequeneros yucatecos no realizaron cambios importantes durante el auge en los
medios y factores de producción. El complejo agro-industrial azucarero
se singularizaba por ser una propiedad· corporativa, con amplia capitalización, ganancias máximas y una fuerza laboral diversificada (aunque dependiente), organizada para abastecer un mercado distante pero considerable. Todo ello característico del prototipo de plantación. En contraste,
la síncrética finca henequenera de Yucatán, en lugar de la administración
corporativa, quedaba en la categoría de propiedad familiar; se caracterizaba por una clase empresarial que deseaba seguir los pasos de sus antecesores, con desmesuradas aspiraciones de status que inhibían la reinversión de las ganancias; y enfrentaba una crónica insuficiencia de capitalización como consecuencia de las volubles fluctuaciones del precio de la
fihra en el mercado mundial. El resultado era un tipo de finca engranada

�220

Siglo XIX

a las operaciones comerciales modernas, pero carente de una clase gerencial y propietaria con sofisticación suficiente para completar su transformación.9
Si bien la hacienda henequenera pudo haber tenido semejanzas físicas con la plantación comercial moderna -maquinaria de reciente creación, sistemas internos de transportación tipo decauville, y cultivo intensivo del producto básico- la propiedad familiar, la administración y la
mentalité continuaron infundiendo a la institución características de la
hacienda anterior al advenimiento del henequén. Símbolo de una sociedad rural en medio de un complicado proceso de transición, la mejor
caracterización de la finca henequenera es la de una institución híbrida
que conservaba algunos de Jos rasgos de su antecesora, la hacienda maicero-ganadera, pero que reflejó ya inevitables ajustes de tecnología, mano
de obra e infraestructura.
Parece que la emergencia de una sociedad de plantación plenamente
desarrollada se encontraba inhibida - también- por vestigios persistentes de la institución anterior, como en particular, la forma en que los
hacendados enfrentaban sus problemas de mano de obra. En el modelo
de plantación clásica, los administradores se sirven de un mercado laboral libre (o relativamente libre) y pagan salarios en efectivo. 10 A diferencia de la hacienda, la plantación moderna no tiene que depender de
las deudas ni cultivar una relación patemalista.
Por el contrario, las fincas henequeneras se parecían más a su escasa·
mente capitalizada antecesora, la hacienda maicero-ganadera, que " ...
comprometía a la mano de obra ·por medios distintos al salario en moneda ". 11 Los terratenientes seguían dependiendo de prácticas laborales tra•
dicionales como el acasillamiento de peones y la tienda de raya para
asegurar un régimen de mano de obra dependiente e impedir la movilidad. Por otra parte, las técnicas coercitivas como el uso de la fuerza
bruta y la manipulación de deudas iban aparej~das con métodos más
sutiles e indirectos como el reparto de parcelas de subsistencia y la
"institucionalización de las relaciones personales entre el empleado Y
el patrón", 12 para asegurar una fuerza laboral sumisa al menos en apariencia.
Como resultado de su preferencia por la mano de obra dependien·
te y del rápido auge, los propietarios de Yucatán se enfrentaron con
la nada envidiable tarea de convertir las tradicionales relaciones de tra-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en lai haciendas yucatecas

221

bajo de la hacienda en la disciplina rigurosa que se requería para la producción del henequén. Forzadas por la demanda norteamericana, las exportaciones subieron de 30 000 pacas de fibra cruda en la década de 1870, a
más de 600 000 por afio en la década de 1910. lnevitablemente, en la medida que la economía henequenera se comprometía más y se subordinaba
a las demandas del capitalismo internacional, las condiciones de trabajo se
tomaban cada vez más rigurosas. Los encargados y sus capataces mayas
(mayacoles) guiaban las cuadrillas de peones que limpiaban, sembraban,
deshierbaban y cosechaban la fibra durante todo el año. Por otra parte, la
desfibradora, equivalente industrial del ingenio azucarero localizada en la
finca misma, requería equipos de trabajadores disciplinados que quitaban
la corteza y comprimían miles de pencas de henequén al día.
Empero, lo que resulta más interesante es que la naturaleza de la producción del henequén no hizo necesario un conjunto de especialistas entrenados que se hiciera cargo de tareas agrícolas e industriales específicas.
Si bien los adelantos tecnológicos aumentarían la capacidad productiva, la
industria henequenera nunca exigió una fuerza laboral especializada, sino
un grupo cuantioso y móvil de trabajadores que se desempeñara en todas
las fases de la producción, según las circunstancias. A diferencia de la caña
de azúcar, el agave fibroso se cosechaba durante todo el año, pbr lo que requería de mano de obra permanente, descartando desde el punto de vista
admirústrativo los esquemas de empleo temporal de mayor flexibilidad y
rendimiento.
En esencia, el monocultivo del henequén gestó relaciones sociales que
en cierto modo semejaban un proletariado rural ( cuadrillas de trabajo rutinario, trabajo a destajo, salario diario y una economía casi de contado)
pero, en otros aspectos, seguía encamando muchas de las características
de la paternalista hacienda maicero-ganadera.
Aunque las condiciones laborales en la híbrida finca henequenera eran
en realidad más pesadas que las de su antecesora de cultivo extensivo,
continuó ofreciendo una medida esencial de seguridad a los peones acasillados, por lo menos, como veremos, hasta las postrimerías del porfiriato. Las nuevas disposiciones agrarias y laborales implicaban la total dependencia de los mayas con relación al amo y al encargado para procurarse
alimentos, leña, agua, auxilio contra el hambre, justicia, protección, servicio médico y otras ayudas. Para los peones yucatecos, la vida en la hacienda henequenera representaba una especie de pacto: la institución del monocultivo les ofrecía un mínimo de seguridad, pero a costa de su autono-

�222

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

Siglo XIX

mía.
Aun c~ando los p~~es residentes mostraban la mayor preocupación
por el sentido de estabilidad y seguridad que las nuevas relaciones social~ f?m~ntahan, los henequeneros perseguían un proyecto muy distinto:
dismmmr el contacto directo entre ellos y sus siroientes. A diferencia de
sus_ padres Y ab~elos, esta generación de terratenientes consideraba prioritar1ame~te a. sus fincas como inversión comercial, y en segundo lugar como patnmoruo. La especulación de bienes raíces rurales -en particular dur~nte las é~ocas de quiebra en la economía regional- forzó a los empresano~ a co_ns1derar las haciendas henequeneras como activos. En este clima
de m:ers1ones imprevisibles, donde se hacían y deshacían fortunas con regularidad, resultaba difícil para los peones mantener una relación estrecha
con sus amos. Si bien existió una relación patrón-cliente en la zona henequ~nera, como veremos, nunca alcanzó el nivel de sofisticación que preval~cia en _el sur norteamericano previo a la guerra de Secesión, por la sencilla r~on de que la mayoría de los productores de henequén no dedicaba el ~empo Y el esfuerzo necesarios para nutrir tan compleja relación.
A m~dida que avanzaba el auge, y que se multiplicaban las inversiones 00•
merc1ales ~ que los_ crédi_tos hipotecarios se canjeaban a un ritmo vertiginoso, los vmculos clientelislas se deterioraban irremediablemente.

La incompleta transformación de las haciendas productoras de maíz
Y ganado del noroeste de Yucatán en modernas plantaciones comerciales
durante el bo~m de la ~ibra, y una debilitada actitud paternalista, estimularon las. te~smnes soc1~es entre autoridades, hacendados, encargados y
peones. Si b1e~ los mecarusmos de control social que utilizaban los supervisores de l~~ fmcas Y las autoridades locales durante el porfiriato sofocaron la acc1on colectiva, no evitaron que los peones acasillados mostraran
su de~contento con el nuevo orden. Antes de examinar la reacción de los
trabajadores frente a esta híbrida institución, primero caracterizaremos el
~ntorno de cooptación y represión en el que tenían que luchar los trabajadores henequeneros de Yucatán.

EL IDIOMA DEL PODER: AISLAMIENTO, COERCION y SEGURIDAD
¿Por qué la obediencia de los trabajadores henequeneros a sus amos llegó
porfiriato? La sola fuerza (o la amenaza de su uso)
no habna ~astado para mantener sometidos a los peones. 13 Si bien el temor al castigo es un ingrediente esencial en todos los sistemas coercitivos

ª tal gra?o durante el

223

de trabajo, debe combinarse la fuerza con la obediencia implícita a la autoridad para asegurar la sumisión. El triunfo final en la historia de estos
sistemas asimétricos ha dependido de la habilidad de las élites para convencer a sus trabajadores de que tal forma de existencia era la más beneficiosa. Incluso las más infames formas de servidmnhre tuvieron elementos
que al menos fingían apoyar los "derechos" y necesidades de los trabajadores dependientes.14
Las clases subordinadas deben· ser llevadas a creer que el sistema represivo es parte del orden lógico e inmutable de las cosas y que, por ende, la acción colectiva no es una alternativa viable. Asimismo, mientras
esas clases no comparen su propia condición con la de sus amos (aceptación implícita de su propia inferioridad), las perspectivas de rebelión disminuyen enormemente.15
Para poder apreciar cómo los henequeneros inculcaban la obediencia en los peones acasillados durante el porfiriato, nos concentraremos
brevemente en los idiomas del poder: es decir, las modalidades históricas de representación del aspecto coercitivo ante las clases subordinadas.16

En muchas de las sociedades premodemas, tradicionales, la fuerza
se presentó casi siempre de un modo transparente y directo, cara a cara.
Aunque a veces este idioma personalista del poder estuvo disfrazado por
estrategias tan ingeniosas como el compadrazgo, el patemalismo y los intercambios asimétricos de regalos, ni a los elementos subordinados ni a
los superiores les cabía duda de que la dominación era la esencia de tal
relación.
En épocas más recientes surgió un idioma materialista del poder:
la relación desigual se representaba como poder sobre los bienes, no sobre los individuos. Con el desenvolvimiento del capitalismo moderno,
las relaciones obrero-patronales se despersonalizaron cada vez más en la
medida que ambas partes se separaban de las mercancías que producían.
La dependencia estaba " disfrazada bajo la forma de relaciones sociales
entre los productos del trabajo ". 17 La relación de poder resultante, diluida por la creciente alienación del entorno laboral, ya no estaba representada por el poder sobre las personas, sino oculto como poder sobre
las mercancías.
Las relaciones sociales del monocultivo del henequén representan

�224

Siglo XIX
Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

algo así como el punto medio del continuum que une a los idiomas
personalista y materialista del poder. AJ,í como la sincrética finca hene•
quenera combinaba las características de la hacienda tradicional y los tipos
de plantación comercial, también sus relaciones de trabajo representaban
la amalgama de ll!l' dos modalidades de coerción. En efecto, muchos de los
elementos esenciales del idioma personalista de las sociedades tradiciona•
les, como el paternalismo velado, el compadrazgo y la omnipresente acción
de la violen~ia humana, ilustrada por las flagelaciones administradas por los
encargados, perduraron en la nueva sociedad estilo plantación.

FIGURA l

EL MECANISMO DE AISLAMIENTO

La comprensión de tres mecanismos complementarios de control social (seguridad, aislamiento y coerción) resulta útil para ilustrar plenamente el modo en que el idioma del poder en el monocultivo henequenero
adaptó algunas características de las tradicionales relaciones laborales a los
requerimientos de un más "proletarizado" régimen. Apoyados en el aparato político del Estado, estos mecanismos permitieron a los terratenientes
mantener disciplinados ritmos de trabajo en la producción. Aislamiento,
coerción y seguridad funcionaron simultáneamente para cimentar una re•
lación estructural que no sólo se ajustó a los requisitos de la producción,
sino que también sirvió a las necesidades de subsistencia de los trabajadores,
al menos hasta las vísperas de la Revolución Mexicana.18

PERIFERIA DE

YUCATAN
FRONTERA
Partición de

~

Aislamiento

Los henequeneros inculcaban la obediencia a la autoridad mediante un
diestro manejo del espacio físico y social. Haciendo uso de cuatro esferas
reforzadas del aisJamiento - conceptualizadas como círculos concéntricos
en la figura 1- las élites terratenientes de Yucatán y su aliado, el Estado,
lograban canalizar y sujetar a los jornaleros a las haciendas, al tiempo que
bloqueaban otras alternativas y vías de escape.
En el núcleo del mecanismo de aisJamiento se encontraba la misma
hacienda henequenera. Una serie de estímulos positivos y negativos asegu•
raba que los peones permanecieron atrapados en la finca. Aun cuando los
trabajadores estuvieran constreñidos por la deuda, la tienda de raya, el
castigo corporal y sus documentos de identificación, su condición se ha·
cía más tolerable gracias al pago del trabajo a destajo, la atención médica,
y el adelanto de fondos para bodas, entierros y bautismos (las estrategias
coercitivas y paternalistas se discutirán después con mayor detalle). Sin
embargo, a pesar de estos atenuantes aspectos paternales, la estrategia de

225

.:::,::. /

""' ZONA :~:::-ERA/
~

Incursiones de
los cruzob
Reclutamiento
para la guerra de

de~tivo1/

Ocupación por
parte del
Estado

Limitaciones
ecológicas

Castas

/

/

""'

E,,-;;,,.,~

"""" ,...,.::...
Vigilancia fronteriza
en Campeche

Enfermedades

de la selva

�226

Siglo XIX

doble filo de los henequeneros ..estrihaba, a la postre, en la coerción: los
peones acasillados sólo podían salir de la hacienda con el consentimiento
expreso, por escrito, de los propietarios o de los capataces.
Los henequeneros promovían concientemente el aislamiento de sus
trabajadores al regular su comunicación con el mundo exterior. Si bien a
algunos lugareños se les concedía acceso periódico a la finca en calidad de
trabajadores por hora, los terratenientes se oponían a que sus peones trabaran amistad o contrajeran matrimonio con residentes de otras haciendas
y pueblos. Por lo general, los hacendados impedían el paso a visitantes citadinos y vendedores ambulantes, y confinaban sus peones a la finca. Por
supuesto, el primitivo sistema de caminos de Yucatán impedía de cualquier
manera tales relaciones e intercambios. Por último, la heterogénea composición de la fuerza laboral acrecentó el predominante clima de aislamiento.
Para hacer frente a la escalada en la demanda de fibra posterior a 1880, los
henequeneros agruparon diversos conglomerados humanos que diluyeron
las mayorías de peones mayas endeudados y de trabajadores por horas de
los pueblos en una mezcla de grupos étnicos y lingüísticos extrafios: yaquis deportados, asiáticos contratados, enganchados provenientes del centro de México. De este modo, la estrategia de los henequeneros de ''importar" trabajadores mexicanos por contrató y prisioneros de guerra, y lo
que ellos denominaban con eufemismo "colonos extranjeros", no sólo solucionaba una endémica escasez de mano de obra: también, disminuía las
posibilidades de creación de viables comunidades de trabajadores.
El poder y la influencia henequeneros, desde lnego, trascendieron los
límites físicos de la finca. Los propietarios contrataban regularmente cazadores y jefes políticos (estos últimos por lo común miembros de sus
extensas familias y clientelas) para hacer regresar a los peones fugitivos
que buscaban refugio en las áreas urbanas o, más probablemente, en los
pueblos o fincas vecinas dentro de la zona henequenera. Durante los afios
iniciales del auge de la fibra, los henequeneros anunciaban en los periódicos de Mérida y ofrecían recompensas por la devolución de los sirvientes
escapados. Sólo desaparecieron estos avisos cuando periodistas de la ciudad de México los citaron como clara prueba de ]a existencia de esclavitud
en la península. 19
Tan precaria era la existencia en los pueblos de la zona que, ellos
mismos, constituían en conjunto la segunda esfera complementaria del
mecanismo terrateniente de aislamiento. El hecho de que los henequeneros pudieran ejercer el poder tan libremente y que los fugitivos tuvie-

]o$eflh y WeU,: Dominación y re,i,tencia en hu hacienda, yucatecaa

227

ran tan sombrías esperanzas de encontrar refugio, sugiere en parte la existencia miserable de las comunidades a fines del porfiriato. A medida que
las alternativas económicas se estrechaban y la urdimbre social de la vida
en el pueblo se disolvía, se canalizaban más y más campesinos hacia las
grandes fincas henequeneras.
Como es fácil suponer, la lógica expansionista del monocultivo relegó
al olvido la vida tradicional del campesino. Al intensificarse el auge, el
cultivo del henequén requirió cantidades cada vez mayores de tierra y
mano de obra. Los henequeneros compraron las tierras de los pequeños
propietarios colindantes, tanto con el propósito de adquirir su fuerza laboral como para extender la producción a esos campos.
Absorbieron esas pequeñas propiedades auxiliados por la política
agraria del estado oligárquico: por disposición de las leyes de reforma de
1856, todas las formas corporativas de tenencia de la tierra habían sido
abolidas, y las tierras ejidales debían ser divididas entre los cabezas de
familia del pueblo, cada uno de los cuales recibiría una pequeña dotación.
Con el auge inminente de la fibra, los hacendados no perdieron tiempo y
compraron las tierras ejidales de los jefes de familia de la zona. Sesenta y
seis ejidos, que totalizaban 134 000 hectáreas, fueron adquiridas por las
haciendas invasoras y entregadas al cultivo del henequén desde 1878 hasta
1912.20 En ocasiones el deslinde y parcelación de los ejidos estuvo acompañado por disputas y actos de violencia, sobre todo en las menos controlables áreas periféricas del área henequenera. De cualquier modo, al final
los comuneros y pequeños propietarios resultaron impotentes para detener
la expansión.
Tarde o temprano, la mayoría de los campesinos acudieron a trabajar
en las haciendas henequeneras en calidad de inquilinos, jornaleros por horas o, más comunmente, como peones acasillados. Los censos de fines del
siglo XIX revelan que el número de peones se elevó de 20 767 en 1880, a
80 216 en 1900: un anmento del 386% en dos décadas.21
A medida que las fincas se robustecían, los pueblos se debilitaban. El
auge no sólo transformó las relaciones sociales de producción en la finca
henequenera: también alteró la compo~ción y el papel de los pueblos y
cabeceras de la zona (véase mapa).
El asalto efectuado por la hacienda a la tierra y mano de obra de los
pueblos se intensificó con el papel cada vez más importante del Estado

�228

Siglo XIX

Joseph y Wells: Dominació,n y resistencia en ku haciendas yucateca,

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1

229

en la vida rural, a partir de la segunda mitad del siglo. La elevación de impuestos, las frecuentes levas militares y las arbitrarias obligaciones de la
coroée (fajina) socavaron aún más los lazos corporativos de los pueblos y
debilitaron la relación simbiótica que habían mantenido con las grandes
fincas aledañas. Con algunas notables excepciones -como Hunucmá, cabecera situada a 25 kilómetros de Mérida, que siempre (y a menudo con
violencia) se opuso a la irrupción de la hacienda y a las exacciones del
Estado- los poblados campesinos de la zona henequenera se habían reducido para fines del porfiriato a una sombra de lo que había sido su existencia semiautónoma.
Para los campesinos que optaron por permanecer en los pµeblos, ahora desprovistos de tierra y con apenas un frágil sentido de comunidad,
el encontrar sustento se hizo cada vez más difícil. La mayoría se vió forzada a aceptar trabajo discontinuo en las fincas henequeneras de los alrededores, en donde se les pagaba " por pieza" en el corte de pencas de
henequén, o desmontando nuevos campos (planteles). Aparte de eso,
los pueblos de la zona ofrecían magras oportunidades de empleo a sus
residentes: unos cuantos afortunados consiguieron empleo en la estación
de ferrocarril cargando pacas de fibra; otros se emplearon en la Guardia
Nacional para restituir peones fugitivos a las haciendas vecinas, o hicieron cumplir el cobro de impuestos y los trabajos forzados en los caminos
para el jefe político; otros más trabajaban en establecimientos mercantiles
de la localidad o tejían hamacas y bolsos de henequén que se vendían en
Mérida. En ocasiones los campesinos tenían que combinar varias de estas
tareas en su lucha por mantener en los pueblos una existencia marginal
de "hombres libres".

Las condiciones de los campesinos se agravaron aún más a causa de las
limitaciones ecológicas de la suh-región.22 Debido a que el cuadrante noroeste de la península tiene un asentamiento de piedra caliza porosa, el agua
ha tenido históricamente un valor más elevado que la tierra. Al no haber
ríos, y con apenas unos cuantos cenotes a los cuales recurrir, el agua se
ha extraído de profundos canales subterráneos con ayuda de costosas
bombas y molinos de viento. El desarrollo de grandes latifundios durante
el auge concentró los escasos mantos acuíferos en manos de los henequeneros en expansión, que así contaban con otra herramienta para reclutar
campesinos como fuerza laboral.
A menudo, aún donde el agua no constituía un problema, lo era la delgada capa de tierra cultivable. Las cosechas insuficientes de maíz han sido

�230

Siglo XIX

siempre un problema para los campesinos mayas que residen en los calcáreos distritos del noroeste. La combinación de escasez de agua, baja calidad del suelo, plagas periódicas de langosta y expansión de latifundios redujeron al extremo la inventiva de los campesinos locales. Hacia fines del
porfiriato, muchos campesinos, despojados ya de la infraestructura colectiva que el ejido tradicional les había proporcionado, no pudieron sobreponerse individualmente a la pobre calidad del suelo del yermo, rocoso noroeste.23
Enfrentadas a las magras oportunidades de empleo y al inhóspito entorno social y físico de los pueblos que rodeaban la zona henequenera, la
mayoría de los campesinos tomó la decisión económicamente racional de
residir en las haciendas. La finca no sólo les proporcionaba empleo y artículos de primera necesidad (maíz, agua y leña): ofrecía también la exención legal de las levas militares y de la fajina. Por lo demás, el ámbito henequenero no presentaba otras alternativas. Incluso la huida hacia Mérida
o Progreso, principales centros urbanos, ofrecía pocas ventajas a los fugitivos o a los acosados campesinos. Podían encontrar refugio temporal en
los crecientes cinturones de miseria del puerto o la capital. Pero con su escaso conocimiento del español o de la ciudad, sin empleo, y exhibiendo las
maltratadas manos de un cortador de pencas, el jornalero maya era, al
final, blanco fácil de descubrir por las autoridades locales. Si tenía suerte, Jo regresaban a la finca para ser azotado o encarcelado; si no, podría
verse obligado a ingresar a la milicia estatal por orden de un prefecto de
distrito en busca de hombres aptos para cumplir con su cuota de leva.
Una tercera, reforzadora esfera de aislamiento redujo aún más la
posibilidad de fuga. A diferencia de sus ancestros, estos peones no se daban el lujo de "votar con los pies", de encontrar una zona de refugio en
plena selva del sureste.24 La brutal Guerra de Castas de mediados de siglo
había excluido efectivamente tal posibilidad al seccionar la península
en dos áreas distintas: la noroeste, de agricultura comercial dominada
por las élites de blancos, yucatecos, y las densas selvas plagadas de enfermedades de) sureste, último refugio del maya rebelde. En efecto, aún a
principios de este siglo, gran parte del sureste se encontraba bajo el dominio del implacable saqueador cruzob y del semi-autónomo pacífico, un poco más tratable. Aún cuando el aculturado maya del noroeste pudiera de
algún modo abrirse paso hasta la selva, salvando todos los obstáculos impuestos por las autoridades estatales, hallaba poco en común con sus hermanos, el cruzob y el pacífico, ya culturalmente distintos.25 No es de sorprender, por lo tanto, que pese a sus vastas extensiones de tierra fértil y

Joseph y Wells: Dominación y residencia en uu haciendas yucatecas

231

barata, el sureste permaneciera sin desarrollar, casi como tierra de nadie,
durante la segunda mitad del siglo XIX.
Una de las principales preocupaciones de las autoridades peninsulares
durante el auge fue la de mantener a salvo de las incursiones del cruzob a
los distritos del noroeste, entregados a la producción de henequén. Sin
embargo, desde la perspectiva del campesino maya o de los peones, ser llevado a los confines para prestar servicio en la primera línea de la milicia
estatal, en contra del cruzob (en caseríos remotos como Xoccén o Chemax ), significaba la mala suerte.
En 1901, cuando el presidente Porfirio Díaz envió un ejército federal
a erradicar el cruzoh de una vez por todas, insistió en que las colonias mili26
tares del sur yucatecas participaran en la campaña de "pacificación". Más
de 2 000 yucatecos morirían en la expedición, muchos de ellos campesinos
27
mayas de la misma zona henequenera.
Los reclutas aborrecían por igual las levas para las colonias Y para la
Guardia Nacional del estado; muchos de ellos intentaban escapar al vecino
Campeche al ver llegar los odiados jefes políticos. A l~s_hombres ~~ ~ntre
quince y sesenta años de edad se les exigía pre~~ sem~to ~n ~a.milicia cada año. Había tres modos de asegurar la exenc1on: a) s1 el individuo lograba pagar una cuota fija o encontrar quien lo r~mplazara en el se.~ cio;
b) si padecía una enfermedad debilitante (se exig1a compr?ban~ m~fico~;
c) 0 si se le clasificaba como trabajador permanente adscnto ~ease ac:1:'1llado ') a una hacienda.28 En vista de que normalmente la pnmera ?pcton
quedaba fuera del alcance de muchos campesinos, y ase~ar el ce~~fica~?
médico también resultaba costoso, los que deseaban evttar el semc10 militar en las colonias o en la milicia del estado a menudo se refugiaban (y endeudaban) en las haciendas.
De este modo, el estado usurpador y los intereses locales, a los que a
menudo servía, habían creado un mecanismo que era utilizado por el gobierno federal en su campaña para eliminar al cruzob, al tiempo que aseguraba a los henequeneros una fuerza laboral permanent~: Es importante
notar que los estatutos de reclutamiento creaban el espeJtsmo de una _alternativa, al hacer creer a los campesinos que ellos eran los que prefenan
la servidumbre en la finca a la "libertad" en los pueblos.
En 1902 las "alternativas" de los campesinos se restringieron aún
más, cuando ;l gobierno nacional seccionó la península con la creación del

�232

Siglo XIX

terri_torio federal de Quintana Roo.29 Ahora, el interior ya pacificado se
hab1a transformado en una vasta prisión federal para mexicanos criminales, desertores obstinados y prisioneros de guerra yaquis. Los opositores
del régimen de Díaz cumplían su sentencia en campos de trabajo infestados de paludismo y patrullados por el ejército federal, talando árboles de
ce~o y caoba, o laborando en concesiones chicleras auspiciadas por el
go~_1emo. La selv~. del sureste, refugio tradicional del disidente maya,
deJo de ser una opc10n viable en las postrimerías del porfiriato.
El ~ecino meridional de Yucatán, Campeche, no ofrecía mejores
perspectivas. Campeche fue en esencia un Yucatán en miniatura dura~te el po~iriato, con sus haciendas henequeneras, una leva propia, los
m1Smos confines hostiles y una milicia estatal que patrullaba la frontera
con Yucatán en busca permanente de jornaJeros rebeldes.
En resumen, el contorno de la península actuaba como una prensa
que confin~a a los campesinos, haciéndoles ver que su mejor opción
era el trabajo estable en las haciendas henequeneras. La leva, la Guerra de
Castas, los campos de trabajo de Quintana Roo, las fiebres de la selva y un
vecino en el sur que no ofrecía refugio seguro, todo conspiraba para enseñarle a los campesinos que "votar con los pies" estaba cargado de riesgos.
Por último, la remota ubicación de Yucatán, alejada del resto de ~éxico, constituyó el cuarto círculo de aislamiento que apuntalaba los idiomas del poder transmitidos por henequeneros y autoridades estatales. En
el fondo, por lo que concernía a los localistas campesinos mayas, Yucatán
era una isla encerrada en sí misma. Aun cuando los campesinos hubieran
d~s_eado abandonar por ~ompleto sus hogares y su patria chica (cosa que no
hicieron por un buen numero de razones culturalmente válidas), les habría
resultado muy difícil consumarlo: ferrocarriles y carreteras hacia el resto
de la nación no se implementarían sino hasta después de la Segunda Guerra \4undial. Entretanto, el único medio de comunicación con el resto de
la república lo constituía un irregular servicio de buques de vapor rumbo al
puerto de Veracruz. La geografía reforzaba el mecanismo de control concéntrico al restringir libertad de movimiento a las clases trabajadoras de
Yucatán.
Si la falta de movilidad sujetaba al maya yucateco a la zona henequenera, la distancia de Yucatán a la capital federal disminuía sus esperanzas
de alcanzar justicia social. La documentación existente sugiere que el gobierno central puso oídos sordos a las quejas de los campesinos durante

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las hacienda&amp; yucatecas

233

el porfiriato. Hasta su famo..a visita a la península en 1906, el presidente
Porfirio Díaz seguía siendo un concepto abstracto para la gran mayoría
del campesinado yucateco. Entre las decenac; de miles de cartas escritas a
Díaz durante el ejercicio de su cargo, apenas un puñado procedía de esos
campesinos, y menos aún de los peones acasillados.30 Si bien la política
porfirista era jerárquica y se basaba en el inOuyentismo, parece evidente
que los mayas se sentían excluidos de acudir a tal jerarquía. Rara vez se
tomaron la oportunidad de recurrir directamente al Gran Patrón de la
ciudad de México (aunque, sin duda, muchos peones se habrían sentido
demasiado apremiados para pensar siquiera en eso).
Incluso si los campesinos encontraban un abogado compasivo que
consignara sus quejas por escrito, eran escasas las probabilidades de recibir alguna respuesta significativa de parte del dictador. En general , Díaz
contestaba a peticionarios y gobernadores por igual, en un estilo mecánico y críptico. Muchas cartas parecen no haber obtenido respuesta alguna.31
El aparente desdén del dictador por enfrascarse en cuestiones puramente locales sólo habría sido igualado por la renuencia de sus gobernados a presentar quejas ante una autoridad superior. Los campesinos yucatecos de la época no mostraban los mismos sentimientos que sus ancestros de la colonia tenían por su soberano, el rey de España. La veneración
por el cargo presidencial brillaba por su ausencia y, sobre todo después
de 1910, los mayas acudían a instituciones locales, como el sistema judicial, en busca de remedio a la fonna injusta en que eran tratados.
En suma, los cuatro círculos concétricos de aislamiento actuaron a
semejanza de polos magnéticos, creando un campo de fuerza que repelía de los pneblos, de Mérida y el sureste a los campesinos (y peones rebeldes), y los atraía a las fincas henequeneras. En ocasiones esto se lograba mediante la coerción, pero con más frecuencia mediante la disminución del atractivo y posibilidad de otras alternativas. El mecanismo de
aislamiento no sólo predisponía al campesino a obedecer la autoridad de
la hacienda y facilitaba los aspectos coercitivos de las relaciones de poder: también, daba a los campesinos que "observaban desde fuera" una
visión distorsionada de la finca henequenera misma. Al evaluar sus alternativas, muchos campesinos acosados llegaron a preferir el status de residente en la hacienda que su mísera existencia en el pueblo (véase más
abajo el análisis sobre la seguridad).

�234

Siglo XIX

Joseph y Well&amp;: Dominación y resistencia en las haciendm yucateCIU

Es importante recordar que el mecanismo de control social de aislamiento no privó por completo a los campesinos independientes de la capacidad de decidir acerca de su propio futuro (y el de sus familias). Las
limitadas alternativas, se tratara de una preferencia personal por aceptar
el status de residente, contratarse como peón por horas, o no moverse de
las languidecientes cabeceras y pueblos de la zona henequenera, brindaban
a los campesinos mayas la sensación de ser actores independientes, aun
cuando las opciones concebidas por la élite terrateniente y el estado casi
equivalieran a elegir entre el menor de dos males. De cualquier modo,
quienes optaron por la permanencia en la finca henequenera, se toparon
con un tipo de coerción que explotaba su trabajo mediante la efectiva
combinación de los idiomas personalista y materialista del poder.

Coerción

/

Si el mecanismo de aislamiento otorgaba a los mayas yucatecos del noroeste cierta variedad ilusoria de elecciones, el embrollado asunto de la coerción les recordaba a los peones residentes en las fincas que podía emplearse
la fuerza directa si no se mantenían ritmos disciplinados de trabajo. Pero
incluso la coerción era un mecanismo multifacético que transmitía imágenes difusas de poder a los jornaleros. Esta cualidad ambigua, que permitía
impartir la coerción en algunos casos con furia catártica y, en otros,
transmitirla en forma más sutil para intimidar o ''imponer un castigo
ejemplar", era lo que confería a este mecanismo de control tal versatilidad.
A semejanza de las plantaciones azucareras del Caribe, la finca henequenera era un mundo aparte. Con la bendición del estado, los hacendados forjaron un poderoso sistema extra-legal de justicia que reforzaba su
relativo aislamiento. Los capataces (mencionados en los libros de cuenta
de las haciendas como "encargados", "mayordomos" o "personeros") sólo debían responder de sus actos ante sus patrones (que, en promedio, visitaban sus propiedades un fin de semana cada mes).32 Por ello, hasta que
la rebelión nacional maderista abrió un espacio político mayor, rara vez los
peones registraban sus quejas por la brutalidad del encargado o por otros
abusos ante las indiferentes autoridades estatales "de fuera".
El idioma personalista del poder tuvo su más clara representación en
el castigo corporal. Se creía que la flagelación era la herramienta más efectiva del encargado para controlar a sus peones. La representación más
gráfica de esta venerable práctica se encuentra en una fotografía que apa•

235

reció en la cruda narración de Henry Baerlein, México: Land of Unrest
(1914). La foto exhibe la espalda llena de cicatrices de un sirviente maya
de la hacienda de don Rogelio Suárez, yerno de Olegario Molina. Los encargados utilizaban el látigo por una variedad de razones: insubordinación,
rehuir el trabajo, disimulo, evasión y como antídoto regular contra la violencia generalizada que formaba parte de la rutina diaria en las haciendas
henequeneras. La flagelación, después de todo, no le costaba al hacendado
el trabajo diario de sus jornaleros, lo que sucedía al encerrarlos en el calabozo de la hacienda.33
El aforismo yucateco "d indio oye sólo con la espalda", era algo más
que simple humor negro: reflejaba la creencia generalizada entre la clase
dominante de que la disciplina debía ser reforzada por el ejemplo riguroso. El gobernador Santiago Méndez reafirmó este arrogante modo de pensar cuando observó: 34
En general se considera a los indios yucatecos como mansos, humildes, y que no se dejan llevar fácilmente por la ira y la crueldad... el castigo más usual entre ellos era la flagelación aplicada
con moderación. Este tipo de castigo no los ofendía, si se les informaba la razón por la que se les aplicaba, ni lo consideraban degradante ...

Aunque hoy nos repugna tal idea, muchos encargados compartían la opinión de que los azotes "con moderación" reforzaban la disciplina en el sitio de trabajo, y que eran una herramienta efectiva de control social. Otro
observador comentaba que los jornaleros mayas eran "dóciles, obedientes
y sumisos ante las órdenes del amo, la aplicación de unos cuantos golpes,
35
como último recurso, resulta invariablemente efectíva". Las implicaciones de la racionalización de los henequeneros era un mensaje inequívoco
para las clases trabajadoras: los jornaleros eran subordinados que requerían, incluso esperaban, el látigo, tal como los niños esperan que sus padres
los disciplinen. Esta deshumanización explícita asumió en Yucatán un carácter racista: los mayordomos y otros administradores invariablemente tenían apellidos españoles, mientras que los peones eran, en su mayoría, indios mayas.
Uno de los pocos casos hallados en los registros judiciales en que un
peón residente protestó por una flagelación, demuestra por qué tales
casos rara vez se llevaban ante el poder judicial del estado. En 1912 los padrastros de un sirviente de dieciséis años de edad condujeron ante un tribunal al mayordomo de una pequeña hacienda del distrito de Sotuta, por la

�236

Joseph y Wells: Dominaci6n y resistencia en las hacii&gt;ndas yucatecas

Siglo XIX

flagelación de su hijastro (debida a insubordinación). Sin embargo, avanzado el proceso, los demandantes se retractaron y dijeron que el mayordomo sólo había disciplinado a su ingobernable hijo, que tanto lo necesitaba. La madre, de hecho, contradijo su propio testimonio anterior: negó
que el muchacho hubiera sido azotado, a pesar del testimonio médico que
corroboraba el castigo corporal y que los mismos demandantes habían presentado.
Huelga decir que los cargos fueron retirados. Si bien tal vez nunca sepamos con exactitud qué sucedió, las implicaciones son claras: el hacendado (en este caso, Hemando Ancona Pérez) tenía tantos modos de ''persuadir" a sus sirvientes de la importancia de arreglar sus asuntos fuera de los
juzgados, que pocos acasillados aprovechaban sus derechos como ciudadanos mexicanos.36 El mínimo uso de los peones residentes de los recursos
legales de reparación muestra un contraste claro con la actitud de los campesinos libres, situados al margen del monocultivo: recurrían con regularidad a presentar sus quejas ante las autoridades judiciales.
La "Justicia"/coerción de la hacienda también se administraba mediante el uso de calabozos construidos para encarcelar provisionalmente a
los infractores. En vista de que el alcoholismo constituía un grave problema, muchos peones que provocaban desórdenes cuando se intoxicaban terminaban durmiendo la borrachera en el calabozo. En la hacienda Tamanché, camino a Progreso, la cárcel anexa a la tienda de raya era tan pequeña
que parecía poco más que una celda para confinamiento solitario. De techo bajo y con sólo dos ventanas pequeñas para contrarrestar el asfixiante sol tropical, aun una breve estancia en el calabozo de Tamanché debió haber sido una experiencia infernal.
El mecanismo de la deuda y su complemento, la tienda de raya, eran
dos componentes indispensables del personalista idioma de poder de los
henequeneros, adaptados ambos de la hacienda maicero-ganadera tradicional. Esas instituciones conjuntadas reforzaron la inmovilidad de los
peones. En 1882 la Ley Agrícola Industrial del Estado de Yucatán reiteró leyes de peonaje que estipulaban que el peón que abandonara el empleo sin pagar las cantidades que adeudaba sería e~juiciado legalmente.
Además, si el sirviente deudor escapaba y se refugiaba en otra finca el
propietario que lo ocultara podría ser arrestado.37 En contraste el 'artículo V de la Constitución de 1857 (por el cual nadie debía ser obligado
a prestar servicio personal sin justa compensación y pleno consentimiento, cláusula que tomaba ilegal el acasillamiento) era ignorado por las

237

élites: violaban el espíritu de la ley federal justificando el peonaje con
el eufemismo de que era un "simple contrato que convenía a ambas partes ".38
Después de todo, las deudas eran una práctica de trabajo establecida
desde la época de la colonia, y había impregnado a través de la historia
las relaciones sociales en la península. El peón tenía dos tipos de deudas,
la chichán cuenta y la no hoch cuenta. La primera representaba una pequeña deuda por compras diarias y sueldos semanales, mientras la última era una cuenta grande (utilizada para eventos importantes como matrimonios O bautizos) de la cual el peón raramente se libraba. De hecho
la deuda del peonaje estaba tan arraigada en las prácticas de trabajo locales que los contratistas ferroviarios yucatecos utilizaron esla institución
para limitar la movilidad de su escasa fuerza laboral. Además, los estatutos legales locales aceptaban el avalúo de la deuda del trabajador como
gasto legítimo, lo que concedía mayor legitimidad -sin m~ncionar la
ventaja financiera- aJ acasillamiento. Específicamente, el articulo 2030
del Código Civil del estado estipulaba que las deudas de los peones deberían incluirse en el inventario de la propiedad. Nelson Rubio Alpuche,
prominente abogado local, lo expresó sin rodeos en un expediente legal
de 1895 cuando dijo: "En Yucatán no existen cuadrillas libres de peones. . . La hacienda que no cuenta con personas obligadas por contrato
.
. , val ,,39
personal ... no tiene mngun or.
Por consiguiente, si el endeudamiento de la mano de obra era una
práctica establecida, lo que cambió durante el auge fue la apremiante ?ecesidad del henequenero de asegurarse de que sus jornaleros no saldarian
las deudas. 4º Como resultado, las relaciones relativamente flexibles que habían caracterizado el régimen laboral prc-henequenero se endurecieron con
rapidez. Ahora, los henequeneros conseguían la ayuda de la a~recentada
burocracia del estado para asegurar que las deudas no fueran cubiertas. Los
jueces de paz y jefes políticos a nivel de distrito ~?°peraron_ con los pr~pietarios para dificultar a los deudores la reparac1on en el sistema de tribunales. En muchos casos, la colaboración estaba consolidada por lazos de
parentesco entre hacendados y los funcionarios estatales.
El caso de Juan Bautista Chan es un ejemplo útil de tal colaboración
entre las élites.41 Para 1912, Chan, peón acasilJado de la hacienda San José en el municipio de Hoctún, había acumulado unos 400 pesos de deuda.
Por razones que no se especifican, huyó de San José y se estableció en
Tahmek, un pueblo distante. De acuerdo con Chan, trató de pagar la deu-

�238

Siglo XIX

da aJ juez de paz de Tahmek, Segundo Sergio Echeverría.42 Sin emhargo, el juez rehusó aceptar el pago porque el asunto quedaba fuera de su
jurisdicción. Aconsejó aJ peón regresar a Hoctún y pagar en el establecimiento comercial de Aurelio Gamboa, un hacendado de San José de gran
poder político. El abogado de Chao señaló que su cliente tenía el derecho
legal de pagar la deuda en la jurisdicción que eligiera, y solicitó al Tribunal
Superior que obligara al juez a aceptarlo. Por su parte, el juez Echeverría
negó conocer a Chao y presentó testigos que apoyaron su argumento. Como era de esperarse, el Tribunal Superior falló en favor del juez. El caso es
una ilustración implícita de la afinidad entre los henequeneros y el sistema
de justicia, e indica lo difícil que resultaba para los acasillados el pago de
su deuda, incluso en los raros casos en que podían hacerlo. Por otra parte,
sugiere que Chao no estaba dispuesto a regresar a Hoctún, ya que podría
ser atrapado por las autoridades locales confabuladas con Gamhoa para enviarlo de regreso a San José.
Si las autoridades trabajaban mano a mano con los henequeneros para
dificultar el pago de deudas, las tiendas de raya proporcionaban a los hacendados la excelente oportunidad de acrecentar el pasivo de sus jornaleros. La mayoría de los peones acasillados adquirían sus bienes en estas
tiendas, ya por la disponibilidad de crédito, ya por simple conveniencia:
como hemos visto, a menudo los peones tenían dificultad para salir de la
hacienda y hacer las compras en otra parte. Las tiendas de raya, que en
ocasiones pertenecían al mismo henequenero y en otras se rentaban a comerciantes locales, coadyuvaban a reforzar la inmovilidad de los peones.
Los hacendados pagaban los salarios en vales canjeables en la tienda.43 El
uso de vales variaba de una hacienda a otra y sólo en raras ocasiones podían negociarse en tiendas de los pueblos vecinos. Aunque a muchos jornaleros se les pagaba por pieza y no mediante un salario diario
fijo (para acelerar los niveles de producción), sería desacertado concluir que estos "proletarios rurales" eran asalariados en el sentido moderno del término. Nunca hubo pretensión de parte de los henequeneros
de que los jornales alentaran una economía monetaria o un mercado laboral libre en la zona. Los peones henequeneros tenían poco acceso al
dinero "real": el salario que ganaban se deducía de una cuenta que prácticamente nunca se saldaba.44 Por último, como para añadir afrenta al
agravio, algunos documentos de las haciendas revelan que los propietarios acrecentaban la deuda de sus jornaleros cobrándoles el desayuno.45
Como podrá imaginarse, el peón nunca tenía que salir del sagrado recinto de la hacienda. Desde el punto de vista de la comodidad, la tienda

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca&amp;

239

ofrecía una amplia variedad de artículos, que incluían alimen~os, manta
cruda y enseres domésticos, escopetas y pólvora para la caz~ Y finé!-illlente,
· • m odo último en popularidad ' licor. Los hbros de. cuenta
aunque de rungun
, .
de Ja Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas, S. A._, empres:i mulbfacehca
de la remota región oriental, son evidencia del co_ns1der~le ~ngreso que generaba a sus propietarios la cantina anexa a la be~da. Si ~1en algu~as haciendas no tenían cantinas en el predio, la mayona v~n~1a aguardiente a
sus trabajadores. Los críticos sociales, afectos a fasbd1ar al g~bernad~r
Olegario Molina por sus intentos de infundir a las clases. trabaJadoras de
Yucatán una moralidad positivista y pistina que predicaba ~n fo~a
enérgica la abstinencia, se regocijaban en señalar esta evidente hipocres1a.
De este modo, el flexible mecanismo de coerción. qu~ &lt;:°mbinaba elementos de castigo corporal, un sistema extra-legal de JUSbc1a en favor del
propietario, el acasillamiento y la tienda de raya, era un arm~ -~dero5:1
el arsenal de control social del henequenero. Fue la yuxtapos1c1on de di: ~ instiruciones personalistas -en forma individual y combinada-:- Y
modo materialista de producción implantado en la finca, lo que al~en~o
las mayores contradicciones sociales en el monocultivo del h~~equen. Sm
em bargo, dado que la meta definitiva era, la máxima producc1on. de. fibra,

de!

los hacendados comprendieron que pod1an exagerar el autontartS~,º ,~
e a menudo, la fuerza era más efectiva si se aplicaba "con moderac1on .
:a' es la razón por la que instiruciones coercitivas ~orno 1~ deuda y 1~
· da estaban tan m
' tunº amente ligadas a otro mecarusmo mas aceptable.
ben
la seguridad.

Seguridad
Había que hacer creer a los peones residentes que las relaciones s?ciales de
la finca, aun cuando fueran de explotación, les ofrecían algo mas que flatos ocasionales y una deuda de por vida. El hecho de que los hen~quene:s pudieran emplear con eficacia instiruciones como el endeudauue~to
la tienda de raya para constreñir a los acasillados (al tiempo_que restnn~a
su movilidad y les proporcionaba un cierto grado de segundad), acenbia
la multiplicidad de papeles desempeñados por es~ instiruci~?es durante el
Yucatán porfírista. El mecanismo de seguridad Vta cooptac1on era el ~do
opuesto del aislamiento y la coerción, ya que proporcionaba algo tangible

'!

�240

Siglo XIX
]oseph y Wells: Dominación y resistencia en 10$ haciendas yucateCO$

a los peones residentes a cambio &lt;le su trabajo: una fundamental seguridad
47
de subsistencia. Como explica un estudioso del tema: "los peones permanecían en la hacienda (no obstante el maltrato) porque era lo razonable,
además de lo acostumbrado".48

241

con el de los periféricos.

CULTIVO DE MAIZ EN LA ZONA HENEQUENERA, 1896-1912ª
Al proporcionar un abasto continuo de maíz importado, frijoles y carne en la tienda, los henequeneros se convertían en los únicos en controlar
la clave para la subsistencia en la zona henequenera. Después de 1880, con
las atractivas ganancias del monocultivo claramente a la vista, los henequeneros se apartaron de la autosuficiencia y se apresuraron a convertir sus
maizales en henequén. A pesar de que el maíz importado era más costoso,
resultaba más rentable comprarle a los comerciantes de granos de Mérida
los alimentos básicos necesarios para los peones acasillados.
Es interesante hacer notar que estos esforzados importadores eran las
mismas casas exportadoras que compraban la fibra a los henequeneros.49
Lo más importante: los henequeneros ya no tenían que dar parcelas a los
milperos, puesto que podían conseguir maíz en la tienda. Aun cuando los
peones henequeneros se quejaban amargamente de la baja calidad del
maíz importado (al que algunos llamaban "rancio" y le atribuían erróneamente el origen de los brotes de pelagra, desorden nervioso causado por deficiencia de la vitamina B), para 1910 el maíz importado ya había reemplazado al autóctono como sustento principal en la dieta del campesino yucateco.50 Una vez más, perdían los campesinos: durante más de un siglo habían disfrutado de un considerable mercado interno, al proporcionar su
excedente de maíz y frijol a las haciendas cercanas.
La infraestructura del monocultivo (cuatro líneas ferroviarias que comunicaban las zonas agrícolas con Mérida y el puerto de Progreso) erosionó la viabilidad económica de los pueblos de la zona al transportar maíz
importado, frijoles y carne desde el puerto a la península. Para 1910 el
cultivo de maíz en la zona se encontraba en un estado de irreparable decadencia. Las estadísticas (véase el cuadro anexo) narran la historia: los niveles de producción de partidos comoMaxcanú, Mérida, Motul y Tixkokob
demuestran hasta qué grado los tentáculos del monocultivo habían usurpado las tierras de la milpa en d noroeste. Si comparamos las cifras referentes al cultivo en la zona con los de los partidos "periféricos", encontramos que el cultivo en los distritos henequeneros palidece en comparación

Partido

Promedio de hectáreas
cultivadasb

Acanceh
Hunucmá
Izamal
Maxcanú
Mérida
Motul
Progreso
Temax
Tixkokob
Promedio de la zona henequenera
Promedio de la zona no-henequenera
Promedio de Yucatán
a)

2 332
4 515
4 225
3 461
579
1 800
313
2 792
1 073
2 343
5 683
3 805

Existen datos confiables para cada partido para 1897-l?0~, 19081910, y 1912. Los datos del promedio de cultivo de Yucatan •~cluyen
todos los años mencionados más los de 1896 y ~ ~~~. El partido, Las
formaba parte de Yucatán antes de la d1vmon de la pe~tnsuI1
, de¡ tern·tono
· de QUJ ntana
las as,
en que
1902, con la subsecuente creacion
Roo, se excluyó para 1896-1901.

b) Los promedios por partido fueron calculados y redondeados po~ los
t
Debe tenerse cuidado con "rulS cifras: representan las milpas
en las haciendas y villas, y ~o s~n ci~r:is globales de_producción. Las plagas de langosta y las lluvias ,msuf1c1entes y ex~es1vas causaban estragos en la producción de ma1z en_ toda_ la pentnsula. Por
desgracia, los datos en el estado eran demasiado rrregulares para resultar estadísticamente útiles.

;r;;:~as

FUENTES: para 1896-1901, Boleti'n de Estadística, passim; datos sobre el
cultivo del maíz para 1907-1912, El Diario Yuc~teco, 22 d~ f:brero de
1910; El Agricultor, 1907-1908 passim; y Boletin de Estadistica, 19081910, passim.

�242

Siglo XIX

En efecto, en los distritos en que el henequén no invadió totalmente
las tierras y donde las comunidades campesinas pennanecieron relativamen.
te intactas (por ejemplo: los partidos de Tekax, Valladolid, Ticul, Espita,
Tizimín y Sotuta) el cultivo promedio de maíz superó en más del doble
al de la zona henequenera (5 683 has. vs.2 343 has.). Mientras que medio
siglo antes los partidos del noroeste suministraban los artículos de primera
necesidad a los distritos de la periferia, ahora importaban maíz mexicano y
extranjero. La parasitaria economía henequenera, al absorber la tierra y
mano de obra de los pueblos de la zona y negarle a esas comunidades un
papel de consideración en la economía regional, condenaron a los acosados
pueblos a una lenta y dolorosa muerte económica durante el porfiriato.
Obviamente, sin medios de vida suficientes en las comunidades, las abundantes reservas de la tienda de raya adquirieron mayor importancia dentro
de la estrategia general del hacendado para atraer (y confinar) trabajadores.
La tibia clase de paternalismo practicado en las fincas henequeneras
también sobresalió en el mecanismo de seguridad. Como hemos visto, la
mayoría de los hacendados yucatecos eran propietarios ausentes que deja•
han el manejo diario de las explotaciones a sus encargados. Por lo comun,
el jornalero planteaba sus problemas, quejas y peticiones a un empleado a
sueldo. Los hacendados escrupulosos visitaban sus haciendas los fines de
semana, prefiriendo pasar el resfo del tiempo en Mérida, donde podían
vigilar sus innumerables inversiones y disfrutar de los atractivos c~lturales
de la vida urbana. Esto no significó que ciertos hacendados no se mteresaran por sus peones, o que no existieran en Y ucatán durante el porfiriato
relaciones patemaJistas basadas en las obligaciones y responsabilidades mutuas. La institución del compadrazgo, por ejemplo, ataba inform~ente al
,
51
peon y su amo.
Pero sería un error suponer que ese patemalismo alentaba lazos vigorosos de adhesión. Menos aún, algún acuerdo o entendimiento cultural
entre el maya asimilado y sus amos.52 El sirviente maya y el dzul (el amo
yucateco) estaban divorciados por una polaridad cultural que socavaba la
confianza.
Un claro ejemplo de cómo esa división cultural debilitaba el paternalismo se reflejaba en las maneras diferentes en que dzules y mayas - durante
el porfiriat0- percibían los tratamientos médicos, la atención de la salud.
Los hacendados proporcionaban una mínima atención sanitaria e~ la hacienda. Puesto que los médicos no eran elementos permanentes en runguna
finca, salvo las más grandes, la mayoría de los sirvientes, cuando enferma-

Joseph y Welh: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca&amp;

243

han de&gt; gravedad, eran transportados por tren a la villa de su patrón en
Mériaa: allí los atendía el médico de la familia hasta que se recuperaban.
Si los acasillados requerían los servicios del hospital O'Horán de Mérida,
la única instalación sanitaria auténtica del estado, necesitaban ir acompa·
ñados de su amo o contar con penniso escrito de las autoridades de la hacienda.53 Sin embargo, los campesinos mayas se mostraban reacios a encomendarse aJ médico personal de su amo. Menos todavía a un hospital:
consideraban culturalmente desconcertantes, incluso aterradoras, las prácticas de los médicos citadinos.
Un ejemplo que viene al caso es la infortunada historia de Eleuteria
Ek, muchacha que vivía en la hacienda Santa Bárbara, cerca de Cansahcab,
en el partido de Temax.54 El 8 de octubre de 1907 Ciriaco Santos, mayordomo de Santa Bárbara, ordenó a los padres de la enferma Eleuteria, de
doce años de edad, trasladarla a la casa principal. Eleuteria estaba afectada
de influenza, atestiguó Santos, y la hacienda tenía por norma aislar tales
contagios. Al principio los padres de Eleuteria, Crisanto Ek y Micaela López (quien provenía del cercano Cansahcab pero que ahora vivía en la hacienda), rehusaron entregar a su hija, alegando que la necesitaban en casa
para los quehaceres domésticos. De acuerdo con el testimonio de Crisanto
y Micaela, fue entonces que los hombres del mayordomo arrastraron físicamente a Eleuteria hasta la casa principal, y se previno a los padres de que
los azotarían si se seguían oponiendo. Al día siguiente, Eleuteria fue llevada en tren a Mérida para recibir tratamiento médico y convalecer en casa
del hacendado, Pedro Luján.
La escena (descrita con emoción en el testimonio de los padres ante el
tribunal) de la niña sollozando histérica mientras su padre y su madre observaban impotentes en la estación ferroviaria de Cansahcab, pone de relieve los mundos diferentes en que vivían el campesino maya y sus paternalistas amos. Aunque en general, durante el auge, no se separaba a las familias
los campesinos mayas temían que después de que se llevaran sus hijos a la
residencia del amo, en la capital, podrían quedarse como sirvientes. Quizás
por ser oriunda de un pueblo, Micaela se atrevió a presentar la queja ante
el juez de paz de Cansahcab. El juez le concedió penniso para viajar a Mérida, recoger a su hija~ regresada a la finca. Resulta interesante el hecho de
que el expediente se cierra con la declaración de Micaela, quien dio fe de
que Eleuteria fue bien tratada en Mérida: un tranquilizante epitafio judicial para tan perturbador incidente. Es evidente que el tribunal deseaba ha.
cer saber que si bien se permitía que los padres condujeran su hija a casa,
también era preciso que la reputación del hacendado quedara absuelta de

�244

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

Siglo XIX

cualquier sospecha de maltrato.
. La historia de Eleuteria es una ilustración gráfica de la falta de confianza entre el maya y el dzul. Algo en apariencia tan inofensivo como el
tratamiento médico era distorsionado por tensiones culturale~ que debilitaban, en lugar d~ reforzar, los lazosclientelares. Tal vez la observación que
hace Nancy Far~ss acerca del maya yucateco de la colonia sea apropiada
para los ~e~e_nd1entes me~?r asimilados por la cultura de fines del siglo
XIX y pnnc1p1os del XX: Los mayas no tenían hospitales ni deseaban tenerlos, pues _habían llegado a la conclusión, no del todo infundada, según
sus observaciones, de que estas instituciones europeas eran para irse a morir" 55
Resulta irónico que tales sospechas fueran albergadas por las familias
mayas precisamente cuando las intenciones del amo eran a toda luces
altruis~s (si bien paternales). Los apologistas se han empeñado en elogiar a
los benevolos hacendados que se preocupaban por sus sirvientes enfermos
ya transportándolos a sus casas de Mérida, o llevándolos personalmente~
56
ho~pital O'Horan. El caso de Eleuteria, y otros semejantes, hacen necesar~o un _nuevo examen del paternalismo en la finca henequenera: el altruJSmo bien puede estar en los ojos del observador.
Aun~ue las discordancias culturales entre amo y sirviente templaron
sus relaciones, la fundamental seguridad de subsistencia que ofreció el
mon~cu~tivo durante gran parte del porfiriato, aparejada con el deceso
econom1co de los pueblos cercanos, permitía reclutar peones y engancharlos a los disciplinados ritmos de la producción de fibra. El hábil ma~ejo por parte de los henequeneros de los tres mecanismos complementa~os de control social (seguridad, aislamiento y coerción) mantenía a los
Jornaleros ~tados al trabajo. Sin embargo, pese a que se encontraban muy
a la defensiva durante el auge del henequén, con frecuencia lograron responder a la estructura de dominación por vías diversas y creativas.

LAS FORMAS DE LA RESISTENCIA

-

Con todo y lo formidable que era, la estructura de dominación del monocultivo henequenero no privó -de hecho, no podía privar- por completo
a los peones acasillados de recursos para protestar y para expresar su calidad de humanos. Una cierta cantidad de "juego" debe introducirse aún en
los sistemas laborales más coercitivos. La implementación de cualquier me-

245

dio de control social (trátese de azotes de parle del encargado, uso de documentos de identificación para inhibir la movilidad del trabajador en el
campo, reclutamiento a la despreciada Guardia Nacional o maniobras del
sistema de justicia penal), requiere un cierto grado de flexibilidad para
asegurar su máxima eficiencia. Si el mecanismo de control es demasiado rígido o restrictivo, si no permite excepciones, es probable que su
utilidad disminuya: aquellos a los que está dirigido se resistirán cada
vez más. No es de sorprender que hayamos descubierto que, pese a sus
aspectos coercitivos, el idioma del poder característico del monocultivo henequencro permitía a los peones residentes un cierto margen
de adaptación a las rápidamente cambiantes circunstancias, utilizando
los recursos culturales a su alcance. En el proceso, se convirtieron en
agentes activos en la reformulación de las condiciones de su propia
opresión.
uestro argumento en este punto apoya hallazgos recientes relacionados con el casi contemporáneo régimen esclavista que impulsó al monocultivo azucarero en Cuba. A pesar de profundas diferencias en otras cuestiones, tanto Manuel Moreno Fraginals como Rebeca Scott sostienen que
57
los esclavos cubanos consiguieron forjar una cultura altema. Incluso bajo
las brutales condiciones de trabajo de los ingenios -donde laboraban hasta
veinte horas al día durante la zafra, literalmente sonámbulos entre calderas hirvientes y peligrosa maquinaria que cobraba vidas y miembros- los
desarraigados esclavos no consintieron (ni permitieron ser doblegados por)
el tratamiento que sus amos les propinaban. Scott concluye: "Los esclavos podían ser engañados, y sin embargo participar en una economía monetaria. Podían estar mal alojados, y aún así luchar por mantener a sus familias. Podían ser tratados peor que a las bestias, mas no convertirse en
bestias ,,_ss
Comparados con los bozales nativos de Africa y los esclavos criollos
que se afanaban en los ingenios cubanos, los peones ma} as de Yucatán
(que siempre integraron la gran mayoría de la fuerza laboral de la finca
henequenera) disfrutaron de diversas ventajas que acrecentaron su capacidad de resistencia. Como hemos visto, pese a su aislamiento y subordinación al dzul, el maya del noroeste poseía todavía una cultura definida, basada en la familia nuclear y extensa, y reforzada por creencias y
prácticas religiosas sincréticas. ,\ diferencia de muchas sociedades esclavistas, la familia maya de la zona henequenera rara vez era separada, aun
por los amos más despóticos. De hecho, la escas1·z crónica de mano de
obra, característica permanente del auge, operó para limitar cualquier

�246

Siglo XIX

des~lazamiento del peón de una fir.ca a otra. Además, las familias de los
acas1llados habitaban viviendas de varas entretejidas y blanqueadas con
cal, y no en las barracas impersonales -en las que se separaba a los hombres d~ las ~ujeres, y que contenían hasta doscientos esclavos- de los
vastos mgemos cubanos. Es decir que, por lo menos, la unión familiar de
los mayas ofrecía un cierto grado de consuelo y refugio contra los estragos del sistema de explotación.59
Sin duda, la habilidad de los peones para moldear una cultura alte
. b
~. ~
se vio o stacuiizada durante el auge por la intensificación del régimen laboral. No obstante, los henequeneros siguieron considerando con cierta
ala~a. la potencia~ soli~aridad maya y, como hemos visto, diluyeron a
P~~~SJto la _aproxunac1on de los acasillados con grupos étnicos y lin~1~ticos foran_eos. Los dueños de las plantaciones cubanas adoptaron
SJmilar estrategia al c~ntratar trabajadores chinos. Sin embargo, ninguna
de las ~~s clases domma_ntes logró eliminar finalmente el espacio cultural
que legitimaba l?s des~fws a su heg~monía. Parece evidente que los indígenas de Yucatan teman mayor capacidad de resistencia que los esclavos
cubanos, muchos de los cuales eran "forasteros", desarraigados y trasplantados desde el extranjero.60
. _Por supuesto, las formas de resistencia que los peones de Yucatán cons~gu1eron mont_ar c~ntra el monocultivo fueron configuradas por las relacione~ de dommac1on en coyunturas históricas concretas. Hasta fines del
porfinato, los peo~es mayas de la zona henequenera, al igual que sus equivalentes en las soc1e~des esclavistas más formales, rara vez se arriesgaban
ª, to":1ar parte en acciones colectivas violentas contra la élite terrateniente.
Cons1derand~ los ni_veles múltiples del mecanismo represivo que los henequneros haluan ÍOIJado en colaboración con d Estado las revueltas e insurrecciones, así como las operaciones organizadas de' bandolerismo estaban condenadas al fracaso, incluso a la masacre. Sin duda se suscit.ilian
estallidos esporádicos, indicadores de las desesperadas respuestas locales a
los ~articularmente atroc~s abusos de los henequeneros (y que, por lo
comun, provocaban excesivas venganzas por parte del hacendado). Pero
de manera general los peones mayas, como los esclavos del sur de Estados
~ni~os los del Caribe, no eran suicidas: ellos también consideraban que
s1 bien el hombre puede ser muerto a hierro ... ninguno desenvaina la espada para morir, sino para vivir por ella " .61 Además contaban con otras
alternati~as, con estrategias más modestas con las que los peones acasillados_ ~odian asestar un golpe, material y simbólico, a las exacciones y dominac1on de sus amos.

!

Jo,eph y Welu: Dominación y ruistencia en /a¡¡ hacienda, yucateca,

247

Estas "silenciosas" o "cotidianas formas de resistencia", como las denomina James Scott, podían incluir pequeños actos de incumplimiento
en beneficio propio, tortuguismo, zafarse del trabajo y fugarse; o, en plan
más agresivo, actos clandestinos de robo, incendio premeditado y sabotaje.
Aunque los científicos sociales les han concedido poca importancia, este
"fuego de armas ligeras de la guerra de clases", estas "armas de los débiles"
que acontecen fuera de los límites de los movimientos organizados, siempre han constituido la mayor porción de la política campesina (y de la
propia clase obrera).68 Asimismo, como afirma Scott en tono persuasivo,
es probable que hayan logrado así lo que no obtuvo la infructuosa resistencia annada: "conferir ventajas materiales inmediatas y concretas al
3
·
·
tiempo
que se ruegan
recursos a 1as c1ases usurpadoras... ,'16
En la zona henequenera, tales "rutinas" de resistencia resultaban muy
apropiadas para el ambiente de la plantación, socialmente heterogéneo y
de máximo control: requerían poco planeamiento, apenas un mínimo de
espacio para maniobrar, podían ser realizadas en secreto por un solo jornalero o por informales grupos diminutos. Además, evitaba cualquier confrontación directa (y por fuerza costosa) con el amo o sus encargados. El
sentido de tal resistencia no era el irrealizable objetivo de derrocar el sistema de dominación del monocultivo, sino más bien el de sobrevivir dentro
de él: hoy, esta semana, esta temporada. Es que, tal como generaliza
Eric Hobsbawm, la aspiración fundamental de los campesinos ha sido
siempre la de operar dentro del "sistema con un mínimo de desventajas.,_64
Esta diaria resistencia plantea un problema metodológico desafiante al
historiador social. Se la menciona poco en los documentos oficiales porque
no genera declaraciones programáticas, encuentros violentos y manifestaciones públicas que tienden a cautivar la atención del Estado. De hecho, la
meta de sus ejecutores es, precisamente, no atraer la atención. Además,
la burocracia estatal y las élites terratenientes locales tenían poco interés
en divulgar la incidencia de la insubordinación campesina: hacerlo significaba reconocer la existencia de políticas impopulares y lo límites de su
hegemonía. De este modo, con mucha razón afirma Scott que la historiografía de la lucha de clases ha sido estadólatra. Las insurrecciones menores
predestinadas al fracaso que han dejado huella en el papel impreso continúan preocupando a los estudiosos más allá de toda proporción frente a
su impacto en las relaciones de clases; mientras, "los silenciosos actos de
evasión, sabotaje y hurto, que pueden tener mayor importancia a la larga,
65
rara vez son mencionados ".

�248

Siglo XIX

En tanto que antropólogos como Scott asumen el papel de observador
participante para comprender de primera mano tales estrategias no confrontacionales, a los historiadores se nos ha dejado una relación escrita
incompleta que, de manera sistemática, resta importancia a las formas cotidianas de resistencia. Por ejemplo, sólo unas cuantas muestras sohre
peones que se zafaban de sus obligaciones, se hacían los disimulados, o se
insubordinaban (principales fonnas de protesta en las fincas henequeneras) han logrado colarse por las grietas de la documentación histórica. Los
funcionarios del estado consideraban que dicho comportamiento era demasiado insignificante para documentarlo (excepto en contadas y enfadosas disgresiones burocráticas), mientras que los henequeneros prefirieron no extenderse sobre el lado oscuro de la vida de las haciendas en las
ilustradas memorias que encomendaron a la posteridad.66 Por desgracia, en
lo que respecta a los peones, se pudo entrevistar a pocos con edad suficiente para recordarlo: ya no quedan muchos ancianos que den testimonio
de ello. Además, las historias orales incompletas que se han obtenido aluden al pasado en términos nebulosos y no permiten una comprensión profunda de las formas cotidianas de resistencia.67
Este dilema metodológico explica en buena medida el retrato más
bien estático y monocromo que surge de la literatura histórica sobre la
vida porfiriana en la zona henequenera. Como ya hemos observado, se
ha caracterizado a los peones como criados dóciles y atemorizados, y a
los amos y sus representantes como patrones omnipotentes y ubicuos que
se negaban a tolerar la más pequeña crítica a su autoridad, mucho menos
un desafío constante a los estrictos ritmos de producción. Por supuesto, tal
imagen suprime de la documentación histórica no sólo las formas rutinarias de resistencia, sino también, como veremos, los actos de protesta de
mayor coordinación y violencia que los peones iniciaron o secundaron durante las postrimerías del viejo régimen.
Pese a estar incompletos y desorganizados, y plenos de prejuicios ofi•
ciales (problemas que hemos abordado en otro lugar68 ), los expedientes
penales de Yucatán ayudan a corregir las deficiencias metodológicas e interpretativas de la literatura histórica. Los testimonios de los tribunales
documentan casos de las formas más rutinarias de protesta69 (eludir tareas, tortuguismo e insubordinación) y captan las fonnas más agresivas
70
de resistencia (abigeato, incendio premeditado, sabotaje). Por último,
proporcionan también un mirador hacia los motines, revueltas e insurrecciones que brotaron durante la época maderista. Además de arrojar luz
sobre los modos de resistencia, los testimonios personales ante el tribunal

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca

249

revelan en forma gráfica (Y a menudo conmovedora) momentos de la clase trabajadora durante el auge hencquencro que son testimonio de la
dura lucha cotidiana por sobrevivir. Si bien aquí no nos es posible reconstruir la textura y los matices del proceso global, sí podemos ilustrar la
amplia gama de resistt&gt;ncia que culminó con la ola de insurgencia de los
afios iniciales de la revolución mexicana.
Pese a las diversas formas de coerción que se aplicaron, el rehuir responsabilidades y el ausentismo siguieron siendo un problema durante el
auge para los encargados de mantener los niveles de producción. Los hacendados y su personal se quejaban continuamente de los flojos e inútiles
mayas. Los libros de cuentas de las haciendas comunmente muestran listas
de peones que, por una u otra razón médica, no trabajaban determinado
día: resulta imposible indicar cuánlas de eslas enfermedades eran fingidas.71 Es evidente que los henequeneros no lograron inculcar una actitud
''proletaria" en sus acasiJlados: es que :;u régimen laboral híbrido no era el
apropiado para producir tal cambio de menlalidad. Los peones, obligados
materialmente a cortar de 1 500 a 2 000 pencas espinosas al día bajo el
implacable sol tropical, que subsistían en perpetuo endeudamiento y con
severa constricción a su movilidad, encontraban formas de evitar el trabajo.
Aunque se les hubiera pagado por pieza, la deuda aumentó tanto para fines del porlirialo que pocos tenían perspectivas reales de liquidar sus
cuentas. En realidad, ;,qué incentivos podían tener los peones para
realizar las tareas asignadas, sin hablar de adquirir una ética del trabajo, si lo
único que generaba su esfuer-i:o era una insignificantt' disminución de la
deuda?.
o es de extrañar (Jlle el jornalero buscara escapes en el alcohol, con lo
que se agravaba el problema del ausentismo. Ni siquiera las flagelaciones
sistemáticas evitaban la costumbre popular de prolongar los fines de semana para abarcar el San lune.~. El alcohol era, por supuesto, el principal alivio de los peones residentes: la facilidad para conseguirlo en la tienda de raya indica que, en otro nivel, los henequeneros apreciahan su valor como
mecanismo de control social. De ahí que el alcohol represenlara un asunto
complejo en términos sociales., y es probable que aumentara o disminuyera
la resistencia en las fincas. Además de estar vinculado con el ausenlismo,
parece ser que t&gt;Ste tipo de intoxicación tuvo importante influencia en el
crimen y la violencia, endémicos en el agro yucateco durante el porfiriato.
Por ejemplo, en 1906 y 1907 los arrestos por escándalos en estado de embriaguez representaban del 55 al 70% de todas las aprehensiones hechas

�250

Siglo XIX

por las autoridades estatales. 72 Si bien las estadísticas de gobierno son muy
poco confiables y reflejan tanto patrones urbanos como rurales, destaca la
asombrosa incidencia del abuso del alcohol. Por otra parte, las cifras de gobierno no incluyen los incidentes manejados con más "discreción", fuera
del sistema judicial del estado, por los hacendados y encargados en las mismas fincas.
Los expedientes penales abundan en muertes y crímenes en los que el
tribunal dedujo que fueron inducidos o estimulados por el alcohol.73 Los
crímenes recorren toda la gama de ofensas: desde simple hurto y abigeato
de ganado hasta incendio premeditado, desde riñas domésticas y agresión,
hasta asaltos y asesinato. En muchísimos casos (probablemente en la mayoría) los peones eran victimarios de otros peones, 74 el anverso de la noción de resistencia "rutinaria" que da Scott: afirma con validez que en
~to los camp~in~~ están reducidos a arremeter contra (o ahusar de) sus
iguales, la aprop1ac1on por parte de las clases dominantes se ve favorecida
w~de~~~
'
Sin embargo, los expedientes penales contienen también una variedad
de casos en que los peones robaban ganado u otros bienes (e incluso asaltaban y mataban) a encargados y hacendados. Invariablemente, los defensores y testigos invocaban el beber en exceso: ya como explicación, ya como atenuante. Al parecer, el tipo de preguntas planteadas por los acusadores influía o predisponía las respuestas de los defensores, lo que sugiere la habilidad de los delincuentes rurales pobres para "seguir el juego".
Como sabían que los crímenes premeditados se castigaban con mayor severidad, al defensor le convenía alegar que la ofensa había sido causada
por embrutecimiento alcohólico, o en forma imprevisible.76 En consecuencia, es probable que los expedientes penales presenten un exceso de
actos no premeditados. Las autoridades comprendieron la importancia del
alcohol como un escape para el campesino, y los jueces parecen haberse
complacido en el estereotipo del indio ignorante y borracho.77 Pero estos
mismos jueces (por lo general hacendados o clientes suyos) también reconocían que si cada infractor (borracho o en plena posesión de sus facultades) recibiera su "justa" sentencia, las cárceles se habrían desbordado y
quedarían pocos brazos para trabajar en los campos henequeneros.78
En contadas ocasiones se nos presentan caso2 evidentes de resistencia
(episodios de abigeato, hurto y sabotaje) en que los peones hayan sido
aprehendídos en el acto mismo. El incendio intencional, por ejemplo, se
convirtió en una formidable modalidad de resistencia en la zona heneque-

Joseph y Wells: Dominación y re&amp;istencia en /tu hacienda.! yucatecas

251

nera, y se vislumbró como una amenaza constante a la producción durante
su auge. En 1908 Santiago May, jornalero maya, fue sorprendido con los
cerillos en la mano prendiendo fuego a 120 mecates de henequén (valuados
en 3 000 pesos) en la hacienda San Pedro, partido de lzamal.79 Aunque el
peón alegó haber estado bebiendo aguardiente, el juez, apoyándose en el
testimonio de numerosos testigos presenciales, llegó a la conclusión de que
el maya había actuado con premeditación y que nunca perdió el control de
sus facultades. Fue declarado culpable y condenado a seis años de prisión,
sentencia en extremo rigurosa si se considera que los homicidas a menudo
recibían penas más leves en el Yucatán del porfiriato.
La severidad de la sentencia de May (y de otros veredictos, aplicadas
en casos de destrucción de planteles y demás bienes de la hacienda) sólo
puede ser interpretada como una clara señal del estado oligárquico a los
peones: los delitos contra la propiedad constituían la ofensa más grave, y
no serían tolerados.80 Por otra parte, el incendio premeditado representaba uno de los pocos casos en que las autoridades estatales sentían la imperiosa necesidad de meterse en los asuntos internos de la hacienda: es que
podía borrar en cuestión de horas los ahorros de toda una vida.81
Aunque el veredicto en el caso May fue muy claro, a menudo se dificultaba a los jueces decidir sobre hechos de incendio intencional a causa del
clima tropical de la región. Los accidentales eran comunes en la zona durante la prolongada estación seca que abarcaba desde octubre hasta abril:
sobre todo en los abrasadores meses de marzo y abril, en que los campesinos
de los pueblos cercanos, empleando técnicas de agricultura tradicional
(swidden ), prendían fuego a sus milpas y desmontaban la tierra para la
próxima siembra. En ocasiones, un cambio en la dirección del viento transportaba chispas a los planteles henequeneros aledaños: una vez iniciado el
fuego, poco podían hac8t los encargados para evitar la conflagración, ya
que la capacidad para combatir incendios era muy limitada en el árido
noroeste. Uno de los mayores incendios de fines del porfiriato ocurrió en
la hacienda Temozón, a unos cuarenta kilómetros de Mérida, durante la
temporada más cálida de la estación seca, a finales de abril de 1908.
31 700 mecates de henequén de primera, valudos en más de cuatrocientos
mil pesos, se convirtieron en humo.82 Aunque por lo regular los jueces
porfiristas ordenaban diligencias tras la destrucción de planteles, dada la
naturaleza de la ecología se veían en apuros para encontrar culpables (más
aún para juzgar el delito).83

�252

Siglo XIX

Es evidente que las consideraciones sohre la mentalidad del peón y la
ecología de la región, así como la representatividad y parcialidad de los
•
mismos documentos oficiales, loman problemático extraer conclusiones
sobre la incidencia de la "resistencia consciente". James Scott afirma que
el historiador social difícilmente alcanza una comprensión cabal de las motivaciones del campesino. La efectividad y seguridad de la resistencia cotidiana dependen del secreto y de la aparente conformidad. Más aún, sos-tiene que las intenciones pueden estar tan incrustadas en la subcultura
rural y en la lucha diaria por asegurar la subsistencia, que permanecen
"inarticuladas".
A falta de evidencia definitiva, finalmente, el historiador debe evaluar
&lt;' inferir la int1·nción o motivación de los hechos mismos.
Cuando los intereses materiales de las clases dominantes se encuentran en
conflicto directo con los de campesinos o peones (por ejemplo, en lo que
atañe al acceso a la tierra, a la subsistencia o salarios y condiciones de
trabajo), Scott sugiere que los actos de abigeato, hurto y sabotaje put'den
a menudo presumirse como hechos de resistencia.84 Es probable que Scott
considere las defensas expuestas ante los tribunales por los peones (deterioro mental, accidentes derivados del ambiente) como coartadas convenientes que disfrazaban actos clandestinos de la lucha de clases.

el ambiente local

Scott bien puede exagerar en cuanto a una estrategia constante de la
resistencia cotidiana, en particular en lo concerniente a incendios. Si del
contexto social se debe inferir la resistencia, el historiador necesita estar
preparado para presentar un argumento convincente, si no de máxima garanlía.85 En Lodo caso, nuestros datos sobre las fincas henequeneras de
Yuca tán bastan para concluir que los peones acasillados desafiaban el régimen del monocultivo en diversas formas, que se intensificaban según los
daños que inílingían } el riesgo que conllevaba~
Sin duda la respuesta más conmovedora, negativa y total a la explotación era el suicidio. Los expedientes judiciales documentan un aterrador
número de muertes autoinfligidas, mU1·has de ellas inducidas por la pelagra
(deficiencia de vitamina B que produce descamación de la piel, comezón,
y en sus etapas avanzadas, desórdenes mentales)- '\sociada con el alcoholismo endémico de la zona hencquenera, la pelagra a menudo tenía trágicas
coTIS&lt;'cuencias. Que tantos peones se colgaran de los árboles o de las vigas
de sus casas, o se arrojaran a las norias, era prueba de su pobre dieta, atención médica inade1·uada y sentimientos de desesperación, con&lt;licionr~ que
se agudizaron aún más duran t.- los últimos años del porfiriato.86

Joseph y Welb: Dominación y resütencio en las haciendas yucatecas

253

La investigación judicial de la muerte de José María Eb proporciona
un espeluznante relato de los efectos perniciosos de la pelagra y el alcoholismo, y destaca el deterioro del paternalismo y seguridad en las fincas de
fines del porfiriato. Eb era un peón maya de setenta años de edad de la hacienda San José, finca ubicada en el rico distrito henequenero equidistante de Cacalchén y Motul. Fue descubierto completamente sepultado bajo
las pencas de un plantel henequenero por sus compañeros de trabajo Isidro
May, de 84 años, y Toribio Escobarrubias de 75. Los ancianos camaradas
de Eh fueron guidos hasta su cadáver por una concentración de buitres. Lo
que encontraron era tan horrible que resultaba casi indescriptible: los buitres habían devorado el cuerpo hasta dejarlo casi irreconocible, y se logró
identificarlo sólo por la ropa característica de Eh y su sabucán (costal). El
médico que lo examinó encontró el cadáver cubierto de las lesiones indicadoras de un caso avanzado de pelagra. May y Escobarrubias atestiguaron
que, debido a la enfermedad y a las intensas borracheras, Eh se había desplomado y perdido repetidamente el sentido de las semanas anteriores. En
ocasiones hasta había d&amp;iconocido dónde se encontraba y lo habían te87
nido que llevar a su trabajo en los campos.
Si bien el caso de Eh no se manejó como suicidio, sino que se imputó
a una aguda congestión alcohólica, los desórdenes mentales que con frecuencia acompañaban los nexos de pelagra y alcoholismo solían empujar a
los jornaleros a quitarse la vida. Es significativo resaltar que, a menudo,
los peones se colgaban de árboles o vigas, una forma de adhesión a los ritos y usos tradicionales.88 Las creencias religiosas precolombinas de los
mayas sostenían que los suicidas, a diferencia de la mayoría de los muertos -que enfrentaban un arduo viaje al otro mundo- eran recompensados con un viaje directo al paraíso. Se les asignaba un cielo especial, donde junto con otros infortunados, como criaturas sin destetar, "pasarían
una vida de alegría y ocio con todos los deleites imaginables bajo la sombra de una ceiba gigantesca (la sagrada yaxché) ". En realidad los suicidas
eran transportados a este paraíso por la diosa maya Ix Tab, "La de la cuerda" o "Diosa de los ahorcados".89
Aunque los arqueólogos no están seguros en cuanto al motivo por el que
los mayas concedían tan especial distinción a los suicidas, el hecho de que
esta creencia cultural probablemente lograra persistir hasta el siglo XX
confirma nuestro argumento de que la élite terrateniente y la Iglesia nunca
remodelaron completamente la ideología de los aculturados mayas d~I noroeste. La práctica y la percepción mayas del suicidio por ahorcamiento
sugiere que pudo haber otras tradiciones y creencias indígenes sustentan-

�254

Sy¡to XIX

do los actos diarios de resistencia: así, los mayas reformulaban otras formas
culturales de la sociedad dominante, y les conferían una significación y
relevancia diferentes.90

Aunque en muchos aspectos las formas de resistencia "más calJadas"
que utilizaban los acasillados se asemejaban a las que emplearon los esclavos de toda América, los recursos culturales con que contaban los mayas
tomaban más efectivas tales estrategias. En conjunto, representaban más
que un escape de las diarias indignidades de un sistema de explotación:
con la notable excepción del suicidio (que tenía su propio fundamento
cultural), estos mecanismos revelan una tenacidad para perseverar y, cuando se presentaba la ocasión, para impugnar las exigencias de los henequeneros sin arriesgar una confrontación abierta (y desigual). En .realidad, hasta los últimos años del porfiriato estas "pequeñas armas" eran las únicas
en el arsenal de los peones. Pero les permitieron hacer valer sus propios
intereses dentro de un régimen brutal, aun cuando esto significara tan sólo operar "el sistema con un mínimo de desventajas".
No obstante, después de 1907 nuevas coyunturas históricas facilitaron patrones más dinámicos de resistencia. Las consecuencias de la crisis financiera mundial de 1907-1908 en México (y en particular su forma
de socavar el régimen de Díaz) han sido tema de reciente debate, pero
no cabe duda de que el pánico internacional tuvo un profundo impacto en
todos los niveles de la sociedad del monocultivo dependiente de Yucatán.91 Con el desplome de la cotización de la fibra en 1908 (que continuó
casi constantemente a la baja hasta 1912) y la escasez de crédito una reacción en cadena de bancarrotas y quiebras comerciales asoló la p~nínsula y
repercutió en numerosos pequeños y medianos henequeneros.
Entre la espada y la pared, los apurados productores pasaron al ataque:
redujeron salarios, restringieron anticipos a los peones, extendieron el crédito en la tienda de raya, con una reducción radical de los tradicionales beneficios e incentivos paternalistas. Al mismo tiempo, los henequeneros aceleraron los ya coercitivos ribnos de producción: sus mtensas demandas dejaban a los peones poco tiempo o energía para atender sus pequeñas milpas,
en los casos cada vez más raros donde la finca no las había subsumido totalmente al monocultivo. Aparte del trabajo adicional que extraían de los
jornaleros, es posible que los hacendado,¡ hayan empezado a apropiarse di-

]0$eph y Welll: Dominación y resistencia en /0$ hacienda&amp; yucateea&amp;

255

rectamente del esfuerzo de los familiares de los sirvientes. Durante mucho
tiempo, los peones habían aumentado sus ingresos domésticos mediante el
jornal extra de los hijos adolescentes y las labores hogareñas desempeñadas
por esposas e hijas. El henequenero, ahora, privaba al acasillado y a su fa.
milia de un recurso estratégico en la continua lucha por mantener asegurada su subsistencia, al explotar en forma directa la fuerza laboral de los fa.
92
miliares dependientes, en particular de hijas y esposas.
Después de 1907, cuando el paternalismo ya no era más que un simple
eco y las exigencias del trabajo se intensificaban a medida que el acceso a
la milpa y los ingresos familiares suplementarios disminuían, los peones
residentes se convencieron cada vez más de que su calculado intercambio
de autonomía por seguridad ya no proporcionaba garantías de una subsistencia permanente. Sequías periódicas y plagas casi anuales de langosta entre 1907 y 1911 desgastaron aún más su horizonte de expectativas.
No es de sorprender, por consiguiente, que la confrontación violenta
-antes el último recurso y el más peligroso- se convirtiera después de
1907 en una respuesta más frecuente.
No se necesita recurrir a una simplista teoría volcánica de la violencia colectiva para explicar los motines locales y las revueltas campesinas
que ocurrieron en la zona henequenera entre 1907 y 1911, o las oleadas
más vastas de rebelión rural que recorrieron el estado en 1911 y 1912,
en las que se logró considerable apoyo de los acasillados. Los modelos
volcánicos o de curoa J sugieren que, al empeorar las condiciones económicas, se generan una relativa escasez y descontento que, con el tiem93
po, desencadenan la furia de las masas y la aci:ión colectiva. Sin duda,
en lo que atañe a los peones, la creciente espiral en el deterioro de las condiciones de trabajo y bienestar económico abatieron el umbral de tolerancia hacia la opresión y, tal vez, generaron múltiples encuentros (aunque aislados) después de 1907. Pero, como veremos, el agravamiento de
las condiciones económicas nunca desencadenó una más generalizada ola
de protesta de violencia en el estado, y mucho menos dio origen a un movimiento masivo que hiciera tambalear al régimen oligárquico.
La prensa regional reportó una variedad de violentas controversias
sobre el recorte de salarios, el deterioro de las condiciones laborales y el
abuso físico ante la baja del precio de la fibra entre 1907 y 1911. Por
ejemplo, en 1909 un encargado redujo los salarios de cuatro maquinistas
de platafonna que se negaron a trabajar los domingos en la hacienda
Eknakán, propiedad de Luisa Hühbe de Molina, cuñada de Olegario Mo-

�256

Siglo XIX

lina (el hacendado más rico de Yucatán y dirigente de la facción oligárquica dominante). Cuando estalló la violencia, se envió la Guardia Nacional a restaurar el orden. Un capitán fue herido por los peones y la Guardia se vio obligada a retirarse; un sirviente resultó muerto y ocho más
resultaron heridos. Fue necesario enviar refuerzos desde Mérida, a toda
prisa, para sofocar el disturbio.94
Asimismo se reportaron episodios en que los peones protestaban por

el trato abusivo y por castigos en las fincas. A fines de 1907, ciento diez
peones marcharon desde la hacienda Oxcúm, propiedad de Avelino Montes, yerno de don Olegario, hasta el palacio municipal de la &lt;;ercana Umán
para protestar por el encarcelamiento de tres compafieros de trabajo. De
Mérida, a seis kilómetros de distancia, se despacharon tropas de la Guardia
Nacional. Sin intimidarse por el despliegue, seis peones de Oxcúm asaltaron
más tarde al odiado encargado de la finca. Se llamó de nuevo a la Guardia
Nacional, esta vez para arrestar a los seis transgresores.95
Varios afios después, en marzo de 1911, el régimen de trabajo por demás brutal de la hacienda Catmís, aislada en el sur, cerca de Peto, produjo
la chispa que encendió el episodio tal vez más violentq entre las protestas
de los ~casillados bajo el antiguo régimen. Con furia catártica, los peones
destruyeron maquinaria y acuchillaron al hacendado, miembros de su familia y del personal.96
En cada caso, la 1,iolencia se presentó en respuesta a causas locales específicas, y fue aislada y velozmente reprimida por las autoridades estatales. Como hemos observado, dichos motines y revueltas habían sucedido
esporádicamente durante el auge porfirista. Entre 1907 y 1911, sin embargo, su incidencia parece haber ido en aumento. De hecho, para 1911, tanto dentro de la zona henequenera como en su menos controlable periferia,
los motines y un abrupto incremento en actos afines de abigeato y robo se
convirtieron en las principales formas de resistencia entre el campesinado
maya.97

MOVILIZACION Y DESMOVILIZACION EN LA ZONA HENEQUENERA
Los jornaleros no estaban solos en su descontento. Pese a la fabulosa riqueza generada por el auge henequenero, la primera década de este siglo fue
un verdadero "verano de descontento" para la enorme mayoría de los productores regionales, comerciantes, trabajadores urbanos y campesinos Ji-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las hacienda.t yucatecas

257

bres, subordinados de una u otra forma a la camarilla oligárquica basada
en el parentesco de Olegario Molina y Avelino Montes. Esta facción dominante (o casta divina, como se le llamaba y llegó a autodenominarse a
principios de siglo) tenía intereses homogéneos, una membrecía relativamente cerrada y, debido en parle a su,colaboración con el principal con:iprador de la fibra cruda, la lntemational Harvester Company, mantema
tal control sobre las palancas, económicas y políticas del poder en la región que -en las postrimerías del porfiriato- era capaz de frustrar las oportunidades de grupos hacendados rivales.98
Para fines de 1909, cuando la represión molinista les cerró el camino
electoral, estos frustrados terratenientes, organizados ya en dos grupos
rivales comprendieron que la rebelión era el único medio para forzar a
una n~eva y más equitativa repartición del botín henequenero. Así como la coalición nacional maderista derribaría a la oligarquía porfirista,
los científicos, así las facciones de hacendados disidentes (popularmente
conocidos corno morenistas y pinistas por sus respectivos abanderados,
Delio Moreno Cantón y José María Pino Suárez) aspiraban ahora a romper el dominio absoluto de la casta divina. Cada ~arilla elitista hizo un
veloz intento por construir amplias coaliciones con mtelectuales de la clase media, la pequeña clase obrera y artesana urbana y, lo que resulta tal
vez más importante, pero que hasta ahora no ha sido explicado por completo, el campesinado maya. Con rapidez, el verano de desco~t~nto_ se agudizó y violentos períodos de agitación sacudieron el orden ohgarqu1co desde 1910 a 1913.99 Aunque nunca tuvieron un papel principal o autónomo
en estos ciclos de agitación, los peones acasillados de la zona henequenera
integraron a menudo un componente importante de los bandos rebeldes.
Por supuesto, los expedientes judiciales nos permien hablar con ~ayor confianza acerca del carácter de las movilizaciones que de las rnobvaciones de los peones que se incorporaban a ellas o que se negaban a hacerlo.
De hecho, muchos estudiosos de los movimientos sociales se preguntan
si alguna vez podremos determinar con exac~tu~, sob~e ~o~o en forma
retrospectiva y con datos incompletos, las motivaciones ~div1d~ales. En el
particular contexto de estos motines y rebeli~nes, los ~msmos insurgentes
pueden no haber estado conscientes sobre que los motivaba en el m~mento en que se unieron a un bando. Un peón yucateco, Mar~s Cha?, hi~o este sucinto comentario en el juicio: "Me preguntaron que SI quena unmneles y yo dije que sí" 100 ¿Cómo podemos ~canza~ a entender lo que p~ba por su mente? ¿Cómo podemos saber s1 habna actuado_ en forma di~tinta un día O una semana después si se le presentaba la misma alternalJ-

�258

Siglo XIX

va? Algunos estructuralistas encuentran tan subjetivo el ejercicio de juzgar la motivación, que desisten por completo de preguntar por qué actuaba
la gente. Intentan comprender tan sólo cómo actuaba.101

Sin duda estos críticos practican una observación válida. Una lectura cuidadosa de los expedientes penales sugiere que cada uno de los peones puede haberse unido o rehusado a unirse a los bandos insurgentes por
una multitud de motivaciones conscientes (a menudo interconexas): beneficios económicos, lazos familiares y un vivo deseo de venganza, entre
otras. Pero más allá de estas motivaciones evidentes había sin duda otros
factores inconscientes, de sustento psicológico, que tal vez influyeron en
las decisiones individuales.
Por ejemplo, los psicólogos han documentado la reducción colectiva de los umbrales de inhibición en turbas y otros fenómenos de masas:
de hecho, algunos episodios de la insurgencia yucateca semejaban fiestas
públicas en las que grupos enteros de personas, acompañados por la banda de la comunidad, desertaban en masse. 102 ¿Y qué papel desempeñaba
la relación mujer-hombre en la motivación? En algunos casos encontramos madres y esposas incitando a su.s familiares varones, retando de hecho el machismo: "¡Andale, por que no matas a ese cabrón ahora que
pu.edes, ten por segu.ro que él no se portaría tan blando contigo!".1º3
Es verdad que una diversidad de motivaciones y variables conscientes e inconscientes, así como muchas otras contingencias entran en juego cuando tenemos que examinar la cuestión de por qué los individuos participan en motines y rebeliones (y de hecho en cualquier acción social).
Empero, al intentar abordar analíticamente estos actos de resistencia y
rebelión, finalmente nos sentimos obligados a ensayar una explicación general, a ofrecer al menos una causa aproximada del por qué sucedieron y
por qué los peones decidieron incorporarse a ellos.
Para tal fin, estamos obligados a ver más allá de la propia creencia del
insurgente ante sus acciones. Debemos considerar mas bien estas convicciones en el contexto de las condiciones estructurales que afectaban al individuo como miembro de uno o más grupos, y como parte de una formación social más extensa. En efecto, esto significa que hay que evaluar todo el rango de relaciones "externas" de poder, además de las propias per-

Joseph Y WeU,: Dominación y re.tútencia en /tu hociendas yucatecas

259

cepciones "internas" de la gente en cuanto a sus condiciones y comportamiento.104
Se han analizado con cierto detalle las dinámicas relaciones de dominación en la zona heoequenera durante los últimos años del porfiriato.
Hemos sugerido que las condiciones cada vez más miserables de vida y el
present~iento entre los sirvientes de que la finca ya no podía garantizar
la segundad por la que habían canjeado su autonomía, probablemente
convencieron a muchos de que debían participar en la insurgencia. Del mismo modo, y aunque no era nuestro principal terna de interés, hemos mencionado la severa amenaza que significaba la expansión de la hacienda henequenera para la existencia de las poblaciones pobres pero libres del área
y de lsu menos controlable periferia. Esta amenaza, aparejada con el dete~ord del~ condiciones e~nómicas ~ con la ampliación del espacio político ~espues de 1910, sugiere por que tantos cabecillas y reclutas de estas
revubltas provenían de esos pueblos asediados pero de mayor movilidad
táctiba (como los de Temax, Unucmá, Muna y Santa Elena en particu~~
'

•

El historiador social británico E.P. Thompson proporciona lo que bien
podría ser el mejor indicador para la desafiante tarea de penetrar la mentalidad de los peones (o campesinos) durante los episodios de in.surgencia: 106
El grado de conciencia de un obrero no es una curva que ascienda
Y descienda con los precios y salarios; es de una vida de experiencia y socialización, tradiciones heredadas, luchas ganadas y perdi-

das . .. Es este pesado bagaje el que interviene en la formación de
la conciencia del obrero y proporciona la base de su comportamiento cuando las condiciones maduran y el momento se presenta.

La percepción de Thom pson puede ser provechosa a la luz de las evidencias del período. A los agitadores como Tomás Pérez Ponce y a los cabecillas ROSteriores se les recibía generalmente en forma ambigua cuando llegaban a ~s fincas henequeneras en brisca de partidarios o reclutas, entre
1909 y 1913. Pese a lo malas que llegaron a ser las condiciones, muchos
peones eludían aún la estrategia de confrontación. Probablemente pensaban q1M, como en el pasado, tales acciones estaban condenadas al fracaso:
los limitados beneficios que momentáneamente obtendrían no valían el
riesgo de perder la seguridad mínima que las fincas aún proporcionaban;
menos, la potencial pérdida de la integridad física o la propia vida. Además, no todos los henequeneros habían abandonado los incentivos pater-

�260

Siglo XIX

nales, ya que las condiciones variaban de una hacienda a otra. Sin duda,
muchos peones favorecían la estrategia de obtener cuanta seguridad pudieran y resistir a las exigencias del monocultivo con métodos más "rutinarios,, y menos riesgosos.107
Con todo, muchos sirvientes se arriesgaron a unirse a la insurgencia popular. Coincidimos con gran parte de la literatura de ciencias sociales sobre
revueltas campesinas en que, por afligidos o "motivados'' que estén, los
campesinos en general esperan a tener evidencias de que quienes detentan
el poder se han debilitado y/o dividido antes de asumir los riesgos de una
insurrección. La noticia de tales oportunidades para la revuelta a menudo
es llevada a los campesinos por elementos externos (casi siempre, élites disidentes) o por agentes locales intermedios con cierta experiencia cultural
en la sociedad dominante que les complementa (de hecho realza) su posición en la sociedad rural suhordinada.108 En el caso de Yucatán, los propietarios independientes, pequeños comerciantes, bandoleros, artesanos,
maestros y exoficiales del ejército con frecuencia se convertían en cabecillas e intermediarios: enlazaban los grupos encabezados por hacendados disidentes con los nucleamientos de peones y campesinos. Por lo común, los
hacendados morenistas y pinistas y los intelectuales de clase media radicados en Mérida planeaban una revuelta (sincronizando su complot regional
con una conspiración a nivel nacional) y luego, mediante una extensa red
de intermediarios que incluían contactos y espías locales conocidos popularmente como "orejas", movilizaban elementos simpatizantes (y no pocas
veces obligaban a los que no lo eran tanto) en rancherías pueblos y haciendas.109
Durante la serie de conjuras e intrigas elitistas que tuvo lugar en la
víspera de la rebelión maderista, un líder morenista declaró: "Tengo más
fe en la gente del campo que en los meridanos."11º Durante 1910 y principios de 1911 la tenue alianza entre las facciones elitistas disidentes de las
ciudades y los influyentes intermediarios rurales del interior continuó creciendo. Mientras las élites aseguraban armas y dinero, los cabecillas locales
reclutaban adeptos entre los pueblos y fincas vecinas. Sin embargo los morenistas y pinistas pronto se pusieron a reconsiderar la sensatez de su movilización de peones y campesinos. Para la primavera de 1911, la última ronda
de motines y revueltas empezó a girar fuera de control.
Lo que las élites no evaluaron plenamente cuan.do construyeron estas
redes rudimentarias de insurgencia fue que los incipientes rebeldes rurales
también tenían su propia agenda, y que no era congruente con los pro-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en IIJ8 haciendas yucatecas

261

yectos políticos más bien limitados de la élite. Gradualmente, a partir de
la abortada conjura de Candelaria en octubre de 1909, pasando por la fallida rebelión en Valladolid de fines de la primavera de 1910, hasta las revueltas más incontrolables que con regularidad hicieron temblar a1 estado
durante 1911 y 1912, la movilización y protestas populares habían comenzado a adquirir vida propia, y concedían poca importancia a actitudes políticas o resultados de elecciones fraudulentas. Las élites contendientes de
Yucatán habían abierto la caja de Pandora y, por más que se esforzaron,
nunca supieron encauzar la furia que explotó en áreas l!eriféricas como en
Puuclll y el partido oriental de Temax.
Allí, en la periferia del monocultivo, durante 1911 y 1912, las haciendas fueron asoladas por bandas merodeadoras que "liberaban" a
peones y propiedades por igual, a veces de las mismas élites morenistas
y pinistas que al inicio fomentaron la movilización. En algunas fincas, las
revueltas surgieron desde dentro. En varias cabeceras, los rebeldes dinamitaron las casas y tiendas de los notables locales, atacaron los cuarteles de
los destacamentos de la Guardia Nacional y "sometieron a juicio" sumario
a los abusivos jefes políticos, autoridades municipaJes y personal de la hacienda.112 Durante dos días ocuparon Halachó, cabecera de regular tamaño
en el Puuc, y comenzaron a nombrar nuevas autoridades municipales.113
En ocasiones bandas dirigidas por popuJart:S cabecillas, junto con peones
locales, allanaban las casas principales para luego detrozar desfihradoras y
tramos de rieles del sistema Decauville, muy a la manera ludista. Tras años
de explotación y degradación racial, los sirvientes mayas se encontraban de
pronto en tienditas y bailes populares sabatinos, discutiendo -entusiasmados- sus acciones: "Yo encendí la dinamita que hizo volar la caldera", decía fulano; "Y o derribé las alharradas que rodeaban el nuevo plantel", comentaba mengano; "Imagínense", intervenía zutano, "todas estas ropas finas se pagaron con las ganancias sacadas de las costillas de nuestro pueblo ".114 En varias ocasiones durante 1911 y 1912 esta insurgencia popular
en la periferia henequenera amenazó con extenderse y paralizar la producción del corazón de la zona. 115
De este modo, a semejanza de la gran rebelión campesina del siglo XIX
conocida como la Guerra de Castas, la participación masiva de grupos subaJtemos en estas rebeliones de la era maderista comenzaron a infundir en
la lucha una resistencia local a la dominación elitista que se convirtió en
motivo de preocupación entre los mismos núcleos dominantes que en
principio precipitaron estas movilizaciones. Una vez más, en la lejana periferia de la nación, los campesinos y peones mayas comenzaban a sacar pro-

�262

Siglo XIX

vecho de las disensiones entre las élites: huyendo de las fincas, colocando
en la mira las propiedades y familias de los individuos abusivos y, en algunos casos notorios, estableciendo redes clientelares que más tarde se consolidarían en cacicazgos cuando la Revolución ganara arraigo en Yucatán,
desde 1915. Fue esta dicotomía estructural entre mentalidades y políticas
populares y elitistas, manifiesta en los tiempos de rebelión de la era maderista (como lo fue durante la Guerra de Castas), lo que constituyó el desafío más dramático a la hegemonía del monocultivo antes de la llegada del
ejército revolucionario del general Alvarado.116
Diversos factores, así como las provisionales estrategias de emergencia
de los henequeneros y el Estado, explican por qué en Yucatán -en última
instancia- el conflicto político y la insurgencia popular detuvieron secamente la generalizada rebelión que tuvo lugar en muchas otras partes de la
república. 117
Ante todo, en Yucatán el viejo orden tenía ciertas ventajas "inherentes" que le permitían contener el enconado descontento popular y mantenerse alejado del precipicio. La remota ubicación de la península (no hubo
carreteras hacia el centro del país sino hasta después de la Segunda Guerra
Mundial) impedía la comunicación con los jefes revolucionarios del centro y del norte de México, haciendo casi imposible la coordinación de
campañas. Segundo: hemos visto que el sistema de dominación del monocultivo del henequén, coercitivo y de alto control, que mantenían los
terratenientes y el estado, operaba para impedir la colaboración entre campesinos y peones y para mantener aislados los estallidos locales.
Por otra parte, la "memoria social" o mentalidad de la clase henequenera podría considerarse como otro factor estructural. La obsesión que
representaba para los henequeneros el inquietante espectro de una nueva
Guerra de Castas les hacía meditar sobre una movilización total de empleados portuarios y de ferrocarriles, sin hablar de los peones y campesinos mayas. Aunque los hacendados morenistas y pinistas estaban impacientes por derrotar a la camarilla molinista, la mayoría temía que al armar a las masas rurales se socavaran los elaborados mecanismos de control social que con tan buen éxito afianzaron el auge henequenero. Ahora
bien, si las movilizaciones encabezadas por hacendados suscitaban una revolución social, las élites contendientes en Yucatán podrían perder sus propiedades, su mundo social, y hasta sus vidas en otra Guerra de Castas. El
que ciertas élites corrieran ese riesgo, armando a los campesinos, demues-

}o&amp;eph y Wells: Dominación y re,istencia en la, hacienda, yucatecas

263

tra la disensión en el seno de la clase dominante en Yucatán, así como el
sentimiento de desesperación de algunos henequeneros durante el porfiriato tardío.
No obstante, incluso con la serie de obstáculos estructurales en su
contra, la insurgencia popular alcanzaba peligrosos niveles para fines de
1912. Esto obligó a los henequeneros, por lo pronto, a hacer algunas concesiones a los peones o, como lo expresa Knight para México en su conjun,
. . ,,11sra1 como 1as pnmeras
.
to: "Halagar y prometer, as1 como repnmir .
rebeliones esclavistas del Caribe o del sur de Estados Unidos, los tiempos
de rebelión popular en Yucatán generaron la redacción de una agenda reformista por hacendados progresistas Qa Liga de Acción Social) Y verdaderas concesiones materiales en algunas fincas, aun cuando provocaron medidas más severas de control en otras.119 En general, hemos encontrado
que, después de 1913, los tribunales locales, aun bajo el control de los hacendados demostraron más interés ert tomar nota de (e incluso en enmen,
120
dar) los abusos más atroces contra los peones.
El Estado desempeñó un papel complementario en la desmovilización
de bandos de campesinos sublevados. La imposición del régimen militar
por el general Victoriano Huerta, a principios de 1913, institucionalizó el
estancamiento político de las tres facciones elitistas contendientes en Yucatán: las obligó de hecho a aceptar una entente que preservara la paz social. Una vez resuelta la cuestión del poder del Estado, al menos de momento, se procedió a aplicar la justicia, unas veces con sagacidad porfiriana
y otras con creatividad. Los poderes Ejecutivo y Judicial indultaron! cooptaron algunos poderosos cabecillas y mandaron a otros al paredon. Para
mediados de 1913, el campo había sido desmovilizado.
Sin embargo, la promulgación de un decreto aboliendo el acasillamiento al año siguiente da fe de lo tenue que era en realidad la ~az
en ~ ucatán. El decreto nunca entró en vigor y parece haber sido emitido so,o
por conveniencia, para ganar tiempo, a raiz de la nueva andanada de ~~tines y violencia que precedieron a la caída de Huerta. De hecho, la elite
terrateniente se esforzó por mantener en calm;i al campo justo hasta antes
del desmoronamiento de su hegemonía, cuando el ejército constitucionalista de ocho mil hombres al mando del general Alvarado invadiera la pe-

soc!~

nínsula en marzo de 1915.
A su vez, el reformista Alvarado comprendió de golpe que el campe-

�264

Siglo XIX

sinado había cambiado con su participación en las recientes insurrecciones. El tribunal militar que instaló recibió oleadas de peticiones: los peones exigían aumentos de sueldo a sus patrones y mejores condiciones de
trabajo. Por ejemplo en un pintoresco proceso, el veredicto favorable del
tribunal no fue suficiente para calmar al líder de una delegación de peones,
quien siguió demostrando la arrogancia y crueldad del mayordomo hasta
que se le acusó de desacato y tuvo que ser sacado por la fuerza. El comandante que presidía la corte escribió al general que ese hombre estaría bajo
arresto hasta que se calmara, de mane¡a que " tan incendiario comportamiento no promoviera antagonismos de clase tan lesivos a la producción y
al espíritu de trabajo", principios rectores del régimen modernizante y progresista de Alvarado .121
Si bien el autoritario caudillo recibió con sorpresa tan agresiva conducta, los hacendados la habían observado fermentar a través de los años. Los
archivos judiciales y la prensa regioftal de 1910 a 1915 revelan que muchos
encargados y patrones se quejaban de que sus sirvientes ya no se quitaban
el sombrero ni les besaban la mano.122 La advertencia de Tomás Pérez Ponce a los hacendados había resultado profética: a pesar de las complejas
precauciones que habían tomado en el curso del auge porfirista para subordinar y controlar a sus sirvientes, los henequeneros dolorosamente descubrieron, durante el período de Madero, cuán conscientes eran sus peones.
Mientras que los campesinos libres conformaron el liderazgo y las primeras filas en los movimientos populares de Yucatán, muchos peones residentes aprovecharon la apertura que acompañó a la caída de Díaz para
combatir con violencia el régimen del monocultivo. Su participación en
estas efímeras revueltas representó la respuesta política apropiada en una
coyuntura dinámica y estratégica. En tanto que los peones acasillados del
noroeste habían elegido usualmente actos de resistencia "más callados" y
"cotidianos" para combatir una estructura de dominación en apariencia
inconmovible, ahora, muchos arriesgaban a asestar un golpe más efectivo
contra el régimen social que los sometía y explotaba. Para 1913, en el remoto y oligárquico Yucatán, como en otras partes de México, los modos
tradicionales de conducta y respeto retrocedían ante una asertividad y formas de autoridad novedosas: lo que Knight denominó "la nueva insolencia
plebeya ".123 Los tiempos de rebelión popular fracasaron en Yucatán, pero
echaron los cimientos de aspectos fundamentales para más extensas movilizaciones bajo regímenes revolucionarios radicales posteriores. 124

Joseph y Wel/.f: Dominación y re,istencia en las hacienda, yucatecas

265

NOTAS

1. El Ciudadano, 10 de junio de 1911, 34.

2. Debemos aclarar los diversos términos que empleamos en este ensayo para caracterizar a los trabajadores rurales de Yucatán durante el porfiriato. Jornalero
de campo es un tÚmino genérico aplicado al trabajador agrícola: lo utilizamos
libremente para abarcar trabajadores henequeneros, inquilinos y trabajadores de
tiempo parcial (llamados lunero, en Yucatán, por trabajar los lunes). Los peones
acasülados o 1irvientes eran peones de residencia permanente, atados a la finca
henequenera mediante el mecanismo de la deuda. Los campesino, o comuneros,
por otra parte, eran campesinos ''libres" que podían o no poseer tierra, pero que
vivían en las comunidades aldeanas y no se encontraban atados por deudas a las
haciendas vecinas.

3. Dentro de un radio aproximado de setenta a ochenta kilómetros de Mérida
(véase mapa).
4. El Ciudadano, 10 de junio de 1911, 34.
5. Los moreni,tas, que gozaron de poder político durante el cuatrienio de gobierno
del General Francisco Cantón (1897-1901), habían esperado con impaciencia,
durante más de una década, para retomar el poder estatal. Porfirio Díaz había
elegido a Olegario Molina y su camarilla (los molinistas) para que gobernaran el
estado de modo ininterrumpido desde 1902 a 1911. En este último año los morenistas se rebelaron cuando se les excluyó, de nuevo, con la imposición del
gobernador maderista, José María Pino Suárez. Sobre los orígenes del descontento morenista durante los últimos años del porfiriato, véase Gilbert M. Joseph y
Allen Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency in a Period of Transition, 1897-1913", enMexican Revolution,: Essay, on Regional Mexican History,
1910-1929, Thoma.~ Benjamín y Mark Wasserman eds., de próxima aparición,
University oí New Mexico P~.
6. Este ensayo representa sólo una porción de un extenso estudio, actualmente en
desarrollo, sobre política y sociedad en Yucatán titulado Summer of Discontent,
Seiuons of Upheaval: Elite Poli tic, and Rural Rebellion in Y ucatán, 1890-1915.
En este trabajo, más amplio, empleamos el rico testimonio personal de los casos
penales, así como la historia oral, para sondear la mentalidad del campesino y de
los participantes de la élite, con mucho mayor detalle del posible en esta síntesis.
7. Eric Wolf, Pecuant Wars of the Twentieth Century (Nueva York, 1969), introducción; John Tutino explica con mayor claridad: "En los lugares donde ocurrieron los cambios económicos más radicales del porfiriato, donde las comunidades campesinas establecidas fueron súbitamente incorporadas a la economía
en calidad de productoras, hubo escasa insurrección revolucionaria después de
1910". Tutino, From lmurrection to Revolution in Mexico: Social lJase3 of

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�266

Siglo XIX

Asrarian Violence, 1750-1940 (Princeton, 1986), p. 296.
8. Un retrato reciente del peón acasillado maya en el que se lo describe como tranquilo se encuentra en Alan Knight, The Mexican Revolution, dos vólumenes
(Cambridge, Reino Unido, 1986), 1:89. Para un análisis general de la literatura
sobre los trabajadores henequeneros durante el porfuiato, véase Wells, Yuootán 1
Güded Age: Haciendas, Henequen and lnternalional Haroester, 1860-1915 (Albuquerque, 1985), capítulo 6.
9. Este punto está tratado con mayor detalle en Wells, "From Hacienda to Plantation: The Transfonnation oí Santo Domingo Xcuyum ", en New Approaches to
Mexican Regional Hutory: Land, Labor, and Capital in Modern Yucatán, Gilbert M. Joseph y Jeffery Brannon eds., University of Alabama Press, de próxima aparición. Sobre la transformación de la industria azucarera del Caribe, véase
Manuel Moreno Fraginals, "Plantations in the Caribbean: Cuba, Puerto Rico,and
the Dominican Republic in the Late Nineteenth Century", en Between Slavery
and Free Labor: The Spanish-Speaking Caribbean in the Nineteenth Century,
Moreno Fragi.nals, Frank Moya Pons y StanJey L. Engarman eds. (Baltimore,
1985), pp. 3-21; y Christian Schnakenbourg, "From the Sugar Estate to Central
Factory: The Industrial Revolution in the Caribbean (1840-1905)", en Crisis
and Change in the lnternational Sugar Economy, 1860-1914, Bill Albert y
Adrián Graves eds. (Norwich and Edinburg, 1984), pp. 83-93.

10. En un trabajo fundamental escrito hace más de tres décadas, Eric Wolf y Sidney
Mintz intentaron dar una defmición rigurosa de haciendas y plantaciones. Una
"hacienda" es "una finca agrícola operada por un gran propietario. . . y una
fuerza laboral dependiente, organizada para abastecer un mercado a pequeña escala por medio de capital escaso, en la que los factores de pr?ducción se emplean no sólo para acumular capital sino también para sustentar las aspiraciones
de status del propietario". En contraste, una "plantación" es "una finca agrícola
operada por grandes propietarios (por lo general constituidos en corporación) y
una fuerza laboral dependiente organizada para abastecer un mercado a gran escala mediante capital abundante, en la que los factores de producción se emplean en primer lugar para acumular más capital sin considerar las necesidades de
status de los propietarios". Aunque esta clasificación de tipos ideales simplifica
instituciones coro plejas, pone de relieve las diferencias claves de la posesión de
tierras, capitalización, mercados y el deseo de consumo ostentoso de los terratenientes. Véase Wolf y Mintz, "Haciendas and Plantations in Middle America
and the Antilles", Social and Economic Studie1, 6 (1957): 380412.

11. /bid, p. 390.
12. /bid, p. 401.
13. La penetrante intuición de George Hegel en The Phenomenology of Mind resulta aquí particulannente apropiada: el poder personal llevado al extremo finalmente se contradice a si mismo, "pues la dominaciórt total puede convertirse
en una forma de dependencia extrema hacia el objeto del poder, y la carencia
total de poder puede convertirse en el camino secreto hacia el control del sujeto

Joseph y Welh: Dominación y re,istencia en las haciendas yucatecas

267

que intenta ejercer tal poder". Hegel citado por Orlando Patterson en Slavery
and Social Death: A Comparative Study (Cambridge, MA, 1982), p. 2.
14. Pltilip Mason, Patterns of Dominance (Londres, 1971), p. 11.
15. lbid, p. 11.
16. El siguiente análisis de los idiomas del poder se inspira en gran medida en Orlando Patterson, Slavery and Social Death, cap. l.
17. Karl Marx, El Capital, I :77, citado en Patterson, Slavery and Social Death, p. 19.
18. Diseñados por los henequeneros para limitar la movilidad y autonomía de los
trabajadores, los tres mecanismos se reforzaban mutuamente tanto y tan a menudo que, a veces, resulta difícil delimitar donde comienza uno y donde tennina
el otro. Por ejemplo, instituciones como la tienda de raya cumplían múltiples
funciones. En un plano, la tienda daba a los henequeneros un mecanismo seguro
para acrecentar la deuda del trabajador (coerción). Sin embargo, a otro nivel, al
suministrar alimentos básicos y útiles para el hogar, disminuía en los peones residentes la necesidad de salir de la propiedad para adquirir bienes, minimizando
así los riesgos de contacto potencialmente perjudicial entre los peones acasiUados y los campesinos y agitadores de las cercanías (aislamiento). Por úJtimo, la
venta de maíz, frijol y otros productos básicos aseguraba la subsistencia de los
peones residentes (seguridad). En suma, la tienda de raya era el vehículo perfecto para apoderarse de la mano de obra en un mercado en que escaseaba: facilitaba la dependencia y la inmovilidad, al tiempo que transmitía un cierto grado
de conveniencia y seguridad a los peones sin tierra. Sin embargo, para fines heurísticos desglosaremos estos mecanismos interconexos para esclarecer cómo se
hacía llegar e/ idioma del poder a los jornaleros y campesinos de la zona henequenera. Empero, siempre debe recordarse su convergencia estratégica.
19. WeUs, Yuca1án '., Giided Age, pp.161-162.
20. Antonio Betancourt Pérez, Revoluciones y crisis en la econom(a de Yucatán
(Mérida, 1953). p. 52.
21. Víctor Suárez Molina, La evolución económica, dos volúmenes (Mérida, 1977),
1:160.
22. Para un examen completo de la ecología de Yucatán, véase Eugene M. Wilson,
"Physical Geography of the Yucatán Península", en Yucatán: A World Apart,
Edward H. Moseley y Edward D. Terry eds. (University, Alabama, 1980). pp.
540.
2:J. Para un análisis de la pobre calidad del suelo y las bajas cosechas de maíz en la
wna henequenera, véase Malcolm K. Shuman, "The Town Where Luck Frll:
The Economics of Life in a Henequen Zone Pueblo" (Ph. D. Dissertation, Tulane University, 1974),cap. 5.

�268

Siglo XIX

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

269

24. Nancy Farris.5 hace una enérgica defensa de su tesis en cuanto a la propensión
migratoria del maya yucateco durante la colonia en Maya Society Under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival (Princeton , 1984), especialmente en el capítulo 12.

36. Archivo General del Estado de Yucalán (de aquí en adelante, AGEY), Ramo
de Justicia, "Flagelación a Julio Pérez", 1912.

25. Para un análisis del nuevo trabajo en lomo a la Guerra de Castas, los cruzob y

38. Knight, "Mexican Peonage", p. 51.

los pacíficos a partir de la publicación de The Caste War of Yucatán de Nelson
Reed (Stanford, 1964), véase Joseph, Rediscovering the Past at Mexico's Periphery: Essays on the History of Modern Yucatán (University , Alabama, 1986 ),
capítulos 2 y 3.

37. Wells, Yucatán 's Gilded Age, p. 157 .

39. AGEY , Ramo de Justicia, "Incidente promovido por el apoderado de D. Dolores Guerra de Mendoza pidiendo la suspensión del remate de la hacienda
Xcuyum ", 1895. La cita en El Crédito del Estado, 15 de julio de 1895, 12; y
Wells, Yucatán 's Gilded Age, p.157.

26. La correspondencia entre Díaz e Ignacio Bravo, general a quien confió la campaña del cruzob, revela que ambos estaban decididos a eliminarlo por completo:
lo percibían como una raza perniciosa. Colección General Porfirio Díaz (de aquí
en adelante citada como CGPD), Ignacio Bravo a Porfirio Díaz, legajo 30, caja
25, 23 de junio de 1905, 009756. Véase también Marie Lapointe, Los mayas
rebeldes de Yucatán (Zamora, Michoacán, 1983).

27. Wells, Yucatán 's Gi~ed Age, p.105, n. 30.
28. lbid, p. 159.
29. El cerebro que ideó la separación de Quintana Roo fue Manuel Sierra Méndez,
científico confiable y hermano del ministro de Educación Justo Sierra. Es interesante notar que Sierra Méndez, nativo de Yucatán, sostuvo con fiermeza (pero
al final en vano) que la separación debería ser temporal y que tras la pacificación del cruzob, el territorio debería ser reincorporado a Yucatán. Véase CGPD,
memorandum de Sierra Méndez a Díaz, "Apuntes sobre la campaña de indios
presentados en croquis explicatorio de ellos", legajo 22, caja 17, 12 de julio de
1897, 008128-008140. Para un análisis detallado de la separación, véase Wells,
Yucatán 's Cilded Age, capítulo 4.

30. CGPD, passjm.

40. Un estudio reciente del peonaje en Puebla y Tlaxcala durante el porfirialo indica que algunos acasiUados buscaban en realidad incrementar su deuda: pensaban
que el tamaño de la misma indicaba sta~s social e_n la hacie~d~. Herbe~t J .
Nickel, Peonaje e inmovilidad de los traba1adores ogrico/as en Wex1co: la situación de los peones acasillados en las liaciendas de Puebla y Tlaxcala, lrad . Catalina Valdivieso de Acuña (Bayreuth, 1980), pp. 54-55. Aunque carecemos de datos sobre este fenómeno en Yucatán, es evidente que muchos acasillados acumularon altísimas deudas duran le el porfiriato. Lo que no queda claro es si restaban
importancia a la deuda y por lo mismo pedían prestado tanto como el administrador de la finca se los permitía, o s í, en efecto, consideraban a la deuda como
símbolo de status dentro de la comunidad de la hacienda.

41. AGEY, Ramo de Justicia , "Acusación presentada por el c. Juan Bautista Chan
contra el juez Segundo de Paz de Tahmek", 1912.
42. Un punto que no fue señalado en la queja presentada por Chan fue cómo ~l jornalero pudo pagar tan enorme suma: el salario diario en el campo en esa epoc:1
era de aproximadamente un peso. Sin otros apoyos financieros hubiera sido d1f ícil reunir tanto dinero para liquidar la deuda.

43. Sobre el pago con fichas o vales, véase Edwin C. Leslie y A.F. Pradeau , Henequen Plantation Tokens of the Yucatán Península (Washington, D. C., 1972).

31. En ocasiones, D íaz ~licitaba a sus gobernadores investigar las quejas específicas, pero es difícil discernir si los problemas eran tomados en cuenta. CGPD,
passim.

32. Wells, Yucatán 's Cilded Age, pp. 176-177.
33. Henry Baerlein, México: land of l/nrest (Philadelphia, 1914), pp. 19-20, 182;
Alan Knighl, "Mexican Peonage : What Was lt and Why Was il?", Journal of
Latin American Studies (de aquí en adelante citado como JLAS), 18:1 (mayo de 1986 ), 61.
34. Méndez, citado en Wells, Yucatán 's Cilded Age, p. 178.

35. Citado en Knight, "Mexican Peonage", p. 61.

44. Para un interesante análisis de deudas y salarios en las haciendas de henequén Y
maíz yucatecas durante el auge, véase Chrislopher J. Gill, "Regional Variation
and Patlems of Resistance: The Henequen Boom in Yucatán, 1880-1915"
(Seniors' Honors Thesis, University oí Michigan), capítulo 3. También véase
Wells, " From Hacienda to Planlation"; y Joseph, Rediscovering tl1e Past, pp.

59-81.
45. AGEY Ramo de Justicia, "Tercer cuenta de administración de la finca San Pedro sujeta al juicio hipotecario promovido por la repr~ntación ~e . Don Perfecto Eduardo Bolio Rendón y continuado por Don \\enceslao Lazarraga Patrón contra Doña Mercedes [rigoyen de Herrera", 1911 ; e ídem, "Segunda
cuenta de admin.istración que rinde el depositario de la finca sujeta al juicio que
siguen los Sres. Avelino Montes S. en C. contra Marcos Díaz Cervera", 1911.

�270

Siglo XIX

46. AGEY, Ramo de Justicia, "Cuenta de administración de la Compañía Agrí.
cola del Cuyo y Anexas, S. A.", 1910.
47. El concepto se analiza con mayor detalle en Tutino, From lnsurrection to Revolution.

48. Knight, "Mexican Peonage ", p. 64.
49. Para un análisis de los papeles múltiples desempeñados por las casas exportadoras durante el auge, véase Joseph y Wells, "Corporate Control of a Monocrop
Eoonomy: lnternational Harvester and Yucatán's Henequen industry During
the Poñrriato",Latin American Re.,earch Review 17:l (1982): 69-99.
50. Fernando Arjona,Breves apuntes sobre la pelagra (Mérida, 1898).
51. Knight, "Mexican Peonage", p. 64.
52. Aunque los asentamientos de acasillados predominantemente mayas carecían incluso de los escai;os recursos organizacionales y culturales de las comunidades
sitiadas de la zona, como veremos no estaban despojados por completo de afinidades y recursos culturales, sobre todo en la familia y la religión.
53. Esta también es una ilustración clásica del mecanismo de aislamiento en juego
Alejandra García QuintaniUa, comunicación personal, 20 de noviembre de 1987.
54. AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias en la averiguación del delito atentado
contra la libertad de la menor Eleuteria Ek, denunciado por Micael López", caja 658, 1908.

Joseph y Wel/8: Dominación y resistencia en hu haciendas yucatecas

271

60. Sir Mores Finley prefiere caracterizar a los esclavos como "forasteros" en vez de
"desarraigados": Ancient Slavery and Modern Jdeology (New York, 1980), capítulo 2. Las limitaciones de espacio y lo incompleto de los datos nos impiden
reconstruir aquí los patrones de resistencia de los trabajadores importados a la
zona henequenera (yaquis, asiáticos, enganchados y deportados del centro de
México). La resistencia y mano de obra de origen no maya (y las dificultades
que entraña su estudio) se discuten en Joseph, Rediscovering the Post, capítulo
4,en especial las pp. 70-81.
61. De james Harrington, A System o/ Politics, citado en Eugene D. Genovese,
From Rebellion to Revolution: Afro-American Slave Revolts in the Making o/
the New World (Baton Rouge, 1979), p. vi.
62. James C. Scott, Weapons o/ the Weak: Everyday Forms o/ Peasant Resistance
(New Haven, 1985), y "Resistance without Protest and without Organization:
Peasant Opposition to the lslarnic Zakat and the Christian Tithe ", Comparative
Studies in Society and History (de aquí en adelante, CSSH), 29:3 (julio de
1987): 417-452. Scott no puede atribuirse todo el crédito (y no lo hace)de enfocar la atención hacia las formas "calladas" de lucha que no dieron como resuJ.
lado la insurgencia. Reconoce que su trabajo se basa en estudios previos sobre
temas agrarios similares realizados por eruditos que se dedican a otra área: por
ejemplo, Eugene D. Genovese, Roll, ]ordan, Roll: The World the Stave, Made
(New York, 1972); y Michael Adas, "From Avoidance to Confrontation: Peasant Proles! in Precolonial and Colonial Southeast Asia", CSSH, 23:2 (abril de
1981 ), 217-247. Para un estimulante y actualizado estudio sobre la resistencia
campesina en sus diversas formas, véase Steve j. Stem, "New Approaches to the
Study of Peasant Rebellion and Consciousness: lmplieations of the Andean Experience" en Resistance Rebellion and Consciowness in the Andean Worls:
18th to 20th Centuries, Stem, ed. (Madison, 1988), pp. 3-25.

55. Farriss,Maya Sociely Under Colonial Rule, pp. 268-269.
63. Scott, "Resistance without Protest", 450.
56. Por ejemplo, véase Alberto García Cantón, Memorias de un ex-hacendado henequenero (Mérida, 1965).
57. Scott, Slave Emancipation in Cuba; Manuel Moreno Fraginals, El ingenio: complejo económico social cubano del azúcar, 3 volúmenes (La Habana, 1978).
Para reseñas del debate historiográfico sobre las condiciones de trabajo cubanas, véase Franklin W. Knight, "The Caribbean Sugar lndustry and Slavery",
LARR, 18:2 (1983): 219-229; y Wells, "The Terrible Green Monster: Recent
Literature on Sugar, Coffee, and Coerced Labor in the Caribbean ", LARR,
23:2 (1988), 189-205.
58. Scott, Suwe Emancipation in Cuba, p. 19.
59. La historia social de la familia maya aún no ha sido escrita,. Nuestras observaciones generales en cuanto a la zona henequenera de fines del siglo XIX y principios del XX derivan de una gran variedad de fuentes, 'incluyendo el Ramo de
justicia del AGEY y la prensa regional y datos contenidos en la literatura etnográfica y etnohistórica (p. ej., Farriss, The Maya Society Under Colonial Rule).

64. Eric J. Hobsbawm, "Peasants and Politics", Journal of P00$0nl Studies, 1:1
(1973), 12; también citado en lbid, 424.
65. Scott, "Resistance without Protest", 422; ef. Weapons o/ the Weak, capítulo 7.
Scott señala, por ejemplo, que la acumulación de miles de actos individuales de
evasión fiscal, robo o deserción pueden trastocar seriamente a las élites e, incluso, desestabilizar regímenes.
66. Si bien los juicios hipotecarios y documentos de la hacienda nos informan SObre categorías tales como salarios, deudas, producción, maquinaria, valores y
bienes disponibles en la tienda de raya, dicen poco acerca de la interacción diaria entre empleado y patrón en la finca. El Ramo de Justicia contiene menciones
aisladas de tortuguismo, excusas para evadir el trabajo, etc. (véase la nota 69),
pero se advierte la ausencia de tales detalles en las memorias de hacendados: por
ejemplo, García Cantón,Memoria.f de un ex-hacendado, y Gustavo Molina Font,
La tragedia de Yucatán (México, 1941).

�272

Siglo XIX
)oseph y We/ls: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

67. Un ejemplo perfecto de este vago impresionismo se encuentra en el documental
de 1971, "México: The Frozen Re,olution ", en el que se entrevista a un anciano
sobre la naturaleza de las relaciones de trabajo durante el auge henequenero. En
Joseph, Rediscouering the Post, capítulo 4 y epilogo, se encuentran menciones
de la escasa literatura histórica oral.

68. "Summer of Discontent, Seasons oí Upheaval: Towards an Analysis oí Elite Politics and Rural RebeUion in Yucatán, 1890-1915 ", trabajo presentado en la
Conferencia sobre el Desarrollo Histórico de Yucatán, Mérida, abril de 1987.
69. Por ejemplo, en cuanto a eludir el trabajo: AGEY, Ramo de Justicia, "Denuncia que hace Lorenw Díaz de varios hechos delictuosos cometidos por Federico Trejo", 1910; ídem, ''Toca a las diligencias practicadas en averiguación de
las lesiones que presenta Francisco Lugo contra Temístocll'-S Correa Gutiérrez",
1914. En cuanto a tortuguismo, desobediencia e insubordinación, ídem, ''Toca
a la causa seguida a Antonio Puc y socios por los delitos de motín y destrucción
de propiedad", 1911.

70. Por ejemplo, en cuanto a abigeato y robo: AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida a Severiano Baas y socios, por el delito de abigeato", 1911; ídem, ' 'Toca a
la causa seguida a Hermenegildo Nah y socio por los delitos de robo y destrucción de propiedad ajena por incendio", 1912. En cuanto a incendio premeditado y sabotaje, ídem, ''Toca a la causa a Santiago May por el delito de de¡;trucción en propiedad ajena por incendio". caja 674, 1908; ídem: "Denuncia que
hace Manuel Ríos de destrucción en propiedad ajena ". 1914.

71. Por ejemplo, AGEY, Ramo de Justicia, "Cuenta dr administración de la finca
San José 11.uché y su anexa San Francisco correspondiente a un mes corrido de
25 de julio a hoy agosto 25 de 1897", 1897. La literatura comparada sobre la
esclavitud contiene un abundante análisis de enfermedades fingidas como forma
de resistencia. Los relatos de viajeros contemporáneos de Barlein and John
Kenneth Tumer, &amp;rbarous México, Chicago, 1910, entre otros, contienen diversidad de quejas de hacendados referentes a embriaguez y pereza de sus peones.

273

a la causa seguida a Manuel Baas por rl delito de de,strucción en propiedad ajena
por incendio", 1912. Baas alegó estar "completamente embrutecido por el al.
cohol" cuando incendió la cabaña. Se le impuso una sentencia muy leve.

77. Por ejemplo, véase la l'aracterización de los campesinos maya en AGEY, Ramo
de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Hermenegildo '.\jah y socio", 1912; e
,'dem, '1'oca a la causa seguida a \'isitación Gonzálcz } Magdalena \lcocer de
Gon?..ález por injurias a funcionario público y resistencia a la autoridad", 1914

78. Para un fascinante análisis de la actitud del sistema judicial colonial hacia el abuso del alcohol, qur ha resultado muy útil para el presente trabajo, véase ~illiam
B. Taylor, lJrinking, Homicide and Rebel/ion in Colonial Mexican I il/ages
(Stanford, 1979).

79. Un mecate equivale aprox1rnai.unente a un ane. AGEY, Ramo de Justicia, ..To.
ca a la causa seguida a Santiago May", caja 674, 1908.
80. Una muestra de algunos otros veredictos inusitadamente severos por destrucción
de propiedad ajena incluyen AGEY. Ramo de Justicia, "Toca a la causa seguida
a Felipe Medina por el delito de destrucción ajena por incendio" 1908 (siete
años y nueve mrses por incendiar una vivicnda);ídt&gt;m, "Toca a la causa seguida
a Pedro May y socios por el delito de robo ~.1912 (dos años y seis meses por robar una modesta cantidad de maíz); íclt&gt;m, "Toca a la causa se~ida a Francisco
Vázquez por destrucción de propiedad ajena", 1914 (un año por hacer milpa
ilegalmente en ocho hectáreas dr monte del hacendado). Compárese con la leve
sentencia por a;;esinato en ídem, ''Toca a la l'ausa seguida a \1anuel Femández y
Antonio Tos por el delito de homicidio". caja 680. 1908 (Femández recibió cinco a,ios y i;eis meses por matar a otro jornalero).

81. Las cortei; inglrsa.s del siglo X VIII defrndinon de un modo similar la inviolabilidad de la propil'dad privada. Vfase Douglas Hay, "Property, Authority, and
the Criminal Law ", en Albion '.f Fatal Tree: Crime and Societ_y in Eightl'l'nthCentury Englnncl, Hay, Peter Linebaugh, John G. Rule, E.P. Thompson y Carl
Winslow, eds. (Londres, 1975): 17-64.

82. Carlos R . Mcnéndez, Nouenla allos de liistoria de Yucatán {1821 1910) (Mfrida
1937). p. H7.

72. Diario Oficial, 9 de enero de 1908, 3096.
83. !'ara una investigación íru;;trada, véase AGEY. Ramo de .luslicia. "Toca a la l'au73. Para eJemplos de muertes atribuidas a congestión alcohólica, véase AGEY, Ramo
de Justicia, ''Toca a las diligencias practicadas en averiguación de la muerte de
Manuel J. Chávez", 1913; ídl'm, "Toca a las diligencias practicadas en averiguación del motivo de la muerte de Victoriano Chan " , 1913 .

74. llasta ahora, no hemos intentado cuantificar los datos sobre delitos del Ramo de
Justicia. Lo desorganizado e incompleto de los mismos torna extremadamente
difícil y problemática tal empresa.

75. Scott. Weapons of the Weak, p. 302.
76. Un caso que ilustra esto perfectamente está en AGEY , Ramo de Justicia, "Toca

sa seguida a Pedro Chi por el delito de deslrurción de propiedad ajena por incendio", 1912.
84. Scott, "Resistance without Protest ", 452.

85. !'ara un análisis y crítica dd razonamiento de Scolt, véaSI' Joseph, "On the Trail
oí Latin American Bandits: Recent Trends and New Concepts for the Study of
Peasant Reisistance ", /,.1RR, de próxima apari1·ión.
86. Un grupo de observadores contemporáneos, incluyendo al general Salvador Alvarado y al poeta yucateco Antonio Mt'diz Bolio, comentaron la endémi&lt;"a incidencia del suicidio entre los peones durantr el auge. Véase Jame;; C. Carey,
The ifexican Ret&gt;0/u1ion in Yucalán. 1915-1924 (Roulder, 1985), p 78, nota
29. Resulta interesante notar que las investiga,·iones sobre- el maya yucateco de

�274

Siglo XIX

la colonia realiz.adas por Nancy Farriss y Grant Jones no han descubierto una incidencia alta de suicidios (correspondencia personal, inviemo y primavera de
1988). Esto puede ser reflejo de diferencias en las condiciones sociales y/o en
la forma de llevar archivos_ El Estado porfirista estaba tal vez más dispuesto, y
por cierto mucho mejor equipado, para investigar muertes violentas en el campo practicando detalladas diligencias para cada episodio.

87. AGEY , Ramo de Justicia, "Diligencias en averiguación de la muerte de José
María Eh, vecino que fue de la hacienda San José", 1912. Algunas veces, la pelagra empujaba a sus víctimas a cometer actos socialmente agresivos, incluyendo el
homicidio. Por lo común las víctimas eran parientes cercanos o compañeros de
trabajo. En 1912, Hermenegildo Puc golpeó con sus sandalias a Desideria Canul
hasta dejarla inconsciente en su hamaca. Puc creía que Canul era una hechicera
que lo había embrujado "oscureciéndole la vista y negándose a sanarlo". El tribunal determinó que la pelagra había alterado a tal grado los sentidos del acusado que ya no era responsable de sus actos, de modo que se envió a Puc al sana torio Ayala, de Mérida, para su tratamiento.Jdem, "Toca a la causa seguida a
Hermenegildo Puc por el delito de homicidio", 1912.

88. Por ejemplo, AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias con motivo del suicidio de
Candelario Cauích, sirviente de la finca Chunkanán", 1913; ídem, "Diligencias
con motivo de la muerte de Vicente Cen", caja 714, 1908; ídem, Diligencias
en el suicidio del que se cree llamarse Valerio Godoy, verificada en la Hacienda
Vista Alegre", caja 296, 1897; e ídem, "Toca a las diligencias practicadas en
averiguación de la muerte de Enrique Canché Piña", 1912. Estos son episodios
conmovedoramente descriptivos, pero se podrían proporcionar múltiples referencias del Ramo de Justicia para cualquier año de este estudio.

89. J . Eric S. Thompson, Maya History and Religion (Norman, Oklahoma, 1970),
p. 301.
90. Por supuesto, la creación del culto de la CJUZ Parlante después de la Guerra de
Castas por parte de los mayas rebeldes del sureste, proporciona el ejemplo mas
notable de la reformulación de formas y símbolos tradicionales dentro de un
proceso dinámico y progresivo de resistencia.

91. Para 1ID debate sobre el pánico véanse Knigbt, TheMexican Revolution, 1: 64-65, y
Fried.rich Katz, "México: Restored Republic and Porfiriato", en Cambridge
History of Latin America (Cambridge, 1986 ), V: 62-68. El siguiente análisis del
pánico económico y sus consecuencias políticas en Yucatán se basa en gran medida en Joseph y Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency", y
"Summer of Discontent: Economic Rivalry among Elite Factions during the
Late Porfiriato in Yucatán ", ]LAS, 18:2 (noviembre de 1986 ), 255-282.

92. Gill, "Regional Variation ", capítulos 3 y 4, proporciona un estudio microhistórico del deterioro en las condiciones de trabajo, la escasez de crédito y la
amenaza a la seguridad de subsistencia del peón durante los últimos años del
poñlriato. Ver en particular su análisis preliminar del modo en que el hacendado se apropiaba de la mano de obra doméstica (pp. 39-40, 60-61 ).

93. Para una crítica perspicaz de tales modelos, véanse Rqd Aya, "Theoríes oí Revolution Reeonsidered: Conlrasting Models of Collective Violence", Theory and
Society 8 (1979): 39-99; y Aya, "Popular lntervention in Revolutionary Situations", en Statemaking and Social Movements: Essays in History and Thoory,

Joseph y Wel/s: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca.t

275

Charles Brigbt y Susan Harding eds. (Ann Arbor, 1984 ), 318-43.

94. La Revista de Mérida, 20 de septiembre de 1909.
95. La Revista de Mérida, 5 de septiembre de 1907 ;El Imparcial, 6 de septiembre de
1907.
96. Sobre el incidente Catm ÍS y sus consecuencias, véanse el Diario Oficial, La Revista de Mérida y el Diario Yucateco del 8 al 12 de marzo de 1911.
97. Existe, sin embargo, el peligro de exagerar tanto la novedad como la amenaza
que representaban estos episodios violentos de fines del porfiriato. Hubo estallidos aislados durante todo el antiguo régimen, pero no fue sino hacia 1910 que
comenzaron_ a reportarse con persistencia, y a veces de manera exagerada, en la
prensa opoS1tora vinculada a las facciones elitistas que disputaban la hegemonía
a la oligarquía molinista. Institución largo tiempo reprimida y amedrentada, la
prensa opositora incrementó su cobertura de los disturbios de la zona henequenera cuando se abrió un espacio político a raíz del estallido de la rebelión nacional maderista. Véase José Luis Sierra Villarreal, "Prensa y lucha política en
Yucatán, 1895-1925", mimeo, 1984. Algunas indicaciones sobre la creciente
ola de bandolerismo y abigeato en la periferia de la zona henequenera aparecen
en AGEY, Ramo de Justicia, ''Testimonio de la causa seguida a Herminio Ba1~ y socios por los delitos de homicidio y robo por asalto", 1911; e ídem, "Diligencias practicadas con motivo del asalto y robo hecho a AbsaJón Váu¡uez, administrador de la finca Uayalceh ", 1911.

98. La economía poi ítica del henequén durante las postrimerías del poñiriato, y en
particular la preponderante influencia de la lntemational Harvester (tema que ha
generado considerable debate tanto dentro como fuera de Yucatán), se tratan a
fondo en Joseph y Wells, "Corporate Control" y Yucatán y la lnternational
Harvester Company (Mérida, 1986 ).

99. Para una reconstrucción más detallada del período de 1909 a 1913, véase
Joseph y Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency".

100. AGEY, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Juan Jiménez y socios por
el delito de provocación al delito de rebelión", 1913.
101. Véanse, por ejemplo, Joseph Foweraker, Personal Networks and Political Strategies: The Making of Democracy in Spain (Cambridge y Nueva York, de próxima aparición); y Theda Skocpol, States and Social Revolutions (Cambridge,
1979), en especial pp. 16-18.

102. Véase por ejemplo La R evista de l'tférida, 16 de mayo de 1911.
103. AGEY, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Luís Uc y socios por los
delitos de amenaza e injurias", 1913.
104. Taylor, Drinking, Homicide and Rebellion, pp. 128-142, y Stem, "New Approaches", presentan análisis reveladores de la relación entre la mentalidad del
campesino y las relaciones estructurales de poder en el origen de las insurgencias
rurales.

�276

Siglo XIX
J~ph y WeU,: Dominación y re.Tistencia en las haciendlU yucatecas

105. La movilización y mentalidad de los poblados campesinos " libres" se tratan con
mayor detalle en Joseph y Wells, "Seasons of Upheaval: The Crisis of Oligar.
chical Rule in Yucatán, 1909-1915", en The Mexican Revolution, Jaime E. Rodríguez ed., de próxima aparición.
106. Thompson, citado en Peter Winn, Weavers of Revolution: The Yarur Workers
and Chile 's Road to Socialism (Nueva York, 1986 ), p. V.
107. Episodios que revelan mucho de esta ambigüedad y ~omplejidad se ~~cuentran
en AGE Y, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa segt11da a Pedro Ch1 , 1912; e
ídem, ' 'Toca a la causa seguida a Juan Jiménez", 1913.
108. Véase por ejemplo Tutino, From lnsurrection to Revolutions, pp. 13-32.
109. Un caso que documenta en forma gráfica este sistema de reclutamien_t~, r~pleto
de agentes intermedios y orejas se encuentr_a en AGEY, ~amo de J~~c~~• Cau~
sa seguida a José Policarpo Mendoza y socios por el delito de rebelion , 1912,
véase también la nota 107 .
110. AGEY , Ramo de Justicia, "Causa seguida contra Alfonso Cámara y Cámara y
socios por el delito de rebelión ", 1909.
111. Lomerío que va de Maxcanú a Muna, en el partido de Ticul.
112. Para ajusticiamientos populares, véase AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida
contra Pedro Crespo y socios por el delito de homicidio, rebelión y robo",
1911; e ídem, "Causa seguida a Bemabé Escalante por suponérsele presunto
cómplice del delito de homicidio, para la continuación respecto de Juan Osorio, Juan Campos y socios" , 1912.
113. AGEY Ramo de Justicia, ''Toca a la causa a José Dolores Cauich Y socios por
los delitos de rebelión, robo y destrucción de propiedad ajena", 1912.
114. Véase, AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida a Guillermo Canul y socios

por los delitos de daño y destrucción de propiedad ajena ", 1912.
115. Los henequeneros se sentían tan amenazados por la ~enerali,zación de 1~ violencia que a mediados de 1911 pidieron al gobernado~ Pmo ~~z y al _g~~1erno
federal protección militar adicional. AJ final P~o Suarez 5?hc1to y recib10 de la
ciudad de México dos batallones federales mas y un envio de ametralladoras.
Diario Oficial, 8 de julio de 1911, 4180, y 16 de agosto de 1911, 4213.
116 . Para una comparación de los dos ciclos de rebelión popular, véase Joseph, ' 'The
United States, Feuding Elites, and Rural Revolt in Yucatán, 1836-1915", en
Rural Revolt in Mexico and U.S. lntervention, Daniel Nugent ed. (La JoUa,
próxima publicación).
117. El siguiente análisis de la desmovilización de la insurgencia popular se basa en
gran medida en Joseph y WeUs, "Seasons of Upheaval".
118 . Knight, The Mexican Revolution, l: 221.
119. Véase por ejemplo, Genovese, From Rebellíon to Revolution, pp. 110-11~ ;
sobre '1a Liga de Acción Social. véase Ramón Chacón, " Yucatán and the Mex1-

277

can Revolution: The Pre-Constitutional Years, 1910-1918" (Ph. D. dissertation, Stanford University, 1981 ), pp. 118-131.
120. Esto sugiere un paralelismo con el sistema de plantaciones del sur de Estados
Unidos antes de la guerra de Secesión. Como Genovese y otros han demostrado, la ley cumplía en parte una función hegemónica, dejando -al menos- la
apariencia de un modelo desinteresado de jll8ticia en las mentes de los subordinados. Genovese, Roll, Jordan, Roll, pp. 25-49. Véase, por ejemplo, el juicioso
manejo en los tribunales del notorio caso "San Nicolás" de·•.abusos cometidos
contra los peones (uso consunte de grilletes, flagelaciones con alambre, etc.);
AGEY, Ramo de Justicia, "Toca a la call8a seguida a Pedro Pinto y socios por
los delitos de lesiones y atentados contra la libertad individual", 1914.
121. AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias contra Juan Córdoba", 1915.
122. Véase, por ejemplo, AGEY, Ramo de JU8ticia, "Incendio en la Finca Texán",
1914;y La Revista de Yucatán, 31 de marro de 1914.
123. Knight, The Mexican Revolution, 1:169.
124. Sobre movilizaciones más amplias bajo el régimen de AJvarado, del gobernador socialista Felipe Canino Puerto y, más tade, ~o el cardenismo, véase
Joseph, Reoolufion from Without: Yucatán, Mkico anti the United S1aie.,
1880-1924, ed. rev. (Durham, 1988), pp. XX-XXV y 93-298.

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de Historia

POBLACION, MIGRACIONES Y
CICLOS VITALES EN EL XIX
(Argentina, Brasil, Ecuador,
México, Costa Rica y España)
Año IV, número 7
enero.junio de 1989

Facultad de
Filosofla y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey•México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica del
Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad
Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires
(Argentina).

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LONGORIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Arte y diagramación: Sylvia Eloísa Morán
Tipografía e impresión: Impresora Monterrey, S.A.
Aparición semestral
Para envíos al exterior: U.S.A. $7

�AÑO

ENERO-JUNIO DE

IV NUMERO 7

1989

SigloXIX
REVISTA DE HISTORIA
· FONDO

UNIVERSITARlO
SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5

Patrones de mortalidad en las tierras nuevas
de la provincia de Buenos Aires:
Tandil (1860-1895) .. . .... . .. . .... NORBERTO

ALvAREZ
EDUARDO MIGUEZ

9

Café, ferrocarriles y población. El proceso de
urbanización en Río Claro, Brasil ... . DANIEL J. HOOAN
MARIA COLETA DE ÜLIVEIRA
JoHN M. SYDENSTRICKER NETO

71

Camino a la fazenda: estructura de la
familia inmigrante y cultivo del café
en San Pablo . . . . . . . . . . . . MARIA s.

95

BEOZZO BASSANEZI

Ecuador en el siglo XIX: movimientos de la población
en la región de Cuenca ... .. .. . ..... SILVIA PALOMEQUE 127
El mundo del trabajo en una parroquia
de Puebla a través de los libros
matrimoniales (1640-1910) . . ]OSE LUIS

AR.ANDA ROMERO
MIGUEL ANGEL CUENYA

177

Natalidad y mortalidad en _Tecali (Puebla):
1701-1801 . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . LUTZ

BRINCKMANN

Costa Rica, 1866-1973: tablas modelo
de mortalidad . .. ... . . .... ... . RECTOR

PEREZ BRIGNOU

271

La emigración española durante las décadas
del comercio libre (1765-1820).
El ejemplo catalán . . . . .... .. JosEP M .

DELGADO RmAS

315

S. 219

�,,

Nota del Editor

La población, sus ritmos vitales y movimientos, el impacto que
sobre determinados núcleos demográficos guardaron variables
que incluyen desde las epidemias hasta el ferrocarril, sus relaciones con el mundo del trabajo o con políticas migratorias, concentran la atención de este número 7 de Siglo XIX. Revista de

Historia.
El dossier que aqui se ofrece -"Población, migraciones y
ciclos vitales en el XIX'' - alude a cinco países latinoamericanos y a la Espai'ía que vio morir el Antiguo Régimen. La recopilación de estos materiales fue factible en una elevada proporción
gracias a la labor de Norberto Alvarez y Eduardo Míguez*, especialistas del Centro de Investigaciones Histórico-Sociales de la
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires

• Norberto AJvarez cursa su doctorado en Demografía en la Ecole de Hautes Etudes,
en París. Entre sus publicaciones se cuenta El Estado y la economía en la Argentina,
1910-1955, editado en Buenos Aires. Eduardo Míguez recibió su doctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Es director del citado Instituto de Estudios HistóricoSociales y autor de Las tierras de lo$ ingleses en Argentina, 1870-1914, Buenos Aires,

1985.

�6

Siglo XIX

Nota del Editor

Y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina.

Siglo XIX mantiene entonces la política de abrir sus páginas
a ~tudios?s de diversas latitudes que, por su adecuado conocirruento ~e areas específicas, se encuentren en condiciones de reunir
un dossier con aportes de diferentes países del continente.

. Son Alv~ez Y Míguez, precisamente, quienes abren el conJunto de articulos de este número 7. Lo hacen describiendo un
caso _de_la Argentina ~el XIX: el de Tandil, en el sureste de la
provm~ia de Buenos Aires. Los autores analizan los patrones de
~ortalid?d e? est~ }ncipiente centro urbano en décadas que arreciaba la ~~graci~n europea, volcada sobre las tierras nuevas
de la ubernma región pampeana.
La expansión poblacional y económica matiza asimismo los
dos ensay_os sobre Brasil. El primero, a cargo de Daniel J. Hogan, Mana Coleta de Oliveira y John Sydenstricker Neto está
enfoca~o a _las vinc~aciones entre cultivo del café, ferroca'rriles
Yurb~ción en Ri? Claro, en el estado de San Pablo. Los autores polenuzan con ciertas aseveraciones que se hao brindado en
d.erredor. de los moi_nentos de dicha urbanización, y ponen énfasis en la 1?1POrtaoc1a del mer~ado interior en este tipo de proceso~. M_ana Beozzo Bassane21, por su lado, sitúa su artículo en
el ~bito de la producción cafetalera: lo hace para encontrar las
relac1?nes entre las necesidades de fuerza de trabajo de los fazende1ros Yla estructura de la familia inmigrante. Aunque revisa sobre todo el caso de las familias italianas, Beozzo Bassanezi
no desdeña hablar sobre núcleos parentales autóctonos que de
~anera análoga a los anteriores, marcharon como colonos 'hacia la f azenda en tiempos que la agricultura del café transitaba
horas de esplendor.
Ecuador vuelve a ser analizado en Siglo XIX. Silvia Palomeque aporta ~a.síntesis de sus resultados de investigación en
torno a l?s moVJrruentos de la población durante la centuria pasada. El area de Cuenca es el espacio regional analizado, con una

7

núrada que sin dejar de tener en cuenta lo señalado por otros
autores incorpora una copiosa revisión de fuentes primarias. El
estudio atiende aspectos como los del trabajo en Cuenca y regiones aledañas, el fraccionamiento de la tierra y los vínculos
mercantiles.
José Luis Aranda Romero y Miguel Angel Cuenya, a su vez,
presentan su aproximación a los procesos demográficos en una
parroquia de Puebla (la de Sao Angel Custodio, Analco), a partir de la información de los libros matrimoniales y de lo que llaman el mundo del trabajo. El rastreo incluye una buena porción
de la etapa colonial y remata en 1910. Un segundo trabajo sobre
México -el de Lutz Brinckmaon-, también dedica su atención
a otra parroquia poblana, la de Tecali. En este caso, sin embargo, lo que se ofrece es una densa cantidad de datos atinentes a
natalidad y mortalidad durante todo el siglo XVIII.
Costa Rica, en cambio, es revisada por vez primera en nuestra revista: Héctor Pérez Brignoli adopta el período 1866-1973
para debatir sobre las tablas modelo de mortalidad. Junto a la
información específica de los procesos indagados, Pérez Brignoli alude a las peculiaridades de estos instrumentos de trabajo
y a la aplicación que han tenido en otras latitudes.
El conjunto de materiales se cierra con la colaboración de
Josep María Delgado Ribas, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sustentado en una ya reconocida tarea de investigación,
Delgado Ribas aborda el impacto y características de las migraciones catalanas en América en la segunda mitad del XVIII y en
vísperas de la independencia. Asumiendo como punto de partida la instauración del llamado régimen de libre comercio, menciona las actividades y distribución de los activos catalanes desde el Río de la Plata hasta México y el Caribe.

Como en algunos de los anteriores, este número de Siglo XIX
ha logrado entrelazar una densa información sobre el tema seleccionado y aportes significativos en lo teórico-metodológico.

�8

Siglo XIX

Para los responsables de su edición, esto parece ser una adecuada forma de inaugurar el cuarto año de existencia de la
publicación.

MORIR EN LA FRONTERA

Patrones de Mortalidad en las
Tierras Nuevas de la Provincia de
Buenos Aires: Tandil (1860-1895)

Mario Cerutti
Monterrey, México, mayo de 1989

Norberto Alvarez *
Eduardo Míguez *

In memoriam Marta Bruggi

En general la segunda mitad del siglo XIX es conocida, en lo que a
mortalidad se refiere, como una época de cambios. En algunas zonas,
especialmente el norte de Europa, se acentúa el movimiento de descenso que se había iniciado por lo menos medio siglo atrás. En otras, sobre todo en Europa del sur, recién durante este período -en algunas
regiones incluso hacia fines del mismo- se observa esta caída en forma sostenida, superando las oscilaciones de largo plazo que caracterizaron a los períodos precedentes, y se atemperaron los bruscos movimientos coyunturales de la mortalidad "de crisis", que sólo desaparecerán con los progresos de la medicina curativa y preventiva en el transcurso del siglo XX.

• Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la
Provincia de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET, Argentina). El presente trabajo es una versión abreviada y corregida de la
ponencia "De la Vida y la Muerte en una sociedad de frontera. Un análisis de la mortalidad en Tandil (Buenos Aires) en la segunda mitad del siglo XIX", en la que colaboraron como asistentes M.E. Argeri, M. Bruggi, S. Cosenlino, G. Medina, H. Otero, N.
Pastor, F. Urquiza y B. Zeberio, y que fue presentada en las Primeras Jornadas de Historia Argentino-Americana, organizadas por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Centro de la Provinciade Buenos Aires en Tandil, septiembre de 1983.
Debemos agradecer las observaciones de los asistentes a dicho evento y, muy especialmente, del comentarista Nicolás Sánchez Albornoz, que contribuyeron a mejorar esta
versión.

�10

Siglo XIX

Es ésta, sin embargo, una visión excesivamente eurocéntrica. En
vastas regiones del mundo -que son precisamente aquellas de las que
sabemos menos- no está muy claro que en este período se hayan producido cambios permanentes muy significativos, y es muy probable que
no haya sido así.
La idea, entonces, de esta etapa como un hito significativo en el
cambio de los patrones de mortalidad -y esto como un factor de la
"transición demográfica"- requiere ser considerada en una perspectiva regional. Los estudios existentes sobre la Argentina han señalado
que el inicio de la caída regular de la mortalidad se produce durante
este medio siglo (más precisamente alrededor de las décadas del
70-80 1), pero la gran mayoría de estos trabajos han considerado el
conjunto nacional o la ciudad de Buenos Aires.
Los resultados, entonces, se refieren al principal conglomerado urbano del país, con características singulares, o son el promedio de un
conjunto enormemente diverso. Así, un intento de regionalización efectuado por Somoza que ofrece datos sólo a partir de 1914, muestra que
la expectativa de vida al nacer (eo) en esta fecha es en la provincia de
Buenos Aires algo superior a los 51 años, en el Litoral se aproxima
a los 49 años, en tanto que en Cuyo y en el Noroeste se encuentra en
41.5 y casi 38 años respectivamente. Para la misma época MÜller estima la de la Capital en 48.5 años casi idéntica a la del promedio
nacional2 • La diversidad de estas cifras es más evidente si tenemos en
cuenta que ellas ponen a la provincia de Buenos Aires en una situación
no lejana a las áreas más avanzadas del mundo, en tanto que el Noroeste muestra una situación intermedia entre las zonas de mayor mortalidad y aquellas que, como Italia y España, están en pleno proceso
de cambio.
Esta diversidad regional, entonces, no se observa sólo en escala
mundial, sino nacional -no sólo en la Argentina: se encuentra también en los países avanzados (Inglaterra o Francia) o en los que atraviesan la etapa de arranque de la transición (España o Italia)-, existiendo incluso marcados matices dentro de cada región. De por sí esto
sugiere la conveniencia de abordar el tema no sólo en la escala nacional (macro) y en la regional, sino incluso desde la micro regional, para
ir construyendo el conocimiento desde "abajo" por agregado de fenómenos locales. Por otro lado, a falta de recursos masivos para la investigación, sólo la escala micro permite la suficiente profundidad de
análisis como para poder formular hipótesis de conjunto más acabadas. En contraste los análisis micro sólo cobran sentido cuando se los
inserta en un marco más amplio.

Es con esta perspectiva que en el presente trabajo nos propone-

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

I1

mos abordar los rasgos básicos de la mortalidad y su evolución a lo
largo de la segunda mitad del siglo XIX en un ámbito reducido, el partido de Tandil (en el sureste de la provincia de Buen?s Aires). P~a
ello contamos con los registros provenientes de los archivos parroquiales, católico y protestante, a partir de 1855 y 1861 respectivamente, Y
del Registro Civil a partir de 1889. Los datos parecen ser razonablemente continuos y completos sólo a partir de 1862/3, Y en lo que a
causas de muerte se refiere, recién a mediados de la década de 1870.
Esta información es completada con la proveniente de los censos nacionales de población de 1869 y 1895, el Censo Provincial de 1881 y
el Registro Estadístico del Estado de Buenos Aires de 18543•

El poblamiento blanco de Tandil se inició en la década de 1820,
como un fortín de frontera. Aunque la ocupación del suelo creció paulatinamente desde esa fecha -no sin algunos vaivenes- sólo a fines
de 1870 la línea de fuego de la frontera militar se alejó definitivamente
de la región.
Entre tanto una gran oleada de malones* a fines de la década de
1850 marcó el fin de la etapa más crítica del afianzamiento blanco en

la región; a partir de la década del 60 se inició un crecimiento demográfico y económico sostenido que para fines de siglo, cuando cerramos nuestro estudio, había hecho de la zona un núcleo destacado del
sur de la provincia, comparable en población y producción a zonas de
ocupación mucho más antigua.
El casco urbano declarado ciudad precisamente en 1895, fue un
centro comercial de ;elativa importancia ya desde la década del 60, Y
más aún desde su conexión a la red ferroviaria en 1883. Como tal se
fue desarrollando en él la oferta de servicios médicos y sanitarios _que,
aunque lejos de ser de avanzada, son visibles y crecientes a partir de
la década de 1870.
Como veremos más adelante, la inmigración ultramarina prov~yó
la parte principal de los contingentes ?umanos necesarios para realizar
esta transformación, los que predommaron en forma casi ~bsoluta :~
el ámbito urbano. En el espacio rural, en que la ganadena no ced10
• Nota del Editor: los malones consistían en ataques masivos lanzados por los _nú~leos
indígenas que ocupaban -con asentamiento P:~o- bu~~a parte de la p~ovmc1a de
Buenos Aires en la época analizada. La expuls1on y extenrumo de estos conungentes se
completó en el área pampeana argentina en los años 80, y facilitó la _explotación de una
vasta extensión de tierras fértiles para abastecer el mercado mundial.

�12

Siglo XIX

A/varez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

13

su pre~ominio en t?do el período -la agricultura se restringió a la z-ona pen-~rb~na, orientada al abasto local-, también son notorios los
gr~pos 4mm1grantes, aunque existió aquí mayor peso relativo de los
cnollos •

de partida no es el mismo, entonces, y si bien las condiciones de vi?a
también cambiaron aquí rápidamente, lo hicieron de forma muy distinta a Europa. Ni siquiera la difusión de la higiene y 1~ !ecnolo_gía sanitaria y médica fueron totalmente paralelas a las del vteJo contmente.

Un área de frontera, entonces, con rápido crecimiento demográfico, con fuertes contingentes migratorios, con amplios espacios "abiertos" a comienzos del período, que se "cierran" rápidamente en virtud
de una fuerte demanda de tierras generada por la creciente inserción
en el mercado i?terna~ional. Basta enunciar estas características para
perc~tarno~ de mmed1at?, que no sólo es necesario considerar la perspectiva regional en functon de sus propios ritmos: también hay otros
problemas.

Sin embargo, aunque se haya partido de situaciones diferentes Y
los factores de cambio no hayan sido iguales, existen puntos de contacto en la evolución del comportamiento de la mortalidad (a diferencia, por ejemplo, de lo ocurrido con_ la n~talidad). La tenden~ia general a una baja constante y regular, distorsionada por fluctuacion~ coyunturales, se inició en este período, al igual que _en algunas r~gionC;8
de migración. Más aún, buena parte de la po~lac1ón de Tan~ habia
vivido hasta muy poco antes en Europa, y eso impone la necesidad de
considerar el comportamiento de su mortalidad en relación al lugar de
origen. En resumen, no paree, posible interpretar la evolución regional mediante la aplicación mecánica del modelo clásico de la transición demográfica; pero resulta igualmente claro que la primera ~~
totalmente ajena a los fenómenos que el segundo trata de descnbrr .

El modelo clásico de la transición demográfica tiene en cuenta contextos q~e parten, o al menos parecen partir, de un cierto equilibrio
malt~~s1ano entre el nivel alimentario y las condiciones de salud. Si
las cns1s de escasez no provocan necesaria y directamente una alta mortalidad de famine, parece de todas maneras muy probable que los niveles globales de mortalidad se hallen en buena medida condicionados
por los alimenticios. En este contexto, las condiciones del medio ambiente natural introducen una variable relativamente más autónoma de
lo social en la conformación regional de la mortalidad.
El proceso de cambio que trae aparejado el crecimiento económico S?Stenido q~e se difunde progresivamente por Europa a partir de
mediados del siglo XVIII no sólo afectó, sin embargo, la disponibilidad de alimentos. Las condiciones materiales de vida en su conjunto
fueron variando -no siempre en sentido unívocamente positivo-, entre
ellas las condiciones de higiene y la tecnología de salud. AJ analizar,
entonces, la evolución espacial y temporal de la mortalidad, parece fundamental discutir cómo se conjugan estos factores en su caída.
Pero carnear un vacuno en campo abierto para pucherear, algo tan
remo!º com~ la luna para un campesino gallego, era aún posible para
su pnmo emigrado, que deambulaba por las cercanías de Tandil en
1860: Y si.esto no siguió siendo así por mucho tiempo, aún a fin de siglo
a casi_ nadie_ faltaba en la zona un pedazo de carne y una galleta; y quien
e_stuviera dispuesto al trabajo fuerte, seguramente no pasaría mucho
tiempo desocupado5 •
Por otro lado, dada la abundancia de tierra fértil y escasez de población, la productividad marginal del trabajo era bastante elevada
facilitando al trabajador el acceso a un nivel de ingresos considerable~
mente superior al de las áreas campesinas del viejo mundo. El punto

:s

Finalmente junto a las dificultades de interpretación que introduce un contexto t~ distinto al que dio origen a los modelos interpretativos mejor establecidos, existen problemas específicos en cuanto a la
medición de la mortalidad vinculados a estas sociedades "abiertas".
En efecto, todo parece indicar que a partir de la década d~ 1870 la información parroquial resulta razonablemente confiable. Sm embargo,
la gran movilidad física de la población, y la atípica estructura de edades provocada por la inmigración, vuelven inútil buena parte del arsenal metodológico desarrollado para el estudio de estos temas. Así, resulta impensable el uso de tablas de vida modelo1 , e incluso el intento de cálculo de la esperanza de vida por otros métodos no resulta totalmente confiable. Más aún, un indicador simple y descriptivo, como
la tasa bruta de mortalidad (T.B.M.) resulta difícil de interpretar: puede estar influido tanto por el nivel general de mortalidad como por una
estructura de edades muy favorable, con alta concentración en segmentos con menor riesgo.
Estos problemas, sin embargo, no deben desalentarnos. Si bien dificultan una caracterización demográfica de la sociedad estudiada, no
la impiden totalmente. Por otro lado, los fenómenos sociales vinculados al comportamiento poblacional no necesariamente deben ser_ interpretados en términos paramétricos; la descripción del comportamiento global -es decir, por ejemplo, la tasa de mortalidad independientemente de la estructura de edades, o la fecundidad total, en lugar de
la específica por edades- puede ser significativa para comprender el
desarrollo social, aunque no nos permita elaborar un modelo.

�14

Siglo XIX

Con esta perspectiva, pues, en las páginas siguientes comenzaremos por presentar muy brevemente los rasgos básicos de la población
de Tandil en el período en cuestión. A continuación veremos la evolución global de la mortalidad, y la existencia o no de "crisis", basados
principalmente en la T.B.M. En las secciones siguientes analizaremos
las causas de muerte, la estructura de edades de la mortalidad, con especial atención en la infantil, presentaremos el cálculo de la esperanza
de vida8 • Posteriormente veremos el ciclo estacional anual de la mortalidad, y al concluir abordaremos una cuestión clave en nuestro contexto: el comportamiento de la mortalidad de nativos y extranjeros,
relacionándolo con el de sus lugares de origen. Será en función de estos análisis, entonces, que en la sección fmal nos plantearemos una evaluación global de la mortalidad en el contexto estudiado.
LA POBLACION
Cuando el fundador de Tandil (entonces Fuerte Independencia) se retiró de la zona en 1823 dejó tras de sí 400 hombres de línea, unos pocos colonos y un cierto número de esos gauchos que habitualmente
deambulaban por la frontera sur de la provincia de Buenos Aires. Hacia 1836 sabemos que la inestable población de la zona estaba constituida por 689 personas, de las cuales 367 se encontraban en la campaña y 322 en el poblado. Para 1854 se había logrado una más amplia
estabilización de la población. Se observa un equilibrio mucho mayor
entre los sexos: 1 207 .mujeres de las cuales 512 eran menores de 15
años, y l 692 varones que incluían 513 de ese grupo de edad; de ellos,
2 210 habitaban la campaña y el resto -689- las inmediaciones del
Fuerte.
Como hemos señ.alado ya, en los años siguientes se producirán los
últimos grandes malones, y con ellos un considerable despoblamiento,
tras lo cual (a partir de 1858) el crecimiento poblacional será continuo
y vertiginoso, como se evidencia a través de los censos reseñ.ados en
el cuadro l.
Volviendo a las pirámides de población vemos que su forma es obviamente atípica. Los escalones inferiores, especialmente en 1869, muestran los rasgos clásicos de "antiguo régimen", pero a partir de los 15
años, especialmente en el sector masculino, se observan claramente los
efectos de la inmigración. En las edades activas se detecta un fuerte
desequilibrio entre los sexos, que como puede verse por los datos de
1881 y 1895, se debe, al menos en esos años, fundamentalmente a los
inmigrantes de ultramar. En las edades mayores se observa el rápido
aguzamiento de los regímenes antiguos, exagerado por el efecto inmigratorio. La inmigración también es responsable de que la base. es~

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

15

CUADRO 1

POBLACION DE TANDIL POR ORIGEN Y SEXO: 1869, 1881, 1895

Varones

Mujeres

Total

Pueblo*

4 103
767
4 870

2 181

6 389
2 373
8 762

3 561

9 967
5 015
14 982

7 088

84.3
15 .7
100

44.8

72.9
27.l
100

40.6

66.5
33.5
100

47.3

1869
Nativos
Extranjeros
Total

2 102
578
2 680

Nativos
Extranjeros
Total

3 419
1 751
5 170

Nativos
Extranjeros
Total

5 043
3 491
8 534

2 001
189
2 190

1881
2 970
622
3 592

1895
4 924
1 524
6 448

Porcentajes de lo anterior

1869
Nativos
Extranjeros
Total

43.2
11.9
55 .0

Nativos
Extranjeros
Total

39.0
20.0
59.0

Nativos
Extranjeros
Total

33.7
23.3
57.0

41.1
3.9
45.0

1881
33.9
7.1
41.0

1895
32.8
10.2
43.0

• Habitantes del " centro urbano"
Fuentes: Censos nacionales de 1869, 1895 y Provincial de 1881

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GRAFICO 1

PIRAMIDES DE POBLACION

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CENSOS DE 1869, 1881 y 1895
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EXTRANJEROS ~
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Fuente: ver cuadro 1

Sigue gráfico 1
PIRAMIDES DE ~OBLACION
CENSOS DE 1869, 1881 y 1895

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Siglo XIX

cialmente a partir de 1881, sea relativamente estrecha respecto a los
grupos adultos (y ello, pese a que sabemos que la fecundidad era muy
alta). Por otro lado, aunque las distorsiones señaladas dificultan una
adecuada "lectura" de la evolución temporal de la población, en general parece observarse una tendencia a la "modernización", lo que
coincide, como veremos, con los datos sobre mortalidad.
La información sobre población "urbana" tiende a marcar ciertas peculiaridades respecto de la región circunvecina. En 1854 Tandil
era sólo un pequeño poblado de campaña, pero para 1869 ya era un
pueblo que agrupaba el 440/o de la población del partido, siendo el principal centro comercial y de servicios del sur de la provincia (el segundo, !)a_hía Blanca, apenas superaba los l 000 habitantes).,Aunque el
creclilllento rural fue mayor que el del pueblo para 188 l, Tandil seguía
siendo el principal núcleo poblado de la región, seguido de Juárez (2 691
habitantes) y Bahía Blanca (2 096 habitantes). Para 1895 había perdido esa condición en favor de Bahía Blanca (distante 400 kilómetros),
pero el peso relativo de la ahora ciudad había crecido respecto de la
población rural del partido. Esta concentración relativamente alta de
habitantes en el casco urbano se explica por su carácter de centro de
abastecimiento de bienes y servicios a un sector rural de frontera mucho mayor que su propio partido.
El peso relativo de la inmigración fue mayor en Tandil que en el
resto del sudeste provincial. En 1869 era casi el 16% del total de habitantes, alcanzando el 27% en 1881 y el 33.5% al final del período, frente
a un 13.9%, 24.40/o, y 32.2% respectivamente en la región. La media
de toda la provincia, en cambio, supera claramente a Tandil en 1869
(19.9%) pero, con un crecimiento más lento, queda por debajo de nuestro partido en 1895 (30.9%). La comparación con la región y con la
provincia sirven para marcar la evolución del área estudiada durante
el período: a medida que pierde su carácter de zona de frontera se va
asimilando cada vez más a la media provincial.
LA MARCHA DE LA MUERTE
Como hemos visto, el aporte inmigratorio jugó un papel crucial en el
crecimiento poblacional que alcanzó niveles sorprendentes. La tasa media anual de incremento fue de 3.25% entre 1854 y 1869, 5.02% entre
la última fecha y 1881, 3.91 O/o desde entonces hasta 1895, y 4.42% hasta
el censo de 1914. Al mismo tiempo el volumen anual de muertes también evidenció un tendencia creciente pero en proporción mucho menor.
En consecuencia la tasa de mortalidad mostró una clara tendencia

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

19

a la baja. En el gráfico 2 hemos tratado de reflejar la evolución general de la tasa bruta de mortalidad (T.B.M.) anual a partir de las cifras
de mortalidad suministradas por los registros parroquiales y civil, y la
de población suministradas por los censos. Para los años intercensales
hemos estimado la población de acuerdo a la tasa indicada arriba.
Aunque nuestro trabajo termina en 1895 computamos hasta el censo
de 1914 para verificar la continuidad de la tendencia decreciente que
se evidencia en el último período. Para evaluar la evolución en el largo
plazo incluimos la recta de tendencia central estimada por el método
de los mínimos cuadrados, en tanto que para tener la medida de la mortalidad "normal" incluimos la media móvil propuesta por Livi Bacci
y Del Panta, sobre la que volveremos más ade1ante. Finalmente cabe
aclarar que, si bien es muy probable que exista un cuarto subregistro
de la mortalidad, particularmente en el sector rural del partido, este
no debe ser tan significativo como para alterar substanciamente los datos presentados. Por otro lado debe estar compensado en parte por un
subregistro similar en los censos. Por último, el subregistro debió ser,
sin duda, mayor hacia comienzos del período; si esto es así la disminución de la T.B.M. debió ser aún más marcada de lo que sugiere el
gráfico.
Disponemos de información de mortalidad para 1854, pero es muy
poco confiable: fijaría la T.B.M. en un 22.8 0100, valor próximo al de la
capital del estado al año siguiente. Pero si dejamos de lado este valor
inseguro, y partimos de 1863, cuando los datos se hacen más confiables, podemos establecer con claridad cuatro ciclos.
Durante la primera década, el accionar de la muerte parece haber
sido contundente; tres momentos críticos surcan la etapa: 1864, 1868
y 1871. Resulta difícil aseverar en los dos primeros la existencia de epidemias; las cifras lo sugieren, pero la falta de especificación de las causas de muerte plantea dudas. En cambio en 1871 sabemos con certeza
que la viruela se enseñoreó en la región, diezmando la población. Esos
once años (1863-73) fueron de alta mortalidad, con tasas claramente
de "antiguo régimen". En 1869, por ejemplo, un año "normal", la
T.B.M. fue de 45.2 0100, en tanto que para el conjunto del país se la
estima en 32 0/ 009 , y en la ciudad de Buenos Aires 35.2 010010• Y para
el año epidémico de 1871 ese indicador trepó al 66.1 0100 (el más alto
de todo el período), pero aún así quedó por debajo de la Ciudad Puerto, que padeció la fiebre amarilla.
A partir de 1873 y hasta 1895 el número de defunciones tiende a
volverse estacionario, lo cual, dado el crecimiento de la población, im-

�20

Siglo XIX

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

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La comparación de las tasas de mortalidad en Tandil y Buenos Aires
nos muestra una cierta semejanza. El punto de partida parece ser más
alto en la región de frontera, para aproximarse luego, e incluso aventajar, a la zona urbana en la medida en que Tandil supera su relativo
aislamiento inicial, se facilita el acceso a los servicios de salud y mejoran las condiciones de vida (vivienda, calidad de la alimentación, etcétera), sin ser tan afectada como el gran centro urbano por el hacinamiento y la marginalidad. Pero lo que predomina en los dos ámbitos
es la clara tendencia a la baja, amortiguada sólo por periódicas epidemias que, sin embargo, parecen perder letalidad a partir de 1891.

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Como hemos señalado ya en referencia al conjunto provincial, esta transformación es muy notable dado que en el breve período analizado se pasa de una situación típica de regímenes antiguos a una bastante avanzada para la época. Por otro lado, si bien el indicador presentado está afectado por la estructura de edades de la población, durante el período en consideración no se produjeron modificaciones que
pudieran afectar las conclusiones que proponemos.

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plicó una baja regular muy significativa de la T.B.M. En el año censal
de 1881, por ejemplo, alcanzó al 26.8 0100, frente a un 20.4 0100 de
11
Buenos Aires y 28 0100 para el total del país • En 1886 la muerte retoma su accionar violento y hasta 1892 la alta mortalidad vuelve a ser
dominante. Este nuevo ciclo estuvo marcado por dos ataques epidémicos: el de 1886-87, debido a la difteria y la viruela, y el de 1890-91,
cuando la segunda se combina con el tifus y algunos otros brotes menores. En los puntos críticos, 1887 y 1891, la T.B.M. llegó al 33.7 y
37.4 0100, siendo el punto más bajo 1889 con el 22.7 0100. Entre tanto, Buenos Aires exhibía una tasa de 30.0 0100, que descendió al 23.8
12
0100 para 1891 •
Desde 1891 se inicia otro ciclo de estabilidad en las cifras mortuorias, frente al cual el aumento sostenido de la población marca una nueva retracción de las tasas de mortalidad: para 1895 resultó del 20.3 0100 .
y continuó descendiendo en forma lenta pero regular hasta el final del
período de observación, siendo en 1914 de tan sólo 14.5 0100.

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Queda dicho que difícilmente pueda asociarse en la región la evolución de l~ mortalidad con el nivel de consumo de calorías y proteínas. La alimentación puede haber mostrado algún defecto en su condición higiénica -un problema recalcado con frecuencia por el periódico local, y que suele ser de preocupación para las autoridades
municipales- 13, y sobre todo un cierto desequilibrio por falta de frutas y verduras frescas, en especial hacia comienzos del período (supe-

�22

SigloXIX
Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

rado luego por la generalización de la práctica hortícola difundida probablemente por la inmigración).
'
. En cambio parec_e, proba?le la conexión del nivel general de mort~1dad ~on la evo!uc10~ de ciertas prácticas culturales ligadas a la higie~e. P_nvada ~ret1cenc1a a la vacunación, consenso al curanterismo,
preJmc1os o mitos medicinales populares) y con los poco fructíferos
esfuerz?s de la higiene pública, que no contó hasta fines de siglo con
una se_ne de c~no~í~entos científicos, una tecnología médico-sanitaria
Ymedios de d1fus1on capaces de provocar un impacto significativo sobre la marcha de la muerte.
Cabe por último plantearse si los picos de mortalidad constituyeron verdaderas "crisis". Como es bien sabido desde los trabajos de
J. Me~vret Y P. Goubert, el análisis de las crisis de subsistencia no puede
reduc_me.al ~s~udio de la mortali?ad. En nuestro caso, sin embargo,
no exis~e mdic10 alguno que perffilta suponer la incidencia de crisis alime~tanas en la evolución demográfica, y más bien todo sugiere lo contrano. En este contexto la pregunta tiende a centrarse en si Ja intensidad d~ sobre-mortalidad epidémica justifica considerarlas auténticas cns1s.

!ª

. . Existen varios métodos propuestos para medir la intensidad de las
cns1s. No entraremos aquí e~ _la discusió~ técnica de los mismos, pero
po~~I?os sefialar que, aun utilizando el cnterio más amplio para su defiruc1on, I?~ mayores picos obituarios no alcanzan a constituir una verdade~a cns1s de mortalidad. En efecto, el método propuesto por Livi
Bacc1 Y I?el P~~ta consiste en considerar como mortalidad "normal"
una media ~ovil de once años que descarte los cuatro valores extremos (es decir, los_ ~os superiores y los dos inferiores). Estaríamos ante
una (pequefia) cns1s cuando el total obituario de un año dado supera
en un _5~0/o el valor c?rrespondiente de la media móvil para ese año
(las .~ns1s mayores senan cuando la mortalidad real supera a la "normal en dos, tres, cuatro o más vecesf4 • Ni en 1871 ni en 1887 ni
en 1891 :--los picos máximos de mortalidad-, tomando tanto el t~tal
mortuono como la T.B.M. estimada, se alcanza un incremento del 500/o
respecto del valor de la media móvil o el de la tendencia central como
puede apreciarse en el gráfico 2.
'

Se ha ?bjet~do a este método que al adoptar el año calendario puede
ocultar la mtens1dad de una crisis ocurrida entre dos años. Pero en nuestro caso, aún c?n~iderando los doce meses de mayor mortalidad en
1886-87 (a~osto-Julio)_ Y_ 1~90-91 (septiembre-agosto), no alcanzaron ver1
daderos ruveles de cns1s . Esto es especialmente significativo porque

23

en un ámbito reducido el efecto de las epidemias suele aparecer más
marcado que en un espacio más dilatado, donde la alta mortalidad de
una villa suele compensarse con otras no afectadas .
En síntesis, la presencia de epidemias, si bien provocó espasmódicas alzas de la mortalidad, no alcanzó a ~enerar auténticas crisis: Sólo
en 1871, cuando se produce uno de los mas nefastos ataques de vuuela
en la región, sumándose a una alta mortalidad "de base'', se observan
tasas realmente agudas. En cambio, en los puntos álgidos de la década
del 80 y comienzos de la del 90 las tasas "normales" habían caído sensiblemente y aunque la difteria y la viruela afectaron severamente la
población,' no alcanzaron a provocar niveles de mortalidad que pusieran en peligro la dinámica demográfica de la región.
Se hace evidente, entonces, que por encima de las fluctua~iones
coyunturales, lo más significativo es la clara y marcada tenden~1~ a la
baja, que se halla gráficamente reflejada en la recta de los ?11mmos
cuadrados (más aún, si trazáramos esta recta sólo para el pen?do que
consideramos centralmente, 1863-1895, aparece con una pendiente levemente mayor). Por otro lado es también llamativo el paralelo entre
la recta mencionada y la curva de medias móviles. Esta última muestra
algunas divergencias con aquella al señalar las fluctuaciones de mediano plazo, con sus inflexiones a mediados de la dé~ada del 70, y a comienzos del 80 y nuevamente del 90. Pero en realidad estas no ha~en
más que marcar pequeñas aceleraciones o retras~s dentro de la_rá~1da
marcha descendente. Y a partir de 1892 el paralelismo y la proxirmdad
de las tres lineas apuntan a confirmar no sólo la marcada tendencia
general, sino incluso la limitación de las fluctuaciones anual~s (la mayor divergencia entre la media móvil y la T.B.M. real postenor a 1892
es en 1902, y es sólo del 220/o, frente a un 420/o en 1891 y 48.50/o en 1871).
LAS CAUSAS DE LA MUERTE
Si las condiciones en que se desarrollan las vidas de los seres humanos
determinan en buena medida su duración y fin, la forma en que éste
tiene lugar suele reflejar esas vidas:
La capacidad de observación del médico debe en realidad ser muy
limitada si no lo ha llevado a la conclusión de que el motivo de la
muerte de cientos de personas en este pueblo debe buscarse en la falta de los elementos imprescindibles para la existencia. Es posible que
mueran de enfermedad; pero esta es inducida por las malas condicio16
nes de vida combinadas con el agotamiento laboral •

�24

Siglo XIX

La cita corresponde a otro momento y lugar, donde las condiciones
de vida de los sectores bajos eran sin duda más duras que las del Tandil decimonónico, pero el criterio implícito tiene una validez mucho
más amplia que la situación que la inspiró. Estudiar las causas de muerte, entonces, no sólo sirve para comprender sus patrones básicos, sino
también para aproximarnos a las condiciones de vida. Por ello en esta
sección enfocamos el tema no sólo desde las estadísticas surgidas de
los registros parroquial y civil, que aunque con falencias aportan una
imagen bastante precisa de la incidencia de los distintos tipos de mortalidad, sino también la forma concreta en que éstos actuaban, sus idas
y venidas, e incluso la reacción de los contemporáneos frente a ellos.
Este relato menos numérico busca ahondar en ·1os efectos de estas
plagas sobre el hombre y la sociedad, teniendo especialmente en cuenta la calidad y forma de la vida cotidiana. Constituyen parte de él desde el exagerado temor provocado por la fiebre amarilla de 1871 (la plaga
nunca llegó a Tandil), o por una epidemia de cólera que fue mucho
menos grave de lo esperado, hasta el resignado silencio que acompaiía
la alta mortalidad anual tuberculosa, o las medidas de escasa eficacia
con que intenta responderse a las grandes pestes.
El análisis cuantitativo presenta algunas dificultades. Las quince
categorías que presentamos en el cuadro 2 son el resultado de la reagrupación de más de cincuenta rubros -algunos subdivididos por
edades- en que habíamos sistematizado originalmente la información.
En general hemos adoptado una agrupación similar a la utilizada en
otros trabajos de este tipo para facilitar las comparaciones, desglosando de ellas ciertas causales que por su importancia estadístico-social
requieren un tratamiento específico. Algunas categorías (notoriamente el cáncer) han sido incluidas en forma independiente pese a su escasa representatividad para remarcar la diferenciación con períodos más
recientes en que adquieren mayor gravitación.
Hasta la década de 1870 la información sobre las causas de la muerte, como se observa en el cuadro, era muy fragmentaria y la mayor
parte de los casos registrados corresponden a la categoría "otras y no
especificadas". Sólo a partir de 1875 la incidencia estadística de este
rubro dejó de ser significativa. Es por ello que además de la columna
de resumen total hemos incluido otra que abarca el período que va entre este afio y 1895 para evitar la distorsión que en los años iniciales
provoca la falta de especificidad de la información.
Otro problema está constituido por la discontinuidad o inadecuada especificación de las causas. Así, la desaparición de una causa puede deberse a su inclusión en otras más imprecisas (por ejemplo entre

AJvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

25

1876 1878 el tétano infantil parece hallarse encu~ierto en de(miciones v:gas como "fiebres y convulsio~es"). A p ~ de 187?, sm embargo, este tipo de caracterizaciones tienen un baJo y ~ecreciente peso
estadistico. En general puede afi.rll!arse_que la mayona de las ~us~
señaladas en la fuente pudieron ser mclwdas en nuestras categonas sm
an riesgo de error, Jo que crea cierta confianza al menos en lo que
refiere al panorama global ~ue, p~r º!ro lado,. es convergente con
estudios contemporáneos refendos a ambttos próximos -~ayormente
a la ciudad de Buenos Aires- y con la información provemente de las
fuentes cualitativas locales.

fe

Infantiles

Dentro de la mortalidad infantil encontramos un conjunto de ~os atribuibles a causas específicas que afectan sólo ª. este grupo, Junto con
otras que actúan sobre el conjunto de la población. Dada la lffipo~ancia de la mortalidad infantil en el total obituario parece convemente
analizar por separado estas causas.
Podemos distinguir t~es grupo_s. El primero, p~~~atales, .~º~~es:
ponde a cuatro consignaciones distmtas en la fuente_. al nacer , as
fixia" "falta de desarrollo" e "inanición". Las prlffieras dos Y p~e
de la t~rcera corresponden a decesos ocurridos en los primeros mmutos u horas de vida, las restantes en el primer mes. Se agruparon s~bre
el criterio de que pueden atribuirse mayorment~ a problem~ endogenos en la gestación O al parto. En consecuencia su ev_olucion parece
ligada en general al ritmo de crecimiento de ~a p~bl~ción, Y sus fluctuaciones parecen deberse a problemas de diagnostico.
Bien distinto es el caso del tétano infantil. Esta enfermedad proviene de la infección de la herida umbilical, hallándose ~strechamente
vinculada a las condiciones de higiene durante y despues del parto, Y
por lo tanto a las pautas culturales relacionadas con este p~oce~o. Como hemos señalado existen dificultades respecto a su clas1ftC3:ción que
complican la evaluación de su incidencia exacta y su e~olución en el
tiempo pero el diagnóstico parece confiable en la mayona de los c~os
por tratarse de una enfermedad de síntomas claros Y muy conocid~s
en la época. Más allá de las carencias a las que hací_~mos referenc~a
(que posiblemente se evidencien en una sobrevalor~c1on entre 1871 Y
1873, y una subvaloración entre 1876 y 187~)_, los numeros co~rman
que se trata de un mal endémico con una accion regular ~da ano,. aunque parece observarse una tendencia de_s~ndente, en pamcular_teruendo
en cuenta el creciente número de nac1m1entos. Esto puede vmc°!ars_e
con la difusión de pautas de higiene más avanzadas, en parte atnbmbles al proceso migratorio.

�~
CUADR02

~

CAUSAS DE MUERTE (1859-1895)

Causas

S9

Perinatales
Tétano infantil
5
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
5
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
1
Vías respiratorias
1
Cerebrales
1
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
5
Otras y no
especificadas
14
Totales

32

60

61

63

64

5

4

1

5

2
15

1
4

62

4
14

6S

~
o

Montos
66

le

67

3
1

68

11
1

69

70

71

72

73

74

7S

76

77

8

2
32

41

41

40

3
24

5
15

13
3

32
1
1

18

41

64
83

41
43

27
7

56
3

112
1

67
14

95

~

3
2
11
1

1

4
4

'I
6

2

2

6

2

3

2

15

3

8

1

3

9
22
3
4

7
17
12
1
10

2
18
1
10
4

17
2
15
1
2

14
16
4
8
1
8

24
27
3
9
3
3

29
19
14
11
1
4

17
3
4
19

1
3

1

4

4

10

1

8

9

4

2

8

4

6

14

15

15

57

18

42

27

50

23

15

56

83

166

134

143

155

224

146

98

85

90

77

53

42

46

69

18

88

130

180

139

152

163

248

212

224

335

307

208

232

271

271

19
17

35

- 246

sigue cuadro 2

Porcentajes
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas

0.6

15.6 5.8

5.7

3.1

15.6 20.3

5.7

1.6 0.6
11.5 2.2

2.9
15.9
1.4

4.5
4.5

3. 1
3.1
3.1

4.4
4.4

5.6

5.6

0.8
4.6

2.2

4.6

4.6

3.1

3.8

0.7

1.8
0.6

0.8

1.1

1.1

4.4
0.4

1.2

2.1

0.4

8.5

7 .1
3.8

1.0 1.3
14.3 12.3 13.4 19.2 10.3

1.9
5.5

4.8
1.1

13.0
0.5
0.4

18.3 19.1 13.4 13.0 24.1 41.3 24.7 38.6
24.8 14.0 3.4 1.3 0.4 5. 1
1.2
4.0
9.8
1.3

2.1
5.0

1.8
-0.3

3.6
3.0

1.4

0.7
5.9
0.3

8.2
1.0

3.3
0.5
1.3

7.2
0.4
1.0

6.0
6.9
1.7

8.7 10.7
10.0 7.0
5.2
1.1

7.7
6.9

3.5

3.3
0.4

3.5

1.1

4.1
1.2
1.5

6.9

1.1

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2.4

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6.7

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18.6 8.7

18.1 !O.O 18.5

7.7

43.8 33.4 83.3 64.6 63.9 92.2 96.4 94.0 95.1 90.3 68.9 43.8 25.4 29.3 37.0 22.8 15.5 16.5 14.,2

~

~

t

!)¡

"'.....

�sigue cuadro 2
~

r

CAUSAS DE MUERTE (1859-1895)

Causas
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas
Totales

o'

Montos

78 79

80

81

82

83

84

85

86

87

88

89

90

91

92

93

94

Sub95 total Total

26 26
4 9
. 3

18
5
1

11
11
11

18
3
2

12
6
12

12
11
12

14
3
7

13
5
17

17
7
26

25
13
22

25
19
17

28
IS
47

25
17
31

5
18
20

23
11
25

13
10
36

29
14
35

390
200
325

48 59

43
4
4

38
28
5

35
11

28

33

32
4
1

62
64
78

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61
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48
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27

39

73
20
3

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138
4

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SI

48

63

1 213 1 524
347 504
210 210

25
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14
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16
2
1

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3
2
1

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48
16
13
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3
4

20
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29
17
6
3
3

19
34
21
10
6
1
1

17
34
32
22
8
2
6

21
61
24
7
5
6
4

17
51
9
16
7
3
3

33
67
14
20
9

28
67
8
16
8

6

28
46
10
18
6
6
2

10

33
49
6
17
11
3
7

28
64
5
19
8
2
1

6
5

539 579
791 923
307 319
287 360
114 118
67 107
SS
SS

.

1

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25
22
12
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6

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25

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34

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34

36

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30

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21

640 2 202

255 210

208

230

182

168

215

199

385

412

340

268

389

476

306

291

286

638
a

299 5 907 8 644

sigue cuadro 2

PorctntaJes
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas

10.2 12.4
1.6 4.3
1.4

8.7
2.4
0.5

4.8
4.8
4.8

9.9
1.7
1.1

7.1
3.6
7.1

5.6
5.1
5.6

7.0
1.5
3.5

3.4
1.3
4.4

4.1
1.7
6.3

7.4
3.8
6.5

34.5 28.1 20.7 16.5 19.2 16.7 15.4 16.1 16. 1 13.4 14.1
. 2.0 16.6 14.9 0.6
1.9 12.2 6.0
0.5 20.3 17.2 7.9
0.4 1.9 2.2
12.2 17.2 12.0 6.1 15.4 11.9 11.6 10.1
9.8 9.0 18.3 11.3 12.6 16.7 22.3 9.1
6.6 7.4 14.6
8.6 7.6 8.7 9.6 7 .1
4.7
0.8
2.4

.

3.3
2.9
1.4
0.5

6.3
2.4
1.0
0.5

7.0
0.9
0.4

7.8

6.7

5.8 10.4

7.5

4.8

9.1

9.1

9.3 7.2
7.1 3.9
6.3 12.0

5.3
3.6
7.4

1.6
5.8
6.5

14.6 18.8 16.8 20.3
5.1 29.0
4.9 0.8 0.8

4.9
8.8
5.6

4.1 6.1 6.3 8.5
8.3 17.9 19.4 17.2
3.4 3.6
7.8 7.1

17.5 18.5 21.1 20.6 17.4
5.9 5.8
. 3.6 2.4

4.2
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1.1
1.1

5.1
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1.5

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1.3
0.4

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7.5

3.9

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16.5 15.5

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3.3
1.4
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1.1

6.6
3.4
5.5

5.9 9.1 11.3 9.8 14.7 9.1 6.8
9. 7 21.9 16.8 22.4 10.0 13.4 10.6
2.1 2.6 2.1
1.8 4.7 5.2 3.7

4.2
1.8
1.2
0.6

4.4
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7.9 4.6 9.7
3.8 3.5 4.7
8.6 12.6 11.7

1.1

1.0

Q.

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7.1

• Período 1875-1895
Fuentes: Registro parroquial de defunciones, 1859-1889, parroquias católicas y protestantes de Tandil. Registro Civil de Tan dil, libro de
defunciones, 1889-1895.

s·

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~

�30

Siglo XIX

Esta enfermedad conocida generalmente como el mal de los siete
días, o simplemente el mal tuvo, como puede observarse en el cuadro,
un peso significativo en el conjunto de la mortalidad en la región, superior al que se evidencia en la ciudad de Buenos Aires. G. Rawson
sostenía que presentaba carácter endémico en la provincia de Buenos
Aires y amplias zonas del Litoral, y que se generaba por la falta de
higiene y la humedad del clima. En su tesis doctoral del año 1854, M.
Montes de Oca afirmaba que: '' ... del mal método de curar el ombligo
puesto en práctica por las comadres y los sectores del charlatanerismo
en nuestro país depende la extraordinaria frecuencia de una afección
tan mortífera" 17 •
Recién a fines de la década del 70 tomó difusión su etiología más
precisa: ''Es un hecho admitido en la actualidad, que el tétanus infantium o trismun nascentium conocido entre nosotros con el nombre de
mal de los siete días, no es otra cosa que un tétano producido por el
traumatismo del cordón umbilical" 18 •
Un médico danés que recorrió buena parte de la campaña bonaerense, a mediados del XIX, relataba en sus memorias:
Gran preocupación tenían los médicos por la frecuencia aterradora
del llamado "mal de los siete días", que se presentaba a este tiempo
del nacimiento, cuyo término casi seguro era la muerte de la criatura.
Todos los partos nos llenan de preocupación en la primera semana
que sigue al nacimiento, dicen los médicos ante el temor de que el
recién nacido sea atacado por la enfermedad denominada " mal de
los siete días'', que se anuncia por el hecho de que la criatura al quinto día suelta el pecho materno y grita. La boca no puede abrirse lo
suficiente para tomarlo nuevamente; le es imposible tragar nada líquido a lo cual se agregan calambres; la cara toma un color azul-negro
y adquiere una expresión horrible, terminando generalmente el proceso con la muerte de la criatura al séptimo día del nacimiento, de
lo cual deriva el nombre de la enfermedad. Acerca de los motivos de
la misma, así como su origen y tratamiento no se conoce nada concreto. La enfermedad era conocida también en otros países, pero nunca
con la misma asiduidad y violencia como en Buenos Aires 19 •

Esta letal afec~ión, que te~ía su origen, probablemente, en prácticas
culturales propias de la región (cortar el cordón con el facón• o tijeras
y untar Ja herida umbilical con bálsamos vegetales), 20 disminuyó fuer-

• Nota del Editor: cuchillo del peón rural o gaucho, de uso cotidiano.

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

31

temente al haber mayor cantidad de médicos y parteras en la pr~vi~cia además del cambio de prácticas culturales aportado por los mm1gr;ntes. Esto tiende a ser confirmado por la observación de E. ~a~elli,
quien insiste que el tétano infantil encontraba el grueso de sus victimas
entre los hijos de pobladores del campo, mientras que los lactantes de
los centros poblados de la campaña bonaerense eran asiduos pacientes
de las diarreas, debido al hacinamiento y la contaminación.
El caso que estudiamos muestra también la presencia de este último mal. La diarrea infantil presenta menos dificultades para su análisis aue las otras dos afecciones infantiles. Se han incluido en ella las
muertes de niños de entre cero y tres años consignadas como "diarrea",
"enteritis" o "colitis", "cólera infantil" o "colerina". Es necesario
remarcar el carácter fuertemente estacional de la afección. El 26.8%
de los casos registrados tuvo lugar en enero y el 17.3% en diciembre,
en tanto que en los meses invernales sólo julio (4.6%) superaba el 3%
de los casos. Los cinco meses de mayor mortalidad (diciembre-abril)
suman el 77 .8%. Así, en algunos veranos los picos adquieren rasgos
muy agudos provocando una fuerte alza de la mortalidad general. Es
sabido que esta enfermedad, que es esencialmente una diarrea que puede
deberse a distintos orígenes, y cuya gravedad consiste en provocar deshidratación en el infante, puede combatirse fundamentalmente mediante
extremos cuidados en la higiene y alimentación de los párvulos.
Consciente de ello, la municipalidad, a través del Eco, solía dirigir
recomendaciones a madres y nodrizas acerca de cómo alimentar "sanamente" a los recién nacidos, exhortándolas y mostrando su responsabilidad sobre el particular: " ... es menester, de una vez por todas,
que lo hagan, pues en la lucha contra las causas que dan mayor número
de defunciones, a ellas les toca desempeñar el papel primordial" decía, citando a la Academia de Medicina21 •
En este aspecto Tandil no era singular. En la ciudad de Buenos
Aires, entre el 35 y el 50% de la mortalidad infantil tenía origen en
problemas del aparato digestivo: " .. .la estadística señala a la gastroenteritis en primer lugar de la mortalidad de la infancia, viene enseguida
la enteritis y la enterocolitis. Digamos en fin que el raquitismo corona
la obra ruinosa del mal alactarniento. " 22
Los años 90 fueron testigos en la Capital de una campaña emprendida por los médicos higienistas, destinada a ilustrar a las madres sobre la necesidad de amamantar directa y personalmente a sus híjos,
evitando los "pechos mercenarios" y los "sucios biberones". La hígiene alimenticia del bebé ocupó largos espacios en diarios, revistas y
libros especializados. Estas preocupaciones eran, en parte, el correlato

�32

Siglo XIX
Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

de medidas sanitarias de los países industrializados europeos, vinculadas al trabajo femenino, pero también la visión de una realidad que
ya resultaba propia:
Durante las horas del día el trabajo absorve a la madre y la obliga
a abandonar su casa; el recién nacido queda a cargo de alguna vecina
a quien sus propios quehaceres y cuidado de sus hijos la ocupan demasiado para que pueda dispensar atenciones al huesped, arrojado
en cualquier sitio, sobre un mueble o en el suelo; se revolverá hambriento hasta que a objeto de acallar sus gritos se le dé unos tragos
de leche, si la hay, o se le haga succionar el nauseabundo chupón hasta
el agotamiento de sus fuerzas23 •

Estrechamente ligada a condiciones sociales y culturales, la evolución
de la incidencia de esta afección en la mortalidad infantil fue reflejando el cambio de las condiciones de vida, pero este último no fue suficientemente marcado en el período estudiado como para que se evidenciara una reducción sensible de su desarrollo. Este flagelo mantuvo su letalidad para la población infantil en la provincia de Buenos Aires
todavía por un largo tiempo.

Infecciosas y parasitarias
En esta categoría se ha incluido un amplio conjunto de enfermedades
que presentan la etiologia señalada, junto con algunas descripciones
sintomáticas que parecen corresponder a este tipo de males.
Podemos distinguir cuatro subgrupos: 1) algunas enfermedades claramente identificadas aunque de escasa difusión, y que tienen poco peso
estadístico; 2) la descripción de síntomas cuya causa específica no es
consignada pero que corresponden muy probablemente a una enfermedad infecciosa -fiebres, llagas, convulsiones, etcétera-, cuyo peso relativo en el conjunto del grupo depende sólo de la calidad de la
informa~ió~, Y~ que a medida que ésta se hace más regular este tipo
~e descnpc1ó:'1 tiende a ~esapar~r; 3) afecciones en el aparato digestivo o unnano, a veces 1mprec1samente caracterizadas, cuya incidencia es intermedia, y exhiben gran regularidad en la medida en que se
precisa el diagnóstico; 4) enfermedades epidémicas, cuyo diagnóstico
es en general bastante exacto.
Junto a ellos es necesario considerar otros tres rubros del cuadroresumen que fueron separados para destacar su importancia relativa.
Se trata de las dos enfermedades que provocaron las epidemias más
agudas del período, viruela y difteria, y el mal pandémico con una incidencia más regular y devastadora, la tuberculosis.

33

De las cuatro categorías señaladas concentraremos nue_stro an~sis en las epidémicas, que son las más significat_ivas en _ténrunos soc_iales, lo que se refleja entre otras cosas en un d1agn_óst1co más preciso
y un mayor cuidado en su asentamiento en los registros. Por otro lado, su presencia puede ser confirmada por otras fuen!es tal~ como
memorias, periódicos, etcétera. Incluimos en esta_ categona ~ las infectocontagiosas infantiles, el cólera, el tifus y la fiebre amarilla.
Esta última, que es la que ha dejado más ttistes recuerdos en la
historia argentina, se destaca por su total ausencia en la región. El único caso reconocido de muerte por esta causa en Tandil corresponde
a un comerciante porteño de paso por el pueblo durante la gran peste
del verano del 71, y no se encuentra registrado en los libros parroquiales, posiblemente por no haber sido inhumado en el cementerio lo~.
Pese a ello la posibilidad de la expansión de este flagelo en la región
dio lugar a una serie de medidas municipales -tales como la habilitación de un lazareto y la formación de "consejos de peste" por los médicos locales- que aunque demuestran un total desconocimiento sobre la propagación del mal, constituyen un avance significativo de la
organización vecinal en la lucha antiepidémica24 • En definitiya p_arece que el clima poco favorable para el desarrollo del mosqwto libró
a Tandil de la fiebre, algo análogo a lo que debió ocurrir con el paludismo, también ausente en la región.
Los brotes epidémicos de las enfermedades típicas de la niñez
-eruptivas, paperas, tos convulsa- en cambio, no eran infrecuentes,
pero no parecen, salvo excepciones, haber presentado carácter agudo,
lo que en parte puede deberse a que no afectaban a una població~ infantil que sufriera un gran déficit nutritivo. De ellas son la escarlatma,
el sarampión y la tos convulsa las que acusan mayor gravedad, lo que
se refleja por primera vez en una epidemia de las dos últimas, que causan nueve y once decesos respectivamente en 1875. Con posterioridad
a esta fecha su difusión se observa en varias epidemias en distintas áreas
de la campaña bonaerense: en 1883 la tos convulsa se expande por casi
toda la provincia; en 1884 hay una epidemia de sarampión en Azul y
en 1887 nuevamente la tos convulsa ataca Dolores25 •
En Tandil su recurrencia sólo se refleja en los registros de defunciones con apariciones esporádicas y reducidas (no más de tres casos
anuales). Las excepciones son dos epidemias de tos convulsa -la primera, causa seis decesos conocidos en 1891, y la restante, siete, cuatro
años más tarde- y una epidemia de sarampión que cobró siete víctimas en 1890. En esta última ocasión el ausentismo escolar llegó al 30%,
pero no encontramos referencias al cierre de escuelas para evitar el contagio, medida habitual en las epidemias mayores, lo que sugiere que

�34

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX
26

no se la consideraba entre las enfermedades temibles de la época

•

Más grave parece el caso de la escarlatina. En el período estudiado
registramos en Tandil sólo dos epidemias. De la primera, _que tuvo lugar a mediados de 1886, se hallan asentados en los _registros .~arroquiales sólo tres víctimas; pero si nos atenemos a la mformac1on del
periódico local, la mortalidad debió ser mucho mayor:
¡Estamos de desgracia! -decía un artículo-. Después de la viruela,
que todavía combatimos, un nuevo enemigo se ha presentado a nuestras puertas. La escarlatina con una complicación de angina gangrenosa. Ya hemos enterrado muchas víctimas y hay muchos enfermos ...27

El diario propone que los cadáveres sean tratados en forma similar a
los de diftéricos y variolosos, reflejando la honda preocupación provocada en una opinión pública sensibilizada por un año en que confluyeron varias epidemias. Las actas registran un cierto número de defunciones caracterizadas como "anginas", que pueden corresponder
a ta complicación indicada por el periódico, lo que incrementaría el
índice de letalidad del mal. También es posible que dada la coincidencia con el terrible brote diftérico de ese año haya habido una cierta confusión en los diagnósticos.
Pocas dudas caben, en cambio, de la gravedad de la epidemia de
escarlatina de 1890. Entre mayo y diciembre, la enfermedad provocó
dieciocho víctimas, casi el 7 .50/o de la mortalidad general en un año
en que ésta se vio incrementada por la viruela y la diarrea infantil. Con
posterioridad a esa fecha no se vuelven a registrar picos agudos, aunque pequeños rebrotes pueden observarse al año siguiente (siete ~os)
y en menor medida en 1893 y 1894. Todas estas enfermedades tuvieron
poca incidencia en la mortalidad global, evidenciando en cambio cierto peso en la de niños entre uno y diez años.
Entre las epidemias mayores fue el cólera una de las que produjo
mayor alarma, aunque ésta fuera poco justificada por su incidencia
real en las estadísticas obituarias. Existieron sólo dos brotes de este mal
en el período estudiado: el primero en el verano 1867-68, que produjo
siete víctimas fatales, y el restante en 1886-87, con igual número de
muertes registradas. Aparte de esto conocemos muy pocos casos aislados. Ya de por sí, la consignación precisa de la causa de muerte en un
periodo en el que más del 900/o de los decesos son asentados sin determinar esta información evidencia la impresión provocada por la primera incursión registrada de este mal en el pueblo, lo que es confirmada por las medidas adoptadas para combatirlo.

35

En efecto, se prohibieron bailes y velatorios, se cerraron escuelas
se estableció la recolección de residuos, se prohibió la venta de frut~
traídas en galeras y se dispuso que el chanchero* retirara su negocio
y faenara sus animales fuera del pueblo; los muertos coléricos debían
ser enterrados a un metro de profundidad en un baño de cal y los enseres y utensilios de las víctimas quemados. La municipalidad organizó
una comisión de higiene presidida por el doctor Fuschini para hacer
cumplir_esta reglamentación. Fue también en ocasión de esta epidemia
que se dispuso la reorganización y limpieza del cementerio para lo cual
se destinó un presupuesto de 25 000 pesos y se contó con' la colaboración de la tropa de la guarnición local. Una crónica de la época relata:
"el ambiente era de tragedia, muchas familias huyeron del pueblo" .28
La mortalidad causada por el cólera no parece justificar el pánico aunque es posible que haya habido más víctimas cuya causa de muerte no
fue asentada en forma precisa en los registros. Así lo sugiere el hecho
de que 1868 marca un pico de mortalidad.
La información referida al segundo brote, sin embargo, sugiere que
el t~mor pro~ocado por el cólera en Tandil no se origina en su trayectona local, smo en sus fuentes europeas. En septiembre de 1884 el Congreso Nacional resuelve la clausura de los puertos a buques provenientes de algunas zonas de Europa en función de "las proporciones alarmantes que ha cobrado la epidemia de cólera morbus en algunos puertos europeos ... " . Poco después el descubrimiento de un caso en un vapor italiano llegado a la capital provoca nuevas medidas sanitarias29 •
Meses más tarde el periódico de Tandil difunde informaciones sobre
los estragos que la peste causaba en Europa -se mencionan 120 000
víctimas en España- , lo que debió contribuir a crear un clima de
intranquilidad.
Entre tanto, en agosto de 1885 el gobierno de Buenos Aires volvió
a disponer la clausura de los puertos por el desarrollo de la epidemia
en Francia Y España. Pero pese a las medidas, y con un año de retraso
(octubre Y noviembre de 1886) el cólera se hace presente en Buenos
Aires, Y para diciembre el mal se ha extendido a Tandil. El Eco expres~ una vez más :1, temor provocado: " Calma, cordura, tranquilidad",
pide a la poblac1on en grandes letras, en una editorial que informa sobre la declaración de algunos casos en el medio local. A continuación
describe la enfermedad y el fallecimiento de los dos primeros atacad~s, reproduciendo una serie de recomendaciones dadas por ta Academia Española de Medicina en ocasión de la gran epidemia última. El

*Persona que hace la faena de puercos: chanchos en Argentina ( Nota del ·editor).

�36

SígloXIX

mismo número informa sobre la creación de una comisión de higiene
formada por los tres facultativos más antiguos en Tandil que "ha tomado medidas enérgicas para evitar la propagación del flagelo mandando aislar las casas afectadas, quemar la ropa y muebles de los fallecidos e inhumar sus restos en un paraje bastante retirado del centro
de la población ... ''. Se establece también una casa de aislamiento para
los e~fe_rm?s y la I~tendencia hace traer desinfectantes de La Plata para distnburr gratmtamente a las familias sin recursos30
El periódico continúa reflejando en los días siguientes la alarma
provocada. Sigue caso por caso la evolución de los afectados31 , y relata cómo "los ranchos de la quinta del Sr. Lasalle donde han muerto
dos coléricos, han sido reducidos a ceniza". Pese a la alarma el brote
pronto desapareció. El cuatro de enero El Eco informa que ~o se han
declarado nuevos casos, y los registros obituarios parecen confrrmarlo.
Entre tanto la epidemia asolaba otras regiones del país: además
de Buenos Aires resultan afectadas Mendoza y Rosario, y un año más
tarde el mal provoca seis mil víctimas fatales en Tucumán. En Tandil
en cambio, la difteria, que se hallaba en pleno auge, pronto hizo desa~
~arecer la impresión causada por el cólera. Tres meses después del úIttmo caso de cólera El Eco, tratando de remarcar la necesidad de combatir el crup, destaca precisamente que se trata de una epidemia con
características más agudas que la otra32 • Resulta claro por Jo señalado que el !error prov?;ado por el. gran flagelo europeo del siglo XIX
se prop~go _por la r~gion ~e Tandil -probablemente incentivado por
la expenenc1a pre-IDigratona de muchos de sus habitantes- mucho más
que el propio mal.
. Tampoco el tifus provocó una mortalidad tan alta como la diftena o la vrruela, pero su presencia fue mucho más constante y maligna
que la ?el cólera. Los primeros casos registrados datan de 1867 y 68
observando~e pequeños brotes epidémicos en 1870/71, sin que alean~
cen a const1turr el 3% de la mortalidad global. A partír de entonces
Yhasta 1890 la presencia del_ ?1al es constante en el partido (una media
anual de 3.5 casos)~ excepc1on de brotes de mayor importancia en Jos
mes~ d~ enero-abril ~e 1877 y 78, en que se registran doce y quince
falleclffilentos respectivamente. Entre 1891 y 1895 la acción del tifus
se hace más grave con ~rotes,re_currentes a fines de cada período estiv_a} ~rovocando unas vemte vtcttmas cada año. Esto se refleja en el pen~co local q~e hace f~ec~entes referencias al mal en la década de 1890,
exigiendo medidas S3:D1tanas para su erradicación. Esto, sin embargo,
no altera a las autondad~ local~s, que no parecen preocupadas mayorm~nte por este ~al, ~ diferencia de lo que ocurriera con Ja amenaza
del colera o las ep1deIDias agudas de escarlatina, viruela y difteria.

Alvarez y Míguez: Mortalídad en la provincia de Bs. Aires

37

La última de estas enfermedades tuvo una única y terrible incursión en Tandil en el período estudiado. Los primeros decesos se registran en 1877 y entre entonces y junio de 1886 observamos sólo algunos
casos aislados. En julio comienza a desencadenarse una prolongada epidemia cuyo auge se extendió hasta mayo de 1887 con un promedio de
trece muertes mensuales, continuando luego con menor intensidad para desaparecer en octubre de ese año. Los picos de mortalidad ocurrieron en agosto de 1886 (dieeinueve casos) y abril del 87 (dieciséis casos).
Nuevos brotes con vigor decreciente tuvieron lugar en los dos otoños
siguientes, para ír declinando hasta desaparecer en 1892. La mayor mortalidad se produjo entre los niños de 1 a 11 años, abarcando el 72%
de los casos letales, en tanto que su peso fue ínfimo entre los infantes
(5% del total de casos). Esto provocó un inusual crecimiento de la participación de los niños en el total mortuorio en 1886 y 1887, que es
un 50% superior a la media (c. 30% frente a un 190/o). Por otro lado,
si exceptuamos las grandes epidemias de viruela de 1871 y 1891, la mortalidad por difteria es la más alta provocada por una única causa en
todo el período, como puede verse en la parte del cuadro con datos
porcentuales.
Los peligros de la difteria no eran desconocidos para los pobladores de la campaña de Buenos Aíres antes de 1886. Ya en 1884, por ejemplo, El Eco daba cuenta de un cruento brote en Chascomús. Sin embargo, no parece existir conciencia clara sobre el peligro del flagelo.
Contrariamente a lo que ocurriera con el cólera, y pese a la solicitud
de los médicos locales en tal sentido, pasan largos meses antes que se
dicten disposiciones tendientes a evitar la propagación de la difteria33 •
Incluso El Eco, en general alarmista, demora en reflejar la gravedad
de la epidemia. Las primeras referencias coinciden con el inicio del brote
pero no es hasta principios de 1887 en que el diario comienza a tratar
el tema en forma sistemática. Sus comentarios no sólo reseñan el avance
del mal sino que ilustran sobre ciertas prácticas que, a su juicio, contribuían a la propagación del mismo. La principal era los velatorios
y entierros de las víctimas, en especial, los muertos en la campaña, que
debían ser traídos al pueblo para obtener la autorización legal y poder
ser inhumados en el cementerio. El trámite podía durar un par de días,
durante los cuales el cadáver era un foco de infección. Otra fuente de
contagio serían los mismos médicos, portadores del mal en sus visitas
domiciliarias: la muerte de las dos hijas de Fuschini debió contribuir
a sustanciar esta idea. El Eco proponia una serie de medidas para evitar estos peligros.
Finalmente en 1887, cuando la situación se agravó por un nuevo
brote de viruela, la municipalidad adoptó las medidas solicitadas (rá-

�38

Siglo XIX

pida inhumación de los fallecidos, un lazareto para los enfermos y los
encargados de atenderlos), junto a otras medidas habituales de lucha
antiepidémica (cierre de escuelas y casas de baile, creación de un cuerpo de desinfección, etcétera). A partir de entonces (aunque posiblemente
no como consecuencia de ello), el mal comienza a declinar. En junio
llega al pueblo un médico enviado por las autoridades provinciales para estudiar nuevas medidas, pero ya ese mes los casos son muy aislados y desaparecen totalmente en octubre.

... •

El registro parroquial señala un total de 149 decesos producidos
por la epidemia, y El Eco, en mayo de 1887, hablaba de más de 500
víctimas, refiriéndose probablemente al total de enfermos. Más del
1.5%, por lo menos, de la población total del partido falleció por la
epidemia, y su incidencia fue mucho mayor en la población joven. Pero salvo los "coletazos" de los años siguientes, ya no volvería el crup
a azotar el partido.
La viruela, en cambio, se destaca por la temible reiteración con
que ataca la región. De las epidemias, fue ella sin duda la gran asesina
en esta historia de la población de Tandil. En un trabajo que data de
1883, el doctor Federico Cuñado señalaba que
la viruela apareció en Buenos Aires con carácter epidémico a fines
de 1861 y diezmó a la población urbana hasta fines de 1862 propagándose a la campaña. Desde entonces ha reinado constantemente
con carácter endémico, asumiendo en diversas épocas la forma epidémica Y causando un número considerable de víctimas
anualmente~ ·

En dos cuadros que abarcan el período 1855-1877 resume la información sobre la mortalidad provocada por la viruela' en la ciudad y campaña de Buenos Aires, mostrando que en el sector rural hay un escaso
desarrollo de la enfermedad hasta 1862. Se genera entonces un brote
epidémico que continúa hasta 1864 con un máximo de 368 decesos registr_ados en 18_63. Los años 65-66 muestran cifras muy bajas, pero a
partu de 1867 _es~as se elevan para colocarse en un nivel que oscila entre 300 Y700 v1ctnnas anuales, a excepción de fuertes epidemias en 1871
Y72 (3 271 Y3 104 víctimas respectivamente), y 1877 en que baja a 114.
~stos datos coinciden notoriamente con los que disponemos para
Tan~l. Los valores absolutos son sin duda bajos en esta región aún
r~lat1vamente desp~blada, pero acompañan marcadamente la tendencia general. Es posible, por otro lado, que el número de víctimas en
la primera ~pidemia _haya sido considerablemente mayor dada la endeblez de la mformac1ón del período, pero esta falencia también debe

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

39

afectar los datos de Cuñado.
En los años posteriores el comportamiento de la viruela en Tan_~
mantiene el mismo patrón, con brotes epidémicos recurr_en~es de d1s1mil gravedad. En promedio se destaca como una de las pnnc1pal~ causas únicas de muerte, pese a hallarse ausente durante lar~os penodo~.
Pero Jo que hace de ella la principal malvada de la población de Tandil
es la ferocidad que alcanzan algunos de sus embates, lleg~ndo a provocar hasta el 290Jo de las muertes de un año: los mayores picos de mortalidad siempre coinciden con su presencia en el pueblo.
En la década de 1880 la viruela parece haber sido un habitante permanente de la campaña bonaerense, y es muy raro el año e~ ,que 1!1
Eco no traiga referencias a la existencia del mal en alguna ~eg¡on proxima a Tandil. En 1883, por ejemplo, la vemos en la Capital (6-1), Y
posteriormente en Balcarce (18-III), Azul (5-IV), Rauch (19, 26 Y29-IV)
y Dolores (3-VI), rodeando así a Tandil, donde sólo se producen unos
pocos casos benignos. Esto dio lugar a una intensa campaña de vacunación, pero, como veremos más adelante, eran escasos los resultados
que éstas producían.
En 1884 vuelve a desarrollarse una epidemia en la Capital Yalgunas zonas de la campaña y lo mismo ocurre en el 8535 • Finalmen~e en
1886 Je llega el turno a Tandil. Los primeros casos se dan en noviembre del 85, y El Eco vuelve a insistir sobre la nec~si_dad_ de la vacunación. En febrero el diario exige medidas a la mumc1palidad, y ante la
falta de inmediata respuesta, hace responsable a su presidente de la evolución ulterior. Haya o no habido descuido el mal continuó desarrollándose alcanzando su auge entre marzo y mayo. En agosto comenzó
a ceder, dejando su lugar como principal causa de muerte a la difteria,
para retornar en junio del 87, cuando la otra plaga comenzab~ a decrecer. Según El Eco este último brote puede vincularse con la 1mportación directa de la enfermedad por los inmigrantes:
Ahora nos ha venido a visitar la viruela a los vecinos de Tandil. .. Los
inmigrantes venidos para las canteras han llegado, puede d_ecirse, con
la viruela brotada, pues al día siguiente de llegar a Tandil se enfermaron diez, y llegaron aquí al día siguiente de desembarcarse~6

El registro parroquial confüma que fue entre las familias italianas de
picapedreros donde se produjeron los primeros casos fatales.

�40

Siglo XIX

Finalmente la enfermedad desaparece en noviembre de 1887, asolando en 1888 y 1889 otras áreas de la provincia. Tandil disfruta de
un par de años de respiro antaes del terrible embate de 1890-91. Entre
tanto la corporación municipal había tomado las habituales medidas
de combate antiepidémico en marzo del 86, reiterándolas en junio de
ese año y mayo del 87, sin lograr resultados visibles.

,.

Renglón aparte merece la vacuna como forma de lucha contra la
plaga. Esta había comenzado a ser utilizada en el país desde comienzos de la vida independiente, pero su aplicación y disponibilidad fueron irregulares hasta entrada la década de 1870. Durante ese período
se aplicó el método de la vacunación brazo a brazo, hasta que en 1878
se estableció en el país un laboratorio para producir suero animal, evitándose así el posible contagio de otras enfermedades (notoriamente
la sífilis) que podía producir la vacuna humana. Pero haya sido por
este temor, por la difundida idea de que con la vacuna se inoculaba
el mal37, o más probablemente por descuido o desinformación, la vacuna alcanzó poca difusión:
A pesar de toda la propaganda, a pesar del interés con que siempre
se ofrecía el virus y la constancia con que los poderes públicos se ocupaban de combatir la viruela, ni aún en las ciudades principales la
población respondía, y sólo cuando la enfermedad bacía su aparición
epidémica en algunos de los grandes centros urbanos y la prensa se
ocupaba del asunto llamando la atención sobre el contagio acudían
los habitantes a vacunarse. Así vemos en un período en que se llevó
estadística, de 1884 a 1885, en la ciudad de Buenos Aires sólo se inocularon 33 000 individuos sobre una población de 800 000 babitantes38 .

El comentario de Alvarez corresponde totalmente con la información
que disponemos sobre Tandil. La municipalidad disponía permanentemente de suero y los médicos vacunaban en forma gratuita. En reite•
radas oportunidades se insiste sobre el carácter obligatorio de la vacuna, especialmente para los niños en edad escolar. Pero el número de
personas inoculadas siguió siendo bajo.
Por otro lado cabe preguntarse sobre la eficacia de la inmunización lograda. Los estudios contemporáneos la confirman, aunque las
estadísticas en que se sustentan no son del todo concluyentes39 • Dada
la escasa vacunación en Tandil nuestros propios datos aportan poco
al respecto. Resulta llamativo, sin embargo, un cambio en la estructura de edades en la población afectada. De las epidemias de comienzos
de la década del 70 a las de comienzo de la década del 90 se observa

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aíres

41"

una caída del 10OJo de la participación de niños en la mortalidad variolosa lo que quizás pueda vincularse a la mayor difusión de la vacuna
40
entr~ estos, abundantemente atestiguada por El Eco •
Las medidas higiénicas y preventivas poco pudieron hacer para impedir la gran epidemia. de 1891. A _comienzos_ del año anterior hubo
un suave brote que motivó la adopción de medidas por parte de la municipalidad. Este brote cedió entre agosto y septiembre, pero algunos
casos vuelven a registrarse hacia fines del año, preanunc1ando la gran
epidemia. Esta cobró ímpetu a comienzos del 91, y alcanza su pico entre marzo y agosto. En mayo se registraron 48 casos fatales. En septiembre el mal comienza a disminuir su actividad para desaparecer totalmente en noviembre, y ya no se registrarán nuevos casos de viruela
en Tandil en el período considerado. Este último embate, sin em~3:1'go, se había llevado en unos pocos meses más del 1O/o de la poblac1on
total del partido.
¿Afectó el mal a toda la población por igual? No podemos dar una
respuesta concluyente, pero no pareciera ser así. Los higienistas ~e la
época señalan que su propagación era mayor ~ntre lo~ ~ectores soc1al~s
más bajos, debido al hacinamiento, la carencia de higiene y el descwdo en la asistencia a los afectados.
La difusión de las epidemias en Tandil tiende a confirmar esta opinión. En 1887, por ejemplo, se inicia en las canteras causando varias
muertes entre las familias italianas que trabajaban allí, como ya hemos señalado. De allí se extiende al "Pueblo Nuevo", barrio marginal
de precarias condiciones donde "en una sola pieza hay más de cinco
camas", y "otras sirven de comedor, cocina, dormitorio y letrina a
la vez". En ocasiones "se trae un enfermo de viruela de la campaña
y se lo deposita en uno de esos inmundos tugurios viviendo en man&lt;:omún con el paciente"41 • Finalmente el mal llega al centro de la cmdad, pero su paso por allí fue mucho más leve.
El mismo patrón se repite en la epidemia de 1891, pero esta vez
el grueso de la mortalidad se halla entre la población baja de la campa2
ña. Lo mismo ocurrió con la epidemia de 1888 en 9 de Julio y Rojas~
En conclusión, parece claro que si bien todos los sectores sociales eran
afectados, los estratos más bajos sufrían mucho más sus consecuencias.
La otra gran matadora de hombres de la época fue la tuberculosis
(TBC), pero debido probablemente a que su actuar era constante y no
provocaba picos muy agudos de mortalidad los contemporáneos no nos
han legado una visión tan nítida sobre su acción en Tandil como lo
hicieran con la viruela o el cólera.

�42

Siglo XIX

En efecto, durante el período 1875-95 la TBC fue, en promedio,
la principal causa de muerte, provocando casi 27 decesos por año, es
decir un promedio de más del 9% del total anual. La desviación standar es apenas mayor a 7 casos lo que señala una marcada regularidad.
Estos datos coinciden con los que disponemos para la ciudad de Buenos Aires para el mismo período. En los años que van de 1869 a 1877,
la tuberculosis provocó el 9.6% de los decesos, en tanto que en 1880
fue responsable del 10% y del 8.6% en 1887. Según los datos del doctor Emilio Coni en Europa y Estados Unidos, la mortalidad por esta
causa era algo mayor, con valores que oscilaban entre el 12 y el 18%
del total.

"I

Pero pese a ser el mayor flagelo para el mundo occidental poco
pudo hacerse para combatirlo en el período estudiado. Hace ya más
de 100 años realizó Kocb su importante descubrimiento, pero no sería
hasta bastante más tarde que se estaría en condiciones de aprovecharlo
para la cura y prevención del mal. Por otro lado era difícil contrarrestar esta enfermedad en las inadecuadas condiciones alimenticias y sanitarias que predominaban en los sectores sociales más bajos. Si bien
la situación argentina no era la más desfavorable en el primer rubro
(y quizás de alli la incidencia algo menor a la observada en Europa)
las condiciones de vida de buena parte de la población pueden haber
contribuido a su exposición a la TBc43 •
Una característica del desarrollo de esta enfermedad en Tandil es
su marcada predilección por el sector femenino. En efecto, en tanto
que entre los hombres producía un 7 .65% de las muertes, en las mujeres llegaba al 13.04%. La misma tendencia puede apreciarse en algunos países europeos, pero en forma menos marcada. Coni, en cambio,
señala para Buenos Aires un mayor número de muertes masculinas coincidiendo con la información presentada por Viale, pero al no tener en
cuenta el índice de masculinidad general de la población, estos datos
pierden valor. En Tandil llama la atención el alto número de mujeres
jóvenes (15-25 años) fallecidas por esta causa. Aunque es poco probable que muchas de ellas tuvieran noticias de las desventuras de Margarita Gautier, parecería que no eran pocas las que corrían la misma suerte
que las heroínas románticas de su siglo.

Vías respiratorias
Las causas de muerte que hemos agrupado por su vinculación con este
sistema (excluyendo, claro está, la tisis) conforman el segundo grupo
en importancia relativa. Podemos distinguir en ellas dos tipos de enfermedades. El principal consiste en afecciones no contagiosas

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

43

-laringitis, bronquitis, pulmonías-, y el restante, con una incidencia
relativa reducida, constituido por gripes y anginas.
En general la acción de ambos fue constante a lo largo del período
con algunos picos bastante pronunciados debidos a un alto númer_o de
bronquitis y neumonías. Se observa tambié_n una clara ~endencia_ al
aumento de los montos absolutos de mortalidad acompanando al mcremento de la población. En términos relativos su participación en
el conjunto de los decesos también crece, lo que indica que la tasa de
mortalidad por estas causas tiene mayor regularidad que la tasa de mortalidad general, en tanto que no se observa una mayor dif~renciación
de su incidencia por sexo o grupo de edad. Todo esto sugiere que se
trata de enfermedades de alta difusión, afectadas quizá por variaciones climáticas pero poco sensibles a los cambios de condiciones de vida ocurridos e~ aquella época o al desarrollo de la medicina-presulfarnídica.

Causas endógenas
Las tres categorías siguientes del cuadro 2 corresponden a esta caracterización, y muestran valores relativos no muy altos._ En general se destacan por una cierta regularidad y una suave tendencia al aumento tanto
de sus números como de sus valores relativos.
Excepción a ello es la mortalidad por afecciones cerebrales
-apoplegía, congestión, derrames- que muestran un ciclo de valores
altos en la década posterior a 1878, lo que contribuye a elevar su media para todo el período. Entre las cardiovasculares predomina el llamado "vicio orgánico del corazón", apareciendo también algunas afecciones circulatorias. Se incluyen además en esta causa las muertes denominadas "repentina" y que parecen corresponder a infartos de miocardio. Las distintas variedades de cáncer se hallan seguramente subregistradas por problemas de diagnóstico, pero aún teniendo esto presente parecería que su incidencia relativa fue muy baja en el período.
El incremento de sus montos totales hacia finales del mismo se vincula
en parte con el aumento de población sin que varíe la tasa de mortalidad por esta causa, pero también con la mayor precisión en los asien-.
tos del Registro Civil.
En general vemos que estas dolencias, atribuibles mayormente a
procesos de malformación o desgaste interno del organismo, y por lo
mismo más vinculadas a una edad adulta, suman sólo un 12% del total de la mortalidad en el período de información confiable, confirmando el peso abrumador de las infecciosas e infecto-contagiosas y las

�44

Siglo XIX

afecciones respiratorias en el régimen de mortalidad predominante en
la época.

Parto
Este rubro incluye a las muertes en el momento del alumbramiento,
o producidas como consecuencia de éste. Los casos más frecuentes son
las hemorragias e infecciones puerperales. El número anual de fallecimientos por esta causa es bajo, y también lo es su peso relativo en la
mortalidad general, aunque es significativo si consideramos sólo las
muertes femeninas (la media del período de información confiable es
de 5.60/o) y especialmente a las mujeres de edad fértil (casi el 15%);
porcentaje que se hace más elevado por tratarse de un grupo de baja
mortalidad.
Las edades de las mujeres fallecidas como consecuencia del parto
se distribuyen en forma proporcional a lo que debió ser la frecuencia
de edad en dicho momento. Los puntos extremos son 16 y 48 años,
y la media algo superior a los 28 años y medio, pero la mediana -26
años- y la moda -25 años- sugieren mayor juventud en el momento de dar a luz. Finalmente, si tenemos en cuenta la alta fertilidad reinante, apreciamos que la tasa de mortalidad de las parturientas no fue
alta.

Alcoholismo
Los relatos de la época sugieren que la embriaguez no fue un fenómeno inusual en el Tandil decimonónico. El doctor Lizarralde, refiriéndose en un informe sanitario a la frecuencia de las afecciones cardíacas, hepáticas y la estrechez esofágica en la región decía: " ... me inclino a creer que dependen del abuso del alcohol que es tan común en
la campaña44 •
Sin embargo las muertes provocadas por la dipsomanía no fueron
numerosas. Hemos incluido en esta categoría a los decesos atribuidos
directamente al alcoholismo y al delirium tremens, y el número total
de muertes en este rubro es marcadamente bajo. Su incidencia es mayor sobre los hombres que las mujeres, y obviamente entre los grupos
de edad más avanzados, pero todo indica que la fatalidad de la bebida
tuvo que ver más con su efecto inmediato de violencia en una población en condiciones de vida bastante precarias que con el lento deterioro del organismo provocado por el alcohol.

A]varez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

45

Accidentes y violencia
Este es uno de los rubros para el cual la información es más constante
y precisa, como se evidencia en el hecho de s~r el único para el cual
contamos con datos para todos los años del penodo. Su peso en el conjunto de la mortalidad es sin duda bastante s!~ficativ~, y lo es m~
aun si consideramos exclusivamente la poblacron masculina. La participación media de esta categoría en el conjunto de muertes de varones
para el período 1875-95 es de 10.40/o, y para el pe~odo total 10.5%,
con una desviación standar de 3.1 % y 5.3% respectivamente. La continuidad de la información se refleja en la similitud de valores_po~centuales entre el período 75-95 y el conjunto. Resulta bast~te_sigmficativa la mayor dispersión anterior a 1875, que ~uede atnburrse ª. dos
causas: en los años iniciales a defectos en el registro de 1~ mortalidad
general que sobrevalúa relativamente este rubro, y_en la ~ecada del ~O,
como veremos, a algunos brotes coyunturales de ~olenci~. Esto ~ugiere que como modalidad los accidentes y la violencia tendieron a merementar en algo su peso relativo.
Dentro de esta categoría hemos incluido tres tipos de asientos: las
muertes accidentales los homicidios, y un tercer grupo de casos descritos como "heridas;, o "golpes" y que pueden pertenecer a cualquiera
de los otros dos. Entre los primeros hemos contabilizado 182 decesos,
siendo los más habituales los ahogados, las quemaduras y los accidentes de caballo. También hay algunos golpeados por carros o carretas,
heridos por rayos y picados por serpientes. Hacia final~ d~l período
el ferrocarril y el trabajo en las canteras causan algunas VIctlfilas. Hay
163 casos asentados por "heridas" y "golpes" y suponemos que algunos deberían sumarse a la categoría analizada pero la mayoría fueron
probablemente homicidios. De hecho hemos podido comprobar a través de la información del periódico local que algunos de estos casos
corresponden a muertes violentas.
Al analizar estas últimas vemos que son preponderantemente masculinas salvo los suicidios, en que sobre un total de 19 casos hay nueve muj;res. En cuanto a grupos de edades predominan claramente los
adultos (mayores de 18), pero no se destaca ningún subgrupo específico entre ellos. Como hemos señalado los picos que presenta esta categoría en la década del 70 corresponden a hechos particulares de ~olencia: en 1872 hay 32 muertos en la llamada Masacre de Tata Dios, y
en el 74 y 76 ocurren sendas incursiones indígenas45 • La segunda produce 19 víctimas conocidas en tanto que en la primera se registraron
sólo nueve inuenes por los indios (además de un muerto durante la revolución mítrista), pero hay numerosos casos de decesos producidos
por "heridas" que pueden deberse al malón.

�46

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

Aparte de estos hechos extraordinarios, el cuadro que surge de la
"sección policiales" de El Eco indica dos tipos de hechos de sangre:
uno menos numeroso con móviles de robo, que va desde el asesinato
de un pobre verdulero italiano en la zona de las canteras, o la confabulación de una hija con su marido para robar y matar a su padre en las
quintas que rodeaban a Tandil, ·hasta la muerte de un estanciero a manos de un peón de 19 años (quien había declarado que lo iba a matar
porque "ese viejo ha vivido demasiado y bien puede morir para que
yo tenga algo, si no por la razón por la fuerza")46 •

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Más frecuentes fueron los enfrentamientos a cuchillo (hacia fines
del período aparecen también las armas de ruego) por disputas ocasionales, muchas veces vinculadas a las pulperías y "casas de baile". Tienen alta participación en estos hechos los sectores bajos y desarraigados -jornaleros, peones, trabajadores de las canteras-, tanto nativos como ex_tranjeros.

Otras y no especificadas
Se trata de una categoría residual en la que hemos incluido los decesos
sin causa consignada o los atribuidos a "muerte natural", "enfermedad" y "enfermedad natural". También se contabilizaron en este rubro descripciones de síntomas demasiado vagos para conocer su origen, o enfermedades poco frecuentes no incorporables a las categorías
anteriores. Estas últimas son características del periodo final, en tanto
que las anteriores lo son de los primeros años: preponderantes hasta
1869 y conservando un peso significativo hasta 1875, lo cual, como señaláramos, dificulta la interpretación de los datos de la mayoría de los
rubros hasta ese año.
LA EDAD DE LA MUERTE
En esta sección hemos tratado de averiguar en qué momento solía interrumpirse la vida o, de otra manera, cuál era la edad de la muerte.
En una primera aproximación hemos dividido la población en cinco grandes grupos: infantil (hasta el año de vida), niños (de uno a once
años), adolescentes (doce a diecinueve años), adultos (20 a 69 años)
y ancianos (70 y más). A su vez el grupo de niños lo hemos subdividido
en dos: primera niñez (1 a 5 años) y segunda niñez (6 a 11 años); y
al de adultos en tres: adultos jóvenes (20 a 29 años); adultos mayores
(30 a 49 años), y adultos viejos (50 a 69 años).
Las connotaciones sociales primaron en esta clasificación por sobre la tendencia a agrupar en intervalos homogéneos. Para evitar las

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�Sigue cuadro 3

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MORTALIDAD POR GRUPO DE EDAD (1861-1895)

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Mayores (30-49)

Jóvenes (20-29)

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1861-65
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81-85
86-90
91-95

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M

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V

M

53
71
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88
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103
111

26
41
62
60
56
68
74

79
112
191
148

103
167
192
198
133
167
199

62
76
78
59
69
93
81

113

171
185

V

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165 50
243 80
270 81
257 89
202 70
260 107
280 132

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Ancianos
(70 y más)

Viejos (50-69)

M

T

V

M

T

13

42
29
36
34
62
45

63
122
110
125
104
169
177

8
20
36
30
31
67
61

6
15
17
15

14
35
53
45

0.3
0.5
0.3
0.4
0.4
0.4
0.3

0.5
0.6
0.4
0.5
0.5
0.5
0.5

24

55

32
57

99
118

Porcentajes divididos por nllmero de af\os del arupo

1.4
1.2

1861-65
66-70
71-75
76-80
81-85
86-90
91-95

1.1

1.0
1.2
1.4

1.5

1.2
1.0
1.0
1.2

1.3
1.1

1.4
1.4

1.4
1.2

1.3

1.1

1.1
1.3
1.1

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0.9

0.8

1.1

1.1

1.1

1.3 0.7

1.3

1.2 0.7
1.0 0.5
1.1 0.6
1.0 0.6
0.7 0.5
0.8 0.7

1.0
0.7
0.7
0.8
0.6
0.6

Fuente: ver cuadro 2

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�50

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

Siglo XIX

fluctuaciones erráticas de valores muy reducidos hemos agrupado los
datos en quinquenios. Hemos contabilizado el número total de óbitos
de cada grupo y la participación del mismo en el conjunto de la mortalidad. A este último porcentaje se lo dividió por el número de años que
abarca cada grupo, para hacer factible la comparación.

Sigue gráfico 3

O!o/aftos
grupo
29

Los datos muestran con claridad que la mayor frecuencia de muerte
se da entre los infantes y los niños más pequefios. Es evidente la alta
tasa de mortalidad infantil, que se prolonga en la primera infancia.
La participación de los restantes grupos, sin embargo, parece ser más
el resultado de la estructura de edad de la población que de diferenciales en la mortalidad específica.

28

27

Para salvar esta dificultad hemos calculado la tasa de mortalidad
específica para cada grupo de edad para los años en que esto fue posible. Para ello utilizamos la estructura de edades que proveen los censos de 1869, 1881 y 1895 cotejándola con la mortalidad de esos años.
Esta última fue estimada como la media de los cinco años pericensales
para evitar distorsiones que podían provenir de considerar un solo año.
En el caso del período 1867-71, descartamos este último año y el siguiente por tratarse de casos anómalos por su alta mortalidad, considerando el año 73 en su reemplazo (1867-70 más 1873 dividido 5).

26

25

24

El análisis de estos datos confirmó la alta mortalidad infantil y de
la primera niñez. A partir de ella se da una brusca caída, siendo la segunda niñez y la adolescencia los grupos con menor mortalidad. Desde allí se da un paulatino incremento de la mortalidad, que es lento
hasta los 40 años para hacerse mucho más marcado entre esa edad y
los 60, y volverse dramático a partir de entonces. Este patrón se mantiene casi inalterable durante todo el período (lo que no es sorprendente, ya que es un patrón habitual de mortalidad), aunque se observa una
clara disminución en las tasas.

23

22

3

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1861-65 66-70

51

71-75

76-80

81-85

quinquenios

86-90

Si volvemos a los datos del gráfico 3 se observa que en líneas generales se mantiene una gran regularidad. Esta sólo se ve alterada en el
quinquenio 1886-90 por un fuerte incremento de la mortalidad de los
grupos B,C y D (1 a 19 afios) y, por lo mismo, una caída relativa de
la mortalidad infantil, lo que debe atribuirse a la epidemia de difteria
de 1886-87. En cuanto a la evolución de la mortalidad infantil, el incremento entre 1861 y 1870 debe atribuirse a un crecimiento relativo
de este grupo etario en el conjunto poblacional, en tanto que desde este momento hay una cierta tendencia a la disminución que refleja una
auténtica mejora de ésta.

91-95

A partir de la mortalidad específica por grupo de edad fue factible

�52

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

calcular las expectativas de vida (eo). Estas no son enteramente confiables, en parte por la existencia de subenumeraciones tanto en los censos como en los registros obituarios, y en parte debido a que trabajamos con valores relativamente bajos, sujetos al azar de los pequeños
números. Sin embargo creemos que marcan adecuadamente la tendencia general de la mortalidad, confirmando lo que ya señaláramos respecto de la T.B.M.
En efecto, la eo en 1869 era de aproximadamente 25 años, elevándose bruscamente a casi 38 en 1881 , y más de 41 años en 1895. Como
puede apreciarse, era dramáticamente baja en el período en que Tandil se hallaba aislado como una sociedad propiamente de frontera, pero evoluciona muy rápidamente junto con el desarrollo socioeconómico de la zona.
Si se cotejan estos datos con la T.B.M. puede parecer exageradamente bajo el valor de 25 años para 1869, pero debe tenerse en cuenta
que la estructura de edad se hallaba muy abultada en grupos de mortalidad relativamente baja (20 a 40 años), lo que disminuye un poco la
mortalidad global en relación al conjunto poblacional. Por su importancia, la mortalidad infantil requiere un análisis más cuidadoso.
La mortalidad infantil

Al igual que en los regímenes demográficos antiguos, el primer año
de vida resultó una barrera difícil de franquear para los recién nacidos. Un editorial de El Eco comentaba: "Se ha dicho con razón que
la infancia es la primera edad de la vida, mas por la falta de higiene,
en nuestro pueblo suele ser con frecuencia también la última"47 •
La alta mortalidad infantil guardaba, por otro lado, correlación
con una también alta tasa de natalidad, dejando así fuera de peligro
el nivel de la reproducción vegetativa. Esto se refleja en los datos del
cuadro 4.
Como puede verse existe una considerable variación anual debida en
~uena medida a que _trabajamos con un universo relativamente pequeno, Y en parte t:11"b1~n ~ la posible existencia de subregistros. Pese a
ello, parece posible d1stmgwr claramente cinco ciclos en la evolución
de la mortalidad infantil, que por lo demás coinciden con los que pueden observarse para la mortalidad general.
El primero va hasta fines de la década del 60 evidenciando una
mortalidad relativamente baja (la media 1862-1869 está entre el 150 y

53

CUADR04

MORTALIDAD INFANTIL (1862-1895)
Año

Nac.

Def.

T.M.I.

Año

Nac.

1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878

221
232
200
251
249
256
254
281
288
310
301
300
328
363
416
448
463

20

9.05
12.07
22.00
13.94
15.66
15.23
16.93
16.37
22.22
25.16
29.90
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17.68
27.00
17.79
19.20
15.12

1879
1880
1881
1882
1883
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1894
1895

487
390
394
452
429

28
44
35
39
39
43
46
64
78
90
64
58
98
74
86
70

464

443
590
434
563
619
629
625
606
651
641
746

Def. T.M.I.
66
61
62
36
59
64
58
85
93
103
86
96
102
81
89
88
91

13.55
15.64
15.64
7.96
13.75
13.79
13.09
14.41
21.43
18.29
13.89
15.26
16.32
13.36
13.67
13.72
12.19

Fuente: ver cuadro 2.

160 0100 •) , aunque es probable que esto se deba en gran medida a un
subregistro bastante alto en estos primeros años. El segundo, el de mayor mortalidad de todo el período considerado, abarca desde 1870 hasta
1877, con una media de 225 0100 (probablemente para entonces el subregistro sea menor, aunque aún debía ser significativo). A finales de
este ciclo se observa una fuerte tendencia a la baja: se evidencia en una
media entre 1878 y 1886 de alrededor del 140 0/00, para subir posteriormente con las epidemias del ciclo 1887-1891, que arrojan una media del 170 0/00; y, finalmente, estabilizarse en 1892 en adelante en
valores próximos al 130 0/00 (a partir de 1890, en que el Registro Civil
comenzó a funcionar-adecuadamente, el subregistro tendió probablemente a ser mínimo)48 •
Puede observarse en general una suave tendencia a la baja. Pero
es evidente que es mucho menos marcada que la de la mortalidad en
general. Comparando la evolución en Tandil con otras regiones encontramos que no existe una gran discrepancia de los valores hallados con
los de otras áreas de la provincia. El alza que se produce hacia la década del 70 ya había sido observada para la ciudad de Buenos Aires49

�54

Siglo XIX

y para el total de la provincia50 • A fines de siglo Tandil mantenía un
nivel de 122 0/00 , similar a la región circundante (la región Sur muestra un 123 0100 ), y algo superior a las regiones Central y Norte de la
provincia de Buenos Aires (105 y 103 0100 respectivamente)51 • En la
Capital, a fines de la década del 80 se observan valores próximos al
170 0100 52 y en 1895 el valor había caído al l J2 o;oos3 • Estas tasas
eran superiores a las de París (103 0100) o Londres (115 0100 ) pero
inferiores a las de zonas más atrasadas de Europa54 •

.

En general se observa una mayor resistencia de la mortalidad infantil en las zonas rurales más nuevas que en las regiones más densamente pobladas o urbanas, lo que llevó al doctor Eduardo Berenguer
a una visión quizás un tanto exagerada del problema:

...

¡Qué distinta es, en efecto la suerte que le depara el porvenir al nacido en los grandes centros, donde al abrigo de la mansión confortable
y de todos los recursos asegura en parte su existencia, de la del pobre
de la campaña que en el rancho miserable donde vio por primera vez
la luz va a tener que correr todos los albures de una vida llena de
tribulaciones!
Otras veces la alimentación defectuosa por falta de elección en los
alimentos o por ingestión de éstos en malas condiciones, provoca tan
graves alteraciones que concurren rápidamente a la muerte cuando
no adquieren carácter de cronicidad. La leche, elemento indispensable en la alimentación del niño no es suministrada con los cuidados
exigidos en la lactancia artificial, unas veces por economía y las más
por negligencia o ignorancia de las madres, que desconocen las prácticas de esterilii.ación para impedir que sirvan de vehículo a tanto germen patógeno55 •

Es evidente que no son sólo las diferencias regionales sino fundamentalmente las sociales las que se hallan por detrás del diagnóstico del
higienista, pero quizás dé una pista sobre algunas de las causas de esta
persistente amenaza sobre la población local. Más adelante retomaremos este tema en la interpretación global de la evolución de la mortalidad en el período.
EL RITMO DE LA MUERTE
En la segunda mitad del siglo XIX era opinión generalizada entre los
médicos e higinistas que los factores climáticos condicionaban cuando no determinaban, el ritmo vital de la población. Son reiterad~ tanto
en los libros técnicos como en los periódicos, las referencias a' la influencia de las variaciones de temperatura, presión y humedad sobre

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

55

la evolución de la mortalidad. La información que disponemos sobre
Tandil no permite establecer una dependencia demasiado estricta entre mortalidad y clima, pero el estudio de las regularidades anuales del
comportamiento necrológico nos ha revelado un ritmo estacional de
la muerte.
El clima, sin embargo, es sólo uno de los factores que condicionan
estas fluctuaciones. La desigual incidencia de las distintas causas, la
participación de los diferentes grupos de edad en el total obituario, las
condiciones alimenticias, el ritmo laboral y otro conjunto de factores
económicosociales actúan sobre la conformación del ciclo obituario
anual.
La compleja articulación de todos estos factores hace que resulte
muy difícil simplificar una tipología, aunque algún progreso se ha logrado en este sentido. Los estudios realizados sobre distintas regiones
de Europa señalan que en el norte parece haber predominado desde
muy temprano un aumento invernal de la mortalidad, en tanto que en
la cuenca mediterránea -especialmente España- predominó hasta el
siglo XIX una mortalidad estival -especialmente marcada en la mortalidad infantil-, acompañada en algunas regiones por un suave pico
invemal56 • Hacia fines del XIX, sin embargo, este ciclo ha sido reemplazado en España por uno exactamente inverso -predominio invernal,
con suave pico veraniego- para alcanzar hacia 1960 un absoluto predominio invernal.
La complejidad del fenómeno, sin embargo, se hace evidente cuando se compara el ciclo español con el italiano. Ya para 1871 en toda
Italia hay un neto predominio invernal, y sólo en algunas regiones del
centro-sur aparecían picos veraniegos, patrón que se remarca aún más
hacia fines del siglo. El contraste se hace aún más notorio si observamos que aún en las regiones más frías y desarrolladas de España el predominio estival es marcado en 1863 (aunque ya ha desaparecido de ellas
para 1900), en tanto que en las más cálidas y atrasadas de ·Italia, en
un año próximo (1871) ya se observa un predominio invernal. Es cierto que Italia en su conjunto presenta un patrón de mortalidad más "moderno" que España en la segunda mitad del XIX, pero la diferencia
no es tan marcada, y no es probable que las regiones más avanzadas
de España muestren atraso respecto del mediodía italiano.
El otro ejemplo retomado por Sanchez Albornoz -el estado de
Massachussets, en la relativamente fría y progresista Nueva Inglaterrar~fleja a mediados del XIX un marcado predominio estival, que se convierte en bipolar (picos veraniegos e invernales) hacia comienzos del
XX, y en netamente invernal a partir de la tercera década de este siglo.

�AJvarez y Míguez: Mortalidad ea la provincia de Bs. Aires

56

57

SigloXIX

En definitiva, el modelo tipo parece ser, para las zonas templadas
con verano cálido, un predominio de la mortalidad en los meses de verano
asociado a los períodos de mortalidad "arcaica", que evoluciona pasando por un patrón bipolar intermedio, hacia un neto predominio de
la época fría del año, vinculado a la modernización de las pautas obituarias. Esto, sin embargo, sujeto a variaciones regionales y a dinámicas de evolución desiguales, que reflejan una relación no lineal con el
progreso demográfico.

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FLUCTUACIONES ESTACIONALES DE LA MORTALIDAD

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sept.
oct.
nov.
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Infantil
%
No.
254 12.6
201
9.97
194 9.62
138 6.84
140 6.94
162 8.04
167 8.28
168 8.33
117 5.80
137 6.80
6.50
131
207 10.27

Niños
%
No.
129
115
130
121
124
102
98
116
109
107
111
112

9.39
8.37
9.46
8.81
9.02
7.42
7.13
8.44
7.93
7.79
8.08
8.15

Adultos
%
No.
366 11.16
267 8.14
276 8.41
247 7.53
273 8.23
253 7.71
229 6.98
292 8.90
280 8.54
280 8.54
254 7.74
8.02
263

total

No.
749
583

600
506
537
517
494
576
506
524
496
582

% %C.
11.23 10.86
8.74 9.28
8.99 8.70
7.59 7.59
8.05 7.79
7.75 7.75
7.17
7.41
8.63 8.35
7.58 7.59
7.86 7.61
7.44 7.44
8.72 8.44

Fuente: ver cuadro 2
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Dentro de este marco Tandil refleja un patrón estacional marcado. En
el cuadro 5 y en el gráfico 4 resumimos información sobre las variaciones porcentuales de la mortalidad mensual.

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11-

Para esto hemos considerado sólo el período posterior a 1866 dado lo endeble de la información anterior. Originalmente los datos fueron agrupados en forma quinquenal, para evitar que las oscilaciones
anuales erráticas desdibujaran el patrón estacional, y al hacerlo surgió
con características similares a las que se observan en el cuadro. No se
observaba, por otro lado, que éstas fueran variando a lo largo del período, pero en ciertos quinquenios se presentaba un comportamiento
anómalo, siendo especialmente notorio el péríodo 1886-90. Esto se de-

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�58

Siglo XIX

bía a la alta mortalidad por difteria y viruela, cuyo comportamiento
no se ajusta al patrón estacional de los ail.os "normales", lo que quedó en evidencia al reelaborar las cifras descartando los ail.os de peste.
En el cuadro, sin embargo, hemos incluido el período completo
ya _que la in~uencia de lo_s ail.os anómalos se pierde en el conjunto de
la mformacion. Esto sugiere, sin embargo, que en los ail.os "normale_s" los ritmos tendieron a ser algo más marcados que los indicados.
Fmalmente, en la última columna se presentan valores corregidos a meses de !reinta días para evitar las pequeñas dístorsiones que producen
las desigualdades de los meses calendario. El mismo procedimiento se
adoptó para el gráfico 4.

• 1

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

59

a una estructura causal algo distinta a la del conjunto de la población
-mayor incidencia de infectocontagiosas no estacionales, como la difteria, viruela, escarlatina, sarampión, etcétera-. Los decesos de adultos, en cambio, se comportan de acuerdo al patrón general sobre el
cual tienen mayor peso relativo.
Este patrón de mortalidad continuó vigente en Tandil hasta la segunda década de este siglo, tendiendo a hacerse más pronunciado el
alza invernal, para ceder hacia la década de 1930 dando paso al predominío de la mortalidad invernal que se halla generalizado en la
actualidad59 •

L~ cifras. de! cuadro 5 muestran en forma clara que los picos de
mo~dad coi~ci~en con el período estival, y salvo un suave repunte
hacia fmes del mVIemo, se mantienen bastante constantes el re9'o del
ail.o. Este patrón coincide marcadamente -incluyendo el alza de
agosto- con el que presentan Coni y Viale para Buenos Aires en un
período similar. La única diferencia visible es un cierto adelanto en la
Capital del ciclo veraniego, vinculado a las diferencias térmicas entre
57
ambas regiones • El alza que se observa en los meses de verano debe
sin duda explicarse por la mayor facilidad de difusión y desarrollo de
algunas enfermedades infecciosas y la agudización de la diarrea infantil, en un clima caluroso. Esto sin duda tiende a coincidir con la estructura de causas de muerte que presentarnos más arriba.

Es notorio, entonces, el paralelismo con la evolución de Massachussets y Espail.a. Resulta en cambio destacable un cierto retraso en
~l avance hacia el predominio invernal, especialmente respecto del caso espail.ol. Esto es particularmente llamativo ya que, en lo que respecta a la T.B.M. o la esperanza de vida, ya a partir de 1880 la región
parecería hallarse en una posición de ventaja respecto a la mayor parte
de regiones espail.olas y probablemente parte de las italianas (sobre esto volveremos en la sección final del artículo). La comparación con
el ejemplo estadounidense, en cambio, sugiere la existencia de un ritmo de evolución occidental que guarda ciertas diferencias respecto del
europeo. Será necesaria, sin duda, mucha níás investigación para poder obtener algunas conclusiones más consistentes.

. Los contemporáneos, por otro lado, tenían clara conciencia del peligro que rep~esentaba la llegada del verano, como se refleja en varias
notas aparecidas en El Eco, similares a la siguiente:

CONCLUSION: INMIGRACION Y CAMBIO DE
LOS PATRONES DE MORTALIDAD

Aunque se goza actualmente de un buen estado sanitario (las enfermedades contagiosas que en la estación calurosa siempre visitan el
pueblo este año lo obviaron) no deben olvidarse algunas considerac~ones so~re la hi~ene, por ejemplo, frutas que se venden sin inspección preVIa, ~esc~do en la limpieza de establecimientos, inspección
de la leche, limpieza de las calles (algunas son todo un ejemplo de
desidia) casas o ranchos abandonados. Todo esto debe ser atendido
por las autoridades58 •

Hacia finales del período que analizamos, según ya señaláramos, más
del 40% de la población de la región estaba constituida por inmigrantes, casi en su totalidad europeos. Más aún, casi la mitad de los nacidos en el primer lustro de la década de 1890 eran hijos de inmigrantes,
Y más de un 10% de los restantes tenían padre extranjero y madre nativa. Para esa época había también un cierto número de hijos de nativos
que eran nietos de integrantes de los primeros contingentes de inmigrantes llegados a la región&lt;,() .

Al observar la estacionalidad de la muerte en los distintos grupos de
edad r~salta el infantil, debido sin duda a la agudización del ritmo necrológico provocado por la diarrea estival. En el grupo de uno a once
el patrón se hace menos evidente pese a que en los más chicos también
actúa este mal. Esto se relaciona a una mortalidad que corresponde

En resumen, para fines del período considerado el componente de
migrantes recientes y sus descendientes constituían bastante más de la
mitad (quizás cerca de dos tercios) de la población regional. A comienzos del período su presencia, si bien visible, era aún poco significativa.
Ante esto, es inevitable preguntarse qué influencia tuvo el flujo migratorio en las transformaciones de los patrones de mortalidad.

�60

Siglo XIX

Los mejores estudios sobre la mortalidad en la Argentina han coincidido en señalar que la expectativa de vida era considerablemente superior entre los extranjeros que entre los nativos. Para la ciudad de
Buenos Aires, MÜller marca aproximadamente cinco años de diferencia en la expectativa de vida a los cinco años de edad en 1887, extendiéndose a siete años para 1895 y reduciéndose en los años posteriores61 . Somoza señala una diferencia de casi seis para los varones y
ocho para las mujeres en 1913-15, para todo el país62 •

...

Lamentablemente, los datos que disponemos no nos permiten intentar un cálculo similar para la región estudiada63 • Una aproximación mucho más rudimentaria sin embargo, sugiere un diferencial en
el mismo sentido. En efecto, hemos comparado el porcentaje de participación de la población extranjera mayor de catorce años en el total
poblacional y en el total obituario, con los siguientes resultados64 •
En 1869 los extranjeros conformaban el 32.9% de la población masculina de quince y más años, en tanto que representaban sólo el 18.2%
de los decesos de ese mismo grupo de edad. En 1881, los valores respectivos eran del 48.6% y el 28.4% y en 1895 59.5% y 39.4%. Lo mismo puede observarse respecto de la población femenina. En tanto que
un 14.1 OJo de las mujeres mayores de 14 años eran extranjeras en 1869,
estas constituyen sólo un 4.54% de los decesos. Las cifras de fallecimientos femeninos extranjeros correspondientes a 1881 son demasiado exiguas para efectuar una comparación significativa, pero tienden
a confirmar, incluso de manera demasiado exagerada, la misma tendencia. Para 1895 los guarismos señalan un 38.4% de mujeres extranjeras adultas que constituían sólo el 12.2% de la mortalidad de ese
grupo.
En realidad todos estos porcentajes resultan poco confiables por
lo reducido de los valores implícitos (en especial los femeninos) pero
la consistencia de los resultados permite suponer que indican un fenómeno real65 • La cifra de los tres censos sugiere que entre los varones
la diferencia de mortalidad era favorable a los extranjeros en relación
1:1.75; y entre las mujeres mayor aún.
Obviamente, pese a la exclusión de los menores de quince años,
los resultados pueden reflejar tanto diferencias reales en la mortalidad,
como diferencias en la estructura de edades en la población nativa y
extranjera. Para 1869 no disponemos de la estructura de edades de la
población por origen. De la observación de la pirámide de 1881 surge
una concentración de extranjeros en las edades de menor riesgo, y una
presencia menor en las más avanzadas, lo que podría explicar parte

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

61

de la diferencia. En 1895, en cambio, la participación extranjera se halla mejor distribuida en todos los grupos de edad, siendo su presencia
muy importante en los de mortalidad creciente (70% de varones entre
51 y 60 años, 53% entre 61 y 70; 50% y 40% respectivamente entre
las mujeres), lo cual no sólo otorga mayor confiabilidad a los datos,
sino que tiende a confirmar la sobrevida de los inmigrantes.
Sabemos además que la mortalidad infantil era marcadamente menor entre los hijos de extranjeros que entre los descendientes de
nativos66 ¿Son estos fenómenos producto de una inserción socio67
ocupacional distinta entre nativos y extranjeros, de diferentes pautas
culturales, o es más bien el resultado de trayectorias vitales diferentes
o de la "selección natural" provocada por el proceso inmigratorio?
Difícil es saberlo. Lo que parece en cambio evidente es que el aumento
de la población extranjera debió jugar un papel importante en la reducción general de la mortalidad.
Esto nos remite a las preguntas anteriores: ¿se debió al hecho mismo de ser extranjeros, o al papel que jugaron en el proceso de conformación de la sociedad local? En cierta medida esto equivale a preguntarse si esta influencia se debió a un traslado de pautas demográficas
desde su país de origen, o a la conformación de pautas nuevas según
su inserción en la sociedad receptora.
Una primera aproximación al tema nos lleva a comparar la mortalidad local con la de los principales países de emigración. Somoza Y
MÜller han efectuado algunas comparaciones a escala nacional con Italia, llegando a la conclusión de que recién en la primera dé~da de este
siglo las esperanzas de vida (eo) en la Argentina alcanzan, e mcluso superan, las de la península mediterránea68 • Esta comparación es sin embargo problemática dadas las desigualdades regionales en uno Y otro
ámbito. Al respecto es necesario hacer notar que si bien éstas eran marcadas en Italia, lo eran mucho más aún en la Argentina, y que la inserción de inmigrantes se produjo en su enorme mayoría en áreas más avanzadas del país. Por otro lado, durante el período que nos interesa hubo muy claro predominio en la emigración a la Argentina de las áreas
de menor mortalidad en Italia.

M.C. Caccopardo y J.L. Moreno también compararon la esperanza
de vida en Italia y Argentina, utilizando para ésta última los mismos
datos de Somoza y Müller, pero en este caso con mayor preocupación
por la cuestión regional italiana. Tomando la esperanza de vida a los
quince años (e 15, por ser la edad en que comienzan a insertarse los
inmigrantes en la sociedad local), llegan a la conclusión de que las condiciones fueron consistentemente más favorables en Italia hasta la dé-

�62

SigloXIX

cada de 1930, o en todo caso que en el mejor período argentino no
existieron mayores diferencias. Cotejando en cambio la T.B.M. se observa una situación inversa: esto se debe en parte a una estructura de
edad mucho más favorable en el Río de la Plata, pero también a una
mortalidad infantil inferior69 •
Como se observa, la situación es muy compleja. Los resultados varían muy significativamente según sea el indicado utilizado (ei; e 15;
T.B.M.; M.I., etcétera.) o en el área comparada. Para peor no siempre disponemos de la información necesaria, especialmente para el caso argentino donde los estudios de demografía histórica se hallan aún
poco avanzados7º.
No es este el lugar para intentar una revisión cuidadosa del problema. Nos limitaremos, por lo tanto, a efectuar algunas consideraciones generales sobre la relación entre los indicadores observados por
nosotros en el área estudiada y los de ciertas zonas de emigración, al
solo efecto de plantear algunas hipótesis interpretativas generales sobre la evolución de Tandil71 •

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Los datos de 1869 son taxativos. La sitúación del Tandil fronterizo no era superior (y quizás incluso era inferior) que las de las regiones
más atrasadas de España, sin duda el país de mayor mortalidad de los
que aportaron contingentes importantes de inmigrantes. Los indicadores
se corresponden más bien a regiones atrasadas de Europa en el siglo
?(VJII. Sólo la mo_rt~idad infantil parece ser menor a la espafiola e
1t~~na, lo que quizas se deba a ciertas condiciones sociales; pero es
dificil estar seguro dado el subregistro existente en la campafia de Tandil.
E~ _los años posteri~res las tr~sfo~acione_s en esta región fueron
dramat1cas. Italia part1a de una s1tuac1on considerablemente mejor a
mediados ~el ,siglo ,x1x,. y ~m!'ié~ estaba atravesando un proceso de
n?table meJona. Aun as1 vanos mdicadores sugieren que para 1881 Tandil había alcanzado una situación similar o superior incluso a las mejores regiones de la península.
En otra península europea, Espafia, el período 1850-85, surcado
po~ ham!'runas (1~57 y 68) y epidemias de cólera (1855, 65 y 85), no
trajo mejoras sensibles, por lo que a fines del mismo su situación era
claramente des~avorable respecto de Tandil (y, hasta donde sabemos,
d_e toda Argentma). Y pese a que entre la década del 80 y fin de siglo
s1 hu~o una mejoría notable, la situación de Espafia, salvo quizás en
el Pa1s Vasco (sobre el que, por otro lado, no disponemos de datos
precisos), seguía siendo notoriamente inferior a la Argentina.

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

63

Italia, en cambio, continuó con su rápido proceso de ascenso, en
tanto que Tandil, afectado por el ciclo epidémico 1886-91, no avanzó
en la misma proporción que en el período anterior. Hacia fines de siglo las expectativas de vida al nacer en Tandil parecen ser similares al
promedio italiano y, por ende algo inferiores a las regiones más avanzadas (Veneto, Liguria), similares·a las intermedias (Piamonte, Italia
Central) y superiores a las de Italia Meridional. La mortalidad infantil, en cambio, parece seguir siendo inferior en el sur bonaerense.
Finalmente, Francia se halla en una situación extremadamente superior a mediados de siglo: salvo excepciones, las diferencias regionales parecen menores y si bien continuará mejorando hasta fin de siglo,
para entonces las diferencias se hacen mucho menos marcadas. Más
aún, en lo que a mortalidad infantil se refiere, la situación de Tandil
parece muy similar a la media francesa hacia fines de siglo (precisamente el período de información más confiable).

En sintesis: Tandil parte de una situación en general inferior a las regiones de emigración, pero ya para 1881 esta situación se ha revertido,
y a partir de entonces se produce un avance paralelo (aunque a distinto
ritmo) que tenderá a borrar las diferencias.
Persisten, sin embargo, fuertes peculiaridades, tales como una mortalidad infantil relativamente menor en Argentina, y una mayor mortalidad adulta. Cabría preguntarse si entre los inmigrantes la mortalidad de Tandil fue similar en las distintas nacionalidades, pero lamentablemente poco podemos señalar al respecto. La comparación de los
porcentajes de participación en la población inmigrante y en la mortalidad señalan una menor participación en la última parte de los italianos, los españoles con una intermedia, y sorprendentemente, los franceses y europeos del norte exhiben la más alta. Pero esto parece reflejar más los ritmos de llegada de la inmigración y su estructura de edad
que diferencias reales en las pautas necrológicas. Si algo puede deducirse de estos datos (lo que es dudoso), es que no parece existir una
correspondencia marcada entre la mortalidad en el país de origen y las
diferencias en el país de inserción.
Así las cosas, es difícil saber hasta qué punto existió una traslación de patrones de mortalidad por los inmigrantes, y hasta qué punto
éstos se amoldaron a una sociedad que estaba cambiando los suyos,
en parte como consecuencia de su propia llegada. Las diferencias en
el ritmo del cambio -el que, por otro lado, tampoco corresponde en
Tandil totalmente con el de la llegada de los inmigrantes-, en la es-

�64

Siglo XIX

Alvarez y Míguez: Mortalidad ea la provincia de Bs. Aires

tructura por edad y por causas y en el ritmo estacional, sugieren que
la evolución de los patrones de mortalidad en la sociedad receptora tuvo más que ver con su propia dinámica que con el simple traslado de
patrones europeos. Y que, por lo mismo la influencia en este proceso
de los inmigrantes se produjo por mecanismos más complejos.
La llegada de estos contingentes humanos influyó sobre el cambio
de patrones culturales y contribuyó al crecimiento económico. Por otro
lado, se adaptaron a una sociedad de relativa abundancia, o al menos
de menor escasez; a un mercado laboral con brutales exigencias que
tentaba con la perspectiva de ahorro y ascenso social, pero que cobraba a cambio -y sin seguridad de recompensas- un enorme desgaste;
quizás a un mejor cuidado de los hijos, facilitado por madres que en
general no tenían que hacer frente a las duras tareas campesinas, (los
niños no estaban sometidos al hacinamiento de la Europa en industrialización, y eran promesa de un futuro que parecía más abierto).
Todos estos factores articulaban una nueva realidad que, aunque
compartía con otras regiones la tendencia general de su evolución, remarcaba sus propias características. La rt-ducción de la mortalidad, tan
notable en la zona durante el período estudiado, en la que confluyen
un sinnúmero de factores sociales, económicos y poblacionales, forma
parte del proceso mismo de surgimiento de una nueva sociedad en un
territorio, también, nuevo.

65

4. En los trabajos mencionados en la nota anterior se describe en mayor detalle este
proceso, remarcando la utilidad del concepto de "frontera"~~ que.~acem~s referencia en el título), para comprender el proceso: frontera f1s1co-militar pnmero,
frontera económica (ocupación de nuevas tierras) luego, finalmente frontera de productividad (modernización tecnológica).
5. En los enormes espacios abiertos, sin cercos y poco poblados de la frontera s~r,
a la que perteneció Tandil por lo menos hasta la década de 1860, ~l ganado a~n
valía poco y casi exclusivamente por su cuero. En general no se c~ns1d~raba delito
el carnear ajeno, si era para comer y se entregaba el cuero~ pr~p1etano._ Ver relatos al respecto en W. Me Cano, Viaje a caballo por las provmc1as argeau~~s, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1969 (primera edición i~glesa de 1853); tamb1en J.~.
Suarez García (comerciante gallego llegado a Tandil e~ ~860'. e~ cuyas n:iem~nas
se inspira la frase del texto), Apuntes autobiográficos, ~crón lirni~da de cien eJemplares, 1943; y J. Fugl, Abriendo surcos, Buenos Aires, Altanura, 1972.

6. Sobre el carácter heterodoxo de la transición demográ_~ca argentina: ;er E. Pantelides, op. cit.; también E. Míguez, "Migraciones, familia y repoblac1on del sudeste
bonaerense a fines del siglo XIX", ponencia presentada en el LIV Congreso Internacional de Americanistas, Amsterdam, 1988.
7. Véase el artículo de H. Perez Brignoli, incluido en este mismo volumen.
8. En esta versión del trabajo hemos eliminado por razones de espacio casi t'?&lt;1a referencia a la mortalidad diferencial por sexo, tanto en cuanto a la mortalidad por
edad, esperanza de vida, como a las demás áreas estu~adas; ~í como los difere~ciales por estado civil. Estos temas pueden verse en De la vida Y la muerte. .. •
9. M. Müller, La mortalidad ea la Argentina, Buenos Aires, CENEP, 1978 p. 5.

10.

z. Recchini, La población de Buenos Aires, Buenos Aires,

ITDT, 1971, p. 71.

11. [bid., y Müller, La mortalidad en la Argentina.
NOTAS
l. J.L. Somoza, La monalidad en la Argentina entre 1869 y 1960, Buenos Aires, ITDT,
1971; M.S. Müller, La monalidad en Buenos Aires entre 1855 y 1960, Buenos Aires,
ITDT, 1974; Edit A. Pantelides, "La transición demográfica argentina: un modelo no ortodoxo", en Desarrollo Económico, 88, enero-marzo 1983. Una revisión
más amplia de la bibliografía sobre el tema en M.S. Müller, "Bibliografía para
el estudio de la p0blación argentina", en [bid., 48, 1973. Un encuadre clásico del
caso argentino en el marco latinoamericano, en l". Sanchez Albornoz, La población de América Latina, Madrid, Alianza, 1977.

2. Somoza, op. cit., p p. 19 y 28; Müller, "La mortalidad.... ", p p. 11, 17 y 19.
3. Más detalles sobre las fuentes y su utilización en "De la vida y la muerte... "; ver
también "Población e historia social. Notas teórico metodológicas para el estudio
de una sociedad de frontera: Tandil (Buenos Aires), 1854-1895", ponencia presentada en el Encuentro Internacional Sobre Cuantificación en la Investigación Histórica, Florianápolis, Universidad Federal de Santa Catalina, Brasil, 1984.

12. E. Kern, La mortalidad en la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Facultad de
Ciencias Económicas, 1948, p. 71.
13. El Eco del Tandil (en adelante Eco). Hemos revisado la colección_a_ panir d_e su
aparición en 1882, encontrando frecuentes denuncias sobre la condición Ycalidad
de los alimentos, que el periódico vincula, sobre todo en verano, a problemas de
salud. El diario también refleja la preocupación municipal sobre el tema, que se
tradujo en una serie de medidas sanitarias.

14. Esto es así porque con " ... un aumento del 50070 de los deceso~ _d e un afio dete~inado no puede ser equilibrado por la capacidad de recuperac1on de la generación
nacida en el año de la crisis; en tanto que una multiplicación por cuatro de las m~ertes
no puede ser compensada por la capacidad de recupera~!ón
las l ~ generaciones
que, al momento de la crisis, tenían menos de 15 años. , L1v1 Bacc1 Y Del Panta,
op. cit., p. 405 (trad. de E.M.)

?~

15. El pico de viruela de 1871 estuvo totalmente contenido en ~e afio: con su epicentro
en agosto, aunque se repitió al año siguiente con menor mtens1dad.

�66

16. G. C. Holland, The vital Statistics of Sheffield (1893), capítulo 8; citado por E.P.
Thompson, TheMakingoftheEnglish WorkingC/ass, Middlesex, Penguin, 1963,
p. 360 (traducción nuestra).
17. Ambos citados por Jacinto Velázquez en La Argentina Médica, Buenos Aires, 1902,
p. 19.
18. Cándido González, Etiología y Profilaxis del Tétano Infantil, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1888.
19. Citado por Ernesto Vivanco en Un héroe cívil: Carlos J. Furst. La vida de un médico danés al través de veinticinco años de historia argentina, Buenos Aires, 1959,
p. 140.
20. E. Caselli, La enfermedad de los lactantes en la provincia de Buenos Aires, La Pla-

ta, 1902, p. 58.
21. Eco, 18-XU-83.
22. Laureano Araya: Estudios de los casos de mortalidad en la primera infancia, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1882, p. 35.

38. Femando AJvarez, en La viruela y la vacuna, Buenos Aires, 1915.
39. AJvarez, op. cit.; Emilio R. Coni, Apuntes sobre estadistica mortuoria, s/edit., s/f.;
Cuñado, op. cit.; L. Rufino, Observaciones estadísticas sobre la viruela, Buenos
Aires, 188 l.
40. Eco, 14-IX-84, 13 y 19-XII-86, 24-VIl-87, etcétera.

41. Eco, 25-IX-87 y 19-IV-91.
42. Jbid., 24-V-91 y 14-Vlll-88.
43. Coni, op. cit.; Adrián Viale: Estudios sobre la morlalidad ocurrida en Buenos Aires
durante e/ año 1880, tesis de la Facultad de Medicina, UBA, 1882, p. 58; Kem,
op. cit. (e.l documento data de la década de 1880).
44. D. Lizarralde, "Tandil, condiciones higiénicas. Patología.", en Carlos A . Grau,
La sanidad en las ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires, Eva Perón,
Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1954, p. 258.

23. Enrique Day: De la mortalidad de los recién nacidos, Buenos Aires, Facultad de
Medicina, UBA, 1895, p. 92.
24. O. Fontana, Tandil en la historia, Tandil, Talleres Gráficos Di Tulio, Í943, s/n.

46. Eco, 26-VIII-83.

25. Eco, 29-11-83, 14-IX-84 y 6-V-87.

47. Eco, 26-11-86.

26. /bid., 6-VII-90.

31. Esto ~os _h~ permitido corroborar la información de los registros parroquiales y
la penodísuca, constatando su total coincidencia.

48. No presentamos los valores medios precisos porque tal exactitud sería ilusoria dado que los datos no son plenamente confiables. Debe tenerse en cuenta que hasta
la instalación del Registro Civil, los nacimientos son tomados de los registros de
bautismos. Con frecuencia éstos se apartan varios meses, e incluso años del nacimiento. Existieron sin duda muchos casos particularmente en la campaña, de niños que no llegaron a ser bautizados, y por lo tanto no figuran ni su nacimiento
ni su defunción. Si, sólo como ejemplo, suponemos veinte casos anuales de este
tipo en la década del 60, tendríamos una mortalidad infantil del 220 0/00, lo que
parece más probable. Al avanzar el período, el fenómeno debió disminuir, ya que
los bautizos tardíos se hicieron menos frecuentes, y con la mayor densidad de población rural se intensificó el control social de la Iglesia y el Estado, lo que hace
menos probable la abundancia de estas muertes "clandestinas".

32. Eco, 30-IIl-87.

49. Recchíni, op. cit., p. 73; Müller, La mortalidad en Buenos Aires...

33. Eco, 12-VIII-86.

50. Berenguer, op. cit., p. 72.

34. Vacuna y vacunación obligatoria, Buenos Aires, p. 60.

51. Berenguer, op. cit., p p. 61-63.

35. Eco, 24-VIl-84, 18-XI y 13-XIl-85.

52. M. Aberastury: La mortalidad de la primera infancia en Buenos Aires durante el
año 1889, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1890, p p. 16 y 40.

•
!

28. Ver Fontana, op. cit.

l

29. Eco, septiembre y noviembre de 1884.

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67

45. Sobre "Tata Dios" ver H. Nario, Tata Dios, Mesías de la última montonera, Buenos Aires, Plus Ultra, 1976. También E. Miguez "Política, participación, poder.
Los inmigrantes en las tierras nuevas de la provincia de Buenos Aires en la segunda
mitad del siglo XIX.", Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, 1987.

27. /bid., 4-VII-86.

.

A/varez y Míguez: Mortalidad en /a provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

30. Eco, 12-VIII y 20-XII-85; 29 y 31-XIl-86.

36. Eco, 17-IV-87.
37. Ver, por ejemplo, Eco, 27-IV-90.

53. A. Lopez Córdoba, La lucha contra la mortalidad infantil, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1908, p. 47.

�68

SigloXJX

54. Berenguer, op. cit., p. 47; Perez Moreda, op. cit., p. 148.

55. Berenguer, op. cit., p. 43.
56. Sobre estos puntos ver N. Sanchez Albornoz, "La modernización demográfica. La
transformación del ciclo vital anual, 1863-1960", en su Jalones de la modernización de España, Barcelona, Aliel, 1975; también PerezMoreda, op. cit., p ;&gt;. 203-217.
57. Coni, op. cit., p. 29; Viale, op. cit., passim. Tandil posee un clima templado con
un verano menos caluroso que Buenos Aires (la media estival ronda en los 20 grados), y un invierno más frío (entre mayo y septiembre la media ronda los 8 grados).
58. Eco, l-III-91.
59. Debemos agradacer a G. Velázquez, que estudia con el apoyo de una beca del CONICET el componamiento demográfico de esta región posterior a 1914, los datos
referentes a ese período.
60. Sobre estos fenómenos ver E. Míguez, "Migraciones, familia ... ".
61. La mortalidad en Buenos Aires... , p. 32. Se toma la población a partir de cinco
años por los reducidos números de migrantes menores de esa edad.
62. Op. cit., p. 32. Hay que tomar, sin embargo, estas cifras con sumo cuidado ya que
al tomar al conjunto nacional reflejan no sólo las desigualdades según origen sino
también las regionales, ya que la mayor parte de los extranjeros vivían en zonas
de menor mortalidad.
63. Esto porque los valores absolutos de mortalidad por grupo de edad, desagregando
nativos de extranjeros, son demasiado bajos para producir resultados mínimamente confiables.
64. Excluimos a los menores de quince años ya que dada la alta mortalidad infantil
y la casi nula participación extranjera en este grupo de edad, su inclusión hubiera
distorsionado mucho los resultados.
65. Los valores de mortalidad utilizados para los años censales surgen del promedio
de cinco años, _el del censo más los dos anteriores y posteriores, para dar mayor
consistencia a la comparación.
66. Miguez, "Migraciones, familia ... ".
67. Sobre la desigual inserción ocupacional, ver N. Alvarez, E. Míguez y equipo Población y Sociedad, "La estructura socio-ocupacional de Tandil, 1869-1895 ", ponencia presentada a las VI Jornadas de Historia Económica, Vaquerías, Córdoba,
1984. También Míguez, "Política, participación, poder. Los inmigrantes en las tierras
nuevas de la Provincia de Buenos Aires en ta segunda mitad del siglo XIX", Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, 1987.
68. Somoza, op. cit., p p. 149-153, Müller, La monalidad en Buenos Aires, p p. 10-18.
69. Caccopardo y Moreno, "Características regionales, demográficas y ocupacionales
de la inmigración italiana a la Argentina (1880-1930)", en F. Devoto y G. Rosoli,
La inmigración italiana en la Argentina, Buenos Aires, Biblos, 1985, p-p. 77-80;

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

69

sobre la mortalidad infantil italiana ver G. Caselli, "Mo~t~ e s~pravvi~e~ in
Italia dall'unita agli anni 30", en Asociación de Demograf1a H1stónca-S~1eta_ It~liana di Demografía Stórica, I Congrés Hispano Luso Italiá de Demograf1a H1storica, Barcelona, 22-25 de abril de 1987.
70. Para señalar sólo un ejemplo, Moreno y Caccopardo debieron conformar~e ~on
cifras de eo 15 sólo para la Capital y para el promedio nacional, por ser las urucas
disponibles para el período anterior a 1913-15. Hay_ buenas. razo~.es par~. supon~r
que en las provincias litorales (incluyendo Buenos Aires) la s1tuac1on deb10 ser mas
favorable que en los ámbitos señalados.
71. Los datos sobre la evolución italiana y española fueron mayormente tomados de
las ponencias presentadas en el mencionado congreso de Barcelon~ de 1987, espe:
cialmente la ya citada de Caselli y la de Lucía Pozzi, "Fattori ambientan, progres1
medid et evolucione delle cause di morte nelle regioni italiane fra la fine del XIX
e i primi decenni dal XX secolo". También Perez Moreda, op. cit.; M. Livi Bacci,
"Fertility and Nuptiality Changes in Spain from the Late 18th to the _Early 20th
Century", en Population Studies, XXII, 1968, 1 y 2; y Del Panta, op. cit.; N. Sanchez Albornoz, España hace un siglo, una economía dual, Barcelona, 1968, caps.
2 y 3; además de los datos citados por Somoza, Müller y Caccopardo Y ~oreno.
Para Francia nos limitamos a los conocidos datos retomados por E.A. Wngley en
Historia y Población, Barcelona, Crítica, 1985 (original e-n inglés, 1969).

�Café, Ferrocarriles y Población.
El Proceso de Urbanización
en Río Claro, Brasil

Daniel J. Hogan *
María Coleta F.A. de Oliveira *
John Marion Sydenstricker Neto *

l. INTRODUCCION

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1
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La evolución de la red urbana del interior paulista, que se remonta a
los primeros días de la colonización del país, recibió su impulso definitivo en el siglo XIX. La configuración de esta red de ciudades preexiste a la economía cafetalera: se remonta al ciclo azucarero. Aunque
el desarrollo del cultivo del café condujo a la consolidación y expansión de la urbanización paulista, permanecen como objeto de polémica, entre los especialistas, los mecanismos responsables de dicho proceso. Cuna de la industrialización brasilera, esta región y su experiencia de urbanización nos brindan la oportunidad de reexaminar tanto
la teoría de la urbanización, como las transformaciones sociales, económicas y demográficas que marcaron al país a fines del siglo pasado
y a principios del XX.
Por un lado, las características de esta red urbana no confirman
algunos lugares comunes sobre la urbanización en el Tercer Mundo.
El crecimiento de la capital paulista, por ejemplo, nunca impidió la
expansión urbana del interior y, en el momento del primer censo na-

• Nucleos de Estudos de Popula~o (NEPO), Universidad Estadual de Campinas (Sao
Paulo, Brasil). El presente trabajo es resultado de un amplio proyecto de investigación llevado adelante por NEPO, referido a la transición demográfica en Sao Paulo
Y financiado por la fundación SEADE, FINEP y CNPQ. El período cafetalero
(1850-1930) representa el primero de los estudiados en el proyecto mayor. Sobre éste
y otros períodos ver Oliveira (1985) y Sydenstricker et al (1985). Traducción: María
Teresa Fantini.

�72

Siglo XIX

cional, San Pablo y Campinas casi se igualaban demográficamente.
C¿iando la capital adquiere "primacía urbana", una amplia y diferenciada red urbana ya se encontraba instalada en el estado. El gigantismo.de Sao !'abl?, hasta en escala internacional, no impidió la urbanización del mtenor a lo largo del último siglo.
. Por otra parte el hecho de que la urbanización emergiera fortalecida por la economía cafetalera no significó que el perfil de las ciudades estuviera marcado sólo por los servicios financieros y comerciales
generad?s por el café. Por el contrario, indicadores de las actividades
~nómicas pr~ntes en los principales centros urbanos del interior pauli~ta~ en _el penodo cafetalero, sugieren que la urbanización y )a industrialización marcharon juntas, y que la experiencia paulista contradice
la difundida ~eneralizac~ó!l de urbanización sin industrialización, típica de los pa1ses de Amenca Latina.
. Esta urbanización estuvo revestida de importancia e interés especiales. Ya fuese desde la perspectiva de la teoría de la urbanización
como de la comprensión del papel de la ciudad en las transformado:
nes. económi~ .Y demo~áfi~as de Sao Pablo en el siglo XIX, es necesano reconstitwr esta histona. El análisis de la urbanización sin embar_go_, es característicamente condu~ido a un nivel de agregación que
casi sie~p~e revela un proceso contmuo, de mayor o menor intensidad, comcidente o no con la evolución de otros procesos sociales y econ.~micos, pero siempre repstraodo aumentos en la tasa de urbaniza~ion. E~ "natur~ción" del proceso nos permite ver y evaluar )a
mfluenc1a de las diversas fuerzas que contribuyen al crecimiento urbano. En el ~so del interior paulista, por ejemplo, el impacto del café
Y de la asociada expansión ferroviaria tiende a ser evaluado mecánicam~nte. Ello fue r~ultado, por lo menos en parte, de una historiografia que en el penodo tomaba lo urbano como residual. Por todas
~tas ~azo_nes, el estudio de caso se presenta como una estrategia de
mvestigació~ capaz de poner al descubierto las raíces del crecimiento
urbano pauhsta.
~s datos e interpretaciones contenidos en este trabajo son fruto
precisamente, de esa estrategia de investigación. Buscando reconstruk
I~s proc~o~ demográficamente significativos entre 1850 y Ja grao crisis ~ononuca _del 29, el _municipio de Río Claro fue seleccionado en
f~~ión de su 1mportaoc1a como productor de café (tercero -en Ja provmcia de San Pablo en 1886) y como centro ferroviario. Además de
estos factor~, se es~~aba que la multiplicidad de estudios existentes
s?b~e la r~1on penrutlera una profundización de los mecanismos más
s1gruficat1vos. A estos estudios se agregaron una serie de fuentes nue-

Hogan _ C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

73

vas, especialmente anuarios y crónicas de la época con riquísimas informaciones sobre la vida urbana.
La estrategia adoptada se mostró adecuada: si bien no para tod~
las cuestiones de interés, sí al menos lo fue en lo que res~ta ~ crecimiento urbano en el período cafetalero. A partir ~e la histona de la
evolución del núcleo urbano de Río Claro, los mecamsmos por lo~ cuales
se relacionan café, rieles y ciudad son revalorizados. Se cuestiona la
línea explicativa que atribuye a la vía férrea e_l papel ~e _motor de l3i
ubanización, al mismo tiempo que son redefimdos el tJmm~ d~l crecimiento urbano y el papel del mercado interno en ese crecmuento.
II. LOS ORIGENES DEL ASENTAMIENTQ EN LA REGION:
RIO CLARO COMO "BOCA DE SERTAO" (1739-1835)
Río Claro, con origen semejante a una gama de embrio~es urb~~~s
en la región, se desarrolló en el borde interno de la depresión penfenca paulista a partir de caminos transversales que comenzaban en Carnpinas Itú ; Sorocaba. Esos pequeños lugares eran pobl~ciones a la vera dei camino, levantados en las últimas décadas del siglo XVII Y la
primera del xvm. Estas rutas iban en dirección a las nuevas áreas de
poblamiento: la meseta del Oeste y las tierras del Mato Grosso.
El descubrimiento de OIO en el Mato Grosso, en 1718, aceleró la
ocupación del área donde nacería Río Claro. El camino inicial par~
el Mato Grosso iba por el Río Tiete hasta la cuenca del Paraná. Evttaodo los riesgos de contaminación por las fiebres de los pant~nos, las
caravanas marchaban por tierra, desde Piracicaba, por un cammo muy
difícil debido a sus pronunciadas irregularidades. Entre 1719 Y 1727
se abrió una ruta en un área más suave y baja, abandonada luego Y
reabierta sólo entre 1765 y 1775. Ribeirao Claro era lugar de posta para el descanso de Jas mulas, antes de comenzar la subida. Con el tiempo, algunos arrieros se convirtieron en ~.ueños negoci~tes. Tras s~plantar las tropillas, iniciaron un comercio rrregular de art!culo~ de pnmera necesidad que sirvió por muchos años a una población dispersa.
Esta región en esa época era boca de sertao: más adel~te, en la ~eseta, comenzaba lo que se consideraba realmente el desierto, o sertao de
Araraquara.
'
La ocupación incipiente de la región de Sao Joao da Beira do Ribeirao Claro situada en los desiertos de Morro Azul, tuvo probablemente su m~co de iniciación en 1729-1732, cuando las Sesmarías YPatentes registraron la donación de una sesmaría en esta área a Francisco

�74

Siglo XIX

Pereira de Carvalho. Pero hasta el comienzo del siglo XIX Río Claro
todavía estaba deshabitado, como lo demuestran los diversos oficios
~u~ la caracterizaban como "habitación exclusiva de las fieras sin vest1~os de suerte hu_mana" (Diniz, 1973:p. 169). La etapa más representativa del poblamiento de esta región recién ocurrió de 1817 a 1821.
En e~te lapso se intensificaron las concesiones de sesmarías, antes que
ese sistema d_e, dona~iones se extinguiera en 1822. Las grandes fazend_as de la reg1on tuvieron origen en la división de las antiguas sesmanas: ~ue el caso de la del Morro Azul, desmembrada en las fazendas
de Ib1caba, Morro Azul, Santa Gertrudis y Paraguazú.
H'.18ta 1850 el único título de posesión de tierra válido venía de esas
donaciones de ~esmarías, efectuadas por el virrey o por el gobernador.
En general teman una superficie de una legua cuadrada (44 Km2) y
c?stab~~- en aquel momento de 300 a 400 mil réis por gastos de exped1ent~, 1mp?rte q~e. no estaba mucho más allá de la capacidad de un
colo~~do~. hbre, s1 el ya estuvi~se empeñado en algún tipo de cultivo
econom1co (Dean, 1977:p.8). Sm embargo, las donaciones beneficiaban con frecuencia a personas ricas y con influencia política en los poblados,_ lo que mostró ser una regla en Río Claro. De las diez sesmarías
concedidas, nueve pertenecían a la élite.

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. . La p~opi~dad de la tierra estaba bastante concentrada. En la re~1on de P1rac1caba, donde se localizaba Río Claro, predominaba el cult1v~ de la caña: las mayores fazendas se dedicaban a ello al comenzar
el siglo XIX. ~ grandes fazendas poseían superficies medias en tomo
~ los 4 176 alque1res, 14.~% de las propiedades poseían 88.80/o de las
tierras en ~anto ~ue el 32.5% tenía sólo el 0.8%. La región de Morro
Azul se~ma el nusmo patrón: 5.6% de los propietarios sumaban más
de la nutad de las tierras, mientras que 460/o de ellos poseían apenas
2.6% de la superficie.
La d~isión de levantar una capilla (Capilla de San Juan Bautista)
en la r~g1~n de M?rro ~ul, a mediados de la década de 1820, llevó
a constlturr el pati:imomo de San Juan Bautista. Fue escogida un área
de 400 ?raza_s de tierra, en cuadrado, definida como "los terrenos en
los declives hndando con el corral de los Pereira y perteneciente a Ma~uel Alfonso Taborda y su suegro. Manuel Paes de Arruda". Posteno~mente fue do~ada por sus propietarios: los límites del patrimonio
cedido se exten~1an por. la actual avenida I, desde Ja calle 3 hasta la
calle 12, Ya ~artrr d~ al.U por las avenidas impares. El trazado de calles
desde el comienzo s1gmó el modelo utilizado en Piracicaba y Lº · .
· d
imerra.
en t a ble~o d e aJe r~z con calles casi paralelas en dirección de los puntos cardmales. Oficialmente la Capilla Curada de Río Claro fue cons-

Hogan _ C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

75

truida el 10 de junio de 1827: su primer capellán fue el padre Delfino
Barbosa. Río Claro pasó la feligresía el 9 de diciembre de _1830., cuando el núcleo urbano contaba con dos mil habitantes y poseia vemte casas de comercio.
Enmarcada en la urbanización de Río Ciar~ está la creaci~n d_e la
Sociedade Do Bem Comúm, en 1832. Dicha sociedad se co?stituyo en
una administración provisoria que durante siete años, aproXlllladame?te se ocupó de asuntos locales de la nueva ~oblación ~ue. el conseJo
m~nicipal de la sede del municipio (Constitución, ho! Prracicaba) d~cuidaba. Esa sociedad reunía a los más destacados cmd~danos ?e Río
Claro deliberando en asambleas generales, con resoluciones eJecutadas p¿r un mayordomo, un escribano y un procurador nombrados por
aclamación .
Luego de su organización, la sociedad di~i'!i~ _el área que sería el
centro del poblado, fijó el precio de los lotes e imct? su vent~. L~s fondos recaudados fueron utilizados para la construcción de la iglesia m~triz, que ftrmó su contrato a fmes de 1832. A medi~dos de 1833 la actividad de la sociedad disminuyó bastante, pero contm~ó en la con_st~cción de la matriz y en las cuestiones generales de la ciudad. Su última
sesión fue el 3 de enero de 1839. La disolución de la sociedad es desconocida, pero probablemente ~o de sus últimos actos fue el cierre del
cementerio en el centro de la cmdad y la apertura de una nueva etapa
de venta de lotes aún no trazados.
Por estar distante de los centros decisivos de la provincia, la sociedad asumió muchas veces funciones propias de las esferas del gobierno provincial o del poder judicial.. Pare~ que ~d~~~ de Río Claro,
solamente Limeira contó con semeJante tipo de 1IDc1at1va. Este h~ho
ya sugiere que Río Claro poseía en esta época (1830-40) un~ ?rg~ción social más sólida que la esperada de una poblac1on recién
constituida.
En cuanto a la actividad comercial, la clientela contaba en 1835
con sesenta residencias que desarrollaban actividades no agrícolas en
el centro del poblado: 23 en el comercio, 19 en la.co~trucción (~intería, principalmente) y quince en diversos ofic!os, mcluso una Joyería. Otros 34 se declaran joyeros, pagados por d1a, probablemente trabajando en la agricultura. Un secretario del Juez de Paz que funcio~aba como escribano público y el vicario completa~an el cuadro ~oci~.
Cinco de los anteriores declararon una renta supenor a los 200 mil réis,
siendo el más rico un comerciante que vendía telas y ganaba 500 mil

�76

SigloXJX

réis (Dean, 1977:pp.36-37). Según Dean, la actividad económica creció mucho en relación a 1822.
A partir del 8 de marzo de 1842, Río Claro pasó a estar subordinada al nuevo poblado de Limeira y no ya a Piracicaba. Río Claro fue
elevada a la categoría de villa el 7 de marzo de 1845, y a la de ciudad
el 30 de abril de 1857.

En esa época el café ya había entrado al municipio y comenzaba
a sustituir a la caña como principal producto. Mas, en una interpretación nada rara en los investigadores, el conglomerado urbano habría
sido entonces pequeño. Las razones apúntadas para las dimensiones
limitadas del núcleo han sido los precarios medios de transporte y la
autosuficiencia que caracterizaba a las fazendas de caña de azúcar y
de café de aquellos tiempos. Esos factores inviabilizaron el desarrollo
del comercio y de los servicios urbanos.
Diniz, por ejemplo, va en ésa dirección cuando afirma:
Río Claro, en esta lejana época de mediados del ochocientos, era poco más que un villorio sin vida propia, pues al estar rodeado de latifundios autárticos que se autoabastecían, no podían crecer su comercio, su industria, su artesanía, su burguesía: no había consumo para
lo que producían (1973: p.12).

Pero las informaciones sobre el período comprendido entre las décadas de 1840-70 son muy escasas. Los datos disponibles revelan que ocurrieron grandes modificaciones en el ámbito judicial y administrativo.
En diciembre de 1852 fue creado el distrito policial. Siete años después
Río CJaro pasó a ser la sede de la comarca, a través de ley provincial. En 1870 fue levantado un edificio para la cárcel, que en su segundo piso abrigaba el consejo municipal. En 1865 la ciudad tenía 466 casas y la escribanía del Registro General de Hipotecas sumaba 327 escrituras con un valor representado superior a 8 753 contos de réis.
Ocurrieron también algunos desmembramientos. En 1859 se formó el municipio de Brotas, que incluía una vasta región al oeste, abarcando un área delimitada por las actuales ciudades de Torrinha, Barra
Boníta, Bariri y Ribeirao Bonito. Descalvado, en el extremo norte de
Río Claro en 1857, fue desmembrado en 1865. Después de este período, con excepción del municipio de Analandia (formado en 1897 al sur
de Descalvado) sóJo ocurrieron desmembramientos en el siglo siguiente, a partir de 1935 (Itirapina, 1935; Santa Gertrudis y Corumbataí,
1948; y lpeúna, 1965) (Diniz, 1973: 16, mapa 2).

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

77

Río Claro permanecía, por lo tanto, como centro de una región
en la que haría sentir su influencia. Constituía el polo de la frontera
cafetalera. De hecho, basta aproximadamente el final de la década de
los 60, Río Claro era considerado el puesto más avanzado desde el punto
de vista de un poblamiento con bases relativamente estables. Esa condición estaba determinada fundamentalmente por las posibilidades de
acceso y de distribución de las zafras, que viabilizaban un mayor avance
de las fazendas de café hacia el interior.
III. RIO CLARO Y LA EXPANSION DE LA VIA FERREA

La construcción del ramal Santos - Jundiaí (1867) aseguró el avance
del café en el oeste paulista. En verdad, la frontera cafetalera estuvo
siempre por delante de la vía férrea que, el expandirse, satisfacía las
necesidades de los fazendeiros. De cualquier modo, la llegada de los
rieles tuvo por efecto la extensión de los limites económicos para el
transporte del café, al mismo tiempo que alteró la importancia relativa
de los núcleos urbanos preexistentes.
En 1872, el extremo del ferrocarril llegó a Campinas y, a pesar del
movimiento de los fazendeiros de Limeira y Río Claro para que avanzara más hacia el interior (ver Debes, 19 81, para un relato de esa actividad), solamente en 1873 el gobierno imperial autorizó a la provincia
la licitación de la obra. En 1874 se inició la construcción de la línea
por la Compañía Paulista de Vías Férreas y Fluviales, y concluida en
1876.

Al convertirse en punta de riel y permanecer en estas condiciones
basta 1884, Río Claro amplió su influencia sobre una vasta área: abarcaba el espacio comprendido entre las actuales ciudades de Torrinha
(al sur de Brotas), Jaú, Jaboticabal, Descalvado y Cordeiropolis (Diniz, 1973: 1970, mapa 7). En su condición de "terminal ferroviaria"
no sólo concentró toda la producción de las regiones interiores, sino
que reforzó su papel como centro de comercio para el abastecimiento
de las actividades que se desarrollaban en toda el área.
En la formación de la Compañía de Río Claro en 1882, que adquirió la concesión para la prolongación del ferrocarril más allá de Río
Claro, se manifiesta el grado de desenvolvimiento de la región y su poderío económico. Esa vía férrea fue la única construida hasta entonces
sin subvención del gobierno. La Compañía de Río Claro sucedió a la
Barao Do Pinhal &amp; Comp., que había obtenido la concesión para construir, usar y explotar durante cincuenta años una via férrea que, partiendo de Río Claro, llegara hasta Sao Carlos Do Pinhal. Su capital

�78

Siglo XIX

fue mayoritariamente aportado por los fazendeiros locales. En 1886,
año en que se terminó el ramal que desbordaba Río Claro, la compañía contaba con 254 accionistas. Cuatro grandes fazendeiros detentaban más el 50% del capital: el vizconde del Pinhal, el barón de Araraquara, el barón de Mello Oliveira y la vizcondesa de Río Claro.
Al transformarse en sede de una compañía ferroviaria, Río Claro
consolidó su influencia sobre el Sertaó y aprovechaba la posibilidad
de convertirse en un centro muy importante, en comparación con Piracicaba. El ferrocarril alcanzó San Carlos el 15 de octubre de 1884;
Araraquara el 18 de enero de 1885; Jaú el 19 de febrero de 1887 (Diniz, 1973: p. 165, mapa 6). Diniz ve en la extensión de los rieles el punto crucial para la retracción de Río Claro, ya que pasaba de punta de
riel a la condición de estación intermedia. Dean y Othake (después de
él) parecen ir en la misma dirección de Diniz, entendiendo el vaciamiento
de Río Claro como una etapa posterior a la dinamización impresa por
la llegada del ferrocarril.

...

.
La so~~evalo~ación de la importancia de esta verdad generó una
mterpretacion eqwvocada del proceso de urbanización. Se traza un perfil tal del crecimiento urbano que la proliferación de las actividades
urbanas y la explosión demográfica se dan como resultado de la llegada de los rieles a Río Claro en 1876 (trayendo vida al villorio aletargado). De esta manera, para simplificar, se escribe una historia de la ciudad pre y postferroviaria.
1

i
i

~
1

La interpretación se equivoca en ambas direcciones. Primero la
ciudad, a juzgar por los indicadores presentados hasta ese mome~to
no era tan insignificante como se creía. Como mostrará más adelant;
el análisis del Almanak de 1873 -tres años antes de la llegada del
ferrocarril- Río Claro poseía una notable y bien diferenciada insfraestructura que no podía ser atribuída a la llegada de los rieles.
La confrontación de las tasas de crecimiento de Río Claro en diversos momentos (cuadro 1) lleva a conclusiones semejantes. La etapa
que podría llamarse punta de riel, entre 1876 y 1884, presentó la tasa
menor (2.4% anual) en todo el siglo comprendido desde 1822 a 1920.
Tanto_en_el lapso anterior (1857-1872, con una tasa del 8.60Jo) como
en el s1gwente (1886-1890, con un 5.5%), se detecta una efervescencia
ausente en el momento en que Río Claro constituyó el más avanzado
punto del ferrocarril en la región.
~I impulso al crecimiento no se localiza, definitivamente alli. Los
análisis que se refieren a la autosuficiencia de las fazendas de caña de

Hogan . C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

79

azúcar y de café como factor inhibidor_ del d~arollo urbano padecen
de problemas semejantes. No solo fue la mclus1ón de m~ fazendas aut&lt;_&gt;suficientes en el radio de acceso de Río Claro, prop1C1ado por la VIa
férrea, lo que impulsaría su crecimiento.

CUADRO 1

POBLACION DE RlO CLARO {1882-1920)

Año

Total

1822
1835
1857
1872
1886
1890
1900
1920

1 514
2 906
6 564
15 035
20 133
24 584
38 426
58 262

Fuente: Dean, 1977 (cuadro 6.2).
AnaJandia.

Crecimiento
Anual%
6.5
6.0
8.6
2.4

5.5
5.6
2.6

1857 incluye Brotas; todos incluyen

Cerca de 1870, con el café ya implantado en la región, el efecto urbanizador del mismo ya comenzaba a sentirse a pesar de ser casi autosuficientes en alimentos, materiales para construcción, animales de tracción y algunos artefactos. Las fazendas no eran autónomas y _satisfacían algunas de sus necesidades en la ciudad. El algodón, por eJemplo:
aunque fuera tejido por esclavos, en esa época ya era com~n 1~ compra de productos ingleses por yardas. Por otro lado, la fabncac1ón de
ladrillos y materiales afines -localizada en las fazendas aprovechando los yacimientos de cal y arcilla- contaba con demanda para su expansión. Además de las alfarerías, las propiedades rurales poseían con
frecuencia molinos y aserraderos movidos a energía hi~áulica o a v~por, que proveían también a la ciudad. A su vez, la cmdad ab~tecia
algunos productos manufacturados, como arneses, carros, trabaJos de
carpintería y hierro fundido. Los pequeños productores _rurales eran
los principales abastecedores de la ~ame de cer~o consunuda e? las fazendas, pues raramente era producida en las nusmas. Les vendian tam-

�80

Siglo XIX

bién, con menos regularidad, maíz. Otros productos (como los tejidos
ingleses mencionados más arriba) eran importados. Vemos así una economía regional que, aunque volcada principalmente hacia el café, daba margen a la realización de una gama diferenciada de actividades
urbanas y a relaciones rural-urbanas sistemáticas.
La interpretación ferrocarrilera se apoya en datos de 1883 (siete
años después de la llegada de Tos rieles y un año antes de su expansión). En ese año la ciudad poseía un comercio bastante activo, con
34 almacenes generales, 24 ferreterías, 22 mercerías con ropa y sombreros, ocho zapaterías, dos orfebrerías y siete sastrerías. Contaba con
maquinarias para el cultivo de arroz y café, fábricas de cerveza y licores. Tenía servicios médicos y educativos, por lo que podía ser considerada como un centro cultural. Disponía de cinco médicos, dos dentistas, dos maestros de canto y piano, cuatro farmacias, seis colegios
particulares, seis sociedades recreativas, un teatro y dos periódicos (Diniz, 1973: p.171). En 1884 la Asamblea Legislativa Provincial autorizó
a la cámara municipal de Río Claro a contratar la construcción de una .
línea de bonds en el centro de la ciudad, cuando los trolis ya formaban
parte, hacía tiempo, del paisaje de Río Claro. Jolio Jacob Meyer, su
fabricante en Río Claro, había instalado su taller en 1854.
Pero el impacto de la vía férrea sobre la vida urbana de Río Claro
es visto en sus efectos contradictorios por los estudios realizados anteriormente. Dean presta atención al hecho que, si por un lado, ocurría
la modernización de las pautas de consumo y de servicios por "efectos
demostración" del desarrollo que se procesaba en la capital, por otro
lado había un achicamiento de las distancias, y los servicios postales
y telegráficos permitían que los grandes fazendeiros se mudaran hacia
la capital y, desde allí, administraran sus propiedades. En la ciudad
quedaban una clase media y un proletariado no muy diversificados que
influyeron y marcaron el paisaje urbano a través de la homogeneidad
en las edificaciones, que aún hoy se observa. "La política local quedó
abandonada en las manos de los boticarios, en los dueños de almacenes, escribanos y otras personas destacadas de la clase media local"
(Dean, 1977: 56).
Ese vaciamiento por lo tanto era de la elite cafetalera, y no tuvo
implicancias en el estancamiento de la ciudad. Eran "los grandes fazendeiros" que Dean apunta los que, trasladando su residencia a la
capital, acarreaban así cambios en la vida política y cultural de Río
Claro. Por lo lo tanto la contribución a la demanda de bienes y servicios representada por las fazendas no se alteró demasiado con la migración de sus dueños. Fue esa demanda la que determinó el crecimiento
de la ciudad, proceso que no fue interrumpido. Al contrario: el crecí-

Hogan • C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

81

miento más lento del período punta de rieles (2.4% anual) fue inmediatamente seguido por la recuperación de altos niveles de crecimiento
(5.5%) en 1886-1890, cuando la ciudad pasó a ser una estación intermedia. El factor que parece haber impulsado su crecimiento fue justamente su carácter de centro ferroviario. Además de ser la residencia
de los trabajadores del ferrocarril, generando así una razonable demanda, se tomó también sede de los talleres de la Compañía Paulista de
Estrada de Ferro, con más de dos mil empleados en 1892.
La importancia del ferrocarril pareció tener implicaciones en esta
expansión del mercado de trabajo y en la consecuente demanda de bienes y servicios en la ciudad. Así, en el momento en que Río Claro dejó
de ser punta de riel, cuando la línea fue extendida hacia otras ciudades, es cuando aquella crece. Como sede ferro viaria, como residencia
de los empleados ferroviarios y, más tarde, en 1892, con los talleres
y sus dos mil obreros, Río Claro recibe su verdadero impulso. Estos
talleres debieron tener un efecto multiplicador, generando demandas
para otros servicios industriales y comerciales, que hicieron de la ci~
dad un centro regional industrial.
El desencuentro de los análisis sobre el efecto urbanizador de los
rieles se debe, entonces, a esa conclusión. Río Claro urbano crece y
se desarrolla por la presencia de un contingente de consumidores. Descartada así la explicación hinterland, deja de ser contradictoria la coincidencia constatada en esta investigación acerca o sobre la gran diferenciación de la estructura urbana anterior a la llegada de las vías. La
propia existencia de esa estructura refuerza y procura otras
explicaciones.
IV. EL ALMANAK DE 1873 Y EL TIMING
DEL CRECIMIENTO URBANO
El Almanak, una verdadera radiografía de la ciudad, identifica una
compleja estructura de actividades comerciales, industriales, culturales y sociales que revelan, ya en 1863, un centro bastante desarrollado.
El cuadro 2 presenta el número de establecimientos en funcionamiento en ese año. Se incluyen las actividades industriales de bienes de consumo personal, de materiales para construcción, de muebles, de metalurgia y mecánica, transporte y alimentos; de servicios de consumo personal, de esparcimiento, de comunicación y transporte. El sector de.
comercio incluía 127 establecimientos de los más variados productos.
Aunque algunas de las actividades relacionadas pueden represen-

�82

Siglo XIX

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

(Sigue cuadro 2)

CUADR02
ACTIVIDADES ECONOMICAS EN RIO CLARO (1873)

1.6

INDUSTRIA / ARTESANIA

1.1

Bienes de Consumo Personal
Sastre
Sombrerero
Costurero
Modista
Orfebre
Zapatero

-:

·'"
..
'1
1

1.2

33
15
05
07

II.

COMERCIO / SERVICIOS

Il.l

Servicios de Consumo Personal
Tintorero
Almidonadora
Relojero
Cigarrero
Barbero

11

1

'

1.4

Mobiliario
Mueblero
Colchonero
Ebanista
Tapicero

·1

1.5

01
01
01
01

Otros
Tonelero
Pirotécnico

Materiales de Construcción
Alfarería

.!

Industria de alimentos
Fábrica de licores
Fábrica de vinagre
Fábrica de cerveza
Refinación de azúcar

1.8

03
05

02
05

Construcción Civil
Carpintero y Maestro de Obras
Albañil y Maestro de Obras
Vidriero
Pintor

1.3

1.7

14
01
10
04
02
08

Transporte
Fábrica de Trolies
Talabartero

No. de Establecimientos
l.

83

Il.2

11
04
02
06

Metalurgia y Mecánica
Fábrica de Máquinas
Vías Férreas
Herrero
Fundidores de Hierro y Bronce
Hojalatero o Chapista
Calderero
Maquinista

04
07
05
04
05
05

Servicios de Recreación
Billares
Juegos de pelota
Fabricante de guitarras
Hoteles

11.3

01
04
01
04
02

01
03
02
04

Servicios de Comunicación I Transporte
Alquiladores o arrendatarios de viajes / carros
Conductores de Carrozas
Cocheras
EmpreSas de Transporte
Arrieros
Propietarios

08
12
07
06
04
06

�Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro
84

tar empleo sólo para un artesano, un examen de las categorías pone
en evidencia que muchas de ellas involucran más personas, mínimamente un ayudante.

(Sigue cuadro 2)

11.4

Comercio de productos alimenticios

Panadería
Confitería
Dulcería
Carnicería
Almacén de bebida, vajilla
Almacén de depósito de productos de la tierra
Depósito de azúcar
Depósito de harina de trigo
Depósito de sal

•. ..

11.5

• .,rw

1

i

11.6

04
04
03

09
63
08

06
01

09

18
08
05

PROPIEDAD URBANA EN RIO CLARO (1873)
01
03

06
02

04
04
08

04

Salud

~

Casas de Salud
II.7

CUADR03

04

;

i

Confiriendo a las actividades el nombre del artesano o propietario
para llegar a determinar el número de personas que realizaban
las múltiples actividades, se llega a un total de 269 personas diferentes.
Si se consideran sus familias, los empleados y sus respectivas familias,
una estimación conservadora daría una población de 1 500 personas
que vivían de actividades claramente urbanas. Esto representaba el 10%
de la poblacióq del municipio (15 000, según el primer censo, del año
anterior).

Comercio en general

Tienda de estancias
Ferreterías
Depósito de calzados
Depósito de Máquinas de costura
Y géneros americanos
Depósito de correas para máquinas
Farmacias
Depósito de sombreros
Depósifo de maderas
Depósito de suelas y cueros
Depósito de zinc, hierro, cobre, plomo, estaiio
Casa ~e Importación, Exportación Y comisiones
Depósito de cal

. •,'

85

Siglo XIX

03

Ofo
Propietarios con 1 inmueble
Propietarios con 2 inmuebles
Propietarios con 3 inmuebles
Propietarios con 4 inmuebles
Propietarios con 5 inmuebles
Propietarios con 6 inmuebles
Propietarios con 7 o más inmuebles

188

63

69

23
10

30
3
3

3
3 (1)

Total de propietarios (2)

298

Total de propiedades (3)

568

1
1
1
1

Otros

Abridor
Afinador de piano
Organizadores de fiestas y funerales
TOTAL GENERAL

01
01

03
430

(1) Incluido el senador Vergueiro que había vendido recientemente seis o siete
manzanas, donde se levantaron más de veinte casas.
(2) Además de los 298 propietarios nombrados, hay más de 90 "cuyos nombres no se pudo obtener" y un número descontado de "otros".
(3) lncluídos los 90 sin especificación del nombre del propietario.
Fuente: Almanak de Sao Jiio do Rio Claro para 1873

.
Jos:~r:.:!aª f!~/rgaruzado
por Tho-

Fuente: Almanak de Siio Jofio do Rio Cl
maz Carlos Molina y publicado por

�86

Siglo XIX

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

l Un segundo elemento que permite visualizar cuán desarrollado era
e ce;11tro urbano _Río Claro es la estructura de la propiedad urbana
L~ c1~:a~ ya h~b_1a !legado a presenciar en 1873 una razonable espe:
c ac1 n, mmobiliar1a. No era sólo el lugar de residencia de aquellos
~~e semana la economía cafetalera sino, también, un lugar de invers1 n,_ un~ fuente de rentas para una porción considerable de
prop1etanos.

La_ lista de pro~ietarios, analizados uno por uno, revela que de los
298 registrados norrunalmente, 37% tuvieron más de una propiedad (cua-

dro 3). Aunque no se conozcan estudios comparativos que apunten el
m~mento del desarrollo local en que surge la tierra urbana como fuente e rentas, ~?s dato~ indican un centro que es más que un conglomerado de serv1c1os destmados a la economía cafetalera.

CUADR04
OCUPACION DEL ESPACIO URBANO DE RIO CLARO (1827-1976)

Perfodo

Indice de Indice de
credmlentc: aeclmiento
Aumento Aumento
Total
de cuadras área/m2 a-no
de aaadras en área (m2) cuadras
anual

1827

(núcleo inicial)
1828-1835
1836-1870
1871-1881
1882-1886
1887-1900
1901-1945
1946-1953
1954-1964
1965-1976

1
8
35

7
26
71

244
296
227
564

10 000
80000
370 000
70 000
250 000
660 000
2 320 000
2 750 000
2 210 000
5 120 000

1
9
44
51
77

148
392
688
915
1 479

1
1.1

1
1
6.5
5.4

5.5
42.2
22.7
51

10 000
11 428
10 911
7 000
62 500
50 769
52 727
392 857
221 000
465 555

Fuente: Troppmair, 1978.

Este panorama es r~forzado por los datos presentados en el cuadro 4·
muestran la ocupación del espacio urbano de Río Ciar
1 , d.
d~ 1827 a 1976. Ya en_ 1~70, seis afios antes de la llega~:~:! ie~ca~
rril, el área urbana dehm1tada Y ocupada cubría cuarenta Y cuatro cua-

87

dras. El crecimiento regular y sustancial que caracteriza a la ciudad
en este período demuestra la importancia de la economía azucarera
en los comienzos de la urbanización rioclarense. Antes del predominio
del café y antes de la llegada del riel existía -ya- una estructura urbana sedimentada.
En cuanto a la importancia del ferrocarril, es interesante observar
que un mismo ritmo de crecimiento (ya en tomo del 1O/o al afio) se mantenía desde el núcleo inicial en 1827. El índice de crecimiento del período 1871-81 es ligeramente inferior al de los anteriores. A partir de 1882,
hasta la década de 1940, el crecimiento continúa en otro escalón, de
5 a 6% anual. Por consiguiente, no fue el momento de la llegada de
la vía férrea (década de 1870) el que asistió a un impulso de crecimiento, sino la década siguiente, marcada por la extensión de los rieles más
allá de Río Claro. Nuevamente, vemos que no fue la condición de punta
de rieles lo que hizo crecer a la ciudad, como no lo fue la pérdida de
esta condición lo que interrumpió el crecimiento.
Este hecho sugiere que no fue por su condición de medio de transporte que el ferrocarril contribuyó a la urbanización, sino principalmente por los empleos creados y la infraestructura de la industria, de
los servicios y el comercio generada. Es como sede, primero de la Compafiía Río Claro (1882) y después de los talleres de la Paulista (1892),
que el crecimiento urbano alcanza un ritmo acelerado.
Finalmente, es necesario notar que la conocida urbanización del
país de las últimas décadas también caracteriza a Río Claro con una
significativa expansión del área ocupada. Lo que esos datos sugieren,
en resumen, no son crisis y/o estancamiento del crecimiento de Río
Claro, sino una evolución constante. Su cambio de escala no indica
discontinuidad sino transformaciones en la relación rural-urbana.
V. RIO CLARO COMO CENTRO URBANO

El análisis desarrollado basta aquí permitió la reformulación de las interpretaciones comunes sobre el proceso de urbanización en el período
cafetalero y sobre el papel de la expansión ferroviaria en ese proceso.
A pesar de la importancia del cambio tecnológico que el transporte ferroviario representó, no es posible atribuirle un papel determinante en
las transformaciones responsables de la configuración de la red urbana. Ciertamente, el mayor o menor impacto de la vía férrea irá a depender de las especificidades locales y regionales. Pero seguramente a
su llegada ya se encontraban en acción las fuerzas que conducirían a
la consolidación de la vida urbana en el interior. Los datos consigna-

�88

Siglo XIX
Hogan •

dos a continuación reiteran las afirmaciones hechas más arriba y sugieren la necesidad de profundizar la investigación en la dirección
indicada.

..,

A partir de la mitad de la década de 1870 se registraron varias licitaciones para la iluminación de la ciudad por medio de lámparas de
kerosene. A mediados de la siguiente fue contratada, y en 1885 instalada, la iluminación eléctrica a través del sistema de arco voltáico: fue
así la segunda ciudad del país y la primera de la provincia en poseer
tal sistema. En 1889 se iniciaron una serie de cambios en el sistema y
en 1900 fue inaugurada la central eléctrica de Río Claro. Posteriormente ésta amplió su red para abastecer de energía a Limeira, Araras, Leme, a fazendas de estas regiones y a los poblados de Cordeiros y Pirassununga. Todos los sistemas de iluminación de Río Claro estuvieron
en manos de empresas particulares .
Antes de la instalación del sistema de agua corriente, la ciudad fue
abastecida por medio de pozos y vertientes. A comienzos de la década
de 1880 se abrieron licitaciones para la captación del agua de las nacientes de los ríos y abastecimientos de surtidores. En 1885 se inauguró el sistema de aguas de Río Claro. Todavia en esa época los domicilios no tenían agua corriente: el servicio fue inaugurado en 1887 con
las conexiones de cañerías en los domicilios particulares. El sistema cloacal se inició en 1898 con la instalación de cañerías y brazos recolectores. Tres años después fue inaugurada la red recolectora cloacal con
la instalación del primer filtro. El sistema de aguas y cloacas estuvo
siempre bajo responsabilidad de empresas particulares y sólo en 1929
pasó al poder público. En esta época el sistema contaba con 3 300 conexiones de agua y 1 700 conexiones cloacales.
A fines del siglo fue tendida la red telefónica de la ciudad, resultado de la formación, en 1895, de la Compañía Telefónica Río Clarense
de propiedad privada. Nueve años después la provincia concedió lo~
derechos, también a un particular, para comunicar a través de los teléfonos la ciudad de Río Claro con Aranas, Limeira y Anápolis (hoy
Analandia).
En lo que se refiere a salud, Río Claro desarrolló una red bastante
extensa. En 1863 fue designado un médico encargado de la vacunación
antivariólica. La enfermedad estaba presente en el municipio desde
1844, cuand~ apareció el prime: brote. En la últimas décadas del siglo
XIX ~l hospital ~ara el t:atamíento de la viruela se abrió y se cerró
en vanas oporturudades, siempre en función del control de la epidemia.
En 1872 Río Claro tenía tres asistencias públicas, mantenidas por

c. de O/iveira • Sydenstriclcer: Urbanización en Río Claro

89

la municipalidad y por hermanadades. En 1885 fue instalada ~a Santa
Casa de Misericordia, que en esa época er~ uno de los ,hospitales de
la provincia. En 1908 se inauguró el Hospital de los Lazaros. ~erró
sus puertas luego de dos décadas de_fu~c~on~ento y sus pacientes
fueron transferidos al hospital de P1rapitmg01.
Gracias a su excelente clima, Río Claro atraía a muchos ~nf~rmos
en busca de reposo. Muchos eran tuberc?losos, a pesar de la mexis~encia de un servicio específico para tratamientos pulmonares: En el siglo
xx fue inaugurada la Casa de Reposo, con baños y masaJes, Y reformada en 1919. ,En 1917 se creó el Sanatorio de Río Claro.
Los datos sobre la educación escolarizada en Río Claro son bastante dispersos y confusos. Sin embargo, es destacable el ~echo que,
junto con la creación de escuelas públicas, se desarr~ll_ó un numero considerable de establecimientos particulares. La apanción de escuelas en
Río Claro aparentemente data de mediados de la d~da de 1840, cu~do se formaron dos: una particular y otra subve~cion~da_por el murn:
cipio, que se mantuvo hasta 1885. La red ~ucatlva pubhca, como asi
también la privada, se consolidaron a partir de la década de 1870, de
acuerdo con los datos recogidos.
En la década de 1880 Río Claro contaba con cinco escuelas particulares. Destacaban entre ellas el Colegio Americano y l~ Escuela Alemana, embrión del actual Gimnasio Koelle. En la red pnv~da fue ~uy
marcada la presencia de instituciones prot_estantes_. A P~l!" del numero elevado de escuelas, el informe de la lQStrucción publica de fi~es
del siglo XIX apuntaba la insufici~mcia de esc~elas para la po~lac1ón
en edad escolar en Campinas, Río Claro, Sao Carlos do Pmhal Y
Piracicaba.
En los primeros veinte años de nuestro siglo surgieron aproximadamente cinco escuelas más, particulares. Entre ellas esta_ban las que
proporcionaban una formación profesional. Durante la decada del 20
surgieron algunos colegios más. Sobresalía la ~scuela Normal, desde
1928, que tuvo un papel importante e~ la ~ormac1ón de los!uturos ~aestros para toda la región. Durante casi tre~ta años 1~ Socie~ad Italiana
de Beneficiencia y el Círculo Obrero de Río Claro impartieron cursos
nocturnos de alfabetización para sus asociados.
En el campo cultural, Río Claro tuvo, luego de su consolidación
como ciudad, una actividad muy intensa, fomentada en gran parte por
los inmigrantes extranjeros.

�90

Siglo XIX

Hogan • C. de O/iveira • Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

En 1864 fue inugurado el teatro Sao Joao, de propiedad

articu-

~~~J;~~ el rgundo de la provincia, tenía dos palcos, 32 tertuli~, cuasit1·0 obli~gsaduogares e~ la platea Y la galería. El teatro de Sao Joao fue
para 1amosas comp - , líri
•
ras. En 1888 pasó a denominar aru~
cas nacionales Y extranjemente reformado En
s~h_e,mx, lu~go de haber sido entera1901
ciudad, en ese mi~mo teatr;.e e bio la pnmera película vista en la
Muchas sociedades artísticas, recreativas musicales ul
formaron Ydesarrollaron durante la década de 1870 Enir~ eJ:!es se
cen destacarse la orquesta de Río Claro (1871)· la Fil~óni Rí Cerlerense (1879) que en 1882 ·
, d
'
ca o ade Lectura ~on más de cua~~:f ~~ pianos de cola; Y el Gabinete
Revista do Gabinete. A fines del si;~~~;\: 1'!':e e~ 1910 d~tó la
del XX los clubes
•
.
pnmeras ecadas
Yde bailarin
grermos, soc1ed~des recreativas, grupos teatrales
.
es pro eraron en gran numero. Entre los r
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:xtr~Je!edos dmere~en anotarse la Sociedad de Ayuda
8~;)por
oy oci a ltahana del Brasil · la So 'ed d D
,.
Umberto I (1901) y el Club Glillil.ás' t' Ríe~ cªl rarnatica y de Danza
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ico o arense En las p ·
eca as del XX se crearon dos escuelas de dib . .
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con el aporte destacable asimi
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smo, e extranJeros.

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1

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~!:~

El cine se instaló en Río Claro
.
.,
de proyección· Iris en 1905
con 1a maugurac1on de dos salas
con un proyector eÍéctrico. ~ : ~~~y~tordm~ual; Y. Bijou, en 1910,
En 1914 fue inaugurado el Teatro d/Vas_ ; ~ne tuv1er?,n poca vida.
con treinta Ydos palcos platea
. . ane a es, tamb1en particular
guración trajo consi o ~n m Yq~entos lugares populares. La inaudad. Algún tiempo ~espuésª:eº:~~ero de co!11pañías líricas a la ciuel cine Parques con aleo
t teron pehculas. En 1916 se creó
La década del 30 as· i"ó s Y pla~~as' pero cerró sus puertas en 1925
.
is t a 1a creac1on de Radio Club d Rí Cl
.
Ydel eme Excelsior (1938) 1 · 'al
e o aro {1933)
luego pasó a ser exclusiv~e:~ c::::n~: presentó obr~s teatr~es, pero
cia provocó una gran audiencia lo q · ll ~aaln s~tuos1dad e tmponen'
ue evo cierre del Teatro Phenix.
La intensa dinámica de la vida cult al d
,
bién en la gran cantidad de eriód. ur e Rt~ Claro se refleja tamla década del 70 Y que contuiuarontcos
suJgieron a comienzos de
renta años. Muchos fueron sus reda pro eran o dur~te más de cuacos tuvo vida efímera. Desde 1872 c::~es Y la _mayol?a de l?s periódiO
do Povo), hasta mediados de la
surgió el ~nmer diario (Echo
mente setenta periódicos.
poca del 20, surgieron aproximada-

{t;e

é

91

VI. CONCLUSIONES
La explicación sobre el desarrollo urbano como una secuencia de crecimiento incipiente pero reprimido por la falta de demanda de las fazendas, "boca de sertao ", un brote de urbanización en la etapa de punta
de rieles, y estancamiento con la extensión de los rieles (estación intermedia) y la pérdida de control del hinterland, no encuentra apoyo en
este análisis. El cuadro que emerge es el de un desarrollo bastante diferenciado ya antes de la llegada de los rieles, y que continúa en el tiempo. Si se estancó durante algún período fue justamente el de punta de
rieles. La vía férrea llegó cuando el café ya estaba bien establecido (y
había generado riqueza). O sea: la vía férrea sirvió a una producción
ya instalada, y no provocó ninguna extensión grande en la producción,
capaz de aumentar o diferenciar aún más la estructura urbana.
Los datos sobre la producción cafetalera (cuadro 5) en Río Claro
muestran que el nivel alcanzado en la década de 1870 sólo fue superado a fin de siglo, con su punto méUimo en 1901 (Dean, 1977: 52). Si
hubo retracción en ese período, con la marcha de los fazendeiros para
la capital, esto fue compensado con la extensión de los rieles más allá
de Río Claro. Lejos de haberle restado dinamismo a la ciudad, sustrayéndole el monopolio de acceso a una gran región productora de café,
fue el factor que más contribuyó para su crecimiento.
Frente a las tasas de crecimiento demográfico del período, y a la
compleja vida urbana revelada en el Almanak de 1873, es necesario
relativizar el obstáculo que para la urbanización representaba la autosuficiencia de las fazendas. Seguramente hacen falta más investigaciones para identificar y evaluar a los consumidores de la extensa gama
de bienes y servicios disponibles para la población rioclarense en 1873.
Pero no se puede negar la compleja estructura de la industria, del comercio y los servicios, la evidente especulación inmobiliaria, la vida
cultural rica y diferenciada, el ritmo de crecimiento del tejido urbano
que muestran a un centro urbano propiamente dicho.
Ese análisis llevó a la indagación sobre lo que diferencía a Río Claro
de otras ciudades que componen la red urbana del interior paulista.
Vale la pena recordar que fue en la fazenda lbicaba que se dio la primera tentativa de sustitución de mano de obra esclava por mano de
obra libre. Es posible que los inmigrantes hayan cambiado el perfil de
la demanda de bienes y servicios, además de contribuir, con el abandono de las fazendas por parte de algunos de ellos, a la población urbana. Hubo además cierto sector de la población que arribó específi-

,

�92

Siglo XIX

Hagan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

camente para servir a los extranjeros: médicos, profesores y religiosos,
por ejemplo.

CUADR05
PRODUCCION DE CAFE Y CAÑA EN RIO CLARO (1822-1929)
en toneladas

alio
1822
1835
1851
1852
1853
1854
1855
1857/59
(media)
1862
1874
1876
1884
1886
1892
1894
1885
1897

1898
1899
1900
1901
1903
1905
1907
1909
1911
1913
1915
1917
1919
1929

café
0.5
294
470
756
1 671

caña

8 024
9 300
9 815
11 378
10 503
14 824
9 071
13 172
14 642
12 356
8 940
9135
10785
10 980
8 070
4 050

Fuente: Dean, 1977 (cuadros 2.1 y 2.5).

¿Qué nos enseña todo esto sobre urbanización y crecimiento poblacional?. En pocas palabras, que el motor del crecimiento urbano
fue el mercado interno. En último análisis residió en la economía cafetalera el origen del crecimiento: no como consumidora de productos
urbanos, sino por el efecto multiplicador que era capaz de gestar.

158
177
522

1 466
1 764
2 557
4 410
6 000
6 000
9 000
7 895
6 269

93

264

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citado.

INTRODUCCION
En el momento en que se produjo la crisis del sistema esclavista en Brasil, a mediados del siglo XIX, los fazendeiros paulistas buscaron solución para su problema de mano de obra para el cultivo del café -en
plena expansión- en la inmigración extranjera.
En torno a 1880 y principalmente después de 1884-1886, cuando
comenzó la inmigración subsidiada, fueron introducidos en San Pablo
y canalizados para la labranza cafetalera millares de trabajadores extranjeros, sobre todo italianos. Esta inmigración, al garantizar una gran
oferta de mano de obra para la agricultura del café, dio inicio también
a la constitución de un mercado de trabajo libre en el Brasil.
La continuidad de este flujo inmigratorio permitió la expansión
de la frontera cafetalera, al mismo tiempo que fue alimentada por ella.
Por otro lado, la propia forma en que estaba organizada la producción garantizó también esta continuidad (Vangelista, 1982).
Los fazendeiros de San Pablo, en este proceso de sustitución del
trabajo esclavo por el libre, insistieron desde el comienzo en contratar
no sólo trabajadores extranjeros, europeos de preferencia, sino tam-

• Núcleo de Estudos de Popula~ao-NEPO, Universidade Estadual de Campinas (Brasil). Este trabajo es parte de estudios que la autora realiza sobre la familia en el cultivo
del café en San Pablo. Una versión ampliada de los primeros resultados fue publicada
en Textos NEPO, 8, Campinas, UNICAMP, 1986. Traducción: María Teresa Fantini.

�M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo
96

bién trabajadores en unidades familiares. Dieron origen as1 al sistema
de organización de trabajo -característico de la labranza cafetalera
en el oeste paulista- conocido como colonato. En este sistema predominaban familias venidas de Italia septentrional, principalmente del Véneto. Familias ligadas a la agricultura y que eran las que más sufrían
con la crisis económica que entonces asolaba ese país (Alvim, 1986).
De esta forma, mientras que en Italia la emigración aparecía como la respuesta a la crisis de desempleo, para San Pablo la inmigración surgía como alternativa hacia la sustitución de la mano de obra
esclava en el cultivo del café.

..

lt.:

Por otro lado, al convertirse San Pablo en gran centro de atracción de mano de obra internacional, los cafetaleros acabaron por relegar a un segundo plano a los trabajadores nativos. Estos sólo comenzaron a ser reclutados cuando disminuyó el flujo migratorio internacional Ycuando un número cada vez mayor de extranjeros y sus descendientes dejaron la fazenda para dirigirse a los núcleos urbanos. Esto ocurrió de forma más acelerada en la década del 20, cuando grandes flujos de trabajadores oriundos del noreste del país llegaron a San
Pablo, en un momento de escasez de mano de obra y de una econornia
en expansión y diversificación.
Durante el proceso de introducción del trabajo libre, los fazendei-

ros se esforzaron no sólo por encontrar una nueva fuente de mano de
obra, s~o también por buscar otra forma de organizar y controlar est~ trabaJo, de modo que se presentase más rentable y con costos reducidos. El colonato representó el punto culminante de una serie de tent~tivas para ~daptar al proceso de producción de café a trabajadores
libres extranJeros en unidades familiares, los colonos 1•

•

l
i

J
1.

Colono pasó entonces a significar no el trabajdor aislado sino su
núcleo familiar. La ~a~ilia aparecía como unidad de producción, pues
al contratar los serv1c1os del colono, el fazendeiro estaba contratando
tod~ familia. Cada _je~e de familia se tornaba responsable de la
eJecuc1on de las tareas dianas que la familia -o al menos sus elementos aptos para el trabajo- debería desempeñar.

ª.

97

Siglo XIX

!ª

Al ecu:~cterizarse como un régimen de explotación del trabajo con
bases farm!1are_s: el colo?at~ entrelazó formas distintas de producción.
E~!,a com_bmac1on peculi~ tomaba este sistema muy complejo y tamb1en de ~1erto ?1odo ambigua 1~ figura de su personaje, el colono, que
era al rrusmo tiempo un asalanado, un trabajador de subsistencia un
productor Y negociante de mercaderías y un consumidor" (Hollo~ay,

1984: p. 126). Eso ocurría porque la actividad del n~cleo f~liar incluía el cuidado de los cafetales, la cosecha del cafe, trabaJo para la
producción directa de la subsistencia y prestación de servicios anexos
a la fazenda.

El colono recibía un pago fijo en dinero por el trato de cada mil
pies de café (el trato consistía en hacer limpieza de !as hierbas d~as
de tres a cinco veces por año). Ganaba una cantidad -tamb1en en
dinero- proporcional al volumen de café cosechado. Debía, segú~ su
contrato efectuar servicios sueltos (remunerados o no) al fazendeiro.
Al colon~ le era permitido el usufructo de mejoras y se le concedía vivienda gratuita. Podía cultivar maíz, porotos y arroz,. en terreno designado por el fazendeiro, mantener una pe_queña huert~ alrededor de
la casa, criar animales pequeños (aves, porcmos) y usar areas de pastoreo para algunas vacas y ~aball?s. Esta pro~~cción in~ependiente respondía no sólo a la subs1stenc1a de la familia: tamb~en generaba un
excedente que era comercializado, vendido al fazendeiro o a las poblaciones y ciudades vecinas (Bassanezi, 1973: pp. 208-209).
Para el fazendeiro, la explotación del trabajo familiar a través del
colonato era importante: al estimular la integración productiva de todos los elementos de la familia en condiciones de manejar Los instrumentos básicos de trabajo, conciliaba una mano de obra abundante
con la insuficiencia de recursos para el pago de salarios (Salurn, 1982).
La familia, al constituir una unidad de producción y consumo y obtener su subsistencia sin comprometer la producción volcada hacia el mercado, reducía los costos. Garantizaba para la fazenda una fuerza de
trabajo excedente, principalmente en el pico de la cosecha, cuando las
necesidades de trabajo aumentaban.
Para el fazendeiro también era interesante contratar trabajadores
en unidades familiares porque la propia familia funcionaba como elemento disciplinador: una vez establecido el contrato, la organización,
el funcionamiento y la calidad del trabajo quedaban a cargo del propio trabajador, dependiendo las ganancias obtenidas de su esfuerzo Y
del de su familia.
Finalmente, desde el punto de vista del fazendeiro, la familia grande con tres o más trabajadores, era ventajosa. Podría adaptarse mejo; a las condiciones de trabajo, cuidaría de un mayor número de pies
del cafetal, reduciría la cantidad de familias necesarias y el costo de
producción. Más aún, maximizaría la utilización de las mejoras y de viviendas en la fazenda.
Por otro lado, en la sociedad campesina italiana -origen de lama-

�98

Siglo XIX

yoría de los colonos- la producción agrícola ya se apoyaba en el trabajo familiar: éste, según Alvim, no era sólo un valor deseado sino
ta?Ib!én un valor a ser preservado por el inmigrante. El campesi~o inmigro como una forma de resistencia al proceso de proletarización des~t_ado en el país de origen, y veía siempre en la nueva tierra una posib1hdad de reconstrucción de su núcleo familiar. En este sentido concluye la autora, el trabajo en la labranza del café basada en el col~nato
representaba una atracción tentadora (Alvim, 1986: p.90).
El colono tenía interés, pues, en laborar dentro de la estructura
familia~: ~ra la cooperación de toda la familia la que aseguraba al grupo ;l mmur~o par~ su supervivencia. Era esta cooperación la que aparec1a como mcent1vo para la formación de un peculio; y éste, a su vez
dependía del grado de intensificación del trabajo y de la reducción deÍ
consu~o ª. lo estrictamente necesario, algo que el colono podría imponer a s1 mismo y a su propia familia.

1

l

¡

4
1.

. ~a form~ co_mo estaba organizado el trabajo reforzaba la cooperacion, la sohdandad y la combinación de esfuerzos de todos los miembros de_ 1~ familia para beneficio del conjunto. En esas condiciones,
las ~amihas grande~ po~ían sacar mejor provecho que las pequeñas:
hab1_a_ una proporc1~mahdad entre la cantidad de pies de café que la
fam1ha _tema ~ue cmdar y la cantidad de tierra disponible para cultivos
de subs1stenc1a. Cu~?to_ más trabajadores, más pies de café y más tier~a pa~a la p~oduccion m~ependiente: así, la producción para la subs1stenc1_a podia alcanzar ruveles por encima de las necesidades vitales
Ypermitía !ª_a_cumulación de excedentes que a su vez representaría una
mayor posi~1hdad de mej~ramiento social. Por otro lado, cuanto ~ayor e~a el numero de trabaJadores con que la familia podía contar más
ampha res~ltaba la división del trabajo. Las tareas serían ejecu~adas
con -~n meJor desempeño y con menor gasto de energía. Por eso la
fam1ha gran~e sería también valorizada por el trabajador: interes~ba
a su estrategia de supervivencia.
. Las ventajas que la familia grande presentaba tanto para el fazend~1ro com~ para el trabajad~r hicieron que el colonato apareciera asociado a!ª l~teratura y, también, a la tradición oral respecto a la familia
gr~~de 1tahana, ~orno se ,observa en el decir de un ex-colono: "las fam1has en a~u~I tiempo s1 que eran grandes. y las italianas de entonces ... Los itahanos tenían más hijos que las ratas".
El é~ito_ del sistem~ estaría relacionado al tamaño de la familia y,
por cons1gmente, a la idea de una prole numerosa. Esta sería el resultado de la forma en que estaba organizada la producción, como sugie-

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

99

ren o afirman varios autores que se preocuparon por el estudio del
colonato2 •
Stolcke, por ejemplo, afirma que
los intereses de los cultivadores de café en el tamaño y la composición de las familias inmigrantes influyó en el comportamiento demográfico al constituir un estímulo para la fecundidad( ... ) Aunque un
gran número de hijos pudiese representar inicialmente un peso considerable para la madre o el padre, esto significaba que, después de
los primeros años, la capacidad productiva de la familia aumentaría
anualmente. Como contrapartida, una familia con pocos hijos estaba en desventaja durante todo su ciclo de vida (Stolcke, 1986: p. 356).

Sostiene además que una madre con gran número de hijos pasaba una
parte considerable de su vida ocupada con su crianza. A pesar de ello,
según esta misma autora, la faena que representaba el trabajo en la
casa, la larga carrera reproductiva y los cuidados de los hijos, era reconocida como algo esencial, y consecuentemente valorizada bajo el
colonato. Por lo tanto, por ser socialmente reconocida, esta faena resultaba más fácil de soportar y no representaba problemas respecto al
aumento de la familia (Stolcke, 1986; p. 357).

Paiva, a su vez, intenta demostrar que en el colonato (y también
en la organización de la economía cañera del noreste), la importancia
notoria de la producción para el autoconsumo como garantía de la supervivencia familiar habría estimulado el mantenimiento de una fecundidad natural con efecto positivo sobre el tamaño de la familia. Este
autor sustenta que
la organización del trabajo, con sus diferentes formas desarrolladas
en la econonúa de subsistencia, mantuvo al proceso de reconstitución
de la fuerza de trabajo fuera de las relaciones monetarias. No estando su canasta de bienes de subsistencia expuesta a las variaciones de
precios, la pareja típica no era compelida, en el corto plazo, a ponderar los costos de sus hijos con los costos de otros bienes (Paiva,
1985: p. 215).

Por lo tanto, el colonato favorecía el mantenimiento de un patrón de
alta fecundidad: al permitir el usufructo de la tierra -aunque controlado- y la consecuente generalización de la producción de subsistencia,
evitaba la intermediación del mercado en el acceso a estos bienes3• Por

�100

Siglo XIX

eso, en la demanda de hijos, difícilmente la pareja podría evaluar sus
c~s~os en relación a otros bienes. En otras palabras, el colonato, al peroutir el acceso a la tierra, estimularía la reproducción ampliada de la
familia, a diferencia de situaciones donde el peso mayor del salario llevaría a la reducción de la prole vista como costo (Paiva, 1985: p.229).
Sin embargo, para Oliveira y Madeira, esta idea de que la forma
com_o es~ba organizado el trabajo en la labranza cafetalera podría haber mflwdo en el comportamiento demográfico, al premiar y/o estimular altas tasas de fecundidad, ganó fuerza mucho más como repetición que por respaldo empírico. Ambas autoras intentan demostrar que
los datos existentes no permiten sostener tales afirmaciones. Llaman
la atención sobre la importancia de las fases del desarrollo familiar en
la evaluación de los efectos de una prole numerosa:
La ampliación del tamaño de la familia significa una extensión de tiempo en que la unidad familiar se ve constituida por una minoría de
productores(... ) Sólo cuando la unidad familiar puede sacar partido
de una alta proporción de productores es que su tamaño ampliado
actúa en su beneficio(... ) Por lo tanto, la concentración de los beneficios en ~n período estrecho de tiempo deja dudas en cuanto a la
eficacia de la familia grande (Oliveira y Madeira, 1982: p.26).

Por otro l_ado, proc~~ también demostrar que predominó en el colonato un tipo de famiha bastante próximo al que hoy se conoce:

1

l

J

Estimadas las probabilidades de supervivencia de la época, el grueso
de las familias no podía disfrutar de un tamaño final elevado ( ...)
Dadas las características de la producción cafetalera, esta adecuación
-de la f~a al sistema productivo- podría ocurrir, por un lado,
con una simple reorganización del trabajo y, por otro, por la acción
de mecanismos de distribución proporcional de tierras para los cultivos alimenticios (Oliveira y Madeira, 1982: pp. 26-27).

E? u~ trabajo ~ás reciente, Oliveira cuestiona aún más a fondo la hipotests q~e explica el ta~añ~ ~upuestamente elevado de la familia por
las necesidades de orgaruzac1on de la producción. Destaca la interfer~ncia de una ~erie de factores tales como la mortalidad infantil y el
ttem~o nec~sano para que u~ patrón de fecundidad se exprese en brazos dispombles para el trabaJo. La complejidad de la acción de estos
fac~ores reforzaría, para esta autora, la hipótesis de que el colonato
s_ena mucho más un sistema capaz de acomodar con éxito a las familias ~andes, que un sistema que demandaría estas familias. Por lo tanto:
un sistema capaz de absorber una oferta cuyos determinantes se encuentran en otra parte (Oliveira, 1985). En otras palabras Oliveira está

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

101

inclinada a buscar fuera de la organización del trabajo los condicio~
nantes del comportamiento demográfico del período cafetalero en San
Pablo. Tras afirmar que muy poco se sabe sobre la familia en el colonato y que una conclusión sobre el papel de la población en el período
está lejos de ser alcanzada, la autora apunta la necesidad de que se intensifiquen las investigaciones empíricas para que "aparezcan de modo más claro los contornos de la dinámica demográfica y sus componentes" (Oliveira, 1985: p.34).
De hecho, aunque en los últimos afios la literatura sobre el colonato aumentó sobremanera y muchos estudios importantes hayan surgido con la preocupación de estudiar la familia en este sistema de trabajo, aún no se sabe de investigaciones que demuestren que la familia
en el colonato fue realmente grande. Se desconoce la distribución de
las familias en cuanto al tamaño, a su fuerza de trabajo y a su posición
en los diferentes momentos del ciclo vital. No está clara aún la relación entre el tamaño de la familia y su capacidad de trabajo. No hay
datos suficientes, en tiempo y en espacio, para valorar el usufructo de
la tierra, la importancia de las retribuciones salariales y su impacto sobre la familia. Poco o nada se sabe sobre la nupcialidad, fertilidad,
morbilidad y mortalidad en el colonato. Muy poco también se especuló sobre las influencias que otras variables que no son económicas -religiosas o culturales, por ejemplo- ejercerían en su tamaño.
En este sentido es esencial también conocer y reflexionar sobre la
realidad de los migrantes -extranjeros o nacionales- en su región de
origen; sobre los valores que guiaban sus vidas. En fin: verificar cómo
eran las familias que se dirigían hacia el área del café. En el caso de
Italia, por ejemplo, Alvim apunta un elemento diferencial en la composición de los inmigrantes que arribaban al Brasil, en cuanto a época
y a región de emigración (Alvim, 1986: pp. 28-40). Se hace necesario,
también, acompañar a estas familias durante el tiempo que permanecieron en el cultivo del café, en un intento de captar posibles transformaciones ocurridas en el comportamiento demográfico mientras se incorporaban y fijaban en la labranza.
Para encontrar respuestas es que se está emprendiendo un esfuerzo de investigación en busca de evidencias empíricas esclarecedoras,
por lo menos en parte. Esta investigación se ha concentrado en el estudio de una subpoblación en un momento histórico dado: las familias
de colonos en la fazenda de Santa Gertrudis, entre 1890 y 1930.
La fazenda de Santa Gertrudis fue la más importante propiedad
cafetalera del municipio de Río Claro, en el Viejo Oeste paulista. Pro-

�102

p~edad mode~o, era una ejemplo de la compleja empresa capitalista dedicada al cafe. Poseía la mayor concentración de trabajadores extranjeros (y sus ?escendientes) entre las fazendas de la región, en el período en estudio.

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M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

_ El pres:nte trabajo, resultado de esta investigación, pretende analizar el perfil demográfico de la familia inmigrante -italiana y nacional (cearense)- y sus semejanzas y diferencias en el momento exacto
de su introducción en la agricultura cafetalera. Busca detectar la fuerz~ de t~abajo potencial de las unidades familiares y tejer algunas consideraciones sobre la participación de la mujer en el trabajo productivo Yen el de subsistencia. Presenta además algunos datos sobre el número de hijos nacidos y sobrevivientes de las mujeres casadas entre los
15 Y 49 ~os, en el m?mento de su ingreso en el cultivo del café, que
abren pistas y/o suscitan cuestiones relativas a la nupcialidad y a la
fecundidad.
. Para este e~tudio se utilizó como fuente principal de datos los Registros de Matnculas de Inmigrantes del Hospedaje de los Inmigrantes
de San Pablo, además de la documentación de la fazenda de Santa Getrudis y otras fuentes.

103

Entre 1895 y 1930, los trabajadores de origen italiano representaban, en promedio, cerca del 65% de la mano de obra ocup~da con el
régimen de colonato (Bassanezi, 1973: p. 141). Este por_ce~taJe fue mayor en los años próximos al 1900, cuando la entrada de_1talianos al ~rasil, con el cambio de siglo, resultó también más volummosa. Se estima
que entonces los italianos sobrepasaron el 75% del total de los trabajadores. Para 1909-1918, cuando la inmigración i!aliana para el café
ya había declinado bastante, los colonos de ese ongen alcanzaban, en
promedio, el 640Jo (variando entre 53% y 68%) del total en la fazenda
de Santa Gertrudis ( cuadro 1)
CUADRO 1

FAMILIAS DE COLONOS SEGUN SU ORIGEN
(1909-1918)

origen
año

italianos
%
cantidad

no italianos
%
cantidad

total

. _El ~ospedaje de los Inmigrantes fue uno de los múltiples canales
mstitucionales ~reados para atender las necesidades de la agricultura
cafe~alera paulista: Tenía como objetivo recibir a los inmigrantes extranJe~os Y (posten?n:nente, los nacionales) que llegaron a San Pablo
a partrr de las dos ultlDlas décadas del siglo XIX, y que allí aguardaban el momento de seguir hacia su destino. Aunque la función inicial
del Hosp~daje fue alojar hasta por ocho días a los recién desembarca?ºs,_ paso luego a ser punto de encuentro de los fazendeiros con los
mDllgrantes para la contratación de mano de obra.

1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918

116
120
124
116
101
111
111
101
86
68

57.0
67.5
66.2
67.3
68.4
68.3
63.l
67.4
58.2
53.0

50
45
42
38
32
35
41
33
36
32

43.0
32.5
33.8
32.7
31.6
31.7
36.9
32.6
41.8
47.0

166
165
166
154
133
146
152
134
122
100

FAMILIAS PARA EL CAFE: 1TALIANOS Y CEARENSES

Total

1 054

64.0

384

36.0

1 438

1.

La fazenda de Santa Gertrudis reflejaba, en el período, la situación
gene~al de la labr~nza del café respecto a la mano de obra. En ella predo~a?an trabaJadores europeos, tanto en el cultivo específico como
en activ!dades ~omplement~ias (Bassanezi, 1973). Los italianos y sus
~esce~dtentes,siempre constituyeron mayoría entre los colonos; a cont1~u~ción ve~an portugueses, españoles y algunos pocos de origen germamco. Los.Japoneses no se adaptaron al trabajo en estas propiedad~ Ylos nac1?n~les, hasta 1920, fueron una pequeña minoría (apareciendo con mas mtensidad después de esta fecha, cuando un gran grupo de cearenses fue introducido).

Fuente: AFSG, Registro de pés de café entregue aos colonos, 1909-1918.

Para cuidar aproximadamente un millón de pies de café, esta propiedad necesitaba utilizar trabajadores asalariados adicionales. El empleo
de éstos, los llamados camaradas, aumentaba mucho el costo de producción. Siendo así, para evitar los perjuicios que la inestabilidad del
colono provocaba, el reclutamiento constante de nuevas familias era
siempre la gran preocupación del fazendeiro.

�104

Siglo XIX

Los cálculos efectuados muestran que en Santa Gertrudis debían
ser contratadas un promedio de 35 nuevas familias todos los añ.os (Bassanezi, 1973: pp. 151-152). Provenían directamente del Hospedaje de
los Inmigrantes en San Pablo, o eran reclutadas en las fazendas cercanas y/o en los municipios de la región. Por eso. era que en una misma
fazenda se encontraban trabajando, codo a codo, familias extranjeras
y nacionales, así como recién llegadas a San Pablo y otras que hacía
más tiempo residían en el lugar o región (por lo tanto, con alguna experiencia en el cultivo del café).

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

-""""

Para este estudio fueron seleccionadas aquellas que provenían directamente del Hospedaje de los Inmigrantes. O sea: las recién llegadas a San Pablo y que tenían como primer destino a Santa Gertrudis.
Familias que probarían por primera vez el trabajo del café: italianas
que se dirigieron a aquella fazenda entre 1867 y 1902; y venidas del
estado de Ceará (noreste) que llegaron desde 1920.

l
i

~

Estas familias son consideradas separadamente en cuanto a su origen, y también analizadas en cuanto a su tipo; o sea, si eran nucleares
o no (ampliadas). El primer tipo abarca todas las familias formadas
por la pareja, por la pareja con hijos solteros y por uno solo de los
cónyuges e hijo (s); el segundo, por aquéllas que no llenaban los requisitos establecidos en el primero, como por ejemplo: familias donde. había padre y/o madre, hermanos, sobrinos, nietos, etcétera, del jefe,
además de otras combinaciones.

Tamaño y composición
Las 63 familias italianas que se destinaron a la fazenda de Santa Gertrudjs entre 1897 y 1902 eran, en su mayoría, nucleares: el 81 %, con
tamafto medio de 4.84 personas (mediana igual a 5.O). De éstas apenas
6% estaban formadas por parejas sin hijos, el 90% por parejas que
poseían entre 1 y 7 hijos y 4% compuesta por apenas uno de los cónyuges e hijo(s).
El tamaño medio de las familias compuestas por la pareja e hijos
era de 5.15 miembros; 3/4 partes poseían entre 4 y 6 personas y por
consiguiente de 2 a 4 hijos, o sea 3.15 hijos en promedio (cuadros 2 y 3).

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Las unidades familiares diferían entre sí no sólo en cuanto al grado de experiencia en el cultivo, sino también en cuanto a composición
y tamaño: podían ser tanto familias nucleares como ampliadas; podían
encontrarse en diferentes etapas de su ciclo vital. Por lo tanto, familias con niveles diferentes de capacidad productiva trabajaban simultáneamente en la gran propiedad cafetalera bajo el régimen de colonato.

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105

�106

M.S. Beozzo 8.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

CUADR03
TAMAÑO Y COMPOSICION DE LA FAMILIA ITALIANA (1897-1902)

Tamaño

Familia

Cas. y Cas.

Nuclear

Familia

Total

no

general

Total

con hijo (s)

1 cónyuge
e hijo (s)

2

3

2

5

-

5

3

5

-

5

1

6

4

12

-

12

2

14

5

12

-

12

4

16

6

11

-

11

2

13

7

3

-

3

1

4

8

-

-

-

2

2

9

3

-

3

-

3

Total

49

2

51

12

63

nuclear

1

l

Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registros de Imigrantes, 1897-1902.

1

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1 •

:1

En grupo d 7las no nucleares (190/o) las familias alcanzaban un tamano promedio de 5.5 personas. Por lo tanto eran un poco mayores
que las nu~leares; con todo, presentaba una gran dispersión en tomo
de la media.
En cu~nto a s~ comr.osición, lo más común era la familia formada po~ el Jefe, muJer, hiJos y el padre o la madre del primero. Otras
vece~ mtegraban el grupo hermanos, hijos casados, nueras, nietos y
sobrinos del padre, no verificándose casos de hijas casadas O suegra
y suegro.
L~ co~posición de estas familias estaba en parte relacionada con
las exigencias para la adquisición del pasaje subsidiado:

107

Los miembros dependientes de la familia que podían ser incluidos en
el pasaje eran padres, hermanos solteros, cuflados y sobrinos huérfanos del jefe de la familia. Mujeres casadas que se iban a reunir con
sus maridos, podían ser escogidas ya en el Brasil, pero no primos y
parientes más distantes (Holloway, 1984: p. 79).

Por otro lado, el tamaño y composición de las familias tenía que ver
con la propia estructura familiar del grupo en su país de origen. En
el caso de Italia, por ejemplo, Alvim demuestra que las familias de pequeños propietarios, arrendatarios y medieros del Véneto, que predominaron en la emigración hacia el Brasil en el período anterior a 1885,
eran familias ampliadas (formadas por 2 ó 3 hombres con sus respectivas mujeres e hijos). Las familias braccianti, también del Véneto, que
formaron el grueso de brazos para el café después de 1885, ya poseían
-según declaraciones de la época- cinco personas como máximo: normalmente la pareja con hijos; algunas veces la integraban el padre o
la madre paternos (Alvim, 1986: pp.28-40).
En 1920 fueron introducidos en la fazenda los cearenses: un total
de 132 familias, de las cuales 650/o eran nucleares (casi 15% menos que
las italianas) y cuyo tamaño era en promedio de 4.8 personas (cerca
de 71 O/o de las familias poseían entre 2-5 personas). De estas familias
nucleares 160/o estaban formadas sólo por la pareja, 730/o por parejas
con hijos y 11 O/o compuestas por cónyuge e hijo(s). Las familias con
una pareja e hijos poseían un tamaño promedio de 5.52, y de éstas 520/o
poseían entre I y 3 hijos ( cuadros 2 y 4). Las no nucleares llegaban
a un tamaño promedio de 5.9 (cerca de 760/o contenían de 3 a 7
miembros).
Diferenciándose de las italianas, las familias cearenses incluían con
mucha frecuencia -además de progenitores y hermanos del padreagregados, cuñados, tíos, primos, sobrinos, abuelos y nietos, en una
clara demostración de que disminuyeron las exigencias en cuanto a la
composición de la familia que debía recibir el pasaje. Se constata por
otro lado que mujeres como jefes de familia aparecían con cierta regularidad, lo que era bastante raro entre las italianas y europeas en general. Las viudas predominaban como jefes, pero había también casos
de mujeres solteras con hijos, y de mujeres casadas sin marido, con
hijos y otros parientes.
Para el estudio del tamaño de la familia, el conocimiento del reparto de las edades es fundamental. Aquí, su importancia aumenta una
vez que también se pretende medir la fuerza de trabajo en un grupo
donde los niños de temprana edad (a partir de los 7-8 años) se inicia-

�108

Siglo XIX

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

ban en la ayuda de la familia. A los 12 afios ya eran considerados, de
hecho, como personas de trabajo, elementos aptos para el cultivo del
café.

CUADR04
TAMAÑO Y COMPOSICION DE LA FAMILIA CEARENSE (1920)

Tamaño

Familia

Nuclear

Familia

Total
general

1 cónyuge
e hijo (s)

Total

con hijo (s)

no
nuclear

2

14

4

18

3

21

3

11

1

12

6

18

4

12

2

14

5

19

5

17

-

17

4

21

6

7

-

7

11

18

7

3

-

3

9

12

8

5

l

6

1

7

9

5

-

5

3

8

10

1

I

2

1

3

-

-

-

1

I

12

2

-

2

2

4

Total

77

9

Cas. y Cas.

1

1
¡

4

.,

11
1,

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920.

86

46

132

109

Los datos sobre la edad, sexo y estado civil de los miembros de estas
familias italianas y cearenses se encuentran en los cuadros 5 y 6. Indican la presencia de familias relativamente jóvenes en una fase del ciclo
vital en que la mayoría estaba en medio de su proceso reproductivo.
En las familias nucleares los nifios y jóvenes entre 0-14 afios llegaban
a representar un poco más de la mitad del total (52% para los italianos
y 51 % para los cearenses); 99% de las mujeres italianas no pasaban
de los 49 aftos, mientras que 100% de los hombres alcanzaban los 54
años; entre los cearenses apenas 2.4% eran personas entre 50 y 65 aftos.
Exceptuando a las familias con sólo un cónyuge, se observa que
las mujeres italianas tenían en promedio 33.8 años y las cearenses 27.4
años; los hombres casados italianos presentaban una edad promedio
de 37.4 años y los cearenses 30.7; y finalmente la edad promedio de
los hijos era de 7.2 aftos para los primeros y 6.8 para los segundos.
Por lo tanto, las familias cearenses eran en general más jóvenes que
las italianas.
Las familias no nucleares italianas también perfilaban una estructura etaria más vieja que las cearenses. lndividuos entre 0-14 años formaban cerca de 1/ 3 de la población (32% para los italianos y 36% para los cearenses). En estas familias la incidencia de personas con más
de 50 años era mucho mayor que en las nucleares, siendo que la mayor
proporción de viejos se encontraba en las no nucle~res italianas.
En cuanto al total de los elementos que componían las familias nucleares se verifica un desequilibrio entre los sexos en las familias italianas, con mayor peso en favor de los hombres, principalmente en las
franjas de O a 14 aftos (la razón de sexo en estas familias es 125). ¿Se
habrán seleccionado en Italia familias con mayor proporción de hombres? Las familias cearenses casi alcanzaban el equilibrio, con un mínimo predominio de mujeres (razón de sexo igual a 98.9). En relación
a las familias no nucleares, las italianas presentaban un equilibrio entre los sexos; en las cearenses era mayor la proporción de mujeres (razón de sexo, 96.2), principalmente en las franjas superiores a los 30
aftos (cuadro 5 y 6).
Si se observa el estado civil de los mayores de 15 aftos, en las familias no nucleares, se verifica que para los italianos predominaban los
casados: 59% hombres y 55% mujeres. Para los cearenses, los solteros
conjuntamente con los viudos excedían a los casados; 44% de los hombres y 39% de las mujeres eran solteros. En cuanto a los viudos, el
menor porcentaje se encontraba entre los hombres cearenses: 7%; los
italianos alcanzaban 23 % . Finalmente, las mujeres viudas llegaban al
20% y 18% entre cearenses e italianos, respectivamente.

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CUADRO 5

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FAMILIA ITALIANA; EDAD, SEXO Y ESTADO CIVIL (\897-1902)

Familia

Grupo
por
Edad
O- 4
S- 9
10-14
15-19
20-24
25-29
30-34
35-39

40-44
45-49
50-54

e

Hombres

s

e

V

Mujeres

s

35

e

V

23
18
10
7

25
18
8
2
8
7
14
7
7
4

Nuclear

1

s

e

V

6

Total

1
1

~9

88

1

so

s

-

99

s

147

1

6
4
2
3

1
1

1

1

1

4

3

1

4

25

1
2
1

13

3

3
1

1
1

e

V

2
4
7
4
4
1
1
1

2
3
4
1

1

Nuclear

Mujeres

2
2
4

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1

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59

e

V

no

4
4
2

SS-59
60 y+

Hombres

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8
17
21
23
12
13
4

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1

Total
58
43
28

1

6
9
14
9

Familia

'foü:

s

14

12

18

Total
Total

Total

s

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Hom. Muj
Oral.

V

10
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4
3
1
7
1

39
29
20
8

2

8
8
7

29
22
12
12
9
16
14
12
6
6
1

32
20
14
29
27
27
14
14
8

7

s

4

9

9

170

s

13
13

IS

34

68

SI

14' 313

Fuente: HI, Matrícula dos Imigrantes e Registro de lmigrantes, 1897-1902

CUADR06
FAMILIA CEARENSE: EDAD, SEXO Y ESTADO CIVIL (1920)

Grupo
por
Edad

Familia
Mujeres

Hombres

e

s

O- 4
S- 9
10-14
15-19 2
20-24 IS
25-29 12&lt;&gt;
30-34 14
35-39 14
40-44 6
45-49 2
50-54
SS-59 3
60 y+
3

47
38
16

Total t79

127

V

e

s

Nuclear
Total
V
e s

SS

11
12
2
1
1

7
24
23
14
4
4

33
20
8

s

3
2
1
1

1
1
1

78

124

4

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920.

9
39
43
28
18
10
2
1
3
4
157

V

102
71
36
19
17
5
1

e

1
9

3
1
1

7
5
5
1
2

3

Familia
Hombres
s V
30
13
16
10
13
6
1

251

s

36

8
17

IS
1
1

1
1
1

1
2

1
1
91

e

no Nudur
Mujeres
Total
s V e s

5

3
14
7
6
5
1
1
4
1

42

14
14
6
2
1
1
1

79

1

4
23
14

2
2
1
2
3
2
7

11

20

78

10
2
3
7
2
2

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30
31
24
27
12
3
1
2
1
1

170

Total Total
Hom. Muj
Oral.
V
77

SI
2
1
2
2
1
3
3
3
8
25

32
24
50
36
21
20
8

s

4

s

6
339

63
50
35
32

140
101
67

SS

108
75
45
34
16
10
12
8
14

39
24
14
8

s

8
3
8

56

347 686

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�112

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

Diseñado, en líneas generales, el perfil de las familias que se dirigieron en diferentes momentos a Santa Gertrudis, siguen algunos comentarios sobre su significado en términos de la fuerza de trabajo.
CUADRO 7
FAMILIAS NUCLEARES. EDADES MEDIAS

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Padre

Madre

Hijos

Familia

Italiana
(1897-1902)

37.35

33.84

7.17

26.12

Italiana/
Austriaca
(1903-1914)

40.73

37.09

11.86

29.89

Portuguesa/
Española
(1903-1914)

37.11

33.56

9.87

26.85

Brasileña
(cearenses
1920)

30.74

27.44

6.80

21.66

·•

1

l

i
4

Nacionalidad

Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registro de Jmigrantes, 1897/1920

' -'

La fuerza de trabajo

Para el cultivo del café, lo que más importaba era la cantidad de elementos aptos para el trabajo, preferencialmente hombres. Se entendía
por "persona de trabajo" al individuo (hombre o mujer) a partir de
los 12 años y hasta alrededor de los 60-65 años. Al fazendeiro le interesaba también conocer, además del número de elementos de trabajo,
el tamaño y composición de la familia, pues los demás miembros podían ser utilizados en la cosecha (lo que podía ocurrir desde los 7 u
8 años).
El.propio Hospe~aje de los Inmigrantes, como agente de mano de
obra vmculado a los mtereses del café, además de clasificar a los invididuos por sexo los distribuía en tres grupos etarios: de 0-12 años, de

113

12 a 45 y con más de 45 años, en una clara demostración de conocer
el potencial y la fuerza de trabajo de las familias. Además, entre las
exigencias para que una familia pudiese obtener el pasaje subsidiado
estaban que fuese de agricultores, y que tuviese por lo menos un elemento masculino de 12 a 45 años.
En procura de una medida más precisa y para caracterizar mejor
el potencial de la fuerza de trabajo de las familias recién llegadas a la
fazenda, se optó por subdividir los dos primeros grupos etarios establecidos por el Hospedaje en otros dos. El tercer grupo, o sea aquel
que contenía a las personas con más de 45 años, fue conservado idéntico ya que la cantidad de personas con más de 55 años era poco significativa.
Así, a los efectos de este análisis, los elementos fueron clasificados en
cinco grupos etarios:
representado por niños que necesitaban cuidal. O a 6 años:
dos especiales y constantes por parte de una mujer, generalmente la madre, o hermanos más
grandes; grupo que no producía y, aparte de eso,
dificultaba el trabajo productivo del elemento
responsable de su cuidado.
II. 7 a JI años:
constituido por aquellos niños que estaban en
condiciones de prestar servicio al grupo doméstico; por ejemplo: cuidar de los hermanos menores, llevar comida para el campo, ayudar en
los servicios de la casa, cuidar de la huerta y de
los animales, participar de la cosecha dél café y
colaborar en la labranza de subsistencia. La importancia de este núcleo para la supervivencia de
la familia residía en que contribuía a reducir las
labores de la madre en la casa. Y porque, junto
a ella en las tareas del cutivo y en actividades
auxiliares, coadyuvaban con una parte del dinero recibido durante el año por la familia.
III. 12 a 16 años:
los "media azada", o sea adolescentes incluidos
oficialmente en la fuerza de trabajo; aunque no
hubieran alcanzado la plenitud de su capacidad
física, asumían un papel importante en la supervivencia del grupo.
IV. 17 a 45 años:

formado por los trabajadores adultos o "azadas" con plena capacidad física, dedicados de
tiempo integral a los cuidados del cafetal y de
las labores complementarias.

�114

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

V.- más de 45 años: constituido por personas que continuaban dedi-

CUADR09

cándose totalmente al trabajo del café; por lo
tanto, eran consideradas "personas de trabajo",
pero su capacidad física y rendimiento tendían
a disminuir a medida que avanzaban en edad.
Con el objetivo de detectar la fuerza de trabajo potencial en las unidades familiares, se presentan en los cuadros 8 y 9 los resultados del agrupamiento de los componentes de las familias en las cinco franjas etarias propuestas anteriormente.

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Grupo
de

Edad

Familia

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Total

Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total General

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68

68

136

36

12

48

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CUADROS

7-11

26

29

55

14

19

33

88

FAMILIA 1TALIANA: EDAD Y SEXO DE LOS MIEMBROS
Potencial que representaban como fuerza de trabajo

12-16

12

15

27

12

19

31

58

17-45

93

92

185

59

72

131

316

46 y+

8

2

10

11

19

30

40

Total

207

206

413

132

141

273

686

C""'

Grupo
de
Edad

FAMILIA CEARENSE: EDAD Y SEXO DE LOS MIEMBROS
Potencial que representaban como fuerza de trabajo.

Nudear

Familia

Familia no Nuclear

Total

Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total General

O- 6

43

31

74

6

7

13

87

7-11

28

17

45

4

4

8

53

12-16

13

8

21

-

3

3

24

17-45

42

48

90

14

16

30

120

46 y+

12

5

17

8

4

12

29

Total

138

109

247

32

34

66

313

,.

Fuente: HI, Matricula de lmigrantes e Registro de Imigrantes, 1897-1902

Para las familias nucleares italianas, 52% de sus miembros poseían más
de 12 años, por lo cual eran aptos para el trabajo productivo; para los
cearenses este porcentaje era un poco mayor, 54%. Por otro lado, las
familias nucleares italianas tendrían un 680/o de trabajadores en potencia mientras que las cearenses un 70%. Estos datos indican que para
el fazendeiro las familias no nucleares presentaban mayores ventajas
en el momento de llegada que las nucleares, porque ellas suponían más
trabajadores; mientras que las últimas sólo comenzaban a tener mayor

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920

proporción de productores después de algunos años, cuando los hijos
tomaban parte efectiva como fuerza de trabajo.
El argumento de que en las familias no nucleares habría más personas de edad avanzada que en las nucleares, no invalida la afirmación anterior. Sacando las personas con más de 60 años, probablemente
improductivas, aún así el porcentaje de elementos aptos sería mayor
en las familias no nucleares: 560/o y 670/o respectivamente para italianos y cearenses.
Es necesario destacar que no todas las mujeres participaban directamente en el trabajo productivo y que, por lo tanto, los porcentajes
presentados arriba, tanto en el caso de las familias nucleares como no
nucleares, podrían ser menores. Calcular sin embargo la real participación de la mujer adulta en el trabajo productivo se torna un problema de difícil solución. Es que una serie de variables, de lo más diversa,
interferían en el aumento o disminución de su participación.

115

�M.S. Beozzo B .: Inmigrantes y café en San Pablo
116

La mujer adulta, así como las menores de 12 a 16 años, era considerada "media azada", o sea que tendría condiciones de producir la
mitad que el hombre adulto. Pero en muchos casos, liberadas del "trabajo de la casa", llegaban a trabajar y a rendir tanto como el hombre.
Como observó un ex-colono:
Oh! sí trabaja. Había una mujer allá, qué barbaridad. Yo tengo una
cuñada ... Ella desafiaba a cualquier hombre con la azada ... En la cosecha hay mujeres que cosechan más que los hombres ... Ella trabaja
más en serio.

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117

Siglo XIX

Con los datos presentados en los cuadros 8 y 9 se puede verificar
que el total general de los individuos de lo~ dos ~rupos (? sea, 55%
de los italianos y 60% de los cearenses) tema 12 anos o mas Y, por lo
tanto, eran considerados aptos para el trabajo.
Una muestra significativa de estas mismas familias, localizada en
la documentación de Santa Gertrudis, en el momento de su llegada a
la fazenda, apunta que el 49% de los italianos y también de los ce~~nses eran ''personas de trabajo''. La muestra se compone d~ 26 familias
italianas con 126 personas (62 "de trabajo") y 101 familias cearenses
con 498 personas (246 "de trabajo").

La ~articipaci~n de la mujer casada y su rendimiento en el trabajo
productivo del cafe y en el de su subsistencia dependían también del
mo~ento de_l ci_clo vital familiar en el cual se encontraba el grupo. Silva D1az YOhve1ra observaron en sus investigaciones sobre el colonato
para un período más reciente, que el nacimiento de los hijos colocab~
ª.la mujer impedimentos para la ejecución de su trabajo, exigía su atención constante y aumentaba su tarea en la casa. Cuando los hijos comen~aban a ~recer, liberaban a la mujer para la labranza, y cuando
los niños teman 7 u 8 años ya realizaba varias tareas domésticas. Finalmente a medida que los hijos crecían, asumían sus funciones en el
trabajo productivo y la madre podía retornar a los domésticos. Aunque esto es para un período reciente, se cree también es válido para
los anteriores (Silva Díaz, 1981; y Oliveira, 1982).

Si se parte entonces del presupuesto de que todos los ho~bres mayores de 12 años eran trabajadores efectivos, podría deducuse que la
diferencia entre los porcentajes presentados (550/o - 490/o = 60Jo para
los italianos· 600/o - 490/o = 11 O/o para los cearenses) fincaba en las mujeres con más de 12 años que no participaban del trabajo productivo.

Todavía hay que considerar, en cuanto al trabajo productivo de
la mujer, los aspectos culturales. En este sentido hay una interesante
declaración de Maistrello donde muestra que los casamientos entre nacionalidades diferentes, aunque menos comunes, no eran raros. Existían

Aplicándose estos porcentajes a las 26 familias identificadas en la
documentación de Santa Gertrudis, se obtiene que 70 de 126 personas
deberían tener 12 años o más (36 hombres y 34 mujeres). Si todos los
hombres con 12 años o más fueran considerados trabajadores, y si el
total de trabajadores era de 62, se concluye que de las 34 mujeres, apenas 26 estaban incluidas en la fuerza de trabajo, o sea 23 .50/o de ellas
no estaban entre las consideradas "personas de trabajo" .

casos de casamiento de hijas de extranjeros con hombres de color,
hecho éste que tiene explicación en el hábito del nativo de dejar siempre a la mujer en la casa para realizar los quehaceres domésticos, cuando el extranjero por el contrario la lleva para el trabajo pesado del
campo (MaistreJio, 1982: p. 554).

Estas actitudes demuestran la dificultad de obtener una real representatividad de la mujer casada en el total de la capacidad productiva de
las familias, ya fuere en el cafetal o en la labranza de subsistencia.
Sin embargo, un ejercicio con los datos recolectados permitieron
que se especulase un poco más sobre el trabajo de la mujer, y que se
llegase a algunas evidencias.

Tomando como verdadero dicho presupuesto, fue posible entonces obtener la proporción de mujeres que participaban o no de la fuerza de trabajo.
En el caso de las familias italianas encontradas en la documentación del Hospedaje de los Inmigrantes, había 313 personas de las cuales 173 eran mayores de 12 años (89 hombres y 84 mujeres)~ o sea, 55.30/o
de las mismas. De ellas 51 O/o eran hombres y 490/o muJeres.

Siguiendo el mismo razonamiento para el caso de l_as familias cearenses, en la documentación del Hospedaje de los Irurugrantes fue posible verificar que 60.30Jo de las personas tenía 12 años o más. De éstas, 470/o eran hombres y 530/o mujeres.
Estos porcentajes aplicados a las 101 familias cearenses identificadas en los documentos de la fazenda muestran que 300 personas tenían
12 años o más de las cuales 141 eran hombres y 159 mujeres. Por lo
tanto, de un tdtal de 246 trabajadores, 105 eran mujeres. En otros tér-

�118

Siglo XIX

mínos, del total de mujeres el 34% no estaba incluido entre las "personas de trabajo".
Por lo tanto, si los presupuestos fuesen correctos, los cearenses tenían proporcionalmente una cantidad menor de mujeres que se ocupaban del trabajo productivo respecto de los italianos, entre quienes más
de 3/ 4 partes de las mujeres eran consideradas como
fuerza de
trabajo.
Nupcialidad y fecundidad: algunas indicaciones

Además de la contribución de la mujer para el trabajo productivo de
la unidad familiar, las fuentes ofrecen algunas indicaciones relativas
a nupcialidad y fecundidad.
Retomando los números del cuadro 7, se verifica que las edades
medias de los hijos de las familias nucleares italianas y cearenses están
bastante próximas, aunque las edades de los padres italianos alcancen
valores más bajos que las de los cearenses. Esto por sí sólo conduce
a la suposición de que la edad media al casarse era más alta para los
italianos que para el grupo nacional. Tal constatación es reforzada cuando se calcula la edad del hijo más viejo que aparece en los registros.
Para los italianos era de 9.6 años; por lo tanto, este hijo habría nacido
cuando la madre tenía 24.2 años y el padre 27 .8. Para lós cearenses,
la edad promedio del hijo mayor era de 8.1, lo que demuestra que la
madre al concebirlo tendría 19.3 y el padre 22.6 afios. Aunque no se
puede saber si el hijo mayor era realmente el primero, estos datos son
indicativos de que las parejas cearenses -en las primeras décadas del
siglo XX- se uruan antes que los italianos a fines del XIX4 •

1

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.....,

No hay manera, con estas fuentes, de obtener directamente tasas
de nupcialidad, fecundidad y mortalidad. Pero pueden ser practicadas
algunas observaciones en relación a los hijos tenidos y sobrevivientes
en el momento del ingreso de estas mujeres, entre 15 y 49 años, y así
abrir algunas pistas respecto a la fecundidad.
Los cuadros 10 y 11 indican que las mujeres italianas comprendidas
en las franjas etarias de 15 a 34 tenían en promedio menos hijos que
las cearenses. Esto ocurría porque los cearenses se casaban antes y tendían a espaciar el nacimiento de los hijos en una fracción de tiempo
menor que las italianas. Los datos existentes para las mujeres con dos
hijos o más mostraron (en el 68.5% de los casos examinados) que el
tiempo entre el nacimiento de un hijo y de otro variaba de 1 a 2 años
para los cearenses, mientras que para las italianas (70.5%) oscilaba de
2 a 3 años. Llama la atención inclusive el hecho que un aumento ma-

M.S. Beozzo B. : Inmigrantes y café en San Pablo

119

yor del número promedio de hijos ocurría en el pasaje de la franja de
25-29 afios a la de 30-34 afios, y que en el caso de las cearenses este
aumento llegaba a ser de 2.1 hijos; en otr~ p~abras, pasaba de 2.5
hijos a 4.6 hijos, mientras que para el grupo 1tahano pasaba de 2.0 para 3.0 hijos.
Entre tanto la tendencia de las mujeres cearenses a tener un número promedio 'mayor de hijos que l~s ita~a~as ocurría apenas h~t_a
los 30 afios. A partir de ahí la tendencia se mvierte en favor de l~s.últ1mas. Pero la pequefia frecuencia de mujeres cearenses en las ultimas
franjas etarias del período reproductivo d~ja dudas e~ cu?nto a esta
afirmación, así como sugiere algunas cuestl~:mes: ¿que vanables estarían interfiriendo en los resultados? ¿las muJeres cearenses en las edades más avanzadas del período reproductivo estarían sujetas a una tasa de mortalidad mayor que las otras? ¿problemas ligados a la salud
estarían interfiriendo en la capacidad reproductiva de estas mujeres,
más en uno que en otro grupo?
CUADRO JO
FAMILIAS ITALIANAS (1897-1902)
número medio de lújos, sobrevivientes por mujeres casadas
en el momento de su ingreso al cultivo del café
Número

Grupo de

de

hijos

Total

Total Prom.

Edad

o

1

2

3

4

s

6

15-19

1

1

-

-

-

-

- -

2

1

0.50

20-24

3

2

2

1

-

-

- -

8

9

1.13

25-29

1

2

7

2

1

-

-

-

13

26

2.00

30-34

-

2

2

6

3

-

-

1

14

43

3.07

35-39

-

-

3

3

3

2

-

1

12

44

3.67

40-44

-

2

-

-

2

2

- 2

6

20

3.33

45-49

-

-

2

-

2

1

- 1

6

24

4.00

Total

6

9

16

12

11

5

o

61

167 2.74

7

3

Mujeres Hijo!

Hijos

Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registros de Immigrantes, 1897-1902.

�120

Siglo XIX

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

CUADRO 11

FAMILIAS CEARENSES (1920)
No. medio de hijos sobrevivientes por mujeres casadas
en el momento de su ingreso a1 cultivo del café
Grupo de

·,

l
j

~.

de

hijos

Total

Total Prom.

Edad

o

1

2

l

4

s

6

7

8

9 10

15-19

5

3

2

-

-

-

-

-

-

- -

10

7

0.70

20-24

9

12

6

9

-

-

-

-

-

- -

36

51

1.42

25-29

3

6

7

5

5

3

1

-

-

-

-

30

76

2.53

30-34

1

-

l

7

2

-

3

3

1

- 1

19

88

4.63

35-39

2

l

-

2

2

-

l

l

-

- -

9

28

3.11

40-44

l

-

-

-

2

-

-

1

-

- -

4

15

3.75

45-49

-

-

-

1

-

-

-

-

-

- -

1

3

3.00

21 22 16 24 11

3

5

5

l

- l

Total
1

Número

Mujeres Hijos Hijos

109 268 12.46

Fuente: HI, Registros de Immigrantes, 1920.
Nota: fueron retirados cuatro casos cuyas informaciones eran imprecisas.

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Estas cuestiones, aún sin respuestas, apuntan a la necesidad de inve_rtir más tiempo_en la investigación para conocer mejor el comportamiento reprodu~t1vo de estas mujeres en las regiones de origen y, así,
detectar las posibles alteraciones ocurridas durante su inserción en la
agricultura cafetalera.
CONSIDERACIONES FINALES
Este retrato de las familias inmigrantes italianas y cearensc,s, en el mo~ento ex~cto de su introducción en la labranza del café, muestra que
(mdependientemente de su origen extranjero o nacional) eran en su mayoría nucl~~res, basta_n_te jóvenes y de un tamafio relativamente pequefio. Tan:ibien las famihas_ no nucleares o ampliadas eran pequefias en
promedio, aunque ofrec1an una estructura etaria más vieja que las
nucleares.

121

Esto demuestra que a pesar de la propaganda para atraer mano
de obra para el café e insistir en conseguir familias numerosas y con
muchos brazos, como querían los fazendeiros, y que los observador~
italianos desaconsejaban a las famiglia piccole emigrar para el Brasil,
eran éstas las que se dirigían a las fazendas. Y cuando la migración
nacional substituyó a la internacional, las familias venidas del noreste
del país poseían un tamafio semejante al de las europeas y eran, aún,
más jóvenes.
Tales evidencias tiran por tierra las afirmaciones, consagradas y
repetidas por muchos, de que las familias inmigrantes eran grandes.
Por otro lado, un análisis comparativo entre los dos grupos estudiados (italianos y cearenses) constató ciertas diferencias.
Las familias no nucleares aparecían en mayor proporción entre las
cearenses que entre las italianas: en su composición, las primeras incluían elementos que se presentaban en una gama más variada, con
diferentes grados de parentesco en relación al jefe, que las segundas.
Las familias italianas mostraban una estructura etaria ligeramente
más vieja que las cearenses: se formaban más tardíamente, ya que la
edad promedio para casarse era más alta. Las familias no nucleares
en ambos grupos, a su vez, poseían también una estructura etaria más
vieja que las nucleares y consecuentemente un mayor porcentaje de trabajadores. En tanto las no nucleares llegaban a tener 68% y 70% de
elementos aptos para el trabajo productivQ., (italianas y cearenses, respectivamente), las nucleares cont~nían para estos grupos 520/o y 54%
de elementos que podrían tomar parte en la fuerza de trabajo familiar.
Los datos recolectados permiten suponer que, en cuanto al trabajo productivo de la mujer con más de 12 años, era realizado por lamayoría de ellas. En el grupo italiano en una proporción más alta. En
otras palabras, del total de mujeres italianas, las que no trabajaban
la tierra sumaban una menor proporción que entre las cearenses.
Además fue posible presuponer la existencia de comportamientos
diferentes entre los dos grupos estudiados en relación a la nupciaijdad,
en cuanto al número promedio de hijos sobrevivientes que tenían las
mujeres en las diferentes franjas etarias del período reproductivo y en
relación al espaciamiento entre los nacimientos de los hijos. Las mujeres cearenses se casaban antes, poseían hasta la edad de 34 años un
número promedio de hijos mayor que las italianas, y presentaban un
espaciamiento menor entre un nacimiento y otro. Dudas surgidas, prin-

�122

Siglo XIX

cipalmente respecto al comportamiento reproductivo de las mujeres con
más de 35 años, sugieren una continuación de los estudios en este
sentido.
Como estas familias se adentraban en el cultivo del café todavía
jóvenes, la posibilidad de ampliarse continuaba abierta.
Estudios realizados para las familias de la fazenda de Santa Gertrudis en la segunda década de este siglo indican que poseían un promedio de 7 personas (Bassanezi, 1986). Tamaño éste que no puede ser
considerado muy grande, pero sí mediano, teniendo en cuenta criterios actuales que consideran pequeña una familia con 4 ó 5 elementos.
Relacionando el tamaño de las familias, su fuerza de trabajo, su
producción y salario y otros ingresos monetarios, estos estudios condujeron a la constatación de que el sistema de organización del trabajo
en la fazenda de café paulista, si tenía que ver con el tamaño de la familia, no era por las ventajas económicas de los hijos.
Los datos evidenciaron que, mucho más que el tamaño de la familia, era la cantidad de trabajadores lo que respondía por la producción
y el rendimiento de la unidad familiar (era la capacidad de trabajo la
que determinaba el número de pies de café a cuidar y, consecuentemente, la cantidad de tierras disponibles para la labranza de subsistencia). Más aún, y sobre todo, era la relación productor- consumidor la
gran responsable por el éxito o no de la familia dentro del colonato.

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Como el aumento de la fuerza de trabajo no ocurría en la misma
proporción en que crecía la familia, el colonato acomodaría con éxito,
por un tiempo limitado, a familias que se encontraban en un período
favorable de su ciclo vital, donde la relación productor-consumidor estuviese bastante próxima a uno (incluso en este caso, las familias pequeñas y medianas conseguían obtener saldos relativamente más altos
que las familias mayores). Por consiguiente, este régimen de trabajo
no aparecía como muy viable para las familias donde esta relación fuese
menor a 0.5.
Es preciso recordar, sin embargo, cuáles variables, difíciles o imposibles de cuantificar, estaban también interfiriendo a cada instante,
aumentando o disminuyendo la expectativa de éxito de la familia: las
condiciones de trabajo ofrecidas por los fazendeiros (que podían variar de año en año), la postura de la familia en relación al trabajo, sus
condiciones de salud y aquellas impuestas por la propia naturaleza,
entre otras.

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

123

Todo esto, por lo tanto, debe ser tenido en cuenta para entender
porqué muchas familias, con tamaño y composici~n diferen_t~ unas
de las otras, llegaban a obtener al final del año agncola rendimientos
brutos y saldos bastante semejantes.
Aunque estas evidencias inclinen al investigador a descartar el régimen de colonato como uno de los responsables por el tamaño de la
familia que predominó en las áreas de plantación del café, ello sería
una actitud prematura. A pesar que la investigación hasta ahora realizada ha conseguido algunos avances, solamente un estudio que acompañe a estas familias en el tiempo, y que informe sobre el comportamiento de la nupcialidad, fecundidad, mortalidad y permita la comparación con familias bajo otras experiencias, estaría en condiciones de
presentar una respuesta conclusiva a esta cuestión: la forma como estaba organizado el trabajo en las fazendas de café paulistas, ¿tuvo influencias en el comportamiento demográfico del período?
NOTAS

1. Estudios recientes corno los de Hall y Stolcke, por ejemplo, tienden a ver el colonato no sólo como resultado de la ausencia de un mercado de trabajo, de la abundancia de tierras y la escasez de capital, sino tambien como producto final de años
de experiencia de los fazendeiros para implantar una fuerza de trabajo barata y
disciplinada. En este sentido des.tacan la interrelación entre la explotación del trabajo y la resistencia de los trabajadores que tornaron al proceso económico y político, al mismo tiempo: "la dinámica de la situación resultó tanto de las r~ones
económicas de los fazendeiros como del poder de negociación utilizado por los trabajadores al resistirse a las imposiciones" (Hall y Stolcke, 1983: p. 81). A ~u vez,
AJvim demuestra que el colonato se presentaba como una forma de trabaJo bastante próxima a la desarrollada en el país de origen de los inmigrantes. Según esta
autora, el sistema evitaba la destrucción del núcleo familiar, "única arma para escapar de la proletarización inminente". "Por eso (los colonos) luchaban todo lo
posible para mantener cultivos de subsistencia y la unidad familiar, pautando su
comportamiento con los valores de su sociedad de origen. Y lucharon al mismo
tiempo, para ser reconocidos en un país en el cual el trabajo y el grupo del trabajador eran meros objetos que los fazendeiros manejaban en su provecho." (AJvim,
1986: p. 114).
2. Entre estos autores se citan: Bassanezi, 1973; Silva Dias, 1979; SalJum, Jr., 1982;
Holloway, 1984; Paiva, 1985; Stolcke, 1986.
3. Era limitado el número de bienes que necesitaba comprar el colono. Estos bienes,
no producidos por la familia, eran adquiridos en el almacén o proveeduría de la
fazenda o en los almacenes de las poblaciones y ciudades vecinas, a través del sistema de libretas y de pagos al finalizar la cosecha.
4. Entre 1871 y 1881 la edad promedio de la mujer italiana al casarse era de 24 años
(Cippolla, 1965: pp. 582-583).

�124

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

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Siglo XIX

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El movimiento de la población y la posibilidad de que ésta encuentre
sus condiciones de reproducción en el lugar de origen, o tenga que abandonarlo desplazándose hacia otras partes, es uno de los problemas cruciales para cualquier estudio donde se quiera entender la forma en que
los hombres comunes viven los fenómenos económicos y sociales
generales.

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En las próximas páginas 1 intentaremos comunicar el resultado de
nuestras investigaciones sobre los movimientos de la población, y su
relación con los períodos económicos y grupos sociales, en una de las
regiones del Ecuador: la de Cuenca2, ubicada en lo que hoy son las
provincias de Azuay y Cañar. Principalmente observaremos la existencia
de comportamientos diferentes e incluso contrapuestos de la población
en distintos momentos. En un primer momento, de retracción de las
relaciones mercantiles extrarregionales -cuando la región se mueve dentro de sus propias fronteras-, encontraremos un crecimiento sostenido de la población sin mayor emigración. En un segundo, la activación mercantil y de las relaciones con el mercado mundial coincidirán
con traslados de la población como opción a las dificultades de diverso orden que debe enfrentar para su reproducción.
Cabe señalar que no sólo nos hemos preguntado sobre la relación
general entre movimientos de población y períodos económicos sino

• Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
La autora agradece las sugerencias y comentarios de Eduardo Míguez, cuya ·

colaboración y paciencia hicieron posible este artículo.

�S. Palomeque: Movimientos de Población en Cuenca
128

también cómo se da este proceso dentro de los distintos grupos sociales, subdividiéndolos de acuerdo a sus pertenencias al mundo rural o
urbano, a economías campesinas o de haciendas y también a su localización dentro del espacio regional.
1. ALGUNOS ELEMENTOS GENERALES SOBRE LA REGION
Durante el siglo XIX nos encontramos frente a la conformación de los
nuevos espacios administrativos republicanos luego de la ruptura del
pacto colonial. En el Ecuador se encierra en una frontera común a un
conjunto de regiones con identidades históricas propias y cuya integración en un proyecto nacional ha significado un largo camino que,
incluso, llega hasta el presente.

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Siglo XIX

La región de Cuenca, durante los últimos años del período colonial, ya es un espacio definido con características propias con respecto
a las regiones vecinas, con una vida económica, política y social nucleada alrededor de la ciudad de Cuenca, y con sus especializaciones
productivas regionales orientadas hacia la exportación al mercado interno colonial y al mercado mundial (Brownrigg, 1978; Deler, 1983;
Espinosa, 1981; Miaguashca, 1978; Palomeque, 1979y 1987; Wahburn,
1982). Estas especializaciones productivas consisten principalmente en
textiles baratos de algodón y lana que, junto a otras artesanías, se exportan hacia Lima pero también hacia el norte del Perú y a la costa
pacífica desde Panamá a Chile. Esta producción -de origen artesanal
campesino- vincula a la región con el mercado interno colonial y es
la base sobre la que funciona el resto del sistema mercantil. Junto a
ella también existe la exportación de cascarilla3 hacia el mercado mundial, vía monopolio comercial español.
En el segundo cuarto del siglo XIX la región verá disminuida significativamente sus relaciones con el mercado externo al suspenderse
las exportaciones de cascarilla a España y también las de sus textiles
por la competencia de los de origen inglés en los mercados del Pacífico, quedando así reducida a sus propias fronteras económicas.
Hacia 1850 se reinicia la vinculación con el mercado mundial a través de un ciclo intenso de exportación de cascarilla, que dura hasta 1885.
Aquí se dinamizan nuevamente todas las relaciones mercantiles y esto,
entre otras cosas, permite una fuerte acumulación de dinero pero sin
que existan modificaciones en las estructuras sociales regionales4.
Cabe señalar que - en el último cuarto del siglo- se da un fuerte
auge de las exportaciones del cacao que se produce en las tierras bajas
de la región vecina de la costa, cercana al puerto de Guayaquil, área

q?e se caracteriza por su clima malsano y una escasez de población agudizada por las demandas de la producción cacaotera. Esta situación
junto a la interrupción del ciclo cascarillero en 1885 y a que la regió~
d_e Cuenca no despliega ninguna economía sustitutiva hasta fines de
s1glo_,. hacen que la costa se convierta en el punto de destino de la migrac100 cuencana.
Otro elemento general que es necesario conocer es que la región
de &lt;?uenca es un mundo completo, con su centro urbano principal en
1~ cmdad de Cu~nca, y rodeado de un vasto espacio rural que a su vez
tie~e características diferenciadas. Si bien en términos generales puede
decrrse _que 1~ mayo_r parte de la población es campesina, debe anotarse la eXJstencia de diver_sas estructuras de distribución de la tierra. Hay
zonas donde predomman grandes unidades de producción -las
' ' haci~?~as''--;;, otras do~~e las medianas unidades son más importantes
-:-las fincas - Ytambien zonas donde la gran mayoría son campesinos que controlan pequeñas unidades con muy poca tierra5 •
2. LOS MOVIMIENTOS DE LA POBLACION
Investigacion~ anteriores ya habían realizado serios aportes sobre esto~ temas. To~as ellas concluyen que existió durante el XIX un crecimiento sosterudo de la población combinado con migración hacia la
Costa,el.que ~dquiere mayor ~ntensidad ~acia fines del siglo (Chiriboga, 1980, Espmosa, 1982; Espmosa y Achig, 1981; Estrada Icaza, 1977;
Hamerly, 1973; Wahburn, 1982).
_E ste trabajo.?º contr~dice ni discute aportes brindados por los invest~gadores recien mencionados6, sino que ha incorporado sus conclusiones ~enerales sus sugerencias, integrándolos como una de las
f~entes de mformacion. Lo que modificaremos es el sesgo que orientara las pre~untas, en t;anto trataremos de estudiar los movimientos de
la ~~blac1on en relación a la dinámica que se vive en el interior de la
reg100.

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Es indudable ~l cre~i,miento demográfico de la costa cacaotera alimen_tad? por 1~ _nugracion serrana, pero lo importante para nosotros
es dil~c1dar quienes son los migrantes, a qué grupos sociales pertenec~n, ~i se trata de migración definitiva que rompe con la sociedad originana o es _te~poral (en búsqueda de recursos) y cuáles son los ele~ent~s_que_mciden en 1~ deci~ión de ª?andonar el lugar de origen. En
smtes1s.- c_uales son las s1tua~!ones reg10nales internas que posibilitan
el mov~fillento de ~a poblacion. Además, ese movimiento no sólo se
da hacia la&lt;;osta smo_q~e ~ambien_existe dentro de la propia región,
donde adquiere una dmanuca propia -y previa- a la alternativa ex-

�130

Siglo XIX

trarregional. Todo esto se conjuga con los ciclos económicos regionales y las posibilidades físicas de reproducción dentro de la región.
Estimamos que las conclusiones a las que arribaremos, al igual que
las de los otros investigadores, deberán ser modificadas y revisadas en
futuros trabajos que consulten archivos parroquiales. En todos, hasta
el momento, nos hemos basado en estimaciones de población realizadas por distintos funcionarios del Estado con sistemas pre-estadísticos.

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medianas seguidas por la pequeña y escasa presencia de haciendas9•

Gl'l!po 2: con localización central, vinculadas al mercado de Cuenca
Y también del de Azogues'º. Predominio de unidades de producción
grandes Y medianas, siendo casi inexistentes las pequeñas 11 •

3. LAS FUENTES Y SU TRATAMIENTO

Grupo 3: localización centro-oriental, con difícil acceso a los mercados de Cuenca y Azogues. Claro predominio de pequeñas parcelas
acompa_ñadas
de escasas medianas y grandes unidades de
producción 12•

Los documentos pueden clasificarse en dos grupos: a) las estimaciones
de población en general; b) las planillas originales de censos.

G~upo 4: localización occidental, limítrofe con la zona de descenso hacia laCosta. Predominio de la gran propiedad territorial 13 •

El análisis de esta documentación ha sido prolongado y complejo.
En un primer momento se concentró sobre las fuentes más confiables:
las planillas censales y los análisis demográficos realizados por otros
investigadores. Posteriormente se incorporaron datos de las estimaciones generales de población, en tanto que las conclusiones globales que
se desprendían coincidían con las de las planillas censales y con el proceso socioeconómico que se vivía en la región .

(!rupo 5: l?Calizadas en la zona oriental, cercana a tierras cálidas
al .º~ente Y, al igual qu~ el grupo 4, lejos de Cuenca y Azogues. Predomtruo de la gran propiedad 14.

Las estimaciones de población en gen'eral
1.

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Se han localizado catorce estimaciones generales de la población7 pero la información que cada una entrega no es homogénea. En casi todas se incluyen parroquias y cantones pero no todas comprenden la
provincia de Cañar. Todas subdividen la población entre hombres y
mujeres pero pocas diferencian la población infantil, la ocupación o
la "raza".
Parte de la información ha sido desechada, otra ha sido corregida8 . También se ha modificado la subdivisión administrativa: al respecto se adoptó la existente en 1825 y se la mantuvo durante todo el
siglo.
Con las parroquias rurales -muy numerosas- se conformaron
grupos semejantes y para ello se cruzó la información de población con
la que se tenía sobre tenencia de la tierra y con criterios de localización
geográfica respecto a los distintos mercados. Se conformaron cinco
grupos:

Grupo 1: con localización central y vinculación directa con el mercado de la ciudad de Cuenca. Predominio de unidades de producción

Estas su~di~isiones entre población de la provincia de Azuay y Cañ_ar, de los distintos cant?nes, de la población rural y urbana, de los
cmco grupos de p~oquias. rurales, etcétera, permitirán comparar y
?bservar !os movurnentos diversos de la población al interior del conJunto regional.
Planillas originales del censo de 1871
De_ las planillas originales del censo de 1871 se seleccionó a tres parroquias: San Sebastián, una parroquia urbana, y Molleturo y San Cristó~al? que ~on rurales. Se ha elegido a estas parroquias por sus caractenstlcas diversas y por. la posibilidad de que su conjunto representa
un~ muestra de la variedad de situaciones existentes en el interior
regional15•
Mollet~ro se divide en dos secciones: Molleturo, que es el centro
de parroqwa, YChaucha. La parroquia se encuentra en el límite occid7ntal de la provincia, a unos 2 500 metros de altura y en las estribaciones mo~taño~as _que b~jan hacia la costa. Por allí pasa el camino
del NaranJal, pnnc1pal VJa de comunicación de la región en el XIX.
. Existe cierta diversidad entre sus dos secciones. Molleturo está hab!ta~a por una ~omunidad indígena especializada en el conocimiento
tec°!co del cammo del Naranjal, sumamente valiosa para los contemp~r~eos, Yque logra una relación especial con el poder político provmctal. Sus tierras son de comunidad y, en general, puede percibirse

�132

Siglo XIX

como un grupo que resiste mejor que los demás indígenas las exacciones a las que son sometidos.
Chaucha tiene otras características. En sus tierras se encuentran
algunas haciendas junto a los pequeños y medianos productores. Parece ser la zona de una comunidad indígena sobre la que se ha superpuesto un desplazamiento de población blanco-mestiza. También por
sus tierras pasa un camino a laCosta que es de menor importancia que
el del Naranjal.
La población de ambas secciones aparece como exclusivamente agrícola pero es licito suponer, por su localización, que se combina la agricultura con la arriería ( cuadto 1)

Si c.onsideramos que la presentación del listado censal es un indicador de los criterios sociales válidos para los informantes, cabe mencionar que en Molleturo la lista comienza por el padre del Teniente Político (en segundo lugar sigue éste) y que ambos son indígenas; luego
vienen todos tos varones, todas las mujeres y, al final, se anota al cura. En Chaucha no se observa esta jerarquización y la preeminencia
de los apellidos indígenas es menor.
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San Cristóbal se encuentra en la zona centro-oriental, con su cabecera parroquial situada a unos 2 800 metros ·de altura, en las cercanías del río Paute .
Su población combina agricultura con artesanía. Los hombres en
su mayoría son agricultores pero un 150Jo son registrados como sombrereros; las mujeres son artesanas, la mayoría hilanderas y un 100/o
son sombrereras o costureras. A esta parroquia se la puede caracterizar como una zona de pequeñas unidades de producción de tipo familiar, con combinación de agricultura y artesanía.

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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

133

mos considerado que esto es un indicador de la presencia de migrantes
rurales de especialización artesanal poco calificada, que constituyen un
sector con fuerte movilidad.
En la presentación de las listas censales no se registran apellidos
ni familias que ocupen lugares prominentes, pero se observa que comienza la lista con los hombres adultos, luego con las mujeres adultas
y siguen los niños. Si en las zonas de Molleturo, de trabajo comunal
agrícola, vimos que se pone en primer lugar a los hombres, si en la
de San Cristóbal, de economías familiares, el criterio de ordenamiento
está dado por las unidades familiares, en San Sebastián encontramos
que no se encuentran familias o personas importantes encabezando la
lista. Esta es una sociedad urbana de artesanos de migración reciente
y las mujeres adultas ocupan el segundo lugar de la lista, en correspondencia con la importante situación económica que allí detentan. El 670Jo
de las mujeres se ocupa de actividades artesanales, un 70/o de actividades vinculadas a la venta de alimentos (gateras, pulperas, chicheras,
etcétera) y sólo un 260/o mantiene vinculación con la agricultura. Los
hombres adultos, menos numerosos que las mujeres, están más vinculadas a la actividad agrícola: un 750Jo son agricultores y el 250Jo son
artesanos -sobre todo sombrereros-. En síntesis, la mayor parte de
los migrantes son mujeres y su ocupación es artesanal.
Estas son las tres parroquias estudiadas: diversas en lo económico
y en lo social, estimamos que representan un conjunto diferenciado e
integrado en la vida regional. Su análisis se constituyó en el mejor indicador de los movimientos de la población de esta investigación. Aparte
del estudio individual se las agrupó en un cuadro de síntesis que se estima representativo del movimiento poblacional regional.
4. LOS MOVIMIENTOS DE LA POBLACION ANTES DE 1871
(ANALISIS DE LAS PLANILLAS CENSALES)

El listado censal se presenta por agrupaciones familiares en orden
de jerarquía: primero el padre, luego la madre, siguen los adultos incorporados (abuela viudo, tía soltera, etcétera) y luego los hijos por
orden de edad. La familia que comienza la lista es la del cura y, al final
del listado, como encerrándola, está la familia del Teniente Político.

A través del análisis de las planillas censales se pueden observar principalmente tres procesos: a) los movimientos de la población antes de
1871; b) la migración masculina dentro y fuera de la región; c) la migración femenina interna a la región ( gráficos 1-2-3-4)

La parroquia de San Sebastián, en su sección primera, es totalmente
urbana y pertenece a la ciudad de Cuenca. Tradicionalmente se la ha
calificado como centro de residencia de sectores populares urbanos.
Observando la población de esta parroquia durante todo el siglo se detecta que sufría fuertes oscilaciones en el total de su población, y he-

Los movimientos de población antes de 1871 16
Este proceso hay que observarlo en las pirámides de población, en el
sector de las mujeres y tomando como referencia el año de nacimiento, dejando de lado el sector de los hombres por las deformaciones que
produce la migración.

�134

Siglo XIX

En las tres parroquias, y sobre todo en su suma, se puede trazar
una línea oblicua que va desde 1812 a 1851 y también podemos ver que
la línea salta entre 1832 y 1841/6. La inclinación oblicua de la línea
implica un rejuvenecimiento de la población que se vuelve más intenso
en el momento del salto. Desde 1851 hasta 1861 la línea se vuelve vertical, y desde 1861 en adelante vuelve a inclinarse pero en un grado menor al del perído 1812-51. La linea vertical implica un período de estancamiento de la población, que es seguido por un rejuvenecimiento,
aunque menor que en la primera etapa. Esta línea imaginaria es fácil
de observar en la suma de las tres parroquias y también en Molleturo,
que no tiene migración femenina.
Considerando que esta información unifica tramos de 5 y de 10
afios -lo que impide precisar los afios exactos de los movimientos de
la población- puede plantearse como conclusión que existe un nota-

ble crecimiento de la población durante los años comprendidos en las
décadas del 30 y del 40, que este crecimiento se interrumpe bruscamente en la del 50 y que la población vuelve a crecer -más lentamenteen la década del 60.
Estas tendencias coinciden y dan veracidad a lo planteado por las
estimaciones generales de población que estudiaremos más adelante.

La migración masculina, dentro y fuera de la región

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Sin duda en 1871 se está frente a un proceso de emigración masculina.
Esto se ve claramente cuando se compara la distribución de la población regional con la del Cerro de Paseo (Perú), lugar caracterizado como centro receptor de migración (cuadro 2). La emigración es en su
mayoría de hombres solteros. Esto lo confirma el hecho de que las mujeres son el 58% de la población económicamente activa que permanece en la región (cuadro 3), y de ellas casi la mitad está constituida por
solteras (cuadro 4). Pocas tendrán posibilidad de constituir familia ya
que dentro de la población soltera las mujeres son el 84% y los hombres el 16% (cuadro 5).
La migración masculina en los afios previos de 1871 se pudo conocer estudiando la relación entre los sexos en cada segmento de edad.
Para ello hay que observar la información de las pirámides (gráficos
1-2-3-4), el coeficiente de masculinidad (cuadro 6) y la serie del año
de emigración que corresponde a cada rango de edad (se estimó en 20
años la edad de migración, ya que en los listados censales esa es la edad
donde "desaparecen" los varones solteros).
Realizada la comparación entre las diversas informaciones se pu-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

135

do ver que de 60 afios en adelante, con edad de migración anterior
a 1822, el número de hombres es menor que el de las mujeres en las
tres parroquias. Esto es más agudo en San Sebastián donde la presencia femenina se toma más importante por la emigración desde el campo a la ciudad.
De 50 a 59 años hay una relación normal entre hombres y mujeres
en la suma de las tres parroquias. Pero si se observa cada una de ellas
se ve que faltan hombres en San Sebastián y hay un exceso en Molleturo. De esto puede inferirse que en el período de 1832 a 1841 no hay
emigración hacia fuera del espacio regional, pero sí la hay internamente, y que se dirige hacia la estribaciones occidentales de la cordillera
(o quizás se trate de un movimiento general hacia tierras poco ocupadas que se encuentran alejadas de la zona del centro).
En el tramo que corresponde a los hombres entre 40 y 49 años,
con edad de migración entre 1842 y 1851, la suma de las tres parroquias señala un lento descenso del número de varones, que afecta sobre todo a San Cristóbal. Esto indicaría que hacia 1850 recomienza,
lentamente, el proceso de migración, en especial, desde las parroquias
con economías familiares y tendencia al minifundio, como San
Cristóbal.
De 20 a 39 años, con edad de migración entre 1852 y 1871, se detecta una notoria ausencia masculina, mucho más intensa que en el segmento de 40 a 49 años. Esta ausencia emerge en la suma de las tres
parroquias, pero es más notoria en San Sebastián y Molleturo que en
San Cristóbal. Se ha dado, entre 1852 y 1871, un marcado proceso de
emigración, más agudo entre 1852 y 1861. El que la ausencia masculina sea menos notoria en San Cristóbal se debe a que en esa parroquia
se da paralelamente una migración femenina hacia los centros urbanos
de la región, lo que trae aparejado una mayor regularidad en la distribución de la población entre los dos sexos.
La relación entre hombres y mujeres tiende lentamente a normalizarse de 15 a 19 afios, pero no en el grado que era dable de suponer.
Esto puede deberse a que algunos hombres migran cerca de los 18 años,
cuando comienzan a tributar o prestar servicios al Estado.
La información es irregular para los de menos de 14 años: por ello
se consideró incorrecto desprender conclusiones de estos datos.
En síntesis, esta información permite suponer que basta 1825-30
se da un proceso de emigración masculina que, combinada con la mor-

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S. Palomeque: Movimientos de población

en Cuenca

137

talidad de las guerras de la Independencia, origina la ausencia de varones det~da. En el período que va de 1830 a 1850 no hay emigración
en térnunos generales, salvo la población de las zonas minifundistas
que ya antes de 1850 comienza lentamente a desplazarse fuera del espacio. Sí hay movimientos intrarregionales. En la década del 50 se da
un P!º~º marcado de emigración masculina fuera de la región, que
continua en los 60 pero con menor intensidad.

ciendas en sus tierras. Si en Molleturo hay ausencia de hombres solteros pero también de casados, en San Cristóbal en su mayoría faltan
solteros. En Molleturo las mujeres -solteras o casadas- no migran;
en San Cristóbal migran las mujeres cuando no pueden conformar familia. En Molleturo las mujeres están asentadas como población agrícola, en San Cristóbal como artesanas, a pesar de que podemos suponer que en ambos lugares desarrollan ambas actividades (cuadros 1.4

La migración femenina

y 5).

El perfil femenino de la pirámide de San Sebastián muestra una irregular y abultada población femenina adulta que luego desaparece en
la _sum~ de las tr~ parroquias. Esto permite pensar que hay una clara
!1llgra~1ón fememn~ desde el campo hacia la ciudad, que toma distinta
mtens1dad en los diferentes períodos.

Estos datos aluden a dos comportamientos diversos cuando se podría haber supuesto lo contrario. Puede pensarse que en Molleturo parte
de los hombres emigran pero lo hacen en forma estacional o durante
el período en que se los denomina "económicamente activos"; luego
retornan cuando son mayores (ver el sector de ancianos del gráfico 2).
Mientras los hombres migran, la comunidad queda responsable de la
reproducción de las familias, lo que se realiza con fuertes contingentes
de trabajo femenino -de casadas o solteras-, y al retomo de los hombres éstos incorporan recursos monetarios que permiten una mejor reproducción económica de la comunidad. E, incluso, queda abierta la
posibilidad para las mujeres de casarse en algún momento.

En 1871 la migración es de mujeres solteras mayores de 25 años.
En la suma de las tres parroquias las mujeres solteras constituyen el
43% d~ la población femenina adulta en el promedio general. En San
Sebastlán sobrepasan la media y alcanzan a un 62% en San Cristóbal
están por debajo con un 36% y en Molleturo son ;l 430Jo, igual que
el general (cuadros 4 y 5).

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Siglo XIX

La conclusión es que hay un traslado de mujeres desde parroquias
n.u:ales como San Cristóbal hacia la ciudad, pero que en otras parroqwas -como Molleturo- la población femenina no migra.
. También h~y coincidencia entre los períodos de emigración masculina de la región y los de la migración femenina hacia las ciudades
lo que permite pensar que son parte de un mismo movimiento. Obser:
vando la parroquia de San Cristóbal y de San Sebastián en los listados
~nsales originales, viendo las edades de las mujeres solteras que no
tte°:en c~ntraparte de solteros masculinos, se ha podido inferir que la
m~~er IDigra cuando no tiene posibilidad de conformar su propia familia, a una edad mayor que la del migrante masculino.
Otro indica??r de la_s dificultades que tienen las mujeres para conformar una familia lo bnnda la parroquia de San Cristóbal donde pueden verse varias parejas de hombres de 50 a 60 años co~ esposas de
20 a 30.

Algunas conclusiones
Hay ~otorias diferencias _ent!e Molleturo y San Cristóbal, ambas parroqwas rurales y ambas md1genas, las dos sin mayor presencia de ha-

Este conjunto de datos nos habla de una reproducción social y económica de tipo comunitaria que se condice con los antecedentes que
teníamos sobre el acceso a extensas tierras de comunidad, la ocupación masculina en arriería y reparación de caminos, y la presencia de
un poder étnico muy consolidado.
En San Cristóbal en cambio, hay un proceso de parcelación de la
tierra y no se observan elementos que hagan pensar en la existencia de
actividades comunales (no se observa preeminencia de ningún grupo
étnico ni jefaturas), la producción se halla dispersa en unidades familiares individuales. Es así que cuando un hombre o mujer no tiene acceso a recursos que le permitan conformar una unidad doméstica debe
migrar, y sin retomo. No hay en este caso alternativas comunales de
reproducción que puedan absorber a ancianos, solteras, etcétera. En
cada grupo familiar se nota que algunas familias han incorporado a
algún abuelo o tía anciana pero no es lo común (posiblemente se trate
del pariente que les legó la tierra que ocupan).
El estudio de estos dos casos nos muestra que en las economías
agrícolas parceleras de organización familiar, cuanto más atomizadas
se encuentren y cuanto mayor sea el proceso de minifundización que
dificulte el acceso a la tierra a las nuevas unidades familiares, mayor
será la participación de su población en el proceso migratorio sin re-

�138

Siglo XIX

tomo. En contraposición a esto, los grupos indígenas que logran mantener formas de producción comunales e incluso la dirección de las autoridades étnicas, también se incorporan al proceso migratorio general
de la región, pero pueden incorporarlo en beneficio de su propia reproducción, no pierden su población femenina y la masculina retoma.
En ambos casos hay migración, una con retomo y otro sin él, pero
en un caso sin mayores desestructuraciones y en el otro sí. En ambos
casos se da en períodos similares como respondiendo a fenómenos generales externos a los grupos -aunque comunes a la región- pero la
respuesta a estas presiones externas dependen de la estructura interna
de cada núcleo a nivel social, y no tiene mucho que ver con su localización cercana o lejana de las zonas de atracción.

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También hay que pensar en el conjunto de la población regional.
La emigración de solteros sin retomo y la de solteras hacia las ciudades tienen que originar una disminución de la natalidad, lo que permite no sólo verificar sino también comprender mejor los movimientos
globales de la población. Comparando los flujos migratorios masculinos y femeninos con los movimientos de población para antes de 1871,
se puede concluir que el crecimiento de la población de los años 30 a
50, que fue muy intenso, se dio por la falta de migración fuera de la
región. Esto originó un incremento en las tasas de natalidad notable
y es esta población, la nacida entre el 30 y el 50, la que migrará desde
los años 50.
También podemos concluir en que se está observando un mismo
proceso desde distintos análisis estadísticos y que todos coinciden en
las conclusiones generales. Las tendencias planteadas en las estimaciones de población serán similares a las que hemos encontrado en las planillas censales.

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5. LAS ESTIMACIONES DE POBLACION Y SU RELACION
CON LOS PERIODOS ECONOMICOS17
Desde 1825 a 1850 aproximadamente la región vive un período donde
se retraen las relaciones comerciales externas y, consecuente a la falta
de interés de los sectores económicos dominantes por extraer plustrabajo a los campesinos, se da un crecimiento de la producción agrícola
de autosubsistencia.
En estos años encontramos un fuerte ascenso de la población originado por la disminución de la emigración y por un mejoramiento en
las condiciones de reproducción de la población. Este crecimiento alcanza hasta 1854: la población se ha incrementado en un 86% con res-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

139

pecto a 1825, en lo que suponemos un proceso de rejuvenecimiento desconocido para las generaciones anteriores (gráficos 5-6-7-8-9-10).
Según veíamos páginas atrás, esta situación se explica por la suspensión de las emigraciones masculinas fuera del espacio regional, y
la de las mujeres hacia las zonas urbanas de la región, lo que ocasionaría un rápido ascenso de la tasa de natalidad. Para su mejor comprensión habría que imaginar un espacio habituado al drenaje del sector
masculino adulto por las migraciones hacia la Costa desde fines del siglo XVIII y por las guerras de la Independencia (Hamerly, 1973: 65
y 66), el que bruscamente deja de sufrir ese drenaje y se encuentra con
un mayor número de adultos en edad de procrear.
Desde 1825 a 1849 se da un crecimiento general de la población
tanto urbana como rural, y parte de ésta migra lentamente hacia la ciudad de Cuenca: el total de la población de la región aumenta un 36%
desde 1825 hasta 1838, mientras que en el mismo período la ciudad crece
un 1250Jo; de 1838 a 1849 el total regional aumenta un 20%, mientras
la ciudad lo hace en un 660Jo.
La población rural no sólo migra hacia la ciudad de Cuenca sino
que también lo hace hacia otras zonas rurales regionales, con tendencias que corresponden con el proceso de avance de la agricultura hacia
tierras que antes eran de uso ganadero (ver crecimiento parroquias grupo
4). Si se observa el origen de los migrantes se verá que éstos corresponden a parroquias con agricultura minifundista (grupos 1,3) que, muy
tempranamente, pierden su capacidad para absorber el crecimiento de
su población, o al menos de una parte de ella (gráfico 11).
La migración hacia la ciudad ocasiona la aparición de pobladores
urbanos desocupados, que rompen con las normas de convivencia habituales. Por primera vez encontramos quejas de las autoridades al
respecto:
Encargado por las leyes de cuidar la seguridad individual y propiedades de los ciudadanos de estas provincias, he apelado al medio de
hacer perseguir a los vagos y malhechores, cuyo número desgraciadamente ha crecido en esta ciudad, en tal extremo que por las noches andan reunidos· de 18 a 20 ladrones, que con frecuentes robos
y asesinatos, han hecho desaparecer la seguridad que todos los habitantes de esta ciudad y aun de las parroquias inmediatas han reclamado a esta Gobernación ...

Incluso, debemos anotar que no se intenta " disciplinarlos" y convertirlos en trabajadores " libres" dentro de la región sino que se los remi-

�140

Siglo XIX

te a la Costa: " ... en estas circunstancias be acordado que siendo escasos los brazos en esa ciudad .... _deseo que VS se sirva recibir a los vagos que remito ... " (1846, marzo 27. Del gobernador de Cuenca José
Vega y Chica al gobernador de Guayaquil. ANH/SA, F.A.L. 44 f.
102v).
También existe un proyecto de enviarlos al oriente -zona extrema de frontera, sin pobladores aún- y dejarlos librados a sus recursos(" ... por necesidad tendrían que ser laboriosos y reformar su conducta ...") y poner en el camino de retorno una partida militar que
" .. .les imposibilitaría el regreso... " (1846, julio 7, ANH/SA, L.142,
f.32) (cuadro 7).
En la década del cincuenta se modifican sustancialmente las condiciones económicas regionales. Se da abruptamente la revinculación con
el mercado mundial a través de la exportación de cascarilla lo ,que ocasiona una serie de cambies en muy cortos años.
El análisis de la población en esta década puede ser bastante detallado en tanto contamos con mucha información. Las estimaciones de
población se han localizado para los años 1849, 1854, 1856, 1857, 1858
y 1861, constituyendo para nosotros el período con mejor relevamiento de datos.

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En esta década vemos que se da el desarrollo pleno y la crisis del
modelo anterior con crecimiento ilimitado de la población y con tendencia a la concentración urbana. La década culmina con una baja de
la población ocasionada por la mortalidad y la emigración fuera de
la región, precedida por varios movimientos intrarregionales. A esto
lo comprendemos como consecuencia de las bruscas modificaciones en
las condiciones de la repr(?ducción de la población: la activación de
las relaciones mercantiles origina un notable incremento de las cuotas
de plustrabajo para la extracción de cascarilla, la construcción de vías
de comunicación y otras actividades.
En los primeros años de la economía cascarillera se genera una fuerte concentración de actividades artesanales y mercantiles en la ciudad
de Cuenca, ampliándose el mercado consumidor urbano y las parroquias ligadas a su abastecimiento. Es así como de 1849 a 1854 mientras
la población total crece un 12%, la ciudad de Cuenca lo hace en un
35%, siguiendo dentro de los comportamientos anteriores. Lo que se
modifica es que no sólo crece la población de la ciudad sino también
la de las parroquias vecinas y las de las estribaciones occidentales de
la cordillera donde se recoge cascarilla. Al mismo tiempo tiende a des-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

141

cender la de la villa de Azogues, el centro urbano de Cañar, de localización cercana a la ciudad de Cuenca.

Este aumento de población con su veloz redistribución interna que
con~entra en la ciudad y sus parroquias cercanas un inusitado contingente de poblaciones, rompe con la relación tradicional que existía entre habitantes urbanos y rurales, ya que el 40% vive alejado de las tareas agrícolas. También comienza a darse un proceso de emigración
fuera de la región, todavía en forma lenta. Nuestras referencias de fines de la década del cuarenta nos hacen suponer que en este movimiento
participan sobre todo indígenas.
Ya a fines del período anterior podían observarse los primeros signos del proceso migratorio que aJiora se incrementa. Esto se infiere
de otras investigaciones (Estrada Icaza, 1977:17) y también de referencias documentales, donde se marca la preocupación por la fuga de indígenas tributarios a Loja y Guayaquil:
.. .informe de la Contaduría Mayor del Distrito de Azuai.. .los motivos a que se debe atribuir la rebaja que ha padecido el impuesto
personal de indígenas es la fuga de muchos de los de la Provincia de
Cuenca a la de Loja... (Quito, 1848, agosto l. En El Nacional n.
183) .. .las frecuentes inmigraciones que desde las provincias de Cuencia i Chimborazo hacen a la de Guayaquil en solicitud de jornales
para su subsistencia en donde perecen los más, en cada ailo por la
diferencia de la temperatura...(M. Hacienda 1848, en El Nacional,
n. 206). (tuadro 8).

De 1854 a 1861 observamos un brusco descenso de la población en general y sobre todo de la urbana. En siete años la población desciende
un 14% y la ciudad de Cuenca pasa de 38 056 habitantes en 1854 a
15 700 en 1861 18 •
El crecimiento sostenido de la población con su tendencia a la concentración urbana encuentra el limite a sus posibilidades. Al modificarse -en la década del cincuenta- el sistema económico regional,
se tenderá a orientar los esfuerzos productivos hacia la recolección, las
obras públicas y otras actividades, mientras los retornos monetarios
de origen cascarillero originarán un aumento general de los precios de
los alimentos que afectará principalmente a los pobladores urbanos,
alejados del acceso a la tierra.
Las referencias a los vagos continúan pero se modifica sustancial-

�142

mente el proyecto sobre su destino, con una nueva actitud que ya perdurará durante el resto del siglo:
.. .los delitos más comunes son robo y heridas ... el primero causado
más que por la pobreza por la falta de educación moral y religiosa
de la clase indígena y el segundo por la embriaguez y la prostitución
y vagancia que han cundido en el país... el abigeato ... causa inmediata del estado de atraso en que se hallan todas las haciendas y hatos de criar ganado ...

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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

...una ley de procedimiento contra vagos y mendigos, breve y sencilla, sería el acto más honroso a la nación y profundamente útil a la
sociedad... es obligatorio a las autoridades perseguirlos hasta que se
dediquen a alguna industria o se asilen en una casa de refugio... (1858,
agosto 4. ANH/Q, Com. y 1854, agosto 2, ANH/SA, F.A., L.61
f.50v).

El crecimiento de la población, su concentración urbana, el alza del
precio de los productos alimenticios, las coacciones para trabajar, las
malas condiciones de salubridad dentro de la ciudad sobre todo, son
elementos que se combinan y ocasionan que un fenómeno antiguo tome una dimensión diferente: la peste aparece como el elemento desencadenador del proceso de expulsión y reacomodamiento de la población.
Las pestes y enfermedades ya estaban presentes en la vida regional. En 1838 se informaba que" ... en el presente año el sarampión ha
desaparecido bastantes niños ... particularmente a los indígenas ... La
disentería ha conducido también al sepulcro a muchos hombres, lo mismo que las inflamaciones ... " (1838, diciembre 12. ANH/Q. Com.);
y en 1846 hay una peste de viruela (ANH/SA, F.A.L.42, f.54).
Pero en 1857 los informes tienen otro "tono" que condice con nuestras estimaciones de población. En 1856 ya hubo un "horroroso terremoto" (12-11-1856) y en 1857 el gobernador informa: " ... en el presente año la mortalidad ha sido considerable con la desoladora epidemia
de virual, que ha diezmado la población en todas las parroquias" (1857,
agosto 5. Informe del gobernador Valdivieso. ANH/Q, Com.).
Sin duda, a pesar del informe del gobernador que habla de "todas
las parroquias", esta peste tiene que haber sido muy fuerte en la ciudad por la concentración de la población y las pésimas condiciones sanitarias en las que se vive allí durante todo el siglo XIX.
En 1861 encontramos un informe municipal donde consta" ...que

143

la población de Cuenca se ve diezmada por la disentería a causa de las
aguas corrompidas que se beben i de no tener fuentes públicas que provean aguas potables". En 1890, ya con acueductos y pilas instaladas,
el problema de contaminación de las aguas sigue subsistiendo:
También carece la población de agua potable. Los acueductos que
conducen el agua a las pilas la reciben ya inmunda, después que ha
pasado haciendo el aseo del Colegio de los SSCC, casas de particulares, tintorería, curtidurías, etc. Hasta el agua del río es inmunda porque antes de llegar a la ciudad recibe una asequia de las letrinas del
citado establecimiento de los SSCC y de la casa de Ejercicios, y por
que además de ser el lugar donde arrojan animales muertos las lavanderas ensucian la pequeña cantidad de agua que lleva en ios meses de verano ... " (1890, febrero 25. Informe del intendente de Policía. ANH/Q.Com.).

En estos años las autoridades regionales demuestran en sus irtformes
la felicidad que los embarga por el auge de la explotación de la cascarilla Y el despegue económico de la región. Son muy parcos en todo lo
que sea referencia a áreas problemáticas como pueden ser las consecuencias desagradables que trae el auge económico mercantil y el increm~nto de
tas~ de e~plotación sobre las economías campesinas:
mencionan solo la existencia de varias sublevaciones (Vintimilla, 1980).

!as

Estos son entonces los años de la gran migración a lacosta o qui-

zá a otr~ regiones. La frecuencia de los datos que hemos lo•do
nos ~e1;111ten detenem~s, en su estudio para observar cómo operan los
movim1entos de poblac10n en este tipo de proceso vistos desde el interior de la región.
•
La emigración se da principalmente hacia laCosta. En el censo de
1858 de Guayaquil se observa que la población casi se duplica con respecto a_ la de 1840 (a~men_ta en 40 000 habitantes), además de que en
est~s anos se da el pnmer mcremento notable en el precio y las exportaciones de cacao. Este movimiento puede observarse si se compara
el ascenso de la población de Cuenca con respecto a las otras de la Sierra en 1858 (cuadro 8), donde se verá que es menor. No hay que dese ~ ,el qu~ parte de la migración se haya ido a Loja o Riobamba,
tambien vecmas, y con un inusual crecimiento de la población. ( cuadro 9).
Regresando a la región de Cuenca se observa que la población total pasa de 140 242 habitantes en 1854 a 128 420 en 1856, 122 243 en
1857, 120 846 en 1858 y se mantiene hasta 1861 en 120 407, en un pro-

�S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

144

145

Siglo XIX

ceso de decrecimiento sostenido menos brusco que el de la ciudad de
Cuenca.
En estos aiios se dan varios movimientos en el interior de la región. En 1857/8 uno se encuentra con que han "desaparee.ido" 30 ~
habitantes de la ciudad de Cuenca 19 pero que en la población to~al solo faltan 18 000. Es decir: parte de la población abandona la cmdad,
trata de no migrar fuera de la región y de reubicarse en otras áreas.
Así vemos que en 1856, 1857 y 1858 se da un crecimiento inusitado
de las parroquias de Deleg, Biblián, Azogues y Cañar, todas ~rte~:cientes a la moderna provincia de Cañar, zona de donde se babia onginado la migración hacia Cuenca e~ l~s aiios ~849-54 (gráficos 6 Y_8~.
Estos son los aiios donde aparecen insistentes mformes sobre la act1v1dad artesanal de Azogues.
En el resto de las parroquias rurales la población no crece o lo hace muy lentamente. Queda al margen de este pr~c~o de r:torno ?esde
la ciudad de Cuenca o incluso participa del moV1m1ento m1gratono negativo, dando la sensación de que en 1854 también hubiera encontrado su techo.
Pero las cuatro parroquias de la provincia de Caiiar tampoco pueden absorber permanentemente esta inmigración de origen ~rbano. Ya
en 1861 vemos que -mientras se mantiene igual la población to~ de
la provincia, indicador de que continúa el proceso genera! ~e em1gr~ción general- la provincia de Cañar se ha despoblado VlSlbleme~te.
Las parroquias de Azogues, Deleg y Biblián retorn~ a la pobl~~ón
de 1854 y la de Caiiar pierde la mitad de su población en relacion a
la de 1854. Parte de esta población retoma ~acia la ciudad de Cuen~,
las parroquias rurales cercan~ a ella o haci~ la n~eva zona de crecimiento de la actividad mercantil: las parroqUias onentales en sus laderas calientes, con grandes propiedades (grupo 5) donde se r_ecolec~ cascarilla para la exportación y desde donde se avanza hacia las tierras
orientales.
De esta forma en el aiio final de esta fase nos encontramos con
que mientras conthlúa el proceso de emigración se retorna a la distribución habitual de la población entre las provincias de Azuay Y Cañar. Pero se ha dado un cambio decisivo que será de larga duración,
la población urbana ha disminuido y en términos relativos pasa a constituir el 25% de la población total, mientras la ciudad de Cuenca sólo
concentra el 18% de los habitantes del Azuay y el 13% de los de la
región.

Desde una perspectiva estrictamente referida a los hombres y a la
forma de acceder a los recursos que necesitan, habría que señalar que
esta crisis aparece como el agotamiento de un sistema donde la población tendía a concentrarse en las ciudades alejándose de la producción
agrícola en una región que tiene, como condicionante estructural, la
dificultad de obtener alimentos de otras regiones por los altos costos
de transporte que implican sus caminos. A este condicionante de larga
duración se aiiadió un crecimiento inusual de la población y, coyuotU:ralmente, el desarrollo de la actividad de recolección de cascarilla, las
labores artesanales y la búsqueda de huacas, todas ellas que también
restan brazos a la producción agrícola.
La solución a esta crisis implicó dos cambios esenciales en el comportamiento de la población. El primero es la emigración, tanto por
la atracción que brindan mejores ingresos como por el agotarniento de
las condiciones de reproducción en el lugar de origen. El segundo, es
la reducción de la población urbana con respecto a la población rural
lo que será una constante para el resto del siglo XIX. Luego veremos
cómo se va imponiendo un tipo de producción artesanal (el tejido del
sombrero de paja toquilla) que no implica la concentración urbana.
También el estudio de esta fase nos ha permitido acercarnos al co~
nocimiento del proceso migratorio hacia la Costa, su lugar de origen
y las causas centrales de su desplazamiento: si bien se refiere a la década del 50, creemos que pueden extenderse -con cuidado- hasta finales del siglo. Lo que se ha percibido es que la población rural, sobre
todo La de las áreas rninifundistas con combinación de agricultura doméstica y artesanía, tiende a migrar hacia las ciudades (o quizás los
pueblos) en un primer momento. Cuando se llega a un punto en que
esta concentración es insostenible por la falta de medios de subsistencia, se origina un proceso donde, mientras una parte de la población
emigra directamente hacia fuera del espacio regional, otra intenta retornar a las áreas rurales o de origen: los que no lo logran migran nuevamente, esta vez fuera de la región. Es decir que parte de los que migran tienen un origen urbano pero con un pasado reciente de origen
rural. Esto permitiría sugerir que, durante el resto del siglo, la migración a laCosta podría haber tenido un comportamiento similar al descrito en este período.
Hasta 1885 continúa el ciclo cascarillero y se va incrementando paulatinamente la producción -para exportación- del sombrero de paja
toquilla. De 1861 a 1885 tenemos un período que podemos definir como continuación de la década del cincuenta. Aqui no encontraremos
cambios bruscos ni reacomodamientos de la población: lentamente vuel-

�146

Siglo XIX

ve a incrementarse su número mientras la economía regional se adecúa
a las nuevas circunstancias. En los últimos afios del período, cuando
la recolección de cascarilla toma un ritmo febril para lograr exportar
antes de que ingresen al mercado mundial las cascarillas provenientes
de las colonias inglesas, vuelve a desaparecer el movimiento migratorio hacia laCosta. Dentro de este nuevo sistema económico regional
emerge un nuevo elemento: la falta de alimentos, debido a las condiciones climáticas desfavorables.
De 1861 a 1871-75 la población se incrementa. En 1871 ha crecido
un 10% con respecto a 1861 y llega a 132 935 habitantes. El coeficiente
de masculinidad de 1871 es de un 82%, reiterándonos la información
de las planillas censales que continúa el proceso migratorio hacia el exterior de la región. La población de la ciudad de Cuenca vuelve a aumentar y llega a 24 052 habitantes en 1875~ con niveles similares a los de
1849 pero sin la desproporción entre población rural y urbaná de 1854.
En la década del 70 se encuentran las primeras referencias a dificultades para obtener los alimentos necesarios (ANH/SA, F.A.L.94
f.14) y en 1875/6 se desata la primera crisis de subsistencia ocasionada
por la pérdida de cosechas (ANH/SA F.A.Ll27, f.26v). Son situaciones que deben haber incidido en la continuación del proceso migratorio y la lenta recuperación de la población, también afectada por las
bajas tasas de natalidad que origina la migración. No se observan cambios con respecto a los criterios de distribución de la población de 1861.
Aumenta la población de la ciudad, a sus alrededores y en zonas de
las estribaciones montafiosas orientales donde se recoge la cascarilla
o viven pequeños campesinos que complementan sus ingresos con la
recolección. La migración a la ciudad debe provenir del resto de las
parroquias rurales ya que éstas, si bien aumentan su población, no lo
hacen al ritmo de la ciudad.
Desde 1861 a 1875 la economía regional se basa principalmente en
la exportación de sombreros y de cascarilla, ninguna de las dos en grandes volúmenes ya que baja la exportación de cascarilla y, en la de sombreros, Cuenca recién comienza a participar. También vuelve a cobrar
importancia el mercado urbano y en general pueden definirse estos afio~
como de una economía diversificada que no logra absorber todos los
crecimientos de la población.
Desde 1875 a 1880 hay un ciclo agrícola muy favorable (ANH/SA,
F.A.L.143, f.14v), que coincide con que entre 1875 y 1885 se da el período con mayores exportaciones de cascarilla (en las que Cuenca aporta
sustancialmente). Nuevamente la población responde a los movimien-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

147

tos de la actividad mercantil: la población total se incrementa en un
12% con respecto a la de 1871, dando la sensación de que no hubo
retomo desde las zonas de emigración. Pero eso sí: la ciudad se despuebla en un 25% con respecto a 1875, y su población masculina se
dirige hacia las parroquias rurales ubicadas en las zonas de recolección
de cascarilla.
En los finales de la crisis de la década del 50 vimos cómo comenzaba a incrementarse la población del cantón Gualaceo y de Paute. Ahora este proceso continúa y tenemos que esa zona es la única que duplica su población con respecto a 1858. En la estimación de población
de 1880 vemos que Cafiar, con sus estribaciones occidentales, también
se ha incorporado a este proceso: su población aumenta un 72% con
respecto a 1861, cuando el total provincial sólo sube un 24% para el
mismo período.
El ciclo de la cascarilla persiste hasta 1885. Esto implica que si el
comportamiento de la población siguió siendo similar, que si mientras
se dio no hubo migración hacia la costa, deben haberse vuelto a incrementar las tasas de natalidad y en consecuencia vuelve a darse el aumento de la población sin que se modifiquen las formas de obtener los recursos alimenticios. En 1882 se dio una crisis de subsistencias que ocasionó una fuerte mortalidad debido a la imposibilidad de obtener alimentos baratos desde otras regiones (ANH/SA,F.A.L.153,f.28).
1880-1893. Hay muy poca información para 1893. Incluso han tenido que unificarse cifras que da T. Wolf con las que la gobernación
remite para lograr una mayor representación en los aparatos políticos.
Aún así se intentará sacar algunas conclusiones.

A pesar de la crisis de subsistencias de 1882 la población total en
1893 se ha incrementado en un 31 OJo respecto a la de 1880. Es un crecimiento muy alto, que impresiona nuevamente como la consecuencia
del período anterior, sin migración hacia fuera de la región: a pesar
de ser de corta duración (1875-85, en que dura este auge cascarillero)
debe haber incidido en las tasas de natalidad, produciendo su aumento.
En los años que van desde 1885 hacia adelante comienza a incrementarse la exportación del sombrero de paja toquilla a nivel nacional. Participa cada vez más la producción de Azogues, Sigsig, Cuenca
Y otras parroquias, a medida que bajan los precios y las calidades de
los sombreros exportados.
La producción artesanal del sombrero de paja toquilla no implica

�148

Siglo XIX

el desplazamiento de los productores hacia las ciudades, se teje dentro
de las unidades domésticas campesinas y se lleva a los pueblos, a Cuenca
o a Azogues en los días de feria, donde son adquiridos por un grupo
de comerciantes que organiza el proceso del "acabado" en el espacio
urbano y luego lo exporta.
Esto implica que mientras se produce una artesanía para el mercado el agricultor puede mantenerse en pequeñas parcelas de subsistencia y producir parte de lo que consume. Con este sistema productivo
vemos que la población de la provincia del Azuay crece al mismo ritmo en las zonas urbanas que en las rurales, pero la de Cañar alcanza
un crecimiento mayor que toda la región (31 O'/o) llegando al 570'/o, que
debe orginarse en.la mayor concentración de tejedores y artesanos en
la zona de Azogues y en la migración hacia los "calientes" de Cañar
con cascarilla.

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Con la crisis de la cascarilla las zonas comprendidas dentro de los
cantones de Gualaceo y Paute sólo crecen un 270'/o, lo que indica que
pierden población con respecto al resto. Si bien las economías familiaresparceleras de esta zona participan en el tejido del sombrero, esta alternativa no logra ser tan exitosa como la del período anterior cuando
combinaba la agricultura con el trabajo de recolección de cascarilla.
Aparentemente, junto al alza general de la población, se vuelve a
dar el proceso de migración hacia laCosta. El coeficiente de masculinidad de la provincia del Azuay, que en 1880 era del 90.690'/o, se reduce
al 83.400/o en 1893. Este coeficiente tendría relación directa con la crisis de subsistencias que se da en 1893/4, similares a las anteriores
(ANH/SA.F.A.L.183, f.69v), y con las presiones sobre los trabajadores para la apertura de un nuevo camino hacia la Costa (el GirónMachala) cuando la región busca salir de la crisis comercial que la abate con la caída de la exportación cascarillera.
En este caso la relación entre crisis de subsistencias y migración
se puede constatar documentalmente: " ... habiendo abandonado sus
hogares muchísimas personas de los pueblos que componen este cantón, a consecuencia del hambre... " (Gualaquiza, 1894, 8 de diciembre. ANH/Q. Com.); " ...continúa migración de gentes a la Costa a
causa de la calamidad del hambre que aflige a toda la provincia... "
(Gualaceo, 1894, octubre 27, ANH/Q. Com.).
De estos años, ante la falta de alimentos y el alto costo de los transportes desde zonas con excedentes agricolas serranas, o por los niveles
de los precios, se debe recurrir a la importación de frijol desde Chile

S. Palomeque: Movimientos de pobladón en Cuenca

149

y otros puntos del Pacífico, introduciéndolo por Guayaquil (ANH/SA
F.A.,L.192, f.145 y 206 r/v).
Varios factores pueden explicar la existencia de las crisis de subsistencias. El origen más lejano está en el alza sostenida de la población,
que se ha venido dando durante el siglo. Pero también inciden el que
parte de la fuerza de trabajo se ha retirado de la producción de alimentos, y a que muchos ocupen tierras sumamente subdivididas2(), que en
general son de pobres rendimientos si no incorporan en abundancia
horas de trabajo humano. También hay que considerar que las tierras
controladas por las haciendas tienden a producir caña y ganados.
Los hombres adultos, los "más calificados" para el trabajo agrícola, son los que han tenido que migrar, trabajar en obras públicas,
en el pequeño comercio, en la minería ocasional o en la recolección
de cascarilla. En la parcela de subsistencia han quedado trabajando
las mujeres, los ancianos y los niños, combinando la producción agrícola con las actividades artesanales.
En estos elementos se encuentra la explicación a la crisis ya que
todos, cuando se redujo la parcela y el tiempo de trabajo, se dedicaron
a cultivar lo más adecuado ecológicarnente: el maíz. Por lo tanto cualquier accidente climático en una región casi monoproductora de maíz
afectaba a todos por igual, sumiendo a la población en el hambre. En
síntesis: en una crisis social de subsistencias.
Sin ninguna duda los migrantes se dirigen hacia la Costa pero no
lo hacen en forma permanente ni hacia todos los lugares donde haya
producción cacaotera. Una parte se dirige a la ciudad de Guayaquil,
donde consta en los censos de la ciudad21 y se observa que muchos artesanos tienen apellidos cuencanos. Pero el contingente más importante fluye hacia la parroquia del Naranjal o a la zona de Balao. Todos
los papeles de particulares que hablan de viajes a la Costa o de parientes, mencionan estos lugares frecuentemente. En 1893, en el informe
de los peritos evaluadores de tierras sobre la parroquia del Naranjal,
puede verse que la mayor parte de la población de esta parroquia es
de origen azuayo o cañarejo, e incluso una de las haciendas cacaoteras
más grandes pertenece a una familia de origen cuencano -Ordóñez
Mata-1 que emplea "150 peones del interior".

�I 50

Siglo XIX

6. SINTESIS Y CONCLUSIONES
Con todos los elementos aportados en este capítulo intentaremos despegarnos un poco de los datos y llegar a conclusiones sobre los movimientos de población, definiendo los períodos y sus puntos de cambio.
l. De 1825 a 1850. Fuerte ascenso de la población originado por
la disminución de la emigración y por un mejoramiento en las condiciones de reproducción de la población. Esta situación debe relacionarse con el crecimiento de la producción agrícola de autosubsistencia, la reducción de relaciones comerciales externa y la consecuente falta
de interés de los sectores económicos dominantes en la extracción del
plustrabajo a los grupos subalternos.

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JI. De 1850 a 1860. Desarrollo pleno y crisis de un modelo de crecimiento ilimitado de la población, con tendencia a la concentración
urbana que culmina con una baja de la población por emigración y
mortalidad luego de varios movimientos intrarregionales. Esto debe explicarse por la brusca modificación de las condiciones de reproducción
de la población. La activación mercantil origina un notable incremento de las cuotas de plustrabajo que se exigen a los grupos subalternos
para dedicarlos a la extracción de cascarilla, la construcción de vías
de comunicación y otras actividades. Al mismo tiempo se dan más libertades que en general, ayudan a la movilización de población.
III. De 1860 a 1875. Lenta recuperación de la población por crecimiento natural mientras se mantiene la emigración y las condiciones
de reproducción de la fase anterior. Aparecen deficiencias estructurales en el sistema de producción de alimentos que continuarán en lo que
resta del siglo.
IV. De 1875 a 1885. Desaparece la emigración y comienza un mayor ascenso de la población, que se retira tanto de las ciudades como
de las actividades agrícolas. Culmina el período con una grave crisis
de subsistencias en 1882/3. Estos movimientos deben relacionarse con
el auge final de la recolección de cascarilla que resta fuerzas a la
agricultura.
V. De 1885 a 1900. Prosigue aumentando la población debido a
la falta de migración del período anterior pero se reinicia el proceso
de migración hacia la Costa y hay más crisis de subsistencias. Esto debe
relacionarse con la crisis comercial que origina el gran debilitamiento
de las exportaciones cascarilleras y la búsqueda de nuevas opciones mercantiles externas, que implican nuevos esfuerzos y coacciones destinadas a construir un camino a Machala.

S. Palomeque: Movimientos de pobladón en Cuenca

151

Si tomamos en conjunto todo estos períodos podemos observar la
existencia de dos situaciones diversas de formas de reproducción de la
población.
La primera, que va de 1825 a 1850, se da en un período de retracción de las relaciones mercantiles extrarregionales y durante este lapso
encontramos las mejores condiciones de reproducción de la población,
señalado por su notable crecimiento.
En la segunda mitad del siglo encontramos una situación marcadamente distinta. Allí, junto al incremento de las relaciones mercantiles y de las cuotas de plustrabajo exigidas a la población, aparece la
ruptura del sistema de reproducción anterior con sus consecuentes secuelas de migración y con dificultades, incluso, para la obtención de
los alimentos necesarios dentro de la región.
Ambas situaciones, planteadas en términos muy simples, nos remiten a la conclusión lógica de que cuando la región invierte tiempos
de trabajo en la producción para exportación reduce los tiempos de
trabajo destinados a la producción de alimentos. Esto debilita el sistema de reproducción, sobre todo porque se da junto a condicionantes
estructurales: la región se encuentra imposibilitada de importar alimentos por los altos costos de transporte que implica su localización en
zonas montañosas y con malos caminos, y no hay modificaciones en
la tecnología ni en las formas de cooperación en la producción agricolaganadera. El dinero que ingresa por exportaciones será destinado al
pago de importaciones no alimenticias, mientras no se modifican las
bases sobre las que se asienta la producción de alimentos ni la reproducción en general de la sociedad: la economía de exportación se desarrolla sólo aumentando las cuotas de plustrabajo a las economías campesinas preexistentes.
Estas economías campesinas constituyen el punto original de todos los movimientos de población y el abandono de sus lugares de origen debe relacionarse con la búsqueda de recursos monetarios que, por
una u otra causa, no puede obtener en su lugar de origen.
Dentro de la primera etapa ya comienzan a observarse las dificultades de los sectores campesinos con mayor grado de rninifundización
y también de los grupos indígenas, en especial, sometidos a la obligación de pagar el tributo en metálico, en una economía con difícil acceso al dinero. Son los grupos que tempranamente comienzan a migrar
a Loja o Quayaquil.

�152

En la segunda fase, que comienza en 1850, cuando se dificultan
las condiciones generales de reproducción de la población pero se incrementan las relaciones mercantiles, podemos ver que los movimientos de población se corresponden con el desarrollo de este tipo de relaciones. Cuando aumenta la recolección de cascarilla en Gualaceo o Cañar, aumenta la población; cuando la crisis, tiende a bajar; y el aumento
de población en Azogues también se da cuando hay aumento de la producción de sombreros. Esto significa que la población es atraída por
los centros productivos donde mayor desarrollo tienen las relaciones
mercantiles. Claro está que los migrantes primero buscan trasladarse
dentro de la propia región y, en última instancia, cuando se agotan las
posibilidades dentro d~ ella, se trasladan a la región de la Costa,
principalmente.
La migración a la Costa se da por períodos. Estos están definidos
por el agotamiento de las condiciones de reproducción dentro de la región más que por la atracción de los ingresos que la economía cacaoetera pueda brindar. De no ser así la migración debería haber continuado entre 1875 y 1885, pero no fue así.

..

...,

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

Si bien sólo hemos podido conocer dos casos de estructuras agrarias con economías campesinas -Molleturo y San Cristóbal-, inferimos que la migración desde las economías campesinas se corresponde
con los períodos generales de migración regional, aunque sus comportamientos son diversos.
En economías campesinas como la de San Cristóbal, con gran minifundización de la tierra y presencia de unidades familiares independientes, la migración será más intensa, de ambos sexos y sin retomo.

153

que es la ciudad de Cuenca. Ella será el último punto donde los migrantes probarán suerte antes de emprender el camino hacia la Costa,
o donde permanecerán en calidad de "vagos y malentretenidos", quizá luego de haber migrado dentro de las parroquias rurales de la región hasta que se vean obligados a migrar.
En el transfondo de todos estos movimientos existe un espacio geográfico bien delimitado por nudos montañosos al norte y al sur, por
agudas variaciones climáticas al este y al oeste. Condiciones geográficas que si bien implican encierro, en la vivencia cotidiana e histórica
se han convertido en espacio conocido y propio.

NOTAS
l. Este estudio es parte de una invesúgación más amplia que trata sobre las transformaciones económicas y sociales que se dan en la región de Cuenca durante el siglo
XIX los periodos económicos regionales, los movimientos de la población, la forma de distribución de la tierra y las formas de dominación y resistencia (Palomeque, 1987).

2. Esta región está situada en la parte sur de la sierra ecuatoriana, su zona más poblada son valles interandinos de una altura media de 2 500 metros, con tierras muy
fértiles. Hacia el oriente y occidente se encuentra rodeada de altas montañas, con
estribaciones tropicales que la comunican con la selva amazónica al este y la región
de la costa al oeste.
3. Corteza del árbol de la quina que se usaba como medicamento.

En otras, como Molleturo, donde todavía persisten las formas de
organización indígena, también hay migración pero masculina y con
retorno: esta será en beneficio de su reproducción.

4. Una información más completa puede encontrarse en Palomeque, 1987.

Los ciclos migratorios afectan en general a todas las economías
campesinas, con modalidades diversas de acuerdo a las estructuras internas de cada una. No habría una relación entre la migración y la localización geográfica, ya que San Cristóbal está al oriente y Molleturo
al occidente de la región.

6. Sólo ocasionalmente se han corregido algunos datos y, sobre todo, se ha modificado la forma de agruparlos.

Del conjunto de elementos estudiados podemos percibir una visión
donde la región aparece como el espacio propio de reproducción de
varios grupos sociales, donde las dinámicas económicas afectan al conjunto y también donde todos se mueven alrededor de un eje principal

s.

Si bien la mayor parte de la población campesina es indígena y mestiza, también
se encuentran blancos pobres.

7. Las fuentes en las que se basa el trabajo estadístico, tomadas del Archivo Nacional
de Historia, Sección Azuay (ANH/SA) y del Archivo Nacional de Historia de Quito (ANH/Q), son: Estimaciones de 1825, 1826 y 1827. ANH/SA, S. Expedientes,
E.87 f.1, E.88 f.l, E. 90 f.l y E. 1125 f.28,35,54,13 y 21.
"Razón... número de las Parroquias sus ayudas y anejos comprendidos a la Provincia de Cuenca... 30 de octubre de 1835"; ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca; 1836, sept. 23.
"Censo de la población de la Provincia de Cuenca, Cuenca, julio 3 de 1849''.
ANH/SA, Exp. 1138.
"Censo de la población de la Provincia de Cuenca, Cuenca, agosto I de 1854"

�154

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca, 1854.
"Censo de Ja población de la provincia de Cuenca, Cuenca, 1856" ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca, 1856.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca, Cuenca, 1857". ANH/Q, Coro.
de la provincia de Cuenca, 1857.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca, Cuenca 1858". ANH/Q, Coro.
de la provincia de Cuenca, 1858.
"Censo de la población del Cantón Gualaquiz.a, agosto 4 de 1861 ".
"Censo de la población del Cantón Paute, agosto 5 de 1861".
"Censo de la población del Cantón de Azogues, abril 11 de 1861 ".
"Censo de la población del Cantón Cuenca, 1861".
"Censo de la población del Cantón Gualaceo, 1861". ANH/Q. Coro. de la provincia de Cuenca, 1861.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca 1875", ANH/SA, 1875.
"Censo de la población del Cantón de Cuenca en 1880", ANH/SA, Exp/1168,
1880, mayo 28, f.3.
"Resumen del censo de la población de la provincia del Azuay. Cuenca, junio de
1880" ANH/Q. Coro. de la provincia de Cuenca, 1880.
"Registro de la población de la provincia del Azuay en 1893, Cuenca, noviembre
27 de 1894", ANH/Q, Com. de la provincia de Cuenca, 1894.

155

las tendencias generales que son las que aparecen como más valederas. En las bruscas oscilaciones de la población en la década del cincuenta, debió incidir cierto grado de error en las estimaciones.
18. Estos "saltos" tan fuertes, sobre todo en la ciudad, pueden tener relación con la
redefinición de las parroquias urbanas. Pero estimamos que -aún así- estos movimientos tienden a reflejar la realidad.
19. Insistimos en recordar que esta cifra puede estar exagerada por existir en 1854/ 5
una reestructuración parroquial.
20. Ver Palomeque, 1987, cap. III.
21. El censo de población de la ciudad de Guayaquil en 1899 suma un total de 60 483
habitantes, distribuidos entre 27 767 hombres y 32 716 mujeres. También entrega
el lugar de nacimiento de la gente extraña a la costa: así vemos que originarios de
Quito son 2 828, de Ambato 1 342, de Riobamba 1 318, de Cuenca 1 768 y de Azogues 226 (En: Informe de la Policía Nacional, 1890-1911, G. 352, Biblioteca
Rolando).

8. Es el caso de totales y subtotales con errores de suma o copia.
9. Corresponde a las parroquias de San Roque, Baños, Sidcay, Valle y Cumbe.
10. Azogues es otro centro urbano secundario.
11. Corresponde a las parroquias de Paccha, Quingeo, Deleg, Biblián, Jadán y
Chuquipata.

BIBLIOGRAFIA

12. Corresponde a las parroquias de Sigsig, Ludo, San Juan, San Bartolomé, Gualaceo y Chordeleg.

Brownrigg, L.A.
1978 "Areas y mecanismos de control de la élite regional". En: Revista
de Estudios Andinos, n. 14, Lima

13. Corresponde a las parroquias de Girón, Cañaribamba, Pucará, Juncal, Gualleturo, Suscal y a las que se le ha agregado Molleturo sólo por su localización cercana.

Chiriboga,Manuel

14. Corresponde a las parroquias de Guachapala, Paute, Taday, Navón, Oña, Gualaquiz.a y Rosario.

1980 Jornaleros y gran propietarios en 135 años de exportación cacaotera
(1790-1925). Ed. CIESE y Consejo Provincial. Quito.

15. En las planillas consta el nombre, apellido, sexo, edad, ocupación y si sabe o no
leer. Se ha realizado una sola corrección en los datos presentados en las planillas
censales. Se debió a que en los tramos de edad superiores (de 30 años en adelante)
la información tendía a "redondearse" alrededor de la década. Por esa causa se
ha trabajado la distribución de las edades con intervalos de 10 años a partir de los
30 años de edad.

Deler, Jean Paul
1983 "Estructuración y consolidación del área central (1830-1942)". En:
El Manejo del espacio en el Ecuador, Tomo I. Instituto Geográfico
Militar. Quito.

16. En este análisis existen varios supuestos en cuanto al comportamiento de la natalidad, mortalidad y edad de migración. Estimamos que aún en el caso de variación
de estos supuestos, las pirámides permiten observar señales inequívocas de las
migraciones.
17. Debe insistirse en el hecho de que en las estimaciones de población se rescatarán

Espinosa, Leonardo y Achig, Lucas
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157

Molleturo
Oficio
Hilado
Agricult.
Sombrer.
Costura
Músico
Zapatero
Herrero
Curtidor
Carpintero
Alfarero
Platero
Sastre
Panadero
Gatera
Pulpera
Chichera
Sillero
Chocolat.
Otros
Total

H

M

-

-

138

182

-

-

.-

-

-

-

-

S.Cristóbal S.Sebastün 3 parroquias
M

H

M

H

M

- 377
249
-

-

7
8
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-

384
190

H

46

6
3

5

1

-

-

-

22
20

-

-

-

-

4

-

138

182

313

420

-

-

-

-

14
4

-

3
8

5

48

-

3
-

401
50

-

9
11

10

23

68

-

3

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Total

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384
591
83
68
9

14
10

-

13

14
1

7
4
3

14
1

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3

1

15
13

1

15
15
10

16

13
12
6
4
3

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-

12

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13

12
21
5
13

-

10
8

2
1
8

7
13

12

7
13

25

83

145

534

747

1281

2
1

8

-

10
8
2
8

Fuente: ANH/ Q. S. Empadronamientos caja l (elaboración de la autora).
Observaciones: en la fuente se considera "ocupados" a los mayores de 14 años
en la mayor parte de los casos. También hay adultos sin ocupación, de sexo
femenino

�158

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

CUADRO2

CUADRO4

DISTRIBUCION POR EDADES DE LOS HABITANTES DE LAS
PARROQUIAS DE CUENCA (1871) Y LOS DEL CERRO DE PASCO (1876)

ESTADO CIVIL DE LOS HABITANTES ADULTOS DE
TRES PARROQUIAS DE CUENCA (1871)

Estado
San
Cristóbal

Molleturo

Edad

46.4
8.8

Paseo
44.6
51.3
4.1

45.8
44.5
9.6

44.0
45.9
10.1
100.0

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S. Sebastián

S. Cristóbal

Molleturo
M
98
13
52 84

204 213

H
67

13 57
112 154

16 100

H M
357 371
13 70
180 338

329 424

83 160

550 779

H

H
86

o

138 195

3 parroquias

M

M
60

o o

100.0

100.0

Observaciones: en la fuente se considera "niño/ a" a la población menor de
14 años. De allí en adelante se la califica de "soltera", etc., en la mayor parte
de los casos de "adultos"

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Casados
Viudos
Solteros
Total

100.0

100.0

Total

San
3
Sebastün parroquias

47.0
43.2
9.8

44.8

0-19
19-59
60 +

Cerro

159

CUADRO3
CALCULOS RELATIVOS

CUADROS

Molleturo

S.Cristóbal

S.Sebastián

3 parroquias
CALCULOS RELATIVOS

Edad

H M Total

H M Total

H M Total

H M Total

52

0-19 48
19-59 40 60
60 + 36 64

100 49
100 44
100 42

51
56
58

100 60 40
100 40 60
100 20 80

100 51 49
100 42 58
100 36 54

100
100
100

57

100 46

54

100 47

53

100 45

55

100

0-19 50 41
20-59 43 49
7 10
60 +

45 50 45
46 42 45
9
9 10

47 57
43 39
10 4

33
52
15

44 51
46 41
10
8

42
47
11

46

Total 100 100

100 100 100

100 100 100

100

Total 43

44
10

S. Sebastián

Molleturo

Casados
Viudos
Solteros

H M Total H M Total H M Total
47 53 100 49 51 100 53 47 100
o
O 100 100 19 81 100 o
38 62 100 42 58 100 14 86 100

Casados
Viudos
Solteros

T otal
100 100 100

S.Cristóbal

Estado

o

62

o

38

50
7
43

100 100

55 62 50

56 81 38

4
41

9
35

4
34

14
36

100 100 100

o o

19 62

100 100 100

3 parroquias
H MTnt&lt;&gt;I
49 51 100
16 84 100
35 65 100

52

65 48

55

48

2
33

9
43

6
39

100 100 100

100

o

�160

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

CUADR06
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oCIO

COEFICIENTE DE MASCULINIDAD DE TRES
PARROQUIAS DE CUENCA (1871)

o

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CIO

Edad

...

Total

76.l

50-59

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60-69
70-79
80-+

105.2
72.4
69.2
43.1
87.5
118.1
27.2
71.4
72.7

15-19
20-24
25-29
30-39
40-49

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Mol~
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San
Cristóbal
69.5
67.3
77.7
84.4
68.0
97.8
71.8
48.3
300.0

3

San
Sebastián parroquias
78.5
88.8
44.4
48.4
77.4
83.3
60.0
18.7
16.6

78.2
72.9
69.3
63.9
75.2
98.5
60.4
42.5
73.0

87.5

83.4

Añode
migración

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Observaciones: el coeficiente de masculinidad es la cantidad de hombres cada
100 mujeres. El año de migración es tentativo. Se ha estimado en base a la
suposición de que la edad de migración oscila alrededor de los 20 años para
los hombres.

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1867-71
1862-66
1852-61
1842-51
1832-41
1822-31
1812-21
1802-11

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297
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Observaciones: se considera que la ciudad de Cuenca la conforman las parroquias de Sagrario, San Sebastián y San Bias. A San Roque
se la considera rural. En Caflar se consideran urbanas a las parroquias de Azogues y Caflar pero en 1892 la estimación de Wolf se
refiere a los pueblos, que incluyen normalmente parte de áreas rurales.

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§

�164

Siglo XIX

S. Palomeque: Movimientos de poblaci6n en Cuenca

165

CUADR09
INDICE DE MASCULINIDAD DE LA POBLACION URBANA Y RURAL
DE AZUAY Y CAÑAR (1778-1893)

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104.52 81.08 86.06 97.63 85.02
67.03 80.01 94.26 82.83 91.90
94.78 77.98 88.55

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DISTRIBUCION POR EDAD Y SEXO DE LOS HABITANTES DE LA PARROQUIA DE SAN SEBASTIAN (1871)
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GRAFICO 11

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�CAMBIOS Y PERMANENCIAS.

El Mundo del Trabajo en una Parroquia
de Puebla a Través de los Libros Matrimoniales
(1640-1910)

José Luis Aranda Romero
Miguel Angel Cuenya **

*

La intención del presente artículo es describir el mundo del trabajo de
la parroquia del Santo Angel Custodio (Analco), la cual formó parte
de la ciudad de Puebla en el período comprendido entre 1640 y 1910.

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Si bien la parroquia a estudiar no puede considerarse representativa de toda la ciudad de Puebla, debido a ciertas peculiaridades, nos
permite en cambio analizar con mayor profundidad la inserción en el
mundo laboral de la población indígena. Por otro lado, para dos investigadores resultaría sumamente arduo abarcar las cinco parroquias
y el Sagrario Metropolitano en que se encontraba dividida la ciudad' : sus dimensiones y la populosa comunidad que residía en ella
implicaría una labor de años.
La parroquia del Santo Angel Custodio comprende una amplia zona del oriente y sureste de la ciudad, separada de ésta por dos ríos.
Su jurisdicción abarca toda la margen izquierda del río Xonaca, hasta
su desembocadura en el río San Francisco, y de allí, toda su margen
izquierda hasta que sale de ciudad y desemboca en el río Atoyac. Su
límite oriental es el río Alseseca. Pertenecen a su jurisdicción los barrios de Analco, La Luz y Nuestra Señora de los Remedios, los Molinos del Santo Cristo, Santa Bárbara y de Guadalupe, los Ranchos de
Carreto y San Bartolomé y el pueblo de San Baltazar2 .

• Centro de Investigaciones Históricas y Sociales, Universidad Autónoma de Puebla
•• Colegio de Historia, Universidad Autónoma de Puebla

�178

Siglo XIX

El origen de la parroquia data de 1618, fecha en que los religiosos
franciscanos erigieron una ermita en la zona de Huilocaltitlán ("lugar
de las palomas"), en virtud de que en dicho lugar existía una populosa
comunidad que se encontraba territorialmente alejada de los templos.
En 1627, debido al continuo crecimiento ooblacional que presentaba
la zona, el obispo Don Bernardo Gutiérrez Quirós determinó la creación de la parroquia del Santo Angel Custodio, encargando a los frailes franciscanos la administración de los sacramentos. En 1640, al secularizarse todas las parroquias del obispado de Puebla, se establece
el primer párroco secular y se la separa de la jurisdicción de la orden
franciscana, al mismo tiempo que se crean dos visitas de curato: una
en el barrio de los Remedios y otra en el pueblo de San Baltazar, distante un cuarto de legua3 :
En 1812 a causa de los estragos producidos por la epidemia de fiebres, la parroquia de la Santa Cruz se incorporó a la jurisdicción del
Santo Angel Custodio, quedando Santa Cruz como ayuda de Analco
(situación que se mantiene hasta 1913 cuando se vuelve a erigir la parroquia de la Santa Cruz).
En 1812 la jurisdicción de la parroquia del Santo Angel Custodio
se vio incrementada notoriamente: abarca toda la margen izquierda del
río Sao Francisco, el pueblo de San Baltazar, las haciendas del _Gallinero, la Calera, San Diego de los Alamos, Sao Bartolo y el Santo Cristo, las ladrilleras de Azcarate y de Benitez, los barrios de los Remedios, La Luz, El Alto, San Juan del Río, Xonaca y los ranchos de la
Rosa y Virgen de Guadalupe4 •
La ciudad de Puebla desde sus orígenes (1531) adquirió grao importancia económica, cultural y religiosa, llegando rápidamente a convertirse en la segunda del virreinato. Cronistas e historiadores poblanos señalan -con gran claridad- el importante papel desempeñado
por la Puebla de los Angeles durante el período colonial s , situación
que es confirmada por viajeros y religiosos que visitaron la ciudad durante los siglos XVII y XVIII6 •
La historiografía contemporánea centró su atención en el carácter
peculiar y único de su fundación. El experimento llevado adelante por
el obispo Garcés y el oidor Salmerón en 1531, le otorgaron otro rasgo
peculiar: el de ciudad de españoles no encomenderos, proyectada desde su misma fundación como ciudad e intentando nuclear en su seno
a todos aquellos españoles pobres que quisieran trabajar la tierra como lo hacían en España7 • De esta manera la planificación urbana de
la Puebla de los Angeles fue elaborada a conciencia y el reparto de so-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

179

lares se realizó con moderación dentro y fuera de la traza urbana, la
que se extendió alrededor de una amplia zona central.
La necesidad de contar con mano ~e obra indígena que participara en la construcción de la ciudad, motivó un acuerdo entre el oidor
Salmerón y caciques Tlaxcaltecas, Cholultecas, Calpantecas y Huejotzincas, por medio del cual "cada vecino pudo disponer de treinta indígenas para levantar sus casas, en un plazo de noventa dias, y otros veinte
prepararon sus campos de cultivo (en el Valle de Atlixco), sin especificar el tiempo en que tal faena habría de concluir ... " 8 • Repartimiento
temporal que fue convirtiéndose en permanente con el paso del tiempo, aunque el ñúmero de trabajadores indígenas fue disminuyendo.

La necesidad de contar con mano de obra indígena libre y permanente determinó que el ayuntamiento de Puebla dispusiera en 1550 el
otorgamiento de "algún sitio o solar para hacer sus casas", y que éstos "estén apartados y divididos de la traza de los españoles"9, dando origen -de esta manera- a los barrios indígenas, que rodearán
la traza por el norte, este y oeste, quedando solamente libre la zona
sur (que unía a la ciudad con las tierras comunales del ayuntamiento
poblano).
Los primeros asentamientos indígenas comenzaron a poblarse con
tlaxcaltecas y cholultecas, a orillas del río San Francisco, alrededor del
convento de los frailes franciscanos, asentamiento denominado Tlaxcaitecapan; al norte de la traza se formarán los arrabales de Xanenetla
y Xonacatepec; al poniente Cholultecapan y Huejotzicapan, los que
formarán el barrio de Santiago; en torno a la iglesia de San Sebastián
se formó el barrio de San Pablo de los Naturales y al noroeste el barrio
de Texcoco. A orillas de Tlaxcaltecapan surgirán los barrios del San
Juan del Río, del Alto y de Tecpan.
Al sur y sureste de la traza y separado de ella por el río Sao Francisco se fue formando la parcialidad de los tlaxcaltecas en un perímetro que formó el barrio de Analco ("al otro lado del río"), el que se
constituyó po11Tepetlapan (barrio de los Remedios), el arrabal de Huilocaltitlán ("lugar de los palomares"), que se convertirá en el más importante, el arrabal de Xochitlán ("lugar de las flores") y, al sur del
mismo, el arrabal de Yancuitlapan ("en la tierra nueva").
Durante los siglos XVI y XVII, diversas disposiciones del Ayuntamiento poblano, así como también virreinales, determinaban que los
indígenas se establecieran fuera de la traza al mismo tiempo que disponían que mestizos, negros y mulatos no habitaran en los barrios indígenas; disposiciones que se cumplieron estrictamente en lo referente

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Siglo XIX

al asentamiento de los indígenas, pero las restantes ordenanzas cayeron en letra muerta. Numerosos mestizos levantaron sus viviendas en
barrios indígenas, dando comienzo a importantes asentamientos de población mestizada en algunos barrios como San Sebastián, El Alto y
Analco, lo que producirá constantes quejas de los funcionarios
indígenas 10 •

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El recorrido de los ríos Xonaca y San Francisco separaba del centro de la ciudad una amplia zona, que en época de lluvias la incomunicaba por varios días. La construcción de puentes que dieran fluidez
al tránsito se tomó una de las mayores preocupaciones del Ayuntamiento, por cuanto a través de ellos se comunicaba con el camino a
Veracruz, la Mixteca y toda la zona sur de Puebla. Así también, porque en sus márgenes se instalaron varios molinos, curtiembres y diversos talleres artesanales. Por estas razones, muy pocos afios después de
su fundación (1555), se construyó el primer puente sobre el río San Francisco, "que unía al barrio del Alto con el centro de la población" 11 •
El segundo puente conocido como el de las "Bubas", data también
de 1555. Debido a la precariedad de su construcción, fue destruido varias veces por las aguas del río.
Hasta finales del siglo XVII (1699) el Alto y Analco se comunicaban con el centro de la ciudad por estos dos puentes. La actividad artesanal y mercantil de Analco, así como el creciente número de sus habitantes, determinó que se reestructurara el paso peatonal existente que
comunicaba la parroquia del Santo Angel Custodio con el centro "para mejorar las comunicaciones con Analco y que la obra se ejecutase·
a costa de los propios de la ciudad, con la mayor solidez posible para
que durase muchos años' 2".
Durante gran parte del siglo XVIII el puente del Santo Angel Custodio de Analco. como fue conocido, estuvo en ruinas, habiendo sido reparado varias veces pero con escasos resultados. En 1775, debido a la
imposibilidad de repararlo se construyó, dos cuadras al sur, el puente
de Ovando, que accede directamente a la plaza del barrio. Será recién
en 1795 cuando a instancias del Síndico Personero del Común se proceda a reparar el puente de Analco, el que quedará concluido y reforzado en 1808.
Durante gran parte del período colonial la parroquia se encontró
mal comunicada con el centro de la ciudad, situación que se agravaba
en época de lluvias debido al gran aumento del caudal que corría por
el cauce del río San Francisco (que en repetidas oportunidades desbordó). No obstante esta situación, la parroquia se fue consolidando, asu-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

181

miendo características propias de un barrio indígena y mestizo, mercantil y artesanal.
Nuestra jurisdicción presentó durante el período colonial un comportamiento demográfico fluctuante en el que se interrelacionaron la
crisis económica que afectó a la ciudad de Puebla desde el último cuarto del siglo XVII y la mortalidad epidémica. La crisis económica afectó a importantes sectores sociales, especialmente a grupos marginales,
creando condiciones favorables para que las distintas enfermedades (epidemias, pandemias y endemias) azotaran con fuerza inusitada ocasionando una mortalidad diferencial entre las clases sociales y por grupo
étnico. Crisis económica y mortalidad que se conjugaron cotidianamente agudizando aún más la situación y generando un proceso
emigratorio13 • Lamentablemente, para el siglo XIX no hay estudios
sobre el comportamiento demográfico de la ciudad o de la parroquia,
pero a partir de la escasa información con que se cuenta 14 podemos
inferir que a lo largo del XIX el comportamiento demográfico fue similar al registrado en el período colonial.
Durante la colonia, la parroquia de Analco presentó un crecimiento
demográfico vigoroso hasta comienzos del siglo XVIII (1705), durante
el cual se verá afectada por importantes picos de mortalidad epidémica. Empero, el mantenimiento de una elevada fecundidad permitió mantener un crecimiento elevado .
En el primer cuarto del siglo XVIII (1706-1723), se pierde el vigor
del XVII, viéndose sacudida la población por la mortalidad epidémica
de 1708/ 1710, recuperándose entre 1724 y 1736, volviendo a alcanzar
durante estos 13 años los niveles de finales del siglo XVII. La crisis
de sobremortalidad de 1737 (matlazabuatl) ocasiona una fuerte y profunda depresión demográfica que abarca 36 años, en el que varias epidemias (1747/ 1748, 1761/ 1762 y 1768) frenarán toda posibilidad de recuperación demográfica. A partir de 1773 se acelera el ritmo de crecimiento, aun~ue las epidemias de 1779 y 1784 moderarán las
recuperación1 •
La guerra de independencia habría afectado de manera bastante
notable a la ciudad ocasionando importantes pérdidas pero, como señala Keith Davies, "es difícil saber con exactitud el monto de las pérdidas humanas" 16 • Al mismo tiempo, la mortífera epidemia de fiebres
pútridas de 1813 causaba 7 603 defunciones 17 ocasionando la fusión de
las parroquias de Santa Cruz en Analco y la de San Sebastián con la
de San Marcos debido a la poca feligresía que había quedado en sus
jurisdicciones.

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Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

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Entre 1823 Y 1827 se sucedieron casi ininterrumpidamente diversos brotes epidémicos que causaron la muerte de 10 046 personas situ~ción que se verá agravada en 1833 y 1850 con las mortíferas epidemtas de cólera morbus que ocasionaron la muerte de varios millares
de habitantes de la ciudad, especialmente los de menores recursos.

nas de las variables de su contenido: sólo se citan los nombres de los
contrayentes, la fecha de la ceremonia, la edad y estado civil. La mención del lugar de origen, tiempo de residencia o la ocupación del contrayente no aparecen.

LAS FUENTES

Sobre las omisiones en el contenido de las actas, Louis Henry nos
dice que éstas pueden ser de tres tipos: a) fortuitas; b) selectivas;- c)
sistemáticas.

Nuestro trabajo se basó en el análisis de los libros matrimoniales del
~chivo parroqui_al del S~to Angel Custodio, que por su carácter y
nqueza nos permtten aproXllllarnos al conocimiento del mundo del trabajo para el largo período que va de 1640 a 1910.
La parroquia del Santo Angel Custodio data de 1627 y su archivo
se encuentra muy bien conservado, estando los libros divididos en tres
grandes ~pos: libro~ de bautismos, libros de matrimonios y libros
~e defurtc1ones. No_ extste un ordenamiento numeral, lo que imposibilita s~ber con e~act1~ud los libros faltantes; no obstante, es posible determtnar la sene extstente guiándose por las fechas de las partidas al
comenzar y finalizar cada volumen.
La serie completa (1632-1910) consta de 50 libros, de los cuales corresponden 28 _al P:río_d~ colonial. El primero, muy incompleto
(1632-~670), re~stra mdistmtamente a indigenas, españoles y "gentes
de razon"; 1~ libros registran los matrimonios indígenas y once a esp~oles, mestizos y castas. Los libros matrimoniales correspondientes
al s1~o_XIX (!800-1910), son 22. A partir de 1810 desaparece la diferenc1ac1ón étmca de los contrayentes, agrupándose en un mismo libro
a españoles, mestizos, indígenas y castas.
. El. primer libro de matrimonios que se conserva comienza el 28
de Jumo ~e 1632. En _167_1 da comienzo a los registros separados, correspondiendo uno a md1genas y otro a españoles, mestizos y castas.
Entre 1743 y 1753 se abre un nuevo libro en la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, el que termina al comenzar el año 1754 volviendo
a asen~se los casamientos realizados en dicha iglesia, 'en la sede
parroqwal.
Existen al~as lagunas que es necesario mencionar. La primera
a~arca un peno~o d~_cuatro años (1634-1639), originada quizás en la
mtsma des~rganizac1on de los registros. Entre 1670 y 1710, los libros
correspondientes a españ.oles, mestizos y castas se han extraviado. La~as menores se encuentran en los años 1711, .1712 y 1718 en los registros matrimoniales de españoles. Entre 1876 y 1878 se omiten algu-

Las primeras proceden de imponderables (la enfermedad del párroco por ejemplo), o de los olvidos ... pero son menos frecuentes en
las actas matrimoniales a causa de su importancia. "La omisión selectiva ocurre cuando los padres creen inútil declarar un nacimiento, y
las omisiones sistemáticas afectan sobre todo a los decesos
infantiles" 18 • Es posible que las omisiones de 1711, 1712, 1718 y
1876/78 radique en la primera de las tres causas arriba mencionadas.
El contenido de las actas casi no varía en el curso del lapso estudiado, pero no siempre se asienta toda la información. Para los siglos
XVII y XVIII, una de las variables que se omiten con mayor frecuencia es la información sobre la o&lt;;upación del contrayente, pero nunca
se omiten nombre, estado civil o lugar de origen.
La estructura típica de un acta matrimonial es la siguiente:
• Nombre de la parroquia o templo donde se celebra la ceremonia.
• Datos del oficiante: nombre y cargo.
• Datos de los contrayentes: - nombre del contrayente
- estado civil (soltero, viudo)
- grupo étnico (para los siglos XVII y
XVIll solamente)
- ocupación
- edad (para los siglos XVII y XVIII
se omite esta variable)
- lugar de origen
- lugar de residencia
- nombre de los padres (si es soltero)
- nombre de la contrayente
- estado civil (soltera, viuda)
- grupo étnico (para los siglos XVII
y XVIII solamente)
- nombre de los padres (si es soltera)

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Siglo XIX

• Datos de los testigos:

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

- lugar de origen
- lugar de residencia

a) 1830-1860; b) 1870-1910._ D_e esta manera hem~s podido observar
el comportamiento de los distintos rubros ocupactonales.

- nombres
- grupo étnico (para los siglos XVII y
XVIII solamente)
- lugar de origen

Tratando de ser lo más claro posibles, r ~ o s el análisis del
mundo del trabajo tomando como base los pnnctpale_s ~bros, presentando en primer lugar un panorama general por ~&lt;:11vtda~ para todo
el período (1640-1910) y, posteriormente, un análisis particular, para
retornar al general en las consideraciones finales. La b~e~edad del p~esente trabajo nos impide incorporar dentro de &lt;:'lda act1vtdad a los distintos oficios lo que hubiera enriquecido considerablemente el panorama. No ob;tante, hemos incluido un apén~ce al final. en e! que d&lt;:5glosamos todos los oficios registrados en los libros matnmoruales, distribuido por rubros.

LA ESTRUCTURA OCUPACIONAL DE ANALCO
Nuestro interés se centra básicamente en la medición cuantitativa de
la presencia de los cónyuges en el "mundo del trabajo" de la parroquia de Aoalco. Es decir: abarca la población masculina cuyas edades
oscilan entre los 18 y 26 años. Si bien no cubre a la totalidad ~e lapoblación activa que vive y trabaja en la jurisdicción, permite acercarnos
al conocimiento de la estructura ocupacional existente, captando la realidad laboral colonial y decimonónica, observando los cambios y las
permanencias registradas.
Para este fin hemos tomado, en principio, la estructura de las ocupaciones que a través de diferentes trabajos ha sido diseñada por Carlos Contreras y Juan Carlos Grosso y ha servido de base para distribuir 19a la población ocupada en la ciudad de Puebla a lo largo del siglo
XIX • Por otra parte, la apropiación de dicha estructura proviene del
hecho de que después de conocer el inventario de las ocupaciones de
la parroquia, éste se adaptó a la disposición que ya habían tomado en
los trabajos de los investigadores arriba mencionados. No es una aplicación forzada aunque sí, de alguna manera, arbitraria; muy pocos oficios, una vez realizada la agrupación, quedaron sin solución.

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Cabe mencionar también que debido a la amplitud del período
a analizar, nos vimos obligados a utilizar para el período colonial un
muestreo, seleccionando tres años por década (años O, 1 y 2), obteniéndose de esta manera una muestra más que significativa (30% de los
matrimonios realizados), criterio que utilizó Juan Carlos Grosso cuando
analizó el "origen
y composición de la fuerza de trabajo fabril" para
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el siglo XIX • Empero, debido a la importancia del período porfirista, creímos conveniente contar con toda la información (año por año)
registrada en los libros matrimoniales.
Finalmente queremos señalar que para analizar la información y
poder observar los cambios y las permanencias en la larga duración,
hemos agrupado los datos de la siguiente manera para el período colonial: a) 1640-1699; b) 1700-1749; c) 1750-1802; y para el siglo XIX:

La estructura ocupacional de la parroquia estuvo de~ermin_ada durante todo el período por seis actividades laboral~ (textiles, ~entos
y bebidas, agricultura, curtido y pieles, construcción y comercio~, las
que nuclearán entre el 67% y el 71 % del total de co°:trayentes registrados (véase cuadro X). De las restantes ramas ocupactooales, cabe mencionar a cerámica y vidrio, metales, transportes, madera Y muebles,
confección e indumentaria y producción de artículos para el cons~m?
doméstico, que mantienen una presencia permanente pero se veo dilwdas frente a los seis principales rubros.
¿Cómo explicarnos esta estructura ?Cup~cion:n: Consideramos ~ue
esta concentración laboral no es gratwta, smo t_1p1ca ?e todas las ciudades coloniales novohispanas. El car~cter semimargmal de l? parroquia inserta en una ciudad de españoles, nucleará aquellas act1V1dades
propias de una población pauperizada, así como también aquellas que
por sus características y su ubicación harán concentr:11"se en las cercanías a los trabajadores del ramo. La grao cooc~otrac1ón_de panader_o s
en la jurisdicción no implicaba que las panadenas _d e la ciudad es!uv1eran ubicadas en gran número dentro de la parroqma, como ~~a con
los molinos, sino por el hecho -creemos- de que es~a ac~tvtd~d _e ra
un trabajo insalubre y de muy bajo estatus social. S1tuac1óo similar
encontramos en el ramo curtido y pieles ªU?que, en este ~º• en su
mayor parte las curtiembres se encontraban ~taladas a o~illas d_el ~o
San Francisco y los trabajadores del ramo vtvían en sus mmediac1~nes, dentro de la jurisdicción parroquial (constituyéndos~ e~ una ~ct1vidad tradicional de Analco). Por su p~e, la rama text~ t1en~ _cierta
importancia desde el siglo XVII, y mantiene una pr_esenc1a ~ -1 malterable durante todo el período, siendo ésta una acttvtdad trad1c1onal de
la ciudad de Puebla. Así también, desde el siglo _XVI se fueron poblando los barrios indigeoas de la ciudad con trabaJadores de la construc-

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Siglo XIX

ción, tradición que se mantuvo a lo largo de todo el período colonial
y decimonónico, no siendo la excepción el barrio de Analco, La Luz,
los Remedios, San Francisco y el Alto, que en gran número se concentrarán en sus calles.
Una mención especial, merece la actividad agrícola dentro de la
parroquia. Para comprender la importancia del mundo rural, debemos
tener presente que a excepción del Sagrario todas las parroquias de
la ciudad extendían su jurisdicción sobre un amplio territorio, dentro
del cual se encontraban pueblos, ranchos, molinos y haciendas, por
lo que un amplio porcentaje de su población habitaba en zonas rurales
y se dedicaba a las actividades agrícolas. La parroquia de Analco -tal
como lo señalamos anteriormente-, extendía su jurisdicción sobre el
pueblo de San Baltazar, los molinos del Santo Cristo, Santa Bárbara
y de Guadalupe y los ranchos de Carreto y San Bartolomé. A partir
de 1813 se incorporarán a su jurisdicción el territorio de la parroquia
de la Santa Cruz, ampliándose considerablemente el entorno rural, situación que se mantiene hasta finales de nuestro período (1910).

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Los flujos y reflujos de los trabajadores agrícolas, desde la colonia al porfiriato, dependieron de la actividad económica de la ciudad
y de la oferta de mano de obra existente dentro del espacio urbano.
La crisis económica que afectó a la Puebla de los Angeles desde finales
del siglo XVII -dando comienzo a un largo período recesivo que habría culminado en la década de 1850/60- habría incidido en un aumento de las actividades rurales dentro de nuestra jurisdicción. Somos conscientes de que los registros parroquiales presentan limitaciones, ya que
la ocupación anotada en los libros matrimoniales dependía de la declaración del contrayente. Sabemos que la actividad rural se concentra
fundamentalmente en épocas de siembra y de cosecha, por lo que un
porcentaje importante de los trabajadores agrícolas podrían haber sido eventuales y desempeñado, durante una importante parte del año,
otro tipo de labores dentro del espacio urbano (lo que se nos escapa
totalmente ante la falta de fuentes que hagan referencia a esta situación).
La actividad mercantil no registra una presencia significativa, pero el incremento del sector es permanente. ¿Cómo explicamos que en
una ciudad eminentemente comercial se observe, para la parroquia de
Analco, que dicho sector tenga tan escasa importancia? Diversos factores pueden explicarnos esta situación. Hemos mencionado el carácter semimarginal y mayoritariamente indígena de Analco, factor importante a ser tomado en consideración ya que la actividad comercial
de la ciudad se concentraba en el centro de la ciudad, en donde se intercalaban comercios mayoristas y minoristas dedicados en gran parte

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

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a la venta de artículos de Castilla y de la tierra, instalándose en los barrios que rodeaban a la "traza" urbana pequeños almacenes minoristas dedicados a la venta de diversos artículos necesarios para la vida
cotidiana: comercio que se complementaba con la actividad mercantil
desarrollada por los artesanos que vendían directamente su propia producción, pero que las fuentes utilizadas los registr~ dentro del rubro
artesanal en el que se encuentran insertos. También, debemos hacer
mención al hecho de que el comercio es una actividad desempei'lada
por españoles y en menor medida mestizos mayores de 30 ó 35 años,
por lo que tos libros matrimoniales no captan al grueso de la ~blación dedicada a la actividad mercantil, ya que la edad promedio del
matrimonio es bastante m~nor. Finalmente, hay que destacar que la
estructura étnica de la parroquia determina que el mundo del trabajo
esté marcado por otro tipo de profesiones, haciendo dismin~ir -en
el contexto general- el papel del comercio.
Ahora bien, las curvas registradas por las distintas ramas laborales, desde la colonia al porfiriato, estarán condiciona~as -en ~a}'.or
o menor medida- por factores externos a la parroqma, lo que limita
el análisis general. Pero más allá de esos imponderables, es claro que
la estructura laboral de Analco es típica de un barrio indígena Y mestizo que se encuentra inserto en una ciudad de españoles.

El ámbito agrario
El ámbito agrario parroquial concentrará, de la colonia al porfiriato,
gañanes, segadores, campistas y jornaleros, los que representan el 14%
del total de los contrayentes para el siglo XVII (1644-1699); el 12%
para la primera mitad del XVIII; y el 17% entre 1750-1802, tal como
puede observarse en el cuadro X.
Entre 1830 y 1860 los trabajadores agrícolas constituirán el grupo
laboral más importante con 250/o de los contrayentes, revirtiéndose la
tendencia en el porfiriato en que disminuyen a niveles casi similares
a los registrados a finales del período colonial.
Estos valores porcentuales nos indican que entre 1640 y 1749 el
sector agrícola ocupó una posición importante dentro de la estructura
ocupacional de la parroquia, siendo superado solamente p~r los rubros alimentos y bebidas y textiles; posición que se ve modificada en
la segunda mitad del siglo XVIIJ, al incrementar su participación e i~alar a alimentos y bebidas. Una tendencia que se acelera durante el siglo
XIX (1830-1860) superando ampliamente a los otros rubros, para retroceder durante el porfiriato.

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Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

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¿Cómo explicarnos la importancia del sector rural en el ámbito parroquial y sus cambios durante el largo período que estamos analizando? Cualquier tipo de explicación se enfrenta a imponderables que lo
relativizan. En primer lugar, el reducido universo de análisis nos impide generalizar ya que nuestra jurisdicción se integraba a un espacio mucho más vasto: la ciudad de Puebla. Pero si bien se mantendrán varios
interrogantes para los cuales no tenemos respuesta, nos atrevemos a
indicar que estos guarismos nos estarían indicando la pervivencia -de
la colonia al porfiriato- de un mundo urbano casi inalterado. Los cambios en la declaración de los contrayentes -de gañán a segador y de
campista a jornalero- no hicieron variar sustancialmente su identificación étnica, en el que los flujos y reflujos de la mano de obra dedicada a las actividades agrícolas estuvieron relacionados directamente con
la actividad económica de la ciudad y la demanda de mano de obra
en el mundo urbano. No obstante, volvemos a señalar que este tipo
de aseveraciones tiene que ser ratificada o rectificada después de haberse realizado un estudio que englobe a toda la ciudad de Puebla.

el 15% de los contrayentes se dedicaba a las actividades rurales, manteniéndose este porcentaje casi inalterable entre 1700-1749, para aumentar numérica y porcentualmente para la segunda mitad del siglo XVIII,
en que nuclea al 26% de los contrayentes indígenas.

Ahora bien,- para el período colonial contamos con un elemento
que desaparece después de la independencia: la composición étnica de
los contrayentes, lo que nos permite observar la relación existente entre etnia y ocupación, sus cambios y permanencias, posibilitándonos
comprender mejor el comportamiento de las distintas actividades .

Por las características de la parroquia y por la tendencia existente durante la colonia a concentrarse los miembros de un gremio en determinado barrrio, Analco nucleará los trabajadores de alimentos y bebidas (panaderos, molineros, mamoneros, semiteros, harineros, etcétera), a los herreros, loceros, curtidores y albañiles. Diversos factores
determinaron que desde sus orígenes Analco fuera seleccionado como
lugar de asentamiento de estos trabajadores. En primer lugar, el carácter indígena de la parroquia los marginó durante la colonia del centro de la ciudad. También determinó este tipo de concentración el que
sobre el río San Francisco se estableciera un importante número de molinos y curtiembres, por lo que sus trabajadores vivían en las
inmediaciones.

La distribución étnica de los contrayentes nos confirma el predominio indígena para todo el período colonial. Durante el siglo XVII
(1640-1699), el 90% de los matrimonios realizados corresponde al grupo indígena. Aunque el subregistro existente para el período, y la ausencia de registros de españoles, mestizos y castas entre 1670 y 1710, relativiza el porcentaje, la preponderancia indígena es absoluta21 •
El siglo XVIII muestra el proceso de mestizaje en la parroquia.
Para el período 1700-1749, los contrayentes indígenas representan el
74% del total, mientras que los matrimonios ·de españoles y mestizos
representan el 12% y 10% respectivamente. En la segunda mitad del
siglo (1750-1802) el proceso se acelera. Si bien los contrayentes indígenas representan la mayoría, disminuyen hasta el 56%, mientras que españoles y mestizos alcanzan el 21 % y 20% respectivamente. Las castas
tienen muy poca significación: mulatos, negros y pardos apenas llegan
al 2% para 1640-1699, y el 3% para la primera y segunda mitad del
XVIII (cuadros III y IV).
Analizando el mundo laboral por grupos étnicos, el panorama se
toma más claro. Si tomamos al indígena, vemos que entre 1640 y 1699

Por su parte serán muy escasos los españoles y mestizos dedicados
a las actividades agrícolas: solamente el 6% de los contrayentes entre
1640 y 1749, para disminuir al 3% en la segunda mitad del siglo (véase
cuadro VI). Las castas apenas tienen alguna significación en el mundo
rural (cuadro VII).
Vemos -por lo tanto- gue el grupo indígena casi monopolizará
hasta el siglo XIX las actividades rurales, situación que se habría mantenido hasta 1910. La participación de mestizos aumentaba en la medida que la parroquia se mestizaba.
Alimentos y bebidas

Así, los panaderos, mamoneros, semiteros y harineros habitarán
en número muy elevado en la jurisdicción parroquial, constituyéndose
en el grupo mayoritario, numérica y porcentualmente, de los contrayentes entre mediados del siglo XVII a mediados del XVIII, nucleando al 23%. Situación que se verá modificada a partir de 1750, en que
comienzan a perder fuerza dentro de la estructura ocupacional disminuyendo al 17%, una tendencia que continúa durante el siglo XIX de
manera inexorable (cuadro X y gráfica VII).
Este comportamiento puede explicarse a partir de los cambios en
Analco desde 1750. Es claro que el proceso de mestizaje de la ciudad
y de la parroquia incidirá directamente sobre el sector. Ello habría traído
aparejado una cambio en la dieta alimenticia, con la consiguiente disminución de las panaderías existentes en la ciudad, así como también

�190

Siglo XIX

el rechazo -suponemos- de los mestizos a desempeñar actividades
insalubres y de muy bajo estatus social. Por otro lado, el incremento
del sector agrícola, construcción y comercio a partir de 1750 hicieron
disminuir la importancia del rubro alimentos y bebidas.
En el cuadro V se puede observar con claridad la identificación
étnica existente dentro del rubro alimentos y bebidas. El número de
contrayentes indígenas que nuclea el sector es superior en todos los casos al 24%, mientras que la participación de contrayentes españoles
y mestizos es ínfima y de escasa significación (cuadro VI).

Los trabajadores textiles
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Esta rama de la estructura ocupacional mantuvo -tal como lo señalamos anteriormente-, una presencia importante y estable desde la colonia al porfiriato. Es sumamente conocida la significación que durante gran parte de la colonia tuvo la industria textil en la ciudad de Puebla. Producción que pierde fuerza en el siglo XVIII y que durante el
XIX constituye " ...un sector de escaso peso numérico en el mundo del
trabajo de la ciudad de Puebla y sus alrededores" 22 • No obstante este decrecimiento del sector y pérdida de importancia a nivel general
dentro de la estructura ocupacional de la ciudad, Analco mantuvo la
tradición sobrellevando los avatares del mercado. Con ello no queremos decir que gran parte de la producción textil de la ciudad se concentrara en la jurisdicción parroquial; sabemos que sería erróneo aseverar un planteamiento de esta naturaleza cuando otras parroquias de
la ciudad, como la de San José, concentraban mayor número de trabajadores. Pero al interior del espacio parroquial, el sector textil fue el
segundo rubro en importancia, a excepción del período 1750-1802, en
que es superado por alimentos y bebidas y agricultura (cuadro X y gráfica VII).
Durante el período colonial, los contrayentes indígenas dedicados
a esta actividad textil fueron en constante disminución frente a españoles y mestizos, quienes aumentaron casi permanentemente su participación en el sector marcando un claro predominio étnico dentro del
mundo textil, situación que se habría mantenido a lo largo del siglo
XIX (cuadros V y VI).

Los trabajadores de la construcción
El origen e importancia de los albañiles y trabajadores de la construcción en general en los barrios periféricos a la "traza" urbana poblana,
son bien conocidos y han sido señalados anteriormente. Uno de estos

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

191

barrios periféricos formados desde los siglos XVI/ XVII con albañiles
y trabajadores de la construcción será Analco, estableciendo una tradición que permanecerá inalterable durante todo el período. También
debemos señalar que en la circunscripción de la parroquia se encontraban buena parte de los establecimientos dedicados a fabricar materiales de construcción, situados a orillas del río San Francisco y en los
barrios de los Remedios, Xonaca y Xanenetla: de allí la permanencia
de los albañiles, canteros, areneros y ladrilleros en Analco.
Durante la colonia el rubro de la construcción no presenta un lugar preponderante dentro de la estructura ocupacional de la parroquia,
ubicándose en quinto lugar con aproximadamente el 4.5% de los contrayentes, recuperándose en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente durante el porfiriato, hasta convertirse en el tercer grupo en importancia en el mundo del trabajo (cuadro X y gráfica VII).
Merece destacarse la importante recuperación de la rama de la construcción durante el porfiriato. La "modernidad porfiriana" cristalizó
en la ciudad de Puebla en algunos aspectos:
el auge de las construcciones, sobre todo públicas, que a partir de 1880 alt~raron la planta arquitectónica de la ciudad, el
desarrollo de los ferrocarriles que integraron el espacio conectando a la ciudad con la capital del país y con las principales
ciudades del interior y el impulso de la urbanización después
de 1907 le dio a la ciudad una nueva fisonomía23 •

Los beneficiarios de la reconstrucción del centro de la ciudad fueron,
en el sentido ocupacional, los albañiles, areneros, ladrilleros, canteros,
etcétera. El lapso de mayor expansión del empleo de la industria de
la construcción lo observamos entre 1895 y 1900. En este proceso participan activamente los contrayentes de Analco, y ello explica el desmedído crecimiento del sector.
La identificación étnica existente durante el período colonial es indíscutible. Entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII ningún contrayente español o mestizo declara como ocupación ser miembro del "gremio" de la construcción, registrándose entre 1750 y 1802
solamente cuatro, que representan apenas el 2%. Por su parte, el sector indígena muestra que entre 1640 y 1749 el 6% de los contrayentes
pertenecen a la rama de la construcción, para ascender durante la segunda mitad del XVIII al 9%. Estos guarismos nos indican también
que, durante gran parte del período colonial, los trabajadores de la construcción no ocupaban un lugar destacado en la estructura ocupacional.

�I 92

Siglo XIX

Curtido y transformación de pieles
"Cerdo, cochino, puerco y marrano come el poblano" rezaba un dicho popular en la colonia, reflejando una realidad que se observa en
la gran cantidad de tocinerías, jabonerías, velerías, tenerías y curtiembres que existían en la Puebla de los Angeles. El río San Francisco sirvió de marco para instalar en sus orillas a un gran número de industrias del cuero que volcaban en su cauce los desechos originados en el
proceso de la curtiembre de las pieles.
Analco verá instalarse en sus cercanías y dentro de su jurisdicción
a estas empresas, por lo que en gran número sus trabajadores habitarán en la zona, ocupando un lugar de importancia dentro de la estructura ocupacional. En el siglo XVII, el 100/o de los contrayentes ~eclarará una ocupación relacionada con la industria del cuero, sobresaliendo
los curtidores y zurradores. Sube este porcentaje al 11.5 entre 1700-1749,
para decaer durante los cien años siguientes (1750-1860), alcanzando
los niveles más bajos a mediados del siglo XIX. El porfiriato verá recuperar al sector hasta niveles históricos de mediados del XVIII.

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La industria del cuero agrupó especialmente a mestizos y españoles y, en mucho menor medida, a indígenas. Durante la primera mitad
del siglo XVIII (1700-1749), el sector agrupaba al 90/o de los contrayentes indígenas y al 180/o de los españoles, mestizos y castas, porcentaje que se modifica en el segunda mitad del siglo en que los contrayentes indígenas que declaran laborar en el rubro cuero y transformación de pieles disminuye al 70/o. Sucede lo mismo con los españoles,
mestizos y castas (120/o). Al interior del grupo étnico español y mestizo, la preponderancia de los segundos es notoria: agrupa en la primera
mitad del XVIII al 31 OJo de los contrayentes, frente al 40/o de los españoles, mientras que en la segunda mitad aumentan los españoles (5.50/o)
y disminuyen los contrayentes mestizos (18.60/o) (cuadros V y VI) .

El comercio
Ya señalamos que en el primer cuadro de la ciudad y, con mayor densidad en los alrededores del zócalo, se concentraba el mayor número
de comerciantes. Grandes y pequeños, tratantes y corredores, dependientes y traficantes convivían allí cotidianamente, constituyendo_el
"núcleo central del comercio poblano", distribuyéndose en los barnos
que rodeaban la "traza urbana", especialmente en el nort~ de la ciudad, una actividad mercantil en la que el pequeño comerciante era el
predominante.

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

193

Analco no será un barrio comercial y, si bien el sector presenta
durante todo el período una tendencia constante al crecimiento, talcomo puede verse en el gráfico VII y en el cuadro X, ocupará el sexto
lugar entre las principales actividades laborales. Situación originada en
las características de la parroquia, en la preponderancia indígena de
su población y en que las fuentes captan a un reducido grupo de jóvenes contrayentes, dejando de lado a una población mayor de 30 años
(entre los que se habrían encontrado la mayor parte de los
comerciantes).
Dejando de lado el siglo XVII -ya que la ausencia de libros matrimoniales para españoles, mestizos y "gentes de razón" no nos permite tener un panorama completo- vemos que entre 1700-1749 de un
total de 1 100 matrimonios solamente 25 declaran tener una actividad
laboral ligada al comercio, entre los que encontramos tratantes, traficantes y en menor medida comerciantes:
en conjunto representan
apenas el 20/o del total de contrayentes registrados para el período. Esta actividad se incrementará en la segunda mitad del siglo (1750-1802),
nucleando al 4.50/o de los contrayentes, tendencia ascendente que continúa a lo largo del siglo XIX: agrupa el 6.50/o entre 1830-1860 y el 6. 70/o
entre 1870-1910 (cuadro X).
La composición étnica de los comerciantes indica que desde 1640
a 1802 los contrayentes indígenas que declaran como oficio la actividad mercantil es insignificante: en ningún momento alcanzan el 1OJo,
mientras que españoles y mestizos nuclearán para la primera mitad del
siglo XVIII al 8.80/o de los contrayentes del sector, para incrementarse
al 9.50/o entre 1750-1802 (confirmando claramente el predominio de este
grupo en el sector comercial). Si tomamos por separado, para el siglo
XVIII, a españoles y mestizos, encontramos que para la primera mitad el 14.80/o de los contrayentes españoles declaran ser comerciantes,
frente al 4.50/o de los contrayentes mestizos, distribución étcnica que
se mantiene en la segunda mitad: los españoles nuclean al 160/o frente
a los mestizos que agrupan solamente al 30/o (cuadro VI). Por su parte,
las castas se habrían encontrado totalmente marginadas de esta actividad, habiéndose registrado para todo el período colonial a un solo comerciante (cuadro VII).
Esta identificación étnica se habría mantenido a lo largo del siglo
XIX, en que el grupo mestizo habría tenido una mayor participación
en la medida que la parroquia fue perdiendo su carácter étnico originiario y mestizándose.

�194

Siglo XIX

El lado oscuro del mundo del trabajo

Hemos descrito y analizado seis actividades cuya significación numérica es importante en la estructura ocupacional de la parroquia de Analco. En una subdivisión de veinte sectores diferentes, catorce tienen una
participación cuantitativamente pobre. Este hecho resalta en parte la
diversidad del empleo en una parroquia cuya transformación cualitativa es muy lenta, al igual que la de la ciudad.

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La gran cantidad de oficios existente harían interminable un análisis minucioso que abarcara a todos ellos. No obstante merecen destacarse algunos que, por tradición, se mantuvieron: por ejemplo, los trabajadores nucleados en la rama de la confección e indumentaria, metales y cerámica y vidrio.

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Los sastres mantuvieron una actividad permanente, a pesar de no
ser una zona de la ciudad que nucleara tradicionalmente a este sector.
Empero, durante el siglo XVII concentrarán al 4.20'/o de los contrayentes, porcentaje que se eleva al 7 .60Jo en la primera mitad del siglo
XVIII, al 8.00Jo en la segunda mitad, para descender durante el siglo
XIX (7.70Jo en 1830-1860, y 4.70/o durante et porfiriato). Esta actividad congregará tradicionalmente a españoles y mestizos, participando
la población indígena en menor medida (cuadros V y VI).

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Los herreros, por su parte, se concentrarán en gran número dentro de la jurisdicción parroquial lo que explica la permanencia del sector dentro de la estructura ocupacional de Analco desde mediados del
siglo XVII hasta comienzos del XX. La falta de registros para españoles, mestizos y castas durante el XVII hace disminuir los guarismos para el periodo. No obstante, entre 1640-1699 el 3.70Jo de los contrayentes realizará una actividad ligada al rubro metales. Durante el siglo
XVIII y primera mitad del XIX el 7 OJo de los contrayentes se nuclearán
dentro de dicha actividad, para disminuir al 50'/o durante el porfiriato
(cuadro X). Debemos señalar también que esta rama concentrará a españoles y mestizos: la participación indígena es netamente minoritaria
(cuadros V y VI).
Otra de las ramas con tradición en la parroquia serán cerámica y
vidrio, que se mantiene a lo largo de nuestro período para incrementarse entre 1870-1910. El barrio de La Luz será la sede de esta actividad, en la que alfareros y loceros, principalmente, elaborarán la tradicional cerámica roja. Indígenas, mestizos y españoles participarán en
el oficio, aunque el predominio indígena es indiscutible (cuadros V y
VI).

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

195

Carboneros, tabaqueros, aceiteros, botoneros, cortadores dejabón, cereros, veleros, candeleros, etcétera, a quienes agrupamos en el
rubro "producción de artículos para el consumo doméstico" tienen importancia durante el siglo XVII, pero pierden significación desde comienzos del XVIII, lo que se acentuará desde 1750 en adelante: agrupa
menos del I OJo del total de contrayentes.
El resto de las actividades se diluye en una gran cantidad de ocupaciones que no inciden en la estructura ocupacional de la parroquia.
CONSIDERACIONES FINALES
En los umbrales del siglo XX la ciudad de Puebla no había logrado
recuperar el importante papel que desempeñó en el "sistema de ciudades coloniales", en oposición al norte y al Distrito Federal que significarían el poder político y ~onómico del país.
Extendiendo esta verificación al ámbito parroquial, el mundo del
trabajo de Analco revela la predominancia de una estructura muy cercana a la colonial. El proceso de mestización de la parroquia, ocurrido
a lo largo del siglo XVIII, no trajo consigo la desaparición ni transformación de las profesiones indígenas sino su readaptación a las nuevas
circunstancias. Esto significa que la evolución de los oficios y su distribución marcharon al margen de los acontecimientos de orden político
y que su desarrollo está regido por circunstancias de orden interno, cuasi
parroquial. En términos de la estructura profesional, parece que la colonia vivió mucho más allá del siglo XVIII.
Esto se puede verificar en el comportamiento de las actividades cuya
frecuencia resalta en la larga duración. Tales son los casos de la rama
textil, cuya especialidad mayor son los tejedores; agricultura, llámense
gañanes, segadores, campistas o jornaleros; alimentos y bebidas (panaderos, mamoneros, bizcocheros, semiteros, reposteros, etcétera); curtido y pieles, que agrupa a zapateros, curtidores, zurradores y peleteros; construcción, en el que encontramos fundamentalmente a albañiles; y comercio.
En el análisis individual, la estabilidad que mantiene la rama textil
a lo largo de dos siglos y medio resalta su peso en el mundo del trabajo
parroquial, en el que convive con una gran cantidad de oficios. Concentró durante el período colonial a españoles y mestizos, situación que
se habría sostenido a lo largo de todo el siglo XIX reflejando en su

�196

Siglo XIX

interior el proceso de mestizaje.
La importancia del sector agrícola revela claramente la pervivencia de un mundo urbano cuasi-inalterado. Los cambios producidos en
la declaración de los contrayentes, de gañán y segador a campista y
jornalero, no hicieron variar la identificación étnica durante la colonia
y siglo XIX. Las alteraciones en las curvas, especialmente la brusca
caída durante el porfiriato, genera algunas interrogantes sobre las cuales no tenemos respuesta al desconocer lo que sucede en el ámbito urbano más general.

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El sector de alimentos y bebidas, dominado durante el período colonial por los panaderos, muestra una constante declinación desde mediados del XVIII. Este comportamiento se debe al proceso de mestizaje que se verificó en la ciudad de Puebla y que definió un cambio en
los hábitos alimenticios de la población de la ciudad, lo que habría motivado una disminución en el número de panaderías, aunque perdurara la fabricación de panes de consumo popular como las semitas.
Curtidores, zurradores, zapateros y peleteros existieron en el ámbito parroquial desde sus orígenes por la cercanía del río San Francisco, lo que nos explica su permanencia durante todo el período colonial. Su decaimiento en la primera mitad del XIX coincide con el pico
del sector agrícola (incidiendo este en una disminución porcentual del
resto de las actividades, situación que se verá modificada durante el
porfiriato al disminuir la influencia de la agricultura y regresando a
los niveles de ocupación que mantuvo durante el período colonial).
Resulta clara la elevada proporción que alcanzó la rama de la construcción en el porfiriato; el embellecimiento del centro de la ciudad creó
una demanda de mano de obra que fue satisfecha, parcialmente, por
los contrayentes de Analco. Los albañiles se instalaron en la jurisdicción parroquial desde sus orígenes, con una actividad similar a la que
presentan los textiles durante el período colonial. El aumento de las
construcciones después de 1840 hará que el grupo se incremente hacia
los niveles del porfüiato.
Finalmente debemos referirnos al comercio, sin tomar en consideración los registros del siglo XVII. Su presencia durante el XVIII será
limitada, debido a que el grupo indígena sobredeterm.ina la estructura
ocupacional, situación que se modificará si tomamos sólo en consideración a españoles y mestizos. Tratantes, traficantes, corredores y comerciantes incrementarán su actividad hasta alcanzar a mediados del
XIX cierto peso, que se mantiene hasta finales del período. Lamenta-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

197

blemente la fuente no nos permite vislumbrar el tipo de comerciante
existente dentro del ámbito parroquial, pero por sus características sociales y económicas suponemos que eran pequeños comerciantes.
En suma, el lento proceso de mestizaje que terminará con una clara identificación étnica, siguió independientemente de los cambios producidos en el mundo del trabajo de la parroquia. Habrá que corroborar lo aquí expresado con un estudio que cubra toda la ciudad.

NOTAS
1. En los siglos XVII y XVIII la ciudad de Puebla estaba dividida en cinco parroquias
(San José, Santa Cruz, San Marcos, San Sebastián y Santo Angel Custodio) Y el
Sagrario Metropolitano.
2. Antonio Carrión, Historia de la Puebla de los Angeles, Puebla 1896-1897, pp.
378/379.
3. Antonio Carrión, op. cit., pp. 378/379.
4. Cfr. José Luis Aranda, Nupcialidad, migracién y ocupación en la parroquia de Anal·
co 1870-1910, tesis de Maestría, UAMI, 1987, p. 11.

5. Cfr. Juan de Villa Sánchez, Puebla Sagrada y Profana, Puebla, 1962; Antonio Carrión, op. cit.
6. Fray Antonio Vázquez de Espinosa, Descripción de la Nueva España en el siglo
XVII, México, 1944; Joseph Antonio de Villaseñor y Sánchez, Theatro Americano, México, 1952.
7. Cfr. Julia Hirschberg, La fundación de la Puebla de los Angeles. Mito y realidad,
Puebla, 1981.
8. Fausto Marin Tamayo, La división racial en la Puebla de los Angeles bajo el régimen colonial, Puebla, 1960, p. 15.
9. Archivo del Ayuntamiento de Puebla, Libros de Cabildo, No. 6, Folio 68.
10. Fausto Marin Tamayo (coord.), Puebla a través de los siglos, Puebla, 1962, pp.
26/ 33.
11. Oiga Yolanda Couoh, Los puentes históricos en el rio San Francisco en la Puebla
de los Angeles, Puebla, 1965, pp. 14/ 19.
12. Oiga Yolanda Couoh, op. cit., pp. 22/23.
13. Cfr. Miguel Angel Cuenya. Evolución demográfica de una parroquia de la Puebla
de los Angeles (1660-1800), tesis de Maestría, UAMI, 1985.

�198

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

14. Cfr. Carlos Contreras Cruz, La ciudad de Puebla. Estancamiento y modernidad
de un perffl urbano en el siglo XIX, Puebla, CIHS-UAP, Cuadernos de la Casa
Presno, 1987.

199

CUADRO/

CIUDAD DE PUEBLA. DEFUNCIONES (1823-1827)

15. Cfr. Miguel Angel Cuenya, op. cit.
16. Keith A. Davies, "Tendencias demográficas urbanas en el siglo XIX en México",
en Historia Mexicana, vol. XXI, 23, 1972, p. 515.
17. Carlos Contreras Cruz, op. cit., pp. 35/39.
18. Louis Henry, Manual de demografía histórica, Barcelona, Crítica, 1983, p. 62.
19. Carlos Contreras Cruz y Juan Carlos Grosso, "La estructura ocupacional Y productiva de la ciudad de Puebla en la primera mitad del siglo XIX", en Puebla en
el siglo XIX, Puebla, CIHS-UAP, pp. 111/176.
20. Juan Carlos Grosso, Estructura productiva y fuerza de trabajo en Puebla 1830-1890,
Puebla, ClHS-UAP, Cuadernos de la Casa Presno, p. 27 y ss.
21. Cfr:Miguel Angel Cuenya, op. cit.

Nro.

parroquias
Sagrario
San José
Santo Angel
Santa Cruz
San Marcos
San Sebastián

2 731
1 111
1 593

Total

6 430

hospitales

Nro.

San Pedro
S. Juan de Dios
San Roque
Religiosas

3 331
195
27
23

995
3 576

Fuente: Carlos Coiitreras Cruz, La Ciudad de Puebla. Estancamiento y modernidad de un perfil urbano en el siglo XIX, Puebla, Cuaderno de la Casa
Presno, 6, CIHS/ICUAP, 1986, pp. 37.

22. Juan Carlos Grosso, "Notas sobre la formación de la fuerza de trabajo fabril en
el municipio de Puebla 1835-1905", en Boletín de Historia del Movimiento Obrero, CIHMO-UAP, 1981, p . 17.

CUADROII
23. Carlos Contreras Cruz, op. cit., p. 21.

POBLACION DE LA CIUDAD DE PUEBLA
año

1678
1746
1793
1803
1825
1830
1835
1848
1856
1862

pobladón

año

pobladón

69 800*
50 366
57 168
67 800
44 756
43 000

1868
1869
1870
1876
1878
1887
1889
1895
1900
1910

70 916

40 000

71 631
70 000
75 000

60 000

65 000
65 000
76 817
72 743
78 530
88 674
93 521
96 121

Fuentes: Miguel Angel Cuenya, "Puebla en su demografía. Una aproximación al tema 1650-1850", en Puebla: de la Colonia a la Revolución, Puebla
CIHS/ICUAP, 1987, p. 53; Carlos Contreras Cruz y Juan Carlos Grosso,
"La estructura ocupacional y productiva de la ciudad de Puebla en la primera
mitad de siglo XIX", en Puebla en el siglo XIX: contribución al estudio de
su historia, Puebla, CIHS/ICUAP, 1983; Keith A. Davies "Tendencias demográficas urbanas en el siglo XIX en México", en Historia Mexicana, Vol.
XXI, 23, 1972.
• La cifra de 1678 corresponde a comulgantes y no a población total.

�200

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

201

CUADRO IV
DISTRIBUCION DE LAS ACTIVIDADES DE LOS CONTRAYENTES
INDIOS, ESPAÑOLES, MESTIZOS Y CASTAS (1640-1802)

CUADROIII

1640- %
1699

Actividad
DISTRIBUCION ETNICA DE LOS CONTRAYENTES
(1650-1802)

16~
1699
Indios
Españoles
Mestizos
Mulatos
Negros
Moriscos
Chinos
Pardos
Morenos
Extranjeros
No declaran

851
34
30
13
10

Total

%

17001749
854

2

90.34
3.61
3.18
1.38
1.06
0.00
0.21
0.00
0.00
0.00
0.21

942

100.00

o
2
o
o
o

%

17501802
621
236
219
19
1
1

1
11
1
1
1

74.07
12.32
10.23
2.08
0.00
0.00
0.09
0.95
0.09
0.09
0.09

1 153

100.00

1 109

142
118

24

o
o

o
o
o
o

10

%

Tot.

56.00 2 326
21.46
19.75
1.71
0.08
0.09
0.00
0.90
0.00
0.00
0.00

414
367

56
11
l
3
21
1
1
3

100.00 3 204

Alimentos y Bebidas
Textiles
Agricultura
Curtido y Pieles
Art. Cons. Doméstico
Construcción
Transportes
Confec. Indumentaria
Metales
Otros
Madera y Muebles
Cerámica y Vidrio
Actividades Artísticas
Domésticos
Edo., Clero y Educación
Comercio
Emp. Particulares
Establee. Fabriles
Viven de rentas
Profesiones Liberales

l

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1

-

182
118
110
82
63
48
35
33
29
27
21
18
12
3
2
1

o
o
o
o

23.16
15.01
13.99
10.43
8.02
6.11
4.45
4.20
3.69
3.44
2.67
2.29
1.53
0.64
0.25
0.13
0.00
0.00
0.00
0.00

17001749
252
146
133
127
35
53
60
84

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20
22
46
16
3
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2

%
22.91
13.27
12.09

11.55
3.18
4.82

5.45
7.64
6.82
1.82
2.00
4.18
1.45
0.27
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2.27
0.00
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0.00
0.18

1750- %
1802
181 17.00
144 13.52
181 17.00
101 9.48
9 0.85
60 5.63
41
3.85
86 8.08
80 7.51
18
1.69
14 1.31
57 5.35
18
1.69
10 0.94
14 1.31
48 4.51
o 0.00
o 0.00
o 0.00
3 0.28

Fuente: Libros matrimoniales. Parroquia de Analco 1640-1802
Totales

786 100.00 1 100 100.00 1 065 100.00

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CUADRO V
DISTRIBUCION ETNICA SEGUN ACTIVIDAD DE LOS
CONTRAYENTES DE ANALCO (1640-1802)

1640-1699
etnias %
Indios

Actividad
Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art.Consum. Domes.
Confec. e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Edo. Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Est. Fabriles
Viven de rentas
Otros

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2
4

o
4
1
1

o
3
2

o
o
o
o
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2.38
4.76
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2.38
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7.14
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11.90
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0.00
0.00
0.00
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%

109 14.65
180 24.19
114 15.32
63
8.47
29
3.90
81 10.89
28
3.76
18
2.42
18
2.42
46
6.18
1 0.13
2
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12
1.61
30 4.03
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1.08

1700-1749
etnias %
Indios
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3.66
1.83
56 20.51
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31 11.36
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3
1.10

5

Totales
42 100.00
744 100.00
273 100.00
Fuente: Libros Matrimoniales. Parroquia de Analco, 1640-1802

123
247
90

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%

etnias

1750-1802
% Indios

~
o
~
%

14.87
29.87
10.88
4.23
6.41
9.31
4.11
4.35
1.57
6.41
0.12
0.12
0.00
1.69
3.75
0.00
0.24
0.00
0.00
2.06

19 4.28
9
2.03
105 23.65
1 0.23
49 11.04
55 12.39
66 14.86
24
5.41
8
1.80
4
0.90
42
9.46
12
2.70
3
0.68
6
1.35
28
6.31
o 0.00
2
0.45
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o 0.00
11
2.48

162 26.09
172 27.70
39 6.28
8
1.29
37
5.96
46
7.41
14
2.25
33
5.31
6
0.97
56 9.02
6
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2
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12
1.93
13
2.09
o 0.00
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1.13

827 100.00

444 100.00

621 100.00

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53
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34
36
13
53
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o

14
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o
2

o
o
17

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CUADRO VI
DISTRIBUCION f'E CONTRAYENTES (ESPAl'IOLES Y MESTIZOS)
POR ACTIVIDAD (1700-1802)

Actividad

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1700-1749 % 1750-1802 %

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consumo Doméstico
Confección e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
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Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Estado, Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Establecimientos Fabriles
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Otros

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Totales

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3.91
21.88
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0.00
6.25
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Fuente: Libros Matrimoniales. Parroquia de Analco, 1700-1802

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�204

CUADRO VII

CUADRO VIII

DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES (CASTAS)
SEGUN ACTIVIDAD (1640-1802)

DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES
SEGUN ACTIVIDAD.1830-1860

Actividad

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Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

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Fuente: Libros Matrimoniales. Analco, 1640-1802

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Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
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Domésticos
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6.55
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0.49
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0.00
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Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

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CUADRO/X
DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES
SEGUN ACTIVIDAD (1870-1910)

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Actividad

No.

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Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consumo Doméstico
Confecciones e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Estado, Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Establecimientos Fabriles
Viven de rentas
Otros

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141
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279
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16
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Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XJX

GRAFICA VII

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jardinero
agricultor
operario de campo
campero

2) ALIMENTOS
Y BEBIDAS
chilero
molinero
panadero
tocinero
mantequero
quesero
harinero
frutero
repostero
dulcero
semitero
bizcochero
fiderero
campechero
carnicero
tablajero
cervecero
obleitero
cernidor
lechero
3)TEXTILES

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1699

215

1700
1749

1750

1802

1830

1860

1870
1910

tejedor

cardador
cordelero
hilandero
sabanero
sariero
batanero
tintorero

6)CURTIDO Y
PIELES
curtidor
zapatero
zurrador
gamucero

calzonero

aparador
ensi.lelador

obrajero
pasamanero

talabartero

bordador
pañero

7) METALES
herrero
tilmero
ollero
guarnicionero
cerrajero
sedarero
fresadero
cuerdero
pailero
fabricante
platero
ovill~ro
cuchillero
indianillero
herrador
arpillador
arcabucero
flebotomiano
calderetero
campanero
4)ARTICULOS
entorchador
CONSUMO DOMESTICO barrero
velero
armero
carbonero
cobrero
jabonero
hojalatero
leñero
latonero
candelero
latero
tabaquero
jaulero
aceitero
guardafierros
cerero
fuellero
canastero
soldador

5)CONFECCION E
INDUMENTARIA

8) CERAMICA Y
VIDRIO

sombrero
guantero
sastre
botonero
galonero
camisero

locero
alfarero

9) MADERA Y
MUEBLES
carpintero

�216

Siglo XIX

perchero
sillero
tornero
entallador
ensamblador
serrador
carretero
guitarrero
carrocero
tapicero
10) CONSTRUCCION
albañil
pintor
cantero
arenero
pedrero
ladrillero
11) COMERCIO
tratante
comerciante
ambulador
viandante
corredor
traficante

12) ESTADO, CLERO
YEDUCACION
tte. de barrio
sacristán
escribano de cabildo
soldado
militar
guarda de aduana
fiscal de naturales
administrador del abasto
maestro
empleado de gobierno
13) PROFESIONES LIBERALES
oficial de la pluma
plumario
practicante de cirugía
amanuense de contaduría
farmacéutico
pasante de derecho
escribiente

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

14) ACTIVIDADES ARTISTICAS
cantor
músico
dorador
escultor
tallador de oro
tirador de oro
fotógrafo
grabador
novillero
dibujante
15) TRANSPORTES
arriero
cartero
cargador
cochero
enfardelador
maquinero
conductor
carrero
empleado de
ferrocarril
16) EMPLEOS PARTICULARES
empleado
mesero
caballerango

17) DOMESTICOS
sirviente
criado
lacayo
18) ESTABLECIMIENTOS FABRILES
operario de fábrica
industrial
fabricante de cerillos
mecánico

19) VIVEN DE RENTAS
propietario
20) OTROS
esclavo
peluquero
ciego
barbero
zarcillero

cohetero
rosariero
nagero
relojero
cajillero
ardero
tecalero
preso
calfonero
xatero
cigarrero
impresor
purero
artesano
limosnero
encuadernador
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217

�EL SIGLO XVIII EN MEXICO

Natalidad y Mortalidad en
Tecali (Puebla): 1701-1801

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INTRODUCCION
El presente trabajo pretende un análisis de estructura y movimientos
de la población del distrito parroquial de Tecali en la parte del altiplano correspondiente al actual estado de Puebla durante el siglo XVlll.
La base principal de la documentación usada son los libros de bautismo, defunciones y matrimonios conservados en el archivo parroquial
de Tecali, v.g. las micropelículas de esta documentación original obtenidas mediante el apoyo de la Sociedad Mexicana de Historia y Genealogía y con fondos financieros proporcionados por la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG). La documentación relevante para la demografía del siglo XVIII comienza en junio de 1701 y termina en mayo de 1801. Para los capítulos de este artículo sólo se hace uso de los
libros de bautismos y defunciones con el intento de acercarse a los ritmos de vida y muerte palpables durante el último siglo de la colonia.
La segunda parte de esta investigación, en proceso, se basará en los
libros de matrimonios y en los dos censos generales de este Iugar y época que están a mi alcance: 1) el censo del virrey Fuenclara de 1744,
publicado por Villaseñor y Sánchez (1746); 2) el censo del virrey Bucareli de 1777 **

• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México)
•• Archivo General de Indias (AGI), Sevilla: Aud. Méx. 2581.

�220

Siglo XIX

Peter Gerhard (1972) caracteriza el distrito de Tecali de la siguiente manera:
Tecali is in central Puebla, state, alonge the great bend in the Atoyac (Balsas) river where it changes course and heads westwards towards the Pacific. It is a bleak region, quite dry and cold, at 1 800
- 2 400 m. There is little surface water except in the river, which flows
at the bottom of a deep canyon.

El distrito político de Tecali en el siglo XVIII consiste -según la misma fuente- de las siguientes poblaciones:
Toe pueblos were Santiago Tecali (1950: Tecali de Herrera, villa), Sta.
Maria Aguatepec, S. Pedro Apaxtlaguaca, S. Salvador Ayotempan,
S. Buenaventura (Caltenpan), S. Martín (CaJtenco), Sta. Clara Huichitepec, S. Miguel Huiscolotla, or Acuexomac, S. Francisco Mixtla, S. Lorenzo Ometepec, S. Geronimo, Sta. Isabel, S. Bartholome
(TepetlacaJtechco), Tepeyehualco (¿Asuncion?), Sta. Maria Nativitas Tochtepec, Trinidad, and S. Juan Tzicatlacoyan. Three of these
places had acquires cabecera status by 1803. Twenty odd barrios which
appear in the 1777 padron of Tecali may correspond to old estancias,
moved in the congregacion.

Villaseñor y Sánchez es más explícito en su descripción del distrito y
de las actividades de sus habitantes a mediados del siglo XVIU. En la
página 321 dice:
Latitud 19 gr. 45 min. Longitud 275 gr. 10 aún. Cinco leguas de la
ciudad de Puebla a la parte del Suest, está la Jurisdicción de Tecali,
de que es capital el Pueblo de Santiago en donde reside el Alcalde
Mayor de la Provincia: y aunque el partido es de los de segunda classe, y pingüe, está reduzido a una sola cabezera, que es el referido Pueblo de Santiago, y a dos curatos de clérigos colados de este Obispado, empero el Gobierno de los Indios está dividido en dos Parcialidades, conviene a saber, la de Santiago Tecali, y la de Santa María
Toxtepec...

Y en las páginas 322 y 323 describe las siguientes actividades
económicas:
El trato y comercio de esta Jurisdicción por la mayor parte son las
siembras de maíz, trigo, frijol, sebada, alverjón, y otras senúllas por
lo general, aviendo en algunos Pueblos, y sus contornos crías, y engorda de ganado cabrío, en las partes que son aptas para ello, y assi-

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

221

messmo se ocupan los Pueblos de este Vecindario en algunos texidos
de mantas de algodón, y otra grangerías de su especie conque comercian y especialmente tratan en la fábrica de Esteras de palma, y canastos abundantemente bastantes para repartirle en todo el Reyno de
la Nueva España, aunque ay otras Jurisdicciones y Pueblos donde
se hagan, son éstos los más expendibles.
Cerca de tres leguas de esta Cabezera está una mina al modo de Cantera, de donde se corta el Mármol, y entre su betería sale mucha piedra Jaspe versicolorida, y blanca de que hacen muchas curiosidades
menudas, y se cortan lápidas para Aras, y clarabollas de iglesias para
resguardo del ayre, tan luminosas, que dan la mesma claridad, que
si fueran vidrieras, y de las que sacan diversidad en los colores se hacen exquisitas tablas para Mesas, y sólo en este Pueblo aprovechan
este beneficio natural de la tierra a distinción de otras partes donde
ay Alabastra y Pórfido, que por carecer de curia, y aver mucha desidia, no trabajan en el pulimento, y usufructo de dichas piedras, yéndose sólo a la cantería regular, fácil en su labor, y poco costosa en
su fábrica.

Podemos concluir que Tecali tiene un clima seco y generalmente frío,
"el clima semiárido y los suelos muy erosionados, delgados y pobres,
formados de barros y tepetates poco consolidados ... (M. Olivera,
1978:45)
Estas condiciones generales y la escasez de agua en la superficie
hacen a la agricultura aún hoy un oficio arriesgado, y con bastante seguridad lo era también en el siglo XVIll. En esta situación, tenían entonces y en la actualidad gran importancia las actividades de artesanía
mencionadas por Villaseñor y Sánchez, tales como la elaboración de
productos de mármol y alabastro (hoy llamado "Onyx"), y la elaboración y venta de carrizal y palmito. Estos últimos según M. Olivera
(p.43) actualmente elaborados por mujeres. Existe una posibilidad que
en el siglo XVIII formaran todavía parte de toda una industria especializada con considerable nível de calidad y amplia venta en el reino.
En los Libros Parroquiales de vez en cuando se menciona un cierto barrio de los amanteca y la existencia todavía en 1777 de barrios
de pedreros, carpinteros y albañiles, lo que indica la continuidad de
industrias artesanales pre-hispánicas durante la colonia. Hoy la industria del Onyx de Tecali y otros lugares ha conquistado al mercado nacional de ártesanías y es exportado en cantidad considerables al exterior.
La situación social de los habitantes de Tecali del siglo XVIII se
caracterizaba por el hecho de que la gran mayoría de los campesinos

�222

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

distrito de Tecali fue positivo; y aunque las cifras globales de nacimientos y decesos se reducen a partir de 1771 a causa de que el importante
subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan se convierte en curato independiente, en el año de 1801 hay un total de 9 149 individuos más que
en 1701. Tanto el promedio secular del 'ratio' entre bautismos y muertes de 2.2 como los 'ratios' promediales para cada cuarto de siglo demuestran que los nacimientos superaban a las muertes en forma
substancial.

indígenas trabajaba como terrazgueros en las tierras que eran propiedad de los caciques locales, herederos de la antigua clase de los Pilli
(pipiltin) o señores, y se empeñaban -junto con mestizos y mulatosen número crecido como trabajadores libres o gañanes en las haciendas y ranchos propiedad de familias españolas.
M. Olivera (p. 52) da las siguientes características generales:
En el siglo XVIII, la importancia de las repúblicas de Indios se había
reducido; la mayor parte de las comunidades que sobrevivieron dependían más de las haciendas que de la Corona. En efecto, el siglo
XVlll fue precisamente la edad de oro de la hacienda mexicana entendida como una propiedad rural que los colonos habían comprado
o quitado a los Indios, en la que solían agrupar las caballerías de cultivo y las estancias ganaderas que explotaban con mano de obra negra, esclava e indígena o mestiza, de supuestos trabajadores "libres"
llamados gañanes, que sustituyeron a los Indios de "repartimiento"
desde mediados del siglo XVII. Muchos gananes del siglo XVIll vivían en las haciendas y tenían prácticamente carácter de acasillados,
ya que además de su fuerza de trabajo podían venderse junto con las
tierras ... Otros muchos gañanes vivían en sus pueblos cerca de las haciendas de las que eran trabajadores temporales; su servicio segarantizaba a través de adeudos y la coerción.

223

GRAFICA I

TENDENCIAS DEMOGRAFICAS DEL SIGLO XVIII

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1000

A
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10

De sus cosechas precarias los indios comunes o macehualtin no sólo
tenían que pagar a los caciques la renta de las tierras que cultivaban,
sino también en muchos casos la renta de los lotes donde tenían sus
propias casas. Se requiere entonces de poca fantasía para imaginarse
el terrible impacto que tenían las cosechas pobres o fallidas sobre la
economía de la familia campesina indígena y se puede comprender, quizás mejor, que cada escasez de alimentos provocada por una cosecha
mala -originada por ausencia o abundancia exagerada de lluvias, sequías prolongadas o heladas- tenía como consecuencia el brote de enfermedades epidémicas entre un pueblo ya de por sí malnutrido.
Las epidemias más temidas del siglo XVIII fueron el matlazahuatl
-una especie de tifo, que atacaba principalmente a los adultos- la
viruela, el sarampión y la pulmonía (dolores de costado), que cobraron muchas víctimas durante el segundo tercio del siglo XVIll.
1. TENDENCIAS SECULARES DE VIDA Y MUERTE
A pesar de las epidemias y hambrunas concentradas principalmente en
el segundo tercio del siglo XVIll, el saldo demográfico global para el

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En el promedio secular nacieron anualmente 8S.7 individuos más que
los que murieron. Estas tendencias se pueden apreciar también en la
gráfica, dado que el 'ratio' anda en la mayoría de los años arriba de
la línea del 1.
. Dividiendo el siglo en cuatro períodos de 25 años, se llega al sigmente cuadro general:
Período I (1701-1725)
El crecimiento acelerado durante este período arroja
una ganancia neta de 3 831 individuos debido a que

�L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla
224

225

Siglo XIX

GRAFICA 2

en
promedio nacieron anualmente 157.7 individuos
más que murieron.
Período II (1726-1750)
A pesar de sufrir cuatro epidemias fuertes hay un superávit de 1 794 individuos. En promedio anual _nacen 71.8 individuos más que los que mueren, reduciendo el superávit demográfico a la mitad.
Período III (1751-1775)
No obstante haber pasado tres epidemias y dos crisis
de subsistencia sube el superávit demográfico a 2 267
individuos. Nacen en promedio anual 90.4 individuos
más que los que mueren.
Período IV (1776-1801)
.
Aunque soportaron 3 epidemias, por lo menos una ensis de subsistencia y la disminución del distrito parroquial por la separación de San Miguel Tzicotlacoyan,
hay todavía un superávit de 1 163 individuos. Nacen
en promedio anual de 48.7 individuos más que los que
mueren.

2. RITMOS DE NATALIDAD
Esquema general de concepciones y bautismos

Como es de suponer en una sociedad como la de Tecali del siglo XVlll,
donde la mayoría de sus miembros vive de la~ activi~ades agrícol~,
la vida -y en especial la fertilidad humana- sigue el ntmo de las actividades agrícolas, dictadas por las estaciones climáticas.
La zona de Tecali como toda la zona central del altiplano de México, experimenta d~s períodos anuales de se~uía (enero-abril Y
noviembre-diciembre); y un período central de lluvias entre mayo Yseptiembre el cual llega a su clímax durante los meses de julio Yagosto.
Estas c~ndiciones climáticas se transmiten a los períodos de siembra
y cosecha para las variantes básicas del maíz, base de la ali~entación
de la población de Tecali. El período de siembra es determmado por
las variaciones climáticas y regionales entre marzo-mayo, Y el de la cosecha entre octubre-diciembre (Gibson, p. 304).
La gráfica calcula los promedios de todas las concepciones Yba~tismos por mes durante el siglo XVIII, y demuestra claramente 1~ diferencias estacionales en el comportamiento sexual de la población.

CONCEPCIONES Y BAUTISMOS EN GENERAL

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CONCEP.

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El tiempo de la sequía, de noviembre a marzo, es la temporada de máxima actividad sexual de la población adulta, debido obviamente al descanso por las pocas actividades en el campo. Durante los meses de diciembre y enero se registran las máximas concepciones por afio. Por
consecuencia, los meses de siembra y los meses de trabajo intensivo
de campo durante la estación lluviosa de mayo a septiembre están caracterizados por el descenso en el número de concepciones y el aumento en el de los nacimientos. Junio marca el punto más bajo de la actividad sexual, y julio y agosto son los meses del más alto promedio de
natalidad anual.
Concepciones y bautismos en tiempos de crisis

Las frecuentes crisis demográficas del siglo XVIII alteraron también
en cierta forma los ritmos seculares de concepciones y bautismos.
El alto promedio de concepciones en febrero y los valores también relativamente altos para enero, noviembre y diciembre demuestran que
los meses de la sequía invernal son poco afectados por las enfermedades epidémicas. El descenso más marcado que el normal entre los meses de marzo a junio (punto más bajo para ambos esquemas), y su recuperación más lenta hasta octubre demuestra -más allá del ritmo
estacional- que la mayoría de las muertes ocurre durante la estación

�226

Siglo XIX

L. Brinckmann: Nat.alidad y mortalidad en Puebla

Concepciones y muertes

de lluvias (a pesar de que muchas epidemias empiezan tan sólo al final
de la estación de lluvias).

En el mismo grado en que se acerca la estación de lluvias disminuye
la frecuencia de concepciones llegando a su punto más bajo en junio,
mes en el cual se dispara la mortalidad de verano hasta septiembre.
A partir de septiembre aumenta el ritmo de las concepciones en el mismo grado en que disminuye la mortalidad. Durante los meses de crisis
se observa una interacción diferente entre las concepciones y muertes.

GRAFICA 3
CONCEPCIONES DURANTE EL SIGLO XVlll

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La gráfica demuestra la preferencia de las epidemias para la segunda
mitad del año. La mortalidad es muy alta en los meses de julio y agosto, cuando la mortalidad estacional normal está reforzada por la mortalidad repentina de algunas epidemias que aparecen en verano. A diferencia de los tiempos normales, no baja en los meses siguientes en forma acentuada: sigue alta hasta el fin de año debido a otras epidemias
que brotan de octubre a diciembre.
Lo interesante es que las concepciones tienden a descender con tres
meses de anticipación al comienzo de la mortalidad. Esta disminución
es más marcada que la normal, provocada por la cercanía de las labores de siembra ai comienzo de la estación de lluvias. ¿Estaban antici-

pando algo los genes?
Nacimientos múltiples
Según la demografía moderna hay en toda regla un nacimiento de ge-

�228

Siglo XIX

L. Brinckm1111IJ: Natalidad y mortalidad en Puebla

melos por cada cien alumbramientos y en el caso de trillizos es de
1 x 10 000 nacimientos (Henry, Louis: Population, p. 64). Con un promedio secular de 0.38% era en Tecali, en el siglo XVIII, considerablemente por debajo de esta norma moderna. Lo mismo para los trillizos.
En el total de 25 043 bautismos registrados durante este siglo -debido
a algunas lagunas en la documentación (faltan los bautismos de 1717)debió haber sido aún más, y se podría esperar por lo menos dos nacimientos de trillizos. Pero si uno de éstos no se perdió en la documentación incompleta de 1717, hubo tan sólo uno (en 1710).
Con 48.1 O/o de varones y 51. 90/o de mujeres en nacimientos múltiples, estamos dentro del rango normal de proporción sexual entre recién nacidos. Durante todo el siglo no hay noticias sobre nacimientos
múltiples de cuatro o más individuos.
Dada la naturaleza de la documentación parroquial, no se puede
distinguir entre gemelos univitelinos y gemelos nacidos de dos óvulos.
Aunque es posible separar a los gemelos de sexo diferente, quienes con
seguridad son polivitelinos. Queda el gran resto de gemelos con el mismo sexo quienes pudieron haberse desarrollado de uno o de dos óvulos. El caso es inabordable. Por esta razón no se distingue en esta investigación entre ambas posibilidades y se toma tan sólo en cuenta el
número de nacimientos múltiples/ año y se calcula su porcentaje en
base al número total de bautismos/ año.

Durante la primera mitad del siglo XVIII los nacimientos múltiples son
notoriamente más frecuentes que durante la segunda mitad, tanto en
las frecuencias por año como en el total de nacimientos por período.
También son interesantes los períodos donde no hay ni un solo nacimiento múltiple como entre los años 20 y 30, 42 a 60 y 72 a 85.
GRAFJCA 7
RATIO BAP/ MUER Y EL% DE GEMELOS

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GEMELOS EN EL SIGLO XVIII

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GRAFICA 6

229

El ratio entre bautismos (bap.) y muertes (muer.) está arriba del nivel
1 en los añ.os en que la natalidad supera a la mortalidad. El porcentaje
de los gemelos (gem. O/o) está arriba de la linea del 1O/o cuando hay por
lo menos un nacimiento múltiple en cada cien nacimientos por año.
El gráfico permite distinguir entre tres períodos claramente señalados:
1701-1730: Los seis casos de nacimientos múltiples en la línea del 1O/o
o arriba, y el ratio -con excepción de 1727- asentado entre los niveles 2 y 4 indican una población en un proceso
de fuerte crecimiento.
1734-1784: Sólo dos casos de nacimientos múltiples en la línea del 1O/o
o arriba. El ratio experimenta bruscos cambios entre los niveles 0.2 y 9, provocados por las epidemias y épocas de crisis de subsistencia de este período y los subsecuentes lapsos
de recuperación demográfica. Sólo dos de estos períodos

"

�230

Siglo XIX

de recuperación, el de 1742 después del Matlazahuatl de
1737 y el de 1755 que marca la recuperación de la natalidad hacia un nivel relativamente normal después de la brusca caída de 1749, se transmiten en números normales de
natalidad múltiple. En los demás años el porcentaje de gemelos sí se recupera cuando se aumenta la natalidad después de una epidemia, pero no alcanza el nivel normal del
1%.
1785-1801: El número de casos de nacimientos múltiples arriba del 1%
(5), y el ratio de bautismos / muertes asentado aun más bajo
que durante el primer tercio del siglo, pero sin grandes altibajos, señala la recuperación sostenida de la población hacia finales del siglo.

Parece entonces que un crecimiento sostenido de la población, expresado a través de un ratio arriba de 2, es la precondición indispensable
para alcanzar y/o superar las normas modernas para la gestación de
gemelos y trillizos, sobre todo en las condiciones demográficas reinantes en sociedades agrarias anteriores a la Revolución Industrial.
Falta mencionar por último el extraño caso ocurrido en septiembre de 1773. El cura menciona que le fue reportado el nacimiento de
gemelos muertos. Según el reporte, un pariente de la madre les había
administrado el bautismo en artículo mortis, pero en vez de notificar
al cura para sepultarlos, sus cadáveres fueron arrojados al río Atoyac.
Durante todo el siglo XVIII no hay otro reporte de semejante indiferencia y/o brutalidad con un cadáver humano, porque hasta los cadáveres de los bandidos ajusticiados por la Acordada recibieron siempre
sepultura eclesiástica. Puede ser que se tratara de un alumbramiento
ilegítimo, y la familia de la madre quisiera ocultarlo a toda costa, pero
no lo sabemos: no se menciona el nombre y el estado social de la madre, ni los nombres de los parientes. Parece que la investigación del
cura sobre este incidente no pudo aclarar nada.

Hijos ilegítimos y expuestos
Durante el siglo XV111 se bautizó un promedio de 10.8 niños nacidos
fuera de matrimonio. Anualmente, esta cifra corresponde al 4.4% en
promedio secular de los bautismos registrados en la parroquia de Tecali. La terminología empleada por los curas para distinguir estos niños de la mayoría de los hijos nacidos dentro del matrimonio eclesiástico era la de hijo (a) legitimo (a) de legítimo matrimonio, pero en la

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

231

mayoría de los casos se usaba la fórmula abreviada hijo (a) legítimo
(a). Hijo (a) natural o hijo (a) ilegítimo (a) era el nombre que se daba
a los hijos ilegítimos declarados en el bautismo por uno o ambos padres, y también a los hijos ilegítimos expuestos dejados por sus madres
desconocidas en las puertas de una iglesia o -más frecuentementeen las puertas de las casas de otras familias (y presentados por ellas
a la iglesia para el bautismo).
Las familias adoptivas de los niños expuestos eran muchas veces
-pero no siempre- vecinos prominentes (españoles, caciques, mestizos). de los pueblos, barrios, ranchos y haciendas del distrito de Tecali. Pero también hay casos en que las madres solteras depositaban a
sus hijos no deseados en las puertas de casas de viudas o mujeres no
casadas, permitiendo de esta manera una cierta duda hacia algunas
adopciones fingidas destinadas a mantener el niño deseado, pero ilegítimo, y salvar al mismo tiempo la reputación personal en una sociedad
rural sujeta a un rígido código sexual. Esta práctica era especialmenta
atractiva para las viudas relativamente jóvenes -y hubo muchas después de las grandes epidemias del segundo tercio del siglo- quienes
no podían o no querían casarse en segundas nupcias, pero tampoco
tenían intenciones de vivir como monjas.

Durante todo el siglo XVIII el sistema de adopciones era tao eficiente que absorbía -también en tiempos de epidemias- el 100% de
los nifios expuestos. Se criaban en las familias adoptivas eomo huérfanos junto con los hijos legítimos del matrimonio. Al menos en las familias socialmente prominentes, estos huérfanos eran los futuros criados y ganaban su vida como trabajadores domésticos y/o del campo.
El promedio secular de niños expuestos es de 5.4/ año (2.5 mase.
y 2.9 fem.). La diferencia en el sexo varía considerablemente en años
diferentes, y no permite afirmar una supuesta costumbre general de
abandonar a las hijas y retener a los hijos. La costumbre de exponer
a los hijos no deseados tenía como causa en estos tiempos, como hoy
en día, más bien la presión social que la económica, aunque también
motivaba en las sociedades preindustriales de Europa a muchos matrimonios pobres a abandonar hijos que ya no podían alimentar. (Ver
Haensel y (,retel de los hermanos Grimm).
Dada la pobreza manifiesta de los indígenas y castas en el campo
(la vasta mayoría de ellos no hacía un testamento al morir -a pesar
de las insistencias del cura- por no tener qué testar, muchos eran tan
pobres que los curas les daban los servicios de la iglesia de limosna,
i.e. sin cobrar) no podemos estar seguros de que todos los hijos expuestos fueron procreados por madres solteras o viudas.

�232

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

GRAFICA 8

GRAFICA 9

BAUTISMOS E HIJOS ILEGITIMOS

HIJOS ILEGITIMOS: DECLARADOS Y EXPUESTOS

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La comparación gráfica entre hijos ilegítimos declarado_s e_ hijos ilegítimos expuestos demuestra dos períodos claramente delimitados donde prácticamente todos los hijos ilegítimos son expuestos:

1- ILEB.X

GRAFICA 10

NIÑOS ILEGITIMOS: DECLARADOS/EXPUESTOS

Lagráfica demuestra que el fenómeno de los nacimientos ilegítimos tiene
mucho que ver con las consecuencias de las crisis agrícolas y demográficas que comienzan en Tecali a principio del segundo tercio del siglo
XVIII. Aunque los porcentajes más altos son las consecuencias inmediatas de las epidemias del matlazahuatl de 1737 y de la viruela de
1797/98, los nacimientos ilegítimos no vuelven a bajar entre las epidemias a los niveles del primer tercio del siglo, pero forman una plataforma bien estable de entre 3 y 6% de todos los bautismos entre 1730
y 1780. Durante el último tercio del siglo este porcentaje aumenta aun
más (entre 4 y 8%) e indica así que la población se estaba recuperando numéricamente -ratio mayoritariamente arriba de 1- pero menos en la calidad social.

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�234

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y monalidad en Puebla

1708-1713

Las epidemias de viruela y tabardillo de 1709 a 1711 (Florescano, cuadro 14) provocan un brusco ascenso en la mortalidad y bien pueden
ser la causa -junto con la altísima tasa de natalidad en estos años,
las malas cosechas y la escasez general, que anotan varios autores (Florescano, cuadro 10)- para la formación de una severa crisis demográfica y de subsistencia, ocasionando la abundancia de niños expuestos.
Llama además la atención que, tanto en 1709 como en 1712, fueron
abandonados mucho más niñas que niftos. El caso es bastante extrafio, y se repite-aunque no tan extremadamente- de 1764 a 1766, cuando también todos los hijos ilegítimos son abandonados.
1758-1767

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de 1761/62 y el período de mal clima entre 1762 y 1768 (Florescano,
cuadro 10) ayudaron a que en este período casi no existieran hijos ilegítimos declarados. En 1759, el máximo con esta tendencia, predominó el sexo femenino entre los expuestos, ambos sexos están casi igualmente representados en 1760, y en 1762 predominó el masculino. Los
años de 1763 a 1766 parecen haber sido económicamente tan difíciles
para Tecali, que la gente abandonaba la totalidad de sus hijos ilegítimos.
A consecuencia de la epidemia de sarampión de 1768 hay nuevamente un alto índice de abandono de hijos ilegítimos, pero a pesar de
la crisis agrícola general de 1771 / 72, baja el número de hijos expuestos
hasta a finales del siglo drásticamente a O, a pesar también del nutrido
número de hijos ilegítimos declarados que caracteriza este período. La
crisis agrícola de 1801/ 02, que se inicia con el mal clima de 1797 y conduce a las malas y mediocres cosechas de 1800 y 1801, aumenta nuevamente el número de hijos expuestos con 500Jo más mujeres expuestas
que varones.
Por otro lado, hay la categoría de los hijos naturales declarados.
Durante la primera mitad del siglo XVIII estos hijos ilegítimos son presentados por sus madres -en toda regla solteras e indígenas, aunque
entre ellas hay una que otra viuda o hasta casada- para el bautismo
eclesiástico. En estos casos se anota en el libro de los bautismos nombres, casta y lugar de origen de la madre y de los abuelos matemos
del niño.
Este estado tradicional de las cosas -mater certa pater incertusempieza a cambiar en forma significativa desde mediados de siglo. A
partir del año de 1749 aparecen con más frecuencia ambos parientes

235

de un niño ilegítimo en el bautismo, y los curas tienen que inventar
el término técnico consorte para caracterizar al fenómeno nuevo de padres solteros que aceptan públicamente su responsabilidad paternal y
quienes, por supuesto, no siempre son solteros. Hay entre ellos viudos
-lógicamente- pero también uno que otro casado. Pero la mayoría
son solteros quienes viven obviamente en una especie de concubinato
o unión libre con la madre del niño y tolerados por el clero.
Esta nueva tolerancia moral, ca,acterística en los años 60 y 70 del
siglo XVIII, se refleja también en la terminología de los libros de bautismo, que llama a los hijos de estas uniones "hijo(a) de ..." y siguen
los nombres de ambos padres no casados sin el distintivo peyorativo
de natural o ilegítimo para la criatura. Pero si se conoce tan sólo a fa
madre, se siguen empleando los términos tradicionales de natural o ilegítimo. Aunque se puede apreciar durante algún tiempo una cierta tolerancia hacia los concubinatos y uniones libres, sin duda motivada por
las epidemias y frecuentes crisis de subsistencia, esta tolerancia no es
la regla general: a partir de 1780 ya predominan nuevamente los hijos
naturales en los registros parroquiales de Tecali, aún cuando ambos
padres sean conocidos.
La cronique scandaleuse de Tecali culmina en 1780 con el caso de
una hija -soltera- de un cacique local, que pretende pasar a su hijo
natural como hijo legítimo de otro matrimonio. Pero el esquema de
engaño falla -probablemente a causa de chismes-, hay una investigación por parte del cura, y como consecuencia una entrada oficial al
.libro de bautismos. Otra cause celebre ocurre en 1787: esta vez se presentan dos parejas de solteros como presuntos padres de un recién nacido, caso que quedó aparentemente sin "solución oficial".
En 1797 ocurre finalmente el único caso anotado en los libros de
bautismos en el cual una mujer casada presenta su hijo ilegítimo. Otra
rareza es la declaración de un hijo natural, cuyo padre es casado.
Pero a pesar de estos casos raros e interesantes y hasta excepcionales, hay que tener siempre presente que, a pesar de epidemias espantosas, hambrunas y conflictos sociales, se logra mantener intacto el esquema social tradicional, porque en promedio el 950Jo de los niños bautizados durante el siglo XVIII nace dentro de la institución del matrimonio eclesiástico.
3. MORTALIDAD INFANTIL

La calidad de los documentos parroquiales es por lo general tan buena
que sólo para 1701 , 1703 y 1711 existen insuficiencias graves. Los re-

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�236

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

237

gistros para los demás años permiten por lo menos el cálculo de la mortalidad infantil total para cada año, y ofrecen también la relación porcentual con la mortalidad total (i.e. de todos los individuos). Mientras
el término demográfico moderno -niño/nifla- comprende a los infantes de entre Odías y 4 años de edad, basándose en los conocimientos actuales sobre el desarrollo físico y psíquico de los infantes, en los
registros eclesiásticos de siglo XVIII se usaba el término párbulolpárbula, basado en la supuesta facultad del infante de compren~er y recibir los sacramentos de la iglesia. Por consecuencia este térmmo demográfico comprende en toda regla a los infantes de ambos sexos de entre
Odías y 6 años de edad. Debido al número considerable de párbulos
cuyas edades no fueron anotadas en la fecha de sus entierros, no se
puede aplicar el término moderno. Si se usa desde aquí en adelante la
palabra niño(a) se entiende infantes de hasta 6 años de edad.

Como se puede apreciar en las gráficas este valor promedial está sujeto a una variación muy amplia entre sus extremos, y durante el último
tercio del siglo generalmente más alta que entre 170l y 1771. La máxima mortalidad de niños ocurre durante la epidemia de 1734, año en
el cual el 76.20/o de los muertos (389 individuos) son niños; el mínimo
secular de 17 .20/o ocurre durante la trágica epidemia del matlazahuatl
de 1737 donde perecen 1 148 personas Oa máxima mortalidad/ afio en
este siglo), pero tan sólo 202 de ellos son niflos menores de siete años.

El promedio secular señala, que la mortalidad infantil_ (0 días a 6
años) era el 53.2% de la mortalidad total anual durante el siglo XVIII.

AÑOS DE MORTALIDAD INFANTIL ALTA

Un alto porcentaje de mortalidad infantil puede coincidir con períodos definidos por una alta mortalidad general, pero ocurre también
con frecuencia en años con una mortalidad general relativamente baja.
CUADRO 1

Años con epidemias
1708
1734
1746
1747
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1778/ 81
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1798

GRAFJCA 11

MORTALIDAD INFANTIL TOTAL

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1754
1792

Debido a la falta de datos adicionales a los registros parroquiales, se
puede explicar tan sólo algunos casos, como el de los años 1739-1742.
En este caso parece que la altísima mortalidad entre adultos -durante
el matlazahuatl de 1737- afectaba durante los años siguientes de la
catástrofe también a los niños, por la falta de atención o quizás debido
a la escasez de alimentos.
Mortalidad infantil total por sexo

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MORINF.

■ T.MORT.

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MORT.%

En el promedio secular mueren 42.1 varones y 40.6 mujeres anualmente. Pero estas cifras son sujetas a variaciones muy considerables en años
específicos, como con la epidemia de 1734, cuando mueren 204 mujeres y tan sólo 185 varones. Pero en otros años los varones son mucho
más afectados que las mujeres: por ejemplo, 1727 (180 varones/ 116
mujeres).

�238

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

239

GRAFICA 12
MORTALIDAD INFANTIL TOTAL/SEXO

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Mortalidad infantil por grupos de edad

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La calidad de los registros parroquiales para Tecali queda demostrado
por el hecho de que en promedio secular mueren tan sólo 12 nifios/ año
sin que el cura o sus vicarios anoten la edad en el momento de la muerte. Pero la falta de edades en las partidas de defunción se concentra
marcadamente en algunos años específicos.
Las deficiencias más altas las encontramos durante 1703 a 1706 y
1711/ 12. En todos estos años no hay epidemias ni una mortalidad muy
notable por otras razones. El problema radica más bien en el estado
caótico de la administración parroquial, porque parece que no hubo
cura propietario presente entre 1701 y 1706; pero seis vicarios que tenían a veces estancias muy cortas en el distrito, mezclaron frecuente-

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Durante el último tercio del siglo domina la mortalidad entre las mujeres, y tan sólo en 1780 y 1798 la mortalidad afecta más a los varones.
En lo general las cifras totales no demuestran grandes diferencias entre los sexos. Pero esta relativa homogeneidad se altera cuando se analiza la mortalidad infantil en sus diferentes grupos de edad.

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L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Siglo XIX

mente los registros de entierros con otros de bautismos en una manera
muy desordenada. La situación mejora con la toma de posesión del
Br. Antonio Vazques como cura propietario en enero de 1706. Quizás
debido a una ausencia del cura Vazques, y la falta de interés de sus
vicarios Brs. Manuel Cárdenas, José López de Aguilera y Joseph Alejandro de Alarcón, se produjo el fracaso de 1712 cuando menos del
10% de los niños muertos tienen sus edades anotadas. Las fallas de
l 720 son también atribuibles a funcionarios eclesiásticos, pero en el
caso de 1722 pudo haber influido la pequeña epidemia de este año. A
partir de 1723 podemos notar una mejoría drástica en la calidad de la
documentación a pesar de las grandes epidemias que se desataron. Tan
sólo los años de 1738 (siguiente a la gran epidemia de matlazahuatl),
y el de 1752 son una excepción.

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GRAFlCA 14

MORTALIDAD PROPORCIONAL DE NIÑOS SIN EDADES.1771-1801

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241

�242

Siglo XlX

La racha de mala documentación entre 1773 y 1778 puede haber sido
-por lo menos parcialmente- causada por la epidemia de 1773/74
y ocurre durante la larga tenencia del Br. Gerónimo Matheos Gil de
Taboada y Bunges como cura propietario de Tecali
(12.1.1773-21.IX.1797). Sus vicarios Joseph Antonio Bonfil, Mariano
Días, Francisco Matheos, Josef Gonzáles y Joseph Fabián tenían en
su mayoría cortas estancias -a veces repetidas- en el distrito. Durante los demás años y hacia el final del siglo XVIII la documentación
es muy satisfactoria a pesar de las epidemias que se presentaron en este
período.

L. Brinckmann: Natalidad Y mortalidad en Puebla

243

GRAFICA 16
MORTALIDAD l. 1701-1801 (HASTA UN MES DE EDAD)

Investigando la hipótesis de que la falta de edades tendría un trasfondo 'sexista', tanto la gráfica 15 como los promedios seculares demuestran
que esto no es cierto. Los promedios seculares para ambos sexos (varones 4.7, mujeres 4.5 individuos/año) son muy cercanos uno de otro
para atribuir las disparidades ocasionales a las tendencias generales de
mortalidad en aquellos años. Entre 1701 y 1771 el promedio anual es
de 4.2 varones y 3.6 mujeres, mientras en el último tercio del siglo hay
5.9 varones y 6.5 mujeres sin edades en promedio anual.

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Queda entonces establecido, que las deficiencias en la documentación parroquial no se deben al exceso de trabajo en período de crisis
demográficas, ni a prejuicios 'sexistas' sino al sistema r~tativo de los
vicarios y la vigilancia, a veces muy deficiente, por curas desinteresados y ausentistas.
El análisis de muertes infantiles por grupos de edad tiene que basarse en un cuerpo relativamente homogéneo de datos. Por esta razón
no se ha tomado en cuenta los años que tengan arriba de 10OJo de
niños sin edades.

- 21 26 30 34 39 43 -49 54 58 62 66 70 79 83 89 93 97
- BAP. %
AÑOS
O M. GRUP.
En promedio ~ecular' el 5.1 % de los recién nacidos no sobrevive el primerl mes de ~1da, _Y la mortalidad relativa de este grupo es el 18 1%
d e a mortalidad mfantil/año.
·
CUADR02

I

Mortalidad de niños hasta 1 mes de edad
Se estudiará la mortalidad de los recién nacidos tanto relacionada al
número de los bautismos/año para obtener la relación con la tasa de
natalidad anual, como en relación con el número total de niños muertos/año para establecer la conexión de este subgrupo con la mortalidad infantil total/año.

MORTALIDAD DE LOS RECIEN NACIDOS
lndlviduos

1701-1801
1701-1771
1771-1801

JI.O
11.8
11.6

Porcentaje

5.1

4.2
7.5

Hasta 1771, ~ueren ~ás niños recién nacidos en promedio anual ue
durante el ultimo terc1_0_ del siglo, pero debido a la natalidad geneialme?te alta, las probabilidades de supervivencia del grupo son bastante
;e1ores que duran~e los años de 1771 a 1801 con descenso marcado
e la tasa de natalidad (nro. de bautismos/año).

o

�244

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

245

El alto porcentaje de los recién nacidos entre la mortalidad total inf~til se debe principalmente a 1801, cuando se registra una mortalidad
de 55.6% para los recién nacidos durante los primeros cinco meses del
año, sin que las fuentes documentales disponibles nos ofrezcan una
explicación.
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Porcentaje

11.8
11.7
11.9

18.1
16. l
22.3

Como es de esperar, por lo general mueren más varones (6.6 individuos/ año) que mujeres (5.3 individuos/ año), pero la gráfica 18 demuestra que a nivel de años individuales hay fuertes diferencias entre los
sexos. Este es el caso de los aiíos de 1709 a 1718, afectados por la epidenúa de 1707/ 08, cuando se registra un exceso de mortalidad femenil; pero el caso más drástico proviene de la epidenúa de 1727, cuando
mueren más de dos veces más niiías que niiíos, núentras la mortalidad
masculina supera a la femenina durante los años de 1729, 1732/33,
1735/ 36, 1746/ 47, 1753, 1760 y 1764. En el último tercio del siglo hay
un donúnio de la mortalidad masculina muy marcada durante la epidemia de 1770/ 80, y una mortalidad alta, pero pareja para ambos sexos, durante la epidemia de la viruela de 1797.

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1701-1801
1701-1771
1771-1801

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La mortalidad de este grupo tiene un promedio secular de 18.50/o de
la total infantil por año. Como en el grupo anterior, la tasa de mortalidad (MORT.0/o) aumenta hacia el fin del siglo.

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CUADR04
PROMEDIOS I

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Individuos

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1701-1801
1701-1771

Grupos

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.Inf.

6.8
7.4

6. 1
6.4

12.9
13.7
1

81.8
89.2

18.5
17.8

�246

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Por las epidemias de 1734 (52 individuos) y 1727 (44 individuos) la mortalidad individual de este grupo de edad llega a su máxima durante el
siglo XVIII. Pero fue en 1764 (44.23%) y 1794 (41.18%), cuando el
grupo de los niños de 2 a 6 meses de edad llega a su máxima secular.
1764 se caracterizó por una mortalidad general e infantil baja y un repunte notable de natalidad después de la epidemia de 1761/62. Tanto
en este caso, como en el de 1794, no disponemos de información alguna para poder explicar la alta mortalidad porcentual de los niños de
este grupo.

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■ T.MORT.

-- MORT%

�248

L . Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Siglo XIX

Según los promedios seculares mueren ligeramente más varones (6.8
individuos) que mujeres (6.1 individuos), pero como se puede apreciar
en la siguiente gráfica, mueren durante las epidemias de 1727 y 1734,
en 1770 y en la de 1773 mucho más mujeres que hombres.

249

Niños de 7 meses a 1 año de edad

Este grupo tiene con un promedio secular de 20% el valor más alto
dentro del rango de mortalidad de niños de hasta I año de edad.

GRAFICA 20

GRAFICA 21

MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 2 A 6 MESES DE EDAD 1701-1801

MORTALIDAD DE NIÑOS DE 7 A 1 AÑO DE EDAD 1701-1801

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AÑOS

0 MASC.

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AÑOS

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□ T.MORT.

40
35

1

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A

45

1!J M.GRUP.

Como entre los grupos anteriores, también en este grupo aum'!nta la
mortalidad porcentual durante el último tercio del siglo XVIII.

�250

Siglo XIX

L . Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

En el promedio secular hay poca diterencia entre la mortalidad de varones (8.9 individuos) y mujeres (8.8 individuos). Pero al igual que en
los anteriores grupos de edad, mueren mucho más niñas que niños en
las epidemias de 1734, 1747, 1762, 1779, 1797/ 98. Durante la de 1727
mueren más varones que mujeres.

CUADROS
PROMEDIOS 11
Individuos

1701-1801
1701-1771

Grupos

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.lnf.

8.9
9.6
7

8.8
9.1
7.ó

17.6
18.7
15.9

81.8
87.4

Niños de 2 a 3 años de edad
19.95
19.55
19.97

Los picos de la mortalidad individual coinciden generalmente con los
años de gr~des epi~emias como 1727, 1734, 1747, 1772, etcétera, pero las máximas relativas caen en años que se caracterizan por una mortalidad general baja, pero en ascenso, y una natalidad también en ascenso como en 1725 (44.4%), 1765 (32.6%) y 1785 (44.3%).

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Con un promedio secular de 21.70/o, los niños de entre 2 y 3 años tienen la más alta mortalidad dentro del rango de la mortalidad infantil.
GRAFICA 23
MORTALIDAD DE NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS DE EDAD 1701-1801

GRAFICA 22

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MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 7 Al AÑO DE EDAD 1701-1801

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AÑOS

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AÑOS

■ FEM.

0

MASC.

-MORT.%

11 M.GRUP.

□ T.MOR

�252

Siglo XIX

L. Brinclanann: Natalidad y mortalidad en Puebla

253

La mortalidad culmina en el segundo tercio del siglo XVIII, entre 1746
a 1771, con un promedio anual de 24.8% de la total. Dos de los tres
valores más altos coinciden con las epidemias de 1768 (40.5%) y 1780
(30.80Jo), caracterizadas por una alta mortalidad infantil general.

En el promedio secular mueren ligeramente más mujeres (10.3 individuos) que varones (9.6 individuos), pero tanto en 1727 como en 1737
y 1780 -todos
años de epidemias- la mortalidad masculina supera a la femenina.

El tercer pico, el de 1742 (41.9%) cae en el período de recuperación demográfica después de la gran epidemia del matlazahuatl de 1737,
en un ambiente general de drástico descenso de la natalidad y ligera
alza en la mortalidad general.

Niños de 4 a 6 años de edad
El promedio secular de mortalidad relativa es con 18.1 o/o, notablemente
más bajo que los valores de los dos grupos anteriores.

CUADR06
PROMEDIOS III

GRAFICA 25
Individuos

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Grupos

MORTALIDAD DE NIÑOS DE 4 A 6 AÑOS DE EDAD 1701-1801

Mase.

Fem.

M.Grup.

M. lnf.

9.6
10.9

10.3
11.9

81.8
89.2

6.5

6.5

19.8
22.9
13.0

65.3

21.7
23.8
17.2

Este grupo también es el único, en que la mortalidad porcentual baja
significativamente durante el último tercio del XVIII.

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1

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GRAFICA24

1

MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS DE EDAD 1701-1801

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AÑOS

-MORT.%

0 M.GRUP.

�254

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La mortalidad relativa más alta ocurre entre 1730 y 1780, para disminuir durante el último tercio del siglo.

CUADRO 7

1701-1801
1701-1771
1771-1801

En promedio secular mueren anualmente 9.3 varones y 8.9 mujeres,
pero la mortalidad masculina domina en 1727 y la femenina en 1734
y 1780.
Resta constatar que, en la mortalidad infantil, están establecidos
dos subpattems bastante distintos: a) la mortalidad de los niños de O
días a l año de edad; b) la mortalidad de los niños de 2 a 6 años de edad.

PROMEDIOS IV
Individuos

255

Grupos

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.lnf.

8.3
10.6
6.6

8.9
9.4
7.6

18.1
19.8
14.2

81.8
89.2
65.4

El grupo con la supervivencia más arriesgada es el de los niños de
2 a 3 años de edad.
19.1
19.5
18.1

Los tres valores más altos coinciden con las epidemias de 1761/62,
1772/73 y 1779/80; el pico de 1740 corresponde a un año caracterizado por una mortalidad general muy baja y un repunte drástico en la
natalidad correspondiente a la fase de recuperación demográfica después del matlazabuatl de 1737. La mortalidad relativamente alta de los
niños de 4 a 6 años de edad en este afio puede ser causada por un pequeño rebrote de la epidemia y/o por la falta de atención durante los
tres aíios de vida, debido a la altísima mortalidad de adultos por la
epidemia.

4. MORTALIDAD DE LOS SOLTEROS
El grupo de los solteros comprende a todos los individuos de 7 años
en adelante que no se han casado. La edad inicial para este grupo - 7
años- significa la edad fijada por la Iglesia Católica, en la cual los
jóvenes de ambos sexos pueden recibir los sacramentos, y nv corresponde a los conceptos modernos del cambio de la infancia a la
adolescencia.
Para facilitar el análisis me parece permisible dividir este grupo de
solteros en los siguientes subgrupos:

Solteros sin edades: todos los individuos no casados ni enviudados

GRAFICA 26

MORTALIDAD/SEXO DE NIÑOS DE 4 A 6 AÑOS DE EDAD 1701-1801

Adolescentes:
Solteros adultos:

a partir de 7 años cuyas edades no fueron anotadas en sus partidas de entierros.
jóvenes con edades entre 7 y 16 aíios de edad.
jóvenes con edades entre 17 y 30 años.

Mortalidad total de solteros
En el siglo XVIII murieron en total l 642 solteros y solteras, lo cual
corresponde a un 10.3% de la mortalidad total en el distrito de Tecali.
Durante el período de junio de 1701 hasta mayo de 1771, cuando se
redujo el distrito parroquial de Tecali por la separación del subdistrito
de San Miguel Tzicotlacoyan, murieron l 117 solteros lo que equivale
al 9.5% de la mortalidad total. Durante el último tercio del siglo murieron 524 solteros y la mortalidad relativa de este grupo subió al 12.5%
de la mortalidad total.

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E

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- 18 24 27 30 33 36 40 43 47 51 55 58 616467 70 72 818589 92 95 98

■ FEM.

�256

Siglo XIX

L. BriDckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

GRAFICA 27

A pesar de la reducción de la población del distrito, debido a la separación del subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan en junio de 1771,
sube la mortalidad de los solteros durante el último tercio del XVIII.

MORTALIDAD TOTAL DE SOLTEROS

•

N120

•

1

R
01000

800

•

35

CUADR09

30

MAXIMAI

25

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•

1701-1801
1701-1771
1771-1801

120

1

Fem.

H.Grup.

H.Toul.

Hort.%

146
146
60

175
175
72

321
321
132

1 148
1 148
542

33.9
27.97
33.9

La máxima mortalidad en cifras absolutas ocurre durante la gran epidemia del matlazahuatl de 1737, pero es con la de la viruela de 1798
cuando alcanza su máximo relativo de 34% de la mortalidad total/año.
Durante el último tercio del siglo no hay cifras absolutas tan altas: las
máximas corresponden a la epidemia de 1779/80 (año en el cual también hay con 29.30Jo un alto porcentaje de solteros entre las víctimas,
notablemente menor que en 1798). Los promedios de mortalidad/ sexo
muestran cifras muy cercanlls para ambos sexos (masculino 8.1 individuos/femenino 8.0 individuos).

10

o
- 7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

•

Hase.

15

5

-MOR%

257

M.TOT.

□ M.GRUP.
GRAFICA 28

1

1

'

Las máximas de la mortalidad de los solteros coinciden con las grandes epidemias de 1737, 1779/80 y 1797/98. En estas ocasiones, la mortalidad de los solteros pudo alcanzar cifras de entre 30 y 350Jo de la
mortalidad total/año. Pero los promedios anuales de mortalidad alcanzados en estos años catastróficos se encuentran más bien entre 5
y 150Jo de la mortalidad total.

N
R

o
D
E

CUADRO 8
PROMEDIOS V
Mase.

Fem.

H.Gl'UJ&gt;.

H.Tot.

Mor.%

8.1
7.6
8.7

8.0
7.9
8.2

16.1
15.7
16.9

153.3
166.5
134.9

8.3
7.4
10.2

e
A

1701-1801
1701-1771
1771-1801

s

o

s

MORTALIDAD/ SEXO DE SOLTEROS

180
160

0 MASC.

1-CO
120
100
80
60
40

■ FEM.

20

o
-

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

AÑOS

�258

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La situación documental mejora drásticamente entre 1738 y 1769.
Durante estos años todos los solteros muertos aparecen con sus edades
anotadas. Pero durante el último tercio del siglo vuelve la mala situación documental, y es especialmente fuerte desde 1785 a 1798, caracterizado por una mortalidad bastante baja entre los solteros. Hay que
buscar la causa para estas fallas -como en el caso de los niños- en
las omisiones de la administración parroquial, por un lado: pero también en el hecho de que muchos de los individuos clasificados como
solteros eran en realidad adultos no casados, cuyas edades al morir tan
sólo se anotaban en casos excepcionales.

Empero, durante las epidemias de 1737 y 1779 mueren mucho más solteras que solteros; en la de 1734 y en la de 1772/73 mueren más hombres que mujeres.

Mortalidad de solteros sin edades
GRAFICA 29
MORTALIDAD DE SOLTEROS SIN EDADES

N

100

R 350f •
O 300 ~
· 250 ,,
D 200
E 150
100
e 50
A

s o

90
80
70
60
50
40
30
20

1
1

I

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i 1' l 11
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I

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I
V

O

-

S

AÑOS

lw. l
••

10

l.

o

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

-MOR%

0 M.GRUP.

■ M.ADOL

GRAFICA 30

MORTALIDAD/SEXO DE SOLTEROS SIN EDADES

N

R40

º20
. 00

ºª
E60
40
c20
A

s
o

s

Un promedio secular de 31. 711/o de solteros muertos no tienen sus edades anotadas en las partidas de defunciones (valor que está muy arriba
del de 13.60/o de niños sin edades). Como demuestra la gráfica 29, los
años buenos y los años malos de la documentación para este grupo están claramente separados unos de otros. Las deficiencias se concentran en el primero y el último tercio del siglo XVIII, empezando con
valores altos a principios del siglo, pero disminuyendo claramente hacia los años 30 con excepción de las epidemias de 1727 y 1737, donde
quizá el exceso de trabajo (escuchar las confesiones, administrar los
sacramentos, etcétera) contribuía a que los curas olvidaran de anotar
las edades de muchos adolescentes in articulo mortis. De todos modos
no acostumbraron anotar las edades de los solteros adultos (aproximadamente arriba de 16 años de edad). La fuerte mortalidad de adultos (casados y viudos) en la epidemia de 1727 apoya esta hipótesis.

259

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

0

MASC.

■ FEM.

No existe un desequilibrio sexual en la práctica de anotar o no las edades de los solteros difuntos, porque las máximas representan las tendencias generales de mortalidad/sexo en las epidemias de 1737, 1774
y 1779/80.
Por desgracia no existe un método cuantitativo para repartir los

solteros sin edades entre los dos subgrupos de 'adolescentes' (07 a 16
años de edad), y 'solteros adultos' (17 a 30 años de edad). Pero, partiendo de la hipótesis de que la gente del siglo XVIII se casaba entre
17 y 25 años de edad, supongo que cerca de 3/4 de los solteros sin edades pertenecían al subgrupo de los adolescentes.

�260

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Mortalidad de los adolescentes

261

en 1705 y durante las epidemias de 1722, 1724 y 1734. Las cifras absolutas de mortalidad alcanzan su máximo durante la gran epidemia de
1737, pero debido a los muchos solteros sin edades que mueren, el porcentaje de los adolescentes alcanza tan sólo el 30% de la mortalidad
total de solteros.

El subgrupo de los adolescentes, i.e. los solteros entre 7 y 16 años de
edad, comprende en el promedio secular a 49.6% de todos los solteros
muertos.

Entre 1739 y 1766 los adolescentes integran la mayoría de los solteros muertos, incluso durante algunos años de este período (1739, 1744,
1749, 1752/ 57, 1761 y 1767) todos los solteros muertos son del subgrupo de los adolescentes. Durante el último tercio del siglo baja la mortalidad promedio porcentual notablemente, y sólo 1794 y la viruela
de 1798 cobran un alto porcentaje de adolescentes muertos. Como demuestran los promedios anuales, mueren más mujeres que hombres,
una tendencia que se refleja también en las máximas.

GRAFICA 31
MORTALIDAD DE ADOLESCENTES

GRAFICA 32

N

MORTALIDAD/ SEXO DE ADOLESCENTES

R50

o

40
■ M.AOOL.

-MOR%

Llama la atención que entre 1742 y 1769 casi todos los solteros muertos pertenecían al subgrupo de los adolescentes. 1749 fue la excepción.

C10
A

s o
o -

CUADRO JO

1701-1801
1701-1771
1771-1801

S

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.Adol.

Mor.%

3.4
3.6
2.9

4.1
4.6
3.0

7.5
8.2

16.1
15.7
16.9

49.6
58.8
28.6

5.9

6 12 18 2-4 30 36 42 -48 54 60 66 71 77 83 89 95 1

AÑOS

PROMEDIOS VI

La mortalidad de los adolescentes aumentó durante el primer tercio
del siglo, aunque en una forma muy errática, alcanzando valores altos

O

MASC.

■

FEM.

Tan sólo en 1707, en la epidemia de 1734 y en 1776 mueren perceptiblemente más hombres que mujeres. Prácticamente en todos los demás años domina la mortalidad femenina. No puedo ofrecer una explicación a la debilidad de los adolescentes femeninos, que difiere tanto de la relativa robustez de las niñas menores de 7 años de edad.

�262

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en ~la

263

Mortalidad de los "solteros adultos"
del siglo XVIII. Junto con la reducción de la población en cifras absolutas después de la división del distrito parroquial en 1771, influye en
este caso definitivamente el drástico aumento de solteros sin edades (ver
parte 3) durante estos años. Por esta razón parece factible atribuirles
por lo menos una tercera parte de los solteros sin edades entre 177J
y 1801.

Este subgrupo comprende a los solteros de ambos sexos entre 17 y 30
años de edad. Durante el XVIII, en Tecali, estos solteros adultos aportan el 12% -en cifras absolutas- de los solteros muertos en el período. De este conjunto muere el 10.6% durante los primeros dos tercios
del siglo XVIII, y tan sólo 1.4% en el último tercio del siglo, después
de la separación del subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan.

En 1742 -el máximo secular- todos los solteros muertos pertenecen al subgrupo de solteros adultos, y en 1764 el 70% de ellos; cifras
fidedignas, porque en ambos años no se registraron solteros sin edades. No se sabe qué afectaba a los solteros adultos, porque ambos años
están caracterizados por una baja mortalidad general y una natalidad
relativamente alta (¡años buenos, pues!). Durante el último tercio del
siglo hay 21 años durante los cuales no hay muertes registra~as para
el subgrupo de los solteros adultos. Estos años ocurren especialmente
entre 1782 -una mortalidad relativamente alta para nuestro subgrupoy 1799, un año después de la epidemia de viruela. Tomando en cuenta
el incompleto estado de los registros parroquiales, se puede est~ seguro que un buen número de los solteros adultos (¿30%?) fue reg¡~rado
sin edades. La máxima corresponde a 1733, cuando muere un numero
inusitadamente alto de hombres (13) al inicio de las epidemias de
1733/34. La máxima para las mujeres (5) cae en las epidemias de 1762
(viruelas y matlazahuatl) y 1768 (sarampión y "fiebres").

GRAFICA 33

N
R 350

MORTALIDAD DE 'SOLTEROS ADULTOS'

:I

O 300
· 250

o

70
60
1- 50
40
30
20

200

E 150

e

100

A

s
o
s

10

o
AÑOS

MORTALIDAD/SEXO DE 'SOLTEROS ADULTOS'

0 M.GRUP.

■ M.ADOL

-MOR%

TABLA 11

o

PROMEDIOS VII

1701-1801
1701-1771
1771-1801

GRAFICA 34

E4

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.Adol.

Mor.%

1.24
1.7
0.3

0.71
0.8
0.5

1.34
2.5
0.8

16.1
15.7
16.9

17.13
20.8
8.7

También los promedios anuales demuestran que la mortalidad de los
solteros adultos se reduce a más de la mitad durante el último tercio

c2
Aº-+ttt'Pi'""
6 12 18 24 lJ 36 41 49 =:;4~r1

S

O
S

AÑOS

■ FEM.

~

71

O MASC.

�264

Siglo XIX
L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La mortalidad masculina domina hasta 1750 con picos marcados en
1701/12 y 1730-1736. Después cambia el cuadro y la mortalidad femenina sobrepasa a la masculina hasta el final del siglo XVIII. Esta tendencia está respalda~a también por las cifras de los años seguros, cuando no hay solteros sm edades. Entre 1735 y 1752 domina la mortalidad
mas~ulina; posteriormente domina la mortalidad femenina sin que se
pudieran aportar causas lógicas para la explicación de este fenómeno.

265

El máximo secular ocurre durante el primer año de la epidemia del matlazahuatl de 1772/73, cuando el 81.3% de los muertos corresponde
al grupo de los adultos. Durante la mayoría de los demás ~os del siglo XVIII, la mortalidad de los adultos oscila entre el 30% y el 50%
de la mortalidad total.
CUADRO 12

5. MORTALIDAD DE LOS ADULTOS

PROMEDIOS VIII

El término a~ulto es aplicado a todos los hombres y mujeres que aparecen en los hbros de defunciones del distrito parroquial de Tecali durante el siglo XVIII, con las siguientes clasificaciones: a) casado/casada; b) viudo/viuda; c) soltero viejo/soltera vieja.
La mayoría de los individuos muertos de estas categorías fueron
registrados sin sus respectivas edades en el momento del entierro. En
total mueren entre junio de 1701 y mayo de 1801, 5 975 adultos, cifra
que significa el 37.4% de todos los individuos muertos en este período. El 48.9% de ellos son hombres y el 51.1% mujeres, una proporción completamente normal.

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Mase.

Fem.

M.Cirup.

M.Tot.

Mor.%

28.6
29.8
25.9

29.9
31.1
27.3

58.6
60.9
53.3

156.8
166.5
134.6

38.6
38.2
39.5

Los promedios anuales de mortalidad indican un ascenso del porcentaje de los adultos muertos durante el último tercio del siglo.

CUADRO 13
MAXIMA 11

GRAFICA 35
MORTALIDAD DE ADULTOS

N

~1200¡
.1000

•
1

O 800

E400
60oi-l'
S "'~
- . ... 11¡

e

A

200

s

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"lll"'S 40
■

1

•

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o

~

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t ~~

-

I

1,

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

30

20
10

o

AÑOS

-MOR%

■ T.MORT.

0 M.GRUP.

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Mase.

Fem.

M.Cirup.

M.Tot.

Mor.%

220
220
145

234
234
168

454
454
314

1 148
1 148
542

81.25
62.II
81.25

La máxima mortalidad en cifras absolutas no coincide con el máximo
porcentaje de adultos muertos. A pesar de que el matlazal_i?atl de 1737
cobró el máximo número de víctimas por año -tamb1en entre los
adultos- este grupo figuró tan sólo con el 39.6% en el total de las
víctimas debido al alto número de víctimas entre los niños y solteros.
Este cuadro cambia radicalmente en 1772. Esta vez la epidemia
-nuevamente el matlazahuatl- es precedida por varios años con mal
clima y malas cosechas. La crisis de salud coincide con el pico ~e la
crisis agraria con el resultado de que, por lo menos durante_ el pnmer
año de la epidemia, son los adultos -agotados y malnutridos- los
que mueren en cantidad mayor (81.3%).
Otro año de mortalidad inusitadamente alta entre los adultos es

�266

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

el de 1766, con el 62. 1% de la mortalidad total anual. Esta vez no hay
epidemias, ni crisis agrícola, tan sólo hay noticias sobre lluvias abundantes. En ausencia de otra información, no tengo ninguna explicación para este fenómeno.
El mínimo secular de mortalidad entre adultos ocurre durante el
primer año de la epidemia del sarampión de 1779/80: sólo el 9.3%
de los muertos corresponde a los adultos.

GRAFICA 37

MORTALIDAD COMPARATIVA DE GRUPOS DE EDAD

~'ººº

o

100

GRAFJCA 36

o

MORTALIDAD/SEXO DE ADULTOS

E 10

N250T

R
0200

e
;.

150

s
o
s

D

EIOOt
e

267

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

I

50

M.INF.

♦ M.ADUL

+

M.ADOL

A

s

,so
L.-.

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

AÑOS

■ FEM.

0

MASC.

Tanto los promedios anuales como la gráfica indican una mortalidad
femenina -en lo general- ligeramente más alta que la masculina. Esta tendencia se acentúa dramáticamente durante las epidemias de 1727,
1737, 1762 y 1772. Sólo en la de 1737 mueren más hombres que mujeres.

6. MORTALIDAD COMPARATIVA
La siguiente gráfica trata de visualizar -como conclusión- el distinto comportamiento de los diferentes grupos de edad frente a las crisis
demográficas del siglo XVIII.

El rango bajo de mortalidad está ocupado casi exclusivamente por _solteros, incluyendo a los adolescentes. Sólo en 1737 Y_ 1779 (esta vez Junto con los niños) entran en el área de alta mortalidad.
El campo del centro está dominado por los adult?s durante el -~rimer tercio del siglo; después se mezcla con la mortalidad de los runos
en el área alta del rango.
Los niños dominan el área alta del rango_ medio de mo~d~d.
Mortalidad infantil y mortalidad de adultos se Juntan en las ep1detn1as
de 1727, 1734, 1737, 1762 y 1772.
Una alta mortalidad infantil ocurre exclusivamente en 1701,
1747/48, y 1797/98.

�2ó8

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natal1da
. d Y mon;úklad en Puebla

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.

ABREVIATURAS EN TABLAS y GRAFICAS

BAP.
BAP.0/o
CONCRIS.
CONGEN.
DEC.F.
DEC.M.
FEM.
GEM.0/o
ILEG.0/o
MASC.
MORGEN.
MORT.0/o
MORT.INF.
MOR.O/o
MOR.CRIS.
MOR.INF.
MUER.
M.ADOL.
M.ADUL.
M.GRUP.
M.INF.
M.TOT.
M.TOTAL
NACIM.
RATIO Bap./Muer.
T.BAP.
T.DECL.
T.EXP.
T.MORT.
T.MOR.

Número de bautismos/ año
Tasa de natalidad
. .
Concepciones en tiempos d~ cns1s
Número general de concepciones
Hijas ilegitimas declaradas
Hijos ilegítimos declarados
:::~~je de nacimientos múl~ples_(g~~elos)
Porcentaje de nacimientos de hiJos ilegit1mos
Masculino
Mortalidad general
= Mort. O/o
Mortalidad infantil
Tasa de mortalidad
. .
Mortalidad en tiempos de cns,s
= Mort.inf.
Número de muertes/ año
Mortalidad de adolescentes
Mortalidad de adultos
Mortalidad/Grupo de edades
= Mort. Inf. = Mor.lnf.
Mortalidad total
= M. Tot.
Número de nacimientos
Relación numérica entr~ bautismos Y muertes
Totalidad de hijos ~au~dos/ año
T talidad de hijos ileg1timos declarados
T~talidad de hijos ilegítimos expuestos
= M.Total = M.Tot.
= T.Mort.

269

�Costa Rica, 1866-1973:
Tablas Modelo de Mortalidad

Héctor Pérez Brignoli •

INTRODUCCION
En este trabajo presentamos cinco tablas de mortalidad de Costa Rica
para ambos sexos, en el período 1866-1973. Las tablas correspondientes a 19S0, 1963 y 1973, son oficiales. Las de 1866 y 1927 fueron calculadas como parte de la presente investigación. Las cinco tablas corresponden a aiios censales y aunque cubren un amplio espectro de variaciones en la mortalidad, presentan limitaciones importantes.
Las tres primeras están separadas por períodos de observación muy
largos, lo que dificulta el conocimiento de situaciones intermedias; y
los datos que sirven de base para la construcción de las dos primeras
tablas son, probablemente, de inferior calidad que los correspondientes a las tres tablas oficiales. Por todo ello resulta indispensable el recurso a las tablas modelo de mortalidad. Se estudian los diversos siste-

• Centro de Investigaciones Históricas, Universidad de Costa Rica. Este trabajo forma
parte de una investigación más amplia titulada "La población de Costa Rica, 17SO.l 950.
una historia experimental". El autor agradece los comentarios del profesor Robert
McCaa de la Universidad de Minnesota, y de los investigadores del programa "Cuantificación e historia interdisciplinaria" de la Universidad de Costa Rica: William Castillo, Rolando Cuenca y Arodys Robles. La colaboración prestada por el personal de
CELADE (San José) merece una mención especial; hubo tres sesiones de trabajo destinadas a su discución, y Antonio Ortega leyó y criticó el texto final con particular
agudeza y dedicación. Debe mencionarse también el apone de Juan Chaclciel y Dirk
Jaspers, en la fase inicial de la investigación, y recordarse también, como es usual,
que el autor asume plena responsabilidad por el contenido del trabajo. Este fue concluido durante el segundo semestre de 1986, mientras el autor, en goce de licencia sabática, se desempeiiaba como Fulbright Visiting Scholar en el Departamento de Historia de la Universidad de Minnesota.

�272

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mas ~po?ibles, ~n sus ventajas y desventajas, y luego de una comparación sistemática se presenta un sistema de tablas modelo adecuado al caso de Costa Rica, derivado de la Red 1 de Lederm~.
LAS TABLAS DE MORTALIDAD

clonadas. Las funciones más frecuentemente usadas son las siguientes:
función

definición

nqx

Probabilidad que tiene una persona de edad exacta •
de morir antes de cumpir la edad exacta x+n
Supervivientes de la generación hipotética hasta la
edad exacta x.
Defunciones en la generación hipotética entre las edades. y x+n.
Número de años ~vidos por la generación hipotética
J. entre las edades • y x+ ª·
Número de arios vividos por la generación hipotética
J. desde la edad hasta que la generación se extingue.
Esperanza de vida: número medio de años que le resta vivir a cada miembro de la generación hipotética J.
cuando alcanza una determinada edad.
Relación de supervivencia: probabilidad que tiene cada miembro de la generación hipotética de sobrevivir
cinco años más una vez que alcanza la edad •.

I

La ~la de mortali~ o tabla de vida constituye el instrumento más
prectSO para el estudio de la mortalidad y sus variaciones por edad,
sexo, causas de muerte2 y otros factores3 • Todos los índices que la
C?mponen son independientes de la estructura por edades de la población! con lo cual las comparaciones pueden efectuarse en forma directa, sm tener que recurrir a procedimientos de estandarización. Por lo
~emás, algunas funciones de la tabla tienen aplicaciones prácticas muy
IDlportantes en otros campos del análisis demográfico.
El principio básico para el cálculo de una tabla de vida es un conjunto de probabilidades de morir o sobrevivir, disponibles para una
población determinada. Esta idea se puede expresar con mucha claridad acudiendo a la imagen de una generación o cohorte. -digamos
todos los nacidos en Costa Rica durante los años 1840-45:_ sometid~
~ riesgo de morir durante un cierto período. Si escogemos'una duración de 80 o 100 años podremos observar la cohorte desde el nacimiento h_as~ su total extinción. El cálculo de las probabilidades es inmediato s1 disponemos del número de nacimientos (tamaño inicial de la cohorte) Y!os dat?s sobre las defunciones de esa generación cada año,
o cada cierto numero de años.
Aunque es sencillo razonar en estos términos, rara vez se dispone
de d~tos d~ esa cl_ase. La info~ación demográfica habitual para la población baJo,el_nesg? de monr proviene de un censo, y las defunciones, de estad1st1cas vitales. Tanto en un caso como en el otro disponemos de datos que corresponden a distintas generaciones y no tenemos
la posibil½iad directa de separarlos por cohortes. Las ~as específicas
de mortalidad, así calculadas, no constituyen una probabilidad. Afor~damente, no es difícil transformarlas y existen varios métodos prácticos para ese efecto"'.

1:85 probabilidades de muerte, comúnmente conocidas como nqx5,
constituyen la base de la tabla de mortalidad. A partir de ellas se calcul~ di~ers~s.índices o funciones, suponiéndose una cohorte o generación hipotetica compuesta de 100 000 nacimientos (este número se
denomina r_aíz de la tabla, a veces se usa 1 000 o 10 000, y en ciertos
casos especiales 1), y sometida a las probabilidades de muerte ya meo-

273

J.

nLx
Tx
o

e.
sPx.x+4

La tabla de vida puede calcularse por edades simples, y en ese caso se
denomina "tabla completa"; o bien con edades agrupadas, en cuyo
caso se obtiene una "tabla abreviada". Para la mayoría de las aplicaciones prácticas la tabla abreviada es suficiente. ·si se requiere una tabla completa puede procederse a estimarla mediante procedimientos
de interpolación, a partir de la tabla abreviada. O, si se dispone de datos de excelente calidad en cuanto a la declaración de la edad, a calcularla en forma directa.
Es también usual el cálculo de tablas de vida para ambos sexos,
para cada sexo por separado, y según distintos niveles de agregación
de los datos: todo el país, por regiones, por provincias o departamentos, para ciertas ciudades, etcétera. Es necesario, de todos modos, contar
con un número suficiente de casos en cada grupo de edad para evitar
la incidencia de posibles fluctuaciones aleatorias.

Habitualmente, la tabla de mortalidad se calcula para un año censal. El denominador de las tasas específicas de mortalidad es provisto
por la población por edades enumerada en el censo y el numerador se
calcula con un promedio de las defunciones ocurridas alrededor del año
censal. Existen también procedimientos para calcular una tabla de vida utilizando dos censos espaciados en cinco o diez años, y otros "mé-

�274

Siglo XlX

todos indirectos"6. Se trata, en todos estos casos, de tablas de vida
calculadas para un período o fecha determinada. Eso significa, en otros
términos, que la tabla refleja una experiencia de mortalidad que pertenece a un número relativamente grande de cohortes o generaciones.
Ya hemos explicado que, por la carencia de datos, es muy difícil el cálculo de tablas de vida por cohortes', aunque desde el punto de vista
teórico esa noción es de primordial importancia en el análisis demográfico. Debe mencionarse, sin embargo, que hay otras razones prácticas, además de la falta de datos apropiados, para no insistir mucho
en el estudio de la mortalidad por cohortesª.
LAS TABLAS DE MORTALIDAD DE COSTA RICA
(AMBOS SEXOS)

Tabla de 1865-67 (cuadro 1)

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

275

este hecho aparece confirmado en los registros de defunciones de todas las parroquias), por lo cual la tabla revelará una situación promedio de la mortalidad, pero con un nivel relativamente extremo.
La población enumerada en 1864 fue estimada al 30 de junio de
1866, y se procedió al cálculo de la tabla con el procedimiento que se
indica en seguida. En ese primer experimento se observó una relación
anormal entre la qo y la 4Q1 12. Una inspección de dicha relación en tablas correspondientes a niveles de mortalidad parecidos, confirmó enseguida esa presunción. Examinando las tablas modelo de CoaleDemeny y Ledermann, se escogió una corrección apropiada de la qo
original (1.678) de modo que la relación .qt!qo fuera igual a 0.95. Desde el punto de vista del ajuste de la información básica dicha corrección implica aceptar que las defunciones de los menores de un año tienen un subregistro mucho mayor que las defunciones de los otros grupos de edad13 •

Datos básicos
Cálculo de la tabla
La población por edades fue extraída del censo de 18649 • Las defunciones por edades fueron provistas por los curas de cada parroquia,
en informes correspondientes a los años de 1865, 1866 y 1867, según
lo requirió el director del censo Fernando Estreber, y publicadas como
anexos al censo de 18641º.

Ajustes
Las defunciones registradas fueron incrementadas en un 25%. Dicho
factor de omisión fue calculado utilizando un procedimiento diseñado
por Preston, Coale, Trussell y Weinstein 11 para corregir el subregistro de las defunciones de la población de 10 años y más. Para aplicarlo
se requieren las defunciones por edades, la población por edades enumerada en el censo, y una estimación de la tasa de crecimiento de la
población. Se efectuaron varias iteraciones, con diferentes tasas de crecimiento de la población (dentro de lo considerado plausible para el
caso en estudio), y tres hipótesis en cuanto a la estructura de edades
en la población total (población sin corregir, población corregida por
el método de las Naciones Unidas, población corregida mediante interpolación osculatriz).
Los resultados fueron siempre coherentes y se observaron muy pocas variaciones en torno al factor de 25% de omisión. Ello prueba tanto la calidad del valor estimado cuanto lo robusto del método propuesto
por Preston, Coale, Trussell y Weinstein. Debe notarse, por otra parte, que la mortalidad fue particularmente elevada en 1866 y 1867 (4 789
y 4 380 defunciones registradas, respectivamente, frente a 3 125 en 1865;

La qo fue estimada mediante el método de Greville14, haciendo uso de
las defunciones y los bautizos correspondientes a los años 1865, 1866
y 1867. El resto de las oqx de la tabla fueron calculados a partir de las
tasas específicas de mortalidad mediante el método de Reed y
Merrellis. Para evitar la influencia de la mala declaración en la edades (preferencias por ciertos dígitos) se calcularon las oq, para los grupos de edad de 1 a 4 años, de 5 a 9 años, y en forma decenal a partir
de los 10 años. Con ese primer conjunto de oq, se procedió al cálculo
de los supervivientes hasta la edad • (función h de la tabla de
mortalidad).
Enseguida se interpolaron valores de la h para los grupos quinquenales de edad, y se procedió a recalcular las oq,. Por último, se
efectuó un ajuste gráfico de las nq,. La tabla abreviada de mortalidad
fue calculada entonces con el paquete Pandero 16. Como opciones estandar, tanto en esta tabla como en las demás, se utilizaron las siguientes: a) un factor de separación de 0.3 y 1.24 para el cálculo de las Lo
y las 4L1, respectivamente; b) una estimación de la Lso+ mediante la
fórmula de Ortega1'.

Tabla de 1927 (cuadro 2)

Datos básicos
La población por edad fue tomada del censo de 192718. Las defunciones por edad del mismo año fueron extraídas de los Anuarios Estadís-

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Siglo XIX

ticos publicados por la Dirección General de Estadística y Censos. De

la misma fuente se tomaron los nacimientos y las defunciones por edad
correspondientes a los aíios 1921-1928.

Ajustes
Las tasas específicas de mortalidad fueron multiplicadas por 1.15. En
otros términos, fueron aumentadas en un 15 % . Dicho factor fue elegido con base en los siguientes argumentos: a) el censo de 1927 parece
tener una omisión no mucho mayor del 5% 19; b) los nacimientos de
ese período tienen una omisión aproximada del 5%, mientras que en
las defunciones el subregistro alcanza un 20%2(). Una prueba independiente de lo anterior fue proporcionada por el método de Brass para
estimar el subregistro en las defunciones a partir de la estructura por
edad de las muertes21, el cual produjo resultados equivalentes.

Cálculó de la tabla
Las qo, q1, q2, q3 y q4 fueron estimadas con el método de Greville22,
utilizando los nacimientos y las defunciones de los años 1921-1928. Enseguida se calcularon las tasas específicas de mortalidad y las oqx (Método de Reed y Merrell) pa.ta los restantes grupos de edad, de acuerdo
a la distribución por edad de las defunciones que aparece en los Anuarios Estadísticos: 5-14, 15-19, 20-29, 30-39, 40-49, 50-59, 60-69, 70-79
Y80 y más. Con ese primer conjunto de oqx se procedió a calcular las
respectivas lx, y luego por interpolación se obtuvieron los valores intermedios correspondientes a los grupos quinquenales de edad. Se recalcularon las nqx, y se procedió a su ajuste gráfico. La tabla fue calculada entonces con el paquete Pandero y las opciones ya indicadas
en el caso de la tabla de 1866.
Tablas de 1950, 1963 y 1973 (cuadros 3, 4 y 5)

En este caso se dispone de tablas oficiales, calculadas con base en las
defunciones por edad y la población censal. Los autores de dichas tablas efectuaron cuidadosas evaluaciones y correcciones de los datos originales. Para los fines de este trabajo no se consideró necesario revisar
esos cálculos 23 • El conjunto de oqx para ambos sexos fue extraído de
las tablas respectivas24• Enseguida se calcularon las tablas abreviadas
con el paquete Pandem y las opciones ya indicadas.
LAS TABLAS MODELO
Las cinco tablas de mortalidad muestran, como era esperable, un descenso gradual en la mortalidad. La medida más sintética de ese fenó-

H . P&amp;ez Brignoli: Tablas modelo de monalidad en C. Rica

2n

meno es proporcionada por la esperanza de vida al nacimiento (eo),
que pasa de 21.56 aftos en 1866 a 68.26 aftos en 1973. La función lx
es particularmente útil para analizar este fenómeno por edades. Con
esa finalidad se presenta en el gráfico 1. En 1866, la mitad de la generación (50 000) desaparecía antes de alcanzar los cinco aftos de edad;
en 1927, ello ocurría recién entre los 40 y 45 aftos. En 1950, ese momento solo se presentaba entre los 65 y los 70 aftos, y en las tablas de
1963 y 1973 todavía más wde, entre los 70 y los 75 aftos. En el mismo
gráfico puede observarse la existencia de cierta similaridad en la forma
de las curvas, y ese patrón común de variación puede también reconocerse en cualquiera de las otras funciones de las tablas de vida. En otros
términos, la mortalidad cambia de nivel a lo largo del tiempo, pero
se conservan ciertos rasgos comunes en el comportamiento del fenómeno por edad.
Esta característica peculiar de los cambios en la mortalidad se ha
observado en todas las poblaciones humanas para las cuales existen datos disponibles, y no resulta difícil en términos generales explicar por
qué se produce. Los cambios en la mortalidad tienen que ver con un
conjunto muy grande de factores entre los que se incluyen las enfermedades predominantes, las condiciones ecológicas y ambientales, las actividades económicas predominantes, aspectos socio-culturales y componentes genéticos y raciales. Aunque estos factores también se m~fican a lo largo del tiempo, su incidencia es permanente y se refleJa
en ese patrón específico de comportamiento de la mortalidad por edad.
La construcción de tablas modelo de mortalidad es posible, precisamente, por el hecho recién mencionado. Una tabla modelo representa, en consecuencia, una especie de promedio estadístico de diferentes
situaciones observadas empíricamente o, en términos más simples, una
representación de la forma de variación de la mortali~ por eda_d, desde
los niveles de mortalidad más altos, hasta los más baJos conocidos. La
utilidad de las tablas modelo queda, en todo caso, fuera de discusión:
permiten comparaciones, cálculos y estimaciones para situaciones intermedias entre dos tablas observadas, evaluación y corrección de datos de calidad sospechosa, estimaciones a partir de información incompleta, y muchas otras aplicaciones prácticas.

Existen dos métodos básicos para la construcción de tablas modelo. El primero puede llamarse "estadístico". El conjunto de tablas observadas es analizado con técnicas estadísticas que permiten agrupar
aquellas que presentan un comportamiento parecido. Cumplido este
primer paso se pueden elegir ciertos parámetros "de entrada" para generar las tablas modelo. Este método fue empleado para construir las
tablas modelo de las Naciones Unidas25 , el sistema de "tablas regio-

�278

Siglo XIX

n_ales" de Coale y Demeny2', y las tablas de Ledermann27, y más reC!entemente un nuevo conjunto elaborado por la División de Poblae1ón de las Naciones Unidas28•

Las tablas observadas en que se basan todos estos sistemas pertenecen sobre t&lt;&gt;:&lt;fo a la ;xperi~cia europea de la segunda mitad del si~o XIX Yel siglo XX . Urucamente en los sistemas más recientes se
mcl~yen como base tablas de las poblaciones del Tercer Mundo pero
cubn~ndo sólo una experiencia de mortalidad intermedia y baja. Así
por ej~mplo, en las nuevas tablas de las naciones Unidas el nivel de
mortalidad más alto elnpieza con una eo de 40 ailos.
En el primer sistema de tablas modelo de las Naciones Unidas el
P~ámetro_ de entrada utilizado fue la mortalidad infantil (qo). Ello
qwere decir qu~ ~ índice determina en forma unívoca el resto de las
nQ•, Ypor c?nsiguiente, el resto de la tabla. La extraordinaria rigidez
de esta opción llevó a construir otros sistemas.
. Co~e YDemeny observaron cuatro patrones regionales de mortalidad ~iferentes, después de analizar J92 tablas de vida diferentes. Introdujeron así _un ~nmer par~etro cualitativo: la región Norte, basad~ en el expenencia de los paises escandinavos (nueve tablas); ta región Este en la de Europa central y oriental (31 tablas)· la región Sur
e!l la de ~uropa m~terránea (22 tablas); y la región Ckste, una especie _de residuo que mcluye experiencias de Europa Occidental, Estados
Urudos, ~adá, Australia, Nueva Zelandia, Japón, Taiwan, Sud Afri~ (población blanca) e Israel (130 tablas). Una vez seleccionada la región, el parám~tro de entrada en las tablas de Coale y Demeny es la
esperanza de vtda a los 10 ailos (e,o).

H. P&amp;ez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

diferentes. En conjunto, el sistema es mucho más flexible aunque también más complicado de manejar. Provee varias "redes" o sistemas
de tablas modelo con un parámetro de entrada: eo, sqo, ,qo, ,sqo, 20Q30,
20Q•s y mso+ (tasa de mortalidad para la población de 50 años y más),
y tres redes con dos parámetros de entrada.

Las nuevas tablas de las Naciones Unidas se basan en 72 tablas
que cubren una experiencia de mortalidad reciente en países subdesarrollados de América Latina, Asia y Africa. El sistema incluye cuatro
patrones regionales diferentes (identificados mediante "cluster analysis"): latinoamericano, chileno asiático sudoriental y asiático oriental, mientras que un quinto patrón "general" resulta de la combinación de los cuatro primeros.
W. Brass30 desarrolló el segundo método para la construcción de
tablas.Jllodelo. El procedimiento puede denominarse "relacional". La
idea básica es que una tabla de mortalidad puede expresarse, previa
transformación adecuada, como una función lineal de otra tabla igualmente transformada, que puede llamarse "tabla estandar". La función logito aplicada a las h cumple bien con esos requisitos y constituye la base del sistema de Brass. Dos aspectos requieren aclaración:
la elección de la tabla estandar y el significado de los parámetros. Brass
mismo calculó una tabla estandar general, y otra especial aplicable a
las poblaciones africanas. El sistema permite, por otra parte, escoger
cualquier estandar que se considere conveniente. Flexibilidad en este
sentido, es uno de los rasgos más notorios del sistema de Brass. Los
parámetros especifican la relación entre la tabla estándar y la tabla observada según la ecuación:

Yx =A+ B Yu
La región Oeste, basa~a en un número apreciable de tablas, repre-

senta un patrón de mortalidad que puede considerarse como "estandar" (en 1~ prácti~ muy similar al presentado en las tablas modelo
de las Nac!ones Umdas). ~ demás regiones representan experiencias
~ás espec1ficas, que se desvian de dicho patrón "estandar". Así por
eje_mplo, el modelo Norte se caracteriza por una mortalidad infantil
baja, un~ mortalidad juvenil relativamente alta, y tasas de mortalidad
por debajo del promedio para los mayores de 50 ailos. El modelo Este
ofrece un patrón con alta mortalidad infantil y en la población de más
de 50 ailos. El modelo Sur, en cambio, presenta una elevada mortalidad en los niños menores de cinco ailos, baja mortalidad en los adultos (entre 40 y 60 años) y elevada en los mayores de 65 años.
El sistema de Ledermann parte de un conjunto de tablas (154 en
total) similar al utilizado por Coale y Demeny, pero utiliza parámetros

279

donde Y.

= logito de h (tabla
observada)

Yu

= logito de h (tabla
estandar)

El valor de A está asociado con el nivel general de la mortalidad, mientras que B representa la estructura por edad de la mortalidad en ~el~ción con la tabla estandar. Cuando B = 1 ambas estructuras comciden, mientras que cuando B es mayor o menor que la unidad dichas
estructuras divergen.
El sistema de Brass es sencillo y flexible, en muchos casos no es
fácil lograr un buen ajuste a los datos observados. Una posible s~lución consiste en aumentar el número de parámetros, lo cual ha sido
31
efectuado por Ewbanks, Gómez de León y Stoto • Se estiman entonces dos parámetros adicionales, a los ya mencionados: K que mide la

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Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mortalidad en los menores de 15 años y L que hace lo propio con los
mayores de 65 años.
ELECCION DE UNA TABLA MODELO
Las cinco tablas de mortalidad de Costa Rica recién presentadas cu~ren un ~p~o espectro de variaciones en la mortalidad y más de un
stgl? ~e histo~a de la población. Las tablas fueron calculadas con procedimi~ntos directos, para los año~ en que había datos disponibles. Aunque extsten otros dos censos nactonales, en 1883 y 189232, no se dispone para esos años de una estadística de mortalidad adecuada. Los
pocos datos disponibles exigen ajustes demasiado drásticos como para
otorgar a tablas así calculadas el mismo grado de confiabilidad que
a las que acabamos de presentar.
Para los años 1900, 1910 y 1920 disponemos de datos sobre la mortaµ?~3d mucho más confiables, extraídos del archivo del Registro
Civil . Pero esos años están demasiado alejados de los censos con lo
cual la estimación de la población total en cada grupo de edad ;e toma
problemática.
No hay medio directo pues, para llenar con alguna tabla de mortalidad los 6 l años que transcurren entre 1866 y 19'27. Afortunadamente,
entre 1927 y 1973 el espaciamiento de las tablas es relativamente adecuado. Las tablas modelo pueden ofrecer una buena solución a la situació~ presentada. Una vez identificado el sistema que mejor se ajusta
a las cmco tablas observadas se podrán efectuar estimaciones indirectas, utiliz.ando la información fragmentaria disponible para el período
1866-1927.
La elección de un sistema de tablas modelo presenta cierta comP!ej~dad. Prestaremos particular atención, en lo que sigue, a los procedimientos de comparación y a las opciones y supuestos implícitos. El
ejer~icio tiene valor, por otro lado, como test sobre la aplicabilidad
de diferentes tablas modelo en Ja demografía histórica latinoamericana. Utilizaremos las tablas de Coale-Demeny y Ledermann el sistema
logito de Brass y la reciente extensión de este sistema a 4 ;arámetros
efectuada por Ewbank, Gómez de León y Stoto. Se excluyen las nuevas tablas modelo de las Naciones Unidas debido a que cubren una experiencia de mortalidad más limitada.

Las tablas de Coale-Demeny y Ledermann
La comparación básica es sencilla. Para cada una de las tablas observadas (1866, 1927, 1950, 1963 y 1973) se selecciona una tabla modelo,

281

según las opciones ofrecidas por los diferentes sistem~. En el caso de
Coale y Demeny se escogió una tabla para cada región con una eo
igual a la de la tabla observada34• En el caso de Lederm~, ~uego _d_e
varias pruebas, se resolvió trabajar con la Red 1, lo que ~plica utilizar dos parámetros de entrada, la sqo y la 20Q4s. Se o_btuv1eron así 20
tablas del sistema de Coale y Demeny y 5 tablas del stStema de Ledermann. La comparación se efectuó sobre la función nqx, _un índice particularmente sensible ya que no tiene, como otras func1o?es de la tabla un carácter acumulado. El análisis gráfico de la relactón Rx35 permitió examinar las variaciones en el ajuste para_ cada _edad (gráfi~s
2.1, 2.2, 2.3, 2.4, 3.1 y 3.2), mientras que la cons1derac1ón de las diferencias entre las nqx de cada tabla observada y oqxm de cada tabla modelo (cuadro 6), nos provee de una medida resumen para escoger el
mejor ajuste.
Ambas comparaciones conducen al mismo resultado: el sistema de
Ledermann parece más apropiado que las tablas modelo de Co~e Y
Demeny. En este último caso, las v~aciones son bastante_ errá~tcas'.
y no hay coherencia en cuanto a la re81:ón que produce el meJor aJ~te.
en 1927 la diferencia mínima es ofrectda por el modelo Norte, mtentras que en 1866 y 1950 ocurre lo propio con el Oeste; el modelo Norte
vuelve a ser la mejor opción en 1963 y 1973.
Aunque el sistema de Ledermann prod~ce los mejor~ ajust~ (cuadro 6), los gráficos (3.1 y 3.2) revelan también que hay ciertas.diferencias sistemáticas entre aproximadamente los 10 y los 35 años. en esas
edades las nqx del sistema de Ledermann son invariablement~ más el~
vadas que en las tablas de Costa Rica. El carácter sistemá!1~0 de dichas diferencias permite pensar que se trata de ~na caractenst1ca específica atinente al comportamiento de la 1:llorta~dª?• Y n~ ~ errores en
los datos. Esto requiere, en todo caso, mvest1gac1ón adicional.

El sistema de Brass
Las primeras aplicaciones del sistema de Brass se efectuaron recurriendo a diferentes tablas estandar: las dos tablas propuestas por B~ass (estandar general y estandar afroasiático); una tabla correspondie~te al
modelo Oeste con eo = 39 años; la tabla de 1927, Y un pron_iedio de
las Ix en las cinco tablas de Costa Rica. Aunque las esttma~1ones _de
los parámetros A y B variaron un poco, ~o se obser:varo~ d1ferenc1as
significativas en la escala de dichas variaciones; la dispersión_ fue muy
parecida en todos los casos y lo mismo ocurrió con la relac1ó~ entre
el valor de los parámetros. Con base en estos resultados se resolvtó continuar el trabajo utilizando como estandar la tabla de 1927. Los parámetros así estimados se presentan en el cuadro 736•

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Siglo XIX

Los ajustes son satisfactorios, y los cambios en el parámetro A (nivel general de la_mortali~ad) corresponden a lo esperado. Pero el par~etro B también ~uctua: es mayor que 1 en 1866, iguala casi a la
~~ad.en 1950! descie~de en 1963, y vuelve a la unidad en 1973. La
utiliz.ación práctica del slStema de Brass implica pues una decisión acerca
del valor.que puede asumir el parámetro B. Las opciones son dos. La
más sencilla consiste en considerar B = 1, despreciando las mencionadas fluctuaciones, lo cual equivale a suponer que la forma de la curva
d_e 1~ L. &lt;:5 siempre similar a la de la tabla estandar. La segunda op.
C1Ón llDplica aceptar variaciones de B. Lo primero es muy simple pero
también ?3~Y drástico. Sus resultados pueden verse en el cuadro 6: las
tablas as1 aJustadas no son mejores que los modelos de Coale-Demeny
o de Ledermann.
Aceptar variaciones en B implica también alguna hipótesis plausib!e acerca de su .c&lt;:&gt;mportamiento a lo largo del tiempo, cuando se modifican las condic1on~ generales de l~ mortalidad. Si no existe un patrón general de cambios en B, es obvio que el uso práctico del sistema
logito se toma limitado. Para investigar el posible patrón de variaciones d~ los parámetro_s del sistema de Brass se efectuaron dos aplicaciones diferentes. La pnmera, a las tablas de mortalidad femenina de Suecia YFrancia. La segunda a las tablas modelo de Coale y Demeny. Los
resultados de la primera aplicación se muestran en el cuadro 8. Los
datos de Suecia y Francia, aparte de ser de indudable calidad cubren
un amplio espectro en la evolución de la mortalidad. Las variaciones
de A son monotónicas, y a_umentan en forma regular a medida que se
produce el descenso en el ruvel general de la mortalidad. Pero los cambios en B son irregulares, y más amplios en la experiencia sueca que
en la francesa. La segunda aplicación (cuadro 9), mostró, como era
de esperar, resultados mucho más regulares. Tomando como tabla estandar la del nivel 9, en el modelo Sur, el parámetro A se comportó
de acue~do a lo esperado, mientras que B presentó cambios monotónicos crecientes, alcanzando un valor de 1 justamente alrededor del nivel
9. Con resultados tan divergentes es difícil la construcción de una hipótesis plausible acerca de cuáles podrían ser las variaciones de B en
un caso como el de Costa Rica.
. Otra JX?Sibili~ad es la de usar la extensión a cuatro parámetros del
S1Stema logito recientemente propuesta por Ewbank Gómez de León
YStoto. Dichos autores argumentan que, con cuat;o parámetros es
posible, un ajuste virtualmente perfecto entre la tabla estandar y 1a'ta~la ob~ervada. Pero en ~a segunda etapa de cualquier aplicación práctica es llD~rtante también que los mencionados cuatro parámetros puedan_ reducrrse a por lo menos dos. De otro modo, la cantidad de tablas
posibles, entre por ejemplo dos situaciones observadas, es tan enorme

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

283

como inmanejable. Los resultados de la aplicación y el valor de los
parámetros estimados con este procedimiento se muestran en el cuadro 9. Lamentablemente, el patrón de cambio en los parámetros es errático, y no resulta posible una reducción a dos parámetros.

Discusión
Podemos evaluar ahora las ventajas y desventajas de cada uno de los
modelos presentados. El principal problema en las tablas de Coale y
Demeny parece provenir del hecho de que se basan en experiencias de
mortalidad algo diferentes de las de países latinoamericanos37• Aunque el sistema de Ledermann fue construido con una base similar, la
posibilidad de entrar con dos parámetros permite un ajuste a los datos
óbservados de mejor calidad. El sistema logito presenta dificultades
más serias. Las variaciones en el parámetro B resultan difíciles de interpretar y prácticamente imposibles de estimar a partir de información empírica indirecta o incompleta. Esas variaciones parecen ser, por
otra parte, independientes de la tabla estandar que se esté utilizando38•
La extensión del sistema a cuatro parámetros no provee, aparantemente,
una solución a este problema, sino más vale complicaciones adicionales. Por todo esto no parece que el sistema lo~to pueda reempl~
con ventaja las tablas modelo elaboradas a partrr de métodos estad1st1cos. Continua siendo, en cambio, un instrumento precioso por su flexibilidad y sencillez para la comparación y el ajuste de datos.
TABLAS MODELO PARA COSTA RICA
La identificación de un conjunto de tablas modelo de mortalidad de
aplicación aceptable al caso de Costa Rica puede ef~u~se a ~artir
de la red 1 del sistema de Ledermann. Nótese que la pnnc1pal discordancia encontrada con las tablas de Costa Rica sólo afectaba las edades comprendidas entre, aproximadamente, los ~O y 35 lm:os. _Aun~~e
podría efectuarse un ajuste para controlar esa discrepancia ststemat1ca ello afectará relativamente poco el conjunto de cada tabla ya que,
co~o es sabido, la fuerza de la mortalidad es baja en esas edades.
El uso práctico de la red 1 de Ledermann implica empero solucionar todavía otro aspecto. Es necesario encontrar una relación entre los
dos parámetros de entrada a las tablas, esto es la sqo y la 20Q4s. En las
tablas de Costa Rica 39 dichos valores se comportan de acuerdo a relaciones aproximadamente lineales, tal como puede verse en el grá~co
4. Cuando la mortalidad desciende y se observan esperanzas de vida
al nacimiento mayores de 55 años (tablas de 1950, 1963 y 1973), la relación sigue siendo aproximadamente lineal J&gt;t:ro la pendiente_ de la rect_a
se modifica. Por eso se calcularon dos ecuaciones de regresión: la pn-

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H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mera para el período 1866-1950 (esperanzas de vida al nacimiento entre 20 y 55 años) y la segunda para el período posterior a 1950 (esperanzas de vida al nacimiento superiores a los cincuenta y cinco años):

período 1866-1950
20Q◄s

= 0.20417 +

0.632282 sqo

cr2

= o.9966) u1

período 1950-1973
20Q◄s

= 0.092476 + 1.255634 sqo

cr2 = o.895) r21

Ello permite, enseguida, una estimación de las combinaciones relevantes de los dos parámetros, y el cálculo, utilizando las ecuaciones de regresión provistas por Ledermann-40,de las nqx correspondientes a cada
nivel de mortalidad. Ello se presenta en el cuadro 11; como anexo se
facilita un programa de computación que calcula las nqx y genera la
tabla de mortalidad respectiva.
En los gráficos 5.1 y 5.2 se presentan dos comparaciones de las
tablas modelo de Costa Rica con el sistema de Coale y Demeny. Las
diferencias son sobre todo notorias en las nqx a partir de los 20 años
de edad. En el nivel 5 -una situación de alta mortalidad-, la tabla
de Costa Rica se aproxima al modelo Sur y diverge del Oeste, al menos
entre los 20 y los 60 años, y después de esta última edad se separa de
ambos. En el nivel 13 -representativo de una mortalidad mucho más
baja-, los tres modelos difieren mucho menos, pero el costarricense
se parece más a la región Oeste que a la región Sur.
En lo cuadros 12 y 13 se presentan dos ejemplos de utilización del
sistema. Para el período 1919-1921 es posible calcular, mediante el método de Greville, las nqx desde O hasta cinco años. En 1910 la información sólo permite calcular la qo. Con ambos datos como criterios
de entrada, es posible calcular las respectivas tablas de mortalidad. En
el primer caso, al disponerse de la sqo, la entrada en el sistema es directa por medio de la ecuación [I]. En el segundo, es necesario efectuar varias iteraciones, con diferentes valores de sqo y la misma ecuación [l), hasta que se encuentra una tabla de mortalidad con una qo
igual a la observada en 19l O. El programa provisto induye la ecuación
[l] en la instrucción 190, por lo cual el cálculo de las tablas se puede
lograr con un mínimo de operaciones.

285

CONCLUSIONES
Podemos enumerar ahora las principales conclusiones de este estudio:
1) las cinco tablas de mortalidad presentadas cubren un ~plio.~pectro de variaciones del fenómeno, y presentan una coherencia numma como para que sea plausible la entrada en algún sistema de tablas
modelo;
2) de los diferentes sistemas examinados (Coale-Demeny, Ledermann, Brass y Ewban.k-Stoto-Gómez de León) el de Ledermann (red
1) produce un ajuste más coherente y próximo a las tablas observadas;
3) hay amplia evidencia, -y la comparación de las t~blas costarricences con los diferentes sistemas de tablas modelo constituye una confirmación adicional-, de que existen uno o varios patrones "latinoamericanos" de mortalidad.
En lo que hace a este último punto hay que decir que se necesita
mucha investigación adicional. Las nuevas tablas modelo de las Naciones Unidas constituyen apenas un primer esfuerzo en esa
dirección41 • En demografía histórica necesitamos, ade más,tablas que
cubran apropiadamente situaciones de alta mortalidad, y en est_e sentido hay que decir que todos los sistemas de tablas modelo extstentes
tienen profundas limitaciones.

NOTAS

l. Ver Barclay, George W. Techniques of Population Analysis. New York, John ".Viley, 1958; Shryock, Henry S., Jacob S. Siegel, et al, Tbe M~ocI_s and Matenal~
ofDemograpby, 2 vols. Washington, D.C., U.S. Govemment Prin~g (?ffice, 1970,
Pressat, Roland. El análsis demográfico, Métodos, resultados, aplicaaones. Trad.
A. Joubet. México, F.C.E. 1967; Pressat, Roland. TheDictionaryo~Demograpby.
Edited by Christopher Wtlson. Oxford, BI~ckwell Reference, _1985; S~1egelman, Mortimer. Introduction to Demography. Chicago, Toe Actuanan Society, 1955.
2. Preston, S.N. Keyfitz and Robert Schoen. Caus~ of Deatb. Life Tables for National Populations. New York and London, Semmar Press, 1972.
3. Haines, Michael R. "The use of model life tables to estimate mortality for the United States in the late nineteenth century". Demograpby 16 (2), 1978, pp. 289-312.

4. Ver Shryock et al., op cit.; Pressat, El análisis demográfico, pp. 137-143; Ortega,
Antonio. Tablas de mortalidad, San José, CELADE, 1982.

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Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica
34. El único parámetro de entrada que produce estimaciones insesgadas en el sistema
de Coale y Demeny, es la e10. Pero en las aplicaciones prácticas esto raramente se
respeta. En nuestro caso, no hubo prácticamente diferencias en cuanto a la tabla
escogida, entrando con la eo o la e10.
35. q, (tabla observada)/ qm. (tabla modelo).
e

36. En esta aplicación, al igual que en la que extiende el sistema de Brass a cuatro parámetros, se utilizó la transformación logito según la fórmula que se muestra en el
cuadro 3.7. También es de uso habitual la fórmula logito J. = 1/2 la ((1 - l.)/ !.J.
En este caso se modifica el signo del parámetro A.
37. No está de más notar que Coale y Demeny excluyeron las tablas latinoamericanas
porque su comportamiento difería considerablemente del de las tablas europeas más
confiables. Ver Coale y Demeny, op. cit. p. 12. Como lo muestran las nuevas Tablas Modelo de las Naciones Unidas, existen patrones específicos de mortalidad en
las poblaciones latinoamericanas.
38. AJ cambiarse la estandar se modifican obviamente, los valores del parámetro B. Pero sus variaciones peananecen más o menos constantes, como si al utilizarse otra
estandar se produjera apenas un cambio de escala.
39. Se efectuó también un estudio de las variaciones de OQ5 y 20Q•5 en las tablas del modelo Oeste de Coale y Demeny. La relación observada fue también lineal, con una
pendiente similar a la calculada para el caso de Costa Rica.

40. Véase, Ledermann, Sully. op. cit. pp. 73-76.
41. Vale la pena también mencionar el trabajo de grado de Ramiro Coa Clemente, Tablas modelo de mortalidad para América Latina, CELADE, Programa de Maestría
en Demografía 1985-86 (inédito), que desarrolla y mejora dichas tablas; y un intento pionero en Brasil: Frías, Luiz A. Medeiros y Paulo Rodríguez, "Brasil: Tábuas
Modelo de Mortalidade et Popula~oes Estáveis", Anais.Segundo Encontro Nacional Estudos Populacionais. ABEP, Sao Paulo. 1981, vol. l.

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289

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CUADR02

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o

COSTA RICA, 1927. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

o
1
5
10
15

20
25

30
35
40
45
50
55

60
65

70
75
80

nmx

0.22726
0.03465
0.00766
0.00407
0.00513
0.00693
0.00874
0.01058
0.01251
0.01456
0.01678
0.02027
0.02684
0.03845
0.05777
0.08446
0.12229
0.20240

0.19607
0.12649
0.03760
0.02014
0.02534
0.03408
0.04275
0.05155
0.06065

0.07025
0.08053
0.09647
0.12576
0.17539
0.25238
0.34868
0.46829

1.00000

~

,.

nQx

100 000
80 393
70224
67 584
66 223
64 544
62 345
59 680
56 603
53 170
49 435
45 454
41 069
35 904
29 607
22 135
14 417
7 666

&gt;&lt;

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nlx

T.

e.

nP.,•••

19 607
10 169
2 640
1 361
1 678
2 200
2 665
3 076
3 433
3 735
3 981
4 385
5 165
6 297

86 275
293 506
344 519
334 516
326 917
3 17 223
305 061
290 707
274 433
265 512
237 222
216 307
192 433
163 778
129 354
91 379
55 206
37 873

3 953 220
3 866 945
3 573 439
3 228 919
2 894 404
2 567 486
2 250 263
1 945 202
1 654 496
1 380 063
1 123 551
886 329
670 022
477 589
313 811
184 457
93 079
37 873

Pb:
39.53
48.10
50.89
47.78
43.71
39.78
36.09
32.59
29.23
25.96
22.73
19.50
16.31
13.30
10.60
8.33
6.46
4.94
wP,,;

0.75956
0.90715

1472

7 718
6 751
7 666

0.97096
0.97729
0.97035
0.96166
0 .95295
0.94402
0.93470
0.92480
0.91183
0.88963
0.85109
0.78982
0.70642
0.60414
0.40689

CUADRO 3
COSTA RICA, 1949-51. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

.m.

nQx

lx

o

0.10414
0.01574
0.00274
0.00136
0.00193
0.00315
0.00375
0.00453
0.00565
0.00688
0.00929
0.01272
0.01964
0.02822
0.04182
0.06609
0.09988
0.17749

0.09706
0.06034
0.01361
0.00677
0.00960
0.01563
0.01858
0.02239
0.02784
0.03383
0.04538
0.06162
0.09360
0.13178
0.18929
0.28358
0.39961
1.00000

100 000
90 294
84 846
83 691
83 124
82 326
81 040
79 534
77 753
75 588
73 031
69 717
65 421
59 298
51 483
41 738
29 902
17 953

1
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55

60
65
70
75
80

ndx
9 706
5 448
1 155
567
798
1 287
l 506
1 781
2 165
2 557
3 314
4 296
6 123
7 814
9 745
11 836
11 949
17 953

nlx
93 206
346 139
421 341
417 038
413 627
408 415
401 434
393 217
383 354
371 549
356 871
337 846
311 797
276 953
233 054
179 101
119637
101 147

T.
5 565 725

5 472 519
5 126 381
4 705 039
4 288 001
3 874 374
3 465 960
3 064 526
2 671 309
2 287 955
1 916 406
1 559 535
1 221 689
909 892
632 939
399 885
220 784
101 147

ex

nPx,x+•

Pb:
55.66
60.61
60.42
56.22
51.59
47.06
42.77
38.53
34.36
30.27
26.24
22.37
18.67
15.34
12.29
9.58
7.38
5.63
wP1s:

0.87869
0.95902
0.98979
0.99182
0.98740
0.98291
0.97953
0.97492
0.96921
0.96049
0.94669
0.92290
0.88825
0.84149
0.76849
0.66799
0.45813

Fuente: Dirección General de Estadística y Censos, Tablas de Vida de Costa Rica, 1949-51 (San José, 1957).

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CUADR04

~

COSTA RICA, 1962-64. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

.m.

Edad

o
l
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80

0.08502
0.00795
0.00154
0.00083
0.00115
0.00163
0.00202
0.00252
0.00313
0.004) 7
0.00571
0.00802
0.01263
0.02004
0.03237
0 .05136
0.07530
0.15658

.q.
0.08024
0.03113
0.00765
0 .004)5
0.00573
0.00810
0.01004
0.01253
0.01554
0.02063
0.02815
0 .03933
0.06122
0 .09543
0.14972
0 .22759
0.31685
1.00000

l•

.el.

.L.

T,

e.

100 000
91 976
89 113
88 431
88 064
87 559
86 850
85 978
84 901
83 582
81 857
19 553
76 424
71 746
64 899
55 182
42 623
29 118

8 024
2 863
682
367
505
709
872
1 077
1 319
1 724
2 304
3 129
4 679
6 847
9 717
12 559
13 505
29 118

94 383
360 002
443 860
441 238
439 059
436 024
432 071
427 198
421 206
413 597
403 526
389 943
370 424
341 611
300 203
244 514
179 353
185 964

6 324 177
6 229 794
5 869 793
5 425 933
4 984 695
4 545 636
4 109 612
3 677 540
3 250 342
2 829 136
2 415 539
2 012 013
1 622 069
1 251 645
910 034
609 832
365 318
185 964

Pb:
63.24
67.73
65.87
61.36
56.60
51.91
47.32
42.77
38.28
33.85
29.51
25.29
21.22
11.45
14.02
11.05
8.57
6.39
.,p,,:

~
o

~

.,.....
0.90877
0.97684
0.99409
0.99506
0.99309
0.99093
0.98872
0.98597
0.98193
0.97565
0.96634
0.94994
0.92222
0.87879
0.81450
0.73351
0 .50905

Fuente: Romero et. al. Tablas de Vida de Costa Rica. 1962-64 (San José, 1967).

is.:- ----------CUADRO 5
COSTA RICA, 1971-1974. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

o
1

s
10
IS
20
25
30
35
40
45

so

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60
65
70
75
80

.m.

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.L.

T,

e.

nP-....

0.05130
0.00324
0.00079
0.00059
0.00103
0.00144
0 .00154
0.00200
0.00263
0 .00351
0.00485
0 .00703
0.01069
0.01732
0.02865
0.04633
0.07120
0. 14830

0.04952
0.01283
0.00396
0.00293
0.00512
0.00716
0.00768
0.00993
0.01304
0.01738
0.02398
0.03453
0.05208
0.08300
0.13367
0.20761
0.30222
1.00000

100 000
95 048
93 829
93 451
93 183
92 706
92 042
91 335
90 428
89 249
87 698
85 595
82 639
78 336
71 834
62 232
49 312
34 409

4 952
1 219
372
274
477
664
707
907
1 179
1 551
2 103
2 956
4 304
6 502
9 602
12 920
14 903
34 409

96 534
376 826
468 214
466 600
464 723
461 871
458 444
454 410
449 194
442 368
433 233
420 587
402 438
375 423
335 164
278 859
209 302
232 024

6 826 213
6 729 680
6 352 853
5 884 640
S 418 039
4 953 316
4 491 445
4 033 001
3 578 591
3 129 397
2 687 029
2 253 796
1 833 209
1 430 772
1 055 348
720 184
441 325
232 024

Pb:
68.26
70.80
67.71
62.97
58.14
53.43
48.80
44.16
39.57
35.06
30.64
26.33
22.18
18.26
14.69
11.57
8.95
6.74
wPn:

0.94672
0.98913

Fuente: DGEC/ CELADE. Tablas de Vida de Costa Rica, 1972-74 (San José, 1976).

0.99655
0.99598
0.99386
0.99258
0 .99120
0.98852
0.98480
0 .91935
0.97081
0.95685
0.93287
0.89276
0.83201
0.75056

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l

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1
t

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0.52514

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~

�294

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de monalidad en C. Rica

295

Sigue cuadro 6
CUADR06

COMPARACION DE LAS TABLAS DE MORTALIDAD DE COSTA RICA
CON LAS TABLAS MODELO DE LEDERMANN Y COALE-DEMENY
Y EL SISTEMA LOGITO DE BRASS

modelo

Diferencias entre las probabiDdades de muerte
de cada ubla con respeao .1 las talas modelo

SUffl.11

de las diferencbs
.JI Cll.1CIDdo

diferenm
cmdlida media

Tabla de 1963

modelo

SUN

de las diferend.Js
.11 cmchdo

clfef'ell(U

audmla medi.1

Tabla de 1866

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.002179
0.055227
0.065765
0.062852
0.074642
0.017842

0.000128
0.003249
0.003869
0.003697
0.004391
0.001049

Tabla de 1927

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur

Brass

0.000488
0.002438
0.002058
0.005641
0.007167

o

0.0000287
0.0001434
0.0001210
0.0003318
0.0004216

o

Tabla de 1950

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.000540
O.000623
0.003340
0.001920
0.002321
0.000934

O.00003 18
0.0000366
0.0001960
0.0001132
0.0001365
O.0000549

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.0011910
0.0052500
0.0014200
0.0073880
0.0027700
0.0041580

0.0000700
0.0003087
O.0000835
0.0004350
0.0001630
0.0002445

Tabla de 1973

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.0005926
0.0031850
0.0008298
0.0042610
0.0017320
0.0020710

0.0000348
0.0001874
0.0000488
0.0002500
0.0001019
0.0001218

Este Sur corresponden a las cuatro familias de las tablas
Nota: Oeste, Nalorte,D Y En el caso de Ledermann se utilizó la red 1 (dos
modelo de Co e Y emeny ·
parámetros: sqo Y lOQ•s).

�296

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

297

CUADRO 7
CUADROS
PARAMETROS DEL SISTEMA DE B
(TABLA ESTANDAR: COSTA RICA,~;~

Tabla de
mortalidad

A

B

PARAMETROS DEL SISTEMA DE BRASS
TABLAS DE MORTALIDAD FEMENINA (SUECIA Y FRANCIA)

Error
estandar
de la

esdmad6n
1866
1950
1963
1973

0.47416
0.47638
0.71516
0.95734

1.11898
0.99353
0.92593
1.05646

0.00965
0.02255
0.03563
0.02953

~ota: Lo~it? !. = 1/2 l.(lx/(1 _ l.)J
proceduruento puede resumirse como si .
en_ las tablas de mortalidad (incluida I
gue. a) se ~culan los logitos de l.
raiz de cada tabla debe ser igual a 1 . a que se va a ut1hzar como estandar, la
zando como variable independiente{~b)I se.calculan regresiones lineales, utiliY como variable dependiente los logitis
de l. de la tabla estandar (Yu),
rbla obtenemos una ecuación de regresió den! ~da tabla (Y,); c) para cada
os valores de Y. estimados con cada
n_ e ~ orma: Y,= A+ B (Yu); d)
versión a valores de lx) para el cálcul ec;ac1ón, sirven de base (previa recono e las tablas modelo del sistema.

~:ts

Suecia *
Año

1758-63
1801
1821
1841
1881
1901
1921
1941
1967

Francia +

A

B

Año

A

B

-0.2900
-0.2799
-0.0856
-0.0202
0.1526
0.3208
0.5407
0.9107
1.3100

1.04
• 1.17
1.11
1.01
0.92
0.98
1.12
1.34
1.48

1700-70
1805-07
1825-27
1845-47
1885-87
1905-07
1925-27
1947-50
1967

-0.4147
-0.1386
-0.0945
-0.0132
0.0557
0.1909
0.5407
0.5939
1.1314

1.16
1.05
0.987
1.04
0'.99
1.13
1.12
1.14
1.23

• Se usó como estandar la tabla sueca de 1861. La tabla de 1758-63 es la de
Wargentin recalculada por Dupaquier. Las del período 1801-1941 aparecen
reproducidas en el artículo de Brass, "Sobre la Escala de la Mortalidad"
(Ver Brass, Métodos para estimar... , pp. 135-180). La tabla de 1967 aparece
en Keyfitz y Fliegert. Demografía. Métodos estadísticos. Buenos Aires, Marymar, 1979.

+ Se usó como estandar la tabla francesa de 1871-72. Todas las tablas fueron
extraídas, a excepción de la de 1967, de Bourgeois-Pichat, J. ''The General
Development of the Population of France since the Eighteenth Century",
in Population in History, Essays in Historical Demography edited by D. V.
Glass y D.E.C. Eversley, Chicago, Aldine Publishing Co., 1965, pp. 474-506.
La tabla de 1967 proviene de Keyfitz y Fliegert, op. cit..

�298

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 10

CUADR09

PARAMETROS DEL SISTEMA DE EWBANK,
GOMEZ DE LEON Y STOTO
(SISTEMA LOGITO CON CUATRO PARAMETROS)

PARAMETROS DEL SISTEMA DE BRASS
TABLAS DE MORTALIDAD FEMENINA
MODELO SUR. DE COALE y DEMENY'

eo
25.00
30.00
35.00
40.00
45.00
50.00
55.00

A
0.4622
0.2932
0.1416

o

-0.1360
-0.2741
-0.4167

299

B
1.2719
1.1537
1.0660

1.0000
0.9539
0.9196
0.8934

Tabla de
mortalidad
1866
1927
1950
1963
1973

A

B

k

-0.5942
-0.1049
0.4033
0.6673
0.8737

1.1340
0.9151
0.9544
0.8669
1.0616

0.1387
-0.0547
-0.3581
-0.5222
-0.4776

-0.2238
-0.0434
0.0840
0.1934
0.0180

Nota: Tabla estandar: modelo sur, nivel 9 (eo=40.00)
Nota: Los parámetros fueron calculados con el procedimiento iterativo descrito en Ewbank, D.C., J.C. Gómezde León y M.A. Stoto, "A Reducible FourParameter System of Model Life Tables". Population Studies, 37,1985, pp.
105-127, haciendo uso de la estandar general de Brass modificada. De acuerdo
a dichos autores los cuatro parámetros tienen el siguiente significado: A =
mide el nivel general de mortalidad; B = mide la forma general de la función
h, o, en otros términos, la mortalidad alrededor de los 50 años; k = mide la
mortalidad entre los 2 y los 35 años (pero sobre todo la mortalidad infantil
y juvenil); 1 = mide la mortalidad de los ancianos (compara la mortalidad de
70-74 años con la de 60-64 años).

�300

Siglo X])(
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 11

Sigue cuadro 11

TABLAS MODELO DE MORTALIDAD
(AMBOS SEXOS) PRO
PARA COSTA RICA
BABILIDADES
(RED I DE LEDERMANN)
DE MUERTE (.q,)

Niveles
Edades
eo

o
1
5
JO
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80
85
sqo
alQ4S

1
20.00
0.32874
0.34974
0.07508
0.04267
0.06040
0.08340
0.09108
0.09752
0.10681
0. 11543
0.12567
0.15124
0.19273
0.25030
0.32721
0.44012
0.54956
0.65857
1.00000

0.579
0.570

3
25.02
0.28606
0.27770
0.06225
0.03610
0.05151
0.01099
0.07698
0.08244
0,09051
0.09892
0.10944
0.13326
0.17140
0.22641
0.30175
0.41218
0.52525
0.64226

5

7

9

30.11

35.03

40.05

0.24763
0.21857
0.05133
0.03043
0.04385
0.06()35
0.06503
0.06968
0.07676
0.08491
0.09554
0.11778
0.15296
0.20541
0.27887
0.38664
0.50254
0.62665

301

1.00000

1.00000

0.21388
0.11134
0.04227
0.02566
0.03740
0.05143
0.05513
0.05913
0.06540
0.07327
0.08391
0.10478
0.13740
0.18740
0.25884
0.36390
0.48189
0.61209
l .00000

0.4935
0.5162

0.418
0.4685

0.353
0.4274

0.18205
0.13105
0.03420
0.02134
0.03157
0.04339
0.04631
0.04975
0.05533
0.06288
0.07345
0.09305
0.12334
0.17086
0.24005
0.34219
0.46176
0.59755

1.00000
0.293
0.389

Edades

11

13

15

17

19

21

eo

45.02

50.10

55.04

60.01

65.05

70.01

o

0.15242
0.09749
0.02715
0.01749
0.02635
0.03623
0.03857
0.04152
0.04651
0.05374
0.06419
0.08265
0.11084
0.15594
0.22272
0.32180
0.44244
0.58319
l.00000

0.12364 0.09675
0.06875 0.04564
0.02074 0.01520
0.01391 0.01072
0.02148 0.01709
0.02958 0.02362
0.03145 0.02516
0.03398 0.02731
0.03844 0.03133
0.04533 0.03787
0.05564 0.04804
0.07305 0.06458
0.09932 0.08921
0.14195 0.12948
0.20607 0.19082
0.30183 0.28312
0.42308 0.40448
0.56835 0.55355
l.00000 1.00000

0.07973
0.03322
0.01147
0.00819
0.01296
0.01774
0.01842
0.01991
0.02268
0.02771
0.03576
0.04871
0.06820
0.10293
0.15898
0.24468
0.36605
0.52451
1.00000

0.05908
0.02020
0.00770
0.00576
0.00932
0.01272
0.01306
0.01414
0.01623
0.02034
0.02720
0.03802
0.05431
0.08471
0.13574
0.21521
0.33496
0.49920

0.03931
0.01025
0.00453
0.00364
0.00613
0.00838

0.1405
0.2930

0.113
0.2343

0.080
0.1929

0.0499
0.1540

1
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80
85
sqo
20C}4S

0.2385
0.3550

0.187
0.3224

0.00854

0.00928
0.01083
0.01409
0.01983
0.02877
0.04222
0.06829
0.11378
0.18625
0.30294
0.47153
1.00000 l.00000

�302

Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 12
CUADRO 13
COSTA RICA, 1919-21: TABLA MODELO DE MORTALIDAD
COSTA RICA, 1910: TABLA MODELO DE MORTALIDAD

Edades

o

l.

0.22066 100 000
0.18046
77 934
0.04405
63 870
0.02660
61 057
0.03868
59 432
0.05319
57 134
0.05707
54 095
0.06420
51 007
0.06763
47 886
0.07555
44 647
0.08620
41 274
0.10734
37 716
0.14047
33 668
0.19098
28 938
0.26286
23 412
0.36849
17 258
0.48609
JO 898
0.61509
5 601
1.00000
2156

l
5
10
15
20
25
30
35
40

45
50

55
60

65
70
75
80

85
Nota: 5Qo

q.

= 365.95

~ •5

L.

ex

84 554
34.0J
272 919
42.55
312 316
47.65
301 223
44.73
291 415
40.88
278 071
37.43
262 756
34.39
247 232
31.32
231 332
28.20
214 803
25.06
197 476
21.90
178 460
18.73
156 515
15.69
130 875
12.84
101 673
10.28
70 390
8.06
41 248
6.30
19 392
4.90
8 046
3.73

Edades

q.

l.

L

ex

o

0.22564
0.18728
0.04537
0.02730
0.03962
0.05449
0.05852
0.06274
0.06928
0.07725
0.08790
0.10924
0.14275
0.19362
0.26581
0.37186
0.48916
0.61726
1.00000

100 000
77 436
62 933
60 078
58 438
56 123
53 065
49 959
46 825
43 581
40 214
36 680
32 673
28 009
22 586
16 582
10 416
5 321
2 036

84 205
269 717
307 529
296 291
286 402
272 968
257 560
241 960
226 014
209 488
192 235
173 381
151 703
126 485
97 919
67 495
39 342
18 393
7 584

33.27
41.87
47.24
44.36
40.54
37.11
34.10
31.07
27.98
24.87
21.75
18.60
15.58
12.75
10.22
8.01
6.27
4.88
3.72

1

5
10
15
20
25
30
35
40
45
50

55
60
65
70
75
80
85

= 435.55
Nota: 5Qo = 375.5

20Q•s = 441.66

303

�~

GRAFTCO 1

TABLAS DE MORTALIDAD, 1866-1973,
Supervivientes hasta la edad x (L.)

100

½

cS.:
o

~

90
80
70

~

~
Q

60 .

~
~

so

·..e

40

..

e:
·;;:
Q,

=

V,

30
20
10

o
40
O 1866

+ 1927

~

60

1950

4

80

1963

X 1973

ORAFIC02.1
TABLA DE MORTALIDAD DE 1865-67
Ra - q,/q- (Tablas de Coale-Demeny)

2

::i:

1.9

"0

!ll'

1.8

~

1:/::1

).7

~t:,

1.6

~

1.5

112

;;1

1.4

o-

1.3

!3
o

~

l.2

Cl.

o~

l.l

~

l

!3

~

0.9

~

0.8

lll

Cl.

0.7

g

0.6

0

0.5

~

0.4

0 edades

o

Oeste

20

40

+

Norte

80

60

•

Este

•

Sur

....
~

�0RAFIC02.2

~

TABLA DE MORTALIDAD DE 1927
R. • q.;q. (Tablas de Coale-Demeny)

2

~

&lt;6:
o

1.9

1.8

~

"

r ,•

1.7

,

_

1

1.6

1.5
1.4
1.3

a2

1.2

~

1.1

..

1
0.9 ·

..

~

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. "

-L i.~ "'--"- - . //L
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0.8

lY

la. -

0.7

•_1

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-

~

0.6
0.$

0.4

o

o

,edades

20

Oeste

+

.

40

None

.

60
♦

Este

80

A

Sur

ORAFIC02.3

TABLA DE MORTALIDAD DE 19$0
R. • q./q. (Tablas de Coale-Demeny)
2
1.9

~
~

1.8
1.7

ij

1.6

j·

o:,

1.$

~

1.4

~
c:,-

1.3

a2

e-

eo

1.2

~

1.1

o'

1

~

0 .9

9

1

0.8
0.7

Él'
Q.

g
0

0.6

º·'

~

0.4

0 edades

o

Oeste

20

40

+

None

60

O

Este

80

A

Sur

~

�GRAFICO 2.4

~

TABLA DE MORTALIDAD DE 1963
R, = q,/q,m (Tablas de Coale-Demeny)

ro
?:s

2

;:.,:

1.9
1.8
1.7

1.6
I.S

1.4
1.3

c2

1.2
1.1

1

0.9
0.8
0.7
0.6
0.5
0.4

~ edades

o

Oeste

60

40

20

+

O

Norte

Este

80
A

Sur

GRAFICO 2.5
TABLA DE MORTALIDAD DE 1973
R. = q,/ q,m(Tablas de Coale-Demeny)
2

;r:

1.9
1.7

...ij

1.6

~-~

1.5

o

1.4

;i

1.3

É

~

1.8

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~

:3

1.2

8.
!2.

1.1

o

1

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o
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0.8

i

0.7

e,.

g
0

0.6
0.5

):1

~-

0.4
0

o

edades

Oeste

20

40

+

Norte

80

60
~

Este

Á

Sur

~

�-

-

:;-

GRAFICO 3.1

._
""

&lt;:,

TABLAS DE MORTALIDAD, 1865-67 Y 1927
R, = q,/Q,m (Red I de Ledermann)

.

!

~
e'

~
:,,::

1.9
1.8
1.7

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�314

Siglo XIX

La Emigración Española Durante las
Décadas del Comercio Libre. (1765-1820)
EL EJEMPLO CATALAN
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Josep M. Delgado Ribas *

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l. LA EMIGRACION ULTRAMARINA ESPAÑOLA
DURANTE EL SIGLO XVIII
No puede afirmarse que la preocupación por el fenómeno de las migraciones ultramarinas sea tardía en la historiografía del siglo XX: basta
con recordar los dos extraordinarios volúmenes editados entre 1929 y
1931 conjuntamente por el National Bureau of Economic Research
(Nueva York) y el Bureau International du Travail (Ginebra), o el coetáneo trabajo de Carrothers sobre la emigración colonial inglesa, aportaciones seguidas de una considerable literatura posterior que sería engorroso enumerar1•

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También a finales de la década de los veinte el tema comenzaría
a preocupar a los hispanistas como quedara de manifiesto en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929), donde se presentó un Catálogo de Pasajeros a Indias para los siglos XVI al XVIII que contenía re2
ferencias acerca de 70 000 personas que cruzaron el Atlántico • Curiosamente, este mismo año Im.re Ferenczi publicaba una nota en los Annales d'Histoire Economique et Sociale para comentar las informaciones recibidas desde España sobre la abundancia de fuentes existentes
para el estudio de las corrientes migratorias y la lentitud de unas investigaciones que contaban con tan rico material, además centralizado en

• Depanamento de Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas, Universi•
dad Autónoma de Barcelona. Este artículo fue publicado previamente en Boletín Americanista, 32, Universidad de Barcelona, 1982.

�316

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

el Archivo de Indias, atribuida a la falta de recursos económicos del
país para financiar un programa de vaciado a corto plazo de las fuentes que podría obviarse mediante la ayuda internacional3 •
Cuarenta y cinco años después, Magnus Mórner en su exhaustivo
trabajo "La emigración española al Nuevo Mundo antes de 1810" realizaba una síntesis del caudal bibliográfico editado sobre las migraciones ultramarinas durante la edad moderna, concluyendo que si bien
se habían producido importantes progresos por lo que respecta a los
siglos XVI y XVII, el siglo XVIII continuaba siendo prácticamente
desconocido4. Esta laguna, aun hoy no cubierta, dificulta considerablemente el estudio de las relaciones entre España y sus colonias durante el Setecientos, por constituir el flujo migratorio una de las pocas
aportaciones positivas de la metrópoli al desarrollo económico hispanoamericano, a la vez que una fuente de acumulación para la burguesía mercantil española, cuyos miembros se desplazaron al Nuevo Mundo
sin perder por ello la voluntad de retorno.
Por otro lado, existen suficientes elementos de juicio para sostener que los flujos migratorios transoceánicos de la época borbónica
poseen un carácter sustancialmente distinto a los de la etapa anterior
no siendo descabellado calificarlos en conjunto como el puente que enlaza los desplazamientos de población a larga distancia durante la etapa preindustrial con la consolidación de un mercado internacional de
trabajo, ya en los siglos XIX y XX. Los rasgos distintivos del fenómeno emigratorio en el siglo XVIII permiten distinguirlo tanto de unos
como de otros. En pocas palabras, podríamos decir que sus características esenciales son:

Un cambio en los incentivos. Durante los dos primeros siglos de
la Edad Moderna predominan los factores de expulsión ("push factors") en la determinación de los españoles de abandonar la
5
península • Entre ellos cabe destacar el progresivo empobrecimiento de
la vida campesina como resultado del incremento de la presión tributaria, las continuas levas, la persecución religiosa y el temor a las enfermedades epidémicas. En el Setecientos,a la vez que varían los factores de expulsión -cada vez es más importante la presión
demográfica- cobran superior relieve los factores de atracción (''pull
factors") que parten de la economía colonial (demanda de artesanado
cualificado, deseo de realizar especulaciones mercantiles, disfrute de
algún cargo público, etcétera).
Descenso en el flujo migratorio. Si aceptamos para el siglo XVI
la cifra de 200 000 emigrantes y 350 000 para el XVII, las estimaciones, un tanto aventuradas, que poseemos sobre el siglo XVIII, hablan

317

de 55 000 viajeros, contabilizando tanto la emigración legal como la
clandestina6 • Este descenso es aún más sensible si tenemos presente el
peso mayoritario del funcionariado y de los comerciantes en el cómputo total'.

La acción del Estado. La administración española siempre fue reacia a permitir el éxodo masivo de peninsulares al Nuevo Mundo y así
se refleja en las Leyes de Indias8• No obstante el intervencionismo llegaría a extremos desconocidos en la época borbónica, limitándose la
concesión de licencias de embarque a supuestos muy concretos: funcionariado, eclesiásticos, encomenderos con sus dependientes y familiares cercanos de algún español establecido en América.
Aumento porcentual de la emigración clandestina. El incremento
de las restricciones a la emigración no vino acompañado de una mejora en los sistemas para evitar el embarque de polizones. La habilitación sucesiva de una docena de puertos peninsulares para el comercio
libre actuó en sentido contrario al descentralizar las vías de acceso al
Nuevo Mundo. Cabría añadir que la presión ejercida sobre la marinería, obligada a matricularse y a prestar servicio en la Real Armada «estimuló» las deserciones de buena parte de los tripulantes de embarcaciones que arribaban a puertos americanos9 •
El peso de la periferia. El cuadro I nos muestra_ la procedencia ~eográfica de los emigrantes espaftoles, en cuatro peno~os de la doinJnación colonial. En él puede observarse cómo las regiones que proporcionaban la mayoría de sus efectivos (Andalucía, Castilla-León, Extremadura), durante los siglos XVI y XVII, pasan a un segundo plano,
según los datos que hemos elaborado para el_ trienio 1794-1796. ~ún
poniendo en duda la validez de estos porcentaJes -no ha~ que olvidar
que el papel de la emigración cl~destin_a nos es descono~tdo-, resulta innegable y perfectamente l_ógico ~l mcremento_ co~stderable de la
participación, en los saldos m.tgratonos, de la penfena. La raz_ón de
este cambio debe buscarse en la aparición, como elemento determ.tnante
entre los factores de expulsión, de la presión demográfica. Son efectivamente las regiones donde el equilibrio población-subsistencias se hace más precario, aquéllas que registran un incremento más notable en
sus porcentajes11 •

En la apertura comercial que se inició con los decretos de libre comercio, la regulación restrictiva de la emigració~ al Nuevo Mundo fue
objeto de una especial atención por parte del legislador. _El R~glam_ento de 1778 distinguía a la hora de conceder las preceptivas licencias

�318

Siglo XIX

J. M . Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

CUADRO/
PROCEDENCIA EN PORCENTAJE DE LA EMIGRACION
ULTRAMARINA ESPAÑOLA to

Hispano-

Hispano-

américa

américa

(1493-1539) (154~1579)
Andalucía
Castilla-León
Extremadura
País Vasco
Galicia
Aragón
Valencia-Murcia
Asturias
Cataluña
Baleares
Canarias

34.3
36.3
15.9

Total españoles

96.3

México
Hispano(dudad)
américa
1689 (1794-1796)

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0.7
0.8
0.6
1.1

36.9
35.6
17.7
4.1
1.0
0.5
0.5
0.5
0.6

-

-

-

0.6

1.1

5

-

98

30.2
29.9
2.9
19.5
6.8
1.5
0.7
2.7

5.4

95.7

24.6
16.2
6.3
16.1
11.2
0.9
1.1
7.5
15.1
0.2
0.8
100

319

- Poseer la nacionalidad española, garantizada con la presentación de una fe de bautismo.
- Ser mayor de 18 años y estar emancipado o contar con permiso
paterno.
- Los casados, obligación de presentar licencia conyugal.
- Documentar, mediante certificado expedido por la aduana, haber cargado géneros en una embarcación por valor mínimo de 52 941
rs. 6 maravedís 13 •
La decisión de impedir mediante los oportunos controles todo tipo de emigración ilegal se patentizaba en otra disposición de marzo
de este mismo año:
Con el fin de precaver los medios imaginables según conviene que
en las embarcaciones del libre comercio que salgan de los puertos habilitados de España para los de América se embarquen polizones, llovidos u otros pasajeros sin las licencias prescritas ... ha resuelto el Rey
por punto general que ningún individuo pueda pasar a Indias, excepto los comprendidos en el rol de matrícula que se forma a cada buque del enunciado comercio; bien entendido que siempre que en los
navíos de guerra o mercantes a los puertos de Indias se encuentre algún sujeto sin asiento formal en las listas o roles de matrícula, o que
no lleve Real Licencia expedida en virtud de orden dada por esta
vía reservada o el Consejo de Indias, será relnitido indispensablemente
a España bajo partida de registro en la misma embarcación que fe
hayan conducido, sin permitirle saltar a tierra 14•

entre _«tripulantes», «cargadores o encomenderos» y «pasajeros». A
los pnmero~ ~e les concedía la autorización a través de la Real Patente
d.e Navegac1on, en la cual el capitan se hacía responsable, bajo caución, de toda la dotación del buque:

La concesión de la licencia presuponía el retomo del cargador en la
misma embarcación, aplicándose a su estancia una prórroga máxima
de tres años «en el caso solamente de no despachar sus efectos y
géneros» .

... y_en lo que mira a la tripulación, que deberá componerse de gente
matnculada Yconstar que lo sea por lista certificada que ha de entregar, obligándose a cuidar de su conservación y responder de sus
faltas 12•

Como «pasajero» sólo excepcionalmente podría viajar un comerciante, reservándose tal condición a funcionarios, clérigos o militares
con plaza en América. La práctica del comercio colonial tendería a mitigar esta norma, tomando en consideración si el solicitante poseía al15
gún pariente allí establecido en cuya ayuda acudir •

La con~ición de cargad~r o encomendero -según se viajase por cuenta P1:0p1a o por c~enta aJena- presuponía la existencia de una partida
de ge~er?s ne~oc1ables en algún mercado colonial. Para obtener la necesana h~enc1a de embarque era necesario que el interesado se hallara
e~ p_oses1ón de una serie de requisitos que resaltaban el carácter restnct1vo de la concesión, recogidos en la Real Orden de 27 de junio de
1778:

Todas estas disposiciones, refundidas en los artículos 10 al 14 del
Reglamento de Libre Comercio se mantuvieron vigentes hasta que la
guerra de la independencia obligó a tomar medidas excepcionales que
evitasen la entrada en América de afrancesados y desertores. Así, una
R.O. Circular de 9-VI-1810, establecía nuevos requisitos para fa obtención del correspondiente permiso:

�320

Siglo XIX

- Haber sido «fiel a la Patria».
- No hallarse encausado en ningún proceso.
- Gozar de exención del servicio de armas.
- No estar inscrito en la matrícula de marina.

11. LA PARTICIPACION CATALANA
En el co?t~xto d~ las m~graciones transoceánicas, el caso catalán posee
caractensticas d1ferenc1ales que permiten aislarlo como un fenómeno
particular. Primeramente, por su corta duración cronológica. Los emigrantes del Principado sólo llegarán a constituir una partida de consideración dentro de la emigración española durante el último tercio del
siglo XVIII y primeras décadas del XIX: los datos reunidos en el cuad~o I po.nian ya de relieve su insignificancia para la época de los Austnas, nuen_tras que algunas investigaciones recientes sobre el período
1700-1765 mducen a pensar que antes de esta última fecha difícilmente
alcanzarían el centenar los catalanes instalados en América16• Una explicación excesivamente simplista tiende a asociar este hecho con la presencia de ciertas limitaciones legales que entorpecían el acceso de los
hombres de la periferia peninsular al Nuevo Mundo. Sin negar la posible existencia de restricciones17, las razones que justifican la ausencia
de cata}anes en la~ listas de pasajeros a Indias durante la mayor parte
~el penodo colorual -y su posterior eclosión en la etapa del comercio
libre- son de índole económica. Pierre Vilar ya puso de manifiesto
en su día la existencia de una coyuntura catalana cuya evolución a largo plazo no coincidía con la de la Espafia Imperial 18 • Así, al esplandor demográfico de Castilla en el siglo XVI correspondía una lenta recuperación de Cataluña, restañadora de los efectos de la crisis bajomedieval. Del mismo modo, la depresión del siglo XVII, c_uyo peso fuera
decisivo como determinante de los factores de expulsión demográfica
que actuaron en la meseta, resultó más corta y menos intensa en el Principado, donde el cambio de tendencia se anticiparía varias décadas. y
la influencia de la coyuntura también contribuiría a la especifidad del
fenómeno migratorio catalán durante el siglo XVIII.
Si aceptam~s el descenso general de los flujos ultramarinos, particularmente sensible en las regiones que tradicionalmente aportaban la
mayor parte de su caudal, aquél debe explicarse a través de un análisis
de la economía española que insista en la recuperación castellana y
muestre cómo el litoral comienza a sentir las consecuencias negativas
del crecimiento demográfico en el marco de una sociedad preindustrial.
Pero la presencia en progresión de los emigrantes catalanes en las rut~~ atlántic~s no ~e reduce al resultado de un desequilibrio entre poblac1on y subs1stenc1as que favorece la expulsión de la población exceden-

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

321

taria. En el siglo XVIII Cataluña es la región más densamente poblada, pero también es la más rica, y la base de su prosperidad se encuentra en un proceso de especialización productiva que culminará en el
último tercio de siglo merced a la conquista de un importante mercado
exterior: Hispanoamérica. El asalto a este mercado tras la liberalización de los intercambios propiciada por el libre comercio es la razón
última que justificará el desplazamiento de cientos de catalanes a los
principales núcleos comerciales de las Indias. De ello se deriva otra característica peculiar de la emigración catalana: su homogeneidad.Cerca del 98% de los casos documentados a partir de más de 3 600 referencias corresponden a sectores sociales que participan en el comercio
colonial 19 •
El deseo de aprovechar al máximo las posibilidades de especulación que esta actividad mercantil permitía se traducirá en el predominio de una emigración temporal -entre 3 y 9 años- y rotatoria que
aseguraba la continuidad de los negocios pero no de las personas. Es
la convicción de que su estancia en América no era definitiva lo que
provocaba la resistencia, observada por algunos contemporáneos, del
inmigrado catalán a dejarse asimilar por la sociedad criolla20 •
A pesar de tener en común una misma procedencia y pretender objetivos similares, la situación en que cada emigrante efectuaba su viaje
podía ser muy distinta. Hasta la última década del siglo XVIII perduraría la iniciativa individual cristalizada en pequeñas comendas cuyos
socios-factores marchaban a vender unas mercancías adquiridas a
21
crédito ; frente a esta figura del comerciante-aventurero la burguesía
mercantil catalana, necesitada de peones para mover sus negocios americanos, fomentaría la emigración de profesionales del comercio, asalariados o con una mínima participación en los beneficios, que poseían
unos conocimientos teórico-prácticos suficientes para manejar sin errores empresas de cierta envergadura22 • Numéricamente, el pequeño negociante quizá fuera mayoritario en el conjunto de la emigración catalana; sin embargo cada vez le correspondió un papel más modesto, hasta
quedar reducido a la condición de simple botiguer, supeditado a las
compañías mayoritarias de las cuales recibta el suministro.

La tienda y el almacén constituyen el centro de trabajo y principal
medio de vida de la mayoría de los emigrados. Su punto de partida
siempre es el mismo: una primera expedición como encomendero o con
mercancías propias que obliga, ante la dilación de las ventas, a comprar o alquilar una dependencia resguardada de las inclemencias del
tiempo donde depositar su cargamento y evitar así su deterioro hasta
el momento de darle salida, y que a la vez le servía de improvisada
vivienda23 •

�322

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

En función del tiempo de estancia de los catalanes en América podríamos hablar de tres tipos de asentamiento:
a) Temporal, inferior a tres años, tiempo con que, en principio,
contaban los sobrecargos para proceder a la venta de los géneros embarcados. Concluido con éxito tal empeño, el almacén o tienda se cerraba y el comerciante regresaba con el producto de su negociación en
plata o coloniales. Por su rasgo de inestabilidad, hemos omitido en el
apéndice toda referencia a este grupo de inmigrados, que apenas dejaron huella de su estancia en Indias.
b) Semipermanente, corresponde al de aquellos factores o encomenderos cuya estancia se prolonga hasta cuatro y seis años -tiempo
máximo permitido por la R.O de 12 de agosto de 179024- y que venía a coincidir con el período de duración de la compañia a cuyo cargo
se había realizado el viaje. El carácter temporal podia no afectar la permanencia de los establecimientos sino que se arbitraba como mecanismo ideal para relevar periódicamente a los que gestionaban el negocio
en ultramar.
c) Permanente. Fórmula adoptada en los negocios de tipo familiar. Los relevos, cuando se producen, tienen lugar en períodos mucho
más largos y siempre para dar paso a las nuevas generaciones. El asentamiento permanente actúa como polo de atracción para nuevos emigrantes, unidos por vínculos familiares o de afinidad.
El carácter modesto de sus negocios hace que la inmensa mayoría
de los catalanes establecidos en América {el 96.8%) no posean un peso
específico propio en la comunidad de adopción. Sólo unos cuarenta
nombres llegarían a formar parte de la élite mercantil colonial, matriculada en los consulados25•
En el apéndice hemos distribuido todas las observaciones en cuatro grandes distritos regionales, según el lugar de asentamiento: I Nueva España, II Barlovento y Costa Firme, III Colombia-Venezuela y IV
Virreinatos del Plata y Perú. Las cifras obtenidas hablan de una mayor densidad del asentamiento en el área caribeña (43%), seguida de
la América meridional (26.4%). Los motivos de esta predilección son
de tipo consuetudinario. En primer lugar, la corriente migratoria documentada en la época del comercio libre continúa una tradición anterior que se remonta al siglo XVII con la llegada de los primeros capuchinos catalanes al oriente venezolono26 y, más recientemente, aparece vinculada al área de expansión de la Real Compañía de Barcelona,
dos de cuyas zonas de privilegio, Puerto Rico y Cumaná, registran el
mayor número de referencias en sus respectivas regiones27 • También

323

se observa con claridad que la colonia catalana es tanto más nutrida
cuanto más anterior es la fecha de la inclusión en el libre comercio.
Ello explica la escasa implantación en Nueva España (12.43%), habili28
tada en 1789 , frente a las Antillas, cuyo tráfico se liberalizó en 1765,
o el Río de la Plata (1778).
Dentro de cada región en concreto, los catalanes muestran una clara
preferencia por los puertos habilitados, o mercados interiores urbanos;
sólo un 2. 71 % de los ejemplos observados, que corresponde a pequeños tenderos, escapa a esta regla.
Cinco localidades de la costa catalana aportan el 75% de los naturales del Principado establecidos en América: Barcelona, Vilanova iLa
Geltrú, Sitges, Mataró y Tossa. Si bien para Barcelona y Mataró
(24.07% y 12.03, respectivamente) este dato pudiera ser poco significativo, no sucede lo mismo, por ejemplo, con Vilanova y Sitges, que
conjuntamente aportan el 22.62% del saldo migratorio. En este caso
-y lo corrobora el peso relativo de otras poblaciones de la c&lt;;&gt;st~ de
poniente (Torredenbarra, Altafulla, Tarragona), todo parece md1car
una especialización de estas localidades en el surtimiento de efectivos
para la emigración comercial catalana. Ello no es nada extraño cuando ya hemos demostrado en otros trabajos cómo los pueblos de la costa
de Levante, singularmente Canet, Arenys y Blanes aportaban buena
parte de las tripulaciones de los buques que ~articipa_ban en la Carrera
de Indias y de los representantes del comercio catalan en los enclaves
coloniales de la Península29 •
La importancia de los nexos familiares o de pura amistad a la hora de elegir un destino se refleja en la coincidencia. de las pr~ferenciaJ
que manifiestan los miembros de una, misma com~dad de ongen. As1,
mientras los barceloneses son mayona entre los emigrados a Nueva España (48.4%), su presencia es residual en el área caribeña (13.6%); por
su parte, los naturales de Vilanova se dirigen en un 61.2% de los casos
a la región antillana donde representan el 28. 7%_ de los c~talanes establecidos, e igual destino eligen el 74% de sus vecmos de S1tges,- Dentro
de su modestia la presencia de los hombres del Levante catalan alcanza el 40.2% en Nueva Granada y Venezuela, destacando sólo las aportaciones particulares de Mataró y Tossa.
Un examen más detenido de la ubicación de los distintos emigrantes catalanes en suelo americano refuerza la hipótesis de dos movimientos migratorios superpuestos y de disti!1t? carácter. Uno, ~ue arranca
de mediados del siglo XVIII y se contmua durante el penodo del comercio libre se dirige a las áreas tradicionales de asentamiento: Puerto

�324

Siglo XIX

Rico, Santo Domingo, Santiago de Cuba, La Habana, Cumaná, Nueva Barcelona, distinguiéndose por el predominio de los hombres de raigambre marinera de Vilanova y Sitges, actores de un comercio a peqoeñ.a escala gestionado a través de comendas aglutinadoras de varias
unidades familiares a menudo emparentadas, para los cuales la navegación trasatlántica no era desconocida antes de 177830• El segundo,
característico del último tercio del siglo, nace de Barcelona y de los pueblos de la costa de Levante, singularmente Mataró y Tossa, y se encamina hacia las regiones más ricas del imperio colonial españ.ol (Veracruz, Campeche, Cartagena de Indias, La Guaira, Buenos Aires), enclaves fundamentales para los negocios de la gran burguesía mercantil
catalana donde tejerá una red de corr~porrsalías y factorías dependientes estrechamente de la metrópoli, regentadas por factores permanentes.
Esta distinción entre dos corrientes migratorias corresponde a otra
entre comercio a gran escala, practicado con las regiones ricas en plata
y coloniales apreciados, y que tiende a ofertar productos manufacturados de lujo e importación, y «comercio de abarrote», habitual en
la región antillana, que se agota en el menudeo de productos agrarios
catalanes y manufacturas de poco aprecio. En un informe al Consejo
de Indias, el gobernador de Santo Domingo, Joaquín García, describía con precisión este comercio de la pobreza, típico de los asentamientos catalanes en las áreas marginales del Nuevo Mundo:

J. M . Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

325

APENDICE

LA EMIGRACION MERCANTIL CATALANA (1778-1820)
La información que aparece resumida en este Apéndice reúne los datos disponibles acerca del l 263 emigrantes de procedencia catalana d~cumentados a través de 3 616 referencias contenidas en las fuentes utilizadas para la elaboración de mi tesis d~ctoral CatalunY_a y el sistema
de libre comercio, 1778-1820'2 • El matenal de base consiste en los expedientes individuales remitidos a través del Juzgado de Arribadas ~
Ministerio de Indias con los requisitos necesarios para obtener la licencia de embarque, que hoy se conservan fragmentariamente repart!dos entre el Archivo de Indias, Simancas, Corona de Aragón Y escnbanias de Marina de Barcelona y Mataró33 • A t~do ello hay q~e ~ñadir otro tipo de fuentes de carácter notarial y pnvado que no mdican
el momento en que se realiza la travesía, pero _sin embarg? _denotan
la presencia de un emigrante catalán establecido en Amenca Y su
actividad34 •

l. Comerciantes catalanes establecidos en América (1778-1820)

l. VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA
El Principado de Cataluña es casi el único que se emplea en la remisión de cortos renglones a esta ciudad, que son quincallería, zapatos,
pañuelos ordinarios, poco aceite, menos cantidad de vinos, y éstos
malsanos por-fuertes y adulterados: pasa, higos, almendras, algún
jabón, rara o ninguna vez harinas, ni velas de sebo, grasas, ni otros
tan precisos como indispensables a la subsistencia. Estas embarcaciones catalanas carecen de fondos para emprender un registro completo por lo cual se componen de tantos cargadores como marineros
las tripulan. Esta: razón tan concreta acredita la debilidad de los efectos que nos conducen; como pobres hacen sus empleos en muchos
renglones de corto o ningún momento, procurando por este medio
aumentar sus pequeños caudales31•

No.

lugar
Nueva Orleans
Veracruz
Puebla
México
Cayocan
Durango
Zimapán
Cocula
Campeche
Villahermosa de Tabasco
Total

localizadones
4
128
2

9

1
1

9
1
157

% zona

2.54
81.53
1.27
5.73
0.64
0.64
0.64
0.64
5.73
0.64
100.

% del total

032

10.13
0.16
0.71
0.08
0.08
0.08
0.08
0.71
0.08
12.43

�326

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

II. BARLOVENTO Y COSTA FIRME
«Barlovento»
Santo Domingo
Puerto Príncipe
Puerto Rico
La Habana
Santiago de Chile
Sancti Spiritus
Matanzas
Bayamo
Bonavacua
Villaclara
Honduras
Guatemala

2. Procedencia de los inmigrados

49
4
6
258
154

9.03
0.74
1.10
47.52
28.36
9.76
0.18
0.37

53
l
2
3
2

0.55
0.37
0.18
0.37
1.47

1
2
8

Total

543

100.0

3.88
0.32
0.47
20.43
12.19
4.20
0.08
0.16
0.24
0.16
0.08
0.16
0.53
43.0

III. NUEVA GRANADA Y VENEZUELA
Santa Marta
Cartagena de Indias
San José Cucutá
Maracaibo
Caracas
Puerto Cabello
La Guaira
Cumaná
Trinidad
Nueva Barcelona
Guayana

,,,..

Total

25
45
2

3
JO
5
47

58
17
12

JO
234

11.52
20.74
0.92
1.38
4.61
2.30
21.66
24.79
7.26
5.13
4.27
100

1.98
3.56
0.16
0.24
0.79
0.40
3.72

4.59
1.35
0.95
0.79
18.53

l. VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA
1. Nueva Orleans
Barcelona
Mataró
Vilanova
Torredenbarra
2. Veracruz
Barcelona
Mataró
Sitges
Vilanova
Arenys
Canet
Torredenbarra
Blanes
Quadres de Rocacrespa
Serdanya
Girona
Tossa
Sant Poi
Lloret
Vilanova de Palafolls
Manresa
Tarragona
No consta
3. Puebla
Vilanova

1
l

68
21
7
6
6

5
2
2
1
l
1
1
1

1
l
3

2

IV. VIRREINATOS DEL PLATA Y PERU
Montevideo
Buenos Aires
Lima
Chuquisaca
Puno
Potosí
Total

180
141

5

329

54.71
42.87
1.52
0.30
0.30
0.30
100.

14.25
11.15
0.40
0.08
0.08
0.08
26.06

4. México
Barcelona
Ripoli
No consta

5. Cayoc.in
Erp

6.Durango
Mataró

5
1
3

327

�328

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

7. Zimapán
Martorell
8. Cocula
Canet
9. Campeche
Canet
Mataró
Barcelona
Vilanova
No consta

2
2
2
2

II. BARLOVENTO y COSTA FIRME

1. Barlovento
Sitges
Barcelona
Vilanova
Tossa
Lloret
Caldes d'Estrac
Canet
Mataró
Arenys
Valls
2. Santo Domingo
Vilanova

17
8
6
4

4
3
3
2

4

3. Puerto Príncipe (Haití)

4. Puerto Rico
Vilanova
Sitges
Barcelona
Mataró
Tossa
Arenys

1
2

1

10. Villahermosa de Tabasco
Figueres

T?.radell
Tossa
Sitges

Caldes d'Estrac
Lloret
Torredenbarra
Igualada
Calella
Pineda
Artes
Canet
Blanes
Vilamajor
No consta

2

2
2

105

52
29
18
15
12

5. La Habana
Vilanova
Barcelona
Mataró
Sitges
Tossa
Canet
Torredenbarra
Arenys
Creixell
Blanes
Lloret
Les Guinyoles
Calella
Pineda
Vilafranca del Penedes
Sant Pere de Ribes
El Vendrell
Reus
Altafulla
No consta
6. Santiago de Cuba
Sitges
Tossa
Barcelona
Vilanova
Calella
Canet
Sant Pere de Ribes
Llers
Arenys
No consta

36
30

25
13
9
7
6
3
3

2
2

1
2

9

25
11
4
3

3
2
2

329

�330

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración espaflola (1765-1820)

7. Sancti Spiritus
Vilanova

Mataró
Vilanova
Tossa
Lloret
Sitges
Sant Pere de Ribes
Blanes

8. Matanzas
Sitges
Arenys

9. Bayamo
Sitges
Vilanova

2

10. Bonavacua
Canet

12. Honduras
Palafrugell

2

13. Guatemala
Barcelona
La Bisbal
Figueres
Mataró

3
2

2
1

2

Arenys
Barcelona
Sitges
5. Caracas
Mataró
Sitges
Tossa
No consta

2
l

6. Puerto Cabello
Vilanova
Tossa
Barcelona

3
1
1

5

2

3
2

111. NUEVA GRANADA Y VENEZUELA

7. La Guaira
Tossa
Barcelona
Mataró
Sitges
Vilanova
Canet
Blanes
No consta

l . Santa Marta

11

6
4

4. Maracaibo
2

11. Villaclara
Sitges

1,

3. San José de Cucutá
Barcelona

13

Tossa
Barcelona
Sant Feliu
Blanes
Canet
Mataró
Sitges
Vilanova
Altafulla
Girona
Arenys
El Vendrell
2. Cartagena de Indias
Barcelona

14

8. Cumaná
Sitges
Barcelona
Vilanova
Tossa
Canet
Arenys

12
10
9
5
2
1
1

2

21
10
8

3
2
2

331

�332

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

Mataró
Vilafranca de Penedés
Reus
Caldes d'Estrac
Avinyonet
Altafulla
Tarragona
No consta

2
2

1
1
1
2

9. Trinidad
Tossa
Mataró
Canet
Arenys
Sitges
Calella
Altafulla

6
3
2
2
2

10. Nueva Barcelona
Vilanova
Barcelona
Blanes
Altafulla
Sitges
11 . Guayana
Tossa
Barcelona
Vilanova
Torredenbarra
Calella

4
3

2
2

3
2

t
2

IV. VIRREINATOS DEL PLATA Y PERU

1. Montevideo
Barcelona
Vilanova
Mataró
Arenys
Calella
Tossa
Sant Feliu
Caldes d'Estrac
Blanes

41
41
25
12
7

5
4
4
3

Lloret
Torredenbarra
Calonge
Figueres
Vilasar
Cubelles
Torroella de Montgrí
Santa María de Olost
Sant Pere de Ribes
Ripollet
Sant Andreu de Llavaneres
Sitges
Altafulla
Constantí
Reus
Els Pallaressos
No constan

2. Buenos Aires
Barcelona
Mataró
Vilanova
Calella
Arenys
Lloret
Castelló d'Empúries
Canet
Sant Sadurni d' ,.µoia
La Bisbal
Arbucies
Blanes
Sant Martí de Centelles
Artés
Pineda
Sabadell
Altafulla
Tarragona
No consta
3. Lima
Barcelona
4. Potosí
Barcelona

3
3
2
2
2

2
1
1
1
1

1
1
1
1
1
1

12

57

22
18
6

5
3
2

2
2

1
15

5

333

�334

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

5. Chuquisaca

Constantí
Els Pallaressos
Erts
Les Guinyoles
Les Quadres de Rocacrespa
Llert
Manresa
Martorell
Ripoil
Ripollet
Sant Andreu de Llavaneres
Santa María d'Olost
Sant Marti de Centelles
Sant Poi de Mar
Sabadell
Serdanya
Torroella de Montgrí
Valls
Vilamajor
Vilanova de Palafolls
No consta

Barcelona
6. Cocbabamba
Barcelona

3. Resumen procedencia

,,

-1

Barcelona
Vilanova
Sitges
Mataró
Tossa
Arenys
Canet
Lloret
Calella
Torredenbarra
Blanes
Caldes d'Estrac
Altafulla
Sant Feliu
Sant Pere de Ribes
Figueres
Pineda
Reus
Artés
Creixell
La Bisbal
Tarragona
Vilafranca del Penedés
Castelló d'Empuries
Cubelles
El Vendrell
Girona
Igualada
Palafrugell
Sant Antoni de Colonge
Sant Sadurni d'Anoia
Taradell
Vilassar
Vilassar
Arbucies
Avinyonet

304
255
157
152
80
47
33
21
20
17
15
14
10
6
6
4
4
4
3
3
3
3
3
2
2
2
2
2
2
2
2
2
2
1
l
l

24.07
20.19
12.43
12.03
6.33
3.72
2.61
1.66
1.58
1.34
1.19
1.11
0.79
0.47
0.47
0.32
0.32
0.32
0.24
0.24
0.24
0.24
0.24
0.16
0..16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.08
0.08
0.08

Total

l
l
1
l
l
1
1
1
1
1
l
l
l
57

0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
4.50

l 263

100.00

335

NOTAS
l.

Bureau Intemational du Travail (Geneve) - National Bureau of Economic Research
(N. York), Intemational Migrations. Vol. l Statistics, compiled on behaJf of the
IntematÍonaJ Labour Office, with introduction and notes by lmre Ferenczi, and
edited on behaJf of the NationaJ Bureau of Economic Research by WaJter F. Willcox. New York, N.B.E.R. 1929, y Vol. II lnt.erpretalions. New York, N.B.E.R. 1931.
Especial interés posee la información recogida en las páginas 229 a 1.087 del primer volumen que contiene todos los datos disponibles sobre migraciones internacionales, reunidos en 643 cuadros estadísticos para 116 países. A Ferenczi debemos
otros importante trabajo sobre el fenómeno migratorio en el marco de un mismo
continente, donde distingue cinco fases de evolución a lo largo de la historia: Emigración "solicitada" (s. XII-XV), "forzada" (s. XVI-XVln, "de reclutamiento"
(s. XVIIQ, "de proletarios" (s. IX-1914), y "macroemigración" (1914-1929). Cfdo.:
lmre Ferenczi, Kontinental Wanderungen und dieAnniiberung der Volker, Ein geschicbtlicher uberblic. Jena, G. Fisher, 1930. Por su parte, el estudio de Carrothers,
Emigration from the Britisb Isles, witb special referenre to tbe development of tbe
Overseas Dominions, London, P .S. Kingand Son, 1929, arranca de 1815, cuando
el problema de la sobrepoblación cobra nuevo realce, como resultado del crecimiento
demográfico de la segunda mitad del siglo XVIII y el empobrecimiento del país
provocado por las guerras napoleónicas.
Una bibliografía reciente y completa sobre el tema puede encontrarse en el volumen editado por la Commission Intemationale d'Histoire des Mouvements Sociaux
et des Structures Sociales, Les migrations intemationales de la fin du XVIII siecle
a nos jours, París, C.N.R.S., 1980.

e

�336

2.
3.

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

Ministerio de Trabajo y Previsión, Catálogo de pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVlll, Madrid, 1930.

8.

La legislación respecto a la emigración americana para los siglos XVI y XVII aparece resumida en Josep de Veitia y Linage, Norte de la Contratación de las Indias
Occidentales; Buenos Aires, Comisión Argentina de Fomento Interamericano, 1945
(ed. original, 1672), p. 302 y ss.

9.

"Los marineros que frecuentaban nuestras colonias creyeron que estableciéndose
en aquel Hemisferio lograrían mejorar fortuna y podrían al mismo tiempo evadirse del servicio de campaña que miraban con horror. Desde entonces empezó a notarse la baxa en las tripulaciones de los buques que regresaban a la península porque los individuos que aspiraban a mudar de residencia aprovechando las coyunturas favorables para quedarse en América" (Cfdo.: Ceferenio Ferret, Exposición
Histórica de las causas que más han influido en la decadencia de la marina española e indicación de algunos medios para restaurarla, escrita el año 1813, Barcelona,
Roca y Gaspar, 1819, pp. 89-90).

lmre Fe,re~czi'. "Comment s'elabore l'histoire des migrations intemationales", An-

nales d H1sto1Te Economique et Sociale, IV, (1932), pp. 295-300.
4.

5.

6.

M. Morner. "Spanish Migration to the New World prior to 1810: A Report on
the State of Research", en F. Chapelli (edit.), First lmages of America: The Impact of t~~ New World on the (!ld. Berkel~y, University of California Press, 1976.
Hay vers1on española en Anuano de Estud1o_s Americanos, vol. XXXII, pp. 43-131.
Vi~. Jordi Na~al._ La pobfación española (S. XVI a XX) Barcelona, Ariel, 1973
(3 .. ), pp. 60-71, Vicente Perez Moreda. Las Crisis de mortalidad en la España In~~rior (s. XVI-XIX). Madrid, s. XXI, 1980, pp. 245-326; Javier Malagón Barceló,
~oledo and the New World in the Sixteenth Century", The Americas, vol. 20,
n. 2 (1963), PP- 97-126, p. 98; Enrique Otte, "Die europaischen Siedler und die
Probleme der Neuen Welt", lahrbuch für Oeschichte von Staat Wirtschaft und
C:esellesch~ft Lat~i~amerikas (1969), pp. 140, pp. 32-33; Antoni¿ Domínguez Oruz,_ El Anuguo Regimen: Los Reyes Católicos y los Austrias, Madrid, Alianza Editonal, 1974, pp. 168-172, etcétera.
Cifras elaboradas a partir de M. Morner "La emigración española al Naevo Mun15, Y p.-~• teniendo en cuenta que los "factores de expuls10~ actuan de una forma mas mtensa en la segunda mitad del siglo XVII. Para
el siglo_~VII_!, recogem~s la estimación de Mario Hernández Sánchez-Barba, "La
poblac10~ H1spa_n_oamencana y su distribución racial en el siglo XVIII", Revista
de Estudios Pobucos n.º 78 (1954), pp. 117-118.

~~ ª.~tes ~e 18!0», p.

11

l
1

7.

Según una muestra a~alizada por Mario Hernández Sánchez-Barba, para los años
1729, 1749 Y 1?SO, cnados, comerciantes, funcionarios y eclesiásticos suponían el
5_7% de los emigrantes ("La po~lación Hispanoamericana ... ", p. 118). Creemos,
sm em_bargo, que estos porcentaJes no son representativos de la media secular· dado lo •~adecuado de los años elegidos para la cata, especialmente para realz:ir la
P_resenc1a del es~en~o mercantil. Las dos primeras fechas quedan fuera del penodo _de mayor 1_ntens1dad en las relaciones comerciales a raíz de la liberalización
del trafico colorual, Y la tercera corresponde a un año central de la guerra contra
Inglaterra (1779-1783) durante el cual los intercambios quedaron prácticamente colapsados. ~or otro ~ado, Boyd-Bowman calculaba en un 6.25% el porcentaje de
los comer~1an~es emigrados entre 1560 y 1579, añadiendo que manifestaba una clara tendencia a mcrementarse, especialmente para el siglo XVlll (Peter Boy-Bowman
"Patterns of Spanish Emigration to the New World (1493-1580)", The Americas:
vol. ~11. 1 (1976_), pp. 76-77), poco reflejada en el 13% que Hernández SánchezBarba ati:ibuye estncta~ente a la clase mercantil. Si consideramos como más representativa las observaciones efectuadas sobre J 721 emigrantes que se desplazaron entre 1794 Y 1796 al Nuevo Mundo, los porcentajes quedarían como sigue:
Comerciantes y negociantes ...... .... ... .. ......... .
Funcionarios civiles ............................... .
Militares con destino ...............................
Eclesiásticos ....................... ... ............ .
Artesanos .. ............... .... ..... . ............. .
Labradores ... ...... ... ..... ...................... .
Sin especificar .................................... .

724 (42.1%)
560 (32.5%)
51 (3%)
160 (9.3%)
106 (6.2%)
12 (0.6%)
!08 (6.3%)

337

JO. Fuentes:
Columna 1, P. Boyd-Bowman, "La procedencia de los españoles de América,
1540-59", Historia Mexicana, vol. 17, n. 0 65 (1967), pp. 37-71.
Columna II, P. Boyd-Bowman, "Patterns of Spanish Emigration to the New World
(1493-1580)", The Americas, XXXlll (1976), pp. 78-95.
Columna lll, J.l. Rubio Mañé Edit. "Gente de España en la Ciudad de México,
año de 1689", Boletín del Archivo General de la Nación, México, vol. VII, n. 0
1-2 (1966).
Columna IV, A.G.l., Indiferente general, "Relaciones de pasajeros y cargamentos
de embarcaciones que van y vienen de -Indias", legs. 2 168-2 169; "Licencias de
embarques y sobrecargos", legs. 2 118-2 119; A.G.S., Secretaría de Hacienda, legs.
887-888; A.H.P.B. (Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona), Escribanía de
Marina, manuales de 1794 yl796.
11. Vid., para establecer tal comparación, Emiliano Fe~á!ldez de Pinedo '.'Coyuntura y política económicas'', en Historia de España, ding1da por M. Tu ñon de Lara,
.Vll, Centralismo, Ilustración y agonía del Antiguo Régimen, 1715-1833, Madrid,
Labor, 1980, p. 21.
12. Este texto figura impreso en todas las patentes de navegación, buena pane de las
cuales se halla dispersa por los legajos de Indiferente General, en el A.G.I.
13. A.H.N., Hacienda, Colección de Ordenes Generales, lib. 8 030, fols. 335 y 338.
14. A.G.I., Indiferente general, leg. 2 422.
15.

Las solicitudes de real licencia a título de pasajero se fundamentaba casi siempre
en este argumento. Así, Antoni Pagés i Bosch de La Bisbal solicitó, y ob~vo en
16-11-1793, licencia para pasar a Guatemala "donde es llamado por su tJo !ºan
Pagés i Tort, para cuidar deél" (AGI, Indiferente general, leg. 2117). Del mismo
modo Gabriel y Joan Marwuach obtendrían licencia, en septiembre de 1804 para
unirs; "a la compañía de su tío Josep Marwuach, establecido en Montevideo con
casa de comercio" (A.H.P .B., Escribanía de Marina, manual de 1804, fo. 478).

16. Vid. Carlos Manínez Shaw, Cataluña en la carrera de Indias, Barcelon~, Critica,
1981, p. 137 y ss.; José Ma. Oliva Melgar, La Real Compañía de Comercio de Barcelona, tesis doctoral inédita, Universidad de Barcelona, 1982.

�338

Siglo XIX

17 · Sobre 1~ ~iscus!ones en torno a la posible exclusión de los catalanes en el comercio
con ~me_nca, vid., J • Ma. Delgado Ribas, "América y el Comercio de Indias en
(la H1stonografia catalana (1892-1978)", Boletín Americanista, Universidad de Bar0
celon~, n. ~8 (19;8), pp. 179-187; C. Martínez Shaw, "Catalunya i el comer\: amb
Amenca:_ Fmal d un~ legend~"• L'Aven9, n. 0 15 (1979), pp. 19-23; "Cataluña y
el comercio con Aménca. El Fm de un debate" Boletín Americanisca n • 30 (1980)
pp. 223-236.
'
' .
'
18. P. Vilar, Cata/unya dins l'Espanya Moderna Barcelona Ed 62 1973 (4a) vol
JI, p. 227 y SS.
•
•
•
•
. •
.
19. Este porcenca~e. equivalente a 1 263 emigrados, constituye la muestra utilizada en
nuestro trabaJo.

1

'

20. Así, F._ J?e_pons en s_u Voyage á la partie orienta/e de la Terre-Ferme, dans /'Amerique menru_ona/e, fait pendant les années 1801 á 1804, comentaba el comportamiento
de los emigrantes españoles establecidos en Venezuela:
''.Les Espagnols, gi-aves par caractere, sédentaries par habitude, se déplacent difficilment: Aucu_n, d'eux, une fois rendu en Amérique, ne conserve la moindre désir
~e revou ses dieux penates; il s'en fait de nouveaux ou le sort le jete; souvent meme
1I se d?nne une femme et des infants avant d'avoir pourvu asa ptopre subsistance.
Les B1~yen~ et les,;at~lans sont les seuls en qui l'amour patriotique ne s'eteigne
pas auss1_ fac1lment (Cit. por Jean Paal Duviols, Voyageurs Frani;ais en Amerique, Pans, Bordas, 1978, p. 253.

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

339

25. Veinte estaban matriculados en el consulado de Veracruz: Vicent Novella, Jaurne
Tutsó, Josep Gibert, Josep Grau, Bonaventura Martorell i Alsina, Mane! Pla i Coll,
Josep A. Feliu, Jaume Guañabens, Joan Bta. Soler i Plana, Geronim Font, Maurici Sagrista, Mane! Serrat, Maria Pujo!, Josep Nicolas Carbó, Lluis Seré, Francesc
Bagarola, Josep Penades i Magarola, Josep Julia, France5\: Mustich, y uno, Paul
Roset i Bavi, era corredor de comercio (Almanak Mercantil o Guía de comerciantes para el año de 1806, pp. 479-480; cinco fuguraban en el de Guatemala, Joan
Pagés i Font, Antoni Coloro, Antoni Pijoan, Tadeo Piño!, Jaume Mateu (lbidem,
p. 482), y dieciséis en el de Buenos Aires: JaumeAlsina i Verges, Joan Viola, Josep
Roca, Jgnasi Tomba, Francl:S\: Bosch, Antoni Ferrer i llavallol, Joaquim Pintó,
Adjutori Clasca, Miguel Cornet, Jaume Nada!, Joan Reixach, Santiago Flotats,
Montells i C., Joan Vilardebó, Josep Riera y Antoni Carbonen (Almanak Mercantil... para e/ año de /796, pp. 433-434).

26. Vid., Relaciones históricas de las Misiones de Padres Capuchinos de Venezuela,
Siglos XVII y XVIII, Madrid. Librería general de Victoriano Suárez, 1928; Pau
Vila, loan Orpi, L 'home de la Nova Cata/unya, Barcelona, 1967; Marc Aureli Vila, Els Caputxins cata/ansa Vea~uela, Barcelona, 1976.
27.

Puerto Rico, con 258 inmigi-antes documentados -un 20.4% del total- constituye la colonia catalana más numerosa. Por su parte, Cumaná, con 58, alberga una
cuarta parte de los catalanes establecidos en Nueva Granada y Venezuela.

28. Por Real Orden de 28 de febrero (A.G.I., Indiferente general, leg. 1 832).
21. Cf.: Josep _Ma. Delgado Ribas, Catalunya ye/ sistema de libre comercio, 1778-18/8.
Una_ reflexión S-Obre las raíces del reformismo borbónico, tesis doctoral inédita, Universidad de Barcelona, 1981, vol. 11, pp. 187-212, sobre la comenda y el papel en
ella del pequeño comerciante.
22. En mayo _de 1798, el Diario de Barcelona publicaba un "Discurso político sobre
el ~mercio Y lo que por punto general debe saber un joven para seguir esta carrera ' do~de se tr32é!b~ el grado de especialización elevada gue debía exigirse a los
comerciantes profesionales:
"U_n mozo destinado a la carrera de negociante, se coloca en una tienda o un escrit?no para apr~nder el comercio; adquiere en ellos el conocimienlb de las mercadenas de que quiere hacer el objeto de su negocio, se instruye de los parajes de donde
se sacan con mayor ventaja, y de los que pueden despacharse con mayor utilidad
de los seguros, etc ... . aprende los términos del arte, la aritmética, el modo de llevar
la cuenta Y rarzón y tener los libros. No basta esto, es preciso de que más a más
posea_ otros conocimientos de comercio; que sepa el modo de combinar muchos
cam_b1os,_ para conocer qué plaza ~ más ventajosa para el r.ecíproco giro de las letras,_ el cálculo Y las reglas del cambio, el modo de entablar la correspondencia mercantJI Y de mantenerla, las leyes y costumbres usadas entre los negociantes, el de
sacar todo el partido de la situación local del país; las producciones de su terreno·
l~s reglas de la navegación mercantil; y otras mil circunstancias que le son necesa'.
nas para gobernar con cierto su negocio y hacerlo florecer" (Diario de Barcelona
4--V-1798).
'
23. A.~.I., ~éxico, legajo 1 554, informe de Angel Puyade al virrey de Nueva España
Rev1llag¡gedo.
24. Cf.: A.H.P.B., Escribanía de Marina, Pablo Raurés, m. de 1794, fol. J.

29. Vid., al respecto, Josep Ma. Delgado, "Cádiz y Málaga en el comercio colonial
catalán posterior a 1778", en Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, Andalucía Moderna (s. XVIII), tomo 1, Córdoba, 1978, pp. 127-139.
30. En las expediciones indianas efectuadas por catalanes antes de 1778, los patrones
de Sitges y Vilanova gobernaban cerca del 35070 de las embarcaciones. (Cf. P. Vilar, Cata/unya dios l'Espanya Moderna IV, pp. 376-379; José Ma. Oliva, «La aportación catalana a la Carrera de Indias en el siglo XVlll», en Actas del I Congreso
de Ha. de Anda/llcía, Andalucía Moderna, IV. pp. 126-131; Carlos Martínez Shaw,
Catalunya en la Carrera de Jadias, Barcelona, Crítica, 1981, pp. 305-332.
31. A.G.I. Indiferente general, leg. 2 435.
32. Vol. I, pp. 2-87.
33. Cada expediente contaba de varias piezas: solicitud razonada del interesado, copia
del acta bautismal legalizada por el párroco, certificado de la aduana expresando
el valor de los géneros embarcados, licencia conyugal o paterna, caución notarial
garantizando el regreso y licencia regia para efectuar el viaje.
34. La mayor parte de estas informaciones proceden de escrituras de poder otorgadas
desde la Península a catalanes ya establecidos en América.

��NORBERTO AL V AREZ y EDUARDO MIGUEZ, Patrones
de mortalidad en la pro,·incia de Buenos Aires (1860-1895) •
DANIEL
HOGAN, MARIA C. DE ÜLIVEIRA v
]OHN M. SYDENSTRICKER, El proceso de urbanización en
Ria Claro (Brasil) • MARIA S. BEOZZO B., Familia
inmigranre v café en San Pablo • SILVIA PALOMEQUE,
,Hovimienros de población en Cuenca • ]OSE LUIS
ARANDA y MIGUEL ANGEL CUENY A, El mundo del
trabajo en una parroquia de Puebla • LUTZ BRINCKMANN,
Natalidad v mortalidad en T ecali (Puebla) • HECTOR PEREZ
BRIGNOLI, Tablas modelo de mortalidad en Cosca Rica •
]OSEP M. DELGADO RIBAS, La emigración española en
las décadas del comercio libre •

J.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Revista
de Historia

DESAMORTIZACION, IGLESIA,
TIERRA Y SOCIEDAD EN EL XIX
(Bolivia, México, Ecuador,
Colombia y España)
Año V, número 10

julio-diciembre de 1990

Facúllad de
Filosofía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

�SIGLO XIX Año V, púmero 10 / jul

�SIGLO XIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 - Monterrey, México

Este número fue compilado con la contribución académica del Instituto de
Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro
de la Provincia de Buenos Aires (Tandil, Argentina).

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LoNGORIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUITI
Editor Adjunto
MIGUEL ÜONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Mario Cerutti, Sylvia Eloísa M.
Arte y diagramación: Sylvia Eloísa Morán
Tipografía: Alfonso García Rivera
Impresión: Impresora Monterrey, S.A.
Aparición semestral
Para envíos al exterior: U.S.A. $7

�AÑO V N UMERO 10

J u uo-DICIEMBRE DE 1990

REV ISTA DE HISTORIA

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El liberalismo y el problema de la tierra
en Bolivia (1825-1920) ............. ERICK D. LANGER
ROBERT H. JACKSON
Propiedad, crédito y desamortización en
las haciendas mexicanas (1700-1870). El entorno
agrario de Tepeaca .... .. ... JuAN CARLOS GARAVAGLIA
JUAN CARLOS ÜROSSO

Desamortización y liberalización de mano de obra
en México. Pachuca-Real del Monte
(1850-1880) .. . .. .. . ... .. ..... .. RlNA ÜRTIZ PERALTA
La Iglesia y la consolidación de la propiedad
en Puebla (1810-1856). Capitales eclesiásticos
y réditos vencidos ..... FRANCISCO J. CERVANTES BELLO
Poder republicano y protesta indígena
en la provincia de Azuay.
El siglo XIX en Ecuador . . . . . . . . . . . MARTBA Moscoso
La expropiación de los bienes de la iglesia en México
y Colombia. Una comparación . . ROBERT J . KNOWLTON
Revolución liberal y grandes propietarios
en Castilla-León (1854-1875) .. RICARDO ROBLEDO Hoz.
La revolución liberal en España y los derechos de
propiedad sobre la tierra. Reflexiones sobre
el noreste catalán . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . RosA CoNGOST

5
9

33

77
105
121

149
169
209

�Nota del Editor

Las reformas liberales retornan como tema central a Siglo XIX.
Revista de Historia. Ya en su número 3 ("Liberalismo: reforma
y contrarreforma en el siglo XIX", enero-junio de 1987), nuestra publicación había brindado espacio a tan sustancial tema de
la historia contemporánea americana y europea.
En este número 1O, empero, los estudios atinentes a los cambios propiciados por las corrientes liberales se concentran, en gran
medida, en el proceso desamortizador y en los variados impactos que alcanzó: sobre la propiedad, sobre clases sociales y grupos raciales, sobre la iglesia católica, sobre los mecanismos de
crédito, en torno al derecho o a los sistemas fiscales.
Como en una ocasión anterior (véase Siglo XIX, número 7,
dedicado a "Población, migraciones y ciclos vitales en el XIX"),
la compilación de los materiales fue realizada con la colaboración de dos distinguidos especialistas del Instituto de Estudios
Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la

�6

Siglo XIX

Nota del Editor

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abren un conjunto de artícul~s d ª~. ~fos Gr~s~o, por su lado,
una amplia indagación en fuente e ic_a o~ a Mexico. Basados en
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las haciendas su vincula . ,
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impacto que la desamo~t. . n _menos e endeudamiento Y el
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zador lanzado por los libe e~ ras, c&lt;?necta el embate desamortiindígenas, con la pérdida ~: ~ mexicanos con las comunidades
ierras que soportaron, con la ges-

• Juan Carlos Garavaglia obtuvo sud
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tes ~tud~s, en París. Especialista e~f;:d~ en H1stor!a en la E cole des Haupubbcac1ones figura Mercado interno ona eco?óm1ca &lt;?olonial, entre sus
Ju3:11 Carlos Grosso ha trabajado am econom1a colonial, México, 1983.
el siglo XIX en el área de Puebl C p amente la economía novohispana y
novoh1spanas,
'
México, 1987. a. oautor con Ga ravag 11-ª de Las alcabalas

ii

7

tación de un mercado de fuerza de trabajo y con las alteraciones
demográficas que todo ello supuso. Su foco de atención es otra
llamativa porción del centro de México: Pachuca, territorio fa.
moso por su producción minera, por los arroyos de plata que
brotaron de sus entrañas desde tiempos coloniales.
Puebla es, también, objeto de atención de Francisco Cervantes
Bello. En su caso el énfasis se coloca en las complejas relaciones
crediticias que se manifestaron entre organizaciones y fundaciones piadosas católicas y propietarios, en las décadas previas a
las leyes de desamortización. Las capellanias, sus préstamos y
réditos -de notoria importancia en la dinámica económica del
obispado de Puebla- son particularmente atendidos por el autor,
quien insiste en la pérdida progresiva de influencia que soportaron los capitales eclesiásticos.
La cuestión indígena es prolongada por Martha Moscoso,
pero desde la realidad ecuatoriana. En su ensayo aparecen con
vigor los cambios a que, tras la independencia, se vio impelido
el status de las culturas indígenas, generalmente propiciados por
el liberalismo. El pasaje a la categoría de ciudadano, que poco
a poco se fue definiendo, no alteró, empero, la ya secular condición de explotación a que estabar1 sometidas las comunidades.
La autora sigue este proceso a través de los mecanismos impositivos -y de la pertinente acción del Estado- que se aplicaron
en provincias como la de Azuay, y que nunca dejaron de apuntar hacia una sistemática extracción del excedente.
Robert J. Knowlton es un investigador con mucha labor realizada en derredor a las reformas liberales y a los bienes de la
iglesia. Por ello es que pareció útil a Siglo XIX reeditar un esfuerzo comparativo que Knowlton realizó respecto de dos notables casos latinoamericanos: Colombia y México. Su mirada se
detiene en las constituciones sancionadas en 1857 y 1863, que
"simbolizaron la victoria de los liberales y consagraron sus principios". Empero, el autor no deja de recordar que -tanto en
Colombia como en México- la iglesia logró recuperarse relativamente a finales de siglo, una vez que quedaron atrás los momentos más ásperos del combate anticlerical.

�8

Siglo XIX

Como sucedió en el ya citado número 3, España cuenta con
un amplio y merecido espacio en este dossier. La revolución liberal -una definición que simpatiza a muchos estudiosos peninsulares, y que bien podría extenderse a algunas situaciones
latinoamericanas (la que transitó México, por ejemplo)- ha ocupado un vasto espacio en la excelente historiografía
postfranquista.

El Liberalismo Y el Problema
de la Tierra en Bolivia (1825-1920)

Erick D. Langer *
Robert H. Jackson **

En este número se incorporaron los aportes de Ricardo Robledo Hemández y Rosa Congost. Robledo Hernández se vuelca hacia las tierras castellanas y hacia el devenir de sus propietarios en años vitales: los que corren desde las vísperas de la desamortización general de Madoz hasta la Restauración. Uno de sus
instrumentos de indagación consistió en el análisis de las contribuciones fiscales de los propietarios, seguimiento que efectúa por
provincias y pueblos de Castilla-León.
Congost, por su lado, ubica su énfasis en otra problemática
decisiva: la de los derechos sobre la propiedad. Su terreno de investigación es, dentro del noreste catalán, el área que circunda
a Gerona: paraje donde la enfiteusis y la subenfiteusis, los mecanismos de arrendamientos y de reparto del excedente vigentes
durante el Antiguo Régimen se vieron sometidos a abruptas tensiones con las reformas liberales. Recuperando agudos destellos
del Marx de La Gaceta Renana, Congost remarca el aprovechamiento que hicieron -del orden jurídico liberal- los propietarios más aptos para adecuarse a los nuevos tiempos.
Mario Cerutti
Monterrey, México, diciembre de 1990

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�10

Siglo XIX

Las reform~ liberales de la p_rimera fase se distinguieron por el
hec~o de haber sido adoptadas baJo la dominación de un ejército extran1ero que tenía en sus manos las riendas del poder. Este hecho explica la efectividad de algunas reformas y el fracaso rotundo de otras
a largo plazo.
!)e todos modos: el_ venez~I~no José Antonio de Sucre -primer
pres1dent~
la Re~ubhca_ Bohv1ana- no tenía que preocuparse por
una o~osic1on ;fect1va de intereses anti-liberales en un país postrado
~or mas de qumce años de guerra civil y la muerte de casi todos los
lideres revolucionarios bolivianos antes de la victoria final de las fuerzas patriotas.

?;

La iglesia católica también se encontraba postrada después de esta
larga lucha, y apenas podía mantenerse. La gran mayoría de los cléri~os altoperuanos, por ser españoles (especialmente importantes en las
ordenes regular;~) habían sido partidarios de los realistas y fueron en~rcelad_os o exilia~?s ?ura~te el conflicto 1• La ocupación de un ejército foraneo -el E1erc1to Liberador- sin muchos vínculos con las élites lo~a_Ies, y la_ d;?ilidad de la iglesia como consecuencia de las guerras civiles, posibilitaron la ejecución de reformas importantes durante los pocos años que duró la administración Sucre.
. No suce_di~ lo mismo con las comunidades indígenas. Aunque el
libertador Simon Bolívar d_e~de Cuzco había proclamado, ya en 1824
Y 18~~• ?ue~as leyes que ~eon~ente abolían el estatus legal de lapoblacion mdígena como tnbutar:ios y repartían las tierras de comunidad
ª.los co~uneros, esa legislación nunca se hizo efectiva. La importancia del tnbuto indígena en las finanzas estatales y la incapacidad en
la que se enco~traba el Estado p~a poder reprimir una potencial guerra d_e castas, lffi~ulsaron al gobierno a prorrogar cualquier reforma
del sistema co1orual.
Durante 1~ a~ministración de Andrés de Santa Cruz (1829-39), el
Estado form~zo el statu quo del sistema colonial, y no iban a surgir
grandes cambios hasta la administración Melgarejo (1864-1870).
A lo largo de este período, el discurso sobre las comunidades indígen~ Y su rol en la sociedad se transformó de un liberalismo bolivaria~o ~nge~uo, que anticipaba pocos problemas en la abolición de esta
mstitu~io~, hacia un recio debate sobre el destino de la población rural
mayontana dentro de la sociedad y la economía nacional.

Langer-Jackson: Liberalismo y cierra en Bolivia (1825-1920)

11

EL LIBERALISMO Y LA IGLESIA
La desamortización de las propiedades y capitales de la iglesia fue uno
de los elementos centrales de la política reformista liberal en varios países latinoamericanos. Los bienes de la iglesia, particularmente las propiedades rurales, constituían uno de los recursos que, según los id_eólogos liberales, eran un peso muerto sobre la economía. Según las interpretaciones más comunes, las propiedades de la iglesia no pod~ían ser
vendidas porque tenían el estatus legal de mayorazgos. Los liberales
usaron el término "manos muertas" para describir la tenencia y explotación de las propiedades religiosas. Además, los liberales argumentaron que la venta de las tierras de la iglesia y la liquidación de sus capitales contribuiría al desarrollo de la agricultura moderna y la economía nacional 2•
El primer intento de liquidar la riqueza de la iglesia ocurrió en 1804,
cuando el gobierno español, en situación de bancarrota a causa de su
participación en las costosas guerras de la revolución francesa, decretó
el pago en efectivo del valor nominal de los censos y capellanías, para
crear un fondo especial que respaldara el valor de los vales reales (un
instrumento de crédito real). Según el decreto, la iglesia hubiera debido recibir un monto de interés del 30Jo por año sobre el capital depositado en el gobierno.
La consolidación de vales reales fue consecuencia de la presión de
los gastos extraordinarios de guerra sobre la estructura fiscal del Estado español, pero los ministros ilustrados, como Jovellan~s, habían discutido durante la segunda mitad del siglo XVIII la necesidad de reformar y modernizar la estructura agraria y económica de España, y especialmente eliminar el mayorazgo y los bienes de "manos muertas".
El decreto de 1804 tuvo un impacto importante sobre los terratenientes de América Latina. Sin embargo, son pocos los estudios sobre
este tema tan importante, y la mayoría de ellos enfocan exclusivamente el caso de México 3.
El decreto de 1804 estableció una base legal para las reformas posteriores, y el discurso sobre la reforma agraria en España en el s!glo
anterior dio un respaldo ideológico a los programas liberales del siglo
XIX. Los liberales del XIX intentaron llevar la consolidación de vales
reales y la liquidación del capital de la iglesia a su conclusión lógica,
liquidando el capital en censos y capellanías y forzando la venta de las
propiedades urbanas y rurales. El cronograma de la implementación

�12

Siglo XIX

de los programas de desamortización varía de país a país; empero, hasta
la fecha, las reformas liberales en México han recibido más atención 4.
Los estudios sobre la política liberal en otros países de América Latina
describen un proceso muy parecido al de México 5•
Hay pocos trabajos sobre la riqueza de la iglesia en Bolivia, y específicamente sobre la implementación de la política de desamortización. Además, existe poca información en relación a la importancia
de la iglesia como dueña de tierras 6 • Como mostramos abajo, el desarrollo de la política anticorporativa fue muy diferente al de México.
El gobierno de Bolivia intentó liquidar la riqueza de la iglesia en una
fecha más temprana, durante la administración Sucre, y sólo tuvo resultados parciales. La mayoría de las órdenes femeninas no perdieron
sus tierras hasta este siglo y en algunos casos hasta la reforma agraria
de 1953, y no todas las órdenes masculinas fueron cerradas; además,
el programa de Sucre no afectó las tierras parroquiales.
El debate sobre la riqueza de la iglesia no llegó a causar inestabilidad política en los primeros años de la formación del Estado boliviano
()825-1880); recién a fines del XIX se expresó como discurso en relación al problema de las tierras de las misiones en la parte oriental de
la república: esta fue la manifestación más importante del anticlericalismo en Bolivia en el siglo XIX. Sin embargo, la inflación generalizada en la economía boliviana a fines del siglo pasado y principios del
presente forzó a algunas órdenes femeninas a vender sus tierras, e invertir su capital en instrumentos bancarios que dieran un mejor rendimiento frente a la inflación.
LAS TIERRAS DE LAS ORDENES REGULARES EN BOLIVIA
En la época colonial tardía la iglesia, y particularmente las órdenes regulares, tenía una influencia en la economía rural más profunda de lo
que indicaría el número de sus propiedades rurales. Sin embargo, la
falta de estudios sobre el papel de la iglesia en la economía altoperuana ha llevado a algunas conclusiones erróneas. Poco y nada se sabe
acerca de los motivos que tuvieron los administradores de los conventos y monasterios para adquirir o invertir sus capitales en bienes inmuebles y otros instrumentos que producían ganancias estables; también se desconoce el hecho que los miembros de las órdenes regulares
generalmente eran descendientes de !as familias más ricas de la sociedad altoperuana, y que la existencia de las órdenes regulares no amenazaba a los intereses de las élites.

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

13

Los liberales mexicanos, que atacaron ferozmente la _iglesia, generalmente no eran miembros de las familias m~ r!cas, .smo de_ la flamante burguesía no ligada a la jerarquía ecles1~~1c.a n.1 a las orden.es
regulares. Por el contrario, la evidencia para Bohv1a md1ca que no e:°stió un grupo de las élites locales que h~y~ prop.ue~to la desamo~!zación de la riqueza de la iglesia como obJetlvo pnnc1pal de su poht1ca.
Herbert Klein notó, respecto a la relación entre las élites altoperuanas
de la colonia tardía y la iglesia, que
A pesar de ser una importante fuente de crédito y activo a través de
unos cuantos conventos poderosos, la iglesia representó un peq~eño
sector de la clase terrateniente, poniendo de manifiesto ~a capa~1dad
de la sociedad secular por mantener un liderazgo fl~re~1ent~ e mdependiente en la agricultura a pesar de su dependencia fmanc1era con
la iglesia.

Diferentes instituciones religiosas tenían propiedades rurales Y dieron
préstamos, pero los censos impuestos sobre propiedades rural.es Y urbanas también constituyeron una importante fuente de ganancias para
las órdenes regulares. Algunos censos eran préstamos, pero 1? m~yoría
funcionaban como hipotecas sobre propiedades que produc1an mtereses y que eran pagadas a los conventos y monasterios.
El peso de los censos sobre l~ econo~ía alt~per~ana ~n la colonia
tardía es una cuestión que requiere más mvest1gac1on. Sm embargo,
datos de Cochabarnba nos indican la importancia de los censos en la
econornia local. En 1825, siete conventos y monasterios en. C~habarnba
tenían un capital nominal de 637 000 pesos, que produc1a mtereses de
22 000 pesos anualmente: del 5 al 100'/o del valor del trigo, maíz, Yotros
granos y las harinas exportados de la región a fines del siglo XVIII.
Por ejemplo, el convento de Santa Cla:-a recibió 41 OJo de sus ingresos
de los intereses pagados sobre censos .
La cuestión de la riqueza de las órdenes regulares concentró la atención del gobierno de José Antonio de Sucre O.8~5-1828). ~espaldado
por tropas venezolanas y colombianas en Bohv1a, Sucre unplementó
elementos del programa de reformas de Simón Bolívar, reformas que
quizás no gozaban del apoyo de las élites locales. Una. ley del 29 de
marzo de 1826 mandó cerrar los conventos y monasten~s c~n ~ocos
residentes, y dispuso la confiscación de los bienes de las mst1tuc1ones
así suprimidas 9 •
La documentación referente a Cochabamba indica que la l~y de
desamortización afectó fundamentalmente a las órdenes masculinas.

�/4

Siglo XIX
Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

El gobierno cerró tres monasterios de las órdenes masculinas y un hospital, y vendió las propiedades de dichas instituciones. Las nueve haciendas que antes pertenecieron a los monasterios de los agustinos de
la ciudad de Cochabamba fueron incluidas en la venta de las expropiedades religiosas, entre ellas la hacienda Collpa, que controlaba
más de I l00 hectáreas de tierras fértiles en el Valle Alto de Cochabamba '0.
La información sobre el departamento de La Paz demuestra que
aquí también las órdenes regulares perdieron sus tierras rurales. En 1780,
trece conventos y monasterios urbanos en La Paz y Oruro tenían 57
propiedades rurales en el departamento de La Paz. Un siglo más tarde, en 1880, seis instituciones eran dueñas de solamente 35
haciendas". Sin embargo, no es seguro que la disminución en el número de haciendas pertenecientes a las órdenes regulares se deba al programa aplicado por Sucre en la década de 1820.
Durante el transcurso del siglo XIX el gobierno nacional no tomó
otras medidas para atacar las órdenes regulares, ni tocó las tierras parroquiales, ni las pequeñas y medianas propiedades que proveían un
nivel de subsistencia básica para los sacerdotes seculares. Las órdenes
regulares femeninas no sólo no amenazaban los intereses de las élites,
sino que además tenían un papel social muy importante. Las familias
podían depositar sus hijas no casadas en conventos sin que corriese ningún peligro su estatus y prestigio social.
En algunos casos las órdenes regulares femeninas aumentaron el
número de sus propiedades rurales, en el siglo XIX, por donación o
compras. En la ciudad de Cochabamba, en 1867, dos monjas salieron
del convento de Santa Clara para establecer un nuevo convento. Miembros de la élite local donaron tierras para la nueva institución, y a finales del siglo el convento tenía por lo menos ocho propiedades rurales 12 •
Las órdenes regulares en Cochabam ba tenían como mínimo veinte propiedades a principios del presente siglo 13•
En las primeras décadas del presente siglo las órdenes regulares enfrentaron una crisis económica que amenazó su existencia. Información sobre las órdenes regulares de Cochabamba indica que las rentas
pagadas por el alquiler de sus propiedades rurales no alcanzaban el nivel de la inflación generalizada de la economía boliviana. Los administradores de varios conventos vendieron esas propiedades, e invirtieron su capital en instrumentos bancarios -letras hipotecarias- que
pagaban intereses más altos que la inflación. Por ejemplo, la renta de

15

la hacienda Cliza (convento de Santa Clara) se incrementó en un 130Jo
entre 1877 y 1901. En los mismos años, los precios de maíz y trigo (índices muy importantes del movimiento de precios regionales) crecieron 70 y 4111/o respectivamente. Además, la inflación fue aún mayor
después de 1900, incrementando la presión sobre las finanzas de las
órdenes regulares14. En 1911 y 1912 los adrninisttadores de los conventos de Santa Teresa y de las Capuchinas ofrecieron varias haciendas
. ..is .
en venta, a causa de "neces1.da d econórruca
La venta más extensa de tierras ocurrió entre 1901 y 1919. En estos años los administradores del convento de Santa Clara vendieron
partes de la hacienda Cliza con un valor de 2 000 000 de bolívares para
pagar el costo de la construcción de un nuevo complejo de edificios
para las monjas, incluyendo una iglesia. El excedente de fondos de las
ventas fue invertido en letras hipotecarias 16•
Es probable que futuras investigaciones confirmen que la pérdida
de las ganancias de los censos, junto con la inflación de fines de siglo
XIX y principios del XX, causaron una erosión de la base financiera
de las órdenes regulares, y que la política liberal, a pesar de su contenido anticlerical, no tuvo mucha importancia después de la administración de Sucre. La política del Partido Liberal (1900-1921) afectó las
propiedades rurales y urbanas que financiaron el programa de las misiones orientales, pero no tocó los conventos y monasterios en los principales centros urbanos del país.

EL CASO DE LAS MISIONES FRANCISCANAS
Se puede advertir más claramente el papel que jugó la ideología en relación con el tema de la iglesia en la actitud que asumió el Estado en
el caso de las misiones, aunque tampoco en esta situación los resultados fueron completamente obvios.
Para entender los cambios sufridos en la política estatal hacia las
misiones tenemos que volver brevemente a la historia política e ideológica. Cuando el sistema político boliviano se estabilizó a fines del siglo
XIX, se crearon, como en muchos otros países latinoamericanos, dos
partidos: el Conservador y el Liberal. Aunque llevaron los nombres
tradicionales de las dos grandes corrientes políticas, no tenían las mismas ideologías como los demás partidos del mismo nombre en otros
países. Esto se debía a que no nacieron de una lucha constante y feroz
entre fracciones de las élites durante el siglo XIX.

�16

SigloXIX

Como ha propuesto Tristan Platt, ambos partidos en sus rasgos
fundamentales eran de corte liberal en sus políticas: el deseo de fomentar
el comercio libre, el reconocimiento de la superioridad de los modelos
políticos surgidos desde la Revolución Francesa, y la necesidad de abolir
las comunidades indígenas, vistas como residuos coloniales poco
deseables17• Herbert S. Klein ha afirmado que la única diferencia sustancial entre los dos partidos fue la cuestión planteada en 1880 sobre
la paz con Chile: los conservadores fueron partidarios de restablecer
lazos comerciales y políticos con su enemigo de la Guerra del Pacífico
(1879-84) 18 •
La interpretación de Klein es esencialmente correcta, pero también
advierte que los conservadores asumieron el rol de grandes defensores
de la iglesia, mientras que el Partido Liberal atrajo a hombres de tendencia anticlerical. Al menos, en los periódicos de la época la cuestión
de la iglesia fue un punto de debate vigoroso, aunque efectivamente
la hegemonía política de los conservadores hasta fines del siglo hizo
irrelevante la corriente anticlerical de los liberales en la política nacional.
Un ejemplo de tales ideas sobre la iglesia católica fueron los escritos de Mariano Baptista, presidente de Bolivia (1892-96) e ideólogo principal del Partido Conservador: defendió a la iglesia católica ya desde
los ailos sesenta, cuando escribió artículos de prensa desde Europa, profundamente desconcertado por la persecución de la iglesia por los liberales en ese continente. Después fue el defensor más consistente de la
iglesia católica como institución. Vio a la iglesia como un baluarte de
la verdadera civilización europea y cualquier intento de suprimir sus
privilegios como un atentado que inevitablemente iba a llevar el país
a la anarquía 19•
Los sentimientos pro-católicos de los gobernantes tuvieron también consecuencias prácticas, especialmente para el restablecimiento del
clero regular. Los jesuitas, cuando fueron readmitidos en Bolivia en
1882, no volvieron a adquirir grandes propiedades en el campo como
antes, pero se constituyeron otra vez como los educadores de la élite
boliviana con el establecimiento de colegios en las principales ciudades
del país. Otras órdenes que entraron y, según el caso, volvieron a reocupar los edificios urbanos que habían abandonado en los primeros
ailos de la república, fueron los regulares de Santa Ana (1879), Hijas
de la Caridad (1883), Sacre Coeur (1883), Buen Pastor (1891) y los salesianos ( 1896)20•
Empero, los que más arraigo tuvieron en el XIX en Bolivia fueron

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

17

los franciscanos. Fueron unas de las pocas órdenes que no habían desaparecido con la independencia del país. Aún durante la época colonial había sido la orden misional más importante en Bolivia tras el éxodo
de los jesuitas en 1767. Ya en 1833, el padre Andrés Herrero había conseguido permiso del presidente Andrés de Santa Cruz para conseguir
más frailes y fortalecer los conventos todavía existentes en Tarata, Tarija y La Paz. Viajó dos veces a Europa y trajo consigo un total de
64 frailes italianos y espailoles para Bolivia21 • Consecuentemente, los
conventos empezaron a abrir misiones entre los indios infieles de las
regiones fronterizas y, así, acapararon a veces grandes extensiones de
tierras.
El mejor ejemplo fue el de las misiones franciscanas tarijeñas entre los chiriguanos, sobre los cuales disponemos de una gran cantidad
de información. Después de la independencia de Bolivia, la única misión con la que se quedó el Colegio Franciscano, después de su gran
auge misional a fines del siglo XVIII, fue la de Salinas; recién en 1845
pudieron restablecer otra misión en ltau. Se puede puntualizar el auge
del sistema misional tarijeño entre esa fecha y 1872, cuando los franciscanos de Tarija fundaron un total de ocho misiones. Después, el Colegio de Potosí fundó seis misiones más entre 1876 y 1907. Sólo en el
Departamento de Chuquisaca, donde existían cinco misiones a fines
del siglo XIX, éstas ocupaban casi 100 000 hectáreas de la tierra más
fértil de la región22•
¿Por qué no les preocupó a los gobernantes durante el siglo XIX
la gran extensión de tierra que ocupaban las misiones? Primero hay
que reconocer que en buena medida el episodio de anticlericalismo del
gobierno de Sucre había resuelto ya la cuestión de la iglesia, y había p~esto a esta institución bajo el control del Estado. En segundo
lugar, las misiones estaban localizadas, casi por definición, en lugares
netamente marginales para la sociedad boliviana. Aún si hubiera preocupado el poder de la iglesia en los centros más poblados de las alturas, las misiones en la frontera no representaban ningún peligto ni siquiera para un Estado tan débil como lo fue el de Bolivia durante gran
parte del XIX.
La razón más importante que permitió la expansión de las tierras
misionales -a veces a costa de los colonizadores seculares- fue que
la misión era vista no tanto como una obra religiosa, sino como una
institución que podía resguardar la frontera; allí el Estado tenía muy
escasos recursos para controlar, y mucho menos reprimir, los diversos
grupos étnicos (entre los más importantes cabe mencionar a los chiri-

�18

Siglo XIX

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

19

guanos). Esta situación y la política pro-católica que el gobierno mostró desde 1880, fueron los motivos más importantes para dar a los frailes
tantos recursos como necesitaban. Luis Paz, el prefecto de Tarija expresó muy bien las actitudes de la clase gobernante de esta época; por
eso vale la pena citarlo extensamente:

blos y los fortines de la frontera por haber "asegurado la tranquilidad
de las poblaciones25" . Con estas palabras desprestigió la labor histórica que habían hecho los franciscanos, e ignoró el papel importante
que habían jugado las autoridades locales al impulsar el enganche de
peones.

Es indudable que las misiones franciscanas son el único sistema se~o Y provechoso de colonización implantado en Bolivia. En cada mis1ó~ se levanta una estensa población con templo y escuelas, con espaciosas plazas, con praderas y huertas productivas y de recreo· se
da ocupación provechosa y permanente a los indios misioneros 'ensefiándoles las artes a la vez que las primeras letras arrancándolos
de la barbarie para convertirlos en fuerzas útiles pa.r'a la civilización
y la industria.
La barbarie diseminada en el desierto, sin centro de unión sin ocupación alguna, amenaza constante y aterradora de los pueblos vecinos, convertida en fuerza activa de trabajo, en elementos de progreso; tal es la grande obra que realizan los abnegados misioneros.
El ~obierno debe prestarles todo el apoyo que necesitan para la reali~c1ón de su~ fines, que reportarán los más grandes y positivos servic~os a la patna. Es necesario restablecer el pasado glorioso de las mis10nes, que transforman razas enteras, habilitándolas para el progreso Yque resguardan nuestras fronteras, llevando el signo de posesión
a nuestros desiertos23 •

Seguramente influyó en el cambio de opinión acerca de la eficacia
de las misiones el hecho de que la frontera había pasado más allá de
las misiones, y los vecinos ya no temian ataques de los chiriguanos u
otros grupos del Gran Chaco. La misiones en cierto modo, por lo menos desde la perspectiva de los colonos, ahora eran superfluas y había
que secularizadas. También tuvo mucho que ver en el cambio de actitud de los colonos y los funcionarios locales la codicia por la mano
de obra indígena que estaba bajo control de los misioneros, especialmente dentro del contexto de escasez de trabajadores en la frontera.

C:on tales palabras el gobierno también admitió que no tenía otros me~os para hacer efectivo su dominio sobre las tierras de la frontera. Ni
bien pudo hacerlo de otra manera, cambió bruscamente la política
colonizadora.
En los últimos afios de la época de predominio conservador (pero
después de la presidencia de Baptista), el gobierno de Fernández Alonso creyó haber encontrado un método más eficaz de colonizar la frontera: ,dar grande~ extensiones de tierras a empresas militares privadas.
Se~man reconociendo la labor de los misioneros, pero ahora la caractenzaban como "de resultados seguros (pero que) tiene que ser lenta"'. Yconsideraba_n que en aquel momento "no basta para garantizar
la vida y la propiedad de los colonizadores de los ataques de los
salvajes24".
Hubo otros problemas concretos que exacerbaron las relaciones
tensas entre fraile~ y gobierno. En 1897, el nuevo prefecto de Chuquisa~ estaba muy disgustado con los misioneros, a quienes acusó de perrrut1r el enganc~e de i~dígenas residentes en las misiones como peones
para la Argentma, rruentras que exaltaba a los habitantes de los pue-

Una vez que subió al poder el Partido Liberal, después de la Guerra Federal (1898-1899), la política del gobierno claramente anticlerical frustó cualquier intento de mejorar las relaciones con los franciscanos. Lo importante para el tema de la tenencia de la tierra por la iglesia, es que empeoraron de tal manera las relaciones en los últimos afios
del XIX que efectivamente se paró la expansión de los misiones en la
frontera.
Aunque hubieron intentos de fundar nuevas misiones en la región
aún durante la administración liberal, la oposición de los vecinos valió
más que los pedidos de los misioneros y se suprimieron en poco tiempo. Tal fue el caso con las misiones en el Parapetí, fundadas por uno
de los misioneros más ilustres de toda la historia misionera, Fray Bernardino de Nino. Establecidas en 1903 y 1905, fueron suprimidas en
191226• Otras misiones, más antiguas, también fueron secularizadas.
El caso más importante fue el de las misiones de San Antonio de
Padua y San Francisco Solano, a las orillas del Pilcomayo, que dieron
origen al pueblo de Villamontes en 1906. Aunque los indígenas de las
misiones deberían haber recibido tierras dentro de las reducciones, el
gobierno otorgó casi toda la extensión a Staudt y Cía., una compafiía
alemana que prometió desarrollar la economia de esta región. La compafiía casi inmediatamente empezó a acaparar otras tierras en los alrededores del centro poblacional y, antes de la Primera Guerra Mundial,
probablemente llegó a ser el terrateniente más poderoso de todo el Chaco boliviano.

�20

Siglo XIX

Los franciscanos se quejaron de esta política, pero no lograron cambiar la situación. Otra vez había triunfado el modelo de desarrollo centrado en entidades privadas, esta vez directamente a costo de las
misiones27•
EL PROBLEMA DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS
· Es bien conocido el debate protagonizado por las élites bolivianas sobre las comunidades indígenas, que en muchos aspectos se asemeja a
los que hubo en otras partes de América Latina28 • Lo único que queremos destacar aquí es que las exigencias fiscales estatales y el espectro
de una guerra de castas frente a un estado militarmente débil imposibilitaro~ cualquier reforma hasta la segunda mitad del siglo. Esto no quiere decrr que no haya existido un desarrollo ideológico, mayormente independiente de la situación contemporánea del agro o de la capacidad
del estado para hacer efectiva cualquier medida adoptada.
Recién en los años sesenta del siglo XIX se reanudó el debate sobre el rol de la comunidad indígena. Fue precisamente el momento cuando las élites bolivianas recibieron la influencia de la nueva corriente
liberal que iba a dominar el pensamiento de los gobernantes en toda
América Latina.
Como parte de los proyectos de desarrollo económico -un tema
que iba a preocupar a las élites bolivianas durante el resto del siglose empezaron a debatir las formas a través de las cuales se podría transformar el agro para utilizar plenamente la tierra y para aumentar la
producción y la comercialización agrícola. La ideología liberal postúló
que era necesario crear un mercado libre de tierras para llegar a esta
meta. Todos los publicistas estaban de acuerdo con este postulado; lo
que estuvo en debate fue cómo hacerlo.
Una importante corriente argumentó que los indígenas eran incapaces de transformarse en agricultores capitalistas, y consecuentemente que las comunidades tenían que ser reorganizadas abriendo lugar
~ las haciendas en manos de las élites. Uno de los representantes más
unportantes de esta posición fue José Vicente Dorado, quien arguyó
que los indígenas iban a prosperar sólo bajo la mano fuerte de los hacendados criollos. Los hacendados no sólo eran los únicos que ya poseían un espíritu capitalista, sino que también podían proteger a los
ex-comuneros de los abusos de autoridades y clérigos29•
La otra corriente, contrapuesta a la posición de Dorado, también

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

21

quería abolir la comuni~ad ~dí~ena, pero pensaba _que l~ única medida necesaria para cambiar al mdígena de un campesmo onentado s?lamente hacia la supervivencia a un agricultor capitalista, era abolir el
tributo y dar a cada comunero el derecho de propiedad en sus parcelas. Los miembros de esta linea propusieron que se debían dividir las
comunidades entre los originarios, porque sólo así tendrían el incentivo para invertir sus capitales y esfuerzos en la tierra. Fav&lt;?recer la hacienda, la gran propiedad, sería un error porque era un sistema poco
productivo y tampoco iba a agilizar el mercado de tierras30•
Hubo una dinámica regional muy importante en este debate. Los
que seguían la posición de José Vicente Dorado ,eran ~ayorment~ de
La Paz y el norte, donde las comunidades aymaras dommaban casi todo el altiplano. Los paceños se vieron restringidos en el desarrollo económico de su región por la predominancia de las comunidades alrededor de la ciudad de La Paz. Tomaron como región modelo el área de
Yungas, donde las haciendas obtuvieron buenas ganancias comercializando coca y otros productos subtropicales.
A la vez, los cochabambinos, potosinos y sucrenses estaban en favor de dar las tierras directamente a los indígenas, aunque por razones
diferentes.
En Cochabamba, los publicistas vieron como modelo la participación exitosa del campesinado, casi sin rasgos de comunidad indígena,
en el mercado. Los potosinos y sucrenses (muchos de los últimos dueños de minas de plata en Potosí) seguramente tuvieron en mente la gran
actividad comercial de las comunidades, especialmente las que habían
incorporado la producción triguera, que abastecía a los centros mineros y urbanos de la región. También mostraba un sentido muy agudo
del poder que tenían estas mismas comunidades, por las revueltas esporádicas que había sufrido la región durante el siglo_XIX.
Sin embargo, estos argumentos y sus fundamentos fueron ignorados por los funcionarios del régimen de Mariano Melgarejo (1864-70),
quienes buscaban desesperadamente fondos para subvencionar el ejército que el caudillo utilizó para suprimir la resistencia contra su gobierno. Así fue que, en cierta medida, se pusieron en efecto las propuestas de Dorado cuando Melgarejo hizo posible por primera vez la
venta de tierras de comunidad. Aunque hubo funcionarios que se basaban en un fundamento ideológico para sus acciones,._ es difícil creer
que el resultado -la adquisición de recursos para el Estado- no fue
más importante que los argumentos esgrimidos para •adoptar tales
medidas.

�22

Siglo XIX

Langer-JacksoQ: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

23

Dejando por ahora de lado los motivos políticos, es importante
r~~ordar este momento histórico más por los precedentes que establecio Y por crear un poderoso grupo de presión dentro de Ja élite que
e~taba en favor de transformar las tierras de las comunidades en haciendas, que por el poco éxito permanente que tuvo.

y Potosí, la creación de haciendas nuevas partiendo de comunidades
fue la excepción. En Cochabamba fue así porque las tierras de las comunidades ya eran pocas y las comunidades mismas habían sufrido un
fraccionamiento interno, tanto en la tenencia de la tierra como en la
organización social .

. De hecho, las ventas de "tierras de origen" como resultado de Ja
legislación mel~areji~ta de 1866 y 1868 no fueron permanentes, porque los re~olucionarios que derrocaron a Melgarejo en 1871 tuvieron
qu~ recumr a I_a ~ovilización masiva de las comunidades indígenas del
altip_lano. Los 1~dios retomaron a la fuerza las haciendas formadas con
las, tierras vendidas de las comunidades (por Jo menos en el norte del
pais) Ylos nuevos gobernantes no tenían ni el ánimo ni el poder militar
para sacarlos de las propiedades reconquistadas31 •

A la vez, en Chuquisaca y Potosí la fuerte resistencia campesina
hizo difícil la adquisición de tierras por ajenos, por lo menos en grandes cantidades. La gran mayoría de los casos de compras de tierras indígenas fueron acciones parciales y para satisfacer deudas relativamente
pequeñas. Donde sí se crearon haciendas enteras de las comunidades,
como el caso excepcional de El Carmen, los duefios tuvieron problemas endémicos con las comunidades vecinas que trataron de reivindicar sus antiguas posesiones33 •

Recién la "ley de exvinaulación de tierras indígenas" de 1874 implementada ~espués de 1880, efectivamente llevó a la abolición Íegal
de las comumd~?:s y ,l~ pa~atina incorporación de las tierras indígenas al mercado libre de tierras. El proceso de exvinculación fue diferente qu: el aplicado por la administración Melgarejo, porque ganaron los legisladores que estaban en favor de otorgar las tierras directamente a los indígenas para que ellos presumiblemente se transformaran en pequefios propietarios capitalistas según el modelo liberal.

Tampoco había un incentivo económico fuerte para comprar tierras. A mediados del siglo XIX era mucho más lucrativo para las élites
invertir su dinero en acciones mineras de plata, y cuando esta fuente
de riqueza decayó en los últimos años de ese siglo, la región entró en
una situación de decadencia económica que afectó el nivel de la renta
de la tierra34 •

El proceso de exvinculación fue extenso y no incrementó súbita~ente, como en el caso de las propiedades eclesiásticas, la tierra disporuble p~ra la c?~pra. ~a ley_ reglame~tó un proceso burocrático muy
compleJo para liberar las tierras. Pnmero, las comisiones tenian que
mensurar l~s chacras de cada indígena para otorgar títulos individuales de propiedad. Este proceso de ''revisitas" tomó muchos años, dad~ los escasos recursos del Estado y, en muchos Jugares, nunca se ter~mó. Además, la resistencia indígena a la mensura de sus tierras no
solo fue co1!1ún si~o qu: t~bién en muchos casos logró postergar -a
veces por tiempo mdef1rudo- el proceso de exvinculación32•

La situación fue muy distinta en el norte del país. El auge del estafio en los últimos años del siglo XIX y la ola de especulación subsiguiente, llevó a muchos miembros de la élite pacefia a comprar tierras
indígenas para utilizarlas como medios de obtención de créditos. También la construcción de varias lineas férreas en el altiplano llevó a una
expansión económica en el campo y dio mayor valor a la tierra.

, _Otro resultado de esta legislación fue que -al menos
teoncamente- los que querían comprar tierras de indígenas tenían que
hacerlo caso por caso y no podían, como durante la administración
Melgai:ejo, adquirir comunidades enteras. En la práctica no siempre
~ue as1, Y el proceso de adquisición mostró diferencias regionales
importantes.

Hubo entonces un fuerte incentivo para comprar tierras de comunidades enteras a un precio muy bajo, que llevó a muchos negocios
sucios y al uso del fraude y de la fuerza. El ejemplo más sobresaliente
de esta forma de adquisición fue la compra de gran parte de la península de Taraco al lado del lago Titicaca por el presidente Ismael Montes, a principios del siglo XX. Cuando los indígenas trataron de resistir, Montes mandó tropas a Taraco y tuvo que hacer efectivo su dominio a costa de sangre y fuego35 • Aunque Erwin Grieshaber recientemente ha cuestionado la imagen de la expansión de la hacienda paceña
según la cuál sólo se habrían vendido comunidades enteras, pareciera
que esa fue la situación prevaleciente en el norte del altiplano y no tanto en el centro o sur36 •

En todo el sur y el centro del país, en Cochabamba, Chuquisaca

Aparentemente, también la ideología racista del darwinismo so-

�24

Siglo XIX

cial, qu: concibió a los indígenas como seres inferiores destinados a
ser dommados por la gente de extracción europea, tuvo más adherentes en L~ Paz des~e fines del siglo XIX que en otras partes del país.
F~e ~na ideología ideal para justificar la usurpación de tierras comumtanas dentro del contexto boliviano37 •
Enton~~s, especi~l!°ente a principio del siglo XX, se puede notar
la corrupc1on del espmtu de la ideología liberal. A veces ni se preocuparon po~ mantener la fachada de que las reformas iban a beneficiar
a todos e iban a crear nuevas oportunidades para la mayoría campesina.
Tal fue el caso de las ll~madas ti~r:as sobrantes en el departamento de Cochabamba. El g~b1~rno def1mó como tierras sobrantes aquellas ocupada~ por comumtanos que excedían lo que el Estado consider~ba ne~esano para su subsistencia; también entraban en esta categona las t_1erras usurpadas P?r no-indígenas. En la mayoría de los casos,
los gobiernos local~. vend~:ron o alquilar?n dichas tierras, pero en Cochab~ba la adm1mstrac1on, o meJor dicho, la mala administración
d~ las tierras sobrantes, causó un escándalo político que duró unos cinco
anos (1909-1914) durante el período del Partido Liberal38•
Hemos centrado nuestro análisis de la administración de las tierras sobrantes (tierras del Estado) en el departamento de Cochabamba
(ver cuadro l). _Ini~ialmente, el gobierno vendió o alquiló las tierras
s?brantes a no-md1genas, y en algunos casos muy aíslados distribuyó
tl~~ras sobrant_es a ex-com?nitarios. En Cochabamba, el concejo mumc1~al. de la c1u~ad del mismo nombre recibió la responsabilidad de
adm1mstrar la~ tle~ras del Estado. Vendió algunas parcelas de tierra
en el Valle BaJo. Sm embargo, no hubo mucho interés en las últimas
décad~s del siglo XIX para comprar algunas estancias en los distritos
del altiplano cochabambino, y fueron alquiladas.
. Por e~emplo, en 1878 José Moscoso, un terrateniente cochabambmo, pago un alquiler de 2 208 bolívares por año por las estancias estatales en el Cantón Vacas39•
ljna ley ~el 15 de enero de 1900 estipuló que el concejo municipal
ven~,1ese las tierras del Estado en Cochabamba para los gastos de educac1on en los centros urban?s. El concejo tendría que invertir los capitales de las ventas de las tierras en letras hipotecarias.
. El consejo municipal no hizo casi nada para realizar la venta de
tierras estatales, y siguió ofreciendo las propiedades en alquiler. La evi-

Langer-Jackson: Liberalismo.y tierra en Bolivia (1825-1920)

25

CUADRO 1

TIERRAS ESTATALES EN COCHABAMBA A PRINCIPIOS DEL XIX

Cantón
Passo
Tiquipaya
VilaVila*
TinTin*
Vacas
Tapacari
Quirquiavi

Zona
ecológica

Número de
Propiedades

Valle
Valle
Altiplano
Altiplano
Altiplano
Altiplano
Altiplano

10
6
l
l

20
9
12

Hectáreas
24.66.12
26.19.06
10 330.56.00
983.92.50
5 183.04.80
2 446.75.61
834.33.81

• Tierras confiscadas por falta de pago de la contribución territorial.
Fuente: Catastro de la Propiedad Rústica, Archivo de la Prefectura de Cochabamba, varias jurisdicciones; El Ferrocarril y El Heraldo.

dencia indica que hubo ventas de pequeñas parcelas en el Valle Bajo.
En 1909 el prefecto de Cochabamba y miembro del Partido Liberal,
José Santos Quiroga (1908-1910), tomó ventaja de una ley de 1908 que
contradijo los términos de la ley de 1900, y vendió las estancias estatales en Cantón Quirquiavi (Provincia Arque) bajo circunstancias muy
sospechosas. Santos Quiroga publicó anuncios de la venta de dichas
estancias en un periódico temporal establecido en 1910 para promover
los candidatos del Partido Liberal en las elecciones del mismo año, y
no en los diarios de la ciudad de Cochabamba como era costumbre.
Los compradores de las estancias -algunos especularon con la adquisición de las tierras anticipándose a la llegada del ferrocarril OruroCochabamba que iba a pasar por Arque- revendieron una gran parte
de las estancias a un precio mayor, antes de pagar al gobierno el valor
de esas mismas tierras.
El Partido Republicano, la oposición del Partido Liberal, usó el
caso de la venta de las estancias de Quirquiavi como propaganda para
atacar la ética del gobierno en Cochabamba. Sin embargo, el caso de
las estancias de Quirquiavi indica plenamente la forma en que las élites
locales aprovecharon la política liberal para su propia ventaja. Este caso,
y la usurpación de las tierras comunarias en Taraco, mostró claramente la bancarrota ideológica del liberalismo boliviano a principio del siglo XX.

�26

Siglo XIX

CONCLUSION
En el caso del liberalismo boliviano se puede distinguir una divergencia en el tratamiento de las posesiones corporativas. Por un lado, las
tierras de la iglesia fueron enajenadas por la administración Sucre poco después de la Independencia. Por el otro, desde mediados del siglo
XIX se puede entrever una alianza entre el Estado y las órdenes religiosas que permitió el establecimiento de una serie de sistemas misionales en las fronteras bolivianas. A principios de la época republicana
no se restringieron las propiedades de las órdenes femeninas, las que
pudieron subsistir y mantenerse a un nivel más o menos constante durante todo el XIX.
A la vez, las políticas del Estado hacia las comunidades indígenas
(la única institución corporativa importante en Bolivia fuera de la iglesia católica) fueron casi exactamente lo opuesto a las aplicadas en relación a las comunidades religiosas. Al principio de la república, aunque
el gobierno trató de abolir las comunidades y crear una clase de pequeiíos propietarios según el modelo liberal clásico, por varias circunstancias no pudo lograr sus metas. Sólo en la segunda mitad del siglo XIX,
a partir de las reformas de la administración Melgarejo, empezaron
a activarse las tendencias liberales ya puestas de manifiesto unos cuarenta aiíos antes. Aunque la reforma melgarejista no fue efectiva, después de 1880 la llamada exvinculación de las tierras indígenas aceleró
y llevó a la expansión de la hacienda como también de la economía
aldeana en el agro boliviano.
¿Por qué hubo estas diferencias? ¿Fue porque los liberales bolivianos no fueron sinceros y consistentes en sus creencias? La historiografía ya ha comprobado que las élites latinoamericanas no copiaron
total y fielmente la ideología liberal traída desde Europa. Siempre adoptaron estas ideas a su percepción de la realidad de los respectivos países, aunque a veces esas percepciones estuvieron algo distorsionadas
por su posición de clase y por los intereses regionales a los que estaban
vinculados.
Eso, empero, no es suficiente para explicar las aparentes contradicciones en la ideología liberal ¿Por qué favorecer una corporación
y no otra? Hacer un argumento semántico y aseverar que, a fin de cuentas, el partido de los oligarcas de la plata no por nada se llamó Conservador, no es sostenible. A pesar de su nombre, y excepto en cuestiones
de la iglesia, los conservadores -a pesar de su nombre- siguieron el
rumbo de los otros partidos de ideología liberal. Fuera de la política

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (I 825-1920)

27

de exvinculación para las comunidades indígenas, establecieron un sistema de comercio libre con el exterior, fomentaron el sistema de transporte, pusieron al ejército bajo control civil, entre otras reformas netamente liberales.
La respuesta a esta aparente contradicción reside en tres factore~:
la falta de poder por parte de la iglesia ya desde los albores de la republica el poder relativamente grande de las comunidades, y el papel que
jugó '1a iglesia a fines del siglo XIX en la política desarrollista del Estado liberal.
El problema del poder de la iglesia ya se hab~a re~uelt~ a favor_del
Estado boliviano como caso excepcional de la h1stona latmoamencana. Ocupado por un ejército y un presidente d_e proceden~ia extranjera
al que no se podía presionar como a u_n_ go?1erno de cnollos. locales,
la iglesia no representó una fuerza poht1ca importante ~espues de las
reformas de la administración Sucre. Las órdenes femerunas no representaron ningún peligro político y más bien servían a la élite bolivia~a
para ubicar a sus hijas no casadas y no diluir demasiado la herencia
patrimonial. Con el caos político que siguió a la admini_stra~ión S~ta
Cruz (que era mucho menos anticle_ric~ q~~ Sucre), 1~ ~gles1a no Jugó
un papel importante: ya no era una mst1tuc1on con suf1c1entes recursos
que justificaran un conflicto con ella.
La política proclerical del Partido Conservador no c~~?ió mucho
la situación. La iglesia católica no llegó a tener una pos1c1on preponderante en la sociedad boliviana a fines del siglo XIX, aún con la ayuda de la retórica de Mariano Baptista y otros copartidarios. Más bien,
el único papel que el gobierno fomentó, entraba en un programa esencialmente liberal: el del desarrollo económico del país.
En esto, los conservadores reconocieron el papel que los franciscanos ya estaban jugando desde los aiíos cuarenta, apr~b_ad~ por ~dministraciones arlteriores. No se sabe si esto fue una política mtenc10nal (y no es necesario probarlo), pero la acci~n de la iglesia fu~ ~estringida a las fronteras poco pobladas de la nación. ~on esta p~h~1ca, ~os
conservadores también reconocieron (como tamb1en las adm1rustrac10nes anteriores) que el Estado no tenía los recursos para embarcarse en
esta tarea.
Es importante notar que,_ una vez qu~ h~~o un aug~ econó~ico
en la región que hizo más factible la coloruzac10n por entidades pnvadas, el gobierno conservador favoreció esas entidades a expensas de

�28

Siglo XIX

la empresa misionera. El cambio de gobierno después de la Guerra Federal simplemente aceleró un proceso empezado por el gobierno conservador: en el fondo, ese partido también era esencialmente de corte
liberal.
El caso de las comunidades indígenas es algo diferente. Los comuneros eran mucho más poderosos que la iglesia durante el siglo XIX.
La historia de los intentos por abolir la comunidad como entidad legal
s&lt;: remonta ~ambi~n a la ad~inistración Sucre, pero es obvio que el gobierno no d1spoma de suficientes fuerzas de represión para implemen!ªr las leyes bolivarianas. Esto nos sugiere, entre otras cosas, que la
iglesia católica sufrió más durante las guerras de la independencia que
las comunidades; una hipótesis que necesita de más estudios para probarse. De todos modos, la reinstalación del tributo por Andrés de Santa Cruz y la legislación de José Ballivian y otros gobernantes hasta Melgarejo, fueron acciones pragmáticas que tenían como meta regularizar
los ingresos fiscales y así, implícitamente, reconocieron los problemas
que implicaba la reforma de la sociedad rural.
Mariano Melgarejo y sus consejeros creyeron tener los recursos para
destr_uir el poder de las comunidades y así reformar, según prescripciones liberales de moda entre los publicistas de la época, la tenencia de
la tierra en Bolivia. Estaban equivocados y después de la derrota del
caudillo se volvió al sistema antiguo.
Sól~ una reforma gradual, como la implementada después de 1880,
fu~ factible, y el proceso de enajenación de tierras indígenas sólo podna acelerarse después de la Guerra Federal, cuando el ejército nacional derrotó a Pablo Zárate Willka, el caudillo de los indígenas del
altiplano.
Otra vez, el Partido Liberal heredó una situación en la cual la política liberal ya estaba vigente y sólo la llevó adelante de una manera
más decidida que sus antecesores.
Así se desvanecen en gran medida las diferencias observadas. En
ambos casos fueron los que irónicamente se llamaban conservadores
quienes prosiguieron la política liberal. Introdujeron suficiente estabilidad política y así libraron los recursos necesarios para disminuir el
poder de la iglesia aún en los últimos rincones de la república y abolir
las comunidades indígenas.
La política del Partido Liberal después de 1899 fue simplemente

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

29

una extensión de las medidas ya introducidas. La aparente corrupción
en la venta de tierras sobrantes de comunidad en Cochabamba mostró
la visión netamente pragmática de los gobernantes en lo relativo a la
cuestión de tierras indígenas.

NOTAS
1. Para una descripción de Bolivia inmediatamente después de la independencia, ver
Joseph B. Pentland, Informe sobre Bolivia, tr. Jack Aitken Soux (Potosí, 1975) y
William Lofstrom, El mariscal Sucre en Bolivia, tr. Mariano Baptista G. (La Paz,
1983). La obra fundamental sobre la guerra de independencia en Bolivia sigue siendo Charles W. Arnade, La dramática insurgencia de Bolivia tr. Luis Pellaloza C.
(La Paz, 1972). También ver René D. Arze Aguirre, Participación popular en la
independencia de Bolivia (La Paz, 1979). Para la situación de los clérigos, ver por
ejemplo Alejandro M. Corrado, El colegio franciscano de Tarija y sus misiones (Quarracchi, 1884), pp. 279-313.

2. Para una introducción general al papel de la iglesia en la economía de América Latina ver Arnold Bauer, "The Church in the Economy of Spanish America: Censos
and Depósitos in the Eighteenth and Nineteenth Centuries", Hispanic American Historical Review 63:4 (1983), 707-733. Un estudio mas detallado es Michael Costeloe,
Church Wealth In Mexico: A Study of the "Juzgado De Cape/lanías" in the Archbishopric of Mexico /800-1856 (Cambridge, 1967).
3. Para tos antecedentes de la consolidación de vales reales y la política reformista espallola del siglo XIX, ver Richard Herr, R ura/ Change and Royal Finances in Spain
at the End of the O/d Regime (Berkeley, 1989), especialmente capítulos I Y2. Para
la implementación de la consolidación de vales reales en America Lati?a ver Brian
Hamnett, "The Appropriation of Mexican Church Wealth by te Span1sh Bourbon
Government- 'The Consolidación de Vales Reales', 1805-1809", Jo urna/ of Latin
American Studies 1 (1969); Asunción Lavrin, "The Execution of the Law of Consolidación in New Spain: Economic Aims and Results", Hispanic American Historical Review 53:1 (1973), 27-49; Romeo Flores Caballero, La contrarrevolución en
la independencia. Los españoles en la vida política, social y económica de México
(1804-1838), México, D.F. 1969, pp. 34-36; Masae Sugawara H., La deuda pública de Esp;ma y la economía novohispana, 1804-09 (México, D.F., 1976); y Margaret Chowning, ''The Consolidación de Vales Reales in the Bishopric of Michoacán",
Hispanic American Historical Review 69:3 (1989), 451-778. El impacto de la política de la consolidación de vales reales ha recibido muy poca atención afuera de México. Para una excepción ver Lowell Gudmundson, "The Expropriation of Pious
And Corporate Properties In Costa Rica, 1805-1860: Pattems in the Consolidation
of a National Elite", The Americas 39 (1983).
4.- La política liberal acerca de la riqueza de la iglesia ha sido estudiada con más detalle en México, y a veces hay una tendencia a identificar la desamortización en los
otros países de América Latina con el caso mexicano. Para un bosquejo de la política liberal en México, ver Richard Sinkin, Tbe Mexican Reform, 1855-1876: A Study
In Liberal Nation-Building (Austin, 1979), especialmente capítulo 7; y Robert
Knowlton, Churcb Property and tbe Mexican Reform, (1856-1910) (DeKalb, 1976).

�30

Siglo XIX

Para estudios regionales más específicos ver Jan Bazant, Alienation of Church Wealth
in Mexico: Social and Eronomic Aspects ofthe Liberal Revolution 1856-1875 (Cambridge, 1971); y Charles Berry, The Reform la Oaxaca, 1856-76: A Micro History
of the Liberal Revolution (Lincoln, 1981), examina el impacto de la política liberal
en Oaxaca. lan Jacobs, Ranchero Revolt: The mexican Revolution in Guerrero (Austin, 1982), examina la estructura de la tenencia de la tierra en Guerrero en los años
después de la reforma liberal.

. 5. Para la política liberal en Colombia, incluyendo la desamortización de la riqueza
de la iglesia, ver Richard Hyland, "A Fragile Prosperity: Credit and Agrarian Structure in the Cauca Valley, Colombia, 1851-87", Hispanic American Historical Review, 62:3 (1982), 369-406.
6. Los estudios sobre la iglesia y sus bienes en Bolivia generalmente enfocan las actividades de los misioneros en los departamentos orientales, o la historia institucional.
Ver: por ejemplo, Joseph M. Barnadas, La iglesia católica en Bolivia (La Paz, 1976);
David Block, "Links To The Frontier: Jesuit Supply of Its Moxos Missions,
1683-1767", The Americas, 37 (1980); Eudoxio Palacio y José Brunet, Los Mercedarios en Bolivia (La Paz, 1975); y Walter Hermosa Virreira, Tribus selvícolas y
misiones jesuitas y franciscanas en Bolivia (La Paz, 1986). Hay varios articulos que
describen los bienes de los jesuitas en los años posteriores de su expulsión por Carlos lll. Ver, por ejemplo, René Arze Aguirre, "Las haciendas jesuitas de La Paz
(Siglo XVlll), Historia y Cultura, 1 (1973), pp. 105-124; y Edgar Valda Martinez,
"Datos sobre la Compañía de Jesús en Potosí", Historia Boliviana, 6 (1986), pp.
43-60.
7. Herbert Klein, "The Structure of the Hacendado Class in Late Eighteenth- Century Alto Peru: The Intendencia de La Paz", Hispanic American Historical Review
60:2 (1980), p. 212.
8. Lofstrom, El Mariscal Sucre, pp. 112-113; y Boroke Larson, Colonialism and Agrarian Transformation in Bolivia: Cochabamba 1550-/900 (Princeton, 1988), p. 223.
9. Lofstrom, pp. 133-142. Según el trabajo de Thomas Millington, los compradores
de las ex-propiedades podían adquirir las haciendas y cancelar los censos con certificados de la deuda interna del gobierno, que perdieron una gran parte de su valor
nominal en el mercado abierto. Ver Thomas Millington, Funded Debt Versus Floating Debt: A Neglected Battlefield ofthe Liberal Reforms In The 1820s, manuscrito
sin publicar, p. %. Por ejemplo, las élites de Cochabamba aprovecharon el decreto
de 1826 pagando por las haciendas confiscadas de las órdenes regulares en certificados con un valor nominal de 214 080 pesos, y cancelaron censos con certificados
con un valor nominal de 37 392 pesos.
10. Roberty H. Jackson, "The Alienation of the Lands of the Regular Clergy in Cochabamba, Bolivia, 1826-1929", manuscrito sin publicar.
11. Herbert S. Klein, "The Structure of the Hacendado Class", p. 202; y Herbert Klein,
"The Distribution of Landed Wealth in the Late 19th Century: The hacendados of
tbe Department of La Paz, 1881-1882", en prensa.
12. Damián Rejas, Tercer centenario de la fundación del Monasterio de Santa Clara
de Asís en Cochabamba-Bolivia, af1os 1648-1948 (Cochabamba, 1948), pp. 16-17.

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

31

13. Jackson, "Alienation", cuadro 11.
14. Ibid. Para un índice de precios agricola en Cochabamba, ver Robert H. Jackson,
"Tbe Decline of the Hacienda in Cochabamba, Bolivia: The Case of tbe Sacaba
Valley, 1870-1929", Hispanic American Historical Review 69:2 (1989), p. 281.
15. Ver, por ejemplo, el anuncio publicado en El Ferrocarril, 25 de julio de 1911.
16. Robert H. Jackson, "Liberal Land and Economic Policy and the Transforrnatio~
of the Rural Sector of the Bolivian Economy: The Case of Cochabamba, 1860-1929
disertación doctoral (University of California, Berkeley, 1988), pp. 214-219.
17.- Ver por ejemplo Tristan Platt, Estado boliviano y a.rllu anclino (Lima, 1982); Y"Liberalism and Ethnocide in the Southern Andes", History Workshop, 17 (1984), pp.
3-18. El surgimiento de los partidos a fines del siglo XIX es descri~o en Herbert S.
Klein Parties and Political Change in Bolivia, 1880-1952 (Cambndge, 1971), pp.
17-30'. Para un tratamiento global del liberalis~o ?ºliviano, v~r Erick
~ge~,
"El liberalismo y la abolición de la comunidad mdígena en el siglo XIX , Histona
y Cultura, 14 (1988), pp. 59-95.

?,·

18. Klein, Parties, pp. 22-23.
19. Mariano Baptista, Obras completas (La Paz, 1932-5), especialmente t. VII, pp.
142-157, 227-236.
20. Barnadas, La iglesia católica, pp. 99-100.
21. Corrado, El convento franciscano, pp. 301-313.
22. Ferrnín Prudencio, Memoria de Guerra y Colonización 1917 (La Paz, 1917), p. 132.
23. Luis Paz, Informe que en cumplimiento de la ley ele~a_al S~premo Gobierno, el
Prefecto y Comandante General de Tarija, sobre la adm1mstraCJón del Departamento
(Tarija, 1890), pp. 31-32.
24. Fernando Quiroga S., informe de la Prefectura y Comandancia General del Departamento de Chuquisaca (Sucre, 18%), p. 44.
25. Joaquín Torrelio, Informe del Prefecto de/ Departamento de Chuquisaca (Sucre,
1897), pp. 25-26.
26. Bernardino de Nino, Las tres misiones secularizadas de la Provincia de la Cordillera
(Tarata, 1916).
27 Gerardo Maldini Franciscanos en Tarija (La Paz, 1988), pp. 131-139; Las indus. trias del Gran Ch;co y la Empresa Colonizadora Staudt y Compañía (Tarija, 1912).
28. Para un panorama general sobre el problema del tributo y las comunidad~ en ~oli_via, ver Langer, " El Liberalismo"; Joq1;e Alejandro Ovando Sanz, f:l tnbuto_ mdigena en las finanzas bolivianas del siglo XIX (La Paz, 1985); y E ~ P._Gnes?~ber "Survival of indian Communities in Nineteenth-Century Bohv1a , d1sertac1on
d~oral (Universidad de North Carolina, 1977).

�32

Siglo XIX

EL ENTORNO AGRARIO DE TEPEACA

29. José Vicente Dorado, Proyecto de repartición de tierras y venta de ellas enue los
indígenas (Sucre, 1964).

Propiedad, Crédito y Desamortización en las
Haciendas Mexicanas (1700-1870)

30. Pedro Vargas, Indicaciones económicas para la reforma del sistema tributario de
Bolivia (Potosí, 1864).
31. Ver Langer, "El liberalismo", pp. 78-79. En el caso de Cbuquisaca, en el sur del
país, muchos indígenas no pudieron recuperar sus tierras perdidas durante la administración Melgarejo. Ver Erick D. Langer, "Persistencia y cambio en las comunidades indígenas surbolivianas (siglo XIX)" Las comunidades campesinas en los Andes
del siglo XIX, Heraclio Bonilla, ed. (Quito, en prensa).

Juan Carlos Garavag1ia *
Juan Carlos Grosso **

32. Langer, Economic Cbange, pp. 65-66; Platt, Estado boliviano, pp. 73-111; Platt,
"Liberalism and Ethnocide", passim.
33. Langer, Economic Cbange, pp. 43, 79-80, 83-84.
34. Ver Jackson, "Liberal Land"; y Gustavo Rodríguez O., "Entre reformas y contrarreformas: Las comunidades indigenas en el Valle Bajo cocbabambino", Lascomunidades campesinas, para Cochabamba. Para Chuquisaca, ver Langer,Economic Cbange; para Potosí, Platt, Estado boliviano.
35. Silvia Rivera C., "La expansión del latifundio en el altiplano boliviano: Elementos
para la caracterización de una oligarquía regional", Avances 2 (1978), pp. 95-118.
Para Taraco, ver Silvia Rivera C. Oprimidos pero no vencidos: Luchas del campesinado aymará y qhechwa 1900-1980 (La Paz, 1986), p. 32.
36. Erwin P. Grieshaber, "Hacienda Expansion in the Department of La Paz, Bolivia
1850-1920", manuscrito.
37. Langer, "El Liberalismo", pp. 85-86.
38. Algunos historiadores han examinado el impacto de la implementación de la ley de
ex-vinculación en las otras regiones de Bolivia, pero no han identificado la importante categoría de tierras definidas por el Estado como tierras sobrantes. Las ventas
de tierras en los años 1860 incluyeron tierras sobrantes.
39. Protocolos notariales (ciudad de Cochabamba) 1878, Archivo Histórico Municipal
de Cochabamba.
40. El Heraldo, 11 de mayo de 1909, 22 de mayo de 1909, 27 de mayo de 1909, 18 de
septiembre de 1909; El Ferrocarril, 20 de marzo de 1914. Para la reventa por los
nuevos dueños de secciones de las estancias en Quirquiavi, ver Registro de Derechos
Reales, Provincia Arque, 1911.

El marcado endeudamiento que afectaba a la mayoría de las haciendas
mexicanas en el siglo XVIII es una realidad reiteradamente constatada
por los mismos contemporáneos y resaltada por la mayoría de las investigaciones sobre la historia rural novohispana. Sin embargo, at1n
son muchos los interrogantes que permanecen sin respuesta respecto
a las causas y características de ese proceso de endeudamiento y al papel que habría desempeñado la Iglesia como principal fuente de los recursos crediticios. No cabe duda que la Iglesia concentró, por lo menos hasta mediados del siglo XIX, el grueso de los gravámenes que pesaban sobre las propiedades rurales. Pero, tal como lo ha seiíalado Arnold Bauer, no sabemos hasta qué punto el endeudamiento de las haciendas fue producto de reales préstamos dinerarios, ni cuál fue el efectivo peso de los donativos o gravámenes impuestos por los mismos propietarios con distintos objetivos piadosos 1•

• Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de
la Provincia de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET), Argentina.
0

Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de
la Provincia de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET), Argentina; Centro de Investigaciones Históricas y Sociales
(CIHS) de la Universidad Autónoma de Puebla, México.

�34

Siglo XIX

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

urbana 4 • Aportes más recientes han permitido relativizar análisis reiterados, aunque poco fundamentados, sobre la desamortización de los
bienes de las comunidades indígenas 5• Mas poco sabemos sobre los
efectos de la desamortización y nacionalización de los distintos tipos
de censos eclesiásticos que gravaban las propiedades rurales, a pesar
de que, como parecería sugerirlo este acotado estudio regional, habría
provocado una importante circulación de bienes desde las manos de
la antigua élite de hacendados hacia otros sectores de propietarios que
supieron aprovechar las ventajas ofrecidas por la legislación liberal,
favorecidos por la liquidez monetaria que le porporcionaban sus actividades económicas y, en algunos casos, por sus vínculos con los sectores políticos triunfantes 6 •

Aún aceptando que, en el conjunto de los gravámenes que soportaban las propiedades, hubieran predominado los censos-préstamos originados en una real transferencia de dinero desde las arcas de la Iglesia
a los propietarios rurales, sería importante conocer el destino de esos
préstamos; es decir, poder precisar en qué medida esos créditos fueron
volcados a mejorar la productividad de las haciendas, o como afirma
Florescano, se orientaron a la adquisición de nuevas tierras, a cubrir
las pérdidas provocadas por los años de crisis y a los gastos suntuarios
que respaldaban el prestigio de los terratenientes 2 •
Por otra parte, la vulnerabilidad financiera de las fincas ante la
fuerte carga de endeudamiento que soportaban, habría provocado una
frecuente rotación de la propiedad. Diversas investigaciones parecerían
comprobar la existencia de un alto grado de inestabilidad en la tenencia de la tierra. Se manifestaba en que difícilmente una familia lograba
conservar sus propiedades por más de dos generaciones y que las haciendas que permanecían en las mismas manos durante largos períodos constituirían casos excepcionales, atípicos 3 • Esta excepcionalidad
no parece corresponderse con la realidad estudiada en este trabajo, ya
que son varias las haciendas del entorno agrario de la villa de Tepeaca
que permanecen en el patrimonio de los mismos grupos familiares durante varias generaciones, por lo menos desde la segunda mitad del siglo XVIII a mediados del XIX.
Esta mayor continuidad en la propiedad de haciendas fuertemente
gravadas reclama una explicación atenta a distintos aspectos, entre
otros, el funcionamiento económico de las unidades de producción. Pero también se relaciona a nuestro entender, con una cuidadosa estrategia de los clanes familiares que procuraba asegurar la trasmisión de
los bienes y tendía a evitar la dispersión del patrimonio, en coincidencia con los intereses de los acreedores que también se oponían a la parcelación de las propiedades en defensa de la seguridad de sus hipotecas. Una continuidad que habiendo superado difíciles coyunturas, como la de la misma guerra de la insurgencia, en no pocos casos encontró su límite en la etapa en que la aplicación de las leyes de desamortización impulsó una redistribución de la propiedad. He aquí también
un tema sobre el que la historiografía ha abundado en generalizaciones, pero sobre el que aún son muchos los problemas que permanecen
abiertos.
Sin duda, trabajos como los de Jan Bazant han revelado aspectos
importantes del impacto de la política liberal sobre los bienes de la Iglesia y la transferencia de la propiedad eclesiástica, sobre todo en el área

35

)

TEPEACA Y SU ENTORNO AGRARIO
La villa de Tepeaca fue el segundo asiento español de la Nueva España. Refundada por Hernán Cortés en 1520, fue heredera directa del
antiguo sefiorío de Tepeyac Tlayntic. En 1555 se creó la Alcaldía Mayor de Tepeaca que incluía los pueblos de Acatzingo, Tecamachalco,
Quechula, San Agustín del Palmar, San Andrés Chalchicomula, San
Salvador el Seco, Nopalucan y Acaxete, que habían formado parte del
señorío de Tepeyac: también dependían de esa cebecera los pueblos de
Tecali y Tep~xi de la Seda. Cuando se organizan las intendencias borbónicas, Tepeaca pasa a ser en 1787 una subdelegación y los últimos
7
dos pueblos nombrados se independizan de ella •
La jurisdicción de Tepeaca se caracterizó, durante toda la época
colonial, por poseer dos áreas cerealeras de particular relevancia: la
ya mencionada Chalchicomula -un centro de producción maicera de
riego muy importante para el aprovisionamiento del gran mercado de
la ciudad de Puebla- y el llamado valle de San Pablo, situado entre
la villa de Tepeaca y Nopalucan, un área triguera de temporal bastante
destacada. Era tal la relevancia de la producción agropecuaria de esta
región que para fines del siglo XVIII constituía la cabecera decimal
más importante del obispado poblano (sin tener en cuenta los predios
decimales veracruzanos) 8•
La mayor parte de las haciendas de españoles de la región se formaron a fines del siglo XVI, a partir de las ventas y enajenaciones de
tierras por parte de los señoríos étnicos, que habían perdido casi totalmente el control del trabajo de sus macehualtin; 9 ; para esa misma
época aparecen las primeras menciones a gañanes10•

�36

Siglo XIX
Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamonización en las haciendas mexicanas

En 1791 rodeaban a la villa unos 10 pueblos de indios y 24 haciendas. Para entonces en toda la jurisdicción de la subdelegación de Tepeaca existían más de 400 haciendas y ranchos y tres molinos 11 • Las
igualas de 1788 nos detallan la información para 315 de estas unidades
12
agrarias ; según esa documentación el entorno agrario de la villa de
Tepeaca se destacaba en cuanto al número de haciendas (fueron registradas 21, frente a 20 y 19 de Nopalucan y Acatzingo, respectivamente); en cambio San Agustín del Palmar, Chalchicomula y Tecamachalco poseían muchos más ranchos que haciendas.
De acuerdo a la detallada contabilidad de los diezmos de 1800,
el hinterland más inmediato de la villa pagaba un tercio del total de
la producción agraria de toda la jurisdicción decimal de Tepeaca, es
decir tenía una gran importancia como área maicera y triguera (ambas
sumaban un 75% del total de la producción agropecuaria sometida al
pago de diezmo en ese año) 13 •
En 1777 unos 5 129 individuos habitaban en la villa, sus haciendas
y ranchos y en los pueblos indígenas sujetos. Casi el 60% de ese total
residían en la villa y en los barrios indígenas anexos: un 23% lo hacía
en las haciendas y un 17% en los pueblos. Esta población se dividía
en un 66% indígena y un 34% de españoles y castas. Lógicamente la
mayor parte de este último sector habitaba en la propia villa (un 80%
del total), pero un hecho a destacar es que los indios que vivían en forma permanente en la haciendas sobrepasaban a los de los pueblos, y
los que lo hacían en la villa casi igualaban a la población indígena residente en esos otros dos lugares••.
CONTINUIDAD Y TRANSMISION DE LA PROPIEDAD
La propiedad de las haciendas del entorno agrario de Tepeaca experimentó una mayor estabilidad que en otras áreas de la Nueva España.
Así, en Guadalajara, entre 1700 y 1815, en promedio las haciendas permanecieron en las mismas manos cerca de 25 años 15 • En el Bajío, entre 1710 y 1865, unas 40 fincas de la jurisdicción de León cambiaron
de propietario poco menos de cuatro veces como promedio (es decir
casi cada generación) y sólo dos haciendas permanecieron en la misma
familia a lo largo de todo ese período 16•

En el área estudiada en este trabajo, aunque considerando un período notablemente mayor, doce de las 16 haciendas para las que contamos con suficiente información seriada, se conservaron en el patrimonio de algunas familias de la élite de hacendados durante más de

37

90 años. El caso más extremo, pero más fácil de explicar, fue el ~e las
fincas pertenecientes al mayorazgo de los Gorospe, al que es!uv1eron
vinculadas por lo menos desde fines del siglo XV~I. hasta la deca~a de
I850· pero también los García conservaron su dormruo sobre la hacienda
Sant; Inés Cuautla durante un siglo y medio. Los Tamayo pose~eron
las haciendas San Vicente y San José Capula alrededor de 120 anos ...
Como sucedió en la región de Guadalajara, en Tep~aca la r?tación de la propiedad fue muc~o mayor _en la primera m!tad del s1~lo
XVIII. En J702 rodeaban la villa 17 haciendas cuyos antiguos propietarios habían participado en la composición de 1643; muchos de ellos
formaban parte de la élite regional y algunos ocupaban cargos en el
Ayuntamiento de Puebla. Una lista de ese año recoge sus nombres: el
doctor Don José Martínez de la Parra, el licenciado Don Lore!12o León
de Beltrán, el capitán Don Juan Francisco Olineros, el capitán Don
Thomas de Palacios y Solórzano, Don Lorenzo de ~orospe ~ lrala,
el licenciado Don Gaspar Tamayo 17 • Ya_en los años ~emt~ y tremta de
este siglo, algunas haciendas han ~amb1ado de ~rop1etanos Y nuevos
apellidos reemplazarán a los antenores: el presb1tero Pe~ro del C~pillo, Don Alonso Ruiz de Bárcen~, Don G~briel Antomo de Arrut!.
Pero ni estos nuevos poseedores, m los antenores, lograrán _una continuidad que se extienda más allá de las últimas décadas del siglo; la excepción la constituyen los Tamayo y el mayorazgo de Gorospe.
Entre J740/79 ocho haciendas cambian de propietarios, Ydurante
las últimas décadas del XVIII lo ha_rán ot~as ~inco completando el proceso de desplazamiento de los ant~guos l_maJes de hacendados. Al~unos tradicionales apellidos de la éhte regional, como los Larrasqmto,
los Ruiz de Bárcena o los Vélez de las Cuevas son ree_mplazados por
tos Martínez, los Barroso, los Solís y Gorospe, o los rru~i:nos Tamayo.
A partir de estos cambios la propiedad tiende a es!abilizarse Y en la
primera mitad del siglo XIX sólo seis haciendas tuV1eron nuevos dueños (ver apéndice).
El derrumbe financiero de las fincas provocado por la a~~ulación de censos fue, en la mayoría de los casos, el facto~ prec1p1tante
de la transferencia de la propiedad18 • Algunos del?~ nuembros de la
élite de hacendados responsables de la mayor estabilidad que caracterizó a la propiedad en el área durante las últimas décadas del XV~II
y la primera mitad del XIX, adquirieron algunas fincas en las venta~~sas condiciones de los remates judiciales, aprovechando la vulnerabilidad financiera de sus antiguos poseedores.

�38

Siglo XIX

Así, don Gregorio Martínez Solís y Rivadeneira adquirió las haciendas San José Zahuatlán y El Pino en 1779, en el remate "en almoneda pública" de los bienes en concurso del licenciado José Antonio
Gálvez; por su parte los Tamayo compraron la hacienda La Purificación en 1783 al ser rematada en el Juzgado de Capellanías en 13 000
pesos (en 1727 sólo el valor de la tierra y de las edificaiones se elevaba
a 16 380 pesos), pagando, como era común en esos casos, sólo una ínfima parte al contado -2 000 pesos- y reconociendo el resto a favor
de los censualistas 19 • Probablemente estas compras a precios convenientes les permitieron equilibrar el riesgo que implicaba la adquisición de una propiedad fuertemente endeudada.
_Pero a diferencia de lo que solía suceder con este tipo de compras,
realizadas generalmente con fines meramente especulativos, los Solís
y los Gorospe conservaron esas haciendas durante muchas décadas. No
se trata en estos casos de aquellas compras "fraudulentas" a las que
hacía referencia el obispo de Puebla, Francisco Fabían y Fuero, cuando afirmaba que
... rara será la compra de hacienda en que ya se encuentre algún corto
desembolso de contado; en lo más, con aprontar el costo de la escritura y costas del remate, y con la obligación del reconocimiento de
sus principales entran en su posesión y manteniéndose en ellas algunos años sin pagar, vuelven a cederlas y a quedar los acreedores
burlados20•

Por supuesto, también en esta región hubo efímeros propietarios que
se ajustan a la descripción del obispo poblano, y no faltaron tampoco
aquellos que realizaban compras con fines claramente especulativos,
como en el caso de un par de operaciones que tuvieron como protagonistas a Don Genaro Alonso de Armiño y a Don Gregorio Juez Sarmiento, quienes ocuparon en distintos momentos los cargos de Alcalde Mayor de Tepeaca y de Huauchinango, en la Sierra Norte de
Puebla21 • Pero el hecho de que un buen número de fincas permanecieran en el patrimonio de algunos clanes familiares durante varias generaciones, nos habla de la excepcionalidad de esas situaciones.
La constatación de esta excepcionalidad no basta para explicar la
mayor estabilidad que habría caracterizado a la propiedad del entorno
agrario de Tepeaca a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Para
poder hacerlo, deberíamos contar con un mayor conocimiento de las
distintas etapas y coyunturas por las que atravesó la producción agraria de la región, con información sobre la rentabilidad de las distintas
unidades de producción, sobre sus posibilidades de acceso al crédito

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

39

y la disponibilidad de recursos por parte de las fuentes de financiamiento
a lo largo del período analizado.
Pese al estancamiento relativo por el que atravesó la región de
Puebla-Tlaxcala durante el largo periodo que corre entre fines del XVII
y comienzos del XIX (que se refleja también en el área de Tepeaca de
acuerdo a algunos indicadores, como los diezmos y la alcabalas22), el
patrimonio de algunos hacendados locales experimentó un indudable
crecimiento en la segunda mitad del XVIII, como fue el caso de los
Tamayo o los Martínez Borges.
Estos últimos encarnan un linaje de rancheros que se convierten
en hacendados; en nuestras fuentes ya aparecen como medianos propietarios de tierras en Acatzingo en los años treinta del XVIII, transformándose en uno de los clanes familiares más poderosos de los que
actuaron en la cebecera de Tepeaca a fines de ese siglo y conservando
la mayoría de sus fincas hasta mediados del XIX. Don Antonio Martínez, uno de los hijos del fundador del linaje, refleja claramente la rápida acumulación que caracterizó al clan: heredó de su padre un pedazo de tierra en el rancho de la familia y una casa en Acatzingo. Cuando se casó en primeras nupcias aportó " como mil y quinientos pesos"
y su mujer nada, pero al momento de sus segundas nupcias poseía ya
un caudal de ocho mil pesos. Al efectuar su testamento en 1788, poco
antes de morir, declaró entre sus bienes los de la herencia paterna más
la hacienda de San Francisco "en la que tengo de caudal con ganados,
semillas y aperos, como ocho mil pesos"23 •
La continuidad del patrimonio familiar de los Solís y Gorospe o
de los Tamayo no dependía únicamente del éxito económico de sus empresas, sino también de sus alianzas matrimoniales y relaciones de afinidad, de las vinculaciones con los diversos niveles de la administración civil y eclesiástica, de la organización y unificación del patrimonio alrededor de redes de parentesco y de las pautas adoptadas con respecto a la transferencia y repartición de la riqueza del grupo
familiar".
El recurso al patriarcalismo como forma de consolidar e incrementar el patrimonio y fortalecer la unidad del clan familiar puesto en relieve por Kicza y otros estudiosos de las élites novohispanas, no estuvo
ausente en este mundo provincial25 • Y como era común en estos casos, la mayor parte del patrimonio familiar solía adjudicarse a uno de
loa miembros del clan, quien asumía la responsabilidad de proveer por
el bienestar de los demás, tomando a su cargo el mantenimiento de los

�40

SigloXIX

miembros del linaje que permanecían a su lado, otorgándoles en el momento oportuno las dotes o el respaldo económico necesario para un
buen casamiento, para el ingreso a la vida religiosa o para emprender
una actividad relativamente autónoma aunque integrada al conjunto
de los negocios que conformaban, al decir de Lindley, "la alianza empresarial familiar" 26•
Al morir en 1790 Don Gregorio Martínez de Solís y Rivadeneira
sus bienes -que incluían las haciendas Zahuatlán y El Pino- fueron
adjudicados a uno de sus hijos, el deán doctor José Solís y Gorospe,
ya que los coherederos consideraron "ge. ellos no admitían división
(. ..) y que la prudencia resistía ge. los interesados se expusiesen a sufrir las bajas ge. en las Almonedas suelen proporcionarse"27•
Poco tiempo después, al no poder administrar el deán el patrimonio familiar, éste fue adjudicado al otro hijo varón con el objeto de
evitar "una venta precipitada ge. pudiera serles muy perniciosa" y lograr así "ge. conserbandose en la familia los bienes, permanesca ideleble la memoria de sus mayores" .
Don Miguel se obligó "a reconocer las hijuelas" de los demás herederos -entre ellos dos hermanas religiosas- pagándoles sus respectivos réditos e hipotecando el conjunto de sus bienes "al cumplimiento
de estas capitulaciones". Los réditos de los capitales correspondientes
a la herencia de sus hermanas doncellas, serían empleados en la manutención de las mismas, más las cantidades que fueran necesarias y que
voluntariamente proporcionarían el nuevo jefe del clan y su hermano
el deán.
Del mismo modo, Don Antonio Tamayo, el fundador del más importante de los linajes locales, en 1726 se adjudicó la totalidad del patrimonio dejado por el presbítero Don Gaspar Tamayo "por no tener
cómoda división los bienes", entregando algo más de 7 000 pesos "en
reales" a una de las coherederas por su respectiva hijuela. A la muerte
de Don Antonio, el acrecentado patrimonio familiar fue dividido entre la viuda y sus hijos, pese a lo cual se conservó su unidad al reagruparse la mayor parte en dos de los herederos varones que actuaron como nuevas cabezas del clan; además, todos sus miembros seguirán haciendo negocios juntos, en una compleja y a veces inextricable trama
de hermanos, primos, tíos y sobrinos, como formando parte de una
auténtica "empresa familiar" .
En la tercera generación la figura que se perfila como el "patriar-

Garavaglia.Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

41

ca" del linaje fue el capitán Don Francisco María, quien durante varios años concentró la gestión de las haciendas familiares arrendando
las que pertenecían a sus primos y encargándose de la comercialización de sus frutos a través de la tienda "del Portal"_.
Don Francisco María se había casado a fines del siglo XVIII, llevando un capital de 8 300 pesos, al que su esposa no sumó más que
los favores que podía brindar un suegro administrador de las Rentas
de Alcabalas de la ciudad. En 1810, al morir su padre se adjudicó la
hacienda La Purificación y poco después al fallecer su madre la de San
Vicente.
Las hijas de su difunta hermana recibieron dos casas en la vecina
Acatzingo como parte de la herencia de sus abuelos matemos, y del
resto se hizo cargo este tío pagándoles réditos y velando por su futuro;
en 1825, cuando una de sus sobrinas entró como profesa en el convento poblano de Santa Catarina, el capitán se responsabilizó por la dote,
reconociendo 1 400 pesos sobre una de sus haciendas.
Mientras otros miembros de la familia emigraron a Puebla huyendo de los insurgentes, el futuro capitán permaneció en Tepeaca y arrendó las fincas a los que se ausentaron. En los años veinte, cuando su
actuación política lo lleva a trasladarse a la capital del estado, formó
diversas compañías con sus hijos para la explotación de las fincas y
de la tienda, sin desligarse de los negocios ni del tutelaje familiar. Al
redactar su testamento en 1838, Don Francisco María debió haberse
sentido orgulloso de haber podido sobrellevar exitosamente los tormentosos años de las guerras de la Independencia, legando a sus herederos
los bienes que conformaban el antiguo patrimonio familiar, que continuarán en manos de los Tamayo varias décadas más.
Un caso no menos interesante es el del ya mencionado linaje de
los Martínez Borges. La muerte del prolífico Don Antonio (seis hijos
supérstites y de ellos cinco varones) puso en riesgo la reciente y limitada acumulación con la que había dado el salto de ranchero a hacendado. Pero los herederos supieron garantizar la unidad y la ampliación
del patrimonio familiar. El hijo mayor se adjudicó la hacienda San Francisco, formando con otros tres de los hermanos una "compañía para
las labores del fundo" , aportando cada uno "la suma de ochocientos
ps. qe. a cada uno nos cupieron". La "empresa familiar" fue lo suficientemente exitosa como para haber incorporado ya a fines del siglo
XVIII otra hacienda con su rancho anexo. Otro de los varones, Don
Miguel, dueño de una tienda en Tepeaca, no fue menos exitoso, ya que

�42

Siglo XIX

tuvo una prolongada y destacada actividad en la vida mercantil de la
villa, manteniendo siempre estrechas relaciones comerciales con sus
hermanos.
Don Miguel fue el único de los Martínez que se casó; los demás
quedaron solteros y sólo uno de ellos justificó su celibato por la vocación religiosa. La única mujer también permaneció soltera, viviendo
de los réditos de los 789 pesos de su hijuela y que su hermano mayor
reconocía sobre la hacienda paterna. Quizás el origen ranchero de los
Martínez les había vedado la posibilidad de un casamiento conveniente, pero también es probable que hubieran optado por no contraer matrimonio ya que cualquier unión relativamente ventajosa hubiera requerido una transferencia de fondos que habría resentido el patrimonio del clan; el mismo motivo debió haber limitado la tan común opción de la carrera eclesiástica únicamente a uno de ellos.
Paradójicamente, el tan cuidado patrimonio familiar terminó disgregándose por el profundo sentimiento piadoso y la tradición célibe
de sus miembros. Cuando en 1851 el último hermano supérstite, Don
Crisanto Rafael Martínez, nombró por su única heredera a una de las
hijas solteras de Don Miguel -que durante un tiempo había vivido
con sus tíos en la hacienda familiar- dejó asimismo diversos legados
que redujeron considerablemente los bienes transmitidos. En 1869 esa
heredera, Doña María Guadalupe, imitó el ejemplo de su tío, ordenando varios legados piadosos que debían cumplimentarse con el producto de la venta de la hacienda San Francisco, único remanente del
patrimonio acumulado por sus tíos medio siglo atrás: mil pesos para
el convento de los Capuchinos, otros mil para la casa cuna de San Cristóbal, cinco pesos para cada uno de los peones de la hacienda a quienes Don Crisanto ya había condonado sus deudas, una pequeña suma
para sus familiares y el resto para las monjas de la Caridad de Puebla.
La muerte del no menos prolífico Don Pedro González Barroso
-cabeza de otro linaje local- también puso en peligro la continuidad
del patrimonio familiar (la hacienda Santa Ana, varias casas y solares
en Tepeaca y otros bienes valuados, en conjunto en 1837, en 33 864
pesos, con deudas por la mitad de ese monto). Luego "de varias juntas y conferencias extrajudiciales", los herederos decidieron adjudicar
los bienes a la viuda "porque debiendo ser de poco valor las hijuelas,
por ser muchos los hijos del finado, no cabe cómoda división". Doña
Guadalupe Cacho adquirió el conjunto de los bienes al valor de inventario "con sólo la deducción de la décima parte", reconociendo y garantizando con una hipoteca general el haber de sus hijos y demás he-

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamonización en las haciendas mexicanas

43

rederos. De ese modo, argumentó la viuda, no sólo se evitaría "una
no conveniente venta a un extraño'', sino que los vástagos del difunto
"podrían continuar en su~ giros ~e comercio y agricultura q~~ des~e
su infancia tienen emprendidos", mtegrando una empresa fam1har baJo
la tutela materna; a la muerte de Doña Guadalupe la hacienda fue adjudicada a uno de sus hijos varones, permaneciendo en propiedad de
los Barroso hasta mediados de la década de los sesenta.
El último caso que creemos conveniente citar es el de Don Francisco Sanchoyerto, un comerciante residente en Puebla que, sin poder prever las consecuencias del incipiente movimiento insurgente, decidió
emprender una ambiciosa "negociación" comprando y arrendando algunas de las haciendas más importantes del entorno agrario de Tepeaca. Con este caso no se pretende ejemplificar la continuidad de la propiedad agraria -la hacienda de San Mateo perteneció a la familia durante cincuenta años- sino más bien la actitud de los acreedores, la
mayoría de ellos instituciones religiosas, que permitieron que un fundo recargado de créditos desde hacía mucho tiempo continuara en posesión de deudores morosos, con un perfil que se acerca al de aquellos
hacendados poco escrupulosos a los que hacía referencia el Obispo Fabián y Fuero.
Aprovechando la quiebra de sus antiguos propietarios, Sanchoyerto
adquirió San Mateo en 1811 en remate, por el precio de 41 300 pesos
de los que exhibió al contado 5 500 y 2 000 en calidad de redención
de capital; paralelamente arrendó varias fincas colindantes y compró
la hacienda de Santa Cruz en Acaxete:

,
La negociación que había emprendido Sanchoyerto -diría su viuda en 1818- es la mejor que podía proyectarse en el ramo de la agricultura, porque reunía en las quatro haciendas de San José (Zahuatlán), San Mateo, Gorospe (Santa María Atlacuilican y San Miguel
la Joya) y Santa Cruz Tlaxcaltepec, todo lo que desea un Labrador
para el fomento de su giro: son las fincas más apreciables de aquel
Territorio ... 28

Sin embargo, como sucedió con otros hacendados de la región, los negocios de Sanchoyerto se vieron muy afectados por el accionar de los
insurgentes, debiendo emigrar a la ciudad de Puebla, donde falleció
en 1817; para entonces la finca seguía debiendo a los acreedores del
antiguo propietario el resto del valor de la finca, es decir 33 800 pesos,
a los que se habían sumado 5 633 de réditos debidos desde 1815. Al
año siguiente, la viuda solicitó esperas a los acreedores de la testamentaria, citando la Real Cédula del 31 de mayo de 1815 que había reco-

�44

Siglo XIX

mendado "que se exhite a los acreedores y a los deudores censualistas
se compongan entre sí, evitando pleytos y costas, cediendoo cada uno
algo d.e .1? que c.rea correponderle"; en caso de que no se accediera a
su. pet1c1on, la vmda advertía a los acreedores que sólo quedaba el cammo del concurso "con sus funestas consequencias" para ambas partes:
... y es ocioso repetir lo qe. enseña la experiencia, porincipalmente
qu~ndo h~y mult_1tud de fincas, y falta la emulación de Postores, lograndose a lo mas, q_ue se vendan por una tercia parte menos: que
se consuman con escan~~o los más preciosos fondos en costas: que
las propuestas de los L1c1tantes se reduscan a exhibiciones parciales
Y!le. al fin ve?&amp;ª? a empeorar a los acreedores, si después de muchos
anos Y de salir ?1en los Depósitos, en que por lo común se pierden
las fincas, consiguen enagenarlas 29•

Los acreedores debieron haber compartido los argumentos y temores .~e Doñ_a María Villavicencio, pues llegaron a un "acuerdo de esperas . conf1ad?s en q~e e! ca~~al existente, cercano a los 120 mil pesos,
podna garantizar la h~u1dac1on de las diversas y elevadas deudas (con
un monto total s~penor a los 68 mil pesos) que gravaban los bienes
de la te~,tame~t~na. Durante ~arios años la propietaria de San Mateo
abo~ó ,!os red1tos _d e I_os ~P!tales que cupieron en la liquidación de
créditos . , au~~ue sm d1~minmr el monto de los mismos; empero hacia
1834 la s1tuac~~n se babia agravado "aumentando considerablemente
las responsabilidades de la Señora Villavicencio". Un nuevo acuerdo
c~n los acr~edores posi~,ilitó que la hacienda continuara, durante tres
decadas mas, en poses1on de los Sanchoyerto.
EL CREDITO ECLESIASTICO EN LA REGION DE PUEBLA
Cu~ndo en 1767 el Obispo de Puebla afirmó que los propietarios de
haciendas sólo tenían un dominio formal sobre e!Jas, ya que "las han
ca~gado de tal suerte de censos que todo su producto no es equivalente
~ importe de los rédi!os que tienen que pagar", dramatizó una situa~i?~ bastan~e generalizada en el mundo agrario novohispano30• Ya a
1ruc1os del siglo XVIII, las haciendas y ranchos de Tlaxcala poseían
gravámenes por un 41 % de su valor total: de aproximadamente 170
fun~os emp~dronad~s en 1712, por lo menos 108 reconocían censos
de diversos tipos y solo 11 declararon explícitamente estar libres "de
c_enso, empeño e hipoteca" 31 • Y ~ fines de ese siglo las fincas del parti_d o de Cholula, una de las más tmportantes áreas cerealeras de la región, soportaban gravámenes por el 70% de su valor32•
En el entorno agrario de Tepeaca las haciendas también se halla-

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

45

ban fuertemente endeudadas: según la información con la que contamos para algunas de ellas entre 1720/ 1820, los gravámenes variaban
entre el 40 y el 70% de su valor33 • Hacia 1806/ 1808, en el momento
de la aplicación del decreto de "Consolidación de Vales Reales", las
propiedades rurales y urbanas del corazón del área cerealera del valle
poblano (la ciudad de Puebla y sus alrededores, y los distritos de
Cholula-Huejotzingo, Atlixco y Tepeaca) cargaban hipotecas a favor
de la Iglesia con un monto cercano a los 2.2 millones de pesos, de los
cuales el 30% le correspondían a la subdelegación de Tepeaca34 • Con
motivo de ese decreto, que entre sus disposiciones establecía que las
personas o instituciones que reconocieran sobre sus propiedades capitales eclesiásticos debían redimir sus deudas para incorporarlas al empréstito forzoso impuesto a la Iglesia, los labradores de Tepeaca elevaron una representación argumentando que carecían " ...de arbitrio para hacer esa exhibición, ni en uno, ni en diez, ni en cincuenta años"35•
En esta representación, como en las que elevaron los labradores de Tehuacán y el Ayuntamiento de Puebla, los afectados afirmaron que la
mayoría de las fincas de la región de Puebla tenían gravámenes a favor
de la Iglesia cercanos a los 2/ 3 de su valor.
En la jurisdicción de Tepeaca los propietarios sólo redimieron el
I0.90Jo de la deuda registrada36• Entre las pocas haciendas del entorno agrario de Tepeaca que hemos localizado en los registros de pago,
sólo el propietario de las haciendas de San Miguel la Pila y Santa Catarina, el presbítero Francisco Antonio Tamayo, redimió en su totalidad
los 7 200 pesos aue gravaban sus fincas; los demás recurrieron a
"composiciones" 37•
Los cálculos realizados sobre los montos recaudados en el obispado de Puebla como consecuencia de la consolidación, coinciden en un
valor aproximado de dos millones de pesos38• Aunque es probable que
esa suma no representara ni siquiera un tercio del total de los capitales
eclesiásticos que debieron haberse redimido, sin duda la medida afectó
el sistema crediticio; como lo ha demostrado Francisco Cervantes, en
el obispado de Puebla la Iglesia dejó de prestar dinero a particulares
durante los años de la consolidación39•
En realidad, en el obispado de Puebla el crédito eclesiástico enfrentó serios problemas por lo menos desde fines del siglo XVIII. Ya
antes de 1800 las entradas del Juzgado de Capellanías del obispado
se vieron muy afectadas por la incapacidad de los propietarios rurales
para pagar los réditos de los capitales40• Por lo demás, los montos disponibles para las imposiciones a censo disminuyeron cuando los con-

�46

Siglo XIX

ventos femeninos reorientaron sus inversiones hacia la propiedad
urbana41 •
En la primera mitad del XIX los préstamos otorgados por las diversas instituciones eclesiásticas de Puebla experimentaron una marcada tendencia decreciente con montos muy lejos de la cifras superiores a los cien mil pesos anuales de inicios de esa centuria: un promedio
anual de 39 000 pesos en la década del veinte, 35 000 en la del treinta
42
y menos de 18 000 en el período 1840/ 47 • A la ya mencionada dificultad de la Iglesia por recuperar los antiguos créditos y recolectar los
réditos, se sumaron mayores exacciones y presiones fiscales y la disminución de las fundaciones de capellanías y obras pías que tradicionalmente habían sostenido la capacidad crediticia de la Iglesia43•
Como sucedió en otras regiones el crédito particular fue cubriendo parte del vacío dejado por la Iglesia, aunque es probable que, si
se mantuvo la tendencia observada en la primera década del siglo la
región haya experimentado una disminución del monto global de '10s
préstamos otorgados en efectivo44 • Por otra parte la agricultura se habría visto desplazada por la actividad mercantil como beneficiaria del
c~édito eclesiástico; más aún, hubo casos en que se hipotecaron propiedades agrícolas para financiar actividades comerciales45 •
En síntesis, la región se enfrentó a una crisis del sistema crediticio
que no pudo dejar de hacer sentir sus efectos sobre el sector agrario.
Hubo hacendados de Tepeaca que fueron beneficiados con nuevos préstamos, pero seguramente, ahora más que nunca, los vínculos de diverso tipo con los hombres de la Iglesia debieron haber jugado un rol decisivo para acceder a las empobrecidas arcas eclesiásticas y a sus créditos "blandos" (tanto por su tasa de interés como por la tradicional
predisposición a renegociar los términos originales)46• Una prueba del
carácter blando de esos préstamos está en el hecho de que casi 50%
de las operaciones realizadas durante la primera mitad del siglo XIX
sólo se cancelaron después de 1856, cuando la desamortización puso
a los deudores en la alternativa de redimir los censos o perder sus
propiedades47 •
EL PROCESO DE ENDEUDAMIENTO DE ALGUNAS
HACIENDAS DE TEPEACA
El recurso al crédito eclesiástico y un fuerte endeudamiento fueron
como hemos visto, aspectos bastante comunes a las haciendas de la re~
gión. Pero a nivel global resulta difícil poder precisar el origen de los

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

47

gravámenes que pesaban sobre las fincas, aunque contáramos con un
censo tan detallado como el que existe para las haciendas de Tlaxcala
en 171248 • Sin duda, parte de esas cargas correspondían a imposiciones piadosos efectuadas por los propietarios que se habían ido sucediendo en el dominio de la fine~; y otra parte era producto de verdaderos préstamos obtenidos principalmente de diversas instituciones religiosas: trataremos de precisar este doble origen del endeudamiento que
caracteriza a las haciendas novohispanas analizando algunos casos correspondientes a la cabecera de Tepeaca.
Empezaremos por la hacienda de La Purificación que, en 1727,
con 14 caballerías (ocho de ellas de riego permanente), un surco de agua
y diversas edificaciones -que incluían entre otras las viviendas, capilla y troje- fue valuada en 16 380 pesos, que sumados a los "llenos"
(ganados, semillas, aperos, etcétera) alcanzaba un valor aproximado
de 29 mil. Cuando Gaspar Tamayo la adquirió en 1783, lo hizo en buen
precio, ya que le fue adjudicada en remate por la suma de 13 000 pesos, pagando al contado tan solo dos mil; probablemente la finca había sufrido un proceso de deterioro y los llenos debieron de haber sido
liquidados con anterioridad al remate49• De acuerdo a los diezmos de
la primera década del siglo XIX, la hacienda continuaba produciendo
maíz, trigo y cebada, y en menor cantidad chile y frijol, dedicando parte
de sus tierras a la cría de ganado lanar50•
En 1810 al efectuarse la adjudicación de los bienes de Don Gaspar, las haciendas La Purificación y San Vicente -valuadas con sus
llenos en 51 619 pesos- se encontraban gravadas por un total de 19 388
pesos a favor de diversas instituciones religiosas. Años más tarde, en
1824, cuando su hijo y heredero, el capitán Francisco María Tamayo,
solicitó un nuevo préstamo para el avío de ambas fincas, las mismas
se hallaban hipotecadas por un monto total de 15 467 pesos. Las deudas que afectaban a La Purificación en esas dos fechas reconocían, como era de prever, el doble origen al que se ha hecho referencia.
Hasta inicios del siglo XIX predominaron los gravámenes producto de capellanías y dotes conventuales impuestos para asegurar la " opción" religiosa de algunos miembros de las familias de los sucesivos
propietarios5 1• A partir de entonces, cuando a las dificultades económicas ligadas a diversas coyunturas se sumaron la pesada carga de los
réditos debidos por antiguas imposiciones y por los que cada nuevo
propietario reconocía a favor de sus coherederos, la situación financiera de la finca se hizo más frágil y obligó a tomar nuevos préstamos
hipotecarios destinados a cubrir los adeudos anteriores y a fomentar

�48

SigloXJX

la producción.
La familia Ruiz de Bárcena, propietaria de La Purificación desde
la segunda década del siglo XVIII hasta 1783, fue la mayor responsable del endeudamiento de la hacienda, aunque por lo menos ya en 1631
se había impuesto sobre un rancho anexo un gravamen de 732 pesos
como parte del capital de la capellanía fundada por González Palacios.
En 1717 se fundó otra capellanía a favor del presbítero Don Cristóbal Ruiz de Bárcena, con un capital de 3 000 pesos; una década después se impuso otro gravamen de igual monto destinado a "una capellanía u obra pía" cuyo beneficiario sería el presbítero Don Francisco
hermano del anterior, a quien le había correspondido esa suma com~
parte de ~a herencia paterna52 • En esa misma época, en 1723, se obtuvo un prestamo de l 000 pesos del convento de Santa Catalina de la
ciudad de Puebla "para el cultivo de la hacienda (...) por el tiempo
de dos aílos"; el préstamo fue renovado durante casi cien aílos, hasta
1818, cuando fue redimido por el entonces propietario el capitán Fran'
cisco María Tamayo53•
En la etapa de la consolidación la finca reconocía gravámenes a
favor de la Iglesia por un total de 8 275 pesos. En 1807, el mencionado
capitán optó por la "vía de composición", pagando 500 pesos al contado y el resto en anualidades de igual monto54• No sabemos que suma llegó a redimir Tamayo, aunque es probable que no haya pagado
más de una anualidad ya que el decreto fue derogado en 180955•
De ese año de 1807 sabemos que, salvo el préstamo de 1723, solicitado para el avío de la hacienda, el resto, o sea casi el 88% de los gravámenes que pesaban sobre el bien, no había implicado una transferencia dineraria desde las arcas eclesiásticas, sino simplemente imposiciones de los propietarios (derechos de retención o censos-gravamen,
como propone denominarlos Bauer) obligándose al pago de los réditos
correspondientes56•
En 1824, el ya mencionado capitán Tamayo elevó al obispado de
Puebla una solicitud para que se le concediese un préstamo de dos mil
pesos "a depósito irregular, por el tiempo de cinco aílos", aprovechando la disponibilidad de un capital por igual suma correspondiente a
un censo que acababa de redimir otro hacendado de la región.
En esa oportunidad, Tamayo debió presentar un testimonio notarial de los gravámenes que reportaban sus dos fincas de acuerdo a los

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

49

"Libros de censos": según ese documento las haciendas La Purificación y San Vicente se hallaban hipotecadas por una suma de 15 467
pesos. De los censos que en 1807 gravaban a la primera de esas dos
fincas, ya se había redimido el préstamo de _1723 (en 18~8) runa de
las capellanías de los Bárcena. Pero al mismo tiempo se hab1an impuesto
nuevas cargas, dos de ellas garantizadas conjuntamente con la otra hacienda: uno, de 2 000 pesos, correspondía a una dote conventual; y
el otro, por igual suma, a un crédito otorgado po~ ~l c~nvento de ~an
Gerónimo. El tercero impuesto sólo sobre La Punf1cac1ón, era reciente de febrero de 1824, y consistía en un "depósito irregular" por la
su'ma de 4 000 pesos a favor de diversas instituciones religiosas.
En total la hacienda se hallaba hipotecada en más de 1O 000 pesos, pese a lo cual el "Promotor fiscal y defens~r de Obras P!as" ~e
obispado consideró a la finca idónea para garanttzar la nueva 1mpos1ción de dos mil pesos ya que permanecía libre de gravámenes "más
de la tercera parte del valor". Sin du?a sus excelentes ~culos _c?n la
Iglesia y su posición política en la capital del Estado, hab1an_facilitado
su acceso al tesoro catedralicio a pesar de la escasez de capitales y de
la fragilidad financiera de sus fundos 57 • En menos de dos décadas La
Purificación se había endeudado en 6 000 pesos de nuevos censospréstamos más los 4 000 de las cargas que compartía con la hacienda
San Vicente.
Pese a esa situación, La Purificación debió haber rendido suficientes
ingresos como para poder liquidar buena parte. de la nueva deuda
-probablemente utilizada para mejorar la producción- ya que en 1837
los gravámenes se habían reducido al nivel que tenían tres décadas atrás
(unos 8 800 pesos), incluyendo las viejas capellanías, una nueva dote
conventual y los 2 000 pesos del último de los préstamos otorgados en
1824.
En ese año, Tamayo arrendó la finca a su hijo po~ una renta anual
de l 200 pesos, debiéndose hacer cargo el arrend~tano de los 44'.4 pesos de réditos anuales que debían pagarse a los diversos censualistas;
obviamente las ganancias estimadas debían garantizar las rentas del propietario y de los censualistas, más los beneficios que ~peraba ~~tener
el arrendatario, lo cual permite pensar en una rentabilidad pos!ttva de
la hacienda; suponiendo que se mant~viera el valor que se hab1a dado
en el inventario de 1810 a la tierra y los mmuebles -unos 10 000 pesosY considerando que en 1837 los llenos de la hacienda (que ahora incluían una pequeña fábrica de aguardiente) fuer~n valuados en 7 6?(},
sólo la renta obtenida por el propietario era de un 6.8% del capital

�50

Siglo XIX

invertido58 •
. En síntesis, hacia 1837 La Purificación se hallaba gravada por ca~it~es qu~ en su m_ayor parte habían sido producto de antiguas impos1cion~ pia~osas (~nc}uyendo aquí dotes y capellanías), en tanto que
ya habian sido redllllldos la mayoría de los censos-préstamos otorgados para el avío de la hacienda.
~n el caso de la ~acienda San Vicente resulta más difícil precisar
el ongen de sus gravamenes. Esta finca, que lindaba con terrenos de
la ~iudad de Tepeaca, se dedicaba fundamentalmente a la producción
maicera, ~unque como lo muestran sus diversos inventarios y los registros de diezmos, no desdeñaba sembrar trigo, cebada, frijol y chile.
~e sus 18 3/4 caballerías, 14 eran aptas para la producción agrícola, s1e~do las restantes de inferior calidad y "de cerro". Según el inventano de 1810 su valor era de casi 20 000 pesos y de ellos un 60.6%
correspondían a las tierras, un 12% para los ganados (animales para
la labranza y ganado lanar) y un 5.6% para edificios productivos; el
resto _se re~artía en sem~rados y semillas. El inventario de 1826 pone
en evidencia un notable incremento en la inversión ya que sólo las se~as, ganados y plantaciones valían alrededor de 19 000 pesos. El principal responsable de esta valorización fue la introducción de plantas
de maguey, valuadas en unos 10 000 pesos.
En 1824 la finca se hallaba gravada en 10 600 pesos a favor de diversos capitales piadosos. De ellos sólo uno era producto de una dote
conventual, en tanto que otros dos, cuyos beneficiarios eran la Recaudación de Vacantes del Obispado y el convento San Gerónimo probab!emente fueran censos-préstamos; un tercero, por 6 000 pes~s, cuyo tituJar ~ra Ana María de Borbolla, parecería ser producto de un préstamo particular que dos años después -y aún en 1869- era reconocido a favor de Don Sebastián Mier, un conocido empresario poblano59•
En 1825, Tamayo impuso sobre San Vicente un nuevo censo de
l 400 pesos, a ser entregado en el término de cinco años como dote
de su sobrina Ana María Aráoz, que deseaba profesar en' el convento
de Santa Catalina. Este gravamen, conjuntamente con otro de 2 600
pesos impuesto en 1826 a favor del Hospicio de Pobres de Puebla permanecerán sin redimisrse hasta la aplicación de las ley¡s de
desamortización.
En la vecina hacienda de San José CapuJa (que conjuntamente con

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

51

su anexa Santa Inés Tepango constituía una de las fincas más valiosas
del entorno agrario de Tepeaca) el endeudamiento también se consolida a fines del XVII e inicios del XVIII con donaciones piadosas de sus
propietarios.
En efecto, ya en 1727 San José reconocía un censo de l 500 pesos
a favor de una "memoria de misas"·que debían celebrarse en la capilla
de la hacienda impuesto por orden de su propietario, el presbítero Gaspar Tamayo, y 5 000 pesos de dos capellanías de las que éste había gozado en vida. Por su parte, la finca anexa presentaba diversos
gravámenes60•
Es decir que. para 1727 San José Capula y su anexa acumulaban
gravámenes por un total de 19 700 pesos, de los cuales por lo menos
el 89% no tenían su origen en préstamos sino en obras pías y capellanías fundadas por los mismos propietarios que habían implicado una
transferencia de derechos a favor de la Iglesia. Los gravámenes representaban el 50% del valor de la hacienda (que poseía tierras de distinta
calidad, algunas "superiores para sembrar toda clase de semillas" y
contaba con una presa y regadío).
Este temprano endeudamiento parece haber pesado sobre la situación económica de la finca. Si bien carecemos de información para el
resto del siglo XVIII, tenemos diversas referencias sobre las dificultades financieras por las que atravesó su propietario, José María Torija
-sobrino bisnieto del presbítero Gaspar Tamayo- a inicios del XIX.
En 1804 le había arrendado al Alcalde Mayor de Tepeaca nueve caballerías y media de tierras de la hacienda para pagarle una deuda de tres
mil pesos; posteriormente, en 1814, o,btuvo de otro de los arrendatarios de la finca diversos préstamos por la suma de 9 000 pesos.
Es probable que la precaridad financiera de la hacienda le haya
vedado el recurso a las arcas eclesiásticas y lo haya obligado a recurrir
al préstamo particular y a arrendar la finca, concentrándose en sus actividades mercantiles. Aunque en 1815 ya había saldado parte del anterior crédito, tomó nuevos préstamos que lo llevaron a tener que cel~brar una promesa de venta de la hacienda a favor de su arrendatario
y acreedor61 •
Finalmente, en 1828 debió concretar la operación vendiéndole
-en realidad, se trata de un mero traspaso del bien- a Don José Rafael Gómez (de quien era deudor de "cantidad considerable de pesos")
San José CapuJa, con su anexa Santa Inés Tepango, un rancho y el

�52

Siglo XIX

Molino Viejo en 40 000 pesos, pero el peso de los antiguos censos no
dejará de provocar serios problemas a los nuevos propietarios, especialmente en el momento de la desamortización62•
La hacienda de Santa Catarina, que colindaba con la anterior, era
una de las menos gravada a inicios del XVIII. En 1727, con sus 12 caballerías de tierras regadas tenía un valor aproximado de 9 000 pesos
y soportaba una carga de 2 500 pesos de censos. Un siglo después, Don
Antonio Vallejos compró la finca al presbítero Francisco Tamayo
-sobrino del mencionado Gaspar- en 10 000 pesos, de los que debía
seguir reconociendo 4 000 de censos; 3 000 de una capellanía al servicio de Tamayo y 1 000 de un capital cuyo titular era el convento poblano de Santa Inés.
El nuevo propietario realizó diversas mejoras (construyó "las casas de havitación y oficinas" y una obra hidráulica para aprovechar
"un chorro de agua manantial") que, según sus palabras, "le dan mucho más valor del que antes tenía". En efecto, según el inventario de
1837 sólo "las tierras y aguas" fueron valuadas en cerca de 13 000 pesos, en tanto que los llenos ascendían a unos 8 600 pesos (de éstos el
35% correspondían a semillas y sembrados de·maíz, trigo, cebada, chile
y frijol y el 43% a los animales de labranza y al ganado cabrío y lanar
para matanza): la valorización de la hacienda no se realizó en base a
nuevos préstamos hipotecarios ya que para entonces Santa Catarina
seguía reconociendo los mismos capitales que una década atrás.
En 1863, cuando se la adjudicaron las dos nietas y herederas de
Vallejos por un valor de 14 800 pesos, los gravámenes sólo se habían
incrementado por dos imposiciones realizadas por su abuelo: una fundación piadosa de 500 pesos y un principal de 1 000 pesos a favor de
una huérfana bajo su protección. Pese a ello, las nuevas propietarias
no pudieron enfrentar la desamortización de esos capitales, los que fueron adquiridos por un empresario poblano, Gumersindo Saviñon; en
1869 al estar "amagadas de un litigio" por el propietario de "los capitales píos" resolvieron vender la hacienda a un tercero, en el mismo
precio en el que se la habían adjudicado, haciéndose cargo el comprador del pago de los capitales desamortizados63•
La hacienda Santa Ana, en las inmediaciones de la ciudad y lindante con la mencionada San Vicente, corresponde al tipo más común
de propiedad ya fuertemente endeudada a inicios del XVIII. En 1728
reconocía diversos censos por un monto de 17 000 pesos. Su propietario, el presbítero José de Sol y Piedra -quien la había heredado de

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

53

su padre- se vio obligado a vendérsela al cura de Tepeaca. Don Pedro Ximénez del Campillo, quien le había prestado 5 136 pesos "con
que se libertó de las execuciones que por los rédi~os d~vidos le amenazavan": el precio de venta fue de 22 054 pesos e mclwa las 24 caballerías de tierra, diversas edificaciones productivas, un "xaguey", dos manantiales de agua salubre y los "llenos".
Los censos, que superaban el valor de la tierra y edific~ciones, se
incrementaron por las disposiciones testamentarias de Campillo que ordenaron donaciones piadosas por 1 300 pesos. Los propietarios se sucedieron hasta que, en 1806, Don Pedro González Barroso la adquirió
en remate judicial liquidando parte de los censos que gravaban la finca. Según el inventario realizado por sus herederos en 1837, Santa ~a
reconocía 3 000 pesos a favor del Juzgado de Capellanías y Obras P1as
y 2 840 de una capellanía; para entonces se habían introducido diversas mejoras a la finca, entre otras, nuevas obras de irrigaci_ón aprec~adas en conjunto en unos 4 500 pesos, en tanto que el avaluo total, mcluyendo los "llenos" se elevaba a 24 000 pesos64•
Como ya hemos visto, Santa Ana continuó en manos de los González Barroso hasta 1868. Cuando en 1865 Don Carlos Barroso la arrendó por cinco años, previó la _p~sibilidad_ de q~e tuviera que ~ende~!~
incluyendo una cláusula que limit~~a la Vigencia del ~~endamient_o s1
la venta de dicha hacienda se venf1que por que le extJan los capitales
que reporta". Al concretarse esta situación, 1~ h_acienda fue vendid_a
a la esposa de Pedro Ibargüen, quien había redimido parte d~ los capitales que gravaban la finca por unos 10 000 pesos. Per~. al 1gu~ que
los nuevos propietarios de San José Capula, los lbarg~en debieron
afrontar apremios fmancieros no menos graves que los obligaron a vender parte de las tierras de Santa Ana6S.
Las vecinas haciendas de San José Zahuatlán y La Concepción de
El Pino también soportaban elevados gravámenes a inicios del XVIIl.
El capitán Gabriel de Arruti, quien las ha~ía ~ompra~o cu~~do fueron
rematados los bienes de su anterior prop1etar10 por e1ecuc1on del Juzgado de Capellanías y Obras Pías, reconoció en 1735 la exi~tencia de
diversos censos por 50 000 pesos: una deuda muy elevada habida cuenta
que a fmes del siglo el valor de ambas fincas no alcanzaba esa suma.
Esta situación debió haber sido una pesada herencia para Arruti
y los posteriores propietarios, y nuevamente e':1, l ~79 las fin~~ fueron
rematadas a instancias de los acreedores ecles1asttcos adqumendolas,
como se dijo antes, Don Gregorio Martínez de Solís y Rivadeneira.

�54

Siglo XIX

. Una _déca?a después, el_caudal de la testamentaria de Don Gregono, que mclma las dos haciendas, platería y "dependencias activas"
era de ~O 275 pe~os y entre los pasivos se contaban 15 327 pesos de
los capitales de diversas censualistas eclesiásticos y unos mil pesos de
"réditos insolutos"; los gravámenes se habían reducido considerablemente, y en su totalidad correspondían a diversas capellanías cuyos fundadores no aparecen en la lista de los propietarios que tuvieron ambas
fincas en el siglo XVIII, lo cual permite suponer que se trataba de verd~deros censos-préstamos (o que fueran antiguas imposiciones
piadosas).
Para obtener los recursos necesarios para explotar la más extensa
de ambas fincas, los Solís recurrieron al avío de particulares y al arrendam_iento de la hacienda El _Pino. Así el presbítero Ignacio Saldaña y
Bomlla,_ recolector de los diezmos locales, les suministró en diversas
oportunidades semillas y efectivo "en clase de re faccionario'' hasta acumular en 1822 una deuda de más de 6 000 pesos; para saldarla se compr?metieron a entregarle 300 cargas de maíz y 200 arrobas de trigo,
mas las cosechas de ambos cereales de ese año y del siguiente.
La nieta de Don Gregorio y heredera de los bienes familiares siguiendo una política muy común entonces, desposó a un hijo de ¿tro
de los acreedores -el teniente Pascual Moreno- integrando los intereses del productor y los del prestamista. Aun así los Moreno-Solís continuaron soportando constantes apremios financieros que los obligaron a vender, en 1844, un rancho anexo a las fincas de 3 3/4 caballerí~s d~ tier~a parcialmente irrigadas en 4 500 pesos. El obispado otorgo la hcenc1a para la venta por considerar que el valor de San José Zah~atlán (34 663 pesos) y El Pino (21 393 pesos) cubrían los capitales
piadosos que reportaban ambas fincas y que se elevaban a 22 587 pesos; a los créditos existentes a fines del siglo XVIII se habían sumado
nuevas imposiciones de los Solís por 7 200 pesos destinadas en esta ocasión a )as dotes conventuales de profesas de la familia, en tanto que
los capitales necesarios para la producción se obtuvieron de préstamos
particulares.
Pero también en este caso los Moreno-Solís tuvieron dificultades
para hacer frente a la desamortización de los censos que gravaban las
fincas en casi la mitad de su valor y tuvieron que desprenderse de la
hacienda El Pino, que hacia 1880 estaba en manos de Antonio Viveros, uno de los nuevos miembros de la élite local (y que había sabido
lucrar exitosamente con la situación creada por la aplicación de las leyes de la Reforma).

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

55

Las haciendas Santa María y San Miguel La Joya pertenecientes
al mayorazgo de los Gorospe por lo menos desde mediados del siglo
XVII, constituyen un caso especial ya que los gravámenes que pesarán
sobre ellas a mediados del siglo XIX eran relativamente recientes y en
su mayoría verdaderos préstamos.
Los Gorospe, típicos propietarios ausentistas, arrendaron sus fincas a varios productores locales, entre los cuales figuraron los Martínez Borges. En 1791 Don Javier Gorospe obtuvo un préstamo por l 500
pesos pertenecientes a una obra pía para "avilitar sus fincas de mulas
y aperos"; cuarenta años después Don Joaquín Gorospe, "necesitando de numerario", solicitó un préstamo de 12 000 pesos a un comerciante de Puebla, para lo cual hipotecó Santa María66 • Si bien en ese
momento la hacienda, como también los otros bienes del mayorazgo,
se hallaba libre de todo censo, en las décadas siguientes las dos fincas
fueron gravadas considerablemente a tal punto que en 1858 reconocían 14 800 pesos de principales pertenecientes a una capellanía y a diversos conventos poblanos.
Quizás previendo que, a pesar de la reacción de los grupos conservadores, la aplicación de las leyes de desamortización se impondría de
un modo irreversible, en ese año los Gorospe decidieron desprenderse
de las dos haciendas que habían formado parte del patrimonio familiar por doscientos años: Santa María fue vendida en 26 000 pesos más
6 000 por sus "llenos" y La Joya en 14 500 pesos más 3 500 de "ganado de apero y majadas"67 •
En 1862, Mariano Oropeza, un comerciante poblano muy activo
en los negocios vinculados a la desamortización de los bienes eclesiásticos, redimió dos capitales que gravaban ambas fincas: uno de 2 000
pesos del convento La Concepción y otro de 3 000 del convento de los
Capuchinos68 •
Esta situación y las altas anualidades con que debían pagarse el
saldo del valor de las haciendas, debieron haber pesado en la decisión
tomada por Mariano de Ita de vender nuevamente las haciendas en un
precio menor: 35 000 pesos. En 1871 los nuevos propietarios ya habían liquidado la deuda con los Gorospe y habían redimido la mayor
parte de los censos eclesiásticos, de modo que en 1873 las dos haciendas sólo reconocían un capital de 3 000 pesos pertenecientes a la dote
de una monja exclaustrada.
Por último regresaremos al caso de la hacienda de San Mateo al

�56

Siglo XIX
Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización

que hemos hecho referencia en la primera parte de este trabajo. Esta
finca, con sus 31 3/4 caballerías "de tierra lavoria temporal" (19 de
ellas "de mui buena calidad") era la más extensa y "apreciada" del
entorno agrario de Tepeaca, pero al mismo tiempo una de las más endeudadas desde fecha muy temprana.
En 1735 cuando el capitán Gabriel de Arruti la compró a su antiguo propietario ya se hallaba gravada en 30 000 pesos a favor de diversos censualistas (en 1741 San Mateo y su rancho de agostadero con
sus respectivos llenos fueron valuados en poco más de 67 000 pesos)·
para liquidar parte de los antiguos censos Arruti obtuvo 22 000 peso~
de la testamentaria del general Bustamante Bustillo a redimir en ocho
años. Si este préstamo particular le permitió aliviar la carga de los capitales piadosos, poco tiempo después debió realizar una nueva imposición de unos diez mil pesos a favor de diversas obras pías para devolverle a su hermano -el licenciado José Ignacio, "Prebendado de la
Catedral"- un préstamo que le había facilitado "para avíos". Por
otra parte su esposa gravó la finca con un censo de 3 000 pesos a favor
del ~onven_to de San Gerónimo como dote de su hija y fundó una capellama con igual monto para que se ordenara uno de sus hijos o descendientes. De este modo sus herederos recibieron una hacienda recargada de censos y ya en 1791 afrontaron un concurso de acreedores. A
pesar q~e desde esa fecha se dejó de pagar los réditos de los capitales,
no fue smo hasta 1809 que el entonces propietario, capitán Pedro Manuel de Erroz -bisnieto del fundador del linaje- hizo cesión de bienes entregando la hacienda San Mateo a sus acreedores. Los capitales
P!adosos reconocidos en ese momento sumaban 21 300 pesos y los réditos que se adeudaban eran 14 060 pesos: un endeudamiento excesivo
si_ tenemos en cuenta qu~, según el inventario realizado en esa oportumdad, el valor ~e la hac1end~ sin "llenos" era de 38 700 pesos, y que
además reconoc1a otros gravamenes, entre ellos 7 900 pesos correspondientes a las "legítimas" de los coherederos de Erroz y otras partidas
menores que elevaban los pasivos del concurso a más de 53 000
pesos69•
Entre los capitales piadosos que gravaban la finca en 1809 unos
eran antiguas ii:nposiciones anteriores a la era de los Arruti 7º otros
eran responsab1hdad de los Arruti y de sus descendientes71 • Si bien es
difícil precisar el origen exacto de todos los capitales que gravaban la
fin~ en 18~9~ había algunos que eran producto de préstamos de instituciones rehg1osas, aunque parecería que predominaban los censos derivados de antiguas fundaciones de capellanias y dotes conventuales
que en la mayoría de los casos ya no gozaban los familiares de los pro-

y

en las haciendas mexicanas

57

pietarios, sino que actuaban como pesadas cargas heredadas de sus
antepasados.
Cuando la finca fue ofrecida en remate, varios de los hacenda~os
de la región -entre ellos Don Juan Martínez- se most~a~~n muy mteresados en adquirir San Mateo, elevando sus posturas m1_c1ales hasta
los 38 000 pesos. Sin embargo en primera inst~ncia la ha:!enda le fue
adjudicada a una hija menor de edad ~el cap!t~n ~rroz. ya ~ue por
la porción hereditaria de su Madre tiene pnvilegiado mteres en el
concurso".
Resulta de interés comentar los argumentos esgrimidos en tal oportunidad por Erroz, en especial los referent~ a r~~tabili?ad de la codiciada hacienda. Según sus palabras la ad1ud1cac1on sena muy favorable para la menor ya que se trataba "de una fine~ compuest~ de más
de treinta caballerías de tierra fértil que deben considerarse mas ~e 200
fanegas de sembradura'' que, cultivadas "con eficacia", ga~ant1za~an
excelentes réditos. Pero aún sin hacerse cargo de la producción, Ys"1!plemente arrendando las tierras a doce pesos la fanega, se o~ten,'!1°~ª
unas rentas de 2 400 pesos, equivalentes a 48 000 peso~ de capital" sm
amenaza de peligro". Por otra parte, contaba la hacienda con una
venta y paraje de arrieros que haciendo allí ind!spensable ~ornada del
camino RJ. en que transitan consumen necesariamente PaJa1 Pulques
y otros varios esquilmos que regulados sin la menor ponderac1?n ac1enden a la cantidad de tres mil pesos". De este modo, conclma Erroz,
se podrían obtener ingresos no menores de 5 400 peso~, con los que
se podían pagar dos mil de réditos, 1 500 anuales p~a 1T pagando los
capitales que no puedan ser renovados, restando libres 1 900 pesos.

!ª

Probablemente los cálculos de Erroz pudieran pecar de optimismo, pero lo cierto es que lo argumentado_ cor~espondía, al_ ~enos_ en
parte, con la práctica seguida por el prop1etar10 en la adm1DJstrac1_ón
de la finca: cuando el depositario nombrado por los acr~dores se hizo
cargo de San Mateo encontró que una parte de_ las tierras estaba~
arrendadas en un precio que se ajustaba a lo manifestado por el capitán y según las cuentas del nuevo administrador los arriendos del año
1810 sumaron 1 041 pesos. Por otra parte el cuaderno de diezmos correspondiente a la cosecha de ese año registró una pro_du~ción de 785
cargas de maíz en las tierras administradas por el depos1tar10 y 532 cargas de las que fueron responsables los arrendatarios. Y en 1819, cuando se efectuó un inventario "con todas Existencias de Semillas, ganados y Enseres" se encontraron 181 cargas de maíz regular más o~_ras
11 para semilla, 305 cargas de trigo largo, 170 de cebada, 63 de fnJol,

�58

Siglo XIX

40 fanegas de tierra barbechadas, 450 magueyes de raspa más 24 220
de diversos tamaños, 134 mulas y machos de carga y aparejo, 1 172
cabezas de ganado lanar y 71 cerdos.
Sin duda se trataba de una finca con un potencial productivo muy
importante, como lo sabían los mismos hacendados que pujaron con
mucho interés en el remate de la hacienda. Pero las elevadas cargas
de los censos contrarrestaban la rentabilidad de San Mateo.
Si bien la finca fue adjudicada en 39 000 pesos a la hija de Erroz,
ésta no cumplió con las capitulaciones del contrato (que preveía un pago al contado de 4 000 y anualidades de 3 000 pesos para cubrir lo no reconocible), adquiriéndola Don Francisco Sanchoyerto en precio de
40 500 pesos en un nuevo remate realizado en 1811. Siete años después
un nuevo concurso ponía en evidencia los problemas financieros del
nuevo propietario agravados por las pérdidas económicas provocadas
por la coyuntura bélica de la época. Para entonces, a los antiguos capitales eclesiásticos se les había sumado un principal de I 000 pesos
del convento de Santa Inés y una nueva capellanía a la que se le reconocía un capital e interés atrasados por un total de 2 900 pesos.
Como ya se ha visto, diversos acuerdos con los censualistas permitieron a los descendientes de Sanchoyerto continuar con la posesión
de la finca varias décadas más. Pero en 1862 se vieron agobiados por
los nuevos acreedores que habían adquirido los antiguos créditos. El
mayor de ellos, Jorge Berkenbuch, que reclamaba el pago de un crédito de 19 090 pesos documentado en pagarés con los que se habían redimido algunos de los capitales piadosos que gravaban la finca, fue uno
de los más importantes compradores de propiedades desamortizadas
de la ciudad de Pueblan .
Sin embargo quien se quedó con la codiciada hacienda de San Mateo no fue el hábil comerciante alemán, sino Ignacio Romero Vargas,
político liberal y gobernador de Puebla, miembro de una tradicional
familia de hacendados de Acatzingo, quien en 1862 se hizo cargo de
las deudas de la testamentaria (que superaban los 30 000 pesos), cubriendo el resto del valor de la finca con un par de casas situadas en
la ciudad de Puebla; al igual que lo sucedido con los herederos de algunos de los antiguos linajes de hacendados de Tepeaca, los del ambicioso Sanchoyerto pusieron fin a su inserción en el entorno agrario de
Tepeaca transformados en pequeños propietarios urbanos73 •
En síntesis, de estos detalllados ejemplos surge la idea de que el

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

59

endeudamiento de las haciendas del entorno agrar~o de T~peaca tenía
su principal origen en los diversos tipos d~ fundac10n~s piadosas Y~n
dotes conventuales impuestas por las suc~1vas genera~iones de p_ropietarios, y no en auténticos préstamos _destmado ~l avio productivo ~e
las fincas, aunque también ellos contnbuyeron ~ mcrementar el ,excesivo monto de los censos que_ gra.":aban la propiedad rural del area en
el momento de la desamorttzac10n.
EL IMPACTO DE LA DESAMORTIZACION
La fragilidad financiera de gran parte de los hacendados del ento~no
agrario de Tepeaca se puso de manifiesto. coro~ se ~a mostrado reiteradamente en las páginas anteriores, con la aphcac1ón de ~a~ !eyes de
desamortización. Estas marcaron el fin de un sistema cred1t1c10 y~ en
crisis y que se había sustentado en la fluidez p~r,a acceder a los capitales controlados por la Iglesia. Llama la aten:10n -~ue,_ a pesar de la~
condiciones ventajosas estipuladas por la leg1slacion liberal (se llego
a rescatar los gravámenes al 25% de su valor), ~uchos ~e ~os hacen?ados de este pequeño mundo rural no hayan podido redimir los cap1~ales religiosos que gravaban sus propiedades, quedando a merced de quienes desamortizaron los antiguos censos. En general los nuevos acreedores no se mostraron tan complacientes con la liquidación de los créditos como lo había hecho durante tanto tiempo la Iglesia, lo cual no
es de extrañar cuando verificamos que, en la mayoría de los casos, la
adquisición de esas deudas constituyó un medio indirecto para la apropiación de las fincas gravadas.
Un breve comentario en relación a las ya mencionadas haciendas
de los Tamayo nos permitirá precisar algunos aspectos del impac!o de
la desamortización y de la posterior nacionalización de los bienes
eclesiásticos.
Don José Mariano Tamayo (sobrino tataranieto del presbítero Gaspar) quien heredó la hacienda La Purifica:ión, in_tentó redi~i_r algunos de los capitales que gravaban su prof'1edad sm may,or _exito. En
1861 desamortizó un capital que pertenec1a a una obra ~1a ligada~ la
parroquia de Acatzingo. Empero, los pagarés que entrego a la Hacienda Pública no fueron levantados (la situación política de esos años le
permitió postergar la liquidación) lo que facilitó s~ adquisición por Antonio Viveros, un advenedizo hacendado y comerciante de Tepeaca que,
en 1869 exigió el cumplirni~nto de la ~euda; para empeo~a_r, la ~nca
aún reconocía diversos capitales consignados a dotes rehg10sas7 .

�60

Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamonización en las haciendas mexicanas

6/

Para enfrentar esta situación, Doña Concepción Tamayo, quien
había heredado la finca de su padre en 1868, vendió al mismo Viveros
una fracción de tierras de La Purificación por un valor de 4 064 pesos
y otros dos terrenos a diversos vecinos (indígenas) del Pueblo de La
Candelaria por 2 200 pesos75 •

San Agustín del Palmar, Quechula y Tlacotepec y dos molinos propiedad de los Ayuntamientos de Tecamachalco y Tecali. El precio global
de estas adjudicaciones fue de 83 764 pesos; ninguna de ellas correspondía al inmediato entorno agrario de Tepeaca77 •

Una situación aún más difícil debieron sobrellevar sus parientes,
los herederos del último Gaspar Tamayo -sobrinos bisnietos del presbítero del mismo nombre- quienes habían heredado la liacienda de
San Vicente. Al morir Don Gaspar en 1851 la finca entró en una etapa
de deterioro al punto que, según lo manifestó el apoderado de la viuda, "durante muchos años ha estado sin arrendarse y otros en un precio tan corto que apenas se ha podido cubrir algunos réditos"76•

En síntesis, la aplicación de las leyes de desamortización provocaron una importante rotación de la propiedad rural que afectó a un buen
número de los antiguos hacendados del hinterland de Tepeaca78 • Pocos de ellos pudieron desamortizar los censos eclesiásticos que recargaban sus fincas y algunos de los que lo hicieron no pudieron cumplir
con las obligaciones contraídas evidenciando su fragilidad financiera.
Esta última situación también se dio en el caso de algunos de los nuevos propietarios que, de beneficiarios, se transformaron ellos también
en víctimas del proceso desamortizador79•

Para entonces la hacienda se hallaba hipotecada por un monto de
14 400 pesos de los que 4 400 pesos correspondían a las hijuelas de los
demás herederos. En 1869, un tercero que había redimido un gravamen de 1 400 pesos pertenecientes al convento de Santa Catalina, demandó judicialmente el pago del capital y de los réditos debidos. Al
carecer de recursos para cubrir esa responsabilidad, los herederos de
Tamayo cedieron los bienes de la testamentaria a sus acreedores. San
Vicente fue rematada en 1870 en 18 000 pesos (un precio menor a los
21 600 pesos del avalúo efectuado en esa oportunidad), aquiriéndola
Pedro Ibargüen, el mismo que había comprado la hacienda Santa Ana
a los herederos de los González Barroso.
Pero tampoco el nuevo propietario pudo cumplir con las exigencias de todos los acreedores, vendiendo la finca en 1873 a otro hacendado de la región, quien la compró en 16 500 pesos comprometiéndose a liquidar un gravamen de 5 000 pesos que se reconocía al Colegio
del Estado en cinco anualidades con el elevado rédito del 10%.
Si bien las diversas instituciones eclesiásticas no tuvieron una importante presencia como propietarios de haciendas en la región (sus
bienes consistían fundamentalmente en fincas urbanas y en los diversos tipos de censos), las pocas que tenían fueron adquiridas en general
por los mismos arrendatarios: tal es el caso de la hacienda Macuila,
situada en Acatzingo, que había pertenecido a los dominicos de Puebla y que se la adjudicó José María Romero y Barba.
De acuerdo a los datos de los protocolos notariales de Tepeaca de
los años 1856-1857 fueron desamortizadas cuatro haciendas situadas
en Tecamachalco, Acajete y Acatzingo; cuatro ranchos localizados en

CONCLUSIONES
Una de las primeras conclusiones que recogemos de nuestro trabajo
se relaciona con los diversos momentos de equilibrio y de ruptura en
cuanto a la estabilidad de la propiedad agraria en la región. Los ejemplos estudiados muestran una estabilidad relativamente elevada para
las haciendas que forman parte del patrimonio de algunas de las familias de la élite local.
En los casos restantes, observamos que los momentos de ruptura
coinciden con lo estudiado para otras regiones en lo que hace a la primera mitad del siglo XVIII (como es el caso de Guadalajara analizado
por Van Young). La segunda mitad de ese siglo presenta signos de fuerte
estabilidad y el período de la insurgencia, pese a haber atormentado
las noches de los hacendados, fue mucho menos disruptor de lo que
nosotros habíamos imaginado. Por otra parte, el otro gran momento
de cambio acontece como efecto de las leyes de desamortización durante la segunda mitad del siglo XIX.
También hemos profundizado en nuestro análisis dos aspectos que
tienen que ver con las relaciones entre la estructura familiar y los negocios en el ámbito de las élites coloniales (y post-coloniales). Por un lado, la importancia del papel del "patriarca" como centro de gravedad
de una red parental muy extensa. Por otra, este patriarca con frecuencia es el que aparece como administrador (y hasta como dueño) único
del conjunto de los bienes inmuebles del grupo familiar -apelando a
diversos mecanismos jurídicos para evitar la dispersión de éstos o su
mal venta. Sin embargo, la contrapartida de ellos es su función de auten-

�62

Siglo XIX

tico paterfamilias moralmente obligado a ocuparse del bienestar de una
vasta parentela.
En cuanto a lo que hace al papel de la Iglesia como institución crediticia y al estado financiero de las unidades agrarias durante el período colonial, parece bastante claro que la mayor parte de éstas se encontraba sumida en una situación de muy frágil equilibrio financiero.
Los ejemplos analizados nos permiten asegurar que esa precaria situación financiera tenía más que ver con los variados compromisos de origen religioso y piadoso que habían gravado a las haciendas durante
más de dos siglos, que con auténticos préstamos destinados a solventar
inversiones productivas. En todos los casos estudiados, además, la gran
mayoría de las deudas de origen exclusivamente piadoso tenían ya una
venerable antiguedad a fines del XVIII.
Y eso nos lleva a otro tipo de problemas (aparentemente) muy alejados de la "vida económica". Es evidente que esas obligaciones religiosas y piadosas se relacionan con los valores más importantes a ojos
de los miembros de la élite: la piedad y el honor, con sus complejas
manifestaciones privadas y públicas. Estos valores son en realidad los
objetivos últimos de los racionales negocios a los que han dedicado una
parte sustancial de sus vidas. Como ya lo dijimos en otra parte80, no
hay que olvidar que las mayores energías de estos miembros de la élite
(y de los aspirantes a ingresar en ella) no iban encaminadas a hacer
una fortuna, sino a gastarla en salvaguardar los valores que consideraban fundamenta/es. Es decir: una posición relevante en el horizonte
social que les era propio y su piedad religiosa. Esta es una sociedad
de Antiguo Régimen y la ostentación pública de esos valores, a través
de una intrincada trama de formas ritualizadas de comportamiento,
era de vital importancia como elemento de afirmación y de diferenciación social.

En realidad, si se nos disculpa esta incursión filosófica, podríamos
decir que aquí esos valores son los que sobredeterminan a la vida económica "pura" (si es que este concepto puede tener algún sentido en
el marco del análisis de esta sociedad, hecho del que dudamos
fuertemente).
Volviendo ahora al tema central de este trabajo, señalemos también que los crédito otorgados por la Iglesia y que hemos llamado "créditos blandos", tenían características tan peculiares -en especial, para aquellos que habían anudado buenas relaciones con los responsables de otorgarlos (y aquí se cierra el círculo que va de la sociedad a

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

63

la economía)- que fue casi imposible para los hacendados adaptarse
posteriormente a las duras condiciones de un auténtico mercado crediticio. Mercado donde los créditos indefectiblemente tienen un plazo bien
terrenal y subidos intereses, pues ya lo dice el refrán: "En este mundo
no hay plazo que no venza ni deuda que no se pague ... "
Finalmente, reiterando algo que señalamos en el primer párrafo,
parece evidente que las leyes de desamortización provocaron una ruptura y que ésta afectó fundamentalmente a los viejos linajes de hacendados coloniales, favoreciendo a nuevos grupos. Estos estaban en mejores condiciones sociales y económicas -por sus relaciones con sectores políticos recientes y por su disponibilidad de efectivo, acumulado muchas veces en la especulación y el comercio- para hacer frente
exitosamente a la desamortización de los censos que gravaban a las haciendas. Gran parte de este nuevo sector social de hacendados será el
que funcione como uno de los sustentos del régimen que se avecina y
que llegará hasta las puertas mismas de la Revolución.

�ANEXO

PROPIETARIOS DE HACIENDAS EN EL ENTORNO AGRARIO DE TEPEACA.1700/1880
Hacienda

San José
Zahuatlán

El Pino

Santa Ma.
Atlacuil.

San Miguel

1700/1760
Cap. Jh. Zárate y
Vargas ( 1701...)
Presb. Rodrigo Rinc:on
Gabriel de Arruti
(1735 ... )
Lic. Jh. Palacios
(1701. .. )
Gabriel de Arruti
(1735 .. .)
Mat. Morón (1765 ... )
Mayorazgo Gorospe

Mayorazgo Gorospe

1770/1820
Lic. Anto. Gálvez
(1772 ... )

Solís-Moreno
Solís y Gorospe
(1779 ... )
Lic. A. Gálvez
(1772 ... )
Solís y Gorospe
(1779 ... )

San Francisco

Los Reyes
(c. 1850)

Santa Ana

Santa
Cruz

San José
de
Gracia

Lic. Lor. de León
Beltrán (1704... )
Lic. Sol y Piedra
(1723/28)
( ... 1765 ... )
Cap. Palacios y Solórzano (1683/ 1739)
Lic. Franco. Fernández Rondero
Franco. Calderón L.
de Guevara (1743 ... )
González Peláez
M. García Cortés
A. Gómez Cabildo
(1720/23)
Anto. Lezama
Jh. de Gracia
(1743 ... )

Solís-Moreno
( ... 1875)
Anto . Viveros
(1880)

·--·--- -- --- ......... --- ---------- ------- ------------ ---- -----·-- -----·------·-------- ............... ----- --------- --- -----

La Joya

Cap. Juan de Rivera
Barrientos
Greg. Sánchez Guillén ( ... 1712/27)
Br. Pedro Ximénez
Campillo (1728 ...)
Anto. Martínez Borges (.. . 1765 ... )
Bias Ovando y hered. ( ... 1750... )

1830/1880

Mno. de Yta (1858 ... )
Mig. Ramírez
Miranda (1869/ 73 ... )
.......
...... -----.
Crisanto Martínez
(1850 ...)
Mno. de Yta (1858 ... )
Nic. Vélez y hered.
(1862/87 ...)

------

Herederos de ------------------( ... 1857)
Martínez B.
Franca. Meza de Nava
(1865 ... )
-----------------1815-------------Martínez B. ---------------------Hered. Ponze
de León (1771/89 ... )
Gonz. Barroso
(1806 ... )

Hered. Gonz. Barroso
( ... 1868)
Pedro lbargüen
(1868/82)

Herederos ----------------------(c. 1860)
Juan Vara (1867/73)
de
Calderón

Pedro Carrillo

Herederos de
Gracia

Herederos de Gómez
( .. .c. 1850)

Anto. Carbajal
(1806... )
Andrés Gómez
(1810... )

Greg. Moreno y
hered. (1868/83...)

�Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

67

NOTAS
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l. Bauer, A.J. (comp.) La Iglesia en la economía de América Latina, siglos XVI al
XIX, México, INAH, 1986. Véase la "Introducción" de Bauer, especialmente pp.
27/31. Sobre este problema también pueden consultarse los trabajos de Gisela von
Wobeser, en especial el artículo "El uso del censo consignativo como mecanismo
de crédito eclesiástico", Históricas, IIH-UNAM, México, núm. 23, 1988.

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2. Florescano, E., Origen y desarrollo de los problemas agrarios en México, 1500-1821,
México, ERA, 1979, pp. 116/117.

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4. Bazant, Jan Los bienes de la Iglesia en México (1856-1875): aspectos económicos
y sociales de la Revolución liberal, México, El Colegio de México, 1977. Entre otras
importantes contribuciones sobre el tema véase: Robert J. Knowlton Los bienes del
clero y la Reforma mexicana, México, FCE, 1985 y Charles R. Berry "The Fiction
and Fact of the Reform: The Case of the Central District of Oaxaca, 1856-1867",
en The Americas, v. XXVI (3), enero 1970.

5. En Oaxaca, según Ch. Berry (op. cit.) algunos pueblos indígenas habrían aceptado
y orientado en su beneficio la individualización de las tierras comunales. También
en la Huaxteca veracruzana algunos pueblos aprovecharon las leyes liberales para
regularizar su tenencia; por otra parte tanto aquí, como en Jalisco y Michoacán, a
pesar de la existencia de una legislación y de un proceso desamortizador previo a
la Ley Lerdo, el avance sobre las tierras de las comunidades habría sido lento, y
en algunos casos, como en la Huaxteca, recién se llevó adelante a partir de la década de los ochenta. Cf. Michael Ducey "Tierras comunales y rebeliones en el norte
de Veracruz antes del Porfüiato, (1821-1880): el proyecto liberal frustrado", 1987
(mecan.); Moisés F. Mendoza "La desamortización de bienes de comunidades indígenas en Michoacán", en Pedro Carrasco et. al. La Sociedad Indígena en el Centro
y Occidente de México, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1986 y J ean Meyer "La
Ley Lerdo y la desamortización de las comunidades en Jalisco", en ibid: Robert
Knowlton "La individualización de la propiedad corporativa civil en el siglo XIX,
Notas sobre Jalisco", Historia Mexicana, XXVIII (1), julio-septiembre 1978. Véase también el excelente trabajo de Andrés Lira Comunidades indígenas frente a la
ciudad de México. Zamora, El Colegio de Michoacán, 1983.

;&gt;.

e ,...._

3. Florescano, E., op. cit., p. I 18; cf. el análisis de Eric Van Young en "La historia
rural de México desde Chevalier: historiografía de la hacienda colonial", en Historias, México, núm. 12, enero-marzo de 1986, p. 43.

::,

6. Al referirse a "la nacionalización de hecho" aplicada por los gobiernos liberales en
el occidente con anterioridad a la legislación nacional, Ja,1 Bazant recoge la preocupación que en su momento manifestaron algunos gobernantes michoacanos ante la
posibilidad de que los capitales que los terratenientes debían a la Iglesia fueran redimidos por terceros que dispusieran de liquidez, quedando a merced de acreedores
más rigurosos que las corporaciones eclesiásticas. Pero, a pesar de que menciona
que en uno de los registros notariales de Morelia se asentaron varios casos en los
que los capitales fueron comprados por quienes no eran los deudores, no desarrolló
este problema (op. cit., pp. 171/175).
El mismo autor, en la ponencia presentada en el Congreso Internacional de Americanistas de 1970, "Una tarea primordial de la historia económica latinoamericana:

�68

SigloXIX

el estudio de la economía de las haciendas en el siglo XIX. El caso de México",
limita su consideración sobre la nacionalización de los bienes eclesiásticos al cambio que se habría operado en las pautas de inversión (concretada en la introducción
de mejoras) en la haciendas "exclericales" adquiridas por sus antiguos arrendatarios o en aquellas en las que los deudores hipotecarios habían liquidado los gravámenes. La historia económica en América Latina, México, SEP-Setentas, 1972, 11,
pp. 115/116.
Por su parte Herbert J. Nickel en su libro Morfología social de la hacienda mexicana (México, FCE, 1988; Ira. ed. en alemán en 1978), sólo le dedica seis páginas al
tema "Leyes de Reformas y política agraria liberal". Si bien sostiene que "todavía
son muy deficientes los conocimientos de los efectos inmediatos de las leyes de reforma sobre el sistema de la hacienda", considera que "es probable que la transferencia a particulares de las propiedades de las corporaciones haya conducido a una
mayor acumulación de terrenos por las grandes haciendas y a la creación de nuevos
latifundios (p. 97). David Brading ha constatado que en la década de 1850 y principios de la siguiente fueron vendidas cerca de la mitad de las haciendas de la jurisdicción de León, pero no lo relaciona con la política agraria del momento. Haciendas
y ranchos del Bajío, León, 1700-1860, México, Grijalvo, 198, p. 206.

7. Martínez, H., Tepeaca en el siglo XVI. Tenencia de la tierra y organización de un
señorío, México, CIESAS, 1984 y Gerhard, P. A Guide to the Historical Geography
of New Spain, Cambridge, Univ. Press, 1972.
8. En 1775. la jurisdicción de Tepeaca representaba el 26.6% del total de la masa decimal del obispado -sin contar las cabeceras de Veracruz- y en 1790 alcanzó a un
27.6%. La situación del hinterland agrario de la ciudad es totalmente diversa, pues ·
pasa de un 6.5% de ese total en 1775 a un 5.3% en 1783 y a un 5.6% en 1790. Ver
Archivo General de la Nación, México (AGNM), Real Hacienda (RH), Diezmos,
vol. 20 y Archivo General de Indias, Sevilla (AGI), México 2576. Para más datos,
consultar: Medina Rubio, A., La iglesia y la producción agrícola en Puebla, 154().I 795,
México, El Colegio de México, 1983.
9. La documentación existente en la colección "Tenencia de la tierra en Puebla" de
la Biblioteca Nacional de México (BNMEX-TIP), con abundante y rica información sobre Quecbula y Tecamacbalco, permite inferir que, para el inmediato entorno agrario de la villa, es probable que la época de mayor enajenación de tierras controladas por los pillis baya sido el periodo 1590/1615 como ocurrió en esas dos cabeceras citadas. Ver BNMEX-TIP, caja 37 Fram;ois Chevalier conforma esta cronología pai:a Tepeaca a partir de otros legajos de AGNM-Tierras que nosotros no
hemos podido consultar (ver La formación de los latifundios en México FCE México, 1976, pp. 263-264).
•
'
10. Véase, entre otros, la visita del Obispo Mota y Escobar de 1613, en Biblioteca Nacional de Madrid (BNM), Mss. 6877, fs. 66-66 vta.

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

69

de producción se igualaran; ver nuestro libro Las alcabalas novohispanas (1776-1821),
México, AGNM-Banca Cremí, 1988.

13. Ver Archivo Diocesano de la Catedral de Puebla (ADCP), Diezmos de Temporal,
Trigos y Mestas mayores y menores de Tepeaca, año 1800; ese año, los diezmos de
la jurisdicción de Tepeaca incluían a Tepeaca, Hueyotlipan, Acatzingo, Los Reyes, Tecamacbalco, Tuxtepec, Santa Clara, Tecali y Zilcatlacoyan.
14. AGI, México 2578.
IS. Eric Van Young ha comprobado que 80 haciendas de esta región cambiaron de manos por venta 375 veces entre 1700y 1815, pero la frecuencia de este tipo de transferencia fue dos veces mayor en la primera mitad del siglo. Hacienda and Market in
Eighteenth-Century Mexico: Tbe Rural Economy of the Guadalajara Region,
1675-1820, Berkeley, Univ. of California Press, 1981, pp. 115/117.
16. Los dos momentos más importantes en los que se concentró el mayor número de
ventas de las propiedades de León fueron la década de 1790 (en la que, bajo el "influjo" del capital minero cambiaron de manos IS de 27 fincas) y, como ya semencionó, la década de 1850 e inicios de la siguiente. David A . Brading, op. cit., pp.

202/06.
17. De acuerdo a lo declarado en 1702 por el representante de "los labradores de la Provincia de Tepeaca" estos participaron de la composición de 1643 pagando 30 000
pesos "no necesitando de componerlas porque no eran tierras del Real Patrimonio,
sino de Indios Principales y Caciques"; en efecto, como decimos un poco más arriba, la mayor parte de los propietarios no habían obtenido las tierras por mercedes
reales sino que las habían adquirido de los líderes indígenas locales entre 1580 y 1610,
AGNM-Tierras 2870 y 2730 exp. l.
18. Basándose en la contabilidad interna del Juzgado de Capellanias del Obispado de
Puebla entre 1789 y 1812, Francisco Cervantes ha logrado constatar que mínimamente 100 propiedades tuvieron que cederse al menos en una ocasión por la incapacidad de los deudores de pagar los réditos; la mayoría de esas propiedades se localizaban en el entorno agrario de la ciudad de Puebla y en las jurisdicciones de Atlixco, Cholula y Tepeaca. "La Iglesia y la crisis del crédito colonial en Puebla
(1800-1814)", en L. Ludlow y C. Marichal (eds.), Banca y poder en México
(1800-1925), Grijalvo, México, 1986, p. 63.
19. Archivo General de Notarías de Puebla (AGNP), Puebla, notaría (not.) núm. 2, 1976
y AGNP, Tepeaca, 1727 y 1783. Para no colmar la paciencia del lector en las páginas que siguen limitaremos al máximo las citas correspondientes a los distintos tipos de documentos obtenidos de los protocolos notariales de la ciudad de Puebla
y de la cabecera de Tepeaca (años 1690 a 1882).

11. Flon, M. de "Noticias estadísticas de la Intendencia de Puebla", en Florescano E.
Y Gil Sánchez, l. Descripciones económicas regionales. Provincias del Centro Sudeste y Sur 1766-1827, México, INAH, 1976, pp. 172-173 y AGNM, Padrones, voÍ. 38.

20. "Colección de providencias diocesanas del Obispado de la Puebla de los Angeles,
Real Seminario Palafoxiano", Puebla, 1770, cit. por Florescano, E. op. cit, .p. 115

12. AGNM, Indiferente de Real Hacienda (lndif. R.H.), Igualas de Alcabalas, año 1788.
En todos los casos las igualas constituían un impuesto concertado entre el recaudador fiscal y el contribuyente, pero no era obligatorio que todas la unidades agrarias

21. Véase por ejemplo las operaciones de compra y venta de las haciendas San Bartolomé Y San Juan en Acatzingo efectuadas por el Capitán Juez Sarmiento siendo Alcalde Mayor de Tepeaca, AGNP, Tepeaca. 1788 y 1792.

�70

Siglo XIX

22. Véanse nuestros trabajos "La evolución económica de la región poblana (1778-1809)",
Anuario de la Escuela de Historia, Universidad Nacional de Rosario, vol. 12, 1986/87,
y "El abasto de una villa novohispana: mercancías y flujos mercantiles en Tepeaca
(1780-1820)", en Anuario IEHS, UNCPBA, Tandil, núm. 2, 1987.
23. Para una mayor información sobre los Martínez Borges y otros linajes de hacendados locales, ver nuestro trabajo "Mexican Elites of a Provincial Town: The Landowners of Tepeaca (1700-1870)", Hispanic American Historical Review, 70 (2),
1990, pp. 255-293.
24. Una situación distinta habría caracterizado a la transmisión de la propiedad en las
haciendas azucareras de Cuemavaca-Cuautla en el siglo XVIII donde no hubo continuidad y las fincas permanecieron pocos años en manos de una misma familia,
debido -según Von Wobeser- al elevado endeudamiento y "a las leyes de herencia que prescribían la división de la masa hereditaria, en partes iguales, entre todos
los hijos, lo que tenía como consecuencia que los bienes se tenían que vender para
satisfacer a los herederos". Von Wobeser, G. "Las haciendas azucareras de Cuernavaca y Cuautla en la época colonial", en Crespo, H. (coord.): More/os: cinco
siglos de historia regional, Cuernavaca, CEHAM-UAEM, 1984, p. 112.
25. Kicza, J .E. Empresarios coloniales, Familias y negocios en la ciudad de México durante los Barbones, México, FCE, 1986, pp. 47/ 48 .
26. Lindley, R.B. Las haciendas y el desarrollo económico, Guadalajara en la época
de la independencia, México, FCE, 1987, p. 159.
27. AGNP, Puebla, not. 2, 1796.

28. "Cuaderno corriente del concurso de San Mateo Parra", 1818, AGNP, Tepeaca,
Expedientes judiciales.

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

71

en Ludlow, L. y Marichal, C. (eds.) banca y poder en México (1800-1925), Grijalvo, México, 1986.
37. Ante la aducida carencia de recursos para la liquidación de las deudas, se autorizó
a que los propietarios las redimieran mediante "composición", es decir reconociendo el monto global de los gravámenes y obligándose a pagarlo en anualidades. Así,
Don Juan Martínez, propietario de la hacienda San Francisco, pagó en 1807 500
pesos "por vía de composición" a cuenta de. los 3 000 que reconocía a favor del
Convento de las Carmelitas; y Don Mariano Suárez, que declaró una deuda total
de 20 990 pesos sobre la hacienda San Nicolás Tolentino y su casa de Amozoc, exhibió de contado 1 000 pesos, comprometiéndose a pagar el resto en anualidades de
500 pesos, AGNM, Consolidación vol. 8.
38. Hamnett, B. "The Appropriation of the Mexican Church Wealth by Spanish Bourbon Government: the Consolidación de los Vales Reales" en ]LAS, núm. 1, 1969
y Lavrin, A. "The Execution of the law of Consolidación Economics Aims and Results", en HAHR 53 (1), 1973.
39. Cervantes, F. op. cit., p. 59. En general existe un acuerdo entre los autores que han
1rabajado el tema sobre los efectos negativos que tuvo la consolidación en el sistema crediticio colonial. Así, Clara García ha comprobado la pérdida de la capacidad
crediticia de la cofradía de Aránzazu como consecuencia de las redenciones que tuvo que efectuar: "El comerciante y el crédito durante la época borbónica en la Nueva España", en Ludlow, L. y Marichal, C. (eds.), op. cit.
40. Cervantes, F. op. cit., pp. 62/63. Véase también el análisis que realiza el mismo
autor sobre los deudores de los capitales de la capellanías y obras pías en el trabajo
"Réditos vencidos y capitales eclesiásticos", incluido en este mismo número de Siglo XIX.
41. Rosalva Loreto, que ha estudiado la composición de la riqueza de algunos de los

29. lbidem.
30. Fabián y Fuero, op. cit., p. 177.
31. González Sánchez, l. (ed.) Haciendas y ranchos de Tlaxcala en 1712, INAH, México, 1969.

32. Chávez Orozco, L. (ed.) "El crédito agrícola en el Partido de Cholula de la Intendencia de Puebla en 1790", México, 1955.
33. Así, por ejemplo, la hacienda de Santa Ana, valuada en 1728 en 22 054 pesos poseía
gravámenes por 17 000 y la de San Francisco, con un valor de 24 800 pesos reconocía diversos censos por 13 000 (1712).
34. AGNM, Consolidación, vols. 4 y 8.
35. El texto de las representaciones de los labradores de Tepeaca, y las de los hacendados de Tehuacán y del Ayuntamiento de Puebla en Sugawara, M. La deuda pública
de España y la economía novobispana, INAH, México, 1976.
36. Cervantes Bello, F. "La Iglesia y la crisis del crédito colonial en Puebla (1800-1814)",

conventos de mujeres de la ciudad de Puebla a lo largo del siglo XVlll, ha comprobado una caída tanto en términos absolutos como relativos de los montos destinados a censos y obligaciones. Así, por ejemplo, el Convento de la Concepción, que
en 1677 tenía invertidos en ese rubro 450 mil pesos (el 890Jo de sus bienes), en 1788
los censos y obligaciones apenas sumaban 373 000 pesos, en tanto que sus propiedades urbanas componían más del 530Jo de su riqueza en ese último año. "La perfección y la riqueza: la vida conventual en Puebla en el siglo XVIII", El Colegio
de México, PIEM, 1988 (mecan.) Una situación similar se dio en los conventos de
monjas de la ciudad de México cf. Lavrin, A. "Los conventos de monjas en la Nueva España", en Bauer, A.J. (comp.) La iglesia... , op. cit.
42. Cervantes, F. "Iglesia y crédito en la región de Puebla: la secularización del crédito
eclesiástico en el siglo XfX", El Colegio de México, 1989 (mecan.), p. 38.
43. En el período 1830/47 las fundaciones piadosas fueron responsables del 480Jo del
crédito eclesiástico, en tan to que los conventos proveyeron el 420Jo de los capitales
prestados. !bid., p. 56. Sobre la reducción de los ingresos de la Iglesia ver el trabajo
del mismo autor "Réditos vencidos ... ", op. cit.
44. Sobre la relación entre crédito eclesiástico y particular en el Obispado de Puebla
en el período 1800/14, cf. Cervantes F. "La Iglesia y la crisis ... ", op. cit., pp. 62/68.

�72

Siglo XIX

Linda Greenow ha demostrado que la participación del crédito eclesiástico también
declinó en Guadalajara a lo largo del siglo XVIII, pasando de 71 al 25070 entre J721
Y 1820, en: Credit and Socioeconomic Change in Colonial Mexico: Loans and Mortgages in Guadalajara, 1720-/820, Boulder, 1983. Por su parte, Eugene Wiemers
quien ha trabajado sobre el mercado crediticio en Orizaba y Veracruz en el sigl~
XIX, antes de la desamortización, sostiene que la Iglesia tuvo un peso insignificante
en est~ región en relación con el crédito particular dominado por los comerciantes:
"Agnculture and Credit in Nineteenth-Century Mexico: Orizaba and Cordoba
1822-71", en HAHR, 65 (3), 1985.
'

45. Cervantes, F. "La Iglesia y la crisis...", op. cit., pp. 70/73.
46. Sobre 114 préstamos eclesiásticos otorgados en el Obispado de Puebla en 1830/47,
37 fueron respaldados por hipotecas sobre haciendas; de ellos ocho correspondieron a fincas de la jurisdicción de Tepeaca, por una suma de SO 229 pesos (el 9.5%
del monto correspondiente al total de los préstamos).Cervantes, F. "Iglesia y crédito... ", op. cit. p. 46.
47. lbi~. p. SO. E~!ª. cercana r~ón a _la que estaban integradas Orizaba y Córdoba,
el s1stem_a cred1uc10 no habna expenmentado mayores problemas en la primera mitad del siglo XIX, como parece sugerirlo el hecho de que la mayoría de los deudores
pag~o~ ~us créditos_r un alto porcentaje lo hicieron en término sin llegar a procesos Jud1c1ales. Cf. W1em~rs, E_. op. cit. pp. 538/45. Y esto, probablemente, tenga
que ver c~n el marcado dinamismo económico que se percibe en esta región desde
fines del s1gl~ XVIII y que contrasta claramente con la situación del área poblana.
H~mos estudiado en lineas generales algunos aspectos de este proceso en Garavaglia, J .C. YGrosso, J.C. "De Veracruz a Durango: un análisis regional en la Nueva
España bor?óni~"• en Siglo XL?C, Revista de Historia, 11 (4), 1987, pp. 9-52, Facultad de Filosof1a Y Letras, Uruversidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey.
48. En muchos casos el "Censo de haciendas y ranchos" de Tlaxcala de 1712 menciona
e_l mo~to gl?bal de los censos del "Principal" que reconoce la finca sin precisar el
tipo ru el ong~n del gravamen; pero aun cuando aclara que el propietario del censo
es una obra p1a o una capellanía, es difícil saber si se trata de una fundación disp~esta por al~no de l?s propietarios que tuvo la finca o de una imposición del capital perteneciente a dicha fundación piadosa (es decir, un censo-préstamo) González Sánchez, l. (ed.), op. cit.
'
49. Según el inventario de 17~7 el ganado-que incluía 46 bueyes y 92 mulas de arado,
69
Y caballos de trilla, una manada de 462 ovejas y algunas vacas y ternerasy diversos aperos fueron valuados en 3 300 pesos, en tanto que las semillas, sembrados Y ~arbechos en aproximadamente 6 000 pesos. En 1810 las 14 caballerías de tierra valían 7 800 pesos, las edificaciones 2 531 pesos, y los llenos J 998 pesos AGNP
Tepeaca, 1727 y 1810.
'

reguas

50. ADCP, Cuadernos de diezmos de la cabecera de Tepeaca, a!los 1800, 1805 y 1810.

SI. Las comillas tienen aquí el sentido de evocar una parte de la complejidad de este
pro_blema; pensemos que, con las debidas salvedades, esta "opción" era más bien
SOClal que ~rsonal. La inver~ión en dotes conventuales o en capellanías podía no
ser económicamente productiva, ~ro era socialmente muy redituable...

Garavag/ia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

73

52. En 1725 cuando Don Alonso Ruiz de Bárcena se adjudicó la hacienda, debió otorgar la ~ritura hipotecaria por la suma de 12 209 pesos a favor de las "hijuelas"
que correspondían a sus hermanos (cinco mujeres y el ya mencionado presbítero
Don Francisco) por "sus legítimas Paterna y Materna" AGNP, Tepeaca, 1727.
53. AGNP, Puebla, not. 1, 1818.

54. AGNM, Consolidación, v. 8, f. 439.

SS. Por otra parte, en 181 O la hacienda reportaba una carga de 7 788 pesos a favor de
diversos "capitales piadosos". AGNP, Tep., 1810.
56. La deuda que reconocía La Purificación en 1807 estaba compuesta de la siguiente
manera:
-733 pesos de la mencionada capellanía fundada en 1631, en ese momento vacante.
-1 000 pesos del préstamo concedido en 1723.
-1 422 pesos del convento de la Concepción, censo producto de~ dote &lt;:Onventu_al.
-5 120 pesos de dos censos consignatarios que servían al presb11ero Xav1er de Bárcena, quien había heredado las capellanía fundadas en 1717-1727 a favor de sus
tíos.

51. El capitán Francisco Maria Tamayo fue Regidor Ho~orario de la ciud~d de Puebla
(1817), Alcalde Constitucional de Tepeaca (1823), miembro ~el ConseJo de Es!3do
(1825) y Presidente del Ayuntamiento poblano en 1832; su hiJO llegó a ocupar mterinamente el cargo de gobernador de Puebla en 1830, cuando fueron expulsados los
"yorkinos" del gobierno local . Para mayor información sobre los Tamayo, véase
nuestro trabajo "Mexicans Elites... ", op. cit.
58. Refiriéndose a las haciendas azucareras de Morelos en la primera mitad del siglo
XIX Domenico Síndico sostiene que el límite real del sector no estaba en la productivid~d ni en la falta de mercados, sino en el sobrendeudamiento de las propiedades que obligaba a orientar los beneficios al pago de los réditos e impedía obtener
recursos para mantener en operación las fincas. "Azúcar y burguesía, Morelos en
el siglo XIX", en Cerutti, M. (coord.), El siglo XIX en México. Cinco procesos regionales, México, Ed. Claves Latinoamericanas, 1985, p. 20.

59. Un miembro de la familia Mier se adjudicó el Hospital de San Pedro, en la ciudad
de Puebla, por 22 250 pesos. "Noticia general de las fincas rústicas y urbanas de
corporaciones civiles y eclesiásticas que han sido adjudicadas y rematadas en almoneda pública ... ", en Memoria presentada ( ...) por el C. Miguel Lerdo de Tejada
dando cuenta de la marcha que han seguido los negocios de la Hacienda Pública ...
México, imprenta de García Torres, 1857, p. 448.
60. Estos eran: 3 500 pesos impuestos por el propietario en 1654 como dote para dos
de sus hijas profesas en el convento de la Concepción; 3 000 pesos de una capellanía
fundada en 1681 por el propietario, el capitán Don Pedro Bravo de Lagunas, a favor del licenciado Francisco Bravo de Lagunas (¿hermano ohijo?);300 pesos de principal de una capellanía fundada por el citado capitán Bravo en 1683; 2 400 pesos
de una "memoria de misas" fundada por el mismo propietario y su esposa en 1685;
2 200pesos de una censo impuesto en 1691 por el licenciado Miguel Bañuelos Cabeza de Vaca (probablemente se trate de un censo-préstamo); 600 pesos de una obra
pía fundada por otro de los propietarios (¿fecha?).

�74

Siglo XIX
Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

61. A su vez el arrendatario también recurrió al crédito particular "para adelantar el
Giro de sus Labores", recibiendo del barón de Antoneli 3 674 pesos que se comprometió a pagar remitiéndole 334 cargas de trigo blanquillo de buena calidad de la
cosecha de la hacienda; aiios después obtuvo un crédito mercantil por "varios efectos de matanza que importan la suma de 1609 pesos" con un rédito del 60Jo. AGNP,
Puebla, not. 3, 1815 y AGNP. Tepeaca, 1824.
62. En 1846 su propietario, duei\o también de la hacienda Santa Inés CuautJa, celebró
un convenio con el "defensor foráneo de Obras Pías" del Obispado de Puebla renegociando el pago de cuatro anualidades de 500 pesos por "rezagos de réditos"
que se debían desde 1843. En la década de 1860 Don Rafael García, por entonces
propietario de San José Capula, redimió dos capitales que gravaban la finca acogiéndose a los beneficios de las leyes de desamortización (en un caso redimió un capital piadoso de 3 000 pesos entregando pagarés por la suma de 2 543 pesos). Empero, García no pudo redimir la totalidad de los censos que afectaban la finca, posibilitando que terceros denunciaran esos capitales (dos antiguas capellanias por 7 000
pesos más sus réditos); ante esta situación en 1872 debió arrendar la San José por
carecer de "fondos disponibles" para rescatar los créditos que amenazaban su dominio sobre la hacienda. En ese mismo ai\o su albacea testamentario debió reconocer un capital de 4 665 pesos de la capeUania de San José de Paula Tamayo que
habia sido redimido por un comerciante de Tepeji, AGNP, Tepeaca, 1846, 1872 y
1873.
63. Gumersindo Savii\ón, un empresario muy ligado a la industria textil de Puebla, fi.
gura entre los primeros adjudicatarios de bienes de la Iglesia adquiriendo en 1856
una casa propiedad de el convento de la Santísima valuada en más de 10 000 pesos,
"Noticia general de las fincas urbanas y rústicas ... ", op. cit., p. 444.
64. En 1832 Barroso había celebrado un convenio con el propietario de la colindante
hacienda El Pino, por el que adquiría ea servidumbre perpetua "una toma de agua
de la Barranca", para lo cual había realizado "crecidísimos gastos (...) en hacer
puentes, cañones y algunos otros preparativos que no vajan de Un mil pesos. .. "
AGNP, Tepeaca, 1832.

65. lbargüen, miembro de una familia de comerciantes de Tepeaca, figura entre los adjudicatarios de bienes desamortizados y había redimido, como denunciante, un capital de 3 087 pesos; para eUo debió endeudarse con un tercero a quien finalmente
le subrogó ese censo. Por otra parte, para poder recuperar un capital de 6 000 pesos
que había sido redimido por un comerciante de Tecali, en 1877 tuvo que vender a
su acreedor dos terrenos de labor de la hacienda de Santa Ana valuados en 5 000
pesos. Cinco ai\os después, los lbargüen vendieron la finca en un precio de 10 000
pesos por "lo raíz" más mil por los llenos a Soledad Gárate de Machorro, quien
era la propietaria de un crédito hipotecario de 4 560 pesos, que reconocía Santa Ana,
AGNP, Tepeaca, 1874, 1877 y 1882.
66. Aunque el préstamo fue por cinco ai\os, la hipoteca recién fue cancelada en 1838.
AGNP, Puebla, not. 3, 1791, y Puebla, not. 7, 1830.
67. Como pane del pago los Gorospe recibieron una casa de "edificio alto y bajo",
en pleno centro de la ciudad de Puebla, valuada ea 19 000 pesos. A pesar de sus
estrechas relaciones con la Iglesia, no dejaron de redimir los capitales religiosos que
gravaban la casa del PonaI de las Flores, AGNP, Puebla, not. 7, 1858.

75

68. Mariano Oropeza traspasó esos créditos a Julio Ziegler, cóos~ de Suiza en Veracruz, que en 1863 redimió en la jurisdicción de Te~ca 39 ca~1tales ~r ~n monto
total de 112 844 pesos. En algunos casos Ziegler cedió los capitales redi_m1dos a los
propietarios de las fincas, poniendo de manifiesto el caráct~r especulaavo _d~ estas
operaciones, AGNP, Tepeaca, 1862 y 1863. Bazaot prop~rc1ona una amplia mf?r•
mación sobre los negocios de ambos especuladores en la etudad de Puebla, op. cit.,
pp. 252/55 y 308 SS.

69. "Liquidación de créditos de la Hazienda San Mateo de la Parra... " , 1809-1822,
AGNP, Sección Judicial.
70. Estos eran: dos capellanias, por un total de 3 000 pesos, _una fundada en 1696 Y la
otra correspondiente a un capital impuesto en 1710 conJuntamente con el de una
dote de 2 000 pesos a favor del convento de la Santísima; 1 000 pesos de una obra
pía (1732).
71. Podemos detallar los siguientes: 3 000 pesos de la dote de una profesa perteneciente
al convento de la Purisima Concepción (1735); 3 000 pesos d_e la dote c~?ve~tual
de la Reverenda Casimira Arruti (1747); 6 300 pesos perteneetentes a los ~versarios" de la catedral de Puebla que databan de 1741 y que probablemente tuVJeran
su origen en el gravamen impuesto por Arruti para saldar el préstamo de su hermano; y una capellania de 3 000 pesos que gozaba el presbítero M~nuel Vélez, hermanastro de Erroz y que tenía su origen en la fundada por su bisabuela en 1752.
72. Bazant, J., op. cit., pp. 244/ 246.
73. AGNP, Tepeaca, 1868, Romero Vargas figura entre los p~eros a~j~dicatari_os de
bienes de la Iglesia, en tanto que otro miembro de su familia adqumó la h~c1enda
de Macuila situada en Acatzingo, perteneciente al convento de Santo Dommgo de
Puebla. "Noticia general de las fincas urbanas y rústicas ... ", op. cit., pp. 452 Y

455156.

74. Los pagarés adquiridos por Viveros, que sumaban 1 24_5 pesos, correspond!an a las
2/5 partes del importe del capital que había desaroorttzado Tamayo. Segun la ley
de 1859 de nacionalización de los bienes eclesiásticos, los gravámenes podían ser
rescatados por sus propietarios pagando 3/ 5 partes en tí~ulos de la _deuda pública
(que se cotizaban 5-I0OJo de su valor nominal)~ 2/5 en diner~ efectJv~, pagader?5
en 40 abonos mensuales en pagarés, que posteriormente el mismo gobierno vendió
al 3~35% de su valor. AGNP, Tepeaca, 1869. Las dotes de las religio~ fueron
transformadas en propiedad privada de cada beneficiaria y debían ser escnturadas
a favor de cada una de ellas y no del convento al que habían pertenecido. So~re
los diversos aspectos de las leyes de desamortización véase Jan Bazant, op. at.
75. Jan Bazant (op. cit,. pp. 340/348) ha llamado la atención sobre el fr~ccionarniento
de algunas haciendas en la región del Bajío luego de las reformas bbe~ales,.cuya
legislación autorizó la división de las propiedades sin que fuera necesaria la 1_ntervención de los tenedores de los créditos hipotecarios. En Tepeaca hubo fraccionamientos que redujeron considerablemente la extensión de algunas haciendas. Tal fue
la situación de San Mauricio el Grande, cu ya propietaria, para poder pagar las deudas de la testamentaria de su esposo, vendió numerosas pequei\as parcelas a campesinos de los pueblos vecinos, AGNP, Tepeaca, 1870 y 1871.

�76

Siglo XIX

Desamortización y Liberalización
de mano de obra en México.
Pachuca-Real del Monte (1850-1880)

76. AGNP, Puebla not. 8, 1871. El último arrendamiento de la finca del que tenemos
noticia se había efectuado en 1856 por tres años y anualidades de 1 OSO pesos; en
ese momento parte de las tierras se hallaban entregadas a arrendatarios y medieros.
AGNP, Puebla, not. 7, 1856.
77. En la "Noticia general de las fincas rústicas y urbanas... " (op. cit.) sólo se registraron tres de estas operaciones. La única finca del entorno agrario vinculada a una
institución religiosa fue la hacienda de San Felipe Tenextepec que peneneció a los
dominicos de Oaxaca por lo menos desde 1780, pero cuyos rastros se pierden en
la tercera década del siglo XIX. En 1861 su propietario, José Nicolás Vélez redimió
los capitales que reconocía la finca a favor del convento de Santa Clara de Puebla.
AGNP, Tepeaca, 1862. En general la venta de las fincas rústicas de la Iglesia no
tuvo un efecto imponante en la estructura de la propiedad agraria ya que se ha calculado que, sobre un total de unas S 000 haciendas existentes entonces, sólo 70 -la
mayoría de ellas localizadas en el Bajío y Michoacán- penenecían a distintas instituciones eclesiásticas. Cf. M. Bellingeri e l. Gil S. "Las estructuras agrarias", en
C. Cardoso (coord.)Mético en el siglo XIX (1821-1910), Nueva Imagen, 1980, p. 115.
78. Los trabajos de Ma. Teresa Huena y Domenico Síndico figuran entre los pocos que,
aunque sea indirectamente, hacen referencia a este proceso; los dos porporcionan
información que permite pensar que en la región azucarera de Morelos se habrían
dado situaciones similares a las descriptas en este artículo. Cf. M. T. Huerta "Isidro de la Torre: el caso de un empresario azucarero, 1844-1881", en C. Cardoso
(ed.) Formación y desarrollo de la burguesía en Mético, Siglo XIX, Ed. Siglo XXI,
México, 1978 y D. Síndico, op. cit.

79. Además de algunos casos mencionados en el texto es ejemplificador el caso de la
hacienda Santa Cruz Calderón que fue embargada y rematada a solicitud de dos
monjas exclaustradas que exigieron el pago de las hipotecas correspondientes a sus
dotes. AGNP, Puebla, not. 1, 1873.

80. Ver nuestro trabajo "Mexican Elites..." loe. cit.

Rina Ortiz Peralta

*

l.

El viajero que recorra México, desde la Baja California a Yucatán, podrá constatar tanto la diversidad del paisaje como las diferencias de
carácter y cultura de sus habitantes en las distintas regiones.
En su origen, fue la geografía la fuente de los contrastes: las zonas
cálidas y templadas del centro y sur, de suelo más o menos fértil, propiciaron el asentamiento y desarrollo de sociedades indígenas complejas, como la mexica o tarasca; en tanto en las regiones menos favorecidas habitaban -en el momento de la conquista- grupos nómadas y
belicosos.
Sin embargo, la relación del hombre con su medi~ geográfico no
es inmutable, sino variable e interdependiente: "la acción de las fuerzas productivas puede estar frenada o acelerada por los recursos natu1
rales y los procesos que se operan en el medio geográfico" • En este
sentido, la conquista española vino a alterar esta relación inicial entre
los hombres y la geografía.
La búsqueda de metales preciosos constituyó el motor de la exploración y conquista del territorio mexicano. Los descubrimientos de yacimientos argentiferos se produjeron en un plazo relativamente breve,

• Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH,
México)

�78

Siglo XIX

aunque la explotación a gran escala se inició en el decenio de 1550 a
1560 concentrándose en tres regiones: Guanajuato, Zacatecas y Real
2
del Monte-Pachuca • Y de estas tres regiones provino la mayor parte
de la plata producida en la época colonial y hasta la sexta década del
siglo XIX 3•
No pretendemos en tan breve espacio delinear el proceso de evolución de la actividad minera; sin embargo, con el objetivo de ubicar la
problemática_q~e nos interesa, deberemos sefialar -aunque sea de manera esquemat1ca- algunas de sus carácterísticas más significativas.
En_ primer lugar, hay que destacar que la minería requería -en
la medida que se desarrollaba- de una concentración más o menos
im~ort~~e de trabaja?ores, e implicaba una división del trabajo compleJa exigida por 1~ diferentes fases de la producción. En segundo lugar, hay que considerar que la minería impulsó actividades agrícolas
Y ganaderas capaces de proporcionar alimentos y forrajes necesarios
para la manutención de los trabajadores y la estabulación de las bestias, ocupadas tanto en el transporte como en las tareas de beneficio
de los minerales 4. Así pues, a través de los hombres y los insumos requeridos, la minería estableció un determinado vínculo con el espacio
rural.
Pero, como señala acertadamente Sempat Assadourian,
n~ de~e suponerse que la relación entre el espacio rural y la econo~1a mmera se da en forma unilateral y mecánica. Precisamente las
diferentes estructuras regionales, tal como se presentaron en el momen_to del surgim!ento ~nero, se ofrecieron para distintos tipos e intensidades de art1culac1on con la economía minera 5•

En el cas? mexic~no, y por su ubicación geográfica, dos de las principales regiones romeras -Zacatecas y Guanajuato- caían fuera de la
zona de denso po~lamiento -~dígena. Por otra parte, la región agrícola que las ab_astec1a_ -C;l Ba110- tampoco se caracterizaba por albergar a comumdade~ md1genas de importancia y, por tanto, fue posible
el desarrollo de ~rudades _productivas que no vivían en continua pugna
con las comumdades
ru por la posesión de la tierra, ni por los
hombres 6 •
En un principio la minería nortefia se nutrió de mano de obra forz~da, ~ediant.~ el si~!ei_na de repartimiento impuesto a los pueblos indigenas, tamb1en utilizo temporalmente trabajadores negros esclavos 7•

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

79

Paulatinamente esta situación fue cambiando: la riqueza minera
atrajo un considerable número de trabajadores, tanto españoles como
indígenas que habían perdido sus tierras o bien que huían de las múltiples cargas que pesaban sobre ellos. De este modo, en un lapso relativamente breve no hubo ya que recurrir al trabajo forzado: la mayoría
de los trabajadores eran libres, acudían voluntariamente a contratarse
a minas y haciendas 8•
Esta continua afluencia de hombres modificó otra práctica implantada en la minería con el propósito de obtener más trabajadores: el partido. El partido consistía en conceder a la persona ocupada en las labores de extracción una parte del mineral obtenido. Era, pues, un incentivo. Por otra parte, evitaba desembolsos monetarios cuando escaseaban capitales 9•
A medida que las condiciones permitieron el surgimiento de un mercado laboral relativamente amplio, los empresarios mineros fueron sustituyendo el partido por el salario, o bien reduciendo su proporción,
de tal manera que al finalizar el siglo XVIII los trabajadores mineros
constituían una fuerza laboral libre, bien pagada y geográficamente
móvil.
Una de las evidencias más reveladoras de los cambios que se habían operado en la estructura social de la región vinculada a la minería
de Guanajuato y Zacatecas fue el predominio del elemento mestizo en
la población. Dentro de esta categoría quedaban comprendidos no sólo los individuos producto de la mezcla entre espafioles e indios, sino
también de los indígenas desarraigados de sus comunidades, aculturizados, ajenos ya a las obligaciones y beneficios comunitarios. De esta
manera, diferencias naturales -por así decirlo- derivadas de la geografía y la demografía prehispánica habían devenido en una diversidad regional muy marcada ya a fines del período colonial.
En contraste con la situación que privaba en el norte, la región del
centro y sur de México seguía siendo predominantemente indígena. A
pesar de la existencia de la hacienda, la mayoría de los habitantes autóctonos vivía en sus pueblos y mantenía una relación constante pero frágil con las unidades productivas de los espafioles.
La capacidad de los pueblos indígenas para resistir a la asimilación y para conservar sus tierras quedó demostrada al fracturarse la
dominación colonial: al registrarse la contracción de las actividades económicas por la guerra y la huída de capitales, la economía campesina

�80

Siglo XIX

pudo albergar a quienes regresaban a sus pueblos, libres ya de cargas
y tributos 10 •
Con el tiempo, los trabajadores mestizos del norte y los in~ígenas
del centro y sur habían establecido formas diferentes de relación con
el mercado de trabajo circundante, creando lazos de mayor o menor
estabilidad.
Una prueba de que en los centros mineros norteños se había logrado formar un mercado de mano de obra de cierta amplitud es que al
iniciarse la recuperación del sector, después de la guerra de independencia, la perspectiva de una futura prosperidad atrajo nuevamente población a las minas abandonadas. Un estudio sobre la minería zacatecana señala por ejemplo que el número de trabajadores creció de 500
en 1826 a 6000 en 1835; un fenómeno similar ocurrió en Guanajuato11 •
La afluencia de trabajadores a las minas de Real del Monte y Pachuca (en el área central) siguió, sin embargo, otra pauta: la escasez
de trabajadores va a ser una constante en la historia de esta región hasta mediados de la década de los 70 del siglo XIX.

II.
¿Cuáles fueron los factores que limitaron el mercado de trabajo para
la minería en esta región? En mi opinión, fue la persistencia de una
particular estructura social -la comunidad indígena- uno de los frenos más importantes para la formación de un mercado de trabajo libre
para la minería en la zona central de México.
Debemos considerar que las limitantes para la incorporación de
la mano de obra campesina a las actividades regidas por el capital eran
de diversa naturaleza. Así por ejemplo, la catástrofe demográfica del
siglo XVI implicó una merma sustancial en las posibilidades de explotación de la mano de obra.
Sin embargo, la ampliación de la oferta de trabajadores dependía
no solamente de su número. Otros factores impedían la movilidad del
trabajador. Entre ellos destacaba la existencia de fuentes alternativas
de ocupación y subsistencia que permitían al trabajador sobrevivir sin
vender su fuerza de trabajo. Dentro de esas fuerzas alternativas estaba, sin duda, la comunidad.
Ahora bien, además de otros elementos de carácter cultural e ideo-

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

81

lógico, la base de la cohesión indíge~a era la tierra: De ahí que ~a desamortización de los bienes de comu01dad emprendida por los liberales
mexicanos en la segunda mitad del siglo XIX constituyó uno ~e l~s factores de primer orden en la liberalización de la mano de obra md1gena.
La pérdida de las tierras comunales obligó a los indígenas ~ desplazarse en búsqueda de fuentes de ~~stento, y los pat_rones estuvieron
en condiciones de imponer sus cond1c1ones a los trabaJadores. Veamos
ahora cómo se presentó el problema de escasez de trabajadores en la
zona minera de Pachuca-Real del Monte.
Los materiales consultados no nos permiten establecer si el aprovisionamiento de trabajadores representó un mal crónico en la época
colonial. Sabemos con certeza que, al ampliarse las labores a final~s
del siglo XVIII, el conde de Regla -propietario de las prin~ipales mtnas en la zona- recurrió a la provisión forzada de trabaJadores,_ lo
cual refleja en cierta medida que no se contaba con todos los OJ&gt;:rar1os
requeridos. Cincuenta y ocho pueblos fueron afectados para ~atISfacer
la demanda de brazos. La mayoría de estos pueblos se locahzaban en
lugares relativamente cercanos a los minerales (véase mapa) corres~ndiendo en la división política a los distritos de Actopan, Atotonilco,
12
Meztitlán y Pachuca y en menor medida a Tulancingo y Apan •
Es de suponer que la práctica del rep~imiento afect~ por lo_regular a los pueblos más inmediatos a los rrunerales, pero diversas informaciones evidencian que la zona de influencia de la minería en est~
región se extendía precisamente a los distritos afectados p~r el repartimiento de finales del siglo XVIIl 13 • Más adelante, al analizar los movimientos migratorios volveremos a referirnos a estos lugares.
La producción minera fue abandonada poco después de estallar
la guerra de independencia y los trabajos se restablecieron en 1825, cuando se instaló la compañía inglesa de los Aventureros de Real del Monte. La rehabilitación de la minería en la zona implicaba la realización de
importantes obras de desagüe y de otras actividades que requerían un
considerable número de hombres, que escaseaban al principio de la gestión británica14 • Para poder activar las minas los ingleses tuvieron que
aceptar pagar a los barreteros "a partido".
Randall refiere los problemas a que se enfrentó la compañía británica en relación a los trabajadores y atribuye principalmente a este factor
el fracaso de la empresa15• Este autor hace hincapié en la "combatividad" de los operarios mineros como el principal obstáculo que tu-

�82

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Siglo XIX

83

vieron los ingleses para fijar condiciones de trabajo que posibilitaran
la reducción de costos16 • Es indudable que la combatividad jugó su papel, pero además -en mi opinión- la escasa capacidad de negociación estuvo determinada por la falta de fuerza de trabajo que estuviera
dispuesta a laborar en situaciones menos ventajosas. Es decir, la estrechez de la oferta de brazos condicionó en cierta medida el tipo de relación entre los trabajadores y la empresa.

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En 1849 los ingleses vendieron la negociación a un grupo de accionistas mexicanos, fundándose la Compañía Minera de Real del Monte
y Pachuca17 • A juzgar por los primeros informes de los encargados de
la compañía, las dificultades para conseguir trabajadores
continuaron18 • Por diferentes medios se buscó estimular la afluencia
de trabajadores a los minerales, pero el éxito fue relativo. La carencia
llevó en 1850 a la Compañía a firmar un contrato con el gobierno para
19
establecer un presidio y utilizar el trabajo de los reos • En un principio la empresa también se vio precisada a pagar altos salarios y a combatir el partido.
Sin embargo, en un corto tiempo la situación tiende a cambiar.
Al promediar los años 70, la compañía mexicana, a pesar de la crisis
que vivía, se vio en condiciones de fijar sus propias reglas a los trabajadores, rebajó salarios e inclusive restableció el partido con un nuevo
sentido: reducía las percepciones reales y evitaba desembolsos en una
época de crisis20•
CUADRO 1

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Valor de las
operaciones
(en pesos)

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No. de
operaciones

% del
total

% del valor

total

más de 5 000
más de 2 000
de 1 000 a 2 000
de 500 a 999
de 200 a 499
199 y menos

6
15
13
36
37
611

0.83
2.08
1.81
5.01
5.15
85.09

25.28
27.11

Total

718

100.00

100.00

10.24
14.99
6.55
15.28

Elaborado según datos de la Memoria de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 1857.

�84

Siglo XIX

¿A qué obedeció este fenómeno? Suponemos que existió una correlación entre los procesos de desamortización que tienen lugar en el
área rural y los cambios que experimentó la compañía respecto de la
fuerza de trabajo. El despojo de la tierra constituyó uno de los factores más21importantes en el proceso de formación de un mercado de
trabajo : al verse privados de su única fuente de sustento, los indígenas de la zona se vieron compelidos a marchar a las minas y haciendas
a cambio de un salario.
Por razones de espacio no referiremos todas las evidencias existentes respecto a las características indígenas de la zona. Baste señalar
que al promediar los años cincuenta, de acuerdo con las fuentes demográficas, cerca del 70% de la población era indígena y hablaba aún su
lengua nativa, los patrones de asentamiento no habían cambiado y la
mayoría de los habitantes vivían en sus pueblos. Las haciendas -por
otro lado- no eran importantes centros de concentración de
población22•

III.
Conforme a la ley del 25 de junio de 1856, todos los bienes inmuebles
de las corporaciones civiles y religiosas debían ser desamortizados y
adjudicados en propiedad privada a sus arrendatarios. Esta disposición marcó el inicio de una serie de transformaciones en el área rural.
El problema de la desamortización se ha estudiado primordialmente
en relación con los bienes eclesiásticos23 , en tanto que las fuentes relativas a las propiedades comunales de los pueblos son más escasas y
dispersas. Desafortunadamente no contarnos con series estadísticas que
nos permitan medir la magnitud del despojo a los bienes de comuni~ad. La pro~ia situación de guerra civil impidió llevar un registro contmuo Yfidedigno, de modo que los datos son escasos y fragmentarios.
Sin embargo, aún esta información discontinua puede orientarnos acerca de los efectos que tuvo la Reforma sobre las comunidades indígenas
en la región que nos ocupa.
En 1857, a un año de haberse dictado las disposiciones sobre la
desamortización de bienes de corporaciones civiles y religiosas, en Hidalgo -donde se ubicaban los distritos de Pachuca y Real del Montese habían efectuado 718 operaciones de adjudicación y remate de estos
bienes, con un valor de 160 451.83 pesos. Esta cifra representaba el
21.28% del total de las operaciones realizadas en el estado de México
al cual pertenecía entonces Hidalgo.
'

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

85

En sí, el número y valor total de las operaciones poco nos dicen
sobre las características de la desamortización. Empero, de la misma
documentación se pueden extraer otros datos de mayor significación.
En la Memoria de Hacienda de 1857 se consignan, por ejemplo, el nombre de la corporación a la que pertenecían los predios desamortizados
y el valor estimado de cada uno. A partir de ello pudimos establecer
que la mayor parte de las propiedades afectadas pertenecía a los ayuntamientos de los pueblos y, en menor proporción, a las corporaciones
religiosas24 • Por otra parte, la mayor porción de las afectaciones correspondió a terrenos y solares, mientras que no aparece afectación alguna entre las haciendas.
Con base en el número y valor de cada una de las operaciones elaboramos el cuadro 1. De las operaciones registradas, las que aparecen
con un valor superior a los 5 000 pesos corresponden exclusivamente
a ranchos; las de más de 2 000 pesos comprenden ranchos y fincas urbanas; en tanto que las de más de mil pesos incluyen también fincas
rústicas. En contraste, las operaciones de valor inferior se indican simplemente como "terrenos".
Del número de propiedades afectadas con valor superior a I CXX&gt; pesos,
el 500Jo pertenecían a alguna corporación religiosa y la otra mitad a
los pueblos. Por otro lado, de las operaciones con valor superior a 500
pesos, la mayor parte de las consignadas como fincas urbanas eran propiedad de la iglesia, mientras que los registrados como terrenos y fincas rústicas aparecen como propiedad de los pueblos.
Uno de los datos que más llama la atención es que el 85 % del total
de los predios afectados tiene un valor inferior a los 200 pesos: a estos
predios corresponde apenas el 15% del valor total de las operaciones.
Mientras, las adjudicaciones con valor superior a mil pesos suman poco menos del 5% del total de las operaciones realizadas, pero comprenden más del 60% del valor global. Esto es todavía mucho más significativo si tomamos en cuenta que se consideraba que los predios con
valor inferior a los 200 pesos eran los pertencientes a los indígenas.
A este respecto, la circular de 9 de octubre de 1856 disponía que,
para evitar los abusos que se cometían contra los indígenas, los terrenos cuyo valor
no pase de 200 pesos, conforme a la base de la ley de 25 de junio,
se adjudique a los arrendatarios, ya sea que lo tengan como de repartimiento, ya pertenezca a los ayuntamientos, o esté de cualquier modo sujeto a la desamortización, sin que se les cobre alcabala o dere-

�86

Siglo XIX

Orriz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

CUADR02
DESARROLLO DEMOGRAFICO DEL ESTADO DE HIDALGO: 1852-1910

Habitantes

1852

332 647

1854

337 813

1869

384 207
404 207

387 285
1874

427 340

1877

434 096

1882

457 179

1885

506 028

1889

494 212
524 343

1895

551 817

1900

605 051
584 069

1910

cho alguno, y sin necesidad del otorgamiento de escritura de adjudicación, pues para constituirlos en dueños bastará el título que les dará la autoridad política ...25

Del análisis de la información antes expuesta podemos deducir que
el mayor número de afectaciones correspondió a terrenos pertenecientes a indígenas. En el documento hay un dato adicional en el mismo
sentido: los nombres de los adjudicatarios mantienen la usanza indígena; es decir, dobles nombres sin apellidos.

Número de

Año

87

Agregados

Esta cifra se consigna en el Censo y la
diferencia de 20 000 habitantes puede
deberse a un error de imprenta que
asigna a Huejutla 51 988 habitantes en
lugar de 31 988.
Cifra de regresión lineal calculada por
Vi viane Brachet

No poseemos, hasta el momento, otros datos específicos acerca de
las operaciones de desamortización de tierras comunales. Muchos documentos consultados, relativos a años posteriores, se refieren casi exclusivamente a las afectaciones de haciendas, ranchos y fincas urbanas
que reconocían capitales a favor de diferentes corporaciones
religiosas26 •
Las escasas noticias sobre los bienes de comunidades son, sin embargo, muy significativas: todas aluden a los esfuerzos que realizan los
pueblos para conservar o recuperar sus tierras. Así, por ejemplo, en

sigue fuentes cuadro 2
~a cifra se obtuvo sumando la población de cada uno de los asentamientos que formaban Hidalgo y coincide con la regresión lineal calculada por
Brachet para esta fecha (p. 65).
Cálculo nuestro de población
intermedia

Según

Teodomiro

Manzano

646 551

Fuentes: 1852: M_ef!loria de la Se~retaria de Relaciones y Guerra del Gobierno
del Estado de MeXJco, '!'o~uca, ~pografía de Juan Quijano, 1852; 1853: Orozco Y Berra, Manuel. D1cc1onar10 Universal de Geografía e Historia, México,

1853, 5 vols. La población de los distritos se obtuvo sumando las cifras parciales correspondientes a los poblados que los integraban; 1854: Expediente sobre división del Estado de México y formación de uno nuevo, con el nombre
de Hidalgo, México, 1868. Esta fuente transcribe los datos de población que
constan en el tomo I de los Anales del Ministerio de Fomento; 1868: Censo
de la República Mexicana, hoja suelta publicada en el Boletín de la Sociedad
Mexicana de Geografía y Estadistica, t. I, 1869; 1869: Memoria que el gobernador provisional del Estado de Hidalgo, C. Juan Doria presenta al H. Congreso. Pachuca, Imprenta del Gobierno del Estado a cargo de Marcelino García, 1869; 1874: Memoria del gobierno del Estado de Hidalgo, 1874; 1877-1878:
Busto, Emiliano. Estadísticas de la República Mexicana. México, Cumplido,
1880, 3 vols. (publicado como anexo a la Memoria de Hacienda 1877-1878);
1882: Manzano, Teodomiro. Anales del estado de Hidalgo, Pachuca, Hidalgo, 1905; 1885: Diccionario geográfico, histórico y biográfico. México,
1888-1889, 5 vols.; 1889: Directorio Estadístico de la República Mexicana de
1888 a 1889. México, Eduardo Dublán y Compañia, Impresores, 1890, citado
por Brachet, Viviane en La población de los estados mexicanos (1824-1895).
México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1976, p. 65; 1895: Censo
de 1895; 1900: Censo de 1900; 1910: Censo de 1910.

�88

Siglo XJX

1861, los vecinos de varios pueblos del distrito de Huichapan piden que
no sean adjudicados los terrenos que les pertenecen. En 1863, los indígenas del pueblo de Huitzila, municipio de Pachuca, solicitaron que
sus terrenos no fueran redimibles. Entre 1861 y 1865, los campesinos
del pueblo de Atitalaquia pidieron reiteradamente la devolución de sus
tierras comunales. Aparece también consignada la queja del nuevo propietario de un rancho, a quien el pueblo de Zerezo üurisdicción de Pachuca) no le permitía tomar posesión, alegando que los terrenos le pertenecían desde tiempo inmemorial27 •

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-.,.,

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Estos datos, aunque escasos, nos permiten inferir que las leyes de
Reforma conseguían desintegrar definitivamente la propiedad comunal, y que a este proceso se oponían aún los indígenas afectados. El
estudio de las rebeliones indígenas en la zona a su vez, permite corroborar esta hipótesis28•

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La escasez de datos sobre la desamortización de los bienes de comunidades indígenas nos llevó a utilizar otro tipo de información que
permitiera observar, desde una perspectiva distinta, los efectos de la aplicación de las leyes de Reforma sobre las propiedades de los indígenas.
Nos referimos a los cambios demográficos.

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IV.
Con objeto de establecer comparaciones adecuadas, aludiremos primero
a las características generales del crecimiento demográfico del estado
de Hidalgo entre 1852 y 1910.
Reuniendo las cifras generales de población que se encuentran en
diversas fuentes, elaboramos el cuadro 2. Sobre esta base, en la gráfica l presentamos la curva de crecimiento global de la población de
Hidalgo.
Comparando el ritmo de crecimiento demográfico de dicho estado con el resto de las entidades federativas, no se observaron variaciones sensibles. La población de Hidalgo creció a un ritmo medio de
1.15%, en relación con el 1.4% que representó la media nacional29• Es
decir, el crecimiento demográfico de Hidalgo no revela modificaciones de importancia en términos generales.
Por otra parte, en los materiales estadísticos utilizados no hay indicios de epidemias de tal magnitud que hubieran provocado una reducción de la población capaz de alterar sustancialmente las activida-

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�Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pacbuca-Real del Monte

91

des productivas de la región. En las cifras globales no se observa ningún descenso brusco ni tampoco un ritmo de crecimiento inferior al
registrado en otros estados. Tampoco hay signos de expulsión de
población.
Con estas apreciaciones no podía establecerse una correlación entre el crecimiento demográfico y las posibilidades de expansión del mercado de trabajo. Sin embargo, si desglosamos la información y analizamos por separado el comportamiento demográfico de cada uno de
los distritos que formaban el estado de Hidalgo, podemos observar cambios cualitativos.
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En el cuadro 3 se presentan las cifras del crecimiento demográfico
por distrito. La gráfica 2, basada en esos mismos datos, ilustra las diferencias interregionales. Destaca el hecho de que el crecimiento de la
población fue similar en la mayoría de los distritos hasta mediados de
los años sesenta. A partir de ese momento los distritos de Huejutla y
Pachuca comienzan a crecer con mayor rapidez, haciéndose más notable el aumento hacia la mitad de la década de los 70.

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('I")

Un crecimiento demográfico por distritos desigual, en contraste con
un ritmo "normal" de crecimiento general del estado, nos sugirió que
las diferencias se debían a un fenómeno de migración interna vinculado directamente con uno de los aspectos esenciales en la formación de
un mercado de trabajo libre: la movilización del trabajador como consecuencia de su separación de los medios de producción.

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Para corroborar la idea de que el crecimiento desigual de los diferentes distritos obedecía a un fenómeno de migración interna vinculado a la desamortización de los bienes de comunidad, interrelacionamos distintos datos.

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Inicialmente, medimos los cambios ocurridos entre 1825 y 1885 tanto en el número de asentamientos (haciendas, ranchos, ciudades, villas, pueblos y barrios) como en la densidad media de la población de
ellos30•
En el cuadro 4 se vaciaron los datos relativos al número de asentamientos (omitiéndose los correspondientes a 1825 pues solamente existían datos para los distritos de Apan, Atotonilco, Pachuca y Tulancingo). Según las cifras obtenidas, no se observan variaciones importantes entre 1825 y 1874: el número de poblados es similar, lo mismo que
la densidad relativa. La mayoría de los habitantes se concentraba en

�CUADR04

HIDALGO: NUMERO DE ASENTAMIENTOS•

1853-1855

p

1874

23 6 1
4 24 38

e V B
o 1 o
o o o

51 10 35
17 22 31
33 6 37
5
1 23
44 7 28

o
o
o
o
o

34

1

Zacualtipan

11 102
39 15 9
48 26 60
74 2 20

Zimapan

14

o
o
o
o

Distritos
Actopan
Apan

H

R

Huichapan
Ixmiquilpan
Jacala
Meztitlan
Molango
Pachuca
Tula
Tulancingo

8 11

R

H

24

6 2
4 23 43
12 9 27
o o 63 15 111
1 o 14 23 53
1 o 36 4 19
o o 8 2 78
o 13 33 5 17

Atotonilco
Huejutla

p

o
o
o
o
o

68
1
4 32 8
o 40 16
o 47 22
o 39 1
o 16 8

23
77
9
61
17
9

1888

e V B
o 1 30
o o o
o o o
o 1 o
o 1 o
o 1 12
o 1 2
o o 7
o 1 o
1 o 13
o 1 28
1 o o
o 1 o
o o 1

p

H

R

21

9 2
5 23 43
12 9 30
61 15 158
13 23 55
36

4 19

9
33

5

2 78
17

68

1 22
32 14 80
42 18 9
47 24 63
39
1 17
11
8 9

e

V

B

o 1 28
o o o
o o o
o 1 o
o 1 o
o 1 13
o 1 2
o o 7
o 1 o
1 o 13
o 1 28
1 o o
o 1 o
1 o 1

• Este cuadro fue elaborado a partir de Orozco y Berra, Manuel. Diccionario... : Memoria del Gobierno del Estado
de Hidalgo, 1874; Diccionario geográfico, histórico y biográfico, 1888.
P

=

Pueblo H

= Hacienda R =

Rancho C

= Ciudad V = Villa B =

Barrio.

ORAFICA 2

l

DINAMICA DE LA POBLACION DE HIDALGO, POR DISTRITOS
1853-1910
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UCUALTIPAN
ATOTOHILCO
APAN

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Fuentes: cuadros 2 y 3

1868

l874 1877

1885

1895

1900

1910

�94

Orúz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Siglo XIX

CUADRO 5

CUADRO 6

DISTRIBUCION DE LA POBLACION EN HIDALGO, 1874

DISTRIBUCION DE LA POBLACION EN HIDALGO, 1910

tamaño de poblados

%del
No. de densidad
total de habitantes media de
total de
poblados
en este población habitantes
grupo

95

NO. de

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media de
total de
en este población habitantes
grupo

total de habitantes

tamaño de poblados

poblados
4 252

384 144

90

60

160

106 119

663

16

Hasta 500 habitantes

918

181 972

209

42.5

Hasta 500 habitantes

de 501 a 1 000

156

107 754

699

25.1

de 501 a 1 000

de 1 001 a 1 500

44

53 204

1 209

12.4

de 1 001 a 1 500

38

45 430

1 195

7

de 1 501 a 2 500

23

44 285

1 925

10.3

de 1 501 a 2 500

22

41 757

1 896

6.5

de 2 501 a 5 000

7

21 576

3 108

5.0

de 2 501 a 5 000

5

13 342

2 668

2

Más de 5 000

3

20 274

6 758

4.7

de 5 001 a 10 000

2

16 746

8 373

2.5

1 151

428 885

Más de 10 000

1

46 951

46 951

6

4 480

646 551

Total

100.o

Total

100

Elaborado en base a la Memoria del Gobierno del Estado de Hidalgo, 1874
Elaborado en base al Censo de 19IO

los pueblos y pocas haciendas sobrepasaban los doscientos habitantes.
Los cambios son evidentes para 1874, cuando se percibe un incremento en el número de ranchos en los distritos de Huejutla y Jacala. A
este aumento corresponde un incremento de la población: entre 1853
y 1885 el número de habitantes de Huejutla y Jacala crece en 1600Jo
y 2430Jo respectivamente.
Como puede apreciarse en el mismo cuadro 4, la tendencia aJ incremento en el número de ranchos y la concentración urbana se acentúan después de 1874.
Por otra parte se observa una tendencia a la disgregación de la población en asentamientos con una densidad media de 90 habitantes (cuadros 5 y 6). Si comparamos ambos cuadros podremos notar que el número de poblados con rango de 1 501 a 2 500 habitantes permanece
prácticamente sin variaciones y que el rango de 2 501 a 1 500 disminuye de 7 a 5. Podemos suponer entonces que algunas poblaciones descendieron al rango inmediatamente inferior. El cambio más significativo ocurre en los poblados con menos de 500 habitantes: pareciera que
aquí se concentra el incremento general de población, al mismo tiempo que se registra una importante concentración urbana. Es decir, hay

un traslado de población de unos lugares a otros.
En esta etapa de la investigación, y hasta donde los datos nos han
permitido, hemos analizado el comportamiento demográfico de algunas localidades, a fin de explicarnos los cambios en los patrones de
asentamiento.
Así, por ejemplo, encontramos que en el municipio de Cardonal
(distrito de lxmiquilpan) existe una coincidencia entre la reducción del
número de habitantes en los pueblos y la aparición de ranchos y rancherías en la misma municipalidad. De este modo, si en 1874 los pueblos existentes en la municipalidad del Cardonal aglutinaban 7 505 habitantes, para 1900 esta cifra se había reducido a 2 004. Pero, significativamente, en este lapso surgieron cuarenta nuevos núcleos de población registrados como ranchos o rancherías con densidad inferior
a 90 habitantes por asentamiento.
Es decir, parecería que los anteriores moradores de los pueblos mudaron su residencia trasladándose a los ranchos o rancherías. Esta si-

�96

Siglo XIX

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

CUADRO 7
DESARROLLO DEMOGRAFICO DE LA CIUDAD DE PACHUCA
1825-1910

Año

Número de
Habitantes

1825

2 415

1848
1852
1853
1859
1862
1863
1868

1874
1877

1880
1885
1895
1898
1910

Fuentes
Ensayo de una memoria estadística del distrito de
Tulancingo, México, Imp. Alejandro Valdés, 1825.

4 690 ReviUa D., Anexo a la memoria de la Secretaría
de Relaciones, Justicia y Guerra del Edo. de México, México, 1849.
5 442 Memoria de la Secretaría de Relaciones y Guerra
del Estado de México, 1852 (anexo).
5 541 Orozco YBerra, Manuel. Diccionario Universal de
Geografía e Historia. México, 1853, 5 vols.
7 000 Burkart, J. "Memoria sobre explotación de minas
en los distritos de Pachuca y Real del Monte" en
An~es de la Minería Mexicana, t. I, 1861, p. 19.
6 500 Duran, Rafael, "Memoria sobre el censo de la República Mexicana". Boletín de la Soc. Mexicana
de Geografía y Estadística, V. 9, 1862.
7 000 Alrnaraz, Ramón. Memoria sobre los trabajos
(12 000) de la Comisión científica de Pachuca México
1864.
'
'
12 000 Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y
Estadística, 1869, t. l, p. 372.
8 410 Memoria del Gobierno del Edo. de Hidalgo, 1874
Memoria de la Secretaría de Fomento, 1877. p.
12 500 B_usto, Emi~ano. Estadfsticas de la República Mexicana, MéXJco, Cumplido, 1880, 3 vols. (publicado como anexo a la Memoria de Hacienda
1877-78).
13 679 García Cubas, A. Ensayo Estadístico de la República Mexicana, pp. 75-78.
25 000 ~culo B~sado en el Diccionario geográfico, bistórico y b1ográfico, México, 1888-1889. 5 vols.
40487 Censo de 1885.
40 487 Anuario Estadístico de la República Mexicana
1898. México, Of. Tip. de la Secretaría de Fornen:
to, 1899.
39 009 Censo de 1910.

468:

97

tuación se repite en otros municipios de la zona central de Hidalgo,
coincidiendo además con el desarrollo de algunas actividades agrícolas
que comenzaron a surgir en algunas regiones. Así pues, la información demográfica manejada parece indicar que entre 1870 y 1900 se
concretó en Hidalgo un reacomodo de la población.
Este fenómeno obedeció a su vez, a determinadas transformaciones en la estructura económica y social del estado. Atendiendo a los
datos de población establecimos la existencia de zonas de atracción y
rechazo de población. Los distritos de Huichapan, lxmiquilpan, Actopan, Meztitlán y Atotonilco son los que se presentan como zonas de
expulsión, siendo notable que fue precisamente en estos lugares donde
se produjeron levantamientos indigenas en reclamo de tierras comunales. Es importante señalar que aunque el distrito de Tula fue también
escenario de levantamientos, en la información demográfica no aparece como zona de rechazo. Posiblemente esto se deba a que la construcción del ferrocarril dio trabajo a los brazos desocupados e impulsó
además la actividad agrícola de la zona.
Por otra parte, los distritos de Jacala, Huejutla, Pachuca y, hacia
finales del siglo, Apan son los que aparecen como polos de atracción,
absorbiendo a habitantes provenientes de otros distritos. Como puede
observarse en la gráfica 2, el ritmo de crecimiento de estos lugares no
corresponde al natural de la población, sino que se trata más bien de
un crecimiento social. Es decir: el desarrollo de determinadas áreas económicas los hacían atractivos y, a su vez, el constante flujo de trabajadores impulsaba la expansión de las nuevas actividades.
¿Qué actividades económicas se emprendieron en Hidalgo? Un estudio de caso muestra que a partir de los años 70 comenzó a desarrollarse en el distrito de J acala una agricultura de tipo capitalista, una
de cuyas expresiones fue precisamente la aparición y expansión de los
ranchos en esta zona . Por otra parte, en el mismo sentido, diversos
informes del Ministerio de Fomento señalan que en Huejutla había empezado a cultivarse con éxito, café y caña de azúcar para exportación31•
Por otra parte, el crecimiento de la ciudad de Pachuca ilustra claramente el fenómeno de migración interna. La urbe, en un momento
determinado, se convierte en polo de atracción para los campesinos indígenas que fueron privados de sus tierras. La gráfica de crecimiento
de la ciudad de Pachuca contrasta notablemente con la general del estado, observándose una aceleración a partir de 1875 (cuadro 7, gráfica 3).

�Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Pachuca contaba en 1825 con 2 415 habitantes incluyendo a los
de lugares, haciendas y ranchos dependientes de ella. La instalación
de la compañía inglesa de los Aventureros había atraído pobladores,
de modo que hacia 1853 el número de habitantes alcanzaba la cifra de
5 541; para 1859 Burkart menciona 7 000 habitantes aproximadamente. En la memoria de los trabajos de la Comisión científica de Pachuca
se calcula en 12 000 la cantidad de habitantes en 1863, atribuyendo el
rápido incremento a la prosperidad que experimentaba la minería; sin
embargo, en este mismo trabajo se dice que la población de Pachuca
asciende a 7 000 personas, cifra que nos parece más acertada tomando
en consideración la de 6 500 consignada por Durán en la Memoria sobre el Censo de la República Mexicana de 1862, y la calcuJada por Burkart para 185~2 •

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En 1874 se efectuó un censo en el estado, anotándose para la ciudad la cifra de 8 410 habitantes, la cual se elevó a 11 794 hacia 1878
de acuerdo a un nuevo recuento de población. A partir de 1880 se inicia un crecimiento acelerado incrementándose la población de 14 000
a 25 000 habitantes entre 1880 y 1885, superando la cifra de 40 000 según el censo de 1895. Después de esta fecha la población desciende ligeramente, posiblemente en relación con la inundación de la ciudad
y con el inicio de explotaciones de minerales industriales en otras zonas.

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Lo que resulta interesante es que el inusitado crecimiento de la ciudad no es provocado totalmente por el auge minero. La reanimación
de la actividad minera iniciada en la década de los 50, y que alcanzó
su auge entre 1860 y 1862, no se refleja automáticamente en la curva
de crecimiento demográfico de la ciudad.

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Esta situación distingue a Pachuca de otras ciudades en donde se aprecian cambios poblacionales estrechamente ligados con el auge o decaimiento de la minería33 • Keith Davies, en un análisis sobre tendencias
demográficas urbanas en el siglo XIX, establece que existe una estrecha relación entre el impulso a determinadas actividades económicas
y los incrementos de población en las ciudades por él estudiadas34• Hacia finales del siglo XIX se observa una tendencia a la concentración
urbana en todo el país, lo cual evidencia una serie de transformaciones
en el medio rural. Para 1877 Pachuca concentraba el 3.3% de la población del estado, para 1895 la cifra se elevaba a 7.3%, llegando a
10.9% a finales del siglo. Estos incrementos no se explican por el crecimiento natural de la población, sino que nos remiten a fenómenos
de migración.

�100

Siglo XIX
Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Finalmente, los datos de población foránea en el estado de Hidalgo parecen confirmar que los incrementos de población que se produjeron en las zonas económicamente más dinámicas obedecían a un reacomodo de la propia población del estado (cuadro 8) y no a flujos de
población provenientes de otras entidades.

CUADROS
POBLACION FORANEA EN HIDALGO •

Estado de origen
Aguascalientes
Baja California
Campeche
CoahuiJa
Colima
Chiapas
Chihuahua
Distrito Federal
Durango
Guanajuato
Guerrero
Jalisco
México
Michoacán
Morelos
Nayarit
Nuevo León
Oaxaca
Puebla
Querétaro
Quintana Roo
San Luis Potosí
Sinaloa
Sonora
Tabasco
Tamaulipas
Tiaxcala
Veracruz
Yucatán
Zacatacas
Total

1895

1900

191 o

0.06
0.02

0.03
6.00

0.04
0.0J

0.0J
0.02

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0.69
0.0)
0.27
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0.04
0.59
0.04
0.09

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0.0J
0.27

L99

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0.0)

--0.03
0.88
O. JO

--

0.06
0.49
0.01
0.19
0.02
0.03
0.49
0.03
0.08
0.0J
0.01
0.0)
0.24
J.30

-0.16
--0.01
0.02

LOO

JO/

-0.0J
0.02

Así pues, los cambios observados en el comportamiento demográfico parecen indicar que, en el caso particular de Hidalgo, fue la pérdida de tierras comunales lo que obligó a los campesinos indígenas a desplazarse en búsqueda de empleo. Con ello se crearon las condiciones
para el desarrollo de una nueva forma en las relaciones de producción.

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0.23
0.0)
0.)4
0.OJ
0.04
0.39
0.02
0.09
0.02
0.01
0.02
0.20
0.76

NOTAS
1. Kula, Witold , Problemas y métodos de la historia económica. Barcelona, 1973, p. 521.
2. Brading, David A. Mineros y comerciantes en el México Borbónico (1763-1810). México, Fondo de Cultura Económica, 1975, p. 23.
3. Cardoso, Ciro (Coord.). México en el siglo XIX (1821-1910). México, Nueva Imagen, 1981, pp. 130, 339-340.
4. Mendizábal, Miguel Othón de. Obras completas. México, T.5. p. 42.

5. Assadourian Sempat. Mineria y espacio económico en los Andes. Lima, Instituto
de Estudios Peruanos, 1972, p. 81.

-0.15
-0.01

6. Brading, Op. cit. pp. 301-310; véase también del mismo autor Haciendas and ran-

0.0)
0.01

7. Zavala, Silvio y María Castelo. Fuentes para la historia del trabajo en la Nueva España. México, CEHSMO, 1980, vol. 8.

LOO

chos in the Mexican Bajío, 1750-1810.

-0.04

8. Humboldt, Alejandro de. Ensayo político sobre el reino de la Nueva España. México, Porrúa, 1984, p. 48.

0.06

-0.06

0.04

5.41

3.28

3.30

9. Flores Clair, Eduardo "Minas y mineros: pago en especie y conflictos, 17~1880"
en Historias, núm. 13, abril-junio de 1986, pp. 51-68.

-

0.09

• Porcentaje en relación a 1
•
censos de poblaet"ón co a pobdil~c1ón total. Elaborado sobre la base de los
rrespon entes.

10. Bellingeri, Marco e Isabel Gil. "Elementos para el estudio de la estructura agraria
de México en el siglo XIX" en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
México, año XXIV, nueva época, enero-marzo 1978, núm. 91, pp. 9-45.
11. Cross, Harry S. The mining economy of Zacatacas México in the nineteenth century, Berkeley, 1976.
12. Mendizábal, Miguel Othón. "Los minerales de Pachuca y Real del Monte en la época colonial" en El trimestre económico, vol. 8. julio-septiembre 1941, p. 253.

�102

Siglo XIX
Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

13. Archivo General de la Nación, México. Ramo Padrones, vol. 1, 7, 18, 20; Ramo
Historia, vol. 523.

14. Ya desde finales del siglo XVIII, la explotación de las minas en Real del Monte presentaba problemas técnicos y materiales. Véase: Mendizábal, Miguel. "Los minerales... "; Randall, Robert W. Real del Monte: una empresa minera británica en México. México, Fondo de Cultura Económica, 1977, pp. 48, 74-78.

103

26 Consultamos al respecto los expedientes correspondientes al Est~do de Hidal~o en
· 1 Archivo de Bienes Nacionalizados que se encontraba en la anugua Secretana de
~sentamientos Humanos y Obras Públicas; actualmente el fondo pasó a formar ~ e
del acervo del Archivo General de la Nación. Las citas corresponden a la antigua
clasificación.
27. Archivo de Bienes Nacionalizados, SAHOP, Hidalgo.

15. Randall, Robert. Op cit., p. 143.
16. Dentro de los costos de operación de las empresas mineras el principal estaba representado por el rubro salarios. Cross, Harry. Op cit. p. 37.
17. Herrera Canales, Inés. "La racionalidad económica de la empresa minera Real del
Monte y Pachuca, 1849-1875" en Organización de la producción y relaciones de trabajo en el siglo XIX en México. México, Cuaderno de trabajo 29 del Departamento
de Investigaciones Históricas, INAH, 1979, p. 118.
18. Archivo Histórico de la Compañía Minera Real del Monte y Pachuca (en adelante
AHCMPRdM), Informe 1852.
19. AHCMPRdM, Contrato sobre el establecimiento de un presidio, 1850.

20. En el trabajo de Eduardo Flores Clair, "Conflictos en una empresa minera Real
del Monte y Pachuca, 1872-1877", tesis, UNAM, 1989, se analizan en extensión y
profundidad los problemas relativos al pago en partido.
21. Marx, Carlos. El Capital, México, Fondo de Cultura Económica, 8a. reimpresión,
1973, t. 1, pp. 610-631.
22. La información demográfica se encuentra dispersa e incompleta, sin embargo puede hacerse un seguimiento relativamente continuo y los informantes dan certeza acerca
del carácter indígena de los habitantes, entre otras fuentes mencionaremos AGNM,
Bienes Nacionales, Informes de los párrocos, leg. 39, exp. 2; Padrones, vol. 3, f.
94; Villaseilor y Sánchez, Joseph, Tbeatro Americano, México, 1746-1748, vol. 1,
Miranda, José, "La población indígena de lxmiquilpan y su distrito en la época colonial" en Estudios de Historia Novobispana, México, UNAM, 1966, vol. 1, p. 126:
y el libro de PoweU, T. G. E/ liberalismo y el campesinado en el centro de México
(1850 a 1876), México, Secretaria de Educación Pública, 1974.
23. Bazant, Jan. Los bienes de la iglesia e,¡ México (1856-1875), México. El Colegio de
México, 1971.
24. En otro trabajo he analizado cómo en determinadas ocasiones se puede establecer
una identidad entre los bienes de comunidad y los de ayuntamiento. Ortiz, Rina "La
legislación sobre pueblos en el siglo XIX, los casos de Jalisco y el Estado de México", ponencia presentada en el simposio "La Juridicidad en la Historia". Universidad Autónoma Metropolitana, México, octubre, 1987.
25. Colección de leyes, decretos y circulares relacionados con la desamortización y na-

cionalización de bienes y materias conexas, desde la independencia de la República
hasta la época actual, México, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 1937. p. 305.

28. Ortiz, Rina, "Los levantamientos indi~enas en Hidalgo 1860-1880", ~onencia ~;~sentada al ¡ Coloquio de Historia Regional, ADHILAC, Pachuca, Hidalgo, 1 •
29. Brachet, Viviane. La población de los _esta~os mexicanos (1824-1895). México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1976, pp. 39-115.

30 Resulta imposible presentar en este trabajo los datos d~ densid~d media ~btenidos,
· porque se hizo un seguimiento de cada uno de los mas de mil asentamientos.
31. Ministerio de Fomento. Informes, 1881-1888.
32 Durán Rafael. Memoria sobre el Censo de la República Mex.icana. Boletín de la
· Socied~d Mexicana de Geografía y Estadística'. v~I. IX, 1871 Y Burkart, Joseph.
Memoria sobre la explotación de minas en los d1Stntos de Pachuca Y Real del Monte en Anales de la Minería Mexicana, tomo l. 1861.
33. Esto es palpable, por ejemplo, en el caso del mineral de la Luz en Guanajuat?, véase al res to el trabajo de Jáuregui F. de Cervantes, Aurora y Aurora Lyd1a ~ervantes Jkegui, Bonanza en el Mineral de la Luz, Guanajuato, 1843-1859, tesis de
maestría, Guanajuato, 1976, p. 103.

34 D · K ·th A "Tendencias demográficas urbanas durante el siglo XIX en Méxi·
9 2
481 524
. avtes, ei
co" en Historia Mexicana, vol. XXI, enero-marzo de 1 7 , pp.
•

�CAPITALES ECLESIASTICOS Y REDITOS VENCIDOS

La Iglesia y la Consolidación
de la Propiedad en Puebla (1810-1856)
Francisco Javier Cervantes Bello *

Desde fines del siglo XVIII un hecho era notorio en toda la Nueva España: la propiedad eclesiástica había aumentado aceleradamente y los
capitales que administraba el clero, que estaban reconocidos en un sinnúmero de propiedades tanto urbanas como rurales, comenzaban a pesar sobre el conjunto de la economía. Este incremento de la riqueza
eclesiástica tenía sus raíces en los siglos anteriores, pero es indudable
que fue en el siglo XVIII cuando alcanzó un mayor auge 1•
Puebla, segunda capital del virreinato de la Nueva España, era sin
duda uno de los obispados más ricos del país y donde este fenómeno
se presentaba claramente. En la primera mitad del XVIII, después de
haber tenido durante los siglos XVI y XVII un proceso de endeudamiento a favor de los monasterios, casi la mitad de la ciudad de Puebla pasó a manos de los conventos; y, en la segunda mitad del siglo
de la Ilustración, se dio un incremento sin precedentes de fundaciones
de capellanías y obras pías. Estos dos hechos, junto con el riguroso
cobro del diezmo, representaban uno de los obstáculos mayores para
la consolidación de la propiedad plena y la acumulación de capitales
no sólo en México sino en buena parte de América hispánica.

• Colegio de Historia, Universidad Autónoma de Puebla (México)

�106

Siglo XIX
Cervanres B.: Iglesia y propiedad en Puebla (/8 10-1856)

La primera reacción contra esta tendencia a acrecentar la riqueza
eclesiástica vino del Estado borbónico español 2, aunque ya desde antes esta situación había causado importantes quejas contra la Iglesia.
Después de la independencia, el poder y la riqueza de la Iglesia fueron
temas reiteradamente presentes en el debate político.
Más allá de los planes y las declaraciones, los propietarios comenzaron a tomar generalizadamente un conjunto de actitudes que se puede resumir como un desconocimiento de los derechos de propiedad de
la Iglesia: comenzaron a dejar de pagarle el diezmo, a especular con
sus casas y a suspender el pago de los réditos vencidos de capitales eclesiásticos. En este artículo analizamos sólo la actitud de los propietarios de bienes inmuebles ante las deudas eclesiásticas que reconocían
sus propiedades, y tratamos de responder a la pregunta de cómo y por
qué se dio este hecho.

I.

107

propiedades estaban hipotecadas por menos del 500/o. La deuda_~º su
mayoría, el 940/o, pertenecía a la Iglesia, por lo q_ue Flon _se queJo entonces de que casi todas las rentas de estas propiedades iban a parar
a manos del clero s.
Aunque la situación de la propiedad agraria de Cholula podría ser
un caso extremo, expresaba una situación económic~. importante: ~¡
peso que los capitales eclesiásticos tenian s?bre la r~~on y, por consiguiente, la reducción del margen de ganancia y las linutac10nes del uso
pleno de la propiedad que implicaba 6 •
Los factores negativos del endeudamiento se prese?taron jus~ente como consecuencia de las irregularidades en los ciclos comercial~
y productivos. Esta situación queda por demás clara cuan~o se analizan los contratos de préstamo entre 1800 y 1815 para la región d~ Puebla: los préstamos se piden para refaccionar "comercios" Yse hipotecan para ello propiedades agrícolas como ranchos y haciendas 7 •

La ciudad de Puebla era el centro de una región que articulaba los espacios agrícolas de Cholula, Huejotzingo, Amozoc, San Juan de los
Llanos, Tepeaca, Tehuacán y Atlixco. Era también el centro de una
diócesis mucho más amplia (que incluía a los actuales estados de Tlaxcala Y gran parte de Veracruz). El hecho de que la ciudad de Puebla
fuera capital de un centro económico de importancia a la vez que sede
administrativa de la Iglesia, favoreció su fortalecimiento económico y
espiritual.

El resultado era que una quiebra en los circuitos mercantiles ocasionaba falta de pago en los sistemas crediticios. En estas circunstancias los efectos negativos del crédito eclesiástico se ponían claramente
de manífiesto. Precisamente cuando España se involucró en guerras
contra Francia e Inglaterra, y los circuitos mercantiles se vieron constantemente interrumpidos, las críticas a las deudas a favor del clero
se intensificaron 8 •

A fines del XVIII estaban plenamente establecidos once conventos de religiosas y, desde temprano, en la ciudad se habían fundado
los conventos de hombres más importantes (franciscanos, dominicos
3
y agustinos) • Para entonces la riqueza eclesiástica era quizá el factor económico de mayor importancia en la región: diversas instituciones dependientes del clero tenían ya en sus manos casi el 500/o del valor
de las casas de la ciudad, y las propiedades estaban en un gran número
endeudadas en favor de capitales eclesiásticos 4 •

Este fenómeno crediticio favoreció considerablemente las desigualdades de la distribución de capitales entre ciudad y campo, gravando
a éste para financiar las actividades mercant_iles urbanas. :.~bién dificultó notoriamente la acumulación de capital y la adqms1c1on y uso
pleno de la propiedad privada. Al estar gravada por gran parte de s~
valor y depender del crédito, la propiedad era ~ás vulne~able a los_ c!clos mercantiles y una insolvencia temporal pod1a traducirse en un JUJcio hipotecario y su eventual pérdida 9 •

La atención que se le prestó a este fenómeno a nivel local se puede
ver en el informe que redactó, en 1790, el indentente de Puebla, Manuel de Flon, sobre los capitales que se reconocían en la cercana jurisdiC&lt;:ión de Cholula. Las 58 propiedades agrícolas que conformaban las
haciendas y ranchos de Cholula reconocían hipotecas de más del 700/o
del valor de la propiedad. Cabe señalar que 20 de estas propiedades
se hallaban endeudadas entre el 90 y el 1000/o de su valor y sólo seis

Además , pocos podían consolidar su fortuna compran~o inmuebles que no cargaran algún tipo de deudas. Por el contrano, parece
que fueron muy frecuentes los remates de propiedades insolventes Y
los cambios de propietarios de una hacienda o rancho durante u~ período de cincuenta años o más. Aunque el hecho de que las propiedades materializaran parte del valor y lo canalizaran en forma de p_réstamos a la actividad comercial y mercantil tuvo sus grandes ventaJas, el
costo fue limitar la inversión a largo plazo y la consolidación de la ri-

�108

Siglo XIX
Cervantes 8 .: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

109

queza con base en la propiedad privada de uso pleno.
El problema crediticio se agravó en un grado extremo cuando apareció un nuevo factor: la demanda de crédito, creciente y coercitiva,
del Estado borbónico'º. La situación que creó la posición de la Corona de exigir en préstamo forzoso el dinero que en créditos administraba el clero, mediante la ley de Consolidación de Vales Reales 11 , no sólo afectó al clero sino a los particulares que dependían o debían fondos eclesiásticos. Aunque no sin dificultades, la Iglesia y los particulares lograron, a través de la independencia, evadir la presión fiscal del
Estado español.
Lamentablemente se conoce muy poco sobre el crédito eclesiástico
Ylas deudas a favor del clero durante la primera mitad del siglo XIX.
La historiografía después de la independencia se ha centrado en la desamortización y nacionalización de los bienes del clero, dejando vacío
el problema del crédito eclesiástico durante la primera mitad del siglo

XIX.

Esta situación a llevado a presuponer que el clero fue poco afectado hasta antes de 1856. Sin embargo hay varios indicios que muestran que no fue así y que, por el contrario, la Iglesia vio reducidos fuertemente sus ingresos. La guerra de independencia y los continuos enfrentamientos entre las facciones se valieron frecuentemente de fondos eclesiásticos
en efectivo o en diezmo, recolectados para sostener
las tropas 12 •
Los particulares comenzaron a tomar nuevas actitudes con respecto a
la Iglesia y los bienes eclesiásticos. Redujeron el pago del diezmo y comenzaron a ver las casas que rentaban como suyas 13• Es curioso señalar que no fueron hombres recién avecindados en la región poblana
los que principalmente llevaron a cabo este proceso: fueron los hijos
de las mismas familias coloniales, que en el siglo XIX adoptaron nuevas actitudes'4.
Si bien es muy difícil detectar el pago de réditos y la redención de
~pitales eclesiásticos si no es a partir de registros internos de la Iglesia, los documentos notariales pueden darnos una idea de la nueva sit~ación. El nivel_ de préstamos otorgados por la Iglesia se redujo drásticamente a partir de la ley de Consolidación para no recuperarse después. Los préstamos forzosos para sostener la lucha contra los insurgentes,_! después las guerras políticas internas, explican en parte esta
reducc1on.

Pero el factor decisivo en la disminución de la capac~d~d de pré~tamo eclesiástico fue la actitud de los deudores de_no redimir lo_s capitales eclesiásticos y de ya no fundar más obras p1as y capellamas, tal
como lo reconoció el mismo obispo poblano en 1847 1$ . Estas fundaciones piadosas, junto con las dotes de las ?1~njas, repre,!entaban la
fuente de crédito y la causa de hipoteca mas importante .
II.

Gracias a algunos registros internos podemos ~~n~r una ide~ de 1~ actitud de los deudores frente a los capitales ecles1ast1cos: La s1tuac1~~ de
los capitales de las capellanias y los conventos se denvaba de qmenes
eran Jos deudores, de cómo estaban pagando sus ~eudas _Y d~ cu~ndo
dejaron de hacerlo. El análisis de las cue!1tas de diversas mst1tuc1ones
eclesiásticas nos servirá para tener una idea de este proceso.
La Iglesia era de hecho un conjunt? d~ institucion~_con cierto ~ado
de autonomía. La participación ecles1ást1ca en el crédito dependio d 1
7
conjunto de estas instituciones, por lo que haremos una breve recapitulación de ellas.

Las deudas a favor del clero podían ser de capellanías, obras pías
y aniversarios, en cuyo caso eran ad~nistrad~ por el Juzgad~ de &lt;;a:
pellanias, Testamentarias y Obras P1as; se pod1a d~~r también a m
versiones O compromisos derivados de las dotes de religiosas de ~os conventos O a capitales propios, generalmente producto d: donac10!1es, Y
también a capitales provenientes de cofradías, colegios, hospitales,
etcétera.
Las capellanias, obras pías y aniversarios, a las ~ue ref~r~remos
como fundaciones piadosas, eran capitales que la Iglesia administraba
a cambio de cumplir ciertas obligaciones esp~ituales que el f~ndad~r
había designado. Podía tratarse del comproffilSo de celebrar c1e~o numero de misas por su alma, en cuyo caso gener~ente se d~1gnaba
a un capellán para que con el rédito de la fundación (capellarua) seordenara; también podría darse el caso de que con los ~roductos de la
donación se sostuviera una monja, un huérfano, o se diera 1~ dote para matrimonio a una mujer que tuviera las virtudes re~uendas pero
que careciera de dinero (como en el caso ~e las obras p1as); o, finalmente, la Iglesia podía administrar los ~~•tales P.cl1:ª que C?n sus _rentas se sostuvieran los gastos de cierta festmdad religiosa (aniversarios).
Las hipotecas debidas a estas fundaciones piadosas y a los capita-

�110

Siglo XIX
Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

CUADRO 1
REDITOS PAGADOS A CAPELLANIAS VACANTES.1813-1850

Periodo
1813-1815
1832-1834
1836
1837-1842
1847
1849-1850

Ingreso promedio anual Rédito promedio mensual
pagado por capellanla
8 388 pesos
23 436
44 448
29 938
17 748
28 740

165 pesos

288
313
532
230
527

Fuentes: A~chivo Histórico Diocesano de Puebla y Archivo del Convento de
San Gerómmo de Puebla, cuentas de varios años

!es de_los conventos constituyeron el grueso de los capitales del clero
mvert1dos en la región poblana' 7• Debido a esto nos centraremos en
las cue?tas de _algunas capellanías -principal fuente de crédito de las
fundaciones piadosas- y en las de algunos conventos de mujeres.
Por lo q~~ se refiere a las capellanías, hay varios cambios que llaman la atenc1on. Desde aproximadamente 1800 se comenzaron a detectar tres hechos que demuestran la crisis de estas fundaciones: se crearon_ cada ~ez meno~ ~pellanías_, obras pías y aniversarios; a pesar de
los mcent1vos econorrucos, hubieron pocos interesados en reclamar el
derecho ~e sucesión de la capellanía 18, originando un gran número de
capellaruas vacantes; y los réditos de estas fundaciones comenzaron a
deJar de ser pagados.
El cuadro I muestra los ingresos promedio anuales que recolectó
el Juzgado de Capellanías en Puebla por concepto de capellanías va~tes. El cua~ro muestra_ que los réditos pagados se redujeron notonamente en la epoca de la independencia (1813-1815) y durante la guerra del 47. Esto muestra que los ingresos de la Iglesia por réditos eran
extremadam~nte sensibles a los disturbios políticos mayores. Por otra
parte, el alto mgreso de 1836 probablemente se deba a la inflación pro-

111

vocada por la moneda de cobre y a la primera ley que intentó su retiro.
Debe tenerse en cuenta que la administración de capellanías vacantes
no permaneció pasiva ante el período de deterioro general de sus ingresos, ya que presionaba a los deudores para que pagaran puntualmente sus réditos.
En el cuadro I se puede apreciar también el rédito pagado, en promedio mensual, por cada capellanía. El promedio creció de 165 pes_os mensuales por fundación en 1813-15 a 527 en 1849-50, lo que sug:1ere que
la Iglesia intentó obligar a los deudores a que pagaran más, ~rob!bl~mente a causa de los réditos que tenían vencidos y que no hab1an liqmdado. Parece que, al menos para ciertos casos, la presión _q~e ejerció
el ramo de capellanías vacantes sobre los deudores tuvo e~1~0. G~an
parte de éste se debió a _la amenaz~ del ~oncurso. La adm1D1strac1ón
de capellanías vacantes implemento medidas para que se pagaran los
réditos atrasados.
Un análisis pormenorizado de una cuenta nos permitirá comprender mejor las actitudes de los particulares ante el pago de réditos. El
libro de 1832 recoge 196 casos de capellanías vacantes, es decir las fundaciones sobre las cuales la Iglesia estaba al pendiente de su cobro, o
como se señalaba, de las que "se tenia conocimiento".
En la contabilidad cada capellanía incluye dos datos: el número
de anualidades que pagó y el que quedó debiendo. Con esta información a cada fundación se le puede asignar un par ordenado (x,y) donde
x representa el número de años que pagó, en tanto y el número de anualidades que se deben. Por ejemplo, la capellanía que fundó Cristóbal
Otamendi contaba con un capital de 600 pesos con un anual de réditos
de 30; la reconocía Gertrudis Tello, que si bien a principios de 1832
debía dos anuales atrasados, en ese año liquidó su deuda corriente: de
este modo la capellanía de Otamendi quedaría representada por el par
ordenado (2, O).
Había casos en que la Iglesia misma desconocía el número de anualidades que el deudor debía, sea porque eran muchas o porque no se
sabía desde cuando había quedado vacante o cuánto dinero debía al
pasado capellán. Para estos casos empleamos el símbolo«-» en lugar
de la coordenada y. Una fundación que no pagara ningún anual ese
año y cuya deuda se desconocía está representada por (O, -).
El cuadro 2 representa cómo se distribuyeron las fundaciones piadosas vacantes de acuerdo a la relación de anuales pagados y debidos
(x, y).

�112

Siglo XIX

Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

los fundadores, y un número considerable debía más de un año de réditos. En contraste estaban quienes no debían nada (columna O) pero
estos sólo representaron el 270/o del total; en general se trataba de personas que debían entre uno y tres anuales, pero liquidaron su deuda
en ese año. Pocos fueron los casos que debían más de tres anuales y
que saldaron sus deudas en un año.

CUADR02

CAPELLANIAS VACANTF.S EN EL OBISPADO DE PUEBLA
(anuales que pagaron en 1832 y los que debían)

Anuales
pagados

Anuales

X

o

2

9

5
2
2

3

Vencidos Y
4

s

6-10 11-20 21-SO li
t(U

o

40

1
2

2

3

4

4

1

5

1

6-10
11-40

2
1

Sul&gt;-total

1

51

31

6
10
2
2
1
1
53

13
3
3
1

9

2

1
1

3

16

1

4

6

1
1

5 95
49
17
18
1 6

1

12

Veamos quienes pagaron réditos en este año, independientemente
si debían o no anuales atrasados. De los 101 casos que pagaron réditos, casi la mitad pagó un anual, en tanto que la otra mitad liquidó
más de una anualidad. Este hecho confirma la presión de la Iglesia sobre los deudores, pero esto sólo ocurrió con un pequeño grupo de ellos:
sólo el 270/o del total de capellanías vacantes registradas en la cuenta
pagaron más de un anual.
A pesar de sus esfuerzos, la Iglesia no pudo lograr que los deudores mayores, aquellos que debían más de tres anuales, pagaran réditos.
La gran mayoría de este tipo de deudores no liquidó nada.

4

1
29

I 13

1

11

2

4

20

7

5
2
7 196

Otro hecho que llama la atención es que la Iglesia ignoraba el estado de las deudas del 260/o de las fundaciones vacantes. Para 1832 apenas comenzaba a hacer un recuento de la actitud negativa al pago de
réditos y es probable que a eso se debiera tal situación. Entre estos casos estaban, por ejemplo, las deudas de Juan Azcárate que reconocía
sobre su hacienda Xoxtla, camino a San Martín Texmelucan, con tres
capellanías vacantes de 3 000 pesos cada una. El estado de sus deudas
no fue aclarado sino hasta años después. La finca se declaró embargada y entró a concurso en 1840, año en que la compró Mariano Fernández Anaya.

. El cuad~o debe leerse de la siguiente manera: a cada renglón se le
asignó un numero de acuerdo a los anuales pagados, que va del valor
Oa 11-40; cada renglón se halla subdividido en columnas de acuerdo
a los anuales vencidos y no pagados, valores que van de «-» hasta
21-50 años. El cuadro 2 nos indica que hubo 95 casos en los que el deudor ~o pagó nada (suma de subtotal del renglón O). De estos casos la
Iglesia i~orab~ la deuda de 40 (intersección "O" con «-» ), 9 debían
una anuali,dad (mtersección "O", "1 "), 2 debían nueve años de rédito
(O, 9), etcetera.

Otros deudores de los que no se sabía la magnitud de su deuda y
que no liquidaron, fueron el convento de Santo Domingo, cuyos bienes se secuestraron años después, la hacienda Juan Evangelista, que
reconocía dos capellanías vacantes, la hacienda José Bautista, del presbítero José González Cruz y la hacienda Toltepec, propiedad de Dolores García. Hubo incluso dos casos en los que el administrador asentó
en su cuaderno que "no se pudo averiguar el dueño de la fmca".

Comencemos por los deudo_res que no pagaron nada (renglón O).
E!1 total suman 95 casos, lo que mdica que casi la mitad de las capellaru~ vacantes nop~garon réditos en 1832. Para gran parte de estas fundaCiones la Iglesia mcluso desconocía cuántos anuales vencidos debían

Entre la lista de deudores mayores figuran Sebastián Furlong, que
debía poco más de cinco anuales sobre su hacienda San Bartolo y su
rancho Santa Isabel; el concurso de Juan Pablo de Ureta, que debía
ocho años de réditos; la hacienda Zopanaque de Josefa Bocarando de
Ibarra, que adeudaba réditos desde 1814; y la testamentaría de José

�114

Siglo XIX

Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-/856)

CTJADRO 3
ANUALIDADES PAGADAS Y VENCIDAS POR REDITOS DE CAPITALES
CONVENTO DE SANTA INES, 1821-1833

I 15

Aunque se pueden enc~:mtrar otr_os casos sim~lares d&lt;?n~e tuvo éxito el convenio con la Iglesia a camb10 de una qmta de red1tos -entre
los que se encuentra el de la testamentaría de Ag~stín de Ovand~-,
en 1832 se citan pocos ejemplos de deudores de mas de tres anualidades que hubiesen pagado a vacantes.

Anuales
pagados

Anuales

o

15

1

3

2

o

2

11

8

3

3

6

1

1

2

1

5

1

6-10

sub-total

8

5w
IIXal
50

2

4

11-W

1-5 6-10 11-20 ~1-40 ~1-60 61-100 ~01-140

1

3

2

2

2

2

1

5
1

6

1
6

3

w

16

1
21

25

1
29

21-40

Vencidos

2

9

15
4

43
2

13

17

12

8

3

3

131

~ntonio Núñez, qu~ no había pagado durante 33 años de una capellama v~cante reconocida sobre la hacienda Tlaxcolpa. Aunque se pueden citar casos de deudas atrasadas que se acumulaban desde varias
d~cadas, com? 71 caso de una capellanía vacante de la que no se hab_,an pagado red1tos desde 1766, la distribución de las anualidades vencidas en el cuadro 2 sugiere que la deserción en el pago de réditos comenzó a generalizarse, cuando más, 20 años antes de 1832.
Fueron pocos l?s casos sobre los cuales la Iglesia tuvo éxito en el
p~go de d~udas ~ntigua~:. En 1832 sabía que sobre los bienes del presbitero Jose Mana Pardmas se reconocían a favor de vacantes nueve
capellanías, atrasadas con seis anuales cada una. En 1835 se hizo un
recuen_to d~ l~s deudas y se descubrió que en algunas de las capellanías
s~ deb1an red1tos desde 1787. Para entonces el valor de los réditos vencidos, 24 751 ~esos, superaba en más del doble al monto de los principales. ~a Iglesia logr~ entonces entrar en un convenio con el deudor,
perdonandole un terci~ de la ?euda ~ cambio de liquidar a plazos el
resto. Para 1842 estos bienes solo debian 605 pesos de réditos antiguos.

Estos resultados coinciden con el análisis de los capitales conventuales durante el mismo período. Veamos la relación de las anualidades pagadas con las no liquidadas en el caso del convento de Santa Inés
(cuadro 3).
El 38% de los deudores no pagaron absolutamente nada de réditos durante los trece años (suma del renglón O). Dentro de estos casos
estaban varios concursos de bienes pendientes desde la época colonial,
y otros cuyas deudas eran incluso desconoc~das po~ los administradores porque no se había hecho una cuenta satisfactona. De los deudores
que tenemos datos podemos inferir que un buen número dejó de pagar
réditos entre 11 y 60 años antes de 1833.
Del 62% que pagaron réditos, la mayoría liquidó entre 6 y 20 años.
Estas cifras no son muy altas porque la cuenta es de 13 años y, por
consiguiente, debería representar otras tantas anualidades. Se podría
considerar, sin embargo, a la mayoría de los que liquidaron réditos como buenos (o, al menos, regulares) pagadores ya que muchos estaban
al corriente o debían entre uno y cinco anuales. Todavía los que llegaban a deber entre 11 y 20 años estaban al borde del alcance de la cuenta, porque la administración del convento les pudo cobrar algo. Eran
sin duda deudores que estaban a punto de perderse en el umbr~ de
las 20 anualidades, esos que estaban más allá de los cobros y casi era
seguro que sus capitales estaban perdidos. También habría que con~iderar en esta categoría a aquellos deudores de los que el monasteno
desconocía el número de anuales que habían dejado de pagar, ya que
pocos de ellos pagaron algo durante los 13 años de la cuenta. En realidad, eran muy pocos los que estaban al corriente de sus pagos ya que
sólo representaban 190Jo del total de deudores.

III.
Los datos que hemos analizado sugieren la existencia, hacia 1832, de
tres tipos de deudores en relación a los capitales eclesiásticos: los que
habían dejado de pagar sus réditos desde bacía más de 20 años -que
representaban capitales prácticamente perdidos-, y entre ellos desta-

�116

Siglo XIX

caba un sector responsable de deudas muy antiguas contraídas sobre
todo a partir de 1780; los deudores que comenzaron a atrasarse en el
pago de los anuales desde la guerra de independencia y que tenían 20
años o menos de no pagar réditos, la mayoría de los cuales había liquidado algunos anuales vencidos; y por último el reducido número de
personas que no debían nada a la administración conventual.
Desde 1847 presenciamos dos hechos: un mayor número de deudores dejó de pagar réditos, y se incrementaron las anualidades vencidas. La presión que la Iglesia había ejercido sobre los deudores en la
década de 1830 se había agotado. Hasta antes de 1847 la Iglesia había
podido ejercer sus derechos sobre un número considerable de deudas
atrasadas a través de muchos convenios notariales y de concursos de
bienes.
El incremento de acciones judiciales y demandas promovidas por
la Iglesia fue extraordinario en la década de 1830 y principios de 1840.
En efecto, varias fuentes atestiguan que entre 1827 y 1842 la sombra
de los concursos cayó sobre un número considerable de propiedades.
Más de un centenar de haciendas y casas entraron en juicio demandadas por la Iglesia, en lo que podría considerarse una verdadera amenaza a la propiedad de los deudores que se resistían a entrar en los
convenios.
A partir de 1847 la posibilidad de la Iglesia de hacer efectivos sus
créditos disminuyó. Este límite se alcanzó porque no podían salir a remat~ con éxito un número indeterminado de propiedades y posiblemente
debido a que la nueva situación que se vivió desde 1847 hizo que el
sistema judicial estuviera más cerca de los deudores que de la Iglesia 19•
Hubo varios factores que influyeron en la baja de los ingresos del
clero p&lt;&gt;r co~cepto de pago de réditos. Se podría suponer que en primera mstanc1a fue una respuesta a la crisis económica que la mayoría
de los productores de la región poblana resintió con la guerra de
20
Independencia • La petición de baja de réditos fue generalizada y los
propietarios que intentaron obtener ciertas condonaciones las lograron sin muchas dificultades.
·
Pero lo decisivo en la primera mitad del siglo XIX fue un cambio
en la actitud de los deudores. Se expresó tambien en las escasas donaciones a la Iglesia de capitales y de fundación de obras pías y capellanías. Este hecho estaba ligado sin duda a un cambio en las creencias
religiosas y de las ideas sobre el papel social de la Iglesia.

Cer~antes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

117

Pero también estaba vinculado a la presencia de un espíritu de lucro que buscaba apropiarse y consolidar una propiedad inmueble en
uso y dominio pleno, valiéndose de cualquier forma para ello. Tal comportamiento fue resultado de cambios sociales que se protagonizaban
en el siglo XIX: las leyes sobre desamortización y nacionalización de
los bienes del clero sólo fueron la fase final.
NOTAS

1. Este hecho se debió por el carácter acumulativo de las dotes de las religiosas y por
ser en el siglo XVIII cuando se fundó el mayor número de capellanías y obras
pías. Con respecto a los conventos véase Asunción Lavrín, "La riqueza de los conventos de monjas en la Nueva España: Estructura y evolución durante el siglo XVlll",
en Cahiers des Ameriques Latines, 1973; "Problems and polices of Administration
of Nunneries in México (1800.1835), Tbe Americas, 1971, XXVIII ( l ); y "Mexican
Nunneries from 1835 to 1860: Their Administrative Polices and Relation with State", TbeAmericas, 1972, XXVIII (3), pp. 288-310. La administración del dinero
dejado para las fundaciones piadosas ha sido analiz.ada por Míchael Costeloe, Cburcb
Wea/tb in Mexico. A Study of the "Juzgado de capellanías" in tbe Arcbiobisbopric
of Mexico, 1800-1856, Cambridge University Press, 1967.
2. Cf. Nancy Farris, Crown and Ciergy in Colonial Mexico. Tbe crisis of tbe Eclesiastical Privilege, Londres, University of London, 1978.
3. Una recapitulación de las fundaciones fue realizada por un cronista del siglo XVIII,
Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, en Histoiia de la fundación de la ciudad de la Puebla de los Angeles en la Nueva España, 2 vols. Puebla, ediciones Altiplano, 1962.
4. Cf. Rosal va Loreto López, "La distribución de la propiedad en la ciudad de Puebla
en la década de 1830" en Memoria de la Investigaciones Universitarias de Urbanismo, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, 1982. Aunque este texto se refiere
al siglo XIX, casi la totalidad de las propiedades eclesiásticas a fines del XVII estaban ya en manos de la Iglesia.

S. AGN, Intendencias, Censo de Manuel de Flon sobre lo.s capitales que se reconocen
en el partido de Cholula, 1790.
6. Un gran endeudamiento no sólo consume buena parte de las ganancias al tenerse
que pagar los réditos. Las hipotecas, además, limitan el uso pleno de la propiedad:
el bien no puede subdividirse, venderse o comprometerse sin consentimiento expreso de la parte acreedora, en este caso la Iglesia. Este hecho parece haber estado presente, aunque en diferente grado, en otras partes de la república. Véase el trabajo
de Linda Greenow, Credit and Socioeconomic Cbange in colonial Mexico. Loans
and Mortagages in Gua da/ajara. 1720-1820, Bolder, Colorado, Latín American Studies 12, 1983.
7. Durante el período ISQ0.1814 se otorgaron 275 préstamos en dinero en efectivo. Notariados en la ciudad de Puebla, en 130 de estos casos se hipotecaron propiedades
agrícolas, en 116 casas y sólo en 29 comercios. Esto contrastaba con el objeto con

�118

Siglo XIX

el cual se pedía el préstamo, que en poco más de la mitad iba destinado al comercio.
".éase para un análisis detallado Francisco Javier Cervantes Bello "La Consolidación de los vales reales en Puebla. Crisis y desestructuración de un mercado regional de capitales, 1800-1814", Puebla, 1984, UAP, mimeo.
8. Debe decirse además que Bauer ha seilalado que no todo el crédito eclesiástico era
producto de un préstamo y que de hecho muchas obligaciones hipotecarias eclesiásticas eran sólo compromisos de dar una renta fija al clero. Véase "Church in the Economy of Spanish American: Censos and Depósitos in 18th and 19th centuries" Hispanic American Historical Review, 1983, 63 (4).
'
9. Las relaciones entre comercio y agricultura y crédito han sido abordados parcialmente ~r John Kickza, Empresarios coloniales. Familias y negocios en la ciudad
de MéXIco durante los Borbones, México, FCE, 1986; Richard Lindley Las haciend~ Y e~ ~esarrollo económico. Gua~alajara, México, en la época de la independencia,_ Me,aco, FCE, 1983; y por Ennque Florescano "Formación económica de la
hacienda en la Nueva Espai!a", México, 1980, mimeo.
10. La guerra fue en gran parte responsable de sobre emisión de papel moneda demanda de crédito e inflación en Espaila. Cf. Earl Hamilton "Guerra e inflación en Espaila (1780-1800)" en El florecimiento del capitalismo. Ensayos de Historia Económica, Madrid, 1984, Alianza Universidad. Sobre las repercusiones en México véase
Carlos Marichal "La bancarrota del imperio: la crisis financiera de la Nueva España, 1780-1808", México, Universidad Autónoma Metropolitana, Monografía V Centenario, Banco de Espaila.
11. S?bre la aplicación de la ley véase Brian Hamnett, "The Appropriation of the MeXlcan Church Wealth by Spanish Bourbon Government: the Consolidación de los
Vales ~eales", Joumal of Latin American Studies, 1969; Asunción Lavrin, "The
Execu_tion of th~ Law of Consolidación. Economics Aims and Results", Hispanic
A.menean Histoncal Rev,ew, 1973, 53 (I); Francisco Javier Cervantes Bello "La Iglesia
Y la ~risis del crédito colonial en Puebla (1800-1814)" en Leonor Ludlow y Carlos
Mancha! (eds.), Banca y Poder en México (1800-1925), México, Grijalbo, 1986.
12. Al res_pecto véase Francisco Javier Cervantes Bello, "Los militares, la política fiscal
Y !os ";lgresos de _la Iglesia en Puebla", ponencia presentada en el coloquio sobre
H1stona de las Fmanzas en México, El Colegio de México, 1989, mimeo.
13. Sobre la actitu~ de es~ulació~ con respecto a las casas del clero en la ciudad de
~ebla en la pr?Dera nutad del siglo XIX véase Rosalva Loreto López, "Los inquilmos de la Iglesia. Problemas que enfrentó la propiedad urbana eclesiástica en Puebla! 182!-55", en Espacio y perfiles. Historia regional mexicana del siglo XIX, Puebla,
Umvers1dad Autónoma de Puebla - Ayuntamiento de Puebla vol. t, 1990.
14. Cf., francisco Javier Cervantes, "El clero y la Iglesia en Puebla ante tos cambios
d~I siglo XIX (1825-1833)" en Espacios y perfiles. Historia regional mexicana del
siglo XIX. Vol. 1, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla - Ayuntamiento de
Puebla, 1990.
15. El Católico, 30 de enero de 1847, cit. por M. Costeloe, op. cit., p. 61.
16. Había ot!as corporaciones o instituciones respaldadas por el clero que llegaban a
prestar dinero o a las cuales estaba asignada una renta o censo en forma de hipote-

Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

119

ca. Se trataba de colegios, parroquias y cofradías, éstas últimas son características de
organización más laicas que religiosas. Frente a los conventos y las fundaciones piadosas, el dinero o deudas de otras corporaciones clericales era menor. Cf. Archivo
General de Notarías del Estado de Puebla, Protocolos 1800-1850, para la ciudad
de Puebla.
17. Sobre los cálculos de las proporciones de la participación de cada uno de estos sectores puede tomarse como ejemplo el caso de Cholula donde, en 1790, el 75% de
las hipotecas a favor del clero provenía de fundaciones piadosas, y el 24.2% de diversos conventos. Archivo General de la Nación, Intendencias, Censo de Pion.
18. El fundador de una capellania marcaba una linea de sucesión entre sus descendientes para que disfrutaran de las rentas del capital que dejaba a cuidado de la Iglesia,
a cambio de que el capellán dijera o mandara a decir misas por la salvación de su
alma. La condición para ser capellán era, además del parentesco con el fundador,
tener vocación eclesiástica. Como consecuencia, gran número de fundaciones quedaron vacantes, hecho que coincide con la disminución de miembros del clero secular durante la primera mitad del siglo XIX. Cf. Eugene Muller, "The status of the
clergy in the first half of 19th. century Mexico", Kansas, Kansas University Library,
mimeo.
19. Puede verse al respecto el trabajo de M. Costeloe "Guadalupe Victorian anda Personal Loan from de Church in lndependent Mexico", The Americas, 1969, XXV (3).

20. Para el caso de la disminución de la producción agricola en San Martín Texmelucan
y otras haciendas cercanas a la ciudad de Puebla puede verse Francisco Javier Cervantes, "La crisis agrícola y la guerra de Independencia en Puebla, 1800-1820", ponencia presentada en el seminario La Formación del Capitalismo en México, Oaxaca, 1989.

�EL SIGLO XIX EN ECUADOR

Poder Republicano y Protesta Indígena
en la Provincia del Azuay
Martha Moscoso *

l. EL INDIGENA Y EL ESTADO REPUBLICANO

Durante el siglo XIX, el indígena se encontró ubicado entre dos concepciones forjadas por los sectores que controlaban el poder político:
la de individuo miserable, miembro de una "raza desgraciada" y "abyecta", digno de protección y cariño paternal, y la de ciudadano, con
el goce de iguales derechos y obligaciones que la población blanca y
mestiza. De acuerdo con la ideología en el poder, el indígena adquiría
el estatuto de tributario o de ciudadano.
Con el advenimiento de la era independiente, el indígena dejaría
de pagar el impuesto conocido con el "degradante nombre de tributo"
a que había estado sometido durante el régimen colonial. De vasallo
de la Corona se convirtió en ciudadano 1• Sin embargo, la sola idea
de cambio del estado indígena no fue suficiente para lograrlo. Las guerras de independencia habían costado mucho dinero a las cajas públicas y la supresión del tributo no ayudaba para su recuperación. Es así
que, a los pocos años, el tributo volvería a estar vigente bajo una denominación menos "degradante": la Contribución Personal de Indígenas, que reaparecía con la justificación de que la condición del indígena se "ha empeorado i se han agravado sus necesidades" . También
se manifestaba que los mismos indígenas solicitaban pagar dicho im2
puesto y quedar exentos de otras cargas fiscales •

• Depan amento de Historia de la Universidad Católica de Quito y Universidad Central
del Ecuador.

�122

Siglo XIX

En las ~rimeras décadas del siglo la economía del Departamento
del Sur _sufna una v~rdadera contracción debido, sobre todo, a las guerras de independencia y a la guerra con el Perú. Cuenca se vió particular~ente afectada por esta situación al haberse convertido en el escen~~10 de algunas de las batallas. Los constantes requerimientos de prov1s10nes, tanto d~ eleme~t~ humano como de animales de carga y produc~os para. 1~ ah~entac1?n de las tropas, limitaban aún más la ya reducida part1c1pac1on del indígena y del campesino en el mercado de
prod_uct?s. _P_or ~tra parte, el comercio que se realizaba con el Perú se
red~Jo s1gnif1cat1vamente, sobre todo, por la vía del interior. La falta
de c1~culante parece ser que fue un fenómeno importante como lo eviden:1an las constantes quejas de las autoridades provinciales en este
sentido. Este fenó~~~o incidía directamente en el ingreso provincial
puesto que las pos1b1hdades de cobrar la contribución disminuían.
. La necesidad de_ contar con ingresos fijos dio lugar a que las autondades_ l?~ales contm~aran con la recaudación del tributo a pesar de
su abohc1on. Para, el ano de 1826, su cobro se había suspendido únicament~ e? el C~nton Azogues. El principal ingreso de la provincia lo
C?~stJt~1a el tnbuto, como lo manifestaba un memorándum de la mumc1pal1dad de Azogues:
ha resu!tado que en este Cantón la única contribución de indígenas
produc1a 7 OOOpesos en cada año y la contribución directa ¡ 000 es~os, Yde _aqu1 es que se conoce claramente que si con el ramo antedicho de tributos, acaso. no es suficiente para sostenerse Ja Repúbli~• me_nos sería Y de ningún modo afianzable con la sola contribución dlfecta 3•

La disminución de_las rentas fiscales y provinciales inquietaba, sin embargo, a las autondade~ que buscaban los mecanismos más apropiados ~ar~ llenar este v~c10. En 1826 se pidió informes de la situación
econ~rmc~, a l~s autondades locales Hegando a la conclusión que "la
contnb~c1on directa no se paga por los dos tercios de los ciudadanos
que habitan en este depa!1a~ento'' por lo que se resolvió ''que se establezca el d_erecho d~ ~ap1tac1_on ? razón de tres pesos por cabeza desde
18 a 50 (sm excepc1on de mngun varón)" 4.
La capitación co~tit_uia un impuesto sustitutivo al tributo y abrió
las puertas a la_~ontnbuc1ón Personal de Indígenas establecida en 1828.
Para la adopc10n de esta medida se alegaba que la capitación
es ,el m~ conforme ª.la voluntad de los pueblos y por consiguiente
mas fácil su recaudación... es equitativo, porque a pesar de ser igual

Moscoso: Republicanos y pro1es1a indíg ena en Ecuador

123

su cuota, es visto que los ciudadanos ricos no pagan por sus sirvientes, con cuyos fallecimientos ellos son los que pierden las sumas socorridas. Además, los ciudadanos de comodidad quedan sujetos a contribuciones extraordinarias y préstamos en los casos de guerra. Sobre
todo el expresado impuesto influye directamente en la extinción de
vagos y adelantamiento de la agricultura 5 •

La necesidad de reactivar la producción y el mercado interno y, en consecuencia, la circulación de moneda, marcaba el pensamiento de las
autoridades en estos años. En 1828, el gobernador de Cuenca
manifestaba:
.. .que los indígenas satisfagan un impuesto o una contribución personal, no solo es bueno y ventajoso al Estado sino a ellos mismos
y a la agricultura. Esta no tiene otros brazos auxiliares ... que los de
los indígenas y ellos no trabajan si no es obligados por el pago del
impuesto. Sin él... se entregan al ocio y a los vicios .. . 6 •

La Contribución Personal de Indígenas estuvo vigente hasta 1857,
año de su abolición definitiva. Nuevamente el argumento esgrimido para
justificar esta decisión tenía relación con el estatuto del indígena en la
sociedad. Este impuesto era "bárbaro y antieconómico" pues pesaba
"exclusivamente sobre una clase y la más infeliz de la sociedad". Con
su supresión, los indígenas quedaban "igualados a los demás ecuatorianos en cuanto a los deberes y derechos" 7 •
En los dos momentos señalados se utilizaron argumentos diferentes que contrastaban entre sí. Para los gobernantes de la década de los
50, autoproclamados liberales, no podía continuar vigente un sistema
de organización social indígena considerado como anacrónico. El tributo o contribución de indígenas era una de las materializaciones más
tangibles de la reducción del indígena a la condición de siervos, esclavizándolo e incitándolo a la vagancia y al alcoholismo 8 • Su supresión
significaría, para el indígena, una oportunidad de integración a la sociedad blanco-mestiza en la que, como ciudadano, cumpliría los mismos deberes y tendría similares derechos que el resto de los ecuatorianos.
La ideología liberal contaba con una base económica que posibilitaba la adopción de esta medida. En la década de los 50 el ingreso nacional se alimentaba de fuentes cuyos aportes eran más significativos
que la contribución de indígenas, que presentaba una tendencia a la
baja, tanto en términos absolutos como relativos. Uno de estos rubros
era el de aduanas que, para ese año, representaba el 49% del ingreso
total, mientras que el tributo representaba el 12.6% 9•

�124

Siglo XIX

. La rentabilidad ~ue tenía est~ rubro era diferente al nivel provincial. A pesar de las dificultades existentes para su recaudación, este impuesto representaba la fuente más importante de ingreso (el 47% del
mgreso en 1852-1853)'0 • Al dejar de percibirlo, las rentas provinciales
se e~contraron en una _situación deficitaria por lo que se tuvo que recurrir a rentas provementes de la aduana de Guayaquil.
. Obviamente, la queja por parte de las autoridades locales no se
h1~0 esp:~ar. El Gobernador de la provincia manifestaba que al suprimir esa gabela monstruosa" el gobierno
... no hizo todo lo que debía hacer para que fuera perfecta su obra
porque no h~lló el re;mplazo que llenara el gran déficit que ha deja~
do en la hacienda pubhca la ley de abolición del tributo. Arrancar
el m~I que aquejaba a la nación, pero arrancarlo sin la vida de ella ...
abol~r ~na c?~trib~ci~n ominosa, mas la única capaz de sostener Ja
adm1mstrac10n
pubhca.. . es matar la administración en el
interior. .. 11
A pesar de este malestar, la Contribución Personal de Indígenas no
fue ~uesta nuevamente en vigencia. La administración regional tuvo
que 1m~lementar nuevas fuentes de ingreso a fin de revitalizar su
econom1a.
La ab?}ición del tributo no significó sino el cambio en la forma
de extracc!~n del exced_ente indígena, de dinero a trabajo, con la implementac1on del trabaJo obligatorio en las obras públicas a través de
la cont~bución subsidiaria. Esto trajo ~onsigo mayores cambios y transforma~10nes e~ la sociedad ind!gen_a sin llegar a su desaparición como
lo hab1an manifestado los part1danos de la abolición. El sistema indígen~ no resultaba ya anacrónico sino todo lo contrario funcional a
los mtentos de modernización del país, sustentado, entr; otros aspec~os, e? ~a apert~ra de vías de comunicación. A pesar de los enunciados
1deolog1cos de igualdad, pregonados por la ley de abolición los indíg~?as se convirtier~n ~n la fuerza de trabajo disponible para ia realizac!on de las obras publicas y a un bajo costo, dado lo reducido del salano pagado.
En definitiva, la condición de indígena o de ciudadano no alteraba el orden social establecido y el lugar que cada uno de los sectores
ocupa~an en la so:iedad. Aún después de la revolución liberal de 1895,
los md1genas contmuaban soportando el peso de la discriminación en
razón de su origen étnico. Los indígenas de San Sebastián manifestaban, en 1897, que

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

125

...al iniciarse la reforma liberal que preside el General Alfaro, se nos
hizo creer a los infelices indígenas que íbamos a mejorar mucho de
condición i que ibamos a ser ciudadanos como cualquiera, y a gozar
de las prerrogativas, inmunidades, y garantías que la nueva Constitución establecería en favor de todos los ecuatorianos. Tal era nuestra creencia y en ella fundábamos halagueñas esperanzas (pero) en la
parroquia a que pertenecemos nada ha ganado la clase indígena...
pues ... continuamos sujetos a los más duros e irritantes vejámenes
(...) hemos sido alistados y perentoriamente requeridos en nombre
de la autoridad parroquial para el trabajo del camino que conduce
a la ciudad de Guayaquil... 12
II. EXTRACCION DEL EXCEDENTE INDIGENA
Como miembro de una "raza abyecta" o como " ciudadano", el indígena estuvo siempre en la base de la construcción de la república y de
los intentos de modernización y progreso como mano de obra de bajo
costo. Aunque liberado del cumplimiento de otras obligaciones (las milicias, el ejército, el pago de alcabalas, por ejemplo), la carga tributaria a la que estaba sometido era suficiente para que su aporte
fuera más importante que el realizado por los demás sectores sociales.
La contribución en dinero y, posteriormente, la contribución subsidiaria destinada a la ejecución de las obras públicas, reducían al indígena
a la condición de generador de excedente en beneficio del Estado, la
Iglesia y la Hacienda logrando, como contraparte, la transformación
de la organización étnica y, en algunos casos, su disolución.
Esta situación tuvo sus variantes en los períodos de vigencia de cada una de las contribuciones, en los cuales el indígena se vio envuelto
en dinámicas diferentes así como también fue distinto el significado
de cada uno de los mecanismos de extracción del excedente implementados por el Estado.

a. La Contribución Personal de Indígenas
La Contribución Personal estaba dirigida a la población indígena masculina comprendida entre los 18 y los 50 afios de edad, que formaba
parte de los padrones de contribuyentes. Los indígenas menores y mayores a las edades establecidas eran considerados como "reservados",
así como los "liciados o enfermos habituales hasta el extremo de no
poder trabajar y ganar un salario" 13 • Los indígenas incluidos en esta
categoría estaban exonerados del pago. Si un contribuyente moría antes de terminar el período de pago se cobraba su parte correspondiente
a su familia.

�126

Siglo XIX

De igual manera se actuaba con aquellos que pasaban a ser reservados por enfermedad o por accidente 14 • En estos casos, la incapacidad para trabajar debía ser comprobada por dos médicos residentes
en la capital de la provincia o en las cabeceras cantonales. Si esto no
era posible, el recaudador de la contribución debía emitir un informe
a petición del protector de indígenas. Si la incapacidad no era total,
el indígena debía pagar la mitad de la cuota fijada 15 •
Desde 1830 se exoneró, además, a los indígenas que servían al Estado en calidad de postas o guías 16 • En 1851 quedaron exonerados
aquellos que se enrolaban voluntariamente en el ejército, los que seguían la carrera de Letras, durante el período de duración de los estudios y exoneración definitiva para quienes la concluyeran. También estaban exentos de por vida los indígenas que habían trabajado como
maestros de letras por un lapso de seis años consecutivos, los hijos legítimos de padre blanco y de madre indígena (más no los ilegítimos,
que debían seguir la condición de la madre).
Esta ley incluía entre los exonerados a los indígenas propietarios
de tierras cuyo valor sobrepasara los 1 000 pesos. En este caso, estaban obligados a pagar la contribución directa sobre el valor de la propiedad a la que estaban sujetos el resto de los propietarios 17. En 1854
la exoneración fue ampliada a los hijos legítimos de padre indígena y
madre blanca.
Asimismo, los "gobernadores de indígenas" y "caciques" auxiliares de la cobranza estaban libres de su pago mientras ejercían sus
funciones, y podían estarlo de por vida si habían desempeñado este
cargo por espacio de seis años 18 •
Sin embargo, la ley no estaba clara en lo que se refiere al papel
desempeñado por los miembros del Cabildo Pequeño (Alcaldes, Regidores y Alguaciles) como auxiliares, quienes se encontraban en una situación incierta respecto no sólo del pago sino de su condición en el
espacio social. Pensamos que, al no mencionarse su caso específico,
las autoridades indígenas debieron haber seguido su condición de indígenas y cancelar el impuesto.
El sistema de exoneraciones resultaba en sí demasiado complejo
y largo para ponerlo en práctica, dadas las exigencias y requisitos impuestos, y beneficiaba únicamente a un reducido número de indígenas.
Sin embargo, ante la expectativa de lograr la liberación del tributo, las
peticiones que llegaban ante las autoridades eran numerosas, aunque

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

127

no todos los peticionarios resultaran favorecidos. Quienes tenían mayores posibilidades eran los mestizos que lograban demostrar su origen español.
Es interesante observar cómo dentro de la concepción "racista"
de la organización del espacio republicano, las exoneraciones profundizaban la diferenciación existente entre blanco/ mestizos e indígenas,
tanto a nivel social como étnico. El hecho de buscar una salida legal
al pago del tributo debe haber producido un mayor distanciamiento
entre mestizos e indígenas. La búsqueda de un origen español había
impuesto a los primeros en una situación de rivindicación de lo blanco
y de negación de lo indígena, contribuyendo, de este modo, al desarrollo de una conciencia racista que sería asumida, en algunos casos, por
los mismos indígenas.
Las demás exenciones podían funcionar pero era muy raro que
un indígena estudiara letras o se alistara voluntariamente al ejército.
En el caso de los enfermos era más factible, aunque el trámite era largo y molesto. Efectivamente, en la documentación que hemos revisado se encuentran numerosas peticiones de exoneración por edad avanzada y origen étnico y, en un menor número, por enfermedad. De todas maneras, el Colector del impuesto se encontraba frente a una mayor resistencia y negativa de los contribuyentes a pagar su cuota, aumentando así las dificultades que tenía para el cobro.
Del mismo modo, la exoneración tendía a beneficiar a aquellos indígenas que gozaban de una mejor posición social y económica en tanto que propietarios de tierras. No es fácil conocer el número de indígenas que se encontraban en esta situación, aunque es posible pensar que,
si bien era reducido, ese enunciado legal podía haber alentado el interés por la acumulación de tierras, propiciado durante todo el siglo por
las leyes que favorecían la fragmentación de las tierras comunales y
su privatización 19•
De acuerdo con estas leyes, la propiedad privada de la tierra por
parte de los indígenas les permitiría su integración a la sociedad al dejar de pertenecer a una forma de organización considerada anacrónica. En este proceso de venta y arrendamiento de la propiedad comunitaria tenían prioridad los indígenas pero, al mismo tiempo, se favorecía el acceso de blancos y mestizos en la comunidad en calidad de
arrendatarios.

�128

Siglo XIX

Las autoridades locales se empeñaban en cumplir con este proyecto agrario. Aunque no conocemos el impacto real que tuvo ni sus resultados, parece ser que -si bien estimuló el interés indígena por la
propiedad privada- en otros casos favoreció más bien el desarrollo
de una fuerte resistencia en algunas comunidades.
En 1822, el gobernador de Cuenca envió una Circular a las autoridades parroquiales con el fin de que hicieran efectivo el reparto de las
tierras comunales. El Teniente de Sidcay respondió que él procuraría
"hacerles comprender (a los indígenas) las miras benéficas del soberano congreso en la medida de tierras, y la gran diferencia que hay de
una posesión precarea a una propiedad directa".
Manifestaba también que la resistencia a la medición de las tierras
se debía a que los indígenas tenían "por sistema venerar ciegamente
las costumbres y establecimientos de sus mayores... " 20•
El tributo se convirtió en un mecanismo clave para el ordenamiento del espacio social republicano, en el cual se ubicaba los ciudadanos
con deberes y derechos específicos, los indígenas, obligados a pagar
el tributo, y un sector intermedio conformado por indígenas y mestizos que buscaban salir de su condición étnica a través del mestizaje y
de la exoneración del tributo y, por otro lado, por blancos, mestizos
o indígenas que accedían a las tierras de comunidad en calidad de pequeños propietarios.
De acuerdo con el decreto de 1828, la cantidad fijada como tributo era de 3 pesos 4 reales, pagadera en dos cuotas semestrales: el 30
de junio y el 31 de diciembre. En 1845 se la redujo a 3 pesos, que debían ser cancelados al terminar el año. En algunas ocasiones (1839, 1846
y 1847) se exigió el pago anticipado, empezando su recaudación en el
mes de mayo. Este hecho dio lugar a numerosas protestas y dificultades para la recaudación. El pago de 3 pesos equivalía al salario percibido por 60 días de trabajo.
Este dinero podían haberlo obtenido a través de su vinculación a
diferentes actividades productivas o de intercambio. De acuerdÓ con
los testimonios de la época, los campesinos e indígenas se convertían
en jornaleros en las haciendas, trabajaban en la ciudad o en la recolección de la cascarilla. En otros casos se dedícaban a la producción artesanal en pequeña escala para venderla en el mercado o vendían parte
de los productos agrícolas.

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

129

De todas maneras, para el campesino parcelario o para el indígena
de comunidad, inscrito dentro de un proceso significativo de transformación, el pago de los 3 pesos podía resultar oneroso y, peor aún, si
se le cobraba anticipadamente. El tributo se había ido transformando
paulatinamente en un mecanismo personal (y ya no comunitario) de
extracción del excedente por lo que, en épocas de baja producción o
de escasez de fuentes de trabajo, y dada la presión para su pago, los
contribuyentes veían como únicos recursos la fuga o el asilo en las haciendas en calidad de "conciertos".
En los testimonios analizados no encontramos referencias a la conservación del pago del tributo a través de mecanismos colectivos, implementados por la comunidad. Tradicionalmente, el tributo había sido afrontado por la comunidad, aunque la tasación de los productos
o de la cantidad de dinero que debían pagar, era personal. El monto
reunido se entregaba al cacique, quien oficializaba el pago. En el siglo
XIX, cada tributario pagaba su parte correspondiente a los colectores
y autoridades encargados de la recaudación. Cada indígena recibía una
carta de pago, la que tenía que ser presentada al año siguiente para
la cancelación del impuesto del año.
El cobro del tributo estaba a cargo de los recaudadores designados por el Gobierno, quienes debían dar una fianza equivalente a la
cuarta parte del monto a recaudarse responsabilizándose, además, con
sus bienes hasta por la cuarta parte de dicho valor. Este funcionario
percibía una comisión del 6% (el 5% para él y el 1% para el Jefe Político del cantón)21 • En 1851 se le asignó el 12% del total recaudado22 •
La presión ejercida sobre este funcionario para la recaudación del
"entero" de la contribución (además de sus propias pretensiones) dio
lugar a la implementación de una serie de mecanismos coercitivos respecto de las autoridades locales Gefes políticos y tenientes parroquiales) en base a un sistema de multas si no cumplían con sus obligaciones
de auxiliares de la cobranza. Del mismo modo actuaban estos representantes del poder local respecto de las autoridades indígenas, sobre
quienes recaía la tarea del cobro y sobre todo de la denuncia de los
indígenas deudores. Los miembros del Cabildo recibían constantes amenazas de multas e incluso castigos corporales cuando no cumplían con
la tarea encomendada. A pesar de las medidas adoptadas, la dificultad
para recaudar el dinero era constante debido a la negativa y a la protesta de los indígenas.
Se emitieron disposiciones de todo tipo para evitar la evasión de

�l JO

Siglo XIX

su pago. En efecto, todo indígena que cambiaba de domicilio tenía la
obligación de dar aviso al recaudador sobre este particular, de manera
que su nombre fuese registrado en los padrones del cantón de su nuevo
domicilio.
Parece ser que la movilización de los indígenas era importante por
lo que, en los 40, se impuso la obligación de obtener y presentar un
pasaporte a las autoridades de la provincia a donde llegaban. Las haciendas se constituyeron también en escondite de los contribuyentes,
quienes no constaban en los padrones formados con los indígenas conciertos. Los conciertos estaban exentos del pago directo debiendo hacerlo, en su lugar, el hacendado. Sin embargo, la cantidad erogada con
este objeto era sumada a la deuda que tenían los conciertos con el
patrón.
En algunas ocasiones los hacendados se negaban a pagar la contribución de sus conciertos por lo que la represión recaía sobre los indígenas, quienes eran reducidos a prisión. En otros casos los hacendados proponían cancelar la deuda en productos. En 1838, las haciendas
Susudel y la Cría (parroquia de Oña) de propiedad de José Miguel Valdivieso, adeudaban la cantidad de 600 pesos por concepto de contribución. El propietario propuso el pago en parvas de cebada. El Colector
rechazó esta propuesta por ser un producto que implicaba problemas
de comercialización por lo que se le aceptó el pago en animales.
Asimismo se estableció un sistema de gratificación al Recaudador
y al Gobernador de Indígenas que diera aviso de indígenas deudores.
En 1836 se pagaba 4 reales por cada deudor23. En 1854 se aumentó la
gratificación a I peso si el indígena adeudaba la contribución hasta
por 3 años y, a partir del cuarto año se aumentaba 4 reales por cada
año de deuda 24 • Este incremento trataba de conseguir los resultados
positivos que no se habían logrado con la recompensa señalada anteriormente, según lo denunciaba el gobernador de la provincia en
183825 •
El sistema de recaudación vigente daba lugar a que se cometieran
abusos de todo género contra los indígenas. Se denunciaron malos tratos, castigos corporales, capturas arbitrarias de bienes y productos así
como también encarcelamientos masivos. En 1840, el gobernador de
la provincia manifestaba que las cárceles estaban "llenas de indígenas
porque no pagan la única contribución de su clase"26 •
La negativa a pagar la contribución, la evasión a través de la fuga

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

/JI

o la migración, la protesta abierta y la sublevación mantenían en constante preocupación a las autoridades y sobre todo a aquellas encargadas del cobro. Los colectores solicitaban frecuentemente el auxilio de
la fuerza armada para realizar el cobro, negándose a hacerlo si no contaban con su apoyo.

b. La Contribución Subsidiaria
27

Esta contribución, establecida por primera vez en 1825 y ,revitalizada luego de la supresión de la Contribución Personal de Ind1genas, estaba destinada a conseguir los fondos y, sobre todo, la mano de obra
necesaria para la apertura de carrunos interprovinciales? v~~nales, para
la composición y mejora de los ya existentes y la reabzac1on de otras
obras de carácter público.
Esta nueva modalidad de extracción de excedente en beneficio estatal y local surgió de la necesidad, cada ~ez más ~m~eriosa, de com~nicar eficientemente entre sí a las dos regiones pnnc1pales del espacio
republicano. Los sectores serranos que controlaban)ª p~~ducción agrícola tenían muchas limitaciones para lograr la reahzac1on de los productos en el mercado interregional en razón del mal estado en el que
se encontraban las pocas vías de comunicación existentes. A ~ivel local el consumo era reducido; los sectores indígenas y campesmos requ;rían de escasos productos del mercado, dadas l_as formas productivas propias con las que hacían frente a sus neces1d~des de rep_rod~cción. Las autoridades expusieron, en múltiples ocasiones, sus mqmetudes al respecto.
En 1839 el Congreso expidió una nueva ley sobre la apertura Ycomposición de los caminos, considerando que "uno de los medios principales de favorecer el comercio y la agricultura" era "poner espeditas
las vías de comunicación, abriendo caminos cómodos Y
permanentes"28 •
El gobernador del Azuay se expresaba en los mismos términos sobre la necesidad de componer el camino a Naranjal, vía de contacto
con la costa. Manifestaba que "el mal estado ... en el que se halla perjudica al comercio y agricultura de esta provincia, llamada por recíproca conveniencia a estar en comunicación continua con
Guayaquil. .. ' ' 29 •
La situación de aislamiento de la provincia dio lugar a la expedi-

�132

Siglo XIX

ción de una serie de reglamentos específicos para la construcción del
camino a Naranjal, por medio de los cuales se adjudicaban, para este
fin, todos los fondos y recursos recaudados en la provincia por concepto de contribución subsidiaria. Esta se convirtió en la obra más importante y de mayor interés de la provincia, y en torno al cumplimiento de este objetivo se movilizó a la población indígena y a ciertos sectores blancos y mestizos comprendidos entre los 18 y 50 años de edad
(en algunos períodos se extendió la edad a los 60 años).
. La integración de todos los sectores sociales al trabajo público deJaba de lado el principio de separación racial que había sustentado la
existencia del tributo indígena. Cada uno de los contribuyentes debía
pagar el impuesto, en trabajo o en dinero, la suma equivalente al jornal de los días correspondientes a los señalados por la ley. En sus inicios, el tiempo establecido como obligatorio era de cuatro días al afio
o el pago de 4 reales (posteriormente 6) equivalente al salario de 4 días.
Para el camino de Naranjal se amplió la estadía a 15 días a fines de
la década de los 40 y a 24 en 1874, únicamente de permanencia en
la obra sin contar con los días empleados en el viaje30• Sin embargo,
si se habían cumplido ya los turnos por parte de todos los empadronados no se esperaba el transcurso de un año para volverlos a notificar.
Los trabajadores de las obras públicas recibían un salario de 1/2
real diario y posteriormente de un real y la alimentación que consistía
sobre todo de mote y aguardiente. Ante la negativa propuesta de los
indígenas y campesinos a concurrir al camino de Naranjal, el Concejo
Municipal de Cuenca trató, en 1849, de incentivarlos ofreciendo un salario de 2 reales diarios más la alimentación, el concurso de un médico
y la indemnización del viaje de ida y vuelta. Por otra parte, se trató
de fomentar el aumento de la población en las zonas aledañas al carretero, favoreciendo la instalación de tambos y exonerando a los pobladores de las reclutas para el trabajo público y del pago de diezmos y
primicias.
La construcción del camino a Naranjal fue asignada a contratistas
particulares a quienes se les concedían ciertos beneficios como el cobro del peaje por un tiempo determinado, el derecho de pontazgo, la
concesión de tierras baldías, exoneración de la requisa de animales de
carga, de carruajes, de herramientas, etcétera, para el servicio del
Estado31 •
Alrededor de la obra del "camino carretero" se había formado un
sistema de mercado de víveres y aguardiente manejado por los sobres-

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

133

tantes, conductores y demás empleados públicos, quienes sacaban provecho del salario recibido por los jornaleros.
Por medio de la Contribución Subsidiaria se trataba de involucrar
en el trabajo en las obras públicas a un mayor número de personas,
por lo que las exoneraciones que estuvieron vigentes en relación a la
Contribución de Indígenas habían dejado de tener validez. Así, los mayores de 50 años y menores de 20, enfermos habituales y mujeres, debían cancelarlo siempre y cuando fueran propietarios de tierras32• Ante
la imposibilidad de acudir al trabajo, debían hacerlo en dinero.
De la misma manera que la Contribuición Personal de Indígenas,
la Contribución Subsidiaria y, fundamentalmente, el trabajo en el camino de Naranjal se constituyeron en factores importantes para la organización social, así como para delimitar el tipo de relación que se
establecía entre el indígena y las instancias de poder regional local y
con la hacienda.
El indígena volvía a ser asimilado a la condición de ciudadano, obligado a pagar la contribución subsidiaria en los mismos términos que
el resto de contribuyentes blancos y mestizos. Aunque legalmente las
disposiciones eran claras, nos queda la duda de que, en la práctica, éstos hubieran participado en el trabajo público en las mismas condiciones que los indígenas. En lo que se refiere a la provincia de Cuenca
no encontramos evidencias de que se hubiera dado ya que, desgraciadamente, los padrones de contribuyentes no especificaban su origen
étnico.
Sin embargo, la posibilidad de pagar la contribución en dinero
podría haber dado lugar a que blancos y aún mestizos pertenecientes
a estratos acomodados e influyentes de la sociedad, tanto de la capital
provincial como de los cantones y parroquias rurales, se hubieran acogido a esta disposición. De esta manera, la participación en el trabajo
se habría reducido a los indígenas y campesinos mestizos y blancos empobrecidos. Existen algunas referencias a su participación en dichos
trabajos, sobre todo en ciertas parroquias y en ciertos períodos en los
que la mano de obra indígena parecía escasear.
En 1867, el jefe político de Gualaceo se dirigía al Gobernador para
comunicarle que
la lista de inscritos... no asciende en todo el cantón sino a doscientos
sesenta i tanto en la forma siguiente: en Gualaceo 136, contándose

�134

Siglo XIX

en este número los miembros de la Municipalidad i muchas personas
notables del lugar, con más algunos artesanos utilisimos en la
población ... 33 •

El Cabildo Pequeño de Cochapata manifestaba que "como la lei de
la carretera no dise que sean yndios solo los jornaleros desta parroquia
remitemos blancos que viven travajando pa si, aunque no se arrienden
pa terseros". Añadía que en dicha parroquia "jornaleros indios solo
hay los del Cabildo Pequeño" 34 •
Los indígenas de El Valle pedían al Gobernador la exención de prestar servicios públicos pues "nuestra clase es la única que se entiende
en las obras públicas y en sostener las cargas del estado con la contribución y tributo ..." 35.
Por ciertos testimonios podemos ver que los blancos eran asignados a funciones diferentes a las de peones, actuando como "comisionados" en la conducción de los trabajadores o como sus "guardias"
en las cárceles parroquiales. Así en Sayausi se enviaron 30 peones a
Naranjal para el transporte de un piano con el "auxilio" de algunos
comisionados blancos36; y en Nabón, diez peones destinados al trabajo
del camino de Cuyes fueron encarcelados bajo la vigilancia de ocho
guardias blancos37 •
Las mismas leyes que reglamentaban la contribución posibilitaban
la evasión del trab&amp;jo por parte de ciertos sectores sociales, al determinar que podían "concurrir a la composición de los caminos por sí o
por medio de otros"38• Existen algunos casos en los que los propietarios enviaban a sus jornaleros en su lugar. Esta no parece haber sido,
sin embargo, la regla general, sino más bien un mecanismo utilizado
por hacendados poco influyentes que no podían ejercitar su poder sobre las autoridades locales o sobre los comisionados encargados de la
recluta.
El hacendado Felipe Ullauri se quejaba, en 1881, de que el teniente político de Cochapata había enviado a su mayordomo al trabajo de
Guarumal a pesar de que había enviado ya cinco trabajadores para dichas obras39•
La actitud más generalizada de los hacendados fue la de oponerse
al reclutamiento y envío de los peones y conciertos de sus propiedades.
A pesar de la exoneración de la que gozaban los conciertos, en los períodos de escasez de mano de obra la presión sobre el indígena y el

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

135

campesino se intensificaba hasta el grado de enrolar a los peones de
las haciendas. En la disputa por el control del recurso humano y por
la captación del excedente generado, los hacendados no sólo ocu~taban o libraban a los peones conciertos que habían sido reclutados smo
que convertían las haciendas en lugares de refugio de los indígenas y
campesinos empadronados.
Los recaudadores y comisionados se quejaban con frecuencia de
que "los patrones han liberado a sus conciertos" o que "hacen muchas amenazas a todos los mandones de bara" 40 • En algunas ocasiones podían llegar a un acuerdo como en el caso de los hacendados de
Cañar que aceptaron contribuir con "la cuarta parte de peones para
el Naranjal"41• O como en el caso de Quinjeo, en 1896, donde los hacendados preferían pagar la contribución por sus jornaleros antes de
enviarlos al trabajo42 •
En lo que se refiere a la recaudación, se había establecido no sólo
un aparato burocrático para lograr su eficacia y para reclutar la mano
de obra requerida para las obras públicas sino, además, un sistema de
sanciones para castigar su incumplimiento. Estas iban desde las multas impuestas a las autoridades locales e indígenas que no cumplían
con el abastecimiento de trabajadores hasta persecuciones y embargo
de los bienes de los indígenas que no se presentaban a cumplir con la
obligación impuesta. Los bienes embargados eran rematados (aunque
no tenían acogida por parte de los indígenas, quienes manifestaban su
rechazo negándose a adquirirlos). Parece ser que el sistema de remate
se convirtió en un mecanismo de enriquecimiento y apropiación de tierras adoptado por los mestizos y los blancos del pueblo o la de las haciendas cercanas.
La convocatoria para el trabajo la realizaban el Gobernador de indígenas y las autoridades que componían el Cabildo Pequeño quienes
debían ayudar, además, al Teniente Parroquial y al Comisionado a reunir y llevar la gente hasta su destino. La notificación se realizaba personalmente o en las casas de los indígenas, y se entregaba, en algunos
casos, una parte del jornal que habrían de percibir por su trabajo.
Ante las amenazas de multa y prisión por parte del Teniente Parroquial, los miembros del Cabildo Pequeño manifestaban que no era
su culpa " que los notificados dejen de concurrir a los trabajos forzados a que les llama " 43•
En los períodos de escasez de mano de obra, ya sea por la negativa

�136

Siglo XIX

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

o rechazo, por la migración o por disminución de la población, eran
reclutados los viejos, los nulos, los lisiados, las mujeres y los conciertos de las haciendas, que estaban tradicionalmente exonerados de cumplir con esta obligación. La presión ejercida por el gobernador para
contar con la mano de obra necesaria para el camino de Naranjal daba lugar a una pugna constante entre esta instancia de poder y las autoridades locales quienes debían, además, ejecutar una serie de obras
en beneficio de la parroquia y de la iglesia (construcción del templo,
de escuelas, caminos, etcétera).
Los indígenas "capturados" eran encerrados en la cárcel hasta el
momento de ser conducidos a los trabajos. Existían también otros mecanismos para reclutar mano de obra como las leyes sobre ''vagancia",
que recaían sobre aquellos considerados "vagos", "malcasados" o
"malentretenidos".
Podríamos citar algunos ejemplos de los niveles de exigencia de
mano de obra. En 1850, el Concejo Municipal dispuso la apertura de
un canal de agua para abastecimiento de la ciudad. Para su ejecución
debían participar 500 indígenas por año, provenientes de las parroquias
aledañas a Cuenca (San Bias, Sininclay y San Sebastián). En 1851 se
exigió la participación de sesenta trabajadores diarios, es decir, alrededor de 1 700 por mes. Se incluyó además a las parroquias de Baños
y San Roque. En 1856 esta obra estaba lejos de ser concluida y cada
trabajador había cumplido con tres tumos al año.
En el informe presentado por la Casa Ordóiiez y Hnos., contratista del camino de Naranjal, para el mes de octubre de 1866, consta la
participación de 2 262 jornaleros asignados a diferentes tareas.
Parece ser que, hasta mediados del siglo XIX, los Gobernadores
de Indígenas recibían una remuneración por sus servicios al Estado,
más no así los miembros del Cabildo Pequeño. En 1853, las autoridades de El Valle solicitaban al gobernador la exoneración de la Contribución Subsidiaria alegando que, al ser los encargados de ''alistar buscar y traer a los peones" y de "la recaudación de los fondos creados
por las leyes del Camino de Naranjal y del trabajo subsidiario" no deberían pagarla. El gobernador ordenó que los colectores les pagasen los
6 reales solicitados
del porcentaje (12%) que ellos recibían por la
cobranza44•
La abolición de la Contribución Subsidiaria en 1895 significó para la población indígena la posibilidad de reducción de los niveles de
45

137

sobreexplotación a los que había estado sometida a lo largo del XIX
a pesar de que, en algunas zonas, las autoridades locales continuarían
cometiendo abusos en pos de obtener un excedente que había sido tradicionalmente proporcionado por este sector social.
111. LA PROTESTA INDIGENA
Durante el siglo XIX los indígenas actuaron de diversas formas frente
a las políticas fiscales y a las exigencias gubernamentales. En ciertos
momentos y en determinadas zonas aceptaron las imposiciones, a pesar del grado de explotación al que estaban sometidos negociando, únicamente, la forma de cumplirlas.
La inconformidad y el descontento que manifestaban en ocasiones derivaba, más bien, del exceso de requerimientos o de los abusos
cometidos en la aplicación de dichas medidas. En estos casos eran comunes la denuncia, la queja o la petición dirigidas a 1~ autoridades
gubernamentales, cuyo objetivo era conseguir la reducetón de las cargas tributarias, el aplazamiento del cobro, la disminución de tareas o
el logro de algún beneficio.
A través de numerosos testimonios podemos ver que las cargas impuestas al indígena podían haber resultado intolerables y suficien~es
para provocar sublevaciones y un rechazo total a todos estos mecarusmos de extracción del excedente. Sin embargo, vemos que no se planteaban como reivindicación la eliminación de las contribuciones sino
que se las aceptaba como legítimas y se trataba de cumplirlas. La insatisfacción se daba por los excesos cometidos pero se volvía manifiesta
a través de los mecanismos legales señalados y, casi siempre, por intermedio del Cabildo Pequeño.
En una queja presentada por el Cabildo de Sinincay se puede apreciar que los comuneros habían pagado la contribución en dinero, acarreando madera para la construcción del hospital y de los puentes del
Barrio Blanco y de El Vado, y habían trabajado en las obras de San
Francisco cumpliendo cuatro tumos de trabajo en el transcurso de un
año46• En ,Patamarca, la comunidad "se ocupaba de enero a enero"
en los trabajos públicos y por ello no tenia
. ..descanso alguno para destinarse a buscar la subsistencia de sus familias... pues ya trabajan por la Ley del camino de Naranjal, ya por
trabajos subsidiarios, ya a merced de los Tenientes parroquiales, viéndose así sofocados y desesperados47•

�138

Siglo XIX
Mo~coso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

En Sayausi, los indígenas habían sido reclutados por tres ocasiones diferentes para la construcción del canal destinado a conducir el agua
48
hasta Cuenca • El Teniente Político de Baños manifestaba que
la jente de este pueblo, á trabajado desde el mes de enero y como ya
s~ ha concluido la jente que debe trabajar en el Salado, espero saber
s1 se puede hacer notificar principiando un nuebo turno ... en esta semana han acarriado también tres mil ladrillos con cuyo motivo los
indios están bastante rebeldes porque no se les deja descansar ...49

Cuando se trataba del camino de Naranjal, los indígenas de comunidad aceptaban pagar la contribución en dinero, oponieéndose a participar en la obras.
En 1897, los comuneros de San Juan manifestaban que " ... como
!ndígenas sumisos nos hemos prestado, aún con perjuicio de nuestros
mtereses á toda clase de trabajos de la parroquia a que
pertenecemos' ' 50•
¿Qué es lo que determinaba la acción de los indígenas de ciertas
comunidades, impidiendo el desarrollo de la protesta y la sublevación?
Creemos que existen varios factores en la base de este hecho. Por
un lado, el Estado era el propietario de una parte de las tierras en las
que se asentaban las comunidades de indígenas. El uso de las tierras
de "reversión" le concedía el derecho de exigir servicios y contribuciones a su favor, el mismo que era aceptado como legítimo por parte de
los indígenas y sus autoridades.
En 1849, el Gobernador de la provincia se dirigía al Teniente del
Tambo para manifestarle que
los indígenas que poseen terrenos comunarios deben prestar los servicios á que están obligados sin causa ni pretexto alguno... si se resistieren puede U. adjudicar dichos terrenos á otros indígenas que puedan desempeñar cumplidamente sus deberes ... 51

Por otra parte, el cumplimiento de las obligaciones tributarias liberaba
a los indígenas de otras cargas como el pago de las alcabalas del imp_ues~o predial y, sobre todo, del reclutamiento para las rnili~ias y el
eJerc1to.
.
Por último, y como factor más importante, estaba el hecho de la
mtervención de la autoridad indígena como intermediaria entre el Es-

139

tado y la comunidad. El Cabildo Pequeño participaba en la recaudación de las contribuciones y en la notificación y recluta de los peones
destinados a las obras públicas. Cumplía funciones administrativas en
beneficio estatal pero, al mismo tiempo, realizaba tareas en beneficio
de la comunidad, como el reparto de tierras, la organización de las actividades productivas y, sobre todo, las funciones de protección Y de
administración de la justicia así como de representación de los indígenas ante las autoridades republicanas.
Estas funciones permitían que el Cabildo gozara de la aceptación
de la comunidad y de la influencia y poder necesarios para lograr de
los indígenas el cumplimiento de las exigencias estatales. Su rol de mediador y protector convertía a la instancia de poder indígena en un elemento clave para lograr la aceptación y el consenso respecto de las políticas estatales. A pesar de que las acciones del Cabildo indígena tenían una eficacia muy limitada, y en muy pocas ocasiones obtuvieron
resultados positivos para la comunidad, la población indígena veía en
sus autoridades a los propiciadores de beneficios y seguridad.
La seguridad que se daba entre las autoridades indígenas y la población comunera se sustentaba en la reciprocidad de bienes y servicios. Los indígenas aceptaban cumplir con las obligaciones tributarias,
en dinero y en trabajo, en razón de la intervención del poder étnico.
En el Cabildo se materializaba la concesión de los bienes y servicios
recibidos por la comunidad. Sí las tierras de "reversión" pertenecían
al Estado, era la autoridad indígena quien realizaba la entrega a la población. Los servicios y contribuciones que daban los indígenas a cambio, los entregaban a través de las autoridades. Si el Estado permitía
ciertos canales de expresión y ciertos mecanismos de protección y de
justicia, era el Cabildo quien los hacía accesibles a la comunidad. En
retribución, y como un acto de reciprocidad, los indígenas aceptaban
pagar la contribución y prestar sus servicios.
Esta relación no se daba en los mismos términos en todas las comunidades. El impacto de los cambios y transformaciones que tenían
lugar en las organizaciones étnicas recaía en una mayor magnitud sobre aquellas cuyas características facilitaban este proceso (fragmentación de la propiedad; erosión y mala calidad de los suelos; cercanía
a los centros poblados y de mercado; proximidad a otros espacios productivos; proceso de mestizaje, etcétera). Las transformaciones afectaban también al sistema de poder étnico disminuyendo su capacidad
de convocatoria y de persuasión de la población comunera. El Cabildo
Pequeño, debilitado y sin consenso, no tenía el poder necesario para

�140

Siglo XIX

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

141

manejar el descontento de la población y canalizarlo hacia la legalidad.

tribución subsidiaria- en trabajo.

El conflicto estallaba produciéndose levantamiento en contra del
sistema de contribuciones y de las autoridades encargadas del cobro.
Una de las regiones más propensas a la sublevación (y en la mayoría
de los casos armada) fue la región de Azogues, escenario de múltiples
conflictos entre 1849 y 1862. Estos levantamientos armados surgieron,
en su mayoría, por los abusos cometidos en el cobro de las contribuciones, pero se propusieron siempre su eliminación. Dado el nivel de
organización y de violencia, las autoridades regionales tuvieron que suspender su recaudación y la recluta de trabajadores en numerosas ocasiones. Los "cabecillas" eran reducidos a prisión luego de la intervención y represión del ejército52 •

De acuerdo con el contrato, el indígena se comprometía "libremente" a contribuir con "puro y efectivo trabajo" en beneficio de la hacienda, a cambio de un salario mensual que podía fluctuar entre 2 y
10 pesos mensuales, y en algunos casos sin salario, sino sólo en especie.

En este caso, el Cabildo Pequeño y el Gobernador de Indígenas
demostraron su falta de poder cuando, luego del levantamiento de 1867,
pedían al gobernador de la provincia que conservara "encarcelados en
aquella parroquia varios indígenas que pertenecieron al motín de Guapán y que han sido aprehendidos"53•
Los indígenas de comunidad que estaban sujetos a una organización y autoridad política más rígidas, y que parecían no tener otra alternativa que cumplir con sus obligaciones, recurrían, sin embargo, a
otro tipo de mecanismos que permitía evadirlas. Para ellos se presentaba como salida el concertarse en las haciendas, la migración o simplemente la fuga.
Parece ser que, en la provincia del Azuay, el sistema de concertaje
"voluntario" era muy importante. Aunque no contarnos con un registro completo de los "contratos" de concertaje notariados (muchos eran
verbales), los testimonios de la época permiten darnos cuenta de la
magnitud de este fenómeno. Desde muchas de las parroquias rurales
llegaban comunicaciones dirigidas al Gobernador y firmadas por las
autoridades locales manifestando que los indígenas se "asilaban" en
las haciendas. En 1866, desde Santa Rosa se decía que "no hay peones
disponibles porque se han concertado"54 • El Teniente Político de Cochapata escribía que "muchas personas han abandonado sus hogares,
plegando algunas de las haciendas inmediatas .. .''ss.
Este tipo de concertaje conocido como "voluntario" era resultado de la coerción ejercida sobre la población rural para el cumplimiento de sus deberes tributarios, ya sea en dinero, como en el período de
vigencia del tributo, o -con una mayor fuerza en el período de la con-

El nuevo concierto se comprometía no sólo con su persona sino
también con sus bienes, sobre todo, sus tierras, hipotecándolas en favor del propietario. El ingreso del nuevo concierto en las haciendas se
sustentaba en su endeudamiento respecto del patrón, ya fuera por una
deuda contraída con anterioridad o en el momento del contrato. En
los documentos que hemos recopilado podemos ver que el tiempo de
trabajo establecido iba de uno a seis años. Cuando la deuda era anterior, no se establecía el tiempo de trabajo sino únicamente el salario.
De esta manera el concierto tenía que permanecer en la hacienda hasta
cancelar la totalidad de la deuda. En el caso del contrato firmado por
José y José María Monge a favor de José Miguel Ordóñez, la deuda
del primero ascendía a 260 pesos sencillos y del segundo a 215. Se comprometían a trabajar. en calidad de albañiles, con un salario de 3 reales el primero y 2 1/2 el segundo, más el alimento diario. De esta manera, su compromiso debía durar alrededor de 2 años y medio para
el primero y de 2 años 4 meses para el segundoS6.
En todos los casos, el valor del terreno hipotecado superaba al de
la deuda del concierto por lo que, en caso de incumplimiento o muerte, el hacendado obtenía grandes beneficios al adjudicarse para sí estas
propiedades. Por otra parte, la deuda contraída por el concierto superaba o era equivalente al valor que habría percibido durante el tiempo de compromiso.
El contrato establecía, además, una serie de imposiciones como
aquellas de no ausentarse de la hacienda sin permiso; en caso de faltar
al trabajo, pagar una multa cuyo valor fuera el doble del jornal diario;
presentar un "fiador" que se comprometiera a cumplir con las obligaciones del concierto en caso de ausencia o incumplimiento; o hipotecando también sus tierras en favor del hacendado.
A manera de ejemplo podríamos mencionar algunos de estos contratos. En 1890, Francisco Pumacuri estableció un compromiso con
Ezequiel Ugalde para trabajar en la hacienda de Sanaquin (Molleturo)
por 3 años, con una remuneración de 60 pesos anuales. Ugalde le adelantó 160 pesos, es decir casi la totalidad del salario de los 3 años57 •

�142

Siglo XIX

De la misma manera, Urbano Cando y Domingo Tuquiñagui se comprometieron con el Coronel Antonio Vega Muñoz, por un año, con
un salario de 2 pesos y medio mensuales cada uno, para lo cual recibieron como anticipo la totalidad del salario de ese año58 • En una de las
situaciones más extremas que hemos registrado, Bartolomé Illezcas, se
comprometió con Tomaza Albarracín, por 4 años, con un salario de
20 pesos sencillos por año (es decir, 1.6 pesos mensuales). La propietaria le adelantó la cantidad de 120 pesos. De esta forma, su compromiso iba más allá del tiempo establecido, prolongándose a 6 años59•
Las tareas a las que se comprometían los conciertos eran de diverso tipo. Podían dedicarse a actividades agrícolas, cuidado de ganado
y en calidad de albañiles o mayorales. A veces no se especificaba el
tipo de trabajo al que se dedicarían comprometiéndose simplemente
a "prestar toda clase de servicios a que están sujetos los peones conciertos en este lugar"6().
Desde el punto de vista de la hacienda, este mecanismo de evasión
de las obras públicas representaba la posibilidad de aprovisionamiento
de mano de obra a bajo costo y con condiciones ventajosas para ella
y, además, la ocasión de ejercer un control sobre una mayor extensión
de tierras o un mayor número de parcelas dispersas.
Dado el tipo de información que nos ofrecen los documentos existentes en los archivos, es difícil desentrañar cual era la lógica que movía a los indígenas y campesinos a concertarse con un hacendado en
las condiciones analizadas. Es cierto que una causa fundamental era
la evasión del trabajo en las obras públicas. Sin embargo, el hecho de
salir de su comunidad, de su medio, para trabajar en la hacienda le
implicaba quizás más cambios que la ausencia temporal para cumplir
con sus obligaciones tributarias. Es probable que el dinero recibido en
calidad de "adelanto" (cuando no se trataba de una deuda contraída
anteriormente) lo hubieran invertido en bienes (tierras, animales, objetos de lanza, etcétera) que habría posibilitado la inserción del indígena y campesino dentro del proceso de autonomización que se ponia
en marcha gracias a la apropiación de una parcela y a la gestión productiva propia.
Es interesante ver cómo, en ciertos casos, se daba un acuerdo entre los hacendados y las autoridades locales respecto de la provisión
de conciertos a las haciendas, sobre todo en zonas donde, al parecer,
no existía una gran disponibilidad de mano de obra. Tal era el caso
de Turi, en donde el Teniente Político, que además era un indígena,

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

143

pactaba con los hacendados para proporcionarles conciertos.
Los dos casos señalados nos permiten suponer que nos encontramos frente a dos alternativas de reproducción en zonas diferentes. La
disponibilidad de mano de obra, así como también las posibilidades
de controlar la producción y de crear las condiciones apropiadas para
la reproducción de la familia indígena y campesina sin necesidad de
recurrir al trabajo en la hacienda, eran diferentes. En Turi los indígenas pagaban para evitar el concertaje y en otras parroquias se concertaban voluntariamente para evadir las contribuciones.
La interpretación tradicional de que los hacendados y las autoridades locales eran representantes de los mismos intereses puede ser,
si no cuestionada, por lo menos matizada. En efecto, al interior del
sector terrateniente existían grupos familiares cuyo origen social, o las
alianzas establecidas entre ellos, les permitía desplegar una influencia
capaz de mantener el control del aparato administrativo y político. En
estos casos, los comisionados de las obras públicas no intervenían en
sus propiedades o lo hacían en muy raras ocasiones. De otro lado se
encontraba un sector de propietarios que no gozaba de un lugar privilegiado en la esfera social, y que era el más afectado con las reclutas
de peones.
En lo que se refiere a la migración, parece que fue un fenómeno
que adquirió importancia durante el siglo XIX, constituyéndose en un
mecanismo no sólo de evasión de la contribución subsidiaria sino, también, de complemento de la producción y de los ingresos obtenidos en
la parroquia de origen. De acuerdo con los testimonios, podemos ver
que la salida hacia diferentes espacios productivos era importante, sobre todo para sectores compesinos (tal vez mestizos). Parece que los
indígenas de comunidad no migraban o, por lo menos, no en la misma
proporción. Lá salida de los campesinos y sectores de mestizos afectaba al comunero, puesto que la carga tributaria recaía con más fuerza
sobre sus hombros.
Así, desde Paccha, el Teniente Político comunicaba que "casi toda la población capaz para el trabajo, se ha concentrado con dirección
a las montañas de Santa Rita, para trabajar en ellas, ya estrayendo cascarillas o contribuyendo directa o indirectamente en ese negocio comprometidos con los empresarios de ese artículo " 61 • Desde J ima se decía que la gente se encontraba en la montaña de Cuyes, sembrando 30
arrobas de caña de azúcar y "otras plantas útiles" para subvenir a las
necesidades de los habitantes de la parroquia62• Y de Pucará se comu-

�144

Siglo XIX

nicaba que ''casi la media parte de ellos (los habitantes) han emigrado
a las montafias de Balau al trabajo del caucho... " 63• En Cochapata,
"muchas personas han abandonado sus hogares ... retirándose hasta
Loja y Machala ... En la actualidad, muy especialmente desde enero,
salen a buscar subsistencia en los pueblos del Sigsig, Jima hasta Gualaceo porque nada tienen aquí... " 64.
También existían numerosas quejas y denuncias de los colectores
y comisionados sobre la fuga de los contribuyentes indígenas. Huían
de sus casas durante la noche, de la cárcel cuando eran "capturados",
o de las obras públicas, sobre todo del camino a Naranjal.
El sistema de contribuciones, enmarcado en los intentos de modernización del país y de construcción de las vías de comunicación y
nuevas rutas de comercio, llevó a que la organización indígena sufriera muchos cambios debido a la movilidad obligada de sus miembros
por el sistema de contribuciones. Sobre todo, cuando se dio el paso
del pago en dinero a trabajo.

FUENTES DOCUMENTALES CONSULTADAS

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

145

NOTAS
l. Ley del 4 de octubre de 1821.

2. Decreto del 15 de octubre de 1828.
3. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1117, Memorándum de la Municipalidad de Azogues,
24 de octubre de 1826.
4. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1117, Informe de la Comisión formada por el Libertador para examinar los 10 artículos del memorándum, 3 de noviembre de 1826.

5. /bid.
6. ANH/ C, Gob. Adm. L. 18, Comunicación del Gobernador al Ministro del Interior, 22 de octubre de 1828.
7. Decreto del 21 de octubre de 1857.
8. Memoria del Ministro de Hacienda, Francisco Pablo !caza, 1857, Quito.
9. Rodríguez, Linda A., "Ecuador's national development government finances and
the search for public policy, 1830-1940" Tesis PHD, Univ. de California, 1981. pp.
96-101. Mark Van Aken, en su artículo "La lenta expiración del tributo indígena
en el Ecuador", Cultura ( 16), nos presenta datos un poco diferentes. En 1857, el
tributo representaba el 8. 5% del Ingreso Nacional (p.68).
10. Informe del Ministro de Hacienda, 1852-1853.

• Archivo Nacional de Historia, Sección del Azuay (ANH/C). Fondos: Gobierno Administración.

11. ANH/ C, F. Gob. Adm. L. 73, Comunicación del Gobernador de Cuenca al Ministro del Interior, 4 de agosto de 1858.

• Archivo Nacional de Historia, Quito (ANH/Q). Fondos: Libros Copiadores; Indígenas; Tierras.

12. ANH/ C, Gob. Adm. Leg. 1287, Comunicación de los indígenas de San Sebastián
al Gobernador, 20 de febrero de 1897.

• Archivo del Palacio Legislativo (APL). Fondos: Informes y Mensajes;
Legislación.

13. Decreto del 15 de octubre de 1828.

• Hemeroteca Alfonso Andrade Chiriboga, Banco Central del Ecuador,
Cuenca.

14. Resolución del Ministro de Hacienda del 12 de noviembre de 1839.
15. Ley del 3 de juni~de 1851.
16. Circular del 25 de mayo de 1830.
17. Ley de Contribución del 23 de noviembre de 1854.
18. Ley del 23 de noviembre de 1854.
19. Ley del 4 de octubre de 1821; decreto del 16 de enero de 1833; decreto del Jo. de
junio de 1843; leyes del 23 de noviembre de 1854, del 25 de septiembre de 1865 y
del 26 de noviembre de 1867.
20. ANH/C, Gob. Adm. Exp. 453, Comunicación del Teniente Político de Sidcay al

�/46

Siglo XIX

Gobernador, 7 de noviembre de 1822.
21. Decreto del 15 de octubre de 1828.
22. Ley del 3 de junio de 1851.
23. Circular del Ministro de Hacienda, 16 de mayo de 1836.
24. Ley del 23 de noviembre de 1854.
25. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1070, Comunicación del Gobernador al Ministro de Hacienda, 26-V-1838.
26. ANH/ C, Gob. Adm. L. 29, Comunicación del Gobernador al Ministro de Hacienda, 12-VIII-1840.
27. Ley del 11 de abril de 1825.
28. Ley del 27 de marzo de 1839.
29. ANH/ C, Gob. Adro. Exp. 1161 , Bando del Gobernador, Antonio Martínez P., 30
de julio de 1841.
30. Ley del 11 de abril de 1825, resolución del Concejo Municipal de Cuenca, 20 de OC·
tubre de 1849 y reglamento del 3 de marzo de 1864.
31. Decreto del 8 de abril de 1837.
32. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1161, Bando del Gobernador Antonio Martínez Pallares.
33. ANH/ C, Gob. Adro. C. 23. 173, Comunicación del Jefe Político de Gualaceo al Gobernador, lo. de noviembre de 1867.
34. [bid C. 38-228, Comunicación del Cabildo Pequeño de Cochapata, junio de 1881.
35. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1144, Comunicación de los indígenas de El Valle al Gobernador, 4 de noviembre de 1856.
36. ANH/ C, Gob. Adro. C. 36-581, Del Cabildo Pequeño al Gobernador, s/ f.
37. ANH/ C, Gob. Adro . C. 38-359, Nabón, 1-21-1896.
38. Bando del Gobernador Vicente González, 31 de enero de 1841.
39. ANH/ C, Gob. Adm. C.38-241, Comunicación de F. UUauri al Gobernador, 26 de
julio de 1881.
40. ANH/ C, Gob. Adro. C. 34-224, Exp. 1060.
41. ANH/ C, Gob. Adro. L. 107, 1869.
42. ANH/ C, Gob. Adro. C.38-358, Comunicación del Juez Parroquial 2 al Gobernador, 20 de enero de 1896.

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

147

43. ANH/ C, Gob. Adm. C.34-531, Comunicación del Cabildo Pequeño de El Valle al
Gobernador, noviembre de 1858.
44. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1143, Comunicación del Cabildo Pequeño de El Valle
al Gobernador, 26 de agosto de 1853.
45. Ley del 18 de agosto de 1895.
46. ANH/ C, Gob. Adm. C.52.060, Comunicación del Cabildo Pequeño al Gobernador, 8 de julio de 1853.
47. ANH/ C, Gob. Adm. C.52.041, Comunicación del Cabildo Pequeño de Patamarca
al Gobernador, 10 de mayo de 1853.
48. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1144, Comunicación del Cabildo Pequeño de Sayausi
al Gobernador, 9 de mayo de 1856.
49. ANH/ C, Gob. Adm. Comunicación del Teniente Político de Baños al Gobernador,
2 de agosto de 1890.
50. ANH/ C, Gob. Adm. C.10.315, Comunicación de los indígenas de San Antonio de
Pirca, parroquia de San Juan, al Gobernador de la provincia, 1897.

51. ANH/ C, Gob. Adm. C.20.290, Comunicación del Gobernador al Teniente lo. del
Tambo, 27 de junio de 1849.
52. En 1849 se levantaron los indígenas de Azogues, Chuquipata y Cojitambo en oposición al cobro de la contribución subsidiaria. En 1853, en Chuquipata, en contra de
los diezmos. En 1855, en Porotos y Cojitambo en contra de la contribución personal de indígenas. En 1856, en Azogues y Guapán, en contra de la Contribución Subsidiaria y en Biblian, en contra del diezmo, la primicia y la contribución de indígenas. En 1862 en Azogues, Chuquipata, Cojitambo y Guapán en contra de la contri•
bución subsidiaria (ANH/ C, Gob. Hda. C.52.048 y Gob. Adm. cc.31.167 y 30.190.
Ls.68, 83 y 85).
53. ANH/ C, Gob. Adro. L. 83, Comunicación del Gobernador al Ministro del Interior, 23 de abril de 1862.
54. ANH/ C, Gob. Adro. C.34.224, 5 de octubre de 1886.

55. ANH/ C, Gob. Adm. C.10.958, Comunicación del Teniente Político al Gobernador, 27 de abril de 1890.

56. ANH/ C, Notaria 1, contrato de trabajo, 22 de mayo de 1890.
57. ANH/ C , Notaria la., contrato de trabajo, 12 de diciembre de 1890.
58. /bid 18 de octubre de 1890.

59. ANH/ C, Notaria la., contrato de trabajo, 15 de octubre de 1890.
60. /bid.

�148

Siglo XIX

61. ANH/C, Gob. Adm. C.38.209, Comunicación del Teniente Político de Paccha al
Gobernador, 23 de abril de 1881.
62. ANH/C, Gob. Adm. C.38.229, Comunicación del Teniente Político de Jima al Gobbernador, 27 de junio de 1881.

UNA COMPARACION

La Expropiación de los Bienes
de la Iglesia en México y Colombia

63. ANH/C, Gob. Adm. C.38.213, Comunicación del Teniente Político de Pucará al
Gobernador, 23 de marzo de 1881.
64. ANH/C, Gob. Adm. C.10.958, Comunicación del Teniente Político al Gobernador, 27 de abril de 1890.

Robert Knowlton

*

Una de las principales fuentes de conflicto entre liberales y conservadores en el siglo XIX en Latinoamérica, era la controversia entre la
Iglesia y el Estado y la posición de la Iglesia en los estados recientemente independizados 1• Con frecuencia estos temas ocasionaron violencia, derramamientos de sangre y largos períodos de inestabilidad,
mientras los conservadores, defensores de una Iglesia privilegiada, debatían con los liberales reformadores que intentaban poner en práctica
sus ideas.
Este era el caso de Colombia y México cuando el liberalismo llegó
a su apogeo a mediados del siglo XIX. En ambos países hubo muchos
afios de conflicto entre los conservadores, que en general eran proclericales y patrocinaban las ideas centralistas respecto al gobierno, y
los liberales que eran anti-clericales y favorecían el federalismo. Los
liberales también creían en la igualdad legal, la inviolabilidad de la propiedad privada, el individualismo, el laissez-faire y la necesidad de
limitar a la Iglesia a un papel puramente espiritual en la sociedad.

• University of Wisconsin-Stevens-Poiots (USA). Incluido previamente en Jesús A. Bejarano (ed.), El siglo XIX en Colombia visto por historiadores noneamericanos, Bogotá, La Carreta, 1977.

�150

Siglo XIX

Aunque los liberales en ambos países lograron el poder nacional
antes de la década de 1850, la Constitución mexicana de 1857 y la Constitución colombiana de Rionegro de 1863 simbolizaron la victoria de
los liberales y consagraron sus principios; durante añ.os esas constituciones le proporcionaron a los liberales el punto de referencia contra
la oposición.
Las constituciones mexicana y colombiana establecían una forma
de gobierno federal y enfatizaban la autoridad del legislativo sobre la
rama ejecutiva del gobierno 2 • Sin embargo el documento colombiano era más extremado en los derechos de sus estados; de hecho creó
"pequeñ.as repúblicas".
Ambas eran anti-clericales, pero de nuevo la Constitución de Rionegro iba más allá: fue el resultado del trabajo del partido liberal victorioso militarmente, dirigido por Tomás Cipriano de Mosquera, sin
que estuvieran involucrados los conservadores derrotados. En México," aunque los liberales redactaron el documento, la fracción moderada que incluía al presidente provisional Ignacio Comonfort, suavizó
algunas de las peticiones de los radicales, por lo cual la Constitución
representó un compromiso. Así, la libertad religiosa que se incorporó
en la Constitución colombiana, no se proclamó en México hasta diciembre de 1860 a finales de la Guerra de la Reforma.
Por otra parte, ambas constituciones, entre otras cosas, establecieron la igualdad legal, prohibieron la pérdida de la libertad individual por medio de obligaciones especiales; ambas excluían al clero de
los puestos federales y prohibían que la Iglesia interfiriera en asuntos
políticos. Finalmente, ambas constituciones prohibieron a las corporaciones eclesiásticas adquirir o poseer bienes raíces 3 •
Por razones económicas, políticas y sociales, el programa de los
liberales incluía como elemento principal un ataque a la riqueza de la
Iglesia. Varios aspectos de ese ataque proporcionan las bases y el centro de este artículo. La proximidad en el tiempo, entre la expropiación
en México y Colombia, inicialmente despertó el interés de los escritores respecto a una posible conexión entre las dos actuaciones 4 • ¿Los
actos mexicanos influenciaron a los liberales colombianos, y si lo hicieron, cómo y en qué medida? ¿Se beneficiaron los colombianos de
la experiencia mexicana, eliminando las debilidades y defectos de las
leyes y evitando los errores de concepción y ejecución de México?
Además de estas preguntas que surgen del interés personal el au-

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

151

tor está cada vez más convencido de que la historia comparativa,
por tópicos es un enfoque más útil y significativo para Latinoaménca
que examinar historias nacionales cronológicas y aisladamente. Estos
comentarios no pretenden ser definitivos o concluyentes, sino más bien
tentativos, proponiendo sugerencias que provean un punto de partida
para estudios comparativos detallados de este importante elemento en
los movimientos liberales y anti-clericales del siglo pasado.
En consecuencia, el resto de este artículo considerará brevemente
y en forma comparativa tres aspectos de la cuestión de la propiedad:
Primero: las mismas leyes básicas, las leyes de desamortización como
fueron expedidas; los motivos detrás de ellas, los objetivos y las disposiciones legales con algunas referencias a la influencia de México sobre
Colombia.
Segundo: la respuesta del Clero a las leyes.
Tercero: resultados o efectos de las leyes.
La ley mexicana del 25 de julio de 1856 y el decreto colombiano
del 9 de septiembre de 1861, desamortizando la propiedad corporativa, se realizan por motivos económicos y, de hecho, emplean la misma terminología.
Así, Comonfort empezaba "considerando que uno de los mayores obstáculos para la prosperidad y el crecimiento de la nación es la
falta de movimiento o circulación libre de una gran parte de los bienes
raíces, base fundamental de la riqueza pública... " 5 •
Y virtualmente en palabras idénticas, Mosquera dijo: ''considerando que uno de los grandes obstáculos para la prosperidad y el crecimiento de la nación es la falta de movimiento y de libre circulación
de una gran parte de la propiedad de la tierra, que es la base fundamental de la riqueza pública ... " 6•
En otra parte Mosquera declaró que la propiedad estaba mal distribuida en Colombia, "oprimiendo a las clases pobres, beneficiando
a los privilegiados. Esta distribución de la propiedad no corresponde
a un pueblo libre... Pongamos entonces la propiedad en armonía con
la democracia; démosle entonces la tierra a aquellos que la trabajan
y la hacen producir. .. " 7•
Por otra parte Miguel Lerdo de Tejada, el ministro de Finanzas
de Comonfort y dirigente liberal, le escribió a los gobernadores en una

�I 52

Siglo XIX

circular que acompañaba la ley de desamortización que los objetivos
de la medida eran dos: primero, corregir el error económico que contribuía al estancamiento de la propiedad e impedía el desarrollo de industrias que dependían de ésta; y segundo, remover el principal obstáculo para el establecimiento de un sistema de impuestos uniforme basado en líneas científicas, movilizando la propiedad raíz que era la base natural de todos los buenos sistemas de pago de impuestos 8•
Una persona de la época, expresando el punto de vista común que
sostenían los liberales respecto a la ley mexicana, creía que remediaría
la miseria general distribuyendo la propiedad entre miles de individuos;
que favorecería a todas las clases de la sociedad, pondría el capital en
circulación e impulsaría amplios proyectos que le darían trabajo a artesanos y obreros. Y el gobierno recibiría grandes sumas del impuesto
del 5% a la transferencia de la propiedad. Todo esto se lograría sin
perjudicar al Clero, simplemente alterando la forma de sus bienes 9 •
En Colombia, Rafael Núñez, secretario del Tesoro y Crédito Nacional, expresó ideas similares en una circular casi un año después de
haberse expedido el decreto de 1861:
La desamortización es una de esas medidas esenciales, que necesariamente deben realizar los pueblos en la difícil búsqueda de la civilización ... Es un absurdo monstruoso imprimirle un carácter religioso
a lo que sólo es temporal, que no interfiere ni remotamente en el espíritu y la conciencia. La desamortización simplemente es un paso
adelante, un alto en el camino que hemos recorrido desde 1810: progresando hacia la libertadJO.

Según Núñez, el decreto tenía tres objetivos: poner en circulación
una gran cantidad de propiedad estancada en manos muertas; amortizar la deuda pública y resolver, tanto como fuese posible, el difícil e
inmenso problema de una distribución equitativa de la propiedad, sin
lesionar ningún derecho individual anterior".
Así, tanto por las afirmaciones de los altos funcionarios -principalmente los ministros de Finanzas- como por los escritos liberales
de la época, queda claro que la preocupación públicamente expresada
de ambos gobiernos era el impacto económico de la concentración de
la propiedad en manos corporativas, eclesiásticas y civiles, "manos
muertas" en las cuales la propiedad se estancaba y no circulaba libremente en el mercado, debido a las limitaciones de su enajenación, en
detrimento de la prosperidad nacional.
Ambos gobiernos buscaron remediar esta condición individualizan-

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

153

do la propiedad. Ambos trataron de utilizar los recursos obtenidos por
medio del funcionamiento de las leyes para varios proyectos públicos,
principalmente para reducir la deuda nacional. Ambos le quitaron a las
corporaciones la propiedad o la administración de bienes raíces urbanos y rurales. Ambos incluyeron como corporaciones, de nuevo utilizando una terminología similar, a todas la comunidades religiosas de
ambos sexos, cofradías, hermandades, congregaciones, iglesias parroquiales y gobiernos municipales y, en general, todos los establecimientos y fundaciones que tuvieran un carácter de duración perpetua o
indefinida.
Ambas leyes establecieron que se pagaría el 60Jo del valor de la propiedad. Ambas eximieron de las disposiciones de las leyes sólo a los
bienes raíces destinados inmediata y directamente al servicio de la corporación, como iglesias, palacios episcopales y municipales, conventos, escuelas, hospitales, mercados, cárceles y establecimientos similares para continuar el apoyo a los establecimientos de caridad y educacionales. Ambas consideraron que las capillas o capellanías eran propiedad privada, y le permitieron a los capellanes obtener la mayor parte del capital para sostenerlas. Ambas proveían pensiones de varias clases para el clero regular.
Ambas permitían la denuncia de la propiedad corporativa, especialmente la oculta, y daban recompensa a los denunciantes. Ambas
le devolvían a los estados o a las localidades, parte de los réditos o de
la propiedad 12•
Aunque los motivos y los objetivos aparentes de las dos medidas
citadas en ambos países eran económicos y financieros, en México aparecen motivos políticos si se le agrega la nacionalización de la riqueza
de la Iglesia en 1859. En medio de una guerra civil destructiva y aguda,
el gobierno de Benito Juárez nacionalizó la riqueza eclesiástica para
despojar a la Iglesia de sus recursos porque, supuestamente, los estaba
utilizando para apoyar la guerra civil con el objetivo de librarse de la
subordinación a la autoridad civil. Al mismo tiempo la nueva ley tenía
un objetivo económico: enajenar la propiedad de la Iglesia y subdividirla para beneficio general de la Nación.
Pero cualesquiera que sean las metas altruistas que públicamente
se expresan, que la desamortización beneficiará económicamente al pueblo de la nación, surge la pregunta de si los actos estaban o no motivados también política, cínica o egoístamente.

�154

Siglo XJX

Ya se ha citado la motivación política detrás de la nacionalización
en México. Pero además del deseo de despojar a la Iglesia de sus recursos, que estaba utilizando para apoyar la causa conservadora en la guerra civil, y de castigar al Clero por sostener la oposición, otros factores
llevaron a la nacionalización. Era necesaria alguna acción para evitar
la pérdida de dirección del gobierno federal de la causa liberal y proporcionar políticas consecuentes porque, en el campo, los comandantes y gobernadores en 1858 y en la primera mitad de 1859 se habían
distanciado de las autoridades centrales, tomando posesión de la riqueza eclesiástica y expidiendo otras medidas extremas anticlericales.
También, ciertos liberales influyentes como Miguel Lerdo querían
utilizar la riqueza del clero como garantía para un préstamo de Estados Unidos. Respecto a la ley de desamortización de 1856, aunque es
difícil probar motivos últimos, una de las razones que determinaron la
fuerte respuesta del Clero a esa ley -que en realidad no le hacía daño
material a la Iglesia- sin duda era el temor de que fuese simplemente
el preludio de un asalto más radical a la posición y riqueza de la Iglesia. Y aunque es seguro que entre los beneficiarios de la ley había un
gran número de liberales, sin embargo la evidencia no apoya la conclusión de que los liberales expidieron la ley con la intención de
enriquecerse.
En Colombia alegaban que las fuerzas de Mosquera buscaban beneficiarse personalmente y ampliar las bases de su apoyo. Pero es más
que probable, considerando el énfasis sobre este punto, que los radicales estuvieran pensando especialmente en saldar la deuda pública. En
realidad, el mismo día de la desamortización, el 9 de septiembre de 1861,
el general Mosquera expidió otro decreto sobre la deuda pública que
estaba estrechamente relacionado con la otra medida; el hecho de que
ambos fueran expedidos en la misma fecha, sin lugar a duda no fue
una simple coincidencia. Los réditos de la venta de la propiedad confiscada se destinaron expresamente para la reducción de la deuda
interna13 •
El problema de la deuda lleva a la cuestión de las diferencias entre
la expropiación colombiana y la mexicana, y al asunto de la influencia
en Colombia de la experiencia mexicana. El énfasis del decreto colombiano en saldar la deuda representa una diferencia significativa cuando se compara con la ley Lerdo, pero tiende a desvanecerse después
de la nacionalización en México en 1859, cuando obtuvo importancia
un objetivo similar.

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

155

La primera ley mexicana de 1856 sólo privó a las corporaciones
de su propiedad raíz dejándoles el capital, especialmente las hipotecas
sobre propiedades raíces. Así, Colombia realizó, de un golpe, lo que
México hizo en dos pasos. Por lo tanto, lógicamente, por el énfasis
en un decreto que lo abarcara todo, parecían predominar en Colombia
los objetivos financieros; en México, por la desamortización diferida,
el deseo de individualizar la propiedad.
Todo lo que el gobierno mexicano obtuvo con la ley de 1856 fue
el 5% de impuesto sobre la transferencia de la propiedad. Pero aún
después, considerando ambas medidas mexicanas, aparece una diferencia aunque sólo sea de grado: el retiro de la deuda continuaba siendo predominante en el pensamiento colombiano, mientras las autoridades mexicanas, ostensiblemente al menos, continuaban más interesadas en pasar la propiedad a manos individuales. Así, en México eran
más indulgentes que en Colombia los términos de la compra de bienes
raíces o de la amortización de hipotecas.
Entre otras diferencias estaba la siguiente: México le dio la primacía a los arrendatarios para la adquisición de bienes raíces corporativos; mientras, Colombia organizó subastas públicas, en lotes, de todas las propiedades después de terminarse el período corriente del pago de las rentas. Sin embargo, ambos estipularon la amortización de
las hipotecas por parte de los acreedores o hipotecarios. México aceptó como "legal" en el remate la oferta de las dos terceras partes del
valor calculado. Colombia desautorizó todas las propuestas por medio del valor total calculado de la propiedad, tal vez como un medio
para retirar del mercado los bonos de un valor depreciado.
Aunque ambos países excluyeron de los efectos de la ley las propiedades comunales de las aldeas, conocidas como ejidos, por estar destinadas al beneficio directo de la comunidad, aparentemente Colombia mantuvo esta exclusión y México eliminó la exención en detrimento de las comunidades, cuando la ley de desamortización fue incorporada a la Constitución de 1857.
Cuando ambas medidas hablaban de la división de la propiedad
rural y su enajenación por lotes, la redacción de Colombia era más precisa, y parecía preocuparse más por evitar un nuevo latifundismo secular como resultado de la ley. Por ejemplo, la desamortización de México estipulaba en el artículo 22 que "aquellos que adquieran propiedades rurales pueden dividir las tierras para enajenárselas a diversas
personas... " Y el 13 de julio de 1859, una medida reglamentadora de

�156

Siglo XIX

la ley de nacionalización declaró en el artículo 26 que las propiedades
rurales que se le habían restaurado al Clero, y que por lo tanto se deberían volver a vender, "se dividirían en lotes del tamaño que el gobernador del estado considerara deseable" 14•
Por otra parte, el artículo 6 del decreto colombiano establecía que
las propiedades urbanas y rurales "se enajenarían en remates por lotes, cuya división se haría en porciones tan pequeñas como fuese posible, con el objetivo de aumentar la competencia".
Varias estipulaciones del decreto colombiano, además de otras evidencias, indican que los dirigentes del país sudamericano estaban familiarizados con la anterior experiencia mexicana y buscaban beneficiarse de ella. Tal evidencia es la redacción similar, y en algunos casos
virtualmente idéntica, de la legislación. También algunas de las diferencias reflejan el deseo de Colombia de beneficiarse de las experiencias mexicanas: así, las posiciones colombianas respecto a los ejidos,
a la división de las propiedades rurales, buscaban evidentemente corregir debilidades de las medidas mexicanas.
El propio general Mosquera reforzó esta interpretación cuando el
9 de septiembre de 1861, justificando el decreto de desamortización,
se refirió a acciones similares anteriores contra la propiedad de la Iglesia hechas por Francia y España; y continuó: "La República Mexicana ha adoptado medidas similares y aunque la base de esto es la misma
cosa, me atrevo a pensar que mi decreto de desamortización es más
perfecto que los que he citado..." 15
El 23 de septiembre de 1856, La Gaceta Oficial de Nueva Granada
de Bogotá, reprodujo el texto de la ley mexicana de desamortización
de junio 25. En ese momento Rafael Núñez era Secretario del Tesoro
de la administración de Manuel Mallarino. Este mismo Rafael Núñez,
5 años después, fue el responsable de llevar a cabo el decreto de
Mosquera.
En general, en el momento y en los años que siguieron, el conocimiento entre los colombianos educados respecto al largo trabajo de México en beneficio de los principios liberales, parece haber estado razonable, acertadamente extendido. Memorias disponibles y periódicos
contienen información sobre la Guerra de la Reforma y la intervención francesa16• Al menos un historiador afirma definitivamente, lo
que parece ser bastante cierto por las pruebas anteriores, que Mosquera "copió su decreto de desamortización de la transformación social

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

157

y administrativa de México" 17 •
Tanto en Colombia como en México, el asalto liberal a la propiedad de la Iglesia despertó la reacción más fuerte, contribuyó a la inestabilidad política y obstaculizó la realización de las leyes. La oposición
clerical tomó varias formas y, sin embargo, en ningún caso el clero negó su obligación de someterse a las leyes y a las autoriades civiles; ni
su oposición se limitó a los decretos sobre la propiedad o a ese período
en la historia de los países. Generalmente la Iglesia se opuso a cualquier medida liberal dirigida contra su posición, sus privilegios o riquezas, tanto antes como después de esa época.
Aunque los prelados reconocían y aceptaban su obligación de someterse a la autoridad secular, existía una condición cualitativa muy
importante. Así, a principios de la década de 1850, el arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera, le dijo a los fieles que la religión les ordenaba obedecer las leyes civiles, respetar y amar a los magistrados,
como decía el Papa en su encíclica del 9 de noviembre de 1846:
sean cuidadosos... porque se ha desarrollado en el pueblo cristiano una
adecuada obediencia y sumisión a los soberanos, y a las autoridades,
enséñeles de acuerdo con la doctrina del apóstol, que no existe poder
que no venga de Dios, y aquellos que resisten a la autoridad, resisten
al plan divino y se condenaron y, por lo tanto, el principio de obedecer la autoridad no puede violarse sin pecado, a menos que se exija
algo contra las leyes de Dios y la Iglesia18•

En estas últimas palabras se encuentra la base de la posición clerical
respecto a las medidas liberales: atacaban los derechos dados por Dios,
inherentes a la Iglesia; más aún, atacaban la misma religión según los
lideres de la Iglesia. El Obispo de Santa Marta, Colombia, Vicente Arbeláez, en noviembre de 1861 protestó por la desamortización e informó a los fieles: "la lectura de este decreto llega a afligir de nuevo en
la forma más intensa los derechos sagrados e imprescriptibles de la Iglesia, dándole un golpe fatal al culto y, como consecuencia necesaria,
a nuestra sagrada religión" 19•
A principios de 1864, el doctor José Romero, Vicario General de
Santa Marta, explicó en un memorial al Congreso que la Iglesia Católica
tenía y tiene la capacidad jurídica para adquirir, poseer y adminístrar sus propiedades e ingresos y que considerarla como cualquier otra
asociación, es esencial para darle este mismo derecho reconocido igualmente por la legislación de todas las naciones...20•

�158

Siglo XIX

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

159

Dos días después, el 20 de febrero de 1864, al oponerse a la ley que
ordenaba la venta de las propiedades desamortizadas, Romero declaró:

minales, contrarios a la autoridad católica, a su doctrina y a sus
derechos25 •

Debo protestar de nuevo y en su momento fulminaré con declaraciones de censura, que recibirán aquellos que verifiquen la venta de las
propiedades, los que las compren y los que en aJguna forma tomen
parte en el asunto. Declaro de nuevo que la Iglesia no entrega est~
propiedades, ni las cede, transfiere, o renuncia a ellas, y que garantizará sus derechos y sus acciones para siempre21 •

Entonces, tanto en M,éxico como en Colombia, la respuesta del Clero
a las medidas liberales fue similar, sino idéntica. El Papa condenó las
leyes; los prelados en cada caso se negaron a sancionarlas y anatemizaron a cualquiera y a todos los que actuaran bajo ellas, o ayudaran a
llevarlas a cabo. En ambos países los prelados suspendían al clérigo
que apoyara o se sometiera a las leyes. En general se prohibieron a los
fieles los votos de obediencia exigidos a la Constitución mexicana en
1857 y en la de Colombia de 1863, que en cada caso abarcaban mucho
del anti-clericalismo; sin embargo, se podía jurar el apoyo a la Constitución en todas las partes en las cuales no se oponía a la ley de Dios,
al dogma, a la libertad y a la disciplina e independencia de la Iglesia26 •

La posición de la jerarquía en México era la misma. El arzobispo Lázaro de la Garza y Ballesteros no podía admitir una ley que privara
a la Iglesia de la posesión de sus bienes raíces. Se estaba tomando por
la fuerza las propiedades; por consiguiente, los recibos y los documentos que daban a los arrendatarios u otros poseedores de la tierra, en
ningún momento serían válidos frente a los derechos de las corporaciones. Aunque la Iglesia no impediría la enajenación forzosa de sus
propiedades, "nunca perdería el derecho a ellas" 22•
Los otros prelados estaban de acuerdo. Uno de los más elocuentes
voceros, Clemente de Jesús Munguía, arzobispo de Michoacán, afirmó que el antiguo principio de la propiedad poseída por la Iglesia
y el derecho a disponer de ella era independiente de la voluntad de los
gobiernos; que éste surgía no de las concesiones de los funcionarios,
sino de la Iglesia misma como institución23 •
No es necesario decir que su Santidad, el Papa Pío IX, estaba profundamente perturbado por los ataques a la religión católica, calificativo que le dio a las medidas liberales.
Refiriéndose a México, el 15 de diciembre de 1856, el Papa condenó y declaró nulos y prohibidos todos los decretos y proyectos de ley
contra la religión católica, la Iglesia, sus derechos sociales, sus ministros y la autoridad de la Santa Sede24•
Siete años después reaparecieron las mismas palabras en una encíclica dirigida al episcopado de Colombia:
Seguramente faltan paJabras para expresar la multitud de intentos sacrílegos que el mencionado gobierno -ofendiendo seriamente a este
Apostólico Trono y todos nosotros- hace para que destruyan y se
opongan a nuestra santa Religión, a sus derechos venerados, a su doctrina, a su culto y a sus santos ministros. Principalmente durante los
dos últimos años, el dicho gobierno ha publicado leyes y decretos cri-

Los gobiernos a su turno respondieron a la intransigencia clerical
confinando y exilando a los prelados ofendidos, y promulgando medidas anti-clericales más extremas. El paso de los años no hizo nada por
alterar las actitudes del clero en Colombia y México; al menos los obispos continuaron repetidamente oponiéndose a las medidas liberales,
y la posición de la jerarquía respecto a las leyes de la propiedad siguió
siendo de oposición y condena constante.
¿ Y cuáles fueron los resultados de la leyes de propiedad? Ciertamente se frustraron las grandes esperanzas y el gran optimismo de quienes propusieron la desamortización. Salvador Camacho Roldán, dirigente liberal colombiano, un mes después de que se expidiera el decreto escribió:
Como acto legislativo llamado a perfeccionar las condiciones de la
propiedad territorial, esta reforma es el feliz complemento de la abolición de la esclavitud y de la supresión de las propiedades perpetuas;
como recurso financiero es el paso más atrevido y feliz reaJizado desde 1810; como medida económica es de la altura de la abolición del
monopolio del tabaco y la libre exportación del oro27 •

Y Rafael Núñez, en su circular del 14 de julio de 1862, declaró:
La desamortización es simplemente un paso hacia adelante; un aJto
en el camino que hemos venido recorriendo desde 1810, una pausa
para seguir a aquellos que hemos visto realizando transformaciones
similares, como la abolición de los autos de fe y las torturas, las
propiedades perpetuas, los derechos diferentes, la esclavitud, etcétera, y una medida precursora de otras, que sólo Dios sabe, siempre

�160

Siglo XIX

en la misma ruta del progreso hacia la libertad.
Entonces, la desamortización era algo que se esperaba; que lógica•
mente tenía que llegar; y que finalmente llegó en medio de la crisis
que todavía soportamos, o tal vez como consecuencia de ella, porque
como dijo el famoso historiador de la época, César Cantú: el destino
28
de la humanídad es progresar sufriendo •

Núñez sostuvo que no había resistencia por parte de la gente para llevar a cabo las operaciones, y confiaba en que se lograrían todas las
metas económicas de la desamortización. En noviembre de 1862 informó que poca gente había comprado más de una propiedad, y que la
mitad de los compradores eran artesanos y gente de medianos recursos.
En México como en Colombia había mucho optimismo entre los
liberales. El Heraldo de México creía que las desamortización era la
base de la regeneración del país29 • El Republicano consideraba que la
ley le abriría miles de recursos a la riqueza pública, que le daría vida
a la agricultura, a la industria, al comercio, y a los oficios, poniendo
en circulación gran cantidad de dinero30 • El Ministro de Finanzas de
México, Miguel Lerdo, también era optimista. Seis meses después de
la expedición de la ley, creía que la mayor parte de la propiedad corpo·
rativa se había adjudicado a arrendatarios o se había vendido en remates, creando cerca de nueve mil propietarios nuevos, logrando así las
metas de la ley a pesar de la resistencia del clero31 •
Tanto Núñez como Lerdo confiaban en que las metas de la leyes
se estaban logrando, especialmente la de ampliar el número de propietarios. La retórica brillante, el optimismo acerca de los grandes beneficios que se lograrían con la leyes, que en realidad continuaron planteándose oficialmente año tras año, no podían oscurecer el hecho de
que las leyes no cumplieron con las alabanzas de la "prensa"; no alcanzaron los objetivos económicos por los cuales supuestamente se habían promulgado. Que esto fuera así, en parte se debió a problemas
inherentes a las medidas, y en parte a problemas que surgieron de ellas.
¿Cuáles fueron algunos de los problemas y resultados sorprendentemente similares en México y en Colombia? Sin duda un problema
principal, pero ciertamente predecible, fue la actitud ya mencionada
de la Iglesia.
A pesar de lo que Núñez y Lerdo dijeron acerca de la creación de
muchos propietarios nuevos en las clases bajas y medias, y aunque inicialmente hubiera ocurrido, parece que a la larga este desarrollo bené-

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

161

fico se circunscribió enormemente. La oposición de la Iglesia, las amenazas de castigo, disuadieron a muchos individuos piadosos de aprovecharse de la ley, gente que de otra forma lo hubiese hecho. La actitud del clero ayudó a derrotar una de las principales metas de la ley,
pero también otros factores contribuyeron a que la propiedad pasara
a relativamente pocas manos. A menuda eran manos extranjeras, gente que tenía los recursos y no temía la condena32 •
En ningún país el gobierno limitó el número de propiedades que
un individuo podía adquirir. Además, no obstante los fáciles términos
de la compra, poseer en vez de arrendar era mucho más caro de lo que
muchos podían costear. En México, el arrendatario le pagaba algobierno el SOJo de impuesto de transferencia de la propiedad. Le pagaba
anualmente a la corporación intereses sobre la hipoteca que usualmente resultaba de la compra, una suma que en realidad reemplazaba la
renta pagada antiguamente; era ahora, además, responsable de las re•
paraciones y el mantenimiento de la propiedad, así como de los impuestos (lo que antes era responsabilidad de la corporación). Enton•
ces, económica y religiosamente la adquisición de la propiedad era una
carga que muchos no podían afrontar; los que podían eran hombres
de dinero y sin escrúpulos religiosos.
Un problema inicial de México que no compartió Colombia, porque la nacionalización de la propiedad eclesiástica la hizo de inmediato por permitir que las corporaciones obtuvieran capital, fue el lío con
las instituciones religiosas que surgió de la actitud oficial de la Iglesia
de no reconocer y de no cooperar con la ley. Muchas corporaciones
se negaron a entregar las escrituras de propiedad a los nuevos propietarios; como venganza, los compradores se negaron a pagarle a la corporación el interés que se debía como resultado de la hipoteca. Cualesquiera fueran los problemas personales y legales que abarcara esta situación, también creó una verdadera dificultad para las corporaciones
que quedaron privadas de la mayoría de sus ingresos, y en muchos casos no podían afrontar los gastos básicos.
En ambos países los primeros problemas y los más duraderos fueron las ventas simuladas y el "esconder" la propiedad. Para hacer frente
a estas evasiones de las leyes, ambos países permitieron las denuncias,
una política deseable desde el punto de vista del gobierno -para descubrir violaciones a la ley- pero también peligrosa porque disminuía
el valor de la propiedad; además insegura, porque las denuncias podían ocurrir en cualquier momento por razones válidas o por algo técnico, como una irregularidad al llevar a cabo una transacción.

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Siglo XIX

Otros problemas fueron encontrar suficientes funcionarios oficiales que se hicieran responsables de llevar a cabo las leyes; apoyar adecuadamente los establecimientos educativos y de caridad que antiguamente tenía la Iglesia; y lograr la realización de las leyes federales en
los estados.
El último era un problema especialmente en Colombia, donde el
federalismo era tan fuerte que una administración "que no simpatizara", como la de Antioquia, podía en gran medida destruir la ley.
CONCLUSION
Estas dificultades representan sólo unas pocas de las muchas que enfrentaron los gobiernos, la Iglesia y los individuos después de la desamortización. En síntesis y como conclusión, son adecuados unos pocos comentarios breves respecto a los efectos de las leyes.
En Colombia, el anticlericalismo intensificó la vieja lucha
federalista-centralista. El anticlericalismo de los liberales-federalistas
le dio una arma más a los centralistas y contribuyó al caos y a la inestabilidad que caracterizó el período posterior a 1863. También en México el anticlericalismo contribuyó al estallido de la Guerra de la Reforma, que condujo a un anticlericalismo más extremo que, a su turno, intensificó la lucha. En ambos casos, la inestabilidad, la guerra y
la anarquía se dieron después de la expedición de constituciones liberales y federales; y en ambos países el federalismo, así como el anticlericalismo consagrado en las cartas, contribuyeron a estos tristes
acontecimientos33 •
Es cierto que la inestabilidad crónica y la guerra ayudó a afectar
los objetivos de la expropiación de la propiedad eclesiástica en ambos
países. Los recursos que se obtuvieron de la venta de la propiedad de
la Iglesia y que se pretendían utilizar para saldar la deuda pública, pagar obras públicas necesarias y apoyar la educación y la caridad, tuvieron en cambio que utilizarse para salvar a los gobiernos liberales y derrotar la oposición conservadora.
En realidad, lejos de liquidar la deuda, el conflicto requirió más
préstamos y la aumentó. Y, al menos en México, las autoridades liberales no sólo malbarataron la riqueza eclesiástica para apoyar su causa, sino que los lideres de la Iglesia pusieron la propiedad corporativa
a disposición del gobierno conservador para financiar su acción.

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

163

La lucha civil fue también parcialmente responsable del fracaso
de la ley en crear un gran grupo de pequeños y medianos propietarios
de tierra. La necesidad de obtener recursos rápidamente para pelear
contra la oposición, significó disponer de la propiedad eclesiástica en
grandes bloques a bajos precios. A menudo, relativamente pocos especuladores eran los únicos dispuestos financieramente capaces de adquirirlos. El resultado desafortunado, entonces, fue el reemplazo de
un tipo de concentración de propiedad eclesiástica, con otro tipo, un
nuevo latifundismo al lado del viejo sistema originado en la colonia.
Además, al privar a la Iglesia de la riqueza que había utilizado para
servir de banquera, de institución prestamista, se le hizo un mal servicio a los deudores; existe poca duda de que la Iglesia como terrateniente y acreedor era mucho más indulgente que los individuos privados.
Dado los relativamente débiles beneficios financieros, sociales y
económicos logrados con las leyes, es cuestionable si valieron la pena
o no. Las medidas pueden parecer especialmente inútiles cuando se miran los hechos después de esa generación "reformadora".
En ambos países, el asunto se dejó descansar por la misma época
aunque en diferentes formas. En Colombia, Rafael Núñez, uno de los
dirigentes que propusieron la desamortización, y el hombre encargado
de llevar a cabo el decreto, años más tarde, como presidente en la década de 1880, dio marcha atrás, concluyó un concordato con Roma
y expidió una nueva Constitución conservadora, ambos altamente favorables a la Iglesia.
En México, Porfirio Díaz, ese fuerte brazo derecho del liberalismo durante varios años de lucha contra los conservadores y la intervención extranjera, siguió una política de conciliación hacia la Iglesia;
las medidas anticlericales permanecieron exactas pero se relajó su
realización.
Respecto a los bienes, el gobierno colombiano le devolvió a la Iglesia
todas las propiedades de las cuales todavía no se había dispuesto y le
reconoció como deuda al valor de los bienes raíces vendidos, aceptando pagarle un subsidio anual en reconocimiento de ésta. El Papado
aceptó a su vez permitirle mantener la posesión a los compradores de
la propiedad de la Iglesia. En México, durante los años de Porfirio Díaz,
la Iglesia nuevamente amasó riquezas y llevó a cabo acuerdos (contentas) con aquéllos que habían adquirido la propiedad; por una suma
de dinero, las autoridades eclesiásticas reconocían los títulos individuales
de las propiedades.

�164

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

Siglo XIX

Si los efectos de las medidas no llenaron las expectativas, la creencia liberal en la necesidad de reducir a la Iglesia a un papel puramente
espiritual en la sociedad -que necesariamente incluía un ataque a su
propiedad- como esencial para el progreso y la prosperidad de un país,
era una meta que requería cualquier sacrificio a cualquier costo. Si
los resultados son descorazonadores, al menos no debe menospreciarse la grandiosa concepción de los más sinceros liberales.

NOTAS

1. La investigación para este artículo en parte se hizo posible por una Teacher Jmprovement Leave otorgada por la Universidad del estado de Wisconsin-Stevens Point
para el año académico de 1966--67. Una versión revisada de este artículo se leyó en
la reunión de primavera del Consejo de Latinoamericanistas de Wisconsin, el 10 de
mayo de 1968 en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.
2. Aunque después de la Independencia el país cambió de nombre varias veces, en aras
de la simplicidad se usará Colombia.
3. Para la Constitución Mexicana ver Constitución federal de los Estados Unidos Mexicanos sancionada y jurada por el congreso general constituyente el 5 de febrero
de 1857 (México, 1861); y, para la Constitución de los Estados Unidos de Colombia
del 8 de mayo de 1863, ver William M. Gibson, The Constitutions of Colombia (Durham, N.C., 1948), pp. 273-94.

165

10. Actos oficiales del gobierno provisorio de los Estados Unidos de Colombia recopilados conforme a Jo dispuesto por el Decreto de 7 de abril de 1862 (Bogotá, 1862),

Circular del 14 de julio de 1862, pp. 539-540.
11. Este punto era artículo de fe tanto para los liberales mexicanos como para los colombianos; es decir, la creencia en los derechos individuales y especialmente la inviolabilidad de la propiedad privada. En este aspecto diferenciaban entre el derecho
de propiedad de los individuos -que era inviolable excepto en interés general y con
compen5ación- y los derechos corporativos de propiedad que eran privilegios expedidos por autoridades civiles y revocables por los gobiernos.
12. En México, los estados retenían el 200Jo de la sumas recolectadas por la nacionalización; en Colombia, en 1866 se les devolvió a las municipalidades la propiedad que
antiguamente les pertenecía y que todavía no se había enajenado.
13. Codificación nacional, XIX, 400. Según el artículo 6 del decreto de desamortización: "La venta se hará por documentos o bonos de deuda nacional interior flotante, o de renta sobre el tesoro del 6 por 100. Cuando para ésta se presenten capitales
iguales en dichos bonos, billetes o rentas sobre el tesoro, se dará preferencia a aquellos que ganan mayor interés; pero cuando se ofrezca al mismo tiempo dinero sonante o billetes de tesorería, se preferirá esta oferta a los documentos ya citados,
en cuyo caso se dará entrada al dinero o a dichos billetes de tesorería en la caja de
amortización, destinando al pago de intereses de censos sobre el tesoro y a la amortización de deuda flotante ...".
Y el artículo 7 del decreto de la deuda pública establecía (!bid., p. 405): "Igualmente se reconocerá en rentas sobre el tesoro al 6 por 100 o en incripciones asimiladas
a la deuda nacional de dichas rentas del 6 por 100, el valor de todas las propiedades
inmuebles de manos muertas de que, por decreto de esta misma fecha se hace cargo
la Nación para restablecer la armonía en el giro y cambio de los valores y hacer que
la propiedad inmueble se subdivida".

4. En México hubo desamortización en 1856 y nacionalización en 1859; en Colombia,
la expropiación ocurrió en 1861.

14. Payno, 11, pp. 75-94.

5. Leyes de Reforma: Gobiernos de Ignacio Comonfort y Benito Juárez, 1856-1863

15. Actos oficiales, Apéndice, p. 186.

(México, 1947), pp. 25-36.

6. Codificación nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de 1821, hecha
conforme a la ley 13 de 1912. (Bogotá, 1930), XIX, 398-401.
7. Actos oficiales del gobierno provisorio de los Estados Unidos de Colombia, recopilados conforme a los dispuesto por el decreto del 7 de abril de 1862, Apéndice (Bogotá, 1863). Circular de septiembre 9 de 1861 a los gobernadores, explicándoles los
decretos sobre desamortización y deuda pública, p. 186.
8. Manuel Payno (ed.) Colección de las leyes, decretos, circulares y providencias relativas a la desamortización eclesiástica, a la nacionalización de los bienes de corporaciones y a la reforma de la legislación civil que tenía relación con el culto y con
la Iglesia (México, 1861), Circular No. 1, 28 de junio de 1856, I, pp. ~7-18.

9. Anselmo de la Portilla, México en 1856 y 1857, gobierno del General Comonfort,
(Nueva York, 1858), pp. 69-70.

16. José Manuel Restrepo, Diario político y militar (Bogotá, 1954) pp. 631, 727-28, y
732; José M. Samper, Ensayos sobre las revoluciones políticas y la condición social
de las repúblicas colombianas (Bogotá, n.d.), p. 195; Antonio Pérez Aguirre, 25
a/Jos de historia colombiana, 1853 a 1878. Del centralismo a la federación (Bogotá,
1959), pp. 156-57; Salvador Camacho Roldán, Escritos varios (Bogotá, 1892-95),
sobre la intervención francesa en México, ver artículos de La Opinión del 24 de junio de 1863, 1o. de julio de 1863, 21 de julio de 1863, 25 de septiembre de 1863 y 18
de mayo de 1864, Vol. I, pp. 300-31.
17. Milton Puentes, Historia del partido liberal colombiano (2nd. ed., Bogotá, 1961),
p. 211.
18. El Arzobispo, hermano del General Mosquera, expidió esta pastoral el 23 de agosto
de 1852 antes de salir para el exilio como resultado de su oposición a la ley del gobierno de 1852, dándole a los cabildos- municipales el derecho de elegir pastores.
Sermones, por Manuel José Mosquera (Bogotá, 1936), p. 61.

�166

Siglo XIX

19. Luis García Benítez, Reseña histórica de los Obispos que han regentado la Diócesis
de Santa Mana (Bogotá, 1953), Pt. l. p. 417.
20. /bid, p. 468, 18 de febrero de 1864.

21. /bid, pp. 474-75.
22. Contestaciones habidas entre el limo. Sr. Arzobispo de México, Dr. D. Lázaro de
la Garza y Ballesteros, y el Excmo. Sr. Ministro de Justicia, negocios eclesiásticcs
e instrucción pública, Lic. D. Ezequiel Montes (México, 1856), p. 41.
23. Clemente de Jesús Munguía, Defensa eclesiástica en el Obispado de Michoacán desde fines de 1855 hasta principios de 1858 (México, 1858), 16 de julio de 1856, I,
pp. 21-45.

24. Cana pastoral del limo. Sr. Obispo de Guadalajara en que se inserta la alocución
de Su Santidad (Guadalajara, 1858).
25. J. Iván Cadavid G., Los fueros de la Iglesia ante el liberalismo y el conservatismo
en Colombia (Evolución político-religiosa de nuestros dos Partidos, 1837-1955), (Medellin, 1955), 17 de septiembre de 1863, "lncredfüili Afflicramor Dolore", pp. 53-54.
26. Benítez, p. 490.
27. Puentes, citando El Tiempo, 8 de octubre de 1861, p. 212.
28. Actos oficiales, p. 539.
29. Citado en El Siglo Diez y Nueve, 1 de julio de 1856, p. l.
30. Citado en /bid, 3 de julio de 1856, p. 2.
31. Memoria presentada al Excmo. Sr. Presidente Sustituto de la República por el C.
Manuel Lerdo de Tejada dándole cuenta de la marcha que han seguido los negocios
de la Hacienda Pública en e/ tiempo que tuvo a su cargo la Secretaria de este ramo
(México, 1857).
32. Codificación nacional, Decreto del 10 de marzo de 1862, XX, pp. 37-38. Los extranjeros en Colombia se destacaban por las ventas simuladas con la teoría de que
su nacionalidad los protegería de la acción del gobierno liberal. En México, con fr~cuencia aparecen nombres extranjeros en la lista de compradores.
33. Parece por la literatura que los problemas de Colombia con más frecuencia se le
atribuían al federalismo extremo de la Constitución de Rionegro, mientras que en
México parece que se Je atribuían más a menudo al anticlericalismo.

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

167

BIBLJOGRAFIA
Una buena síntesis del sentido político de la Reformas del medio siglo es la de Gerardo
Molina, Las ideas liberales en Colombia, Ed. Tercer Mundo, Vol. l. Los aspectos fiscales son discutidos en Ambal Galindo, Historia Económica y Estadística de la Hacienda
Nacional, Bogotá, 1874. Una visión contemporánea de los debates sobre desamortización es la de Salvador Camacho Roldán, Memorias, Ed. Bedout. Las relaciones entre
la Iglesia y el Estado en el siglo XIX son ampliamente examinadas en Fernán González
Partidos políticos y poder eclesiástico, Ed. Cinep, Bogotá, 1977. Véase también Juan
Pablo Restrepo, La Iglesia y el Estado en Colombia , Londres 1886, y Carey Shav,
"La Iglesia y el Estado en Colombia vistos por los diplomáticos norteamericanos
1834-1906" en Instituto Colombiano de Cultura "Mito: 1955-1962" (selección de textos), Bogotá, 1975. Los estudios más recientes y completos sobre desamortización son
los de Fernando Díaz Díaz La Desamortización de bienes eclesiásticos en Boyacá, Ed.
Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Tunja 1977 y Jorge Villegas "Enfrentamiento Iglesia-Estado, 1850-1887", ponencia presentada en el Seminario de Historia de Colombia, Depto. de Historia, Universidad Nacional, septiembre de 1977. Una
comparación con México puede establecerse en Jan Bazant Los bienes de la Iglesia en
México: 1856-1875. Aspectos económicos y sociales de la Revolución liberal, El Colegio
de México, 1971.

�Revolución Liberal y Grandes Propietarios
en Castilla-León (1854-1875)

Ricardo Robledo Heroández

*

l. LA HERENCIA DE LA REVOLUCION LIBERAL
El tema de la propiedad y distribución de la tierra en España ha constituido uno de los aspectos "clásicos" en la explicación del problema
agrario, sin que ello indique que sepamos casi todo sobre la estructura
de la propiedad en la segunda mitad del XIX. Por una parte, el estereotipo del latifundismo andaluz provoca, sin más, con cierta frecuencia, la réplica del minifundismo al Norte del Tajo, y, por otra, seguimos careciendo de alguna estadística fidedigna para dicha etapa, como el responsable británico en Madrid se lamentaba, hace ya más de
un siglo, de disponer sólo de informaciones estrictamente locales 1• Como seguimos desconociendo el panorama del siglo XIX, nos interesaría saber, en concreto, en qué medida los cambios de la revolución liberal intervinieron en esa concentración de la propiedad que, presumiblemente, existía antes de la Restauración.
Sin duda alguna, los propietarios de la Restauración proceden o
se consolidaron como tales a través de las medidas burguesas que liberalizaron el mercado territorial. Entre esas medidas destacaron, por
cuanto materializaban el acceso a tal mercado, la desvinculación y la
desamortización, pero existen también diversos procesos como el de

• Departamento de Historia Económica, Universidad Autónoma de Barcelona (España). Este material resume los capítulos 1 y 2 del libro La renta de la tierra en Castilla
La Vieja y León (1836-1913), Madrid, Banco de España, Estudios de Historia Económica, 11 , 1984.

�170

Siglo XIX

la abolición del régimen señ.orial, entre otros, que sirvieron para configurar una propiedad burguesa, antes mediatizada por múltiples trabas
más o menos consuetudinarias. La diferente disponibilidad de las fuentes me obliga a hacer un resumen muy desigual de cada uno de estos
procesos.

Nota sobre la desvinculación
Aunque durante la regencia de Espartero se alzaron voces pidiendo l~
extensión de la desamortización a los bienes de la nobleza 2, la decisión de vender bienes nobiliarios fue, como es sabido, un asunto privado, sin el protagonismo que la Hacienda Pública desempeñ.ó en otros
procesos, lo que nos priva de una estadística similar a la del fenómeno
desamortizador. Esto hace que el tema de la desvinculación, por lo que
se refiere a las consecuencias en el mercado de aquella liberalización
estudiada por B. Clavero, sea el gran desconocido de la historia españ.ola del siglo XIX; en el estudio de sus repercusiones económicas y
sociales sigue siendo bastante cierto, todavía después de 25 añ.os, la
afirmación de Vicens Vives de que "toda hipótesis es hoy por hoy
temeraria" 3 •
Abandonadas o sometidas a duras críticas las cifras de S. Millet
(utilizadas por Vicens Vives en cuanto a propiedades vendidas en
1845-54), un camino de investigación está en los protocolos notariales,
que reflejan importantes transferencias de propiedades, incluso antes
de 1820 y 1836. La explicación reside, al margen del permiso real que
la corona concedía con cierta regularidad, en las medidas arbitradas
desde 1789, que concedieron facilidades para enajenar bienes de
mayorazgo 4 ; también es significativo no olvidarse de los bienes libres,
no sujetos a la rigidez de las cláusulas sucesorias del mayorazgo, que
la nobleza fue ampliando en una estrategia de reserva económica, no
sólo para seguridad frente a ataques contra los mayorazgos, sino también con el fin de disponer de fortuna para los hijos naturales (u otros
parientes o amigos) excluidos de los mismos 5•
Estos hechos explican que el Duque de Berwick y Alba hubiese enajenado "fincas, rentas y derechos vinculados" por valor de 7 004 178
reales entre 1795-1835, con unos máximos en el Trienio y en los añ.os
30. Varias de estas ventas se localizan en Castilla (Piedrahíta, Babilafuente Coca, Rioseco ... ), aunque el máximo correspondía a Sevilla.
Siguie~do con la Casa de Alba -en este caso, con la Duquesa, fallecida en 1802-, nos hallamos frente a un "cuerpo general de hacienda"
impresionante, que la tasación de 1843 evaluaba en 72 008 398 reales,

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

171

cantidad que únicamente hacía referencia a los bienes libres (muebles
e inmuebles) y que procedían de muy diversos canales. Los avatares
políticos, reclamaciones de herederos marginados (como el Duque de
Berwick) que se creían con derecho a participar en el caudal, pleitos
y otros "quebrantos" hicieron descender tal patrimonio al 90% durante la proindivisión del caudal que se prolongó más de cuarenta
añ.os 6 •
El Registro de la Propiedad nos ayuda a constatar transacciones
de otros mayorazgos. Así ocurre con la casa de Cerralbo, que antes
de que concluya el siglo XIX vende varias propiedades en Salamanca,
pero también es cierto que se hace con el control total de una dehesa,
comprando la única parte que no era suya. En el mismo sentido, el
Conde de Santa Coloma consigue, con la compra de bienes nacionales, redondear el antiguo patrimonio en el pueblo de Campocerrado,
y convertirlo realmente en "coto redondo", hasta que en 1901 pasó
íntegro a unos ganaderos 7•
Si estos casos han sido poco citados, no ocurre lo mismo con los
de Frías y Osuna, aunque no abunden los datos concretos. El Duque
de Frías, con más de siete millones de reales de crédítos en contra, había enajenado bienes raíces por valor de 7 414 281 reales (sin incluir
las certificaciones de diezmos) pertenecientes a mayorazgos que extendían sus propiedades por toda la región: Mayorazgo de Frías, de Frómista, de Alba de Liste, de Peñ.aranda de Bracamonte 8, y en cuanto
a Osuna, un protocolo notarial de octubre de 1863 revela el establecimiento de "una escritura de obligación para responder de un empréstito de 90 millones de reales y sus intereses con hipoteca especial de
bienes raíces" del Duque de Osuna a favor de D. Estanislao de Urquijo. Conocido el desenlace de la casa nobiliaria, hay que pensar que buena parte de estos créditos se cobrara en bienes raíces, y esto tendrá repercusiones en Castilla. De hecho, en 1875, casi 3.5 millones de pesetas figuran en el inventario de Fernández Casariego (luego Marqués
de Casariego) como valoración de los Estados de Benavente (además,
disponía de 1m número importante de obligaciones de la Casa de
Osuna).
Así, pues, por primera vez a escala regional, disponemos de algunas estimaciones que miden la venta (parcial) de bienes de algunos títulos ilustres. No hemos hablado de otros grandes con influencia en
la región castellana, como el Conde de Altamira (Marqués de Astorga)
cuyas solicitudes de préstamo también se contabilizan por varios millones de reales 9 , y que, al final, según sabemos, acabó vendiendo

�J72

Siglo XIX

hasta los cuadros1º, ni de la apurada situación del Conde de Montijo 11 •
Los ejemplos expuestos indican cifras por encima de los 150 millones
de reales tan sólo contando a Alba y Osuna, en el supuesto de que no
se devolviera el préstamo contraído por esta casa.
No tiene sentido comparar esta cifras aisladas de algunos ejemplos
con el volumen global de la desamortización; en alguna comarca o incluso provincia, quizá sean comparables desvinculación y desamortización y, en todo caso, la importancia relativa de estas fortunas en
quiebra no parece despreciable si se tienen en cuenta otras magnitudes de la historia económica española del siglo XIX ¿Pero quiénes fueron los "beneficiarios" de la desvinculación? Sin que tengamos que
excluir a otra nobleza con menos apuros, hay que inclinarse fundamentalmente por aquel grupo social que "tuviera la capacidad de movilizar de un día para otro considerables sumas en metálico" 12: comerciantes, grandes arrendatarios, burguesía de los negocios, etcétera. Estos darán un primer paso hacia la propiedad nobiliaria actuando de
prestamistas de la nobleza endeudada que, al final, tendrá que vender, pues el poseedor del capital ya no está subordinado -como ocurría con los censos- al dueño de la tierra que solicitaba el crédito. Ahora, quien presta impone las condiciones 13. Así ocurre con los Vázquez,
comprando cortijos del Marqués de Alcañices 14, con J. Safont, que
adquiere bienes del Conde de Santa Coloma, cobrándose así el préstamo que le había hecho 15, con J. J. de Vicente, adquiriendo varios pueblos (sic) de Salamanca que pertenecían al Conde de Villagonzalo 16•••
Aquí sí que no hubo lugar para que el campesino participara; lo que
el noble necesitaba eran grandes sumas de dinero y al contado.
Para evitar equívocos, digamos que no estamos argumentando el
tema de una ruina nobiliaria colectiva por obra y gracia de la desvinculación. Como tendremos ocasión de exponer, la nobleza vendía, pero también demandaba tierras, y lo pudo hacer en condiciones ventajosas. Además, hay un aspecto poco analizado como es el de la Ley
Hipotecaria que, sin ser tendencioso, creo que se convirtió en un instrumento para consolidar una propiedad, indeterminada en sus contornos e, incluso, insegura a mediados del XIX 17 •
En efecto, al estudiar las "inscripciones" y "anotaciones" que figuran en el Registro de la Propiedad (de Ciudad Rodrigo y Alcañices),
uno constata los signos de la propiedad territorial feudal acostumbrada a disfrutar de derechos sobre las personas o las tierras, pero que
carece, a veces, de un inventario adecuado de las explotaciones
-medido en hectáreas o fanegas-, que es lo que se inscribe en el Re-

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

173

gistro. A partir de esta indefinición o ambigüedad, me parece que el
gran propietario de antiguos vínculos ha salido favorecido. Cuando el
Conde de Luque, con sus papeles provenientes del siglo XV, trata de
inscribir una finca, el Registrador anota claramente que "esta finca
no se menciona en dichos mayorazgos", y es el hecho de figurar en
el amillaramiento lo que da pie a la inscripción . Lo mismo ocurre con
la Condesa de Campo Alange -en la dehesa Capilla del Río-, y sirve
entonces para tal motivo el recibo de la contribución. En Santa Olalla,
el Registrador advierte que en las transmisiones de esta finca nunca
se ha hecho constar la cabida "por ignorarse la que pudiera tener" y
que, si bien el propietario dice que es -y como tal la quiere inscribir"término redondo", en el Registro "no hay fundamento preciso para
inscribirla como tal". Hay, efectivamente, 34 pequeñas fincas que limitan el pretendido término redondo, pero, en virtud de la inscripción,
quedan "reivindicadas" y, al final, pasarán casi todas al supuesto único propietario.
En otros casos (Marquesado de Tábara, perteneciente a Osuna),
la "anotación preventiva" (que sirve para cancelar la inscripción hasta que las partes en conflicto aclaren a quién pertenece la finca, en plazo de 60 días) se resuelve a favor de quien ostentaba el pleno dominio,
pese a que el Registrador observaba en la anotación que "existe el defecto de no resultar probado que D. Manuel de Toledo adquiere el pleno dominio de la finca . .. (pues) en los pagos conocidos con los nombres que la misma (finca) lleva, hay varias fincas inscritas a nombre
de otras personas" 18•
Si me he extendido con estos ejemplos es para llamar la atención
sobre el desenlace final del fenómeno desvinculador, tan poco estudiado, y sobre la forma en que se materializa el cambio institucional, aparte
de la dinámica de transacciones que se haya producido en la propiedad
antes vinculada. Resulta obvio que los ampulosos pero ambiguos títulos que se hacían retroceder a Cédulas de la Baja Edad Media (y donde
lo decisivo, a veces, era fijar el dominio sobre los hombres, y no tanto
de cuántas fanegas de superficie se disponía) no tenían cabida en la
sociedad liberal de mediados del XIX. Con la Ley Hipotecaria (y el
Registro de la Propiedad), consiguieron una certeza, definición y seguridad (características específicas de la propiedad capitalista) de las
que antes carecían.

En resumen, aunque no podamos precisar cifras, una parte de los
patrimonios nobiliarios que se vendieron con motivo de la desvinculación afectó claramente a varias provincias castellanas; de este trasiego

�174

Siglo XIX

de fincas estuvo al margen el campesinado castellano que no podía hacer frente en poco tiempo a la importante cuantía de estas compraventas. Veamos cómo se resolvió otra de las oportunidades de las reformas liberales.

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

/75

llenara de pueblos que asistían como testigos más o menos mudos
a la aplicación de una ley que iba en contra s~ya. Hubo pleitos, apa~
rentemente de menor cuantía que, al fallarse en contra de los pueblos,
obligaron a desprenderse de tierras municipales para hacerse cargo de
los costos25 •

La abolición del régimen señorial. Un;¾ aproximación 19
Otro de los pasos para que la nobleza perdiera las características de
clase privilegiada que tenía en el Antiguo Régimen vino a través de los
sucesivos -y cada vez menos radicales- intentos abolicionistas que
se concretaron de forma definitiva, un año después de la supresión de
los mayorazgos. Ocurre, sin embargo, que no existe un modo unívoco
en la forma de producirse la abolición, pues hoy se pueden distinguir
dos modelos, uno más o menos clásico, que supuso la resolución de
la mayoría de litigios planteados en favor de los señores y que condujo
a la conversión de la tierra señorial en propiedad partícula~, y otros,
con ejemplos periféricos que favorecieron el acceso del enfiteuta al pleno
dominio o mantuvieron la permanencia de un sistema foral 21 •
Carecemos, sin embargo, de un estudio de conjunto que certifique
para Castilla-León el desenlace de la abolición y cuáles fueron las zonas más afectadas. Sabemos de algunos pueblos que resultaron vencedores contra las pretensiones del Duque de Alba, que les reclamaba
el noveno: por ejemplo, San Felices, Ahigal y Barba del Puerco, en
el rincón salmantino de los Arribes del Duero. Los tres pueblos afectados estuvieron juntos en un pleito que fue relativamente lento y, sin
duda, costoso22, lo que nos da idea de las dificultades económicas que
suponía embarcarse hasta el final en estos asuntos. Hacer frente a un
gran desembolso y en metálico no era cosa fácil para estos pueblos,
acostumbrados más al tributo en especie que enfrentar sus cosechas
a las oscilaciones del mercado, inconveniente siempre llevadero cuando las perspectivas de un final feliz eran claras, pero cada vez menos
a medida que los tribunales fallaran sistemáticamente en contra del
vecindario.
Conozco algún otro caso resuelto favorablemente, éste en
Zamora23 , y, sin duda, debe haber otros, pero no la mayoría, como
revela el análisis de las sentencias del Tribunal Supremo. Además,
¿cuántos pueblos ni siquiera pasaron la barrera del Juzgado comarcal? ¿Cuántos juicios "fantasmas" tuvieron lugar, como ocurrió en
Cerralbo?24 ¿Y cuántos, después de pasar esa barrera, no quedaron
atrapados en la Audiencia o en cualquier apelación o súplica? Preguntas sin contestar, por ahora, pero es posible que el mapa castellano se

Como resultado global, pese a la imperfección y grado de ocultación, un análisis de 1875 de las cuotas tributarias a nivel municipal de
cuatro provincias castellanoleones?s nos revela la existencia de más de
260 municipios concentrados en una o en pocas ~anos frecuentemente de origen señorial. De las cuatro provincias, es Sa1amanca la que
destaca y, todavía en 1931, la Memoria de la Diputación contabilizaba 129 fincas "de señorío" que sumaban 104 047 hectáreas26• Conocemos el panorama de pueblos y lugares donde las calles, las casas y
edificios públicos quedaron en manos del señor, hasta el extremo de
que el Ayuntamiento constitucional tenía que pagar el alquiler de su
local al amo qel pueblo27 • No hay por qué generalizar el ejemplo salmantino a toda Castilla, ¿pero hasta qué punto son sólo una excepció?, Otones de Benjumea en Segovia28, Zaya de Rascones en Soria29,
vanos pueblos del Marquesado de Alcañices en Zarnora30 o Narros del
Puerto y otros en A vila ?31 •
Además, la existencia de bienes comunales en el lugar del sefiorío
sirvió para incrementar las propiedades de éste, si hemos de creer las
quejas de vecinos en una trayectoria histórica bien documentada. En
concreto, el caso más destacado en Castilla es el pleito entre el Ducado
de Medinaceli y el Común de Vecinos del propio Ducado, que hace
tiempo refirió S. Moxó32• Salió ganando el Duque y consiguió, desde
1837, la propiedad privada de varios montes. Yo he efectuado, a través del inventario del IRA (tomo 178), el recuento de estas explotaciones -heredadas en bloque en 1895- y cuya superficie asciende a 8 259
hectáreas dentro del partido judicial de Medinaceli.
El estudio de la abolición de los señoríos en Castilla está todavía
a la espera de una investigación que revele las particularidades que pudo tener este fenómeno. Mientras tanto, sólo podemos añadir a lo expuesto algunos resultados de fuentes que creo valiosas.
Una de ellas son los inventarios post-mortem, y es interesante contrastar lo que aquí se encuentra con las opiniones sobre la generosidad
de los Grandes que se plegaron, con el sacrificio que esto comportaba,
a la normativa liberal: así, por ejemplo, el Duque de Frías33 • Sin embargo, y al margen de compensaciones, no perdieron la totalidad de

�176

Siglo XIX

sus derechos. En, la adjudicación a la viuda Duquesa de Frías, en 1860,
se le asigna "el derecho de treintena de los frutos recolectados por los
labradores de las tierras de Corral del Toscón", cuya capitalización
suponía una suma de 679 291 reales. Y su hija, la Duquesa de Uceda,
contabilizaba en su inventario de 1874 "la mitad de la novena parte
de las cosechas de trigo, serodio, centeno, cébada, cordero, huevos y
lana que deducido el diezmo deben pagar los terratenientes de los pu~blos del Condado de Liste". La capitalización de esta renta se aprecia
en 250 000 pesetas34 •
Otro aspecto que merece su análisis es el de las sentencias del Tribunal Supremo que he examinado para Castilla-León a través de la Biblioteca Jurídica de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia. Existe una cronología en estas sentencias que es preciso comentar,
pues se observa una evolución netamente regresiva para los pueblos.
Hasta 1864 todos los recursos entablados por aristócratas fueron perdidos por lstos; después de esta fecha, y en plena Restauración, fueron los Ayuntamientos y sus representados quienes los perdieron sistemáticamente. Resulta paradójico comprobar en esa relación cómo la
martiniega, que el artículo 11 de la ley de 1837 consideraba abolida,
aparece como prestación a pagar en plena Restauración, y el noveno
que el Duque de Alba perdió en 1851 lo gana el Duque de Uceda en
1866. Lo menos que puede decirse -aunque Moxó tilde de exaltado
a García Ormaechea con insistencia- es que se produjo un incumpli35
miento de la legislación de señoríos por el Estado •
Ciertamente, después de examinar el contenido de los juicios, estamos, por lo general, ante unos censos de esc~a importanc~a (salv?
acumulación de impagos); pero, si ante estos pleitos de cuantla relativa el desenlace fue así de contundente, ¿qué ocurriría cuando lo que
se cuestionara fuera la titularidad de un territorio determinado? Existe, además, un elemento adicional que complica la situación en Castilla, porque si censos y foros perpetuos se consideraron, con frecuencia como contratos libres entre propietarios y colonos, ¿qué se iba a
de~ir respecto al arrendamiento castellano, que desde la consolidación
del mayorazgo -como argumenta B. Clavero- se regulaba por plazos cortos, es decir, tan poco diferentes, en apariencia, de las formas
de contratación liberal de la tierra? De hecho, pues, el método más extendido de subordinar el trabajo campesino en el Antiguo Régimen castellano no contribuía en nada a una resolución de los pleitos a su favor.
En resumen, la ley de abolición de los señoríos, enmarcada en los
inicios de la revolución burguesa, se está dilucidando mucho más tar-

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

177

de Y de forma desfavorable para el campesinado castellano. Durante
la Restauración -en consonancia con el conservadurismo de esta etapa histórica-, se están aplicando, a través de la resolución de los pleitos de s~ñoríos, uno~ criterios de libertad, de contornos muy cerrados,
Ys~ aplican ~na~r~mcamente a unas r~laciones anteriores, que eran de
d~1gualdad Jundica. El resultado era ideal, pues se conseguía la "propiedad perfecta", respetada por la Ley e inscrita en e/ Registro, donde
antes había existido una gran dosis de inseguridad y violencia. Así se
cerraba, con bastante fracaso, un ciclo secular de luchas y resistencias
que traían ~ sus espaldas los pueblos castellanos; más tarde, varios de
ellos tratarían de conseguír, a través del mercado (con la ayuda de préstamos hipotecarios), lo que se les había negado por la ley de
"abolición''.

Los principales compradores de la desamortización
A diferencia del tema desvinculador, la desamortización ha sido objeto d~ bastantes monografías que, de forma muy desigual, han estudiado diversas comarcas de todas las provincias castellanas. Si el número
~e transacciones fac_ilitadas por la abolición de los vínculos nos es prácticamente desconocido (y lo será durante bastante tiempo), sí &amp;abemos
que ~e 1836 a !895 se v~ndieron en toda la región 151 825 fincas que
totalizaron casi 2 300 llllllones de reales en su venta. La región castellana aparece como la primera por el número de fincas subastadas y
la segunda en cuanto a valores rematados36•
¿Podemos saber el número de hectáreas que abarcaron tales ventas? Si F. Simón había avanzado un 20% como magnitud de la superficie peninsular afectada por la desamortización, no parece que la región castellanoleonesa sea de las que se alejen -por abajo- de ese
hipotético promedio· español. Con toda seguridad, hubo distritos que
superaron ese 20%, al margen de la "desamortización oficiosa" (ventas fuera del proceso oficial) que pudiera producirse. En conjunto, si
a las tierras desamortizadas añadimos las ventas realizadas por la nobleza de sus antiguos mayorazgos, puede arriesgarse (y nunca mejor
empleada esta expresión) una cantidad en tomo al 1.5 millones de hectáreas, salidas al mercado en Castilla durante el siglo XIX ¿Pero quíén
pudo beneficiarse de esta importante oferta de tierras? Creo que es preciso distinguir tres grupos principales de compradores.
Un primer grupo lo constituyó la nobleza tradicional, y es difícil
entenderlo si se acepta la hipótesis bastante probable de una coyuntu-

�Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

GRAFfCO 1

PARTICIPACION REGIONAL EN EL VOLUMEN DE FINCAS
DESAMORTIZADAS SEGUN VALORES REMATADOS (1836-1895)

CASTILLA-LEON

ANDALUCIA

PARTICIPACION REGIONAL EN EL PROCESO DESAMORTIZADOR
SEGUN NUMERO DE FINCAS (1836-1895)

CASTILLA-LEON

Elaborado a partir de los datos de F. Simón Segura: La desamortización española del siglo XIX (1973)

179

ra de dificultades que atravesaba la nobleza a principios de siglo37 • Lo
cierto es que vemos figurar a la aristocracia como una importante compradora de bienes nacionales en Zamora, Salamanca y, en menor grado, en Valladolid o Segovia. Algún caso resulta espectacular, como el
de la Casa de Montijo, que había comprado más de 1 700 hectáreas
en la desamortización de Mendizábal en Valladolid (G. Rueda) y remató también 24 fincas en Salamanca, que ascendieron a cerca de 7
millones de reales; una sola dehesa que adquirió el Duque de Frías en
Zamora fue rematada en 4 340 000 reales38•
La aparente paradoja de una nobleza endeudada que, a la vez, compra tierras no era una "huida hacia adelante": era, simplemente, el
resultado de la transformación de unos derechos feudales incobrables
desde hacía unos cuantos años, en unos medios de pago (indemnizaciones, certificaciones... ) aplicables de inmediato a una desamortización, que, en el caso del clero secular39 era un invento ex profeso para compensar a la vieja aristocracia por la abolición de los diezmos.
El principal espaldarazo provino, seguramente, de las indemnizaciones por diezmos laicos, pero también tuvieron su importancia las compensaciones por alcabalas, juros, oficios públicos ... que, o se englobaron en el epígrafe de las "cargas de justicia" -una partida no despreciable en los gastos del Presupuesto del Estado-, o por las que sus
antiguos poseedores recibieron también indemnizaciones en deuda pública. Si es cierta la reserva efectuada por F. Tomás y Valiente40 de
que la nobleza también podía disponer previamente de títulos del Estado, hay que convenir, no obstante, en la decisiva importancia de cambiar derechos inseguros y degradados por unos medios de pago tan sólidos y de gran movilidad41 •
Un segundo grupo, a veces englobado en el epígrafe de la "burguesía urbana", desempeñó un papel importante en Castilla. En las
diversas monografías sobre la desamortización, destaca una serie de
nombres como M. Aboin en Avila, Martínez Durango en Palencia, P.
Casado en Burgos, Soriano, de Vicente, Sánchez Arjona, etcétera, en
Salamanca, Pombo, A. Pesquera en Valladolid, Villachica en Zamora ... algunos de ellos ennoblecidos posteriormente, y casi todos con
importantes papeles en la gestión de los intereses políticos durante la
Restauración.
Fueron muy diversas las fuentes de acumulación que permiteron
a estos personajes tener acceso al mercado desamortizador. Sin que sean
excluyentes, sobresalen las oportunidades que tuvieron como suministradores, asentistas o contratistas de bienes para el Ejército (compensados con pagarés que se aceptarían luego en la compra de bienes nacionales); también fueron importantes los recursos provenientes delcomercio de granos o fabricación de harinas que tuvo en el Canal de Cas-

�180

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

181

tilla uno de sus ejes principales42 y en las Antillas uno de los mercados más seguros43 • La propia mecánica de la desamortización encumbró igualmente a un grupo de "especialistas" -agentes de negocios,
escribanos, notarios...- que canalizaron las compras de bienes nacionales. Por último, se puede hablar de una autofinanciación en la desamortización: los beneficios acumulados en el arrendamiento de tierras
o de inmuebles urbanos, que potencian. tanto la coyuntura expansiva
de la agricultura española como el crecimiento de algunos núcleos de
población, vuelven a invertirse en la desamortización urbana o rústica, principalmente de Madoz.

En el extremo opuesto, en la cúspide de la pirámide, se mantiene
con fuerza el grupo nobiliario que conserva un prestigio social muy
compartido y competido por el ascendiente de una burguesía urbana
y rural. Hay que darse cuenta, de todos modos, de que fueron muchos
los miles de hectáreas sacados a subasta para ser cubiertos únicamente por la demanda regional, sobre todo si atendemos a las dificultades
que labradores y ganaderos tuvieron que soportar con motivo de la crisis
del primer tercio del XIX, circunstancia que dejó el campo abierto a
la actuación de hombres de negocios madrileños.

En lineas generales, parece que este grupo innovó muy poco en
cuanto a la forma de llevar las explotaciones recién adquiridas y también fue causante de un proceso de agrupación de tierras antes dispersas.

La situación resultante permaneció bastante alejada de algo que
se pareciera, si no a una democracia rural, a una participación significativa de pequeños o medios campesinos en el control de la desamortización, aspecto este último que parece traslucirse de algunos estudios
que insisten en los porcentajes importantes de compradores rurales...

Finalmente, un tercer bloque de compradores lo constituiría el labrador y ganadero local que se ha aprovechado de la facilidad de largos plazos (a veces, de 20 años), y de la coyuntura ventajosa de unos
precios en alza hasta 1883, junto con las ventajas de un transporte más
eficiente. Una vez abonado el primer plazo que les da derecho a laposesión de las explotaciones, el mecanismo de arrendar tierras puede resultar también lucrativo: sabemos, en efecto, que la renta territorial
pudo, por lo menos, duplicarse en 1840-70, dejando rezagada, por tanto, la estabilidad de los abonos anuales del remate, sobre todo cuando
la renta debía pagarse en especie y sobrevenían crisis como la de 1856-7
ó 1868.
Es difícil establecer un balance definitivo de las desamortizaciones
en Castilla-León, cuando apenas disponemos de estudios que abarquen
una provincia. Mi opinión es que estamos ante un fenómeno desamortizador que se resolvió, en lineas generales, de forma poco favorable
para la creación de una amplia capa de propietarios medios que rompiera la estructura desequilibrada de la propiedad agraria44 ; y este último aspecto se hace más llamativo si atendemos a los dos extremos
de la pirámide social y a su conexión con la desamortización. Parece
claro que el escalón más bajo y numeroso quedó excluido prácticamente
de las subastas45 , y cuando de sus aledaños salieron compradores, carecieron de resistencia económica para prolongar su condición de propietarios; nos lo demuestran las mayores dificultades de pago y consiguientes quiebras de los pequeños propietarios rurales respecto a los
urbanos, la absorción de sus lotes a cargo del terrateniente ansioso de
completar el coto redondo, y el callejón sin salida de ir reduciendo la
dimensión de las suertes municipales adquiridas, a medida que aumentaba la presión demográfica.

Y es que más relevantes que estos porcentajes son las cifras absolutas
de compradores: poco más de medio millar en Avila (1855-1885), 1 321
en Valladolid (1836-1853), algo más de 2 500 en Burgos (1855-69), menos de cien en Soria (1838-1853) ... 46• Con cualquier tipo de población
(activa o total) que confrontemos esas cifras, toparemos con una participación muy selectiva que no se desvirtúa por el hecho de compras
colectivas a cargo de Ayuntamientos o vecinos, procedimiento no excesivamente frecuente y poco eficaz a largo plazo (por presión demográfica y repartos sucesorios). Para los más avispados, el recurso consistió en ir arañando lo que quedaba de las tierras comunales, ampliando
a su costa el patrimonio familiar; el camino de las informaciones posesorias, sancionado por la Ley Hipotecaria, se prestó a la perfección
para dar carta legal a aquellas apropiaciones del común, por más que
lo quisieran limitar diversas Reales Ordenes.
Partiendo, pues, de la existencia de un proceso importante de concentración en las compras de bienes nacionales, veamos cómo se refleja esto a través de las escasas fuentes disponibles para aquella época.
11. LOS GRANDES PROPIETARIOS EN CASTILLA-LEON
(l 854-1875)

Después de la desamortización de Mendizábal, año 1854
La Estadística Administrativa de 1855, comentada de vez en cuando
para destacar el apabullante número de antiguos hacendados en los primeros puestos de grandes contribuyentes, nos sirve para conocer, de
forma aproximada, el nombre de los grandes propietarios en esa bisa-

�Robledo H. : Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

183

gra de mediados de siglo, cuando concluye la etapa de Mendizábal y
se abre la desamortización general de Madoz.
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Todos los que están son, pero no todos los que son están es un
retruécano que ayuda a entender la particularidad y límites de unas listas elaboradas a través de las cuotas de contribución. De los 53 grandes contribuyentes que superaban la cuota de 50 000 reales, 28 tenían
una incidencia regional que vemos reflejada en el cuadro 1.

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INCIDENCIA REGIONAL DE GRANDES CONTRIBUYENTES

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De esa relación conviene destacar lo siguiente:
lo. Importancia desempeñada por la nobleza y, dentro de ella,
de la aristocracia más tradicional. Bien es verdad que debería haber
propietarios que, a nivel provincial (e incluso regional), superaban varias de las cuotas reseñadas, aunque no pasaran de los 50 000 reales
en el conjunto estatal. De haberse incluido, más de un nombre sin título nobiliario tendría que figurar en dicha lista, aunque seguramente
no tanto en los primeros lugares. Pero, por otra parte, no olvidemos
otra de las limitaciones de esta Estadística (que hace que los valores
de la contribución reseñados en el cuadro estén sesgados a la baja):
no se agregaron las cuotas inferiores a I 000 reales pues, de contabilizarse, sería probable "que todas o la mayor parte de las personas comprendidas pagasen una suma mayor"47 •

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2o. Si descartamos la empresa del Canal de Castilla, con incidencia exclusivamente en la región, los demás contribuyentes lo son a título interregional y participan en Castilla con porcentajes significativos (dentro del total de su contribución). No llegan a la cuantía del 60-80%,
como ocurre en Andalucía, pero esto no quiere decir que Castilla fuera un apéndice secundario del gran terrateniente (al modo de Galicia,
Cataluña, etcétera) sino, al contrario, una prolongación importante
en el mapa de las grandes fortunas territoriales.

�184

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

'A)
Contribuyentes
&gt;

Castilla-León
Andalucía

(8)
% Total cuow

500 rs.
13 684
29 396

2.4
6.15

185

{Q
únt. satisfechas
(% del total)
30.2
63.65

3o. Desde otro ángulo, una comparación con el caso andaluz a base
del análisis de los contribuyentes por encima de los 500 reales, revela,
efectivamente, un peso inferior de éstos en Castilla, pues hay más del
doble en el Sur pero, en términos relativos, puede afirmarse que hay
una mayor concentración de riqueza en ese 2.4% de cuotas castellanas: el coeficiente de la columna B, al relacionar Andalucía/Castilla,
es de 2.56, y en la columna Ces sólo de 2.11 48•
4o. Todas las provincias castellanas reciben la influencia de estos
grandes contribuyentes a nivel estatal, pero no del mísmo modo. Excluido el Canal, sobresalen, por este orden, Avila, Zamora, Valladolid
y Salamanca (de 10 a 15 veces aparecen en la lista anterior de 28 grandes contribuyentes); en el último lugar está Segovia, aunque es muy
probable que la consideración del peso de estos contribuyentes en el
total de la contribución provincial o regional no relegaría de esta forma a la provincia segoviana.

Los grandes propietarios al inicio de la Restauración, año 1875
Partimos ahora no de un recuento a nivel estatal (ni con la exigencia
de un mínimo de 50 000 reales), sino de una lista desde abajo, es decir,
de grandes contribuyentes a nivel provincial, a través de la cual hemos
elaborado la lista regional (a partir de la agregación de cuotas que superan las 6 000 pesetas). La fecha escogida de 1875 (impuesta por la
disponibilidad de las fuentes) constituye un buen momento para apreciar el poderío de grandes propietarios, una vez que la oportunidad
de la desamortización de Madoz se ha realizado en gran medida y ha
dado tiempo también a que se produjeran traspasos de éstas y anteriores compras de Bienes Nacionales (cuadro 2).
A partir de aquí, podemos disponer de una lista que nos permite
aproximarnos a los grandes contribuyentes de la región, aunque, tal
como veremos, poco o nada les costará esa contribución. De cualquier
modo es una de las formas de tantear quiénes eran los grandes propietarios de Castilla, y lo primero que puede decirse es que quienes ostentaban esta categoría lo hacían, sobre todo, por ser grandes propietarios de Salamanca y, en menor medida, de Avila, Valladolid, Zamora

o Segovia. Casi como provincias "exentas" figuran el resto (Palencia
Burgos, León y Soria).
'
Esto no quiere decir que en estas últimas provincias o en las otras
no tuviera lugar el peso del gran propietario. En provincias como Avila, por ejemJ?lo, esos 50 primeros nombres que podían constituir el 0.2%
de los contribuyentes controlaban el 8% del total de la contribución
(sin_ contar ~l _tremendo fraude fiscal). El análisis que luego haremos
a ruvel mumc1pal no hará más que confirmar esta apreciación.
He.chas estas salved~des, Salamanca destaca no tanto por su número de nobles en los pruneros lugares, pues otras provincias la igualan o superan en esto, sino por la importancia cuantitativa de sus cuot~s: los 50 primeros sumaban más del 10% de la contribución provincial (cuadro 3). Además, importa fijarse en la existencia de hombres
nuevos, sin historia de blasones que los avalen, pero que superan a la
nobleza tradicional: dentro de los diez primeros hay tres propietarios
ganaderos _salmanti?os que se intercalan entre la nobleza de la Baja
Edad ~ed1a o del Siglo de Oro, y uno de ellos, R. Soriano (luego ennoblecido), encabeza la lista regional por encima del Duque de Alba,
aunque no de la Casa de Alba que debería ser el primer gran propieta.
rio de Castilla-León en 187549•
Esta nueva situación, inédita cien años atrás (como revela el Libro
del Mayor Hacendado) e incluso en 1855, ha sido resultado, principalmente, del_ fenómeno des_amortizador, al tener lugar la subasta de grandes extensiones pertenecientes a los Obispados de Salamanca y Ciudad
Rodrigo, así como de instituciones regulares que monopolizaban gran
parte de la superficie agraria provincial50•
Pero esta novedad no se circunscribe a la provincia charra pues,
aunque en menor cuantía, los primeros contribuyentes de Valladolid
(J. Pombo), Burgos (P. Casado), Avila (M. Aboín) y, si prolongáramos la lista, de Palencia (Martínez Durango) y Zamora (M. Villachica), suben a la categoría de grandes propietarios de la región gracias
al desenlace ~~l proceso desamortizador, lo que sanciona el proceso
de concentrac1on resultante, al que antes nos referimos. Salvo J. Pombo, con propiedades en Santander y Palencia, el resto de "nuevos ricos" no supera la frontera provincial, pero la importancia que en ésta
desempeñan les da derecho a codearse con gente ilustre en la lista
regional.

�CUADR02

LOS GRANDES CONTRIBUYENTES DE LA REGION (1875)
Contribuyentes

Avtla

-

-

-

-

19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37

Juan Pombo
Ramón Crespo
Mariano Crespo
Conde de Oflate
Duque de Osuna
Duque de Uceda
Francisco Gómez de
Liaflo
Marqués de la
Torrecilla
Conde de Encinas
Antonio Terrero
Policarpo Casado
Conde de Torrearias
Conde de Santibáflez
Conde de Adanero
Conde de Polentinos
Mariano Aboin
Juan Lamamie de
Clairac
Conde de Superunda
Marqués de Cilleruelo

Bureos

-

1 Rodrigo Soriano
2 Duque de Alba
2 550
3 Duque de Fernán
Núflez
6 678
4 Conde de Luque
5 Manuel Tabernero
6 Duque de la Roca
9 853
7 Clemente SánchezArjona
8 Conde la Patilla
9 Conde de Santa
Coloma
10 Marqués de
Castellanos
1 293
11 Conde de Pui'lonrostro
12 Duque de Abrantes
9 538
13 Vizconde Garcigrande
14 Fulgencio Tabernero
15 Marqués de Alcai'lices
16 Marqués de
Aguilafuente
17 Marqués de Valderas
18 Conde V illagonzalo

-

1 517

-

7 189

2 976

-

2 206
6 507

-

6 177

-

-

León

-

-

-

2 850

-

-

-

-

-

730

-

-

P~ncla

1 281

-

-

-

-

17 880
13 933
13 605
13 346

2 399

7 348 3 467
- 11 868

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

818

-

-

6 319 3 210

--

-

-

-

1 370

-

-

-

-

-

-

-

-

3 900
7 115
-

-

13 138

4 229

-

-

-

-

1 756

-

-

-

-

-

22 510
21 318

Valladolid

-

2 540

-

Sorta

-

-

-

~ovb

22 510
17 487
11 202
13 933
13 605
3 493

-

umora

Salamanu

-

-

8 246
10 731

-

5 855
3 861
9 952

-

9 428
9 021

-

-

-

7 298

-

-

-

-

-

-

-

-

3 273

-

-

3 691

-

-

-

-

-

12 746

3 743

4 176

-

-

10 084
10 069
9 952

-

5 656
3 749
8 414

9 754
9 428
9 021
8 929
8 821
8 414

-

7 298

-

7 198
7 173
7 136
7 115
7 059
6 982
6 866
6 829
6 507

8 384

-

-

13 138
12 941

2 594

-

-

-

10 091

6 208

-

-

12 108
11 868
11 105
10 840
10 731
10 459

-

-

-

-

-

- 4 083
- 6 982
6 340

837

-

7 136

-

-

-

Toul

-

-

5072

-

-

6 866
4 623

-

2 468

-

-

-

-

-

-

6 340
6 177
6 159

Fuentes: R. Robledo Hernández, La renta de la tierra en Castilla La Vieja y León (1836-19/3), Madrid, Banco de
Espai'la, 1984, anexo l.

�188

Siglo XIX

Estos hombres nuevos coexisten en cada provincia con un número variable de nobles, siempre menos en número que los que no tienen título, pero con un peso desproporcionado a su inferioridad numérica. En
el ámbito regional, los nobles son el 28%, pero controlan casi el 400/o
del total contribuido por los 50 mayores. La provincia segoviana destaca en este aspecto, pues 8 de los 10 primeros contribuyentes son nobles (cuadro 3).
Finalmente, los grandes contribuyentes de cada provincia están
comprendidos mayoritariamente en la escala de 1 000 a 5 000 pesetas
(cuadro 4). Incluso aparecen en la lista de 50 mayores un 17.8% que
no llega a las 1 000 pesetas. Aquí se marca una de las diferencias de
Castilla con las zonas tradicionalmente latifundistas, pues en Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha (con la excepción de Guadalajara), el último contribuyente (de entre los 50) paga cuotas superiores
a las 1 000 pesetas. 51

Los cambios a mediados del siglo XIX
La oportunidad de poder contar con una lista de grandes contribuyentes a nivel estatal en 1875, gracias a la paciente elaboración de Rosa
Congost, nos da pie para establecer una comparación con la lista de
20 años atrás (cuadro 5). Para aclarar los términos de la comparación,
recordemos que la clasificación que aparece en el cuadro 5 sirve para
medir primordialmente hasta qué punto la región castellana está libre
o no de la influencia de los grandes terratenientes españoles. Y en 1875,
de forma parecida a dos décadas atrás, observamos una presencia significativa: 11 de los grandes contribuyentes tienen en la región de un
10 a un 250Jo del total de su contribución, 4 del 26-50% y 1 del 100%.
En cuanto a las provincias más afectadas, se ha consolidado la elección por las más occidentales -Salamanca, Avila, Valladolid y
Zamora-, que aparecen de 6 a 10 veces en esa lista de 27 grandes contribuyentes de ámbito ·estatal.
La diferencia más marcada respecto a la etapa anterior reside, a
primera vista, en que los grandes propietarios, sin perder su importancia, controlan menos provincias que antes. En 1855, la media de provincias por gran contribuyente era de 3 y, veinte años después, ha descendido a 1.6. Esta es una concreción, a nivel regional, de un fenómeno que parece funcionar de forma más global: la gran dispersión geográfica en la que se apoyan las fortunas nobiliarias de 1855 ha dado
paso a una concentración en la que Extremadura y Salamanca desempeñan un papel importante52 •

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�190

Siglo XIX

CUADR04

DISTRIBUCION DE LOS MAYORES CONTRIBUYENTES SEGUN
PROVINCIA Y ESCALA CONTRIBUTIVA (1875)
(En pesetas)

Provincias

&lt;1000
Avila
Burgos
León
Palencia
Salamanca
Segovia
Soria
Valladolid
Zamora
Región
OJo

18

24
-

-

38

-

80
17.8

1 001·
S 000
43
31
26
48
27
45
12

S 001· 10 001· 15 001·
10 000 IS 000 20000 &gt;20000
7
1

-

47

2
16
4
6
2

323
71.8

38
8.4

44

-

5
1

-

1

-

-

1

-

-

-

l

-

-

7
1.6

1
0.2

0.2

-

1

--

t-"'
00

-

' -'

Total
50
50
50
50
50
50
50
50
50
450
100

Fuente: Ver cuadro 2

El trasiego de própietarios y el consiguiente hecho de que unas figuras de la aristocracia sean suplantadas por otras han sido provocados
por diferentes motivos: una mayor racionalización a costa de eliminar
gastos fijos de administraciones en zonas marginales, una búsqueda
de mayor seguridad, alejándose de provincias tradicionalmente más conflictivas, o el simple resultado de la división hereditaria facilitada por
la desvinculación, constituyen los principales argumentos, sin poder precisar por ahora cuál tiene mayor incidencia, pese a que el último es
el más fácilmente contrastable.
El análisis de los cambios a nivel regional entre 1855-1875 revela
la desaparición, en la última fecha, del Marqués de Cerralbo, Duque
de Gor, Conde de Bornos, Marqués de Belgida, Conde de Chinchón
y Conde de Parcent, mientras que otros dos títulos -Marqués de Villahermoso y Conde de Cervellón- se integran ahora en el Duque de
Sta. Coloma y Duque de F. Núñez, respectivamente. Al contrario, una
decena de nobles (salvo el primer gran contribuyente) se encarga de
suplir a los anteriores. Por otra parte, si comparamos las riquezas imponibles de los que permanecen en ambas listas, parece confirmarse

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�192

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

Siglo XIX

193

3

la idea de un cierto descalabro de la aristocracia tradicionals , pues las
caídas se concentran en la nobleza de la baja Edad Media. En su lugar,
otros títulos (varios del XVII y XVIII) han salido beneficiadosS4: En
líneas generales, comparando la numeración España-Región, se advierte
que los avances en la clasificación de España se corresponden con ganancias también en el ámbito regional, incluyendo casos de gente que
en 1855 no estaba en la región y ahora sí (Marqueses de Perales Y
Malpica).
Conviene ser cautos, de todos modos, respecto a l~s ausencias o
disminuciones, al comparar las listas de 1855-1875. Primero! porq?e
sólo con la consideración del conjunto estatal puede saberse _s1 las perdidas en una región son o no compensadas con mayor presencia en otras
zonas. Pero, sobre todo, por las características de la listad~ 1875, que
yo creo menos fiable que la anterior. Varios de los :~?s citados pe~miten sospecharlo. El más sorprendente es la desapanc1on del Marques
de Cerralbo que, al men?s por su_s propieda1ses en Salamanca_, debería figurar como un contnbuyente importante . En menor me~da, esto puede haberse repetido con el Duque de Gor, ~ues bastar1a que la
contribución gravara con menos de l % a sus propiedades para _que figurara en varios municipios y yr~vin:ias entre l?s pr~eros
contribuyentes56 • En cuanto a las d1smmuc1ones en la riqueza imp~nible entre ambas fechas, resulta muy dudosa la del Conde ~e Mont1jo, provocada por su no inclusión en la provincia de Valladohd, donde
sí figuraba en ¡ g55s7 •
Igualmente es difícil de entender que_el Duque_ de Medinaceli haya
perdido su representación en la provmc1a de Sona Y que no pagara,
al menos, 400 pesetas de contribución 0o que le haría figurar entre l~s
50 primeros de esa provincia), pese a dispon~r ~ ~or lo menos, d~ mas
de 8 000 hectáreas, como vimos antes. La d1v1s1ón de la herencia del
Duque de Frías es una explicación par~ que otro de los ~randes v~
reducida su presencia en Castilla: del numero 4 pasa al numero 20S •
Las reticencias se extienden también a apellidos con menos solera, como, por ejemplo, Ferná_n?e~ Casariego! que debería figurar en Zamora (fue uno de los benef1c1ar1os de la qmebra de Osuna), o el caso realmente anómalo de J .J. de Vicente, pues era uno de los más grandes
•
¡· S9
propietarios de la región y no figura en runguna 1sta .
¿Qué explicaciones cabe dar a estos ejemplos? La ausen~i~ de estos hombres puede ser atribuida a lo q!-1e _motivab~ la pub~c1dad de
esta lista en el Boletín Oficial de la Provmc1a, es decir, al caracter ~lectora! (capacidad según la Ley Electoral -de 18:0- para ser eleg1~os
senadores, de la que prescindirían algunos de los mteresados); tamb1en,

con menos probabilidades, a que la costumbre de que los arrendatarios pagaran la contribución del dueño haga figurar de forma dispersa a aquellos en lugar de este último. Más verosimilitud tiene, simplemente, recordar el consabido tema de la ocultación y del fraude fiscal
que los primeros avances catastrales se encargaron de cuantificar&lt;&gt;O.
En resumen, creo que la presencia de las grandes fortunas nobiliarias en Castilla no se ha diluido tanto como pudiera desprenderse de
una primera lectura de la lista de 1875. El hecho de que algunas provincias castellanas dejen de figurar en 1875 dentro de la telaraña de
los grandes terratenientes hay que atribuirlo a la peculiaridad del sistema fiscal español, y a la ausencia del Catastro. Ciertamente, en otros
casos no se puede ocultar que se han producido descalabros de una antigua nobleza, todavía poderosa en la fase final del Antiguo Régimen.
Los ejemplos más o menos típicos de Osuna o Altamira, etcétera, están ahí para argumentarlo, así como para señalar, al mismo tiempo,
los beneficiados de este proceso de ruina nobiliaria, tal como veíamos
antes. Pero esta menor presencia de una nobleza que se va difuminando es reemplazada por otra (o por cualquier advenedizo) que abarca
menos, pero que no deja de apretar, sobre todo, en la zona más
occidental.
Análisis municipal

Por importante que sea un proceso de concentración de la propiedad,
éste se diluye sin querer en el estudio del ámbito regional o provincial,
y sólo recurriendo a escalas más reducidas cabe concretar dicho proceso: en definitiva, partiendo de los pueblos, que eran quienes sufrían
directamente el peso de los grandes "contribuyentes".
El objeto fundamental de este apartado reside, básicamente, en la
presentación, cuantitativa y cartográfica, del impacto del gran terrateniente a escala local; los datos sólo se han elaborado para 4 de las 9
provincias castellanas (Avila, Segovia, Salamanca y Zamora), en parte
por el tipo de fuentes disponibles y también porque los varios miles
61
de operaciones desaniman al más voluntarioso •
Las provincias de A vila, Salamanca y Segovia tienen, prácticamente, 2/3 de los municipios afectados por la contribución de alguno de
los 50 primeros, y en Zamora, un 36%. La agrupación por partidos
judiciales que aparece en el mapa l indica unos máximos que se concentran en las zonas interiores de esas provincias, mientras los partidos más periféricos, en general, se ven más libres de la influencia del

�194

Siglo XIX

MAPA J

gran contribuyente. Apenas si se les percibe en los arribes del Duero,
en la Sierra de Béjar o en las estribaciones de la de Gredos, mientras
sobresalen en la Tierra de Arévalo, Tierra del Pan y del Vino o en la
penillanura al sur de Salamanca.

MUNICIPIOS DONDE CONTRIBUYE ALGUNO DE LOS 50
PRIMEROS CONTRIBUYENTES DE LA PROVINCIA
(En "lo sobre el total del partido judicial)

La presencia de los grandes contribuyentes se extiende, a veces, entre
muchos municipios, pero en varios de ellos mantienen una incidencia
singular pues, cuando se supera el 10% de la contribución municipal,

ello es debido (como máximo) a tres contribuyentes.
CUADR06

INCIDENCIA MUNICIPAL DEL GRAN CONTRIBUYENTE
Número de pueblos

•

Porcentaje cuota municipal
Núm. pueb. %sobre total
pueblos
Provincias
donde
de prov. &lt;10%
contrib.
Avila
179
67
102
234
SaJamanca
61
134
Segovia
172
63
118
Zamora
111
36
82
Total de pueblos
696
436
-

10-2s, 25-40% &gt;40%

43
51
46

29
27
6

22
2

14

10

5

154

72

34

&lt;

200/o

•

20 - 40070

•

60- 800/o

•

40- 600/o

-

&gt; 800/o

5

NUMERO DE MUNICIPIOS DONDE 3 CONTRIBUYENTES PAGAN
MAS DEL 10% DE LA CUOTA MUNICIPAL

Fuente: Ver cuadro 2

Las peculiaridades de estas listas provinciales permiten suponer con
fundamento que existían grandes propietarios en un término municipal, pero que su cuantía no era suficiente para figurar a nivel provincial. Este hecho, junto a otras ausencias realmente sorprendentes Oo
que denota lapsus un tanto generalizados de la Administración Económica Provincial), indica que estamos ante una presencia del gran contribuyente en los municipios muy inferior a lo que en realidad era; algún caso lo puede testimoniar62 •
Aún así, partiendo de los datos que constan en el Boletín, pienso
que la realidad del peso del gran propietario es más consistente de lo
que podría pensarse a juzgar por el porcentaje de esas cuotas sobre el

•

I Pueblo

•

5 Pueblos

.10 Pueblos

�Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León
196

197

Siglo XIX

total municipal (y más importante de lo que algunas visiones d_e la~?ciedad castellana nos quieren hacer creer). En efecto, la contnb~c1?n
territorial que estamos examinando engloba cuatro conceptos d1stmtos: contribución rústica, pecuaria, colonía y contribución urbana, ·desglosada esta última del resto en torno a 189363 • Natural~ente, el gran
contribuyente podía serlo por los cuatro conceptos antenores, pero su
incidencia en la riqueza imponible urbana no debía sobresalir, excepto
en las capitales de provincia y pocos centros más, del tipo de Ciudad
Rodrigo o Toro. En el conjunto regional, la parte i~put~~le a la c~mtribución urbana era del 21.70/o en el total de la contnbuc1on, con diferencias provinciales considerables64 • Excluida la contrib?ci?n de col~nía, sólo la riqueza pecuaria y territorial parecen const1tm~ los motivos principales para la inclusión en la lista de_ grandes ~on~nbuyentes
y, por el tipo de personajes que figuran en la hstas, !°e mchno .ª pensar
que, salvo algunos ganaderos s~mantinos, era la _nque~ es~nctarnente territorial y rústica la que echpsaba a la pecuaria; en termmos generales, según R. Santillán, ésta sólo contribuía en un 100/o al total de
la cuota tributaria.
En estas circunstancias, la significación de los porcentajes qu~ hemos utilizado se incrementaría sensiblemente, si, en vez de refenr 1~
cuota del gran contribuyente al total municipal, se hiciera sobre la riqueza territorial estrictamente. Por lo tanto, teni~ndo en cuenta est~
consideraciones y conocida la general benevolencia de las Juntas Periciales hacia el gran propietario, etcétera, hay que concluir _que: por lo
menos, porcentajes superiores al_JO% en el to_tal de la ~º?~nbuc10n !Dunicipal presumen un grado considerable de riqueza,_ d1flcil de med1~ en
hectáreas de forma rigurosa65, pero que, de cualqwer mod?, d~mienten la impresión de una región de escasísimos grandes prop1etanos que
superaran la barrera del millar de hectár~, 66_- Al fin y al ca~_o, solamente en una provincia -ciertamente lat1fund1~t~,. pero tamb1~n en un
momento tardío que había dado lugar a subd1V1s1ones y trasiegos ~e
propiedad- existían, en 1933, 85 propietarios con más de 1 000 hecta67
reas registradas en el inventario del IRA •

Recapitulación: hacia el propietario rentista
El estudio de la propiedad de la tierra en la Castilla de la Restauración
resta por hacer, en buena medida. Conocemos la importancia -decreciente- que tuvieron los montes públicos; pese a todo, representa68
ban entre una cuarta y quinta parte de la superficie agraria regional •
No faltan monografías que nos recuerdan la persistencia de formas co-

munitarias y aprovechamientos colectivos del suelo69, pintados en algunos momentos como la llave maestra que acabaría con la miseria
y emigración que asolaban el mundo castellano a principios de siglo70•
Pero no constituían ya más que una reliquia, lo que convertía en anacrónicos los intentos de presentarla como fórmula salvadora de la agricultura hispana. No hay ninguna duda de que lo dominante desde mediados del siglo XIX era -en palabras de un buen intérprete de la sociedad castellana- la linde71 • El liberalismo campaba por sus respetos.
Efectivamente, esta sociedad se ha plegado a las normas liberales
dominantes en Europa pero, a diferencia de los otros países europeos,
se ha saltado el mecanismo para lograr una distribución equitativa de
la contribución que gravaba su principal actividad productiva; desde
las mismas bases de la revolución liberal, se ha instalado la ocultación
y el fraude fiscal como un elemento fundamental del sistema
tributario72 , lo que no dejó de ser grave en un país en el que la producción agraria aportaba la parte más sustancial de la renta nacional.
Fueron inútiles los intentos de los gobiernos liberales para que los terratenientes se ajustaran a la realidad en sus declaraciones juradas, ni
siquiera surtieron efecto las "intimaciones de comiso, ofreciendo a los
denunciadores una parte no despreciable de las fincas sustraídas a la
tributación"73 • Resulta inútil (o excesivamente costoso) probar el fraude fiscal sin catastro y, además, conocida la estructura de muchos pueblos y el apabullamiento a que estaban sometidos los menos poderosos, era arriesgado exigir más igualdad en la tributación74 •
No es el momento de introducir el tema del fraude fiscal, soslayado con frecuencia por una amplia literatura que pedía "economías"
y rebajas de contribución75 , más que un reparto equitativo de la carga tributaria, es decir, que los grandes propietarios pagaran lo que les
correspondiera; pero era imprescindible una alusión, pues son estos hechos los que nos impiden presentar una estadística regional de la propiedad de la tierra. Sabemos el número de hombres que había en Castilla, cómo estaban distribuidos, qué tierras trabajaban o cuáles eran
los cultivos principales, pero se tardará mucho en averiguar a nivel regional cuántas hectáreas poseían los grandes propietarios o qué porcentaje de los términos municipales era, realmente o no, controlado
por los vecinos. Y todo esto no por azar, como hemos visto. Sin ser
extemporáneo, cabe decir también que el fantasma de una ''oligarquía
omnipotente y siniestra", que merece las invectivas de varios prohombres de la Restauración como algo "semioculto e invencible"76 , resulta
tanto más oculto, por las mismas facilidades que recibía en el tratamiento fiscal .

�198

Siglo XIX

A pesar de todo, algo sabemos ya de la propiedad territorial durante la Restauración, y por lo pronto algo se ha descubierto de esa
oligarquía, pues este capítulo se ha dedicado fundamentalmente a hablar del gran propietario. No tengo inconveniente en aceptar que se
ha sesgado un panorama dominado por la gran propiedad, pero se ha
hecho intencionadamente; un poco para desvirtuar el extendido argumento de una propiedad repartida en Castilla, y también para justificar el tema de la renta que figura en el siguiente capítulo, pues la norma del gran propietario fue practicar lo del "absentismo rentista". De
cualquier modo, tanto en páginas anteriores como en las siguientes,
se marca bien la distancia que existe entre el "latifundio castellano"
(a veces, agregación de pequeñas explotaciones dispersas-) y el más conocido como Andalucía occidental.

Esta estructura de la propiedad, más bien desequilibrada, podía
haberse modificado por las posibilidades teóricas de acceso a la tierra
abiertas por la revolución liberal. Pero dichas posibilidades fueron más
bien restringidas para la mayoría de la población, a la hora de consolidar una propiedad media estable. La abolición del régimen señorial no
abrió, como en algunas zonas del País Valenciano, un camino hacia
la plena propiedad vía redención de los censos; las secuelas de prestaciones y derechos señoriales que, como el noveno, aún se seguían considerando como "contratos de particular a particular", indican que la
resolución de los pleitos de señorío siguió, con ligeras excepciones, caminos parejos a lo que se ha escrito sobre Andalucía. Tampoco la desvinculación fue la ocasión para que el labrador medio castellano tuviera acceso a la propiedad del noble en apuros.
En la desamortización, aunque es temerario generalizar para toda
una región y sin negar que entre los compradores predominan los agricultores, no se oculta tampoco, como ha investigado Germán Rueda,
que un pequeño grupo de la burguesía urbana (1667o del total) desembolsara más de la mitad del capital empleado en la desamortización
de Mendizábal; en ese mismo periodo, para la provincia soriana (pues
con Madoz la situación fue distinta), fueron más bien pocos y de fuera
los que se aprovecharon de bienes tan preciados como los del monasterio de Santa María de Huerta, según cuenta Rosa Ortegan . Existe,
además, un aspecto que favorece la consolidación de unos grandes propietarios_a través de oportunidades difícilmente repetibles en la historia de la agricultura española. En otro lugar he referido cómo esos balones de oxígeno, que llegaron a una aristocracia en crisis a través de
las indemnizaciones de los más heterogéneos derechos feudales, sirvieron para animar la liquidez de antiguas fortunas; en varios países se

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

199

había efectuado algo parecido, pero con resultados diferentes, al menos en el caso de las indemnizaciones que recibieron los señores en
Japón78• La ventaja para los AJba, Frías, etcétera, estaba en que aquí
se abría, al mismo tiempo, un importante mercado de tierras al que
tenían acceso precisamente con aquellas indemnizaciones ... 79• Otros no
les fueron a la zaga y, a través de la desamortización urbana y rústica,
arriendo de estas tierras o quiebras de otros compradores, lograron casi
duplicar su patrimonio en muy pocos años80•
De otros individuos con menor volumen de riqueza podemos deducir indirectamente, a través de las cuotas de contribución, que también disfrutaron de ocasiones ventajosas. Este es el caso de los primeros propietarios palentinos, residentes en Baltanás, Palencia, Paredes
de Nava, etcétera, que, en el transcurso de 20 años, duplican o triplican su contribución, cosa que, como hemos visto, no puede imputarse
a una progresividad tributaria81•
Por lo demás, tanto unos como otros utilizaban los mecanismos
que dirigían la vida económica de aquella sociedad y que eran, básicamente, los de una economía de mercado: a veces, a través de procedimientos verbales cuando se apalabraba un arriendo; otras, mediante
las subastas que periódicamente aparecen en el Boletín Oficial de la
Provincia, subastas de tierras82, de pastos83, de leñas84 ...
Desde el planteamiento de diversos teóricos se ha concedido últimamente una importancia primordial a la renta, en parte a través del
análisis del tomo III (Sección Sexta) de El Capital, donde la renta del
suelo ocupa un lugar destacado. En un discutido contexto -el de la
"renta absoluta"-, Marx insiste en que la principal premisa de la que
se debe partir es la existencia de la renta, pues "lo que se compra con
el precio abonado no es, en realidad, la tierra, sino la renta que de ella
se obtiene... " y "cuando se vende la tierra, se vende siempre como fuente de renta" 85 •
No es éste el momento de perdernos en un sinfín de disquisiciones
o "lecturas" de unos textos u otros, aunque lo apuntado cobra pleno
sentido en el panorama que estamos historiando, pues la norma era
que, tanto el terrateniente tradicional como el advenedizo, optaran por
el arriendo como la fórmula más cómoda y segura de hacer rentable
la propiedad territorial. El gran propietario castellano vive de rentas.

�200

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Cas1illa-León

201

NOTAS
1. El primer secretario del Consulado Británico en Madrid se había ~eferido con deses-

12. F. Herán: Tierra y parenlesco en e/ campo sevillano. Mo. de Agricultura. Madrid,
1980, p. 134.

peración a la "ausencia de estadísticas impresas y a la inmensa dificultad de procurarse alguna información que no fuera _Puramente locat:•. ª;.P.P. (1871_)_ L~VII Reports... respec1ing the tenure of land, citado por D. Spr!ng: lntroduc_c1on a European landed elites in the nineteenth century. J . Hopkms U.P ., Balumore &amp; London, 1977, p. 5.

13. Para este asunto, aunque esté aplicado en otro contexto social, cf. E. Femández
de Pinedo: "Del censo a la obligación: modificaciones en el crédito rural antes de
la Primera Guerra Carlista"./ Coloquio Vasco-Catalán de Historia. Diciembre de
1982, pp. 8-9 (comunicación fotocopiada). En general, B. Clavero: Mayorazgo, pp.

2. Representación dirigida al Regente del Reino por el apoderado General de los pu~blos contra la Grandeza y Títulos de Castilla (1842), citado por J. Ma. Jover: Pohtica.' diplomacia y humanismo popular en la España del siglo XIX. :urner, M~drid, 1976, pp. 317-318. La réplica al panfleto fue que esto ~radar ~,ie para ped1r

mañana "el despojo de las propiedades que poseen los parll~ula~es , argumento
que otros moderados utilizarían sin éxito contra la desamort1zac1ón.
3. Historia de España y América. Vol. V Edic. de Bolsillo, p. 68 (la. edic. 1957).

4. Cf. R. Herr: "Hacia el derrumbe del Antiguo Régimen". Moneda y Crédito, no.
118 (1971), p. 48 y B. Clavero: Mayorazgo, propiedad feudal en Castilla (1369-1836).
Siglo XXI. Madrid, 1974, p. 333.
5. El mayor de los hijos naturales del XI 11 Duque de Osuna resultó hered~ro u~ive!sal
de sus bienes libres. Al fallecimiento del XII Duque, en 1790, el patnmomo hbr_e

ascendía, sin cargas, a 9 millones de reales, pero su sucesor amplió ~asta_nte el_patrimonio de libre disposición. S. Moxó: "El Duque del Infantado... H1spama, no.
37 (1977).

6. Cuenta liquidación y participación. .. de la última Duquesa que fue de Alba. Protocolo 25.206. A. H. de Protoc. Madrid.
7. Cf. R. Robledo: La propiedad de la rierra . Estudio dinámico a trav~s del Regfslr?
de la Propiedad (inédito). Banco de España, marz_o 1979. La e~is~enc1a del promd1víso -titularidad compartida entre la nobleza e 1gles1a- fac1hto mucho el que la
primera se quedara con la parte correspondiente a la segunda.
8. Participación y adjudicación al actual Excmo. Duque de Frias. .. (1860). Prot. 27.ll5.

9. Casualmente he localizado un protocolo en el que el conde de Altamira, en dificultades por pleitos e imperativos de dotes familiares, recibe 4 .5 millones de reales en
préstamo de J . Manuel del Collado a cuenta de las indemnizaciones de diezmos que
le corresponden, pero que aún no se le han abonado Prot. no. 25.682.
10. P. RuizTorres: Señores y propietarios.Valencia, 1981, pp. 385-386, 391. Otro ejem-

plo destacado en Cataluña es el del Conde de Santa Coloma, como ha señalado Angels Solá: "Notes pera iniciar un estudi de la desvinculació" . Primer c_ongreso de
Historia Agraria. Octubre 1978. Editado por Diput. Prov. de Valencia, 1983.
JI. Se expresa con toda crudeza en el "Presupuesto anual de ingresos Y gastos de 1~
Casa y Estados de Montijo ... ", 22 abril 1845, que me cedió generosamente el amigo Angel Ga. Sanz. No es extraño por eso que, al hojear protocolos de aquellos
años en el A. H. de Protocolos de Madrid (no. 23.930), uno se encuentre con los
acreedores del citado Conde delegando poderes en un importante comerciante.

164-169.
14. F. Herán: Ob. cit., p. 135.
15. A. Solá: ponencia citada, p. 3.
16. Así se hizo, por lo menos, con Cojos de Robliza (1 040 fanegas) después de un préstamo de 70 000 escudos en 1867: Hijuela de la Sra. Da. Ma. del Carmen de Vicente
(1876) consultada en el Archivo del Conde de Montarco. Algo parecido tuvo que

ocurrir con Santa Olalla de Yeltes, pues se hace con la parte que pertenecía al mismo prestatario en 1853.
17. Me he referido a este tema en "Movilidad de la propiedad de la tierra ... ". Miscellania del Collegi Universitari de Girona (1981). También R. Villares alude a la ina-

decuación de la Ley Hipotecaria respecto al régimen de propiedad vigente en Galicia. Uno de los puntos conflictivos era la inexistencia de derechos claros y unívocos
y la falta oe una referencia territorial explícita: La propiedad de la tierra en Galicia,
15()().1936. Siglo XXI. Madrid, 1982, pp. 297-308.
Este tema ha sido explicado por Alicia Fiestas en las Jornadas de Desamortización
de Santander (1982), en su comunicación "La protección, por la ley de 8 de febrero
de 1861, de los compradores de bienes eclesiásticos desamortizados''. Se demuestra
que los legisladores protegieron, y muy bien, a los compradores, pese a que muchas
inscripciones fueran excesivamente vagas.
18. Se trataba de un monte de 2 500 fanegas. Este ejemplo y los anteriores proceden

del estudio citado en la nota 7.

19. Tanto en este apartado como en el de la desamortización, reproduzco parte de la
comunicación presentada al Primer Congreso de Historia de Castilla la Vieja y León:

"La liberalización del mercado de tierras en Castilla-León: aproximación regional"
(Valladolid, diciembre 1982).
20. Cf. A.M. Bernal: La lucha por la cierra en la crisis del Antiguo Régimen. Taurus,
Madrid 1979, pp. 122-123.

21. Me refiero al caso valenciano, aunque no se trata de afirmar con esto un reparto
general de las tierras al campesino, pues ya existía previamente una distribución desigual en las posibilidades de disfrutar el dominio útil. Cf. P. Ruiz Torres: Señores
y propietarios. Cambio social en el sur del País Valenciano (/650-1850). Valencia.
1981, p. 397. La tendencia, en ésta como en otras recientes investigaciones, se orienta
a señalar las oportunidades proporcionadas por la revolución liberal al concebir la
enfiteusis como propiedad compartida. Vid. A. Gil Oleína: "Evolución comparada
de la propiedad señorial a través de establiments y foros", Estudios Geográficos,
no. 165 (1981), p. 370, y el prólogo de M. Peset al libro de Hernández Marco y Romero: Feudalidad, burguesía y campesinado en la huerta de Valencia. Valencia, 1980,

�202

Siglo XIX

p. 18. Para un desenlace también diferente en el caso galleg?, cf. R. Villares: La
propiedad de la tierra en Galicia, 1500-1936. Siglo XXI, Madrid, 1982. pp. 146-150.
22. Solamente en la etapa de 1843 a 1852, los gastos que presentó el apoderado~; los
pueblos, J. Manzanera, ascendieron a 136 000 reales, aparte_de una suma de_ gastos extraordinarios" de 37 500 reales, que provocó muchos disgustos. No sé s1 están
incluidos en estas cantidades los 14 000 reales que cobró Olózaga por la defensa de
los pueblos en el T. Supremo. El cronista local cu,~nta que '_'l~ pm~blos_, agobia~os
con tantos repartos, apenas si podían sostenerlos . G. Tonb10: Histona de la villa
de San Felices de los Gallegos. Ed. Libertad. Valladolid, 1940, p. 219.
23. Carta ejecutoria ganada del Concejo y vec~os del l_u~r de Ci_vanal, provincia de
esta ciudad de Zamora ... (1815-1855). Archivo Muwetpal de Villar de Buey. Agradezco al Secretario don A. Blanco las facilidades concedidas para la consulta del
documento.
24. M Sánchez: Cerralbo. Consecuencias de la disolución del Régimen señorial... pp.
59~. El autor estudia la inhibición del Ayuntami~nto_ en el juicio de instrucc!ón
cuando el Marqués solicitó ser declarado señor temtonal con una documentación
discutible: "Todo transcurrió sin oposición alguna como si el propio pueblo fuera
el refrendador de las pretensiones del marqués" (p. 60). Tesina inédita. UAB. 1976.
Se ha publicado una parte en Provincia de Salamanca, no. 2 (1982).
25. J.I. Izquierdo: "Estructura agraria y paisaje a~ario en_ e) borde.sureste de Tierra
de Campos". I Congreso de Geografía de Castilla la V1e1~ Y León. Burgos, 1982,
p. 152. nota 12. Lo que se discutía eran varios aprovecharrnentos en el páramo. Ganó el Duque de Alba.
26. Diputación Provincial de Salamanca. 1932. Rela~ión de fincas en las pp. ~5- Es
posible que se incluyan algunas fincas desamortizadas compradas por ex seno~es,
con lo que la cifra referida deba rebajarse en una proporción que no puedo P~I~
por ahora. Esta memoria ha sido reeditada parcialmente en el no. 4 de Provmcia
de Salamanca.
27. El de Santa Olalla de Yeltes abonaba 75 pesetas al año. Cf. R. Ro~Jedo: "L~ propiedad de la tierra...". Provincia de Salamanca, no. l. En este articulo exammo la
evolución a largo plazo de dos pueblos de señorío.
28. Un ejemplo de Acción social agraria. El caso de Otones de Benjumea. Impre~ta ?e
Madrid. 1929. Repartido entre la Mitra de Segovia y el mayoraz~o d~ P . V1rUes,
la desamortización ayudó, como en otros casos, a que un solo prop1etar10 se quedara con toda la explotación.
29.

z. Espejo proporciona el contrato de arrendamiento que existía entre lo~ vecinos
y el Vizconde de Eza (Costumbres de Derecho y Economía rural... Ma~lnd 1900).
Este se quejaría en 1932 del proyecto de Ley de bases de Reforma Agra~a,_ 9ue preveía expropiación de antiguos señoríos. Para él se trataba de una expoliac1on, pues
por las Cortes de Cádiz (sic) se había conseguido convertir los señoríos "en meras
fincas particulares que en nada se distinguen ni diferencian de las demás". Buen
resultado, pues, de la legislación abolicionista ... L. Marichalar 0'izconde de Eza):
La exhumación de los señoríos. Imp. So. Suc. Minuesa. Madrid, 1932, p. 33.

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

203

30. El Documento de la Concordia entre el Marqués de Alcañices y los 53 pueblos de
su estado sobre pago de rentas que algunos pueblos se negaron a pagar en 1845 no
pude localizarlo en Alcadices, aunque consta inventariado por Matilla Tascón en
la Guía Inventario de los Archivos de Zamora y su provincia. Madrid, 1964 p. 370.
A partir de 1909, los pueblos se negaron a pagar las prestaciones que consideraban
de origen jurisdiccional. La Sentencia del Tribunal Supremo de 19-XII-1914 volvió
a dar razón al Señor Marqués Cf. El Código civil interpretado por el Tribunal Supremo. Apéndice 1914. Barcelona. 1916.
31. El examen de varios expedientes depositados en lo que fue I.N. de Colonización en
Madrid demues~ra la existencia de varios pueblos castellanos, agrupados en sindicatos católicos que, a través de la Dirección General de Acción Agraria, luchan por
conseguir la propiedad de varias dehesas (como los abulenses de Pedro Bernardo
o Cobos de Villar) o de su pueblo, el de Narros del Puerto, Cfr. más adelante nota
165. Para la actuación de los sindicatos católicos, J. J. Castillo: Propietarios muy
pobres... pp. 229-254 ("Crear más pequeños propietarios").
32. S. de Moxó: La disolución delrégimen señorial en España. Madrid 1965, pp. 114-115.
Véase también M. Artola: Antiguo Régimen y revolución liberal. Ariel, Madrid,
1978, p. 173.
33. "Fue uno de los grandes señores liberales que admitió sin queja las medidas que
le privaban de pingües ingresos(...) dando un alto ejemplo de patriotismo". Así
lo ve uno de sus sucesores en Inventario del archivo de los Duques de Frias. Tomo
I. Casa de Velasco. Madrid, 1955. p. XXIV.
34. A. H. de Protoc. no. 31.205. El Tribunal Supremo había fallado en contra de los
vecinos en 1866. Casos similares ocurrieron en el Marquesado de Alcañices.
35. García Ormaechea: Supervivencias feudales en España. Madrid, 1932. p. 61. De todos modos, S. de Moxó advi_erte también la incongruencia del Tribunal (La disolución del régimen señorial en España. Madrid, 1965, pp. 167-170), aunque es inexacto, por lo que hemos dicho, añadir, como hace Moxó, el noveno de frutos como
una prestación suprimida (p. 169).
36. Para estos datos, así como para los que se han representado en el gráfico, vid. F.
Simón Segura: La desamortiz.ación española del siglo XIX. IEF, Madrid, 1973. p. 263.
En las páginas siguientes, hago una breve síntesis de la comunicación citada en la
nota 19 (en curso de publicación) en la que se documenta cada una de las afirmaciones, ahora muy resumidas. Prescindo de citar buena parte de la bibliografía, recopilada hace poco por Germán Rueda en Agricultura y Sociedad, no. 19 (1981),
y que asciende a 300 títulos (incluidos los de la addenda multicopiada); hoy ya deben pasar con seguridad de los 400...
37. Las principales dificultades provenían de la decadencia de derechos señoriales, con
motivo de la crisis del Antiguo Régimen, que no se puede aislar, por lo demás, de
la crisis económica del primer tercio del siglo XIX. R. Robledo: "Desamortización
YHacienda Pública en algunos inventarios de grandes terratenientes del siglo XIX".
Comunicación presentada a las lomadas sobre Desamortización y Hacienda Pública, Santander, 1982.
38. A. H. Provincial de Zamora (Archivo de Hacienda), Libro 69.

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Siglo XIX

39. El tema ha sido descifrado por Esteban Canales: Decadencia y abolición delos diezmos en España. Tesis doctoral, UAB, 1980. Resulta extraño que los investigadores
de la desamortización que han examinado cartas de pago no hayan caído en la cuenta
de este fenómeno.

40. "Desamortización y Hacienda Pública. Reflexiones... ". Hacienda Pública Española no. 77 (1982). p. 27. Efectivamente, los vales reales, por ejemplo, figuraban en
las cuentas de la Duquesa de Alba.
41. Así, por ejemplo, la Condesa viuda de Montijo compra bienes nacionales en Valladolid mediante certificaciones de las Contadurías Diocesanas del Culto y Clero de
Logroño, Segovia, Valladolid y Zamora. Expediente 811 (Braojos). A. H. P. de Valladolid (sección Hacienda).
42. Véase J. Díaz del Moral: "Mercado, transportes y gasto público en la España interior". Hacienda Pública Española. no. 69 (1981). -J. Varela: Los amigos políticos. Alianza, Madrid, 1977, p. 224.- G. Rueda: La desamortización de Mendizábal... pp. 254 y SS.
43. Vid. J. Maluquer de Motes: "El mercado colonial antillano en el siglo XIX". J.
Nadal y G. Tortella. eds.: Agricultura y comercio colonial..._Ariel, Barcelona. 19'!4,
pp. 322-357. Uno de los enriquecidos por el tráfico coloru~ será el santandenn~
J. Manuel Manzanedo, según cuenta Maluquer. Se convertirá en el cuarto contnbuyente español por concepto de inmuebles, según la investigación de R. Congost:
Notes sobre la propietat de la terra a Espanya ... tesis de licenciatura inédita. UAB.
1981.

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

50.

205

5?10 como "may~r hacendado", los obispados de Salamanca y Ciudad-Rodrigo reuman 30 000 h~areas. Vid. A. Cabo Alonso: "Concentración de propiedad en el
campo salmantmo... " .. La econo~a agraria en la historia de España, p. 147.
-M. A. ~erfecto G~ma YT. Martm: "La estructura de la propiedad en Salamanca a mediados del s1glo_XVIII". Provincia de Salamanca, no. 2 (1982).
En este punto de la_prop1e_d~d de la Iglesia estoy en desacuerdo con Ma. D. Mateos
(La España del.An~o.Regimen. Fascículo O. Salamanca. Universidad de Salamanca
1~, p. 56), pu~, s1gwendo a C. Argüelles, asigna menos del 5% de superficie pr~
V1DC1al a la_ lgles1a_y ~abla_de "un alto nivel de propiedad libre". Por lo que sabemo~ a traves del D1~c1onan~ de P. Madoz y de las mismas desamortizaciones, resulta c1~rt~ la afirmación de V1cens y Fontana -criticados por la autora- de que esta
pr~V1Dc1a co~centraba la mayor extensión territorial de propiedad eclesiástica en el
Remo de Leon.

51. Rosa Congost: Notes sobre la propietat..., 1855-1875, pp. 56 y ss. Las referencias
que hacemos al totaJ esp~ol en 1875 son posibles gracias a esta tesis de licenciatura, de la que se ha publicado una parte en Agricultura y Sociedad (no. 27).
52. R. Congost: ob. cit. Esta es una de las aportaciones bien documentadas en su tesina.
53. Duque de Osu~a (-~O/o), Duque de Frias (-86%), Conde de Montijo (-540/o).
Duque de Medinaceh (-45.4%), Conde de Altamira (-68%), Duque de San Lorenzo (-34%). El Conde de Oñate, que no figura en el cuadro pues 00 era en
1~75, de los grandes contribuyentes a nivel de Estado, ha perdid~ en Castilla~b1én (-31 %).

44. "En una economía predominantemente rural, las personas con capital disponible
serían en general las que controlaban la tierra y serían sobre todo ellas las que la
adquirirían". Richard Herr: "El significado de la desamortización en España". Moneda y Crédito, no. 131 (1974), pp. 79-80.

54. Duque de Alba ( +24%), DuquedeAbrantes ( + 3%), Marqués de Alcañices ( +4.70/o),
Duque de la Roca ( + 40.40/o), Duque de F. Núñez ( +95.3%), Conde de Luque
( + 1211'!0), Conde de Sta. Coloma ( + 294.60Jo), Conde de Torrearias ( + J81.70Jo)
Murga (+56.6%).
'

45. Me refiero, por ejemplo, a jornaleros, sirvientes o pobres de solemnidad, que supondrían, aproximadamente, un 510/o de la población agraria castellana en 1860.

55. Es c~n~ido por la investigación de Miguel Sánchez (ahora editada, en parte, en
Provmc1a de ~alamanc:i, no. 2) que el pueblo de Cerralbo estuvo en sus manos hasta 1920. En el mventar10 post mortem, de 1876, sólo los bienes de la administración
de Salamanca estaban evaluados en 14.5 millones de reales.

46. Estos datos son proporcionados, respectivamente, por J .A. Gil Crespo ("Notas sobre la desamortización civil de Madoz" ... Jornadas. Santander, 1982), G. Rueda
(La desamortización de Mendizábal...), F. Ma. Castrillejo ("Datos para una aproximación" ... Jornadas) y R. Ortega: La desamortización de Mendizábal y Madoz ea
Soria. Caja de Ahorros, Soria, 1982.
47. R. Santillán: Memoria histórica de las reformas hechas en el sistema general de impuestos de España ... Madrid, 1888, p. 124.
48. Si se mantuviera la ~elación castellana entre porcentaje de cuotas y cantidades satis·
fechas, el procentaje de la región andaluza debería ascender al 77 .39070. Con esto
no se trata, en absoluto, de rebatir la desequilibrada estructura de la propiedad en
Andalucía, que el número de las cuotas de&gt; JO 000 reales muestra muy claramen·
te, sino, más bien, de matizar la tradicional visión de una Castilla únicamente
minifundista.
49. Así ocurriria al agregar la contribución del Conde de Montijo y Condesa de Teba,
que estaban bajo la administración común de la Casa de Alba.

56. El_~uque de Gor estaba representado en 1855 en 6 provincias castellanas con un
maxuno en Se~o~a. mientras que en 1875 sólo aparece en Salamanca. Sin embargo, en las PM?c1ones ~fectuadas en 1880 (A.H. de P. Madrid, prot. no. 34.574),
sabemos que. ~ene ~rop1edades en todas las provincias castellanas, salvo León y Burgos; La P3:tic1pac10n en Segovia es ahora ciertamente ínfima, pero no en el resto.
Sena sufiCiente que la cuota contributiv~ ~i~ficara sólo el 0.5-0.6% de la propiedad (tal com? estaba evaluada_en la partic1pac1ón), para que tuviera que figurar entre los 50 pnmeros de Palencia y Valladolid.

5?. Sabemo~ que había comprado casi 2,000 Has. en la desamortización de Mendizábal ~ n G. Rueda. En los repartimientos de 1917, era el So. contribuyente de Vall~d~lid, con 30 813 ptas. (Sánchez Zurro: "La última desamortización en la provmc1a de Valladolid", Estudios Geográficos, no. 120).
58. ~I XIV Duque de Frias integraba varios mayorazgos, entre ellos el de Uceda, cuyo
titul? -~.Duquesa de Uceda- pasará a su hija. Esta, como "inmediata sucesora
de bienes , entablará demanda contra el XV Duque de Frias en 1849.

�206

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

59. No figuraba tampoco en listas provinciales de 1860. Me he referido a este perso~aje
en "la propiedad de la tierra: su dinámica y significado a través de algunos eJemplos del Campo de Yeltes {siglos XV-XX)." Provincia de Salamanca, no. I (1982).
60. Vid. a este respecto la diferencia entre riqueza amillarada y ~mproba~a, no tanto
a nivel de provincias, sino de municipios. Cuando la superficie unpomble pasa de
2 000-3 000 hectáreas, es frecuente que la riqueza comprobada sea 3 ó 4 veces más
que la amillarada. Dirección General de Propiedad y Contribución Territorial: Estadística de propietarios de fincas rústicas. Madrid, 1949.

61. Son casi 700 los pueblos afectados por los grandes contribuyentes en las 4 provincias. He sumado las cuotas de los que tributaban en un mismo pueblo {o agregado).
El resultado lo he referido luego en
al total de la contribución municipal que figura en los repartimientos provinciales publicado en el Boletín Ofic. de la Provincia
durante el verano de 1875 y correspondientes al año económico de 1875-76.

°'º

62. El Duque de Alba, según "Relación de propietarios que han declarado ~n las cédulas" que figura en la cartilla evaluatoria (A.H.P. de Salamanca), aparec1a con 3 96:4
hectáreas en el pueblo de Calzada de Don Diego {a nombre de la Condesa de Monujo). La contribución a pagar por todo el término municipal era de 8 265 pesetas.
Sin embargo, este municipio no figura en la relación del Boletín (tampoco a cargo
del Conde Montijo). El Duque era propietario de varias dehesas en distintos términos municipales, que tampoco aparecen en dicha relación. Por poco que significaran estas ausencias, la cuota de la contribución de Salamanca deberla incrementarse
en un 30-40%. No hay que olvidar que el primer propietario en la lista del Inventario del I.R.A. era el Duque de Alba, con 12 412 hectáreas en la provincia de_5a!amanca; si se cuenta el grupo familiar, se llega a las 20 455 en la misma provmc1a.
Esto último se deduce, aunque no se diga expresamente, del estudio de F. Sánchet
y A.L. Calabuig: "La gran propiedad rústica de la provincia de Salamanca". Estudio integrado y multídisciplinario de la dehesa salmantina. Tomo l, Salamanca-Jaca,
1978. Las iniciales S.F. tienen que corresponder a Stuart y Falcó.
63. Prácticamente, basta el R.D. 4-feb. 1893, no tomó cuerpo la separación de la contribución urbana de todo el conjunto "inmuebles, cultivo y ganadería". Cfr. Cuentas del Estado Español de 1890 a 1907. Madrid, 1976 {reedición del l.E.F.), p. 443.
64. Calculado a partir del año económico 1898-99 {valores realizados de la contribución) en Cuentas del Estado Español... pp. 571, 577. Para Valladolid, suponía el
26.4%, mientras que, para Segovia y Avila, era el 180Jo; Salamanca y Zamora, 15
y 13.6%. respectivamente.

65. Aunque no podemos desglosar a través del Bolet. Ofic. de la Provincia ~da ~na
de tas riquezas por las que se tributa, porcentajes del I 5-30% de la contnbuc~óo
del total municipal en manos de 1 ó 2 contribuyentes indican varios cientos o mil~
de hectáreas en pueblos castellanos. Por no citar los salmantinos, esto podía oc~rnr
en varios de los abulenses -Cabezas del Villar, Madrigal, Sotalvo, Tornadizos,
Nava del Marqués, etcétera-, con una extensión entre las 9 000-11 000 hectáreas,
o los segovianos Muñopedro, Palazuelo, Madrona, Fuentemilanos... , con superficie entre las 4 000-8 000 hectáreas.
66. J. Vareta Ortega: Los amigos políticos, p. 225: "Riquezas había que buscarlas entre
los poquísimos que labraban por encima de las I úOO ó 2 000 hectáreas". De todos
modos, Vareta critica más adelante {p. 231) la "descripción bucólica" del pequeñO

207

campesi_no castel_lano Y acepta la presencia de grandes terratenientes de cierta importancia en Avda y Salamanca (p. 224).

67. F. Sánchez López y_A.L. Calabuig: "La gran propiedad rústica de la provincia de
Salamanca", are. cit.
68. La evolución de los montes públicos es uno de los temas de investigación de J. Sanz.
69. G_on~lez Cobos: Orígenes, forma y vicisitudes de la propiedad colectiva en Ja provincia de Salamanca. Salamanca, I 896. -A. Cabo Alonso: "El colectivismo en tierras de Sayago",- Estudios Geográficos, no. 17 (1956).- J.Ga. Fernández: "Formas de explotac1ó~"• e~ La economía agraria ... p. 205, etcétera. Que no debe hab!arse solo de ~erv1~enc1a de aprovechamientos comunales o de propios, nos to adv~ert~ Ma. Jose Dev1llard en sus estudios sobre la organización del proindiviso (Pro~mc1a deSafa~anca, no. 4). A este respecto, cf. también el artículo de B.Ga. Marlln en Provincia de Salamanca, no. I.
70. El mis_m_o ~?nzález Cobos lo dice así: en Villarino, donde existe un "ayuntamiento
colect~v1sta • no hay pobres, precisamente en una comarca que envía contingentes
de emigrantes al Brasil, arruinados por la filoxera {pp. 49-50); en Fuenteliante repoblado PO; c~lonos_en_ 1791 y que ha redimido el censo, no existe ni un jornal~ro,
p. 55. En termmos s1m1lares lo planteará J. Costa en los Juegos Florales de Salamanca: "Tres lecciones de Salamanca a Espafta", en J. Costa: Crisis política de
España. Produce. Edit. Barcelona, 1980. p. 69.
71. J. Senado~ ~ómez: La_ ciudad castellana. Minerva. Barcelona, pp. 23-24: "Todas
~~s le_yes c1v1les se han mventado para proteger la linde" y, cuando esto no basta,
la hnde se corona de bayonetas".

72. J. Fontana: La revolución liberal, p. 339.

73. J. Callejo Y Madrigal: Observaciones sobre la estadística territorial Madrid 1876
p. 14.
.
'
'
74. "¿Cómo se ha de a~enturar el po~re labrador, por más que le conste que paga el
dobl~ de
~ue debiera por las miserables tierras que posee, a enemistarse con el
pr~p1etano neo, ~I ~lector infl_uyente, el miembro del ayuntamiento y otros personaJes cuyo resentimiento podna ocasionar su ruina?". Revista del Catastro no ¡
15-lll-1870 (Madrid).
'
. '

!º

75. Dur~nte la Restauración, la ri_queza im~ni~le estaba gravada con unos porcentajes
que iban del 16 al 21 %, segun las provincias, Jo que sin duda era exorbitante si
no. fuera por~ue la riqueza imponible estaba situada a unos niveles anormalmente
baJos Y, en cierto mo~o, e_s~acio~arios (sólo creció un 6% entre 1860-1881); tos incrementos en la contnbuc1on de mmuebles eran así, sobre todo, obra del aumento
del gravamen, que ~n 1845 era el 12%. En Francia, el tipo de imposición era en
187~, del 4.2%, segun Gar~ía del Busto: Situación económica de España (Probl;ma
agn_cola, R_eform~ financieras). Madrid. 1888, pp. 16-18. Sin embargo, ese año,
la nq_ueza 1mporuble en Francia era, aproximadamente, 5 veces mayor que ta de
Espana.

�208

Si'glo XIX

76. Términos recogidos por A. Orti en la Introducción a Oligarquía y Caciquismo.Revista del Trabajo, Madrid, tomo 1, p. CXXIII.
. .,
153 . R Ortega· Las desamortizaciones... p. 95.
77. G. Rueda: LIa desamt::~~~b~e~~
eta~a de Mad~z en Valladolid (Diez Espinosa)
1
Estamos a a espera e
ºd d I que sabemos sobre la
Y Burgos (Castrillejo), que matizarán, con segun a ' o
desamortización.

J , 1868 l900" en w w. Rostow: La economía
78. Cf. Tsuru: "El ~espegue en
_ _ Lo¡ ingresos de la clase feudal
1
168 179
del despegue. Ahanza, M:td¡i •de de~~r pero "sin contrapartida productiva o de
fueron conmutados por t1tu_os .
. d
_ los nobles tuvieron que "vender
activos físicos". Cuando llego 1ª m11aci6 n e 1877 81 '
sus bonos y buscar trabajo", PP- 174-! 75 -

.;ix::;¿

.
. . . d diezmos laicos Esteban Canales lo ha
79. Por lo que se refie~e ª. ladmdem,mza~10;6 ey a él debo la po~ibilidad de utilizar esta
demostrado en Tesis cua a en a no a '
referencia.
.
.
iedad conyugal J.J. de Vicente y esposa asciende en 1852 a
80. El mventar10 de la soc
1875 J J de Vicente el patrimonio se evalúa en
2 223 736 escudos; al fallecer, en
, · ·
'
11 025 445 pesetas.
.
asa de 2 482 pesetas en 1852-57 a 7 742 pesetaS en 1875_; M. Martinez
81. _T. Solorzano P
. V D' de 426 a 3 056. Suponiendo un incremento de
Durango, de 1 435 a 6 203, . iaz,
ºferencia a favor de la 2a. fecha es del
las cuotaS del 600Jo entre amb~s fech~, ~0~1datos de 1852-57 me han sido cedidos
195 %, 270% y 448%, respecuvamen e.
por el amigo Pablo Ga. Colmenares.
82. "Se arrienda dehesa de Tejadi~I~~ (dBe~M:qt~~:~o~~=:~;.;: ~:::1~ :
y contribuciones... ante notario • · · e ª
·

~t:.

La Revolución Liberal en España y los
Derechos de Propiedad sobre la Tierra
REFLEXIONES SOBRE EL NORESTE CATALAN

Rosa Congost *

"El entendimiento eliminó, pues, las formas hfbridas y fluctuantes
de la propiedad aplicando las categorías ya existentes del derecho privado, cuyo esquema se encontraba en el derecho romano. El entendimiento legislador se creía aún más autorizado a eliminar las obligaciones que tenía esta propiedad oscilante con las clases más pobres
por el hecho de eliminar también sus privilegios estatales; se olvidaba, sin embargo, de que, aún considerado exlusivamente desde el punto
de vista del derecho privado, existía un doble derecho, el derecho privado del propietario y el derecho del no propietario... "

K. Marx
Artículo de La Gaceta Renana, 27 de octubre de 1842

y comunes
83. "Se arriendan los abundantes pastos deI ~onte qu~ fue .de apropios
M Pérez"
B.O. de
de
la villa de Ureña ... su legítimo_du~ño residente en a m1sm
.
'
la provincia Valladolid, 29 de Jumo, 1860.
.
.
1 1 ñas de roble sitas en la dehesa
84. "Leñas para carb~neo: ~u~en ~=~::::~~~r:ente se servi;á presentarse en la
Valverde perten~1entel r. d I Administrador". B.O. de la P. de Palencia, 22
ciudad de Palencia en a casa e
octubre, 1875.
85. El Capital. tomo III, F.C.E., pp. 581 Y 621, respectivamente.

Es muy importante que el estudio y la constatación de determinadas
realidades empíricas sirva de telón de fondo a nuestras posiciones teóricas. Las reflexiones que constituyen el núcleo central de este artículo
han sido sugeridas por el resultado de una investigación empírica sobre las relaciones de explotación del trabajo campesino en el nordeste
catalán durante casi un siglo (1768-1862) 1• La continuidad y la persistencia de enfiteusis y aparcerías durante la segunda mitad del siglo
XIX, la escasa incidencia de las medidas desamortizadoras y, en general, los pocos cambios que se producen durante el período revolucio-

• Estudi General de Girona, Universitat Autónoma de Barcelona (España).

�210

Siglo XIX

nario liberal en las formas de explotación del trabajo campesino, permiten cuestionar algunas de las posiciones teóricas más frecuentemente admitidas sobre la revolución liberal española.
Así, una de las ideas más extendidas sobre el contenido de la revolución liberal espafiola es la idea de que la revolución significó una redefinición de la propiedad de la tierra o, incluso, la creación de una
nueva propiedad 2 • Los políticos contemporáneos simularon llenar de
contenido histórico esta idea, de una forma extraordinariamente simple: el uso de adjetivos diferente~ y antagónic~s a los que eIIos mismos
utilizaban para calificar la propiedad de los tiempos pre-liberales. La
nueva propiedad era plena, absoluta, privada y libre, en contraste con
la vieja propiedad que se caracterizaba por ser parcial, relativa, compartida y sujeta a cargos. Los historiadores generalmente hemos aceptado estas definiciones como válidas.
Por otro lado en tanto que el nuevo concepto de propiedad se identificaba con los hltereses de la burguesía, se ha considerado también
que la nueva propiedad era burguesa y, por un juego de s_imulación
más arriesgado, capitalista, en oposición al concepto de propiedad abolido que era el concepto de propiedad feudal.
Esta segunda parte tuvo bastante aceptación entre un sect~r ~e historiadores "marxistas" que encontraron en ella una receta facil para
explicar la transición del modo de producción feudal al modo de producción capitalista. En la actualidad, todos sabemos que la~ ;osas f~eron y son mucho más complejas; en realidad, una observac1on sencilla
sobre las afirmaciones hasta aquí enunciadas puede ser suficiente para
sefialar su contradicción esencial: difícilmente podemos definir de una
forma objetiva y neutra unas formas de propiedad que respondían a
unQs intereses de una clase social concreta.
No podemos confundir la discusión teórica o la utilización po~tica de unas palabras con la realidad de los he&lt;:hos. Las palabras ~anan
de significado según cuando, como y por qmenes son pronunciad~.
Admitiendo que realmente la revolución liberal acabó con la propiedad feudal estamos cayendo en la propia trampa tendida por los liberales. No podemos olvidar el carácter intrínsecamente jurídico de_la
propiedad, antes y después de la revolución liberal. A:'guien es propi:·
tario de una finca porque tiene a su favor una l~~slación que le ~rmtte defender su propiedad. Por lo tanto, la defimción de una propie~ad
-si feudal, burguesa y/o capitalista- es siempre arbitraria. La meJ?r
prueba de ello: se tuvieron que presentar papeles antiguos -es decu,

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

211

pre-Ji~e~~~s- para justificar la "nueva" propiedad. En este sentido,
1~ defmicion de la propiedad que aparece en el proyecto de Código Ci-

v!l de 1851 es bastante.ciar~: '~L~ pr?piedad es el derecho de gozar y
disponer de una cosa sm mas hmitacmes que las que provienen de leyes Y.regl~mentos". Insistie~do en la creación de una nueva propiedad
los historiadores hemos olvidado a veces que quienes estaban redactando las leyes y los reglamentos, en 1851, eran "viejos" propietarios.
P~r todo ello, para analizar correctamente la problemática de la
"p~?pied~d de,!a tierra", pue~e ser útil substituir el concepto simple
de propiedad ~orla expresión "derechos de propiedad". Hay tres
argumentos esenciales para defender esta posición: 1) La utilización del
plural nos invita a explorar todas las formas posibles de obtención de
una renta ~e la tierra y permite afrontar con rigor el hecho de que sobre una mis~a finca hubiese distintas formas de extracción del producto de la tierra por parte de individuos no-trabajadores. 2) El concepto "derechos de propiedad" nos recuerda constantemente el caráct.er jurídico de la propiedad de la tierra, y ya hemos dicho que era muy
importante retener esta idea. 3) El estudio de la renta de la tierra satisfecha p~r el campe~ino-productor será también facilitado por la contemplación del c~~Junto de derechos de propiedad. Aunque los preceptores de los distmtos derechos de propiedad sobre una parcela fueran personajes distintos, la materialización de estos distintos derechos
de propiedad -diezmo, censos, rentas en especie, rentas en dineroeran, desde el punto de vista del campesino, sumandos de una misma
sum~. La explo!ación sufrida por el trabajo campesino tendremos que
medrrla a part1C de esta suma y no partir del carácter -feudal
capitalista- que atribuyamos a uno sólo de los sumandos.
'
Ha~ otro problema a tener en cuenta. La tradición historiográfica
ha considerado que las medidas liberales que más incidencia tuvieron
en la propiedad de la tierra fueron tres medidas que presentaban un
carácter claramente negativo: la desamortización, la desvinculación y
la abolición del régimen sefiorial. Así, la revolución liberal habría sido
ante todo un proceso de liberación de la propiedad. La nueva propiedad se caracterizaría por ser una propiedad libre de cargas. El hecho
es que en los últimos años los estudios realizados parecen incidir en
el ca_rácte~ relativamente poco revolucionario de estas medidas y en la
persistencia de formas de propiedad compartidas hasta mediados de
nuestro siglo.
Pero estos mismos estudios regionales, a veces monográficos sobre algunas de las medidas liberales, a veces de cáracter más general,

�212

Siglo XIX

permiten avanzar nuevas líneas de interpretación. El dinamismo y la
práctica de los "derechos de propiedad" había creado realidades bien
distintas en el conjunto del Estado español. Las medidas liberales actuaron, pues, sobre unas realidades distintas. Es evidente que las medidas liberales, uniformemente aplicadas en todo el territorio, no tuvieron las mismas repercusiones ni tampoco uniformaron los derechos de
propiedad. Sin embargo, tal vez la no-uniformización pueda ser considerada como el gran éxito de la revolución liberal. Desde el punto de
vista de los legisladores, tal vez fuera un éxito el hecho de haber podido conservar derechos de propiedad tan distintos, y así haber podido
contentar a las clases propietarias de todo el Estado. Así se explicaría
que el proceso liberal hubiese tendido a "crear" minifundios en las zo3
nas minifundistas y latifundios en las latifundistas •
Para valorar la eficacia de la revolución liberal es necesario hablar
más de las medidas afirmativas de la revolución liberal. Y, sin duda,
hay que hablar del resultado indiscutible de la revolución liberal: la
consagración de los derechos de propiedad conquistados. Con las leyes hipotecarias que garantizaban la defensa jurídica -no solo d~ las
"propiedades", sino también de las "cargas" anot_a~as en el !leg1stro
de la Propiedad-, con la creación de cuerpos pohc1ales destmados a
la defensa material de la propiedad, y con las leyes de liberalización
de contratos que permitían expulsar a los arrendatarios, la revolución
liberal se nos aparece como la culminación de un largo proceso histórico que había ido fortaleciendo a lo largo de los siglos -de maneras
distintas en las diferentes áreas del Estado español- la posición de los
propietarios y había ido debilitando la posición de los no-propietarios.
Resumiendo: para esclarecer hasta qué punto la revolución lib~ral
conllevó un concepto nuevo de propiedad, hay que llenar de contenido
histórico esta idea. Para ello, no nos sirve el discurso de los políticos
contemporáneos o, en todo caso, hay que acompañar el análisis ~e e~te discurso con un examen minucioso de las distintas realidades históncas. En este sentido, el estudio del campo catalán nos proporciona un
buen motivo de reflexión sobre el carácter ambiguo -y por lo tanto,
no absoluto- de la nueva propiedad. La revolución liberal no frenó
allli la concesión en enfiteusis de carácter perpetuo de millares de
fincas 4 ; para entender esta realidad, es ne~ar~o analizar la !~cha de
los propietarios catalanes -junto a los prop1etanos de otras regionespara frenar los distintos proyectos de redenciones de censos que, en
nombre de las teorías modernas sobre la propiedad, algunos legisladores intentaban llevar adelante. Vamos a dedicar las páginas que siguen
al estudio de este caso histórico. De acuerdo con las posiciones defen-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

213

didas, no vamos a discutir el carácter feudal o capitalista de la enfiteusis; v~mos a limitarnos a examinar y describir los derechos de propiedad Vigentes antes de la revolución liberal para ver cómo se vieron afectados por el conjunto de las medidas liberales.
LAS COMPL~JAS RELACIONES ENTRE LOS HOMBRES y LA
TIERRA: SENORES DIRECTOS, SEÑORES UTILES Y
TRABAJADORES DE LA TIERRA
La legislación feudal catalana permitía y regulaba el ejercicio de diferentes derechos de propiedad; algunos de ellos respondían al nombre
de dominios o señorías: dominio o señoría directo, dominio o señoría
mediano, y dominio o señoría útil. Aunque a veces algunos historiadores e investigadores lo hayan creído, el seiior útil de una tierra no
era en absoluto el trabajador -es decir, el que usaba- de la tierra.
En realidad, los dominios permitían el cobro de rentas del trabajo de
la finca, y respondían a distintas formas de rentas. Por el contrario,
no había ningún concepto de carácter jurídico que favoreciese la contemplación de los derechos de propiedad derivados del trabajo de la
tierra. Es decir, el simple examen de los títulos jurídicos del siglo XVIII
no revela las relaciones de clase, porque la mayoría de los trabajadores
de la tierra no poseía ningún título.
No obstante, si a los historiadores se nos pueden escapar muchos
datos, la mayoría de los habitantes de Cataluiia conocían la compleja
realidad. El trabajador más humilde no ignoraba que una parcela, por
minúscula que fuera, se hallaba con toda seguridad sujeta a un seiior
directo y a un señor útil. EJ señor útil podía arrendar, establecer -es
decir, ceder en enfiteusis perpetua-, o vender, el dominio útil de la
parcela; asimismo, el señor directo podía arrendar, ceder en enfiteusis, o vender, el dominio directo. Un cambio de titularidad en un dominio no implicaba ningún cambio similar en el otro; jurídica y prácticamente, se trataba de distintos derechos de propiedad.
Que fueran distintos no significaba que no pueder. ser comparados y que no se hallasen relacionados entre sí. La relación que se establecía entre el dominio directo y el dominio útil era en sus orígenes una
relación de subordinación. Aparte del diezmo, que muchas veces iba
asociado al dominio directo, el señor útil debía pagar determinados censos -casi siempre en especie- anuales. En las escrituras de cabrevación, los señores útiles figuraban como enfiteutas de sus seiiores directos, y se comprometían a pagar los laudemios -cuyo valor podía variar entre un lO y un 33% del valor global- cuando la finca fuera traspasada o cedida en subenfiteusis. Pero esta relación no significa que

�214

Siglo XIX

el sefior útil fuese explotado por el señor directo. En el siglo XVIII,
los censos debidos al señor directo eran en general de poca cuantía y,
a menudo, el pago de censos y diezmos, así como el de las ~ontribuciones, recaía sobre los trabajadores -arrendatarios o subenf1teutas- de
las tierras del señor útil.
En el siglo XVIII, la principal diferencia entre el dominio útil y
el dominio directo sobre una parcela se encontraba en el hecho de que
el propietario del dominio útil tenía el derecho de cobrar unas rentas
que, cuantitativa y cualitativamente, superaban en mucho a las rentas
que cobraba el sefior directo. Por el contrario, si en lugar de una parcela pequeña considerásemos un ámbito geográfico más extens? -el
de una parroquia, por ejemplo- muy a menudo no encontrar1amos
en la zona ningún señor útil cuyas rentas alcanzasen las sumas acumuladas por el más importante de sus señores directos.
Vamos a poner un ejemplo. Una de las rentas más apreciadas por
los señores directos era la renta decimal. Sería interesante seguir la historia de los diezmos catalanes para conocer la vía que permitía a muchos señores directos apropiarse de esta renta. En 1486, la Sentencia
Arbitral de Guadalupe reconocía ya el diezmo como una de las rentas
asociadas al dominio directo. El análisis de algunas contabilidades señoriales permite señalarla como la parte de la renta con mayor v~or
económico. Pues bien, un señor directo, aunque solo cobrase el diezmo tenía el control de la décima parte de la producción bruta de una
det;rminada área. Sin embargo, desde el punto de vista del trabajadorproductor de una parcela, la renta de la tierra percibida por_l~s se_ñ~res útiles era mucho más alta, ya que normalmente el sefior util exig1a
una tercera parte de la producción.
Existe otra diferencia esencial entre el dominio útil y el dominio
directo en nuestro período. El dominio directo casi se desentendía de
los procesos de producción. El dominio útil mantenía, vía contrato de
arrendamiento e incluso de subestablecimiento enfitéutico, un control
estricto sobre la forma de explotación de las tierras. Y sin duda esto
es importante. De algún modo, los derechos del dominio útil presentaban un carácter más "seguro" respecto de los seguros derechos de propiedad derivados del dominio directo, ya que podían intervenir decisiva y determinantemente en la producción y, sobre todo, porque eran
más fáciles de defender.
Hay un último hecho importante a considerar; ya hemos indicado
antes que la lucha de clases no se hallaba bien definida en los papeles

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

215

jurí~i~os. La i?ea de un enfrentami~nto entre sefiores directos y señores utiles podna llevarnos a errores importantes. Las posibilidades de
un mayor aprovechamiento de las rentas derivadas del dominio útil no
entraban necesariamente en contradicción con las posibilidades de las
rentas derivadas del dominio directo. Un ejemplo: los señores directos
podían tener interés en que sus sefiores útiles controlasen y aumentasen la producción de sus tierras porque ellos percibirían el diezmo de
los nuevos productos y verían incrementados los laudemios. Esto explicaría que en el siglo XVIII fuese atractiva la compra del derecho de
5
cobrar diezmos • Pero aún hay otro aspecto interesante. Casi todos
los sefiores directos eran también importantes señores útiles. El estudio de la evolución de algunos patrimonios nobiliarios o eclesiásticos
demuestra muchas veces que, ya durante la época moderna, la parte
de las rentas derivadas del dominio útil superaba la parte de las rentas
del dominio directo, es decir, para muchos historiadores, las rentas propiamente señoriales 6 •
LAS DIFICULTADES DEL DOMINIO DIRECTO EN VISPERAS
DE LA REVOLUCION LIBERAL
Como hemos señalado al principio, a menudo coincidían el señor directo y el señor decimador de un lugar. Durante todo el siglo XVIII
el crecimiento demográfico había significado un proceso importante
de roturación de tierras y extensión de los productos que sin duda beneficiaban a los decimadores. A veces, cuando se trataba de productos
nuevos, como podían ser el vino y el aceite, se pactaban cuotas inferiores a las del diezmo de los productos tradicionales, pero en todo caso
el decimador veía aumentar sus rentas 7•
La abolición del diezmo, en 1837, podía haber significado cambios importantes en la distribución de la renta de la tierra. Pero la resistencia al pago del diezmo había empezado mucho antes de la revolución liberal propiamente dicha. Así, algunos estudios sobre la evolución de la renta sefiorial -de la cual el diezmo constituye siempre una
parte importante- han puesto de relieve el inicio de una disminución
de estos ingresos bastante anterior a la revolución liberal. Es muy posible que la experiencia del Trienio liberal señalase el punto de inflexión definitivo. En todo caso, la legislación liberal permitió que los
decimadores laicos fueran indemnizados a partir de las rentas que habían cobrado durante los años 1827-1836. Comparando esta renta con
la de períodos anteriores se puede comprobar claramente cómo en el
momento de su abolición ya hacía tiempo que los diezmos habían empezado a mostrar su debilidad. Por ejemplo, en 1791, el Marqués del
Castillo de Torrente y el Duque de Medinaceli habían cobrado respec-

�216

Siglo XIX

tivamente, en concepto de diezmo, 4 290 y 7 581 libras. ~a r:nta que
declararon haber percibido entre 1827 y 1836 era mucho mas baJa: 1 173
y 3 618 libras 8•
Madoz manifestaba su desconfianza hacia los datos decimales del
siglo XIX con estas reflexiones:
... desde el momento que el pueblo se persua~ió ~?e no era de derecho divino la prestación decimal, y que la obhgac1_on de~ Estado consistía en atender por uno ú otro medio á la subs1stenc1a del culto Y
clero español, la institución de que estamos habla~d? era _al ent_r~r
España en la época de las reformas la que más prox1ma d1soluc1on
amenazaba.
· d J d.
?
¿Se pagaba en Ja época á que nos referi~os con _e~acutu e. 1ezmo_.
No· mil veces no; llámese despreocupación; cahf1quese de mmoral~dad; considérese esceso de egoísmo, es un he~ho, que se pa~a, particularmente desde la segunda época constitucional de 1820 a 1823 la
· de d.1ezmos 9 •
menor cantidad posible por razon

El estudio de las rentes percibidas por las "~ap~llanías unidas a la Catedral" de Gerona -consistentes mayontan~ment~ en censos en
especie- parece reflejar también una fuerte_ res1stenc1~ al p~go de los
censos derivados del dominio directo a part1r de !os anos vemte. ~na
evolución parecida caracterizó el pago de las pensiones de los censa es.
Las fuentes no permiten seguir de cerca este movimiento de !esistencia pero las reflexiones de Josep Fontana d~ Jaume Tor_ras 1 '. entre ot;os, relacionándolo con la presión tributana, pon_en el enfas1\:~
las dificultades crecientes de los productores para satisfacer. a la . .
diezmos, censos y contribuciones. Posiblemente ~adoz ~e?1a razon.
J ueblo había sabido que el diezmo no era de ongen d1vm?, Y que
~s ~asible que un sentimiento anticlerical influyese en la ne~at1~a a p~gar el diezmo. Pero difícilmente podemos interpretar la d1smm~f1on
de la renta-diezmo como una liberación de la clase productora .
Tampoco puede ser ésta la interpretación de su definitiv~ ~~ol!ción. En efecto, la clase dominante reaccionó, pot~~te, ante la m1c1a~va emprendida por Ja clase dominada. Esta reacc1on la podemos ? servar en el mismo proceso de revolución liberal -:-que _procurara la
· demnización de los diezmos-y en su reforma tnbutana, pero tam~én en la rapidez con que algunos propietarios de nuestras comarcas
se apresuraron a añadir una nueva cláusula en sus con_tratos d~ apar~ria durante la década de 1830: "Si el diezmo es abolido, sera paga 0
•
• "12
al prop1etar10
.

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

217

¿Cómo se vieron afectados los dominios directos por la revolución
liberal? Evidentemente,
los dominios directos eclesiásticos, seguramente
13
mayoritarios , fueron desamortizados, y el Estado permitió la redención de estos censos
en unas condiciones bastante favorables para el
14
propietario útil • Sin embargo, los dominios directos laicos conocieron desigual fortuna. Muchos particulares, y a veces pueblos enteros,
se negaron a continuar pagando los censos debidos a algunos señores
directos porque entendían que eran equiparables a los derechos jurisdiccionales y, por lo tanto, abolidos por el decreto de 1837 que disponía la abolición del régimen señorial. Así se iniciaron muchos pleitos.
Los desenlaces que conocemos de estos pleitos no significaron nunca
la abolición de los censos.
Véamos algunos casos concretos. En 1858, el Barón de Esponellá
perdonó a los vecinos de dos parroquias los censos de los 13 años anteriores pero consiguió que se le reconocieran sus derechos y continuó
cobrando sus censos a partir de aquel año. En el convenio firmado,
el Barón se proclamaba "señor alodial y campal" de cuatro pueblos.
Conocemos también el caso de los vecinos de Púbol. Después de 9 años
de resistencia, en 1851 firmaron una concordia en la cual se declararon
convencidos plenamente de que efectivamente el referido Señor Barón D. Felipe Ignacio de Miguel se halla ser Dueño directo alodial
i campal de las tierras sitas en este termino de Pubol por un concepto
enteramente distinto del Señorío jurisdiccional, como clara i distintamente se desprende del título primordial del expresado Dominio directo concedido en la carta de donación hecha por Ramón Barenguer...
a Analdo de Llers... á veinte y seis agosto del año de gracia de mil
ciento cuarenta .. .

En la concordia, el Barón renunciaba a los laudemios debidos hasta
aquel día, pero exigía a partir de entonces un laudemio del 6%, aunque si el Barón descubría algún intento de fraude el delincuente habría
de pagar el 16%. Todos los censos se pagarían como había quedado
establecido antiguamente, si bien el Barón perdonaba los censos debidos hasta el momento. El Marqués de Benavent no había tenido tanta
suerte en sus negociaciones. En el convenio firmado el 20 de enero de
1846 con tres importantes hacendados que representaban a muchos particulares de los pueblos de Palausator, Fontclara, Sant Feliu de Boada, Sant Julia de Boada y Pantaleu, se diferenciaba entre dos tipos de
censos: los censos de contratos particulares y los censos que figuraban
en las cabrevaciones. Los primeros no sufrían ninguna modificación,
pero los segundos quedaban reducidos a una tercera parte. Tal vez si
el Marqués de Benavent hubiese insistido tanto como el Barón de Púbol en sus reivindicaciones hubiese conseguido más15 •

�218

Siglo XIX

rón de Púbol en sus reivindicaciones hubiese conseguido más15 •
Estas historias, mucho menos espectaculares que las disputas en
torno a los señoríos del Sur de España y seguramente por ello mucho
más olvidadas, sirven para ilustrar que no todo estaba tan claro como
algunos pretendían y que la confusión entre señoría jurisdiccional y
señoría dírecta era bastante frecuente, de manera que muchos catalanes, que pensaron en 1837 que habían sido abolidos los censos y laudemios, debieron sentirse burlados más adelante, cuando legisladores y
tribunales declaraban que aquellos censos tenían que continuar siendo
pagados porque "resultaba" que no eran de origen feudal.

LA PRACTICA DE LA PROPIEDAD: DINAMISMO,
CONCENTRACION Y DESDOBLAMIENTO DEL DOMINIO UTIL
Ya en el siglo XVII, y posiblemente desde hacía tiempo, en los documentos notariales aparecía con frecuencia la expresión "señor útil y
propietario". Así eran apostrofados los personajes que tenían el derecho legal de arrendar tierras o concederlas en enfiteusis, siempre que
salvasen el dominio directo para quien correspondiese. Esto quería decir que el señor dírecto sólo podía vender, arrendar o conceder en enfiteusis el dominio dírecto de las tierras y, en cambio, el señor útil era
quien arrendaba, vendía o concedía en enfiteusis "la tierra" ¿Cómo
se había llegado a esta situación?
Sin duda este es uno de los procesos claves de la historia de Cataluña. Interesa muchísimo esclarecer cómo se ha constituido la propiedad moderna, y saber cómo este proceso ha condicionado las formas
de obtención de renta de la tierra y las formas de explotación agraria.
Ya a finales del siglo XVIII, en Cataluña había unos señores útiles importantes, cada uno de los cuales tenía el dominio útil sobre un número considerable de masos -el mas era la unidad de explotación familiar típica de Cataluña-, que a veces se hallaban bastante alejados unos
de otros. La concentración, en una sola mano, de frutos provenientes
de tierras muy separadas entre sí era muy característico de nuestra zona: fruto de determinadas estructuras de la propiedad, de determinadas formas de explotación de la tierra y de un juego de herencias y políticas matrimoniales muy concreto. Esta dispersión geográfica, unida
al hecho de que se tratase de una propiedad basada en la suma de explotaciones familiares, ha servido para esconder, en parte, el peso de
la gran propiedad en Cataluña16 •
Sería conveniente, pues, que la investigación histórica aportase nuevos datos sobre este proceso de concentración del dominio útil. El tér-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

219

mino de "diferenci~ción c~pesina" podría servir para su estudio, pero
s~gur~me?te no sena el mas adecuado para su interpretación. En camb1?,. s1 &lt;:s. importante reconocer en el proceso de concentración del domm10 utd un proceso de disociación entre el trabajo y la propiedad
Y? por lo tant_o, u_n proceso histórico que conlleva una polarización social: la polanza~1ón entre "propietarios" y cultivadores entre hacendados Y campesinos, en definitiva, entre una parte de la' clase rentista
Y una parte de la clase trabajadora.
. Unicamente el estudio riguroso de este proceso nos podría proporc10nar l?s dat~s necesarios para establecer los orígenes del sistema de
aparcena. El sistema de aparcería imperante en esta región -y que ha
durado hasta hace muy poco-= consistía en el arriendo por un período
corto ~generalmente cmco anos- de la casa y las tierras de un mas
a caJ?~lo de_la tercera parte de la producción. Los instrumentos de producc10~, as1 como el ganado, eran propiedad del aparcero. Todos los
gastos iban a cargo de este último, quien pagaba además el diezmo
los censos y I_as contribuciones. En el siglo XVIII la mayoría de los ma~
sos eran cul~1vados en estas condiciones. Cabe suponer que el desarrollo de este s1st~~a de aparcería fue un fenómeno paralelo al proceso
de concentrac1on de heredades en unas mismas manos.
Pero para el _estudio de este proceso hay un nuevo factor a tener
en cuen_ta: e~ el siglo XVIII el ejercicio del dominio útil también basab~ s~ ~mam1~mo Y su continuidad en la cesión aparente de este domirno u~d, mediante la subenfiteusis. Más de 30 000 contratos de subenfiteus1s se firmaron en la región de Gerona durante el período 1768-1862
Se tr~taba de e~tensiones de tierras muy pequeñas, y muchas veces per~
tenec1an a las tierras yermas y boscosas de las heredades. En más del
80% de los cas~s _se t~ataba de subenfiteusis. En estos contratos se reservab~ el domiruo dtrecto para un señor distinto del señor útil, que
era qmen cobraba una entrada y quien adquiría el derecho a percibir
~n ;enso anual. Estos censos no eran simbólicos; muy a menudo consistian en_una tercer~ parte de la producción bruta. La mayoría de las
veces, qmenes acced1an así a una pequeña porción de tierra eran jornaleros que se empleaban temporalmente en los masos.
, ~Cuál es el resultado jurídico de la práctica de la subenfiteusis?
Teor:icamente, el desdoblamiento y la desagregación del dominio útil
¿Cuál fue el resultado práctico en el campo gerundense? Un aumento
notable de las rentas de las tierras establecidas y la estabilidad de una
mano de obra rural necesaria: en definitiva, un refuerzo importante
de los derechos de propiedad derivados del dominio útil.

�220

Siglo XIX

LOS DERECHOS DE LOS NO PROPIETARIOS
Hay otra investigación pendiente en la historia agraria de la_ ~ataluña
moderna. Tan desconocido como el proceso de co~cen~rac_1?n Y d~sdoblamiento del dominio útil lo es el proceso d~ pnvat!za~1~n de tierras. Ambos procesos son largos -a menudo deb1~ron ~omc1d1r en unas
mismas iniciativas- y culminaron con las medidas liberales.
El proceso de privatización de tierras ha sido poco es~udiado en
Cataluña. A fines del siglo XVlll, los bienes comunales teman ya muy
poca importancia y los datos que tenemos sobre el alcancf de la des~7
mortización civil de 1855 parecen corrobora~ este hec~o : _Pero_ aun
no tenemos buenas investigaciones sobre el triunfo del md1v1duahsm?
a rario catalán. En el documento que quiero ahora comentar, he cre1d~ ver un testimonio del miedo de los hacend_ados ger~ndenses ante
un posible cambio en el orden jurídico que pudiese cuestionar un anterior proceso de privatización de tierras.
Se trata de un documento notarial de 1842, que aludía a la Aso_ciación de 17 hacendados de los pueblos de Llagost~ra, Santa Secuhna,
Caulés y Vidreres18 • Creo que no es exagerado afumar que estos hacendados tenian miedo del nuevo marco liberal ~• sobre todo, de la~
posibilidades del nuevo marco_liberal. Veamos el nucleo del documento.
Que para la mutua defensa de sus respectivas propiedades contra_cualesquiera corporaciones ó Personas que pretendiese~ se~ aquellas bienes
comunales han venido en formar la presente asoc1ac1ón a fin de poder defenderlas, por lo que han convenido en firmar la presente mediante los apartados siguientes:
Primero: si alguno de los expresados señores fuese m?lestado ~r cualesquiera corporación ó particulares en sus respectJvas propiedades
sobre pretender que aquellas fuesen bienes comunales Y que por s~
defensa tuviesen que seguir y sostener algún Pleyto ó causa se obligan recíprocamente...
.
• d Ll
Otro si: si el actual Alcalde ó Regidor Decano de ~1cba v1ll~ e_ ;gostera se hallasen molestados por iguales pret~ns1o~es arnba 10 _ •
cadas, 6 bien se resistiesen á dictar algunas prov1denc~as a~rca el 10•
dicado objeto y que para ello tuviesen que sostener algun pleito._.. prometen igualmente satisfacer los gastos que se les ocasionara
proporcionalmente...

El texto resulta bastante interesante por tres motivos prin~ipal~s. En
primer lugar, porque representaba una respuesta a las medidas liberales, pero una respuesta de un tipo diferente a _la~ ~ue estarnos acostumbrados a analizar los historiadores. Estos d1ec1S1ete hacendados que-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

221

rían defender sus tierras y tenían miedo de que alguien reclamase sus
orígenes comunales. Este miedo, esta precaución, ¿en qué se basaba?
Quizás en el pueblo corrían rumores de que las tierras eran de todos,
de que habían sido injustamente apropiadas. Quizás los hacendados
sabían que no podían justificar su propiedad privada.
En segundo lugar, nos interesa el texto porque, a diferencia de las
asociaciones que se habían hecho en algunos pueblos para firmar convenios con los señores directos, ésta era claramente una asociación de
clase. Todos los firmantes se declaraban hacendados y afirmaban estar dispuestos a defender sus intereses, los intereses de una minoría,
en contra de los intereses comunales, los intereses de la mayoría. A continuación, los asociados invitaban a los hacendados de la región a
imitarlos.
En tercer y último lugar, el texto revela el poder de la clase de los
hacendados y la debilidad consiguiente de las instituciones políticas recientemente creadas. Que los diecisiete propietarios estuviesen decididos
a costear los gastos del Municipio en la defensa de sus derechos privados y enfrente de los derechos de la comunidad, y que lo expusiesen
con tanta naturalidad en un documento escrito, es una prueba de los
estrechos lazos existentes entre el poder político y el poder económico
en la recién instaurada sociedad liberal.
El estudio del proceso de privatización de tierras requiere, además,
el conocimiento de los derechos de no-propiedad. Como hemos dicho
en la introducción, aunque abundan los estudios sobre las medidas liberales relativas a la propiedad de la tierra, seguramente no se ha insistido bastante en el carácter unilateral que estas medidas presentaban.
En cambio, es evidente que en tanto que aquellas medidas significaron
la defensa de los derechos de una minoría -los derechos de propiedadsignificaron también la negación de los derechos de la mayoría.
En un escrito que los propietarios catalanes dirigieron a la Reina
en 1846 se puede percibir de una forma clara este problema. Los propietarios reclamaban la creación de una Guardia Rural para la protección del "sagrado derecho de la propiedad" y proponían un Reglamento del nuevo cuerpo 19• El texto que acompañaba la propuesta es
revelador y clarividente. Leamos con atención este párrafo:
Cree también indispensable la Comisión exponente que la autoridad
de los Alcaldes esté revestida de cierto poder discrecional acompaña-

�222

Siglo XIX

do de una estricta responsabilidad(...) aun cuando la propiedad particular deba considerarse inviolable en todos conceptos, no puede tampoco desconocerse que existen inveteradas costumbres, con las cuales sin mengua de los justos intereses del propietario y del labrador,
en~uentra muchas veces grande alivio la miseria. En efecto, Señora,
productos espontáneos arroja nuestro rico suelo, como son las se~,
los espárragos y las yerbas aromáticas, que, mirados con despr~io
por el dueño de la tierra que los produce,_son buscados y reco~dos
con afán por manos necesitadas. Lo propio acontece con las espigas
que después de levantadas las cosechas, quedan entre el rastrojo abandon~das, las cuales sin sacrificio ni siquiera moral del labrador, constituyen, desde los tiempos patriarcales, cierto caritativo tributo, que
consuela el infortunio de muchas familias, y les ayuda á sostener su
penosa existencia. A más de estas filantrópicas consideraciones, es
fuerza no perder de vista que con las indicadas costum~res cuen~
muchas personas indigentes, y que al paso ~ue fuera ~nesgado Y~fícil desarraigarlas bruscamente, fuera nocivo autonzarlas con disposiciones reglamentarias, pues, en tal caso, muchos mirarían como
un derecho adquirido é incuestionable, lo que es tan solo un beneficio filatropicamente dispensado, y llevarían tal vez aquel derecho hasta
un perniciosísimo abuso.
En este documento, los propietarios de 1846 nos hablan de '.'inveteradas costumbres" que "alivian la miseria", de manos necesitadas que
recogen con afán setas, espárragos y hierbas aromáticas que ellos desprecian. Los propietarios de los ~mpos de t~igo confi~an sabe~ que
las espigas consuelan, desde los tiempos pat.n arcales, el mfortuO:~ de
muchas familias y que muchas personas practicaban en 1846, estas costumbres" . Por ello, apelan al poder discrecional de los al~d~ para
que en determinados momentos no sean rigurosos en la aplicac1on del
reglamento que ellos mismos proponen. El artículo 40 de este reglamento condenaba a "toda persona, sea cual fuera su edad ó sexo, que
penetrase á pié en propiedad agena" a pagar 4 reales de multa si era
de día y 8 reales si era de noche.
Unos años antes, en un periódico renano, el joven filósofo Marx
había reflexionado -en ocasión de los debates de la Dieta Renanasobre los castigos que se infrigían a los "ladrones" de le~a. ~arx expresaba abiertamente su desconcierto ante un nu~vo mar':°.JID:dico que,
en nombre de la ley natural, convertía los antiguos privilegios de l~s
propietarios en leyes y las antiguas "C&lt;:'st~bres" de los pobr~ ~n "_atnbutos caritativos" de las clases prop1etanas. Observador pnvilegiado
de la constitución de los estados modernos, Marx definía el carácter
de las nuevas leyes con una palabra: unilateralidad20•

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

223

LA REVOLUCION LIBERAL Y LA DEFENSA UNILATERAL
DE LA PROPIEDAD
Algunos e~emplos pueden ilustrar el carácter unilateral de la defensa
de la prop1e~ad. El 31 de agosto de 1817, el conde de Perelada firmó
una concordia co~ los vecinos del pueblo de Cantallops por Ja cual éstos se compromet1an a no cortar más árboles sin el permiso del Mayor?º'!1? del Conde. En 1821, el marqués de Aguilar se había enfrentado
Jundicamente con los vecinos del pueblo de Viladamat que iban a "hacer
leiía a la ~ontaña". En una fecha tan tardía como la del 15 de abril
d_e, 1844, cmcuenta Y dos vecinos de Ma~anet de Cabrenys, "en atenc10n a ~ue vierte causa criminal contra ellos por haberse introducido
a trab~Jar e~ la montaiía propia del Comun de Massanet... en cuya
operación m han hecho ni han (querido) hacer daiío a nadie y si hacer
u~o del derecho ,~ue c~IT!º vecinos de Massanet les corresponde sobre
dicha 2 ~ontafia dec1d1eron hacer causa común y repartirse los
gastos : En todos estos casos, la defensa material de unos derechos
de propiedad ~art!c~ares significaba un ataque frontal a otros derec~os de otros md1v1duos que concebían la propiedad de una forma
diferente.
El problema de la "contravención" de los derechos de propiedad
no e~a un_ problema exclusivo de las zonas de bosque y montaiía. Los
prop1etanos de los masos de las llanuras recurrían a los bandos para
hacer frente a los " robos" de sus heredades. Estos bandos, que aparec~n a lo largo del período estudiado, eran solicitados por los propietar!os para que se pregonasen públicamente los castigos que se infriginan a las personas que se atreviesen a "invadir" sus propiedades.
. Así, An~oni :uig i Padrola, hacendado residente en el pueblo de
V~aur, prop~etar10 de once heredades situadas en un amplio radio geografico, explicaba en un memorial dirigido al Rey, el 30 de noviembre
de 1787, que muchos vecinos de la zona no dudaban en "introducirse
con ganado, pacer sus hierbas, tomar frutas, cortar los árboles, llevándose la lenya, malvaratando Agualexos, cortando tambien matorrales, P,asan~o por las mismas á° pié y á cavallo, y haziendo caminos
nuevos . Qumce días después, se publicaba el bando que prohibía a
todo el mundo "cortar y hurtar Arboles, olivos y sus renuevos y leña
de los Bosques, hurta_r estiercol, bellotas, frutas, trigos, legumbres asi
e? grano ~~mo en paJ~; desviar, hurtar o usurpar sus aguas, arrancar
~•edras:.. Las penas tmpuestas eran altas: tres libras si era de día, seis
libras s1 era de noche22 •

�224

Siglo XIX

Los masas de Puig i Padrola se encontraban demasiado dispersos
para que una sola persona pudiese vigilarlos. Este mismo problen:ia llevó, en 1804, a un grupo de veinte propietarios a formar un sindicato:
Su objetivo era la protección para 72 masas. El grupo era bastante desigual: cinco propietarios concentraban la propiedad de 55 heredades.
En 1846, en el escrito antes citado dirigido a la Reina por la Comisión
Directiva de la Asociación de Propietarios de Barcelona, se afirmaba
que en Cataluña "es muy reducido el número de propietarios que por
su sola cuenta mantienen Guarda-tierras, y es más frecuente que sean
estos costeados por varios hacendados unidos al efecto" 23 • Este escrito, recordémoslo, acompañaba un proyecto de reglamento de la guardia rural.
El paso del bando particular al cuerpo público d~ la guardia ~ural
nos puede servir para ejemplificar el paso de una sociedad de antiguo
régimen a una sociedad liberal. En el manifiesto que presentaron a la
Reina los propietarios catalanes en 1846, exponían tres argumentos sobre las insuficiencias de la práctica de los guardias rurales particulares:
1) resultaba excesivamente caro mantener una guardia ~ural part~cular; 2) el pueblo veía el guardia particular como el guardia que apli~aba una ley particular y este hecho convertía a los hacendados en odiosos; 3) era peligroso mantener hombres armados, que_ en cualquier momento podían ocasionar serios disgustos; era necesano que se hallasen
sometidos a la autoridad pública.
En 1842 el joven Marx, analizando las discusiones que tenían lugar en la dieta renana, se escandalizaba por la adecuación del Es~ado
a los intereses de la minoría que representaba el sector de los propietarios: "Ya que la propiedad privada no tiene medios para elevarse a la
perspectiva del estado, el estado tiene el derecho de rebajarse a los medios de la propiedad privada, contrarios a la razón y al derecho'~ Marx
apuntaba con ironía la utilización liberal del concepto "libertad":
La voluntad del propietario forestal reclama la libertad de poder
tratar el contraventor según su comodidad y de la manera que le resulte más conveniente y menos costosa ... ¿Y no es inaudito que en
el siglo XIX se limite "de esta manera y tanto" la voluntad libre de
aquellas personas privadas que hacen las leyes públicas?

El sentido agudo y crítico de Marx culmina con su exposición de la
"lógica del egoísmo":
Esta lógica, que transforma los servidores del propietario forestal
en autoridad del estado, transforma las autoridades del estado en servidores del propietario forestal. .. todos los órganos del estado se trans-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

225

form_an e~ orejas, ojos, brazos y piernas con las cuales el interés del
propietario escucha, espía, valora, protege, atrapa y corre 24•

Estos _Y otros párrafos de Marx inspiraron a Pierre Vilar unas sólidas
refleXIones ~obre los lazos entre la historia del derecho y la historia total. Para Vtlar, Marx consigue examinar la "totalidad de las relaciones entre el hombre desprovisto de bienes, el propietario y finalmente
el Estado"~ propósito "de un derecho reciente, de una legislación que
está elaborandose"25•
. ~s hace~dados catalanes celebraron con gran alegría, y como una
v1ctona propia, la real Orden del 8 de noviembre de 1849 que aprobaba el "Reglamento para los guardias municipales y particulares del campo ~e to~~s los pueblos del Reino" 26• La actuación de los guardias resulto ~acili~a_da cuando, a partir de 1858, junto a los extractos de la
Guardia C1~tl ~ de las "~rovidencias judiciales" -que proporcionan
una su~tanc1:!1 mformac10n sobre la frecuencia de "atentados contra
l~ p~op1edad - comenzaron a publicarse en los boletines oficiales provmc1ales muchos anuncios como éste:
~uncia: Desde esta fecha quedan vedadas y acotadas las tierras cul~1vas, yerm'!8 Y boscosas d~l manso Gifra, sito en el pueblo de Madina, de propiedad del suscnto; por tanto queda prohibida la entrada
para cazar, leñar, apacentar ganados ni recoger desperdicios de ninguna clase, sin expreso !':rmiso ~e su dueño; quedando el colono y
demás personas del sernc10 del llllsmo autorizados para vigilar y hacer que se cumpla esta veda, y los agresores sugetos a las penas que
marca el código penal vigente. Gerona, 13 de Agosto de 1861. Jaime
Casellas.

A veces, como en la época de los bandos, se ponían de acuerdo unos
cuantos propietarios para declarar acotados y vedados los masas de
su propiedad: "Los abajo firmados propietarios y administradores de
las heredades radicadas todas en el partido judicial de Gerona sitas
en los pueblos que á continuación se expresa, declaran vedados; acotados los masos de su propiedad ... "
Y queda una pregunta pendiente: ¿cómo vivieron los nohacendados este acotamiento? Los menestrales que antes llevaban a las
heredad~ s~s _ganados a pacer, y los colonos que las tenían que vigil~r, ¿q~,e opuuón les merecían los mecanismos de "defensa de la propiedad de los hacendados?
LA PERSISTENCIA DE LOS CENSOS ENFITEUTICOS
Si los legisladores españoles hubiesen sido fieles a las teorías liberales

�226

Siglo XIX
Congosc: Revolución liberal y propiedad en Caca/uña

de la propiedad en las que parecían inspirarse, hubiesen dic~do s~
contemplaciones una ley de redención de los censos ~ue habna tenmnado con la ambigüedad de las propiedades comparudas. El ~roy~t?
de redención de censos estuvo presente en el proyecto de! Código Civil
de 1851; en realidad, esta presencia fue uno de los motivos de que el
Código Civil no prosperase.
Tal vez no ha sido suficientemente ponderada 1~ in~p~cidad de
los políticos liberales españoles para est~blecer un ~ódigo civil; segur~mente esta incapacidad era el fiel refleJo de las d1~cultades del nac!miento de un Estado moderno capaz de aunar los mtereses de los diversos sectores sociales dominantes. En este caso, la !ucha de los propietarios catalanes
para impedir el proyecto de redención de censos fue
del todo exitosa21 •
El párrafo que sigue servía de carta de pr~sentación al esc~ito que
la Asociación de Propietarios de Barcelona hizo llegar a la Rema con
motivo del Proyecto del Código Civil:
Es sin duda el contrato enfitéutico, tan universalmente generalizado
entre nosotros, lo que ha elevado millares de familias cataJanas, á la
clase de propietarias, lo que ha facilitado á la mayor parte de nuestros hacendados la adquisición de sus ricas heredades, lo_que ha dado á todos nuestros menestrales la viña, el campo y el olivar en que
encuentran el sustento, lo que ha descuajado nuestras U~adas Y
nuestros valles, lo que ha hecho que la vid y el olivo sub~tltuyesen
las plantas silvestres en las altas cumbres, lo que ha ocas1o~ado se
estableciesen pueblos donde antes solo se encontrab~ guaridas de
fieras, lo que en fin ha convertido en panes nuestras p1edr'.'5, facultad prodigiosa
que es sin embargo el emblema del Jornalero
catalán28•

En realidad la idea central que inspiraba todos los escritos que surgían en Cat~uña en defensa de los censos enfitéu!icos er~ siempre la
misma: su éxito y eficacia radicaban en la conversión del Jornalero en
propietario. Así, en el escrito enviado a la Reina se puede leer:
A los enfiteusis, ó Establecimientos, segun se !es llama vulgarment~
en este país, es debida la prosperidad que el lllls_m~ goza ¿Y por que
no sucede otro tanto, se dirá, en las demás provmc1as en que es también conocido este contrato? Por una razón muy obvia; porque 1~
condiciones del mismo son diferentes, y al paso que en Cataluña estimulan al proletario á adquirir, en Castilla le retraen de hacerse
propietario29•

227

En este documento, la enfiteusis es defendida ardientemente como un
tipo de propiedad de la tierra perfectamente válido y funcional en la
sociedad contemporánea. Los propietarios catalanes comparan "el progreso y desarrollo de la general riqueza" en Castilla y Cataluña y no
dudan de la bondad de la legislación catalana, que es "la que llena más
las necesidades morales y económicas del pueblo". Y advierten a la
Reina que en el sistema de la enfiteusis catalana se encuentra "lo bueno, lo útil, lo que ha hecho rico al pobre, y al jornalero propietario,
lo que ha repartido el territorio y generalizado la riqueza, sin usurpaciones comunistas, sin revoluciones ni trastornos". En definitiva, era
el sistema "mas ventajoso, mas económico, mas liberal".
La asociación entre el proceso de conversión del proletario en propietario y el desarrollo económico exitoso de Cataluña radicaba en la
fuerza de la propiedad. La propiedad, que "satisface el sentimiento
de una justa y bien entendida dignidad", explicaba la capacidad del
trabajador catalán:
Véanse si no los ásperos é ingratos terrenos donde se arraiga y crece
ufana la vid, y de donde se obtiene la mayor calidad de nuestros vinos; examínense sus accidentes, los desmontes, las calzadas, y demás
obras que ha debido emplear el cultivador para hacer la tierra laborable; calcúlese el coste de aquellas, practicadas por manos mercenarias, y diga cualquiera si cabía en lo posible que el dueño emprendiese directamente la explotación sin caminar también directamente á su ruina; dígasenos asimismo si era dable obtener de un colono ó aparcero por limitado arrendamiento la consagración de un
trabajo inmenso al cual solo puede hallar estímulo quien le aplica en
tierra propia y le emplea para sí y para sus hijos; pruébese poner en
venta esos terrenos en su estado natural, y de seguro que no llamarán
los capitales30•

La propiedad era el único aliciente que había hecho posible un trabajo
tan duro:
A nadie puede ocultarse que la propiedad es el más fuerte vínculo
que une el hombre al suelo, que engendra el amor del ciudadano á
su patria, que despierta viva la laboriosidad del padre de familia, que
engendra en su conducta los hábitos de economía y el afán de mejorar la posición; que aguza su ingenio y eleva su inteligencia, y que
le posee en fin de aquellos sentimientos de propia dignidad con los
cuaJes se establece y se practica la moral; así es que todos los pensadores políticos, y los legisladores todos escogitan y procuran los medios propios para aumentar la clase propietaria en las sociedades, sin
menoscabo de los derechos ad2uiridos, y sin herir los sagrados principios de lo recto, de lo justo 1•

�228

Sigla XIX

Cangas/: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

b' "do desarrollando y asumiendo e~ la

La idea no_ era nue~a. S~t;lr~I ·urista Tos, en 1784, había insistI?o
fiteu!is que hacía que el jornalero se smsegunda !111tad d~I _s1gldo 1

en el caracter mag1co e a en •
tiese hacendado:

rción de terreno establecida, la
Constituido.un enfit~uta c_on una~ reputa no un Jornalero, como
mira co~o a un Patr~m~mo;~~Y~a sentimientos de un Padre de Fa~t~s, smo un Hac;?O: o~ idea consiste en hacerla floreciente y frucm1has a~udalado.
as
más a roposito para Granos, qual
tífera. A indagar qua! Part~sera Emp!nde la labranza, por lo que
para Viñas, Olivos, ó ~tro ruto. . d las utilidades, que experisu posibilidad le permite. ~ pr?po~~•;ño; Directo percibe mas Cenmenta, se adelanta enbllas emca_s~nde el aumento de los frutosn.
sos, y á todo el Pue o trans •

en su viaje a Cataluña, tamy el agrónomo Arthur Young, en .1787'
ue la ropiedad de la tiebién había destacado el ~arácte~esgn:.~~~~ ~'No h~y ningún estímulo
rra ejercía sobre los ha~~tantes etrizo ~e tierra en un país donde no
comparable a _la poses10~ de ~~ la tierra es aquí el único apoyo auténf T ..11
hay otros medios de su bs1stenc1a,
tico de un hombre que quiera ser cabeza de arru ia .

.. .
R •
n 1852 los propietarios ca' 'deas sobre la proEn el largo escrito dmg1do a 1a ema e
.
es ante las nuevas 1
talanes mamfestaban sus temor
tas ideas conllevaban.
piedad Y los proyectos de reforma que es
.
, a Isabel II que "no basta para acerCon gran cuidado, advert1an á fondo Y discernir con exactitud
tar en ellas (las refonn~) _conocer sario más es indispensable prever
en la esfera de las _teo~1as, es nC:ismas" Para los propietarios catalos efectos de la aphcac1ón ~e l~s
to d¡ los derechos de propiedad
sagrados si se crearon bajo la
lanes, era del to~o necesar1~ e
existen!es: "Los mter~ses exis~~~uidos: legítimos en su origen, son e~
garant1a de lo~ ~er~ os c~?5 ~e estos intereses sagrados habían nac1su consecuencia m~1olables... h onstituido en fin nuestra actual sodo fortunas Yrelaciones, Y se da c hos sagrados la sociedad "se sociedad". Si se v~l~erasen estos ~:ialo vería la ~ación entera consucavaría en sus cásnment~s ysc~c:i:ía que los producidos por las épocas
marse actos m agres1 vo
de revolución".

r::~on

.
.
er un aviso a la Reina sobre
El último párrafo del escn~? quiere s ecto de redención de censos
el peligro de una nueva, r~voluc1~n, El ~~~l porvenir". Su aplicación
"trae consigo un.grav!simo pelhgro ~edad y la propiedad no podría
significaba una v10lac1ón de a prop1
'

229

continuar siendo defendida por aquellos que la habían violado: "Principios hay que son dogmáticos en el órden civil, que como tales no admiten modificaciones: ó se les sostiene en toda su integridad, ó se enerva la fuerza moral que ha de guarecer las instituciones contra el torrente invasor de las ideas socialistas".
Los esfuerzos de los propietarios catalanes para que el proyecto
de redención de censos no prosperase se repitieron en los años 80, con
la preparación del nuevo proyecto del Código Civil, que volvía a incluir una ley con aquel contenido. En esta ocasión, el Instituto Agrícola Catalán de San Isidro se enfrentaba a una Comisión que decía que
la ley de redención de censos tenía por fin: "asociar el capital y el trabajo, organizar la propiedad en el sentido de las ideas políticas y económicas de las escuelas modernas, de emancipar socialmente una clase
ya emancipada políticamente, y de romper las cadenas de una colonía
agrícola de más de cien mil cultivadores".
Los propietarios catalanes se escandalizan de este lenguaje: "cual
si existieran aun en España los antiguos siervos de la Gleva' '. En cuanto a organizar las ideas políticas y económicas de las escuelas modernas, nadie más que ellos parecían entender en aquellos tiempos el carácter exclusivo y absoluto de la propiedad moderna:
. .. se ha introducido la heregía legal de la di visión de dominios, cuando el derecho de propiedad ha continuado siendo exclusivo, es decir,
que no es posible suponer que dos personas tengan derecho absoluto
sobre una misma cosa ni que este pueda dividirse.
Es hora de proclamar muy alto que el enfiteuta no es dueño sino solo
poseedor de la cosa para mejorarla y explotarla y que para mejor defender los productos de su trabajo, el derecho le concedió una acción
in rem, de la misma suerte que la ley hipotecaria la ha dado recientemente el que arrienda una finca por un plazo mayor de seis ai'los é
inscribe su derecho en el Registro de la propiedad.
A la luz de estos principios que contienen la más pura ortodoxia del
derecho, dígase si no es un atentado contra la propiedad declarar que
el simple poseedor de la cosa puede alzarse con el dominio despojando al que nunca lo ha perdido y dándole en indemnización una pequeña cantidad de dinero ó bien capitalizando un vaso de agua. Por
ahí se verá cuan equivocado es el lenguaje de los que Uaman carga
de la pr~iedad al dominio directo tergiversando el sentido de las
palabras .

Los propietarios catalanes volvieron a conseguirlo. No hubo proyecto
de redención de censos hasta 1945. Los propietarios habían reconocido y defendido que las ventajas de la enfiteusis -la conversión de pie-

�230

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

Siglo XIX

t

· ¡ eneración de rentas para el propietari~dras en panes, es decir, ~d 1sentimiento de la propiedad a los JOrderivaban de haber tran~e~;. ~a revolución liberal no se hizo a fav~:&gt;r
naleros. Re~eng~~~ es .
débiles sino a favor de los prop1ede los prop1etar1os senumen es
tarios "prácticos" fuertes.

bl.l ,,

EL PRAGMATISMO DE LOS PROPIETARIOS
.
.
erundense liberal convencido, dio su verUn prop1etanol d~ólcamlib~jal administrador de sus tierras cuando éste
.
al Cura Párroco.
sión de la revo uc1 n
1
le consultó si tenía que contmu~ pag~~~. ~~cs:~:!an que continuar
Su respuesta fue contundentet ilus~:nimi~nto del Señor Rector tenía
pagando los censos por:iue e _mandel Pueblo así ricos como pobres,
a aban' los propietarios1s. Los
que ir a cargo de todos os vecmos
y no como hasta enton~, q_ue sol~e~
para incidir en la ambiargumentos de este propietario pue
güedad de las revoluciones liberales.

!rvir

Coincidiendo con el bicentenario de la revo~ución francesla, alg~:
.
.
d manifiesto las dificultades Y a necesi
rmitan rcibir el dinamismo y el
nos histonadores han pu1:5to e
dad de renovar lo~ estudios 9ue p_e 36 y sÍesto sucede en el tema de
freno de los cambios revo1ucion~os · d
·b· con más claridad
la revolución francesa, tal v~ aun se pue a perc1 lf
en el de la revolución liberal española.
.
b · adical en la definición
Es difícil defender la idea de un carn io r_ .
m artidos con~e la p~opiedad cuando 1~
~~:r~du~ante todo el
tmuó siendo una form; a 1 añolas· los numerosos estudios sobre
siglo XIX e~ m_uchas reas esprmiten ~nfatizar su carácter revoluciola d_esamortu.ac~ón ~~ k:tura de algunos de los múltiples tra~anano. A veces, espu
.
la sensación de que la revoluetón
jos escritos sobre el tema, _un~ t1en~ntes Y no debemos ser pocos los
liberal no comport~ cambiohs impo guntado· "Así pues, ¿por qué
al na ocasión nos emos pre
·
'
que en. gu
1 "6 lib ral?" y hemos de reconocer que, aunque
no se hizo la revo uc1 _n e . . a 1am dusiana ("tenían que camnos venga a la memona, dla m~ase"): nos acaba de satisfacer cobiar las cosas para que na a cam 1
mo respuesta.

e~-~'::f~~ !~::~f

f
ular una vieja pregunta: ¿cómo defidefinirla el fin de unos elemenTal vez teng~o~ que r; orm
nimos la revolución libe_ral · Ndo pu~~iempo atrás ni el nacimiento de
tos feudales que ya ha~iali~ eta uq: ya se encontraban en plena madualgunos elementos cap1t s as

23/

rez. Sabemos que tampoco puede definirla un proceso único. Las mismas leyes abarcaron todo el territorio estatal, pero estas leyes no tuvieron la capacidad de transformarlo ni de unificarlo. Persistieron hasta
nuestros días diferentes realidades. Pero los hombres que triunfaron
en la revolución liberal tenían unos intereses comunes: la defensa de
sus derechos de propiedad. Recientemente, el historiador Josep Fontana, el máximo conocedor del proceso de revolución liberal española,
ha escrito que lo que unió a la clase burguesa fue " la necesidad de asociarse para defender aquello que la riqueza de todos tiene en común,
la propiedad, contra las apetencias de las clases subalternas" 37 •
La realidad gerundense no había inspirado las medidas liberales,
pero el resultado de las medidas fue en su conjunto muy favorable a
la clase propietaria gerundense. Los decimadores laicos, que experimentaban desde hacía años una fuerte crisis en sus rentas decimales,
cobraron indemnizaciones. Los propietarios útiles -en su mayor parte enfiteutas de señores eclesiásticos- pudieron redimir sus censos -a
muy buen precio- y pasar a ser teóricamente propietarios "plenos".
Estos mismos propietarios combatieron con tesón la ley de redención
de censos que hubiera significado una pérdida importante de sus rentas. Consiguieron así mantenerse como "señores" de "sus" enfiteutas
hasta 1945. Por otra parte, vieron respetadas las rentas eclesiásticas
de origen laico. A nivel global, pues, es difícil imaginar medidas más
favorables. Pero, ¿no fue la revolución liberal, o su resultado, en gran
parte, eso, un conjunto de medidas favorables a la clases propietarias
" prácticas''?
Teóricamente era indefendible la posición de estos propietarios que
creían tener derecho a redimir sus censos y, en cambio, negaban con
contundencia el derecho de redimirse a sus censatarios. La actuación
de los propietarios catalanes constituye un buen ejemplo de las características de los "propietarios prácticos" de los que habla Marx, cuando analiza los debates de la Dieta renana. El "propietario práctico"
de Marx dice: "Esta ley es buena porque me beneficia. Votémosla"38 •
Los " propietarios prácticos" catalanes consiguen que prosperen únicamente las leyes que ellos consideran buenas.
En realidad, el triunfo de la revolución liberal es el triunfo de todos los propietarios prácticos que pudieron demostrar que lo eran. En
las Cortes de 1821, Guillermo Oliver resumió bien este discurso: "No
se ataca la propiedad cuando se trata de abolir las prestaciones señoriales; porque si en algunos de sus pueblos el Señor ha tenido o tiene verdadera propiedad la conservará, pues no se trata de eso"39•

�232

Congosr: Revolución liberal y propiedad en Cataluila

Siglo XIX

Por eso, el carácter unilateral de las medidas liberales no es un aspecto más a tener en cuenta. Es el gran elemento definidor de la revolución liberal; los campesinos no fueron olvidados, ni tampoco marginados. Los campesinos sufrieron de forma decisiva el impacto de la
revolución liberal, porque este proceso -tal vez mal llamado
revolucionario- significó la aceptación de las distintas formas de explotación del trabajo campesino que se daban en España y legitimó
estas formas de explotación aceptando y admitiendo que los explotadores del trabajo ajeno eran los auténticos propietarios.
Los estudios regionales sobre distintas realidades de España demuestran que en cada región fueron los explotadores del trabajo ajeno
los que consiguieron beneficiarse de las medidas de la revolución liberal. Los antiguos señores feudales transformaron sus antiguos señoríos en propiedad burguesa allí donde los señoríos habían continuado
teniendo importancia y, en cambio, muchos enfiteutas de Cataluña -los
señores útiles- vieron confirmadas sus propiedades. Hay una interpretación única: la consolidación de los derechos de propiedad tal como eran ejercidos en el momento histórico en el cual se dictaron las
medidas de la llamada revolución liberal; el respeto de estos derechos
implicó la falta de cambios importantes en la estructura agraria de clases. Las trampas que tuvieron que hacerse fueron múltiples y variadas.
Y si en Castilla y Andalucía fue necesario falsificar títulos, en Cataluña fue necesario elaborar teorías extrañas que desmintiesen el carácter
feudal de la enfiteusis.
Los propietarios "prácticos" no subordinaron sus intereses a una
teoría liberal sobre la propiedad. Tal vez los historiadores hemos concedido demasiado crédito a las teorías liberales, olvidando a veces que
eran teorías cuyo objetivo básico era justificar un determinado orden
social y, por lo tanto, unos intereses concretos y prácticos. Las propuestas teóricas de Marx son más libres y, en este sentido, más científicas. En el concepto marxiano de modo de producción, las clases explotadoras dominan e intentan moldear a su conveniencia la sociedad.
La revolución liberal española es, seguramente, un proceso histórico
básico para profundizar las teorías de Marx y denunciar las trampas
del lenguaje liberal de nuestra sociedad.

2]3

NOTAS
l. Me refiero a mi tesis doctoral Els ro iet

d'exploraci6 (La regió de Girona

,.. ,
i16f1sa;;f. I. els a/tres. Analis1
~ un~ relacions

noma de Bercelona en marzo de' 1988 Una , ~r~ntada e~ la Umvers1dad Autóen E/s propietaris i e/ a/tres (Vic Eum~ 19901~tn resu1D1da .se puede encontrar
parcial de los capítulos 2 y 9 de la
presente articulo es una síntesis
• que corresponden a los capítulos I Y8 del libro.

;esis '

·

2 - Creo que no es exagerado a firmar
és h •
.
ejemplo, F. Tomás y Valiente, enq.~:, p~c~~~o ~na idea ~as~nte acepta~. Por
España". Agricultura Y Sociedad num· 7 1978e fiesarnomzac1ón de la tierra en
bo
'
· ,
, a mna que "para II
evar a _ca
este P:oceso (se refiere a la revolución burguesa) era necesa .
agrana Nueva jurídi
h bl
na una nueva propiedad
rra_d ~ en un trí=:n~ns~itu~~:opo~ 1::~i~:;; de la propiedad de 1~ tie•
1
laCJón de los mayorazgos y la desamortización
~ ~orí?s, 1~ desvmcu•
convergentes porque transformaron la propieda~:~:,:;!~aleg1s~t1vas fueron
con iguraron con
arreglo al concepto liberal de la misma".
3

·

~~'::i~~~a~:~:::~d~~a~~::~~~:~~ás at~nció: ha reci~ido_ de parte de
dizábal, a pesar de que sabemos ue la desam n_ Ya~n a esarnorll~c_ión de Men-

f:s V:S~~:~~~~o~;;,311ª sobdenun°ci";~~~ip1:o~~~~t~[~~;:ñ;da~
re aquella etapa desamortizadora en "La

:;c~:uv':
d
. .

c=:::;;:!n

i,uulCOS

!e~ = b a l Ysus antecedentes", Historia agraria de /a EspafJa
pp. 220-244 Fo!~a-adv" rty Rd. GIarrabou, eds.), Vol. 1 (Barcelona, Crítica, 1985)
·
1e e e error que supondría creer e
i
. '
:ú~ita de u~a p~opiedad feudal en propiedad burguesa y abo~~~:.S ~"':CJ~o
O
ª esarnortizaCJón en una óptica más amplia g1 b 1
· d
u
e
nera entenderemos que "en la medida en que 'tasº/ Y_ matizad a. Sólo de es~ ~atas e dº
1
.
si uaCJones e partida eran dlStm. n ,versos ugares, las estrategias aplicadas... han de presentar algunas diferenCJas Y, sobre t~o. que los resultados finales pueden llegar a ser muy diversos de
modo que el mismo proceso que en Andalucía consolida el latifundio no ~te
establecerlo
en elCan
Pais Valenciano
y conduce en Garicia
· a 1a perpetuaCJon
.', del
peIDIDl· ·
fundi
·
p. ~.' 0 que en
a nas la clave no es la propiedad de la tierra sino la del agua",
4.

1:3

~nfiteusi~ catalana tenía _carácter perpetuo. El número de establecimientos enfi::ucfs r:lizado en 1~ región de Gerona durante la década de 1840 superó el de
as as ecadas antenores: 1811-20: 3 362; 1821-30: 3 864· 1831-40· 3 (i()l · 184! 50·
6 226; 1851-60; 3 840.
'
.
'
- .

5. ~~~dde las ideas extendidas so_b~e el cáracter de la propiedad feudal es su inaliena·
1 1 • Pero no solo los do1D1ruos directos se podían com rar
incluso se podía vender el derecho de cobrar el diezmo rese~ánd~;;;:!ert, smfo qule
tades el seilor directo.
•
o ras acu -

6 - Puede observarse en E. Serra, Pagesos i senyors a la Catalunya del seg/e XVII. Baroma de Sentmenat, 1590-1729 (Barcelona Crítica 1988) En est
h
advenir _q~e ~uchas veces se hace difícil el :Wátisis ~parado de 1as\~~::Sºd ~y ~
del domiruo directo Ydel dominio útil en un mismo patrimonio ya que a :1evna d
los señores arr~ndaban gl?bal~ent~ sus derechos. Este hecho pu~e conducir a u ~
ves errores de interpretaCJón s1 el historiador no define bien que es Jo que entie:e

�234

Congost: Revolur,ón liberal Y propiedad en Cataluña

Siglo XIX

por propiedad o renta "se!lorial" (si el conjunto de los derechos de un "seflor" o
si tan solo los derechos derivados de dominio directo o de determinadas jurisdicciones).
7. Las concordias entre seflores decimadores y universidades eran bastante frecuentes
durante la segunda mitad del siglo XVIII. La mayoría de las veces se referían al
diezmo de productos nuevos, que se cultivaban mayoritariamente en pequei'las par•
celas que muchas veces se ponían por primera vez en cultivo (mediante los contratos
enfitéuticos); el cultivo básico de los masos continuó siendo el trigo, ya que así
lo establecían los propietarios útiles en sus contratos de aparcería. También fueron
muy abundantes las concordias entre decimadores para decidir los limites de tos decimarios en las nuevas tierras puestas en cultivo.
8. Los datos referentes a la indemnización me han sido facilitados por E. Canales. Para el tema de los diezmos y la revolución liberal hay que leer sus trabajos: "Diezmos
y revolución burguesa en Espai'la". en Historia agraria de la Espaila contemporá·
nea. (A. García Sanz y R. Garrabou, eds.), vol. l (Barcelona, Crítica, 1985) y "Los
diezmos en su parte fmal", en La economía espailola al final del Antiguo Régimen,
Vol. l (Madrid, Alianza, 1982).
9. P. Madoz, Diccionario geográlico--estadístico-histórico de Espai'la (1845). Estos comentarios se encuentran en la voz: Barcelona.

10. J. Fontana, La revolución liberal. Política y hacienda. 1833-1845 (Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1977), p. 312-315; también en "Crisi camperola i carlisma",
Recerques, núm. 10. J. Torres, "Aguardiente y crisis rural", Investigaciones económicas, núm. 1, 1976, y Liberalismo y rebeldía campesina. 1820-1823, Barcelona,
Aríel, 1976.
ti. Camina!, M., Canales, E., Solá, A. y Torras, J., se plantean en su artículo "Moviment de l'ingrés senyorial a Catalunya (1770-1835)", Recerques, núm. 8, basta qué
punto la disminución de las rentas sei'loriales contribuyó a la "estrategia de inserción en el nuevo orden liberal seguida por la mayoría de individuos el sector laico
de la clase feudal".
12. El comportamiento de los propietarios catalanes fue en este sentido muy similar al
de los propietarios franceses durante el período revolucionario, como puede verse,
por ejemplo, en P. Bois, Paysans de l'Ouest (1971), p. 320-321.
13. Sugerimos esta idea a partir de los datos que tenemos sobre la identidad de los se!lores directos en los subestablecimientos enfitéuticos realizados durante el período.
En un 55'7• de los casos el se!lor directo reconocido formaba parte del estamento
eclesiástico.
14. La capitalización se hizo al 8 ó al 10'7,, lo que significaba buenas condiciones para
el redimente. Los sei'lores útiles más importantes de la región satisfacieron importantes cantidades al Estado, como se puede comprobar en el Boletín Oficial de la
Provincia de Gerona, donde se publicaron los "expedientes de mayor quantia"
-cuando se superaban los 10 000 reales- durante los ai'los 1856-60. Hay que ad·
vertir también que la legislación no distinguió entre censos y censales; en este último
caso, las condiciones también fueron muy favorables al redimente porque las peo•
siones de los censales -o censos reservativos- representaban tan solo un 3'7t del
capital.

235

15. Concordia del Barón de Esponellá· E .
d~ noviembre de 1859. Concordia del ~:~~a/el ?ota_no d~ Gerona Joan Palet, 14
sa, 3 de octubre de 1851. Concordia del M
e_P~bol. Escritura del_ notario de Cordarques e Bcnaven1: Escritura del notario
Ramón Trias de La Bisbal 20 de e
,
nero e 1846.
16. En la_ historiografía espai\ola, Ca1alui'la re r
.
Esta idea pane de una confusión entre ro P escnta el pa1s de la mediana propiedad.
la n~ existencia de los grandes latifu~di~~~f ~:xpl~ta~•ón de la t!erra - En efecto,
---:-unidades familiares de explotación- en Ca
r Y a ,m_portanc1~ de los masos
piedad bien repanida, de armonía y paz soc·ui1uila h~n forJado esta imagen de prola historiografía catalana. Han contribuido; que u~ante aflos ha dominado en
al
a ~esm111_ficac1ón de esta visión: R.
Garrabou Y E. Serra, "L'agricohura
núm. 2, 1980, y E. Girah· "La
_cat -ª~ª ne, sccoh XVI-XX", Studi Storici,
XIX"• en Historia de Ca;alunytºc~~~~:1 , 1 exSaplol tac,ó de la !erra durant el seg)e
•
ona,
vat, 1978) vol. y.

1

17. En la provincia de Gerona en los ailos 1855 56 1
no llegaron a representar;, 1007, del total d- • as vent~ de los bienes de propios
bienes de beneficencia representaron un 420ile ;e~tas de bienes d~onizados (los
cular un 370Jo). Se declararon como "mo 1 • \ ~ ventas Y los bienes del clero sede la
~~pu icos desamortizables" una exlensión equivalente a un o l5"'o
•
•11
provrnc1a.
18. Escritura del notario de Gerona, Juan Pale1, 5 de marzo de 1842.
19. de
Escrito
· · · de Propietarios
·
- de Barcelona, El Bien del País. Octubre
1846.de la Asoc,aaon
20. K. Marx, anículo publicado en La Gaceta R
debates sobre la ley acerca del robo de lei'la"enana el 25 de octu~re de 1842. "Los
Fernando Torres Editor, 1983), pp. 220-227·. En defensa de la /Jbertad, (Valencia,
21. Concordia del Marqués de A ·1 Ese .
telló d'Empúries, 3 de abril J:'i~1 C nturaddel J~tario Manuel Margarit de Casdel notario Francisco Pagés de Pere"ia:ncor ,a e Conde de Peralada. Escritura
vecinos de Macanet de Cabrenys Ese ·1 • 3; ~e ago_sto de 1817. Concordia de los
ren~ de La Muga, IS de abril d~ l~~ra e notano Pedro Gelabert de San1 Loe22. Registro de Hipotecas de Gerona. Libro 43. Escritura de 30 de noviembre de 1787.
23. Escrito
de la Asociación
·
· de Barcelona reproducido en El Bien del
País. Octubre
de 1846. de prop1etanos
24. :1:~afos pen~.neccn a un artículo aparecido en La Gaceta Renana el 30
de la /i!;~!;,1:;,~-22~;~~bates sobre la ley acerca del robo de leila", En defensa
25 · P. Vilar, "Historia del derecho historia total"
Eco
•
(Barcelona, Ariel, 1983).
'
'en
nom1a, Derecho, Historia,
26.

1:3 revista La _Granja publicó íntegramente el "Reglamento para los

ardas
.
c•i:::es Y parllculares del campo de lodos los pueblos del Reino" - ~ hacen:~ru:: gu::aª~::tan haber reclamado con insistencia la "institución salvadora"

~!

�236

Siglo XIX

27. El papel decisivo ejercido por los propietarios catalanes en la paralización del proyecto del Código Civil es destacado por Pablo Salvador Coderch en La compilación
y su historia. Estudios sobre la codificación y la interpretación de las leyes (Barcelona Bosch, 1989). Junto al tema de la redención de censos, los propietarios catalanes también manifestaron s.u oposición a las leyes de sucesión forzosa.
28. N. Fages de Romá, hacendado ampurdanés, fue el máximo impulsor del asocianismo agrícola catalán a mediados del siglo XIX. Fue también el fundador de las revistas El Bien del País y La Granja. Presentación del escrito: "Demostración de la justicia y conveniencia de que sean respetados por el código civil los establecimientos
o sea contratos enfitéuticos de Catalui'la", La Granja, febrero de 1852.
29. Asociación de Propietarios de Barcelona: ''Demostración de la justicia y conveniencia
de que sean respetados por el código civil ... " El redactor de este escrito fue Mariano Fages de Sabater, hermanastro de Narcis Fages de Romá.
30. Ibídem.

31. Ibídem.

32. Tos, Tratado de la Cabrevación (1784). Corresponde al artículo 28 de su Introducción.
33. Young, Arthur, Viage a Cataluña, 1787. Este párrafo se encuentra en el capítulo
final: Observaciones.

34. Este texto se halla reproducido en la Revista de Agricultura del Instituto Agrícola
Catalán de Saa Isidro, 1887, pp. 15-19.
35. Archivo privado de Coll. Correspondencia sobre el Mas RostoU de Torren!, Carta
dirigida a Salvio Carbonell.
36. Aunque las "modas historiográficas" actuales han hecho que, en comparación con
la numerosa literatura engendrada en ocasión del bicentenario, estos planteamientos hayan sido minoritarios. Podemos citar La guerre du blé au XVllle siécle (París, 1988), especialmente la Introducción escrita por F. Gauthier y G.R. lkni.
37. J. Fontana, La fi de l'Antic Regim i la industrialitz.ació. (Barcelona, Edicions 62,
1988), p. 368.
38. K. Marx, La Gaceta Renana, 30 de octubre de 1842. "Los Debates sobre la ley acerca del robo de leña", En defensa de la libertad, citado.
39. Citado por Ernest LLuch, El pemament económica Catalunya (1760-184()) (Barcelona, Edicions 62, 1973), p. 250. Guillermo Oliver es el único de los personajes estudiados por E. LLuch que atacaba la enfiteusis catalana. De él es esta comparación:
"Si se cultiva la tierra en Cataluña puede decirse como en Lacedemonia, donde estaba igualmente muy cultivada, pero fijando más la vista en los ilotas que en las
plantas se veía que si la tierra se cultivaba las personas eran muy desgraciadas" (citado por E. LLuch, p. 249).

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                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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                    <text>Revista
de Historia

EMPRESARIOS, CAPITALES
E INDUSTRIA EN EL XIX
(Colombia, Argentina, Brasil,
México, Uruguay y España)
Año \, número 9

enero-junio de 1990

Facullad de
•·ilosofía y Letras
Universidad Aulóooma
de Nuevo León
Monlerrey-México

��•

·SIGLO XIX

fOlllo IIHIVfa.slT.WO

Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
AparLado postal 3024, 64000 - Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Vakgroep Culturele Antropologie, Faculteit der Sociale
Wetenschappen, Rijksuniversiteit te Utrecht (Utrecht, Holanda)

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LoNCORIA
Facultad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Editor Adjunto
MIGUEL ÜONZALEZ QUIROGA

'ü

Cuidado de la edición: Mario Cer;iitti, Sylvia Eloísa M.
Arte y di~
. ·r~~Il: Sylvia Eloísa: Morán
TipografN_~;~Ji~García Rivera
lmpr~s!~ -~_:Monterrey, S.A.
Apanc1on•~
-:::
Para eJ~':af!_!XL -r: U.S.A. $7
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�FACULTAD DE 5ALUO PUBLldAB IBL 10 TE CA

1
AÑO

ENERO-JUNIO DE

V NUMERO 9

1990

REVISTA DE WSTORIA

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El empresariado antioqueño (1760-1920).
De las interpretaciones psicológicas a los
estudios históricos . .... CARLOS DAVILA L. DE GUEvARA
Historia de empresas y crecimiento industrial.
La Fábrica Argentina de Alpargatas . . . LF.ANl&gt;Ro ~
JUAN CARLOS KOROL

:.

Comercio y crédito en Buenos Aires
(1822-1826) .. .. ······· ·· ..... ..... . SAMUEL AMARAL
Burguesía y Estado en Brasil
durante la Antigua República
(1889-1930) . . . . . . . .. . . . . . . . .. . .. . . . . . STEVEN TOPIK
Producción capitalista y articulación
del empresariado en Monterrey
(1890-1910) ..... .. . ... . . . ...... .. .. . MARIO CERUTII
Revolución mexicana y diplomacia española.
La burguesfa de Monterrey y los "gachupines"
en el Nuevo León de 1914 . . ... . ÜSCAR FLoRES TORRES
Capitales e industria en Uruguay
(1900-1930). Un encuentro difícil ..... .... RAm JACOB
Grupos empresaria/es e inversión de capital
en Vizcaya (1886-1913) . . . . JESUS MARIA VAIDALISO GAOO

1

11

75
105

123

149

193
223
259

�Nota del Editor

Este dossier sobre "Empresarios, capitales e industria" ha resultado un excelente pretexto para reunir un muy interesante cúmulo de aportaciones suscriptas por investigadores de América
Latina, Estados Unldos y España.
No pocos de los materiales que integran este volumen son
útiles para avanzar un poco más en el esclarecimiento de un debate que alguna vez -a fines de los 60- tuvo mucho de ideológico y no tanto de investigación en fuentes responsables. Entre
los máximos excesos de aquella controversia seguramente hay que
contabilizar el término Jumpenburguesía, acuñado por Andre
Gunder Frank y destinado a puntualizar la inexistencia -en América Latina- de grupos burgueses aptos para emular las habilidades, perspicacias y capacidades de sus colegas europeos y
estadounidenses.
Un segundo matiz de aquellos años -muy discutible a la luz
de investigaciones recientes- fue la insistencia en que esa falta
de habilidades y perspicacias había que supeditarla a causas psicoculturales, o a fervores religiosos.

�2

Siglo XIX

Quien se detenga a revisar este número de Siglo XIX encontrará dat,os y :onclu!iones d!ferentes y diferenciadores de lo que
se sugena vemte anos atras, tanto desde trincheras revoluc~o~ar~as como desde otras más ligadas al statu quo. Una de las
d~stmc1ones cen~rales r,e~ide, sobre todo, en el tipo de fuentes y
mveles de trabaJo empmco que sustentan la mayoría de los artículos aquí presentados.
. , A la lista ?e especialistas que han contribuido a la compilac1on de matenales para Siglo XIX se sumó en este caso el holandés Menno Vellinga, responsable de un panel sobre empresarios
~n _el 46o. Congreso Internacional de Americanistas (Amsterdam,
Julio?; 1989), d~l qu~ ,se sele~ionaron algunos trabajos. Vellinga
amplio su contnbuc1on al diseñar con el editor de Siglo XIX
(Utr~cht, octubre de 1989) las características principales del

Nota del Editor

3

Lo que hace el autor es recorrer a los principales protagonistas de esta posición y, luego, cotejar con lo producido por investigadores que apoyan sus conclusiones -discrepantes de los
anteriores- en el uso intensivo de la documentación histórica.
Dávila cita, pues, a Everett Hagen, Paul Me Greevey, Frank
Safford, Roger Brew y Ann Twinam entre los no colombianos
Que dedicaron sus esfuerzos al empresariado antioqueño. Y a Luis
H. Fajardo, Alvaro López Toro, Luis Ospina Vázquez, Marco
Palacios y Jesús Antonio Bejarano entre los locales.
. Su repaso se completa con conclusiones que incluyen una alusión al papel del empresariado en el desarrollo económico, a cuestiones metodológicas y a su impacto en una sociología del
conocimiento.

dossier*.

Los ap~rtes se ~nauguran con un extenso y detallado estado de
la cuestión realizado por Carlos Dávila L. de Guevara, que se
concentra en el empresariado antioqueño.

Leandro Gutiérrez y Juan Carlos Korol, por su lado, fincan su
estudio en un caso particular: la Fábrica Argentina de Alpargatas, una de las empresas manufactureras más relevantes en Argentina desde fines del XIX.

. Dávila agr~ga un subtítulo que sugiere lo que su trabajo cont~ene;, "De las mterpretaciones psicológicas a los estudios históncos_ . Y buen~ parte de su argumentación apunta a impugnar
una mterpretac1on que saturó más de un análisis sobre las burgue,sías Y el emp~esariado latinoamericano un par de décadas
atras: la que sostiene.ª priori (es decir, mediante un pre-juicio)
que so°: elementos ps1coculturales los que han definido el comportaffilento empresarial en el continente.

Con una producción destinada particularmente al consumo
masivo de la población -la alpargata era ya un calzado ligero
de amplia difusión popular tanto en el ámbito urbano como en
el rural- esta fábrica entró la actual centuria sustentada en
el muy significativo mercado nacional que la economía argentina había configurado.

• Mi?ucioso conocedor de América Latina -continente que ha recorrido casi en su totalidad'. ya como académico ya como asesor en problemas socioeconómicos-, Menno VeUmga cuenta c~n ~na_amplia obra escrita. Entre sus libros traducidos al castellano figur~ ln~ustnalizaaón, burguesía y clase obrera en México. El caso de Monterrey, M~co, S1_glo XXI Edi_tores, 1979; Desigualdad, poder y cambio social en Monterrey, Me,oco! Siglo XXI Editores, 1988; con Dirk Kruijt, Estado, clase obrera y empresa trans~aaonal. EJ_caso de/~ minería peruana, 1900-1980, México, Siglo XXI Editores, 1983, Y~o_n Mano Ce~tll (comps.), Burguesías e industria en América Latina
Y Europa Mend!on8!, Madnd, ~anza América, 1989. VeUinga, que recibió su doctor~do en la_ümvers_1dad de Flonda (USA), es miembro del Center for Comparative
Soc1econorrucs Studies de la Universidad de Utrecht, Holanda.

a

Gutiérrez-Korol tuvieron acceso a los archivos de la empresa. Los datos allí localizados facilitaron tanto una visión de largo plazo como el análisis de las distintas coyunturas -propicias
o desfavorables- que la fábrica enfrentó hasta 1940.
Las vinculaciones con el capital y la tecnología extranjeras,
el tipo y fuentes de las materias primas empleadas, la diversificación instrumentada, los mecanismos de reinversión y financiamiento y la rentabilidad del capital se cuentan entre los puntos
abordados por los autores.

�4

Siglo XIX

Nota del Editor

5

damericana a fines del XIX.
Samuel Amaral también considera el caso argentino. Lo examina, en cambio, en una época más temprana: la de los tiempos
iniciales de la organización nacional, cuando el mercado intenrior ni estaba articulado ni sumaba las potencialidades de principios del XX.
Por ello es que el autor se concentra en otros ejes temáticos:
el crédito y el comercio. Y adopta como punto de referencia el
funcionamiento del Banco de Buenos Aires, una de las primeras
instituciones de su tipo gestadas en América Latina.
Vinculado estrechamente al gobierno de la provincia de Buenos Aires -la más poderosa en términos económicos, y la más
ligada al ya significativo aparato exportador- el Banco propició una política de créditos que Amara! siguió por medio de su
documentación íntima, en la que sobresale el asiento de las letras canceladas.
Su examen señala una alta concentración de los créditos que
se otorgaban, en buena medida destinados a comerciantes inmigrantes o locales. Entre los beneficiarios emergían "fuertes accionistas del Banco, miembros de su Directorio, cuatro de los
seis miembros del consorcio contratista del empréstito Baring,
y buena parte de los principales importadores y exportadores",
resume el autor. Que concluye: ''El Banco, después de todo, había
sido creado para animar la prosperidad del comercio. No debe
extrañar que así fuera puesto que ni la producción agropecuaria
ni la industrial requerían mayormente de créditos".

Steven Topik nos habla en esta ocasión de las estrechas vinculaciones que durante la vieja república brasileña (1889-1930) se manifestaron entre grupos burgueses y gobierno, entre segmentos
empresariales y Estado.
Tan firµles fueron estas relaciones que Topik llega a afirmar
que el Estado oligárquico "acostumbraba a servir los intereses"
del pequeño grupo que dominó la economía de esta sociedad su-

El autor no deja de mencionar la heterogeneidad de los núcleos propietarios, que dependía de la variedad geográfica del
país, de los patrones de colonización y de la limitada integración de su economía. Por ello agrega que la "diversidad de escenarios económicos a nivel regional y local significaba que no se
podía hablar de una élite económica nacional. Es más exacto dividir la clase dominante en tres niveles: la alta burguesía, los barones provinciales y los notables locales".
Poniendo énfasis en la alta burguesía, Topik destaca su notoria diversificación en el plano de la actividad económica, un
dato que encontramos asimismo en Antioquia y en Monterrey
(y que parece estar en pugna con la apreciación que discute la
racionalidad de estos núcleos burgueses de la América Latina decimonónica). "Con frecuencia -acota el investigador de la Universidad de Irvine- un mismo hombre era dueño de plantaciones, bancos, establecimientos comerciales y fábricas".
Su trabajo detalla asimismo la capacidad de los inversionistas extranjeros, el papel del Estado y los mecanismos que se empleaban para influir en sus políticas.

Los dos artículos sobre México se refieren al hoy poderoso empresariado industrial de Monterrey, en el noreste del país.
El primero, a mi cargo, se dedica parcialmente a señalar los
orígenes de esta burguesía con bases regionales. Pero su insistencia fundamental es mostrar cómo antiguos comerciantes, prestamistas y terratenientes se convirtieron, a fines del XIX, en un
significativo empresariado fabril.
La articulación que ello supuso estuvo alimentada de las nuevas condiciones que mostraban la economía internacional, un
mercado nacional en constitución y las derivadas de la estabilidad sociopolítica fijada por "el régimen de Porfirio Díaz.

�6

Siglo XIX

A esos aspectos estructurales se añadieron dos matices relevantes: la funcionalidad de la sociedad anónima -mecanismo
muy apto para la centralización de capitales individuales- y la
puesta en marcha de un proceso de industrialización sustentado
en la metalurgia pesada.
El traslado de capitales formados en actividades no pro~uctivas al sector productivo se aceleró en los años 90, protagomzado por los mismos personajes o por sus directos descendientes.
Como también se percibe en los casos de Antioquia, de Sao Paulo
y del País Vasco, este grupo de propietarios del norte de Méxi~o
diversificó claramente sus actividades: industria ligera, industna
dedicada a bienes para la producción, comercio, minería, banca, servicios y tareas conexas se contabilizaron en un quehacer
regido -no podía ser de otra manera- por la lógica del capital.
La historia concreta de esta burguesía regional -seguida año
tras año desde 1850 en fuentes primarias locales- parece muy
distinta a lo que insistían en sostener aquellos analistas de fines
de los 60, tan cerca del combate ideológico y tan lejos de los
archivos.

El segundo artículo sobre México -firmado por Osear Flores
Torres- también alude, aunque no de manera exclusiva, al empresariado de Monterrey. Flores ad~lanta aquí un capítulo de la
tesis doctoral que prepara en Madnd, donde ha terudo oportunidad de revisar materiales muy fértiles para auscultar los serios
problemas que la Revolución planteó a los propietarios de origen español.
No fueron fáciles esas horas para los peninsulares. La vieja
espina heredada de la Independencia revivió y se reavivó cuando, en 1910, estalló la primera gran respuesta sociopolítica y militar al llamado orden oligárquico latinoamericano.
Por los muy importantes intereses que sumaban en México,
y por su consiguiente insistencia en inmiscuirse en la política_ interior, los propietarios españoles tuvieron que enfrentar las iras

Nota del Editor

7

de dirigentes como el propio Venustiano Carranza, jefe del ala
constitucionalista.
El trabajo de Flores Torres no sólo describe los problemas
que se plantearon en el norte de México a buena parte del empresariado. Reitera, paralelamente, un dato que otras investigaciones también señalan: lo capitales bajo control de españoles
parecen haber sido mucho más relevantes de lo que suele estimar una historiografía excesivamente atenta a los apellidos ingleses, alemanes o franceses. Y este perfil no sería exclusivo de
México: quizás salpique a no pocos espacios regionales del
continente.
Las labores confiscadoras de los jefes revolucionarios, los
lazos entre la diplomacia española y Estados Unidos, las por momentos tirantes relaciones entre Carranza y la burguesía asentada en Monterrey y los fracasos iniciales del nuevo orden son puntos que se evalúan en este artículo.

Al abordar el tema "Capitales e industria en Uruguay", Raúl
Jacob detecta que se trató de un encuentro difícil. Los recursos
volcados al sector exportador -fundamentalmente
agropecuario-'- y las obvias limitaciones de un mercado interno
apenas incentivado por el flujo inmigratorio, hicieron que en Uruguay el capital y los bienes disponibles no arriesgaran en la producción fabril.
Pero Jacob incorpora en este ensayo el estudio de actividades que también se contaron entre las preferidas del capital: los
bienes raíces y el sector turístico, estrechamente relacionadas en
el modelo montevideano de ciudad balneario.
Poco a poco, las playas uruguayas serían surcadas por caminos y tranvías, salpicadas de hoteles y provistas de lo necesario para recibir a un turismo que, sobre todo, provenía de la vecina y entonces próspera Argentina.
Todo esto se fincó en una propuesta abiertamente implemen-

�8

Siglo XIX

tada desde el Estado, que tuvo entre sus principales impulsores
a José Batlle y Ordóñez, gestor del Uruguay moderno. Batlle aspiraba a convertir a Uruguay -al menos a su área atlánticaen una costa azul sudamericana. Uno de los más entusiastas adeptos al programa diría que con la construcción de una rambla que
subiera hacia Punta del Este -el más famoso nudo turístico del
Uruguay actual- "haríamos de nuestra República el primer país
balneario del mundo".
Con los precios en alza y con el apoyo del Estado, los recursos autóctonos y no pocos provenientes del exterior se dedicaron a esta actividad. La industria fabril, así, quedaría postergada. "Si el país industrial no pudo ser, fue en parte, porque el
Estado absorbió recursos y los orientó en función de la modernización urbana, porque existió otro modelo paralelo, que captó
los excedentes de capitales y permitió el surgimiento del cascarón turístico", concluye Jacob.
Y aunque el investigador uruguayo insiste en que ese resultado tuvo mucho que ver con una mentalidad tradicional, el enfoque podría matizarse si se recordase -como el propio Jacob
lo hace en su aportación- la lógica del capital: su itinerario sigue los caminos de la ganancia. Por lo tanto, y desde su perspectiva -que es la perspectiva del hombre burgués- sólo se dedica a actividades rentables. El Uruguay de principios de siglo
resulta un excelente ejemplo.

Este número 9 de Siglo XIX se cierra con los materiales preparados por José María Valdaliso Gago, un joven historiador
español.
Más allá de la polémica que se atisba en el artículo -si los
capitales que hicieron detonar la industria pesada en Bilbao provenían o no de la minería- Valdaliso presenta con claridad la
dimensión de ese proceso y los múltiples entrelazamientos del empresariado vasco, quizás el más poderoso de España en vísperas
de la Primera Guerra Mundial.

Nota del Editor

9

Como sucedía simultáneamente en Monterrey, la asociaciónarticulación de esta burguesía fabril era factible por el uso de
la sociedad anónima, y era exigida por el monto y riesgo de las
inversiones que se concretaban.
El autor auscultó esta historia en los libros de sociedades asentadas en el Registro Mercantil, en el período que se abre en 1886
y termina en 1913. Describe lo que llama "política de integraciones verticales", la diversificación de las inv·ersiones y del grupo empr~arial, el origen de las capitales que fluyen hacia el sector fabril y el período de concentración empresarial, que ubica
a partir de 190l.
El proceso acaecido en el País Vasco llama la atención por
su envergadura: aparición de la gran siderurgia, notable desarrollo minero, surgimiento de empresas de navegación y de constructoras de buques, emergencia de la más vigorosa banca del
país, inserción hegemónica en el sector de la electricidad. Todo
ello en medio de una sociedad caracterizada por signos de atraso muy similares a los latinoamericanos, estigmatizada por su
condición de periferia de la revolución industrial.
¿Cómo fue posible que en espacios regionales como el que
acoge a Bilbao, o como los perfilados en derredor de Monterrey,
Sao Paulo o Medellín, surgieran a fines del XIX y al comenzar
el XX brotes de industrialización llamativos? ¿Por qué fluyó el
capital hacia estas actividades en dichos casos, y se refugió en
el sector agroexportador o en los ámbitos del comercio y del
préstamo en otros escenarios latinoamericanos y españoles?
Estos interrogantes justifican parcialmente el presente dossier de Siglo XIX. Pero, en particular, se presentan como un desafío para interpretaciones que salpicaron años atrás los análisis
sobre América Latina. Y a los que, en parte, revisa Carlos Dávila en su artículo de apertura.
Mario Cerutti
Monterrey, México, junio de 1990

�El Empresariado Antioqueño (1760-1920)
DE LAS INTERPRETACIONES PSICOLOGICAS
A LOS ESTUDIOS HISTORICOS

Carlos Dávila L. de Guevara*

INTRODUCCION
Este capítulo tiene que ver con la inadecuación y transferencia mecánica de algunas teorías y esquemas analíticos utilizados para tratar la realidad de un país del Tercer Mundo. El objeto de estudio es el empresariado y su papel en el desarrollo económico. La sociedad a la que se
hace referencia es la colombiana, pero más precisamente la antioquefia. El periodo cubierto va desde fines de la época colonial (17(,{) aproximadamente) hasta 1920. En otras palabras el estudio trata sobre el
"empresariado en el desarrollo económico de Antioquia", circunscribiéndose al periodo indicado. Y por ello, sobra destacarlo, no hace un
diagnóstico ni presenta conclusiones sobre la coyuntura que enfrenta
el empresariado antioquefio hoy en día.
Un propósito de este capítulo es mostrar en detalle los problemas
de la superposición mecánica de esquemas_teóricos sobre una realidad
espacial y temporalmente delimitada, substancialmente diferente de
aquella de los países industrializados. Un segundo objetivo es mostrar

• Facultad de Administración, Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia). Incluido
previamente en Carlos Dávila L. de Guevara, El empresariado colombiano: una perspectiva histórica, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 1986.

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Siglo XIX

cómo otros marcos conceptual-analíticos con un mayor poder explicativo y cuidadosamente aplicados, producen una más juiciosa interpretación de la realidad. En otras palabras el artículo puede leerse en la
perspectiva de la evolución del conocimiento sobre un tema, mediante
el examen de los más conocidos aportes al mismo.
El lector encontrará que una parte sustancial de las investigaciones sobre el empresariado en Antioquia la han adelantado investigadores extranjeros. Como el estudio lo demuestra, no es el lugar de origen de los investigadores el principal determinante de la calidad de su
trabajo científico. Si así lo fuera el resto de este documento sobraría,
pues al comprobar rápidamente que entre quienes han llegado a estudiar más a fondo a Antioquia en el período aludido, los investigadores
extranjeros tienen un papel muy destacado, podría con afán chauvinista emitirse un juicio ligero. El camino escogido, en cambio, ha sido
adelantar un examen cuidadoso que permita evaluar contribuciones teóricas y de método, y examinar la sustentación empírica de una muestra
seleccionada de estudios. Este camino permite concluir que la capacidad de adoptar creativamente esquemas conceptual-analiticos a las condiciones específicas de realidad bajo estudio, el rigor en la utilización
de las diversas fuentes de información, el entendimiento de que no todos los esquemas conceptual-analíticos tienen igual validez, y la necesidad de no aferrarse rígida y dogmáticamente a un marco teórico tomado como fin en si mismo en vez de un medio para comprender la
realidad, todos estos son elementos fundamentales para no caer en la
transferencia mecánica de teorías y métodos, problema al cual se ha
hecho repetida referencia en la introducción.
LA PROLIFERACION DE ESTUDIOS
SOBRE EL DESARROLLO DE ANTIOQUIA
Para los estudiosos del desarrollo económico, en particular para los
extranjeros, el "caso" del desarrollo de Antioquia ha sido tema de desusado interés.
La temprana actividad empresarial de los antioqueños, la industrialización que allí se dio y el carácter de "polo de desarrollo" de esta región colombiana han sorprendido a más de un investigador atraído por
el fenómeno antioqueño como objeto de estudio e ilustración de diversas interpretaciones del desarrollo económico.

Parte del atractivo de Antioquia como centro de atención de economistas, historiadores, sociólogos, geógrafos y psicólogos radica en
que es una región situada en un país subdesarrollado, atrasado, colo-

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

13

nizado por españoles -no anglo-sajones, germanos o galos- y tropical. Visto a través del prisma de la comunidad científica internacional,
en particular la que se preocupa por los problemas del desarrollo económico, es excepcional o al menos extraño que en un continente que
la lejanía hace ver homogéneo en su atraso secular, se haya dado una
región con peculiaridades en su proceso de desarrollo que desafían -o
al menos plantean interrogantes- sobre las causas del subdesarrollo
y las alternativas para superarlo. Tal vez hay en América Latina, otro
"caso" de perfiles similarmente atractivos para la comunidad científica: el de Monterrey, en México.
De comienzos de este siglo hay una serie de trabajos de estudiosos
colombianos que se suman a los informes de algunos extranjeros en
el siglo XIX y que fueron señalados hace seis años por Jaime Jararnillo Uribe (1979) al presentar el estado de los estudios sobre el desarrollo de Antioquia. Más reciente es la oleada de trabajos de investigadores extranjeros que comenzó en los últimos años de la década del cuarenta con el trabajo pionero de un geógrafo, el norteamericano James
Parsons (1950). Unos 10 años más tarde estuvo en Colombia otro investigador de la misma nacionalidad, el economista Everett Hagen
(1963), cuyo trabajo desató una polémica llena de lecciones para los
estudiosos del desarrollo. Dos años después de aparecer su libro en
español, el historiador norteamericano Frank Safford (1965), publicó
una refutación de las principales tesis de Hagen. Casi simultáneamente entró en la palestra el sociólogo colombiano Luis H . Fajardo (s.f.),
a quien siguió en 1970 el trabajo del economista antioqueño Alvaro
López Toro (1970) y la controvertida tesis del economista norteamericano Paul McGreevey (1971), sobre las razones del destacado papel de
los antioqueños en la historia económica colombiana. A estos últimos
había antecedido el libro pionero de Ospina Vásquez (1955).
A las estimulantes contribuciones de los dos investigadores colombianos prematuramente desaparecidos (Fajardo y López Toro) siguió
en 1974 el voluminoso y documentado estudio sobre el desarrollo económico de Antioquia en el período 1850-1920, escrito por el historiador inglés Roger Brew (1974), quien también murió. En ese año apareció además un estudio sobre la oligarquía del Viejo Caldas y sus orígenes que se remontan a la colonización antioqueña, realizada por otro
historiador de la misma escuela oxfordiana, Keith Christie (1974). Uno
y otro son casi simultáneos con el del mismo Roger Brew (1971) sobre
la política en Antioquia entre 1850 y 1865.
A la que era ya una avalancha muy fuerte de estudios, en un país
en el cual la actividad científica es -cuando menos- quijotesca y exó-

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Siglo XIX

tica, se deben añadir aquellos de los investigadores franceses Daniel
Herrero (s.f.; 1978), Jean Revel-Mouroz (1973), Claude CollinDelavaud (s.f.), Milton Santos (s.f.), Ghislaine Ibiza de Restrepo (1974),
Frederic Mauro (s.f.) y Daniel Pecaut (s.f.). Y los estudios sociológicos sobre las élites de Medellín al comienzo de la década de 1970 adelantadas por los norteamericanos John Walton (1977) y David Dent
(1973).
Igualmente ha de destacarse la labor de recopilación bibliográfica
sóbre Antioquia adelantada tanto desde el Instituto de Integración Cultural por parte de Ghislaine Ibiza de Restrepo (1976: 1977; 1978), como desde el Centro de Investigación Económica (CIE) de la Universidad de Antioquia.
Aquí no termina, sin embargo, el caudal de trabajos sobre el "fenómeno antioqueño" . Porque después de 1976, la historiadora norteamericana Ann Twinam (1976) aportó nuevos elementos sobre un período histórico (1763-1810) que no había sido cubierto por anteriores
trabajos y aparecieron también dos libros de investigadores colombianos -Marco Palacios (1979) y Mariano Arango (1977)- sobre el café, un estudio de Loma Michelson (1978) sobre el desarrollo regional
de Antioquia y un trabajo general de Gabriel Poveda (1979) sobre historia económica. Y vinieron trabajos que varios de estos especialistas
presentaron en el seminario que en 1979 organizó la Fundación Antioquefia de Estudios Sociales (FAES). Las memorias de dicho evento fueron publicadas tres años después (FAES, 1982). Allí Hugo López (1982)
y Jesús Antonio Bejarano (1982) trataron los orígenes de la industrialización en Antioquia, Marco Palacios (1982) discutió el papel del café
en la vida antioqueña, Frederic Mauro (1982) abordó el tema del desarrollo de Medellín y Ann Twinam (1982) se refirió al papel del comercio y los comerciantes en el desarrollo de esta tan estudiada región colombiana.
De tan variados y numerosos estudios, se ha escogido la temática
del empresariado en el desarrollo económico de Antioquia. Esta es sólo parte del tema más amplio del desarrollo económico. Y se han seleccionado los aportes más conocidos sobre el empresariado antioqueño.
El estudio adelantado por el presente autor está -entonces- basado íntegramente en fuentes secundarias, algunas de las cuales se han
difundido sólo en forma muy escasa ya que no han sido aún traducidas al español. La investigación en archivos es una característica de
los estudios históricos, cuya imprescindible necesidad no puede negarse. Empero, el carácter del presente trabajo espera hacer una contribu-

Dávila: El empresariado antioqueño (1 760-1920)

15

ción en el sentido de precisar un foco analitico no evidente a primera
vista en los numerosos trabajos examinados y de dilucidar hechos e
interpretaciones encontradas que existen en los mismos 1•
Este capítulo consta de tres secciones. En la primera se presentan
y discuten dos estudios basados en la teoría psicológica de la deprivación del estatus (Hagen) y en la teoría psicológica de la voluntad o deseo de hacer el desarrollo económico (Me Greevey), respectivamente.
Una y otra se analizan y evalúan a la luz de la polémica que despertaron. En la segunda sección se estudian la formación y evolución del
empresariado antioqueño que condujo a la industrialización a comienzos del presente siglo, a la luz de la minería del oro, el comercio, la colonización, la agricultura y el café. Para ello se eJarninan principalmente los aportes de López Toro (1970), Christie (1974), Twinam (1976)
y Brew (1977) quienes superando las explicaciones psicológicas y culturales, han hecho avanzar el conocimiento sobre el empresariado paisa.
En la sección final se presentan conclusiones tanto de teoría y método, como de carácter sustantivo y otras relacionadas con la sociología del conocimiento.
LAS TEORIAS PSICO-CULTURALES
SOBRE EL DESARROLLO DE ANTIOQUIA

La teoría de la deprivación de estatus de los antioqueños
La teoría de la deprivación o despojo del estatus (status withdrawal)
es de carácter psicológico-cultural y tuvo en los años sesenta una amplia resonancia nacional e internacional. La controversia que se desató
alrededor de ella lleva ya cerca de veinte años; y es inevitable que
-aún hoy en día- quien estudia el desarrollo de Antioquia haya de
tomar una posición frente a esta teoría elaborada por Everett Hagen.
Paradójicamente, muchos especialistas en desarrollo económico en
la década de los sesenta, vinieron a saber de la existencia de Antioquia
-y los antioqueños-, y por ende de Colombia, por la difusión de este trabajo del economista norteamericano y profesor del M .I.T. El "caso de Antioquia" Oa temprana y exitosa actividad empresarial de los
antioquefios) parecía extraño a los especialistas extranjeros de la nombrada " década del desarrollo". Como un "caso" para ilustrar su teoría psicológica del despojo del estatus (status withdrawal), le interesó
Antioquia a Hagen. Bastante tiempo le debió tomar al autor preparar
su conocido libro sobre la teoría del cambio social; pero sólo tres meses estuvo en Colombia (en 1957) reconociendo el terreno que sería objeto de uno de los capítulos del mismo. Las consecuencias inevitables
de tan fugaz contacto se hacen evidentes a lo largo de su trabajo, co-

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SigloXJX

mo se muestra en las páginas siguientes.
El libro del profesor Hagen, titulado 0n the Theory of Social Change (Homewood, lllinois: Dorsey Press, 1962) es su obra más representativa. Uno de los capítulos del libro (capítulo XV, "The Transition
in Colombia") trata sobre el crecimiento económico y el cambio social
en Colombia: en Antioquia más en particular. Fue publicado en español por la editorial colombiana Tercer Mundo en 1963 (Everett E. Hagen. El Cambio Social en Colombia: El Factor Humano en el Desarrollo Económico. Bogotá: Tercer Mundo, 1963, 198 páginas; traducción
y prólogo de Jorge Vélez García) 2 • Ocho años más tarde, en 1971, el
mismo capítulo fue reproducido en una conocida antología sobre el
papel empresarial en el desarrollo económico (Peter Kilby (ed). Entrepreneurship and Economic Development. New York: Free Press, pp.
191-224).
¿Cuáles son las tesis del profesor Hagen? ¿Cómo es que súbitamente los antioqueños superan nuestras fronteras y pasa a hablarse de
ellos en el ámbito de los teóricos del desarrollo? ¿Qué representa el estudio del profesor del núcleo Harvard-MIT? ¿Cuál ha sido su repercusión en Colombia?

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

17

y el resto de grupos regionales de Colombia (payaneses, bogotanos,
etcétera), Hagen discute cuatro explicaciones. Una es la étnica, seiíalando el autor "que la ascendencia vasca puede asociarse hasta cierto
punto con el éxito económico de los antioqueños" (p. 81). La segunda
explicación trata de la experiencia minera en cuanto ésta llevaba a asociarse para compartir el riesgo entre varias familias. La tercera es la
canalización del capital comercial hacia otras actividades: hacia la industria en el caso de Medellín. Estas hipótesis secundarias son parcialmente aceptadas por Hagen pero no constituyen el factor explicativo
más importante, sino que quedan subordinadas a la cuarta explicación: la
deprivación de estatus o "tensión social" (status withdrawal) que, según el economista norteamericano, sufrieron los antioqueños por parte de otros grupos regionales. Estos últimos los miraban -según
Hagen- con desdén, despectivamente, como si los paisas fueran un grupo inferior. Y, además, arguye que "política y socialmente" Antioquia "era agua estancada" (p. 90). Esa tensión social, con efectos en
el medio familiar, produjo cambios a través de varios siglos en la personalidad antioqueña: de un inicial retraimiento y apatía, pasaron a
buscar "sin sosiego, reafirmar su valía en el mundo de los siglos dieciocho y diecinueve, para encontrar lo que buscaban en la proeza económica" (p. 92).

Una hipótesis de Hagen es que el crecimiento económico de Colombia no se debió a "causas convencionales" como el capital extranjero, los contactos con la tecnología extranjera, la existencia de infraestructura o excedentes de capital. Estando ausentes estos factores económicos, Hagen argumenta que en la existencia de los empresarios antioqueños y su éxito como tales radica el comienzo del crecimiento económico y añade: "con relación a la población, tres veces más antioqueños llegaron a ser empresarios que los 'viejos colombianos' de diferente cepa" (Hagen, 1963:66).

Estos planteamientos sorprenden por dos razones. Por una parte, no están sustentados en hechos históricos que el autor compruebe
mediante la investigación (histórica) rigurosa. Esta es una falla central
del libro a la que se hará mención nuevamente en páginas posteriores.
Por otro lado, son un planteamiento novedoso en cuanto trata sobre
factores que no habían recibido atención dentro de la teoría del crecimiento económico. Esta novedad, claro está, sólo representa un aporte si la teoría propuesta tiene validez y si confrontada con la realidad
de una sociedad es empíricamente comprobable.

La segunda hipótesis, central en Hagen, se refiere a la otra pregunta formulada: "¿Por qué los antioqueños?''. Que no tenían ventajas económicas sobre otras regiones del país, es parte de su hipótesis.
Partiendo de allí, Hagen apunta a la "personalidad creadora" de los
antioqueños; su actitud favorable ante el trabajo manual y actitud religiosa diferente a otras regiones del país, las cuales llevan al autor a
afirmar: " .. .creemos haber encontrado entre los antioqueños la 'ética
puritana' "(p.76). A estas características tan simplistamente tomadas
de los planteamientos de Max Weber sobre la ética puritana de los calvinistas, Hagen añade la orientación al logro, y la actitud innovadora
("relacionada de alguna manera con la necesidad de agresión", p. 77).
Para explicar estas diferencias de personalidad entre los antioqueiíos

Pero antes de examinar tales aspectos, vale la pena presentar en
mayor detalle la teoría en cuestión.
Para ello hay que acudir, a otros escritos de Hagen ya que lo traducido en español es solamente el capítulo sobre el caso antioqueño.
Es de utilidad un artículo publicado en la revista Journal of Social Issues y reproducido en: Everett Hagen, "How Economic Growth Begins: A Theory of Social Change". En: Jason Finkle y Richard Gable
(eds.) Policital Development and Social Change, New York: John Wiley &amp; Sons, 1968, pp. 129-139 (2a. edición).
El propósito de Hagen es elaborar una teoría del cambio social para

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Siglo XIX

lo cual el autor desarrolla "un modelo general de la sociedad", basado en el "análisis general de sistemas". El modelo de Hagen se propone explicar cómo una sociedad tradicional se convierte en aquella en
la cual el progreso técnico ocurre y por lo tanto la producción y el ingreso per cápita aumentan continuamente. El modelo, pasa a decir Hagen, trata de las interrelaciones entre elementos del medio físico, estructura social, personalidad y cultura. Esto, anuncia con propiedad
el autor, "no implica que casi cualquier cosa pueda ser la causa de algo, pues eso lo volvería a uno confuso y ecléctico" (Hagen, 1968: 129);
por el contrario, existen ciertos factores de mayor importancia ¿Cuáles son estos? Las teorías "puramente económicas" que enfatizan barreras tales como tamaño reducido del mercado, contactos con naciones avanzadas de Occidente, ingresos muy bajos, etcétera, son "internamente consistentes pero aparecen sin mayor relevancia para la realidad" (Hagen, 1968: 129). De un brochazo, y sin mayor análisis, las
juzga inadecuadas.
Hay que entender que el crecimiento económico está íntimamente
interrelacionado con el cambio político y social: el cambio económico
no va primero sino que es mutuamente dependiente con el cambio sociopolítico. La imitación de los métodos técnicos de Occidente es otro
factor que -continúa el economista norteamericano- no puede aceptarse por etnocéntrico e incorrecto. Existen dos factores particularmente
importantes a los cuales considera "requisitos" para la transición al
crecimiento económico: 1) creatividad -definida como habilidad para resolver problemas y tendencia a utilizar dicha habilidad- y 2) una
actitud ante el trabajo técnico-manual y el mundo físico conducente
a que las energías creativas se encaucen hacia la innovación en la tecnología productiva en vez del arte, la guerra, la filosofía o la politica.
Según el economista norteamericano, estos dos requisitos para el
crecimiento económico -creatividad y actitud favorable ante el trabajo manual- no se presentan en las sociedades tradicionales. En éstas
predominan individuos con una personalidad autoritaria, autoperpetuante y fomentada desde la educación familiar, así como una baja creatividad y poco aprecio al trabajo manual. Sin demostrarlo, Hagen afirma tajantemente:
Existen aún más convincentes evidencias de que varias de las características descollantes de la personalidad autoritaria están presentes en
muchas sociedades tradicionales en América Latina y Asia. Aunque
nuestro conocimiento sobre los países africanos es más limitado, dichas características probablemente están también presentes en dichos
países. Por lo tanto, parece probable que una característica de esas
sociedades sea un bajo nivel de creatividad (Hagen, 1968: 136).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

19

Esas sociedades tradicionales -caracterizadas por individuos con personalidad autoritaria y baja creatividad- ¿cómo inician el proceso de
progreso tecnológico y desarrollo económico? Hagen responde con la
hipótesis del withdrawal of status respect, tan importante dentro de sus
planteamientos.
En relación con ésta deben añadirse algunos otros elementos que
complementan lo expuesto por Hagen sobre los antioqueños. En primer lugar, otros grupos que jugaron un papel análogo al de los antioqueños en Colombia fueron los "antiguos creyentes" en la Rusia del
siglo XIX 3, habiendo sido este grupo despojado del estatus en un
proceso que comenzó en 1650 cuando el Zar ordenó cambios en el ritual de la iglesia ortodoxa; en Japón, los campesinos ricos y los samurais de bajo nivel, relegados del poder en 1600 por el grupo feudal de
los Takugawa.
En segundo término, Hagen da más detalles sobre el proceso mismo de la deprivación del estatus ¿ Qué sucede en el grupo de la élite
(antioqueños, "antiguos creyentes", o samurais) que tuvo un gran estatus y luego lo perdió? Entre los adultos de la primera generación "la
reacción es de ira y ansiedad" (Hagen, 1968: 137), mientras que sus
hijos responden "tratando de reprimir dentro de ellos, en alguna forma,
los valores de sus padres" (Hagen, 1968: 137). Este proceso
-acumulativo a través de varias generaciones- llega a que después
de dos a cuatro generaciones aparezca una pronunciada anomia y retraimiento, que afecta más a los hombres que a las mujeres. Estas reaccionando a las inefectividades de sus cónyugues,
Tendrán un intenso deseo de que sus hijos sean más efectivos y responderán encantadas a cada logro de éstos en su infancia y juventud.
Durante el período de la sexualidad infantil, el niño vencerá en la rivalidad con su padre, tanto porque su iniciativa complace a su madre
como por la debilidad de su padre (Hagen, 1968: 138).

En estas condiciones -prosigue el economista norteamericano- se presenta un "ambiente casi ideal" para la formación de un tipo de creatividad. Surge en esas condiciones un grupo de individuos creativos,
Alienados de los valores tradicionales, movidos por un impulso carcomedor y abrasador de probarse a eUos mismos así como a otros,
mediante la búsqueda de un área en la cual puedan ganar poder y
preferiblemente en la cual también puedan en alguna forma simbólica
dar salida a su ira contra las élites que les causaron sus problemas.
Hacia qué dirigían este impulso está determinado en parte por los
modelos que encontraron durante su niñez en la historia, el folclore

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Siglo XIX

o los cuentos que sus mayores les narraban; y en parte por las oportunidades objetivas del mundo a su alrededor. En el mundo moderno, para los pocos grupos rebeldes de sociedades tradicionales, no
existe otro camino al poder, al reconocimiento y la prueba a sí mismos de sus propias habilidades más incitante que la proeza económica. Los individuos creativos en la mayoría de tales grupos se convertirán en innovadores económicos (Hagen, 1968: 138).

Volviendo al caso de Antioqui;l, uno de los apéndices que incluye Hagen trata sobre "la necesidad de agresión" en Colombia, acerca de la
cual afirma lo siguiente: "Aún cuando su relación con el crecimiento
económico no es muy clara, la necesidad de agresión en Colombia es
tan notoria que debe ser comentada" (Hagen, 1963: 97).
¿Sobre qué bases hace el profesor del M.I.T. esta afirmación? Por
una parte, en su aproximación a la historia colombiana que fue superficial en extremo, logró identificar la realidad tan conocida de las guerras civiles del siglo pasado. Que éstas así como la violencia de las décadas del cuarenta y cincuenta en el presente siglo no tienen como principal factor explicativo las diferencias políticas, es una afirmación que
-sin examinarla- presenta Hagen, inclinándose más bien por la interpretación de que se debe a un pueblo "cuya necesidad de agresión
es prácticamente incontrolable" (Hagen, 1963: 98). El tráfico urbano
es otra realidad que impacta a Hagen como una muestra más de nuestra violencia sin par. Un tercer indicador de la violencia colombiana
está patente -para Everett Hagen- en los reinados de belleza. Tocó
en suerte al profesor del M.I.T. presenciar en Medellin (bien hubiera
podido ser en cualquier ciudad o pueblo colombiano) el efusivo y caótico recibimiento a la candidata regional triunfante, en 1957, en un evento nacional de este género. Ese desorden multitudinario con sus matices tropicales, absorbió el intefes del investigador norteamericano, posiblemente más acostumbrado a las frías avenidas de Cambridge. Debemos señalar lo inadecuado de atribuir a estos acontecimientos el estatus conceptual de supuestas características (culturales o psicológicas)
definitorias de los miembros de una sociedad determinada. Un cuarto
y último indicador de la necesidad de agresión en Colombia tiene que
ver -para Hagen- con la prostitución abierta. Impresiona a Hagen
el alto número de prostitutas registradas en la ciudad de Medellín; pero en lugar de indagar si este fenómeno tiene alguna relación con la
altísima migración de la áreas rurales y el desempleo, Hagen lo ve como: " ... un escape más regular para la misma necesidad de agresión,
tolerada por los hábitos morales de la comunidad presumiblemente en
un intento por evitar que la agresión sexual rebase su cauce" (Hagen,
1963: 100).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

21

Resumiendo, para el autor norteamericano, Colombia -el pueblo "cuya necesidad de agresión era prácticamente incontrolale" - sorprende por sus innumerables guerras civiles, el desorden del tráfico urbano, la euforia alrededor de los reinados de belleza y la prostitución.
Al final del apéndice y en forma que es característica de todo su libro,
Hagen parece retrotraerse de sus afirmaciones tan definitivas sobre Colombia y hace una saludable aclaración -con la cual como en el caso de
otras aclaraciones, no es consistente cuando se trata de plantear y/ o
resumir sus tesis- en el sentido siguiente:
No trato de sugerir que la necesidad de agresión sea más elevada que
en otros países latinos... (o) que la necesidad de agresión sea más alta
que en los no latinos de Occidente; lo único que puede afirmarse es
que sus manifestaciones son diferentes (Hagen, 1963: 101).

A renglón seguido sin embargo el autor parece vacilar nuevamente:
Sin embargo, la probable presencia en Colombia de un mayor grado
de autoritarismo en la educación de los hijos me hace sospechar que
el nivel de necesidad de agresión, en cuanto éste puede ser identificado en la personalidad, sea superior al de Estados Unidos de América
(o Canadá) (Hagen, 1963: 101; nota de pie de página 52).

¿Qué tiene que ver todo esto con el tema del desarrollo económico y
con las preguntas centrales planteadas desde el comienzo del trabajo
de Hagen? ("¿Porqué el crecimiento?" "¿por qué los antioqueños?").
La respuesta es la siguiente:
Esta necesidad de agresión en Colombia es probablemente el resultado de tensiones sociales que afectan al medio local. No se positivamente si esto contribuye al crecimiento económico o lo retarda; pero
ya que algún lector puede ser más perceptivo que yo para apreciar
su significado, quiero por lo menos dejar sentado este hecho (Hagen,
1963: 101).

LOS TEMAS CRITICOS DEL DEBATE SOBRE LA DEPRIVACION
DEL ESTATUS DE LOS ANTIOQUEÑOS
La teoría psicológico-cultural expuesta por Hagen ha sido sometida a
un escrutinio cuidadoso de numerosos investigadores. En las páginas
anteriores se hicieron ya algunas anotaciones críticas que se complementan ahora con una síntesis de las principales conclusiones del debate sobre su teoría del crecimiento económico.
La gran mayoría de las críticas apuntan a la carencia de información histórica para sustentar los diversos componentes de la teoría en

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Siglo XIX

cuestión y a la falta de rigor en el uso de la información que utiliza.
En esas condiciones para el caso de Antioquia las tesis de Hagen no
están fundamentadas en la evidencia histórica sino en suposiciones e
"impresiones" que resultan ser falsas.
Esta crítica es particularmente notoria en los siguientes aspectos:

I. Realidad y ubicación temporal de la negación o deprivación del eulstatus (status withdrawal), también llamada aislamiento social Y e tural de los antioqueños
Las diversas evidencias traídas por los críticos indican que no hay base alguna para sostener que los antioqueños hayan sufrido una ne~ación de su estatus es decir que fueran mirados por otros grupos regionales como inferi~res socialmente, políticamente poco importantes Y
-en general- como un grupo atrasado. Al no estar basado e~ hechos
reales, este planteamiento central tiene un carácter_ es~eculat1vo. Resulta ser una aseveración que no se acoge a los cntenos elementales
de rigor científico.
La principal refutación de esta tesis tan central _en la interpretación hageniana, la adelantó el historiador norteamencano Frank Safford (1965). Este mostró que, contrariamente a lo sostenido por Hagen, las evidencias indican que en el siglo XIX el ~oncept~ de_ los bogotanos sobre los antioqueños era favorable. Escntos capitalinos de la
·
·
·
" , "ho orados"
época se refieren
a 1os patsas
como "la b?~iosos
. ", "seríos, sanos y sencillos"; por otra parte la elite bog~tana les,~º . respeto y amistad". Los miembros de la clase alta antioquefia ... siempre
encontraron la misma acogida en Bogotá... " (Safford, 1965: 93), dado que los atributos de clase (riqueza, educación, modalidades ?e ~ida) eran más importantes que las identidades regionales. Los capitalistas antioqueños -según Safford- "tenían mucho oro"; gen~ralmente su riqueza era superior a la de sus congéneres de ~tras regi~nes. Y
en virtud de eso antes que ser rechazados, eran admirados -mcluso
temidos-. En manos de los "rescatantes" de Medellín y Rionegro se
acumularon grandes capitales. Dado a que aún d~pués ?e 1_850 el ?r?
era el medio de pago principal (durante la Colorua hab1a sido el umco), los antioqueños disponían de una podero~ palan~ económi~ que
les permitió influir en las actividades econónucas de ~ve~sas regiones
del país. "Los únicos que tenían recursos grandes _Y hqmdos er3:11 los
antioquefios" (Safford, 1965: 107-108). Así por eJemplo a mediados
del siglo los grandes rescatantes comerciales de Medellin hicieron préstamos a agricultores de Cundinamarca, Tolima y Valle; controlaban
dos terceras partes de la exportación de tabaco en Ambalema y finan-

Dávila: Bl empresariado antioqueño (1760-1920)

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ciaban un volumen importante del comercio de importación en el Occidente colombiano. Además, afios atrás -en la década de 1820- habían hecho empréstitos a los ejércitos patriotas. "Después de varias
generaciones de brega con el fiado a los mazamorreros, se convirtieron los antioqueños en los financistas del Estado colombiano y de los
empresarios capitalinos ... hacia 1830 consideraban ya algunos que los
antioqueños eran los principales comerciantes de importación del país"
(López Toro, 1970: 67).
Dentro de estos empresarios p;i.isas del comercio, la minería, las
finanzas y la agricultura de exportación sobresalían por sus riquezas los
Uribe, los Restrepo y muchos otros magnates de Medellin. De las familias ricas creadas en el comercio salieron no sólo los Uribe y Restrepo, sino también los Montoya y los Santamaría y al fin los Vicente
V. Villa, para dominar las actividades económicas de las otras regiones del país (Stafford, op. cit.: 105-106).

Pero podría argÜirse que todos estos ejemplos corresponden a la reacción de los antioquefios al mal miramiento que habían recibido generaciones anteriores. Esto lleva a destacar otra debilidad importante en
la interpretación de Hagen: la no precisión de los períodos históricos
en que se dio el supuesto proceso de negación del estatus de los antioquefios. Hagen páginas atrás hablaba de un proceso que va a lo largo
de varias generaciones, desde que sufren la negación del estatus, hasta
la reacción de los paisas para afirmar su posición encauzando sus
energías hacia el éxito económico. Pero no precisa los períodos históricos. en que se presentan las diversas etapas del supuesto proceso.
Los ejemplos que trae Safford cubren desde 1820 hasta fines del
siglo XIX, refiriéndose en su mayor parte a la mitad del siglo. O sea
que el rechazo de las élites valluna y bogotana a los antioqueños debería haberse producido hacia 1650. Pero no existen evidencias que prueben que en esos afios del siglo XVII se presentó el rechazo en cuestión.
Como lo indica la historiadora norteamericana Ann Twinam (1976:
313), reiterando lo anterior, es claro que el argumento del despojo del
estatus es "hipotético"; está basado solamente en las "propias inferencias" de Hagen y en su "propia y fértil imaginación". Añade Twinam que a mediados del siglo XVII no se podía hablar de la "aristocracia de la tierra", como lo hace Hagen. Lo que existía era una aristocracia rural "empobrecida y analfabeta". En estas condiciones, hacia 1650:
Lejos de rechazar a los antioqueños parecería más probable que las
élites de la Sabana y del Valle estuvieran solicitas a conmiserarse con

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Siglo XIX

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

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ellas por el deterioro mutuo de su posición económica (fwinam, 1976:
312).

ción social o política de las otras regiones: en esta época Antioquia fue
aislada por ser conservadora; no por otros motivos" (Safford, 1965: 84).

Por otra parte, Alvaro López Toro (1970) señ~a que sil~ ~eacción de
los antioquefios basada en nuevos valores sociales prop1c1os al desarrollo económico tuvo lugar hacia 1850, quedan interrogantes sin responder acerca de manifestaciones del espíritu empresarial paisa en las
décadas de 1820 y 1830, de la colonización de fines del siglo XVII_I Y
las habilidades comerciales de los rescatantes de oro en la Coloma.

En segundo lugar, si el interés por la política en el Cauca y Santander era mayor que en Antioquia se debía fundamentalmente a la

Resulta prácticamente imposible considerar estas preguntas dentro del
marco teórico de Hagen, puesto que él ignoró completamente el movimiento colonizador, sostuvo que la minería mantuvo su estructura
colonial hasta 1900 y no prestó atención suficiente a las condiciones
de la clase comerciante (López Toro, 1969: 97).

JI. ¿Conflictos de estatus entre regiones o conflictos sociales internos

dentro de Antioquia?
Ademas del problema de ubicación temporal, López Toro (1970: 94)
hace mención del aislamiento entre las regiones colombianas y del analfabetismo, para poner en duda lo intensa que hubiere podido ser la
negación del estatus social de los antioqueños. En lugar de estos conflictos de estatus entre regiones, hay evidencias de tensiones internas
dentro de Antioquia misma. En el memorial de los Comuneros de Antioquia, dice López Toro (1970: 95), los agricultore~ de tierra f~a se
quejaban de su posición desventajosa frente a los agncultores de tierra
templada en Medellin y de las maniobras a que los s~metí~ los ab~tecedores de provisiones. Pero además se presentaron mvas1ones de tierras por parte de los colonos, estado de abandono de las concesiones
latifundistas de gran tamaño y liberación espontánea de esclavos negros.

III. El papel de Antioquia en la política del siglo XIX
La afirmación del papel opaco de Antioquia en la política colombiana
y las guerras civiles es complementaria de la_ tesis hageniana del ais~amiento y desprecio social sufrido por los antioqueños. Los hechps históricos tampoco confirman esta aseveración. Safford (1965: 82-84) sostiene que "los antioqueños hicieron un pape~ i_mp~rtantísimo en l~ política colombiana" como lo muestra su part1c1pac1ón en las rebeliones
políticas de 1829 y 1840; las posiciones des~cadas q~e ocupai:on en
el gobierno desde comienzos de la era Republicana; ~u m~ervenc1ón en
las guerras civiles de 1876-1877 y 1885. Acepta el histonado~ noi:ieamericano que, especialmente entre 1863-1880, hubo un rela!1v~ a1:slamiento de los antioquefios el cual " ... no se explica por una dIScnnuna-

economia dinámica que tenía Antioquia y que no tenían Santander (eso
es, la región de Socorro) y el Cauca... Las otras provincias -que no
tenían minas de oro y que no podian hacer ganancias mayores con
otros productos por falta de comunicaciones- quedaron estancadas
económicamente (Safford, 1965: 84).

Esa economía dinámica y sus ganancias "enseñaron la virtud del trabajo en los negocios", "permitieron el rápido enriquecimiento", hicieron posible a los antioqueños construir sus vías sin necesidad de esperar que interviniendo en las guerras civiles pudiesen derivar influencia sobre el presupuesto nacional. Dentro de dicha economía antioqueña en Medellin dominaba "un grupo burgués bastante poderoso, un
~po de capitalistas grandes que no tenía ninguna otra capital de provincia" (Safford, 1965: 86), hombres prácticos que teniendo en mente
la defensa de sus riquezas propugnaron por una "política moderada
e inofensiva", "una política racional típica de una burguesía que tenía
algo que defender" (Safford, 1965: 88). Estos tres elementos relacionados: inexactitud en la afirmación de un papel opaco y aislamiento
político de los antioqueños; no dependencia del presupuesto nacional
para la construcción de los caminos de herradura; conveniencias para
los capitalistas de Medellin de adoptar una postura de moderación en
política, aportan sin duda alguna mucho más que la alegre y no documentada afirmación hecha por Hagen acerca del aislamiento político
de los antioqueños, cuya inexactitud histórica resalta frente a los comentarios de Safford.
Debe recordarse que como parte del supuesto desprecio hacia Antioquia, Hagen menciona la desatención del gobierno central ilustrada
según él por el hecho que cuando los técnicos mineros extranjeros visitaban la Nueva Granada no eran enviados a Antioquia. Esta afirmación como lo sefiala Twinam es "falsa y desorientadora". Por el contrario, "Antioquia servía como un imán para los técnicos y el capital
extranjero" (Twinam, 1976: 318).

N . El origen étnico como causal de la actividad empresarial de los
antioqueños
El espíritu y la exitosa actividad empresarial de los antioquefios ha sido atribuída en parte a razones étnicas. La leyenda judía que se re-

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SigloXIX

Dávila: El empresariado andoqueño (1760-1920)

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monta a 1803 (Twinam, 1976: 289), fue descartada por Hagen basándose -con acierto- en el trabajo de Emilio Robledo (1922). Aunque
en definitiva el autor norteamericano no le concede al origen étnico
tanta importancia como a la deprivación del estatus, reemplazó la leyenda judía por la leyenda vasca: " .. .las personas de ancestro vasco
en Antioquia tienden a asumir posiciones directivas en los negocios en
un grado mayor que personas de ascendencia no vasca" (Hagen, 1963:
80-81).

en buena medida se explica por la necesidad de proteger las fortunas
familiares. Así por ejemplo buena parte de los 12 bancos regionales
creados entre 1872 y 1883 eran de carácter familiar: Banco de Restrepo y Compañía, Banco de Vicente Villa e hijos y Botero Arango e Hijos (Brew, 1977: 112-115). Las familias de acaudalados empresarios antioquefios aparecen entonces con una función económica de vital importancia, al punto que un historiador ha reparado en que eran una
"institución financiera" (Brew, 1977: 112).

Esta aseveración también ha sido muy seriamente di~utada por
argumentos históricos que son más convicentes que la técnica poco confiable de tomar los apellidos del directorio telefónico de Medellin. Es
así como a la refutación inicial basada en el hecho que "la presencia
de los vascos no es cosa particular de Antioquia" y "la inmigración
vasca fue muy notable'' durante el siglo XVIII dentro y fuera de la
Nueva Granada (Safford, 1965: 78), se sumó luego la investigación minuciosa que hizo Ann Twinam sobre los grandes mineros y comerciantes del período 1780-1800 en Medellín y que puso punto final a las elucubraciones étnicas como determinantes del crecimiento económico en
Antioquia.

Hay otras precisiones adicionales sobre este punto del espíritu de
asociación. Una se refiere a que mientras hay testimonios encomiando
el espíritu de asociación de los antioquefios, y provienen algunos de
ellos no de autores antioquefios sino bogotanos y del oriente (escritos
de Manuel Pombo y Felipe Pérez a mediados del siglo pasado) (Safford, 1965: 80-81, notas de pie de la página No. 6 y No. 7), existen
sin embargo testimonios opuestos de antioquefios de la época, como
Juan de Dios Restrepo, quejándose de Antioquia como el "país del individualismo" (Safford, 1965: 81, nota de pie de página No. 8). Otra
-más importante- precisión hace alusión a que la sociedad anónima
solamente se difundió después de 1870, pues como se había anotado
las más grandes empresas paisas eran "netamente de familias".

Su conclusión es la siguiente:
...el origen vasco no aparece como un criterio significante para la actividad empresarial. Como estos datos lo indican no parece haber correlación alguna entre la provincia de origen y la habilidad empresarial. Porque emigrantes de Asturias, Extremadura, Andalucía y Castilla están representados similarmente en la élite empresarial y la población migrante como un todo (Twinam, 1976: 328).

V. La economía minera, el espíritu de asociación y el riesgo
Dentro del cuadro teórico de Hagen, la minería es mencionada solamente en cuanto los riesgos que conllevaba hicieron "distribuir el riesgo de la actividad minera entre un conjunto de familias" (Hagen, 1963:
83) y por la familiaridad que les dio con procesos mecánicos. Según
Hagen la minería requirió formas especiales de asociación similares a
las sociedades modernas de accionistas, que hicieron que en Antioquia
la identificación de la estructura familiar con la estructura de los negocios no fuera tan marcada como en otras regiones del país. En esto
Hagen carece nuevamente de evidencias sólidas: no demuestra que en
Bogotá, el Valle, Cartagena o el Cauca hubiera un predominio de actividades económicas familiares. Por otra parte, en Antioquia las familias dedicadas a una multifacética actividad empresarial fueron muy
importantes social y económicamente. Su alto grado de diversificación

La tercera precisión es quizá la más pertinente. El espíritu de asociación no parece ser exclusivo de los antioquefios, y así es como antes
de 1870 hay evidencias de empresas por acciones fundadas por bogotanos y costefios, y luego de dicho afio la sociedad anónima no sólo
se difunde en Medellín sino también en Bogotá, Barranquillla y
Bucaramanga.
Como refutación de lo planteado por Hagen sobre la escasez de
mano de obra indígena que llevaría a que los espafioles trabajaran directamente, "con sus manos", en las minas (contra su fantasía de ser
"sefiores de la creación" en la tierra conquistada), siendo ello conducente a una valoración especial del trabajo manual, Safford -acudiendo
a James Parson, el geógrafo norteamericano, y a Francisco Silvestredemuestra definitivamente que este supuesto aspecto igualitario de la
sociedad antioqueña donde todos serían peones de las minas, no se dio.
¿Quiénes trabajaban en las minas, entonces? Safford indica que quienes lo hacían eran "mineros indígenas, después esclavos negros, al fin
de la Colonia una mezcla de esclavos y gente de color libre; y en la
República los descendientes de estos" (Safford, 1965: 79).
Muchos de los antioqueños que lograron una destacada posición
social: "trabajaron con las manos en muchos casos, pero rara vez co-

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Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

mo trabajadores en las minas" (Safford, 1965: 79-80).
Más preocupante que la falta de sustentación de Hagen en lo referente al riesgo, el espíritu de asociación y el trabajo manual, es la forma muy superficial en que se trata la actividad minera en el marco de
la teoría psicológica de la negación del estatus. Se llega así a afirmar
que: " ...si se atribuye a la experiencia minera la mayor influencia, aq?ella habría producido un número relativamente mayor de empresanos
en otras áreas mineras ..." (Hagen, 1963: 85).
Se ignoran así las grandes diferencias entre la minería antioqueña
y la del Chocó y Barbacoas (Cauca). Y se pierde ~e vista que en ~ontraste con los mineros de Colorado en Estados Umdos o los de Minas
Gerais en el Brasil, los de Antioquia aunque enfrentados a riesgos eran
más prudentes y conservadores que aquellos, no eran aventureros. Por
todo ello Twinam (1976: 382) señala que las conclusiones de Hagen
sobre la minería son "insostenibles".
La minería no es tenida en cuenta por Hagen como centro de una
intensa actividad económica, medio de acumulación de excedentes,
oportunidad económica propicia para el surgimiento y 1~ obt~nción de
experiencia empresarial o base para una estructura social diferente a
la de otras regiones colombianas.
Todos estos aspectos de la minería antioqueña menospreciados y
no estudiados por el afán de forzar la realidad dentro de una explicación traída de los cabellos, han sido justamente uno de los ejes de atención de investigadores como Alvaro López Toro, Roger Brew y Ann
Twinam, cuyos aportes sobre el tema se presentan posteriormente.

VI. La pobreza de Antioquia en las postrimerías del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX
La imagen de Antioquia como una región pobre y atrasada, más aún
que otras regiones, hasta la década de 1820, tiene un papel importante
dentro de la teoría psicológica de la negación del estatus, según la cual
Antioquia en términos económicos, conocimiento téc~co externo, recursos naturales capital y mercado estaba en desventaJa frente a la Sabana y el Valle. '"El ingreso per cápita en ambas debió haber sido superior al de Antioquia" (Hagen, 1963: 69).
Dentro del marco de la pobreza y el atraso general de Colombia
en el siglo XIX, las evidencias históricas contradicen el plant~e?to
hageniano. Es cierto que a finales del siglo XVIII había una s1tuaetón

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social y económica difícil en la agricultura, con una "crisis de altos
precios y baja ocupación" que movió a "estimular y diversificar la producción y amparar nuevas colonizaciones" (López Toro, 1969: 34) mediante las reformas del oidor Mon y Velarde. Pero la producción minera, de acuerdo a los datos de la casa de fundición localizada en Santa Fe de Antioquia, se dobló entre 1760 y 1779 y se cuadruplicó de 1780
a 1800, gracias tanto a las reformas borbónicas como al aumento de
la población y el descubrimiento de nuevos distritos mineros (Twinam,
1976: 83).
En la época colonial el oro antioqueño representaba más del 85%
de las exportaciones de la Nueva Granada, y Antioquia aportaba más
del 40% de las divisas por comercio exterior; hacia 1830 dicho porcentaje era del 35% y hacia fines del siglo XIX el oro exportado que provenía de Antioquia aún representaba 25% de las exportaciones totale.s
del país (Safford, 1965: 96-97). Sobre esta base Safford ha examinado
diversas interpretaciones que afirman la pobreza de Antioquia y en las
cuales se basó Hagen. Por un lado, dice Safford,
seguramente hacían falta en Antioquia fuentes de agua, buenas calles y buenos caminos. Pero la coexistencia de una pobreza pública
con una riqueza particular es perfectamente factible, sobre todo en
los pueblos de fundación reciente y muy lejos de los centros administrativos eso es, con las condiciones del frontier (Stafford, 1965: 98).

Además, las descripciones de pobreza se referían a las antiguas poblaciones mineras (Remedios, Zaragoza, Cáceres y Santiago de Arma)
que a fines del siglo XVIII habían ya decaído, más no eran aplicables
a centros comerciales como Medellín y Rionegro. Pero a esa decadencia siguió un "desarrollo dinámico" de la economía minera entre
1820-1850, en el cual la introducción de mejoras técnicas para la minería de veta fue decisiva para que los "antioqueños (buscaran) nuevas
minas por todas partes" (Safford, 1965: 100). Además los mismos que
señalaban -indiscriminadamente- la pobreza antioqueña (por ejemplo Silvestre en 1776, Finestrand en 1780), no dejaban de notar que
los ingresos monetarios per cápita en Antioquia eran muy superiores
aJ resto del país ... (Aunque) los precios en Antioquia también tenían
un nivel realmente alto... Si los antioqueños eran pobres, eran pobres
a un nivel monetario muy superior a la pobreza de los campesinos
del oriente (Safford, 1%5: 102, 103, 104, 105) 4.

VII. La canalización de los excedentes comerciales hacia la industria
La industrialización antioqueña la explica Hagen en base al decaimiento

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Siglo XIX

del comercio a comienzos del siglo XX. El dinero amasado en aquel
no encontró otras oportunidades o alternativas para ser invertido, a
diferencia de lo que sucedió en Bogotá en donde se canalizó hacia la
obtención de tierras para ingresar a la élite terrateniente. O en el Valle,
donde se invirtió en ganadería en unos casos, en finanzas e industria
en otros (Hagen, 1963: 85-88).
La evidencia detrás de esta afirmación es muy frágil. Para el caso
de Medellín y Cali se reduce a nombrar algunos de los grandes comerciantes, sin que luego se haga el debido seguimiento de sus actividades
posteriores además del comercio. Y para el contra-ejemplo de Bogotá
dice llanamente: "No pude obtener la lista correspondiente de Bogotá" (Hagen, 1963: 86, nota de pie de página No. 45).
Además se pierde de vista la importancia de la minería, el comercio y el café como experiencia empresarial para los antioqueños, que
luego -junto con los excedentes de capital, claro está-, sería uno de
los factores determinantes de la industrialización en Antioquia. Hay
una subvaloración de los comerciantes paisas del siglo XIX, otorgando atención como aceleradores del crecimiento industrial sólo a los del
siglo XX:
Su silencio (de Hagen), en relación con el papel de los comerciantes
antioqueños en el siglo XIX sugiere su ignorancia de uno de los signos más conspicuos de la actividad empresarial de los antioqueños
previa a la industrialización de Medellin (Twinam, 1976: 334).

LA TEORIA DE LA VOLUNTAD O EL DESEO
DE HACER EL DESARROLLO
Una segunda interpretación del desarrollo acelerado de Antioquia, es
también de carácter psicológico-cultural y fue elaborada igualmente por
un economista, no un psicólogo o sociólogo, el norteamericano Paul
Me Greevey. Corresponde a una teoría psicológica en cuanto destaca
la motivación o deseo de los individuos; y cultural porque dicha voluntad está atada en un grupo regional, que aunque el autor no lo trate
en detalle, implícitamente acepta que tiene un modo de ser diferente
al de otras regiones.
Me Greevey presenta su teoría en el marco de una interpretación
de la historia económica de Colombia en el período 1845-1930, publicada en inglés en 1971 y traducida al español cuatro años más tarde
(Me Greevey: 1975).
Este autor tiene -como Hagen- un objetivo muy ambicioso: exa-

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

31

minar si la historia económica de Colombia comprueba alguna teoría
del desarrollo. Para ello busca explicar el "período de transición" hacia el desarrollo económico sostenido, período que sitúa entre 1895 y
1915. Dicha transición significó un "trastocamiento de la decadencia
que lo precedió". La decadencia cubrió todo el país, Antioquia incluida -según Hagen-. A la minería antioqueña no le concede un papel
significativo y -en general- disiente de quienes han enfatizado la exitosa actividad económica de los antioqueños, aún si entendida en los
términos relativos de la pobreza colombiana durante el siglo XIX. Me
Greevey reconoce esa actividad pero únicamente a partir de 1895 y como un factor decisivo en la industrialización colombiana.
. . .la transición clave hacia el desarrollo data de los primeros decenios de este siglo, y se basa en una gama de cambios interdependientes en la población, la capacidad exportadora, el sistema de transporte y el potencial industrial (Me Greevey, 1975; 189).

Si en este conjunto de cambios consiste la "transición", ¿a qué causas
puede atribuírse, cómo puede explicarse que se haya dado luego de un
tan prolongado receso? El argumento de Me Greevey puede resumirse
así: el desplazamiento hacia arriba de la función de crecimiento demográfico, "en algún momento después de 1850" (Me. Greevey, 1975:
287), aparentemente ocurrió en Antioquia antes que en otras regiones
del país. Dicho desplazamiento incrementó la interdependencia entre
personas y regiones, generando nuevos problemas así como oportunidades; frente a unos y otros, la respuesta de las diversas regiones fue
diferente, presentándose un "desequilibrado avance regional", en el
marco de una "interdependencia de las innovaciones" (mejoras en el
cultivo del café, transporte, actividad manufacturera). En este marco
el economista norteamericano, reiteradamente, presenta su explicación
psicológica. Dice así:
Una explicación 'mecánica' satisfactoria de la transición en Colombia sería que el crecimiento fue generado por las exportaciones. Sin
embargo, el necesario incremento en la iniciativa empresarial, que permitió la rápida expansión de las exportaciones, requiere su propia razón de ser. Mi conclusión es que la transición hacia el desarrollo ocurrió porque algunos grupos (en particular, los antioqueños) quisieron que ocurriera. El análisis adicional de sus motivaciones está fuera del alcance de este libro (Me Greevey, 1975: 18).

La sorpresa ante esta explicación que se adelanta, pero en la cual no
se profundiza, vuelve a presentarse en el capítulo conclusivo del libro,
aquel sobre la "teoría de la transición". Dice allí Me Greevey: "En
última instancia, la explicación forzosamente radica en la motivación

�32

Siglo XIX

humana, algunas regiones se desarrollaron porque sus gentes así lo desearon" (Me Greevey, 1975: 287). Y termina así su libro:
.. .el ingrediente básico de la transición fue la voluntad de realizarla.
Habiendo reconocido dichos elementos de motivación y voluntad, el
economista llega a las fronteras de su propio campo de acción profesional (Me Greevey, 1975: 308).

La interpretación del economista del M.I.T., a la cual le dedica unas
pocas páginas de un voluminoso libro de más de trescientas, no está
basada en datos empíricos. Por ello más que una explicación de la transición económica sólo alcanza el carácter de hipótesis. Pero está tan
cruda y poco elaborada conceptualmente, que para un investigador que
buscara comprobar esta hipótesis voluntarista sería una tarea casi inabordable. A este nivel de elaboración teórica, es inferior en calidad a
la criticada teoría de la deprivación de estatus.
La afirmación final de Me Greevey en el sentido que como economista él llega hasta reconocer que en los factores económicos que analizó no está el principal causal de la transición, y que el "ingrediente
básico" (principal factor causal) de la explicación es no económico,
sino psicológico, mueve a reflexión. Por un lado implica una aceptación de las limitaciones del economicismo a ultranza: es el reconocimiento de lo que en la literatura del desarrollo económico se han llamado "factores no-económicos del desarrollo económico". Pero no
presta atención al hecho de que dentro de tan amplia gama de factores, existían ya una serie de teorías psicológicas y sociológicas más elaboradas que la alegre hipótesis voluntarista que deja esbozada solamente. Sobre el tema del empresariado en el desarrollo económico han
sido identificados siete enfoques teóricos 5 • Y dentro de esta diversidad de teorías hay elementos conceptuales y metodológicos valiosos,
que no pueden-igno;arse. Hacemos esta anotación, concediendo algo
que tampoco se aclara por parte de Me Greevey: por "voluntad" de
hacer el desarrollo, se entiende voluntad del empresariado paisa; que
es un grupo de la sociedad más concreto que las "gentes" de Antioquia.
Es paradójico que todas estas ligerezas se presenten dentro de un
trabajo planteado como el primero de la historia económica cuantitativa hecho en Colombia. Esta corriente "busca examinar los problemas históricos por medio de una interacción entre la teoría económica
y la econometría, entendiéndose por ésta última la reconstrucción de
series estadísticas incompletas, la elaboración de nuevas medidas de variables, o la medición indirecta de algún proceso". (Calvo, 1975: VII,
en el prólogo del traductor a la obra en cuestión). No sería correcto

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

33

extender todas estas críticas de la interpretación de Me Greevey sobre
"la voluntad de hacer el desarrollo" que tuvieron los antioqueños entre 1895 y 1915 a la mayoría de su libro, en el cual hay abundante
material empírico.
La controversia surgida alrededor del trabajo del economista del
M.I.T. fue grande. Hasta el punto que en 1975 se realizó un seminario
de tres días en el que investigadores de diferentes disciplinas y de muy
diversas corrientes se consagraron exclusivamente a analizar la historia económica colombiana escrita por Me. Greevey. Los resultados de
esta discusión fueron publicados cuatro años después (véase Instituto
de Estudios Colombianos, 1979). Sin entrar en mayor detalle sobre este conjunto de valiosos trabajos, vale la pena destacar dos puntos. Por
un lado las críticas adelantadas desde posiciones muy diversas son, en
conjunto, demoledoras. En señalar la debilidad ~el~ tesis de la voluntad de los antioqueños de hacer el desarrollo, comc1den desde Kalmanovitz (1979) hasta Buenaventura (1979), Ospina Vásquez (1979), etcétera. Pero -además- la tendencia de Me Greevey a caer en las "generalizaciones fáciles e indocumentadas" que él mismo le enrostraba
a los historiadores no cuantitativos, no se reduce a la tesis voluntarista
que nos ha ocupado en estas páginas, sino a aspectos muy diversos de su
labor 6 • Por otra parte, entre los ponentes se generó un debate que
aportó elementos de teoría y método valiosos para, criti~ado Me Gre~vey y su peregrina tesis voluntarista, avanzar en el estudio de la transición económica.
Como ilustración de las críticas, la de Safford es notable por lo
sistemática y minuciosa. Afirma que hay interpretaciones ahistóricas;
a veces la calidad de la estadística utilizada es "pésim_a"_; ~l autor ~cusa "falta de sentido crítico" en el uso de los datos histoncos; el libro
resulta pretensioso e irresponsable"; "trata tantos temas de manera
tan amplia"; tiene "suposiciones falsas", "juicios ligeros" y "errores
estadísticos"; es poco modesto y tiene una actitud "alegre frente a la
historia"· en cuanto al análisis económico "hay una sorprendente falta de co;sideración del papel de los factores económicos clásicos en
el desarrollo de la economía colombiana". Estas son las bases de Safford (1979: 39-40) para señalar que es una "exposición histórica ...
deficiente''.
· Sobre la tesis voluntarista precisa:
No puedo terminar sin sefialar lo absurdo de la co~clusión d~l libro
donde dice que la transición al desarrollo al fin llego a Colo~b1a po~que los colorobianos (después de 1880) lo deseaban. Esto qwere decrr

�34

Siglo XIX

que no lo deseaban antes, una aseveración sin fundamento. Esta conclusión deja completameqte sin considerar los muchos obstáculos al
desarrollo que enfrentaron los colombianos en el siglo XIX. Por lo·
tanto este resultado no es más que una ligereza (Safford, 1979: 39).

En el trabajo ya analizado de Safford (1965) refutando la teoría de la
deprivación del estatus, el historiador norteamericano había hecho hincapié en el grupo de grandes comerciantes que se formó en Medellín
y el papel destacado de Antioquia en la economía colombiana durante
la primera mitad del siglo XIX. Esto es rechazado por Me Greevey basado aparentemente,
... en el equivocado concepto que yo había ubicado el desarrollo notable de la región en la primera mitad del siglo. En realidad el artículo mío no tuvo que ver con el desarrollo económico sino con la formación y concentración de capitales de alguna consideración en manos de los comerciantes de Medellin. El desarrollo y el proceso de
capitalización son cosas bien distintas ... (Safford, 1979: 39).

Queda la impresión que uno (desarrollo) es un proceso más amplio que
el otro (acumulación). Safford no elabora más sobre las relaciones y
diferencias entre desarrollo y capitalización y queda una confusión sobre su argumento teórico. Empero, es claro lo que dice luego:
Es muy notable que en su explicación del desarrollo de Antioquia (Me
Greevey) hace mucho hincapié en el papel de los pequeños caficultores pero no dice nada de figuras no menos notables, los grandes capitalistas de Medellin. Cabe anotar que las fábricas de Medellin no fueron fundadas por los pequeíios caficultores. Ni es para mi muy claro
que como mercado eran un factor determinante en sostenerlas. Antes que se pueda aceptar esta tesis será necesario saber si los mercados de las fábricas antioqueñas estaban limitados a la región de Antioquia (Safford, 1979: 39).

EL BALANCE DEL DEBATE SOBRE LAS TEORIAS
PSICOLOGICO-CULTURALES
¿Qué conclusiones generales pueden derivarse del debate alrededor de
la teoría psicológico-cultural de la negación del estatus y de la interpretación voluntarista de Me Greevey? Una primera -a nivel teóricoapunta a los peligros del determinismo psicológico para explicar el proceso de crecimiento económico. La sobre-determinación de los factores psicológicos -la personalidad creativa de los antioqueños explicada mediante el proceso psicológico autoritarismo-deposición del estatus, retraimiento-creatividad- conlleva la subvaloración de los factores económicos y sociales. Dentro de los primeros, la acumulación de

Dávila: El empresariado antioqueño (J 760-1920)

35

capital, el tamaño del mercado, la disponibilidad de mano de obra y
la tecnología, son tratados por la literatura económica y no pueden alegremente descartarse. En cuanto a los factores sociales, la no consideración de la estructura social; o lo que es lo mismo la simplificación
patente al hablar del pueblo antioqueño como si se tratase de un conglomerado homogéneo en su posición social y económica, sus valores
y su comportamiento, es otra falla protuberante del psicologismo ejemplificado por la teoría en cuestión. A nivel teórico se requeriría la demostración de que unos y otros factores son inexistentes o marginales,
labor que no emprenden Hagen ni Me Greevey. O que están subordinados al factor psicológico en cuestión, empeño que intenta demostrar
Hagen. Pero este es un intento fallido, por los numerosos errores y ligereza en materia de investigación histórica que aqueja su trabajo, como lo muestran exhaustivamente las refutaciones y demoledoras críticas de la serie de investigadores del desarrollo antioqueño, a que se hizo referencia en las páginas preyias.
En segundo término, a nivel metodológico la impresión general que
queda es la de forzar un esquema conceptual-analítico, transferido mecánicamente a los casos de Japón, Rusia y Antioquia. La naturaleza
y complejidad misma del objetivo propuesto -explicar el acelerado
crecimiento económico- hace previsible que el modelo propuesto no
pueda confrontarse con el detalle y rigor necesarios para los tres casos
que se pretende estudiar. En vista de ello se elucubra sobre las realidades históricas.
El método utilizado por Hagen tiene varios rasgos distintivos. Uno
es la falta de consistencia en cuanto al carácter mismo del tabajo: se
debate a lo largo de todo el libro entre un tono exploratorio y de generación de hipótesis y uno conclusivo: lo que a veces son supuestos, toman de repente el carácter de hipótesis comprobada. Predomina el carácter conclusivo, afirmación que se corrobora al percatarse de que el
trabajo sobre los antioquefios le sirve como una ilustración de una teoría general del cambio social por lo que es bien conocido el economista
norteamericano.
Otro rasgo es la ausencia de una base empírica adecuada para hipótesis tan amplias y complejas. Utiliza sólo algunas de las fuentes secundarias existentes en la época (fines de los años cincuenta), y no acude
a fuentes primarias (archivos, periódicos, etcétera), indispensables dado el contenido de sus hipótesis. Frente a esta insuficiencia y fragilidad de información histórica, económica y social no sólo a nivel nacional, sino regional, antioquefio, Hagen acude a sus "impresiones" y conversaciones que van desde aquellas con conductores de taxi hasta otras

�36

Siglo XIX
Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

con empresarios.
Un tercer rasgo es la imprecisión acerca del período histórico de
que se está tratando, tan notoria al hablar de la deprivación del status,
paro también presente al no localizar temporalmente los logros de la
"personalidad creadora" antioqueña.
En cuarto lugar, utiliza dos técnicas adicionales de recolección de
información: el instrumento psicológico del TAT de Me Clelland aplicado a una muestra reducida en extremo de empresarios antioqueños
y politicos payaneses (recuérdese de nuevo: información sobre dirigentes de 1957 para sustentar diferencias que sitúa cien años atrás). Y el
análisis del directorio telefónico para mirar el ancestro vasco, técnica
de dudosa validez.
En quinto término, se mueve en un marco comparativo, interregional. La dificultad radica en tres puntos: oor un lado, ante la ausencia
de datos, Hagen fuerza y extrema la diferencia en algunos de los aspectos
que está comprando. Tampoco se acoge plenamente a la necesidad
-dentro del método comparativo- de identificar no sólo diferencias
sino también semejanzas. Igualmente es muy desigual la información
entre regiones: si bien es insuficiente para Antioquia, lo es aún mucho
más para Cundinamarca, Valle y Popayán (de paso; ¿son homogéneas
entre sí estas tres regiones?) las otras tres regiones que contrasta con
Antioquia.
Finalmente, no hay consistencia en cuanto a la unidad de análisis
empleada. Está clara la pertinencia del análisis interregional. Más la
dificultad radica en que en partes del libro toma como foco del análisis
a los empresarios antioqueños y en otras al "pueblo antioqueño", cual
si no existiese una estructura social y grupos sociales diferentes.

37

lleva al economicismo; los psicológicos que conducen al psicologismo;
los sociológicos que terminan en el sociologismo, parece más prudente
mirar la interrelación entre ellos dentro de una localización temporal,
espacial y temática dada. La última está determinada por la especialidad e intereses del investigador. La relativa autonomía de lo económico, o de lo sociológico o de lo psicológico no radica en despreciar el
otro conjunto de factores, sino en examinar lo económico, lo psicológico, lo sociológico en su dinámica y manifestaciones; en cuanto no
se expliquen por el conjunto de factores de su mismo tipo ha de acudirse a buscar sus interrelaciones con los otros factores. Así, deben buscarse las bases materiales en que se sustentan los valores y se desarrolla
la psicología de un grupo social y regional dado; esos valores y psicología han de mirarse además en su misma dinámica y esta estructura interna -valorativa y psicológica- no puede eludirse bajo la simple presunción de que "está determinada por factores económicos". Las instituciones sociales y los grupos sociales habrán de mirarse por su comportamiento, su estructura y relaciones y su poder relativo; uno y otros
deben relacionarse con la base económica en que se asientan. En el caso concreto de este estudio, el empresariado habrá de concebirse como
un grupo social, cuya evolución y dinámica está íntimamente atada a
su función económica dentro de una sociedad determinada: la antioqueña en este caso. Los factores económicos: acumulación, mercado,
comercio exterior y mano de obra, etcétera, no pueden concebirse simplemente como variables susceptibles de medición y manejo dentro de
un modelo, sino que deben mirarse en el marco de las relaciones sociales que envuelven.

1) Necesidad de investigación empírica, en fuentes primarias y secundarias, reducida a períodos históricos menos extensos y centrada
en aspectos temáticos menos amplios.

3) La refutación de la explicación psicologista sobre el empresariado, no niega la existencia de éste, ni su papel en el crecimiento económico. Simplemente apunta a que estudiado en un período o espacio
determinados, el empresariado -sus orígenes, caracterización, sus valores, dinámica interna, etcétera- ha de encuadrarse y relacionarse con
los factores económicos: dotación de recursos, mano de obra, tecnología, mercado; y con los factores sociales: estructura social y poder. El
empresariado aparece entonces no como determinado por factores psicológicos (lo cual no implica desdeñar que los empresarios tengan rasgos psicológicos y una determinada estructura de valores). sino como
un agente social en el proceso de crecimiento económico.

2) Consideración del fenómeno a explicar -el crecimiento
económico- como la resultante de una urdimbre de factores interrelacionados, en vez de optar por la causa única. Antes que postular una
sobre-determinación de un conjunto de ellos: de los económicos que

4) Necesidad de un enfoque integrado u holista, en el cual la fijación de un objeto de estudio más afín disciplinariamente a un conjunto de factores (ya sean económicos, sociales, psicológicos o politicos),
no lleve aparejado el olvido de su interrelación con los demás factores.

De estas anotaciones de teoría y método surgen algunas implicaciones para el estudio del empresariado en general, y de los empresarios antioqueños en particular. Pueden sintetizarse así:

�38

Siglo XIX

La superación de varios de los problemas encontrados en el psicologismo de la teoría de la deprivación del estatus y contribuciones muy
significativas para un estudio más plausible del empresariado en Antioquia, se encuentran en los trabajos numerosos de varios historiadores que han avanzado significativamente el conocimiento sobre el tema. Varios de estos se tratan en el resto de este capítulo.
EL EMPRESARIADO ANTIOQUEÑO: DE LA TRANSFERENCIA
MECANICA DE TEORIAS AL ESTUDIO HISTORICO
DEL FENOMENO
Las dos teorías hasta ahora analizadas en este capítulo: la deprivación
del estatus (Hagen) y la voluntad de emprender el desarrollo (Me Greevey) acusan problemas teóricos, de método y de sustentación empírica
muy graves que llevan a descartarlas como explicaciones del crecimiento
económico de Antioquia. Una y otra están permeadas de determinismo psicológico que configura una excesiva simplificación de la realidad que buscan estudiar. Los argumentos para sustentar esta conclusión no van a repetirse. Son muy variados y contundentes, como se
colige del análisis adelantado en la primera sección de este capítulo basados en el copioso debate que originaron y en las apreciaciones del
presente autor.
Ante este balance surgen varios interrogantes: si estos dos enfoques que dan relieve al papel del empresariado han sido refutados contundentemente, ¿implica ello que el empresariado no sea un factor importante para comprender el crecimiento económico? En otras palabras, si se descartan las explicaciones voluntarista y de la deprivación
de estatus, ¿debe descartarse al empresariado como uno de los factores que inciden en el proceso de desarrollo? ¿Existen otros enfoques
que pueden dar buena cuenta del empresariado y su papel en el crecimiento económico? Estos interrogantes tienen relación directa con el
problema del trasplante mecánico de teorías y esquemas conceptualanalíticos a las realidades que la investigación pretende estudiar.

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

39

dos. Y muestra que un acercamiento metodológico basado en la ínvestigación empírica rigurosa, como forma de estudiar la realidad y de
aplicar en ella los modelos teóricos, es una condición sine qua non para la labor del sociólogo, del economista y del historiador, del psicólogo o del antropólogo. Los métodos específicos de uno y otro tienen
diferencias: y aún más el armazón teórico-analítico que manejan miembros de una misma disciplina no es el mismo ni produce los mismos
resultados. Estas son verdades muy elementales en las ciencias sociales, pero a menudo se olvidan, como lo ilustra el presente capítulo.
El empresariado no queda descartado como factor que incide en el
crecimiento económico. Historiadores y economistas que pertenecen
a bien diferentes corrientes teóricas, y a variadas nacionalidades, han
hecho valiosos aportes al estudio del empresariado antioqueño. Varios
de ellos, bien vale la pena destacarlo, fueron acicateados por las fallas
que encontraron en los modelos de Hagen y Me Greevey. Además de
los elementos empíricos del método y teorías que dejaron sus críticas
a esos dos trabajos, expuestas en detalle en el presente capítulo, estudiaron importantes aspectos del empresariado paisa. A algunos de ellos
se refiere el resto de este trabajo.

Los orígenes del empresariado antioqueño
Todos los estudiosos de Antioquia coinciden en señalar su notable
actividad económica dentro del cuadro de pobreza y estancamiento de
Colombia hasta comienzos del presente siglo. Así mismo están de acuerdo en destacar unos patrones de acción y de pensamiento peculiares,
indistintamente llamados "espíritu empresarial", "actitud empresarial", "sobresaliente actividad empresarial", "personalidad creadora",
"innovación económica", "ética protestante de los antioqueños",
"agudeza para los negocios", "los antioqueños: los yanquies de América del Sur", "recursos· empresariales", etcétera.

El problema no radica en que ellas hayan sido elaboradas en el exterior y que quienes las hayan intentado aplicar -Hagen y Me
Greevey- sean de nacionalidad norteamericana, si bien ello es un índice de la debilidad estructural de la actividad científica en un país latinoamericano. Las críticas se mantendrían si los autores de estos trabajos tuviesen apellidos criollos, antioqueños de pura cepa si se quiere.

Hay desacuerdo, por el contrario, acerca de las causas de esos patrones de acción y pensamiento del empresariado antioqueño 7 • Y en
la identificación del momento histórico en que aparecen las manifestaciones de ese empresariado. Mientras algunos lo sitúan en el siglo XVIII
(López Toro, Parsons, Ospina Vásquez y Twínam), otros lo colocan
en la primera mitad del siglo XIX (Safford y Brew). Hacia 1850 es la
epoca señalada por otro autor (Hagen), mientras que el período
1890-1915 ha sido también propuesto (Me Greevey).

La evolución creciente -y muy reciente- del conocimiento sobre
Antioquia ofrece respuestas muy positivas a los interrogantes plantea-

En balance, parece plausible situar la formación del empresariado
paisa en la segunda mitad del siglo XVIII y primeras décadas del siglo

XIX.

�40

Siglo XIX
Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

Como lo muestra Twinam (1976) 8, el siglo XVIII fue escenario
de importantes cambios en los diferentes sectores (minería, agricultura
y comercio) de la economía antioqueña y se constituyó en
... el período formativo para el desarrollo de una distintiva actitud
antioqueña hacia el uso del capital que condujo a la notable actividad empresarial de los siglos XIX y XX ... (Twinam, 1976: 338. Traducción del autor).

Los cambios en la economía antioqueña del siglo XVIII tuvieron lugar
al final del período Borbón, entre los años 1760 y 1810, el período al
que se circunscribe el estudio aludido. En ese período formativo del
empresariado paisa jugó un papel decisivo la economía minera del oro.

La minería antioqueña y el empresariado
La actividad minera aurífera en Antioquia se remonta a los comienzos
de la Colonia, habiéndose desarrollado alrededor de ésta una serie de
poblaciones como Santa Fe de Antioquia, Santiago de Arma, Cácerez, Zaragoza y Remedios.
Hasta mediados del siglo XVII la búsqueda de oro se localizó en un
número reducido de minas de alta productividad, con tierras vecinas
a las labores agrícolas y con un claro atractivo para el establecimiento de las actividades comerciales (López Toro, 1969: 11).

Fuera de estos centros, asentados unos en torno a yacimientos (minería de veta) y otros a la minería de aluvión en ríos como el Cauca y
el Nechí, la población era muy escasa, "exigua" en las pocas reservas
indígenas (López Toro, 1970: 11). La población total de Antioquia no
sobrepasaba los 25 000 habitantes, hacia 1650, época a partir de la cual
se presentan dos grupos diferentes para la explotación minera. Uno de
ellos es el de los mineros autónomos ("barequeros", "mazamorreros",
"zambullidores", "guaqueros"); son núcleos de nómadas
... cuyas actividades sustituyen gradualmente el trabajo de las primeras grandes minas, abandonadas a causa de las dificultades de una
tecnología inapropiada para la explotación a largo plazo, de los pésimos climas y del consiguiente costo excesivo de reposición de las grandes cuadrillas de esclavos, en comparación con su rendimiento... (López Toro, 1970: 13-14).

Estos mineros libres vienen a consolidarse a lo largo de la Colonia como un estrato social, movido en su actividad económica por las condiciones geográficas de un terreno quebrado pero atravesado por innumerables filones y aluviones auríferos; los mineros independientes ven-

4/

drían a constituirse en un elemento decisivq para que Antioquia fuera
una "sociedad relativamente abierta en marcado contraste con otras
regiones mineras de la Nueva Granada en donde sigue predominando
la mediana o gran explotación, o en las zonas donde se arraiga el sistema agrario latifundista" (López Toro, 1970: 15).
El segundo tipo de minería, es la minería organizada o empresarial. Esta enfrentó una serie de frenos a su desarrollo (salarios altos,
tecnología muy rudimentaria, oferta inelástica de mano de obra) que
afectaban su rendimiento económico, mientras que la "tasa secular de
crecimiento del estrato autónomo era sustancialmente más elevada que la
del estrato empresarial" (López Toro, 1970: 25). Hacia 1750 sólo un
tercio de la producción aurífera provenía de la minería organizada; del
total ocupado en población, 5/6 eran mazarnorreros libres (López Toro, 1970: 24). Para esos mismos años, la región estaba sumida en una
profunda crisis económica, que originó las reformas del visitador Mon
y Velarde.
Socialmente, en la Antioquia colonial hubo mayor movilidad que
en otras regiones colombianas. Aunque no debe olvidarse que los grandes mineros-comerciantes vendrían a conformar un grupo poderoso con
grandes capitales a lo largo del siglo XIX, la estratificación social era
menos rígida que en el Cauca o la Sabana.
Bastaba tener suerte o dedicación en la búsqueda del oro o el comercio para ascender. La posición dentro de la pirámide social no estuvo
ligada en Antioquia a los apellidos ni al mayorazgo territorial sino
al éxito en la actividad económica... (Fajardo, s.f.: 50).

La producción de oro en la Nueva Granada tuvo un papel muy importante, siendo casi el único producto de exportación, al punto que "a
fines de la Colonia se calculaba el oro en más de 850Jo de las exportaciones del Nuevo Reino de Granada" (Safford, 1977: 96).
La carencia de estimativos confiables sobre la producción de oro
durante el siglo XVIII había sido hasta años muy recientes un obstáculo para aclarar puntos de vista opuestos sobre la economía antioqueña
en ese período. La paciente investigación de Ann Twinam en los libros
de registro de la fundición (sitio al que debía llevarse el oro para ser
fundido tanto por los mineros como por los comerciantes, base sobre
la cual se liquidaba el impuesto al quinto real), le permitió un cálculo
para la producción año por año en el período 1670-1810 (fwinam, 1976:
cuadro 1). Por el contrabando de artículos y de oro, así como otros
métodos de evasión estas cifras subestiman la producción real, como
Twinam tiene el cuidado de precisarlo: " .. .las sumas que los mineros

�42

Siglo XIX

llevaban a la fundición eran entonces unaaproximación cercana a sus
utilidades más que a la producción real... Las sumas que los comerciantes llevaban a la fundición no representan su utilidad, sino el valor
de su comercio de importación ... un aumento o una caída en la contribución de los comerciantes a la fundición suministra un indicador
amplio de la cantidad de capital disponible para la población; y como
este capital se originó en la minería, significa una medida aproximada
del estado de la minería" (Twinam, 1976: 44-45). Las cifras muestran
un resurgir notable de la minería después de 1750: entre 1750 y 1779
el promedio anual fue de 59 000 pesos de oro (frente a 22 000 pesos
entre 1670 y 1749); de 1780 a 1810 ascendió a 236 000 pesos de oro.
Es decir, la minería produjo 10 veces más capital en 1800 que en 1700
(Twinam, 1976: 45-46).
Estos datos sirven para poner en duda la alegada pobreza y atraso
de toda la sociedad antioqueña en el siglo XVIII y permiten calificar
más ciudadosamente el impacto de las reformas del visitador Mon y
Velarde (posteriores a 1786). Si bien pudieron contribuir a la segunda
fase de aumento de la producción minera (1780-1810), el hecho es que
la producción se había más que duplicado en el período de 30 años previa a su visita y reformas. El aumento de la población y el descubrimiento de nuevos distritos mineros contribuyeron a esta expansión.

La contribución de la minería organizada (los "mineros" eran quienes tenían bajo su control una fuerza de trabajo -libre o esclavade 5 o más personas) y de los mazamorreros a la producción del período Borbón fue muy desigual: los mazamorreros contribuyeron 2/3 de
la producción anual.
La tecnología misma del 'oro corrido' implica que los mineros tuvieran continuamente que invertir y reinvertir su tiempo y su capital para obtener utilidades. Aunque los mineros podían acumular sumas
para inversión posterior, ellos no hicieron suficientes utilidades como para cesar sus actividades mineras y gozar de ingresos acumulados (Twinam, 1976: 83-84).

La referencia a estos aspectos de la minería en el período en cuestión
se justifica, pues la expansión que se presentó en la producción minera
tuvo efectos en otros sectores de la economía regional (comercio y agricultura) constituyó unas condiciones tales que en esos años se puede
situar la formación del empresariado antioqueño. Esa es una de las conclusiones que se derivan de la tesis doctoral de Twinam (1976) acuciosamente respaldada en fuentes primarias que no habían sido utilizadas
en estudios previos.

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

43

Tanto las oportunidades como las limitaciones de la economía colonial antioqueña influyeron decisivamente en la capacidad de acumulación de la élite regional, así como en la altísima diversificación del
capital, las múltiples ocupaciones de la élite y la re-inversión continua
de su capital. La capacidad de acumulación de la élite antioqueña fue
superior a la de otras élites regionales; pero era "suficiente pero no demasiado" y no comparable con la de los mineros de Guanajuato o los comerciantes de Buenos Aires.
Los riesgos y los retornos esporádicos de la minería, el comercio y
la agricultura forzaron, entonces a los antioqueños, a usar el capital
limitado que ellos poseían diversificándolo como colchón de seguridad contra la incertidumbre. Paradójicamente, el conservatismo y la
prudencia llevó a los antioqueños a invertir en forma innovadora ganando así una temprana reputación como empresarios (Twinam, 1976:
341).

Las realidades económicas movieron a los antioqueños a
mantener capital fluido, disminuír los riesgos y reinvertir continuamente...... Hacia el fin del período Borbón, lo que había sido un
'modo de estar', es decir la adaptación a una realidad económica específica, se había transformado en un 'modo se ser', una forma de
vida que trascendía las condiciones históricas que la habían creado...
La continuación de su propia tradición 'conservadora' llevó a losantioqueños a brillar como mineros, comerciantes, colonizadores, banqueros, cultivadores de tabaco, constructores de ferrocarriles, productores de café y, finalmente, los industriales de Colombia. (Twinam, 1976: 344).

Esta conclusión ¿cómo se confronta con lo que Twinam llama la "tendencia natural" de las sociedades mineras a "crear élites con algún potencial empresarial"? Comparando los casos de centros mineros como
Popayán, Guanajuato (México) y Minas Gerais (Brasil), concluye que
en dichos casos había otras alternativas para que los mineros y comerciantes ricos adquirieran estatus social: encomiendas y haciendas en Popayán y Guanajuato; en el caso de Minas Gerais los recursos mineros
no fueron suficientes para sostener una "naciente élite empresarial".
Pero en nuestro caso "los medellineses del siglo XVIII no tenían estas
alternativas" (p. 286). Es por estas circunstancias objetivas que losantioqueños tuvieron que desarrollar habilidades empresariales.
Otra conclusión importante apunta a la composición de la élite de
Medellin. Basada en una minuciosa reconstrucción de datos para averiguar la conformación del Cabildo, las actividades económicas de sus
miembros y una invaluable lista de estratificación de la élite basada

�44

Siglo XIX

en los ingresos mineros y comerciales, se muestra (Twinam, 1976: 225)
que los miembros de la élite eran a la vez mineros de oro y comerciantes que dominaban el Cabildo de MedeUín y ocupaban las más altas
posiciones dentro de éste. La minería de oro y el comercio estaban íntimamente interconectados pues la minería dependía del aprovisionamiento por parte de los comerciantes, y éstos a su vez requerían conocer el volumen de la producción de oro. Y constituían las actividades
más prestigiosas y un pre-requisito para el poder político: " .. .la correlación entre riqueza y cargos políticos fue casi exacta. Con muy pocas
excepciones, la élite política reflejaba la élite económica" (Twinam,
1976: 238).
Debe señalarse la variedad de tópicos muy bien entretejidos que
analiza en la élite medellinense: la élite económica y su interrelación
con la élite política; la composición de la élite en cuanto raza, ilegitimidad de nacimiento, los peninsulares y las familias criollas. "La sociedad medellinense puso un alto valor al nacimiento legitimo, la pureza racial y la riqueza acumulada a través de la minería y el comercio"
(Twinam, 1976: 279). En cuanto a las ocupaciones de varias generaciones de los miembros de la élite, vale destacar que
... La élite de Medellín, difirió substanciaJmente de las élites de Popayán o Guanajuato. En Medellín los hijos siguieron a sus padres en
la minería y el comercio, continuando una tradición empresariaJ ...
(Twinam, 1976: 278).

El comercio en el período Borbón:
vínculos inter-sectoriales y formación de/ empresariado
En cuanto al comercio, en el trabajo de Twinam se examinan el volumen de las importaciones, su distribución entre los diferentes tipos de
comerciantes y la habilidad de estos para "adquirir y manipular"
capital.
Las "guías" que se otorgaban a los comerciantes en las aduanas,
los registros que los comerciantes llevaban al entregar a la Fundición
una cantidad de oro igual al valor de los bienes importados, los registros mismos de la Fundición, así como los libros de cuentas de un importante comerciante de Medellín, sirven como fuente para determinar no sólo el monto de las importaciones sino para identificar la élite
comercial. Twinam hace un rastreo sistemático y construye 46 series
anuales de importaciones, utilizando fuentes inexplotadas hasta que la
historiadora norteamericana realizó su estudio.
Según estos datos el comercio de importación se quintuplicó en el

Dávila: El empresariado antioqueño (176()./920)

45

período 1760-1810 y refleja las mismas fluctuaciones de la producción
de oro. Así mismo aparecieron nuevos centros urbanos a medjda que
la minería se desplazó de las tierras bajas de Santa Fe de Antioquia
hacia las tierras altas de Rionegro y Medellin. Por ello fueron apareciendo aduanas en diferentes poblaciones. Hasta 1763 sólo existía la
de Santa Fe de Antioquia, año en el cual se establecieron aduanas en
Medellin y Rionegro, seguidas por las de Marinilla·(l791) y Santa Rosa (1795).
Una de las reformas de Mon y Velarde se encaminó a crear un nuevo
grupo -los rescatadores de plata- encargado de ir a los distritos mineros y dar a los mineros monedas de plata a cambio del oro en polvo.
Con esto buscaba crear competencia a los comerciantes que actuaban
como rescatadores de oro, quienes tenían un gran poder sobre los mineros y mazamorreros. "El valor del oro de los míneros y los mazamorreros variaba en proporción inversa a su necesidad por artículos"
(Twinam, 1976: 103). Mon buscó crear un nuevo tipo de comerciantes
domésticos, quienes no importarían los artículos directamente fuera de
provincia, sino los comprarían al por mayor de los importadores de
Medellin y Rionegro. Estos últimos apoyaron dicha reforma: podían
todavía seguir teniendo comercio con míneros y mazamorreros; tendrían competidores en los nuevos mercados domésticos, pero a su vez
estarían relevados de la obligación de llevar el valor de sus registros
de mercadería en oro a la fundición (Twinam, 1976: 106-108). A los
comerciantes les favorecía también porque al convertirse en mayoristas se expanderían sus volúmenes de importación.
Una consecuencia inesperada de la reforma comercial fue la nueva dependencia que se creó: los comerciantes importadores vinieron
a controlar a los mercaderes domésticos, pues dado que no había suficiente plata, los importadores -quienes sí viajaban fuera de la
provincia- comenzaron a intercambiar oro en barra por monedas de
plata, con una pingüe ganancia resultante de su sagacidad empresarial:
los comerciantes hacían utilidades por dos lados: cuando intercambiaban oro en barras por monedas de plata y de nuevo cuando intercambiaban las monedas por oro en polvo. El efecto último de la reforma monetaria de Mon fue permitir a los comerciantes se'r banqueros y mayoristas y acumular utilidades adicionales (Twinam, 1976:
113: Nuestro subrayado).

Twinam indentificó l 028 comerciantes importadores en toda la provincia para el período bajo consideración (1763-1810): 157 en Santa
Fe de Antioquia, 411 en Rionegro y 385 en Medellín (Twinam, 1976:
tabla 12: 129). Los clasifica en cinco grupos de acuerdo con el volu-

�4ó

Dávila: El empresariado antioqueño (176().J920)

SigloXJX

meo de sus importaciones: los del primer grupo, obtenían sus mercaderías en Honda o Nare; se dedicaban sólo de tiempo parcial a sus negocios de importación de muy baja escala, y se "especializaban" en
la importación de cacao y textiles para uso personal (Twinam, 1976:
130-132). En contraste la élite comercial se refiere a los tres grupos mayores (registros superiores a 10 000 pesos de oro), que comerciaban con
Bogotá, Cartagena, Popayán, y Quito. "Las élites comerciales de Santa
Fe de Antioquia, Rionegro y Medellin jugaron diferentes roles dentro
de sus respectivas áreas" {Tinam, 1976: 146), evidenciando gran
diversidad.
En el cuadro 1 que se ha preparado re-ordenando la valiosísima
tabla que aporta Twinam (1976, ~abla 12: _129) se pu~de ver la difer~~cia
entre el tamaño y el monto de 1mportac1ones reabzadas por las elites
comerciales de las tres ciudades.
Para entender más la actividad muy diversificada y multifacética
de la élite de los comerciantes, el caso de un comerciante de Medellín
(Mateo Molina) es muy expresivo:
Molina no fue solamente transportador y vendedor de artículos y evaluador de polvo de oro. Además fue banquero, padre en ausencia,
promotor, portador de correo y droguista ... estos deberes pueden considerarse como los equivalentes coloniales de la publicidad. Los clientes
deben haber evaluado la disposición de diferentes comerciantes para
identificarse con sus intereses, como un factor para decidir a quien
darle sus negocios (Twinam, 1976: 158. El subrayado es nuestro).

Pero ¿cuál era el volumen de las utilidades que obtenían los grandes
comerciantes? Estas se veían afectadas por un sinnúmero de dificultades y limitaciones: grandes distancias y tribulaciones del transporte (canoa, mula), clima maligno, condiciones comerciales desventajosas frente
a los mayoristas de Cartagena, dificultades para cobrar a los mineros,
provisión a los rníneros no sólo de mercancía sino de préstamos y protección a sus farníliares mientras el minero estuviera ausente. A lo anterior se sumaba la restricción de ejercer su comercio dentro de los lírnítes provinciales.
Estas dificultades fueron determinantes en la formación de una actitud y hábitos empresariales. Para ponerlo en términos comparativos,
un comerciante porteño en una sola transacción en Buenos Aires ¡manejaba el equivalente a las importaciones de todo un año de un miembro de la élite comercial paisa! (un Francisco Campuzano, José María
Montoya, José María Aranzazu o cualquiera de los 20 más grandes
importadores identificados por la rnínuciosa investigadora norteamericana; Twinam, 1976, tabla 17: 162).

47

CUADRO 1
DISTRIBUCION DE GRUPOS COMERCIANTES,
PROVINCIA DE ANTIOQUIA Y CIUDADES
DE SANTA FE DE ANTIOQUIA, RIONEGRO Y MEDELLIN (1763-1810) (*)

Santa Fe Rionegro Medellín
Comerciantes
Importadores
- Elite comercial (**)
• Número de sus
miembros
• % del total de
comerciantes
importadores
• Número de sus
miembros con
importaciones
superiores a
100 000 pesos
de oro
- Valor de las

Otros

Total
provincia

157

411

385

75

l 028

10

44

65.

7 (***)

126 (***)

6.3

10.7

16.8

9.3

12.3

l

4

o

2

7

¡

Importaciones
• Importaciones
totales
742 791 2 434 233 2 431 429 363 460 5 971 913
• Importaciones de la
élite comercial
427 299 l 748 115 l 746 008 223 446 4 144 868
• % importación élite
comercial
57.5
71.8
71.8
61.5
69.4
(*) Basado en: Twinam, 1976, tabla 12: 129. Se ha reordenado la tabla

(**) La élite corresponde a quienes importaron más de 10 000 pesos de oro
(***) "El n~ero
'
de comerciantes
.
en las categorías superiores a 50.00 pesos
sumados por cmdades no concuerda con el total provincial. La disparidad ocurre
porque,~gun?s comerciantes registraban sus artículos en más de una aduana
local... (Twmarn, 1976, tabla 12: 129, nota -b-).

�48

Siglo XIX

Bajo tales circunstancias:
...el período Borbón condujo a una expansión significativa del volumen de la producción de oro y de las importaciones. Empero, ni una
élite minera ni una comercial dominaron la producción de oro o el
comercio dentro de la provincia. Los mineros organizados enfrentaron el riesgo de las restricciones de la minería de aluvión y no producían la mayoría de polvo de oro. El comercio fue igualmente riesgoso, ya que los comerciantes tenían que compartir mercados con los
pequeños mercaderes y tenían que luchar para poder pagar sus deudas a los mayoristas del virreinato. La naturaleza misma y organiza.
ción de los sectores comercial y minero llevó a una situación de "suficiente pero no demasiado". Los mineros organizados y los comerciantes importadores fueron capaces de acumular ciertas cantidades
de capital, pero loS-riesgos y restricciones de prospectar y de importar los forzó a diversificar sus inversiones y a actuar en una forma
empresarial (Twinam, 1976: 165).

La agricultura en el periodo Borbón:
el desequilibrio entre el sector minero y el agrícola
La preferencia por el uso excesivo de la tierra (ganadería y técnicas de
agricultura de quema); los límites naturales a su uso intensivo, a causa
del sistema institucional de tenencia, originalmente de concesiones realengas fragmentadas luego por ventas, usurpaciones y herencias; las
tendencias latifundistas y orientación hacia el intercambio comercial
de la economía agrícola de Antioquia (López Toro, 1970: 30-33); la
escasez de tierras fértiles y bajo rendimiento de la tierra, la escasez de
mano de obra y el predominio de pequeñas explotaciones, son algunas
de las características de la economía agrícola antioqueña. Esta entró
en crisis a fines del período colonial y fue otro de los sectores que buscó mejorar el oidor Mon y Velarde con una "reforma agraria" para
"restaurar el orden social, superar la crisis de altos precios y baja ocupación, estimular y diversificar la producción y amparar nuevas colonizaciones. La más extraordinaria de estas reformas consistió en
conceder acceso libre y gratuito a extensiones limitadas de tierras para
la fundación de pueblos y de colonias agrícolas en la vecindad de los
centros mineros, sin respetar los derechos previos de los terratenientes" (López Toro, 1970: 34-35).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

49

...Después de todo, no se adminsitra una hacienda en la misma forma que se acomete una explotación minera, y la clase especial y el
talento y actitudes que marcan el éxito en la última conlleva cierta
incompatibilidad con los hábitos más sedentarios del granjero eficiente.
En este tipo de inflexibilidad del factor empresarial podría encontrarse
buena parte de las causas de la incapacidad de asignación eficiente
de los recursos laborales y naturales entre minería y agricultura... (López Toro, 1970: 35. Nuestro subrayado).

Twinam ha destacado la no existencia de un producto agrícola para
exportación como un limitante adicional, destacando
... el poco incentivo existente para desarrollar un producto agrícola
de exportación, cuando existía uno metálico tan eminentemente adecuado ... El valor de la tierra estaba deprimido al punto que la producción agrícola estaba reducida a unos límites locales en vez de interprovinciales... (Twinam, 1976: 171).

Igualmente la no abundancia de mano de obra barata y las condiciones topográficas no permitieron el desarrollo del sistema de hacienda.
La riqueza agrícola de Antioquia estaba en el Valle de Medellín; la historiadora norteamericana examina la distribución de tierra, concluyendo
que la élite agrícola no dominaba la propiedad ni el uso de la tierra
en dicho valle: " ... aquellos individuos que poseían un área sustancial
en tierra, tendían a diversificarla en varios sitios en vez de concentrarla en uno" (Twinam, 1976: 186). Esa élite no podría monopolizar la
producción agrícola a la cual contribuía una importante población de
pequeños agricultores y en la cual estaba presente la dependencia del
Concejo de Medellín (dominado por mineros y comerciantes) en la fijación de precios de los granos. Twinam ilustra algunos enfrentamientos entre los agricultores y la élite minero-comerciante. En este contexto examina las reformas de Mon y Velarde y el apoyo a sus políticas
de distribución de tierras: " ... Aunque la mayoría de la élite antioqueña era propietaria de tierra, no veía la adquisición de más tierras como
algo necesario para el mantenimiento de su prestigio o de su bienestar
económico" (Twinam, 1976: 204). Esto se sustenta en un censo de tierras realizado en 1787 al que acude Twinam. Para examinar la capacidad de acumulación de la élite agrícola tiene que acudir a "descripciones generales en vez de datos estadísticos".

La colonización como campo de acción empresarial
El desequilibrio entre el sector minero y el agrícola tiene un componente relacionado con la actividad empresarial. El desaparecido
investigador antioqueño Alvaro López Toro lo manifiesta muy
gfaficamente:

Hay otra actividad de importancia en el desarrollo de Antioquia y en
la conformación de su empresariado, en particular en la segunda mitad del siglo XIX: la colonización antioqueña en el occidente colom-

�50

Siglo XIX

biano. El primero en estudiarla detenidamente fue el geógrafo norteamericano James Parsons (1950) cuyo trabajo va mucho más allá de los
aspectos geográficos para cubrir aspectos económicos y sociales y ha
significado un trabajo clásico de obligada referencia. A medida que
ha aumentado el estudio sobre Antioquia, en buena parte estimulado
por el trabajo pionero de Parsons, algunos de sus planteamientos han
sido cuestionados. Es importante precisar una afirmación de Parsons,
porque hace también referencia a algunos rasgos de lo que se ha llamado el "espíritu empresarial" de los antioqueños. Dice Parsons:
En Antioquia los derechos mineros tuvieron siempre precedencia sobre los derechos agrícolas ......El concepto de riqueza, entonces, no
estaba vinculado a determinados pueblos y al suelo, sino más bien
al trabajo duro y a la iniciativa... este caso rarísimo de una sociedad democrática de pequeños propietarios en un continente dominado por un latifundismo latino tradicional ... (Parsons, 1950: 105-106.
Citado por López Toro, 1970: 87-88).
López Toro fue uno de los primeros en contraponer a esta imagen algo
ideal la más compleja de los tres tipos diferentes de colonización antioqueña durante el siglo XIX: concesiones realengas, colonizaciones
capitalistas y baldíos.

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

51

dad empresarial de particular interés, que significó un área más de diversificación: la compra y parcelación de tierras. Los especuladores paisas de bonos tuvieron una "conducta peculiar" y en contraste con sus
colegas de otras partes de Colombia "movilizaron sus recursos con una
mentalidad ávida de lucros fmancieros tangibles y de pronta recuperación del propio capital. Esta motivación capitalista, en armonía con
el espíritu comerciante vernáculo de Antioquia, predominó sobre otras
consideraciones de prestigio social, influencia política y simple acumulación de propiedad raíz" (López Toro, 1970: 41. El subrayado es
nuestro).
Este tipo de colonización está ilustrada en el trabajo del inglés Keith
Christie (1974) sobre la oligarquía del Viejo Caldas.
Christie contradice la idea comunmente aceptada de Caldas como
una sociedad igualitaria de minifundistas, cuyos orígenes ha sido convencional atribuír a una tradición de colonizadores-fundadores y campesinos de origen humilde.

Los aspectos negativos de la colonización son también evaluados por
López Toro (1969: 61): desigualdad social en los beneficios a los emigrantes; las convulsiones políticas dentro de las cuales operaba el movimiento colonizador; predominio de agricultura de subsistencia y destrucción de recursos forestales.

La colonización capitalista fue adelantada por un grupo de "buenas familias" de Antioquia Central ("un grupo económicamente modesto pero socialmente orgulloso, un patriarcado rural ... ", Christie,
1974: 25), que tuvo los medios para organizar caravanas de colonizadores, peones, mulas y ganado. Más tarde, en la colonización del sur
de Caldas, jugó un papel importante una empresa capitalista que vendía tierr~ para c~lonización (la Empresa Burila). A este respecto la
reclamación que hizo la Empresa de una enorme extensión de 200 000
fanegadas (desde la mitad sur del Quindío hasta el norte del Valle del
Cauca) tuvo un "efecto equívoco". Por un lado, sus ingresos fueron
a fort3:1ecer a ~os mayores accionistas de la Empresa Burila, oligarcas
de Cali_ Y Ma~es. Pero a su vez en medio de serios conflictos y reclamaciones de tierras entre los colonos y vecinos frente a la Empresa
"1:fl~_cha de esta tierra se filtró del control de estas pocas familias y per~
rmt10 a m~chas otras establ~erse en fincas de tamaño medio ... A pesar de Burila y de muchos rmembros de la oligarquía que se movieron
hacia la región, ... ésta ofreció gran oportunidad a muchos de los pobres" (Brew, I 974: 56-57). Este tipo de colonización tenía antecedentes en otra poderosa compañía que también se basaba en la venta de
tierras cuyo origen estaba en concesiones reales: la empresa González
Sal~ YC'_1ª:• un_a " ... empresa exitosa de venta de tierras ... (en la cual)'
familias oligarqmcas de Medellin como los Mejías, los Gutiérrez y los
Aranzazu se lucraron grandemente". (Christie, 1974: 23).

La colonización que López Toro llama capitalista fue una activi-

En la fundación de numerosos pueblos se muestran los diferentes

Los logros de la colonización hasta 1880 fueron: superar el estrangulamiento de la producción agropecuaria; aumentar el nivel de vida
y las oportunidades de trabajo para una capa social necesitada; desarrollar una "población más numerosa, menos estratificada socialmente y con mejores condiciones de movilidad ocupacional y terriorial"
(López Toro, 1970: 61). Además contribuyó a la diversificación de la
actividad empresarial del grupo de los comerciantes:
las empresas especulativas en concesiones de tierras, la ampliación
de los mercados de artículos de importación, la experiencia política
en cuanto al fomento de una nueva orientación agraria, etc., fueron
todos factores que contribuyeron a ampliar el horizonte de acción de
este influyente grupo y arraigar en él una tradición empresarial cuyos
frutos se multiplicarian al iniciarse posteriormente la gran corriente
· de industrialización (López Toro, 1970: 61. Nuestro subrayado).

�52

SigloXIX

tipos de colonización, ilustrándose un mayor control oligárquico en el
norte de Caldas que en el sur. Si biten este es un distintivo en Manizales
(ciudad que a su vez dominó la vida regional por largo tiempo), Christie muestra cómo en el caso de Pereira, usualmente descrita como el
fruto de colonos paupérrimos, una familia (los hermanos Marulanda)
jugó un rol dominante. Como empresarios multifacéticos estuvieron
envueltos en negocios de tierras, ganadería, construcción, fincas de raíz urbana, préstamos a individuos y acuerdos de cosechas. Más tarde se asociaron con un pariente, rico propietario de tierras en el Qundío, diversificándose aún más hacia la explotación extensiva de pastos, minas
de sal y oro y propiedades urbanas en pueblos quindianos. Ese poder
ha continuado: " ...a causa de que muchos descendientes de los Marulanda se casaron con miembros de otras acaudaladas familias, subsiste
hasta hoy en día una fuerte linea de continuidad entre el poder socioeconómico y la familia Marulanda" (Christie, 1974: 50).
En síntesis, la colonización fue en parte un nuevo y fructífero campo
de acción para el empresariado paisa después de 1850. A través de ella
se afirmaron las características de diversificación, especulación, innovación, toma de riesgos, sagacidad y trabajo duro del empresariado
antioqueño.

Del empresariado minero y comercial al industrial
Queda demostrado hasta ahora que el empresariado antioqueño surgió en el período entre 1760 y 1810 de la expansión a la vez que de las
limitaciones de la minería de oro y el comercio. En ese período inicial,
la exitosa actividad empresarial de la diversificada élite minera y comercial, estuvo confinada al escenario regional de la provincia de Antioquia. Las evidencias que sustentan esta afirmación son las ya comentadas de Ann Twinam, cuyo rigor y creatividad en el manejo de
fuentes primarias secularmente olvidadas otorgan validez a sus
conclusiones.
Otro riguroso historiador, el británico Roger Brew, terminó dos
años antes que Twinarn, en 1974, su tesis doctoral, también un documentado y valioso estudio del desarrollo económico antioqueño, que
cubre desde la independencia hasta 1920.
Hay una divergencia que nos parece resuelta a favor de Twinam.
A diferencia de ésta, Brew -cuyo estudio justamente comienza donde
termina el período cubierto por Twinam -sostiene que "la élite empresarial que dirigió la industrialización en el siglo XX surgió en el período entre 1820 y 1880 de una clase de hombre humilde y desconocido",

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

53

j

(Brew, 1977: 35). En una nota de pie de página, Brew precisa que 1790
podría ser una fecha factible para "fijar el comienzo del surgimiento
de los mercaderes antioqueños... Pero apenas en la década de 1820 se
pueden empezar a establecer vínculos familiares ininterrumpidos entre
los comerciantes de Medellín, de imoortancia muy reciente, y los empresarios de principios del siglo XX" (Brew, 1977: 35, nota de pie de
página No. 1).
La minería, agricultura, café, ganadería, el crédito y la colonización, son los sectores económicos que estudia Brew para el período
1820-1920. Su propósito es explicar el surgimiento de la industrialización en Antioquia. Este es un propósito diferente, estrictamente hablando, de explicar el surgimiento del empresariado. Pero uno y otro
están relacionados y a lo largo de su libro se encuentran copiosos elementos para comprender la evolución de la actividad empresarial durante el siglo XIX.
Brew parte del supuesto que hay que reconocer " ...el peligro de
buscar explicaciones simples para los procesos históricos ... " (Brew,
1977: 23). Así examina cuatro condiciones fundamentales para el surgimiento de la industrialización en Antioquia: espíritu empresarial, financiamiento, adaptación a la nueva teconología y mercado de trabajo. Para cada una de estas condiciones, estudia un conjunto de variables mediante la "observación cuidadosa" de los hechos históricos. Las
numerosas variables estudiadas'' ...reflejan quizá el deseo del autor de
no dejarse guiar demasiado por juicios y teorías preconcebidas en la
selección del material" (Brew, 1977: 415).
Una conclusión central es que en la industrialización de Antioquia
jugó un papel crucial la economía minera de la región. Le dio un impulso inicial y creó patrones conducentes a que la industrialización no
fuera un "paso brusco e inesperado dado por extranjeros o por antioqueños impulsados súbitamente por el auge de las exportaciones"
(Brew, 1977: 408). La economía cafetera, en creciente expansión después de 1890 '' ...aceleró muchísimo los procesos iniciados por aquella
(la minera)" (Brew, 1977: 133), dando un impulso definitivo pero no
inicial a esa industrialización "local y autóctona". Impulso que se concretó en la expansión del mercado de bienes de consumo no sólo "entre los propios cultivadores, sino en toda la infraestructura que se creó
en Medellin y otros centros más pequeños en la última décadá del siglo
XIX par~ la exp?rt~ción y elaboración del grano" (Brew, 1977: 295);
los cambios cualitativos en los patrones de consumo (por ejemplo, gaseosas, cerveza y cigarrillos desplazando artículos autóctonos); el trabajo de la mujer y los niños en las épocas de cosecha o su desplaza-

�54

Siglo XIX

miento a casas de elaboración y empaque del grano en Mede~; el estímulo a los inversionistas; impulso a la industria de la fu~di~tón Y de
equipo para procesamiento del grano _(des~ulpadoras, prmc1palmente) Por otra parte, a pesar de que Ant1oqwa no fue un centro art~~nai de la importancia de Santander, existieron durante el predo~o
de la economía minera manufacturas artesanales y domésticas ?º solo
en Medellín sino en la provincia. Y " ... debe recono~rse_un~}m~ de
continuidad entre la manufactura artesanal, la orgaruzac1ón seoufabril" y finalmente el establecimiento de la fábrica moderna" (Brew,
1977: 328).
1

1

El empresariado recibe un tratamiento central Y_ muy cuidado~o
en este trabajo, logrando conclusiones de !111portanc1a. La economta
minera'' ... creó las condiciones para el surguruento de una clase de empresarios con las tradicionales virtudes capitalistas tan marcadél;S q~e
aún hoy parecen sacadas de un texto sobre e! desarrollo ~el capitalismo" (Brew, 1977: 407). El espíritu empresanal de los ant1oqueñ?s no
surgió únicamente en esa clase empresar!al sino en ~f~rentes ruveles
sociales. y fue el resultado de las oporturudades ~onom1cas que se derivaban de los recursos naturales, el oro en particular. Este, Yen menor volumen la plata, constituyó la ú~ca exportación per~anente de
Colombia y de Antioquia durante el siglo XIX hasta que los cafeteros pudieran aprovechar la constru~ión del_ferro~ril" (Brew, 197~:
129). La minería implicaba grandes nesgos (1~ce_rt1dumbre de la cont_1nuidad de la riqueza de las minas; desconoc1m1~nto de la, tecnologia
avanzada· dificultades de abastecimiento de los mmeros, etcetera). Pero
era grand~ el interés de los comerc_ian!es en el oro ~m~ b~se para negociar con otras regiones por la liqmdez que daba, as1m1~mo, desde
la época colonial a los comerciantes les interesaban los v~c~los con
la explotación del oro en el comercio alrededor del _abast~~1ouento d_e
los mineros. Dentro de un panorama de muy escasa mvers10n en_ la~nería, después de la Independencia los comerciantes mostraron m~eres
como inversionistas en minas de veta. Brew toma algu1:1os casos ilustrativos de comerciantes que inviertieron en grandes mmas; defme_ la
élite de Medellín para mediados de siglo como las 200 personas de mgresos más altos (basado en el catastro de la junta calificadora d~ Medellín en 1853), indicando que estaba compuesta por." .. -~omerc1a~tes
que vendían mercancía extranjera, ~~os p~cos prop1eta~os de mm_as
y los miembros jóvenes de esas familias.:. (Brew_, 1977. 89). _Prec1_sa
que "muy pocos de los mineros po~res e !~dep~ndientes_se ennq,~ec1eron sin haber sido también comerciantes . Indica también q~e ..~en
la segunda mitad del siglo XIX, los hombres de empresa ant1oquenos
fueron los comerciantes de Medellin ... " (Brew, 1977: 39).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

55

Algunos rasgos de esta élite empresarial son:
1) Ejemplifican una muy alta movilidad social, canalizada a través del comercio.

2) El comercio local antioqueño caracterizado por la fragmentación del mercado y las grandes fluctuaciones de los precios sirvió de
escuela y entrenamiento a las habilidades comerciales de los
antioqueños.
3) Siendo diferentes los minoristas provinciales de los mayoristas
de Medellín, sin embargo la facilidad de crédito para el comercio permitía el tránsito de minorista hacia mayorista, aunque esta situación
cambió a mediados del siglo.
4) Sus valores culturales son los de un "puritanismo" (no protestante sino católico): dedicación al trabajo, frugalidad, y la "mezcla paradójica de respeto a las costumbres patriarcales y al individualismo"
(Brew, 1977: 59).
5) Hay numerosos casos de familias (en vez de individuos) de la
élite de notable y diversificada actividad empresarial anterior al café:
mayoristas de importación y exportación Ouego exportación de café)
que antes se habían dedicado al comercio local al detal; minería; terratenientes; los "nuevos" terratenientes que después de la Independencia obtuvieron grandes extensiones de tierra, a bajo precio, en pago
por préstamos hechos al gobierno y que estaban interesados en explotarla; finanzas: buena parte de los bancos creados en el siglo XIX fueron familiares; las compañías por acciones estaban dominadas por socios emparentados; financiación y control de la colonización; manufactura; transporte. Como indica Brew: " .. .la familia podría recurrir
a las reservas de capital y de conocimientos técnicos de todos sus miembros, quienes consideraban que la confianza mutua y la multiplicidad
de actividades significaban la seguridad a largo plazo para todos"
(Brew, 1977: 112).
6) En las actividades de mayor riesgo (comercio, minería, banca
y manufacturas) imperaron las compañías familiares; mientras que en
la especulación de tierras se asociaban "unas pocas familias relacionadas" (Brew, 1977: 113, nota de pie de página, No. 56).

7) Esta élite empresarial tenía una "mentalidad progresista", abierta, reflejada en la colonización hacia el sur en la cual fue " .. .la aliada
natural de los colonizadores contra los obstáculos que a estos pusieron
los herederos de los donatarios coloniales . .. " (Brew, 1977: 168).

�56

Siglo XIX

8) La innovación que exhibió la élite (pero asimismo otros sectores) se reflejó no sólo en la adopción y adaptación de nuevas tecnologías (especialmente en la minería), sino que tuvo múltiples manifestaciones, por ejemplo: el apoyo a la educación técnica (escuela de Arte y
Oficios de Medellín, desde 1864), una marcada habilidad de los ingenieros paisas de " ...aprender experimentando y de improvisar soluciones rápidas para problemas específicos" (Brew, 1977: 377), introducción
de nuevas variedades de pastos y razas en la ganadería, difusión de innovaciones haciendo giras por la provincia (por ejemplo, para difundir nuevos métodos de cultivo y explotación del tabaco, Brew, 1977:
261 y para demostrar maquinaria textil).
9) Mantenía contactos no sólo con otras regiones de Colombia sino también del exterior.
10) La existencia de alicientes económicos determinó que los empresarios paisas se interesaran diferencialmente por el cultivo de la tierra: interés en el caso del café, antes en el tabaco; pero no en productos alimenticios; sí en la ganadería (Brew, 1977: 226).
11) Las ferias ganaderas constituyeron otra escuela empresarial.
12) La acumulación de capital está intimamente ligada a la "aparición del grupo de familias de empresarios". Acerca de su relación
con la industrialización, el autor no es claro al sostener que la importancia de la acumulación real disminuye a lo largo del siglo XIX: la
industria no requirió mucho de capital; fue selectiva, hubo una gran
inflación y especulación entre 1899-1904, el café se desarrolló sin mucho capital previamente acumulado. Sugiere que el capital necesario
para la industria fue acumulado en forma " ... más súbita y mucho menos gradual" (Brew, 1977: 86).
13) Los comerciantes antioqueños, como los de Cundinamarca, iniciaron el cultivo del café para exportación. Hacia 1880 éste era reducido en Antioquia si se comparaba con el de Cundinamarca y Santander. Pero ésto no fue
.. .por falta de iniciativa de los comerciantes, sino debido al costo del
transporte del producto hasta el río Magdalena ... En la década de
1870 José María Jaramillo Zapata -quien había sembrado dos mil
cafetos en tierras inapropiadas cerca de Río negro-... y las familias
Ospina y Vásquez fueron los convencidos más entusiastas de las posibilidades económicas del café en Antioquia, y los partidarios más
vehementes de la construcción del ferrocarril... (Brew, 1977: 271-272).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

57

El papel de las familias en la actividad empresarial y la diversificación
de intereses económicos de las más poderosas familias, vino a reforzarse con el café. Un ejemplo es el de las ya nombradas familias Ospina
y Vásquez: dos de sus miembros, Mariano Ospina Rodríguez y su cuñado Eduardo Vásquez, que habían conocido la técnica de la industria
cafetera en Guatemala, establecieron las haciendas cafeteras más grandes de la región. En 1883 inmportaron despulpadoras modernas y
trilladoras.
El poder de estos empresarios era muy grande:
La sociedad anónima establecida alrededor de 1890 por los hijos de
Mariano Ospina, con el nombre de "Ospina Hermanos" además de
los intereses en minería y la metalurgia, tenía seis grandes haciendas
a lo largo del Alto Cauca Medio. En 1926, las familias Ospina y Vásquez todavía tenían seis fincas en Fredonia y otras en diferentes sitios, con un total de 838 000 cafetos, siendo muy posiblemente los
mayores productores de café en Antioquia (Brew, 1977: 279, nota de
pie de página No. 139).

La historia social, económica y política del café no la hizo Brew, pero
sí el historiador colombiano Marco Palacios (1979) uno de cuyos mayores aportes lo constituye el estudio minucioso de grandes haciendas
cafeteras no sólo en Antioquia sino también en Cundinamarca. Y, justamente, basa parte de su trabajo en el archivo Ospina de la mencionada familia.
A la diversificación de sus actividades previa al cultivo del café,
debe añadirse que la integración de las diferentes fases del complejo
negocio cafetero hizo que ellos como otros
. .. empresarios antioqueños, concluyeron que su debilidad residia en
su carácter de intermediarios. En el segundo decenio del siglo, las empresas más pudientes decidieron abrir negocios, directamente en New
York como importadores y comisionistas. En 1913, Vásquez &amp; Correa, anuncia a los comisionistas de New York este proyecto, para
recibir a vuelta de correo la respuesta de que les serían retirados todos los créditos... En vista de esta situación ... los capitales tuvieron
que conseguirse en Colombia ... (Palacios, 1979: 231-232) .

14) Tanto familias liberales como conservadoras se destacaron empresarialmente, generándose poco conflicto político a diferencia de otras
regiones del país. Y esa élite empresarial que " ... no cerró las puertas
a gente nueva, ni siquiera después de que se vio bien establecida en el
mundo social y económico... indudablemente constituyó un núcleo de
inmenso prestigio y poder" (Brew, 1977: 407).

�58

Siglo XIX

15) La figura del empresario industrial no existía en el sistema artesanal; aparece con el sistema semi-fabril, en el cual se dan estratos:
"Este capitalista dirigía él mismo el negocio, o conseguía un administrador más capacitado técnicamente y a las órdenes del administrador
estaban los obreros, que se dividían en calificados y no calificados"
(Brew, 1977: 336).
Fuera de las mencionadas conclusiones sobre el papel de la minería y el café en la industrialización antioqueña y de aquellas relacionadas con la élite nos parece importante señalar que abundan otras sólidamente respaldadas en los hechos históricos muy bien ensamblados
en los diversos capítulos. Y que constituyen un aporte pionero en varios sentidos: uno en cuanto su amplia cobertura (una historia económica y social de Antioquia en el siglo XIX). En segundo término, están muy bien integradas, permitiendo ver la interrelación entre las diversas actividades económicas. El hilo conductor entre ellas nos parece que en muy buena parte es la élite empresarial. En tercer lugar, si
se miran aisladamente algunos capítulos (por ejemplo los dos centrados en la industria manufacturera) se encuentran datos históricos que
no eran conocidos o permanecían dispersos y fragmentados en numerosas, y a menudo desconocidas, fuentes históricas.
Entre las conclusiones sobre otros temas están aquellas sobre la
mano de obra: sus orígenes y transición del trabajo agrícola al manufacturero; el crédito en las diferentes actividades; el cambio técnico·
la colonización; la enseñanza técnica; la relación (para varias ramas)
entre artesania e industria, precisando las diferencias entre varios tipos de artesanías; formación de la industria textil (en mayor profundidad que otras); el desarrollo de la agricultura con énfasis en los éxitos
y fracasos de la agricultura comercial (en una serie de productos que
se estudian uno por uno), incluyendo los orientados hacia la exportación (tabaco, quina); el desarrollo de la ganadería.
Algunos puntos quedan sin dilucidar por Brew: 1) parece exagerada (y no se estudia) la apreciación de Brew sobre una "verdadera oposición a la industrialización capitalista" en "algunas partes" del centro y norte de Colombia; 2) es más sistemática y exhaustiva la identificación de la élite a través de la metodología utilizada por Twinam para
la élite de un período previo (1780-1810) (uso de registros comerciales
Y de la Fundición), que la hecha por Brew; 3) es indiferenciado en Brew
el uso de los términos "élite empresarial", "clase empresarial", "burguesía", "capitalistas"; estrictamente hablando, éstos no son términos intercambiables; 4) La afirmación de la existencia de unos valores
culturales ("puritanismo católico") también entre los trabajadores pa-

Dávila: El emprcsariado antioqueño (1760-1920)

59

rece algo forzada como factor explicativo de que la mano de obra no
fuera "recalcitrante" (Brew, 1977: 61) y constituyera un "factor positivo para la productividad y las buenas relaciones industriales" (Brew,
1977: 60). Este tema del trabajador industrial de fines del siglo XIX,
requiere mayor estudio.
Un punto de vista que difiere del expresado por Brew sobre el "impulso definitivo pero no inicial" que el café le dio a la industrialización
ha sido expresado por Marco Palacios. Señala el historiador colombiano que sin el café tal vez hubiese sido posible la industrialización
antioqueña, dado que a lo largo del siglo XIX se habían dado los prerequisitos para la industria: capital, tecnología y experiencia empresarial (Palacios, 1979: 1).
CONCLUSIONES

El empresariado en el desarrollo económico de Antioquia
En el marco del estancamiento de la economía colombiana en el siglo
XIX las diversas regiones que conformaban el país no solamente presentaban diferencias en sus recursos naturales, en su geografía y las
oportunidades económicas, sino también en su estructura económica
y social. El proceso de crecimiento económico relativamente sostenido
solo vino a presentarse en la década de 1890; las primeras industrias
manufactureras son de esa época y en las tres primeras décadas del presente siglo se establece una base industrial en el país, que constituye
una primera etapa de su industrialización. Antioquia surge como una
región líder en la industrialización, si bien esto no implica que para
esos años fuese la única región con industrias modernas (Cundinamarca, hacia 1916, estaba tan industrializada como Antioquia). El caso antioqueño ha llamado la atención de un número grande de estudiosos,
extranjeros y nacionales que han señalado una diversidad de causas explicativas del crecimiento económico antioqueño, de su industrialización y -en general- del destacado papel de esta región en el desarrollo económico colombiano.
En este trabajo se han examinado en detalle varias de estas interpretaciones a la luz del objeto de estudio que propusimos: el empresariado antioqueño ("factor empresarial" o "actividad empresarial").
Las principales conclusiones sustantivas que se derivan de este análisis son las siguientes:
1. El empresariado antioqueño tuvo un destacado papel en la tran-

�60

Siglo XIX

sición al crecimiento económico y la industrialización. Este empresariado surgió frente a oportunidades económicas a la vez que a limitaciones muy peculiares de la economía antioqueña. Unas Y otras Y la
respuesta de este empresariado fueron determinantes de los rasgos distintivos de su conspicua actividad económica. Fueron entonces la base
material de la economía minera, las oportunidades para el comercio
que alrededor de ella surgieron, las limitaciones para explotar un producto agrícola de exportación -hasta que en 1880 se cultivó el caféY el impulso múltiple del café, las condiciones objetivas que hicieron
posible el papel destacado de la élite empresarial antioqueña.
Los rasgos de la personalidad y del modo de pensar y actuar del
empresariado antioqueño: trabajo duro, frugalidad, innovación, toma de riesgo, altísima diversificación, apertura social y valoración del
trabajo manual, son reales y comprobados por caminos bien diversos
desde las perspectivas, igualmente muy variadas, de los numerosos estudios examinados. Algunos de ellos son de naturaleza psicológico-social
o psicológico-cultural (la personalidad de un grupo regional Y social);
otros de carácter valorativo-ideológico (el pensamiento, las actitudes
y valores empresariales); otros se refieren a la conducta económica del
empresariado.
Las raíces de estos rasgos no son de carácter psicológico o estrictamente cultural. Las interpretaciones que hablan de una reacción regional a un supuesto desprecio de los bogotanos y vallunos a lo largo de
varias generaciones, así como la que enfatiza la voluntad o deseo de
hacer el desarrollo quedan totalmente descartadas. El moldeo de esta
personalidad, valores y conducta económica, por parte de las condiciones económicas ya anotadas parece más plausible como explicación.
Esto no niega las mutuas determinaciones y dinámica propia de esa
personalidad y valores; ni la influencia que una y otras -plasmadas
en la conducta empresarial- tienen en la transformación de las condiciones y de la base material en que se asientan. En otros términos, el
empresariado no es como un agente pasivo, sobredeterminado por la
realidad económica.
2. El interés por el empresariado no debe implicar que se le considere como el factor causal del crecimiento económico y de la industrialización. Este último es resultado de un conjunto complejo de factores que -a su vez- están mutuamente interrelacionados: acumulación de capital, mano de obra, tecnología, mercado y empresariado.
La atención con la cual se ha mirado el empresariado en este trabajo, no nos ha conducido a perder de vista este carácter multi&lt;rausal

Dávi/a: El empresariado antioqueño

(J 760-/920)

6/

del crecimiento económico. Y así, se entienden las limitaciones que presenta este capítulo por no tratar el tema de la mano de obra y la clase
obrera en Antioquia.
3. El empresariado antioqueño surgió a finales del período colonial entre los años l 760-181 O más precisamente, como resultado de
la expansión de la producción minera y del comercio de importación
y del circuito comercial de aprovisionamiento de mineros y mazamorreros. Los altos riesgos que enfrentaban los comerciantes-mineros,
los vínculos estrechos entre la minería de oro y comercio y los pagos
en polvo de oro movieron a una alta diversificación (comercio, minería, crédito) de su capital como un colchón de seguridad. En este período inicial de formación del empresariado paisa su radio de acción
estuvo confinado a la provincia de Antioquia.
Después de la Independencia y durante 30 años, la llegada de técnicos extranjeros significó importantes avances tecnológicos en la minería de veta; las innovaciones y el capital extranjero para la minería
de aluvión sólo llegó hasta la década de 1880. El consiguiente aumento
de la producción y exportación de oro antioqueño a lo largo del siglo
XIX consolidó la minería como la "escuela empresarial" de los antioqueños, no sólo en cuanto los aspectos económicos del negocio, sino
también por la exposición y la experiencia tecnológica que dejó. Este
último elemento jugaría también un papel importante en la
industrialización.
Luego de 1820 los empresarios antioqueños ampliaron su actividad a otras regiones del país llegando a ser influyentes a lo largo del
siglo en muy variadas actividades económicas: comercio de exportación de productos agrícolas como el tabaco, comercio de importación,
navegación fluvial, múltiples actividades financieras -dando crédito
aún al Estado-, intentos manufactureros, colonización del Viejo Caldas, ganadería, minería, cultivo y comercialización de café, etcétera.
Hicieron incursiones también en el extranjero, como en el caso de un
banco creado en Centroamérica con capital de familias paisas.
El empresariado en Antioquia, en resumen aparece antes de 1800.
Su emergencia en el panorama colombiano no se reduce a la industrialización del siglo XX.
4. El empresariado en el siglo XIX no fue exclusivo de Antioquia.
Dentro de las limitaciones de capital de otras regiones, en ellas hubo
también empresarios y espíritu empresarial si bien en escala mucho menor. La carencia de las oportunidades económicas que tuvieron los an-

�62

Siglo XIX

tioqueños y el capital líquido (el "mucho oro" que éstos tenían, como
dice Safford) de que gozó la élite empresarial paisa significaron ventajas comparativas muy grandes. Y que constituyen una mejor explicación de esta más abundante "oferta empresarial" de Antioquia, que
las explicaciones psicológicas y culturales.
5. El papel de los empresarios extranjeros en Antioquia fue particularmente importante en la industria, el comercio, la agricultura o la
banca. En la minería fue significativo su aporte técnico y más tarde
la inversión extranjera. Más importante papel jugaron en la Costa
Atlantica durante el siglo XIX como lo indican los estudios adelantados recientemente por Manuel Rodríguez y Jorge Restrepo (1982).

6. Las familias aparecen como eje de una importante actividad empresarial. Dentro de la élite empresarial fue común encontrar familias
de actividad muy diversificada que incluso crearon instituciones de crédito con el propósito definido de financiar los negocios surgidos en el
seno de las mismas, Algunas de estas familias tuvieron también el acceso al poder político local y nacional, especialmente en el caso de los
más grandes cafeteros, como la familia Ospina. En la época borbónica
la élite minero-comercial ocupó importantes posiciones en el Cabildo
de Medellín. Pero en este trabajo no se examinó la evidencia de esta
relación poder económico-poder político, que permita llegar a conclusiones sólidamente respaldadas al respecto.
7. El empresariado antioqueño -como el empresariado en
general- es un agente económico con una posición definida dentro
de la estructura social antioqueña. La relativamente alta movilidad social que se dio en Antioquia, atada a las características peculiares de
la minería de oro, no niega la existencia de una élite empresarial con
riqueza y acceso a crecientes oportunidades económicas que no son las
mismas de los pequeños empresarios. Afirmar una mayor apertura económica y social no implica aceptar una supuesta homogeneidad económica y social; y dicha afirmación ha de hacerse en relación a lamayor estratificación social y económica de otras regiones colombianas.

Teoría y método en el estudio del empresariado
l. La transferencia mecánica de esquemas teóricos y analíticos para
el estudio del empresariado en particular la teoría de la deprivación
de estatus, ha conllevado muy serias deficiencias en términos teóricos
y metodológicos, que se reflejaron en la incapacidad de explicar el fenómeno en cuestión. La invalidez teórica, excesivo abstraccionismo y
notables deficiencias en la sustentación empírica de este modelo así co-

Dávila: El empresariado antioqueño (1 760-1920)

63

mo del centrado en la voluntad o deseo de emprender el desarrollo
o m?delo voluntari~ta, ilu~tran los peligros de la superposición de 1~
teonas sobre la realidad, sm que medie el estudio científico de la misma. El cas~ ?e transferencia mecánica de conocimientos aquí ilustrado no es umco Y se ha presentado en América Latina y en Colombia
en otros campos y a otros niveles.
2. La necesidad_de investigación empírica rigurosa es imperiosa en
el áre~ del empresariado. Las grandes generalizaciones que simplifican
1~ ~ealidad, resultant~ de un vacío abstraccionismo y del aferramiento
ngido a esquemas teoricos, deben ceder el paso a los hallazgos sólidamente respal~ado~ en información factual obtenida. de investigación
en fuentes pnmanas y secundarias.
. 3._ Una línea de investigación es la histórica, más precisamente la
his~ona económica y social regional. La importancia de las diferencias
r~?ionales h~ce aconsejable que se realicen investigaciones en la direcc10n de las ~ustrad?S. en la ~egun?a parte de este capítulo (fwinam,
Brew, Palaci?s, Christie, Ospma Vasquez), en diversas regiones del país.
El empresariado valluno, el costeño, el de Santander y el bogotano
son t:mas de estudio a la espera de ser tratados 9 • La abundancia de
trabaJos sobre el caso del empresariado antioqueño contrasta con la
e~casez de estudios sobre las otras regiones. Sin embargo, existen vaho~as fuentes secundarias, prácticamente inéditas en el medio investigat1vo _que aportan un ~aterí~ de partida muy útil para estudiar el emp~esan~do d: ~tas r:gion_es ~ferentes de Antioquia (biografías, autob1ograf1as, dicc1onanos b1ograficos, historias de empresas, etcétera)1º.
. 4. Existen otr~ líneas de investigación promisoria sobre el empresanado en &lt;:olombia en la época contemporánea. Si bien requieren entenderse articuladas al proceso de desarrollo histórico son distintivamente_ tra??jos de la disciplina sociológica sobre aspe~tos como la caractenzacion ~e los peq~eños y medianos empresarios en regiones y/ o
ramas productivas especificas; la formación y evolución de los gremios
empr:sariales en la_ industria (globalmente y por ramas), el comercio,
la agncultura, las fmanzas y la ganadería; los grandes grupos financier?~; el per~ormance ~ d~sempefto empresarial -también con localizac~on espacial_~ econom1ca-; _los valores y actitudes de los empresarios; las familias de empresanos, etcétera.

5. Pero así mismo hay otr~ fuentes de investigación también para
ser _abordadas con ~as herraIDientas de la investigación social: las mod_abdades de los estilos de administración en Colombia o en regiones
cmdades específicas o sectores económicos específicos; 1~ introducción'.

�64

Siglo XIX

difusión y evolución de tecnologías administrativas específicas como
por ejemplo la racionalización del trabajo, la selección del personal,
la mercadotecnia, el control de calidad y la seguridad industrial, que
constituyen instancias de innovación empresarial.
6. Este estudio ha ilustrado los problemas del psicologismo, una
modalidad de la búsqueda de causa única a fenómenos complejos. Para el estudio del empresariado la alternativa no es el economicismo,
ni el sociologismo. Una visión y aproximación del tema en forma que
integre las variables económicas, psicológicas y sociales, en vez de preferenciar solamente una de ellas parece una alternativa plausible a los
sobre-determinismos. Dentro de esa visión integradora caben diversas
preferencias teóricas y analíticas. Unas y otras no pueden mirar el objeto de estudio -el empresariado- en una perspectiva ahistórica. Los
riesgos de hacerlo han quedado patentes a lo largo de la evolución de
los dos modelos criticados. Las ventajas de tener dicha perspectiva también han resaltado al analizar no sólo las críticas a los modelos sino
el aporte valioso de diversos autores estudiado en la segunda parte del
capitulo.
7. El estudio del empresariado está -en términos teóricos- en un
estado de relativo atraso. En particular dentro de la teoría económica
convencional ha recibido muy poca atención. No existen por ello modelos elaborados como sí los hay para varios campos de estudio de esta disciplina. Dentro de la economía política, hay elementos importantes, y la noción misma de empresariado se confunde con la categoría
de burguesía; y el "espíritu empresarial" o pensamiento y valores de
los empresarios queda cubierto por la categoría conciencia de clase de
la burguesía. En esta perspectiva más amplia, sin embargo, la actividad, realizaciones y caracterización del empresario queda desdibujada
pues lo que más se subraya es su relación social frente al proletariado.
En los estudios históricos sobre el empresariado, el único intento
de historia económica cuantitativa hecho en Colombia es el de Me Greevey, extensamente comentado en este capítulo. Su fracaso no apunta
necesariamente a la imposibilidad de ese enfoque, sino a la falta de elaboración teórica de dicho autor y a su descuido en el manejo de los
datos. Pero, por otra parte, no deben perderse de vista las deficiencias
en la información estadística extensamente comentada por especialistas (por ejemplo Roger Brew, Marco Palacios), particularmente serias
para el siglo XIX. Y que representan un obstáculo mayúsculo para la
elaboración de las series históricas, fundamento indispensable de la historia económica cuantivativa.

Dávila: El empresariado antioqueno (1760-1920)

65

La significación de la sociología del conocimiento

1. La trayectoria del conocimiento sobre el empresariado antioqueiío
ilustra que ésta evoluciona mediante le refutación y crítica a los aportes que van surgiendo mas que por la superposición de ellos. El conocimiento no avanza lineal ni acumulativamente: se presentan quiebres,
rupturas, retrocesos, contradicciones como las ilustradas en este trabajo. El simple paso del tiempo no asegura un incremento en la valid~z de los estucl~os que van apareciendo (las tesis de Me Greevey, por
eJemplo, aparecieron cuando había ya pasado la primera oleada de refutación a la teoría de Hagen).
2. La calidad de los trabajos no es el criterio único para su difusión y aceptación. En el mundo de los estudiosos del desarrollo económico, las tesis de la deprivación de estatus hicieron carrera son más
C?noci?as que varios de los estudios serios que las refutaro~ y se han
difundido en escala que no se compadece con su endeble calidad. Dicha teoría junto con otras relacionadas y originadas en la "primera
década del desarrollo" (los aiíos sesenta), jugaron un papel histórico
al ser parte del sustento teórico de políticas y planes de acción para
"modernizar" América Latina, adelantadas por los Estados Unidos
y organismos internacionales.
El s~pu~to -:-que demostró ser falso- que la psicología, la cultura Yla histona misma de los países latinoamericanos eran opuestas a
la actividad empresarial, llevaba implícito el ideal de la cultura y sociedad no~eamen~as co"!-o arquetipo que debían buscar estos países.
La debilidad teónca refleJada en tratar de alterar la psicología y la cultura de las sociedades subdesarrolladas para fomentar el empresariado
Y-consecuentemente- iniciar el despegue hacia el crecimiento económico, estuvo acompaiíada de abundantes recursos financieros y de
apoyo político.
En breve, ciencia y política no están aisladas. Y el poder del conocimiento es frágil frente a otros poderes.
3. La existencia de la dependencia cultural y científica está atada
a procesos de dependencia económica y de la división internacional del
trabajo, cuyas manifestaciones son muy reales. Pero si algo ha quedado de todo el debate y de la corriente dependentista tan el boga entre
1965 Y1975, es la claridad de que no pueden tomarse como causas únicas Ysobredeterminantes las de esta dependencia. En la estructura interna &lt;Je nuestra economía y sociedad radica la endémica debilidad de
nuestra infraestructura científica.

�66

Siglo XIX

La respuesta adecuada a ese estado de cosas no puede ser la del
chauvinismo intelectual y académico Que se niegue a considerar los estudios que hayan sido el producto de investigadores extranjeros. El caso del conocimiento existente sobre el empresariado paisa muestra dramáticamente que son extranjeros quienes más profundamente han tratado el tema. Como se ha reiterado, no es la nacionalidad del investigador lo que determina la calidad de su trabajo, sino su competencia
y rigor científico. Tan cuestionados resultan los trabajos del norteamericano Everett Hagen como los de investigadores criollos que después de él han adelantado estudios sobre los valores de nuestros
empresarios.
4. El énfasis en un enfoque holista, totalizante; para estudiar el empresariado, no puede confundirse con la creencia de que todo enfoque
"tiene algo de verdad", o que de la combinación indiscriminada de
enfoques surja algo mejor. Así mismo, la perspectiva simplista (a veces tomada de una vulgarización de la teoría de sistemas) que supone
que "todos los factores influyen y son influídos por todos los demás
factores" imaginables, no tiene asidero científico.
Una actitud crítica y creativa requerida en un campo del conocimiento relativamente atrasado como el del empresariado, implica una
cierta dosis de flexibilidad (al menos de no dogmatismo). Pero ésta no
debe confundirse con los simplismos comentados.
5. La imposibilidad de la neutralidad valorativa en las ciencias sociales no implica que el estudio del empresariado tenga que conducir
a hacer su defensa y apología. Este temor tal vez ha influido para que
dentro de algunos sectores académicos e investigativos el tema en cuestión sea un "tema tabú".
El desconocimiento de la formación y evolución del empresariado
usualmente se reemplaza por una actitud ideológica que se refuerza en
una u otra dirección. Esta actitud ideológica oscila pendularmente entre dos extremos: el empresario como el "héroe" del desarrollo o el
"enemigo principal". El estudio de aspectos como los tratados en este
capítulo aporta más elementos de juicio que el sumarse irreflexivamente
a los dos polos mencionados. Le permitirá al lector contrastar sus herramientas teóricas y analíticas con una realidad llena de riqueza. Y
contribuirá,a conocer -en vez de intuir- un aspecto relevante de la
historia del desarrollo de su país.
El lector puede aproximarse en mejor forma a la realidad del empresariado a través de estudios históricos como los tratados en este ca-

Dávíla: El empresariado antioqueño (1760-1920)

67

pítulo, que de textos teóricamente poco sólidos y empíricamente referidos a otras realidades, como varios de los que se trajinan en el medio
académico. Así por ejemplo, ofrece mayores oportunidades de aprendizaje sobre el éxito real de los empresarios estudiar biografías como
las del paisa Pepe Sierra (Jaramillo, 1947), el caldense Jaramillo Montoya (1975) o el manizalita Femando Mazuera Villegas (1971), que recitar de memoria las cualidades que debe tener un empresario eficaz
(Drucker, 1966). O enseña más sobre las oportunidades y limitaciones
para la innovación tecnológica, leer a Roger Brew (1977) sobre los cambios técnicos en la minería antioqueña en el siglo XIX, que imaginar
un proceso completamente racional, secuencial y abstracto de cualquier
texto sobre toma de decisiones. Le deja más al lector leer la "biografía
de las empresas de Antioquia" (Gómez Martínez y Puerta, 1946) y buscar en Eder (1959) la forma como estructuró y administró internamente la Manuelita, que aferrarse a la idea de un supuesto proceso administrativo de cinco o cualquier número de etapas, como lo ha presentado una de las más conocidas corrientes del pensamiento organizacional (Fayol, 1961; Koontz y O'Do~ll, 1974).

NOTAS
1. El comentario del historiador Jorge Orlando Melo es pertinente: " ... es posible obtener nuevos conocimientos sin nueva información factual, por el simple proceso
de reorganización explicativa de datos que habían sido insuficientemente elaboradas por los historiadores anteriores" (Melo, 1979: 52).
2. En un artículo del autor, publicado hace nueve años, se hace una lectura minuciosa
del libro de Hagen, una evaluación del mismo y se presentan una selección de críticas de historiadores. Véase: Carlos Dávila, "Ciencia y Ficción sobre el Desarrollo
de Antioquia. Notas Extemporáneas sobre el Libro de Everett E. Hagen". Revista
Universidad Eafit - Temas Administrativos. 41, Enero-Febrero-Marzo 1981, pp. 47-68.
3. Preocupa a este respecto que sobre el desarrollo económico de Rusia en el presente
siglo y los cambios políticos y sociales allí ocurridos y la relación -si hay algunacon su tesis, el autor llanamente dice "En cuanto al siglo XX no tengo información" (Hagen, 1968: 137).
4. Años más tarde, Safford (1979), añadíó una extensa aclaración a críticas que sobre
esta afirmación la hace Paul Me. Greevey (1975). Por una parte, Safford reitera la díferencia entre ingresos monetarios per cápita e ingresos reales. En segundo término
si los ingresos pe, cápita fueron más altos en Antioquia, no implica que no hubiera
desigualdades en la sociedad. Finalmente ratifica los datos mismos, tomados de Ospina y Vásquez y Mollien (Safford, 1979, nota de pie de página 41, pp. 102-104).

5. Cuatro de estos enfoques son psicológicos y tres sociológicos. Entre los últimos están los de Weber (1971), Me Clelland (1969), y Kunkel (1971). Una síntesis del estado de la cuestión se encuentra en Kilby (1971).

�68

Dávila: El empresariado antioqueño (1 760-1920)

Siglo XIX

6. Véase el comentario del historiador J. León Helguera (1979), quien concluye señalando esta contradicción en Me Greevey (Helguera: 1979: 222).
7. "Empresariado", "factor empresarial" y "actividad empresarial" los utilizamos

como sinónimos. Aunque puede haber alguna imprecisión conceptual al proceder
así, es menor que la ambigüedad que revelan los términos traídos a cuento _en el
párrafo anterior, que se utilizan en forma poco cuidadosa en S!an p~ de la literatura consultada en este capítulo. El término empleado por los mvestigadores de habla inglesa, entrepreneursbip, presenta menores problemas.
8. Véase la reciente traducción (1985) del libro de Twinam (1982) titulada Mineros,

Comerciantes, .Labradores: Las Raíces del Espíritu Empresarial AntioqueiJo,
1763-1810 (FAES, 1985). El libro en inglés en buena parte está basado en la tesis
doctoral a que aquí aludimos (Twinam, 1976). Un análisis de esta se encuentra en
Dávila (1985).
9. Para recientes esfuerzos en esta dirección, véase el trabajo que constituye el capítulo primero de este libro así como la "introducción" al mismo.
10. El inventario sobre el tema realizado en la investigación que el autor dirige en el
Programa de Post-grado en Economía de la Universidad Javeriana, suma cerca de
90 fuentes secundarias sobre el empresariado en Colombia. Cada una de ellas ha
sido evaluada en detalle, preparándose una reseña crítica para 60 de estas fuentes.
Esta bibliografía comentada junto con una síntesis global de la misma se publicará
próximamente. De las 90 fuentes identificadas, un muy alto número (entre 35 Y40)
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LA FABRICA ARGENTINA DE ALPARGATAS

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l. INTRODUCCION
En este trabajo se analiza la historia de una empresa industrial de antigua instalación en el país dedicada fundamentalmente a la producción
de bienes de consumo masivo para el mercado interno: la Fábrica Argentina de Alpargatas. El propósito es estudiar el desenvolvimiento de
la empresa mediante el seguimiento a lo largo del tiempo de sus principales indicadores económicos. Sobre la base de estos indicadores y el
análisis de fuentes cualitativas se ha tratado de explicar las características y estrategias que le permitieron, a una industria que integraba un
tipo específico dentro de las que se establecieron en las últimas décadas del siglo XIX en la Argentina, convertirse en una de las grandes
empresas del país.

l

,.

• Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Buenos Aires, Argentina). Publicado previamente en Desarrollo Económico, V. 28, no. 111, octubrediciembre de 1988. Los autores agradecen los comentarios de Arubal Arcondo y de
sus colegas del PEHESA. Expresan asimismo su reconocimiento a los directivos de
Fábrica Argentina de Alpargatas, que facilitaron el acceso a los archivos de la empresa. Fernando Rocchi colaboró eficazmente en las tareas de investigación.

�76

SigloXIX

Es posible considerar que el momento de origen de la industria argentina moderna se ubica a fines del siglo pasado y principios del presente, en el período en el que la economía creció muy rápidamente siguiendo el estímulo que provenía de la expansiva demanda del mercado mundial. Este mercado constituyó el destino de la producción de
algunas de las principales industrias que se desarrollaron en ese momento, particularmente las de aquellas dirigidas a la·transformación
de insumos agropecuarios, como los frigoríficos. Estas empresas requerían inversiones de cierta envergadura, en las que predominaba el
capital extranjero y en las que usualmente el control era ejercido por
directorios instalados en el país de origen del capital. Junto a este tipo
de empresas se desarrollaron una serie de lo que más ajustadamente
podrían denominarse "talleres", cuya producción se dirigía al mercado interno; en general eran empresas de capital comparativamente reducido, con escaso personal, tecnologia poco avanzada, y cuyos empresarios eran predominantemente inmigrantes recientes relativamente modestos.
También puede registrarse en ese período el nacimiento de algunas grandes empresas, volcadas al mercado interno, y cuyo impacto
en la economía del país, aunque aún no ha sido suficientemente evaluado, posiblemente fue mayor que el de la multitud de pequeños
talleres 1•

dutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

77

las industrias cuyos productos estaban destinados a la exportación recibieran una mayor atención en la bibliografía.
Otro problema presente en casi todas las historias de la industria
argentina radica en suponer que el sector de producción local para consumo interno recién tuvo impulso efectivo a partir de 1930. Si bien es
cierto que esta afirmación ha sido matizada por quienes sostienen que
ya en la década de 1920 se había instalado un parque industrial importante que constituyó la base del desarrollo posterior, siguen sin conocerse las respuestas que empresas específicas desarrollaron frente a las
distintas coyunturas, conocimiento al que podría arribarse con el análisis de casos particulares de industrias muy activas desde fines del siglo pasado hasta por lo menos 1940 3 •
Estos son los principales argumentos en favor de iniciar estudios
sobre "historia de empresas". Es posible que con los conocimientos
que surjan de la investigación se esclarezcan algunos temas centrales
en la historia de la industria argentina. Sólo para señalar algunos de
ellos se pueden mencionar: el problema de la formación de capital; el
origen del mismo en términos de reinversiones, aportes locales o inversiones externas; la tenencia accionaria y su relación con el control de
la actividad empresaria; la vinculación con el sector financiero; la composición de la rama a que pertenece la empresa en términos de mayor
o menor concentración; el papel del mercado y la tecnología. Naturalmente también el análisis de empresas ofrece elementos claves para
el estudio de la formación de la fuerza de trabajo 4.

Las investigaciones y trabajos realizados en torno de la historia de
la industria argentina, especialmente sobre el período que se cierra en
1930, se han caracterizado por elaborar sus conclusiones utilizando información con un alto nivel de agregación, por lo que los mecanismos
particulares que constituyeron la trama de tal agregación permanecen
aún en buena medida desconocidos. De esta manera, las conclusiones
enunciadas en esos trabajos carecen en general de bases concretas en
las historias particulares. La información agregada muchas veces oculta
importantes diferencias entre casos, diferencias capaces de matizar aquellas conclusiones generales 2•

En el estudio que se presenta, el objeto de la investigación es la
empresa industrial misma. Es decir que se ha buscado analizarla como
unídad _de producción y comercialización 5 • Esto ha signíficado estudiar las modificaciones que a lo largo del tiempo se han verificado en
sus dimensiones, el tamaño y origen del capital, la capacidad de innovación tecnológica y de adaptación a diferentes coyunturas y políticas,
y su rentabilidad.

Por otra parte, esos estudios tendieron a destacar el carácter subsidiario de la industria local en relación a la producción agropecuaria,
sin duda el sector de la economía más dinámico hasta por lo menos·
1930, ya fuera para señalar los limites de un modelo que anudaba una
relación desigual con los países importadores de alimentos y materias
primas, el resultado de erróneas políticas obstaculizadoras de un posible crecimiento autónomo o, por el contrario, para enfatizar cómo el
mismo crecimiento agroexportador había facilitado las primeras etapas de la industrialización. Razones tan diversas confluyeron para que

Para este trabajo la selección ha recaído en la Fábrica Argentina
de Alpargatas, una empresa industrial instalada en 1884, dedicada a
la producción de bienes para el mercado interno, cuyo control permaneció en manos del directorio local, si bien contó con una importante
participación de capital extranjero. Se ha partido de los propios archivos de la empresa para reconstruir una síntesis de su historia y analizar
algunos temas específicos que permiten explicar el comportamiento económico que hizo posible su crecimiento, en el período comprendido
entre fines del siglo pasado y 1940. Ello ha permitido, además, seguir

�78

Siglo XIX

la ~volución de la empresa desde su origen hasta las décadas de 1920
Y 1930 momentos que han sido vistos como los de mayor impulso en
'
.
6
el crecimiento
de la producción local para el mercad o mtemo
•
Los objetivos centrales de este trabajo han consistido~~ analizar
el proceso de formación de capital en la empresa y su rentabilidad. P~ra ello se ha recurrido al estudio de la evolución de la cuenta "Máqwnas y herramientas" y del patrimonio neto a través de un período de
cincuenta años. El supuesto que ha guiado el trabajo es que 1~ cu~nta
"Máquinas y herramientas" refleja la inversió1;1 net~ en ma9wnaria Y
equip~s, en tanto_que el patrimonio neto ,refleJa mas am~h~en!e l_a
evolución del capital social y las reservas . A su vez este ultimo_i_ndicador ha permitido realizar las estimaciones sobre rentabilidad
patrimonial.
· Cuáles han sido los resultados de estas operaciones? El primero
1.,
• d
fue la
constatación del crecimiento de la empresa a partrr
e una política de inversiones continuas, al mismo tiempo lo suficientemente flexible como para adaptarse a distintas situaciones 8• Los momentos en
los que las inversiones aumentaban correspondían~ las di_ferentes coyunturas que atravesaban tanto los mercados de eqwpos e msumos como los de los productos de la empresa y los precios de los factores ~e
producción. La empresa tendía a invertir, y posiblemente a sobreeqwparse en los momentos de mayor acceso a los mercados externos de
maqdinaria, y tendía a disminuir la inversión y utilizar _el ex~eso de capacidad así generada en los períodos en los que sur~an d!ficultades
para el acceso a esos mercados. Por otra parte, esas mversiones eran
posibles por tres causas: la reinversió~ de_utilidades, ~a ampliación del
capital social a partir de nuevas suscnpciones de acciones y la obte~ción de crédito externo. La utilización de una u otra vía, o su combinación, dependía de condiciones externas a la firma,_pero t~bién de
las decisiones que tendían a mantener a la empresa mdependiente de
las fuentes externas de ímanciamiento.

1

Las decisiones de la empresa procuraban asegurar que las inversiones se realizaran en equipos de tecnología avanzada, que implicaban la posibilidad de reducir los costos de producción y que, además,
se hubieran obtenido en exclusividad para su área de influencia 9 •
Aunque esto la obligara al pago de "royalties", le aseguraba una posición dominante en el mercado, caracterizado en las primeras etapas
de su historia por la existencia de una serie de pequeñas empresas competidoras que, presumiblemente, tenían co~tos de producción ~ás '.31tos que les dificultaban una política de precios flexibles ante oscilaciones de la demanda. En tanto, Alpargatas reforzaba su posición domi-

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

79

nante adaptando su política de precios y comercialización a las condiciones del mercado.
La sociedad se había iniciado como una empresa argentina con fuerte -en realidad mayoritaria- presencia de accionistas británicos ligados a la provisión de maquinaria e insumos. Sin embargo, las decisiones de la empresa eran tomadas por su directorio en Buenos Aires, aunque esto provocaría más tarde un cierto conflicto con sus accionistas
y proveedores británícos.
A continuación, y luego de una breve historia de la empresa en
la que se incluyen someras referencias a las decisiones sobre la política
de ventas y la tecnología adoptadas, se presenta un análisis general de
la evolución patrimonial y las fluctuaciones de la rentabilidad, para
posteriormente analizar más detenidamente la política de inversiones
y las fuentes de éstas, es decir las utilidades, el capital social y el financiamiento externo.
2. ORIGENES Y EXPANSION DE LA FABRICA ARGENTINA
DE ALPARGATAS
Alpargatas Argentina fue establecida hacia 1884, y desde muy temprano se convirtió en una empresa destacada en el mercado argentino de
calzado de yute10 • Desde sus orígenes aparecía muy ligada a dos firmas británicas: la Ashworth &amp; Co. de Manchester y la Douglas Fraser
&amp; Sons, de Arbroath, Escocia. La primera de ellas fue la encargada
hasta mediados de la década del 20 de la comercialización, a través de
su filial argentina, de la producción de Alpargatas en el país. Ambas
empresas se contaban entre los principales accionistas de la fábrica
11
argentina • La relación se extendía a la conexión con el mercado británico de insumos -como el yute de Bengala- y a la provisión de
maquinaria.
La Ashworth había establecido una sucursal en la Argentina en
1854, cuando Eduardo Ashworth llegó al país con el objetivo de dedicarse a importar tejidos de algodón. Esa actividad se amplió posteriormente a la fabricación e importación de tejidos y, desde 1915, a la representación de la empresa británica de seguros London Assurance Corporation. Al frente de la sucursal argentina se encontraba en.1916 J.
K. Cassels, quien también formaría parte del directorio de
Alpargatas12 •
La Douglas Fraser &amp; Sons era, por su parte, poseedora de las patentes de las "complicadas e ingeniosísimas máquinas movidas por va-

�80

Siglo XIX

por (que) producen anualmente centenares de pares de alpargatas
-barato y cómodo calzado- cuyo uso se ha generalizado en todos
los centros agrícolas de la República" 13• Uno de los Fraser fue gerente de Alpargatas en 1891, pero es muy probable que ya desde antes ocuparan puestos importantes en la empresa. A diferencia de lo que ocurrió con los Ashworth, la vinculación de los Fraser con Alpargatas continuó hasta hace pocos años14•

1

11

'"

La desvinculación de Ashworth &amp; Co. se produjo a mediados de
la década del 20. Como consecuencia de ello dejó de distribuir los productos de Alpargatas en el mercado local, e incluso dejó de actuar como representante de compras en Europa, siendo reemplazada en esas
funciones por Douglas Fraser &amp; Sons. A fines de la misma década los
Roberts se incorporaron al directorio de Alpargatas15 •
Paralelamente a la desvinculación de Ashworth, Alpargatas Argentina comenzó a controlar su propia red de distribución mayorista,
continuó con la expansión de sus plantas, imprimió una diversificación más marcada a sus líneas de productos y buscó mantener frente
a sus posibles competidores algunas ventajas mediante la utilización
de tecnología avanzada obtenida en exclusividad.
La diversificación productiva significó la incorporación de textiles
de algodón, calzado de goma y telas para la industria del caucho. La
producción de algunas de estas líneas se había intentado con anterioridad, en tanto que otras se establecerían definitivamente en la década
siguiente.
En cuanto a los textiles de algodón, ya en ·1893 habían comenzado
los que la empresa denominaba "ensayos" con telares que utilizaban
hilado de algodón para producir lonas. Este hecho, junto con la producción de hilo de atar iniciada en 1891 , mostraba los tempranos intentos de diversificación de las actividades de la empresa. No obstante, fue a partir de 1920 que la producción textil adquirió importancia,
juntamente con la expansión del cultivo de algodón en el país 16• En
una reunión del directorio en ese año "se trató la conveniencia de instalar una pequeña hilandería de algodón en la fábrica como para hacer
experimentos en reducida escala, resolviéndose dar instrucciones al Sr.
Gerente para averiguar lo que seria su costo máximum... " 17 • La instalación de la hilandería tomó forma definitiva el año siguiente a partir de la aprobación de una propuesta concreta del gerente. En ella se
detallaba la compra de la maquinaria necesaria para producir 2 500
libras de hilado por día, aproximadamente un cuarto del consumo total de la empresa en ese momento. El gerente estimaba que se requería

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

81

una inversión de (,() 000 libras (aproximadamente 722 400 pesos m/n), lo
18
que permitiría obtener una utilidad anual de 230 000 pesos adicionales •
Con la aprobación de los principales accionistas, se inició la nueva
actividad 19•
En 1922 se completó la construcción del quinto piso de un nuevo
edificio destinado a la hiladería de algodón, donde sería elaborada fibra nacional. El año siguiente, 1923, se inauguró la hilandería cuya producción la empresa planeaba aumentar paulatinamente hasta cubrir sus
necesidades totales20• Con ese fin estableció contratos para la provisión de algodón, enviando un técnico a la provincia de Corrientes con
instrucciones precisas del precio máximo a pagar por la materia
prima21 • Al mismo tiempo se realizaron gestiones para obtener la entrada libre de derechos de la nueva maquinaria para el procesamiento
del algodón argentino22 • Finalmente, y dado el interés en la hilandería, se convino en aumelftar el capital social a fin de financiar las inversiones requeridas por la nueva actividad. Estas inversiones prosiguieron en 1924, cuando se ampliaron los edificios destinados a la hilandería e incluso se compraron máquinas de segunda mano, aunque
por un valor poco significativo, a la empresa Ezra Teubal y Cía.
La producción de distintos tipos de calzado se había iniciado también muy tempranamente. Ya en 1900 se había adquirido maquinaria
para procesar cuero para suelas, y en 1907 se obtuvieron "las maquinarias más perfeccionadas que se conocen" de origen inglés y norteamericano para la fabricación de calzado de cuero. Pero fue en la década del 20 cuando comenzó la preocupación de los directivos de la empresa por la eventual competencia que podrían sufrir por parte de los
fabricantes de calzado con suela de goma.
Este calzado cuya venta estaba monopolizada por la United States
Rubber Co. , comenzaba a tener gran aceptación no sólo en Buenos
Aires, sino también en el interior, a pesar de que su precio de venta
era superior al de las alpargatas23 • Aunque se realizaron algunos ensayos para enfrentar esta nueva competencia, esa línea de producción
fue momentáneamente abandonada en 1927 ante la alta tarifa que debían abonar los artículos de caucho, lo que impedía la fabricación del
calzado de goma a precios competitivos24 • No obstante, la fabricación
de este calzado fue retomada en 1929, a partir de un convenio con la
· firma Pirelli, fabricante de artículos de goma, para obtener de ella en
exclusividad plantillas, cintas y contrafuertes25 • Un proceso inverso,
pero también tendiente a la diversificación, se produjo a partir de 1931
con la fabricación de telas para neumáticos para la firma Goodyear,
primero, y Pirelli y Firestone después. En la década del 40 estos rubros

�82

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

83

Pero a fines de la década del 20, al mismo tiempo que se pensaba
que el calzado de yute seguiría siendo la línea de producción más importante, se prestaba cada vez más atención a los nuevos productos:

mas se aplicaron al fortalecimiento de la capacidad de producción de
las nuevas líneas que la empresa había desarrollado, pero también a
la renovación de la maquinaria utilizada para la fabricación del tradicional calzado de yute y, además, a la puesta en marcha de métodos
y técnicas que permitieran una reducción de los costos.

...una preocupación constante del Directorio ha sido la de establecer
sobre una base aún más firme el desenvolvimiento de las actividades
de la sociedad. Con ese fin y a pesar de que la explotación de alpargatas es y se confía seguirá siendo el renglón de más importancia, el
Directorio ha considerado prudente ampliar la elaboración de los demás renglones cuya fabricación se ha iniciado últimamente, como también crear otros ... la Sociedad se ocupa actualmente de la manufact~ra de l?nas y lonetas de todas clases, calzado de cuero y lona, zapatillas, bnnes, toallas, repasadores, telas para filtros, piolines, tintorería y ap~estos, hilos y cuerda de yute y cáñamo, estopa de
algodón....

En 1934 existía capacidad ociosa en las secciones de alpargatería
y calzado de cuero, en tanto la producción de la hilandería de algodón
no cubría las necesidades de la empresa30• Esto impulsó al directorio
a duplicar la capacidad productiva de la hilandería y la tejeduría, lo
que requirió, a su vez la construcción de un nuevo edificio en la zona
de Barracas aledaiía a la fábrica31• Las ampliaciones de la sección tejeduría se terminaron ese mismo año y al siguiente comenzó ha habilitarse el nuevo edificio de la hiladería. A ello se agregó la aceptación
de la propuesta de James Mackie &amp; Sons para instalar maquinaria para la elaboración de sisal32•

tuvieron una creciente importancia en la producción de Alpargatas.

Los récords de ventas logrados en 1927 y 1928 permitieron a la empresa continuar con su política expansiva. No obstante ésta se volvió más
cautelosa, primero por el cambio de autoridades na:ionales y luego por
21
la crisis • Ese último año marcó, justamente, una interrupción en el
crecimiento de las inversiones. Las compras de maquinaria continuaron pero se redujeron a un poco más de un tercio de las realizadas en
1927.
Hasta 1934, entonces, la política de la empresa se caracterizó por
búsquedas cuidadosas de ampliación de sus líneas de producción y compras de maquinarias destinadas especialmente a las secciones de hilandería y tejeduría. Esto incluyó la compra de treinta telares Northrop
en 1930 Y la decisión tomada en 1929 de continuar con la ampliación
de los edificios que formaban la planta de la empresa28 •
La búsqueda de diversificación de la línea productiva se refleja en
los porcentajes correspondientes a lo invertido en "agregados y refacciones" sobre la maquinaria existente en 1933 y 1934. Aunque estas
cifras se refieren a la maquinaria ya instalada y son por lo tanto de
un valor relativo, muestran que juntamente con la persistencia de la
!mPo~ancia de la sección alpargatería -que pasa del 23.80% de las
mvers1ones en 1933 al 19.50% en 1934- se produce el crecimiento de
las secciones de hilandería y tejeduría de algodón y de calzado de
goma29•
. ~ partir de 1934 las inversiones en maquinarias, al igual que la ampliación de los edificios, adquirieron un ritmo más intenso. Las mis-

La renovada demanda de alpargatas llevó también al reemplazo
de la maquinaria de la sección más tradicional de la empresa: la dedicada al tratamiento del yute. Parte de esa maquinaria había sido instalada hacía cuarenta y ocho aiíos. En 1935 representaba sólo un 2.6%
del valor de la cuenta "máquinas y herramientas". James Mackie &amp;
Sons, especialistas en el ramo e inventores de máquinas para el tratamiento del yute, fueron los proveedores de la nuevas máquinas, con
el compromiso de no venderlas a ninguna otra firma en la Argentina
o Uruguay. La nueva maquinaria permitía utilizar materia prima de
calidad inferior, abaratando consecuentemente los costos33 •
Estas inversiones continuaron en 1937. Pero el hecho de que la nueva maquinaria ya no fuera provista por Douglas Fraser &amp; Sons no dejó de tener consecuencias. Ya en 1934 Alpargatas Argentina había intentado reducir a la mitad el porcentaje del 30Jo sobre las utilidades,
que abonaba a la firma británica por los privilegios de exclusividad sobre la maquinaria en el país34• El contar con nuevos proveedores del
equipo para el procesamiento del yute, juntamente con la diversificación de la producción, llevaron finalmente a Alpargatas a lograr en
1939 un acuerdo con la Douglas Fraser por el cual ese porcentaje se
pagarla solamente sobre las utilidades de la sección alpargatería35 •
No fue solamente en el tratamiento del yute y en la tejeduría e hilandería donde se realizaron inversiones. Otros dos rubros interesaban
a la empresa: el calzado de goma y los textiles para neumáticos .
En cuanto al primero, a partir de mediados de la década del 30

�84

Siglo XIX

comenzó a considerarse redituable la producción de ese tipo de calzado. En 1934 se incorporó maquinaria para la utilización de suela de
goma vulcanizada y en los aíios siguientes lograron superarse las dificultades que se habían encontrado anteriormente para la fabricación
del calzado. Los nuevos sistemas de producción permitieron disminuir
la cantidad de artículos dafiados, e incluso algunas de las innovaciones
se aplicaron en los sectores de producción de las lineas del tradicional
calzado de vute36 •
Por otra parte, a las telas para neumáticos se agregaron, a partir
de 1938, nuevas telas para correas que se producían para Goodyear.
Las fábricas de neumáticos aparecían ya como un mercado promisorio, pero para cubrir sus necesidades se requería un hilado más fino.
Esto también decidió a Alpargatas a encarar nuevas inversiones37•
Por otra parte, y para ser utilizado en sus textiles, en este período
se adquirieron los derechos exclusivos para la Argentina del proceso
de "sanforizado", obtenidos de Cluett, Peabody &amp; Co. de Nueva York
a cambio del pago de "royalties" por metro de tela producido con ese
procedimiento, y garantizando un pago anual mínimo38 •
La expansión y diversificación de la producción y la incorporación
de nueva tecnología llevó, como se ha visto, a una continua ampliación de la misma planta de la empresa. Esta ampliación fue paralela
a los intentos de instalación de nuevas unidades de producción en el
interior y el exterior del país. Ya en 1905 se había comenzado la instalación de una nueva planta en Rosario, proyecto abandonado en 1907,
el comprobarse las ventajas de centralizar la producción en Buenos
Aires. Pero en ese mismo aíio se fundó la Fábrica Brazileira de Alpargatas e Calcado, en San Pablo, de la que Alpargatas Argentinas recibió algo menos del 9% del capital accionario en concepto de usufructo
de privilegios y patentes. La planta de Brasil se sumaba a la establecida anteriormente en Uruguay. En algunos momentos se planeó incluso la instalación de fábricas en Espaíia y aún en Italia, pero el principal mercado siguió siendo el interno, y la ampliación de las instalaciones se realizaría a partir del núcleo inicial.

t

En la década del 30 se compraron terrenos en la zona de Barracas
aledaíia a la fábrica de Buenos Aires, se inició la construcción de nuevos edificios y se instaló nueva maquinaria. En 1940, con la compra
de la hilandería de cáñamo perteneciente a Luis Elverdin ubicada en
el partido de Avellaneda, que contaba con una superficie de más de
5 000 metros cuadrados, la empresa inició una nueva etapa de
modernización39 •

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

85

Un hito importante en esa etapa, ya fuera de los limites cronológicos de este trabajo, lo constituyó la instalación de la planta industrial
de Florencio Vareta en 1951, que en su momento fue uno de los establecimientos más importantes para la producción de calzado de goma
en América Latina. Posteriormente se desarrollaron nuevos productos
como el calzado de plástico, las telas estampadas y la confección de
prendas de vestir. Algunas de las marcas de los productos de la empresa, como Rueda, Luna, Boyero, Far-West, se popularizaron en el país.
La empresa, además, realizaría a partir de la década del 60 importantes inversiones en empresas asociadas, que la proveían de materia prima para sus productos.
¿Cuál era en esos distintos momentos la dimensión de la empresa
en relación a otras firmas industriales que operaban en el país? Algunos datos provenientes de censos y estadísticas industriales alcanzarán
para intentar una breve respuesta a esta pregunta.

En 1887 existían en Buenos Aires 62 fábricas de calzado de yute,
61 de ellas eran talleres que empleaban técnicas tradicionales y contaban, entre todos, con 459 trabajadores; la restante era la Fábrica Argentina de Alpargatas, que dotada de maquinaria moderna empleaba
a 530 personas. Además, se encontraba entre las 91 industrias -en un
total de 4 723- que utilizaban más de 100 000 pesos anuales de materia prima40•
En 1914 se registraron 72 empresas del ramo en la ciudad de Buenos Aires y 241 en todo el país41 • Puede estimarse que el activo total
de Alpargatas representaba más del 70% del de todas las empresas del
ramo de la Capital y más del 500/o del total nacional42• En cuanto a
la mano de obra ocurría algo equivalente, más del 53% del total del
personal de las empresas del ramo en Buenos Aires -porcentaje similar al de 1887- y más del 33% del total nacional era empleado por
Alpargatas43 • Estas cifras indican claramente que la dimensión de esta empresa estaba muy por encima de la media de los talleres que constituían su competencia.
Por otra parte, en 1929 Alpargatas ocupaba el lugar numero 21
entre las sociedades anónimas industriales por su patrimonio neto y
el número 29 por su activo total44 • En 1939 ocupaba por su capital el
puesto número 25 del ránking general de sociedades anónimas, aunque si se toma en cuenta sólo las empresas industriales, le correspondería el número 18 ó 20. En ese afio su capital había superado el de
Campomar, pero ya era superado por el de Ducilo.

�86

Siglo XIX

Gutiérrez Y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

3. EVOLUCIÓN PATRIMONIAL Y FLUCTUACIONES
DE LA RENTABILIDAD

,¡

87

GRAFICA 1

Como se ha visto Alpargatas Argentina fue fundada en 1884, y se ha
contado con las memorias y balances a partir de 1890, lo que ha permitido en principio el estudio de un período de cincuenta años de actividad de la empresa. El análisis se ha focalizado en la evolución de la
cúenta "Máquinas y her,rarnientas", el patrimonio neto y la tasa de
ganancia45 •
La primera constatación que fue posible realizar sobre la cuenta
"Máquinas y herramientas", en este extenso período, tuvo que ver con
el continuo crecimiento a largo plazo de las inversiones en maquinarias y equipos (véase gráfica 1). La tasa de crecimiento en los valores
de la cuenta a lo largo de toda la etapa estudiada, es decir entre 1890
y 1940, fue de 5.8% anual 46 • El análisis de la serie permitió distinguir
dos grandes períodos: el primero desde 1890 a 1917 y el segundo desde
este último año basta 1940. El crecimiento en el primer período fue
notoriamente menos intenso (3.5% anual). En el segundo se observó
un ritmo de inversiones más acentuado (la tasa de crecimiento fue del
8.3% anual). Entre 1890 y 1917 el crecimiento se vinculaba con el desarrollo de las actividades tradicionales de la empresa, es decir, con
la producción de calzado. En tanto que entre 1917 y 1940, a la producción tradicional que seguía siendo la actividad principal, se le sumaron
nuevas líneas de productos, basados en el textil de algodón.

ALPARGATAS. MAQUINAS Y HERRAMIENTAS

Millones de
pesos de 1950

45,-----------·--------40
35
30
25
20
15
10

5
CUADRO 1
O T'TT"l'"TTTTrrrrrrr,rrn...,."TTTTTrTTT"1-rn-rrrTT"r'rT"r"~~

ALPARGATAS. PATRIMONIO, ACTIVO FIJO Y MAQUINARIAS.
CRECIMIENTO ANUAL (EN %)

1890

1900

1910

1920

1930

1940

Fuente: Elaboración propia en base a S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas

Años

Patñmonio

Capital

Reservas

1890-40
1890-17
1917-40

8.12
6.59
9.58

s/ d
s/ d
11.08

s/ d
s/d
6.98

Activo fijo Maquinañas
5.60
1.97
8.55

5.78
3.48
8.27

Fuente: Elaboración propia en base a Fábrica Argentina de Alpargatas, Memoria y Balance, 1890-1940.

Balance General, 1890-1940.

'

�88

SigloXIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

El patrimonio neto, por su parte, creció al 8.21 O/o anual entre 1890
y 194047• En cambio, en el período 1908-1940, para el que se encontró información más completa en los archivos de la empresa, la tasa
anual de crecimiento fue del 6.21 O/o. En este período el capital creció
al 6.130/o y las reservas al 6.440/o anual. No obstante -y tal como se
observa en el cuadro 1- entre 1890 y 1917 la tasa de crecimiento del
patrimonio neto fue del 6.590/o anual y entre 1917 y 1940 del 9.580/o.
Por otra parte, si se toman capital y reservas separadamente, lo que
puede hacerse para el segundo período, se observa que el capital creció
a un 11.080/o anual, en tanto que las reservas lo hicieron al 6.980/o. Estas diferencias, como se verá más adelante, se relacionaban con la política de la empresa de recurrir a la emisión de acciones como una de
las formas de financiar su expansión.
En cuanto a la tasa de ganancia, de acuerdo con el indicador seleccionado -véase nota 45- la rentabilidad patrimonial fue de 13.490/o
anual para el período 1890-194048. Sin embargo, como ocurre con los
casos anteriores, la tasa de ganancia difiere según el subperíodo considerado, tal como se observa en el cuadro 2.

CUADR02

ALPARGATAS. RENTABILIDAD PATRIMONIAL (EN OTo)

Período
1891-95
1896-00
1901-05
1906-10
1911-15
1916-20
1921-25
1926-30
1931-35
1936-40

Rentabilidad
4.97

22.76
10.80
8.55
13.67
26.61
13.57
10.73
11.68
12.61

Fuente: Elaboración propia en base a Fábrica Argentina de Alpargatas, Me-

j_

moria y Balance, 1890-1940.

89

Como se desprende del cuadro mencionado, en el primer período
para el que se cuenta con información la rentabilidad fue relativamente baja; en tanto que se encontraba sustancialmente por encima de la
media entre 1896 y 1900 y nuevamente entre 1916 y 1920. En los últimos tres períodos, en cambio, la rentabilidad fue relativamente estable con tendencia al alza.
4. LAS BASES DE LA EXPANSION

4.1. Capital y distribución de beneficios
A partir de la información contenida en la Memoria del año de 1892
puede inferirse que el capital correspondiente a ese! fecha ascendía a
300 000 pesos m/n, equivalente a 106 700 pesos oro de ese momento.
En 1895 el capital alcanzaba a 300 000 pesos oro y las reservas a 30 000
pesos oro. Aparentemente parte del aumento del capital provenía de
la reinversión de utilidades brutas, dado que la Memoria de ese año
señalaba que las utilidades netas se obtenían luego de "haberse hecho
los castigos necesarios y de haber provisto la suma necesaria para mantener el capital y fondo de reserva" en las cifras mencionadas49• Pero
la magnitud de la diferencia en las cifras indica que también se había
recurrido a nuevas suscripciones de capital.
Los fondos de reserva se constituían con montos que se destinaban a ese fin al repartirse las utilidades, pero también con montos que
se deducían antes de establecer las utilidades netas. En los primeros
aíios fue sin duda el segundo mecanismo el que prevaleció. Por ejemplo, en 1890 el 100/o de las utilidades fueron enviadas al fondo de reserva; cifras que se redujeron abruptamente en 1892 y 93 a menos del
20/o de las utilidades, en tanto que en 1890, 1893, 1894 y 1896, una suma de 277 148 pesos m/n, que aparecía como gastos antes de calcularse las utilidades, fue destinada a fondos de reserva para edificios, renovación de maquinaria y previsión contra depreciación de la moneda. Este mecanismo se reiteró en 1897 y 1898 por un total de 95 000
pesos oro, por lo que buena parte de las inversiones en los primeros
años se financiaba en primer lugar con recursos que la propia empresa
destinaba a ese fm antes de repartir utilidades y_e!! segundo lugar con
montos que se restaban a las utilidades mismas.
Con respecto a los dividendos pagados, no se cueµta con información detallada hasta 1908; sin embargo, puede inferirse que oscilaban
entre el 8 y el 120/o en los primeros años, alcanzando el 200/o en momentos de alta rentabilidad. Esta información es más completa a partir de 1908, tal.como puede observarse en el cuadro 3. Entre 1908 y

�90

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

1917 el porcentaje de dividendos pagados aumentó del 9% en la primera de esas fechas al 15% en la última. Es evidente, además, la tendencia a mantener sumas preestablecidas destinadas a dividendos, lo
que significa que cuando las utilidades a distribuir eran menores, disminuían más que proporcionalmente los fondos destinados a reserva.
Por otra parte, estos últimos superaban las sumas destinadas al pago
de dividendos en varios de los años analizados.

CUADR03

ALPARGATAS. DISTRIBUCION DE UTILIDADES, 1908-1917
(EN PESOS ORO)

Año

Dividendos

1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917

59 940
79 920
66 600
66 600
83 250
83 250
83 250
99 900
99 900
124 875

Fondo
de reserva
10 000
80 000
68 000
2 000
12 175
63 347
37 464
103 653
170 000
160 935

Cuenta nueva
8 693
8 854
12 590

s/ d
s/ d
s/d
s/ d
117 766
149 649
143 399

Honorarios
directores
s/ d
s/ d
s/ d
s/ d
s/ d
7 762
9 898
27 866
25 981
24 570

Cuenta nueva: Utilidades no distribuidas que pasan al siguiente ejercicio

91

acciones de 100 pesos oro cada una, que pagarían dividendos sólo a
partir de 191250 •
Durante la postguerra el capital creció espectacularmente (a un
25. 16% anual entre 1917 y 1925) y las reservas a un ritmo notoriamente menor (9.08%). De todas formas, el aumento en las reservas se explica especialmente por el crecimiento del Fondo de Reserva Legal, el
que de acuerdo con lo establecido por el Código de Comercio debía
incrementarse anualmente con un 2 % de las utilidades líquidas y realizadas hasta llegar a un mínimo del 10% del capital social. También
aumentó la reserva para demérito de maquinaria, aunque a un ritmo
menor, mientras los fondos especiales y el de previsión se mantuvieron
en sus valores nominales.
Entre 1925 y 1934 se desaceleró el crecimiento del capital en términos reales, en tanto que las reservas que habían crecido un 200% en
los nueve años anteriores, en este subperíodo de diez años aumentaron
un 50%51• En cambio, entre 1934 y 1940 el capital tendió a decrecer
en términos reales, aunque aumentaron las reservas a un ritmo muy
alto (12.92% ). Este crecimiento se debió al aumento de las reservas facultativas que duplicaron su valor nominal entre 1934 y 1940. Las reservas legales crecieron a un ritmo menor. En conjunto el crecimiento
del patrimonio se acerca bastante al crecimiento de los valores de la
cuenta "Máquinas y herramientas"52•
El aumento de las inversiones durante todo el período 1918-1940
se relacionaba con el crecimiento del capital social. Como puede verse
en el cuadro 4, la empresa aumentó el capital autorizado en 1924 y en
1933 y tendió a suscribir rápidamente buena parte de ese capital
autorizado.

Fuente: Elaboración propia en base a Alpargatas, Memoria y Balance,
1908-1917

En este período de la historia de la empresa también aumentó el
capital, tanto el autorizado como el suscripto. En 1908 el capital autorizado era de 1 500 000 pesos oro, aunque sólo se habían emitido 6 600
acciones de un valor de 100 pesos oro cada una. Estos 660 000 pesos
oro señalaban, sin_embargo, un aumento significativo respecto de los
300 000 pesos oro de capital suscripto de 1895. En 1911 se emitió una
tercera serie de acciones, que si bien no alcanzaba a cubrir el capital
autorizado, aumentaba el suscripto a 832 500 pesos oro mediante 1 725

Ya en 1918 se resolvió autorizar un aumento del capital autorizado, llevándolo a 2 500 000 pesos oro en acciones ordinarias y a
1 000 000 pesos oro en acciones del 70/o acumulativas53• En este mismo afio el directorio dispuso capitalizar 277 500 pesos oro del Fondo
de Reserva entregando acciones ordinarias en la proporción de una acción por cada tres en circulación, debiendo esta nueva emisión participar en las utilidades de la sociedad desde 1919. Posteriormente, en 1919,
1920, 1921 y 1922 se utilizó el mismo mecanismo para capitalizar una
parte de las utilidades. Esto significó que del capital suscripto total en
1923, casi el 62% correspondía a capitalización de utilidades. En 1923
se resolvió aumentar el capital autorizado a 7 500 000 pesos oro. Para
comenzar a suscribirlo, en marzo de 1924 se emitieron 5 000 acciones
preferidas de 100 pesos oro cada una -valor nominal- a la par. En

�92

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

CUADR04

ALPARGATAS. CAMBIOS EN EL CAPITAL AUTORIZADO
Y SUSCRIPTO 1918-1940 (EN PESOS ORO)

Año

Capital autorizado
Acciones
Ordinarias
Preferidas

Ordinarias

Preferidas

1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924
1925
1926
1927
1928
1929
1930
1931
1932
1933
1934
1935
1936
1937
1938
1939
1940

2 500 000
2 500 000
2 500 000
2 500 000
2 500 000
2 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000000
6 000 000
6 000 000
6 000000

832 500
1 100 000
1480000
1 480 000
1 480 000
2 500 000
3 000 000
3 000000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000000
3 000 000
3 000 000
3 300 000
3 300 000
3 300 000
3 300 000
4 300 000
4 300 000
4 650 000
4 650 000
4 650 000

500 000
500 000
792 800
1 000000
1 000 000
1 500 000
1 500 000
1 500 000
2 000 000
2 000 000
3 000000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000,000
4 000 000
4 000 000
4 000 000
4 700 000
4 700 000
4 700 000

1000000
1 000 O!c)O
1 000 000
1 000 000
l 000 000
1000000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000

Capital suscripto

Acciones

-

Nota: De acuerdo con la información disponible, las cifras de capital suscripto y realizado son coincidentes
Fuente: Elaboración propia en base a Alpargatas Argentina, Memoria y Ba-

lance, 1918-1940

93

noviembre se emitieron 5 000 acciones ordinarias del mismo valor nominal cada una a 40 pesos oro sobre la par.
El capital autorizado nos se volvió a aumentar hasta 1933, y a partir de 1925, aunque se siguieron emitiendo acciones, no se volvió a utilizar el mecanismo de capitalización de las utilidades. Esto se relacionaba con la disminución de la rentabilidad y aún cuando ésta tendió
a aumentar luego de 1933, no llegó a alcanzar los altos valores anteriores a 1924. Resulta conveniente, entonces, analizar la evolución de la
rentabilidad patrimonial.

4.2. Rentabilidad patrimonial y reinversión de utilidades
La rentabilidad patrimonial, tal como se mencionó anteriormente y puede observarse en la gráfica 2, tuvo oscilaciones muy bruscas, parte de
la explicación de esas oscilaciones, especialmente las caidas bruscas,
radica en los aumentos dispuestos en la suscripción de acciones, es decir, en el aumento mismo del capital social, aunque no es éste el único
factor que explica esas oscilaciones.
En la primera mitad de la década del 90 la rentabilidad patrimonial se encontraba muy ligada a las fluctuaciones del precio del oro,
dado que buena parte de la materia prima (yute, pita, algodón) era importada y aún manteniéndose sus precios en el mercado internacional,
la desvalorización del peso papel implicaba su aumento en términos
de costos para la empresa.
Precisamente en 1890, a pesar de haber aumentado las ventas un
IS% en valor y un 13% en cantidad de alpargatas vendidas con respecto al año anterior, las utilidades del ejercicio cayeron debido a la continua depreciación de la moneda argentina y la dificultad para aumentar en una proporción adecuada los precios de venta dado el temor a
la retracción de la demanda. El problema se agudizó al año siguiente,
único momento en el período estudiado en el que se registraron pérdidas. El aumento de las ventas en 1892, tanto en valor como en cantidad unido a la disminución del precio unitario, parece confirmar la
elasticidad de la demanda54 •
Durante los años 1895 y 1896 se produjo una recuperación de la
rentabilidad patrimonial55• La actividad de los agentes de compras de
la empresa en Europa, la firma Ashworth -que a su vez se ocupaba
de la distribución de la producción de Alpargatas en la Argentinapermitió reducir los costos de los créditos utilizados para la adquisición de materia prima, al mismo tiempo que las comisiones por compras y ventas.

�94

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y érecimiento industrial

La _rentabilidad se estabilizó en los últimos años del siglo pasado
y los pnmeros del actual, y si disminuyó entre 1902 y 1907 ello se debió
a un aumento de los gastos -especialmente los fondos de reservadado que la rentabilidad bruta aumentó.
'

GRAFICA 2
ALPARGATAS. RENTABILIDAD PATRIMONIAL

Porcentaje
35

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1890

1900

1910

1920

1930

Fuente: Elaboración propia en base a S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas,

Balance General, 1890-1940.

La rentabilidad patrimonial tuvo tendencia a bajar luego del alto
porcentaje (29.6) alcanzado en 1897, disminución que coincidía con el
continuo aumento de la inversión en maquinarias. Esta coincidencia
se acentuó entre 1904 y 1907, años en que la rentabilidad disminuyó.
En efecto, en el periodo 1897-1901, la rentabilidad alcanzó un promedio de 21.9%; en tanto que el periodo siguiente, 1902-1907, caracterizado por un aumento de las inversiones, la tasa promedio fue de 6.3%.
Dentro de las ganancias de la empresa se encontraban los ingresos
provenientes de los dividendos de las acciones de la Fábrica Uruguaya
de Alpargatas, equivalentes a 80 000 pesos oro. La empresa uruguaya
comenzó a pagar dividendos en 1893, pero éstos representaban un porcentaje muy poco significativo -entre un 2 y un 3%- de los ingresos
de Alpargatas Argentina.

A partir de 1908 la rentabilidad patrimonial tendió a subir alcanzando un promedio de 11.8% anual. Finalmente, a partir de' 1915 y
hasta 1922/ 2? la ~entabilidad patrimonial alcanzó los porcentajes más
altos de la histona de la firma. La disminución de la rentabilidad a
pa~ir de 1923, pero sobre todo la caída de 1924 generó serias preocupaciones en la empresa. Una investigación solicitada por el presidente
del directorio explicaba la disminución de la rentabilidad por el aumento
de los precios de los insumos, la caída de las ventas en los departamentos de alpargatería y calzado y la disminución de los precios de los prod_uc!os de la tejeduría, dispuesta para enfrentar la competencia, y que
s1 bien aumentaba las ventas disminuía los beneficios56•

1

1
1

o

95

1940

La caída en la rentabilidad entre 1929 y 1933 se relacionaba con
la retrac~ión de la_demanda y la consiguiente política de la empresa
de reducrr los precios de sus productos para mantener el nivel de ventas. _A ~esar_ ?e ello, y de la baja de los precios del yute y del algodón,
1~ dismmucion de las ventas de alpargatas llegó a reducir su producción. Durante 1929 se dedicaron a la fabricación de alpargatas sólo cuatro días y medio a la semana57•
También la caída en la rentabilidad en 1938, la más importante
desde 1924, se relacionaba con la decisión de la empresa de continuar
produciendo en condiciones de retracción de la demanda. Nuevamente se optó _por disminuir_ los precios de venta a la espera de una pronta
recuperación, que efectivamente se produjo al año siguiente.
Evidentemente entre los factores que incidían en las fluctuaciones
d~ la rentab~dad patrimonial deben contarse, entonces, desde los camb1?s del precio del oro hasta las fluctuaciones del precio de la materia
P~~- Pero uno de los factores que no puede obviarse es la propia
política de la empresa. En este sentido, influían tanto los montos destinados a reservas, como las decisiones de la empresa respecto a los
precios de sus productos.
4.3 Financiamiento externo

La reinversión de utilidades y la suscripción de capital fueron métodos
que permitieron la expansión de la empresa. Pero éstas no eran las únicas formas, ni necesariamente las más importantes, de obtener finan-

�Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial
96

ciamiento para las inversiones. Ya en los primeros años, la empresa
obtuvo un préstamo externo hipotecario -aparentemente en Londrespor 50 000 libras (252 000 pesos oro). Este préstamo aparecía en los
Balances a partir de 1913 bajo la forma de debentures a1 6%, que comenzaron a ser rescatados a partir de 1916 a razón de 5 500 libras anuales por intermedio de la casa matriz del Banco Británico58 • Así se había llegado a tener debentures por sólo 28 000 libras en 1920, año en
el que se decidió su rescate total. En 1921 la empresa recibió los títulos
que estaban depositados en el Banco Británico de la América del Sud
como garantía59•
Simultáneamente Alpargatas renovaba un crédito de 50 000 libras
conael National City Bank of New York a un interés del 7% anual,
que se redujo en 1921 al 6.75% 60• Pero la empresa consideró en ese
año que los créditos que tenía con la casa Baring Brothers &amp; Co., tramitado por intermedio de la Ashworth, y los del Banco Británico resultaban más económicos, por lo que prefirió ampliar su crédito con
61
Baring • No obstante, el crédito del City Bank se volvió a renovar en
1924 a un interés aún menor, el 5.75% anual62•
A partir de 1924, la empresa recurrió normalmente a los créditos
de las filiales locales del Banco Británico y del Banco de Londres63 •
5. CONCLUSlON

La Fábrica Argentina de Alpargatas fue una de las primeras grandes
empresas dedicadas a la fabricación de productos masivos de bajo costo para el mercado interno. Su crecimiento estuvo íntimamente vinculado, en una primera etapa, al desarrollo de la agricultura de exportación. Una cuidadosa política de diversificación de su producción le permitió posteriormente crecer a partir de la satisfacción de las nuevas necesidades del mercado local. En primer lugar, el hilado y textil de algodón y más tarde los insumos requeridos por algunas industrias instaladas durante la década del 20, como las fábricas de neumáticos.

L

97

Siglo XIX

Su preocupación por sostener su posición en el mercado local no
impidió que eventualmente se interesara por las inversiones fuera del
país, como en los intentos fallidos en España e Italia y los medianamente exitosos en Brasil y Uruguay. Sin embargo, esta preocupación
por los mercados externos no se correspondió con una política tendiente
a la exportación de productos terminados. Aunque el tema merece exploración adicional, la documentación examinada permite inferir diferencias de costos en los insumos y la mano de obra, unidas a problemas arancelarios como las principales explicaciones de esa política.

Entre las distintas etapas del crecimiento de la firma, se destacan
los primeros años, caracterizados por una fuerte inversión inicial, la
primera posguerra y la segunda mitad de la década del 30. Estos últimos períodos coinciden por otra parte con los momentos de mayor crecimiento de las inversiones en el sector industrial en el país64 • No obstante parece claro que las fuertes inversiones de la década del 20 respond~n no sólo a la diversificación de la producción, sino también a
la necesidad de obtener maquinaria cuyo reemplazo había sido demorado por la guerra y que a su vez fue facilitado por la rentabili~ad_ obtenida durante el período anterior. Las inversiones de la década s1gwente
se establecen ya en un nivel más alto y parecen responder tanto a la
expansión del mercado interno recuperado de la crisis, como al proceso de sustitución de importaciones particularmente notorio en la industria textil65 •
La empresa persiguió una política de crecimiento que implicaba
la maximización de beneficios a largo plazo. Las fuentes de su expansión provinieron de la disposición a reinvertir las utilidades obtenidas
en períodos de altos beneficios, su capacidad para suscribir continuos
aumentos del capital y la posibilidad de recurrir al crédito yxterno.
Para llevar a cabo esa política contaba con el monopolio local de
la tecnología utilizada, desde la maquinaria para fabricar alpargatas
primero, hasta el proceso de sanforizado más tarde. Esta preocupación por el monopolio de la tecnología se relacionaba con su política
de ventas y captación del mercado y con sus vinculaciones con las empresas británicas, que eran a la vez proveedores, distribuidores y principales accionistas.
La empresa estuvo ligada desde sus inicios con la Douglas Fraser,
proveedora en exclusividad de sus máquinas para la fabricación de alpargatas, y con la Ashworth, proveedora de insumos, gestora de créditos y distribuidora de la producción de Alpargatas en el país hasta la
década del 20.
Estas relaciones fueron, sin embargo, muchas veces conflictivas,
al punto que la empresa argentina no sólo renegoció los "royalties"
debidos a la Fraser, sino que también terminó por desvincularse de la
Ashworth y modificó su política de distribución y ventas. Incluso recurrió a otros proveedores de maquinaria cuando la Fraser no se encontró en condiciones de ofrecer la tecnología más avanzada. Paralelamente, algunos de sus accionistas británicos se habían radicado en
el país, convirtiéndose en empresarios locales cuyo comportamiento no
puede explicarse recurriendo a su origen extranjero. Este proceso hace

�98

Siglo XIX

más fácil entender la capacidad de negociación que la empresa argentina conservaba.
Se ha visto que la preocupación por el monopolio local de la tecnología se unía en la empresa con una clara búsqueda de predominio
en el mercado. Para ello decidió con cierta frecuencia en momentos
de retracción de la demanda, como durante la crisis de 1929-30, la reducción de los precios de sus productos, llegando en algunos casos á
la disminución de sus beneficios o la venta por debajo de los costos
de producción. A ello añadió, luego de su desvinculación de la Ashworth, la búsqueda de sistemas más eficientes en la venta y distribución. Estos abarcaban desde el aumento de las bonificaciones en las
ventas al mayoreo, hasta el establecimiento de sus propios locales de
venta al público para aquellos productos que, como el calzado de cuero, se dirigían a consumidores de ingresos más altos, o anuncios en periódicos que, como La Vanguardia, suponían la inducción al consumo
de sus productos más económicos por parte de los sectores populares.
La empresa buscaba la diversificación, pero hay pocos signos de
que tuviera el mismo interés por la búsqueda de formas de integración
vertical en el período estudiado66• Las referencias a las compras de algodón nacional no implicaban que la empresa se interesara en su producción directa. El interés por el yute argentino era notoriamente reducido y aún el algodón se continuó importando luego de iniciada la
producción de hilado con algodón del país.
En resumen, se trataba de una empresa con fuertes vinculaciones
con capitales británicos, pero cuyo directorio se encontraba y tomaba
sus decisiones en Buenos Aires. Su política de crecimiento y maximización de beneficios a largo plazo implicaba el dominio del mercado de
sus productos básicos y el monopolio de la tecnología, la diversificación de su producción y la capacidad de desarrollar un sistema autónomo de toma de decisiones.
Una observación final. Las decisiones de la empresa no parecen
en este caso coincidentes con la tendencia a la diversificación de actividades que caracterizó el comportamiento de algunos empresarios argentinos a principios de siglo. Si bien se buscaba la diversificación de
su producción, ésta tuvo lugar dentro de una rama muy ~specífica de
actividades industriales. No se realizaron intentos de desarrollar actividades agrarias, lo que hubiera parecido posible dado el tipo de insumos utilizados, y sus vinculaciones con el sector financiero, hasta donde es posible saberlo a partir de la documentación consultada, se limitaron a la obtención de crédito y las compras de algodón a futuro en

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

99

Londres. No obstante, esa tendencia a la diversificación de actividades
se verificaría más tarde - a partir de la década del 60- en la empresa
misma. Por otra parte, aún dentro del período estudiado, existen indicios de esa tendencia a la diversificación por parte de los miembros del
directorio, en sus actividades globales como empresarios, aunque mantuvieron a esta empresa dentro de un sector específico de la producción industrial67 •
NOTAS
1. Sobre la importancia de las grandes empresas véase Jorge Schvarzer: " La implantación industrial", en José Luis y Luis Alberto Romero: Buenos Aires, Historia de
cuatro siglos, Buenos Aires, 1983, pp . 223-240. El proceso de concentración en algunas ramas de la industria es señalado por Dorfma n, q~ien ~ncluye ~ Alpar~atas
entre las grandes empresas en 1913. Adolfo Dorfman: HIStona de la mdustna argentina, Buenos Aires, 1970, p. 301.
2. Para una revisión de la bibliogra fía sobre la industria argentina hasta 1930, véase
Juan C. KoroJ.e Hilda Sábato: " La indust rialización trunca: una obsesión argentina", ponencia presentada al Vlll Simposio Internacional de Historia Económica,
Buenos Aires, CLACSO , octubre de 1987 . Para el período posterior a 1930 existe
una importante cantidad de trabajos sobre la industria en general y sobre empresas
y ramas específicas. Véase, entre otros, Adolfo Dorfman: Cincuenta años de industrialización en la Argentina, 1930-1980, Buenos Aires, 1983; Carlos F. Díaz Alejandro: Ensayos sobre la historia económica argentina, Buenos Aires 1975; y los estudios correspondientes al Programa BID/ CEPAL/CIID/ PNUD. Cf. Jorge M. Katz
(ed.): Technology Generation in Latín A merican Manufacturing Indusuies, Londres, 1987.
3. Véase Javier Villanueva : "El origen de la industrialización argentina", Desarrollo
Económico, Vol. 12, No. 47, pp. 451-476, Buenos Aires, 1972.
4. Desde la perspectiva de los economistas, recientemente se ha señalado la importancía del estudio de empresas específicas para la construcción de un aparato analítico
que permita superar la imagen formada por el supuesto de que las firmas constituirían unidades homogéneas de comportamientos previsibles. Cf. Jorge M. Katz et
al.: Desarrol/o y crisis de la capacidad tecnológica latinoamericana. El caso de la
industria meta/mecánica, Buenos Aires, 1987, pp. 239-241.

5. Es decir que se van a estudiar los mecanismos y comportamientos de la empresa,
sus maneras peculiares de funcíonamiento y no los destinos de las inversiones que
los propietarios realicen fuera de ella, aunque es presumible que al estudiar otros
casos surja información que permita constatar el cruzamiento de lo~ empr~ar!os
en diferentes sectores de la actividad económica. Sobre la trascendencia y el s1gn1ficado de la d iversificación de actividades económicas por parte de los empresarios
argentinos a principios de siglo véase Jorge F. Sábato: La clase dominante argentina, formación y características, Buenos Aires, 1988.
6. Conviene, sin embargo, señalar las dificultades y los límites que implica la utilización de los archivos de empresas para el análisis histórico. Por ejemplo, uno de los
temas iniciales de este trabajo consistía en analizar los cambios en la productividad

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Siglo XIX

de la mano de obra para la etapa estudiada. Si bien ello es posible, requiere en este
caso el análisis adicional de los libros "Mayor" y de "Jornales" para intentar la
reconstrucción de los datos que no aparecen en la documentación examinada. Esta
es una tarea de muy largo plazo. No obstante la información ya obtenida aporta
un sustancial conocimiento sobre formación de capital y rentabilidad en la empresa.

101

14. La estrecha vinculación de los Fraser con Alpargatas se refleja en los cargos desempeilados por miembros de la familia. Desde por lo menos 1891 y hasta 1907 Robert
Fraser fue gerente de la firma, pasando a ser vocal de directorio entre 1908 y 1920.
Robert Fraser (hijo) fue vocal suplente entre 1909 y 1919, aparentemente el mismo
Fraser fue vicepresidente en 1921 y presidente desde 1922 a por lo menos 1940. Finalmente, Robert M. Fraser fue vocal suplente desde 1929 a 1935 y vicepresidente
desde 1936 hasta 1940 por lo menos. La presencia de los Fraser en el directorio se
mantiene en las décadas siguientes. Por otra parte la creciente importancia de los
Roberts a partir de fines de la década del 20 se manifiesta en la presencia en el directorio de algunos miembros de la familia, y algunas décadas más tarde en la de otros
miembros del grupo como Oxenford y Lockwood.

7. En general los historiadores de la economía que estudian los problemas de formación de capital denominan de esa manera al capital fijo {especialmente plantas y
maquinarias). Otros autores prefieren una definición más cercana a la que se encuentra en los "balances" de las empresas. En este caso se incluye, además de las
plantas y maquinarias, las sumas de dinero en caja y bancos, las adeudadas a la
empresa y el stock de materia prima y productos terminados. Véase, entre otros,
Fran~is Crouzet, "Editor's lntroduction", en Francois Crouzet (ed.): Capital Formation in tbe Industrial Revolution, London, 1972, pp. 1-69, y C. H. Feinstein:
"Capital Accumulation and the Industrial Revolution", en R. Floud-D. McCJoskey (eds.): Tbe Economic History of Britain since 1700, Cambridge, 1981, Vol. 1,
pp. 128-142. Para un análisis de los "balances" como fuentes históricas véase Sheila Marriner: "Company Financia! Statements as Source Material for Business Historians", Business History, Vol. XXII, 2, julio 1980, pp. 203-235.

15. S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas: Libro de Actas del Directorio, 25-8-25 (en
adelante Actas). Ashworth había dejado de ser desde 1924 agente de ventas de Alpargatas en la Argentina y en 1925 deja de actuar como agente de compras en Europa. Aunque los motivos de la desvinculación no son claros, es de notar que en algunas fuentes Ashworth y Cía. aparece en la década del 20 como fabricante de alpargatas. Véase, por ejemplo, The Argentine Standard Directory: Anuario argentino
de fabricantes y comerciantes nacionales y extranjeros, Buenos Aires, 1922, p. 402.

8. Todo intento de estimación cuantitativa del crecimiento de una firma está abierto
a objeciones conceptuales. La perspectiva aquí adoptada responde a los olrjetivos
centrales del trabajo. Véase sobre este punto Edith T. Penrose: The Theory of the
Growth of the Firm, Oxford, 1966.

16. El cultivo del algodón creció desde mediados de la década del 20. En 1925-26 el algodón ocupaba más de 100 000 hectáreas, en tanto que hasta 1918 apenas había
alcanzado las 13 000. Véase Ricardo M. Ortiz: Historia económica de la Argentina,
Buenos Aires, 1974, pp. 442-443.

9. Un análisis completo de la capacidad de la innovación tecnológica de la empresa
debería tomar en cuenta además de la tecnología incorporada en la maquinaria y
los procesos que la empresa adquiere, otros factores como los desarrollos propios
en los métodos y procedimientos, las adaptaciones y los diseños de las plantas. Estos desarrollos no siempre se han podido seguir en la medida deseada en la documentación existente.

17. Actas, 19-4-20.

10. La maquinaria a vapor necesaria para la producción de calzado de yute fue diseñada por la firma británica Doug]as Fraser &amp; Sonsa instancias de Juan Etchegaray,
un comerciante porteño, quien fue el primer presidente de la empresa. Véase Manuel Chueco: Los pioneers de la industria argentina, Buenos Aires, 1886, pp. 324-339.
Algo más de treinta años después se recurrirá a la electricidad como fuente de energía.
11. Se cuenta con los nombres de los accionistas y la cantidad de acciones depositadas
en las Asambleas Generales Ordinarias y las Asambleas Generales Extraordinarias
realizadas entre 1918 y 1927. En 1918 Ashworth &amp; Co. y Doug]as Fraser &amp; Sons
aparecen como los principales accionistas; en 1923 los primeros no aparecen registrados, los segundos mantienen su lugar y aparecen nuevos accionistas importantes
como E. Gibson y G. Bellhouse; en 1927 se agregan otros como Lengs Roberts y
Cia., T. Atkins y J. Lazzari. Los Fraser siguen apareciendo como los poseedores
individuales del mayor número de acciones (más del 17% de las acciones depositadas para la Asamblea). S. A. Fábrica Argentina de Alpargatas, Libro de Asambleas

Generales.

jj

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

12. La Nación, número especial, 1916. J. K. Cassels se desempeñó en el directorio de
Alpargatas como vocal (1904/1907 y 1923/27) y secretario (1908/19) y fue presidente (1920/21) y vicepresidente (1922) de la empresa.
13. Censo Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, 1887, tomo 11, p. 316.

18. Las ganancias correspondientes a 1921 fueron de 2 143 065 pesos m/ n, en tanto
que el activo fijo ascendía a 5 828 214 pesos en el mismo año.
19. Actas, 10-8-21.
20. S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas: Memoria del año 1928(en adelante Memoria).
21. El interés de la empresa en la obtención de materia prima se refleja en la autorización otorgada a Fraser para invertir 5 000 pesos m/ n en un sindicato organizado con el
fin de cultivar plantas de fibras en el país y de obtener máquinas que permitieran
la extracción de las fibras. Actas, 13-4-23.
22. Actas, 23-3-23.
23. Actas, 8-1-26, 6-8-26.
24. Actas, 4-2-27 y 3-3-27. Sobre los aranceles aduaneros véase C. F. Díaz Alejandro:
Ensayos sobre la historia económica argentina, Buenos Aires, 1975, pp. 272-301.
Para una reconsideración reciente de estos problemas en la década del 20, A. O'Connell: "Free Trade in One (primary Producing) Country: The Case of Argentina in
the l920's", en Guido di Tella y D. C. M. Platt: The Political Economy of Argentina, 1880-1946, Oxford, 1986, pp. 74-94.
25. Actas, 24-5-29 y 13-9-29. El costo de la maquinaria que Alpargatas debía instalar
gracias a este convenio ascendía a sólo 20 000 pesos. En la década del 30, al mismo
tiempo que aumenta la importación de caucho natural, disminuye notoriamente la
de artículos de caucho, véase Adolfo Dorfman: Historia de la industria ..., pp. 369-370.

�102

Siglo XIX

26. Memoria, 1928.
27. En 1928, por ejemplo, decide postergar cualquier decisión sobre futuras ampliaciones hasta que se conozcan las ideas del gobierno nacional "en lo que se refiere a
las relaciones entre Capital y Trabajo y la protección a la industria nacional", Actas, 1-6-28.
28. Actas, 10-1-30, 15-3-29, 12-4-29, 6-12-29.
29. Memoria, 1934. S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas, Balance General, 1932, 1933,
1934 (en adelante Balance General).

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

103

45. Por patrimonio neto se entiende la suma de capital .más las reservas. Para el estudio
de la tasa de ganancias se ha utilizado el siguiente indicador: rentabilidad patrimonial = (ganancias netas del ejercicio/patrimonio neto) 100. La información que se
consignaba en las memorias y balances fue cambiando, por lo que los datos no son
completos para algunos momentos del período estudiado.
46. Se utilizó como índice de deflación para el período 1883-1912 la relación entre el
valor del oro y el peso moneda nacional, en el mes correspondiente al Balance General indicado en Juan Alvarez: Temas de historia económica argentina, Buenos
Aires, 1929, pp. 122-123. Para el período 1913-1940 se utilizó el índice de precios
mayoristas no agropecuarios. Fundación Meditarránea: Estudios, año 9, No. 39,
julio-septiembre 1986, pp. 122.

30. Actas, 31-1-34.
31. Actas, 27-4-34, 26-6-34, 8-6-34, 26-10-34.

47. Sólo a partir de 1908 los balances muestran separadamente los montos de capital
Yreserva Y discriminan entre capital autorizado y emitido. A partir de la misma fecha comienzan a informar de manera continuada sobre distribución de utilidades.

32. Actas, 21-6-35, 13-9-35.
33. Actas, 8-11-35.

48. Si se consideran las amortizaciones como ganancias, la rentabilidad es más alta. La
diferencia es especialmente importante hasta 1905. Calculados de esta manera los
datos del cuadro 2 serían los siguientes:

34. Actas, 27-4-34, 26-6-34, 21-12-34.

Periodo

Rentabilidad ('%)

1891-95
1896-00
1901-05
1906-10
1911-15
1916-20
1921-25
1926-30
1931-35
1936-40

21.35
29.53
14.60
10.81
15.67
28.10
14.78
13.51
16.03
18.26

35. Actas, 8-2-39, 31-3-39.
36. Actas, 13-4-38, 15-7-38, 26-8-38.
37. Actas, 5-5-39.
38. Actas, 18-3-37.
39. La compra se realiza al contado por 500 000 pesos. Actas, 27-9-40, 25-10-40, 15-11-40,
10-1-41.
40. Alpargatas utilizaba 169 500 pesos anuales de materia prima extranjera. Censo Municipal, 1887, tomo II p. 345 y 316-317.

49. Memoria, 1892 y 1895.

41. Censo Nacional de 1914, tomo VII, Censo de Industria, p. 115.

50. Balance General, 1908-191 J.

42. Estos porcentajes resultan de considerar las cifras del censo de 1914 como estimaciones del activo total de las empresas censadas, dado que el censo estima los "capitales globales invertidos, comprendiendo terrenos, edificios, maquinarias, materias
primas, productos y numerario", y compararlas con el activo total de Alpargatas.
Cf. Censo Nacional de 1914, tomo VII, Censo de Industria, p. 25, y Balance General, 1914.

51. Balance General, 1924-1935.

53. Memoria, 1918.

43. En 1916 Alpargatas empleaba 1 600 trabajadores. En 1914 el total nacional de las
industrias del ramo era de 4 764 trabajadores. La Nación, número especial, 1916,
p. 473.

54. Los precios aumentan y la demanda efectivamente se retrae. La docena de alpargatas se vende a 6.53 pesos en 1889; 6.62 en 1890 y 8.38 en 1891. En 1892 desciende
a 7.93 pesos.

44. Los primeros puestos están ocupados por frigoríficos, fábricas de cigarrillos, arucareras, petroleras y empresas de electricidad. Las únicas textiles que superan a Alpargatas son la Fabril Financiera y Campomar. Municipalidad de Buenos Aires: Revista de Estadistica, 1929, Apartado Industrias Fabriles, pp. 106-117.

55. En 1895 la rentabilidad patrimonial supera el l 0% por primera vez desde 1890.

52. El patrimonio crece en este subperíodo al 4.50!o anual; los valores de la cuenta "Máquinas y herramientas" al 4.88% . Cf. Memoria y Balance, 1934-1940.

56. Actas, 27-6-24.
57. Actas, 15-3-29.

�104

Siglo XIX

Comercio y Crédito en Buenos Aires, 1822-1826
58. La empresa había solicitado en 1911 autorización de los accionistas para la emisión
de obligaciones o debentures. El monto de estas obligaciones ascendía en 1917 a
39 000 libras. El crédito hipotecario original de 50 000 libras fue convertido en debentures, aunque no se cuenta con información sobre esta operación. Cf. Memoria
y Balance. 1911-17.

59. Actas, 2-2-20, 22-3-20, 19-4-20, 10-8-21.

Samuel Amaral *

60. Actas, 18-12-19, 10-1-20, 23-12-21, 19-1-22.
61. En el mismo año Alpargatas rechaza una oferta de crédito de J. C. M. Thum &amp;
Sons de Londres por "no tener necesidad de él". Actas, 7-11-22, 3-11-22.
62. Actas, 31-7-24.
63. En 1924 obtiene un crédito de 1 500 000 pesos m/n. del Banco Británico y un crédito de 500 000 pesos m/n. del Banco de Londres, sucursal Barracas. Actas, 24-9-24
y 19-6-25.
64. Cf. Naciones Unidas, CEPAL: Análisis y proyecciones del desarrollo económico.
V. El desarrollo económico de la Argentina. (Parte 1: Los problemas y perspectivas
del crecimiento económico argentino. Parte 2: Los sectores de la producción), México, 1958-1959.
65. Véase Alberto Petrecolla: Sustitución de importaciones y formación de capital (La
industria textil: 1920-1940), Buenos Aires, 1968.
66. La búsqueda de integración vertical se producirá más tarde. A partir de la década
del 60 Alpargatas Argentina se vinculará con empresas proveedoras de insumos, como Fibramalva, SAIC y Fibrapalma S.A. Más adelante se intentará también una
diversificación de sus actividades fuera de la producción textil y del calzado.
67. Un ejemplo de las diferencias está dado por el rechazo de Alpargatas a comprar
el activo de la quebrada Casa Ashworth en 1930, señalando "la inconveniencia de
dedicarse a otro tipo de negocios''. El activo es finalmente comprado por Roberts,
uno de los accionistas importantes de Alpargatas en ese momento. Actas, 12-3-30
y 23-4-30.

INTRODUCCION

El tránsito de la economía colonial a la independiente fue en Buenos
Aires, como en otras partes de América, el de un régimen mercantilista, basado en protección y provilegios, a otro de libertad económica,
donde la competencia y la introducción de métodos mercantiles más
eficientes permitieron el surgimiento de nuevos capitales y nuevos
empresarios.
En las zonas más dinámicas, donde la apertura a las corrientes comerciales externas tuvo mayores efectos, ·el poder económico y político de los viejos comerciantes se vio debilitado por nuevas ideas, por
las necesidades fiscales de los gobiernos pos-revolucionarios y por nuevos grupos e instituciones económicas. El proceso de sustitución del
poder y de la influencia de unos por la de otros fue un proceso rápido,
pero rico en roces y conflictos.
En Buenos Aires el eclipse de los antiguos capitales acumulados
en la actividad comercial intensa de las últimas décadas coloniales se
produjo al compás de la crisis financiera que enfrentaron los gobiernos revolucionarios. Hombres nuevos, criollos y extranjeros, aparecen
a pocos años de la revolución usufructuando las ventajas de sus nacionalidades, pero más que nada las de una libertad que comprenden mejor que sus antecesores.

• Department of History, Stanford University. Esta es una versión modificada de "Comercio y crédito: el Banco de Buenos Aires, 1822-1826", América, Buenos Aires, 1977,
No. 4, pp. 9-49. Esa versión incluía un apéndice con una lista de los nombres de acreedores del banco y los montos de sus créditos, aquí omitida, cuya copia puede ser solicitada al autor. Agradezco aquí, como entonces, la información y las sugerencias de
Alberto S. J. de Paula.

�106

Siglo XIX

Los gobiernos revolucionarios encontraron en ellos su mejor apoyo, aun cuando sus intereses no siempre coincidieron: los nuevos comerciantes podían sacar ventaja de la depreciación de los títulos de los
involuntarios empréstitos, pero no siempre sobrevivían a las incesantes contribuciones para gozar de aquella ventaja.
La conjunción de esos intereses no se alcanzó en Buenos Aires basta
que, creada la provincia y separada de las otras integrantes de la unión
del Río de la Plata, comenzaron a sentarse las bases de la estabilidad
política que acentuó la prosperidad lentamente propagada en la región
desde 1810.

Prosperidad y estabilidad fueron los motivos de que el marco institucional heredado de la colonia, sólo ligeramente transformado durante una década en que las luchas, la ignorancia y el desorden habían
predominado, comenzase a manifestar una urgente necesidad de reforma. Las más importantes de ellas estuvieron destinadas a poner orden
en las finanzas públicas, pero al mismo tiempo en el crédito privado,
ya que un punto de coincidencia de ambos sectores era el restablecimiento de un medio circulante que, en ausencia de la plata altoperuana, liberase a ambos, gobierno y comerciantes, de las restricciones impuestas por el uso de títulos de deuda como medio de apoyo.
Este aspecto de la reforma emprendida se expresó en la creación
de un banco, el Banco de Buenos Aires, que emitiría billetes contra
el descuento de letras, es decir, contra el crédito de los comerciantes.

•

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&lt;

Este trabajo, a través del análisis de las operaciones de crédito, tiene
por objeto echar alguna luz sobre uno de los aspectos conflictivos de
la reforma y de la apertura económica: la participación de capitales
Yempresarios extranjeros -comerciantes británicos, pero también norteamericanos, franceses, alemanes, italianos y brasileños- en el proceso de expansión generado por el crecimiento de las exportaciones de
productos pecuarios. Veremos en primer lugar en qué contexto se dio
la creación del Banco de Buenos Aires; a continuación nos detendremos en el instrumento de crédito a través del cual llevó a cabo sus operaciones; y, finalmente, analizaremos esas operaciones para ver qué nos
dicen de la concentración de los negocios y de la composición del sector mercantil de Buenos Aires en la primera mitad de la década de 1820.

.:

EL BANCO DE BUENOS AIRES

◄

Li

El Banco de Buenos Aires comenzó sus operaciones el 6 de septiembre
de 1822. Integrado por capitales privados, se originó en una convoca-

Amaral: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

l()'J

toria del ministro de hacienda, Manuel José García, en enero del mismo año.
Desde mediados del anterior, el gobierno de la provincia de Buenos Aires, estabilizado bajo la gobernación de Martín Rodríguez tras
las vicisitudes de 1820, había encarado un programa de reforma fiscal
con el fin de simplificar la recaudación tributaria, consolidar la deuda
pública, ordenar las finanzas y proveer a la plaza de un medio de pago
que reemplazara al escaso metálico y a los abundantes títulos de deuda
que circulaban.
Todas estas medidas apuntaban tanto a resolver los problemas de
la década anterior como a sentar las bases de la prosperidad futura.
Exacciones y confiscaciones, contribuciones y empréstitos forzosos habían constituído la vía más fácil de financiar el gasto público, pero tras
una década de abusos la violencia y la inseguridad generadas pesaban
tanto al estado como a los contribuyentes.
Fue así como, alcanzada la estabilidad política, comenzó a buscarse la estabilidad financiera. A fines de 1821 se dispuso la consolidación de la deuda pública anterior y posterior al 25 de mayo de 1810
y la creación del Crédito Público. La nueva institución emitiría inmediatamente bonos para la consolidación de la deuda y más adelante,
eventualmente, para la financiación del gasto público de un modo que
fuese conveniente tanto para el estado como para sus acreedores.
Con la consolidación desaparecerían los muchos y variados títulos
de la deuda pública que desde su primera emisión (los pagarés sellados
de 1813) habían sido usados en lugar del metálico que, por haber dejado de fluir desde el Alto Perú por la interrupción del situado en 18l l,
se tornaba cada vez más raro. La desaparición de los títulos implicaba
la del medio de pago por lo que los bonos del Crédito Público pasarian
a sustituirlos en tal función. Con la consolidación se lograba eliminar
la incertidumbre de la recaudación fiscal (aquellos títulos eran amortizables por la aduana por su vaior nominal contra su presentación en
pago de derechos de importación), pero no lograba separar las funciones monetarias y financieras del medio de pago.
Con este fin era necesario apelar a otros recursos. Porque los negocios de Buenos Aires prosperaban era posible apelar, como en otros
lugares se había hecho y como lo recomendaban ciertos economistas,
a la monetización del crédito a través de la emisión de billetes de banco
contra el descuento de letras. Por este motivo, a poco de haber comenzado las reformas, el ministro de Hacienda promovió la creación de

�108

Siglo XIX

un banco de descuentos que pusiera en circulación un medio de pago
garantizado por el crédito de sus acreedores 1•
El Banco de Buenos Aires ha sido objeto de buenos estudios en
los que se encontrarán expuestas las circunstancias en que fue creado,
operó y desapareció la empresa. Con mayor o menor detalle señalan
sus antecedentes (la Caja Nacional de Fondos de Sud América, la Memoria de Santiago Wilde), su organización a partir de la convocatoria
ministerial, las vicisitudes de sus emisiones, algunos datos de sus operaciones y los pormenores de su extinci6n, cuando en febrero de 1826
se constituyó la sociedad mixta del Banco Nacional sobre la base del
Banco de Buenos Aires y de los fondos del empréstito colocado en Londres en 1824 2•
Las actividades del banco, sin embargo, son poco conocidas: no
existe un análisis de sus operaciones de descuento de letras ni de los
depósitos en cuentas corrientes. Esto se debe sin duda, más que a falta
de interés, a que tal estudio echaría menos luz sobre el banco que sobre los comerciantes, por un lado, y por otro a la naturaleza de la fuente,
que impone un trabajo mucho más engorroso con este fin. Las operaciones del banco, de reconstrucción más compleja que su historia institucional, permiten como escasas fuentes estudiar ciertos aspectos de
la actividad mercantil de los comerciantes de Buenos Aires. Aquí ofreceremos un análisis de las cancelaciones de letras descontadas por el
banco, pero para poder interpretar la información es necesario detenerse primeramente en el instrumento de crédito, la letra.
EL INSTRUMENTO DE CREDITO: LA LETRA
Las letras eran instrumentos por los cuales una persona, el librador,
ordenaba a otra, el librado, pagar a un tercero determinada cantidad
de dinero a determinado plazo. No eran éstas letras de cambio, es decir giradas entre plazas con distinta moneda, sino lo que se denominaba letras secas, giradas en la misma plaza y por lo tanto sin cambio
de moneda. Las letras de cambio implicaban dos operaciones: una de
cambio, por la distinta moneda circulante en cada plaza, y otra de crédito, por el plazo entre la fecha de giro y la de pago. La letra seca sólo
retenía esta última función 3.

..... '

El beneficiario presenta el efecto al librado, quien al aceptarlo se
comprometía a hacer efectiva la letra a su vencimiento. La no aceptación y la falta de pago tras la aceptación daban lugar al protesto
notarial 4 • Aceptada la letra su tenedor podía presentarla para su descuento a un banco si tal institución existía o a cualquier comerciante

Amaral: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

109

que efectuara tales operaciones s. El descuento consistía en el adelanto del monto de las letras menos una cantidad equivalente a los intereses correspondientes a los días que aún debían correr hasta el vencimiento. Llegado éste, el aceptante debía pagar el monto nominal de la
letra al banco que había efectuado el descuento, que así recuperaba
la suma adelantada más la diferencia entre ella y el monto nominal,
que era su ganancia.
Por la condena de la iglesia a la usura, esta operación no fue practicada abiertamente sino desde fines del siglo XVII, con la fundación
del Banco de Inglaterra, y en el continente europeo recién desde fines
del siglo siguiente, tras la Revolución Francesa 6 •
La letra de cambio no se difundió en el Río de la Plata hasta después de la revolución de Mayo, debido a las características del comercio, tanto legal como ilegal, basado en la extracción de metálico. Tras
la revolución, tanto la quiebra de los antiguos circuitos de comercialización centrados en torno del eje Potosí-Buenos Aires como la libertad de comercio favorecieron el desarrollo de la letra no solamente en
su función original, el cambio de moneda (ya que podía girarse libremente sobre Río de Janeiro, Londres o París), sino también en su otra
función: como instrumento de crédito local, aquello que los escolásticos denominaban cambio seco, " que es cuando se trueca la moneda
que está presente, por la que está ausente, no en otro lugar, porque
se ha de dar en tiempo diferente", pese a las disposiciones aun vigentes de las Ordenanzas de Bilbao 7 •
En esa función, como instrumento de crédito, las letras no siempre eran libradas como mandatos de pago en favor de terceros. Con
frecuencia el librador era quien la enviaba al descuento para proveerse
de fondos y el librado se transformaba en mero aval, cuya participación sólo era requerida en caso de falta de pago por parte de quien
la había librado y enviado al descuento 8•
Estas letras libradas sin la contraparte de una operación comercial eran condenadas por la literatura económica de la época: tanto
Adam Srnith como Henry Thornton, a quien sigue John Stuart Mill,
no aceptaban las letras ficticias. Su rechazo del giro recíproco de letras
por operaciones inexistentes se basaba en tres motivos: 1) obligaba al
banco a una mayor emisión para responder por las sucesivas letras por
montos crecientes que iban siendo descontadas; 2) aumentaban el volumen de la circulación fiduciaria; y 3) hacían perder al banco el control de sus propios billetes, ya que los reiterados descuentos encadenados mantenían una gran masa de dinero en manos de los deudores, im-

�110

Siglo XIX

Amaral: Comercio y crédito en Bs. Afres (1822-1826)

pidiendo al banco aplicarlo a otras operaciones de crédito 9 •
Sin tomar en cuenta las consecuencias que para el Banco puede
haber tenido el descuento de letras ficticias debe señalarse las diferencias entre éstas y las letras verdaderas por la distinta participación de
las personas intervinientes en cada una de ellas. Las letras originadas
en operaciones comerciales (gráfica 1) mantenían casi todas las características de la letra de cambio, a excepción de la cláusula de la distantia loci (el giro sobre distinta plaza), Las letras ficticias (gráfica 2) se
aproximaban al pagaré. En el primer caso el girador (G) o el endosante (E) eran quienes recibían el adelanto del banco, y el aceptante (A)
era quien pagaba la letra a su vencimiento; en el segundo caso era el
girador quien recibía el adelanto y quien pagaba. Aunque las personas
intervinientes eran responsables in solidum de la letra el protesto se efectuaba contra el aceptante, por lo que en la letra ficticia el receptor del
adelanto y luego pagador quizá haya jugado también como
aceptante 10 •

GRAFICA 1
LETRA DESCONTADA POR EL BANCO DE BUENOS AIRES
(SEGUNDA FIRMA COMO ACEPTANTE)

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n

Gira contra

~ y -------- ~ .
Descm1nta
en

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Que acepta----v:)}

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1
1

Paga a...
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diJ'as vista

3

4

:_ ----~ANC DE BUENOS AIRE

Esta disquisición apunta a desentrañar el carácter de la información proporcionada por el libro Diario del Banco de Buenos Aires. Las
personas registradas son, según todas las apariencias, los aceptantes
de las letras descontadas, es decir quienes efectuaron el pago de la letra al vencimiento.

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1

111

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Esta suposición se basa en algunos pocos casos que han podido
aclararse. El 2 de agosto de 1823 se efectuó el siguiente asiento: "El
Banco debe a Descuentos por 2 letras recebidas de Carlos Harton ...
7 726 pesos 3 reales"; pero tres días más tarde se enmienda un error
cometido en ese asiento: "Descuentos deben a Juan C. Zimmermann
por una letra vencida el 2 de agosto contra Carlos Harton ... 3 793 pesos 7 reales, depositada de Zimmermann" 11 • Vemos aquí que equivocadamente se registró la cancelación de dos letras por Carlos Harton
como si ambas hubiesen sido descontadas por el banco, cuando en verdad una de ellas había sido depositada al cobro por Juan C. Zimmermann. En este caso fue registrado el nombre del aceptante, que era una
persona distinta de quien había enviado la letra al descuento (suponiendo que fuera el mismo Zimmermann el tenedor de ambas letras
de Harton, que depositó al cobro una y envió al descuento Ja otra).
En el mismo sentido dos letras protestadas notarialmente en 1824
fueron registradas a su cancelación bajo el nombre de sus aceptantes.
Fue el caso de la letra librada por Juan Comonos, aceptada por Felipe
Xavier Nuñes, por 2 375 pesos, endosada en favor del banco el 15 de
noviembre de 1823 por Bertram, Armstrong y Cía., protestada el 14

GRAFICA2
LETRA DESCONTADA POR EL BANCO DE BUENOS AIRES
(SEGUNDA FIRMA COMO A VAL)

Descue ta

iJo

DE BUENOS AIRES

111

�112

de enero de 1824 y pagada por Nuñes el 17 de enero. Igualmente sucedió con la letra librada por M. de la Calle Casamayor, por 200 pesos,
aceptada por Narciso Marull, endosada el 23 de diciembre de 1823 en
favor del banco por Miguel Riglos, protestada el lo. de marzo de 1824,
y pagada por Marull dos días después 12 •
Subsiste, sin embargo, el problema de determinar qué tipo de aceptante era, si el aceptante real (gráfica 1), el aval (gráfica 2) o una variante de éste, aceptante-receptor del crédito. Si se diera este último
caso (Lamas mueve a pensar en tal sentido al afirmar que el banco fue
el iniciador de los créditos personales), se tendría que las personas registradas en el libro Diario son los beneficiarios de los créditos otorgados por el banco 13 • Las letras libradas por Comonos y por Casamayor, sin embargo, no pertenecen a tal caso. Entonces, por la misma
imposibilidad de distinguir la función de las personas intervinientes en
la letra en ese momento de su desarrollo histórico, debe suponerse que
los aceptantes registrados en el libro Diario corresponden a todas las
variantes señaladas.
LAS CANCELACIONES DE CREDITOS
La información provista por el libro Diario no sirve, por lo tanto, para analizar la política crediticia del banco, ya que la ambigüedad del
instrumento de crédito impide definir criterio discriminatorio alguno.
Pero la sumatoria de las cantidades canceladas por las personas registradas en ese libro puede ser un indicador del volumen operativo de
los comerciantes de Buenos Aires. En última instancia siempre se estará frente a deudas de un comerciante (excepto en el caso del aceptanteaval), puesto que si era el aceptante de una letra verdadera, ésta documentaba una deuda con otra persona; y si era ficticia, una deuda con
el banco.
Lamas consideraba que, aunque hubiese procedido en contra de
las recomendaciones de los clásicos, el banco había seguido un buen
camino:
111,

11:
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•11q

J

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Amara}: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

Siglo XIX

Las operaciones de crédito personal... han hecho del Banco de Buenos Aires el único que... le ha proporcionado a este país el inmenso
beneficio de la distribución del capital de acuerdo con las aptitudes
individuales.

Las causas del fracaso del banco no fueron para él solamente la defectuosa integración del capital y el descuento de letras ficticias, como sostuvieron los enemigos de la institución, sino más bien una coyuntura
desfavorable que no ofreció demasiadas alternativas al directorio.

113

Este, según Lamas, tras un primer ejercicio de acertada conducción, había procedido a aumentar las cantidades de los préstamos sin
reparar en las personas a que se hacían ni en la naturaleza de los negocios para que se concedían, de modo que había expandido su circulación cuando el creciente desequilibrio del comercio internacional estaba disminuyendo el encaje metálico de la institución14.

Al aumento de las importaciones, superiores a los cinco millones
de pesos en 1824, muy por encima del nivel de las exportaciones, cabe
buena parte de responsabilidad en el desencadenamiento de la crisis,
ya que ellas eran financiadas a través de descuentos llevados a cabo
por el banco. Pero otra parte cabe a las operaciones de crédito efectuadas entre abril de 1825 y febrero de 1826 con los fondos del empréstito colocado en Londres en 1824, que ejercieron una fuerte presión
adicional sobre el banco al incrementar la demanda de billetes, forzándolo a aumentar la emisión o a resignar su posición privilegiada.
Las consecuencias fueron el aumento de la emisión y, más tarde,
la resignación de los privilegios. La calidad de los préstamos aludida
por Lamas no puede ser analizada en detalle por carecerse de las precisiones necesarias (carácter de las personas intervinientes en las letras,
plazos de los descuentos y de las renovaciones sucesivas), pero es notorio el alto grado de concentración de los créditos. El 6.5% de las personas registradas en el libro Diario correspondió el 71.6% del monto
total de las operaciones.
CUADRO 1

BANCO DE BUENOS AIRES (1822-1826)
CANCELACIONES DE LETRAS DESCONTADAS

pesos (de 8 reales)
1822 (6 sept -31 die)
1823
1824
1825
1826 (1 ene -11 feb)
Subtotal

30 395 459

Letras en cartera al
cierre de las operaciones
Total

3 280 536
33 675 994

Fuente: ABP, 101-1-1, Mayor 1822-1826

176 786
3 610 635
11 563 079
13 502 290
1 542 669

�114

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

1 1

Aunque no es fácil efectuar una distribución de las personas registradas en el Diario por nacionalidad debido a la imposibilidad de conocer
el origen de cada una de ellas (y aun siendo posible ello no implicaría
el mantenimiento de relaciones estrechas con su lugar de procedencia),
puede intentarse una clasificación basada en sus apellidos.

,, 1

Agrupándolos en cuatro categorías tenemos que los "británicos"
(ingleses, escoceses, irlandeses y norteamericanos) representaron el
12.6% del total de las personas y registran cancelaciones por el 38.9%;
los "europeos" (alemanes, franceses, italianos y otros europeos no españoles, ni portugueses, ni británicos), 6.7% de las personas y 2. 7%
de las operaciones; los "luso-brasileños" (apellidos de ascendencia portuguesa no españolizados), 2.5% de las personas y 0.9% de las operaciones; al resto, los apellidos españoles que llamaremos "criollos", correspondió el 78.2% de los individuos y el 57.5% de las operaciones.
De tal modo tomando el l OJo de cada grupo correspondió en promedio 3.09% de las operaciones a los "británicos"; 0.40 a los "europeos"; 0.36 a los "luso-brasileños"; y 0.74 al resto. Otra manera de
poner estos mismos resultados es decir que a un "británico" correspondió en promedio 98 800 pesos; a un "europeo", 12 800 pesos; a
un "luso-brasileño", 11 500 pesos; y a un "criollo", 23 600 pesos.

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1

El total de personas o firmas comerciales registradas fue 949 y el
total de las cancelaciones 29 614 161 pesos, por lo que el promedio por
individuo fue 31 205 pesos. El total de las cancelaciones difiere de las
del cuadro 1 debido a la sustracción de 781 298 pesos correspondientes
a la Tesorería General, cuyas cancelaciones representaron el 2.6% del
total.

1,,.
111.

11";

t

La proporción correspondiente a los "británicos" se toma más significativa si se discrimina entre quienes dentro de esa categoría canee!aron por más o menos de 50 000 pesos. Los primeros representaron
el 3. 70/o de las personas y el 36.4% de las operaciones; los segundos,
8.9% de las personas y 2.5% de las operaciones. De esta manera a 36
"británicos" ( el 3.7% por encima de 50 000 pesos) correspondieron
cancelaciones por 11 115 645 pesos (el 36.4% del total), con un promedio de casi 309 000 pesos. Aparece así una subcategoría que no se
distingue de los "europeos" y de los "luso-brasileños", que está levemente por debajo de ellos y mucho más abajo que los "criollos".

La concentración de las operaciones y la composición de las mismas
puede establecerse mediante la diferenciación de quienes cancelaron por
más o menos de 100 000 pesos (cuadro 2).

CUADR02

BANCO DE BUENOS AIRES. CANCELACIONES DE LETRAS
(1822-1826)

(En miles de pesos de 8 reales)
B
Joaquín Achaval
Domingo Adalid Rodríguez
Ruperto Albarellos
José Julián Arriola
Miguel José Azcuenaga
Bertram, Armstrong y Ca.
Brown, Buchanan y Ca.
Carnpbell, McDougall y Ca.
José Antonio Capdevilla
Manuel Carranza
Marcelino Carranza
Vicente Casares
Félix Castro
José María Coronell
Braulio Costa
Pasqual Costa
Hugo Dallas
Duguid, McKerrell
Tomas Eastman
Pedro J. Echegaray
José María Esteves
Esteves y Niblett
Tornas Fair
Lucas Femández
Juan Femández Molina
Guillermo P . Ford
Mariano Fragueiro
Ignacio Freire
Félix Ignacio Frías
Juan García Parga
Juan Gibson, hijos y Ca.
lnocencio González
Miguel Ambrosio Gutiérrez
Manuel José Haedo
Carlos Harton
Heyworths, Carlisle y Ca.
Gregorio Lecocq

e
217 3
102 6
250 7
306 1
136 5

*

969 5
255 O
195 9
254 5
177 9
305 6
124 9
223 1
108 1
1 194 8
245 5

*
122 2

190 1
138 1
109 8
244 O

*
*

*
*

271 7
622 5
133 3
424 9
765 O
812 9
236 6
679 4
122 3

•

•

630 9
159 O
283 3

•

317 5
488 2
152 3
228 4

115

�116

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

sigue cuadro 1

•q
11,

Sebastián Lezica y hermanos
Salvador Maldonado
Alexandro Martínez
McCrackam, Jamieson y Ca.
Miller, Eyes y Ca.
Miller, Robinson y Ca.
Custodio J. Moreira
Sebastián Ocampo y hermanos
Ricardo y GuiJiermo Orr
Julián Panelo
Manuel Porto y Ximeno
Estevan Puddicomb
Miguel Riglos
Guillermo P. Robertson
Juan P. Robertson
Marcos Rodríguez Allende
Roquin, Meyer, Morell y Ca.
Juan Pablo Sáenz Valiente
Antonio Francisco Sánchez
Roque del Sar
Stewart, McCall y Ca.
Tayleur, Cartwrigth y Ca.
José y Josué Thwaites
Winter, Brittain y Ca.
Zimmermann, Frazier y Ca.
Total

!11'1
11

·¡¡ i

Ycancelaron por un total de 11 038 300 pesos, con tin promedio de
290 500 pesos.

164 4
165 1
115 8

*

De las 16 personas que están por encima del promedio (marcadas
con un asterisco en cuadro 2), que en conjunto representan el 45.6%
de las cancelaciones, nueve son "británicos" y siete "criollos" 15 • Las
c~celaciones de los primeros suman 6 671 300 pesos, con un promed~o de 741 300 pesos; y las de los segundos 4 839 900, con un promedio de 691 400 pesos.

162 7
180 1
425 2
133 8
116 5
152 6
147 9
279 3

CONCLUSION

690 9

Si se admite que_ las cancelaciones de las letras descontadas por el Banco de Buenos Aires revelan algo si no de su política crediticia sí al menos acerca de los comerciantes de Buenos Aires, debería concluirse que
los negocios par:ecen por demás concentrados, que había una amplia
masa de comerciantes menores cuyo volumen conjunto de operaciones
es muy significativo, y que las más poderosas casas comerciales eran
en casi igual proporción criollas y extranjeras. Entre éstas las primeras
eran más pequeñas, pero un mayor número compensaba el volumen
de las segundas.

127 4

*
*
*
*
*
*
*

157 1
1 956 O
463 8
247 2
307 3
234 1
573 2
664 O
257 9
186 3
1 075 6
274 7
10 421 O

11 038 3

21 459 3

= "británicos"
= "criollos"
* = personas que cancelaron sumas mayores que el promedio de este cuadro

B
C

111

.

111

'

,::,11,! :
,,,, 1

117

Sesenta y dos personas, 6.5% del total, sumaron cancelaciones por
encima de esa cifra y lo hicieron por un total de 21 459 300 pesos, equivalente al 72.5% del total de las cancelaciones. Las 887 personas que
cancelaron por menos de esa cantidad, 93.5% del total, sumaron en
total 8 154 900 pesos, equivalente al 27 .5% del total. El promedio de
cancelaciones de los primeros fue 346 100 pesos y el de los segundos
9 200 pesos.
De aquellas 62 personas 24 eran "británicos" y cancelaron por un
total de 10 421 000 pesos, con un promedio de 434 200 pesos; y de los
38 restantes 36 eran "criollos", uno "europeo" y uno "luso-brasileño"

En la lista de los principales operadores se encuentran importantes accionistas y miembros del directorio del banco, los integrantes de
la sociedad que había contratado con el gobierno el empréstito colocado en Londres, y los principales importadores y exportadores.
. El Banco había _sido creado, después de todo, para "animar la prospendad del comercio" y no debe extrañ;u- que así fuera puesto que ni
la producción agropecuaria ni la industrial (denominación quizá exagerada para abarcar a saladeros y artesanías) requerían mayormente
·
d e ~~edito 16. L a pnmera
porque se autofinanciaba a través de la liquidacion de vacunos; la segunda porque la primitiva técnica empleada
no demandaba una inversión demasiado significativa. El plazo de noventa días de las letras no puede ser considerado un obstáculo para el
acceso ~ crédit? de quienes por sus ciclos productivos, como los ganaderos o mdustnales, requenan plazos más largos de amortización ya
que por las renovaciones constantes aquel plazo era más el mínimo ~ue
el máximo 17•
. El banco s~rvía a quienes necesitasen del crédito y estos eran principalmente los tmportadores. Ellos podían descontar letras para hacerse
de fondos con qué financiar sus importaciones y de tal modo su crédito monetizado se convertía en el circulante de la plaza.

�118

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en 8s. Aires (1822-1826)

No todos los habitantes de Buenos Aires veían las actividades del
banco desde tal perspectiva. Los comerciantes apegados a morosos hábitos mercantiles, afectados por la compete~cia de ~ujantes ~riollos Y
extranjeros recién llegados denunciaban la mfluenc1a extranjera en el
banco para someterlo a su control. Esos enemigos del banco ~omenzaron a proponer a fines de 1824 la creación de un Banco Nacional que
absorbiera al de Buenos Aires y que diluyera el poder de los grandes
comerciantes.

El Nacional fue durante algún tiempo el vocero de tales intereses
y en sus páginas pueden leerse amargas quejas con~ra el a~ance den~~-

vos métodos mercantiles que asignan a los extranjeros solo para d1s1mular sus objetivos: la influencia extranjera, que
ha facilitado la anticipación de los retornos a las espediciones mercantiles introducidas en la plaza, privándonos del uso de capitales,
que antes de la formación del banco existían en c~éditos pendien~es
contra nuestros comerciantes: de suerte que el prus paga hoy las mtroducciones que se le hacen, antes de haberlas puesto al cons~o ...
Resulta de aquí que nuestros comerciantes se hallan hoy reduc1~os
al giro solo de sus capitales, porque los cr~itos que antes contrahi~
sobre el carácter pasivo de una cuenta cornente, hoy se ha transfen.
. d e ella ,s .
do al de una letra, y tomado la fuerza e1ecut1va

de Buenos Aires y los fondos del empréstito externo.
El premio del 40% para las acciones del viejo banco no alcanzó
a disimular el cambio que una escala de votos en favor de los pequeños
accionistas producía en el control de la nueva institución. La victoria
se tornaría pírrica cuando acosado por las necesidades del gobierno el
Banco Nacional perdiera a fines de 1826 apenas toda apariencia de una
institución de crédito al servicio de la actividad mercantil. Tampoco
el medio circulante se apoyaría en adelante en el crédito privado sino
en el mucho más dudoso del gobierno. Se produjo entonces, por primera vez, la aparición de la inflación fiduciaria en Buenos Aires 19 •
Una nueva coalición política apoyada por productores agropecuarios y los importadores daría por tierra con los intentos unitarios a mediados de 1827 y de modo irreversible dos años más tarde. Aunque la
inflación cedió hasta 1830 el papel moneda inconvertible quedó como el legado permanente del fracaso de las primeras experiencias
bancarias.

El argumento xenófobo no queda justificado por el v~lumen ?e.cancelaciones de las dieciseis personas y sociedades comerciales mas lffiportantes, entre las que como vimos, extranjeros y criollos no difieren demasiado. Son entonces las fuerzas retrógradas que, asustadas por la
velocidad impresa a los negocios por la monetización del _crédit? _desplazadas por extranjeros y crjollos más activos, ante la_ 1mpos1bilidad
de recurrir en un Buenos Aires fuertemente comprometido desde 1821
con la libertad económica a la práctica mercantilista de pujar por pr&lt;?tección y privilegios, se apoyan en la agitación xenófoba para reducrr
a sus competidores y retornar a métodos menos eficientes pero que conocían mejor.

El Banco debe a Descuentos
por X letras recibidas de

El proyecto de someter al Banco de Bue~os Aires ~racasó ~orque
sus enemigos carecieron de la fuerza necesana para obligar al direc~orio a aceptar sus términos. Pero los intereses expresa~?s por Ifl _Nacional tuvieron mayor éxito cuando, desbordado por enns1ones debilmen~e
respaldadas y soportando una corrida provocada por el bloqueo br~1leño el directorio tuvo que solicitar autorización del gobierno para mtem:mpir la conversión de sus billetes que hasta entonces se había ef~tuado libremente y a la par. Entonces, en enero de 1826, reapareció
el proyecto del Banco Nacional a cuya integración concurrirían el Banco

En muchos casos la expresión "recibidas de" aparece sustituida por "contra".
Esto parece ser un cambio de escribiente más que de criterio. Al banco debía
interesarle la mención del aceptante, quien había asumido la responsabilidad
de pagar la letra a su vencimiento. Aimque la primera expresión parece hacer
referencia a la persona que envió la letra al descuento y la segunda al aceptante, diversos asientos (entre ellos los mencionados en la nota 11) nos inclinaron
a considerar que no se trataba de criterios diferentes.

r

.

~

., .,,,,,.1 , .. ::

119

APENDICE
Los asientos en el libro Diario (ABP, 101-3-1) de las cancelaciones de letras
descontadas por el Banco de Buenos Aires tienen la siguiente forma:

Juan Cano
l 000
Tomás Eastman 355
etcétera

�120

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

NOTAS
l. Sobre las finanzas públicas antes y después de la consolidación de 1821, v. Juan
Carlos Nicolau, La reforma económico-financiera en la provincia de Buenos Aires
(1821-1825). Liberalismo y economía, Buenos Aires, Fundación del Banco de la Provincia de Buenos Aires, 1988; Tulio Halperín Donghi, Guerra y finanzas en los orígenes del estado argentino (1791-1850), Buenos Aires, Belgrano, 1982; y Samuel Amara!, "Las formas sustitutivas de la moneda metálica en Buenos Aires (1813-1822)",
Cuadernos de Numismática, 1981, v. 8, No. 27, pp. 37-61; "La reforma financiera
de 1821 y el establecimiento del Crédito Público en Buenos Aires", Cuadernos de
Numismática, 1982, v. 9, No. 33, pp. 29-48; "El descubrimiento de la financiación
inflacionaria. Buenos Aires, 1790-1830" , Investigaciones y Ensayos, 1988, No. 37,
pp. 379-418; y "Alta inflación y precios relativos. El pago de las obligaciones en
Buenos Aires, 1826-1834", El Trimestre Económico, 1989, No. 221, pp. 163-191.

2. Sobre el Banco de Buenos Aires v. Octavio Garrigos, El Banco de la Provincia, Buenos
Aires, Pablo E. Coni, 1873; Andrés Lamas, Estudio histórico y científico del Banco
de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, El Nacional, 1886; Agustín de Vedia, El Banco Nacional, Buenos Aires, Félix Lajouane, 1890; Norberto Piñero, La
moneda, e/ crédito y los bancos en /a Argentina, Buenos Aires, Jesús Menéndez,
1921; Nicolás Casarino, El Banco de la Provincia de Buenos Aires en su primer centenario, Buenos Aires, Peuser, 1922; y Horado J. Cuccorese, Historia del Banco
de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, Banco de la Provincia de Buenos
Aires, 1971. Sobre el empréstito externo de 1824, v. Samuel Amara!, "El empréstito de Londres de 1824", Desarrollo Económico, 1984, v. 23, No. 92, pp. 559-588.

121

Depalma, 1961, pp. 11-34; y Héctor J. Cámara, La letra de cambio y vale o pagaré,
Buenos Aires, Ediar, 1970, v. 1, pp. 141-142.
8. Escriche, pp. 385-386, v. Letra de cambio.
9. Adam Smith, Investigaciones sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, ed. Edwin Cannan, trad. Gabriel Franco, México, Fondo de Cultura Económica, 1958, pp. 284 y ss.; Jobo Stuart Mili, Principios de economía política con algunas de sus aplicaciones a la füosofía social, ed. W. J. Ashley, trad. T. Ortiz, 2a.
ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1951, pp. 450-452.
10. Sobre la responsabilidad de las personas intervinientes en la letra, v. Ordenanzas
de Bilbao, p. 105.
11. Archivo del Banco de la Provincia de Buenos Aires (en adelante ABP), 101-3-1, ff.
131 y 133.
12. Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Registro notarial No. 2, 1824-1825,
ff. IOv y 102.

13. Lamas, op. cit., p. 17.
14. Lamas, pp. 17 y 12. Los enemigos del banco publicaban en El Nacional, enero de
1825, No. 3-6, pp. 54-60, 76-80, 92-96 y 103-108.
15. Dos de esos nueve "británicos", Harton y Ford, eran norteamericanos.

3. Sobre las funciones crediticias de la letra de cambio v. Raymond de Roover, L 'evolution de la lettre de change. París, Armand Colin, 1952. A través de la doble función de la letra define la "teoría del interés en el cambio" que permitía superar la
barrera de la usura (pp. 43 y 61-62). Sobre el desarrollo histórico del instrumento
en España v. Bruno Aguilera-Barchet, Historia de la letra de cambio en España (Seis
siglos de práctica trayectieia). Madrid, Tecnos, 1988.
4. Joaquín Escriche, Diccionario razonado de legislación. 2a. ed. Madrid, Calleja, 1842,
v. Protesto.

5. El descuento extrabancario parece haberse mantenido aún después de la creación
del banco: "Es cosa sabida de todos, que hay casas particulares en Buenos Aires,
que están descontando letras con metálico" (E/ Nacional, 17 de febrero de 1825,
p. 152).
6. Roover, pp. 119-121.
7. Sobre la letra de cambio en Buenos Aires cf. Julio César Guillamondegui, "La letra
de cambio en el derecho indiano" (tesis doctoral, Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales, Universidad de Buenos Aires, 1971), y Samuel Amara!, "Medios de pago
no metálicos en Buenos Aires a comienzos del siglo XIX. Letras de cambio y letras
secas", Cuadernos de Numismática, 1982, v. IX, No. 30, pp. 45-55. La cita es de
Juan de Hevia Bolaños, Curia Philipica, Madrid, Juan de San Martín, 1767, p. 268.
Hasta la codificación de Acevedo y Vélez Sarfield, convertida en ley provincial en
octubre de 1859, se mantuvo la vigencia de las Ordenanzas de Bilbao, que no autorizaban el giro sobre la misma plaza. V. Ordenanzas de la Ilustre Universidad y Casa de Contratación de Bilbao (1737), Paris, Rosa, 1829, cap. XIII; Carlos C. Malagarriga, Reseña de la legislación comercial argentina (1810-/960), Buenos Aires, Roque

16. ABP, 001-1-1, Libro de Actas, 1822-1826, f. l. V. también la exposición de Manuel
José García ante la junta general de comerciantes por él convocada para impulsar
la creación del banco, El Argos de Buenos Aires, 23 de enero de 1822.
17. La imposibilidad de acceder al crédito por los lentos ciclos de la producción ganadera ha sido señalada por Mi ron Burgin, Aspectos económicos del federalismo argentino. Trad. Mario Cales. Buenos Aires, Hachette, 1960, p. 93. Sobre el plazo de
las letras v. Lamas, op. cit., p. 9.
18. El Nacional, 6 de enero de 1825, No. 3, p. 58.
19. Sobre las relaciones entre el Banco Nacional y el gobierno en 1826, v. Samuel Amara!, "El Banco Nacional y las fmanzas de Buenos Aires: el curso forzoso y la incoovertibilidad del papel moneda en 1826", VI Congreso Internacional de Historia de
América, Buenos Aires, 1982, v. 5, pp. 415-429. Sobre el proceso inflacionario, v.
Samuel Amara!, "Alta inflación y precios relativos ... " (cf. n. 1).

�Burguesía y Estado en Brasil Durante
la Antigua República (1889-1930)

111

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Steven C. Topik *

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Un pequeño grupo de hombres dominó la economía de Brasil durante
la Antigua República (Old Republic), entre 1889 y 1930. El estado oligárquico servía, usualmente, a sus intereses, de modo que la clase acaudalada era también una clase gobernante.
Este ensayo examína la naturaleza de la clase económicamente dominante en Brasil, y los medios que empleó para moldear las políticas
del estado '. Por ello se describirá, en primer término, a los grupos
propietarios. Luego, sus expectativas en cuanto a las políticas del estado, su organización política y los instrumentos con que influyeron el
aparato estatal.
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LA ELITE ECONOMICA BRASILEÑA DURANTE
LA ANTIGUA REPUBLICA
La clase adinerada era bastante reducida. Aunque no existen datos exactos en cuanto a propiedades o ingresos, varios cálculos independientes
concuerdan en que aquellos que controlaban la mayor parte de la tierra, el capital y la maquinaria de Brasil constituía apenas el 1 ó 2%
de la fuerza laboral (y ésta la componía sólo un tercio de la población
nacional). Esto significaba unos 70 000 hombres en 1890, y 135 000
en 1930 (casi ninguna mujer ocupaba posiciones económicas
importantes) 2 •

La composición de la élite económica nacional reflejaba la vastedad, diversidad, y relativo atraso del subcontinente brasileño. Cierto
que, como colonia, Brasil no experimentó la clase de cismas de nacio* _Department of History, University of California, Irvine (USA). Traducción del inglés
de Isabel Cristina Mata Velázquez y Miguel A. González Quiroga

�124

,,

Siglo XIX

nalidad, tribales o religiosos que fragmentaron a los países de Asia,
Africa, e incluso Europa 3• Las familias europeas que inmigraron y alcanzaron prominencia pronto se fundieron en una sociedad nacional·.
Sin embargo, la clase adinerada era un grupo heterogéneo: se encontraba fragmentada en muchas facciones regionales y locales. Los miembros de las clases conservadoras constituían una clase unificada y consciente de sí misma sólo en el sentido de que presentaba una oposición
común a las exigencias de las otras clases, y compartían el deseo por
la hegemonía 4• En otros sentidos, sus miembros enfrentaban perspectivas económicas tremendamente distintas y operaban en escenarios
socio-políticos diversos.
El carácter heterogéneo de la clase acaudalada se desarrolló qebido a la variedad geográfica del país, patrones de colonización contrastantes, y falta de una economía nacional integrada. Ya en el período
colonial, cada región había modelado su economía alrededor de un diferente cultivo para exportación. Esto promovió diferentes ritmos y ciclos de crecimiento. La orientación europea y el establecimiento costero de estas economías impedía la integración interna, y el deficiente
sistema de transporte contribuyó aún más a la separación por regiones
que fragmentó a la clase gobernante.
La diversidad regional se acrecentó en el siglo XIX. La región del
noreste, en otro tiempo la de mayor exportación, fue cayendo en un
bache a medida que su azúcar perdía mercados extranjeros ante la competencia europea y caribeña, mientras que el Amazonas, área largo tiempo marginada y abandonada durante el período colonial, gozaba de
un efímero auge de dos décadas (1890-1912), gracias al caucho. El sur,
por su parte, gozaba de un firme aunque nada notable crecimiento basado en productos que se vendían principalmente en Brasil 5• Al mismo tiempo, la floreciente economía del centro, impulsada por las exportaciones de café, experimentaba un espectacular desarrollo que llegó a eclipsar al resto del país.
El resultado de todo esto fue que la mayor parte de las riquezas
generadas por la economía de exportación fuera producida por apenas
3 de los 20 estados brasileños, junto con el Distrito Federal. El estado
de Sao Paulo generaba por sí solo el 400Jo de todas las exportaciones.
Junto con Minas Gerais, Rio Grande do Sul y el Distrito Federal, producía el 600Jo de los cultivos agrícolas, representaba el 750Jo de la producción industrial y cárnica, y poseía el 800Jo de los activos bancarios
de la nación. El ingreso per cápita de estas provincias y de la capital
federal era más del doble que las ganancias obtenidas en las provincias
más pobres, lo que ahondaba el abismo entre las regiones 6 •

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

125

También dentro de las regiones había marcados contrastes, y en
parte era culpable la geografía. El magro y árido suelo del sertao que
se extendía desde el interior del noreste hasta Minas Gerais sustentaba
sólo agricultura rudimentaria y la cría de animales domésticos. Por otra
parte, la fértil y bien irrigada tierra de la zona costera de Matta en el
noreste, así como el plana/to del valle de Paraiba y la parte occidental
de Sao Paulo producían abundantes cosechas.
Los patrones de asentamientos humanos también contribuyeron
a la diversidad. Algunas tierras que habían sido ricas, como las de los
cafetales en el valle de Paraiba, comenzaron a declinar a causa del agotamiento y la erosión. Al mismo tiempo, áreas fronterizas recién abiertas
como las del occidente de Sao Paulo, ofrecían terrenos abundantes y
a bajo costo. Mientras tanto, el vasto interior, en gran parte desaprovechado, carecía d~ mano de obra suficiente y de transportación para
sustentar algo más que agricultura de subsistencia.
Las cambiantes demandas de la economía mundial y el desarrollo
de la economía nacional también causaron diversificación y flujo regionales. Nuevos ricos cafetaleros del occidente de Sao Paulo, algodoneros del interior de Paraiba, comerciantes caucheros del Amazonas,
cultivadores de cacao del sur de Bahia, de mate en Paraná se atrevieron a desafiar a la tradicional oligarquía terrateniente de sus áreas respectivas. Los industriales, financieros y otros hombres d_e negocios
orientados al mercado nacional cobraron importancia a medida que
las exportaciones se desplomaron, desde casi una cuarta parte del PIB
en 1890, hasta casi un 150Jo para 1930 7 •
Las diferencias locales y regionales en el ritmo e intensidad del crecimiento se reflejaban en el grado en que se implementaron prácticas
totalmente capitalistas. En el centro y sur, regiones más opulentas, el
fin de la esclavitud en 1889 produjo el surgimiento de un sistema laboral basado predominantemente en los salarios, y en donde prevalecían
la especialización y una economía de mercado basada en el dinero 8 •
La clase económicamente dominante, compuesta en su mayoría por hacendados, era en esencia burguesa.
Si bien, muchos hacendados actuaban más como especuladores de
tierras que como capitalistas industriales dedicados a aumentar la productividad (así lo sugiere Warren Dean), es evidente que consideraban
la riqueza como capital que hay que invertir para producir más riqueza, e invertían sobre todo en la producción de bienes y servicios 9•
En el sur, los sistemas agrícolas fluctuaban desde los pequeños agri-

�126

11

Siglo XIX

cultores dedicados al cultivo de arroz y la producción de vino, hasta
los comerciantes que encomendaban la cosecha de los arbustos de mate a leñadores y vaqueros en las grandes estancias ganaderas. En la economía norteña, basada en el caucho, reinaban los comerciantes, quienes invertían más en sus transacciones que en la producción. Los recolectores de caucho trabajaban como productores semi-independientes
que intercambiaban sus cosechas por los víveres necesarios. La economía estaba impulsada por crédito, pero en forma menos palpable por
dinero. Los mercados eran reducidos y se !!ncontraban monopolizados
por los comerciantes 1º.
Aparte de las zonas aedicadas al algodón y el cacao, el noreste y
otras áreas marginales de diversas regiones estaban dominadas por propietarios que a menudo eran más arrendadores que empresarios "modernizantes' '. Intentaban monopolizar factores loéales de producción:
agua, tierra y capital con el objeto de rentarlos a un alto precio a los
pequeños agricultores. No les interesaba tanto aumentar la productividad. El dinero no se utilizaba a gran escala porque los agricultores acos. tumbraban pagar la renta con una porción de su cosecha. Sin embargo, con el tiempo estos dueños de tierras fueron desplazados por los
ingenios azucareros centrales que llegaron a dominar la rica zona de
Matta 11 •

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La diversidad de escenarios económicos a nivel regional y local significaba que no se podía hablar de una élite económica nacional. Es
más exacto dividir la clase dominante en tres niveles: la alta burguesía,
los barones provinciales, y los notables locales, si bien los límites entre
los niveles no eran precisos ni intraspasables.

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A la cabeza se encontraba la alta burguesía, docenas de magnates
que imperaban en las cumbres máximas de la economía. Una abrumadora mayoría provenía del centro del país, y aunque a menudo sus fortunas tenían sus raíces en el campo, donde conservaban residencias de
verano, mostraban preferencia por vivir en las ciudades principales.
Rio de Janeiro, centro financiero de la nación, albergaba a la mayoría
de los aristócratas acaudalados del país. Sao Paulo llegó a rivalizar cada vez más con la capital federal, pero no logró darle alcance durante
la Antigua República. Este pequeño grupo de hombres tenía mano en
las empresas más grandes y lucrativas del país, e invertían a veces en
regiones fuera del centro.
Los barones provinciales constituían el segundo nivel. En su mayoría eran cultivadores y hacendados de áreas diferentes al centro. Estaban menos relacionados con la economía internacional y eran menos

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

127

capitalistas en sus negocios. Por lo general invertían su capital en su
misma región, que eran menos lucrativas, y cuando participaban en
las grandes empresas del centro, casi siempre servían de socios menores o accionistas minoritarios. La mayoría vivía en o cerca de las capitales provinciales.
El tercer nivel estaba compuesto por los notables locales, quienes
basaban su fortuna en la tierra, si bien algunos eran comerciantes. Sus
inversiones comunmente se restringían a ateas geográficas pequeñas,
marginales y no exportadoras; sus actividades implicaban menor capital, estaban menos diversificadas y tenían más probabilidades de apoyarse en prácticas precapitalistas que las de los otros dos niveles 12 •
En vista de que la alta burguesía era la más importante en lo económico y lo político, este ensayo le dedica la mayor atención. El escalón más alto de la clase dominante era notable por su diversificada cartera. Con frecuencia, un mismo hombre era el dueño de plantaciones,
bancos, establecimientos comerciales y fábricas. La familia Prado de
Sao Paulo constituye un buen ejemplo. Aunque la base de su riqueza
se originó en la producción de café, pronto se diversificaron. Antonio
Prado, el patriarca, era al mismo tiempo uno de los mayores productores de café brasileños, presidente del Ferrocarril de Sao Paulo y del
Banco de Comercio e Industria, socio de una de las mayores casas exportadoras (Prado Chaves), fundador de la primera empacadora de carne en Brasil, y socio de una fábrica vidriera. Los comerciantes
importadores-exportadores se diversificaron en forma similar.
Francisco Matarazzo comenzó importando y distribuyendo manteca de cerdo, pero pronto cambió a importaciones y exportaciones generales y con el tiempo llegó a construir el imperio industrial más grande
de Brasil. Asimismo, fundó un banco y se convirtió en terrateniente
a gran escala. Francisco de Paula Mayrink ejemplifica una trayectoria
distinta. Comenzó trabajando para el Banco Comercial do Rio dt
Janeiro y perseveró hasta fundar y presidir otros cinco bancos. También estableció en Sao Paulo una compañía de colonízación para inmigrantes, fue presidente del Ferrocarril Sorocabana, fundó cinco empresas ferroviarias mas pequeñas, encabezó la compañía naviera Lloyd,
y ayudó a organizar la que operaba los muelles de Santos. Por último,
fue presidente de la mayor compañía tranviaria en Rio, Sao Paulo y
Belo Horizonte, y era dueño de ingenios azucareros, harineras y cafetales aparte de enormes fincas urbanas 13 •
Tan diversificados cargos directivos y carteras fueron comunes hasta la depresión de los treinta. Sin embargo, esta diversidad no debía

�128

Siglo XIX

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889- /930)

129

ocultar la unidad que sustentába a la mayoría de los imperios
comerciales.

dos tras la Guerra Civil: apenas el 11 OJo de la misma estaba contenida
en fincas mayores de 500 acres 16•

Las familias que controlaban muchas áreas distintas funcionaban
como corporaciones y centraban cada vez más sus posesiones en un
banco. En este aspecto, Brasil siguió el mismo patrón que se ha encontrado en Argentina, Chile, Colombia y México: "las alianzas crediticias familiares estaban centralizadas e institucionalizadas en compañías financieras, particularmente bancos" 14 • Como señala Levi acerca de la influyente familia Prado:

En el comercio de exportación dominaban unas cuantas casas mercantiles. Ocho firmas cafetaleras embarcaban dos tercios de la cosecha
brasileña. Ocho comerciantes huleros exportaban más de la mitad de
la producción anual. Asimismo, las importaciones estaban reguladas
por unas pocas casas comerciales de gran tamaño 17 •

Si los Prados se hubieran considerado a sí mismos como productores
de café solamente, su impacto colectivo en Sao Paulo hubiera sido relativamente insignificante... (su) liderazgo en la sucursal paulista del
Banco do Brasil dio a la familia una ventaja definida en el dinámico
15
clima económico de la segunda mitad del siglo XIX •

La consolidación durante la Primera República se hizo evidente en toda la economía. Predominaron las empresas mayores, controladas por
unos cuantos miembros de las clases conservadoras. La percepción generalizada del Brasil republicano es que, en la mayoría de las áreas fuera
de la agricultura para exportación, prevalecían las firmas menores.
En otras palabras, el subdesarrollo de la economía exportadora brasileña se reflejaba en la pequeña escala de las empresas. Según este punto
de vista, sólo mediante la industrialización ingresaría Brasil al Gran
Negocio. De hecho, un análisis sectorial de la economía durante la Primera República revela concentración por todas partes.
En la agricultura, predominaban los latifundios. En 1920, el 4%
de los terratenientes nacionales bastaron para representar un 60% de
las tierras en propiedad privada. En las regiones exportadoras más prósperas, la concentración era aún más extrema.
En Sao Paulo, el 2.5% de las propiedades abarcaba el 45% de la
tierra. La situación seguía siendo bastante similar para 1935:
14% de los cafetales contenían el 57% de las plantas. Las tierras
privadas en la rica región azucarera de Pernambuco mostraban un patrón similar: allí, el 20/o de las propiedades agrícolas representaban el
43% de la tierra.
Vastos imperios agrarios surgieron en las áreas fronterizas de Goias
~ Mato Grosso. Se dice que el Ferrocarril de Brasil era el propietario
unico de 140 000 kilómetros cuadrados. En comparación, la tierra estaba muchos menos concentrada en la región sureña de Estados Uni-

La mayor parte de la transportación se hallaba en manos de unas
cuantas firmas. Justo antes de la Primera Guerra Mundial dos compañías controlaban dos tercios de las vías férreas de Brasil. Estos conglome_rados ferroviar~os se diso~vieron en la década ~e los veinte, pero
tod~v1a para 1930 mas de la nutad de los ferrocarriles era propiedad
de siete compañías. La misma concentración era evidente en el sector
del transporte marítimo, ya que seis firmas se hacían cargo de la mitad
de_las exportaciones de café. Una sola empresa (Lloyd Brasileiro) maneJaba el 61 OJo de todos los pasajeros y, junto con otras dos, representaba el 84% de todos los embarques costeros18 •
lg~alme~te concentradas estaban las finanzas: un banco guardaba casi la qwnta parte de todos los activos bancarios, y dos tercios de
toda la actividad bancaria se realizaba en una docena de bancos, los
que en su !llayor parte manejaban los negocios de los ricos, ya que las
grandes hipotecas dominaban sus carteras de préstamos 19•
En la Primera República, incluso la fabricación estaba dominada
por unas cuantas empresas. Según la sabiduría popular, en la subdesarrollada economía brasilefia predominaban los pequeños talleres artesanales, y en cierto sentido esto era verdad. El primer censo industrial
nacional de suficiente objetividad, realizado en Brasil en 1920 reveló
que casi las tres cuartas partes de todas las compañías manufa~tureras
empleaban a nueve empleados, o menos. Por otra parte los que empleaban a más de un centenar de personas representaba~ sólo el 40/o
de las empres~, pero significaban el 55% de la producción (en valor),
empleaban mas del 60% de los trabajadores y de los caballos de fuerza, y poseían dos tercios del capital invertido2(). De este modo la clase
adinerada elaboró monopolios en los sectores clave de la economía de
exportación.

INVERSIONISTAS EXTRANJEROS
Los extranjeros ocupaban un lugar importante en Brasil. Si bien la burguesía brasileña, que controlaba la producción de las exportaciones na-

�130

Siglo XIX

cionales, se hallaba entre las más poderosas de América Latina, los extranjeros dominaban muchos campos complementarios. Múltiples estudios no consideraban a los capitalistas extranjeros como parte de la
clase gobernante nacional: como ciudadanos de otros países, no tenían
voto en Brasil ni podían postularse para ningún cargo.
De hecho, los propietarios de las mayores empresas europeas y norteamericanas comúnmente ni siquiera residían en Brasil. Asimismo, carecían de lazos familiares y culturales que los ataran á este país. Sin
embargo, aunque los capitalistas extranjeros no inmigrantes diferían
bastante de los nacionales en estos aspectos, de cualquier modo ejercieron una enorme influencia en la política económica del Estado brasileño. Sus intereses, por otra parte, no eran monolíticos: los compromisos e intereses económicos de los extranjeros resultaban casi tan diversos come los de los brasileños.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (/ 889-1930)

131

versionistas directos poseedores de acciones de capital social en compañías brasileñas.
Brasil recibió una participación inusitadamente grande de capital
de préstamo. Más del 40% de toda la inversión extranjera estaba en
forma de préstamos. De hecho, Brasil era el mayor deudor de América
Latina. Hasta 1906 todos los préstamos federales provenían de la casa
bancaria Rothschilds de Londres. Ue allí en adelante, empezaron a participar algunos otros bancos. Estos prestamistas estaban tan bien situados que podían influír en la política pública brasileña.
En ocasiones los intereses de los comerciantes extranjeros entraban en conflicto con los de los banqueros intrernacionales, ya que los
primeros estaban más preocupados por el flujo internacional de bienes
brasileños que por la habilidad del país para pagar los préstamos.

En primer lugar se dividían, naturalmente, por su nacionalidad.
Los británicos poseían más de la mitad de todas las inversiones extranjeras durante este período. Les seguían los franceses, quienes inundaron los mercados brasileños de capital en la década anterior a la Primera Guerra Mundial, pero se retiraron después de ésta. Fue entonces
cuando los norteamericanos comenzaron a invertir a gran escala. Las
otras dos naciones que realizaron inversiones de consideración fueron
Bélgica y Alemania.

Al dominar el comercio de importaciones y exportaciones de Brasil, lograban el control de los puntos claves de presión en la economía.
Los comerciantes ingleses, alemanes, franceses y norteamericanos manejaban el 900Jo de las exportaciones de café en 1900, y todavía en 1930
se hacían cargo de las dos terceras partes. Junto con los exportadores
portugueses, controlaban una proporción similar en los embarques de
caucho. Asimimo, desempeñaban un papel importante en las importaciones y la distribución nacional21 •

En conjunto, europeos y norteamericanos incrementaron su capital en Brasil durante la Primera República de unos 400 millones de dólares que tenían en 1889, a un aproximado de 2 mil 600 millones en
1930. En todo Latinoamérica, sólo Argentina recibió más inversión extranjera en este período que Brasil.

Los inversionistas directos en empresas brasileñas constituían la
tercera categoría de inversionistas extranjeros. Tenían un vínculo más
directo con la economía brasileña que los prestamistas internacionales, ya que los inversionistas en realidad poseían una parte de la economía y se hallaban a merced de su flujo y reflujo. Tenían más capital
invertido que los comerciantes.

La relación entre los capitalistas extranjeros, la economía y el Estado brasileños variaba de acuerdo con la naturaleza de sus inversiones. En general, los capitalistas extranjeros no inmigrantes se dedicaban a actividades menos diversas que las de las de la alta burguesía
brasileña. Los inversionistas extranjeros tenían experiencia en áreas tales
como ferrocarriles, servicios públicos o la banca. Cuando ampliaban
sus intereses en Brasil, generalmente se integraban en forma horizontal a actividades similares aunque a veces se integraban verticalmente
a campos afines. En ocasiones su mayor especialización por sectores
los conducía a bandos diferentes en cuestiones de política económica.
Los inversionistas de cartera, que prestaban dinero al Estado o a
empresas privadas, tenían intereses un tanto distintos a los de los in-

Las más importantes compañías propiedad de extranjeros habían
sido creadas en Londres, Nueva York o París para emprender actividades específicas en Brasil. Sus estrategias se basaban sobre todo en
las condiciones comerciales dentro del país. Algunas de las grandes firmas extranjeras fueron establecidas por inmigrantes que echaron hondas raíces familiares y de negocios en Brasil. Por lo común, al cabo
de una generación dichas compañías se volvían brasileñas.
No fue sino basta la década de los veinte que las corporaciones
internacionales comenzaron a aparecer y a someter a las compañías a
la lógica más global de los conglomerados de integración
internacional22 •

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Siglo XJX

Los inversionistas directos extranjeros poseían secciones vitales de
la economía exportadora. En la administración de ferrocarriles tuvieron un papel muy importante, pues si bien las líneas pioneras de la década de 1880 habían sido costeadas por brasileños, pronto fueron adquiridas por inversionistas británicos y franceses. Justo antes de que
iniciara la Primera Guerra Mundial, las empresas ferroviarias extranjeras poseían o arrendaban un 80% de las vías de Brasil. Esta proporción declinó hasta una cuarta parte para 193&lt;&gt;23.
Los europeos controlaban también la banca. En el siglo XIX dominaron el mercado de cambio y tuvieron una importante participación en las transacciones de descuento fiduciario y préstamos a corto
plazo. Hasta la Primera Guerra Mundial, continuaron proporcionando la mitad de todos los préstamos y descuentos; su posición declinó
hasta una cuarta parte del mercado de préstamos para 193&lt;&gt;24.
Durante el siglo XIX, los extranjeros se habían mostrado reacios
a invertir en la fabricación de bienes de consumo a causa de las limitadas dimensiones del mercado nacional. Prefirieron dedicarse a las actividades que abastecían al mercado exterior, como la extracción de
oro y la refinería de azúcar.
Sin embargo, para principios del siglo XX muchos extranjeros comenzaron a construir fábricas. El inconcluso censo industrial de 1907
reveló que la fábrica más grande del país pertenecía a británicos, y que
tres de las nuevas mayores eran de extranjeros. El ritmo de la inversión extranjera en la manufactura se aceleró a partir de la Primera Guerra Mundial, sobre todo por parte de los norteamericanos.
Para 1929, este nuevo grupo derramó unos 200 millones de dólares en fábricas brasileñas. Los extranjeros se destacaron sobre todo en:
1) lineas de tecnología avanzada, como aparatos eléctricos, automóviles y productos farmacéuticos; 2) industria pesada, como petróleo, energía eléctrica, cemento y acero; y 3) sectores de la exportación, como
empacadoras de carnes y minería. Los extranjeros también alcanzaron
predominio en industrias de bienes de consumo, aunque la mayoría de
los propietarios en este sector eran inmigrantes que se quedaron en Brasil
y cuyos hijos adquirieron la ciudadanía. Las compañías más importantes en la producción de cerveza, cigarros, cerillos, calzado y textiles
pertenecían a extranjeros. No hay claridad en los datos oficiales en cuanto a la proporción de la industria que pertenecía a extranjeros. Sin embargo, a partir de evidencias dispersas, se puede calcular que controlaban aproximadamente la mitad de toda la industria en 193025.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

133

Así pues, la pequeña clase adinerada de Brasil, compuesta de nacionales y extranjeros, dominaba la oligopolizada economía de exportación. A pesar de los frecuentes traslapes de intereses, sobre todo en
el sector externo, los dueños de los medios de producción brasileños
estaban divididos por diferencias de consideración. Los distintos niveles y sectores de la clase dominante se dividían por su nacionalidad,
perspectivas económicas, grado de vinculación con la economía internacional, su integración a la economía nacional, y su adopción de métodos capitalistas. En consecuencia, las demandas que le planteaban
al estado eran tan diversas como los medios que empleaban para obtener resultados favorables.
EL PAPEL DEL ESTADO
El tipo de ayuda estatal que procuraba la clase dominante estaba determinada por la estructura de la economía de exportación. Sus exigencias eran bastante modestas porque, comparada con la planeación
y el papel empresarial que el estado impondría al impulso industrializador a partir de 1930, la economía de exportación de la Primera República requería relativamente poca ayuda del estado. El bajo nivel de
especialización y tecnología necesarias para hacerse cargo de plantaciones e industrias ligeras obviaba la necesidad de financiamiento estatal, de un sistema educacional sofisticado, o de institutos dedicados a
la investigación y la experimentación. El mercado nacional, sectorizado y relativamente reducido, requería poca coordinación o planeación
estatales. La ausencia de movimientos laborales rurales u organizaciones
obreras urbanas de consideración previos a la Primera Guerra Mundial permitió al estado ignorar la regulación laboral y la prestación de
servicios sociales.
Por otra parte, miembros influyentes de las clases republicanas conservadoras, en particular de Sao Paulo, aspiraban a descentralizar al
estado por razones políticas. Pensaban que el sistema imperial había
favorecido a la élite declinante del noreste y el Valle del Paraiba, en
detrimento de los nuevos ricos. Asimismo creían que el gobierno imperial había sido culpable de una regulación excesiva, una enorme deuda
pública, y exagerados costos administrativos. Ello obstaculizó la formación de capitales y puso trabas a la creación de empresas. Los líderes republicanos tenían la esperanza de que, poniendo fin a lo que consideraban una intromisión por parte del gobierno en la esfera privada,
podrían desencadenar las energías productivas del país y aprovechar
sus vastos recursos.
En realidad la República no pudo disminuir el papel económico

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Siglo XIX

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del estado, pero el nuevo régimen sí descentralizó la autoridad • Las
provincias ganaron el derecho a gravar las exportaciones (e ilegalmente gravaron las importaciones), así como a contratar préstamos extranjeros, lo que en ciertos casos produjo enormes aumentos en sus ingresos. También recibieron terrenos nacionales que antes habían pertenecido al gobierno central. Además, la legislación sobre los derechos del
agua y minerales recayó en su jurisdicción. Los gobiernos provinciales
podían asimismo otorgar concesiones ferroviarias dentro de su te~it~rio y servicios públicos en las capitales provinciales. Aunque en pnnc1pio todos los gobiernos provinciales compartían los mismos poderes
económicos, en realidad sólo los más ricos obtuvieron cierta autonomía con la descentralización republicana. Las provincias más pobres
se encontraban necesitadas de fondos y eran incapaces de obtener suficientes préstamos en el extranjero.
En consecuencia, no podían recompensar a las compañías ferroviarias o de servicios públicos con incentivos que bastaran para hacer
atractivas sus concesiones. A menudo, también tenían el control de tierras estatales menos fértiles, ya que sus fronteras casi habían desaparecido, y entonces tenían que recurrir a la ayuda del gobierno federal.
Al igual que las provincias más pobres, los municipios tampoco ganaron muchos poderes nuevos con la República.
Las ciudades más grandes y opulentas eran capitales provinciales
y por tanto estaban sujetas a la autoridad provincial, o bien la capital
federal en Río de Janeiro, supervisada por el gobierno federal. El resto de los municipios tenía autoridad sobre la zonificación, los servicios
públicos, la justicia local, las obras públicas y algunos cargos gubernamentales, pero contaba con escasos fondos para emprender cualquier
iniciativa económica27 •
A pesar de la descentralización de la República, el gobierno federal siguió siendo muy importante. Aunque cedió muchos de sus poderes a las provincias, el gobierno central continuó supervisando las áreas
claves de las relaciones económicas internacionales y sirviendo de árbitro supremo en las relaciones interprovinciales. De este modo la política monetaria, los impuestos al comercio exterior, los tratados comerciales, las ferrovías que se extendían por más de una provincia y los
puertos y embarques internacionales, permanecieron dentro de su competencia. En vista de que el gobierno federal aún percibía 500'/o más
ingresos que todas las provincias y municipios juntos, tenia también
la mayor capacidad para financiar nuevos proyectos, prestar asistencia a empresarios y redistribuir la carga fiscal.

135

El nivel gubernamental al cual acudían los miembros de la clase
dominante dependía del favor que pretendían y de dónde tuvieran influencia política. A la alta burguesía y los capitalistas extranjeros les
preocupaban mucho más las tasas de interés, el tipo de cambio y la
inflación, así como los ·derechos de aduana y los tratados comerciales,
y en esto sólo podía ejercer influencia el Congreso federal . La prosperidad de la Hacienda federal atraía a los capitalistas en busca de concesiones y préstamos especiales. Por gozar de prominencia nacional y
provenir casi siempre de las provincias más influyentes, la capa superior de la clase dominante podía ganarse el apoyo federal. Estos magnates también recurrían a los gobiernos de las provincias del centro y
el sur, que tenían a su disposición considerables recursos.
Por lo común, los barones provinciales, no gozaban de suficiente
peso para influir en la política federal u obtener favores de Rio de Janeiro. Preocupados también por cuestiones tales como la tasa cambiaria y la inflación, se sabían impotentes para modificarlas. En cambio,
los ricos provinciales restringían la mayoría de sus peticiones a concesiones, exenciones y préstamos, y enfocaban casi toda su atención en
los gobiernos provinciales. Los notables locales tenían que contentarse
sobre todo con controlar el gobierno y la justicia locales. A diferencia
de los otros dos sectores de la clase dominante, que por estar mejor
integrados a la economía capitalista solían pretender favores puramente
económicos de parte del gobierno, los notables locales de escaso capital
empleaban el estado en forma más directa, como una herramienta extraeconómica para posesionarse de tierras, asegurar su acceso a las
aguas, constreñír la mano de obra y castigar a los competidores28•
De este modo, la clase económicamente dominante de Brasil deseaba una actividad económica estatal limitada, pero seguían aspirando a obtener favores especiales. La división del poder estatal entre los
gobiernos federal, provincial y municipal, así como lo heterogéneo de
la clase dominante, significaba que existían numerosos caminos para
hacer acopio de la ayuda estatal.
MEDIOS PARA INFLUIR EN LA POLITICA ESTATAL

La naturaleza de la clase dominante y del sistema político, así como las limitadas exigencias de los ricos ante el estado, determinaban
que utilizaran casi siempre la influencia personal aQtes que partidos
políticos u organízaciones comerciales para influir en la política pública. El predominio de políticas personalistas y patrimoniales, la naturaleza fragmentaria de los partidos políticos, y la falta de especialización sectorial contribuyeron a enfatizar más las instancias individuales

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Siglo XIX

que los esfuerzos conjuntos organizados. Por otra parte, la clase de
favores que comúnmente bbscaban las clases conservadoras, tales como exenciones de impuestos, concesiones o préstamos, beneficiaban
sólo a un individuo o a una compañía específica. Sólo cuando la cuestión afectaba a mucha gente, como en el caso de la política monetaria
o la valorización del café, era probable que las organizaciones fueran
los vehículos principales.
La influencia personal se ejercía de muchas maneras. El método
más directo consistía en que el mismo capitalista desempeñara un cargo (este camino quedaba cerrado para los extranjeros). En ocasiones
los ricos tenían altos puestos en el gobierno. Francisco de Paula Mayrink y Antonio Prado, arriba citados, desempeñaron cargos públicos.
El ministro de finanzas Joaquim Murtinho, famoso por sus reformas
financieras de 1899-1920, era también director de la compañía agrícola más grande, un importante banco, y el único ferrocarril de su nativo
Mato Grosso29• Joseph Love ha descubierto un grado de correspondencia extraordinariamente elevado entre funcionarios de gobierno y
gente rica, sobre todo en Sao Paulo30• Estos hombres utilizaban sus
puestos para acrecentar sus fortunas personales.
Sin embargo, este vínculo directo entre la alta burguesía y los puestos federales no era la regla, en parte debido a que muchos inmigrantes, como el acaudalado Matarazzo y el barón del café Francisco
Schmidt, no podían estar en el gobierno. A nivel provincial había menos
diferencia entre los que controlaban los medios de producción y los
que estaban en el gobierno. No obstante, incluso en Sao Paulo, donde
un porcentaje desusadamente alto de funcionarios públicos eran cultivadores de café, la mayoría de los hacendados más ricos no eran
políticos31 • A nivel local, sin embargo, los notables eran por lo general
"coroneles" que se hacían cargo del gobierno, si bien no siempre ocupaban un puesto oficial.
Lo más frecuente era que la clase adinerada influyera en el gobierno colocando a familiares en puestos elevados; esto constituyó la regla
durante el Imperio32• Por la naturaleza extendida de la familia brasileña y los fuertes lazos de lealtad que implicaba, las familias económicamente dominantes, continuaron teniendo miembros bien colocados
durante la República33 • Aparte de las relaciones consanguíneas, los ricos podían contar con familiares rituales, como el compadre. Una variante afín era la relación mentor-protegido, en la que una persona adinerada (a menudo algún terrateniente) costeaba la carrera de un joven.
En la ciudades, los ricos no se hallaban limitados a contactos fa-

Topik: Burguesía y esUldo en Brasil (1889-1930)

137

miliares y de clanes para obtener favores públicos. Con frecuencia, las
compañías contrataban políticos o burócratas de alto nivel como asesores legales para promover las aspiraciones de la empresa. En ocasiones los ingenieros de gobierno eran contratados como consultores por
los mismos contratistas que se suponía iban a supervisar". Otra de las
tácticas consistía en designar funcionarios gubernamentales como miembr~s _directivos de las grandes compañías. Por ejemplo, Alfredo Maia
(IIllmstro de Transporte), Jorge Tiberica (gobernador de Sao Paulo)
y José Paes de Carvalho (gobernador de Pará) fungían como directores de compañías.
Cuando no se podía emplear estos medios aceptables, los acaudalad~s hombres_ de negocios recurríaD: al_franco soborno. La corrupción
oficial no fue mventada por la Republica. El 14 de diciembre de 1889
el South American Journal señala en la página 757 que "durante más
años de los que pudieran contarse, el ramo administrativo estuvo corro1;11pido hasta la médula". Los años iniciales de la República, en especial durante el derrumbe del encilhamento, fueron notables por el
soborno y la corrupción. La compra de favores al gobierno continuó
°:'-á~ tarde. El empresario norteamericano Percival Farquhar se especializaba en esa clase de tratos. Su biógrafo escribió: "Tan pequeña
es la oligarquía en Brasil que Farquhar conocía, o alguna vez empleó,
o sus ayudantes llegaron a sobornar a un considerable porcentaje de
sus miembros"35 •
Sin embargo, las concesiones y favores por parte del gobierno no
podían otorgarse basándose tan sólo en la influencia y el soborno. Los
peticionarios tenían que formular sus deseos en términos definibles ante
el público en general. Dichas peticiones pueden clasificarse en cuatro
grupos. Primero, el que pretendía el favor podía hacer hincapié en que
su co_mp~a. h~a aumentar los ingresos del gobierno al agrandar la
base unpositiva, mcrementar la producción nacional o mejorar la balanza de pagos. Segundo, podía prometer europeizar o modernizar Brasil con lo último en tecnología. Tercero, podía proponer ayudar a otros
sectores de la economía con infraestructura o pedidos de materias primas. Por último, podía sugerir que su concesión contribuiría al bienestar general mediante la creación de empleos, la reducción del costo
de la vida, el mejoramiento en la higiene pública o la dotación de viviendas para los pobres. La combinación y énfasis proporcionados a
cada uno de estos enfoques dependía tanto del peticionario como del
favor pretendido.
Aunque los extranjeros no podían depender de lazos familiares ni
influencias electorales al solicitar favores del gobierno, sí podían em-

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Siglo XIX

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

plear varios métodos que no estaban~ disposi~ión de los ~~asileños.
Se permitían, por ejemplo, apelar a la idea co°!?n en la nacion d,e que
la inversión extranjera era en sí una confirmacion de salud economica
y optimismo internacional respecto al futuro de Bras_il. La_G~eta_1º
Comercio e Finan9as del 13 de febrero de 1897 refleJa tal mclinacion
al comentar acerca de la fundación de un banco francés en Rio de Janeiro: "Esta expansión de capitalistas franceses dice mucho a favor
nuestro, y demuestra que el crédito de Brasil, a pesar de l~s. maquinaciones de enemigos implacables, no se puede desalentar facilmente en
los mercados productivos de ese país". De este modo, los funcionarios
brasileños se veían con frecuencia honrados por solicitudes europeas
de concesiones, que alegremente otorgaban.
Cuando los brasileños se mostraban menos dispuestos a cooperar,
los inversionistas extranjeros empleaban otras armas. O bien prometían atraer capital extranjero a Brasil si se les asignaba una concesión,
lo que hizo Farquhar cuando arrendó el ferrocarril Sor~c~bana d~I :5tado de Sao Paulo, o amenazaban con empañar el credito brasileno
en el extranjero. Las grandes casas bancarias como la Rothschild gozaban de una posición envidiable para hacer uso de tales amenazas Y
lograr puntualidad en el pago de los préstamos. Las compañías extranjeras más pequeñas tenían que acudir a otros inversionistas o a sus g_obiernos. La Corporación Británica de Propi~tar_ios de Bonos,Extran_J 7
ros, compuesta de capitalistas privados, determinaba avaluo crediticio de los prestatarios en Londres. El gobierno frances empl aba co7
mo arma al mercado de capitales de París en política extranJera. En
1906, por ejemplo, se negó a permitir que el estado de Sao Paulo lanzara una emisión de bonos en París porque se oponía al esquema de
valorización del café que supuestamente respaldarían los bonos. El gobierno alemán actuó de manera parecida.

e!

Además de amenazar con la pérdida de crédito, las compañías extranjeras amagaban ocasionalmente con solicitar una invasión por parte
de las fuerzas armadas de su país natal. La mayoría de las veces, lo
que los inversionistas extranjeros consideraran acerca ?e la.capacidad
crediticia de Brasil era un medio más importante para mflmr en el gobierno que la intervención directa de potencias extranjeras. Los productores europeos y norteamericanos también presionaban a sus gobiernos para que negociaran favores comerciales mediante convenios
mercantiles. En estos casos, los europeos y norteamericanos se encontraban en una posición superior a la de sus contrapartes brasileños.

139

ORGANIZACIONES
La política pública estaba influida por actividades de lobbies, tanto
por parte de grupos como de individuos y compañías. Sin embargo,
los lazos entre los administradores del estado y los diversos grupos eran
sorprendentemente débiles. Si como se ha afirmado, Brasil er~ una sociedad coporativa, la identidad estaba basada en la pertenencia a una
familia o un clan, más que en la afiliación a instituciones más formales. Organizaciones que eran poderosas e influyentes en otras regiones
de América Latina, como los masones y la iglesia católica, o clubes
sociales como el Jockey Club, parecen haber tenido poca voz en cuestiones públicas durante la Primera República. Love y Barickman afirman que, si bien el 40% de su muestra tenían familiares en la misma
élite, sólo una quinta parte pertenecía a los principales clubes sociales,
y apenas el 5% llegó a desempeñ.ar cargos en asociaciones agrícolas,
comerciales o de abogados36 •
Las asociaciones comerciales tendían a desempeñar un papel secundarío en cuanto a influir en la política de gobierno, aunque su importancia creció con el tiempo. La República heredó muy pocas asociaciones mercantiles del Imperio. No existió ninguna agrupación agrícola nacional hasta que se formó la Sociedad Agrícola Nacional en 1897.
Las sociedades agrícolas regionales que existieron antes de 1889 casi
se habían limitado a divulgar información técnica. Del mismo modo,
los industriales tampoco habían tenido representación política: la Sociedad Auxiliadora de la Industria Nacional, fundada por Pedro I en 1828,
se interesaba sólo en técnicas agrícolas. Las asociaciones de comerciantes
de las ciudades principales ejercían una influencia considerable, pero
también carecían de coordinación nacional y quedaban parcialmente
neutralizadas por el hecho de que muchos de sus miembros eran
extranjeros37 •
La debilidad de las asociaciones mercantiles incluso después de comenzar el siglo puede atribuirse a diversas causas. En primer lugar,
la lealtad personal y familiar, y el depender de ella para presionar, socavó los esfuerzos por institucionalizar los distintos sectores económicos. Segundo, el sistema político oligárquico, sin partidos nacionales
ni elecciones honestas, disminuyó la probabilidad de que el intercambio de los votos de la élite por favores gubernamentales se hiciera efectivo. Tercero, la diversidad regional del país y la falta de un sistema
de mercado unificado retardaron la formación de grupos de producción. Los problemas enfrentados por los capitalistas en una región del
país eran distintos de los que había en otras áreas. Por otra parte, como se había dado poca integración económica antes de la Primera Gue-

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Siglo XIX

rra Mundial, parecía haber escasa necesidad de coordinar a los productores a nivel nacional.
Por último, la misma composición de la élite económica, formada
por personas cuyos intereses comerciales estaban altamente diversificados, impedía cualquier colaboración estructural verdadera. Las asociaciones marcantiles reflejaban esta situación. La Asociación Comercial de Sao Paulo, compuesta en gran medida por comerciantes, también repres~ntaba a los•industriales. Tanto en Rio de Janeiro como en
Sao Paulo existían centros comerciales e industriales integrados. Minas Gerais auspició una convención aún más extensiva, la Conferencia
de Agricultura, Industria y Comercio. Agrupaciones tan amorfas embotaban la habilidad de las organizaciones para referirse a asuntos específicos. A menudo se expresaban como representantes de las clases
conservadoras, es decir, de la clase capitalista, más bien que como agentes de sectores particulares.
Después del fin de siglo, aparecieron organizaciones funcionalmente
más diferenciadas, como reflejo de la creciente complejidad de la economía. En 1902 se formó el Centro Industrial Brasileño, y en 1912 se
creó la Federación de Asociaciones Comerciales. A nivel estatal y local, también aparecieron nuevas y más específicas asociaciones
comerciales.
La presencia extranjera dentro de la élite económica socavaba aún
más la eficacia de los esfuerzos por asociarse, tanto en la industria como en el comercio. Seis de las ocho organizaciones patronales que respondieron a un cuestionario en el censo de 1920, tenían más del 80%
de miembros extranjeros. Estos extranjeros, sin importar cuán ricos
fueran, no podían desempeñar cargos públicos. Peor aún, el público
en general no los consideraba (y por extensión, tampoco a sus asociaciones) interesados en el bienestar de la nación38 •
Por último, la falta de oposición organizada por parte de las otras
clases, en especial antes de la Primera Guerra Mundial, eliminó un incentivo para que la élite económica se organizara. En las décadas de
1910 y 1920, cuando los sindícatos y grupos reformadores de la clase
media se volvieron más exigentes, las asociaciones patronales respondieron mostrándose más activas.
A pesar de estas debilidades, las asociaciones comerciales sí influyeron en la política gubernamental. En ocasiones lo lograron gracias
a las conexiones y la experiencia oficial de sus líderes. Ejemplos de tales enlaces los tenemos en Innocencio Serzedelo Correa, líder político

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

141

y fundador del Centro Industrial; Gabriel Osorio e Almeida, alto administrador también asociado con el Centro Industrial; Miguel Calmon,
ministro de estado y presidente de la Sociedad Agrícola Nacional; y Leopoldo Bulhoes, ministro de finanzas y presidente de la Asociación Comercial de Rio. Sin embargo, la mayoría de los dirigentes de las asociaciones comerciales no tenían experiencia política39•

La vitalidad de las asociaciones mercantiles derivaba en parte del
hecho de haber surgido en forma espontánea de la élite económica para promover sus intereses, de ahí que no estuvieran obligados ante el
gobierno ni ninguna otra entidad40• De hecho, algunas realizaban funciones bajo la supervisión del gobierno, como recolección de datos, promoción del comercio exterior, supervisión de mercados de valores y
otras. No obstante, su impacto verdadero sobre política gubernamental estaba en los dominios de los aranceles, la política monetaria y los
impuestos.
La mayoría de las asociaciones comerciales presionaba intensamente
para conseguir aranceles que beneficiaran a sus miembros. Entraron
a formar parte de comisiones especiales de gobierno encargadas de estudiar aranceles, donde los hombres de negocios representaban mucho
peso por sus conocimientos especializados en comercio.

Las asociaciones comerciales en las provincias cafetaleras también
desempeñaron un papel importante en los programas de apoyo al precio de café conocidos como "valorizaciones". Durante la primera valorización (1906), dichas asociaciones promovieron la venta de excedentes en Europa. En la segunda (1917), aconsejaron al gobierno sobre la cantidad y momento adecuado para efectuar las compras. Su
participación se institucionalizó en el tercer programa de valorización
(1925), cuando se designó a miembros de las asociaciones comerciales
para formar parte de los consejos provinciales que supervisaron el programa en Sao Paulo y Minas Gerais. Asimismo, algunos grupos de comerciantes privados intentaron: establecer monopolios en el azúcar, el
caucho y el arroz con el objeto de elevar sus precios, pero sólo en el
caso del arroz en Rio Grande do Sul hubo participación gubernamental, y sólo allí lograron cierto éxito los monopolistas41 •
Las asociaciones agrícolas también ejecutaron papeles semioficiales. Grupos tales como la Sociedad Nacional de Agricultura reunían datos económicos, popularizaron nuevas técnicas de producción
Y promovieron la selección de semilla y ganado reproductor mejorados. Influyeron para la creación del ministerio de agri~ultura, mismo que más tarde ayudarían a dotar de personal. Las asociaciones agrí-

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Siglo XIX

colas también tenían voz en los programas de valorización del café.
Las asociaciones industriales realizaban funciones similares. En
1907 el Centro Industrial ejecutó el primer censo industrial de Brasil,
para proporcionar al gobierno información más precisa sobre este sector y demostrar su propia importancia. La influencia de los industriales se dejó sentir más en las comisiones arancelarias del gobierno, donde con frecuencia lograban derechos de importación proteccionistas por
medio de presiones.
A pesar de estas funciones semipúblicas que emprendieron las asociaciones comerciales después de comienzos de siglo, las organizaciones mercantiles siguieron guardando diferencias respecto al estado. Tan
era así, que los primeros esfuerzos estatales por organizar al sector privado en cooperativas y sindicatos fracasaron. No fue sino hasta 1923
que surgió el primer organismo verdaderamente corporatista; el gobierno creó el Consejo Nacional de Industria y Comercio para reunir a
los funcionarios y representantes ministeriales de las asociaciones comerciales, financieras e industriales. Sin embargo, este consejo recibió
poca autoridad y reservas, por lo que no tuvo impacto en la vida nacional. Al mismo tiempo, el gobierno federal creó el Consejo Laboral
Nacional para reconciliar los intereses del capital y la mano de obra.
Tampoco tuvo mucho éxito.
¿QUIEN GOBERNABA?
Se ha sugerido que una de las razones principales por las que Brasil
no pudo formar organizaciones sectoriales o de clase, políticamente poderosas y definídas, fue la hegemonía de la élite exportadora. Todo
mundo: industriales, comerciantes, banqueros y ministros de hacienda, reconocían la preponderancia de las exportaciones y lo necesarias
que eran las entradas por concepto de las mismas para impulsar la economía. Como nunca se cuestionó seriamente al modelo exportador, no
hubo necesidad de crear organizaciones defensivas.
Este punto de vista ha desatado una controversia en fecha reciente. Maurico Font y Jo hemos demostrado que, en efecto, a menudo
los cultivadores de café no obtenían lo solicitado al gobierno federal
e incluso perdieron su férreo control sobre la política paulista después
de la Primera Guerra Mundial. Si bien nadie sugirió que Brasil abandonara el café, la creciente complejidad y la orientación interna de la
economía, así como las divisiones dentro de los mismos sectores azucareros y cafetalero, condujeron al conflicto.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

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Los nuevos partidos políticos, como el Partido Democrático de Sao
Paulo, se levantaron para retar al tradicional dominio del Partido Republicano Paulista, dominado por los hacendados. Además, las exigencias de los propietarios extranjeros de bonos a menudo chocaban
con las de los hacendados. Cierto que el mercado del café continuaba
fuerte, particularmente en Sao Paulo, como sostiene Love; y que la
ideología del libre comercio conservó su hegemonía hasta la década de
los treinta. Sin embargo, la realidad detrás de los discursos reveló fisuras y conflictos mucho mayores de lo que generalmente se ha aceptado. La'sociedad civil de la Primera República, regionalmente organizada,
estaba mal equipada para organizar un medio para resolver dichas
contradicciones42•

CONCLUSION
Los miembros de la reducida clase económicamente dominante de Brasil
eran en extremo poderosos. Controlaban la mayor parte de las tierras,
capital y maquinaria de ese país; en consecuencia, tenían en sus manos
el destino de casi todos los demás brasileños. No obstante, a pesar de
su reducido número, las clases conservadoras se encontraban profundamente divididas por el alcance de sus vínculos con la economía internacional, la integración a la economía nacional, y la adopción de
métodos capitalistas. El reducido y sectorizado mercado nacional también las mantuvo separadas. La fragmentación de la clase dominante
se exacerbó aún más con la naturaleza personalista y basada en la familia del sistema político, así como la ausencia de cualquier amenaza
seria y bien organizada por parte de las clases contendientes. Debido
al carácter rural y subdesarrollado de la economía de exportación, los
ricos ejercieron su poder sobre todo en la esfera privada, al tiempo que
limitaban el poder del estado. Y por su heterogeneidad, cuando los ricos solicitaban favores políticos tendían a ejercer influencia mediante
la acción individual y no de grupo. Por lo mismo, las asociaciones mercantiles tardaron en desarrollarse. Aún así, a medida que la economía
se fue haciendo más compleja en las décadas iniciales de este siglo, y
que las clases media y obrera se fueron afirmando, el gobierno empezó
a intervenir más en las relaciones sociales y económícas. En respuesta,
las asociaciones mercantiles se volvieron más vigorosas.
No obstante, dado que la mayoría de los miembros de la clase económicamente dominante pensaba que un estado débil era lo que más
convenía a sus propios intereses, permanecieron mostrándose reacios
a infundir mucha autoridad a las organizaciones comerciales, y continuaron buscando soluciones individuales, mejor que de grupo, a sus

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Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

Siglo XIX

145

mas Holloway, Immigrants on the Land, (Chapel Hill: University of Soutb Carolina Press, 1980).

problemas. Cuando sobrevino la depresión de los treinta, la industrialización, la urbanización, una creciente militancia entre los trabajadores industriales, y un presidente activista se conjuntaron para expandir
la esfera de la influencia del estado durante los años de Vargas; los
hacendados, banqueros, comerciantes e industriales, se hallaron insuficientemente organizados para resistir.

9. Warren Dean, "The Green Wave of Coffee: Beginnings of Tropical Agricultura!
Research in Brazil (1885-1900)" Hispanic American Historical Review 69: 1 (febrero de 1989): 91-116. Zelia Cardoso de Mello en A metamorfose da riqueza (SP: Huicitec, 1985) demuestra que los hacendados obtuvieron cada vez mayor solvencia e
invirtieron aún más en acciones y compai\fas urbanas a partir de la década de 1870.

NOTAS

10. Barbara Weinstein, The Amazon Rubber Room, 1850-1920 (Stanford: Stanford University Press, 1983), pp. 13-25 y Roberto Santos, Historia economica da Amazonas
(SP: Thomas Queiroz, 1980), pp. 155-174.

(1

l. Utilizo el término "estado" para referirme al complejo de agencias gubernamentales federales, provinciales y locales, así como a las instituciones que controlan. Aunque
Brasil estaba dividido en 20 "estados" durante la Primera República, me refiero
a estas sub-unidades como "provincias" para evitar confusión.

2. Este reducido grupo probablemente era propietario de más de la mitad de toda la
riqueza nacional, y es probable que el escalón más alto de este grupo baya aumentado su participación en los recursos nacionales en el curso de la Primera República
debido al surgimiento de empresas capitalistas a gran escala. Mircea Buescu, Evolus:ao economica do Brasil (Río: APEC, 1979), p. 61; Edgar Carone, A República
Velba vol. 1 (SP.: DIFEL, 1970), p. 145; Ricardo Silveira, "The Distribution of
Wealth in Brasil; The Case of Río de Janeiro, 1870-1980", presentado en la Conferencia del Grupo de Historia Económica de las Universidades de California, Los
Angeles, 4 de mayo de 1985; Philippe C. Schmitter, lnterest Conflict and Political
Cbange In Brasil (Stanford: Stanford University Press, 1971), p. 31.
3. La población indígena de Brasil fue exterminada o empujada hacia la frontera en
Jugar de integrarla a la élite nacional. Véase John Hemming, Red Gold, Tbe Conquest oí Brazilian lndians, 1500-1760, (Cambridge: Harvard University Press, 1978).
4. El término "clases conservadoras" se utilizaba en esa época para descn'bir a la élite
económica.
5. La economía de Paraná estaba sólidamente basada en las exportaciones de mate,
pero su participación en la economía regional era opacada por las actividades agrícolas y ganaderas, de orientación nacional, de Río Grande do Sul.

6. Departamento General de Estatística (DGE), Anuário estatístico 1908/1912 vol. 2
(Río: Typ. da Estatística, 1916), p. 10; DGEAnuário estatístico, 1939/1940 (Río:
Typ. da Estatística, 1940), pp. 1312, 1315, 1318, 1320, 1336, 1379, 1380, 1418-1420,
1425; DGE, Recenseamento 1920, vol. 2, pt. 2, p. VIII; Robert Levine, Pernambuco in tbe Brazilian Federation, 1889-1937 (Stanford: Stanford University Press, 1978),
p. 129.
7. Véase Steven Topik, "The State's Contribution to the Development of Brazil's Interna! Economy, 1850-1930", Hispanic American Historical Review 65 (2), 1985:
203-228.
8. Es cierto que una considerable porción del ingreso de los trabajadores cafetaleros
("colonos") se presentaba en forma del uso ae una casa y el usufructo de la tierra.
Sin embargo, parece que más de una tercera parte se pagaba en moneda; véase Tho-

11. Peter Eisenberg, The Sugar lndustry of Pernambuco (Berkeley; University of California Press, 1974), pp. 201-225 y Gadiel Perruci, A república das usinas (Río: Paz
e Terra, 1978), pp. 123-127.
12. Es claro que un individuo podía ser miembro de los tres niveles. Si formaba parte
de la burguesía también era miembro de los notables locales en el municipio donde
tuviera hechas sus inversiones, asf como de los barones provinciales en esos estados.
Sin embargo, para propósitos de este análisis, se le considerará sólo como miembro
del nivel más alto al que pertenezca. Como parte de la alta burguesía, tendría acceso a muchos recursos y sus intereses serían muy diferentes a los del segmento de
la clase dominante con sólo inversiones e influencia locales.
13. Warren Dean, Tbe lndustrialization of Sao Paulo, 1880-1945 (Austin: University
of Texas Press, 1969), pp. 62-64; Francisco de Paula Mayrink Lessa, Vida e obra
so Conselbeiro Mayrink (Río: Pongetti, 1975), pp. 70, 73, 113, 117, 118, 123.

14. Diana Balmori, Stuart F. Voss y Miles Wortman, Notable Family Networks in Latín America (Chicago:Universityof Chicago Press, 1984), p. 220.

*

15. Darrell Levi, The Prados of Sao Paulo Brazil: An Elite Family and Social Cbange,
1840-1930 (Atbens Ga.: University of Georgia Press, 1987), p. 83.
16. Carone, ibid, p. 15; Thomas Holloway, Immigrants on the Land, Coffee and Society in Sao Paulo, 1886-1934 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1980),
p. 160: Robert M. Levine, Pernambuco in tbe Brazilian Federation, 1889-1937 (Stanford: Stanford University Press, 1978), p. 26; Monitor mercantil (Rio), 23 de diciembre de 1915.
17. Brazilian Review, 30dejulio de 1901, p. 548, y4deagostode 1903, p. 380;Monitor
mercantil, 23 de febrero de 1918, p. 280.
18. Ministe,rio da Viacao e Obras Públicas_, Inspectoria Federal das Estradas do Brasil,
Estatística das estradas de ferro do Brasil, 1907, pp. VII-XII y 1930, pp. 17, 18;
Wileman's Brazilian Review, 3 de diciembre de 1924, p, 1633; DGE, Anuário Bstatístico, 1908-1912, vol. 1, p. 28.
19. En 1909 el 2o/o de las transacciones del país recibieron la mitad de los préstamos
nacionales. El préstamo promedio durante esa época era de 30 000 dólares, cuando
el PIB per cápita era de unos 60 dólares. DGE, Anuário estatfstico 1908-12, vol.
2, pp. 174, 175; Industria e Comérico 31 de enero de 1919, pp. 41, 42, y 20 de abril
de 1921, pp. 30, 31; Steven Topik, "State Enterprise in a Liberal Regime: The Ban-

�,, ._
146

Siglo XIX

codo Brazil, 1905-1930" ,Journa/ of Interamerican Studies and World Affairs 22:
4 (noviembre de 1980): 409.

20. DGE, Recenseamento de 1920, vol. VIII, pt. 1, p. LXXXIV.

Q

21. Brazilian Review 30 de julio de 1901, p. 548. Secretaria da Fazenda de Sao Paulo,
Relatorio, 1927, pp. 419-421; Joseph Love, Sao Paulo in the Brazilian Federation,
1889-1937 (Staoford; Staoford Uoiversity Press, 1980), p. 43; Monitor mercantil,
23 de febrero de 1915, p. 297: Eugene Ridings, "Business, Nationally, and Dependency in Late Nineteenth Century Brazil", Journa/ of Latín American Studies, 14:
1 (1982): 96; Weinstein, Amazon Rubber,p. 145.
22. Para mayor información sobre inversión extranjera, véanse: Ana Celia Castro, As
empresas estrangeiras no Brasil, 1860-1913 (Rio de Janeiro: Zahar, 1979); Richard
Graham, Britain and tbe Onset of Moderniz.ation in Brazil, 1850-1914 (Cambridge:
At the University Press, 1968); Dudley Mayoard Phelps, Migration of Industry to
Soutb America, (NY: McGraw-Hill, 1936); J. Fred Rippy, British Investment In Latín
America (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1959); Mira Wilkios The Maturing of Multinational Business from 1914 to 1970 (Cambridge: Harvard University Press, 1974).

23. Calculado con datos del Ministerio da Viacao e Obras Públicas, lnspectoria Federal
das Estradas,Estatística das estradas de ferro, 1910, pp. VIII-XIX y 1930-31, p. 16.
24. Departamento Nacional da Estatística, Movimento bancário, 1929030 (Rio: DNE,
1931), p. 27; Wileman's Brazilian Review, JO de abril de 1930, pp. 479, 480.

25. Brazilian Review, 16 de julio de 1907, p. 822; Centro industrial do Brasil, Boletim,
1904/05, p. 368; Industria e Comérico, 30 de septiembre de 1913, s.p. Cámara de
Comercio Británica para Sao Paulo y el sur de Brasil, Report on Brazil's Trade and
lndustry in 1918, (SP; BCCSPSB, 1919), pp. 23, 56, 57; DGE, Recenseamento 1920,
vol. 2, pt. 2, p. LIVy vol. 5, pt. 3, p. XIV; Warren Dean, "A industrializar,:ao durante a República Velha" en Boris Fausto, ed. Historia Geral. da civilizafao brasileira, vol. 8 (SP: DIFEL, 1975), pp. 260-62; Centro Industrial do Brasil, O Brasil:
suas riquezas naturais; suas indústrias; vol. 3 (Rio: lmpressores M. Orosco e Co.
1907), pp. 260, 261; Annibal Villela y Wilson Suzigao, Politica do governo e crescimento da economía brasileira, 1889-1945 (Rio: WEA/INPES, 1973), p. 370.

26. Véase Steven Topilc, The Political Economy of the Brazilian State, 1889-1930 (Austin: University of Texas Press, 1987).
27. Véase Víctor Nunes Leal, Coronelismo, voto e enxada (SP: Editora Alpha Omega,
1975).
28. Véase Linda Lewin, Politics and Parentela in Paraiba (Princeton: Princeton University Press, 1987), pp. 74-80, y Barbara Weinstein, "Brazilian Regionalism", Latín American Researcb Review, vol. 17, n. 2 (1982): 262-276.
29. Virgilio Correa Filho, Joaquim Murtinho (Rio: Departamento de lmprensa Nacional, 1951).
30. Joseph L. Love y Bert J. Barickmao, "Regional Elites" en Michael L. Conoiff y
Frank D. McCann, eds., Modern Brazil: Elites and Masses in Historical Perspective (Liocoln: University of Nebraska Press, 1989), pp. 7, 18.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-/930)

147

31. J. W. F. Rowe, Studies in the Artificial Control of Raw Materials: Brazilian Coffee. (London: 1932), p. 28.

32. Frank Roger Colson, "Economy and Society in a Revolution Polity, Brazil
1750-1894", tesis doctoral, Princeton University, 1979.
33. Jorge Amado ilustró el patrón típico con su personaje ficticio Mundinho en la novela Gabriela, Cinnamon and C/oves. Mundinho apela a su hermano, senador por
Sao Paulo, para asegurar dineros federales con el fin de mejorar las obras portuarias de llheus. Para estudios de caso, véanse Lewin, Politics and Parentela, y Eul
Soo Paog, Babia in the First Brazilian Republic. (Gainsville: University Presses of
Florida, 1979).

34. Véase, por ejemplo, Charles Gauld, The Last Titan: Percival Farquhar, American

Entrepreneur in Latín America (Stanford: lnstitute of Hispanic-American and LusoBraziliao Studies, 1964), p. 167.

35. lbid, p. 297.
36. Love y Barickman, "Regional Elites", p. 7.
37. Eugene Ridings, "Class Sector Unity in an Export Economy: The Case of Nioeteenth Century Brazil". Hispanic American Historical Review 58, no. 3 (agosto de
1978): 435-44, passim; y "Business, Nationality, Dependency", p. 96.
38. Micbael L. Conniff, Urban Politics in Brazil: The Rise of Populism, 1925-1945 (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 1981). pp. 37-41.
39. Joseph Love, "Um segmento da elite política em perspectiva comparada", en A revolufaO do 30 (Brasilia: Universidade Federal da Brasilia, 1982), pp. 84-85; Edgard
Carone. O Centro Industrial do Brasil (Rio: Editora Catedra, 1978), pp. 171-2; E.
Barros, Associafao Comercial no Jmpério e na República (Rio: Gráfica Olimpica,
1975), pp. 177-8.

40. Sin embargo, algunas asociaciones se iniciaron con ayuda del gobierno y recibían
pequeños subsidios ya bien entrado este siglo.

41. Véase Joan Lamayso Bak, ''Sorne Antecedents of Corporatism: State Economic lntervention and Rural Organization in Brazil", tesis doctoral, Universidad de Yale,
1977, pp. 101-117. En general, el estado apoyaba los esfuerzos por elevar el precio
de las exportaciones agrícolas, pero ignoraba los cárteles industriales de tales productos como cerillos y cigarros destinados al mercado interno.

42. Topik, "State's Contribution to the lnternal Economy" y The Political Economy
of the Brazilian State; Mauricio Font, "Coffee Planters, Politics and Development
in Brazil", Latín American Research Review (LARR) 22: 3 (1987): 69-90, y "Perspectives on Social Change and Development in ~ao Paulo: A Reply" en LARR 24:
3 (1989) y Joseph Love, "Of Planters, Politics and Development in Brazil: A Comment on Mauricio Font's Analysis" LARR 24: 3 (1989): 127-135 y Love, "Um segmento da elite".

�Producción Capitalista y Articulación del
Empresariado en Monterrey (1890-191 O)
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Mario Cerutti *

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Para 1910 estaba estructurado en Monterrey, ya, uno de los sectores
más modernizantes de la burguesía mexicana en consolidación.
El término modernizante guarda aquí un doble significado: por un
lado, implica que esta fracción regional de clase aparecía entonces como fuertemente interesada en el desarrollo de la producción capitalista; por otro, ese interés operaba centralmente en el ámbito industrial,
e involucraba en buena medida la producción fabril de bienes destinados a la producción. Actividad, esta última, difícil de detectar en otras
áreas de América Latina a comienzos del siglo, cuando las burguesías
del subcontinente impulsaban un capitalismo dedicado a abastecer de
materias primas el mercado mundial.
El caso Monterrey no fue fruto de las nuevas políticas económicas
implementadas después de la crisis de 1929. Aunque el apoyo al desenvolvimiento industrial de los años 30 y 40 (que se manifestó también
en Argentina, Brasil, Chile y otros países) benefició generosamente a
este empresariado, su conformación y capacidad económica eran ya
visibles antes de la primera guerra mundial. Su historia, que intentamos reconstruír en parte, hunde sus raíces en un prolongado tramo del
siglo XIX.

I

• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (Monterrey,
México). Versión modificada de la ponencia presentada en el IX Congreso General
de la Latin American Studies Association (Bloomington, Indiana, 1980). Incluido en
Julio Labastida {comp.), Grupos económicos y organizaciones empresariales en México, México, Alianza Editorial Mexicana / Universidad Nacional Autónoma de México, 1986.

�150

Siglo XIX

l. PRODUCCION CAPITALISTA, INDUSTRIA Y BURGUESIA

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En trabajos anteriores hemos sugerido que el nacimiento y consolidación del capitalismo y de la burguesía en Monterrey se efectuaron en
un proceso que, por lo menos, hay que estudiarlo desde 1850, y que
se prolongó hasta los momentos de la Revolución.
Se apuntó asimismo que entre 1850 y 1890 se protagonizó un subperíodo en el que, estrictamente, se registra una sensible acumulación
previa de capitales. Los hombres de negocios que destacan en Monterrey desde los días posteriores a la guerra con Estados Unidos concentraron fortunas cuantiosas. Lo hicieron por medio de mecanismos que
no requirieron vertebral.mente de la producción capitalista, y frecuentemente sin entrar en contacto directo con producción alguna.
Estos burgueses actuaban y se enriquecían a través del comercio
en sus más variadas formas, eran prestamistas, se apropiaban de tierras como medio de preservar sus dineros. Sólo de manera tenue, esporádica, realizaban inversiones en el sector productivo.
Nadie debe extrañarse de esto si se recuerda la inestabilidad que
ofrecían las condiciones económicas y sociopoliticas mexicanas, en un
marco en que las guerras interiores e internacionales no faltaban. Epoca en la que, en tanto, Estados Unidos pugnaba por afirmar su unidad
nacional, de la que emergería como una potencia industrial ansiosa de
entrar en vinculaciones con otras zonas de América para alimentar su
formidable desarrollo.
En este artículo sólo brindaremos limitadas referencias respecto de
la fase 1850-1890 1• Su finalidad, en cambio, es detallar el giro decisivo que entre 1890 y 1910 se manifiesta en Monterrey. Aquellos capitales previamente acumulados -sin una necesidad imperiosa de insertarse en el proceso productivo- ,aprovecharán una coyuntura signada
por factores internos y exteriores, y se volcarán masivamente, ahora
sí, a la producción. Pero a la producción capitalista.
Y lo más relevante: en la médula de este movimiento estará la inversión en el rubro industrial-fabril. Que no será exclusiva ni excluyente Oa minería asume, simultáneamente, una importancia destacable), pero que se dará con el peso suficiente para tornarse el eje de una
serie de transformaciones que ofrecerán otro resultado: la articulación
de una burguesía con base productiva regional.

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

151

En esa coyuntura de dos décadas, puente entre dos siglos, quedará
constituído el tronco histórico de lo que hoy es el influyente empresariado regiomontano. La fusión de capitales antes dispersos -que deben centralizarse ante las exigencias de las cuantiosas inversiones que
se practican- y la paralela unión de familias por medio de matrimonios, llevará a la consolidación de una red socioeconómica en la que
se introducen los antiguos burgueses. A los precursores de los lustros
críticos posteriores al conflicto con Estados Unidos se sumarán, desde
1885-90, nuevos hombres de negocios. Se constituirá entonces un espectro ampliado de grupos familiares que orientarán el desarrollo del
capitalismo en el noreste de México, y que lo usufructuarán cabalgando sobre el orden social y político del porfiriato.
De grupo social en gestación, estos antiguos burgueses se transformarían en parte de la clase burguesa mexicana. La metamorfosis
correspondería a su conversión en burgueses productivos, que les permitió dominar directamente las relaciones que se plasmaban en el nuevo proceso productivo.
Ya no serán simples intermediarios entre clases de un sistema social no capitalista, en el que el excedente debía obtenerse por las vías
del comercio o la especulación. Ahora el excedente será captado con
el control abierto del organismo productivo, al que modernizarán y
reorganizarán.

Si es factible encontrar, en el marco latinoamericano finisecular,
un ejemplo nítido del pasaje histórico que supone la transformación
de un grupo burgués en clase burguesa, es el de Monterrey. Pero lo
llamativo fue que ese salto cualitativo incluyó la industrialización, mucho antes de que algo similar ocurriese en otros países del subcontinente como tendencia básica del desarrollo capitalista.
El fenómeno emerge más signíficativo si se advierte que el núcleo
de dicha industrialización no fue la fabricación de bienes de consumo
personal, sino que el dinamismo surgió de la elaboración de bienes destinados al consumo productivo, especialmente los generados en la metalurgia pesada (que incluyó la siderurgia).
Tal vez en esta antigüedad relativa, en el hecho de haber encontrado en la industria su impulso fundamental, y dentro de la industria en
sectores de base, resida el origen histórico de la diferencia que aún parece existir entre este empresariado y otros colegas del ámbito latinoamericano. Diferencia que podría definirse en términos de una mayor
autonomía (o de una menor dependencia) frente al Estado, situación

�152

$iglo XIX

que se observó con cierta claridad durante el sexenio de Lázaro Cárdenas; también, por una más amplia capacidad de negoci~ción frent~ ~
capital extranjero, que después de 1950 pasó a predoounar en múltiples ramas de la gran industria privada de América Latina.
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11. LOS PROSPEROS AÑOS DIFICILES
La mencionada etapa de acumulación previa de capitales hizo factible
que los poderosos negociantes y terratenientes de Mont~rrey estu~eran en condiciones de destinar, en los aiios 90, una fracción sustancial
de sus fortunas a la producción industrial capitalista.
Los cuarenta aiios que transcurrieron entre 1850 y 1890 evidenciaron en general una marcada inestabilidad política y social. En ella floreció, paradójicamente, la estabilidad del embrión de la burguesía regiomontana de fines de siglo. En resumen:
1. Se registró el acercamiento de la frontera a Monterrey, consecuencia de la guerra con Estados Unidos. Este hecho implicará para
la capital de Nuevo León un readecuamiento de sus funciones con respecto a la nueva línea fronteriza. Se estrecharían y ampliarían los lazos comerciales con Estados Unidos (particularmente importante fue
el crecimiento demográfico y económico de Texas), y se produciría el
auge de una actividad inevitable de señalar y analizar: el contrabando.
2. Se protagonizaron constantemente luchas políticas nacionales
y regionales, que incluyeron los sucesos de la Reforma, la invasión francesa, la disputa entre Benito Juárez y el gobernador Santiago Vidaurri
(1855-1864) con sus secuelas, los intentos de Porfirio Díaz por alcanzar el poder y las contiendas intestinas de Nuevo León, que se extendieron hasta fines de la década de los aiios 80.
3. Acaece la guerra de Secesión norteamericana (1861-1865), de singular relevancia para la expansión elel comercio en los momentos más
antiguos de la etapa en análisis. La prosperidad de estos aiios, aunque
fugaz, debe ligarse al citado acercamiento de Monterrey a la línea de
la frontera y a la sistematización y ordenamiento que en materia política, administrativa, militar y aduanal logró imponer entonces en el escenario regional Santiago Vidaurri 2•
4. La lucha contra el rebelde indígena del norte mexicano se intensificó, especialmente desde la administración Vidaurri. El ya secular
combate se cerraría de manera más o ménos efectiva poco antes de 1880.
El proceso de acumulación de capitales y bienes en Monterrey, previo

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

153

a la industrialización, estuvo condicionado y alimentado, en buena medida, por la expulsión del aborigen semi-nómada hacia zonas occidentales del país, desalojo que se consumó en forma simultánea con el avance -desde el otro lado de la frontera- de la población de Texas. En
la medida que el indio abandonaba sus antiguos paisajes, las tierras
eran apropiadas en extensiones enormes y comenzaban a producir. Se
acentuaba, además, la protección de las zonas que ya desde antes contenían población dedicada a la agricultura y la ganadería. Las invasiones indígenas dejaron de sentirse sobre los fértiles terrenos laguneros,
desaparecieron de lo que después se convertiría en la rica área del carbón, se abrieron vastos predios de agostadero para los ganados mayor
y menor. La circulación de mercancías se agilizó y se tornó más segura, se tendieron progresivamente nuevas vías de comunicación, la fuena
de trabajo pudo transitar con menos riesgos y lo que luego serían centros mineros quedaron despejados definítivamente 3•

En este marco, la absorción centralizada de recursos monetarios,
de excedente convertido en dinero, ofreció como eje el comercio Oocal, regional e internacional), tanto en sus formas legales como en los
ámbitos más clandestinos pero visibles del contrabando.
Pero junto con ello, en un mismo movimiento, el gran comerciante se sintió capacitado para operar como prestamista a diferentes niveles, como usufructuario de la deuda estatal y de las necesidades de los
ejércitos, como concentrador de tierras en escalas considerables, como
financista de productores rurales (hecho repetido desde 1870, por ejemplo, con los agricultores algodoneros de La Laguna, en Durango y Coahuila) y de mercaderes de menor envergadura, como personaje ubicuo
y aprovechado de las modificaciones que se registraban en las políticas
aduaneras.
Su fortaleza, creciente, le permitió soportar las repetidas situaciones críticas de estas décadas difíciles. La habilidad empresaríal de estos burgueses pre industriales les señalaba lo poco fructífero que -en
este marco general- resultaría la inversión en los rubros manufacturero o minero. De allí la timidez en lo que atañe a producción fabril
que manifiestan para estos años. Sólo algunos establecimientos dedicados a la elaboración de textiles, azúcar o licores se levantan en Monterrey y sus alrededores. Un panorama radicalmente diferente
-empero- se dibujará desde 1890.

�154

Siglo XIX

III. EL CONTEXTO
Por razones de brevedad no podemos detallar en este artículo las circunstancias que -junto con lo comentado- permitieron el crecimiento del capitalismo y de la industria regiomontana entre 1890 y 1910.
Para una información más exhaustiva nos vemos obligados a remitir
a otros trabajos 4 •

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Sólo con el objetivo de ofrecer un marco mínimo, puntualizaremos algunos factores que inevitablemente deben vincularse a lo acaecido a partir de 1890:
1. La fértil coyuntura de los años 90 estuvo estrechamente vinculada con las nuevas necesidades de la economía mundial, derivadas a
su vez del alto grado del desarrollo capitalista en los países avanzados.
En el caso de Monterrey, por ejemplo, los requerimientos del noreste
fabril estadounidense jugaron un papel preponderante para el establecimiento de la metalurgia pesada, uno de los pilares de su industrialización y del auge de la minería regional.
2. Capitales previamente acumulados y relaciones económicas internacionales estimulantes confluyeron con un factor que seguramente
era imprescindible para que los antiguos burgueses arriesgaran gruesas
inversiones en el sector manufacturero: la estabilidad social y política
que impuso el porfiriato. Régimen que en Nuevo León contó con un
eficaz y lúcido delegado: el general Bernardo Reyes.
3. Una especial trascendencia asumió d tendido de los ferrocarriles. Por tres motivos primordiales: a) porque comunicaron de manera
óptima a Monterrey y su área de influencia con el noreste de Estados
Unidos, el gran mercado para su producción minero-metalúrgica; b)
porque unificaron un mercado tendencialmente nacional (o, cuando
menos, ampliamente regional, que pudo ser atendido con eficiencia por
las fábricas regiomontanas; c) porque las vías de comunicación facilitaron la llegada de la fuerza de trabajo, ya que Nuevo León carecía
de los brazos libres que solicitaban sus centros manufactureros.
Además, los ferrocarriles convirtieron a Monterrey en un sobresaliente nudo de comunicaciones y dinamizaron sus intercambios con Estados Unidos, de donde arribaron crecientemente -desde 1890- maquinaria, insumos y materia prima para sus industrias.
4. La ubicación geográfica de Monterrey, estratégica: en el seno
de una extensa región minera que fue vigorosamente vitalizada por las

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

155

plantas de fundición. Las necesidades de minerales industriales que
aumentaban en Estados Unidos (a las que se sumaron, lenta pero firmemente, las del propio mercado interior), asumieron una repercusión
visible en este proceso. Por otro lado, los establecimientos de fundición y los ferrocarriles solicitaron masivamente un mineral localizable
en la zona, especialmente en Coahuila: el carbón. Los capitales con
base en Monterrey -junto con el de origen extranjero- se lanzaron
hacia la minería en forma ostensible desde 1890.
5. Finalmente, un aspecto que es preciso remarcar. El brote fabril
de Monterrey -núcleo de su desarrollo capitalista- fue estimulado
claramente por una política gubernamental que pareció tener conciencia de la situación global. El caso regiomontano es mostrativo de cómo la acción del Estado fue históricamente importante para el surgimiento de este tipo de actividad en países que sufrían la agresiva competencia de las naciones más avanzadas. La política de Nuevo León
en este sentido, básicamente la de Bernardo Reyes, se caracterizó por
ofrecer una legislación que favorecía la instalación y/o expansión de
establecimientos manufactureros de toda índole. Favores que, por supuesto, no excluían al capital extranjero: gozó de las mismas prerrogativas que el local, y su arribo en gran escala a Monterrey es otro elemento que debe tenerse en cuenta en el análisis de la coyuntura.
Algunas cifras

El panorama económico de Monterrey, a comienzos del siglo XX, podría resumirse con los siguientes datos:
1. Se había convertido en el eje de la capacidad productiva de Nuevo
León. Su industrialización había desalojado largamente al sector agrícola del puesto de vanguardia, ocupado hasta 1885 aproximadamente.
En 1908, los valores industriales generados en el estado eran casi diez
veces mayores que los de la agricultura (41 429 116 pesos frente a
4 339 024).
2. De la producción industrial, las fábricas y talleres de Monterrey
eran el cimiento principal. De casi cuarenta millones de pesos que registró Nuevo León en 1906, treinta y seis millones se generaron en su
ciudad capital.
3. A su vez, dentro de este sector, la metalurgia pesada constituía
el elemento fundamental. De los citados treinta y seis millones mencionados (para 1906), más de veinticinco millones eran gestados por
dos grandes establecimientos fundidores de minerales. Si se sumaba lo

�156

Siglo XIX

que para esos años producía ya la Compañía Fundidora de Fierro y
Acero (siderurgia), la importancia de estas plantas sobresalía aún más
en el contexto fabril de la ciudad s.

4. La importancia de Monterrey trascendía el noreste. Estadísticas
de principios de siglo apuntan que Nuevo León era entonces el estado
que mayores valores industriales producía en el país: llegaba al 13.90/o
del total, mientras que el Distrito Federal y el estado de México computaban el 11.7 y el 11.2%, respectivamente; Veracruz producía el 10.6
y Puebla el 7.70/o 6 •

5. Monterrey era entonces, asimismo, el mayor centro metalúrgico de la nación. La explotación de fundiciones de los años 1897, 1898
y 1899 arrojó un monto de 216 007 952 pesos. De éstos Nuevo León
había brindado 50 847 178 pesos, lo que representaba el 23.5%. Sonora, en segundo término, sumó menos de veinte millones de pesos 7 •

6. El desarrollo del capitalismo en Monterrey y su zona de influencia, y el proceso de industrialización, alteraron el panorama humano
de la capital de Nuevo León. Entre 1883 y 1910 su población se incrementó en un 112%, y con cerca de 90 000 habitantes nucleaba el 24.30/o
de los habitantes del estado en vísperas de la caída de Díaz 8• En el
momento de la Revolución era la cuarta ciudad del país, y ocupaba
idéntico puesto en lo que atañe a la tasa de crecimiento anual de población (3.7) en urbes con más de 25 000 habitantes en el período
1895-1910 9 •
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7. El crecimiento humano de Monterrey no se protagonizó exclusivamente por vía vegetativa. Muy ostensibles fueron las migraciones
desde estados vecinos y cercanos. La mayoría de los llegados provenía
de San Luis Potosí, Coahuila, Durango, Tamaulipas, Zacatecas, Guanajuato y Aguascalientes. En 1900, el 33% de los habitantes de la ciudad eran migrantes de otros estados 10 •

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Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

157

No hay duda que este desplazamiento estaba al alcance de aquellos hombres. Sería dificultoso demostrar que Patricio Milmo, Valentín Rivero, José Calderón, los Zambrano, Evaristo Madero (abuelo del
jefe revolucionario) o los Hemández-Mendirichaga no eran dueños de
caudales suficientes para insertarse en actividades que, por los factores apuntados, aparecían sumamente lucrativas.
Pero lo cuantioso de las inversiones que exigía no sólo el ala más
sofisticada de la industria, sino también la minería, los transportes y
la puesta en marcha de casas bancarias, los obligó a anexar sus capitales, a asociarse. En este proceso se añadieron otros empresarios: algunos, asentados en Monterrey desde poco tiempo atrás; otros, que confluyeron hacia esta ciudad -o que retornaban, como los Maderoporque detectaron su creciente relevancia económica. Hubo asimismo
ligazones con burgueses de otras zonas de México; se hizo lugar, en
fin, al capital externo, particularmente al norteamericano.
Todo ello implicó, claro está, a hombres concretos, integrantes de
familias residentes en Monterrey. En ciertos casos, con sus jefes venidos del exterior muchas deéadas atrás: Patricio Milmo, oriundo de Irlanda y yerno del ex caudillo Santiago Vidaurri, o Valentín Rivero, español, se encontraban en ese plano. En otros, los jefes del grupo parental y sus generaciones siguientes fueron autóctonos: Evaristo Madero y Francisco Sada y Gómez son ubicables entre ellos. También se
tenían familias cuyos componentes principales mantenían su nacionalidad no mexicana, como los Hernández-Mendirichaga, españoles, y
los Ferrara, italianos.
Sin embargo, en la mayoría de los diez grupos parentales seleccionados en nuestra investigación, la base de las fortunas fue fruto de actividades y proyectos que se implementaron y crecieron económicamente
en el norte oriental de México. Sus capitales, por su historia, pueden
considerarse regionales.

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IV. LAS DIEZ FAMILIAS

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En este contexto, superficialmente presentado, los burgueses que protagonizaron la acumulación previa de las décadas anteriores a 1890 modificaron sus formas de operar. Jugando al papel de núcleo modernizante (rol que, lógicamente, correspondía a sus intereses inmediatos)
en el seno de la clase que se estructuraba en México por el mismo desarrollo del capitalismo, volcaron decididamente sus recursos en sectores productivos.

Como se resume en el cuadro 1, las familias de empresarios prominentes que se han adoptado como muestra central en la investigación respondían a los apellidos Armendaiz, Belden, Calderón, Ferrara, Garza, Hernández-Mendirichaga, Madero, Milmo, Muguerza, Rivero, Sada Muguerza y Zambrano. Parentescos y actividades muy estrechas nos sugirieron unificar los apellidos Calderón y Muguerza, por
un lado, y Sada Muguerza con Garza, por otro.
De estos diez grupos se estudiaron especialmente los miembros que
más sobresalían en los documentos de los años que corrieron entre 1880

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158

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

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159

CUADRO 1
sigue cuadro 1
LOS MAS PROMINENTES EMPRESARIOS DE LAS FAMILIAS
SELECCIONADAS (18~1905)
(muere en 1900)

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Belden

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4. Carlos
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hermanos

Ferrara

8. Antonio (muere en 1901)
9. Miguel -------IO. Vicente_-_____ hijos del anterior

Garza (b)

11. Isaac (marido de
Consuelo Sada
Muguerza)

HemándezMendirichaga 12. Félix Mcndirichaga
Hemández
13. Tomás Mendirichaga
Hemández
14. Mariano Hemández
Mendirichaga
15. Ricardo Hernández y
Mendirichaga
Madero
16. Evaristo
17. E r n e s t o ~
18. Evaristo
19. Francisco
20. Gustavo A. (nieto del
primero, hijo de
Francisco y hermano de
Francisco Ignacio)

Rivero

hermanos

21.
22.
23.
24.

ermanos y sobrinos
de los primeros

hijos del anterior

Daniel
.............._hermanos
Patricio (muere eg.J899)
Patricio v. ~
Sara (esposa de
"jos de Patricio
Eugenio Kelly)

27.
28.
29.
30.
31.

Valentín (muere en 1897)
Manuel G . &gt;
Ramón
hijos del anterior
Valentín
Víctor

Sada
Muguerza (b) 32. Alberto
::
33. Francisco G.
hermanos
34. Francisco Sada y Gómez
(casado con Carmen Muguerza, padre de los anteriores, fallecido en 1893)
Zambrano

y&gt;.

Milmo

Muguerza (a) 25. Francisca de Calderó~
(madre de José E.) /
hermanos
26. José A.

7. José Eulalio (hijo de José
Calderón, muerto en
1889)

y&gt;

lt!lt111, , . . . . . . . . ~

hijos del anterior

35.Adolfo&gt;
36. Eduardo
37. Emilio
hermanos
38. Ildefonso
39. Onofre
40. Eduardo A ~
41. Gregorio f'
':rijos de Eduardo
42. Onofre R. (hijo de
Onofre)

(a) Han sido seleccionados como un solo grupo familiar
(b) Figuran como grupo familiar unificado

Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León (AGENL)

•

�160

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

Siglo XIX

CUADRO 2

y 1910, con énfasis en los testimonios asentados de 1890 a 1905.
Ello obligó a poner atención sobre la labor empresarial de 42 personas, todas figuras relevantes en la industria, la minería, el comercio,
las finanzas, la producción agropecuaria y/ o los servicios. Una muestra de 42 empresarios, estimamos, resulta suficiente para observar el
comportamiento de una burguesía con base regional a fines de siglo
y en un país latinoamericano.
Estos diez grupos parentales ofrecen una excelente evidencia sobre el proceso en análisis, porque es factible evaluarlos como los más
prominentes del subperíodo 1890-1910. En más del cincuenta por ciento de los casos, además, habían destacado en la fase de acumulación
primaria de capitales (1850-1890).
Estas familias habrían sido el tronco sobre el cual se desarrolló la
burguesía regiomontana en el siglo XX, la que hoy concentra tantas
miradas por su poder económico, por su notable capacidad de expansión y por su muy comentada influencia en otros aspectos de la realidad mexicana.
En algunas familias los cuadros empresarios eran visiblemente numerosos. Resaltan los Zambrano, herederos y multiplicadores de la fortuna que en 1873 dejó Gregorio Zambrano, uno de los grandes comerciantes de las dos décadas que siguieron el cambio de frontera. Entre
padres e hijos, sumaban ocho destacados empresarios en el subperíodo investigado.

•

Grueso fue también el caudal de los Madero, aunque en este caso
no todos residían de manera permanente en Monterrey. Se ha descripto en un trabajo anterior11 las causas que habrían llevado a varios miembros de esta familia a regresar a Monterrey a principios de los años 90, cuando fundaron -junto con Adolfo Zambrano y Francisco Armendaiz- el primer banco nacido en el estado: el
Banco de Nuevo León .
V. INVERSIONES, MATRIMONIOS Y ARTICULACION
EMPRESARIAL
La modernización que se implementaba demandó la instrumentación
de métodos nuevos, tanto en la esfera de la producción como en el de
la unión de capitales. La sociedad anónima, que distribuía los riesgos
y canalizaba la centralización de capitales individuales, emergió como
un arma excelente12•

161

EMPRESAS CON CAPITAL DE 100 000 PESOS O MAS,
BAJO CONTROL O CON PARTICIPACION DE MIEMBROS DE
LAS DIEZ FAMILIAS SELECCIONADAS (1890-1905)

Empresa

Rubro

Capital (a)

Año (b)

1- Compañía de Fierro y
Acero de Monterrey, S.A.
2- Compañía Minera,
Fundidora y Afinadora
de Monterrey, S.A.
3- Banco Mercantil
de Monterrey, S.A.
4- Banco de Nuevo León,
S.A.
5- Cervecería Cuauhtémoc,
S.A.
6- Compañía Carbonífera
de Monterrey, S.A.
7- Compañía de Terrenos y
Ganados de Coahuila,
S.A.
8- Patricio Milmo
Sucesores

Industria
Minería

1O 000 000

1900

9- Patricio Milmo
e Hijos (t)
10- Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey,
S.A.
11- Francisco Armendaiz
Sucesores (fábrica
de azúcar)
12- Nuevo León Smelting and
Manufacturing Company
13- Fábrica de Hilados y
Tejidos El Porvenir
S.A. (g)

Minería
Industria

8 000 000 (e) 1903

Finanz.as

2 500 000

Finanzas

2 000 000 (d) 1902

Industria

2 000 000 (e) 1905

Minería

1000000

1902

700 000

1904

1899

Agropecuario
Venta Tierras
Comercio
Finanzas
Agropecuario
Comercio
Finanz.as
Agropecuario

628 420

1899

603 839

1895

Industria

600 000

1899

Industria

600 000

1899

Industria

500 000
más de
450 000

1890

Industria

14- Compañía Industrial de
Monterrey, S.A.
Industria
15- La Esperanza, S.A. (i)
Industria
16- Negociación Agrícola y
Ganadera de San Enrique
S.A.
Agropecuario

1898

400 000 (h) 1895
400 000
1895
360 000

1905

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�l 62

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

sigue cuadro 2

sigue cuadro 2

Empresa

Empresa

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11

CC:k

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163

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Rubro

17- Compañía Industrial de
artefactos de metal
laminado El Barco, S.A. Industria
18- Compañía Ganadera de
Sierra Mojada, S.A.
Agropecuario
19- Fábrica de Hilados y
Tejidos La Fama de
Nuevo León, S.A. (j)
Industria
20- Compañía de Fundición
de Fierro y Manufacturen
de Monterrey, S.A
Industria
21- Compañía Minera Azteca,
S.A.
Minería
22- Compañía Ferrocarrilera
de Matehuala, S.A. (k)
Transportes
23- Compañía Ladrillera
Unión, S.A.
Industria
24- Compañía Ferrocarriles
Urbanos de Monterrey,
S.A.
Transportes
25- Compañía de Tierras
Venta Tierras
de Sonora, S.A.
Agropecuario
26- Valentín Rivero Sucesores Comercio
27- Compañía Carbonífera de
La Merced, S.A.
28- Compañía Minera de San
Pablo, S.A.
29- Reinaldo Berardi y Cía.
3~ Compañía Minera
de San Martin, S.A.
31- Fábrica de almidón
El Hércules, S.A.
32- Molinos de cilindros
de Parras, S.A. (m)
33- Compañía Minera de San
Nicolás, S.A.
34- Compañía Minera
Ocampo,S.A.
35- Compañía Minera
La Paz, S.A.
36- Compañía Minera
de Almoloya, S.A.

Capital

Año

350 000

1898

300 000

1898

270 000

1900

250 000

1898

250 000

1897

250 000

1903

180 000 (1) 1901
180 000

19()0

162 000
147 129

1904
1898

Minería

120 000

1905

Minería
Comercio

120 000
105 566

1897
1894

Minería

1901

Industria

104 000
más de
100 000

1898

Industria

100 000

1905

Minería

100 000

1891

Minería

100 000

1903

Minería

100 000

1902

Minería

100 000

1903

Rubro

37- Compañía Industrial
Jabonera de La Laguna,
S.A.
Industria
38- Compañía Metalúrgica
Minería
de Torreón, S.A.
Industria

Capital

Año

(n)

-

{ñ)

-

(a) En pesos de la época
(b) Indica el año en que fue verificada la suma seiialada
(c) El capital de esta empresa era de 600 000 pesos en 1890
(d) Esta firma inició sus operaciones en 1892 con 600 000 pesos
(e) El capital de arranque de Cervecería Cuauhtémoc fue de 150 000 pesos en
1890
(f) Antecesores de la citada más arriba. Patricio Milmo e Hijos Sucesores fue
constituida al fallecer Patricio Milmo, en 1899
(g) Fábrica instalada en Villa de Santiago
(h) Su capital era de 200 000 pesos en 1892, al comenzar a operar
(i) Ubicada en Gómez Palacio (Durango), en la zona lagunera
(j) Establecida en Santa Catarina
(k) Con asiento en Matehuala, San Luis Potosí
(1) En 1900 su capital era de 120 000 pesos
(m) Con funcionamiento en Parras, Coahuila
(n) Esta firma surge de una fusión de La Esperanza, S.A. con empresarios de
Chihuahua, entre los que sobresalían miembros de la familia Terrazas. Debido a que La Esperanza tenía en 1895 un capital de 400 000 pesos, puede
inferirse que la nueva compañía inició sus operaciones con un respaldo que
permite incluirla en esta lista, aún cuando no se verificó el monto exacto.
Según José Luis Ceceña ("La penetración extranjera y los grupos de poder
económico en el México Porfirista" , reproducido en Lecturas Universitarias,
22, UNAM, México, 1975), para fines del porfiriato la Jabonera contaba con
un capital de 6 000 000 de pesos
(ñ) Lo anterior es menester reintegrarlo con respecto a la Compañía Metalúrgica
de Torreón, S.A. de la que era presidente Ernesto Madero a principios de
siglo. Ceceiia menciona que en la década inicial de la presente centuria su
capital ascendia a 5 000 000 de pesos
Fuente principal: hbros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo León

�164

Siglo XIX

Cerutli: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

Los cuadros 2 y 3 brindan una síntesis del doble movimiento operado desde 1890, y que derivó en la fusión de capitales, en la asociación
de distintos hombres de negocios. Es perceptible que integrantes de las
diez familias investigadas estuvieron en los más importantes proyectos de
la época.

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111- - •

Desde el punto de vista del capital empleado, los datos obtenidos indican que entre 1890 y 1905 funcionaban y/o se instalaron 38 compaiiías
(en su mayoría con asiento en Monterrey) cuyas inversiones oscilaban entre los 100 000 y los 10 000 000 de pesos. Hay que aclarar que no están
comprendidas todas las firmas con respaldo de más de 100 000 pesos existentes entonces en Monterrey, sino exclusivamente aquellas en las que participaban representantes de las familias elegidas 13 •
'

165

• 16 firmas se desenvolvían en el ámbito industrial (tres de ellas eran, a
la vez, mineras).
• 12 en minería (incluyendo las tres mencionadas arriba).
• Dirigian también compaiiías fiaancieras, comerciales, agropecuarias y
dedicadas al transporte urbano y suburbano.

CUADR03

ASOCIACIONES EMPRESARIAS SELECCIONADAS. 1890-1905

Del cuadro 2 puede practicarse la siguiente subdivisión:
• Seis de las empresas allí enumeradas contaban con un capital de
I 000 000 de pesos o más.
• Una cantidad igual de firmas estaban respaldadas por capitales que oscilaban entre 500 000 y 1 000 000 de pesos.
• De las veinticuatro restantes, diez tenian más de 200 000 pesos y menos

de 500 000.
Puede ser oportuno aludir a los cambios registrados en el capital de
algunas de estas firmas, en quince años:
• La Compañía Minera Fundidora y Afinadora Monterrey, S.A. fue constituida en 1890 con un respaldo de 600 000 pesos. En 1903 fue aumentado a 8 000 00014• Es decir: esta planta dedicada a la metalurgia básica elevó su capital más de diez veces en menos de quince años.

• El Banco de Nuevo León, S.A. comenzó sus labores con un soporte
formal de 600 000 pesos, en octubre de 1892. En 1902, luego de sucesivas ampliaciones, subió su capital a 2 000 000 de pesos15 •
• La Cervecería Cuaubtémoc, S.A., orientada a la fabricación de bienes

de consumo personal y masivo, pasó de 150 000 pesos (en 1890) a
2 000 000 en 190516•
En cuanto al tipo de actividades que desempeñaban, nótese la diversificación por la que transitaban estos empresarios:

Empresa
Familias represenr.acm (a)
1- Negociación minera de San
Francisco
3 (Ar-Fer-Zb)
2- Compañía del Ferrocarril
Urbano y Local de Monterrey a
Santa Catarina
3 (Bd-HM-Rv)
3- Banco de Nuevo León, S.A.
3 (Ar-Md-Zb)
4- Compañía Minera de la Fe y
Anexas, S.A.
4 (Ar-Bd-HM-Rv)
4 (Bd-CM-Fer-Rv)
5- Compañía Minera de San Pablo
S.A.
6 (Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb)
6- Fábrica de Hilados y Tejidos La
Fama de Nuevo León, S.A.
3 (CM-HM-Rv)
7- Club Atlético Monterrey, S.A. 3 (Ar-Bd-Mm)
8- Negociación minera La Fortuna,
S.A.
4 (Fer-HM-Mm-Zb)
9- La Esperanza, S.A.
4 (Bd-CM-HM-Mm)
10- Compañía Minera El Refugio,
S.A.
3 (Fer-Mm-Zb)
11- Compañía Minera Azteca, S.A. 7 (Ar-Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb)
12- Compañía Minera Carbonato,
S.A.
7 (Ar-Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb)
13- Compañía de Baños de
Monterrey, S.A.
7 (Ar-Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv)
14- Compañía Minera La Equitativa
y Anexas, S.A.
4 (Ar-Bd-Fer-Zb)
15- Compañía Minera Maravillas y
Anexas, S.A.
5 (Ar-Bd-Fer-Rv-Zb)
16- Compañía Minera de Dolores,
S.A.
3 (Md-SMG-Zb)

Año (b)
1890
1891
1892
1893
1897
1894
1895
1895
1895
1895
1896
1897
1897
1897
1897
1897
1897

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166

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

167

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sigue cuadro 3

Empresas
17- Compañía Industrial de
Monterrey, S.A.
18- Compañía Minera Norias de
Baján, S.A.
19- Compañía Minera El Carmen,
S.A.
20- Compañía Industrial de
artefactos de metal laminado El
Barco, S.A.
21- Compañía Industrial Jabonera
de La Laguna, S.A.
22-Compañía del Panteón del
Carmen, S.A.
23- Compañía Minera Mala Noche
24- Compañía de tranvías al
Oriente y Sur de Monterrey,
S.A.
25- Compañía Minera La Luz,
S.A.
26- Compañía Minera, Fundidora
y Afinadora Monterrey, S.A.
27-

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sigue cuadro 3

Familias representadas

Año

4 (Bd-CM-Fer-Mm)

1897

3 (Fer-Md-Zb)
3 (Fer-SMG-Zb)

1897
1900

5 (Ar-CM-Fer-Md-SMG)

1898

7 (Ar-Bd-CM-Fer-HM-RV-SMG)

5 (Bd-CM-HM-Md-Mm)

1898
1898/ 9

5 (Bd-CM-Fer-HM-Rv)
3 (Bd-Fer-Rv)

1899
1899

4 (Ar-HM-Rv-Zb)

1899

3 (Fer-HM-Rv)

1899

6 (Ar-Bd-Fer-HM-Mm-Zb)
6 (Ar-Bd-Fer-Md-Mm-Zb)
Banco Mercantil de Monterrey, 7 (Fer-HM-Md-Mm-Rv-SMG-Zb)
S.A.
7 (Bd-CM-Fer-HM-Mm-Rv-SMG)
Teatro Circo de Monterrey,
S.A.
4 (CM-Md-Rv-Zb)
Compañía Minera del Norte
3 (Md-SMG-Zb)
Compañía Fundidora de Fierro
y Acero de Monterrey, S.A.
Todas las Familias
Fábrica de Cartón de
4 (CM-HM-Md-Zb)
Monterrey, S.A.
Compañía Ladrillera Unión,
8 (Bcl-CM&amp;'-HMMd-Rv~-2.b)
S.A.
Compañía de Ferrocarriles
Urbanos de Monterrey, S.A. 4 (Bd-CM-HM-Rv)
Compañía Industrial
Tipográfica de Monterrey, S.A 4 (Bd-HM-Rv-SMG)
Negociación minera de Santo
3 (Ar-Fer-Zb)
Tomás de Villanueva, S.A .
Asociación Industrial Reinera,
4 (Fer-HM-Md-Rv)
S.A.
Empresa Editorial de
8 (Bcl-CM&amp;'-HMMl-Rv-SMG-Zb)
Monterrey, S.A.

1899
1900
1899
1905
1900
1900
1900
1900
1900
1900

Empresa
38- Compañía Minera El Porvenir,
S.A.
39- Compañía Minera La
Salvadora, S.A.
40- Compañía Minera Providencia
y Juárez
41- Compañía Carbonífera de
Monterrey, S.A.
42- Compañía Minera La Paz,
S.A.
43- Compañía Minera San Rafael
de Baján, S.A.
44- Compañía Ferrocarriles de
Matehuala, S.A.
45- Compañía Minera Gran Cuadra
Prodigio y Anexas de
Zacatecas, S.A.
46- Compañía Minera de San
Francisco de la Soledad, S.A.
47- Compañía Minera La Palmilla,
S.A.
48- Compañía Minera Tuxtepec,
S.A.
49- Fábrica de Vidrios y Cristales
de Monterrey, S.A.

Familias representadas

Año

4 (CM-Fer-Rv-SMG)

1901

3 (Bd-Fer-SMG)

1901

5 (CM-Fer-HM-Rv-SMG)

1901

Todas las familias

1902

4 (Ar-Fer-Rv-Zb)

1902

4 (CM-Fer-Rv-SMG)

1903

3 (Bd-HM-Mm)

1903

5 (Bd-CM-Fer-Rv-SMG)

1903

3 (Fer-Rv-SMG)

1903

5 (Ar-Bd-Fer-Md-Rv)

1903

3 (Fer-Md-Zb)

1903

Todas las familias

1904

(a) En orden alfabético, las familias Armendaiz (Ar), Belden (Bd), CalderónMuguerza (CM), Ferrara (Fer), Hernández-Mendirichaga (HM), Madero
(Md), Milmo (Mm), Rivero (Rv), Sada Muguerza-Oarza (SMG) y Zambrano
(Zb)
(b) Indica el año en que fue verificada la asociación entre miembros de las

familias mencionadas
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León.

1900
1900
1901
1901

En el cuadro 3 la lista se ha confeccionado desde el punto de vista de
la cantidad de familias que participaban en diferentes empresas:
evidencia de la asociación-articulación de esos grupos en el plano

�168

&lt;
,J

Siglo XIX

netamente econonuco. Se enumeran allí 49 sociedades con la
característica de que en todas había representantes de por lo menos
tres de las familias investigadas.

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

169

No debe exagerarse esta arista, pero sí resulta indispensable
registrarla como mecanismo complementario de articulación
socioeconómica que acompañó la centralización del capital, y la misma
estructuración de la burguesía con asiento en Monterrey.

Aquí tendríamos el siguiente resumen:
1

a:1

• Se anotaron 16 casos, entre 1890 y 1905, en los que estaban asociados
integrantes de sólo tres grupos parentales (además de otros
accionistas, por supuesto).
• Otros 14 en los que se detectó la fusión de cuatro familias.
• Siete ejemplos de articulación entre cinco de los núcleos revisados.
• Un par de compañías en las que había componentes de seis familias.
• Con miembros de siete de estos cuerpos parentales, se encontraron
5 empresas.
• En 2 firmas estaban asociados delegados de ocho familias.
• Finalmente se relevaron 3 casos de articulación total: las diez familias
estaban representadas (Compañía Fundidora de Fierro y Acero de
Monterrey, S.A., en 1900; Compañía Carbonífera de Monterrey,
S.A., en 1902; y Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S.A.,
en 1904).

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En ocasiones, frecuentes, cada grupo incorporaba a más de uno
de sus integrantes. Ello multiplicaba la cantidad de representantes por
familia en las distintas sociedades anónimas: los Zambrano, o los
Madero, eran arquetípicos en este sentido. Un ejemplo: el Banco
Mercantil de Monterrey, S.A. al iniciar sus operaciones, en 1899,
mostraba entre los accionistas a la firma Sucesores de Hernández
Hermanos, pero también incluía como tenedores de acciones,
individualmente, a Tomás Mendirichaga y Mariano Hernández, del
mismo núcleo 17 •
En el cuadro 3 se mencionan, tan sólo, las asociaciones directas
entre empresarios prominentes. Sin embargo, no había varones
únicamente en estos conjuntos parentales conformados en torno a un
apellido. Deben contarse, paralelamente, las mujeres. Que aún cuando
no integraban los elencos empresarios, hay que situarlas en una segunda
faceta que coadyuvó al entrelazamiento de la burguesía regiomontana
en los años analizados: la de los matrimonios.

En ocasiones, la articulación vía casamiento se materializaba a
través de una tercera familia, también destacada, que no se encuentra
entre las seleccionadas en nuestra investigación: los González Treviño
encajan en ese esquema por su elevado nivel social, por el grueso número
de hermanos que constituían el grupo y por una amplia participación
en la industria, la minería, las finanzas y la propiedad de la tierra.
En el anexo se detallan referencias no excesivamente exhaustivas
sobre estas relacionés, que llevaban a que la influencia de una familia
se extendiera en las distintas empresas. En el ya citado caso del Banco
Mercantil se encontró como accionista a Francisco Madero (padre), pero
a su lado se inscribieron un cuñado suyo, Lorenzo González Treviño,
y su tío Antonio V. Hernández. La lista aumenta al anotarse que
figuraban asimismo otros dos González Treviño, hermanos de Lorenzo:
uno de ellos era, a su vez, marido de una Sada Muguerza. La espiral
continuaría si se prosiguen indagando interrelaciones en este nivel.
El empresariado regiomontano en constitución se asociaba
repetidamente y de múltiples maneras: protagonizaba así un proceso
inevitable ante el monto y características de las inversiones que debían
implementarse para dinamizar formas capitalistas de producción en
torno a la industria, la minería, la modernización financiera.
En un momento histórico en que los países avanzados transitaban
ya la fase monopólica del capital, y estructuraban compañías de ingente
capacidad económica y sofisticado nivel técnico, resultaba
imprescindible operar en términos similares en ciertos ramos de la
producción.
Estos entrelazamientos empresariales se vieron estimulados por la
favorable coyuntura que arrancó en 1890, alimentada por la economía
mundial, por la dimensión lograda ya por el desarrollo del capitalismo
y del mercado interior en México, y por el amparo que brindaban en
materia sociopolítica Porfirio Díaz y -a nivel regional- Bernardo
Reyes.
En la mayoría de los casos revisados, los grupos familiares
seleccionados junto a otros también locales (sensible participación
mantenían en la esfera económica personajes como Antonio V.

�170

Siglo XIX

Hernández, el general Gerónimo Treviño, Juan Weber, los hermanos
Maiz, y las familias Dresel, Cantú Treviño, Tárnava, Berardi, Villarreal
y González Treviño) trabajaban con notoria hegemonía en estas
asociaciones.
Empero no era raro detectar firmas en las que se permitía el ingreso
de empresarios poderosos de otras regiones de México. En el ya
mencionado ejemplo del Banco Mercantil un importante accionista era
Enrique C. Cree!, miembro del sólido grupo de los Terrazas de
Chihuahua y ministro de Porfirio Díaz en los años iniciales del siglo
XX. Cree!, a quien solía representar Antonio V. Hernández, integró
compañías como la Carbonifera de Monterrey, S.A., fundada en
190218• Joaquín Casasús, figura relevante de los negocios en México,
y José Negrete, con residencia en Saltillo, eran otros destacados socios
de los regiomontanos.
En oportunidades, las nuevas y grandes inversiones demandaban
la vinculación con hombres de negocios abiertamente representantes
del capital externo. Una muestra sobresaliente en este aspecto fue la
Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A., cuya
escritura de fundacrón fue rubricada el 5 de mayo de 1900. La firma
se puso en marcha con un capital de 10 000 000 de pesos (alrededor
de 5 000 000 de dólares), suma que requirió la anexión de recursos existentes más allá del ámbito regional e inclusive del nacional.
No puede extrañarnos que en este proyecto ingresaran como accionistas los apellidos Armendaiz, Belden, Calderón-Muguerza, Ferrara, Hernández-Mendirichaga, Madero, Milmo-Kelly, Rivero, Sada
Muguerza-Garza y Zambrano (nuestros diez grupos), sino también
Maiz, Tárnava, Bortoni, González Treviño, Dresel, Villarreal, Cantú
Treviño. Al lado de ellos, Tomás Braniff, norteamericano; los franceses Leon Signoret y Leon Honnorat; y el español Antonio Basagoití.
Tanto el estadounidense Braniff como los franceses sostenían una enorme actividad en México, y eran paralelamente muy buenos amigos de
personajes eminentes ligados al gobierno de Porfirio Díaz19•

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

171

En las firmas allí agrupadas se detectan inversiones en la industria
de bienes de consumo personal, en la industria de bienes de consumo
productivo, en minería, en transportes de pasajeros y carga para distancias cortas, en bancos, en comercio, en el ramo agropecuario y en
servicios complementarios.
Sociedades como la Compañía del Panteón del Carmen, S.A., el
Club Atlético Monterrey, S.A., el Teatro Circo de Monterrey, S.A.
y la Empresa Editorial de Monterrey, S.A. (entre cuyas tareas se incluía la edición de un periódico) indican hasta qué punto llegaba la multiplicidad de iniciativas que recorrían estos miembros de la burguesía
regiomontana.
CUADR04

EMPRESAS POR AREA DE ACTIVIDAD EN LAS QUE SE VERIFICO
LA PARTICIPACION DE MIEMBROS DE LAS FAMILIAS
SELECCIONADAS (1890-1905)

Rubro
Minería
Industria
Agropecuario
Varios (finanzas, comercio, transportes,
servicios)
Total por actividades
Total de empresas

Cantidad de empresas
170
40

19
43

272 (a)
262 (a)

(a) La diferencias entre ambas cifras deriva de que en algunos casos ciertas
compañías actuaban en actividades diferentes (minería e industria, por
ejemplo)
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León

VI. DIVERSIFICACION EMPRESARIAL
Los cuadros 2 y 3 ofrecen un matiz común: la muy sensible diversificación de la inversión que los empresarios de Monterrey se anímaron a
concretar noventa años atrás. Un dinamismo y una capacidad de
ramificación-expansión que no parece ser exclusiva, pues, de las actuales generaciones.

La dimensión del desenvolvimiento alcanzado desde 1890 es perceptible en el cuadro 4. Se enumeran por áreas fundamentales de actividad todas las firmas en las que fue verificada la participación de uno
o más miembros de los diez grupos parentales seleccionados. El total
de empresas fichadas llega a 262, entre 1890 y 1905, teniendo presente
que varias de aquellas laboraban en actividades dobles (mineras e in-

..

�172

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

dustriales, o comerciales y agropecuarias, a la vez).
CUADROS

..

Jj

Desde el punto de vista cuantitativo había un predominio del rubro minero: los componentes de la burguesía regiomontana en consolidación que hemos estudiado tenían vinculación con 170 compañías
del ramo, lo que no deja de ser impresionante. Frecuentemente, la inversión no resultaba demasiado elevada en este sector: firmas que operaban con capitales iniciales que iban de 10 000 a 50 000 pesos se repetían. Claro que, ya se vio, un buen número de empresas mineras estaban por encima de los 100 000 pesos, situación que se reiteraba con
las fabriles.
Pero eran las grandes fundiciones las que fusionaban ambas actividades, y que estaban a la cabeza de las inversiones practicadas en Monterrey. La importancia de estas empresas en el crecimiento industrial
de la ciudad y en el desarrollo del capitalismo en el norte mexicano
no puede dejar de destacarse; requirieron la tecnologia más avanzada,
produjeron para los mercados externo e interno Oa Fundidora de Fierro y Acero), incentivaron la explotación minera no sólo en el norte
sino también en otros puntos del país, demandaron el perfeccionamiento
de los sistemas regionales de transporte, solicitaron grandes contingentes
de fuerza de trabajo, contribuyeron a aumentar la explotación de la
zona carbonífera, abastecieron a múltiples industrias medianas y menores. Esta industria pesada, además, perfiló netamente a Monterrey
en el marco latinoamericano de la época, y junto con otras plantas de
importancia algo menor (producción de vidrio, de cemento, de maquinaria en escala limitada) destacaron asimismo a la burguesía que se configuró en este ciclo de modernización productiva de principios de
siglo20 •
La diversificación de actividades se verifica también si se analiza
una familia o un empresario en particular. La nómina de empresas en
las que se desempeñaban los Madero (cuadro 5) o Francisco Armendaiz (cuadro 6), entre 1890 y 1905, sirven de muestra.
Por razones de espacio no comentaremos aquí estos casos aislados.
Pero efectuaremos un agregado: los Madero o Armendaiz eran
perfectamente representativos del funcionamiento de las restantes
familias y/o empresarios.
No deja de asombrar hoy la enorme capacidad que contaban a fines
de siglo: los parientes del jefe revolucionario antiporfirista eran dueños
o estaban asociados en 58 compañías; con Armendaiz se detectó una
cifra similar.

EMPRESAS EN LAS QUE TENIAN PARTICIPACION
MIEMBROS DE LA FAMILIA MADERO (1890-1905)

Empresa

Rubro

Otra.s familias (a)

1- Compañía Minera de San
Nicolás, S.A.
Minería
Zb
2- Sociedad Minera
Consolidada de
Buenaventura de Vallecillo Minería
IAr
3- Madero y Hemández (b)
A&amp;rOil.ecuairid
4- Madero y Cía. (b)
Comercio
Industria
5- Compañía Minera de San
Pablo, S.A.
Minería
Bd-Fer-HM-Rv-Zb
6- Negociación Minera Jesús
María
Minería
Zb
7- Banco de Nuevo León, S.A Finanzas
Ar-Zb
8- Compañía Minero Franco
Mexicana
Minería
Zb
9- García Galán, soc. en
comandita
Comercio
10- Compañía Minera de
Dolores, S.A.
Minería
SMG-Zb
11- Compañía Minera Azteca,
S.A.
Minería
Ar-Bd-Fer-HM-Rv-Zb
12- Compañía de Baños de
Monterrey, S.A.
Servicios Ar-Bd-CM-Fer-HM-Rv
13- Compañía Minera
Carbonato, S.A.
Minería
Ar-Bd-Fer-HM-Rv-Zb
14- Compañía Minera del
Carmen, S.A.
Minería
~-CM-Fer-SMG
15- Compañía Industrial
Jabonera de La Laguna,
S.A. (c)
Industria Bd-CM-HM-Mm
16- Banco Mercantil de
Monterrey, S.A.
Finanzas Fer-HM-Mm-Rv-SMG-Zb
17- Ernesto Madero y Hermanos
(b)
Comercio
18- Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey, S.A Industria Todas las familias

173

�174

Siglo XIX

Ceruttí: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

sigue cuadro 5

Empresa
1

lh

1

a:1

19- Compañía Minera Anillo de
Hierro, S.A.
20- Compañía Minera Montaña
·de Hierro, S.A.
21- Compañía Minera de
Dolores de Guadalcazar,
S.A.
22- Compañía Minera del Norte,
S.A.
23- Fábrica de Cartón de
Monterrey, S.A.
24- Compañía Ladrillera Unión
S.A.
25- Teatro Circo de Monterrey,
S.A.
26- Compañía Minera,
Fundidora y Afinadora
Monterrey, S.A.
27- Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de
Monterrey, S.A.
28- Compañía Minera Norias de
Baján, S.A.
29- Madero y García Galán
30- Compañía Minera La
Candela, S.A.
31- Empresa Editorial de
Monterrey, S.A.
32- Compañía Minera
Zacatecas, S.A.
33- Lavandería de Vapor de
Monterrey, S.A.
34- Compañía Minera Bolívar,
S.A.
35- Asociación Industrial
Reinera, S.A. Fábrica de
cortinas y persianas
36- Compañía Minera La
Fraternal, S.A.
37- Compañía Metalúrgica de
Torreón, S.A. (d)

sigue cuadro 5

Rubro

Otras familias

Minería
Minería
Minería
Minería

SMG-Zb

Industria

CM-HM-Zb

Industria

Bd-CM-Fer-HM-Rv-SMG-Zb

Espectáculos CM-Rv-Zb

Industria
Minería
Industria
Minería
Minería
Industria

Ar-Bd-Fer-Mm-Zb
Todas las familias
Fer-Zb

Minería
Industria
Periodismo Bd-CM-Fer-HM-Rv-SMG-Zb
Minería

IFer

Industria

CM

Minería

Zb

Industria

Fer-HM-Rv

Minería
Industria
Minería

Zb

Empresa

Rubro

38- Compañía Industrial del
Norte (c)
Industria
39- Compañía Carbonífera de
Monterrey, S.A.
Minería
40- Compañía Minera Las
Higueras, S.A.
Minería
41- Compañía Minera La
Pastora, S.A.
Minería
42- Negociación minera
anónima Santa Maria de la
Paz y Anexas
Minería
43- Compañía Carbonífera de
Nuevo León, S.A.
Minería
44- Compañía Minera La
Palmilla, S.A.
Minería
45- Imprenta y Litografía El
Modelo, S.A.
Industria
46- Compañía Minera Tuxtepec
S.A.
Minería
47- Compañía de Tierras de
Tierras
Sonora, S.A.
.- .
48- Compañía de Terrenos y
Ganados de Coahuila, S.A. Tierras
49- Compañía Carbonífera de
Nuevo León y Coahuila,
S.A.
Minería
50- Compañía Carbonífera de
La Merced, S.A.
Minería
51- Compañía Minera El Roble
y Anexas, S.A.
Minería
52- Molinos de Cilindros de
Parras, S.A. (b)
Industria
53- Aguirre Hermanos, soc. en
comandita (d)
Comercio
54- Negociación Agrícola y
Ganadera de San Enrique,
A
S.A.
·~
.
55- Compañía Minera Las
Américas, S.A.
Minería
56- Compañía Industriai" de
Parras, S.A. (b)
Industria

Otras familias
Rv
Todas las familias
Zb
Fer

Bd
Ar-Bd-Fer-Rv

Fer-Zb

-

-

175

�Ccruttí: Producción capitalista y cmprcsariado en Monterrey
176

177

Siglo XIX

&lt;

CUADR06
sigue cuadro 5
EMPRESAS EN LAS QUE TENIA PARTICIPACION
FRANCISCO ARMENDAIZ. (1890-1901)

JJ
t--

Empresa

Rubro

Otras familias

57- Molinos de Cilindros de
Monterrey, S.A.
Industria
58- Compañía Litográfica y
Tipográfica El Modelo, S.A. Industria

(a) En orden alfabético, las familias Armendaiz (Ar), Belden (Bd), CalderónMuguerza (CM), Ferrara (Fer), Hernández-Mendirichaga (HM), Milmo
(Mm), Rivero (Rv), Sada Muguerza-Garza (SMG) y Zambrano (Zb).
(b) Con asiento en Parras, Coahuila

(c) Establecida en Gómez Palacio, Durango
(d) Ubicada en Torreón, Coahuila
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León.

Empresa
1- Negociación minera de San
Francisco
2- Compañía Minera de La
Paz
3- Agencia Investigadora de
propiedades mexicanas de
Texas
4- Compañía Minera de
Timulco
5- Sociedad minera Santa
Gertrudis
6- Negociación minera La
Purísima
7- Negociación minera El
Refugio
8- Sociedad minera consolidada
Buenaventura del Vallecillo
9- Compañía Minera de La Fe
y Anexas, S.A.
10- Compañía Minera La
Camarguense, S.A. (b)
11- Sociedad minera la Parreña
12- Compañía Minera del
Carmen, S.A.
13- Compañía Minera La
Reynera, S.A.
14- Compañía Anónima
Porvenir de Matehuala
15- Armendaiz y Cía.
16- Segunda Zona de Sierra
Mojada, S.A.
17- Club Atlético Monterrey,
S.A.
18- Banco de Nuevo León, S.A
19- Banco Nacional de México
(c)
20- Compañía Minera
Maravillas y Anexas, S.A.
21- Compañía Minera La
Equitativa y Anexas, S.A.

Rubro

Otras familias (a)

Minería

Fer-Zb

Minería

Fer-Zb

í

Servicios
Tierras
Minería

Zb

Minería
Minería
Minería
Minería

Md

Minería

Bd-HM-Rv

Minería
Minería

Fer

Minería

CM-Fer-MD-SMG

Minería

SMG

.

Transportes Bd
•

V

C

Minería
Actividades
Finanzas

Bd-Mm
Md-Zb

Finanzas

Rv

Minería

Bd-Fer-Rv-Zb

Minería

Bd-Fer-Zb

Deportivas

"'

�178

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

sigue cuadro 6

Empresa

111,; , . . . . . . . . . .

179

sigue cuadro 6

Rubro

Otras familias

22- Compañía Minera Azteca,
S.A.
Minería
Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb
23- Compañía de Baños de
Monterrey, S.A.
Servicios Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv
24- Compañía Minera
Carbonato, S.A.
Minería
Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb
25- Compañía Minera Vulcano,
S.A.
Minería
26- Compañía Minera Nuevo
León, S.A.
Minería
27- Compañía de Tranvías de
Lerdo a Torreón
Transportes Bd
28- Compañía Minera Placeres
de Pánuco, S.A.
Minería
29- Compañía Industrial de
artefactos de metal laminado
El Barco, S.A.
Industria Bd-CM-Fer-Hm-Rv-SMG
30- Compañía de Tranvías de
Oriente y Sur de Monterrey
S.A.
Transportes HM-Rv-Zb
31- Compañía Ferrocarriles
Urbanos de Monterrey, S.A Transportes HM-Rv-Zb
32- Compañía Minera La
República, S.A.
Minería
33- Compañía Exploradora de
Minas del Parral, S.A.
Minería
34- Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de
Industria
Monterrey, S.A.
Minería
Todas las familias
35- Negociación Minera de
Santo Tomás de Villanueva.
S.A.
Minería
Fer-Zb
36- Francisco Armendaiz (d)
Comercio
37- Francisco Armendaiz (e)
Comercio
38- Compañía Minera Morelos
en Baján, S.A.
Minería
39- Compañía Minera La Luz
(Sierra Mojada)
Minería
40- Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey, S.A Industria Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv-SMG-Zb
41- Compañía Minera,
Fundidora y Afinadora
Industria
Monterrey, S.A.
Minería
Bd-Fer-Md-Mm-Zb

Empresa

Rubro

42- Compañía Minera La Exploradora en Sierra Mojada
43- Compañía Minera La Gran
Vía
44- Compañía Minera Primera
Zona de Sierra Mojada
45- Compañía Minera la
Encantada
46- Compañía Minera La Luz
(Lampazos)
47- Compañía Minera La
Fronteriza
48- Compañía Minera Flor de
Peña
49- Compañía Minera Cerro
Colorado
50- Compañía Minera
Restauradora de Guanavecí
51- Compañía Nueva Paz y
Anexas de Matehuala
52- Compañía Minera Todos los
Santos
53- Compañía Minera Sierra de
Carmen
54- Compañía Industrial de Sa.t1
Antonio Abad (g)
55- Fábrica de Azúcar Francisco
Armendaiz
56- Fábrica de ladrillos

Otras familias

Minería
Minería
Minería
Minería
Minería
Minería
Minería
Minería

. Minería
(t)

Minería
Minería
Industria
Industria
Industria

(a) En orden alfabético, las familias Belden (Bd), Calderón-Muguerza (CM),
Ferrara (Fer), Hernández-Mendirichaga (HM), Madero (Md), Milmo (Mm),
Rivero (Rv), Sada Muguerza-Garza (SMG) y Zambrano (Zb).
(b) Esa compañía contaba entre sus accionistas al general Porfirio Díaz.
(c) Se trataba de la sucursal instalada en Monterrey.
(d) Con asiento en Monterrey.
(e) Funcionaba en Matamoros, Tamaulipas.
(t) Minera, probablemente.
(g) Con asiento en el Distrito Federal.
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León.

�180

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

VII. RAMIFICACION REGIONAL
Hablar de Monterrey, en el subperíodo en análisis, impide constreñirse
a su estricta geografía local.
Desde la óptica del movimiento de capitales, Monterrey regionalizó
una vasta área del norte de México. El crecimiento de la producción
industrial (en la que incluimos, de manera vertebral, la metalurgia
pesada) obligó a incentivar la producción capitalista -sobre todo la
minera- en un ámbito que desbordó largamente los límites de Nuevo
León.
CUADRO 7
DATOS SOBRE LOCALIZACION REGIONAL
DE EXPLOTACIONES MINERAS (a)

De 152 empresas mineras (b), operaban en
Coahuila
Nuevo León
Zacatecas
Chihuahua
Durango
San Luis Potosí
Tamaulipas
Jalisco
Querétaro

60
52
12
9
8

5
4

39.47
34.21
7.90
5.92
5.26
3.28
menos del 3

1
1

(a) Alude a los lugares en que estaban ubicadas las minas en explotación, aún
cuando el asiento de la empresa y el origen de sus capitales fuese Monterrey
(b) La cifra indica sólo aquellas compañías a las que fue factible localizar documentalmente el lugar donde funcionaba la explotación

Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León

La minería, precisamente, fue la evidencia más relevante. En el
cuadro 7 se alude exclusivamente a iirmas cuya característica era contar
entre sus socios a alguno o algunos de los componentes de las diez
familias citadas.
De un total de 152 empresas en las que pudo comprobarse el lugar
de funcionamiento efectivo de la explotación (o sea, el punto donde

181

estaban situadas las minas, aún cuando el asiento legal y el origen de
los capitales que las impulsaban fuese Monterrey), 60 correspondían
al estado de Coahuila. Otras 52 funcionaban en Nuevo León. El resto
se dispersaba por Zacatecas, Durango, Chihuahua, San Luis Potosí,
Tamaulipas y hasta por Jalisco y Querétaro.
Este proceso de regionalización económica se dio también, aunque
con no tanta amplitud, en la industria, las finanzas, el comercio,
transportes y agro.
Patricio Milmo, en sus vastas extensiones ubicadas al norte de
Coahuila, en las que décadas atrás solía correr el indígena, explotaba
la ganadería en gran escala. Por sus latifundios los ferrocarriles no sólo
cruzaban, sino que instalaban estaciones y demandaban el carbón del
subsuelo21 •
La influencia de los capitales regiomontanos en el auge que la zona
lagunera mostró desde los afios 80 parece indudable. Ya desde la década
anterior los poderosos comerciantes de Monterrey se convirtieron en
habilitadores de los productores algodoneros, a los que proveían dinero
en efectivo y mercancías, y a los que solían obligar a entregarles las
cosechas. Patricio Milmo, los Hernández, Valentín Rivero, Armendaiz,
Evaristo Madero, los Zambrano, entre otros, participaron en esta
actividad, que en algunos casos se prolongaba a la producción misma,
a la explotación directa de tierras y de hombres.
Aquí, de paso, puede observarse el entronque directo entre la fase
de industrialización con la que hemos denominado de acumulación
previa de capitales. La regionalización que la burguesía regiomontana
y sus asociados imponen nítidamente desde 1890 se insinuaba desde
la administración de Santiago Vidaurri, cuando era el comercio -muy
especialmente- el lazo principal. Las casas mercantiles de Monterrey
extendían sus vinculaciones por una amplia geografía, conectándola
en esos afios de la acumulación previa con puertos marítimos y
fronterizos, en los que tenían sucursales. Principalmente Matamoros,
hasta 1880, y Laredo, desde la llegada del ferrocarril, fueron los puntos
de contacto con el comercio internacional, en el que intervenían estas
casas.
Lo que inició el comercio lo prosiguieron la explotación
agropecuaria, la minería, la industria y las casas bancarias. El Banco
Mercantil de Monterrey sumaba en 1908 nueve agencias en Coahuila,
tres en Tamaulipas y una en Durango, además de manejar seis en Nuevo
León, ochenta y seis coi:responsales en la república y veintiuno en

�182

Siglo XIX

Estados U nidos y Europa. El Banco de Nuevo León mantenía una
ramificación análoga22 •

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

183

dejar de recordar que los González Treviño y los Villarreal -y el
propio Gerónimo Treviño28- eran fuertes terratenientes y
mantenían vinculaciones con nuestros grupos.

VIII. BURGUESIA Y PROPIEDAD DE LA TIERRA
Al terminar esta muy somera descripción es útil hacer notar el rubro
agropecuario (cuadro 4) entre los que explotaban estos empresarios
asentados en Monterrey. Si otro dato de la realidad finisecular
regiomontana fue verificable en nuestra investigación, es el que indica
que un alto porcentaje de estas familias era, también, gran terrateniente.
Una breve muestra:
• Al fallecer en 1899, Patricio Milmo era propietario de ocho estancias,
cinco ranchos y cuatro haciendas, además de muchas decenas de miles
de hectáreas dispersas, en los estados de Nuevo León, Coahuila y
Tamaulipas23 •
• Los Madero, en 1904, integraron la Compañía de Tierras de Sonora
S.A. junto con la viuda del general Francisco Olivares. Esta sociedad
tenía bajo su control 646 000 hectáreas en distritos de Sonora. La
Compañía de terrenos y ganados de Coahuila, S.A., nacida en 1899
y constituída por varios Madero y por Lorenzo González Treviño,
contaba con 430 000 hectáreas24 •
• La familia Sada-Muguerza e Isaac Garza mantenían en
funcionamiento la Compañía Ganadera de Sierra Mojada, S.A., que
desde 1898 operaba con 160 000 hectáreas en el Bolsón de Mapimí,
en Durango25 •
• Los Hemández-Mendirichaga no solo aparecían muy vinculados por
el comercio y los préstamos a diversos productores de la zona
lagunera, sino que también adquirieron en 1886 la Hacienda de Santa
Teresa, con más de 100 000 hectáreas, para adaptarla al cultivo de
algodón26 •
• Francisco Armendaiz compró en 1897 más de 460 000 hectáreas en
el distrito de Monclova, Coahuila. Se trataba de tierras deslindadas
años antes por una compañía que tuvo como presidente al general
Gerónimo Treviño. Desde 1887, por otro lado, Armendaiz era dueñ.o
de casi 90 000 hectáreas en la municipalidad de Pueblo Nuevo,
Durango27 •
• Los ejemplos podrían continuar con los Zambrano y los Belden. Sin

El control y la creciente utilización productiva de la tierra deben
contarse entre las actividades salientes de esta burguesía con base
regional. Muchos de estos terrenos fueron adquiridos, por distintos
mecanismos, en la etapa previa a 1890, y este movimiento hay que
vincularlo a la ya mencionada acumulación primaria de capital.
La burguesía embrionaria de los añ.os inestables trasladó una
fracción de sus fortunas a la tierra. Con ello aseguraba sus caudales
en años difíciles, aún cuando no necesariamente con este paso pudiera
incrementarlos. En la medida que el mercado interior fue articulándose
de manera más sólida, que se ordenó el país en lo social, lo político
Y lo jurídico, que se instalaron vías de comunicación más eficaces y
que se mercantilizó más completamente la economía nacional, las
enormes superficies apropiadas fueron utilizadas con criterios
productivos, tanto en el rubro agropecuario como en la explotación
del subsuelo.
Pese a esta tendencia, los documentos revisados insinúan que parte
de estas posesiones rurales seguían manteniendo hacia 1900 formas
atrasadas en las relaciones de producción. Las alusiones a sirvientes
endeudados no son escasas, aún cuando también se conoce que en zonas
como la lagunera se aceleraba el empleo de fuerza de trabajo libre.
En el escenario de un sistema socioeconómico en plena
transformación, como lo era el mexicano de fines de siglo, no debe
extrañar esta aparente contradicción de empresarios que en el ámbito
urbano demandaban mano de obra libre y en el rural se negaban a
dejarla circular.
El problema básico del burgués en estas (y otras) fases es la
búsqueda de conductos que le resulten eficaces para la preservación
y ampliación de sus fortunas. En este sentido, su desempeñ.o global
es coherente, aún cuando para el historiador -más formal y por lo
tanto, en riesgo de caer en un análisis ahistórico- ello resulte poco
comprensible.

�184

Siglo XIX
Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

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IX. MONTERREY Y LAS BURGUESIAS LATINOAMERICANAS.
COMENTARIO FINAL
1. El itinerario transitado a fines de siglo por la burgesía regiomontana en consolidación parece refutar apreciaciones que analistas sociales
han volcado sobre una supuesta falta de visión o escasa aptitud empresarial de los grupos burgueses de la América Latina anterior a 1930.
Tal vez fuese menester revisar parte de esas afirmaciones: en el fondo reflejarían una especie de frustración porque en nuestro subcontinente no se habría dado el empresario dinámico, eficiente, audaz y progresista de países de Europa Occidental o de Estados Unidos.
2. Es factible comparar los mecanismos de acumulación primaria
usados en Monterrey con los que emplearon burgueses de otras regiones de México y de América Latina en el siglo XIX.
Patricio Milmo, Evaristo Madero y sus hijos, los Zambrano, los
Hernández, Valentín Rivero, entre otros, materializaron una próspera
tarea entre 1850 y 1890: su habilidad, dinamismo y eficiencia quedaron largamente demostrados por las enormes fortunas y los bienes que
habían logrado apropiarse. Desde el punto de vista burgués resulta discutible negarles capacidad.
Multiplicaron sus capitales en el comercio legal, se encontró a algunos entremezclados o acusados de practicar el contrabando, usaron
la actividad mercantil para convertirse en acreedores, controlaron desde posiciones prominentes la circulación de artículos de alta demanda,
prestaron dinero con fuertes intereses, especularon con bonos y créditos gubernamentales, se adecuaron con elasticidad a los cambios emergentes en el ámbito del poder estatal, usufructuaron sus conexiones políticas para manejar con mayor fluidez las aduanas y el tráfico internacional, adquirieron tierras en zonas de las que se iba expulsando al indígena que recorría el noreste y de las que -con las leyes de reformaentraban en el mercado, vendieron o explotaron estas tierras -y su
subsuelo- con mecanismos productivos propios de la época. Todas
estas fueron herramientas de acumulación, con sus variantes nacionales, bastante generalizadas en el subcontinente durante el siglo XIX.
3. Con excepciones no relevantes, en el período anterior al brote
industrial, los burgueses asentados en Monterrey no trasladaron sus
caudales a la producción en forma masiva, sobre todo a la producción
en gran escala que demanda e impone el capitalismo ¿Por qué? Simplemente, porque no les convenía.

185

Porque eran excelentes empresarios, en tanto individuos que controlaban con solvencia la racionalidad burguesa (que implica la racionalidad del capital, pero no necesariamente la racionalidad del modo
de producción capitalista) no se metían en negocios inconvenientes.
Con un mercado interior débil e inconexo, sin medios de transporte que ligaran eficazmente las diferentes zonas productoras y acercaran los mercados locales dispersos y los posibles nuevos mercados externos, con una inestabilidad política generalizada en el país y en las
regiones adyacentes, con una amplia superficie del territorio nacional
saliendo de o ingresando en guerras civiles e internacionales, con gruesos contingentes indígenas y con bandoleros obturando los caminos por
los que debían circular mercancías y fuerza de trabajo, con potenciales
asalariados retenidos en las haciendas o utilizados para las contiendas
militares o en las batallas contra el aborigen, y con una economía internacional que aún no alcanzaba a modelar las necesidades que surgirían con la fase monopólica del capital (especialmente en Estados Unidos), ¿cómo se iban a lanzar a invertir en la producción masiva, que
requiere mercados seguros y en expansión, comunicaciones relativamente eficientes, trabajadores que puegan migrar libre y rápidamente?.
4. Las condiciones históricas que transitaban la nación mexicana
y la economía mundial en las décadas previas a 1890 hizo operar a los
jefes de estos grupos parentales de manera parecida a la que recorrieron burgueses de otras latitudes en la fase de acumulación originaria
de capital, aquella en la que se construyen los elementos indispensables para la estructuración del sistema productivo capitalista.
En este proceso, el agente económico que llamamos burgués aprovecha parte del excedente social que llega a sus manos con un criterio
que es esencial al hombre burgués: lo dedica, centralmente, a reproducir y ampliar su fortuna, sus caudales, su capital. Es un excedente que
por el propio desarrollo económico y social aparece con las formas de
mercancía y de dinero, y con el cual se trata de obtener ganancias con
distintos mecanismos que llevan a multiplicar este capital.
Debe entenderse que aqui capital no equivale aún a relación social, en el sentido que Marx emplea cuando se refiere a la producción
capitalista. Y esto tiene coherencia: el burgués aparece antes que este
tipo de producción. Es justamente el personaje encargado de realizar
históricamente la acumulación originaria, que luego convergerá -en
coyunturas determinadas- a la producción capitalista.
5. Este burgués aún no productivo modificará sus métodos de acu-

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--

186

Siglo XIX

mutación cuando un nuevo marco histórico (que él mismo pudo contribuir a gestar) resulte propicio para lanzarse a la producción en escala
de mercancías. Nuevamente la razón es clara: en esta diferente actividad espera incrementar sus ganancias y reproducir de manera expansiva su capital. En Monterrey emerge esta coyuntura histórica hacia I 890.
Desde mediados de los años 80 se acentúa la estabilidad política
y se termina de imponer un orden social decididamente favorable a los
grupos dominantes; ya no quedan indios rebeldes y el bandolerismo
cesa de perturbar los caminos; a los vagos se les obliga a trabajar, y
aumenta la disposición de fuerza de trabajo libre; se instalan los ferrocarriles y transforman a Monterrey en una de las ciudades mejor comunicadas del país, especialmente con el mercado norteamericano; se
abre una ingente demanda para minerales industriales previamente
transformados en metales en el noreste de Estados Unidos; en el plano
interior circulan con mayor eficiencia las mercancías y la fuerza de trabajo; el mercado interno se diversifica y expande con la emergencia
de nuevas zonas productoras; comienza a arribar regularmente el capital extranjero; gobierna en Nuevo León un militar (el general Bernardo Reyes) que sanciona leyes favorables a la inversión fabril y que
-reproduciendo en el contexto regional las condiciones de orden del
porfirismo- asegura a la naciente clase burguesa el control de su antogonista incipiente, la naciente clase obrera.
Es decir, se articula un conjunto de circunstancias que hacen aparecer a la producción-industrial-capitalista como una actividad rentable y segura. Con la singularidad local de que este proceso se vertebra
en fuerte medida en torno a grandes establecimientos de fundición, y
ello dinamiza ostensiblemente la producción minera. Simultáneamente se requiere la puesta en marcha de bancos, una mayor eficiencia del
sistema comercial y hasta el perfeccionamiento de ciertos aspectos de
la producción rural.
6. Los Madero, los Zambrano, los Rivero, Patricio Milmo, los Hernández y otros burgueses que se fueron sumando en los años 80 (los
Armendaiz, Ferrara, Sada, Isaac Garza, Belden, Maíz, González Treviño, el general Gerónimo Treviño) se lanzaron a la inversión en ramos productivos, alterando las anteriores formas, modernizándolas.
El antiguo núcleo burgués precapitalista ya no sería exclusivamente intermediario. Para apropiarse del excedente social -excedente que se
incrementaría sensiblemente- organizó directamente el mecanismo productivo y controló abiertamente las nuevas relaciones sociales que se
gestaron en el proceso: todo ello en función de sus intereses más inmediatos y concretos que, simultáneamente, transformaba a estos bur-

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

/87

gueses de sector social en formación en clase burguesa.
7. Si adoptáramos el enfoque de aquellos analistas que insisten en
que el burgués latinoamericano fue diferente al europeonorteamericano, y que nunca pudo convertirse en empresario por "su
falta de perspectiva" (como si burgués y empresario fuesen agentes económicos que actuasen con ópticas fundamentales divergentes), seria problemático explicar y comprender lo acaecido en Monterrey desde 1890.
Sin embargo, en esta ciudad del noreste mexicano se configuró un
proceso realmente llamativo en la América Latina de fines de siglo.
Y lo protagonizaron centralmente aquellos burgueses que se enriquecieron después de 1850. Con el capital-dinero que disponían, no les fue
dificultoso integrarse y dinamizar un proceso con dos aristas
significativas:
a) el ingreso de Monterrey al capitalismo tuvo como eje la industria fabril, a diferencia de lo que entonces acaecía en la mayoría de
las regiones latinoamericanas, cuya entrada a este sistema productivo
se efectuó a partir de la producción de materias primas;
b) esa industria no sólo generaba bienes de consumo inmediato y
personal -como se manifestaba también en los pocos lugares del subcontinente que en esos años iniciaban un incipiente crecimiento
manufacturero- sino que estaba troncalmente asentada en proyectos
tales como la metalurgia pesada, la siderurgia, la producción de cierta
maquinaria y otros rubros destinados a abastecer el consumo productivo, a producir bienes para la producción.
Por supuesto que en ciertas ocasiones (aunque no tantas como puede sospecharse) trabajaban en asociación con el capital externo. Pero
esto no restó en absoluto importancia al peso que el capital de esta burguesía regional tuvo -y mantuvo- en el proceso.
8. ¿Qué había sucedido? ¿Se esfumó la falta de visión? ¿Era el regiomontano -como hoy sugiere la ideología asumida por su empresariado y por sus voceros intelectuales-, un hombre diferente, no contaminado por el mestizaje, pleno de inquietudes y de autonomia por
su calidad de individuo de frontera, dinamizado por el contacto con
el inteligente y pragmático anglosajón que reside de Texas para arriba?
Sospechamos que lo distinto fue una coyuntura histórica que se
presentó a un núcleo de hábiles empresarios situados en Monterrey y
sus alrededores. Componentes de familias que, entre sus virtudes, la

�188

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

principal era que habían logrado acumular una vasta fortuna en las
décadas anteriores.
Estos antiguos burgueses del norte mexicano no parecerían, a primera vista, radicalmente opuestos a los que se enriquecieron en el México central o en otras áreas de Latinoamérica. Diverso, en cambio,
sería el campo en el que pudieron desempeñarse.
Enmarcada en una estructura socioeconómica que estaba cambiando -la mexicana-, y articulándose con nuevos giros que se registraban en la economía mundial, la etapa 18~1910 vio asociarse a los viejos
precursores de la acumulación previa. Desde entonces, esta burguesía
con base regional asumió el dinamismo y el carácter modernizante que,
en el plano de la producción, mantiene hasta el presente.

189

• Pudenciana Madero, hermana de Francisco, era esposa de Lorenzo González Treviño, que además era socio de su suegro, Evaristo Madero (16),
desde 1865.
• Antonio V. Hernández, tío de Francisco Madero, era marido de otra González Treviño, Ana.
• Mientras, Guadalupe González Treviño se casó con Eduardo Zambrano (36).
Fueron padres de Gregorio D. Zambrano (40) y Eduardo A. Zambrano (41).
• Ildefonso Zambrano (38) fue esposo de Carlota Gutiérrez Iglesias, cuñada
de Francisco Belden (5).
• Carlos Belden (4) estuvo casado con Maria Fernández, cuñada de Valentín
Rivero y Gajá (30).
• Una hija de Valentín Rivero (27), hermana del anterior y con nombre María
Antonia, fue esposa de Tomás Mendirichaga y Hernández (13).

ANEXO

El entrelazamiento familiar del empresariado regiomontano es observable en
la descripción que sigue, aún cuando no es exhaustiva Oos números entre paréntesis aluden al cuadro 1):
• José Bulalio Calderón (7) era hijo de Francisca Muguerza (25), que fue hermana de José Muguerza (26).
• Una hermana de Francisca y José A. Muguerza, Carmen, casóse con Francisco Sada y Gómez (34). Fueron padres de Francisco G. Sada Muguerza
(33) y de Alberto Sada Muguerza (32).
• Del mismo matrimonio nacieron, entre otros, Consuelo, Concepción y Rosario Sada Muguerza.
• Consuelo Sada Muguerza fue esposa de Isaac Garza (11), y ambos progenitores de Eugenio Garza Sada.
• Concepción Sada Muguerza se unió con José González Treviño.
• Rosario Sada Muguerza tuvo como esposo a Francisco J. González, hijo de
Jesús González Treviño, hermano del arriba mencionado, y de Rosa Zambrano, hermana de los cinco empresarios que encabezan la lista de ese apellido en el cuadro l.
• Francisco Madero (19) se casó con otra González Treviño, Mercedes. De este enlace nacieron el jefe revolucionario Francisco Ignacio y Gustavo Adolfo Madero (20).

• Mariano Hernández y Mendirichaga (14) contrajo matrimonio con Mercedes Rivero y Fernández, hija de Valentín Rivero y Gajá (30) y Elisa Fernández.
Este espectro se ampliaría aún más si son insertados en el estudio otros apellidos relevantes del Monterrey finisecular, ya fuere por la importancia económicoempresarial o por el estrato social que ocupaban desde decenios atrás. Así, tendríamos matrimonios como los siguientes:
• Miguel Ferrara (9) con Refugio Bortoni.
• Carmen Ferrara, hermana de Miguel, con Vicente Bortoni.
• Sara Milmo (24), con Eugenio Kelly.
• Onofre Zambrano (39) con María de los Angeles Lafón, padres de Onofre
R. Zambrano (42).
• Elena Zambrano, de la misma familia, con Juan Clausen.
• Adolfo Zambrano (35) con Margarita Berardi.
• Carolina Madero con el licenciado ViVIano L. Villarreal, dos veces gobernador del estado de Nuevo León.
• Victoriana Madero con el doctor Melchor Villarreal, hermano de Viviano.

�190

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

NOTAS
l. Es un tema que se aborda más ampliamente en Cerutti, Burguesía y capitalismo en

Monterrey (1850-1910), México, Claves Latinoamericanas, 1983.
2. Sobre la época de Vidaurri, Cerutti, Bronomia de guerra y poder regional en el siglo
XIX. Gastos militares, aduanas y romerciantes en años de Vidaum {1855-1864),
Monterrey, Archivo General del Estado de Nuevo León, 1983; también, "Economía de guerra, frontera norte y formación de capitales a mediados del siglo XIX",
en De los borbones a la revolución. Ocho estudios regionales, México, GV EditoresConsejo Mexicano de Ciencias Sociales-Universidad Autónoma de Nuevo León, 1986.
3. Sobre el problema indígena consúltese José Reséndiz, "La política de Vidaurri y
la expulsión de las tn"bus nómadas en el noreste de México", tesis de licenciatura
en Historia, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1983; también, Cerutti, Eronomia de guerra.
4. En especial, Cerutti, Burguesía y capitalismo, citado; y ''División capitalista de la
producción, industrias y mercado interior. Un estudio regional: Monterrey
(1890-1910)", en El siglo XIX en Méxiro. Cinco procesos regionales, México, Claves Latinoamericanas, 1985.

5. Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), Memorias de los gobernadores del Estado y Correspondencia del gobierno de Nuevo León con Secretaria de
Fomento.
6. La estadística es de 1902 y fue recogida por Fernando Rosenzweig en el Porfíriato.
Vida Económica, l, en el trabajo "La Industria", México, Hermes, 1974, pp. 391-2.
La obra íntegra la Historia Moderna de Méxiro, que dirigió Daniel Cosío Villegas.

1. Antonio Peñafiel, Cuadro sinóptico y estadístico de la República Mexicana, México, Oficina Tipográfica de la Secretaria de Fomento, 1901, pp. 56 y 57.
8. AGENL, Memorias de los gobernadores del Estado, censos nacionales y Correspondencia del gobierno de Nuevo León con Secretaria de Fomento.
9. La estimación la hace Femando Rosenzweig en "El desarrollo económico de México de 1877 a 1911", El Trimestre Bronómico, 121, vol. XXXII, México, julio-septiembre de 1965, p. 419.
10. Cerutti, Burguesía y capitalismo, cap. 4.
11. Sobre los Madero, Burguesía y capitalismo, cap. 2.
12. "Como el capital indispensable para nuestra empresa tenía que ser de consideración, hubimos de pensar en la organización de Compañía Anónima, forma única
de asociación de esfuerws y elementos que ha producido en la práctica resultados
fecundos": conceptos emitidos por Vicente Ferrara al solicitar exención de impuestos al gobierno del estado para la instalación de la Compañía Fundidora de Fierro
y Acero de Monterrey, S.A. el 5 de marzo de 1900. AGENL, Memoria del gobernador del estado de Nuevo León, periodo 1899-1903, II, pp. 486-9, y sección Concesiones, caja 4, expediente del 7 de abril de 1900.

191

13. A fines de siglo el dólar estadounidense equivalía aproximadamente a dos pesos mexicanos. José Luis Ceceña brinda en uno de sus trabajos la lista de 170 empresas
mayores de México en 1910-11. Cita las compañías con más de 100 000 pesos de
capital. Empero, son muy escasas las anotadas con asiento en Monterrey. Señal de
que todavía hay mucho ~ara i_nvestigar en México respecto al desarrollo del capitalismo, tema en el que la histona contemporánea de Monterrey inevitablemente debe
figurar como un punto vertebral. Ceceña, "La penetración extranjera y los grupos
de poder económico en el México Poñuista", en Lecturas Universitarias 22 México, Universidad Autónoma de México, 1975.
' '
14. AGENL, protocolos de Tomás C. Pacheco, junio de 1890, fs. 165v-168v, y junio
de 1904, fs. 456-64.
15. AGENL, protocolo de Tomás C. Pacheco, julio de 1902, fs. 657-59v. Figura en esta
escritura el incremento a dos millones de pesos.
16. AGENL, protocolos de Tomás C. Pacheco, noviembre de 1890. fs. 270v .-73, y marro
de 1905, fs. 88-91.
17. AGENL, protocolo de Francisco Pérez, noviembre de 1899, fs. 186-214.
18. AGENL, protocolo de Francisco Pérez, diciembre de 1902, fs. 191-214.
19. La escritura de constitución de esta firma está en AGENL, protocolo de Tomás C.
Pacheco, mayo de 1900, fs. 392-414.
20. Las plantas dedicadas a la metalurgia básica, la producción y/o reparación de maquinaria y la transformación de metales en bienes dedicados al consumo productivo, estuvieron entre las más estimuladas por las concesiones que el gobierno de Nuevo
León brindó a la industria desde 1889. Estas medidas eximían de impuestos comunales y estatales, de acuerdo con el monto de la inversión. Una ley de Bernardo Reyes, del 22 de noviembre de 1889, permitía declararlas de utilidad pública. Entre
1889 y 1910 el gobierno autorizó 18 concesiones a este tipo de plantas, en las que
se asociaron, en ciertos casos, los empresarios más importantes de Monterrey; en
otros como en la puesta en marcha de la Gran Fundición Nacional Mexicana (luego
American Smelting and Refining Co.) el capital era extranjero en su totalidad. Véase Cerutti, Burguesía y capitalismo y "División capitalista de la producción... ",
citados.
21. Hemos analizado la trayectoria de este acaudalado irlandés, una de cuyas hijas contrajo matrimonio con un príncipe ruso, en "Patricio Milmo, empresario regiomontano_del siglo XIX. En torno a la acumulación de capitales en Monterrey", incluido
en Ciro Cardoso (coord.), Formación y desarrollo de la burguesía en Méxie-0. Siglo
XIX. México, Siglo XXI editores, 1978.
22. Nuevo León, Reseña geográfica y estadística, París-México, Librería de la viuda de
Ch. Bouret, 1910, pp. 62 y 63.
23. El inventario de los bienes de Milmo se encuentra en AGENL protocolo de Anastasio Treviño, mayo de 1900, fs. 484-511.
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24. AGENL, protocolos de Francisc&lt;i Pérez, septiembre de 1904, fs. 289-91, y diciembre de 1904, fs. 281-86.

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192

Siglo XIX

REVOLUCION MEXICANA Y DIPLOMACIA ESPAÑOLA
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25. AGENL, protocolos de Tomás C. Pacheco, diciembre de 1898, fs. 998-1002, y de
Francisco Pérez, junio de 1902, fs. 316-19.
26. M. Hemández Mendirichaga, Notas sobre la actuación de la Sociedad Mercantil Suresores de Hernández Hermanos. Monterrey, 1885-1943, Monterrey, diciembre de
1945, pp. 5 y 6.

La Burguesía de Monterrey y los Gachupines
en el Nuevo León Radical de 1914

Osear Flores Torres *

27. AGENL, protocolos de Anastasio Treviño, marzo de 1897, fs. 119-26, y de Tomás
C. Pacheco, marzo de 1898, fs. 187-92.
28. El general Gerónimo Treviño fue un militar destacado, ocupó la gubernatura del
estado, luchó contra el indígena, fue ministro del presidente Manuel González, se
convirtió en un poderoso terrateniente y desde 1890 se asoció én numerosas empresas con la burguesía regiomontana en formación.

INTRODUCCION
La historiografía reciente ha esclarecido que el constitucionalismo en
México (1913-1920) fue radical en su política pero conservador en su
estructura. U na naciente burguesía nacional se incorporó rápidamente
a la revolución para eliminar una serie de obstáculos en su camino a
la obtención del poder. El acceso a esto último y a las fortunas personales fue resultado de este largo proceso.
La llegada de los carrancistas en abril de 1914 al centro tradicional
de irradiación de poder en el estado de Nuevo León -la ciudad de
Monterrey-, evidenció el vasto abismo entre aquella ideología radical
y la factibilidad de sostener la práctica constitucionalista. Si bien el radicalismo del primer gobernador preconstitucional -Antonio l.
Villarreal- lo llevó a insospechados extremos como lo fueron la expropiación de grandes empresas regiomontanas -Cervecería Cuauhtémoc y Cementos Hidalgo, entre otras-, el fracaso general a fines
de 1914 de las autoridades militares en Nuevo León, respondió esencialmente a la incapacidad de los programas constitucionalistas para
plasmar la regeneración social y económica.
A pesar de que las autoridades carrancistas controlaron relativamente el estado entre abril y diciembre de 1914 -ya que no enfrentaron en este lapso algún grupo militar de consideración-, la sociedad
local mostró una clara antipatía por su política radical y creó serias
dificultades para la consolidación de una autoridad política efectiva.

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• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (Monterrey,
México). Capítulo de la tesis doctoral que el autor prepara en la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del profesor Alberto Gil Novales.

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�194

Sígk, XIX

La depresión de la economía local y la escasez de recursos para
el sostenimiento de los programas, desfondó dramáticamente al primer gobierno preconstitucional.
Los enemigos políticos aumentaron conforme se implantó la ideología radical revolucionaria. La política anticlerical 1, el desamparo del
movimiento obrero 2, y la incautación de los bienes inmuebles y de
producción de que fueron objeto los terratenientes y la burguesía regiomontanos, minaron la popularidad, en Nuevo León del carrancismo en su infancia. Aunque ese radicalismo se atenuó a partir de mayo
de 1915 (al evacuar Monterrey las tropas villistas -estacionadas desde
el mes de enero- y entrar de nuevo el ejército constitucionalista) no
dejó de marcar el tono y el tenor del gobierno carrancista.
El vacío de poder político con el que se enfrentó Antonio l. Villarreal lo obligó a nombrar y destituir autoridades municipales. El poder dictatorial del Ejecutivo excluyó, en la mayoría de los casos, laposibilidad de celebrar elecciones municipales.
Además, la autonomía municipal estuvo sometida a violación directa por las autoridades militares locales, regularmente interventores.
El abuso de poder de los jefes militares hostilizó en gran medida el derecho ciudadano. La detención y encarcelamiento sin previo juicio al
que se vio sometido todo civil sospechoso, y la confiscación de bienes
y mercancías privadas, especialmente las de los españoles, se volvió una
práctica común. La política radical se convirtió en una política rapaz.
Hay pues, pruebas suficientes en áreas específicas de la política carrancista en Nuevo León -y en particular en Monterrey-, paramostrar su poco acierto para atraer u obligar a los nuevoleoneses -en especial a la burguesía citadina- a aceptar el constitucionalismo radical.
LA OBRA SANA Y REGENERADORA DE LA

CONFISCACION REVOLUCIONARIA
La incautación de los templos católicos en el norte de México fue sólo
el inicio de una represión con caracteres más amplios, desatada antes
de la derrota definitiva del ejército federal y el derrocamiento de Victoriano Huerta, en julio de 1914, por las tropas constitucionalistas.
De hecho el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, se encargó de dar unidad y coherencia a los diferentes
decretos, leyes y circulares que emanaron desde su levantamiento a principios de 1913. El futuro encargado del Poder Ejecutivo siempre cuidó

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

195

de guardar la forma y el contenido legal del movimiento.
En 1914 definió los mecanismos para ejecutar su decreto número

5, de mayo de 1913 -expedido en Piedras Negras, Coahuila- con el
fin de aplicar la ley Juárez del 25 de enero de 1862 (la cual descargaba
todo el peso contra los sostenedores del segundo imperio) y juzgar al
general "Victoriano Huerta y demás cómplices sostenedores de la usurpación", a quienes debían hacerse efectivas las penas corporales
correspondientes 3 •
El nuevo proyecto de ley sobre consfiscaciones de bienes contra
los representantes del gobierno espurio, dictaba "leyes de inmediata
ejecución para restablecer el equilibrio económico-social, roto por aquel
ususrpador" y dar así paso al " próximo funcionamiento de un régimen constitucionalista". Es que la revolución triunfante tenía como
"causa principal el hambre de justicia y tierra de las clases menesterosas oprimidas y sistemáticamente despojadas por las clases
privilegiadas" 4 •
Este proyecto jurídico aplicable en todos aquellos dominios arrancados por la revolución al ejército del antiguo régimen, definía claramente a los responsables de atentados contra la Nación, hacia quienes
blandió la espada de Damocles:
...el Grupo llamado de los científicos, los grandes capitalistas y terratenientes que aprovecharon subrepticiamente y ostensiblemente influencias políticas; los principales miembros del clero y el Partido
Católico 5; y los principales miembros del Ejército Federal ... 6•

Por lo tanto quedaban comprendidas las confiscaciones de sus bienes
muebles o inmuebles, especialmente aquellas
. ..grandes extensiones de tierra semi-cultivadas o casi incultas que se
habían formado en los últimos treinta años a la sombra de escandalosos fraudes fiscales, al amparo de leyes de baldíos, de denuncias
de bienes mostrencos, de venta de bienes nacionales o en cualquier
otra forma de fraude contra el Erario o contra los bienes de los particulares o pueblos sojuzgados y atemorizados, para poder despojarlos de sus ejidos, fundos legales, bienes de común repartimiento o
ya repartidos 7 •

El eje del complejo aparato creado para el sometimiento de los reaccionarios en Nuevo León fue la "Oficina de Intervención y Decomisación de Fincas", que empezó a funcionar desde el primero de mayo
de 1914: logró tener bajo su cargo, solamente en Monterrey y para el

�196

Siglo XIX

día último del año, la administración de más de setenta fincas urbanas, el Teatro Independencia y la Administración de Correos 8•
Los interventores constitucionalistas cubrieron rápidamente el mapa
político del estado al enquistarse, y vivir al estilo y con lujos porfirianos, en las haciendas incautadas a los enemigos de la causa. En el municipio de Linares, al sur de la capital, el aparato estatal capturó un
sinnúmero de haciendas y ranchos, la planta de luz eléctrica y fuerza
motriz de ta ciudad, y la única fábrica de hielo (perteneciente al doctor
Joaquín Beoítez) 9• Igualmente en Mier y Noriega, 23 haciendas, cuatro ranchos, un almacén y una compañía de líneas telefónicas entraron
al círculo gubernamental 10•
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A Pablo de los Santos, insurrecto maderista de 19ll, y posteriormente defensor de la causa huertista y de la ciudad de Monterrey en
octubre de 1913, le fue decomisada una finca en el poblado de
11
Linares • La misma suerte corrió José María Bonilla, hacendado de
ese municipio: fue intervenida su hacienda, llamada "Puente Honda"
cuya producción anual era de más de mil cargas de piloncillo12•
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Fue notorio el relevo que caracterizó a muchos interventores con
respecto a los viejos hacendados. Cuando el mayor Abraham Nuncio
retomó la sementera de caña a esta hacienda, pagó a la oficina sólo
la tercera parte de su producción 15 • En el caso de las haciendas de
Mier y Noriega, la explotación del ixtle de palma y lechuguilla habían
acumulado en las bodegas de la oficina gubernamental, para el mes
de septiembre, más de trece mil kilogramos de mercancía para su posterior comercialización14•

.....

Esta última cifra era relativamente baja comparada con el cálculo
hecho por el interventor en Dr. Arroyo, Miguel Rincón Ríos, en relación a lo que producirían mensualmente 16 fincas rurales explotadoras
de ixtle y que apuntaban a una cosecha de 27 600 kilogramos15 • En este mismo municipio se encontró el caso de dos haciendas productoras
de guayule que metían al mercado, mensualmente, 48 toneladas 16•

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La instrumentación de la práctica intervencionista pretendíó ser reforzada el 23 de junio, con un decreto en el sector rural para el "aprovechamiento inmediato de las tierras cultivadas en el estado" 17• Lapolítica carrancista aspiraba a que quedaran "provisionalmente a disposición del gobierno, todas las tierras cultivables" que no estuvieran sembradas y en producción, otorgándolas en arrendamiento a aquellos agricultores mexicanos que garantizaran "ponerlas inmediatamente en
cultivo" 18• En el municipio de Allende, las haciendas "Los Enanos",

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

197

"Caracol" y "La Santísima Virgen" fueron inmediatamente arrendadas a medieros locales 19• En Lampazos, 72 campesinos resultaron
agraciados con tierras de regadío y repartimiento de aguasw.
El plazo otorgado por la ley para su aplicación llegaba al 10 de
julio de 1914. Asimismo estipuló el pago al gobierno (de todo aquél
que arrendara este tipo de tierras) en 2 pesos por hectárea si era de regadío y 1 peso en caso de ser de temporal21• Un mes antes, el 17 de
mayo, Villarreal decretaba que quedaba "estrictamente prohibido exigir trabajos personales en compensación de deudas" 22• Sin embargo,
las características de la estructura rural y el rápido desmoranamiento
del gobierno radical carrancista, impidieron la aplicación extensiva de
tal medida.
La intervención de las fincas rústicas no revistió mayores problemas ya que la mayoría de sus dueños había decidido abandonarlas
en el transcurso del año anterior. La larga ausencia de los hacendados
provocó dificultades para los nuevos renteros. Las utilidades se retrasaron debido a la inversión de tiempo y trabajo en poner las tierras en
condiciones de producir nuevamente.
El estado que guardaban en septiembre las fmcas industriales agrícolas y urbanas intervenidas -según un documento presentado a
Villarreal-, hacía suponer que la mayoría de las tierras rendirían frutos a partir de marzo de 191523 • Lo producido hasta ese momento no
había ido a parar al fomento de la instrucción pública como se tenía
previsto, sino al sostenimiento de las jefaturas militares estacionadas
en los municipios24• La situación de las fmcas era desastrosa. El interventor y mayor Abraham Nuncio se quejaba en agosto de 1914 desde
el poblado de Galeana -uno de los municipios más extensos del
estado-, de no poder cobrar los impuestos correspondientes a las fincas de campo por encontrarse deshabitadas y olvidadas por sus
propietarios25 •
El ejército constitucionalista y la jefatura de armas establecidos
en los poblados del sur de Nuevo León absorbían, en el mes de septiembre de 1914, el 500/o de lo producido por las fincas incautadas26•
El desarticulado mecanismo hacendario continuó agotado durante 1914, debido a una importante huida de capitales y a la falta de garantías derivada de la política de incautación.
Un ejemplo lo encontramos en el municipio más acaudalado, donde
la recaudación municipal correspondiente a 1914 decayó en casi un 250/o

�198

Siglo XIX

con respecto al año inmediato anterior. La recaudación en Monterrey
atrajo en 1912, 582 118.84 pesos; en 1913, 583 628.46 y en 1914,
440 960.00. En los tres años mencionados, el impuesto a ventas y el
ramo de degüello representaron las partidas más codiciadas27 •
Y precisamente en Monterrey, la guillotina de la oficina cercenó
el acceso a las fincas pertenecientes a un reducido número de la clase
acomodada urbana, llegándose incluso a recluir en la prisión estatal
a 139 individuos, cuyos delitos se reducían a etiquetarlos como "colabores huertistas"28•
La prensa opositora también recibió un duro golpe. Las instalaciones de los periódicos El Noticiero y La Prensa fueron saqueadas y
clausuradas y encarcelados Federico Gómez y Oswaldo Sánchez, sus
directores29• El taller donde se editaba La Prensa era propiedad del exgobernador huertista, radicado entonces en San Antonio, Texas30• A
Salomé Botello, quien era la cabeza más visible del poder espurio, le
fue incautada también su residencia y ocho fundos mineros ubicados
tanto en su municipio natal de Villaldama como en el de Salinas
~ictoria31 • "La figura enemiga de más relieve en el estado"
-catalogación adjudicada al antiguo mandatario por el régimen
revolucionario-, sufrió la presión del nuevo gobierno para que regresara los fondos que extrajo del arca pública, a través de la confiscación de sus bienes personales y de hostilización hacia su familia. Su
tío Amulfo Botello fue encarcelado por varias semanas32 • Sin embargo, los fondos públicos exigidos a Botello por Villarreal nunca salieron de Monterrey: habían sido confiados, bajo pacto secreto, a los banqueros Milmo.

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La misma familia Milmo vio mermados sus intereses rústicos al
perder buena parte de la cosecha y varias docenas de cabezas de ganado vacuno de los ranchos San Patricio y El Alamo33 (propiedad de
Pudenciana Milmo, casada con un miembro de la realeza rusa y a la vez
cónsul del imperio en Monterrey: el príncipe Alberto Radziwill).
Los problemas ocasionados a las propiedades de los Milmo estuvieron estrechamente relacionados con levantamientos rurales; en especial durante el gobierno de Villarreal, por "atropellos" causados por
los jefes constitucionalistas instalados en esa zona.
Las quejas por daños causados durante 1914 a las haciendas y ranchos propiedad de extranjeros, por actividades derivadas del movimiento armado, no fueron pocas. El ciudadano norteamericano B. Hibler,
hacendado de Galeana, elevó su queja en octubre al consulado esta-

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

199

dounidense por daños hechos a su propiedad (denominada "Pablillos")
por fuerzas del general tamaulipeco Alberto Carrera Torres. De este
modo presionó al gobernador Antonio l. Villarreal, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, para que destinara fuerzas para cuidado exclusivo de su hacienda34 •
La zona de influencia de la familia Naranjo -de claras propensiones contrarrevolucionarias- arrojó una lista extensa de enemigos.
Entre las setenta y ocho personas que comprendía la lista, destacaban
-el empresario y terrateniente italiano Miguel Ferrara Volpe, por haber
ayudado de manera pecuniaria y facilitado su casa como fortín del extinto ejército federal, Fortunato Zuazua, alcalde de Lampazos entre
enero y mayo de 1914; Nemesio García Naranjo, quien llegó a colaborar al lado de Victoriano Huerta como ministro de Instrucción Pública; y su primo Francisco Naranjo, dirigente de las fuerzas irregulares
que defendieron el poblado ante la embestida carrancista y al que se
incautó la inmensa hacienda de Dolores35 •
La oficina dirigió su mira también hacia los miembros de la burguesía industrial. En especial a los Calderón Muguerza y GarzaMuguerza-Sada, debido a su aparente colaboración con el huertismo
a través del nombramiento de Enrique Gorostieta -consuegro de Francisco G. Sada y exsenador porfirista-, como ministro de Justicia y
posteriormente de Hacienda en el gabinete nacional. La oficina gubernamental de incautación no sólo se limitó a tomar la residencia urbana
de los Gorostieta: ocupó militarmente el 2 de mayo las instalaciones
de la cervecería más grande e importante de México, la Cuauhtémoc,
en la que se hizo cargo "de la existencia de cerveza y hielo que tenía
esta negociación (para) aplicar su producto al préstamo especial de
guerra" 36•
Temiendo el rumbo de la política revolucionaria, buena parte del
clan familiar decidió exiliarse a las ciudades de Austin y Houston, Texas. Colateralmente, no satisfecha con las incautaciones realizadas a
la familia empresarial, la Comisión Revolucionaria de Préstamos exigió a fines de abril de 1914 al empresario José Calderón, quien se encontraba en Houston, la suma de cien mil pesos37•
Ante el préstamo exigido por Villarreal, Calderón brindó una extensa explicación epistolar sobre la situación que enfrentaban los negocios, y en la que destacaba lo siguiente:
Debido a las circunstancias de hace tres años acá y en especial al último año, las pérdidas han sido importantes al grado de obligarnos a

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Siglo XIX

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abandonar los negocios y salir de nuestro país con nuestras familias.
Por otra parte, en Monterrey no hay dinero suficiente ni siquiera para las necesidades generales de la gente de trabajo, del comercio y
de las industrias, y como las comunicaciones están interrumpidas y
los Bancos han cerrado completamente las puertas a todo negocio de
crédito desde hace meses, no hallamos la manera de conseguir cantidades de dinero de ninguna consideración aún menores que la que
se me indica 38

como cuarto y último grupo enemigo de la causa -después de los
científicos-terratenientes, el clero y el ejército federal- a

En el mismo caso estuvieron los banqueros Rodolfo M. Garza y Lázaro N. Villarreal, accionistas del Banco de Nuevo León, a quienes se
les demandó un prestamo forzoso por orden directa de Carranza39•

El artículo quinto definía tres prototipos de adquisición fraudulenta
de tierras, representadas por dos familias oligárquicas mexicanas norteñas -los Corral, en el estado de Sonora, y los Creel y Terrazas, en
Chihuahua- y un gachupín* en el Valle de México: don lñigo Noriega, gran terrateniente residente en México por más de treinta años y
amigo íntimo del dictador Porfirio Díaz.

En fin, la política de intervención desarrollada por el carrancismo
radical de Antonio l. Villarreal, a partir de la caída de Monterrey en
abril de 1914, y el subsiguiente dominio de su vital enlace ferroviario,
proporcionaron nuevas ocasiones de peculado y corrupción tanto a jefes militares como a los administradores de ferrocarriles.
Los desmanes que ocasionaban los jefes militares interventores en
zonas alejadas de la capital, y la impunidad con que manejaban su autoridad personal, ofreció una total falta de seguridad: obligó a los comerciantes, mineros y hacendados que aún quedaban a huir fuera del
estado, principalmente a los Estados Unidos. El resto, propició la defensa de sus intereses -y de su propia vida-y generó con esto el cacicazgo militar y la corrupción.
La centralización de los recursos financieros por parte del aparato
estatal cambió los papeles de un gobierno que se perfilaba como gestor
directo de la economía, por sus más tradicionales funciones de sim¡1le
recaudador de "contribuciones extraordinarias".

El criterio fundamental de la intervención fue guiado por una justificación totalmente política: se afectó a los enemigos de la causa, no
a los representantes de una clase. Aunque los enemigos de la causa tendieron, por lo general, a coincidir con los grandes industriales, comerciantes y hacendados porfirianos de Nuevo León.
EL CONSTITUCIONAUSMO Y LOS ESPAl'lOLES
Hubo, contra lo que regularmente plantea la actual historio.grafía de
la revolución, una sola colonia extranjera que fue definida como contrarrevolucionaria y non grata a los principios de la sedición. En la ampliación del decreto de mayo de 1913, el constitucionalismo incluyó un
rencor histórico nunca saldado, en su totalidad en México, al definir

...los españoles que hayan cooperado directamente en el establecimiento y sostenimiento de las dictaduras porfüiana y huertista, y en consecuencia han incurrido en la pena de confiscación a que se refiere
esta ley40•

Así pues los españoles pasaron -de la noche a la mañana- a ser
la única colonia extranjera definida como enemiga de los principios
revolucionarios.
Durante el auge del levantamiento en el norte, el perfil contrarrevolucionario del gachupín definió rápidamente sus rasgos característicos en la ideología revolucionaria. Para esos momentos era ya del dominio público la total antipatía que despertaban los rebeldes en la clase
acomodada española afincada en México. El proyecto de ley anterior,
pues, sólo se orientó contra las imprudencias cometidas durante la dictadura y la restauración por miembros prominentes de la colonia
española.
Fieles a la preferencia que recibieron durante el dilatado período
dictatorial de Díaz, los españoles prominentes empezaron a erosionar
el tímido poder del grupo revolucionario que derrocó a Díaz en mayo
de 1911. En el norte, Federico Sisniega, vicecónsul de España en Chihuahua y yerno del todopoderoso cacique Luis Terrazas, financió económicamente la rebelión de mayor calibre que sufrió el fugaz período
de Francisco l. Madero -1911-1913-41 •
En Yucatán el vicecónsul español de Mérida Rogelio Suárez notardó en definir su postura antirrevolucionaria al aliarse a la oligarquía
henequenera como fiel yerno de don Olegario Molina, exgobernador
y de los últimos ministros de Fomento de la dictadura42•

• Adjetivo despectivo que se da en México al espaftol peninsular y que remonta su origen al grito del populacho "mueran los gachupines", en la etapa crítica de la guerra
de Independencia (1810-1821). OFr.

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Siglo XIX

Las innumerables protestas de los revolucionarios contra la impunidad con la que se cubrían los diversos diplomáticos espafioles a lo
largo y ancho de la república, para así poder actuar contra los principios revolucionarios, quedó documentada en el archivo del Ministerio
de Asuntos Exteriores en Madrid.
Este tejido socioeconómico que había labrado a veces ostentosamente la colonia espafiola a lo largo de décadas en el seno de de la sociedad mexicana, estalló violentamente ante la represión dirigida y generalizada que realizó en algunas regiones ·el movimiento armado.
Pero la gota que derramó el vaso y desató la represión fueron dos
hechos claves e imprudentes acontecidos en febrero de 1913.
El primero de allos sucedió durante los días anteriores a la decena
trágica -9 a 18 de febrero- que culminó con el derrocamiento del
primer gobierno revolucionario. En esa ocasión, el ministro plenipotenciario de S.M. en México Bernardo de Cólogan y Cólogan, acudió
a Palacio Nacional -a petición del siniestro embajador norteamericano Henry Lane Wilson-, a pedir la renuncia del presidente arguyendo su incapacidad para ocupar tal cargo. Si bien Francisco l. Madero
enfadado le comunicó a Cólogan que su actitud era de intromisión en
la política interna del país, vaticinó su destino y afirmó que sólo saldría de la presidencia una vez muerto43 • El encuentro tuvo una gran
difusión en los periódicos al día siguiente.
El golpe de Huerta como jefe del Ejército no tardó en hacerse efectivo. La muerte de Madero y el establecimiento del estado castrense
condujeron al segundo de los hechos imprudentes. Las organizaciones
espaíiolas de mayor prestigio en la ciudad de México -destacando entre ellas el Casino Espafiol-, reconocieron en una ceremonia ostentosa la calidad de miembros honoríficos de sus respectivas agrupaciones
a los autores materiales del golpe44 •
La suerte quedó echada. Los primeros intereses espafioles que fueron af~ados estaban en el norte, en tanto las fuerzas constitucionalistas avanzaban ganando terreno en la guerra contra uno de los regimenes más imponentes en equipo, pertrechos y armamento militar que
haya tenido el país.
Si bien la represión más enérgica hacia la colonia hispana tuvo lugar en la zona ocupada por la División del Norte -comandada por
Francisco Villa- de donde fueron exulsados más de mil españoles hacia la ciudad texana de El Paso, en el noreste y en especial en Monte-

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

203

rrey la inseguridad para los intereses ibéricos no cesó de acrecentarse.
Ante el incontenible avance de las tropas constitucionalistas, la colonia espafiola en Monterrey tomó algunas medidas preventivas. En
abril de 1913, el vicecónsul en esa ciudad José Pío Lagüera, connotado empresario y miembro de la burguesía industrial, comunicaba a Cólogan la conveniencia de armarse ante un "remoto ataque a Monterrey", así como de recoger en ese consulado "a cuanto extranjero desee refugiarse"45 •
Dos meses después salió de Monterrey, ante la gravedad de la situación, el primer grupo de repatriados. Los pasajes de cuarenta adultos y veinte niños que partieron rumbo a La Habana (por ferrocarril
al puerto de Tampico, y posterior embarque a Veracruz), fueron financiados por el presidente del Consejo de Administración de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, el espafiol Adolfo Prieto, a
través del agente comercial de la siderúrgica (Mr. Quiyle) radicado en
Brownsville, Texas46•
Ya los gobiernos alemán e italiano habían tomado la precaución
de facilitar recursos a sus nacionales en caso de que consideraran prudente salir del país47 •
LAS INCAUTACIONES A ESPAÑOLES EN EL NORESTE
El 29 de abril de 1914, Pío Lagüera enviaba -ante la situación de incomunicación de la ciudad de México- un telegrama cifrado al embajador espafiol en Washington, Juan Riaño, en el que reconstruía la situación política en la capital de Nuevo León.
Anunciaba la entrada de la revolución a Monterrey-27 de abrilY las entrevistas que sostuvo, en defensa de los intereses de la colonia,

con el alto mando militar del ejército del noreste.
Hasta ahora somos respetados. Se han marchado algunos (espaiíoles,
OF1) por propio acuerdo: solo muy pocos lo han hecho ... hay señales evidentes de buena voluntad y real amistad hacia la población de
todas las naciones. Los generales Pablo González y Antonio l. Villarreal y sus oficiales, toman profundo interés en mantener el buen orden y el establecimiento de un gobierno libre y constitucional48•

En esencia, el reporte de Lagüera contrastaba bruscamente con lo acontecido a los españoles y sus representantes diplomáticos en las demás
regiones del norte.

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En Chihuahua, controlada por los villistas desde principios de 1914,
el vicecónsul Federico Sisniega había huido en época temprana ante
el incontenible avance de la sedición. Las tropas revolucionarias, tras
su entrada triunfal a la capital del estado, decidieron entre sus primeras medidas la expulsión de todos los espafioles, sin distinción alguna.
Sisniega fue buscado en el interior del viceconsulado, y violada la extraterritorialidad a pesar del cónsul inglés, bajo cuya custodia quedaron las vidas e intereses ibéricos49•
Para nadie era desconocido que buena parte de los españoles participó efectivamente en los asuntos políticos internos, proporcionó préstamos al régimen de Huerta y trabajó como espía del gobierno
castrense50•
En Torreón, Coahuila, Villa expulsó al vicecónsul Fabián Grandizo, que dejó el archivo de la legación en manos del cónsul inglés. Grandizo había aceptado el cargo ante la huida de Policarpo Suso, su antecesor y rico propietario agrícola de Matamoross 1•
En la villa del mismo nombre, perteneciente al estado de Tamaulipas,
el vicecónsul Germán Arámburu huyó a la ciudad de Brownsville en
abril de 1913, junto con otros españoles ahi residentess2 •
Igualmente el consulado de ciudad Victoria quedó vacante ante
la fuga de su encargado, quien escribió a Cólogan desde Brownsville
que estaba "huyendo de los horrores de la guerra". En este viceconsulado irrumpió una parte de la tropa del ejército revolucionario. Rompieron puertas, arriaron la bandera y la pisotearon, haciéndola pedazos. Su titular, el señor Quintana, fue capturado y acusado de traidor,
y amenazado de ser pasado por las armas. Sin embargo, para su fortuna, logró escapar y llegar con algunos magullones a la frontera
norteamericanas3•
En Tampico, el vicecónsul de mayor antigüedad -25 aiios- y octogenario Angel Trápaga, se vio precisado a renunciar a ese cargo honorario debido a que había llegado a ser objeto de continuas presiones
y préstamos forzosos por rebeldes que tomaron la plazaS4.
En Nuevo León, para fines de 1914, Pío Lagüera sostenía el único
viceconsulado espafiol en el norte que no se había quedado vacante ni
practicado cambios súbitos en el personal. Inclusive había llegado a
instrumentar una política hábil, de acercamiento al gobierno constitucionalista local.

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

205

En su informe a Riafio, durante la ocupación de la Convención,
Lagüera establecía un saldo favorable para el período carrancista que
acababa de terminar:
Los últimos meses del Gobierno Constitucionalista en este Estado,
se marcaron perfectamente con una política amplia y de verdadera
atracción hacia los españoles. El general Villarreal atendió satisfactoriamente todas mis quejas ... Entre estos actos de justicia están la
libertad que concedió a los señores Somohano y Rivero, después de
una larga prisión... En los primeros
de noviembre conseguí se
levantase la intervención de las haciendas del señor don Pedro Barna
Trueba, que radica en San Luis Potosí y cuyas haciendas están ubicadas en este Estadoss.

días

A pesar de la destreza diplomática que caracterizó a Lagüera, el constitucionalismo confiscó y en ocasiones saqueó innumerables negocios,
cuyas ganancias fueron de importancia vital para el sostenimiento de
la lucha.
Entre los afectados que conformaban parte de la burguesía regiomontana destacaron los Mendirichaga-Hernández, los Maiz y los
Rivero.
Ante la inseguridad que provocó la toma de Monterrey por los rebeldes, la familia Mendirichaga-Hernández elaboró y presentó un inventario de sus bienes en la ciudad a la embajada de Espafia en
Washingtons6 • Igual actitud asumieron los comerciantes Ruiz y García, el 8 de mayo de 191457 • La razón social Hernández Hermanos
también pidió protección a Riafio, el 2 de mayo, contra la exigencia
de los constitucionalistas de 200 000 pesos oros8 •
El 28 de agosto la familia Maiz se quejaba que, en sus haciendas
de Coahuila, la tropa de Carranza dispuso forzosamente de 15 mil cabezas de ganado cabríos9 • Tres meses antes, el hijo del ex-vicecónsul
Valentín Rivero, reclamaba a Madrid, vía Washington, el encarcelamiento arbitrario del que fue objeto hasta que entregó 200 000 pesos&amp;.
Si bien las causas que originaron la represión no están del todo
esclarecidas, debido a que es improbable que tuvieran en sus casos alguna relación directa con el sostenimiento del estado castrense, hubo
otra familia de prósperos empresarios y terratenientes que vieron mermar buena parte de su riqueza. Fueron Francisco y Joaquín Armendaiz, empresarios industriales de primer calibre en Monterrey, que sufrieron serias devastaciones en un imperio empresarial que abarcaba
todo el noreste del país.

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Siglo XIX

Las reclamaciones arrancan con el afianzamiento de los constitucionalistas en el noreste. Ya para el 23 de diciembre de 1913, Francisco
Armendaiz se mostraba previsor del saqueo y confiscaciones de que
fueron objeto las haciendas vecinas. En aquella ocasión solicitó la intervención de la embajada española en Washington para que le fuera
concedido permiso para pasar ganado allende el Bravo: ochocientas
cabezas de ganado vacuno, mil de ganado caballar y mular y trece mil
de ganado menor fueron rechazados al ingresar en territorio norteamericano por el gobierno de Wilson61 •
Ante el avance de las fuerzas constitucionalistas sus propiedades
y negocios ubicados en Tamaulipas fueron afectados. En Matamoros,
para principios de 1914, los rebeldes tomaron posesión de las lineas
de tranvías de su propiedad, pasando la administración y ganancias
al ejército de Carranza. La despepitadora de algodón fue incautada
con grandes destrozos. La propiedad Potrero de Santa Cruz y fincas
anexas pasaron a poder de los insurrectos, así como las bodegas de cueros de res, pieles de lana y cerda por un valor de nueve mil pesos. La
casa de comercio Francisco Armendaiz y Compañía fue tomada como
cuartel; todas sus fincas y propiedades urbanas pasaron a ser administradas por los revolucionarios, entendiéndose estos últimos directamente
con los inquilinos. Finalmente, se registraron graves daños en el rancho San Francisco.
En Nuevo León le fue expropiada la Hacienda Concepción con todas las mercancías existentes en su tienda, carros, carretas, coches con
sus mulas, guarniciones y demás aparejos; tomaron el maíz de dos cosechas, 160 mulas y todos los bueyes, 1 400 cajas de alcohol y amenazaron con quemar la finca si no contribuía con pesos oro. Del rancho
El Canelo los constitucionalistas sustrajeron más de dos mil reses -de
las cuales más tarde recuperaron 543 en el lado norteamericano- y
todos los caballos.
En Monterrey la sucursal de su casa comercial fue saqueada y salvada del fuego por la entrega de 25 000 pesos. Durante la toma de la
ciudad un carro de ferrocarril lleno de cueros fue incendiado.
En Coahuila sus propiedades rurales no escaparon a la represión
carrancista y villista. La finca Sierra del Pino fue cotizada para un impuesto forzoso en seis mil pesos; en ella fueron incautados todos los
caballos de trabajo -indispensables para la caballería
constitucionalista-, el ganado mayor fue tomado para alimentar a la
tropa y dispusieron de los carros y mulas de la propiedad. En los ranchos conocidos como Cerro Blanco fue a la administración villista a

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

207

la que le correspondió ejecutar las acciones confiscatorias. De allí fueron incautadas diez mil cabezas de carnero y el administrador Rodríguez huyó ante la amenaza de ser pasado por las armas.
LA DIPLOMACIA ESPAÑOLA ANIE EL CONSITI1JCIONALISMO.
LOS AGENTES CONFIDENCIALES
Las innumerables quejas de los españoles residentes en México a su
embajada en Washington respondían a la idea generalizada sobre el
alto grado de poder de persuasión que ejercía la Casa Blanca sobre los
alzados. De este modo los norteamericanos canalizaban -a través de
sus diplomáticos en México- la mayoría de las reclamaciones de las
potencias europeas.
Para marzo de 1914 Carranza puso coto a esta situación. En una
carta dirigida al cónsul norteamericano en Nogales 1 Chihuahua, desautorizó a éstos a seguir ejerciendo de intermediarios de las demás naciones, por lo que les exigió a todos los gobiernos extranjeros se entendieran directamene con él en aquellos asuntos que afectaran a sus nacionales, aceptando de este modo tener a su lado -en calidad de Comandante en jefe del Ejército Constitucionalista- representantes
extraoficiales62 •
Así, las potencias interesadas en entrar en tratos con Carranza, se
vieron obligadas a crear un nuevo tipo de representantes diplomáticos,
el "agente confidencial", que sin ser propiamente un diplomático de
carrera, iba a México a llenar de hecho sus mismas funciones, sin que
para ello fuera necesario un reconocimiento de jure, sólo de facto63•
De inmediato, R.iaño recibió órdenes del ministro de Asuntos Exteriores en Madrid, conde de Lema, para buscar la anuencia de Washington en el envío de un agente confidencial español cerca de
Carranza64•
El nombramiento recayó en Manuel Walls, primer secretario de
la embajada de España en Washington, quien salió rumbo a México
a mediados de junio; el día 20 llegaba a El Paso, Texas, y para el 28
se presentó en Monterrey ante Carranza.
En esta primera entrevista, Carranza describió elocuentemente el
perfil contrarrevolucionario de los españoles en México. Le dijo a Walls
que muchos de sus connacionales ...
se habían puesto abiertamente en contra de la causa constitucionalis-

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Siglo XIX

y que tal injerencia era de necesidad castigarla, habiendo, sin embargo como en tantos casos ocurre, pagado muchos justos por
pecadores65 •

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La misión conciliadora de Walls fue bien acogida. Walls permaneció al igual que Silliman -agente confidencial norteamericano- al
lado de Carranza hasta su entrada triunfal en México meses después.
Desde su primer día en Monterrey, Walls atrajo la atención delgabinete carrancista. Su arribo tuvo gran significación política debido a
que España fue la primera nación europea que reconoció tácitamente
al constitucionalismo como la facción armada más representativa de
la contienda.
La cercanía de Walls al Primer Jefe y su habilidad díplomática no
tardaron en brindar sus primeros frutos. Para el 6 de agosto, Walls
ya había logrado recrear un ambiente de confraternidad entre el elemento revolucionario y la colonia, al organizar un almuerzo -en la
finca de uno de los empresarios españoles más connotados- con la
asistencia de sesenta compatriotas, además del gobernador Antonio l.
Villarreal y el ministro Luis Cabrera66•
El periódico La Revolución transcribió la oratoria de Cabrera y
Villarreal. Mientras Cabrera rechazaba la idea de que la revolución se
hubiera manífestado contra España, Villarreal, dejando a un lado "los
errores de la colonización'', ensalzó a la colonia hispana como modelo
de "laboriosidad y honradez". La reunión terminó con fuertes aplausos y vivas a España y a México67 •
Más tarde, el 15 de agosto, Walls volvió a entrevistarse con Carranza. En esa ocasión llevó la representación de los hermanos Armendaiz, intercedíendo en su nombre para la devolución de las propiedades confiscadas en Tamaulipas, Nuevo León, Durango y Coahuila. La
respuesta favorable a sus demandas llegó diez días después, cuando Carranza dio órdenes a las autoridades respectivas para la devolución de
gran parte de las propiedades incautadas68 •
De esta manera el gobierno español desarrolló a pasos forzados
-a diferencia de otros estados europeos- un complejo sistema de agentes confidenciales al lado de los principales jefes revolucionarios.
Madrid se mostró considerablemente tolerante ante las constantes
fricciones que se suscitaron con sus nacionales durante la etapa más
violenta de la revolución. La expulsión de los ministros Cólogan en
julio de 1914 y de José Caro en febrero de 1915, por órdenes directas

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

209

de Carranza, no hicieron cambiar la política de acercamiento hacia los
constitucionalistas. Esto se debió principalmente a que la colonia española era la más numerosa en México, ya que contaba con cerca de
40 mil individuos. Asimismo, la dispersión de sus miembros en todos
los rincones del país -el 40% se encontraba concentrado en la ciudad
de México y alrededores- y el alto grado de integración en la sociedad
mexicana, hacían de ella un entretejido por demás complejo que díficultaba una efectiva labor diplomática en defensa de sus intereses.
Por otra parte, la monarquía constitucional de Alfonso XIII tuvo
que enfrentar la propia presión interna, que pedía por un lado un mayor acercamiento a países hermanos bajo la vieja idea de la hispanídad
y, por otra, mano dura contra las vejaciones de las que eran objeto
los iberos radicados en México.
Sin embargo, la posibilidad de utilización de esta segunda opción
se estrellaba en un muro sólido. Lo conformaban: la limitada capacidad de sus fuerzas militares para poder llevar a cabo tan magna empresa después del desastre de 1898; la imposibilidad de establecer un
acuerdo conjunto con las demás potencias europeas -involucradas en
el asunto de México- debido a la contienda iniciada precisamente en
1914; y finalmente la tutela de Washington, que limitó sobremanera
todo posible intento de injerencia armada de cualquier potencia europea o asiática en México que, por este método, quisiera apoyar sus
reclamaciones.
En Madrid se pensó seriamente entre 1914 y 1915 en la posibilidad
de ocupar el puerto de Tampico o Veracruz bajo la anuencia de Washington. El mismo Walls había abierto la puerta prematuramente en
uno de sus informes referente al mal trato dado a los peninsulares. En
un comunicado a Riaño fechado en Monterrey declaraba:
Creo que estos momentos son de suma gravedad para España. Los
españoles han sido tratados con saña y desprecio... El nombre de España ha descendido en consideración y respeto (prescindamos en absoluto del supuesto amor a la Madre patria) pero la consideración
que las naciones se deben unas a otras ha cesado aquí con respecto
a España. Es pues imprescindible, si nuestra influencia en América
queremos que subsista, que nuestra reinvindicación sea completa. No
se nos podrá achacar impaciencia: nuestra paciencia ha rayado en humillación. Debemos procurar la demanda en tonos sinceramente amistosos, pero dada la gente que ha encabezado y dirige este movimiento revolucionario hay que confiar poco de palabras y promesas, y quizá
no estuviera de más la presencia en Tampico de una fuerza naval y
militar suficiente para ocupar el puerto si las circunstancias aconse-

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Siglo XIX

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

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jaran a echar mano de este recurso de derecho internacional, apoyara la reclamación diplomática en pro de los cuantiosos intereses de
nuestros nacionales tan gravemente atropellados. Este acto serviría
de provechosa lección tanto a esta República como a otras de este
Continente donde los intereses de nuestros nacionales pueden estar
a punto de pasar por iguales procedimientos si quedan impunes los
cometidos aquí69•

y aisladas. Para ellos fue imprescindible siempre su aceptación, por la
parte contraria, como una organización consciente de su papel de clase social. Su dominio decisivo en la economía y su habilidad política,
perfiló a la Cámara de Comercio como un organismo capaz de llenar
los vacíos de poder que se avecinaban. Su solidez y sobrevivencia a la
etapa revolucionaria radicó en estas premisas.

Por supuesto esto nunca se realizó. Y, de haberse hecho, la situación
de los españoles en México hubiera empeorado irremediablemente. Por
lo que la única salida fue manejarse a través de innumerables vicecónsules honorarios en todo el país -28 en total-; crear dos consulados
más de carrera -Torreón y Mazatlán aparte de los ya existentes en
México y Veracruz-; y enviar agentes confidenciales al lado de Carranza, Villa y la Convención70 •

Y así actuó, no como una institución en decadencia y caduca, sino
como un jugador que está consciente de tener el "as" bajo la manga.

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Conforme el constitucionalismo fue afianzándose -nunca del
todo- en el territorio nacional, las relaciones entre ambos países mejoraron. Ya para julio de 1916, en Madrid se aceptó a Juan Sánchez
Azcona como nuevo ministro de México en España, y las reclamaciones (aunque no fueron satisfechas del todo) tuvieron en él un interlocutor hábil y meticuloso.
EL CARRANCISMO RADICAL Y LA BURGUESIA
DE MONTERREY
Po~ doquier en Nuevo León, los últimos restos del antiguo orden y del
antiguo progreso se desvanecían, y los revolucionarios se precipitaban
a ocupar su lugar. En Monterrey, a la burguesía industrial no le quedó
otra que aceptar el notable cambio que se registraba a su alrededor.
El gobierno estatal carrancista se encontró bien plantado y aparentemente no tenía -a partir de abril de 1914- grupo militar opositor de
consideración.
. De .1~ noche a 1~ mafiana, las nuevas cabezas visibles del poder eran
Jefes militares estacionados en la región, que repentinamente adquirieron un peso decisivo en las transacciones económicas locales. El control de fletes y circulación de mercancías por parte del gobierno revolucionario, permitió influir en suministros y precios para favorecer a
ciertos grupos económicos y perjudicar a otros. Por lo tanto, la necesidad de establecer un vínculo por parte de los empresarios citadinos con
el gobierno carrancista se tornó más que indispensable. El vehículo fue
la Cámara Nacional de Comercio. (CANACOM). Con esto la burgues~a regiomontana se presentaba como un todo homogéneo y sin escisiones. Los empresarios casi nunca recibieron prebendas individuales

Después de los combates de abril -fecha en que los carrancistas
tomaron la ciudad- los socios de la Cámara compartieron reuniones
intensas, de las que surgió la actitud generalizada de colaborar con el
gobierno constituído, e iniciar las gestiones necesarias para recobrar
la fuerza adquirida durante el régimen anterior. La primera petición
a las autoridades se vinculó precisamente al intento de reforzarse como clase, condición que se había visto relativamente mermada con la
migración de algunos de sus miembros. En mayo el presidente de la
CANACOM, Jesús Ferrara, gestionó con relativo éxito el permiso de
regreso "con toda clase de garantías" a los que se encontraban en Estados Unidos71• La segunda prueba de fuego -por cierto no muy
halagadora- se les presentó días después.
A fines de ese mes, el varón de Cuatro Ciénegas arribó a Monterrey para hospedarse en la casa incautada a Eugenio F. Castillón, uno
de los máximos acaparadores del espacio urbano. La Cámara Nacional de Comercio no desaprovechó la ocasión de manifestar su más incondicional apoyo al futuro mandatario nacional. Para ello, Venustiano Carranza fue invitado a una comida ofrecida en su honor en la
quinta de José Calderón, el dos de junio. El jefe máximo se presentó
puntual a la cita compañado del gobernador militar.
La oratoria siempre fue un arte dominado por los miembros de
la Cámara, por lo que las frases de bienvenida y augurios del próximo
triunfo de las fuerzas constitucionalistas plagaron las atmósfera de la
selectiva reunión. Acto seguido, la palabra fue cedida por el presidente de la Cámara a Carranza, quien se había mantenido sereno e inconmovible en su asiento, sólo observando detenidamente uno a uno a los
expresivos oradores que aseguraban la legitimidad del movimiento
armado.
El jefe máximo de la revolución, cuyas características más visibles
eran la cabellera entrecana y la indumentaria militar caqui, contrastaba al levantarse de su asiento con la levita almidonada de los nego-

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Siglo XIX

dantes citadinos. Aunque a los empresarios les pareció una eternidad,
su discurso fue verdaderamente áspero y corto. Las facciones de los
asistentes cambiaron de una manera violenta. Aparentemente molesto
por la actitud manifestada, Carranza se pronunció contra todos aquellos anti-revolucionarios que "fueran quienes fueran, tendrían que caer
bajo la sanción de la ley y de la justicia" , ya que por participar "directa e indirectamente" en el régimen emanado del "cuartelazo de febrero", lo pagaáan -aseguró- "aún con su propia vida" 72•
En la culminación de su exposición y antes de retirarse abruptamente de aquel lugar, Carranza subrayó que los "banquetes en su
honor" no torcerían la política expresada73 •
La rudeza del trato recibido marcó un ligero distanciamiento que
regiría de ahí en adelante entre industriales y gobierno durante el mandato de Antonio l. Villarreal.
El 11 de junio el nuevo presidente de la Cámara, Constantino de
Tárnava, se presentó ante el general Pablo González Garza para recibir el mismo gesto. La fricción con las autoridades militares tenia fundamento en las innumerables quejas de la población: denunciaba el
aumento "en demasía y sin haber motivo para ello" -a juicio del mismo González Garza-, de los precios de los artículos de primera necesidad despachados en las casas comerciales de C. Holck, Juan Cram
y José Calderón y Cía. Las dos primeras eran propiedad respectivamente de los ciudadanos alemanes Paul Buchard -excónsul del
Imperio- y Adolfo Scheford75 •
Ya el 4 de junio la administración Carrancista había emitido un
decreto contra los acaparadores76• En esa ocasión se descubrió y se
multó a algunos comerciantes por esconder los artículos y permitir el
alza inmoderada de los precios. Antonio l. Villarreal fijó un precio máximo para cada producto "so pena de infraccionar" su
incumplimienton .
Villarreal hizo pública también una disposición para que se pusieran inmediatamente a la venta los productos disponibles en bodegas,
a un precio máximo estipulado por el gobierno. En un ámbito más amplio, González Garza había prohibido desde el 23 de mayo la exportación de ganado de todas las clases por las aduanas de Nuevo León,
Coahuila y Tamaulipas78•
La queja de los &lt;;omerciantes no se hizo esperar. Justificaron el
aumento de los precios por la inundación de billetes constitucionalis-

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

213

tas (que mantenían un valor más bajo que los de banco o la plata acuñada) los cuales tenían forzosamente que retribuir "un premio más
o menos alto" que llegaba hasta un 20%79• Por otra parte, el rumor
de la falsificación del circulante contribuia a "disminuir la buena aceptación de los billetes de que se trata -comentaba un prestigiado
empresario-, con resultados bien desfavorables para el comercio e industrias locales"8().
La escasez de moneda fraccionaria también repercutió en los negocios de menor envergadura pero dedicados al consumo masivo, como molinos para nixtamal. El 24 de septiembre, los comerciantes del
ramo se quejaron por la falta de circulación de monedas de uno y dos
centavos, las cuales eran utilizadas tanto por el vendedor como por el
consumidor en transacciones al menudeo. La falta de "feria chica"
-debido a que la úníca que circulaba con fluidez era la de cinco
centavos-, amenazaba con provocar un colapso en este tipo de negocios. La salida más viable aceptada por el gobernador fue la autorización para producir vales por esas mismas cantidades -uno y dos
centavos-, resellados previamente por la presidencia municipal, a fin
de controlar la emisión de un máximo de cien pesos81•
Sin embargo, la CANACOM continuaba con el control de toda
transacción comercial e informaba constantemente al aparato público
de las existencias de los productos de primera necesidad en la ciudad.
En caso de urgencia, siempre buscó la intervención del gobierno para
facilitar el acceso a las zonas productoras, que en ocasiones quedaban
incomunicadas por la anarquía existente en el país. El 25 de noviembre
la Cámara solicitó a Villarreal tomar las medidas necesarias para aliviar la escasez de algunos artículos indispensables. Argumentaba no
sólo la desarticulación de las zonas cerealeras, sino el caos monetario
surgido por la circulación de billetes emitidos por los diferentes grupos
en pugna82 •
La colaboración entre el empresariado y el gobierno revolucionario a través de la CANACOM no se limitó a facilitar el acceso a los
productos básicos, incluyendo a las "clases menesterosas"; también
existió un claro apoyo al ejército constitucionalista por parte de algunas empresas. Este fue el caso de la Compañía Fundidora de Fierro
y Acero de Monterrey, la cual asesoró y prestó sus instalaciones al mayor Daniel Mariñelarena -enviado personal de Carranza-, en la fabricación de "unos aparatos lanza bombas, para emplearlos en las Divisiones Constitucionalistas' ' 83•
Durante este período, las actividades económicas siguieron regís-

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41

Siglo XIX

215

trando serias dificultades para su buena marcha, coartando en algunas
ocasiones tendencias de expansión proyectadas durante el régimen
castrense.

~casez_~ inflación en el precio de los artículos de primera necesidad,
mes!ab1hdad de la moneda, interrupción del comercio nacional e interregional, entre otros.

Un ejemplo fue la caída brutal de la producción de la Fábrica de
Cementos Hidalgo, que se encontraba en plena expansión a principios
de 1913. En el momento en que Victoriano Huerta se colocó en la silla
presidencial, la compañía aumentó su capital social en medio millón
de pesos84• Al mismo tiempo desembolsó en la compra e instalación
de maquinaria alemana. Esta última tenía como fuente de energía el
"gas pobre" producido por carbón proveniente de los minerales de Sabinas, Coahuila85 •

LA POLITICA DE INCAUTACION, UN ROTUNDO FRACASO

Pero los dolores de cabeza empezaron para los accionistas que se
atrevieron a implementar el proyecto de expansión y modernización
de la fábrica en un momento tan crítico. A mediados de 1914 la instalación de los implementos comprados y entregados desde Europa quedó
trunca. Las causas fueron varias: la dispersión de los peritos alemanes
encargados de esta labor a causa de la guerra existente tanto en el viejo
continente como en el país; la interrupción del servicio de ferrocarriles provenientes de la región carbonífera y del puerto de Tampico de donde procedia el petróleo crudo utilizado en la quema de la materia prima para la obtención del cemento-; y la desarticulación de los
mercados ubicados al norte de Torreón86•

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Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

La pésima planeación de los administrativos redundó en una catastrófica paralización del proceso productivo del que se expulsó a casi
doscientos trabajadores. El gobierno revolucionario exigió la reanudación de las labores bajo amenazas de intervenir la compaíiía. Ante
la negativa de los accionistas, el gobierno procedió a cumplir su amenaza el 5 de cotubre de 191487•

De los problemas más urgentes para el gobierno carrancista, indudablemente destacaron los de orden económico. El efímero gobierno
de Villarreal se esforzó por mantener un precario equilibrio entre el
control gubernamental de la economía para fines políticos y de ingresos, y el incentivo a su regeneración, que daría bases para los beneficios socioeconómicos prometidos por la ideología del
constitucionalismo.
Pero la puesta en práctica de la reorganización de la economía en
Nuevo León se vió frustrada por los problemas generales del período:

Tanto la guerra como la política intervencionista y anticlerical de las
autoridades carrancistas dañaron seriamente no sólo la economía de
Nuevo León, sino la estabilidad social en sus fibras más sensibles. La
pretendida modificación de la estructura social por Antonio l. Villarreal pronto demostró lo inadecuado de su estrategia, diseñada en el
vapor de la efervescencia por el triunfo y el fanatismo liberal del grupo
en el poder.
La marcha atrás fue inevitable. La desarticulación entre las diferentes zonas del estado y la pérdida de irradiación de poder por parte
de la capital hacia ellas, terminó por consolidar un proceso nacido durante la jefatura del gobierno huertista.
Las autoridades militares encargadas de incautar las fincas rústicas se apropiaron de las antiguas haciendas, despreocupándose por la
planeación de las cosechas y por la liberación de los peones.
Los interventores oficiales se mezclaron y compartieron intereses
con los caciques y hacendados porfiristas, permaneciendo imperturbables y al margen del ligero reacomodo político que experimentó el agro
nuevoleonés . La ineficiencia de la mayoría de los personajes encargados de hacer producir las propiedades que se encontraban bajo la órbita del Estado, provocó un colapso en la economía y una falta de credibilidad hacia los carrancistas como nuevas cabezas visibles del poder.
Los efectos no se dejaron esperar. En primer lugar, se secaron los
canales de captación de impuestos debido a que los dueños de las tierras y fábricas decomisadas se negaron a proporcionarlos. En segundo
término, si bien la producción agrícola se trató de impulsar a través
del arrendamiento de la propiedad a campesinos desposeídos, estos se
toparon rápidamente con dificultades: falta de instrumentos de trabajo adecuados, de semovientes, accesibilidad a los centros de comercialización para sus productos.
En noviembre de 1914, la Cámara de Comercio se quejó por la
incapacidad gubernamental para hacer frente a la problemática agrícola. En un detallado informe sobre los artículos de primera necesidad, se ponía énfasis en la "existencia casi nula" de frijol (el cual po-

�216

-,

Siglo XIX

día ser traído solamente, a juicio de los comerciantes, de áreas inc~municadas del sur de San Luis Potosí y Durango). En cuanto al maIZ,
era casi inexistente en Monterrey, pero se consideraba suficiente para
el consumo de dos meses -en algunos puntos del estado-. La harina
escaseaba por la inseguridad en las zonas productoras de trigo. Finalmente el informe aseguraba que el piloncillo como "sustituto del azúcar", ~taba en peligro de agotarse por la paralización de buena parte
de las moliendas88 •

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Ante el fracaso, la administración carrancista intentó vanamente, en
diciembre, readecuar su política intervencionista.
El retorno de algunas negociaciones a sus anteriores dueños, cambió la política inicial del gobierno de Antonio l. Villarreal con respecto a la propiedad privada. En algunas, como fue el caso de Cervecería
Cuauhtémoc, las presiones externas jugaron un papel no del todo aclarado todavía. El clan familiar tuvo que ir a radicar a Texas por miedo
a las represalias, pero de ningún modo tomó una actitud pasiva ante
los hechos consumados. El hijo de J.M. Schneider -accionista norteamericano de la cervecera-, se quejó ante las autoridades estadounidenses por el ataque sufrido a sus intereses. De esta manera, presionó al gobierno norteamericano para que enviara una reclamación sobre las posibles consecuencias que acarrearían el sostenimiento de este
tipo de prácticas contra propiedades ligadas al capital
norteamericano89•
Pero este factor -como determinante en la devolución de la compañía- pareció estar estrechamente ligado con el tipo de administración que se había implantado en Cervecería, que vislumbró la obtención de numerario a un plazo mediato para el sostenimiento del poder
público y militar. Por ambas razones, la decisión de regresar la fábrica
a sus dueños se tomó el 5 de diciembre de 1914, después de siete meses
de administración revolucionaria90•
Cuatro días después la política de "marcha atrás" se reafirmó al
ser entregada también la compañía Cementos Hidalgo, con el acuerdo
honroso de sus propietarios de reanudar sus actividades en "un plazo
no menor de seis meses " 91
El colapso de la política radical constitucionalista en Nuevo León
apareció abruptamente en enero de 1915, con la derrota militar de las
fuerzas de Antonio l. Villarreal frente a la División villista Angeles en
Ramos Arizpe, Coahuila.

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

217

RECAPITULACION
Durante 1914 el autoritarismo militar carrancista en Nuevo León sólo
exarcerbó los ánimos, en una época de convulsiones y de rápida desintegración del progreso y estabilidad social que caracterizó a regímenes
anteriores. Una prueba de ello fue la pesada naturaleza de la burocracia constitucionalista durante la confiscación de bienes y el intento de
reforma agraria en la entidad. La rapacidad de los militares destacados en el estado generó descontento, corrupción y un vacío político
y económico que hizo mella en el aparato estatal a fines de 1914.
En Monterrey, la represalia contra los empresarios originó fuga
de capitales -como en el sector rural- y una declinación económica
que solo repuntaría hasta 1916. L_a ~esarticulación del mecanismo ~acendario y la escasez de recursos, linutó notablemente la puesta en practica del programa radical de los apologistas del constitucionalismo. La
incautación de grandes empresas como la Cervecería Cuauhtémoc, mostró la falta de experiencia empresarial y la voracidad de los nuevos personajes públicos.
Aunque el principio del nacionalismo económico que caracterizó
el movimiento constitucionalista aparentó estar firmemente asentado,
al dar una redefinición de las reglas con el capital extranjero Ylos empresarios individuales que podían operar en México, la políti~ económica del gobierno de Antonio l. V1llarreal mostró en la práctica - a
la par que castigó duramente al empresario regiomontan~-, una continuidad en la defensa estratégica de los intereses estadourudenses y una
oscilante represión contra los españoles.
Los ataques contra los intereses de la burguesía citadina tendieron
a reforzar internamente su organización, creada a principios del maderismo. La Cámara Nacional de Comercio de Monterrey empezó a
mostrar, cada vez con mayor eficacia, la capacidad de sustituir en momentos de vacío político al aparato público revolucionario, que a final
de cuentas ayudaría a reorganizar.
Este órgano corporativo empresarial tuvo una fuerte voluntad política, y fue capaz de solucionar los problemas cotidi~os de es~ez
y darle alguna estructura y forma al poder local. La pnmera_ expenencia de este tipo en su corta vida, se le presentó entre la salida de los
tropas carrancistas y la llegada de la Divísión Angeles. Unos cuantos
días bastaron para demostrar a los ejércitos revolucionarios de ocupación, el pleno dominio de su espacio vital y asie?to de su_ poderí~ económico, posteriormente propuesto como paradigma a ruvel nacional.

�218

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

Siglo XIX

NOTAS
1. Las medidas anticlericales consistieron en el cierre indefinido de los templos católicos; en el uso de las campanas de los templos para anunciar los triunfos constitucionalistas; la quema de confesionarios; la persecución, expulsión y encarcelamiento
de sacerdotes; en el fusilamiento de "imágenes de santos" etcétera. La resistencia
popular a tales medidas fue inmediata. La muchedumbre ~ompió las emplomadas
Y forzó las puertas de los templos clausurados para poder ingresar a ellos. Fue solo
hasta la entrada de los villistas en enero de 1915 cuando las medidas incautatorias
de ~os recin_t~~ católicos f?ero~ _abolidos. Ver Osear Flores Torres, Comuna empresarial y sedic1on. Burgues1a, militares y movimiento obrero en Monterrey. 1909-1923
Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, en prensa.
'
2. !bid. Los líenamientos embrionarios que posteriormente asumiria el movimiento obrero organizado a partir de 1918, se definieron en la primer gran huelga de noviembre
de 1914. Esta se suscitó en la compañía Minera Fundidora y Afinadora de Monterrey Y fue secu_ndada por obreros de otras industrias metalúrgicas y por la Casa del
Obrero Mundial. Sus demandas entre otras consistían en aumento de salario reducción de la jornada diaria a ocho horas y destitución del capataz norteameri~no
N!ªc
por su actitu~ hacia !os subordinados. La huelga perdió fuerza en los
d1as s1gu1entes a su estallido debido a la intransigencia de la compañía y a la falta
de apoyo a las demandas del movimiento por parte del gobierno revolucionario.

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13. /bid.
14. AGENL, Concluidos, c-1914-1.
15. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-262.
16. Ibid.
17. AGENL, Circulares, c-1910-1917, decreto del 23 de junio de 1914.
18. !bid.
19. AGENL, Secretaria de Fomento, c-1914.
20. AGENL, expediente relativo a la Comisión Agraria de Nuevo León fundada por
Antonio l. Villarreal en 1914, p.p. 13-16.
21. AGENL, Circulares, c-1910-1917, decreto del 23 de junio de 1914.
22. AGENL, Circulares, c-1910-1917, decreto del 17 de mayo de 1914.
23. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-263.

3. Proyecto de Ley sobre Confiscaciones de Bienes de los Sostenedores del Gobierno
u~urpador. Elaborado por los licenciados Eduardo Fuentes y Rodrigo Gómez, México, 1914, p. l.

24. !bid.

4. Ibídem p.p. 1.2.

26. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-262.

5. Partido politico que saltó a la arena electoral durante el tí.mido período democrático ~ntre la_caí~a del dictador Díaz (mayo de 1911) y el triunfo del primer gobierno
antirrelecc1orusta revolucionario (noviembre de 1911). El Partido Católico aglutinaba_~rededor _d~ prohombres de la dictadura a la mayoría de los grupos conservado~es et~~ y religiosos organizados. A raíz del golpe de Estado, este partido apoyó
mcond1c1onaJmente el régimen de Huerta.
6. Proyecto de Ley... capítulo I, Artículo 1, p.p. 3-5.

1. Ibídem, capítulo I, Artículo 4, p. 66.
8. La Oficina de Intervención y Decomisación de fmcas urbanas en Monterrey poseía
una existencia monetaria líquida para el 30 de noviembre de 1914 de 12 878.31 pesos. Los detalles de cada propiedad confiscada aparecen en el inventario eleborado
por la Oficina. Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), Concluidos,
carpeta (c) 1914-16, expediente (e) 255.
9. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-263.
10. AGENL, Concluidos, c-1914-1.

11. AGENL, Concluidos, c-914-4, e-263.
12. /bid.

219

25. AGENL, Concluidos, c-1914-1916.

27. AGENL, Correspondencia con Alcaldes, Monterrey, c-1912-1913.

28. AGENL, Ramo Militar, c-1914-1. Entre los encarcelados destacan el empresario Valentín Rivero Martínez y el ex-gobernador Leobardo Chapa.
29. Archivo General de la Nación (AGN), Dirección General de Gobernación (DGG),
1916, c-3, e-10.
30. Ibid.
31. En cuanto a la incautación de los bienes del mandatario estatal Salomé Botello, se
encontraban las minas de Puerto de Cacho en el municipio de Villaldama así como
las de Dolores, Saturno, Milpillas, Porvenir, Victoria, Purísima y La Perla en el
de Salinas Victoria, Nuevo León, AGN, DGG, 1916, c-3, e-10.
32. /bid.
33. AGENL, Ramo Militar, c-1914-1.
34. AGENL, Ramo Militar, c-1914-2.
35. "Lista de enemigos de la causa constitucionalista en el municipio de Lampazos",
AGENL, Correpondencia particular del general Antonio l. Villarreal, 1914, c-1.

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Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

Siglo XIX

36. AGENL, Concluidos, 1914-16. Los grupos familiares Calderón-Muguerza y SadaMuguerza-Garza, fundaron entre otras empresas Cervecería Cuauhtémoc en 1890,
la cual para 1909 tenía una capacidad de producción de 300 mil barriles de cerveza
al año. Podía embotellar diariamente 300 mil unidades y producía 750 toneladas
de hielo, empleando 1 500 obreros. Los vaivenes de esta empresa durante la etapa
armada de la revolución en Osear Flores Torres, "De la edad del acero a los tiempos revolucionarios. Dos empresas industriales regiomontanas (1909-1923)" en Mario
Cerutti (coordinador), Monterrey, Nuevo León, El Noreste, Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1987.

221

54. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-2559, d-143, México, 11 de junio de 1914; y
el cónsul de Veracruz Bayón (el viceconsulado de Tampico estaba adscrito al consulado de Veracruz) a Cólogan, L-2559, d-148, Veracruz, 16 de junio de 1914.

55. AMAE, Lagüera a Riaño, L-2560, Monterrey, 31 de marzo de 1915 .
56. AMAE, Riaño al MAE-Madrid. Reclamaciones de españoles presentadas a esta Embajada de S.M. con motivo de la revolución en México, L-2558, anexo al d-321,
Washington, D.C., 1 de agosto de 1914; y Riaño al MAE-Madrid, L-2558, anexo
al d-169 .

37. AGENL, Corresp&lt;mdencia particular de Antonio l. Villarreal, 1914, c-2.
57. Ibid.

1

38. Ibídem, Calderón a Villarreal, 1 de mayo de 1914.

58. lbid.
39. AGENL, Concluidos, c-1914.
59. /bid.

40. Proyecto de Ley... , capítulo l, Articulo 1, p.p. 3-5.
60. /bid.
41. Aseveración hecha por Emilio Zapico, enviado del ministerio de Asuntos Exteriores
de Madrid (MAE) a Chihuahua, para recabar informes sobre la posible participación de los españoles en la política interna de México. Archivo del Ministerio de
Asuntos Exteriores en Madrid, España, (AMAE), Sección Histórica. Entre junio
de 1915 y marzo de 1916, Zapico permaneció en la zona villista como Agente Confidencial, Legajo (L)-2560, despacho (d)-1 al 30, Emilio Zapico a Riaño.
42. AMAE. El vicecónsul de Mérida Rogelio Suárez al ministro en México Cólogan,
L-2561, d-26 al 30, de 1914.

__...,._

43. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-2558, d-26, del 15 de febrero de 1913 y telegrama cifrado (te) a Madrid con la misma fecha.
44. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-1659, d-35, México, 16 de marzo de 1913.
45. AMAE, Lagüera a Cólogan, L-1659, d-08, Monterrey, 27 de abril de 1913.

61. Estas y demás reclamaciones de Joaqu,ín y Francisco Armendaiz en AMAE, L-2558,
anexo al d-321, Washington, 1 de agosto de 1914; L-2558, anexo al d-169; y Manuel
Walls y Merino, consejero de Embajada y Agente Confidencial de España cerca de
Carranza, L-2559, d-28, El Paso, Texas, 23 de septiembre de 1914.
62. AMAE, El Departamento de Estado en Washington al Embajador de España Juan
Riaño, L-2558, d-96, Washington, 26 de marzo de 1914.
63. Isidro Fabela, La política interior y exterior de Carranza, México, Edit. Jus, 1979,
p.p. 23-24.
64. AMAE, El Ministro de Estado Conde de Lema a Riaño, L-2558, T.C. en Madrid,
16 de marzo de 1914.

65. La Revolución, diario constitucionalista de Monterrey, número 5, del 29 de julio
de 1914, p. l.; y AMAE, Walls a Riaño, L-2559, d-4, Monterrey, 1 de agosto de 1914.

46. AMAE, Lagüera a Cólogan, L-1659, d-159, Monterrey, 28 de junio de 1913.
47. lbid.
48. AMAE, Lagüera al embajador español en Washington Juan Riaño, L-2558, anexo
al d-177, de la embajada de Washington al MAE-Madrid, 6 de mayo de 1914; y
t.c. de Lagüera a Riaño, 29 de abril de 1914.
49. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, situación de los viceconsulados en el norte de
México ante la revolución, L-2558, d-102, México, 21 de abril de 1914.

66. AMAE, WaUs a Riaño, L-2559, d-6, Monterrey, 6 de agosto de 1914. En esta ocasión Walls felicitaba la labor de Lagüera por su "gran entereza y tacto... Gracias
a las cuales aconsejó mesura a los empresarios españoles y evitó así sufrimientos
como en otras partes, a excepción de algunos impuestos de guerra".
67. La Revolución, Monterrey, 5 al 7 de agosto de 1914. Luis Cabrera dijo además que
los ingleses venían a colocar su capital y a hacer alarde de su superioridad y altivez.
"El alemán y francés nos traen géneros o su maquinaria; el americano viene a imponérsenos políticamente; el español no trae capital, pero sí su laboriosidad y honradez. Como hace familia en México, sufre más las consecuencias de la guerra".

SO. Bertha UUoa, La revolución intervenida, México, COLMEX, 1971, p.p. 75-76 y 312.
68. AMAE, WaUs a Riaño, L-2559, d-28, El Paso, Texas, del 23 de septiembre de 1914.
51. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-2558, d-102, México, 21 de abril de 1914.
69. AMAE, WaUs a Riaño, L-2559, d-4, Monterrey, 1 de agosto de 1914.
52. lbid.
53. AMAE, Quintana a Cólogan, L-2558, d-16, BrownsviUe, Texas, del 7 y 19 de enero
de 1914.

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70. Para 1914 los viceconsulados honorarios españoles estaban diseminados en todas
las regiones importantes del país, por lo que sus informes nos proveen de una visión
por demás global y pormenorizada de la situación revolucionaria en la república.

�222

Siglo XIX

UN ENCUENTRO DIFICIL

Capitales e Industria en Uruguay (1900-1930)
Estos se encontraban en las siguientes poblaciones: Aguascalientes, Chihuahua, Chilpancingo, Celaya, Ciudad Victoria, Coatzacoalcos, Cuernavaca, Durango, Guadalajara, Guaymas, Jalapa, Matamoros, Mazatlán, Mérida, México, Monterrey, Morelia, Oaxaca, Querétaro, Salina Cruz, San Juan Bautista, San Luis Potosí, Tampico, Tapachula, Toluca, Torreón, Tuxtla Gutiérrez y Veracruz. AMAE, Ministro de
España en México a MAE-Madrid, L-1659, d-106, México, 16 de junio de 1919.
71. Gestión de Jesús Ferrara ante Pablo González Garza en Rodrigo Mendirichaga, 100
Años de Comercio en Monterrey, Monterrey, CANACO, 1980.

Raúl Jacob *

72. Juan Luis Cantú, Memorias de un modesto e ignorado revolucionario, 1908-1915,

vols. Monterrey, 1948.
73. /bid.
74. Rodrigo Mendirichaga, op. cit., p. 62.
75. /bid.
76. AGENL, Circulares, 1910-1917, decreto del 5 de julio de 1914.
11. /bid.

78. Archivo del general Pablo González Garza (APGG), CONDUMEX, microfilm,
volumen-31. Decreto de la División del Noreste del 23 de mayo de 1914.

INTRODUCCION

79. Queja del 15 de junio del encargado de la compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz al Secretario de Gobierno, AGENL, Concluidos, 1914.

Al despuntar el siglo XX los uruguayos se despertaron con la grata noticia de que constituían una "potencia pecuaria". El censo realizado
en el año 1908 mostró la proporción más alta en el mundo de bovinos
y ovinos por habitante, seguida en segundo lugar por Nueva Zelandia
y Estados Unidos 1•

80. /bid.
81. AGENL, Concluidos, c-1913-2, e-309.
82. Solicitud del 25 de noviembre de 1914 en Rodrigo Mendirichaga, op, cit., p. 63.

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83. Archivo de Venustiano Carranza (AVC), CONDUMEX, México, carpeta-! 1,
documento-! 091.
84. AGENL, Concluidos, c-1913-2, e-244, 10 pags.

85. Ibídem, p. 2.

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86. Ibídem, p.p. 2-3.

81. Ibídem, p.p. 3-5.

Como todos los optimismos estadísticos, éste no proporcionaría
una felicidad total. Los contemporáneos fueron sorprendidos por la
constatación de que pese a que el flujo migratorio externo había logrado duplicar la población en treinta años, sobre los aproximadamente
187 000 km. 2 de territorio vivían sólo poco más de un millón de habitantes. En cambio la dotación de vacunos y ovinos estaba llegando
al limite de lo que la pradera natural podía alimentar. El "milagro ganadero" se basaba en la debilidad demográfica del país, en el resultado de dividir los millones de vacas y ovejas por el número de pobladores.

88. Informe de la CANACOM, en R. Mendirichaga, op. cit. p. 63.
89. AVC, CONDUMEX, carpeta-12, y Alejandro Saragoza, "The State and capitalism
in México; the formation of The Grupo Monterrey, 1880-1940", Tesis de doctorado, Universidad de Berkeley, 1981.
90. AGENL, Conclu.ídos, c-1914-1916.

La conciencia nacional era además alimentada por la creencia de
que en relación a su población la República Oriental figuraba "entre
los pueblos más comerciales del mundo". Su posición estratégica en
la entrada del estuario del Plata, la profundidad natural de la bahía

91. AGENL, Conclu.ídos, c-1913-2, e-244.
• Centro lnterdisciplinario de Estudios Sobre el Desarrollo (CfEDUR, Montevideo, Uruguay). Ponencia presentada en el 46 Congreso Internacional de Americanistas, Arnsterdam, jvlio de 1988. El autor agradece los comentarios de Luis Bértola.

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Siglo XIX

en la que estaba situada Montevideo, le habían permitido atender la
intermediación regional durante décadas, abasteciendo de productos
importados y exportando la producción de una vasta región que, en
el período de mayor auge llegó a comprender el sur de Brasil, la Mesopotamia argentina y Paraguay. El comercio de Montevideo gozaba de
prestigio en el mundo entero por su seriedad, cumplimiento de las obligaciones contraídas y por la adhesión al patrón oro•. Este, como lo
sostuvo el asesor letrado del Centro Comercial de Importadores y Mayoristas, fue mantenido incólume en épocas difíciles, "luchando cuerpo a cuerpo con algunos de los más atentatorios gobernantes que hemos tenido" 2•
En Montevideo y sus aledaiíos residía un tercio de la población del
país. Los restantes dos tercios estaban diseminados en centros urbanos
del interior y en la pradera que se extendía más allá de la ciudad-puerto.
En ella, la paz de los vacunos y ovinos se veía constantemente interrumpida por alzamientos armados, que espaciados, se habían sucedido persistentemente a lo largo del siglo XIX, transformando a la otrora Banda Oriental en "La Tierra Purpúrea", que con tanta agudeza
describió W. H. Hudson.
El ciclo de las guerras civiles concluiría en 1904. La paz sobrevendría dificultosamente, una vez que se restaiíaran heridas y que se sosegaran los últimos díscolos. Ella permitiría mirar hacia adentro y construir un nuevo país.
A esa tarea -la de esbozar un proyecto de país- se abocó un sector del elenco político, impulsado por la carismática personalidad de
quien había logrado derrotar militarmente la última insurrección armada: José Batlle y Ordóiíez.
Fue en el transcurso de las dos presidencias de Batlle, 1903-1907
y 1911-1915, en que se definió un modelo reformista en lo social y económico, arraígado en la tradición pasada del Partido Colorado, en la
experiencia del intento de aplicación de la enfiteusis rivadaviana, en
los proyectos de estanco del gobierno de la Defensa, en el proteccionismo aduanero de Andrés Lamas; pero también nutrido por la obra
e ideas de un conjunto de pensadores extranjeros, entre los que deseo• La existencia de oro por habitante era otro de los puntales que alimentaba la confiada
percepción que los uruguayos tenían de su país. En 1908 un periódico difundió que
Uruguay ocupaba el tercer puesto en una lista encabezada por Francia y secundada
por Estados Unidos. En ella Alemania, Austria, Inglaterra, Italia y Rusia estaban por
detrás. José P. Barrán y Benjamín Nahum, La prosperidad frágil 1905-1914 tomo
V de la Historia Rural del Uruguay Moderno , Montevideo, EBO, 1977, p. 33.

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

225

liaban Henry George, E. Ahrens, Paul Janet, León Burgeois.
Krausismo, solidarismo, georgismo, apuntalaron los afanes y desvelos de quienes, mirándose en un espejo europeo porque la pequeñez
territorial no permitía alcanzar el norteamericano, soñaron entre 1903
-en que Batlle y Ordóñez asumió la Presidencia de la República- y
1933 -en que un golpe de Estado conservador interrumpió la siestaen transformar al Uruguay en la Francia primero, Dinamarca después
de América del Sur.
El prospecto era en sí demasiado ambicioso y chocaría con serios
escollos -entre ellos políticos- que dificultarían su final concreción.
En ·grandes rasgos se proponía superar la injusticia social en base al
solidarismo, la concordia obrero-patronal, y el desarrollo de la legislación laboral y de previsión social Gornada de ocho horas, jubilaciones, prohibición del trabajo a menores, regulación del trabajo femenino, seguro de desocupación, etcétera); mejoramiento de las condiciones de vida de la población (obras de saneamiento, cursos nocturnos
para trabajadores, etcétera); nacionalización y/o estatización de actividades industriales y comerciales con la finalidad de limitar la incidencia del capital británico y abaratar y extender algunos servicios considerados prioritarios para el desarrollo del país (Banco República, de
Seguros e Hipotecario; energía eléctrica, ferrocarriles y tranvías; pesca; servicios portuarios; prospección geológica; insumos industriales;
etcétera); tecnificación y transformación estructural del sector agropecuario para aumentar, mejorar y diversificar la producción y redistribuír la riqueza, (fomento de la agricultura y la forestación, cursos técnicos, crédito rural; impuesto progresivo a la tierra, al ausentismo; fraccionamiento de la gran propiedad rural, estímulo a la colonización, rescate de las tierras estatales, etcétera); industrialización del país con el
objetivo de sustituír las importaciones, limitar la dependencia económica, generar empleos (impuestos aduaneros a las importaciones, libre importación de maquinarias, crédito industrial, transformación de
la materias primas exportables, etcétera) 3 •
De tener éxito en la obra, Uruguay lograría atraer la inmigración
y evitar la emigración de sus hijos, dinamizaría su mercado interno,
industrializaría y exportaría su producción, sustituiría el latifundio por
la pequeña propiedad, fiscalizaría sus recursos y controlaría los resortes estratégicos necesarios para su desarrollo económico.
Era una empresa nacional que un nuevo sector político en formación, el batllismo, surgido en el seno de uno de los dos grandes partidos políticos, decidió impulsar.

�226

Siglo XIX
Jarob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

Su conductor, Batlle y Ordóñez, al aceptar en 1910 su canclidatura
para un nuevo período gubernamental, manifestó: "La manufactura
y especialmente
la que tiene su materia prima en el país, debe ser
4
protegida" • Sus ideas eran claras al respecto: o se industrializaba el
país, o éste se transformaba en una despoblada estancia. Pero no eran
novedosas. En el último cuarto del siglo XIX se habían aprobado tres
leyes proteccionistas y una serie de clisposiciones casuísticas, basadas
fundamentalmente en el aumento de los impuestos aduaneros a los productos importados que ya se fabricaban en el país. Las mismas en general fueron fundamentadas con citas de algunos teóricos del proteccionismo europeo y su desarrollo coinciclió con el auge de las inversiones británicas y la contratación de empréstitos extranjeros para cuyo
cumplimiento se afectaron parte de los ingresos aduaneros.
En 1930, una autoridad respetada en los círculos económicos, como lo era el gerente de la máxima institución financiera nacional, el
estatal Banco de la República, constató: "La producción industrial manufacturera y de elaboración, están aún en sus principios. Ocupa un
lugar muy modesto en el caudal de nuestra riqueza (... )" 5•
¿Qué había pasado? Veinte años separaban las buenas intenciones
de Batlle de la pesimista visión de Octavio Morató. Era casi la mitad
del tiempo -medio siglo- que necesitaron para industrializarse algunos grandes países capitalistas.
La respuesta a esta pregunta no es, no puede serlo. simple.

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¿Era tan insignificante el crecimiento industrial uruguayo? ¿Qué
perspectivas brindó el mercado interno? ¿Qué grado de protección efectiva recibió la producción manufacturera? ¿Los agentes económicos se
orientaron a la financiación de la industria nacional?
Dado que en una economía de mercado el capital busca el el eje
seguridad-rentabilidad, y que algunas grandes industrias lograron en
la década del veinte ganancias considerables, o por lo menos aceptables, nos interesa intentar dilucidar la última de las interrogantes.
EL OTRO "MODELO": LA "CIUDAD BALNEARIO"
Al finalizar su primera presidencia, Batlle y Ordóñez juzgó oportuno
tomar un descanso y alejarse de la escena política nacional, dirigiéndose con su familia a Europa. Viajero perspicaz, Batlle aprovechó su
estadía en el continente para repensar su país en función de las experiencias que ahora tenía la oportunidad de observar in situ. En 1907,

227

desde París, le escribió a su amigo y correligionario Domingo Arena:
( ...) no puedo menos que pensar con frecuencia en las enormes ganancias que nos proporcionaría el atraer a nuestros baños, todos los
años, a una gran masa de argentinos. Los gastos que haga Montevideo para embellecerse y ofrecer comodidades en la estación balnearia, serán siempre un buen negocio, aunque parezcan de lujo 6 •.

Batlle no hacía otra cosa que reconocer las ventajas y beneficios que
podía ofrecer la venta de servicios, una de las funciones que históricamente había cumplido Montevideo, la ciudad-puerto: abastecedora de
la marina real española e introductora de esclavos en el sur del continente durante la época colonial; punto de convergencia después del comercio de tránsito de la cuenca platense.
Es a partir de la década del noventa que Montevideo había comenzado a ser la "ciudad de las playas", recibiendo a sus vecinos porteños, a pesar de que un viajero extranjer~ "con m~ndo" había en~~ntrado las aguas del Río de la Plata turbias, cuest10nando las debc1as
que creían ver los nativos en su costa, concluyendo que las playas "son
aceptables, eso es todo; por lo demás no hay nada mejor" 7•
Los montevideanos comenzaron a aprovechar su borde marítimo
con recato, a partir de 1871, en que se inauguraron las instalaciones
balnearias de la playa de Ramirez conjuntamente con la línea de tranvías del Este; punto inicial de la larga línea de balnearios que_ en dirección Este llegaría con el tiempo hasta la frontera con Brasil.
En 1875 le tocaría el turno a Pocitos; en 1879 a TrouviUe; en 1900
Capurro; en 1912 nacería la "Sociedad Anónima_BaJn&lt;:ario Carrasco" ...
Cada balneario se convertiría en un "barrio res1denc1al con costa para
baños" 8•
Este despertar costero, inicialmente estimulado por las empres~
tranviarias encontró un decidido y firme sostén en el Estado a partrr
de la prime~a presidencia de Batlle y Ordóñez, en que se pi:oyectó construir una rambla de cuatro kilómetros desde el puerto a la playa, que
su sucesor Williman (1907-1911) adoptó y consideró "El monumento
• En 1907 José Serrato -Ministro de Hacienda durante la primera presidencia de_BatUe y Ordóñez- sostuvo en la Cámara de Senadores ~u.e la riqueza ~e las_naciones
europeas se nutria de las exportaciones, las rentas recibidas por sus mve_rs1ones Y el
turismo (Citado por J.P . Barrán y B. Nahum en_el tomo VI de la Hi~f~na Rur~ del
Uruguay Moderno ["La civilización ganadera baJo Batlle (1905-1914) ), MonteVJdeo
EBO , 1977; p. 418).

�228

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (190()./930)

229

9

a su administración" • La "Rambla Sur" fue el primer síntoma de la
"ramblomanía" que a partir de 1915 ~ por tres lustros aquejaría a todas las administraciones departamentales que se propusieron unir con
una amplia y pavimentada avenida el puerto con el cinturón costero
hasta el borde del arroyo Carrasco, límite natural del Departamento
de Montevideo. Durante el gobierno de Feliciano Viera (1915-19) la
Municipalidad fue autorizada a construir una rambla costanera desde
Pocitos hasta Carrasco de nueve kilómetros de extensión y 50 metros
de ancho; entre 1919-23 (presidencia de Baltasar Brum) el Concejo de
Administración Departamental de Montevideo planeó la construcción
de la "Rambla Sudamérica" -que más modesta en su concepciónse propuso acercarse en sentido opuesto desde las instalaciones portuarias en dirección al Balneario Capurro; en 1925 -durante la administración de José Serrato (1923-1927)- quedó aprobado el trazado
definitivo de la "Rambla Sur", desde la playa Ramirez a la escollera
Sarandí; en 1928 (presidencia Campisteguy 1927-31) el Concejo de Administración Departamental de Montevideo abordó el estudio de un
plan de obras que comprendía la construcción de la rambla portuaria,
uniendo la "Sur" con la "Sudamérica"io.
El Estado incidió además en la construcción de la infraestructura
hotelera destinada a albergar el turismo veraniego. En abril de 1907
se autorizó una concesión privada para la construcción del actual Parque Hotel, y la explotación de un Casino. El Parque Hotel fue inaugurado en 1909. En 1915 la Municipalidad de Montevideo adquirió el Parque hotel y las obras del Hotel Carrasco, que finalizarían en 1921, pasando a explotar la concesión de los juegos de azar de sus respectivos
Casinos 11 •
Los espacios verdes -zonas de esparcimiento y pulmones de la
ciudad- merecieron especial atención de las autoridades.
El tradicional paseo montevideano de "El Prado" (1873) fue extendido 18 hectáreas en 1912; el "Parque Urbano" (1901) -contiguo
a la playa de Ramírez- fue ampliado en 1911 hasta Punta Carretas;
el "Parque Central" (1907) fue ensanchado en 1911. Los trabajos de
forestación y ornamentación fueron confiados a un arquitecto paisajista francés -Carlos Thays- al que se Je propuso también el diseño
del futuro balneario Carrasco 12•
De tal suerte Montevideo, con sus playas y modernas ramblas, con
sus dos monumentales hoteles, con sus ruletas y parques arbolados,
no tendría nada que envidiar a las estaciones balnearias de la Riviera
francesa, que tanto fascinaban a las clases altas montevideana y porteña.

La "ciudad-balnearia", al fin y al cabo capital de un pequeiio país,
sería dotada de edificios públicos cuya concepción faraónica sorprendería a los visitantes extranjeros: el Palacio Legislativo -inaugurado
en 1925- "un edificio para algunos siglos", según sugirió Batlle a Are13
na en 1909 , y la sede en construcción para el Banco República, una
especie de nave central de una gigantesca catedral que en su sótano atesoraría el oro que simbolizaba la riqueza del país y la estabilidad de
su moneda.

El capital privado haría lo suyo, colaborando en la transformación de Montevideo que, después de la inauguración del Palacio Salvo
(1928) -que la creencia y el frenesí popular elevó a la categoría del
mayor rascacielos de América del Sur- perdería su fisonomía de gran
aldea, sin dejar de serlo en la realidad. La Federación Rural, una de
las más beneficiadas por las dos largas décadas de paz que vivió Uruguay, decidió eternizar con un monumento ecuestre al gaucho -carne
de cañón de las pasadas guerras fratricidas- que se instaló en la principal arteria montevideana (1927); y las instituciones bancarias donaron
a la ciudad el obelisco a los constituyentes de 1830 al conmemorarse
el primer centenario de la jura de la carta magna, a ciento dos afios
de la eficaz gestión diplomática británica ante los gobiernos de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil, que accedieron a reconocer la independencia de la Provincia Oriental.
Del sueño de la "ciudad-balneario" se pasó sin mayores dificultades al del "país-balneario", aunque en los hechos sólo abarcó la linea
costera desde Colonia al Chuy, si se contabiliza la fugaz experiencia
del "Real de San Carlos" en Colonia, cuya plaza de toros atrajo a la
afición bonaerense.
En 1911 se creó una empresa que adquirió las tierras en que se erigiría "Atlántida", a pocos kilómetros de Montevideo; y a escasa distancia ese mismo afio nacería "La Floresta". En 1913 -cuando los hoteles "Biarritz" y "Espafia" ya recibían turistas en Punta del Este- don
Francisco Piria comenzó la venta de Jotes de "Piriápolis" en Montevideo y Buenos Aires; se inauguró el "Atlántida Hotel" en el paraje homónimo y se vendieron los campos en los que se erigiría "La Paloma". Al afio siguiente se crearla la "S.A. Balneario Solis" 14 • Completar la trama sería cuestión de tiempo.
En 1925 un moderno puente metálico giratorio sobre el Río Santa
Lucía deste~aría todo intento de aislamiento de Montevideo con el
norte ~ el oeste del país. Tres afios después se proyectó la construcción
de una moderna carretera de hormigón que conectaría a la capital con

�230

Siglo XIX
facob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

el puerto de Colonia, coincidentemente con la inauguración de la línea
estatal ferroviaria a Rocha, que posibilitó la comunicación de Montevideo por ferrocarril con la franja costera hasta La Paloma.

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Este otro modelo, el de país turístico, no se hubiese podido delinear sin el apoyo, o por lo menos la complacencia, de una parte del
sistema político*. Dejemos constancia de que aunque abundan estudios sobre el batllismo aún no se ha abordado la investigación de la
administración municipal de Montevideo durante su vigencia, y que
constituyó en estos años, dado su peso político en el medio urbano,
quizás una de las posibilidades más tangibles de plasmar su ideario**.
Por otra parte, la experiencia europea fue fundamental en la vida de
Batlle, y éste así lo dejó traslucir en su correspondencia: ''Sólo me he
entretenido en divagar, en presencia de los monumentos, paseos y jardines de acá, sobre lo que ahí podríamos hacer". Políticos batllistas
fueron tres de los integrantes del directorio de "Territorial Uruguaya
S.A.", empresa fundadora de Atlántida: ingeniero Juan P. Fabini, doctor Francisco Ghigliani y Atilio Narancio. Empresario de obras fue uno
de ellos, el ingeniero Juan P. Fabini.
Y fue un batllista -Pedragosa Sierra- a quién se le atribuyeron
la apertura de plazas, iniciación de ramblas, comienzo de carretera y
difusión de la energía eléctrica en Punta del Este 15 •
A la consecuencia económica de la urbanizacióh costera y la transformación metropolitana ya Ricardo la había denominado "renta de
situación". Lo que sucedió -y que se puede extender generosamente
al ámbito de los terrenos capitalinos- lo describió en 1931 con agudeza el político Luis C. Caviglia:
Nadie podrá decir que el Estado no favorezca la industria del turismo, desde que el tesoro nacional ha invertido millones a favor de ella.
Cada propietario de arenal costanero se considera poseedor de una
nueva Piriápolis; sin embargo, la única acción realizadora se concre-

• Resulta interesante constatar que al secularizarse los feriados en 1919, el 8 de diciembre pasó a denominarse "Día de las Playas" y la sexta semana siguiente a la de Carnaval, "Semana de Turismo".
•• El 30 de julio de 1916 el batllismo fue derrotado en las elecciones para la Convención
Nacional Constituyente, la primera en la que se practicó el voto secreto. A partir de
ella, la necesidad de derrotar a su principal adversario, el Partido Nacional, lo llevaría a un juego de alianzas con las fracciones conservadoras de su propio partido, el
Colorado, lo que mediatizaría su propuesta reformista.

231

ta a pretender un wecio exorbitante por la tierra a la espera de que
alguien la mejore 6 •
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Junto con la inversión en infraestructura por parte del Estado y de algunas empresas privadas IJegó la especulación inmobiliaria.
LOS AGENTES DE CAMBIO
En el siglo XIX y primeros años del siguiente las empresas tranviarias
fue~on las responsables de que Montevideo reconociese su costa y se
reclinase sobre ella. La extensión de los trayectos buscó aumentar el
número de pasajeros transportados. Para ello las empresas invirtieron
en la construcción de centros recreativos en las terminales, con la finalidad de ?traer a los usuarios. La línea tranviaria del Este fue inaugurada conJuntamente con las instalaciones balnearias de la playa de Ramírez en 1871.
En 1875, en que el tranvía llega hasta el Buceo previo pasaje por
Pocitos, se ~elinea el pueblo de los Pocitos a instancias de la empresa,
lo que permite comenzar con la venta de terrenos y la construcción de
un restaurante de su propiedad que se habilita en 1882.
La compañía "La Transatlántica" construyó sobre la bahía, en
tierras propias el "Parque Capurro", que elevó a la categoría de estación balneario (1910), siendo servida por su primera línea electrificada, la del "Paso Molino-Cerro", inaugurada en 1907. La sustitución
del tranvía de caballos por el eléctrico permitió extender el radio de
acción del transporte urbano, abaratando el boleto, e indirectamente,
fomentar el desarrollo de la urbanización 17 •
A la construcción de la instalaciones balnearias, hotel y restaurante, parques, le siguió el fraccionamiento y comercialización de las tierras contiguas, que se transformaron con el tiempo en compactos
barrios.
El Municipio capitalino fue otro de los eficaces agentes de esta cambio. La comuna emprendió la construcción de ramblas y parques, tomó a su cargo la explotación del "Parque Hotel" y la finalización del
"Hotel Carrasco", el usufructo de ambos Casinos; ensanchó calles que
tansformó en avenidas; compró la red cloacal de la ciudad (1911-18)
y extendió los servicios de alcantarillado y saneamiento mientras con
igual tesón procedió a pavimentar calles y caminos.
Para hacer frente a la inversión necesaria para estas obras el Municipio debió concertar empréstitos en el exterior y en el país. Los be-

�232

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

233

neficiarios la sufragaron y sus propiedades se valorizaron.
CUADRO 1

La extensión de la red de saneamiento, de la provisión de agua potable y de energía eléctrica eran necesarias para mejorar la calidad de
vida de la población a que aspiró explícitamente el batllismo. Para
ésta, tanto la que arribó desde el exterior como la que debió emigrar
del medio rural, la transformación y embellecimiento de Montevideo
se constituyeron en un imán. Se estima que entre 1908 y 1930 la población del país aumentó poco más de un sesenta por ciento, mientras que
la de la capital se duplicó 18 •
Los promotores privados fueron otros de los puntales que estimularon y se beneficiaron del cambio urbano. A la acción de uno de los
pioneros más notorios, el rematad~r Francisco ~iria, se le agre~aron
otros. Pero fue particularmente el sistema financiero el que asum1ó este rol, adquiriendo un destacado protagonismo.
Hacia 1930 la red bancaria privada nacional podía ser definida como "moderna": el 56% de las instituciones existentes ese año habían
sido fundadas en las dos primeras décadas del siglo (cuadro 1).
La banca privada nacional cumplía más una función comercial que
económico-financiera y algunas de las instituciones -como el Banco
Popular del Uruguay~ reconocían su origen en el negocio de tierras 19•
El aumento de la población iba parejo al crecimiento territorial urbano. Los principios que legaron las leyes de Indias, de que los ejidos
precisaban los limites de las ciudades, y que hacia afuera se extendían
los terrenos de propios y las chacras, ya habían sido sepultados y convenientemente olvidados. En 1915 un artículo periodístico publicado
en El Siglo reconocía que Montevideo no había crecido en altura,
extendiéndose en cambio "de un modo sorprendente y hasta anormal,
puesto que ocupa hoy una superficie que solamente suelen cubrir ciudades siete ocho veces más populosas"20 •

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Ya en el último cuarto del siglo anterior la banca privada nacional
se había orientado a satisfacer la demanda de tierras originada por el
aumento poblacional montevideano. Entre 1907 y 1911 se fundaron
una treintena de nuevos barrios y en este auge participaron activamente las instituciones bancarias (cuadro 2).
Algunas como "La Caja Obrera" se vanagloriaban de haber innovado el sistema de venta de propiedades y terrenos, incorporando
las hipotecas a diez años, pagaderas en mensualidades21• La acción

ANTIGUEDAD DEL SISTEMA BANCARIO PRIVADO NACIONAL
EXISTENTE EN 1930

lnsdtudón
1- Banco de Crédito
2- Banco de Cobranzas, Locaciones
y Anticipos
3- Banco Comercial
4- Banco Francés Supervielle
5- Banco Italiano del Uruguay
6- La Caja Obrera
7- Banco Mercantil del Río
de la Plata
8- Banco Popular del Uruguay
9- Banco Territorial del Uruguay

Año de fundación
1908
1889
1857
1887
1887
1905

1915
1902
1912

Fuentes: Banco de la República Oriental del Uruguay, Sinopsis Económica y
Financiera del Uruguay - Estadística Retrospectiva, Montevideo s.f..; El Libro del Centenario del Uruguay, Montevideo, Agencia Capurro, 1925, M. Blanca París de Oddone, Roque Faraone, Juan Antonio Oddone, Cronología comparada de la Historia del Uruguay 1830-1945, Montevideo, Universidad de la
República, 1966.

bancaria se extendió a los balnearios del este: el Banco de Cobranzas,
Locaciones y Anticipos comercializó los solares de "Las Toscas" y "Solis", el Francés Supervielle los de Punta del Este.
Los plazos fueron extendidos: de las ventas en cuotas a diez años
se pasó a treinta. En 1930 se denunció en el Parlamento que únicamente uno de los bancos, el Francés, se inclinaba a aceptar para sus operaciones un plazo máximo de diez años. Los restantes trabajaban a treinta
años, lo que si bien facilitaba la adquisición de la propiedad por los
sectores de menores ingresos, llevaba a una valorización desmedida:
"Se viene a cobrar en definitiva mil o dos mil pesos por lo que vale
en realidad diez" 22•
El Estado intervino y la ley de 17 de junio de 1931 fijó las condiciones para la enajenación de inmuebles a plazos.

La banca también intervino en la construcción de viviendas. Esto
benefició particularmente a los sectores de ingresos altos y medios. Po-

�234

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

CUADR02

BANCA PRIVADA NACIONAL. FlJNDACION DE ALGUNOS BARRIOS
RESIDENCIALES EN MONTEVIDEO. 1908-1911

Año Institución
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco Francés SupervielJe
1908 Banco Popular del Uruguay
1909 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos
1909 Banco Popular del Uruguay
1910 Banco Popular del Uruguay
1910 Banco Popular del Uruguay
1910 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos
1911 Banco Francés Supervielle
1911 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos

Nombre

Localizadón

Edison
próximo Buceo
Eduardo VII Propios y Av. Italia
La Palma
Larrañaga y
Montecaseros
Gral. Artigas Rivera y Comercio
25 de Agosto Millán
Dr. A. Cabral Industria y
Gral. Flores
Latino
Rivera y Comercio
Fondos Capilla
Jackson
Piedras
Gral. Flores
Blancas
Marconi
Cerca Hipódromo
Uruguay
Nuevo Malvín
Isabelino
Larrañaga
Bosch
Capurro
próximo a la Bahía
Dr. Gonzalo Malvín
Ramírez

-

Fuente: Alfredo R. Castellanos, Historia del desarrrollo edilicio y urbanístico
de Montevideo (1829-1914). Montevideo, Junta Departamental, 1971; pp.
248-250.

siblemente el sector popular no recurrió masivamente a este mecanismo financiero. Su limitada capacidad económica y su mentalidad que
consideraba a la hipoteca exigida como un recurso desdoroso y posiblemente ruinoso llevó al camino de solucionar la necesidad de un techo por el recurso de la auto-construcción23 •
La banca concedió préstamos para la construcción de viviendas y
construyó viviendas que luego comercializó en barrios residenciales.
El Banco Hipotecario estatal, nacionalizado en 1912, también intervino en el mercado concediendo créditos para la construcción de viviendas. A juzgar por la sucesión de proyectos parlamentarios para la
construcción de viviendas económicas y a una iniciativa para fundar

235

un "Banco Constructor del Estado" discutida en 1930, su acción fue
insuficiente para beneficiar a obreros y empleados, canalizándose además a auxiliar las necesidades de los sectores de medianos y altos ingresos. A mediados de la década del veinte la banca privada se queja·ba de la competencia del Hipotecario en los préstamos para la construcción de edificios de apartamentos, con la condición de que se le
concediese la anticresis de los alquileres24 •
Dado el aumento de la población de Montevideo y de la consiguiente necesidad de solucionar su demanda de viviendas se incrementó la
construcción de casas y edificios de renta.
La banca privada nacional también se encargó de la administración de este tipo de propiedades, reclamando el Banco de Cobranzas,
Locaciones y Anticipos el reconocimiento de haber sido la primera institución que implantó este tipo de negocios25 • Hacia finales de la década del veinte el Francés Supervielle publicitaba en Argentina, Brasil
y Paraguay el alquiler de viviendas durante el verano en Pocitos, Malvín, Carrasco, Atlántida, Piriápolis, Punta del Este, etcétera26•
Los negocios inmobiliarios urbanos y rurales permitieron en buena medida el desarrollo del sistema financiero nacional.
LA CAPTACION DE RECURSOS POR EL ESTADO
El modelo que el batllismo intentó impulsar, que le asignó al Estado
un nuevo papel económico sumado a las funciones tradicionalmente
cumplidas, requirió capitales.
El nuevo país -el pais de las empresas estatales, de la red vial y
férrea, competitiva de los ferrocarriles británicos, de las ramblas y hoteles municipales, de los liceos de enseñanza secundaria en el interior,
de las redes de saneamiento y agua potable, de los edificios públicos
faraónicos, de las amplias avenidas y calles pavimentadas, de la vivienda
decente y el mejoramiento de las condiciones de vida, de la colonización agraria- buscó financiarse con la venta de valores públicos, con
el endeudamiento interno y externo, participando activamente en la expansión del mercado.
Las cifras con que contamos corresponden a la segunda parte del
período aquí analizado (año 1913 -presidencia de Batlle y OrdóñezY 1930 -crisis mundial-). Entre ambas fechas la emisión circulante
de valores públicos creció en un 148%. Si en 1913 equivalió a dos veces y media de las exportaciones de ese año, en 1930 alcanzará a equivaler a cuatro (cuadro 3).

�236

Siglo XIX

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

237

CUADR03

VALORES PUBLICOS. MONTOS CIRCULANTES EN MILLONES
DE PESOS CORRIENTES

1913

%

1930

%

1. Deuda Externa e Internacional
(al 31 de diciembre)
2. Deuda Interna
(al 31 de diciembre)
3. Deuda Pública Municipal
(al 30 de junio de 1913 y
31 de diciembre de 1930)
4. Cédulas, Títulos y Obligaciones
Hipotecarias (al 31 de marzo)

120:7

72

153:5

37

15:6

9

85:9

21

3

48:3**

11

27:4

16

131:0

31

5. Total
6. Relación con el valor efectivo
de las exportaciones

168:6

100

418:7

100

4:9*

2.5

4.1

• Deuda Externa
•• 13:6 corresponden a Deuda Externa.
Fu~nte: ~aneo de la República Oriental del Uruguay, "Sinopsis Económica
Y Fmanc1era del Uruguay. Estadística Retrospectiva". Montevideo, Edición
sin fecha.

En base a los papeles circulantes se puede deducir que el menor
crecimiento entre 1913 y 1930 correspondió a la deuda externa. En 1913
computando las emisiones municipales, el 75% de la emisión circulante era en deuda externa; en 1930 había descendido al 40%. (Estas cifras deben ser relativizadas. No es descabellado suponer que los uruguayos participaron de la adquisición de títulos de su deuda externa
ni que los extranjeros pudieron invertir en valores internos).
'

la oferta de títulos -tanto externos como internos- para financiar
el modelo socio-económico. Este recurso, el de acudir al auxilio de la
deuda interna para captar los fondos necesarios para el desarrollo, se
incrementó a partir de la crisis en los primeros años de la década del
treinta. A fines de 1932 la emisión circulante comprendía títulos de deuda de empresas estatales o con intervención estatal (Banco de Seguros,
Usinas Eléctricas de Montevideo, Ferrocarriles, Teléfonos del Estado,
Frigorífico Nacional, Administración de Combustibles, Alcohol y Portland, graneros del Banco de la República, etcétera), obras públicas
(Palacio Legislativo, edificios educativos, puertos, saneamiento, etcétera), política agraria (colonización y rescate de tierras), política social
(salud, previsión social), etcétera27 •
La transformación de Montevideo y la pavimentación de algunas
ciudades del interior también requirió de fondos y la emisión de la Deuda Pública Municipal pasó a constituir del 30Jo del total circulante en
1913 al 11 % en 1930, creciendo un 886%.
El desarrollo urbano recibió otros recursos, los de parte de las cédulas, títulos y obligaciones hipotecarias, cuya emisión circulante pasó del 16% del total en 1913; al 31% en 1930; creciendo el 3780Jo.
Con respecto a la búsqueda de capitales externos se actuó pragmáticamente: existía un mercado mundial, que a partir de la primera guerra mundial se caracterizó por la irrupción de los Estados Unidos, y
a él se acudió como lo hicieron por otra parte muchos otros países latinoamericanos. El endeudamiento externo fue fundamentado en la necesidad de dejar libre al ahorro nacional para promover el desarrollo
interno28• En los hechos permitió además al Estado mantener sobrevalorada la moneda y cumplir con los pagos de los servicios a los prestamistas y benefició al capital extranjero en el nivel en que se mantuvo
la capacidad importadora del país y por los requerimientos de insumos
para las grandes obras de infraestructura.
En la captación de recursos el Estado encontró competidores. Diversos títulos de otros países podían adquirirse sin dificultad en
Montevideo29•

La nota más destacada fue la inserción en un nuevo mercado financiero a partir de 1915: el norteamericano. La emisión de deuda interna circulante creció entre 1913 y 1930 en un 451 %.

Por otra parte el sistema bancario recibió en depósitos casi cien
millones de pesos entre 1913 y 1930, estimando el Banco de la República que el ahorro nacional había crecido un 450% 30•

Si bien el estado uruguayo siempre había recurrido a la emisión
de deuda para solucionar el déficit fiscal, ahora se constata además

Pero el Estado contó también con ventajas: la de obligar a sus propias empresas económicas a adquirir parte de las emisiones o la de de-

�238

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

jarlas en caución en garantía de préstamos.
. ~ capital privad_o. I_es ofreció su garantía, pero también ventajas
ad1c1onales; La opos1c1on del batllismo al impuesto a la renta -que
fund~ento en ~~e gr~varía al trabajo- facilitó el libre ingreso y egreso
de cap1tal~s y _d1f1c~lto la evaluación y fiscalización de la riqueza privad~: Su mex1_stenc1a resultó funcional a la inversión en títulos, que
se v10 favorecida por la exención impositiva.
El auge de los valores hipotecarios -cuya emisión fue la de mayor crecimiento en cifras absolutas entre 1913 y 1930- fue auxiliado
por el fraccionamiento de los Títulos, cuyo valor mínimo de veinticinc? pesos nominales los situó al alcance del pequeño ahorrista favoreciendo s_~ colocación y en la tasa de interés del 6%, considerada alta
en relac1on a los bancos europeos31 •
A comienzos _de los añ~s treinta_l~s distintos títulos ofrecidos por
el E~tado co~pet1an entre s1 por rec1b1r la preferencia pública, y la red~c1da capacidad de absorción del mercado de capitales y la crisis ambientaron un pro~ecto para obligar a la banca privada a orientar parte
del ahorro depositado en sus instituciones a la adquisición de valores
públicos.
EL PESO DE LA MENTALIDAD
El pod_eroso sector mercantil que Montevideo había parido -la "aristocracia del bacalao", como la denominó con sorna Angel Floro
&lt;::o~t~- no desdeñó la apropiación de tierras y ganados -estableciendo
v1VJf1cantes vasos comunicantes entre el mundo comercial y financiero
Y el rural- Y fue extremadamente conservadora en sus inversiones.
En general había optado por huir del riesgo productivo de la inseguridad en el éxito, de los esfuerzos prolongados.
'
Y e~ esto tenía una tradición histórica. Los préstamos usurarios a
lo~ part1c?la~es ~ el Estado fueron el entorno propicio para gestar las
pnmeras mst1tuc1ones bancarias nacionales. El sitio de Montevideo dur~nte la denominada Guerra Grande había valorizado la tierra de la
cmda~, Y la ~casez ~~ vivienda para albergar al constante flujo inmigra!ono babia perm1t1do obtener alquileres que se traducían en un int~res no menor al doce por ciento anual, y hasta un veinticuatro por
ciento anual32•

Henry Patdck -que no era otro que el seudónimo del rematador

239

de terrenos Francisco Piria- constató que parte de las riquezas obtenidas por el abstecimiento de los beligerantes durante la guerra del Paraguay habían sido invertidas en las tierras de los contornos de la ciudad que, transformadas en quintas, albergaron los palacetes en los que
la clase alta buscó refugiarse los fines de semana y durante el verano,
antes de que el descubrimiento de la costa les permitiera gratificaciones más reconfortantes y saludables33 •
La especulación y la usura sirvieron de escalón social a muchos
advenedizos en busca de fortuna.
Hombres que apenas sabían sumar han encontrado en la hipoteca la
ciencia sublime del amontonamiento, el organismo hembra poderoso y prolífero de la multiplicación pecuniaria. Así han alineado fincas, y sobre los despojos de Jos caídos en la batana, han podido pasar revista al botín de guerra, echando en la balanza del enaltecimiento social de sus hijos, no la espada de Breno, sino las esculturas
de sus propiedades, que pesan mucho más,

escribió Máximo Torres (Carlos M . Maeso) en Divagando. .. en 189534•
Con tales blasones, la aristocracia hipotecaria, la aristocracia del
bacalao, la fmanciera, la tasajocracia y los grandes propietarios rurales -cuyos miembros en ocasiones llegaron a concentrar todos estos
patronímicos- permitieron tempranamente, en 1867, el surgimiento
de la Bolsa de Valores de Montevideo, casi por generación espontánea, sin apoyo gubernamental y que en un país con estancias, saladeros, comercios y algunos talleres -en ancas de la experiencia europea
y poder adquisitivo de su población extranjera- se orientó a la comercialización de una mercadería que podía ofrecer en ese momento:
la deuda pública35 •
Los·propietarios rurales, tanto los que residían en los centros urbanos como aquellos renuentes a abandonar la cotidiana compañía de
sus ganados, no fueron menos conservadores en sus inversiones. Cuando
no aseguraban el techo a sus familias en alguna ciudad en la que sus
hijos podían adquirir los rudimentos educativos necesarios para pulir
sus personas, y aún en esos casos, encontraron en la compra de tierras
y ganados y el atesoramiento del oro, el mejor soporte para una estructura mental cuyo contacto con la naturaleza sirvió para reforzar
los valores que también compartía con el horno urbanus: status, seguridad y bienestar económico36 •

Estos indicadores externos de la riqueza, que también lo eran en
aquella sociedad abierta del prestigio, fueron igualmente abrazados por

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1

1

los _industriales que lograron trascender su condición de modestos tallenstas, y elevados a la condición de aspiración vital por estos últimos.
1

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Siglo XIX

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-/930)

241

1

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240

Ji
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Si todo pudiese ser reducido a un torneo de alpinismo se puede
afirmar que en la cúspide del pico a escalar, justo en el sitio en que
los q_ue, llegaban debían clavar su bandera, la recompensa a la hazaña
c?nsistia_ en comprar terrenos y estancias, en tener una buena provisión de libras de_oro, g~ado, títulos de deuda, casas de renta y alguno,s acreedor:s _hipotecanos ¿Se podía legar algo mejor a los hijos, ademas de la actmdad -con su activo y pasivo- en que se había amasado la fortuna original?
Con (o contra) esta mentalidad debería luchar el batllismo. Lamen~blemente los estudios sobre mentalidades -salvo algunos esfuerzos
pioneros- no se han desarrollado en Uruguay37 • Sería interesante seguir los textos_ d~ enseñanza ~on los que se formaron los elencos polític?s para percibrr la concepción de país que se trasmitió a las generaciones de educandos. En tal sentido es revelador repasar las páginas
de _la &lt;?eo~rafía de la República Orient.al del Uruguay redactada por
Lms Cmcmato Bollo, obra que en 1914 iba por su undécima edición.
El aut?r, al hablar de industria, se refirió a la ganadería, los saladeros,
la agncult~a, y la, pr?ducción de quesos, vinos y de frutas. El papel
del comercio de transito fue convenientemente resaltado. Al finalizar
la construcción de varias de las líneas férreas proyectadas aquí y en
los países vecinos, Montevideo "será el centro de todas las 'comunicaciones rápidas del centro del continente con el litoral del Atlántico"
sirviendo a Perú, Bolivia, Paraguay, Río Grande del Sur y Matto
Grosso.
. L~ más curioso es que don Luis Cincinato Bollo participó de
la ilusión de Batlle:
Nos~tros podemos hace~ lo mismo (que en Ostende y Seveninge, en
Bélgica y Holanda), y urur Ramírez con Pocitos, Buceo, Malvín y Carrasco por una rambla para tener un paseo que sólo podría superarlo
el que une MONTECARLO a NIZA en la costa del Mediterráneo.
Después la rambla debería seguir costeando las playas de Santa Rosa, Atlántida de Canelones hasta Piriápolis y Punta del Este y haríamos de nuestra República el primer país balneario del mundo38 •

Para los adol:5centes de la década del diez, Uruguay era un país ganadero _que d~bia mantener y desarrollar la prestación de servicios (comercio, tunsmo) y las agroindustrias.
El modelo que el batllismo buscó impulsar, con su extremada am-

bición, requeriría ingentes capitales ¿Si la población con poder adquisitivo debía -junto con el capital extranjero- oficiar de banquero del
Estado, quién lo sería de la industria?
La oferta de valores públicos por el Estado se reencontraría con
la mentalidad conservadora del país de inmigrantes del siglo XIX. Y
aunque un difusor del industrialismo tan consecuente como Juan Carlos Quinteros Delgados en 1918 reconoció como mal étnico el conservatismo de la economía privada, su optimismo de que podía no sér imposible "la rectificación de estas costumbres atávicas" resultó en los
hechos bastante desmesurado39•
Poco antes del golpe de Estado de 1933, uno de sus impulsores,
el herrerismo, entendió que el batllismo perseguía la propiedad "porque ellos ocultan sus grandes fortunas en títulos de deuda, que permiten a los tenedores pasar por pobres y eludir el pago de impuestos" 40•
Esta acusación hecha a un sector político podía extenderse a una
parte de la sociedad uruguaya.
¿QUIEN FINANCIA LA INDUSTRIA?
Si la inversión se rige, entre otras cosas, por la relación rentabilidadriesgo, de acuerdo a un índice de valorización que hemos elaborado
para algunos rubros (para aquellos en que encontramos cifras) podemos concluir que la adquisición de tierras fue una de las mejores opciones en el período 1900-1930, ya que el aumento de su valor -a pesar de que su renta descendió en las coyunturas críticas- se ensambló
con la mentalidad dominante, que vió en su posesión una fuente de
poder, prestigio y seguridad (cuadro 4 y anexo).
El Banco de la República contabilizó el total de hectáreas enajenadas entre los años 1915 y 1930, sin descriminar su origen (urbano, suburbano, rural). Pero teniendo en cuenta la superficie total del país, las
cifras aportadas por la institución oficial permiten afirmar que en tres
lustros se comercializaron nueve millones de hectáreas, el equivalente
a la mitad de la superficie del Uruguay41• Las particiones y transmisiones -los otros dos items considerados por las estadísticas del
República- elevan la " movilidad" en tierras a más del noventa por
ciento de la superficie total del país.
Este proceso coincidió con el auge de la urbanización y el aumento de la superficie destinada a la agricultura; y también con la " nacionalización" del suelo uruguayo -en buena medida en poder de extran-

�242

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

CUADR04
INDICE DE PRECIOS EN URUGUAY. 1900-1930

t
V

w
l-

o,

Años
1900
1901
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924
1925
1926
1927
1928
1929
1930

Precio
Hectárea
Tierra

100
125
151

155
173
213

238
282
336
359
326
299
294
322
306
305
289
306
293

Promedio
Cabeza

Bovino

100
103
92
79
77
88
87
105
186
212
218
191
191
245
275
291
182
122
123

155
160
139
124
140
136
163

Costo
Edificación
100
106
110
111
112
117
120
124
133
141
145
144
148
150
152
150
168
178
214
220
239
234
235
227
238
233
230
219
214
213
215

Valor del Peso
en relación a
la libra esterlina
85
91
94

95
96
100
103
106
114
121
124
123
126
128
130
128
144
152
183
188
204
200
201
194
203
199
197
187
183
182
184

100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
102
102
110
120
118
124
86
84

84
90
94
98
98
98
74
78

Fu~nte: Henry Fmch, H1sttma Económica del Uruguay Contemporáneo, MonteVIdeo, E.B.O., 1980, p. 274; Agustín Ruano Fournier Estudio económico
de la producción ~e las carnes, del Río de la Plata, Mont~video, Peña y Cía.,
1936, p. 3~5, R~VJsta Eco~om1a, _No.~• Montevideo, Febrero de 1934, p. 186;
~ROU, Smo1!s1s Económica y F1nanc1era del Uruguay-Estadística Retrospectlva. Montevideo, s.f., p. 102; Eduardo Acevedo, Anales Históricos del Uruguay, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1934, tomo V, p. 626.

243

jeros en el siglo XIX42- y el triunfo del frigorífico entre 1905 y 1912.
Este último, al requerir un tipo de ganado mejorado, estimularía la
invernada y la adquisición o arrendamiento de las mejores pasturas.
El hecho de que los ganaderos uruguayos -revelando el peso de la mentalidad comercial- buscaran la mayor ganancia posible en el mínimo
de tiempo, sin plegarse masivamente ni al cruzamiento ni a la pradera
artificial, los llevó a requerir mayores extensiones de tierras, y a competir por ella con los agricultores. Por otra parte el engorde y comercialización de ganados fue un excelente negocio por lo menos hasta la crisis en los primeros años del veinte, en que los precios se deprimieron
(en tal sentido la comparación del cuadro 4 no resulta muy significativa, si se tiene en cuenta el aumento de los costos de explotación y se
repara en el hecho de que hacia 1930 gran parte del ganado estaba mestizado y había mejorado en calidad, sin llegar al "óptimo" frigorífico
que, una vez alcanzada la "frontera agropecuaria", sólo se podía lograr mediante el cruzamiento y la alimentación en praderas artificiales).
En el rubro tierras también debemos incluir la comercialización de
terrenos, en pueblos, villas, ciudades y balnearios: es decir el fraccionamiento destinado a albergar viviendas y casas de veraneo.
No tenemos idea del aumento del precio de la tierra en Montevideo. Se ha dicho que los valores de los terrenos en la mejores zonas
de la ciudad aumentaron cien veces al abrir los tranvías las áreas suburbanas para la construcción de viviendas43•
Pero no eran sólo los sectores de menores ingresos los que demandaron nuevos espacios. Carrasco fue pensado como un balneario aristocrático para evitar el hacinamiento y la "confusión de clases" que
provocaban Ramirez y Pocitos44 • En 1931 figuraban como propietarios de terrenos en el Balneario Solís apellidos vinculados a las actividades mercantiles, industriales, financieras, propietarios rurales y connotados políticos: Quincke, Mailhos, Supervielle, Lanza, Seré, Pardo
Santayana, Illaraz, Eduardo Acevedo, José Serrato, etcétera45 • Si bien
es posible que se hayan beneficiado de la necesidad de que sus personas prestigiaran el lugar, no se puede obviar que entre los promotores
(y principales usufructuarios de la comercialización del loteo) de los
balnearios se encontraban representantes del poder económico. Así integraron la "S.A. Balneario Carrasco", A. Arocena, vinculado a la
banca y Esteban Elena, gerente de una compañía tranviaria extranjera
y miembro del directorio del Banco Popular. Presidió la "S.A. La Floresta" el doctor Miguel Perea, abogado y banquero. Las tierras en las
que se erigiría La Paloma fueron adquiridas por los propietarios de
la poderosa firma comercial del norte uruguayo "Nicolás B. Solari".

�244

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (/900-1930)

Algunos industriales uruguayos se habrían orientado a la compra
de terrenos como antes lo habían hecho a las de propiedades rurales
(Mailhos, Caviglia, Salvo, constituyen ejemplos de lo Último).
Hacia 1930 el gerente del Banco de la República estimaba que la
venta de terrenos a plazo sólo en Montevideo había dado lugar a la
formación de obligaciones por más de doscientos millones de pesos,
lo que
equivalía a dos veces el total de las exportaciones del citado
año46•
A juzgar por el aumento del costo de la edificación, la construcción de viviendas fue otro de los "buenos negocios" del período (cuadro 4).
Contar con un techo fue una de las máximas aspiraciones del inmigrante junto a la de poder dejar a sus hijos el mayor número posible
de "puertas", es decir casas y edificios de rentas. Esta costumbre estaba ya bien arraigada en la sociedad uruguaya al efectuarse en 1908 el
censo de población y vivienda. Sus resultados fueron reveladores: la
población inquilina era el 67.97% del total de la de Montevideo; y el
63.79% de las casas ocupadas en la capital eran alquiladas47•

245

ciones hipotecarias en circulación entre los años 1913 y 1930 equivalió
a la exportación realizada por el país en este último (cuadro 3). Estas
cifras merecen una precisión. El Banco Hipotecario no orientó todos
sus recursos al medio urbano, ni todos sus préstamos se aplicaron a
la construcción. Según sus propias fuentes entre 1920 y 1932 el crédito
hipotecario fue de casi 183 millones de pesos, de los q~e más de 78
fueron al medio rural. Por otra parte no controló la totalidad del mercado hipotecario: en el ejercicio 1929-30 llegó a abarcar el 42.53_%. La
otra mitad quedó en manos de particulares (escribanias, comerciantes,
instituciones bancarias, etcétera).
Un buen conocedor del mercado inmobiliario, como lo fue el director de La Revista Territorial entendió que en
el Uruguay lo mismo que en la República Argentina, se opera en b_ie-

nes inmuebles con intensidad extraordinaria, sin precedentes en nmgún otro país de América y Europa. Estos negocios a_traen pod~rosamente la atención pública, y en épocas ~oririales estunulan la mversión de capitales con fines de especulación .

La duplicación de la población de la Capital que reveló el censo
municipal de 1930 es también un dato elocuente para aquilatar la multiplicación de la oferta de viviendas que se debió producir consecuentemente, a pesar de la temprana aparición de cinturones de construcciones precarias, con ranchos de madera y de lata48 •

El Concejo de Administración Departamental de ~ontev_ideo ~timó Jo invertido en edificación entre 1913 y 1931 en mas de ciento cmcuenta y cinco millones y medio de pesos (una vez y media las exp_ortaciones de 1930). Como estas cifras son tomadas de las declarac!ones
de los permisos de construcción -es decir de las constr_ucc1ones
"formales"- en un periodo en que su costo aumentó cons1der~blemente, habría que pasarlas a precios constantes para tener una idea
más acabada de su magnitud mínima52•

En plena crisis, en 1931, la fundamentación de un proyecto de ley
entendió que el alquiler de viviendas era el renglón "más alto en la carestía de la vida" y un Consejero integrante de la rama colegiada del
Poder Ejecutivo lo estimó en la tercera parte del ingreso nominal de
un funcionario público. "Se edifica enormemente en Montevideo y los
alquileres
no bajan" fue el cáustico balance de otro legislador, meses
después49•

Los industriales tampoco se sustrajeron a estas inversiones. El gerente del Banco Popular, Pedro Cosio, ex-ministro y p~idari~ del ~esarrollo de la industria nacional, se quejaba de que los mdustnales 10vertían sus utilidades en campos para arrendar o en edificios para renta, clamando por aumentos de protección en épocas de crisis53 •

El propio Banco Hipotecario hizo partir el desarrollo progresivo
de la edificación en Montevideo del año 1918, reconociendo en los préstamos urbanos el renglón más importante de sus operaciones: "El desarrollo edilicio de la ciudad de Montevideo, los grandes capitales invertidos en inmuebles de renta, negocios y residencia, han contado con
un abundante aporte en el crédito hipotecario" 50•
Como ya se mencionó, la sola emisión de títulos, cédulas y obliga-

AJ constituirse a mediados de la década del veinte la "Sociedad
de Propietarios de Bienes Raíces del Uruguay", fue su vice-president_e
el industrial Carlos Anselmi, uno de los fundadores de una de_ las pnmeras entidades gremiales del sector fabril, la "Liga Industnal", en

187~.
Las actividades de la Bolsa de Montevideo atrajeron la atención
y sirvieron para captar parte del excedente de capital. En t~ sentido
las quejas de los contemporáneos fueron constantes. Los capitales, en

�246

Siglo XIX

El fomento del ahorro fue encarado oficialmente y su repercusión
sobre el sistema financiero ya ha sido mencionada.

El modelo de país que había enunciado el batllismo había producido la alarma de los sectores más conservadores de la sociedad uruguaya, contrarios al estatismo, la extensión de la legislación social y
a algunos presupuestos de su política agraria.

Agreguemos que en relación a la paridad legal el peso uruguayo
mostró una relativa estabilidad (cuadro 4), valorizándose en algunas
oportunidades y cayendo en otras (en 1921 su desvalorización frente
al dólar fue de 35%, y en 1922 del 16% con respecto a la libra esterlina, según fuentes del Banco de la República).

A pesar de que el discurso batllista reflejó hostilidad en ocasiones
hacia el capital extranjero, el gran latifundio y algunos monopolios privados, y quizás por ello, el Estado pudo absorber capitales, a los que
dió su garantía y un interés constantes hasta que en 1932 y 1933 la crisis obligó a cambiar las reglas del juego.

Id

,-

O ·

247

especial el gran capital, absorbió parte del emisionismo de títulos que
se volcó en el país.

Sin embargo, éstos, como inversionistas, parecen haberse movido
por razones de rentabilidad y conveniencia, prescindiendo de consideraciones ideológicas. En 1918, la Federación Rural resolvió vender Títulos Hipotecarios de su propiedad para adquirir Deuda Interna de Conversión al 6.5%, porque "de esta manera se obtiene la ganancia demostrada y se mejora el tipo de interés". En 1929, el diez por ciento
del activo de la Unión Industrial Uruguaya lo constituían títulos de Deuda Pública. El balance del año 1931 del Banco La Caja Obrera mostró
la existencia de títulos de Deuda Pública por una suma equivalente aJ
42% de su capital en 1930. Y el gerente del Banco de la República entendió que el capitalista extranjero estaba "mucho más dispuesto a suscribir un empréstito nacional o municipal o de una empresa industrial
del Estado, que suscribir acciones de una exportación industrial privada ( ... )"ss_

&lt;
o

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (/900-/930)

En la Bolsa se corría riesgos, pero se contaba con bienes fácilmente liquidables. Por otra parte, eJ otro modelo, el de la "ciudadbalneario" , el que valorizaba tierras y propiedades, el que procuraba
mejorar las condiciones de vida de la población y atraer el turismo,
¿perjudicaba los intereses económicos de los que más tenían?
El libre ingreso y egreso del flujo financiero permitió que se afincaran capitales de otros países pero también que emigraran capitales
uruguayos•.
El balance de ambos movimientos es imposible de cuantificar. Conformémonos con reconocer su existencia.
• Al desatarse la primera gran conflagración mundial, en 1914, se estableció la incooversión del peso uruguayo y se adoptaron restricciones a las exporta ciones de oro.

Resta citar la inversión en un bien de consumo que revolucionó
al mundo, y también al Uruguay: el automóvil.
Hacia 1930 la deuda pública interna y externa había permitido la
construcción de la red vial, cuya extensión y alcances eran aún limitados al sur y este del país, y la pavimentación de buena parte de Montevideo y de algunas ciudades del interior. El automóvil pudo así ganar
la calle y también la carretera.
Su difusión fue facilitada por la instalación en la década del veinte de plantas de armado de dos de las empresas norteamericanas más
importantes, "Ford" y "General Motors", y por la concesión de préstamos bancarios para su adquisición. En 1930 se informaba que Uruguay era, después de Estados Unidos y Cuba, el país americano que
tenía mayor número de automóviles en relación a su superficie y población; ocupando el tercer lugar en América del Sur, en números absolutos, superándolo únicamente Argentina y Brasil56• En 1930 había
en Montevideo registrados 37 00()57. Uno por cada dieciseis habitantes.
¿Qué pasó con la industria? La industria mientras tanto siguió creciendo a una tasa que ignoramos, multiplicando el número de establecimientos y aumentando la absorción de mano de obra. El Censo I~dustrial realizado entre los años 1929 y 1930 mostró una estructura piramidal, con una amplia base ocupada por pequeños establecimientos
y cuya punta estaba constituída por una minoría de grandes fábricas,
con capital y en algunos casos moderna tecnología58• En su~ ~ectorios figuraban apellidos vinculados tradicionalmente a la act_lVld~d fabril a la mercantil financiera e incluso en algunas ramas -fngonficos,
ins~mos para el a~ro- a la rural. La diversificación de las i~~ersiones el apostar simultáneamente a varias fuentes de acumulac1on, fue
un; de las caractarísticas del "poder económico uruguayo", a la que
no escaparon los mismos industriales. Fu_e e~ este período que el ~pita! extranjero, beneficiado por el protecc1orusmo esta~, desarro!lo la
industria frigorífica y en que la actividad toda conoció el desafio de
la renovación tecnológica, de la posibilidad de utilizar la energía eléctrica y el fuel-oil.

�248

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

A pesar de estos logros, Uruguay estaba aún lejos de completar
su proceso de industrialización, de abastecer a su propio y crecido mercado interno en muchas ramas.
Los grandes industriales no daban el ejemplo: ellos también sustraían capitales a su desarrollo productivo para emplearlo en operaciones especulativas rurales y urbanas.
Sin embargo algunas industrias a fines de la década del diez declararon ganancias del 20 y 30% sobre su capital59• Y aún así, queda la
incógnita si no le sumaron al capital la existencia de materias primas
y combustibles, por lo que podrían haber sido mayores.
La comercialización de acciones en la Bolsa de Montevideo, tenia
escasa importancia en el total de sus operaciones (cuadro 5). AJ 31
de diciembre de 1931 cotizaban sus valores una veintena de empresas,
entre bancos, fábricas y sector mercantil. De ellas, doce podían ser vinculadas a actividades industriales, de acuerdo a las categorías censales
utilizadas en ese entonces: cervecerías, agua mineral, papel, vidrio, productos lácteos, calzados, imprenta, arenera, construcción60•

Esta docena de sociedades anónimas fabriles representaban a un
sector que según los criterios de la estadística oficial contaba con más
de siete mil establecimientos.
Pensar en desarrollar un capitalismo en base al apoyo de los inversionistas y a la emisión de valores bursátiles podía ser una aspiración
de futuro, o una fantasía. Las sociedades anónimas industriales eran
pocas y la competencia del Estado en la captación de fondos muy
grande.
Por otra parte, permítasenos insistir, la mentalidad tradicional pesó,
y mucho. La actividad manual o industrial no era bien vista por todos
los sectores sociales. Muchos productos nacionales debieron ser comercializados como extranjeros para ganar el favor público Oa ley de etiqueta obligatoria que compelió a especificar el origen de la mercadería
es de 1932). El prestigio de la actividad y el de su producción por lo
tanto no podían convocar a todos los ahorristas e inversionistas. Pero
de haberlo hecho, también jugaba la vulnerabilidad del mercado, de
un mercado que estaba en crecimiento pero que aún no era -y la vida
mostraría que tampoco lo iba a ser- un gran mercado.

249

CUADRO 5
MONTOS OPERADOS EN LA BOLSA DE VALORES DE MONTEVIDEO
(% SOBRE EL TOTAL)

1900
1901
1902
1903

1904
1905

1906
1907
1908

1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924
1925
1926
1927
1928
1929
1930

Valores

Valores

Públicos

Privados

Total

94.5
92.4
81.7
83.3
90.4
70.3
66.3
79.8
63.6
52.9
38.1
16.0
41.1
67.7
90.0
98.7
98.7
95.2
97.1
94.6
98.4
99.1
99.3
98.0
99.2
98.8
98.2
95.1
97.5
94.6
96.6

5.5
7.6
18.3
16.7
9.6
29.7
33 .7
20.2
36.4
47 .1
61.9
84.0
58.9
32.3

100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100

!O.O
1.3
1.3
4 .8
2.9
5.4
1.6
0.9
0.7
1.1
0.8
1.2
1.8
4.9
2.5
5.4
3.4

Fuente: Academia Nacional de Economía, Contribución a la Historia Económica del Uruguay, Montevideo, 1984; p. 582.

�250

Siglo XIX

_¿Qué podía ~sperar el sector fabril del sistema financiero? Quizás
el d1a en que algun uruguayo acceda a los archivos de un banco privado pueda contestar con cierta amplitud esta interrogante.
Es de suponer que las grandes empresas extranjeras pudieron con~ar con el apoyo de las instituciones bancarias de sus países de origen
1~t~l~das en el Uruguay, especialmente las norteamericanas y
bntarucas.
, Siendo optimistas se podría pensar que algunas vinculadas a los
nucleos de inmigrantes italianos y españoles pudo apoyarlos.
_Pero a p~sar de estas posibilidades, que serían excepcionales, las
quejas de los mdustriales fueron constantes. No contaban con préstamos de fomento, a plazos largos y bajo interés.
Como tampoco las lamentaciones de los industriales en Uruguay
d~ben sorprender,_ y~ que eran y son una de sus tareas auxiliares y habtt~ales por lo c_ottdi~nas, se pu~de mantener la hipótesis que las institu_c10nes bancanas pnvadas nacionales, aún aquellas que tenían industnales en sus directorios, siguieron las pautas del mercado atendiendo
a 1~ rentabilidad_ y eficiencia de su especificidad como empresas. Es
~ecrr que :oncedieron préstamos a corto plazo, con garantía hipotecana Ya un mterés que tenía que competir con el que abonaba el Estado
a sus títulos.

. _La ~emial empresarial representativa de la industria no fundó una
1nst1tuc1on bancana específica para el sector. En buena medida la idea
de cr~ bancos de fo?1ento industrial, y hubo algunos proyectos en
tal sentido, fue sosteruda y defendida por algunos de los administradores del Est~do, por_ algunos políticos. Estos pensaban que era una
tarea que deb1a as~ el Estad?: Los particulares estaban muy ocupados, P?r mentalidad y rentabilidad, en sus propios negocios como
P3:fª ~edicarse .ª la filantropía sectorial. Es más, cuando se funda el
F1:1g~nfic~ Nacional en 1928, como cooperativa de ganaderos con apoyo
e mJerenc1a estatal, no se financia con la comercialización de acciones
e~, el mercado sino con un empréstito y con un impuesto a la transacc~on de ganado_s que posteriormente se transformaría en acciones, medt~te la coacción de un acto legislativo. Y el Nacional fue creado para liberar ~ los productos rurales de los manejos del trust de frigoríficos extranjeros.
En 1928, la aprobación de la ley de Prenda Industrial permitió al
Banco de la República, estatal, abrir una linea de crédito industrial,

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900.1930)

251

a bajo interés y en plazos relativamente largos, apreciando el empleo
económico del dinero. El mismo comprendía la instalación o ampliación de industrias, compra de maquinarias y herramientas, adquisición
de materias primas, ampliación de edificios, capital de giro, etcétera61 •
Las cantidades prestadas fueron en su comienzo pequeñas en relación
a las colocaciones totales del Banco, pero era un paso.
En 1929 un proyecto batllista de protección industrial, que no fue
aprobado, propuso concertar un empréstito para conseguir fondos y
apoyar así a la industria saladeril y a la manufactura privada
nacional62•
En rigor, el Estado utilizó minoritariamente su endeudamiento para
desarrollar o apoyar al sector fabril. La estatización de los servicios
eléctricos, del República, o la posterior creación del Nacional y de la
Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (1931)
insumieron sólo parte de los fondos captados, ínfima si a la Deuda se
le suman los papeles Hipotecarios.
Más bien se orientó a crear la infraestructura de puertos, ferrocarriles y carreteras tan necesarios para el sistema productivo interno como para el comercio y el turismo de sus vecinos.
El desarrollo del modelo de la "ciudad-balneario", paso previo
al más ambicioso del "país-balneario" que estaba implícito en el primero, estimuló sin embargo industrias destinadas a abastecer al consumo y a la especulación urbana.
La depuración de los resultados censales de 1929-30, efectuada en
1936, asignó al grupo de la construcción y sus derivados -que a nuestro juicio sólo comprendió algunas de las actividades que se encadenan con la construcción-, el 24% de los establecimientos, el 21 O/o de
los capitales líquidos, el 320/o del personal ocupado y el 230/o de los
valores producidos63 •
Era una rama que utilizaba abundante materia prima nacional, y
apta para absorber a la migración interna y externa.
Hacia 1930 el paisaje uruguayo había cambiado, especialmente el
urbano. Julio Martínez Lamas, uno de los ruralistas más lúcidos,
denunció:
El oro de la Campaña la ha transformado (a Montevideo), la ha hecho casi de nuevo, convirtiéndola en uno de los más preciados floro-

�252

Siglo XIX
Jarob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

nes de América Latina; a los rebaños trocados por mármoles y granitos, ha hecho el milagro de levantar esa urbe (. ..)64 •

253

agraria que descansaba en el binomio latifundio-minifundio.

Montevideo había convertido los capitales rurales productivos en urbanos improductivos.

Para los que no se resignaban a los espejos rotos -se dice que
traen mala suerte- aún les quedaría otro en el que mirarse: Suiza.

En parte tenía razón. El desarrollo de Montevideo se había tragado una porción del excedente rural. Pero sólo una. Otras se habían
transformado en tierras, habían emigrado del país, habían alimentado
otras actividades, entre ellas la especulación.

Uruguay podría llegar a ser la Suiza de América, aunque esto no
condecía con la tradicional impuntualidad de sus habitantes.

Uruguay no pudo ser ni la Francia ni la Dinamarca de América
del Sur.
Pero contaba, por lo menos en la conciencia de sus habitantes, con
una de las capitales más modernas del sur del continente.
El desarrollo urbano fue acompañ.ado por el crecimiento industrial, aunque queda por dilucidar si este último fue menor, mayor, o
simplemente acompañó al de la población.
Industriales, comerciantes, banqueros, productores rurales, profesionales universitarios, invirtieron en algunas empresas. Capitales extranjeros desarrollaron la industria frigorífica, la de armado de automóviles, y adquirieron la de cemento.
Sin embargo, los agentes económicos nativos siguieron mayoritariamente las señales emitidas por el Estado y las del mercado, mientras una bien orquestada campaña política conservadora paralelamente los alertaba sobre los peligros para la propiedad privada que entrafiaba el modelo reformista batllista.
Si el país industrial no pudo ser, fue en parte, porque el Estado
absorbió recursos y los orientó en función de la modernización
urbana6.S, porque existió otro modelo "paralelo" que captó los excedentes de capitales y permitió el surgimiento del cascarón turístico, que
se adaptó mejor a la mentalidad de un país de origen inmigratoria!,
de self made men en potencia, y que se reencontró con el viejo espíritu
mercantil y especulativo crecido a la sombra de las murallas de Montevideo durante la época colonial. Si el entorno y las condiciones externas en que Uruguay estaba inserto podía ser un gran freno para su desarrollo autónomo, también lo era la estructura mental de sus habitantes y su dimensión de pequefio país, sin hierro, carbón y petróleo; sin
flota; sin posibilidades de expandir su frontera, y con una estructura

NOTAS
1. Luis C. Benvenuto, La quiebra del modelo. Enciclopedia Uruguaya No. 48, Montevideo, Editores Reunidos - ARCA, 1969; p. 145.
2. Eduardo Acevedo, Anales Históricos del Uruguay, Montevideo, Barreiro y Ramos,
1934-36; Tomo V, pp. 173-174.
3. Carlos Zubillaga, Deuda externa y desarrollo en el Uruguay batllista (1903-1915),
Montevideo, CLAEH, 1979 (Serie Investigaciones No. 8); pp. 95 a 133.

4. Edmundo Narancio en Batlle, Su obra y su vida, Montevideo 1956; p. 123.
5. Octavio Morató, Al servicio del Banco de la República y de la eronomía uruguaya
(1896-1940), Montevideo, 1976; p. 250.
6. Milton Vanger, El país modelo-José Batlle yOrdóñez 1907-1915, Montevideo, ARCAEBO, 1983, p. 17.
7. Theodor Child, Les Républiques Hisp~o-améri~n_es (1890), ci~do por Alfredo
Castellanos, Historia del desarrollo edilicio y urbanístico de Montevideo (1829-1914),
Montevideo, Junta Deptal. de Montevideo, 1971, p. 201.
8. Carlos Real de Azúa, Montevideo, e/ peso de un destino, Montevideo, Revista Nacional, No. 236, diciembre de 1986, pp. 96-97.
9. Milton Vaoger, op. cit., p. 264.

10. Eduardo Acevedo, op. cit., Tomo VJ, pp. 107-108, 255, 322-323 Y~O. El arquit~to J Femando Chebataroff Reta seilala: "El estado no propugna nmguna doctrina
arqlritectónica o urbanística. No obstante ello, se intenta mejorar la imagen de los
centros urbanos, especialmente la ciudad capital, llevándo~ a cabo e? el ~ño 1911 ~
Concurso Internacional para el trazado General de Avemdas Y Ub1ca~ón de Edificios Públicos en Montevideo. Al ailo siguiente, dentro de ese propósito de otorgar
una mayor monumentalidad a la ciudad se elabora el_priin~r Plan Repilad~r para
Montevideo, buscándose por otra parte evitar la subs1Stenclll de fra~onanuentos,
con un criterio ajeno al bienestar de la comunidad.( ...) En la tercera decada se_lleva
a cabo el Plan Fabini, primera concreción urbanística iinportante ~n MonteVI~eo,
realizándose ta Rambla Sur, la Avenida Agraciada -irnpo~te VIa _de &lt;:Om~cación con el Oeste- jerarquizándose la iinplaotación del Palacio Legislauvo, 1na~gurado en 1925". (Uruguay: su patrimonio cultural y natural. ~I legado del Siglo XX" en Suplemento Dominical de El Día No. 2798, 7 de septiembre de 1987).

�254

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

Sin embargo no suede soslayarse que las ramblas que unieron los diversos "balnearios" a la ciudad incidieron en el posterior desarrollo urbano de la misma en la inversión inmobiliaria. En 1930 Celedonio Nin y Silva, refiriéndose a Ramírez, Pocitos
y Carrasco, escribió: "Se ha dicho que ninguna ciudad europea cuenta con barriadas
tan originales y bellas como las nuevas que se han construido en las inmediaciones
de esas tres playas, en las que se ha hecho derroche de buen gusto en el estilo de
las construcciones". La República del Uruguay en su primer centenario (1830-1930),
Montevideo, Sureda, 1930; segunda edición; p. 204.

255

bre de 1930; pp. 449-451.
23. Alvarez Lenzi, Arana, Bocchiardo, op. cit., pp. 56, 57.
24. Revista Banco Popular del Uruguay, Números JO al 12, octubre-diciembre de 1926,
p. 13.
25. Banco de Cobranzas, Locaciones y Anticipos - Cincuentenario 1889-1939, p. 52.

11. Acevedo op. cit., pp. !07-108.
12. Alfredo Castellanos, op. cit., pp. 239 y 263-265.
13. Vanger, op. cit., p. 61.
14. Aníbal Barrios Pintos, Canelones: Su proyección en la Historia Nacional, Montevideo, Intendencia Municipal de Canelones, 1981; tomo 2 pp. 546-557; Suplemento
Cincuentenario El Siglo 1863-/913; Montevideo, 1913, p. 386; "Francisco Piria: La
agitada vida de un fomentista" en Jaque, 14 de diciembre de 1984, p. 7; José
F. Franca Caravia, La Paloma - Una historia desde 1803, Montevideo, 1986, p. 41;
Suplemento El Día. 7 de abril de 1935.
15. Milton Vanger, op. cit., p. 61; Barrios Pintos, op. cit., pp. 546-547; La Revista Económica Sudamericana, No. 7, mayo de 1929; "La industria del Turismo - El caso
de Punta del Este", artículos publicados en El Día (edición de la tarde); Montevideo, 1927. Afirman Barrán y Nahum: "A veces se ha criticado la versión batllista
del georgismo (expuesta en 1914 por Carlos Vaz Ferreira en sus conferencias sobre
el problema de la tierra), por sus obsesivas reflexiones sobre el derecho individual
a la "tierra-habitación" y el olvido del derecho a la "tierra-estancia". Sin negar
validez a este enfoque crítico, lo cierto es que Vaz Ferreira -verdadero filósofo oficial del batllismo- en ese momento al centrar el problema de la propiedad de la
tierra en el derecho de todo hombre al suelo para habitación, y dejar en las tinieblas
el problema de la propiedad en el medio rural, estaba poniendo el dedo en una de
las llagas de la sociedad montevideana del novecientos, llaga tan real y sangrante
como podía serlo el latifundio en el otro extremo del país". Batlle, los estancieros
y el imperio británico (tomo 1 El Uruguay del Novecientos); Montevideo, E.B.O.,
1979; pp. 148-149.
16. Luis C. Caviglia, Estudio sobre la realidad nacional, Montevideo, Urta y Curbelo,
1952; Tomo 3, p. 170.
17. Castellanos, op. cit., pp. 125, 157,250; Alvarez Lenzi, Arana, Bocchiardo, El Montevideo de la expansión (1868-1915) Montevideo, EBO, 1986, p. 28.
18. Juan Ria!, Población y desarrollo de un pequeño país- Uruguay 1830-1930. Montevideo, CIESU-ACALI, 1983, pp. 122 y 123.
19. Revista Banco Popular del Uruguay, No. 1 - Enero de 1925, (s.p.).
20. El Siglo, 21 de agosto de 1915, p. 3.
21. Banco La Caja Obrera 1905-1955, Montevideo, Mosca Hnos., 1955.
22. Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes (DSCR) - Tomo 366 14 de octu-

26. Revista de la Sección Rural del Banco Francés Supervielle y Cía. No. 30, 15 de septiembre de 1929, p. 2.
27. Diario de Sesiones de la Honorable Asamblea General (DSHAG), Tomo 19, 15 de
marzo de 1933, p. 288.
28. DSCR, Sesión del 6 de septiembre de 1934, pp. 47-48.
29. En 1915 el Banco Francés Supervielle ofrecía títulos del "Empréstito Nacional Francés
5070", (El Siglo, 1 de diciembre de 1915, p. 5); y en 1930 se publicitaban las bondades de las "Cédulas Hipotecarias Argentinas" (Diario del Plata -Suplemento
1930-, p. 39).
30. Banco de la República Oriental del Uruguay, Sinopsis Económica y Financiera del
Uruguay - Estadistica Retrospectiva ; Montevideo, edición sin fecha; p. 130.
31. 25 años del Banco Hipotecario del Uruguay 1912-1937; p. 137.
32. Eduardo Acevedo, op. cit., Tomo 2, p. 32. Sobre el particular véase también Carlos
Real de Azúa, El Patriciado Uruguayo; Montevideo, EBO, 1981; segunda edición.
33. Henry Patrick, Las impresiones de un viajero en un país de llorones, Montevideo,
Imprenta El Ferrocarril, 1880, pp. 119-121.
34. Alfredo Castellanos, La Bel/e Epoque Montevideana, Montevideo, ARCA, 1981,
p. 8.
35. En tal sentido son reveladoras las declaraciones del doctor Julio Grauert, presidente
de la Bolsa de Valores, en El Día, 20 de noviembre de 1983, p. 12.
36. Sobre la mentalidad rural véase José P. Barrán y Benjamín Nahum, Historia Rural
del Uruguay Moderno. La civilización ganadera bajo Batlle /905-1914. Tomo 6. Montevideo, EBO, 1977, p. 386 y sigs.
37. Entre los trabajos pioneros en este campo debe citarse el de Silvia Rodríguez Villamil, Las mentalidades dominantes en Montevideo (1850-/900); Montevideo, EBO,

1968.
38. Luis Cincinato Bollo, Geografía de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1914; (lla. Ed.), pp. 31 y 41-42.
39. Proteccionismo Industrial, Montevideo, Imprenta Domaleche, 1918; p. 74.
40. El Debate, 7 de febrero de 1933, p. 10.

�256

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

Siglo XIX

41. ~co de la República, op. cit., p. 158. El fenómeno de la movilidad de la propiea. rural no era novedoso. José P. Barrán y B. Nahum en La civilización ganadera
ba10 Bat!le (1905-1914) (Tomo VI de la Historia Rural del Uruguay Moderno) p
294, ?asandose en un estudio de casos concluyeron que en 1914 la clase alta '
ofrec1a una ~ueva imagen: "un cincuenta por ciento de sus miembros hacía a lo s:o
dos generaciones que poseía el suelo".

ai

42. Barrán y Nahum, Ibídem.
43. Henry Finch, Historia económica del Uruguay Contemporáneo Montevideo EBO
1980, p. 158.
'
'

257

59. Raúl Jacob, Uruguay 1929-1938: Depresión ganadera y desarrollo fabril. Montevideo, FCU, 1981, pp. 383-384.
60. Bolsa de Comercio de Montevideo - Revista quincenal de precios corrientes. Hasta
1913 se observa una importante participación privada en el total de operaciones de
la Bolsa de Valores de Montevideo (cuadro 5), que alcanza su valor máximo en el
año 1911, reduciéndose sensiblemente a partir de 1914. Según fuentes de la institución la caída acompañó "el rechazo hacia la moneda nacional que se vivió en esos
años" (Revista de la Cámara Nacional de Comercio, Vol. 9, No. 2, julio-agosto
de 1987, p. 21). Sin duda el hecho admite otras explicaciones, como la creación del
Banco Hipotecario, la crisis mundial y la radicalización de la propuesta batllista,
etcétera.

44. Suplemento Cincuentenario El Siglo, p. 33.
61. Banco de la República Oriental del Uruguay; Departamento de Crédito Rural e Industrial. Memoria correspondiente al ejercicio terminado el 31 de diciembre de 1931.
Montevideo, BROU, 1932; pp. 4 a 16.

45. Casares-Arocena - 1931 - Balneario Solís - Uruguay.

46. Morató, op. cit., p. 247.
62. Banco de la República Oriental del Uruguay -Labor del Directorio 1928-1931-.
Montevideo, Barreiro y Ramos, 1931; pp. 185-189.

47. Alvarez Lenzi, Arana, Bocchiardo, op. cit., pp. 58 y 59.
48. María Isabel Bove, Desnutrición: Un problema actual Montevideo CIEDUR
guay Hoy, no. 1 (segunda serie), 1986, p. 13.
'
'

u _

63. Censo Indnstrial de 1936, Montevideo, MIT, 1939; p. XIV.

ru

64. Julio Martinez Lamas, Riqueza y pobreza del Uruguay. Montevideo, segunda edi49. DSC:R, Tomo 371, 14 y 18-19 de agosto de 1931, pp. 109 y 138· y Tomo 379 9 d
septiembre de 1932, p. 128.
'
•
e
50. "25 años del Banco Hipotecario... ", op. cit., p. 161.

51. Declaraciones a El Pueblo, 18 de junio de 1934, p. 23.
52. "Boletí~ M~~sual de Es~ad(stica del Concejo de Administración Departamental de
: 0 ~tevideo · No. 346, Jumo de 1932, p. 9; YLa Mañana, 22 de septiembre de 1932,
4
53. Revistá Banco Popular del Uruguay, No. 7 al 9, julio-septiembre de 1926, pp. 6-7.
54. Ibídem, marzo de 1926, pp. 4-15.

55. Revist_a ~e /a Federactón Rural, No. 5, 31 de octubre de 1918, pp. 57-58; La Revista
Econom1ca ~udamer!cana, No. 7. mayo de 1929; La Mañana, 3 de febrero de 1932
p. 9. Morato, op. clt., pp. 244-245.
'
56. Celedonio Nin y Silva, La República Oriental del Uruguay en su primer Centenario
(1830-1930). Montevideo, Sureda, 1930; Segunda Edición p. 116.
57. ":lvaro Casal, El automóvil en e/ Uruguay- Los años heróicos /900 -1930 Montevideo, EBO, 1981, p. 7.
.

58. Según _el Censo Industrial de 1929-30, sobre el 94% de los establecimientos censados, solo el 2.~30Jo había_ declarado capitales mayores a 100 000 pesos (a Ja paridad
le~aJ, 21 277 hbras es!erh?as). ~a masa de capitales en explotación, incluyendo ed.ific1?s, terr~nos, maqumana, veh1culos, materias primas, combustibles, etcétera equivaha_a ~• tres veces las exportaciones de 1930 (2. 73). Banco de Ja República', "Sinopsis... , p. 164.

ción, 1946; p. 304.

65. Si bien no subestimamos las medidas adoptadas durante la segunda presidencia de
Batlle y Ordóñez (1911-15) en favor del "modelo industrial" (Ley de materias primas, estatización del Banco República y de la generación de energía eléctrica, creación del Instituto de Quimica Industrial, etcétera) -cuya eficiencia y aplicación entre 1915-1930 merecerían una investigación específica- los puntos en cuestion son
otros: 1) El papel del Estado como orientador de la economía, como caoalizador
de recursos hacia el desarrollo industrial, como gestor de políticas de estímulo para
la inversión de capitales privados en empresas fabriles; 2) En qué medida el modelo
de modernización urbana absorbió recursos necesarios para el desarrollo de las fuerzas
productivas.

�Grupos Empresariales e Inversión de
Capital en Vizcaya, 1886-1913

Jesús María Valdaliso Gago *

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Esta investigación se basa en una explotación sistemática de una fuente hasta ahora sólo utilizada para reconstruir indicadores económicos
de larga duración, los Libros de Sociedades de Registro Mercantil. Pero,
· además, es susceptible de una explotación mucho más intensiva que
consistiría, básicamente, en la reconstrucción de los grupos empresariales y de su dinámica inversora, mediante la recogida de los nombres
de los inversores que aparecen en las Escrituras de Constitución de cada Sociedad.

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Esto es lo que hemos hecho para Vizcaya en un período concreto,
1886-1913, período que supone para esta región una consolidación de
su proceso de industrialización. Así, hemos esbozado un análisis de los
principales grupos empresariales, cuyo ritmo de inversiones es un fiel
exponente de la estrategia desarrollada en cada sector (minería, navieras, etcétera). Junto a ello, la obtención de amplios listados de inversores y la posibilidad de comprobar las relaciones intersectoriales entre los mismos nos ha llevado a contrastar los resultados de la investi2ación con la teoría tradicional de la industrialización de Vizcaya, que
hace de la minería la fuente esencial de capitales que, en manos de un
reducido grupo de inversores mineros, fueron reinvertidos en la
industria.

* Departamento de Historia e Instituciones Económicas, Universidad del País Vasc)
(España). P ublicado previamente en Revista de Historia Económica, año IV, 1, 1988.

�260

Siglo XIX
Va/daliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Las conclusiones finales a la luz de nuestros datos son claras: la
minería como tal y los inversores mineros desempeñaron un papel no
despreciable en la industrialización de Vizcaya. Pero sus inversiones
preferentes se centraron no en la industria y los servicios, sino en minería fuera de Vizcaya. El carácter supuestamente decisivo que se le
ha dado a la minería como motor inicial de la revolución industrial en
esta provincia debe ser, pues, matizado, y los aportes de la minería valorados en sus justos términos.

261

Debido a que no siempre aparece el capital suscrito por cada socio, la importancia de un inversor en un sector u otro habrá que medirla por su presencia en el mismo, en función del número de veces
que aparece en las nuevas Sociedades creadas. Aunque somos conscientes de que este supuesto entraña un cierto riesgo, creemos que los
listados de inversores resultantes pueden reflejar nítidamente la conducta empresarial y las decisiones de inversión en una época particulamente interesante de la historia económica de Vizcaya.

INTRODUCCION •
La etapa histórica de fines del siglo XIX y principios del XX supuso
para Vizcaya la consolidación de su proceso de industrialización. Tradicionalmente, y siguiendo la opinión de mineros de aquella época, se
ha atribuído a la exportación de mineral de hierro vizcaíno un protagonismo fundamental de cara al inicio y desarrollo de la industrializa1
ción de la provincia • Sólo en los últimos años nuevas investigaciones basadas en un estudio exhaustivo de las fuentes han empezado a
cuestionar dicha interpretación, matizando el carácter supuestamente
decisivo 2 que la minería tuvo para el crecimiento económico de
Vizcaya •
Esta investigación pretende contrastar la llamada teoría tradicional de la industrialización vizcaína con los resultados obtenidos de la
explotación de una fuente hasta ahora no utilizada, los Libros de Sociedades del Registro Mercantil de Vizcaya 3• Nuestro estudio se habasado en listados de inversores confeccionados tras la recolección, en
fichas particularizadas para cada Sociedad, de los nombres de sus socios fundadores. Debido a la magnitud de la tarea -entre 1886 y 1913
se crean, en Vizcaya, 1 830 Sociedades Mercantiles 4- , la recolección
no ha sido completa. Sólo hemos seleccionado las Sociedades más importantes, atendiendo al criterio del volumen de su capital social. Así,
el número de Sociedades recogidas supone el 30% del total de las constituidas en Vizcaya durante ese período, cifra que aumenta hasta un
46% si sólo
tenemos en cuenta a los sectores fundamentales de
5
inversión • Estos porcentajes, significativos, lo son aún más si tenemos en cuenta el capital que representan: más del 90% del capital total
de las Sociedades constituídas en Vizcaya entre 1886 y 1913.

• Debo agra decer a Emiliano Femández de Pinedo y a J . L . Hemández Marco
sus útiles comentarios sobre esta investigación. Asimismo, para la recopilación de
las fichas de inversores he contado con la inestimable ayuda de Ma. Eugenia González Ugarte. Naturalmente, los errores y omisiones son todos de mi responsabilidad.

l. 1886-1900: HAClA UNA POLITICA
DE INTEGRACIONES VERTICALES

1.1. Diversificación de inversiones y grupos empresariales
Si partimos del capital invertido en las nuevas Sociedades creadas en
estos años y su distribución por sectores podemos observar que destacan especialmente dos, el de negocios mineros y el de transporte marítimo, que son también los primeros por el número de Sociedades creadas. También es importante el peso de sectores como el químico o el
de las compañías ferroviarias, con bajos porcentajes en núme_ro, pero
relativamente altos en capital. Ambos alcanzan sus mayores cifras absolutas y relativas ahora. Parecidos porcentajes, aunque de muy diferente significación, muestran eléctricas y siderometalúrgicas, las primeras con un elevado capital medio por Sociedad 6• Por último, hay
que señalar la escasa importancia del sector,de banca y _seguros_ e? ~st_a
etapa: salvo el Banco de Comercio (1891) , no hay nmguna m1c1ativa de relieve hasta 1900. El sector de la construcción, a pesar de su
cuarto puesto por número, moviliza muy poco capital.
Las cifras de inversores e inversiones, referidas a las Sociedades
recogidas en nuestra investigación, vienen a corroborar lo ya comentado. Destaca, sobre todo, el predominio de las compañías navieras, debido fundamentalmente a la hegemonía casi absoluta de la sociedad
anónima 8 , con un elevado número de socios por compañía; socios
que invierten en más de una Sociedad.
En conclusión, hay una patente diversificación de inversiones con
dos sectores punta, las compañías mineras y las navieras. Se produce,
además, un auge de las compañías ferro~arias y de Ias_qu~mi~ 9, _que
reciben bastante capital. Por el contrano, sectores mas s1gruficativos
en número como el siderometalúrgico o el de la construcción, reciben
menores ~ntidades de capital, principalmente porque la etapa de intensa inversión en estos sectores se produjo antes, en el período
1879-188210•

�262

Siglo XIX

Valdaliso: Grupos empresaria/es e inversiones en Vizcaya

CUADRO 1
NUMERO Y CAPITAL DE LAS SOCIEDADES CREADAS EN VIZCAYA
SEGUN SECTORES DE INVERSION Y PORCENTAJE SOBRE EL TOTAL
(1886-1900)

Capital*
Minería
Navieras
Ferrocarril
Químicas
Siderometalúrgia
Eléctricas
Banca-Seguros
Construcción

115.7
96
56.6
47.2
34.1
30.8
26.9
12.2

%
23.1
19.1
11.3
9.4
6.8
6.04

5.4
2.4

Número

%

122
90
20
39

16.6
12. 2
2.7
5.3
11.6
4.3

85
32
9
57

l. 2
7.7

• Millones de pesetas.

Fuente: Registro Mercantil de Vizcaya, Libros de Sociedades. Elaboración
propia.

263

negocio de transporte, el grupo era propietario de la Compañía mine19
ra de Setares , cuyo mineral se transportaba casi en su totalidad por
su_ flota de vapores. Gracias a esta integración vertical "del negocio
mmero y el transporte de su mineral" se cimentó buena parte de su
fortuna. Una prueba significativa de lo que acabamos de afirmar será
la rápida adquisición por el grupo de nuevas minas cuando los yacimientos del Norte den muestras de agotamiento: en 1900 crean la Compañía minera de Sierra Menera21 , con un capital de 32 millones de pesetas, compañía que se dedicará a explotar el coto minero del mismo
nombre (sito en las provincias de Teruel y Guadalajara), arrendado a
Cosme Echevarrieta. El mineral, conducido por ferrocarril hasta Sagunto, era embarcado allí en los buques de la compañía22 • Posteriormente, en ese mismo lugar se levantará la Compañía Siderúrgica del
Mediterráneo, en 191723 , que supondrá la integración completa
(extracción-transporte-transformación). Además, este mismo grupo crea
en 1900, junto a otros navieros interesados la Compañía Euskalduna
de Construcción y Reparación de Buqu;¡J, ejemplo significativo del
interés de los navieros por construir sus propios buques. En esta primera
etapa, el 650Jo de los inversores en Astilleros son también navieros25•
Otro de los grandes grupos navieros es el de Martínez Rodas, muy
diversificado en cuanto a sus inversiones en 1886-1900. Su presencia

CUADR02

A continuación vamos a analizar los principales grupos empresariales de esta primera etapa. El grupo Martínez de las Rivas es el primero en realizar los mecanismos de integración vertical para expansionarse económicamente11 .Con un capital, en parte, basado en negocios vinculados al sector público12, adquiere en 1879
una fábrica siderúrgica a la compañía inglesa The Cantabrian !ron Company Limited, la futura San Francisco 13 • A partir de 1889 comienza
la "etapa naviera" del grupo; José Ma. Martínez de las Rivas funda,
junto a Ch. M. Palmer, la Compañía Martínez Palmer'4. Dos años
más tarde crean las Compañías de vapores Rivas, Mudela y Marqués de Mudela 15 • En ese mismo año -1891-, la antigua Sociedad
Martínez Rivas-Palmer se transforma en Astilleros del Nervión'6, cuyo objetivo inicial es construir tres buques para la Armada Española 17•
En 1894, con los mismos socios que se reinscribe la San Francisco, Alzaga y Procter, crean la Compañía Coto del Muse/, situada fuera de
Vizcaya 18• En líneas generales, el grupo diversifica sus inversiones dentro de un panorama de actividades estrechamente relacionadas entre
sí: minería-siderurgia-construcción naval-transporte marítimo.
El grupo Sota y Aznar se encuentra ahora en su fase de conformación. A partir de 1889 y hasta 1899 se fundan por el grupo un total
de veintinco compañías navieras, una por cada buque. Además de este

INVERSORES E INVERSIONES EN VIZCAYA (1886-1900)

Banca-Seguros
Construcción
Eléctricas
Ferrocarril
Siderometalurgia
Minería
Navieras
Químicas
Varios
Total

Inversores
No.
%

Inversiones
No.
%

22
70
82
170
132
266
282
118
102

1.8
5.6
6.6
13.7
10.6
21.4
22.7
9.5
8.2

23
74
97
208
185
340
693
138
105

1.2
4.0
5.2
11.2
9.9
18.2
37.2
7.4
5.6

l 244

100.0

l 863

100.0

Fuente: RMV, Libros de Sociedades. Elaboración propia.

�264

Siglo XIX

es fuerte en sectores como el eléctrico, minería y banca y seguros. En
1890, y junto a Víctor Chávarri y otros, crean Hulleras del Turón, iniciando un negocio de exportación mineral hacia Asturias y retomo con
carbón, todo ello en barco26• Dos años más tarde crea la Compañía
Naviera Unión27 y en 1895 la Compañía Marítima Cantabria 28 • Pero
el grueso de sus inversiones se centrará en los años finales del siglo:
en 1899 participa en la creación de la Sociedad General de Centrales
Eléctrica?; en 1900 crea la Sociedad Unión. Compañía Marítima, con
un capital de 16 millones de pesetas30 ; la también Compañía Marítima la Actividad31 ; la Compañía de Seguros Aurora32, con 20 millones
de pesetas, y Minas de Cala, con 15 millones de pesetas33 • El fuerte
ritmo de inversiones del grupo en los años de la coyuntura finisecular
y la cuantía de las mismas hace suponer que contó con una aportación
"extra" de capital que no provino de los beneficios de sus antiguas
compañías y que bien pudiera proceder del gran volumen de capital
repatriado al perder España sus últimas colonias ultramarinas34 • No
obstante, esto no deja de ser una hipótesis. Es, pues, un grupo muy
parecido al de Sota y Aznar por las actividades donde desarrolla sus
negocios, sobre todo sector servicios y alguna compañía minera, en la
que invierte para sacar más rentabilidad a su negocio de transporte.
Los años de fin de siglo, además de suponer una considerable capitalización de la economía vizcaína3s, fueron también años de gran
dinamismo empresarial, referido tanto a los grupos empresariales ya
existentes, y que amplían su esfera de influencia, como a los que surgen más claramente en este momento. Así, amparados en la fuerte subida de los fletes en los últimos años del siglo XIX 36, se configuran
varios grupos navieros como los Azoar Tutor-Arzuaga-Urrutia37 ,
Barandiarán-Gómez-Mendiald ua38 ,
U riarte-Eguiraun-CortinaAcillona39.
En resumen, y por lo que se refiere a los grupos empresariales centrados en el sector naviero, podemos concluir que hay dos grandes tipos. En primer lugar, los grupos creados antes de la coyuntura finisecular, que son también los más poderosos, están agrupados en estructuras de tipo vertical que integran extracción de mineral y transporte,
o transporte y construcción de buques. A finales de esta etapa inician
otra vinculación característica mediante la creación de compañías de
seguros, como es el caso del grupo Martínez Rodas en 1900 o de Sota
y Aznar en 1901. Ya hemos referido anteriormente el interés de este
último grupo por tener criaderos para transportar mineral, puesto que
su negocio residía en la exportación y transporte de su propio mineral.
Es significativo, por otra parte, que el grupo Martínez Rodas, vinculado más al tráfico de cabotaje o con América, cree, en 1900, Minas de
Cala ante un previsible descenso del comercio con América tras la pérdida de las colonias: la reorientación de parte de sus actividades hacia
el tráfico con Europa se hacía con un negocio de extracción de mineral
de por medio. Así, pues, los mecanismos de integración vertical tienen

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

265

ahora un carácter defensivo frente a la competencia de los buques ingleses. Bien es cierto que proporcionaron a estos grupos (fundam~ntalmente, Martínez de las Rivas y Sota y Azn~r)_parte de sus cuantiosos beneficios, pero de su buena march~ econo011ca noyodemos ded~cir un control de los fletes ni una ventaJosa compe~enc1a sobre la marina inglesa"°. "Sin duda, -señ~a Fem~?ez de Pm~do-, la ~xportación de mineral de hierro y la unportac1on de carbon, a traves de los
fletes, tuvo que suponer un negocio na~a desprecia~le! pero fueron los
extranjeros quienes se beneficiar~n, ~eJando la~ ~gaJas a la ~º{ª _nglacional, tanto vizcaína como no V1Zcama, en el ultuno cuarto e s1 o

XIX"41.
En segundo lugar, los grupos navieros cread?s ~ fmes del siglo XIX
aprovechan la fuerte subida de los fletes, que C01:Dc1~e co_n u_n ~umento
del mineral y carbón transportado por la flota bilbama, mvirt}end~ algunos de ellos -como Arzuaga y Aznar Tutor- en compañías 011neras después de haber invertido en la _compra_d~ bu~ues. Pero,. además,
parece que debió haber "una decisiva part1c1pac101;1 de! c~p,Atal repatriado de las colonias en el desarrollo de la flot~ VIZ~a · Ya ht
mos señalado el caso de Martínez Rodas. El testimo~o. de R~6n e
la Sota, citado por Fernández de Pinedo, es muy s1gruficat1vo:
vizcaínos establecidos en Liverpool, Manila, Habana, etcétera, sustituyeron los antiguos buques de vela por otros de vapor,.:reand~ en
poco tiempo una flota de importanciad,qu~ a1
tamb1en considerable desarrollo en los años del pasa o s1g1o •

c:f7'Ó

Cambiando ya de sector, el grupo Ibarra-Vilallonga-Zub~a, parte de
cuyo capital es de origen bancario44 , crea en 1882 la Soc1eda~ Altos
Hornos y Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao. Durante estos anos pr&lt;:
seguirá la inversión en este sector, sobre todo en ~mpresas metalurgicas que demanden sus inputs a Altos Hornos de Bil?~º· J?e esta forma
completan la integración que se iniciaba en la p~1c1p~~1ón de lbarra
z b' 'a en la Orcona y Franco Belga con la mtenc1on de obtener
~n:r; barato para su fábrica siderúrgica4s. A partir ~e los años, n~venta y junto a otros señalados inversores del sector s1derom~talur~co co:Oo E. Gana y R. Rochelt, crean la Sociedad Tubos ForJados
Bilbao, en 1892, y la Basconia y Alambres del Cadagu~, en 1893 ·
También invierten en minería del carbón e~ la cuenca ast~an~-l~nes_::
1
para conseguir combustible a buen precio ; en compañías eléctncas ,
químicas49, y de construcciónso. La ex~ans~ón_ del grupo !barra es un
claro ejemplo de la estrategia de los s1derur:g1c~s en l?s años ~nales
del siglo XIX; "practicar una política de sust1tuc1ón_de 1mportac1on~:
sobre todo de la maquinaria del país y que se hacia ~emr de fuer~
(Fernández Pinedo). De esta forma la demanda de hierro Y acero e
las nuevas empresas metalúrgicas subsanarla el problema de los mer-

¡

�266

Siglo XIX

cados para una siderurgia que hasta entonces contaba con una fuerte
capacidad productiva sólo parcialmente desarrollada por la falta de
51
demanda • Otros grupos, como el de Chávarri o Echevarría, serán
también ejemplos significativos de esta política que se empieza a poner
en práctica a partir del Arancel de 1891.
En efecto, el grupo liderado por Víctor Chávarri, inicialmente centrado en la minería, crea en 1882 la Compañía Anónima de Metalurgia
y Construcciones la Vizcaya 52• En 1889 crea la Sociedad Delta Español; Talleres de Deusto en 1891; la Vasco Belga, en 1892; la Basconia
y la Ochandianesa, en 1893; Santa Agueda, en 1896, Chávarri, Petrement y Cía., en 190053• Pero, además de las inversiones en el sector
siderometalúrgico, el grupo diversifica extraordinariamente sus intereses económicos. Sólo su líder, Víctor Chávarri, aparece en cinco empresas metalúrgicas, seis mineras, cuatro químicas, dos de construcción, tres compañías ferroviarias y una eléctrica54 •
El grupo Echevarría-Zuricalday, liderado por Federico Echevarría
Rotaeche, es, b~icamente, el resultado de la unión familiar de un grupo fundamentalmente siderometalúrgico con otro más dedicado a negocios comerciales y de alimentación. Al igual que los dos grupos mencionados anteriormente, la dinámica inversora del grupo Echevarría
refleja nítidamente la evolución del sector siderometalúrgico: en 1886
crean una fábrica de transformados metálicos, importando bojadelata
inglesa55 • Dos años más tarde se unen con Goitia y Compañía, creando la primera gran empresa metalúrgica vizcaína, que luego pasará a
denominarse lberia 56 • En 1895 crean El Valle, otra empresa
metalúrgica57 • Sus vínculos con los Zuricalday se inician en la Sociedad Real Telefónica de Bilbao, creada en 1889, y en la Papelera Vizcaína, fundada un año después58 • En 1893 ya aparecen en la antigua
Sociedad Hijos de Zuricalday miembros de las dos famílias 59• Este
grupo también invirtió en algunos negocios mineros y en varias compañías navieras6().
Como hemos visto, gran parte de los grupos navieros o siderúrgicos invierten en minería por diferentes motivos. Grupos empresariales
entrados en este sector son, por ejemplo, el formado por Benigno Salazar, Luiz Salazar y J. Ma. Lezama Hormaza, que en estos años crean
1a Sociedad Carbonífera de Matallana y Salazar y Compañía61 • Los
Gandarias, vinculados al grupo Chávarri por su participación en /a
Vizcaya 62 , aparecen junto a él en varias Sociedades63 • Posteriormente
crearon la Sociedad Coto Minero de O/largan y Minas de
Alcaracejos64 • Hay, pues, por parte de estos grupos, una reinversión
casi exclusiva en el mismo sector.

Valdaliso: Grupos empresaria/es e inversiones en Vizcaya

267

Otro grupo de carácter monosectorial, esta vez centrado en el sector eléctrico, es el de Salvatierra-Crespo-Márquez de la Escosura-Zuasti,
que proviene, sobre todo, del interior del país. Aunque Bilbao es el
domicilio social del capital, todas sus iniciativas se centraron en el resto de España: en 1899, y junto a C. Reinke y W. Reinchard, crean la
Electra Martos Valdepeñas y la Electra Industrial de Navarra65 • Un
año más tarde crean la Compañía Eléctrica Peninsular, la Electra Industrial de Gijón y la Electra Industrial Coruñesa66 •
En el sector químico destacan los grupos Gurtubay-GreavesArbaiza, dedicado, sobre todo, a la importacion y refinado de petróleo y aceites minerales desde 188867, y los Errazquin, vinculados a la
Sociedad Española de la Dinamita, creada en 187168, y que ahora aparecen en Explosivos de Burceña, Unión Española de Explosivos y Fábrica de Vidrios de Lamiaco69•
LOS INVERSORES Y EL ORIGEN DE LOS CAPITALES
Debido a las limitaciones de las fuentes, ya expuestas anteriormente,
nuestras conclusiones en este apartado concreto se basan en la presencia de los inversores en las diferentes compañías y sectores y no en el
volumen de capital suscrito por cada uno. A pesar de ello, creemos que
los resultados son indicativos de las inversiones realizadas y de las relaciones intersectoriales en materia de inversión.
Por lo que se refiere a la presencia de capital extranjero, ésta es
importante en el sector químico, con un 15.20/o de los inversores. Los
restantes sectores con participación de capital extranjero, por orden
decreciente, son el eléctrico, con un 9. 70/o de los inversores; minería,
con un 9.020/o, y compañías ferroviarias, con un 8.20/o. En los restantes sectores la presencia es mínima. La mayor intervención de capital
extranjero en el sector químico es normal teniendo en cuenta la escasa
tradición de la industria química en España, que ha provocado que la
mayoría de las iniciativas hayan venido de la mano de empresarios
foráneos70• En Vizcaya son, sobre todo, franceses y alemanes, vinculados a la fabricación de explosivos71 • También es importante la actuación de aquellos últimos en el sector eléctrico.
Dentro del sector químico también hay que reseñar la presencia
de capital asturiano, especialmente inversores del "Grupo Ovetense"
como J. Tartiere y L. de Vereterra, agrupados en la Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbaran, que aparecen en la Vasco Asturiana
de Explosivos y en la Unión Española de Explosivos13 • Del mismo grupo está A. López, que invierte en compañías ferroviarias como la Cons-

�268

Siglo XIX

tructora de Zalla a Solares y la Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao14• Recíprocamente, parece que la presencia de capital
vasco fue muy importante en Asturias en los años finales del siglo

XIX1s_

A pesar de las continuas referencias a la importancia del capital
repatriado invertido en Vizcaya al perder España a Cuba y Filipinas76,
no nos ha sido posible cuantificar su presencia. Tampoco conocemos a los inversores que habían hecho su fortuna en las colonias,
salvo los casos de E. Aresti Torren o Martínez de Pinillos78 • Por el
momento, sólo un seguimiento personal de los inversores proporcionará algún dato al respecto.
A continuación vamos a analizar las relaciones intersectoriales entre los inversores. La teoría tradicional de la industrialización de Vizcaya hace de la minería el sector de arrastre fundamental del posterior
desarrollo industrial de la provincia. La burguesía minera vasca, exportadora de mineral, fue, según esta interpretación, "el eje, a nivel
empresarial, del desarrollo industrial y del capitalismo en el País
Vasco"79• La intensa acumulación de capital realizada en el sector minero por un "reducido grupo de empresarios{ ...) fue decisiva( ... ) en
la financiación del desarrollo económico de Vizcaya y del País Vasco
en el último cuarto del siglo XIX"80 • La reinversión de este capital sirvió para crear una moderna industria siderúrgica y, más concretamente en esta primera etapa, para "la financiación total de la expansión
siderúrgica vizcaína"81 •
A fin de calibrar de alguna manera la importancia de la minería
y de la burguesía minera, hemos cuantificado la presencia, en cada uno
de los sectores, de los inversores en minería y el porcentaje que representan en cada sector. Asimismo, y para realizar una comparación, hemos hecho algo idéntico con los inversores en siderometalurgia. Antes
de analizar los resultados hay que hacer ciertas matizaciones. En primer lugar, cuando hablamos de capital minero, siderúrgico, bancario,
etcétera, estamos recurriendo a una generalización para sistematizar
los datos, pues es casi imposible averiguar la procedencia exacta de un
determinado capital. En segundo lugar, y dado que operamos con un
listado de inversores e inversiones de 1886 a 1900, hay que tener en
cuenta la cronología de estas últimas. A este respecto, Fernández de
Pinedo, para el caso concreto de la minería, ha señalado que el hecho de
"que ciertos inversores de 1882, cuando se iniciaba la gran exportación de mineral, figuren como mineros en 1890 no garantiza que el capital invertido a principios de los ochenta haya tenido sus raíces en la
minería"82• Por último, en los sectores están agrupados tanto las ac-

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

269

tividades directamente productivas como las comerciales; por ejemplo,
en nuestra lista de inversores en minería habrá tanto mineros productores, que laborean minas propias o arrendadas, como individuos que
se dediquen al comercio del mineral.
Si analizamos el número total de los inversores en negocios
mineros83 podemos inferir de su cantidad que los beneficios de este
sector "no se concentraron exclusivamente entre la gran burguesía minera, sino que más de un tercio de los mismos se desparramó entre las
clases medias"84 • En efecto, se constituyeron gran número de compañías por parte de burgueses que no eran los Martínez Rivas, Chávarri,
Gandarias, Durañona o Lezama; burgueses que formaron "una numerosa clase media que supo aprovechar lo fácil y barato de los
registros"85 • Hay que tener en cuenta que nuestro listado de inversores en minería (1886-1900) corresponde a un 52.4% de las compañías
mineras creadas en este período, porcentaje que se refiere a las compañías mineras más importantes o, a lo sumo, de tamaño medio. Las pequeñas compañías, generalmente colectivas, que laborean una o varias
minas, se encuentran en ese 47 .6% que no hemos recogido.
Por lo que se refiere a los porcentajes de participación de inversores mineros y siderometalúrgicos, vemos que la presencia de los primeros sobrepasa el 20% en el sector siderometalúrgico, químico y construcción. En los restantes sectores el porcentaje de mineros entre sus
inversores oscila entre el 12 y el 18%. La presencia de inversores en
siderometalurgia, aun siendo considerablemente menores en número
que los primeros86, es importante en construcción, químicas y ferrocarril, teniendo porcentajes parecidos en minería y eléctricas. A primera vista de estas cifras, se deduce una contribución importante en
la minería,' pero de ningún modo fundamental, ni decisiva, para el surgimiento de una industria moderna. Los relativamente altos porcentajes en químicas, ferrocarril y, sobre todo, construcción obedecen a la
fuerte atracción que ejercieron como receptores de capital y diversificadores de inversiones. Tanto inversores mineros como siderometalúrgicos aparecen en ellos con parecida importancia. La dif~renci~ favor de los primeros estriba en el mayor desarrollo y prohferac1on de
compañías mineras en esta etapa, mie~tras que el ritm? _d~ creació!1
de compañías siderometalúrgicas no se incrementa hasta m1c1ada la decada de los noventa ritmos diferentes que influyen en el mayor o menor número de inve;sores en cada sector. No obstante, eso no les impide ser a los inversores en siderometalurgia los que tengan un porcentaje más alto en el sector de la construcción e igualen a los mineros en
el sector eléctrico.

.ª

�270

Siglo XIX
Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

CUADRO 3
PRESENCIA DE INVERSORES EN MINERIA Y EN
SIDEROMETALURGIA EN LOS DEMAS SECTORES (1886-1900)

Inversores

Minería
(%)
Navieras
Siderometalu rgia
Ferrocarril

Químicas
Banca-Seguros
Eléctricas
Construcción
Minería

17.7
25.7
18.2
22.3
17.4
12.2
25.7

Inversores
Siderometalurgia
(%)
5.0

14. l
17.8
9.1
12.2
27.2
12.8

Fuente: RMV, Libros de Sociedades, listado de inversores 1886-1900. Elaboración propia

Los porcentajes de inversores mineros en los sectores siderometalúrgico y naviero se explican por otros motivos. Ya hemos visto que
algunos grupos navieros integraban verticalmente el negocio de extracción de mineral y su posterior transporte, pero las inversiones en minería no fueron siempre el punto de partida para una posterior adquisición de buques. Grupos como el de Martínez Rodas o el de ArzuagaUrrutia invirtieron en minería para poder transportar mineral en sus
buques, mineral que mayoritariamente era embarcado en buques
extranjeros 87 • El mismo Sota invirtió en el sector naviero siendo antes minero, pero en 1900 invirtió de nuevo en minería para asegurar
la prosperidad económica de su flota de vapores, sin que sepamos hasta qué punto el capital empleado provino de la minería o del transporte marítimo. En el caso de los grupos siderometalúrgicos, el único que
previamente tiene negocios de minas es de los Chávarri88 • Los dos restantes invierten en minería a posteriori de sus inversiones en el sector
siderometalúrgico. Con esto no pretendemos en mingún momento negar la existencia de una corriente reinversora de beneficios mineros en
la industria y los servicios, pero sí cuestionar que fuera la única o la
predominante. Las corrientes de reinversión fueron múltiples y recíprocas dentro de una fuerte tendencia a diversificar las inversiones. Además, salvo los Chávarri, los restantes grupos que muestran un acusado
dinamismo inversor no son precisamente mineros. La tendencia de es-

271

tos últimos se dirigirá hacia la reinversión en el mismo sector, como
es el caso de Lezama, Salazar o Gandarias.
En conclución, pues, hay que cuestionar la rotundidad de las afirmaciones de la teoría tradicional sobre la contribución de la minería
a la industrialización de Vizcaya. De lo expuesto hasta el momento se
deduce una cierta importancia de este sector; importancia que no es
explicativa por sí sola del acelerado ritmo de industrialización que vive
Vizcaya en estos años.
2. 1901-1913: UN PERIODO DE CONCENTRACION

EMPRESARIAL
2.1. Diversificación de inversiones y grupos empresaria/es
Partiendo de nuevo del capital invertido en los diferentes sectores y
comparándolo con el de la etapa anterior, podemos apreciar varias diferencias. En primer lugar, hay un importante aumento del capital invertido, que se hace más perceptible en los primeros sectores del cuadro 4, banca y seguros y minería, cuyas diferencias con los restantes sectores son significativas. Asímismo, las diferencias entre el tercer y cuarto
sector y los restantes también son importantes. Prueba de la concentración de las inversiones en este período es el hecho de que ahora los
cuatro primeros sectores reúnen el 70.1 % del capital total invertido en
Vizcaya, por tan sólo el 29.70/o en cuanto al número de sociedades
mientras que en la etapa anterior los porcentajes respectivos fueron 62.9
y 36.80/o. Ha habido, pues, un aumento de capital absorbido por los
principales sectores en este período 1901-1913, capital concentrado en
un menor número de sociedades. En estos años se crean grandes compañías como Altos Hornos de Vizcaya, Hidroeléctrica Ibérica, Banco
de Vizcaya, etcétera. En contraste con ese gigantismo empresarial, también ahora aumenta considerablemente el número de pequeñas compañías, la mayoría de ellas no encuadradas en los sectores básicos de
inversión y con tan sólo un 13.4% del capital total.
Por sectores, tanto banca y seguros como minería son los más importantes en cuanto a capital recibido, siendo, además, este último el
primero en número. El sector siderometalúrgico y el eléctrico experimentan una fuerte subida en capital, aun cuando sus porcentajes en
número disminuyan o permanezcan igual, lo que nos indica un aumento
del capital medio por empresa en ambos. Por el contrario, las compafiías navieras y los ferrocarriles descienden fuertemente en número y
capital como consecuencia de las crisis en sus respectivos sectores. La
industria de la construcción permanece igual en porcentajes, pero ha
visto aumentar el capital dirigido a ella. Las químicas, por último, des-

�Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya
272

273

Siglo XIX

CUADR04
SOCIEDADES CREADAS EN VIZCAYA SEGUN SECTORES
DE INVERSION Y PORCENTAJE SOBRE EL TOTAL (1901-1913)

Capital*
Banca-Seguros
Minería
Siderometalurgia
Eléctricas
Navieras
Químicas
Ferrocarril
Construcción

200.0
183.4
98.02
83.3
41.9
38.3
30.4
23.0

%

No.

%

24.8
22.8
12.2
10.3
5.2
4.7
3.8
2.8

27
162
89
47
64
47
7
81

2.5
14.8
8.1
4.3
5.8
4.3
0.6
7.4

• Millones de pesetas

Fuente: RMV, Libros de Sociedades. Elaboración propia

de los grandes bancos, que en Vizcaya ~viero~ un ~á~er mixto, l_o
que pudo suponer una diversificación de mvers1ones mdirecta a traves
de la banca91 •
El grupo de Martínez de las Rivas no ap~~ece ahor_a en ~~~a
·edad Hasta 1918 no volverá a part1c1par en mnguna llllCianueva SOCI
•
•
Hº
p rt tiva año en el que crea, junto a otros mversores, la 1spano .o u
gu~a de Transportes Eléctricos, perteneciendo a su ConseJO de
Administración92 •
El grupo Sota YAznar experimenta una profunda transformaci?n
en la primera década del nuevo siglo. En pnmer lugar, los tres socios
ma oritarios de las compañías de buques, Ramón de la S?ta, E. Azn~
de Sota YLuis Ma. Aznar YTutor, crean en 190 l _la sociedad colectlS t
Aznar93 como forma de gestionar sus mtereses Y agrup_ar
;:s a~~:Oes en la; compañías de lo_s dife~nte~u!~¿~e}cis:°L~~
dades mineras del grupo. En ese mismo o, J
., d
J L Vill baso este último vinculado a Sota desde la creac1on , e1
~~co.de c:mer~io en 1891, crean la Sociedad m~s grande del pen~
do la Polar de Seguros, con un ca~ital dedlOO milllon~
. '. d
•
1O del grupo Martmez Ro as, e grup
S1gu1en o e1eJemp
, d
n la doble finalidad de asecreó también una compañía e seguros co

fu

~i;:;

:o~:yesz:~

cienden en número y capital, aunque no considerablemente.
Acorde con ese fenómeno de concentración empresarial que se produce en el período 1901-1913, las cifras de inversores e inversiones referidas a las Sociedades más importantes creadas en estos años también descienden, al igual que el porcentaje de sociedades anónimas, sobre el total, que ahora es del 24.9% frente al 34.70/o de la etapa anterior. El predominio del sector minero en cuanto al número de inversores e inversiones es abrumador en esta etapa, lo que se debe fundamentalmente a la gran importancia de las compañías mineras creadas
en estos años, con grandes volúmenes de capital: compañías que en
su inmensa mayoría se dedicaron a laborear minas situadas fuera de
la provincia. Si en el período 1886-1913 el 77.711/o de las grandes Sociedades (el 4811/o del total) se dedicaron a explotar minas fuera de Vizcaya, en 1901-1913 el porcentaje asciende hasta el 82.4% 89• El número
de inversores también aumenta en banca y seguros, eléctricas y varios,
aumento relacionado con el especial auge que los dos primeros sectores experimentan en esta época.
Todos los datos apuntan, en suma, a que en estos años se produjo
una creciente concentración industrial y empresarial no sólo en Viscaya, sino en todo el país90• A la vez, no hay que olvidar el desarrollo

CUADR05
INVERSORES E INVERSIONES EN VIZCAYA (1901-1913)

Inversores
%
No.

Inversiones
%
No.
8.9
5.1

9.8
5.7

95

11.1

144

2.2
6.1
37.7
7.6
4.1
15.6

111
23
65
436
78
39
169

2.1
6.1
40.7
7.3
3.6
15.8

923

100.0

1 071

100.0

Banca-Seguros
Construcción
Eléctricas
Ferrocarril
Siderometalurgia
Minería
Navieras
Químicas
Varios

91
53
103
20
56
348
70
38

Total

Fuente: RMV' Libros de Sociedades. Elaboración propia.

55

10.4

�274

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Siglo XIX

gu_rar su ~rop~ flota y ofertar s_us servicios a otras compañías navieras
o t~~ustnales . En 1901 también, Ramón de la Sota participa en la
fus1on del Banco de Comercio con el de Bilbao y en la creación de otras
compañías96 • En 1906, siguiendo la estrategia particular del sector, se
~roduce la fusión de las veintitrés compañías de buques existentes baJO el nombre de la Compañía Naviera Sota y Aznar S.A. con un capital de 9 5 millones de pesetas97• En resumen, hay ~na r~rganización
de! g~upo, tendente a un mayor control, por parte de sus tres figuras
prmc1pales, de todas las actividades en donde está presente.
En torno al Banco Vascongado, creado en 1902 y posteriormente
integrado en el Viz':aya~, se produce una clara articulación de los que
~asta entonces hab!an sido grupos empresariales dispersos, que a partir de ahora tendran más conexiones entre sí. Este banco nace de la
participación de la Compañía de Seguros Aurora, del grupo Martínez
Rod~, Y de la fusión del Banco Naviero-Minero'~\ en el que participan diversos grupos.
El grupo I barra-Vilallonga-Zu biría dirige su atención preferentemente hacia el dinámico sector de las eléctricas, participando fuertemente en compañías como la Hidroeléctrica Ibérica, Compañía Ibérica de Electricidad Thomson Houston y Unión Eléctrica Vizcaína 100 e
indire~tamente e~ ~lgun~s más a través del Banco de Vizcaya, en cu~o
C~nseJo d_e Adrrums~rac1ón están presentes 1º1• Maluquer ha puesto de
reheve la tmportanc1a de este banco, eje de "un trust perfectamente
articulado" de grandes empresas eléctricas 102• Junto a otros grupos
participará en la creación de Saltos del Ter, en l 90tº3, y es, además,
uno de los g_rupo_s creadores del gigante Altos Hornos de Vizcaya, junto a los Chavam y los Echevarría104 • También aparece en varias compañías mineras 105 •
El grupo Echevarría-Zuricalday mantiene sus inversiones en los sectores metalúrgico y alimentación (véase Apéndice), pero en las iniciativas más destacadas en las que participa está asociado a R. Picavea Leguía, creador, con l. García Lastra, de Hispanía. Compañía General
de_ Alumbrado106 • En 1901, junto a C. Reinke y J. Ahlemeyer, crean
p~mero Ah/emeyer,. S.A. y poco más tardeAhlemeyer, Compañía Anómma de Construcc10nes e instalaciones Electromecánicas fruto de Ja
fusión de la anterior con la Hispania 101• Un año más tar'de este mismo grupo crea la Hidroeléctrica de Cataluña, con un capital de 10 millones de pesetas 108• En 1907, tanto Echevaróa como Picavea participan en la creación de Saltos del Ter. No es extraño, pues, que R. Picavea sea uno de los socios fundadores del Banco de Vizcaya el banco
eléctrico por excelencia 109•
'

275

El grupo bancario Crédito de_Ja Un!ón Mi~~ra está formado por
un gran número de mineros cuyas 10vers1ones bas1~s y fundamen~al~s
siguen centrándose en el sector del que proceden . El gr~po pn~c.1pal en este banco, aparte de los Chávarri, es el de Gandanas, familia
minera muy importante en Vizcaya desde los años ochenta del pasado
siglo 111 •
Los Chávarri mantienen su política de diversificación, ahora no
sólo de inversiones, sino también de relaciones con otros g~pos empresariales o empresarios indiv~duales. P~r. una parte, ~anuene u~a
fuerte presencia en el sector romero, part1c1pando en sets compañías
mineras y en el Crédito de la Unión Minera. En los restantes sectores,
la mayoría de las veces aparece as&lt;?ciad? a P. Allende Y a E. Borda
Achúcarro, dúo inversor de gran dmarrusmo, presente s&lt;?bre todo _en
compañías ferroviarias 112 • Es, quizás, el ~rup_o empresanal cuyos mtereses económicos se encuentran más d1vers1 ficados.
Como conclusiones generales de este apartado podelll:os enumerar, en primer lugar, la desaparición de vari?s &amp;:~pos navieros como
inversores en nuevas compañías y la reorgamzac1on de los ~rupos qu_e
perduran a través de una política
fusiones o concent~a~1?nes honzontales. Esta se explica por la cns1s del sector, que se 1~c1~ en 1~-•
con una brusca caída de los fletes. Así, hasta 1909, las prmc1pa~es m1ciativas revisten el carácter de concentraciones ~orizontales, mientras
que las restantes compañías que se crean se ded1c_an fundamentalm~nte al cabotaje -navegación que sí estaba protegida-,_ co~1~n captt~l
social menor y una razón jurídica que ya no es la an?mma · Ademas
de esa política de fusiones, la estrategia de los_ nav1er?s se centró en
pedir protección al Estado, solicitando una sene de pnmas a la ~avegación que se concederán, en 1909, mediante la Ley de Prot~c1ón a
las Industrias Y Comunicaciones Marítimas. Parece, p~es, que os navieros estuvieron muy interesados en recibi: la prot~c1ó~1?el Estado,
lo que pone muy en duda su pretendido librecambismo .

?~

En segundo lugar, la tendencia de la mayoría de los grupos m~~eros a invertir de nuevo en el mismo sector, sobre todo en comparuas
mineras situadas fuera de Vizcaya.

(~!

Por último, el vi_raje d~ grupos ~~di~ion(It:!:;Jj~;:a
Tutor-Arzuaga-Urrulla), o s1deromet urg¡cos
. .
, s ue
'a)
hacia
una
inversión
preferente
en
el
sector
eléctnco,
grupocq
Vam ,
v·
rtenecen a su onartici an en la creación del Banco de izcaya Ype .
.
~e· o Administración. Tendencia a la que no son aJenas las d1fic~taJ
.d , ·co vasco en la primera década del nuevo siglo.
des del sector s1 erurgi

d:

�276

Siglo XIX

Y en todos ellos una profundización de las relaciones con el resto
de la burguesía vasca; burguesía que ahora no sólo diversifica sus inversiones como en el período anterior, sino también los grupos y empresarios con los que participa en la creación de numerosas compañías. La confluencia de varios de estos grupos y el fuerte papel de los
bancos como cabezas de los grandes grupos de intereses (grupo Sota
y Azoar, vinculado al Banco de Bilbao; grupos Ibarra-Vilallonga, Azoar, Tutor-Arzuaga-Urrutia y Echevarría-Picavea, en torno al Banco
de Vizcaya) confirma la primera impresión de esta etapa como un período de concentración empresarial y financiera.

2.2.Los inversores y el origen de los capitales
La presencia del capital extranjero se mantiene en el sector químico
con un 15.80/o, pero disminuye o permanece en unos niveles mínimos
en los restantes sectores. El número de inversores según nuestra muestra, disminuye. Frente a los 913 inversores de la primera etapa ahon¡
sólo hay 760, de los cuales un 32.90/o fueron inversores en la etapa anterior. Podemos hablar, pues, de una renovación importante en el conjunto de la clase empresarial vasca, aun cuando la mayoría de los grandes "capitales de empresa" permanezcan.

Como en el período anterior, hemos cuantificado la presencia de
los inversores de origen minero en los demás sectores. En primer lugar, y ya que tenemos el listado de inversores de la etapa 1886-1900,
podremos constatar la presencia de inversores mineros en los diferentes sectores en el período 1901-1913, lo que nos dará una idea aproximada de dónde invierten los beneficios del período precedente-y, por
tanto, una corroboración o una matización de la teoría tradicional ya
comentada-. El cuadro 6 trata de reflejar la importancia de los inversores "antiguos" (del período 1886-1900) en los sectores de la etapa
1901-1913. En la columna bajo el nombre de inversores en minería se
reflejan los porcentajes de inversores en cada sector que en la etapa
anterior fueron inversores en minería. En la siguiente columna se hace
lo mismo con los inversores en el sector siderometalúrgico y la última
columna recoge los procentajes de inversores en cada sector que en la
etapa 1886-1900 habían invertido en ese mismo sector. De alguna manera esta última columna reflejaría la reinversión de beneficios en el
propio sector, una especie de autofmanciación del mismo.
Analizando los resultados vemos que los porcentajes de la primera columna no son nada espectaculares: tan sólo el sector de banca y
seguros refleja un 23. l O/o, no llegando los restantes al 200/o. En números reales destaca la elevada presencia de mineros del período 1886-1900
que vuelven a invertir en minería, fenómeno que ya hemos visto al ha-

277

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

CUADRO 6

PRESENCIA DE INVERSORES EN MINERIA, SIDEROMETALURGIA
y EN EL PROPIO SECTOR DURANTE 1886-1900,
EN EL PERIODO 1901-1913

Inversores
Minerfa
%

Inversores
Siderometal.
%

23.1
15.5
18.1
13.1
11.3
17.8
15.7

7.7
11.6
6.6
2.6
9.4
25.0

Banca-Seguros
Eléctricas
Minería
Químicas
Construcción
Siderometalurgia
Navieras

Inversores
mismo sector

%
5.5
16.5
18.1
7.9
5.6
25.0
27.1

Fuente: RMV • Libros de ~ieda d es, listados de inversores 1886-1900 Y
l901-1913. Elaboración propia.

"al Del total de inversores en minería en
blar de los grupos empresan ,es.
·nvert1·r en diferentes sectores en
, d 1886 1900 que vue ven a 1
.
el peno o
- 7
.
• ·erte sus beneficios de nuevo
1901-1913, _un 8~. 0/o det:di:~:~~::i,~ situadas fuera de Vizcaya,
en compañlas mmeras, ud Es d 11s Se puede a la vista de estos
'
.. .
b . . h señala o cu ero .
como tarn ien a
.
cedentes de la minería se dmg1edatos, afirmar que los be!1e,fic1os P.~º de compañías mineras en el resto
ron mayoritariamente hae1a a creac1 n
de España.
.d
talurgia también disminuye
La presencia de inversores en s1 ero~e en el que llega a significar
en todos los sectores, excepto en el p~~~~~~tor se produjeron elevados
un 250/o, que hace supo~er.¿ue ~go parecido ocurre en el sector naporcentaJes de autof~anc1~c1 º~ofnanciación bastante elevadas, cerviero, que presenta cifras au lesa política de concentraciones bocanas al 300/o, lo que se ei ica/r primera década del siglo. Estos porrizontales llevada a cabo uranl e a . de Femández de Pinedo sobre
centajes vienen a corroborar 37dtes.1sg¡·co Y sobre la escasa presencia
la autofinanciación del sector s1 er~1~
de capital minero en la flota vasca .

!º

t

.
nerales pone de manifiesto la imUn último dato qu:, en hneasl ~e d strictlización llevada a cabo en
portancia del sector minero en a m u

�•
278

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Siglo XIX

~l ~ríodo 1901-1913. De los 250 inversores del período 1886-1900
mVIerten de nuevo en esta etapa 61O 1 31 2 o¡¡0
que

minería p ¡
.
s
e
·
fueron inversores en
. or o tanto, casi un 70% pertenece
t
.
nemos en cuenta que de ese 31 2% de . o ª1 o ros sectore~. S1 te80 70/i · ·
d
·
romeros a gran mayona -un
. o- mVIerte e nuevo en minería hab ,
1.
te de capital del sector minero a la ind~stri~~~~~º\~~tr que ~I aporcho menos importante de lo que hasta ahora se ha\o~:r;o_ue mu-

Vamos
· de •mversores en minería en !~]1913
en losahora a ruantifx:ar la presenoa
restantes sectores (cuadro 7). No o ~ Y teniend

~~:=~~¡~;::::t~.::~::~:~~•~•!~:~:~:o~,:~,i~

efectivamª co umna 2 el porcentaje de inversores en minería que son
.
ente, nuevos, esto es, que no invirtieron en 1886-1900
'
el obJeto de evitar una doble contabilidad d 1 .
! con
en ~I cuadro anterior y en el presente. Aun ~nºr~~;;::~rf! 1t~~!
;~~tff1~1~~~~te comp~rand~ los porcentajes de la columna 1 (que con3 v
os Y antiguos mversores en minería) con los del cuadro
t~j/:~: ~~eti~ovsoleons edlecmas,o de banca-seguros Yeléctricas, el porcenas sectores.

:i

CUADRO 7
PRESENCIA DE INVERSORES EN MINERIA
EN LOS DEMAS SECTORES (1901-l 9 l3)

Banca-Seguros
Eléctricas
Navieras
Químicas
Siderometalurgia
Construcción

1

2

(%)

(%)

28.6
17.5
15.7
18.4
21.4
15.1

16.5
10.7
5.7
10.5
8.9
7.5

Fuente: RMV' Libros de Sociedades li
1901-1913. Elaboración propia.
' stados de inversores 1886-1900 Y

m ~e todo 10 expuesto parece cuando menos arriesgado sostener afir
a~iones ~mo que la burguesía vasca exportadora de mineral "fu;
e1 eJe, a ruvel empresarial, del desarrollo industrial Y del capitalismo

279

en el País Vasco" 117 • La presencia de esta burguesía explica tan sólo
una mínima parte del desarrollo industrial de Vizcaya. Además, sus
intereses se dirigieron primordialmente a la explotación de yacimientos mineros en el resto del Estado español.

3. CONCLUSIONES.
Aunque el auge de algunos sectores tales como banca-seguros o eléctricas se produce a partir de 1901, hay una profunda diversificación
de inversiones desde los años ochenta del siglo XIX. La mayoría de
los grupos empresariales se centra en más de un sector, realizando, además, "incursiones" en otros campos de actividad económica. Con ello
no sólo disminuyen el riesgo que toda inversión lleva consigo, sino que
también estrechan las relaciones con otros sectores de la burguesía vasca
y española.
En las condiciones descritas, la sociedad anónima aparecía como
la forma jurídica ideal que posibilitaba una rápida captación de capitales y una fácil participación de los inversores en cualquier sector de
la actividad económica, sin verse obligados a llevar la gestión de la empresa. Lo mismo sucede en Asturias, donde diversificación inversora
118
y generalización de la sociedad anónima son hechos paralelos • Estos factores, junto a la intensa capitalización de la época, originaron
la generalización de la sociedad anónima en Vizcaya. La importancia
de la misma, especialmente en la primera etapa 1886-1900, donde supone el 34.70/o del total de las Sociedades constituidas en Vizcaya, no
se superará hasta después de la guerra civil.
La dinámica inversora de los grupos empresariales es un fiel indicador de la estrategia que se desarrolla en cada sector. Durante el período 1886-1913 se produce:
- Un intenso ritmo de creación de compañías navieras en los años
finales del siglo XIX, aprovechándose de la espectacular subida de los
fletes. Los grupos navieros que operaban antes debían su prosperidad
económica a una política de integraciones verticales minería-transporte
de mineral (Martínez de las Rivas, Sota y Aznar) como mecanismo de
defensa frente a la marina mercante extranjera, que controlaba lama11
yoría del tráfico de mineral y combustible por el puerto de Bilbao 9,
o a su dedicación al cabotaje o al comercio con América (Martínez Rodas). A partir de 1901, y con el comienzo de la crisis de los fletes, hay
un doble proceso en lo que concierne a la creación de compañías navieras: por una parte, una estrategia de concentraciones horizontales
practicadas por los grupos creados en la etapa anterior, que se plasma

�•
280

Siglo XIX
Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

281

?~

en la creación nuevas compañías con elevado capital medio; por otra
part~, la creacion hasta 1909 de pequeñas compañías vinculadas al comercio de cabotaje, navegación que sí estaba protegida, de carácter colectivo o comanditario y con un escaso capital social.
- {!na polí,tica de creación de compañías de seguros por los grupos naVIeros mas poderosos (Sota y Aznar, Martínez Rodas) con las
c~ales, además de explotar el negocio de los seguros, aseguran su propia flota.
- Dentro de esa misma estrategia se sitúa la creación de astilleros
por navieros interesados en construir su propia flota, además de abastecer a otros posibles demandantes.
- (!na ~ol!tica de sustitución de importaciones por parte de los
grupos siderurg¡cos, que les lleva a intervenir en la creación de la mayoría de los empresas metalúrgicas a partir de la promulgación del Arancel proteccionista de 1891. Sólo así terminaron los problemas de superproducción de una siderurgia originados al perder los mercados exteriores para el lingote Bessemer.
-:-A partir de 1901, y por parte de grupos empresariales centrados
antenormente en otros sectores, fundamentalmente el sjderometalúrgico, hay una fuerte inversión en compañías eléctricas. Estos mismos
grupos s~rán los artífices del Banco de Vizcaya, el banco eléctrico por
excelencia.
- Una política, por parte de la gran mayoría de los inversores min~ros,_ de reinvertir Is beneficios en el propio sector, especialmente en
mmena fuera de Vizcaya.
Por lo que respecta a la contribución de la minería al desarrollo
industrial de Vizcaya, creemos que la teoría tradicional debe ser cuestionada por varias razones:
- De nuestro listado de inversores en minería se deduce que hubo
muchos más que ese "reducido grupo de empresarios y compañías"
que controlan "la mayor parte de la producción, de la exportación y
de los beneficios del sector" 120• Teniendo en cuenta que nuestro listado procede de compañías de gran tamaño o, cuando menos, mediano,
se confirma la tesis de Escudero para la minería que "más de un tercio
de los beneficios se desparramó entre las clases medias" 121 •
- La presencia de inversores de origen minero en los demás secto-

res fue importante en algunos y más ~odesta_ en otro~, pero de ningú~
modo fue decisiva para el desarrollo mdustnal de V12caya. En la pnmera etapa, 1886-1900, los porcentajes oscilan entre el 12 Y el ~50J~,
con una media general del 20%. Pero, además, esa presencia n~ sigmficó reinversión en su totalidad: en muchos casos fueron navieros o
siderometalúrgicos los que invirtieron en minería. Parece, pues, que
las corrientes de reinversión no tuvieron ese sentido unívoco -mineríarestantes sectores- que la teoría tradicional ha postula?º· En ~a segunda etapa, 1901-1913, los porcentajes d~ inversores mme~os siguen
oscilando en torno a ese 20%. La afirmación de que a partlf de 1901
los beneficios de la minería se reinvirtieron masivamente en nuevos sectores también tiene que ser matizada: de los 250 inversores de ~uestr_a
muestra que intervinieron en el primer peíodo y que vuelven a mvertrr
en la etapa 1901-1913, sólo el 31.2% fueron inversores mineros en la
primera etapa. Luego hubo casi un 70% de reinversores cuyos beneficios no procedieron de la exportación de mineral, Pero, ade~ás, la mayoría de las reinversiones no se dirigieron hacia la industna.
Donde fueron en mayor medida los beneficios mineros fue ?ªc!a ~l
mismo sector. De ese 31.2% de reinversores mineros, el 80.70Jo mv1rt1ó
de nuevo en minería, la cual se encontró mayoritariamente, como ya
hemos dicho, fuera de Vizcaya.

En resumen, hubo más inversores y más fuent~ de ~pita! qu_e las
procedentes del sector minero~• ~or ~nto, la_contnbuc1o_n del ~rus~o
no explica por sí sola la industnalizac1on d~ V1zcay~- Las 10vest1gac10nes más recientes que han revisado la teona tradic1on'." y los res?ltados que se desprenden de nuestro estu?ío apunt~ hacia ~na t7ona de
la industrialización vizcaína mucho mas compleJa que la simplista teoría tradicional.

NOTAS
Sobre todo de Lazúrtegui (1907). Autores como Lequerica (195~) o, más reciente1
. mente, González Portilla (1981) han sostenido esta interpretación.
2 _ Por citar algunas: Fernández de Pinedo (1983), (1985 a) y ( 1985 b); Escudero (1985)
y (1986).
3 Fundamentalmente, este articulo es uno de los capi!ulos de nuest~a tesis ~e liceo. · t
. Valdaliso (1986) en la que hemos proporcionado las senes de numero Y
~~i:de las Sociedades Mercantiles constinúdas en Vizcaya desde 1886 hasta 1975 •

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283

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4. Valdaliso (1986), p. 170.

24. RMV, L. 15, H. 720 (1900).

5. Que son ~ho: metalúrgicas.y similares, negocios mineros y derivados, navieros,

25. Porcentaje extraído de nuestro listado de inversores 1886-1900, elaborado a partir
de los datos del Registro Mercantil.

construcc1on ~e.obras y s1m1lares, productos químicos, negocios eléctricos, compa~las ferroV1anas y banca y seguros. Sobre esta clasificación sectorial, véase Valdahso (1986), pp. 13-14. Los porcentajes de los datos recogidos por sectores pueden verse en Valdaliso ( 1986), p. 115.

27. RMV, L. 6, H. 237 (1892).

7. Registro Mercantil de Vizcaya (en adelante, RMV), Libro 5, Hoja 219.

29. RMV, L. 14, H. 647 (1899).

8. En nuestros datos sólo hay anónimas entre las navieras. No obstante, una mínima

30. RMV, L. 14, H. 677 (1900).

9. El auge de las compafiías ferroviarias se debe fundamentalmente a la extensión del
tendid? de líneas ~r el País Vasco y a la construcción de líneas que enlazan centros mmeros, pnncipalmente Santander y Asturias y la cuenca hullera del norte
de León, con Bilbao. El de las químicas está muy ligado a la rama de explosivos
muy necesarios para la minería.
10. Sobre esa etapa puede verse Femández de Pinedo (1983).
1l. Fernández de Pinedo (1985 a), p. 22.
12. Femández de Pinedo (1985 b), en prensa.
13. Fernández de Pinedo (1985 b). Una inscripción de la misma puede verse en el RMV
L. 8, H. 345 (1894). Los socios que aparecen son J. Ma. Martinez de las Rivas:
J. B. Alzaga y E. W. Procter.

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31. RMV, L. 15, H. 760 (1900).
32. RMV, L. 15, H. 690 (1900).
33. RMV, L. 15, H. 764 (1900).

34. Según Harrison (1983), p. 29, "hay una decis(ón colectiva de invertir en Bilbao
los ahorros mantenidos en cuentas de depósito durante la campaña de Cuba
(1895-1898), esperando un desenlace del conflicto".
35. El capital registrado de las nuevas Sociedades creadas en yizcaya en 1901 no se
sobrepasará hasta 1962 en pesetas corrientes, y nunca sera alcan~do en pesetas
constantes. Los casi 450 millones registrados en Bilbao en l'?(ll supusieron el 50.9'7,
de todo el capital constituído ese año en España. Valdaliso (1986), PP· 50-51.
36. Femández de Pinedo (1985 b).
37. Valdaliso (1986), p. 121.

15. Sus inscripciones respectivas se encuentran en RMV, L. 5, H. 216; L. 5, H. 214,
y L. 5, H. 215 (1891).

38. Ibídem.

17. Fernández de Pinedo (1983), p . 17.

1

28. RMV, L. 9, H. 385 (1895).

14. RMV, L. 3, H. 139 (1889).

16. RMV, L. 5, H. 201 (1891); Ybarra (1947). p. 217.

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26. Debo esta información a E. Fernández de Pinedo. La escritura de Hulleras del Turón está en RMV, L. 4, H. 160 (1890).

6. El capital medio de las Sociedades del sector eléctrico no llega al millón de pesetas
por muy poco (962 500), mientras que el de las siderometalúrgicas justo alcanza
las 400 000.

parte adoptó otras formas jurídicas.

!

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Siglo XIX

18. RMV, L. 8, H. 337 (1894).
19. RMV, L. 1, H. 12 (1886).
20. Fernández de Pinedo (1985 a), p. 22.
21. RMV, L. 16, H. 770 (1900).

22. Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao (CCINB), Memorias de
Sociedades 1902, Doc. 336, pp. 5 y ss.
23. RMV, L. 51, H. 2243 (1917) .

39. Ibídem, p. 122.
40. Como lo hace González Portilla (1981), vol. l, p. 201.
41. Femández de Pinedo (1985 a), p. 22.
42. Fernández de Pinedo (1985 b), en prensa.
43. Ibídem.
44. Ibídem.

45. Escudero (1985), en prensa.
46. RMV, L. 6, H. 276 (1892); L. 7, H. 278 (1893), y L. 7, H. 298 (1893).
47. Compañía Hullera Vasco Leonesa, RMV, L. 9, H 357 (1894).

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Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya
284

285

Siglo XIX
70. Sobre la industria química espai!ola, véase Nadal (1986).

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l.

48. Electra. Compaílía General de Electricidad, RMV, L. 3, H. 357 (1894).
71. Véase Tortella (1983), pp. 432-434 y 449.
49. La Papelera Vizcaína, RMV, L. 4, H. 153 (1890).
72. Vázquez García (1980), p. 177.
50. Sdad. de los terrenos de la Concordia, RMV, L. 3, H. 122 (1889).
73. La Vasco Asturiana también se integró en la UEE. Tortella (1983), pp. 448-449.
51. Femández de Pinedo (1983), p. 17.
52. Femández de Pinedo (1985 b), en prensa.

74. RMV, L. 7, H. 304 (1893); L. 9, H. 398 (1895). La primera acabará por fusionarse
junto con otras para crear esta última. Véase Valdaliso (1986), p. 104, nota 20.

53. RMV, L. 3, H. 129 (1889); L. 5, H. 221 (1891); L. 6, H. 251 (1892); L. 7, H. 278
(1893); L. 7, H. 296 (1893); L. 11, H. 477 (1896), y L. 15, H. 703 (1900).

75. Vázquez García (1980), pp. 178-179.

54. Véase Apéndice.

76. Véase la nota 34. En el articulo de Harrison se pueden encontrar referencias de
más autores.

55. Ecbevarrfa Hermanos, RMV, L. 1, H. 26 (1886); Femándezde Pinedo (1983), p. 16.

77. Escudero (1986), vol. 1, p. 249.

56. RMV, L. 2, H. 78 (1888). En 1890 se produce el cambio de nombre: RMV, L. 4,
H. 173 (1890).
57. RMV, L. 9, H. 399 (1895).

78. Que fue secretario general de la Cámara de Comercio de La Habana en 1889. CClNB,
Fondo Julio de Lazúrtegui, Carpeta 54, núm. 18: Informe sobre una exposición
de la Sociedad de Estudios Económicos acerca del comercio de cabotaje en la metrópoli, CCIN de La Habana, 1889.

58. RMV, L. 3, H. 121 (1889), L. 4, H. 153 (1890).

79. González Portilla (1981), vol. 1, p. 70.

59. RMV, L. 7, H. 291 (1893).

80. Ibídem, p. 71.

60. F Ecbevarria y Picavea, Cia. La Blanca, Cía Naviera Aurrerá y Cía. Marítima
La Actividad. Para sus inscripciones, véase Valdaliso (1896), p. 152.

81. Lequerica (1956), p. 47; González Portilla (1981), vol. 1, p. 96; Banco de Bilbao
(1957), p. 167.

61. RMV, L. 4, H. 162; L. 3, H. 148 (1890).

82. Femández de Pinedo (1985 b), en prensa.

62. Fernández de Pinedo (1985 b), en prensa.

83. Que son más de 500 en el período 1886-1913. Dato extraído de nuestros listados
de inversores del RMV, 1886-1900 y 1901-1913.

63. Hulleras del Turón, An&amp;Jo Vasco de las Minas de Córdoba, Talleres de Deusto y
Vasco Asturiana. Valdaliso (1986), p. 152.

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64. RMV, L. 11, H. 502 (1897); L. 12, H. 555 (1898).

85. Jbidem.

65. RMV, L. 13, H. 597; L. 13, H. 613 (1899).

86. Véase cuadro 2.

66. RMV, L. 15, H. 705; L. 15, H. 709, L. 15, H. 710 (1900).

87. Fernández de Pinedo (1985 a), pp. 21-22; Fernández de Pinedo (1985 b), cuadros
8 y 9, en prensa.

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67. Asociados primero a un francés, Fourcade, en la Sociedad Fourcade y Gurtubay,
RMV, L. 2, H. 80 (1880), y más tarde solos en Hijos de Gurtubay, RMV, L. 3,
H. 119 (1889). Este grupo también tenia varias Sociedades en el sector alimenticio;
véase Valdaliso (1986), pp. 126-127.

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68. Sobre ella, véase Tortella (1983) p. 434.

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84. Escudero (1985), en prensa.

69. RMV, L. 10, H. 415 (1895); L. IO, H. 442 (1896); L. 4, H. 181 (1890). Tanto la
Sociedad Española de la Dinamita como Explosivos de Burcella quedaron fusionadas en la Unión Española de Explosivos, que al ai!o siguiente controló el mercado español gracias al monopolio concedido por el Estado. Sobre esto, véase ToneUa (1983), pp. 448-449.

88. Y tampoco se le puede calificar exclusivamente de minero. Véase Fernández de Pinedo (1985 b), en prensa.

89. Para averiguar cuáles eran las compañías que laboraban minas fuera de Vizcaya
he contado con la inesúmable ayuda de A. Escudero.
90. Tui'lón de Lara (1983), pp. 410-411; Maluquer de Motes (1987), p. 63.
91. Sudriá (1985), p. 262.

�286

Siglo XIX

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

287

92. RMV, L. 56, H. 2479 (1918).

110. Véase Apéndice.

93. RMV, L. 16, H. 799 (1901).

111. Escudero (1985), en prensa.

94. RMV, L. 16, H. 830 (1901).

112. P. Allende es vicepresidente de la Cía. de los Ferrocarriles Vascongados, de la que
E. Borda es vocal del Consejo de Administración. RMV, L. 29, H. 1356 (1906).
También son socios de otras compañías: véase Apéndice.

95. Debo esta información a E. Femáodez de Pinedo.

96. Banco de Bilbao, RMV, L. 16, H. 850(1901). En esta fusión aparecen como socios
ejecutores, por el Banco de Bilbao, Tomás E . de Epalz.a, R. de Ibarra y Arregui,
E. Coste, C . Urieo, M . Mac Mahón, A. Galina, E. Velilla e l. de Arias; por el
Banco de Comercio, Ramón de la Sota, M. Lezama Leguizamóo, M. Meodiricbaga, R. Amézaga, F . Larrioaga, J. A. Uriarte, F . de Artecbe y L. Aosuátegui.

113. La relación completa de las compañías navieras creadas durante estos años está
CD

Valdaliso (1986), p. 157, nota 197.

114. Femández de Pioedo (1985 a), pp. 24-25.
115. Escudero (1985), en prensa.

97. RMV, L. 28, H. 1328 (1906). El capital estaba dividido en 19 000 acciones de 500
pesetas cada una, de las que la Sociedad Sota y Aznar poseía 7 857, el 4l.3'lt del
total. Datos extraídos del Informe de la Comisión nombrada para llevar a cabo
la fusión de las Compañías de los buques..., CCINB, Memorias de Sociedades 1906,
Doc. 486.

116. Femáodez de Pinedo (1985 b), en prensa. También Escudero (1986), vol. l, p. 250,
analizando los Consejos de Administración de varias compañías navieras, ha señalado lo mismo.
117. Véase nota 79.

98. Escudero (1986), vol. l, p. 267.
118. Váz.quez García (1980), p. 175.
99. Véase Apéndice. Las inscripciones de las diferentes Sociedades se encuentran en
Valdaliso (1986), p. 154.
100. RMV, L. 17, H. 901 (1901); L. 17, H. 920 (1901); L. 33, H. 1491 (1908). En ellas
también se encuentra el grupo Amar-Arzuaga.

119. Femández de Pinedo (1985 a), pp. 21-22.
120. Goll7.ález Portilla (1981), vol. l, p. 68.
121. Escudero (1985), en prensa.

101. RMV, L. 16, H. 825 (1901). Los socios fundadores fueron P . Mac Mahón Aguirre, T. Urquijo Aguirre, P . Maíz Arzuaga, R. Picavea Leguía YJ . Ma. Basterra,
todos ellos en el Consejo de Administración. La información sobre los Ibarra la
hemos tomado de Ybarra (1947), p. 213.
102. Maluquer (1985), pp. 247-248.
103. Véase Apéndice.
104. RMV, L. 19, H. 1023 (1902). La Sociedad Altos Hornos de Vizcaya es fruto de
la fusión de Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, la Vizcaya Y
la Iberia.
105. Cía. Vascongada de Minería, RMV, L. 17, H. 867 (1901); Minas de Irún y Lesaca,
RMV, L. 17, H. 877 (1901), y Sdad. Minera Vasco Catalana, RMV, L. 30, H. 1382
(1907).
106. RMV, L. 16, H. 777 (1900).
107. RMV, L. 17, H. 854 (1901); L. 17, H. 907 (1901).
108. RMV, L. 20, H . 1039 (1902). También participa aquí el grupo Salvatierra-Crespo... ,
que tras crear la Electra ladustrial de Castilla la Nueva, en 1901, Y participar en
Saltos del Ta, desaperccc como grupo inversor.
109. La expresión es de Maluquer (1985), p . 252.

�GRUPO IBARRA-ZUBIRIA-VILALLONGA, 1886-1900
DIVERSIFICACION DE INVERSIONES

1

Grupo •-•·••..ria·VJ•- ,

Minería

Siderurgia

Metalurgia

Otros
1

1
Sdad. Tubos Forjados
de Bilbao (1892)

Orconera (1873)
Mineral-

Fco. Belga (1876)

4-- -

-

Electra. Cía. Gral.
de Electricidad
(1889)

IAltos Hornos y Fábricas de Hierro! 1
y Acero de Bilbao (1882)
Lingote - -

Basconia (1893)

La Papelera
Vizcaína (1890)

,Alambres de Cadagua (1983)
Sdad. Hullera Vasco
Leonesa (1894)

Combustible - - -

- _

Sdad. de los
Terrenos de la
Concordia (1889)

GRUPO CHAVARRI-SALAZAR (1886-1900)
DIVERSIFICACION DE INVERSIONES

c;rvp0 Chivarrt-5¡1,ur

Siderurgia

Minería

l

Metalur¡¡la

Delta Espaftol (1889)

Chávarri Hnos. (1889)
La Vizcaya (1882)

Hulleras del Turón (1890)

Talleres de Deusto (1891)

Vasco Asturiana
(1888)

Vasco Belga (1892)

Fábrica de Vidrios
de Lamlaco (1890)

Basconla (1893)

Papelera del Cadagua
(1890)

Minas de Garrucha (1894)
Anglo Vasco Minas de Córdoba
(1892)

Qulmicas

Sta. A¡ueda (1896)

Unión Resinera
Bspaftola (1898)

Chávarri, Petrement
y Cia. (1900)

Minas de Carracedo ( 1900)

---, - - - - - - - - - - - - - - . . - - - -- - - - - - - - - - ~ - - - - - - - -~Otros Sectores

1
Banca y Se¡uros

Banco de Comercio
(1891)

Electricidad
Cia. Vizca!na de Electricidad
(1897)

Cia. del Ferrocarril del Cada¡ua
(1888)
Cia. del Ferrocarril
de Bilbao a Lezarna
(1889)

Ferrocarriles

Construcción

Cia. del Ferrocarril de las
Arenas a Plencia (1890)

Constructora de Zalla

a Solares (1893)

Agulrre Hnos. y Cia.
(1888)
A. Rulz de Velasco
y Cia. (1894)

�GRUPO SOTA Y AZNAR, 1886-1903
CONFIGURACION DE UNA INTEGRACION VERTICAL
Sota y Aznar

1

r

Minería

Siderurgia

Navieras

Otros

l

1

Cía. Minera de Setares (1886)
Varias Cías. (1889-1899)

(Santander)

Seguros La Polar
S.A. (1901)

Cía. Siderúrgica del
Mediterráneo (1917) Sagunto

1

Mineral - ~ - [ -Transformación - - - -

Distribución
a) Exportación
b) Interior
J
Cía. Naviera Sota y
Azoar, S.A. (1906)

Cía. Minera de Sierra Menera (1901)
(Teruel)

(Ferrocarril hasta Sagunio)
1

L - -

~

-

-

1

-

-

-

- Sota y Azoar Sdad. Colectiva -

-

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-

GRUPOS EMPRESARIALES Y CREACION DE BANCOS
EL CASO DEL BANCO NA VIBRO MINERO Y EL BANCO VASCONGADO

Banco de Vizcaya
Grupo Zunzune¡ul
_ _ _-..1Banco Vascongado!-----.
í.1902)
Aurora, S.A.
1
Banco Naviero-Minero
Grupo Martlnez Rodas

Antimonios de Villabarcu (1902)
Bodegas Bilbaínas (1901)
Sdad. General de Minería (1901)
Cía. Minera Cala de las Conchas (1902)

-- ---~(1901)

Cia. Vascongada de Minería
(1901)

Sindicato Minero (1901)

Grupo Uodlo Gokoechea

1
Sdad. Minera de Albarracín

Grupo Zar.iuz-Seebold

(1901)

,-sdad. Minera Pminsüiar 1

Cía. Minera Bilbao-Santander (1901)

-

(1903)

1 Sdad.

Minera de Alonsotegui

L __{!90_!)

_

_

_

_

__

J

Cía. Minera de Cabarga (1901)

, .1 Arnezola y ~----··-···
Zarauz .(190.5)
l.--

-

-

-

r-

_J

-

Amezola Hermanos (1908)
Grupo Amezol.i - - - - - Amezola y Olabarrla (1908)
Minera Vasco Manchega (1909)
Sdad. Minera Collado de la Plata (1907)

�LA CREACION DE SALTOS DEL TER, S.A.: UN EJEMPLO DE LA PROFUNDIZACION DE
LAS RELACIONES ENTRE LAS DIFERENTES BURGUESIAS
Grupo Echevarrfa-Plave.i

Grupo lbarra-Vllallonaa

1
Unión Eléctrica Vizcaína
(1908)
Cia. Ibérica de Electricidad
Thompson Houston (1901)

Saltos del Ter
(1907)

Hidroeléctrica Ibérica
(1901)

Sociedad General de Minería
Bilbaína

Cía. Vascongada de Minería
(J 901)

Grupo ZunzuneJUI

Minas de lrún y Lesaca
(1901)
Sdad. Minera Vasco-Catalana
(1907)
Crédito de la Unión Minera

GRUPOS ECHEVARRIA Y PICAVEA, 1901-1913
SU CONEXIONEN EL SECTOR ELECTRICO

GRUPOS ECHEVARRIA Y PlCAVEA, 1901-1913
SU CONEXlON EN EL SECTOR ELECTRICO

Grupo

Echnuiv-Zurlolcby

1
F. Echevarrla e Hijos (1901 y 1903)

EclMY1m&gt;'1UVH
Ahlemeyer, S.A (1901)

1

Echevarrla, Zurlcalday y Cia.
(1903)

Ahlemeyer Cia. Anon1ma de
ConSlrucclones e lns,alaciones...

Zuncalday y Eche•arrla (1906)

(190l)l

Hijos de Zuricalday (1901 y 1906)

l

Hidroelktrica de Ca,alufta

Btlbalna de FriaoriOcación
(1911)

(1902)

Oíltas de Sondica (1912)

Sallo! del Ter (1907)

Cooperativa Elktrica (1903)

lí:.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ Grupo

Grupo

PluvH

Cf• Fo,..,al de Anienza (1903)
Cla Explo,adora de Aruenza (1906)
Sana,orio, del Gorbca (1901)
Sociedad Pro,cc&lt;ora del Aho"o
Popular (1907)

La Papelera Espaftola (1901)

' - - - - - - - - - - - - Altos Hornos de Vizcaya
(1902)

Banco de Vizcaya (1901)

�EL CREDITO DE LA UNION MINERA: UN BANCO DE Y PARA LA MINERIA

1-------------------

- - - - - - - - - ~ Crédito de la Unión Minera

Grupo Gandarias

lbái'lez de Aldecoa

Castai'lo-López Fernández

1

Los Almadenes (1901)

Lomo de Bas (1904)

Chávarri, Salazar y Cía.
(1909)

El Escarrancha! (1904)

Núftez Arteche

Sdad. Minera de Sopuerta
(1909)

Minas de la Veredilla
(1905)

Metalúrgica de Almagrera
(1907)

La Romana (1909)
Sdad. Minera de Santa Fe
(1913)

Coto Teuler (1911)

Lambarri

SanbO&lt;b,n

1

1

Minas de Irún y Lesaca
(1901)
Chávarris

GRAFICA

NUMERO Y CAPITAL DE LAS SOCIEDADES MERCANTILES
CONSTITUIDAS EN VIZCAYA, 1886-1913
1000000

100 000

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II

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1911

Com: Comanditarias

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�296

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                    <text>Segunda época, número 11, enero - junio de 1992

LA CIUDAD, LOS
HOMBRES Y LA
·POLÍTICA ·Argentina
Brasil
México
Perú

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SIGLO XIX, número 11, encro:iunio de 1992

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�Segunda época, número 11 , enero - iunio de 1992

fONOO UNI VS1$1T,&amp;IO

[ccfficr1
Instituto
Mora

�Universidad Autónoma de Nuevo León

Rector
Manuel Silos Martínez
Facultad de Filosofía y Letras

.
sumano
Número 11

Director
Ricardo C. Villarreal Arrambide
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

Director
Hira de Gortari Rabieta
Revista Siglo XIX
Directorfundador: Mario Cerutti
Director: Juan Carlos Grosso
Director adjunto: Carlos Contreras
Editor: Hugo Vargas

Presentación

5

La estructura histórica del mundo urbano

José Luis Romero

7

La ciudad latinoamericana
y los movimientos políticos

José Luis Romero

15

La sociedad secreta de los Guadalupes,
una nueva forma de organización política

Vuginia Guedea

28

Ciudadanía, participación política y la
formación de una esfera pública en Buenos
Aires, 1850-1880 (edición simultánea con

Siglo XIX. Revista de historia cuenta con el auspicio del Instituto de
Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro,
Tandil, Argentina. • © Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
Mora, Plaza Valentín Gómez Farías 12, San Juan Mixcoac. • Diseño:
Carolina Herrera. • Tipografía y formación: Schussheim y asociados. •
Edición al cuidado de la Coordinación de Publicaciones del Instituto
Mora. • Impresión y encuadernación: Encuadernación Progreso, S.A., San
Lorenzo Tezonco 202, México, D. F. Se tiraron 1000 ejemplares. • Para
envíos al exterior: $ 7.00 USA.

Past and Fresent)
Hilda Sabato

46

Redes parentales y facciones en la política
santafecina,1850-1900
Marta Bonaudo y Elida Sonzogni

74

Los artesanos del Cusco, la crisis regional y
el régimen republicano (1824-1869)

Thomas Krüggeler
111
Sáo Paulo e a elite letrada
brasileira no século XIX

Raquel Glezer

149

�Presentación

P

ara el nuevo equipo edítorial de Siglo XIX es una gran satisfacción poder presentar este primer número correspondiente a la
segunda época de la revista.
Durante la anterior etapa, la laboriosa y entusiasta dirección de
su fundador, el doctor Mario Cerutti, y la calidad de los diez números
que se sucedieron entre 1987 y 1990, permitieron que Sigl.o XIX conquistara un merecido espacio entre las publicaciones dedicadas a la
historia latinoamericana, y obtuviera una especial acogida y reconocimiento por parte de los especialistas y, en generaJ, de los estudiosos
de nuestro pasado. Este hecho motivó nuestros propios esfuerzos por
lograr la continuidad de su publicación, que encontraron un decidido
respaldo por parte de las instituciones que comparten hoy Ja responsabilidad de la edición de la revista.
Siglo XIX conservará las características que le otorgaron un definido perfil: cada número recogerá diversas contribuciones de especialistas que analicen una misma temática, alrededor de algunos de
los tantos aspectos y procesos que caracterizaron el desarrollo histó-

5

�Presentación

rico de los países latinoamericanos, y aborden reflexiones metodológicas sobre los problemas presentes en los análisis historiográficos.
Deseamos hacer explícito nuestro agradecimiento al amigo Mario Cerutti, y a la institución fundadora de la revista, por habemos
confiado tan valiosa herencia: tanto él, como la Universidad Autónoma de Nuevo León continúan comprometidos con este proyecto
académico y editorial. El agradecimiento lo hacemos extensivo a las
autoridades del Instituto Mora por el entusiasmo con que acogieron
esta iniciativa. La revista cuenta también con el auspicio del Instituto
de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del
Centro (Tandil, Argentina), y esperamos que en poco tiempo otras
instituciones del país y del exterior se sumen a este esfuerzo, no sólo
a través de la participación de sus investigadores, sino también como
editores de la revista. Finalmente nuestro reconocimiento a los colaboradores, del pasado y del presente, y a los lectores de Siglo XIX, que
de distintas formas han contribuido de una manera decisiva a la
continuidad de este proyecto.

La estructura histórica del
mundo urbano*
José Luis Romero

E

l objeto de este estudio es integrar sistemáticamente un vasto
conjunto de fenómenos dentro del concepto de "mundo urbano" e intentar el análisis de su "estructura histórica"; dos
nociones que a lo largo de sus páginas se precisarán adecuadamente.
Parte, o quizá escolio, de una vasta investigación sobre el mundo
burgués; el campo de este estudio está limitado a Europa y a las áreas
europeizadas, donde los procesos históricos de urbanización son los
fundamentales y se desenvuelven de manera homogénea. Ciertamente el mundo urbano no se confunde con el mundo burgués, puesto
que éste integró en su seno sectores no burgueses a los que redujo a
sus propios esquemas: el mundo urbano es la red de focos activos del
mundo burgués, en la que las burguesías urbanas han desempeñado,
directa o indirectamente, el papel hegemónico. Y de ese mundo
• &amp;te texto fue redactado como introducción a un estudio sobre la estructura
histórica del mundo urbano, y quedó inconcluso por el lamentable fallecimiento del
autor en 1977.

6

7

�LA estructura histórica

José Luis Romero

urbano es del que se postula que tiene una estructura histórica, esto
es un ordenamiento dinámico hecho en el proceso, en la que están
instaladas las sociedades urbanas y contra las que se desenvuelve la
vida histórica. Estructura real, estructura ideológica, sociedades urbanas y vida histórica son también nociones que se precisarán a lo
largo de estas páginas.
El análisis del mundo urbano y de su estructura histórica debe
conjugar diversos campos tradicionales de análisis y variados puntos
de vista. En la raíz de este intento está una pregunta acerca de en
qué consiste la historia de una ciudad. Esa pregunta no está contestada ni es obvia, puesto que el examen de la historiografía urbana
muestra una notable disparidad de criterio acerca de su propio
campo.
Dos clases de problemas parecen los fundamentales. El primero
es el concepto mismo de ciudad; no es su definición, por cierto, sino
su concepto básico. Este estudio procura mostrar que una ciudad es
fundamentalmente vida histórica o mejor, una forma de vida histórica
y no un recinto físico, ni una sociedad sorprendida en un determinado
momento de su desarrollo ni en un cierto espíritu o tradición, ni una
estructura rígida. La ciudád existe como una continuidad en el cambio
porque es, fundamentalmente, vida histórica.
El segundo es el del ámbito en el que la ciudad debe inscribirse.
La. historiografía urbana no tiene problemas cuando se trata de la
historia de una ciudad independiente, porque entonces aplica a la
ciudad los criterios utilizados para la historiografía nacional; pero la
ciudad dependiente - la mayoría, y aun la mayoría de las independientes en cierta etapa de su desarrollo- parece un campo difuso
y suele reducir su historia a una crónica municipal, a menos que, como
en el caso de las capitales, se identifique la historia de la ciudad con
la historia de la nación. Este estudio, no integra las ciudades en los
ámbitos regionales o nacionales a que pertenecen sino en un segundo
grado, partiendo de la base de que, en el mundo burgués, tal como se
constituye desde el siglo XI y llega hasta hoy, la integración fundamental se da en el mundo urbano, por debajo de las determinaciones
concretas e institucionalizadas.
El análisis del mundo urbano parece ofrecer una clave para la
comprensión de un vasto problema. Ciertamente, un cuadro inteligible de Europa y las áreas europeizadas - lo que habitualmente se
llama el mundo occidental, más los enclaves occidentales- no puede
hacerse a partir de su conjunto heterogéneo y difuso, ni tampoco
arrancando de la significación de sus partes yuxtapuestas, esto es de

las unidades políticas hoy constituidas y cuya formación y desarrollo
suponen procesos muy diversos. Si existe como una unidad ese ámbito
que llamamos Europa y las áreas europeizadas -y ciertamente existe
como antes había existido el imperio romano- no es por la mera
yuxtaposición de unidades políttcas ni por cierta vaga comunidad de
contenidos culturales. Europa y las áreas europeizadas constituyen,
en efecto, una unidad que, desde cierto momento, ha operado y opera
como tal y requiere, en consecuencia, de un análisis histórico unitario.
Pero esa unidad no puede ser solamente postulada a partir de su
acción: debe buscarse en la raíz de su acción; y allí donde realmente
se constituye. Este estudio parte de la hipótesis de que esa unidad se
apoya en una estructura común montada sobre una totalidad territorial y socioeconómica, y en un estrato más profundo que aquel en el
que se establecen las unidades políticas. Esa estructura es la del
mundo urbano, el mundo de las ciudades y las sociedades urbanas,
constituido con una dinámica propia que presta a esa estructura un
carácter radicalmente histórico.
Las ciudades creadas por la revolución burguesa desencadenada
a partir del siglo XI se desarrollaron como polos de actividad múltiple;
semejantes en sus rasgos externos a las que surgieron antes en áreas
diversas, se diferencian de ellas - incluso de las romanas - por
algunos rasgos que no por sutiles son menos fundamentales; cada una
de ellas constituyó un pequeño universo, aun cuando desde el primer
instante funcionaran como focos de una red; cada una de ellas
organizó su propia estructura, aunque por sus caracteres fueran
estructuras análogas en todas ellas, y cada una de ellas elaboró un
matiz individual dentro de una concepción de la vida que fue común
a todas las sociedades urbanas, cuyo núcleo activo fueron las nuevas
burguesías. Tal fue la primera expresión de esa gigantesca creación,
a partir de la cual se constituyó y organizó la Europa burguesa,
transferida luego a las áreas europeizadas.
Pero la creación urbana fue un proceso mucho más complejo de
lo que se tiende a imaginar cuando se piensa en la fundación formal
o en la restauración de una ciudad. Consistió, ante todo, en la creación
de un tipo de sociedades basadas en la preferencia del grupo por un
estilo de vida y en el establecimiento de una suerte de contrato, tácito
o expreso, que regulaba su funcionamiento de manera convencional.
Sus miembros aspiraron a realizar un proyecto común, fundamentalmente económico pero con otras implicaciones decisivas, basándose
en las vigorosas formas de solidaridad nacidas de un vínculo primario
no natural, que se conservaba y fortalecía por la concentración del

8

9

�La estructura histórica

José Luis Romero

grupo dentro de un estrecho ámbito territorial, generalmente amurallado, que aseguraba el control social del individuo.
Pero la creación urbana no se agotó en eso. Las nuevas sociedades surgieron de una revolución estructural, y ese surgimiento es el
hecho primordial de la revolución burguesa. Quienes constituyeron
esas sociedades escaparon o renunciaron a la antigua estructura en la
que estaban inscritos y al constituirse comenzaron a crear otra nueva.
Ciertamente, la estructura histórica que se dieron las sociedades
urbanas constituyó una creación, y los primeros siglos de la vida de
las ciudades nacidas de la revolución burguesa tuvieron el signo
inequívoco de la creación: todavía no se percibía el peso del sistema
porque éste aún era plástico, flexible, incompleto, abierto. Las sociedades urbanas, en dramático conflicto, experimentaron, bosquejaron,
perfeccionaron y reemplazaron sus creaciones sucesivas: normas,
formas de vida, sistemas de relaciones, costumbres, ideas, valoraciones, objetivos, ceremonias, todo lo que más tarde se ordenaría en
trabados sistemas caracterizados por una acentuada tendencia a la
institucionalización y a la inmovilidad, y que pareció durante esos
siglos provisional y legítimamente susceptible de ser modificado.
Puede ser considerada regla general la apreciación de Dante, cuando
decía refiriéndose a Florencia "que inventas tan sutiles providencias
y que las que urdes en octubre no llegan a mitad de noviembre.
lCuántas veces en el tiempo de que te acuerdas has cambiado de
leyes, de moneda, de oficios y de costumbres? lCuántas has variado
y renovado a tus ciudadanos?" (Purgatorio, VI, pp. 127 y ss.). Tal fue
la ciudad originaria. En ella, la vida histórica tuvo como finalidad y
preocupación primera lograr la creación de una nueva estructura
histórica, en tanto que luego, en la ciudad consolidada, la vida histórica consistiría primariamente en luchar contra ella, contra su rigidez,
contra las constricciones que imponía. Este estudio parte de la hipótesis de la existencia de un tránsito fundamental de la ciudad originaria a la ciudad consolidada.
La creación de una estructura histórica es, en rigor, una doble
creación, puesto que ella misma es dual. En efecto, en la estructura
histórica se distingue una estructura real y una estructura ideológica,
ambas en relación dialéctica y de cuyo juego nace la vida histórica.
Configura la estructura real el cuadro de funciones preestablecidas,
de los sistemas de relaciones vigentes y de los objetos creados; y
configura la estructura ideológica el cuadro de los modelos interpretativos y proyectivos. Las sociedades urbanas crearon una y otra,
según un estilo desusado.

La estructura real se ordenó sobre la base de nuevos sistemas de
relaciones vigentes, por una parte entre individuos y por otra entre
individuos y cosas, a partir de las nuevas formas de actividad económica, de las nuevas situaciones sociales, de las nuevas necesidades
políticas y de las nuevas tendencias culturales; y además, sobre la base
de los objetos creados en el flujo de la vida histórica e instalados
objetivamente con un patrimonio de la comunidad: utensilios, instituciones, obras de arte, tradiciones.
Pero en el orden de los objetos creados, las sociedades urbanas
produjeron la más vasta de las creaciones y también la más entrañable, y por eso la más singular: la ciudad física, que fue como un diseño
de toda la estructura real, y en la que se vieron instaladas las generaciones sucesivas de las sociedades urbanas. La ciudad física es un
reducido espacio delimitado de algún modo y subdividido para su uso;
hay trazados en él calles y espacios libres, monumentos, puentes, sin
olvidar los cementerios o las zonas de huertas. La ciudad física puede
ser grande o pequeña, opulenta o miserable. Pero lo importante es
cómo un grupo social se integró en un delimitado espacio urbano y
se consustanció con él. El recinto pudo ser sagrado o no, pero las
mismas obligaciones de lealtad que contrae frente al grupo cada uno
de sus miembros, las adquiere también con respecto al espacio donde
está instalado. Poco a poco cada lugar, cada rincón dentro del recinto
acumula una inmensa suma de recuerdos, una tradición, y ese enriquecimiento cultural del espacio urbano es uno de los factores que
más contribuye a que, más que ninguna otra, la sociedad urbana no
sólo sea sino que se sienta, además, una sociedad conscientemente
histórica. Como todo lo que constituye la estructura real, pero de .
modo más vehemente quizá, la ciudad física objetiva el legado cultural
que se transmite de generación en generación trasmutando el vínculo
biológico en vínculo cultural, éste menos renunciable aún que aquél.
La estructura ideológica, a su vez, se ordenó sobre la base de
nuevas actitudes y formas de comunicación. Los actos de conciencia
adquirieron formas inusitadas a causa de los singulares mecanismos
que la ciudad ofrecía para la formación del consenso y el disenso. La
plaza, el mercado, la taberna, el atrio ofrecían la oportunidad para un
nervioso ajuste de las opiniones individuales, hasta llegar a una
aproximativa coincidencia colectiva. Del juicio y la valoración de los
actos y accidentes de la vida histórica, de las situaciones y las opciones
abiertas, de los procesos elaborados, surgían actitudes que creaban
hábitos interpretativos y conducían, en principio, a un estilo de mentalidad, esto es a cierto estilo de interpretación de la realidad y de

10

11

�1A estructiua histórica

José Luis Romero

juicio y valoración sobre ella, de la que no participa solamente el
ejercicio intelectual sino muy vivamente las formas de la sensibilidad.
Hubo una mentalidad burguesa genérica y abstracta, pero hubo
innumerables estilos de mentalidad burguesa en las innumerables
sociedades urbanas, cada una de las cuales, frente a su peculiar
realidad, frente al mundo circundante, elaboró una estructura ideológica que funcionó como marco de referencia con respecto a la
estructura real de su ciudad, del mundo urbano y del mundo feudoburgués primero y burgués después. Esos estilos de mentalidad urbana se condensaron en modelos interpretativos de la realidad, y sobre
todo, en modelos proyectivos, porque la mentalidad burguesa se
caracterizó por su fuerte tendencia a volcarse hacia el futuro, indefinido lapso llenado intelectualmente con un proceso de transformación del presente, esto es de la estructura real.
Esa vocación de cambio mueve la vida histórica, puesto que su
raíz es la vida misma, que es fundamentalmente cambio biológico. La
vida histórica suma a la vida biológica una sucesión indefinida y
múltiple de acciones y creaciones que operan sobre la sociedad y
sobre las estructuras, enriqueciéndolas Y- transformándolas, unas veces a un ritmo lentísimo -que permite pensar en la inmovilidad- y
otras veces a ritmo acelerado. La vida histórica de las sociedades
urbanas cobró particular intensidad a causa de la estrecha contigüidad de sus miembros. Caracterizada siempre por cierto índice de
sofisticación, crece éste en mayor o menor escala según las contingencias; pero la sofisticación opera siempre, manifestándose en una
fuerte tendencia a cuestionar o a problematizar las acciones y crea. ciones, a cobrar conciencia de sus causas y fundamentos, a analizar y
a medir sus repercusiones sobre la sociedad y sobre la estructura, a
calcular su intensidad en vista de determinados efectos que se persiguen. Mientras más crece el índice de sofisticación más carácter
histórico tiene la vida, puesto que la historicidad proviene de la
interpenetración de temporalidad y conciencia situacional. La expresión más aguda de la sofisticación es la proyección hacia el futuro, la
tendencia consciente a modificar tanto la estructura real como la
estructura ideológica. Pero el signo más alto de sofisticación se advierte cuando se produce la galvanización o polarización del vínculo,
creando un tipo de experiencia - la experiencia urbana - en la que
se combinan intensamente la conciencia del vínculo del grupo urbano,
la conciencia de la situación y la conciencia de su proyección hacia el
futuro. La experiencia de la ciudad sitiada constituye la forma simbólica más expresiva de la vida histórica urbana.

La vida histórica urbana no concluye en sí misma, ni se integra
solamente dentro de las áreas más o menos institucionalizadas en que
está inserta. Sin duda, la ciudad esta incluida en una región, y la
sociedad urbana forma parte de la sociedad global. Pero la integración más vigorosa, la que condiciona más vivamente la vida histórica
urbana, es su integración en el mundo urbano. La creación urbana
delinea, con la ciudad misma, un sistema de relaciones, directas o
indirectas, entre ciudades, acaso apoyado en el juego de correspondencias económicas y políticas, pero fundado, en lo protundo, en la
coherencia de los grupos burgueses que predominan en el seno de las
sociedades urbanas, en sus formas de vida y de mentalidad.
El ordenamiento del mundo urbano significó la instauración de
una red de focos activos de vida histórica. En esa red se compenetraron, se interfirieron y se neutralizaron múltiples matices propios de
las distintas sociedades urbanas y revelados en sus acciones y creaciones, en sus estilos de vida y en sus estilos de mentalidad. Si cada ciudad
tiene su propia estructura histórica, del juego recíproco de todas ellas
nace una estructura secundaria, una compleja y difusa estructura del
mundo urbano en su conjunto, sólo ocasionalmente institucionalizada dentro de ciertos ámbitos, pero vigorosamente operativa en la
medida en que la coyuntura ofrece posibilidades reales.
La tendencia a constituir y consolidar esa estructura es tan vigorosa que sobrepasa los límites de las áreas institucionalizadas. Las
ciudades se insertan en ella, pero escapan a la·s determinaciones del
área regional o política a la que pertenecen, y a veces, a las determinaciones de las áreas culturales y religiosas. El funcionamiento de la
estructura histórica del mundo urbano es tan eficaz que, sobre el
modelo de las que se han constituido espontáneamente, se inventan
y crean otras cuya organización está programada junto con la creación
de ciudades, hasta el punto de que ciudad y mundo urbano se transforman en conceptos inseparables.
Es en el mundo urbano donde se han constituido -desde el siglo
XI hasta hoy, en un proceso continuo- los estilos de vida y los estilos
de mentalidad predominantes en el mundo actual. Casi todos los
problemas que hoy acusamos como característicos de nuestro mundo
y de nuestro tiempo, han surgido en su seno, como una consecuencia
del singular estilo de vida histórica que allí se elaboró. La sociedad de
consumo, la sociedad de masas, la sociedad competitiva, para poner
algunos ejemplos, son formas ocasionales de puntualizar aspectos que
son propios y exclusivos del mundo urbano. La soledad multitudinaria, las neurosis individuales y colectivas, la alienación, la insatisfac-

12

13

�La. estructura histórica

ción, el anhelo de realización individual, y tantos otros fenómenos
señalados como reveladores de un área cultural o de una época, son
expresiones del mundo urbano. No parece necesario agregar los
problemas inequívocamente relacionados con él: la vivienda, los
transportes, los suburbios aristocráticos, las ciudades y barrios precarios, el humo, los residuos, las colas. Podría agregarse que buena parte
de los problemas que no son del mundo urbano se definen en alguna
medida en relación con él, empezando por el problema del éxodo
rural. Son problemas de cada ciudad, pero la escala en que se comprenden y en la que puede vislumbrarse su desarrollo futuro es la del
mundo urbano, la más ingente de las creaciones y en la que se expresa
el más alto índice de sofisticación que el hombre haya alcanzado.

La ciudad latinoamericana y los
movimientos políticos*
José Luis Romero

E

n la vida política latinoamericana las ciudades y, especialmente las capitales, han desempeñado un papel de tal importancia
que con frecuencia ha permitido confundir su historia con la
del país a que pertenecen. Esta imagen debe ser corregida, pero
conviene prestar al hecho mismo toda la atención que merece, pues
aunque no es exclusivo de América Latina, adquiere en ella una
singular significación. La decisiva influencia política de las ciudades
corresponde fielmente a las peculiaridades del ordenamiento socioeconómico y sociocultural del área latinoamericana, y por eso es
importante establecer qué mecanismos la desencadenan y de qué
modo se ejerce.

• Jorge Enrique Hacdoy y Carlos Tobar (comps.), La urbanización en América
Latina, Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 1969. Conferencia de los Cursos
Internacionales de Temporada de la Universidad de Buenos Aires, julio de 1966.

14

15

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

I

Ciertos sectores poseen, al margen de las estructuras del poder
legalmente institucionalizado, una suerte de institucionalización social y jurídica que los capacita para enfrentarse con aquél. La ciudad
es el escenario fundamental de tales tensiones, no sólo porque en su
ámbito es más fácil y más eficaz la organización de los grupos competitivos, sino porque constituye el centro de más rápida comunicación
social. La información es en la ciudad más fiel y más precisa, y el
conocimiento de los cambios de situación más exacto y ajustado a sus
mecanismos profundos. Es esa información la que asegura la rápida
aglutinación de los grupos urbanos y la acelerada galvanización de las
opiniones, referidas a coyunturas concretas. En la ciudad la acción
posee, pues, una orientación más definida, y por eso más eficaz.

Núcleo político por excelencia, la ciudad impone ciertos caracteres
precisos a las formas de la convivencia social. Cualquiera que sea la
importancia que .is 'TT' las otras funciones urbanas, el uso que del
poder se hace en la ciuoau incide tan profundamente sobre todas las
demás que la función política resulta siempre eminente. Es en la
ciudad donde se opera la mayor concentración de poder político, en
distintas escalas, sin duda, pero siempre con la mayor eficacia instrumental. Por eso, la ciudad conforma en alguna medida la vida del
contorno regional y nacional, ordenando los cuadros dentro de los que
todas las actividades se desenvuelven, imponiendo los principios y
normas que las orientan según los designios de los grupos sociales
predominantes y montando los mecanismos coercitivos para asegurar
su vigencia.
La concentración del poder que se produce en la ciudad abarca
tanto al poder institucionalizado como al no institucionalizado. La
ciudad aloja a los representantes del poder institucionalizado: político y administrativo, legislativo, judicial, tanto en el orden nacional
como en el provincial y municipal, así como en el orden eclesiástico;
y aloja también los centros de decisión de los organismos coercitivos
con que cuenta el poder institucionalizado. Pero, además, la ciudad
aloja a una masa de opinión pública que, por hábito, por educación y
por necesidad, apoya directa o indirectamente el ejercicio del poder
institucionalizado, aun cuando alguno de sus sectores se oponga
circunstancialmente a quienes lo detentan. Porque la complejidad de
la vida urbana exige una regulación permanente, a veces imperceptible, pero se hace dramáticamente visible en el momento en que se
debilita o desaparece y fuerza la aceptación del poder.
Pero, además, es en la ciudad donde se alojan los grupos que
ejercen más vigorosamente el poder no institucionalizado. Vinculados a las actividades básicas de la colectividad, los grupos de poder y
los grupos de presión operan preferentemente en la ciudad, cerca del
poder institucionalizado y cerca también de los distintos sectores
sociales que pueden ser movilizados en favor de ciertas opiniones y
exigencias. En la ciudad esos grupos, generalmente sectoriales, multiplican su gravitación extendiendo sus propias opiniones y sus propias exigencias - a veces sutilmente encubiertas - a vastos grupos
que consciente o inconscientemente se pliegan a ellas, y pueden
aprovechar las características formas psicosociales de actuación de
los grupos multitudinarios.

16

11
Estos caracteres de la vida urbana se dan en las ciudades latinoamericanas, sin ser, claro está, exclusivos de ellas. Pero se dan de cierta
manera, en función de ciertos mecanismos peculiares y con modalidades propias. Así ha ocurrido a lo largo de toda su historia, conformando un estilo de comportamiento político que no sólo es revelador
de determinadas situaciones intransferibles - comparadas con las
situaciones contemporáneas en otras áreas - sino que es también
revelador de la continuidad de ciertos procesos y de la persistencia de
los factores que los desencadenan. No es esta la ocasión de extenderse
sobre ese desarrollo secular; pero aun para destacar sus rasgos de los
últimos ochenta años resulta imprescindible puntualizar, al menos esquemáticamente, algunos de los caracteres del funcionamiento político de la ciudad latinoamericana en ciertos momentos críticos. Sólo
de ese modo se puede comprender, a mi juicio, el papel que en la vida
latinoamericana ha desempeñado la ciudad a partir de los cambios
que se hacen patentes alrededor de la penúltima década del siglo XIX.
Instrumento de una política colonizadora destinada a impostar,
sobre un territorio considerado culturalmente neutro, las formas de
sociabilidad y la cultura de los países ibéricos, la ciudad latinoamericana nació como un reducto no sólo para asegurar la superviviencia
física del grupo conquistador y conservar inmunes sus formas de vida,
sus normas y sus creencias -esto es, su cultura - , sino también para
operar desde ella la progresiva ocupación del territorio circundante
y la reducción de las poblaciones autóctonas a sus propios esquemas
culturales. Todo esto requería una inflexible conducción política, esto

17

�La ciudad latinoamericana

es, el ejercicio de una autoridad centralizada que ejecutara un vasto
designio cuyo horizonte era mucho más extenso que la mera acción
militar, sólo en apariencia la más importante puesto que en realidad
no era sino un medio para alcanzar ciertos fines que la sobrepasaban.
La ciudad fue una base de operaciones socioculturales, instalada en
un medio considerado hostil, y en la que se custodiaba la vida de
quienes eran instrumentos de esas operaciones así como los imponderables elementos de la cultura que se proyectaba instaurar y transferir.
La garantía del éxito de esas operaciones fue la concentración del
poder en la ciudad, concebida como ciudadela militar y cultural a un
tiempo. La plaza mayor, foro urbano rodeado por el fuerte, el cabildo
y la catedral, constituía el foco de ese poder.
Esta situación se perpetuó a lo largo de los siglos xvn y XVIII, a
medida que se consolidaba la ocupación de la tierra, se organizaba la
explotación de las riquezas naturales y se sistematizaban las relaciones económicas de los grupos poseedores con las metrópolis y sus
mercados. La posesión de la tierra y, más aún, la explotación de sus
riquezas, originó la formación de grupos sociales poderosos, aristocracias coloniales viejas y nuevas, según las fluctuaciones de la vida
económica que, una vez abandonado el espejismo del retomo a la
patria europea, crearon en las ciudades americanas las condiciones
necesarias para disfrutar de sus riquezas, vigilar la adminitración de
sus propiedades y permanecer cerca de las fuentes del poder político
y administrativo a fm de mantenerlo favorable a sus intereses y _
compartir sus halagos. Fiel expresión de este designio fueron las
casonas y palacios que erigieron, a partir del siglo xvll y sobre todo
en el xvm, los ricos poseedores, frecuentemente investidos de títulos
nobiliarios: las moradas de los marqueses de la Torre de Cossio, de
Prado Alegre o de Calirnaya, o la del conde de San Mateo de
Valparaíso en México; la de Berrocal en San Juan de Puerto Rico; la
de los Mijares o la del conde de San Xavier en Caracas; la de
Chamorro o la de la Cueva, o la de los Leones, o la de Landívar en la
antigua Guatemala; la del marqués de San Jorge en Bogotá; la del
marqués de Maenza en Quito; las de Jarava o de Torre Tagle en Lima;
o las más modestas de los Uriburu en Salta, de los Allende en Córdoba
o de Colambres en Tucumán, estas tres en Argentina. Esta enumeración ejemplifica la generalidad del fenómeno.
Junto con el poder político se consolidaron en las ciudades los
grupos sociales y económicos más influyentes y de más decididas
actitudes conservadoras. Pero, además, se constituyó en muchas de
18

José Luis Romero
ellas durante la segunda mitad del siglo XVIlI una burguesía local
vinculada a las actividades mercantiles, a la administración pública y
a las profesiones liberales, que se segregó de los grupos monopolistas
y adhirió a las doctrinas liberales. Fue en las ciudades donde se
manifestó la tensión entre esos grupos. Si antes no habían aparecido
otras querellas que las jurisdiccionales entre autoridades eclesiásticas
y civiles, los conflictos entre las órdenes religiosas o los pleitos pueblerinos entre familias, la situación comenzó a cambiar lentamente:
la expulsión de los jesuitas, la emancipación de las colonias inglesas
de Norteamérica y la explosión de la revolución en Francia proporcionaron un marco ideológico a las tensiones espontáneas suscitadas
por el desarrollo económico, y poco a poco empezaron a constituirse
grupos de opinión o incipientes partidos políticos.
Esas nuevas burguesías urbanas de tendencia liberal fueron las
que agitaron el ambiente al producirse la crisis española de 1810. Allí
donde predominaron, trataron de imponer -no siempre con éxitouna política de modernización de las estructuras políticas de los
nuevos países, subestimando o desconociendo, a veces, la significación de las áreas rurales, en las que un proceso socioeconómico más
o menos autónomo -pero en todo caso dispar con respecto al de las
ciudades- había creado un orden social sui generis, con sus formas
de vida propias y con su propio sistema de ideas acerca de la convivencia social y política. Más tarde, en la primera mitad del siglo XIX,
las ciudades experimentaron un fuerte retroceso, no sólo en la medida
en que sufrieron las consecuencias de las convulsiones políticas y
militares propias de las guerras de la Independencia y de las guerras
civiles sino también en cuanto tuvieron que ajustarse -dado el
factum de la independencia y la necesidad de reordenar la vida dentro
de sus limites geográficos y de sus propios recursos- al papel que les
correspondía teniendo en cuenta la nueva significación que alcanzaron las áreas rurales, subestimadas en el momento de la fundación y
sometidas durante todo el periodo colonial al imperio urbano.
El retroceso urbano de la primera mitad del siglo xrx se advirtió
en muchas ciudades, que acusaron una disminución demográfica o al
menos una estagnación, así como acusaron un estancamiento en su
crecimiento espacial. Pero sobre todo sufrieron un retroceso político.
El poder pasó en muchas regiones a manos de caudillos cuyas fuentes
de poder estaban en las áreas rurales. Y con todo, la consumación de
cada triunfo significaba la instauración en la ciudad de un poder, a
veces de apariencia bárbara, que procuraba obtener de la tradición
colonial una convalidación formal. A medida que la situación social

19

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

se estabilizó, sobre todo a partir de mediados del siglo, las ciudades
recuperaron su hegemonía y muy pronto se vio en el cambio físico
que sufrieron los signos de una mutación profunda en el ordenamiento de la vida de cada país y del área latinoamericana en su conjunto.
Tales cambios se produjeron, sustancialmente, en su ordenamiento social, y sus consecuencias pudieron advertirse sobre todo a
partir de las últimas décadas del siglo XIX. Comenzó a crecer el
volumen de la población urbana y, simultáneamente, a modificarse el
sistema de las relaciones sociales, porque a medida que aumentaba
el volumen demográfico, se acentuaba, por una parte, la movilidad
social de ciertos sectores y, por otra, la estratificación de los grupos
tradicionales. Estos cambios sociales se reflejaron muy pronto en el
paisaje urbano. La demolición de las murallas de Panamá en 1856, de
lima después de 1870, de San Juan de Puerto Rico en 1897, fueron
signos físicos de una expansión que, en otras ciudades, no requirió de
tales esfuerzos. Pero en casi todas las capitales y en varias ciudades
menores se produjo un crecimiento territorial que fue acompañado
generalmente de cierta modernización urbanística y arquitectónica,
y de una redistribución ecológica de la población. Para entonces se
produjeron y consolidaron ciertas formas nuevas de poder social y,
paralelamente, ciertas formas nuevas de poder político. La respuesta
social fue un vigoroso cambio de actitudes políticas en ciertos sectores, un planteo nuevo de las tensiones y los enfrentamientos políticos
que, en ocasiones, se cargaron de explosivos contenidos sociales.
Tales son los problemas que deben examinarse para comprender el
papel que las ciudades han desempeñado en la vida política latinoamericana en los últimos 80 años y que corresponden al periodo de
más pronunciado viraje producido en el área.

La incorporación del mundo productor latinoamericano al ámbito
económico europeo y norteamericano en las condiciones requeridas
por el desarrollo industrial, produjo generalmente en las últimas
décadas del siglo XIX una consolidación de las viejas aristocracias
terratenientes y, además, una renovación y un robustecimiento de sus
cuadros mediante la incorporación de nuevos sectores que respondieron eficazmente a las exigencias propuestas por las nuevas perspectivas. Las aristocracias se modernizaron en sus actitudes económicas y
culturales pero, al mismo tiempo, se retrajeron socialmente y adqui-

rieron ciertos rasgos de oligarquías conservadoras en su comportamiento social y político. Tal fue la respuesta de los sectores tradicionales vinculados a la riqueza nacional y al sistema económico y
financiero internacional, cuando el desarrollo de la actividad productiva, mercantil y a veces manufacturera, promovió la formación de
nuevas clases medias en las ciudades que constituían los emporios de
la administración y comercialización de las materias primas nacionales así como los centros de la importación de productos manufacturados extranjeros. Acrecentadas por el flujo inmigratorio - interno y
externo - las clases medias se orientaron hacia el sector terciario y
buscaron un nivel de vida que parecía posible alcanzar a causa de la
mayor disponibilidad de los bienes de consumo.
Las relaciones entre estos dos sectores - una clase alta con fuerte
tendencia a la estratificación y unas clases medias urbanas de gran
movilidad - alteraron el tradicional equilibrio social de muchos países, en la medida en que alteraban el juego de las fuerzas políticas en
el ámbito de las ciudades. Las clases altas acentuaban la defensa de
sus privilegios estrechando sus filas, precisamente cuando se producía
la lenta constitución de un conglomerado de imprecisos contornos
que comenzaba a ignorar los fundamentos de tales privilegios y
descubría la legitimidad de sus propias aspiraciones a compartir el
poder.
Este hecho nuevo - la progresiva pérdida del consenso tradicionalmente otorgado a los fundamentos de los privilegios de la clase
alta - fue el resultado de diversos factores que no es oportuno
analizar aquí. Pero es necesario señalarlo porque simultáneamente
actuó modificando la condición de las clases popula,es. Por razones
ideológicas comenzó a revisarse la actitud tradicional con respecto a
los grupos indígenas, tal como lo hizo el movimiento peruano que
encabezó Goozález Prada, o el movimiento que impulsó la revolución
mexicana. Pero, en rigor, las razones ideológicas correspondieron a
cierta transformación en el papel de esos sectores dentro de una
economía en cambio. Por eso se manifestó también en relación con
el naciente proletariado urbano al que, por su parte, procuraban
canalizar ciertos grupos sociales de formación europea y en la creciente resistencia contra las clases altas tradicionales, se formaban
vastos e imprecisos conglomerados disidentes cuyos miembros coincidían sólo en la oposición contra el orden tradicional, sin que sus
distintos sectores pudieran coincidir, sin embargo, en las soluciones
propuestas. Una aureola de población indiscriminada, económicamente indefensa -generalmente de origen campesino y preferente-

20

21

111

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

mente inmigrada, a veces india o mestiza - circundaba en las ciudades a estos conglomerados prestándoles la fuerza de su número y
acentuando su estructura multitudinaria.

Entre tanto, las ciudades crecieron a veces vertiginosamente,
multiplicándose los distritos de clase media y las barriadas populares.
Si las clases bajas tradicionalmente integradas pudieron localizarse
en barrios antes periféricos y luego relativamente céntricos, ocupando en ocasiones colectivamente antiguas casonas de la alta burguesía,
los nuevos sectores que se incorporaban ·a la ciudad, atraídos por los
altos salarios o simplemente por la posibilidad de formas de vida
menos primitivas que las de las zonas rurales, comenzaron a instalarse
en viviendas improvisadas que se levantaron en terrenos ocupables.
Los materiales tradicionales -ramas, cañas, barro, paja - comenzaron a ser sustituidos por los desechos industriales: maderas de cajones, latas, cartones, chapas, o combinados de ellos. Así surgió el
cordón de subciudades que rodea hoy -por lo demás, como en
muchos otros lugares del mundo- a muchas ciudades latinoamericanas: cantegriles montevideanos, cayampas santiaguinas, favelas
cariocas, villas miseria bonaerenses, barriadas limeñas, sanjuaninas o
caraqueñas, a las que hay que agregar los barrios marginales para la
población indígena o negra, como el que está enclavado en Panamá
a pocos pasos de la Plaza 5 de Mayo.
Entre ambos extremos - las lujosas zonas residenciales de vieja
y de nueva data y las subciudades de emergencia - crecieron constantemente los barrios medios que alojaron extensos grupos sociales,
generalmente adscritos al sector terciario. Extenso y sumamente
móvil, el sector de las clases medias caracterizaba hasta las primeras
décadas de este siglo sólo a algunas ciudades latinoamericanas, especialmente a Montevideo, Buenos Aires y, en cierto modo, a Santiago
de Chile y San Pablo. Pero el desarrollo urbano ha significado la
concentración de ese sector en muchas otras ciudades que antes
revelaban la presencia predominante de dos grupos abismalmente
separados: ricos y pobres. Los variados subsectores de las clases
medias han impuesto una nueva fisonomía a diversas ciudades, como
Lima o México, y esa fisonomía refleja nue\?as tendencias sociales
que, a su vez, buscan su expresión política.

IV
Los cambios en el ordenamiento social urbano suscitaron una rápida
transformación de la fisonomía de las ciudades. De la ciudad que, aun
con algunos centenares de miles de habitantes, no había perdido los
caracteres de la "gran aldea", se pasó rápidamente a la "gran ciudad",
con la intensiva ocupación de los barrios céntricos, con la formación
de zonas residenciales de alto nivel, con la formación de barrios
medios y populares de modesta arquitectura y, sobre todo, con la
aparición de suburbios densamente poblados y ocupados generalmente por las clases populares recién incorporadas, que comenzaron
a extenderse a medida que lo permitió el desarroUo de los transportes.
Las zonas residenciales finiseculares atrajeron, generalmente, a
las viejas familias que abandonaban las casonas de la antigua plaza
mayor y de las caUes adyacentes. En las nuevas residencias, preferentemente imitadas de las delfaubourg Saint-Germain, adoptaron progresivamente un nuevo género de vida. En las proximidades del Prado
montevideano, del Paseo Colón limeño, de la Alameda santiaguina,
de Altagracia en Caracas, de Catete o Laranjeiras en Río de Janeiro,
en las colonias Roma o Juárez en México o el barrio Norte bonaerense, la aristocracia desplegó ciertas formas de convivencia social,
refinada y convencional, cuya más fiel expresión quizá haya sido el
espíritu que animó la poesía del modernismo: la de Gutiérrez Nájera,
José Asunción Silva, Julián del Casal, Julio Herrera y Reissig o
Leopoldo Lugones, aun inconformistas como parecen ser ellos mismos. Más tarde, al compás de su renovación y de la consolidación de
su riqueza, las clases altas volvieron a desplazarse hacia zonas más
alejadas, muy pronto valorizadas y provistas de inequívocos signos de
estatus: en Montevideo hacia Pocitos primero y hacia Carrasco después, en Lima hacia San Isidro y Miraílores, en Santiago hacia
Providencia, en Caracas hacia Los Caobos y las nuevas urbanizaciones que circundan el Country Club, en Río deJaneiro hacia Copacabana e Ipanema, en México hacia San Ángel y El Pedregal, en Buenos
Aires hacia la avenida del Libertador. Una arquitectura más espectacular y agresiva denotaba el acceso a la riqueza de nuevos sectores de
sensibilidad y actitud diferentes a las de las generaciones anteriores.

Las variaciones operadas en el ordenamiento social de las ciudades
originaron vigorosos cambios en las ac•.itudes políticas de los distintos
grupos. El fenómeno se advirtió sobre todo en las capitales, donde
tradicionalmente se concentraba _e l poder político y administrativo, y

22

23

V

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

donde bastaba alcanzarlo para ejercer una autoridad incontrastable
sobre todo el pais. Sólo unas pocas ciudades que no tenían rango de
capitales, particularmente San Pablo y Guayaquil, operaron como
centros políticos importantes a causa de su vigoroso desarrollo económico. Fue tanto la transformación social de las ciudades como la
localización del poder de decisión en materia de política económica
lo que hizo de las ciudades el escenario necesario de las más vigorosas
tensiones políticas.
Aun en las capitales donde se constituía una vigorosa clase media
-y con más razón donde el fenómeno no era tan pujante- la
concentración de los grupos sociales que controlaban la economía
nacional les otorgó una fuerza que parecía incontrastable. Quienes
detentaban el poder económico exigieron y obtuvieron el poder
político. Estaban enfrente de esas oligarquías las clases medias y las
clases populares. Pero su acción era indecisa, y el espejismo del
bienestar que proporciona la vida urbana promovía cierto predominante conformismo, al que se agregaba la inexperiencia política de
los grupos populares apenas salidos de un régimen patemalista.
Heterogéneas e inconexas, las clases medias urbanas asimilaron los
principios del liberalismo y de la democracia formal, y conducidas por
ellos aspiraron sobre todo a compartir el poder político con la esperanza de obtener por esa vía una ligera modificación en el sistema de
distribución de la riqueza. Los grupos predominantes, más coherentes
y más herméticos, se broquelaron dentro de una estructura constitucional y legal; pero vigilaron celosamente su funcionamiento impidiendo el cumplimiento total de los principios que la inspiraban.
Pese a su coherencia como clase, sus intereses económicos o los
encontrados intereses de grupo suscitaron conflictos en su seno, a los
que no fueron ajenas las influencias de los grandes monopolios.
Para asegurar el mantenimiento del poder en manos de uno de
sus grupos, y al mismo tiempo para contener las aspiraciones de los
sectores más politizados de las clases medias liberales, las oligarquías
no vacilaron en recurrir a la dictadura, fenómeno que fue, sin duda,
el más típico de la vida política latinoamericana desde las últimas
décadas del siglo XIX.
Porfirio Díaz en México, Estrada Cabrera y Ubico en Guatemala,
Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en Caracas, Machado y
Batista en La Habana, constituyen casos extremos, y por eso significativos, del desarrollo de una fuerte tendencia al poder dictatorial de
unas sociedades todavía controladas por vigorosas oligarquías vinculadas al capital extranjero y amenazadas por el inconteniQ,ie surgi-

miento de clases medias urbanas, ilustradas y liberales, que aspiraban
a hacer efectivos los principios que estaban escritos en todas las
constituciones sin que se cumplieran casi en ninguna parte. Ramón
del Valle lnclán primero -en Tirano Banderas- y Miguel Ángel
Asturias después -en El señor presidente- dejaron un testimonio
vigoroso de este tipo de poder dictatorial ejercido desde ciudades que
se transformaron en verdaderas cortes. Como en otras partes y otras
épocas, los sectores poseedores que confiaron su defensa a un individuo en cuya eficacia creían, no vacilaron en ceder parte de sus
derechos políticos, sabiendo que los recuperarían por la vía del favor
en un juego de trueque en el que se amasaban grandes fortunas. La
venalidad fue el signo de esas cortes, sin que estuvieran ausentes la
adulación y la crueldad. El poder político se hizo absoluto, y por su
intermedio se controlaba la totalidad de la actividad nacional. Esa
circunstancia hacía de la capital la meta de todos los peregrinajes, y
también el objetivo de todos los intentos de reacción.

24

VI

Las clases medias urbanas adquirieron su primera fisonomía como
cuerpo político bajo la influencia de ciertos sectores ilustrados -procedentes en su mayor parte de las profesiones liberales - , que desencadenaron movimientos cuya bandera era, simplemente, la letra de
la Constitución existente pero no cumplida. La Unión Nacional, en
Lima, inspirada por Manuel González Prada, y la Unión Cívica
Radical, en Buenos Aires, encabezada por Leandro N. Alero, son sin
duda los movimientos más representativos, a los que podría agregarse
el Partido Colorado en el Uruguay, bajo la inspiración peculiar que
le dio Batle y Ordóñez, aunque éste no surgiera en una situación tan
característica como las anteriores. Eran, sin duda, movimientos nacionales en alguna medida; pero su acción se apoyó sobre las burguesías urbanas ilustradas, y su planteo fue liberal y principista, lo cual
situaba en las ciudades sus principales baluartes. Estos movimientos
triunfaron precozmente en Uruguay y en Argentina, precisamente
por la gravitación que ejercían Montevideo y Buenos Aires, 'tuya
población representaba un alto porcentaje de la población del país.
Si no faltó un movimiento semejante en la ciudad de México
contra Porfirio Díaz -como el que al comenzar el siglo representó
en principio Francisco Madero-, la singular significación de las
clases rurales lo sobrepasaron y radicalizaron, y en esa misma medida

25

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

fueron neutrales y a veces hostiles las burguesías urbanas a los movimientos encabezados por Emiliano Zapata y Francisco Villa, actitud
no muy diferente de la que habían tenido un siglo antes cuando se
produjeron las insurreciones de Hidalgo y Morelos. Pero allí donde
faltó una burguesía urbana liberal e ilustrada que encabezara la lucha
contra los dictadores y los grupos socioeconómicos que los respaldaban, las clases rurales permani::cieron inertes o sólo esporádica o
estérilmente activas.
Burguesías urbanas apoyaron el movimiento revolucionario de
Betancourt y Gallegos en Venezuela, y la acción de los partidarios
renovadores de diversos países como el de Liberación Nacional en
Costa Rica o el Democrático Revolucionario en Guatemala.

en condiciones óptimas para operar utilizando todos los mecanismos
de acción multitudinaria que ofrece la ciudad. El vasto despliegue
popular que se produjo en Buenos Aires el 17 de octubre de 1945 puso
de manifiesto la existencia de un nuevo dispositivo de acción, cuyo
parámetro puede hallarse acaso en la mecánica política del fascismo
europeo, pero que funcionó en este caso según la peculiar situación
de un grupo social concentrado en el borde de la capital como
consecuencia de las migraciones internas a que se había visto forzada
en la década de los treinta una buena parte de la población rural de
ciertas regiones.
El fenómeno de 1945 en Buenos Aires puede compararse con el
"bogotazo" en 1948. En ambos casos, la erupción asumió los caracteres de un movimiento popular incontrolado, sorpresivo para quienes
creían conocer la realidad social, manifestado en una reacción sin
finalidades concretas, destinada solamente a expresar una actitud de
rebelión y de protesta contra una situación que parecía no ofrecer
perspectivas para las clases desposeídas.
Distintos fueron los movimientos organizados, unas veces bajo la
forma de huelgas generales y otras bajo la forma de movimientos
típicamente políticos y partidarios. Pero la constitución social de las
clases populares parecería tender cada vez más a canalizar aquellos
movimientos eruptivos hacia estas formas más organizadas.
Foco del poder institucionalizado, por una parte, y marco de las
fuerzas sociales que buscan un reajuste del poder económico y el
poder político por otra, la ciudad latinoamericana ve acentuarse sus
tensiones internas. Contribuye aún más a acrecentarlas el incesante
proceso de concentración urbana, que constituye el signo predominante de la vida social contemporánea.

VII
Sólo en algunos países llegó a organizarse un movimiento socialista
de tipo europeo. Fue fuerte en Argentina, Uruguay y Chile; pero en
todos los casos formaron en sus filas preferentemente obreros urbanos, de los cuales, en los dos primeros países, constituía la mayoría un
sector proletario - manufacturero o industrial - radicado en Montevideo o en Buenos Aires y de origen inmigrante en gran parte. En
los mismos estratos buscó sus adeptos el comunismo, con menor
fortuna y con menos capacidad todavía que el socialismo para trascender los límites de las grandes ciudades. Y este hecho, singularmente revelador, confirma una vez más cierta heterogeneidad constitutiva
de la sociedad latinoamericana, en la que los sectores rurales, y los
sectores urbanos de las clases populares, revelan una diferenciación
más acentuada.
Los grupos, relativamente reducidos, de las masas populares
urbanas que se habían volcado al socialismo o al comunismo, y que
habían organizado el movimiento sindical según los principios de esas
líneas políticas, fueron sobrepasados en Argentina, a partir de 1945,
por los grupos adictos a Perón, constituidos en un impreciso movimiento popular cuyos baluartes principales estuvieron en el cordón
suburbano de Buenos Aires, y que reflejó, acaso antes que ningún
otro, una modalidad singular de la política urbana en Latinoamérica.
Fue el movimiento de los grupos sociales no integrados hasta entonces en la ciudad, con una fuerte conciencia de su marginalidad y una
actitud nacionalista de tradición criolla con la que desafiaban ala urbe
cosmopolita y a sus clases altas; pero eran, además, grupos situados
26

27

�Virginia Guedea

La sociedad secreta de los
Guadalupes, una nueva forma de
organización política*
Virginia Guedea

L

a muy noble, insigne, muy leal e imperial ciudad de México,
cabeza de todos los reinos y provincias de Nueva España y
metrópoli de la América septentrional, sede de los más altos
poderes novohispanos y centro de la toma de decisiones del virreinato, era el punto a donde confluía la información que se daba en todos
los órdenes en los niveles local, provincial e imperial. Era también el
centro urbano más poblado de toda Nueva España, lo que permitía a
sus numerosos habitantes un intercambio continuo de información
de ideas y de opiniones. Esto se daba a través de las diversas instanci~
de asociación formal existentes - academias, cuerpos colegiados,
cofradías o instituciones gubernamentales-, así como de los distintos
espacios públicos de reunión -paseos, cafés o mercados - , de las

funciones religiosas y civiles que en ella se celebraban y de las
actividades sociales que en ella se llevaban a cabo, como tertulias y
saraos.
Este intercambio de información, de ideas y de opiniones que
tenía lugar en la capital novohispana, se intensificaría al presentarse
la grave crisis iniciada con la desaparición del poder real en 1808, que
afectada a todo el imperio español y que llevaría a la implantación de
un nuevo orden político. Muchos de los capitalinos se preocuparon
por conocer y analizar, primero, lo que sucedía en la península y,
después, cuáles eran las opciones de cambio que venían a plantear
dentro del sistema los empeños reformistas y modernizadores del
nuevo gobierno central, en el que tenían ya representación los reinos
americanos. Igualmente, se intensificaría con el movimiento insurgente que se iniciaría en 1810 y con las opciones de cambio que éste
venía a ofrecer fuera del sistema, sobre todo a partir de que los
insurgentes intentaran establecer un órgano de gobierno alterno. El
ocuparse de los "asuntos del día" y discutir y opinar sobre lo que por
entonces sucedía tanto en España como en sus dominios, muy en
particular en Nueva España, fue una actividad que si bien se dio
primordialmente entre los sectores de más elevado nivel socieconómico, se fue extendiendo a otros sectores urbanos capitalinos y, una
vez tomada conciencia de lo que significaban esos cambios, algunos
de dichos sectores se decidieron a darles determinadas respuestas.
De una de ellas me ocuparé hoy aquí. Me refiero a la aparición
del grupo capitalino conocido como "los Guadalupes", una de las dos
asociaciones secretas surgidas por entonces en el virreinato.1 Esta
sociedad, junto con la aparecida en Jalapa como derivación de la
1

Sobre la sociedad de los Guadalupes contamos con numerosas referencias de
los historiadores contemporáneos, como Lucas Alamán, Carlos María de Bustamante
y Anastasio Zerecero. Véanse Lucas Alamán, Historia de Méjico desde los primeros
movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente,
Imprenta de J. M. de Lara, México, 1849-1852, 5 vols.; Carlos María de Bustamante,

Cuadro histórico de la revolución mexicana, comenzada en 15 de septiembre de 1810por
el ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla, cura del pueblo de los Dolores, en el obispado de
Michoacán, 2a. ed., Imprenta de Mariano Lara, México, 1843-1846, y Anastasio
Zerecero, Memorias para la historia de las revoluciones en México, 2a. ed., Dirección

• Este trabajo es una síntesis de las conclusiones a que llegué en una investigación
sobre la sociedad secreta de los Guadalupes, y cuyos resultados se encuentran en un
libro actualmente en prensa: Virginia Guedea, En busca de un gobierno alterno: los
Guadalupes de México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM.

General de Publicaciones, UNAM, México, 1975. Asimismo, esta sociedad ha llamado
la atención de los especialistas, muy en particular de Wilbert ll Timmons y Ernesto
de la Torre, quien ha dado a la luz la correspondencia de los Guadalupes que fue
tomada aMorelos en 1lacotepec en febrero de 1814. Véase Wilbert H. Timmons, "Los
Guadalupes: a secret society in the mexican revolution for independence", H,spanic
Americanlfistorical Review, vol. 30, núm. 4, noviembre 1950, pp. 453-479 y Ernesto de

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29

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

Sociedad de Caballeros Racionales fundada en Cádiz2 y las que
después de ellas surgieron, representó una nueva forma de hacer
política, que permitió la acción conjunta de individuos procedentes
de distintos estratos socioeconómicos y fue dando lugar al surgimiento de nuevos y distintos grupos de poder. Esta nueva forma, incipiente
y poco usada en sus inicios, se consolidaría y utilizaría cada vez más,
hasta convertirse en la principal forma de acción política que se dio
en el país una vez alcanzada la independencia.
Su aparición muestra que algunos novohispanos se habían decidido a utilizar un medio que, si bien era cada vez más socorrido en
varios países de Europa por quienes buscaban alcanzar ciertos cambios políticos y sociales, no había sido empleado hasta entonces en
Nueva España, donde no he encontrado que existieran realmente
sociedades secretas a finales del siglo xvm y principios del XIX. Incluso
asociaciones de otra índole que por entonces proliferaban en otros
países, como las económicas, las filantrópicas o las patrióticas, sólo se
dieron en ella de manera ocasional.
Tanto los Guadalupes como la sociedad de Jalapa - esta última
de filiación masónica como derivada de la gaditana- surgieron a
poco de haberse iniciado la insurgencia, y estuvieron directamente
vinculadas con este movimiento.3 Sería con posterioridad, a resultas
de la lucha entre constitucionalistas y absolutistas, que se dio por todo
el imperio español, que aparecerían otras nuevas ya sin vinculación
directa con la lucha armada y relacionadas todas con la masonería.4

Los Guadalupes y la sociedad de Jalapa, que surgieron en relación
directa con la insurgencia, lo hicieron al tiempo que este movimiento
alcanzaba su mayor fuerza y extensión e intentaba establecer un
órgano de gobierno alterno; ambas sociedades estuvieron vinculadas
con dos intentos insurgentes de establecer una junta de gobierno, la
de Zitácuaro y la de Naolingo. Fue, pues, el movimiento insurgente
organizado el que dio oportunidad de manera inmediata a su aparición, y condicionó en buena medida sus acciones. También condicionó en parte su desaparición.
Pero si bien la sociedad de los Guadalupes se creó para brindar
apoyo a la insurgencia, este apoyo fue tan sólo una faceta, aunque
bien importante, de las actividades de este grupo. Sus integrantes
actuaron también dentro del sistema, muy en particular a partir de la
implantación del régimen constitucional que vino a ofrecerles diversas opciones de participación política. Los Guadalupes no fueron
únicamente un grupo de partidarios de la insurgencia; fueron, más
que otra cosa, un grupo de criollos ilustrados que se hallaban colocados en una situación realmente esfratégica que les permitía no sólo
tener una visión global de las circunstancias novohispanas, tanto
domésticas como imperiales, sino también encontrar la forma de
utilizarlas en provecho de sus propios intereses.
La conformación de este grupo se derivaría de lo ocurrido en la
capital novohispana en 1808. El golpe de Estado dado en septiembre
de ese año por la Audiencia de México con el apoyo de un grupo de
peninsulares, vino a cancelar la oportunidad de acceder a la toma de
decisiones que habían encontrado los capitalinos descontentos, muy
en particular los autonomistas, con el régimen colonial a través de la
propuesta hecha por el Ayuntamiento de México y apoyada por el
virrey José de Iturrigaray de establecer una junta de autoridades que
gobernara al reino en ausencia del rey. La posibilidad, no realizada
entonces, se convertiría en una meta a alcanzar, y la propuesta de
establecer una junta de gobierno en Nueva España sería una constante hasta 1821. Convencidos de la dificultad de lograrlo por las vías
legales y del peligro que significaba actuar de manera abierta, los
descontentos con el régimen descubrieron que uno de los caminos a
seguir era el del secreto y la conjura, camino que los peninsulares y la
Audiencia habían recorrido con tanto éxito antes que ellos.
En los numerosos espacios de reunión que ofrecía la ciudad de
México, donde se discutían y analizaban acontecimientos e ideas, se
comenzó a pasar de la crítica al sistema de precisar objetivos y a buscar
vías de acción para alcanzarlos. Esto se dio principalmente en las

la Torre Villar, Los Guadalupes y la independencia, con una selección de documentos
inéditos, 2a. ed., Jus, México, 1985.
2

Para la sociedad de Jalapa, véase "Logia de los 'Caballeros Racionales' en
Jalapa-Fragmentos del proceso del canónigo Cardeña", Boletín del Archivo General de
la Nad6n, t. 111, núm. 3, julio-septiembre 1932, pp. 390-407, y "Retractaciones de
algunos miembros de la logia de Jalapa", ibid., pp. 408-440. Para la logia gaditana, véase
"Una sociedad secreta en Londres al servicio de la independencia hispanoamericana",
ibid., t vm, núms. 1 y 2, enero-julio 1%7.
3
Sobre algunas de las semejanzas y diferencias que se dieron entre ambas, véase
Virginia Guedea, "Las sociedades secretas durante el movimiento de independencia",
en Jaime E. Rodríguez O. (comp.), The independence ofMexico and the creation ofthe
new nf'ion, Universidad de California, Los Ángeles, 1989, pp. 45-62.
Según Mora, el partido escocés se fundó en la capital en 1813, José María Luis
Mora, "Revista política de las diversas administraciones que la república mexicana ha
tenido hasta 1837", en Obras sue/Jas, 2ª ed., Porrúa, México, 1963, pp. 7-S. Atamán registra
que la primera logia se estableció en la ciudad de México en 1817 o 1818, L Alamán,
lí,storia de México, t v, p. 48. La masonería se dio también en Yucatán hacia 1818, EJigio
Anoona,Historia de Yucatán desde la época más remota hasta nuestros dfas, Pone tercera,
época moderna, 2ª ed., Imprenta de Jaime J. Roviralta, Barcelona, 1889, t. 111, p. 117.

30

(

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�Los Guadalupes

Virginia Guedea

tertulias -que permitían reunirse con cierta periodicidad y sin llamar
demasiado la atención - , en las que se podía hacer una adecuada
selección de los asistentes, incluidas algunas mujeres, y donde todos
ellos tenían una mayor libertad de expresión. En estos espacios de
reunión se comenzaron a establecer nuevas formas de vinculación
entre algunos de los que más tarde conformarían el grupo de los
Guadalupes o que estarían relacionados con él.5 Entre ellos se contaron varios de los participantes en los sucesos de 1808, así como
algunos distinguidos abogados. Así, pues, se puede decir qu: dos
instituciones capitalinas, el Colegio de Abogados y el Ayuntanuento
de la ciudad, facilitaron la conformación de este grupo.6 Había entre
todos ellos lazos previos de profesión, sociales, de amistad e incluso
de familia. No obstante, fueron su descontento con el régimen y sus
intereses autonomistas los que los llevaron a buscar estas nuevas
formas de vinculación.
Si bien los objetivos iniciales que se planteara la insurrección de
1810 se encontraban dentro de la línea del pensamiento autonomista,
quienes se unieron a ella procedían en su mayoría de sectores rurales
y buscaron reivindicar agravios de índole dislínta. Esto, unido a la
violencia que alcanzara en un principio el movimiento insurgente, le
enajenó el apoyo de muchos descontentos. Sin embargo, p~ra otros,
el prestarle apoyo presentó una opción para promover sus mtereses,
ya que ofrecía, por un lado, la posibilidad de contribuir a debilitar al
régimen colonial sin enfrentársele de manera directa y, por otro, de
llegar a influir en la dirección de la insurgencia y orientarla para la
consecución de sus propios fines.
Así, algunos de estos descontentos comenzaron a organizarse en
la ciudad de México para ayudar al movimiento insurgente. Fueron
varios y de distinta índole los intentos, y varios también los fracasos,
que los condujeron paulatinamente a perfilar un organismo eficiente.

Dentro de ellos vemos la fundación de un grupo secreto llamado de
"El Águila" así como las conspiraciones de abril y de agosto de 1811.
Los nombres de varios de los involucrados en estos intentos fueron
los de conocidos autonomistas que habían mostrado desde hacía
tiempo su inconforrnidad,7 pero también aparecen los de otros individuos, que actuaron de acuerdo con aquéllos y conjuntaron esfuerzos, movidos por el interés de alcanzar algunos cambios.8
Las autoridades superiores, temerosas de que la insurgencia
encontrara un apoyo capitalino organizado y que los descontentos se
aprovecharan de la insurrección para crearles dificultades en la ciudad de México, impusieron un control riguroso sobre los habitantes
de la capital. Esto convenció a los descontentos de la necesidad de
organizarse de una mejor manera y de proceder con el mayor de los
sigilos. Pero fue la propia insurgencia, con el establecimiento de ese
órgano de gobierno alterno, que intentó ser la Suprema Junta Gubernativa de América, la que brindaría la oportunidad de canalizar de
manera más eficiente los esfuerzos de muchos de los descontentos
capitalinos al abrirles -dentro del movimiento- diversa1, opciones
para su participación. Con la Junta, la insurgencia contó ya con un centro
coordinador con el cual establecer contactos de manera regular y a
través del cual podría dársele una ayuda efectiva en distintas formas.
Desde poco antes del establecimiento de la Junta se entabló
correspondencia directa entre el grupo insurgente de Ignacio Rayón
yvarios abogados capitalinos, todos ellos descontentos con el régimen
colonial que se hallaban vinculados entre sí por lazos previos de
profesión, de amistad y de compadrazgo. 9 A su alrededor convergieron los intereses y los esfuerzos de otros autonomistas y descontentos;
7

5 Se celebraban tertulias, basta donde be podido averiguar, en las casas de José
María Alba, Juan Nazario Peimbert, José Ignacio Espinosa y el marqués de San Juan
de Ra¡as, todos ellos integrantes de los Guadalupes.
Los Guadalupes que pertenecían al Colegio de Abogados fueron Manuel
Argúelles, Pedro Dionisio de Cárdenas, Manuel Cortázar, Manuel Díaz, José Igna~io
Espinosa, José Maria Fagoaga, Antonio Garcés, José María de la Garza Falcón, Bewto
José Guerra, José María Jáuregui, Félix Lope de Vergara, Antonio Ignacio López
Matoso, Juan Nazario Peimbert y Hernández, Ricardo Pércz Gallardo, Juan Bautista Raz y Guzmán, Juan Wenceslao Sáncbez de la Barquera y José Manuel Zozaya
Bermúdcz. Vinculado estrechamente con los Guadalupes se encontraba Jacobo de
Villaurrutia, miembro también del Colegio. Del Ayuntamiento lo eran Joaquín
Caballero de los Olivos, José María Fagoaga y Francisco Manuel Sáncbez de Tagle.

Quienes conformaron la sociedad de "El Águila" fueron Benito José Guerra,
Antonio Ignacio López Matoso, Juan Bautista Raz y Guzmán, Antonio del Río, Ignacio
Velarde, Félix Femández y Juan Nazario Peimbert y Hernández, A Zerecero, op. cit.,
p. 120. Entre los cinco integrantes de la junta de gobierno que se pensaba establecer al
triunfo de la conspiración de abril se contaron José María Alcalá, José María Fagoaga,
Carlos María de Bustamaote y Tomás Murphy; los dos primeros formarían parte de
los Guadalupes y los dos úJtimos estarían en estrecho contacto con este grupo. Entre
los trece ministros que debían integrar la nueva audiencia se contaban Manuel Argúelles y Juan Nazario Peimbert, ambos Guadalupes, así como Jacobo de Villaurrutia,
vinculado estrechamente con el grupo.
8
Para las conspiraciones de 1811, véase Virginia Guedea, "Tbe conspiracies of
1811. Or how the criollos leamed to organize in secret", (en prensa en la Universidad
de Calgary).
9
Entre ellos se contaba a los abogados Manuel Diaz, Benito José Guerra y Juan
Bautista Raz y Guzmán.

32

33

�Los Guadalupes
todos ellos lograron conformar un grupo que alcanzaría a cumplir los
objetivos que se trazó: mantenerse en estrecho contacto con los
insurgentes que integraban la Suprema Junta, proporcionarles una
ayuda eficaz y ser tomados en cuenta por ellos. Todo esto sin declararse abiertamente contra el régimen y sin comprometer su posición
personal.
Fueron varias las líneas de acción que se trazó el grupo en las
distintas tertulias y reuniones que celebraban sus integrantes. 10 En
primer término, el envío y recepción de información, para lo que
buscaron los mecanismos adecuados que les permitieran establecer
una correspondencia regular y segura. Uno de estos mecanismos fue
el empleo, a título individual, de distintos pseudónimos, incluyendo
el uso de determinados números.11 Otra linea fue el envío de individuos, muchos de ellos relacionados con el ejercicio de la abogacía,
para brindarle a la insurgencia su apoyo directo en el desempeño de
distintas tareas relacionadas casi todas con la organización politica
del movimiento. Así, se ocuparon de facilitar las evasiones y élel
cuidado y sostenimiento de las familias de los emigrados. 12 Una
tercera instancia fue el envío de una imprenta y de un impresor, lo
que permitó a los insurgentes tener a su alcance, de manera continua,
un medio de difusión y defensa que hasta entonces había podido
utilizar de manera muy esporádica. 13
Para llevar a cabo estas y otras actividades les fueron de gran
utilidad dos factores. Uno, el hecho de que la ciudad estuviera
rodeada de partidas de insurgentes, con cuyos jefes mantenían contacto, las que les sirvieron de enlace con los más altos dirigentes del
movimiento y a través de las cuales enviaron información, ayuda y
10

Virginia Guedea
14

hombres. Otro, el contar con la colaboración de varias mujeres,
todas ellas vinculadas por lazos de familia con diversos miembros del
grupo, que se ocuparon de la correspondencia, de ayudar a los que se
fugaban y de sacar la imprenta de la ciudad.is
Acontecimientos de diversa índole llevarían al grupo a replantear
sus objetivos, a reorganizarse, a ampliarse y a alcanzar su máxima
efici~ncia. En primer lugar, el hecho de que parte de su correspondencia con los msurgentes cayó en manos de las autoridades coloniales en mayo de 1812, lo que permitió a éstas poner a algunos de sus
miembros en prisión. 16 En segundo término, la derrota infligida a
Rayón poco después, que no sólo dio ocasión a que varios de los
fugados de la capital, con quienes los integrantes del grupo mantenían
estrecho contacto, fueran fusilados,17 sino que también marcó el inicio
del proceso de desintegración de una Suprema Junta que nunca llegó a
consolidarse. En tercer lugar, la importancia que por entonces cobraba la figura de José María Morelos, tanto por sus acciones militares
corno por sus esfuerzos por darle una mejor organización política al
movimiento. Por último, el establecimiento del régimen constitucional en Nueva España, que venía a abrir para todos los novohispanos
nuevos espacios de participación política dentro del sistema.
A partir de septiembre de 1812 el grupo fijaría su atención en
Morelos. Sin dejar de utilizar los pseudónimos referidos a determinados números, en la correspondencia con este jefe insurgente se
comenzó a emplear uno nuevo que ya no se refería a personas en Jo
particular, sino que hacía ver que detrás de él se encontraba un grupo:
el de los Guadalupes. 18 Por el contenido de las cartas así suscritas se
puede ver que fueron varios los individuos que se ocuparon no sólo
de recabar la información que se deseaba hacer llegar a Morelos -y
más tarde también a Carlos María de Bustamante y a Mariano
Matamoros- sino de su misma redacción y envío. Esto indica que

Uno de los lugares de reunión era la hacienda de León, a las afueras de la
ciudad, propiedad de Manuel y Díaz y de su esposa Antonia Peña.
11
Son varias las cartas firmadas por el "Número 12", pseudónimo que, según he
podido averiguar, era utilizado por el licenciado Juan Bautista Raz y Guzmán. l.ocalicé
una carta dirigida al "Caballero Número Primero", y hay menciones de cartas firmadas
con otros números, como "Número Dos" y "Número Tres".
12
En el frustrado intento de fuga de los licenciados José María Gallegos y José
Mariano Martínez Lejana, en febrero de 1812, tomaron parte Manuel Díaz, su esposa,
Antonio Peña y Francisco de Arce.
13
En la compra y envío de esta imprenta tomaron parte Francisco de Arce,
Nicolás Becerra, Manuel Díaz, Benito José Guerra, José María Jáuregui, José María
de la Llave, Antonia Peña, Juan Bautista Raz y Guzmán, así como Mariana Camila
Ganancia, esposa de Guerra, y Luisa de O rellana y Pozo, esposa de Raz y Guzmán. El
impresor parece haber sido un tal Ferráodiz, a cuya familia, que se quedó en la ciudad
de México, sostuvieron los Guadalupes.

Felipe Lailson fue quien perdiera esta correspondencia. Eñ esa ocasión fueron
presos Nicolás Becerra, José Ignacio Espinosa, José María de la Gana Falcón y Benito
José Guerra. Por su parte, Margarita Peimbert fue detenida.
17
Entre ellos el licenciado Jguacio Jiménez, novio de Margarita Peimbert y
compadre de Benito José Guerra.
18La .
pnmera carta firmada con este pseudónimo es del 15 de septiembre de 1812.
Véase E. de la Torre, op. cit., pp. 1-2.
'

34

35

14

Entre ellas se contó la que comandaba Felipe Lailson, encargado especialmente de conducir la correspondencia de la Junta con sus partidarios capitalinos.
ISM
. p . be
ar~anta eun rt _Y_Antonia Peña se ocuparon de la correspondencia, y la
segunda enVJó, además, auxilios y ayudó por lo menos en una evasión y a sacar de la
ciudad la imprenta para Rayón.
16

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

dentro del grupo se formó una sección especial dedicada a esta tarea
en particular. Tan fue así, que ni siquiera en la correspondencia que
al mismo tiempo sostuvieron algunos integrantes del grupo con Rayón se llegó a utilizar este pseudónimo.
Su uso sería ciertamente feliz por varios motivos. Además de
mostrar su americanismo y su vinculación con un movimiento que
había escogido como patrona a la Virgen de Guadalupe, sirvió a su
propósito inicial de ocultar la identidad de los que así se firmaban y
del grupo al que pertenecían. Ni aun Morelos mismo sabía con
absoluta precisión quiénes se encontraban detrás de él; y sería el
propio Morelos, al hacer extensivo a todos ellos el pseudónimo
utilizado por los que se ocupaban de remitirle información y de
mantener correspondencia con él, quien acabaría por darles el nombre con el que los conocemos.
Además de no saber bien a bien cuál era el nombre que se daba
a sí mismo este grupo, tampoco he podido determinar con precisión
quiénes lo integraban, aunque se conocen los nombres de muchos de
ellos.19 Más difícil aún es establecer la manera en que estaba organizado. Este problema, que en buena medida es reflejo del buen éxito

que alcanzó, se debe no sólo a la habilidad que tuvieron sus integrantes para guardar el secreto de su composición y estructura. Se debe
también a la manera en que se fue dando su conformación.
Si bien se articuló alrededor de un interés común-el de acceder
por distintas vías a una mayor acción política - , su formación partió
inicialmente de vínculos ya existentes, entre los que se contaron los
de profesión, amistad, compadrazgo, familiares, sociales, clientelismo
y hasta amorosos, los que le darían una base sólida.20 El grupo se
fortaleció, además, con otros individuos sin vínculos previos, pero que
tenían también intereses autonomistas. Igualmente, se le unieron
partidarios decididos de la insurgencia. Asimismo se apoyó en individuos cuyo principal interés era molestar al régimen. Por último,
muchos de los que ayudaron en sus diversas tareas lo hicieron tan sólo
de manera ocasional. Todo ello daría por resultado que, pese a contar
con un núcleo que se podría llamar permanente y que coordinó y dio
continuidad a sus trabajos, sus integrantes y apoyos no fueran siempre
los mismos ni se ocuparan todos ellos de las mismas tareas. Esta
diversidad de individuos, de relaciones y de intereses que logró
articular el grupo, le permitiría actuar de manera por demás flexible
y dinámica.
Los resultados de algunos de los empeños, que es lo que de este
grupo se conoce mejor, nos permiten ver que tuvo la habilidad de
seguir distintas líneas de acción. También la capacidad que muchos
de sus integrantes lograron desarrollar para sacar el mayor provecho
posible, tanto de las circunstancias novohispanas como de los recursos
que tenían a su alcance para la consecución de sus propósitos. Finalmente, nos permiten conocer en ocasiones quiénes de ellos se ocuparon de determinadas tareas, así como hacer conjeturas sobre la forma
que adoptó su organización.
Por la información que se tiene sobre los Guadalupes, se puede
ver que reunían algunos de los requisitos que hacen de un grupo una
sociedad secreta. Desde luego que el secreto fue una de sus características. También lo fue la selectividad, así como el contar con una
cierta estructura y una eficiente organización. Por lo que de ellos

19 A partir de la documentación y la bibliografia consultadas, elaboré un cuadro

de los Guadalupes en el que incluyo a Ignacio Adalid, propietario y letrado; a José
María Alba y Llave, comerciante y propietario; al doctor José María Alcalá, canónigo
magistral; a Francisco de Arce, comerciante; al licenciado Manuel Argüelles; a Nicolás
Becerra; al licenciado José Antonio de Bustamante; al regidor Joaquín Caballero de
los Olivos; al ex gobernador de San Juan, Dionisio Cano y Moctezuma, cacique
indígena y comerciante; a los licenciados Pedro Dionisio de Cárdenas, Manuel Cortázar y José Antonio del Cristo y Conde; al doctor Manuel Díaz, abogado y propietario;
al licenciado José Ignacio Espinosa, a José María Fagoaga, propietario; a Agustín
Gallegos, a los licenciados Antonio Garcés, José María de la Garza Falcón y Benito
José Guerra; a Diego Andrés Hurtado de Mendoza, conde del Valle de Orizaba, noble
y propietario; a los licenciados José María Jáuregui, Félix Lope de Vergara y Antonio
Ignacio López Matoso; a Francisco de la Llave, comerciante; a José Maria de la Llave,
comerciante; a Ignacio Moreno y Barrios, marqués de Valle Ameno, noble y propietario; a José Cándido de la Parra; al licenciado Juan Nazario Peimbert; al presbítero
doctor José Maria Peláez; a los licenciados Ricardo Pérez Gallardo y Juan Bautista
Raz y Guzmán; a Antonio del Río, propietario; al licenciado y periodista Juan
Wenceslao Sánchez de la Barquera; al bachiller Francisco Manuel Sánchez de Tagle,
escritor y poeta, además de propietario; a José Mariano de Sardaneta y Llorente,
marqués de San Juan de Rayas, propietario; a Ignacio Velarde; al doctor Manuel
Villaverde,eclesiástico; a Anastasio Zerecero; a Valentln Zerecero y al licenciado José
Manuel Zozaya Berrnúdez. Incluyo, además, a tres mujeres: Margarita Peimbert,
Antonia Peña y Leona Vicario. Vinculados estrechamente con el grupo se encontraban
el oidor Jacobo de Villaurrutia y el ex gobernador de San Juan, Francisco Antonio
Galicia.

36

20

Como ejemplo, me referiré aquí a los lazos familiares. José María Alba y Llave
era sobrino de los hermanos Francisco y José María de la Llave. Manuel Díaz estaba
casado con Antonia Peña, la que al enviudar casó con Juan Bautista Raz y Guzmán.
Éste era tío de Leona Vicario. Agustín Gallegos era tío de Anastasio Zerecero, el que
a su vez era hijo de Valentln Zerecero; de estos dos era pariente Ignacio Velarde. Diego
Andrés Hurtado de Mendoza era cuñado de Joaquín Caballero de los Olivos y
Margarita Peimbert era hija de Juan Nazario.

37

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

sabemos, se puede inferir que el grupo se componía de pocos y bien
escogidos individuos. Igualmente se puede inferir que determinadas
actividades fueron llevadas a cabo sólo por determinadas personas.
Esto es, que funcionaba, en términos generales, por secciones. Por
otra parte, el grupo dio cabida en su seno a individuos procedentes de
diversos sectores socioeconómicos: nobles, abogados, propietarios,
eclesiásticos y comerciantes; dependientes de algunos de ellos, dedicados a distintos oficios; varias mujeres y por lo menos un funcionario
indígena, lo que daría gran amplitud a sus posibilidades de acción.21
Se apoyó, además, en numerosas personas vinculadas de distintas
maneras con miembros del grupo, pero que no formaban parte de él.
Sin embargo, nada sabemos de una posible jerarquización dentro
de esta sociedad. Tampoco si en algún momento se celebraron ritos
de iniciación, ni si sus miembros hacían algún juramento especial o
contaban con determinados signos para reconocerse entre ellos. Si los
hubo -ritos, juramentos o signos-, no dejaron huella alguna. El
hecho de que su composición fuera un tanto cambiante indica que la
afiliación al grupo se dio en forma flexible y, en ciertas instancias, de
manera ocasional y para la real~zación de determinadas actividades.
Por último, por los objetivos claramente políticos y coyunturales que
se propuso alcanzar, su lucha desde la clandestinidad y su duración
limitada, me permiten calificarla como una sociedad secreta política,
concepto que tomo en su sentido más amplio.
Pero, independientemente de si el grupo de los Guadalupes
reunió o no todas las características necesarias para ser considerado
como una verdadera asociación secreta, su surgimiento es un indicio
de que se daba ya un cambio, y que nuevas circunstancias iban dando
lugar a nuevas formas de acción política. Por primera vez en Nueva
España apareció una organización de esta índole, y tan fue exitosa su
respuesta a las nuevas circunstancias, que mientras éstas no cambiaron el grupo logró alcanzar sus objetivos.
En relación con la insurgencia, las líneas de acción seguidas por
los Guadal upes serían, en términos generales, las mismas que se trazó
el grupo al establecer contacto con la Suprema Junta. No obstante, lo
harían desarrollándolas con mayor amplitud. Buscarían, además, nuevos
caminos, los que les permitirían actuar de manera más integral.
En primer lugar, se cuenta el envío y recibo de correspondencia,
lo que logró hacerse en forma regular y segura. No serían ellos sino
los insurgentes, como ya antes había ocurrido, quienes darían ocasión

a que fuera descubierta por las autoridades. La que ha llegado a
nosotros resulta trunca por partida doble, ya que es la dirigida tan
sólo a Morelos, a Bustamante y a Matamoros y, dentro de ésta, la
referida fundamentalmente a remitirles información.22 No obstante,
sabemos que varios de los Guadalupes mantuvieron correspondencia
con otros jefes insurgentes y que se ocuparon en sus cartas de muy
diversos asuntos, entre ellos de la organización política del movimiento. El haber logrado llevar a cabo felizmente esta actividad implicó
establecer y controlar los canales adecuados para su recepción y
envío, que se efectuaban por distintos conductos. Fueron numerosas
las personas que estuvieron involucradas en estas tareas, entre ellas
varias mujeres vinculadas estrechamente con el grupo.23 También
individuos dependientes de algunos de sus integrantes, ya fuera como
correos, o que se encontraran entre los insurgentes. Por último, varios
individuos ajenos a él. Todo ello revela su capacidad, tanto para
coordinar esfuerzos como para utilizar las relaciones de diversa índole con que contaban los integrantes del grupo.
Parte importante de la correspondencia la constituyó el envío de
abundante información, a través de cartas primero y, más tarde, de
manera ya sistematizada mediante un diario elaborado ex profeso.
Además de ocuparse de lo que pasaba en la capital esta información
se refería a las distintas actividades emprendidas por las autoridades
coloniales, principalmente en relación con la insurgencia. Se incluía
asimismo información sobre la propia insurgencia en distintas regiones, en particular sobre las partidas cercanas a la capital, y sobre las
actividades de los angloamericanos en apoyo del movimiento. Igualmente recogía información de fuera de Nueva España. El haber
podido reunirla demuestra que se contaba con diversos canales de
comunicación dentro de la ciudad y que éstos se daban en muy
distintos niveles, incluidas algunas altas instancias del gobierno colonial como la Secretaría del Virreinato. Demuestra también que hubo
contactos con otras regiones de Nueva España y fuera de ella. Demuestra, finalmente, que esta tarea requirió de la coordinación de
muchos esfuerzos y que su éxito fue el resultado de un bien conjugado
trabajo de equipo.

21

p ara 1a compos1ci
. '6n del grupo véase la nota 19.

38

22

De la Torre ha publicado la correspondencia de los Guadalupes con Morelos
Y Matamoros, op. cit. En cuanto a la sostenida con Bustamante, algunas cartas se
~ncuentran en el proceso seguido a Ignacio Adalid, Bancroít Library, Causa de
msurrección f onnada contra Ignacio Adalidy socios, 3 vols.
23
Antonia Peña y Leona Vicario se ocuparon de enviar correspondencia en varias
ocasiones.

39

�Los Guodalupes

Otra línea de acción fue el proseguir con eJ envío de individuos
que pasaron a incorporarse a las fiJas insurgentes para el desempeño
de diversas tareas. Asimismo, como había ocurrido con anterioridad,
el grupo tomó a su cargo la tarea del cuidado y sostenimiento de los
familiares y dependientes de quienes pasaron por entonces a unirse
al movimiento.
La tercera línea de acción fue la de continuar con sus auxilios
para que el movimiento contara, de manera permanente, con imprentas adecuadas. Fue ésta una de sus preocupaciones más constantes.
Tanto el grupo que encabezaba Morelos como el que dirigía Rayón
recibieron en distintas ocasiones prensas, impresos y escritos para ser
publicados. Esto constituyó una de sus mayores aportaciones a un
movimiento que -en una guerra en que por escrito se libraron
importantísimas batallas- se encontraba en posición de franca inferioridad frente a un régimen que controlaba casi todas las prensas.
Entre las nuevas líneas de acción estuvo la ayuda prestada a
distintas partidas de insurgentes que se hallaban en los alrededores
de la capital. Con algunas de ellas el grupo llegó a tener relaciones
por demás estrechas, ya que entre sus dirigentes se contaron individuos vinculados con los Guadalupes por lazos de amistad, de dependencia y, al parecer, hasta de parentesco.24 Estas relaciones le fueron
de vital importancia para controlar el acceso y la salida de la capital
y mantener así un contacto seguro y constante con Morelos y otros
jefes de la insurgencia.
Una línea de acción que terminó en fracaso fueron las negociaciones para concertar una entrevista entre Rayón y el virrey Francisco
Javier Venegas a fines de 1812. No obstante, resulta de especial
interés, ya que pone de relieve la amplitud y el elevado nivel de los
contactos, la capacidad de negociación y la posición de poder, tanto
en relación con la insurgencia como con el régimen colonial, de
algunos de los Guadalupes.25 Otro fracaso por distinta vía fue su
acercamiento al virrey Félix María CaIJeja, con el que algunos de los
GuadaJupes estaban en estrecho contacto.26 Esta empresa resulta
también de interés porque nos permite ver que el grupo dio cabida a

Vuginia Guedea

intereses un tanto diversos y que brindó a quienes lo conformaban
una gran amplitud de acción. La utilización de ambas vías revela algo
por demás importante: a pesar de su apoyo continuo y eficiente a la
insurgencia, el grupo no había roto abiertamente con el régimen
colonial ni dejado de buscar dentro del sistema un camino para hacer
realidad sus aspiraciones políticas.
Lo anterior quedó demostrado a partir de que se implantara en
Nueva España el régimen constitucional, que vino a abrir a todos los
novobispanos nuevos espacios de participación política, en particular
a través de los procesos electorales que brindaban la posibilidad de
ejercer una acción directa en el nivel local, en el regional y en el
imperial.
La primera oportunidad que tuvieron los capitalinos, y que abriría a los Guadalupes una nueva línea de acción, fue la de decidir
quiénes debían encargarse de la administración y del gobierno de la
ciudad de México. La elección del nuevo Ayuntamiento constitucional ofreció posibilidades a los distintos intereses de los americanos.
Brindó a los autonomistas un nuevo y muy amplio cauce legal para la
satisfacción inmediata de sus aspiraciones. Para los partidarios de la
insurgencia representó una buena oportunidad de debilitar al régimen colonial. Y para los indígenas de las parcialidades capitalinas,
que por el sistema constitucional debían perder su peculiar forma de
gobierno, y en particular para sus funcionarios, se convirtió en la única
vía a su alcance para tener representación. Y a través del proceso
electoral fue como lograron articularse todos esos intereses.
La primera etapa del proceso, en la que debía designarse a los
electores que a su vez se encargarían de nombrar a quienes debían
integrar el Ayuntamiento constitucional, se llevó a cabo el 29 de
noviembre de 1812.27 En ella resultaron electos únicamente individuos nacidos en Nueva España, muchos de ellos desafectos al régimen colonial y ninguno su incondicional. Para alcanzar tales resultados se llevó a cabo un considerable y bien coordinado trabajo previo
en el que tomaron parte, de diferentes maneras y en distintos niveles,
27

24

Enlre es1as panidas se contaron la que comandaba Manuel Arriaga Díaz, en
es1recho con1ac10 con Anlonia Peña, y la de Eugenio Maria Monlaño, administrador
de una hacienda de Ignacio Adalid, que se escribía con ésle.
25
La figura principal quesirviódeenlaceen eslasncgociaciones fucJuan Baulista
Raz y Guzmán.
26
José Anlonio del Cris10 y Conde y Francisco Manuel Sánchez de Tagle fueron
los Guadalupes que se acercaron a Calleja.

40

Para es1as elecciones, véanse Neuie Lee Benson, "The con1ested mexican
elec1ions of 1812", Hispanic American Historica/ Review, vol. XXVI, agosto. 1946, pp.
336-350; Antonio Annino, "Praticbe creole e liberalismo nella crisi dello spazio urbano
coloniale. Il 29 novembre 1812 a cittA del Messico", Quademi Storid", vol. 69, año xxrn,
núm. 3, diciembre de 1988 (cuya lraducción al español se encuenlra actualmen1e en
prensa en el lnstituto Mora,revis1a Secuencia, núm. 24), y Virginia Guedea, "Las
primeras elecciones populares en la ciudad de México: 1812-1813", Mexican Studies/Estudios Mexicanos, vol. 7, núm. 1, invierno 1991, pp. 1-28.

41

�Los Guadalupes

individuos de muy diversa clase y condición. Se celebraron juntas
previas para planear su organización, se seleccionaron los candidatos
más idóneos, se elaboraron y repartieron papeletas que contenían sus
nombres y se efectuó una eficaz labor de convencimiento. De igual
manera se trabajó en forma coordinada y eficiente durante las elecciones mismas.
Varios de los integrantes de los Guadalupes tomaron parte en
este proceso electoral. Esto se daría en dos niveles. Uno, formal y
abierto, ya que el antiguo Ayuntamiento capitalino debía ocuparse de
la organización y cuidado de las elecciones. El otro, informal y oculto,
por el interés que el grupo tenía en aprovechar una coyuntura tan
favorable para promover sus intereses. Los resultados inmediatos de
esta línea de acción fueron positivos. Salieron designados como
electores algunos de los integrantes del grupo.28 Esta participación y
estos resultados nos permiten percibir varias cosas. Por un lado, la
habilidad de los Guadalupes que intervinieron en el proceso para
conjugar sus esfuerzos y sus intereses con los de otros grupos e
individuos para la consecución de un objetivo común. Por otro, la
capacidad que tuvieron para controlar y dirigir a grandes sectores de
la población capitalina. Finalmente, que varios de ellos ocupaban
posiciones de importancia y gozaban de prestigio entre los habitan tes
de la ciudad.
Las elecciones demostraron que las aspiraciones autonomistas se
habían extendido a grandes sectores de la población, incluyendo a los
antes tranquilos indígenas. También pusieron de manifiesto la existencia de diversos y efectivos canales de comunicación entre todos
ellos. Asimismo, demostraron que un grupo articulado a través de su
cabildo tenía capacidad de dirección y movilización, capacidad que le
era reconocida y aceptada por una gran parte de los habitantes de la
ciudad. Por último, demostraron que los autonomistas, y no las
autoridades coloniales, controlaban el espacio urbano capitalino. Si
a lo anterior se une el hecho de que las elecciones se dieron en medio
de manifestaciones de regocijo, de críticas al régimen colonial y hasta
de apoyo a la insurgencia, y que por entonces ésta obtenía importantes triunfos armados, se puede entender la preocupación que causaron a las autoridades coloniales. Temerosas de que descontentos e
insurgentes se unieran contra el régimen, y decididas a evitar que se
28

Los Guadalupes que resultaron electores fueron José María Alcalá, Dionisio
Cano y Moctezuma, Pedro Dionisio de Cárdenas, José María Fagoaga, Antonio
Ignacio López Matoso y Juan Nazario Pcimbert.

42

Vuginia Guedea

debilitase su poder en la capital del virreinato, suspendieron tanto la
libertad de imprenta como el proceso electoral.
No obstante la actitud de las autoridades, las líneas de acción que
brindaba el sistema constitucional serían aprovechadas al máximo y
con óptimos resultados por autonomistas y descontentos, muy en
particular por los Guadalupes. Así ocurrió a principios de 1813, con
la reanudación del proceso electoral para designar al Ayuntamiento
constitucional capitalino: los electores escogieron a individuos nacidos en Nueva España y poco o nada afectos al régimen colonial, entre
los que se contaron varios integrantes de los Guadalupes.29 Igualmente ocurrió poco después con los procesos electorales para designar
diputados a Cortes, así como con quienes debían integrar la diputación provincial, en los que participaron de manera activa algunos
miembros del grupo con iguales resultados.30 Esto se repetiría en
todos y cada uno de los procesos electorales a que daría lugar el
régimen constitucional. Todos esos procesos dejaron en claro dos
cosas. Una, la capacidad de organización desarrollada por los autonomistas capitalinos. La otra, el amplio apoyo que al amparo de los
cambios constitucionales habían encontrado en distintos sectores de
la capital, incluidos los indígenas.
La coincidencia de que la implantación del régimen constitucional se diera al tiempo en que la insurgencia alcanzaba su mayor fuerza
y extensión y se organizaba políticamente, permitió a muchos de los
descontentos aprovechar de manera paralela las posibilidades que
ambas instancias ofrecían. No sólo esto. Los dos caminos de acción
política que ante ellos se abrieron de modo casi simultáneo dieron
también opción a que se llegaran a articular, conjugar y en muchos
casos incluso redefinir intereses un tanto diversos.
La instalación del Supremo Congreso Nacional Americano en septiembre de 1813 marcaría el punto más alto de coincidencia entre los
distintos intereses de los americanos. La insurgencia contó, por fin, con
un órgano de gobierno alterno, que debía ocuparse de constituir a la
nueva nación, y que fue resultado de una intensa labor de organización
y de un proceso electoral en los que se procuró incluir a todos ellos.31
29
Para el ayuntamiento resultaron electos Ignacio Adalid, Ignacio Moreno y
Barrios y Francisco Manuel Sáncbez de Tagle.
30
Salieron electos diputados a Cortes Manuel Cortázar y Félix Lope de Vergara
por Nueva España y José Maria Alcalá y et marqués de San Juan de Rayas por
Guanajuato. Para la diputación provincial salió electo José María Fagoaga y como
suplente José Antonio del Cristo y Conde.
31
Sobre este proceso véase Y-uginia Guedea, "Los procesos electorales insurgen-

43

�Les Guadalupes

Virginia Guedea

Los Guadalupes, que no sólo participaron activamente en esta labor
y en este proceso sino que ejercieron in.fluencia sobre ambos,32 se
entusiasmaron con las perspectivas a tal grado que algunos de ellos
llegaron a pensar en la posibilidad de hacer a un lado la vía que les
ofrecía un sistema constitucional cada vez más desvirtuado por las
propias autoridades coloniales.
No alcanzarían a decidirse. Si bien el Congreso lograría proseguir
sus trabajos y hasta elaborar una Constitución, las derrotas insurgentes de finales de 1813 y principios de 1814 cancelaron, de hecho, las
perspectivas que su instalación había abierto. Significaron el principio
del fin de la insurgencia organizada y que el movimiento pasara a la
defensiva. Significaron también que el régimen colonial tuviera pruebas fehacientes de las relaciones que con los insurgentes sostenían de
manera encubierta muchos americanos, entre ellos un grupo capitalino que suscribía su correspondencia con el pseudónimo de "los
Guadalupes".33

pués de la prisión y la muerte de Morelos a fines de 1815, al perder
el movimiento su centro común y fragmentarse cada vez más, convirtiéndose en una guerra de guerrillas, lo que haría difícil no sólo
prestarle apoyo y seguir un contacto con ella, sino mantener hacia el
movimiento la misma disposición.
La desaparición de estas dos opciones no significó la desaparición
de los anhelos de muchos de los americanos de alcanzar una mayor
participación política. Todos ellos, incluidos los antiguos Guadalupes,
buscarían nuevos caminos para hacerlos realidad, y aprovecharían al
máximo las oportunidades que se les presentarían. Incluso seguirían
actuando en conjunto, hasta alcanzar el poder en 1821. Seguirían
también organizándose a través de sociedades o grupos secretos - esa
"enfermedad del siglo", como se los calificó por esos años-, los que
alcanzarían su mayor desarrollo poco después de consumada la independencia. Pero nuevas y diferentes circunstancias daban lugar a
nuevas y diferentes respuestas, y entre ellas, la específica de los
Guadalupes ya no tendría lugar.

A las derrotas insurgentes se sumó en agosto de 1814 la vuelta al
antiguo régimen. Este retomo significaría muchas cosas. Canceló
para los inconformes la posibilidad de un cambio pacífico. Cerró a los
autonomistas la vía legal de acceso a la representación política abierta
por las Cortes. Reafirmó en los partidarios de la lucha armada la
convicción de que la ruptura definitiva era el único camino. Por
último, fortaleció al régimen colonial y dio, además, libertad a sus
autoridades para proceder en contra de todos ellos.
Cancelada la opción liberal con la suspensión del régimen constitucional, las averiguaciones y los procesos que desembocaron en
prisiones y destierros lograron ir cortando las relaciones que se habían
establecido con la insurgencia. Sucedió también algo todavía más
grave. Se logró desarticular en gran medida a las nuevas formas de
vinculación que los americanos habían logrado establecer entre ellos
y que les habían permitido actuar de manera coordinada. En el caso
particular de los Guadalupes, el grupo acabaría por ver seriamente
alteradas su composición y estructura, lo que imposibilitaría su acción.34 Por último, la opción insurgente acabó por desaparecer dest~. 1811-1813", Estudios de Historia Novohispana, Instituto de Investigaciones Históncas-UNAM (en prensa).

32
.
Benito José Guerra fue nombrado para el poder judicial. El marqués de Rayas
dio su voto a Morelos como generalísimo.
33
Morelos perdió, junto con todo su archivo, la correspondencia con los Guadalupes en llacotepec en febrero de 1814.
34
Por entonces salieron de la capital o fueron desterrados José María de la Garza

Falcón, José María Alcalá, Manuel Cortázar, Ignacio Adalid, Francisco de Arce, José
María Alba, Francisco de la U ave, Antonio Ignacio López Matoso, el marqués de San
Juan de Rayas y Félix Lope de Vergara.

44

45

�Hilda Sabato

Ciudadanía, participación política
y formación de una esfera pública
en Buenos Aires, 1850-1880*
Hilda Sabato**

E

l te~a de la participación p~lítica en las sociedades modernas
ha sido extensamente debatido, tanto en el terreno de la teoría
política como en el del análisis histórico. En buena parte de
la literatura clásica se ha asociado participación con ciudadanía
política, y a ésta con el ejercicio del sufragio. Más aún, en tanto se
considera que la ampliación de la ciudadanía política define el tránsito hacia la sociedad democrática, la universalización efectiva del
• Este artículo es una traducción del trabajo publicado en la revista Past ami
Presenten agosto de 1992, escrito durante mi estadía en el Institute for Advanced Study
of Princeton en 1990-1991. Agradezco a mis colegas del Instituto que discutieron una
versión preliminar del artículo, y en particular a Gary Gerstle, Jacek Kochanowicz,
Peter Wagner y Michael Walzer. Gran parte de la investigación que diera lugar a este
artículo se Uevó a cabo en Buenos Aires, con la asistencia de Ema Cibotti, Elías Palti
y Graciela Bonet. Las ideas centrales fueron discutidas originalmente con mis colegas
en el PEHESA-CISEA en Buenos Aires: Leandro Gutiérrez, Juan Carlos Korol, Luis
Alberto Romero y Beatriz Sarlo.
•• Investigadora del Conicet en el PEHESA-CISEA y profesora de la Universidad de
Buenos Aires.

46

voto se toma como el momento culminante de ese proceso. Históricamente, ese momento se ubica a comienzos del siglo xx, cuando se
habría completado el camino que, a través de sucesivas ampliaciones,
habría llevado desde el sufragio restringido, propio del siglo anterior,
al voto universal masculino. Los casos que se apartan de esta senda
son tratados como desviaciones del modelo, como anómalos e imperfectos en términos de su tránsito hacia la democracia.
Los problemas teóricos que plantea una concepción así restringida de la participación política han sido señalados en algunos tra~ajos recientes. 1 En el terreno del análisis histórico, diversos estudios
de caso muestran que el camino canónico de tránsito paulatino del
sufragio restringido al universal fue la excepción más que la regla.2
Además, algunos de ellos muestran que el voto era sólo una de las
formas de participación en la vida pública y la escena política, pero
de ninguna manera la única.3
En el caso de Argentina, este trabajo crítico aún no se ha
emprendido de manera sistemática. La interpretación canónica se
apoya en una concepción restringida de la participación política,
pero encuentra dificultades a la hora de aplicar el modelo clásico de
construcción de la ciudadanía política a la historia argentina. Al
mismo tiempo, esa óptica impide analizar los vínculos complejos que
se establecen entre la sociedad civil por un lado y el Estado y el poder
político por el otro, en particular durante el periodo formativo del
sistema político.
Este artículo propone un camino diferente para abordar el tema
de la participación política en Argentina, explorando el caso pa~~cular de la ciudad de Buenos Aires en las décadas en que fue adqmnendo los rasgos que pronto la convertirían en una ciudad burguesa por
excelencia. Luego de revisar y discutir las visiones más difundidas
acerca del papel del sufragio y las elecciones, se explora una dimensión de la vida política de la ciudad hasta ahora muy poco estudiada:
el proceso de formación de una esfera pública, proceso distintivo de
las décadas que siguen a Caseros (1852). Finalmente, se analiza el
1 Véase, por ejemplo, Albert Hirschman,

Shifting involvements, Princeton, 1982.
Un análisis crítico de la noción de participación en algunas teorías de la democracia se
encuentra en Carole Pateman,Participationand democratic theo,y, Cambridge y Nueva
York, 1970.
2
Véanse, por ejemplo, todos los trabajos incluidos en Quademi Storici, nueva
serie, núm. 69, diciembre 1988.
3 Véase, por ejemplo, José Murilo de Carvalho, Os bestializados. O Rio delaneiro
e a rept1blica que nao foi, San Pablo, 1987.

47

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

papel que tuvieron las prácticas electorales y la participación en la
esfera pública en el sistema político en formación.

autoridades electas legalmente que básicamente respetaron la Constitución y las leyes.
En este largo periodo se han reconocido dos etapas, antes y
después de la sanción de la Ley electoral de 1912 que estableció el
secreto y la obligatoriedad del sufragio, hecho considerado decisivo
en el proceso de ampliación de la ciudadanía política. La ley aparece
además como el resultado inevitable del crecimiento económico y la
modernización social experimentados en las décadas precedentes. Sin
embargo, se habría tratado de un resultado desfasado, en tanto que
los profundos cambios sociales que tuvieron lugar a partir de mediados del siglo XIX no encontraron su equivalente en el terreno político.
En palabras de Germani: "Las elites dirigentes no parecieron dispuestas a compartir y menos aún a ceder el poder a los nuevos grupos
que se iban incorporando a la vida nacional."5 Esta contradicción
estaba en el seno mismo del proyecto puesto en marcha por los grupos
dirigentes que eran conservadores en el terreno político, si bien
liberales cuando se trataba de los aspectos económicos, sociales y
culturales de la modernización. Esta elite había logrado mantener a
la mayor parte de la población alejada de la vida pública, estableciendo una república restrictiva. Las elecciones se controlaban y manipulaban desde arriba; el voto era una prerrogativa de minorías privilegiadas; el "pueblo" no tenía acceso a las urnas. La situación se
agravaba por la presencia masiva de los inmigrantes quienes, salvo en
el caso de algunas elecciones municipales, sólo después de nacionalizarse adquirían el derecho al voto. Dado que la mayoría de ellos no
optaba por hacerlo, quedaba al margen de los mecanismos formales
de vinculación con la política. De esta manera, aun después de la
sanción de la ley de 1912 subsistía un obstáculo muy serio para la
completa modernización del sistema politico.6
Sintéticamente, éstos constituyen los argumentos centrales de la
mayor parte de las interpretaciones sobre la historia de la formación
del sistema político argentino, proceso que aparece trabado por la
existencia de graves obstáculos en el camino esperado hacia el sufragio universal y la ciudadanía ampliada. Al considerar al sufragio como

La vida política en Buenos Aires: la interpretación canónica

A principios de la década de 1850, luego de la derrota de Juan
Manuel de Rosas, la ciudad de Buenos Aires albergaba a unos 90 000
habitantes. Por entonces ya era la ciudad más grande de Argentina
y el principal centro de negocios; muy pronto se convirtió también
en la sede del gobierno nacional y en 1880 fue designada capital
federal de la república. Este fue un periodo de extraordinario crecimiento económico, en que el país encontró un Jugar importante en
el mercado mundial como exportador de lana a varios países de
Europa. La ciudad se expandió física y demográficamente. Hacia
1887, más de 400 000 habitantes vivían en Buenos Aires, quintuplicando la cifra de 30 años antes. La inmigración europea fue el
principal factor de ese crecimiento poblacional; las cifras son impactantes: para fines de la década de 1860, de cada cuatro hombres
adultos, tres eran extranjeros. La mayor parte de los hombres estaban empleados en el comercio, el transporte y los servicios, en buena
proporción como asalariados en tareas no calificadas y muy inestables. Existía un número no desdeñable de trabajadores por cuenta
propia -pequeños propietarios de diversa índole, asociados sobre
todo con el comercio y los servicios - , muchos de ellos protagonistas
de 1a movilidad ocupacional ascendente característica de estos años.
El sector manufacturero, compuesto por pequeños y medianos talleres y establecimientos, ocupaba a menos del 20% de Ja fuerza de
trabajo.4
El país se regía por la Constitución de 1853, dictada bajo la
influencia del pensamiento liberal y el modelo de la Constitución de
Estados Unidos. Luego de la derrota del régimen de Rosas en 1852,
las fuerzas triunfantes se dividieron y la provincia de Buenos Aires se
separó de la nueva Confederación. Diez años más tarde, Buenos Aires
derrotaba a la Confederación mientras su elites políticas se proponían
hegemonizar el proceso de constitución de un Estado y de un orden
político nacionales. Desde entonces y hasta 1930, aunque la violencia
nunca faltó en el escenario argentino, el país fue gobernado por

5

Cfr. Hilda Sabato y Luis Alberto Romero, Los trabajadores de Buenos Aires,
1850-1880. La experiencia del mercado, Buenos Aires, 1992.

Gino Genoani, Polftica y sociedad en una época de transición, Paidós, Buenos
Aires, 1968,p.299.
6
Estos argumentos se eocueotrao ea la mayor parte de las ioterpretaciooes sobre
la historia política argentina. Los trabajos más sugerentes ea esta tradición son los de
José Luis Romero, Las ideas polfticas en la Argentina, FCE, Buenos Aires, 1946, y Gino
Germani, op. cit. Trabajos posteriores sobre este problema han seguido básicamente el
camino abierto por estos trabajos pioneros.

48

49

4

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

el mecanismo por excelencia de la representación ciudadana, estas
interpretaciones colocan a las elecciones como la piedra de toque del
sistema político. En consecuencia, se preocupan más por mostrar
cómo se tergiversaba y se limitaba el voto en elecciones manipuladas
y fraudulentas, que por comprender qué papel jugaban éstas en el
sistema político en formación. 7

dos del siglo XIX, su vigencia trascendió el nivel local y se afumó en el
orden nacional.
La interpretación canónica sostiene que, a pesar de las leyes, el
principio del sufragio universal se violaba en la práctica a través de
mecanismos electorales diseñados para mantener al "pueblo" lejos
de las urnas. De hecho, entonces, el derecho a voto aquí también
estaba limitado, de la misma manera que si hubieran existido restricciones legales a su ejercicio. Esta lectura descarta la importancia del
sufragio universal en el caso argentino y disuelve su especificidad al
asimilarlo al modelo general de ciudadanía restringida. Sin embargo,
la vigencia temprana del sufragio universal constituye un dato de
partida insoslayable a la hora de analizar cómo se organizó efectivamente el sistema político y, en particular, cuál fue el papel de las
elecciones y del voto en ese sistema.
Una primera mirada sobre las prácticas electorales en Buenos
Aires en las décadas de 1860 y 1870 arroja algunos indicios claros en
ese sentido. A lo largo de ese periodo los participantes en las jornadas
electorales representaban, en efecto, una proporción muy pequeña
de la población de la ciudad, proporción que oscilaba de elección en
elección pero que no experimentó un incremento sistemático a lo
largo de los años. Las cifras de votantes rondan el 2% de la población
total y el 10% de los habilitados en la mayor parte de las elecciones,
y aunque hubo momentos de mayor asistencia a las urnas, el máximo
registrado es del 25% de los habilitados.10
Pero lquiénes eran esos votantes? Escuchemos a los contemporáneos. "A las elecciones no asisten por lo general los hombres de
cierta posición social", se lamentaba un diputado en 1873,11 y el ex
presidente Sarmiento se quejó muchas veces con palabras semejantes
a éstas en 1887: "Sucede en Buenos Aires lo que no sucede en parte
alguna de la tierra, y es que los comerciantes, dueños del comercio
que paga las rentas, no votan en las elecciones." 12 Comentarios de este

Las elecciones y el sufragio
El primer problema con esta visión es que desestima un dato clave de
la historia electoral argentina: desde una fecha muy temprana el
sufragio fue universal para todos los hombres adultos nativos y nacionalizados. No existían limitaciones censatarias ni de capacidad al voto
activo y, por lo tanto, no hubo lugar para un proceso gradual de
extensión de la franquicia. En la ciudad y la provincia de Buenos Aires
el sufragio universal fue establecido en 1821, apenas una década
después de la revolución de Independencia, y en 1853 fue incorporado a la legislación nacional.8 Si se agrega que las elecciones para la
Cámara de Diputados de la nación eran directas, puede afirmarse que
se trataba de un caso excepcional en América Latina, y bastante
atípico aun en un contexto más amplio.
Está más allá de los objetivos de este artículo explorar las razones
de esta introducción tan temprana del sufragio universal, cuyas raíces
se han rastreado en la historia de la independencia y los años que
siguieron al colapso del orden colonial.9 El hecho es que, para media7

Tal es el caso incluso en artículos apoyados en una sólida tarea de investigación,
como los de Carlos Heras, "Un agitado proceso electoral en Buenos Aires", Trabajos
YComunicaciones, núm. IV, La Plata, 1954, pp. 69-109, y "Las elecciones de legisladores
provinciales en marzo de 1864", Trabajos y Comunicaciones, nóm. v, La Plata, 1955,
pp. 57-97. Para un enfoque.diferente, véase Natalio Botana, El orden conservador. La
polftica argentina enm: 1880y1916, Sudamericana, Buenos Aires, 1977, donde se analiza
el pai::I de las el~io~es en el ordenamiento político inaugurado en 1880.
La Ley pr&lt;Mnetal de 1821 establecía algunos requisitos de propiedad para los
candidatos, requisitos abolidos en 1853. Aunque la Constitución argentina no hace
referencia explícita aJ sufragio universal masculino, siempre se lo ha considerado
implícito en el texto constitucional. Cfr. Hilda Sabato y Elías Palti, "¿Quién votaba en
Buenos Aires?: Práctica y teoría del sufragio, 1850-1880", Desa"ollo Económico, núm.
119, octubre-diciembre 1990, pp. 395424. En el caso de los inmigrantes los requisitos
para la nacionalización eran limitados: después de dos años de residencia en el país
podían solicitar la ciudadanía argentina, convirtiéndose así en potenciales votantes_
9
Para un análisis muy sugerente de este tema, consóltense los trabajos de Tulio

50

Halpcrin Dongh~ en particular su Revolución y guerra. Formación de una e/iJe dirigen/e
en la Argentina criolla, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972, e Ifütoria Argentina. De la
revolución de Independencia a la Confederación rosista, Paidós, Buenos Aires, 1972.
10

Las cifras de participación electoral aparecen registradas en la prensa de la
época. Cfr. Botana, op. cit., y Carlos lleras, "Un agitado" y "Las elecciones", loes. cits.
11
Cámara de Diputados de la nación, Diario de Sesiones, Buenos Aires, 1873.
Sesión del 6 de agosto de 1873.
12
Domingo F. Sarmiento, "El porqué y el para qué de las emigraciones a
América", El DiJJrw, septiembre 12, 1887. Citado en Domingo F. Sarmiento, Condición
del extranjero en América, La Facultad, Buenos Aires, 1928.

51

�Ciudadanía y participación política

l-Iilda Sabato

tenor son frecuentes y sugieren que los sectores acomodados de la
población en general se abstenían de votar. ¿Quiénes lo hacían
entonces? Los sostenedores de las tesis tradicionales nos brindan
alguna evidencia que puede contribuir a responder a esa pregunta.
Así, e~ su descripción de las prácticas electorales, que se apoya en
matenal de la prensa periódica, Carlos Heras cuenta que "en la
parroquia de San Nicolás ganaron las elecciones los peones del
ferrocarril" y que "los héroes de la jornada fueron los empedradores,
~os peones de los corrales y los alumbradores". 13 Expresiones semeJantes aparecen una y otra vez en periódicos de la época y en informes
de la policía que describen las jornadas electorales en el Buenos Aires
de las décadas de 1860 y 1870. "En las últimas elecciones [...] el Club
del ~ueblo tenía a todos los empleados de la aduana[... ] Tenía a los
manne~os que, a pesar de ser griegos, canarios y españoles, votaban
como cmdadanos", denunciaba La Tribuna en 1864. 14 Las memorias
de algu~as ~guras p~líticas de la época evocan también estas prácticas, no srn cierta dosis de nostalgia.Julio Costa, por ejemplo, recuerda
con orgullo que_"este grande y noble partido [el Autonomista] era
maestro en maruobras electorales y de comité; y no le hacía ascos al
concurso de los peones de aduana, ni al de los de la limpieza, ni al de
los comisarios de policía". 15
Contrariamente a lo sostenido por la interpretación tradicional,
q~e se refier~ vagamente a las minorías privilegiadas como protagom~ta~ de las Jornadas electorales, las fuentes sugieren que no eran
p_nnc1palmente los ricos, los burgueses, los profesionales o los comerciantes lo_s que iban a votar, sino más bien los jornaleros y peones del
ferrocarril, de la aduana, de la municipalidad o de los corrales.
En general, las fuentes se refieren a los votantes en términos
ocupacionales, como pertenecientes a un determinado sector laboral
Y social. Además, se los considera colectivamente. No se habla de
ciudadanos, de individuos que habrían ejercido su derecho y su deber
de votar, sino de los integrantes de una fuerza colectiva. Y, en efecto,
lo eran: grupos movilizados para la ocasión, huestes disponibles tanto
para la emisión del voto como para la otra cara de la lucha electoral,

la de la violencia. 16 Así anunciaba La Tribuna, con evidente ironía, el
advenimiento de un día de elecciones en 1864:

13

. .
Carlos Heras se re~ere aquí a las elecciones municipales de 1863 y a las que se
hi~ero~ en 1~ para elegir representantes a la legislatura provincial. Véase su "Un
agnado ,loe. cu., p. 80y "Las elecciones", loe. cit., p. 74.
~ La _Tribuna, l abril 1864.
Julio Costa, Entre dos batallas, Talleres Gráficos Mario, Buenos Aires 1927
P·_192. Véase también Félix Annesto, Mitristas y alsinistas (1874), Sudestada, Buen~
Aires, 1968, pp. 15-22.

52

El día de hoy tan esperado como en el que se fuera a dar una gran batalla
ha llegado por fin. Los timoratos no asomarán las narices fuera de las
ventanas de sus casas, esperan revoluciones, incendio, invasiones de
salvajes, asesinos que por placer sembrarán de cadáveres las calles,
antropófagos insaciables, y el infierno, en fin, reventando por cada atrio
de iglesia en una boca.17
El párrafo sugiere la violencia, pero también el juego. Se trataba
de una violencia controlada, cuyos límites estaban fijados de antemano, como en un juego. El escenario era cerrado (el atrio y espacios
vecinos), el objetivo era exclusivamente ganar y mantener una posición ("ampararse" de las mesas), los participantes estaban definidos
de antemano, todo se resolvía en un día y muy raramente había
víctimas fatales. Las jornadas electorales tenían todas las características de las jornadas de guerra, pero de una guerra vacía de carga
dramática, que los contemporáneos encaraban con espíritu casi deportivo.18
Todo esto sugiere una organización meticulosa. Durante estas
dos décadas, dos facciones políticas -el nacionalismo y el autonomismo - se disputaban el poder elección tras elección, dirigidas por
dos figuras prominentes de la elite política de Buenos Aires. 19 Estas
facciones fueron desarrollando un sistema muy particular de funcionamiento electoral. Apoyados en el control del Estado (delos distintos resortes de la administración pública nacional, provincial y municipal) formaron clientelas integradas en sus bases por los trabajadores
menos calificados, empleados en las reparticiones públicas o en empresas vinculadas con el Estado y dirigidas por caudillos ubicados en
diferentes escalones de la jerarquía laboral y política.
No resulta claro cómo se establecía la relación entre trabajadores, Estado y partidos. Es posible que el control del Estado diera
buenas posibilidades a una facción para reclutar empleados y conver16
Prácticamente todos los trabajos que se refiere)\ a las prácticas electorales en
este JK'.riodo subrayan su carácter violento.
11
La Tribuna, 14 febrero 1864. La Tribuna era un diario estrechamente ligado al
Partido Autonomista, dirigido por Adolfo Alsina.
18
Cfr. Sabatoy Palti, "lQuién votaba en Buenos Aires?" e Hilda Sabato, "El atrio
Yla plaza: dos ámbitos de participación polftica en Buenos Aires, 1850-1890. Notas
exploratorias", ponencia inédita presentada en las Jornadas Buenos Aires moderna:
historia y perspectiva urbana (1870-1940), realizadas en Buenos Aires en mayo de 1990.

53

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

tirios en votantes, y que a su vez el empleo fuera otorgado con
preferencia a los partidarios. En los periódicos de la época abundan
las acusaciones en ese sentido.w Pero no se trataba simplemente de
canjear un puesto por un voto. No bastaba con que un partido
accediera al aparato oficial para que tuviera de inmediato el control
de todas las actividades oficialmente bajo su esfera de influencia.
Además, la movilización de hombres era organizada y se realizaba de
manera colectiva, no individual. Esto requería mecanismos de dirección y encuadramiento que probablemente estuvieran vinculados con
las formas de organización laboral. Capataces y encargados actuaban
con frecuencia como caudillos políticos y constituían eslabones clave
en el reclutamiento de trabajadores/militantes.21 Finalmente, es probable que las relaciones entre las cabezas partidarias, los dirigentes
que habían sabido construirse una clientela electoral administrando
un empleo desde algún rincón de la administración y los caudillos
surgidos de las filas populares que tenían a su cargo el manejo de sus
bases mismas hayan sido de carácter muy complejo, cimentadas en
lazos de patemalismo, lealtad y deferencia muy difíciles de analizar.
En cambio, es fácil ver que estos votantes están muy alejados de
la imagen del ciudadano poseedor de derechos políticos, miembro de
la clase de "los mejores", y que un sistema político asentado sobre
esas bases debía distar bastante del modelo clásico de una república
restrictiva apoyada en el principio de la representación de los sectores
pnvilegiados de la sociedad, modelo que muchas veces se ha tomado
para explicar la organización política argentina antes de 1912. Tampoco parece ajustarse al modelo tradicional de representación colectiva propia de sociedades de antiguo régimen. En las zonas rurales y
en las regiones más tradicionales del país, los resultados de los
procesos electorales podían corresponder al peso relativo de los
distintos sectores de la elite social y económica, que controlaban
políticamente a "su gente" a través de complejos lazos de clientelismo.22 Pero en una ciudad como Buenos Aires, día a día se ampliaba

el espectro de sectores urbanos (burgueses y populares) no encuadrados en las viejas redes patemalistas. Al mismo tiempo, las facciones
políticas operaban con relativa autonomía con relación a los sectores
de poder económico y social. Fueron estas facciones las que montaron
una organización basada en la movilización de sus propias clientelas,
cuyo voto se hizo posible precisamente como consecuencia de la
vigencia del sufragio universal. De esta manera, las elecciones se
peleaban y ganaban según pautas que no correspondían a las de una
sociedad de antiguo régimen.
Esta descripción de las prácticas electorales porteñas no se ajusta
ni al modelo de república restrictiva ni al de sociedad política tradicional. Sin embargo, es probable que ello no sorprenda a nadie que
haya explorado la historia de casi cualquier sistema político del siglo
XIX. Existe un corpus importante de trabajos que analizan las formas
concretas de desarrollo de la ciudadania política en los diferentes
países de Europa y en Estados Unidos. En el caso de América Latina,
en los últimos años se han hecho esfuerzos en la misma dirección.
Ellos muestran que la constitución de una ciudadanía política siguió
diferentes caminos en distintas sociedades, pero en casi todas ellas se
reitera una pauta semejante de prácticas electorales caracterizada por
la manipulación del voto, el fraude, la acción violenta de los participantes, el clientelismo. Sin embargo, lo que se destaca en la mayor
parte de los ejemplos conocidos es el papel que esas prácticas electorales desempeñaron en la organización de redes políticas cada vez
más inclusivas, a partir de las cuales se fue conformando una ciudadanía política efectiva dentro de los límites de la ciudadanía legal.23
En la ciudad de Buenos Aires, sin embargo, las elecciones no
parecen haber cumplido esa función. Esto no quiere decir que no
fueran importantes. Por el contrario, cumplían un papel decisivo
como sistema establecido y aceptado para la renovación de autoridades, que debía garantizar la sucesión relativamente pacífica en los
distintos niveles de los poderes públicos. En Buenos Aires, en los años
que siguieron a la caída de Rosas, las elites políticas buscaron diseñar
un sistema electoral que, además de adecuarse a los principios democráticos establecidos por la Constitución nacional, abriera un camino
para la resolución controlada y relativamente "civilizada" de los

19

Adolfo Alsina dirigía el Partido Autonomista y Bartolomé Mitre el Partido
Nacionalista. La mejor historia politica del periodo se encuentra en Tulio Halperin
Donghi, Proyecto y construcción de una nación (Argentina 1846-1880), Biblioteca de
Ayacucho, Caracas, 1880.
20
Véanse, por ejemplo, los ejemplares del diario La Tribuna correspondientes a
los meses de enero y febrero de 1864, donde se denuncia la discriminación laboral en
la Aduana de Buenos Aires.
~ Sa~ato y Palti, "lQui~n votab~ en Buenos Aires?", loe. ciL
Existen escasos trabajos refendos a las prácticas electorales en el interior del

54

país. Constituye una excepción el artículo de Gcrrnan Tjarks: "Las elecciones salteñas
de 1876 (un estudio de fraude electoral)", Anuario del Departamento de lfütoria de la
Universidad de Córdoba, núm. 1, 1963, pp. 417-475.
23 Véanse los artículos incluidos en el mencionado número de la revista Quademi

Storici.

55

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

conflictos entré las elites. No fueron enteramente originales en la
solución que encontraron. Ya en la década de 1820 las facciones
políticas que competían por los cargos de gobierno peleaban y ganaban las elecciones a partir de la movilización de clientelas populares,
cuyo acceso a las urnas estaba permitido por la vigencia del sufragio
universal.24 El régimen instaurado en la década del treinta cambió las
reglas del juego y las elecciones se convirtieron en un mecanismo
plebiscitario de confirmación en el poder de Juan Manuel Rosas y sus
hombres. Después de su caída, las elites analizaron lo que consideraban la experiencia pionera de los años veinte, retomaron algunos
métodos y prácticas que habían sido ensayados entonces, y perfeccionaron un sistema que fue eficaz durante algún tiempo. Pero mientras
en su origen la participación de ciertos sectores de las clases populares
en las elecciones formó parte de una movilización mayor desatada
por la revolución y las guerras de Independencia, en las décadas de
1860 y 1870, la participación electoral involucraba a sectores cada vez
más minoritarios y marginales, y menos representativos del conjunto.
En consecuencia, las prácticas electorales terminaron convirtiéndose
en instrumentos internos del juego político, que no funcionaban como
mecanismos de mediación con la sociedad civil, ni como formas
significativas de participación.
Esta hipótesis abre el camino a dos problemas diferentes. Por una
parte, si las elecciones fueron un medio muy limitado de participación
política, lse desarrollaron otras formas de participación durante estas
décadas? Por otra parte, lcómo se daba la coexistencia entre estas
prácticas electorales y "la ficción de la representación"?25 En lo que
resta de este artículo se explorará la primera de estas cuestiones,
aunque en las conclusiones también se hará alguna referencia a la
segunda.

historiografía argentina ha interpretado este silencio como un síntoma de indiferencia política por parte de una sociedad compuesta
principalmente por inmigrantes más interesados en "hacer la América" que en participar en la vida política del país.26 Es posible, sin
embargo, proponer otra lectura de esta aparente indiferencia. Para
la mayor parte de la gente el voto no resultaba atractivo porque no
parecía significar demasiado. La noción de representación era muy
abstracta. Además, nadie consideraba el voto como un privilegio ni
como una forma efectiva de ejercer presión directa sobre las autoridades. Esto seguramente ocurría también en otros países, pero en la
mayor parte de los casos conocidos, la constitución de la ciudadanía
política fue precisamente un proceso gradual a través del cual se fue
construyendo la noción de representación, y las prácticas electorales
cumplieron en este sentido un papel fundamental.27 No fue el caso
de Buenos Aires donde, como se ha visto, las elecciones fueron una
práctica interna a la dinámica de las facciones políticas.
En este contexto, durante estas décadas la población de Buenos
Aires encontró otras maneras de actuar en la escena política, más
efectivas que el ejercicio del derecho a voto. Se desarrollaron así
diversos mecanismos de vinculación entre la sociedad civil y el poder
político, mecanismos que servían a distintos sectores de la sociedad
para incidir en el terreno político sin la mediación del voto. En ese
sentido, lo característico de este periodo fue la formación de una
esfera pública que se constituyó en un ámbito clave de participación
política. No fue el único, por cierto. Las elecciones eran, en cierta
forma, una vía de participación para un sector cada vez más marginal

Ciudadanía y participación política

Durante todos estos años de sufragio universal pero limitado, no se
escucharon reclamos por la inclusión en el juego electoral procedentes de la sociedad civil. Como un eco de las voces del siglo XJX, la
24

Sobre las prácticas electorales en la década de l820, véase Tulio Halperin
Donghi, Revolución y guerra e Historia argentina, ops. cits.
25
La expresión pertenece a Edmund Morgan. Cfr. su Inventing the people, Londres y Nueva York, 1988, que analiza con maestría "el surgimiento de la soberanía
popular en Inglaterra y Estados Unidos".

56

26 Una revisión de la bibliografía que ha sosteaido esta interpretación se encuentra en I Iilda Sabato y Ema Cibotti, "Hacer política en Buenos Aires; los italianos en la
escena pública porteña, 1860-1880", Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana, Dr. E. Ravignani, 3a. serie, núm. 2, primer semestre de 1990, pp. 7-46. Este
artículo, junto con otros trabajos recientes, ha comenzado a cuestionar esta interpretación analizando la participación política de los inmigrantes. Cfr. Silvia Cragnolino,
"Política, facciones y participación política en Santa Fe y la crisis del régimen oligárquico", Anuario 12, Escuela de Historia, Universidad de Rosario, 1987, pp. 423-446;
Marta Bonaudo, Silvia Cragnolino y Elida Sonzogni, "Discusión en tomo a la participación política de los colonos santafesinos. Esperanza y San Carlos (1856-1884)",
Estudios Migratorios Latinoamericanos, núm. 9, 1988; Eduardo Míguez, "Política,
participación y poder. Los inmigrantes en las tierras nuevas de la provincia de Buenos
Aires en la segunda raitad del siglo XIX", Estudios Migratorios Latinoomericanos, núms.

6-7, 1987.
21 Cfr., entre otros, Morgan, op.

cit., y los trabajos incluidos en el número citado

de Quadenú Storici.

57

�Ciudadanía y participación política
de la población. Estaba también la actividad partidaria, que no se
reducía al ejercicio del derecho a voto ni estaba limitada a aquellos
que votaban. Asimismo, persistían formas más tradicionales de relación entre quienes estaban en el poder y sectores más amplios de la
sociedad. Pero la formación de la esfera pública constituyó un dato
nuevo en esa ciudad que estaba rápidamente adquiriendo los rasgos
de una ciudad burguesa por excelencia.

La formación de la esfera pública

La formulación de esfera pública propuesta por Jürgen Habermas ha
resultado de utilidad para analizar la vida política de Buenos Aires.
Él ha definido a la "esfera pública burguesa[...] sobre todo como la
esfera de las personas privadas que reunidas forman un público" con
el propósito de entablar con el Estado "un debate sobre las reglas
generales que gobiernan la esfera -básicamente privada pero públicamente relevante- del intercambio de mercancías y el trabajo
social".28
Según Habermas, desde el punto de vista histórico la formación
de la esfera pública constituye un desarrollo clave en el proceso de
construcción de las sociedades burguesas. Por otra parte, teóricamente, la esfera pública es el espacio en el cual los ciudadanos deliberan
e interactúan discursivamente, y donde la autoridad del argumento
racional predomina sobre cualquier otra, por ejemplo, sobre la que
pudiera emanar de las jerarquías sociales. Es un ámbito en el que,
cumplidos los requisitos de admisión -educación y propiedad - , las
personas se relacionan entre sí como "iguales". Finalmente, en palabras de Nancy Fraser, es "un mecanismo institucional para 'racionalizar' la dominación política haciendo a los Estados responsables ante
[parte de) su ciudadanía".29
Tanto las formulaciones de Habermas como algunos de los comentarios críticos30 que ha despertado su trabajo, constituyen un
28

Jürgen Habermas, The strucniraluansformation ofthe public sphere, Cambridge,
Mass., 1989, p. 27 (traducción mía). Existe una edición en castellano de este libro,
Ediciones Gili, México, 1981, pero la traducción es poco clara, de manera que be
preferido utilizar la versión inglesa.
29
Nancy Fraser: "Rethinking the public sphere: a contnoution to the critique of
actualityex:isting democracy", Social Tert, 25/l6, 1990, p. 59 (traducción mía).
30
Los trabajos más útiles en este caso han sido: Fraser, "Rethinking the public
sphere"; Joao Landes, Women ami the public sphere in the age ofthe french revolution,

58

Hilda Sabato
productivo punto de partida teórico para analizar el desarrollo de un
espacio de mediación entre sociedad ci~ y sistema d~ poder en
Buenos Aires. Durante las décadas estudiadas, era habitual en ese
espacio la intervención de grupos y sectores dive~os para_ expre~ar
opinión o presionar por sus intereses de manera directa, ~m mediaciones políticas pero traduciendo reclamos y posturas particulares ~n
términos del juego político local. A su vez, desde el poder se atendía
a las señales que provenían de ese espacio, que fue convirtiéndose en
una fuente de legitimación para la acción política
.
Tres aspectos de la vida de la ciudad pueden interpretarse como
síntomas de este proceso: la expansión de la prensa escrita, el surgimiento de la actividad asociativa y el desarrollo de una verdadera
"cultura de la movilización". La prensa escrita y las asociaciones
fueron medios para actuar en la esfera pública, a la vez que instancias
decisivas en el proceso de su conformación. Ellas fueron, además,
parte activa en la gestación de un conjunto de prácticas que fundaron
toda una cultura de la movilización.
La expansión de la prensa escrita en Buenos Aires fue espectacular en los años que siguieron a la caída de Rosas. Varias decenas
de diarios y periódicos se publicaban en las décadas de 1860 y 1870.
Los más de ellos tenían corta vida, pero existieron publicaciones que
sobrevivieron muchos años. No es fácil dilucidar los motivos que
llevaron a los editores a realizar el esfuerzo de producir esas publicaciones, ni tampoco detectar quiénes habrán sido sus lectores. Es claro,
sin embargo, que ellas se constituyeron en un instrumento insoslayable para quienes aspiraban a tener alguna influencia en la vida
política. Los dirigentes políticos argentinos tenían en general prensa
propia y cultivaban cuidadosamente la relación con uno o más periódicos de la ciudad. Los editores, por su parte, necesitaban de sus
padrinos políticos para sobrevivir financieramente y, por lo tanto, no
desdeñaban la relación con el mundo de los políticos.31
lQuién constituía el público para esta prensa? Una creciente
ampliación del espacio de debate público parece haber sido una
característica del Buenos Aires posterior a Caseros. Si bien es difícil
saber cuáles fueron sus alcances y sus límites, es obvio que incorporó
Ithaca, Nueva York, 1988; Bemard Manin, "La conception de l'opinion publique", ea
"Opinion publique et démocratie", París, 1987 (edición mimeografiada del CNRS);
Oskar Negt y AJexander Kluge, Oeffentlichkeit und Erfahrung: zur Organimtionanalyse
von bürgerlicher und proletarischer Oeffen1lichkei1, Franlcfurt, 1972.
31 Tulio I lalperin Donghi ha analizado el funcionamiento de esta prensa periódica
enlosé Hemández y sus mundos, Buenos Aires, 1985.

59

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

a sectores que no circulaban por los ambientes estrechos - aunque
no clausurados- de las elites políticas e intelectuales locales. Surgimiento lento pero sostenido de una opinión pública que sería modelada, a la vez que cortejada, por la prensa escrita.32
Muy pronto, pues, tener un diario fue una necesidad no solamente para los dirigentes y aspirantes a dirigentes políticos, sino para
cualquier persona o grupo que quisiera tener presencia pública,
presionar por sus intereses, defender una opinión. Así por ejemplo,
las dirigencias de las colectividades inmigrantes percibieron rápidamente el papel que podía jugar la prensa escrita y contribuyeron a
incrementar su importancia. Desde muy temprano fundaron sus
propios diarios y periódicos que se proponían representar los intereses y las opiniones de los inmigrantes, pero fueron además instrumentos decisivos en la lucha librada por esas dirigencias en el proceso de
construcción y control de sus comunidades. Por otra parte, esas
publicaciones constituyeron un medio de expresión política más general, y es fácil ver que fueron activos participantes en los debates
públicos que tuvieron lugar por entonces en Buenos Aires. En ese
sentido, su actitud no era meramente pasiva, informativa; ellos producían opinión, contribuyendo así a dar forma a la esfera pública.33
Con frecuencia, estos diarios y periódicos estaban vinculados al
segundo tipo de institución que se ha mencionado, las asociaciones.
Los estudios sobre sociedades de ayuda mutua y más en general sobre
asociaciones organizadas por las colectividades inmigrantes han proliferado en los últimos años. En la mayor parte de estos trabajos,

aunque se muestra a las instituciones en cuestión jugando papeles
muy diversos, se las piensa centralmente, como baluartes de etnicidad.34 Desde la perspectiva de este artículo, las asociaciones pueden
analizarse con una óptica algo diferente.
En primer lugar, la creación de asociaciones no era privativa de
las colectividades inmigrantes. Durante todos estos años, grupos
diversos en diferentes lugares organizaban este tipo de instituciones
con propósitos de protección colectiva, ayuda mutua y defensa de
intereses y opiniones conjuntas.35 En segundo lugar, cualquiera que
fuera su origen, su composición y sus fines, en general estas asociaciones actuaban también como mediadoras en relación con el Estado.36 Por tanto, aunque trabajaban centralmente en el ámbito de la
sociedad civil, también formaban parte de la compleja red de instituciones que vinculaban a la sociedad civil con el poder político.
La prensa y las asociaciones fueron asimismo parte activa en el
desarrollo de la cultura de la movilización. La forma habitual de
expresar una opinión o un reclamo era a través de una declaración o
petitorio escrito, que se circulaba para la firma. La acción colectiva
culminaba generalmente en un mitin público o, en algunos casos, en
una concentración masiva. Estas prácticas eran promovidas por dirigentes de las colectividades extranjeras, de agrupaciones políticas o
de grupos de interés, y en general contaban con el apoyo de institu-

32

El papel de la prensa en la formación de la esfera pública y de una opinión
pública en diferentes sociedades ha sido extensamente analizado en trabajos recientes.
Véanse, por ejemplo, Jack Censer y Jeremy Popkin, Press and politics in revolutionary
France, Berkeley, 1987; Hugh Gough, The newspaper press in the french revolution,
Londres, 1988; Mona Ozouf, "L'opinion publique", en Keith Baker (comp.), The french
revolution andthe creation ofnwdem politica/ culture, 3 vols., Oxford, 1987, vol. l; Daniel
Moran, Toward the cenrury ofwords. Joham Cella and 1he politics ofthe public realm in
Germany, 1795-1832, Berkeley, 1990.
33
Las referencias a la prensa étnica abundan en la bibliografía dedicada a las
colectividades inmigrantes en Argentina. Desde el punto de vista de este artículo, el
trabajo de Ema Ciboni ha sido particularmente útil. Cfr. su "Mutualismo y política. Un
estudio de caso. La Sociedad Unione e Benevolenza en Buenos Aires entre 1858 y
1865", en Femando Devoto y Gianfausto Rosoli (comps.), L 'Italia ne/la societa argentina, Roma, 1988, y la "La elite italiana de Buenos Aires: el proyecto de nacionalización
del 90",Anuario 14, Escuela de Humanidades, Universidad de Rosario, 1990. Véase
también Beatriz Guaragna y Norma Trinchitella, "La revolución de 1880 según la
óptica de los periódicos de la colectividad italiana" presentado en las Jornadas sobre
Inmigración, Pluralismo e Integración, Buenos Aires, I 984.

60

34 Desde este punto de vista son particularmente relevantes los trabajos de Samuel
Baily. Véase, entre otros, "Las sociedades de ayuda mutua y el desarrollo de una
comunidad italiana en Buenos Aires, 1858-1916", Desa"olloEconómico, vol. xx:1, núm.
84, 1982. Buena parte de los artículos más recientes sobre asociaciones de inmigrantes
puede encontrarse en la colección de la revista Estudios Migratorios Latinoamericanos,
editada en Buenos Aires, y en los volúmenes compilados por Devoto y Rosoli, L 'Italia
ne/la societa argentina, ya citado, y La inmigración italiana en la Argentina, Buenos Aires,

1985.

35 No existen estudios sistemáticos de estas asociaciones. Su existencia, sin embargo, aparece mencionada una y otra vez en los diarios y periódicos de la época. Las
asociaciones de médicos, farmacéuticos y otros profesionales eran de las más activas, ·
como también parecen haberlo sido las que reunian a los dueños de negocios de
comercio de la ciudad. Asimismo, comenzaron a surgir sociedades de ayuda mutua
organizadas por grupos de trabajadores, como lo destaca Ricardo Falcón en Los
orfgenes del mcvimiento obrero (1857-1899), Buenos Aires, 1984.
36 Véanse, en particular, los trabajos citados de Ema Cibolli. También Femando
Devoto, "Las sociedades italianas de ayuda mutua en Buenos Aires y Santa Fe. Ideas
y problemas", Studi Emigrazione, vol. XXI, núm. 75, 1984, y Femando Devoto y
Alejandro Femández, "Asociacionismo, liderazgo y participación de dos grupos étnicos
en áreas urbanas de la Argentina finisecular. Un enfoque comparado", en Devoto y
Rosoli (comps.), L'Italia nella societa argentina.

61

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

ciones que, como la prensa y las asociaciones, contribuían a organizar
el evento. Los propósitos de estas acciones podían ser de diversa
índole, pero su objetivo principal era mostrar cuánta adhesión lograba concitar una causa.
Una de las manifestaciones más importantes de la época tuvo
lugar en 1878, y se organizó para protestar contra la imposición de un
nuevo impuesto a los alcoholes, tabacos y naipes. Es un buen ejemplo
que vale la pena explorar con cierto detenimiento.37

al rrusmo tiempo recomendasen a los 200 comisarios nombrados para
que consagren[...) su celo a fin de hacer reinar el mayor orden".40
Llegó por fin el día del mitin. Las crónicas de la prensa escrita
son elocuentes:

iAbajo los impuestos!
Hacia fines de 1878 el gobernador de la provincia de Buenos Aires
envió a la legislatura local un proyecto de ley estableciendo un nuevo
impuesto al consumo de tabaco, alcohol y naipes. De inmediato, el
"alto comercio" reaccionó solicitando a la legislatura a través de un
petitorio que rechazara el proyecto. A pesar de ello, la disposición
propuesta por el ejecutivo fue sancionada.38 El 14 de diciembre, una
asamblea de "almaceneros al por menor, confiteros, cafeteros, fonderos y cigarreros", designó a una comisión que convocó a una
reunión preparatoria de un "meeting popular" contra los impuestos.
La reunión se realizó al día siguiente en El Pasatiempo y contó con
la presencia de "por Jo menos 4 000 personas".39 Allí se tomaron tres
decisiones: aumentar el número de miembros de la comisión para
incluir a los representantes de los distintos gremios, solicitar al gobernador que vetara la ley y llamar a un mitin para el día 18 en la plaza
Lorea. La gestión ante el gobernador no dio ningún resultado, la ley
fue promulgada y los comerciantes prosiguieron entonces con la
organización de la protesta.
El 17 de diciembre la comisión publicó una proclama dirigida "Al
pueblo. A los minoristas y consumidores", invitándolos a concurrir al
día siguiente al mitin para pedir a la legislatura que suspendiera la
ejecución de la ley. Los diarios reprodujeron la proclama, que también apareció en carteles pegados en las calles de la ciudad y en todos
los comercios. "Nombráronse inspectores de parroquias para que
extendiesen entre los industriales la propagada [...) y encargándoles

Los almacenes, confiterías, cigarrerías, pulperías, restaurantes, se cerraron
todos a las diez de la mañana Un cuarto de hora después veíanse los tranway

atestados de gente, cruzando las calles y las veredas llenas también de
hombres de todos los gremios, que se dirigían a la plaza Lorea.41 [ •••]Treinta
mil personas, por Jo menos, se reunían pacíficamente en la plaza Lorea [...]
Sin exageración podemos decir que se encontraba representado [...] el
comercio minorista en masa La hora fijada para la reunión eran las once
de la mañana. Media hora más tarde, la plaza se encontraba completamente
llena Los grupos ocupaban además las calles de Santiago del Estero,
Victoria, San José y Lorea [...] Dos bandas de música se alternaban en la
ejecución de diversas piezas que aumentaban el entusiasmo de aquella
inmensa masa de gente. Los comisionados para dar la colocación de los
grupos andaban de un lado a otro[...] Allanadas todas las dificultades que
ofrece la formación para la marcha de una reunión tan numerosa se dio la
sefial de partida. Eran las doce del día. 42
Para el diario de la colectividad italiana La Patria, los asistentes
fueron italianos, franceses, españoles, ingleses, alemanes, "cincuenta
rru) personas de todas las lenguas, de t&lt;&gt;das las razas", representantes
de todas las gamas del comercio.43
Hasta aquí, la primera etapa del acto. Luego de la convocatoria,
la concentración. El primer dato que impresiona es el número. Aunque las cifras de asistencia estén sobreestimadas, de todas formas se
trata de cantidades significativas para una ciudad que entonces tenía
unos trescientos mil habitantes. También es interesante la participación masiva de los inmigrantes, la mayor parte de ellos pequeños
comerciantes, hombres (ly mujeres?) vinculados a distintas ocupaciones y profesiones.44 Por otra parte, llama la atención la organización del evento y la capacidad de movilización demostrada. Todo
parece previsto: la comisión se ocupó de dar las instrucciones para
que todo funcionara sin inconvenientes pero, además, pidió la cola40

He seleccionado este hecho entre varios ejemplos de acción pública detectados
en las décadas de 1860 y 1870 porque puede considerarse paradigmático.
38
La Nación, 10 diciembre 1878.
39
La Nación, 15 y 17 diciembre 1878.

La Prensa, 18 diciembre 1878.
El Porteño, 19 diciembre 1878.
42
La Nación, 19 diciembre 1878.
43
La Patria, 19 diciembre 1878.
44 El papel de los inmigrantes en este suceso ha sido analizado en Sabato y Cibotti,
"Hacer política.en Buenos Aires", loe. cit.

62

63

41

37

�I

Ciudadanía y participación política

boración de la policía y contrató a doscientos inspectores para asegurar el orden. Se deduce de los testimonios que la gente se organizaba
por grupos, que ocupaban lugares prefijados en la plaza. Ésta, por su
parte, era el punto de referencia para la reunión, pero no sería el lugar
definitivo de la misma. En efecto, a las doce, se dio la señal de partida.
lHacia dónde? Sigamos la crónica de los hechos:
La manifestación salió de la plaza tomando la calle Victoria. Abrían la
marcha varios comisarios de policía al frente de un piquete de gendarmes
de a caballo. Los manifestantes llevaban banderas de todas las nacionalidades, dos bandas de música y varios estandartes con las siguientes inscripciones: Igualdad para todo.s. Protección a la industria Equidad en los impuestos. Vivan los gremios unidos. Economía en los gastos. Nivelar los
presupuestos. Orden y legalidad. Protección al trabajo. Viva la libertad de
reunión. Honor a los defensores del pueblo. Justicia a nuestro pedido. La
unión hace la fuerza. Labor y economía Igualdad ante la ley. Honor, patria
y libertad. Viva el comercio honrado. La policía rechaz.ó un estandarte que
tenía la siguiente inscripción: iAbajo los impuestos!45
He aquí un rosario de consignas. Algunas se referían al tema
puntual de los impuestos o a cuestiones que aparecían vinculadas al
problema impositivo, como la de "protección a la industria". Otras
eran obviamente críticas de la política económica global en marcha,
que entonces estaba siendo cuestionada desde distintos flancos. Un
tercer grupo invocaba valores más generales como orden, legalidad,
patria, etc., asociando así un problema puntual con esos principios
que nadie podía cuestionar. Y finalmente, algunos carteles se referían
al evento mismo de la protesta, como aquellos que proclamaban "La
unión hace la fuerza" o "Vivan ]os gremios unidos". El tono general
es sin duda prudente y no se observan acusaciones personales a
funcionarios o miembros del gobierno, que en cambio abundaban en
los artículos periodísticos. Es cierto que el cartel más enfático fue
prohibido por la policía, pero de todas maneras, tanto el tono de las
consignas como la insistencia en el orden sugieren que los organizadores se esforzaban por subrayar el carácter moderado del encuentro.
Probablemente ésta haya sido una manera de responder a las prevenciones que en ese momento despertó el mitin, entre quienes lo veían
como un peligroso antecedente que podía ser utilizado por el socialismo internacional y derivar en "rebelión".46
◄S La Nación, 19 diciembre 1878.
Véase, por ejemplo,La Tribuna, que por entonces era oficialista

46

64

Hilda Sabato

Continuemos con la crónica:
La manifestación se puso en movimiento[...] por la calle de la Victoria.
Ocupaba varias cuadras literalmente llenas de pared a pared, y en el

camino se le unían grupos que llegaban de todos lados. Los gritos de
iViva el comercio! iViva la libertad! iViva el pueblo!, etc., etc., se
repetían a cada momento en medio de los acordes de la música y del
palmoteo de los transeúntes concurrentes. La manifestación llegó a la
calle de Maipú, tomando por ésta en dirección de la plaza San Martín.
Después de 20 minutos de marcha, más o menos, entró a la plaza
mencionada.47
Según el diario El Porteño,
Héctor Vareta, del brazo del doctor Cittadini y seguido por varios otros
amigos, entró a la calle Victoria para ir a la plaza[...] Todas las awteas,
ventanas, balcones y hasta los techos de las casas, estaban apiñadas de
gente que, al pasar aquella estupenda procesión de cuarenta mil almas,
los aplaudían y en muchas partes, arrojaban 0ores.48
Llegan así a la Plaza San Martín:
Delante de la estatua del general San Martín se había colocado una mesa
destinada a los oradores[. ..] El señor José Ghigliassa, presidente de la
comisión directiva, subió a la improvisada tribuna [...] Anunció que el
señor Daumas iba a dar lectura de la petición que la comisión pondría
en manos del presidente de la Cámara de Diputados[...] Terminada la
lectura de este documento [...] la comisión directiva subió en dos
carruajes y se dirigió a la legislatura [...] Una parte del pueblo reunido
en la plaza tomó idéntica dirección con el objeto de ganar buen lugar en
la barra[...] Entre tanto, ocupaban la tribuna popular en la Plaza San
Martín, un joven Vega y el redactor de La Patria, Basilio Cittadini [... ]
Ambos se expresaron convenientemente, recibiendo los aplausos de la
concurrencia.49
Mientras tanto, la comisión llegó a la legislatura a la una de la
tarde y allí Héctor Vareta pidió que el petitorio pasase a la comisión
47

La Nacién, 19 diciembre 1878.
El Porteño, 19 diciembre 1878, diario de Héctor Varcla. Varela era diputado y
jugó un papel importante en todo este evento. Actuó como vocero de los comerciantes
durante los debates iniciales de la ley, intentando cambiar su contenido, y luego se
vinculó de manera directa con la protesta.
49
La Nadón, 19 de diciembre de 1878.
48

65

�\

Ciudadanía y participación polúica

Hilda Sabato

de presupuesto, moción que fue aprobada. Luego la comisión volvió
a la plaza para informar a la gente del resultado. La multitud responde
con aplausos y "vivas", el mitin se da por terminado y los grupos se
desconcentran en orden. Unos días más tarde el gobierno anunció
que había cedido a las presiones públicas y que el impuesto sería
suspendido.
Las escenas de esta movilización muestran una multitud ordenada y organizada, convocada en tomo a una causa por un grupo de
dirigentes muy eficientes. Entre éstos se encontraban, en primer
término, los dirigentes surgidos del seno de los distintos gremios del
comercio, que integraron la comisión directiva y liderearon la protesta, organizando y movilizando a sus bases. En segundo lugar, pero
ocupando una posición muy destacada, estaban también algunos
personajes conocidos en la ciudad por su actividad pública, como
Basilio Cittadini y Héctor Varela, entre otros de su tipo. Cittadini era
el director del diario de la colectividad italiana La Patria y tenía
influencia entre los de su origen, además de una presencia destacada
en la vida pública local. Varela era un político menor en el concierto
nacional pero su figura era popular en Buenos Aires, especialmente
entre los sectores medios de la ciudad, y tenía gran ascendiente en la
colectividad italiana. La presencia de estas figuras conocidas entre la
población urbana, con predicamento entre quienes formaban en las
filas de los sectores medios en expansión, contribuía a dar atractivo a
la convocatoria, que recogía así adherentes y aplausos de diversos
orígenes. Finalmente, la dirigencia de las colectividades inmigrantes
tuvo un papel activo en la organización de la protesta. Sus principales
periódicos (La Patria, L'Operario, El Co"eo Español, entre otros)
convocaron a la gente a las reuniones y a la concentración, publicaron
la proclama de la comisión y cubrieron en detalle todo el evento. El
despliegue de banderas de diferentes naciones indica que también las
asociaciones étnicas actuaron de manera importante en la movilización de la gente.
Los diarios jugaron también otro papel: interpretaron el evento
para el público. Las descripciones que se han citado no son, por lo
tanto, neutrales. Los periódicos tomaron posición con respecto a la
protesta y el propósito de las crónicas no era solamente el de informar
a sus lectores, sino también el de brindar una determinada imagen de
tod~ el evento.50 Más aún, la prensa contribuyó a su impacto político,
un impacto no siempre logrado por la acción del público.

1878 fue un año de realineamientos políticos. Los dos partidos
tradicionales experimentaron fracturas y renovadas alianzas. En esa
atmósfera cargada, la protesta contra los impuestos tuvo una fuerte
repercusión en los círculos políticos porteños. Los diarios jugaron un
papel importante en este sentido, traduciendo ese conflicto particular
en términos políticos y vinculándolo a problemas más generales, cada
uno de acuerdo con sus simpatías y preferencias. Los diarios de
oposición al gobierno provincial, como El Porteño, La Patria y La
Prensa, aprovecharon para pedir la renuncia del ministro de Economía y para socavar las aspiraciones del gobernador a la candidatura
presidencial. Otros diarios, como La Nación, acusaban al gobierno
nacional, mientras que La Tribuna estaba totalmente a favor de las
autoridades provinciales y condenaba la protesta en duros términos.
Este despliegue de la prensa local muestra hasta qué punto el episodio
del impuesto adquirió peso político. El momento fue propicio para
esta acción pública masiva y bien organizada, que terminó en un éxito
rotundo.

50

Nuestra descripción del evento se apoya enteramente en esta imagen. Si bien

66

¿una esfera pública burguesa?

Las asociaciones, la prensa periódica, la cultura de la movilización:
ellas pueden interpretarse desde el punto de vista de la construcción
de una esfera pública burguesa. Fueron instancias de mediación entre
el poder político y sectores de la sociedad civil, en particular los que
conformaban esa franja nueva y heterogénea, producto del rápido
proceso de modernización. lPor qué, entonces, burguesa? He adoptado el calificativo de Habermas porque, en Buenos Aires, la organización de las instituciones que conformaron la esfera pública estuvo
básicamente en manos de elementos burgueses y pequeñoburgueses,
que atrajeron a otros sectores de la sociedad a ese nuevo escenario
de acción. La confluencia de estos elementos dirigentes y su capacidad para convocar y movilizar a las bases sugieren la existencia de
redes de vinculación y organización muy desarrolladas en el seno de
la ~ociedad civil. El público que fue formándose no fue, por cierto,
homogéneo, pero actuaba de manera coherente y unificada en la
esfera pública. Esto no quiere decir que en Buenos Aires no hubiera
no se observan dücrencias de fondo entre los distintos periódicos cuando describen la
protesta, si existen en cambio perspectivas diferentes. En este caso, en lugar de subrayar
esas diferencias, se ha destacado lo que tienen en común.

67

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

conflictos sociales, pero la esfera pública todavía no se había convertido, como lo haría más tarde, en "un campo de competencia de
intereses, competencia que asume la forma del conflicto violento".51
La esfera pública porteña no funcionaba como un espacio estrictamente igualitario. Si bien quienes confluían en tomo a una causa
común o a una identidad compartida dejaban de lado sus diferencias
en otros terrenos convirtiéndose en cierto sentido en "iguales", producían a su vez sus propias jerarquías: estaban quienes decían los
discursos y quienes los escuchaban, quienes escribían en los diarios y
quienes los leían, quienes organizaban los eventos y quienes asistían
a ellos. Oradores, periodistas y organizadores eran con frecuencia las
mismas personas, que a su vez controlaban las redes de vinculación y
comunicación sociales. Sin embargo, no se los consideraba como
esencialmente diferentes del resto, y tenían el papel del primus ínter
pares, que debía ratificar sus títulos ,e n cada ocasión. En este sentido,
las reuniones públicas eran momentos ideales para la confirmación
teatral de las jerarquías establecidas. Al pronunciar sus discursos en
la plaza, los líderes buscaban el aplauso de su público, mientras que
éste a su vez esperaba encontrar en ellos la voz que expresara sus
demandas y reforzara sus identidades compartidas (como comerciantes, como consumidores o como "pueblo", según las circunstancias).
lQuiénes eran esos dirigentes? En general pertenecían a los
sectores acomodados de la población, auque no figuraban entre ellos
los miembros de los escalones más altos de la sociedad porteña. Se
encuentra una diversidad de tipos ejerciendo ese papel: el periodista-intelectual, personaje muchas veces vinculado a alguna colectividad inmigrante; el político de segunda fila, que no tenía lugar entre
los poderosos de las facciones; el pequeño cÓmerciante o profesional
menor que buscaba pertenecer a la elite de su comunidad.
En cuanto á las bases - los miembros rasos de las asociaciones,
los lectores de la prensa, los asistentes de mítines y concentraciones - ,
puede ubicárselas dentro de un amplio espectro social que excluía
sólo a los muy ricos y a los muy pobres. Inmigrantes y nativos, hombres
de todas las edades, a veces también mujeres y niños, formaban parte
del público.52 Su convocatoria no tenía connotaciones clasistas. De-

pendiendo de la causa en cuestión, se reconocían como "los consumidores", "los italianos" o "la colectividad española", "los comerciantes" o, más simplemente, "el pueblo". Se trataba, en palabras que
podían haber sido pronunciadas por los contemporáneos, de un
ambiente "respetable". El tono general lo daba la dirigencia: era
moderado, civilizado, carente de toda violencia.53
Ruidosas y coloridas, estas formas colectivas de presión y expresión públicas no tenían un carácter contestatario en relación con la
autoridad del gobierno con el poder político. Los temas que se
ventilaban eran en general aceptables para las elites, aunque no
siempre fueran efectivamente aceptados. Cuándo y por qué algunas
demandas eran aceptadas y otras rechazadas, dependía no solamente
de qué era lo que se demandaba, sino también del contexto político
en que se producía la presión. Así, en momentos de tensión o conflicto
entre las facciones políticas, era más fácil obtener el apoyo de una de
las partes en pugna para la causa esgrimida. Sin embargo, es difícil
generalizar en este sentido, y cada caso requiere de un análisis
específico que explore las causas de su éxito o de su fracaso. 54

La esfera pública y el sistema político

El proceso de construcción de una esfera pública en Buenos Aires no
difiere demasiado del que puede observarse en otros casos. El papel
de la esfera pública en el sistema político local, en cambio, reconoce
algunas singularidades. Tanto teórica como históricamente, la participación en la esfera pública se ha asociado generalmente a una
creciente participación en el sistema electoral, y se considera que
ambos fenómenos concurrieron al proceso de constitución de la
ciudadanía política. En este caso, en cambio, las prácticas electorales
funcionaron como mecanismos internos del sistema político, que
53

Jürgen Habermas, "The public sphere: an encyclopedia article (1964)", New
Gennan Critú¡ue, vol. 3, 1974.
52
No se cuenta con estudios sobre el papel de las mujeres en la vida política y en
la esfera pública. El hecho de que no aparezcan explícitamente mencionadas en las
crónicas de la época, no necesariamente implica que estuvieran ausentes de la vida
publica poneña

la excepción a la regla fue una concentración organizada en 1875 para protestar contra la Iglesia y algunas figuras políticas. En principio similar a otros actos
públicos, culminó en hechos de violencia cuando algunos de 1~ participantes incendia•
ron el Colegio del Salvador, un esta]?lecimiento de enseñanza perteneciente a los
jesuitas. &amp;te resultado era inesperado y alarmó enormemente a los contemporáneos.
FJ acontecimiento ha sido interpretado como uno de los primeros síntomas de un nuevo
tipo de acción política, vinculada a las tensiones sociales crecientes. Cfr. Leandro
Gutiérrez, "El incendio del Colegio del Salvador, 1875: expresión de protesta social",
Buenos Aires, mimeo., s. f.
54
Cfr. Sabato y Qbotti, "Hacer política.", loe. cil.

68

69

51

�Ciudadanía y participación política

Hi/da Sabato

involucraron a unos sectores cada vez más marginales de la población
sin contribuir a la formación de una ciudadanía. Al mismo tiempo, la
esfera pública funcionó como un espacio de mediación entre ciertos
sectores de la sociedad civil y el poder político, y a través de ella una
parte considerable de la población de la ciudad se involucró en
actividades públicas que tuvieron efectos políticos.
Durante algún tiempo, las prácticas electorales fueron un mecanismo eficiente para designar autoridades de manera relativamente
pacífica y respetando el principio de soberanía popular establecido
por la Constitución. Por su parte, otras formas de participación
parecían satisfacer las expectativas políticas de la mayoría de la
población. El consenso relativo de que gozó el sistema político durante veinte años parece haber estado cimentado en esta combinación
de prácticas formales e informales.
La elite política porteña era consciente de la importancia de la
esfera pública en formación. Sus dirigentes desarrollaron una particular sensiblidad hacia la opinión pública y dedicaron crecientes
esfuerzos a conquistar al nuevo público urbano. Desde muy temprano
reconocieron el papel de la prensa, y no solamente apoyaron y
escribieron para sus propios diarios facciosos, sino que cortejaron
abiertamente a la prensa independiente. Hombres como Bartolomé
Mitre, Adolfo Alsina y otros miembros conspicuos de la elite política
local~ nunca dejaban de responder a las invitaciones que les cursaban
las sociedades de ayuda mutua o las asociaciones de inmigrantes para
asistir a sus celebraciones, figurar como miembros honorarios o
pronunciar un discurso en ocasión de sus reuniones. Estos hombres
no estaban, obviamente, buscando votos; la mayor parte de los miembros de estas asociaciones no sólo no votaban, sino que no podían
hacerlo. Buscaban, en cambio, el favor del público. Ocurría en Buenos
Aires lo que Keith Baker ha sugerido para Francia: "Políticamente
[...]la noción de 'público' se convirtió en la base de un nuevo sistema
de legitimidad en una cultura política transformada."55
Sin embargo, la importancia creciente de la esfera pública como
espacio de mediación entre la sociedad civil y el Estado no agotó la
cuestión de la legitimidad. La contradicción entre la retórica republicana de ciudadanía y la representación y las prácticas electorales que
funcionaban como un juego en el interior de las facciones, resultó

cada vez más evidente para algunos miembros críticos de las elites
políticas e intelectuales de Buenos Aires. Aunque ellos habían contribuido a construir esas prácticas, pronto vieron con ojos críticos a
un sistema que tendía a resolver los problemas entre las elites recurriendo a sectores cada vez más marginales de las clases populares.
Les preocupaba también Ja violencia creciente del juego electoral.
Finalmente, la distancia entre principios y prácticas, entre cualquier
definición ideal del gobierno representativo de las entonces en boga
y el sistema vigente, aparecía cada vez más problemática.
Así, en la década de 1870 se comenzaron a formular preguntas
nuevas. lQuiénes votaban realmente en la ciudad? lPor qué la gente
de bien no asistía a los comicios? lA quién "representaban" efectivamente los representantes? Mientras en otros países las leyes permitían solamente la participación de sectores privilegiados de la población en las elecciones y marginaban a las clases populares, en
Argentina parecía estar ocurriendo lo contrario. Una "oligarquía"
política apelaba al voto de clientelas populares para resolver sus
controversias internas, mientras aquéllos a quienes en verdad correspondía involucrarse en la vida pública - los propietarios - sólo
parecían interesarse por sus asuntos privados.56
A estas interpretaciones siguieron propuestas de cambio. Para
algunos, resultaba indispensable constituir una ciudadanía que incorporara a las clases acomodadas, como ocurría en aquellos países que
funcionaban como modelo. Por primera vez en muchos años, se
planteó el tema de los alcances del sufragio y se formularon propuestas para restringir el voto con base en requisitos de propiedad y
calificación, así como para hacerlo obligatorio con el propósito de
asegurar de esa manera la participación de quienes se mostraban
reticentes a cumplir con sus deberes públicos.57 A pesar de estas
discusiones, el sistema no cambió y hasta 1912 el voto siguió siendo
universal (masculino) pero no obligatorio. Ellas revelan, sin embargo,
que la cuestión de quiénes debían serlos votantes había entrado en las
preocupaciones de algunos contemporáneos, y que el problema de la
construcción de la ciudadanía estaba convirtiéndose en un tema de
debate público.
El problema preocupaba centralmente a las ~lites, y sólo ocupaba
un lugar marginal en la consideración del público más amplio, en

55

Keilh Baker, "Politics and public opinion under lhe old regime: sorne reflexions", en Censery Popkin (comps.), Press and politics in pre-revolutionary France,
p. 231.

70

56

Cfr. Actas de la Asamblea Constituyente de la provincia de Buenos Aires Buenos

Aires, 1870-1873,passim.

'

57 /bid.

71

�Ciudadanía y participacwn polúica

general muy aclivo en la expresión de sus opiniones y demandas pero
poco interesado por el voto. Como se ha sugerido antes, la mayor
parte de la población de Buenos Aires encontraba otras vías de
participación de la vida política más efectivas que el ejercicio del
derecho a voto. En la esfera pública no se escucharon reclamos en ese
sentido, por lo menos hasta la última década del siglo.
Esta situación es ignorada por la mayor parte de los trabajos
dedicados a analizar los cambios que experimentó el sistema político
argentino a principios del nuevo siglo. Predomina el criterio de que
la exclusión de la mayor parte de la población de la participación
política, a través de las restricciones al sufragio impuestas por el
régimen oligárquico, produjo una presión creciente desde abajo para
ampliar la ciudadanía. Esta presión popular habría encontrado una
respuesta desde arriba en la Ley electoral de 1912, conocida como
"ley de sufragio universal" (masculino), significaba que no había
limitaciones formales para la participación electoral de los hombres
argenlinos. En segundo lugar, el sistema político que se desarrolló en
Buenos Aires a partir de la década de 1850, basado en el sufragio
universal, paradójicamente no contribuyó a la conslrucción de una
ciudadanía política, restringida o no. En consecuencia, en 1912 el
problema no era cómo ampliar la ciudadanía sino cómo crearla.
Este problema, como vimos, se planteó por primera vez en la
década de 1870 pero no "desde abajo" sino "desde arriba", cuando
algunos miembros de las elites políticas e intelectuales comenzaron a
cuestionar la legitimidad del sistema. El sufragio universal había
significado que cualquiera podía votar, pero hasta entonces nadie
parecía preocuparse por quiénes debían votar, esto es, por la cuestión
de quiénes debían ser los ciudadanos activos de la república. En una
etapa de transformaciones sociales rápidas y profundas, ésta era la
pregunta que realmente desafiaba al sistema y que llevó a algunos
sectores de las elites a criticar las prácticas electorales y las leyes de
sufragio.
Esa pregunta sólo se respondería en 1912. Aunque muchas cosas
cambiaron hacia finales del siglo, la ley electoral de ese año puede
relacionarse con algunos de los problemas surgidos del sistema político desarrollado en las décadas anteriores. Al establecer el voto
obligatorio, la ley definió quiénes debían ser los ciudadanos, y fue un
punto de partida para la construcción de una ciudadanía política. De
allí en más, todos los hombres adultos argentinos habrían de formar
el cuerpo soberano de la república.
La hisloria que acabo de contar para Buenos Aires sugiere, sin
72

Hilda Sabato

embargo, otra perspectiva posible. Es difícil comprender el proceso
desatado por la ley de 1912 como de expansión de un cuerpo existente
de ciudadanos, ampliado gracias a la incorporación de sectores medios y populares antes impedidos de volar. En primer lugar, desde
fecha temprana la vigencia del sufragio universal.

73

�M Bonaudo y E. Sonzogni

Redes parentales y facciones en la
política santafesina, 1850-1900*
Marta Bonaudo y Elida Sonzogni**

La opresión y la corrupción - la corrupción que descendía de las altas
esferas gubernativas y penetraba y se filtraba paulatinamente por así
decirlo en todas las clases sociales, esa funesta corrupción que todo lo
desconciena y aniquila[...]- deja al hombres.in ninguna noción de lo
justo, de lo honesto, de lo lícito, y que haciendo del interés personal y de
los goces materiales el único objetivo de vida, arroja a los pueblos, como
un cadáver, a los pies de todos los tiranos y de todos los invasores.

Leandro N. Alem (1891)

P

ensar en la construcción o reconstrucción del orden político en
la realidad santafesina de mediados del siglo XIX -inmerso en
la matriz liberal-, significa analizar, en el proceso de conformación del espacio público, las relaciones que se estructuran entre
sociedad y Estado, entre gobernantes y gobernados, en tres dimensiones fuertemente articuladas y a su vez profundamente tensionadas:
la local, la provincial y la nacional.
La tradición independentista de la primera mitad del siglo ha permitido la consolidación de un poder local-provincial en la ciudad capital
que se había convertido, al disolverse las instituciones nacionales, en
"la unidad sociopolítica, en el grado máximo de cohesión social",
en la concentración mínima capaz de afrontar una administración.1
• Este trabajo continúa la línea abierta por las contnl&gt;uciones de Silvia M
Cragnolino, Ana María Galleti y Albeno Pérez en el seno del Programa de Investigación "Cuestión regional. Estado nacional Santa Fe 1856-1930" (a.JRENA).
1•• CONICET, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.
José C. Chiaramonte, Mercaderes del litoral, FCE, Buenos Aires, 1991, p. 27.

74

Este centro urbano, sede del antiguo cabildo, bajo la p~eeminencia
de familias fuertemente ligadas a las actividades mercantiles, al~os
de cuyos miembros habían formado parte de la est1:1ct~ra bur~rat~ca
colonial, da cabida -en función del Estatuto ProVIsono Consti~ucional de 1819- a una híbrida estructura de poder en la que ~e articul_an
jerárquicamente, superponiéndose el espacio local y el mvel proVIIlcial.2
La crisis de Cepeda (1820), que posterga las posibilida?es de
unidad y el significativo proceso de ruralización de la vida ~oc1al con
su contrapartida de caudillismo y masas rurales armad~s d1sput~n~o
tanto en el espacio provincial de poder como e~ el ~acional, deJaran
su impronta particularista, frustrando los sucesivos mtentos de organización nacional.
La construcción de una verdadera dimensión provincial paralela
al proceso de consolidación de la organización naci?nal, impl~có no
sólo el sacrificio de aquellos intereses locales de la cmdad capital en
aras de la integración de nuevos sujetos sociales ~mergent~s del
desarrollo agroexportador en el mismo espa~o, smo ta~bién la
articulación de alianzas que permitieran la fusión de las diferentes
burguesías provinciales y la consolidación de una clase dominante de
dimensión nacional.
El presente artículo intentará seguir desde _S~ta Fe este p_r?ceso
entre Caseros y la disyuntiva que significa la cns1s y l_a revoluc~on del
año 90 marcando los modos de articulación de las diferentes mstancias, lo~ bloqueos y las tensiones que esa construcción social y política
implican.

Identidad política provincial: el marco jurídico-político de la
legimitidad y la representación

La estructuración de la comunidad política y de una forma de sociedad características en Santa Fe en la segunda mitad del siglo X1X, nos
remite en primer lugar al problema de la identidad o de las ide~tid_ades políticas reveladas en las no~~ const!tuciona!es de la proVIDcia.
Ello requiere acudir a la definicron de cmdadarua como referente
2

VVAA,Historia de las instituciones de la provincia de Santa ~e, Santa_Fe? 1967,
t 11. De acuerdo con esta Constitución, el órgano de representación pro;1oc1al que
acompaña al gobernador está conformado por comisarios ek:':tores proporciona~ente
en tos cuatro depanamentos existentes, los que a su vez, ehge_n a la corporación del
cabildo.

75

�Redesparentalesy facciones
necesario, tanto de tal identidad como de la propia soberanía del
Estado. Como lo puntualiza José C. Chiaramonte,3 el primer ordenamiento constitucional santafesino -el Estatuto Provisorio de 1819contextúa la identidad ciudadana entre dos parámetros extremos:
"todo americano es ciudadano" y quien "por su opinión pública sea
enemigo de la causa general de América o especial de la provincia",
pierde aquella condición.4
Estas dos vertientes de las formas de identidad política - la
americana y la provincial - se reafirman en la Constitución de 1841,
donde se establece que

son ciudadanos y gozan de todos los derechos de tales, conforme a las
declaraciones de este estatuto, todos los hijos nativos de esta provincia
y demás americanos naturales de cualquier pueblo o provincia de los
territorios que fueron españoles en ambas Américas, que residan en ella
en el presente, o residieren en adelante. Éstos son ciudadanos naturales.5
La identidad política americana desaparece como tal a partir de
la Constitución Provincial de 1856, en concordancia con la promulgación de la Constitución Nacional Argentina tres años antes de
establecer la calidad de ciudadano argentino. En cambio, ese sentimiento colectivo institucionalizado políticamente que constituía el
sustento de la identidad provincial con pretensiones de autonomía en
las decisiones del poder, deberá transitar un azaroso camino hasta
subsumirse en la matriz de la identidad nacional.
Un primer indicador de ese proceso, el reconocimiento de la
cesión de una parte de la soberanía a la esfera nacional, se refleja en
los artículos 1 y 11 de esta Constitución. En ella se afirma que la
provincia es integrante de la confederación argentina y se establece
que "la soberanía provincial reside en el pueblo, y la parte no delegada
expresamente a la confederación es ejercida con arreglo a la Constitución presente por las autoridades provinciales que ella establece".6
Esta integración se reformula en la clave de la nación al producirse la unificación después de Pavón y la definitiva incorporación de
la provincia de Buenos Aires a la comunidad política.
Resulta evidente que tanto la conformación del Estado nacional

M. Bonaudo y E. Sonwgni

como la de sus _partes integrantes aparecen en este peri~do como
problemas a resolver. En el caso santafesino, Estad~ y sociedad v'.111
configurándose paralelamente al calor de la ocupación del espacio,
el poblamiento, la viabilidad de pro~ectos de d~arrollo y 1~ emergencia de nuevos sujetos sociales. El sistema político _consolida
esta
dimensión los criterios de representación a part~ de un regunen
electoral basado en el sufragio universal, masculino y adulto, que
permanecen inalterables en el periodo analiza~o con respecto a la
representación provincial o nacional. Al exa~ar t:8te probl~ma,
debemos recordar - tal como lo señalan algunos histona_dores- que
en los regímenes liberales el voto no es nunca u~ mecarnsmo tendencialmente automático, a través del cual la sociedad logra su representación política, y sí en cambio ~ espacio en el que l~~ ~pos
sociales y de poder diseñan estrategias de control y adqu1S1c1ón de
electores. Si bien éstas serán examinadas más adelante, debem~s
adelantar, ya que en la propia instancia normativa se º?~ervan modificaciones que afectan particularmente la esfera muruc1pal. En esta
última, priva el sufragio censatario, aonque los derech~s electoral~s
se amplían al incorporar al extranjero, tanto en su capacidad ~e _elegir
como de ser elegido, lo que se hace explícito en la Ley ?r~~ca de
Municipalidades sancionada en 1872.8 Pero ~sta amphac1on_ su~e
notorias restricciones en ordenamientos postenores, dado que inhibe
al vecino no naturalizado en su calidad de elector.
Por otra parte, la representación r~vela no s?lo los ~lo~u_eos
devenidos del propio proceso electoral, smo que las p~ut~s J~nd1cas
anticipan un conjunto de atributos que la vuelven limita~va. Las
diferentes constituciones que se promulgan desde 18~6 mcluyen
prescriptivamente condicionamientos ~~ tomo a la calidad d_e los
representantes, al incorporar a los_reqwsitos de sexo, edad y residencia, los de propiedad y estatus social.
.
Paralelamente a la selección de los mecarnsmos de representación, se construyen las jurisdicciones a partir de las cu~les se ~a
de ejercer esa representación. Hasta bien avanzado el siglo, mas
precisamente hasta 1883, se mantiene la estructura de ~uatro departamentos redimensionada en esa fecha, con la creación de cmco
jurisdicciones nuevas9 a las que se les asigna distinta capacidad de

~º-

1

José C Chiaramonte, "Formas de identidad en el río de la Plata luego de 1810",
Boletfn del Instituto E. Ravignani, Buenos Aires, núm. 1, 1989, p. 74.
4 lbid.
5
6

Historia, op. cit., p. 116.
/bid., pp. 154 y 155.

76

7
A Annino y R. Romanelli (comps.), "Notabili, electori, elezioni", Quademi
Storid, núm. 69, 1988, pp. 675 y ss.
.
8
A Roselli, Leyes Orgánicas Municipales, Rosano, _1939, p. 66..
9
General López, San Lorenz.o, Iriondo, Las Colomas y San Javier.

77

�Redes parentalesy facciones
representación, en función de su peso demográfico. 10 Estas afirmaciones son aplicables para los diputados, que durante mucho tiempo
habían sido los componentes de un solo cuerpo legislativo (Junta de
Representantes en 1841,Asamblea Legislativa en 1856 o Cámara de Representantes en 1863). La complejización del cuerpo, a partir de
1872, mantiene la dependencia numérica con respecto a la población
en el caso de los diputados, pero reproduce el criterio nacional en el
de senadores, determinándose una representación de dos por departamento, hasta 1890 en que se reduce a uno.
La apertura desde 1858 del espacio municipal 11 expresa no sólo
el nivel de la complejización social, sino también los caminos a través
de los cuales el Estado provincial se va desplegando. Este proceso es
fruto tanto de la insuficiencia del aparato estatal para dar respuesta
a demandas sociales crecientes, como de la presión de esa sociedad
en obtenerla. Precedentemente, el estado ha mantenido sus niveles
de injerencia y de control sobre la sociedad exclusivamente a través
de funcionarios que dependen del poder central en una combinación
de funciones civiles y militares (comisarios generales, comandantes
militares, jueces de paz, jefes políticos, jueces de primera instancia,
tenientes alcaldes). Desde entonces, el espacio municipal se recorta
como una instancia diferenciada que va a ir construyendo su propia
identidad, en relación con el gobierno provincial.
La formulación más exhaustiva sobre el poder municipal y su
reglamentación se alcanza con la Ley Orgánica de la Municipalidad
de 1872. Este instrumento no sólo garantiza la independencia de los
municipios en sus funciones administrativas y económicas, modificando la normativa precedente de sujeción al poder provincial, sino que,
al mismo tiempo, le otorga autonomía en el plano electoral al establecer su independencia en este caso y el derecho de elegir directamente, primero al presidente del cuerpo colegiado municipal, y Juego
al intendente. Este nivel de representación depende de una base
poblacional baja y flexible. 12
A decir verdad, la ley del año 72 no hace más que convalidar,
desde la sanción institucional, una realidad que se ha venido gestando
a partir de la segunda mitad del siglo. La política de colonización,
10

En la primera etapa, la ponderación de los representantes es estimativa, y
ajustándose
con posterioridad a los resultados establecidos por el censo.
11
A Roselli, op. cit., pp. 41 y ss.

M Bonaudo y E. Sonz.ogni
conjuntamente con la preservación de l_as fronte~as y el desarro_llo
portuario y mercantil, ha hecho necesano formalizar estos espacms
recortados en el plano administrativo. Aunque la ópti~.~bemamental da la pauta para el funcionamiento de los m~mc1p1os en clave
administrativa, el protagonismo de los actores sociales en ta~to que
vecinos va perfilando la emergencia de prácticas y de estrateg1as_que
exceden crecientemente el referente prescrito. En consecuencia, a
medida que caminan hacia nuevas _form_as de "h~~r la poli~ica", v~n
construyendo simultáneamente su identidad poht1~ ~n _esa mstanc1a.
Es por eso que la liberalidad demostrada por los pnnc1p1os legales del
año 72 se ocluye en las regulaciones de 1883 y 1890.
le~es
demuestran la intencionalidad de coartar los niveles de part1c1pac1ón
en virtud de un claro proceso de recuperación de la c~ntralidad q~e
condiciona tanto el plano de la representación (supresión de org~smos colegiados, disminución del número de representantes, ~érd1da
del carácter electivo del cargo de intendente) como el de las mcumbencias ( educativas, civiles, judiciales, de control patr_imonial). 13
Esta oscilación normativa con respecto a las funciones y autonomía de la instancia local, está dando cuenta de ese progresivo entrecruzamiento de las identidades - la provincial y la municipal - que
tiende a antagonizar a los actores en un pr~ceso en el_ qu_e la disputa
se proyecta incluso hacia el control del gobierno prov1_nc1al.
Finalmente, la estructuración política de la comurudad expresada
en la dimensión jurídica que define las bases de la legitimidad y de la
representación sólo nos revela una parte del proble~a. Justamente,
la dinámica histórica nos permitirá encontrar los espaaos concretos en
los cuales se descubre la impronta de la "república posible". En ella
operan los reales mecanismos de reproducción de la jerarquía social en
el plano político, gestando un verdadero régimen de notables.

Am?~s

La jerarquía social en clave facciosa, entre Caseros y el Unicato

Luego de Caseros y Pavón, batallas que dirimen la hegemonía entre
el interior y Buenos Aires, el espacio público que se está construyendo
muestra la emergencia de agrupamientos "políticos" de características
facciosas. Los llamados "partidos" o "clubes" que aparecen tanto en

12

M. Bonaudo, S. Cragnolino y E. Sonzogni, "Discusión en tomo a la panicipación política de loscolonossantaíesinos: Esperanza y San Carlos (1856-1883)",Estudios
Migratorios Latinoamericanos, núm. 9, pp. 295 y ss.

78

13

M. Bonaudo, s. Cragnolino y E. Sonzogni, "La cuestión de la identidad política
de los colonos santafesinos: 1880.1898. Estudio de algunas experiencias", Anuario,
núm. 14, Escuela de Histona, Rosario, 1991, pp. 251 yss.

79

�Redes parentalesy facciones
Santa Fe como en las otras provincias de la región exhiben algunos
elementos comunes: la predominancia de intereses particulares sobre
el interés general, manteniendo firme la antigua tradición localista
filiada en la situación política de la primera mitad del siglo; el peso
de las redes parentales en su estructuración y accionar concretos; la
consecuente presencia de una figura fuerte, el "caudillo" o el "jefe",
indisolublemente unida a una estructura clientelar jerárquicamente
organizada, su funcionamiento inorgánico, coyuntural y no programático, y la continua apelación a estrategias de cooptación subordinada en el marco del sistema electoral para garantizar constantemente los intereses privados del grupo. Mientras, en Buenos Aires el
problema de la capital y otras cuestiones provocan la desestructuración del Partido Liberal porteño y la emergencia de dos desprendimientos: el Partido Nacional y el Autonomista, cuya dirigencia está
representada por Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina respectivamente;
en Santa Fe, ambas coyunturas consolidan la escisión de los núcleos
dominantes entre el Club del Pueblo y el Oub Libertad. En las
décadas de los 50 y los 60, se gestan estas dos expresiones políticas
que, mostrando claramente la preeminencia de lo sectorial sobre un
interés general, intentan articular alianzas internas y externas, apostando -en este último caso- alternativamente al papel hegemónico
que pueda jugar la confederación o Buenos Aires en la concreción
del Estado nacional. En tanto que los miembros del Club del Pueblo
reivindican para sí una tradición federalista apoyándose coyunturalmente en la figura de Urquiza, los liberales, declaradamente antirrosistas, privilegian un entendimiento en Buenos Aires, vinculándose
-separada o concomitantemente- con las dos facciones de ese
tronco liberal.
Las disyuntivas internas que distancian a ambos clubes no están
marcadas indudablemente ni por diferencia~ ideológicas y menos aún
sociales, ni tampoco por la existencia de proyectos políticos alternativos. En un sentido general, ambas facciones comparten un mismo
modelo de desarrollo y una similar concepción de la política. El eje
de enfrentamiento pasa claramente por el control del espacio de
pode~, control que los conduce a rearticular, en cada oportunidad,
sus alianzas a fin de concretar el objetivo previsto. En este sentido, el
Club del Pueblo que hegemoniza la realidad santafesina desde 1868
.
'
reconsidera su antiguo alineamiento urquicista cuando participa, en
1871, en la orquestación de una convergencia política plasmada a
escala nacional: la Liga de Gobernadores, pergeñada al parecer
durante la Exposición Nacional de Córdoba, a la que Simón de
80

M. BonaWÚJ y E. Sonzogni

Iriondo y otros funcionarios provinciales concurren respondiendo a
la convocatoria efectuada por el presidente Sarmiento. Desde la
visión de uno de los más esclarecidos operadores de la facción autonomista, Jonás Larguía, la Liga estaría destinada a romper la lógica
facciosa, levantando "un partido compuesto especialmente de la
juventud ilustrada y de todos los hombres que no estuviesen fatalmente ligados a la política dañina de los partidos personales..."
La ruptura quedaría formalizada con respecto a la tradición
política precedente en la medida en que dicho "partido progresista"
pudiera levantar "la bandera de los principios [y] en éstos caben todos
los hombres y todas las nobles aspiraciones, porque, entonces, el que
gobierna levantado por su partido, tiene un programa invariable que
seguir, del cual no puede apartarse sin hacer traición a los mismos
que Jo elevaron." 14
No obstante tales formulaciones, en la práctica la Liga de Gobernadores sigue carriles bastante similares a los de las agrupaciones
políticas cuestionadas. El triunfo de Avellaneda sustentado por la
Liga significa para el Club del Pueblo la incorporación, al staff presidencial, de su líder máximo, Simón de lriondo, quien ocupa la cartera
del Interior.
La Liga es en realidad el preanuncio de la gran experiencia
oligárquica a nivel nacional que constituye el Partido Autonomista
Nacional, tras los intentos de conciliación de Avellaneda y la crisis
tejedorista en los albores del año 80. Se trata aquí de un experimento
en gran escala para proyectar una "democracia diferencial" en la que
la opinión de algunos pocos se imponga a su valor numérico.

Facciones y redes parentales. Espacio público y negocios privados

El diario opositor del Club Libertad, El Rosario, el 5 de septiembre
de 1864 hace una caracterización del fuerte peso de las alianzas de
familias en la conformación de las facciones y de su funcionamiento:
Sí, decimos oligarquía porque no hay otro nombre que darle al gobierno
de Santa Fe que hace cuarenta años reside en la familia Cullen. Juzgándolo ppr sus antecedentes políticos, no son unitarios ni federales, pero sí
son traficantes en ambos partidos. Lo mismo han gobernado antes que
ahora. Son realmente indefinidos los colores políticos de la casta Cullen.
14

Archivo Hislórioo Provincia~ Colección Jonás Largura, leg. 2, folio 2

81

�Redes parentalesy facciones
Siempre han estado amarrados al poder a dos anclas. Unitarios unos,
federales otros... Unos son urquicistas, otros mitristas; ora traicionan a
uno o ya traicionan a otro. Sólo queremos decir que esta familia fatal
para Santa Fe, ha hecho del gobierno de la provincia su patrimonio...
Ya se ha dicho que es una familia gobierno y he aquí la prueba:
Cullen I1 (don Patricio), gobernador de Santa Fe; Cullen I (don
José), senador al Congreso Nacional; Cullen m (don Guillermo), diputado a la legislatura provincial; Oroño (don Nicasio), cuñado de tos
Cullen, diputado al Congreso Nacional; Freyre (don Marcelino), jefe
político de la ciudad de Rosario, primer hermano de los Cullen; Freyre
(don Benito), hermano de don Marcelino, comandante general de
campaña; Oroño (don Gregario), hermano de don Nicasio,juezde paz
de San Jerónimo; Andino ( don Juan José), primo de Oroño,juez de San
Lorenzo.
Hombres honestos que jamás han ido al Congreso a representar los
intereses del pueblo de la provincia de Santa Fe, sino sus propios
intereses como acreedores del gobierno nacional. Jamás han presentado
un proyecto si no era el calculado sobre un futuro negocio para uno de
la familia. Si no venía ese proyecto a afianzarlos en el poder de la
provincia.
El texto condensa una práctica que no es ni particular ni exclusiva
del club liberal y refleja un modus operandi de las redes parentales
como verdaderas organizaciones sociales frente a la relativa carencia
de estructuras sociopolíticas.15
El patriciado santafesino remonta su asentamiento en el área a
los siglos de dominación colonial, particularmente con el dinamismo
que la reorganización del sistema otorga a la zona litoral atlántica,
cuya expresión juódico-administrativa es la creación, en 1776, del
virreinato del Río de la Plata. Es decir, el siglo XVIII da cabida en la
tierra de calchines y mocoretás a diferentes núcleos matrimoniales
cuyos miembros proceden de la península ibérica con una predominante filiación regional del norte de España. Los apellidos incluidos
en una muestra de troncos genealógicos así como los que abundan en
las crónicas históricas y relatos de viajeros hablan claramente de
oógenes vascos, gallegos y navarros, matizados por quienes abandonaron las tierras andaluzas de Sevilla y Granada o las de Murcia. 16

M. Bonauáo y E. Sonzogni

Sólo encontramos un asentamiento anterior, que alude a la primera
mitad del siglo XVll, cuando Juan Francisco Pascual de Echagüe
Andía y Lasterra arriba como funcionario al territorio santafesino. La
estructuración de redes parentales a lo largo de sucesivas generaciones como grupos de poder efectivo, fundamentalmente en las etapas
posteriores a la independencia, parece darse a través de un conjunto
de proyectos mutuamente implicados: las estrategias de casamiento,
la ocupación de cargos públicos, la participación en actividades mercantiles urbanas, desde las que se proyectan al espacio rural, alimentaron otras ambiciones de expectativas políticas y sociales.
En una aproximación quizás insuficiente pero reveladora del
interjuego de estas variables, se reconstruyeron nueve troncos familiares, a partir de la información (fragmentada e incompleta) ofrecida
por diccionarios biográficos, tratados nobiliarios y guías genealógicas. 17 Las familias incluidas en ese recorte son la ya citada Echagüe,
Aldao, Cullen, Iriondo, Iturraspe, Gálvez, Reyna, Freyre y López.
Como criterio determinante de las generaciones se adoptó el de su
instalación en Santa Fe, aun cuando en algunos casos el itinerario
previo incluye ya otras sedes permanentes o temporales. 18
Organizados los datos en función de los patrones de residencia 19
de los 210 matrimonios formalizados a través de tres, cuatro o cinco
generaciones, se observa que el 53% se realiza con familias del lugar
y el 31 % lo hace con miembros de "notables" de fuera de la provincia,
principalmente originarios de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos.
Además, se detecta que, en la articulación de las alianzas, los
hombres se vuelcan predominantemente hacia un cónyuge dentro del
espacio provincial (60%), reduciéndose al 28% la elección de una

. ·1ares aparecen en 1a prensa opositora
·
anteos suru
del 80 respecto de la familia
Iriondo. Esta hipótesis ha sido destacada recientemente entre otras publicaciones por
D. Balmori, S. Voss y M. Bonman, Las alianzas de familias y la formación delpafs en
América Latina, FCE, México, 1990.
16
Entre los no hispanos, debe anotarse la familia Cullen de origen irlandés.

17
D. Abad de Santillán, Gran enciclopedia de la provincia de Santa Fe, EDIAR,
Buenos Aires, 1967; Graciela G. de Welschen, El linaje del patriarca, Santa Fe, 1986;
Carlos Calvo, Nobiliario del antiguo virrcynato del Río de la Plata, Facultad, Buenos
Aires, 1936; L Montenegro, "La gran propiedad territorial en la zona de la costa
santafesina en la segunda mitad del siglo XIX", Santa Fe, 1986 (mimeo).
18
Algunos de estos miembros fundadores se instalan previamente en el Paraguay,
otros en Corrientes, otros en cambio, recorren sucesivamente Montevideo, Buenos
Aires y Santa Fe. De las nueve genealogías analizadas, si bien una (Echagüe) se ubica
en el siglo XVII, se han tomado las generaciones desde el siglo siguiente. Del resto, una
(López) remonta su residencia a la primera mitad del siglo XVIII; tres se instalan en la
segunda; y las cuatro restantes se detectan desde principios del siglo XIX.
19
La residencia es uno de los elementos más significativos para obseivar el juego
del entramado en el pasaje de los espacios locales a los regionales. Del total de los casos
analizados, sólo se ha podido confirmar la procedencia del 84% de los cónyuges. El
16% restante corresponde a datos sin confirmación.

82

83

15 PI

�Redes parentalesy Jaccwnes
pareja de otro lugar; en tanto que las mujeres alternan menos diferencialmente entre un marido local (46%) y uno de otro Jugar (35%)
o de otro sector social (2%). Esta distribución reafirma una cierta
primacía de las mujeres como proveedoras de parejas exógamas.
En realidad, esta dinámica se manifiesta con mayor significación
a partir de las terceras o cuartas generaciones de los troncos estudiados, cuyos miembros han nacido entre las décadas de 1830 y 1850.~
La resultante de este proceso no consiste solamente en la estructuración de las redes, sino también en su desplazamiento a través de ramas
que se instalan en alguna de las provincias de la región.
Un ejemplo de este redimensionarniento espacial que proyecta
al grupo desde lo local hasta lo regional lo ofrece la familia Iturraspe.
En 1852 Juan Bernardo lturraspe se casa con Dolores Zorrilla de San
Martín, miembros de una reconocida familia de la elite rioplatense,
desplazando esta rama al escenario porteño donde volverá a reforzarse aquel parentesco cuando su hijo Arturo Vicente formaliza la
unión conyugal con María Mac Lennan Zorrilla de San Martín. Por
su parte, Federico Iturraspe Cabot se instala hacia fines del siglo en
San Francisco de Córdoba, interviniendo activamente desde entonces
en la política de esa provincia. De modo similar, Melchor de Echagüe
Dervez, quien contrae matrimonio con Elvira Cordeyro Gómez, da
origen a la rama Echagüe Cordeyro, asentada en Buenos Aires.
Algunos miembros de estos núcleos familiares, en función de la
dinámica política y de sus negocios privados, van a modificar, con
cierta frecuencia, su ámbito de residencia. Esta modificación no
implica su desaparición de la escena santafesina, sino más bien su
alternancia entre el propio espacio provincial y otros regionales o
nacionales. Así, Pascual Echagüe Dervez fija su residencia tanto en
Santa Fe como en Entre Ríos, alcanzando en ambas la primera
magistratura provincial. Por su parte, Manuel Dídimo Pizarra Leaniz
un tradicional apellido mediterráneo, al casarse con María Eustolia
de Iriondo Candioti, se avecina en Santa Fe. AJ poco tiempo, se
convierte en un hombre clave del situacionismo provincial bajo la
influencia de su cuñado, Simón de Iriondo. La desaparición de este
último y la crisis generada en el Oub del Pueblo lo reorientan a su
provincia, de la cual es gobernador en los inicios de la década de los
20

En los casos de las familias Aldao y López., en la quinta generación de ambas
(1835-60), agregan cónyuges provenientes de Rosario y su área de influencia (Puccio,
MaruU, Muniagurria, entre otros). La rama Freyre Maciel está instalada en esta ciudad
desde el nacimiento de Marcelino.

84

M Bonaudo j E. Sonzogni

90. Esta estrategia de expansión de los grupos locales resulta a veces
reforzada por casamientos intrageneracionales de miembros de una
y otra provincia. Así, por ejemplo, Clorinda Vicente de Iriondo ~~anta
Fe) y su hermano Simón Vicente contraen enlace con sendos htJOS de
Bernardo Fernún de Irigoyen (Buenos Aires), Bernardo e Irene, en
tanto Ignacio Cullen Comas (Santa Fe) y su hermana Joaquina lo
hacen respectivamente con Ignacia y Severo Gómez Borja (Buenos
Aires).
En cuanto a los niveles de endogamia y exogamia, es significativo
el porcentaje alcanzado por matrimonios realizados en el interior de
los nueve troncos (28%). A pesar de su alto involucramiento los
casamientos entre primos, hermanos, o tío y sobrina carnales se
reducen en el contexto de la muestra a unos pocos casos.21
Las pautas matrimoniales muestran a su vez fenómenos de reincidencia de cónyuges que han enviudado. El caso más notable es el
del gobernador José Bernardo Iturraspe cuya vida conyugal registra
cuatro casamientos sucesivos: Oara Cabot, Sofía Maurer, Ana Sieber
preceden la última unión con Dominga Cullen lturraspe, que había
enviudado de Emilio Eustaquio Cabal González. Otra lturraspe,
Luisa, tiene por maridos a Ramón Cadioti y, a la muerte de éste, a
Ulises Mosset. Juan Francisco de Aldao y Rendón crea dos ramas
familiares a partir de un primer matrimonio con Teresa Ordóñez
Echeverría, cuya descendencia alcanza a tres hijos, y de un segundo
con Leonor María Candioti y Zevallos, que le da una prole de nueve.
Aquella representación porcentual que evidencia el peso de la
endogamia en estos grupos familiares, es significativa también en su
anverso. La participación de ~ectores sociales nueve - algunos producto de los procesos de inmigración y colonización - a la par que
situados en las últimas generaciones (terceras a quintas, según el
tronco) es realmente ínfima (3%). Además de los casos ya mencionados de Cabot, Maurer y Sieber, cuya antigüedad de residencia no va
más allá de las décadas de los 50 o 60, puede apuntarse el de Nicasio
Oroño, a quien seria posible calificar como un parvenu. El corondino
Nicasio Oroño no revela demasiados méritos en su ascendencia.22
21

José Ignacio F.chagüe Ruiz de Arellano y Maria Francisca Lassaga Echagüe,
cuya bija a su vez contrae enlace con Cayctano F.chagüe Zavala; Marcela lturraspe
Freyre se casa con su tío materno Benito Freyre Rodríguez del fresno; Martín I..ópez
Frcyre necesita dispensa eclesiástica para casarse con su prima hermana Antonia López
Cardoso.
22
M. A de Marco "Nicasio Oroóo, el luchador santafesino", Todo es Historia,
núm. 98, 1975, pp. 8 y ss.

85

�Redes parentales y facciones
Su padre, Santiago, actúa en las milicias santafesinas de Estanislao
López con el rango de sargento mayor en la década de los 20, siendo
asc~ncl~do a capitán tras algún protagonismo en las campañas contra
los md1os. La mayor jerarquía militar es complementada con un
premio más utilitario: el gobierno de la provincia le otorga en
donación una fracción de tierra en el distrito de Coronda. Sin
embargo, la muerte del Brigadier le enajena la buena voluntad de su
hermano :-J~an Pablo- y el ahora comandante Oroño desaparece
de ~a pr?vmc1a, tras Lavalle primero y Paz después. Su esposa Juana
Ba1gom queda en Paraná con sus tres hijos, Nicasio, Genara y
Gregorio.
Desde una temprana inserción laboral en tierra entrerriana
Nicasio Oroño va experimentando un proceso de ascenso social'
facilitad? por relaciones de amistad con Justo José de Urquiza quie~
lo apro~~a, por_ u~a parte, a la esfera empresaria y por otra al grupo
de familias tradicionales, entre las cuales encontrará a su esposa
Joaquina Cullen.
'
Sólo tres núcleos familiares - los referidos Cullen e Iturraspe, a
los que se agregan los Iriondo- se muestran dispuestos a establecer
vínc~los conyugales con miembros de una burguesía agraria o mercantil en ascenso y de distinto origen étnico.
Es evidente que las estrategias matrimoniales implican de por sí
alianzas económicas, sociales y políticas. La mayoría de los miembros
de
tron~s familiares analizados originariamente (primera generac1on) deb10 su asentamiento al cumplimiento de funciones derivadas del Estado colonial, que abarcaban alternativa o simultáneamente esferas específicas de la administración colonial central militares
judiciales o capitulares. La función pública no inhibió la posibilidad
de operar en un espacio privado ligado ya a las actividades comerciales, ya a una ganadería de cría que en el periodo preindependiente
permanecía vinculada mayoritariamente al abastecimiento de recuas
?e mu!~s a los centros altoperuanos. Pero además es factible que esa
mserc1on en el aparato del Estado haya favorecido la formación de
pa~rimonios territoriales, como sucede en el caso de los Iturraspe
quienes heredan, conjuntamente con otros grupos, la importante
merced de Arrascaeta, que tocaba territorios santafesinos y cordobe23
ses. Dichos patrimonios se vieron incrementados, sin duda, a través
de la conformación de sociedades familiares destinadas o bien a
consolidar el espacio territorial controlado o bien a desarrollar acti-

!?s

M Bonaudo y E. Sonzogni
vidades mercantiles en un ámbito extraprovincial articulando Santa
Fe con Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos e incluso Montevideo.
Las guerras de independencia y las civiles desorganizaron las
actividades mercantiles y productivas de la provincia, originando en
muchos casos la pérdida de los bienes anteriormente adquiridos. Por
su parte, la presión indígena condicionó las posibilidades de corrimiento de la frontera -ganadera primero y agrícola después- encorsetando su crecimiento. Si para algunos dichos vaivenes pusieron
en jaque la fortuna familiar, para otros en cambio fue el momento
oportuno para acceder a la tierra a partir de un capital acumulado en
la actividad mercantil urbana. Tanto los lturraspe como los Aldao
pueden servir de adecuado ejemplo a los que se suman, en el proceso
de apropiación de tierras, entre otros, los Iriondo y los Zavala.24 La
paulatina recuperación de las condiciones de desarrollo a partir del
proyecto confederacional primero y del Estado nacional unificado
bajo el mitrismo después, ofrecieron perspectivas favorables para la
acumulación de riqueza en el espacio privado usufructuando la capacidad de presión y decisión que estas familias tienen en el espacio
público.
La recuperación de amplias franjas de tierra pública, el abastecimiento de los ejércitos provinciales o nacionales, la estructuración de
un circuito financiero prebancario y bancario y la consolidación de
una política ferroviaria orgánica se convirtieron en algunas de tantas
vías por medio de las cuales estos sectores acrecentaron sus posibilidades de acumulación, reforzando su prestigio y poder.
El acceso a la tierra puede devenir de distintas instancias. Mariano Cabal, por ejemplo, suma a las propiedades adquiridas a partir de
su fortuna mercantil, tierras nuevas en el área norte de la provincia,
una importante cantidad de leguas como contrapartida de los préstamos que él, conjuntamente con otros comerciantes y financieros
(Juan y Salvador Rusiño1, Carlos Grognet, Nicasio Oroño, Balestrino,
etc.) realizaron a fines de la -década de los 60 para financiar la
campaña del Chaco.25 Una parte de las propiedades incorporadas
durante la misma década le permitieron articular una sociedad familiar con su suegro, Patricio Cullen, en 1873 para llevar a cabo proyectos de explotación de tierras pero también de colonización. La crisis
24

Reginald Uoyd, Impresiones de la República Argentina en el siglo xx, Buenos

Aires, 1911.
23

La Merced de Arrascaeta, 1883, querella judicial, Fundación Tomquist.

25
Olentas de la Conúsión del Chaco, 1867-1868, Archivo Provincial de Santa Fe
(intermedio).

86

87

�Redes parentalesy facciones
desestructuró el patrimonio territorial de Cabal pero nuevas alternativas surgieron en la búsqueda de beneficios.26 Otra vía, no menos
eficiente, fue en parte la seguida por Simón de Iriondo. Tratando de
acordar con Ataliva Roca la compra de un campo en 1883, evaluando
las distintas ofertas y las perspectivas de crédito con que pueden
contar y la rentabilidad potencial a alcanzar, Iriondo le comenta a
Roca: "En el centro de Monigotes que va a ser la primera colonia de
Murrieta, hay 20 leguas de campo, la flor de aquel lugar que yo antes
de derogar la ley que daba privilegio hice denunciar a dos hombres que
me habían servido mucho."27
El párrafo antedicho evidencia cómo desde la función pública se
manipula la norma legal para así garantizar un rédito privado. El
planteamiento se refuerza en el mismo texto, cuando al felicitar a
Ataliva Roca por la compra de tierras de Santiago del Estero cercanas
a las de Murrieta, negocio en el que le recrimina no haberlo hecho
partícipe, Iriondo afirma que
los banqueros de Londres con sus grandes capitales, harán que, aunque
no le quedaran más de 20 leguas de las 200, siempre sería un gran negocio
la operación que usted ha hecho, pues usted puede quedar con sus 200
bien saneadas; y después de la pasión con que ha acogido su hennano en
mi conferencia de ayer la prolongación del ferrocarril de Santa Fe hasta
la frontera de Santiago con su prolongación hasta Tucumán por el
Chaco, le digo, descanse basta sólo el negocio de la tierra de Santiago.28
Los interlocutores epistolares están dando cuenta, asimismo, de
la extensión de los contactos que esta dirigencia tiene, tanto en el
espacio geográfico como institucional, reflejando los grados de connivencia subyacentes en las políticas públicas.
La capacidad operativa que ciertas redes parentales adquieren
en el espacio público crea una estructura de subordinació.n de los
otros poderes al ejecutivo, detentado por alguno de sus miembros. En
la concreción de sus obj~tivos, no vacilan en producir reformas acordes en la carta constitucional, como la que se hace en los meses de
marzo y abril de 1883, eliminando el principio de inamovilidad de los
jueces letrados. El corresponsal de La Plata Zeitung denuncia el 18
de julio de ese año la situación que vive la justicia santafesina y se
26

L Monte negro, op. cit., y Ezequiel Gallo, La pampa gringa, Sudamericana,
Buenos Aires, 1984.
27
28 Archivo Provincial de Santa Fe, Fondo Iriondo, carpeta 10, leg. 4, 6/8/1883.

/bid.

M Bonaudoy E. Sonzogni

pregunta "qué garantías de justicia tienen ahora los habitantes de
Santa Fe, después de haberse monopolizado hasta las leyes a favor de
la dinastía reinante?"29
La pregunta lo conduce a reflexionar sobre el peligro que implica
para la sociedad civil esta subordinación jurídica, y toma como ejemplo el pleito que ha estallado entre la familia Iriondo y su ª?_tigua
contrincante en el espacio político, la Iturraspe, por la poses10n de
una fracción de estancia con el argumento de que estos últimos no
poseían los derechos jurídicos que garantizaran la propiedad. Dirimido el litigio en los tribunales provinciales, el fallo es favorable a la
demanda de los Iriondo, restando a los lturraspe el reclamo ante la
justicia federal. Tal es el nivel de sujeción de los diferentes poderes y
funcionarios al ejecutivo que, ordenada la restitución a los Iturraspe
en el ámbito federal, "el jefe de policía de Santa Fe, desobedeciendo
la orden judicial, se negaba a ello, alegando que no recibía órdenes
sino de su gobiemo".30
El episodio pone una vez más en evidencia las dificultades que
existen, en el marco de acción de las redes parentales y de sus intereses
privados, en consolidar criterios de legalidad que respondan al interés
común. Pero por otra parte, muestra que pese a la discrecionalidad
con la que se manejan estos personajes, hay indicios, en la propia
sociedad, de la estructuración de una opinión pública, que a través de
la prensa escrita hace visibles sus cuestionamientos.
Si la progresiva enajenación de las tierras fiscales favoreció inversiones en las que participaron alternativa o simultáneamente funcionarios y empresarios privados, empresas más ambiciosas, como el
trazado de las redes ferroviarias o la creación bancaria semipública,
como es el Banco de Santa Fe, se convierten entre las décadas de 70
y 90 en nuevos espacios de acumulación y consolidación de riqueza.
En este tipo de negocios, donde la magnitud de la inversión
acrecienta los riesgos, es frecuente también la apelación desde los
sectores privados al Estado para que éste asuma parte de esos riesgos
a través de la contratación de empréstitos, los subsidios, las garantías
y la cesión de tierras. Esta apelación parece bastante posible, dado
que las relaciones parentales e interpersonales toman fluida la vinculación entre los funcionarios públicos y los sectores privados, ya que
en ambos frentes participan miembros de las burguesías capitalina y
rosarina. Desde esta óptica, es - en alguna medida - comprensible
29

El Mensajero, 28 de julio de 1883.

JO /bid.

88

89

�Redesparentales y faccicnes
la preocupación por controlar el aparato del Estado, que hace posible
obtener información cierta sobre los negocios y la marcha del mercado; manipular -como se viera antes- la esfera legal; ubicar al
funcionario adecuado en cada ocasión; prever, en fin, los problemas
que pudieran originarse y que lesionaóan los objetivos propuestos.
En ocasiones, la iniciativa parte de los propios integrantes del
aparato, cuya formación profesional los ubica en estamentos más
"modernos" del staff dirigente. Un ejemplo lo constituye la figura de
Jonás Larguía, que transita un significativo itinerario en la función
pública. En 1872, momento en que ejercía funciones en la Inspección
de Colonias, interesa al gobernador Iriondo para integrar una sociedad que ha formado con L. Walls, destinada a
proponer un tranway (a las colonias del oeste) que más tarde será
ferrocarril cuando la empresa sea explotada algunos ailos por los ingleses
o los franceses que para entonces habrán comprendido que no precisan
garantía ni aun para ferrocarriles, ofreciendo la ventaja nuestra idea de
que para tranway no se precisa tampoco garantía, porque cuesta la quinta
parte de aquél.31
Evidentemente, la carta hace explícito un problema clave en la
relación entre el Estado y los inversores privados: hasta qué punto el
primero está dispuesto a compartir los costos de la inversión, en la
medida en que la garantía se convierte en una fuerte succión de los
recursos del erario público.32
Esta preocupación vuelve a repetirse en ocasión de la construcción entre 1881 y 1883 del Ferrocarril Oeste Santafesino, iniciativa
empresarial cuya autoóa pertenece a Carlos Casado del Alisal. Natural de Valencia, fija su residencia en Rosario en la segunda mitad
del siglo y rápidamente tiene protagonismo en actividades económicas de diverso tenor. La presión de empresarios rosarinos y capitalinos sobre la dirigencia política, así como la estrecha vinculación de
Casado con ella, en tanto presidente del directorio del Banco Provincial, facilita la rápida concreción de la línea a la que el Estado, con
tierras y subsidios, complementa los aportes de la inversión privada
local y extranjera. Las críticas provienen nuevamente de las columnas
periodísticas alertando sobre el manejo discrecional de los perjuicios
31

La propuesta incluye también un cuidado de la "forma" en que debe presen·
tarsc para no suscitar críticas: "pero como no parece bien que tu nombre figure te
mando
32 el documento a nombre de Juan Manuel" (hijo del gobernador).
El l11dependie111e, 4 de agosto de 1878.

90

M. Bonaudo y E. Sonzogni

que pueden acarrear al patrimonio estatal tanto_ el contrato ~n la
sociedad del Oeste santafesino corno el desempeno de su presidente
en la dirección del Banco Provincial de cuyas arcas proceden los
resultados destinados a la obra ferroviaria.
La instalación del propio Banco Provincial, que se concr~ta en
1874 a partir de la demanda de sectores vinculados al ~memo, las
finanzas y los negocios inmobiliarios en la plaza rosanna, da muy
pronto cabida a los viejos troncos_~antafesinos que de~~estran u?a
ponderable capacidad de adaptac1on a las nuevas ~ond1c10nes sociales Mientras en el directorio de la casa central rosanna se entrecruzan
los. nombres de figuras locales (Casado, Carlés, Machain, Ibarlucea,
Carrasco, Muzzio, Arijón, Sugasti, entre otros) con alguna que otra
presencia capitalina (Caminos, ~i~ison, AJdao), la ape~tura ~e la
sucursal en la propia capital provmc1al congrega en cambio a miembros de los tradicionales troncos de manera casi excluyente: López,
AJdao, Crespo, Cullen, Echagüe, Torrent, Puig.
Tanto los directorios del banco como los de las empresas ferroviarias que operan en la provincia, a los que se agre~an los de firmas
inmobiliarias y financieras que se instalan en esos anos, dan c~e?ta,
por una parte, del paulatino ascenso del sur como polo de crec1m1ento; por otra, de un real proceso de articulación -por lo i:nenos en el
espacio del parentesco y de los negocios- de las burguesias de Sa?ta
Fe y Rosario. Esta imagen debe complejizarse ~n otras presencias.
Éstas provienen, básicamente, de los sectores sociales emergentes del
área centro-oeste. Colonos enriquecidos como Maurer, o Lchmann
0 Sicber que optan también por un proceso de "impla~tación multisectorial" se vinculan a troncos tradicionales santafesmos o bonaerenses O bien por el matrimonio -como ya se viera ~n páginas
precedentes- o bien finalmente por acuer~os comerc~ales. Este
último es el caso de Guillermo Lehmann, quien se convierte en el
testaferro de los negocios inmobiliarios de las familias Egusquiza,
Saguier, Quintana e incluso de Ataliva Roca.
.
.
Por otra parte, los directorios aparecen como otra mstanc~a a
partir de la cual se elaboran estrategias que es~imulan nuevas arllculaciones entre lo público y lo privado. A veces sirven como platafo~a
de presentación para una posterior función públi~~ otras, en camb1~,
su desempeño en ésta lo torna en un recurso_prest1g1oso pa~a cumplir,
en un nuevo ciclo, funciones de asesoramiento o gerenciales en el
ámbito privado.33
33

Un ejemplo de esta dinámica puede observarse en el doble papel que juega en

91

�Redes parenJalesy f accwnes

M Bonaudoy E. Sonzogni

El sistema electoral y sus espacios: la ciudad y la campiña
sometidas a la lucha facciosa

Pese a la especificidad de sus funciones, los clubes no plantean
una continuidad de acción en el espacio público y sólo se activan en
los momentos en que es imprescindible adquirir electores. Es por eso
que las crónicas revelan sucesivas instalaciones de sedes de tal o cual
club, siempre en vísperas electorales.36
.
Más allá de la confección de las listas de los candidatos y de la
distribución de las tareas proselitistas, los clubes sienten la necesidad
manifiesta de mostrar los niveles de consenso alcanzado por cada
facción. Esto motiva la institucionalización de espacios más amplios,
en donde se concrete aquel consenso, al tiempo que la comunicación
a la opinión pública de las respuestas positivas obten!das por tal
convocatoria. Las elecciones más frecuentes de esos recmtos recaen
en teatros u hoteles que alojan a dirigencia y seguidores. Así, por
ejemplo, en los trabajos electorales para la elección de diputados en
1864, los partidarios del Club del Pueblo se concentran e~ el Hotel
Universo o en el Teatro de la Esperanza - ambos en Rosano- lugar
donde irán sus ''socios" y "los que simpaticen con sus ideas".37 A su
vez los miembros del Club Libertad son invitados a concurrir todos
1os'sábados, "de ocho a nueve de la noche", al Café Argentino,
"recomendándose a todos los socios la más puntual asistencia". La
convocatoria rara vez alude, en el marco de un sufragio voluntario, al
"ciudadano". Los términos antes mencionados sumados al de "amigos", "vecinos" o "correligionarios" aparecen recurren temente en las
circulares o propagandas que la prensa partidaria incluye cotidianamente. En otras ocasiones, la presencia que se estimula queda sustantivada en el "pueblo" al que se ubica en un ambiguo terreno de
indiferenciación. El Fe"ocarrii, que no oculta su adhesión al Club
Libertad, en ocasión de las elecciones
una
. de 1864
. ,,informaba de
,,
reunión política "de la más grande tmportanc1a y presupoma que
"alli, en el seno de una de esas asambleas populares, que llevan el sello
de la soberanía, nos confundimos todos, nos perdemos entre las olas
de la multitud, y discutimos tranquilamente las grandes cosas que
interesan al pueblo.38
Veinte años después, en similar situación, el jefe político del
departamento San Lorenzo, Silverio Córdoba, emite una circular
convocando a la campaña electoral en estos términos: "Debiendo
reorganizarse el Oub del Pueblo y siendo necesaria su presencia y la

La clase dominante que se está construyendo a través de los mecanismos a~tes descritos y que ha formalizado un marco jurídico político
a partrr del cual pretende garantizar su perdurabilidad en el control
del aparato estatal, se enfrenta al dilema de conjugar tal control con un
sufragio que, en la norma, y pese a las exclusiones, amplía indudablemente la base electoral y por ende complica la búsqueda del consenso.
La ampliación cuantitativa y cualitativa del universo de electores hace
imprescindible que las fuerzas políticas que pretenden acceder algobierno replanteen, en el marco del sistema electoral, tanto mecanismos de control como de adquisición subordinada de votantes. En este
proceso, comienzan a diseñarse modalidades particulares de "hacer
la política" sobre las que pesan, por una parte, las nuevas formas de
articulación del espacio rural al urbano; por otra, la paulatina integración de esas dos realidades en un sistema político de verdadera
dimensión provincial y estrechamente proyectada a la nacional.
Las prácticas políticas que funcionan en el marco del sistema
electoral van definiendo, tanto en el ámbito urbano como en las áreas
rurales, espacios específicos de discusión y convalidación.
Si bien la casa familiar de los notables o la estancia, además del
café o el club social, persisten como los lugares en los que se formalizan las alianzas, surgen con un cariz peculiar los "clubs" o "centros
políticos" como instancias específicamente políticas que, desde un
núcleo base, instalado alternativa o simultáneamente en la ciudad
capital o en Rosario, comienza a operar creando filiales generalmente
en las cabeceras de departamento, o incluso en algunos de sus distritos.34 Paralela con el accionar de liberales o autonomistas, se observa
la emergencia de agrupaciones políticas locales en las áreas de colonias como el Partido Progresista que liderea Guillermo Lehmann
quien, operando dentro de una lógica facciosa, establece vínculos
cada vez más estrechos con la vertiente liberal. Dicha vinculación
tiene sus raíces en el apoyo que la misma da a los colonos en los duros
enfrentamientos con el gobierno autonomista en torno al espacio
municipal entre 1881 y 1884.35
relación con la creación del Banco Provincial, MelquiadesSalvá, quien primero actúa
como~pode rad~ de los inversores y luego como ministro de Gobierno.
El Rosano, 8 de octubre de 1864; Archivo Histórico Provincial Fondo Iriondo
caja 2, carpeta 12, folio 46, 14/10/1868.
'
'
35

M. Booaudo, S. Cragnotino y E. Sonz.ogni, "La cuestión ..", op. cit.

92

36
El Trueno, 29 de diciembre de 1864.
31
EJ Rosario, 13 de agosto de 1864, y 27 de septiembre de 1864.
38

El Ferrocarril, 20 de septiembre de 1864.

93

�Redes parentales y facciones

de f:&gt;s _amigos que gusten acompañarle y formar parte de este centro,
se mVJta a usted para el próximo domingo 10 del corriente a las 4 de
la tarde, a una reunión generaJ."39
No obstante, el término ciudadano tiende a ser apelado cuando
se_ trata ~e contraponerlo - también genéricamente - a minorías u
oligar~mas. Al ~ep~car al diario oficialista, El Rosario denuncia que
aquél llama mmona de hombres sin creencias políticas, a los centenares d~ c~udadanos honrados que componen el Club del Pueblo..."40
. · As1.ID1smo, lo habitual parece ser reservar el término a quienes
tienen su_ condición completa: la de elector y la de elegido. La
vanguardia del Club del Pueblo protesta ante la legislatura provincial,
el 16 de agosto de 1864, reclamando la anulación de los comicios del
día anterior. Y se dirige, precisamente, en esos términos: "Los ciudadanos nacionales que suscriben vecinos del Rosario..."41
J¿is firmas dan cuenta de aquella calidad: Melquiades Salvá,
~amon Ca~~s, José Antonio Echagüe, Augusto Agote, Nicolás M.
Alvare~,. Diogenes Casarabilla, Antonio Urraca, J. P. Lara, Máximo
Lara (hiJO), Leonardo Nicolorich, Nicanor González.
En tan~o ~iudadanos o vecinos, amigos o pueblo, el éxito de la
convoca tona tiende a medirse en función del número de concurrentes
Y de su convalidación al candidato a través de la propia asistencia a
~a que se agregan manifestaciones de viva voz y gestuales. El Rosario,
organo_ del Club del P_ueblo, d~cribe una manifestación de apoyo a
la candidatura de Manano Amigo que contabiliza la presencia de 350
personas, quienes "después de dar repetidas iVivas! a la candidatura
del señor Amigo, partieron en un grupo por las calles victoriando el
nombre de varios sujetos respetables de este pueblo..."42
De acuerdo con la ponderación de las cifras de concurrencia dos
o tres_ centenares de convalidantes colman las expectativas d~ los
orgaruz~dores, en tanto que la oposición procura disminuir el número
Ydes~alificar a los asistentes. Así, por ejemplo, El Rosario anticipa un
esp~o conglomerado de electores que darán su consentimiento a los
candidatos del Club Libertad.
~icen que el domingo[...] se reunirán todos los miembros del Oub
Libertad en asamblea general. No faltarán a esa reunión:

M. Bonaudo y E. Sonz.ogni

lo.- Los peones de tropa.
Alguna gente de San Lorenzo que dicen traerá al coronel
Caballero.
3o.- Algunos hombres del Arroyo del Medio que dicen vendrán con
el coronel Goytia...43
2o.-

A la descalificación de la base de reclutamiento de los contrincantes, los partidarios del Club del Pueblo descuentan responder "con
dos mil ciudadanos decididos; con esta juventud entusiasta que ha
comprendido al cabo lo que es sostener sus derechos como pueblo
libre..."44
Es evidente que la disyuntiva social que aquí se marca incide
profundamente en la estimación del consenso alcanzado.
En lo que aparentemente podría considerarse como una cesura
entre el mundo rural y el urbano se detectan ciertas fracturas: la que
separa a la elite del conjunto de empleados y trabajadores urbanos.
"La ausencia de libertades y derechos que soporta [la provincia] hace
que las fracciones políticas que antes se denominaban Club del
Pueblo y 25 de mayo, y que /.as componían una parte del pueblo ajena
al presupuesto han quedado hoy reducidas a los empleados de la admi-

nistración."45
En realidad lo que ocurre es que la conflictividad social sobre la que
se apoya la dinámica política está revelando que la estructuración de la
facción pasa por la ratificación, en clave política, de lasjerarquíassociales
refonnuladas. Alternativamente, las facciones esgrimen como mérito el
lograr el apoyo de "gente distinguida y de influencia". De este modo, al
comunicarle a Roca la formación de un centro político en Rosario,
Benjamín Virasoro señala que el mismo está formado por "personas de
posición social y pecuniaria". A su vez, E. Zeballos, en carta al comandante Rodríguez, le sugiere reúna para constituir la sede del Club
Constitucional en Santa Fe, "a los buenos vecinos y de posición social,
respetados por eso, más que los pobres".46
El estigma que parece pesar sobre los potenciales electores
rurales obliga a uno de los principales operadores del Club Libertad,
el coronel Goytia, a publicar una solicitada en el periódico EL Fe"ocarril, desmintiendo que sus acompañantes fueran peones y señalan43

: Archivo ?eneral de la Nación, Archivo Roca, leg. 40, 5 de agosto de 1884.
El Rosano, 22 de agosto de 1864.
El
Rosario, 16 de agosto de 1864•
42
El Rosario, 14 de agosto de 1864.
~

94

El Rosario, 15 de agosto de 1864.
El Rosario, 8 de octubre de 1864.
45
La Capital, 20 de enero de 1883.
46
Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 39, Sn/1884; Archivo Histórico Provincial, Fondo Rodríguez, carpeta 3, 18/11/1884.
44

95

�Redes parentalesy facciones
do que los mismos son, en cambio, "coroneles, tenientes, sargentos,
capitanes, alféreces y ciudadanos todos hacendados de Arroyo Pavón,
Arroyo del Medio, Arroyo Seco, comerciantes de Villa Constitución,
etcétera".47
Si bien parece pervivir una tensión entre los miembros de la elite
urbana, que tradicionalmente controlaron el espacio local, y los
representantes de las masas rurales, que durante la primera mitad del
siglo XIX habían alimentado el fenómeno del caudillismo, la nueva
articulación de ambos planos en un sistema político que se está
construyendo implica la redefinición de alianzas, realizadas ahora con
comerciantes, artesanos, hacendados, estancieros e incluso jefes militares, estos últimos a su vez estancieros o ganaderos.
De todo esto resulta una jerarquización política que trae aparejada una división de funciones: a los "notables" les corresponde tomar
las decisiones, elegir o liquidar candidatos, distribuirse cargos y merecimientos. A los electores urbanos o rurales les toca en cambio
otorgar el aval a quienes supuestamente son sus representantes. Este
consenso notoriamente artificial y sobreimpuesto obliga, además, a
recurrir a mecanismos de coacción.
Esta distribución de responsabilidades y funciones divide entonces en dos planos las formas de "hacer la política" en el sistema
electoral: la que se atribuye la elite como propia de su naturaleza
social y la que implica la articulación de esta dirigencia con la masa
de votantes. Esa articulación tiene dos momentos clave: el de la
campaña que precede a la elección y el comicio. Los instrumentos a
los que se echa mano en un verdadero proceso de cooptación del
elector consisten, por una parte, en la utilización de la palabra escrita
como herramienta ideológica para alcanzar el consenso. La prensa
facciosa acompaña y nutre el accionar de las agrupaciones políticas,
adoptando en parte su propia dinámica espasmódica. Los periódicos
aparecen y desaparecen en el marco de las coyunturas electorales,
como es el caso de El Tmeno, que en 1864 se acopla a la polémica
desatada entre El Ferrocarril, partidario de los liberales; y El Rosario,
vocero del autonomismo. De acuerdo con las afirmaciones de Gabriel
Carrasco, El Trueno se convierte en un verdadero "pasquín", incrementando de tal modo la tensión entre las facciones que los propios
clubes que antagonizan deciden bajar los decibelesde la controversia.
Ello conduce a una breve desaparición del periódico, que luego
retoma sus ediciones hasta principios del año siguiente, momento en
47

El Fe"ocarril, 20 de septiembre de 1864.

96

M Bonaudo y E. Sonzogni
que sale definitivamente de la escena pública. La importancia política
de la opinión periodística aparece claramente expresada en una carta
que Avellaneda le escribe a Jonás Larguía en 1874:
Habiendo terminado la lucha electoral, el diario La Unión Argentina pasa
a ser propiedad de una empresa particular; pero conti~uará s_iendo el
órgano del Partido Nacional [...] para cons~rvar as1 1~ urudad del
pensamiento entre los miembros de nuestro partido. Le esumaré obtenga en esa localidad, algunos suscriptores.
No podemos mantener nuestra organización de partido s~ ~n
órgano que exprese sus ideas y que infunda a todos un espmlu
común.48
.
El periodismo santafesino y rosarin?,tiene,,a_ lo largo del per!odo
que se analiza, una innegable connotac1on polil~ca, ora con el s1tuacionismo ora con las filas opositoras. Un pnmer mtento que procura
superar el carácter faccioso y efímero de las publicaci?nes se d_a en
1867 con la fundación de La Capital, dirigida por un reciente habitante de Rosario, Ovidio Lagos. La misma coexiste - en función _de la
dinámica de la nueva urbe- con una multiplicidad de expresiones
periodísticas49 que desde la crítica o _I~ ~dhesió~- asumen distintos
estilos no siendo ajenos a ellos los penod1cos satmcos que, como La
Cabridnera en la dé.c ada de los setenta, caricaturiza a los personajes
políticos y usa la ironía como arma de cuestiona miento social.
.
La construcción de un espacio público en el que la palabra escnta
es ciertamente protagonista, no se reduce a los núcleos ur~anos
mayores, sino que también aparece en el mundo ~ ,las col~m~s: El
Serrucho El Corondino, El Colono del Oeste, La Umon Provincial, se
agregan ; los originados en el seno de las colectividades..
En tal construcción comienza a observarse un paulatmo proceso
de profesionalización, más notorio en algun~s casos, _que ~ra~ como
resultado una mayor complejización del propio negocio ed1tonal que
incluye, entre otros rasgos, la distribución de c?rresponsa~~s :ocales
y la reproducción de notas de opinión transcntas de penod1cos de
otras ciudades. Un segundo elemento de cooptación está dado?ºr la
utilización de la influencia personal o política en la conformac1on de
relaciones clientelares.
48
Archivo Histórico Provincial, Colección J. Larguía, carpeta 2, leg. 2-1, folio 7,
ln/1874; Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 39, 8/7tl884.
.
.
49
La Opinión Nacional, El Sol, El Independiente, El Mensa1ero, La Discusión,
El Municipio, entre otros.

97

�Redesparentales y facciones

Los caminos elegidos para operar en este plano pasan o bien por
el entramado de vínculos que se estructuran en la relación laboral
entre patrones y empleados, y particularmente en el mundo rural
entre el estanciero y los peones, o bien por la presión que ciertos
individuos puedan ejercer desde la función. Una muestra cabal de la
adhesión alcanzada por algunos personajes que combinan la actividad
privada y la función pública se observa en la "solicitada de los troperos", que aparece en El Trueno del 14 de enero de 1865:
El club sucursal de la plaza de las Tropas, presentará el 23 del corriente
a los comicios electorales ochocientos argentinos que sostendrán la
bandera del Qub Libertad en el terreno que los busquen yprobarán una
vez más a los señores del Club del Pueblo que son los troperos capaces
de sostener sus derechos adquiridos y no consentidos.
Los firmantes aclaran que se habían engañado creyendo que en
las filas del Club del Pueblo estaban los "jefes" más prestigiosos pero
al descubrir que éstos formaban parte de la otra facción se vuelcan a
ella por cuanto los coroneles Goytia, Esquive!, Caballero y otros
"siempre han gozado de popularidad a la que son acreedores por sus
importantes servicios y por su honradez, razón por la que los paisanos
los quieren".
Dos figuras aparecen en este nivel como las de mayor capacidad
de acción, la del jefe político y la del comandante de milicias. Ésta
parece ser la instancia más coactiva en la construcción del elector, ya
~ue los mecanismos de presión que se ejercen sobre el mismo pueden
ir desde la convocatoria y el convencimiento, como lo planteaba la
invitación de Silverio Córdoba, pasando por la de compra de voluntades explícita o implícitamente hasta llegar a la violencia pura.
La prensa y la correspondencia privada "transparentan" esta
ope~atoria. Así, la voz del Rosario se levanta contra la "gran apuesta"
del Jefe político Marcelino Freyre quien cthace días recorre las calles
de esta ciudad buscando con quién apostar la cantidad de 500 pesos
plata contra cinco, a que él gana las elecciones que se practicarán de
un diputado, haciendo triunfar la candidatura oficial sobre la del
Pueblo".50
Apuesta que el funcionario acompaña con acciones concretas:

50

M BonaUIÚ) y E. Sonzogni
La reunión de ayer, promovida por la influencia oficial y capitaneada

directamente por la policía, ha sido de hombres traídos de las tropas de
carretas, es decir, peones de éstas sin que ninguno de ellos tengan
domicilio, ni residencia permanente en esta ciudad. Esos desgraciados
troperos desnudos y andrajosos eran conducidos por soldados y entregados allí para que aprobaran lo que dijeran tres o cuatro individuos
encargados de la representación teatral.51
El Trueno, por su parte y desde la facción contraria, denuncia la
recurrencia explícita al soborno: "Sabemos que nuestros opositores
andan ofreciendo un peso por voto, es decir, que se proponen comprar la conciencia de los hombres en favor de una causa despreciada
por todos. " 52
El editorial que Jonás Larguía elabora en El Fénix en 1871, donde
realiza una semblanza tipológica del "caudillismo", destaca la tarea
del "caudillo electoral":

Recibe de su jefe las instrucciones necesarias con recomendaciones
escritas para las autoridades de campaña que se creen menos decididas
por la candidatura que se trata de sostener; al mismo t;iempo recibe, sin
ruborizarse por cicatero, los fondos necesarios para desempeñar su
comisión honorablemenJe y comprar los votos vendibles en los departamentos: son vales a la vista las promesas de ascenso y empleos civiles que
el caudillo está facultado para hacer a los oficiales de la Guardia Nacional y otros personajes de campafia que se venden por moneda feble de
papel.

Munido de todos estos elementos sale nuestro hombre a la campaña
donde es esperado con el mismo deseo que el comisar,o pagador donde
ha precedido el anuncio de su llegada.
La carne con cuero, las pipas desfondadas y llenas con el tinto licor
del padre Baco, y el tentador sonido del boliviano que circula con
profusión en las carpetas de juego y canchas de taba son las razones más
poderosas que abogan en favor del candidato que se sostiene; sus méritos
están a la vista, patentes, materializados y convertidos en las preciosas
sustancias arriba expresadas.53
Cuando la cooptación a través de estos mecanismos encuentra
resistencias en el elector, se acude a la coerción directa.
La campaña electoral en la que participa por primera vez el
51
El Rosario, 13 de agosto de 1864.
52
El Trueno, 25 de diciembre de 1865.
53

El Rosario, 13 de agosto de 1864.

El Fénix, 30 de agosto de 1871.

98

99

�Redes parentales y facciones
Partido Constitucional en 1884 se ve obstaculizada por la acción de
los jefes políticos y por los comandantes, tal como se lo informa
Ovidio Lagos al presidente Roca.
Considero de mi deber participarle que es de todo punto imposible
establecer centros políticos en los pueblos de campaña por la tenaz
persecución que las autoridades despliegan contra todo aquél que no
forma en las filas de los clubs gobiernistas [...]
Los hombres del poder, especialmente Iriondo, comandante Orofio
y demás capitanejos han desplegado un lujo de persecución y amenaza
a los que no se enrolen en sus centros que los paisanos y los hacendados,
a pesar de estar animados de la mejor voluntad en el interés de cooperar
al avenimiento de un gobierno regular en esta provincia, y sostener la
política del gobierno nacional, se abstienen a fin de evitar que les lleven
los peones, o los persigan con el pretexto de enemigos del gobierno.54
La responsabilidad asignada a los comandantes y a los jefes
políticos se explica en virtud de la magnitud del ámbito sobre el que
ejercen su influencia, en el cual no desdeñan los servicios de funcionarios de menor rango, como los jueces de paz, que les quedan
subordinados. Ubicados en un nivel clave de las jerarquías política o
militar, estos individuos son candidatos "natos" para las listas de
electores o incluso, en una especie de cursus honoru.m, utilizan la
función como plataforma de lanzamiento para cargos políticos con
más expectativas. Un núcleo importante de los jefes políticos fueron
gobernadores, ministros, senadores, diputados, etcétera.
La tercera vía de cooptación consiste en avanzar y manipular las
modalidades adoptadas por la sociedad civil en construcción para
presentar y viabilizar sus demandas. La configuración de una cultura
de la presión que, más allá y más acá del sistema electoral crea la
demanda social, aparece como un espacio de convergencia y excluidos
del sistema político. Esta forma, que adquiere connotaciones muy
definidas en los espacios locales a través de los petitorios, las movilizaciones, las "cencerradas", los mítines55 se convierte en un lugar
nuevo donde vuelven a operar las facciones. Son llamativamente los
colonos de San Carlos los que en 1877 elaboran un petitorio manifestando su adhesión a la candidatura del coronel José Rodríguez:
"Ajenos como extranjeros y colonos a todo asunto que se cierna en
sentido político, manifestamos de la manera más imparcial que sería

M. Bonaudo y E. Sonz.ogni

la solución más acertada que pudiera hacerse en razón a los méritos
y servicios que dicho señor ha prestado a su país."56
La significación del manifiesto no sólo reside en la apelación a
una fórmula cotidiana para los colonos, como es el petitorio, sino que
fundamentalmente se halla en la articulación de las dos esferas dentro
de las cuales se hace la política: la del sistema electoral y la que se
halla fuera de él. Justamente estos "extranjeros y colonos" que no se
sienten incluidos en la primera van a abandonar la exclusión utilizando las herramientas que le son propias a su modo de hacer la política,
ingresando desde la segunda.57
En realidad, esa postura política colectiva preanuncia, de alguna
manera, la dinámica que va a caracterizar a la década de los ochenta,
cuando el debate social gire en tomo a cuestiones como la centralización, el espacio municipal, la secularización, que reformulan el
papel del ciudadano y, por ende, las formas de hacer política.
La descripción realizada hasta aquí reseñando la operatoria de
los mecanismos de cooptación vuelve a reaparecer en la instancia
comicial. En realidad, todas las previsiones que se han ido adoptando
en el curso de la campaña tienen como objetivo convertir al acto
eleccionario en una profecía autocumplida. La inscripción en el
registro cívico, la insaculación de los jueces, el acuartelamiento de los
votantes desde la víspera, el acto dela emisión del voto y el escrutinio
constituyen escenas eslabonadas de la subordinación del ciudadano
a los intereses de la dirigencia facciosa.
El comicio resulta así una condensación de protagonistas y tensiones: los candidatos facciosos, el electorado, las autoridades comiciales evalúan en ese momento la diferencial capacidad de cada una
de las facciones para la adquisición de electores. AJ mismo tiempo
muestra, entre los setenta y los ochenta, la consolidación de las redes
parentales que alimentan la facción autonomista, y que más allá de
sus propias fracturas, impide sistemáticamente la recuperación del
control del aparato estatal por parte de los liberales. Sin embargo, la
década de los ochenta en la que desaparecen dos de sus figuras
prominentes, Simón de Iriondoy Servando Bayo, va a abrir el camino
a un replanteo de las relaciones entre sociedad y Estado, entre
gobernantes y gobernados.

56 Archivo

54

Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 40, 2/9/1884.
55
M. Bonaudo, S. Cragnolino y E. Sonzogni, "Discusión en tomo...", op. cit.

100

Histórico Provincial, Fondo lturraspe, folio 188.

57 Esta perspectiva de exclusión se da en clave provincial o nacional, ya que a nivel

local los extranjeros tienen el derecho de voto comunal basta 1890.

101

�Redesparentalesy facciones

M. Bonaudoy E. Sonzogni

Hacia la reconsideración del papel del ciudadano.
Rosario y el Partido Constitucional

En realidad, la ciudad portuaria que fuera punto estratégico en
tiempos de la confederación, convirtiéndose más tarde en la principal
salida de la cada vez más importante producción agrícola, cuenta al
momento de aquellas reflexiones periodísticas con suficientes méritos
para requerir para sí la decisión de determinar quiénes deben ser sus
representantes. En tanto espacio municipal, ha logrado un crecimiento sin precedentes, tanto en lo referido a su población como a la
diversidad de sus actividades económicas y a la complejidad de las
funciones urbanas que le toca atender. En ella, se ha ido consolidando
una extendida capa social vinculada a los intereses mercantiles y
bancarios que tiene, como rasgos que la distinguen de la elite santafesina, la ausencia de una temprana residencia y la multiplicidad
étnica de sus pobladores, elemento este último que también caracteriza a sus sectores subalternos.
La indiferencia o marginación a que la somete la dirigencia de
Santa Fe lleva a Rosario, desde el propio inicio de su desarrollo, a
buscar en la articulación de alianzas por fuera de la provincia su
propia reivindicación y reconocimiento como espacio de poder politico. En tiempos de su institucionalización como ciudad, la entonces
elite rosarina acude a la influencia del presidente de la confederación
-Justo José de Urquiza- para obtener aquel rango. Los proyectos
sucesivos que se presentan en las cámaras proponiendo a Rosario
como capital de la república (y vetados también sucesivamente por el
ejecutivo nacional) han obligado a esa dirigencia a fortalecer contactos fuera de las fronteras provinciales. A esto se suma, ya en las
décadas de los setenta y de los ochenta, la cristalización del situacionismo iriondista cuyo modus operandi desalienta o directamente
ocluye la participación de la ascendente burguesía rosarina. Obviamente, este bloqueo va generando un clima de oposición que, desde
alguna perspectiva, se acopla al planteado por los liberales. Precisamente, el "partido" opositor tiene en Rosario los elementos que
hacen gala del más fuerte antagonismo al "gobierno de familia". Y,
transitados los primeros años de la década, el espectro opositor se
nutre en otro frente: el de las colonias agrícolas, que ven cercenada
su autonomía municipal ante el avance del gobierno provincial. Este
abanico de oposición va a adquirir una particulaf fisonomía política,
cuando, desde todos estos lugares, se converja en una propuesta
común: el Partido Constitucional.
El clima faccioso en el que se desenvuelve la politica electoral en
el país ha ido gestando demandas de revalorización del sufragio desde
los grupos disidentes coyunturalmente desplazados del poder. Así,

La complej ización de la realidad social en el transcurso de los ochenta
va a plantear la necesidad de redefinir, en la provincia de Santa Fe,
no sólo el problema de la representación, sino también el de la
legitimidad de los representantes. Su discusión se desarrolla en distint_as instancias y en diferentes realidades, cobrando especial significación ~n el mundo de las colonias y en el centro urbano que se ha
convertido en el polo del desarrollo provincial: la ciudad de Rosario.
Examina~ en el n:iarco de la puja facciosa el papel del espacio
~rb~no rosa~o, particularmente en la segunda mitad del siglo XIX,
significa en pnmer término recuperar para el análisis los mecanismos
a tra~~ d~ los cuales la elite capitalina en su búsqueda del poder
condicmno y bloqueó el acceso a él de estos nuevos actores que
e~?IDe~tan. un decidido proceso de ascenso social. En segundo
te~o, 1mplica una aproximación a aquel espacio, no ya volcada
~acta su propia interioridad, sino a su capacidad de articularse o
mterponerse con otros más abarcadores: provincia o nación. Rosario,
a diferencia de la ciudad capital, tiene un reconocimiento tardío de su
calidad de ciudad, aun cuando la sanción jurídico-administrativa anteceda a la del espacio municipal de Santa Fe. La construcción del
n:i~nkipio e~ tanto ámbito específico resulta así paralela a su integrac1on en los ruveles de representación provincial y nacional en el interior
de la pugna entre autonomistas y liberales por la hegemonía política.
La necesidad de la dirigencia santafesina de mantener bajo su
cont_rol los distintos niveles de representación, preservándose en tal
sentido de la potencial competencia procedente de esos nuevos actores, conduce a una estructura de representación que impone -a
escala departamental - unstaffde miembros pertenecientes o vinculados a las tradicionales redes parentales capitalinas. Esta continua
post~rgación de los rosarinos en las legislaturas, que se pone de
manifiesto en los candidatos correspondientes a sucesivas elecciones
a diputados va nutriendo la demanda. En 1883, La Capital bajo el
título de "Signos de decadencia", denuncia ante la elección'de convencionales: "Es por demás curioso verfigurar en la representación
del ~osario a los señores Iriondo, Reyna, Basabilbaso, Gálvez, etc.,
que tienen su domicilio en Santa Fe y que algunos de los cuales sólo
de nombre conocen el vecindario de esta ciudad." 58
58

l.A Capital, 20 de enero de 1883.

102

103

�Redes parentales y facciones

M Bonaudo y E. Sonzogni

por ejei:nplo, al final de la década de los sesenta, un grupo de intelectuales ligados a la facc~ón alsinista forman en Buenos Aires el Oub
Igualdad, en cuyo manifiesto se proclama la necesidad de

sociales: por una parte, grupos de jóvenes profesionales e intelectuales caracterizados como la "juventud ilustrada" que han abrazado la
alternativa del exilio en respuesta al clima oprobioso que vive la
provincia. No es ajena, entre las motivaciones que están detrás de
aquella decisión, su postura liberal frente a la cuestión religiosa que,
en 1884, se alza como tema principal - aunque ríspido- de la
controversia social. y con respecto al cual el gobierno santafesino
parece más proclive a defender -en la medida de sus fuerzas- las
posiciones clericales.
Asimismo, su experiencia fuera de las fronteras provinciales y más
concretamente en Buenos Aires, vincula a estos grupos con aquellos
integrantes del alsinismo responsables de la iniciativa de conformar
un partido programático y de principios, cuya influencia se advertirá
fácilmente en la propuesta que hagan al pueblo santafesino.61
Un segundo foco del euestionamiento procede de los grupos de
inmigrantes instalados en las colonias agrícolas santafesinas que
advierten con creciente preocupación el progresivo cercenamiento de
sus libertades municipales, lo que los insta a radicalizar sus expresiones y a buscar posibles aliados para la resolución de sus demandas.
Finalmente, la ya señalada postergación que sufre la pujante burguesía rosarina corre paralela a la marginación de sectores tradicionales
que militan en la facción liberal, y su predecible acercamiento genera
el tercer sujeto colectivo dispuesto a dar batalla al situacionismo.
No es entonces casual que la génesis del Partido Constitucional
se diera en Buenos Aires, donde estos "jóvenes ilustrados" crean el
Centro Santafesino, cuyo reglamento explicita su voluntad de "cooperar al progreso político y social de la provincia de Santa Fe"
comprometiéndose a "la organización popular de los ciudadanos de
Santa Fe a fin de que, por medios pacíficos y legales, ejerzan los
derechos políticos que acuerdan a los habitantes de la provincia las
constituciones nacional y provincial".
Ambos artículos que inician el reglamento hablan a las claras del
propósito militante de una intervención directa sobre la provincia,
aun pensado lejos de su territorio, estimulando la movilización ciudadana en dirección a lo que podría incluso suponerse un acto de
subversión: recuperar para sí el derecho constitucional del sufragio.

ll~var a cabo el ejercicio del de~e~ho electoral monopolizado hoy por
vmculos estrechos~ cuyo cumphffilento, al mismo tiempo de ser el más
sag~ad? para un crndadano, es el que más trascendencia tiene en las
repubh~ democráticas [... ] Progresaremos cuando los que nos dirijan
sean_ e!egidos por el pueblo y no por círculos pequeños que realizan sus
amb1c10nes bastardas por la intriga y el maquiavelismo.59
En los primeros años de los setenta, este mismo grupo, formando
parte de u_n nuevo club -Club 25 de mayo-, plantea un programa
que, ap~yan~ose e~ ~a reforma constitucional, toca aspectos clave de
la or~~ruz~c1ón polí_uca provincial: el imperio del sufragio popular, Ja
elecc1on d1:e_ct_a de Jueces de paz de ciudad y campaña, Ja autonomía
de los murnc1p1os, la descentralización administrativa la reforma del
poder judicial, etc.60 Dicha propuesta culminará en 1~ fundación del
Partido Republicano en 1877 y, aun cuando esta expresión política
fracasa, es un jalón en el intento de recuperar la figura del ciudadano
como fuente de legitimidad y de construir un sistema político sobre
la base de propuestas programáticas orgánicas.
. Si en la provincia de Buenos Aires los ensayos de una rectificación de las formas de hacer política electoral se dan en las décadas
apuntadas, Santa Fe debe esperar a los últimos años de la década del
s~t~nta Y principios de la siguiente para poder concretar un intento
SimJJ~r, c?ntextuado en una situación política que, a nivel nacional,
ha _cristalizado su unidad bajo la atenta supervisión de Roca. y tanto
a ~ste como a la oposición provincial preocupan, desde distintas
anstas, la progre~iv~ disolución política e institucional que está atrave~ando la provmcia. El caudillo máximo del Club del Pueblo ha
d~Jado la conducción del ejecutivo en manos de su cuñado el canómg~ Zavala, quien atien~e -en razón de su salud progresivamente
al VJcegobemador Cándido Pujato. Esta bicefalia institucional tiene
t~mbién_ su costado político, que tiende a originar y ahondar las
diferencias dentro de las propias filas del autonomismo. No obstante
la "familia" ~i~e manteniendo el control del aparato estatal.
'
La opos1c1on parece converger a partir de tres tipos de actores
5
~ Extraído de José C Chiaramonte,

61

Nacionalismo y liberalismo económico en

Arge'%na, Solar Hacheue, Buenos Aires, 1973, p.171.
/bid., pp.172y 173.

104

No sólo la propuesta convalida la filiación, sino también la adhesión concreta
que uno de los miembros del antiguo Partido Republicano, A C. Cambaceres, da a la
convención del Partido Constitucional; Convención del Partido ConstÍlucionaf, Buenos
Aires, 1885, Biblioteca Ernesto Tornquist, Política 277-17839, p. 36.

105

�Redes parentalesy facciones

M Bonaudoy E. Sonzogni

Al asumir un planteo político principista, el Centro Político
Santafesino se propone:

Santa Fe y Rosario son realmente "rivales" en la búsq~eda de ~a
hegemonía y el resto de las localidades les quedan subordmadas, sm
ediación de la estructura departamental. El otro elemento que
m
., •
aporta Ja primera sesión preparatoria de 1~ convenc1O~ tiene que ver
con los centros que envían convenciorustas. En pnmer lugar, se
destaca la presencia de extraprovinciales, el de Pa~~ná y e~ de Bue~os
Aires, y en segundo lugar, la desigual representac1on del area capitalina hacia el norte, ya que las delegaciones present~s son ~as de
Rosario Villa Constitución, Roldán, San Lorenzo, Jesus Mana, Esperanza'y Santa Fe. Las filas de las delegaciones están fundamentalmente nutridas por hombres procedentes de las redes parentales_que
militan en la facción liberal o de la burguesía rosarina.-~ ne~s1~ad
de evitar pujas instituye la instalación rotativa de la co~s1_on dir~ctiva
del partido. Sus bases de organización rep~oducen, casi sm _mod~caciones, los principios del Centro Santafesmo, en lo programat1co, y
en lo organizativo, crean una serie de instancias que, estrechamen~e
articuladas, presuponen la construcción de un consenso desde abaJO
hacia arriba. Desde esta perspectiva, los vecinos de cada departamento constituyen el club local y su respectiva comisión directiva; a su v~z,
cada departamento provee de un d~l~gado a la comisión ejecutiva
provincial. En el ámbito de las conus10nes d~p_arta~ent~les se encuentra la base de la primera instancia de part1c1pac1on directa ~n la
que los "correligionarios" son inscritos como mie~bros del partido Y
en donde toman sus decisiones en tomo a los candidatos para puestos
municipales y departamentales.
. .
El voto directo se sustituye por el mdirecto, a cargo de las
comisiones departamentales en el caso de las can~idaturas pa~a
elecciones generales.64 Evidentemente reaparece aqu1 la recurrenc1a
a interponer mediaciones entre los ciudada~os y s~s represent_antes,
lo que abre nuevamente el espacio a la mampulac1ón y a las alianzas
entre dirigentes.
De todas maneras, el aggiornamento que representa_esta fuerza
politica reside, tal como se expresa en el discurso ~el presidente d:,la
convención el doctor E. Zeballos, en la intención de alcanzar la
solidaridad de Ja familia política, la comunidad de los intereses, la palpitación uniforme de las aspiraciones y los designios recíprocos" en
definitiva en el intento - como lo planteaba Ovidio Lagos un año
antes- de' sentar sobre otras bases el pacto sOCI.al•65

l. El mantenimiento de la organización nacional, de la autonomía
provincial conforme a la Carta orgánica, mientras no sea reformada, y
la efectividad de los derechos de libre sufragio, de reunión, de petición
y de publicación por la prensa.
2. La realización de los grandes fines económicos y políticos de
nuestra Constitución nacional, especialmente en cuanto aJ mantenimiento de la paz interior, el aumento y mejora de puertos, muelles y
vías de comunicación, la protección a la inmigración, la libertad asegurada por una recta administración de justicia; la economía en los gastos
públicos por una honrada administración, la disminución y proporcionalidad en los impuestos; la amortización de los empréstitos, la uniformidad monetaria y un régimen bancario que repose en la convertibilidad de los billetes y asegure los beneficios del crédito a todas las
industrias[...]
4. La efectividad de'las garantías municipales por la autonómica
intervención de los vecindarios.62

Lo significativo del programa, especialmente en lo referido a la
declaración de principios, está dado por la incorporación de demandas económicas y políticas que los actores sociales que se comprometerán con el proyecto han ido expresando en distintos momentos,
particularmente la burguesía rosarina y los colonos del centro oeste. Resulta claro que desde la perspectiva de estos grupos es imprescindible
para concretar el mayor potencial del modelo de desarrollo -que no
entra en discusión - y de su propio papel dentro de él, el "ejercicio,
tranquilo pero firme y persistente de los derechos politicos."63
La organización, que no queda exenta de dificultades, se plasma
definitivamente en la convención del 16 al 18 de noviembre de 1884,
celebrada en la ciudad de Rosario. La estructura que el Partido
Constitucional pretende darse no se aleja de la tradición de los clubes
políticos, pero toma un dato de ella para garantizar la unidad de
acción. Divide a la provincia "en dos secciones, la de Santa Fe y la de
Rosario, que obrarán en cuanto fuera posible independientemente
con jurisdicción en los clubes a ella cercanos". La propuesta intenta
superar, indudablemente, la tensión entre ambas ciudades. Es en
realidad una resolución política que pone de manifiesto el conflicto:
62

EJ Mensajero, 4 de julio de 1883.

64

63 /bid.

Convención, op. cit.
,
65 "Las reformas de la Constitución entran en el orden del pacto comun, como le

106

107

�Redes parentales y facciones
En _los hechos, el proyecto debe enfrentar por un lado los gérmenes desmtegradores que operan en su interior y, por otro, la fuerte
resistencia que le ofrecen los grupos del oficialismo enquistados en el
aparato estatal. Más allá del discurso, algunos de los operadores de
vanguardia d~l Partido Constitucional, como es el propio ZebaIJos,
un verdadero mstrumento en las manos de Roca,66 terminan reinstalando la clave facciosa para construir su propia red clientelar: las
presiones sobre el comandante Rodríguez, las negociaciones con la
fracción "bayista" rosarina, los encuentros y desencuentros con los
sectores del Club del Pueblo que responden a Benjamín Virasoro
Cándido Pujato y Deolindo Muñoz se convierten en un boomerang e~
el momento en que Roca negocia el retiro de la candidatura de
Zeba!~os a 1~ gub~matura y privilegia la alianza ya pactada para la
elecc1on_ nacional. 7 Los acuerdos de cúpula, sumados a la negativa
correl~_c1ón de fuerzas en el espacio público provincial, explican la
reflexion desalentada de Camilo Aldao a Roca, con motivo de la no
presentación del Club Constitucional en las elecciones municipales
de Rosario, en diciembre de 1884:
Si. h~b~éramos cometido el disparate de presentamos a la plaza al
pnncipiarnuestra organización hubiéramos sido sacrificados inútilmente por 300 hombres a Remington y cerca de 2 000 traídos de todas partes
[...] lCómo es posible combatir legalmente contra el poder oficial

Uaman los con_stitucionalistas, para significar el resultado de la voluntad popular escrito
en cláusulas bien meditadas y discutidas, de manera que nose adquiera supremacía en
derecho con ventaja para los unos y con mengua para los otros.
existencia del gobierno propio comprende los términos precisos de elección
hbre Yd1recta Yrepresentación popular que nacen de los principios fundamentales que
aseguran la libertad, la igualdad, la propiedad de los derechos naturales del hombre"
La Cat,ital, 11 de enero de 1883.
'

. "La

La correspondencia privada del presidente muestra con meridiana claridad su
alto grado de involucra miento en el proyecto y el papel arbitral que juega con relación
a facciones e individuos.
67

Cfr. Archivo General de la Nación, Archivo Roca, carta de Camilo Aldao a
Roca, 20 de enero de 1884, leg. 36; carta de Eusebio Gómez a Roca, del 2 de enero de
1884, leg. 36; carta de E. Zeballos a Roca del 7 de febrero de 1884, leg. 41; carta de
Deolindo Muñoz a Roca del 14 de febrero de 1884, leg. 36; de Deolindo Muñoz a Roca
del 24 de febrero de 1884, leg. 36; de Gregorio Fúnes a Roca del 26 de febrero de 1884,
leg. 36; carta de Benjamín Virasoro a Roca, 17 de junio de 1884, leg. 38; de E. Zeballos
a Roca, 22 de mayo de 1884, leg. 38; E. Zeballos a Roca, 23 de mayo de 1884, leg. 38;
José Rodríguez a Roca, del 26 de mayo de 1884, leg. 38; de Nolasco Arias a Roca, del
31 de '.°~yo de 1884, leg. 38; de Camilo Aldao a Roca, del 8 de agosto de 1884, leg. 40;
de Ovid10 Lagos a Roca, del 2 de septiembre de 1884, leg. 40, e tcétera.

108

M Bonaudo y E. Sonzogni
teniendo a su frente al general Virasoro y al coronel Córdoba con sus
uniformes? [...] ¿ Y a usted mismo, como presidente honorario de este
centro?[...] Nuestros paisanos, general, necesitan hechos prácticos.68
El Constitucional prácticamente desaparece alrededor de 1886,
pero la crisis social y la crisis política de los noventa reabrirán -para
el proyecto y sus protagonistas- una nueva instancia en el marco de
la Unión Cívica, cuya primera convención - llamativamente reunida
en Rosario- congrega a varios de sus antiguos integrantes.69
Lo examinado hasta aquí permite seguir el proceso de construcción de un espacio público en el que, a través de ese .instrumento
político que es la facción, las familias de notables integran el espacio
privado y el espacio público; los ámbitos urbano y rural; y, por fin, las
tres dimensiones en las que interactúan sociedad y Estado: la local,
la provincial y la nacional.
En tal construcción las maneras de "hacer la política", contextuadas en el sistema electoral, revelan la capacidad de la práctica facciosa
para reproducir las jerarquías sociales en el sistema político. Pero al
mismo tiempo, alertan sobre las reformulaciones que en la década de
los ochenta esa misma sociedad está exigiendo. Esos reclamos provienen de actores sociales "incluidos subordinadamente" o de aquéllos que por su carácter de extranjeridad, resultaron excluidos de la
dimensión provincial o nacional. Las voces de unos y otros convergen
y recuperan como elemento esencial de su identidad al ciudadano,
considerado como "miembro activo" de la sociedad. Ello lleva implícito un intento de desenmascaramiento de la política, erradicando la
lógica facciosa y restaurando los derechos políticos a través de las
garantías electorales. En este proceso, el sistema electoral va adquiriendo centralidad, a medida que los actores comprenden que él
constituye la clave para incidir en las decisiones de poder y para
imponer sobre nuevos criterios de legitimidad la relación entre gobernantes y gobernados. Esa toma de conciencia se realiza a través
de una práctica que transita dentro y fuera del sistema: los ensayos
programáticos, como el Partido Constitucional, la reiterada recurrencia a la cultura de la presión, la discusión de la naturalización, etc.
Pero estas estrategias resultan, en defmitiva, insuficientes para vencer
68 Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 42, 14/l]Jl.884.
69

Es presidente de esa convención Juan E. Torrent, vicepresidente 2o. Mariano
Candioti y dos, de los cuatro secretarios, Agustín Landó y Lisandro de la Torre. La
Unión Cívica parece amalgamar, en ese momento, a mitristas, autonomistas y constitucionalistas que actuaran en las viejas lides santafesinas.

109

�Redes parentales y faccúmes

la "máquina". Quizás por eso, el manifiesto que en 1893 la junta
revolucionaria de la Unión Cívica Radical de Santa Fe lanza al
pueblo, reconociendo una nueva violación a la posibilidad de "verdaderas elecciones libres y legales", plantee como recurso último al que
se apela, la revolución:

Los artesanos del Cusco, la crisis
regi,onal y el régi,men republicano
(1824-1869)

La revolución no puede ser el remedio aplicable uniformemente a la
curación de los males que resultan del ejercicio deficiente e irregular de
las instituciones que un pueblo libre se haya dado; pero todo está
subvertido y es en vano intentardentro de la ley la reconquista de lo perdido.

Thomas Krüggeler

El sistema político, sostenido paralelamente a este sistema administrativo, puede condensarse en una frase: la supresión de todos los
derechos políticos que las leyes acuerdan a los ciudadanos.70

a historia del Cusco durante el siglo XIX, y particularmente la
historia de la ciudad del Cusco, ha recibido hasta ahora poca
atención de parte de los historiadores. Nos hemos dado por
satisfechos con algunas generalidades, sin investigar más profundamente la historia económica, social y política de la antigua ciudad
imperial.1 Dichas generalidades se refieren al aislamiento geográfico
y político, a la crisis económica y comercial de la región del Cusco y
al retroceso dramático de la población de la ciudad. La decadencia
del Cusco durante el siglo XIX es indiscutible. Con la apertura del
puerto de Buenos Aires en el contexto de las reformas borbónicas
durante las últimas décadas del siglo xvm, el Cusco perdió su posición
clave como centro del comercio con el alto Perú. Los bienes de
consumo, sobre todo textiles, que llegaron en grandes cantidades de

L

1

Museo Histórico Provincial, carpeta especial, 30 de julio de 1893-94, cuaderno
impreso ilustrado, p. 3.

El estudio más completo, aunque en ciertos pasajes muy descriptivo y con poco
análisis de fuentes primarias, es el de José Tamayo Herrera, lfütoria social &lt;kl Cusco
republicano, Editorial Universo, Lima, 2ª ed., 1981.

110

111

70

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

Gran Bretaña desde fines del virreinato al mercado del Cusco significaron una fuerte competencia para el sector manufacturero y fueron
un factor decisivo para el fracaso del sector textil de la región alrededor de 1840. Las destrucciones causadas por la guerra de Independencia y las guerras civiles durante las siguientes décadas contribuyeron también a la crisis de la región.
El Cusco no experimentó una transformación económica profunda durante las primeras décadas después de la independencia. La
ciudad estuvo aislada de los centros económicos del Perú y sufría una
grave crisis general. En comparación con el desarrollo de Arequipa
durante esta época, el Cusco parecía un pueblo soñoliento. Esta
descripción, sin embargo, pese a ajustarse a la realidad, es peligrosa
en tanto puede hacer suponer que el provincianismo del Cusco
impedía cambios sociales y económicos. Por eso en este artículo
queremos discutir no tanto la decadencia del Cusco y sus causas, sino
cómo funcionaba la economía de la ciudad en estas circunstancias de
crisis y cómo se desarrollaron algunas características de la vida social
cusqueña del siglo XIX.
Para acercanos a la vida económica y social del Cusco entre 1824
y 1869, nos concentraremos en el análisis del sector artesanal de la
ciudad. Los artesanos, aunque en general son ampliamente ignorados
por los historiadores, formaban un grupo social y económicamente
importante dentro de la sociedad cusqueña, al igual que en otras
sociedades urbanas. La diversificación de este sector, en términos de
ocupaciones artesanales, y su fuerza, en términos de números absolutos, son impresionantes en el Cusco del siglo XIX. Los artesanos no
eran solamente individuos pasivos, dirigidos por otros grupos sociales. En este sentido, la fundación de la Sociedad de Artesanos del
Cusco en 1870 la tenemos que interpretar como una reacción de los
artesanos frente al fracaso del sistema gremial y como un intento de
buscar una representación más eficiente en la sociedad cusqueña. La
Sociedad de Artesanos significó política e ideológicamente un cambio
profundo para los artesanos, cambio que no podemos tratar adecuadamente en un pequeño estudio. Por esta razón nos limitaremos aquí
a las cuatro primeras décadas del Cusco republicano.
Pero lquiénes son los artesanos del Cusco? lPodemos llamar
artesanos a los numerosos tejedores, costureras, hilanderas, cocineras, etc., o son artesanos solamente los sastres, zapateros, plateros, etc.,
ocupaciones para las que existía un sistema de aprendizaje y que tenían
sus gremios? El término "artesano", en su sentido más amplio, incluye a
todas las personas que producen algo con sus manos. Aquí, sin embargo,

nos limitaremos a los artesanos típicos de economías urbanas, es
decir, zapateros, herreros, carpinteros, etc. Estas ocupaciones tenían
gremios con sus sistemas de educación profesional y solamente sus
afiliados pagaban contribuciones de patentes. Pero en el Cusco en el
siglo XIX el problema es más complicado. Muchos pequeños sastres,
zapateros, etc., ejercían su ocupación fuera del sistema gremial. Ellos no
trabajaban exclusivamente como artesanos, no tenían oficiales y no
pagaban impuestos. Este grupo de artesanos urbanos tenía casi las
mismas características que los artesanos rurales (hilanderas, tejedores,
etc.). No obstante, vamos a considerar a este grupo, porque las fuentes,
muchas veces, no nos permiten distinguir entre un maestro zapatero
del centro de la ciudad y su pobre colega no organizado de la periferia
urbana. Además, estos pequeños artesanos mostraban un alto grado
de flexibilidad económica y permiten ver cómo reaccionaban frente
a la crisis económica algunos grupos de artesanos.
Los problemas que trataremos en este artículo son los siguientes.
En primer lugar, tenemos que preguntar en qué forma las importaciones de bienes de consumo influían en el sector artesanal y cómo
reaccionaba este sector frente a la competencia extranjera. En tanto
rechaza la noción de que las importaciones destruían la economía de
los artesanos urbanos del Cusco, nos interesa la vida interna de los
talleres. lCómo eran las relaciones entre maestros, oficiales y aprendices y ele qué manera la crisis económica afectaba estas relaciones?
Otro punto central de este estudio es la historia de los gremios
durante la primera mitad del siglo XIX lPor qué seguía siendo el
sistema gremial después de la independencia un sistema que era
considerado parte integral de la sociedad colonial? lQué cambios
sufrió el sistema gremial después de 1824? Finalmente, tenemos que
preguntamos qué posición tenían los artesanos en la jerarquía de la
sociedad cusqueña y de qué forma participaban en la política de la
ciudad. lConcedía el Cusco republicano más prestigio social a los
artesanos que el colonial? Una respuesta a estas preguntas requiere
la unión de los factores que determinaban la posición social de los
artesanos y que influían en las posibilidades de emancipación política.
Veremos, además, que si bien nuestro objetivo es la economía y
la vida social de un grupo crítico del Cusco en las décadas posteriores
a la independencia, veremos que el estudio de los vínculos económicos reales de los artesanos puede permitir que nos formemos una idea
un poco más general del Cusco entre 1824-1869.

112

113

�I
Los artesanos del Cu.seo

Thomas Krüggeler

La estructura del sector artesanal

todo algunas profesiones del sector textil (frazaderos, pelloneros,
etc.), que eran dominadas por artesanos indígenas. Los gremios de
indígenas eran instituciones administrativas que tenían sus orígenes
en la época colonial. Los miembros de estos gremios no pertenecían
a ningún ayllu y no se encontraban bajo el control de un cacique, sino
que gozaban de un cierto grado de independencia dentro de la
población indígena urbana. Parece que las funciones de los gremios
indígenas, a diferencia de las que cumplían los gremios de mestizos,
se limitaban casi exclusivamente a lo referido a las obligaciones
fiscales, porque los únicos documentos que hemos encontrado sobre
estas instituciones tratan de la contribución de indígenas. Durante la
época colonial, en cambio, los gremios de artesanos indígenas eran
instituciones mucho más activas, como lo prueban las fuentes y la
información que nos ha presentado Gutiérrez.2
En términos numéricos los gremios de mestizos eran mucho más
grandes que los de indígenas. Así la matrícula de patentes de 1839
para este sector contiene 289 maestros artesanos organizados, sin
mencionar la respectiva cantidad de oficiales y aprendices. Pero
sabemos que los maestros artesanos empleaban en esa época en
promedio a dos oficiales (véase infra, pp. 133 y ss). Esto significa que
había 867 mestizos artesanos en la ciudad en 1839. La matrícula de
indígenas de 1836, fuente del cuadro 1, registra solamente a 139 socios
de todos los gremios. Esta fuente no distingue entre los grados de
profesionalización porque todos los artesanos indígenas, tanto maestros como oficiales, tenían que pagar la contribución de indígenas.
Como para todos los maestros de talleres era obligatorio ser
miembros de sus respectivos gremios por la Ley de patentes de 1829,
Ycomo les estaba prohibido a los oficiales abrir sus propios establecimientos,3 tendríamos que suponer que en el Cusco del año 1839
había aproximadamente 1 000 artesanos de varios oficios y razas,
como lo indican las diferentes matrículas presentadas. Sin embargo,
los datos del manuscrito del censo de 1862, que presentamos a
continuación, van a probar que esta aproximación es muy incompleta
Yque la realidad de los años treinta era otra.
El censo de 1862 nos presenta 2 286 artesanos en 47 diferentes
profesiones en la ciudad del Cusco.4 Según estas cifras, el 18% de la

En la ciudad del Cusco los artesanos formaban un grupo económico
muy complejo y diversificado. Para presentar adecuadamente las
estructuras del sector artesanal, tenemos que distinguir entre su
estructura horizontal y verificar que su estructura horizontal significa,
en este contexto, la importancia del sector en términos de números
absolutos y su diversificación profesional. La diferenciación entre
artesanos ricos y pobres, entre artesanos de varias razas, entre profesionales con mayor o menor prestigio social, etc., atañe a la estructura
vertical del sector artesanal. Aquí empezamos con los aspectos horizontales, que van a mostramos la posición central que tenían los
artesanos dentro de la economía urbana. La estructura vertical la
analizaremos más adelante, cuando tratemos la posición social de los
artesanos en la sociedad cusqueña.
El cuadro 1 nos presenta la cantidad y variedad de gremios que
existían en el Cusco en la segunda mitad de los años treinta del siglo
pasado y nos indica que había 16 gremios de indios y veinte gremios
de mestizos artesanos. Para 9 profesiones artesanales (columna 1)
existían gremios de indios y mestizos paralelamente, mientras que
otros oficios parecían estar controlados sólo por unos u otros, sobre
CUADROl
GREMIOS ARTESANALES EN EL CUsco ( 1836-1839)

Gremios de
indios y gremios
de mestizos

Gremios de
mestizos

Gremios de
indios

Alfareros
Alfareros
Carpinteros
Curtidores
Panaderos
Plateros
Sastres
Sombrereros
Zapateros

Bordadores
Botoneros
Carniceros
Franjeros
Heladeros
Herreros
Hojalateros
Peluqueros
Pintores
Relojeros
Talabarteros

Chocolateros
F.scultores
Falceros
Frazaderos
Pelloneros
Tocuyeros
Veleros

.,

FuENTI:.S: Archivo Departamental del Cusco, Administración del Tesoro Público
(ADC.ATI'}; Libro estracto de matrículas de indígenas del Cercado, 1836; Matrícula de
patentes de l Cuzco, 1839.

114

2

Véase Ramón Gutiérrez, "Notas sobre organización artesanal en el Cusco
durante la colonia",//istórica, vol 111, núm. l, 1979, pp. 1-15.
3
Véase la Ley de Patentes de 10 de agosto de 1826 en Emilio Dancuart y José M.
Rodríguez, Anales de la hacienda pública del Perú. Jflstoria y legislación fiscal de la
l?púb/ica, 10 tomos, Lima, 1902-1908, tomo 1, p. 276.

115

�Thomas Klüggeler

Los artesanos del Cu.seo •
población económicamente activa estaba formado por artesanos.
Esta impresionante cantidad es aún más sorprendente si tenemos en
cuenta el descenso de la población urbana entre los años treinta y los
años sesenta así como la crisis económica que se agudizó durante este
tiempo.5 Por eso nos parece muy improbable que la cantidad de
artesanos creciera entre los años treinta y 1862. Mucho más probable
es que en los treinta, a pesar de las restricciones jurídicas, existieran
también numerosos artesanos fuera del sistema gremial. El censo de
1862 es el primer documento que nos muestra el sector artesanal del
Cusco en su verdadera amplitud y diversificación.
lCómo podemos explicar esta significativa presencia del sector
artesanal en una época de profunda crisis económica y la gran diferencia entre artesanos organizados y no organizados? Primero, parece muy probable que una cierta cantidad de oficiales trabajara clandestinamente en sus propios talleres sin tener una licencia de la
municipalidad y sin asociación con sus respectivos gremios. Segundo,
había muchos oficiales sin empleo permanente, los mismos que no
aparecen en ninguna matrícula, pero que son mencionados en el
censo. Tercero, había una gran cantidad de artesanos que probablemente ejercieron el oficio sin previo examen profesional y cuyos
establecimientos eran tan pequeños y sus ingresos tan bajos que ni el
Estado ni los gremios tenían interés en integrarlos a sus estructuras
de organización. Cuarto, muchas personas que aparecen en el censo
como artesanos eran exclusivamente vendedores pero no productores
de artículos artesanales y nunca pertenecieron a un gremio. Este
fenómeno era particularmente común entre panaderos y carniceros,
por ejemplo. Así, muchas mujeres se llamaban panaderas porque
vendían pan, pero el número de quienes producían este artículo de
primera necesidad y pertenecían al gremio de los panaderos era
mucho más limitado.
El factor más importante para explicar la gran cantidad de artesanos en el censo de 1862 es, probablemente, que en este documento
aparecen cientos de personas que trabajaban solamente de vez en
cuando como artesanos y que tenían otras fuentes de ingreso aparte
de sus actividades artesanales. Muchos pequeños zapateros, püf
4

ADC, Documentos de la Dirección, "República del Perú, censo general de la
provincia del cercado del departamento del Cusco, año de 1862", libro 19. Hemos
excluido aquí en todos los cálculos con base en este censo las parroquias rurales de San
Gerónimo y San Sebastián.
s Un resumen de desarrollo demográfico del Cusco presenta Tamayo Herrera,
op. cit., pp. 34-36.

116

ejemplo, no tenían licencias profesionales, sino que trabajaban tempüralmente en sus casas y ganaban una cierta cantidad de dinero para
contribuir a la subsistencia de la familia. Otras familias tenían sus
tiendas o sus chicherías y, sin embargo, el cabeza de familia se declaró
carpintero o curtidor, porque poseía ciertos conocimientos de un
oficio y trabajaba temporalmente para un maestro o por su propia
cuenta. La flexibilidad económica que se manifiesta en esta diversificación de actividades la vamos a analizar en el contexto de la economía de los artesanos.

Los gremios: herencias coloniales
e instrumentos del Estado republicano

En las ciudades preindustriales de Europa, el sistema gremial era
teóricamente favorable tanto para los artesanos como para la administración pública. Los artesanos organizados en gremios recibían el
monopolio de la elaboración de sus productos y podían, en colaboración con las autoridades municipales, determinar los precios. Los
gremios tenían sus sistemas internos de aprendizaje, fijaban las calificaciones necesarias para obtener el título de maestro y mantenían
un sistema de apoyo mutuo. La administración pública protegía a los
artesanos de la competencia de talleres no organizados. Para las
municipalidades, este sistema tenía la ventaja de que gremios hasta
cierto punto controlados por el municipio garantizaban el abastecimiento de la población con productos de primera necesidad; además,
la administración pública podía controlar con más fa. ilidad la calidad
y los precios de la producción artesanal. El caso de los panaderos nos
muestra la importancia que tenía este aspecto para la administración
pública. El control del peso, el precio y la calidad del pan era muy
importante para mantener el orden público y para evitar protestas de
las clases populares, sobre todo en épocas de crisis.6 Por otra parte, a
cambio de recibir el monopolio dentro de su rama de protección, los
gremios eran responsables, ante las municipalidades, de la educación
de aprendices y del manteninúento de un alto nivel profesional dentro
de sus oficios.
Bajo este sistema de cooperación entre la administración pública
6

El control del Estado sobre el gremio de los panaderos de Lima a fines de la
colonia es presentado por Alberto Flores Galindo,Aristocracia y plebe, Lima 1760-1830,

Mosca Azul, Lima 1984,pp.165-168.

117

�Los artesanos del Cusco
y los gremios, propio de la edad media pero vigente en algunos casos
hasta el siglo XIX, los artesanos formaron un grupo económica y
políticamente muy poderoso en muchas ciudades europeas; los maestros artesanos, por lo demás, tenían un alto prestigio social. En los
siglos XVJy XVII, cuando los españoles trasplantaron el sistema gremial
a América Latina, en ninguna ciudad Jo llevaron a un nivel tan
pronunciado como en España misma.
La razón más importante para explicar el fracaso del sistema
gremial en las colonias españolas es que las ciudades americanas
tenían una estructura económica muy diferente a las europeas. Eran,
en primer lugar, ciudades de consumo y no de producción, porque las
ciudades coloniales consumían productos importados y productos de
su hinterland en cantidades mayores a las de su propia producción.7
Esto significa que las estructuras económicas de las ciudades coloniales no ofrecían el espacio económico y social necesario para establecer
un poderoso sistema gremial. Además, la gran mayoría de los artesanos eran mestizos e indios, mientras que los españoles y criollos eran
activos en los sectores del comercio y la agricultura y rechazaban el
trabajo manual por considerarlo inferior. En consecuencia, los artesanos y sus organizaciones estaban socialmente separados de las
clases altas urbanas, las cuales les negaron la participación política.
Los gremios coloniales de la ciudad del Cusca no eran una
excepción del esquema presentado arriba. En la ciudad imperial
había pocos gremios y pocos maestros organizados durante el virreinato. Con excepción de los plateros, los artesanos tenían un bajo
prestigio social y su poder político era casi inexistente. Sin embargo,
Gutiérrez nos ha demostrado que, con las reformas borbónicas, en el
Cusco se dio una fuerte tendencia hacia una institucionalización de
los gremios. Las razones de esta tendencia las encuentra el autor en
los esfuerzos políticos para reorganizar el virreinato y facilitar la
cobranza de los impuestos.8
Después de la independencia, el Estado continuó e intensificó
esta política borbónica. Las fuentes prueban que durante las primeras
décadas de la república existían en el Cusco más gremios que en
cualquier momento de la época colonial y con un mayor número de
9
socios. Los maestros artesanos tenían que organizarse en gremios

Thomas Krüggeler
por ley, porque el Estado cobraba las contribuciones de patentes (o
de industrias) mediante estas instituciones. La falta de una adecuada
administración fiscal forzó al Estado a utilizar los gremios como
instrumentos fiscales. Ésta es la razón principal por la que en el Perú
los gremios sobrevivieron mientras que en otros países, en México por
ejemplo, fueron suprimidos inmediatamente después de la independencia por su vinculación con el odioso régimen colonial y sus
contradicciones con el liberalismo del siglo XIX. 10
El uso de los gremios por el Estado republicano cambió profundamente las características y funciones de estas instituciones, porque
los gobiernos, por un lado, forzaban a los artesanos a organizarse
para facilitar la cobranza de impuestos, pero, por otro lado, los privó
de casi todos los privilegios que caracterizaba al intercambio entre
Estado y gremios durante el virreinato. Desde el punto de vista del
Estado, los privilegios formaban parte de la economía colonial y
contradecían a la libertad de industria anunciada por los gobiernos
republicanos. Entonces, el espacio para los gremios como instituciones económicas era muy estrecho, marcado por sus obligaciones
fiscales frente al Estado y la ideología que se escondía bajo el lema
"libertad de industrias". Gremios que funcionaban como instituciones del Estado, pero sin privilegios para los artesanos asociados, ya
no eran organizaciones que pudieran defender los intereses de los
socios. Consecuentemente, durante las primeras décadas de la república los gremios fueron concebidos por los artesa~os como instituciones forzosas.
Veamos algunos ejemplos que aclaran la relación entre gremios
y Estado después de la independencia. Los contratos estatales para
la producción de uniformes para el ejército constituían una importante fuente de trabajo para los sastres del Cusco pero, por la adjudicación de estos contratos, el Estado pasó por alto las funciones distributivas de los gremios y se orientó exclusivamente a las ofertas de
maestros individuales. En una carta al prefecto del 5 de enero de 1830,
cinco maestros sastres se quejaron de la injusticia en la distribución
de dichos contratos.
Se dice en el documento:

9

Véase Richard KonelZke, Las orde11a11ms de los gremios como documemos para
la his1oria social hispanoamerica11a d11ra111e la época colonial, Madrid, 1949, pp. 481-524,
(F,stuf ios de I Iistoria Social de España, núm. 1.)
Véase Gutiérrez, op. cil., pp. 5-6.

Véase cuadro 1 de este artículo en comparación con los dalos presentados por
Gutiérrez, op. cit.
10
Un estudio muy interesante sobre los gremios de México, sobre todo durante
la colonia, es Manuel Carrera S1ampa, Los gremios 1ne,xicanos. La organimción gremial
en Nueva España, 1521-1861, M'éxico, 1954.

118

119

7

�Los artesanos del Cusco
Señor prefecto:
Que ha llegado a nuestra noticia, se va a aumentar los 1 000
vestuarios más de munición, por lo que se han presentado solicitando
dichos vestuarios solamente los maestros Romua)do González, Vicente
Acosta y ~e Urbano Bustamante, quienes siempre han singularizado por
lograr pnvadamente, y hacen el mal uso del monopolio, abarcando entre
ellos, cuanto hay por trabajar, segregando a los que somos más servidores
y que juntamente carecemos del pan para socorrer nuestra pobre familia.
Para evitar más conflictos entre los sastres, los autores de la carta
pidie~on la distribución justa de los contratos estatales "por lo que
ocurnmos a la recta que usted administra como tan amante a la
justicia, para que como pauta nos distribuya a todos por iguales
partes, como padre de la república, a sus hijos que no tienen más así
lo que hacer presente por este recurso a su injustificada protección".11
. Este enfren~amiento entre el corporativismo de los sastres y la
libr_e eompetencia postulada por el Estado prueba que los primeros
teman pro?le_mas para acostumbrarse a este nuevo sistema y pidieron
el reconoc1m1ento de su organización corporativista. Es curioso que
los maestros sastres se acordaran de su gremio siempre que la libre
competencia les parecía desfavorable. En 1836, V. Acosta, F. González_y N. Mon~erola, los maestros acusados en la carta presentada
arnba, s~ queJaron del maestro Bruno BoJívar. Según ellos, Bolívar
monopolizaba los contratos estatales y los tres maestros explicaron a
fa prefectura que esto tiene "graves perjuicios a todos los nuestros y
los demás operarios que componen el gremio"_ 12
Estas y otras peticiones de los sastres cayeron en saco roto. El
Estado continuó durante las siguentes décadas con su sistema de libre
c~mpetencia e ignoró en este aspecto la existencia de los gremios,
mientras las organizaciones artesanales se mostraban impotentes
para obtener reconocimiento.
En 1846, el prefecto del Cusco, José Miguel Medina, presentó un
nuevo reglamento de artesanos para el Cusco, mediante el cual se
proponía, entre otras cosas, reorganrzar los mecanismos de elecciones
de ~epresentantes de los gremios y reglamentar las obligaciones de
los Jefes ~e- talleres. 13 No era la intención de Medina apoyar el espíritu
corporat1v1sta de los artesanos. El objetivo del nuevo reglamento era
11
12

13

ADC, All'/Asuntos Contenciosos (Ac), leg. 77 (1829-1830).
ADC, ATP/AC, leg. 82 (1836-1837).

Biblioteca Nacional (BN), Reglamento de artesanos, Cuzco 1847, Colección de
Volantes 1859.

120

Thomas Krüggeler
utilizar las estructuras administrativas de los gremios para aumentar
el control municipal sobre los talleres artesanales. Pero el gobierno
de Lima no aceptó algunos puntos de la propuesta del prefecto. Los
artículos 11 y 12 de la propuesta original de la prefectura, que
ordenaban a los maestros artesanos informar a la intendencia de
policía sobre el traslado de sus talleres de un local a otro y presentar,
también a la policía, a nuevos aprendices, fueron rechazados por el
gobierno utilizando el argumento de que estos artículos eran "contrarios a la libertad de industria".
La idea del Estado de utilizar a los gremios como instituciones
fiscales tuvo en la práctica poco éxito. Hemos calculado que, entre
1830 y 1851, los cusqueños ( artesanos, comerciantes y profesionales
liberales) que tenían que pagar contribución de patentes, en realidad
pagaban solamente, en conjunto, 22.5% de la suma reclamada por la
Tesorería Fiscal.14 Las amenazas del Estado de cobrar el doble a los
contribuyentes que no pagan sus impuestos o de quitarles su licencia
profesional eran infructuosas. No hemos encontrado ni un solo caso
en el cual la falta de disciplina tuviera graves consecuencias para los
contribuyentes cusqueños. La tesorería fiscal del Cusco era demasiado débil para cumplir sus amenazas y las órdenes que llegaban de
Lima. Los gremios, por su parte, entendían sus obligaciones fiscales
como una carga forzada y tenían poco interés en imponer una disciplina fiscal a sus miembros, sobre todo porque el Estado no hacía casi
nada para satisfacer las demandas gremiales.
La conservación del sistema gremial en el siglo xrx era entonces
un fracaso para ambos lados. Para los artesanos, los gremios significaban más control estatal y menos reconocimiento de sus funciones
corporativistas. Para el Estado, los gremios se mostraban como organizaciones inapropiadas para cumplir funciones fiscales.
La última matrícula de patentes para el Cusco, antes de los años
setenta, es de 1851, porque con la reforma fiscal de Echenique en
1851-1852 quedó suprimida la obligación de cobrar contribuciones a
los artesanos del Cusco. 15 Con el aumento de sus ingresos por la venta
del guano, el Estado renunció a los impuestos relativamente insignificantes de los pobres artesanos de provincias. Para los gremios, esta
reforma sígnificó la p érdida de su función central; la cobranza de
14
Véase Thomas Krüggeler, "Sozial- und Wirtschaftsgeschichte des stadtischen
Handwerks: Cusco, Peru (1820-1880)", tesis de maestría, Universidad de Bielefeld,

RFA, 1987, cap. 111.
15

Véase "Ley exonerando del pago a los indus1riales que obtengan menos de 200

pesos de utilidad anual" del 5 de julio de 1851, en Dancuart, op. cit., t. 5, p. 95.

121

�Los artesanos del Cusco
impuestos. Consecuentemente, los gremios desaparecieron de la vida
pública del Cusco a partir de esta f~cha. Sin el reconocimiento como
insti~ciones corporativas no tenían suficiente sustancia para seguir
funcionando en un mundo económico que se entregó más y más al
libre comercio y al liberalismo, conceptos hostiles al sistema gremial.
Algunos gremios artesanales reaparecen en los años setenta y ochenta
del siglo pasado, cuando la Sociedad de Artesanos hacía un esfuerzo
para reorganizar a los artesanos del Cusco. Pero los gremios de fines
del siglo XIX eran instituciones de ayuda mutua, sin aspiraciones
corpora tivistas.

17wmas Krüggeler
CUADRO 2. IMPORTACIONES POR ISLAY (1844)

Textiles de algodón
Textiles de lana
Textiles de seda
Textiles de lino
Vinos y licores
Artículos diversos

25.5%ª
32.8
10.3
1.0

2.3
28.1

ª Los números absolutos que ofrece la fuente los presentamos en porcentajes.
FuENrE: Alberto Aores Galindo,Arequipa y el surandino, siglos XVIII-XX, Editorial
Horiwnte, Lima, 1977, p. 65.

La economía de los artesanos

El sector textil, es decir los obrajes y chorrillos de la región de Cusco,
sufrió bastante con la competencia de los textiles británicos que
inundaron los mercados del sur del Perú a partir del siglo XIX. Pero
tenemos que distinguir claramente entre los productores de textiles,
que en su mayoría estaban localizados en el campo, y los artesanos
urbanos. 16 En el caso de estos últimos, el impacto que les causaban
las importaciones de productos manufactureros dependía sobre todo
de dos factores: de la cantidad y variedad de productos extranjeros
accesibles en los mercados de la región y de la capacidad de los
mercados para absorber estos productos.
Sabemos que durante los primeros años después de la independencia, el 95% de las importaciones peruanas eran textiles y que
la composición de las importaciones se diversificó en los años treinta
y cuarenta. 17 Según Flores Galindo, las importaciones que entraron
al sur del país en 1844 mediante el puerto de Islay tuvieron la siguiente
composición:

16

Un estudio que analiza los efectos de los textiles británicos en el mercado del
Cusco durante las primeras décadas de la república es el de llcraclio Bonilla, Lía del
Río YPilar Ortiz de Zevallos, "Comercio libre y crisis de la economía andina: el caso
del Cuzco", lTtstórica, vol. H, núm. J, 1978, pp. 1-25. Aunque el artículo contiene
aspectos interesantes, creemos que los autores dan demasiada importancia a las
importaciones y no analizan suficientemente otros factores que causaron la crisis del
Cusco al comienw de la república.
J7 Bonilla, op. cit., p. 3.

122

Productos como perfumes, herramientas, joyas, etc. formaban
parte, entonces, del 28.1 % de todas las importaciones al sur andino
en este año. No hay duda que estos productos también aparecían
en el mercado de la ciudad del Cusca. En periódicos locales de la
década del cuarenta encontramos frecuentemente avisos en los
cuales los comerciantes ofrecen "perfumes de París" o "tela fina
de Alemania" y otros productos de Europa. 18 Muchos viajeros
extranjeros también cuentan qué productos importados había en
el Cusco durante la primera mitad del siglo XIX. 19 Pero estos
viajeros hablan también de la pobreza de la población, de la clase
alta disminuida y del aislamiento de la ciudad imperial. Este último
aspecto nos parece importante, porque el aislamiento del Cusco y
la falta de caminos hacían que los precios de las importaciones
subieran considerablemente hasta que llegaban al mercado de la
ciudad. La cantidad limitada de productos no textiles del extranjero en el mercado del Cusca, sus altos precios a consecuencia de las
dificultades del transporte y la limitada capacidad del mercado de
la ciudad para consumir estos productos nos indican que, a pesar
de la presencia de importaciones en el Cusco, había un cierto
espacio económico para los productores locales. Dicho de otro
wodo, los productos extranjeros no causaron la quiebra total del
sector artesanal del Cusco y numerosos herreros, zapateros, joye18

El Dcmocráta America110. Pcri6dico político, literario y merca11til, 4 de junio de
1847, año J, núm. 81, Universidad Nacional San Antonio Abad Cusco, Hemeroteca
(UNSAAc,H).
l9yéase, como un eJemplo,
.
el texto de Paul Marcoy (1846) en Raúl Porras
Barrenechea,Anrología del C11zco, Librería Internacional del Perú, Lima, 1961, pp.
232-252.

123

�Los artesanos del Cusca
ros, etc., continuaron produciendo y vendiendo sus productos en la
ciudad y la región del Cusco durante el siglo XIX.
Es muy difícil presentar datos exactos sobre los ingresos anuales
de los artesanos y sobre su poder económico. Los ingresos inscritos
en las matrículas de patentes, que forman la base para el cuadro 3,
nos parecen en muchos casos poco confiables, porque los artesanos,
cuando declaraban sus ingresos al maestro mayor del gremio y al
apoderado fiscal, probablemente presentaban números falsos para
evitar el pago de impuestos elevados. En el caso de los sastres, por
ejemplo, los contratos por montos considerables que firmaban
algunos maestros con el Ministerio de Guerra para confeccionar
uniformes para el ejército, no guardaban ninguna relación con sus
reducidos ingresos que aparecen en las respectivas matrículas (véanse infra, pp. 133 y ss).
Esto hace que tengamos que interpretar las cifras del cuadro 3
con mucho cuidado, aunque, a pesar de la inexactitud de éstas,
creemos que el cuadro nos muestra la estructura del ingreso de los
artesanos en una forma aproximada. Es evidente que la mayoría de
los maestros artesanos tenía un ingreso anual muy bajo (150 pesos o
menos), mientras que los artesanos ricos (300 pesos o más) formaban
una pequeña minoría. Los ricos eran algunos sastres, herreros y
carpinteros que constituían casos excepcionales dentro de sus respectivos gremios, así come entre los artesanos en general. Veamo~ un
ejemplo: en 1850 un solo herrero tenía un ingreso anual de 350 pesos,
mientras que los otros 16 socios de su gremio declararon ingresos de
100 pesos. No había gremios especialmente prósperos, sino solamente algunos maestros de pocos oficios que formaban la elite de los
artesanos cusqueños.
La tendencia que presenta el cuadro 3, pese a la inexactitud de
sus cifras, nos parece clara. El grupo pobre de los artesanos credó
significativamente entre 1832 y 1851. Mientras que en 1832, 56.8% de
los artesanos pertenecía al grupo A del cuadro; esta cifra creció a
87.4% en 1847. El retroceso de esta cifra a 77% en 1851 y las
fluctuaciones entre los años las podemos explicar más por problemas
en la renovación de las matrículas que por coyunturas económicas. El
poco cuidado que se ponía en las renovaciones de las matrículas, tanto
por los apoderados fiscales como por los artesanos, explica también
la gran fluctuación dentro del grupo C (38 maestros en 1833 frente a
2 en 1847). Los maestros intentaban por supuesto escapar al pago de
altos impuestos y entonces declaraban ingresos tan bajos como les
fuera posible o quizá sobornaban a los apoderados fiscales cuando

124

Thomas Krüggeler
sus ingresos declarados parecían sospechosamente bajos. El número
de maestros del grupo C dependía entonces, hasta cierto punto, de la
disciplina y responsabilidad del apoderado fiscal. Otras fuentes, corno
cuentas y testamentos que hemos consultado, nos indican que en la
década del cuarenta había por lo menos 25 artesanos de diferentes
profesiones con un ingreso anual significativamente más alto que 300
pesos. Esto significa que, en realidad, aproximadamente 10% de los
artesanos organizados en gremios perteneció al grupo C del cuadro 3.
No había ocupaciones artesanales en el Cusco que ofrecieran
prosperidad a todos sus maestros, pero podemos i~entificar ciertos
gremios en los cuales todos los maestros eran especialmente pobres.
Después de 1841 ningún maestro de los gremios de alfareros, altareros, barberos, botoneros, curtidores, franjeros, pintores y zapateros
apareee en el grupo B o C del cuadro 3. La situación económica de
los altareros, botoneros y pintores era tan grave que el subprefecto
del Cercado del Cusco y el apoderado fiscal excluyeron en 1847 a estos
gremios de la matrícula de patentes. En el caso de los pintores
decidieron

que no tenían ni cincuenta pesos de entrada al año y atendido a que _por
la miseria en que están sumidos, han buscado otra clase de especulación;
han quedado excluidos de la matrícula, por uniforme consentimiento de
la junta, la que se disolvió firmando esta acta.20
No podemos vincular directamente la pobreza de gran parte de
los artesanos del Cusco con los efectos del comercio libre en la
economía de la ciudad. Los barberos y panaderos, por ejemplo, cuyos
trabajos no se vieron afectados por ninguna competencia.del extranjero, pertenecieron siempre al grupo más pobre de los artesano_s,
mientras los sastres y herreros, que se enfrentaban a la competencia
extranjera (ropa y herramientas británicas, etc.), como es dable suponer, tenían siempre en sus gremios por lo menos a algunos maestros
relativamente prósperos. Las causas de la miseria de lo_s artesanos_ ~n
el siglo XIX tenemos que buscarlas más en la decade~c1a de la re~10n
que en el contexto del comercio libre.21 Las importac10nes extran1eras
20 ADC, All',

Libro de matrícula de patentes del Cuzco, 1847.

.

21 F.sta interpretación es similar a la que encontramos en Alberto Rores Gahndo,

Arequipa y el sur andino, siglos XVIJ•XX, Editorial Horizonte, lima, 19n, p. 53. Véa_se
también la interpretación contemporánea de Juan Bustamante, Apuntes_y_observac10nes civiles, políticasy religiosas con las rw1icias adquiridas en este segundo via¡e a Europa,
París, 1849, p. 31.

125

�CUADRO 3. INGRESO ANUAL DE MAESTROS ARTESANOS (1832-1851)

Años
Ingreso
(en pesos)
Grupo A
150 o menos
Grupo B
151-299
Grupo e
300 o más

1832
total

117

76

A,los

-Grupo A

150 o menos
Grupo B
151-299
Grupo e
300 o más

%
56.8

36.9

13
206

Ingresos
(en pesos)

1833

6.3
100

1838

total

1839

1841

'.

1844

%

total

%

total

%

total

%

total

%

131

61.5

220

84.6

204

70.6

177

64.1

161

84.3

44

20.7

35

13.5

80

27.7

93

33.7

27

14.1

17.8

5

1.9

5

1.7

6

2.2

3

1.6

38

213 100

1846

1847

~100

1848

28910()

276"1oo

191WO-

1849

1850

1851

total

%

total

%

total

%

total

%

total

185

83.7

180

87.4

210

82.7

201

78.5

226

31

14.0

24

11.6

36

14.2

44

17.2

48

5

2.3

2

1.0

8

3.1

11

4.3

12

221

~

206

256 10()

286

}O()

2541oo

total

%

211

77.0

16.8

48

17.5

4.2

15

5.5

%
79.0

100

274 lO()

FUENTES: ADC, Libros de Matrículas de Patentes del Cusco, 1839, 1841, 1844, 1846-1851. Las otras matrículas se encuentran en los siguientes
legajos de la Administración del Tesoro Público: 1832: Tributación, leg. 68, 1831-1849; 1833: ibid., 1838: Archivo General de la Nación AON, Matricula
de Patentes de la Ciudad del Cusco actuada en el año de 1839, H-4-1897.

�Los artesanos del Cusco
eran solamente un factor entre los muchos que provocaron la crisis
económica del Cusco después de la independencia. El aislamiento de
la ciudad, la ruptura de las relaciones comerciales con Potosí, el
fracaso del sector textil y los constantes conflictos militares en los
cuales el Cusco se vio involucrado durante las primeras décadas de la
época republicana son igualmente responsables de dicha crisis. En los
años treinta y aún más en los cuarenta, la población de la ciudad del
Cusco ~ su hinterland no disponían de recursos económicos para
consunur productos artesanales en grandes cantidades. Esto afectaba
a los ai:1esanos de _todas las profesiones, pero sobre todo a los que
producian cosas lujosas y costosas. No es casual que justamente los
alfareros, bordadores y pintores fueran excluidos de la matrícula de
1847. ~ ~lase alta, la Iglesia y las asociaciones cusqueñas ya no pedían
los servicios de estos artesanos de la misma manera que antes de la
crisis, si bien durante la época colonial estas artes cusqueñas eran
especialmente famosas por la alta calidad y belleza de sus productos.
Entonces, el comercio libre influyó en la economía de los artesanos
urbanos más indirecta que directamente, es decir fue uno de los
causantes de la crisis regional.
En este análisis de la economía del sector artesanal del Cusco
hemos considerado solamente a los maestros organizados en gremios,
pero éstos agrupaban exclusivamente a los maestros más prósperos,
a los que tenían un ingreso anual Jo suficientemente alto como para
pagar la contribución de patentes. Sin embargo, hemos visto que la
gran mayoría de estos artesanos era pobre y casi sin medios para
subsistir. Esto significa que la situación económica de los artesanos
de los gremios indígenas y de los numerosos artesanos no organizados
era por lo menos tan precaria como la de los maestros pobres organizados en gremios, pero probablemente su situación fuera peor. Sin
embargo, la cantidad de artesanos en la ciudad del Cusco no se
reducía, como lo indican las matrículas y el censo de 1862. La exclusión de varios gremios de la matrícula de 1847 es la única prueba de
que los artesanos, por lo menos temporalmente, se declararon en
cierto modo en quiebra. La pregunta palpitante es entonces: lpor qué
no se redujo considerablemente el número de artesanos entre los años
treinta y sesenta del siglo XIX, cuando el mercado se iba estrechando
para muchos de ellos y ya no les permitía comercializar su producción
en una forma económicamente razonable?
Las empresas artesanales pueden declararse en quiebra solamente si los jefes de los talleres llevan una contabilidad, considerando
factores como precios de materias primas y costos de mano de obra
128

Thomas Krüggeler
en relación con los precios que pueden obtener por sus productos en
el mercado. Cuando el margen de beneficios se reduce demasiado o
cuando no hay suficientes compradores para los productos artesanales, normalmente los maestros deberían retirarse de su oficio porque
la continuación del trabajo en términos de rentabilidad ya no tiene
sentido. Pero la mayoría de los artesanos del Cusco no obedecía
aparentemente a estas leyes básicas de la economía moderna.
Varios factores nos explican por qué esta racionalidad económica
significaba poco para los artesanos del Cusco. En primer lugar, los
costos de mano de obra se reducían bastante cuando los familiares
del artesano trabajaban como ayudantes. En segundo lugar, tenemos
pruebas de que muchos artesanos (o sus esposas) tenían, aparte de
sus talleres, una pequeña tienda, una chichería o sus chacras.22 En
estos casos los ingresos de los talleres artesanales constituían solamente una parte del ingreso para la subsistencia de la familia. Como
la actividad artesanal no era la única fuente de ingreso, el artesano
tenía la opción de retirarse de su profesión temporalmente, cuando
no había trabajo o cuando otras actividades parecían más lucrativas.
Estos factores indican que los artesanos del Cusco, aunque confrontados con la disminución de su mercado y la competencia de
productos extranjeros, disponían de una flexibilidad económica bastante amplia. Esta flexibilidad no les permitió escapar de la pobreza,
pero explica por qué muchos artesanos cusqueños seguían siéndolo
bajo circunstancias económicas muy difíciles. Las leyes del mercado
tenían entonces poca importancia para los artesanos del Cusco. Ellos
seguían su propia racionalidad económica y, según ésta, tenía sentido
ganar un poco de dinero como sa~tre, zapatero, curtidor, etc., porque
estos ingresos facilitaban el pago de los impuestos o la compra de
ciertos productos de consumo, en tanto la chacra aprovisionaba de alimentos básicos a su familia o la familia tenía otras fuentes de ingreso.
Por estas razones, la opción de declararse en quiebra no entraba
dentro del pensamiento económico de muchos pequeños artesanos.
El número de artesanos que intentó diversificar sus fuentes de
ingreso, sea como reacción consciente ante la crisis económica o sea
porque las consecuencias de esta crisis no le dejaron otra alternativa,
creció probablemente entre 1825 y 1869. Considerando el mercado
limitado de la ciudad y tomando en cuenta el número de maestros
organizados en gremios durante los años treinta y cuarenta, estima22

Las ocupaciones de las esposas de anesanos las encontramos en el manuscrito

del censo de 1862, op. cit.

129

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

mos que alrededor de 1 400 de los 2 286 artesanos que menciona el
censo de 1862 eran campesinos-artesanos o pequeños comerciantesartesanos.

maestros responsables de la confección correcta de los uniformes. La
información que nos falta en este primer ejemplo es de dónde exactamente compró el comerciante las telas necesarias. En 1862-1863,
cuando el Ministerio de Guerra, nuevamente representado por la
prefectura del Cusco, necesitó en otra ocasión 6 000 uniformes, las
fuentes nos dicen más sobre el origen de la tela. En este caso la
prefectura firmó un contrato con el comerciante arequipeño A Alvistur para la mitad de los uniformes pedidos, aunque otros solicitantes ofrecían precios más baratos.25 lPor qué se decidió la prefectura
por un arequipeño que pidió un precio más alto que sus competidores
cusqueños? La respuesta a esta pregunta nos la da una carta del 27
de enero de 1863 a la prefectura. En esta carta, el influyente cusqueño
y dueño de la fábrica de textiles en Lucre, Francisco Garmendia,
quien posiblemente colaboró con Alvistur, apoyó la solicitud del
arequipeño y dio una fianza por el comerciante por el importe de
30 000 pesos.26 Así, las órdenes del Ministerio de Guerra constituían
una importante fuente de ingresos para la fábrica de Lucre durante
sus inicios.
El maestro sastre que aparece más frecuentemente en el contexto de estos contratos entre 1830 y 1860 es el cusqueño Bruno
Bolívar. Solamente en mayo y junio de 1836 la tesorería fiscal le
pagó la cantidad de 24 000 pesos por contratos recién cumplidos.27
Bolívar no buscaba la colaboración de comerciantes para sus solicitudes. Parece que el sastre tenía los medios económicos suficientes para comprar las telas necesarias para confeccionarlas y gozaba
de la confianza de la prefectura. Sabemos que en 1855, cuando el
gobierno de Castilla canceló un contrato por 1 50(, uniformes que
Bolívar ya había confeccionado para el gobierno de Echenique, el
maestro sastre no atravesó situación grave pues, pese a que había
realizado considerables inversiones en la tela y la mano de obra,
depositó los uniformes en su almacén y los fue vendiendo poco a
poco en los siguientes años.28 Bolívar era probablemente el maestro sastre más rico del Cusco, en parte por los contratos que recibía
del Estado. Es curioso notar que a consecuencia de sus actividades
como contratista se presenta en los documentos una cierta confusión sobre su ocupación. En los contratos encontramos como

El caso especial de los sastres: los contratos del Estado
Entre los artesanos urbanos, los sastres o, mejor dicho, los maestros
sastres más ricos, se experimentó una coyuntura económica especial
entre 1829 y los años sesenta. Se les presentó la oportunidad de
aprovechar los contratos del Estado para confeccionar uniformes
para el ejército y la gendarmería. Estos contratos eran a veces bastante cuantiosos, con encargos no excepcionales de, por ejemplo, 5 o
6 000 uniformes. La base legal de estos contratos era un decreto del
23 de septiembre de 1829 mediante el cual el gobierno en lima
ordenó que para la confección de uniformes del ejército y de la policía
se empleasen exclusivamente telas nacionales.23 El Estado Sud-Peruano (1836-1839) seguía la misma práctica y aumentó aún más las
cantidades de estos contratos. La intención de dicho decreto era, por
supuesto, proteger hasta cierto punto las manufacturas de textiles del
país frente a la competencia extranjera. Sabemos que esta medida no
evitó el fracaso de los obrajes del sur andino, pero para algunos sastres
del Cusco fue muy favorable.
Algunos elementos de estos contratos nos van a mostrar las características de esta colaboración entre Estado, comerciantes y sastres. FJ
comerciante Felipe Cajigas solicitó a fines de 1829, junto con los maestros sastres R. González, V. Acosta y U. Bustamante, un contrato para
la confección de 2 000 uniformes para el ejército y los solicitantes
firmaron un contrato con la prefectura el 15 de enero de 1830.24
Cajigas era evidentemente responsable ante la prefectura por el
cumplimiento del encargo y entregó las telas a los sastres, quienes
eran responsables por la confección de los uniformes. La colaboración entre el comerciante y los sastres fue provechosa para ambas
partes. Los sastres posiblemente no disponían del capital para comprar
las telas necesarias y dependían del capital mercantil, mientras que el
comerciante usó a los sastres para mostrar ante la prefectura a 1~
23

Véase el decreto en Juan Oviedo (comp.), Cclección de leyes, decretos y 6rdoltS
publicadas en el Perú desde el año de 1821 hasta 31 de diciembre de 1859, 15 vols., L 4,
pp. 87-88.
24 ADC, ATP, "Expcd.1ente segu1.d o por los sastres para hacerse cargo de la construcción de dos mil vestuarios del Estado", leg. 77 (1829-30).

130

25 ADC, ATP/AC, "Sobre el remate 6 000 ternos vestuarios para el ejército", leg. 98

(1862-1863).
26
La carta de Garmendia la encontramos en ibid.
27 Véase varias cuentas y recibos en ADC, ATP/AC, leg. 82 (1836-1937).
28 ADC, ATP/AC, "Vestuarios de gendarmes", leg. 95 (1856-1857).

131

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

ocupación de Bolívar "maestro sastre", "contratista de vestuarios" y
"comerciante". Lo que llama la atención es que Bolívar mismo se
llamaba preferiblemente comerciante. De esta manera utilizó su
poder económico para separarse socialmente de los otros sastres de
su gremio.
Los contratos entre los sastres y comerciantes, por un lado, y el
Ministerio de Guerra, por el otro, nos confrontan con el problema de
cómo los sastres manejaban las órdenes. Bolívar, Monterola, Bustamante y los otros grandes sastres empleaban en 1835 a cinco o seis
oficiales y parece imposible que este pequeño número pudiera confeccionar miles de uniformes en pocos meses. Más probable es que
los contratistas emplearan temporalmente a numerosas costureras
fuera de sus talleres para cumplir con sus contratos. La prefectura
utilizaba el término muy general "artesano" al referirse a los trabajadores de sus contratistas, mientras que Bolívar habla varias veces de
sus "trabajadores de telas"29 y los precios que le cobran para confeccionar los uniformes. Pero los términos no importan tanto como el
hecho de que los contratistas utilizaban temporalmente mano de obra
aparte de los oficiales de sus talleres.
En el Cusco, la.práctica de contratar a comerciantes y sastres para
la confección de uniformes para el ejército tenía importantes consecuencias. Primero, en tanto el Estado no aceptaba la función reguladora del gremio de los sastres, los contratos favorecían a algunos
maestros, que se aprovechaban de este sistema para separarse económicamente de los otros maestros de su gremio. Segundo, la mayoría
de los sastres que solicitaban contratos del Estado dependían de la
colaboración de los comerciantes, probablemente porque no disponían de los recursos para comprar directamente las materias primas
necesarias. Los sastres utilizaban esta forma de colaboración para
escapar de la esfera económica tradicional de los artesanos y para
integrarse más a la esfera del comercio. Tercero, los contratos del
Estado les daban la oportunidad a algunos comerciantes y sastres de
establecer un sistema de empleo temporal de trabajadores para
cumplir con órdenes de grandes cantidades (putting-outsystem).
Pero no podemos identificar el desarrollo del sector textil urbano
entre 1829 y 1869 con el desarrollo general del Cusco. Tenemos que
damos cuenta de que el putting-out system lo podemos verificar
solamente en el sector textil. No tenemos ninguna información que
nos indique que algo similar ocurrió en algún otro sector. Además, es

importante tener presente que el sector textil de la ciudad del Cusco
no reaccionó frente a una verdadera coyuntura del mercado. Los
contratos del Ministerio de Guerra significaron en cierta forma un
impulso económico artifical, que desapareció durante la crisis de la
segunda mitad del siglo XIX. Sin este impulso, el putting-out system no
podía sobrevivir porque el mercado libre no ofrecía nada para sustituirlo.

19

Cana de Bolívar al prefecto del 11 de septiembre de 1856, en ibid.

132

Maestros, oficiales y aprendices:
la vida interna de los talleres artesanales
La escasez de fuentes hace muy difícil analizar las relaciones entre
maestros artesanos y sus oficiales y aprendices, pero la importancia
de este aspecto de la historia social de los artesanos para explicar la
transformación que experimentó el sector durante el siglo XIX, no nos
permite obviarlo. Algunas observaciones instructivas nos muestran
las características de las relaciones internas de los talleres y prueban
que estas relaciones fueron cambiando, aunque la economía cusqueña no experimentó una transformación profunda después de la independencia.
El libro de matrículas de los artesanos del Cusco de 1835, base
del cuadro 4, es el úniCQ documento que nos indica el número de
empleados de talleres durante la primera mitad del siglo XIX. Esta
matrícula no fue hecha con propósitos fiscales y proporciona información diferente (lugar del taller, número de oficiales, etc.) a la de
las matrículas de la tesorería fiscal. Esta lista es resultado de un
intento de la municipalidad por controlar el número y tamaño de las
empresas artesanales de la ciudad. Pero el valor de este documento
es limitado pues se trata de un fragmento. La matrícula no nos presenta todas las profesiones artesanales del Cusco (véase cuadro 1).
Además, la cantidad de empresas mencionadas nos parece, por lo
menos en algunos casos, subestimadas en comparación con otros
datos. Evidentemente, el autor de la matrícula empezó su trabajo en
los talleres más grandes del centro de la ciudad y abandonó su obra
antes de llegar a empresas más pequeñas. Esto significa que el
número de artesanos por taller presentado en el cuadro es correcto
solamente para los más grandes. En el caso de los sastres, por ejemplo,
la matrícula nos presenta los 16 talleres más grandes, en los cuales
encontramos hasta seis oficiales y aprendices. En una matrícula más
completa, que también mostraría a los numerosos maestros pobres
133

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

CUADRO 4. NÚMERO DE EMPLEADOS DE EMPRESAS ARTESANALES (1835)

ciertos encargos que realizaban en sus casas. Esta forma de trabajo
era posible sobre todo para artesanos cuyos oficios requerían inversiones muy limitadas en herramientas, como es el caso de zapateros,
sombrereros, sastres, etcétera.
Para la época colonial, Gutiérrez ha resumido las pocas informaciones que tenemos sobre las relaciones entre maestros artesanos y
sus aprendices y oficiales.31 El autor nos muestra el sistema de
aprendizaje para algunos oficios y la forma como eran cerrados los
contratos entre los maestros y sus empleados. Para la época republicana no sabemos prácticamente nada sobre el particular. lSeguían
vigentes los antiguos sistemas de aprendizaje y no había cambios en
las relaciones entre maestros y oficiales?
En sociedades que experimentaban procesos de industrialización
durante el siglo XIX (Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, etc.), la
vida y el trabajo de los artesanos se transformaban profundamente.
Miles de artesanos, sobre todo oficiales, pero también maestros
empobrecidos, formaban la mano de obra del nuevo sistema industrial y en las fábricas se perdieron las relaciones patemalistas que
determinaban la vida interna de un taller artesanal. La competencia
de las fábricas intensificó los conflictos entre los maestros y oficiales
que continuaban trabajando todavía con el sistema tradicional, porque los maestros se vieron forzados a pedir de sus oficiales un grado
más alto de disciplina y eficiencia. Sabemos muy bien que esta transformación no ocurrió en el Cusco y que las relaciones entre maestros
y oficiales no experimentaron cambios profundos. Pero una dinámica
económica muy limitada, como en el caso del Cusco, no significaba
que las relaciones entre los maestros artesanos y sus empleados no
cambiaran después de la independencia.
En el siglo XIX las relaciones entre maestros y oficiales se caracterizaban mayormente por la falta de contratos escritos y de obligaciones bien precisadas de ambos lados, así como por cambios frecuentes de oficiales de un taller a otro. Es probable que estas
características ya fueran comunes durante la época colonial, pero lo
nuevo es que los intentos de los gremios por aumentar el control de
los maestros sobre sus oficiales fueron bloqueados por el Estado y que
el fracaso del sistema gremial y la crisis económica, sobre todo en la
segunda mitad del siglo, causaron la intensificada desestabilización
del sistema laboral del sector artesanal.
Cuando los sastres presentaron en 1833 un nuevo reglamento de

Profesionales

Barberos
Carpinteros
Franjeros
Hojalateros
Plateros
Sastres
Sombrereros
Zapateros

Empresas
con oficiales
y/o aprendices
6
11
2
1
15
16

Número
de oficiales
8
21

Promedio de
empleados

28

2
53
85
51

31

54

1.3
1.9
2.5
2.0
3.5
5.2
1.8
1.7

110

278

25

5

FuarrE: UNSAAC, Hemeroteca, Libro de Matrículas de los artesanos que existen
en esta ciudad. Corre a cargo del señor intendente general de policía coronel Salvador
Bayarri. Año de 1835.

con pocos o ningún empleado, el promedio de empleados por sastrería bajaría probablemente hasta 2 o 2.5. Según mis cálculos, el promedio de empleados por taller no excedió en general de dos oficiales
y/o aprendices. 30 Pero cualquier aproximación al tamaño de los talleres artesanales es necesariamente muy insegura, debido a que no
sabemos cuántos familiares (esposas, hijos, primos, etc.) trabajaban
como ayudantes del maestro. En muchos casos, esta forma de mano
de obra era más importante que la cantidad de oficiales empleados.
La creciente crisis del Cusco durante las decádas posteriores a
1835 posiblemente provocó una reducción del número de oficiales y
aprendices, mientras la cantidad de pequeños talleres se elevó. Este
fenómeno parece paradójico solamente a primera vista. La apertura
de nuevos talleres no era una reacción ante una coyuntura económica
favorable, sino un intento desesperado de muchos oficiales para
escapar del desempleo cuando eran despedidos por sus maestros.
Esto se da sobre todo después de 1851 puesto que, al desaparecer
prácticamente el control de los gremios, los oficiales desempleados
tenían la oportunidad de trabajar por cuenta propia. Los oficiales
independientes no establecieron necesariamente talleres con licencia
de la municipalidad. Más probable es que recibieran de vez en cuando
30

31

Véase Krüggeler, op. cit., cap. 4.

134

Véase Gutiérrez, op. cil.,, pp. 9-13.

135

�Los artesanos del Cusco
su gremio, el prefecto demandó profundos cambios antes de aprobarlo.32 Los cambios requeridos no eran nada arbitrarios, sino que
expresaban la actitud de la prefectura frente a los gremios en general.
Primero, la prefectura aceptó la autoridad de los sastres en todos los
asuntos que se referían a la calificación profesional de los oficiales y
maestros. Estas partes del reglamento no eran tocadas por las autoridades del Estado. Segundo, la prefectura intervino en todos los
asuntos en los cuales los sastres mostraron su fuerte espíritu corporativista e intentaron limitar los derechos de sus empleados. Así, los
maestros pidieron, por ejemplo, que "todo maestro de tienda pública
o taller sea respetado por sus oficiales y tratado por ellos como un
padre" (artículo 30), pero la prefectura suprimió este artículo. De la
misma manera trataron las autoridades los artículos en los cuales los
maestros se reservaban el derecho a castigar físicamente a sus empleados.
El mensaje de la prefectura a los maestros sastres fue claro. El
prefecto aceptaba- la autonomía del gremio en los asuntos profesionales, como los exámenes para los oficiales, las exigencias de calificación para los maestros, etc., pero, al mismo tiempo, rechazaba los
intentos de mantener características corporativistas dentro del gremio, como un sistema paternalista y cuasi jurídico.
Sin embargo, el hecho de que los maestros y el gremio perdieran
poder sobre los oficiales tuvo consecuencias limitadas para los empleados. La intervención del Estado les facilitó el cambio de taller y
probablemente también el establecimiento de sus propios talleres
pero, en general, la situación de los oficiales entre 1825 y 1869 se
caracterizaba por la inseguridad del empleo, el poco reconocimiento
social y político y la falta de una representación de este grupo económico dentro de la sociedad cusqueña. Tenemos que darnos cuenta,
por otra parte, que el reglamento de 1833 del gremio de los sastres es
el único que nos muestra que por lo menos un gremio intentó formalizar sus relaciones internas y frente a las autoridades estatales después de 1825. La gran mayoría de los gremios funcionaban sin reglamentos y, consecuentemente, sin acuerdos válidos sobre las
relaciones entre los maestros y sus empleados.
Las relaciones paternalistas entre maestros y oficiales, que los
sastres querían conservar por lo menos formalmente en su reglamento de 1833, en realidad sufrieron bastante durante el siglo XIX. Es
32

BN, "Reglamento del gremio de los sastres de la ciudad del Cuzco, Cuzco, julio
26 de 1833", manuscrito D10806.

136

Thomas Krüggeler

cierto que tenernos casos en los cuales los maestros artesanos defendieron a sus oficiales cuando éstos se metieron en problemas, pero en
general las fuentes indican que los maestros desconfiaban de sus
oficiales, controlaban el uso de las herramientas y escondían de ellos
las materias primas. El caso de Mariano Mejía, oficial del maestro
sastre Vicente Acosta, es excepcional. Acosta evidentemente se sentía responsable de defender los intereses de su empleado e insistió
exitosamente en 1826 para que la justicia castigase a José María Silva
quien, durante una disputa, había atacado con un cuchillo a su oficial
Mejía.33 No obstante, mucho más numerosos son los casos en los
cuales los maestros acusan a sus oficiales de robos de herramientas o
materias primas. En los respectivos expedientes de las actas de la
Corte Superior del Cusco encontramos frecuentemente acusaciones
de los maestros contra sus oficiales. En éstas, los jefes de talleres
caracterizan a sus empleados como flojos, irresponsables y de poco
fiar; según los maestros, estos empleados pasan más tiempo en las
cbicherías que en sus talleres.34 Muchos maestros lamentan, asimismo, que los oficiales no muestren ninguna forma de agradecimiento
a sus jefes, que les dan trabajo durante tiempos muy difíciles.
Los testimonios de los maestros en estos juicios reflejan claramente las relaciones conflictivas entre los jefes de talleres y sus oficiales entre 1825 y 1869. Estos conflictos tienen varias raíces. En primer
lugar, parece que la pobreza de los oficiales causó una creciente
delincuencia entre ellos. Posiblemente la inseguridad del empleo y el
grado de explotación que sufrían también contribuían a que los oficiales no se sintieran responsables por el funcionamiento de los talleres
y engañaran a sus maestros. En segundo lugar, los maestros extrañaban el poder sobre sus empleados. Este poder, garantizado en el antiguo sistema gremial, les permitía castigar a sus empleados y controlar
su vida privada. Pero justamente este privilegio les fue negado por el
Estado republicano, cuando limitó las funciones gremiales y empezó
a destruir las características corporativistas de los gremios.
Igualmente frágiles y poco reglamentadas eran las relaciones
entre maestros y aprendices. Los contratos de aprendizaje mayormente eran simples acuerdos orales entre el padre del aprendiz y el
maestro. Con la decadencia de los gremios, y sobre todo después de
su práctica desaparición en 1851, sufrieron las reglas internas para el
aprendizaje de muchos oficios. Sin gremios funcionando (y sin un
33
ADC, Actas de la C.Orte Superior del ÜISoo, Juicios Penales (ACSC.JP) leg. 2, 1826.
34
Véase numerosos juicios en ADC, ACSC.

137

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

nuevo sistema de aprendizaje puesto en práctica por el Estado, como
por ejemplo escuelas de artes y oficios), las reglas para la educación
de un aprendiz se perdieron y los exámenes para obtener el título de
oficial se volvieron menos esmerados y menos controlados en las
décadas que siguen a la independencia. La preocupación por el
descenso que sufrieron el nivel técnico y la calificación de Jos artesanos fue precisamente un factor decisivo para la fundación de la
Sociedad de Artesanos de] Cusco en 1870.35 La crisis del sistema de
aprendizaje permitía a los maestros, además, olvidarse de sus obligaciones frente al aprendiz y utilizar su mano de obra para trabajos fuera
del oficio. Por eso la prefectura determinó, en el artículo 23 del
Reglamento de Artesanos de 1847: "Ningun maestro empleará a sus
aprendices y oficiales, contra su voluntad, en servicios domésticos a
menos que así no lo estipulasen."36
Hemos visto que la vida interna de los talleres artesanales del
Cusco experimentaba algunos cambios importantes en las décadas
posteriores a la independencia. Estos cambios no están relacionados
con una profunda transformación económica de la ciudad sino, en
primer lugar, con la decadencia del sistema gremial y la crisis económica del siglo XIX. El Estado, que era en parte responsable por la crisis
de los gremios, no ofrecía ninguna alternativa para mejorar la situación del sector artesanal. Su política económica no contribuía de
ninguna manera a crear condiciones que ofrecieran la posibilidad de
estabilizar las relaciones laborales.

Para determinar la posición social de varios grupos de artesanos
dentro de la sociedad urbana, tenemos que considerar algunos criterios clave que nos faciliten determinar la afiliación de varios grupos
a ciertas clases sociales. En el Cusco del siglo XIX los siguientes
criterios son los más importantes:
1) Etnicidad: la pertenencia al grupo de blancos, mestizos o
indios era decisiva para determinar la posición social de una persona.
Los indios, por ejemplo, formaban la clase baja de la ciudad, _mientr~s
que los blancos constituían la clase alta._Pa~a ascen~er_en la 1erarqu1a
social, la pertenencia al grupo de los md10s constitma una barrera
invencible.
2) Propiedad de medios de producción, de ~ie~~ raí~ e ingreso:
la propiedad es importante para la determmac1on soci~ de una
persona, porque de este cri~erio d~pendía~ la~ o~ortumdades de
participación política (sufragio). El mgreso mflu1a, Junto c?n la propiedad, en el nivel de prestigio social de un cusqueño del s~g~o XIX:
3) Profesión: dentro del grupo de los artesanos, el pr~sttgio social
dependía también del oficio específico que un maes~ro e1~utaba. El
valor social de un oficio dependía del grado de cahficacion y de la
inversión de capital necesaria para su ejecución, así como también de
la limpieza o suciedad vinculada con las pro!esiones.
.
La etnicidad como criterio para determmar la pertenencia de las
personas a determinadas clases sociales nos ~o~onta con un p_rob~ema central de la historia social del Cusco: l.cuáles eran los cntenos
de la sociedad para decidir que ciertas personas eran indios ~ consfderar a otras como mestizos o blancos? Este problema es aun mas
importante en la segunda mitad del siglo XIX, cuan~o desapareció la
contribución de indígenas y los ayllus, como medios claros para la
identificación de los indios dentro de la ciudad, perdieron su importancia administrativa. Hablando sobre la importancia de la etnicidad,
Valcárcel nos dice que a comienzos del siglo xx en el Cusco todavía
"las relaciones entre las clases sociales dependían del color de la
piel"_:r, Pero el color de la piel no nos par~ suficiente para distinguir
entre un indio y un mestizo o entre un mest120 y un blanco. Tampoco
es suficiente confiar en la conciencia histórica de los contemporáneos.
Por supuesto, hasta cierto punto el origen de ~na familia_ determinaba
su pertenencia a una raza y a una clase social en el s~glo XIX. _Una
persona cuya familia pertenecía desde muchas generaciones a cierto

Aspectos de la vida social y política de los artesanos

La gran cantidad de artesanos de la ciudad del Cusco y la impresionante diversificación del sector artesanal, mostradas en la primera
parte de este artículo, no nos permiten hablar en términos generales
sobre la posición de los artesanos dentro de la sociedad cusqueña o sobre la vida política de ellos. Demasiado grandes son las diferencias
sociales y económicas entre un respetado maestro del centro de la
ciudad y un pobre artesano de Santa Ana, por ejemplo. Igualmente,
son grandes las diferencias de oportunidades de participación política
entre diferentes grupos de artesanos.
35

Véase"Acta de fundación de la Sociedad de Artesanos del Cuzco", publicada
en el ~riódico del Cusco,El Sol, 10 de junio de 1936.
BN, "Reglamento", op. cit.

37 Luis E. Valcárcel, Memorias, José Matos Mar, José Deustúa C. Y José Luis
Rénique (coords.), IEP, Urna, 1981, p. 83.

138

139

�Los artesanos del Cusco
ayllu era considerada india, así como era blanco un miembro de la
clase al!a que tenía p~ebas de su origen español. Pero creemos que
en el s~glo ~ el ~ngen, de una familia como único criterio para
determmar la identidad etnica de una persona ya no es confiable.38
En el contexto de este artículo no podemos tratar a fondo este
problema, pero quisiéramos presentar algunas observaciones.
El censo de 1862 ya no considera ayllus dentro de la ciudad· sin
embargo, contiene la columna "condición", es decir, "raza". EJ ~álisis de este documento nos indica algunos criterios más para determinar_!~ "condiciones" de los cusqueños. Una persona que sabía Jeer
Yescnbu y tenía un propiedad rústica o urbana era, según el censo,
blanca. La dueña de una pequeña tienda podía ser mestiza si el local
&lt;:5taba ubicado en la Plaza San Francisco, pero era india si tenía su
tienda en Santa Ana o en la periferia de San Pedro. Un artesano casi
sie~pre e~a &lt;:°~iderado mestizo si tenía capital manufacturero, pero
pod1a ser md10 s1 no era el dueño de su vivienda y no vivía en el centro
de la ciudad. Estos ejemplos nos muestran que la clasificación étnica
era determinada por criterios muy concretos. Propiedad, educación
pro!es_ión y luga! de vivienda eran los criterios más evidentes, pero n~
los urucos. Hab1a otros, como los vínculos familiares, la red de relaciones sociales de una persona, las formas de vestirse, etc., que no se
pueden identificar directamente con base en el censo. Pero la consideración de todos estos criterios y su interrelación detefit!inaban si
una persona era india, mestiza o blanca
Creemos qu~ un análisis crítico del censo de 1862 nos presenta
un resulta~o muy Imp?rtante; la estructura étnica del Cusco en el siglo
~ se e~~c~ hasta cierto punto por los criterios que los contemporaneos utilizaban para determinar la pertenencia racial. Es decir un
indio no_ vivía en_ S~ta Ana y era pobre porque era indio, sino ~ue
era considerado md10 porque era pobre y vivía en Santa Ana. De la
misma manera, es posible que alguien fuera considerado blanco
aunque su piel fuese trigueña simplemente porque era dueño de una
casa en el centro de la ciudad y disponía de una considerable cantidad
de dinero. El análisis de la estructura étnica de la sociedad cusqueña
es entonces mucho más complicado que una simple diferenciación
con base en el color de la piel.

Thomas Krüggeler

Impuestos de varias razas (castas) y 105 problemas de determinar estos grupos
étnicos trata también, María Isabel Remy, "La sociedad local al inicio de la reptíblica.
Cuse.o 1824-1850",RevistaAndina, vol. 6, ntím. 2, 1988, pp. 451--484, ver pp. 460-469.

sociedad cusqueña, las observaciones que hemos presentado arriba
significan que todo el grupo de artesanos indígenas pertenecía a la
clase baja de la sociedad. En números, esto significa que en 1836 los
139 artesanos indígenas de los gremios de la parroquia de la matriz
pertenecían a la clase baja de la ciudad, más un número desconocido
de sus colegas en otras parroquias de la ciudad. Los datos de 1862
indican que 21.8% de los artesanos del Cusco pertenecía a la clase
baja, simplemente porque eran considerados indios. El censo de este
año prueba que los artesanos indígenas eran pobres y que la mayoría
de ellos vivía en la periferia de la ciudad. Ellos no detentaban poder
político, probablemente no tenían vínculos colegiales con los maestros mestizos, ni durante la época cuando para los dos grupos existían
gremios distintos ni cuando el sistema gremial fracasó. La etnicidad
como barrera entre las clases sociales era demasiado fuerte y separó
completamente a los indígenas de la clase media y les negó la oportunidad de ascender en la jerarquía social.
Otro grupo de artesanos que pertenecía a la clase baja lo constituían los oficiales. En el caso de este grupo, su identidad étnica como
criterio para determinar su posición social es menos importante que
la inseguridad de empleo y los sueldos bajos que recibían. El prestigio
social de los oficiales era muy bajo y, además, eran considerados
ladrones, irresponsables y alcohólicos, como hemos visto. Y en efecto,
las actas de la Corte Superior prueban que los oficiales, tanto indios
como mestizos, aparecen más frecuentemente que cualquier otro
grupo social en los expedientes sobre robos, peleas, agresiones y
homicidios.
A los maestros artesanos que estaban organizados en los gremios
de mestizos (entre 191 y 289 durante los años treinta y cuarenta, véase
cuadro 3) podemos tenerlos como pertenecientes a la clase media del
Cusco, porque ellos eran considerados mestizos y maestros de sus
respectivos oficios. Además, eran propietarios de sus medios de
producción, lo que, en algunos casos (herreros, carpinteros), significaba una considerable inversión de capital. Algunos de estos maestros
tenían también propiedades urbanas o rústicas que les permitían
integrarse a los círculos de electores de la ciudad. La combinación de
estos factores, raza y propiedad, distinguía a estos artesanos de los
artesanos indígenas y de los oficiales.
Pero dentro de este grupo podemos también identificar fácilmente importantes diferencias sociales. El sastre Bruno Bolívar, que
conseguía constantemente los contratos del Ministerio de Guerra y
que empleó a seis oficiales, como hemos visto en el apartado N,

140

141

Para nuestro análisis de la posición social de los artesanos en la
38

�Los artesanos del Cusco
ocupaba una posición social distinta a la de un pequeño maestro
botonero. Podemos identificar un pequeño grupo de maestros (mayormente sastres) que formaba la elite dentro de los artesanos del
Cusco entre 1830 y 1850. Esta elite r.s casi idéntica a la de los artesanos
que colaboraban con los comerciantes de la ciudad y que disfrutaban
de una cierta preferencia del Estado, como hemos visto antes.
Podemos hablar de una elite porque estos maestros tenían propiedades y un ingreso mucho más alto que la mayoría de sus colegas.
El maestro Norberto Monterola no solamente era el dueño de una
sastrería, por ejemplo. Tenía, además, una licorería en la ciudad, una
hacienda yun terreno (puna) en San Blas.39 De Bolívar sabemos que
era propietario de varias casas. En 1835 vivía en su propia casa en la
calle Fierro, mientras que el local de su sastrería, en el portal del
Comercio (plaza de Armas), era alquilado del monasterio de Santa
Teresa. En 1846 tenía además otra casa en la calle Plateros y en 1858
una pequeña casa en la calle Meloc y otra en la calle Avenida.40 Había
otros artesanos que eran propietarios de sus casas, pero al parecer los
pocos sastres que trabajaban frecuentemente para el Estado tenían
la oportunidad de acumular capital en cantidades considerables.
Propiedad significaba también participación política. Es cierto
que no había artesanos como regidores del Concejo de la ciudad antes
de 1870 y es igualmente cierto que la municipalidad no representó
necesariamente el verdadero círculo de poder del Cusco. Sin embargo, es interesante constatar que en 1833 los sastres Urbano Bustamante y Vicente Acosta formaban parte de la mesa del colegio
electoral de la parroquia matriz para el Concejo de la provincia y que
ese mismo año Norberto Monterola intentó integrarse al círculo de
los electores, si bien fracasó porque no consiguió suficientes votos.41
Para entender la posición social y la conciencia política de los
artesanos más ricos del Cusco debemos tener presente esta participación en los rituales políticos formales. Por supuesto, la participación
39
40

Véase ADC, ACSC, leg. 77, 1843.

Los datos que se refieren a las propiedades de Bolívar son de UNSAAC, H, "Libro
de Matrícula de los anesanos que ecsisten en esta ciudad. Corre á cargo del Sor.
Yntendente Gral. de Policía coronel Salvador Bayassi., año de 1835"; ADC, ATP,
"Estrato de la matrfcula de predios urbanos de la provincia del Cercado del año
1847";Diblioteca Municipal del Cusco, Archivo Histórico (BMc "Oasificación de las
casas,41tiendas, y chicherías de la población del Cusco", 1857, leg. 1 (1854-1859).
Véase UNSAAC, H, "Encomienda la." en El Colleo de Encomiendas, núm. 13,
s. f., ibid., "Manifiesto de los justificativos. Que han deservir para anular las elecciones
de electores de la parroquia matriz de la provincia del Cercado del Cuzco", Imprenta
pública por P. Evaristo González, Cusco, 17 de abril de 1833.

142

11wmas Krüggeler

de algunos individuos, sin mandato alguno de los demás artesanos,
no significaba una representación política del sector artesanal. Tampoco significaba que estos maestros se integraran a la clase alta de la
ciudad. La clase alta era muy cerrada y se componía exclusivamente
de grandes terratenientes y unos pocos comerciantes.42 Sin embargo,
las actividades políticas de estos maestros artesanos nos muestran que
eran ciudadanos respetados, que se sentían como buenos patriotas,
con la voluntad de entrar al ala política y que su estatus social de
artesanos no les impedía figurar en la esfera de la vida pública.
Tenemos otro caso que nos dice mucho sobre los artesanos en
tanto ciudadanos en la primera mitad del siglo XIX. En un panfleto de
1831, el sastre Urbano Bustamante, ya mencionado arriba, presenta
un conflicto que tenía con doña Rosa Villavicencio, dueña de la casa
en la cual él alquilaba un taller.43 Este panfleto no es importante sólo
por tratarse de la única publicación antes de 1870 en la cual un
artesano ha cambiado su herramienta por la pluma, sino también por
su interesante contenido, además de su estilo humorístico e irónico.
Según Bustamante, la señora Villavicencio rescindió su contrato de
alquiler de un día para otro, simplemente porque Bustarnante, en su
calidad de sargento del regimiento cívico, arrestó a un empleado de
"esta humilde y santa señora" que no cumplía con sus obligaciones
cívicas. En el artículo, Bustamante defiende su actitud y dice que
solamente cumplía estrictas órdenes militares cuando arrestó a su
subordinado. En el texto Bustamante se presenta como un ciudadano
responsable y disciplinado y pide justicia para un "pobre artesano"
que se pone al servicio del público.
Los ejemplos mencionados prueban que no todos los artesanos
del Cusco eran política y socialmente marginados después de la
independencia. Algunos maestros disponían de suficientes recursos
económicos como para entrar directamente en política. Para obtener
funciones en el regimiento cívico las barreras económicas eran menos
altas y por eso es muy probable que varios maestros carpinteros,
herreros, etc., sirvieran a esta institución.
Este grupo de maestros, que hemos llamado la elite de los
artesanos, nunca se integró a la clase alta del Cusco. Insistimos en que
pertenecían, junto con los maestros mestizos más pobres, a la clase
media. Los vínculos entre ellos eran que poseían sus propios medios
42

Véase Tamayo, op. cit., pp. 49-55.
Véase "Historia del maestro sastre Urbano Bustamante y doña Rosa Villavicencio. Escrita por él mismo", LA Brújula, núm. 16, 1831, separata, UNSAAC, H.
43

143

�Los artesanos del Cusco

Tlwmas Krüggeler

de producción y que pertenecían al mismo grupo étnico. Las considerables diferencias de ingreso entre los maestros (véase cuadro 3) se
traducían solamente en ciertas graduaciones dentro de la misma clase
social. El ingreso como criterio independiente para distinguir varios
grupos sociales entre los artesanos pierde su significación sobre todo
en la segunda mitad del siglo pasado, cuando la crisis económica de
la ciudad llegó a su apogeo y cuando podemos observar una cierta
polarización de la sociedad cusqueña. Durante esa época, el ingreso
de muchos maestros mestizos bajó a un nivel mínimo y es muy
probable que sus ingresos se aproximaran a los de muchos maestros
indígenas y de oficiales de los talleres más grandes. Pero, sin embargo,
la posesión de los medios de producción, sus títulos profesionales y
su identidad étnica los distinguían claramente de los artesanos que
pertenecían a la clase baja.
Las diferencias sociales entre distintas ocupaciones artesanales
también constituían solamente graduaciones entre el grupo de los
maestros mestizos y no podían prevalecer sobre la importancia del
criterio de propiedad. El trabajo de un platero gozaba de un prestigio
social más alto que el trabajo de un curtidor, porque el público
asociaba la ocupación del primero con un alto grado de calificación
profesional y con la elaboración de materias primas valiosas, mientras
el trabajo de un curtidor era considerado sucio y maloliente. Pero esta
diferenciación era relativa. Las propiedades y un establecimiento
rentable de un maestro curtidor podían compensar el bajo prestigio
de su ocupación. Igualmente, la pobreza de un maestro platero era
socialmente más importante que el alto prestigio de su ocupación.
Considerando las difíciles circunstancias económicas por las que
atravesaban los artesanos, nos parece sorprendente que en el Cusco
hubieran pocas protestas contra el libre comercio y que existan pocas
fuentes en las cuales los artesanos expresan sus demandas políticas.
No hemos encontrado, ni para los años inmediatos a la independencia
ni para los cuarenta o cincuenta, cuando la crisis económica se
intensificó, ningún panfleto, o artículo de periódico que trate de las
dificultades económicas de los artesanos urbanos y que nos muestre
sus demandas políticas. Los pocos artículos aparecidos en El Sol del
Cuzco a fines de los años veinte, en los cuales sus autores piden
protección para la industria cusqueña, tenemos que verlos con cuidado.44 En primer lugar, estos artículos no defienden las manufacturas

de la región y mucho menos a los artesanos urbanos y, en segundo
lugar, son poco numerosos, lo que nos prolube hablar de una verdadera campaña en favor de la industria cusqueña. Creemos que la falta
de una presencia política de los problemas y las demandas de los
artesanos del Cusco antes de 1870 se debe a cuatro razones. Primero,
la representación política de los artesanos mediante los gremios
fracasó durante esta época, como hemos visto antes. El estado limitó
el poder de estas corporaciones y los gremios no eran considerados
por la elite de la sociedad cusqueña como instituciones importantes
porque no representaban a un grupo numeroso de electores. En este
aspecto, los gremios del Cusco se distinguían claramente de sus
organizaciones hermanas de Lima, como lo ha mostrado Gootenberg.45 Según este autor, los gremios de Lima tenían bastante influencia política antes de 1850 y luchaban exitosamente por sus intereses.
En Cusco, en cambio, no surgen nuevas y más eficientes formas de
organización artesanal hasta 1870. Segundo, los artesanos eran importantes productores locales, pero eran separados de la elite regional, que se componía de los grandes terratenientes y comerciantes.
Esta elite estaba integrada en el sistema económico regional de
exportación e importación y no se ofrecía como posible aliado para
defender los intereses de los artesanos. Tercero, los pocos artesanos
que tenían una cierta influencia política, como los grandes sastres, no
representaban los intereses de los artesanos en general. Al contrario,
ellos gozaban de la preferencia del Estado y se aprovechaban de los
contratos estatales. Este grupo escapó de esta manera de la crisis
económica que sufrían sus colegas y se separó de los demás artesanos.
Cuarto, parece que la competencia de las importaciones para los
artesanos del Cusco no era lo suficientemente grave como para
provocar fuertes protestas o rebeliones locales. Las importaciones
dejaban, evidentemente, un cierto espacio económico para los productores locales. Además, es probable que los artesanos comprendieran que las importaciones no eran su principal enemigo, sino la crisis
de la región en general, sobre todo la disminución del mercado,
causada en primer lugar por la caída demográfica de la ciudad.

44

Bonilla, op. cit., utiliza estas fuentes para probar una fuerte campaña protecctorusta en el Cusco.

45 Véase Paul Gootenberg, Bell\leen si/ver ami guano commercia/ policy and the
state in postirulependence Peru, Princeton University Press, Princeton, 1989, pp. 49-53.

144

145

.

.

�Los artesanos del Cusco

Conclusiones
Los artesanos del Cusca, durante las primeras décadas posteriores a
la independencia, formaban un grupo muy heterogéneo. La gran
va~edad de ocu~aci~nes artesanales y los diferentes niveles de prospendad econónuca vmculados con ellas, las importantes diferencias
económicas y sociales entre representantes de la misma profesión, la
diferencia étnica, la relación entre los relativamente prósperos artesanos organizados en gremios y los pobres .artesanos rurales, no
muestran el sector en todos sus aspectos, y no nos pe rmiten hablar
sobre los artesanos en términos muy generales.
El análisis de la economía del sector artesanal ha probado que
entre 1832 y 1851 la mayoría de los artesanos del Cusca experimentaba un proceso de empobrecimiento, causado por la decadencia
regional y el impacto de los productos manufactureros extranjeros
en el mercado de la ciudad. Este proceso se intensificó probablemente durante las siguientes décadas, cuando la crisis del Cusco
llegó a su apogeo. Sorprendentemente, hemos visto que la pobreza
de muchos artesanos no repercutía en la disminución de su número
durante la misma época. La pobreza de la ciudad misma y el proceso
de ruralización que experimentaba el Cusca permitía a los artesanos
reaccionar en diferentes formas frente a la crisis económica. La
reducción del número de empleados y el uso de la mano de obra de
sus familiares eran algunas de las estrategias de sobrevivencia de los
maes!ros artesanos. Muchos oficiales escaparon de la pobreza total
trabaJando por lo menos temporalmente por su propia cuenta. Otros
artesanos div~rsificaban sus actividades económicas y algunos aprov~haban los ingresos de sus esposas e hijos, que trabajaban como
chicheras, placeras o domésticos. La diversificación de fuentes de
!ngreso para la subsistencia de la familia reducía la dependencia del
ingreso de la ocupación artesanal y permitía que muchos artesanos
abandonasen sus actividades por lo menos temporalmente. Los
vínculos familiares con el sector agrícola ofrecían otra forma de
escapar a 1~ dependencia total de los ingresos que proporcionaban
las ~upac,ones artesanales. La posesión de una pequeña chacra
también convertía el ingreso más en una fuente adicional que en la
principal. Pode~os afirmar entonces que los artesanos aprovechaban las oporturudades que ofrecía una ciudad en crisis la ruraliza.,
'
c1on y la falta de una transformación económica, para reaccionar de
una manera bastante flexible ante las dificultades económicas.
Los artesanos indígenas eran socialmente separados de los maes-

146

Tfwmas Krüggeler

tros mestizos por los fuertes prejuicios raciales de la sociedad cusqueña. Pero la pobreza del sector artesanal era la razón principal para
que el Cusca negara a casi todos los artesanos un prestigio social más
alto. Los criterios de propiedad e ingresos que la sociedad cusqueña
utilizaba para determinar la posición social de los ciudadanos eran
una barrera invencible para la gran mayoría de los artesanos. La crisis
del sector tenía consecuencias también dentro de los talleres artesanales. Un sistema gremial en decadencia y la crisis económica eran
los responsables de unas relaciones laborales muy inestables y conflictivas. Sin embargo, los conflictos entre maestros y oficiales no
resultaban en la formación de organizaciones distintas de estos grupos. Las circunstancias económicas y políticas del Cusca no permitían
todavía el desarrollo de sindicatos u organizaciones similares.
Pero no todos los artesanos vivían en la pobreza. El pequeño
grupo de artesanos prósperos estaba dirigido por algunos sastres
ricos, que aprovechaban los contratos estatales. Debemos tener presente que los contratos para la confección de uniformes para el
ejército no reflejaban una coyuntura económica, sino que eran más
bien consecuencia de una política económica temporal, un impulso
artificial, que contribuía poco al desarrollo de la ciudad a largo plazo.
No obstante, estos contratos tuvieron el efecto de constituir la base
económica que permitió que algunos sastres se integraran al comercio
y a la política de la ciudad. Los capitales acumulados gracias a estos
contratos les permitieron diferenciarse económica y socialmente del
resto de artesanos.
Los sastres ricos gozaban de un prestigio social más alto que los
otros artesanos y, hasta cierto punto, podían participar en asuntos
políticos porque se convertían en comerciantes, pero no eran los
representantes políticos y sociales de los artesanos del Cusco.
Políticamente, los artesanos vivieron en un vacío entre 1824 y
1869, sin una adecuada representación. Sus organizaciones tradicionales, los gremios, eran utilizados por el Estado como instituciones
fiscales, sin recibir sus privilegios como monopolios de un alto grado
de autonomía interna y sin gozar de reconocimiento político.
Como organizaciones políticas, los gremios fracasaron totalmente en el Cusca republicano. Después de 1851, cuando los gremios
desaparecieron, pasaron 20 años antes de que los artesanos constituyeran una nueva forma de representación social y política.
La Sociedad de Artesanos, fundada en 1870, aumentó el prestigio
social de los artesanos mediante su fuerte actitud patriótica e integró
poco a poco a los artesanos en la política de la ciudad.

147

�Los artesanos del Cusco
Pero el interesante y complicado proceso de la historia de los
artesanos del Cusco de fines del siglo pasado será tema de un estudio
más amplio.

Sáo Paulo e a elite letrada
brasileira no século XIX
Raquel Glezer*

(Sáo Paulo)... a cidade academica, a Coimbra americano1

E

ste artigo tem por objetivo apresentar a fun~o principal
exercida pela cidade de Sáo Paulo, Brasil, no século XIX, que
foi a de formar urna parcela ponderável da e 'ite letrada brasileira, na Facultade de Direito, fundada em 1828, que criou os
quadros administrativos e políticos necessários para o desenvolvimento das atividades do e no Império.
A Faculdade de Direito de Sáo Paulo, também chamada de
Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco, formou hacharéis
em Direito e Ciencias Sociais que exerceram múltiplas atividades na
sociedade brasileira dos séculas xrx e xx, como políticos, burocratas,
administradores, jomalistas, escritores e poetas.
Ao lado de nomes famosos e reconhecidos, relacionados abriga• Departamento de História, FFLOWSP, Sao Paulo, Brasil.
Américo de Campos.A cidade de S. Paulo em 1877. Almanach li11erario de Siio
Paulo para o all/W de 1878, facsimilar, Governo do Estado/Casa Gvil /lmprensa Oficial
do Estado/Secretaria do Estado da Cultura Arquivo do Estado/Instituto His16rico e
Geográfico de Sao Paulo, Sao Paulo, 1982, pp. 1-9.
1

148

149

�Sáo Paulo e a eliJe letrada

Raquel Glezer

toriamente nas histórias da literatura brasileira e nas histórias políticas do Brasil, encontra-se também hacharéis que náo obtiveram o
mesmo reconhecimento social e cultural, mas que exerceram diversas
fun~ e papéis sociais, espalhados pelas cidades em todo o pais,
integrados na sociedade, divulgando os ideais es as vivencias resultantes de sua experiencia academica paulistana.
Além dos citados há mais um aspecto fundamental a destacar na
atua~o dos hacharéis formados na Faculdade de Direito da cidade
de Sáo Paulo - a própria cria~o e estructura~o do Estado brasileiro: o Estado Imperial, único na América Latina que existiu de 1822 a
1889. Da mesma maneira a fizeram com o Estado republicano, cuja
proclama~o em 1889 foi possivel gra~s a intensa campanha republicana realizada de modo predominante pelos estudantes e hacharéis desde o final dos anos sessenta do oitocentos. Campanha republicana realizada em paralelo com a campanha abolicionista, nem
sempre pelas mesmas pessoas, nas quais nao faltaram as presem;as
atuantes dos estudantes e dos hacharéis em Direito do Largo de Sao
Francisco.
A perce~ao da fun~o social da Faculdade de Direito de Sáo
Paulo era táo clara que um autor, egresso da própria Academia, no
ano de 1877 comparou a cidade a Coimbra, cidade portuguesa onde
se formaram os hacharéis que estructuraram e exerceram a administrat;áo no Império colonial portugues.2
Durante o longo periodo colonial, de 1500 a 1822, na área
geográfica de dominio portugues na América do Sul, na qual se
formou o Império do Brasil náo houve criat;ao de escolas superiores
ou universidades, diversamente do que ocorreu nas áreas de colonizat;áo hispanica.
Houve apenas um sistema restrito de colégios e seminários, de
algumas ordens religiosas, o qual tinha a finalidade de formar o clero
para as funt;óes religiosas locais.
No último quartel do século xvm, após a expulsáo dos jesuítas e
do fechamento de seus colégios e serninários, foram criadas asAulas
Régias, c.om a intenc;áo de substituir a a~o educacional jesuítica, em
algumas cidades e vilas. Elas foram poucas e esparsas pelo vasto
território, e náo atingiram os objetivos iniciais propostos, apesar de
haver sido criado um imposto especial, cuja arrecada~o des ti nava-se
formalmente ao processo educativo, denominado Subsi.dio Literário.
A educac;áo e forma~o cultural no território de ocupat;áo dispersa e

diminuta, mesmo considerando apenas os homens livres, náo foi
realizada concretamente como havia sido proposto pelo govemo
metropolitano no periodo pombalino.
Durante o longo periodo colonial as familias mais ricas enviaram
seus filhos para estudar na Europa, Portugal ou Franc;a. As de menor
poder económico colocaram seus filhos nos seminários das ordens
religiosas, que tanto formavam seus quadros localmente, nos moldes
metropolitanos, como mandavam os alunos mais promissores para a
Europa.
Para o exercicio administrativo no Império portugues, além do
respeito ás "leis de pureza de sangue", que garantiam o sangue
"cristáo velho", sem mistura de judeus, mouros ou negros, a Metrópole exigía a forma~o de bacbarel em Direito, realizada ha cidade
de Coimbra, em Portugal, fundamental para o dominio da complexa
legisla~o de várias tradisóes que conviviam no cotidiano e das instancias concomitantes de poder ou a forrna~o militar. Desde logo, a
área metropolitana, e o fato de serem naturais do Brasil nao era
obstáculo para a carreira burocrática, desde que tivessem os certificados Jegais exigidos para a inscri~o nas escolas superiores portuguesas, demonstrando a "pureza de sangue". A emaranhada teia de
relat;óes exigidas, mesmo que obviamente fossem falsas as afirma~s
do conteúdo: os antepassados eram sempre brancos, livres, "cristáos
velhos", os país sempre casados perante a Igreja. Nenhum dos jovens
estudantes que da América se dirigiram á metrópole para os seminários ou a Faculdade de Direito em Coimbra possuia em seus ancestrais as manchas infames de bastardía, oficios mecanicos ou atividade
mercantil, oficialmente.
Os administradores metropolitanos que vieram para a colonia
exercer suas atividades burocráticas ou militares eram profissionais,
que percorriam a v~ta área imperia_! colonial portuguesa: América,
Africa Ocidental, Africa Oriental, India, Ceiláo, China e ilhas do
Índico, exercendo seus en cargos en situaciones diversas e sempre
temporárias, considerados "nobres" por serem quer "letrados", isto
é, formados em Direito, quer oficiais militares.
Em 1808 quando a Corte portuguesa mudou-se para o Rio de
Janeiro, escapando da onda de transformat;óes do continente europeu, a administra~o metropolitana passou a ser realizada no Brasil.
Datam de entáo as primeiras escolas de nivel superior, algumas
transferidas de Portugal e outras criadas no Rio de Janeiro e em
Salvador, visando suprir as necessidades de pessoal administrativo e
militar no imenso território de dominio portugues.

2 !bid.

150

151

�Siio Paulo e a elile letrada

A especificidade do processo de Independencia que transformou
o Brasil na única monarquia da América Latina entre 1822 e 1889
pode ser explicada em alguns aspectos pela decisao de parte dos
quadros administrativos metropolitanos de náo retomar á Portugal
em 1821, quando o Reí Dom Joáo VI regressou, for~do pela Revolu~o do Porto.
Logo após a proclama~o formal de independencia, em 07 de
setembro de 1822, nos debates na Assembléia Constituinte em 1823
e 1824 a idéia de criar escolas superioes e universidade foi apresentada e aceita.
Em 1828 foram criadas duas FacuJdades de Direito no Brasil:
urna na cidade de O linda, depois transferida para a cidade de Recife,
para atender a regiáo nordeste e norte, e outra na cidade de Sáo
Paulo, para os habitantes do centro, sudeste e do sul.
Rec~e _e_ S_áo Paulo sáo ambas cidades tradicionais, que datam
dos anos 1mcia1s da colonizac;áo, no século XVI, com func;óes próprias
e específicas e trajetórias históricas diferenciadas.
Recife em Pernambuco desde seus primórdios fora urna cidade
mer~ntil, po~uária, vivendo da exporta~o do ac;úcar dos engenhos
e das ~portac;ot:5 dos bens necessários ávida e explora~o da la voura
can_~VJeira, dommande urna rede de comunica~o que abrangia a
regiao nordeste e a norte do país.
Sáo Paulo era quase o seu oposto, pequena cidade localizada no
alto do planalto, logo após a Serrado Mar, em direc;áo ao sul, voltada
para_ o sertáo, para o interior, tendo explorado e desbravado os
caminhos e as regióes de criac;áo de gado e de minerac;áo.
O ponto oomum entre ambas as cidades era o dominio de urna
rede de comunica~o, estruturada por motivos económicos es com
formas e tradic;óes diversas.
A ci~ade Sáo Pa~lo ~oi escolhida, pelo que se pode acompanhar nas d1scussoes constituc1onais, tanto pelo clima serrano e frio em
~ela~~ ao_litoral, considerado mais adequado aos estudos, como ~ela
mexistenc1a nela de outras atrac;óes que pudessem servir de motivos
de distra~o dos jovens.
As cidade de maior porte físico e financeiro foram consideradas
poten~ialmente perigosas para a finalidade de estudo, visto que
deve~am receber e atender jovens de quatorze anos em diante, que
estana~ afastados ~a familia, isolados, sem tutores ou responsáveis.
A_ c1dad~ de Sao Paulo possuia o título imponente de Cidade
lmpenal, de'?d~ ao fato de em suas proximidades ter sido proclamada
a Independencia, mas era urna antiga e pequena cidade, com os

d:

152

Raquel Glez.er

irregulares trac;ados coloniais, casas de taipa de piláo (barro b~tido
moldado em formas), térreas, marcada apenas pelas torres das 1grejas, que eram as construc;óes de maior destaque, ocupand~ ~u~na
área numa colina entre os rios Tamanduatei e Anhangabau, pronma
ao rio Tiete e cercada por varzéas que ficavam inundadas quase que
o ano inteiro. Era de pequeno porte físicamente e por volta do inicio
do oitocentos contava com cerca de 10 000 habitantes, incluindo
escravos.
O núcleo que deu origem á cidade foi o Colégio de Sáo Paulo de
Pirantininga, fundado em 1554 por padres jesuítas, com o objetivo
declarado de fazer a catequese dos índios. Em 1560 o Govemadorgeral Mem de Sá transferiu para a área do Colégio urna vila que existía
no planalto, Santo André da Borda d? Campo.
.
Os anos iniciais da vila foram dificultados pelo 1solamento do
litoral, onde estava concentrada a colonizac;áo portuguesa, a falta de
alimentos e os ataques indígenas, que reagiam ao proces~o de escra~
vizac;áo do "negro da terra". Por muitos anos a vila de Sao Paulo fo1
a área de domínio portugues mais distante do litoral.
O distanciamento de alguma maneira manteve a vila com un
certo grau de autonomía diante do controle ~dministrativ~ me~ropolitano. Como exemplo disso tero-se a expulsao dos padres 1esmtas ~a
vila por discordarem eles do processo de escraviza~o indígena: A vila
era cercada por aldeias indígenas destinadas á catequese e baVJa urna
constante disputa da máo de obra local.
.
Os habitantes da vila possuiam pequenas fazendas, nas qua1s
platavam os generos alirnentícios necessários, mas para obter máo de
obra escravizavam os índios. Para tal finalidade percorreram os sertóes, até mesmo os mais distantes, buscando encontrar outros povos
indígenas.
_
Pela procura de máo de obra farta e barata, os bandeu-antes, nome
dado aos habitantes do planalto paulista, populac;áo mestic;a de brancos e índios, percorreram vastas extensóes do interior do Br~sil,
atingindo até a regióes de domínio espanhol, ~argando as f~onterras
portugesas no continente e finalmente descobnndo ouro e diamantes
no interior.
Ero 1711 como recompensa pelo fato de seus habitantes t_ere~
colaborado nas descobertas das minas de ouro e diamantes, a vila fo1
transformada em cidade, mas continou pequena e insignificante, coro
popula~o esparsa e escassa. Diversamente de ou!ras cidades e vilas
coloniais náo possuia uro produto de exporta~º- que a t_omasse
importante, pois o ouro e os diamantes eram remetidos das areas de

153

�Sao Paulo e a elite letrada

minera~o diretamente para o Rio de Janeiro, capital do Vice-Reinado e daí para Lisboa.
_ A vila era pequen~, pobre e sem vida cultural. A própria Capitarua da qual era a capital acabou sendo extinta e só em meados do
século XVIII foi restaurada, mas a cidade cootinou pobre e com
popula~o dimiouta.3
A caracte~stica _de ser urna cidade pequeoa, sem atrativos que
pudessem desV1ar as JOvens mentes da finalidade principal foi utilizada os debates para escolha dos locais das escolas de Direito.
Náo é muito comentado pelos autores que estudaram a história
da :~culdade ?e Direit~ de Sáo Paulo o papel desempenhado pelos
P?lit1cos de ongem paulista que atuavam eotáo, como os Andrada e
Silva, para a escolha da cidade como sede da Academia de Direito.
A cria~o da Faculdade trouxe tansforma0es para a velha cida~e, náo na estrutura física, mas cultural e socialmente. A presea~ de
JOvens estudaotes de todo o país, que vinham e permaneciam nela nos
meses _escolares, habitando em pensóes ou em "repúblicas" ( moradias
exclusivas de estudantes), que estudavam no aotigo prédio de Convento da Ordem de Sáo Francisco, ao lado da igreja, alterou táo
profundamente o modo de vida da cidade que os historiadores mas
conservadores consideram o período urna fase da cidade.
Tradicionalmente, a história da cidade é dividida em tres fases:
a colonial, que vai da fundac;áo do Colégio dos Jesuítas em 1554 á
cria~o da Faculdade de Direito; a academica, de 1828 até o último
quartel do século XIX, e a atual.
. A cidade que os jovens estudantes de direito encootraram náo
t1~a bares, teatros, grandes comemora0e5. As familias pouco se
V1S1tavam e os bailes eram raros.
A presenc;a dos estudantes alterou a vida na cidade de tal forma que
ela se transformou em "cidade dos academicos", dos jovens que se
dt:51~ de todos os pontos do país para cursar a Academia de
Drre1to,
~a elite ~grária ou apenas detentores de "capital social",
~os de fa~as arrumadas finaoceirameote ou afiJhados de pessoas
n:35, ~pr~ndiz.es do poder ou membros do aparelho burocrático admirustrauvo unperiaJ, que nela viveram suas aventuras/travessuras juvenis.
Robert_Avé-Lallement, um dos viajantes que percorreu a regiáo
sul do Brasil em meados do século XIX, deixou a seguinte descri~o
dacidade:

filh°"'.

3

Raquel Glezer
Cheguei a Sáo Paulo ao meio-diaó
Que devo dizer da cidade? Muita coisa me contaram da eleglincia das
ruas, da limpieza das casas, do esplendor das igrejas e cei:13 apare~cia
aristocrática da popula~o ero geral, muita coisa que, a vános respe1tos,
nlio devia ver enganosamente.
_
Algumas ruas, um ou outro bairro bonito e ás vezes até m_agnificos;
ero alguns lugares, fileiras de casa assombradas e, além d1sso,_ boro
empedramento con cal~das, mas em geral cuas estreitas e a c1dade
absolutamente irregular.
As igrejas que vi slio bonitas, algumas ornadas, n? e~tanto nenhuma
me causou grande impresslio. A Faculdade de D1~c~t? dá u~a boa
impressáo e parece-me o mais notável de todos os edif1c10s da c1dade.
Tudo... parece monacalmente velho e impresslio semelhante me
deu Slio Paulo. Ali cheira a Témis e a velho jesuitismo; o primeiro odor
4
aumenta, pois a Faculdade de Direito tem 500 a 600 alunos.
Apesar das duras palavras do visitante, na realidade, o a~nh~do
espac;o físico da cidade dos "moc;os da Academia" recebeu ~rilho, ~da
e vigor. As velhas constru~es de taipa foram palco e plate1a de VI~as
juvenis romanticameote vividas/imaginadas, que sonhadoramente 10dustrializaram o futuro.
Essa cidade de barro náo existe mais, destruída para dar lugar ao
tijolo no último quartel do século XIX e depoi~, ~o século XX, ao
concreto. Daquele momento restaram apenas as 1déias, trac;os palpáveis da vida academica, frágil e efemera como a própria vida dos
autores (tantos dos quais precocemente mortos_deAtu~erculose~ quer
nos jornais acadernicos, pequeoos, d~ brev_e existenaa, explosoes de
idéias para revolucionar o mundo, neo ve10 de dados ~~bre a ~xperiencia vivenciada e sobre a fonna~o de urna classe pobttca nacional;
quer na poesia e prosa romanticas que marcam o início da lite~atura
nacional; quer nos jomais boje seculares, fundad~s por ba~haré1s para
divulgar e defender as idéias que transfonnanam o pais; quer nos
textos dos memorialistas, historiadores e jornalistas egressos da Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco.
Foram os al unos e hacharéis formados pela Academia de Direito
que movimentaram o espac;o físico da cidade, com bailes, ~ebedeiras,
brincadeiras, cac;adas, paixóes avassaladoras, pescanas, representa0es teatrais, e, de modo fundamental, o espac;o intelectual,

Ver !!istória geral da civilizofiio brasileira, Sérgio Buarque de Holanda (dir.) 9
v., OIFEL, Sao Paulo, 1961.
'

4 Robert Avé-Lallement, ViagellS pels provincias de SantD Catarina, Paraná e Sao
Paulo (1858), Itatiaia/EOUSP, Belo Horizoote/Sáo Paulo, 1980, pp. 331-352.

154

155

�Sáo Pau/,o e a elite letrada

destruindo o marasmo das velhas idéias coimbrás, o domínio total dos
dogmas católicos, introduzindo novas conce~ de sociedade e
direito.
De modo característico, náo foi através do ensino regular na
Academia que as novas idéias foram conhecidas, adquiridas e divulgadas.
O estudo de Sérgio Adorno, Os aprendizes do poder demonstrou
que a cria~o dos cursos jurídicos no Brasil fara urna necessidade
imperiosa para a independencia cultural e forma~o de quadros para
a burocracia do Estado, o que levou ao controle rígido do conteúdo
ministrado neles pelo Estado. O dominio das exigencias politico-administrativas-burocráticas no conteúdo e desenvolvimento do processo de forma~áo de hacharéis de um lado esvaziou a possivel politiza~º do curso, e de outro permitiu o desabrochar de urna vasta e rica
experiencia extra-curricular.5
Foi nesta, na vida extra-academica, na prática diária que se deu
o processo formativo dos jovens estudantes, que conheceram as novas
formula&lt;t&gt;es político-sociais na leitura de romances e obras estangeiras, predominantemente francesas; pela experiéncia em editar jomais
academicos de curta existencia; pelos la~s de amizade estruturados
nas turmas e nas "repúblicas" cstudantis; nas associa&lt;t&gt;es juvenis de
tipo iniciático, como a Bucha; nas sociedades secretas como a Ma~
naria, a qual quase todos se filiavam, com exc~áo dos católicos
ultramontanos.
A Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco oáo se distinguiu como um local de cria~o de saber jurídico liberal por seus
professores no século XIX. Ao contrário, parece ter dominado em seus
ensinamentos o jus-naturalismo e o direito canónico, urna das fontes
do direito portugues.
Entretanto, apesar da irregularidade dos cursos e da monotonia
do conteúdo, calcado no modelo coimbráo, os alunas seus tiveram
extraordinária atividade literária e política. Dentre os autores romaticos de prosa e poesía do século XIX cursaram a Academia: AJvares
de Azevedo, Bernardo Guimaráes, Castro AJves, Fagundes Varela,
José de AJencar, Tristáo de Araripe e tantos outros. Como escritores,
jornalistas e políticos destacaram-se: Afonso Celso, Américo Brasiliense, Crispiano Soares, Duque Estrada, Joáo Teodoro, José Bonifácio de Andrada, Martim Francisco de Andrada, Otaviano de AJ-

Raque/Glezer

meida, Pimenta Bueno, Rodrigues AJves, Rui Barbosa e muitos
outros.
Listar autores literários e políticos de renome nacionais do século
XIX e início do xx é sempre arralar ex-alunos e hacharéis da Academia
de Direito.
Mas náo apenas as personalidades de reconhecimento público
guardaram as marcas da experiencia academica paulistana. Numerosos hacharéis após a formatura dirigiram suas atividades para os
quadros burocráticos-administrativos de menor porte: no Judiciário,
como juízes, promotres, advogados; nos Cartórios Oficiais como
escriváes e oficiais para os registros necessários de pessoas, propriedaaes, a tos civis; na Administra~o Pública como procuradores, oficiais, secretários, na política como deputados provinciais e vereadores. E inseridos na sociedade fundaram escotas, jomais, associa&lt;t&gt;es
culturais ou litera-recreativas dando um outro tom a restrita vida
urbana onde quer que se einstalassem.
Quaisquer que fossem as atividades escolhidas ou as possibilldade de inser~o no restrito mercado de trabalho livre, os hacharéis
deixaram sinais de sua atua~o.
Ana Luisa Martins em seu estudo sobre Os Gabinetes de LeiJura
na Provincia de Siio Paulo. . . encontrou as marcas deixadas pelos
borneos que passaram pela Academia do Largo de Sáo Francisco e
que foram exercer atividades nas pequenas cidades do interior ou do
litoral, que tiveram o empenho de transformar os sonhos juvenis em
realidade, criando urna rede de Gabinetes de Leitura pela Provincia
de Sáo Paulo.6
Gabinetes estes que se pode supor bra~ civis de lajas ma~nicas,
casas de leitura livre, com escotas de "educa~o popular", laicas, que
tiveram a trajetória de ser originariamente Jocais de elite para elite,
litero-recreativas, mas que se transformaram no correr dos anos, em
locais livres, onde borneos e mullieres podiam ler o que desejassem, fara
do estrilo controle oficial católico, e onde podia-se entrar sem estar "decentemente vestido" ou cal~do, escotas deeduca~o laica para meninos
e meninas, e até mesmo escotas notumas gratuitas para escravos.
Junto com os livros e as letras, difundiram as idéias abolicionistas,
republicanas, anti-clericais. Contudo, deve-se reconhecer a fra~dade e ambiguidade do projeto, liberal-conservador, branco, propnetá-

Sergio Adorno, Os aprendizes do poder. O bacharr:lismo liberal na política brasi/eira, Paz e Terra, Rio de Janeiro, 1988.

6 Ana Lu{sa Martins, Os Gabineles tk Leinua da Provincia tk Siio Paulo: a
pluralidatk tk um espai;o esquecido (1847-1890), Disserta~o de Mestrado em História
Social, m.ol/USP/Sáo Paulo, 1990.

156

157

5

�S/io Paulo e a elite letrada

Raquel Glezer

rio de escravos, que marcou a impossibilidade da continuidade no
periodo republicano.
A transforma~o dos Gabinetes de Leitura em meros clubes
recreativos e o abandono das atividades políticas denotam a fragilidade do projeto. De todos os 19 Gabinetes localizados na provincia
de Sáo Paulo apenas tres permanecem como tais em nossos dias, os
de J undial, Sorocaba e Ria Oaro.
Mas a outra marca fundamental que os hacharéis deixaram foi a
própria forma~o do Estado brasilerio. Deve-se destacar que diversamente das experiencias hispanoamericanas o processo de independencia brasilerio nao foi revolucionário, nacionalista e anti-metropolitano.
'
Maria Odila Leite da Silva Dias em seu estudo A interioriz.afiío
da metrópole (1808-1853) chamou a atem;áo dos estudiosos brasileiros para a necessidade de ver com novos olhos o processo de emancipa~o, abandonando as visóes europeizantes que ainda dominam
os nossos estudos.7
Segundo ela, o processo de emancipa~o deve ser visto como urna
continuidade desde 1808, quando da transferencia da Corte portuguesa para o Brasil. As transfoma~es exigidas no processo administrativo a ser implantado no Brasil, as novas e crescentes necessidades
fiscais, as tensóes entre Portugal, dividido entre liberais e conservadores, e o Reino do Brasil, buscando criar rela~óes interprovinciais
que até entáo inexistiam, sáo todos complexos elementos a serem
considerados con processo de emancipa~o.
A vinda da Corte deu início a transforma~o da colonia em
metrópole, o que ela denomina de "metrópole interiorizada". Isto é,
a Corte do Río de Janeiro tomou a si o encargo de controlar e explorar
as outras "colonias" do continente americano.
Desde o início da coloniza~o no século XVI cada urna das capitanías existentes no continente americano relacionava-se diretamente com Lisboa, dela recebendo ordens e funcionários, a ela prestando
contas adminstrativas e financeiras, sem sofrer na prática coma a~áo
dos Governadores-Gerais e dos Vice-Reís. A transferencia da Corte
para o Río de Janeiro obrigou á mudan~ da rela~o de autonomía
entre as capitanías, criando urna hierarquiza~áo e dependencia que
antes inexistiam.
Maria Odila Leite da Silva Dias, "A interioriza~ da metrópole (1808-1853)",
en Carlos Guilhenne Mota (org.), 1822· Dimensoe.s, Perapectiva, Sáo Paulo, 1972, pp.
l(i()..184.

O Estado metropolitano fixou-se na regiá centro-sul e as demais
capitanías foram obrigadas a aceitar a centraliza~o e o dominio real,
processo que teve continuidade e amplia~áo nos anos seguintes á
Independencia.
A complexa situa~o do Brasil no período pós Independencia
necessita ainda de muitos estudos para o seu esclarecimento, principalmente quando nos anos após 1840 explodiram movimentos locais
contrários á centraliza~o burocrático-administrativa.
Apesar da generaliza~o que ainda se faz nos estudos sobre o
processo de Independencia e forma~o do Estado nacional, é possivel
destacar o papel desempenhado pela elite burocrática-administrativa, que manteve colabora~o constante entre as classes dominantes
nacionais e a administra~o pública, tal como se fizera em toda época
colonial. Muitos dos administradores das capitanías continuaram
suas actividades no Império e procuraram agir de modo eficiente no
processo de centraliza~o.
Quando e Império iniciou suas atividades contava com um eficiente
corpo burocrático-administrativo fiel ás suas diretrizes e orienta~.
Para dar continuidade a essa situa~o, criou seu próprio corpo burocrático através da funda~o das Faculdades de Direito, que formaram as
elites letradas imperiais, as quais serviram fielmente ao Estado.
Examinando de mais perta o período imperial fica evidente que
a elite letrada serviu ao Estado imperial, criando o Estado nacional
brasileiro nos anos 40, refor~do o poder central, reprimindo violentamente os movimientos locais acusando-os de separatistas. Coube a
essa elite redigir, debater, votar e aplicar a legisla~o imperial em todo
o território nacional.
Na prática, a forma~o jurídica dada pelo menos na Academia
de Direito do Largo de Sáo Francisco em Sáo Paulo serviu para tomar
os hacharéis fiéis servidores do Estado, pela complexa teia de rela~
sociais entre a elite dominante e o aparelho de Estado em cria~o e
implanta~o.
A aten~o, quando se tem por objeto os hacharéis formados pela
Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco em Sáo Paulo, é
geralmente dominada pelo consensual: o papel fundamental desempenhado por muitos deles na forma~o da cultura nacional. Estáo
ainda muito obscuros os papéis sociais que exerceram na divulga~o
de "novas idéias" e o fundamental papel político na cria~o do Estado
Nacional, na conclusáo do longo processo de interioriza~o de urna
metrópole no continente americano, na subordina~o de todas as
capitanías ao poder central imperial.

158

159

7

�Slio Paulo e a eliJe letrada

Deve-se ter em mente, de modo claro, que se a cidade de Sáo
Paulo teve, ero certo período histórico, a fun~o principal de ser um
centro de forma~o educativo e cultural, tal fato náo a transformou
ero cidade coro lideran~ política expressiva. Ao contrário, ao longo
da história do Brasil, com exce~o do periodo denominado de Primeira República, entre 1889 e 1930, a lideran~ política coube e cabe as
outras regióes do país.
Ero nossos dias, ocorre mesmo a subrepresenta~o parlamentar
das regióes sudeste e sul, apesar do peso demográfico e do poder
económico nelas concentrado.

160

�~
Instituto
Mor~

�</text>
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