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                    <text>~D
r.~E
,raoy~•u~J
UNIVERSIDAD VERACRUZANA

IJNf\i'E~SIDAD AUTÓNOMA
DENUEVO LEÓN

2007

�CUADERNO or ·¡ .1110

UNIVERSID,\ J VERACRUZANA

�FONDO
UN_IVERSITARJO

tr~Universidai

mo

S uANL
UNIVERSIDAD VERACRUZANA

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA
DE NUEVO LEÓN

y~ ~i~

Secretaría de Extensión y Cultura

Rector
Raúl Arias Lovillo

Rector
José Antonio González Treviiio

Secretario Académico
Ricardo Corzo Ramírez

Secretario General
Jesús Áncer Rodríguez

Secretario de Administración y Finanzas
Víctor Aguilar Pizarra

Secretario de Extensión y Cultura
Rogelio Villarreal Elizondo

Directora General de Editorial
Celia del Palacio Montiel

Director de Publicaciones
Celso José Garza Acuña

TRAMOYA: cuaderno de teatro
Director
Emilio Carballido
Subdirector
Héctor Herrera
Editor
Carlos Alexey Sánchez Bailón
Director Honorario
Eladio Cortés

Cuaderno de teatro

e

§

*

Universidad Autónoma de Nuevo León
CON TENI D O
Editorial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

3

La dramaturgia de Nuevo león: ¿entre el Norte y el Centro?
ELVIRAPOPOVA

5

Expreso a nomeolvides

12

HERNÁN GALINDO

Con la sal de Salvador
CORALAGUJRRE

Por encima de la vida
Consejo editorial: Felipe Reyes Palacios, Osear Chávez, Luis Martín, Francisco Beverido Duhalt,
Selma Ancira, Beatriz J Rizk, Antoine Rodríguez.

s

REYNOLPÉREZVÁZQUEZ

Venados a la luz de la luna

37

57

97

HERNANDO GARZA

TRAMOYA: cuaderno de teatro, aparece trimestralmente en la ciudad de. Xalapa, editado por
la Universidad Veracruzana.
Correspondencia y suscripciones: Revista TRAMOYA, Apartado postal 318, Xalapa, Ver.,
México. Http://www.uv.mx (Difusión y Extensión/Publicaciones/framoya); Tel./Fax: (228) 817 2954.
Registro en trámite. Libros para la sección Teatro impreso enviar a la dirección indicada.
Captura y formación: Silvia Sosa Sánchez.
Tiraje 1000 ejemplares. Editorial Ducere. México, D. F.

El hombre sin adjetivos .
MARIO CANTIJ TOSCANO

105

�Galimatías

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. 144

EDITORIAL

VIDAL MEDINA

La casa de las cruces de gis

. . . . . . . . . .

. • • • • · • · 164

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TEATRO DE NUEVO LEÓN

FONDO
UNIVERSITARIO

RUBÉN GONZÁLEZ GARZA

Nuestros colaboradores

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PORTADA E INTERIORES : Fernando Meza.
FOTO DE LA PORTADA: Alfredo Aya/a.

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· 190

U

NA CIUDAD EXTRAÑA ROTA EN VEINTE PEDAZOS: MONTERREY CON

monte que lo bautiza alzándose a lo lejos y un ajetreo extraño
que liga unas partes con otras.

Un tiempo en que era chica y de apariencia humilde, todas las casas
corrían en torno de una o dos plazuelas y no eran muy altas. Y un día de
repente, algo le sucedió, vino un gobernador que tiró veinte cuadras y
las volvió un gran parque y después entorno crecieron edificios.

Las obras son propiedad de los autores© D.R. 2007.

Y apareció Monterrey como la conocemos, con una vida propia, con
bastante riquezas y unas cosechas de teatro que son de allá, exclusivas.
Esa extraña costumbre de México de separar su vida cultural. ¿Por
qué no asume como suyos los excelentes frutos que aquí ofrecemos? Esta
cosecha de teatro cubre la región de Monterrey y lo deja muy erguido y
orgulloso de exhibir las obras, una por una, y que no son idénticas sino
variadas y con secretos de dramaturgia que cada una guarda.
Tal vez alguna obra sea inferior a lo que esperamos del autor, que
tiene momentos muy eléctricos en su totalidad, pero en cambio de los
demás que van proponiendo diversas maneras de ofrecer espectáculos.
Aquí están las sorpresas de una labor que se resume pero que tiene
más, mucho más obras.
Monterrey, ciudad enredada con su gran parque central, sus edificios
altos, su vida intelectual propia, bienvenido a Tramoya.

3

�La dramaturgia de Nuevo León: ¿entre el Norte y
el Centro?
Elvira Popova

H

ABLAR ESTRICTAMENTE DE LA DRAMATURGIA DE NUEVO LEÓN SIGNIFlCARÍA

pensar en autores que viven y trabajan en alguno de los cincuenta y
un municipios que conforman el Estado. Pero como expresa un
amigo, "Nuevo León es Monterrey" ... Este simple y acertado comentario
confirmó la inutilidad de mis suposiciones y esperanzas: que fuera de la gran
ciudad pudiera encontrar dramaturgos para incluirlos en la presente selección. Los siete autores reunidos en esta edición, a pesar de ser procedentes de
suelos diferentes, representan la producción dramatúrgica de Monterrey,
porque aquí es donde se han desarrollado como autores de textos dramáticos
y los han visto publicados y puestos en escena.
¿Qué significado tiene este hecho en cuanto a su homogeneidad e identidad?
¿Se podría decir que ellos son "el grupo de los dramaturgos regiomontanos"
en cuyas obras vive la ciudad, la región, y son unidos por características en
común? ¿Cómo suena su propia voz en el contexto de la dramaturgia nacional
mexicana? Estos serían los puntos de partida y reflexión sobre la dramaturgia
de esta parte de nuestro país.
La selección de las obras aquí publicadas se hizo con el propósito de presentar la variedad de autores dramáticos en Monterrey: unos, con trayectoria
y que siguen activos en su labor creativa, otros, que cuentan todavía con un
reducido número de textos, pero han merecido premios y distinciones por su
trabajo. Otro de los criterios fue seleccionar obras que destacaran por sus
exploraciones formales, temáticas y de lenguaje teatral; que tuvieran como
denominador común puntos característicos de la zona, pero que l_os explorasen bajo una óptica no-localista. Otra de las intenciones fue proponer piezas
inéditas. Salvo los textos de Coral Aguirre, Rubén González Garza y Hernando
Garza, que fueron escritas hace algunos años, los de Hernán Galindo, Reynol
Pérez, Mario Cantú y Vidal Medina son escritas en el 2006.
Estos autores han pertenecido a los dos grupos de dramaturgos regiomontanos:
Dramas Nuevo León (Rubén González, Hernán Galindo y Reynol Pérez) y
Contraseña (Coral Aguirre, Remando Garza, Mario Cantú y Vida] Medina).
Con sus integrantes más habituados en cuanto al ejercicio dramatúrgico, Dra-

5

�mas Nuevo León tendía a una visión más tradicionalista, y Contraseña, conformada por jóvenes en aquel entonces, se inclinaba por la experimentación
con el lenguaje teatral.
Igual que en muchas otras áreas, en el teatro mexicano también se discute
entorno del centro y la periferia y no en pocas ocasiones se trata de ver a los
hechos artísticos desde una perspectiva regionalista y no global. Uno de los
respetados teóricos y dramaturgos nacionales, Enrique Mijares, afuma en una
reciente entrevista que: [... ] "es muy sencillo ver que las manifestaciones
dramatúrgicas del DF tienen una estética, un propósito, si es que se puede
llamar propósito a romper con la vocación social del teatro. [... ] y la dramaturgia del norte tiene una preocupación social muy fuerte, le preocupan los
demás, habla de su entorno". (Mijares, 188).
Este orden de pensamientos esquematiza y descontextualiza la dramaturgia
creada fuera de la zona fronteriza. No compartimos esta distinción porque
creemos, por una parte, en el universalismo del arte teatral; y por otra, en que
la visión introspectiva y no la social predominaba en gran parte de Ja dramaturgia mexicana en la década de los 90's; y que hoy la introspección en la
dramaturgia nacional cedió a una postura marcada por el contexto sociopolí tico. A propósito, ¿qué tanto lo geográfico puede ser característica
definitoria en cuanto al arte se refiere? ¿Dónde ubicaríamos los dramaturgos
de Nuevo León? ¿En el Norte? ¿En el Centro? ¿En la periferia? ¿Entre el Norte y el Centro?
Nuestros autores parten de la tierra que los parió, pero no terminan en
ella, sus textos abordan temas y problemas más allá del horizonte de la región. Y cuando sitúan la acción en lugares típicos del área (Agualeguas en
Por encima de la vida de R. Pérez; un pueblo semidesértico cerca de Monterrey,
en Venados a la luz de la luna de H. Garza; Monterrey en El hombre sin adjetivos
de M . Cantú y Galimatías de V. Medina), estos dramaturgos igual que
H. Galindo y C. Aguirre (quienes disponen sus textos fuera del norte), trascienden lo regional y exploran en lo profundamente humano; hablan de la
identidad, la memoria, la soledad, el amor, las dudas existenciales: todos ellos
conceptos universales.

montanos también en cuanto a personajes: Salvador (Con la sal de Salvador)
tiene un espíritu libre, es portador de la otredad y dificilmente cabria en un
espacio provinciano; Emiliano (Expreso a nomeolvides) se ha acostumbrado a
reprimir sus sentimientos por el ajetreado ritmo de sus viajes de negocios y
por más que insista que tiene una comunicación de amistad con sus hijos, nos
queda clara la ajenación entre ellos; Galimatías (Galimatías), Millán, Diana e
Isaac (El hombre sin adjetivos) profesan un escepticismo y falta de ideales tan
característicos de los jóvenes urbanos de la última década del siglo pasado y
la primera del nuevo; en Osear y Pedro (Por encima de la vida) es palpable el
deseo de una vida diferente lejos del pequeño pueblo que según ellos encuentran sólo en la ciudad. En cuanto al lenguaje teatral, este combina el realismo
con la metáfora poética; estructuras más tradicionales con otras que conciernen a lo cinematográfico, a la narraturgia, a la intertextualidad y a los juegos
espacio-temporales.

Por otra parte, la ausencia de localismo en las obras aquí reunidas se revela a través de las formas de vida presentes en cualquier ámbito contemporáneo: la migración hacia los grandes centros urbanos y la despoblación de las
pequeñas aldeas ( Venados a la luz... , Por encima de la vida); la pérdida de identidad, la falta de modelos orientadores, el escepticismo y el cuestionamiento de
la existencia de Dios (Galimatías, El hombre sin adjetivos).
La ciudad es una protagonista constante en estos textos. Los códigos de
la cultura urbana determinan en mucho la visión de los dramaturgos regio-

Con mayor experiencia, con más obras publicadas, premiadas y puestas,
Hernán Galindo es uno de los autores más representativos de Monterrey.
Sus textos tocan puntos esenciales para la visión de la provincia, a pesar de
que no necesariamente están ubicados en tópicos concr etas del norte. La
familia con sus secretos y apariencias, la hipocresía y los prejuicios sociales,
manejados de una forma dócil son temas de Ansia de duraznos, Las bestias
escondidas, Los niños de sal y Círculos en el jardín.
Más que un análisis crítico, los textos de H. Galindo son un cuadro de la
vida, el pensamiento, la percepción y la sensibilidad provinciana. Pero en su
más reciente texto, Expreso a nomeolvides, el dramaturgo se sale del espacio
provinciano y sitúa la acción en la colonia Condesa de la ciudad de México.
El texto es una introspección, un viaje hacia los rincones interiores de los
personajes. En Expreso... Galindo retoma un motivo por el que se interesó en
"Los niños de sal": el del pasado y los recuerdos, pero ahora experimenta con
los tiempos y los espacios, los yuxtapone, une los aquí y ahora de los diferentes planos de la vida de don Sebastián. El expreso a nomeolvides con sus vías
y rieles es metáfora de los anhelos, del orgullo, el dolor y la esperanza; de las
redes y los lazos en la vida de este extraño quien llega al suelo mexicano para
buscar mejores oportunidades. Construidos por medio de una estructura cinematográfica, los 20 cuadros de este nostálgico y poético texto hablan de la
búsqueda de la identidad, de la memoria, de la soledad, del encuentro entre
dos culturas: la mexicana (Tzintzuntzan) y la española (don Sebastián). El
autor maneja de una manera contenida y profunda los sentimientos encontrados de su protagonista. Don Sebastián Núñez de la Vega sigue a pie a sus
80 años gracias al lazo que lo une con su gran amor, su difunta esposa Paloma. La presencia de Paloma es real, no es un recuerdo o un flash back; ella

6

7

�vive en otra dimensión espacio-temporal donde también habita Sebastián, en
el mismo momento que presencia sus pláticas-monólogos con la criada
"moreliana de vestidos bordados" o las riñas y reproches con su hijo Emiliano.
Es por ello que los cuadros se entrelazan, la acción es paralela, yuxtapuesta Y
no hay regresiones temporales, sino viajes, traslaciones espaciales en varios
recovecos de la memoria y la conciencia de este añejo español. Más que una
historia de amor, más que un acercamiento entre Tzintzuntzan, Sebastián y
Emiliano, Expreso a nomeolvides es el encuentro consigo mismo de cada uno de
estos personajes, quienes se refugian en sus propias soledades.

Coral Aguirre es fundadora y figura central del grupo "Contraseña" (ya
desintegrado), el cual formaron en diferentes épocas autores como Remando
Garza, Mario Cantú, Vidal Medina, Jorge Silva, entre otros. Si en las obras
cortas de Coral se asoma a veces una inclinación a enseñar, a ejemplificar las
iecciones y los ejercicios dramatúrgicos y actorales; en sus textos para teatro
más complejos como La cruz en el espejo (sobre Sor Juana), Sofia al borde de la
luz (inspirada en los personajes de A. Carpentier del Siglo de las luces) y Con la
sal de Salvador (alrededor de Salvador Novo) entre otras, Coral muestra otra
faceta suya - la de la mujer intelectual sumergida en los temas de la identidad, la otredad, la existencia, la libertad, la creatividad-. Escrita y puesta en
escena por ella misma en 2001, Con la sal de Salvador no es una obra biográfica
sobre Salvador Novo, a pesar de las extensas investigaciones que realizó la
autora durante nueve meses. Como dramaturga Coral no se interesa por lo
anecdótico, por contar historias. Ahonda en exploraciones formales y en juegos espacio-temporales. "No es fácil ser quien soy", dice el protagonista. Gran
poeta, artista, parte sustancial de la vida intelectual de México, y también de
la bohemia; alguien quien desafió las corduras de la sociedad con su arte de
vivir según sus propios criterios. Y también alguien que, con ironía y atrevimiento, disimuló el rechazo, la soledad, las incertidumbres. Este es Salvador

Novo en la obra de Coral Aguirre. En una noche de verano Salvador es visitado por los fantasmas de sus amigos, amantes, adversarios y censores. La autora abre los límites de esta noche y por medio de planos paralelos y entretejidos borra las barreras del espacio y el tiempo, juega con personajes históricos
(Novo, X. Villaurutia, García Lorca, Antonieta Rivas Mercado, Sor Juana) y
ficticios (Él, Joven, Poeta); se sirve de la intertextualidad, fusionando versos
de Novo, Villaurutia, Baudelaire y Lorca con narraciones, explosiones y juicios de los Coros (de la Banda, de los Ciudadanos, del Público, de las Locas).
Salvador en esta obra "juega, rememora, vive, canta y baila, se disfraza ... "
(acotación inicial) ante su último encuentro -con La Catrina- . En el montaje este encuentro era presidido por una admirable escena: la del ritual de la
purificación que celebran los visitantes de la memoria y la imaginación de
Salvador, bautizándolo con sal.
De esta manera, Con la sal de Salvador pasa más allá de lo biográfico, de lo
documental y entra en el mágico espacio de lo artístico, que se rige por sus
propias leyes - las de la imaginación, la angustia, la libertad, el desafio, la
ironía, el humor, el dolor.
Segunda parte de una trilogía, en Por encima de la vida de Reynol Pérez
percibimos ecos chejovianos de nostalgia y melancolía. Desde El tren nuestro
de cada día, Ana y el hombre y ¡Que te parta un rayo! un motivo recurrente aparece en la dramaturgia de Reynol: el de la vida gris y monótona de la gente
común, en la cual aparentemente no pasa nada, pero que en realidad se desmorona. El mundo de Agualeguas (el lugar natal del autor) revivió en ¡Que te
parta un rayo! (primera parte de la trilogía). Pero ahora, a pesar de que prosigue con el mismo ambiente del pequeño pueblo de los 70's, Reynol interioriza
en la vida de sus personajes. Sin grandes acontecimientos y acción externa, la
obra se inserta paso por paso en la cotidianeidad de los habitantes de este
olvidado pueblito: el zapatero hundido en el pasado y hablando con el fantasma de su gran amor nunca efectuado; su hijo, enamorado, sediento de una
nueva vida que quiere buscar "al otro lado"; su novia, llena de esperanzas,
ternura y fuerza para enfrentar el amor; y varios personajes más, que hacen
revivir una galería de arquetipos provinc_ianos, pero cada uno con su propio
destino. Por encima de la vida expresa la problemática del poblado que se ha
quedado casi sin habitantes por la migración hacia la ciudad o la frontera; lo
dificil que es sobrevivir sin esperanzas. Con metáforas y de una manera
sugerida, el autor habla también del amor, del pasado, de la calidez y la
crueldad humana, del anhelo de vislumbrar más allá del horizonte inmediato.
Intuimos el espíritu y el vuelo mutilado de la gaviota chejoviana y leemos la
obra de Reynol Pérez como una metáfora de la -imposibilidad de conocernos
uno al otro, de conocernos a nosotros mismos -qué observación más cierta
de la vida del hombre moderno-.

8

9

Un cuadro de la vida provinciana propone Rubén González en La casa de
las cruces de gis en la tradición del teatro de Argüelles y Carballido, como testimonio de las apariencias y los secretos que guardan las familias. Las cruces
de gis que dibuja el hijo demente en las paredes de la casa apuntan la vida y la
muerte de los miembros de esta familia. Locura, tesoros escondidos y traición envuelven la casa de El General. La muerte de la hija mayor es el inicio
de la lenta revelación de la enfermiza herencia que ha marcado casi todos de
esta sangre. Con su estructura clásica, lenguaje realista y temas que tocan
puntos idiosincrásicos, esta obra es cercana a Residencial Los Pinos, Estrella de
ceniza y El secreto de la Virgen del mismo autor. Las huellas de gis son símbolo
de lo imborrable que es la memoria y también de lo efimero que es la vida.

�En un tono afín -poético y metafórico-, Remando Garza también cuenta
una leyenda sobre la despoblación en su corto texto Venados a la luz de la luna.
Similar a otros textos suyos como El día que amaneció lloviendo y Crímenes
mojados, el autor aborda temas como: el inconsciente colectivo y sus mitos,
la identidad del pueblo, la fusión entre lo real y lo imaginario. Igual que Reynol,
H . Garza presenta galería de personajes de la región. Una luz misteriosa en
el monte hace que la gente de un pueblito semidesértico desaparezca. Entre
luz y sombras, como ritual, la búsqueda de la niña desaparecida se convierte
en indagación en ese "algo" que los saque de su vida cotidiana, algo que
los maraville, que sea hermoso y misterioso, algo que les hace falta. Tanto
R. Pérez, como H . Garza utilizan una joven (Eugenia, Niña) como símbolo
de lo bello, de lo otro, de lo intangible que no cabe en el mundo rutinario
y grisáceo..
Desde una perspectiva totalmente diferente ven la realidad en sus obras
Mario Cantú y Vidal Medina. Nada de poesía, de sueños o ideales. El hombre
sin adjetivos y Galimatías reflejan el desencanto y el escepticismo frente al
mundo del nuevo tiempo convulso y desencajado. Ausencia de Dios y de centro orientador, desacralización y descontextualización de la historia, juego
de tiempos y espacios, deconstrucción del rol tradicional del personaje, formas dramáticas alineales: estas son las características en común entre los dos
autores y en el mismo tiempo, las que los distinguen de sus colegas.
Dentro del track postmoderno de sus textos anteriores Edipo güey y
Anticristo encontramos a Mario Cantú en El hombre sin adjetivos. La afmidad
de Cantú por la intertextualidad y las referencias literarias y filosóficas aquí
se presenta no sólo dentro del texto, sino que constituye la obra como totalidad. El hombre sin adjetivos es réplica de la novela El hombre sin atributos
de Robert Musil, donde el escritor austriaco examina la existencia descentrada
y sin objetivos de un personaje-antihéroe y analiza la gran crisis espiritual de
la época de los años 30's. Los tres personajes de M. Cantú son jóvenes urbanos de nuestra época, para quienes ser psicótico o catapléxico es "la única
manera de adaptarse a este mundo de mierda. Uno tiene que ser esquizofrénico
para poder vivir aquí, con tantas realidades que se contraponen", dice Millán.
Es por ello que él, Diana, e Isaac habitan en sus propias realidades, construidas por el autor como partes fragmentadas de la "verdadera" realidad. ¿Pero
cuál es la auténtica? La de los hombres con adjetivos quienes no viven su
propia vida sino una mentira? ¿O la del hombre quien carece de adjetivos
porque los mismos habrían de remitir a un centro que ya no posee? El hombre
sin adjetivos no existe para los demás, no tiene edad, no tiene personalidad,
pero tiene su propia realidad donde entra por medio de tranquilizantes. El
dramaturgo continúa con el recurrente desasosiego por la relación del hom10

bre con Dios, por la pérdida de centro ordenador de la realidad y la repercusión en la idea del sujeto. Pero lo nuevo y diferente es la presencia de un
sentido social-político: los monólogos de Millán en tono de "oneman show"
que enmarcan las escenas, comentan realidades actuales de una manera aguda
y burlesca, con un humor negro y absurdo, que recuerda a Woody Allen. El
diálogo es cotidiano y directo, pero bajo la insignificancia de las palabras hay un
universo subterráneo de significantes: la verdad de este mundo de banalizaciones
es puesta en la boca de un desadaptado neurótico y en esto radica la ironía del
nuevo texto de Mario Cantú, cercana al Garap de Vidal Medina.
A diferencia de "Garap" donde Medina reflejó la particular atmósfera de
los 90's y con escepticismo habló del consumismo y del vacío de las nuevas
generaciones, ahora el autor incursiona en la narratividad escénica (llamada
también narraturgia). Galimatías es un juego de historias y personajes que
intercambian sus roles constantemente, así como pasado narrativo con presente-futuro teatral. Galimatías igual que Millán, Diana e Isaac carece de
centro y se enfrenta cada día con sus dudas existenciales. La suya, es la historia banal de un hombre pequeño quien intenta infructuosamente poner en
orden su vida, pero representada como sucesión de acciones con narración e
irrupción en el presente teatral, con sobreposición de planos y con una divertida mezcla de lenguaje coloquial con terminología pseudocientífica. Parecido al de Cantú, el diálogo de Medina en momentos parece abstracto, pero en
el mismo momento es directo y bajo la obviedad se percibe un sentido más
allá de lo cotidiano.
Este es el panorama de los autores teatrales de Nuevo León. Si los ubicamos al Norte o al Centro deja de tener importancia, porque el verdadero
significado del arte teatral es trascender las fronteras y persistir en el espíritu
humano.

Referencia:
MIJARES, Enrique. La dramaturgia norteña, un archipiélago de circunstancias:
Entrevista al dramaturgo por Rocío Galicia. En: Latinamerican Theater
Review, 40/1 , Fall 2006, p. 188.

11

�PERSONAJES:

Expreso a nomeolvides
OBRA EN UN ACTO, VEINTE CUADROS Y SU EPÍLOGO

Hernán Galindo

.

.

Gachupm: Hombre con estrellas en los pies.
Palabra nahuatl por aquellos que llegaron con espuelas.
Bello al principio y despectivo después.

Para Alberto Marcos
en recuerdo de los martinis
de Nueva York.

amargo, la servilleta doblada en
seis, dos churros ... y el periódico planchado.

SEBASTIÁNNUÑEZDELAVEGA
Cerca de los ochenta años.
TZINTZUNTZAN
Su criada, una moreliana de vestidos bordados.
EMILIANO
El hijo.
PALOMA
La mujer de Sebastián.

Tzintzuntzan desaparece. El reloj marca las siete. La criada regresa con la
charola ya utilizada, el periódico revuelto bajo el brazo.
TZINTZUNTZAN: Yo no sé para
qué planchar el periódico si se
arruga toditito. Costumbres madrileñas. Já.

La acción toma su desarrollo en diversos salones del caserón de don Sebastián,
de seguro en la colonia Condesa de la
ciudad de México. Ningún espacio
necesita demasiado mobiliario, un
director creativo regalará cada atmósfera
a su público. Como una necesidad
imperante debe haber un ferrocarril en
miniatura cuyas vías se enredan en el
escenario como una caligrafia árabe.

Tzintzuntzan sale por el extremo contrario. Paloma, que la observó pasar,
se vuelve a sentar. La escena ha pasado del azul al amarillo pálido. Don
Sebastián sale de su recámara, se
cierra la bata roja y se anuda la bufanda; acaricia la cabeza de Paloma
con ternura y, cuando llega al centro
del salón saca de su bolsillo un control remoto. Lo activa. Escuchamos el
silbato de un tren y segundos después
un ferrocarril miniatura cruza por las
vías; sus coches son de colores brillantez, esmaltados: amarillo canario,
verde limón, rubí...

Época: En la edad de don Sebastián.
UNO

Luz azul. Paloma está vestida de blanco
con aquel vestido que usara en el baile
algún domingo de los años cuarenta. Sentada en la silla de respaldo alto como si
estuviera dedicada a escuchar detenidamente el mecanismo del reloj de pie.

SEBASTIÁN: (Murmura.) No me
olvides. Por favor... No me olvides.

El reloj marca las seis. Paloma se levanta y danza hasta el otro extremo;
cruza presurosa Tzintzuntzan con la
bandeja del desayuno y el periódico
bajo el brazo.

DOS

Emiliano y Sebastián en sendas sillas;
el viejo fuma un puro y tiene un carro
de ferrocarril entre sus manos.

TZINTZUNTZAN: Un huevo benedictino, el chocolate espeso y
12

EMILIANO: De Bruselas.
13

�TRES
SEBASTIÁN: Ah.
EMILIANO: Revisa la clave. Va
perfecto con los de tu colección.
SEBASTIÁN: Ajá.
EMILIANO: Lindo. Qué pulcritud.
Cada vez los hacen mejor. ¿No crees?
SEBASTIÁN: Gracias.

Tzintzuntzan sentada en un banquillo,
una ristra de chiles pasilla se envuelve
entre sus pies como una serpiente picosa,
ella les quita las semillas. Los vapores
de la cocina se mezclan a su espalda al
hervor de las ollas y cazuelas.
TZINTZUNTZAN: Ahora que sí tenía razón. La vieja era muy lista.
Ahora que a veces era fregoncita,
pero yo creo que pues muy seguido todos lo somos. Yo también,
pero ni que no fuera yo mujer...
(Sonríe.) Ni que no fuera michoacana. (Ríe.)Ni modo. (Suspira.)Ah
que viejo más viejo que esta vieja.
Y aquí me tiene, mamá, a los
cincuenta y nueve todavía haciéndole su sopa tarasca. "Ni más ni
menos chiles, nomás los más o
menos". Ah que viejito españolete
este. Y digo yo, ¿ya para qué me
caso? Si con este anciano cascarrabias tengo. Bonita cosa: cuidando
a un viejo que ni es mi marido, ni
mi padre, ni mi amante... nomás
mi patrón. ¿Ya para qué me caso?
Si los sabores y sin sabo!'es, los
sazones y desazones ya los viví
parejito. (Detiene su labor y se sorbe
la nariz.) ¿Quién me manda a mi
gastar la vida en un abuelo ajeno?
(Retoma la actividad con algo de
rabia.) Pero no le paso ni una
más de sus chiflasones, me revelo,
me...
SEBASTIÁN: (Desde fuera. Tocando
una campana.) ¡Mi sopa tarasca,
Tzintzuntzan!

Silendo.
EMILIANO: Voy a Japón. Mañana.
El tren bala no se te verá muy bien.
SEBASTIÁN: No.
EMILIANO: ¿No preguntas por tus
nietos?
SEBASTIÁN: ¿Preguntan ellos por mí?

Silencio.
EMILIANO: Sebastián está por
graduarse. Relaciones internacionales. Trae tu virus de los
viajes. La niña ...
SEBASTIÁN: Hace lustros que dejó
la niñez.
EMILIANO: Siento que se nos casa
pronto.
SEBASTIÁN: Ajá.
EMILIANO: Bueno, me voy. ¿Quieres algo de Japón?

Sebastián lo mira con ausencia en las
pupilas. Emiliano sale.
SEBASTIÁN: (Mirando el coche miniatura.) El vagón, "la familia extraviada."

El reloj canta en la penumbra una hora
indefinida.
14

TZINTZUNTZAN: (Con amor.) En
un ratito. Va. Tómese un jerez.
(Respira profundo y, sonriendo continúa su trabajo.)

SEBASTIÁN: ¿Dónde quedó tu
aroma? Tus cabellos siguen tejidos entre el cepillo de plata...
PALOMA: (Apenada canta muy bajito.) "Como nací en la calle de la
Paloma ... "
SEBASTIÁN: Tus vestidos de seda,
tus mantones ...
PALOMA: (Canta más animada.)
" ... Ese nombre me dieron de
niña en broma ... "
SEBASTIÁN: Las venas apenas lilas de tus sienes y los pliegues
rosados de tus piernas...
PALOMA: (Ríe, canta más abiertamente.) "Y como vuelo alegre de
calle en calle el nombre de Paloma siguen hoy dándome..."
SEBASTIÁN: Tus pezones como
flores de durazno y tu pubis de
terciopelo ...
PALOMA: (Luchando por evitar la
carcajada.) "Busco un palomo,
busco un palomo, busco un palomo. ¿Quién será él? ¿Quién
será él? ¿Quién será él? ... "
SEBASTIÁN: (Por primera vez directo a ella.) Yo.
PALOMA: (Por vez primera a él. Lo
abofetea.) ¡Fresco! (Se pone de
pie y se arregla el vestido.) Vámonos, mamá . Este tipo es un
barbaján.
SEBASTIÁN: (Viéndola salir.) Que
todavía te adora, corazón.

CUATRO

Se escucha la música de salón. Paloma
de nuevo en la silla, se abanica femenina, lleva una rosa blanca en la sien
izquierda. Entra Sebastián con pasos
de viejo y la mira. Ella habla en otra
dirección.
SEBASTIÁN: (Siempre viejo, nunca
joven.) Hermosa.
PALOMA: (Ajena.) No, muchas gracias.
SEBASTIÁN: Con tu pelo de uvas
negras y tu piel de marfil.
PALOMA: (Idem.) Que no. No me
deja mi mamá bailar con desconocidos.
SEBASTIÁN: Con tu nombre blanco. De espuma de mar, de caracoles...
PALOMA: Por supuesto que es un
desconocido y no se ve bien ...
SEBASTIÁN: Cuando te volviste oscura mi alma se murió contigo.
PALOMA: Mamá me está haciendo señas, da pellizcos en el aire
y para la ceja ... ¡Dios mío!
SEBASTIÁN: Y aunque un hijo sí
es la vida, pudimos haber tenido
la nuestra.
PALOMA: (Ríe.) Atrevido. Dos minutos no es conocerlo. Que no y
que no.
SEBASTIÁN: Te extraño en la cama.
PALOMA: (Ríe.) No. No me la sé,
señor. Es usted un pícaro.

CINCO

Sebastián hecha a andar el ferrocarril. Él detiene el juguete y toma un
vagón azul.
15

�SEBASTIÁN: Vieja tonta. Mira que
pisarme mi ferrocarril. (Saca un
desarmador de su saco.) A ver si
con esto lo enderezo. Y precisamente mi "vagón de galería" .
(Sonríe.) Algún día sabrán que
está lleno de pequeñas fotografías. De ti. De los demás. Ja, para
que esta tonta moreliana me lo
venga a aplastar.

Tzintzuntzan entra, hace nudos su delantal, se ve nerviosa. Un resplandor
extraño penetra por el extremo de la
cocina.
SEBASTIÁN: ¿Qué quieres? Mira
donde pones esos pies o me vas a
hacer pomada mi tren. Tres coches
en un mes. ¡Tres! El fumador, el
de correos y mi coche galería.
Como si no supieras que tengo lleno este salón con el paisaje de mis
vías. Como si ... ¿Qué tienes? ¿Por
qué tan nerviosa? ¿Qué otra barbaridad hiciste? ¡Contesta!
TZINTZUNTZAN: Es que... no sé
si le guste.
SEBASTIÁN: ¿Qué? ¿Aplastaste
otro de mis coches?
TZINTZUNTZAN: No, no. Es que
luego dice que no me meta.
SEBASTIÁN: Pues no te metas.
TZINTZUNTZAN: Pero no puedo
dejar de meterme.
SEBASTIÁN: Moreliana, pueblerina y argüendera tenías que ser.
TZINTZUNTZAN: ¿Qué tiene contra mi tierra? La tierra de mi
mamá que tanto quiso a la señora Paloma, que me vio nacer...

SEBASTIÁN: Bueno, ya es suficiente. Acabas con mi paciencia.
TZINTZUNTZAN: Pues ahora,
aunque no quiera ...ahí le va ...
(Sale decidida.)
SEBASTIÁN: ( Vuelve al desarmador.)
Tonta ésta ... yo no sé cómo la
aguanto. Me voy buscando un
mayordomo. Un español que me
entienda. Nada de indígenas.

Tzintzuntzan reaparece, en un cochecito
de servicio trae un sol de setenta y nueve
ve/itas que tapizan un pastel blanco.
TZINTZUNTZAN: (Canta temerosa.) Estas son ... las mañanitas ...
que cantaba el.. . rey David ...
SEBASTIÁN: (Sin verla aún.} ¿Qué
tienes? ¿Estás loca? No cantes ...
(Reflexiona.) No... (Sin atreverse a
voltear.) ¿No habrás ...? (Gira.)
TZINTZUNTZAN: (Rapidísima.)
Hoy por ser día de su santo yo
se las canto así. Tan tan.
SEBASTIÁN: ¿Qué es esto?
TZINTZUNTZAN: (Aterrada.) Un
pastel. .. velas.
SEBASTIÁN: ¡Hostia! Ya lo sé .
¿Qué intentas, mujer?
TZINTZUNTZAN: (Dolida.) Yo...
SEBASTIÁN: ¿Cómo se te ocurre?
¿Por qué te burlas? Si todos estos
malditos años trato de olvidar, ¿por
qué demonios me haces fiestas?
TZINTZUNTZAN: Como cumple
setenta y nueve años, yo ...
SEBASTIÁN: ¡Otra! Que manía de
contabilizarme los años. ¿Qué
derecho tienes?
TZINTZUNTZAN: Es que...

16

que ya se volvieron acedas. Tengo una costra, mujer, que me
proteje de todo. Tú sabes que mi
corazón se hizo de piedra. Que
jamás he llorado.
TZINTZUNTZAN: (Tremendamente triste.) Nomás una vez.
SEBASTIÁN: Un río. Una marisma.
Y con eso se me acabaron las
lágrimas. Así que gracias y tranquila. No necesito remedios ni
paliativos.
TZINTZUNTZAN: Gracias a usted. (Pausa.) Por decirme cosas
tan suyas.
SEBASTIÁN: (Vuelve a su vagón.)Vete.
TZINTZUNTZAN: (Enjugándose las
lágrimas.) ¿Quiere pastel?
SEBASTIÁN: (Indiferente.) Mañana. (Ella sale.)

SEBASTIÁN: ¿Quién eres tú para
celebrarme?
TZINTZUNTZAN: (Al fin se atreve.)
Como nadie se acuerda.

Silencio.
SEBASTIÁN: (En otro tono ya.) Apágalas. Ya no tengo suficientes
pulmones para ... andar soplando velitas.
TZINTZUNTZAN: Es que fuma
mucho...
SEBASTIÁN: ¡Yo sé cuánto carajos
fumo, caramba!

Tzintzuntzan le echa un trapo encima
a las velas y extingue su luz.
SEBASTIÁN: Ya sé, ya sé que nadie
se acuerda, que a nadie le importa. Si no me importa ni a mí, que
diablos les va... Eres una atrevida.
TZINTZUNTZAN: Perdón, pero si
su hijo ...
SEBASTIÁN: No es mi hijo y bien
lo sabes. No hay sangre. No hay
lazo... nomás hubo compromiso.
TZINTZUNTZAN: ¿Y sus nietos?
SEBASTIÁN: No son míos. Casi ni
los recuerdo.
TZINTZUNTZAN: Pues ellos también son unos desagradecidos
porque deberían de acordarse de
que usted les ha dado ...
SEBASTIÁN: (Bajo.) Basta, Tzintzuntzan. (Pausa.) Gracias. Buen
intento, mujer. Pero no te preocupes por mí. Este viejo ya está curtido. Ya está marinado en jugos
de olvido, en conserva de mieles

SEIS

Paloma entra con una mantilla blanca
albeante, con flecos de plata.
'
PALOMA: Mira, tu "carro del
triunfo" ...
SEBASTIÁN: (Sonríe.) Se llama
"vagón del éxito" pero esto acá,
entre nosotros.
PALOMA: Tu mujer tiene pecho de
bodega y guarda todos tus secretos. (Lo besa.) Y tus tesoros. (Le
modela la mantilla.) ¿Te gusta?
Justo ayer me llegó desde Sevilla.
SEBASTIÁN: Hermosa, pero a tu
lado se opaca.
PALOMA: Zalamero.
SEBASTIÁN: ¿Y de dónde viene
este vagón?
17

�PALOMA: Del baño ... Tu niño ...
(Ríe.)
SEBASTIÁN: El nuestro.
PALOMA: ¿Un día le vas a contar
a tu hijo qué es cada vagón de tu
ferrocarril?
SEBASTIÁN: Claro. Para él guardo el secreto.
PALOMA: ¿Y si no le gustan los

trenes?
,
SEBASTIÁN: Le van a gus~- ¿Que
es la vida sin trenes? ¿Sm,redes,
sin lazos? Le voy a decir: Este es
el vagón del éxito, aquí está el secreto de cómo tu padre, sien~o un
pobretón que comenzó vendiend_o
clavos... llegó el día en que vend1a
acero y hacía puentes y torres y
castillos. y con esto es que tenemos la plata que tenemos.
PALOMA: (En un cariño.) Eres un
soberbio.
.
SEBASTIÁN: Cuando se ha _sido
tan pobre... Tan niño en. tierra
ajena... Todavía a veces oigo ...

Suena el silbato de un barco.

PALOMA: El navío.
SEBASTIÁN: y las bocinas que para

SEBASTIÁN: Mi hijo ... mi peque-

ño hijo.
SIETE

Sebastián vuelve la mantilla,_por el
reverso es toda negra. Comienza a
lloriquear, toma la mantilla dándole
forma de un bebé al cual carga entre
sus brazos.
SEBASTIÁN: Mi niño ... La tuberculosis... mi hijo.

Sebastián comienza a llorar mucho, a
gritos. Se pasea de un lado a otro.
Oscuro I Luz.
Sigue llorando mucho.
Oscuro I Luz.
.~
Se pasea con el cadáver del ntno, el
mismo negro chal y berrea de una
forma desgarradora.
Oscuro I Luz.
,
Hincado con el niño muerto el llora
como si•¡uer,a un niño desconsolado.
Oscuro / Luz.
Derribado por completo, abraza_do de la
mantilla, gime y llora, llora y gime hasta el agotamiento.
Oscuro.

alegrarnos un poco cantaban.·:

OCHO

PALOMA: Zarzuelas, el Barbenllo
de Lavapies ...

Tzintzuntzan entra con un canasto
grande donde dobla perfectamente
unas sábanas. Emiliano, maleta en
mano, la sigue, él lleva un paquete.

Se escucha afuera el llanto del niño.

PALOMA: Tu hijo no me deja descansar. (Sale.)

TZINTZUNTZAN: Pero en J~pón
también hay teléfonos, ¿que no?
EMILIANO: ¿Qué intentas?

Sebastián se ha quedado con la mantilla blanca entre las manos.
18

EMILIANO: Es cierto. (Recuerda y

TINTZUNTZAN: Se pone más triste que nunca. Aunque no llore,
ya sabemos que no llora, pero ...
EMILIANO: Si le llamo se finge enfermo y me cuelga, si vengo se
porta cansado, invitándome a
que me vaya. (Reacciona.) Yo tengo mucho tra bajo, compromisos
agendados ...
TZINTZUNTZAN: Y así fue él
toda su vida, imagínate ahora
con todas las horas del tiempo
para hacer nada, dando de vueltas como un perro que quiere
morderse la cola, en medio de
estas vías de juguete... ¿De qué
te ríes?
EMILIANO: Del perro y de la cola.
TZINTZUNTZAN: Cabrón.
EMILIANO: ¡Óyeme!
TZINTZUNTZAN: Es que si lo vieras... El tiempo, solo...
EMILIANO: Es la ley de la vida.
TZINTZUNTZAN: Pues si ya la
conoces, que no te vaya a sorprender en unos treinta años.
EMILIANO: Bueno, ¿pues qué tienes en mi contra? Si él es el que
no me quiere y nunca me ha querido, él. ..
TZINTZUNTZAN: Don Sebastián
te dio una buena vida.

reflexiona.)
TZINTZUNTZAN: Mejor llévatelo.
Capaz de que le da por agarrar
otro cuarto y pone un tren de esos
voladores zumbando día y noche.
EMILIANO: (Lo envuelve.) Para mi
hijo, el más chico, entonces.
TZINTZUNTZAN: ¿Le gustan los
trenes?
EMILIANO: Sí. Tiene algunos.
Aunque prefiere lo virtual.
Computadoras.
TZINTZUNTZAN: Él le heredó los
trenes y tú los negocios.
EMILIANO: ¿Por qué lo defiendes
tanto, Tzintzuntzan?
TZINTZUNTZAN: Si yo no, ¿quién?
Carga con un baúl muy pesado,
de niño en un país ajeno, pobre,
perder a su primer hijo, doña
Paloma perdida en la nada,
como tonta y muda ... Mucho
éxito de puentes y fierros, mucho
dinero pero sólo. ¿Te imaginas lo
feo que se ha de sentir?
EMILIANO: ¿Y ser el hijo adoptivo nada más para tapar el hoyo?
Aunque traté toda mi vida, y sigo
tratando, no puedo lograrlo.
Tener su cariño. Ser un repuesto
de hijo que nunca quisieron ,
¿te imaginas lo feo que se ha
de sentir?

Silencio.

Silencio. Se miran.

EMILIANO: Le traje esto.
TZINTZUNTZAN: No sé leer chino.
EMILIANO: Japonés. Es el tren
bala.
TZINTZUNTZAN: No le va. Es
muy moderno.

EMILIANO: Dile que vine. Que
sepa que siempre vengo. (Sale.)

Tzintzuntzan se lleva la cesta, sólo una

19

�SEBASTIÁN: ¿Te ha gustado tu
luna de miel?
PALOMA: ¡Es de reyes! Un mes
viajando por todo el país. El Cañón del Cobre, las costas de
Yucatán, los magueyes azules de
Jalisco ... ¿Por qué no me llevaste a Europa?
SEBASTIÁN: ¿Te hace falta?
PALOMA: No, hombre. México es
suficiente. Pero pones una cara
de triste ... y quiero conocerte
toditito, nada que me ocultes.
Quiero meterme en tu cabeza y
en tu corazón.
SEBASTIÁN: Sé que quisieras ir
a Paris. Y yo. Ya sabes; el acero,
la ingeniería, subir esa torre...
Pero es que está tan cerca de
España.
PALOMA: Y te duele.
SEBASTIÁN: Toda el alma. Además
todo el continente sigue herido, el
fantasma de la guerra recorre las
calles de tantos países mutilados...
PALOMA: (Positiva.) Y México está
fresco.
SEBASTIÁN: Al menos más. Un
día te llevo a Paris.
PALOMA: ¿Vamos a desayunar al
mercado? Esa señora, María, dijo
que quiere trabajo de sirvienta. La
necesito. ¿Qué voy a hacer yo sola
con una casona llena de niños?
SEBASTIÁN: Vamos pues.
PALOMA: Mmmm ... y quiero mi
sopa tarasca. ¡Que descubrimiento, hijo! ¿Te ha gustado? Dime
que te encanta.
SEBASTIÁN: Me encanta porque a
ti te encanta.

sábana muy blanca se le queda olvidada por el piso.

NUEVE
Campanas de domingo en la mañana.
Paloma aparece en una bata color perla
con encajes, lleva el cepillo de plata y se
repasa el cabello una y otra vez.

PALOMA: (Mirando por una ventana.) Que mañana más hermosa.
(Respira profundo.) Morelia huele
a campo, a dulces. No como la
ciudad de México. Aquí todavía
hay pueblo. (Mira la sábana, ríe,
va y la levanta; traviesa saca la cabeza por el hoyo bordado.)
Sebastián entra, siempre es el mismo
viejo pero ahora con una luz de juventud.

SEBASTIÁN: ¿De qué te ríes, Palomita?
PALOMA: De mi madre que guardó
ésto desde tiempos de su abuela;
es una bella: "Ahí tienes la sábana
pudenda, para que tu marido, aunque te posea, no te vea desnuda".
(Ríen.)
SEBASTIÁN: ¿Y perderme de tu
cuerpo? ¿De tus curvas y tu piel
de seda? Nunca.
La besa por el cuello, luego ambos miran por la ventana.

PALOMA: Estoy casi segura que ni
ella ni la abuela la usaron jamás.
(Ríen.)

20

DIEZ

enmarañados, ya por la prisa del
retardo, están esos coches negros
de cuando, ya demasiado tarde,
me di cuenta de que el mañana
es una estupidez inexistente y el
pasado nada más un gusano de
mil pies aferrado a mi memoria.
No debíamos de tener memoria,
sólo sirve para cubrir de óxido las
láminas de mis vagones. (Con una
leve esperanza.) Si cada mañana
estuviéramos nuevos, saliendo
del oscuro túnel a la luz, sobre
vías nuevas, corriendo por los
paralelos de durmientes, esos que
se alzan hasta el cielo.. . pero no.
Yo mismo soy la máquina que
estira los coches de penas, de
dolores inolvidables, y cruzan
ante mis ojos los carros de mi
hijo y la tuberculosis, allá va
el de Paloma la extraviada y acá
ese de los espejos, que me refleja para recordarme: estás solo,
viejo y ya viene la muerte; y la
muerte se ríe de mí y me dice,
¿sabes qué? Después de mí... todavía sigue la soledad... eterna.
¿Y al final qué? ¿Qué? Si es verdad que sólo vale el vivir este
momento, ¿por qué carajos
nunca aprendí a vivirlo? ¿Por qué
no viví los miles de millones de
momentos? Y solo estuve, a
marchas forzadas, mientras
me quemaba el carbón rojizo,
desbordante de mi coche de combustible, sin palas para echarlo
fuera, carbón que nace de sí

El tren, iluminado, co"e en la oscuridad, gira y zigzaguea por largo rato;
así como se escucha la máquina y el
silbato oímos voces a medias, susurros
metálicos, toques musicales de melodías
interrumpidas.
Sebastián de nuevo con su bata, trae el
cabello descompuesto y se le ve afectado.

SEBASTIÁN: Todos los carros de mi
tren caben en un baúl grande, de
piel de cocodrilo y remaches
de bronce, pero al fin una pieza
de equipaje... Y yo me pregunto,
¿cabe el universo en un baúl de
viaje? ¿Caben en cuatro paredes
forradas de seda verde mis recuerdos y conquistas, mis alegrías
breves y todas mis soledades? Así
de chiquitos somos. Apilados
mis coches, como tras sufrir una
coalisión, los guardo lustrosos y
bellos unos sobre otros y pongo
en literas mis años revueltos. La
primera comunión arriba de mi
primera noche con una mujerzuela. El nacimiento de mi hijo
a la par de cada uno de mis puentes construidos porque todos hacen uno, un solo vagón. Y arriba
del día en que murió mi madre,
la tarde en que supe que uno
siempre está solo, aunque ame;
podrá estar pleno, pero junto,
siempre junto a ese invitado
inevitable, el que solo se invita,
el señor soledad; el fantasma de
uno mismo en ese rincón de la
alcoba de la mente. Y apilados,
21

�mismo para seguirme quemando
la cabeza, encendiendo los tizones de recuerdos, atizado por
una mano desconocida ... solo
estuve viviendo el tiempo equivocado. En el mismo baúl de
viaje caben todos mis viajes, mis
etiquetas ... (Ríe.) Sellos, boletos,
credenciales, timbres postales,
permisos y pasaportes y... y todos
sirven para lo mismo: abrir fronteras al cuerpo y cerrar fronteras
a la mente. Atado, empaquetado,
soy victima de mis propias etiquetas. (Soñador, débil, en posición
fetal.) Quiero que me encierren
en la piel de cocodrilo con remaches de bronce. Donde nada
oiga, donde nada vea ...

SEBASTIÁN: Maria, ¿te has fijado
cuando viajas en un tren cómo los
cables del telégrafo se unen y se alejan?¿Vienen y van? Como si bailaran... uno... dos... uno... dos...
TZINTZUNTZAN: Soy Tzintzuntzan, señor, la hija de Maria. Su
esposa me puso el nombre, ¿se
acuerda? (Sebastián sigue pensando mágicamente en los cables que
danzan.) Vamos a su alcoba. (Lo
levanta.) Cuénteme, ¿por qué me
puso este nombre? Cuéntemelo
de nuevo.
SEBASTIÁN: Paloma adoraba
Morelia y mas allá ... (Sonríe.)
Tzintzuntzan "Lugar de colibríes"
y tú eras una nena gorda, prieta,
rozagante, que movía sus brazos
rápido, rápido... como un colibrí
gordo ... Y tu madre estuvo de
acuerdo.

Entra Tzintzuntzan en bata, rompe la
noche y la ilusión.
TZINTZUNTZAN: Mi señor... mi
señor don Sebastián.
SEBASTIÁN: ¡María! María, ¿te
has fijado?
TZINTZUNTZAN: No soy Maria,
señor. Soy su hija, Tzintzuntzan.
SEBASTIÁN: (Abstraído.) Maria,
mira qué de estrellas. El tren se
mueve, corre y ellas siguen ahí,
mirándonos, se ríen de nuestra
pequeñez. Su luz es el brillo del
esmalte de los dientes de las diosas, diosas grandes, matronas
bellas, hermosas madonas y... se
ríen de nosotros los microbios.
TZINTZUNTZAN: Señor, vuelva
a su cama, no vaya a ser que se
resfríe.

Tzintzuntzan /levándose/o fuera.
TZINTZUNTZAN: Sí, así. (Él ríe,
ella llora un poco.) Ay, señor... se
ha orinado.
SEBASTIÁN: ¡Mira! Los cables del
telégrafo ... Uno y dos ... se acercan ... se alejan ... Uno y dos ...
ONCE

Rompe la escena Paloma, con el mismo
vestido de fiesta del principio y la flor
en la sien. Música lejana.
PALOMA: (Mientras danza.) Y uno
y dos ... Y uno, dos... (Cambio repentino, se vuelve más recatada, se

22

sienta y tararea bajito.) "Como ·
nací en la calle de la Paloma ... "
SEBASTIÁN: Tienes el cuello tornasolado ...
Paloma lo mira severa y se voltea abanicándose.
PALOMA: (Idem, tarareando.) "Y
aunque mi pobre cuerpo no tiene pluma siempre esta limpio y
fresco como la espuma... "
SEBASTIÁN: Paloma . (Suspira.)
Espíritu Santo. ¿Le gustaría platicar conmigo?
PALOMA: (Ajena.) No. Muchas
gracias.
SEBASTIÁN: Pero tengo un secreto que decirle urgentemente.
(Ella niega y señala hacia donde
debe estar su madre.) Entonces bailemos; y así, mi pecho junto al
suyo y le revelo...
PALOMA: Que no. No me deja mi
madre bailar con desconocidos.
SEBASTIÁN: No soy un desconocido; se lo digo señorita porque
me conozco bien y mire que me
recomiendo ...
PALOMA: Por supuesto que es un
extraño y no se ve bien ...
SEBASTIÁN: La que se ve divina
es usted y con respecto a lo anterior depende de quien vea, porque yo a usted, señorita, la veo
suficientemente... correcta. Y si
quiere una carta de recomendación mejor le daré mi corazón en
un pañuelo, él le confirmará que
se quiso salir desde que la vio.
PALOMA: Mamá me está hacien-

23

do señas; da pellizcos en el aire
y para la ceja. ¡Dios mío!
SEBASTIÁN: Ya para ahorita tenemos una larga charla y siendo asi;
no soy un desconocido, preciosa...
PALOMA: (Ríe.) Atrevido. Dos minutos no es conocerlo. Que no y
que no.
SEBASTIÁN: ¿Se sabe esa canción?
¿Del Barberillo de Lavapies?
... Guapa.
PALOMA: (Ríe.) No. No me la sé,
señor. Es usted un pícaro.
SEBASTIÁN: Vamos, la estaba tarareando. Cántela. Cántela para que
me endulce el oído y... la vida.
PALOMA: {Apenada canta bajito.)
"Como nací en la calle de la Paloma, ... (Ríe.)
SEBASTIÁN: Ese... ese...
PALOMA: ( Canta más animada.)
. .. ese nombre me dieron de niña
en broma".
SEBASTIÁN: Maravilloso, no se
detenga...
PALOMA: "Como está mi ventana
cerca del cielo y por él las palomas tienden el vuelo,
cuando veo que en mis vidrios
que el alba asoma, tender quisiera el vuelo cual las palomas ... "
SEBASTIÁN: Siga, lo más importante... Y dice ...
PALOMA: "Busco un palomo, busco un palomo, busco un palomo,
¿quién será él?, ¿quién será él?,
¿quién será él?
SEBASTIÁN: {Tras tomarle la mano
y darle un beso en ella.) Yo.
PALOMA: (Lo abofetea.) ¡Fresco! (Se
levanta arreglándose el vestido.) Vá-

�monos, mamá. Este tipo es un
barbaján.
SEBASTIÁN: (Sonriendo, frotándose
la mejilla.) No cabe duda ... he
dado con ella. {Suspira, sonríe.)
Aquí está tu palomo, guapa.

mal. Le sale lo españolito y que
no se le atraviese ni un toro porque le clava la espada y el cuchillo
y las banderillas y todo, todo, todo.
(Vuelve a baffer.) Pero a ver, desde
que se murió la señora ni se ha fijado que yo le sigo con sus cosas
igualito, sus horas de comida, sus
caprichos... (Observa alrededor.) Ni
sale al jardín. (Contempla.) Tan
sólo si le echara un ojo: los helechos son los tataranietos de los que
ella plantó y los geranios y los alcatraces.. . gracias a mí. ¿Y sus
periquitos qué? ¿Y los canarios?
También son los hijos de los hijos...
en sus jaulas cantando... (Reflexiona.) Y cagando. Y yo limpiando y
alimentando y viendo pasar generaciones y generaciones de huevos
y de plumas y... (Se detiene subyugada.) Y sus palomas blancas,
pechugonas. Inútiles para volar
pero como motas de algodón con
alas de celofán. "Gracias, mujer, por
mantenerme a las palomas vivas..."
Qué esperanzas. No. (Barre enojada.)
Nada. Ay, don Sebastián, encenado
en su mundito de vías y de hierros,
con éxitos de antes y recuerdos callados, muy metidos en el pecho.
Si viera que afuera está la luz.
Antes tenía amigos, aquel de la
tienda de "Ultramarinos España", tan gordo que me caía por
pesado... pero ya se murió. Ahora
ya no tiene amistades y se le olvida que afuera está la vida. Aquí
mismito, en su patio, con la fuente y la granada, la higuera, sus
arbolotes... No. Si supiera que la

DOCE

Tzintzuntzan entra por el extremo contrario con una escoba de ramas secas.
El jardín se mece proyectando sombras
de verano.

TZINTZUNTZAN: Como no. A ver
si lo aguanta el mentado mayordomo español. A los viejos nomás
los entendemos los ... menos
viejos. Es necio como una mula o
como un burro, pero la culpa la
tengo yo porque cuando el burro
no quiere echar a andar para
adelante no hay que estirarlo de
la rienda del pescuezo, sino que
hay que estirarle la cola y jalarlo
para atrás y así sí anda para delante. (Reflexiona.) Pero qué cosas
me hace pensar este señor. (Detiene su labor.) Ya tiene más de treinta años con su dichoso mayordomo español. Como no. Y es que
encerrado con su trenecito no ve
todo lo que hago. Así como me lo
ordenó mi señora madre, lo que
usted me dijo se me quedó entre
pecho y pecho, mamá. Y es que la
buena labor de una criada no se
ve. Ahí está y nomás, como si
siempre hubiera estado. Como si
las cosas se hicieran por arte de
magia. Ah, pero cuando salen

24

felicidad está en las cosas más
sencillas. Cada vez que barro una
hojita, que planto una poda, que
corto las ramitas secas o podridas
de tanta humedad, me siento nueva, vuelvo a ser yo, a ser mi mamá,
o a ser Morelia, a ... porque me imagino que limpio mi corazón, que
lavo mis pecados, perdono, perdono y perdono. Porque yo también tuve rencores y sueños que
nunca fueron ... yo también. No
por ser criada no tengo vida. Ni
alma. El amor con un hombre
pues no se me dio, yo creo que
nadie supo ver todo lo bueno que
llevo dentro. (Contempla de nuevo.)
Pero tengo este jardín que, aunque
no es mío, pues sí lo es. Y tengo
al viejo necio que le pido a Dios
que nunca se me muera.
SEBASTIÁN: (Afuera, en un grito.)
¡Tzintzuntzan, mi café! Ya es
hora. (Enfadado.) ¡¿No entiendes,
cabeza hueca, que me gusta tornar el café en punto?!
TZINTZUNTZAN: (Grita más fuerte.) ¡Ya voy! (Entre dientes.) Maldito viejo. Español canijo. (Saliendo.) Mataindios. Quemapatas
de Cuauhtémoc...

PALOMA: (Sin avanzar.) Tengo frío.
SEBASTIÁN: (Destapa el coche, el
niño nunca se verá.) Já ... es gracioso. Tiene el mundo en sus
ojos. Quiere verlo todo. Ven.
PALOMA: Hay que cerrar las ventanas, hay corriente.
SEBASTIÁN: Sus manos inquietas
y sus dedos largos. (Ella avanza
despacio.) Es morenito. (Paloma se
detiene.) Pero simpático.
PALOMA: (Retirándose.) También
hay que cerrar las puertas, el frío
se mete...
SEBASTIÁN: Tú no tienes nada
contra los morenos, ¿verdad?
PALOMA: Tú tienes más. No te
gustan.
SEBASTIÁN: {Enternecido.) Pero...
es un niño.
PALOMA: Que cierren el cobertizo
y la puerta de la cocina... Tiemblo.
SEBASTIÁN: Tu criada es morena
y su nena también.
PALOMA: Tú lo has dicho: la criada.
SEBASTIÁN: Te desconozco.
PALOMA: No iba a ser buena en
todo, ¿verdad? (Pausa.)
SEBASTIÁN: {Haciéndole cariños al
bebé.) Acú ... acú ... Pajarito, pajarito, moreno.
PALOMA: (Severa.)Tú tampoco eres
el mismo desde que murió mi
hijo. (Pausa.) ¿Por qué no les dijiste que queríamos uno blanco?
SEBASTIÁN: (En reto.) ¿Lo queríamos?
PALOMA: Éste no va a pasar por
hijo de españoles.
SEBASTIÁN: Está lindo.
PALOMA: No es como mi hijo.

TRECE

Se escucha el tic tac del reloj, a escena
ha entrado un cochecito de bebé.
Sebastián y Paloma entran en pareja,
ella de luto.
SEBASTIÁN: Aquí está... Acércate a verlo.

25

�¿Cómo me vas a decir a mí que
tengo la experiencia... ?
EMILIANO: Óyeme. Date cuenta.
Soy tu hijo pero no un niño.
Soy un hombre de casi sesenta
años. Estoy a punto de tener un
nieto, ¡y tú un bisnieto! ¿Sabes
eso? Así que no me trates como
a un mocoso.
SEBASTIÁN: Te trato como se me
da mi reverenda gana, ¿y desde
cuándo me tuteas, Emiliano?
Usted debe de hablarle de usted
a su señor padre.
EMILIANO: Por favor, papá. Si mis
hijos me dicen: "Oye, tú". "¿Qué
onda, jefe?" "¿Qué paso, viejo?"
SEBASTIÁN: Pues es una falta de
respeto.
EMILIANO: No, papá. Es confianza.
Somos amigos, cuates, raza. Tenemos co-mu-ni-ca-ción.
SEBASTIÁN: Pues a mí que me
vengan a decir "viejo" y les
sorrajo una cachetada que les
tumbo los dientes.
EMILIANO: (Fastidiado.) No seas
ridículo.
SEBASTIÁN: ¿Ridículo? (Lo intenta abofetear, pero Emiliano le detiene la mano.)
EMILIANO: Nunca más, papá.
SEBASTIÁN: (Agotado.)Podrás con
tu fuerza detener mis viejos brazos, pero nunca me vas a humillar. Todavía tengo dignidad.
EMILIANO: ¡Pero si yo nunca he
querido humillarte!
SEBASTIÁN: Humillarlo. ¡De usted!
EMILIANO: Tú eres el que siempre me ha humillado. Cada vez

SEBASTIÁN: No, Paloma. Y de eso

se trata, de tener un chaval que
nos llene de alegría, que ocupe
esta casa y que ...
PALOMA: No es mi hijo. No me
pidas demasiado. (Se aleja.} Pero
como tú necesitas un heredero,
alguien que se quede con tus fábricas y tus negocios. Con tus
millones de clavos y tu acero...
SEBASTIÁN: Mi empresa no es un
pecado.
PALOMA: Tú tienes tu empresa.
Yo no tengo nada. Un caserón
con un niño muerto de tuberculosis y una matriz que ya no me
sirve para nada.
Silencio prolongado, tortuoso.
SEBASTIÁN: ¿Quieres o no?
PALOMA: ¿Ya tiene nombre?
SEBASTIÁN: Emiliano.
PALOMA: Anda. Y de héroe.
SEBASTIÁN: (Muy bajo.) Aún tene-

mos tiempo de devolverlo.
PALOMA: Déjalo. (Ya casi en lasalida.) Algo bueno habremos de
darle. Sea por Dios. Mejor aquí
que en el orfanato. (Sale.}
Sebastián saca el coche fuera de escena.
CATORCE

Un cerrón de puerta. Ruidos.
EMILIANO: (Entrando a mitad de

una discusión.) Perdóname, papá,
pero no es así.
SEBASTIÁN: ¿Cómo te atreves?

26

que puedes me recuerdas mis ·
orígenes. Quieres más a la hija
de la criada. Soy tu hijo...
SEBASTIÁN: No lo eres.
Silencio.
EMILIANO: ¿Lo ves? Me humillas.

¿Para qué me sacaste del orfanato? ¿Para llenar tu soledad?
SEBASTIÁN: Tu madre necesitaba ...
EMILIANO: Un juguete para olvidar al muerto.
SEBASTIÁN: ¡Cállate! Tu madre...
EMILIANO: Esa señora no era mi
madre, nunca me quiso. Con su
hijo muerto también el alma se
le vistió de luto. Toda la vida la
vi de negro. Y con eso se le acabó el amor. Fue totalmente egoísta. Su dolor le basto para olvidarse del mundo.
SEBASTIÁN: Malagradecido. Te
dimos todo: comida, educación,
casa ...
EMILIANO: ¿Amor? Otra vez eres
ridículo. Esa señora me odiaba
por moreno, por extraño, ¿para
qué carajos me trajeron a esta
casa? ¡Yo no pedí venir!
SEBASTIÁN: (Fstallando.) ¡Porque tuve
miedo! Miedo de que se volviera
loca, miedo de que se aburriera,
miedo de que me dejara, miedo...
EMILIANO: Y le regalaste una mascota. Hubieras comprado un
perro. Y no un niño. Porque el
niño se hizo hombre y no se le
olvida. Y no te va a lamer la mano.
SEBASTIÁN: Yo la amaba. Era mi
todo. Y tuve miedo...

EMILIANO: Caprichosa vida, ¿eh?

Porque a final de cuentas tus
miedos se volvieron realidad:
como quiera se volvió loca y dejó
de hablarte, se aburrió de la casa,
de los viajes y de ti ... Y te dejó.
Porque aún viviendo aquí a tu
lado era un fantasma, te evitaba,
te desconocía. Se escondía. Jamás volvió ni a tu cama ni a tu
mesa. (Sin consideración.) Y te
volvió a dejar cuando se ahorcó
en tu cuarto de trofeos.
Sebastián se lanza sobre él dándole
golpes de viejo.
EMILIANO: Y de nada te sirvió el

sacrificio de ese niño, del niñomascota.
Silencio.
SEBASTIÁN: (Recuperándose.) Ya

no me acuerdo ... porque empezó esta discusión.
EMILIANO: (Sincero.) Ni yo.
SEBASTIÁN: Vete. Quiero estar solo.
EMLIANO: ¿Más? Dime algo, ¿por
qué si te sobraron las mujeres,
nunca te casaste de nuevo?
SEBASTIÁN: Algo que me repugna
es que tú y todos, tus hijos, tu mujer, mis viejos amigos, que ya por
fortuna están todos muertos, y
hasta la criada, quieran imponerme la felicidad . Porque creen que
la suya es la mía. ¡Déjenme en paz!
¡No quiero la felicidad de otros!
EMILIANO: Eres un necio. (Sale.)
SEBASTIÁN: No me vuelvas a tu27

�quiebran, objetos azotados en la recámara. Tzintzuntzan entra presurosa con un
manojo de llaves.

tear, no tienes mi sangre, nada
mío. ¡Nunca te quise! (Pausa, se
escucha el tic tac.) Por favor, Pal. ..
Paloma de nuestro noviazgo, no
me olvides, porque sin ti no soy.
Sólo vivo en tu recuerdo.

TZINTZUNTZAN: ¡Por Dios! ¿Para
qué se encierra, don Sebastián? ¿Qp.é
le pasa? ¿Con quién se pelea?

QUINCE
Timbre insistente, ella sale, la escena
se queda vacía por un rato más no silenciosa, Sebastián continúa con su
explosión de gritos y golpes. La criada
vuelve con Emiliano que carga una
bolsa de farmacia.

Paloma entra cargando un cesto amplio
con ropa blanca, sábanas y fundas;
comienza a doblarlas mecánicamente.
Ausente de todo. Paulatinamente se
escucha el llanto de un bebé, de su niño
que ya no es; ella sigue doblando y
cuadrando las telas con la mirada
vacía. Después se oye la risa del mismo
niño con un eco extraordinario, Paloma
pone una sábana sobre otra. Ahora son
balbuceos que muy dificilmente tratan
de convertirse en palabras. Paloma
descubre la "sábana pudenda", por un
instante asoma su rostro a través del
hueco con encajes y denota una gran
melancolía; de nuevo se escucha el
llanto, la risa y los balbuceos que terminan en un "mamá". Paloma ahora
extiende los lienzos como si los exprimiera, los anuda haciendo una soga y
finalmente, con la última, hace un
anillo de tela a manera de horca. Paloma
mira al techo valorando la resistencia de
la viga.
Oscuro.

EMILIANO: ¿Por qué tardas tanto
para abrir?
TZINTZUNTZAN: Cerró todas las
puertas de la casa. Bendito Dios
que yo tengo las copias, pero no
sé cuál es de cuál.. . ¿Y tu llave?
Duro golpe, quizá una silla que se ha
convertido en un manojo de palos.

EMILIANO: ¿Mía? Mi padre jamás
me ha dado copia de la llave de esta
casa ... y de ninguna. ¿Qué tiene?
TZINTZUNTZAN: Se le metió el
diablo.
SEBASTIÁN: (Desde dentro.) ¡Fuera!
¡Lárguense, buitres carroñeros!
¡Perros! ¡Cerdos franquistas! ¡Váyanse al demonio! ¡Métanse por
el culo de Francisco Franco!
TZINTZUNTZAN: Yo no sé quien
será ése, pero le ha dicho de cosas... luego habla de cuando era
niño y de la-señora Paloma y de...
EMILIANO: ¿Por qué no has abierto ese cuarto?

DIECISÉIS
Gritos ininteligibles de Sebastián desde
afuera, frases incompletas de "no", "olvides", "no soy" y alaridos de rabia y
de pena, muchas cosas que se caen, se

28

TZINTZUNTZAN: Tengo miedo
de que me pegue. Antier me lanzó la bandeja del desayuno en la
cabeza ... y me mandó para el
culo de no sé quién.
EMILIANO: (Quitándole las llaves.)
Trae acá. ¿Cuál es?
TZINTZUNTZAN: Una ovalada ...
esa.
EMILIANO: ¿Sabes preparar una
inyección? (Antes de que se niegue.)
Hazlo. (Le da la bolsa y sale con las
llaves.)
TZINTZUNTZAN: (Mientras saca la
jeringa y prepara la inyección.) Esto
no me lo dijiste, vieja. ¿Qué hago
ahora que se está volviendo loco?
Como tú te fuiste en una siesta,
tranquilita, yo no sé que hacer
con un viejo loco; con un necio
sí, pero no con este nuevo viejo
Sebastián que un día se le olvida
algo y luego no y al otro inventa
y que se la pasa nomás hablando
del niño y de clavos y de puentes ... (Se pincha un dedo.) ¡Ay
mamacita!

con ella azota el espacio y flagela
el vacío.

SEBASTIÁN: ¡A la mierda con los
carabineros! Vayan al Valle de los
Caídos y rájenle el sepulcro a
martillazos, métanle ahí a todos
sus seguidores asesinos, a sus lobos y coyotes, empújenlos a su
tumba y quémenlo todo. Hagan
un sol de mierda ese mausoleo y
decapiten a sus belicosos ángeles negros, nazis, diablos que le
guardan. Que devuelva sano a
cada muerto, virgen a cada mujer ultrajada, vivos a cada uno de
los niños muertos en esta puta
Guerra Civil... para que todos lo
escupan ...
Corre por la escena, Tzintzuntzan se
cubre los ojos, Emiliano lo persigue con
la inyección sin darle alcance.

SEBASTIÁN: Porque la sangre empapa las arenas de la costa, la
sangre se ha hecho un mar. Y
pintó las plazas y hasta los cerros
y el interior de cada casa. ¡No
hay familia en España que no
haya sido mutilada y humillada
por este puñetero hijo de la gran
puta! (Entra en frenesí.) Matan a
los maestros, a los poetas, asesinan a las viudas ... ¡Y el muy
cabrón regala a la muerte familias enteras de Guernica! ¡Que
vengan ahora y me acribillen mil
veces en esta mierda guerra que
sigo viviendo por siempre de los
siempres!

Estruendo. Ce"ones de puertas.

EMILIANO: (Afuera.) ¡Espera! ¡Detente, papá!
TZINTZUNTZAN: (Que lo ve venir.)
¡Jesús bendito de todos los cielos!
Sebastián entra corriendo como un caballo desbocado, sus cabellos están erizados
sus ojos desorbitados y completamente'
desnudo; blandea una sábana blanca
manchada de sangre, proveniente de
algunos rasguños que se ha provocado,
29

�ba, Paloma, malagradecida! (El
tranquilizante comienza a hacer efecto.) Solo en este viaje de ochenta
años, cambiando de trenes, saltando de vías, un carro de la
esperanza, otro del orgullo, uno
más del dolor y así... paseando
mi cabeza herida en el Transiberiano, por los rieles de Bolivia,
Uruguay y del Brasil, en el Expreso Oriente, desde la apestosa
Venecia hasta los basureros de
Turquía. (Imitando preguntas de
alguien.) ¿No es bella Venecia?
¡No! ¿No es alucinante Estambul?
¡No! ¿No es impresionante el
Cairo? ¡No! Porque todo fue sin
ella, sin mi Paloma ya nada tuvo
sentido, ni Paris, ni su torre, ni las
vías... ni la estación magnífica de
Amsterdam ... porque no estabas.
(Toma la cara de Tzintzuntzan que
lo ha arropado con la sábana.) Yo
le prometo que cuando lleguemos a México, mamá, voy a trabajar muy duro y ni usted ni mi
papá van a volver a pasar hambre,
nunca, ni seremos perseguidos ...
¿Me cree, mamá?
TZINTZUNTZAN: (En un murmullo.) S... sí.
SEBASTIÁN: (Mirando el pasado.)
¿Oye usted? Esa bocina; es su
zarzuela favorita. El Barberillo.
(Canta muy bajo, trémulo.) "Como
nací en la calle de la Paloma...
ese nombre me dieron de niña en
broma ... "

EMILIANO: ¡Papá, por favor... !

Sebastián lo golpea con el codo y lo
derriba.
SEBASTIÁN: ¡Yo no soy tu padre,
hijo de puta, fascista y asesino!
TZINTZUNTZAN: ¡Tiene la fuerza de un caballo!

Sebastián da de latigazos a la criada con
la sábana.
SEBASTIÁN: ¡Muérete, madre puerca! ¡Guerra, paridora de asesinos!
Eres una vieja cerda llena de granos y en tu pus gritan los niños
olvidados, los viejos masacrados
y los muchachos que tu odio dejo
sin sangre. ¡Aquí estoy, vieja ramera, guerra sin alma y sin sentido;
aquí me tienes en pelotas de viejo,
con mis carnes arrugadas pero con
mis cojones hinchados del coraje
de toda mi vida!

Emiliano prácticamente se encarama
sobre él y lo inyecta.
I

1

SEBASTIÁN: ¡No me piquen con sus
bayonetas, asesinos! (Sigue corriendo, los otros dos están en el piso.) Que
mi cuero tiene más corazas que sus
ojos que no quieren ver. Y aunque
soy un árbol que dejó sus raíces
en España, así, cercenado, clavo
mis ramas en tierra ajena. (En un
alarido.) ¡Paloma! Cobarde. ¿Por
qué me dejaste solo en el viaje
de la vida? ¡Traidora! ¡Yo no fui
la tuberculosis! ¡Yo sólo te ama-

Súbitamente Sebastián deja de temblar
y entra en lucidez. Los otros dos se miran.

30

SEBASTIÁN: Tzintzuntzan... ¿Qué ...? ·
¿Qué me ha pasado?
EMILIANO: Nada, papá... (Curándole las ?eridas.) Te desmayaste.
SEBASTIAN: Tengo... sangre.
EMILIANO: Te has golpeado la cabeza.
SEB~STIÁN: Ay... pero ... (Con gran

trtSteza Y pudor, voz entrecortada.)
Pero si estoy desnudo.
TZINTZUNTZAN: (Llorosa.)¿y qué?
¡Al demonio con eso! ¿Acaso no somos t?dos de la misma carne? Que
me_ viera usted encuerada lo que
se iba a reír. Aquí nadie ve nada
y todo es un secreto. Adán nació
desnudo y Jesús murió desnudo
nunca ~duvieron con penas.
'
SEBASTIAN: Desnudo... (Doliéndose.)
Que vergüenza ... yo desnudo.
EMILIANO: (Práctico.) En la enfermedad y la vejez no existe la
vergüenza.
TZINTZUNTZAN: (Aún llorosa.)
Es cierto.
SEBASTIÁN: Cierto... y patético.
(Co':'ienza a dormitar.) y es que ser
anCiano es ya no ser el mismo...
es ver el mundo a través de dos
fondos de botella, atarse a los tobillos costales con piedras usar
un~ faja que te dobla el ~erpo,
qmtar el aceite de tus huesos...
r~llenarte los oídos de cera... sentlr calambres como rayos negros
en todo tu cuerpo... ser un tufo a
queso viejo... saber a vómito... es...
EMILIANO: Se durmió. Por fin.
TZINTZUNTZAN: (Llora abiertamente.) ¡Ay, Dios! ¿Por qué no
cumples antojos?

EMILIANO: Mi padre ya no está
bien.
TZINTZUNTZAN: Es clarito y yo
lo sé desde hace meses. La semana pasada rayó todo su cuarto de
pared pared Y de piso a techo
con la misma frase: "Si no estoy
en tu recuerdo no soy nada nunca
~i" · Y yo aproveché s~ larga
siesta que tuvo, de más de un día
Y con jabón Y estropajo le lavé
los muros para que no se muriera de pena al despertarse y es ...
es que de cuando en cuando se
pone como loco.

ª

Se escucha una sirena.
EMILIANO: Los paramédicos.
TZINTZUNTZAN: Ya llegaron.
EMILAINO: A buena hora.
TZINTZUNTZAN: En mala hora.
DIECISIETE

En la lejanía un clamor deferrocarril que
va en crescendo, éste se mezcla con la voz
amorfa de una mujer al micrófono en una
sala de espera de hospital; sirenas ululan
a lo_ lejos incansables. La luz fría se
enciende sobre Emiliano que fuma
apoyando sus codos sobre las rodillas.
EMILIANO: Pocos soportan el olor
de un hospital: antiséptico a
formol, a limpieza clínica y a a:da
cual le trae sus recuerdos. Olía así
en el orfanato, aún no sabía hablar pero mi memoria olfativa
nunca me ha dejado descansar.
(Mira a alguien.) ¿Perdón? (Mira a
31

�1

r!

•:

'! :·,.

..

:

me abandonaste. ¿Qué tipo de
triunfador es ese? A veces te odio
tanto. (Pausa. Enciende instintivamente otro cigarro.) Tú tuviste
tu ... (Irónico.) Marvilla; tu Paloma,
tu baile aquel en el Club España
donde la encontraste y tienes tu
exilio y tu Franco que presumir y
tus empresas. ¡Yo también tengo
lo mío! Pero me lo he guardado
por respeto a ti, por no opacar
tu miserable y poca felicidad.
Pero lo tengo y mil veces mejor.
Yo también ... soy héroe. (Fuma
profundamente.) A veces te odio
más de lo que me imagino.

la pared.) Disculpe. (Apaga el dgarro.) Y luego el olor nunca se fue, se
combinó con los perfumes a chiles,
a fabada y a la sopa tarasca de
María, mismos que continuó la
Tzintzuntzan desde que tengo uso
de razón. Pero... ¿Lo tengo? Usar
la razón...ja. A veces se le olvida
a uno que puede tenerla, por el
impulso, la reacción, por el interior que a cualquier provocación se
vacía, irrumpe, se descarga como
alta tensión, y es que los generadores eléctricos del pasado, de toda
la vida, siguen haciendo energía.
Y ahí está, el reactivo del rencor, listo para iluminar cada momento y
seguir tras el enfado y la discusión
y el pleito produciendo más rencor. ¿Cuántas veces me has dicho
que soy un perdedor? Hasta que
un día tuve los huevos de gritarte:
¡No me digas perdedor! Yo tengo
mi vida y mis triunfos. Una buena
familia, grandes hijos, buenos, y
dinero, dinero que he hecho sin tus
vías y sin tus clavos, sin nada de
español. (Pausa.} Pero sigues, en
silencio, en balbuceos y toses diciéndome .. . perdedor. (Rie irónico, doliente.) ¿Y tú? ¿Qué Dios te
juzga y te hace triunfador? Llegó
de lejos muerto de hambre y creció
y creció hasta hacerse rico, ejemplar... por afuera, pura imagen. ¿Te
hace héroe no tener más vida desde que ella se murió? ¿Tu sacrificio
de soledad te levanta a la Gloria?
¿Eres ejemplar al olvidar a tu hijo
postizo, a tu chaval:mascota? Me
metiste a un mundo ajeno y luego

Entra Tzintzuntzan con un tapado y
bolsa.
TZINTZUNTZAN: Dejé comida
en la casa. Tus enchiladas que
tanto te gustan. Vete a descansar
allá. Yo me quedo al pendiente.
EMILIANO: (Suspira.) Mi mujer
también me hace enchiladas.
TZINTZUNTZAN: Si, pero no
como las mías. Faltaba más.
EMILIANO: ¿Alguna vez te habla
de mí?
TZ1NTZUNTZAN: (Dubitativa pero
al fin dice.) No. (Le toma la mano.)
Así es. Que no te apene. Yo, que
le velo el pensamiento, soy una
sombra. Un fantasma que lo atiende. "No me olvides" le oigo a veces
murmurar, cuando solo está en el
salón viendo girar y girar su
trenecito. Claro que eso no lo dice
por mí. No se da cuenta que la que
menos se olvida de él soy yo merita.

32

EMILIANO: (Triste, desalentado.) Ajá..
TZINTZUNTZAN: Se pasa viendo
ese tren por horas, si ya después
de la primera vuelta ya se vuelve
aburrido ... yo no sé.
EMILIAN: Yo sí sé. Está esperando que se descarrile.
TZINTZUNTZAN: (Suspira.) Será.
EMILIANO: La cosa se ha puesto
peor... le dio una embolia.
TZ1NTZUNTZAN: Ay no... (Muy
bajo.) Ay Dios.
EMILIANO: Se le ha paralizado la
mitad del cuerpo, incluyendo el
rostro y pues... imagínate. (Se
levanta.) Voy a probar esas
enchiladas. Gracias. (Sale.)
TZINTZUNTZAN: (Aún abstraída
por el impacto.) Me imagino.

Un silencio, luego un grito de la criada,
enseguida el estrépito de la charola que
se estrella contra el piso. Paloma mira
de súbito hacia el cuarto, el reloj se detiene. Regresa Tzintzuntzan llorando
nerviosa.
TZINTZUNTZAN: Cristo poderoso.
Santo Niño. ¿Y a quién le llamo,
madre?

Sale de escena presurosa.
DIECINUEVE

El lamento del tren se transforma en una
marcha fúnebre apenas perceptible; Paloma vestida de blanco como una virgen o
tal vez un ángel entra por un camino de luz
con un cirio alto con base dorada, sale.
Regresa a escena con un segundo cirio y se
queda al centro, la luz hace un sarcófago.
Por un extremo entra Emiliano con una corona mortuoria de flores coloridas, empuja
la silla de ruedas donde viene, muy cubierto
por mantas y sombrero, Sebastián, tiene la
mitad de cara y cuerpo paralizados, hablará como esta deficiencia se lo permita.

El ulular de las sirenas sube, la luz baja.
DIECIOCHO

Se escucha una insistente campana.
Paloma sentada igual a la primera
escena, el reloj alfondo canta su tic tac.
Tzintzuntzan cruza presurosa con la
bandeja del desayuno.

SEBASTIÁN: No vino nadie.
EMILIANO: ¿Quién habría de venir?
SEBASTIÁN: Sus familiares.
EMILIANO: No tenía. A nadie.
¿Nunca lo supiste? (Silencio.)
SEBASTIÁN: ¿Tus hijos?
EMILIANO: Apenas la conocieron.
SEBASTIÁN: Muchas veces les dio
de comer.
EMILIANO: Sebastián tiene mucho trabajo, mi nena pues... está
con lo de su divorcio.

TZINTZUNTZAN: Un huevo benedictino. El chocolate espeso y
amargo. ¡Cuál dieta está siguiendo si come lo que le viene en
gana! La servilleta de tela doblada en seis ... ni que fuera a venir
el Presidente a checarlo cómo
come... y el periódico planchado ... Ah que viejo necio. Tullido
y todo pero me sigue jorobando.
(Campana.) ¡Ya voy!

33

�Emiliano coloca la corona a los pies de
Paloma que se ha convertido en una
estatua de granito que ora.

EMILIANO: Tzintzuntzan descansa
en paz. Tú eras su única familia.
(Silencio.) Aquí se acabó su descendencia, digo, la de su familia.
Alguien habrá en Morelia, algún
pariente lejano, quízá. Ella sepultó
a su madre allá pero ... ¿quién
sabrá? (Se levanta.) Voy a la oficina
para ver los detalles del entierro.
(Sale.)
SEBASTIÁN: (Apoyando una mano
trémula en el féretro imaginario.)
Tzintzuntzan, no es contigo con
quien yo quería morir, ni envejecer, no contigo. Fuiste una hiedra.
Gracias por todo. Te trepaste en
mi vida sin que yo te lo pidiera.
Gracias. Pero no eras tú la que
debía. Por eso no me dueles, ni
me preocupas, lo siento.

, ,.
1

.....
1 :~

Silencio.

Transición temporal, se combina la discreta marcha fúnebre y el ulular de las
sirenas hasta escuchar puramente el tic
tac del reloj de pie.
El trenecito corre por la escena. Se
escucha una carcajada fuera. Entra
Sebastián apoyándose en un bastón.
Ha mejorado visiblemente aunque se
mueve con dificultad y aún habla
afectado. Le sigue Emiliano con dos
vasos de jerez.

EMILIANO: Bueno... me voy.
SEBASTIÁN: (Deteniéndolo.) Oye ...

SEBASTIÁN: Y ése tan bonito es
el del perdón. Ayer lo titulé... antes de que me muera.

Ambos se miran a los ojos, en algún otro
momento podrán abrazarse, por lo pronto sólo lo desean.

¿y cómo están tus hijos?

EMILIANO: Bien, muy bien. Si necesitas algo llámame.
SEBASTIÁN: Oye... ¿Alguna ... alguna vez te he contado sobre mis
coches?

EPILOGO
Transición. Todo es blanco con sombras
color añil. Paloma está sentada en la
silla con su vestido de baile y su flor en
la sien, se abanica. Aparece Sebastián
y, aunque siga siendo viejo, su actitud
es jovial, viste de blanco por completo.

EMILIANO: ...
SEBASTIÁN: Los coches de mis
trenes, hijo.

EMILIANO: ¿Así que eso te dijo el
viejo zorro? (Ríe.) Todavía me
acuerdo de su tienda de abarrotes,
"Ultramarinos España"; llamaba
a todas las cosas como en la Madre
Patria. Los clientes se confundían;
hasta a los ejotes les decía judías...
SEBASTIÁN: Era muy gracioso.
(Suspira.) Pero ya se murió. Igual
que todos los demás.
EMILIANO: Tómate el jerez.
SEBASTIÁN: (Bebe.JYaestádescansando. (Sonríe.) De seguro está en
el infierno. Vendiéndole al diablo
su aceite de oliva. (Ríen.) En eso he
estado pensando últimamente... y
no quiero ir al cielo, debe estar
muy aburrido, porque de seguro
todos mis amigos están en el averno. Festejando.

Emiliano regresa.

1·''
i

VEINTE

EMILIANO: Ya casi arreglo todo,
un terrenito barato y aquí mismo la van a ...
SEBASTIÁN: Claro que no. (Pausa.)
Que la entierren en la cripta de la
familia y que pongan su nombre
con letras grandes y.. . le pones
mi apellido. Los dos. Vámonos.

Silencio agradable.

EMILIANO: ¿Qué tal tu mayordomo?
SEBASTIÁN: Demasiado joven. Le

Salen. Paloma se coloca la corona como
un gran collar y, llevándose consigo los
cirios, sale por el camino de luz.

falta mucho y ni siquiera sabe
donde queda España.

34

EMILIANO: .. .no.
SEBASTIÁN: Bueno... pues ven.
EMILIANO: Cuéntame ... (Muy
bajo.) Papá.

SEBASTIÁN: Paloma.
PALOMA: (Canta bajito.) "Como

El tren corre a sus pies.

nací en la calle de la Paloma, ese
nombre me dieron de niña en
broma".
SEBASTIÁN: Tengo un secreto que
decirle urgentemente.
PALOMA: (Sonríe.) Tenemos la
eternidad, puede esperar.
SEBASTIÁN:No soy un desconocido.
PALOMA: Ya no. Pero sí un pícaro.
SEBASTIÁN: Tenerte de nuevo, tu
cabello de uvas negras, tu piel de
marfil tan terso...
PALOMA: (Coqueta.) No diga más,
majadero.
SEBASTIÁN: ¿Quiere usted bailar
conmigo?
PALOMA: Nadie podría impedirlo.
(Canta con gracia.) "En lo que arrullo paloma soy, que siempre canto
por donde voy. Y a mi nombre de
Paloma siempre fiel..."

SEBASTIÁN: Ese es el coche del
éxito. Já. (Sonríe.) Tremenda estupidez. Ese verde es el de la envidia, que uno no olvida pero
que yo ya me metí ahí para que
no me molestara. El rosado es el
que guarda pétalos de las flores
que te regalé a tu ... a Paloma.
EMILIANO: A mi madre.
SEBASTIÁN: Sí. Así es. Ese blanco ... pues es ella; guarda los
cabellos que dejó en su peine de
plata. Y ése, el celeste. .. es el
tuyo. Y el de tu familia, en memoria de tus padres verdaderos...
EMILIANO: ¿Co... cómo?
SEBASTAN: En gratitud por la felicidad que nos diste.

EMILIANO: ...

35

�SEBASTIÁN: (Deteniendo el baile.) Yo.
PALOMA: ¿Sabes una cosa, Sebastián ... ? Yo nunca tehe olvidado.

Sebastián la toma en brazos. Poco a poco
la totalidad se va poblando de estrellas.
PALOMA: (Canta suavemente.)
"Busco un palomo, busco un palomo, busco un palomo, ¿quién
será él?, ¿quién será él?, ¿quién
será él?"

Con la sal de Salvador

PIEZA EN UN ACTO

Bailan.

Coral Aguirre
Telón

Enero 06
Mqnterrey, NL

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1

1

Como nací en la calle de la Paloma
ese nombre me dieron de niña en broma
Y como vuelo alegre de calle en calle
el nombre de paloma siguen hoy dándome.
Aunque no tengo el cuello tornasolado, siempre está mi cabello limpio y rizado.
Y aunque mi pobre cuerpo no tiene pluma
siempre está limpio y fresco como la espuma
En lo limpita Paloma soy y salto y brinco por donde voy
Y a mi nombre de Paloma siempre fiel, ni tengo garras, ni tengo garras ni
tengo hiel
Como está mi ventana cerca del cielo, y por él las palomas tienden el vuelo
Cuando veo que en mis vidrios que el alba asoma
Tender quisiera el vuelo cual las palomas
Pero al ver que las venden en el mercado
y que las pobrecitas mueren en estofado
Digo mitad en serio, mitad en broma
"hay sus inconvenientes en ser paloma"
En lo que arrullo paloma soy, que siempre canto por donde voy. Y a mi nombre de Paloma siempre fiel,
Busco un palomo, ¿quién será él?

36

37

�PERSONAJES:
SALVADOR
XAVIER
ÉL
FEDERICO
ANTONIETA
JOVEN
JOVEN 1
MUCHACHO
JORGE
MADRE
PADRE
MONJA
LA BANDA
POETAS
LOS CIUDADANOS
LOCAS
EL PÚBLICO
LACATRINA

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La poesía y los textos de Novo, Villaurrutia, Baudelaire y Lorca entre otros,
aparecen seleccionados en bastardilla sin
respetarse en algunos casos el verso por
convenir mejor al formato dramático y
tomando .fragmentos que también convienen al mismo. No dudo que otros
versos tanto de Novo como de sus poetas
favoritos convendrían así mismo en
ciertos momentos de la obra.
El director se hará cargo de la puesta con
toda la imaginación de la que sea capaz,
teniendo en cuenta que Salvador juega,
rememora, vive, canta, baila, se disfraza, se
quita y pone pelucas, ropas, mascadas,
imita, inventa títeres, crea opciones de
diálogo, circula entrefantasmas y también
entre personajes que van a verlo esa noche.
Así mismo debe decidir respecto de quién
es cada poeta y darle sentido histórico

al grupo que por supuesto es Los Contemporáneos. En la escena de Antonieta
Rivas Mercado se trata del grupo Ulises,
anterior al mencionado más arriba. El
siete de julio de 1964 es una hipótesis,
puede ser otra fecha. Siempre que sea
después del 64.
El papel de cada coro es muy importante: La Banda es un coro de hombres cuyas
características son el ritmo y la coreografta, muy violento, pues se trata de
un conjunto violador, presuntuoso. Los
Ciudadanos es otro coro opuesto al
primero en la medida en que se trata de
la élite, pretenciosa, poderosa, obtusa a
pesar de su prestigio y sus privilegios, en
donde se mezclan intelectuales y funcionarios. El coro del Público es de ambos
sexos y tiene el mismo rostro esperpéntico, resulta el más feroz. Las Locas son
parte de la mitología de Novo, tratada
tanto por él mismo como por Monsiváis
y forma parte de la memoria de la calle
Donceles en el corazón del DF. El rol
dramático que cumple la Catrina es una
elección del director, lo único que puedo
anotar es que densifica el conflicto.
Las acotaciones que me he permitido son
sólo indicios de las posibilidades de la
escritura escénica. En cuanto a la entrada y salida de los personajes lo marco
con una línea en blanco. Tener en cuenta
no obstante que los fantasmas están siempre presentes aunque a veces se ocultan.

SALVADOR: Noche de brujas hoy,
hoy 7 de julio. ¿Qué año le ponemos? ¿1964? Qué importa,
antes del fin gozar hasta el mero
hueso. Entonces, noche de locas,
putas y... ¿Y...? Noche de puterío

38

JOVEN 1: Está bien, está bien, sólo
que no tan de prisa, tenemos
toda la noche.
SALVADOR: ¿Tú crees?
JOVEN 1: ¿Qué te pasa? ¿Por qué
me miras así?

y sexo para saciar el hambre... como
todas las noches. O al menos como
uno quisiera que fueran todas las
noches. Vamos a ver qué tengo
aquí...una moneda. Si es águila
salgo a buscar un chofer y si es
sol espero aquí a que llegue un
burguesito. (Destapa la moneda.)
Sol, un burguesito. Vamos a ver
quién viene.
S~VADOR: ¡Ah, tú! (Pausa.)Quis1ste darte la elegancia de faltar
a las últimas citas. Ya no te esperaba.
JOVEN 1: Se te ve espléndido.
SALVADOR: El reflejo en tus ojos
plateados que me alumbra. (Lo
besa largamente.)
SALVADOR: ¿Cuánto?
JOVEN 1: (Pausa.)Lacolegiatura, ¿no?
SALVADOR: (Mientras le besa los
hombros Y lo despoja lentamente de la
camisa, mete la mano en su bolsillo
saca unos billetes y se los introduc~
en la boca.) Ahora sí, ¿verdad?
JOVEN 1: ¿Qué?
SALVADOR: Tu boca.
JOVEN 1: Si eso te da gusto...
SALVADOR: La boca es el alma por
donde se va la vida, es el aliento
de. los dioses, la ambrosía que
qmero beberte. Nunca me escamotees tu boca.
JOVEN 1: Y tú no me dejes tan indefenso... Espera, espera.
SALVADOR: Ponerte desnudo y
arreb.atarte la boca es mi sola ganancia, la sabiduría de la oferta
Y la demanda, ¿no?, sino, ¿qué?
¿Por qué viniste esta noche, eh?,
¿y yo qué gano?, ¿a qué juego?

Pausa.

SALVADOR: Puesto que ya no hay
potro que respingue al consuelo
falaz de una peluca ... Es posible
q~~ yo te dé asco, pero tienes que
disJIDular mi rey, si no, no hay recompensa. Ahí tienes tus garras,
puedes volver a vestirte en la calle.
SALVADOR: ¡Noche de memorias
inoportunas, carajo!
Al comienzo fue muy diferente.
Entonces yo creía que me podía
comer al mundo ...y engañarlo.
Ah ya veo, estás aquí.. .Mi mamá
me ama, mi mamá me mima mi
mamá me sana Y si no sana hoy
sanará mañana ...
~RE: Mi niño bonito, mi ángel,
fil pequeño corazón, ¿estás bien?
~ero qué pasa chiquito, estás páhdo, ¿dónde dejaste tus mejillas
sonrosadas y espumosas? A ver
déjame que te arregle, que te cuid¡
Te voy a poner unos colorcitos y
un poquito de talco para quepar~zcas más rubio. Así, así, ¿ves?
Siempre te dije que el blanco es
distinción, y el rojo la vida que
se cuela de la boca al corazón. y
luego no me haces caso, como
esos chicos que traes de la calle
para que sean tus amigos.
39

�va a castigar, soy malo, malo
malo y jaaammm el lobo me va
a comer por mentiroso. Socorro,
socorro, me come el lobo, me
quiere comer. Mentiras, mentiras, eran puras mentiras. ¿De
verdad que se creyeron todo,
todito? ¡Mentiras, mentiras!
La deuxieme apparition: ¿Dónde
está el lobo feroz, tan atroz tan
atroz? Socorro, ayúdenme, help,
help, au secours, ayúdenme, el
lobo feroz me quiere comer jaaaaammm. Mentiras, mentiras, les
cuento mentiras todo el tiempo.
Number three. ¿Dónde está el
lobo feroz?
¿Dónde está tan atroz tan atroz?
Socorro help au secours ...
Yo soy el lobo feroz. Yo soy.
SALVADOR: Pero entonces era un
inocente, un recién llegado... no
sabía nada. Sólo la obsesión por
conocer aquella cosa prohibida,
aquella cosa que tenía que ver
con un hombre...
Un cuarto vacío. He ahí el misterio. Un cuarto vacío que se llena con ... ¿qué? Con qué lleno yo
la vida, con qué se llena la vida
de un cuarto vacío sin nadie que
esté conmigo ... A ver, a ver, Le
théatre daos le théatre. Hagamos
de esta mascada una linda
muñequita. Tú, a ver... a ti te
hablo. Dime, ¿qué te hizo el
hombre? (Imita la voz femenina.)
MUÑECA: ¿Qué hombre? No sé de
qué hombre me hablas.
SALVADOR: El hombre que te
robó y te llevó a un cuarto...

SALVADOR: De la calle no, mamá,
de los baños, de los orinales, allí
los junto, allí voy a buscarlos, al
amor lo busco en todas partes,
mamita, aún allí, aún entre la
mierda ...

Salvador escucha a su Madre pero ella
no escucha a Salvador. La Madre se
enoja o se enternece siguiendo su propia
lógica. Cuando se enoja es te"ible.
MADRE: Y después te roban los
juguetes, te quitan tus zapatitos,
te engañan para sacarte los dulces
y las paletas. Ya ves, mi tesorito,
ya ves que sólo tu mamita te
quiere.
SALVADOR: Y Jorge, Jorge también
me quiere, mamá, estoy seguro.
MADRE: Te probfüo, Chava. Ay mi
niño, cuándo aprenderás que
esos chicos son malos y sólo
quieren aprovecharse de ti.
SALVADOR: No, mamita, no, soy
yo el que me aprovecho de ellos.
Siempre.
MADRE: Sólo tu mamá te salva, sólo
tu mamá te deja encapricharte y
patalear por los amiguitos más
tontos. Como ese Napoleón. Fíjate nomás el nombre ¡Napoleón! Y
luego su carta llena de faltas
ortográficas y frases equívocas.
¿Qué es eso, Chavita?
SALVADOR: Napoleón y yo.
¿Yyo?
¿Dónde está el lobo feroz, tan
atroz, tan atroz?
Aparición number one: ¿dónde
está el lobo feroz ... ? La vida me

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MUÑECA: ¿Qué cuarto?
SALVADOR: No seas mala, dime,
por favor, ¿qué te hizo el hombre dentro del cuarto?
MUÑECA: ¿A mí? ¿A mí?
SALVADOR: Por favor, mi cuarto
está vacío.
MUÑECA: ¡Pobrecito! Yo te voy a
enseñar. No pienses en los cuartos y las casas de familia. ¡Piensa
en la calle! En los baños públicos.
Piensa en las plazas y en las
esquinas ... ¡Ven!
SALVADOR: ¿Qué me quieres decir?
¿Por qué tanto misterio? Dímelo
al oído. ¿Un hombre? ¿Se llena con
un hombre? Pero, ¡cómo!, ¿qué
hace el hombre? Eso es lo que yo
quiero saber. (Pausa.) Si no vas a
decir nada más, te vas.
JORGE: ¿Qué haces?
SALVADOR: ¿Y tú quién eres?
JORGE: Me llamo Jorge.
SALVADOR: Mi maestra me dio el
papel de un niño que...
JORGE: Lo sé y yo voy a jugar
contigo.
SALVADOR: ¿A qué?
JORGE: A que era un príncipe y te
besaba. Fíjate bien, aquí debajo
del pantalón, ¿ves?, entre las
piernas, ¿lo ves? Un príncipe.
Tócalo, te va a gustar.
SALVADOR: No, no, ¿qué haces?
No me gusta, no me gusta. ¿Por
qué me dices así?, ¿qué quieres?,
¿qué quiero?, ¿a ver?, ¿a ver?
¿Pero por qué te vas justo ahora? ¡No te vayas! No quiero que
te vayas justo ahora. Mira cómo
me has puesto... Pero entonces...

soy bello, soy bello, soy bello, bellísimo, bellamente bello. (Pausa.)
¿Y entonces, el cuarto vacío se
llena con ... ¿eso?, ¿con eso se llena? Esta manera rara de sentir,
¿sentir dónde? Aquí ... y aquí, ¡no,
no! ¡Aquí, no! Aquí, aquí... y
aquí y... ¿Dónde reside el amor?
Yo quiero saber de verdad dónde reside el amor...

Se presenta La Banda. La coreografía
tiene que tener tal precisión que elabore
perfectamente la escena completa desde
los aprontes de la seducción y el ligue
entre hombres hasta la violación de Salvador. Dicha violación es la metáfora del
encuentro brutal con el sexo por parte
de un adolescente.
Aparecen los poetas, trajes negros, camisas blancas, lorquianos, con corbatas
sueltas y cabellos encrespados.
Señor, yo sé que es vano cultivar
en otoño
Que ya es inútil esperar
Que yo pude ser otro
y que el reloj no vuelve atrás .. .
Señor, yo sé que es tarde. Que mi
vida termina
Cuando debiera comenzar;
Que estoy equivocado...
... Señor, no soy un hombre. Adivino el sollozo
Del insensible mar
Y presiento la mano sangrienta
que deshoja
La pena del rosal...
Yo quisiera ser fuerte. Que mi
ruta precisa nada pudiese conturbar...

41

�SALVADOR: ...y sé que es tarde, es
tarde, es tarde. (Pausa.) En aque-

.. ,
'I •

llos tiempos tuve un amigo.
XAVIER: La manzana de Cézanne,
la bailarina de Degas, el arlequín
de Picasso ... ¡Y la rosa de Cocteau! (Pausa.) Y para nosotros la
maldición de Óscar Wilde.
SALVADOR: Y de Gide... y de Proust
y... (Va en busca de copas que sirve
y brinda.) Por la cruz inicial de
tu nombre, Xavier, y por la V de
Vida que late en tu apellido...
XAVIER: Me da miedo.
SALVADOR: ¿Por qué ... en tus manos hay aroma de mujer? ¿Por
eso? A mí no me importa. Voy a
ir de puta por el Zócalo y Coyoacán. Voy a hacerles saltar los
huesos a todo mundo. ¡A mí no
me importa!
XAVIER: Eso lo dices porque tienes miedo.
SALVADOR: Ándele mi reina, que
a usted también le gusta.
XAVIER: No me mezcles contigo.
SALVADOR: ¿La señorita espera al
amor, al príncipe azul?
XAVIER: Acaso a mi ventura le
haga falta.
SALVADOR: Pues a mí no, a mí me
bastan los choferes peludos y pelones. No seas pendejo.
XAVIER: Te empuercas a propósito,
porque duele esta condición de
sonámbulo, de sombra, donde
sólo habita la noche y el deseo.
SALVADOR: Eres mejor poeta
cuando escribes. No poetices,
Xavier, con esto no se puede poetizar. Dime que soy el Venadito,

la muchacha más bonita del barrio, la güerita de Donceles.
XAVIER: ¿Te basta?
SALVADOR: Claro que me basta y
me sobra, atarantado, ¿o no supiste la verga que me tragué anoche?
¡Sublime! Estaba yo leyendo a
Mallarmé, creo, cuando de pronto que se abre la puerta y entra
Clarita de la mano con la Virgen
de Estambul. Ay, no sé si fue así o
te lo estoy inventando pero...
XAVIER: ¿De qué hablas, Salvador?
SALVADOR: Me aburro tanto contigo, siempre sé .. .
XAVIER: Sabemos .. .
SALVADOR: Sí, es cierto ... nos
aburrimos tanto juntos.

El poema se abre entre ambos como una
complicidad que el director manejará a
su antojo.
Amarte con un fuego duro y frío
Amarte sin palabras, sin pausas
en silencio
amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de
mis actos .
Amarte a flor de boca y mientras
la mentira,
no se distinga en ti de la ternura.
Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.
Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi
boca despierta.
Amarte por la soledad, si en ella
me dejas,
42

Amarte por la ira en que mirazón enciendes.
Y más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la
duda.
SALVADOR: Eso es poesía, imbécil, la vida es otra cosa ... y es allí
donde nos devora el ansia. Pecadora, Xavier, prohibida, perversa, condenada. Acéptalo como lo
acepto yo.
XAVIER: ¿Hará falta perderse para
recobrarse?
SALVADOR: Pero están todos, no
sólo tú, egocéntrico. No podían
faltar esta noche, ¿verdad? A ver,
¿qué se nos ocurrió entonces?
¿Lo recuerdan, muchachos? Lo
recuerdo yo como si ...
POETA 1: Que mi palabra sea la
cosa misma, creada por mi alma
nuevamente.
POETA 2: Pero que no haya, Jaime, ni retórica, ni melodrama, ni
asonancias perversas.
SALVADOR: Ay criaturas, andamos como Jesús sobre las aguas
y asoman mástiles de los que ya
se hundieron en este mar.
POETA 3: Si aplicamos todo el rigor
de nuestra edad y de la herencia
recibida no nos hundiremos. Que
no se nombre la anécdota, que se
la acaricie sin revelarla nunca.
SALVADOR: Eso Jorge, así, rechazando el oropel de la estrofa banal y dando en el blanco como si
fuéramos arqueros japoneses.
POETA 4: Sin conformarse con ser
ingeniosos.
XAVIER: Desafiándonos con el jue-

go más dificil, el de la ironía.

SALVADOR: Y sin embargo, Xavier,
dar todo el corazón en la breve
armonía de un íntimo renglón.
POETA 4: Y reducir la realidad hasta el límite, hasta hacerla puro
estilo pero sin dejar de vivirla. Intensamente.
SALVADOR: Peligrosamente. Mostrarnos como somos.
POETA 1: ¡Qué dices!
XAVIER: Y como Gide usa la forma
dramática del diario femenino,
nosotros usar la inagotable avidez de nuestros sentidos para ...
POETA 1: Eso no.
POETA: Vivir peligrosamente.
POETA 2: Nos van a crucificar.
SALVADOR: Xavier tiene razón
hay que aprovechar con mayor'
fuerza lo que a fuerza debemos
ocultar. Omitir pero que siga
presente es el desafio más lúcido del artista.
XAVIER: La pasión amorosa... el
deseo carnal que no es el pretendido amor con que se unen los
matrimonios para engendrar
hijos. (Pausa.) En fin, como dice
Salvador, la consabida cosa que
nos lleva a los bordes del Ser.
POETA 3: Hagamos lo que hagamos,
nos echaremos encima a todos
los perros de la intelectualidad
mexicana.
POETA 2: A todos los que creen
que escribir todo el tiempo sobre
la Revolución, es ser revolucionarios.
SALVADOR: Esos ya están encima
nuestro.
43

�POETA 1: Pero con discreción mu-

1·
1

chachos, con discreción, jugando
aquí una pieza y allá otra, diplomáticos, discretos, tratando de
estar cerca de aquellos que dentro
del oficialismo, se nos parecen.
SALVADOR: Tú lo sabes muy bien,
Jaime, ¿no? Tú les sirves, ¿verdad? Y te aprovechas.
POETA 1: Si no los sirves ahora, lo
vas hacer después, te lo juro, no
te hagas ia reina, Salvador.
POETA 3: No nos peleemos entre
nosotros.
POETA 2: Estamos de acuerdo en lo
importante. En realizar con el arte
y la literatura la huida del melodrama y del pintoresquismo...
XAVIER: De un México tratado
como un objeto de turismo: Fíjense qué chulada estos mexicanos
que se cagan a tiros y tan campantes, y luego muy bonitos sus
tiliches, esas artesanías de cuatro
pesos. Una revolución turística, un
arte turístico, una historia que nos
duele convertida en folletín para
extranjeros aburridos que sueñan
con la revolución lejos de su casa.
SALVADOR: Apelar a la palabra
como cambio, a un verso cuyo
enigma nos preocupa indagar. Y
que esos cambios se instalen en
cada uno de nuestros actos, eso
es lo importante.
POETA 4: Está bien. Hemos unido
nuestras soledades, nuestros
exilios, la persecución de que
somos objeto porque en nuestro
propio país se nos destierra... pero
no somos iguales. Cada uno de

nosotros tiene su propio destino.
XAVIER: Es cierto, José. Sin embargo que la amistad permanezca y
que seamos capaces al mismo
tiempo de ser fieles a la libertad
que nos proponemos.
SALVADOR: Habrá desertores,
hermano.
XAVIER: Lo sé.
SALVADOR: Pues sí, así era yo ...
En este retrato hay un niño mirándome con ojos grandes ... He de
matarlo de una vez y para siempre.
Es una buena fecha, hoy... es una
buena fecha. Vivir de ahora en
adelante ... muerto. Vivir sin
hacerse mala sangre. Sin soñar
al amor, sin verlo venir, embalsamando el futuro prolijamente.
Para que nadie en una esquina se
atreva a un navajazo, ni tampoco,
uno nunca sabe, a la otra punzada, la del cuore. ¿Te imaginas,
Chavita? ¿Dónde iría a parar tu
prestigio intelectual, tu amistad
con los reyes... ¿Amistad? Bufón
de los bien nacidos, bufón ante
los paladares negros, bufón de
chales y mascadas, con sortijas
ensortijadas y polvos de Coty y
Helena Rubinstein, sólo obteniendo la mirada condescendiente
de los césares y su corte.
Mejor humillarse en los palacios
que en la calle. Mejor tenderse al
lado de los libros, por las dudas.
ÉL: ¿De qué te quejas, Salvador?
SALVADOR: No me quejo, me
desquejo, me aquejo sin quejarme
y me desquejo con quejidos.
ÉL: No juegues.

44

SALVADOR: Yo no juego nunca,

como ellos.

yo vivo al garete, como se me
pasa por las bolas.
ÉL: ¿Y yo? ¿También yo te paso por
las bolas?
SALVADOR: No me acuses.
ÉL: Yo te cuidaba.
SALVADOR: No es cierto.
ÉL: Tú elegiste, fuiste tú.
SALVADOR: Yo no podía, no sabía...
ÉL: No, no querías arriesgar tu
persona.
~ALVADOR: No es fácil ser quién soy.
EL: No eres nada, ahora no eres
nada, un comemodas, un lameculos, un parásito.
SALVADOR: ¿Yo, parásito? He hecho más obras en este México de
mierda, en este México pacato,
que cualquier otro. Literatura,
teatro, periodismo, cine, exposiciones, traducciones, ediciones,
tradiciones, ... todo ha pasado
por mis manos.
ÉL: Tú puedes hacer versos perfectos
medirlos y evitar sus asonancias...
SALVADOR: Poemas que conmuevan a quien los lea...
ÉL: Y que les haga exclamar, ¡qué
niño tan inteligente!
SALVADOR: ¡No soy un niño! Los
escribo desde los once años. Los
, escribí siempre y tú lo sabes.
EL: Una habilidad de histrión, sin
duda.

SALVADOR: Sin embargo me he
acostumbrado.
ÉL: Ya lo sé, eso vengo a demandarte,
tu costumbre, tu maldita y cobarde costumbre... Porque sabes muy
bien que no has escrito el libro.
SALVADOR: Pero también gocé a
lo perra, tampoco me perdí así
de la vida.
LOCA 1: Miren al Venadito está
'
nervioso, ¿qué le pasa al bonito?
LOCA 2: Espera, espera lo que esperamos todas.
LOCA 1: ¿Cómo? ¿Qué dices?
LOCA 3: ¡Sorda!
LOCA 4: Qué va esperar. Los que
esperan son el Nacho, y Gaitán
y Víctor y tantos otros. ¿No es
cierto, Venadito?
SALVADOR: Me tienen harto con
sus chismorreos de putas.
LOCA 5: Yo no sé qué esperas para
alzarte con las fortunas de tus
enamorados. Yo en tu lugar...
LOCA 2: Ya sabemos que te mueres
de hambre, m 'hija.
LOCA 5: ¡Metiche! ¿Qué te importa?
LOCA 3: Anoche me cogí al David.
LOCA 4 : Te cogió querrás decir.
LOCA 3: Me la metió enterita.
LOCA 1: ¿Lo qué?
LOCA 3: Ni modo que fuera a
quejarme, ¿yo? ¡Jamás!
LOCA 1: Vino el viejo de arriba y se
metió en mi cama. Yo, tranquila. Esperé a que actuara y ahí
nomás le canté la tarifa.

Pausa.
SALVADOR: Para hacerles creer que

LOCA2: ¿Y?
LOCA 1: Creo que me gustó des-

, me conmueve lo que a ellos...
EL: Para hacerles creer que eres

pués de todo. No se cansaba de

45

�pasármela por el pecho y por
aquí... por todo aquí.
LOCA 4: Claro, no daba para más
el viejo carcamán.
LOCA 3: Ahora le toca al Venadito
pagar la renta de todas.
LOCA 1: ¿A quién?
SALVADOR: ¿A mí?
LOCA 2: Mañana te toca.
LOCA 1: ¿Me toca a mí?
LOCA 5: Cállate, boba, le toca al
Venadito.
SALVADOR: Locas y hombres ...
¿hombres? Pendejos, viejos maricones o putitos bien dispuestos
pero incapaces de nombrar a las
cosas por su nombre. Por eso prefiero a las locas .. .locas como yo.
SALVADOR: ¿Qué haces?
MUCHACHO: Me robaste el cuerpo al borde del camino.
SALVADOR: ¡Ah, ya!
MUCHACHO: Yo no era para ti.
SALVADOR: Lo sé, lo sé.
MUCHACHO: Me robaste el alma
esa madrugada.
SALVADOR: ¿El alma?
MUCHACHO: Y sí, ya nunca pude a
amar a la Marisol como yo sabía.
SALVADOR: ¿Tan así?
MUCHACHO: Me hiciste mujer
cuando yo era hombre.
SALVADOR: Todos dicen lo mismo.
MUCHACHO: Yo no te perdono.
SALVADOR: Claro, te entregaste
como la más humilde de las margaritas y ahora la culpa la tengo yo.
MUCHACHO: Me hiciste el amor
como si fuera la muerte.
SALVADOR: ¡La vida, muchacho,
la vida!

MUCHACHO: Yo no te perdono.
Me tomaste y ya no quise el amor
de las muchachas, ya no lo quise
y me fui perdiendo, me fui muriendo de ese amor que me diste.
SALVADOR: ¿Qué puedo decirte?
Te escribí algunos versos, canté
la rudeza y el perfume de tu carne, señalé la preciosa entrega de
tus dieciocho años, ¿qué más?
MUCHACHO: Me dejaste tan solo,
tan fuera de mí, tan otro... Ya no
pude amar a la Marisol. No te
perdono.
SALVADOR: Hay todas las redondas
naranjas en tu beso de angustia
sacrificado al borde de un huerto
en que la vida se suspendió por
todos los siglos de la mía. Qué
remoto era el aire infinito que
llenó nuestros pechos.
Te arranqué de la tierra por las
raíces ebrias de tus manos y te
he bebido todo, ¡oh fruto perfecto y delicioso!
SALVADOR: Ser poeta y ser homosexual es demasiado. (Pausa.}
¿Cómo se nos pudo haber ocurrido? ¿Tan locos estábamos? Crear
un México nuevo y al mismo tiempo, libres e íntegros... Qué locura
tan grande... to much, to much ...

El coro de ciudadanos se hace presente.
SALVADOR: No te daré mi amor,
casual viajero, pero mi lecho es
amplio y cuando partas, te llevarás un poco de dinero.
CIUDADANO 1: ¡Feminoide! La
poesía es obra de poetas viriles,

46

no de gentuza como todos ustedes.
SALVADOR: ¡El pobre señor escnbe
en una máquina noisy Steinway!
OUDADANO 2: De poetas que en sus
poemas, respira el pueblo mexicano.
SALVADOR: ¡Diente por ojo!
CIUDADANO 3: La Suave Patria,
Vasconcelos, el doctor Atl y
Pellicer por ejemplo.
SALVADOR: Pero una piedra (¡oh
Einstein!) hizo volar mil murciélagos de la Torre de Babel.
CIUDADANO 4: ¡Es una verdadera vergüenza! ¿Qué pensará el
mundo de nuestra nación con
semejantes representantes?
SALVADOR: Contemplación, Ego altruísmo, Cristianismo, Narciso.
CIUDADANO 5: El gran poeta es
aquel que se alinea con los intereses de la Historia. ¿Para qué sino,
hicimos la revolución, jovencito?
SALVADOR: ¡No hay poetas socialistas y poetas burgueses, hay
poetas y poetastros!
CIUDADANO 1: Y deben ser los
guardianes, los adalides de la nacionalidad.
SALVADOR: Mon enfant, ma soeur,
songe á la douceur d'aller /a-bas
vivre ensemble. Aimer a loisir aimer
d p/aisir au pays qui te ressemb/e...
CIUDADANO 2 : ¡Afrancesado!
Queremos una literatura nuestra
¡libre de sofisticaciones extranjeras! ¡Lejos de la decadencia del
ajenjo, el puterío y la molicie
parisinos! Somos revolucionarios ¡Qué mierda!
SALVADOR: En poesía ser revolu-

cionario es ejercer una lluvia de
flechas con palabras.
CIUDADANO 3: Necesitamos actos,
no ideas, poetas cuya investidura
moral dignifique a la patria.
SALVADOR: A la manera de Javier, Jorge, Gilberto, José y yo
mismo, ¡por supuesto!
CIUDADANO 4: ¡Vanguardistas!
;aguachirles literarios! No sienten a México, no lo conocen.
SALVADOR: Un escritor genial, un
gran poeta ... Desde los tiempos
del señor Madero, es tanto como
hacerse la puñeta.
CIUDADANO 5: Mírenlo al desvergonzado, escuchen lo que dice.
Convierte nuestra literatura nacional en una cuestión de maricas.
TODOS LOS CIUDADANOS:
;Mujeruca! ¡Feminoide! ¡Maricón! ¡Pervertido!
SALVADOR: La literatura no viril.
Incluso así era mejor que ahora,
que hoy. .. 7 de julio de 1960... ¿60?
O 62 ...no, no, 64, dijimos que será
en esta fecha ... Después de hoy
estaré muerto, muerto para los
años que vienen, el 65 y el 68, y si
me queda aire, muerto por completo en la próxima década. Y he
tomado esta decisión ...
ANTONIETA: Fíjate, este es el vestuario que elegí, ¿te parece conveniente?
Comenzamos a ensayar, ¿verdad?
Estrenaremos en Mesones 42, ya
está decidido. Un repertorio moderno para un público que debe
conocer otras opciones.
SALVADOR: Eres incorregible
Antonieta Rivas Mercado, pero

47

�esos tiempos ya pasaron ...
ANTONIETA: (Como en el caso de
otros personajes hay parlamentos de
Salvador que no escucha.) Me gustaría Orfeo de Cocteau pero es
demasiado ahora. Mejor Lord
Dunsany... ¿Cómo me veo? ¿Te
parece con una mascada ...más
oscura ... o más clara?
SALVADOR: La fuerza del grupo
Ulises comiéndoselo todo.
ANTONIETA: Tú y Xavier en los papeles principales. ¡Es maravilloso!
SALVADOR: Clementina Otero
también, y tú, y Gilberto. Estábamos todos.
ANTONIETA: Hoy salirnos de compras, Salvador. Y nada de pretextos, ya sabes, he decidido gastar y
gastaremos. Nos divertiremos
como locos, ¿eh? Tú y yo que tenemos nuestros gustos, ¿no? Nuestras preferencias refinadas.
SALVADOR: Si habremos hecho
locuras con nuestro teatro ... Se
nos hacía tan fácil comprar, ir de
correrías, jugar, ensayar, traducir
las obras, aprenderlas de memoria y actuarlas, ¡qué desmesura!
ANTONIETA: ¡Fuera los sainetes
lacrimógenos del teatro español!
¡Abajo la decadencia y el arte petrificado del siglo pasado!
SALVADOR: Mira cómo eras, ¿por
qué Antonieta, por qué?
ANTONIETA: No buscamos el éxito, buscamos la esperanza. ¡Pero
no me dices nada de mi vestido!
SALVADOR: Buscábamos la esperanza, es cierto, ¿adónde se nos
fue la esperanza? ¿Adónde se te

fue a ti para pegarte un tiro en
Notre Dame? ¿Me lo explicas?
ANTONIETA: (Pausa mínima.) Y nos
acompañarán Agustín Lazo, Rodríguez Lozano y Jiménez Rueda,
¿qué te parece? De Agustín, Rodríguez y los otros no me sorprendo,
¡pero de Jiménez Rueda!
SALVADOR: Íbamos a cambiar el
mundo.
ANTONIETA: Vamos a cambiar el
mundo y después de nosotros
nada será igual, no lo dudes nunca Salvador.
SALVADOR: Estás tan muerta como yo.
ANTONIETA: Deja de refunfuñar
y escúchame, ¡niño! Obras nuevas interpretadas de verdad por
gente inteligente, ¡como nosotros! Cosmopolita, informada,
sensible, curiosa, ¿a ver qué más,
qué más? ¿Te gusta o no te gusta
mi vestido, niño insolente?
SALVADOR: Elegimos el teatro
porque estaba tan lleno de soledad como nosotros. El viaje de
Ulises compartido con otros solitarios. Eso fue, Antonieta.
ANTONIETA: Romperemos la tradición melodramática y Freud, me
da tanta risa, estará en el escenario.
Y después de nosotros el teatro no
volverá a ser el mismo. ¡Vivan nuestra juventud y nuestra pasión que
todo lo pueden poner del revés! Que
vivan por los siglos de los siglos.
SALVADOR: Amén.
ANTONIETA: ¡Y no me has dicho
nada de mi vestido, maricón envidioso!

48

SALVADOR: Finalmente tienes razón, tu balazo resonó en todo
México. Muerta estás más viva
que yo, vivo. Y más, muchísimo
más valiente que yo mismo aquí,
ahora ... atar a mi cuello la alta
soga corrediza. Eljardin que oscila
Yse aleja, sopor, dulce inconscien:ia irrespira~le. En aquel tiempo
eramos ommpotentes. Ahora solamente soy un viejo pánico.
SALVADOR: ¡No vengas!
JOVEN: Salvador...
SALVADOR: No, no quiero. No te
acerques.
JOVEN: Yo te quiero, te quería ...
SALVADOR: ¿Con esta panza?
¿Con esta boca agria de cigarros?
¿Con esta horrible cabeza pelona? ¿Adónde se fue mi pelo? ¿Mi
hermoso pelo? ¡Ah, yo también
te amaba!
JOVEN: ¿Entonces?
SALVADOR: Estábamos haciendo
el amor. Yo me enraizaba en ti
me hacía raíz alrededor de t~
tronco y tus soles proyectaban mi
cuerpo más lejos...
JOVEN: Siempre nos hemos amado así.
SALVADOR: ¡Infeliz! Giré la cabeza Y lo vi en el espejo.
JOVEN: ¿Lo viste?
SALVADOR: Tus soles me hacían
luminoso en la luna feroz y lo vi
lo vi ... espantoso.
•
JOVEN: ¿A quién viste? ¿De quién
hablas?
SALVA?OR: De mí ... era yo, en el
espeJo ...Una loca, una reverenda loca ... zafado de mi centro

fuera de mí. ¡Ah, no mi querido!
Te prohíbo que me veas así, así
como yo me vi.
JOVEN: Yo nunca te vi así...
SALVADOR: Pero ibas a verme era
inevitable, un día te levantarías y
me verias... verías a una loca haciéndote el amor, tratando de com~orta~e como un hombre pero
11Dpos1ble, ¿entiendes? Abrázame
¡No, no! ¡No lo permitas Dio;
mío, no lo permitas! Ade~ás me
hartas o me hartarás ... soñarte va
a ser mejor, te inventaré a mi gusto, te pondré los colores y las
formas que se me antojen ... como
un bello cuadro, como una naturaleza muerta ... ¿Sabes por qué
las locas vamos al gimnasio sin
falta cada mañana, nos pintamos
el pel~ sin falta cada semana y
no salimos a la calle sin el consabido peluquín? ¿Sabes por qué?
JOVEN: No me importa.
SALVADOR: ¡Por locas! ¡Por eso!
P?rque envejecer nos está prohibido, ¿perder el amor? ;cómo? ¿·y
con qué pudiera vivir yo? ¿Conmigo mismo? Si ya no estoy, soy un
deseo que corre enloquecido por
noches y madrugadas, un deseo
que debe comer carne fresca. Carne fresca, eso es lo que necesito.
Esa soy yo.
JOVEN: Yo jamás te vería así.
SALVADOR: SL desde entonces busco
tu imagen que era solamente mía
si en mis manos estériles ahogué
1~ ~tima gota de tu sangre y mi
lagnma y si fue desde entonces
indiferente el mundo e infinito el
J \,

'

49

.,

�y mi dolor mojado, si soy el perro de tu señorío, no me dejes
perder lo que he ganado y decora las aguas de tu río con hojas
de mi otoño enajenado ... Ah
Federico, tú también lo sabes...
¿has entendido?
JOVEN: Nos mataste a los dos.
SALVADOR: Bien muertos estamos
entonces. Ahora lo único que me
importa es cualquier verga, la que
sea, anónima, impúdica, enorme...
Sí, así, así, es bueno que te vayas
así. Me hubieras abandonado de
todos modos como los hijos abandonan a sus padres.
SALVADOR: Los fantasmas de costumbre, Salvador, tu mundo, tu
perspectiva ... tu modo de morirte,
¿hay otras muertes?, ¿o son todas iguales?
MONJA: Yo no soy de tu tiempo y
sin embargo...
SALVADOR: ¡Ah! Siempre quise
conocerte.
MONJA: Me conoces.
SALVADOR: Sí, pero de otro modo.
MONJA: La única forma de saberme. No hay otra.
SALVADOR: Qué inteligente.
MONJA: ¿Te sorprende? Las mujeres de tu tiempo no son mejores.
SALVADOR: Ni peores.
MONJA: Es cierto.
SALVADOR: ¿Y a qué vienes?
MONJA: Tú me convocaste.
SALVADOR: ¿Eso crees? Pues sí,
tú y yo de algún modo raro, nos
parecemos.
MONJA: ¿En los sonetos?
SALVADOR: Es cierto, copié, re-

desierto y cada nueva noche musgo para el recuerdo de tu abrazo...
Lloro como una madre que ha
reemplazado al hijo único muerto. Lloro como la tierra que ha
sentido dos veces germinar el
fruto perfecto yo mismo. Lloro
porque eres tú para mi duelo y
ya te pertenezco en el pasado. Y
entonces me hubieras dejado tú
o te hubieras quedado por unos
centavos. ¿Pagar al amor, yo?
Pagar sí, pero a los pendejos que
se dejan coger bien o mal por una
limosna. ¡Qué mas da!
JOVEN: Yonuncapenséendejarte...
yo te amaba.
SALVADOR: Amabas al poeta, al
ilustre y a lo que quedaba de mí,
de mí, de mí ... Con ese resto de mí
que me quedaba te abandoné ...
antes de llegar a lo más atroz. Al
ruego, a la súplica, a la compra y
al comercio. ¡Oh Dios mío, hubiera hecho cualquier cosa por evitar
eso entre tú y yo!
JOVEN: Pero no, no, no es así, tú y
yo todavía ...
SALVADOR: ¿Sabes? Hay un código
no escrito, una norma que no se
dice: es nuestra tabla de salvación...
JOVEN: ¿De quiénes hablas?
SALVADOR: De nosotros, los homosexuales, antes de convertirnos en locas.
JOVEN: No me dejaste defendemos
entonces y tampoco me lo permites ahora.
SALVADOR: Todo amor es una tragedia. Escucha. Si tú eres el
tesoro oculto mío, si eres mi cruz
50

creé, decidí cuál sería el soneto ·
que escribirías ahora. Y lo llevé
a cabo, "Dueño mío".
MONJA: No te burles.
SALVADOR: Vamos, ¿y de quién
otra aprendí las genuflexiones,
las caravanas, los ensalzamientos, las grandes elocuciones a
favor de los grandes?
MONJA: ¿Y la obstinación también?
SALVADOR: ¿Qué obstinación?
Traicionaste tu vocación, tu dote.
MONJA: ¿Cuándo yo hice eso?
SALVADOR: Abdicaste como una
reina a favor de la Iglesia.
MONJA: ¿Abdiqué como una reina? ¿Así lo llamas?
SALVADOR: Bueno, dejaste que te
mostraran el buen camino.
MONJA: Me perdieron.
SALVADOR: Te perdiste.
MONJA: ¿Y ahora quieres hacer lo
mismo tú? ¿En estos tiempos?,
¿con tus oportunidades?
SALVADOR: ¡Acaso crees que estos,
los tiempos míos, son mejores! El
que no se enfila dentro de las normas es condenado en cualquier
tiempo. Me extraña, Juana.
MONJA: No me invoques a mí para
doblegarte.
SALVADOR: ¿Y Lisy?, ¿eh? ¿Qué
me dices?
MONJA: Iba a irse de todos modos.
SALVADOR: ¿Y no crees que a mí
me pasaría lo mismo? El amor
no existe, es imposible, es una
tragedia. En el momento de atraparlo lo pierdes. Se te escapa.
MONJA: ¿Y tu poesía?
SALVADOR: ¿Y la tuya?

51

MONJA: La escribí hasta el límite.
SALVADOR: Yo también.
MONJA: ¿Por qué hacerse el muerto?
SALVADOR: Dos maneras, Juana,
la tuya y la mía, yo elijo mi fecha, el instante rotundo en que
me jubilo. Tú, en cambio elegiste la muerte literal, la peste.
MONJA: Yo no elegí eso por dejar
de amar.
SALVADOR: Por dejar de escribir.
Es lo mismo.
MONJA: El amor se había ido hacía ya mucho tiempo.
SALVADOR: Pero no la imaginación y el deseo de crear, y el ansia
de recorrer las constelaciones.
MONJA: Ah, te refieres a eso.
SALVADOR: Dijiste, tú dijiste, el
mundo iluminado y yo despierta...
MONJA: Ya ves, tú también lo dijiste.
SALVADOR: ¿Cuándo?
MONJA: Cuando te comiste el mundo, los libros, los hombres, las
noches, y tú sí, pudiste hacerlo. Yo,
no. Yo me tragué mi desventura.
No te olvides, si yo habité el convento, la calle y las constelaciones
fueron tuyas. No compares.
SALVADOR: Con un agravante, mi
condición.
MONJA: ¿Cuál condición? ¿La diferencia?, sabes que yo también la sufrí.
SALVADOR: Todos los tiempos
son iguales.
MONJA: Para los que se dejan.
SALVADOR: Y tú te dejaste.
MONJA: ¿Y tú qué haces? ¿Por qué
te disfrazas?
SALVADOR: Tú te disfrazaste de
monja.

�MONJA: Con ese alarde de pelucas,
blusas de seda y afeites.
SALVADOR: Es lo mismo, tú lo hiciste para ocultarte y yo lo hago
para desafiarlos.
MONJA: Vaya desafio, les das lo
que les gusta, les encanta verte
mujeril.
SALVADOR: Les juego el juego
que esperan de mí.
MONJA: Intenté ser la más devota
de las fieles .. .Mi pequeño Salvador, ni así te querrán.
SALVADOR: Mi pequeña Juana.
Hubimos de pelear tú y yo codo
a codo, en todos los tiempos.
MONJA: Tienes razón. Nuestra
soledad es infinita.
SALVADOR: Ay Juana, mira cómo
me tienes, me enseñaste la fidelidad y la traición, todo junto.
(Pausa.) No, no es así, no es así,
es ... este mundo que nos obliga
a ello.
SALVADOR: ¿Por qué volviste? Ya
habías dicho todo.
ÉL: No, no lo había dicho todo.
SALVADOR: ¡Y tú qué haces aquí!
No te corresponde, Federico.
FEDERICO: ¿Por qué no? A mí me
mataron a traición.
SALVADOR: ¿Y yo qué tengo que
ver con eso?
SALVADOR: ¿Tú también, Xavier?
XAVIER: Los tres poetas, ¿no?
SALVADOR: ¿Cuáles tres?
FEDERICO: Tú, Salvador. (Señala
a él.) Xavier, tu hermano, y yo
que no fui ni tu amigo ni tu

amante... o sí, qué importa, pero
que mataron antes de nuestro
encuentro, ¿recuerdas?
SALVADOR: (Señalando a él.) Él no
tiene por qué estar aquí, él no.
XAVIER: Con él tejí la amistad más
bella.
Federico tararea Romance de Angelillo
y Adela que Salvador le dedicara en bro-

ma, como parodia del Romance Gitano.
Porque la Virgen lo quiso
Adela y Ángel se encuentran...

SALVADOR: No me hagas esto, Federico, no lo hagas.
ÉL: No quiero morir, Salvador, no
quiero que me mates hoy, esta
noche, porque sí, porque ya no
eres bello, porque ya no puedes
seducir, por dinero o por prestigio o por comodidad...
SALVADOR: Por eso no, lo sabes
bien, por eso no, porque estoy
cansado... porque no se trata de
esta noche ... ha sido un lento
despojo de mí mismo, un largo
camino de actos con los que
te rehuí.
FEDERICO: No estamos aquí para
llorar contigo.
XAVIER: Estamos aquí para nombrarte lo que sobrevendrá.
SALVADOR: No me importa, lo sé,
el disfraz, la caravana, la parada
de lujo de un puto.
ÉL: Mucho más que eso, Chavita.
Y no quiero que nos pase, ni yo

52

ni tú nos lo merecemos.
SALVADOR: ¿Qué estás diciendo?
FEDERICO: Tu país, tu gente...
esos estudiantes de los que me
hablaste con orgullo, ¿los reconoces?
XAVIER: Nosotros mismos dejóvenes, ¿te acuerdas?
ÉL: La injusticia de las balas, del tío
muerto en plena calle, de la
muerte en uniforme de gala ...
FEDERICO : De las plazas sangrantes donde se deshojan los
poetas, de la lluvia y el barro que
se mezcla con mis huesos... de
mí, asesinado en plena madrugada. De mí, Salvador.
SALVADOR: ¿Están locos? ¿Qué
dicen? ¿De qué hablan?
FEDERICO: Los Millán están en
todas partes, y su lema es el
mismo. ;Viva la muerte! Y eso
proclaman en las universidades
mientras matan estudiantes.
Salvador, no te alinees del lado
del régimen, no les cumplas, que
no puedan llamarse tus amigos.
XAVIER: Nunca lo fueron de nosotros, ¿lo recuerdas? Nunca
apostaron un centavo por nosotros.
SALVADOR: Ustedes sí que han
enloquecido, ¿qué tengo que ver
yo con todos ellos? Soy un cosmopolita, amo la civilidad y la
defiendo, un espíritu abierto y
radical, ;han enloquecido! ¿Por
, eso tanta bulla? ¿Tanta alharaca?
EL: Un acto y quedas de su lado.

Un único, aislado, inútil acto y
te vuelves como ellos.
SALVADOR: Nunca Lo que muere en
mí es la esperanza, nunca la ética.
XAVIER: El funcionario será informante.
SALVADOR: Jamás.
FEDERICO: Los funcionarios siempre terminan siendo informantes
aunque nadie los llame así.
ÉL: Y nos pedirán nombres, datos, para luego proclamar su
inocencia.
FEDERICO: No la de los chicos ,
tus alumnos, los estudiantes, no
la de ellos...
XAVIER: No los de la plaza, soñando como soñábamos nosotros con la poesía, ¿recuerdas,
Salvador?
FEDERICO: Como un manojo de
claveles desgajados en la plaza.
XAVIER: Como una arena donde
al toro lo matan con helicópteros y tanques.
ÉL: En nuestra plaza, Salvador,
aquí en México, y tú con los gestos de la traición en tus manos
llenas de anillos refulgentes.
SALVADOR: No es cierto, eso nunca.
FEDERICO: Si te mueres hoy, no
hay vuelta.
XAVIER: Si te mueres esta noche
como dices cabrá entonces la
traición más grande, Salvador.
ÉL: No sólo a los estudiantes que
ya es mucho, a ti mismo.
FEDERICO: Tú puedes todavía,
detente ahora, no dejes que te al-

53

�canee esa otra muerte, la que te
apartaría para siempre de la mía.
XAVIBR: Nosotros que estuvimos
juntos en las buenas y en las
malas... nos perderíamos, Salvador. Me perderías.
ÉL: Sin embargo, ahora, mirándote
a los ojos sé que nos vas a matar
y tiemblo por ti más que por mí.
Yo quedo en el pasado pero tú ...
te quedas solo.
SALVADOR Quisiera que me vuelvan
a la escuela de primitivos bancos...
a mi casa, a mi huerto, que me
vuelvan a mis noches tibias y
campesinas . .. reclinarme en el
hombro de mi madre y despertar
como antes entre sus brazos... ay
Dios mío, despertar también con
la mirada de mi padre suave y
seria, sobre mis hombros.
PADRE: Me nombraste... me alegra
tanto que me hayas nombrado,
que te acuerdes de mí, incluso,
sí, quizás eso también.
SALVADOR: ¿Qué cosa, Padre, dígame?
PADRE: ¿Me has querido... me has
querido aunque sea un tantito
así?
SALVADOR: Padre mío, yo ...
PADRE: No te aflijas hijo, toda la
vida es un enorme fracaso, no
importa lo que hagamos. Yo, por
ejemplo, aposté a ser el mejor
padre, el marido oportuno, el
hombre de negocios que podía
conquistar una gran fortuna
para los suyos... intenté tanto ser

el mejor. ..

SALVADOR: Y lo fue, Padre, no se
preocupe.

que seas como eres ...
¿de verdad me acepta como soy?

PADRE: ¡Qué va! ¡Cómo se te ocu-

PADRE: Claro, no reniegues de ti,

rre! Te dejé muy niño , muy
indefenso, te olvidé entre las
cajas que tenía que vender para
sostener a la familia. Te olvidé
sin olvidarte, créeme, y ahora ya
es tarde.
SALVADOR: Me hizo tanta falta,
Padre. Mamá ...
PADRE: Lo sé, lo sé ... ella te necesitaba, debías ser suyo. Yo ... ya
ves, siempre flojo según ella,
siempre extranjero como si finalmente México nunca hubiera
llegado a ser mi casa, sin saber
dónde encaminar mis pasos.
SALVADOR: Como yo.
PADRE: Ella tenía razón, debía
hacerte diferente...Ay no, hijito,
te he visto, tú sí que sabes comportarte y ser valiente. Tú no dejaste que las cosas te dominaran
y te llevaran a cualquier parte.
Qué suerte la tuya al no cargar
con mi carácter.
SALVADOR: Y sin embargo, me
parezco a usted. Fíjese, los mis:nos rasgos, la misma huella
rubicunda , lo s mismos ojos
olvidándose sobre las cosas.
¿Se da cuenta?
PADRE: Algún parecido tendremos, seguramente, pero tú eres
fuerte. Heredaste mis rasgos, mis
rasgos fisicos. No, mi adentro.
Eso está bien, hijito... Es bueno

no reniegues de nada de lo tuyo
como hice yo.
SALVADOR: Quiere decir, Padre,
que todo lo mío.. .lo que yo soy,
esto que soy, ¿usted lo comprende y... ?
PADRE: Quiero decir... quiero decir
que yo no he sido poeta, no he
sido nada, no sé decir las cosas,
tú sí, hijito, tú sí. Eres famoso,
ganas mucho dinero, te arreglas
en todo, te codeas con gente importante, ¿no es maravilloso? Y
nada de eso me lo debes a mí ...
Quizás si de pronto te has sentido solo, es porque antes yo te
dejé huérfano.
SALVADOR: La renovación imposible. ¡Hay que morirse, a huevo! Todo poeta, todo -el libro,
ese ataúd- ¡Al cesto! Y las
palabras, esas dictadoras. Tú
sabes lo que no consignan la
palabra y el ataúd. (Pausa.) La
luna, la estrella, la flor ¡al cesto!
Con dos dedos ... ¡el corazón ... !
Y luego este espejo hiperbólico
y esos ojos, ¡todo poeta!, ¡al
cesto... !

54

car el culo, ¿no? Se empolva delante nuestro. (Risas.)
Como si fuera una mujer.
Claro, le tocas el culo y ni se da
cuenta. Al contrario, le gusta,
¡pobre maricón!
Pero es tan gracioso...
Ay sí, es muy gracioso, me encanta verlo.
Te mueres de la risa con él.
SALVADOR: Y ahora después de
empolvarme delante de todos ustedes, voy a dar mi do de pecho.
PÚBLICO: Si quieres verlo, tienes
que ir a Coyoacán o a La Capilla o bien en los estrenos de
teatro, se tira el ropero encima,
es una loca genial.
De noche puedes verlo debajo
del farol de una esquina o en el
parque.
¡Por Dios! No lo creo, un viejo
como él.
Una vieja puta querrás decir.
Pero es tan gracioso con sus anillos y sus cremas...
Tan gracioso con esa peluca roja.
El show de Salvador está en su apogeo.
El público lo festeja.
Tanta blusa de seda natural y
tanto perfume francés y mírala,
da pena.
Se cree una reina, una princesa
oriental.
Pero alguna función cumplirá,
¿no?
Es amigo de un ministro cercano al presidente.
¿A Díaz Ordaz?

SALVADOR: ¿De verdad, Padre?,

Salvador está listo para su gran show,
el último. Es el momento público. El
único que le queda.

PÚBLICO: A éste sí se le puede to55

�Y a Echeverria también.
Ah con razón, pero de todos
modos es tan gracioso, ¡a mí me
encanta verlo!
A mí también, a mí también.
SALVADOR: ¿Dónde está el lobo
feroz? Tan atroz, tan atroz ... Cuidado, attention, el lobo feroz,
soy yo... jaaaammmmmm. Jaaaammmmm yo soy el lobo feroz
el lobo feroz jaaaammmmm tan
atroz tan atroz ...
PÚBLICO: Me muero de la risa.
Dicen que cuando Tlatelolco ...
Shhhhhsssssst.

Entrada de La Catrina, el modelo propuesto por su enemigo Diego Rivera
en la obra Paseo en La Alameda. Bombos y platillos, confetti, serpentinas,
carnaval. Danzón y jarana. La Catrina
baila con todos menos con Salvador.
PÚBLICO: Siempre sabe hacernos
reír.
-Es tan gracioso.
-Tan oportuno
¿Qué dijo?
Es tan divertido.
Una vieja loca y ridícula

Y qué más quieres, ¿eh?, de un
marica ...
Vámonos ya
Ya me aburrí
Juntémonos todos y a seguir en
otra parte.
Para allá
Para allá.
SALVADOR: No me dejen, no me
dejen solo , me pongo otra
peluca ... véanme, escuchen, escuchen ... ¿Xavier? ... ¿Xavier? ...
No sé por qué Xavier, no sé por
qué ... pero me han dado la espalda, ¿sabes? Ellos, ellos me
han dado la espalda ... ¿luzco
bien? ... ¿Xavier? ¿Xavier, me
creerás? Anoche escribí un poema ... le puse de título, El amigo
ido ... y dice así:
Ya no robaremos juntos dulces de las
alacenas
ni escaparemos hacia el río para ahogarnos a medias
y pescar sandías sangrientas...

Por encima de la vida

OBRA EN UN ACTO

Reynol Pérez Vázquez
A Emilia

Con las últimas palabras la voz de Salvador va desapareciendo mientras se
hace oscuro muy lento y suave.

56

57

�PERSONAJES:
EUGENIA
ÓSCAR
LUZ MARÍA
CARLOS
ELADIO
AMPARO
ADELFA
PEDRO
La acción se desarrolla en Agualeguas, Nuevo León durant_e el
invierno y comienzos de la pnmavera de 1976.
ESPACIO ESCÉNICO

Ocupan la escena tres arcadas, ~n cada
una estará ubicado un espact0 de la
acción. En la primera arcada a la
izquierda espectador, se encuentra la
pequeña tienda de abarrotes de Adelfa.
La segunda, en el centro, corresponde a
la oficina de correos y vivienda de Luz
María. La tercera, en el extremo derecho
espectador. es la casa y taller de Eladio.
El techo de las arcadas representará la
superficie de la cortina de la presa con
un ligero declive hacia el fondo del
escenario. En el extremo superior a la
izquierda espectador se localizar~ la
escena del pozo. Cerca del proscenio, -a
la derecha espectador, una pequena
banca marca la parada del autobús.
Los componentes de la escenografia n~
serán ilustrativos, ésta más bien habra
de recurrir a elementos mínimos de
ambientación con objetos destinados sólo
a tareas específicas de los personajes.

AMPARO: Son las que traía puestas

Eladio mueve la cabeza varias veces,
como si desatendiera el consejo.

y taller de Eladio, quien está cosiendo u~
bota, inclinado sobre su mesa de trabaJO.
Por el extremo derecho espectador, por la
que parece ser una ventana oculta a la_ vista del público, penetra una leve tonalidad
azul que anuncia el fin de la madrugada.
En la misma zona, asoman apenas los pies
descalzos de una mujer que se halla sentada en el pretil. No se moverá de allí
durante toda la escena.

Sin reaccionar a la observación, Eladio
deja a un lado la bota con la suela a
medio coser. Abre el cajón de su mesa de
trabajo y rebusca en el interior.

fores el dedo gordo, ¿verdad?

cuando le dispararon la noche del
baile, no te hagas el que no te
acuerdas. ¡Pobrecito Protasio! Él,
que siempre miraba el mundo desde arriba, y que siempre tuvo
lástima de patear a las piedras.
ELADIO: En algún lado debo de tener una aguja nueva. Creo que
compré una de repuesto la última
vez que fui a Cerralvo. (Deja la bota
encima de la mesa y hace intento de
salir hacia elfondo de la escena.)
VOZ DE AMPARO: ¡Pero si eso fue
el año del caldo! Tú eres el
aquerenciado con las cosas. Al
rato en este pueblo ya nadie se
va " : ~"'1prar zapatos. ¿Qué vamos a hacer entonces?
ELADIO: ¡Ah, ya me acordé!
¡Siempre tengo una sobre la repisa de la Virgen de Agualeguas!

E/adío introduce una de sus manos en la
bota, tanteando la.firmeza de la planta.

Se oyen ligeros toques en la puerta del
fondo.

AMPARO: Esa aguja se te quebró

ELADIO: Mejor me voy a recostar un

VOZ DE ÓSCAR: ¡Papá! ¿Hace

el año pasado y la tiraste por la
ventana. Yo misma la recogí con
mil afanes. La tengo guardada
junto con aquel único pes~ de
cero siete veinte que quedo de
mis arras.

ratito y después me tomo mi café.
AMPARO: Lo único que vas a hacer
es estarte dando de vueltas en la
cama, como si no te conociera.
ELADIO: (Continúa sin reparar en las
advertencias.) Las botas ya están
muy viejas, la verdad. ¡Y los tacones más torcidos que el alma
de un matón!
AMPARO: ¿Y de dónde quieres que
el pobre hombre saque dinero
para comprarse unas nuevas?
ELADIO: A lo mejor está aquerenciado con ellas ...

mucho que te levantaste? Todavía no has puesto el café.
ELADIO: Pásale, hijo, pásale.

ELADIO: Una buena taza de café
de olla es lo que necesito para
desatontar estos ojos.
AMPARO: ¡Y te vas a ir otra vez a
la cocina y me vas a dejar aquí!
ELADIO: ¡Con un trocito de piloncillo!
AMPARO: ¡Diez tazas te serviría yo
si estas manos mías no estuvieran tan gafas! No aguantan ni el
peso de una flor.

ELADIO: ¡Estas agujas cada vez las
hacen peor! (Alza la vista. Lleva
unos espejuelos muy viejos.) ¡Y eso

E/adío toma la aguja que se ha atorado
en la suela y la observa por todos los
ángulos.

que abrí muy bien el agujero con
la lezna!
AMPARO: ¡Deberías de pedirme
prestados tus ojos de muchacho!
Los guardo desde aquella última
vez.

ELADIO: A lo mejor si le unto un
poco de sebo...

AMPARO: Para que otra vez te per-

Eladio detiene un momento su tarea,
cierra el cajón y vuelve a tomar la bota.

AMPARO: .Para qué te esmeras tanto
l

. ?
COJO .

A

arreglando las botas de un
Protasio deberías de devolverle SUS
pisadas de antes y no suelas nuevas.

Luz ámbar barrida, muy tenue, en la casa
58

áscar entra. Viste una vieja pijama azul
de felpa y sus cabellos están revueltos.
La luz azul de la ventana se diluye y ya
no se ven los pies descalzos.

ÓSCAR: ¿Estabas hablando solo o
tenías prendido el radio?

ELADIO: Ni te pongas a hacer caso,
hijo. Manías de viejo. Estaba batallando con la dichosa aguja.
59

�jos me hiciste soñar, y me dejaste
recuerdos que nunca en la vida
los he de olvidar" .

ÓSCAR: Si nunca sales, no te queda más que repelar tú solo.
ELADIO: Uno se acostumbra. Y tú,
deberías de ayudarme más con el
oficio en vez de andar disparándole a esos pobres patos...
ÓSCAR: Que bien que nos dan de
comer en tiempo de frío ...
ELADIO: Igualito a tu mamá.
Cuando yo voy, tú ya vienes.
ÓSCAR: (Sin intendones de llevarle la
contraria, toma a Eladio por un hombro.) Vamos a la cocina a tomarnos un cafecito, papá, ándale. Yo
te ayudo a prepararlo.
ELADIO: Nomás no vayas a ponerle canela, ¿eh?
ÓSCAR: A mí me da chorro con el
piloncillo.

Por elfrente entra Carlos. Es un muchacho pelirrojo, vestido de vaquero.

CARLOS: La traen bien herida, Luza.
Luz María se interrumpe y de inmediato se vuelve.

LUZ MARÍA: ¡Ah, eres tú, Cerillo!
¡Qué cosas se te ocurren! Es una
canción como cualquier otra.
CARLOS: Pos si usted dice...
LUZ MARÍA: Nomás para sacar aire
del pecho. Se aburre una a veces.
(Se acomoda con coquetería el suéter
rojo que trae puesto. Carlos sigue sus
gestos sin moverse de su sitio.) Ya empezó a irse la gente al otro lado.
En enero esto de las cartas es un
moridero. Ni quién escriba.
CARLOS: Puras tarjetas de año
nuevo, ¿verdad?
LUZ MARÍA: Cerillo, tú eres de los
que meten hilo para sacar listón.

Eladio y Óscar abandonan la escena por
elfondo. La iluminación ámbar desaparece y desde la ventana se proyecta de
nuevo la luz azul.

AMPARO: ¿Y cuándo le vas a entregar esas botas a Protasio?
Baja la iluminación.

Carlos lanza una carcajada, luego se
levanta el sombrero para rascarse la
cabeza.

La acción se desplaza al espado de la
oficina de correos que se ilumina con una
luz blanca. Tras el mostrador, Luz
María está acomodando cartas en el
casillero mientras entona una candón 1 •

CARLOS: Ah, anda bravo el piojero.
LUZ MARÍA: ¿Para qué te tapas
ese pelo tan bonito que tienes
con ese sombrerote, Cerillo?
CARLOS: No, pos ahí nomás ... (Se
reacomoda el sombrero y después se
aproxima a Luz Maria, quien está
acodada en el mostrador, recorrién-

LUZ MARÍA: "Nunca pensé que
algún día, tú me pagarías con
una traición. Tu falso amor me
dejó herida del corazón. Con tus
ardientes caricias y tus besos bru-

60

dolo de pies a cabeza.) Oiga Luza.,
¿y a poco le gusta mi cara pecosa
de huevo de cadernal?
LUZ MARÍA: ¡Eso es lo que te da
más gracia, Cerillo!
CARLOS: No pos gracias. Así ya no
me voy a ahuitar. Ya ve que las
muchachas luego me hacen el feo.
LUZ MARÍA: De tontas que son.
(Pausa. Suspira.) Ay, yo tuve un
novio pelirrojo, como tú.
CARLOS: ¿De aquí de Agualeguas?
LUZ MARÍA: Sí, de aquí.
CARLOS: Pos de seguro fue hace
mucho porque yo no conozco a
ninguno.
LUZ MARÍA: ¡Qué poco caballeroso eres, Cerillo! Pero por ser tú,
te lo paso. Se fue para el otro
lado y allá se casó. Es más, era
de los Vela, pariente de tu papá.
CARLOS: Pos sepa, son tantos que
ni papá se acuerda de ellos. Todos viven en Detroit.
LUZ MARÍA: Por cierto, con tanta
plática se me andaba olvidando
darte la carta de tu papá. (Se vuelve y rebusca en el casillero. Escoge
una de las cartas y de nuevo queda
frente a Carlos. Le tiende el sobre.)

carta en la bolsa de la camisa.)
LUZ MARÍA: ¡Muchacho, no hables así de tu padre!
CARLOS: Usted lo ha de conocer
mejor que yo.
LUZ MARÍA: Como a cualquier
otro del pueblo.
CARLOS: ¿A poco?
LUZ MARÍA: ¡Ya párale, Cerillo!
CARLOS: Ustedes se conocen de
atrás tiempo. ¡Todo Agualeguas
lo cuenta!
Luz María sale de atrás del mostrador.
dispuesta a abofetearlo. Carlos la detien~
con cuidado, sin intención de lastimar/a.

CARLOS: Luza, si la ofendí, perdóneme. Yo no quiero repetir
mentiras. Si algo de lo que cuentan es cierto, nadie mejor que
usted lo sabe. Y para que vea que
soy derecho, se la suelto: esa
mano la quiero en otra parte.
Carlos sale sin volver la vista. Luz María
no reacciona. Se queda de pie, recargada
en el mostrador, contemplando desolada
a Carlos hasta que junto con la iluminación éste desaparece por el extremo
izquierdo.

Carlos toma la carta sin demasiado entusiasmo.

Luz de crepúsculo que sirve de fondo
al área de la cortina de la presa. De
espaldas se ve a Óscar, enfundado en
una gruesa chamarra y calada la cabeza con una gorra de caza; de uno de sus
hombros cuelga una mochila. Sostiene
una escopeta y está oteando el horizonte
en el cual de pronto se proyecta la
imagen de una gran parvada de patos.

CARLOS: Sepa Dios cuándo se le
antojará volver. Allá en California ha de tener lo suyo. Ni crea
que a mí me hace fuerza que
regrese. Yo vine al correo porque
mis hermanas me estuvieron
friegue y friegue. (Se coloca la

61

�Óscar se incorpora.

ÓSCAR: ¡Míster! ¡Allá vienen! ¡Allá
vienen! (Aguarda unos segundos.
Nadie responde a su llamado.}
¡Míster Johnson! ¡Míster! (Espera unos segundos más. Salta, hace
señales con las manos, cuidando de
no soltar la escopeta.) ¡Míster! (La
parvada se va alejando. Dispara sin
acertar. La imagen desaparece.) ¡Estos gringos pendejos! ¡Y venir de
tan lejos, chingado!
Óscar vuelve a tomar su posición original y queda de espalda al público. Por
la derecha espectador hace su entrada
Eugenia, cubierta con un grueso suéter.
Lleva una radiograbadora portátil y con
la otra mano se cubre de un imaginario
golpe de viento.

,,

calientito, tú ni te preocupes.
Vente, vamos a sentarnos un
rato. (Al reparar en la radiograbadora portátil.) Huy, con música y
toda la cosa.
EUGENIA: Era una sorpresa, ¿tú
crees?
ÓSCAR: Pos la primera ya me la
diste.
EUGENIA: Espérate tantito para la
otra. Ándale, ayúdame.

Óscar toma a Eugenia de la mano y le
ayuda con el aparato. Van hacia el borde donde se halla el declive. Se sientan.
Óscar deposita la radiograbadora en un
extremo y se despoja de la mochila que
llevaba al hombro. Durante el diálogo
de la pareja, se oirán de tiempo en tiempo ráfagas de viento.
EUGENIA: Acabo de ver a Míster
Johnson soplando atole en su camioneta. De seguro se echó sus
traguitos. Con este frío.
ÓSCAR: ¡Con razón! ¡Y yo que me
desgañité gritándole que estaba
llegando una parvada! Venir
desde tan lejos, ¡y de oquis! ¡Pura
gastadera!
EUGENIA: Ni te quejes, que te
paga bien.
ÓSCAR: Pos sí, pero esa no es la
cosa. Yo me ahuito. Mi chamba
es ayudarle.

EUGENIA: ¡Hey, cazador! ¡Acá, acá!

Óscar se vuelve, deja a un lado la escopeta y va a su encuentro.

ÓSCAR: ¿Qué ventolera te trajo
hasta acá, eh?
Ambos quedan frente a frente y se dan
un largo beso. Eugenia se libera del beso
y vuelve la vista al lugar por donde ha
entrado.

ÓSCAR: ¿Trajiste a alguien de pegadura?
EUGENIA: A mi hermanito Israel.
Se quedó esperándome en la camioneta, es que tiene frío.
ÓSCAR: Pos allá va a estar bien

Eugenia mira a Óscar a los ojos, le levanta la barbilla. Óscar sonríe.

ÓSCAR: ¿Y ora qué? ¿Traigo manitos en la cara?
62

EUGENIA: No, traes parvadas de
patos en los ojos.
ÓSCAR: (Lanza una carcajada.) Llevo
toda la tarde espiando el cielo.
EUGENIA: Pues yo estoy acá abajo. ¡Si con esa ansiedad me miraras a mí!
ÓSCAR: ¡Las sonseras que se te ocurren! (Frota unos segundos su frente
contra la de Eugenia.) Aunque no
creas, hace rato estuve acordándome de ti. Con los ramalazos, le
agarra a uno un fria. (Pausa.) Pensaba que tú estaba~ llá, en la tienda, en lo calientito, tomándote tu
té de salvia. ¡Y mira que me llegas
de repente! ¡Igual que los patos!
EUGENIA: (Alzando la vista hacia el
horizonte.)¿Y si de repente se acerca otra parvada? ¡Vas a tener que
ir a levantar a Míster Jonhson!
ÓSCAR: No me va a quedar de otra.
Hay que aprovechar. Parece que
este año los patos están llegando a cuentagotas.
EUGENIA: El año pasado no llovió. Si sigue así, de la presa
nomás va a quedar un charco.
ÓSCAR: ¡Ni me eches la sal! De por
sí que en tu casa dicen que ni
para comprarte el traje de novia
tengo.
EUGENIA: ¡Ése me lo puedo comprar yo, que va a ser a gusto mío!
Óscar abraza a Eugenia que se ha puesto a temblar por un golpe de viento.

bre una vereda de nubes que llega
hasta la presa. Andan buscando el
sur y se traen el fria con ellos, escondido debajo de las alas.
ÓSCAR: Yo no me pregunto eso.
Nomás me agarra el gusto cuando los veo que ya andan nadando,
muy jiriolos, en las aguas de la
presa.
EUGENIA: Esos patos tienen más
suerte que nosotros. Cada año
viajan y cruzan muchos paisajes.
Y nosotros nos quedamos aquí,
siempre los mismos.
ÓSCAR: No les tengas envidia. A
veces no regresan, aquí los bañamos de perdigones.
EUGENIA: ¿No te pone triste matarlos? Es como si pisotearas una
nube.
ÓSCAR: Pero si las nubes están
siempre allá arriba.
EUGENIA: Sí, por eso. Los patos no
viven aquí, aunque se metan a nadar a la presa; nada más pasan.
ÓSCAR: Pues yo bien que los he
agarrado y me los he colgado en
ristra.
EUGENIA: Pero ya no son ellos.
Son como un trapo sucio, lleno
de sangre.
ÓSCAR: Mira, Eugenia, cada año
es lo mismo... y luego a ti se te
olvida. Cuando me ves con mis
camisas y pantalones nuevos, ya
ni te acuerdas de los patos que
maté para comprármelos.

EUGENIA: ¿Cómo sabrán esos patos
que tienen que volar de Canadá
hasta acá? A lo mejor vuelan so-

Eugenia se incorpora de improviso,
deshaciéndose del abrazo de Óscar. Da
unos pasos sobre la superficie de la
63

�echar a andar la radiograbadora. Al
terminar se incorpora y avanza hacia
áscar, tendiéndole los brazos. Una melodía comienza a invadir la escena2
mientras una luz barrida de color azul
ilumina la superficie de la cortina.

cortina. Óscar no se mueve. La sigue con
la mirada.
EUGENIA: Nosotros estamos acá
abajo y ellos cruzan el cielo muy
arriba. Nos ven como unas manchas, como si volaran por encima de la vida. (Se detiene y fija su

EUGENIA: Quizá no es el mejor lugar pero vamos a disfrutarlo.

vista en el horizonte. De pronto, sobre éste se proyecta la imagen de una
parvada de patos. Hace una seña con
la mano a Óscar para indicársela
pero él no reacciona.)
ÓSCAR: Con el frío ya te entró la
tristeza, por eso te pones a hablar así.
EUGENIA: ¡Se te van a ir los patos!
ÓSCAR: ¿Y qué? ¿Tú crees que el
gringo va a levantarse ahorita?
EUGENIA: Tú lo sabrás mejor que yo.
ÓSCAR: Este Míster Johnson es muy
distraído a veces. (Pausa. Se incorpora.) Y ultimadamente, ¿no que .
venías a darme una sorpresa?
EUGENIA: (Va a su encuentro.) No
venía, vengo.
ÓSCAR: ¿Pos entonces?

Eugenia instruye a áscar en el ritmo de
la música. Empiezan a bailar. Conforme
avanza la canción, áscar va dando muestras de alegría y de pronto se detiene a
abrazar faertemente a Eugenia. Ella le
responde pero lo insta a continuar. En el
horizonte la luz del crepúsculo ha sido
sustituida por iluminación nocturna.
Danzarán durante algunos segundos,
en apariencia olvidados de alguna ráfaga
de viento que se dejará oír ocasiona/mente, sin apagar del todo la letra de la
canción. De improviso el ruido de disparos de escopeta interrumpirá la canción.
ÓSCAR: ¡Ya despertó Míster Johnson!

El cuerpo de un pato cae encima de la
superficie de la cortina en el extremo
derecho espectador. Óscar y Eugenia lo
contemplan, tomados de la mano y sin
moverse de su sitio, mientras la escena
va quedando a oscuras.

Eugenia se cruza con Óscar y se aproxima al sitio donde se halla la radiograbadora, la alza y cargando con ella
parece buscar otro sitio para colocarla.
Luego de unos segundos se detiene, se
inclina y deposita en el suelo el aparato.

Es la hora del atardecer. Una iluminación general, de tonalidad lánguida, se
proyecta en todos los espacios del escenario sin que las acciones que en éstos
realicen los personajes adquieran
contraste. En el área de la tienda de
Adelfa, ésta permanece pegada al

EUGENIA: (Dirigiéndose a Óscar que

está detenido en un extremo, aguardando su reacción.) Pues aquí la
vas a oír.
Eugenia manipula unos botones para

64

mostrador, envolviendo unos zapatos
que apenas podrán apreciarse. En el
centro, en la oficina de correos, Luz
Maria revisa un montón de co"espondencia. En la banca de la estación de
autobuses, Carlos está sentado, con su
sombrero puesto y hundido hasta los
ojos. Sobre su regazo reposa una amplia
caja de zapatos.

gente ideática... (Pausa. Sopla sobre
la superficie del calzado como si le
quitara el polvo.) Bueno, mientras
a mí me pague ... (Alcanza la
horma que permanece en un extremo
de la mesa de trabajo y acomoda en
ella el zapato.)

En tanto Eladio ha estado realizando
esta última tarea, simultáneamente
Adelfa se dispone a salir de la tienda.
Eugenia surge desde elfondo y Adelfa le
hace algunas señas. Mientras Eugenia
se planta detrás del mostrador, su madre abandona la tienda llevando consigo una bolsa de lona gris. Eugenia está
ahora acodada sobre la superficie del
mostrador (así habrá de permanecer, con
la mirada fija) y Adelfa va cruzando la
escena; al pasar delante de la oficina de
correos, Luz María alza la vista y la
saluda levantando la mano. Adelfa le
contesta de la misma manera. Luz María prosigue con su labor. Adelfa se
detiene a tocar en la entrada del taller
de Eladio. Luego de dar unos ligeros
toques, permanece a la expectativa.
Eladio de pronto advierte los sonidos y
se vuelve.

La acción ahora se concentra en el espacio del taller de E/adío, donde se enciende
una luz ámbar. Éste acomoda varios
pares de zapatos encima de su mesa de
trabajo. Una vez que termina la tarea,
los cuenta y luego se rasca la cabeza
como si algo no cuadrara.

ELADIO: (Hablando solo y en voz
alta.) Estoy seguro de ,que eran
cinco pares... Parece que me faltan los zapatos de... ¡Abundio,
claro! (Se inclina y revisa un casillero que se halla bajo la mesa y en
el cual están acomodados algunos
pares de zapatos, tanto de dama
como de caballero.) Sí, aquí están.
Como se ven nuevecitos, los confundí con los que ya tengo listos.

Eladio extrae el par de zapatos y lo deja
encima de la mesa, después introduce la
mano derecha en una de las bolsas de su
mandil y saca sus espejuelos que se cala
en seguida.

ADELFA: (Asomándose.) ¡Ave María!
ELADIO: (Sin moverse de su sitio.)
¡Pásele, el que sea!

Adelfa entra en el espacio del taller.

ELADIO: (Revisando uno de los zapatos.) ¡Qué bárbaro este Abundio!

ADELFA: ¡Tú siempre trabajando!
¡Qué hombre éste! Te vas a cocer los ojos.
ELADIO: (Al advertir de quién se trata.) ¡Milagros!

¡Pero si las tapas de sus zapatos
están como recién hechas! ¿Para
qué quiere unas nuevas? No falta

65

�ADELFA: ¡Los de los santos!
ELADIO: ¡Qué gusto verte, mujer!
¿Dejaste el tendajo solo? No creo
que unos simples zapatos te hayan traído hasta acá. Siempre
mandas a Eugenia.
ADELFA: Cálmala y nos amanece.
Primero déjame que llegue.

Eladio le tiende la mano, Adelfa lo saluda enérgica, sacudiéndole el brazo,
para de inmediato retirar su mano.
ELADIO: Oye, no muerdo.
ADELFA: Por si acaso.
ELADIO: Acabo de sacar el té de
la estufa. ¿Te tomas una tacita
conmigo?
ADELFA: (Se queda un instante reflexionando.) ¡Qué cosas! Hace
años que tú y yo no nos tomamos un té, ¿verdad?
ELADIO: Ni siquiera una soda.
ADELFA: Bueno, nos tomamos un
tecito.
ELADIO: Pero antes dime qué zapatos quieres que te arregle.
ADELFA: No me lo vas a creer,
Eladio ... (Abre la bolsa y extrae de
ella un par de zapatos blancos.)
ELADIO: ¡Tus zapatos de novia!
ADELFA: Parecen de otro pie, ¿verdad?
ELADIO: Se ven nuevecitos. (Los
palpa, después se los acerca a su nariz y los huele.}
ADELFA: Nomás una vez me los
puse, ¡pero qué bailada les di!
{Pausa.) De tanto zangoloteo, al
derecho se le desprendió una de
las correas y así se la dejé. Ven-

go a que me la arregles.
ELADIO: Te la voy a dejar muy bien.
Ni se va a notar que está pegada.
ADELFA: Se los voy a regalar a
Eugenia, cuando se case. Si ya
duraron veintitantos años ...
ELADIO: No hay que presionar a
los muchachos, Adelfa; déjalos
que se tomen su tiempo.
ADELFA: A veces pienso que no se
dan cuenta lo que vale el tiempo. Lo dejan pasar así nomás y
no saben qué les está pasando
por encima. Sabrá Dios lo que
irá luego a hacer con ellos.
ELADIO: Pasará lo que tenga que
pasar.
ADELFA: Ay Eladio, y lo dices tú.
Tú que vives nomás metido aquí,
con los ojos puestos en las suelas
de los zapatos de todo el pueblo.
ELADIO: De algo tengo que vivir. Es
el oficio que mi padre me enseñó.
Y además, alguien tiene que ocuparse de los pies de la gente.
ADELFA: Tú no puedes cuidarles
las pisadas, cada quién agarra el
camino que quiere...
ELADIO: Aquí no son muchos los
caminos que puede agarrar uno.
ADELFA: No, en eso sí tienes razón.
ELADIO: (Acaricia los zapatos.)
Adelfa, mírate aquí, en estos zapatos. Tus pies eran pequeñitos,
se conformaban con caber aquí.
Y míralos ahora ... (Adelfa esconde instintivamente sus pies.)
ADELFA: Sí, ya sé. Se me hincharon con tanto hijo que traje a
caminar por este mundo.
ELADIO: .Pero así pasa con todo...

66

CARLOS: Estoy esperando un pa-

Mira estos ojos que ya se están
secando de tanto arreglar suelas
ajenas.
ADELFA: Ya nomás nos falta el
muerto para armar el velorio.
¡Tráete de una vez ese té, con una
fregada, Eladio!
ELADIO: Sí, ya voy, ya voy. Como
casi nunca nos vemos, se pone
uno a hablar de puro tiempo ido.

quete de Monterrey.

ÓSCAR: Pos al rato lo recoges, Cerillo. También puedes echar
aguas desde la tienda, ni modo
que no se oiga cuando llegue el
autobús.
CARLOS: Órale, vamos. (Se incorpo-

ra y se coloca la caja en un costado.)
Los dos jóvenes se encaminan al área de
la tienda de Adelfa. Sale iluminación en
el espacio de la banca. Cuando Óscar y
Carlos cruzan delante de la oficina de
correos, Luz María alza el brazo y saluda con gesto gustoso a Carlos, quien le
responde alzándose el sombrero.

Eladio sale hacia el fondo y Adelfa lo
mira alejarse, cuando ya ha salido, se
dirige al sitio donde debe hallarse la ventana, oculta a la vista del público. La
luz desciende y el espacio toma la tonalidad de la iluminación general.

Detrás del mostrador, Eugenia los recibe sonriente. Óscar se adelanta y le da
un corto beso en la boca a Eugenia.

Luz ámbar barrida al espacio de la banca, donde se encuentra sentado Carlos.
Por el extremo derecho espectador hace
su entrada Óscar, con una mochila al
hombro y cargando una pequeña bolsa
de malla que contiene dos patos inertes.

CARLOS: No cuenten dinero delante de los pobres.
EUGENIA: (Dirigiéndose a Carlos.)
Ni te quejes, Carlos, que tú también tienes tu pegue.
ÓSCAR: No le digas Carlos porque
se le queda.
EUGENIA: Yo siempre lo he llamado por su nombre, no me gustan
los apodos.
CARLOS: Gracias, Eugenia. A veces, cuando me hablan por mi
nombre, volteo para todos lados,
a ver a quién le están hablando.
ÓSCAR: Pos claro Cerillo, es como
si te estuvieran ofendiendo.
EUGENIA: Bueno, Óscar, ya déjalo. A ver, ¿qué van a tomar?
ÓSCAR: A mí una cerveza al tiempo.

ÓSCAR: ¿Qué pasó, Cerillo? ¿Andas
tristeando o estás esperando el
último autobús?

Carlos levanta la cabeza y alza su sombrero para ver al recién llegado.

CARLOS: Pos las dos cosas, tú. (Echa
un vistazo a la bolsa de malla.)
¿Qué tal la caza, eh?

ÓSCAR: Dos que tres. El gringo me
dio estos patos de consolación.

CARLOS: Yo creo que no está mal.
Ya te ahorraste lo de la cena.

ÓSCAR: Vente, vamos a echarnos
unas sodas allá con Eugenia.

67

�EUGENIA: Bueno, pero no se de-

EUGENIA: Ésa vas y te la tomas a

sentiende de ustedes.

la cantina de mi papá.
ÓSCAR: ¡Huy, el viejo no me va a
dejar entrar! La vez pasada me
hizo que dejara los patos afuera
y el pinche perro de don Melítón
ya se los andaba merendando.
EUGENIA: Es cantina, no carnicería.
ÓSCAR: Llévame la contra, llévame la contra.
CARWS: No vine a oír pleitos. A mí
sírveme una Doble Cola, por favor.
ÓSCAR: A mí una Hit.

Carlos da un largo trago a su refresco.
ÓSCAR: Cerillo, sí así te tomaras la

vida, de plano te atragantabas.
EUGENIA: Déjalo, es su gaznate.
ÓSCAR: Bueno, al cabo yo las
pago.
EUGENIA: Claro, ¡como no son
cervezas!
CARLOS: Tú avísame sí puedes
ayudarme. El viejo amenazó
también con darse una vuelta por
el pueblo.
ÓSCAR: Déjame ver. Míster Johnson se va en estos días, pero ya
le toca venir a Míster Smíth. Y
ése es de carrera larga. Pero no
te me ahuites, yo me doy un
tíempíto. Aunque bueno, habiendo dinero, aquí no va a faltar
quién te eche una mano. (Bebe un
trago de su refresco.)

Eugenia se apresta a sacar los refrescos.
CARLOS: Oye Óscar, ¿y para cuán-

do es la boda?
ÓSCAR: Uh, todavía tengo que ca-

zar muchos patos.
CARLOS: ¿Cómo cuántos?
ÓSCAR: Pos no sé. A lo mejor unos

cuatrocientos.
EUGENIA: (Colocando los refrescos

'1

ya abiertos sobre el mostrador.) No
lo cocorees, Carlos, que la presa
se le va a hacer chica para matar
tanto animal.
ÓSCAR: Peor sería sí contáramos
por zapatos. Todo Agualeguas
tendría que mandarse arreglar
los suyos para que más o menos
me cuadraran las cuentas.
EUGENIA: Claro, y al pobre de tu
papá se le acabarían los ojos; de
por sí. ..
CARLOS: Por cierto, papá mandó
a decir que hay que terminar de
ademar la noria. Va a mandar dinero. Tú sabes, el hombre nomás
da instrucciones desde allá.

En ese momento invade el espacio el
ruido de un motor de autobús, seguido
de varios toques de claxon. Carlos se
acomoda su sombrero y dejando el
envase encima del mostrador se apresta
a despedirse.

blo le esconde el pan al hambriento... Voy volando a recoger un
paquete a la oficina de autobuses. Pero si no se le hace dilación,
al ratito me doy una vuelta. (Se
alza el sombrero y se rasca la cabeza.) ¿No importa que sea ya de
nochecita?
LUZ MARÍA: En este pueblo hasta las mecedoras tienen ojos, Cerillo. Pero tú date la vueltecita.

Carlos sale alzando la mano en señal de
despedida. Cuando éste ha abandonado
el área de la tienda, Óscar se aproxima
a Eugenia.
ÓSCAR: A ver, dame un pico.
EUGENIA: ¡Sonso! (Le da un beso

rápido.)
Desciende la iluminación y se enciende
luz ámbar en el área de la oficina de correos. Luz María sale desde el fondo y
al advertir que Carlos está cruzando, le
lanza un saludo.

Carlos se despide de Luz María haciendo una reverencia con su sombrero y de
inmediato prosigue su camino. Luz
María lo sigue con la mirada hasta que
después de pasar junto a la banca, el
muchacho sale por el extremo derecho
espectador. Tras unos segundos, Luz
María vuelve al mostradory se entretiene revisando un atado de cartas. La luz
va bajando paulatinamente.

LUZ MARÍA: ¡Adiós, cantarito de

arroz!

Carlos se detiene frente a la oficina de
correos.

CARLOS: ¿Qué pasó, Luza? ¡Qué
gustosa anda!
LUZ MARÍA: Nada más lo que es.
(Desde el límite de su espacio le
sonríe y lo mira de arriba abajo.) ¿A
dónde tan deprisa? Parece que
fueras a recibir herencia. (Ríe.}
CARLOS: ¡Újule! ¿Me paró para saludarme o para confesarme?
LUZ MARÍA: Tú siempre la traes
desenfundada, Cerillo.
CARLOS: ¡Hágamela buena, Luza!

Se ilumina el espacio del taller de
Eladio. Adelfa y Eladio permanecen
sentados, bebiendo una taza de té.
ELADIO: Hasta el té se le hace a uno

un manjar si se lo toma con buena
compañía. ¡No sabes qué alegria
me han traído tú y tus zapatos!
ADELFA: ¡No seas ceremonioso
conmigo, Eladio! No me vayas a
malacostumbrar.
ELADIO: No estoy echando habladas, Adelfa.
ADELFA: ¡Qué cosas! Estamos a
unos pasos y cada quién anda en
lo suyo. Pareciera que la vida nos
llevara por días que pasan lejos
de aquí.

CARLOS: Bueno, parece que ya lle-

gó el autobús. Estamos hablando.
Ah, y gracias por la soda.
ÓSCAR: Me debes unas heladas,
Cerillo. Después te aviso lo de la
noria.
EUGENIA.: Hasta luego, Carlos.
Por aquí te estamos viendo.

68

Luz María ríe, luego se acomoda la
cabellera con coquetería.
LUZ MARÍA: Hace rato saqué una

panocha de maíz del acero, ¿no
se te antoja un pedacito?
CARLOS: ¡Válgame! A veces el día-

69

�,

ELADIO: Sí, Adelfa. Tú allá, plantada detrás del mostrador de la tienda. Yo, aquí, con los ojos pegados a
suelas y tacones de zapatos.
ADELFA: Como quien dice, cada
chango en su mecate.
ELADIO: Cada quien viendo por su
familia.
ADELFA: La mía es más grande.
ELADIO : Los muchachos ya han
ido creciendo, aunque tú tienes
tres chiquitos todavía.
ADELFA: Se batalla para sacarlos
adelante. (Pausa.) Eugenia es mi
consuelo, ¡si vieras cómo me
ayuda! Nunca le ha entrado la
idea de irse a Monterrey, como
a sus otros dos hermanos.
ELADIO: ¡Qué suerte tiene mi hijo
con ella!
ADELFA Sí, los dos se hallan muy bien.
ELADIO: Ojalá mi muchacho tuviera mejor modo de ganarse la
vida. Yo no le veo interés de irse,
de buscar la vida en otra parte.
La única sería que agarrara para
el otro lado.
ADELFA: Ni lo digas. Ellos ya le
hallarán el modo. A nadie le falta Dios.
ELADIO: Y tu esposo cómo está,
que yo aquí sin salir y él metido
en su cantina ... Hace un buen
que no lo veo.
ADELFA: Ya sabes que con él no
se batalla. Ha agarrado bien
aquel dicho de "a palabras de
borracho, oídos de cantinero".

jar la vista en su taza de té.
ELADIO : Adelfa, ¿te acuerdas
aquella vez en la boda de tu hermana Zulema? Tú fuiste la que
me ayudó a dar mis primeros
pasos de baile. ¡Lo que son las
cosas! Yo que soy el entendido
en enderezar las pisadas de los
demás, ¡y las mías por sin ningún rumbo!

Adelfa también deja escapar unas carcajadas. De pronto, se oye el golpe de una
ventana que se cierra con violencia. E/adío
y Adelfa reaccionan sorprendidos.
ELADIO: ¡Válgame la Virgen Juana y el Santo José María! No me
acuerdo de haber dejado abierta
la ventana. ¿Y de dónde salió esa
ventolera?
ADELFA: De seguro va a cambiar
el tiempo. (Se pone de pie.) Bueno, Eladio, ya estuvo bien de plática. Sigue con lo tuyo que yo me
voy a lo mío.
ELADIO: ¡Ni te imaginas el gusto
que me dio verte por acá! Date
vueltas más seguido, mujer.
ADELFA: Tú nomás avísame cuándo quedan listos los zapatos.
ELADIO: No me va a llevar mucho.
Puedes venir por ellos pasado
mañana.

Adelfa se pone de pie y se encamina rumbo a la salida. Eladio la acompaña y se
despiden con Ún rápido apretón de mano.
Adelfa sale mientras que E/adío vuelve al
interior. Durante unos instantesfija la vis-

Eladio suelta una carcajada, después
mira a los ojos a Adelfa, para luego fi-

70

por qué me tardé.

ta con actitud de extrañeza en el sitio
donde debe hallarse la ventana.

LUZ MARÍA: Si no te estoy regañando, Cerillo. Qué es la vida en
Agualeguas sino una espera que
ni empieza ni acaba.
CARLOS: Usted habla bonito cuando quiere.
LUZ MARÍA: Yo a ti siempre te hablaría bonito, Cerillo.
CARLOS: Adió, ¿de veras?

Oscuro en el espacio del taller de E/adío.
La iluminación se desplaza a la zona
vacía de la escena frontal. Ahora los tres
espacios en las arcadas permanecen a
oscuras. De súbito se oye un ensordecedor ruido de frenos y chirriar de llantas.
La iluminación desaparece para dar
paso a una luz cenital rojiza que cae
sobre Adelfa, quien se ha detenido y
reacciona asustada al sonido que acaba
de oírse. Mira en derredor, perpleja, tras
breves instantes se persigna y continúa
hacia la tienda. La luz cenital sigue
cayendo hasta que Adelfa entra en su
espacio y desaparece por elfondo.

Luz Maria le ofrece asiento a Carlos y
una vez que éste se acomoda en la mecedora, ella ocupa de nuevo su lugar.

LUZ MARÍA: ¿Quieres tu pedacito de panocha?

CARLOS: (Ríe.) Pos ya cené en la
casa, pero dejé un huequito para
la suya.
LUZ MARÍA: Siempre me sacas un
pie adelante, Cerillo.
CARLOS: Pos a mí se me hace que
usted me saca dos. (Pausa.) Va a
tener que disculparme, Luza; mi
hermana Enedelia no me dejaba
salir. Tuve que quedarme a ayudarle a sacar unas cuentas del
rancho. Hay que acabar de ademar
la noria y poner una bomba.
Papá mandó dinero.
LUZ MARÍA: Es bueno que se preocupe por que el rancho siga en pie.
{Trata de cambiar de conversación
al advertir que a Carlos el tema no
le agrada.) ¿Vas a querer un té de
salvia bien caliente? Está fría la
noche.
CARLOS: (Arrellanándose.) Aquí ni
se siente, parece que hubiera
puesto brasas.

Luz ámbar al espacio de la oficina de
correos. Luz Maria está sentada en una
mecedora, delante del mostrador. Frente
a ella, a la izquierda espectador, permanece una mecedora más, vacía. Luz
María tiene la vista perdida y se halla
abrigada con un grueso suéter de lana
rojo. Se mece ritmicamente, mueve sus
labios como si estuviera rezando. Tras
algunos segundos en esta posición, resuenan campanadas de reloj, la luz desciende y se enciende de nuevo. Delante de la
arcada se encuentra Carlos, con el sombrero en una mano. Se cubre con una
chamarra azul.

CARLOS: Buenas noches, Luza.
LUZ MARÍA: Tú estás bueno para
traer a la muerte, Cerillo. (Se incorpora y va a su encuentro.)
CARLOS: No me eche el perro encima, Luza. Déjeme le cuento

71

�LUZ MARÍA: Es el sillar. No deja
pasar el frío, el calor tampoco.
CARLOS: (Echa un vistazo al espacio
que ocupa la oficina.) Oiga Luza,
¿y no se siente solita aquí? Y con
estas noches de invierno tan largas. (Desliza las manos sobre sus
piernas, delineadas por el ajustado
pantalón vaquero.)
LUZ MARÍA: Una se acostumbra.
De noche, cuando me recuesto en
la almohada, mi cabeza vuela lejos, a mis días cuando estaba de
muchacha. Ahí no había horas
solas: había bailes, días de campo, idas a Roma, Texas; bodas de
amigas en las rancherías... ¿Te
imaginas tú un baile iluminado
por lámparas de gas butano?
CARLOS: No, no me lo imagino,
Luza; mucho menos me imagino yo bailando. No soy bueno
para eso.
LUZ MARÍA: (Echa un vistazo a las
piernas que Carlos continúa frotándose.) Pues con esas piernas que
tienes, es un desperdicio.
CARLOS: A la orden.
LUZ MARÍA: (Ríe un poco.) Si quieres, yo te enseño.
CARLOS: De seguro es muy buena
maestra.
LUZ MARÍA: No voy a hacerme la
modesta. (Ríe de nuevo. Tras una
pausa, se pone de pie.) Voy a traerte
lo que te prometí, también tu té.
CARLOS: Ándele, yo aquí la espero.
Luz María sale rumbo al fondo no sin
antes regalar a Carlos una amplia sonrisa. Baja luz.

Luz blanca al taller de Eladio, quien está
inclinado sobre su mesa de trabajo, sostiene uno de los zapatos de Adelfa. A su
lado, un bote de cola. Por el sitio de la
ventana se introduce una leve tonalidad
azul. Asoman apenas los pies descalzos
de una mujer.

ELADIO: (Colocando un poco de cola
en el zapato.) ¡Qué vida tan corta
tienen los zapatos de una novia!
AMPARO: ¿Quién va a andar con
unos zapatos blancos por las calles terregosas de este pueblo?
Prefiero mis pies descalzos saltando sobre las peñas del río.
ELADIO: Sí, qué iban a durar los
pobres si anduvieran pisando en
los hoyancos de las calles de
Agualeguas. Así, con su día de
vida, nomás con un recuerdo se
quedan.
AMPARO: Pero es un recuerdo bonito, un recuerdo de fiesta.
ELADIO: Con ese solo día les alcanza, porque es de puro jolgorio.
AMPARO: Después se quedan esperando su segundo día de
fiesta, encerrados en una caja.
ELADIO: Pero luego ya no hay fiestas. Y a lo mejor un día hasta sin
caja se quedan porque a uno de
los hijos se le ocurre usarla para
enterrar un gato.
AMPARO : Y cuando la primera
hija se casa, la madre va y los encuentra rundidos en una castaña, con las correas manchadas de
caca de rata.
ELADIO: Para eso los escogieron,
para ser flor de un día. (Se detie-

72

de patos, ¿quién jodidos te da de
comer, eh?

ne, introduce la correa en el pequeño orificio que la sostenía. Oprime.)
Va a quedar bien pegada. Por lo
demás, están nuevecitos.

áscar se lleva las manos a la cabeza,
tratando de mantener la calma. Pone
luego una mano en el hombro de Eladio.

Suenan unos leves toques en la puerta
del fondo. Eladio reacciona y deja a un
fado el zapato. La luz azul desaparece
junto con los pies de la mujer. Entra
Óscar, enfundado en su vieja pijama
azul de felpa.

ÓSCAR: Te voy a decir nomás una
cosa papá: Eugenia y tú son lo único que tengo. Si por mí fuera, ya
roe hubiera ido a la fregada de
aquí. Pero no quiero dejarte solo.
Cuando me case, voy a traer a
Eugenia a que viva con nosotros;
los dos te vamos a cuidar.
ELADIO: ¡No quiero que me cuide
nadie! ¡Todavía no estoy ciego ni
manco!
ÓSCAR: Eso era lo único que quería decirte, papá.
ELADIO: ¡Me saliste muy orgulloso y muy hombrecito!
ÓSCAR: Tú roe criaste, papá, tú solito.

ÓSCAR: Papá, ¿qué estás haciendo a estas horas? ¡Deja ese zapato! Mañana lo arreglas. ¿No entiendes que eso es muy malo para
la vista? Ya no andes forzando
así los ojos, por Dios.
ELADIO: Nomás eso me faltaba,
¡que vinieras a darme consejos!
ÓSCAR: ¡Tienes la cabeza más
dura que una piedra bola! No
vengo a darte consejos, ¡quiero
que te cuides la vista! A nadie le
haces caso.
ELADIO: Ni tengo a quién cuidar,
ni quiero a nadie que me cuide.
Tú ya estás grandecito, ocúpate
de lo tuyo.
ÓSCAR: Papá, me levanté a tomarme un vaso de agua y vi la luz
prendida. No vine hasta acá a pelearme contigo. Quiero que te
vayas a acostar y que descanses.
No tienes carretadas de trabajo y
mañana bien que le puedes seguir.
ELADIO: ¡Encima vienes a decirme que me cae trabajo cada
muerte de obispo! ¿Me estás reclamando que me mantienes o
qué? Y cuando no es temporada

áscar le da la espalda y se dirige rumbo
al fondo. Eladio ha quedado inmóvil.
Cuando Óscar está por salir, le habla
en voz alta.

ELADIO:Ya voy a ir a acostarme, hijo.
ÓSCAR: (Sin darse vuelta.) Hasta
mañana, papá.
Eladio se encamina al fondo de la
escena, durante unos instantes se
queda contemplando el lugar por donde áscar ha salido. La iluminación
desciende y da paso a una luz azul
muy tenue. Eladio vuelve a la mesa
de trabajo.
73

�sulfuraste todavía con menos.
CARLOS: Sí, sé que se me fue la
lengua , pero qué quiere que
haga: yo soy así, Luza. No lo
hice por mala voluntad.
LUZ MARÍA: Si no lo supiera, Cerillo, no estarías aquí conmigo,
calentándote el gaznate.
CARLOS: Cuando quiere, usted
también es lengua pronta, ¿eh?

ELADIO: (Busca el zapato que había
dejado encima.) ¡Pero dónde quedó ahora ese dichoso zapato! ¿O
será que aparte de ciego me
estoy volviendo loco?

Eladio sale hacia el fondo de la escena.
Desde el área de la ventana que no es
visible para el público, alguien arroja el
zapato que cae encima de la mesa de
trabajo. Desaparece luz azul.

Luz María se incorpora de improviso.

Entra iluminación blanca en la oficina
de correos. Se ve a Carlos sentado en la
mecedora. Por el fondo aparece Luz
María, llevando una charola con tazas
y cubiertos, la coloca sobre el mostrador
y da vuelta hasta donde se halla Carlos.
Toma de la charola una taza y un
pequeño plato con el trozo de pan de
maíz y se los tiende.

CARLOS: (R.eacciona al verla levantarse.) ¿Tiene gallinas poniendo

miedo que venga alguien y nos
vea aquí a los dos, juntos como
estamos?
LUZ MARÍA: No te inquietes, Cerillo: la ceniza no se quema.

CARLOS: Oiga, espéreme, que no
Carlos lanza una carcajada, Luz María
lo secunda. Él va soltándose poco a poco,
siguiendo el ritmo que ella va marcándole. Bailan por algunos segundos,
transportados por la música. La luz
desciende hasta crear una atmósfera
de total intimidad. Carlos se pega contra el cuerpo de Luz María, a quien parece no molestarle la acción.

soy volteado.
LUZ MARÍA: Déjame que te guíe,
Cerillo. Luego que aprendas, me
llevas tú a mí.
CARLOS: Bueno, le dijo la mula al
freno.
LUZ MARÍA: ¡Déjate de hacer
chistes y pon atención!

o qué Luza?

LUZ MARÍA: ¡Ya párale de bromear, Cerillo! Voy a darte una
sorpresa, tú nada más no te muevas de aquí.
CARLOS: A ver, sorpréndame.

Luz María sale rumbo alfondo, va contoneándose, Carlos la sigue con los ojos.
Mientras Luz María reaparece, Carlos da
un último sorbo al té y se levanta para
dejar la taza en la bandeja. Toma un
trozo más de pan y lo mastica despacio,
con apetito. Luz María vuelve a entrar de
nueva cuenta, carga una radiograbadora;
hace a un lado la charola y deja encima el
aparato, después se agacha y lo conecta en
algún sitio.

CARLOS: (Los toma.) ¡Qué atenta,

..,

CARLOS: Oiga Luza, ¿y no le da

botón y comienza a oírse la música de
una melodía (Sabor a mí3 .) Se planta
delante de Carlos y le toma el brazo para
después ceñirlo por el talle, como si fuera a bailar con una mujer.

Luza! Me va a mal acostumbrar.
LUZ MARÍA: Pues que sea ya desde ahorita.
CARLOS: Allá en la casa nadie me
anda con contemplaciones. Si
quiero algo, pos yo mismo lo tengo que agarrar, qué le hago. (Apura el té de un largo trago, luego le da
un mordisco al trozo de pan. Después
de esto, da un suspiro de satisfacción.) ¡Ah, está muy rico! Ya se
puede casar, Luza.
LUZ MARÍA: (Muy seria.) No te
burles, Cerillo, que te voy a pintar tu raya, ¿eh?
CARLOS: Uh Luza, con qué poquito se sulfura.
LUZ MARÍA: Pues el otro día tú te

Cerillo, ¿portas pistola?

CARLOS: ¡Esa es música de velo-

de grueso calibre.

rio, Luza!
LUZ MARÍA: ¡Chin contigo, Cerillo! (Lo suelta.)
CARLOS: Ponga una más
movidita.
LUZ MARÍA: Primero hay que comenzar con los ritmos más
lentos. Ya después aprenderás
los de zangoloteo.
CARLOS: (Alza los brazos.) Soy todo
suyo, Luza .

CARLOS: ¡Eso, así se habla!
Luz María sale detrás del mostrador,
hace a un lado las mecedoras ante la
mirada curiosa de Carlos, oprime un

CARLOS: ¿Se puede de cachetito?
LUZ MARÍA: Pero no mucho.
(Pausa.) Uno, dos, tres.. .

a enseñar a bailar!

LUZ MARÍA: (De improviso.) Oye
CARLOS: (Muy serio.) Sí, Luza, y

Luz María lo toma del talle nuevamente y unen sus brazos para comenzar a
bailar con mucha lentitud al ritmo de
la música. Carlos se deja llevar.

LUZ MARÍA: Carlos Vela, ¡te voy

74

Se oye la letra de la canción, lo suficientemente clara pero sin cubrir del todo los
diálogos que serán en voz más alta.

Luz María no puede contenerse, suelta
a Carlos y empieza a reír sin parar. Carlos se queda observándola y después de
algunos instantes también él comienza
a reír.

CARLOS: ¿Sabe una cosa, Luza?
Hace mucho que no me reía así
con nadie.
LUZ MARÍA: ¿De veras, Cerillo?
CARLOS: Sí, Luza. Aunque me vea
así, echando desmadre, eso es
puro ruido. (Se quita el sombrero y
lo coloca en un costado de la mecedora, después se despoja de la
chamaffa y la deja en un extremo
del mostrador. Luz María lo observa en silencio.) Sí, como le digo,
nomás ruido.

75

�Luz María se acerca y sin pensarlo lo
abraza con fuerza. Carlos reacciona.

CARLOS: Luza, ¿va a seguir enseñándome a bailar?

LUZ MARÍA: Yo no soy de promesas, Cerillo.

Luz María va tras el mostrador y detiene
la música en la radiograbadora, se inclina a buscar algo y reaparece, para colocar
una nueva cinta en el aparato. Carlos sigue sus movimientos y ella oprime un
botón. Se deja oír (El golpe traidor.)

LUZ MARÍA: No es que ande dolida, Cerillo; aunque a veces, la
alegría, cuando es muy honda,
duele.

.,

Luz María toma a Carlos de la mano y
lo lleva para iniciar el baile con ritmo
norteño. Mientras la música sube de
volumen, la iluminación desciende. Sólo
quedan los contornos de ambas figuras
que bailan.
Entra iluminación blanca en la tienda de
Adelfa, quien permanece inclinada sobre
el mostrador, haciendo cuentas en un diario de contabilidad. Lleva lentes. Desde el
fondo entra Eugenia, carga una cajita
metálica. Se planta junto a Adelfa.

EUGENIA: ¿Ya empezaste con las
cuentas? Todavía no es cierre de
mes.
ADELFA: (Se quita los lentes y los deja
a un lado.) No va a salir ni para
pagar la luz. Este mes estuvo
muerto.

76

EUGENIA: Pues vamos a tener que

ADELFA: Tú vas a tener tus pro-

pedirle a papá. A él en esta época siempre le va muy bien.
ADELFA: Ni siquiera tiene que sacar cuentas. (Cierra el diario y lo
coloca debajo del mostrador.) Bueno, hasta aquí le llego. No quiero
que venga alguna clienta y diga
luego que tenemos lápiz de dos
puntas. De por sí, viven quejándose que damos carísimo, pero
en dónde te dan fiado en estos
días. (Voltea y advierte la cajita que
carga Eugenia.)
EUGENIA: Mamá, yo también
estuve haciendo mis cuentas: ya
completé para el vestido y todo
mi ajuar de novia.
ADELFA: ¡Ay hija! Para eso tiene que
darte el novio. Tú nomás escoges.
EUGENIA: Pero él no tiene trabajo fijo. Yo debo ayudar en algo.
ADELFA: De todos modos, ya es
mucho lo que nosotros estamos
poniendo: la novia. ¿Qué más
quiere ese muchacho? (Pausa.
Adelfa se pone a reflexionar.) Oye,
¿y cuándo piensa pedirte?
EUGENIA: (Vacila un poco.) Bueno,
no me ha dado fecha y yo tampoco quiero presionarlo; lo que pasa
es que yo quiero ir comprando lo
que se pueda, poquito a poquito.
ADELFA: Haces bien, hija. Una
tiene que ser precavida. Por cierto, no quiero ni ponerme a pensar
que te me vas a ir, ¡me ayudas
tanto! Va a ser como si me cortaran ún brazo.
EUGENIA: ¡Mamá, no exageres! Yo
voy a seguir viniendo a ayudarte.

pias obligaciones. De casada, las
cosas cambian, hija.
EUGENIA: Para mí no, mamá. Ya
vas a ver.
ADELFA: La pura intención se te
agradece.
EUGENIA: Mamá, no te pongas
amargosa.
ADELFA: (Señalando la cajita.) Ve
y guarda ese dinero que las paredes oyen.
EUGENIA: Lo saqué porque quiero ir
la semana que entra a Monterrey a
comprarme mi vestido.
ADELFA: Mejor le pedimos a tu
hermano que nos lleve el fin de
semana a Laredo para comprártelo allá.
EUGENIA: No, mamá. Los vestidos de novia gringos no tienen
chiste. En Monterrey he visto
unos que se me han ido los ojos.
ADELFA: Bueno, entonces te vas
con tu hermano el domingo a
Monterrey.
EUGENIA: ¿No te acuerdas que dijo
que no venía este fin de semana?
Me voy el martes tempranito.
ADELFA: En martes ni te cases ni te
embarques, pero si ya lo tienes
decidido .. . Cuando algo se te
pone, ni quién te lo saque de la
cabeza. (Pausa.) Eugenia, zapatos
no te compres. Yo te voy a regalar
los míos. Acuérdate que la novia tiene que llevar algo usado el
día de la boda.
EUGENIA: (Le da un beso rápido en
la mejilla.) ¡Gracias, mamá!
ADELFA: (Se pasa una mano por la

mejilla.) Ya, no sea melcochuda.
Eugenia se inclina y coloca la cajita
metálica debajo del mostrador.

ADELFA: Bueno, tú quédate a
atender aquí, le voy a echar más
agua a los frijoles.
EUGENIA: (Detiene a Adelfa que ya
le ha dado la espalda.) Mamá ...
ADELFA: (Volviéndose.) Sí, qué pasó.
EUGENIA: Casi nunca me has
platicado de la mamá de Óscar.
¿La conociste bien?
ADELFA: (Vuelve junto al mostrador.)
Amparo Cantú y yo éramos de las
socias del Club Femenil Alba, es
más, ella tenía el puesto de tesorera; pero amigas amigas, no éramos. Mucho menos después de
que le enseñé a bailar a Eladio,
parece que le entraron los celos.
EUGENIA: Por favor, quién va a
enoJarse por eso.
ADELFA: Pues cualquier mujer.
EUGENIA: A mí no me darían celos.
ADELFA: Sí, eso dices ahorita porque no ves a otra que ande sobando a tu novio.
EUGENIA: De todos modos se
casó con don Eladio.
ADELFA: Sí, pero por desgracia no
duraron ni el año. Como ya te
he contado, murió cuando Óscar
nació.
EUGENIA: Una vez le pregunté a
Óscar por ella y me contestó con
rodeos, como si no quisiera hablar de eso.
ADELFA: De seguro Eladio tampoco
le ha contado mucho, y es natu-

77

�..

...

ral, hija. Para que el muchacho
no agarre culpas que no son suyas.

ÓSCAR: Cortesía de Míster Srnith.
EUGENIA: Entran en las prestaciones, ¿verdad?

En ese momento áscar entra en escena
por el lado izquierdo, enfundado en una
chamarra de color verde. Carga una
mochila a la espalda y en una de sus
manos lleva la radiograbadora. Cuando
Adelfa y Eugenia notan su presencia,
cortan la conversación.

áscar suelta una carcajada. Al ver que
Eugenia no reacciona, se detiene. Deja
el aparato encima del mostrador.
ÓSCAR: Vine a devolverte tu grabadora. No quiero que le vaya a
pasar algo allá arriba.
EUGENIA: Tú sabrás si la cuidas
o no. Para eso es tuya.
ÓSCAR: ¿Mía? No te burles, si lo
que me regalaste fue la cinta.
EUGENIA: No, la grabadora también: esa era la sorpresa grande,
la chiquita fue la canción.
ÓSCAR.: (ú da un beso rápido en la mejilla.) ¡Nomás por eso te quiero!
EUGENIA: No seas barbero. (Pausa.) Pero preferí alargártela. Y no
le vayas a decir a nadie que te la
regalé yo. Luego van a andar
diciendo que hasta los calzoncillos te compro.
ÓSCAR: Pos por mí que lo digan,
para lo que me importa.
EUGENIA: Yo no le voy a dar de
comer a las lenguas.
ÓSCAR: Ya, ya, ni te sulfures. Voy
a poner la cinta y luego, ¡a sacudir las chanclas!
EUGENIA: Ni se te ocurra.
ÓSCAR.: No, ya se me ocurrió. Órale.

ÓSCAR: (Entrando.) ¡Buenas tardes!
ADELFA: ¿Qué mal viento te trajo
por acá, Óscar?
ÓSCAR: Uno de tantos, doña Adelfa.
EUGENIA: Todavía es temprano
para que estés ya de vuelta.
ÓSCAR: Hoy llegó Míster Smith,
pero como venía cansado del viaje, después de unos cuantos tiros,
clavó el cuaco.
ADELFA: Pues te hubieras quedado a velarle el sueño, que bien
que te paga.
ÓSCAR: Oiga doña, ¿así nos llevamos ya?
EUGENIA: No le hagas caso a
mamá, que le encanta picar la
cresta. Ya la conoces.
ÓSCAR: Siendo así, pico de palo.
ADELFA: Bueno, yo voy a ver si ya
puso la marrana. (Sale.)

Una vez que Adelfa ha salido, áscar se
aproxima a Eugenia y le da un beso que
se prolonga hasta que Eugenia lo aparta.

áscar oprime un botón. Comienza a
sonar la letra de (Y háblame). Eugenia
echa un vistazo para ver si su madre no
viene, luego sale a asomarse a la calle,
ante la actitud divertida de áscar; fi·

EUGENIA: Huy, llegaste con mucha sed aunque te hayas echado
tus cervezas.
78

tras varios instantes se vuelve para
entrar de nuevo en la oficina de correos.
Llega el ruido ensordecedor de un
chirriar de frenos y Luz María queda
paralizada. La luz rojiza aumenta de
intensidad unos cuantos segundos para
luego apagarse y dejar a oscuras todo el
escenario en el cual se recorta, de espaldas, la figura de Luz María.

na/mente, se toman de la mano y empiezan a bailar.

ÓSCAR: Te la dedico.
EUGENIA: Te la dedico.
Prestan oídos a la letra mientras bailan
muy pegados, con lentitud: "...Aunque
estés allá en e/fin del mundo/ a tu lado
estoy en un segundo/ nada más cierra
tus lindos ojos,/ y háblame, háblame,
háblame... ".

Escenario a oscuras. Va invadiendo la
escena la letra y la música de la canción
de Alvaro Carrillo: "Si negaras mi
presencia/ en tu vivir/ bastaría con
abrazarte/ y conversar/ tanta vida yo
te di/ que por fuerza llevarás/ sabor a
mí". Al mismo tiempo subirá una luz
ámbar en la oficina de correos y se
advertirá a Luz María seguir la letra de
la melodía, cabizbaja y de medio perfil,
junto al mostrador. La música seguirá
tocando, sin la letra. Aparece Carlos, sin
su sombrero. La música se extingue.

Tras algunos segundo de baile, entra por
elfondo Adelfa que va a plantarse ante
el mostrador.
ADELFA: ¡Me van a espantar la
clientela! ¡Váyanse a bailar al
Club Femenil Alba!

Eugenia y Óscar ríen y continúan bailando sin hacer caso. La iluminación
va descendiendo hasta apagarse junto
con la canción.

CARLOS: ¿Qué pasó, Luza? Ya llegó por quien lloraba.

De inmediato entra luz en la oficina de
correos. Luz María está sentada en la
mecedora y la hace balancearse rítmicamente, dando con ello muestras de
impaciencia. Seguirá así por algunos
segundos mientras llega el sonido de las
campanadas de un reloj.

Luz María se vuelve, sin poder ocultar
su alegría.
LUZ MARÍA: Válgame, Cerillo. A
ti te gusta que te agarren la delantera. Anoche me tuviste como
tonta esperándote, y nada. ¿Quién
te detuvo por el camino?
CARLOS: (Colocándose frente a ella.)
Luza, yo sé que me va a perdonar el plantón cuando le diga lo
que pasó.
LUZ MARÍA: Cerillo, no se trata de
que te perdone. A ver, explícame.

La iluminación se vuelve más débil. Alcanza a percibirse el ruido del motor de
un autobús. Luz María presta oídos y
se incorpora con rapidez, sale de su área
Y clava la vista en la zona de la banca
sobre la cual se proyecta una luz rojiza'.
Fija la mirada en ella con extrañeza y
79

�CARLOS: Pos anoche, cuando yo

estaba ya con un pie en la puerta, llegó papá de California, con
camioneta nueva y toda la cosa.
LUZ MARÍA: Ah, bueno. A mí ni
mal viejo me da.
CARLOS: Mis hermanas luego
luego le llenaron la mesa y ahí
se estuvo, platique y platique. Y
a mí que me estaba llevando la
fregada por salirme y no pude.
¿Verdad que me perdona, Luza?
Luz María deja su puesto tras el mostrador y va hasta donde se halla Carlos.
LUZ MARÍA: Cerillo, ya te dije una

vez que yo te perdono todo.
CARLOS: ¿A poco, Luza?
LUZ MARÍA: No te hagas chinche

...

LUZ MARÍA: ¿Y dónde dejaste

Además, de seguro que no te falta experiencia porque eres de los
que se van en montoncito a visitar la zona roja de Cerralvo.
CARLOS: Para qué le voy a decir
que no he ido: fui dos veces pero
nomás de peda. En una de ésas
los compañeros me aventaron
con una muchachona que hasta
el burro me puso en el cachete...
LUZ MARÍA: (Ríe.) Cerillo, así no
se dice.
CARLOS: ¿Pos cómo entonces?
LUZ MARÍA: Se llama VA-GI-NA.
CARLOS: Ah, mucho gusto.
LUZ MARÍA: No te digo, tú hasta
en las cosas más serias metes
guasa.
CARLOS: Yo nomás soy pura lengua, Luza; me encanta meter
desmadre pero no pasa de ahí.
Acabé cuarteándome.
LUZ MARÍA: ¿Quieres decirme
que no llegaste a los hechos?
CARLOS: Pos la mera verdad, hasta ahorita no.
LUZ MARÍA: O sea que todavía ...
CARLOS: Sí, Luza, aunque me dé
pena ... soy quintito.
LUZ MARÍA: (Ríe.) Ni te aflijas,
Cerillo. Ese pecado se confiesa
y asunto arreglado.

boca como si te la hubiera pintado la Virgen. (Carlos la escucha
como si estuviera hablándole de otra
persona.) Después de eso, me gustaron tus ojos tristes, como dos
lucecitas perdidas debajo de tu
pelo rojo.
CARLOS: ¡Ah canijo! ¿Todo eso
soy yo?
LUZ MARÍA: Sí, Cerillo. (Le acaricia el rostro.) Y yo viéndote con
el hambre de mis ojos pasados,
ya sin derecho al amor.
CARLOS: ¡No vuelva a decir eso,
Luza! Y óigame bien: usted tampoco se ve. Yo veo a una mujer
con cuerpo de muchacha y con
una cara que no sé qué anda haciendo arriba de ese cuello. Pero
no se me ofenda, no es una cara
Luz María se dispone a salir, Carlos la
vieja, más bien desbalagada. Y
detiene.
permítame que le diga también
esto: veo unos pechos que todaCARLOS: Aguánteme tantito, Luvía pueden pelearse con el aire y
za. Quiero decirle algo, pero
jalar a dos manos tan torpes
ahorita, para que luego no diga
como las mías ...
que la cerveza me soltó la LUZ MARÍA: Pero son manos que
lengua.
pueden cavar norias.
LUZ MARÍA: A ver, soy toda oídos.
CARLOS: (Se aproxima a Luz Ma· Carlos atrae a Luz María y le da un
ría.) Dígame, Luza, ¿por qué le largo beso. Luz María se deja arrastrar,
gusté yo si ni chiste tengo?
fuego se separan.
LUZ MARÍA: Eso es lo que tú crees.
(Pausa. Le pone una mano en el CARLOS: A mí no me importa lo
hombro y con la otra lo toma por la
que pasó antes en su vida, Luza.
barbilla.) Hace dos o tres años
Porque yo no estaba aquí cuando
eras un chamaquillo que ni daba
usted andaba ya por el camino.
asomos de hombre, pero de pron· LUZ MARÍA: (Lo abraza.) Ay Cerito, un día, te me apareciste aquí,
llo, no me digas esas cosas que
con unos hombros anchos como
me reblandecen el corazón y me
para cachetear el mundo y una
llenan de piedritas la garganta.

ahora tu sombrero que no has de
quitártelo ni para bañarte?
CARLOS: Se me cayó cuando iba
saliendo de la noria. Como fue
al oscurecer, ya ni me quise meter a sacarlo. A ver mañana
cómo lo hallo.
LUZ MARÍA: Ten cuidado, Cerillo.
No sé por qué, pero a mí las norias me dan miedo. Son como un
ojo del diablo que te jala para
arrastrarte al fondo.
CARLOS: Son un pozo de agua
nomás, Luza.
LUZ MARÍA: No te he ofrecido
nada. Ayer compré unas cervezas, ¿quieres una?
CARLOS: Ya rugiste, león de circo.

para que te maten con chancla.
No te lo voy a volver a repetir.
CARLOS: Me acaba de dar un brinco el corazón, Luza.
LUZ MARÍA: ¡No seas embustero,
Cerillo!
CARLOS: ¿Y usted cuándo me ha
conocido de embustero, Luza?
LUZ MARÍA: Con los hombres
nunca se sabe.
CARLOS: El que da señas del camino...
LUZ MARÍA: Sí, yo lo tengo bien
andado. Y a lo mejor eso es lo
que te gusta de mí.
CARLOS: Cuando quiere, Luza,
usted pega más duro que una
piedra.
Luz María ríe con coquetería y lo mira
de pies a cabeza.

80

Carlos y Luz María se echan a reír.
CARLOS: ¿Y entonces qué, Luza?

¿Me va a traer la cerveza que me
prometió?
LUZ MARÍA: ¿Pues cómo le iba yo
a negar agua al sediento? (Lo
toma de la mano.) Ven conmigo.
81

�Sube iluminación en la tienda de
Adelfa, quien está anotando precios en
unas latas que tiene en fila encima del
mostrador. Durante esta tarea, Óscar
saldrá del taller de su padre en el extremo
derecho, cargando la mochila al hombro. Al llegar a la última arcada, entra
en el área de Adelfa.

CARLOS: ¿Y qué vamos a hacer
allá adentro?

Luz María no responde, lleva de la
mano a Carlos. Están por salir por el
fondo y se oye la voz de Luz María.

LUZ MARÍA: Lo que tú quieras,
Cerillo, lo que tú quieras.

ÓSCAR: ¡Buenos días! Disculpe
que la moleste tan temprano,
ando buscando a Eugenia.
ADELFA: (Alza la vista de una lata
que estaba marcando.) Huy, vienes
reventando sapos pero ya no la
alcanzaste.
ÓSCAR: ¿Pos adónde fue? ¿A Miguel Alemán? No me avisó que
fuera a salir a alguna parte.
ADELFA: Tú todavía no la mandas,
áscar; con que yo le dé permiso...
ÓSCAR: No era eso lo que quise
decir, nomás que ella no me comentó nada.
ADELFA: Tú ni te aflijas, áscar.
Mañana en la tarde regresa, fue
a Monterrey. Cosas de mujeres.
ÓSCAR: Venía a darle una sorpresa ...
ADELFA: Aunque sea sorpresa, caliéntala otro rato. No creo que se
te engüere.
ÓSCAR: Bueno, mañana en la
noche paso a buscarla.
ADELFA: Oye, no es que ande de
preguntona, ¿pero adónde tan
temprano?
ÓSCAR: Voy a ayudarle al Cerillo.
Hace días que llegó su papá y
trajo una bomba para ponerle a
la noria del rancho.

Baja luz.
lluminación general en el escenario que
brinda ambiente de amanecer. Luz
ámbar muy tenue en la tienda de
Adelfa. Del fondo aparece Eugenia,
cargando una pequeña maleta roja.
Va enfundada en un abrigo también
rojo. Adelfa sale a acompañarla y en
la zona de la entrada del área despide
a Eugenia con un beso rápido. Allí
permanecerá hasta que su hija salga
de escena.

-.

Eugenia cruza el escenario y se detiene
un momento en la banca, donde coloca
por un instante su maleta. Echa un
vistazo al área del taller de Eladio,
donde por varios segundos se proyecta
una luz azul barrida para después
extinguirse. Resuena un claxon y de la
salida a la altura de la banca irrumpe
a su vez iluminación barrida de color
ámbar. Eugenia lanza una última
mirada a todo el escenario y sale. Desde
su espacio, Adelfa está diciendo adiós
con la mano. Llega el ruido del motor
de un autobús que arranca. Adelfa
vuelve al interior de su tienda. La luz
barrida se apaga. Suenan las campanadas de un reloj.

82

ADELFA: Tengan mucho cuidado;

CARLOS: No te alebrestes y ayú-

por lo que he oído, esa noria es
hondísima.
ÓSCAR: No se mortifique. Don Pedro va a ayudarnos.
ADELFA: Lo dudo. Ese es un catrín,
no se maltrata las manos. Viene
nomás a dar órdenes. Es una
suerte que tenga hijos tan buenos,
¡nunca supo de ellos! (Pausa.) Parezco desquehacerada que ya me
puse hablar mal de la gente. Anda,
vete con cuidado que Eugenia va
a regresar con bien.
ÓSCAR: Gracias, doña Adelfa, por
ahí nos estamos viendo.

dame a bajar que no vinimos de
día de campo.
ÓSCAR: ¿Ya bajaste la bomba?
CARLOS: Ayer la armó papá y yo
la bajé pero no pudimos echarla
a andar porque no traía gasolina. Fue un pedo para bajarla,
con eso de que los ademes no
están terminados.

Carlos se sienta en el borde y realiza
maniobras para acomodarse para bajar
por el pozo. Óscar lo ayuda mientras va
desapareciendo de la vista del espectador.
La iluminación desciende poco a poco.
Luz ámbar a la oficina de correos. Luz
María acomoda un atado de cartas
sobre el mostrador. Por el extremo
derecho del escenario aparece Pedro,
vestido impecablemente con ropas de
ciudad. Llega a la oficina de correos
y entra.

Adelfa vuelve a las latas. Óscar abandona la escena por el costado izquierdo.
Oscuro en la tienda de Adelfa.
iluminación blanca en el costado superior de la izquierda espectador en el área
del pozo. Carlos se halla al borde delfilo
de la cortina y tiene amarrado un
mecate a la cintura. Está echando un
vistazo al área que no se advierte y que
funciona como la abertura del pozo.
Óscar aparece por el lado izquierdo.

PEDRO: ¡Muy buenos días, doña
Luz Maria! ¡Dichosos los ojos!

LUZ MARÍA: (Alza la vista de las
cartas.) Conmigo no te queda lo
caballeroso, Pedro, pero como
gente educada te devuelvo el
saludo.
PEDRO: Pues aquí vengo a que te
deleites con mi presencia.
LUZ MARÍA: Aquí no me faltan,
modestia aparte.
PEDRO: ¿Por qué me devolviste la
tarjeta de Navidad del año pasado? Te la mandé de corazón.
LUZ MARÍA: ¿De cuándo acá tienes corazón?

ÓSCAR ¡Discúlpame, Cerillo! Me
entretuve en el último momento.
CARLOS: No te ahuites, áscar. Ya
llegaste, ¿no?
ÓSCAR: Fui a buscar a Eugenia y
me salió su mamá con que se fue
a Monterrey.
CARLOS: Pos sus asuntos tendría.
. ¿O te tiene que pedir permiso a ti?
OSCAR: Oye, te estoy platicando,
no pidiendo consejo.

83

�..

apoya los codos en el mostrador.)

PEDRO: No vine a que me echaras
el caballo encima.
LUZ MARÍA: Yo te puse un hasta
aquí y parece que ya se te olvidó. Conmigo las habladas y las
mentiras ya no caben, Pedro.
Hace años que dejé de preocuparme por lo que las lenguas
lleven y traigan.
PEDRO: Y yo te pregunto ahora,
¿de cuándo acá?
LUZ MARÍA: A ti te resulta muy
fácil, Pedro. Vas y vives en el
desmadre en el otro lado y luego
regresas acá, haciéndote el padre
ejemplar. No me he hecho vieja
de oquis.
PEDRO: Pues todavía estás muy
mordible.
LUZ MARÍA: Tus pulgas ya no
brincan en mi petate.
PEDRO: No era eso lo que me decías antes.
LUZ MARÍA: Antes.
PEDRO: Yo te puedo callar la boca
en un dos por tres, Luza.
LUZ MARÍA: ¿No me digas? ¿Tú
y cuántos más?
PEDRO: Por lo pronto yo solo.
Tampoco es fácil llevar la cuenta... Sobre todo desde que empezaste a agarrar muchachitos.
LUZ MARÍA: Será porque los de
tu edad ya andan con el pirulí
quebrado.
PEDRO: No quiero ofenderte, Luza,
porque mal que bien, me pasé
buenos ratos contigo.
LUZ MARÍA: Pues fíjate que a mí
ya se me olvidaron esos ratos.
(Pausa. Intenta guardar el aplomo,

84

LUZ MARÍA: (Imperturbable.) ¿Ibas

Mira, Pedro, yo no soy ingrata.
Un tiempo estuve enamorada de
ti, cuando agarraba las palabras
bonitas y me las metía en la boca
como caramelos; pero como tú
sabes mejor que yo, por más tonta que uno sea, la vida te abre los
ojos. Eso es todo.
PEDRO: Te hubieras ahorrado el
sermón. Yo venía por otra cosa.
LUZ MARÍA: Pues dímela y luego
agarras camino de vuelta.
PEDRO: No sé qué fregados traigas
con mi hijo Carlos...
LUZ MARÍA: ¿Ya te llegó el chisme tan pronto?
PEDRO: No, no me lo contó nadie.
La otra noche que venía de la
cantina, lo vi salir de aquí y no
creo que a esa hora tengas abierto el correo.
LUZ MARÍA: Pues a lo mejor fue
una entrega inmediata.
PEDRO: Tampoco te queda hacerte
la graciosa conmigo, Luza. Deja
que mi hijo recorra el camino
que le toca, no eches mierda en
su vida.
LUZ MARÍA: ¿Y ahora vienes a
cuidar a Carlos? ¿Ahora que es
un hombre? ¡Tú no supiste ni
cómo creció!
PEDRO: ¡Yo nunca me desentendí
de mi familia! ¡Siempre les mandé dinero!
LUZ MARÍA: Claro, como quien le
echa un bocado a un perro.

Luz blanca muy tenue en el taller de
Eladio, quien está clavando el tacón de
una bota en la horma. Lleva sus espejuelos. Desde el espacio de la ventana
se proyecta una tonalidad azul que deja
ver unos pies desnudos que apenas
se asoman.

Pedro se adelanta con ademán amenazante.

ELADIO: En casa del herrero, cuchara de palo. Este muchacho ya

traía las botas sin tacones y nunca me pidió que le pusiera unos
nuevos. Ahora de perdida va a
poder ir a bailar más a gusto.
AMPARO: Y tú sabrá Dios desde
cuándo no te compras zapatos
nuevos.
ELADIO: A mí ni quién me vea si
estreno o no estreno.
AMPARO: Sí, metido aquí todo el
tiempo.
ELADIO: ¿Qué va a hacer uno en
la plaza o en la cantina? Nomás
a oír lenguas ociosas o pláticas
de borracho.
AMPARO: Pero al menos te enteras de lo que pasa en el pueblo.
ELADIO: Mejor uno aquí solo, arrullándose con tantos recuerdos.
AMPARO: Dichoso tú que puedes repasarlos y con eso te consuelas.

a decirme algo?

Pedro retrocede hasta la entrada con el
puño cerrado, sin dejar de mirar a Luz
María.
PEDRO: No quiero verte en la vida
de mi hijo.
LUZ MARÍA: Eso ni tú ni yo vamos a decidirlo: lo va a decidir
él. (Pausa.) Yo no voy a escupir
al cielo para borrar mi pasado,
porque el gargajo me caería en
la frente. Conozco a los hombres
de Agualeguas y nomás hay de
tres tipos: los que se quedan, los
que se van y no regresan, y los
que se van y siempre vuelven ...
Tú eres de ésos, con un pie aquí
y el otro allá, con un ojo viendo
al norte y otro al sur...
PEDRO: {Al salir.) Puta.
LUZ MARÍA: (En la misma actitud
imperturbable.) ¿Vas a decirme otra
cosa que no haya oído antes?

Eladio se detiene un momento y
comienza a dar vueltas por el taller,
buscando algo.
ELADIO: Por aquí los había dejado...
AMPARO: Olvídate de esos dichosos zapatos.

Pedro sale sin volver la vista. Luz María suspira y vuelve a su tarea de revisar
el atado de cartas. Baja luz.

Eladio vuelve a la mesa de trabajo, se
inclina y rebusca en un cajón.
ELADIO: Ya decía yo que aquí los
había puesto. La memoria como
que de repente me traiciona.
(Guarda los zapatos blancos en una
bolsa y vuelve a su trabajo.)

Eladio toma un clavo y lo hunde en el

85

�tacón. Desde el fondo se deja oír la voz
de Óscar. La luz azul desaparece.

Eladio se dispone a continuar con su
tarea. Óscar se le acerca.

ÓSCAR: Papá, ya regresé.
ELADIO: Pasa, hijo.

ÓSCAR: (Al descubrir su bota.) Gra-

cias por acordarte de mis pobres
botas.
ELADIO: Deberías de haberme pedido que te las compusiera.
ÓSCAR: No son las únicas que tengo.
ELADIO: ¿Y eso qué tiene qué ver?
Si las cuidas bien, más te van a
durar.
ÓSCAR: Papá, tú siempre poniendo el ojo en el zapato ajeno.
ELADIO: Eso sí que no le hace
daño a nadie, hijo. Unos pies que
no hagan ruido, pasan más felices por la vida.
ÓSCAR: A lo mejor más que los
que levantan ruido.
ELADIO: Ni duda te quepa.
ÓSCAR: (Reflexiona un momento.)
Oye papá ...
ELADIO: (Se vuelve.) ¿Qué ibas a
decirme?
ÓSCAR: Sabes que hoy en la mañana fui a buscar a Eugenia pero
no la encontré. Doña Adelfa me
contó que se fue a Monterrey,
que mañana regresa.
ELADIO: Pues si eso te dijo, así será.
ÓSCAR: Es que Eugenia no me avisó.
ELADIO: Todavía no es tu mujer,
hijo.
ÓSCAR: Pos a lo mejor sí, pero como que no me cuadró la cosa ...
Como si me estuvíera escondiendo ~lgo.
ELADIO: Esa es una de las cosas
que saben hacer bien las mujeres: le ponen misterio a todo. Y

Óscar entra en el taller, sus ropas se ven
manchadas.
ELADIO: ¿Cómo te fue? ¿Termina-

....

ron de arreglar la dichosa bomba?
ÓSCAR: Todavía no. Ha sido un
batallar todo el día, pero parece
que ya mañana vamos a darle
fin. Don Pedro nomás se 1a pasa
dando órdenes, vestido de catrín.
El Cerillo y yo somos los que nos
llevamos la friega, metidos en
la noria.
ELADIO: Ese Pedro ha sido siempre así: vive como soltero. Fue
su pobre mujer la que crió a los
hijos, porque si por él hubiera
sido ... Cuando ella se murió,
nomás vino y pagó el entierro y
otra vez agarró para California.
Allá ha de tener su movida.
ÓSCAR: ¿Desde cuándo te andas
metiendo tú en vidas ajenas si no
te paras ni en la plaza?
ELADIO: No es que yo me ande
metiendo, hijo: hasta aquí me
llega el lleva y trae. Ya sabes, en
lo que los clientes se sientan a
esperar que les entregue su pedido, la mueven sin parar, porque
como ya sabes, la lengua no se
cansa.
ÓSCAR: No pos sí, en eso tienes
razón.
ELADIO: Te dejé la cena hecha.

86

yo creo que no está mal. Uno es
más simple, no andas buscándole
rodeos a la vida. A lo mejor
Eugenia fue a Monterrey a comprarse algo para su ajuar de
novia, tú cómo vas a saberlo.
Ella tampoco iba a decírtelo. Se
supone que eso es un secreto.

dejarte solo.
ELADIO: ¿Y hasta ahorita me lo

vienes a decir? (Pausa. Saca la
bota de la horma y la toma entre las
manos.) Unos zapatos son como
tu casa, te llevan a todos lados,
te cubren del frío, de las piedras,
pero no saben andar solos: tú tienes que guiarlos. Si te vas, ellos
no van a traerte de regreso si tú
no quieres ...
ÓSCAR: ¿Por qué te pones a decirme todas esas cosas? ¿Piensas
que no voy a regresar?
ELADIO: Yo ni mundo he visto,
hijo, y no te puedo decir lo que
vas a encontrar allá. Eso sí, como
te digo una cosa, te digo otra: tú
no sabes qué mañas tenga esa
gente, no sabes siquiera cómo
viven. No puedes andarles creyendo todo lo que te cuenten.
U na cosa es que te hagan gracias
porque sabes tirarle bien a los
patos, y otra es que de veras te
tengan aprecio y no busquen
aprovecharse de ti. (Vuelve a dejar la bota encima de la mesa.)
ÓSCAR: Papá, yo lo único que
quiero es juntar dinero para mi
boda. Aquí, ¿de dónde fregados
voy a sacarlo?
ELADIO: Tienes manos que saben
trabajar, no faltará de dónde saques, pero si ya perdiste la fe ...
ÓSCAR: Papá, con ese adelanto
que me dio el gringo, puede y
que alcance para algo. Eugenia
también puede ayudarme un
poquito.
ELADIO: Pero tú eres el de la res-

áscarpermanece en silencio, en actitud
confundida. Tras algunos segundos,
reacciona.
ÓSCAR: Le tenía una sorpresa.
Bueno, también a ti.
ELADIO: ¿Y te vas a esperar a que

vuelva para contármela?
ÓSCAR: No, pero no sé qué vayas

a aconsejarme.
ELADIO: Mientras no me lo cuentes...
ÓSCAR: No te había dicho que

Míster Smith se tuvo que ir. Parece que su mujer se puso mala
otra vez.
ELADIO: ¿La que está en silla de
ruedas?
ÓSCAR: Sí, ésa mera.
ELADIO: ¿Y luego?
ÓSCAR: Me ofreció trabajo. Paga
bien. Es más, me dio un adelanto y va a arreglarme los papeles.
Quiere que le ayude allá en su
rancho de Kansas; él tiene que
andar de acá para allá, recorriendo hospitales con su mujer. Dice
que no confia en nadie...
ELADIO: Mira hijo, tú ya estás
crecidito. Yo no te voy a detener
si quieres irte. Si aquí te has quedado, es porque así has querido.
ÓSCAR: Es que nunca he querido

87

�barrida de tonalidad azul. El área está
vacía. En el extremo derecho espectador
la luz de los faros de un autobús cae
durante algunos segundos sobre la
banca de la parada, seguida de un
ruido de motor que arranca. Una vez
que la iluminación desaparece, invade
la escena el sonido ensordecedor de
chirriar de frenos, tras el cual se esparce
un grito lastimero al que apagan ruidos
del impacto de una colisión. Al dejar de
oírse, transcurren algunos segundos
de silencio en los que en la escena se proyectan luces rojizas incandescentes que
de pronto se apagan para dejar los espacios escénicos en total oscuridad. La
escena se ilumina nuevamente con una
luz cenital rojiza frente a la arcada en el
espacio de la tienda de Adelfa, a quien
se advierte salir desde elfondo, enfundada en una bata. Delante de la tienda se
halla la pequeña maleta roja que
Eugenia cargaba para su viaje. Adelfa,
asustada, levanta la maleta que se
abre en el intento para dejar escapar los
montones de ceniza que contiene. Adelfa queda paralizada y no acierta a
reaccionar; luego de algunos segundos
pareciera comprender algo y empieza a
sollozar, va desplomándose sin soltar la
maleta y su rostro se mancha con las
cenizas. La iluminación va bajando
hasta desaparecer en el momento en
que Adelfa está derrumbada en el piso.
En la oscuridad, siguen resonando sus
sollozos algunos instantes.

ponsabilidad. (Pausa.) Bueno, ya
estuvo bien de regaños. Que no
se te haga tarde para cenar.
ÓSCAR: Mañana que regrese
Eugenia, le voy a entregar una
parte del dinero.
ELADIO: Es su vida, ustedes a lo suyo.
ÓSCAR: (Coloca una mano en el hombro de su padre.) Gracias por ponerle el tacón a mis botas, papá.

Eladio responde haciendo una señal
afirmativa con la cabeza. Óscar sale
hacia el fondo mientras Eladio lo mira
alejarse. Cuando Óscar ya ha salido,
toma la bota. Se enciende de nuevo la
luz azul de la ventana y asoman los
pies desnudos.

ELADIO: Me voy a quedar más
solo, más solo. ¿Cuántos días y
cuántos pares de zapatos habrán
pasado desde que me quedé solo?
AMPARO: Solo, solito, solitito.
La luz azul desaparece y los pies se esconden. Resuena el ruido violento de la
ventana que se cierra. E/adío vuelve sus
ojos hacia ella.

........

ELADIO: ¡Otra vez estas ventoleras
de tiempo de frío! Uno de estos
días me van a quebrar los vidrios
de la ventana.
Eladio deja a un lado la bota y se encamina a cerrar la ventana. Oscuro lento.

Entra iluminación en el área del pozo,
en el e"xtremo superior, a la izquierda
espectador. Asomado al interior del pot.0
se ve a Pedro, con ropa de ciudad.

lluminadón muy tenue que crea ambiente de madrugada. En el espacio de la
tienda de Adelfa se proyecta una luz

88

Se aproxima al brocal del pozo y buscando equilibrio, comienza a jalar la
cuerda haciendo evidentes esfuerzos.

PEDRO: (Grita hacia el fondo del
pozo.) ¿Cómo está? ¡Óscar! ¿Vas
a poder sacarlo? ¡Contéstame!
¿Vas a poder sacarlo?
ÓSCAR: (Su voz resuena desde la
oquedad. Así se oirá durante todos
sus diálogos.) ¡Ya lo amarré! Pero
está desmayado, ¡hay que sacarlo pronto!
PEDRO: (Moviéndose alrededor de la
zona. Está muy angustiado.) ¡Voy
a ir por ayuda!
ÓSCAR: ¡No, ni se le ocurra! ¡Hay
que sacarlo pero ya!
PEDRO: ¡Voy a meterme a ayudarte! (Hace intento de introducirse.)
ÓSCAR: ¡Cálmese! ¡Nomás va a hacer una tontería! ¡Espérese, le
dije que ya lo amarré! Acá abajo
el aire está muy viciado, ¡apenas
se puede respirar! ¡Maldita bomba desgraciada! (Pausa. Se detiene,
tratando de tomar aire.) ¡Y luego
ponerla en esta noria tan honda!
¡Tengo que salir yo primero!
¡Necesitamos sacarlo entre los
dos! ¡Uno solo no va a poder! (Pausa. Toma aire de nuevo.) A ver,
¡estírele al mecate, estírele! ¡Voy
a intentar agarrarme del tubo,
pero está muy falso, se puede
desprender!
PEDRO: {Tratando de calmarse.) ¡Está
bien, está bien, voy a jalarte!
ÓSCAR: ¡Y quítese esa jodida ropa
que nomás le está estorbando!
(Pausa. Toma aire.) ¡Y apúrese,
con una fregada!

PEDRO: ¡Hijo, despierta, despierta! ¡Aquí estoy, soy tu padre!
ÓSCAR: ¡Orita lo que importa es hacerlo reaccionar! ¡Ya le pedirá
perdón después!

Pedro se despoja con rapidez del saco,
luego de la camisa y queda en camiseta.

Óscar, con evidente premura, empieza a
desvestir a Carlos, lo libera de la camisa

PEDRO: ¡Agárrate bien! ¡Asegura
los pies en los ademes!
Pedro continúa tirando, con lo que le
dan sus fuerzas. La tarea se realiza,
acompañada de jadeos, por un tiempo
prudente que puede alcanzar hasta treinta segundos. Por fin aparece la cabeza
de Óscar, empapada de sudor hasta que
éste emerge totalmente del pozo, atado
al mecate y respira con fuerza, tomando
la mayor cantidad de aire posible.
Pedro también respira con agitación.

ÓSCAR: ¡No hay que perder tiempo! ¡Hay que apurarnos! Vamos,
¡a tirar, a tirar!
Pedro y Óscar comienzan a tirar de la
segunda cuerda a la que está atado
Carlos, en elfondo del pozo. Sus esfuerzos multiplicados permiten que el
cuerpo exánime de Carlos asome en
menos tiempo. Ambos lo toman con
rapidez y con inesperada agilidad lo
colocan en el suelo. Pedro comienza
a besar el rostro de su hijo mientras
solloza.

89

�PEDRO: (Riendo y llorando.) ¡Como

y la camiseta, le desabrocha los pantalones, todo con una extraordinaria
rapidez.

chingados no voy a quererlo!

La luz va descendiendo y las figuras de
los tres hombres quedan recortadas en
la penumbra.

ÓSCAR: ¡Dele respiración por la

boca! ¡Apúrele! Respiró mucho
gas, ¡chingada madre!

Al entrar la iluminación, deja ver el
escenario invadido por la bruma. En la
banca de la parada del autobús está
sentada Eugenia, vestida con su traje de
novia, sus pies lucen descalzos. Las
manos de Eugenia, recogidas en el pecho, proyectan su angustia. De pronto
se levanta y da vueltas por el proscenio,
hace señal de parada a autobuses y
coches imaginarios que pasan de largo;
luego de algunos intentos más vuelve,
descorazonada, a la banca. La bruma
continúa predominando pero deja ver la
silueta de una mujer que surge del
extremo derecho. Lleva un antiguo
vestido rojo de fiesta y cuando sus
facciones pueden apreciarse con mayor
facilidad, se descubre a una mujer de
la misma edad de Eugenia, peinada
con un estilo anticuado. Cuando Eugenia advierta la presencia de la mujer, se
levanta para ir a su encuentro.

Pedro se hinca y con ansia le pasa respiración de boca a boca a Carlos, quien
parece no reaccionar ante la desesperación de los dos hombres. Por fin, Cadas
comienza a toser cuando el aire entra
en sus pulmones. Pedro lo coloca en su
regazo y le hace masaje en el pecho.
Solloza. Carlos alza la mano torpemente y le acaricia el rostro, limpiándole
las lágrimas.
CARLOS: (Con voz ahogada.) Gracias

por sacarme, gracias. (Pausa.)
Pensé que ya no iba a volver a
comer tortillas de harina.
PEDRO: (Tratando de reponerse.) Hijo,
fue Óscar el que te salvó, fue
Óscar.
ÓSCAR: No, fuimos los dos. Si tu
papá no me hubiera sacado, los
dos nos hubiéramos quedado
allá abajo.
CARLOS: Pensé que iba a morirme, que no iba a volver a ver a
Luza, que ya no iba a hacerla reír
con mis sonseras. (Pausa. Toma
aire.) Papá, avísenle.
PEDRO: (Secándose las lágrimas.) Sí,
hijo, no te preocupes. Le vamos
a avisar.
ÓSCAR: ¿Sabe una cosa don Pedro?
Yo sé que es usted un cabrón, pero
de veras que sí quiere a su hijo.

EUGENIA: (Con voz trémula.) Disculpe, disculpe... ¿Podría usted
ayudarme? Llevo perdida muchas horas.
AMPARO: (Amigable.) Claro. ¿Qué
fue lo que te pasó?
EUGENIA: Veníamos de Monterrey y de pronto el autobús se
salió de la carretera ... Sentí como
si hubiéramos chocado contra
algo pero cuando me bajé, vi que

vereda de nubes que llega hasta
la presa. (Se oye el ruido de un disparo de escopeta.) Andan buscando el sur y se traen el frío con ellos,
escondido debajo de las alas.
Nosotros estamos acá abajo y
ellos cruzan el cielo muy arriba.
Nos ven como unas manchas,
como si volaran por encima de
la vida.

no me había pasado nada. Alrededor no había más que bruma.
Me vine caminando a ciegas, no
sé cómo, hasta que me topé con
esta banca y aquí llevo horas,
tratando de parar a un autobús
o de perdida a un carro. Nadie
se detiene, señora, ¡nadie! ¡Como
si fuera yo un dibujo parado en
la carretera!
AMPARO: Cálmate, yo conozco el
camino, voy a ayudarte.
EUGENIA: ¿De veras? ¡No sabe
cómo voy a agradecérselo!
AMPARO: Tú nada más déjate guiar,
yo te voy a prestar mis ojos. Vamos. {La toma de la mano y Eugenia
no se resiste. Ambas van cruzando
elproscenio, lenta y sosegadamente,
como si dieran un paseo.)
EUGENIA: Me llamo Eugenia.
AMPARO: Y yo Amparo.
EUGENIA: ¡Qué bonito nombre! Así
se llamaba la mamá de mi novio.

Se deja oír el estruendo de una ráfaga
de tiros de escopeta. La imagen de la
bandada de patos desaparece y queda
sólo la luz de crepúsculo en el fondo del
horizonte. Un objeto cae en picada desde
el cielo, casi en el centro de la cortina de
la presa. áscar entra por la derecha espectador, cargando su escopeta, y se
dirige al objeto caído, se inclina y lo
levanta para que el público pueda
apreciarlo. Queda perplejo: es un ramillete de novia manchado de sangre.
Deja a un lado la escopeta y se pone de
pie, sosteniendo el ramillete entre las
manos. Se vuelve hacia el horizonte,
una nueva parvada de patos aparece
entre la luz del crepúsculo. Queda de
espaldas alpúblico.

Amparo no contesta, continúan cruzando la escena hasta desaparecer por el
extremo izquierdo espectador.
Iluminación azul barrida sobre la cortina de la presa. En el fondo que sirve
como horizonte se proyecta, recortada
por una luz de crepúsculo, una parvada
de patos que irá cruzando el horizonte,
prolongándose en número mientras se
deja oír una voz en off.

ÓSCAR: ¡Eugenia! ¡Eugenia! (Baja

la cabeza y poco a poco pareciera
rendirse al peso de una revelación
dolorosa.) ¡Eugenia!
Óscar se arrodilla en el piso, con la
vista fija en la parvada que va alejándose. La iluminación desciende
con lentitud y la figura de áscar va
quedando recortada en la penumbra
del escenario.

VOZ EN OFF DE EUGENIA:
¿Cómo sabrán esos patos que tienen que volar de Canadá hasta
acá? A lo mejor vuelan sobre una
91

90

�LUZ MARÍA: Tú siempre la traes
desenfundada, Cerillo.
CARLOS: ¡Hágamela buena, Luza!

En la oscuridad de la escena empieza a
oírse la canción (El golpe traidor).
Poco a poco sube iluminación en el área
de la oficina de correos. La pieza musical permanece unos instantes y va apagándose con la aparición de Luz Maria
que sale desde elfondo. Por la izquierda
espectador entra Carlos, vestido de
vaquero y con su sombrero calado;
cuando cruza delante de la oficina de
correos, Luz María le lanza un saludo.

Universidad Autónoma de Nuevo León
presenta

Luz María ríe, luego se acomoda la
cabellera con coquetería.

LUZ MARÍA: Hace rato saqué una
panocha de maíz del acero, ¿no
se te antoja un pedacito?
CARLOS: ¡Válgame! A veces el diablo le esconde el pan al hambriento ...
LUZ MARÍA: No te digo, tú hasta
en las cosas más serias metes
guasa.

LUZ MARÍA: ¡Adiós, cantarito de
arroz!
CARLOS: (Se detiene.) ¿Qué pasó,
Luza? ¡Qué gustosa anda!
LUZ MARÍA: Nada más lo que es.
(Desde el límite de su espacio le
sonríe y lo mira de arriba abajo.)
¿Adónde tan de prisa? Parece
que fueras a recibir herencia.
(Ríe.)
CARLOS: ¡Újule! ¿Me paró para saludarme o para confesarme?

DIRECCIÓN DE PUBLICACIONES
Biblioteca Universitaria "Raúl Rangel Frías•
Av. Alfonso Reyes 4000, Col. del Norte
C.P. 64440, Monterrey, Nuevo León
(81) 8329 4111

Luz María comienza a reír, Carlos la
imita, ambos continúan riendo a lo que
dan sus pulmones mientras la iluminación desciende hasta que la escena
queda a oscuras con el resonar de las
risas de ambos.

El teatro es guión y representación. La
memoria escrita de los montajes de la
Facultad de Artes Escénicas de la UANL,
así como la dramaturgia mexicana
contemporánea, queda registrada en las
colecciones Teatro y Drama, compuestas por obras de reconocidos dramaturgos nacionales y locales, entre ellas, Lula
y Perla (Más la justicia) de Emilio Carballido y Cielo Rojo de Alejandro Román.
Estas series han contribuído a preservar
el teatro como texto.

Agosto de 2006.

......
Colección Drama

El golpe traidor, de R. López Garza.
Y háblame, de Javier Solís.
3 Letra y música de Álvaro Carrillo.
1

2

92

�PROGRAMA DE APOYO PARA
ESTUDIOS EN EL EXTRANJERO 2007,
ARTES APLICADAS 2008
Con la finalidad de estimular el desarrollo académico
y la formación profesional de estudiantes, creadores
artísticos e investigadores del arte y la cultura, el
FONCA, a través del Programa de Apoyo para
Estudios en el Extranjero (PAEE), otorgará hasta 8o
becas para realizar posgrados (maestrías, doctorados
o especializaciones) o cursos de perfeccionamiento,
diplomados, talleres, seminarios en escuelas,
universidades e institutos de reconocido prestigio en
el extranjero, en estudios que no ofrecen
instituciones de educación superior mexicanas, y en
las siguientes disciplinas artísticas: Arquitectura,
Artes Visuales, Danza, Estudios Culturales, letras,
Medios Audiovisuales, Música, Teatro.
Fecha límite de entrega de propuestas,
17 de mayo de 2007.
Y con L'École Nationale Supérieure Des Arts·
Décoratifs (ENSAD), a través del
Ministerio de la Cultura y de la Comunicación
Francesa y la Embajada de Francia en México, se
invita a creadores artísticos de nuestro país que
deseen enriquecer su nivel académico en París,
Francia, a concursar en Artes Aplicadas 20o8 (M),
por dos becas individuales que les permitan estudiar
durante diez meses, a partir de octubre de 2oo8, en
la ENSAD, una de las siguientes especialidades:
Animación, Arquitectura de Interiores, Arte Espacio,
Diseño (Gráfico, Industrial, de Muebles y Textil),
Escenografía, Escultura, Fotografía, Grabado,
Ilustración, Multimedia, Pintura,
Vestuario, Video. la fecha límite de entrega de
propuestas será el 17 de mayo de 2007.
las solicitudes y las bases generales de participación
se podrán recoger en las oficinas del FONCA o
consultar en el sitio electrónico:
http:/ / fonca.conaculta.gob.mx
Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
Hamburgo u 5, col.Juárez
C.P. o66oo, México, D.F.
Tel. 1253 9030

PREMIO OBRA DE TEATRO
PARA NIÑOS INBA
Comiocan el Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes,
el Gobierno de Coahuila, en coordinación con el
Instituto Coahuilense de Cultura y el Patronato del
Teatro lsauro Martínez.
Pueden participar escritores residentes en la
República Mexicana con una obra de teatro inédita
en español. la obra puede ser escrita para actores,
guiñol, muñecos de guante, marionetas, etcétera,
con una duración efectiva de 30 minutos. En el caso
de la obras para muñecos, el autor debe presentar
un mínimo de dos piezas, que juntas cumplan con et
tiempo anteriormente señalado. El tema y el
número de actores es libre. Premio: $100,000.00
las instituciones convocantes estudiarán la
posibilidad de representar la obra ganadora.
Recepción de trabajos hasta el 6 de julio de 2007.
Informes: Teatro lsauro Martínez,
Galeana 73 Sur, C.P. 27000, Torreón, Coah.
Tels. (S]d 712 71 99, 716 82 38
isaurog8@prodigy.net.mx
Centro Nacional de Información y
Promoción de la literatura del INBA.
Brasil '!l, Centro Histórico, C.P. o6o20, Cuauhtémoc,
D.F. Tels. (55) 5526 0219, 5526 0449
cnl.promocion@correo.inba.gob.mx

www.cnca.gob.mx

�NÚMEROS RECIENTES
87 (ABR.IJUN./06) Jorge Dubatti, Mauricio Kartun, Ricardo Monti, Daniel Veronese,
Patricia Zangaro, Eduardo Pavlovsky, Patricia Suárez, Lautaro Vilo.
88 (JUL.ISEP./06)

Yannis Ritsos, Margot A. Wagner Mesa, Daniel Domíguez Cuenca,
Exequiel Lavandero Pascal, Carlos Vigil Peña, Felipe Reyes Palacios, Teresa Valenzuela, Rosario Castellanos, Luis Mario Moneada.

89 (ocr./01c./06) Vivian Martínez Tabares, Eugenio Hernández Espinosa, José
Millán, Gerardo Fulleda León, Abelardo Estorino, Nara Mansur,
Esther Suárez Durán.
90 (ENE.IMAR./07) Adán Ramírez Serret, Arrninda Vázquez Moreno, Dimítar Níclenov,
Sonia Salum, Paco Roustand, Esther Suárez Durán, Leticia López
Sánchez, Martha Alexander y Duardo Atl, Susanne Lebeau.

LUGARES Y CIUDADES DE VENTA

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Servicio Bibliográfico

Xalapeños Ilustres #27
Xalapa, Veracruz

Libros Península, S.A .

R. Sánchez Taboada #61-C
Tijuana, Baja California

Casa de la Cultura de
Reynosa, A.C.

Zaragoza y Bertha G. de Garza Zamora,
Zona Centro, Reynosa, Tamaulipas.

TECTLA, S.C.

Laurel No. 33, Col. Sta. Ma. la Rivera
México, D.F.

Librería del Patronato del
Estudiante Sudcaliforniano

Edif. Sandra Planta Baja
Marcelo Rubio # 1945 La Paz, B.C.S.

Víctor López

Av. 12 Poniente #312 Altos 40 1
Puebla, Pue.

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INFORMACIÓN Y SUSCRIPCIÓN
http: / / www.uv.mx (Difusión y Extensión/Publicaciones/ Tramoya)
Apartado Postal #318
Tel./Fax: 01 (228) 817 • 2954

e.e, hecherrer@yahoo.com.mx
Xalapa, Ver., México

Venados a la luz de la luna
Hernando Garza

�OCTAVIO: Verás sombras.
FELIPE: Veré siluetas. Sus movi-

PERSONAJES:
FELIPE
OCTAVIO
PORFIRIO
ALICIA
ANCIANA
MUJER 1
MUJER2
NIÑA
FIDEL
OVIDIO
FÉLIX
ANTONIO
COMANDANTE
CAPITÁN

r.

-

.!

mientos parpadeantes de un
lado a otro. Uno a uno los veré
por ese círculo. Ellos entrarán al
círculo. Entonces los atraparé.
OCTAVIO: Son sólo sombras, lo
sabes.
FELIPE: La luna hará que los mire
tal cuales son. Estarán ellos bailan do con trompetas y sus
cuerpos de pie.
OCTAVIO: ¡Eso! ¿Cómo que bailando de pie? ¿Son hombres?
FELIPE: Cállate, no tardan. Si seguimos hablando no vendrán.
OCTAVIO: ¿Qué se te ocurre mientras?
FELIPE: Adivinar si llegan ya o
pensar que ya llegaron.
OCTAVIO: Puros cuentos chinos.
FELIPE:Como gustes , los esperaré.
OCTAVIO: No sé cómo me convenciste para estar aquí, en medio
del pinche desierto, entre el monte... no sé hasta qué punto te
creí...
FELIPE:Fue tu decisión. (Pausa. Se
escuchan ruidos: viento, pisadas
sobre hierbas, cascos de patas de
animal sobre rocas, voces.) ¡Escucha! ¡Esos ruidos! (Emocionado.)
¡He esperado tantos meses, tantos!
¡Los veremos! ¡El espectáculo
está listo! {Los ruidos cesan de pronto, sigue una pausa prolongada, ellos
no se mueven.)
OCTAVIO: Estás loco de remate.
FELIPE: Ya vienen ... ya vienen ...
OCTAVIO: ¡Qué! ¡Por dónde!

Izquierda del escenario. Iluminación
tenue. Dos jóvenes agazapados, un poco
distantes, en medio de arbustos. En el
cielo, luz de luna que baña el centro.

• 1~

(1)

'C)

E.

g

FELIPE: No, ése no es el lado correcto.
OCTAVIO: Los venados pasarán
por ahí, como por un aro. Saltarán y ya.
FELIPE: No es el sitio conecto, te digo.
OCTAVIO: Me tienes envidia.
FELIPE: No.
OCTAVIO: Entonces, ¿por qué
quieres esa orilla?
FELIPE: Da lo mismo, pero ahí,
donde estás acurrucado, la luz de
la luna no llega. La luna te avisa, te toca.
OCTAVIO: ¿A poco será distinto
donde estoy a la distancia de
donde pasarán ellos?
FELIPE: Aquí es el lugar espléndido. La luna me ve y los veré a
ellos. Así es.

Oscuro.

98

que la encontraron, y otros no,
como que no dejaron claro ese
asunto. Aunque los que dicen lo
primero, dijeron que ya no era la
misma, con su ropita desgarrada y sus ojos asustadizos que
parecían que habían visto todo.

Parte derecha del escenario. Día. Dos
personas buscan entre hierbas.

PORFIRIO: Es como el caso de la
niña perdida.
ALICIA:¿Usted cree?
PORFIRIO: Alicia González, supongo.
ALICIA: Así es. (Se saludan.) Mucho gusto, en el pueblo ni nos
presentaron, me subí a su camioneta y enfilamos para acá.
PORFIRIO: Porfirio Cantú, para
servirle. Es que me envió la policía rural de repente. Estaba a
punto de irme a Monterrey para
unos pendientes y que me
retachan hasta acá. (Pausa breve.)
Le decía, lo que estamos haciendo es como ese famoso caso de
la niña perdida. Todos en la región hablaban de ella. Y ahora
sucede exactamente igual: otros
dos jóvenes perdidos en medio
del monte. ¡Qué se le va a hacer!
Venían de la ciudad, creo que se
llamaban Felipe de la Torre y
Octavio Esparza. Y todos hacen
conjeturas, habladurías, que si
huyeron de la justicia, que si cruzaron la frontera, que si los mataron porque tenían broncas con
no sé quién hasta que tenían algo
que ver los dos. ¡La gente... ! ¿Por
qué tan pensativa?
ALICIA: Observo por dónde se supone que caminaron.
PORFIRIO: Recuerdo que mi abuelo me hablaba igualito del rastreo
que ellos hicieron. Buscando y
buscando a esa niña. Unos dicen

Luz directa hacia Alicia.
ALICIA: He aprendido a hablar

con el tiempo, pero a ustedes casi
no los reconozco. La evolución
no ha hecho gran cosa con sus
cuerpos. (Ríe misteriosa.)
PORFIRIO: (Muy sorprendido.)¿Usted? ¿Usted es esa niña? ¡Pero
cómo! Si fue hace muchos años ...
ALICIA: Estuve en otro lugar, pero
desde hace días vivo en el pueblo donde me recogió.
PORFIRIO: Imposible, si fuera esa
niña tendría cien años.
ALICIA: ¿Importa?
PORFIRIO:No me salga con sorpresas, me imagino que...
ALICIA:Entenderá que me mandaron con usted para ayudarle en
esto. Es evidente.
PORFIRIO: No, no creo entenderla. Me asusta.
ALICIA: (No le pone atención.) Trate de decirme qué pasó. ¿Dónde
estuvieron?
PORFIRIO: Pero... bueno, bueno,
los rastros nos llevan hasta acá,
ésta es la orilla, entre los artistas, de los mezquites para allá.
{Camina en un círculo rodeado de
arbustos.) Éste es el famoso claro,
le dicen el borde, el precipicio...

99

�ALICIA: No, la luz no llega hasta
allá. La colocación pudo haber
sido tratada de otra forma.

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't)-

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o

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PORFIRIO: ¿De qué habla?
ALICIA:¿Prefiere quedarse? (Alicia

le sonríe y sale de escena riéndose.
Porfirio huye corriendo por el lado
contrario.)

(Porfirio la observa detenidamente,
está nervioso.) ¿Cuántos días llevan perdidos?
PORFIRIO: Pues creo que quince
o dieciséis, no sé.
ALICIA: {Toca la hierba.) Entonces
la hierba creció con la lluvia pasada. Déjeme ver...
PORFIRIO : (La interrumpe.) Oiga,
oiga, ¿Cree que éste es el lugar?
ALICIA: Usted me trajo.
PORFIRIO: No, usted se subió en
la plaza del pueblo. Me dijeron
que usted conocía el área porque
su familia vivió por aquí y...
ALICIA: ¿Cuáles son los rastros
que tienen ustedes? La forma de
la luna es más completa que esto.
¿Ve esas ramas que indican al
noroeste? Alguien las cortó, entonces, caminaron cien, doscientos
o mil pasos, metros y kilómetros.
PORFIRIO: Estarían en el mar.
ALICIA:¿No entiende? Caminaron
hacia arriba. (Mira hacia el cielo.)
Desde aquí las estrellas se miran
más claras, más profundamente
claras. ¿Ve el horizonte? (Voltea
y lo mira seria.) ¿Tenemos que esperar a que pasen?
PORFIRIO: ¿Quiénes?
ALICIA: Ellos, porque efectivamente
aquí está el círculo. Y usted tiene
que ayudarme a encontrarme. ¡Tiene que ayudarme! (Se le acerca y
Porfirio retrocede.) Aquí brotó todo.
(Levanta las manos.) Aquí permanecieron, aquí. Los puedo sentir.

Oscuro.
En parte izquierda del escenario, se
ilumina una puerta y, asomándose, una
Anciana de vestido largo que mira al
público.
ANCIANA: (Mientras habla, atrás de
ella se verán sombras de mujeres
cardando lana, moliendo nixtama/,
preparando comida, y de hombres en
yuntas o a caballo; familias cerca de
chimeneas, hombres caminando entre
el monte, familias en reuniones, entre
otras.) Los miré alejarse desde muy
tarde. Uno divisa el pueblo desde
esta torre. (Pausa.) Sí, por aquí
pasaron. ¡La niña y luego otras
gentes! Cómo dío lata esa niña,
que si estaba viva, que si estaba
muerta. Todo el pueblo vivió en
un suspiro y llegamos a acostumbramos: unos hombres se iban en
la noche, regresaban hasta la
mañana. Otros de día, sí, se iban
por donde están los mezquites
grandes y se internaban más aden·
tro, donde todavía no construyen,
ni casas, ni talleres, ni caminos, es
puro terreno, como dice, virgencito. Y no sé si fueron meses o años.
Me acuerdo que tenía a mis hijos
chiquitos y hasta mis nietos an•
duvieron buscando a esa famosa
niña. ¿Qué dice? ¿Encontrarla?
¿Cómo cree? Nunca la encontra·

100

familias de aquí empezaron, como
se dice; es que no quiero decirle
medio feo, pues a desaparecer, no
todos, no todos, le aclaro, doña
Eulalia y don Eustaquio, los hijos
de Lupe, el herrero, la señora de
la tortillería y su hija, hasta el
muchacho de la gasolinería, ése
también se fue y como ve, el
pueblo se empezó a quedar solo.
Martha, la viuda que vivía hasta
las afueras del pueblo, tomó la
misma vereda y no regresó. De los
que le digo es de los que yo vi,
porque otros anduvieron diciendo
que, pues, también por el otro pueblo cercano estaba pasando lo
mismo: puras casas solas, con
anchos solares llenos de plantas y
árboles frutales, los perros nada
más se quedaron ladrando. Mire,
no se asuste, creo que muchos
tomaron como... sí, como un pretexto, eso de lo de la niña para
irse... ¿Cómo se veían? Mire, desde
esta puerta, los ví decididos, decididos a acabar con su apatía, con
la indiferencia de sus vidas, se les
veían los corazones tristes, acabados, pero a otros se les veía bien
felices. Créame o no, pero si se
asoma por las otras casas no encontrará a nadie, en éste y el otro
pueblo. ¿Mi nombre? Para qué
quiere saberlo, usted ha de estar
tan ocupado con sus cosas, con sus
prisas, con sus vericuetos que el
nombre de una anciana como yo
de nada le sirve, aunque sería bueno que hiciera memoria. (Su voz
cambia, es más pausada.) Puedo ser

ron, jamás, nunca de los nuncas,
aunque algunos, como sus padres,
decían que la veían de vez en cuando, corriendo en medio de la
noche por el monte; pero encontrarla, estoy segura que no lo
hicieron. Eso creo yo, a mí no me
crean. Y todo cambió cuando
doña Mariana, que así se llamaba
la mamá de la niñita, vino con el
cuento de que había visto a la niña
jugar con unos venados en el claro,
ahí merito, donde la luna baña con
su luz más intensa, ahí supuestamente la vio. Y allá fue todo el
pueblo, casi familias enteras a
verla, pero nada, no veían nada y
volvían tristes. Entonces, doña
Mariana no explicó exactamente
como ocurría todo, pero entonces
muchas personas tomaron esa
vereda, sí, ésa misma que ve, ésa
que enfila para allá, por ahí mismo,
empezaron a irse varias personas,
empezaron a venir de todas partes, de Reynosa, de Monterrey,
hasta de Matamoros y Chihuahua, creo que gente de San Luis
venía, algunos hasta de Texas. Venían, acampaban en el pueblo y
tomaban el lugar como esto que
le dicen sitio turístico, pero se iban
desilusionados, completamente
enojados, algunos aprovechaban
para quedarse y pasear. No, eso
ocurrió tiempo después cuando
nadie volvió a ver a doña Mariana,
entonces dicen que se fue por ahí
mismo. Lo raro es que cuando muchos de los que venían de fuera
se cansaron o hartaron, algunas

101

�NIÑA:No hablaba. Sólo me miraba desde allá. (Apunta al monte.)
Despedía mucha luz. Tenía luz
alrededor del cuerpo ...y luego se
fue corriendo y fue desparramando la luz y las sombras.
MUJER 1: ¿Te dió miedo?
NIÑA: No hablaba, sólo me miraba.
MUJER 2:No quiere decir nada. Es
un milagro que la tenga aquí.
MUJER 1: No le haga. Está cansada. ¿Verdad que estás cansada?

tu fortaleza, tu miedo, tu secreto,
tu escondite, la parte más íntima que
guardas y dejas ahí olvidada, tu
coraje, tu infinito coraje. (Voz cambia normal. Pausa.) ...Ándele, que
le vaya bien, y no sea crea lo que
le dicen, ¡ustedes tan creídos! Pero
tenga mucho cuidado, no vaya a
perderse por donde anda, y es que
uno ya no se fija por dónde camina. {Pausa.) Pues nada más imagínese quién es uno. Con permiso, voy
a ver si ya salió la comida, preparé
pan de elote, unos huevos refritos
con carne seca y un café ralo tostado. (Sonríe.)

animal muy grande, muy fuerte.

FÉLIX: Es la nostalgia, el dolor, la
desidia, la felicidad, lo que sea,
Ovidio. La gente se va porque está
hasta de todo y quiere volver al
pasado. ¿No vieron a la comadre
Femanda y sus dos hijos? Se los
llevaron también las sombras. Ahí
es donde vive esa niña. Ella las
llama, les habla al oído.
ANTONIO: Pero dicen que se siente
bien bonito. Ves la luz y no quieres regresarte. Te arregla la vida.
OVIDIO: Yo no me acerco.
FIDEL:¿Y ustedes qué dicen? ¿Le
entramos?
FÉLIX: Para mí es igual, si al cabo
no tengo nada que perder. ¿Y tú
Antonio?
ANTONIO: Ya perdí las cosas que
guardaba en la casa. Desaparecieron así de pronto. Pues vamos.
OVIDIO: Yo me quedo, voy a trabajar mañana y recibo visitas.

NIÑA: No vayas a la luna, no la
veas .. . (Resignada.) De todas formas alguien abrió la puerta.

MUJER 1: ¿Cuál puerta?

La Niña camina hacia el centro del
escenario.
NIÑA: {Pausa.) Entiende, nosotros
no estamos aquí. Déjanos en paz.

La Niña sólo las mira. Gruñe despacio
y luego sale corriendo.
MUJER 1: ¿Qué le pasó?
MUJER 2: Hija, ¿a dónde vas?

Oscuro.

Cambio de luz.

Parte derecha del escenario se ilumina.
Mujeres reunidas en torno a una Niña.

--.

La Mujer! le toma las manos a la Niña,
ésta las desliza por su cuello.

MUJER 1: No es nadie. Era una sombra, ésas de las que pasan encima
de uno y sólo alcanzas a oler el aire.
MUJER 2:¿No lo han encontrado?
MUJER 1: No, los hombres del pueblo no me dan esperanzas. Rezo y
rezo. ¿Sabe? Diecn que la vieron
vagar por el otro pueblo, cerca. Y
no, no era, era un coyote.

MUJER 1:Ándale , mija, di lo que viste.
MUJER 2: ¿No será muy pronto
para que diga algo? Ha pasado
mucho tiempo y nada. ¿Quién le
dijo que habló?
MUJER 1: Empezó a hablar sola,
así, de pronto, como si hablara
con alguien enfrente.
MUJER 2:¿Cómo era, niña?
NIÑA:No sé, no lo recuerdo.
MUJER 1:La cara, nada más la cara.
MUJER 2: ¿Qué tenía en el cuerpo?
¿Tenía mucho pelo?
NIÑA: Era distinto a nosotros.
MUJER l:Mija, ¡cómo!
NIÑA: Alto ...de formas extrañas... dos
manos muy grandes... las patas...
MUJER 2: ¡Patas! ¡Era un animal!
¡Dios mío!

Cambio de luz. Mujer 2 queda congelada.
La Niña entra, se acerca por la espalda a
la Mujer J. Acarida su cabello.

MUJER 1: ¿Cuándo volverás?
NIÑA: Me tardaré.
MUJER 1: Sólo dime para estar
preparada.
NIÑA: ¿Quieres saber todo?
MUJER 1: Será nuestro secreto.

102

Niña sale. Mujer ! la sigue. Cambio de luz.

MUJER 1:¡Hijita! ¡Hijita!
Mujer 2 sale al encuentro de la Mujer J.
La Niña se asoma de una parte del fondo. Su silueta se agranda y se achica en
una pantalla gigante.

MUJER 2: Ya no andes tan tarde
levantada. Deja de pensar en
ella.. . No era tu hija.
MUJER l:Como si lo fuera ... como
si lo fuera ... en ocasiones tenemos que creer en algo.

Félix y Antonio caminan hacia la derecha y desaparecen.

FIDEL: ¿Entonces qué? ¿Te quedas? Si
al cabo no van a encontrar a nadie.
¿Para qué te quedas?
OVIDIO:¡Félix! ¡Antonio! ¡Quédense!Y o no me animo, Fidel.
No te vayas tampoco.
FIDEL: Ya se fueron también. Ahí
te encargo la casita.
OVIDIO: De allá viene esa sombra que
se traga todo, Fidel. Tu casa ya no
está. Esta mañana ya no estaba ahí.
FIDEL: ¡Ah, qué chihuahua! Pues
se quiso ir antes que yo.

Mujeres 1 y 2 salen.
Semioscuro.
Entran de parte izquierda del escenario
hombres con linternas.

FIDEL: Ya son bastante los que se han
ido, compadre. Tienen días buscándola. No hay que irse hasta el claro,
ahí es donde desaparecen.
OVIDIO: Es como si algo se los comiera. Se me hace que ha de ser un

103

�to, y uno más, el que vivía por el
cerro, hasta dejó la ropa colgada
entre los árboles cuando se estaba
bañando. Los que se iban quedanoo

Fidel camina hacia la orilla del escenario, casi al extremo de la oscuridad.
FIDEL: ¡Vente! ¡Deja todo!

Hay

me decían que fuera hacia allá.
algo que maravilla como si fueran
miles de estrellas en un mismo lugar
Uno ve cosas hermosas ... muy
hermosas.
COMANDANTE: Capitán, llévese a
este hombre. ¿Por qué hay tantos
locos sueltos en el mundo? ¡Por
eso el mundo está como está!
OVIDIO: ¡Es la verdad! ¡Le juro que
es la verdad!

Pausa. Ovidio se queda de pie mirándolo. Fidel desaparece.
Oscuro.
Al centro del escenario. El Comandante
fastidiado, Ovidio cansado.
COMANDANTE: ¿Y luego?
OVIDIO : Pues es todo...

El Comandante se pone de pie tomándose los cabellos.

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Un hombre se lleva a Ovidio. Entrad
Capitán.

COMANDANTE: ¿Y usted quiere

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CAPITÁN: Nada, el pueblo está
solo, ni un alma.
COMANDANTE: ¿Qué es esto? ¿Qri.
explicaciones me dan? (Pausa. Para
sí.) Y el pinche de Porfirio que ni se

que le crea su historia?
OVIDIO: Así fue.
COMANDANTE:¿Y por dónde?
OVIDIO: Eso no siempre ocurre, de
pronto empieza la luz de la luna a
bañar el claro. Y vienen las sombras,
bailan, hacen ruido, poquito, pero
lo hacen. A unos les parecen figuras viejas, caballos, yuntas, hombres
con manojos y monturas volando, de
pronto, otros, ven gallinas y cerdos,
unos más, déje, déjeme decirle, vieron
las casas irse por ahí, es como una
revoltura, como un remolino suave,
sostenido en el aire, como si algo
atrajera las cosas hacia el claro, hacia
ese lugar. Entonces la gente se acerca, deja sus cosas y se va por ahí.
Unos dejaron hasta los coches, los
más tenían comida preparada, sus
frijoles, su carne seca; vi como un
compadre dejó un cerdo a medio
destazar, otro la canal de un cabri-

reporta. Tampoco se sabe nada de
aquellos muchachos. (Lee un papel.)
Felipe y Octavio.
CAPITÁN: Señor, con éste ya son tres
pueblos abandonados. Los vecinoo
de otras partes están muy asustadoo.
COMANDANTE: Un pueblo más,
un pueblo menos. ¿A quién
carajos le importa? (Pausa prolongada.) ¿Qué fue eso?
CAPITÁN:¿Qué señor?
COMANDANTE: Ese sonido. (Rui-

do de voces, vientos, hierba.) Ese...
El Comandante y el Capitán ven una
luz fuerte que invade el escenario. Qut·
dan congelados.
Oscuro total.
104

105

�"ese güey le va a los Pumas". Si
alguien ve a un pordiosero hablando con una cajita de cartón,
instantáneamente piensa "mira,
un pobre loquito". Mi amigo diría "ese güey le va a los Pumas".
Una vez íbamos caminando por
un parque donde jugaban niños,
y había un tipo desnudo con una
gabardina enseñando sus miserias. Cualquiera hubiera pensado
"maldito pervertido, loco de
mierda". El tipo se puso frente a
nosotros y abrió su gabardina.
Yo inevitablemente miré hacia
otro lado, pero mi amigo me dijo
"¿ya viste qué chiquita la tiene...?,
de seguro juega en los Pumas".
(Pausa breve.) Cuando digo que la
locura es un término legal, es
porque hay que estar legalmente
loco para que a uno lo encierren.
Mientras tanto sólo estamos enfermos. ¿Qué es lo que separa a
Rugo Chávez de la locura? La
silla presidencial. ¿Qué es lo que
separa a George Bush de la locura? La silla presidencial. ¿Qué es
lo que separa a nuestro honora·
ble Congreso de la Unión de la
locura? (Pausa.) No, es en serio,
les pregunto porque realmente
no lo sé. (Pausa breve.) La locura
es una cuestión de consenso. Es
decir, un tipo barbudo hace desmanes en la vía pública mientraS
grita que él es Dios. Unos cabrones en batas blancas se ponen de
acuerdo y dicen "ese güey está

PERSONAJES:
MILLÁN
DIANA
ISAAC
ACTO ÚNICO

El esquizo

De fondo una cortina roja que sólo
alcanza para enmarcar a Millán, quien
va vestido formal y tiene un micrófono
frente a él. Habla con la audiencia al
estilo del stand-up comedy de los
Estados Unidos.

-... ..

MILLÁN: ¿Quién decide quién está
loco y quién no? O lo que es más
dificil, ¿cómo saber quién está
loco y quién no? Yo siempre he
pensado que la locura es, más
que una condición clínica, un
término legal. En los manicomios es fácil saber. ¿Trae bata
blanca? No está loco. No trae
bata blanca: está loco. Trae bata
blanca pero abrochada por detrás: está loco. No trae bata pero
trae una jeringa: no está loco.
Trae una jeringa y un chingo de
raza corriendo detrás de él: está
loco. Trae corbata: es el administrador. Pero fuera del manicomio
es más dificil establecer criterios.
Es decir, si uno ve a un tipo de
barbas largas, desaliñado, sucio,
predicando el fin del mundo, uno
puede decir "está loco". Un amigo, cuando ve a alguien así, dice

106

que la democracia funcione en la
realidad. (Pausa.) Si lo piensan
bien, los esquizofrénicos somos
afortunados . Nunca estamos
solos. Siempre estamos viendo
cosas, oyendo voces ... los que
tienen personalidad múltiple no
tienen que estar esperando a
que los inviten a una fiesta, ellos
solitos se dan abasto. La única
bronca es cuando tienen que ponerse de acuerdo sobre quién va
a ir por las cheves.
Yo no la maté.

Joco". Firman unos papeles y lis~
to, el tipo está legalmente loco.
Por otro lado, otros cabrones en
túnicas ven al mismo tipo, se
ponen de acuerdo y dicen "sí, ese
güey es Dios". Escriben un libro
y ¡pum!, el bato ya es Dios. Llegan otros cabrones pero en traje,
lo ven, se miran, ven cómo la
gente le presta atención y lo rodean para ver qué está haciendo,
se vuelven a mirar entre sí, hasta
que uno dice "¿y si lo lanzamos
como nuestro candidato?" Así
las realidades se van concensando. La única variable de la
historia es que unos llevan batas,
los otros túnicas y los últimos
trajes. Así que todo depende de
quién te mire para saber si eres
Dios, un loco o un loco con suerte... ¿Dios existe? Claro, porque
un montón de personas se puso
de acuerdo, y -aunque jamás lo
hayan visto- aseguran que es
así. Por ejemplo, usted y yo, a
ninguno de nosotros nos conocen en Tailandia, ¿cierto? Pero
qué tal si a un tailandés le preguntan si conoce a Mickey Mouse.
De seguro le va a responder que
sí. Entonces Mickey Mouse es
más real que usted y yo. A veces,
cuando pienso en esto, me deprime darme cuenta que el Chupacabras existe más que yo... Como
les dije, la realidad funciona
como una democracia. Pero esto
no necesariamente quiere decir

Millán, Diana e Isaac están sentados en
una mesa de cafetería estilo VIP's o
Sanborn's. Los dos primeros comen
mientras que el otro toma apuntes de
unos libros de física.
DIANA: ¿Cómo un aluxe? ¿Un
duende o cómo?
MILLÁN: Pero déjame te sigo diciendo. En la mañana me habla
mi tío y me dijo que la viejita se
murió.
DIANA: ¿O quieres decir un enanito?
Como ése que salía con el luchador... Tinieblas se llamaba, ¿no?
MILLÁN: Se fue a dormir y, ¡madres!, que se muere en la madrugada. No mames. Yo ni quería ir
a esa cena y ahora me están
echando la culpa.
DIANA: Los aluxes son como aztecas o mayas o incas o esas madres,
¿no? Bueno, no, incas no, porque
en México no había incas...

107

�..

MILLÁN: Era un simple comentario, ¿por qué tuvieron que hacer
tan grande el pedo?
DIANA: ...a los incas los exterminaron los mayas y luego a los
mayas se los chingaron los aztecas y a los aztecas la gripe que
trajeron los españoles, o algo así.
El caso es que cuando llegaron
ya no había incas.
MILLÁN: No te claves en eso, te
estoy diciendo que la viejita se
murió.
DIANA: ¿Cuál viejita?
MILLÁN: La que estaba anoche en
la cena en casa de mi tío Checo.
DIANA: ¿No se llama Tomás? Un
rato antes de la cena, cuando estaba esperando a que llegaras,
platiqué con él y me dijo que se
llamaba Tomás.
MILLÁN: Se llama Tomás pero le
dicen Checo.
DIANA: Pero Checo les dicen a los
Sergios.
MILLÁN: Larga historia. Después.
DIANA: ¿Y de qué se murió?
MILLÁN: Pues de vieja, de qué
chingados se muere la gente sino
de tanto cumplir años. Unos se
mueren de tanto fumar, otros de
tanto beber, otros de tanto coger
y otros, que no bebieron, no fumaron y no cogieron, les dio por
cumplir años, cada vez más
hasta que se murieron.
DIANA: ¿Y qué tiene que ver con
los aluxes?
MILLÁN: Pero la tía Catita dice

que fue mi culpa, por lo que dije.
DIANA: ¿Y el aluxe de dónde te lo
trajiste?
MILLÁN: De Cancún, cuando fui
a hacer un show allá. Tomé un
tour por Chichén Itzá y me siguió. Yo creo se me escondió en
la maleta y me lo traje.
DIANA: ¿Y qué le das de comer?
MILLÁN: Nadie puede matar con
la palabra .. . claro, salvo que sea
una orden: ¡Fuego! , o ¡procedan!, o ¡expropien!
DIANA: ¿Qué fue lo que dijiste?
MILLÁN: ¿No te acuerdas? Si se
armó gran pedo ...
DIANA: Sí, me acuerdo que se hizo
un piche silencio y luego todo el
desmadre, pero no me acuerdo
cómo empezó.
MILLÁN: Ya, mejor no quiero hablar de eso.
ISAAC: (De pronto saca la cabew dt
entre los libros.) ¿Creen que alguna vez volveré a tener sexo?
DIANA: ¿Por qué, quién te lo quitó? (Ríe de su ocurrencia.)
ISAAC: ¿Y si nunca más vuelvoa
coger?
DIANA: (A Millán.) Te lo regalo,si
lo quieres usar en algún show.
ISAAC: Vamos a hablar de posibt
lidades.
MILLÁN: ¡Estaba muy vieja! Yo
sólo hice un comentario. No me
pueden echar la culpa.
ISAAC: Por ejemplo ...
DIANA: ¿Por qué no te coges a Ji
mesera de allá?

108

ISAAC: Yo iba a decir que qué po- .
sibilidades creen que tengo de
acostarme con la tipa de aquella
mesa, la de playera blanca.
MJLLÁN: Si hablamos de posibilidades yo diría que cincuenta y
cincuenta, si hablamos de estadística yo diría que uno noventa
y nueve.
DIANA: Yo diría que si aquella .. .

(Trata de señalar, pero el brazo se le
desploma, como si no tuviera control
deél.} ¡Chingado! Otra vez, puta
madre.

Diana lucha por volver a tomar el control de su brazo, pero éste no responde,
está fláccido. Los otros la miran en siltncio durante unos momentos.

ISAAC: ¿Catalepsia? ¿O cómo dices que se llama eso?
MILLÁN: Narcolepsia, ¿no?
ISAAC: Narcolepsia es cuando se
queda dormida, pero cuando se
le va el tono muscular es .. .
DIANA: Cataplexia. Catalepsia es
cuando parece que estás muerto
pero estás vivo.
ISAAC: Y luego los entierran vivos
y se despiertan en la tumba.
MILLÁN: Como don Susanito.
DIANA: Joaquín Pardavé, el personaje era don Susanito, pero
también salía de árabe.
ISAAC: Cataplexia. Son cosas de la
hipersomnia, ¿no? El doctor dice
que yo tengo parasomnia. Que
los chingazos que traigo son por109

que me muevo durante el sueño.
MILLÁN: Ni madres, te pega tu
mamá.
DIANA: Tú tienes insomnio, ¿verdad?
MILLÁN: Yo no tengo ni madres.
Los pinches doctores que se inventan mamadas para sacarle
dinero a uno.
DIANA: Yo tengo hipersomnio y el
otro cabrón parasomnia. O sea
que aquí nadie duerme como la
gente.
ISAAC: ¿Te vas a comer tu pastel?
DIANA: Lo estoy guardando para
al rato.
ISAAC: Pero ya llevas guardándolo un chingo de rato.
MILLÁN: Compra uno para ti, no
seas agarrado.
ISAAC: ¿Para qué compro si ustedes siempre dejan comida? Nunca se terminan lo que piden.
MILLÁN: Llevo como tres semanas
de que la comida no me sabe a
nada.
DIANA: Mi mamá siempre nos
decía que había niños que no
tenían qué comer, que éramos
afortunados, así que nos comiéramos todo.
MILLÁN: Eres un carroñero de los
restaurantes.
DIANA: Yo creo que por eso dejo
comida adrede.
ISAAC: Y hablando de comida,
¿cómo les fue en la cena de ayer?
(Reacciona.) ¿Ves que no te lo vas
a comer? Nada más para desper-

�-... ...

dia hora antes. Y como todo
mundo llega media hora des.
pués, ahí me tienes platicando
con el tío una hora hasta que
comenzó a llegar la gente.
MILLÁN: (Riendo.) Y mi tío le decía "así que tú eres la esposa de
Diego".
DIANA: (Avergonzada.) No, señor,
soy su amiga. Millán y yo sólo
somos amigos.
MILLÁN: Ah. (Pausalarga.)Asíque
tú eres la novia de Diego.
DIANA: (Un poco fastidiada.) No, señor, Millán y yo somos amigos.
MILLÁN: Dime tío Checo. ¿Desde
cuándo andan ustedes?
DIANA: (Conteniendo.) No, señor...
digo ... don Sergio ... sólo somos
amigos.
MILLÁN: No me llamo Sergio, me
llamo Tomás, pero me dicen
Checo. ¿Y hace cuánto que son...

diciar. Por eso estamos como
estamos.
MILLÁN: Ya estuvimos hablando
de eso como media hora.
ISAAC: Pero yo todavía no llegaba.
DIANA: ¿Tanto? No, además no me
dijiste qué fue lo que...
MILLÁN: Aquí estabas.
ISAAC: Pero estaba en mi pedo, o
sea que todavía no llegaba.
MILLÁN: Tu pinche cabeza siempre llega media hora después.
Por eso no puedes coger.
DIANA: Ya no hablen de coger porque me da asco.
ISAAC: Mira quién habla, la que...
DIANA: Shhh.
MILLÁN: ¿Qué? ¿Qué pasó?
DIANA: Nada.
MILLÁN: ¿Le contaste al pinche
Isaac y a mí no me dijiste nada?
DIANA: Nada, no pasó nada.
MILLÁN: Diana ...
ISAAC: ¿Me puedo comer tu... ?
DIANA: Con una chingada, que es
para al rato.
MILLÁN: Diana, ¿le contaste a este
pendejo y a mí no me dijiste
nada?
ISAAC: Bueno, ¿cómo les fue en
la cena?
DIANA: Este cabrón me invita y no
sólo no pasa por mí ...
MILLÁN: Ni que fuéramos novios.
Además que nunca me las has
querido prestar.
DIANA: ... el pinche Millán no sólo
no pasó por mí, sino que además
me dijo mal la hora y llegué me-

amigos?
DIANA: Somos amigos-amigos, no
amigos. Y pues no sé, como ocho
o diez años. Nos conocimos en
una fiesta de la facultad de odon·
tología. Bueno, ninguno de los
dos estudiábamos ahí, pero los
dos teníamos amigos dentistas...
y ya, desde ahí comenzamos a ir
al cine, a juntarnos en el café y
así. Tranquila la cosa. Y me pi·
dió ahora que lo acompañara a
la cena porque hace meses que
no tiene novia y no quería venir
solo, porque la tía Lula le da
miedo, o algo así.
110

MILLÁN: (Pausa, pensativo mientras
la observa con atención.) Pero dime·

caído, que el brazo le hace así,
como Parkinson, y que ya no
controla los esfinteres, ¿no? La
que siempre dice "¿hombres?,
aquí ya no hay hombres, el último hombre fue Manuel Á vila
Camacho".
DIANA: ¿Quién?
MILLÁN: No preguntes.
ISAAC: Manuel Ávila Camacho,
muchachita. Hombres como ése
no se han vuelto a dar en México. Fue el mero cabrón en Agua
Prieta y le puso en su madre a
los cristeros. (Escupe.) Y además
les declaró la guerra a los nazis.
DIANA: ¿Qué son los cristeros?

una cosa: ¿a poco no cogen?
DIANA: Me dijo eso el atascado.
ISAAC: Bueno, es que lo diste a entender.
DIANA: Y eso no es nada, porque
ya en la cena nos sirvieron una
carne toda correosa ...

Diana intenta cortar la carne y batalla
mucho. Millán la observa detenidamente. Diana siente la mirada y voltea
averlo.
MILLÁN: Así la tengo yo.
DIANA: Dime si no es un cerdo.
MILLÁN: La verdad es que el tío
Checo es conocido por su refinamiento y pulcritud.
ISAAC: ¿Cómo que le tienes miedo a la tía Lula?
DIANA: La tía Lula fue la que se
murió, ¿verdad?
ISAAC: ¿Se murió la tía Lula?
MILLÁN: Llevo media hora diciéndoles que se murió y hasta
ahorita, cabrones. Lávense las
orejas.
ISAAC: ¿Y por qué se murió?
DIANA: Millán la mató .
ISAAC: ¿Viste? La tipa me tiró
onda. ¿No la vieron? Se mamó ...
hizo así con los labios y luego
me miró ...
MILLÁN: Y para pinche colmo nos
sientan enfrente de ella.
ISAAC: ¿De la tía Lula? Es la que
habla sí, ¿no? La que tiene el ojo

(Isaac escupe.)
ISAAC: Muchachita, los cristeros
(Escupe) son unos pendejos y maricas.
MILLÁN: Bueno, habrá algunos
cristeros (Isaac escupe) que sólo
sean estúpidos y otros que sólo
sean maricas.
ISAAC: Todos son maricas. El último hombre fue mi general
brigadier y presidente Ávila
Camacho.
DIANA: ¿A poco nosotros peleamos en la segunda guerra mundial?
ISAAC: (A Millán.) Hijo, tu novia
es una ignorante.
MILLÁN: (Adelantándose a la réplica de Diana.) Es que ella es de
Echeverría para acá.
ISAAC: ¿Me estás diciendo vieja?
MILLÁN: (A Diana en secreto.) Tra111

�ta de no hacer contacto visual
con ella. (A Isaac.) No, tía Lula.
¿Alguien quiere más papas? Están muy buenas.
ISAAC: Sin Ávila Camacho aún
estaríamos gritando, ¡viva Cristo rey!
DIANA: (A Mi/lán.) Ah, ya me acordé quiénes eran los cristeros.
(Isaac escupe.) ¿Por qué tanto alboroto?
MILLÁN: (Sin pensar.) A lo mejor
perdió su virginidad con Ávila
Camacho.

Isaac se levanta en silencio, ofendido
profundamente, y sale de escena dando
tumbos, como llorando en silencio.
Millán habla con el resto de los supuestos comensales.

..... ...

MILLÁN: ¡Yo no sabía! Se los juro,
fue un comentario ... yo pensé
que no estaba escuchando ... ¿por
qué tenían que callarse en ese
momento ... ? No fue mi intención ... ¿entonces somos nietos de
Ávila Camacho?
DIANA: ¿De dónde se te ocurrió
decir eso?
MILLÁN: No sé.

Isaac llega corriendo y se sienta. Trae
las manos mojadas y se las seca con el
pantalón.
ISAAC: ¿Y luego? Se fue y, ¿qué
pasó?
DIANA: Después que este güey dijo

una serie de barbaridades se hizo
un silencio cabrón y luego empezó el desmadre. Puras ondas
familiares que no entendí.
MILLÁN: ¿Por qué tenían que hacer
un silencio en la plática justo en
ese momento?
DIANA: Puros trapos sucios, pero
como no conozco a nadie... ¿qué
hora es? No sé si ya me tocan las
pastillas...
MILLÁN: Ahora sé cómo se siente
ser el Chavo del Ocho.
ISAAC: ¿Y por eso dicen que tú la
mataste?
MILLÁN: Lo peor es que quieren
que vaya al funeral mañana.
DIANA: ¿Alguno de ustedes, par de
zánganos, trae reloj?
ISAAC: Ves cómo no te vas a comer el pastel.
DIANA: ¿Y vas a ir?
MILLÁN: El pinche funeral es en
Veracruz. ¡Puta! Tan rica la comida de Veracruz y la pinche
comida no me sabe... tres semanas ya con eso.
ISAAC: ¿Veracruz?
MILLÁN: Que hace como treinta
años compró una tumba junto a
la de Ávila Camacho, pero
luego resultó que él no estaba :
enterrado ahí, que era algo así
como una tumba honoraria, y
hace diez años se dio cuenta Y
armó un pedo enorme ... total
que la van a enterrar en Veracruz
junto a una tumba falsa de Ávila
Camacho.

112

DIANA: (Se ríe estrepitosamente.)
Isaac, se me hace que no tienes
ninguna oportunidad con la
chava de aquella mesa.
ISAAC: ¿Cómo? ¿Por qué?
DIANA: ¿Ya le viste la camiseta?
ISAAC: ¿Qué? ¿Qué tiene? Pero si
me estaba coqueteando ...
DIANA: Le va a los Pumas.
ISAAC: (Pausa.) Ha de ser puta.

DIANA: Si la historia de México
la hubiera filmado Ismael Rodríguez .. .
ISAAC: Serían Francisco Bueno y
Porfirio Malo, dos tipos de cuidado.
MILLÁN: No entendí por qué no
vas a ir a trabajar mañana.
ISAAC: ¿Qué aquí nadie trabaja?
DIANA: Están comiendo.
MILLÁN: Veracruz ... tan rica la comida y a mí no me sabe a nada.
ISAAC: (Saca una bufanda y se la enrolla.) Con esta madre parezco
talibán.
MILLÁN: Oye, pues si no vas a trabajar mañana, igual y puedes
acompañarme.
DIANA: De hecho no voy a trabajar en dos semanas.
MILLÁN: Ahí está, fácil puedes ir
conmigo.
ISAAC: ¿En qué se van a ir?
l\,fll.,LÁN: (Caeencuenta.)Ah, chinga.
¿Tienes vacaciones?
DIANA: No. (A Isaac.) Deja esas
madres ya, cabrón. O agarras
una infección o les pasas una a
esos pobres que ni culpa tienen.
ISAAC: Si la historia de México la
hubiera filmado René Cardona
Jr., Mauricio Garcés hubiera
hecho "Click, fotógrafo de presidentes". Chido, ¿no?, y con el
parpadeo encueraría a Díaz
Ordaz ...
DIANA: ¡Guácala!
ISAAC: ... imagínate a Lázaro Cárdenas en pelotas junto a una

Diana se queda dormida repentinamente y azota la cabeza contra la mesa.
Millán e Isaac la miran unos momentos. Al principio se sorprenden, pero
luego se miran entre ellos como diciendo
"otra vez". Isaac comienza a comerse el
pastel de Diana.

ISAAC: Ya sabía yo que no se lo iba
a comer.
Torre de control

Los tres están en el mostrador de una
tintorería. Juegan con la ropa que hay
cerca y con el micrófono con el que se
anuncian los turnos. No hay nadie en
el mostrador. Millán trae su nota y el
número que se anuncia como el siguiente, pero nadie los atiende.

ISAAC: Si te pones este velo te parecerías a ésas que danzan lo de
los siete velos.
DIANA: La odalisca número trece,
como la de Tin-Tan.
MILLÁN: Si así fueras para la historia de México.

113

�ISAAC: ... Los muertos que se apare.
cen en el Espinazo del Diablo...
DIANA: El Espinazo está para el
otro lado. Si yo ando mal en
historia tú me ganas de mal en
geografia.
MILLÁN: ¿Pero por qué no me contaste?

torre de petróleo...
DIANA: ¡Pinche Isaac!
ISAAC: ... a Ávila Camacho ...
MILLÁN: No mames, ya no me
mencionen a ese cabrón.
DIANA: ¿Te da remordimiento?
MILLÁN: No, pero me de hueva.
De hecho la hueva es el único
sentimiento que me queda.
DIANA: ¿Y por qué vas?
ISAAC: La hueva no es un sentimiento, es un estado de conciencia alterada.
MILLÁN: No siento nada, no puedo enamorarme, nadie me cae
mal, la comida no me sabe a
nada ... aunque pensándolo bien,
quizá el sabor se me fue por la
medicina.
DIANA: ¿Cuál medicina?
ISAAC: No me dijeron en qué se
van a ir. . . porque si se van en
avión yo no voy.
MILLÁN: Ni quién te esté invitando.
ISAAC: Podemos ir en autobús, al
fin que yo sí estoy de vacaciones
y a esta la suspendieron en el
jale. Ir viendo las casitas, las vaquitas...
MILLÁN: ¿Te suspendieron? ¿Por
qué? ¿Y por qué le contaste a
Isaac y a mí no me dijiste nada?
ISAAC: .. .los niños vendiendo
iguanas al borde de la carretera...
DIANA: Una pendejada que me
pasó porque se me olvidó la medicina en la casa. Y por cierto,
¿qué medicina estás tomando?

Isaac descubre el micrófono del mostrador y se pone a jugar con él.
ISAAC: Bueno, bueno... uno, dos,
tres, probando ... Buenas noches,
bienvenidos a su lugar favorito:
La Rajita de Canela. (A Millón.)
¿Cómo abres tus presentaciones?
MILLÁN: ¿Para qué quieren un micrófono aquí? Ni que estuviera
tan grande. Y los pinches numeritos... si no hay nadie.
ISAAC: Llevamos aquí como veinte minutos y no ha venido nadie.
Ya, agarra tu ropa y vámonos a
la chingada.
DIANA: Pensándolo bien, me late
la idea del autobús.
ISAAC: (Hacia fuera del escenario.)
¡Hola! Buenas tardes ... ¿hay alguien allá?
DIANA: Sí, vámonos de vacaciones.
MILLÁN: Vamos a un velorio.
ISAAC: Pinches huevones, de seguro le van a los Pumas.
MILLÁN: ¿Por qué te suspendieron?
ISAAC: (Que ha vuelto a enredarst
la bufanda.) Diana, ¿qué harías
si un día te toca un talibán en
uno de los vuelos?
114

DIANA: Yo nada. El piloto es el qu_e
tendría que preocuparse, yo
nomás estoy en la torre de control.

MILLÁN: ¿Y lo cortaste porque
quería tener sexo? Ni que fueras
virgencita.
DIANA: Por rajón al pendejo.
MILLÁN: ¿Tuvo algo que ver con
que te suspendieran?
DIANA: Tuvo todo que ver.
ISAAC: (Usando los audífonos de su
discman para hacerla de piloto.)
Torre Monterrey, el Aeroméxico
nueve-cuatro-siete, uno-cinco
millas, solicita datos de aproximación y aterrizaje.
DIANA: {Toma el micrófono y habla
mientras se maquilla.) Aeroméxico
nueve-cuatro-siete recibido, pista en uso uno-uno, viento unocero-cero grados, cero-ocho kilo
tango. Intercepte inicial por la
derecha a pista uno-uno. Reporte en inicial a través de la torre.
ISAAC: Recibido. El Aeroméxico
nueve-cuatro-siete interceptamos
inicial derecha. Reportamos a
través de la torre. (Hace unos comentarios en voz baja a Millán,
como si éste fuera el copiloto.) Torre Monterrey, el Aeroméxico
nueve-cuatro-siete en inicial a
través de la torre con aeropuerto
a la vista.
DIANA: Recibido, Aeroméxico
nueve-cuatro-siete. Continúe su
aproximación. Le llamo con
pista libre tráfico eco-uno-cuatro-cinco, próximo al despegue
pista uno-uno.
ISAAC: Recibido. Esperamos llamada y tráfico a la vista.

Isaac está hurgando en la ropa y poco
apoco se va poniendo cosas que imiten el uniforme de un piloto de avión.
MILLÁN: ¿Todavía andas con el
piloto?
DIANA: Ya no.
MILLÁN: ¡No mames! No me has
contado nada.
DIANA: ¿Pues no que no sentías
nada y que la chingada?
MILLÁN: Que no sienta afectos no
quiere decir que no pueda indignarme.
ISAAC: La indignación no es un
sentimiento, es comportamiento
aprendido en sociedad.
DIANA: Ahora resulta que los fisicos también son autoridad en
sociología.
ISAAC: Cultura general, mamita,
se llama cultura general.
DIANA: ¿Y cómo fue que te gané
jugando Maratón?
MILLÁN: Pero por qué no andas
con el tipo, ¿no que ya iban a formalizar y no sé qué madres?
ISAAC: Formalizar quiere decir
que ya iban a coger, que ésta por
fin le iba a soltar el tesorito.
DIANA: Ay, atascado.
MILLÁN: ¿Por qué te da asco el
sexo? ¿Te duele?
DIANA: Ya, no quiero hablar de
cochinadas.

115

�ISAAC: Por eso no me gusta viajar
en avión. Tu vida en manos de
cualquier pendejo.
DIANA: Y los choferes de autobús son unos eruditos, ¿no?
Para que lo sepas, hay muchos
más accidentes carreteros que
aéreos.
MILLÁN: Y lo cortaste porque te
reportó ... aunque tenías la culpa. Las pinches vísceras.

Pausa larga mientras sigue secreteando
con el copiloto. Hace ademanes con
connotación sexual. Cuando está a
punto de retomar el diálogo, Diana se
duerme repentinamente, como en la
escena anterior.
ISAAC: Torre Monterrey, el Aeroméxico nueve-cuatro-siete espera autorización para aterrizar,
pista uno-uno, viento uno-cuatro-cero con cero-seis. (Pausa.)
Torre Monterrey, el Aeroméxico
nueve-cuatro-siete espera autorización para aterrizar, pista
uno-uno, viento uno-cuatro-cero
con cero-seis. (Pausa.) Torre
Monterrey, cambio. {Pausa.) Torre Monterrey... ¡Diana! ¡Diana!
DIANA: Y me reportó a la comandancia, el muy joto.
MILLÁN: Pero estás consciente de
que pudiste haber matado gente,
¿verdad?
DIANA: Aterrizó sin ningún pedo.
Además es una enfermedad, no
como el cabrón del aeropuerto
de Monclova ...
ISAAC: ¿Hay aeropuerto en Monclova? No mames. ¿Y qué? ¿Reciben
los vuelos de Sabinas Hidalgo?
DIANA: Por eso mismo, como casi
no hay tráfico, el güey empezó a
tomar clases de guitarra. Y un
día, por estar ensayando, no le
terminó de dar las instrucciones
a una avioneta y ésta se atoró en
una reja del aeropuerto. Y al cabrón ni lo reportaron.

Isaac comienza a sacar ropa interior
femenina sin que los otros reparen en él
y se desentiende de la conversación,
aunque hace comentarios eventuales.
DIANA: Y los hombre son muy cerebrales, ¿no? Ustedes nomás
piensan con la entrepierna.
MILLÁN: Yo no dije que todas las
mujeres, yo dije tú. (A Isaac.)
Pues yo no me quiero ir en autobús, qué hueva.
ISAAC: Autobús, Millán, yo voto
por el autobús.
MILLÁN: Esto no es una democracia. Si te da miedo el avión,
encomiéndate a Dios y todos los
santos.
ISAAC: Mamón.
DIANA: Pues si Dios existe, él también es narcoléptico.
MILLÁN: O sea que tú eres como
Dios.
DIANA: Igual que yo, se duerme en
los momentos más importantes.
Oye, Dios, que comenzó una
guerra en Bosnia... (Hace un ron·
116

Isaac los huele con una inhalación
profunda y Diana da un grito de indignación.

quido.) Diosito, que se formó u~
tsunami en Asia ... (ronquido)
mira, Señor, que hay la oportunidad de juzgar a Pinochet. ..
(ronquido) ay, Dios, que Toro
Hanks puede ganar otro Óscar...
(Ronquido.) Y para castigar a los
malos, se le duerme la mano.
MILLÁN: ¿Tú crees que el mundo
es de buenos y malos?
DIANA: ¿Tú crees que no?
MILLÁN: Pues ya que creaste a
Dios a tu imagen y semejanza,
te digo que no, que el mundo se
divide en chingones y pendejos.
DIANA: Ay, no mames. Como si yo
nunca hubiera leído a Octavio
Paz. En la prepa, fijate, en la
prepa lo leí. No me vengas con
el hilo negro.
ISAAC: (Sacando unos calzones enormes "de abuelita".) ¿Ustedes creen
que éstos hayan sido los calzones de Octavio Paz?
DIANA: ¡Ay, atascado! Suelta eso.
ISAAC: (Con una tanga de hilo dental.) ¿Te imaginas a Enrique
Krauze en estos?
DIANA: ¿Por qué, Isaac, por qué?
MILLÁN: ¿Quién es Enrique
Cráters?
DIANA: Knmze, Millán, lee tantito.
Es el que hizo la telenovela de "El
vuelo del águila".
ISAAC: (Mostrando unos de encaje.)
¿Qué onda, Millán? ¿Te los imaginas llenos?
DIANA: Deja eso, han de tener
ladillas.

DIANA: Eres un puerco.
ISAAC: (Suspira con nostalgia.) Hace
mucho que no cojo.
MILLÁN: Yo todavía como pendejo con el numerito en la mano, y
aquí nadie se aparece.
DIANA: ¿Pues no que no sientes nada? ¿Entonces por qué te enojas?
MILLÁN: No estoy enojado, pero
ya me cansé de estar aquí parado como poste.
DIANA: Sí, autobús me suena bien.
Después de este desmadre yo no
me subo a un avión.
ISAAC: El cansancio no es un sentimiento, es un reflejo psicosomático. (Saca otros calzones.) Si
cabe aquí y son de algodón, debe
tener... mmhhh ... veintitrés años
máximo.
DIANA: Cerdo.
MILLÁN: ¿Por qué te causa tanto
repudio el sexo?
ISAAC: Mira, Millán, huele éstos.
MILLÁN: Ésos son de hombre.
ISAAC: No, son de mujer.
MILLÁN: Son de hombre.
ISAAC: ¿Te cae?
MILLÁN: Y aunque fueran de mujer, no voy a andar oliendo
calzones ajenos.
DIANA: ¿Cómo sobrevive este negocio si nadie lo atiende?
MILLÁN: ¿Te duele?
DIANA: ¿Qué cosa?
117

�MILLÁN: Todo serio, así, que te
dijo... ¿cómo... ? ah, sí... "m'hija,
ahora que ya se te descalabró el
chango... "
ISAAC: (Se mata de risa.) Y que tú
no entendías.
DIANA: ¿Cuál chango, papá? ¿Puky? Era un oso, y ya hace mucho
se lo regalé a la prima Lily,
de hecho creo que ya ni juega
con él. ..
MILLÁN: No, m'hija, no, no te
estoy hablando de peluches ...
aunque bueno, sí, ya debe tener
peluche... pero no, no eso. (Pausa.) Mira, los hombres son como
los perros. ¿Te cuerdas del Pache,
cuando se le subió a una perrita
en la calle? Bueno, es porque las
perras, cuando ya pueden tener
perritos, despiden un olor. Y así
tú, m'hija, con eso que te pasó,
ahí, en tu nobleza, pues ya estás
lista.
DIANA: ¿Para tener hijos? Ya sé,
me enseñaron en la escuela que...
MILLÁN: ¿Qué te dijeron en la escuela? ¿Qué te enseñaron? ¿Quién
te la enseñó?
DIANA: Y fue y armó un pedo. Que
los maestros eran unos degenerados y por qué nos enseñaban
dibujos obscenos, que si para
estimularnos y todo un rollo.
Luego mi hermano.
ISAAC: ¿Qué?¿Ya te pusiste el parche?
DIANA: ¿Qué traes?
ISAAC: Ni creas que te voy a llevar
a la prepa en el carro si andas así,

MILLÁN: Cuando quieres hacerlo.
DIANA: ¿Por qué tu morbo?
ISAAC: ¿Qué calzones usabas en tu
adolescencia?
DIANA: Estás pendejo si crees que
te voy a decir.
ISAAC: Está demostrado científicamente que hay una relación
directa entre el estilo de ropa
interior con la idiosincrasia
sexual. Una vez me contaste que
tu papá...
MILLÁN: ¿Qué más le has contado?
DIANA: ¡Ay!, lo de mi papá te lo
he contado miles de veces, no
busques pretextos para hacerte
el ofendido.
Isaac le va colocando un saco sumamente conservador a Millán mientras
Diana habla, luego él también se irá
poniendo ropa del estilo.

DIANA: Mi papá y mi hermano,
¡qué parecito! No me podían ver
platicando con un chavo porque
luego luego que "se le ve en la
cara la lujuria", y que "sólo te
quieren para hacerte cosas", y no
mames. ¿Te acuerdas que te platique lo que me dijo cuando... ya
sabes ...?
ISAAC: Lo de la regla, es buenísimo. (Se ríe.)
DIANA: Mi mamá quiso hablar
conmigo de que ya soy señorita y que las arañas, pero no le
salieron las palabras y mandó
a mi papá.

118

MILLÁN: Ponte un suéter para que
no se te note que las tienes grandotas.
DIANA: ¡Puta madre! Y luego no
querían que me fuera a vivir sola.
Ahora sólo tengo que aguantar
sus mamadas una vez al mes,
cuando voy de visita. Hace dos
meses que no voy porque la última vez, apenas iba llegando...
MILLÁN: Hueles a sexo.
DIANA: ¡Papá!
ISAAC: Me dijeron que te vieron
con dos batos. (Con énfasis.) En
la noche.
DIANA: ¿Qué les pasa?
MILLÁN: El otro día fui a tu departamento, y antes de tocar, me
asomé por la ventana...
DIANA: ¡Papá! ¿Me estás espiando? (Grita furiosa.) Y me fui
corriendo. Desconecté la contestadora y me compré un celular,
porque el teléfono de mi casa no
lo pienso atender en tres meses.
Y para acabarla, los dos "hombres" con los que me vieron eran
ustedes.
ISAAC: Y muy hombres, que te
quede claro. (Ríe.)
MILLÁN: Pero eso último no me
lo habías contado.
DIANA: Otra vez la burra al trigo...
MILLÁN: Y nunca más en la vida
piensas coger.
DIANA: La próxima vez que haga
el amor va a ser en tu funeral, delante de ti, pero muerto. Ya. Se
acabó el tema.

no quiero que me manches los
asientos.
MILLÁN: Te quiero aquí a las diez
de la noche.
DIANA: Pero, papá, a todas les dan
permiso hasta la una. Si lo dices
por... eso... mira, para eso no hay
hora, si yo quisiera lo podría
hacer a cualquier hora durante
el día.
MILLÁN: ¿En pleno día? Espérate
hasta las once, de perdido, si no
van a pensar que eres una puta.
DIANA: Entonces puedo llegar a
las doce.
MILLÁN: Por eso te quiero aquí a
las diez.
ISAAC: Ya te vi agarrándote el chocho... sucia.
DIANA: Me estoy rasurando las
piernas. ¡Salte del baño! ¿Qué no
hay privacidad en esta casa?
MILLÁN: ¿Te estaba agarrando las
nalgas, verdad? Lo voy a matar
al pendejito.
DIANA: Es mi novio.
MILLÁN: ¿A poco se van a casar?
DIANA: Yo...
ISAAC: ¿Nos vas a ensuciar a todos nomás por tu putería? Piensa en mamá.
DIANA: Es que...
MILLÁN: ¿Dónde andabas?
DIANA: Yo...
ISAAC: No, a esa hora yo estaba
ahí y no te vi.
DIANA: Pero...
MILLÁN: Ponte un suéter.
DIANA: Hace calor.
119

�MILLÁN: (Se le sale sin que él se dé
cuenta.) Pákale.
DIANA: ¿Qué?
MILLÁN: ¿Qué?
DIANA: ¿Qué dijiste?
MILLÁN: ¿Yo?
ISAAC: ¿Pákale?
MILLÁN: ¿Qué?
DIANA: Lo que dijiste.
ISAAC: Dijiste pákale.
MILLÁN: ¿Yo?
DIANA: (A Isaac.) Tú lo oíste, ¿no?
MILLÁN: ¿Qué traen? Yo no dije
nada.
DIANA: Acabas de decir...

do en muchas regiones, cada
región en chingo de reinos, y
cada reino en cientos de feudos.
¿Qué fue lo que los unión? Ir a
matar árabes. Y muchos siglos
después, ¿qué es lo que une al
mundo occidental? Ir a matar
árabes. (Pausa breve.) En general
las instituciones públicas no
funcionan. Te hacen dar vueltas
y vueltas. Un tal Kafka le dedicó
una novela al absurdo de la burocracia. ¿Pero para qué, sí son
buenos? Basta ver el ejemplo de
la Alemania nazi. Ninguna
transnacional ha logrado la capacidad logística de Auschwitz.
El alumbrado público, las calles,
los drenajes, todo por anca la
madre. ¿Pero qué tal para matar
judíos? Ni Procter &amp; Gambel
tiene un sistema tan perfecto
como lo tuvieron los nazis para
1a recolección, distribución,
clasificación, almacenaje y procesamiento industrial de los
judíos. En América Latina jamás
nos hemos puesto de acuerdo
para nada. Ahora incluso el
Mercosur tiene innumerables
fallas, ¿pero qué tal con la Operación Cóndor? Ése era el verdadero tratado de libre comercio...
sólo que el producto del comercio tendía a refugiarse. Incluso
en México, la única institución
que dio resultados admirables
fue el ejército durante el 68'. En
menos de ocho horas mataron

Diana lo apunta con el dedo, pero, al
extender el brazo, éste se le duerme y cae
sobre la campana y ésta suena. Desde
fuera del escenario, una voz se escucha
decir: "¿En qué les puedo servir?" Se
miran entre ellos.
El mal

Nuevamente de fondo la cortina roja
que sólo alcanza a enmarcar a Millán,
quien otra vez está vestido formal y
tiene su micrófono frente a él. Habla
con la audiencia.
MILLÁN: Yo creo que el ser humano tiene una propensión natural
hacia el mal. Si se fijan bien,
nunca podemos organizarnos
para nada, pero, ¿qué tal para el
mal? Durante la Edad Media un
pequeño pedacito de tierra del
tamaño de Europa estaba dividi120

a cientos de estudiantes, limpiaron las calles y escondieron los
cadáveres. Y nadie se dio cuenta
de nada. La revolución industrial
no sólo ha cambiado nuestras
vidas, sino nuestras muertes.
(Pausa.) No sé a ustedes, pero a
mí me tenían hasta la madre en
la escuela con eso de que nosotros éramos el futuro, y que el
cambio estaba en nuestras manos
y no sé cuántas mamadas. Hasta
ahí todo muy bien, pero me quieren decir, ¿con qué chingados
lo vamos a cambiar? Nuestros
bisabuelos inventaron el comunismo y el capitalismo, nuestros
abuelos los defendieron, nuestros padres los arruinaron y a
nosotros nos dejaron el puro
cascajo ... Y lo mismo con el
psicoanálisis, la filosofía, el
amor, la belleza ... Es como si
alguien te lleva frente a una casa
en ruinas y te dice "tu misión en
la vida es arreglarla para tus
hijos". Ves la caja de herramientas y el martillo está roto, el serrucho no tiene filo, los desarmadores están barridos... entonces
uno ve la casa y se queda pensando: ¿aún tengo crédito de
lnfonavit? (Pausa bfeve.) La palabra que más he oído desde que
nací es crisis. Las primeras palabras que aprendí fueron papá,
mamá, agua y devaluación. Yo
no puedo añorar los buenos
tiempos porque siempre me han

121

dicho que estamos en crisis...
económica, de valores, de propuestas... Por eso los psicóticos
somos los mejor adaptados en
este mundo. Nuestro único problema es saber si las voces que
oímos son reales o es que dejamos la televisión encendida.
Estación desierto

Diana y Millán están de piefrente a una
banca de una estación de autobuses de
algún pueblito perdido entre Monterrey
y Veracruz. Está desierto. No hay gente
ni se escuchan ruidos, sólo a lo lejos
algún coyote. Las maletas de los tres
están junto a la banca.
DIANA: ¿Fue un coyote?
MILLÁN: ¿Cómo fue que me convencieron de viajar en esa
madre?
DIANA: Pinche Isaac, ¿dónde está?
Se fue hace media hora.
MILLÁN: Y los únicos pendejos
que veníamos en el autobús
éramos nosotros. Bueno, nosotros y los viejitos que venían a
este pueblo.
DIANA: Los coyotes aúllan como
perro herido, ¿no? ¿O esos son
los lobos? Aquí no creo que haya
lobos.
MILLÁN: Desde que lo vi pensé "esta madre se va a descomponer".
Varados en... ¿cómo se llama aquí?
¿Es Tamaulipas o ya es Veracruz
o dónde madres estamos?

�...........

aluxe habla.
MILLÁN: A veces.
DIANA: ¿Y qué te dice?
MILLÁN: Yo creo que es por que
no me he tomado la pinche
medicina. (Saca una cajita de
medicamentos.) ¿Qué dice aquí?
DIANA: ¿Ahorita lo estás viendo?
MILLÁN: Está sentado en aquella
piedra.
DIANA: ¿Y está aullando? ¿O te
dice cosas?
MILLÁN: Me está pidiendo que te
estrangule con tu pañoleta... dice
que está muy mamona.
DIANA: ¿Ya viste los efectos secundarios de esta madre?
MILLÁN: Por eso te preguntaba lo
de la cataplexia.
DIANA: Yo soy la que tiene cataplexia. Aquí dice ...

DIANA: La tipa que estaba en la
ventanilla ya no está. ¿Se habrá
ido a comer? O a cenar más bien,
ya está anocheciendo.
MILLÁN: "Pardeando", dice la
gente. ¿Te están saliendo canas?
DIANA: "La gente". ¿Tú no eres
gente o qué? ¿Eres una especie
aparte?
MILLÁN: Primero pensé que era el
ángulo de la luz, pero se me hace
que sí traes canas. Y bueno, ya
tienes más de treinta ...
DIANA: Tu mamá tiene más de
treinta, pendejo. Y no tengo
canas.
MILLÁN: ¿Y esto?
DIANA: ¡Auch! Duele, no seas
tarugo.
MILLÁN: Nomás las abuelitas
dicen "tarugo".
DIANA: ¿Oíste? Eso sí fue un coyote.
MILLÁN: Sí, pero pensé que había
sido mi aluxe.
DIANA: El que te trajiste de
Yucatán.
MILLÁN: Sí, es cierto, ¿dónde andará Isaac? Se fue hace como
una hora .
DIANA: Media hora, no seas exagerado.
MILLÁN: No soy exagerado, le
estoy tomando el tiempo y se fue
hace como cincuenta y tres minutos.
DIANA: Yo también me fijé en la
hora y no hace tanto. Cuarenta
minutos máximo. Así que el

Isaac llega con unas bolsitas de comida
chatarra y unos refrescos.
MILLÁN: Yaerahora, cabrón. Nos
estamos muriendo de hambre.
DIANA: ¿Pues no que no sientes
nada?
ISAAC: El hambre es un reflejo biológico, no un sentimiento.
MILLÁN: A ver, ¿qué traes?
ISAAC: Doritos para mí, un
sándwich para ti y Platívolos
para la "Princesa Caballero".
Cocas para todos.

Después del reparto de comida quieren sentarse en la banca, pero ningu122

,o se atreve pues se ve muy poco hi-.
giénica.
MILLÁN: ¿Y para esto te tardaste tanto?
DIANA: ¿Cómo te acuerdas de
esa pinche caricatura?
ISAAC: ¿La Princesa Caballero? Es
un clásico. Es la primera caricatura japonesa donde el personaje principal es transexual.
(A Millán.) Es todo lo que quedaba en una maquinita que estaba en los baños.
MILLÁN: Y si estaba en los baños, ¿por qué te tardaste tanto?
ISAAC: Recorrí todo el chingado
pueblo y no hay ni un restaurantito ni nada. Es más, ni gente en la calle. Para mí que piensan que somos aliens y se están
escondiendo. No mames: todo
desierto. Nomás se oía un coyote a lo lejos.
DIANA: Te dije que era un coyote. Nomás falta que también
haya víboras.
ISAAC: Entonces me regresé,
pero antes de llegar fui al
baño... qué porquería ... en fin.
Y ahí vi la maquinita. Pero
como no me alcanzaba la feria
que traía, me salí a buscar un
alambre para picarle a la ranura de las monedas.
DIANA: La Princesa Caballero
no era un transexual. No se
convertía en hombre, se vestía
de hombre. Era travestida.

123

MILLÁN: (Escupe un bocado.) Esto
está echado a perder.
ISAAC: Sí, ya sé. De hecho lo saqué para mí, pero cuando vi la
fecha de caducidad, dije "éste
es para el Millán, que al cabo
no le sabe la comida".
MILLÁN: Pero que no me sepa
no quiere decir que no me haga
daño.
ISAAC: ¿Y cómo te diste cuenta?
MILLÁN: No mames, esto caducó hace un año, cómo querías
que no me diera cuenta. (Los
otros siguen comiendo.) ¿Y? ¿No
me vas a dar alguna solución?
ISAAC: Yo no voy a ir. Soy
alérgico a los coyotes.
DIANA: (Riendo.) Una vez nos
persiguió un perro allá por San
Nicolás y éste se hizo pipí.
MILLÁN: Pero, ¿yo qué voy a
comer?
ISAAC : Y tú te orinaste de risa
aquella vez que fuimos al
teatro. Literalmente.
MILLÁN: ¿Cuándo fueron al teatro? ¿Por qué no me invitaron?
¡Ya ves que me estás ocultando cosas!
DIANA: (Sigue riendo.) Y se metió a un restaurante para secarse los pantalones con el
secador de manos...
ISAAC: El pinche coyote anda
por ahí, ya lo volví a escuchar.
Si quieres otra cosa ve tú por
ella. Parece que en la maquinita quedó algo, pero como esta-

�ba lleno de polvo no supe bien
qué era.
DIANA: (Igual.) Y luego entró el
gerente porque le avisaron que
había un tipo masturbándose
en el baño ...

Diana se atraganta un poco con la comida y se seca las lágrimas. Isaac no está
muy contento. Millán se va de mala
gana, pero antes de salir Isaac lo detiene con un chiflido. Éste se regresa. Isaac
le da el alambre. Millán lo toma de mala
gana y se va.
DIANA: ¡Cómo me haces reír!

Ambos siguen comiendo en silencio.
Después de un rato:
ISAAC: Un día se me va a caer el
pito.

A Diana le fallan las piernas. Trata de
sostenerse de Isaac pero éste se mueve en
el preciso momento para ver por donde
salió Millán. Diana cae sobre la banca.
Al oír el ruido, Isaac voltea y la ve con
asco.
ISAAC: Te sentaste sobre un gargajo. ¿Qué no viste?
DIANA: ¡Pendejo! ¿Para qué te quitas? ¿No viste que se me durmieron las piernas?

Diana trata de moverse pero no puede.
Se ayuda de Isaac para orillarse, queda
cruzada de piernas en una postura in-

cómoda y con las nalgas volando. Isaac
se las ve con atención.
DIANA: Ayúdame, güey.
ISAAC: Ya, ya. (Pausa breve.) ¿Oíste? El coyote.
DIANA: Y los acababa de lavar.
¿Por qué los hombres hacen estas marranadas?

Isaac comienza a tentar levemente las
nalgas de Diana. Constantemente le
revisa la cara para ver si ella está
sintiendo o si se da cuenta, pero Diana
no da señales de percibir nada. Isaac
irá sobándose/as cada vez con mayor
lascivia.
ISAAC: ¿Cómo sabes que fue un
hombre?
DIANA: Los hombres son unos
puercos.
ISAAC: No todos... sólo los que le
van a los Pumas.
DIANA: ¿Qué tienes contra los Pumas?
ISAAC: ¿Uno no puede tener un
odio irracional o qué? Todos
tenemos odios irracionales. A
todos nos cae mal alguien así
nomás porque sí. Tú, por ejem·
plo, le tienes un odio irracional
a tu padre.
DIANA: No mames, mi odio está
súper justificado. A ver, ¿tú por
qué odias a tu mamá?
ISAAC: Porque siempre me inte·
rruplpía.
DIANA: Ya lo ves. Todo tiene una

124

justificación... así que le vas buscando una justificación a tu odio
por los Pumas.
ISAAC: No, ahí es nomás porque sí.

ISAAC: Ehhh ... sí. Mira nada más
qué porquería, y tu pantalón tan
chido que está. No mames, por
eso las mujeres tienen tan mala
impresión de los hombres, por
cabrones que se comportan como
si no hubiera reglas en este mundo, chingada madre.
DIANA: Gracias, yo puedo seguirle sola.

Isaac se le pega más para .frotarse contra las nalgas de Diana, quien no se da
cuenta de nada. Al acercase más le ve
el cabello.

ISAAC: ¿Tienes canas?
DIANA: Tu abuelita tiene canas en
el chocho.
ISAAC: (Se desprende de ella por un
instante.) ¡Guácala! Yo no quería
esa imagen en mi cabeza.
DIANA: Ah, ¿verdad? No te gusta
que hablen de tus mujeres, pues
no hables mal de las mujeres.
Pinches pastillas, se me quedaron en la casa.
ISAAC: No mames, no es por eso.
Es que me lo imaginé todo
arrugadito y canoso ... y telarañas...
DIANA: ¡Ya! Que no he terminado
de comer.
ISAAC: (Vuelve a acariciar/a.) ¿No
tienes frío?

Unos instantes de silencio incómodo.
DIANA: ¿Cómo que tu mamá te interrumpía?
ISAAC: Siempre. No me dejaba terminar mis frases, me retiraba el
plato antes de que terminara de
comer, se metía a mi cuarto
cuando estaba estudiando. De
hecho luego tenía que ponerle
seguro a la puerta cuando llegaban los exámenes finales.
DIANA: Como que Millán ya se
tardó. ¿Le diste el alambre?
ISAAC: Y se ponía a golpear la
puerta.
DIANA: O ha de estar buscando
moneditas en el piso. ¿Seguro
que le diste el alambre?
ISAAC: No, no se lo di. Creo que
no. Y a mí siempre me ha costado un chingo concentrarme, todo
me distrae, por eso le tenía que
poner seguro. Me acuerdo que
en el edificio de enfrente había
una tipa ...

A Diana se le descruza la pierna.
Isaac se detiene y ve fijamente a Diana, quien también mira sus piernas.
Luego de unos segundos de quedarse
a la expectativa, Diana le pregunta
desconfiada:

DIANA: ¿Me estás limpiando el
gargajo?

Isaac saca un libro de una de las male125

�internacional a 4.1868 Joules...
es... mhh ... ahh... decir... 1/860
Vatios... "
DIANA: (Golpeando la banca como si
llamara a la puerta.) Isaac, abre.
ISAAC: Una caloría... caloría grande... grande... o kilocaloría equivale a mil calorías-gramo...
DIANA: Isaac. Ya sé lo que estás
haciendo. Abre la puerta ahora
mismo.
ISAAC: (En éxtasis.) En el sistema
Internacional de unidades el
calor específico se expresa en
Joules por kilogramo y kelvin...
DIANA: Es asqueroso lo que haces.
No te hagas el que no me oyes.
Abre esa puerta inmediatamente. ¿Me oyes? Puerco. ¿Por qué
te encierras? Ya sé lo que haces.
ISAAC: La dilatación térmica se
define como el aumento de
volumen de los cuerpos con el
calor. La variación depende de
la composición química... química... es mayor en los gases, menor
en los líquidos... los líquidos...
sí... y en los cuerpos sólidos es
reducidaaaaaaaaaaaaa ...
DIANA: (Gritando.) ¡Isaac! ¡Isaac!
¡Déjate en paz!
ISAAC: Dime si no es para encabronarse.
DIANA: ¿Viste? Pasó una camioneta por allá. Se me hace que de
aquel lado hay carretera.

tas. Se pone a leerlo detrás de la banca
y utiliza el respaldo como si fuera la
cornisa de una ventana.

......

ISAAC: ... estaba bien buena. Y yo
estudiando. "El calor es energía
en tránsito, que fluye de una
zona de mayor temperatura ..." Y
comenzaba a hacer aeróbics
frente a la televisión. " ... a una
zona de menor temperatura con
lo que se eleva la de la segunda y
reduce la de la primera ... " Imagínate, yo estudiando y ella en la
ventana de enfrente. " ... siempre
que el volumen de los cuerpos se
mantenga constante. Para la
física el calor es la transferencia
de energía ... " (Comienza a frotarse la entrepierna.) Siempre, como
a los quince minutos comenzaba a sudar y a quitarse cosas. "La
energía interna es la cantidad
total de todas las clases de energía que posee un cuerpo, las
cuales se pueden manifestar
según las propiedades del mismo". Y en verano terminaba en
pelotas limpiándose con una
toalla. Y yo en exámenes, ¡con
un carajo! "La caloría-gramo
suele definirse como la cantidad
de calor necesaria para elevar
la temperatura de un gramo de
agua ... " (Se mete la mano al pantalón y habla entre jadeos.) Y mi
mamá siempre venía a cagarla.
"Una caloría equivale a ... mhh ...
4.184 Joules ... Ohh ... la caloría

Entra Millán con un paquetito de
celófán cubierto de polvo.
126

MILLÁN: Bueno, pues vamos a
averiguar qué es esto.
ISAAC: ¿Se acuerdan de ese dibujo
de Quino? El que está un tipo parado frente a un pedazo de vía
de tren que no tiene continuidad
por ninguno de los dos lados.
MJLLÁN: No mames, fue lo primero que pensé cuando nos bajamos.
DIANA: ¿No te vas a tomar tus pastillas? {Mil/án se toma varias.)
¿Tantas?
MJLLÁN: Llevo un par de semanas
que no me las tomo, mejor me
voy poniendo al corriente, porque el pinche aluxe ya me está
desesperando.
DIANA: Haloperidol. ¿Sabes lo que
es el haloperidol?
ISAAC: ¿A poco tú sí?
MILLÁN: Ni siquiera lo puedo pronunciar.
DIANA: Ha-Io-pe-ri-dol. A ver, no
es tan difícil.
MILLÁN: No lo voy a pronunciar.
No puedo. Es como trabalen-

guas.
DIANA: Haloperidol, haloperidol,
haloperidol, haloperidol, haloperidol.
MILLÁN: Gracias, ahora sabemos
que tienes muy buena dicción.
DIANA: ¿Isaac?
ISAAC: Haloperidol.
DIANA: ¿Ves? Si este güey puede,
¿por qué tú no?
ISAAC: Yo he tenido que pronunciar cosas peores que ésa.
127

MILLÁN: Éste güey con sus términos de ciencias mamonas. Y tú
con tu jerga aeroportuaria. Tienen práctica. Yo no tengo por
qué poder decir esas mamadas.
A propósito, ¿por qué no se te
salen nunca términos de aviones
y esas cosas? A veces creo que
no es cierto que trabajas en un
aeropuerto.
DIANA: No me gusta hablar del
trabajo. Además cómo que no.
Yo no decía tantas maldiciones
hasta que empecé a trabajar en
el aeropuerto.
MILLÁN: (A Isaac.) ¿Tú le crees?
ISAAC: Haloperidol.
MILLÁN: Y cambiamos de tema.
DIANA: ¿Te llevaste al alambrito?
MILLÁN: Sí, pero no me sirvió de
nada, tuve que ver si había moneditas tiradas ...
DIANA: ¿No que no se lo habías
dado?
ISAAC: Te dije que sí.
MILLÁN: ...y hallé una de diez
pesos en un mingitorio .. . yo
tampoco la hubiera recogido si
se me hubiera caído a mí, pero...
la pinche hambre.
ISAAC: Estaba pensando que deberíamos ir más para allá. Se me
hace que hay otra carretera porque nace rato vi una camioneta.
DIANA: Yo fui la que vio la camioneta.
ISAAC: Yo me refería a otra camioneta que pasó antes.
DIANA: Ahora resulta ...

�-......

adaptarme a este mundo de mierda. Uno tiene que ser esquizofrénico para poder vivir aquí, con
tantas realidades que se contraponen.
DIANA: ¿Y así eres comediante?
MILLÁN: Yo no soy comediante.
Un día andaba bien pedo y me
puse a decir mis netas en un micrófono en un bar y la gente se
rió. Desde ahí me empezaron a
contratar. Yo digo las cosas en
serio, pero la gente se ríe. No es
mi problema. Y si con ello me
gano una lana, pues qué mejor,
¿no?
ISAAC: Yo cuando hago chistes la
gente llora.
MILLÁN: ¿De verdad creen que estoy loco?
ISAAC: Pues no le vas a los Pumas.
DIANA: Y dale con los Pumas.
¿Qué tienen qué ver los Pumas?
Tus pinches manías. Por eso no
te pelan las mujeres.
MILLÁN: No lo pelan por pendejo. ¿Nunca te ha contado sus citas ya que andan tan amigos y se
cuentan secretitos?
DIANA: Y dale... ahora el otro cabrón. ¿Por qué me junto con
ustedes? Siempre terminamos
así, en la nada... sólo que ahora
no es metafórico. Estamos en
medio de la nada y ya está anocheciendo ... con un chingo de
coyotes alrededor que van a
venir a comernos las tripas ...
ISAAC: ¡Ya! Cambiemos de tema.

MILLÁN: Si fue una camioneta no
quiere decir que haya carretera,
quizá es una vereda para llegar a
algún rancho.
ISAAC : Eso fue lo que yo le dije
cuando ella vio su camioneta.
MILLÁN: Pero hay que buscar algún medio para irnos de aquí,
porque ni hoteles hay. Por lo
menos para que nos lleven hasta ... ¿dónde estamos?
ISAAC : ¿Qué es lo que estás comiendo?
MILLÁN: No sé. No me saben a
nada... la pinche vida no me sabe
a nada . . . ojalá me pudiera
encabronar con alguien ... enamorarme ... algo ... me siento
como si no tuviera .. .
ISAAC: Huevos.
DIANA: Alma.
MILLÁN: ... adjetivos.
ISAAC: El hombre sin adjetivos.
Ésa era una novela, ¿no? De un
alemán o algo así.
MILLÁN: Donoc.
ISAAC: ¿Cómo? ¿Donoc?
DIANA: ¿Qué es eso?
MILLÁN: Dije "no sé".
DIANA: Dijiste "donoc".
MILLÁN: ¿Qué se traen ustedes?
¿Me quieren hacer pasar por loco
o qué? ¿Creen que estoy loco? Mi
psiquiatra dice que tengo problemas esquizoides, que es algo de
unos líquidos en el cerebro o no
sé qué madres, pero yo digo que
soy psicótico por convicción,
porque es la única manera de

128

Los coyotes y los perros y los
pumas me dan ...
MILLÁN: ¿Te acuerdas de la tipa
de Guadalajara?
DIANA: La que seseaba así y se
maquillaba hasta las orejas y le
decía "si me llevas a ver la película de Richard Gere te chupo
el pirita en la función".
ISAAC: Mejor me la chupas en el
estacionamiento y nos ahorramos los doscientos pesos. (Diana le da una cachetada.)
MILLÁN: Y la chavita del Opus Dei
que la confundiste con su amiga
Perla, que sí era bien puta ...
DIANA: ¿Tú rezas antes de ir a la
cama?
ISAAC: Sí... para no venirme antes
de tiempo. (Diana le da una cachetada.)
MILLÁN: Y la que conociste en el
Reforma, creo que poeta o no
sé...
ISAAC: ¿Entonces escribes poesía
erótica?
DIANA: Sólo son mis experiencias
en forma de verso.
ISAAC: ¿Te gustaría escribir un
poema conmigo? (Diana le da una
cachetada.) ¿Y eso por qué?
DIANA: Detesto los lugares comunes.
MILLÁN: Pero la mejor fue la loca,
que ella sí estaba loca. Me acuerdo que estabas buscando una
bolsita de plástico y una liga para
hacerte un condón porque se te
habían olvidado...
DIANA: Que conste que sólo lo hago

para vengarme de mi marido.
ISAAC: (Mientras busca algo desesperadamente en las maletas y va
sacando cosas.) Venganza ... te entiendo... yo soy feliz cuando me
vengo.
DIANA: Quiero demostrarle que yo
también puedo hacerlo, que las
mujeres también podemos jugar
los juegos de los hombres.
ISAAC: Claro, malditos hombres,
vamos a darles una lección.
DIANA: Él cree que le voy a estar
aguantando sus pendejadas, que
sin él no puedo vivir, que sin él
no soy nada.
ISAAC: ¡Maldito! Hijo de puta. Vamos a hacerlo bien puerco para
que vean quién manda, quién
tiene el control.
DIANA: Que sin él mi vida no tiene sentido.
ISAAC: Claro que la tiene. Vamos a
coger hasta quedarnos afónicos, y
le vamos a demostrar el sentido de
la vida ... ¿te gustan las espuelas?
DIANA: Que sin él. .. no soy nada...
... no soy nada ... soy una pobre
pendeja engañada... sin personalidad ni vida propia ... sin sueños
ni anhelos ... ¿Dónde está la ventana? Me voy a matar. Abre la
ventana que me voy a tirar.
ISAAC: ¡No!, piensa un poco... no
te precipites ... podemos hacerlo
de aguilita.. .
DIANA: Quiero morir...
ISAAC: ¿No podríamos coger primero?
129

�...........

DIANA: No sé si alguna vez he estado enamorada.
ISAAC: Yo creo que el amor está
sobrevalorado... el sexo está en
su punto justo. Además, si no
puedes confiar en el sexo, ¿en
qué puedes confiar?
DIANA: Yo creo que el amor existe, pero no es como nos lo han
pintado en las películas, en las
novelas o en la televisión. ¿Oyeron? Ese coyote se escuchó más
cerca.
MILLÁN: ¡Una camioneta! A lo
mejor hay una carretera de aquel
lado.
ISAAC: ¿No dijiste que...?
MILLÁN: (Haciendo señas.) Deténgase por favor, aquí estamos.
ISAAC: Ni que fuéramos náufragos.
DIANA: (Señalando a espaldas de
Isaac, con un grito.) ¡El coyote!
(Isaac se queda pasmado.)
MILLÁN: ¿Cuál coyote? No hay
nada.
DIANA: (Suelta una carcajada y señala los pantalones de Isaac.) No
creía que... pero sí... no pensé
que se la fuera a creer.. . se volvió a orinar... ay, Dios, ¿por qué
me das tanta alegria?

DIANA: Quiero morir... quiero...
¡Quiero matar! (De entre las cosas
que sacó Isaac ella toma un exacto y
se abalanza contra Isaac.) ¡Maldito Fernando! ¡Muere! ¡Rata sarnosa! ¡Te voy a cortar los huevos!
ISAAC: (Mientras esquiva a Diana,
que sigue gritando.) Yo no mellamo Fernando ... Mis amigos
siempre me dicen que no tengo
huevos ... ¿Bueno? ¿Emergencias? Una mujer me quiere matar... sí, así es: 238 casi esquina
con Dinamarca ... un exacto...
¿sangre... ? no, aún no... ¿Ella?
Pantyblusa negra pegadita con
pantalones a la cadera ... zapatos
negros... abiertos... ¿Yo? ¿Para
qué quiere saber cómo estoy vestido...? ¡Pervertido de mierda!
MILLÁN: Más loca que ésa no creo
que puedas encontrar.
ISAAC: Si al menos hubiéramos cogido primero.
DIANA: El sexo está sobrevalorado. ¿Y el amor? ¿No te importa
el amor?
ISAAC: Shopenhauer dice que el
amor es una trampa de la especie para seguir procreándonos,
para perpetuarse, así que al final
es sólo sexo. Los biólogos dicen
que el amor es sólo un químico
en el cerebro.
MILLÁN: Todavía no puedo creer
que cortaras con el piloto nada
más por eso.
DIANA: ¿Nada más por eso?
MILLÁN: ¿Estabas enamorada?

El hombre sin adjetivos

Un cuarto de hotel. No es muy grande
ni elegante, pero tiene una cama gran·
de, teléfono y televisión. Los tres están
hechos bola en la cama. Diana e Isaac
130

,luermen. Millán mira la TV. Isaa&lt;: le
áa un tremendo manotazo a Diana en
/acara.
DIANA: ¡Ay, pendejo!
MILLÁN: Yo por eso quise rentar
tres habitaciones, pero ustedes,
par de tacaños...
DIANA: Mira, me está pateando.
(Cae en cuenta de que Millán estaba despierto.) ¿No puedes dormir?

Millán va a servirse agua y toma otro
montón de pastillas.
DIANA: ¿Estás seguro que no te
pasa nada?
MILLÁN: Es que el aluxe me tiene
hasta la madre... no deja de cambiarle a la televisión.
DIANA: A mí no me alcanzaba, y
este agarrado...
MILLÁN: Tú sí tienes dinero. El
otro pobre cabrón es maestro
universitario.
DIANA: Eso es, ponte de su lado.
Pinches hombres, se protegen
unos a otros.
MILLÁN: ¿Tú no traes tus pastillas?
DIANA: Se me olvidaron. ¿De qué
se trata ese programa?
MILLÁN: No sé. Llevo media hora
viéndolo pero no le he entendido... es que el aluxe le estaba
cambiando de canal.

Ambos miran la TV en silencio por
un rato.
131

DIANA: ¿Por qué a tu tío le dicen
Checo si se llama Tomás? Ahora sí tenemos mucho tiempo para
que me cuentes.
MILLÁN: Es que mi abuelo, cuando fue a la ciudad a registrarlo,
se le olvidó que mi abuela le dijo
que le pusiera Sergio. Después de
un día y medio de camino, llega
al registro civil y...
DIANA: "¿Cómo le va a poner al
niño?"
MILLÁN: Esteee...
DIANA: Nombre de pila, por favor.
MILLÁN: Esteeee.. . pos es m 'hijo
y se va a llamar Tomás, como yo.
DIANA: Pero tienes otro tío Tomás,
¿no?
MILLÁN: Sí porque el primero
también se llama Tomás, por eso
al segundo Tomás le decimos
Checo. De hecho cuando regresó, mi abuela le dijo...
DIANA: "¿Y le pusiste Sergio?"
MILLÁN: ¡Sergio! Sergio... claro,
se llama Sergio.
DIANA: ¿Y no le dijo nada?
MILLÁN: Hasta que mi tío empezó a ir a la primaria. "Maestra,
a mí no me nombró".
DIANA: ¿Cómo dices que te llamas?
MILLÁN: Checo. Checo Millán
Contreras.
DIANA: Será Sergio, porque Checo
se les dice a los Sergios.
MILLÁN: Ah sí, me llamo Sergio
Millán Contreras.
DIANA: Mhhh ... no, no vienes

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aquí. Mhhh... aquí dice que te
llamas Tomás.
MILLÁN: Mamá, en la escuela dicen que me llamo Tomás y la
maestra no me quiere decir
Checo.
DIANA: ¿Cómo que te llamas Tomás? Tomás se llama tu hermano. Y tu papá.
MILLÁN: Yo le dije, pero dice que
me llamo Tomás y que me llamo
Tomás, y que así viene en mi acta
de nacimiento ... pero no me
quiere decir Checo.
DIANA: ¡Tomáaaaaaas! Ven para
acá. ¿Cómo le pusiste a Checo?
MILLÁN: Y ésa es la historia.
DIANA: Este pinche mundo no tiene sentido. Cómo esperan que
comprendamos algo de este
mundo si ni siquiera nos llamamos como nos llamamos.

¿Cómo se llama este pueblo?
DIANA: Casablanca.
MILLÁN: No, dije el pueblo, no el
hotel... qué nombre más mamón.
Casablanca. Se me hace que se
lo pusieron porque es la única
película que han visto aquí. (Pausa.) No vamos a llegar al funeral.
DIANA: A lo mejor alcanzamos el
entierro. Al menos tiene televisión y teléfono. No está tan mal.
MILLÁN: Y no me van a dejar de
estar fastidiando. Y ustedes
tienen la culpa. Si nos hubiéramos ido en avión nada de esto
estaría pasando.

Isaac regresa.
DIANA: No, dicen que nunca hay
que despertar a un sonámbulo.

Millán se encoge de hombros y de cualquier forma le mete el pie. Isaac azota
contra el piso y despierta sobresaltado.

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Isaac se levanta dormido y va al baño.

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DIANA: ¿Está dormido?
MILLÁN: No sé. Ahorita que regrese le metemos el pie.
DIANA: Además el tipo de la recepción dijo que estaba ocupado todo el hotel.
MILLÁN: ¿Ocupado? No quería
que nos quedáramos. Le caímos
mal. No se oye ni madres, de seguro estamos solos en este hotel.
Y en este pueblo...
DIANA: Ciudad.
MILLÁN: Si no hay ruidos en la
noche no puede ser ciudad.

ISAAC: Las persianas son de trapo.
Tía cochina, el mole se quedó en
la gallina.
MILLÁN: Y luego yo soy el que
dice cosas raras.
ISAAC: ¿Qué paso? ¿Qué fue? ¿Qué
están haciendo en mi cuarto?
MILLÁN: ¿Tu cuarto? Tú ni pagaste el cuarto. Ni siquiera quisiste
pagarle un refresco al tipo que
nos trajo. Te hiciste el loco viendo un hidrante.
DIANA: Estabas caminando dormí-

132

do y éste te metió el pie.

ISAAC: Casi casi. En la física

ISAAC: No mamen... eso no se hace.

clásica todo en el universo
tiene dos opciones. O se comporta como corpúsculo o se
comporta como onda. Nada
más. Si hubiera una tercera vía,
se trataría de un cuerpo etéreo.
Pero la física cuántica descubrió que las partículas subatómicas pueden comportarse
como corpúsculos y como
ondas al mismo tiempo.
DIANA: ¡Me aburro!
ISAAC: Es decir que las partículas
subatómicas son cuerpos etéreos.
Y resulta que las partículas están
en todas partes, son omnipresentes, de hecho todo está formado
por ellas. Ergo: las partículas subatómicas son Dios.
MILLÁN: Presta para andar igual.
ISAAC: Y hacen milagros, miren la
perfección del cuerpo humano,
la perfección de la naturaleza, la
perfección del cosmos. Así que
son etéreas, son omnipresentes y
perfectas. Además de que obran
milagros. Lo malo es que este
Dios no escucha, no siente, como dice Millán. Pero lo más
importante: no se preocupa por
su creación. Le somos indiferentes. A Dios le es indiferente
el cosmos completo, porque está
muy ocupado en su funcionamiento. Somos parte de él. .. somos como... como ... como una
gripa y él sólo está esperando el
momento en que se acabe.

Tú fuiste la de la idea, ¿verdad?
DIANA: Por primera vez te defiendo y me echas la culpa.
MILLÁN: Claro, porque es la primera vez. Necesitas crear antecedentes.
ISAAC: ¿Y por qué no están dormidos? Tú siempre te duermes
cuando no debes.
DIANA: Como Dios. Pero éste es
insomne.
MILLÁN: Pues si tú crees que Dios
es como tú, nel. Dios es insomne como yo.
ISAAC: Ah, chinga ... éste no es mi
cuarto... ¿dónde... ? Ah, sí, ya ya
ya. Ya me ubiqué.
MILLÁN: ¿Se acuerdan de una
obra que nos hicieron leer en la
prepa? "La vida es sueño". Pues
ni madre, la vida es pesadilla,
una de la que no podemos despertar. El único que no duerme
es Dios. Tiene insomnio. Y cómo
no va a tener insomnio si la única vez que se durmió y bajó a la
pesadilla lo crucificaron. Ahora
anda como los personajes de las
películas de Freddy Kruger, que
si se duerme se lo carga la chingada. Y anda vagando como yo,
sin sentir nada, sin ver nada, sin
amar, sin odiar, sin oír a nadie.
ISAAC: ¿Quieren saber mi teoría?
Nel. Dios es parasomne, como yo.
DIANA: Ahora resulta que Dios es
sonámbulo.
133

�ISAAC: " .. .saaaave meeee."
MILLÁN: Mi mamá escnbió en un
áibol, tuvo un libro y plantó un hijo.
ISAAC: Yo no sé, pero a veces me
pregunto... ¿la verga es fálica?
Las botellas de Coca-Cola son
fálicas, las pistolas son fálicas, el
edificio Latino es fálico, pero, ¿la
verga es fálica? A ver.
MILLÁN: Que ya no hables de eso
porque a ésta le da asco. Mejor
háblale del amor.. . háblale de
"Romeo y Julieta".
DIANA: No mames. Ése amor no
existe. Digo, está bien para las
películas... ves a Leonardo di
Caprio muriéndose de amor y
está bien. Pero imagínate que
venga un cabrón y te diga "vamos a suicidarnos por nuestro
amor". No mames, pinche loco.
O que como en las canciones de
la radio alguien te diga "es que
yo sin ti me muero", "sin ti mi
vida no vale nada". ¡Puta madre!
Yo salgo corriendo.
MILLÁN: Yo digo que también nos
robaron la belleza.
ISAAC: El pinche pedo tuyo, Diana,
es que le tienes miedo al amor.
El pedo es que como nadie se
enamora de ti, no puedes coger.
DIANA: Todos se enamoran de mí,
pero yo no me puedo enamorar
de ellos.
ISAAC: No mames. Tu frigidez es
porque...
DIANA: No es frigidez, pinche
masturbado.

Silencio de los tres por un momento
mientras reflexionan.

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DIANA: Todavía tengo hambre.
MILLÁN: Yo traigo pastillas.
DIANA: No voy a tomar haloperidol. A ver dilo.
MILLÁN: No estoy de humor.
ISAAC: Díganme algo. Les acabo
de decir una neta muy grande
para mí, díganme algo.
MILLÁN: ¿Qué te puedo decir? Elí,
e/í, metul mah shevaktani.
DIANA: ¿Ves? Otra vez estás inventando palabras.
ISAAC: "Padre, ¿por qué me has
abandonado?" El evangelio según Mateo, capítulo veintisiete.
DIANA: ¿Cómo saben ustedes esas
cosas? ¿Fueron al seminario o qué?
MILLÁN: Pinche calor, está de la verga.
DIANA: Guácala, no digas verga.
ISAAC: Así es, nuestros padres nos
han abandonado.
DIANA: Ustedes nomás hablan de
la verga, y que si la verga esto y
que si la verga el otro. Ya déjense la verga en paz.
MILLÁN: Nunca vamos a llegar a
tiempo al pinche funeral. Y con
este calor cómo no quieren que
tenga insomnio.
ISAAC : Como la canción de
Queen: "I'm naked and I'm far
from home... save me, save me..."
DIANA: ¿Se acuerdan de aquello de
"para haber vivido hay que plantar
un árbol, tener un hijo y escribir
un libro"?
134

ISAAC: Nadie se podría enamorar
de ti.

DIANA: Diana... ¿cómo que quién
habla? Diana Villarreal... no, yo
te dejé a ti.. . (Le da un puñetazo a
Isaac para que se aparte.)
ISAAC: Ay, cabrón. Eso, pégame...
eso me excita .. .
MILLÁN: Los pinches video-escándalos, no mames, son políticos
que cacharon en pleno acto de
corrupción y no sólo no les hacen nada, no sólo no pasan por
la justicia, el colmo es que les
dan premios en el MTV. Son
chingaderas ...
ISAAC: ¿Crees que estoy enfermo?
Pues no. Resulta que tengo un IQ
más grande que todos ustedes, el
más alto de toda la universidad...
DIANA: Estoy dispuesta a darte
otra oportunidad, como me lo
pedías, pero dime que me amas.
ISAAC: Soy el más cabrón de todos
los investigadores del departamento, y por mucho...
DIANA: No, yo te dejé a ti ... dime
que me amas para que te escuche este güey.
ISAAC: (Alterado.) Pero ya no voy
a hacer ni madres. ¿Sabes por
qué? Tengo una pinche teoría que
va a derrumbar los esquemas,
que puede cambiar al mundo,
pero ya me voy a retirar y me voy
a poner a vender gelatinas. ¿Sabes por qué?
DIANA: (Frenética.) Dilo, y dilo
fuerte para que te oigan... ven,
Isaac, lo va a decir, lo tengo bien
cachondo...

.

DIANA: El piloto estaba enamorado hasta las nalgas.
ISAAC: Por eso te delató.

MILLÁN: ¡Páka/e!
DIANA: ¿No me crees? Vamos a
hablarle.
ISAAC: ¿Lo vas a despertar a las
tres de la mañana para eso? Mejor haz algo de provecho y vamos
a coger tú y yo.
DIANA: Estás pendejo.

Diana se va a marcar al teléfono e Isaac
la sigue, tratando de desvestir/a.
DIANA: Vas a ver, cabrón, que él sí
estaba enamorado de mí...
ISAAC: No te hagas, sí te gusta la
ñonga, ven para acá, tú y yo,
aquí, ahorita.
MILLÁN: Nuestros tankle nos robaron la belleza.
DIANA: ¡Quítate!
ISAAC: Vas a ver que te enamoras
después de un cogidón de miedo.
DIANA: ¡Suéltame.. . ! ¿Bueno... ?
¿Alberto... ? Diana .. .
ISAAC: El sexo es lo único tangible.
MILLÁN: La pinche banalización.
Todo se banaliza, ya nada tiene
proporción. Donocva a pasar con
nosotros. (Sigue balbuceando en

voz baja.)
DIANA: ¿Cuánto me amas? Dímelo... (A Isaac.) Escucha, cabrón ...
ISAAC: A ver, dime, ¿por qué no
quieres conmigo?

135

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MILLÁN: Y la gente ya no se indigna, es lo peor del caso. El
cinismo nos ha ganado.
ISAAC : Porque un cabrón lo va a
utilizar para hacer el mal. Igual
que le pasó a Einstein con la
bomba atómica.
DIANA: Dilo fuerte... no, eso no,
di que me quieres ... que me
amas ... no, yo terminé contigo...
no, tú eras el que me acosabas,
¿recuerdas?
MILLÁN: El bien y el mal ya no
existen.
ISAAC: Y Einstein no pretendía
eso... ni siquiera pretendía lo de
la relatividad ...
DIANA: Tú me acosabas, me decías
que me amabas y pretendías
llevarme a la cama.
ISAAC: Einsten, que era un genio,
lo único que quería era coger. Y
Newton, el más cabrón de todos,
lo que más deseaba en el mundo
no era comprenderlo, él quería
coger...
MILLÁN: Ahora imprimen en camisetas la foto de un tipo que
asesinó a unos niños. La banalización. Ya nada importa, ya no
existen el bien ni el mal. Somos
un chiste. Somos mishanton.
ISAAC: Y Schopenhauer y Kant ...
y Lacán y Freud ... y Cervantes y
Shakespeare... todo lo hicieron
porque en el fondo lo que más
deseaban era coger.
DIANA: (Al borde del llanto.) Porque
me duele, por eso no quise ... por-

que tengo miedo de que llegue
mi papá en cualquier momento,
o mi hermano... porque no me
gusta ... ¿no lo entiendes? Nunca
entendiste, pero tú me decías que
me amabas... no, tú eras el que
lo decías ... díselo a estos cabrones...
MILLÁN: La Guerra del Golfo nunca existió porque la pasaron en TV
como si fuera un espectáculo de
rock, con fuegos artificiales, con
gritos pero sin muertos. ¡Pákale!
ISAAC: Los ricos y los pobres lo
único que hacen de provecho es
coger... los únicos que no cogemos somos la clase media. Los
políticos, las estrellas de cine y
del rock, los grandes empresarios, todo lo que hacen lo hacen
para tener sexo. En el fondo es
para tener sexo.
MILLÁN: Los bombardeos a Irak,
el terrorismo, todo es una burla,
nada se toma en serio, todo se
toma como algo trivial, todo es
un espectáculo de Broadway, un
gran xibaúl... al rato van a hacer
"Sadam: the musical".
ISAAC: Ven aquí, que te voy a coger.
DIANA: (Desesperada.) Porque soy
bonita... al menos di que soy hermosa, que tus ojos no han visto
algo como yo... pendejo, por lo
bonita. ¡Idiota! Tú me amas, lo
dijiste muchas veces... Isaac, ven,
lo va a decir, tienes que oírlo.
ISAAC: (En el colmo del aturdimiento.) Es lo único tangible, es la
136

única manera en que podemos
comunicarnos, es la única manera de saber que estamos vivos ...
¡Quiero vivir! ¡Quiero coger!
MILLÁN: (Como entrando en un éxtasis místico.) Porque la vida es un
cabaret... la vida ... la ranka es un
xibaúl... no tiene brillo el grillo
de lanka mushil.
DIANA: Isaac, ven ... tienes que oír
lo que me está diciendo... dice
que soy su vida... dice que no hay
mujer más hermosa que yo...
ISAAC: ¡Una mujer! Cuelga ese
pinche teléfono y pide una mujer. ¡Ya!
MILLÁN: Esta ranka yabeye xibaúl,
y si lanka mushil, no tiene jarfón.
¡Válgame la torta!
ISAAC: Nadie quiere a un perro
como yo, nadie me recoge en la
calle... ¡háganme vivir!
MILLÁN: Ya lago/a se me fu.rió.
DIANA: Me está diciendo que soy
hermosa, que me ama ... pero yo
no lo quiero, nunca me gustó ...
pero aún así iba a hacer el intento de coger con él.. . no sé, me
dio lástima ... mira, ven a ver lo
que me está diciendo.
ISAAC: (Gritando.) Voy a reventar...
la próstata se me va a reventar
de tanta vida que se me acumula
adentro.
MILLÁN: (En el clímax.) Esta ranka
yabeye xibaúl, y si lanka mushil, no
tienejarfón. ¡V á1game la torta! Ya la
gola se mefu.rió.El aluxe me está viendo y me dice que yanko mie tiknó.

Mil/án sufre un colapso. Se retuerce con
un grito ahogado en una postura extraña e incómoda y se queda paralizado de
esa forma para, tras unos segundos, caer
inmóvil sobre la cama. Isaac y Diana
también han llegado a una especie de
clímax y se detienen por el colapso de
Millán, sólo que parecen no haber notado a éste. Tras unos segundos se dan
cuenta de su estado, se miran entre ellos.
Diana azota la bocina del teléfono.
ISAAC: Pagamos el cuarto por adelantado, ¿verdad?
DIANA: Lo único que quiero es
irme de aquí para poder ir a un
spa. Eso es lo que necesito en
realidad, un masaje y música de
la naturaleza.

Finis gloriae mundi

Nuevamente de fondo la cortina roja
que sólo alcanza a enmarcar a Mil/án,
quien otra vez está vestido formal y
tiene su micrófono frente a él. Habla
con la audiencia.
MILLÁN: ¿Por qué la gente se ríe
en los funerales? Imagínense el
cuadro: El tipo ahí tirado en su
féretro, todo el mundo a su alrededor con cara larga y de pronto
llega una señora gritando "¡Paco!
¿Por qué te fuiste, Paco?" Nadie
sabe quién es. Ella deshecha en
lágrimas se abraza al ataúd con
tanta fuerza que lo tumba y se
va con todo y todo hasta el piso.
137

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¿como cuánto le faltará a ese
gordo?" "Yo creo que unos tres
años si sigue con ese colesterol".
"Me avisa cuando llegue". ¿Ustedes creen que hemos venido a
este mundo a hacer grandes
obras? ¿Grandes obras para
quién? ¿Para nosotros? Si nos la
pasamos jodiéndonos unos a
otros todo el tiempo. Me imagino que si Fujimori regresa a
América para morir en suelo
peruano, los gusanos van a gritar: "¡bey!, ¿quién pidió comida
china?" (Pausa.) ¿No les da curiosidad saber qué va a decir la
gente en su funeral? ¿Nunca han
fantaseado con ver a la gente
llorar y que todo mundo diga
las bondades de uno? Imagínense qué pensarían: "tengo el mejor lugar de todos y no alcanzo a
ver nada... ¿alguien quiere mi
lugar...?, ¿nadie... ?, ¿nadie...?,
está con madre, ¿en serio nadie
me lo cambia ...?, cabrones, es la
última vez que los invito".

Llega la viuda le ayuda a la mujer a levantarse; mientras la gente vuelve a meter al muerto en el
féretro y lo reacomoda, la viuda
le dice a la mujer: "a Manuel
siempre lo confundían con un tal
Paco". Díganme, ¿no se reirían
ustedes también? (Pausa breve.)
Yo creo que es como las mujeres, que siempre tienen una
amiga fea con la que salen para
sentirse bonitas al lado de ella.
Así los hombres, siempre tenemos un amigo patético al que
frecuentamos para no sentimos
tan jodidos. Por eso nos sentimos
tan vivos en los velorios. De
hecho tengo una amiga que,
cuando se siente mal, se va a
laguna funeraria y se sienta al
lado del muerto, camina entre
los familiares un rato, y luego
dice: "pues no me va tan mal,
después de todo". Y es que,
¿quién puede lucir mal junto a
un cadáver? Un tipo con una
pistola humeante, quizá... ¿pero
quién puede lucir más muerto
que un muerto...? Nadie... bueno,
a lo mejor Cuauhtémoc Cárdenas... o Mike Jagger. (Pausa.) A
quienes dicen que la muerte es
una parte natural de la vida. Yo
creo que la vida es una parte de
la muerte. La vida es pinche y al
final te mueres. Somos alimento
para gusanos. Nos miran desde
abajo y se saborean. Le preguntan al mesero gusano: "oiga,

Rigor mortis
En el velorio. El féretro y un par de
reclinatorios. Diana e Isaac, solos de
pie junto al féretro, voltean hacia
todos lados.

DIANA: ¿Qué no piensan traer
café?
ISAAC: ¿Cómo fue que nos queda·
mos a cargo del velorio?
138

DIANA: En mi funeral voy a pedir
que pongan un chingo de café.
ISAAC: ¿A dónde se fueron las tías
del Millán?
DIANA: Me vale madre si rezan o
lloran, pero tiene que haber café.
ISAAC: Nos dejaron solos a medianoche con un muerto ... no mames ... eso no es cristiano.
DIANA: Al final llegamos a tiempo al velorio... Millán estaba
muy preocupado, pero llegamos
a tiempo .. . no era al que él quería llegar, pero estuvimos muy a
tiempo. (Se ríe.)
ISAAC: ¿Por qué todo mundo se
vuelve comediante en los velorios? ¿Dónde están los pinches
parientes del Millán? ¿Y los papás? ¿No deberían estar aquí?
DIANA: Fueron por ellos al aeropuerto.
ISAAC: Se van a tardar un chingo.
DIANA: Les presté mi pase de estacionamiento. A ver si no me
suspenden otras dos semanas.
ISAAC: ¿A poco nomás nosotros
éramos sus amigos? ¿Dónde está
la gente?
DIANA: Es medianoche, ¿quién
va a venir a medianoche? ¿Y
tampoco hay galletas? Que la
chingada...

ISAAC: Oye, perdóname por lo del
otro día ... allá en el hotel.. .
DIANA: ¿Por qué me dijiste Princesa Caballero?
ISAAC: No, yo me refiero a después, cuando estábamos...
DIANA: Ya sé, ya sé. Pero en la estación, ¿por qué me dijiste así?
ISAAC: No sé... yo creo que... siempre te me has figurado a ella ...
se pone el disfraz de héroe viril
para salir a la calle, pero en su
casa, a puerta cerrada, es una
princesita, mujercita indefensa...
pero eso lo estoy inventando
ahorita. La verdad no tengo idea
por qué lo dije... se me salió.
DIANA: ¿Nunca has sentido que
fuimos engañados? Nuestros
papás, la tele, los maestros, los
libros, todos te decían que con
esfuerzo y dedicación podrías
lograr cualquier cosa.
Millán, que está adentro del feretro, se
sienta y observa el lugar.

ISAAC: Pero yo quiero que me perdones por lo de...
DIANA: Y no es cierto. Yo no me
gradué nunca porque me uní a
la oposición y el director nos
corrió a todos. En mi trabajo no
puedo subir porque no se la
quiero chupar a nadie, ni siquiera me dan ganas de hacer
amigos en ese pinche ambiente

Ambos se quedan en silencio durante
unos momentos.

139

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tan ... y luego, cuando ganó la
oposición pensé que iba a poder
volver a la facultad y nada, el cabrón al que siempre apoyé y admiré me pide coger con él.
MILLÁN: ¿Dónde está la gente? Se
supone que es mi funeral, ¿no?
¿Qué pasó con las multitudes?
DIANA: Este mundo no funciona
para la dedicación y el esfuerzo.
Son mentiras. Fuimos engañados
como chinos. Todo para acabar
en un trabajo que ni me gusta.
MILLÁN: ¿A poco nada más estos
dos tarados son mis amigos?
DIANA: Dedicación y esfuerzo ...
¡Nada! Dinero y sexo... corrupción y acoso ...
MILLÁN: ¿Dónde está mi mamá?
¿Ni mi mamá vino? ¿Mis parientes? Han de estar encabronados
porque no llegué a Veracruz.
DIANA: ... tráfico de drogas, venta
de órganos y masturbación con
vegetales... ésos deberían ser los
nuevos siete pecados.
MILLÁN: Ni siquiera hay café y
galletas.
ISAAC: Diana, pero no me dijiste
si me perdonas por lo de...
DIANA: A veces, cuando me siento
de la chingada, vengo a velorios
de gente que ni conozco. Me
siento junto al muerto y es la
única forma de sentirme viva.
MILLÁN: ¿Estaré teniendo un viaje astral o así es el camino? Si es

un viaje sólo espero que no me
carguen el TUA.
DIANA: ¿Ya viste a Millán?
ISAAC: No.
DIANA: Yo tampoco... , ¿vamos?
ISAAC: Me da cosa.
DIANA:Pero hay que despedirse, ¿no?
MILLÁN: Por lo menos son educados estos cabrones.
DIANA: Míralo ... (Mete la mano al
ataúd.) Por primera vez en mucho tiempo está tieso. (Los dos
se ríen.)
MILLÁN: ¿Por qué la gente se vuelve comediante en los velorios?
ISAAC: Yo no sé qué voy a hacer
ahora.
DIANA: ¿Por qué tiene esa mueca?
¿Por qué no se la quitaron?
ISAAC: Yo no funciono en este
mundo. Millán era mi única
conexión con la realidad, ¿qué
chingados voy a hacer ahora
sin él?
MILLÁN: ¡Qué chido! Ahora viene la parte donde dicen mis
virtudes.
DIANA: (Conteniendo el llanto.) Era
un hijo de puta.
ISAAC: (De pronto.) "El hombre sin
atributos".
DIANA: Pues sí, estaba muy flaco
y no tenía nalgas...
ISAAC: No, así se llamaba la novela que no me podía acordar...
Musil... algo...
MILLÁN: ¿Por qué no está mi
140

mamá? Si nunca fue a mis partidos de fut cuando niño, i:nenos
va a venir a mi funeral.
ISAAC: Nunca la leí, pero la vi en
la librería y dije "qué chido título", luego la compro y nunca la
compré.
DIANA: Era un hijo de puta pero,
de saber que se iba a morir, lo
hubiera abrazado alguna vez.
ISAAC: Siempre dejamos todo para
última hora.
MILLÁN: ¿Qué no van a llorar?
ISAAC: (Suelta el llanto.) De ahora
en adelante voy a comprar todos
los libros que me llamen la
atención, voy a abrazar a la gente cuando tenga ganas, voy a ...
MILLÁN: Al menos unas lagrimitas, está bien.
DIANA: (Comienza a turbase.) ¿Qué
tienes? ¿Qué haces?
ISAAC: Es que nunca le dije...
DIANA: (Excitada.) ¿Qué haces?
¿Qué me pasa? ¿Qué es esto?
¡Detente!
MILLÁN: Déjalo que siga, unas
lágrimitas en mi funeral, creo
que me lo merezco.
DIANA: Nunca había visto llorar a
un hombre... es tan ...
MILLÁN: Debí haber dejado en mi
testamento que mis ahorros se
usaran para pagar unas plañideras de Cadereyta.
DIANA: ... es tan... sexy... el llanto... muy sexy.. .

MILLÁN: Debí haber hecho un testamento.
ISAAC: "I'm naked and I'm far
from hoooooome!"
DIANA: (Le lame elcuello a Isaac.) Eres
débil y desvalido, yo te voy a salvar... soy tu Princesa Caballero...
MILLÁN: Debí haber dicho que
vendieran mi carro y que compraran un chingo de flores.
ISAAC: (Se detiene.) ¿Qué pasa?
¿Qué estás haciendo?
DIANA: No te detengas, sigue llorando. (Frota su cuerpo contra el
de Isaac.)
ISAAC: Sigo llorando... sigo .. . llorando... ¿por qué lloro?
MILLÁN: Y que les pusieran que
eran de parte del alcalde, el rector, un banquero y así.
DIANA: ¡Sigue llorando!
ISAAC: (Aprieta los ojos tratando de
traer imágenes a su mente.) Algo
triste... algo feo ...
MILLÁN: Yo sabía que algo se
traían ustedes dos.
ISAAC: Las focas bebés asesinadas
para hacer abrigos ... los niños en
Somalía... Fidel Castro...
DIANA: (Sin dejar de besarlo y acariciarlo.) ¡Llora!
ISAAC: ... el impuesto a los libros...
los premios de la Academia... mi
mamá enojada ... (El rostro se le
vuelve llanto.) Porque mojé la
cama, pero yo tenía miedo de
levantarme al baño ...
141

�DIANA: (Comienza a abofetearlo.)Te
pego, niño malo ... chillón ...
ahhhh ... me estás matando...
MILLÁN: ¡No cojan en mi velorio!
Par de cerdos, ese mueble es para
rezar. Yo no estoy viendo esto.
Ya estoy muerto. No lo estoy
viendo.
ISAAC: Me vengo... me vengo...
DIANA: No te vengas, llora.
ISAAC: Soy un pinche inútil...
ahhh ... soy un genio inútil... me
vengo.. .
DIANA: Me matas, ay, me matas,
sigue, sigue ...
MILLÁN: No estoy viendo esto.
No. En mi pinche velorio.
ISAAC: Me vengo ...
MILLÁN: Me voy. ¿Dónde está la
luz? Quiero ir hacia la luz.
ISAAC: Soy un pelele sin personalidad ... sin criterio, sin nada .. .
sin valor... soy un cobarde...
ni siquiera tengo credencial
de elector...
DIANA: Soy más fuerte... ahhh...
soy más fuerte ... ¡soy la Princesa Caballero!
MILLÁN: A la chingada. Un muerto no tiene que soportar esto. Si
quieren, que escupan en mi tum·
ba, pero que no se pongan a coger
delante de los muertos. Qué pin·
che falta de respeto.

DIANA: Eso es ... así...

Diana le baja los pantalones a Isaac y
se quita su ropa interior. Se arremanga
la falda y se monta sobre Isaac, quien se
desploma sobre un reclinatorio.

............

MILLÁN : ¿Pues no que te daba
asco? ¿Qué están haciendo? ¡Hipócrita!
ISAAC: ... y me pegó fuerte y me
dijo que yo era malo y que mi
pepito también porque hacía cosas malas ...
DIANA: Así, ahhh ... llora más fuerte... yo te voy a consolar... tu
heroína ... soy la princesa ...
ahhh...
MILLÁN: ¡Par de puercos!
ISAAC: Mi papá me regañó porque
saqué un nueve...
DIANA: Sufre, cabrón, llora ... eres
débil ... eres una mariquita .. .
ISAAC : ...yo siempre sacaba dieces
y nunca me decía nada ... pero
con el nueve hasta me pegó .. .
DIANA: ... eres una niña .. . sí,
ahhh ... por dentro eres una niñita desvalida ... ahhh ...
MILLÁN: ¡Marranos! Y en mi velorio. Pinche Diana, me la estás
cumpliendo.
ISAAC: ... nunca me decía que era
bueno, pero yo siempre sacaba
dieces ... nunca me dijo cosas
chidas... nomás me remarcaba
mis putos errores...

einmediatamente después cae dormida.
Isaac, que está a punto de terminar,
ante la flaccidez del cuerpo de Diana,
la carga y se acaricia con las manos
de ella.

MILLÁN: Sin adjetivos. Me he quedado poco a poco sin adjetivos.
Me fueron abandonando. O
quizá yo los fui abandonando a
ellos. Ni bueno ni malo, ni bello
ni horrendo, ni rojo ni verde,
grande o pequeño. Nada. Nos
han abandonado. Nos han dejado desnudos en la intemperie.
Pero es el maldito instinto el
que siempre nos hace desear s
eguir viviendo.

ISAAC: Espérame, ya voy a acabar,
ya voy a acabar...
Isaac tiene un orgasmo muy pobre, pues
Diana se le fue resbalando y termina
prácticamente acostada boca abajo
sobre el suelo. Respira agitado y poco
a poco recupera la compostura. Se
arregla la ropa. Encuentra el calzón de
Diana. No encuentra forma de ponérselo a ella, así que lo esconde dentro
del féretro de Millán. Regresa con
Diana y le acaricia los cabellos con
ternura.

Millán cierra los ojos y cruza los brazos
sobre su pecho. Hace una débil mueca.
Permanece quieto mientras a la cortina
le salen paredes y techo: el interior del
ataúd. Millán despierta ate"ado con
una gran inhalación.
MILLÁN: (Grita at~ado.) ¡Sáquenme de aquí! ¡Auxilio! ¿Alguien
me oye? ¡Sáquenme... ! ¡Elí, elí,
metul mah shevaktani!

ISAAC: Somos tan pendejos.

Shevaktani
Igual que los monólogos anteriores,
salvo que ahora no hay micrófono y
Millón no lleva zapatos.

Oscuro.

Millán se vuelve acostar, indignado.
Diana alcanza el clímax con un grito

142

143

�Este texto es el resultado de una explosión que aún no termina. El llamarlo juego
escénico no es gratuito, creo en las posibilidades escénicas del texto. La obra exige una
lectura profunda y mucho trabajo creativo por parte del lector.
No estoy seguro de que haya aquí personajes cerrados. Más bien hay contornos de
personajes, dibujos dialógicos que deberán ser llenados por el lector / actor / director
del texto.
Las personas - intérpretes intercambian roles constantemente. Uno y Tres son voces
femeninas. Dos y Cuatro son voces masculinas. Sin embargo esto no es absoluto, puede
ser de otra manera.

Galimatías

ÚUEGO ESC~NICO PARA CUATRO VOCES)

Vidal Medina

DOS: No la terminó nunca. De eso
se trata la historia.
CUATRO: Pero tomó un taller de
creación literaria. O lo está tomando, o algo así.
TRES: Principios básicos.
UNO: Posmodernidad en el arte.
DOS: Apenas esbozó unos párrafos.
CUATRO: Pero qué párrafos.
TRES: Nunca publicados .
UNO: Inéditos.
DOS: Pero que han llegado hasta
nosotros...
UNO: ...A través de la memoria colectiva.
DOS: Estructuras breves diseñadas
a partir de la observación del
micromundo de las partículas
elementales.
CUATRO : Los electrones y los
protones, las partículas básicas
de nuestro universo.
UNO:Sin las que antes no hay nada.
TRES: ¿Y eso qué tiene que ver con
la novela? No entiendo.
UNO:Quería escribir una novela que
funcionara como los protones y
los electrones.
DOS: Transmitir estados alterados
de conciencia.
UNO: Provocar una paradoja exis-

PERSONAS:
UNO
DOS
TRES
CUATRO

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144

UNO: Ésta es la historia de un hombre.
DOS: Ésta es la historia de un hombre y de una mujer.
TRES: Ésta es la historia de un
hombre y una mujer y una civilización entera.
CUATRO: Ésta es la historia de la
historia.
UNO: Casi. Más bien es la historia
de u n hombre.
DOS: Todas las historias son de
hombres.
UNO: O mujeres.
TRES: O civilizaciones enteras.
UNO: Se llamó Galimatías.
CUATRO: No, no se llamó, se llama.
La historia no se cuenta. Sucede;
está sucediendo en el presente.
DOS: Galimatías. Qué nombre.
CUATRO: Un nombre portentoso.
UNO: Escritor de novelas.
DOS: No era escritor de novelas.
Quería ser escritor, que es muy
diferente.
TRES: Escribió una, era escritor.

145

�..... ..._,,

CUATRO: Comenzaré con el nacimiento, seguiré con el arribo

tencial en los lectores.
CUATRO: Si dos partículas X y Y
en la que Y es un electrón con
carga negativa y X un protón con
carga positiva se atraen con la
fuerza necesaria terminarán fusionados y convertidos en una
partícula nueva, con una masa
menor a la suma de ellas y una
energía mil veces mayor. Si consigo generar una atracción así,
construiré una novela que abrigue
al género humano por miles de
millones de años.
DOS: Así nacen las estrellas.
UNO: Así nació su idea.
TRES: Había asistido a la escuela
de electricistas de la ciudad ...
UNO: .. . Leído un libro sobre las estrellas ...
DOS: ... Decidió ser escritor.
CUATRO: Y seré de los mejores.
UNO: Cosa que no es fácil.
DOS: Uno debe saber cómo se comportan los escritores, cómo visten
y también de qué hablan.
CUATRO: Qué leen, eso es más importante. No existe un escritor
que no lea.
UNO: Fue cuando entró al taller
literario.
TRES: Así conoció a Lacho. Así
conocimos a Lacho. Él primero
y luego yo. Nos conocimos, en
sentido bíblico.
CUATRO: ¿Y tú qué sabes del sentido bíblico?
TRES: Se lo oí decir a alguien. Se
oye bonito.
DOS: ¿Qué Lacho?, ¿el amigo?
UNO: No, Lacho, el del taller literario.

victorioso de la raza humana y
terminaré con su fatal deceso, en
busca de un sentido de la vida.
Sin encontrarlo nunca.
DOS: No le veo la gracia.
CUATRO: Porque no la tiene. Es
algo serio. La gente se muere.
DOS: Eso todos lo sabemos.
CUATRO: Yo perduraré. Eso es lo importante. Mi novela será un Sol...
TRES: Galimatías quería ser inmor-

tal...
UNO: ... Permanecer en la conciencia colectiva ...

CUATRO: ... Activar algo en los
hombres para que despierten.

UNO: Porque los hombres duermen
y despiertan ...

TRES: ... A escuchar los noticieros,
beber café y salir temprano.

DOS: Los hombres trabajan ...
TRES: ... Y las mujeres ...
UNO: ... Para mantener a sus familias.
CUATRO: Qué descaro. Vivir para
mantener a los demás. Dejar que
los sueños se consuman y no
hacer nada...
UNO: ... Más que llevarse algo ala
boca, algo a la cola y seguir durmiendo...
TRES: ... Y despertar cada mañana
a escuchar los noticieros, beber
café, salir temprano. (Pausa, tran-

sición.)
DOS: Sí, tienes la idea, pero te falta saber de qué se va a tratar.

CUATRO: Tratará de todo lo existente.

DOS: Es demasiado. Tienes que es146

coger mínimo un tema, algo específico.
.
CUATRO: La historia de la humanidad. ¿No te parece algo bastante específico?
DOS: Bastante general más bien.
Parece que sacaste la idea de algún programa barato ...
CUATRO: ... De radio, de canto
nuevo, por las noches, con mi
amigo El Ñero.
TRES: Con su amigo El Ñero, que
copiaba todos los programas y después cantaba en fiestas y bares.
CUATRO: Exactamente.
UNO: En bares y cantinas.
DOS: En congales de mala muerte...
UNO: Donde Galimatías conoció a
la Golfa.
DOS: Todo fue por culpa de una Golfa.
TRES: No, no soy Golfa, trabajaba
de mesera. Soy mesera. Era
mesera. Soy modelo, madre de
familia y modelo. No Golfa.
CUATRO: Para eso no se estudia.
Es algo que llevas en la sangre.
Algo que te heredan.
UNO: No, no se estudia. Tampoco para
ser modelo o mesera. Eso se aprende. No se enseña, se aprende.
DOS: El caso es que todo fue por
culpa de una golfa.
TRES: ¡Qué no soy Golfa!
UNO: ¡No! No por su culpa, más
bien gracias a ella.
TRES: Gracias.
CUATRO: Por tu culpa.
DOS: Todo fue gracias al Ñero que
cantaba en antros de vicio.
CUATRO: Por culpa del Ñero que
cantaba rolas de Silvio Rodríguez.

DOS: Canciones de Silvio Rodríguez, güey.

CUATRO: Pinche Ñero. ¿Cómo te
puede gustar Silvio Rodríguez?
DOS: Está con madre, pendejo. Lo
que pasa es que tú no sabes. No
te interesa. Ese güey es un revolucionario.
CUATRO: A mamar, cabrón. ¿Qué
chingados a revolucionado ese
cabrón?
DOS: Nada, pero es un representante de la trova cubana, pendejo.
CUATRO: Más obsoleta que la religión católica.
UNO: ¿Qué tienes contra la religión
católica?
DOS: El caso es que se encontró una
Golfa.
CUATRO: El caso es que encontré
una Golfa.
TRES: No. No se la encontró y no
era Golfa. Se la buscó. (A Cuatro.) Te la buscaste.
DOS: O sea que Galimatías, vamos
a decir, encontró a una mujer.
TRES: Una mujer, exactamente.
UNO: ¿Y era o no era golfa?
DOS: ¿La de blanco?, ¿la del culote?,
¿la morena que hace que se te escurra nomás de verle las nalgas? No,
esa no. Esa está apartada.
CUATRO: ¿Ya no te acuerdas de los
paros en el cantón?, ándale. Está
bien buena.
DOS: A huevo carnal. Yo te la presento, pero se me hace que es
mucha carne para ti solo.
CUATRO: No usa calzones.
DOS: ¿Y no te da miedo?
CUATRO: No mames.
147

�TRES: ¿Y tiene final feliz?
UNO: No mames, ni siquiera te he
contado la historia.
TRES: Es importante saber si tiene
final feliz para leerla.
UNO: No, no conozco el final. ¿Cogemos?
TRES: Y, ¿cómo se llama?
UNO: No sé, el pinche nombre es
lo de menos.
TRES: Ponle como yo, ponle Maria.
UNO: ¿Estás pendeja?
TRES: Seré tu personaje principal.
UNO: No había pensado meter mujeres en mi historia.
TRES: En todas las historias hay
mujeres.
UNO: No es cierto, en las historias
que me cuenta Lacho no hay mujeres, nunca.
TRES: Conozco a otros escritores
pero no a Lacho.
UNO: Cosa rara, a las putitas como
tú les encantan los escritores.
TRES: ¿Quién es Lacho?
DOS: Horado lván Martínez, soy
un escritor famoso. Escribo
cuentos y trabajo como inspector de Cultura Municipal.
CUATRO: Galimatías, electricista de
profesión pero no de práctica. Yo
también soy escritor. Estoy escribiendo mi primera novela.
DOS: ¿Podrías leerme el primer capítulo?
CUATRO: Va hacia atrás, más o
menos. Terminará con el nacimiento, obviamente.
DOS: ¿Y cuántos personajes tienes?
CUATRO: Personajes, pues por lo
pronto uno... Un hombre.

DOS: ¿Te la quieres coger?
CUATRO: No pendejo, la quiero
para platicarle mis pedos emocionales.
UNO: ¿Cómo te llamas?
TRES: María, ¿y tú? No me agarres
las nalgas, no te conozco.
UNO: ¿A poco no te gusta?
TRES: ¿Cómo te llamas?, yo ya te
dije.
UNO: ¿Vamos a mi cuarto?
TRES: No. ¿Cómo te llamas?
UNO: Conténtate con saber que soy
escritor.
CUATRO: A todas las putas les encantan los escritores.
TRES: Sentimos una cierta atracción hacia esos tipos con lentes
y de cierta forma tímidos.
DOS: ¿No que no eras Golfa?
TRES: ...
UNO: Aunque Galimatías no parecía escritor...
DOS: ... Más bien parecía gañan de
telenovela con pretensiones de
ser escritor.
CUATRO: A todo los escritores les
gustan las putas ...
TRES: ... Somos todo lo que ellos
quisieran ser.
UNO: Vamos a decir que se atraen ...
DOS: ... De manera natural.
UNO: Vamos a decir que cada cual
tiene lo que se merece. Y es lo
que encuentra.
TRES: ¿Y qué has escrito?
UNO: Nada, estoy escribiendo mi
primera novela. Quítate la falda.
TRES: ¿Y la vas a publicar?
UNO: A güevo, de eso se trata. De
que la gente la lea.
148

UNO: Claro, las historias siempre
son sobre hombres.
CUATRO: Un hombre y una mujer.
DOS: ¿Qué hacen?, ¿cómo se llaman?,
¿cuál es su historia?
CUATRO: Es la historia de la civilización por medio de un hombre y
una mujer que son como dos partículas elementales. ¿Conoces
las partículas elementales?
DOS: Claro.
CUATRO: Su atracción es tanta que
llega un momento en que se funden. ¿Imaginas eso? Fundidos,
como el oro o la plata. Pero la suma
total de sus masas disminuye, aumentando millones de veces su
energía. Cuando esto sucede dicen
que ha nacido una estrella.
DOS: Es un proceso nuclear común.
CUATRO: ¿Común? ¿Llamas común
al nacimiento de una estrella que
sólo ocurre cada miles de millones
de años? ¿Yes común el hecho de
que precisamente por esa única
y lejana estrella el ser humano se
mantenga con vida? Es común
entonces el universo y sin embargo nada sabemos de él. ¿Cómo
explicas eso?
DOS: Yo no niego nada de lo que
dices. ¿Pero sabes algo de literatura?
UNO: ¿Eso qué importa?
DOS: ¿Dónde estudiaste?
CUATRO: Estudié física en la preparatoria y escucho un programa
de radio muy bueno, pero eso no
es lo importante. ¿No me estás
escuchando? Lo importante es la
historia. Lo que quiero escribir.

DOS: ¿Y cómo se llama tu historia?
TRES: Aún no lo sabe.
CUATRO: Bueno, aún no tiene
nombre, pero el nombre no importa, es lo de menos.
DOS: Entiendo.
CUATRO: No. No entiendes nada.
DOS: No, sí, sí entiendo. Quieres
escribir una historia, pero no
tienes personajes claros, no tienes argumento y no sabes nada
de literatura.
CUATRO: Pero tengo la idea. Y la
idea, dicen, es lo más importante.
DOS: A veces. A veces las ideas son
importantes. Y dime. ¿Por qué
una novela y no un cuento, un
poema, no sé, un artículo quizá?
CUATRO: Porque... porque la historia es dificil, no es algo sencillo.
Tú sabes que no es sencillo escribir una novela. Un cuento,
bueno, un cuento ...
DOS: Yo escribo cuentos.
TRES: Y son muy buenos.
DOS: También poemas.
TRES: Que son mejores. Tiene uno
con mi nombre.
DOS: Pero nunca he escrito una
novela, y, ¿sabes por qué?
CUATRO: Claro, no tienes la idea,
no sabes cómo.
DOS: ¿Y tú sí?
CUATRO: Yo tampoco, pero por
eso estoy aquí. Tú eres escritor.
DOS: De cuentos.
CUATRO: Pero has leído más novelas que yo. Y sabes de lo que
eso se trata. No importa que no
hayas escrito una novela, has leído muchas. Así como no impor149

�ta que yo no haya escrito nunca,
ésta será mi novela. Y tú me vas
a ayudar. ¿Me vas a ayudar?
DOS: Si me leyeras algo de lo que
has escrito podría ayudarte, decirte algo, no sé, aconsejarte.
TRES: En realidad Galimatías no
tenía nada escrito.
UNO: Tenía intentos infructuosos
por poner su vida en orden sin
lograrlo.
DOS: Bueno, entonces tienes que
empezar por algún lado.
CUATRO: Empezaré por el final y
terminaré en el nacimiento.
DOS: Complicas las cosas. ¿Por qué
mejor no haces como todos, y
empiezas con el principio?
CUATRO: Porque no puede haber
estrellas si no hay gases. Y para
que haya gases, al menos en este
mundo, tiene que haber una guerra o algo así, entonces empezaré
por el final y terminaré con el nacimiento.
TRES: (A Uno.) Con el nacimiento,
¿el de mi hijo?
CUATRO: Claro, ese será el final,
el nacimiento. ¿Qué te parece?
DOS: Me parece bien.
CUATRO: Ya lo verás. El nacimiento sólo ocurre una vez cada miles
de millones de años.
TRES: ¿El de nuestro hijo? ¿Por qué
lo tiene que meter en todo?
UNO: No confundas las cosas. Está
hablando de las estrellas.
TRES: Mezcla todo. Así es él.
CUATRO: Cuando me dieron la noticia de que sería papá, creí que
moriría.

DOS: Y la fuerza de la mente es tanta que sí, podemos morir si lo
deseamos ...
UNO: ... O dormir durante largo
tiempo, como todas las personas.
TRES: Todas duermen por las noches
y despiertan a lavar el carro, y
besarle el culo a sus patrones.
UNO: El mundo exige...
DOS: ... Y los despertadores suenan
y el ruido avisa ...
CUATRO: ... Que hay que despertar
por las mañanas a besar el culo
a los patrones ...
TRES: ... Porque pueden extrañar su
beso diario.
UNO: ... Y todos duermen por las
noches, pero hay quienes duermen todo el tiempo.
DOS: Galimatías durmió durante
largo tiempo.
TRES: Todo su largo proceso formativo en electricidad ...
DOS: ... Preparado para cumplir funciones repetitivas y no pensar.
CUATRO: Porque para pensar hay
que sentarse sin la prisa de los días.
Y reflexionar sobre lo qué es esta
vida y escribir al menos el primer capitulo .. .
DOS: ... Sobre todo eso, el primer
capítulo, porque por algo hay
que empezar.
UNO: En el inicio era el caos ...
CUATRO: ... Una amalgama de gases tóxicos retumbaba en mi
cabeza ...
DOS: ... Era tan difuso todo que tenía que ocurrir algo grande, algo
que valiera la pena, algo que ordenara el caos y entonces ...
150

TRES: Era pésimo...
CUATRO: (A Tres.) Tú no te metas,
que todo es por tu culpa.
UNO: ... Cometía todos los errores
de un principiante...
DOS: ... Lugares comunes ...
UNO: ... Lenguaje descuidado...
TRES: ... Sin fondo .. .
DOS: ... Y sin forma .. .
UNO: Hay veces que la imaginación
no alcanza para emitir más que
un susurro, vertido en páginas y
páginas de paja, pero ese susurro es suficiente para sentir que
sigues vivo.
CUATRO: La novela se llamará Susurros desde el más allá.
DOS: ¿Ciencia ficción? ¿Literatura
fantástica?
CUATRO: Llegará un hombre a la
tierra, conocerá el mundo y el
mundo lo conocerá a él.
DOS: Son demasiadas palabras
agudas.
CUATRO: No sé nada de palabras,
nada de acentos ni de nada.
DOS: Repites "nada" muchas veces.
CUATRO: Es importante recalcar
lo que yo quiero, y quiero que
este hombre llegue y vea el mundo, pero que lo vea traspasado,
con rayos X; que vea a través del
mundo y a través de las personas.
Los esqueletos son muy importantes. En ese mundo sólo se ve
la estructura principal de las
cosas, saben inmediatamente la
carga de la otra partícula, se
encuentran sin buscarse, por la
fuerza de atracción. Es un observador, es un escriba.

TRES: ... Y entonces escupir.
UNO: No. Escupir no. E-s-c-u-1-pi-r, como lo hacen los artistas. Y
luego ponerse de pie y observar
la piedra informe.
DOS: En realidad eran gases tóxicos
y no tenían forma y ni siquiera
contenido. Pero me puse en pie y
anduve entre los gases. Todo era
ámbar y el calor insoportable...
CUATRO: ... Una nube teñida de
rojo sobre la cabeza y un cubo flotante me miraban todo el tiempo.
Era como caminar sabiendo que
te observan. Todo el tiempo alguien te observa pero no puedes
comunicarte con eso que te ve...se
esfuma y se divierte.
UNO: Para su novela, Galimatías se
inspiró en una canción que cantaba El Ñero...
CUATRO: ... Era una sobre un tipo
que llegaba al mundo con una
metralleta.
DOS: También en su libro sobre las
estrellas.
TRES: Pero sobre todo en la prisa
que llevaba por hacer con sus
palabras algo digno de ser recordado. Así como hacía Lacho.
CUATRO: Yo habría querido estudiar así como tú, literatura. Pero
mi padrastro se empeñó en lo de
electricidad. Hago trabajos aquí
y allá, en la Facultad de Trabajo
Social, trabajo por una medra.
Pero escribo diariamente porque
pienso que la disciplina es lo más
importante. Esto, esto que ves.
¿Qué te parece?
DOS: Mira, la verdad no es tan malo.

151

�en escritor y se pierden de vista las
fronteras y todo cabe en un millar de páginas pero podría ser
que no, que no cupiera, que hubiera mejores formas de narrar
la realidad y preguntarse entonces
qué es la realidad. Porque un escritor ya sufrió las consecuencias
y fue consumido por su tierra y
por su tiempo. Se fusiona con el
mundo. Se vuelve novela y luz.
(Pausa.)
CUATRO: En el inicio era el caos...
DOS: ... Una nube de polvo rojizo
sobre la cabeza...
UNO: ... Y un dios que asemejaba
un alto cubo, me observaba, flotante. La sombra gigantesca seguía mis pasos.
TRES: Una partícula con carga negativa y rodeado de tantas otras
que se repelen y se juntan en una
danza interminable, las hay gordas
y chaparras, güeras y nalgonas,
negras, pelirrojas y de todo.
UNO: Las hay con carro y de a pie,
con novios y solteras, chicas y
grandotas ...
DOS: Burras, flacas, de ojos verdes
y sangronas ..
TRES: Y era tanto el caos que tuvo
que inventar un modelo.
CUATRO: El modelo básico de mi
mundo. Algo sencillo.
DOS: Coordenadas.
UNO: Somos coordenadas exactas en
el modelo básico del universo, irrepetibles, con una carga específica,
y sólo te puedes fundir con una
coordenada opuesta a ti, la única,
la perfecta. Sólo así se crea el Sol.

DOS: ¿Un extraterrestre escritor?
CUATRO: Exactamente. Puede ser

,.,.,_......,

un extraterrestre. El caso es que
es escritor.
DOS: No sirve. ¿Cuál es el argumento?
CUATRO: El argumento ...
DOS: El argumento de tu novela.
CUATRO: Él llega y ve al mundo en
el momento de su destrucción.
Casas que vuelan, coches chamuscados, familias enteras que se
separan por egoísmo de los padres,
violencia por las calles, adolescentes que se matan entre sí porque
en sus tierras no hay trabajo, ni
comida, ni familia ... Ve todo eso
y quiere escapar de ahí, verterlo
todo en una hoja de papel, pero
las hojas se van acumulando, se
acumulan las hojas y los años y
no puede terminar, cada día un
nuevo brote de violencia, un nuevo asesinato, un nuevo formato de
novela incluso. Personajes, personajes, personajes, que no son otra
cosa que dolores de cabeza, que
no son otra cosa que voces y
recuerdos que se van difuminando
y hay que ponerlos en papel, hay
que dejar constancia de lo que allí
está ocurriendo, hasta que llega un
momento en que explota.
TRES: ¿Quién explota?
UNO: Todo. Todo explota. Es tanta la fuerza de atracción de ese
mundo imperfecto que se va fundiendo con el escritor perfecto,
hasta perder de vista quién es
quién y el escritor entonces se
convierte en mundo y el mundo
152

CUATRO: De eso se trata toda la

che día y toda la reputa noche.

historia. Encontrar la coordenada opuesta ...
TRES: ... Que puede estar en los
confines del planeta ...
UNO: ... Y hablar otro idioma.
DOS: Los hombres y mujeres del
planeta son como partículas elementales y dan la vida a nuevas
formas, a otras partículas, que
son los nucleos sobre los que se
edificará este orden en desorden.
CUATRO: Yo seré el observador del
caos .. .
DOS: ... Pero también tengo que
cumplir con mi función universal y buscar mi coordenada
opuesta.
UNO: Ella se llama María ...
DOS: ... Y no se tomó la pastilla.
TRES: Tú tampoco traías protección.
CUATRO: Pinche putita, te crees
muy lista.
UNO: Es tuyo.
DOS: Ni madres. No me vengas
con chingaderas, hija de puta,
no mames.
TRES: Entonces, ¿de quién?
DOS: Vaya a saber la chingada a
cuántos se la sobas. No me metas en estas chingaderas...
CUATRO: ... No tengo mascotas porque cuestan caro. Un día rescaté
un pinche gato de morirse y se escapó a la semana, dejándome toda
la casa apestosa a meados y la
bolsa de comida casi entera. No
quiero mascotas.
UNO: Es un niño.
CUATRO: Es la misma chingadera.
Cagan, mean y lloran todo el pin-

TRES: De todas formas lo voy a tener. Aunque no te importe. Y no
llevará tu nombre.
DOS: Me parece una estupidez.
UNO: Tú no eres mujer.
CUATRO: Qué bueno, no me gustaría atragantarme de pepinos
por todos los agujeros y además
disfrutarlo. Y encima quedar con
una pelotota que saldrá por la
cola a reclamarme toda la pinche vida por qué chingados lo
traje al mundo ...
DOS: ... No gracias. Estoy bien
como estoy.
UNO: Le conseguiré un padre de
verdad...
TRES: ... No un deshuevado como tú.
DOS: Pero bien que te encanta chuparlos, ¿no cabrona? Consíguete
a un pendejo: hay en cualquier
lado. Consulta en la sección amarilla, agárralos con algún apellido
común: García o Pérez. No los
busques con otros apellidos extraños porque los de buen apellido las buscan sin hijos. Para
perpetuar su especie vil y su cochino nombre.
TRES Y UNO: Eres un animal.
CUATRO Y DOS: Y tú una puta.
UNO: ¿Lo verás alguna vez?
DOS: No, no quiero conocerlo.
UNO: Tú eres el padre; es tu hijo.
CUATRO: Y tú el pinche espíritu
santo, pero me vale madre.
TRES: Te va a castigar Dios.
DOS: No metas a Dios en esto. ¿Por
qué todas las personas meten a
Dios en sus mamadas? Juran por
153

�caso puedes abortar a la criatura. En estos días ya es algo legal.
TRES Y UNO : Quiero tenerlo.
CUATRO YDOS:Estás bien pendeja.
UNO: Me llegó el tiempo de criar
un niño.
DOS: No sabes lo que estás diciendo. ¿Andas drogada?
TRES: Es algo normal, los hombres
son papás, las mujeres mamás.
CUATRO: Eso es para pendejos.
UNO: O sea que tu papá es pendejo.
DOS: ¿Mi papá?No. Ese güey abandonó a mi madre cuando nací yo.
El pendejo era mi padrastro, que
se cogía a mi mamá y de paso
nos embarró su educación y sus
costumbres.
CUATRO: Cuando era niño yo quería estudiar karate, pero me metió
al futbol porque él siempre había
querido ser futbolista. Cuando
crecí iba a entrar a la preparatoria, pero no me dejaron y entré a
electricidad, porque mi papá
tenía un amigo que tenía una empresa y ahí ganaba más.
DOS: Además, el miserable nunca me
dejó sentarme en la silla que hace
de cabecera al comedor. Era puto
y pendejo. Más bien lo sigue siendo porque no se ha muerto.
CUATRO Y DOS: No puedes escri·
bir una novela y tener hijos al
mismo tiempo.
UNO Y TRES: ¿Por qué?
DOS: Porque son proyectos diferen•
tes. Tienes que dedicar tu vida a
uno solo. La novela o el hijo.
UNO Y TRES: Por personas como
tú el mundo es un asco.

Dios, dicen que Dios castiga, que
es justo, que la verga es cuadrada. No mames.
CUATRO: ¿Acaso lo han visto alguna vez?, ¿les ha hablado?, ¿y
cómo es?, ¿será mujer?, ¿será
hombre?, ¿será joto o nada más
hermafrodita?
DOS: ¿Por qué chingados no te tomaste las pastillas?
TRES: Y tú andabas tan cachondo
que te valió madre.
DOS: Yo lo supuse. Las putas como
tú cogen con cualquier cabrón y
saben que se arriesgan a quedar
panzonas. Todas toman sus pastillas diariamente. A menos que
quieran chingarse a alguien.
UNO: No te quiero chingar...
TRES: ... Quiero que veles por él,
que te hagas cargo.
CUATRO: Y a eso cómo le llamas,
¿un premio? No me chingues la
existencia. No quiero tener hijos,
no soy bueno para eso. No vengas a mamar, no ahorita que no
estoy de buen humor.
DOS: O bueno, si quieres mámamela.
UNO: Es algo normal.
DOS: Claro que es algo normal, que
una puta le mame la verga a algún cabrón, eso es algo normal.
TRES: Tener hijos, casarse.
CUATRO: Una puta embarazada,
es una lástima. No tendrá trabajo
al menos por nueve meses. Aunque hay degenerados que cogen
con putas embarazadas.
UNO: Así como tú, mi amor.
DOS: Yo no sabía nada, no me lo
habías dicho. Además en todo
154

DOS Y CUATRO: Lo mismo digo yo.
UNO: Se trata de una vida humana. Así como tú viniste al mundo y te dieron lo necesario, así
te toca a ti ahora ayudar a esta
criatura.
DOS: A mí nadie me ayudó, me dieron leche y me compraron pañales; está bien, me metieron a la
escuela y me exigieron que fuera
como ellos; me enseñaron todas
las cosas que aborrezco y fue a
güevo, jugué futbol cuando quería karate; mi mamá se la pasó
rezando por mi futuro y qué, ¿sirvió de algo?
CUATRO: Soy un pinche electricista
fracasado. No me gusta la electricidad, quiero ser un escritor. Apenas
es algo que voy descubriendo y
precisamente ahora, que por fin
voy a hacer algo que vale la pena,
me sales con que estás embarazada.
CUATRO Y DOS: No mames.
DOS: Me sales con que tengo que
cumplir mi misión en esta vida
que es traer más gente al mundo
para que me miente la madre
cuando crezca y me diga que fui
como mi padre, un hijo de puta,
porque claro que soy un hijo de
la chingada, pero no necesito que
venga mi hijo a recordármelo
cada que no tenga dinero para la
escuela o sus pantalones que tendrán que ser de marca...
CUATRO: ... porque a todos los
pinches adolescentes les gusta la
ropa de marca. No se conforman
con traer cualquier pantalón. No.
Quieren los de moda y todas esas
155

chingaderas para ser aceptados
en sus putas escuelas que además
cuestan un güevo de la cara.
UNO Y TRES: Un ojo.
DOS: Duele más quitarse un güevo.
El caso es que no tengo dinero
para esas cosas.
TRES: O para la Universidad. Mi
hijo tiene que ir a la Universidad,
no ser igual a nosotros.
CUATRO: Yo también quiero ir a
la Universidad.
UNO: Pues van juntos.
DOS: No mames. ¿Y el dinero para
eso?
TRES YUNO: Trabajaremos los dos.
DOS Y CUATRO: ¿Y mi tiempo y
mi vida y mi novela?
UNO: La puedes escribir lentamente, ¿no llevas prisa, o sí?
CUATRO: Tengo que alcanzar mi
vida que siento se me está escapando desde que tengo uso de
razón.
TRES: Se parece a ti.
DOS: Tengo que ponerme de pie y
levantar la voz ante todo lo que
aborrezco de este mundo.
UNO: Yun poco también a mí.
CUATRO: Tengo que salir a las calles y levantar una pancarta y prender fuego a los registros civiles.
TRES: Cuando camine y hable y reconozca, no será tan demandante.
UNO: Cámbiale el pañal y dale su
leche caliente, no me tardo.
CUATRO: Tengo que terminar al
menos esta página ... y decir que
todo se ha vuelto tan confuso
como una nube de gas sobre mi
cabeza. .. y entre el llanto del

�algo que no existe?

escuincle y las palabras que no
brotan hay una inmensa distancia como la que separa a dos
galaxias a millones de años luz
sobre la Tierra.
DOS: Una distancia incalculable.
CUATRO: Ese niño me recuerda a
mí mismo. Y yo a mi padre.
UNO Y TRES: Ese niño es un tesoro.
DOS Y CUATRO: Ese es el problema,
que tiene todas las posibilidades y
a mí se me están agotando.
UNO Y TRES: Comienza a hablar.
DOS Y CUATRO: Y yo batallo cada
vez más para formar una oración.
UNO Y TRES: Ya camina.
DOS Y CUATRO: Y cada vez me
cuesta más trabajo levantarme de
la silla a prepararle la papilla y
abandonar otra vez este proyecto.
CUATRO: Ya casi no salía.
UNO: Lo que pasa es que estaba enfermo.
DOS: No, enfermo no, estaba fastidiado. Eso mismo, fastidiado de
la vida que llevaba.
UNO: Lo enfermó la vida.
DOS: No, no era eso. Lo que pasa
es que no escribía, estaba frente
a la hoja de papel y no escribía.
Se deprimió por eso.
TRES: ¿Te puede enfermar la vida?
No entiendo.
CUATRO: No, no era eso. Era el hijo.
UNO: ¿Otra vez el hijo?
DOS: Sí, otra vez.
TRES: Lo cierto es que abandonó
su taller.
UNO: Y su escritura peligraba ...
DOS: No, no había escritura. No escribía. ¿Cómo puede peligrar

CUATRO: Tenía algunos párrafos.
UNO: Y qué párrafos.
TRES: ¿Qué es párrafo?
DOS: Lo que pasa es que no lees.
Deberías leer algo, aunque sea el
periódico.
UNO: Dejó de disfrutar su lectura.
CUATRO: Lo único que seguía desarrollando era una especie de oído
lo bastante agudo para darse
cuenta si el niño se cayó de la
cama, si tiene hambre.
UNO: Interrumpía a cada rato su
trabajo.
CUATRO: Que no tenía buen rumbo, ni avanzaba, ni podía emitir
un juicio.
TRES: Y entonces fue cuando supo
lo del Ñero.
DOS: El del taller literario.
UNO: No, El Ñero, el amigo. El del
taller literario es Lacho, que eso
quede bien claro. Supo lo de El
Ñero.
CUATRO: El Ñero era otra cosa.
DOS: Había crecido.
CUATRO: Había triunfado.
UNO: Renunció a ser hombre y se
convirtió en cantante.
TRES: Cosa que Galimatías odiaba.
DOS: Como todos los hombres que
fracasan.
TRES: Sintió vergüenza de su vida.
DOS: Se moría de envidia. (Pausa.

Transición.)
UNO: ¿Vendrás a verme?
CUATRO: Pinche Ñero, cabrón.
¿Cómo le hiciste güey?
UNO: No sé, ¿me creerías si te digo
que no sé?

156

CUATRO: No mames, ¿cómo que
no sabes?
UNO: Cantando en el congal, ¿te
acuerdas del congal?
CUATRO: El congal de mala muerte, donde todo comenzó.
UNO: Unos tipos que resultaron diputados me pedían canciones.
Yo nunca he cobrado por cantar
en ningún lado. Pero les gustó;
se enamoraron de mi voz, eso decían ... andaban bien estúpidos
los cabrones.
CUATRO: No mames.
UNO: Luego me dieron su tarjeta.
Les hablé y me conectaron con
una casa productora.
TRES: Y así grabó su disco de trova.
CUATRO: Te felicito.
UNO: Si güey. Nunca creí que lo lograría y ya vez.
CUATRO: Que suerte güey, de veras.
UNO: No, yo no creo en la suerte.
Era mi destino.
CUATRO: Fue suerte, pinche Ñero,
acéptalo. Tuviste suerte.
UNO: A ti siempre te han gustado
mis canciones.
CUATRO: Pero en las pedas, güey.
Esto ya es otra cosa.
UNO: ¿Vendrás al concierto?
CUATRO: ¿A qué horas güey? No
tengo tiempo.
UNO: No seas mamón, ten, te doy
un pase gratis.
CUATRO: Iré a ver tu triunfo y mi
fracaso. Es lo que hacen todos
los hombres cuando asisten a los
espectáculos. Van a mamar del
otro lo que no tendrán nunca en
su vida.

157

TRES: Cada estrofa y cada entonación sonaban a milagros.

UNO: ¿Y la novela? Hubo personas
que creyeron que escribirías esa
novela ...
DOS: Galimatías se dio cuenta que
lo único que había hecho en la
vida era usar su miembro y traer
más gente al mundo, como todos
los seres humanos sobre la tierra.
TRES: Y quiso ser diferente.
UNO: ¿Te gustó la rola? Está dedicada a ti. La del tipo que llega
de otro planeta con una metralleta. ¿Te acuerdas...?
TRES: Mientras Galimatías se rebelaba contra la hoja en blanco,
y peleaba contra palabras huecas
veía cómo los hombres...
CUATRO: ... Escriben su historia
como Dios les da a entender.
DOS: No metas a Dios en esto.
UNO: Crecía su cuerpo, le salieron
canas y se sentía pesado.
TRES: Así son las historias de los
hombres.
CUATRO: Yo no soy hombre. Dejé
de serlo apenas atisbé que debía
serlo. Fue un intento de ser hombre, de estar completo y con la
cabeza erguida.
UNO: Hoy camina apesadumbrado,
las palabras no le brotan y mira
fijamente el piso.
TRES: Parecía un fantasma de hombre.. .
DOS: ... Con la mirada perdida entre las cejas.
UNO: Maria la Golfa, se dió cuenta ya muy tarde que había algo
extraño en él.

�CUATRO: Ya muy tarde se dio

.....

cuenta. Un día por la mañana...
UNO: ... O por la noche. En realidad
no se dió cuenta porque la Golfa
lo pensara un poquito...
DOS: ... No, en realidad ella no podía
pensar en nada. Actuaba como
Dios le daba a entender...
CUATRO: No metas a Dios en esto.
DOS: ... Y dormía todo el tiempo.
TRES: Velaba por la criatura y hasta cambió de trabajo y trataba
por todos los medios de llamar
la atención de ese estropajo que
tenía por esposo.
DOS: Pero él no la escuchaba.
CUATRO: Galimatías entendía que
su vida se formó en el caos y que
nada sabía, pero viviendo y
errando se le iba la vida.
DOS: Llegas tarde.
TRES: ¿No me digas?
DOS: Son las cinco.
TRES: ¿Y qué chingados haces despierta a esta hora?
DOS: Nada. Me levanté al baño.
TRES: No mames.
DOS: ¿Dónde andabas?
TRES: Con El Ñero.
DOS: ¿Fuiste al concierto?
TRES: Un poco dejotería no le hace
mal a nadie.
DOS: Vamos a dormirnos.
TRES: No tengo sueño.
DOS: Mañana te tienes que quedar
con el niño.
TRES: ¿Otra vez?
DOS: Tengo una cita de trabajo en
la mañana.
TRES: ¿Otra vez? No mames. Ya
estoy hasta la madre.

DOS: Es sólo un ratito, regreso a las
cuatro.
TRES: ¿A las cuatro? Eso es todo el
pinche día. Yo no soy una niñera.
Me cagas la vida con tus pinches
trabajitos esporádicos, ¿por qué
no te consigues algo estable?
DOS: Antes di que hay fotógrafos
que todavía me solicitan.
TRES: Puro pinche cabrón que te
quiere ver desnuda.
DOS: Pagan bien.
TRES: A güevo. Con una embarrada de pepino por el culo.
DOS: ¿Eso crees?
TRES: No, no lo creo.
DOS: ¿Entonces?
TRES: Estoy seguro. Pero igual me
vale madre lo que hagas con tu
pinche cola apestosa. Lo que no
quiero es terminar mi pinche
vida como niñera.
DOS: Es un ratito.
TRES: Deberías cobrar más por tus
servicios. Cualquier puta saca
más que tú, no mames. O regresa a tu antiguo trabajo.
DOS: No quiero que mi hijo se avergüence de mí.
TRES: Pues cuando se entere que
posas desnuda para esos cabrones te va a querer todavía más.
DOS: Todavía no entiende.
TRES: Pues cuando lo haga te va
odiar.
DOS: Y tú por qué chingados no
haces algo también.
TRES: No he terminado mi novela.
No puedo terminar con tanto pinche ruido. Y si no regresas a las
cuatro voy a dejar al niño solo, y a

158

ver cómo chingados le haces.

ven las nalgas en la cara.

DOS: ¿Serías capaz?
TRES: A las cuatro: Putear hasta las
cuatro nada más. Con quién sabe
qué degenerados.
DOS: A éste lo conoces.
TRES: ¿Qué?
DOS: Qué, a éste lo conoces.
TRES: No mames. ¿Quién es?
DOS: Se llama Horacio Iván.
TRES: .No mames. Lacho Iván , ¿·el
escntor? Ese pendejo ya te lavó
el pinche coco. Ese cabrón no es
fotógrafo.
DOS: Incursionó en la fotografia
hace poco Y está haciendo pruebas con varias modelos. Me escribió un poema.
TRES: Pinche puta de mierda. ¿Coges con él?
DOS: No, ya te dije que es sólo un
trabajo.
TRES: ¿Y por qué te escribió un
poema?
DOS: Somos amigos.
TRES: Sí: un poema que habla de
cómo se la mamas y te la mete
por el culo.
DOS: No es cierto. Dice cosas tiernas.
TRES: Decir que tus nalgas son de
gelatina es cosa seria.
DOS: Estás insoportable.
TRES: Y tú no irás a ningún pinche
lado. Ya te he dicho un chingo de
veces que si me quieres chingar me
lo digas de una vez. Pero no se vale
coge~ con los amigos. Este güey
es ~ maestro de literatura, con los
aIDigos es una chingadera y lo sabes; yo nunca le he tirado el pedo
a tus putas amigas que me mue-

159

DOS: Yo no tengo la culpa de que
me escriba cosas. y que tú no
hayas escrito nada. {Pausa.)
Horado dice que no sabes nada
de literatura.
TRES: ¿Qué más te dijo?
DOS: Qu~ no tienes nada, que no
sabes ru lo que quieres.
TRES: Que no está interesado en el
texto.
DOS: Eso no lo dijo.
TRES: Claro que no lo dijo. No hacía falta. ¿Y te toma fotos?
DOS: Sí, algunas veces.
TRES: ¿O sea que se ven seguido?
DOS: Ya te dije que es un trabajo.
TRES: Ahora entiendo porque no
contesta mis llamadas, ese cabrón
se está cogiendo a mi vieja y no es
que me_ importe demasiado, pero
eres m1 vieja, aunque seas una
puta, eso debes entenderlo. Hay
cosas que no se hacen por... por...
Pues no sé por qué chingados, pero
no se hacen, es una mamada un
cu~hillo por la espalda o al~a
c~mgadera parecida. ¿Entonces
dice que no le interesa mi novela?
Por eso no me contesta las llamadas, ¿verdad?, ¿verdad? (Pausa.)Mi
novela repetirá el proceso de formación de una estrella y vivirá
por miles de millones de años.
No es cualquier cosa, no es un
poema sobre la panocha aguada.
CUATRO: Es sobre la muerte, voy
a empezar por el final. Habrá
una destrucción masiva. Volarán
los coches y se destruirán las
casas ...

�UNO: ... Habrá una guerra, para poder comenzar desde el principio.
Porque tiene que haber gas para
el principio...
CUATRO: ... Como las nubes de gas
en el espacio interestelar. Tiene
que haber gas para que se formen
las estrellas. Porque es cuando las
partículas se condensan y forman
esas nubes de gas incandescente
que vive por miles de años.
UNO: A veces uno mismo se pone la
pistola en la sien y sólo falta una
sorpresa cualquiera para apretar
ese gatillo que terminará con todo.
Yo ya tengo mi pistola y está apuntada en la dirección correcta, sólo
espero el llanto del escuincle o un
grito a mis espaldas.
CUATRO : Pero Galimatías no
escribía.
UNO: Nunca fue al fondo del asunto, que era .. .
CUATRO: ... Su total desilusión de
vida .. .
UNO: ... Su fracaso ...
CUATRO: ... Su esperada rebelión .. .
UNO: ... Su hipocresía y por supuesto su mujer...
DOS: ¿Otra vez la mujer?
CUATRO: Siempre la mujer y la
criatura.
TRES: Galimatías no escribía ...
DOS: ... Y Lacho lván sí ...
UNO: ... Y escribía bonito...
CUATRO: Galimatías no quería escribir sobre hijos sino sobre el
género humano.. .
UNO: Y entonces sucedió ...
TRES: ¿Qué sucedió?

DOS: Lo que tenía que suceder.
UNO: Fue una tarde de domingo.
TRES: Lo que en realidad pasó es
que la Golfa confesó el pecado
cometido.
UNO: Pero que conste que María
ya no era golfa.
CUATRO: ¿Cuál pecado? ¿Creía en
el pecado?
UNO: Sí, me acosté con Lacho lván.
CUATRO: Desvergonzada ...
TRES: María casi no pensaba y
cuando lo hacía pensaba mal.
Creyó que con esa confesión el
hombre volvería en sí.
UNO: Volvería con ella.
CUATRO: Qué asco...
DOS: Fue una conexión seguida de
un suspiro.
TRES: Fue un suspiro poético.
DOS: Fue un pepino profético...
UNO: ... En una chocha abandonada.
DOS: ... Lacho lván Martínez y
María.
TRES: Sí.
DOS: La que tuvo un hijo de él.
UNO: Que entonces resultó ser
Golfa ...
TRES: Es algo que se aprende. Ni
siquiera lo había pensado. No
tuve que estudiar para eso.
UNO: Ya lo veo.
CUATRO: Maria y Lacho.
DOS: Claro, ellos dos ...
TRES: ... Todo este tiempo.
UNO: Desde el principio.
DOS: Y bueno ...
UNO: ... Qué se le va hacer.
CUATRO: Esas cosas pasan ...
DOS: ... Nadie lo controla; sucede;
es natural ...

160

TRES: ... Dos partículas se atraen,
a veces tres ...
UNO: ... A veces más: cinco o seis.
DOS: Pero esa ya es orgía.
CUATRO: Y se funden .
DOS: Proceso que a veces da por resultado ...
TRES: ... Placer...
UNO: ... Vergüenza.. .
CUATRO: .. . Criaturas ...
DOS: Eso no se sabe.
UNO: Pero es igual. Nunca tomó
pastillas.
DOS: Y terminó mareado. Sentado
frente a la hoja de papel con una
cuesta larga a sus espaldas.
TRES: Y despertó.
CUATRO: Porque había dormido
largo tiempo.
UNO: Es la locura que se adueña
de nosotros a veces durante tantos y tan largos años.
DOS: Es la vida que has gastado...
CUATRO: ... Inútilmente, horas, días,
meses, años, que se van acumulando y te dejan imposible.
UNO: Tantas energías desperdiciadas, tanta confianza puesta en
nada, tanto despilfarro de dinero,
tanta mierda, tanta cagadera y
tanto odio.
TRES: Y corrió lejos.
DOS: Abandonó todo y aceptó que
nunca fue familia, que se estaba
hundiendo, y que su vida y su novela estaban varadas en un pozo
que no tenía fondo, ni forma, ni
estructura.
UNO: En el inicio era el caos ...
DOS: ... Nubes de gas tóxico sobre
la cabeza ...

161

CUATRO: ... Y un gran cubo mudo
y ciego que flotaba sobre mí ...

TRES: ... Se movía siguiéndome por
todas partes ...

UNO: ... Para no perderme de vista y
seguirme y hacer una enorme
sombra sobre mí.
DOS: Seguir los pasos de esa partícula elemental que se perdía
entre tantas otras.
CUA~RO: Miles de ellas por doqmer.
TRES: Algunas duermen y despiertan algún día.
UNO: A andar su rumbo y a perderse y a fundirse con el todo.
DOS: Y son tragadas por el mundo.
TRES: Hay que aceptar el hecho de
que su universo era limitado.
DOS: Claro. Las partículas elementales no tienen que ser dos las
que se funden , pueden ser tres
o más.
CUATRO: Es una orgía.
TRES: Pero también existen. No lo
podemos negar.
UNO: Nadie lo niega. Esas cosas
pasan.
CUATRO: Y al fundirse dan por resultado algo nuevo en este universo.
DOS: Una partícula nueva de masa
menor a la suma de ellas y una
energía millones de veces mayor.
UNO: Así nacen las estrellas.
DOS: Así nació su idea y su novela
que quería ser un Sol.
UNO: ¿Y la escribió?
TRES: La dejó inconclusa.
UNO: ¿Y Lacho Iván?
DOS: Publicó más libros, &lt;lió ta-

�lleres, formó generaciones de
escritores.
CUATRO: ¿Y Maria la Golfa?
DOS: Buscó la felicidad por todas
partes, educando a su hijo, en
otros hombres, incluso en su trabajo, pero dicen que al no en~o~:
trarla en ningún lado dec1d10
amargarse y ahora ella es así.
UNO: ¿Y la criatura?
TRES: Siguió llorando.
CUATRO: ¿Por qué llora?
DOS: Se quedó sin padre y sin ~es:
guardo. Salió a la calle y cammo
entre gases tóxicos.
UNO: Caminó sin rumbo fijo, hasta
que entró a la Universidad. _E~:
tudió literatura. Entonces decrd10
que quería ser como su padre al
que nunca conoció.
DOS: Otra vez usas palabras agudas, demasiadas.
UNO: Es por el tiempo pasado.
DOS: Pues cámbialo.
TRES: y buscó todos los papeles de
su padre y sus notas y todas sus
locuras.
CUATRO: Busca, las busca. Cambiamos el tiempo a presente
perfecto.
TRES: ¿Y qué encuentra~ , .
· DOS: El primer capítulo, medito de
su novela.
TRES: Claro, el primer capítulo.
DOS y UNO: ¿Y entonces?
CUATRO: No servía de nada.
UNO y TRES: ¿Qué decía?
DOS: Hablaba de un hombre que
cayó a la tierra con una metralleta en mano. Que vio la tierra
y vio que era mala.••

UNO y CUATRO: ... Y la destruyó
por completo ...
DOS: Su arma destruía edificios
y gente sin cimientos. Lo demás quedaba bien engranado a
la tierra.
TRES: ¿O sea que no lo destruía
todo?
UNO: Dejaba algunos seres vivos
para que siguieran reproduciéndose.
DOS: Pero sólo a los mejores.
CUATRO: No se fijaba en la sangre, ni en el color de la raza.
DOS y TRES: ¿Entonces?
UNO: Se fijaba en la frecuencia de
su voz y en la coordenada d~ su
cuerpo y sus elementos constitutivos.
CUATRO: únicamente dos partí~las que se encuentren en el mtsmo radio de acción y con una
frecuencia de ondas corporales
similar podrán escucharse y
entenderse.
DOS: ·No tenían que ser opuestas?
UNO:\as cargas serán distintas,
eso opera en la novela, pero to~a
en cuenta además las frecuenetas
de sonido y el radio de acci~n: ,
TRES y CUATRO: Eso escnb10
Galimatías.
DOS: No. Su hijo. Mejoró el modelo
de su padre y vislumbró un mundo lleno de portentos.
UNO y TRES: ¿Un mundo distint??
CUATRO: Empezó contando la historia de un hombre que vislumbró un mundo y sucumbió.
DOS y UNO: ¿Y después?
TRES: Nada.

162

DOS: ¿Cómo que nada?
CUATRO: ¿Escribió la novela?
UNO: ¿La terminó?
TRES: Encontró en su camino algunos obstáculos.
DOS: Es lógico, como todos en la
vida.
UNO: Éstos tuvieron que ver con las
frecuencias de sonido.
CUATRO: No me digas. Ya preveo
el final.
UNO Y TRES: Mejoró el capítulo.
DOS Y CUATRO: Pero no lo terminó.
UNO: Una coordenada opuesta.
DOS: Una mujer.
TRES: En el mismo radio de acción.
CUATRO: Y escribió su vida como
hacen todos los hombres y mujeres en el planeta.
UNO: Porque todas las historias hablan sobre hombres.
DOS: O mujeres.
TRES: O civilizaciones enteras.
CUATRO: Pero entonces no le veo
caso a la historia.
DOS: ¿Nunca terminarán la novela?
TRES: Sin embargo ha mejorado;
ahora sabemos que el universo
tiene un modelo y que si nos fijamos bien podemos encontrar
fisuras en ese modelo, y es en
esas fisuras donde se encuentra
la clave para seguir avanzando.
CUATRO: Aunque sea el primer capítulo que seguimos escribiendo.
UNO: Porque debemos tomar en
cuenta que las partículas elementales se pueden seguir subdividiendo y eso no lo vieron los
hombres del pasado, y no vieron

por ejemplo a los neutrinos, esos
fantasmas cósmicos infinitesimales que recorren el espacio y
· atraviesan la materia a velocidades cercanas a la luz ...
TRES: Y cuando dos partículas chocan se forman, no las estrellas,
sino partículas más pequeñas
llamadas cuarqs. Que podrían
encerrar todos los misterios de la
civilizacion y reformar el pensamiento y el modo de vida en el
planeta.
DOS: Esas partículas serán mi historia, escribiré sobre los cuarqs,
que se juntan en clanes para
procrear más cuarqs y así fundirse y hacer un planeta en donde
la luz es el alimento diario y se
acaba el ser humano tal como lo
conocemos.
CUATRO: Por lo cual empezaré
desde el final y habrá una guerra
y gases tóxicos... Son necesarios
para que el planeta genere su propia luz, su luz incandescente...
¿verdad?
Luz muy alta, que encandile a los
espectadores. Oscuro súbito.
Final.

163

�La casa de las cruces de gis

PERSONAJES POR ORDEN
DE APARICIÓN:
REBECA, 45 años
SIMÓN , 49 años
MADRE, 75 años
PERIODISTA, 30 años
FOTÓGRAFO, 25 años
VECINA, 65 años
GENERAL, 80 años

Rubén González Garza

Casa antigua, muy amplia, muebles
heterogéneos. Hay rastros de excavaciones
por todos lados. Todo respira decadencia. Algunos muebles, lámparas,
estatuas, floreros, etcétera, son testigos
de una opulencia de la que sólo quedan
esos vestigios. Al abrirse el telón, Rebeca grita histérica. Aparenta entre 45
y48 años.
REBECA: ¡He dicho que no abriré!
¡Lárguense! Métanse la lengua
en el sobaco, malditos. (El tim-

La Madre aparece en lo alto de la escalera. Es una mujer seca, vestida de
negro. 75 años.

MADRE: ¡Rebeca, deja de inventarle

bre no deja de sonar, se oyen voces
que vienen de la calle.)
VOZ: Pero señora, por favor, es importante.
REBECA: ¡No abriré! ¡No abriré! Esta es mi casa, quieren venir a
quitármela. Buitres, vayan a que
los mantenga el gobierno.
(Simón ríe mientras busca algo en la
pared, que está rayada de cruces que él
mismo ha ido dibujando. El aspecto
de Simón es el de un hombre como de
50 años, pero su descuido y locura
hacen que aparente mucho más. Rebeca
se vuelve a Simón.)
REBECA: Ya no te rías, imbécil, y
deja de buscar en esta pared, que
164

no hay otra cosa que las cruces
que tú mismo has ido marcando.
Ojala pronto me muera para que
pintes una bien grande.
SIMÓN : Aquí está. (Señala una cruz
pequeña.) Pobre Pierrot, tan bonito que cantaba, debo dibujarle
una flor. (Como para sí.) ¿Cuánto
hace que murió? (Pausa, mientras
Rebeca atisba por el postigo.) Bebé,
¿cuánto hace que murió Pierrot?
REBECA : Ya los vi, todavía están
ahí. Voy a llamar a la policía si
no se van.
SIMÓN: Rebeca, ¿cuánto hace?
REBECA: Un mes. Y ya cállate, ¿qué
no ves que nos espían?
SIMÓN : ¿Nos espían?

historias a Simón! ¿Quieres trastornarlo más? A bre esta puerta.
REBECA: Ni loca. (Ríe desaforada

mientras toma a Simón de las
manos.) Mi hermano Simón, tu
pajarito Pierrot murió ayer. ¿Ya
se te olvido? Pinta otra cruz, ja
jaja . (Rebeca sale. Se sigue escuchando su risa. Simón se dispone a
dibujar una cruz más, mientras la
Madre va a abrir la puerta.)
MADRE: Voy, voy, ya voy. (Abre.)
Disculpen la tardanza.
PERIODISTA: Señora, ¿me permite pasar? Soy del periódico E l Informador. Hace un buen rato que
esperamos ...
165

�del cine de nuestra patria.
MADRE: Perdóneme, pero de momento no puedo hablar.
PERIODISTA: Comprendo. Sé que
es dificil.
MADRE: Qué extraño, qué vuelcos
da la vida.
PERIODISTA: Don Miguel es... era
embajador de México en Italia.
MADRE: No sé, casi nunca se comunicaban con nosotros. La carrera
política de mi yerno fue ascendiendo, primero en Washington,
luego París. Mi hija dejó de escribirnos. A veces pasan por televisión
una de sus primeras películas,
cuando era muy jovencita.
FOTÓGRAFO: Y. ..¿No tiene una
foto de cuando niña?
MADRE: No, Rebeca su hermana
las rompió todas. (Pausa.) Perdón,
pero quisiera que me dejaran
sola.

MADRE: (Sonríe.) Sí, disculpen.
Tengo una hija tan bromista.
(Voltea a ver a Simón.) ¡Hijo!
(Simón ve a su Madre y por el puro
tono de la voz y la mirada comprende que no debe estar ahí.) Pero
pasen, por favor. ¿Qué desean?
PERIODISTA: Señora, supongo
que ya supo la noticia. (El Fotógrafo observa la casa.)
MADRE: (Presintiendo algo.) No,
¿pasa algo?
PERIODISTA: Lamento mucho ser
el portador de tan malas noticias...
MADRE: Pero... ¿Qué ha pasado?
PERIODISTA: Usted es la madre de
Ana del Prado, esposa del famoso industrial y político Miguel
del Prado. ¿No es así?
MADRE: Así es.
PERIODISTA: ¿Puedo sentarme?
MADRE: Por supuesto. Disculpe.
(Ambos se sientan. El Fotógrafo le
toma una foto a la anciana.) No, y
por favor, ¿qué pasa?
PERIODISTA: Señora, su hija y su
yerno murieron en un terrible accidente aéreo, cerca de Roma,
Italia. (La Madre se tapa la cara con
las manos.) Lo siento.
MADRE: Ana, mi pequeña Ana.
PERIODISTA: Tanto su hija como
su yerno son ...fueron personajes
muy importantes de la política
de nuestro país, y mi periódico
me ha pedido un reportaje y si
fuera posible alguna anécdota de
Ana del Prado, quien, de no haberse casado, hubiera ocupado
uno de los sitios más envidiables

El Periodista hace una seña al Fotógrafo. Este toma varias fotos.

FOTÓGRAFO: ¿Y su nieto?
MADRE: Mi nieto... ni siquiera lo
conozco.
FOTÓGRAFO: ¿Ni de cuando era
muy bebito tiene una foto?
MADRE: A veces, cuando la gente
se encumbra y se hace famosa,
hace cosas extrañas.
PERIODISTA: ¿Cómo cuáles?
MADRE: Como olvidar a sus padres y...
PERIODISTA: ¿Su hija nunca le
escribió?
MADRE: De vez en cuando man·
166

daba dinero, al principio. Y sí,
una foto de Mario mi nieto.
Mario. (Pausa. Llora.) Se llama
igual que su abuelo.
FOTÓGRAFO: Ya ve, no se olvidó.
MADRE: Quizá tenga razón. Esa
fue la única foto que Rebeca no
rompió.
PERIODISTA: ¿Rebeca?
MADRE: Hermana de Ana. Dejóvenes parecían gemelas, aunque
Ana era un año menor.
PERIODISTA: De hecho, creo que
a ella también le ofrecieron trabajo en el cine, ¿no es así?
MADRE: Así es. Sólo que su padre
a ella nunca la dejó. (Pausa.) Disculpen, pero para ser una persona quien no quiere hablar, creo
que ya he dicho demasiado... Y
disculpen que no les ofrezca
nada, pero ...
FOTÓGRAFO: ¿Y a su hija Rebeca,
no podría tomarle una foto?
MADRE: Imposible. Le aterra la
publicidad, y...
PERIODISTA: Su hija Rebeca tuvo
la fama de ser la mujer más bien
vestida de la ciudad.
MADRE: Así es, pero todo eso se
acabó ... eh ... ¿o podrían volver
otro día? Estoy cansada.
PERIODISTA: Por favor, señora.
Sabemos que el niño... es decir,
el joven, no iba con sus padres
en ese vuelo.
MADRE: Sé tan poco como ustedes.
PERIODISTA: Por lo menos podría decirnos donde localizarlo.
MADRE: Les repito que nada sé.
Seguramente en algún colegio de
167

Estados Unidos o de Europa. En
la Embajada de México quizá
sepan algo.
FOTÓGRAFO: Tiene razón.
PERIODISTA: Gracias, señora, y
disculpe la intromisión, pero ...
MADRE: Olvidelo. Por aquí señores. (Se dirige a la puerta.)
PERIODISTA: (Al Fotógrafo.) Vamos. (Salen. La Madre cierra la
puerta y se queda pensativa. Rebeca
aparece.)
REBECA: ¿Se fueron? (La Madre no
contesta. Cruza a la izquierda.)
¿Qué querían?
MADRE: Tu hermana Ana murió en
un accidente aéreo... (Con cierta
ironía.) También Miguel. (Rebeca ríe como loca.) Deja de reír, vas
a despertar a tu padre. (Rebeca
sigue riendo. Poco a poco la risa se
convierte en llanto.)
REBECA: (Sentándose en un sillón.)
Vaya, quien lo iba a decir.
MADRE: Hija querida, no le guardes rencor a tu hermana.
REBECA: Nunca la perdonaré. Yo
lo tenía todo para lograr el éxito
y ella me lo arrebató. Qué maravilloso aquel primer encuentro
con Miguel.
MADRE: Olvídalo. Él ya también
descansa en paz.
REBECA: No puedo, mamá, no
puedo. (La Madre se acerca y trata
de acariciarla.)
MADRE: Todavía es tiempo, hija.
REBECA: Tiempo de qué ... (Se deshace de la caricia. El Padre grita.)
VOZ PADRE: ¡Amelía! ¡Amelia!
¡Malditos sean! Quieren mi dine-

.,
r

�ro, ¿verdad? ¡No lo encontrarán!
MADRE: Tu padre.
REBECA: ¡Déjalo que se pudra de
una vez! (Aparece Simón. Se oculta entre las cortinas como si tuviera
miedo de los gritos del Padre.)
VOZ PADRE: Amelía, ven a moverme. El sol se está eclipsando.
MADRE: Dios. Sería mejor bajarlo. Estoy harta de subir esta
escalera.
REBECA: ¡Ni se te ocurra traerlo
aquí! Nos haría la vida imposible.
MADRE: No seas mala, hija.
REBECA: Yo no soy mala. Él sí...
VOZ PADRE: ¡Amelía! La noche se
acerca y las tropas tienen hambre.
REBECA: ¡Ya va, general! (La Madre
va subiendo la escalera.) A veces me
pregunto si aún estás enamorada de ese hombre.
MADRE: ¡Ese hombre es tu padre!
Y gracias a él tienes un techo.
REBECA: (Burlona.) Que cada día
se llueve más. (Se oye ruido detrás
de las cortinas.) ¿Estás ahí gatito
miau, miau? (Sale Simón corriendo.) El techo se te está cayendo
encima, gatito.
SIMÓN: (Le ha gustado el juego de
Rebeca.) Miau, miau.
REBECA : (Cantando.) Simón el
bobito se quiere casar con un pajarito que sepa cantar. (Pausa.)
¿Sabías Simón, que esta casa está
encantada?¿Y ya te enteraste? Tu
hermana Ana ha muerto, podrás
trazar todas las cruces que quieras, con permiso de papá.
SIMÓN: (Triste.) Papá, papá.
REBECA: Ten, aquí están tus gises.

(Simón va a la pared a trazar cruces. Rebeca dramática.) Traza también mi cruz, Simón. "Traza una
cruz de ceniza y de olvido sobre
el triste nombre que padezco."
Ja, ja, ja. Y otra para Miguel, el
marido de Ana, mi amante.
MADRE: ¡Rebeca! Por favor, no hagas ruido, ya que se durmió.
SIMÓN: ¿Se murió? (Rebeca ríe más
fuerte.) Mamá, ya se me están
acabando los gises. Tengo que
pintar una cruz muy grande,
negra, por el alma de Miguel. Y
otra roja por Rebeca.
MADRE: Rebeca está viva.
REBECA: Estoy más muerta que
todos.
MADRE: Ven, Simón, vamos a
merendar. (Pausa.} ¿No vienes
Rebeca?
SIMÓN: Rebeca está muerta. (La
Madre y Simón van saliendo.
Música.)
Oscuro lento.
CUADROII

Al día siguiente, Simón juega con una
caja de zapatos. La arrastra con un hilo,
a manera de una carroza. La caja tiene
ventanitas de papel celofán de colores,
adentro una vela. Trae también un
gorro de papel periódico en forma de
barco. Juega silencioso. Hay periódicos
esparcidos por toda la habitación.
Rebeca está leyendo.
REBECA: Todos los periódicos di-

cen lo mismo. Pronto nuestras
168

antiguas amistades comenzarán
a llegar. ¡Vamos a tener que cerrar puertas y ventanas! (Simón
se detiene y saca de la caja un frasco
en, el que trae hormigas.)
SIMON: Ya se murieron dos, Bebé,
ya se murieron dos hormigas.
REBECA: ¡Ah! Pues cántales y ve
a enterrarlas. (Simón saca las hormigas del frasco y las pone en una
caja de cerillos que coloca nuevamente con mucho cuidado en la carroza.) ¡Aquí está el reportaje! (La
Madre va entrando.) ¡Del periodista que vino ayer! (Lee. Se ríe.)
MADRE: ¿Es chistoso?
REBECA: ¿Quieres que te lea? (La
Madre no contesta.) Llegamos a la
casa del general retirado, don
Mario Castillo, etcétera. Nos
recibió doña Amelía, gran dama
de alcurnia -y todo esto que ya
no es verdad- es una nota escueta y trae una foto de Miguel
cuando era joven. Sólo que el pie
de grabado está equivocado.
Mira. (Le pasa el periódico a la
Madre.) Dice Mario del Prado.
No leí más, para qué ...
SIMÓN: (Cantando.) Ya los llevan a
enterrar entre cuatro zopilotes y
un ratón de sacristán. (La Madre
lee. Dobla el periódico.)
MADRE: Voy a llevárselo a tu padre. Pon un poco de orden aquí,
por si alguien llega.
REBECA: ¡No vamos a recibir a
nadie!
SIMÓN: (Cantando.) Ya murió la
hormiga parda, ya la llevan a enterrar en una carroza blanca, en
169

su caja de cristal. (Suena el teléfono. Simón se asusta.) ¡Mi alma! (El
teléfono sigue sonando.)
REBECA: Ya voy, ya voy. (Coge el
teléfono y lo descuelga, pero no contesta.) ¿Conforme, Simón?
SIMÓN: (Calmándose.) Todavía no
es hora y ése no es mi teléfono.
(Sigue cantando.) Ya murió la hormiga roja, ya la llevan a enterrar
en una carroza blanca y en su
caja de cristal. (Simón comienza a
temblar.) Bebé, bebé, tengo miedo.
REB~CA: ¡Ya vas a empezar!
SIMON: (Comienza a llamar a su
Madre, primero con voz temblorosa
hasta convertirse en un grito histérico.) Mamá, mamá, mamá ...
MADRE: (Desde arriba de la escalera.) Rebeca, la medicina pronto
dale la medicina. Está e~ el mue~
ble de la izquierda. (Simón tiembla
más. Rebeca va a sacar la medicina.) Pronto, dale el calmante.
REBECA: (Abriendo el cajón.)¿Y mis
mariposas? ¿Y mis cartas? ¿Dónde están mis cartas?
MADRE: Rebeca, ¿qué te pasa? Las
tienes en tu cuarto.
REBECA: (Trastornada.) ¿Y mis
mariposas? (Ataca a Simón.)
¿Dónde las dejaste, imbécil? (Sale
corriendo. La Madre acude y calma
a Simón.)
MADRE: Ya hijo, ya Simón. (Contiene el llanto.) ¡Ay Dios mío! (Lo
abraza tiernamente.) Tranquilo.
Aquí estoy contigo. Vamos, ponte a jugar. ¿Cómo va la canción?
A ver, cántamela. (Simón obedece
y tararea la canción.)

�SIMÓN: Mamá, tengo miedo.
(Como niño.) Mamá.
MADRE: Ya pasó, vete a jugar,
anda, ahí está tu caja, digo tu carroza. Está muy bonita. A ver,
tráemela. (Simón obedece.) Mira
qué bonitas ventanitas. (La Ma-

dre se sorprende, saca con delicadeza mariposas disecadas de la colección de Rebeca.) Y éstas no son para
enterrarse. Las vamos a guardar
aquí. (Al ponerse de pie se da cuenta que el teléfono está descolgado.)
¿Bueno, bueno? (Cuelga. Observa
las mariposas y con cuidado las
vuelve a colocar en el mueble de la
izquierda. Simón se ha ido calmando. Entra Rebeca con una caja de
cartas, las aprieta contra su pecho.)
Esta casa está encantada, ¿verdad
Simón? Las mariposas vuelan y
se vuelven a posar en el mismo
lugar. (A Rebeca.) Es mejor que
las guardes con llave.
REBECA: Las tenía clavadas en el
estuche. Son tan hermosas. (Pausa. Triste.) Mamá, yo soy como
una de estas mariposas. Papá me
clavó aquí entre estas paredes.
MADRE: Deja de pensar en esto.
Aún es tiempo.
REBECA: ¿Tiempo de qué?
MADRE: Vete de esta casa, Rebeca. No digo que seas una jovencita, pero...
VOZ PADRE: (Gritando.) ¡Nunca
les diré donde está el dinero!
¡Nunca! ¡Amelía!
MADRE: Ve tú y cálmalo.
REBECA: Yo no tengo tu paciencia.
MADRE: Te quiere tanto.

REBECA: ¡Más de lo debido!
VOZ PADRE: Amelía, hay viento,
nieve, hace frío.
SIMÓN: (Que ya se ha recuperado.
Infantilmente.) Tápate con la capa
de tu tío. (Ríe como niño travieso y

se tapa la boca.)
VOZ PADRE: Hay ratones en esta
casa.
MADRE: Rebeca, tienes que volver
a ser tú.
REBECA: ¿Crees que pueda?
MADRE: Tú siempre has amado la
vida. Déjanos a Simón y a mí.

(Lo dice en tono de chantaje.)
REBECA: (Haciendo una seña, refiriéndose al Padre.) ¿Y a él? ¿Y de
qué voy a vivir? No sé hacer
nada.
VOZ PADRE: Amelía, me muero
de hambre. (La Madre hace el im-

pulso de ir.)
REBECA: Yo iré. (No sabe dónde

dejar sus cartas.)
MADRE: Su cena está lista. Ya corté la fruta.
REBECA: (Mientras se dirige a la cocina.) Va a empezar a gritar que
lo queremos envenenar. No sería
mala idea, ¿eh? (Sale.)
MADRE: Vamos, Simón, ya levántate.
SIMÓN: En el patio hay veneno
para las hormigas.
MADRE: Olvida eso.
SIMÓN: ¿Y yo, mamá?
MADRE: ¿Tú?
SIMÓN: ¿No podría ir con papá?
MADRE: Después.
SIMÓN: Hace mucho que no lo veo.
Desde el día de mi cumpleaños.

170

MADRE: Pronto lo verás.
SIMÓN: ¿Por qué Rebeca es tan
mala conmigo?
MADRE: Rebeca no es mala.
SIMÓN: Sí, me pegó. Siempre me
pega.
MADRE: Hay que perdonarla. Está
un poco nerviosa. Todos estamos
un poco nerviosos. En cuanto a
tu pobre padre, será mejor que
no te acerques a él.. .por el momento. (Pausa.) Puedes salir al
patio, si quieres a tomar un poco
de aire.
SIMÓN: No. Estoy mejor aquí. Me
da miedo el patio, está oscuro.
Hay pájaros en las ramas de los
árboles, pájaros con ojos de lumbre que me persiguen. (Entra Re-

sofá y duerme plácidamente.)
MADRE: No podemos hacer esto.
REBECA: ¿Por qué?
MADRE: Tú lo sabes. Tenemos que
saber dónde escondió las monedas de oro y las joyas. Todo este
dinero será tuyo.
REBECA: Y ya para qué me va a
servir, si es que ese tesoro existe.
MADRE: Yo lo vi, y él nunca volvió a salir de esta casa. Desde
que le cortaron la pierna se
encerró a piedra y lodo en esa
recámara.
REBECA: Desde allí nos vigila.
Nos tiene atados. Somos sus prisioneros.
MADRE: Pronto podrás ser libre.
REBECA: ¡Ah! La libertad, no
voy a saber qué hacer con ella.
(Pausa.) Dios! (Viendo hacia
arriba.) Cómo ha cambiado,
cómo hemos cambiado todos; no
hace tanto, por vieja que esté,
por vieja que parezca .. .no hace
mucho, madre, yo era su hija
predilecta.
MADRE: Compréndelo.
REBECA: Lo comprendo, por eso
no lo perdono.
MADRE: Qué amarga eres, Rebeca. Tu padre, el pobre, era un
hombre honorable que hizo una
carrera militar tan brillante. Hemos vivido 50 años juntos.
REBECA: (Seria.) ¿Y cuántos de estos años han sido felices? No te
comprendo, madre.
MADRE: Fueron muchos años que
no supimos lo que era una discusión.

beca con charola, fruta y leche.)
REBECA: Ya no hay nada en la
despensa.
MADRE: Mañana voy al mercado.
REBECA: Iré yo. Después de cobrar el cheque. Cada día alcanza
menos. (Va subiendo la escalera.
Desaparece.)
VOZ PADRE: Amelía, Amelía. (Se
oye la voz de Rebeca.)
REBECA: Soy yo papá. Aquí está
tu cena.
VOZ PADRE: ¡Ramera! Sal de aquí,
desvergonzada. ¿Qué no te habías muerto? Maldita, pues toma
esto. Lárgate, perdida.
REBECA: (En lo alto de la escalera se
limpia la leche que le ª"ojó el padre
en la cara. Llorosa, con gran resentimiento.) Cada día está peor.
Deberíamos mandarlo a un asilo. (Simón se ha acurrucado en el
171

�MADRE: ¿Quién podrá ser a estas
horas?
REBECA: Algún curioso. Otro periodista.
MADRE: (Asombrándose por el postigo.) Es la vecina del fondo.
REBECA: La bruja esa ... {La Ma-

REBECA: Pero después se convirtió en un monstruo de exigencia
y tiranía. (Con cierta ternura, a su
madre.) Mira como estás, pálida,
ojerosa. ¿Cuánto tiempo piensas
resistir así? (Simón se estira y
bosteza.) ¿Y este niño grandote y
perturbado? {La Madre acaricia la

dre abre.)
VECINA: Buenas noches, Amelía.
¿Me recuerda? Antes platicábamos.
MADRE : Sí, ¿qué se le ofrece,
Esthercita?
VECINA: Me da mucha pena
decirlo ... pero ... es por su bien:
por el bien de ustedes.
MADRE: Pásele.
VECINA: (Pasando y curioseando.)
Mire, qué fachas. (Viene en bata
de franela y trae una cobija tejida en
los hombros.) Aquí estoy bien,
nada más quería decirles que su
esposo, el general ...
REBECA: ¡Le molesta con sus gritos!
VECINA: A eso ya nos hemos acostumbrado, ¡pero lo que hace
ahora!
MADRE: ¿Qué es lo que hace?
VECINA: Se para en la ventana
semidesnudo, y como mi recamara da al patio de ustedes ...
MADRE: ¡Qué barbaridad!
VECINA: Y le ha dado por orinar,
me va a secar la reseda. Yo abrí
mi ventana, hay tan bonita luna
y me asomé, y pues .. .lo vi.
MADRE: Qué pena.
REBECA: ¿Y no la bañó?
VECINA: (Haciéndose que no oyó.}
¿Cómo dice? Yo se los vengo a

cabeza de Simón y llora en silencio.)
¿Cuándo yo me vaya tú lo vas
a cuidar? ¿Podrás cuidarlos a
los dos?
MADRE: Dios me dará fuerzas.
REBECA: Dios. (Burlona.) He dejado de creer en Dios.
MADRE: No blasfemes.
REBECA: Toda esa herencia religiosa la he perdido también. Si
supieras los sueños que tengo, las
pesadillas horribles que cada
noche me despiertan. Anoche
soñé que enterraba vivo a Simón
en el patio, pero el pozo no era
muy profundo, y tú me gritabas
desde el balcón de arriba que me
iban a descubrir porque empezaría a apestar y los perros lo iban
a desenterrar. De pronto, yo estaba junto a ti, observando esa
gran piedra que hay en el patio.
Al tratar de arrastrarla para tapar el pozo, desperté gritando,
bañada en sudor. Había también
alambres de púas ...
MADRE: Qué pena que no hayas
podido seguir viendo al psicólogo.
Suena el timbre de la puerta. Ambas se
estremecen.
REBECA: ¡No vayas!

172

decir pues porque ... ¿Qué tal si le
da por exhibirse por la ventana
que da a la calle? Yo no sé si ustedes sepan, pero grita y enseña ·
su muñón. Y pues ... se le ve todo.
REBECA: {Suelta la carcajada.) Ahora resulta que exhibicionista
también.
MADRE: Déjenme ir a ver. (Sale.)
REBECA: (Despertando a Simón.)
Simón, vete a tu cama.
VECINA: Se quedó dormidito su
hermanito. (Llevándose un dedo a
la sien.) No está muy bien, ¿verdad? (Simón se ha ido desperezando.
Estira los brazos y bosteza.)
REBECA: Fíjese que sí, y, ¿a qué
no sabe? También le da por desnudarse.
VECINA: ¿No me diga?
REBECA: Sí, lo heredó de su padre.
VECINA: (Dándose cuenta de la burla.) Será mejor que me vaya.
REBECA: Sí, será mejor. (Avanza
hacia la puerta.)
VOZ PADRE: ¡Las tropas enemigas
están cerca del cuartel! ¡Al enemigo! ¡Al enemigo, disparen¡
la vecina sale, asustadísima.
Oscuro.
CUADRO III.

Han pasado varios días. Vemos a Simón
que se esconde por entre las cortinas, se
asoma, atisba para todos lados, va a un
nicho que hay en la pared, saca del bolsillo una llave, abre el nicho y saca un
teléfono dorado. El teléfono no está co173

nectado. Simón va a sentarse a una pequeña silla que hay en la derecha, junto
a una mesita. Quita la carpeta de la
mesa y se la pone en la cabeza. Voltea
para todos lados, marca un número.
SIMÓN: ¿Bueno? ¿Está mi alma?
(Pausa. Desilusionado.) ¡No!
¿Cuándo vendrá? No puedo llamar muy seguido, me vigilan.

(No se ha dado cuenta que la Madre
ha entrado.) Sí, volveré a llamar
pero no se lo diga a nadie. {La'
Madre cruza y desaparece. Simón
cuelga y vuelve a meter el teléfono al
nicho. Con mucho cuidado cierra la
puertecita y se guarda la llave, va a
salir y se da cuenta que trae la
carpeta en la cabeza. La vuelve a
colocar en la mesita.)
REBECA: {Entrando con sus cartas.)
Simón, vete a jugar al patio.
{Simón obedece y empieza a sonreír.
Se detiene.)
SIMÓN: Léeme una carta.
REBECA: ¿A ti...? Ni que fueras mi
psiquiatra.
SIMÓN: A él sí le leías. Ándale.
REBECA: Bueno, pero nada más
una, ¿eh?
SIMÓN: ¿Y quién te las manda?
REBECA: Mi novio.
SIMÓN: ¿Tu novio? ¿Y por qué yo
nunca lo he visto? ¿Por qué nunca ha venido?
REBECA: Es preso político, está en
la cárcel. Ven, siéntate, voy a
leértela. {Abre un sobre. Se sienta.
Simón se sienta a su lado. Rebeca
leyendo.) Querida mía, amor mío:
(A Simón.) ¿Ves? Le pareció poco

111

�aprendes. Ven, hermanito, vamos a jugar.
SIMÓN: ¿No me va a doler?
REBECA: Un poquito. {Saca unas
tijeras de caja donde trae las cartas.)
SIMÓN: (Con miedo.) No, Bebé, dijiste que íbamos a jugar.
REBECA: Por eso.
SIMÓN: Ah ... ¿A qué vamos a jugar?
REBECA: A no me olvides nunca
o morirás. Te perdono la vida.
SIMÓN: ¿Para siempre?
REBECA: Lo pensaré. {Después de
una pequeña pausa.)
SIMÓN: Bebé, ¿me quieres?
REBECA: Más que algunos, pero
menos que a otros.
SIMÓN: Ah qué bueno. Yo también
te quiero. (Pausa.) ¿Cuándo me
escribes una carta?
REBECA: Si te atreves a entrar al
cuarto de papá, te escribiré la
más bonita carta de amor que
jamás hayas escuchado.
SIMÓN: ¿Papá? (Pausa. Duda.)
¿Para qué?
REBECA: Para que saques algo de
ahí.
SIMÓN: ¿Y si me pega?
REBECA: Ese es el riesgo.
SIMÓN: Pero todavía no es mi cumpleaños.
REBECA: ¿Tu cumpleaños? ¡De
veras! ¡Hay que hacerte un
pastel!
SIMÓN: (Entusiasmado.) ¡Con
velitas! ¿Y a quién vamos a invitar?
REBECA: A nadie, nada más tú Y
yo.

decirme "Querida mía". (Vuelve
a leer.) Tu carta llegó muy a tiempo, el día de mi cumpleaños, que
es 18 de enero. Por supuesto que
me dio mucho gusto, aunque me
preocupa esto de que estás ...
(Baja la carta.) Cometí el error de
decirle que me sentía mal. ¡Qué
tonta! (Vuelve a leer.) Bueno, todos estamos mal, aunque unos
más que otros, bueno, creo que
tú y yo somos de los más graves,
yo creo que la soledad es el gran
problema. Lo que pasa es que
somos como animales y no
hemos evolucionado mucho,
¿no crees?
SIMÓN: ¿Qué?
REBECA: Así dice la carta.
SIMÓN: ¡Ah!
REBECA: {Leyendo.) Así es que de
repente, habrás de relinchar o rebuznar; no te asustes, es normal.
Yo trato de mantenerme ocupado; cuando estoy en mi celda, leo
tus cartas. Luego nos sacan al
patio hacer ejercicios. Yo creo
que pronto voy a salir por mi
buen comportamiento. Estoy
estudiando inglés en mis ratos
libres -que son muchos-. Han
dado la señal que van a apagar
las luces, me despido, sigo pensando en ti. Te amo. (Rebeca se
pone triste. Suena el teléfono. Simón
lo descuelga y se queda con el sin contestar, luego lo pone sobre la mesa.
Rebeca sonríe a Simón.)
MADRE: (Entrando.) ¿Quién era?
REBECA: (Colgando.) Nadie, equivocado. (A Simón.) Que rápido
174

SIMÓN: Y a la minina. Ya tuvo otra
vez gatitos, ven a verlos. {La
Madre, entrando.)
MADRE: No sé que vamos a hacer
con tanto gato, la minina está
asustada, quiso esconder sus gatos en mi ropero. {La Madre trae
un envoltorio que deja cerca de la
puerta de la calle.)
REBECA: {Con malicia.) Simón se
encargará. (La Madre no entiende
la alusión de Rebeca.)
SIMÓN: Mamá, voy a cumplir años
otra vez.
MADRE: Pero si cumpliste apenas
hace tres meses.
REBECA: (Le hace señas a Simón de
que se calle. Éste se tapa la boca con
las manos y así permanecerá.) De
todas maneras voy a hacerle un
pastel.
MADRE: Eso te mantendrá ocupada. (Pausa. Sonríe a Simón.) Me
da gusto que se lleven bien. (Va
a subir.) Rebeca, voy a tener que
salir.
REBECA: ¿A dónde vas?
MADRE: A la Iglesia.
REBECA: ¿A la Iglesia?
MADRE: Sí. Voy a mandar decir
unas misas por tu hermana ... y
por Miguel.
REBECA: Allá tú, yo no pienso
asistir.
MADRE: Lo sé.
REBECA: ¿Crees que sirvan para
algo?
MADRE: No vamos a discutir eso
ahora.
REBECA: De acuerdo. {La Madre
toma el envoltorio que dejó cerca de
175

la puerta.) ¿Qué llevas ahí?
MADRE: Nada, no es nada.
REBECA: ¡Cómo que nada! {Se
acerca.) Mamá, para ir a la iglesia no necesitas llevar esto.
MADRE: ¡Rebeca, no discutamos!
REBECA: No me gusta que me engañes, mamá. Dime qué llevas
ahí. {Trata de arrebatar/e el envoltorio.)
MADRE: Esta bien, esta bien. También voy al monte de piedad.

(Desenvuelve dos flores de plata.)
Quizá me den algo por ellos, son
antiguos, regalo de mi boda.
REBECA: (Triste.) Lo sé.
MADRE: A Esthersita la vecina le
gustó, pero no me resigno a vendérselos. Del Monte quizá podamos rescatarlos algún día. Tu
hermano necesita medicinas, y...
REBECA: No tienes porque darme
tantas explicaciones, lamento .. .
(Se oyen unos golpes arriba.)
VOZ PADRE: ;Amelía! ¡Amelía!
¿Dónde quedó mi quepi?
MADRE: Voy a calmarlo.
VOZ PADRE: Amelia, mi uniforme. {La Madre va subiendo.)
MADRE: Voy, voy, está en mi
chifoniere.
SIMÓN: (Que había permanecido con
las manos en la boca desde que Rebeca le hizo la seña de que se callara, grita.) ;Amelía! ¡Amelía!
REBECA: Cállate Simón. Mira,
cuando salga mamá y el viejo se
quede dormido, entras como
gato a su habitación y buscas en
el ropero. No vayas a hacer ruido; buscas debajo de la cama, a

�ver qué encuentras: monedas de
oro o el reloj de bolsillo que siempre traía, y me los traes, ¿si?
SIMÓN: Tengo miedo.
REBECA: Recuerda, es tu cumpleaños. Te voy a hacer un pastel.
SIMÓN: Con velitas.
REBECA: Pero antes tienes que ir.
(Simón se arma de valor y trata de
subir la escalera.) Ahora no, cuando se haya ido y el viejo empiece
a roncar.
SIMÓN: A roncar.
REBECA: Eso es.
MADRE: (Saliendo arriba.) Le di un
calmante. No es la hora, pero no
tuve más remedio. (Rebeca cruza
hacia la cocina)
REBECA: ¿Habrá suficiente harina
y azúcar? (Va a la cocina.)
MADRE: Creo que sí. (Se pone un
velo negro, toma su bolso y el envoltorio y se dispone a salir.) Mucho
cuidado. Simón, no te separes de
tu hermana. (Sale.)

SIMÓN: ¿Oyes? Y así todos los días
y todas las noches. ¿Por qué casi
nunca estás? Rebeca quiere que
subas... Y lo tengo prohibido. (Asustado.) Tengo que cortar, viene. (Cuelga rápidamente. Cierra el nicho y se
esconde la llave. Aparece Rebeca con
las manos blancas de harina.)
REBECA: Mira, Simón. Que blancas me quedaron las manos. ¿Te
gustan?
SIMÓN: Si.
REBECA: Ven, acércate. ¿Qué haces?
SIMÓN: Nada.
REBECA: Ven, bésame las manos.
SIMÓN: ¿No me vas a pegar?
REBECA: Claro que no. (Simón se
acerca cauteloso.) ¡Bésame las manos! (Simón. Obedece, la cara le
queda enharinada.) Ahora, mírate al espejo. (Simón lo hace.)¿Ves?
Así nadie te reconocerá. Tu pastel va a quedar rico. ¿No te da
gusto que Santa Isabel de Hungría
se digne hacerte un pastel?
SIMÓN: Con velitas.
REBECA: Si te portas bien, te doy
permiso de que me pasees en el
patio en la silla de ruedas de
papá. (Pausa, se dirige a la cocina.)
¿No ha roncado?
SIMÓN: No, yo no oigo nada.
REBECA: Sube.
SIMÓN: (Duda.) ¿Y si me oye?
REBECA: No te reconocerá.
SIMÓN: Tengo miedo.
REBECA: ¡Cobarde! No eres digno
de ser mi vasallo.
SIMÓN:No.
REBECA: Sube ahora que mamá
no está.

Simón se queda solo, mira para todos
lados, se acerca a la escalera tratando
de escuchar. Va a subir, duda, ve hacia
la cocina, luego hacia el nicho del teléfono, va y saca el teléfono dorado. Asustado, comienza a hablar:
SIMÓN: Bueno, bueno, ¿está mi
alma? Espero. (Sonríe como iluminado.) Alma, ¿eres tú? Pero eres
la mía, ¿verdad? ¡Quiero contarte lo que aquí está pasando!
VOZ PADRE: ¡Amelía! ¡Amelia!
(Simón, levantando el teléfono hacia la escalera.)

176

SIMÓN: No, Bebé. Tengo míedo.

que siembre la plantita, es albahaca, junto con esta otra que es
de sábila, a la entrada de la puerta. Es para la buena suerte, y esta
otra que la hierva muy bien y se
la dé a Simoncito como agua de
uso; con esto se le van a quitar
los temblores. Dile también que
si quiere vengo y le doy una barrida, no vaya a ser que le hayan
hecho mal de ojo. {Rebeca voltea
a ver a Simón, quien está asustado
y sonríe.) Vieras, m'hijita, que
buena es esta yerbita. Tómala tú
también, si quieres. Si bien no te
hace, mal tampoco.
REBECA: ¡Mal de ojo a Simón!
¿Quién?
VECINA: Una misma, sin darse
cuenta "prende" de mal de ojo a
cualquiera, aunque sea "de repudia". Así me paso con mi yerno,
lo "prendí". Es que tengo la mirada muy fuerte, pero "pos" yo
misma lo cure. ( Casi sin hacer
transición.) Ay, m'hijita, no sabes
cuanto siento lo de tu hermana.
(Al ver que Rebeca no contesta.)
Bueno, este ... (No se quiere ir.)¿Y
tú mamá cuándo vuelve? Qué va,
ya no quedan vecinas, se está
quedando sola la colonia, tan
tranquila, bueno antes, ¿te acuerdas?, eran unas cuantas casas; la
de ustedes tan alejada y luego la
mía; luego se pobló y luego ahora otra vez sola, y es que están
rentando para negocios y la gente rica viviendo en los cerros,
dime tú. (Silencio glacial de Rebeca.) Bueno, creo que mejor me

REBECA: (Furiosa.) ¡Sube, te digo!
SIMÓN: (No muy convencido.) Esta
bien. (Sube el primer peldaño.)
REBECA: Así me gusta, mi valiente.
(Simón, decidió, sube rápidamente
dos peldaños más.) Sin hacer ruido,
como la minina, camina como
gato. (Simón se pone a gatas y comienza a subir la escalera. Voltea
a ver a Rebeca.)
SIMÓN: ¿Así?
REBECA: Así, anda. {Cuando Simón
intenta subir otro peldaño, el timbre
de la puerta suena muy fuerte. Los
hace estremecer a los dos. Silencio.
Ambos se miran. Simón tiembla.)
No te muevas de ahí, voy a ver
por el postigo. (Rebeca se asoma y
es sorprendida por la vecina.)
VECINA: Rebequita, soy yo,
Esther, tu vecina. Le traigo un
encargo a tu mamá. ¿No está
Amelita?
REBECA: No, no está.
VECINA: Que lástima. ¿No me
puedes abrir?
REBECA: ¿Por qué no vuelve más
tarde?
VECINA: Está bien. Le dices que
vine, aunque preferiría dejarle el
encargo de una vez. Es algo para
su hijo.
SIMÓN: Déjala entrar. (Rebeca duda
y abre.)
REBECA: Pásele. (La Vecina trae
unas ramas de albahaca y otras de
sábila, así como una bolsa con otras
yerbas. Simón está sentado a la mitad de la escalera.)
VECINA: Le dices a tu mamacita
177

�voy. Saludas a tu mamacita. ¡Ah!
Yo también ya me voy a cambiar.
Es muy grande la casa, m'hijita,
me duelen mucho mis rodillas, y
sin muchacha que me ayude. Me
voy a un departamento que rentó mi yerno. Ya nomás nosotros
quedamos.
REBECA: Que le vaya bien señora.
VECINA: Si, bueno, gracias. (Ya en
la puerta.) Ah, dile a tu mamá que
si no me compra mis plantas, están rechulas: jazmines, rosales,
se las dejo baratas.
REBECA: Sí, yo le digo.
VECINA: Gracias. (Sale. Rebeca
cierra.)
REBECA: ¡Vieja bruja! (Se queda
viendo elpostigo y la imita.) ¿Quién
te hizo el mal de ojo, Simón?
SIMÓN: (Se ríe.) Tú.
REBECA: Bueno, pues voy a curarte, pero antes tienes que subir.
{Simón tiembla.) Ándale (Simón se
pone de pie), ve. Acuérdate, después: tu pastel. (Simón obedece.
Lentamente comienza a subir. Llega al descanso de la planta alta,
avanza hacia la puerta de la recámara del Padre. Lentamente comienza a girar la perilla de la puerta. Súbitamente aparece el Padre, impresionante, corpulento y vigoroso, a
pasar de sus ochenta años. Le falta
una pierna, se apoya en su muleta.
Existe la posibilidad de no hacer
aparecer el Padre en escena, que sea
tan solo imaginación de Simón y
Rebeca, pero es muy importante que
la lucha se establezca. El Padre
representa el poder, la dictadura, en

fin, cualquier clase de dominio.)
PADRE: ¡Maldito! Engendro del
demonio, te estaba esperando.
Rata asquerosa. (Tira golpes a
todos lados. Simón se escabulle.)
Quieres mi dinero, ¿verdad? Para
llevárselo a esa roñosa. Toma,
toma. (Simón, como puede retrocede y trata de bajar las escaleras.
Rebeca ha subido. El Padre está de
espaldas golpeando a Simón. Rebeca trata de detener al Padre para que
ya no golpee más a Simón.)
REBECA: ¡Basta! ¡Basta! (El Padre
se voltea, pierde pisada y rueda escaleras abajo.)

Simón se abraza de Rebeca. Un instante de silencio. Ambos arriba observan al
Padre tirado en el suelo.
(Oscuro)
Aquí puede terminar el primer acto y
haber un intermedio breve o, si el director lo prefiere, la acción puede continuar
después de unos segundos de oscuridad.
La escena que sigue debe de ser muy
mágica. Se escucha el final del segundo
acto de la ópera de Tosca, o alguna de
sus arias. Miles de mariposas revolotean
por toda la habitación. (Este efecto
puede lograrse con iluminación, mediante mascarillas y un reflector en
movimiento, o con una proyección cinematográfica). Al centro del escenario, un
cuerpo está tendido completamente con
una sábana. La escena esta en penumbra.
Aparece Rebeca, con dos candelabros con
sus velas encendidas, que colocará a
un lado del cuerpo. Toda esta escena
tendrá que tener un efecto de ritual. A
178

medida que la música baja el volumen,
escuchamos a Rebeca.

REBECA: La tarde cae lluviosa sobre
el jardín que acogerá tu cuerpo;
las plantas trepadoras carcomerán tus huesos, las lagartijas pasearan sobre tu cuerpo y luego,
cuando los gusanos te conviertan
en banquete, después, mucho después, cuando las flores silenciosas
ya no exhalen su perfume, entonces
vendré y sacaré tu calavera, la
pondré a secar al sol y, como
Hamlet, diré: "¿Qué haces ahí
con la boca abierta? Vete ahora
al tocador de mi alma, y dile que
aunque se ponga el grueso de un
dedo de afeite, ha de venir forzosamente a esta linda figura":
(Aparece la Madre por la puerta del
jardín, segundo termino izquierda.
Viene cansada, trae un pico y una
pala, camina lentamente, se sienta
en una silla colocada entre la puerta
del jardín y la puerta de la cocina.
La escena vuelve a la realidad.)
MADRE: (Sentándose.) Rebeca ...
(Rebeca parece no escuchar.) Rebeca ayúdame, ya no puedo más,
ya escarbe lo suficiente, la tierra
no es blanda.
REBECA: Lo sé.
MADRE: Hice la prueba en las orillas del jardín. (Sonríe con amargura.) Desenterré huesos de
pollo, de gato, de perro, el panteón particular de tu hermano.
Me decidí escarbar en el centro.
Creo que ahí quedará mejor, ¿no
crees?

179

REBECA: Sí. Ahí en el centro estará
mejor. {Rebeca sigue dando vueltas,
haciendo cruces en el aire con una
rama. Hay varias macetas cerca
de la puerta de la entrada. Va y
arranca una flor y la empieza a
deshojar encima del cuerpo.) Ésta
es una lluvia de pétalos por tu
reciente muerte. Que al despertar encuentres la dicha que la
vida te negó.
VOZ PADRE: (Macabra.) ¡Amelia,
Amelía! (Inmediatamente después
del grito, los brazos de Simón salen
de debajo de la sábana y sujetan los
tobillos de Rebeca.)
SIMÓN: Te atrapé.
MADRE: (Refiriéndose a la voz.) Otra
vez tu padre. Pensé que nunca
recobraría el habla después de
esa terrible caída.
REBECA: Fue dificil para Simón y
para mí trepar esa escalera y colocarlo en su cama de nuevo.
Cuando volvió en si, nos miraba
con odio.
MADRE: Afortunadamente llegue
a tiempo.
REBECA: Bien dice que mala hierba ...
VOZ PADRE: ¡Amelía!
MADRE: Voy.. . Haz el pozo un
poco más hondo, ahí quedará
muy bien la maceta que me regalo la vecina. Después de todo,
tu padre la estuvo regando todo
este tiempo.
REBECA: A Simón le gusta excavar. Anda, Simón, vete al jardín.
(La Madre va subiendo la escalera.)
¿Y estas macetas?

�MADRE: La vecina, pobre mujer,
me las dejó ahí. Le pagué tan
poco.
SIMÓN: Vamos a seguir jugando,
Bebé, ahora tú eres la que se
muere. ¡Ah! Se me olvidó. (Saca
un gis y va a la pared.) Por el eterno descanso de mí. (Traza una
cruz.) Ahora tú, Bebé, acuéstate.
REBECA: (Quitando los candelabros.)
No, no, mañana. (Simón Levanta
la sábana y se la pone en la cabeza y
va y se sienta enojado al pie de la
escalera.) Ahí estás muy bien.
Procura no hablar por un buen
rato. (Rebeca recoge el pico y la pala
y sale aljardín. Simón se queda muy
serio mirando hacia elfrente. Suena
el teléfono. Simón duda, luego corre,
descuelga y escucha.)
SIMÓN: Mmm. (Misterioso.) Sí, hay
alguien aquí. (Pausa.) Yo...pues
yo... y Amelia ...y Bebé... y él, el
General. El General, que siempre no se murió, quedó mudo,
luego gritó (pausa), ya me voy
porque me pueden oír. Yo nada
más puedo hablar por mi teléfono. (Cuelga, se vuelve a envolver en
la sábana y se sienta quietecito al pie
de la escalera. En eljardín se oye que
Rebeca escarba.) ¿Qué es lo que
vuela en las tinieblas? ¿Qué es lo
que pasa? Nadie lo sabe. Presagios. Na die podrá detenerlos,
algo horrible flota; alguien vendrá, lo presiento. Pasa, bruja
negra, pasa. (La puerta de la calle
se abre sola, lentamente. Simón se
queda inmóvil, se escuchan más
fuerte las paladas en el jardín. La

Madre aparece arriba en la escalera, comienza a bajar. El ruido ha cesado en el jardín.)
MADRE: Rebeca. ¿Estás ahí? Simón ... (Se sobresalta al ver la puerta
abierta. Aparece Rebeca por la puerta del jardín.) La puerta de la
calle estaba abierta; que extraño.
REBECA: Habrá sido el viento.
SIMÓN: O la bruja.
MADRE: No le digas así a la vecina.
SIMÓN: La bruja Negra.
La Madre se dispone a cerrar. Aparece
Mario; 25 años, bien parecido, bien vestido, trae una maleta y su portafolio.

MARIO: ¿La familia Castillo?
MADRE: Sí.
MARIO: Soy Mario Prado Castillo.
(Los tres se quedan sin saber que
decir. Simón ríe estúpidamente. Rebeca enmudece al reconocer en Mario
el vivo retrato de Miguel. Es la Madre quien reacciona primero.)
MADRE: Mario, Mario, hijo mío.
(Se abrazan.)

(Oscuro.)
CUADRO II

Han pasado varias horas. Simón viene
de la cocina comiendo un pedazo de pastel. Habla en el tono que tantas veces ha
escuchado a su Padre.
SIMÓN: ¡El enemigo se acerca con
una larga espada! (Se atraganta,
tose, bebe. Vuelve a ser él mismo.)
El olvido curará tu dolor. (Está
muy triste. Como un niño berrin·
180

chudo, tira el pan y la bebida con
rabia; se queda inmóvil, comienza a
llorar.) Bebé, bebé. (Va por sus gises
y se dirige a la pared. Traza una
cruz.) Bebé, estoy solo, no me
preguntes porque no te lo diré.
(Empieza a temblar.) Un río de
hormigas se aproxima y quiere
devorarme, hormigas rojas y paradas. (Medio ausente canta.) Ya
murió la hormiga roja ... ya murió la hormiga... ya las llevan a
enterrar, entre cuatro zopilotes y
Simón de Sacristán. (Pausa.)
¿Dónde está mi carroza? (Se sacude las hormigas imaginarias.) Son
seis, son diez, Bebé, son cien, son
mil, Papá, papá, préstame tu espada, dame tu pistola. (Corre hacia la escalera, comienza a subir a
gatas lentamente.) Me buscan, han
llegado todos. Sube como gato,
Simón, hazlo, así como minina,
miau, miau, miau. Simón, que
nadie sepa. Ya voy a llegar Bebé,
soy valiente. Así me gusta, mi
valiente. (Llega hasta la puerta de
la recámara del Padre, abre con
mucha precaución y entra. La
Madre y Mario vienen del jardín
donde seguramente estuvieron merendando. La Madre viene feliz.)
MADRE: ¡Ay, Mario, qué alegría!
Cuéntame más, hijo. Tu madre
era tan ocurrente. Así que eso te
platicó.
MARIO: Dijo algo así, abuela. No
lo recuerdo muy bien. (Ambos
ríen.) Creo que era un parlamento que no se aprendió muy bien
y trató de improvisar y entonces
181

dijo la grosería esa. (La Madre
ríe.) Todos se quedaron helados,
pero después el director soltó la
carcajada y todo terminó muy
bien. Mi mamá se quedó sin
saber qué pasaba hasta que le hicieron repetir el texto. (La Madre
se pone triste. Mario la toma por los
hombros y no sabe que decir. Mira
su reloj.) ¡Dios mio, que tarde es!
El tiempo paso tan rápido estando con usted.
MADRE: ¿Vas a salir?
MARIO:No.
MADRE: ¿Quieres que te traiga
más café? El que te tomaste en
el jardín estaba casi frío.
MARIO: Yo voy.
MADRE: De ninguna manera, yo
te lo traigo. No me cuesta nada.
Siéntate, hijo, ponte cómodo.
MARIO: Gracias, abuela.
La Madre sale. Mario comienza a observar la casa, los muebles. Se acerca al
nicho del teléfono de Simón, trata de
abrirlo. Aparece Rebeca en lo alto de la
escalera. Ha habido un cambio en ella:
luce un vestido anticuado, pero no ridículo. Parece que se ha puesto algo de
maquillaje. Su cabellera, antes alborotada, luce ahora bien peinada. Mario se
queda sorprendido al verla, por el parecido extraordinario con su Madre.
REBECA: (Desde lo alto.) ¡Cuidado!

MARIO: ¿Perdón?
REBECA: Ese es el secreto más íntimo de Simón. Para él es como
para un sacerdote el sagrario.
MARIO: Me impresiona, Tía.

�REBECA: No me llames Tía, no me
gusta. Y háblame de tú.
MARIO: Se ... te pareces tanto a
mamá.
REBECA: De jóvenes nos confundían.
MARIO: Y ese vestido es tan bonito.
REBECA: Un poco pasado de moda.
MARIO: Tía ... digo, Rebeca, la
abuela insiste en que me quede,
yo no quisiera causar molestias.
REBECA: Puso tanto empeño en
arreglar la recámara que era de
tu mamá. Desde que Ana se fue
para casarse con tu padre, nadie
más la había ocupado.
MADRE: (Se sorprende al ver a Rebeca
tan arreglada.) ¡Rebeca! Por favor,
ayúdame, no sabía que estabas
aquí y solamente traje café para
Mario.
REBECA: Está bien, mamá, yo tomaré mi té.
MADRE: Te lo traigo.
REBECA: No, yo iré por él. (Sale.)
MARIO: Abuela, ¿Tía Rebeca y
mamá eran gemelas?
MADRE: No, tu mamá era un año
menor. Creí que lo sabías.
MARIO: Se perecen tanto.
MADRE: Sólo en lo fisico.
MARIO: Pero vestida así, parece
que estoy viendo a mamá en esa
película que...
MADRE: (Viendo que viene Rebeca,
responde secamente.) ¡Sí, la recuerdo! Cuéntame más de tu madre.
MARIO: (Triste.) La verdad, abuela, es que no la conocí bastante.
Ella siempre estaba viajando con
papá. Yo iba de un internado a

otro; así fui creciendo, pero sí,
me hablaba de ustedes, de esta
casa, de los caballos del abuelo;
del tío Simón un poco menos; y
casi nada de tía Rebeca. (Pausa
incomoda.) Abuela ... mi madre
me dejó una herencia y de eso
quisiera hablar. No sé cómo
decírselo. Quisiera que no se fueran a molestar... ni usted ... ni tía
Rebeca ... (Rebeca entra. Mario se
calla.)
REBECA: Como en los viejos tiempos.
Me siento tan inglesa tomando
té. (La Madre se ha quedado pensativa. Mario le acomoda la silla a
Rebeca para que se siente.) Gracias
Miguel. (La Madre voltea a verla.
Rebeca no se ha dado cuenta del
lapsus. Mario no le da mayor importancia.)
MARIO: De nada Bebé.
REBECA: ¿Por qué Bebé?
MARIO: Así te dice tío Simón. ¿No?
Y tú me cambias de nombre...
REBECA: (Sin entender.) No comprendo.
MADRE: (Al quite.) ¿Te sirvo más
café, Mario?
MARIO: Sí, abuela. (Hay una pequeña pausa. Los tres muy aristócratas,
muy elegantes, permanecen sentados
a la mesita circular, situada a la
izquierda actor.)
REBECA: ¿Y tú dónde estabas
cuando sucedió?
MARIO: ¿Qué cosa?
REBECA: El accidente.
MARIO: ¡Ah! Pasando unas vacaciones en Florencia, pronto tengo que volver...
182

MADRE: Quisiera que nunca te
fueras.
MARIO: Ha venido sólo para lo indispensable.
MADRE: Sabemos lo d~loroso que
ha sido para ti.
REBECA: (Que se quedo pendiente la
última.frase de Mario.) ¿Volver? ¿A
dónde?
MARIO:
. , No sé. De momento no sé ,
qutzas a ...
REBECA: (Suelta la carcajada y se
pone de pie.) ¡Eso mismo dijiste
la última vez!
MARIO: No comprendo nada. (La
Madre se da cuenta de la locura de
Rebeca.)
MADRE: Pero si apenas...
REBECA: ¡Ah, los hombres no dicen nunca la verdad!
MARIO: Yo... nunca he...
REBECA: Siempre ocultan algo.
Has venido sólo para lo indispensable, dices.
MADRE: (Buscando una salida.) ¿y
Simón?
MARIO: Es cierto. ¿Dónde está el
tío Simón?

{La puerta de la recámara del Padre se
abre lentamente y aparece Simón. Trae
pueSfo el quepi Y el saco militar lleno de
condecoraciones. Simón ríe y habla
como en secreto):

SIMÓN: Ya entré, Rebeca; y mire
lo que saqué. (Enseña una pistola
empieza a bajar la escalera, la apun~
ta a Mario.) Ya soy como papá y
183

puedo gritar ¡Amelia! ¡Amelía!
Córrelos a todos, me quieren robar. Quieren mi dinero, mis monedas de oro. (La voz de Simón es
muy similar a la del Padre. Ríe
furioso.) Ja, ja, ja, nunca las encontrarán, nunca . Sólo yo sé
donde están, ja, ja, ja, ja.

(Oscuro.)
CUADROIII

(Aparece Simón sentado en la silla de
ruedas. Mario lo empuja, vienen del
jardín.)

MARIO: Vamos, General, yo creo
que ya es suficiente; ahora me
toca ª mí, Y guarda esa pistola,
que no te servirá de nada.
SIMÓN: (La apunta a Mario. Luego
se pone la pistola en la boca. Pausa.) Fueron tres disparos.
MARIO: No, no juegues con eso.
AJas pistolas las carga el diablo.
SIMON: (En actitud de Simón de nuevo.)
Bebé está en la cocina. Amelía
también.•• (De manera intencional
Mario encamina la silla hacia eÍ
nicho.)
MARIO: ¡Alto! ;Aquí es el alto obligatorio! ¡Ah! Y aquí están sus
lentes para ver de colores. (Le da
unos aros. Simón se baja de la silla
se encamina a la cocina, Mario s;
sienta en la silla de ruedas. Simón
va al nicho, abre y saca el teléfono,
descuelga, escucha.)

�acá, ayúdame! Ayúdame a bajar,
tráeme mis muletas.
REBECA: Las tiene tu hijo, ahora
le pertenecen.
PADRE: ¿Cuál hijo? Yo sólo tuve
dos hijas: Ana y Rebeca. Amelía,
dile a esta ramera que se largue.
REBECA: El día que me vaya, será
con Miguel. (Aparece Marío en
la puerta del jardín. Rebeca corre
hacia él.) Miguel, Miguel. {Lo
abraza y lo besa.) Por fin has
vuelto.
PADRE: (Estupefacto, viendo la escena.) Rebeca, suelta a ese hombre,
o te desheredo.
REBECA: No me importa tu dinero; cuándo me ha importado.
MARIO: (Desconcentrado.) ¡Tía cálmate! (Por un instante, Rebeca
parece percibir la realidad. Con
lentitud dice.)
REBECA: ¿Qué dices, mi... Mario?
MARIO: Que te calmes, por favor.
REBECA: Abrázame, bésame, te
quiero tanto, Miguel. Llévame
contigo, amor mío.
PADRE: (Casi simultáneamente con
Mario.) ¡Rebeca!
MARIO: ¡Rebeca!
REBECA: Olvídate de Ana, ella no
te quiere, Ana me odia y yo la
odio también. Arruinó mi carrera. (Aparece la Madre por la puerta
de la cocina. Trata de calmar a
Rebeca.)
MADRE: Rebeca, hija, ¿qué te
pasa?
PADRE: (Arrastrándose por la escale-

SIMÓN: ¡No hay nadie!
MARIO: Prueba otra vez. Yo lo vigilo. (Acciona la silla hada la codna y
vuelve.) No están en la cocina.
SIMÓN: (Saca el teléf ono y mete la
pistola al nicho. Escucha.) La línea
está interrumpida.
MARIO: ¡Prueba otra vez!
SIMÓN: ¡No! (Mete el teléfono y cie-

rra. Se guarda muy bien la llave.
Empuja la silla. Marío, contagiado,
disfruta del juego.)
MARIO: Despacio, General. Vamos al jardín.
SIMÓN: ¡Al jardín! Al jardín donde está mi perro Mandarín.
(Salen.)
VOZ PADRE: ¡La muerte está en
mis ojos! Amelía, ¿quién es el intruso que entró a mi casa? ¿Es
otro pretendiente de Rebeca?
Dile que se largue, Amelía, ¿sabes quién es? No cualquiera
pretende a mi hija. (Rebeca sale
de su cuarto con la caja de cartas
apretada contra su pecho. Casi dulce. Romántica.)
REBECA: Ha vuelto Miguel, papá.
(Aparece el Padre en la puerta, arrastrándose.)
VOZ PADRE: ¿Miguel, qué Miguel?
REBECA: Miguel del Prado.
VOZ PADRE: Otra invención de las
tuyas. ¡Dile a tu madre que quiero bajar!
REBECA: No podrás. (Comienza a
bajar las escaleras.)
PADRE: ¡Rebeca! ¡Rebeca! ¡Ven
184

ra.) Es una cualquiera. Y este
hombre, Amelía. ¿Quién es? Dile
que se vaya. (Mario, como para
calmar a Rebeca, la abraza.)
MARIO: Vamos, Rebeca, ya paso.
(Rebeca solloza.)
REBECA: No te vas a ir, ¿verdad?
(Simón ha entrado por la puerta del
jardín. Aun trae el uniforme del
Padre, pero está muy asustado. Se
acerca al nicho.)
MARIO: No, no me voy. Aquí estoy contigo.
REBECA: ¿Me quieres?
MARIO: Sí.
REBECA: Bésame. (Se besan. Aparecen las mariposas. Todos se quedan
inmóviles. Únicamente Simón se
mueve como en cámara lenta, saca
su llave y lentamente abre el nicho y
saca la pistola.)
(Oscuro lento.)
CUADRO IV

Se oye que escarban eljardín.

MADRE: No podemos hacer eso.
No ahora.
MARIO: ¡Es preciso!
MADRE: Se moriría de angustia.
MARIO: Abuela, le prometo que no
les faltará nada.
MADRE: Tampoco sería justo. Yo
ya soy vieja, pero, y ellos... (Pausa. Se oyen las paladas en eljardín.)
MARIO: ¿Cuánto hace que escarba?
MADRE: Ya he perdido noción del
185

tiempo. (Pausa.) He llegado a
pensar que ese dinero no existe.
MARIO: Pero usted lo vio, monedas de oro.
MADRE: Y joyas de las que nunca
supe su procedencia. Tu abuelo
decía que iban a servir para reparar el daño que ellos hicieron
después de la revolución o qué
sé yo. Las escondió. Nunca más
las volví a ver. Después perdió la
pierna y poco a poco, la razón.
MARIO: ¿Y Rebeca, cómo lo supo?
MADRE: Igual que Simón y hasta
los vecinos, los pocos que quedan. Tu abuelo no ha cesado de
gritar y amenazarnos con no
decirnos donde lo escondió.
MARIO: Es preciso mandarlo a un
asilo.
MADRE:Le di el calmante en el jugo.
MARIO: (Comienza a cambiar. Enérgico.) Pues debe haber otros
métodos.
MADRE: Lo hemos tratado de persuadir diciéndole que está al
final de la vida, y fue peor.
MARIO: (Fuerte.) ¡Pues entonces a
la fuerza! ¡¿Cómo es posible?!
(La Madre queda callada. Se sienta.) Perdón, abuela. Yo lo hago
por ustedes. Mi padre, usted
sabe, me dejo algo de dinero, no
mucho. Además, (con intención),
esta casa. (La Madre se sorprende.)
Mi madre me heredó esta casa.
MADRE: ¿Ana?
MARIO: Yo tengo las escrituras.
¿No lo sabía?

�tratar de llamar la atención.) ¿Y
qué vestido me pongo?
MADRE: El que más te guste. {Rebeca desaparece.)
SIMÓN: Yo tengo una carta.
MARIO: ¿Una carta? A ver, dámela.
SIMÓN: No, es mía. El cartero me
la dio a mí.
MADRE: ¿La traes ahí?
SIMÓN: (Saca la carta.) Sí, es para mí.
MADRE: Pues léela.
SIMÓN: Léala usted. (Se la da a la
Madre.)
MADRE: General Mario Castillo.
Esta dirigida a tu abuelo. (Se la
da a Mario.)
MARIO: Es del ministerio de Relaciones Exteriores. " Presentamos
a usted y su familia nuestro más
sentido pésame por la perdida
irreparable del distinguido diplomático Miguel del Prado y su
esposa, doña Ana Castillo del
Prado, etcétera,etcétera". Lo acostumbrado en estos casos. (A
Simón.) ¿Cuánto hace que las
tenías?
SIMÓN: Tengo muchas.
MARIO: ¿Por qué no las traes? (A
la Madre.) Podría haber alguna
importante.
SIMÓN: Son mías.
MARIO: ¿Quién te las manda?
SIMÓN: Nadie.
MADRE: ¿Quién se va a ocupar de
nosotros?
MARIO: Tío Simón, ¿esas cartas
donde las tienes?
SIMÓN: Son mías.

MADRE: Siempre pensé que seria

de Rebeca.
MARIO: Parece ser que el abuelo
cumplió su palabra anticipadamente. (Simón, silendoso y triste,
ha estado asomándose por las puertas, escondiéndose en las cortinas,
escuchando. El actor que interprete
a Simón debe de ser muy discreto en
estas escenas. No debe de robar foco
escénico, mas bien que parezca que
está ausente. En los momentos que
aparezca debe dejarse de oír que
escarban. Asimismo, cuando desaparezca, se oirán las paladas.) Y
antes de que mamá partiera, el
abuelo escrituró esa casa a su
nombre.
MADRE: De modo que si hubiéramos querido vender... ¡Oh, Dios
mío! (La Madre se tapa la cara con
las manos. Deljardín viene Rebeca,
despeinada y sucia.)
REBECA: (Amarga.) Nada, no hay
nada. Es imposible que él haya
podido escarbar tanto.
SIMÓN: Bebé, Bebé. (Rebeca no le
hace caso. Simón es la imagen
misma de la desoladón.) Bebé.
MADRE: Rebeca, sube a bañarte, ya
deja de buscar. Ponte un bonito
vestido. (Buscando la compliddad
de Mario.) Mario va a llevarnos a
cenar. ¿Verdad, Mario?
REBECA: ¿Mario? ¿Qué Mario?
(Comienza a subir la escalera.)
MARIO: Sí, Tía. (Rebeca no contesta
y sigue subiendo. Parece repetir
algo.) ¿Miguel? (Simón comienza a
186

)

MARIO: ¿Tú las escribiste?
SIMÓN: No. Rebeca. (Va sacando las
cartas de las bolsas del pantalón, de
su saco, de la camisa. Se las da. La
Madre y Mario leen.)
MARIO: Señorita Rebeca Castillo.
Remite... Que raro, el papel es
idéntico, lo mismo que la letra.
SIMÓN: Rebeca las escribe. Son
mías. (Se las quita, las alisa y las
acaricia. Las vuelve a guardar.)
MADRE: El psiquiatra dijo que eso
era bueno. A través de esas cartas
él se daba cuenta del funcionamiento de la mente de Rebeca.
MARIO: (Se queda absorto viendo
como Simón alisa las cartas. De
pronto cierto temor.) Usted es la
única que está cuerda en esta
casa, abuela. (Va a la escalera.) El
abuelo, ¿cómo empezó a estar
así? Y tío Simón, ¿así nació? Y...
Rebeca ... De mamá recuerdo
reacciones extrañas. ¿Habré heredado yo también esa enfermedad? (Se empieza a reír, primero
quedito, luego más fuerte. Simón
también ríe. Pausa.)
MADRE: ¿Y si te dijera que tú no
eres hijo de Ana?
MARIO: (Se queda serio.) Imposible.
MADRE: Tú eres el vivo retrato de
tu padre, por tus venas no corre
sangre de los Castillo. La mujer
que te parió te dejó un día en las
puertas de esta casa. Estaba enterada de que Miguel del Prado
la visitaba y que pronto se casaría. De esa forma aseguraba su
187

provenir. Rebeca te recogió. Renunció a su carrera de actriz para
cuidarte, con la esperanza, eso sí,
de que pronto se casaría con tu
padre. Pero Miguel se enamoró
de Ana y se casó con ella, como
ya lo sabes, aunque ya había sido
amante de Rebeca. La boda fue
en esta misma casa. Rebeca enloqueció. Lo demás ya lo sabes.
SIMÓN: Más cartas, cartas viejas.
MARIO: ¡Cuanta esquela!
MADRE: Mira, esta es la participación de la boda de tus padres.
Léela.
MARIO: El general Mario Castillo
y su distinguida esposa, doña
Amelía Tobías de Castillo. El
señor Mario Castillo y su distinguida esposa, doña Amelía
Tobías de Castillo. El señor
Miguel del Prado y la señora
María González del Prado, tienen
el honor de invitar a usted a la
boda de sus hijos Ana y Miguel.
(Pausa. Se queda leyendo.)
MADRE: Y la fecha ... De ser hijo de
Ana, tendrías 23 años, y tienes
25. Puedo también enseñarte el
acta de nacimiento que traías
perdida con un seguro junto con
la acostumbrada carta. Esa mujer tuvo el cuidado de registrarte
con el apellido de tu padre y el
nombre de Mario, porque sabía
que en esta casa habría boda con
una o con otra, y así te convertirías en el nieto del conocido militar Don Mario Castillo. (Pausa.)

�.,

riposas.) No me iré lejos. Estoy
segura de que Miguel en este
momento no sabría a cual de las
dos elegir. Te ves preciosa con
ese vestido tan vaporoso. Tú
siempre tan elegante, tan bien
vestida; ¿es de Valdez Peza, verdad? Gracias por tu regalo, pero
no lo puedo aceptar. Esa colección de mariposas te pertenece.
(Se escucha la marcha nupcial de
Men&lt;felssohn.) Mira a Miguel que
apuesto. Estoy segura de que todas las mujeres me envidian en
este momento. Yo sabré hacerlo
feliz, hermanita, te lo aseguro.
Le daré hijos. (Pausa.) ¿Y Mario
se durmió? ¿Le diste su biberón?
Tan lindo niño, vendrá a vivir
con nosotros. ¡Miguel lo quiere
tanto! (Ha bajado casi toda la escalera. Se encuentra ya muy cerca
de Mario y la Madre, que se han quedado inmóviles. De acuerdo a la
imaginación de Rebeca, se pueden
proyectar también sombras y Mario
tomara la actitud de Miguel. La
Madre se moverá, igual que Mario,
a cámara lenta, tomando actitudes
de un gran ceremonial. Rebeca a
Mario.) Querido, no te acerques
todavía. (Se ve el vestido, comienza
a llorar. La Madre se acerca unos
cuantos pasos.)
MADRE: Hija ...
REBECA: (Vuelve a su actitud anterior.) Esta bien, mamá. Es la
emoción, no debo llorar, se me
correría el maquillaje. Que bueno

Espero que esta confesión sea un
alivio para ti.
MARIO: Es algo terrible. No le
creo. (Vuelve a ver la invitación.
Simón canturrea.)
MADRE: Así que no tengas ningún
miedo a la locura. Y ningún escrúpulo para echarnos de esta
casa. Es tuya, eso sí, ya tuviste
la precaución de decirme que tienes las escrituras en tu poder.
(Simón sigue canturreando y va
subiendo la escalera sin que Mario
y la Madre se den cuenta.)
MARIO: Entiéndeme, abuela.
MADRE: Yo no soy tu abuela. No
llevas una sola gota de mi sangre. El efecto que siento... que
pude haberte tenido, desapareció
esta tarde. (Va a salir.) ¡Ah! Es
posible que el dinero y las joyas
estén ocultos debajo de esa piedra grande que hay en el fondo del
jardín. (Ha ido oscureciendo.) Quizá Simón quiera ayudarte a moverla. (Va al pie de la escalera. Arriba aparece Rebeca vestida de novia.
Es el traje que Ana uso el día de su
boda. El traje está corrugado. Rebeca, ausente, va bajando lentamente.)
REBECA: Rebeca, por favor arréglame el velo y la cola. ¿Tienes
ya el ramo? Tú eres mi dama de
honor. Mira que hermoso se ve
papá con su uniforme, y mamá.
¡Ay, Rebeca, cuanta gente! No
sabes lo feliz que soy, hermanita. (Pausa.) ¡No llores! (La escena
es onírica. Se vuelven a ver las ma188

que el Arzobispo accedió a celebrar la misa aquí. (Se ríe como
loca.) En esa gran piedra de mármol que papá mando colocar al
fondo del jardín. (Se escucha más
fuerte la marcha nupcial, que es
interrumpida por varios disparos.
Todo vuelve a la realidad. Aparece
Simón, pistola en mano, por la
puerta de la habitación del Padre.
Rebeca se quedó inmóvil al pie de la
escalera, sin comprender. La Madre
lanza un grito de horror. Ha comprendido que Simón ha matado a su
Padre. Simón apunta a la Madre.)
MADRE: ¡Simón! No, Simón.

(Simón dispara. La Madre cae muerta.
Mario corre hacia la puerta de salida.
Simón dispara. Mario cae. Simón
esta enajenado, dispara a todos lados.
Rebeca cae. Oscuro-música. Se escuchan
las paladas en el jardín. Cuando la luz
se enciende, vemos a Rebeca vestida de

189

novia, sentada en el sillón del centro.
Esta muerta, parece una muñeca
grotesca. Simón viene del jardín, deja
pala y pico cerca de la puerta. Va por
sus gises y empieza a trazar cruces en
la pared. Canturrea.)

SIMÓN: Bebé, B bé. Mi novia Be
b. (Va al nicho, abre con mucho
cuidado, saca el teléfono.) ¿Bueno,
está mi alma? ¡Alma! Tengo
mucho que decirte, sí.. . sí... Lo
haré. (Deja el teléfono y empieza a
sacar monedas de oro que irá regando por el escenario. Saca collares, pulseras, etcétera. Y comienza
a ponérselas a Rebeca.) Este es mi
regalo de bodas. Así, Bebé, tú y
yo solos para siempre, Bebé.
Mamá y Miguel están en el
jardín descansando.

�NUESTROS COLABORADORES

Autor del libro de relatos Meuca (UANL, 1985) y de El tren nuestro de cada
día. Nueve obras de teatro (uANL, 2000). Coautor del volumen Dramas Nuevo
León (Conarte, 1998).

E/vira Popova. Teatróloga e investigadora, egresada de la Academia Nacional de Teatro y Cine "Kr. Sarafov", Sofia (Bulgaria). Actualmente ejerce
la docencia como maestra de Análisis de Textos dramáticos e Historia
de Teatro en la Facultad de Artes escénicas de la UANL. Está realizando
investigaciones sobre la dramaturgia mexicana de los 90's como parte de
su tesis de doctorado.

Hernando Garza.

Periodista cultural, poeta y dramaturgo. Lleva m ás de 20
años dedicados al periodismo cultural. Trabajó en los periódicos El
Porvenir y El Norte. Como autor de teatro, ha publicado Crímenes mojados,
-Ganador del Concurso Nacional de Dramaturgia de la UANL 1999-,
El día que amaneció lloviendo, -serie Drama, de la Secretaría de Extensión
y Cultura-, además de otros textos, y biográficos, Conversaciones con
Minerva Mena Peña y Enrique Fernández, respectivamente.

Hernán Galindo. Originario de Monterrey,

México. Dramaturgo, director
de teatro y diseñador de vestuario; además maestro de teatro, guionista
y director de videos artísticos y empresariales.
En noviembre de 2004 se hizo acreedor a dos premios nacionales:
Premio Nacional de Teatro del INBA/ Gobierno de Baja California por
su obra Círculos en el jardín. Premio Nacional de Dramaturgia UANL
por su obra La gente de la lluvia.
Algunas de sus obras están siendo traducidas al inglés, al italiano y
al búlgaro.

Coral Aguirre. Naturalizada mexicana de

origen argentino. Licenciada en
Letras Francesas por el convenio de la Alianza Francesa de Bahía Blanca (Argentina) con la Universidad Nacional del Sur. Licenciada en
Teatro por el Instituto Teatral Bonaerense dependiente de la Secretaría
de Cultura de la Provincia de Buenos Aires.
Es directora, maestra de actuación y dramaturga. Dos veces premio
nacional en su país como dramaturga. A nivel internacional forma parte
de la corriente del Tercer Teatro liderada por la Escuela Internacional de
Antropología Teatral y su mentor, Eugenio Barba.

Reynol Pérez.

Agualeguas, Nuevo León. Estudió periodismo en la Universidad Autónoma de Nuevo León. De 1987 a 1990 realizó estudios de
postgrado en periodismo y lengua búlgara en la Universidad San Clemente de Ojrid de Sofia. En 1999 la Universidad Autónoma Metropolitana
publicó su traducción Atanás Dalchev. Antología poética (1923-1976) y al
año siguiente obtuvo la Beca de traducción otorgada por el FONCA.

190

Mario Cantú Toscano.

(Monterrey, Nuevo León, 1973). Se graduó de la
licenciatura en Letras Españolas en la Facultad de Filosofia y Letras de
la Universidad Autónoma de Nuevo León en 1997. Ha tomado cursos
co~ maestros como: Coral Aguirre, Jean-Marie Binoch, Euginio Barba y
Juba Varley. De 1998 a 1999 fue becario del Centro de Escritores de
Nuevo León. Hizo un taller de guión y realización cinematográficas con
el cineasta Pascal Aubier en la Escuela Internacional de Cine y Televisión,
en Cuba, en 2001 .
En 1998 recibió el Premio Nacional Obra de Teatro que otorgan el Instituto Nacional de Bellas Artes y el gobierno del Estado de Baja California.
En 2000 obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Dramaturgia "Teatro Nuevo", organizado por la Sociedad General de Escritores
de México y el Instituto de Cultura de la Ciudad de México.

Vida! Medina.

(1976). Dramaturgo, actor y director de teatro. Publicaciones: smos Concurridos, Trazos y la Danza del zombie (Antología:
CONTRASEÑA: Nueva Dramaturgia Regiomontana, Conarte-CONACULTA,
ed. 2003); Garap ("Premio Nuevo León de Literatura en el área de
Dramaturgia", 2001. Conarte-coNACULTA, ed. 2002).
Estrenos: Sitios Concurridos. Octubre de 2003, bajo la dirección del autor;
Garap, noviembre de 2004, dirección de Coral Aguirre; Húmedas
Almohadas octubre 2005, bajo la dirección del autor y Galimatías,
octubre de 2006, dirección de Mónica Jasso.

191

�Rubén González Garza. Nació en Monterrey. Director y dramaturgo, ha
estudiado con Salvador Novo, Rodolfo Usigli, Emilio Carballido, Rugo
Argüelles, Vicente Leñero y Luisa Josefina Hemández.
Ha recibido los premios a las Artes, Premio Conarte Nuevo León, tres
veces el premio de dramaturgia de la UANL y Medalla al Mérito Cívico.
Fundador de la Escuela de Artes Escénicas de la UANL y del Centro de
Estudios Teatrales del Gobierno de Nuevo León.
Durante treinta años ha sido director teatral y maestro en el Tecnológico
de Monterrey.
Entre sus obras destacan: Residencial Los Pinos, La casa de las cruces de gis.
Un camión llamado oportunidad, De soledades, El secreto de la virgen, El payaso y la maestra, Pasas por el abismo de mis tristezas.

192

�Introducción, Elvira Popova.
TEATRO DE NUEVO LEÓN: Expresoanomeolvides,HemánGalindo.
Con la salde Salvador, Coral Aguirre.
Porencima de la vida, Reynol Pérez Vázquez.
Venados a la luz de la luna, Remando Garza.
El hombresin adjetivos, Mario Cantú Toscano.
Galimatías, Vidal Medina.
La casa de las cruces degis, Rubén González Garza.

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                <text>Sánchez Bailón, Carlos Alexey, Editor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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