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                    <text>·RE\11/TA MtN/UAL

. DlREC.TOK:E.60MtZCARitiuo

.l!efudf98 COS""ºl"-ºllraa:_ Un no_veUat.a .tfel reallemo (p.61., M).

po,-,Jun

C&amp;:»ix.--J)p,eeíu.fiJapl!no- amerll:ana•~ Del p.otme Cynnna (otro$
rr~'°')¡ p01' Arturo Trnres RioBttO (WJ.-Cy,ano, POJ'·Jum,
Blf1'1IIJI (.Oi).~eatl'Oa grt1ndu-ce14bor~do,rt~ ex-tra_nJet'C)a: el humor
ansto-taf6n·. _por A,.,L Je:1De- (4tllt)~ _Cuentos. ftp@ok!S_: _e:i mllanc,~
~r Jos"t; Caisttlló11 (484).-Anrotogla: Con su.e flnoe. Vütldo,s.- ••&amp;~ dfr4a esra noclut/ ..' .;--2:t bello nMO •..--el v~eno.- La f11t~te de
aan-gk....,:..Clelo de nlebh1s.-,.-MoQtn etetrabundá.-1!1 Ju.:o. porCl!rlO&amp;"BSJuklslre, rraducelótr de E/lodoro Ptréhe ·('80).-:'.".Crónh;e dri:P.,_
r{~: Bl· le:afro. lo&amp; libros y elarte., por/. •~el (4l'?). Crón1~ 1 ~
de: Portuvil: Poeraa iqodernot1t-POI' tJ.rrmw de &amp;rgoa (Colotnblrte)
'"".J),.,~tw11~ llter:.vio. &amp;: Cu_estloile&amp; e&amp;Jifflc:a.s...La crhita del "'70, por
11. "Cinridnoa-A6&amp;iUls ("'5:0).-1..ffc~rA!S novfalmoa~ et movlmfetlt-o _ul-'frafata ~11ñol, l&gt;Or Ouillerm1J de Torre (A'ra).-Crónka de,ttall¡tt L.o$
fletma, ló.s llh,pe y el arte. 9ºr '4opardo Nll1'inl (41M).-BI fecN-o .ea
e.tpaft~ ílmPl'@foát:!IJ, por: Cduardo Haro (!05).,--J!I dl1e en Ba}&gt;Bffa:.
BI ~ladór .y cln@'Qor lZalit6,n T.eí- y Boldd, PM. !J,ill~ de
te.

N,rtoa (Mt,.....,.Md13fea~ por YBgile,$ (323.!).-~lenlh.!d: Pe.laaj.~--Bnsuena..-Vída ~ Edliardo N. áel Portillo
un gJórfo~ aoler•
La caH de:1 COffl'ultffl) Maldon~o. póí'_ A berfo Va/ero:Hartfn (liBO),......
Blbl~nff1, por. c. P., A'rlliro Tol't't4 Rk&gt;seco~ Q, de Tt&gt;tre y n,..
h$I .LIIMO tfe
J!!!'p-(686). Crónica. ~cana:. ·a1 eapano.1 "".. loa
&amp;,ados Dnfdo,a..~J!t-.tro m la Atvrm'tlna (661),-BJ,tu~ crftf@a de
·Jllstoria·"'tttiosn: eO:nliodO uturli1fsJa en la mltoJoífa coffl]Hlrada, Poi'
edmundo Oonú/ei.:-/Jlartco (-6'1BJ,
·

J~-Oe.

m

NÚM. 2.l.

NOVIElllBRE DE 1920
8i1181'1pc16A: Un de, 30 peseta.
......

Ittinero ·euelto,

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2,50 peaetu.

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SOCJ~DAD' l!SPJ\80LA' DI! LIBllflRIA
Fa,raa,

21.- ■ ADRID

ro-L

{811 $1CUBlltitA n
us UIIRlllúÁll DB áSPAWA v AIIÉIIICA, BIBLIOl'II~ D8
.
B$TACIÓIQl8 V LIBl&gt;BIIIA DB YJUIIIBS, CABAU.BaO J&gt;B OIIAC)lt., ll8)
.

-·

us .

��UN NOVELISTA DEL REALISMO

Ignoro si C. F. Ramuz es conocido en Francia, pero lo

ea en la Suiza francesa.

En efecto; aparte de ..üfllé Pacl,e, peixtre wudoi.s, que
publicó en la Reuue h'elxJomad.aire, todas sus novelas hap
lfU'ecldo eo las revistas ginebrinas. La lirada de sus obras
es muy modesta. Un editor de Lausana, a quien hablé, me
dijo:

cFaera del público que lee y quP lee mucho, existe en
nueatros campos, sobre todo, un público que no compra
. _ que un libro por atl.o, y siempre del mismo autor, El
autor de esas gentes no es M. Ramuz, sino M. Beojamin
Vallotton.•
JI. Benjamín Vallotton es una especie de Georges
Ohnet, de la Suiza francesa; pero más mediocre, m.ás mal•
.-no. Y empleo esta palabra en su sentido pasivo, es decii:,
enfermizo, condenado a perecer, y en su sentido activo, '
•to .es, pernicioso para la salud intelectual de sua lectores.
Por auerte el cantor de Vaud, más astuto de¡Jo :que aparen1a, acaba de darle un puesto en uo colegio para la enseAllma del francés, pensando que con eso leerá mis la litelÚllla francesa, la comparará con la suya y dejará de es-

cqbir.

¿Pero qaé nos importa que un autor se lea o se;compre?
No ae trata aqui de comercio, M. Ramuz es de Vaud. Ha
1

■ l ■ LIOTECA Cl:NTNAL

u. A. N. L.

�, .Mi.1#(tl0
vela~ Jea-1..w ~ ~

vieto,
báy néepeionea, y acaso
de todo elite Olimpo. alguna Yutille a
1-0'MjJIM 61lfllillwandt, alpn Pap,i, de
Nfld, de Degas. Para estJ)S pinto rea la pin

(proas), NO#Vlllu 111
f1"""'1ia

(no'f'ela}, &amp;flUlll

el'O de nov-elas cortas. Tiene, ademla,

u

Yie ~ (novelas), que a~ no baa

o laay belleza ni hay fealdad. La bellUA es la
llfoa ardst.-s son raros. Mú raros aún lo
• exceptiio a Huysmans, digno descendieat

umen.

No me ocupar6 aqui mú que de SUB
re todo, de úa cwconBlarecu • la w,,
estra, y, como aseguraba Rachilde cuand
i
obra maestra.

flamencos, tqué- han hecho los escritores
tura eon esos dones de pintor? ¿Qu~ ha
Gautier? Han pintado bellos- jóvenes y heue con frecaem:ia no son m4s que trajes, se

ea

•••
Cuando busco determinar el lugar que .óelipai:
i:quz en la historia de la ~o\tela francesa, me V®
acribir que es un realista; pero esto es por ~
Pfllabra. El realismo es una aflagaza; el art~ realisti

anl•

posible. Imposible, desde luego, porque sólo se
a él los menos apropiados, y son los 6nicos ~
t,0naagrane. No hay arte realista sin impera

ser impetaooal en arte tio es otra eos. que
contraria( sus dones, violentar sus gastos, ~ t
mob a conttaviento, ceftirse los peores ~ esto., ¿a nombre de qué? ¿En nombre del Arte? N
eso. En nombre de la verdad; porque se estA p
que el realismo ea la verdad. ¿Quién puede intpi_.
jante aventura.•. , sino puros idealistas? ~ ~ • o
en au concepción, lo es rpAa en au e.JCCUCil»n;
arriesga a pintar la realidad si no se reconoce
to de pintor. ¿Y quiénes más que los pintores es
de belleza? Y ai la palabra belleza cbct'ca, dir:é
sas agrailables de ver, y que son a: la vista lo ~
paladar un plato deliciQSo. Penetrad en los ~
como una et~ puesta de sol, como un etemo
~ los bfOB de las carnes y ·lae llamastk 1
¡Qwitas VenU8l ¡Cúntas Ad~ ¡Culntaa

a de Merimé. ¿Qué han hecho los Gonoomt
I ¡La Fi1,ü &amp;i8a! Pensad a4n en
és de M"""- Baoory. cansado de tener tanto
estilo ca pan seco.-, se recreó en &amp;la""'6. CX..
te de su espíritu va hacia la plirpura, al sol,
dicen los Goncourt de su 0111,,ltx, Dnnailly. To. orea que abandonaron el pincel por la pluma.
~~~~~ haberlo hecho, son semejantes a este pintor.
pretendan ser novelistas realistas, tendrm
tni cósa que el oro., la p6rpura o el sol.
persuadido de que no podt4 haber noveliata
con mis modestia, que de todos los escritó-

aubert y comprendido éste) que ae han pto..
la realidad, ninguno se aprozima tanto a su
a.

•••
húteria. de una joven campesina, madre~ in-Luc
.U es la historia de un campesino
aa mujer, hasta votv~ loco. Affltl! P~
UD

pintor que busca su camÚlcJ; Lt,a,.. ei,la líiatoria de 11D notario que se casa

IIC&gt;ll

que se arruma por ella. a,..,¡ &amp;llit es la

BeJet.

�388

COBMÓPOLIS -

xr-1920

Como se ve, todos estos asuntos son bastante comunes
para que el autor los hdya inventado. Esto, sin embargo1
.no es una condición del género. El escritor realista puede,
por el contrario, si le place, hacer el relato de las situaciones más inverosímiles. Si los caracteres son verdaderos, la
inverosimilitud del argumento hará entonces más intensa
la sensación de lo real. Y el mismo M. Rarnuz da un ejem~
plo en Le Jeu a Cheyseron, especie de Ilíada pueblerina y
montañesa.
En una obra realista pienso que si hay algo que deba
dar la sensación de lo real, es el diálogo. Anoto, sin insistir
1
en ello, que en las novelas de M. Ramuz no solamente los
personajes dicen lo que deben decir, sino que con frecuencia se tiene la impresión de que ellos no pueden decir otra
cosa.
Antes de casarse con su criada Emilio Magnenot, notario en Arsens (pueblecillo del Vaud de los dos mil habitantes), se ha casado con una joven de la localidad: Helene
Buttet, &lt;{joven de buena familia&gt;. De novios van a pasearse
a lo largo del río.
«Pasaron cerca de la fábrica de electricidad...
Él dijo:
-Debería usted ponerse el chal.
Dijo ella:
-Si usted quiere ...
Y le deja hacer Dice ella aún:
-¿Trabajan toda la noche en la fábrica?
-Es cosa obligatoria. Sin ello, las lámparas se apagarían.
Después la fábrica quedó oculta a sus ojos.&gt; (De Las circunstancias de la vida.)
Se casan. El autor nos describe el cotidiano levantarse
del notario.
«Al fin estaba vestido y ponía su reloj en s.u bolsillo.
-No sé por qué este rel9j ~e atrasa.
-¿Habrás olvidado, acaso, darle cuerda?

ESTUDIOS COS!l0l'Ol,I1'AS

389

-¿Cómo quieres que lo olvide? Es cosa de todos los
días.
·
Antes de salir iba a abrazar a su mujer. Aún no babia
aprendido ella. No ponía la boca, sino que volviéndose en
la almohada presentaba la mejilla, una mejilla fria. Él se
preguntaba alguna _vez: «¿Era una mujer así lo que yo necesitaba?»
La mayoría de los novelistas, aun los más escrupulosos,
. prestan a sus personajes una extraña clarivi1lencia. Los seres más limitados se entregan a una especie de introspección, dt' la cual serían incapaces algunos psicólogos. Los
burgueses de M. Ramuz son menos analistas.
·
Frieda Henneberg, la criada del· notario, se ha dejado
violar por él y luego le ha obligado a casarse y a dejár Arsens por LausaP-a. No tarda mucho en mostrarse tan mala
madre como esposa. Ávida de lujo, entre Qtros locos gastos, incita a su marido a alquilar un piso demasiado caro
para él.
«El notario pide dos días para reflexionar Está resuelto
a no ceder esta vez; sin embargo, consiente. ¿Cómo ocurrió ésto? Aí anochecer habían vuelto a su casa; Frieda, en
una habitación al lado, cantaba durmiendo al pequejíuelo.
E:iita noche le había cogido y abrazado dos o t;res yeces, y
el niño se había puesto a sonreir, porque ya comenzaba a
tener conocimiento. En segtáda le había dado de comer, le
había desnudado ella misma, desenrollando su larga faja, y
en ese instante le mecía. Cantaba meciéndolo. Cantaba una
canción alemana, algo triste, con notas sostenidas, que van
disminuyendo al fin de las estrofas, y su voz se extinguía.
Después recomenzaba. Era ya de noche y no debía de ha.her en el cuarto de al lado más que una bujía y una lamparilla y la mujer con el niño; y Emilio escuchaba.
Escuchó aún un poco; su mujer cantaba siempre; entonces se levantó, abrió la puerta, la vió sentada cerca de la
cuna, y dijo:
-Si quieres, iré a alquilar el piso.&gt;

�-.-.~~~

balta cl4nde Jlev&amp;Ra41.uz eu pasión por-la " '

a.Rio . . . . .ot vela a H~1-a, 811 ~
-riblfáda.
~Alpna vez pentiaba que el aueAo p,dría·m •

Su reloj -.i&gt;a
c:Mvo de la pared. Vi6 que eran laa once. ~
.t¡ue .estaba alli. Aún estarla otra hora. .• , aedelt~ se cerraban.
Cuando ios guadafladores siegan no se sóld
lilléa derecha. sino un pie ante o~ en una ~
Y el pripiero entra en la hierba con .u gaadal!a J
~ndo, haciendo QD camino elato, que repr~
do cmutdo llega su turno de entrár, luego el -~~
#,O Wl cuarto.
¡Qué linda mai'lana! Desciende sobre el boaq\le
íobre la fina punta de los Arboles y mira de álto a
el prado las flores de -tr.es o cuatro especies;-'$ •
cia el es~e donde están los patos-, y luep
mino clende el vaquero marcha pata

~ levantabá bruscamente..•

la~-• •

berr«d.Ci&gt; a su espalda. Ya se levantan hui nilia&amp;tCID
8INl4o y se frotan los ojos.
De pronto~ a Emilio que lieleaa l e ~
to,. lo mira••••
No ~ puede dar mejor lá sensación del au-..
el durmiesite cuando entra en el 1ueilo no tiene~el autor no lo expresa, Se contenta con pasar del
to al presente y de aligerar como en sueA• .i
relato.
Si la ·realidad, segim la fórmula de Scho1peíJMi1_.
es mis cque mi representación111, haJ taotM
·
iadividuos. I,aego si el autor pinta la suya, _.. di
personal y por consecuenda, :eaJillta. S i ~
y lo otro, la realidad que deberá diaetitir
de
.sonajes. Pero nada es mAs ~oso- S'e -..1 ua

ea•

Flaubert:
•El (Homais) siente gran. e n ~ lK&gt;t''-

~..
~tede
61 ~ y aieJlte que se
ate hombre, nlú agarrotado qu~ un..Se:
C(Mn01111al&amp;g0••

qv.e cita este pas,tjeenú:Bo,,,o,I N..,.~

. mo aqui ae. mueatra .ya el autor.,.¡
Seytal ¿Cómo puede comprende la sdora
.

DiMrmt:o; yo me fiemo la escena que acaba de lé.erle

~ , donde estarúi r~preao•
-alcoba una bliJgqesa normanQ, la seflora Hota y 11\1.aov:elista moderno, f'laubert, que nQ

que1-eer.
alpllo&amp; fragmentos de M. Ramuz.
ente, los pasajes mú incideutaL
· esto es, aqeellos en que el autor, en
br-e de inten'anir con todo aa arte, t
t111 maneras de veF, de sentir y de

recibir «los mt&amp;sicos..,
:r.; el autor~• trata.
- - e a las ciuda~, y io mismo en lOá grani!íeDIOil;
vid concbaida la jornada, loa hombres y
e,:i sus instmmentoa de metal; constitu..
, nombran un director y se estudian 1-a
®

ee todo; ea preciso actuar; se habla

u.ea o cuatrO ai\os..se celebra$e una pn
~ - o ~ o t vaains~ eaLauaao
Da11ZD11UQ.1paabmre

resefta híJórieadé.la ciutlad.-

de Vf&gt;ltaire., de'-oaaseau...
G ~ , COJl soc:abea gs,rda J ,u
eiscribe 111 historia sentado en 81J •
ll~tó4a~taflUllen.te;

�392

COínfÓPOLIS-XI-1920

se presentan más a menudo viniendo de Francia, mientras
que BonaparGe comienza a ser un gran general que infunde
miedo a los demás generales, •y los soldados están contefltos de ir con él a la guerra. Algunas veces pasan tropas,
pero lo más frecuente es que el ruido se produzca leios y
las montañas impidan oir el cañón; o bien se verÍ partir
hombres del país con su bello uniforme, y luego no se sabe
nada más de ellos.,
En Lausana Frieda se aburre e invita algunos amigos:
«Desde luego, la señorita Walter toca la m&lt;!ndolina y
lleva su instrumento. Es un instrumento maravilloso. Con
un pequeño triángulo de cuerno, se frota sobre las cuerdas
de hierro y se obtiene una música fina, henchida de sentimiento, Solamente la mandolina no da de sí lo que puede
dar si no la acompaña el piano. ¡Qué lástima! Frieda no tenia piano.,
He aquí otros pasajes menos incidentales sacados, uno
de Jean-Luc persecuté:
«Hablaban pues, y luego permanecían un largo momento sin decir nada. Se tiene algunas veces una idea que os
pasa por la cabeza y os quita la pipa de la boca para darla
a conocer; después de esto, se pone otra vez la pipa en la
boca y se espera que vt:nga otra ... ,
Un pasaje, de Aline:
~Mientras que marchaban los dos, el uno al lado del
otro, J ulien buscaba en su cabeza. Hay veces que se tienen
obstruídos los tubos de la cabeza. Entonces miraba en el
aire.,
Así, M. Ramuz, hasta en sus relatos toxna de sus personajes, no solamente su modo de pensar y sentir, sino su
modo de hablar¡ reproduce su estilo.
Pero semejante método no deja de tener sus peligros.
Porque no es la lengua de burgueses y campesinos lo que
el autor quiere reproducir, sino la lengua de burgueses y
campesinos «vaudois&gt;. Y no han faltado críticos que adviertan a M. Ramuz: «Cae usted en la «vaudoiserie». Se
queda usted al margen de la lengua francesa.»

ESTUDIOS COSMOPOLlTAB

393

Trátase de responderles. En ausencia de una estética de
la lengua francesa me vería muy embarazado. Pero M. Remy de Gourmont, jugando así una buena partida a todos.'
los pedantes de colegio, ha formulado esta Esthetique, y leo
(página 148, II):
«Para censurar la deformación . lmgüistica, .M. Descp.anel habla desde el punto de vista del uso y la corrección
académica. Es también lo que ha guiad.o al coleccionador
del Almanaque Hachette para el año de 1899. Este modesto y anónimo defensor del bello lenguaje ha recogido cerca de trescientas faltas (según escribe) de francés y las ha
corregido valientemente. No da explicaciones. Es un Dites,
Ne dites pas, en toda la sequedad brutal de estas especies
de Manuales e intitulado con firmeza: Si nous parlíous
franfO,is. &gt;

t

Noto,, no sin alegría, que estas deformaciones (M. Remy
de Gourmont da la lista) son, en su mayoría, las mismas
de esas de las cuales están compuestos parecidos Dz'tes, Ne
dites pas, aparecidos en la Suiza francesa y del cual el más
conocido se intitula, más enérgicamente aún: Parlons franfais. Luego si en la Suiza francesa el pueblo habla ~al,
puede consolarse, porque toda Francia está con él. Porque
no supongo que el Almanaque Hachette esté especialmente editado para Suiza, ni que su redactor anónimo haya ido
a componer su catálogo en los campos del cantón de Vaud.
Se creerá que todas esas faltas, son condenables. Pero
nada es más falso. Pasando revista a esas deformaciones,
M. Remy de Gourmont prueba de una manera incontestable, que no solamente el deformador no está del lado que
cree M. Deschanel, con todo el mundo, sino que el mal
francés del pueblo es siempre francés, y a veces mejor francés que el de los gramáticos.
Por lo demás, esta defensa es casi superflua. Apenas si
M. Ramuz usa de estas formas de que acabamos de demostrar la excelencia. Si peca contra la lengua académica, es
sirviéndose de expresiones o de palabras de las cuales el
pu,:!blo ha cambiado o amplificado el.sentido, pero de las

�894

COSMÓPOLIS

xr-192-0

cuales respeta la forma. En las citas ya hechas, un gramático puntilloso haría notar que la «traite» (herrado) significa
la acción de ordeñar, y no la leche contenida en un recipiente, que se ha ordeñado, etc., etc.
Pero hay algo más en literatura que cuestiones de gramática. e:Admitimos, se dirá a M. Ramuz, que vuestro lenguaje es correcto) pero no es bello.» Y esto, en efecto, se
le dice con frecuencia. En un estudio consagrado a M. Ramuz, estudio muy inteligente y de los más admirativos,
M. René de Weck cita este pasaje:
«Se pensaba que era necesario que se hubiese arrastrado allí dentro con las manos; se pensaba que en esa prensa
que se había arrastrado allí dentro y que había debido desgarrarse allí dentro. ¿Y a precio de qué esfuerzos había salido de allí? (Le mort du gran Favre, novela.)
Después dice que este modo de escribir es, por lo menos,
extraño, y que, por otra parte, no podía ser el lenguaje de
leñadores. Pero, ¿qué importan estos detalles? Se comprende que M. Ramuz no puede escribir la lengua del país con
sus frases arrastradas, que no acaban nunca. Frente a ella,
su actitud es idéntica a la del novelista frente a la vida; no
lo toma todo, elige. Y así como de sus personajes y de su
ambiente no recoge más que lo esen_cial, así de su lengua. je, de su modo de hablar, no reproduce más que el tono.
_ Algunos novelistas, como por ejemplo los Goncourt,
que no confiesan otra ambición que la de dar al lector la
sensación de la vida, van derechamente al fin contrario.
Para ellos la vida es una sucesión de cuadros, de cuadros
con su marco, y cuanto mejor la describen mejor la pulen
y más dan, como es natural, la impresión de una tela pintada. Es pintura y no vida. De suerte que el lector, en vez
de tener entre él y la realidad una sola cosa, tiene dos: primera., un cuadro pintado; segunda, la de;;cripción de este
cuadro. El que suprima lo uno y lo otro, dará verdaderamente la sensación de lo real. Eso es lo que hace M. Rarnuz, en la medida de lo posible. Su estilo es un estilo hablado. Es hablado, luego ·es viviente. Se oye a lo largo del

ESTUDIOS COSM.OI'OLITAS

395

relato la voz misma de los personajes y sus voces y sus
acentos; se las oye y se les ve, de modo que puede decirse
que entre el lector y la vida no hay casi nada.
Y si la belleza de un estilo no es otra cosa, en suma,
que su virtud éreadora, hay que ~onvenir, respecto a M. Ramuz, que su lenguaje e:s bello y que no ha querido, tle sus
humildes personajes, más que recibir lecciones de arfe.
La característica del «vaudois», burgués o campesino, es
la de no tener prisa nunca. e:Hay tiempo» es su divisa. El
estilo de M. Ramuz, no tiene prisa. Su estilo «tiene siein:_
pre tiempo». En las líneas de sus novelas, los minutos se
suceden como en la esfera de un reloj. Conozco pocas novelas que marquen mejor que las suyas la infinita lentitud
de la vida en el campo o en un pueblo. A un novelista le
será muy difícil definir esta lentitud con hábiles metáforas,
se~uir la marcha de las sombras en el.Pavimento de la plaza vacía, escuchar, vivir el pueblo y concordar un instante
el ritmo de su frase al latido de esta vida, si el acuerdo no
es constante o no siente la lentitud de esa vida.
Así se apercihen todos los efectos del contraste que
casi sin pretenderlo el autor van a brotar de su relato .
Cuando un personaje no ha dicho nunca «¡vamos!~, sino
cereo que será preciso ir», y que no solamente su. exístenda, sino toda la vida en torno suyo ha sido tan calmosa y
proporcionada; si de pronto ese hombre arrojando a su
mujer le grita: «¡Vete!» ~¡En seguida!», el lector comprenderá la inmensa cólera de que ·está poseído.
Y estos no son más que sentimientcs, estados de alma
pasajeros que se expresa□ por sí mísmos; pero hay además los caracteres. Cuando en esta misrna lentitud de palabras y de gestos se oye de pronto a un viejo exclamar
febrilmente: «¿Cuánto han costado los huevos esta maflana? ¿ Cuánto las legumbres?», es superfluo añadir que se
trata de un avaro.
Hay más. En fuerza de escuchar «a los viejos de los
gruesos pant~ones de pana", M. Ramuz ha hecho suyas
todas sus maneras de hablar o más bien, muy diestramente,

�396

397

COSMÓPOLIB-XI-1i}2Q

ESTUDIOS COSMOPQUTAS

las ha transformado en otros tantos procesos literariosTomemos algunos ejemplos de Les circonstances de la
vie:
cDespués, estando reunida toda la boda, los señores
dieron los brazos a las damas, las campanas sonaron, tocó,
el órgano y el cortejó hizo su entrada. Hizo su entrada y se
sentaron.»
El primer «hizo su entrada» marca el principio de la
acción y el segundo su fin.
Los personajes suspenden el relato, lo cortan con adverbios de tiempo que desempeñan el papel que las pausas
en la musica.
Y acaso no yerran, puesto que estas pausas existen en
la vida.
«Era, pues, allí. Entonces, al entrar, se llegaba, ante
todo, a un corredor mal alumbrado; en seguida ... -»
Nada más pleonástico que su lenguaje. Acojamos, pues,
el pleonasmo. Osemos hacer de él un procedimiento, impresionista, que mejor que ninguna metáfora costri~a al
lector a ver la frecuencia y la prosecución hasta el enervamient'o y le dé, en fin, de las cosas una sensación tan viva
como la realidad misma.
En el teatro, cuando la ópera Tannhaüser es ver&lt;iaderaroente interpretada, se ven los peregrinos; están fatigados
por un largo viaje, avejentados, encorvados, y salen entre
las rocas por una pequeña senda que ellos siguen ...
los árboles se escurren; · uueve debajo, no en ot:ra parte.
A esta hora las muchachas van a buscar agua a las
fuentes, -con grandes cántaros vacíos que traen ll-enos.
Hay infinidad de cosas que siendo percibidas por un
personaje cualquiera, no le hacen impresión ninguna. El
novelista puede muy bien no cuidarse de ello y expresar
la sensación que él mismo sentiría. ,Así Charles-Louis Fely&gt;e, escribiendo: «Los tranvías hacían ouau ... ouau...
como bestias feroces'&gt;, puede contestarse con nombrar
sencillamente cosas sin darles importancia.:'Pero el lector
no ve nada. Para ser a la vez artista y realista, es preciso.

que el lector vea la cosa; pero sienta que el personaje,
.siéndolo también, no reciba ninguna impresión.
e Y allí múy cerca se encuentra la estación del tranvía ..
Cada minuto sale uno con el conductor de pie en la delantera, haciendo sonar el timbre.&gt;
Ingenioso procedimiento que fuerza al lector por imágenes, que por contra quitan a la cosa la banalidad que
quiso dejarle. Pero no podría abusarse de tal manera de
escribir, y M. Ramuz no abusa. Jamás sacrifica la claridad
de la visión.
«Había un pupitre de pino parecido a los que se ven en
las escuelas, aunque mucho más grande. Estaba barnizado
de negro; veíase dentro toda la ventana con el dibujo de
las cortinas; _entre el reflejo argentado1 la tinta formaba
manchas mates ... ~
Después del taller visual, el auditivo:
«Y luego el teléfono; se coloca el catálogo de los .abonados en la tablilla y la bolita entre los timbres se agita
tintineando cuando se cierra la puerta con violencia.»
En fin, M. Ramuz se acuerda de cuanto ha aprendido entre los escritores mas artistas, y sin duda también entre lvs
pintores (se diría de un Cézama), y por eso dirá de lo alto
de un camino en pendiente: cEntonces 1 de pronto la pendiente cesa y aparece todo el pueblo.•
Se dirá acaso, en este caso, que el autor pinta su realidad. Le parece en efecto. Pero lo que a la verdad importa,
es menos la intensidad que el caráct.er de la visión. Y aquí
aún, Pl autor ha conservado fielmente el tono de sus personajes. Y este tono le basta para expresar ese carácter.

***
Cuando refiriéndose a uRa novela se ha hablado del
diálogo, del análisis psicológico, del relató ... , ¿qué queda?
Parece que no queda nada, pero quedan nada menos que
los paisajes.
Pienso que M. Ramuz exclamará como Paul Fott: &lt;Bien
ladino será quien desc~bra en mí el poeta sen timen ta&gt; ol

�398

COSMÓPOLIS- XI-1920

el poeta lírico .. Y1 en efecto, su máscara es con frecuencia
impecable y no se adivinarí.a apenas bajo la peluca de cabellos lisos del novelista realista, la melena delpoeta.
Sin embargo, tiene capítulos enteros de novelas donde
el lirismo impera en absoluto, y hasta cuando lo oculta entre las cenizas grises de la más fria realidad, se le siente
alentar. Más de un lector atento que lea toda su obra no
tardará en darse cuenta que hay en M. Ramuz no solamente un lírico, sino un místico a lo Claridel. Notaría, sin
duda, que su modo de expresión, el m;ís natural, el más
espontáneo, sería el poema en prosa. No es sino por sacrificio, por devoción artística, por lo que M. Ramuz se ha
hecho realista.
«He querido, rws diría M. Ramuz si quisiera confesarse,
pintar los burgueses de Les circonstances de la vie, porque
para mí el objetivo único es el de dar al lector la sensación
de lo real, lo cual no se consigue pintando gentes hermosas,
it1teligentes y buenas. He visto ·y escrito todo esto, pero ..
¡que me dejen mis paisajes[ »
Así hablaría M. Ramuz, pero vamos a ver con qué docilidad plega su romántica fantasía a las necesidades del
realismo. Y desde luego no confundamos la naturaleza y
los paisajes. Es claro que la primera existe por los campe•
sinos , y que cuanto a los burgueses de Les circonstances de
la vie, casi todos son viticultores o propietarios. Viven con
la angustia de la lluvia o del sol; interrogan el color y la
forma de las nubes y el cariz dd horizonte lo mismo que
se espía en el rostro de un déspota los signos de la cólera
o de la serenidad.
La mayoría de las Nouvelles et Morceaitx son la historia
de montañeses, víctimas de la naturaleza. La naturaleza se
convierte en uno de los . personajes del drama, y sm duda
el más importante de todos. Hay el hombre y el árbol. Hay
el hombre y la pendiente. Hay el hombre y la niebla.
¡Cuántos admirables pretextos para M. Ramuz, para ceder
a su pasión de describir montañas, cielos, árboles y nubes!
Además, si estas gentes, en su mayor parte, ignoran lo

E!-.TUDI0S C0SM0P0t.ITAS

399

sentimental de la naturaleza, todos, a lo menos, conocen el
invierno con su frío y su obscuridad-y el verano con su
calor, la sed y el sudor;y para expresar estos estados, M. Ramuz sabe eRcontrar notas tan delicadas como realistas:
«Era mediodía. La }1ora en que las ranas sufren en el
hueco de los terrones a causa del sol, que se ha bebido el
roGío, y sus gargantas lisas se abrasan pronto.»
Tiene el cuidado de elegir sus comparaciones pintorescas, tales como las haría un campesino que, sentado delante
de su granja, levantara la cabeza y mirara al cielo:
«Hacía un tiempo gris un poco fresco y soplaba ligeramente el cierzo. El cielo tenía nubes blancas, redondas,
que se tocaban como los guijarros delante de las cuadras.,. .
Cuanto a los paisajes, hay ur,o y muy VBsto que sirve
de lienzo de fondo a Les circonstances de la vie, que es el
lago Leman. Hay tantos lagos Leman como escritores lo
han descrito. Sólo entre los contemporáneos tenemos a
l\lrne. de Noailles, que lo italianiza¡ a M. Jacques Cheneviere, de la Suiza, parece que lo japoniza; a M. de Reynolds,
que lo heleniza; a M. de Traz, que lo orientaliza; a M. Cingrio, que lo latiniza ... , etc., etc. Todos tienen igualmente
razón. Peró, oriental, japonés, italiano, latino, se concibe
que el lago Leman no sea nada de esto para Helena Mag~
nenat:
. «Helena continuaba mejorando. Pronto pudo por sí
misma abandonar el lecho. Se la instaló en un sillón delante de la ventana ... ¿Qué es lo que entonces veía?
Frecuentemente había niebla; no veía gran cosa ... A
v~ces distinguía el lago. Hubiérase dicho una llanura de
arena, pero una completa llanura, sin un montículo, ni un
:-surco, como un desierto muerto y sin más orilla que aquella
donde el cielo se juntaba con el agua. Luego se abría un
boquete en una nube, y la luz, saliendo por allí, se extendía
fo~mando un cono con la punta hacia arriba, y en la superficie del lago era como un círculo dorado. Parecía reani mar el agua, porq_ue en el sitio donde tocaba al agua na-

�400

COSMÓPOLlS-XI-1920
llSTUDlOS COS.MOPOLIT.\S

cían pequeñas ondas con su brillo y el gris que las rodeaba se hacía más turbio.&gt;
Si se quiere sentir lo realista que es este pasaje, hágase
la prueba siguiente: Léase, ciérrese el libro y vuélvase a
leer al otro día; cosa extraña., la descripción os parecerá
dar débilmente el espect4culo que os hizo ver. Pero si se
busca la causa, se la encontrará sin esfuerzo. La descripción del novelista nos ha hecho ver un paisaje, un «efecto
del sol sobre el lago&gt;. Pero esta imagen creada en nuestro
espíritu no ha permanecido intacta; hemos añadido incons·cientemente la idea de belleza que no encontraremos en
nuestra segunda lectura, porque esta idea de belleza que no
existe para Helena el autor no la ha expresado.
Así, aun cuando describa el sol por el placer de descri•bir, M. Ramuz · se somete y subordina su visión a la del
personaje.
Las descripciones de los románticos no son con frecuencia sino poemas intercalados, «fugas sin relación con la
obra».
Las de los naturalistas nos informan algunas veces sobre el estado de ánimo pasajero del personaje.
O de otro modo: en las descripciones románticas no
existe frecuentemente más que el autor; en la naturalista
existen el autor y el personaje. En las de M. Ramuz no
existe más que el personaje. Sin embargo-y ya lo be dicho-, el estilo de M. Ramuz está lleno de fuentes líricas, y
3. veces un surtidor de agua sube, sin ningún énfasis, pero
cuyo elegante rumor detona extrañamente en estos con
,ciertos burgueses:
«Se acababa de franqQear la línea de separación de las
aguas. Sobre una vertiente la lluvia que cae se va al Ródano, que la 11eva al mar Mediterráneo; sobre la otra vertiente el agua va al Rhin, que la arroja en él mar del Norte. Y
de un lado está el Sur, y se huye hacia las comarcas de la
viña y del olivo; pero del otro está el Norte. Se nota en seguida que las cosas han cambiado. Ya no existen los dulces frutos, ni el árbol que abraza la hiedra y abre sus ra-

40l

mas blandas sobre el lis y el rosal, ni .la dulzura de vivir
cerca de la madreselva, cuando el zumbido de las abejas lo
llena todo como un rumor de campanas, sino una rudeza
particular en el aire, en la luz y en los movimientos del
sol, porque el revestimiento de tinra está consumido y h
roca está perforada por sitios donde la hierba crece sola
con los tristes pinos ...
Hay pasajes donde el autor se muestra más aún. Después de haber descrito Lausana engrandeciéndose, los nuevos edificios, la ciudad avanzando día por día sobre la campiña, exclama de pronto:
«¿Te acuerdas tú? Allí donde estaba el papellón de las
viñas donde se venía en verano ... se veía la laria;a ribera
que lucía ante nosotros.&gt;
El pintor realista pinta en su taller. Pinta invisiblemente, Pinta los barrios nuevos, las calles nuevas de una ciudad que se desborda por los campos, que se traga sus queridos paisajes, y de pronto, levantándose y volviéndose hacia el amigo que le mira pintar, exclama:
¿Te acuerdas tú?
Pudiera temerse que tales interrupciones comprometieran la precio,;a impersonalidad de la obra. Pero en verdad
no es así, p 11diera decir que es lo contrario. Ciertamente
que_ el autor aparece, pero tan diferente de su oura, tan por
encima. y tan dueño de ella, que el realismo se beneficia.
Estas intervenciones tan claramente marcadas, son efectos
de contraste que se sentiría que no exi5tieran. No es en sus
persoaajes donde el autor aparece· es al lado y esto es
1
' muy diferente. Ese punto de comparación, ese breve gesto
de poeta, lejos de dañar a la ilusión realista, la sirve. Tal
en una calle de rrovincia, un vestido de parisina.

Por lo demás, y ya lo he dicho, no hay realistas. Pero
creo que M. Ramuz lo es tanto como se puede serlo. Lo e¡
por sus argumentos, que son de siempre y de todas partes.
Así concebido el realismo, es vecino de la poesía. No se lee
!

��■

PO[SIAS HlS1'AllO-At\El2.ICANAS
V

DEL POEMA CYNTHIA
(OTROS FRAGMENTO$)

Se prohibe la. reproducción de estos versos en su forma total.
A. T. R.

Luces, bohemia y oro, mujeres y tragedia,
y mentira y vergüenza, rastrerismo y comedia;
he aquí mis veinte años, mi tablado de farsa,
pero ya siento el asco de esta infame comparsa.
Pero hoy sobre mis labios queman todos los vinos;
pero hoy se hacen cilicios los divinos racimos
de senos luminosos, de lenguas escarlatas,
hoy me avergüenza el vicio, las orgías baratas,
los poetas de circo, las mujeres de feria,
el labio carcomido, la pupila de histeria.
Hoy hombre libre, fuerte, por esferas divinas,
rectas como una flecha, lanzo mis golondrinas
hacia los cielos claros y los mares remotos,
y me quedo en la calma de mi estanque de lotos.
No creo en Dios, lo lie dicho, y por eso soy libre,
creo en la leche tibia y en el pan de gengibre,
en el lecho campestre y en la palabra suave,

POESfAS KiBPA~0-.AMEBICANAS

en la manzana blanda y en el canto del ave.
Vida sin trascendencia ... ¿Qué queréis? Es la vida.
Vida que es una flauta y una luz encendida,
vida que es una senda que no se alarga nunca,
alguien dirá: fracaso, esperanza ya trunca.
Y bien, ya no discuto la opinión de la gente,
si ellos quieren ser ríos yo quiero ser la fuente,
si eilos quieren ser mares yo quiero ser el lago,
al gesto decisivo mi gesto largo y vago.
Cynthia, todo lo has hecho con tus grandes martirios ...
Recuerdo el despotismo de los reyes asirios
que a las reinas clavaban los 0jos con azores
y cortaban sus labios como sangrientas flores.
Pero todo eso es nada pensando ... No pensemos.
¿A qué hablar de estas 1.;osas que tanto conocemos?
Basta que tú comprendas que has logrado tu fruto,
tú tienes suficiente con tu lloro y tu luto.
Si, soy el hombre libre que se alzó de tu vida,
por ti soy una flauta, soy una copa henchida,
por ti voy como un canto desconocido y fuerte,
como un atleta griego camino hacia la muerte.
Cynthia, tatuemos hondo, tatuemos bien profundo
esto, sin nombre, nuestro, a los ojos del mundo.
Hablaré de lo intenso de esta tragedia griega
donde andaba la suerte como una vieja ciega
cori el cabello loco por los hombros roídos,
con labios purulentos y con dientes podridos.
Las manos eran huesos roídos por las cales,
los ojos eran luces de negros funerales,
cuando andaba crujían sus rodillas agudas,
temblaban como gajos sus piltrafas desnudas.
- Andaba con saltitos, con aullidos y gestos,
monstruo de apocalipsis, quién sabe de qué incestos
de eternidad, quién sabe qué satiresa loca,
a qué dragón infame &lt;lió su vientre y su boca.
Diré (le las arañas de los cuartos obscuros
que van gelatinosas subiendo por los muros,

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COSMÓPOLI8-X1-1920
POEsfAS HIPANO·.AMERICANA

1 1

st1s piernas torneadas para estrangular cuellos,
cuando ellas se aproximan se hielan los resuellos.
Se nos clavan sus ojos en el cerebro ardiente,
se nos crispan las manos, nos entrechoca el diente,
se nos va levantando de terror la melena,
una pavura enorme nos aprieta las venas.
Y las arañas trepan por las carnes desnudas,
frías, alucinantes, con sus patas peludas
enroscan 1 desenroscan sus anillos, avanzan,
aprietan en los muslos y sobre el vientre lanzan
hilillos de oro y muerte. El cerebro se muere
de un terror de cavernas, .. ¡La ARAÑA! ¡Miserere!
Y de los perros locos en las noches de invierno,
de los hijos malditos del dolor y el infierno;
de los perros que lloran en un largo lamento
que se aguza y se alarga con las trompas del viento.
Perros en las aceras despedazando grillos,
cuyos caparazones crujen como cuchillos,
mascando como vidrios asquerosos insectos
con vientres oliváce~s de líquidos abyectos,
que les traban las lenguas y les untan las patas,
perros que saborP.an los sesos de las ratas,
perros que desentierran calaveras humanas
y que se quedan tiesos al llegar la mañana.
Toda tragedia humana, blasfemia, cuchillada,
horror de tumba, todo, no ha sido nada, nada,
junto al dolor terrible de la tragedia de astros
que estalló en nuestras vidas dejando eternos rastros.
ARTURO TORRES RíoSECO

(Chileno.)

CYRANO
I
Fuiste grande, Cyrano. Fuiste grande y heroico ...
Tu vida fué un poema bello y triste a la vez;
el Dolor te hizo al cabo resignado y estoico,
sin que nunca abdicara tu indomable altivez.
Tu espíritu selecto era una abeja de oro
que libaba en la Gracia, lo BellC? y lo Ideal,..
pero tus labios nunca gustaron el tesoro
de mieles que entrañara su divino panal ...
Te traicionó la Vida, te defraudó la Muerte,
que no logró rendirte aun llegando a vencerte,
pues tu blanco penacho no se abatió jamás ...
Y para tu alma limpia como la luz que riela,
fué e! dolor incurable de ser feo una espuela
que, al herirte constante, te ennoblecía más ...

II
Como en un vaso que hubo, resta algo de la esencia,
queda en el alma nuestra tu amargura al pasar;
quizá porque despierta la cruel reminiscencia
&lt;le lo que ambicionamos sin poder alcanzar ...

La comedia que hiciste, esa amena comedia
.para quien ignoraba tu secreta pasión,
en tu espíritu era dolorosa tragedia,
dardo que laceraba tu noble corazón ...

407

�._-

----

-~;..;._

COSMÓPOLIS.- XI-1920

Todo te ha sido adverso en tu vida incompleta;
diste a otro tu alma de hidalgo y de poeta,
y él hubo flores, frutos ... y tú espinas, dolor ...

Y en la postrera etapa de tu amargo camino,
como la última burla sangrienta del Destino,
te acarició la frente, ya imposible, el Amor ... (1)
JUAN BURGHI. .

(1) Del libro que, con el título de La quietud, del remanso, acaba de pu·
blicar.

EL HUMOR ANGLO-SAJÓN
/

No estamos tan convencidos, como parece haberlo estado el siglo xvm, de que la naturaleza sea por todas partes
la misma y que el mismo género de bromas se encuentre
bajo todos los climas. Admitimos que la risa tiene su patria
y que las agudezas que acompañaban al imperator subiendo
al Capitolio, tengan semejanza con las que debían resonar
algunos siglos más tarde sobre los tablados de Shakespeare. Diríamos de buena gana que el humor es la alegría natural de las razas anglo-sajonas. Todo se compenetra, sin
duda, y una poca de esa sal británica ha podido ser recogida en algunos rincones de la tierra de Francia. Pero no se
la encuentra aquí en abundancia ni en el estado puro. El
humor, por el contrario, ha echado potentes raíces en las
orillas del Támesis, como en las ondulantes llanuras de Irlanda. Metodistas y puritanos, cuando emigraron no dejarvn de transportar a la Nueva Inglaterra una rama frondosa del árbol nacional que se desarrolló vigorosamente. Y
en compañía de Artemuz Ward, de Whilcomb Kiley y-de
otros, vino un día Mark Twain a sentarse a su sombra y
desenvolver sus originalidades. Allí encontró la gloria.
Y Twain explica que el humor representa una gran
fuerza bienhechora. En ella se refugiaba cuando la vida le
parecía áspera. Se puede pensar que sobre las olas del Mi•
sisipí, donde fué piloto, como en los placeres californianos

�-

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I

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1

1

1

COSMÓPOLIB-XI-1920

donde buscó el oro, el humor le ayuda con frecuencia a
amar la vida. cEl humor proclama, es en suma 1~. gran cosa;
es nuestra salud. Cuando aparece, toda dificultad se vence,
todo resentimiento se disipa. Y las tormentas de nuestra
cólera ceden a un alegre sol.&gt; Twain no estaba lejos de
creer, ese día, que toda la dignidad del pensamiento americano residía en el humor.
Frecuentemente una paradoja no es más que una verdad disfrazada. ¿Qué verdad disfraza la paradoja de Mark
Twain? ¿Y qué es el humor?
Como todo lo espontáneo, es dlficil de definir. Lo artificial puede dejarse encerrar en la estrecha rigidez de nnestras fórmulas. Pero es más penoso sujetar lo que participa
de la espontaneidad misma de la vida. Hay muy gentiles
monografías coquetamente tituladas: Definición del humor,
que siempre van a parar a esta conclusión: el humor es indefinible.
Existen, sin embargo, análisis más precisos de esta alegría natural. M. Piérre Mille, por ejemplo, ha explicado en
el prólogo de su .Antología de humoristas fra'llccqe,s contemporáneos, que el humor es la broma o burla de lús espíritus
~oderados y burgueses. El alma del humorista le parece
impregnada de bondad y sencillez. Va en persecución de
lo que es chusco y se divierte. Juega con lo extravagante.
«No se imagina este humor de ninguna manera con odio;
creo poder demostrar que no precipita ningún movimiento
de energía.» He aquí ~xplicaciones claras, netas, llenas de
int~rés. Recuerdan las que Taine ha dado del humor en el
capítulo VID de sus Notas sobre Inglaterra. Las recuerdan
porque los extremos se tocan y la pequeña disertación de
M. Piérre Mille forma con la de Taine un contraste casi absoluto. Lejos de descubrir en el humorista un alma que languidece de bondad, Taine habla de ese csabor poderoso,
punzante y aun algo amargo» que él encuentra en el humor. «El hombre que bromea así, dice, raramente es benévolo y nunca dichoso; siente y acusa fuertemente las disom,1cias de la vida. No se divierte así; en el fondo sufre y se

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NUESTROS GRANDES COLABORADORES E.ltrRANJBROB

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irrita.&gt; Puede decirse que experimenta «un sentimiento
contenido de tristeza y de cólera~. Como se ve, no reina
entre las diversas teorías sobre el humor una armonía absoluta,
¿Deberá optarse por la fórmula dada por Thackeray en
sus célebres Conferencias y nos limitaremos a definir el humorista como «una especie de predicador laico?» "Sin embargo, todos los predicadores no son humoristas, ni todos
los humoristas predicadores. Si el humorista es a veces un
moralista, es siempre un moralista disfrazado. Y lo que interesa conocer es esa ley obscura, pero cierta, que ha presidido ese disfraz.

Los hechos tienen una doble significación: su significación material y lo que puede llamarse su valor ideal. Por
humilde que sea su apariencia, un. hecho no se nos propone
solamente como tal; lo interpretamos como una cosa verdadera, como una cosa bella o como una cosa buena. Le concedemos una significación espiritual, que es de orden científico, estético o moral. Y descubrimos, por ejemplo, en
Una manzana, que cae la ley de gravitación universal; en
una salida del sol, un espectácul,) de belleza; en la vida de
San Vicente de Paúl, buenas acciones.
La lectura de un suceso se convierte así en una especie ·
de ascensión, en la cual el espíritu se eleva del orden material al orden ideal. Sólo esta iniciación con la sianificab
ción metafLiica y moral de lo real, puede hacernos toda
realidad emocionante. Nos revela de alguna manera el
alma de las cosas, con la cual la nuestra entra en comuni•
cación.
Así el principio del humor consiste en hacer abstracción
de ese alma de las cosas y no parar atención sino en la
Iealidad material con su fría objetividad. La ascensión del
espíritu hacia las cumbres no se ejecuta o se realiza
sólo en parte. Un ejemplo. Pongamos el nombre de Cris~
tóbal Colón. Como todo vocablo, no es más que una re-

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NUESTROS GRANDES COI,4BOUADORES EXTRANJBROS

unión de sílabas. Puede bastar para evocar toda la epopeya
de las carabelas y el descubrimiento de un nu~vo mundo.
Así se carga de lirismo. Pero por una razón particular, un
humorista rehusa atender esta poesía; afectará considerar
como una denominación cualquiera el glorioso nombre,
fingirá tomarlo por el primer recién llegado y así tendremos el diálogo de Mark Twain con el guía que le acompañó en Génova.
«El guía.-Venid, señores; voy a mostraros un autógrafo auténtico, una carta escrita por Cristóbal Colón, de
su puño y letra,
El ame,,icano.-(Toma el documento y lo examina largamente en silencio, con aire indiferente y desinteresado).
i\L Ferguson ... ¿decía usted? Pero ... repítame el nombre del
individuo ...
El guía.-Cristóbal Colón, el gran Cristóbal Colón ..•
El americano.-¡Ah! Sí ... Cristóbal Colón ... Bonito nombre ... ¿Y dice usted que esta es su escritura?
El guía.-Escrito de su propia mano.
El americano.-De su propia mano ... El gran Cristóbal
Colón ... (Una pausa.) Y bien, nosotros tenemos en América niños de catorce años que escriben mejor.
El guía.-Pero es del gran Cristóbal Co ...
El americano.-¿Y qué importa el nombre del autor? La
verdad es que no he visto nunca una escritura más mala.&gt;
El nombre de Colón no es aquí más que un nombre
cualquiera. Sus prestigios son desconocidos. Un manuscrito suyo sólo sirve de tema a consideraciones de orden caligráfico.
Sólo adoptando esta actitud psicológica, es como un
oficial inglés dice en las trincheras a otro francés: «¿No ha
observado u~ted cómo nos escatiman en Inglaterra las condecoraciones de guerra?» Y cuando el oficial francés piensa
que es una virtud inglesa el aquilatar las recompensas, el
oficial inglés muestra el humor de su país añadiendo: &lt;Verdaderamente, este año, la cinta está carísima en Inglaterra.,.
Otro ejemplo hará más sensible aún el procedimiento.

Una mujer llorando, despierta siempre nuestra emoción:
Es un espectáculo al cual concedemos un valor estético,
psicológico, moral.
Para poner un obstáculo a este trabajo de idealización,
rwain hace decir al joven Adán, a quien Eva hace ingenuamente la corte: «Esta nueva criatura, de cabellos largos, es
muy fastidiosa. Me sigue por todas partes. Se ha metido en
el refugio que yo me había construido contra la lluvia. Y
cuando he querido arrojarla, una fuente ha brotado de cada
uno de los dos boquetes que tiene en la cabeza y que le
sirven para mirar. Y se ha secado este agua con el revés
de la mano ... etc ... »
Adán es ya un observador preciso, pero la insignificancia de las lágrimas no le parece muy familiar. La exactitud
material de la anotación le basta. Adán es un humorista.
El robo y el asesinato pueden convertirse como las lágrimas en ocasiones de humor. Porque si robar y matar
c;on errores morales, son al mismo tiempo acciones materiales. Una de las burlas clásicas del humor consistirá, pues,
en contar la vida escabrosa de un desalmado, poniendo de
relieve, con una opulencia de detalles minuciosos, toda esa
existencia; pero sin tener el aire de apercibírse que se describe de ese modo una larga serie de delitos y crímenes.
Fielding ha llevado al extremo este género de burla en su
historia de Jonathan Wild el Grande. Y cuando Swíft an1;1nciaba que había encontra&lt;lo la solución de la cuestión irlandesa y que consistía en comerse con coles a los niños irlandeses, su alegría feroz obedecía dóciltnente a esta misma
ley fundamental del humor: no mostrarse atento sino a la
exactitud material de los hechos, fingir no entender la re•
sonancia psicológica o el alcance moral.
De ello resulta que la actitud natural del humorista es
una imperturbable gravedad. En general la broma anglosajona tiene el gesto sobrio, un continente austero y no
sonríe nunca.
Es semejante al Júpiter Olímpico de Leconte de Lisle
que debe contemplar las cosas humanas sin pasión y re~

�IRJJl8Tll08 &amp;IWfDIB COt.ABORADORBS IIXTRAJrJBBOS
. COIIIIÓPOLIIJ-D•1020

ftejarlas sin intetés en sus pupilas. Esta impasibilidad ha
chocado a todos los psicólogos del humor. Algunos blll
intentado descubrir ahí la definición misma de ese género
de alegria. Sin embargo, no es más que una consecuencia.
de esa voluntad primera del humorista; hacer abstracción
del alma de las cosas, única realidad que sería emocionante.
La anécdota humorística puede hasta aparecer desnuda
de reflexión y de la más elemental coherencia. Aquí aún
obedece a su ley secreta. No se ejercitan la inteligencia
crítica, la potencia de coordinar y de comprender. Diriase
que el espíritu permanece extraño a la significación lógica
de las palabras y de lo¡¡ hechos. De aquí la brutal fórmula
de Mark Twain: «Alinear sin parecer darse cuenta incongruencias y absurdas tonterías, he aquí la base del arte
americano.• Al joven redactor que le interviuba, Twain responderá con la mayor sangre fría cualquier cosa y compondrá asi uno de los más característicos diálogos de su
manera,

«-¿Qué edad tieneusted?-Diez y nueve afios y medio.
-¡Hombre!, si parece que tiene usted treinta y cinco a
treinta y seis.-¿Y cuál es el hombre que considera usted
como el más notable entre los que ha conocido?-Auron Burr .-Pero si tiene usted diez y nueve años, no ha
podido conocer a Auron Burr.-Pues bien; si usted conoc:e
mejor que yo lo que haya podido ocurr 1rme, ¿por qQé me
interroga?-No objeto nada. Explíqueme u:sted en qué circunstancias conoció a Auron Burr.-Muy sencillo. Encontrándome por casualidad en sns funerales, me suplicó que
hiciera un poco menos de ruido y ... -Pero ¡gran Dios!, si
estaba muerto, ¿qué podía importarle que hiciera usted
ruido?-Por mi fe que no sé nada. Él fué siempre un poco
maniático desde ese punto de vista .•. , etc.•
El principio de la risa es aquí la burla pura que ex:traila
y derrota nuestra dialéctica desconcertada. El p ~
miento no tiene éxito mis que no poniendo en duda la
buena fe del humorista. Se trata de aparecer veridico baF

~ la

~nverosimilitud y sencillo de espíritu hasta la ineonsEl humorista aparentará, -pues, un aire ingenuo.
-O ~•en coñfiando a otros seres reputados sin malicia el
cwdad~ de contarno~ su historia, cede la palabra a AdAn y
~a, a Jóv~nes esqu_1males, a un polich o a algún campesino estúpido. Twam no conocía cuento más gracioso que
cierta anécdota donde Whitcomb Kiley hace hablar a un
P_Obre campesino tuerto; este se dedica a contar una histona que encuentra chistosa y mezcla y embrolla todos los
detalles, se e~travía, vuelve al relato y de nuevo se pierde, etc. Twam asegura que a los diez minutos el auditorio
ríe hasta llorar y concluye: «Esto es arte delicado, completo, perfecto.&gt;
La existencia de este género de cuentos humorísticos y
el éx~to que obtiene, revela el error que se ha cometido al
definll' el humor_ co~o una especie de dialéctica exagerada. Es la ~usenaa misma de la dialéctica y una cándida incoherencia la que caracteriza algunas de las historias americanas. Lejos de ser un nuevo Spinoza que nos llevaría
hasta las deducciones extremas, Twain nos desconcierta a
eces con una candidez aparente y con contradicciones
buscadas. o siempre desdeña caminar con ese ángel de lo
absurdo del que estaba prendado Edgar Poe. ¿Por qué no
--tmcerlo? Afectando no discernir la significación lógica, mo-~ o estética de las palabras y los espectáculos, no se emocionará con la fealdad, el crimen, ni aun con la contradicción.
Est~ impasibilidad es ficticia y no engafia al lector. Es
c?"veruente, por otra parte, que sea así. Si el humor care-,
cera verdaderamente de alma, nos dejaría indiferentes u
~oatiles. N? simpatizarlamos con él. Pero tampoco nos deJamos doD11nar por su flema imperturbable. Si todo el artificio del humor se concreta en una aparente frialdad todo
el arte del h~orista consiste en dejarnos adivinar q~e detris ~e esta ·frial~d ~e°:te hay una sensibilidad que se
~c,ona y un_a _mteligencta que juzga. Pretendem'ls por
,encuna de la ngidez buscada de las actitudes, el estremeC1~1a.

•

�417

NUESTROS GRANDES COLABORADORES EXTR.&lt;NJEROS

-H6

COSMÓPOLIS--U-1920

cimiento de la vida interior. Las palabras in?:nuas Y los
relatos helados, dejan transparentar la emoc~o~ latente Y
el perfil del espíritu. Rompemos el ?b~táculo ng1d_o, detrás
del cual se abriga el flexible sentimiento del art1s_ta. Y el
humor se revela a nosotros cargado de mela~colla_ o ~e
pi.edad, de odio o de cólera, algunas :eces de ligera uo~ia,
benévolo y como enternecido. Sentimos que el b.um~nsta
tiene un alma-pero que por razones que con vend~ia determinar-ese alma afecta descartarse tras una mascara
donde nada se estremece.
Hela aquí con esa máscara de im~a~ibilidad. P~ede también, si lo prefiere, elegir otra. La ng1dez flemática representa acaso su disfraz favorito o a lo men?s el más notado;
pero no es más que uno de sus posi~les disfraces. P~ra 'fingir que desconozcamos lo que expenm~nta, puede ~1mular
el alma del humorista que no experimenta nada, su_ ~rtificío es entonces la impasibilidad. Pero pu~~e tambien,
ya· sea mostrar sentimientos extraños y fict1c10s,. ~~ sea
confesar directamente su emoción sincera, a cond1c10n de
que la forma de esta confesión sea tal que no conozcam?s
bien a primera vis.ta, si es una broma o una confidencia.
El h~mor ligero de algún cuento de Dikens ~os coloca en
esta indecisión buscada por el autor. Y T~am ha muert?
sin que sus lectores hayan podido _saber s1 tal o cual pág1no debían o no ser tomadas en serio.
Otros relatos dejan, por el contrario, aparecer con claridad que la anécdota contada es imaginaria y que la emoción ~onfesada no es más que un juego. El humo: no es
aquí ni imposibilidad ai imperceptible mofa; se aphca .ª de·
tallar gravemente cosas alegres o alegremente cosas t_ns_tes,
y 'a.e un modo general a disimular, detrás de un se~tm~:~n·
to ficticio, el sentimiento verdadero. Cua~~o Twarn \ls1,ta
Italia está obsesionado por el inagotable 1u:1smo de su guia.
La el~cuencia continua, fastidia. Los príncipes y los_ reyes
representan algunas veces, dice Pa~~al. Los amencano~
que visitan Italia, representan tamlnen. Cuando ~l e~tu
sia::.ta guia presenta, pues, a Twain como una maravilla,

una momia egipcia, el americano, con una actitud atenta y
recogida, se repite a sí mismo varias veces el nombre de
•momia&gt;, como si se tratase de una realidad absolutamente
nueva para él; contempla esta momia, y con una gravedad
ingenua deja caer estas palabras decisivas: ~¡Qué grave es
este caballero! ¡Qué dueño de sfü Así disfraza su admiración burlesca, su verdadero estado de ánimo.
Puede disfrazar también en una aparente cultura científica su aparente ingenuidad. El humor adopta así una actitud sabia; pero que se revela generalmente defectuosa por
algún punto. Escuchad a Twaio, explicando gravemente
que él no acelltará jamás que Georges, el famoso criado
negro Je Wáshington, haya muerto en 1809 de edad de no•
venta y cinco años, como lo anunciaba la Gaceta de Boston;
ni en 1825, a la edad de noventa y cinco años, como decia
un diario de Filadelfia; ni el 24 de noviembre de 1840, a la
respetable edad de noventa y cinco años, como escribía el
diario El Republicano, de San Luis; ni en 1864, etc. Eso era
imposible. «Porque si está reconocido que tenía noventa y
cinco años cuando murió por primera vez en 1809, hay que
con·venir que tenia ciento cincuenta y un años la última
vez en 1864.» Así simplificado, el procedimiento del humanista es claro; afecta ser clarividente para las cosas pequeñas· y ciego para las grandes. Ejerce sobre dificultades secundarias su poder de observación y de análisis; se muestra
sagaz para descubrir los errores de detalle; para resolver
un problema accesorio acude a las reglas del método histórico y de la crítica de textos, y dirige . al buen sentido un
llamamiento correcto;.. pero desdeña someter a la autoridad
del buen sentido lo que constituye la cuestión principal. En
otros casos más sutiles aplicará a contrasentido los métodos
de los sabios. Sus observacione~ serán meticulosas y _precisas; sus inducciones firmes, pero ficticias, y no ofrecerá
duda la incorrección de sus argumentaciones. Hojéese el
Diario de Eva traducido del original, por Mark Twain: Eva
revela ingenuas preocupaciones cientlficas. Su ~lma infantil es ya el alma de un físico, para la cual no parece tener
3

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ilí:v•taia Bdn e
tedótl,ltlJe un dta ddwi$Stuatt Jfill
Celebra la · observación~ 18i e •
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Jotuleclda con esta•~ ~ptina ·
8'1Me i., cósas eotl tm toti\Ílo Mbémi
bien. Pero, por ~esgracia1 sus ex
y wa mtnn~iosas obsetvaeion.eá la cottd.
a saber soormente ql$ lás·piedraa
euerpos flotantes COlfViene oolocat'al la
la&amp; hopas~ las montaiitis.· Así queda
~urdo de-su ptimitivadia,léetiéa ..
&amp;i su monog,affa ~bre la risa', M. ·&amp;e1~•t1 • ~
al hamor una fégintr -que, natutalment
' ción. Él húmoristt es un moralista, dice
motali!ita. que se disftá2a ele s:ibio•,
pensar cen lié' anat6mieo que ti:ó
· siino -~ ~ o s » . :Describé «m· ·
e$1 afectando creét 1111e u.~ como las
Sí pu&amp;ie gustar ~ ~1éffnia'GS
~ s , de 1. . beeh'fls ptecisos&gt;,
~OI\ descftdiddo mis y mu en el
paM aeotar las partiddaridade8 con um
El\ sama, el h'l1mot procede ccon -ftecuent
n que.f!OS sü~etei t. stgmeme defim"cióti:
éi'6n di to moral en cientfflco•. Y más a
m€W-parec~, en ~ oobfortnmee a
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posición de lo cientiliéó·en psicol6 ·
at0ral,. la 1lttgjda ~raeión de Twain
momía egipcia y iplff' ll.dominaofóii-de
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�420

COBMÓPOLIB-XI-1920

la ,manera normal de expresarse. cObservar bien, i.entir
mal y pensar a contrasentido», es la ley aparente que el
humor parece seguir. El humorista puede, pues, fingir no
tener sensibilidad ni flexibilidad dialéctica; debe siempre,
aun en sus agudezas extremas, afirmarse como un observador exacto. No que sus observaciones sean siempre completas y que agoten necesariamente todos los aspectos del
fenómeno que estudia; su exactitud consiste en que no le
falten jamás estas dos cualidades: sinceridad aparente y
precisión. Sabemos hasta que todas las potencias psicológicas del artista parecen absorbidas algunas veces por esta
aplicación única de recoger bien la materialidad de las cosas y anotar correctamente el fenómeno que pasa.
Cuando quiere mostrar buena fe, el humorista afecta
candor. Afecta ver el mundo a través de su mirada ingenua. Cuando, por el contrario, se muestra preocupado ante
todo de aparecer preciso, toma del hombre de ciencia o
del hombre de negocios su lenguaje sin fantasíás. Los métodos severos del investigador científico le gustan por su
incontestable rigor. Los pone en práctica con una ostentación buscada. Parecer objetivo es la divisa. Recurre a los
términos técnicos; rivaliza con las inducciones de los físicos, las clasificaciones del naturalista, las estadísticas del
historiador de costumbres. Repite a cada instante que no
utiliza sino testimonios de ciertos documentos auténticos y
comprobados. Pone al lector en presencia de la inexorabilidad de los hechos. Todo humorista busca el rasgo característico, y el gran humorista lo encuentra. Registra con
precisión, restituye con exactitud, se revela hábil en la observación y pintura de los más nimios detalles. El valor
documental de la obra es indudable. Para formarse la idea
de un hogar inglés en el siglo xvm, se hojean los álbums
de Guillermo Hogartti. Sus estampas humorísticas es el
repertorio donde la Inglaterra de hoy aprende a conocer
las costumbres.
A este don de observación objetiva, el humorista une
un dominio particular de sí mismo. Es su virtud soberana

NOESTROB GRANDES COLABORlDORES EXTRANJEROS

421

la que da a su fría burla un sabor original. Al humorista le
está per~itida toda pasión, pero le está prohitlida toda expresión directa de esa pasión. Como estatua viviente imita la materia impasible. El decano de San Patricio :recta
la serenidad mientras sobre su alma se abate la tormenta
con ardor extremo. Otros disimularon detrás de un torrente de lágrimas sus risas, o ~etrás de una burla sus lágrimas. En el momento de surgir en su espontaneidad se detiene la ~moción en el alma del humorista. Se conc;ntra y
calla o d~sfraza su ~cento. Se domina una energía secreta
que repn~e la acción desordenada de su primer impulso.
E!1 esto, sm duda, veía Mark Twain en el humor una virtud
b1enhechora y un poder de salud.
El don de observación objetiva y el dominio de sí mismo, con~tituyen precisamente, en los países anglo-sajones,
d?~ cu~hdades nacionales. Forman parte del patrimonio espmtual de la raza. De la una deriva el hombre de acción·
la otra produce la flema, que es el modo con que la raz~
afirma su sangre fría.
. No es extraño que a la expresión directa de estos sentimientos los anglo-sajones hayan preferido con frecuencia
la expresión humorística. Haciéndolo cede a la atrae,,ción
de las virtudes nacionales. Obedece a su vocación espiritual Y se somete a la ley de su raza. Prefieren descubrir
mejor que explicar y observar mejor que l:l.educir. Así han
!~evado hasta en el estudio de realidades abstractas las cualidades del espíritu positivo. La extrañeza de que Tackeray
haya colocado en sus ~onferencias sobre humoristas ingleses a numerosos y diversos escritores ingleses, no tiene
fundam~ntot pues en esa literatura tiene el humor un puesto de primer orden.
El juego del espíritu francés obedece a otro ritmo. y el
contraste es más vivo aun entre ciertas formas espafiolas
de la broma y las salidas del humor.
Si el principio de _la risa varía según los pueblos, es na
tural ~ue el hum~r mglés no sea bien apreciado fuera de
los pa1ses anglo-sa1ones. El humor, producción autóctona ,

�COSMÓPOLIS-XI-1920

no se exporta. En Francia choca a veces por su aire de
brutalidad. No gustan sus invenciones macabras ni sus relatos chocarreros. Es que nadie puede tener dos almas y
apreciar igualmente el genio de dos raza&amp;,
Tal como es el humor, mezcla de observación robusta y
d~ sangre fria, es un género de broma que nadie encuentra
insulsa. Taiñe lo compara a las bebidas nacionales inglesas: sanas y fortificantes. Por su carácter objetivo acusa
una claridad de visión, y por su frialdad pone a prueba los
temperamentos. Nada de romanticismo. Otros juegos del
espíritu tienen más elegancia y gracia, pero no tanta precisión y fuerza.
No excluye la delicadeza y la gracia; pero su distracción es ante todo de orden moral. El humorismo domina
su emoción y le" impide µiostrarse. Es la reserva de u~
alma que, en lugar de desenvolverse, sólo se deja entrever.
Bajo lo rudo de su corteza, el humor revela un alnta preocupada de la elegancia moral.
Por hacer resaltar lo ridículo, el verbo humorístico
puede tener la eficacia moral de la risa, de la cual se ha
dicho que corrige las costumbxes. Este carácter satírico del
humif. se acentúa más en los ingleses que en los yanquis.
Com~·'.1a burla inglesa, el verbo americano es robusto, pero
deun sabor menos amargo.
Acaso la joven América participa aún, cuando se divierte de una cierta puerilidad. El autor de Outre-Mer ha
hablado de esta «candidez-», de ese «yo no sé qué casi infantil&gt;, cuya sensación le persigue, lo mismo en las tabernas de Cbicago que en los círculos de Nueva York. Juventud del alma americana, pero también sobresalto de una
energía constantemente en acción.
Como toda actividad en ju.ego, el humor es a la vez
tensión e impulso, actividad y reposo. Guarda en sus manifestaciones extremas, como las más elementales, su sig~
nificación oxiginal. Cqando en el gran teatro de Chicago,
un autor, en medio de una escena trágica, ejecuta de pronto uno o dos saltos peligrosos y reanuda su declamación,

JIIUl!STBOS Gll,\NDES

COLABORADORES EXTRANJEROS

423

-este clonw artista re'Vela, por su . piraefu, q~e no le. engaña
su papel y q1.1e conserva en sus declamaciones patéticas el
dominio de sí mismo. Y ei público americano ríe y aplaude, _p orque ha ..r~n-Ocido en tal extravagancia una' virt11d.
de la raza, E1 análisis revela en el humor un fondo de virtudes nacionales. Hace aparecer hasta en las invencí~nes
más fantásticas de su Mark Twain ciertas cualidades americanas: juventud, don de visión y de gesto preciso, una
claridad de observación que seduce, uniéndose' a una san•
gre fria que nos desconcierta; porque é-1 jamás se desconcierta.
Homero ha hafulado de la inmensa risa volcada por el
mar. A esta risa se asemeja un poco el humor. Tan pronto
risa imperceptible, de las olas, tan pronto agitación tumultuosa, y diríase sin pena que sale a la superficie de la
raza. Sin embargo, estas dislocaciones obedecen a leyes
· precisas; sus agitaciones se ligan a la vida secreta de las
prófundidades; y su gran sabor marino, intolerable para algunos extranjeros, fortifican a los hijos de la ribera.
A.-L. jEUNE.

�CUENTOS ESPAÑOLES

EL MILAGRO

.,
I
Lázaro de Vílobre, el cojo mendigo que recorría las aldeas implorando en los casales un bien de caridad, lleV'aba
dos días negados. ¡Ni una sola puerta se le abrió propicia!. ..
Los larnentos de sus infortunios, a pesar del dejo eofermi•
zo con que los plañ.ía, sólo alcanzaban · aquellas palabras
'desalentadoras como un camino interminable: « ¡Dios le socorra! ... , Pero ninguna mano se le tendía piadosa para donarle una limosna.
._ ¡Madre de Dios y qué duros estaban los corazones! La
noche anterior hubo de robar la comida a unos perros para
no caerse de desfallecimiento; y a punto estuvo de troncharse la pierna sana al saltar el muro de la majada,
Pasados ya los días luminosos y fragantes de las romerías, cuando ehtre el estrépito de las &lt;reveiranas&gt; le daban
los mozos «patacones para que dijera a las rapazas sus fa.
masas desvergüenzas, llegaba ahora la época mala, los días
tristones en que se corrían las nubes entoldando los campos, cruzaban fuertes i:áfagas de aire y caía una lluvia torrendal ql.le espantaba a la gente, haciéndola huir presura •
sa. Los hombres bajo sus mantas pardas y las mujeres con
los refajos echados sobre la cabeza. En aquellos días los .
caminos eran despiadados, y todos los pazos se hallaban
cerrados con gesto duro.
Mal invierno se le presentaba a Lázaro de Vilobre. La
monterilla de pelo empezaba a quedársele calva, y las muletas se le partieron y tuvo que atarlas con unas cuerdas

425

llenas de nudos, que a veces se desataban y caían las muletas en dos pedazos, poniéndole en trance de rodar por el
suelo. Unicamente tenía en flamante uso la levita con que
iba vestido, y que le daba grotesco aspecto de espantapájaros: una levita de anchas solapas del setenta, que recogió
una noche de p)enilunio en un basurero adonde fué arrojada al morir un sefior tísico. .
Tirando de las muletas como de unas cadenas, el cojo
de Vilobre se encaminó hacia San Mamés. Iría a la iglesia
y allí imploráría la gri:icia divina como ayud¡i suprema a su
miseria. La Virgen no sería como la gente de las •aldeas.
Ella haría un milagro y le encontraría remedio a los males
que le roían el cuerpo y el alma, tal que una lepra inexorable.
Y con fe de iluminado, como los peregrinos que desde
muchas leguas desviados acudían a Compostela para llevar' sus ex votos de cera al sepulcro del Apóstol, Lázaro de
Vilobre se encaminó hacia San Mamés, arrastrándose con
las muletas trabajosamente .
Llovía copiosamente, con hilos finos que hacían brillar
el campo con un color suave de verde lavado y encharcaban los senderos poniéndolos intransitahles. Las nubes,
pardas y apelotonadas, estaban muy bajas, como un toldo
ubscuro. Y a lo lejos caminaban unos bueyes, agobiados
bajo el peso del yugo, tirando de unas carretas cuyas ruedas gemían largamente, tal que los viejos violii,es que tañen los ciegos mendicantes en las romerías.
)

lI
Cuando entró en la iglesia Lázaro de Vilobre, estaba
silenciosa y vacía. En la penumbra de los altares parpadeaban las estrellitas · de las lamparillas, y a la luz rojiza
que proyectaban los vasos de vidrio, tenia Jesús Crucificado un tono sangriento que infundía espanto. El sacristán
apagaba las velas del altar mayor, y un hilo de humo ensortijado ascendía, despidiendo un desagradable olor a pa-

�426

COSMÓPOLlS-Xl-1920

bilo. Por uno de los altos ventanales de poHcromada vidriera entraban los gorriones-por un ángulo en donde el
cristal estaba roto-escapando de la lluvia y se reftt_gíaban
en las gradas de los altares y revoloteaban en el barandal
del púlpito, tal que en las solanas que se adelantan sobre
las parras de los huertos.
Lázaro de Vílobre se sentó en el suelo, frente al altar
de la Virgen) y se recostó en la verja de la capilla. Era una
Virgen de dulce semblante que resplandecía sobre un fon•
do azul tachonado de estrellas doradas. En el pecho tenía
hundidos los síete puñales de plata, y del cuello pendía un
collar que fulguraba con luces preciosas y limpias.
-¡Ma1pocado de mí, Virgencita de mi alma! ¡Malpocado de mí que no tengo pan que llevarme a la boca! ... Largos días llevo andados por los valles y por las Il,lOntañas
sin hallar quien se conduela de mis penas, ni del hambre
que me martirin, ni de las llagas que arden en mi carne,
ni de la miséria que me corre por el cuerpo. Ládranme fos
canes y los rapaces me arrojan piedras. Y he de dormir en
los pajares, entrando furtivamevte como un malhechor ...
En sus palabras tremolaba el acento de un íntimo y
cruento dolor; y la levita se estremecía sobre el miserable
cuerpo mutilado que temblaba de frío y de humedad.
-¡Malas meigas sean conmigo si de tantas cuita.s soime
culpable! En jamás hubo pena que yo no sintiera como
propia y n¡,mca sentí la comezón de hacer una acción mala.
.Sólo peco con las desvergüenzas que dígalas a las mozas;
pero_ ello es porque los galanes incítanme a ello ... y porque
.a las rapazas no las desagrada en el fondo, a pesar de los
melindres y gazmoñerías de fuera ...
El sacristán se había ido y la nave de la iglesia estaba
solitaria y callada. La lluvia seguía cayendo y en los yentanales se la oía tamborilear con insistencia. Pasó algún
tiempo, y Lázaro de Vilobre, que se había quedado dormido, .abrió los ojos precipitadamente y miró inquieto hacia el
altar de la Virgen. El collar resplandecía maravillosamente,
como una cinta de chispas de luz. Fué una lucha interior

CUEr-TOS ESPAiOLES

427

violenta y rápida: Lázaro se arrastró cautelosamente hasta ,..._
una lápida que ponía ante el altar un largo epitafio borroso. Entre las rendijas crecía una hierba raquítica y de vez
en vez asomaba la chata cabeza de alguna lagartija ... Un
instante rapidísimo fué todo. Después Lázaro de Vilobre, el
cojo mendigo, ...salió de la iglesia pálido y sintiendo que el
corazón le golpeteaba fuertemente, con una violencia inusitada, con agitaciones de saltamonte...
Había robado el collar de 1~ Virgen.

m'
Pocos días habían pasado cuando Lázaro de Vi-lobre fué
detenido por una pareja de la Guardia civil. Cuando se le
prendió se dirigía a tierras de Castilla y llevaba en uno de
los bolsillos de la levita el rico collar. Tuvo que volver á
San Mamés entre los guardias de la benemérita, cuyos cha•
rolados tricornios relucían siniestramente, y cuantos le hallaban en el camino le gritaban con reconcentrado odio,
como mordiendo 1as palabras:
-¡Ahí le va el sacrílego!
-¡Malas liendres te coman!
-¡Que la bruja bisoja te arranque los pelos y te chupe
la sangre!
-¡Al sacrílego!
- ¡Al sacrílego!
Frente al juez y al párroco el cojo de Vil&lt;:&gt;bre se sintió
despa.vorido, y ya le parecia verse colgado en la horca y
picoteado por los cuervos o quemado vivo en una hoguera
como un brujo.
El juez le miró ceñuda mente, tras los redondos cristales
de sus gafas de buho, y le preguntó:
-¿Robaste el collar de la Virgen, Lázaro de Vilobre?
.El mendigo calló. La lengua se le pegó al paladar y un
frío sudor le bañó el rostro.
La pregunta terrible volvió otra vez a estremecerle:
-¿Robaste el collar de la Virgen, Lázaro de Vilobre?

�CUHNTOS ESI'A~OLl!S

428

429

COS.MÓPOLIB-XI-1920

Y entonces una idea rápida le iluminó y contestó serenamente:
-¡Soy inocente!. ..
-¡H~brá desvergonzado!... ¡Pues no dice el pícaro
que . es mocente cuando le encontraron en el bolsillo el
collar!
-La -yirgen hizo el milagro y medió su collar de piedras prec10sas para remediar mi miseria ...
El pánoco, al escuchar aquellas palabras, no pudo contenerse y gritó a Lázaro, con acentq violentísimo:
-¡Qué herejía dices, condenado! Robástelo, robástelo ...
No mientas.
Pero ya Lázaro insistía firme y seguro como si mismamente fuera verdad lo que decía.
-¡La Virgen hizo el milagro!. .. Yo la rogué por mis
dolores, por mis penas y por mi miseria .. Yo lloré amargamente ante ella durante muchas horas. Yo tracé con mi lengua seca siete cruces sobre el polvo de las losas ... Y la
Virgen me dijo con su voz dulcísima: «Lázaro de Vilobre,
toma mi collar y vende sus piedras preciosas. Con las esmeraldas y los topacios y los brillantes, podrás comprar pan
y mantas y unas muletas nuevas.&gt;
Todos los que escuchaban el extraño relato sentían una
intensa emoción. Las palabras del mendigo eran de un tremante poder, como brasas. El viento de lo sobrenatural
estremecía las almas. Unicamente el párroco seguía negando".
-¡Mientes! ¡Mientes, condenado! Robástelo, robáste•
1
lo ... ¡Ladrón!
Lázaro tuvo entonces las palabras geniales que habían
de valerle en aquella cuita, como si fueran un dictado
divino:
-~~o p:edica el señor párroco, desde el púlpito, la fe?
¿No dtJO miles de veces que a quien ruega con fe a la Virgen, ella le atiende y le ampara? ¿No nos relató muchos
milagros sucedidos? ... Pues si usted tantas veces dijo que la
Virgen hace milagros, ¿cómo negará éste? ...

Ante estas palabras, dieparadas tan certeramente, el párroco ya no pudo oponerse, que sería tanto como negar el
poder de la Virgen y el quitar toda fuerza a sus argumen•
tos de predicador. ¿Cómo le sería posible hablar luego,
desde el púlpito, de la fe y de los milagros? El cojo de Vilobre le había metido, acertadamente, en un callejón sin
salida. Fué preciso creer lo que Lázaro contara. Se le absolvió y se le dejó el collar y no hubo más remedio que
ver en todo aquello un misterio impregnado en fragante
aroma de santidad.
Pocos días después se celebró una procesión. Iban todos los eampesinos de la comarca, con estandartes de flecos de oro y con velas encedidas. Acudieron muchos penitentes. Y ~ázaro de Vilobre, el cojo mendigo, iba entre el
alcalde y el párroco, con su levita grotesca como un espantapájaros.
JOSÉ CASTELLÓN.

�,U/T0J..OGIA.

431

Entonar sus loanzas son nuestros ideales,
no encierra tiranía su dulce autoridad,
su carne tiene aromas puros, angelicales,
y sus ojos nos visten trajes de claridad.

CARLOS BAUDELAIRE.

CON SUS FINOS VESTIDOS ...
Con sus finos vestidos ondeantes, nacarados,
al andar, se diría va en danzas armoniosas,
cual las serpientes que los faquires sagrados
hacen en sus bastones moverse cadenciosas.
Y como en los desiertos, i'os cielos y arenal~s,
insensibles los dos al dolor inclemente,
como las largas olas des~liegan sus randales,
ella se desenvuelve a todo; indiferente.

Sea en la \loche y en su amplitud solitaria,
sea en la calle entre la multitud sedentaria,
su fantasma en la noche danza como una llama.
A veces habla y dice: «Yo soy bella y ordeno ...
Por el amor a mí sólo la belleza am'a ...
Yo soy la Madona, la Musa, el Angel bueno.:.
EL BELLO NAVIO
Te quiero enumerar, ¡oh, muelle encantadora!
las bellezas que tu juventud ateJora;
pintart&lt;t quiero tu hermosura,
en que se une la infancia con la edad madura.
1

Sus dos ojos bruñidos son minerales bellos,
y en la naturaleza simbólica y euraña,
en donde án_gel y esfinge hacen fraternidad,

Cuando pasas, flotante en el aire el vestido,
pareces una nave que del puerto ha partid0,
dando toda su tela al viento,
y va con ritmo dulce y ·perezoso y lento.

en donde todo es oro, diamantes y destellos,
con raros resplandores de astro inútil, se baña,
de la mujer estéril, la fría majestad.

tu cabeza se yergue con encantos graciosos;
con aire plácido y triunfante,

Sobre el cuello alto y gr-ueso y los hombros hermosos&gt;

niña majestuosa, vas camino adelante.
¿QUÉ DIRÁS ESTA NOCHE? ...

¿Qué dirás esta noche, pobre alma 'abandonada,
qué dirás, corazón marchito tantas veces,
a la más buena, a la más bella, ·a la más amada,
ante cuyas pupilas de pro'1to refloreces?

Te quiero enumerar, ¡oh, muelle encantadora!
las bellezas que tu juventud atesora;
pintarte quiero tu hermosura,
en que se une la infancia con la edad madura,
Tu seno avanza y llena el moaré en brillos varios
tu seno triunfante, que es como un bello armario,

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�COSMÓPOL!S-XI-1920

CIELO DE NIEBLAS
Tu mirada se cubre de un velo vaporoso;
-¿es azul, gris o vetde tu mirar misterioso?pasa de tierna a cruel alternativamente,
y en ella el cielo pálido se refleja indolente.
Me recuerdas los días blancos, tibios, velados,
que hacen bañarse en llanto los pechos hechizados,
y cuando inquietos por un mal desconocido
llaman los nervios al espíritu dormido.
A veces me recuerdas las lejanías brumosas
que matjzan los soles de estaciones nubosas ...
¡Y cómo resplandeces, húmedo paisaje,
que enciende el sol en puesta de un cielo con celajel
¡Oh, mujer peligrosa! ¡Oh, climas seductores!
¿Amaré -v uestra escarcha, tus nevados blancores,
y sabré arrancar de la implacable invernada
un placer más agudo que el hierro y que la helada?

ANTOLOGiA

¡Traspórtame, vagón! ¡Condúceme, fracrata! ·
· 1 ¡E1·
¡L e¡os.
cieno aquí se hace de nuestros i,,llantos!
¿-yerdad que algunas veces tu corazón, Agata,
dice: _«Lejos de crímenes, de dolores y espantos,
trasportame, vagón; condúceme, fragata?»

¡Oh 1 qué lejos estás, paraíso perfumado
donde es bajo los cielos todo alegria y am~r,
donde es cuanto se ama digno de ser amado !
y nvs ahogamos en la voluptuosa flor!
¡Oh, qué lejos estás, paraíso perfumado!
Pero el verde paraíso de amores infantiles
los viajes, las canciones, los besos y las rosas'
los violines vibrantes en tornp a los pensiles ,
con el vino y las noches en las selvas frondosas ...
¿Pero el verde paraíso de amores infantilec:; ,
el paraíso inocente de pla,;eres furtivos,
está mucho más lejos que la India y que la China?
¿Se podrá renovar con los gritos más vivos?
¿Aun podría animársele de una voz argentina
al paraíso inocente de placeres furtivos?

MOESTA ET ERRABUNDA

EL JUEGO
Dime: ¿Tu corazón, a veces vuela, Agata,
lejos del océano de la inmunda ciudad,
hacia otro océano donde la claridad de plata
es azul y P,rofunda cual la virginidad?
Dime, ¿tu corazón, a veces vuela, Agata?

¡El mar, el vasto mar consuela en las labores!
¿Qué demonio ha dotado al mar, ronco cantor,
que acompaña al gran órgano del viento en sus clamores,
de esa ficción sublime de inmenso mecedor?
¡El mar, el vasto mar consuela en las labores!

435.

, ~n hu~didos sillones las cortesanas viejas,
pahdas, OJerosas, &lt;le mirada fatal,
coqueteando y haciendo~de sus flacas orejas
caer un clis-clás sonoro de piedras y metal;
junto. al tapete verde rostros inexpresivos,
descoloridos labios, mandíbulas sin dientes
y con infernal fiebre los dedos convulsivos'
buscando en lo~ bolsillos vacíos, impacient~s;
cuelgan arañas de pálidos resplandores

,

�COS).!ÓPOLIS-x:r-1920

y hay quinqués proyectando a sus luces inquietas
las frentes tenebrosas de preclaros poetas,
que van despilfarrando sus sangrientos sudores.
He aquí el negro cuadro que en un sueño nocturno
vi pasar ante mis ojos clarividentes~
♦
.
yo mismo, en un rincón del antro, taciturno,
estaba, rnudo y frío, contemplando a estas gentes,
envidiando de todos la p;:isional locura,
de aquellas prostitutas la fúnebre alegría,
ante mí traficaban todos con gallardía,
¡el uno con su honor, la otra con su hermosura!
Me espanté de envidiar de este hombre, la demencia, .
que corre con fervor• a una sima ígnorad_a,
.
y que, ebrío de su sangre, tiene por preferenc~a:
el dolor a la muerte, y el infierno a la nada.
Traducción de
EuoDORO PocHE

r

•

EL TEATRO,
LOS LIBROS Y EL ARTE

Teatro.
L'Enfa.nt Maítre, por M. Henry-Marx (Teatro del Vau.
devílle .)
Haríamos un agravio a Henry-Marx si examinásemos su
obra COP. indulgencia. El autor ha declarado que prefiere el
dolor de la verdad a las dulzuras de la mentira. Su desdén
irónico y avisado ha previsto, por otra parte, que en la lucha con la muchedumbre sería vencido de antemai:10, pues
conoce el mal gusto del público y sus apetitos en comunidad.
« ¡El teatro es horrible!-exclarna asistiendo desde lo
alto de su Olimpo a los espectáculos de hoy en día-; aporto a él una vida que trata penosamente de ser arte y estoy
dolorido.&gt;
Pero eso seria antes; ahora, no. Porque con el fracaso
de su ob~a, que confirmaba al mismo tiempo que su desprecio solitario, su inaccesible genio, habrá sentido una ola
je felicidad inundar su corazón.
En su drama deben considerarse dos cosa~ las doctrinas füosófrcas- y el coi:ifücto pasional. Sin duda el autor no
ha deseado que se haga esta.delimitación. Su propósito era
pred,;amente determinar las reacciones mutuas de estas dos
expresiones. opuestas del alma para hacer surgir el complejo humano. Esta unidad viviente no la ha realizado. La
obra parece cortada en tro-zos, pues las declamaciones me-

�438

COSMOPOIJB-XI-1920

tafísicas o éticas alternan con jirones de acción dramática.
Hablar de la filosofía de M. Marx constituye una empresa peligrosa. No es ni bastante particular ni l&gt;astante
clara para que pueda seguirse su marcha gradual. Se oculta en los repliegues obscuros de couplets tortuosos, y sólo
una lectura atenta podría disipar la pesada atmósfera de incertidumbre y la confusión que aturde el cerebro del espectador.
El _gran pensador, héroe central de su drama, parece
más bien un hombre de acción que un especulativo·. Por lo
que puede comprenderse considera que nuestra vida es un
perpetuo conflicto entre nuestra fuerza y las fuf!tzas exteriores. El placer y el dolor con todos sus matices son la
traducció~ en lenguaje subjetivo de todas las perip~cias de
este conflicto, y la voluntad humana debería tender a la dicha en el esfuerzo perpetuo y alegrf' de una victoria siempre renovc1da. A este sentir del personaje se Je opone en la
obra una doctrina, según la cual la vida interior encontraría, por el contrario,
su plenitud en el dolor, y de él sacaría &gt;
• •
po~ ~n mov1m1ento superior de resignación, una especie de
fehc1da~ dep~rada. Son éstas sutilezas de psicología puramente ltteranas, y no se podría en estos lugares comunes,
en estas vagas afirmaciones, encontrar los dog~as de un
s1sterna general coherente. Pero M. Max. ha escrito su obra
menos para revelarnos una ciencia de principios y de cau-'
sas, que _por ofrecer a nuestra meditación el ejemplo de
una pareJa mod~lo que satisface-en el matrimonio libre su
gusto superior de la verdad.
Claudia Helliot, ilustre filósofo, vive desde háce veinte
al'ios con su mujer Edith en una intimidad y en una con. fianza basadas en una sincerinad absoluta y recíproca. Así,
cuando llega el momento en que el profesor se enamora de
Silvette, una de sus discípulas, y a su vez Edith siente hacia el secretario de su marido una atracción de ·una violencia toda psicológica, los dos encuentran lo más honrado y
derecho, confiarse sus debilidades y discutir sobre ellas.
No se crea que después de estas confidencias van a sepa-

º.

CHÓ?HCA DE PAl!ÍS

439

rarse. Han sabido liberarse de prejuicios y gozan juntos de
una dicha fundada en la inteligencia y el afecto fraternal.
Vivirán unidos y libres. Además les reúne un lazo más poderoso que todos: el amor que ambos profesan a su hijo
Sergio, joven filósofo, apóstol del dolor, que prolonga di.gnamente la familia. Y con saber que Sergio ama precisamente a Silvette1 la amiga de su padre, que sufre por ello
y que se queja, si así puede decirse a su propio sufrimiento, ya se tienen los elementos de la tragedia. El desenlace
es éste: Claudio conoce el secreto de su hijo y a:cepta la
salida de la casa de Sylvette. Perseguirá su alta misión de
conductor de almas cerca de su mujer, de su hijo y de su
fogoso secretario.
Si el autor hubiera pretendido, sencillamente, al contarnos esta historia, analizar el estado de alma de seres especiales, colocados en circunstancias especiales, no se le podrían
negar ciertas cualidades de penetrante observación. Pero
es como predicador como se dirige al público. ¿Qué conclusiones puede entonces sacar de este ejemplo dramático?
¿Quiere hacernos comprender una vez más el eterno alegato en favor del derecho de amar? Pues no lo enriquece
con ningún argumento nuevo. ¿Quiere darnos como modelo ese matrimonio que conserva en todos los desfallecimíentos una inalterable serenidad? ¿Por qué entonces ha
apelado a dos seres excepcionales, de una cultura extraordinaria y de un ambiente tan particular? La muchedumbre,
muy alejada de ellos, no experimenta otra cosa que indignación. No puede reconocer en la sensibilidad refinada de
sus personajes ninguno de sus propios sentimientos. Luego
si el autor ha formado así sus protagonistas, es por las
necesidades de la causa. La psicología ha emprendido la in verosimilitud de colocar en simples mortales preocupaciones tan extrañas y gustos tan decadentes.
Sin embargo, M. Henry-Marx. ha conservado cierto espíritu de lógica y se muestra consecuente consigo mismo.
Ha glorificado en el drama la belleza de la vida en la escuela del dolor. Por eso ha querido santificar al a~ditorio

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�COIIIÓPOLl.&amp;-Xl-1920

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pii'l.a, la justicia pontifical consideraba las maldades de los
artistas como pecadillos de niños mimados.•
Las primeras cuentas del Caravage con la Justicia datan de 16oo. Pero entonces sólo había hecho el auster a
un pugilato donde su amigo Onorio Loughi, arquitecto, de
talento, escandaloso y pendenciero, babia desempeñado el
papel principal. Cuanto a él, estaba entonces convaleciente y un muchacho le llevaba la espada. Después de restablecido, fué acusado de haber atacado a dos transeuntes en
la caJle de la Scrofa y de haber dado a uno una estocada
que, felizmente, sólo le atravesó la capa. Poco después hirió
a un antiguo sargento del castillo de Santangele, que retiró
su queja quizás mediante dinero. Caravage permaneció
tranquilo durante dos años. Pero de 1003 a 16o6, no hubo
atlo en que no fuera complicado en algún asunto criminal.
Primero una serie de sonetos contra un pintor llamado
Baglione, cuyo talento no estimaba. El embajador de Francia garantizó que el autor del libelo no era Caravage, y el
Gobierno de Roma puso al pintor en libertad, con la condición de que estaría un mes encerrado en su casa y no buscaría a su adversario. Mantuvo su palabra; pero su amigo
Loughi Je buscó por él y estuvo a punto de matarlo. Caravage tuvo miedo de las consecuencias y huyó a la Marche,
donde pasó el invierno de 1603.
Vuelto a Roma, un día que comía en una fonda, anojó
un plato a un criado, hiriéndole en la cara. Gracias a sus
protectores salió bien. Pero la Policía no lo perdía de vista
y lo detenía en cualquiera ocasión; en 16o4, por.que una
noche, en unión de dos compañeros tiró unas piedras y prorrumpió en injurias; en 1665, porque llevaba armas sin permiso. El cardenal del Monte se cansó entonces de hospeuar a un amigo tan comprometedor, y desde el verano de
16o5 quedó sin domicilio fijo.
En julio de 16o5 tiene otro mal asunto. Tiene una ritla
en el Corso con un pasante de notario por cortejar a una
mujer llamada Lena, que era la esp lsa del pasante. No
ocurrió ese día nada; pero el 29 de julio el pasante recibe

CRÓNICA DE PAEfs

una estocada en la nuca y acusó a Caravage, que huyó a
Génova. Al fin se arregló el negocio. Pero al año siguiente, a causa de una disputa en el juego, tuvo un duelo con
su amigo Tommasoni, al cual dejó muerto en el campo1 saliendo a su vez gravemente herido.
Una vez curado, se refugió en un castillo que los Colonna tenían en la Sabina.
Pintó allí una .MiJ.gdalena y los P1:Yegrfoos de Emaüs;
hizo vender estos cuadros en Roma, y con el dinero de la
venta ganó Nápoles. Pero sea que no encontrara trabajo o
sea inquietud suya, en 16'J7 pasó a la isla de Malta. Le
acompañaba un joven pintor holandés llamado Spada, que
le admiraba fanáticamente y le imitaba en todo.
El gran Maestre de la Orden, Mof de \ Vignacourt, le
recibió como correspondía a su fama, le encargó algunos
retratos, le nombró caballero honorario, y después que hubo
pintado la degollación de San Juan, le regaló un collar de
oro y dos esclavos turcos. Pero el carácter de Caravage no
permitía que dieran este favor. Tuvo una qut!rella con un
caballero de Malta, y Wignacourt lo hizo prender. Su fü•l
Spada, por no ser menos que su maestro, robó a otro caballero de Malta una esclava morisca y huyó con ella.
Del calabozo se escapó Caravage 1 :según se cuenta, escalando los muros, y en un barco logró llegar a Sicilia. En
realidad, M. Rouchés sospecha que el gran Maestre, después
de tenerlo en prisión algunas semanas, lo hizo conducir en
una barca a las costas de Sicilia. Pasó en Mesina el año 16o8,
donde trabajó mucho y fué bien pagado. Por la Nativid~d
de la Iglesia de los Capuchinos recibió mil esc~dos. DeJ?
esta ciudad misteriosamente, y después de pmtar Natt•
vidad, que le fué encargada en Palermo, volvió a Nápoles.
Allí fué herido en la cara en una riña en las puertas de una
posada.
Después de esta aventura parecía que sus desgracias
habían concluido¡ pero no fué así. El cardenal Gonzaga había obtenido su gracia en Roma. Fletó un falucho para ir
por mar a Civita-Vecchia o a Terracina; pero sea por la

�COS.'dÓPOLIS-XI-1920

temp~stad o sea por no querer desembarcar directamente
en los Estados Pontificios) lo hizo más al Norte, en Orbetello, que tenía una guarnición española y que lo aprisionó
confundiéndolo con otro. Cuando después de algunos días
lo pusieron en libertad, el falucho había desaparecido, llevándose toda su fortuna. Como loco se puso a correr a la
orilla del mar bajo el sol de agosto y contrajo unas fiebres
que en varios días lo llevaron al sepulcro.
La vida del Caravage es más accidentada que edificante.
El milagro es que entre tantas aventuras y llegando apenas
a los cuarenta afíos, haya dejado una obra considerable
poderosa y patética, que hace de es.te artista uno de lo~
. más grandes pintores de su tiempo.
Le Lion d).Arras, por Paul Adam. -Paul Adam había nacido para remover masas pesadas, agitar multitudes y desplazar en el papel ejércitos y pueblos.
Pero lo que le es particular es el haber imaginado siempre estos movimientos como organizados.
Hay en esto una sensible diferencia con las multitudes
que viven, por ejemplo) en las novelas de Tolstoi. El puebl~ crea~o por el novelista ruso, es incierto y movible. Se
agitan mtl persoaas) mil inquietudes, Caracteres diferentes
impulsan los hombres en sentido opuesto. La humanidaa
es, en_ sus .obra~, un mar alborotado, donde las olas surgen
en todas duecc10nes. En un genio latino, por el contrario,
todo se ordena y todo tiene su lugar. Esto oéurre en el libro pó~tumo de Paul Adam que se acaba de publicar y que
es el pnmero de una trilogía sobre el Artois.
Este .libro está compuesto de una manera síngular que
desconcierta nuestros hábitos. Está constituido por dos
cuadros. En el primero se ve en 1788 a Justo-Emilio Haricourt casarse con su prima Cecilia y unir así 1a fundición
de que es heredera con los talleres de Dunkerque, que pertenecen a Justo-Emilio y a sus hermanos.
En el segundo cuadro se ve a este mismo Justo-Emilio,
precursor de la areonáutica, dominar en z792 el campo de
batalla de Valmy con un globo Arras-Egalité que escolta-

CRÓNICA. DE PARÍS

445

tan los voluntarios de la ciudad. Así el libro obedece a una
especie de plan: Arto is, en la paz; Artois, en la guerra.
Los personajes de Tusto-Emilio y Cecilia no sirven más
al autor que para organizar este díptico. Unidos a esa dinastía de los Haricourt, de la cual Paul Adam ha escrito la .
epopeya) son como los símbolos del Artois, a tal punto,
que no pudiendo Cecilia ser llevada. directamente en la
guerra y no apareciendo en la segunda parte, el autor supone cierta vivandera que se le aset?-eja y que bastará para
presentar en el tumulto del combate los cabellos rubios y
la tez clara de la provincia.
Este papel simbólico está compartido entre los dos esposos del si1?;uiente modo: En el prímer cuadro) es Cecilia
dueña de 11a fundición, la verdadera heroína del Artois. Sin
piedad para sus quince años, el autor la ha obligado a montar d~sde la primera página sobre el león dorado que corona la atalaya y que había sido fundido por sus antepasados.
Está allí temblando de miedo, la saya y la toca flotando al
viento. Pero toda la provincia está extendida y como ofren da a sus pies. Allí conoce su noviazgo y el gusto de reinar en su casa y gobernar su hacienda.
«Recibirá ella misma sus granjeros y su parte de rentas
sobre los bienes numerosos esparcidos en la campiña. Estas tierras más bellas, puesto que son el gaje de su liberación, las abraza Cecilia en su propia vida, con el esfuerzo
de los que la hacen opulentas; ellos sufren por esto en esos
bosques, en los espacios verdes y dorados, en el fondo de
las calles rumorosas, a las sombras de esas iglesias que
tocan ...,
Este modo de incorporar la tierra, el cielo, el mar y la
vida anónima de los hombres, es propiamente 1a manera
del novelista. Sin embargo, en la segunda parte, Cecilia
desaparece. El que aparece, sólo es Justo-Emilio, y como
ella representa el Artois pacífico y campestre, él representará el Artois guerrero.
Cada una de las dos partes está únicamente formada de
cuadros. No hay, en realidad, ni argumento ni intriga, pues

�446

COSMÓPOLIS-XJ-1920

no puede llamarse así a un matrimonio sin incidentes. La
multitud de personajes secundarios, por numerosos que
sean, no añaden nada a la anécdota. No le!: sucede absolutamente nada. Lo que pasa ante nuestros ojos es el movi•
miento de su acostumbrada vida, sin un solo episodio excepcional. Pero el azar de la historia y la elección del autor
quieren que esos personajes en esa ciudad de Arras y ':!n
el verano que precede a la Revolución, nos interesen por sí
mismos; son los dos Robespierre y su hermana Carlota y
los oratorianos Fouch{ y Lebon. Les vemos vivir. Maximilianb Robespierre entra en su casa de regreso del Tribunal. Su hermana ha preparado la mesa. Su hermano Agustín mira a las encajeras por la ventana abierta. Se sient~n
los tres en sillas de paja con el respaldo esculpido. Comen
y se separan. Es todo.
Es esta una forma nueva de novela histórica. La forma
arcaica era mezclar los personajes reales e los inventados.
Siendo ya patente el absurdo del sistema, se vino a colocar
los personajes conocidos, molestos ppr su notoriedad misma en segundo término, donde nada tenían que hacer, sosteniéndose la acción por los personajes inventados. Paul
Adam, suprimiendo la acción, se contenta con pintar el movimiento ordinario de la vida, sobre el cual estamos lo suficientemente informados para que este cuadro movible sea
casi exacto. Comprendido así, la novela se aproxima cuan
to es posible a la historia.
El novelísta está servido por dos cualidades de primer
orden. Tíene primero un don de pintor verdaderamente
asombroso. He aquí el Benedícite dicho por el tío Haricourt
ante la familia reunida en torno de la mesa:
«Nadie habla, ni madame Haricourt, blanca y alta, velada, cargada de cruces, de medallas, de escapularios, de
pie cerca del dueñ.o y cuidadosa de vigilar el orden del ser•
vicio; ni el viejo Thomas1 tan limpio y cuicfado al final de
la mesa, entre el intendente y el contramaestre de los Molinos; ni las Ursulinas invitadas que besan la cruz de sus
rosarios. Los tres invitados con frac y peluca saludan. En la

CRÓNICA DE PARÍS

sombra de la habitación, con las medias azules, tocadas,
con el refajo recogido por el cordón de la delantera, las
cuatro criadas se arrodillan delante de la mesa donde es•
tán las soperas, las escudillas de madera y las rebanadas
de pan.,
¿Puede imaginarse un cuadro mejor pintado? Pero este
don no sería nada sin el otro, que es el poder de infundir a
los personajes la vida y el movimiento. Todo este mundo
se agita. Sin duda, en medio de tanto personaje, el autor
no tiene tiempo de conceder a cada uno más que una palabra y un gesto, que repite indefinidamente; así su conjunto
hace el efecto un poco de un concierto de autómatas. Pero
vista en conjunto y a distancia esta muchedumbre, tiene
una animación sorprendente; los fundidores golpean sobre
el yunque; los arrieros cargan en ·sacos; las encajeras agitan las veinte casullas de sus cuadros; Robespierre pronuncia un discurso sobre la virtud; Carnet un discurso sobre
las fortificaciones; Fouché, de los labios delgados, apremia
áspero a Carlota Robespierre; el .tío Haricourt jura; todo
este mundo se remueve y habla a la vez.
Cuanto mayor es la multitud que el autor debe agitar,
está más contento el autor. Arna verdaderamente el número, la fuerza, el exceso. Ju~to-Emilio, dejando de leer, rechaza con su mano los libros que hay sobre la mesa. ¿Cuáles son estos libros?
«Rechaza los tomos abiertos de la Enciclopedia; lo~ planos y grabados de la fundición; los folletos relativos al arte
del maderamen; de la fabricación de la seda; los manuscritos explicando las más recientes experiencias de. los químicos sobre la composición del gas expansivo; un informe de
Lavoisier sobre las ventajas que pueden obtenerse de la
invención de los globos.,
Sin embargo, el autor goza en este tumulto. Reconoce
su mundo. Desencadena la tempestad y devuelve la calma.
Sabe la historia de cada uno. Al final destripa algunos personajes. Se da el placer de un Dios.
Le Monde a Coté, por Gyp.-Los personajes que nos

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COBMÓPOLIB -

XI-1920

muestra Gyp en esta novela, son de todos los tiempos. La
heroína J osette de Skaer ha crecido en Bretaña en un gran
castillo, que es su herencia. Su padre ha muerto en un accidente de caza. Su tía, madame de Jonau, que la cuida,
hace el oficio de casamentera, tan bien, que Josette la arroja C'Uando se apercibe de esta industria. El tutor de la joven, el buen Delalonde, tiene un hijo, Andie, del cual se
enamora Josette. Pero el ·honrado tutor corta en §eco este
idilio y casa a su pupila con un M. Moray, que es muy rico.
Gyp ha tratado a Josette como una buena hada trata a
su hija. La ha colmado de dones. La ha hecho muy bella,
esbelta, vigorosa, con aire de diosa, unos ojos inmensos de
uh verde límpido que endurece la cólera, una tez de un bebé
inglés, una nariz recta, dientes deslumbradores, cabellos
negros.
«De toda la persona de la condesa se exhala un no sé
qué de sano y de fuerte, una especie de gracia casta y robusta. Josette es buena, violenta, sincera y franca con exceso. Su carácter entero. se pliega incompletamente a las
exigencias mundanas. Adora las cosas grandes y bellas,
execra las mezquinerías y no disimula jamás la impresión
sentida,,.
Es poco decir que es la heroína del libro. Es su diosa
tutelar. Su retrato es como una profesión de fe. Tiene aún
otras gracias. Esta amazona descuella en todas las artes.
Sabe pintar y es excelente música. La violencia misma y la
rudeza de su carácter no dejan de tener encanto. Exigente
y fiera, sabe amar.
El arte de Gyp es que, con perfecciones tan singulares1
Josette es •un ser vivo. Sus sentimientos son verdaderos y
naturales. El autor, que la ha dado un alma vioJenta, la ha
librado de todo exceso. Sin duda se defenderá con vigor
de la innoble La Réole. Sin duaa engañada por su marido,
le responde con una indiferencia de princesa ofendida. Arna
aún a Andié, pero este amor no llega a hacerla olvidar de
lo que se debe. Andié a su vez se deja arrastrar por un des•
dichado amor por madade de Guibray. Josette sufre, pero

CRÓNICA DE PARfs

449

no se queja y perdona. Pero Gyp no quiere dejarla indefinidamente escarnecida por un marido indigno ni por un
suspirante versátil. Así tiene en reserva desde el principio
del libro a M. de Lafére, de poca edad más que Josette, que
la ama desde la infancia. Gyp mata a M. de Moray y da a
Josette a M. de Lafére. Y de tal modo sabe que hace bien
en esto, que se hace aplaudir por la madre de Moray, que
exclama: «¡Bien sabe Dios lo que ha hecho!»
Arte.

El Salón de Oto1-io.-El estudio de esta Exposición requiere más tiempo. El día antes de enviar esta crónica he
asistido al barnizado, al cual ha concurrido todo el París
artístico. Dos retrf1tos atraían a los curiosos: el de Mauricio Rostand y el del ciudadano Rappoport. El primero, graciosamente sentado sobre un canapé en una postura muy
estudiada, representa una de las tendencias de este Salón,
la tendencia del refinamiento excesivo. La otra escuela está
representada por el ciudadano Rappoport, barrigón y barbudo, la escuela de esos brutos que peinan con un cuchillo
entre los dientes las Venus hotentotes.
El pintor Van Dogen, retratista del ciudadano ~appoport, ha colocado su cuadro entre una bañista desnuda, provocativa, con las pupilas inquietantes, y una modista mundana de los Campos Elíseos, muy correcta, con su vestido
de paño de oro. El San Antonio del bolchevismo entre las
vírgenes sensatas y las vírgenes locas.
El Salón es curioso y su estudio será interesante. En la
próxima crónica nos ocuparemos con la extensión que merezca de esta Exposición, que ya puede llamarse la de los
dos extremos: la del culto y refinado Rostand y la del bárbaro Rappoport.

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MARTEL.

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POETAS MODERNOS

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La poesía es el género literario que más se renueva,
evoluciona y adelanta en Portugal, sin perder por t&gt;SO nada
de la pasada grandeza de su origen provenzal, impregnado
del más refinado lirismo.
Nosotro:; estamos familiarizados con sus poeta clásicos
y con sus grandes poetas modernos, a partir de Anthero de
Quental, Almeida Garrett, Jo.ao tle Deus y Antonio Nobre .
Entre los contemporáneos cuentan con admiradores el simb9lista Eugenio de Ca:.tro, el batallador Góroez Leal, el
épico Guerra Junqueiro y muchos otros; pero conocemos
poco a los; nuevos, a los que comienzan la lucha y que son
los que más dan en su obra la modalidad del espíritu que
se desenvuelve y se afirma en la vecina República.
Tres libros nuevos, con sus hoja:. sin separar, con ese
incitante olor de imprenta, que tiene algo del casto mbterio del azahar, están en este moniento sobre mi mesa. Como
mudos y velados, con esa timidez del que va a país extraño
y teme que no entiendan su idioma. Pero son tres liLros
;
que pueden hablar alto, sin miedo a no ser comprendidos
en la universal comunión del arte:
Clepsydra encierra toda la vida poética de un hombre,
modelada en preciosos ver:;os. La mayoría de estas poesías
están escritas lejos de la patria, y por lo tanto, son más
portuguesas, más íntimas, no sólo por ese fenómeno de que
la patria lejana es más amada, ruesto que en la di.stancia se
olvidan los defectos y se aviva el recuerdo de las bellas cosas, sino porque en la lejanía, donde ni siquiera se habla

CRÓNICA l,ITEnARIA DE PORTUGM,

451

nuestro idioma, donde no se pierde ninguna palalira en la
convers~ción t1 ivial, el lenguaje se hace algo muy fuerte,
muy recio, muy entrañable; adquiere una mayor sensibilidad; hablamos con nosotros mismos, dialogamos con nuestro corazón, que interroga y responde.
. Están
. escritas . tn Macau, en esa ciudad de la China ,
m1st~nosa y exótica, que ha influípo en la gran sensibilidad
emotiva, de extraña víbratibilidad del artista.
. Camilo Pes::;_anha ha_pasado veintisiete años como perdido, en ese pa1s de Oriente, sin dar noticias de su vida
sin escribirle _apenas a sus amigos, sin publicar nada, y
cabo de ese tiempo, aparece un día en Lisboa, recita sus
versos, lee sus traducciones directas del chino, lega al
-:-Iuseo de las Banellas Verdes una precio,,a colección de obJetos -de arte chino y después dei:;aparece de nueyo.
E3 como si dormido por el opio durante todo ese tiem•
po, se hubiera despertado un momento' y se sumiese otra
vez en su contemplación solitaria.
En esta visita a Portugal nos ha dejado Camilo Pes•
sanha estos vers?s. y esas tradiciones que ha hecho paciente~1~nte, de ese 1d10_m~ duro, monosilábico, en ~uya gramahca no puede ex1st1r analogía, porque las palabras son
&lt;:?mo grana~illas de un rosario, sueltas y dispersas, imposible de dosificar por lo vario de todas ellas, que envuelven un centenar de acepciones; palabras llenas y palabras
i 1acías, que es preciso juntar como las fichas del dominó
cuyas combinaciones son accidentales; palabras que se en:
lazan )' no se soldan jamás. Se debe a una mujer inteliaente! la ~lustre escritora doña A na de Castro Osario, lae- pubhcac1ón de e::.tos versos y la preparación de otro volumen
de prosas dispersas, que completará la extrañ.a fio-ura de
ese espíritu que tiene en la vida intelectual portu;:esa un
0
valor inestimable.
Camilo ~essan~a se ha apoderado del espíritu oriental,
sus traduccwnes tu~nen un elemento que no se encuentra
·en los escr~tores que, como Judith Gauthier, interpretarán
poemas chmos, quizás a tra,•és de otro i1ioma, y con espíri-

ai

�COSMÓPOLIS-Xl-1920
CRÓNICll LlTEIIARIA DE PORT!7&lt;UL

tu europeo, Pessanha es como si un chino escribiese en su
idioma, está psicológicamente preparado para interpretar
el pensamiento simbólico y la idea velada y superior de la
poesía china.
He aquí el fragmeQ,tO de una de sus traducciones:

VOCES DE OTOÑO

453

En la poesía original de Camilo Pessanba hay un elemento oriental mezclado a la saudade portuguesa, esa saudade que no es sólo la bella y poética palabra, que expresa
a la vez melancolía, recuerdo y nostalgia, sino un sentimiento arraigado, de raza, como la morriña del noroeste &lt;le
España, y da un parentesco a su poesía con nuestra poesía
gallega.
El poeta dice:

(Din-Tang)

+: Yo, Ao-Geong-Tze, estaba de noche leyendo cuando
oí aquel rumor de las brisas del Sudoeste. Al oirlo reflexioné lleno de sobresalto.
-¡Es singular! Al principio era el tamborilar de la lluvia que después s~ transforma en azote de viento, para lue•
go, en un vertiginoso crescendo, dar lugar a estos violen•
tos estampidos, -como de grandes olas, que asustan a la noche. El viento y la lluvia, precipitándose en torbellinos,
son como una conflagración retumbante de armaduras resonando. Lo mismo que los guerreros, cuando avanzan hacia combate, hincan los dientes en la mordaza y aceleran fa
carrera, no oyéndoseles gritos de excitación o de miedo,
sino el estruendo de los peones y de los caballos en

marcha ...
Le pregunto &lt;:i.. mi joven discípulo~
-¿Qué ruidos serán éstos? Ve a informarte.
Vuelve y me responde:
-En el cielo brillan puras las estrellas y la Luna; la Vía
Láctea esplende. En ninguna dirección resuena la voz humana. Son las voces de la arboleda ...
Yo murmuro;
-¡Ay! ¡A.yl ¡Oh, dolor! De dónde será, de dónde proceden todas estas voces otoñales,&gt;

··········· ················ . ············· . ·~---·-•··
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Eu vi a luz em um paiz perdido.
A minha alma e languida e inerme.
Oh! Quem podesse deslisar sem ruido!
No chaó sumir•se, comó faz um verme ...

s.~s composiciones tienen el vago ensueño de lo~ ojos
,que siguen las visiones que el opio forja y delinea en los
espirales de humo de su cigarro. Son palabras como balbu,ceos, palabras sugeridoras, que nos recuerdan la poesía de
Juan Ramón Jiménez:
Se andava.no jardim,
Que cheiro de jasmím!
Tao branca do luar!
••••

,.._. · •

ti

••••••••••••••••

. ...... ,. ................ .
Eis tenho-a junto a miro.
Vencida, e minha, emfim,
Após tanto a sonhar ...
Porque en.t riste90 assim? ...
Náo era ella, mas sim
(O que eu quiz abrai;-:ar),

�454

_

CRÓNICA LITERARIA DE PO!ITUGAL

455

COSM,óPot.Is-;ia-1920

A hora do jardim ...
O aroma de jasmim ...
A onda do luar ...
A mayor abundamiento podemos ver esta otra, para
tener completa idea de la verdadera poesía que impregna
lús versqs de este poeta moderno y delicado.
.Foi um día de inuteis agonías.
Dia de sol, inundado de sol!,..
Fulgían nuas as espadas frias ...
Dia de sol, inundado de sol!. ..
Foi um dia de falsas alegrías.
Dáhlia a esfolhar-se,-o seu molle sorriso...
Voltavam os ranchos das romarias.
Dáhlia a esfolhar-se,-o seu molle sorriso ...
Dia impressrvel mais que os outros dias.
.Tao lúcido ... Tao pallido ... Táo lúcido! ...
Diffuso de theoremas, de theorias.,.
Odia futil mais que 03 outros dias!
Minuete de discretas ironias ...
Tao lúcido ... Tao pallido.,. Tát&gt; lúcido!. ..

Reinha Santa es el bello poema de un escritor joven.
que nos da en esa obra sus primeros versos, es decir, losprimeros versos que publica, porque quien con tanta rotundidad y perfección se expresa, no nos ofrece sus primeros
balbuceos; es una obra uien pensada y sentida, en la que
se ve que el autor no se ha precipitado a publicar sus composiciones con ansia de autor novel. Antes de haber publicado Joáo de Castro este libro, ha debido romper o guardar
en el fondo de su cajón muchas y bellas composiciones.

•

Este libro es una muestra de su talento v de su sensibilidad artística; libro de pensador y de poeta" que se une, sin
solución de continuedad a los hermosos y vibrantes libros
de Anthero de Quental, cuya vieja lira, encordada con un
nuevo cordaje, pulsa el poeta.
En el alma de Joao de Castro existe ese doloroso anhelo
de perfección, ese ansia de redención de la humanidad sufriente que toma forma y carne en su canto .
~ El joven pintor belga Albert Jourdain, maestro del simbolismo, a través de un impresionismo directo de las figuras y del paisaje, ha sintetizado el espíritu del poema con
un magnífico dibujo, colocado al frente de la obra que se
inspira en estos versos.

No destro9ado caminhar da viq,a
En que o sonho mais brando é violenciat
Alma tragica e for9a enfebrecida;
E, do triunfo humano de existencia;
Rica o travor da luta já vencida,
Passeia o ten estandarte de clemencia.
Los te,cetos dantescos y simbólicos de toda la obra son
dignos de este valiente comienzo. Sin poderse llamar pe•
simista, hay en toda la obra un dejo de dolor, del dolor
humano que engendra el deseo de perfección, dolor de 'hu•
manidad que aspira a la superhurnanidad: dolor inherente
de la vida:
Acorren to minha alma aos sofrimentos,

Na tragedia de erguer os novos ceus,
E de ligar, em alma, os elementos ...
Ardem, em mim, de esfon;os fogareus;
E ligam-se humilissimos tormentoSi
Repetindo a paixao do Cristo-Deus.

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C08MÓPOU8-XJ- 1920

CRÓNICA lJTERARIA DE PORTUGAL

457

-Homem, fac;o o universo á minha imagen.
E sou o campo, sofredór, da luta,
E a voluntaria dor, alta e selvagem.

Gesto da vida a perdoar delirios,
E a continua largada da aventura,
E a inutil colheita de martirios¡

Por meu unico esforc;o ergo a disputa;
E ao mesmo tempo sou crem;a e miragem
Criando além, e sonho que se escuta.

Gesto de piedade e de doyura,
A transformar o mal em brancas lirios
E as ambir;oes em rosas de ternura.

-Homem, espero a Bondade do universo
Que, em si mesma, a nossa alma nos sonhou,
O corac;ao, de lagrimas submerso,

Un critico portugués ha dicho que este poema de Joáo
de Castro es cLa elegía de la vida y el poema del alma&gt;.

Que a no8sa !uta de homens trespassou
De tanta magua e dór, e o bem disperso
Que o oosso sonho agora concentrou.
Él ama la figura de la Santa Reina Isatiel como un símbolo de dulzura, de consuelo; la ama por las manos piadosas que curan las llagas, por la sonrisa que tranquiliza los
corazones; por lo que hay en .ella de perdón y de sublime
renuncia, que conduce a otra vida más perfecta; la ama por
su gesto materno, y frente al mal fatal que lo llena de pe-_
sadumb1e, la Reina Santa reprPsenta el principio del bien,
que cambia el dolor en dulzura con su gesto; porque en el
poeta hay también un gesto de renunciamiento, de cansancio, sin perjuicio de la . exaltación y de la fuerza creadora:
Ternissima renuncia de can sayo
Do que era orgulho e magua criadóra,
O entusiasmo brutal que armou o bra,;o
Da revolta cruel e vencedora;
E descanso, por fim 1 no seu regayo
De piedosa mae cor.soladora.

**•
Anwede Natal.-Género distinto de los otros dos li.
bros nos ofrece éste de Antonio Ferro. Antonio Ferro es
el por avoz de lo juvenil y de lo arbitrario, el miembro correspondiente de Pombo en Portugal.
Ferro ha tenido en sus primeras obras los desplantes
necesarios para subir a la tribuna y sentirse ya destacado
entre la multitud, y ahora parece que ya, serena su palabra, lanza los versos de la primera madurez.
En el libro anterior a éste que acaba de publicar, La
Teoria de la Indiferencia, la paradoja conseguía las mayores
alturas posibles y había verdaderos rasgos en los que el
orgullo llegaba a cristalizar como un brillante, gracias a su
talento.
Hoy con Ar-z:ore de Natal sale de la bola dorada del orgullo, como rompiendo la crisálida de una gran adolescen
cia, y lanza sus versos en que ya reconocemos la verdad,
no vulgar, de la vida.
Son versos fuertes, apasionados, muy modernos, como
podremos comprobar con la lectura de estos tres hermosos
sonetos:

�458

COSMÓPOLS -:1:1-1920

MADRUGADA

Tu ~ais ser mae ... Tu vai amanhecer ...
No teu ventre suave que se enflora,
Eu sinto já prenúncios duma aurora, .
O sol que, atrás das nuvens, quer romper...
Vais ter um fiiho de outro, meu amor .. .
Tu que já foste mae dum filbo meu! .. .
Un filbo, sim ... Que o meu amor nasceu,
Como um menino, no teu corpo en flor ...
Mesmo esse filho que tu vais gerar

E' quási meu ... Pois com o corayao
E' que o teu corpo o tero que imaginar ...
Le esta sina, escuta esta adivínha:
Parecer-se-há com ele na expressao,
Mas vai ter urna alma igual t\ minha!

PRAIA DE BANHOS

Teu corpo salutar-praia de banhos ...
O mar sereno ... As ondas sao teus seios,
Ondulando na calma dos rebanhos, ..
U m mar onde me afogo sem receios!...
Praia donde só meus dedos sao banhistas
Na caricia das ondas socegadas ...
Meus dedos decadentes sao 'artistas
Que nao gostam de praias frcquentadas ...

CRÓNICA LITERARIA D1! PORTUGAL

Armam barraca en teu colo formoso ...
As tuas brancas maos-len9ol sedoso.
Onde se enxugan vagarosamente ...

E' breve o día na encantada praia:
No Oriente dos teus olhos o sol raia,
Logo a seguir nos meus é o Poente ...

INSPIRAQAO

Eu lembro-me de ti... o que nao sei é donde ...
Nao sei bem se te vi na Santa dum missal,
Se em góticos vitrais de 'velha catedral,
Cuja recorda9ao de todo se me esconde .. .
E quem sabe se foi na esquina duma rua .. .
Na gravura dum livro ... ou no azul do ceu .. .
Num romance de amor, talvez num sonho meu ...
Numa flor que murchou, na palidez da lua ...
Quem sabe se serás un verso mal medido
Que eu in utiliseis por nao lhe encontrar nada,
Senhora da Saudade a quem atnor prometo ...
Ah! sim ... Já sei agora! Eu tinha-me esquecido •..
Nunca te conheci ... Foste por mim creada:
E' urna inspira9ao ... Tu és este soneto!...
CARMEN DE

BuaGos.

(ColombineJ

�ESTUDIOS lJTBIURJOS

.

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), VI'" ¡,-y"".

1llfAJRJ
CUESTIONES ESTÉTICAS

La crisis del teatro.
III
Las consideraciones expuestas en los anteriores artículos, fijan la naturaleza apJsionada dei teatro, y explican la
razón de su estado precario en nuestra cultura. Porque
esta cultura, racional, que repugna toda alucinación, toda
embriaguez mística, no puede transigir con la esencia genuina del teatro, con su carácter de mixtificación y delirio
y trata de desnaturalizarlo, infundiéndole 'cualidades racionales, dotándole de verosimilitud, privándole de su vida
orgiástica. Nuestra cultura quiere cada vez más convertir
la obra escénica en un libro; transacción monstruosa que
explica suficientemente el conflicto en que se debate la
existencia de nuestro teatro. Pues por un lado se le priva
de la música, del c:oro, de los perfumes rituales, de todo lo
que pudiera aumentar su poder alucinatorio, su manera de
obrar apasionada, su moralidad peculiar, y de otro se le
obliga a subsistir, a realizar fines racionales y utilitarios
que no son los suyos, conservando su pristina apariencia.
De esta suerte, el teatro:se convierte en un género literario
híbrido, que no tiene la belleza tranquila del libro ni la virtud dinámica y patética de los verdaderos espectáculos; la
tragedia anti~ua y la gran comedia que es su reverso se
.
'
convierten en arquetipos inaccesibles, y la gran emoción,

461

superior y pura, de los simulacro::; teatrales, huye de los
circos nobles para buscar un refugio en los otros circos de
boxeo y de lidias taurinas , donde la pa:)ión se brinda a las
plebes ingenuas, a los legítimos clientes del e:,;pectáculu
teatral, por una forma tosca, inelaborada, exenta de toda
moralidad ap:i:,;ionada y mistica. Nuestra cultura ha reducido el teatro a un simulacro sin carácter, en que el espectador no tiene participación alguna 1 porque no comulga
ya en el misterio pavoroso de las pasiones, en ei gran se~
creto primordial de las existencias diversas, cuyo origen ~n
otro tiempo revelábale simbólicamente la escena en forma
de misterios divinos o simulacros heroicos. El teatro se
nos aparece hoy como un vestigio absurdo, heredado de
las antiguas civilizaciones apasionadas y religiosas, como
un rito cuyo sentido no somos capaces &lt;le comprender y a
cuyo cumplimiento le falta el indispensable fervor. El proscenio es un altar cuyo fuego se ha consumido.

Y, sin embargo, tal fenómeno parece absurdo en una
civilización que aún se dice religiosa, y cuya vida moral
parece inspirarse en una fe, es decir, en una voluntad irracional de creer, en una exaltación mística. Nuestra cultura
católica tiene en su fe oficial el origen auténtico de las
inspiraciones teatrales. ¿No ha nacido ella de una tragedia,
&lt;!e la tragedia incomparable del Cristo, de la tragedia más
cercana en el tiempo a nuestra humanidad y no tiene camo
base de sus diversas iglesias, la piedra ensangrentada de
una tradición de martirio, no vive ella religiosamente de
una emoción . trágica, de la embriaguez de pasión sentida
en lo antiguo por una muchedumbre al pie de las cruces?
¿No es en esto semejante a la civilización helénica que nutría su sentimiento trágico, su dilección al simulacro en
los mitos de dolor y de sangre de sus tradiciones históricoreligiosas? La pasión del Cristo bien puede compararse en
virtudes emotivas con el jubiloso suplicio de Dionisos, y el
largo vía crucis cristiano regado con sangre, bien vale, en

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�462

CO!!IJÓPOUS-lX-1920

EKTUDIOS LITERARIOS

,

cuanto a poder de delirios orgiásticos, por el báquico itinerario regado con vino. Difícilmente podría concebirse otro
simulacro en el que las .nuchedumbres pudiesen comulgar
más plena y apasionadamente que el simulacro de la pasión
y muerte del Cristo. De las llagas del crucificado fluyen
veneros trágicos, raudales de auténtica emoción teatral.
Todo el evangelio es una constante exaltación de la pasión alucinada, de la sencillez infantil de los sentimientos,
de la volvutad de creer, de todo eso que constituye el alma
de las muchedumbres para las cuales se edifican los escenarios. La religión cristiana está fundada en la fe; es por
lo tanto de esencia artística, invita a la aceptación del absurdo lógico, pide al creyente el más heroico asentimiento. Su fórmula suprema-credo quia absurdum-son las palabras que debieran inscribirse en los frontales de todos
los proscenios.

La pasión cristiana dotaba a nuestra civilización d~ la
posibilidad más legítima de tener un teatro, al mismo tiempo que de la liturgia más bella y apasionada. El pueblo, que
asistía con complacencia a los simulac1 os religiosos de un
mismo y reiterado sentido, era es.encialmente un público
teatral. Se comprende que el apogeo del sentimiento religioso entre nosotros, españoles, coincidiese con el apogeo
de las representaciones escénicas. El asentimiento que la
fe exicría
a la verdad oculta de los misterios, que •eran ante
!-,
•
todo, misterios de amor y de pasión, la asistencia y participación de las turbas devotas en los ritos• simbólicos que
desentrañaban el germen dramático de la doctrina en su
doble aspecto de pasión y de transfiguración, explican ~a
coexistencia de dos brillantes géneros teatrales: la comedia
de capa y espada y el auto sacra me.o tal. También el teatro
de Shakespeare florece en una época de fe cristi~na y de
fervor dionisíaco y seguramente le enardecen por igual los
incensados cordiales de los templos y la embriaguez de los
pimentados licores ingleses. Como en los tiempos del pri-

mer teatro griego, las turbas que pueblan las gradas del
anfiteatro y se encaran con las representaciones figuradas
de las pasiones y de los vicios-de la pasión, la tragedia, y
del vicio, la parodia-, han sido iniciadas en los misterios
teatrales por las ceremonias del culto, conocen el lenguaje
simbólico de los gestos y de las abreviaciones emblemáticas, tienen dado su asentimiento a las figuraciones convenidas, al absurdo aparente de las representaciones paradigmáticas. Han sido iniciadas sobre todo en los misterios de
la simpatía, en la interpretación simpática de la vida. De
ahí la perfecta· concordia que existe entre actores y espectadoret:i y la complacencia con que éstos asisten a un juego
escénico, cuyas apariencias materiales son de suma sencillez, cuyos recursos técnicos son tan limitados, tan candorosa y francamente pobres. Pero es que no sólo asi:sten,
sino que también participan en el simulacro, pues esas plebes teatrales, libres en las exfansiones de su entusia::;mo,
no contenidas por el severo decoro de nuestros días, se
asocian con sus gritos propicios o reprobatorios a las acciones simuladas en la escena, las sostienen, las dotah de cierta efectividad, actúan de coro, acompañan las peripecias de
los actores y realizan esa fusión de lo figurado y lo real,
esa voluntaria alucinación que es el propósito • umo y la
suma victoria del teatro.

Puede afirmarse que la práctica de los simulacros reli
giosos, la costumbre de la participación en los ritos litúrgicos, es lo único que justifica y explica la existencia del
teatro. En los simulacros del templo es donde se inicia la
muchedumbre en el gusto histriónico, en el gusto de la embriaguez teatral. Allí la condición social del teatro toma su
más amplia razón de existir. El fervor religioso crea los teatros insuperados de los siglos de oro ing:és y español. La
sociabilidad cortesana crea el pálido teatro raciniano. Ba3ta
comparar un teatro con otro para comprender hasta qué
punto el sentimiento apasionado de las religiones es supe-

�464

COSMÓPOLlB-'l:I-1920
ESTUDIOS LlTERARIOS

rior en el respecto de engendrar emociones de índole teatral, al sentimiento de la solidaridad cortesana o de castas
socio.l.es. Conviene insistir sobre este concepto: que ~l teatro es el espectáculo de participación más amplia, el nt_o de
]a más difusa simpatía, y que, por lo -tanto, ha de pedir su
razón de vida al más amplio vínculo apasionado y se ha de
manifestar en series de gestos, cuya imitación sea lícita Y
posible. Hay que tener presente que todo espectador ~s un
actor posible, que en otro tiempo lo fué con to~a realidad,
y que si hoy, por el decoro, se contiene en los arnb1tos de
la pura contemplación, el asentimiento que prns~a a la fars_a
se dt!riva de ese fervor simpático que hace posible la mimesis. Cuanto más propicie el espectáculo teatral esa opción contemplada tanto más se habrá legitimado en las
esencias de la teatralidad. Si en un tiempo eL teatro se convirtió en una cosa para ser vista, en su origen fué un~ ac•
tuación unánime y universa. EL sumo teatro se cum~lró en
los misterios, en que corifeos y coros actüa~an, r~clta.ndo
letras consagradas y ejecutando simulacros s1mbóhcos. Las
religiones posteriores al paganis~~ conservaron ese ~odo
de ser y obrar teatrales de la gentilidad, e~e arte de 1_nter-•
pretación plástica y apasionada ~e las noc10nes filosofi~as
vinculadas en los doo-mas, Sus ntos fueron representac10º
.
..
nes teatrales por excelencia, en las que la re1terac1on apasionada de piüabras y gestos constituía una forma de comunión fervorosa.

Es indudable que toda comunión en un ~enti~iento, al
hacerse lo bastante amplia) culmina en una hturgta y en un
teatro. Rito y simulacro escénico son dos sem?lantes de
una mi¡;ma cosa, dos formas de satisfacer una misma necesidad: la complacencia en la reiteración de ciertas palabras
y gestos apas1onados y de adquirir mediante e}la la sensación de la comunicación plena. Por eso a la muerte de las
antiguas religiones la nueva religión social ?use~, con tanteos torpes e inspirado~) las formas de una hturgrn y de un

465

teatro propios. Y esa liturgia y ese teatro han de inspirarse en la mímesis alegórica de la pasión de un mártir, o en
la sátira de un enemigo notorio de los p1·ecursores glorificados; ha.n de adoptar formas trágicas y cómicas. Así la
~ntigüedad tuvo la tragedia de Prometeo y la comedia de
Marsias. Y así el cristianismo tuvo una tragedia en lapasión del fundador y su comedia en la sátira de Judas y en
las burlas de Herodes. Así de la emóción de pánico y de
triunfo d~sdoblan las religiones las formas de su teatro. Y
por eso en nuestros días, en que el más numeroso vínculo
social lo constituyen las preocupaciones burguesas, el sentido práctico y la ponderación menuda, ha podido nacer
esa comedia híbrida, ni tragedia ni farsa, en la que es numeroso el teatro tealista. Pero estos días nuestros son precisamente los ' que plantean el problema de la decadencia
del teatro. Puede afirmarse que ningún venero de necesidades teatrales, es decir, de comuníón intensa y apasionada, ha sustituído aún a la antigua comunión religiosa, madre de nuestro último teatro serio. La religión cristiana es
la que toda vía, mientras confusamente se diseñan las ceremonias cívicas del futuro, conserva la esencia de la liturgia
y del rito teatral, el concepto trágico y cómico del teatro,
con sus mitos de Cristo y de Judas, el anhelo y el culto de
las grandes comuniones apasionadas, el recuerdo y el secreto de esas participaciones colectivas en un simulacro de
evocaciones simpáticas. Sólo pensando en ella, en su liturgia coral, podemos concebir la existencia de un teatro.

Para legitimar lo absurdo con que una representación
teatral se muestra a nuestra contemplación lúcida-absurdo que la mayor propíedad escénica no pued_e justificar,
porque siempre ella •misma carecería de justificación-, es
menester tener presente una vez más que el teatro responde a un anhelo, no sólo de contemplación, sino de participación fervorosa. Sólo podemos concebir al pueblo apiñado
frente a un escenario, mudo y quieto, si antes lo hemos
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DTUDt08 LITDAIUOII

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am tia liturgia cristiana. y si le con-visto oficiando en una _P,
también en el simulacro ea
cedemos la opción a parncipar d . u·ficarse por la eziaí osólopue e3us
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cénico. El drama pro an
r . 0 de la pasión divma.
tencia y actuación del drama re ,gitosda, una adaptación del
.
la
Representa una emoción transpor atro • del cristianwmo,
Oen
•
·
t
fervoroso.
•
d
mismo sentimien °
d ha reivindica o la
.
d ma ha ampara o,
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existene1a de ese ra
. d' 'duales y de todas aa
I
dramas
m
IVI
existencia de to dos os
. d a la pena de muerte.
desde la esclav11u
.
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formas de drama, .
tanteen el amlnguo eHa sido una iniciación eficaz Ycons las representacionM
.
•nt d ·do el gusto a
Jeite trágico, h'l I un 1
evoca anegándose en
1 1e
delascuaes
'
1
tri\gicas, cada una
d' del Dios rememorada en os
su sentido total. La trage
ón era admitido el
. la
a cuya actuac1
.
templos con s1mu eros,
mínima participación ht&lt;u•
1
pueblo, aunque sólo fuera en:
o un cirio encendido, o
gica que supone el llevar en . m: preces de consuno con
un estandarte bordado, 0 reCJtarlb
gusto de loa simula. ' dí enlaa pe ese1
.
el sacerdote, m,un a
ba esas representaciones
eros trágicos, las acostumbrla. ªdel entusiasmo. La turba,
.
· das por el cu tiVO
•
1· ·
cérucas mouva
1 ceremonias re igiosu.
.
por completo en as
'd ..,,..,
nunca ociosa
.
sacerdotes estiin um os ....pues hasta en la misa fiel~ y
fomentaba su necesidad.
el hilo de la plegaria, sat1sfacia !
figuradas y artistica
. . 'ó en esas comuniones
.
y
de part1c1pac1 n
.
tar los simulacros escén1c011
y se bacía apta para mterpre i1a e ésto insuficientes. POI"
encontrarlos justificados,
':!u. da e~ los mi.,;terios relique la muchedumbre teatr : micianc1· ón activa en el dn• pre una mtene
aiosos • anhe1a siem fr 'ó el coro en la escena y se le pef
.,.
ma; y por eso ae 1e ? eci mudez en los momentos de ~
mitió romper su obh~da
de aprobación o censura qe
.
aclamactonea
. y vtv,_....
•-'"-"
mediante esas .
.
tusia11mo contenido
aliviaban la plenitud de su en blante de acontecimiento.
ban el simulacro dindole sem
'

'ª

•·

e•

Y: .

tral del cristianismo ha ClllEl fervor apasionado Y tea
basan la zona eatricllt.
.
mmado
ea et·er1os simulacros que re

467

litúrgicas y asumen caracteres francamente teatrales, uniendo maravillosamente lo sacro y lo
JJl'Ofano en una compenetración tan perfecta que nos perliílte formar idea de lo que hubo de ser una representación
~ en la anti¡¡-üedad, cuando aún el simulacro escénieo no se había desprendido del todo de sus afinidades filiacon los primitivos misterios. Me refiero a esos simulasacroprofanos que en algunas ciudades cristianas de
Andalucía-así en Ronda-se celebraban hasta
ll poco en la. Semana de Pasión para figurar el martirio
1 Cristo. En esos simulacros en que los personajes de la
· n eran representados por !)iadosos y espontáneos hisones, en que un joven era figuradamente inmolado en el
o simbólico y una madre real lloraba sobre su doloroso
-crucis, entre las marias y los discípulos a lo largo de
ºnos trazados en colinas reales, bajo el gran cielo apanado de Andalucía y entre el florecer de una primavera
tica, culminaba la esencia misma del teatro. Los que
enciaron esos espectáculos de pasión, en que la fuerza
la mímtsis ocasionaba a veces accidentes cruentos, los
vivieron durante una semana en ese ambiente de aluºón voluntaria y justificada y se sintieron poseídos por
plenitud de aquella efusión de sentimientos simpáticos,
'bieron la rnb alta iniciación en el misterio teatral y puon sonreír toda la vida de la pobreza de los otros simuos escénicos.
·

Comparado con el efecto obtenido en los simulacros haes de nuestros escenarios, el alto pathos de esas repre~
· nes casi litúrgicas se nos aparece como algo extraor•o, inasequible y, para muchos, poco deseable. Porque
la forma de un delirio orgiástico que repugna a nuestro
de lucidez, a nuestro espíritu amigo de los espectáculos
y lógicos. Parece absurdo. Pero eso es precisamente
que constituye su supremacía desde el punto de vista teael hecho de abolir la facultad critica, de convencer ple-

�.as

..,...u~

COlll61'0t.ll-D-tfl0

namente a los sentidos y al espiritu, de aumimot_eá,l i-C~
vido que es al mismo tiempo recuerdo eficacísimo de"".· · .
timientoa y costumbres que permanecen en nosotraé ' ·, .
la letra mls antigua de un palimpsesto. El teatro,· en · · · . · ·
.;;_y a esto se de_b e su supervivencia a pesar de tod&lt;&gt;-b.\ · _· •
uno de nuestros instintos mis vitales, la tendencia .~ : •· ·
trabacer la realidad, a violar las leyes del tiempo y é.l ... ·'
c:io, a afirmar eficazmente nuestra .fantasia, encarn .·:
en una acción que satisface por el modo plástico y aó
los. anhelos que e~ forma de aspiración o de_ nostalgia ·•
presa
la poesia lir1ca. El teatro es la e:ipres16n · mis .pbitli,
•
- . '&gt;
de nuestra fantasía y responde a ese anhelo sentiio ~fil
hombre sólo-no por nmg,ln otro animal, patrimoilio
so pavoroso de un sistema nervioso perfeccionad
. o ,Y. , . .. . •
constituye nuestra cimera singulai: y terrible-de jugar, ·__ \
su propio misterio y el de lal cosas. :Esos hombres, actdJlii
primitivos que con las heces del vino se embadama~W.
semblantes y sobre zancos se encumb~ban para adg · "'
sobrehumana estaturat esos hombres que disftazad&lt;&gt;1, ·i' · ·-"':_
burlar el conocimiento diario, representaban dna
·- ·
elemental expresada par medio del grito y de la mi~~-..
universal palabra-daban, inconscientemente, fo~a • _ y alegóric:&amp; al estado- de necesidad artística, ere.do .·• ~homl)re por eate conjunto de supersticiones innatas, q~ - ..,
convierten en un ser religioso y polltico, capaz der .
~- '
con variedad sorprendente los tapices de la existeiicia . ..
especie. Mediante la a&lt;;eión teatral, el hombre disfi; ·· ,
satisface el anhelo mis vivo de su fantasia, burlala ·
·
consabida de la retina o del ewejo, viola las je.-cr.' '
creadas por su superstición o inventa otras ou.eváa
cierto sentido defrauda a au propio destino, antid ·:---·"· _
úna presentida metempsicosis. La posibilidad de ·1.a··-¡'&lt;1111
esto, aun en la forma precaria de la escena~ l.á · , ..
aunque efímera, de un disfraz, confiere al bombtetal· .
sobre las normas fatídicas, le.hace tan semejante. : ·-, ~·ejercen un po&lt;kr sobre el hado-se hall disfrazado · · ··
los monarcas y los sacerdotes y cuantos han asuádi{
,·L•1

·&lt;

·:21

'! ·,·.

-

...
-que le oommñca ese entáaiasmo peculiar a
'·' _ y le coloca en un estado de locura iluminada, so. al del poeta, en cuanto que le erige en hér()e. Pero
;•tasiaslno, como emanado de la acción, es prá-ctico,
r':"·: • de la solidaridad del ndmero, requiere el asentilO plural, ya que la acción, si solitaria en el desipio,
· . ~ en la consumación numeroaá. Ese entusiasmo
· desrne4idd, que como un cAliz que. supera la medida
. ~ ··Qal, siquiera el bebedor sea Alejandro, necesita aer
· ··do. Los actores comparten t:ae ciliz, henchido de
· -. · ·o, se lo trasmiten anos a otros y se lo brindan al
·
. , que en el verdadero espectácalo teatral es
histriónico, ya que con sus eiclamaciones apasio•

cierra en realidad el círculo del proscenio, Pero
if). tienda a suplantar los hados v a alterar las catego•
ha de parecer siempre artüicial y falsó a quien
r(:ipe del grado de entusiasmo requerido ; por la ac~ a,rtistica. Basta que este entusiasmo.exista para que
ci6n falsa y convewd.a .s e jus.tifique.• Esto eKpli.,_tencia ·de un teatro infantil espontáneo, que cada
,y se renueva, .reprodoeiendo la génesis del prio báquico; y eeto explica también cótno, a una
~ refinada ca~l la que formaba la corte de Luis XIV,
~ l[QStar las mgen~ farsas representadas ante su
. . . . poi:los cómicos italia:1101, representando las peri•
lliI~ Pierrot. Coloml,ina y Arlequín-esa postrera en~ del mito de Prot~o. El afAn de jugar con el misat-,..herQico como el de los milos, por jugar con su som-

l~

.~
.
·
B

11:
~

'.cUñrazar la imagen del espejo y de coronar con al-

a la talla mensurable, este afán que para lograrel asentimiento del nwnero y que es el mismo
do lu religiones y sobre todo sus formas ritua~~ oficios-y _h asta sus orname•tos-mitras, tiaras,

&amp;•

~f;

upas ploviales-es el que ha creado también el
providente, lo sustenta. Porque siempre que doa

~ .é:omalgando en una \Disma exaltación, falsean sus
. .;_r. t: voces cotidianas; .concediéndoáe un consenfi.

�471

COSMÓPOLIB-XI-1920

ESTUDIOS LITBRAR108

miento mutuo y activan un?.. escena inesperada dentro de la
farsa real-¿no se ve esto cada día en torno al cáliz báquico, que como un trofeo sagrado, se custodia en nuestras
tabernas?-vuelve a nacer el teatro antiguo. Dos niños que
se tiznan el rostro o se visten con las prendas de sus hermano.:; mayores y dialogan en términos convenidos o con una
mímica de imitación crean el teatro. El teatro ha nacido así
muchas veces, y con sus caracteres más gloriosos, en los
desvanes trasteros o en las tabernas de los sábados.

en busca de una comunión apasionada, no por el aliciente
&lt;le una curiosidad intelectual. La mímica, el elemental y
terrible gesto dinárr:ico, suscitador de energías simpáticas,
ha de tener en ellas más importancia que la letra, que se
brinda niás adecuadamente a la delectación serena y solitaria. Porque lo importante en estos simulacros teatrales es
la pasión compartida, la pasión solidaria y plural.

470

Esta diaria creación obscura del teatro, derivada del
anhelo de comuniones simpáticas tanto como de la fantasía,
jnstifica la persistencia del teatro en los escenarios y en la
razón suprema de su existencia. Ella explica el milagro cotidiano de los escenarios; y es la iniciación primera de todo
público teatral, como una suerte de carnaval diminuto en
que el hombre aprende a burlar las condiciones fatales &lt;le
su existencia. Jugar con el tiempo y el espacio, defraudar
las nodones lógicas, simpatizar en la ficción artística con
sus semejantes y agrandar su zona de pasión, he aquí lo
que el hombre busca en el espectáculo teatral. De ahí la,
necesidad del decorado y las caracterizaciones y esa tradición de cosas convenidas que constituyen el aparato ritual
del teatro. De ahí también la necesidad de que en él las
cosas se parezcan a la vida, pero no sean la vida misma.
Porque la farsa es un sueño, un delirio, una embriaguez, no
otra realidad. Frente a la vida, frente a las ciudades que
son su creación más genuina, los teatros se alzan como
otras ciudades de sueño y de locura que suplen la insuficiencia de aquéllas, como autónomas ciudades fantásticas
creadas por una vida más libre. Por eso dijimos que en el
teatro todo debía estar resuelto, todo debía ser armónico,
:;..in estar empañado por la congoja de un conflicto. El teatro, imposible en los desiertos, es el lazo más vivo de sociabilidad, es la emoción artística o religiosa compartida,
es el rito de la simpatía. A las fiestas escénicas debe irse

Todo debe ser aceptado de antemano en el teatro; porque una sorpresa demasiado viva obraría en los espectadores con acción inhibitoria; argumentos conocidos, exentos, por lo tanto, del interés puramente intelectual, tipos
característicos que sinteticen con rasgos universales las
distintas edades y condiciones del hombre, compendios
convenidos de todas las cosas, una figuración tradicional
de la vida son los mejores atractivos de los simulacros teatrales, porque, descartando todo motivo secundario, refieren todo el efecto estético a la complacencia en la reiteración. Esta es la causa de que los mitos se perpetúen tan
prodigiosamente en los escenarios, y de que, por dos veces, en la antigüedad helénica y en el renacimiento italianos los hayamos yisto florecer con el florecimiento del
arte escénico. Esta es tambiél} la causa de que los preceptistas antiguos pudieran catalogar en limitadas categorías
todos los argumentos escénicos posibles. Porque en resumen, el teatro no es más que la representación estética de
las pasiones humanas, y en realidad, un solo drama y su
parodia es lo que se representa en él, desde sus tiempos
más remotos.
Pero el teatro es la pasión actuada, representada, no
descrita, y de este hecho recibe su fuerza y también su debilidad. Porque su vida depende del culto geneial de los
sentimi,-:;ntos simpáticos y apasionados, de la afición del
hombre a vivir una vida apasionada, a participar en simu.
lacros solidarios y embriagarse en común con beleños artís'ticos y religiosos. La decadencia del Carnaval marca en-

�472

COQÓPOUB-XJ-192,0

f"ZlflllTrtR

tre nosotros el ocaso, interino, por lo menos, de nuestro
teatro.

El teatro no puede ser gustado sino por un pueblo cuyos miembros sientan el anhelo de ser persona, es decir,
máscara; el anhelo de realzarse en participacioP1es rituales,
reliaiosas o políticas. El teatro representa el término medio ~ntre la liturgia religiosa y las funciones cívicas. Hay
pueblos que no lle¡{aron a tener teatro, porque la liturgia
religiosa absorbió su vida; fueron persona en el templo;
así los semitas. Otros no lograron tenerlo, porque las actua•
ciones políticas brindaron demasiadas fórmulas a sus acti•
vidades simpáticas; asi los romanos. Nuestra civilización
actual no lo tiene, por su indigencia de simpatía, por su
culto decidido a la intdectualidad solitaria. El teatro ofrece hoy libros a esa intelectualidad, no simulacros. En la
crisis escénica se evidencia luminosamente nuestra incapacidad para la vida apasionada. No hay acción tan universalmente simpAtica que la deseemos ver representada,
que nos incite a la complacencia. Nuestras representaciones
teatrale" termi nao en un largo bostezo, como una arenga
que no alcanzó su fin persuasivo. Nuestros actores nos
ofrecen confrontaciones más o menos interesantes de la
realidad, exhiuiciones patológicas, argumentos tomados al
follP.tin, manifestaciones del dolor individual, que no puedtn ser simpAticas, tesis psicológicas, todo menos esa emoción clara 1 sintética y universal, capaz de ser sentida por
•
todos, o ese maravilloso absurdo elemental que nos restl·
tuiria a la ingenuidad dichosa con que en nuestros juegos
infantiles vimos nacer, por la virtud de un disfraz primitivo,
el eterno teatro antiguo.
R. CANSINOs-AsSENS

EL MOVIMIENTO ULTRAÍSTA ESPA\OL

I

Epilogo del novecentismo.
Simulti\neamente al estallido del último obús-septiembre de 1918-en los agros de batalla, donde algunos intelectuales europeos, representantes de las más nuevas y prometedoras generaciones, se truncaron heroicamente-desde Charles Peguy a Emst Stadler, pasando por Ruperl
Brocke y Umberto Boccioni-afloró en el campo intelectual de Espada una audaz, juvenil y potencialísima tendencia de superación literaria ilimitada: el Ultraísmo.
Ya anteriormente, durante los años de guerra, fueron
aurgiendo aisladamente diversas figuras y tendencias, unánimes en el anhelo de rebasar las imperantes normas modernistas, aboliendo sus últimos residuos caquéx,cos y supenr ideológicamen!e los credos y módulos peculiares del
movimiento novece11tista o modernista de 1900, por antonomasia, y subsiguientes generaciones epigónicas. Pu&lt;"s la
evolución literaria vigente en las letras espallolas, hasta el
advenimiento del ultraísmo, ha sido, en el sector po~tico,
la iniciada por el magno aeda Rubén Dario, y f.-cundatriz
de una triunfal modalidad, jalonada por una larga estela de
prestigiosas figuras, que poseen un indudable valor ger-

minal.
La próvida cosecha lograda por estas generaciones

��LITIIBATURAB NOVÍSIMAS

477

cosMÓPOUS-XI-1920

476

se nuevos módulos literarios y hallando otros arquetipos
estéticos. Y he ahi la gesta que realiza ahora triunfalmente
la aguerrida falange ultraísta. Pues su intento, en definitiva,
no es solamente prolongar el área de posibilidades litera•
rias, en cuyo perímetro puedan fluir fácilmente los libres
temperamentos innovadores y las personalidades originales, sino sustituir el panorama de acción mental, comen•
zando por tejer horizontes vírgenes y novidimensionales.
Derívase de aquí, implícitamente, un absoluto abandono .desdeñoso de las fórmulas consagradas, y el emproároiento espiri'.ual de los luciferes hacia la búsqueda de normas intactas, como al comienzo de una nueva era. De ahí
la actitud ingenuísta de recién nacido espiritual con que el
nuevo lírico afronta tollas las perspectivas al bañar su sensibilidad resurrecta en el ácueo aman,ecer cósmico. El poe, ta ultra•modem.ista, no pretende asimilarse, ccmo sus an~
tecesores, filamento derivados de las normas aceptadas;
por el contrario 1 olvida todo nexo filiador de raigambre umbilical, y en un férvido impulso rec1eador va afrontando
todos los espectáculos y emociones con un gesto candoroso ... A&lt;ií, en ~se estado de amnesia mental, y de impubertad espiritual, el poeta renacido forja sus fragantes c0ncepciones totalmente originales, no extraídas de la vida, sino
de la confluencia de sus espasmos extrarral\iales y de sus

\

1

puras sensaciones intraobjetivas.
Ved ahor i una exposición sintética de los recientes albores ultraístas: El &lt;'( Movimiento Ultraista» que lanzó sus pri·
meras pro yecciones inc.ividuales en el otoño de 1918, no
surgió conjuntamente hasta febrero de 1919, en que tuvo
su primera exteriorización pública, a través del escueto y
notificador manifiesto lanzado a la Prensa de Madrid. por
un grupo de jóvenes literatos, enue los que únicamente
han destacado después su nombre César A. Comet,J. Rivas
Panedas, Pedro Garfias y el firmante de esta glosa. Sus
afirmaciones cardinales, resumíanse así: &lt;'(Declaramos nuestra voluntad de un Arte Nuevo que supla la última evolución Uteraria vigente en las modernas letras españolas, el

novecentismo. Respetando la
.
des figuras de esa época
obr~ realizada por las gransar la meta alcanzada ' nos sentlmo~ con anhelo de rebapor estos pn
, •
mamon la necesidad de un ul . mogemtos, y proclatro lema: UL'IRA d t
tra1smo. He aquí nues.
, en ro del cual
b ,
tenJenc1as avanzadas
é .
ca ran todas las
tarde se definirán y
nca~ente ~lt~aístas, que más
pecíficos.»
n su d1ferenc1ac1ón y matices es-

h¡ll;;:

En eSía
pléyade
·
Rafael
Cansinos
As ultraísta , apadrinada
inicialmente por
- seos-gran e til.
.
afirmativo- algunos d
s ista poemático y critico
.ieve mdividual
.
' en e
e .sus compon
t
.
.
en es teman ya un rel
d
sa misma dirección
.
e los hechos suscitadores de
. ~~pera~1z. Mas uno
aportación del creacionisn r _su apanc10n conJunta fué la
cente H,.tidobro h'
wl meo que el poeta chileno Vi, IZO a 1as etras l ·
.
otoñ.o de 1918 dura t
_uspanoamencanas en el
d P .
'
n e su estancia en M d .d
e ans. Los «Poemas A i·
a n , al regreso
bro, s ..m las obras e
r icos&gt; y «Ecuatorial», de Huido,
n español que co t
1·
ces, marcan su posesió d 1 , . . no ros ibros en fran.
n e creac10msmo
.
germinales había obte 'd 1
, cuyos vislumbres
1
m o e autor de c:T
E'f..,
e, 1916, mas cuya real·1zac10n
. . frutal loour6 1 iel» en Chi1917,alcontactoconlos mo'd u1os con ~a gr · en París, en
R everdy, y con la est·t· .
de Pierre
e ica mnovador ::s dguineos
1
-: de la que en definitiva el
. .
e grupo cubista
r1vación teórica seg· h, dcreac10msmo, es sólo una de'
un e emostrad
·
.
« T eoremas críticm, de N
E . . o en mis antenores
L
.
ueva stetica&gt;.
a entromzación de la lírica de H .
mósfera juvenil acabo' d
'd
. u1dobro en nuestra at'
e evi enc1arno
••
?os-Ass~ns, la decrepitud del ciclo m s, c~mo dIJO Cansimconsc1encia que supo . 1
. odermsta, y la máxima
.
tos e mspirarse
en h ma e segu1 •· cu1fivando temas extin.
ermes exangu·· - N
.
e:.. o se ha de mferir
d e aqm que el ultra'
1smo sea una de ·
.6
mo, como malévola
.
. nvac1 n del creacionis.
mente, e rnflmdo p
.
c1as, ha escrito Huid b
E.
or recientes disideno ro. 1 ultraís
· ·
mente antes de qu ·1
. .
mo e:x:1stta ya virtuale e nos h1c1ese la
t ·
ros
y
de
los
post
1
d
.
apor ación de sus lib
u ª os esenc1ale- d l 'd
•
E spaña, y destacados e .
d'
::, .. e l eano cubista. En
.. esa irecc1on de vanguardia exís-

ª

�478

COSMÓPOLIS-XJ.-1920

tia ya algú.n joven literato, solitario en su actitud mentalmente extrarradial. (Y si no fuera por no r::-mper la impersonalidad de este estudio, revelaría mis mismos antecedentes ultraístas, desde r9r7, como ha constatado Joaquín de
la Escosara en el artículo que ·acaba de dedicarme en Cer•
vantes, de octubre.) Mas ante la comprobación total de la
senectud novecentista se afirmó más imperativamente · 1a
necesidad galvadora de alzarse contra la bisutería poética
invasora y los ficticios valores literarios aceptados.
De ahí el surgímiento del núcleo ultráico, como una
floración de la juvenil voluntad ~uperatriz que ansía polarizarse en horizontes novidirnensionales, desdeñando las
rutas de secuencias ritualistas. No son admisibles, por lo
tanto, confusiones respecto a las intenciones esencialmente
constructivas y renovadoras· &lt;lel ultraísmo, que :;urgió respondiendo a la ley biológica del evolucionismo y del devenir eterno. Se incorpora así el Ultra al circuito de galvanizaciones intelectivas, diferenciándose en absoluto de movimientos exclusivamente derrocadores y disolventes-tal
Dadá-, que causan promiscuación en las auténticas gestas
innovadoras.
Prosiguiendo la reconstrucción histórica de los orígenes ultraicos, no debemos olvidar que Cansinos-Assens,
crítico afirmativo, que tributó el más efusivo homenaje de
apoteosis triunfal a sus contemporáneos los hermes de la
generación novecentista, en sus estudios críticos de «La
Nueva Literatura-, (Edc. Sanz Calleja, Madrid, 1917), ha sido
quien, primeramente, y en una invicta paradoja, se ha alzado, al surgir el ultraísmo, frente a ellos, y ha mostrado sus
senectud cumplida, incitando a la juventud a la búsqueda
de otros faros, y al hallazgo de sí mismos, de sus propias
personalidades en el rasgarse de los horizontes intactos. A
esta actitud avanzativa, disconforme y ávida, corresponde
el hecho de que Cansin0s asumiese en los albores de nuestro movimiento ultraísta el papel de guía y porta-estandarte teórico-aunque él íntimamente no ~odificase su espíritu islámico,ysólo bajo la firma pseudónima de« Juan Las»,

UTERATURAB NOVÍSIMAS

aceptase nuestras directrices y se desfoblase en algunos
experimentos líricos. Y a la incorporación cans~niana, debió también la pléyade ultraísta el disfrute de sus dos primeros órganos de expresión: las revistas de vanguardia
Grecia y Cervantes.

III

Característica~, delimitaciones y matices.
¿Qué significa, qué norma de intenciones literarias entraña la palabra ULTRA? ¿Cuáles son los hitos limítrofes y
las direcciones cardinales del cMo~imiento Ultraísta»? He
aquí la síntesis de las interrogaciones más insistentemente
formuladas por cultos y profanos. El últra-dilucidaremos
ahora sumariamentl:!-es el lema distintivo y el reflector lu,
minoso que llevan en la hélice los velívolo~ ultraístas. El
Ultra, por el momento, no marca una he~mética escuela
sectaria ni una dirección estrictarr..ente unilateral como
otros movimientos subversivos: El Ultra viene a ser en España el vértice de irradiación descubridora y de fusión potente adonde afluyen todas las pugnaces tendencias estéticas de vanguardia, que hoy disparan sus intenciones innovadoras más allá de los territorios mentalmente capturados.
El ULTRA es el lampadario-proyector de los lucíferos
· ultraístas. El ultraísmo es la etiqueta genérica de un movimiento que engloba varios «ismos» específicos en una perfecta coexistencia, como rosas consanguíneas, aún en su diversa foliación polipétala.
Como ha dicho Cansinos-Assens, el ultraísmo cresume
una voluntad caudalosa que rebasa todo límite escolástico.
Es una orientación hacia continuas y reiteradas evoluciones, un propósito de perenne juventud literaria, una anticipada aceptación de todo módulo y de toda idea nuevos.
Representa el compromiso de ir avanzando con el tiempo.»

�En las precedentes palabras se hallt. contenida impltcite.mente toda la intención superadora y avanzativa del ult,_.
mo, cuyas ca, acterlsticas peculiares van apareciendo en el
libre fluir eclatante de originales personalidades individualizadas.
Paralelamente, en la identificación de orígenes é'inftue&amp;f'.
cias va resaltando la filiación neta del ultraísmo y su en
lace con otros cismos» extrarradiales del momento lit~
rio. Y a ~emos. señalado cómo la aportación del creacionilS•
mo pvr Vicente Huidobro en 1918, con la incorpoiaclóa
del ideario cubista a nuestras intuiciones ortales, fué tlftO
de los ht-cbos que, u.nido a las incitaciones teóricas de Can·
sinos y al ejemplo rebelioso de algunos de nosotros yadestacados solitariamente en la vanguardia estética, •
directamente influyeron en el brote conjunto del movúniebto ultraista. Diversas traducciones y críticas, publicadas en
CenJantes y Grecia. de los más característicos trozos cubietas, futañstas, expresionistas y dadaistas, por Cansino.
Assens, Borges, Lasso de la Vega y el firmante, han aclimatado estas corrientes extranjeras en nuestra zona ultraista. El ULTRA es, con todo, un movimiento autóctono. Y
si en algunos de ::;us poetas pueden discernirse asimilaci9nes exóticas a sus fibras temperamentales, en otros sólo .r&amp;
.alta su personalidad, renovada por la sola virtud de su voluntad liberadora.
Al advertir la proyección mental de ·los ultraistas ha•
cia otros rasgados horizontes, puede constatarse cómo el
esfuerzo de esta pléyade ha tendido inicialmente a una
suer~~ de desplazamiento espiritual allende las frontera
opacas, con el fin de situar nuestra avanzada literaria ea
coºnexión con las vanguardias extranjeras. Pues ano .ele
nuestros objetivos esenciales, en el espacio y en el tiem~,
•es llenar esa laguna de distanciación que siempre ha aisla.•
do a España, haciéndola marchar en sus últimas evoluci~
nes literarias extemp&lt;&gt;ráneamente y a la zaga del movimiento mundial. De ahí que tendiendo los ultraistas a nivelarnos sincr6nicámente hayamos dado cabida y repercusión~

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Peuod, W'aUaoe Stevena,John Gonld-Plecch
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Qldoaidad sendeuite y
•r
iater~va hasta loa deoodadoa epi·
atlbistai, 1Aibse@enff$-de Karin,tti, como Ma
ua. Setim:elli1 Coma, Carli, efe.
diteeclones interm11n~ v-anguardistaa,
mente c o n ~ , mas re&amp;uladas pord
Q heroico, eodayen. ea ei estaario 11.ltraista pc,r
avidez captádon1 y ele 'ft1leStra voluntad iq'.•~ ~ t a . C1&gt;mo elaraoi6n derivada_,
tar '11l6~ ao ~ I U I &amp; de~ción de
1 ~~- Yde-ainpn

-n...._

mea•~~--.~

· ~es ez6ticaa o. ~ o s catecwaeooa.
galas prokNJpei~ y~oruts de
··
ideológicas y literarias, A:ill ·
nálidades. asimil4ndeñoa su intención
• •st.a1 mas haciendo reaalru paralel-amen
·
penonales y facilitando an cauce

los tem~mentoa Uh6rdaoa. Y•
·
tu .realizamos la geata de coordinarnos ·
fratemalmentt;por Ye&amp; ¡nnera en Espaffa, e
«:Olltemporúleaa de avauada, rito:riza.tt

erzua: a los -a11yoa y .aoonipqados a las 4ltimas
•stas del latido IDIIDtQI.

�Revista hispano-americana CERVANTES

Revista hispano-americana
CERVANTES
,,. ___

Comprende un tomo no menor de 160 páginas, nfti~am_en~e ;mpresas en n:_agnf.ico papel, conteniendo originales de los maes/ros mas ms1gnes Y de los Jovenes que más prometen en España y en la América española.
Se publica mensua/menle en MADRID.

Comprende un tomo no menor de 160 páginas, nltidamente impresas en magnifico papel, conteniendo príg;nales de los maestros más ;nsignes y de /~s jóve·
nef&gt; que más prometen en España y en la América española.
Se publica mensualmente en MADRID . .

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PRECIOS DE ·SUSCRIPCIÓN

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Semestre.......... . . .. ....

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• OTROS PAISES

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ESPAÑA Y PORTUGAL

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Semestre. .... .. . . .... .. .... 20
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Trimestre .. .. .. .. . . ..... . . 6 pesetas.
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Semestre ... . ....... ... ... . 12
. Año .... . ... . . . ..... · •. •· .

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OTROS PAISES

♦

ESPAÑA Y PORTUGAL

11

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Trimestre . . ... : . . . . ... ....

10 pesetas .
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Año . . . _. . . . . . . . . . . . . . . . .

30

11 Semestre.. . . . . . . .. .. . , . . . 20
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Y ADMINl5TRA.CIÓN:

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REDACCIÓN Y ADMINl5TRACIÓN: Plaza del Cordón, 1, ,bajo.

REDACCIÓN

DIRECCIÓN: Apartado de Correos 502.-MADRID.-Teléfono 30-52 M.

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(1) Trimestre, ~emestre o año .

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EL SUSCRlPTOR ,

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�REVISTA HISP A.~O - AMERICANA

"CERVANTES''
APARTADO DE CORJHWS NÚ.\t,

M A ·DRI D

fi02

Líte/'8/Urd
Española. R. C-ansinos-Assens.lí/eratura Americana, César E.
Arroyo. - Secretarío, A. Balles-

CoMITE t&gt;E REDAcclON: .

teros de Martos.

REVISTA HISPANO - A:-iIERICANA

"CERVANTES''
APARTADO UE CORREOS

:-ú;1,1. f¡Q'.2

1'1'1ADRID

de .......................... .~............ .......... de !92 .
Señor:
La Revista hispano·americana Cervantes, que desde su fundación se ha afanado por recoger en sus páv-inas lo más selecto
y brillante del pensar y el sentir .ie los escritores de habla
castellana, presentando, al lado de las. producciones de grandes
maestros del idioma, gallard9s ensayos\ie las juventudes que en
España y en América se levantan asegurando la rontinuación de
una inmortal y gloriosa tradición cultural, reanuda hoy con nuevos bríos, base estable y propósito firme, su publicación, que se•
guirá, mes por mes, con toda puntualidad.
Conocedores de su amor, nunca desmentido, a las letras, nos
dirigimos -a usted pidiéndole ~u aquiescencia para cont:frle en el
. número de los :,¡uscrirtores de Cervantes; y si, como esperamos,
se sirve otorgárnosla, prt&gt;stará usted apoyo a una empresa que no
es de lucro , sino de q1ltura, recibiendo en cambio, mensualmente,
un tomo no menor e.le ciento sesenta páginas, nítidamente impresas en magnífico papel, con originales de los literatos más ilustres
y de los jóvenes que más prometen en los dilataqos dominios es~
p irituales del genio cuyo nombre sagrado y eterno hemos puesto
como égida amparadora de nuestro empei'lo, que es, sobre todo,
de unión y de propaganda hispano americanas.
Las condiciones y precios de suscripción los encontrará usted
en el Boletín adjunto, cuyo cupón se servirá, si lo tiene a bien,
devolvernos, una vez llenados sus blancos. Debemos declarar a
usted, sin,eramente, que los precios fijados nos han sido irnpues•
tos por la .enorme carestía del papel, ocasionada por la guerra,
prometiéndole de manera formal rebajar el valor ·cte la Revista
tan pronto como, normalizadas las circunstancias, baje el del
papel.
Quedamos a sus órdenes como sus atentos s. s.,
q. e. s. m.,

Cu~nTÉ DE REDll.&lt;...CJóN: 1 Literarura

Españolé!, R. Cansinos-Assens.Literatura Au1ericana, César E.
Arroyo.- Secretario, A. Ballesleros de Martos.

de ---··············-.............................. de 192.. _
Señor:
La Revista bispano·americana Cervantes. que desde su fundación se ha afanado por recoger en sus páginas lo más selecto
y brillante del pensar y el sentir u.e los escritores de habla
· cas.tellana, . presentando, al lado de 111s producciones de grandes
maestros del idioma, gallardos ensay~s de •las juventudes que en
España y en Améric-a se levantan asegurando la continuación de
una inmortal y gloriosa tradición cultural, reanuda hoy con nuevos bríos, base estable y propósito firme, su publicación, que seguirá, mes por mes, con toda puntualidad.
·
Conocedores de su amor, nunca desmentido, a las letras, nos
dirigimos a usted pidiéndole su aquiescencia para contarle en el
número de los su:,;criptores de Cervantes; y si, como esreramos,
se sirve otorgárnosla, prestará usted apoyo a una empresa que no
es de lucro, sino de cultura, recibiendo en cambio, mensualmente,
un tomo no menor de ciento sesenta páginas, nítidamente impre•
sas en magnífico papel. con originales de lo.¡; líteratos más ilustres
y de los jóvenes q·ue más prometen en los dilatados dominios espirituale&lt;; del genio cuyo nombre sagrado y eterno hemos puesto
como' égida amparadora de nuestro empeño, que es, sobre todo,
de unión y de propaganda hispano americanas.
Las c¿-ndiciones y precios de suscripción los encontrará usted
en el Boletín adjunto, cuyo cupón se servirá, ::si lo tiene a bien,
devolvernos, un-a vez· llenados sus blancos. Debemos declarar a
usted, sinceramente, que los precios fijados nos han sido impuestos por Ja enorme carestía del papel, ocasionada por la guerra,
prometiéndole de manera formal rebajar el valor de la Revista
tan pronto como, normalizadas las circunstancias, baje el del
papel.
·
Quedamos a sus órdenes como sus atentos s. s.,
q. e. s. m.,

�~ _...E_ma re.~

~e .iradiaeión ultriica es ~~
!il!lilf.k1&amp;.y_poJ1facéttca-16o péginas en 8.º-, q11e (fui• ~lffl)8,oA.qsena desde enero de 1919, ha recogido
valiosos brotes de la cosecha ultrai ta, contribu-

El Movimiento Ultraista Hspailol sólo tiene, por d
mento, una expresión literaria, y. deotro de ésta su mu
trido sector es el de la poes.ia lírica. Aislad~ reperCIISlU
-como la admirabilísima pintor-a '8 grabadora No.rah /J
ges, la pianipa Carmen P. Barradas y los pintores V~
~ - 0 0 1 1 permiten augurar, empero, que p ~
igual que el futurismo, cubismo y expr~ienismo, a
A-tte Uluaista podri rotularse asf ampliamente al tl!:n
una ramificac;ión músical y pictórica, con su Bstética • •~
na y su bUaJDentos critico-filOIÓficOs.

¿Qué órganos de expr~ión tiene enia Prema e:IJPIIM
el ultrafamo?, preguntado lo lectores profanos ~
conozcan maestra,I publicaciones propias, de radio
y- limitado. Si en Francia e Italia, les países. de terrea
tletico 111'8 cultivado, estas tendencias de v ~
~xteriorizan dific(lmente y en una esfera peeuliu-, en·J1.¡¡¡¡;~
&lt;la, donde han uiatido pocas revistu de avanzada,
tá de esptritu admoaal y colaborador, obviar esta •

requiere un muüno ~ o .
Nuestro ultraísmo literario ba tenido en los al
tiefte hoy su mis puro órgano. de upresi6~ en la •
decenal 6nda, que.aacida baJo la advocación r u ~
hélénica-de ahi su nombre:...., ha efeotuado un belh,
tar transmutativo al evolucionar hacia el ultraism~
eed al entusiasme auguml de 1111 director, Vandc►.ViUllt
ia primavera de 191~ a~endo laa. primicias de lQti
mog!nitoa altratstas 91-«:ia se publica, -al ~ t e ,
junio del actual, en Madrid, habiendo acentuado su u:·tlfl!~t:&amp;
dón superatriz y seleccionado rigurosamente su te:&amp;tP,.
eliminar algunas firmas equivocas e incorporar otru
afines a la tendencia.

~ esta tendenda en EspaAa,ypartictilannen. ~epilblicaa del Snr de la Amér.iea espat1ola. Como
n~ efímeras, demostrativas empero de nuestro
.iraad:iante, están: Ullra, hoja literaria, aparecida en
, de octubre a diciembre de 1919, dirigida por Joa·
de la Escosur.a, y Perseo, en mayo del mismo ailo Jan..
en Madrid por Santiago Vera. Aisladamente otri:a re•
de Madrid, selectamente literarias, como E8¡,aff(J y
~s, han insertado o reprodacido originales u~
difundiendo nuestra tendencia.
.
la expansión verbal del Ultra han &lt;iontribufdo las
~,~•cias dadas en Sevilla por Vando-Villar y Adriano
le, _Y en Sanbplder y Bilbao por Gerar.do Diego, dula P,'IDlavera y el otoAo de 1919, respectivamente.)
$\ el capitulo ele proyecto. a detarrollar durante esta
destacan, a ID'8 de varias corifereacias, Jectunis
vas Y ~eeiclnnea, ves revistas en preparación:
..,._,,_, dirigida 'Jk)r Joaqufn de la Eacosura · /ajl.«:tor
psr Ciria ~ t e , y Y. . ., que
el fir~

Janzd

de esta crónica.

V

Loa Poetas Ultnlatas.
os ahora a los paladines ultraístas. Pasan de.
Y pl'osistas de muy diversas personalidades
1"enltos destacados dentro de esta modali~
de e1loi tuviesen ya un perfil avanzado
lalu:asen su primer vagido de pubertad en

�LITKRA~'UHAS NO\TIBIMAB
COSMÓPOLIB-J{I-1920

484

Con ser tan relativamente rápida la profusa reproducción vivípara de poetas ultraístas-aflorados en diversas regiones de España, y no sólo en Madrid-en la .siguiente Antología, formada expresamente para CosMÓPOLIS, sólo
incluyo los nombres de poetas más valiosos, prometedores
y ultraistas per nativitatem. He aquí algunos specimens de
poemas ultraístas, seleccionados entre los má.s característicos de cada poeta:

ELEMENTAL
Yo construyo mis saltos
con 7,os cuatro elementos
La Tierra

CABARET
So'/tre las mesillas florecen adelfM
SombrÜlas que cubren estrellas
En la orquesta se encienden .sonidos
El pline trenza ws violines
Para jugar al foot-ball
los baila1·ines buscan la pelota
que nunca lanza1•án
Naufragan en las cubetas
botellas ~ champagne
Linternas so,-das
se ocultan en los zapatos charolados '
Las risas taladran el aire.

El Agua

EUGENIO MONTES

• El Aire
El Fuego

Po1· la pantalla siumltánea
a la- luz de las trompetas
pasan los días salvajes

e1Z un friso de onomatopeyas
En mis manos se refugia
el espacio aturdido
Cada minuto al estalla'I'
deja un nido nuevo bajo 1tiis parpados
Como perdigones
vuelan mis pájaros

Viiir
Volar
Las hojas nuevas rompen a cantar
En totno a mi cetro
danzan lc&lt;J cuatro elementos

PRIMAVERA

La primavera ha volcqdo siis canjilones
y han saltado las venas de los árboles
Jli ~razón se ha abierto esta noche pasada
Y mi cuart-0 bon·acho
bebe el sol espumoso a grandes tragos
Primavera
LatJ fiores pulsan sus cuerdas

PED.ao

(Jrea1·

GARFIAS

RUSIA

La Tierra
El Aire

El Agua
El Fuego
GERABDO DIEGO

La trinchera avanzada es en la estepa un barco al abordaje
con gallardetes de hun•as
Mediodías estallan en los ojos

�4SG

C03MÓPOT,IS

XI-] 920
TJ'.'l'EBATUI\AS NOVÍSlMAS

Bajo estandartes de Bilencio pasan las muchedumbres
Y el sol crucificado en los poni1,,ntes
se pluraUza en las vocinglerías
de las torres del Kr,·eml
El mar vendtá nadando a esos e¡érci~os
que envolverán sus torsos

en todas las praderas del continente
En el cuerno salvaje de un ,u·co fris
clamm·emos su gesta
bayonetas
que portan en la punta las mañanas

Jo:RGE-Lurs

BoRGES

El viento como un perro
se pegaba a tu falda
Yo te hice una hamaca con mi~ «amada&gt;
Y la mejilla de tu cariño
se ha apoyado en mis palabras mullidas
Tu desnudo
Como un violin de notas malva
mis ojos lo templa.ron
Despué,~
mis besos amr1,1•illos
crecieron en tu ca?·ne
Y la amapola del corazón
se ha deshojado entre mis manos.

1

J. Rrv AS P ANEDAS

NOCTURNO DE CRISTAL
Los cisnes
cobijan la lunci bajo sus alas.
¿Quién ha s1mbrado el fondo negm
de anzuelos de ot·o1
Las hojas de los Mboles
sobre el estanque sueil,an

con un viaje a Ultramar.
Me ha tentado el suicidio
y

al mirarme a7 espejo

me ha espantado mi doble
ahogándose en el fondo.
LUOIANO DE SAN SAOB

(Lucía Sánchez-Sao-rnil)

BENGALA
Y en el afre el confetti de tu risa
La luna podó estrellas

487

ESTRELLAS
El buen TORRERO ASTRAL encendíó el FARO
!J se sentó en la peña de una nube,
El BAÑERO
iba tirando estrellas a la noche.,.
El mar de olas azules
se llenó de blancura de palomas.

En la.s aguas del ciel,o
se bañaban las VÍRGENES DESNUDAS.
ERNESTO

NOCTURNO
La noche ha a!Jie1·to s1t paraguas
Llueve
Los pájaros ,j,e la lluvia

LóPEZ p AR.&amp;A.

�488

1
1

i¡

1

·I

LITERATURAI&gt; NOVÍSIMAS

COSMÓPOLIB-XI-1920

picotean los trigos de los charcos
Los árboles duermen
sob1·e una pata
Revolteos, revol-teos
Desta1·tala un coche
su estrépito infen1al de endecasílabo
Un hombre cruza como un mal pensamiento
Los mos11uitos de agua
colm enean las luces
Incendios de alas
Revoloteos
Llueve.
JOAN LA.RREA

OCASO

Su recuerdo cortó las amar1·as
de mis pensamientos
Sobre elu,1·co fris de la ilusi6n
vuela con las alas abiertas
y su vuelo tiene matizaciones
de filrn ya'Tlkl!e
.Ah01·a todos los veleros
tienen las velas desplegadas
El filo de las horm,,
df'shoja las flores del otoño
y unos ci-mes manchados de parro
est1•ían el lago azul
Yo ke dejado de fumar
Pe1·0 distraído
he volcado la pipa sobre mi eorazón
que se ha cubierto de ceniza.
Jo-!\QUíN DE LA

EscosuBA

489

VERBENA
Las carreteras vírgenes

cogidas de las manos
ofrecen sus vientres desnudos
a los aeroplanos
En un beso sin alas
me 1·emonté a ttna estrella.
Aquella nube blanca
que me enjugó las lág1imas
hoy ha muerto de pena
De mi sortija penden
_
todos los merende1•os
y en mis lwmb1•os reposan
los sendero~
HE G.AIDO
Las miradas de todas la.y doncella.~
se habían enroscado en mis pies.
ADELANTE
El humo de mi pipa pita como un tren
J osÉ

DE CmIA y EscAr,&amp;NTE

MAÑANA
Un lienzo blanco extendido
regado de_pájaros
Abajo el me-ntecillo agita
los fiecos de las aceras
Una casá perezosa
continúa en el lecho mientras
las otras saborean el desayuno
y refiejan en sus ojos abiertOfs !J limpios

�4-90

COSMÓPOUB-Xl-1920

-----------------------·-la viva ·i,deli(jencia de dla
Pero ,la noche 8e ha escapado
y la luna sutil se ha caído hada arriba.
ÜÉSA.R

.1\,

ÜOMET

...

LITHRATURAS NOVÍSnIAS

CANCIÓN LEJANA
Yo quie;•o
columpiar mis miradas de un lucem
Y ante mis ojos cuantas

NATURALEZA MUERTA
Lienzo col l'rJ,ado de frutos maduros
Estiva y esplendorosa moldura•
Jardineros sibaritas y sanguinarios
han 1·oto los cordones umbilicales
Novilt,nio, cuerno de la abundancia
Sandias, mujeres sangrantes

Uvas-perlas-mglesas.
Las magnolias se nos ofrecen como modelos
Las palmeras se han preitdido las cu/Jan~ de oro.
Mi corazón. kaki y mí~ ojos ciruelas
en la bandejci de mis manos.
Metam61'fosis del gusano de sed11;.
¡ Yo también soy natu,raleza muerta!

luces de filamento
y la luna
pantalla cinemática
boya para los náufragos
Los marineros
por exceso d.e carga
lanzan :sus canciones por la borda
Me bañaba en tu risa
terma de brisa fresca
y mi cuerpo esponjado eu tu recuerdo

ro d01·miri.a biempre

en la palme1•a ruhia de tu pelo
y mi boca jirafa
para morder las piñas de tus besos.
ADRIANO DEL VALLE

IsAAC DEL VANDO•VILLA.R

CREPÚSCULO
DIA.N~
El hortera paseante en bicidela sortilegio
compromiso con ;ni criada desnuda en el patw
Es la recepcíón pel'fumería en lo.,· alrededores del domingo
comadrona espiritual de las entidades periódicas
.casa de dormir al servicie de la ley
sonando con la murga a pasof! de entresuelo
s&lt;wbete y cine 1·estaurant hebdomadwrio
algarabía soleada de los bailables caí•tomancia
RAFAEL

LA.sso

DE LA VEGA

El sol vueUo de espaldas
Lanza pu,iale1s de oro
A los espejos de la mariana
Las arañas viajeras
cuelgan chales de sombra
en las espaldas de las mujeres
qu.e visten t'rajes de cola.

Las locomotoras viudas
Gritan con sus gargantas ebrias
· De haber bebido el /!ter de [(18 adioses

491

�LITBBA'fURAB l(OV'falr.fAB

COSJ4ÓPOLI8-XI-1920

49:l

Mientras en todas las ventanas
El paoo real de los incendios
Abre sus ojos tornasoles
Los niños en el arroyo
Pm·a sus madres pobres
recogen el último oro

Las est1'ellas 1•ompen el negro
cascarón de los telescopios
y la luna otoñal esparce
sus hojas secas sobre todo

BRUMARIO

El viento gesticula
Psalnwdia la arboleda

Lluvia ast1·al
.Aviónicas hilanderas
tejen el lino nostálgico
de la neblina boreal
Pintores pluviosos
ba:1'1úzan las praderas ancladas
Ella se ha prendido
el collar hepatacromista
del arco-iris 1·esurrecto

OTOÑE CE

VI

Bl nexo y el vórtice del ULTRA

JuAN Lás

·

493

AJENJO

SOLEDAD

El·Jwrizonte mustio
de11tríe sus p étalos

y en el brumaria a,idrógino
el vértice
de la atara~ i.a dehisoe11te
GtrrLLERMO DE ToRRE

En esta selección de los diez y seis anteriores pbetas más
personalmente ultraístas, he atendido preferentemente a
· marcar, en los poemas transcritos, los peculiarismos distintivos de cada uno. No obstante, el lector apreciará en ella
cierta homogeneidad genérica, de técnica y cerebración
lírica, y e&amp;pecialmente, la obsesión del imaginismo creacionista que signa todas sus visiones. Así estos specimens
anatómicos, algunos de los cuales semejan esquemáticos
cuadros simultaneístas, constituirán un muestrario revelador para muchos lectores del Movimiento Ultraísta Español.
Y como estos jóvenes poetas aún no han comenzado su
siembra de libros-¡ab, la abyección editorial que padecemos!-la indicación anterior de las Revistas donde colaboran, servirá de guía orientadora a los lectores deseosos de
conocer más producciones ultraístas.
Como escritores que desde el primer momento se manifestaron simpatizantes de ias normas ultráicas, colaborando
en f':Jrecia y Cervantes, debemos retener los nombres de los
excelentes poetas Mauricio Bacarisse, Rogelio Buendía,
Vicente Risco, Pedro Raida, Antonio Espina, Salvat Papasseit; los criticas Adolfo Salazar, Miguel Romero Martinez¡
los prosistas Ciriquiain-Gaiztarro, Antonio M. Cubero, Juan
Héctor Picabia, Joaquín Edwards, Pedro Iglesias&gt; Toaquín
de Arocai y posteriormente:, acogiéndose a nuestras publicaciones, León Felipe, Eliodoro Puche, Prieto Romero,
Correa-Calderón, Ciria Escalante y Francisco Vighí, y los
sud-americanos Hugo Mayo, José-Juan Tablada y Bartolomé Galindez. Cardinal mente los altos t&gt;spíritus consagrados de Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset y Gabriel Alomar, han
mostrado su conformidaá y adhesión a nu~stros propósitos

�LJ'.rERAl'UHAS NO,iSJMAS

494

COSMÓPOIJS-X!-1920

innovadores, revelándose así ellos como los más jóvenes y
dignos supervivientes de sus generaciones ancladas.
Respecto a la repercusión lograda en 1a Prensa cotdiana por la· tendencia ultraísta, sólo articulüs malévolos y
falsas referencias, debidas a la miopía de comentaristas obtusos, recordamos como eco y reflejo de la mediocridad e
incomprensión que inunda la atmósfera donde vegetan los
e::;critores 1docenados o mercantilistas. No obstante, estas
diatribas, que s011 paradój~camente estimulantes, al averiguar su origen, al igual que las parodias grotescas, para
~ satisfacer el instinto grosero de las muchédumbres, 1an
contribuído, junto con la admiración decidida de las figuras literarias que gozan auténtico relieve, y aislados comen·
tarios elogiosamente comprensivos, a difundir nuestra tendencia en todas las latitudes. Dignamente, los · poetas ultraístas han permanecido en el risco de su altiva seriedad
fervorosa, sonriendo despectivamente ante diatribas y parodias impotentes, y sin recoger las alusiones procaces de
los saurios.
'
Sintéticamente-y como decía Cansinos en la primera
Ant-0logía del UltraismoL aparecida en la Revista Cervantes-junio y julio de J 918-sólo los obstinados podrán negar ahora que un nuevo movimiento lírico ha nacido y ha
cuajado en España, lo bastante fuerte, continuo y múltiple
para ejercer un proselitismo práctico. La lectura de los
precedentes nódulos poemáticos-agregamos nosotrosevidencia al cot¿jarlos con otros de la poesía novecentista
antecesora, su diferenciación explícita pot la disimilitud total de su estructura, imágenes e íntimas intenciones. Márcase así el florecimiento de una dirección peculiar, independiente, con sus matices nuevos y características propias. Algunas de elJas-como el cultivo de la imagen y el
ideario pragmatist11. y occidental-son comunes a toda la
pléyade, y otras, distintivas de cada poeta. Níng011a preocupación de similitml o jerarquía escolástica, coostriü.e o limita los libres y personalisimos impulsos temperamentales
de cada poeta. La diversidad más amplia y polifacética des-

tácase en _todos los conjuntos ultraístas, donde coexisten
consangumeamecte
• ·t us y tendencias ~emelas vacia,
. e spm
d~s en cauces _personales que recogen la polarizaci¿n es e
c1fica ~e un -mismo lirismo ultráicamente gené .
,p Ge As~, aDl~ado de genuinos creacionistas epig~1~:-os como
rar o iego, Juan Larrea y l~ugenib Montes
lelo a mí, ha ynxiapuesto la sensacio·n d1· a' .. -;-qlu~, para,¡ · l
n 1n 1ca a a imagen
~u tt_p _e y ha iniciado cabriolas «dadaiza11tesit-dest
:agmp1stasdpurosr como P_e dro Garfias, Adriano del Va~:yn
vas . ane
. cu b ista interrral al ú
. as \ en •orno
'
, a lgun
6
expreswmsta conc.entrado COH10 J -L B _
&gt;.
g n
turistas básicos
.
.
'
.
·
·
.
or¡;es
Y
vanos fo1
d
, pues a mfl.~enc1a mannetiana se halla incorpora a a nuestro ideario novísimo y al es
d
simultaneidad nunista que ajusta el r;t , d
pasmo_ e
t 1
l .
.
• mo e nuestras d1ás~ es u tra1stas al ritmo de las vibrátiles hél'
.
meas.
ices cosmogo-

º:

ahí ~ue esta pluralidad de influencias entrelazadas
aga imposible definir el Ultra con esa concreción s· 1·
ta que o-ust
•
1mp 1s,,, a a ciertos espíritus unilaterales. Pue .
antes subra é
s como
y_ -no es una escuela dogmática y cerrad d
,
de t~d~s hayan ¿e s~~uir la misma ruta uniforme.
mov1m:e~to de a rea ilimitada, latitud mu~dial e irradiación
por_venmsta. La voluntad de innovacion y superación n
la libre dehis~er:.cia de los espíritus velivolantes, vir;u:1contenida en la palabra
palabra predesd~ que muchos balbucearon, pero ninguno llegó
nunc1ar, como dice Cansinos-es el , .
a p~onal
1
.
umco nexo asunc10' en a c~nfluenc1a de corrientes iiterarias propulsadas
por los l~c1feros ultraístas. Así, nosotros situados e I
::n~uar~1a pvrveniri ta, atalayamos los h~rizontes in~ac~
s, Ilum1:11ando1 como una bella constelación juvenil 1
~ayectona
noviespacial de las audaces evo! uc10nes
.
' .ª
ticas.
esteh

ªE/~

:::te

Ultra-esa

GmLLERMO D.E

ToRuE

�CHÓNICA DJD ITALlA

LOS TEATROS, LOS LIBROS Y EL ARTFJ

En el Manzuni, de 1'1ilán, se ha estrenado Un sogno d'amore, comedia en cuatro actos, de Giovanni Kossototoff. He
aquí d argumento:
Andrea Luganski, convertido improvisadamente en
rico, abandona Ru:;ia para divertirse en Paris, llevando
consigo un ansia de amor~s, de pecado, de ~ureza, de orgía y de idilio. Bn su patria te~ía una promet1d~ que ha dejado de querer, porque la sencillez de esa. relacwnes le parecía insípida. Una noche, en París, oye y ve en un teatro
de variétés una actriz que lo intricra. Hay en ella una co a
qu~ confusame1!te contrasta con el lugar ~onde aparece,
con la profesión que ejerce y con la venalidad de la cual
vive. Y suefia c'in obtener de aquella cortesana el amor
de una mujer honrada. Tiene necesidad de esa complicación y ..:e complace en imaginar que aquella flor de estufa
puede darle cl perfume de las violetas deJ prado. Propone
a esa actriz Mnry Chardin, un coRtrato: durante un mes,
vivirá con él y fingirá ser la más tierna, la más púdica de
las mujeres.
Comienza el juego y el ruso se quema las alas. Parece
que también ),e las quema Mary. Su vida es exquisita, delicada, toda llena de pasión. ¿Quién se acuerda del pacto
concluido? Aquello no es una comedia: es la agradable
verdad. Sin embargo, alguna vez, Andrea tiene un pequeño
tormento. Aquel amor que ve en los ojos de I\lary, ¿es sentimiento o ficción? ¿Es Mary una enamorada o una comedianta? ¿Da su corazón sin reservas, o da su arte porque se

l97

obligó a ello? Cuando Andrea la interroga sobre esto, Mary
responde con ambigüedad; su palabra confunde y aguijonea
el ansia del amante¡ pero su mirada está llena de amor y sus
caricias on apasionadas, Decididamente, no es la actriz
la que habla, es la mujer, y un día es también la madre,
pues Mary revela que una nueva vida palpita en su seno.
Toda duda desaparece; aquel hijo que va a nacer anulará el loco contrato. Andrea y :Mary están ya ligados por
algo más poderoso que una relación interesada. Andrea lo
proclama abiertamente, lleno de alegría.
Los días pasan felices, y el mes fijado para el experimento termina. Y he aquí que el mismo día que acaba el contrato, Mary cambia de fisonomía y de tono. «La comedia ha
terminado, dke., Y ante el estupor y la ira de Andrea, repite que el amor era una ficción, el hijo una invención, y
que todo detalle de la felicidad que le habia dado en aquel
mes, no era más que el cumplimiento de la palabra empeñada. Mary le ha dado la ilusión de la vida conyugal, Ja
ilusión de la paternidad. Es inútil que se dese. pere; ella
se va.

La comedia, en este punto, elabora la tormentosa e indefinida figura de Mary. ¿E:s una ¡:,erversa? Lo es un poco. Ha
sido atraída por Andrea, que le gusta por el ardor de su pasión y por aquel modo caballere co y poético de sentir y
hablar; pero no pudo amarlo. La vida la ha maltratado &lt;lema iado. Cada vez que amó, el amor Yerdadero que dió a
un hombre, hizo de ella un guiñapo a merced de hombre
amado, que pronto se cansó de ella y la rechazó sin piedad. Si Andrea la ama así es porque no la pose~ tal como
es, sino que posee en ella una mujer imaginaria, que ella
ha representado con arte, con su cerebro, vigilándo&amp;e, dominándose, plegándose al gusto de aquel juego convenido.
En d fondo de esta comedia, siente, sin embargo, un impulso de amor por Andrea, que naufracra en la imposibilidad de convertir e en pasión. En fuerza de hacer la ficción
del perfecto amor, Mary ha llegado a desear la hipóte~is

�dél amor; pero aitte la realidad,. tleae ta fria. u·~•
~ la comedia ha manchado sns alaa.
•
Vuelve a au vida loca de teatro-, de comercio
vicio; bebe, ae embriaga, invocando a Andfu:•1-•'' Ji
cbadsldolo cuando lo tiene cetca. Porque Andrea la
la reconviene, llora 111 frialdad irónica y s u ~
nos, la insQlta, la maldice, la pide delirando e l ~
mientraa ella, ofreciendo el amor verdadero Y no li'
día del amor, no puede dar mú que el ~ porq•
cortesana.
La comedia termina cuando Andrea se marclla,
to a dejarla para siempre, y ella, tdgicamente, lo
huta que la embriaguez, la arroja por tierra, ad(&gt;.ñlUl'éi(i
do en un brutal estupor 811 monstnloso dolor.
El p6blico aplaudió mucho la obra en todos los

Los tres prinreros lo merectan; el cuarto, no. De-toAéNI
dos, la comedia es muy interesante Y esti

lJ.w dd

vacíones psicológicas, tortuosas y febriles, que a f t l i ~
4errambiul sin alcanzar la meta y que es mis COnJDQ
ra por esta imposibilidad dolorosa y anhelánle de 1
una nttida claridad. 1t1 per110naje de Mary Ue-.a ~
cho peso de humanidad y mucha Jaojarasca d.e
librería, F.s una nota cruda y vigoroaa de verdad, tra
ú. manera roJDintic:a. El diilogo, a menu.do prolijo,
taesencíado, y la comedia, en conjunto, más rica ~
que en belleza. Es una tentativa mágntfica, am'l~
fecta, de reconsµ,:aeci6n de un carácter femenm.e:
cual abundantes e ingeniosos elementos geneMlcé.,;
de e~mponer la unidad del personaje y tal Ye&amp; lo
. La comedia fu~ maravillosamente i n t ~
mente por esa actriz tan fina y expresiva que- se l.111111aa
Botelli, que dió todo su relieve al personaje de Maty
En el teatro de Olimpia se ha dada un cas(), quidi
co en la historia del teatro en Italia. Se anunci6 el.
de' La td8tl dM 8lilor /)tnl&amp;(&gt;Ni, obra dél gran l:nuboria

�501

COSMÓPOLIS-xr-1920

CllÓti!CA UE IT AL.IA

En el teatro Carcamo, de Milán, se anuncia para esta
temporada el estreno de una ópera que llama la atención,
porque el autor del libreto es el poeta Giuseppe Nolli, que
murió durante la guerra en el torpedeamiento de un buque
en el mar Jónico. La música es del maestro Carlo Viscardini.

La familia Uzeda, estirpe de virreyes, florece en aquel
periodo histórico, en el cual con algún retardo sobre la revolución francesa, la Sicilia entra en un régimen aún feudal en la crisis política y socíal de la revolución italiana.
La época es la misma elegida por Ver:ga para su obr~ Mastro don Gesualdo; pero en Verga es el pueblo y en De Roberto es la ciudad; en Verga la historia del protagonista
domina de tal modo, que no deja casi campo a la política,
. y en De Roberto la existencia misma y la más significativa
aventura de la noble familia, tienen por base la vida exter..
na, el cambio histórico que se va determinando. La luz, un
poco gris;, del nuevo día, penetra en el cerrado edificio y da
nuevas y diversas expresiones a los rostros de aquellos heredero:: de fuerzas y de pasiones ancestrales. Sólo que hay
pasiones que, por su profunda humanidad en el bien y en
el mal, son de todos los tiempos; pero en manifestaciones
diversas viven poderosas radicadas en los instintos, y estas
pasiones constituyen la robusta armazón dramática de la
novela, que es juntamente histórica y psicológica, evocación de una crisis que está narrada con sagacidad y cultura de historiador y con arte de novelista.
El escritor no domina bastante la arquitectura de su
obra. El cuidado del episodio, el deseo de la plenitud de
cada singular desenvolvimiento y la coociencia de tener
ante si un pequeño mundo rico en significados, le impiden
gobernar con rigmos.a medida las proporciones generales.
Se siente como en ciertos escritores románticos y en otros
veristas, extranjeros más que italianos, una amplitud de
programa que lleva a la construcción maciza; la embriaguez
del análisis se sobrepone al escrúpulo de la esbeltez de la
perspectiva. Pero esta difusión no es prolijidad. No hay en
1 vicere páginas inútiles, frías o superabundantes. Seguramente un rigor mayor de arte hab-ria elegido entre aquellos
episodios y renunciado a algunos para servir a los más significativos, dándoles igualmente, o acaso más, el sentido de
esa verdad rica en características interiores y en aspectos
diversos.

500

Voy a ocuparme de un escritor siciliano, cuya obra atestigua una noble conciencia y un valor artístico no común,
de Federico de Roberto. Ha publicado una serie de volúmenes que basta o debiera bastar para una fama permanente. Le ha ocurrido el no mantenerse en bastante contacto
con la multitud de lectores cuando ésta crecía y buscaba,
ávidamente, nuevas obras suyas.
¿Cansancio o escepticismo? De Roberto es, sobre todo,
un novelista, y el haber continaado escribiendo buenos artículos de evocación histórica y el haber dedicado la fuerza de s1,1 lógica y la claridad de su cultura, así como su fervor de italiano, a la guerra de ideas que se combatia al
lado de la de las armas, no podía bastar a mantener vivo en
el aran público el interés que despertó con sus obras Viceb
'
re, Illusione, Sorte, Messa di nozze, 11 albero della scienza y
Una página della storia dell' amore,
En estos días ha aparecido una ~ueva edición en dos
volúmenes de su novela 1 vicere, mientras ultimaba 8U nueva novela que tiene por titulo La cocotte.
.
I vícere sigue siendo la obra en la cual el escritor siciliano ha dejado la muestra más vasta de su poder de observación y de psicólogo y de su valor como novelista.
La historia de la familia Uzeda está narrarla en esos dos
volúmenes con una difusa riqueza de particularidades, con
las cuales contrasta, sin duda, la rapidez de alineamiento y
de episodios de la corriente novela de hoy, pero con una
fuerza de vida de- la que carecen los elegantes e ingeniosos
muñeca.s movibles en las apresuradas fábulas de los más
modernos.

�502

C0SMÓl'OLIB-XI•1920

Pero el lector que se proponga con la lectura su nutrición intelectual, encontrará intensa vitalidad en todas las
figuras de la novela, principales y secundarias, admirables
de evidencia como la tiránica doña Teresa, con cuya muerte se abre la novela, hasta el taimado heredero de los Uze~a, con cuya _profesión de ambicioso que s~ adapta a los
tiempos, la novela termina.
La nueva novela de De Roberto, que lleva por título La,
cocotte, es, juzgando ya por su cubierta, una concesión al
gusto discutible.
No creo que un escritor como Federico de Roberto haya
querido hacer tal concesión. La protagonista es una mujer
buena, una fiel y amorosa mujer que se ve obligada por las
circunstancias a fingirse mujer de fáciles costumbres para
poder reunirse con su marido en la zona de guerra. Esta
«necesidad, tiene un fondo de verdad y un justo tono de
ironía. Es una novela ligera, pero no indigna del talento
del escritor, al cual el público debe una mayor atención.
Entre las noticias de arte dignas de mención, la principal es la formación de la gran orquesta que, dirigida por el
famoso maestro Arturo Toscanini, actuará en su día en el
teatro de la Scala, reformado, y que por el pronto recorrerá las principales capitales del mundo dando conciertos,
Italia no quiere ser sólo el país de los cantantes, sino el
de la música y los músicos, y a este efecto, con concursos
muy valiosos, está formando Toscanini, en el Conservatorio
Verdi, esa orquesta de 98 pn,fesores, que será la primera del
mundo.
. El propósito de esta orquesta es, ante todo, la realización del arte. Los profesores que de ella forman parte han
•sido elegidos por Toscanini entre todos los que tocan un
instrumento en Italia, después de una observación larga y
personal suya. Así los ha llamado de todas las ciudades
italianas y no de las principales orquestas, sino algunos que
tocaban en cafés y que no conocían su propio mérito, pero
que habían llamado la atención del maestro.
En esta orquesta se introducen innovaciones propues-

CRÓNICA DE [TAU~

503

tas por Toscanini, que se están ensayando en el Conservatorio Verdi, y que producirán efecto asombroso entre los
públicos inteligentes. Ha desaparecido la clasificación de
primeros y segundos violines p&lt;lra la mayor armonía y unidad de la masa de cuerda, y se han construído instrumentos nuevos de metal de mayor potencia y diafanidad en el
sonido. Se proponf' Toscanini una entonación perfecta, un
completo equilibrio y una mayor pureza en los sonidos que
conserven la energía de las vibraciones. Esta orquesta es,
en fin, algo nuevo que superará las dificultades de toda partitura, de todo poema sinfónico y que llamará la atención.
Por lo pronto se dedicará a dar conciertos, y después
de tres en Milán, dará uno en casi todas las grandes ciudades de Italia., hasta el 27 de noviembre, que saldrá en el vapor Wüson para Nueva York. El Gpbierno de los Estados
Unidos le ha ofrecido un tren especial para que la orquesta dé conciertos en todas las grandes ciudades de la Unión.
En marzo regresará a Italia y de allí irá a Londres.
Entre las novedades que estrenará esta orquesta, figura
una Danza delle Gusmidi, de Re~pighi; el &lt;intermezzo-&gt; de
una ópera de Sualdí, La Figlia del Re; una Danza, de Riock;
Piemonte, de Sinigallia, e llusfraziconi di un poema cavalleresco, de Malipiero.

Estos días hubo cierta alarma en la Prensa porque gu bernativamente se había ordenado que los muebles que tienen los palacios reales que el monarca ha cedido a la
nación, se destinaran a las Embajadas de Italia en el extranjero.
Ante la campaña insistente de la Prensa, que censuraba
que se privara al país de tesoros artísticos, el marqués de
Mainoni, arquitecto encargado del examen y d.istrib~ción
de los muebles, ha hecho declaraciones terminantes de que
nada que tenga valor artístico saldrá de Italia.
Cuadros, tapices, muebles y objetos que tengan mérito
artístico, serán trasladados a los Museos, y sólo aquellos

�604

C0S.MÓPOLl!i-Xl-192O

muebles que no merezcan tal honor, serán destinados a los
palacios de las Emba_Jadas, que están amuebladas con una
pobreza que no hace ningún honor a la importancia del reino italiano. Verdaderamente, con lo que sobra en esos palacios, como el de Palermo y el de Caserta, se pueden
amueblar espléndidamente las Embajadas italianas sin que
sufra ninguna pérdida el tesoro artístico del país.

La Exposición Nacional de Brera ha reunido un gran
número de obras que han acudido a disputarse los tres premios llamados «Príncipe Umberto». Aunque estos premios
no son cuantiosos (4.000 liras), el prestigio que confieren
es grandjsimo, pues siempre han aspirado a él los mejores
artistas de Italia. Y a causa de la dificultad de los transportes, no han podido llegar a tiempo muchos envíos.
Se ven en esa Exposición un tríptico de paisajes de un
pintor que acaba de desaparecer, Vittore Grubiey, en el
cual destaca su espiritualidad sugestiva y su técnica amorosa y sabia; un Mattino, de Mitti Zenetti, donde tiene su
mejor expresión el romanticismo de 1830; L' Alpe di Fucechío, de Arturo Tosi; Un coro di chiesa, de Cattaneo; Un -rittrato di Signora, de Dodero; una Famiglia di contadini, de
Octavio Steffenini, una de las mejores pinturas de esta Exposición; t.n Mercato di pesce a Ghioggia, de Leonardo Bazzaro; dos retratos llenos de carácter, de Cambou; una Santa Teresa, de Giuseppe Amisani, y del mismo autor un exquisito interior titulado La toilette, y una gran v-ista de Verana, de Marco Caldecini.
Son estas, en realidad, las obras principales; pero recordamos a otros pintores que también presentan cuadros dignos de mencionarse, y entre ellos un tríptico de Giorgio
Bel1oni, con asunto de la guerra y muy inspirado; unos pai- ·
sajes de Giuseppe Solenghi, de mucha frescura; una tela de
Ambrogio Alciati, titulada Fine di un sogno, página romántica exquisita; otra de Atillio Andreolli, &amp;lo amore, que ha
compuesto con sentimiento · una figura de violinista; Le=

líOá

CRÓWICA DE ITALIA

pt1,:u;e1 de Ettorre Beraldini, cuadro muy bien observado;

Te all'aperto, de Donato Pristo, de fino colorido. Presentan
también cuadros de algún valor artístico Mascoritti, Biaz.;i,
Bettinelli, Roberto Borsa, D'Andrea, Cantinotti, Vinzío,
Grolla, Bava, Bosoni, Cavaleri, Strombo, Mantovani, Ar.pini, Gratino, Zambelli, Fornari, Ballestini, Menato y algunos más.
Laescultnraestá también nGtable.nente representada,sobresaliendo entre las obras Oristo el' U,manitá, de Oreste
Labo; Seminatrice, de Vitaliano Marchini; ll Pescatore, de
Achille Alberti; L' Idea, de Guido Bianchi, y un grupo de
Antonio Carbonoti.
·•
Hay también algunas tallas, en madera, de gran mérito.
LEONARDO MARINI

�EL TEATRO EN ESPAÑA

(IMPRESIONES)
Nuestro teatro tiene, al empezar todas las temporadas,
el mismo gesto de cansancio y vejez. Ni un sólo intento de
innovación, ni de reconstitución siquiera. Ni las audacias
de Gemier, ni la pureza tradicional de los coliseos clásicos
italianos y franceses.
Desfilan las temporadas agobiadoras y monótonas, sin
un destello en los horizontes del Arte. La dramática castellana, sin continuadores fecundos, parece como agotada de
savia y virilidad; detuvo su avance triunfador hace muchos años, y aún sigue en ~u quietud letal, esperando la
pluma capacitada que la inyecte nuevas y poderosas energías.
La característica más desconsoladora de nuestro teatro
es el exceso de producción. En este mes de octubre se han
estrenado en Madrid cinco obras de autores españoles. Una
producción sintomática de aspiraciones muy lejanas de los
c aminos del Arte. ¿Será preciso clasificar las obras de literarias y comerciales? Tal es el interesante pleito que se ba
levantado en torno a Louis Vtrneuill con motivo del reciente estreno en París de su comedia L'inconnu.
En este principio de temporada ha habido, sin embargo, un momento de expectación. Dos autores jóvenes llegaban a la escena con firme paso y considerables orientaciones: D. José López Merino, autor del drama Pedro Fie-

507

rro, y Ceferino R. Avecilla, con su tragicomedia El ocaso de
los demonios.
Al mismo tiempo, Linares Rivas nos ofrecía su Cristo.balón, la tragedia rústica gallega; Felipe Sassone nos daba
a conocer La noche en el alma, comedia que aparecía con la
.arbitraría clasificación de novela escénica, y Paso y Rosales, en nombre del teatro cómico, estrenaban en la Comedia Baños de sol.
Ved cómo la producción teatral tiene un apresuramiento extraño que nos hace recelar de los autores y de sus
ideales. Pudiera argüirse que el autor novel ha escalado el
teatro sin que, naturalmente, tengamos anteceder.tes de su
labor artística, y que esta ha podido ser preparada y madurada durante los años de lucha. En cambio, en los demás
autores que se han presentado al público al empezarse la
temporada, no cabe suponer otra cosa sino que han preparado su trabajo y han obtenido su producción, con vistas al mercado que se aproximaba con las parecidas coti.zacíones de todos los años.
Por esó, la progresiva decadencia del teatro español
tiene una de sus causas en la falta de amor de sus cultivadores. Se mercantilizan las plumas que tuvieron aciertos
-inneaables ya colocándose al servicio de empresas que
t:,
'
afrontan el teatro como una industria. fácil en estos tiempos del oro-Martinez Sierra, Benavente, Sassone-, ya
emprendiendo una desesperada competencia para obtener,
.a costa de todo, las recaudaciones más altas en la Sociedad
de Autores-Linares Rivas, Mu.ñoz Seca, los Quintero, Arniches ...
No vemos, en cambio, el noble afán de superarse, de
evolucionar, de innovar. No admiramos un puro anhelo de
Arte. Siempre los caminos trazados, siempre la misma sistemática obstrucción a todo lo nuevo. Y aun esto es más
lamentable, los mismos prejuicios, los eternos convencionalismos, el constante dique al pensamiento y a la forma.
La producción dramática española sólo es considerable
..en cantidad, lo cual prueba que nuestros autores únicamen-

�IIL TIA'llllO D

BUAIA

~L19-ld49IO

Nos interesan, en primer término, los dos autores. jóvete han logrado el dominio de la compasici6n o cc,mmua:ióo ..
Atentos ~1 tecnicismo, ;penas se preocupan de otras eaen•
dales cualidades del Arte. Cuando los nuevos derroteros
que marca el espíritu de la época, se muestran dar.os y
avanzan por ellos los diamaturgos de otros países, los ••
tores espatioles continúan estacionados en su manera de
concebir y ver el teatro, siempre a través de un descarado
afán de conquistar los carteles. A lo sumo se apreeunll en
adquiñr los derechos de traducción de las obras que se ele-van a las cumbres de la universalidad.
De ,este modo, el teatro cHtellano .apenas interesaioera
de lEspai'la. Sólo Benavente es conocido en Europa y América; los Quintero no han pasado de Italia. Aun en la misaa
América del Sur nuestro teatro apenas es estimado y se ha
hundido, por el progreso indudable de los dramaturges
criollc,s, en el más completo descrédito.
Sin embargo, dos jornadas gloriosas debemos k'Olel'y.resentes. 8ptml;Bh looe (Maria del Oan,um) enNew:-York, y 71,e
bond of interest (Los intereses c,,,ados) en Londres, anteriormente sancionada con éxito-en New-York. Las dos obras
espaftolas, de tan distinta tndole, han levantado air:oso
nuestro pabellón. El estimulo es positivo y fuerte. Pero l0S
comediógrafos de IDspafta siguen obsesit!mados ~ la cantidad. Frecuentemente les oímas exclamar: Tengo pl'eplil'B·
dos vemte actos, treinta actos ... Otr.os dicen en las iatlr·
wie1'8: Este año estrenaré una comedia, un sainete, un mama, 1211a zarzuela ... ¿Veis, pues, cómo su labor no obedece a
una orientaci(m artística, &lt;Di a un firme empet\o dramáticoi. ..
Por eso,
teatro espaílol, vive cansado y envejecido.
Swi cultivadores parecen decididos a eX1ffimirle tenamnen•
te, a conrinuar la explotación.
Veamos, de todos modos, lo que significan las ciaco
obras nuevas con que ,ge ha empezado 1a 'temporada ,en.
Madrid.

el

11a,, sedores López Merino y Avecilla.

P#dro Fierro contiene, sin duda, un temperamento de
a1ltOr dramático. El oca.so de /.os demonios nos hace presenmr un coaredióg•afo modem.o.
El señor López Merino ha afrontado, sin vacilaciones
-el drama pas~nal, con todas las caracterlsticas del género:
y ha conseguido en Pedro Fierro una emoción escénica hábilmente preparada. Pudiéramos decir del sei'lor López Merino, en estos tiempos de la preponderancia de la técnica,
,que es un autor de neursos. Esto no debe satisfacerle al seftm Lópa Mermo, dado su· nervio dramático y sus condiclones de escritor. Pedro FIWl'o es un alarde de ese tecniciamo tmunfador. Pero, nada más. Unos tipos exactos y su
jll8t0 colorido de tierra malagueña. Pasión y arte escénico.
Ea realidad, no es poco obtener ~ la pluma de un novel
qae no p1etenQe ser nuevo, sino continuador de nuestro
teatro teatro dramático de hace medio siglo.
V-emos al seftoE López Merino preocupado en demasia
de le procedimientos teatrales. Los tres. actos de Pedro
lür,-o están construidos, fabricados. Un constante afán de
ir ~oduciendo en el ánimo del esp,ectadOI' efectos inespetadOSr demnestra qae el señor López Mer.ino sigue los paSM de sus antecesores en el género. La emoción, insistimos, no es espontánea ni pura, sino lograda de un modo
demasiado teatral. El protagonista .d e la obra no está, tampoco, creado: es el producto del actificio, del obsesionante
&lt;leteo de conseguir una figun efectista.
Exenta de un ideario deconsiceración,la obra del señor
López Merino no tiene más valor que el apuntado de una
ableluta posesión de la técnica. Es, sin embargo, una prolDIISa muy cercana a la realidad. Si el teatro· espaftol está
urgentemente necesitado de innovadores, también psecisa
da cultos y efllSivos continuad.orea de la tradición.
!f1l aca89 de l08 d8ffft1tlioB es una tragicomedia de positivos
&amp;Ciertos y de lamentables errores. El espíritu de la época,
dé que hablábamos al principio de este articulo, ha inspira-

1

�510

COS.l.!Ól'OLIS-XI-1920

do al Sr. Avecilla una idea audaz y un poco endemoniada.
El deseo de practicar el bien de un modo rigorista e inquebrantable, causa~ a veces, la derrota de 'los naturales derechos a la felicidad. El tema, interesante y hondo, dimana
de los tiempos goethianos, y es, sin embargo, de una latente actualidad.
El Sr. Avecilla le ha desarrollado por medio de una acción interesante y &lt;le unas figuras adecuadas. Pero se ha
olvidado mantener la verdadera psicología de los caracteres apuntados en la iniciación de la obr~. Santa Angustias
es sólo un propósito deliberado del autor; de aquí que no
adquiera realidad el personaje y se quede sólo en una figura eicénica sin valor. Javier Gil es un atormentado que obra
en todo momento como conviene al artificio de la obra, sin
que hallemos en el tipo las posibilidades del verismo. Paz
vive también en una insconciencia que el dramaturgo ha
hecho exagerada y convencional. En cuanto a El diablo
percatados de la significión de su intervención en la tragi-'
comedia, no podía, de ningún modo, aparentar un carácter.
Este es el error de la obra del Sr. Avecilla. Error también el recordarnos la comedia del famoso autor austriaco
Franz \Volnar, que conoció el público madrileño en italiano, representada hace años por Zacconi, y la temporada
pasada, en este mismo teatro de la Princesa, por Ja com•
pañía Atenea, en castellano.
El diablo de W olnar opera en las altas esferas de la so•
ciedad. La obra es una sátira despiadada; pero también
ocurre que todo está previsto por el auditorio, que la acción
se repite en los tres actos, prolongando la situación inicia•
da en el primero, y que, por lo tanto, el final no llega a sorprendernos. No hay que decir que en la obra del Sr. Ave•
cilla, aunque las consecuencias .son las mismas, son otras
las derivaciones.
Admiramos, sin rodeos, la idea que expone el Sr. Avecilla. Este es el acierto, y de él puede enorgullecerse el
notable escritor. La felicidad en nuestro momentáneo paso
por la tierra, sobre todo. Vivir, vivir, exclama el diablo, y

EL TEATRO BN ESPAÑA

511

a nosotros no nos parece entonces el espíritu del mal. En
su ocaso, emprende una decidida batalla contra el bien que
impone su ley haciendo imposible toda felicidad natural.
Por su valentía, por su franqueza, la idea en sí vale por
toda la tragicomedia.
.
.
Los aciertos parciales son el tipo de Don Dimas y la bellísima escena en el tercer acto, entre éste y la señora ama
Doña María Teresa; la construcción del acto primero y los
admirables versos del prólogo.
El ocaso de los demonios, repetimos, anuncia la proximidad de un dramaturgo de consideración.

La simpática vivacidad de Felipe Sass01:e, su verbo
flúido, su ingenio fertilisimo, su espíritu inqmeto, se reflejan en La noche en el alma, cinco capítulos de novela, teatralizados con pericia y acierto.
Este cachet personalísimo de Sassone es lo único importante. Su romanticismo desordenado, bohemio, unas veces
audaz y otras impregnado de una deliciosa bonhoniie, predomina en Le. noche en el alma. Nunca se ha exigido más al
hrillante autor de tantae agradables comedias. .
,
Su nueva obra no es más que eso: la frase oportuna,
los tipos traz~dos a tono con la sensibilidad artísti~a personal del autor, la acción fácil y hábilmente conducida, amenidad exuberancia de destellos geniales.
N~ encontramos, en cambio, un intento de escalar las
cimas del pensamiento. En realidad, no echamos de menos
esta ansiedad de los demás dramaturgos. Nos basta con
lo que el autor nos ofrece con toda sin~eridad.
El asunto de La ,ioche en el alma no tiene novedad. Tampoco es esto una característica del teatro ligero y super~cial de Sassone. Es un argumento adecuado para una historia de Magazine.
.
Los cinco capítulos de La no~he en el al'!!a son 1~ualmente amenos y deliciosos. Hubieran obtemdo el mismo

�612

COSIIÓPOLIJ-XJ-1920

BL TBATBO BH BIPdA

éxito si Sassone los hubiese recitado desde el escenario.
La fluidez de las escenas mantiene el interés escénico.
El Sr. Sassone cultiva, además, el chiste con una facil'idad extraordinaria y una gracia fertilisima que nos comunica la simpatía de este escritor afortunado. Es, sin duda,
un comediógrafo dotado de envidiable espíritu de observación, que sabe darse perfecta cuenta de todos los ambientes.
El aire o sabor mundano que tienen sus comedias ejerce
en los auditorios una eficaz sugestión. Una comedia de
Sassone despierta siempre curiosidad. Pero ¿es posible esperar algo más cónsiderable que esta clase de trabajo a que
nos tiene acostumbrados el autor de A campo traviesa?
Repetimos que es suficiente, y creemos contraproducentes las excitaciones en este sentido. Sassone hace un
teatro de puro deleite. Sus problemas psicológicm;, sus tesis, sus demostraciones, apenas nos preocupan el tiempo
de escuchar la comedia. Esto ya es encantador. No sentimos las inquietudes de un estado moral gra visimo, ni las
torturas del truncamiento de fraseo, ni las angustias del innoble equivoco del tUtracá,1. Todo es suave y, selecto, y
hasta el momento romántic~ que pretende el autor, como
ocurre en La tuH;he en el alma, no llega nunca a contaminarnos demasiado.
Así es la nueva producción de Felipe Sassone. ¿Por qué
hemos de exigirle más? La noclu en el auna es Felipe Sassone, y si él se nos muestra por completo, ¿cómo no hemos
de elogiar esta admira ble sinceridad?
Confesamos ·que pxeferimos La noclte Mi el alma a la humilde tr.agedia de Linares Rí vas, Cristobalfn&amp;.
De Oristoialón a Mmelic hay una distancia que no puede. recorrer la pluma dramática de Linares Rivas. Esta tragedia de Cri.stolJaJl»c es apenas un drama rústico sin interés
y sin nervio, que ha logrado vivir débilmente merced a las
habilidades de Linares Rivas.
La clasificación de tragedia lleva en sí una aspiración
de grandeza ideológica y pasional, que el autor de Cristtr

ólB

bal6tt no ha alcanzado en su obra. El protagonista se nos
presenta con una deplorable confusión espiritual; resulta
un tipo, sólo un tipo, y no un posible personaje real.
El público madrileño, que rechazó con violencia La
ftglia di Torio, no podía interesarse por este deleznable
Cn.toba/6n.
El colorido y el ambiente son lo único digno de valoración. Encontramos hiperbólica la pintura de los tipos influidos por la superstición, sin que neguemos en absoluto
la existencia fatal de esta morbosa enfermedad del espíritu,
arraigada hondamente en los campesinos gallegos.
Cri"sf.obalón se olvidará pronto. Es otro el Linares Rivas
que nosotros recordaremos siempre.

¿A cuántas generaciones ha hecho reir Antonio Paso?
Es éste, sin duda, uno de nuestros autores cómicos de indiscutible ingenio, de pletórica gracia española. Necesita,
como los d~más, asomarse frecuentemente al campo extranjero. Pero sus aspectos cómicos tienen más relieve y
su diálogo más fuerza ent!apélica que lo que de costumbre
encontramos en los humoristas franceses.
Antonio Paso, en colaboración con el Sr. Rosal~, ha
estrenarlo Baiio8 de sol, en la Comedia, un juguete delicioso, sin apenas argumento, pero con una idea ingeniosa.
Algunas concesiones al astracán desvirtúan el diálogo, en
ciertos momentos fino y lleno de observaciones oportunísimas.
Baños de sol es, por ahora, la única digna representación
que el teatro cómico tiene, en este principio de temporada,
en los escenarios madrileños.

Del teatw extranjero hemos tenido en este mes de octubre Casa de solt6ro, del escritor inglés Addar Chambers,
y Loa nuevos pobres, del comediógrafo {francés Maurice
Donnay.

�514

1 •

COSMÓPOiJS-IX•1920

EL TEATRO EN &amp;PAÑA

En realidad, ninguna de estas dos obras interesaba
nuestra atención. La chasse a l'homme es sólo una comedia
circunstancial, que hallaba su ambiente propicio y favorable en Francia. A nosotros, la sátira fuerte y certera que·
contiene la comedia, ha Uegado muy debilitada, por los
efectos de la transplantación. Casa de soltero ha obtenido las
consecuencias de su inevitable exotismo.

esto pudiera privarle de su absoluta independencia y de su
amada libertad.
No es Gasa de soltero la primera comedia inglesa que
corre: tan infausta. suerte en España. Ha ocurrido In mismo
con obras interesantes y bellas de dramaturgos británicos.
En la temporada anterior a esta obra que comienza; se dió
el caso con Brigde, estrenada en Eslava. Y es muy posible
que la famosa obra de Bernard San, Pigmalión, que conoceremos pronto1 encuentre en nuestro público la misma indiferencia, sólo explicable en la falta de inquíetudes espirituales y artísticas de los espafíoles.

Los nu(?)l)os pobres tiene, sin embargo, una agradable
amenidad. Maurice Donnay es tan experto que en cada escena se cree en el caso de ver la scene afair. Todos los mo mentos son propicios al humour y a la ironía en la comedia. Más bien es una gracia audaz y unos firmes trazos de
caricatura lo que distingue al popular comedióarafo. En
esta obra se inician unas derivaciones hacia el se:timenta~ismo que desarmonizan el tono y desvirtúan los efectos
espirituales. Los nuevos pobres, repetimos, es exclusivamente una obra de finalidad satírica y aun de una disfrazada
amargura, a causa de algunos indeseables efectos de determinada alianza política.
Aparte de esto, Los nuevos pobres es obra que cumple
sobradamente con las exigencias teatrales. Una variedad
de tipos anecdóticos nos deleitan con las ingeniosidades de
ese sprit tan latino, mejor, tan parisién, de Maurice Donnay.
Una serie de figuras trazadas con ciertos atisbos de realidad conducen y desarrollan la acción-por otra parte, falta
de mayor interés-de esta feliz comedia de oportunismo
que sólo ha producido en nosotros un simple impulso d~
curiosidaq.

1

1
!!

Casa de soltero es, por el contrario, una comedia de admira?le _delicadeza, honda y emocional. Nuestro público no
cons1gmó penetrar en su psicología extraña y complicada.
No llegó a sentir ni a comprender el espíritu que la animaba. Fracasó la obra, a pesar de su alto valor ideológico y
de los firmes aciertos teatrales que contiene, tales como el
afortunado tipo del vagabundo rebelde, al extremo de renunciar a los beneficios de un bienestar seguro, sólo porque

EDUARDO HARO

�-~

~ r ~-

. 1

EL ARTE EN ESPAÑA

ti

EL REPUJADOR Y CINCELADOR RAMÓN TEIXÉ
Y BOLDÚ

l

En el resurgir poderoso que las artes decorativas, que
yo denomino Bellos Oficios, por parecerme este nombre
más comprensivo, determinativo y abarcador, tienen en
España, Cataluña, y más especialmente Barcelona, ocupa
uno de los primeros lugares.
Para que este resurgir se transforme en una esplendorosa floración, que traiga consigo la renovación completa
de las tendencias artísticas nacionales y venga a consolidar
su pujanza y poderío, sólo es necesario reali,zar una labor
propagandista, algo 11sí como un apostolado por medio del
cual se desvanezcan .los errores existent~s, se destruyan las
rutinas imperantes y se extingan los prejuicios ambientes·
es decir, que hay que despertar en el público y los profe~
sionales amor y comprensión-pues nada se comprende sin
amor-hacia los Bellos Oñcios, cuya trascentlencia es tanta
que hoy se nos ofrecen como la única posibilidad de despertár en todas la!:l almas el sentimiento de la Belleza.
Las artes llamadas un tanto arbitrariamente por Wilde
~imaginativas,,, pues imaginativas son todas las artes verdaderas, desde la talla de un mueble y la decoración de
una vidriera, a ~a pintura de un cuadro y el modelamiento
d_e una estatua, atraviesan hoy en España una crisis agudísima, como lo demuestran la última Exposición Nacional y
el Salón de Otoño, que actualmente se está celebrando.
Existe una verdadera muchedumbre de pintores y escul-

'

517

tores, de los que apenas se destacan quince o veinte nom•
bres con personalichid y talento creador. Los demás, todos
son mediocres y vulgares hasta dejarlo de sobra, y como
son los más numerosos, lo invaden todo, predominan en todas partes y son los que dan el tono general a nu~stro arte,
y así es él de anodino e insubstancial en su con1unto. Esa
afluencia exagerada de pintores y escultores contrasta con
la falta de sentido artístico que existe en el país. Siendo la
Pintura y la Escultura máximos exponentes de la cultura de
un pueblo, se da entre nosotros la paradoja increíble de que
exista en medio de un ambiente inapropiado una enormr. legión de pintores y escultores que, como no puede"vivir
con el producto de su arte, se dedica a la intriga y al asalto
del presupuesto del Estado y a la conquista de una vanagloria deleznable y nociva. La abundancia no ha sido nunca expresión de pokncia y calidad, y entre nosotros _la
abu'i-idancia puede trocarse ,en sinónimo de decadencia.
Como dijo también Osear Wilde, es preferible carecer de
arte en absoluto a poseer un arte malo.
Nosotros quisiéramos no tener pintores Y es~ultores, ~i
tenerlos ha de causarnos el tormento de presenciar Expos1cionés como las precitadas,
En España hemos dedicado demasiada atención a la
Pin tura y a la Escultura. Desde el siglo pasado, la rnayor~a
de los escritores no han hecho más que ensalzarlas, sm
ningún espíritu crítico, sino por la trivial creencia de que
con eso sentaban plaza de seres privilegiados y excelsos.
·Cómo extrañarno:: de la abundancia de pintores Y escul~ores si a cuantos manifestaban inclinaciones artísticas se
les hizo creer que sólo la Pintura o la Escultura eran dignas de alaban.zas, y únicamente en ellas se podía alean.zar la
gloria y la inmortalidad?
Ha llegado la hora de perseguir con saña ~ los malos
pintores y escultores, de olvidar un poco la P_mtura_ y la
Escultura y de prestar atención a las demás mainfest.ac1ones
artísticas gemelas o derivadas de aquéllas. Es preciso preocuparse de la educación artística del pueblo, con el fin de

��M!O

(J08K6,ou1-D-19IO

Teixé no fué conocido en Madrid hasta elafto pasado,
que presentó unas cuantas obras en la I ~...posición de Belloa
Oficios, que se celebró en el Circulo de Bellas Artes y de
la cual me cupo el honor de ser su iniciador y organizador.
El envio era pequeflo y no de lo mis fuerte y caracteristico
de este notable artUice; sin embar~o, no pasó desapera"l&gt;i
do para la critica que vió en aquellas pocas muestras
anuncio de un artista nada vulgar. Fué una lástima que
Teixé, en aquella ocasión, no diera a conocer al público
madrileft.o toda la gama de su arte, pues hubiera c o ~
do la consolidación de la fama que hace an.os goza en Bar•
celona.
También en el Salón de Otofio, que ahora se está cele•
brando en el Retiro, tiene doe cuadritos de pintura al óleo,
que demuestran la robustez de su temperamento y la ólida
educación de sus facultad-es.
A pesar de ello, no es en la pintura en donde Teixé me
parece admirable, sino en sus trabajos de hierro forjado
repujado. Es aquí en donde alcanza todo su valor, en don•
de se manifiesta todo su talento.
Para mi, Teixé es, antes que bada y sobre todo, repuja-dor y cincelador. Lo demás no lo considero sino como demostraciones eficientes de su cuidctdosa preparación y ele
las dotes nada comunes que pasee. o es un artífice incol
to que . ólo sabe de su especialidad, sino que es un artistá
con todas las ansias e inquietudes de los embrujados por la
quimera de la BellE;za.
Entre sus trabajos notabilísimos figuran: el titulado «El
árbol de la cruz&gt;, hermosa obra hecha por encargo del presidente de la Mancomunidad Catalana, seft.or Puig y Cada·
falch¡ los hierros forjados del lindo chalet que en Argentona posee el señor Gati; las cuatro !Amparas que ~ran en
el Salón del Consejo de la Mancomunidad; el retrato en
hierro rebatido del sei'\or Prat de la Riba que posee la Di•
potación de Barcelona; la paleta de acero plateado y
cromado que utilizó la Infanta Maria Luisa de Orleans ~
la colocación de la primera piedra del Hospital de la Cru

po•

1

Placa para mueble figurando uni1 puerta, de chapa de
hierro repujado y c11lado.

�Anillo de hierro
con piPdras artificiales.

Perchero luminoso de hierro forjado y repujado. El pie, el
eje y los brazos están huecos. para que pase el hilo c&lt;,nductor de la eJectricidad .

Medalla de esmalte. ·

Pendentif de hierro esmaltado, simil oro, incrustado en oro.

Anillo de hierro
con piedras artificiales.

Pendentif de hierro forjado y esmaltado.

�ae ~ 1 1a arqaUJa de hféffl&gt; forjado 1, ,epa-

OOJl eamaltea 4'18 1)08" ~ Qbiápo:-de Vich.
Oln. de la ca,acter(aticas · - - linguJu utffice. IQD
joyas de hierro. Colgaota, IQl'tija, pen,Jientea, bn).
-. alfileres y medallones de original &lt;h'bujo y finflima
)ílbor, demuestran del modo mú terminante que el mérito
Ju joyas no estriba en ba calidad del metal, amo en -la
tibor de qaien 1aa creara.
-..&amp;aajoyu van tambis adornadas coa piedru artificia-

hficha1 por el mismo Teixé, y aon nuevas pruellu que
la habilidad y el gasto deUcadkirno del ainplar

:El trabajo de eaas piedras artmciales le ha llevado a
esmalte, qae 61 denomilla dé ..... y qae ea una
JQ8 11141 grandea conquiatu. Divenu obru lleva ya•~
con eae esmalte, y todu ae distinpen por la delide la labor y la finara y truapuencia del eamalte.
puede competir con loa m'8 acreditados del mundo
1m

Arqueta &lt;le hierro repujado y forjado con esmalt(·~ de
• massa,.

Ramón Teizé y Boldi, infatigable y denodado trabaja.
.a,tista aiagular y notable, bieo merece que el p6blioo
1le otorgue 1U aplaaeo, pues n abaep:i6D J III ta•
le hacen acreedor a la comideraci6n ~ camtGa deben
por el ftorecimiento de nuestras antiguas artea,
en alg6n tiempo nntuarial.
BAI.LBITD06 na

Los gladiadore.,.
Placa de hierro ro?bc11ido a mar1illo.

IIArros

�~·-~lil ftltr
_,.__~~!
-áillli-~1
......

~--

m'ilaiealemt)i

...................

loa lm1lanté1$ con~ - la
Bl ,ptC1111f8 'l'le1'W.&amp; contillaaei6il.. ■u,___.,.
l ! ! l ~ ~ . . ......_,,,_ 4üamtiiiiilli

• de E. Cha..,;. e
., ..~da•• d•G· 1-aUré; P

C'-8&amp;01li •Lif htúl ~ j•.A,aip
O, de A.. Roael; 11.a PilPMll
de D ' ~ ) . de Ddeiu-Wo

; Prel114io de .ut&gt;1Ulllb

~

lflll~_,.

cer Atte,
pan nep:iéll a:111--~iw
,M8Cí&amp;.ies'lía ed1'pa- pero"ailiñ utea• .....il!
•tado•e cawflltri'crOIIIO se-uüoia, ,..,..
sible, pues el pf.lblico ayuda con su.fervOr,
ll1bs OOllCieftGI popdla.eak
~et&amp;•
iW:teainl

Olrlota Dármen, que..._
~ ~~ pi,\nistiA,, -.ucJ, P ,..-.~
dano M. y Céaal' Fiperido, vio
dado al pianista turuDdatena. Y eñtre las o
,que
de laa ~ admiradáa por el pflbll

ad_.

-0rquesta, citaremos 1- sigU.ientes:
Sinfoaitas: Tercera. de Sámt.Saeie;
no«; ·T~, de A. 0.4&gt;n\k; Primen, de .8
comple~, de Bo'íodio; cFJ divino pQGMl,-.
Segunda, de Ed. Elgar; «Alpina•, de R. Stn
cCockaigne», de E(l. Blpr; •Aubad.e»,
· princesa lejana• (preludio para una cona •
-cLas brujas de Macbeth• (impresi61) ~

dll~--•~imóae
.cloa
• Pd~,$-.ueri
0,$

....
ieildo

•

~!Oi-..u~

a
1'4 (~Uli2ádo' p,Obli~ y ha
elQOSd
.osd$
. lloNttoí que, ~ t e , s
~, confésamos él'1f P ~ n s
·

e pianista.

• • • e~ 01&gt;Docidfaimo, y IDl ~ Iop6
El Doaan)O y el 'f&amp;ls todldos poi' •

dommio ~ - . ~:d• 11a
daá ~ona, y a·--o entM)clet,

que le diplltan. IIIA8 ~ qu.e artista.
y moélesto, Fl'iedma1i no l!IJN il ~ ; toca
lo hace poniendo su m ~ iuape,able

.

oncitp;to éle Frieclman, tledicado a Brahma

�524

C0SMÓPOLlS-Xl-192O

Y Bee:hoven, ha sido un éxito más unánime que el prime.
ro. Fnedman acertó a dar a Brahus todo su valor; su virtuosismo indiscutible halló ocasión· de demostrarse plenamente en un tema
. de Haendel. Oyó una bo-ran ovación en la
A
s?nata « pass1?nata", del gran Beethoven, que tocó marav11losamente, sm exaltaciones románticas.
También gustó much·o la sonata en 4:mí menor&gt; de
Beethoven, y en suma, el programa más adaptado sin d~da
al temperamento de Friedman; fué un éxito completo.
YAGüES.

PLENITUD

I

PAISAJES

Llueve.
La habitación, en penumbra, tiene un encanto familiar,
recogido y silencioso. El tic tac sonoro de un gran reloj de
caja pone un paréntesis isócrono de ruido, de inquietud,
El viento ha callado su violencia entre las ramas altas
de la arboleda, y un poco a lo lejos se oye el rumor sordo
del río desbordado, mientras la lluvia golpetea en los cristales del balcón y en el cinc de los bordes.,.
Es el paisaje del color gris del cielo, y las hojas húmedas que tiemblan, y la tierra mojada estremeciéndose al
gozo de aquella fecundación, parecen exhalar un gemido
dulce que ahonda más el silencio.
La tarde se ha ,entristecido súbitamente. Las montañas
próximas han desaparecido, bajo un cendal plomizo, hasta
cerca del valle, cuya esmeralda parece erguirse más lozana, y donde las casas de labranza, rompiendo la monotonía
de los prados, de vez en vez, tienen una apariencia desolada de abandono.
Llueve sin término. Emana la tierra una fragancia de
sensualidad. Han huído hacia un refugio los ganados que
pastoreaban y los zagales y las mozas del labrantío. Esco~
dido en un nido cercano se oye un arpegio de temor, de
cariño aterido junto a la hembra.
A lo lejos, una luz viva ha rasgado la nube sombría.
-¡Jesús!-murmura alguna mujeruca en el interior de
la habitación.
1

�ó26

C0811ÓPOLl8-!I-198()

PL&amp;lllTUD,

-Poned las velas a Santa Bárbara -gime temerosa, una
voz dulce.
Los hijos sollozan:
-Mamá. Mamita: ¡Qué miedo!
El padre, valeroso, bromeando, les dice:
-No seáis coba?des; es que en el cielo están de broma,.
San Pedro cumple hoy sus días, y ha ido una murga a festejarle.
-¿Como la de Nava?-inquiere la niña inevitablemente
curiosa.
-Eso es-confirma aquél-; como la de la fiesta en el
pueblo ...
De pronto, un chasquido violento interrumpe la calma.
Ramas que se desgajan, un ruido seco. detonante ... En la
casa un grito.
Los niños pequeños, fuertern.ente cogidos a la falda de
su madre, lloran. La abuela preside un rezo lleno de inquietudes, que arrastra un bisbiseo medroso ante el cuadro de
la imagen bendita.
El padre ha dicho:
-¡Un rayo! ¿Dónde habrá ido a caer?
-Fuera de_ aquí-comenta un viejo aldeano que pertenece a la servidumbre de la casa-. Ese ha caído en los ála~os de d?n Miguel. ¡Milagro no haya «matao&gt; alguna bestia, que siempre las han de cobijar bajo la «arbolea», y no
hay cosa peor. En tormenta, como ahora, es «aonde&gt; van a
parar los rayos.
·
El rezo de las mujeres cesa. Los hijos tranquilizados
al brillo de la tarde, en el corredor, salen
la habitación:
y alrededor del hombre y de la mujer, solos ahora, todavía
en la penu~bra, el eco del reloj sigue 1&gt;9niendo la inquietud de su tic tac, que, como el humo del cigarro, el color
d~ la nube y de la bruma de las montañas, que va desbac1endose lentamente, abre el alma desasosegada, febril, a
todos los ensueños, a todos los anhelos más lejanos, más
amados, más imposibles ...

de

ENSUE~OS
La mujer se acerca al amado .y le besa calladamente.
-¿Piensas?-le dice.
-Siento-,-responde con una voz extinguida.
Entonces ella arrodíllase y escucha, absorta, llena ~
amor y de admiración, las palabras que el hombre pronuncia, como si evocase algo lejano, invisible, que ha nacido
quizá en su fantasía.
.
-No deseo nada, Alma. Acabo de realizar mi ilusión
mejor. Esas brumas, esas montañas, aquellas nubes que van
yéndose hacia otros lugares, que irán a ensombrecer y fecundizar; esos árboles que tienen las ramas temblorosas, y
ese olor de la tierra mojada me compensan de todos mis
deseos sin logro. No me inspiran. ninguna idea, no; me dan
una sensación que gozo plenamente... Dame las manos,
Alma. Te brilla el cabello como si unas gotas de la lluvia
te lo hubiesen mojado; tienes los ojos puestos en algo que
te hace muy feliz ...
-Esas nubes, esa bruma, las hojas de los árboles, la
cima alta que tú estás viendo tan lejos-responde iluminada.
·
-Mira, mira-advierte-qué rojos se te pusieron los
labios ... Dámelos ... Estoy viviendo la hora mejor de mi
vida. Fíjate: el sol va apareciendo tímidamente. También
él se asusta de la lluvia y parece que dice, al reaparecer:
&lt;¿Se puede salir?&gt; Vuelven los ganados al pastoreo ... Mira,
aquella casa del monte brilla al sol. ¡El arco iris!. ..
Los dos amantes están unidos en un abrazo íntimo. Son
un alma, una sola vibración.
Como él ha dicho, nada les sugiere todo aquello; gozan
de la sensación de plenitud, en que los ruidos pequeños y
lejanosf las cosas,. como dormidas en el tiempo; el silencio
tan hondo que tiene un susurro de vida interior, de Naturaleza, de sosiego infinito, les envuelve en el humo de su
propio ens ue.ño.

�.

loa

w,litaria qllf' .......... al ~ . i . "
~11e~-1a~deeata~-f1ltlliile .ueoc-; pn,medenc»una .._ a
la palabna mejores ... ¿Te ~
de lnoertiduiííbM, -

...

}1lí!le"Dl"-"" :_.

abwlonillto eá llledio del c:aillpo-•
ntrenplllll~.V••la~.
1!I, Yoh'W a.élJiil.,.
,..,,. como1a nvebiclón de 1111ll vÍ4•
, el alma illíantil de loe hijos pei¡llelot
~~1 ~µ,qaietad, dolor de~-•·
~01&gt;0 11. D8L POBll'll,LO

�o
LA, CASA DEL COMUNERO MAi.DONA
1.a ton,e 1 oligút¡UG polf1ica autoriwk e11
por un re, eittnnjero, ~ y 111111g11ina,rio; 14
da protec!clón de un moaarc:a a loa muchos y üºr4Ai¡p
meneos, que en son de hipócrita conq&amp;alfta apoae,¡
en DueaQ'aS cierraa, f lll vejatori.:. desvlo laacia loa
IÍDIOB cáatellanos, de quienea llO CGlllpreodJa lli el ·
lllblevaron el ea~ poco aufrldo de los ~
tu tpicaa Uanuraa de CaatiUa, mis dado al lmpetii
qae • la paciencia cobarde, y antes 1nclinado a la
la guerra que a la blandura de la resignación. Ea
en Segovia, en Salameaca, en Guadalajua, en V
en Zamora, ea Madrid, culminó sangriento y arreg
•tagonismo entre los cutellanos bravos y r·eauew¡~
a!llbicioso y absorbeate poder real, extranjeriado y
_pótico.

llo sos principios, an~onse los nobles al
aquella sublevación bermosfs.hu. y memorable. Ya
postrimeriaá, filé únioa.uente el pueblo, heroico, -t

~ . el que sostovo el grito rugieaú! y
eoárllolando, con bien ~ a 8'ereza, el altivo
morado de aquldros COlblUIUOB gloriosos... Hato
el yugo de su conde; NAjera_.'él de au duque, y
apartó del va9'llaje del conile de Tenclilla. Poco '8c
perQ' sin decaer an momento Sil bravura, qnerdóse
pu"blo ...
Castilla entera, erizada de revueltas y molina,
base en la hirviente y roja ■angre de aus hijos.
Tia ahorcaban alguaciles y arrutraban pr

,.¡,.

,..,..1el'Q aia C'4iU, qa,r •
,....,.....,_ _
1 . . clelot" aíi!o«iadCJII; anUidp

• llll'tliilalo. . _ _ Jp:,i"8~

del=--~~•-.
.
.......,..~

üilDl:IH!kocle•lll'IIIU~

el tono ge6J¡ico., . . . . ritriillo, - . . k
earil-..e ...-i. ■
ee•*!liCC~~, • • 111itr•11eliad el'J'h·

HQU• clli ( ? ~

·"'1dll!lltalie-heri4oa

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Jo.mil

iDOi!PliabaaJi!'lph¡ MI 1A

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iil'-n!Jé
1 ~ pot:ilo!ot.,. ~ ...
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ni lis cc-:-teq'a. ~ de

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1.11m(a; :.-.p¡,-=-~...._......

i1Jl!IIPII.... coa- 411 '8imo _ ,

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liif,~llllij-•-q_q Jllifri4'C)a: ,or "leauntl,l¡a

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·~,:.

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· a ae un re.y ettranjero, y la santidad
_.._al t ~ cáldeado-el Animo en et N
hidalga y de la varonil indignáción,
o todoe los castellanos, para mugua y

leales i

con lo · comueres.
(J01DO Luis CenillO 6e A1bomos-a
franc()S

cligna de ~or causa, vengó su muje

••cena

~es ·

invitando•
&amp; ros
doe y baciéndolef_ asesitlar • ptitljd
h11bo lfaidoretJ OIIJlO Pedro Gifén;
&amp;arios poi modÓ ~ Y
1 sin embaTge&gt;, reftenó loa
hei'Oicos ca:steHabw. Todo to q
,._o y lllfdclo luchaba a ana 1 «.,odl4Q,~•~D1ílrtJt:·¡
.-ao y la tirania .Haatá:toaucJ.érigos :n
~ t o , áeptdB e.
jagti

~-

_.,la

-~~-1~~~
BeriJ asaltó la plaatde T ~
Oda JU11a, mdyPJll'Ü41 •

~ ~ t e que toa a~ pue
de lll,diO del
préf1 •

e.mP.&gt;,

e entre laa llamas utes c¡ue entrep
• -_, 4~1111 ~ caeatan las
lo .Uto deJám~ r ;a cuupo
iáil~tino aarilla.quea
liados, siendo el dODaíre. '11# loa
ta m1teade matmto. ceo ta1)8le:ta.&gt;
..La
de loa comu~ M
a t t ~ y. ,,_ali.élite ~ é a

•--lllil

rebeldfa

ticoa~COlllO ucia

en tiiaLde fa m~:cle
.

dela~cle

«Alá 1aa- lierilai de ---

maa•

. ..._a•.
--·•--···--!di'

dattdt&gt;

oywpllóaó
üiz labrado ~r
tú
hitviente, heroica y ieat..
esa fué 1.a caaaa de su derrota, fm
'6n¡ hubo iinprevúioues y
males~eg~ ~ - t i l
~ perqes fue,za
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Ptá.vo y Maldoaaio,

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'

�COSMÓPOLIS-Xl-1920

mujeres que traje sus hijos y sus esposos a la matanza y
que después me salvé huyendo!- Y diciendo esto arreme-

1
1

1

tió con sólo cinco escuderos de su casa contra el escuadrón imperial, al grito de ¡Santiago y Libertad! Peleó con
heroica bravura, hasta que fué herído en una corva por un
c ,tballero llamado D. Alfonso de la Cueva, al cual se rindió. Otró caballero, llamado Ulloa, al saber que el rendido
era Padilla, le hirió en el r:ostro de una cuchillada, ensangrentándoselo. También quedaron prisioneros Juan Bravo y
Francisco Maldonado, abandonados de sus tropas. Los imperiales acuchillaban sin piedad a los fugitivos, robándoles,
al extremo de dejarles en cueros. Al mismo Padilla le quitaron una rica ropilla de brocado que llevaba. Los capitanes
fueron conducidos al castillo de Villalba, propiedad del cobarde Ulloa, y a la mañana siguiente los trasladaron a Villa.lar, para juzgarlos y sentenciarlos. Se les condenó a ser
degollados y confiscados sus bienes y oficios, como traidores al rey. Bravo y Maldonado recibieron la sentencia con
exclamaciones de cólera; Padilla, con serenidad imperturbable. Confesaron los tres, y Padilla escribió dos cartas
célebres: una a la ciudad de Toledo y otra a su esposa,
Doña María. Los tres marcharon al suplicio montados en
mLllas, cubiertos de negro. En la carrera gritaba el pregonero: «Esta es la justicia que manda hacer S.M. y los gobernadores, en su nombre, a estos caballeros, mandándolos degollar, por traidores.»
,Oyéndolo Juan Bravo gritó enfurecido: «:Mientes tú y
quien te lo mandó decir; traidores, no; más celosos del bien
público y defensores de la libertad del reino.» A lo que
dijo Padilla: (Señor Juan Bravo, ayer fué día de pelear
como caballeros, hoy lo es de morir como cristjanos.»
Brayo guardó silencio, y al llegar a la plaza dijo al verdugo: «Degüéllame a mí primero, para que no vea la muerte•
dd mejor caballero que queda en Castilla.»
»Y el verdugo hizo su 1epugnante oficio ... Así, orgullosos y serenos, arrogantísimos hasta el instante último,
murieron los ttes heroicos comuneros, poniendo con su

DE UN' GLORJOSO SOLAR

53&amp;

sangre, leal y gener:&gt;sa, los tres mejores rubíes en la áurea
corona de Castilla.&gt;
Lector: ven conmigo por esta castiza y evocadora calle
de la Compañía. No te detengas demasiado en la contem•
plación sabrosa de sus rejas, de sus escudos y _de sus za~uanes, y echa el paso largo y resuelto, que qmero llevarte agudo a la estupenda plazuela donde_ yérguense, s~gra&lt;l0s ..,v bellísimos , los muros, un poco ramosos ya, de 1a parroquia de San Benito.
.
.
.. .Ya estamos en ella. Rodea de mi brazo la 1gles1a y
encárate con esta casa pequeña y armónica; vieja y dorada, que muéstranos su portalada típica y sus es~udo_s hidalgos ... Descúbrete con emoción, lector. De aqu1 sa1_16 un
día, bien armado y garrido, lleno de bravura y de Jdeal,
stJñando con libertar su noble pueblo de Castilla, D. Fran•
ci 3co Maldonado, dueño de esta casa gloriosa. Sa]ió ent:e
las aclamaciones de los valientes comuneros, que erig1éronle por su capitán. Salió gallardo y sereno, jugánd?se:o
todo en la aventura, y tan leal y desengañadamente Jugose la vida en el embite, que no tornó jamás-honra Y prez
a su memoria-a posar sus plantas en esta plazuela, cu!as
piedras no han vuelto a resonar bajo l_a. gallardía Y_ _gentileza del firme andar de D. Francisco; m Jamás volv10-goce
de Dios su ánima-a penetrar en esta portalada solariega
y típica, bajo estos dinteles rojizos y vetustos ...
ALBERTO V ALERO MARTÍN
'

.,

Salamanca.

�b87

IIIBUOGJWIA

mez Carrillo es el p,1eta andariego y multicolor que todo lo

L1 Voz de Guipúzcoa publica el siguiente notable estudio critico acerca de la famosa: nbra de nuestro director,
qw! con mucho gusto publicamos:
«El poeta andariego: La Grecia eterna, por Gómez CarriJlo.-El editor D. Jos~ Yagües nos hace una exquisita remesa espiritual: son los últimos libros que Mundo Latino
acaba ele poner a la venta y de los cuales hlblábamos ligeramente días pasados. Apenas recibidos, hemos entrado a
saco en la mesa de nuestro director. ¡Oh, la emoción inmensa ele hojear un libro nuevo!
Hemos puesto la mano sobre La Grecia eterna, de Góruez Carrillo. Y hemos dedicado es!u buena mañana domin•
guera, llena ele paz y tranquilidad, a recorrer los paseos
donostiarras del brazo del príncipe bohemio de la literatura his;:,anoamericana, con todo el orgullo que hubiéramos
sentido al acompañarle realmente en uno de esos viajes
que el il~stre es&lt;.:ritor nos relata en sus p~ginas maravilln;as.
Nosotros sentimos por Gómez Carrillo una devoción
sin limiks. Artífice admirable de la prosa armoniosa, poeta
alt,simo, Gómez Carrillo es d escritor má, diverso y más
vario; su literatura no tiene patria; es una literatura cos•
mopulita. Asi como Rub6n Dario era un poeta francé~ que
escriLia en español, Gómez Carrillo es un artista universal
que escribe en la lengua que mejor cunviene a la interpretación precisa de sus sensaciones.
Al contrario de los escritores que se resignan siempre
a pintarnos los mismos paisaJes con la misma pale.a, al
contrario de los escritores quietos que no tienen más que
una ventana para contemplar al mundo y a las cosas, Gó-

contempla y todo lo estudia y todo lo relata. Su musa no
es una buena matrona que gusta de dormir.e beatíficamente en la estepa castellana, o entre los naranjos del Sur, o
entre los pinos del Norte¡ es una mujercita inquieta, susceptible de todas las sensibilidades; una mujerd:a frívola
unas veces, y otras profundamente humana, qut: guota de
verlo y recorrerlo todo; que un dia baila una danza gaucha
en un rancho argentino, para beber al dia siguiente una
cmominette» en una ctaverne• montmartresa o soñar en
los muelles londinenses, o valsear en Viena, o curiosear en
los museos de Italia, o reir liricamente en los camµos floridos del Japón heroico 'Y galante.
Esta variedad ,.miversal del insigne cronista de lo, viajes y de las mujeres, nos encanta más que nada a través &lt;le
su prosa diamautina; su prosa a,.hnirable que no tiene la
pesa,iez académica de los clásicos modernos y que aparece esmaltada de audaces neologismos y ele impresiones
nuevas.
1

Era natural r¡ue Gómez Carrillo dedicase u11 gentil ho.

menaje a la Grecia eterna. Como hombre de uutn gu,to,
como viajero espiritual enamoralo de la belleza, Gómez
Carrillo estaLa ol&gt;ligaáo a ello. Y con un admirable prólo•
go del ilustre Moréas, Gómez Casrillo nos ofn,ce una de
las obras más hermosas que se han e,crito sobre la Grecia
antigua y moderna.
1ras el pórtico deJean Moréas-tl genial poda griego
que sodó a la sombra de '.'luestra Seliura de Pans-van des
filando todas las maravilla,; del pais de Homero. Bn su ~ri
mera crónica, el artista iledica un magniliw cant" al mar
de lw. Odisea, e=se trágico mar, ese «nr:gro mar- JJ&lt;lra d que
el padre de los poetas «no encuentra más que quejas y maldiciones,. Y canta el poeta a las viejas islas que y~ nv conservan más que un rancio pretitigio l~gendario en tiUs (:Uln·

�lí88

IIIBL108RA,fA.

OOOIIÓPOLIB-11•1900

bres áridas y unos nombres .armoniosos: ¡llaca! ..• ¡Cefalo• 1•••. iZakºtn t os 1.. ..
013
. .
La pluma de Gómez Carrillo se desborda de hnsmopero de un lirismo sobrio y elegante siempre-ant~ ei cielo y los campos atenienses. Luego, como un peregnno, recorre los viej'ns templos y vive en la antigüedad por unoa
instantes. No se detiene como un erudito demasiado minucioso a examinar cada objeto, cada columna, cada estatua,
cad.1 motivo decorativo, no; busca la sensación especial, la
sensación particular que la visi-:'.ln en su conjunto produce
al filtrarse por su temperamento de hombre moderno y exquisito.
Por eso, en toda la obra, no hay una sola pái;na que
re. ulte cargada de erudición. Para los eruditos, es posible
que pareciese demasiado frívola y superficial a veces,_ si ~
alcrunos momentos nó viniese la amplia cultura del mteh"'
gente viajero a demostrarnos que lo hace así por coquetería de •cicerone• un poco mundano.
Hay en el libro un bello capitulo titulado eLa raza etel:"
na&gt;. En él, Gómez Carrillo defiende la tesis de la inmorta•
lidad del genio griego. Afirma que los griegos de hoy son
los dignos herederos de Uiises y canta al genio actual con
el mismo entusiasmo que al antiguo. Este capitulo fué muy
comentado por las criticas que se hicieron en Franci.. de la
versión francesa de esta obra. El 2utor tiene la gentileza de
ofrecernos, ante¡¡ de este capitulo, un interesante fragmento de un libro de lvonne de Romain, en el que se combate
su tesis brillantemente.
Para nosotros, uno de los más lindos capítulos del libro
es el que lleva por titulo «La mujer de Atenas&gt;. Gómes
Carrillo, cantor de las mujeres de todos los palses, ador•
dor de todas las damas-como uno de aquellos galantes Cá•
balleros que firmaban sus madrigales con la punta del fl.orete-es el más indicado para hablarnos con toda fidelidad
y galanura de esas mujeres que no conocemos más que a.
través de las antiguas leyendas.
Y dice Gómez Carrillo:

•¡Ah, 14!!1 mujeres de Atenas, y sus gracias, y sus sonrías, y su~ ondulaciones, y sus coqueteriasl Yo apenas he
tenido aún el tiempo de verlas pasar, gorjeantes y ritmicas;
apenas he podido, er¡ dos o tres salones literarios, respirar
el ligero aroma de violetas que stis cabelleras negras exhalai\ y perseguir las chispas que se encienden, se apagan,
huyen y vuelven a encenderse en sus pupilas negras; ape11!18 he besado, respetuoso, sus manos desnudas. Pero · no
iDlporta. Estos breves dias me bastan para hacerme la dulee ilusión de que las conozco en la intimidad.
-Si madana, en cualquier parte del mundo, una ateniense pasa a mi lado y me sonríe, la reconoceré entre mil
m11jeres-le digo a Mauricio.
-Si es A ntigona-me contesta mi amigo- , lo creo.•
Esta Anli¡{ona es una churai'la y exquisita• amiga de
(¡ómez Carrillo y de su acompar'lante. Ella le sirve para
tejer el más delicado y gentil elogio de la mujer de Atenas,
l!le la mujer de ahora, que no es el tipo de belieza acadélllk:a que nosotro~ imaginamos. Porque Gómez Carrillo

dice:

•El tipo de los rostros de Praxiteles, el tipo del siglo

,qllinto y de las medallas de Aspasia, no es, en realidad,

eo la moda

de un momento, como lo fué más tarde, en

.llalia, el tipo de las madonas de Rafael. Antes, un arte meDCIII impecable, pero mis variado, expresaba la gracia en
toclos aua instantes ingenuos o perversos. Los pintores primitivos, que eran ignorados hace cien años, han ensanchado el campo de los conocimientos estéticos toscanos. En
Grecia. cuando las esculturas arcáicas de Delos y de otraa
ialas hayan logrado popularizarse, se verá, tal vez, que la
l,e)leza antigua no fué siempre de una pureza académica.•
Habla el autor de las muchachas de Atenas, t¡ue son
como lindas estatuas clásicas vestidas a la moda de París.
-¿No te parece estar viendo parisienses?-pregunta el
autor a su amigo.
-¡Como que, sin duda, son parisienses de viaje!-contesta el compai'lero.

�MO

COSMÓPOLJS-XI-1920

« Y nos acercamos para ver si hablan francés, y oímos
en sus labios la grave lengua de Palamás.&gt;
. A las muchachas de Atenas ya no les queda del prestigio antiguo más que los nombres: Aspasias, Crisis, Pené•
pole, Artemisas ...
«¡Oh, Aspasias de traje tailleur! ¡Oh, Penélopes de som.
breros parisienses! ¡Oh, Cibeles de sombrillas inglesas,
cnánto mejor estarías con nombres menos pedantes! Cuando os oigo citar, no puedo dejar de acorJarme de los buenos negros de Martinica que, si bautizan a un hijo, le po•
nen Bonaparte o Temístocles ... »
Pero a Gómez Carrillo le importan poco las modas y los
trajes tailleur, para compararlas con sus hermanas desnudas de los Muscos, y decirlas mentalmente los más lírico~
piropos.
El capitulo que dedica luego a las cortesanas antiguas
es de una belleza incomparable.
«¡Las cortesanas griegas! ¡Las sacerdotisas admirables
que hicieron del amor un culto, de la voluptuosidad un
rito, de la belleza una virtud!...&gt;
Y ante la pluma florida de Gómez Carrillo desfilan Nee- ·
ra, la esclava de amor que ~entretenía, a Stephanos; Lais,
que tiene una aureola de más interesante poesía; Bachis,
Clenice, Corina, Gnatene, Herpilis, Hiparkia, Leontium,
Nicareta, Philena ... Para todas ellas tiene Gómez Carrillo
un elogio galante; a los pies de todas aquellas mujeres que
los antiguos inmortalizaron por su belleza y por su gracia
y por su ingenio-como Aspasia, que &lt;lió a Sócrates lecciones de poesía-tiende el poeta los óleos de un madrigal.
S-ólo tiene duras palabl·as para Frine, «que completa la trin¼-lad de la gloriosa galantería junto a Lais y Aspasia, y
que no tuvu ni alma ni inteligencia; sólo belleza.

Muchos otros capítulos tiene el volumen, deliciosamente labrados por la pluma artífice de Enrique Gómez Carrillo. No hemos de comentarlos todos, para no fatigar al
lector.

BIBLIOGRAFÍA

Además, las criticas propiamente dichas de &lt;"Sta obra de
Gómez Carrillo, están hechas ya. Nosotros, con estas líneas
humildes, no hemos pretendido otra cosa que expresar
nuestra admiración sincera de discípulos al príncipe bohemio de los crc,nistas hispanoamericanos.
E. P.-.

Nuestra literatura en los Estados Unidos. - Main currelits
of spanish literatitre_.-En menos de un año se han publica-.
do tres libros sobre·nuestras letras hispanas. De orientación
diversa, con finalidades diferentes, todos tres son interesantes al escolar de hoy, porque están preñados de una simpatía de raza, de una intención fraternal, de un anhelo de
comprensión digno de aplauso.
El primer libro, Main currents of spanish literature es
obra de J. D. M. Ford, profesor de literaturas de la Universidad de Harvard. Es difícilmente una obra literaria,
por cuanto está dedicada al colegio yanqui. Ford conoce a
fondo nuestra literatura, ha peregrinado por nuestros vieios archivos madrileños, es un l@ctor fervoroso de los mode1 nos, y así está capacitado para trazar la vertical histórica de nuestras letras desde la época caballeresca del ro- ·
manee, hasta nuestro período actual, que es de 1·enovación
y de pujanza. Main cun'ents of spanísh litemture es el mejor
texto de líteratura española publicado hasta hoy en el paist
por su presentación sintética y por su claridad. Es inferior,
sin embargo, a la obra de Fitzm?.urice Kelly, en documentación y en atrevimiento crítico. Agrega el autor algunos
estudios sobre versificadores sudamericanos del siglo XiX,
Bello, Heredia, Olmedo, etc. Como nuestra lírica verdadera tendió su vuelo con la publicación de Azul, faltaba el libro que definiera el esfuerzo novecentista, el desprendimiento vigoroso de la labor dariana. El libro de Isaac
Goldberg vino a llenar este vacío.
Studies in sprmish american literature.-He aquí una serie d~ estudios definitivos sobre nuestros· escritores novecentistas. Nietzsche afirmó que el crítico que no establece

�542

BIBLIOGRAFÍA
COSMÓP0LIS-X.r-J.92O

superioridades e inferioridades entre los autores y los libros, no tiene razón de ser. Yo afirmo t&gt;ntonces que este
libro de Go!dberg e:; mucho mejor que los ensayos de
González-Blanco sobre los mismos temas. Creo que los
estudios sobre Darío, Blanco-Fombona y Rodó son simplemente magistrales. Y luego me admira el conocimiento
que este escritor tiene de los poetas de la última generación, com.o José M. Egurén, y otros de menos importancia.
Como toda ob.ra literaria, este libro tiene defect0s. Acaso
Isacc Goldberg haya-escuchado demasiado a la crítica
existente y se haya contagiado con nuestro eclecticismo
toleran te, en vez de juzgar con un criterio de ho111bre de
otra civilización, con otra sentrroentalidad y con otra con.
cepción estética. No digo qu~ extreme su estilete para dar
punzadas pseudo-científicas, a la manera del judío Nordau;
perv si que es deseable que ponga en acción el elevado
gusto artístico de su raza, manifestado en una rigidez de
apreciación ebrea y en una franqueza oriental. Concede
Goldberg demaEiada importancia a la vida de los escritores,
lo que le conduce a extremos desagradables, como en el
caso de Blanco-Fombona, al que aescribe con ciertas proyecciones de epopeya, a causa de unos puñetazos que este
lírico diera a un p-oeta de Venezuela . Pero dejando estas faltas, que nece.=;ariamente desaparecerán en libros posteriores,
Studies in spanish american litemture es el libro más completo y mejor orientado que existe actualruente sobre nues tros escritores modernistas. Así lo ha entendido Rufino
Bl~nco al emprender la traducción de esta obra, que ha de
publicarse al mismo tiempo en italiano y en francés.

Hispanic anthologi.-Este es un libro de 800 páginas)
que trata de abarcar la producción total de nuestra poesía.
Hay en él traducciones estupendas de Artbur Symons y de
John Masefield; versiones correctas de Muna Lee y Edmond
Gosse; parodias insignificantes de Thomas ·vJalsh, Peter
Goldsmitb, George Ticknor, Mrs. Elliot y varios otr()s. La
presentación de la :µoesía peninsular está más o menos

ó43

bien. Quizás falte refinamiento en el gusto artís!ico ~el
colector; quiz§s, si los reformadores y los revoluc1~na~1os.
estén escasamente representados Cl¡alitativa y cuantnabvamente, y quizás si será imperdonau1.e el de no haber incluido la obra del que será por muchos siglos el poeta r:1fL;;
fuerte y con más medula peninsular, D. Eduardo Marquma.
No menciona tampoco a Ramón Pérez de Ayala, La parte
dedicada a nuestra América latina es sencillamente detestable. Se conoce que el autor tiene un conocimiento romo
de nuestras letras del siglo XIX y que desconoce por entero
la producción actual. Hay un soneto _d~ Gabriela N~.,tr~1,
que a fuerza de mistificación se conv1rt1ó en su antites1s.
Nada de Arturo Capdevila, de Juana Ibarbourou, De Egu·
ren de la enorme Delmira Agustini, de R. Meza Fuentes,
de ,Alma Fuerte, etc. Pero, en cambio, hay una serie de
nombres anónimos, colectados de nuestras esmirriadas revistas, y poemas que verdaderamente despresti?ian nuestras letras americanas. Creo que de nue;:;tro penodo novec entista el único poeta verdadero que aparece es Daniel de
la Vega. Los demás, o han pasado de moda o son m~ros
imitadores. De los escritores latino-americanos establecidos
en los Estados Unido!:?, el de mayor valer es Salomón de la
Selva. Su nombre no aparece en es1a antulogia.
Es de lamentar que la Hispanic Soátty of America. haya
apadrinado una obra que, como producción artística, es un
fracaso, y que como propaganda cultural es de efectos contradictorios.
ARTURO TORRES RíOSECO

New York, .1920.

El Libro N11evo, por Ramón Gómez de la Serna.-Ramón Gómez de la Serna acaba de publicar un nuevo líbro,

el Libro Nue·vo que, por lo pronto, nos_ obliga a de~ir e~~a
redundancia el título de la obra, que siempre tendra uruaa
cierta juventud a sus facciones, por mucho que amarillee
el papel.
En las páginas centrales de este libro hay una crítica

�bU

COSIIÓPOI.IB-xr-1920
ffiBUOGRAFfA

de ~Azorin&gt;..sobre Gómez de la Serna, que nos di~culpa de
dedicar p_rohJos comentarios a esta prosa zahareña, sorprend_ente, d1scola, ~ vecc=s disparatada, pern descubriendo
si_empre alguna novedad o alguna gracia recóndita de la
vida.
Dice «Azorín":
«Ramón Gómez de la Serna pudiera titularse psicólogo
de las cosa~. Una gregu~ría abarca una pAgina, media pA ·•
na, ocho !meas, dos lineas. La base de la greguería es la
observac1ó_n escrupulo ·a fina, delicada, de la realidad. Ena~ora~o Gomez de la Serna de los escritores raros (como
S1lvetto Lanza, Santos Alvarez, Ros de Olano, etc.), se
ap rta ~e sus procedimientos en este· ras~o fundamental
del reahs!no. Como esos escritores aludidos, Górnez de la
Serna quiere hacer algo distinto de los géneros lite .
cread .
. 11
. . .
ranos
G
os, pero s1 e os prmc1p1an por deformar la realidad
. ómez de la Serna se apoya precisamente en la olJsen•a:
?1ón :scrupulosa de las cosas y de la vida. Todas las cosas
nnag-~n~bl~&amp;, ~n efecto; todos los tipos, todos los aspectos
del v1v1r d1ano pa .. an por la pluma de nuestro autor·
sobre los detalles exactos, fidelisimos, de ese panora~! del
;undo,
~e ¡~ Serna, interpretándolos, haciéndonos
er su esp1nt~, tabnca su original y sutil greguería.
. Ram~n Go.mez de la Serna figura en la nueva enerad~ ltt~r~tos ~ poetas. Perteneciendo a otra gen!ración
aria,. :se _no:, preguntara qué rasgos, qué caracterisa ' que cualidades quisiéramos encontrar en los ese ºt res del P:esente, dudaríamos un poco... en cuanto al
lo. Dudanamos u~ poco en cuanto al estilo-cosa funda.
. personal nos
hmental
h hen .d escntor-po rque 1a expenencrn
a . ec. o ir_ de UAO a otro extremo en esta cuestión d
tecni~~ literaria. Si hace años podíamos proclamar
nn~va~10n y la turbulencia en el estilo Crriros nuevos,
ne_ol og,smos, etc.), poco a poco hemos ido viendo-y
as11 o h~mos expuesto repetidas veces-qut' la exactitud
y e mattz son lo esencial en la expresión. Federico Nietza..

~?~ez

~16:

t;:e.

!ª

s1

:t~-.
1:

che, en una pAg11;1a de El, viajero v BU sombra, ha definido
insuperablemente el perfecto estilo literario. «Hacer neologismos o arcaísmos-dice Nietszche-, preferir lo raro o
lo extraño, tender a la riqueza de los términos más que a
su restricción, es siempre la sei'1al de un gusto que no ha
alcanzado todavía su madurez o que está ya corrompido.
Una noble pobreza, pero en un camino sin apariencias, una
libertad de maestros, es lo que distingue en Grecia a los
artistas del discurso: ellos quieren poseer menos que posee
el pueblo -porque el pueblo es quien atesora mAs riquezas de lenguaje en cosas antiguas y modernas-; pero lo
poco que poseen, quieren poseerlo mejor. Se acaba pronto
de enumerar sus arcaísmos y rarezas, pero la admiración
es sin límites si se tienen buenos ojos para observar la manera ligera y suave que esos artistas tienen para acercarse
a lo que hay de más cotidiano y vulgar aparentemente en
los vocablos y en los giros.•
Fígaro. (Revelaciones, «Ella&gt; descubierta, epistolario
inédito, numerosos grabados), por Carmen de Burgos (Colombine).-Es una obra extraordinaria que resume la época
más bella de Madrid y de:;taca la figura romántica, humana y hamletiana de «Fígaro•.
·
Carmen de Burgos ha sabido destacar lo que de más
vivo y de más seductor había en el tema, con esa frescura
que nunca hay en estos libros medio de erudición, medio
de resurrección.
Por obscuros vericuetos, por las intrincadas calleju~las
del pasado, se aventura Carmen de Burgos, haciendo sus
pesquisas, buscando papeles antiguos, legajos de cartas, ya
con la letra parda y desvanecida.Por fin encuentra una caja,
y en esa caja lee: ,Papeles de Fígaro». La tiene conservada
la familia con singular apego. Es la fortuna que se' han ido
transmitiendo de padres a hijos y que~ella sabe utilizar poniendo en su transposición la nota clara y simpática de su
talento.
11

�546

COSMÓPOLIS-XI-1920

Cmr.o ella·dedica su libro a Ramón Gómez de la Serna,
y este escritor ha trazado el epílogo de su obra, debe rematar esta critica el elogio sobrio y caluroso que hace de
la obra y de la escritora:
«¿Cómo epilogar este admirable libro de Carmen de
Burgos?
Yo hablaría de ella con esa fe que doce olños de constante amistad han cuajado en mi espíritu, del es,pectáculo
único que ha sido para mí su sensatez, su comprensión y
su rebeldía. Pero no es eso lo que ella quiere.
Me tengo que referir a este libro, cuya preparación ha
sido obra de su devoción durante mucho tiempo,·pues hace
años que aparece anunciado entre sus libros en proyectoaunque parecía esperar a ese hallazgo del cofre de los secretos y los ma.1uscritos de «Fígaro&gt; .
Este va a ser el libro que quede sobre Larra, el que primero de·scubre lo que de verdaderamente inédito quedaba
de él y el que reúne todos los antecedentes dispersos de un
modo vivo y «simpático~. Todos, después de este libro,
tendrán que referírse a él, que copiarle, que seguirle. Car, men ha hecho'esto con sencillez, con una idea genial, instintiva y clara de la distribución, corrigiendo hasta a los
contempor.áneos y amigos de «Fíg-aro», que tantas falsedades dijeron de él, y todo esto sin qué resulte muerto y abogado en la insoportable prosa negra de los eruditos, y sin
dejar por eso de tener algo más de la erudición necesa.,:-ia.
¡Gran libro de erudición, sin una nota, porque cuando el
qae escribe sabe escribir, dice todas las cosas en su sitio!
Eso le da vida fresca y continua, sin esas hemiplejías de
las notas.
Sentado frente a Carmen ante su amplia mesa de trabajo-esta mesa con la forma de un piano de cola y que por
tener sólo tres pat~s parece la mesa de los espiritistas, a la
que por·eso quizás acuden a ella las esencias de los muertos y poi: eso Carmen hizo aquel hermoso libro sobre Leopardi, desgraciado también e impar1 y ahora sobre cFfga-·
ro:.-he visto y he Jeído los documentos y he oído las cuar-

BIBLIOGRAFÍA

'

547

tillas de Carmen, saturándome de «Fígaro:., y sacando del
cerillero de él, que la familia ha dedicado a la escritora, las
cerillas para mi pipa, cerillas con una luz en algo inspirada
directamente en é1.»

En la tierra florida. Novela, por R. Cansinos-Assens.Editorial Mundo Latino.-Madrid, 1920.-1«El armónico lirismo remansado, que constituye el primer c~ficiente en
la ecuación psicológica de nuestro dilecto Cansino$-Assens,
se extravasa durante raptos ingenuístas en diáfanos y ortodoxos recipientes literarios: -cuentos sentimentales, nóve•
las costumbristas ... Porque en su paisaje temperamental, y
contiguo a su ancho río de caudaloso imaginífero, creador
de acendradas psalmodias poemáticas, se desliza también
un agua diáfana de ritmos ingenuos y familiares.,
Estas palabra:s que iniciaban mi critica a los primeros
albores novelesco¡¡; de Cansinos-Assens en El eterno milagro y La Madona del carrosel, hallan su ratificación plenaria
en esta serie de armónicos capítulos, enlazados por un tenue nexo argumental, que componen su reciente libro En
la tierra jfo'l'ida.
Pues, sinte.izando, más que una novela conjunta, donde
el acelerado interés novelesco se desarrolle en episodios
desbordantes de acción, En la fierra florida es una coordinación evocativa de pequeños cuadros locales, que reflejan
facetas de la vida sevillana, en el marco de una familia humilde, contristada, y sólo conmovida por proble'mas domésticos y afectivos. Y he aquí., en este límite, a Cansinos
en próxima contiguidad maleable con los noveladores ri•
tuales, que siempre sitúan sus c~:mcepciones _en ambientes.
ortpdoxos. Tangencialidad que &amp;alva el autor de Salomé en
la literatura con sus dotes imaginativas y peculiar frondosidad lírica, estilizanrlo y delineando esce1;1as y caracteres
con una neta pulcritud estética. Pues sólo un artista de su
altitud, que posea simultáneamente esa facultad introyectiva emocional, puede conseguir dar un relieve pfastico y

�548

COSMÓPOLIB -

XI-1920

una exaltación patética a episodios nimios y congojas estrictamente familiares, de unas vidas humíldes que se esfuman en la distancia de lo absoL,to.
¿Quieren decir estas reflexiones marginales que los elementos episódicos contenidos En la tierra fiorida, son insuficjentes para componer una totalidad novelesca varia,
intensa y sugestiva? No; según las normas de su autor, que
siempre ha rehuido la multiplicidad acciona}, y ha preferido eternizar los personajes y los ai-gumentos en un gestó
único y remansado, estatificando así paralelamente su monotonía emocional. Mas Jesde nuestro ángulo visual, aunque amemos esta lenta y melancólica psalmodia de su prosa, en las composiciones poemáticas, tejidas por leves vilanos aéreos de partículas sentimentales, en la novela moderna otorgamos nuestra predilección al nuevo género en
triunfo: la novela de acción multánime e inaudita, en cuyas
páginas el lirismo sólo aparece tamizado o imbibido a través del vértigo episódico y de la transmutación de fondos
o panoramas enmarcadores. Género al cual no ascenderá
Cansinos-Assens, pues no obstante poseer una imaginación
insuperable, ésta se desvanece en humaredas líricas, no logrando cristalizar en roncrecciones episódicas originales.
En ta tierra fiorida- es, con todo, un bello libro eurítmico, ungido de palabras piadosas, donde el «artesano poeta&gt;
que es el autor de El mdnto de la Virgen, reitera sus exaltaciones nostálgicas a las inefables lejanías del Sur.

Nocturnos de Otoi'io.-Las ventanas del misterio.-Volúmenes IX y X de las obras completas de Emilio Oarrere.Editorial Mundo Latino. Madrid, 1920.-Tras El caballero de ·
la muerte y el Dietario sentimental, que marcan dos momentos característicos en la obra poética de Emilio Carrere, esta
nueva serie de poemas coordinados bajo el títul0 de Nocturnos de Otoño, significa una reiteración de los habituales temas y _[&lt;)eculiares módulos líricos que personalizan la literatura de este poeta.

BIBLIOGRAFiA

t ,

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Melancolía otoñal. Nostalgia de amores pretéritos. Elogios de tipos pierrotescos, audaces y bohemios. Evocaciones de legendarios romanticismos. Introspecciones sentimentales. Y nocturnos galantes de la más des-enfrenada
sensualidad, alternando «paralelamente&gt;, como en Verlaine
y Max Jac¿b-La défense de Tartufe-, con plegarias místicas de un anhelo extrahumano: He ahí sintéticamente los
motivos que nutren sus rimas-bellos endecasílabos y alejandrinos-de una emoción autumnal.
El dominio métrico y la cristalización temática de Carrere se manifiesta plenamente en poemas como «María del
mar», «Teresa&gt;, «Nochebuena trágica,, «Marta y María-.,
etcétera, todos los cuales le confirman en su altitud magistral dentro de los dominios novecentistas.
Paralelamente a sus inquietudes líricas, destaca en el
espíritu de Carrere una franja de preocupaciones teosóficas,
cada día más acentuadas ante la opacidad inexcrutable del
«más allh. Su espíritu se alucína en un peregrinar psíquico por las regiones del Misterio extraterreno. Y el poeta
se asoma a esas ventanas, logrando sólo atisbar indecisas
visiones, muchas veces deformadas en el espejo caricatura!,
bajo la influencia de su ingenio ironizante. Así tras las sagaces exploraciones de Maeterlinck en La Moi·t, L' Hóte inconnu y Sentiers dans la montagae, estas amenas crónicas de
Carrere son divagaciones extrarradio del Misterio y lindantes con lo Pintoresco.
El Roto.-Novela chilena, por Joaquín Edwards Bello.
Prólogo de V. Blasco Ibáñez.-«Editorial Chilena».-Santiago, 1920.-Como la «novela del día&gt;, en todo el Sur de
América, como la obra reciente de mayor éxito literario en
Chile, califican y elogian todos los críticos de aquella República El Roto, novela del bajo pueblo americano, con la
que Joaquín Edwards Bello ha dado nuevas pruebas de su
intensa personalidad creadora.
El Roto es la más acertada plasmac1ón novelesca de los
bajos fondos chilenos. «El roto-escribe Edwards-es el minero, el huaso, el bandido; lo más interesante y simpático

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661

COBllÓPOLlS-XI-1920

mBLIOG.flAFÍA

que tiene mi tierra: es el proaucto del indio y del español,
fundidos en la batalla de Arauco.»
Una efusiva y encomiástica epístola de Blasco lbáñez a
Edwards sirve de prólogo a El Roto, y nos advierte ya del
carácter y de la estructura totalmente naturalista que posee
esta novela. Pues, en efecto, El Roto enlaza directamente
con las obras más inténsas de la escuéla naturalista francesa. De ahí que, aun admirando la perfección técnica con
que Edwards ha llevado a cabo esta novela, consideremos
algo anacrónico El Roto. No obstante, los elogios y las incitacionesque espontáneamente le dirige Blasco lbáñez, nos
parecenjustificadas, compartiendo su creencia de que Joaquín Edwards puede llegar a ser el primer novelista, no
sólo de Chile, sino de toda la América del Sur.
Por lo pronto, con El Roto ha alcanzado ya una cima
magistral. Esta novela, repetimos, está forjada y encajada
dentro de las normas naturalistas, en el buen periodo de la
escuela: Zola, Maupassant y Huysmans en su primera época. De ahí que tenga su escenario en una casa de lenocinio y de que sus personajes principales sean una tocarlora
del burdel, su hijo Esmeraldo-el roto-y varias pupilas
del prostíbulo; más gariteros, políticos venales y otras gen·
tes de la misma índole. En este ambiente se desarrollan escenas de un des-nudo realismo, a veces conmovedor, y las
más de ellas, nauseabundo. Sin embargo, el personaje
central-el roto-es descrito y disculpado por el novelista
con una maestría suprema y una piedad cauterizante.
Dcl talento de Jacques Edwards-así firmaba el camarada cordial, que hasta hace poco tuvimos en Madrid-esperamos pronto una nueva obra más ajustada a las normas de
hoy, y en la cual resplandezca toda la visión humana e irónica de la vida que h-:i captado en sus exc.ur;;iones este espíritu cosmopolita.
G. DE TORRE

Vertical: Manifiesta ultraf,sta, por Guillermo de Torre.Edición del autor.-Depósito y venta: Lib.1:ería Yagües.Madrid, 1920.-Cumbre inicial de los espasmos innovadores, vértice de los impulsos energéticos intencional~s de
,este profundo hoy dia rebasador y ul4áico, es el subversivo
manifiesto Vertical, que ha lanzado desde su más alta a~te~
na el intrépido poeta y crítico Guillermo de Torre.
Esta obra, que en España es una primicia, ha sido acogida con cordialidad por nuestro grupo de vanguárdia, y
con asombro y admiración disimulada-pronta a transparentarse en muecas de indignación-por la otra ribera. Ha
sido la revista tJrecia, órgano del Movimiento Ultraísta Espanol, quien ha difundido de Norte a Sur, de Este a Oeste,
y de Cénit a Nadir, esta pcimera hoja de un libro de estética novísima que se conserva en blanco, y que se escribe
en negro, en rojo y en acústica. Sin ser una obra menos,
como ocurre con toda
obra
más, por lo que tiende a ser su
1
•
fin y el logro de sí misma, este manifiesto sin limitación
ahonda, perfora e ilumina en la atmósfera novidimensional,
y se nece-sitaria un catalejo de muy largo alcance para determinar el por qut! sí y el por q"lté no, etc., etc... Pe-ro nos
basta con alcanzar alguna estrella que nos sale al paso o
algún cohete que estalla a nuestros pies.
En la perspectiva meridiana del sol perpendicular, Guillermo de Torre recoge, en un cíndice de sensaciones, visiones y cerebraciones&gt;, las antifilosofías automáticas del
libre circuito mental. Y en su trayectoria hacia el vértice
del «simultaneísmo nunista», Torre descubre una nueva
planimetría estética y fija su actitud verticalista.
Si el Arte fué antes cazar pájaros para exhibirlos tras
las doradas barras de una jaula artificial, hoy fabricamos
aves multiformes que lanzamos al espacio, para que con
sus propias alas vuelen a su capricho, hasta desaparecer de
nuestro radio visual.
Automatismo: El mando es un laboratorio para el artista taumaturgo: alquimia Rimbaudiana, creación pura y
-electrolisis integral.

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COSMÓPOLlS-XI-1920

Vertical: Guillermo de Torr~-nuestro más joven, culto y apasionado pionnier ultraespacial-ha lanzado sobre
la planitud amorfa de la literatura actual una gavilla de luminarias teóricas que sintetizan nuestros genuinamente
contemporáneos móviles directrices.
RAFAEL LASSO DE LA VEGA

El español en los Estados Unidos
El catedrático de la Universidad de Salamanca, D. Federico de Onís, que está ejerciendo sus funciones profesionales en la Universidad norteamericana de Cclombia, ha
enviado para que se lea en el acto inaugural del curso salmantino un interesante estudio acerca de «El español en los
Estados Unidos&gt;.
Hubiéramos deseado publicar íntegro el discurso del
profesor Onís, pero su mucha extensión nos obliga a dar
solamente un extracto. He aquí lo más esencial de este
trabajo:

La vida fuera de la patria.
«No hay experiencia espiritual tan honda como la de una
larga estancia en el extranjero. El simple vivir es una polémica constante e inevitable entre el ambiente y la propia personalidad. Todas las ideas, sentimientos, normas y costumbres que forman la trama de nuestro ser, desde la fisiología
hasta la más alta vida espiritual, han de sufrir la crítica
agresiva de un ambiente implacable y hostil; todo lo que
hay en nosotros debe sufrir una revisión profunda y ha de
ser bien justificado, si es que ha de vivfr. Y cada día sentimos cómo nos vamos desnudando de todo lo que era débíl
y pegadizo en nosotros, de lo que no es capaz de afirmarse
y de luchar, mientras vemos surgir limpias y firmes las líneas
constitutivas de nuestra inconmovible personalidad. Tenía
razón Cervantes al decir que las largas peregrinaciones hacen a los hombres discretos.

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~OBMÓPOLIS-x:i-1920

CRÓNICA AlreRICA~A

.El espaH,olismO.

·servar que el español, sin dejar de serlo, por el mismo hecho de serlo, resultaba ser un hombre corriente, que, si por
algo se distinguía, era por su facilidad de adaptación y su
-comprensión del carácter norteamericano.

He vivido en estrecho contado com estos hombres sin
sentirme jamás forzado a violentar mi manera natural de
ser; mi españolismo radical ha salido triunfante de todas las
pruebas, y siempre he podidd afirmarlo sin temor y sin ver
güenza; es más: él ha sido la llave que me ha abierto todas
las puertas. He comprobado así en cabeza ·propia una verdad en que siempre había creído. No· nos entendemos los
hombres de los distintos pueblos por aquello que hay de
igual entre nosotros, sino por lo que más genuínamente
nos diferencia y separa.
Todo esfuerzo imitativo de adaptación, toda simulación
de lo que no somos ni podemos ser, toda suplantación de
nuestra personalidad, por lo que creemos ser la personalidad ajena, todo empeño por destruir la barrera que nos separa de los demás hombres, no es más que un esfuerzo vano
que conduce derechamente a la incomprensión, si no al
desprecio, por parte de los demás.
Desde mi llegada no me faltó ni por un momento, no
sólo la ayuda y la confianza ilimitadas de las autoridades y
de los compañeros, sino el entusiasmo y la simpatía fervorosa de los estudiantes; confianza y entusiasmo que, como
comprenderéis, eran otorgados al profesor español que llegaba, y no a mi persona, entonces para ellos desconocida.
Pero yo he podido saber después, cuando ya la duda había
desaparecido, que mi llegada fué recibida con una duda expectante, que no se refería tanto al saber y a la competen-cía científicas como a la posesión de las cualidades mínimas
Iie'Cesarias para encajar en el ambiente universitari9 norteamericano. En una palabra: se pensaba que un español,
aunque inteligente y cultivado en alto grado, sería un hombre de psicología extraña que entraría en conflicto con el
nuevo ambiente, no siendo capaz, por lo tanto, de desarrollar una labor no.rmalmente fructífera. El asombro y la reacción consiguiente fueron grandes cuando pudieron ob-

Los Estados Unidos y Espaf¡,a.
No debe irritamos esta prevención nacida del desconocimiento, al que nosotros voll,mtariamente y por tanto tiempo hemos contribuido. La prueba de que no hay en los Estados Unidos prevención contra nada que de España venga-y hay que decirlo en honor de este pueblo, cuya conducta contrasta tanto con el estrecho nac10nalismo de los
pueblos europeos, que parece querer siempre afirmarse negando a los demás-está en el entusiasmo sin reservas con
que todo lo español se acoge. Conocidos de todos son los
éxitos ruidosísimos logrados aquí por nuestros pintores Sorolla y Zuloaga; por nuestros músicos Casals y Granados;
por nuestros cantantes Maria Barrientos, Lázaro, Mardones, Gogorza; por nuestros escritores Benavente, Baroja,
Blasco Ibáñez. A este último, con notoria equivocación,
que ya van rectificando, le han convertido en un ídolo popular, y no vacilan algunos en considerarle el más grande
escritor del mundo; vemos, pues, que hasta cuando se equivocan-y sus equivocaciones son tan grandes como sus
aciertos-hacen objeto de su mal dirigida admuación a un
español. Pero yo quiero hablaros de otros éxitos que, por
referirse a españoles más modestos, ¡son más significativos,
ya que demuestran que no son sólo valores excepcionales
los que se aceptan, sino que todo valor, sea el que sea,
existente en un español, encuentra reconocimiento en este
país, sin prejuicios ni reservas. Del corto número de jóvenes españoles que han venido aquí a ampliar sus estudios
y a cultivar sus especialidades, son varios los que han encontrado no sólo la acogida cordial que han disfrutado todos, sino la invitación a ocupar puestos pagados1 y a veces
muy honrosos, en Centros de investigación y de enseñan-

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C08..\IÓPOLl8-X!•I 920

CRÓXICA AMERICANA

za. En el Instituto Rockefeller, donde la ciencia médica de
tocio el mundo está representada por algunas de sus más
_gr~des figuras, como Loew, Carrel, Noguchi, Levine, ha
podido estar España repre&lt;::entada también grada.s al doctor López Suárez, sobre cuya labor, yo; que no sé nada de
esas cosas, nada me atrevería a decir, excepto el hecho de
habc~le visto allí t~abajando en su laboratorio propio, haber v1sto sus trabajos fi.mados por él y el doctor Levine, o,
por él sólo, entre las publicaciones del Instituto v haber
1
oído las palabras de respeto y consideración con que se le
recuerda en aquella casa. Un joven profesor de la Universidad de Murcia, el Sr. Monidez, ha saltado del sórdido engendro del caciquismo español a u:1 laboratorio de la Institución de Carnegie, donde habrá tenido ocasión de me
ditar a distancia acerca de las diferencias entre el conservadurismo español y el capitalismo norteamericano. El
doctor García Banús, joven naturalista, ha enseñado en un
colegio de la Universidad de Yale, y habrá sabido apreciar
la generosidad de los norteamericanos al ver en perspecti.
va, para cuando en su España quiera enseñar, el calvario
grotesco d~ las ?posiciones. Otros espmoles hay para quienes las Uruvers1dades de los Estados Unidos, más generosas con ellos que las de Esp al1a, han abierto sus puertas
sin opos~ciones y sin e=,~alafón, pero con seg;uridad de que
su trabaJo será reconocido y recompensado. Asi ha sido.
posible que dos docenas de españoles, cuando menos, enseñen en Universidades y colegios norteamericanos nuestra lengua y literatura, con franco y general aplauso.
Ha habido siempre en los Estados Unidos cierta gente,
po~a, pero muy selecta, que ha hecho a nuestra España
obJeto de su amor y su devoción. Aunque la mayoría lo olvidase&gt; siempre había aquí gen tes que recordaban que España era el pueblo que descubrió América para el mundo,
Y ~ue e~pañoles fueron los primeros que exploraron la
misma tierra de los Estados Unidos, donde aún quedan
tantas huellas de nuestra civilización. Espai'la era además
el páis romántico por excelencia, cuya tierra, historia ;~

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literatura1 se ofrecían' llenas de emoción exótica y le_;.;endaria. Lo:; nombres de Wáshington, Irving, Longfellow, Prescott, Ticlmor: Lowells, Howlls, vendrá en seguida a la
imaginación de todos.
La «Sociedad Espa,lola de América-..

Toda esta tradición españofüta de los Estados Unidos
vino a culminar en la creación de la Hispanic Society of
.America cuya Biblioteca y Museo constituyen el monumento rr:ás grar¡dioso que se ha levantado a Es~aña en el
extranjero. La inteligencia, el amor y la devoción de un
solo hombre, Archer M. Huntington, nombre que debe sonar siempre en labios españoles con gratitud y aJmiración,
han hecho el milagro dt:: reconstituir en el seno de esta
·ciudad de Nue·.;a York una síntesis espléndida de lo más
alto de nuestra civilización, que estará aquí ante los ojos
de los norteamericanos como una enseñanza perpetua de
lo que nuestro espíritu es y de lo que hemos hecho por el
mundo. Ni siquiera p11ede quedarnos el resquem.:-r de pensar que tanta belleza pudiera estar ante nuestros ojos en
nuestra propia tierra. Nada nos ha sido arrebatado; precisamente, míster Huntington, mejor español que nosotros
mismos, ha ido recogiendo pacit&gt;nte y piadosamente toda la
parte de nuestro cautlal artistico que andaba ya perdido
por el extranjero. Cuando ha hecho por su cuenta_ e~cavaciones en España, allí han quedado siempre los originales.
y gracias a este esfuerzo, sin daño ninguno para Españ~,
ha resultado el beneficio inmenso de salvar para la posteridad tantas riquezas bibliográficas y artístícas que hubieran
permanecido ocultas o hubieran acabado por perderse tal
como andabar. desperdigadas por el mundo. Ahora están
aquí , en mao-nífico
edificio propio, en fundación perpetua,
,:,.
abiertos a los estudioso:; y al público, dando a conocer España, con su presencia muda, mucho mejor que todas las
interpretaciones qlle de e11a se hacen en todas las clases y
en todos los Jibros. Nada falta allí; todas las épocas y ma-

�~ de

nuestto- arte eltán repl'éaelítaW~

ejemplves ae t&gt;rimer-órden; pódrfa 8égQ1ri6
wa 4e •• .coleceione¡s un estudio compJetQ de lu di..lffi!l_.
Cá,mt08

fases ele la arqueología eapaflola; en su Biblioteca •
da una colección riquisima de obras de todo .género.
necientes, sobre todo, a nuestro siglo de oro, mué
obras raras y no pocas única~ de stJs muros cuelgan
clros admirabledl de n11f!!Btr08 primitivos y de los
1Daeftro8 motlemo, desde El Greco, Velüquez, ·D : l ó ~
Zmba:rln y Goya, basta Fortuny, Sorolla y Zllloaga.
1- vatiedades históricas de la civilización espaflO~
da '8ta en • mú amplio y verdadero sentido; es decjt
aqaeJ. que comprende dentro. de si lás diversas m~lidtlJM
4el ,esptritu ibérico, tales como Galicia, Portugal, catalilllll
y, delde luego, todes loa pafaea de América, adonde
ftoles y portugaeses ~plantaron su civilización, aon
gidas bajo el mismo techo ybtmianadas bajo la adv'oca•
de.la gran Qispania.

SIBpdal•laa--""'!
Antes de la gtterra uo 11e estudiaba el espaflbl en1iii
áíelal, y hoy ie atnctia en todas, reanientt-o sólo ....-..Niaffa York, -el afio pa&amp;ao, ~ de 25 .óOO estudian•
dé todo él pats, m4s de 20().ooo; qtte se estudia •
en las int)umerabtes escttelas p-r-ivadaa; qae colegios.-y
ffl'Sidadee, donde antes no ae estadiaba, c~faa aho1t
mllares de estadiatites; que aquellos otros, donde
se 'e8tlldi6, hu -risto 'maltiplicarse su numero y el
pteteaorea; il1le el espadol se ba equiparado a 189 etiu:
pe tnéderffltS ea consideración oficial; qtte ha amll'eilttwl;t
en la misma proporción el número de estudiantes •
daae9- avanzadas 4e lengua y literatura, donde ae
loa in"NStigadotes, qae segwrán dando un-alto
ock, este movimiento, en el fondo de ~
;pnctiOJ
mercial; que1os maesll'N de espaftol de todo elptis,
bajan de 2.000, han Begad&amp; a formar un cuerpo mti181■

*

le la liiociactéa Naeioaud -de lfaelb-oa de Eapdol,

m.••·

iiene sa órgano propio, la acelerite re~
f,l" ~ B I ~ abor« Imita qué pDIIIO ha tenido ...
y uau conaecuencias de valor espiritual-del .eatttdio del espaftol, tan seftaladamente inte'1 pactic,a. Y cóille ba senido huta para enaanchu
~•m·izar la comprensión 4e loa especialista y erudib misma cultura general norteamericana podemoa
que- se ha enriquecido al dadir a oav inffueneias
~eras la que hayan podido ejercer nuestro 8l'le y
IIIIIÜlllra J el cooocimiento de maestn vida y cóitwn•
•tadeada tien.m COlltrafda a la vee Eapafta yloa &amp;tUnidoa con 108 ntaestros de eapaftol, y aingularmu•
«,Qñ.él ho1J1bre que ha unificado y encauzado RI edser1.awrenoe A.. W-dkms, organisader y preatdeate de la
•
Nacional de Jlaeatroa de Espdol, y ·d irector de
~IIDQl!W'8 modemaa ea las escaeJaa públicas de la ciudad
a York.
'a estudia el eepaAol lo naejt.,r que 18 puede, no aólo
aapeet&lt;&gt; pnictico, ain&amp; co::ao npNli6- de una civili• Cada dk hay mú jóvenas en las Univéraidadea que
Ja lengua y literatura eapaflolu eomo ot,jeto de su.
INc:iali"dad. SólQ en esta Ullffl'l'lidad de Colombia Jaay
.dO mú de cien estudiantes que tom$11 mía canos de
y literatura, y .de entre e1loa m'8 de ana ~
preparando su tesis de doek&gt;r aobre un asumo espa•
No pcKkfa ciecirae lo mismo-de nila¡?ana otra Ulli'NI'•
del mundo, ni siquiera de niagwul de Espale. Algo
ocUJTe en lu demás Uai~•aidades Eleios Bsaados

·6•

Otaro eetá qae la pan masa .de eatuáiantes DO puede
a estas altm'al, y.ha de- contentarse con·dos o tres
;ele etpaAol; pero, contando cea.ata limitadma, aeada los estudiantes la cantidad conveniente tle ,plitenqna, histo1'ia y geognfia; se lea da a leer li-

•los mejorea aµtorea, se ~bran repruentauonea
laa-eseuelu, se crea ea las clases un ambiade

.....,.•

�o

~ de eaadro&amp;

y•·

oia.ae.. cantlltl canciones popalare.
1e bate todo lo que se p1teEle
,apailol el mú alto v.iot' eduéativo. Porq
os ~canos-,-aun mirando 1por el lado p r ~ éste es el 6nico CIUllino
tomar, la &lt;mica manera eficas y seria de caDdii:
ahmmOs para e~tar eon frúto aa p ofetíi&amp;i~

o.a loa g,ande8 pueblos ,ezpuaivo
s On'ldol-tienen puetitos soa.c0jos eob
q11e habla espd,ol. Vienen a traemOII saa
ernos 111U próductos. a enviarnos S1l ima.
• ~ n080b'os su cultura. Los impilsa
· ad, tu int.erée, En el fondo. de todo

"Ciertamente una ratz económica. Peio eso
r ,que todo en-el 111aado sea econoaúa. Ya -ltetmiOiO
!ID() loanorteamerican9'tal ~ • n
cuenta~ tl(llllGB los qepoaitarjos Y
• ·OJi• Y al prbaer coatae!P, aiD
.- -.llh-a:,p&amp;tte, :eeta ei,,iliaei6n ae les ha
de au cua. u,gratemos, ,pUel, lo
~ se nos juqpe, que se
hiapno que de lho»a en adelante se
aéti'fidád .-dora o tflr,ectiva, se stntirt •
·&amp;i del mando; y d--,areceti el
la ligereza in'elpOD8able de qae ram
~ poli«icoe. nuestros eteritorea y
tistaa-. Colecdvameate nos iremos componiend
para sufrir cen dignidad la mirada del a
·
vetaremOS de la siesta eterna sobre las :vieja
apolilladas-, dejaremoa • ua lado las gro
&amp;milivea~
Loa bombrés buscan una idea mu
4&amp;.la humanidad. . . e l l a ~ D
~ Beta es la hora de todos, _.

llutlll_.

�562

COSMÓPOLlS-XI- 1920

Contribuyó a ello la feliz interpretaci.ón de las principales
figuras del elenco. El actor Casaux compuso un Moisés Ravinowisky, personaje polaco, en el cual realizó una feliz
«machietta,. Tuvo momentos de mucha verdad, y aunque
a ratos exagera, obtuvo un éxito.
Pierina Dealessi, que tuvo a su cargo la principal figura
femenina, interpretó con raro acierto esa extraña mujer que
ha creado la fantasía de Velloso. La actriz tuvo amplia
oportunidad de demostrar sus actitudes interpretativas, dignas de ser más tenidas en cuenta por los autores proveedores de la casa.
Serrano compuso también un eficaz tipo, al igual que
Costanzó. Los demás, discretos. La presentación bastante
cuidada.
Al final, el autor se presentó en el palco escénico.&gt;

La dama del Plaza Hotel.
Con esta pieza, estrenada anoche en el Buenos Aires y
que firman los conocidos autores Francisco Collazo y Samuel Linning, salimos del ampa porteño, pero nos internamos en los caminos accidentados de lo exótico y cinematográfico. Porque «La dama del Plaza Hotel», a pesar de
su título, parece inspirada en alguna de esas películas norteamericanas que llenan el mercado uui.versal del teatro
mudo, triunfando por la precisión matemática de una técnica admirable y un derroche fastuoso de detalles, así como
por la combinación magistral de todos los efectos necesarios.
Pero una cosa es el cine y otra cosa el teatro. Aquél es
detallista y éste sintético. En el cine los asuntos se diluyen,
se estiran y suple a la palabra el detalle gráfico, que hermosea los asuntos. El teatro requiere una firmeza anímica
sin quebrantamientos. Bueno, Observatnos que nos vamos
desviando de nuestro propósito, que es simplemente el Je
reseñar qne la obrita estrenada anoche no nos ha conven-

CRÓU:A AMEB!CANA

563

cido. Y creemos que, lo que nos pasó a nosotros, le ha ocurrido a la mayoría del público asistente al estreno.
El género policial que han abordado los autores, resulta ingenuo en esta ¡::ieza. Lo policial debe ser hecho a base
de intrigas interesantes. Y en cLa dama del Plaza Hotel»
todo es ingenuo, pues el misterio no existe en su trama, y
las escenas donde se busca la emoción, como en el tercer
cuadro, resultan de una infantilidad deleznable.
La presentación de l¡:t obra fué cuidada, aunque el primer cuadro, que debe representar dos habitaciones del
«Plaza Hoteh, parecía por la pobreza serlo de algún restaurant barato, y el penúltimo no daba ni remotamente la
impresión de que estuviéramos en Nueva York. Era un pasacalle de cualquier obrita del género chico español.
Los intérpretes, discretos. Otra cosa lamentable fué el
fallar -el séptimo cuc~1illo en el truco a ca:-go de la Catá,
Era el mejor efecto de la obra y lo malogró el encargado ·
entre bastidores de produ9ir el efecto.
Con «La dama del Plaza Hotel~, nuestros autores no
aportan nada al género policial que en breve explotará
Rambal en el mismo escenario.

La gran revista.
Esta obra de espectáculo de Bayón Herrera, Collazo y
el maestro Antonio de Bassi, fué estrenada ayer en la Opera, en la sección de la tarde, por la compañia Vittone Pomar. La expectativa creada en el público a raíz de la reclame hecha a la obra por la empresa de este teatro, no ha
quedado del todo satisfecha, sin que quiera esto significar
que «La gran revista » no haya alcanzado buen éxito, no;
sencillamente que, a causa, tal vez, de haberse exagerado
sus valores, la realidad, que siempre aparect&gt; algo desmejorada al presentarse desprovista del velo optimista que la
imaginacióq le ha creado, influye en el ánimo del espectador y le predispone más bien a una indiferencia benévola
que a un entusiasmo caluroso ...

�CRÓXJCA AMERfC.UIA

564

565

COSMÓPOLIB-Xl-1920

«La gran revista» es una ob1 a muy vistosa, y la mayor
parte de' los cuadros de que se compone agradan por el
buen gusto de los vestuarios que lucen los intérpretes y
los decorados que recuadran las di versal" escf'nas.
Y es. muy grato el constatar que, siquiera en lo referente a la presentación de las obras, nuestro teatro va elevándose y haciéndose más artístico, menos conventillero, aunque nuestros autores parece como si experimentaran la
nostalgia de lo burdo, cuando la obra no tiene la notita cha
bacana o antihigiénica; y así vemos en la revista que comentamos un cuadro, que tiene como escenario la boca de
una cloaca, y como personajes al encargado de su cuidado
y ciertos desperdicios que caen en ella ...
De los siete cuadros de que consta «La gran revista»,
alcanzaron la completa aprobación de la sala los titulados
«Juventud, divino tesoro&gt;, «El piano mágico", especie de
«poupurrit», de trozos de música bailables, de óperas, operetas y cuplés, etc. «Un .drama en el Fars Wesh, que llamó
h atención por lo bien vestido que ha sido, aunque alguno de sus intérpretes, que debe hablar con acento norteamericano, largue un «spiantó» que, naturalmente, disuena, aunque provc;icó comentarios elogiosos sobre nuestro
idioma lunfardo, por su prodigiosa difusión en el extranjero ...
Otro cuadro que fué aplaudido es el que se titula «Las
tres ·gracias», en el que la Bozán logra lucirse ampliamente.
El octavo cuadro, o sea el que lleva por título « Un tango fantástico», le ha sido quitado a la revista.
El público, aunque no muy entusiasmado, como decimos al principio, aplaudió la obra y obligó a ,presentarse a
sus autores.
Tiene lucida actuación en las diversas fases de la J)ieza
la Bozán, María Esther Podestá, la Sánchez, Vittone, Pomar, Camil'i.a, Petray, Muñiz, etc.

En' la cor-r:iente.
El doctor Gonzalo Bosch, que ya tiene dadas-a la escena
nacional varias obras, producto de su . personalidad de dramaturo-o
º , hizo estrenar anoche en el Liceo , por la Compañía- Quiroga, su última lucubración dramática, que consta
de cuatro actos 1 y cuyo título es el que se indica en el epígrafe.
El público, numeroso, que asistió a este estreno, acogió
la referida obra en forma cortés ..
Nos presenta esta vez el autor de, &lt;Los venenos,. el
«caso» de una joven (Cora), honrada y buena, que, influenciada por ·un amigo de su ·padre, y aun por éste mismo, que
es un hombre sin delicadeza ni honor, decide seguir la carrera d~ las tablas, aunque esta resolución traiga como
consecuencia el rompimiento de $US relaciones amorosas
con Roberto, un joven médico que la quiere honestamente,
y que no pudiendo cons~ntir semejante profesión en la que
va a ser su esposa, ahoga su amor y se retira derrotado.
Luego nos hace asistir el doctor Bosch a la odisea de
la pobre joven, pues ha de saberse que ese señor (don Benito) que indujo a Cora a' hacerse actriz, Io hizo con la idea
de poder cortejarla con más perspectivas de éxito, y debe
haber acertado EO más en sus designios, pues ya en el segundo acto vemos que Cora e~ la amante de don Benito.
Pero la chica, a pesar de que tácitamente ha consentido
con los manejos turbios de su «protector», sigue, según
ella , siendo íntimamente de una moralidad sin mácula, y
sufre atrozmente cuando llega al convencimiento de que ha
sido engañada en forma vil por todos, por todos· los que la
empujaron a hacerse artista, sabiendo que ella ,no tenía
condiciones para esa profesíón, pues su fracaso y su retiro
prematuro de [as tablas así se lo han demostrado. Todo se
ha reducido a quesu padre la ha entregado a ese libertino de
don Benito, ttn pago de ciertos compromisos pecu~iarios de
aquél, que fueron solventados por éste.

�566

667

C08.MÓPOllS-Xl-19:?Q

CRÓNICA A!.IF.RICA~A

Bien; pasa el tiempo y Cora, para olvidar las penas, la
derrota de su vida y la fuga de sus más caras ilusiones, se
ha hecho morfinómana, se ha separado de su amante y
ambula ahora, solitaria, por esas calles de Di'Js, en tal for.
ma minada por la terrible droga, que se ha con vertido en
un espectro, en una lacra humana, físicamente liquidada,
aunque siempre, con el alma sensible, para seguir sufriendo
en sus momentos lúcidos. Está derrotada, definitivamente
vencida.

· y a h ')ra mor fi n ómana recalcisu desgraciada ex novia,
trante...
b
Hasta aquí las impresiones del cronista sobre la o ra
estrenada anoche en el Liceo.
_
.
La interpretación, discreta; la señora Qmroga, haciendo
la morfinómana, hizo todo lo que pudo para convencer;_ eR
el papel más ingrato que le hemos visto hacer a esta simpática e inteligente actriz.
Correctos Perelli, Fregues y Olarra.
La presentación, lucida.»

En cambio, Roberto, aquel joven médico a quien Cora
rechazó en cierta ocasión, es ahora un hombre de posición,
ha formado un hogar, es f~liz ...
Es, «En la coniente,, una pieza lenta, deshilvanada,
poco teatral; los personajes se desempeñan de una manera
incolora, desdibujada, tenue, diremos; y cuando el autor se
acuerda de que está haciendo una obra dramática, hace que
los intérpretes digan su parte con un poco más de vehe•
mencia, creyendo que con esto ya queda salvada la dramaticidad de la producción ...
Luego abusa el doctor Bosch de parlamentos innecesa•
rios al asunto central, y hace en el segundo acto que tres
personajes se pongan a filosofar sobre bueyes perdidos, re•
tardando en esta forma la pronta solución del asunto plan•
teado.
Y es tan pesada la acción, que el público llega al acto
final visiblemente fatigado y deseando de alma que la infeliz Cora diga su última palabra y el telón, cerrándose suavemente, lleve un poco de tranquilidad a los espíritus ...
Los personajes, como hemos dicho, están tratados con
una inseguridad y falta de verdad absolutas; además, hasta
hay algunos que están palmariamente de más, el de Horado, por ejemplo. Luego esa escena del cuarto acto, en que
Roberto da orden a un sirviente de que haga pasar a esa
mujer que desea hablarle, es de una ingenuidad infantil; y
Fregues (Roberto) no pudo impedir que se insinuara en sus
labios una sonrisita irónica, mientras esperaba la llegada de

�ESTUDIOS

EL MÉTODO NATURALISTA EN LA MITOLOGIA
COMPARADA

I
Mi modo de concebir la,religiosidad primitiva es el (mico conforme a las exigéncias de la razón moderna. Evidentemente, la religión no tiene un origen milagroso, y dados
los hechos, debemos afirmar que se. ha desenvuelto lentamente, según leyes regulares y universales ¿Cuáles son
estas leyes? Para mejor determinarlas, me será permitido
examinar, ante todo, el sistema o método que quiere sacar
el origen de la religión de ide_a s sencillas y vagas, accesibles a las inteligencias más primitivas, sistema que llamaré
natural ísta.
No merece tal sistema el desprecio que algunos escritorf's le han prodigado. Es, sin duda, el más antiguo, el más
adoptado y el más seductor de todos. Si algo falta a ese sistema par~ la verdad completa, culpa es de las exageraciones de sus adeptos y no de su valor intrínseco. Escudriñando el pasado, encontramos al naturalismo mitológico
con ropaje metafísico por primera vez- (si no es lícito hacer
caso omiso de las exégesis teosóficomaterialistas de algunos pensadores arios e iranios) entre los helenos, que lo
desarrollaron con brutal franqueza en los voluptuosos jardines de Epicaro, y entre los romanos, que acabaron de

cru-rrcos

DE HlSTOIUA RELIGIOSA

569

formularlo con las líricas blasfemias de Lucrecio. Desde el
punto de vista del método, del criterio y de las consecuencias de estas opiniones casi primitivas,,el sistema,naturalista no es lo que habría que esperar de una filosofía desarrollada; y aun• dejando a un lado las escuelas de otros tiempos, cabe siempre preguntar: Naturalista ¿en qui' sentido?,
porque hoy mismo el sistema tiene di versas acepciones, no
sólo según los mitólogos) sino según las numerosas diferencias entre las religiones antiguas y los comentarios modei-nos. Por eso aquí el trabajo de la elección, l'embtr.rras du
choix, que dicen los franceses, no estriba tanto en examinar el conjunto de esos comentarios para escoger lo bueno
que cada• uno pueda contener y desechar lo malo que. cada
uno se ofrece, cuanto en determinar de una manera precisa la fórmula en que pueden condensarse las pretensiones
del -sistema total, con arreglo a sus exigencias mejor otientadas. Esta fórmula, a mi juicio, no puede ser otra que la
que corresponde a las exigencias evolucionistas de todo
naturalismo crudo, exigencias que llevan, sin poder remediarlo, a considerar el fetiquismo como una forma universal de la religión primitiva. Ahora bien, semejante fórmula
no se encuentra en ninguna escuela filosófica anterior al
siglo xv1II, y para reconocerla y apreciarla es preciso dirigirse a las doctrinas indicadas e iniciadas por algunos pensadores de dicho siglo.
Un pen...ador inciclopedista, a quien debemos una con ..
cienzuda obra acerca del Culte de dieu,e fetiches (I 760) y
que posteriormente (1765), dió a luz una Histolre des navigations aux terres australiens (libro mediano, por cierto),
el presidente de Brosses, el alter ego del célebre Buffon y
corresponsal de Voltaire, intentó el primero demostrar la
universalidad originaria del fetiquismo por el paralelo de
la antL2:ua religión del Egipto con la religión actual de la
Vigticia y por el estudio, así de las tribus salvajes más inferiores (las de las costas occidentales del Africa) como de
l;;g; de Polinesia y otras tribus relativamente elevadas del
salvajismo. Permítaseme citar sobre este punto las exce-

�570

571

COSMÓPOLIS-XI-192O

ESTUDIOS CRÍTICOS DE HISTORIA RELIGIOSA

lentes observaciones de Brosses, que nada han perdido de
su vigor e importancia, a pesar del tiempo transcurrido y
de los progresos de la ciencia: tLa confusa aglomeración
de la antigua mitología no ha sido para los modernos más
que un caos indescifrable o un enigma puramente arbitrario, tanto, que se ha querido usar delfigurismo (lo que lla•
mamos ahora simbolismo) de los últimos filósofos platónicos, que prestaba a naciones ignorantes o salvajes un conocimiento de las causas más ocultas de la naturaleza, y
encontraba en el montón de prácticas triviales de una multitud de hombres estúpidos y groseros las ideas intelectuales de la metafísica más abstracta. A.penas se ha conseguido más cuando, por relaciones en su inmensa mayoría forzadas y mal sostenidas, se ha querido volver a encontrar
en los hechos mitológicos de la antigüedad la historia detallada, pero desfigurada, de todo lo que ha sucedido en el
pueblo hebreo, nación desconocida por casi todas las demás y para la que constituía punto capital de su conducta
el no comunicar su doctrina a los rxtranjeros ... La alegoría es un instrumento universal que se presta a todo. Una
vez admitido el ristema del sentido figurado, se ve en él
fácilmente todo lo que se quiere, como en las nubes; la
materia nunca estorba; no hace falta má~ que ingenio e
imaginación.
Es un vasto campo, fértil en explicaciones, sean las
que quieran aquéllas de que puede haber necesidad... Algunos sabios más iuíciosos, que están bien instruídos en la
historia de los primeros pueblos, cuyas colonias ha descubierto el Occidente, y que están versados en el conocimiento de las lenguas orientales, después de haber desembarazado la mitología del fárrago indigesto con que los griegos
la han sobrecargado, encontraron por fin la verdadera clave en la historia real de todos esos primeros pueblos, de
sus opiniones y de sus soberanos, en las falsas traducciones de una infinidad de expresiones simples, cuyo sentido
no entendían los que continuaban sirviéndose de ellas,
en los homónimos que han hecho otros tantos seres y per-

sonas distintas de un mismo objeto, designado por diferentes epítetos ... Pero el§tas claves, que inician perfectamente
en la inteligencia de las fábulas históricas, no siempre bastan para dar razón de la singularidad de las opiniones dogmáticas y de los ritos practicados por los primeros pueblos.
Estos dos puntos de la mitología pagana giran, o sobre el
&lt;;Ulto de los a~tros, conocido con el nombre de sabei&lt;1mó, o
s•)bre el culto, quizás no menos antiguo, de ciertos objetos
tern.stres y materiales llamados Jetiques entre los negros
africanos, en lós cuales subsiste este culto, y que, por tal
razón, yo llamaríajetiquismo. Deseo se me permita servirme habitualmente de esta expresión, y aunque en su significación propia se refiere en particular a la creencia de los
negros de Africa, debo advertir con anticipación que me
propongo hacer igualmente uso de ella cuando hable de
cualquier otra nación en la que los objetos· de culto sean
-animales o seres divinizados, y lo mismo haré en ocasiones1 aun hablando de ciertos pueblos para los que los objetos de esta naturaleza sean, más bien que dioses propiamente dichos, cosas dotadas de una virtud divina, oráculos,
amuletos y talismanes preservativos, porque es bastante
frecuente que todas esas maneras de hablar no tengan en
el fondo la misma fuente, y que éste no sea más que el accesorio de una religión general difundida por toda la tierra,
que debe examinarse aparte como constitutiva de una clase particular entre las diversi;!.s religiones paganas.»
Un autor que hubiese poseído de los precedentes principios una noticia tan exacta como Brosses; habría podido
ampliarlos más y deducir de su significación consecuencias
a la vez históricas y mitológicas. Brosses se limitó a describir las prácticas fetiquistas de las tribus salvajes del
Africa y otras partes del mundo, comparándolas con las
prácticas religiosas de las principales naciones de la antigüedad y concluyendo de la semejanza exterior que ofrecían la identidad íntima de su sentido dogmático. Pero su
conclusión fundamental no estribó en esto; lo que principalmente tendió a demostrar foé que semejante sentido y

�572

COSMÓPOLIS-Xt-192O
ESTUDIOS

semejante identidad deben considerarse como primitivos.
Así, las deducciones verdaderamente personales de Brosses
pueden condensarse en la fónnula, según la cual en todos
los pueblos el comienzo natural de la religión estuvo en d
fetiquismo, del que pasaron al politeísmo y después almonoteísmo. Y, no obstante (vale la pena fijarse en ello, por
lo mismo que se trata de un filósofo de los más avanzados
entre los dél siglo xvnr, aunque no exento de la iniluencia
de las ideas teológicas de su tiempo) 1 Broses se empeña en
hacer una excepción con el pueblo elegido de Dios, afirmando que los judíos nunca adoraron fetiques. El Antiguo
Testamento nos da el más brillante ejemplo de lo contrario, y no entenderíamos plenamente el desenvolvimiento
de la antigua religión judía, si no tuviéramos en cuenta el
hecho más anómalo y merecedor de análisis que esa religión presenta desde los teraphin, los thummin y el ephod,
hasta los becerros de oro y las serpientes de bronce (Sepher
Bereschit, XVVID, 18. Sepher feremiah, II, 27).
Muy débil también, en esta parte de la obra de Brosses,
es la noción general del fetiquismo, como un culto subjetivo-objetivo, en que se armonizan el elemento formal y el
elemento ritual. «Estos ft:tiques di vinos-decía-uo son
otra cosa que el primer objeto material que place a cada
nación o a cada particular elegir y hacer con's agrar en ceremortia por sus sacerdotes: es un árbol, una montaña, el
mar, un pedazo de madera, una cola de león, un guijarro,
una concha, sal, un pez, una planta, un árbol, una flor, un
animal de cierta especie, vaca, cabra, elefante, carnero, en
fin, todo lo que se pueda imaginar seme¡ante a esto. Estos
son otros tantos dioses, cosas sagradas y también talismanes pandos negros, que les tributan un culto exacto y
respetuoso dirigiéndoles sus votos, ofreciéndoles sacrificios, paseándolos en procesión, si de ello son susceptibles,
o llevándolos sobre sí con grandes muestras de veneración
y consultándoles en todas las ocasiones graves.
&gt;Juran por ellos, y tales juramentos son los únicos que
no se atreven a violar estos pueblos pérfidos .... , Hay en

cníncos

DE HISTO!U.A RELIGIOSA

573

cada país el fetique general de la nación, teniendo ad~más
cada particular el suyo, que le es propio y le sirve penate ..... Cada ciudad está bajo la prot~cción de su propio feti
que, al que se adorna a costa del público y se le invoca
para el bien común .... : Si los negros tienen necesidad de
lluvia, colocan ante el altar ' cántaros vacíos; si están en
guerra, ponen sables y zagayas, para solicitar la victoria; si
necesitan carne -o pescado, colocan huesos o espinas; para
obtener vino de palmera, dejan al pie del altar el cíncelito
que les sirve para hacer incisiones en el árbol. Con tales
señales de respeto y confianza se.-creen seguros de obtener
lo que piden; pero si les acontece una desgracia, la atribuyen a algún justo resentimiento de su fetique, y todos sus
cuidados se vuelven a la investigación de los medios de
apaciguarle.»
Como puede no!arse, Brosses resume en el pasaje ante•
rio-r el resultado de sus investigaciones; pero al designar
como fetiques a los animales y a objetos como las montañas, los árboles y los ríos, ha elegido ·una expresión demasiado extensa. Despu'és de haber supuesto el fetiquísmo
como culto de cosas naturales y no artificiales, se ve -elevado a otra suposición no menos falsa y no menos supérflua: se ve forzado a admitir que esa palabra está relacion·tda,con la latina fatum, y con su derivado moderno fata,
hada. He aquí el error. El fetiquismo adora siempre algo,
no sólo artificial, sino -indigno de . adoración legítima: es
una superstición. Por 1el contrario, el culto de, los animales
y el de las plantas (r) o de los seres inanimados son verda•
&lt;leras idolatrtasr,:can razón más clara de ser y .finalidad más
(1) Parece lógico que, con la tendencia innata a espiritualizar las cosas
naturales, las estim[l.Se el hombre por productos de potestades independientes entre sí, poderosas, activas y ordenadas, y que una vez concebida su actualidad, comenzase a clasificarlas, señalándoles nombre y lugar en el teatro
de la realidad cósmica. De aquí se supone que nació la adoración a los vegetales o fitolatría; pero esta teoría, casi unánimemente recibida antes de
ahora, ha sido rudamente combatida después de las investigaciones concretas de los psicólogos y ,sociólogos.

�ESTUDIOS CRÍTICOS DE HISTORIA RELIGIOSA

574

precisa: la zoolatria y la fttolatría envuelven siempre un
sentimiento de admiración o de gratitud.
Y Brosses llega todavía más adelante en su generaliza•
ción del fetiquismo. Cree firmemente, como consecuencia
de su identificación del culto de los fetiques con el de otros
cuerpos materiales, que fetique e ídolo son una misma cosa.
Conviene, sin embargo, hacer restricciones.
·
En primer lugar, el fetique es en sí y por sí mismo algo
sobrehumano, mientras que el ídolo (al menos originariamente) se reduce a una representación o expresión de algo
que no es el mismo. Generalmente hablando, el concepto
de ídolo se resuelve en la imagen de formas esculturales,
de figuras humanas o vivientes, al paso que el fetique no
implica más que una chuchería. Pur otra p~rte, el fetique
es un ídolo de clan o de tribu, el ídolo un fetique de ciudad
o de nación. Esto explica por qué el ídolo corre el riesgo
de volverse fetique,• y aun puede avanzarse con algún autor
moderno que la expansión de la vida social ha determinado de hecho esa transformación del fetique, ídolo doméstico y grosero, en ídolo, fetiql!e nacional y artístico. Pero es
tiempo de terminar esta crítica de Brosses y estudiar su
teoría en autores más recientes.
En primer término hallamos al erudito Meiners. Toman•
do por punto de partida las puras groseras¡creencias del fetiquismo, trata este autor de llegar a cierta manera de .:naturismo» concreto. Los principios fundamentales de su sistema se encuentran en la Allgemeine Kritik Geschichte aller
Religionum, publicada en los años de 1806 y 1807; es una
obra excelente y llena de sólida erudición, aunque ya en
algunas partes incompleta y anticuada (r). En ella sostiene
claramente o con leves reticencias, y siempre con mucha
gravedad, que un espíritu exento de preocupaciones tiene
que considerar el fetiquismo como el principio de la religión y como el origen de las 'religiones. Más tarde (en 186o)
llegó a proclamar «innegable» que el fetiquismo 1::no es so1

(1) Véase, sobre todo, el tomo I, pág. 398 y siguientes.

575

lamente el culto más antigno, sino también el más universal&gt;. Hizo prodigios de ingenio para desenvolver esta proposición, y prodigios mayores de erudición para confirmarla. Merced a esta masa de ciencia, su obra ha sido una de
las minas teológicas e históricas más explotadas por los
racionalistas religiosos.
Pero no podía tener, ciertamente, aún este investigador
gran influjo filosófico. Para alcanzarlo era necesario que el
combate relativo a la ideogenia del sentimiento religioso
tomase mayores proporciones y se desarrollara su significación e importancia con el advenimiento de la novísima
sociología. Al prurito de obtener tal y tan cómoda forma
de explicación, satisfizo Comte (en su Cours de philosopie
t,ositive, publicado de 1830 a 1842), que adoptando y envileciendo las opiniones de Meiners, redujo toda la idea religiosa a las prácticas fetiquistas. Para Comte, el dios mismo
tle las religiones míticas y simbólicas no es más aue un fe.
tique o ídolo engrandecido., y según su modo de ver, el último grado de la evolución religiosa será la sustitución de
la idolatría por la antropolatría. L'Jzumanité se substitue définitivement a Diett, sans oublier ses services provisoirtis. Hasta ciertos espiritualistas (1) que jamás hubiera uno creído
que tenían ideas contrarias a la elevación del fondo universal de las religiones, parece que se dejaban arrastrar en
ocasiones de la misma tendencia, aunque sin deducir siempre las consecuencias que implicaba. Muy particularmente,
empero, fué Comte quien en este punto se mostró superficial e ilógico, desconociendo a las representaciones religiosas otro carácter que el de ser disolventes transitorios
'Cle las fábulas antiguas, y negando con igual convicción el
alor religioso de la metafísica popular. Lo más notable y
contradictorio en Comte, dado su criterio sensualista general, era que suponía y afirmaba que en el estado teológie¡o el hombre dirigía sobre todo sus investigaciones hacia
(1) Por ejemplo, Vacherot (La Religión, 9, 84, 312¡ y Ca.stelar (La Ilevoución Religiosa, 1, prólogo, 16).

�576

co·sMÓPOLIS

-XJ-1920

la naturaleza íntima de lus seres, las causas primeras y finales de todos los efectos que le admiraban; en una palabra,
hacia los conocimientos absolutos (I). Y como nada de ésto
es perceptible por los sentidos, se vió reducido ~ suplir la
observación por la imaginación (2). ¿Curtam varie?
Hubo además, otros escritores que, con el filósofo Say'
. .
ce (3) a la cabt-za, convirtieron esa teoría del fetiqmsmo en
sistema subjetivo utilitario, diciendo: La mitología no sólo
precedió a la religión, sino que germinó del fetiquismo, en
virtud del cual atribuyó el hombre ,existencia y operación
espiritual a los objetos materiales, al dardo, a la lanza, al
árbol, al fuego, enriqueciéndolos con atributos divinos, Y
en especfal al sol ardiente, a la fiera borrasca, al horrendo
vendaba}, al fragoso trueno; y de aquí nació la religión, que
pQr la necesidad de proveer el hombre a su ~ubsjstenc~a,
le apremiaba a ver fuera de enojos -a los d10!:,es conJUrados contra su bienestar, de cuyas operaciones formal,&lt;.\
sab~osas y complicadas historias.
EDMUNDO GoNZÁLEZ-BLANCO

(Continuará.)
Cowrs de pldlosopie positive, 1, 4.
(2) Véase a Defoumy, La soeiolo¡¡ie po8iti·vi8te, 25.
(3) Frinoiples of compara.ti-ve philology, 830.

OBAU.eRO AUDAZ
8' por mf (9.' edición).

mor.

LÓPEZ DI! SAÁ
Loa Indianos vuelven.

Bruja de amor.
Loa amigos del Sol.

Pll'llda.

Las épocoa qut; se van
GÓMEZ CAllRILLO
estudios cosmopolllas.
·Y la moda,

aonrlan de la esllnge.
mbree y s1.1perhombrts.
Orecia elema.
plena bohemia.

RAFAEL CANStNOS

Las cuatro Gracias.

En la fierra Oorida:
8ALLe5TeR05 DB MARTOS

Artistas eapaftolea contemporáneos.
EMILIO ~ERE

JOSB

FRANCÉS

El divino amor humano,
Elvira la espiritual,
La torre de 108 siete jorobados.

fO!! del mar y de la fierra.
ujer de nadie.

rto.
artístico 1919.

Nocturnos de OJoño.

Las ventanas del misterio.
El reloj del amor y de la muerte
Retablillo grotaco y aentimentol.

(1)

B XTRAN JBRO

lbae11: Emperador y Galileo. Espectros. Una casa de mufieca. Un eaeint1g()
je) pUeblo. La C48a de Rosmer, IA dama del mar. el pato silvestre. Bel.da Oablu.
~ftlfto Byolf. Juan Oabrld Borkman.-Mcturice Marc/l: MytDena.-Lani,n:BI
~ciclllo de los vlejoa.-Chabmdt: Bl lriunro de AfrodlJa.-lJertl,uoy: Sybaria.

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                  <text>Cosmópolis, Revista mensual, se publica en Madrid desde enero de 1919 (número 1) hasta diciembre de 1922 (número 48), fundada por “el opulento uruguayo don Manuel Allende” a disposición del narciso escritor y diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, quien fue su director durante los tres primeros años, en enero de 1922 (nº 37), ha de ser sustituido como director por el periodista y diplomático hispano-cubano Alfonso Hernández Catá. Cada cuatro números de este proyecto forma un tomo (con paginación correlativa, salvo el tomo X)</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1752229&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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                <text>Cosmópolis, Revista Mensual, 1920, Año 2, Tomo 6, No 23, Noviembre</text>
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                <text>Cosmópolis. Revista mensual, se publica en Madrid desde enero de 1919 (número 1) hasta diciembre de 1922 (número 48), fundada por “el opulento uruguayo don Manuel Allende” a disposición del narciso escritor y diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, quien fue su director durante los tres primeros años, en enero de 1922 (nº 37), ha de ser sustituido como director por el periodista y diplomático hispano-cubano Alfonso Hernández Catá. Cada cuatro números de este proyecto forma un tomo (con paginación correlativa, salvo el tomo X)</text>
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                <text>Gómez Carrillo, Enrique, 1873-1927</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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