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                    <text>llaldóa
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ALBERTO TESCIIE

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No fué Pérez Galdós escritor muy dado a cultivar una cómo&lt;la simbología en sus novelas, talvez
porgue siempre tuvo el entero valor de encarar la
reah&lt;lad de su época llamando al pan, pau, y al
vino, vino. Ni en sus Episodios , en los que trató
las más delicadas cuestiones históricas, de esas
que los pueblos veneran como a las imágenes en
los templos; ni en sus Novelas Contemporáneas, en
cuyas páginas mostró viva y palpitante a la sociedad 1 al pueblo espaiíoles de promedios del pasado siglo, co11 sus virtudes y sus defectos, con sus
pasiones incestuosas y sus rigorismos fanáticos,
Jamás don Benito buscó fáciles eufemismos o revesadas alegorías a fin de diluír al uno por mil
sus ideas, que siempre fueron firmes y resuelta~.
Los símbolos, cuando intervienen en sus novelas,
-

I

-

�constituyen un simple recurso artístico, que en
ningun caso perturba o Yiolenta la naturalidad del
asunto. Porque Galdós, como Zola o Tolstoy, tuvo siempre la firme conciencia de su labor, cuyo
profundo y a veces apasionado arraigo humano le
costaron más de una mordeJura y más de una
póstuma reserva de gratuitos enemigos que no pudieron tener esa noble entereza de que dió pruebas
Pereda cuando escribió ccSotileza)} para refutar a
«Gloria&gt;), como don Benito había replicado con
esta su novela a «El escándalo)} de Alarcón.
La acción ideológica que se con vierte en motivo
alegórico o en prédica doctrinaria campea y suele
ser frecuente en algunas de sus obras: ahí están
«La primera república)}, ((Nazarin)), «Tarquemada)), «Miau», «Amadeo I», «El caballero encantado)), (cRealidad)). ccLa sombra)~, en cuyas
paginas puede estudiarse en toda su amplitud la
ideología galJosiana y la realidad del problema
espaiiol, Hombre de su época y Je su hora, don
Benito fué un realista en el más amplio sentido de
la palabra y como tal siempre vivió preocupado
del progreso de su pueblo y del advenimiento de
las nuevas ideas que comenzaban a transformar
las instituciones en el continente.
Ninguno antes que él, ni Feijoo, ni Jovellanos,
ni Larra, sintió más por lo vivo el problema social
y moral de su pueblo: sus Episodios y sus Novelas Contemporáneas constituyen la más alta glorificación y la más dolorosa censura de un país en
cuyos hechos anJuvieron siempre fundidos en estrecho maridage el impulso noble y el ruín fana-

2

--

tismo destructor; que suele volar en alas de las
grandes aspiraciones o arrástrase cegado por la
venganza y la inconciencia.
Pérez Galdós, que fué el más elocuente vocero
de su raza: que escribió la epopeya de un pueblo
durante un siglo, pensó también a tiempo como
Costa y antes de la triste guerra de Cuba, que
Espaua debía ponerle doble vuelta de llave al
sepulcro del Cid.
NAZARIN

¡Nada más triste que un apóstol colocado fuera
del medio que le debió deparar el destino! Nazarin
pudo nacer y vivir en el siglo trece, en los tristes y
obscuros atios medioevales, de inquietas superticiones y fatídicos terrores; pero, en los ajitados
días de la pasada centuria, su presencia no podía
constituír más que un romántico anacronismo.
Nazarin, apostólico, ungido con el óleo de la
Iglesia y arrojado de ella por encubridor de livianos pecadores; Nazarin, capaz de vivir tan sólo
aiiorando días mejores que los actuales de crudo
materialismo; Nazarin, místico empedernido e incorruptible, protector de tristes rameras y de astrosos vagabundos; Nazarin, pobre y piadoso como
el santo de Umbría, es el símbolo del cristiano
puro, del varón evangélico; una especie de Cristo
perdido y claudicante, sin más discípulos que sus
misérrimos protegidos.
Y corno la Iglesia y sus fieles no conciben santidad sin ortodoxia, be aquí que Nazarin no pasa

-3-

�de aparecérsele3 sino como un herege, un simple
prevaricador, que en el severo antaño inquisitorial
hubiera llegado a purificar sus faltas con sus carnes temblorosas tostadas sobre los carbones encendidos del Santo Oficio.
BENJNA

¡Qué obra tan triste y desolada es aquella inolvidable «Misericordia)) del maestro! Casi no se
lleQa a pensar en una novela porque el asunto y
la mtriga no existen: sólo nos la imaginamos como
un cuadro, como una escena animadísima, como
una tajada de vida, que decía el poeta.
Benina, mujei· del pueblo, resignada y querendona, encarna el tipo de la criada fiel. que sólo
vive para la casa en la cual sirve. Tras contínuas
dilapidaciones, su patrona viene a menos y se encuentra en la indigencia y acaso caería en la miseria si Benina no llegase hasta la vecina iglesia
a tender la sarmentosa mano, aguardanuo la
limosma que ella sabrá convertir en el pan de cada
día para el hogar, sin que su patrona logre saberlo. Una maíiana, al regresar Benina, encuentra
la buena nueva de que ha llegado una herencia
providencial y con ella la hora de su infortunio,
porque la arrojan de la casa pagando toda su
abnegación con una dádiva.
Benina, en medio de los mendigos, tiene el valor de un símbolo: es toda la humanidad que aún
se revuelve en la miseria y que, en su inconciPncia, parece ser feliz porque no tiene más preocupación que la del avaro mendrugo.

-4

¡Cuánta ternura) cuánta misericordia íluye de
esta _abnegada y compasiva figura de mujer! ¡Cómo rnteresa y conmueve también, en medio de ese
ambiente popular, la figura resplandeciente del
ciego Almudena, Job astroso con el ce1·ehro poblado de estrellas; estraiío peregrino de todas las
tierras con alma de romero, que sabe de gnomos
y mujeres ir-leales, que nunca vislumbraran sus
pu¡~ilas sin l_uz, J que llega a enamorarse de la ya
anciana Benma, porque ella no es más que una
ilusióu!

T ORQUEllADA
La trilogía novelesca de Torquemada podría tener un subtítulo: historia moral de un hombre a
quien no redimió el dinero. En vano, en su miser~ble vida, recibe a tiempo las terribles anticipaciones de la mue~~e,-cuando caen su hijo ) su
esposa-porque lorquemada, tras una leve inquietud, que se traduce en obscuro remordimiento religioso, vuelve a ser el implacable avaro de
siempre; sigue .sintiendo la nostalgia de su cuchitril de los barrios bajos, que le obsede más que
nunca en los momentos en que Lodos se inclinan
ante él, cuando ha subido más alto y es banquero
y noble y senador y se le consulta y se le adula. No;
Torquemada no es feliz: su naturaleza ruda, su
mezquindad ingénita, añoran la libre miseria de
su madriguera- usuraria, donde no se veía crucificado en medio de las convenciones sociales, a las
que nunca podrá adaptarse. En vano su cuñada le

-5-

�prepara un camino de seda para sus éxitos, le
franquea las puertas más cerradas, le habla del lujo,
de la elegancia, de la opulencia y de los caminos
beatíficos de una salvación ultraterrena, porque el
adusto Torquemada, tras entregarse, se fatiga, se
asfixia, en un ambiente para el cual siente no
haber nacido y muere casi tan impenitente como
ha vivido, tan avaro y tan egoista coino siempre,
porque en su sórdiva comprensión de la vida jamás se &lt;lió a cavilar formalmente en otra posibilidad que en la de sus negocios terrenos, en los
cuales la religión se le aparecía cual uPa simple
transacción, como un contrato bilateral con el Ser Supremo, que para él sólo le significaba el interés de
la salvación, pues su conversión podía ser tanto la
de su alma corno la de sus valores.
Talvez sólo en el caso del Angel Guerra don
Benito intentó tan com_pieta y profunda anatomía
de un alma: el carácter fuerte, amargo y rudo de
Torquemada, estudiado a través de todas sus adaptaciones momentáneas, que no logran aminorar
su codicia ni debilitar su fiero egoísmo, a pesar
de la muerte de su hijo y de su esposa, y a pesar
también de la implacable acción de su cuiiada que
se vale del misionero a fin de ganar para la piedad
aquella alma de prestamista, buscando el último
camino de su futura redención, constituye un estudio sencillamente admirable, una creación imperecedera del maestro.
El alma estrecha y mezquina de Torquemada,
que sólo supo vivir obsedida por los bajos intereses materiales del debe y del haber, no logró lle-

-

6 --

gar a su purificación a través ele ninguno de los
camino.s porque, más fuerte que la muerte, foé su
codicia.
ANGEL GUERRA

Alma f?rjada en el fuego de una pasión, espíritu encendido e~ la f~ de un convencimiento profundo, revoluc.10nar10, descreído, lanzado como
una flecha certera en la dirección de una finalidad,
Angel _G':erra se e~amora un día y abdica ante
el senllmwnto hu1mlde y ante el penetrante misticismo de una mujer. Ella pasa a encarnar un ideal
y este ideal crea en él la religiosidad de un fuerte
amor: Angel ama ~ Leré y Leré le corresponde a
ese su amor ofreciéndole su fé y su cristiana virtud; él ha llegado al amor a través de la divina
sug~sti?n que la belleza
ella ha ejercido en sus
sentrnuentos; su conversión, más que obra del razonamiento, lo fué del amor.
El sentimiento anticipó aquella conversión, ahorrando la necesaria crisis que debió consumir a
A_ngcl Guerra? ¿~c~so la pasión por Leré era el
disfraz d~ una cns1s moral más honda? ¿O es que
la fcme~ma suge~,ti_ón llegó en el momento en que
la reflexión rnetahs1ca haeía consumado la crisis?
No: Angel Guerra se debe a un accidente tan instantáneo como profundo: la influencia de la belleza y de la correspondencia amorosa le mueven a
ser un revolucionario arrepentido, que se ' transforma en un converso melancólico. Su amor no

?e

-

7 --

�se trans1nula en una divina pasión mística, sino
que en un fuerte y real objetivo humano.
LEÓN

Roen

A León Roch le acontece lo contrario que a Angel Guerra: acaso ha partido del mismo punto que
este, ya es un libre pensador tranquilo, escéptico
e indiferente en materia de fé, que sólo sueña en
cumplir con un deber patriarcal formando una familia; pero, al unirse con María Ejipciaca, la mística y santa mujer, que sólo vive para Dios en el
seno de la Iglesia, se da cuenta, aunque un poco
tarde, que ella en realidad no le pertenece porque,
en todo momento , le pospondrá a su deber, a su
esclavitud espiritual, a su vínculo religioso. ¡Pobre indefenso León Rochl ¿Qué podrá él contra
la acción del confesionario, contra la constante
presencia de Dios que embarga la débil voluntad
de la esposa? Sólo el amor podría redimir a Maria
Ejipciaca, devolviéndosela entera, pero el amor se
ha helado en su corazón cediéndole su dominio al
deber, a la obediencia que el sacerdote le impone.
En vano León se desespera y sufre y cavila porque toda una tradición ha moldeado el alma de
María; todo el sentimiento de una familia conformó t;U carácter a una estrecha norma de ccnducta;
sentimiento de una casta en la cual, como tan justamente observaba Clarín, so daba toda esa terrible
variedad del católico, que el novelista estudió de
mano maestra: catolicismo de padres a hijos,

-8-

mantenido antes por sumisión que por libre exámen.
Allá, en lo más remoto de sus sueños, León
Roch había soñado con un hogar tranquilo, en el
cual el dulce contacto de la esposa hubiera mantenido el perfecto acuerdo, el calor del vínculo sagrado que pide la Iglesia; sin embargo, la realidad sólo le hace sentir su terrible aislamiento y la
absoluta ausencia de ternura.
María Ejipciaca no ha sido, no llega ni puede
llegar a ser livíana, pero es indiferente contrariando su temperamento sano y viril: sin quererlo obligará a su esposo, en su completa ausencia mística,
a encontrar lejos de su hogar el amor de una mujer. Y he aquí, entonces, el milagro de la vida y
del amor: en María l!;jipciaca los celos, los celos
encendidos y ciegos, se sobreponen al obligado
misticismo y resucita, en todo su calor, la mujer
que reclama sus derechos, la hembra que ha despertado para arrojarse al cuello de su esposo, de
lo que le pertenece, de lo que nadie le puede quitar; la mujer que defiende los derechos del amor
con toda la fuerza de su instinto, como Fortunata,
la apasionada, la fuerte, la grande, la única: mujer por sobre todos los convencionalismos, por sobre todos los derechos, porque en ella duerme la
vida que se multiplica, el hijo que ha de nacer
de un beso fecundo.
JosÉ MA.níA
José María, el indiano adinerado de «Lo Prohibido», casi vale por un símbolo único: él repre-

9-

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scnta el &lt;linero que soborna, veja, adquiere honras
J troncha felicidades, y acelera el propio sacrificio. José \laría es la fortuna opulenta y la tentación codiciada, en un hogar &lt;le mujeres frívolas.
María Juana, Eloísa y Camita, las tres hermanas,
frenLe al primo adinerado, presentan un cuadro
completo de ambiente social, de una clase pobre
que ambiciona gozar de las prebendas que ofrece
la riqueza. José María enamora una a una a sus
tres primas: María Juana y Eloísa se entregan
porque el para ellas irresistible dinero sustituye
eón ,entajas al amor; sólo Camila, la menor, se resiste~' no se rinde al burlador profesional: su virLud
sencilla y fuerle está a prueba de flaquezas, y su
honestidad tendrá su compensación en el fin poco
edificante de José .\1aría, a quien consume pronto
su sensualidad y le hace presa de horrible parálisis, postrando su cuerpo tembloroso, hasta que
sucumbe al golpe de una muerte demasiado pronta.
lle aquí, encarnado en José :\Iaría, un nuevo
aspecto del donjuanismo moderno, que sabe trocar
los recursos del fácil amor en armas de Satanás.
El indiano, el primo opulento, represen La al buelador práctico, que tan bien se acuerda con la desmedida cuanto amoral ambición del lujo en la
sociedad &lt;le nuestros días. José .\1aría no es el sctlncLor apasionado, sino que el fr:o sobornador &lt;le
la ,irLu&lt;l, que promete boato, htjo, ostentación a
cambio de la honra, del placer sensual, conquistado sin otros esfuerzos que el de un fácil y sucio
convenio. anticipo del vicio y escuela de la prostitución.
-

10 -

Anle el adinerado seductor ,se rinde Eloísa a
cambio de lujo, J de esta manera querrá también
el ricacho obtener la fácil concesión ele Camila,
tras ele seducir a la hermana mayor.
Lms Go:-.zAG.\
Por el , asto escenario en que se desarrolla la
comedia humana en la novela de Galdós, suele
cruzar más de una seráfica figura que, como la de
Nazarin, &lt;leja tras su presencia una estela luminosa. Es el caso místico del ingénuo J adorable Luis
de Tellería, en e&lt; La familia de León Boch», que en
su corta e-xistencia sólo trató de realizar la más
perfecta )' orlo&lt;loja imitación de Luis• Gonzaga, el
san lo.
Temeroso y escoudi&lt;lo de sí mismo, con tremendo cilici~ cc1iido a su cuerpo, buscando c-n
todo la mortificación; anacoreLa consumido por el
apasionado amor de Dios, este nuevo Luis Gonzaga
realiza el raso de la más perfecta e inútil santidad
en el seno de la iglesia. Su religiosidad no hizo
sino buscar por todos los caminos la proximidad
de la muerte, para llegar pronto a gozar de la
eterna bienaventuranza. Como Teresa la santa él
decía a cada instante que moría de no morir: "Si
me envanezco demasiado de morir, queridas de
mi alma, puede que Dios me castigue, condenándome- a vivir algún tiempo más.&gt;&gt;
Gust:iba de la soledad y por las mañanas se pasaba la.s horas muertas de hinojos en la iglesia,
cslrcmando el cotidiano ejercicio purificador de su

-

])

-

�alma blanca. Casi no tomaba alimentos, a pesar
de que su leve cuerpo no los necesitaba, pues no
era más que una lámpara transparente, en cuyo
interior agonizaba la llama de su vida como un
suspiro. Por las mañanas solía advertir la servidumbre que su lecho estaba intacto: era entonces
que Luis había mortificado una \'ez más sus carnes pecadoras durmiendo en el piso duro y helado. Con los ojos fijos en el suelo, jamás levantó
sus pupilas para mirar a una mujer que no fueran
su madre o su hermana María Ejipciaca.
Cuando los médicos le anunciaron el mal irremediable que agostaría pronto su vida, Luis sintió
un gozo inmenso, contribuyendo a acelerar su
próximo fin con toda clase de privaciones y con el
rechazo de las medicinas obligadas.
una noche, sentado en el jardín, en suave plática con su bienaventurada hermana, rindió su
alma en un sÚspiro. «Su cabeza se fué inclinando
lentamente del lado de su hermana, hasta que cayó
sobre el hombro de ésta, como si le rompieran las
vértebras del cuello. Cerró los ojos, de sus labios
salió leve suspiro, y se murió como un pájaro que
se duerme.» Tan edificante como su inútil vida
fué la angélica muerte de Luis.
GLOnrA

Contra el torcedor de su conciencia, que le impone el sometimiento a la autoridad social, religiosa y familiar, se rebela la conducta de Gloria,
mujer que no ignora los convencionalismos que la
-

12 -

rodean. Todos los suyos viven en olor de santidad
y su padre sólo piensa educarla en el sagrado
temor de Dios. Pero, un día llega hasta ella la
revelación presentida en medio de su religiosidad
y de sus lecturas: es el amor inesperado, el amor
triunfante que arriba con el judío Morton.
Más ¿podrá Gloria entregar su corazón a un
hereje, a un impío? Contiene ella su primer impulso; cierra su pecho con doble llave a un sentimiento que, según se lo anuncia el anatema de su
tío el obispo, constituirá su condenación. Calla y
se resigna Gloria, confiando acaso en el lenitivo
del tiempo. Pero el amor es fatal como la muerte
y mientras más se le rehuye está más cerca: si
Morton se aleja de su lado, sabrá tornar pronto llegando a sofocar el pecho virginal de la dulce niña.
Entónces la pasión hinca su garra implacable y
Gloria sucumbe ante el infiel. Es el rayo trágico
que ha venido a estallar sobre los suyos: ILa hija
de un Lantigua deshonrada por un judío, por un
enemigo de su religión! Esa herida es demasiado
honda para no quebrantar las energías más enteras: el padre de Gloria sucumbe, fulminado por
aquel rayo iracundo. iAh, fatalidad ciega e inevitable! cPodrá el amor reitañar toda la sangre de
esa herida en el corazón de Gloria? \!Podrá el recuerdo del padre muerto no llamar cada día a la
conciencia de la hija culpable?
Gloria ha obrado bien porque el esposo elegido
es digno de ella. cAcaso debió rendirse a la potestad paternal, que le imponía la disciplina inflexible de la estéril autoridad religiosa? Más _que ah-

"

�negación el medio le exigía un inútil sacrificio, el
sacrificio de su vida y de la libertad del espíritu.
El exagerado ambiente de falsa religiosidad preparó la catásLrofe de su honra, que tuvo por consecuencia la muerte de su padre, y rebajó en ella el
puro sentimiento maternal de la mujer a quien el
amor dignifica y sublima. Mujer, grande y fuerte
al fin, Gloria comprende que no puede existir para una madre imperativo más categórico que el
amor del esposo y del hijo de sus entrañas: así
cuando, enferma, casi moribunda, huJe del lecho,
camino del convento que le imponen los que prepararon su sacrificio, comprende el error monstruoso que va a cometer y emlereza sus pasos
hacia donde se encuentran su hijo, el hijo de su
amor único y el esposo, que la aguardan rebosantes de ternura. Gloria llega a morir junto a
ellos, donde e~t/Í la mitad de su vida, lejos, muy
l~jos del fanatismo estéril y egoísta.
La primera y la última rebelión de Gloria la
dignifican y la enaltecen: es la mujer, es la esposa y es la madre la que ha abierto los brazos al
que llegó un día al hogar para libertarla del seuo
de la familia de los Lantjgua, donde todo se rendía ante la autoridad familiar o ante la potestad
religiosa. Su caída no fué el desliz de la mujer
liviana, sino el acertado error Je la mujer apasionada que, en foerza de amar ciegamente, sólo llegó a concebir la vida como un acto de amor, divino fuego que todo lo consume y todo lo purifica.

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I

HABIAS
vivido y trabajado
y eras el cuerpo de un hombre coloso
recio en la planta y nimbado
como todo arquetipo plenam~nte acabado
de una fina dulzura de reposo...
'

II
TRONCO de roble: en duros muñones
llevaste miel de panales·1
'
y cerraste el ciclo de las estaciones;
y hubo para todos, en las profusiones
de tu copa...
Anidaron pardales
en el entronque de tus ramas capitales
y cubrieron del suelo patrio los desaarrones
tus flores y tus hojas otoii;iles ...... "

III
GLORIOSO cráneo, arrebujado
entre los pliegues del paño listado,
sobre el que ful~es como diadema,
hé aquí, en sobrio emblema,
tu vivir figurado:
ta alma que sale a la quietud suprema
por el reBqnicio hendido
del capullo de seda que ella misma ba tejido ......

�Vll

IV

TU En
habías trabajado....
labor de gañán y de obrero,
Artista, empleado
cuotidianamente,
tú habías trabajado;
párroco de la mente
habías sido; y minero;
y, en agrio campo, curvado
sobre los surcos, labrador;
y leñador...... y sembrador;
y anudando al futuro los hilos del pasado,
tejedor;
ambicioso como un coustToctor;
sobrio como- on soldado.
Y así tú qoe, en tos manos, habías sostenido,
por la vida adP.lante, sin buscar un atajo
y en lo más doro más enardecido,
todos los instrumentos de trabajo,
finalmente debfas
descanzar;
y en la paz de tus blancas profecías
11 medio granar,
hoy te duermes, tal v'ez porque ya no podías
trabajar....
V
eterniza
DESCANSA;
tus postreros latidos en quietud de ceniza,
corazón, de latir fatigado;
párate, emplea
toda la eternidad en tu última idea,
cráneo, en el idear, tenazmente probado;
antorcha viva el cuerpo muerto séa,
y en tu final trasiego depura.do,
divinamente quieto, créa, créa....

VI
REA, a IR. luz de estos blandones
que te dan una mística traza.
la amargura de tus segundones
y la orfandad vacía de to raza,
Créa el dolor y el arrepentimiento;
deja de ser, para que te deploren;
la amoutación de tu muerte, un momento
valga,"a tu pueblo, de recogimiento;
y los que no pensaron, haz que lloren.

C

-

18 -

GLORIOSO cráneo, esquilmado
en el desgaste product0r;
noble corteza de un a.&lt;;tro, apaga.do
detrás de una montaña de labor;
arco roto, resorte relajado,
labio calla.do,
manantial detenido en su hervor:
merma el orbe. privado
en tí, de un sentido;
y tu progenie otea lo porvenir, inquieta,
porque. desde hoy, tendrá, en su recorrido,
un camino de menos para alcanzar la meta.
Maestro: tu labio se calla
cuando más fiero a nue~tro lado
el huracán estalla..... .
¿por qué nos has abandonado
en lo peor de la batalla?

VIII

S ~; yenturbia
el aire en un vaho iracundo
gritos de odio y de saña
roC'1piendo están de la tierra la entraña
en parto infecundo,
¿por qué doblar el cuello también a la guadaña
tú, que eraq un gesto del mundo
y una manera de España? ..... .

IX
coautor con Dios de la Patria; preveo
que mañana, en tributo pigmeo
la oficial caravana
hilará vanidades sobre tu mausoleo;
para ella, la piedad de tu ~onrisa humana·
~iempre es pequefio el muro cuando es gra:ide el trofeo;
no queda voz que, de tu gloria invicta,
no tiemble, al peso poderoso;
el silencio es tributo forzoso
cuando muere el que dicta.

v1~

X

en paz: te aguardaremos, en un dolor de ansencia,
perpétuamente a nuestro lado;
y en toda lucha nueva y en toda nueva urgencia,

•

�r&lt;!cordatorio tuyo será. nuestra indigencia;
nuestro miedo. ~eñal de que nos has dejado ..... .
Ahora aprendo en tu labio, aunque no hable;
y leo, aunque hayas muerto, en tu mirada;
y entrego a Españ.a el ejemplo admirable
de tu enilrgfa hasta el final gastada:
«Sembró ciencia / amor, sueñ.os y besos;
«para trillar azul, segó lo bajo;
«hoy da, a la tierra, la piel y los huesos;
uy todo !ll resto se lo dió al trabajo.»
Eduardo MARQUINA

Madrid, Enero de 1920.

Nuestros críticos
J. DENIS LAY

VICTORINO ALONSO

Dentista
Moneda 1164

Dentista-Ahumada 38
Teléfono 2013 Santiago

Ahora trátase de examinar en silencio si ese concepto es sólido o frívolo.
PLATÓN.

S. GARAY

JOSÉ S. GONZÁLEZ

Denti~ta
S. Diego 166

Médico Ciruja110
Matncana 303

MUÑOZ LOBOS HNOS.
LEONIDAS CORONA

Dentistas, Extracciones sin
Laboratorio Clínico
dolor Somnoformo, Puentes
Delicias 868
S. Diego 307-448 Stgo.

G:rr~n s~~t:rr~:tri&lt;&amp;
Ahumada 23-Santiago

Gran Surtido en Casimires
Ingleses y Franceses
-

Eliodoro Astorquiza

20 -

Cuando una personalidad me llama la atención,
sea por sus bondades, sea por sus defectos, procuro explicarme el por qué de sus tendencias y de
las formas en que se manifiestan ... En el caso de
D. Eliodoro Astorquíza he creído comprobar que
toda su modalidad crítica descansa en los siguientes puntales: 1 .º aeasionamientos por el silogismo;
:J.º una fuerte dós1s de catolicismo moderno; 3.°
primer premio de latín . . .. De buenas a primeras,
tales factores parecen carecer de cohesión, pero
ahondando un poco es fácil ~contrarles el nexo.
Como complementos básicos podemos agregar: un
poco de neurastenia y cierta habilidad malabaresca
para jugélr con las palabras (no con las ideas, como parece ser la creencia general).
.2I -

�¿Cómo y en qué forma obrau tales factores? El
latín y su escuela obligada, literatura clásica, han
creado y desarrollado en el Sr. Astorquiza un fanatismo desesperado y exclusi, isla por la claridad,
(el concepto que de la claridad tiene el Sr. Astorq uiza es una de las cosas más divertidas que conozco ), por la línea neta, el sentido recto, en la
labor literaria. Esto, por sí solo, no es un defecto
(tampoco es una virtud) pero sí lo es, desde el
momento en que unilateraliza el espíritu, desde el
momento en que, acostumbrando las pupilas a no
percibir sino tonos fundamentales, contrastes bruscos de blanco y negro, vuélvclas miopes para gustar y avulriar la belleza más esquisita, más impalpable, del matiz; desde el momento en que lo hace abúlico. y lo dota de un dónde preferencia por
cuanto no obliga a rc11exionar, por cuanto «está
hecho&gt;); es sobre todo un defecto, porque atrofia
la sensibilidad, imposibilita la fruición intensa, y
la suplanta por un rigorismo lógico, absolutamente antiartístico. Y ya, con ésto, entramos en pleno dominio del silogismo, que, en el caso presente,
solo sirve de envoltura a una sofist¡quería descarada y u.n más descarado juego de palabras, hermanados a cierta antojadiza interpretación de las
ideas.

•
La obra primera del crítico de Zig Zag, no estuvo al 'parecer, muy influenciada por los antedichos factores. Yo no la conozco. En consecuencia
-

22 -

me referiré solo a la que desarrolla en la actualídad.
Si se trata de la poesía el Sr. Astorquiza apreciará solo aquello donde no necesite ahondar. La
emoción, la sugerencia, la armonía, los extremecimientos sub-espirituales, las angustias caóticas,
tiénenlo sin cuidado; quiere clarrdad, sólo claridad.
(De la lectura de sus artículos dedúcese que en esto de la claridad nuestro crítico procede ajustado
a una lógica abismática: «yo no lo entiendo, luego es oscuro»). Si el Sr. Astorquiza se detuviera
aquí. ..
Pero nó. El Sr. Astorquizaes católico; y católico
lóo-ico. ( Catolicismo y Conservantismo son sinónim~s. ) Por consiguiente, tomando en cuenta su
afán de renovación, sus arrestos revolucionarios,
desterrará a la poesía joven, y la atacará siempre
que pueda; para esto echará mano de todos los
recursos: recortará versos para restarles sentido
(recuerdo un crítico que con tal procedimiento
probó la nulidad poética de V. Hugo) hará chistes, a veces escalofriadoramente ordinarios, a su
costa; y por último apelará al silogismo, el terrible silogismo, para determinar sobre premisas de
su invención, espeluznantes conclusiones. As[,
tomando a los ~oetas Félix A. Núñez, H. del Solar, Cifuentes Sepúlveda y Fernando G. Oldini en
un solo manojo, establecerá entre ellos una hermandad ficticia, basada en el empleo de la palabra carne. Al seiíor Astorquiza le importa un bledo el significado de·los vocablos. (En un reciente
artículo pre~oniza: «no importa que el lector cmn-

�prenda o nó el pen,samiento del autor, con tal de
que esté persuadido ~de que lo comprende&gt;&gt;). De
este modo Felix A. Nú,iez en quien la palabra
carne involucra un estado de renunciamiento a los
sentidos, está aparejado con Cifuentes Scpúlveda en
quien es tristeza de remembranzas maceradas por
un presente acerbo, y con F. G. Oldini en quien
es exaltación actual semi salvaje J un poco sádica. Son antípodas tanto en ideologías como en
técnica. El Sr. Artorquiza no lo ve ... eno quiere
verlo? ... Ahora bien, ya está sentado que se trata
de un grupo de amorales. Esto no es suficiente;
es necesario demostrar las causas de su afinidad
inrnoralista. Al observador más periférico bast~ríale abrir los ojos para darse cuenta de que el estado actual de la vida es un vértigo de lujuria.
Vería esto en las pupilas de los hombres y en las
pupilas de las mujeres; veríalo en las reuniones
sociales, en los paseos públicos, en esa lucha sorda y palpitante del deseo manifestada a toda hora
y en _todo_ sitio donde hay dos seres de sexo opuesto. Ün psicólogo extraería de tal espectáculo, materia para un estudio formidable; y ya Mauclair,
señalando una ruta a los mogigalos, ha realizado
preciosas observaciones acerca de la influencia de
la lascivia ambiente en la pintura. Pero se necesita una fuerte honradez inintimidable para proclamar que los artistas son transparentes sinopsis de
su época, que actualmente la sensualidad va camino de arrojar al mundo en un manicomio, que
de esto no tienen ninguna culpa los poetas, sino
una tradición hipócrita empeíiada en oscurecer,

entrabar y desvirtuar algo tan humanamente natural como el instinto, que la moral en este caso,
como en casi todos, es un absurdo insostenible, y
que, como consecuencia, es indispensable plantear
el siguiente dilema: o la moral hace crísis o la humanidad se hunde. Verdad es que para abordar
tal problema, ad&amp;Ilás de valor, hace falta una
cultura psico-fisio-patológica que quizá el Sr. Astorquiza no posea; verdad también que es más cómodo calumniar a la juventud poética, pero ello
no amortigua lo indecoroso del procedimiento . . .
El Sr. Astorquiza va más lejos. Niega hasta la originalidad de su pecado a la juventud; pero como
no le consta que copie a nadie, funda su predicado en que «sin duda. debe haber otros poetas nuevos&gt;&gt; parecidos a los de aquí, y (más lógico no
puede ser) tanto unos como otros han debido beber
en cmna fuente común» . . . cEs posible llevar la
suposición a tal extremo? eEs posible arrogarse el
derecho de desprestigiar, basándose en un ces in duda debe haver»? Y si acaso esto se debe a accesos
de neurosis ¿por qué los poetas han de estar expuestos a las exacerbaciones atáxicas de los críticos? ...
Si la impermeabilidad emocional incapacita al
Sr. Astorquiza para sentir y apreciar valores artísticos, en cambio ciertos factores de su constitución espiritual predispónenlo a ser un agudo analista de d,sciplinas filosóficas. . . Mas, todo ello se
diluye en palabras, solo en palabras.

�El Sr. Aslorquiza pretende de ironista, olvidándose de que la ironía es un burbujeo fluído de esp,uma ideológica, y no un cabrioleo ~e vocablos.
·\ erdad que con palabras pueden realizarse maravillas; pero es indispensable antes una ingrávida
finura anímica. una elegancia grácil en el manejo
de las ideas, y cierta diafanidad genial en la arquitectura sintáxica, La ironía (se ha dicho tanto!) es sonrisa, la gracia a.e Astorquiza es risa, y
risa demasiado cruda, a ratos. Su preocupación
constante es la de los malos cómicos: hacer reir,
venga o no venga a cuentas. Y esto que en un
principio fué, quizás, síntoma aislado, ha ido tomando poco a poco, caracter diatésico; cuanto toca es motivo de chunga, cuanto toca es fal¡ieado;
nunca en sus escritos hay un intento de ahondamiento.
A veces he querido imaginarme un Astorqniza
profundo; y cerrando los ojos a sus puerilidades,
empei'iábame en verlo martirizado por la búsqueda de un inhallable equilibrio entre la Fé .Y la Razón; por la interrogación sin respuesta a la una y
a la otra. Bastante instruido para negar las evidencias científicas, no dejaba de ver los signos que
aún no han encontrado explicación. . . ¿La encontrarán algún día~ ... Religioso a la manera moderna, veía y pesaba los contrasentidos y lagunas
del dogma; pero egué puede esta evidencia contra
el sordo rumor trágico que viene desde siglos
murmurando dentro de nuestras venas, sin
preocuparse de la lógica, el fracaso de toda sabiduría, la nada de todo humano empeíio, bajo el

soh ... Ah! Si el Sr. Astorquiza fuese esto, cómo
escarbaría en la vida, buscando el granito invisible que decidiera la balanza ... cómo comprendería y amaría fraternalmente a aquellos en quienes
la duda hincó su garra! ... Pero Astorquiza no es
esto. Hay que buscar su definición en una variante sutil del tipo: la de los indecisos.
Ciertos individuos pasado un período de 10quietud, tórnanse positivistas, sin que jamás les
moleste el recuerdo de sus antiguas creencias. Se
han definido. Otros, por convicción o por desengaño del mundo, son deístas y religiosos. Se han,
también, definido Queda una tercera porción'
Estos no son nada, ni siquiera escépticos, porque
el escepticismo implica hondor, y eo este caso se
trata de una simple vacilación entre dos fuerzas oscuras, vacilación no nacida del análisis, como en
el caso anterior, sino debida a cierta falta de valor para romper la equivalencia atractiva; a cierta
cómoda holgazanería que impide decidirse por
uno de los polos. Este tipo ignora el significado
de la palabra: pensar; este tipo se reirá siempre,
así del que duda cómo del que afirma.

¿Armando Donoso cree en el Bien, en la Verdad, en la Belleza? Esto facilicitará a Astorquiza
la ocasión de decir unas cuantas barbaridades!
Como los demás críticos conservadores de Chile no ha perdonado a Donoso la audacia de un
gesto que tiende a libertarnos de nuestra crédula

�No se haga Ud. el sordo.
amigo! Mire que le conviene mucho, n1uchisimo comprar todos sus artículos en la
11

1 FUNDIOION
LIBERTAD

1 1

LIBERTAD 1
53 y

58

ignorancia medioeval. En el asedio puesto a «Senda Clara» el Sr. Astorquiza no podía dejar de tomar un sitio. El se encargó de destrozar el estudio
sobre Lemaitre, y lo hizo tao bien que entre sus
manos es imposible reconocerlo. Podriase jurar
que Astorquiza no ha leído el libro de Donoso.
Analizar una personalidad como la del autor de
«Los Contemporáneos» es tarea dura, larga y
complicada. Donoso, experimentado en esto, después de una concienzuda vivisección llega a determinar que Lemaitre no fué un crítico transcedental; y no lo fué ( si es posible comprimir un volúmen en unas cuantas conclusiones): 1 .º, y sobre todo por su extremada superficialidad; 2. • por «su
absoluta falta de inquietud estética»; 3. º por «su
cultura unilatei-ab); 4.º por el anacronismo de sus
ideas; 5.' por la ausencia de una convicción firme
y de una orientación definida ... El Sr. Astorquiza reduce esta heterogeneidad causal a una sola
frase que nada dice y todo lo trastrueca. Sobre tal
frase sienta la siguiente afirmación capaz de poner
los pelos de punta: «tener una orientación espiritual determinada equivale a ser dogmatico.&gt;&gt; En
seguida deslumbrado con sus propias palabras
imagina un «Lemaitre» nunca escrito por Donoso: y, a rienda suelta, lanzase contra los molinos.
Resultado: afü mación rotunda, con pretensiones
refutativas, de los puntos sostenidos por aquel:
«Lemaitre no fué un gran crítico porque carecía
de profundidad» ...
Donoso, harto de la sistemática acusación de
oscuridad enderezada contra el Simbofümo trata

.

�de demostrar que, cuando menos. en algunos casos, carece de f'undame11lo. Al C'fcclo cita cuatro
versos de R. de Gousmont. El Sr. Aslorquiza, ha entcn&lt;lido esto yo no sé cómo; lo cierto
es que afirma candorosamente: ''yo puedo agregar
que son claros. " cA qué seguir~ Haya o no haJa
leído el libro, es indiscutible el falseamiento del
pensamiento de Donoso. Por lo demás toda la
obra del Sr. Astorquiza aparece llena del mismo
desequilibrio, de la misma arbitrariedad, de la misma incomprensión ... Para juzgarlo sin demasiada inmisericordia no nos queda más remedio que
cerrar los ojos y ... sonreír ...
FERNANDO

G.

ÜLDINT.

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de las más afamadas marcas

Joyas con brillantes
Objetos para regalos
-

3o -

�En torno a la muerte de Rodó
(Breves comen1arios)

"Le tenfan por un misántropo, por uu
homb1·e raro y pudi{'11te, quizás por un
a,·aro que por equivocación hubiera caítlo
en el primer hotel de Palermo. Pal'a dat'
una idea del punto a que había llegado
aq_uel ei.píritu lúcido en el abandono de su
penona, bastHrA el crudo detalle de que al
amortajarlo debieron arrancarle las medias
a pedazos, tan adh1:iridas estaban a sua pil:!S.
Su edad parecía oscilar alrededor de los 70
aiios. 11-(Julio.u Nogut!ira.-Como murió
José Enrique Rodó. "El Me1'Curio 11 rle 8

de l!"'ebrero de 1920.)

·

Yo había imaginado de otra manera la muerte
de Rodó, o:el sembrador de estrellas» . Vuelto hacia
el helenismo, a pesar de su facha burguesa, me
complacía en imaginarme a ese filósofo que parecía haber paseado con Platón bajo los plátanos del
/\.cademo, desvaneciéndose en una magnificencia
crepuscular . Imaginaba un atardecer sereno sobre
su frente de visionario, sobre su carne translúcida
y efímera .. . Imaginaba su muerte, no como el

�vulgar final de una existencia, sino como la armoniosa agonía de un canto sobre las colinas de
Grecia.
I sin embargo.
Sus últimos momentos sou lamentables; de una
ironía brutal, desconsoladora y trágica .
Ahora supongo la llegada del viajero des.conocido, al llolel des Palmes, en Palermo. l!Quién es
ese ser estraño y sucio que no habla con nadie,
que permanece sentado horas enteras frente a una
mesita en donde humea una taza de caldo y sumergido en un pensamiento vago y triste? Su ropa
está llena de manchas. raída, cubierta de polvo;
los botines muestran el encarnizamiento del lodo;
la barba crece al modo de la yerba, sobre su rostro; hay en él, eu suma, un evidente abandono,
un dejarse roer por la mugre de la tierra. . . Ese
hombre come frugalmente, y sale todos los días con
un paraguas bajo el brazo. Los faldones de su
chaquet raído, muestran fragmentos del forro,
descosido. Vaga, sin duda, por los alrededores de
Palermo, encorvado su cuerpo, que hace pensa1·
en la decadencia de los septuagenarios. Dicen-oh
formidabls ironía!--que es un avaro, o un misántropo, o un hombre eslraiio y pudiente que se
aisla, que se recoge al · modo de los caracoles, en
su dura soledad. Nadie piensa en Ariel, morador
silencioso de ese cuerpo caduco, que posiblemente
ya empieza a sentir el cosquilleo de la podre, el
«estremccimicuto sombrío)) de los gusanos en su
carne pasagcra y miserable ... Nadie imagina que
está ahí, a dos pasos, el supremo exaltador de

Ariel; el que ha realizado en días más luminosos
la aspiración ~0111110,eJora de llenan: ser por el
contncto de Aric~I_ u~a onda de éter, nn lampo &lt;le
luz, un e\.lremcc1m1t-11lo de los bosc¡11cs J ,olar
sobre los mundos celestes, ane"arse cu serenas armonías y ser verde con ol olivo~ blanco con la nieve de los ventisqueros, casto con la flor del nenúfar . . .

Cuando lo llevan en una camilla del Hotel al
Hospital, Rodó se retuerce en medio de dolores
monstruosos, sin encontrar una posisión que lo
alivie. iEsto es desesperante!
l trato de imaginarme los últimos días de Rodó. Es un estrailo que agoniza en una tierra que
no conserva para él la huella de nin&lt;Yuna
de esas
0
menu d as cn10c1ones que forman la urdimbre de
una vida J que dulcifican la angustia del instante
final. No ha_y a su lado un amigo, un hermano,
una mujer. Está solo, completamente solo. Las tres
o cuatro personas que se apiadan de él, son seres
que la vida pone por primera vez ante sus ojos
que se van a cerrar. fantasmas vagos de un sueIio ... sin memoria, sin alegrías o lágrimas para
su corazón. En ciertos in~tantes la voz de un amigo tiene resonancias profundas en nuestra sensibilidad. Las voces qun resuenan durante muchos
días en los oídos de Rodó, en su permanencia en
el hotel, son como las voces que se oyen en el vagón de un tren en marcha o del otro lado de un
tabiql!e, en comarcas eslrailas: voces sin alma pa1

O

-

33 -

�ra nosotros. inc'-prcsivas. que no hemos oído nunca _y que nos dejan completamente fríos . . .
Su aclitud es eternamente la de un hombre que
conlempla. Permanece fiel a su concepto filosólico
de la vida. élla realizado a.caso la prodigiosa parábola del rei legendario y patriarcal que huye de
los hombres para encerrarse en la íntima estancia
del palacio. a solas con sus pensamientos? Algnno:espíritus penetrantes presienten n11a tragedia bajo
esa especie &lt;le ausencia; un dolor en ese hombre
emejecido y sucio que se aisla, que vaga solo. que
se recoge temprano. al anochecer ... Lo exlraiio
respeto los mantiene a distancia; ese mismo temor
respetuoso &lt;letiene al duciío del hotel &lt;yue quiere
arrojarlo de su establecimiento porque lo considera un hombre contagioso. No ha ordenado-asegura él-un solo baiío durante el mes de permanencia en el hotel.
Todo esto no es más que acidez ... &lt;lolor! Rodó tenía en un bolsillo &lt;le su chaleco-según se
constató después de su muerte-tres mil liras y en
un baúl excelente mucha ropa blanca J algunos
ternos casi nuevos ...

ble para el espfritu, pero en ella ~e remuc,·c c11t1:-tantcmente d dolor J ninguna auguslia es m:ís
horrible que la &lt;le acercarse al término, sin hah,~r
florecido en afectos, en cariiíos, como un árbol en
una tierra estéril. desolada ... "\lientras se tiene
fuerza y esperanzas la vida canta gloriosamente . . .
después la tortura, el sentir que hai uua zona fría
en torno nuestro; el vagar a tientas, el tender in.útilmente las manos, el escuchar voces que nos
llaman ... acercarse y la desilusión de saber que
no era a nosotros .. . Oh! esto equivale a golpearse la frente contra los barrotes de una celda que
nos separa &lt;lcl mundo de los vivos.
Xi una palabra brota de los labios de Rodó. Por
lo méuos la información que nos ha dado motirn
para estos comentarios, no lo dice. Ni una palabra
reveladora. El más impenetrable mutismo sella
esa existencia lun1.ínosa, ese espíritu de selección
y de belleza, que, seguramente, hubiera podiJo
pascar con las Sombras que tanto amó, esa pradera de los asfodelos desde donde se contemplan
la lucha y los misterios de la vida ...
El verso austero y noble de \.lfredo de Vigni
cierra el círculo de su existencia.

Seul le silence est grand, toul le re.sle esl f aible.sse.

El hecho espantoso es la soledad; la evidencia
aterradora de que no queda nada en afectos detrás
de él, de que se ha vivido una vida incompleta,
huérfana.
Las obras pueden llenar una vicla, pero no lasatisfacen. Sin duda, la soledad es II na cosa admira-

- -

34 -

.!uLIAN

Talca, 19:20.

-

35 -

Sonm.

�Norma
El árbol es sonoro porque lo pulsa el viento;
hay una ley oculta que madura las poma:-:
la Jluvia es cumplidora de un sabio mandamiento
al fecundar el vientre moreno de las lomas.
La labor triptolémica al tacto de la tierra
nos limpia de amargura y baña de bondad,
así la forma amada toda belleza encierra;
y vamos caminando a la Serenidad.
Cumplida su misión, fieles a la armonía
del mundo, los árboles se tronchan sin estruendo,
los hombres solamente tenemos la sombría
angustia obsesionante de no seguir viviendo.
Hermano: ten el claro consuelo de la nieve
que baja la montaña en agua cristalina,
más allá del hondor de la tierra, nos mueve
a seguir la armonía la conciencia divina.
LAUTAUO GARCÍA.

L. G.-;-Temperamento fino y múltiple, personal y vigoroso, Lantaro Garc1a es poeta por rnbre todas las cosa8. en el teatro ha triunfado con El Peuco y El Rancho d~l Estero. Sus envios originafüimos a las exposiciones de arte han llamado la atención de los entendidos. Prepara una novela La Huacha y un volúmen de poemas.

-

36-

'''La Senda elara"
El diligente crítico ArmanJo Donoso, acrecienta su reputación de estudioso y de jóven pensador
con esta nueva obra, que es la cristalización de
maduras meditaciones y de dilatadas lecturas .
Repasando los capítulos que consagra a Le Dantcc, Brunetierc, Ingenieros, observarnos su evolución hacia las más sólidas y serias disciplinas del
pensamiento. Con estilo desenvuelto aborda cuestiones científicas que trata con claridad de criterio. Su criticismo filosófico es de buena cepa, porque al razonamiento firme se une la exposición
metódica.
Al comentar la labor cultural de José Ingenieros, aborda el tema de la posible renovación de la
metafísica, como éste Jo manifestara en sus «Proposici-ones relativas al porvenir de la filosofía.»
Donoso expresa que la metafísica rnedioeval estuvo subordinada a la teología, como la metafísica
kantiana a la ética y ahora Ingenieros pretende
que la metafísica pura tenga por objeto formular
hipótesis leg(timas sobre los problemas inexperiencia.les. La metafísica futura será una anticipación a las comprobaciones experimentales y am-

�pliará el horizonte &lt;le las ,erdades conocidas,
aplicnn&lt;lo a lo desconocido los mismo$ proccdirnil'nlos lóg-icos que se usan en la :ncrignación de
lo que se advierte en el rnun&lt;lo físico .. \o cslará
falseada poi· un espiritualismo propio de temperamentos sentimentales, ni por un iutuicionisrno a
lo Ilenri Bcrgson, que don Eurique .\loliua llamara filosofía para poetas y literatos.
Se aplicará el método i11ductivo ) 110 se aceptarán las nociones innatas o primeros principios que
Herhcrt Spenccr se obstinaba en descubrir en to- .
das las esferas de lo conocido J que don Valentín
Lelelier refuta con maestría en el capítulo primero de su Génesis del Rstado.
Con motivo de la puhlicacióu d&lt;' csl&lt;' libro de
Dono50, encendida discusión se produjo en el cotarro inteleclnnl al múrgc11 &lt;le la ocasional revisión Je los , a lores de la ciencia hecha por O mor
Emctli .Y Correa Pastenc.
Omcr Emclh justificó a Bruneticrc declarando
que jamús l,abía proclamado la quiebra de la cie11cia que se le atribuía y que sólo había expuesto
que e11 el terreno moral no había alcanzado el
éxito c¡ue sus paladines le encomiaban. Donoso
expone que Uruneticre antes de su comersión era
admirador &lt;le Darwin ,} de Comlc y euumcra la
serie de lcJes de8cubicrtas por la experimentación
científica &lt;-1ue evidencian que el crítico de La Revista de Am&amp;os lllundos impulsado sólo por su catolicismo ele última hora pudo atreverse a hacer
una afirmación tan paladina. Emeth atacó a los
que salieron a rebatir las argumentaciones de Bru-

-

38

11elicre ) Lu \'O el poco gu~lo d(• corn parar a BcrthcloL con aquel ~1onsieur llomais, de quien F'laubert hizo un símbolo de la humana tontería y al
atacar a Henau de seguro que no habrá oh i&lt;la&lt;lo
el pecado de ésle al hacer legible la Vida de Jesús
prcs~ándolc el encanto de su estilo J dándole como piensa Gonzalez Pra&lt;la, un sabor helénico que
trasciende en muchas páginas a idilio virgiliano.
El seiíor Correa Pasteno, que es un escritor do
estilo cervantino, también lanzó su cuarto a espadas y discurriendo acerca de las hipótesis de la
ciencia. expuso que ésta sería impotente para penetrar hasta las regiones que son &lt;lel dominio de
la fé y de la religión. Criticando los métodos
puestos en práctica por Le Dantec para sentar sus
postulados biológicos, en tono de zumba, expresó
que el sabio francés era un filósofo de la digestión. Basta sólo haber leído la concienzuda exposición que Donoso hace de la obra del autor de
El Egoísmo, para pens'ar que es un humorismo
fúnebre el de este periodista.
Las páginas acerca &lt;le Enrique \1olina, \'ValL
" .hitman y Pío Baroja tienen el encanto suave de
u na emoción cálida que se trasparenta en el estilo
,·ibra&lt;lor.
En Argentina al libro de Donoso se lo han prod igado buenos elogios; Ingenieros ha dicho do él
&lt;JUe es el intelectual jóYcn más roprcscnlatirn de
la Américá Latina y en Panamá, Octavio Mendcz
Pereira, en la ya célebre revista Cuasimodo, lo llama crítico eminente colocándolo a la altura ele
Ho&lt;ló, Francisco García Calderón, etc. En Chi le

�su obra ha sido recibida con espanto lo que demuestra nuestra deficiente cultura cien tífica que
hace vivir a mu&lt;'hos hombres inteligentes atrasados unos cuantos siglos.
PASCUAL

Yml'TumNo.

••••••••
•• •• •• ••

lniciativas docentes
Un argumento de que se han ~alido los _evolucionistas darwinianos para amer1tar la tesis que
sostiene que el antepasado del h?mbr~ fué el mono, se basa en el hecho de la ex1stencrn en ambos
de la aptitud imitativa.
.
.
La irreverencia científica que mega autondad
de «maO'ister
dixit&gt;&gt; al aserto bíblico sobre el orí0
gen del hombre, ha hecho incapié en el &lt;lesar~oll_o
que así en éste como en el mono ofrece la 1m1tación. .
NieO'an unos a Darwin; otros, más hereges,
o
.
,
l
creen que es un cuento para rngenuos aque pasaO'e de la Biblia que narra cómo con barro y un soilo divino, fué fabricada esta arquit?ctura de maravillas que es el ser humano. Prnnsan unos y

otros que han &lt;lado con el Eureka del más intrincado problema antropológico.
Profanos nosotros en tan abstrusas materias no
pretendemos terciar en esta polémica de doctos.
Queremos sólo aprovechar los materiales de
esta discusión, consignando la circunstancia de
que los polemistas están de acuerdo en el hecho
anotado: tiene un gran desarrollo en el hombre
descendiente de Adán o del mono, la aptitud imitativa .
Con frecuencia se repite, en són de crítica
amarga, qu~ nosotros somos muy dados a imitar.
Ya que dicho queda que este es un . ras~o _de
psicología humana antes que de cualq~iera 1d10sincrasia nacional, supérfluo parece decir que negamos importancia a ese reproche.
,
Talvez en el fondo de Lodos nuestros actos haya como razón primera ':1n irnpu~s~ imitativo. ~a
originalidad de toda actitud esp1ntual o material
sólo existe porque ignor:3-mos casi todo lo ~e está
lejos de nosotros en el tiempo o en el espac10. Inconmovible verdad la del filósofo: no hay nada
nuevo bajo el sol.
Los grandes progresos de lahumanidad acaso
se deban en último término, a este rasgo de nuestra psiquis.
Pero imitar puede ser un pecado, y lo es a menudo.
Desde lueO'o lo es siempre, cuando el que imita lo hace si~ conocer en su total amplitud, cualitativa y cuantitativa, el fcnó~cno e~ que repar~.
Sabido es con cuanta frecuencia, legisladores sm

-

61 -

�ma_Hff ,li-:,·&lt;'rnimicnto jurícliro pr&lt;'tPtHh'n implanlar cu su país leyes C:'\.lraugeras, &lt;¡ue cu ac¡uel en
que rigen han dado buenos frutos. para solucio11ar problemas que no se presentan con idénticos
cnractcres en ambos medios.
Estas im i tacioncs nacen coudrnadas al fracaso.
Pero rle ahí a condenar la imitación en sí mism:1
hay &lt;listancia. De eso sólo se induce la justicia del
reproche contra los c¡ue ª) unos de tnlcnlo de ob:;enación al menos, imitan sin disct'rnir la calidad
de los modelos.
1'i el individuo ni las colectividades pueden esperar ser originales en su obra &lt;l~ perfcccionamicuto. \ ucstro deber es elaborar el progreso, y
si en estn tarea se nos presenta algo bueno que
imitar, imitarlo.
~uestra ui,·ersidad necesita modernizarse. Hay
ceutros de cultura superior análogos al nuestro en
Am{-rirn ) Espaiia, para 110 referirnos sino a paí~cs de• liahla castellana, que pudic,·an servirnos de
modelo en m:1s de algún respecto.
cFalta lcaltn&lt;l para rrconocer lo bueno por no
:-cr nuestro? Faltan iniciati\Us en este sc11tido?
Ac¡ucllo, nó; ésto es más probable.
Tal modo &lt;le pensar 110s induce a lomar nota
de u11 ac11C'rc!o &lt;lcl Cons&lt;'jo Dirccti,o &lt;le la Faculta&lt;l &lt;le Derecho ele la l niversidnd de Buenos Aires que merece llamar la atención de nuestras autoridades univNsitarias.
El acuerdo referido consiste en la apertura en
dirha Facultad &lt;le cursos libres C'Üraonlinarios
«sobre materias de cultura jurídica superior, entre

las da~cs li::!nran: 1 .° La Constitnciún Nacional
en la jurisp~udcncia Je la Suprema Corte y en la
interpretación &lt;le los otros poderes públic~s; 2. º
Lcgi:-.lación comparada sobre propic&lt;la&lt;l literaria y
artística; 3." Doctrinas sobre nuevas bases de la
sociedad ) del Estado; /1 .·• Proyectos y doctrinas
sobre sociedad o liga ele las Xaciones; 5.º Nuevas
doctrinas relativas al &lt;lcrerho de propiedad.»
Tales puntos no son sino el enu ncia&lt;lo &lt;le alrrunos de los problemas de 1ntl)0r importancia et~ la
hora actual, que las nuevas doctrinas, conocidas
ampliamente sólo por algunos escasos estudiosos.
analizan desde puntos de vista antes no contemplados.
1
En las aulas universitarias, sobrados adustas y
graves ayer en el estudio de las instituciones jurídicas pa'ra las cuales la política, no siempre atenta a la bondad doctrinal, logró a conseguir el
cxecuatur parlamentario, ) ahora a hallar un eco
las inquietudes espirituales de una generación que
siente la necesidad de renornrse fundamentalmente.
Esta lucha &lt;le los innovadores contra los viejos
couceplos, contra los prejuicios milenarios, que
se saben caducos anlo una cdtica iconoclasta, Ue,·ará hasta allí un poco &lt;le vida nueva. Ya no va
a ser la letra Je los Códigos no más La preocupa&lt;·ión &lt;le profesores y discípulas.
Los maestros y los selectos núcleos Je jtn cntud
&lt;¡ue los escuchen pon&lt;lrún a contrihucióu, aquellos su criterio moldeado en la clisci pli11a de las
ciencias positi, as i (\stos su avidez inlel&lt;'ctnal, pa-

�ra buscar la orientación que deba encauzar por
un ruml.&gt;o seguro el impulso renovador que prende en los espíritus con fuerza incontenible.
Esa fecunda discusión de doctrinas, esa leal colaboración de fuerzas intelectuales en el estudio
de los nuevos problemas que preocupan al mundo, será para la patria en que tal iniciativa fructifica, la póliza de seguros que le permita esperar
confiada en el criterio de los que irán maíiana a
regir los destinos de la Nación.
Ojalá que en nuestra Escuela de Derecho, apegada todavía a los viejos moldes clásicos, se continúe la moder~1ización de los estudios empezada
con la creación de algunos Seminarios, como el
de Bcononía, el de Derecho Privado y el Derecho
Público.
En esta labor puede servirnos de ejemplo la
iniciativa del Consejo Directivo de la Facultad
de Leyes de la Universidad de Buenos Aires.
Imitemos esta vez.
RunECI~no ÜnTEGA

-64-

M.

Del Libro en prensa •la Ciudad Invisible,.-(!)

'Por la ~risteza de tus ojos
Ya es imposible que te llame esposa.
iüh la alegría de tener un hijo
que fuera de tu sangre y de la mía,
que tuviera mis alas y tus ojos!
Un hijo claro como tú! profundo
como el haz de los siglos. Ya no puedo
ni sonreír, mi corazón no sabe
perfumarse de flores en la muerl?.
iDe quién serán mis alas y tus OJOS
en un futuro que no miraremos!
No vagará por los jardines claros
el hijo que sonría por nosotros.
iY tus cabellos no tendrán retoiíos
nadie los besará cuando le mueras!
Hasta la Muerte llorará tu encanto.
Un hijo Luyo para eternizarte!
Su corazón semejaría un bosque,
sonoro y perfumado en el crepúsculo.
Ya es imposible que te llame esposa.
Sufren mis alas entre las estrellas.

65 -

�Lloro por la belleza de tus oios,
y un grito lacerante de mi boca
le dice a Dios: iSc pudrirán sus OJOS,
sus ojos bellos hasta la tristeza.
Y qué encanto tendrá la tierra tuya,
ruda como el lamento de los leones.
obscura como Job iunto a Luzbel! ...

Dolor de evocar el pasado

ANGEL CnucnAGA SANTA MARÍA

(1) En «Nosotros», la mlÍl' alta tribuna ,le la j,w..ntn•I in1..i..ct11al
&lt;lel Plata, se publicaron hace poco algunos po,•111us ,le An¡.:.•I Cr•1cha~a S.
M. con el a11u11cio de la pr6x:i111a aparici611 de su 111w,•o libro. Ahorn el
pueta ha tenido la geutileza de envial'llnS (•sta composición inédita del mismo libro, en prensa en una pre8tigiosa er!itorial de Buenod Aires.
La personalidad r!e .Aug&lt;'l Crucha~a S. M no 1wcesit" 1le comeutm·io~
entre no8otros: el admimble prólogo de Tomás Gnbri.,J Chaza! a Las Manos Juntas, esa primicia re,"eladora tle un gran poeta. definió el temperamento r!e Cruchaga en forma tal que agota todo intento postel'ior en ,,¡
miRmo ,e,ttido.

Lae campanas de voz rancia
y de agostudas laringes
pueblail de ecos 111 distnrl&lt;'ill
abrurnudura de esfinges.
Va lentamente la tarde
desliendo en los valles cif'gos
todos los gritos cobardes
&lt;le los perdidos borregos.
Pl'eludi!I. la fuente clan,
sns inefables que1·ellas ...
La luna pasa ... y encara
las temblol'osns estrellas.
Ruednn las muertas fragancios
de lns rosas del jnl'dín,
y la brisa, en ambulancias,
l'oba aromas de j11zmín.
Y va mi rudo quebrllnto
por el camino insonoro
cie un humilde cA.mpos!lllto
que en mis ausenci11s afloro.
Otofío me brinda unA Alfombra
con sus hojas amarillas,
que snsurrnn en lns sombrns
como medros11s chiquillas ...
Rememoro una celeste
Aparición del p11Sado
y snrge mi idrlio ngreste

-

l.i7 -

�con su perfume olvidado.
Cam¡.,auitas de mail.iues,
las tocatas en la pinza,
un 11roma &lt;le jazmines,
y un humo azul de hogaza.
Surge la aldea sencilla,
cuuita de mis amores
con esa iugéuua chiquilla
que era flor entre las flores.
Y en las glorietas tranquilas
perfumadas de violetas
evoco esas tardes lilas
que me tornabnn poetn ...
Mis besos, c11rici11s rientes,
mezclas de luz y de cieno
y sn espíritu potente
invitándome n ser IJ11eno .. .
Dolor ele evoc»r el pnsndo!
Por qué sentimos tristeza?
Si no nos venció el pecndo,
por qué no nmnr la pun•za ... ?

••
•• ••
•• ••
••

Nadie conoce mis penas!
Suave camiuito agreste
por el que fní, paso 1~ paso,
aquella anrora celeste
cnaudo pregentí e I fracaso.
Gnijarritos clel camino

-

48

y areuita del estero
fina como el oro fino,
bien sabeis por qué yo os quiero!
Pude parecer grotesco
(escondido de la gente
ir a tomc.r el fresco
junto a la clara vertiente)
Bien sabeis por qué yo os quiero!
Vuestros sileucios bendigo .
y yo os pido que si muero
no hableis jamáf! del amigo .....
Nadie conoce mis penas
pQrqne no tuve testigos,
y los que son amigos
saben que mi vida es buena.
Olas de la mar felina
que entre las alas del viento
por besar la arena fina.
dejan oir su lamento .
Bosq nes de biuca.s oscuras,
lóbregas y silenciosas,
que en mis tardes de amarguras
me enseñaron tantas cosas.
Ilnsioues, desencantos ......
Tantos días de quebrantos
para uno de bonanza..
Ptísose negro el velámen
que era blanco cual armiño;
las brisas ya no lo lamen;
de balde les hace un gniiio ... ...

-

49 -

�El marinero está Yiejo:
fn!))a su pipa y recuerda:
era ágil como un conejo
y hasta bailaba en la cuerda ..... .
Bien sabeis por qué yo os quiero:
barcas, playas y bouanzas ......
La caución del marinero,
dijo bien mis esperanzas.
Nadie conoce mis penas
porque no tuve testigos
y los que son mis amigos
saben que mi vida es buen:1.
Barrios bajos de los puertos
podredumbres que se exhiben ......
'faberuas doude los muertos
se ill'lsiouan cou que viven.
Yo desceudí a los suburbios
cuanto sentí Ir. tristeza,
bebí los vinos más tnrbios
y ha\ lé dulce ln. pereza.
Yo vi heteras taciturnas,
viejas cou mirar de uifia,
ofr1•cerse a las nocturnas
bandas de aves de rapiña.
Y o ví en sus senos P,Xha.ustos
morir los rojos claveles,
oílas hablar de faustos
que solo las dejan hieles
...... Por eso cuando he sentido
qne mi vida era uua carga,
calladameuta he bebido
cnalquier cosa.... en copa amarga
y, cobardemente, tristemente, sin querer, sollozo ..... .
mas sieuto que alg'nieu me asiste
y me grita: hay nn reposo......
ENRIQUE PoNcE.

5o -

Impresiones de W ashíQgton
Algunas ciudades han tenido la suerte de ser
fu ndadas en lugares privilegiados, que son como
la embocadura de las corrientes de la fortuna y
adonde llegan fácilmente los elementos para un
gran desarrollo. Con3tantinopla y Alejandría,
constituyen ejemplos clásicos de este hecho en el
Mediterráneo oriental y Londres, París y Hamburgo lo son en la Europa occidental. El Nuevo Mundo nos ofrece casos análogos en las metrópolis gigantescas de Nueva York y Buenos Aires. Washington, la capital federal, no puede figurar en
en este grupo. Ha sido levantada, es verdad, en
una posición céntrica de la región oriental y en un
hermoso terreno llano o de suaves colinas a orillas
del Potomac; pero, ni por sus industrias, que son
pocas, ni por su comercio que es relativamente
pobre, ni por su animación. puede competir con
los grandes emporios de la Unión. Washington es
una ciudad artificial creada por la voluntad del
estado americano para servir de sede al gobierno
de la República, al parlamento federal y a los representantes de las naciones extranjeras. Carece

-

51 -

�de aquellas formas ele vida que resultan del creci micnto esponlúnco de los_ pueblos; pero sí posee
lo que las nquezas ele un fisco falmlosamenle opul~1?to han podido h~cer; y la capital es una poblac1on ~e hell~s avemdas, de parques, de magníficos
palacios oficiales y que cuenta, en cantidad y calidad, con monumentos como no los hay en ninguna otra parle del país. \;na amiga e inteligente escritora chilena me decía con mucha sal que v\ ashi?gton le había parecido una ciudad de día Donnngo.
En uno de los e\.lremos de la Avenida de Pensi lrnnia, que es la principal de" ashington, se alza el vasto J magnífico palacio del Capitolio, donde se hallan instaladas la Cámara de Senadores,
la de Hepresenlantes y la Corte Suprema de Justicia. Esta grandiosa fábrica es de estilo renacimiento y su altísima Y. conocida cúpula se destaca
en el fondo de la avemda como una decoración insuperable,
Del palacio se desciende por escalinaLas monumentales al vasto y hermoso parque que lo rodea.
En los días en que andábamos de visita por ahí,
que eran del mes de Mayo y de insoportable calor,
el parque del Capitolio, como los otros de la ciudad, constituía un refugio para los sofocados habitantes. Se les veía en mangas de camisa, de espaldas en el cesped o sentados a la sombra de los
fron~oso~ ~rboles Y. tirándoles miguitas de pan a
las s1mpahcas ardillas que, con toda confianza,
saltaban alrededor de ellos.
Así como en los países europeos, y especialroen-

y nrenito. Jel e~tero

:fina. como el oro :fiuo,
bieu so.beis por qué yo os quiero!
Pude parecer grotesco
( escondido de la gente
ir a tomc.r el fresco
jnnto a la clara vertiente)
Bien so.beü1 por qné yo os quiero!
Vuestros sileucios bendigo.
y yo os piclo qne si muero
110 hal&gt;leis ja.miIB del amigo .....
Nadie conoce mis pena.1
porque no tnve testigos,
y los que sou amigos
Rabeu que mi vida es bneua.
Olas de la mar felina
que entre las ala!&gt; del vieuto
por besar la arena fiua.
dejan oír su lo.mento.
Bosqnes de hincas o::1cnras,
lóbregas y silenciosas,
que en mis tardes de amarguras
me eu,;eñarou tantas cosas.
II nsiones, desencantos ..... .
Tantos días de quebrantos
para uno de bonanza.
Pú.sose negro el velápien
que era blanco cual o.rmiüo;
las brisas ya no lo lamen;
de balde les hace un gnino ..... .

�El marinero está viejo:
fuma su pipa y recnerda:
era ágil como uu conejo
y hasta bailaba eu la cuerda ......
Bien sabeis por qué yo os quiero:
barcas, playas y bouauzas ..... .
La caucióu del marinero,
elijo bien mis esperanzas.
Na.die conoce mis petJas
porque uq tnve testigos
y los qne son mis amigos
saben que mi vida es bucu:i.
Barrios bajos de los puertos
podredumbres que se exhiben ..... .
Tabernas doude los muertos
se ilnsionau cou qne viven.
Y o desceudí a los suburbios
cnnuto seuti Ir. tristeza,
bebí los vinos ml'is turbios
y hallé dnlce la pereza.
Y o vi heteras taciturnas,
viejas cou mirar de uifia,
ofr1•cerse a las nocturnas
baudas de aves de rapifia.
Y o vi en sus senos P,Xhanstos
moril' los rojos claveles,
oílas hablar de faustos
,¡ne solo lns dejan hieles
...... Por c;;o cnautlo he seutido
q ne mi vida era uua carga,
calladameuta he bebido
cualquier cosa .... cu copa amarga
)', cobardemente, tristemente, sin querer, ~ollozo ..... .
mas siento que alguien me asiste
y me grita: haJ· nn reposo ..... .
ENRIQUE PoNCE.

5o -

Impresiones de Washington

Algunas ciudades han tenido la suerte de ser
fundadas en lugares privilegiados, que son como
la embocadura de las corrientes de la fortuna y
adonde llegan fácilmente los elementos para un
gran desarrollo. Con::;tantinopla y Alejandría,
constituyen ejemplos clásicos de este hecho en el
Mediterráneo oriental y Londres, París y Hamburgo lo son en la Europa occidental. El Nuevo \fondo nos ofrece casos análogos en las metrópolis gigantescas &lt;le Xueva York y Buenos Aires. VVashington, la capital federal, no puede figurar en
en este grupo. Ha sido levantada, es verdad, en
una posición eéntrica de la región oriental y en un
hermoso terreno llano o de su:n es colinas a orillas
del Potomac; pero, ni por sus industrias, que son
pocas, ni por su comercio que es relati,amcnte
pobre, ni por su animación. puede competir con
los grandes emporios &lt;le la Cnión. Washington es
una ciudad artificial crea&lt;la por la voluntad deJ
estado americano para servir dQ sede al gobierno
de la República, al parlamento federal y a los representantes &lt;le las naciones extranjeras. Carece

-

51 -

�de aquellas formas de vida que resultan del crecimiento espontáneo de los pueblos; pero sí posee
lo que las riquezas de un fisco fabulosamente opulento han podido hacer; y la capital es una población de bellas a,•enidas, de parques, de magníficos
palacios oficiales y que cuenta, en cantidad y calidad, con monumentos como no los hay en ninguna otra parte del país. Lna amiga e inteligente_escritora chilena me decía con mucha sal que "ashi?gton Je había parecido una ciudad de día Donnngo.
En uno de los extremos de la Avenida de Pensilvania, que es la principal de Washington, se alza el vasto y magnífico palacio del Capitolio, done.lo se hallan instaladas la Cámara de Senadores,
la de Representantes y la Corle Suprema de Justicia. Esta grandiosa fábrica es de estilo renacimiento y su altísima y conocida cúpula se destaca
en el fondo de la avenida como una decoración insuperable, .
.
.
Del palac10 se descwnde por escalrnalas monumentales al vasto y hermoso parque que lo rodea .
En los días en que andábamos de visita por ahí,
que eran del mes de Mayo y de insoportable calor ,
el parque del Capitolio, como los otros de la ciudad, constituía un refugio para los sofocados habitantes. Se les veía en mangas de camisa, de espaldas en el cesped o sentados a la sombra de los
frondosos árboles y tirándoles miguitas de pan a
las simpáticas ardillas que, con toda confianza,
saltaban alrededor de ellos.
Así como en los países europeos. y especialmen-

te en

los del norte, se halla consagrado el estilo
ogival como el propio de los palacios consistoriales y otros de caracter público, en los Estados
Unidos han recibido consagración análoga para las
casas de gobierno los edificios de estilo renacimiento revestidos de gigantescas cúpulas. De esta
suerte encontramos imitaciones más o menos bellas del Capitolio en Oakland, en Sacramento, en
Madison y otras partes.
La Biblioteca del Congreso, ubicada no léjos
del Capitolio, separada de él por un regular espacio del parque mencionado, es también un ámplio
y bello edificio. No tiene las proporciones de grandiosidad externa que distinguen a aquel palacio,
pero en hermosura interior lo supera con mucho.
Los mármoles más ricos y de variados colores han
sido prodigados y artísticamente combinados en
pisos, escalinatas J columnas. Las bóvedas, galerías y salas se hallan decoradas con admirables
pinturas murales que simbolizan los estados más
importantes de la cultura humana. Sirve de salón
de lectura una imponente rotonda octogonal de
j aspe amarillo, extensa, alta y magestuosa como
un templo. A ella puede entrar cualquiera persona que desee consultar o leer alguno de los dos
millones de volúmenes con que cuenta la Biblioteca. A la altura del segundo piso, la rotonda forma uua gulería o tribuna circular a que tienen
acceso los visitantes que no van a leer, y en cuyo
antepecho se levantan como adornos cerca de veinte estátuas de poetas, filósofos y escritores, en
bronce y de porte natural.

-

53 -

�~o vacilo en decir que el vestíbulo es de u na belleza deslumbrante. J que todo el e&lt;li_ficio por su
riqueza y valor artístico debe ser el pr1 mer monumento arquilcrtóniro de los Estados Lnidos. Su
magnificencia solo puede ser comparada con el de
la basílica de San Pedro en Roma o la del Teall'o
ele la Opera de París.
La Biblioteca posee también ri11uísimas colecciones de mapa:; y grabados.
Otro importante edificio &lt;le la capilal, y de especial valor para los latino-americanos, es .el palacio de la Unión-Panamericana. Se ve que se ha
querido darle u 11 canicler reprcseutati, o. La construcción es de un estilo que podríamos llamar tropical del coloniage. El centro de la casa lo forma
un &lt;Yran patio espaiiol en el cual se mantienen como ~'ldornos plantas ~e la zona tórrida. En _medio
de ellas. dan realce a la escena algunos vistosos
papa o-a, os. ~Por qué se ha elegido lo tropical co1110 r~p~'esentati, o ele toda la A.n1érica Latina? eLos
papao·ayos están ahí corno cifras simbólicas de la
supu~sta verbosidad &lt;le los pueblos de este continente } de su disposición a repetir lo que los demás dicen? Quizá no haya habido tal maliciosa
ironía, ) la preferencia en favor de las plantas y
pajarracos ~e la rcgi?n ecuatorial haya !·c_su Ilado
Je que se ªJustan ruCJOr que otros a proposllos dccoratirns en un espacio reducido.
En la coruisa que rodea al patio se destacan los
nombres v los escudos de las naciones latino-americanas y "en una galería ad) acento, puestos en columnas de mármol, se oslcnta11 los bustos &lt;le los

54 -

héroes de la independencia de estos pueblos: Bolívar, San ~lartín, Artigas) tantos otros. lJna columna se ve desocupada en espera de su busto.
¿Fué d~stinado quizá por. un error a un pueblo
desgraciado que no ha tcmdo héroes? Ah! oó. Es
la que debe sustentar la imágen del héroe chileno
O'Iliggins. Mientras tanto, nuestro padre de la
patria, algo del espíritu de Chile, está ausente de
aquella congregación sagrada de mármoles vener ables.
~o podemos ocultar que nos dió pena esta
muestra de tanta negligencia.
Desde todos los puntos que hemos recorrido,
desde todas las calles, playas y parques se divisa
dominante el monumento del héroe epónimo de la
ciudad, del héroe nacional, del gran Wasliino-ton.
0
1Qué concepción más original y grandiosa!
_\fás allá de un umbroso parque en los bordes
de la población por el lado sudoeste, se alza cu
una despejada elevación natural del terreno la colosal obra de granito. Es un obelisco inmenso de
quinientos cincucnLa y cinco piés de alto que se
eleva hasta el ciclo como u11 mástil enorme, cortando la bóveda azulada con sus líneas rectas, magesluosas y ligeramente convergentes hacia arriba.
L:i ideación de este monumento rcxela cierta au&lt;lacia artística e intuición psicológica. No era fácil
:tdivinar en la simple contemplación de un plano
el cfecLo mar1nilloso que iba a producir en la realidad dentro de su extremada desnudez: de aquí
que fuera audacia concebirlo; y por lo mismocorrespondc admirablemente, como talvez ninguna

�otra cosa pudiera haberlo hecho mejor, a la gr~ndcza, sólida sencillez J rectitud del hé:oe que mmortaliza; de aquí su mérito psicológtco. En sus
caras lisas de dura piedra gris, no se encuentra
nin"una inscripción, ningún relieve, ningún medallón representativo. La columna se yergue ~oberana sobre la capital y la planicie corno un gigante silencioso, reconcentrado J bueno, enc~rgado
con su actitud de proclamar por la et~rmdad la
o-loria de un orande hombre; como un g,ganle que
despidiera efluvios bienhechores y obrara en los
espíritus por la evocación de sus val~res morales.
«~o os admireis, parece decir, de mi mudo continente acerca de mi significación . A mí no me
hacen falta caracteres escritos, ni cifras, ni retratos ni vanos adornos. Vosotros que pisais esta
tie;ra del héroe no podeis ignorar por qué estoi
aquí. Miradme, tneditad y elevad vuestros corazones en una oración de civismo.»
E~mQUE

11 11 11

MouNA.

Polvo Dorado.
Del libro "Vuelo en la Sombra".

Como lluvia de flores en campo de armiño,
mis recuerdos alfombran mi ruta soleada.
Soy el mismo muchacho de ayer, y quisiera
ser el mismo muchacho mañana.
Hay un suave rumor de agua siempre viva,
y de hojas que mueve la brisa ligera:
unos labios que besan los míos, y luego
unos ojos que lloran mi ausencia.
Siempre ha sido lo mismo: mis férvidas manos
han formado con plumas de ensueños un nido,
y una tarde cualquiera en que sopló mal viento,
han nevado cenizas de olvido.
iOh, mis manos, princesas de amor y pecado;
oh, mis dedos, si hablasen, dirían imis dedosi
un poema de suaves contornos humanos,
temblorosos de deseo.

-

56-

�Ellos oirá11 mat1ana la misa de requiem
de mi vejez, si baja también a mi huerta.
Mis recuerdos, floridos, el polvo dorado
serán de mis alas inquietas.

A un grillo

Discurso pronunciado por el doctor Santín C. Rossi,
(Adoración)·

en la Recepción académica en honor de los. doc-

Sobre el libro cerrado, en el vientre de oro de
[una O inicial,
se ha detenido el grillo y se ha -eu~s~o a escuchar ...
-En mis ojos un beso y en m1 s1g1lo amor ... ,
dos ópalos bañados en fervorlban ya tantas noches, tantos días,
que cantaba, cantaba, donde y cuando quería¡

tores Osear Fontecilla y León Velazco Blanco.

Grillo, huesped de mis libros y mis versos,
promovedor nocturno de mis divagaciones y en[sueños inconexos;
si supieras quien soy Cendulzarías
con la voz de tus élitros la mía?
csería tu sutileza capaz de resistir
.
el ofensivo aliento de mi humano decir?
· Grillo hermano, grillo hermano,
como un cáliz se abre el"hueco de mi mano.
Verás que, aunque soy hombre, no soj inc?mLPrens1vo,
y que sé no dañar a un ser inofensivo;
te hablaré blandamente,

_.

58 -

Amigos:
Saludamos en vosotros a dos heraldos de la
Ciencia en América.
Por segunda vez venís a testimoniar en Montevideo vuestro fervor por las causas sagradas. Estudiantes , vinisteis a evocar el porvernir del Continente, en un arranque de solidaridad fraternal;
médicos, os sigue preocupando el porvenir de
América, puesto que estáis aquí para ocuparos de
los niños.
Habéis sentido, por dos veces, a largos años de
distancia, el deber de las civilizaciones que se acercan a la edad adulta, ese deber superior de no seguir siendo parásitas de las civilizaciones provectas. La continuidad de vuestro pensamiento es noble augurio de eficacia.
En el estado actual de América, ya no hay de1-echo al parasitismo. La gravedad de la hora es
demasiado intensa para arrojarla toda sobre los

60 ·-·

..

�como a aquélla que en sueiios a m1 espírilu aso.
[ma;
( no en palabras candentes de algún bárbaro idio[ma)
en la lengua que tienen para tí, la borraja,
el trigo, un pliegue, un muro y la brizna de paja.

hombros de Europa, por rohuslos que ellos sean.
Es menester demostrar que el Nuevo Mundo es algo más que un gigantesco mostrador de aduana,
que compra ideas e instituciones con la lana de sus

Grillo hermano, grillo hermano,
hay tibiezas de nido en el hueco de mi mano.
AnM.

CARRILLO RuEDAS.

Docter OSCAR FONTECILLA

corderos y el trigo de sus, -pampas_. '•Pesa com_o
una montaña sobre la Amenca Latma-nos lo dijo nuestro doctor Soca en un discurso memorable
- la acusación de esterilidad. Habría malgastado
sus maravillosas eocrgfas en bajos y fútiles placeres, y nada habrfa llevado al patrimonio común

,
-- 59 -

�de ideas J de emociones que son la fuente y la excusa &lt;le la vida lmmaua".
Repitamos con rubor esle ultraje, en la esperanza de que las jóvenes generaciones de América
tendrán la dignidad de levantarlo. No es que JO
piense que deba hacer una ciencia '' americana"
ui un concepto ''americano" sobre las cosas. porque sé que la vida es maravillosamente única a
lraves de sus mil formas, desde el v~jetal hasta el
hombre, y qu~ así como todos los fenómenos de
la vida pueden reducirse en definitiva a una sola
función, a la función de asimilar, acaso las mil
formas de la vida misma puedan reducirse a un
solo fenómeno, el del equilibrio físico-químico de
la Energía, ley de la célula que no es hombre y
de la molécula que no es célula.
Pero por lo mismo que es discutible la posibilidad de una ciencia regional, es más discutible aún
la necesidad de esperar de otros continentes la revelación de nuestros destinos de hombres.
América está. situada mejor que cualquiera otra
colonia humana para encarar los problemas eternos de la humanjdad, porque ya conoce la senda
de la Montai'ía-la Ciencia - y no sienle a sus
pies la cadena que limita los vuelos dcGnivos, la
Tradición.
Porque el progreso de la humanidad en la ruta
de su evolución es una suma algebraica de Ciencia y Tradición. La diferencia entre ambas entidades es más de métodos que de aspiraciones. Ciencia y tradición son dos esfuerzos nobilísimos que
hace la inteligencia humapa para comprender la

,·ida , solo que donde la Tradición se detiene, creyendo termmada su obra, la Ciencia sigue investigando. La tradición es la Historia que cuenta los
ensayos de los primitivos, mientras la Ciencia aspira a ser una Historia de la Realidad, la historia
natural del Universo.
Se repite en las aulas como un dogma la frase
de Michelct: "La Historia es la maestra de la Humanidad", a pesar de que esa frase es tan falsa
como popular.
Si la Historia fuera la maestra de la humanidad, no hubiera hahido en el mundo un César
después de un Alejandro, un Napoleón después
de un César, ni esa caricatura de Carlo Magno que
van a senLar en un banquillo para responder de
delitos policiales!
La lustoria será la maestra de la Humanidad
cuando no sea la de los hombres, sino la de la naturaleza.
La historia de los hombres tiene el pecado original del Error, porque faltó en sus documentos
el bautismo de la Ciencia: fué hecha por la imaginación ensayista de los hombres, ella si personal
o regional, y cambiante como el temperamento individual que la alimenla. La ciencia es, como la
tl'adición, un proceso humano, pero no tiene la
pretensión do ser origi11al ni creadora; ella queda
sorda a la Imaginación que la empuja desde adentro y vuelve hacia el hombre· desde su puesto exterior de observación.
Esa es la sola diferencia entre ambos métodos
de conocer la Realidad, pero ella es inmensa y de-

-

63 -

�c1s1va. Arrancando a la Naturaleza los secretos de
su conservación J su marcln progrcsiva ,-aunque
se le escaparan siempre los ele su origen,-es como la inteligencia humana podrá un día dar estabilidad a sus ensayos, y dejarlos como instituciones definitivas. La Tradición no procedió así, ni
era posibfe que procediera, falta de instrumentos
&lt;le observación,-y el hombre tuvo que improvisar porque tenía impaciencia por salir del estado
animal &lt;le la primera colonia humana.
Sería infantil acusar al primitivo de no haber
i1n-cntac!o el matraz o el microscopio, pero es tan
infantil exigir de la Ciencia la obediencia a la tradición que ocupó un espacio por oo haberse inventado todavía ni el matraz ni el microscopio.
lloy, el edificio de la civilización tradicional
cruge un poco por todas partes. Y he aquí que
mientras los hombres de ciencia se aprestan al
examen de los muros que se caen, los tradicionalistas se eponen, redoblando de energias para
apuntalar los techos sin cimientos.
La Tradición es muy fuerte todavía porque
arrojó en el terreno más fértil del hombre: el Sentimiento.
Todo lo que constituye la Tradición-obediencia. al pasado, el respeto al Presente, el temor a la
transformación sacrílega-Licue por base la es·poutaneidad de un sentimiento, inconsciente como una
cuna, sagrado como una tumba. Cuando el sentimiento ha dejado de ser espontáneo y se analiza,
la tradición empieza a derrumbarse. Entonces aparecen los renovadores, que no son más infalibles
-

6{¡ -

que los otros hombres, pero que tienen sobro los
otros_ !a -ventaja de que han perdido la fé en la
Tradtc16n, dulce venda sentimental que impide la
visión inteligente. de las co.,as.
Y bien, esta últi ;n:i es la sit:.rnci6:1 de nuestra
A~érica, en lo:. deba~cs del prc3Jute. La propia
ps1colocri.a de la conquista uos auguró esa misión
renovadora. Aqu· vínieron los avculuroros, los rebeldes. los audaces, los segunJoncs desheredados,
y su ~bra primera fu~ desmentir lo.; dogm::u; que
pare~1ao etcruos. As~, practicaban li Rcliiión, que
predicaban la fratermdad y la paz entre los hombres, y ellos mataban; crcian en la Patria como en
una institución divina, y se la arrebataron al natiV? para un amo de ultramar; proclamaban la Propiedad, como un derecho de posesión, y ellos
robaban la ~el indígena, _q_ue pasab:m de señor a
esclavo; cre1an en la fam1ha como en un rito sagrado, y violaban las esposas de los indios, para
luego abandonar sus bastardos en los hogares destruidos.
El Sol de los Incas alumbró todas las má11chas
de la civilizacióu tradicional, y lo que se deduce
d~ _los horrores de la conquista no es tanto la falib1hdad de los hombres como la fragilidad de los
dogmas.
_Esto hace la superioridad de A~érica para examinar los defectos de la· vida actual del hombre.
Tod~ lo_ que la mueve es aj~no, y su mentalidad
propia tiene un poco el aspecto de sus tierras virg~n.es, con algu~a zarza de a·b andono eh la stlt&gt;erfic1e mculla, pero mtacta la poteneia de su fecundidad.

-

65 -

�Si la generación actual no hiciera otra cosa que s?mbrar en la mentalidad americana el culto de la ciencia y el concepto verdadero de la Tradición, ya habría ella puesto la proa del Continente rumbo al
destino.
¿Cuál será ese -destino?· ...
Ya no es profecia augurarlo como el señorio del
Hombre, sobre él mismo y las cosas de su ambiente.
Todo hace suponer que el Hombre, libertado de
las tradiciones que lo sujetan al · error, levantará
sus edificios sentimentales . sobre las leyes de la
Naturaleza. El tema es vasto y la obra es ardua
todavía, pero como la vida es un fenómenó del
equilibrio universal. el hombre mismo tiene que
entrar en las leyes_del equilibrio si quiere seguir
viviendo. Yo tengo confianza en el porvenir, porque observo que mientras todos los ídolos caen, la
ciencia sigue su mar~ha ~riunfal. ~ero, por desg1;acia, los hombres de ciencia son umlaterales todaV1a.
Les falta aceptar el Sentimiento como una fuerza
natural, cuyo poder efectivo ahora desconocen o
desdeñan. Cierto que el Sentimiento no es mensurable, y que siempre quedará por encima o par
afuera de la ciencia, como el color cambiante de
los pétalos queda fuera de las leyes nutritivas de
una rosa.
Pero la Cieneia no se opone en nada al Sentimiento, y en lo único que éste cambiaría si lo
aceptara por guia, seria en tener por cauce la Verdad en lugar del Error. La Ciencia no excluye ·la
existencia de las emociones que e..xplica, como el

-

66 -

botánico no destruye el encanto de la rosa cuando
descr~be el eign~ento que le da color.
~~1, la Ciencia daria como tema al sentimiento
religioso ~l culto de la vida y el amor a los hombres; harta ~mar a la patria la cooperación social
en la conqll:1sta sobre el a~óiente; haría respetar
en la propiedad la necesidad de ubicación en el
espacio y el lejítimo goce del esfuerzo· consolidaría en la familia.!ª abnegdción mutua que dicta
el afecto_ y la emocion de recuerdos que no quieren morir.
La ciencia, en fin, no aspira más que á dominar todos los a_spectos de las cosas que rodean al
Hombre, y a darselas al Hombre para su emoción
señora del mundo. Pero no al Hombre actual:
p_o_bre ~rometeo en~denado á la roca de la tradiocion, smo al Hombre conocido y explicado a su
vez, al hombre completo, libre de los buitres que
é~ mismo
ejendrado, apto para todas las- emocion':5 y digno de toda libertad, porque por haber
do~•-ºª?º todas las formas de equilíbrio tendrá su
e~u~hbr10 supremo: el dominio espontáneo de su
limite .. .
. Sobre ?Sta visión de gloria termino este mensaJe de los mtelectuales de Montevideo a dos hombres de cienci~, de América, recordándoles que el
pu~blo que deJO huella más profunda en la civilizaci?n fu.é aquel que pobló el Olimpo con imágene,s 1deab~adas de _h~mbres y mujeres, dándose
as1 por dioses sentimientos humanos que él no
pudo pcrfeccionar.

?ª

fil

11

�1

Fragmentos de la coAferencia del Dr Fontecilla,
sobre LA FÉ DEMOCRÁTICA.
iCólllo influyen en los juicios humanos. lo.s af'ectQ~ q,ue nos dominan! ICómo los sentimientos invaden ~n impetuoso flujo los dominios de la razón:
como la oscurecen, o iluminan, la orientan o la
pierden! Hermosa página de 1:\ 6losofía es ésta que
estudia las íntimas relaciones y armonías, los con.tra~~tes y conflictos de la raz~m y del afecto. desde
los planos suaves y claros de la normalidad
corriente, hasta ~os, lin9eros si~i~stros de la enfermedad y la locura.
Mucho hablamps de evolución y trasformismo,
Ber? ·es. ~o cierto qu13,, _sin _dii;cutir las sucesiones
filoJenétic~s. en la. historia aparece el hombre
como una especie 6ja, en el sentido de presentar
caracter~s propios tan eminentes y distintos del
mundo orgánico, que ya se exije la formación de
una nueya ciencia, separada de la biología general,
la biología humana, en la cual se descubren leyes
especiales y esclusivas de nuestra vida, sin corres-

-

68

pondencia apreciable entre los seres inferiores. En
efecto, señores, la anatomía de nuestro cerebro
se asemeja mucho á la de otros animales, pero
funcionalmente, hay un abismo entre ellos y nosotro~. El cerebro humano culmina por su función y
el hombre se define por su función psíquica. Nuestros actos se diferencian de los movimientos reflejos y de los actos más o ménos automáticos por la
interposición entre el impulso esterno y nuestra
reacción motora de un elemento psíquico de tal
manera preponderante, que imprime al hombre
un sello específico. Nuestros actos se determinan
sobre todo por este factor interno constituído casi
esclusivamente, segun el comun sentir, por nuestras ideas. ¿Quién no ha oído proclamar como
verdad incocusa este postulado lleno de nobleza:
las ídeas guian al mundo, las ideas conducen a
los pueblos, las ideas arrastran a las multitudes?
Se cree afirmar así la definitiva liberación de la
especie, la gloriosa supremacía del intelecto sobre
las influencias inferiores. Hay, sin embargo, en
esas fórmu las así definidas la supervivencia funesta de un error cuyas consecuencias, múltiples y á
menudo gravísimas en la vida social, en la vida
política y en la vida internacional de los pueblos,
vale la pena poner en evidencia. Pero antes de
tocar este aspecto tan importante de la cu~stión,
debo definir mi propia actitud.
Yo no entro en esta amplia casa del pensamiento co:no delegado de ningun gobierno, como representante de ningun pueblo, como ciudadano de
ninguna república, como discípulo de ninguna

-

69

�escuela, prósélito de un partido, propagandista de
un culto o defensor fanático y heroico de ninguna
bandera! Entro en mi simple calidad de hombre
y me encaro con los fenómenos sociales como ser
libre, autónomo y pensante. Si la verdad que yo
proclame á alguién hiere, amigo ó estraño, miserable ó magnate, nación ó grupo, no es culpa mía
ni de nadie: será una chispa errante que a traves de
mi cerebro llegó a mis labios y como sabeis, señores, la luz viene de arriba y no podemos evitar que
el sol alumbre!
Contra lo que comunmente se cree, en el juego
constante de los influjos psicolójicos, es el elemen- .
to afectivo lo que determina la acción: no es imá.;.
gen o representación en si misma lo que produce
el impulso, sino el tono emocional que la acompaña Lo que equivale a decir que la fuerza es el
afecto, siendo el pensamiento solo su vehículo y
nadie discute ni pone en duda el poder dinámico
de los afectos que intervienen en las relaciones humanas de tal modo que a priori, se puede. asegurar
su soberanía casi absoluta en nuestra vida diaria,
individual y social. La imágen pura, si alguna influencia tiene en el determinismo de los actos, lo
ejerce por intermedio. del tono emocional que la
acompaña. y así afirmamos que las llamadas ideasfuerza son aquellas que producen estados emocionales o pasionales más o . ménos intensos. No gobiernan, pues, al mundo las. concepciones abstractas y de allí resulta lo que podía preverse: no son
los más altos y sólidos intelectos los que acaudillan

y manejan a las multitudes ni son los sabios los
que mayor espacio ocupan en el determinismo de
las acciones colectivas: son los hombres plenos de
pasiones indomables y afectos irreductibles, capaces de despertar por contajio sentimientos análogos en la grei humana; son los evanjélicos y los
santos, que arden y se consumen en la- hoguera
perpetua del misticismo, y son los trovadores y los
poetas, esos sensitivos armoniosos y dulces queparecen evaporar todo su espíritu en la divina fragancia· de sus versos. Son ellos, señores, los que conducen al mundo: son ellos los fuertes. Aun estamos
llorosos por el que acaba de marcharse por los
caminos de la gloria: ( 1) hemos quedado como
sumidos en una orfandad inmensa, y al apagarse
su voz que fué como una caricia suave y purísima,
al cerrarse como en un sueño de justo sus ojos
cargados de divinos y superiores reflejos, se ha
hecho en las conciencias un vacío angustioso y
desolante y nuestro desgarramiento íntimo atei,tigua que se ha tronchado uno de los más sólidos
pilares de nuestra ~lma.
Y no hay para que insistir sobre un hecho cuya
evidencia se impone por sí misma. El afecto es el
gran motor de la sociedad; es la fuente inagotable
de nuestra energía dinámica; es, en rcsúmen, el
impulso, el movimiento, la acción.
(1). Acabab ~ de fallecer en Montev ideo el poet a Amado Nervo

�Ahora bien; el proo-reso se realiza cada vez que
una idea útil se satur~, por decirlo así, de un tono
emocional suficiente p_ar~ ponerla en march:1; Ideas
útiles puestas en movimiento por la emoc10?; eso
es el progreso y prosupone, en consecuencia . un
doble desenvolvimiento: intelectual y afectivo.
Nuestro avance ideolójico exige una evolución s~ntimental adecuada para que se prod,uzca _el meJOramiento. Y nuestro progreso se~•a. umf~rme y
armónico el dia que el desenvolVImtento intelectual y el afectivo fuesen paralelos. Pero este paralelismo no existe.
Empleamos nuestra inteligencia y nuestra a~tividad donde podemos, pero sus resultados vanan
según el punto de aplicació_n. ~sta aplica~ión'. ,en
la naturaleza, produce la ciencia; esta aphcac10n,
sobre la humanidad · misma, produce la moral, y
con la moral, la justicia. Pero de las dos tar~as,
una es más fácil que la otra y va más de :er1sa.
Conocer y dominar a la naturaleza, es un Juego
comparado con la obra de conocer y moralizar al
hombre. Y de esta falta de paralelismo entre laa
dos formas fundamentales del desenvolvimiento
humano resultan todos los conflictos y todas las
crísiis de la sociedad. El desenvolvimiento intelectual tiene como resultante el conocimiento y el
saber ; el dese~volvimie_nto y e~ saber; el desenvolvimiento afectivo se smgulariza por el ensanche
continuo de un sentimiento básico: la simpatía humana. La idea nueva puede ser todo lo atrevida,
todo lo cruel y todo lo peligrosa que se quiera: no
hará daño alguno a la sociedad si se le opone

-

72 -

como defensa el sentimiento invencible de la simpatía humana.
Como dos corceles de desigual vigor y &lt;le empuje desigual, el progreso intelectual y el progreso
moral nos tiran de traves y a veces Jlegan a comprometer en forma grave la ma1:ch~ del conv_oi.
Cuando el retar·do del · desenvolvumento afectivo
es demasiado grande en un grupo civilizado, puede
lleo-arse hasta la aberración do emplear iodas las
fu~·zas de la vida en la producción de la muerte
Ahí está el caso reciente de Alemania.
Acabo de leer el notable discurso de Poi ncaré en
la Escuela Normal Superior; creo imposible que se
resuma con más habilidad el largo proceso histórico que nos esplica la conducta anti-humana de los
imperios centrales. Sin embargo se puede ahondar
más aun el estudio científico de este caso. Recuerda Poincaré la frase de Ernesto Haeckcl en su Antropo(J'enia: «La fuerza prima sobre el derecho,» y
la de Hasse: «La moral del amor al prójimo, que
puede ser admitida entre individuos, no debe ser
tolerada entre naciones&gt;&gt;. A esto hacen coro 93
famosos profesores , hombr~s eminentes, un_iversalmente conocidos. Y en realidad no hacen srno formular las últimas y estremas consecuencias ló~icas
de su ciencia. Allá nos llevaban las deducciones
razonadas de la biología, como podemos verlo en
las propias obras de Le-Dantec: &lt;&lt;Espíritus jenerosos han deseado el adYenimicnto del reino de la
ciencia, porque han visto en él la promesa del ~ei110 &lt;le la justicia. Hay que dcsengaiíarl~3; el rc1_no
de la ciencia, si es posible, si una hum1111dad lógtca

�es capaz de vivi1·, no será el reino de la justicia pues
la justicia no es una yordad científica. Es necesario
ser muy poco clarovidentc para no percibir que la
moral es una supercheria. No se trata ya ele saber
cuál es la causa buena y cuál es la mala. Las armas
decidí rán y el buen derecho será el del vencedor. Los
hombres que c1·een verdaderamente en esta vieja
moral son unos ingenuos. La moral está en quiebra y no -se rehabilitará sinó para los imbéciles. o
hay más derecho que el que se puede defender a
cada instante por la fuerza". De donde fluye esta
conclusión: •'Los descubrimientos científicos contradicen los principios sobre los cuales reposa la
sociedad humana desde hace siglos y que la guerra
actual ha reducido a la nada, mostrando que, en
las grandes ocasiones, todo el mundo se inclina
ante el derecho del mas fuerte».
Pero ecómo la ciencia pudo llegar a proclamar
estas fórmulas monstruosas?
La ciencia positiva contemporánea se halla impregnada y dominada de un lado por el dogma del
trans formismo y la doctrina evolucionista, de otro
lado, por la unidad de las le1e.s de la naturaleza,
desde el guijarro hasta la amiba y desde la amiba
hasta al hombre.
La tendencia general de la ciencia a medida que
progresa, es la de acercarse más a la unidad. Mientras mejor so conocen los diversos cuerpos que
forman el universo, mejor so aprecia el carácter
general de las leyes a que so llega; se tiende asi a
universalizar las relaciones y las leyes que la ciencia esperimental ha revelado y se concluye en el

monismo científico, os decir, en una ciencia única
para todo el universo: cuerpos inanimados, seres
vivos, hombres. I es. esta ciencia única, comun a
todos los cuerdos del universo lo que so, quiere dar
por baso y fundamento a la nuern 6losoüa.
Se l~a estudiado la serio de todos los cuerpos
del umvers~, desde el hombre hasta la amiba y
hasta el guijarro y se ha declarado que idénticas
son las leyes para todos y que es imposible descubrir en un término de la serie, el hombre, por
ejemplo, una facultad que no so halle ya en grado
más o menos desarrollado, en los términos más
inferiores de la serie. Es el antiguo razonamiento
de Diderot: c1 hombre es una arcilla viva; además
es un ser pensante. Por consiguiente, para la ciencia así comprendida, siendo iguales las leyes en
todos los grados de la escala de los seres y de los
cuerpos del universo, no pueden existir para el
hombre reglas do conduela diferentes de las que
rij~n Pª:ª e~ conjunto del mundo: no hay, pues,
mas obligación moral, deberes y derechos, ideas
~el bien y de lo justo en el hombre que en el gui¡arl'O; el uno y el otro obran fatalmente, no hav
más mor·al fara el uno que para el otro: se suprime la mora.
. Para esta misma doctrina, desde el punto de
vista de las relaciones de los in&lt;li, iduos entre sí,
sólo es aplicable e inteligible la ley de la lucha por
la vida, que es la ley darwiniana del universo entero; no hay deber ele solidaridad ) de colaboración para el progreso entre los hombres que entre
las piedras clcl camino y los árboles de uua selva;

�no hay más derecho inlerindividual o internacional que el que crea la fuerza; todas las asociacion:s. humanas so b~san csclusivamontc sobre el
ºo?1s~n? y su capacidad el~ daiiar. Acoplando estos
prmc!p10s se acaba la soc10logía y la moral, o moJ?r dicho, se ll_ega .ª promulgar, con toda la autondacl de una c10ncia sopara de sí misma, una moral _obsolutamente inmora_l y una sociología antisocial q_~e nos condu?1_ría, aplicándola, a la
&lt;lestrucc1on total y definitiva, no sólo do todo el
progreso humano, sino de toda la sociedad humana.
\ bien, set1ores, en estos postulados, cubiertos
con un manto tan augusto, hay un error, error
profu!1do que ton:ia ahora proyecciones trágicas,
san_gnenlas y ternbles. La ley de Darwin no se
ap~1ca en nuestrá sociedad como se aplica en los
amn:ialos porque entre nosotros la modifica sustancialmente una fuerza nueva, poderosísima, de
la c_ual ~an ~fo lomar nota los investigadores y los
sab10s s1 qm~ren . construir la nueva ciencia que
se reclama, s1 quieren construir la biolo..,ía humana. Est~ f~erza, esto factor es la simpatíf lrnmana,
ese senhm1enlo que, romo decimos define en cierto modo nuestro desenvolvimiento afectivo ensanchándose per?nn?rn.enle i &lt;laudo a nuestra especie
su sello prop10, umco y caraclcrístico.

.. É~t;e· ·1~~ · ~~~bl~~ · g~;~fl;1i~;s: ·i i~~~~tabl~
atraso do su desenvo!Yimiento afectivo hizo posible ese co?s?r.cio abominable del orror científico
con un m1shc1smo primitivo correspondiente aca-

so a etapas ancestrales y remotas de la especie.
Esta desarmonía, este verdadero desdoblamiento
de la personalidad, puede revestir tan lo en el índi"iduo como en los pueblos las formas jenuinas
do la vesania y traducirse por actos de verdadera
locura. Felizmente las naciones más civilivadas,
aquellas en que la simpatía humana alcanza el
máximo, lograron encerrar a los pueblos &lt;le tendencia anti-social en una invencible camisa de
fuc-rza. Y como la justicia moderna es no sólo represiva sino pre,enli,·a, como no sólo ve el crímen, sino que estudia al criminal, para comprender la actitud severa de Inglaterra y Francia en
los momentos actuales, es preciso tener presente
que se hallan abocados al grave problema de pre\'enir futuros accesos &lt;lelirantcs y místicos do la
Europa Central. :\o ejercen venganza: hacen la
profilaxia.
Sin embrago, señores, no diríamos la verdád
entera si no afirmáramos que esta. desarmonia existe tambien en ciertas grados en todos los pueblos
de la tierra. Esta desarmonía existe, además en
lodos los hombres. I es más acentuada, más patente, más honda , en los individuos que en la sociedad .Y que en los pueblos, lo que equivale a decir
que la sociedad en su conjunto es mejor que cada
uno de nosotros; la humanidad es mejor que el hombre. En sociolojia, no es cierto que el todo sea la
suma exacta de las partes, y así ocurre que un
ejército puede resultar mejor que sus soldados, así
como el amor. segun la espresión &lt;le ;\fusset, es
mas bello que los amanlc&gt;s.

-

77 -

�Esto es una verdad inconmovible y fecunda: la
sociedad mejor que el hombre, lo toma, lo corrije,
lo moldea, lo levanta, lo dignifica y lo guia. El
individuo solo, aislado, entregado a su propio instinto, el hombre primitivo, en fin: ~o es moles~ado por ningun lazo'. no se halla_ coh1b1do en la satisfacción de su ego1smo por mngun deber, no lo
detiene ningun sentimiento moral. Pero he aquí
que llega la asoci~ción q~e lo libra de su propia
bajeza, de su propia ferocidad y lo defiende contra
la ferocidad de los otros hombres. Esta nueva entidad superorgánica que llamamos sociedad, ~o
sólo lo auxilia y favorece en su lucha con el med10
cósmico; lo abriga tambi~n _contra la agresi?n ~umana. El triunfo del socialismo (tomo el término
en su más amplio sentido) sobre el individual~smo
ancentral, es, pues, el triunfo y la liberación del
individuo, porque, lejos de deprimir la libertad,
permite, por el contrario, su desarrollo, en lo que
ella tiene de superior y de noble, ·
Por consiguiente, la sociedad empuja al hombre
hácia arriba, pero lentamente. El individuo está
en retardo respecto de la sociedad. He aquí una
prueba. Acabamos de celebrar una_grande y hermosa asamblea destinada a estudiar los medios de
conservar y mejorar la raza protejiendo a la infancia. Tengo a la vista las c?nclusiones de es~ c~ngreso: ellas son verdades científicas, son rect1fi_cac~ones justicieras, son medidas santas y humanitarias
que los sabios aconsejan y proponen a la sociedad.
La sociedad americana las acepta, las acoje, las
aplaude. Mas, ¿cuánta parte de este código jeneroso

se aplic~rá en la vid~, cuántas de estas reparaciones escritas se traducirán en efectiva justicia, cuántas de estas verdades se pondrán en marcha? Por
el momento una mínima parte, y trabajosamente,
penosamente, porque el egoísmo individual se defiende con dientes y uñas; el grito feroz de las
cavernas aun resuena en los palacios y el lobo se
pasea, ufano y amenazante, entre las multitudes
que tiemblan y que lloran . . ...... . ... , .... . .

·,·_Ei ii~~b;~· ~~ú -~~ ~~t~~á~.- ·y.~~. i

ó~a~~ Í&gt;;_

litico, es fac1l comprobar que las democracias se
hallan por encima de -_los ciudadanos, pues el sistema presupone una virtud que aún no existe. En
efecto, señores, una democracia exige una fé democrática y en la inmensa mayoría de los hombres estafé está ausente. Verdad particularmente
apli?able a la mayoría de los pueblos latinos. Y a
la vista d_e los hec~os, si debemos aceptar que la
democrac1~ ~sel meJor de los régimenes, convengamos tamb1en en que la pseudo-democracia es el
peor de todos.
La demo~racia se haya escrita en las leyes, pero no se ha incorporado a las costumbres. La República _decreta el régimen, pero la vida no se
adapta smo muy lentamente a esas fórmulas vervales; subsiste el abismo entre la idea y el afecto
cap_az de PºI?-crla en marcha y de convertirla en
meJo.ra efectiva. Y creemos a veces haber alcá.nzado un gran progreso cuando solo hemos hecho
un declaración abstracta. Nacida de la razón y decretada por ella, la democracia aún no cuenta con

-

79 -

�el asentimiento caluroso de nuestros corazones. La
iaualdad que solo es un derecho, muere y se cor~ompe: no hay que decir que somos iguales a
nuestro prójimo; hay que desear serlo. ::\fo se leaisla la fraternidad:
hay que sentirla. ~o podemos
b
•
.
oblirrarnos a ser hbres; tenemos que capacitarnos
y ~erecerlo. La libertad es no solo un derecho:
es una aptitud. Como afirma ,Vilson, hs esperanzas de la especie no pueden mantenerse solo con
palabras, con declaraciones doctrinarias referentes
a la libertad y al derecho: el objeto de las democracias es trasformar estas cosas en vida y acción
sociales, en sacrificios y en renunciamientos. Consiste en que los hombres y las mujeres hagan de
su existencia una encarnación del derecho mediante un servicio social claro y consciente.
Dificilmente se podría resumir en menos palabras y con más elocuencia todo nuestro problema
social: poner en concordancia al ciudadano con el
hombre; poner al individuo en su vida y en sus
costumbres en armonía íntima, real, definitiva con
el réaimen decretado por la sociedad. Hasta ahora
he-m~s unido estos términos por una lógica abstracta, en el derecho, pero no en el hecho. Y mientras esta adaptación no se haga efectiva, por la
moral, mantendremos una vana apariencia de concordancia mediante el mecanismo político y las
declaraciones ideológicas. Nuestras fórmulas, entre tanto, serán letra muerta: si no creemos en
nuestros dogmas, nuestras acciones pugnarán con
nuestros principios, nuestra conducta reposará sobre una mentira perpetua y no curaremos este

-

80 -

mal de las democracias latinas: la falta de fé d0mocratica.
IY qué grave y qué peligrosa es esta situació11
de desequilibrio interno! Qué funestas consecuencias va teniendo sobre todas las manifestaciones de
la vida esta democracia ilusoria y falaz! Psicológicamente, crea el igualitarismo; económicamente,
la desigualdad. Del individuo no emancipa siuo el
deseo, pero lo hunde de hecho en la servidumlire .
Este sistema presupone que todos los hombres son
naturalmenLe iguales y que tienen igual derecho a
hacer triunfar sus intereses. Pero como esta igualdad natural no existe, y como las instituciones sociales y la herencia histórica la hacen doblemente
imposible, se sigue que el número de los vencedores disminuye cada vez más, mientras que el _de
los vencidos a los cuales se rehusan las ventaps
de la libertad y los goces de la vida, aumentan sin
cesar. Este sistema crea en los hombres, que se
dicen libres y que s_e sienten escl_avos,. un es~&lt;lo
de ánimo incompatible con la existencia. ¡Cuantas veces, por mi oficio he tenido que asomarme a
esas almas torturadas y dolientes en las cuales la
mentira política, la mentira ec~nómica y la mentira social habían cegado para siempre las fuentes
de la aleoría íntima y paralizado el juego fecundo
de todas las eneraías morales I Eran los tristes despojos que el régi~en de la incoherencia y d~l desequilibrio arroiaba sobre nuestros b~azos 1~poLentes, y viendo salir a uno de estos libres cn~dadanos de la República, tristes esclavos de la Yida,
exclamé con amargura: La pseudo democracia sir-

-

81

�cimas del cacrificio, las cumbres de la gloria, las
altura~ del progreso? Porque si el progreso presuve para engendrar la ambición arriba y la inquiepan&lt;:_1de~s y afectos: sentimientos y raciocinios,
tu dabajo; la hipocresía en unos, el cinismo en
1ntehJencia
y fe; y s1 ésta es eterna como la razón,
otros, el desencanto en todos.
'i como la razón, necesaria; si solo cambia de
Avanzamos, pues, en sentido inverso de nuestras ideas: los pueblos aspiran a la democracia,
forma con los tiempos y nunca mucre, ) o me
pero la civilización no la realiza, pues bajo la dipreg?-nto ccuál es la 1:orma nueva de la fe, en qué
consiste la fe de los tiempos nuevos? tCuáles son
visa de la igualdad no hace sino aprobar las desigualdades. cSerá cntónces verdad lo que sostenía
las fuer~as afectivas y cuáles l~s creencias de que
puede d1sponer una democracia para realizarse de
Rousseau cuando decía: «Si hubiese un pueblo de
veras en el corazón de los ciudadanos? éEn qué
dioses, se gobernaría democráticamente; pero un
signo conoceremos, para hacerlos conductores del
gobierno tan perfecto no conviene a los hombres"?
pueblo a aquellos hombres en quiénes arda el
No lo creo. y permitidme, que-mirando al porveamor verdadero del bien público:} cCómo fundar
nir, yo mezcle a mis palabras el soplo de mis anesta nueva religión y cón.10 reclutar practicamente
helos y esperanzas. Abomino de la democracia fala los sacerdotes de la democracia? Se dice que esta
sa, más confío y espero en la jenuina y verdadera:
veo en ella al instrumento irreemplazable de las
no es el gobierno de todos, sino el gobierno de los
mejores. Más vale decir enlónces: la democracia
próximas y gloriosas transformaciones c¡ue se dies el gobierno del hombre por la justicia, y como
señan ya en la sociedad humana. Pero afirmo con
la justicia es una función moral, yo agrego: o conun convencimiento íntimo que para cumplir ese
vertimos la democracia en un objeto de fe y la ininmenso destino, la democracia ha de encenderse
flamos de un aliento espiritual ) místico. o seauiy exaltarse primero en una fé que le falta. La democracia sin fé es algo inconsistente: es un especrá siendo indefinidamente una frase y una ~entro, es una sombra.
tira.
Entre tanto, señores, miremos en torno nuestro;
............. . ... . ............. . .........
Al amargo deber de proclamar estas verdades
mirémonos nosotros mismos: ¿adónde está el
se
combina hoy para mí la gran satisfacción de
principio de abnegación realmente eficaz que p&lt;r
sostener
que entre todos los pueblos latino-ameriseemos? cAdónde está la creencia que alimenta
canos, es el Uruguay el que más rapidamcnte
nuestro espíritu como las sustancias nutren nuesavanza en la transformación mejoradora, pues el
tro cuerpo? . c~donde está el a~ecto que dé vida y
sentimiento de la simpatía humana no solo vibra
calor y mov11niento a nuestras ideas:} e.Adónde ese
en su legislación y en sus fórmulas sino que palsoplo místico que a traves de las edades ha venido
sosteniendo a los hombres para que alcancen las

-

83 -

�pita cada vez con más fuerza en el corazón de sus
hijos: la pseudo-democracia se va trocando aquí en
fecunda genuina democracia.
Fué un bello torneo de cultura en 1\Iontevideo, qne con justicia
ha sido llamada la Atenas de América, el Congreso del Nifio, que
motivó al viaje de nuestro distinguido amigo el doctor Fontecilla y
su solemne recepción academica en la Universidad uruguaya.
Con satisfacción y orgn!lo renroducimos el conceptuoso discurso
del profesor Santin C. Rossi, orofundo hombre de ciencia, autor del
bello libro El Criterio Fisiológico, y fragmentos de la conferen&lt;'ia del Dr. Fontecilla, en la imposibilidad matel'ial. de reproducida
íntegra como habríamos dese,,do.
Reciba el estimado doctor nuestra gratitud por su deferencia y
las felicitaciones de Ju veritu•l µo:· su intensa y serena labor social .

De "Los Poemas Cristianos"
Por el desierto de Jud~a.
por las riberas del Jordái. ,
Juan, el Bautista, que a los hombres
viniera enviado de Jehová;
decía , lleno de una santa
indignación y magestad:
Arrepentíos porque el reino
del cielo se ha acercado ya,
quién os habrá enseñado a. huír
de aquella ira que vendrá?

l

Y a él vendrán de lejanas
tierras las gentes a escuchar
la sencillez de su palabra
toda desnuda en la verdad .
Y bautizaba con las puras
y santas aguas del Jordan.
Peludos cueros de éamello
vestía, humildemente, Juan,
tiernas raíces y langostas
y miel silvestre eran su pan.
8t,

-

85 -

�Si poderoso ante vosotros
SO) por la gracia de. Jehová,
aquel que viene lras de mí
mucho maJor poder tendrá.
Su amor será una llama roja
que toda cosa abrasará,
y su palabra habrá de ser
para el espíritu, maná.
Su vida hermosa y (lilatada
tendrá la inmensa magestad
de estas serenas, milagrosas
aguas eternas del Jordán.
Aquel que viene tras de mí
mucho mayor poder tendrá,
ni las sandalias de sus piés
digno soy yo de desalar.

De los «Salmos Amorosos».

Generoso fué el destino
que tus pasos impulsó
trayéndote hasta mi vida
triste y ávida de amor.

-

86 -

Llegaste, nii\a, y mi vida
que tu arribo presintió,
para que entraras en ella
como amanecer se abrió.
Amada mía, como era
sencillo tu corazón,
encontraste mi ternura
hija de un viejo dolor.
Y mi ternura infinita
gozozamenle te abrió
sus dos brazos maternales
para acoger tu candor.
Bendito sea el destino
que tus pasos impulsó
tra) éndote hasta mi vida
triste y ávida de amor.
ARMANDO

BuN.

�El Pecado de Juventud.

Acto 111
ESCENA I
EnNESTo.-(palernal) Si ~iguel, Ud., no debe
abandonar a Juan Manuel. Su tío lo quiere mucho.
Aquí , a su lado, está su porvenir.
MmuEL.-Es que yo no pienso solamente en
mi porvenir malQrial, tengo ideales, y en este ambiente poblano no se puede vivir, sino brutalmente; nada más que acumulando dinero.
EnNESTo.-Pero quien le iba a exigir que solo
pasase aquí. podría ir a Santiago de cuando en
cuando.
M1ouEL.-(/ranco y rotundo) Sería inútil. o podría dar desarrollo a ninguna de mis ideas , sabiendo que estaba protegido por mi tío. Créame que
me sería odiosa su protección,

88

En:,;EsTo.-Pero Cpor qué le sería odiosa? Hasta
ahora no la ha desdeiiado Ud.
:M1ouEL.-Es que hasta ayer, no era sino uu
simple estudiante. En adelante. podré trabajar
solo.
EnNESTo.-Pero siempre tendrá Ud. una gran
deuda con su Lío.
M1ouEL.-Eso es lo que me duele. Pero creo
que si la suerte me acompaña, podré recompensarle y con creces. todo lo que le soy deudor.
ERNESTo.-No parece sino que le tuviera odio
a su tío .
~1JGuEL.-A él, personalmente, nó; pero es que
no puedo olvidar su caracter sacerdotal. No creo
en nada, ni en nadie , por eso me era odioso aceptarle su protección. En estos últimos tiempos ,
créamelo Ud., me quemaba las manos el dinero
que recibía de él; sentía Yerdadero remordimientos al gastarlo y pensar , que provenía del ejercicio errado, a mi modo de ver , que se hace de las
doctrinas de Cristo.
ER:-.EsTo.-(un poco lerminanle) No quiero ofenderlo Miguel , pero me parece, que no tiene Ud.
derecho de invocar el nombre de Cristo, cuando
está mostrando al desnudo su_ ingratitud, para el
hombre que ha sido su padre.
'1.1GUEL.- o puede Ud. ofenderme. Se que en
este caso no hace sino el triste papel de abogado
de una mala cau sa. (Como inspirado) Padre; nó!
Esa palabra es sagrada para mí. Mi lío, habrá sido
un protector; pero liada más , nada más. Un padre, esabe cómo lo comprendo yo? ( En lo110 emocio-

. -

89 - -

�nado y nerviosamente) Sintie~?-º siem_pre las palpitaciones del corazón de su h1JO, sufriendo con sus
inquietudes, enseñándole de alma a alma, el camino de la vida, haciéndole ver todo el lodo que
hay en ella, toda su idealidad, y to&lt;la su. belleza,
para que así , el hijo adolescente, que se_ siente solo y a pu11to de naufragar enlre los ego1smos humanos, tenga quien le diga la verdadera senda de
elevación que débe seguir noble, ante la peque1iez
del común de la gente.
ERNESTo.-Y Juan ~anael , que ha sido para
Ud. entonces?
MmuEL.-(en tono de tristeza y decepci6n) Un protector frío: todos los primeros del mes, recibia de
él, una carta en que me decía que estudiara, que
no faltara a clases, que me recibiera para tener
aquí, después, una vida cómoda y tranquila.
ERNESTo.-cY que más quería , Ud?
MmuEL.-U&lt;l. e,s de la misma escuela de mi tío.
No puede comprenderme. Yo quería más , mucho
más. Una vez, (confidencialmente triste) le escribí
desde la hostilidad de mi pieza de pensionista,
una carta honda )' dolorosa, le confiaba las primeras inquietudes de la adolescencia, el dolor que
había experimentado al visitar el hogar de un
compauero, donde una madre amante, e~a la buena amiga que seguía de cerca sus estud10s y que
con la comprensión úuica del instinto natural,
sabía, con sus pabLras de filial cari11o. resta1iar la
sangre, que todo corazón joven, siente manar de
él.._ cuando da los primeros ·pasos por el camino

-

90-

del ~mor. Le decía, a u1i tío, en ' esa carta. qu ~ , 11 .,
~enl1a tan solo, que me dolía tanto , saberme huérlano de afectos .
. BRNESTo.-(aparle) El mismo dolor que él ex:penmenta ahora.
M1GUEL.-Y sabe lid. qué me contestó):
~i uria frase que dejara ver un poco de compre_nsión , palabras. vulgares. nada más: que me
resignara , !¡Ue la v1Ja era así, que fuera a la icrlesia , ,que_ con el tiempo sería rico y podría forn~ar,
aqrn, m1 hogar. La carla medió frío, mucl,o frío.
Me sentí desfallecer, pedía mi alma ingenua, un
poco de corazón, J se me hablaba fríamente de dinero y comodidades futuras. ¡Cuánto daño me hizo entonces, mi tío , con ~u _serenida_dl Fué el primer golpe grande en mi v1&lt;la y quizas si a él, le
debo que Ud. ahora, me llame ingrato .. ,.
ERNESTo.-Es que Ld., Miguel, está engai1ado,
no comprende a su tío.
MmuRL.-Tampoco él, me comprende a mí.
ERNESTo.-De modo que está Ud. resuelto a
irse.
MmuEL. -Definí ti va mente resuelto.
ER.NESTo.-·-Y yo le ruego que lo piense mucho,
Juan. Manuel, es bueno, muy bueno y ahora él,
también sufre.
'-1:iGUEL.-Es inútil. El ocupa en este caso, en
mi gratitud, lo que para otros muchachos sin re-:cursos , la Liga de Estudiantes Pobres, un poco
más, talwiz, mi tío.
ERNESTo.-Al hablar con él, Ud. se convencerá

-

91

�de lo contrario. Bueno, perdone que lo haya 1~l0lestado con mis consejos, mi intención ha s,&lt;lo
buena.
.
MiouEL.-Lo comprendo. No ha_r de que.
GUILLERMO BtANCHI.

Del Dr. Mauricio Boígey, de su libro L'Elevage Humain.
( Traducido para "Juventud" por don Deme.trio Salas) .

Educación Física.
HCadn. uno tiPue la 8alud que se
merece: los pueblos, por sus leves;
las familias, por ~u• costumbres
sanitarias, y los individuos, por su
educa~ión moral y física.-( Dr.
Landa11zy) .

G. B.-Guillermo Bianchi (Shanty) como diarista ha he~ho una
labor incansable y honrada y c~m? ~ombre de arte~~ publicado El
Oura Selltimental, simpática pnm1c1a en que la critica saludó una
revelaci6 n.
3
Como autor teatral ha estrenado Pecado de Juventud, drama en
a~tos. y prepara Los Precu,·sores_.
. .
.
Pecado de Juventud fué un trmnfo, "a pesar de la opos1c16n 0?5tinada y inútil de la crítica oficial que ha llevado su rencor mediocre
y pueril basta el colmo de borrar la obra de sus catálogos ann&amp;lel!
ensalzando en cambio a ,us insignificantes corifeos.
Los Precursores, cuyo pTimer acto conocemos. es una obra.tendenciosa y e, tá llamada a triunfar por la belleza de su concepción Y
por la fuenH que su a,utor ha puesto en ella.

La Educación Física debe ser ecléclicá.-Dosificación en
los ejercicios.--El equilibrio físico, condición del
equilibrio moral.-Deformaci6n del cuerpo humano
por la sedentaridad.-El movimiento bajo el sol y
los colegios de atlelas.-El méwdo natural de Educación Física.

De grado o por fuerza, es necesario volver a la
Educación física. La educación inleleclual ha dominado demasiado tiempo casi exclusivame¿te.
Todo se le ha sacrificado. Todas las atenciones han
sido para el espíritu y, poco a poco, el cuerpo se
ha visto despojado de ellas.
Hemos pedido aire en los programas y en las
escuelas; hoy lo exijimos para los pechos. En u-

-

93

�rembero-, e11 I 904; en Lóndres, en 1907, y en
París, ;n 19 JO , los congresos internacionale~ _de
higiene escolar han formulado ya estas tres re1vrndicaciones esenciales.
Los pedao-ogos deben resolver este doble y delicado prnbl~ma: com_batir los exces~~ de_ la sedentaridad escolar y mejorar la educac1on wtelectual
por métodos que pe~mita11 dismin~ir el tieTmpo
consao-rado al estudio o a la ense11anza. «~o es
una afma, no es un cuerpo lo que se modela, decia
Montaio-ne, es un hombre; no se debe dirijir al
uno si1~ el otro, sino conducirlos igualmente como
una pareja de caballos uncidos al mismo carro».
Ya parece existir la convicción profunda_ de _que
los ejercicios, los juegos y los deportes al air_e l~bre
son indi: peusables, no solamente para el crecmuento normal &lt;le los adolescentes, sino tambien para
su desarrollo intelectual y moral. La cultura de
los deportes tiende a resultados hijiénicos y morales; prepara a la vida práctica que es hecha de esfuerzos.
La falta de atención, que a menudo no proviene
sino de la preponderancia de un sistema nervioso
demasiado impresionable, es combatida eficazmente por los hábitos hijiénicos y la disciplina del
cuerpo.
En educación física, el principio fundamental
debe ser el eclecticismo. El esclusivismo está en
oposició_n con las_ leyes, las necesi_dades y las
tendencias de la vida. Lo que necesitan nuestros
nitios no es la hipertrofia del músculo, es la destreza, la flexibilidad, ]a ajilidad, la audacia, la

-

94-

gracia J la elegancia, que son los elementos que
concurren a un equilibrio perfecto.
~uestra época es deporti,-a. La edad del músculo revive. Georges Rozet ha descrito elocuentemente sus fiestas. Es la reacción que debía sel)'uir
fatalmente a la crísis sentimental de los cincu~nta
últimos aiíos. La virilidad de la raza estaba comprometida por un feminismo desencata&lt;lo. El menosprecio filosófico &lt;le lo «tri vial» nos ha conducido a la sedentaridad, a la atrofia muscular, a las
enfermedades de la 11ulrición y a la artcro-csclerósis que las termina trájicamenle.
. Et deporte es una_ n~ern relijión qnc tiene __ ~1;1s
sacerdotes y sus d1sc1pulos. La paluLra rehJ10n
no es una metáfora, pues nosotros volvemos insensiblemente por vías múltiples y eslraviadas al
egoti!'lrno antíguo, tan bien caracterizado por la
morfolojía vigorosa de sus divinidades. El renunciamiento de sí mismo, el espontáneo impulso del
alma ltácia los sentimientos altruistas , la inclusión
de todo ideal en el ideal relijioso y la exaltación
moral han pretendido descuidar enteramente el
soporte anatómico de nuestros pensamientos. Los
Cris_tos enflaquecidos del Renacimiento que copian
servilmente nuestros contemporáneos fabricantes
&lt;l_e imájenes ha':1 puesto en evidencia est_as concepcwnes. Ellas difieren de aquellas, más mgenuas y
más verdaderas tambien que representaban al Buen
\faestro bajo los rasgos de un hombre magnífico y
atrayente. Tambien difieren no menos de las efijies
espléndidas de los dioses de la antigüedad.
Los primeros grandes sacerdotes de esta relijión

-

95 -

�fueron: en Suecia, Ling; en Francia, Arnoros. Su
acción sobre las masas se reforzó más larde con
totlo el peso del prestigio del trabajo de los médicos. Claudio Bernanl, Duchenne de Boulogne,
Chauveauy Marey estudiaron la función muscular.
Pero el verdadero precursor, hoy desaparecido,
Fernando Lngrange, tuvo el mérito de nilgarizar
las bases &lt;le la ciencia del movimiento. Al mismo
tiempo que él, Demeny, ántes colaborador de Marey , se dedicaba sobretodo a la cinética. En fin
Jorje Hébert, el más jóven , el más popular tarobien entre los iniciadores , hacía el gran paso de la
teoría a la práctica; es a él a quien se debe ol primer trabajo de rejeneración efectiva, la cosecl1a de
los primeros frutos.
·
La nue,·a relijión nos promete la prfo:ima venida del hombre completo. De las múltiples esperiencias, de las lecciones de cosas diarias se desprende que las prácticas deportivas han llegado a
ser una escuela de órden y de reflexión. Una buena
educación física duplicada de una buena cultura
intelectual, hé ahí la fórmula. El culto de llijienc
vuelve a tener sus adeptos, lo que es una felicidad,
pues sabemos que es ella a quien debemos las heroicas y gloriosas falanjes de nuestros soldados.
Los adolescentes del cootijente de 1 916 han mostrado lo que se puede esperar &lt;le un entrenamiento
metódico de la juventud. El hombre está construido para vivir un siglo, y más de la mitad de los
hombres no alcanzan a la cincuentena.
C 11 poco de agua, una cierta temperancia, la
práclica de la marcha: hé aquí cómo mantener la

96

juventud en estado de vigor, dar a la edad madura
un agradable virilidad y prolongar la vejez.
Nosotros aun no hemos jeneralizado el aseo corporal. En nuestros liceos, los cursos de jimnasia
son s~gu_idos por to~~. la clase, es decir, que los
conocimientos adqumdos hacen mérito para que
t&lt;;&gt;dos l~s alumnos hagan la misma clase de ejercicios, así como hacen ortografía o calculo. No se
loma en cuenta ni su desanollo físico , ui su estado
de salud. En los cursos de adultos , en las escuelas
elementales y eu las escuelas normales primarias,
se ha trazado Uii hermoso programa de higiene;
pero no ha sido mas que un cuadro ideal: jamás
so ha realizado.
·
Apesar de los adelantos de la higiene, existen
escuelas donde se obliga a los nii'ios a la inmovilidad y donde se les prohibe correr dui-,111te los
recreos.
Es necesario rnlver al culto &lt;le la enerjía. La
i11iciativa y la actividad de los juegos son· signos
d_e ~ndependencia y de intelijencia. Bajo ol materiah~mo aparente &lt;le las fiestas del músculo se oculta el interes del b~illanle prcstijio de lo bello. El
deporte marca la vuelta a una naturaleza embellecida por la pureza de la forma. Conclu_ye en el
amoldamien'to de la materin evolucionando hacia
la perfección orgánica.
·
El esfuerzo físico siempre ha mejorado a aquellos que lo·practican con puntualidad e intclijcncia.
Deportarse es una anLigua locución del siglo XV.
Era sinónimo ~e hacer deportes y nos ha ve11ido
del otr~ lado de la \ilancha , apesar de que allá lo

-

97 -

�han recibido de nosotros. El Lénis y el foot-ball
son antivuos
J. ueo-os
franceses. Nuestros
antecesoo
o
.
res los conocían y a ellos recurr,an para su entrenamiento.
En la educación de Gargantua, Rabelais daba
arande importancia a los ejercicios físicos. Miénfras que Ponócrates instruia a su h~roe en l_a s letras
griegas y latinas, ciencias matemáticas J otras "un
joven jentil-hombre de Turena nombrado escudero
jimnasta, le mostraba el arle de la cahallería, J
este arte es a la vez la equitaci6n, la caza, la natación, el tiro y la jimnástica propiamente dicha".
Recordemos tambieo que Sófocles danzaba el
pean y que Platón debia al atletismo el notable
desarrollo de sus espaldas. En Grecia, los peditribes eran médicos especialistas que se ocupaban
exclusivamente de la cultura corporal.
Quiérase o no, la viriljdad , la energía, el sentimiento de la acción y la necesidad de la independencia no se desarrollarán jamás bajo. un réjimen
que atrofie el cuerpo y que haga de él un est~rbo .. ,
Al contral'Ío, los jóvenes entrenados en los d1feren~
tes deportes son manifiestamente preparados a la
vivacidad y a la iniciativa. Ellos han aprendido a
triunfar de su organismo y a domarlo, lo que es
la mejor garantía para tener éxito en la vida. Tal
juventud es la esperanza del país,
En 1860 no existía sino una sociedad dejimnástica en Francia, en Guebwiller, pequefla ciudad
del alto Rin. En 1869, había quince, tres en París,
una en Espinal, una en Vesoul y d~ez en Alsacia.
Desde 1850, fué necesario bajar dos veces e} míni-

98 -

mu m de la talla de nuestros soldados, J habríam.H
llegado a ser uu pueblo de enanos, si no hubiera
sido aplicado un remedio en_érjico. Los qjerc:cios
de la carrern: el salto, del. disco, de la palestra y
del carro deb1cra11 reco11qu1slar en la vida 111oder11a
l:'I lugar q~e ocupaban e11 la antigüedad.
·: La prnnera conclición. la condición indispensable para tener éxito eu la vida, es ser 1111 lrncn
aniri:iaL". decía socarro1.amente Emerson, y su pensamiento puede ser completado por el de He,·bert
Spencer: '·y la primera condición de ln prospci•idad nacional es que la nncióu sea formada de buenos 'lnimales ''.
En uno de los torneos oficiales que tu\Íeron
lugar un poco ánles de la guerra y que cu 1914
tuvo los honores de la Sorbona )' da la Academia
de Medici 11a , se habló muy seriamente del renacimiento físico. Por dos informes, supe que :Maelerlink era un luchador de mérito, y que otros escritores notables eran enar~orados del box. A todos
pareció que la unión de, cuerpo con el espíritu
estaba realizada y que la cultura del ((JO» se aliaba
perfectamente con la del músculo. _S e 110s preseutó
los ntletas del coronel Cordier; se gustó del método
calisténico de Mlle. Hart, el sistema de R. N.
Duncan y el notable y clásico métoco de M. Demeny. La Escuela de Joinville se superó a- sí misma; y en fin, Jorje Hebert exitó el entusiasmo
general.
Sin embargo, parecía que la dosificación de los
ejercicios físi~os no se habia determinado con exactitud y que los métodos podían ser todavía lacha-

-

99 -

�dos de convencionalismos y de un cierto dogmatismo ... Entre todos los otros-y esta fué la causa
del éxito-el de Hebert nos pareció como el más
ecléctico. El ha contribuido, con hombres de una
constitución media y a veces mediocre, a formar
miles de atletas. Ese es el método que nos ha dado
los inmortales marinos fusileros de Ypres.
Los tiempos en que se hacia largas disertaciones
sobre la inutili.dad del esfuerzo ya lian pasado. Un
gran movimiento lleva la juventud hacia el culto
de la enerj ía. Hay todavía otra victoria próxima.
Hemos bosquejado el programa. Es necesario
llenarlo: lo más difícil aun no se ha hecho. Ln
gr~n esfuerzo ha sido realizado y, desde ahora, la
opi'n ión eslá plenamente conquistada. Pertenece a
los poderes públicos obrar. Una ley antigua, de
treinta y tres años; promulgada el 27 de Enero de
1880, cuando Jules Perry era ministro de Instrucción Pública,-y este es historia muy vi~1a-jamás
ha sido aplicada. El Congreso Internacional de
Edu·cación Física de J 9 13 envió una delegación al
Presidente del Consejo de enLónces. quien era al
mismo tiempo ministro de Instrucción Pública, la
que le presentó una lista de las conclusiones que
fueron mejor. acojidas. Se decidió a ésperi10entar
el primer catecismo de educación física en los
alumnos del liceo de Jeanson-de-Sailly. Era u11a
esperiencia más. Otras iónumerables ñabiun sic..lo
realizadas anteriormente. Todas eran concluyentes.
Apesar de todo , parecía que la necesidad de implantar una reforma perdiendo un tiempo preciso
- no se imponía todavía. E_n un informe pues lencJOO

mos a la vista, M. Adiran Veber ha hecho alusión
a este error en término de broma.
«Tan pronto, concluye, como los actos no
siguen a las palabras, el Parlamento deberá transformar la petición en mandato».
Desde 1_880 para los muchachos y desde 1882
para las mflas, la educación física se ha hecho
obligatoria para todos los establecimientos de instrucción pública dependientes del Estado, sea de
los departamentos o de las OOII\Unas. «Pero los
programas de ejercicios no foeron decretados hasta
1_890. Los maestros no r~cibie,ron instrucción es~
cial para su enseñanza smo después de la creación
de un certificado, lo que se hizo por un decreto de
3o de Septiembre de 1907. ,En fin el 1. de Octubre de 1913, a consecuencia 'de las gestiones hechas
por una delegación del Congreso Internacional de
Educación Física, sólo han llegado a formar parte
de los horarios de las clases las lecciones de cultura
física, a razón de tres sesiones de media hora, o
de dos sesiones de tres cuartos de hora por semana, pua cada curso, sin distinción de estemos ni
internos.
Ciento setenta sociedades deportivas de los liceos
y colegios que existen actualmente han añadido al
mínimum oficial un complemento de ejercicios
físicos verdaderamente útil. Ellas demostraron,
sobretodo, que el desarrollo de los deportes, no
solamente ayuda el trabajo escolar, sino que ejerce
una influencia benéfica en la salud, la voluntad y
buen espíritu de los alumnos.
·
Debemos manifestar nuestros roconocimientosa
0

-

101 -

�la U. S. F S. A. por el impulso general que ha
dado al movimiento sportivo, por los campconalos
que ha creado )' que pa su,~v~nci?~ado ántes de la
guerra, e11 fin pór la partic1pac10n que ha tomado en los gastos oca§ionadés por la traslación de
los equipos escol~re$. A su vez, el Ministerio de
Instrucción Pública distribuía anualmente alrede-do1· de 12 .oob francos en subvencioóes a los liceos
de hombres. Era 1 demasiado poco. Lo'S •institutores
alutnnos que 110 podían :tecibir en las escuela$ normaleS la enseñanza relativa a los ejercicios del
cuerpo-: hadan uh cúrso en la Escuela de Joinvillel~Pont durante su servicio militar. Esta medida,
murjuiciosa, ha hec'10 d~ •~u~stros futuros m~estros de escuéla ca~s dé mm1ar a todo~ los mños
del pueblo ell los ~rinc~pios esenciales de la Mucá~i611 física.

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La intel)sidad de la vida· inteleétual, fas necesidades sociales Y' la móda en fas clases acomodadas,
la ta~erna y la dureza de la vida en las clase~ popu lares, !Jejan a los hombres modernos del ,1usto
equilihrio físicb y tno'ral que reinó en las sociedades antiguas! Si el cerelwo griego y el cerébro latinó piensan todavía a tFAVés del cerebro mqderno,
es porq~e -el vigof de plJoducción Í1lt4lectual era
excepciohaltnente potente, pue$ ehcontraba su
sopürle natural• en un equilibrio orgánico pe1•fecto.
·
·
Sería· cruel insistir en las anomalías de las
102

for_mas impresas. al cuerpo humano por la sedentamlad, por la vida moderna; por la alimentación
defectuosa y por la herencia. Tal, es salido de
vientre, tal otro presenta una atrofia del . pecho
que exajera todavía -el levantamiento de los hómóplatos. A causa 'de las ideas recibida~, nosotros no
,nos apercibimos que una persona dotada de una salida abdominal es tan detectuosa y deforme como que
tiene una jibosidad dorsal. Las mujeres y los hombres civilitados han perdido los signos característicos de los relieves musculares de los miembros.
«Se puede decir que los más bellos brazos y los
más hermosos pechos femeninos, en los cindadanos, no son sinó sacos informes, forra.dos en grasa
alrededor de las articulaciones . y en los cuáles es
imposible volver a encontrar las Hneas primitivas
que constituirían su belleza. Sobre este punto,
como sobre tantos otros, el gusto medio está completamente alterado&gt;&gt;. Dr. Francisco Heckel (Culture Physique). Nuestras actitu_des son modificadas por las deformaciones de la columria vertebral,
por la insuficiencia respiratoria., _pór la i11suficien...
cía digestiva y sobretodo por la depresión ner.viosa
de la que los civilizados sufren ká~ que los otros
hombres: Son estos otros tantds' castigos aplicados
aplicados a aquellos que de·spreoian el de!)arrollo
corporal y que 110 se preocupan más que de la cultura intelectual.
Los corazones que desfallecen a la menor fatiga, ,
los estómagos átonos, los hígados y los l'Íiíones
,-!.eficientes son legión. Una cuarta .parte de los falle~idos en París pueden ser imputados a las cnfer-

103 -

�medades del corazón y de los vasos sanguíneos.
La anjina de pecho, la uremia, la hemorragia
cerebral, las várices, la flebitis han llegado a ser
de la más comunes. éPor qué? Porque nuestra
vida se pasa en la inmovilidad, en la posición sentado o acostado, en una palabra, en la sedentari&lt;la&lt;l. El lujo, el confort, todos los perfecciouamieu-.
tos técnicos tienden a la supresión del esfuerzo
físico que es, ~in embargo. indispensable a la
buena salud. Sin él sobreviene la atrofia muscular,
el ret~rdamiento de la circulación, la semi-afixia
permanente por falta de oxigenación, y en fin la
arterio-esclerósis por sobrealimentación. El habitante de la ciud~d está. de pié dos o tres horas
sobre veinticuatro. El resto del tiempo lo pasa
sentado o acostado. Esta existencia lo lleva fatalmente a la tristeza y al pesimi1?_mo.
1•
11.) 1., 11 '" " ,111
il, 111 JJn
1

Por instinto, preferimos el hombre sano, bien
equilibrado. que marcha erguido y con la cabeza
levantada, al deprimido nervioso, irritable, preocupado que codea los muros de la ciudad con un
paso flojo y la frente inclinada hácia la tierra.
No hemos considerado las personas de una
potencia física excepcional, sino solamente ~ndividualidades equilibradas.
Tenemos para mostrar lo que el hombre normal
debe ser, los espléndidos ejemplares de la estatuaria grie 0 a. Son l~s prototipos. Nada han ~rdido
de su vJor documentario y representan todavía en

-

104 -

el siglo veinte los ejemplares más hermosos que un
ser humano pueda realizar.
Entre los profesionales de aLletismo, se encuentran muchos hombres que no tienen de atleta sino
el nombre y que son verdaderos desequilibrados funcionales. Tal no es el estado físico ideal
pues resulta de un entrenamiento excesivo y mal
llevado. El punto al cual debemos dirigirnos es
solamente el de elevar la raza con una enérgica
educación corporal.
Tenemos en nuestra contra el misticismo de
cier~s religiones que _exaltaron siempre la ética en
detrimento &lt;le la estética. Pero, por ciertos síntomas precursores, nos es permitido adivinar que
estas reltj-i.c;_
mes están dispuestas, desde ahora, a
c?nciliar las exigencias del dogma con las asyirac10n~s. de una raza que trata de rejenerarse y quie-·
re VlVtr.
La guerra ha dado un reiultado que no se había
obteni~o ni con las _exhortaciones de los pedagogos, m con las prédicas de los moralista~ Hoy dia,
muchas_ personas, para llegar a ser atletas pasables,
están d1spu~st~s ~ afrontar privaciones y a impo- ·
nerse una d1sc1phna y esfuerzos contínuos.
Los médicJs debieran ser los iniciadores de la
educación física. Pero, encerrados en un tradicionalismo d_e ~scuela inestirpable,_ absorvidos por los
d_eberes diar10s _de una profesión que no les deja
smo muy p_oco hempo libre, no parecen dispuestos,
por lo ménos hasta ahora, a esparcir los principios
de la educación física. Hombres de gabinete cuyo
modo &lt;le vida indiv.iJual no se armoniza con la

-

105 -

�educación sportiva, los médicos están obligados a
menudo a hacer un verdadero esfuerzo, que ellos
consideran como una dura concesión, para aplicar
a ciertos enfermos estos medios de educación y de
reeducación física cuyo empleo es tan frecuentemente coronado por el éxito.
A esta crisis de iniciadores se agregan los errores que no faltan jamás al tratarse de las primeras
realizaciones prácticas de ideas nacidas en la víspera. La gimnástica amorosiana ha reinado durante cerca de un siglo; se la ha reemplazado por un
método venido del extranjero y que, si bien es
cierto que conviene a los ·suecos, no es adaptable
de ninguna manera a nuestra raza. El entusiasmo
fué tao breve -como hab~a sido de vivo. Hoy se
vuelve nuevamente a los procedimientos que pretenden simplemente ayudar al desarrollo físico
normal del adolescente que realiza para el cuerpo
lo que 'el maestro hace en el liceo para el espíritu.
· Saint-Beuve -ya había confesado antes que la
gloria 'de su pontificado literario no podía, en una
justa balanza, equilibrar las alegrías de un teniente de húsares. Ser una bestia robusta es un orgullo que equivale al otró. Los bonos intelectuales
están hoy día a bajo precio. La natur1_1.leza concluye siempre por tomar la revancha. La selección y
el perfec~ionamiento de los sujetos sanos están a
la orden día. Nuestros deseos son volver a una raza escogida tanto en lo físico como en lo moral.

106

éCómo llegar a ello?
Por el equilibrio de todas las funciones orgánicas.
cCómo asegurar este equilibrio)
Por el movimiento bajo el sol.
La Liga de los colegios de atletas y &lt;le los estadios municipales fundada por el Marques de Pollignac ha ten-ido por fin generalizar uu método de
educación física-el ele Jorge [lebert-que ha hecho sus pruebas en Lorient .Y en Reims. Es poco
costoso, fácil J alegre ; utiliza un uú1imun:i de
aparatos.
Si yo insisto aquí de un modo particular sobre
el método de Hebert, es · porque creo firmemente
que en el estado actual de nuestra raz::i , la salud
de la Francia depende Je algunas pistas para ca:rrer, de algunas vallas ·para saltar y de un poco de
iniciativa y de buena voluntad.
En el último Congreso Internacional de Educación Física, realizado en 'París en Marzo de I 914", .
el teniente coronel Roblet, en persona comandando nuestra escuela de Joioville, presentó un informe sobre la educación física según un programll
concebido tomando en cuenta las pruebas obligatorias del método de Hebert. Solo la natación quedaba
facultativa. El añadía -aún el restablecimiento de la '
barra fiia · tan predilecto a Amaros, y qúe. JoinviJle, ayer no más, consideraba como una heregía.
!No se puede concebir algo más ecléctico! '
El teniente coronel Roblet entonaba el de pro-

107 -

�fundi.s de la «Suecia pura,&gt; de la cual Joinville había sido su templo durante algunos años , y cuya
insuficiencia quedó demostrada al tratarse de
educar adolescentes sanos y no conval~cientes.
Hoy sabemos que los sucesos que_ no pr~ct_ican
sino la lección típica sueca no adqmeren m fuerza ' ni ao-ilidad.
Sabemos también que si la Suecia
o
ha produci&lt;lo soldados (y esto, por otra parte, mucho antes que Ling), si en la última olimpiada ha
podido exhibir e~celentes atletas, es que. todos sus
hombres habían hecho otra cosa.
Esta otra cos_~ spn simplemente_ los movimientos naturales frecuentemente repetidos, acompañados de un máxi~um de esfuerzo y amplitud y que
Hebert ha tenido el gran mérito de codificar en su
métoqo natural.
Hemos visto a los fusileros marinos practicar,
con las piernas y el tronco desnudos, ejercicios
gimnásticos que no tienen nada de común con los
del método sueco, como marchar, correr, trepar
la cuerda lisa o subir los pórticos, luchar, saltar,
levantar pesos' de 20 a 4o kilógramos ,_ lanzar la
bala de 8 kilógramos, y todo esto con un ánimo
maravilloso durante cincuenta minutos consecutivos, sin reposo entre un ejercicio y otro, o mejor
dicho, reposando del uno por el otro.
·
En una palabra, en estos ejercicios no hemos
visto nada que se parezca a los movimientos lentos
ni a las actitudes del sistema sueco. Apenas algunos movimientos c&lt;correctivos y científicos», pero
siempre acompañados de un ejercicio activo, marcha o carrera. Nada de inútiles vil:!"ihncins con res#

•

....

-

&lt;.;.;

••

pecto a las «posiciones fundamentales&gt;). Ningún
cuidado de «inmovilizar algun segmento d~l cuerpo
mientras que los otros trabajam). Los monitores,
desnudos como sus hombres, tan pronto vigilan
como corren con ellos, se limitan a corregir los
movimientos demasiado incorrectos. Lo que se
pide a estos hombres no es ejecutar movimientos
racionales, sino obrar lo más energicarnente y del
modo más variado posible.
Para los adoradores del sist.ema sueco, esto parecería un exceso de ejercicio y una locura , lo que,
en verdad, no es más que el entrenamiento regular de todos los medios físicos del cuerpo humano,
y no pieza por pieza, miembro por miembro, a la
manera de una mecánica. Se trata aquí de un conjunto vivo en el cual todas las partes son solidarias.
Los adolescentes y _los jóvenes no pueden todos
frecuentar los colegios de atletas. Para muchos ,
las sesiones de trabajos físicos deben tener lugar
obligatoriamente a domicilio. En semejante caso,
este trabajo será hecho, o a manos libres, o con
pesos ligeros , objetos pesados, ejercitadores, mazas
y máquinas diversas.
El ejercicio en la pieza no debe ser considerado como
el ideal. Es más hien un medio de hacer negocio.
Este procedimiento concluye lo más amenudo por
dar bíceps, pero no acrecienta ni ta· capacidad
respiratoria ni la r~sistencia cardiaca. Sistemáticamente empleado, produce falsos atletas de muscules enormes, incapaces de correr y de producir un
esfuerzo sostenido. Estos fal~os profesionales de
brazos. nudosos, que exhiben todos los días sus hi-

108-

109 -

�pertrofias, están lejos de valer lo que tal clown, o
equilibrista o jugla1-, menos potente, pero más
diestro ) más rápido ...
Por léemino medio, es necesario admitir que
las palanquetas no deben pasar de dos kilógramos
y medio a tres kilógramos para los pesos unilaterales. Su empleo permite un gran número &lt;le movimientos, y esta multiplicidad de jestos tiene precisamente por efecto provocar el desanollo detallado de cada facele muscular.
EL empleo excesivo de palanquetas p~sadas, la
necesidad al principio de cada contracción, de un
esfuerzo completo y brusco, tiene por efecto el favorecer el acortamiento del cuerpo muscular y el
alargamiento del tendon a espensas de este cuerpo
muscular y conduce rapidamente a la globización
del músculo.
El trabajo en los ejercitadores es excelente, pero
a. condición de que los grupos musculares que
presiden a los movimientos de flexión y de esten-:sión trabajen sucesivamente y en las misma·s condiciones de esfuerzo muscular.
Las mazas son sobretodo utilizadas en I ngl~terra
y en Am,Irica. Tienen la forma de ~na botella de
madera terminada por un cuello alargado que facilita la t_:&gt;rehensión J cuyo peso es de una a seis
libras. Son sobretodo útiles para el desarrollo de
los músculos dorsales y pasan con justa razón por
no present~r los inconvenientes de las palanquetas
pesadas.
La técnica propiamente dicha de los ejercicios

físicos es muy delicada ( 1). Todo período de entrenamiento debe ser precedido de un exámen médico muy completo que se refiere sobretodo al estado de la circulación, al estado mismo del corazón,
a la función respiratoria y al aparato locomotor.
El estado orgánico debe ser establecido con toda
conciencia, con toda exactitud, ántes de acordar el
programa de los ejercicios más convenientes. La
repartición de los movimientos debe ser siempre
subordinada a desarrollar desde luego. las partes
visiblemente atrofiadas, después de lo cual, se
comenzará la fase de adaptación a los movimientos de conjunto que tienen por fin desembarazar
al organismo de los residuos de la nutrición J de
eliminar los tejidos· de reserva suplementarios o
inútiles. La fase siguiente corresponderá a la de
entrenamiento propiamente dicho, en la cual el
juego de los órganos se efectuará con su máximo
de expansión y amplitud.
Los ejercicios utilitarios que ponen en juego un
gran número de müsculos a la vez, están al alcance de todos. La prehensi6n desarrolla los antebrazos los hombros y el dorso. El lanzamienlo pone en
juego los músculos deltoides y pectorales. El pegar
desarrolla los hombros J los músculos oblícuos &lt;le
la cintura abdominal. El trepar, ejercicio natural
entre todos, fortifica el antebrazo y el brazo, la
parte superior del tronco y la cintura aLdominal.
Hebert, en su método, no se sirve de otra jimnástica abdominal, tan eficaz le parece la influencia de
( 1). Cuando no se con0cen los fundamentos científicos. (N. del T.)

. _

110

-

11 T

�este ejerócio sobre tales músculos. El levantamiento
de pesos, &lt;lel que Lanto se ha abusado, fortifica
soh_r;todo los músculos de_ los hombros J de la
reg10~ lumbar. En la tracción y desplazamientos
de ob,1etos pesados, hay que guardarse de ir hasta
el ~sfuerzo co_njestivo que puede llegar a producir
accidentes senos, sobretodo en las personas de eda&lt;l,
En fin, la marcha, la carrera y el sallo representan el trabajo muscular fisiolójico por excelencia.
Para ser útil, la marcha debe ser efectuada a una
rapidez de _6 a 7 kilómetros por hora. Ella provoca la amplitud de la respiración, _la aceleración del
pulso y una su&lt;lación eliminadora de tóxicos muy
saludables. Conviene marchar cuotidianamente,
durante un tiempo suficiente, un~ hora. por ejemplo, pero ª?m_ei~tando progresivam~ote la lijereza,
~esde el pnnc1p10 al fin de la ~cs1ón. La marcha
conserva la juveoilidad,_ evita la acumulación de
la g, asa y mantiene la regularidad de las funciones dijestivas. La multiplicidad 9e los medios de
transporte que ha traído como consecuencia la restricción de la marcha, es la causa de que cada día
se encuentren más ob~sos, ~sténicos y dispépticos.
L~ ca~r~ra e~ _el me,1or y má_s completo de todos
los eJerc1c10s f1S1cos. Yo lo he nnpuesto a personas
sanas y aún a algunas alcanzadas de disturbios de
nu~r~ción, y en todo caso no he tenido mas qu¡
felicitarme de ello. La marcha suscita una actividad muscular general, determina la actividad de
los aparatos circulatorio, respira~9rio y glandular,
además que sobreacti va el automatismo nerviosoNo necesila de ningún aparalo, puede ser pracLi ·

cada en todas partes. e11 la ciudad como en los
campos J no deja tras ella ninguna laxitud. Toda
persona que conserrn el hábito de correr cuotidiana1~1enle se s~breoxigena y se dcsintm.ica: dos
acc10nes combrna~as _que tienen por efcclos pri ncipal~s _c~altar la vllaltdad J consenar el , igor , la
llex1 b1 lid ad.
'
Lo~ m~r?cntos del dia que mejor convienen a
este eJerc1c10 son, sea en la maiíana de 6 a 8 0 de
10 a I .2, sea en la tarde de 5 a 7. Igualmente se
ha precon~zado en la noche, antes de acostarse,
pero conviene en todo caso que este ejercicio teno-a
lugar al ménos dos o tres horas d~spués de l~s
comidas.
El :ideal es ejecutar el trabajo físico a pleuo aire,
con el tronco y los miembros inferiores desnudo:5. ~l atleta del ~ire libre es incomparablemente
mas vigoroso y 1~1as res1slente que el d~ lns salas
cerradas. Las s~s10nes de entrenamiento que tienen
l~gar ª. pleno a1~e pueden ser prolongadas si11 fatiga mas largo hempo que'las que se realizan entre
c1:1at_ro muros. En todas partes debíau establecerse
piscinas y pistas, a imitación de las antiguas palestras do?de cada uno podía esperimentar el triple
~enefic~~ de la aereac_c1ón, de la balneación y de la
msola?1on. El coleg10 de los atletas de Reims,
orgamzado según las indicaciones de Jorge Hebert,
era un modelo en .s? género. Allí había pistas,
apara~os que perm1tian ·trepar en todas las formas,
espacios con arena para los saltos, departamentos
para la cura solar, galpones para abri,,ar a los
alumnos contra la lluvia, etc. Es nec~sario, en

-

112

113-

•

�suuw, espacio, árboles, luz y pistas para la apl'
ción del método natural de educación física
nii,o, y la reeducación del adulto. Los simples 1
vi1nientos, 1narcha , carrera , salto, lanzar. trep

para los cuales nuestro cuerpo está constituid
son verdaderamente los solos procedimientos útil8'
Lo que conviene buscar , es ménos el desarrol
excepcional y curioso que la fuerza de resistencia
la destreza y el equilibrio fisiológico.
Pero, durante largo tiempo todavía semejan!
instalaciones permanecerán excepcionales, pues
para que se establezcan reclaman, a falta de la io-lervención del Estado , la de Mecenas inteligen
e inspirados de grande amor hácia la humanidad.

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En su primer periodo, la revista se publicó entre agosto de 1911 y abril de 1912 de manera mensual. En el editorial del número 1 se estableció la necesidad de que la Federación contara con un medio que, de alguna forma, lograra ""despertar el apetito intelectual"" tanto de estudiantes como de estudiosos, por lo que Juventud se propuso como objetivo ""mantener atención constante sobre los ideales y sobre los problemas científicos, sobre la buena literatura nacional y extranjera y sobre toda clase de manifestaciones artísticas".</text>
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En su primer periodo, la revista se publicó entre agosto de 1911 y abril de 1912 de manera mensual. En el editorial del número 1 se estableció la necesidad de que la Federación contara con un medio que, de alguna forma, lograra "despertar el apetito intelectual" tanto de estudiantes como de estudiosos, por lo que Juventud se propuso como objetivo "mantener atención constante sobre los ideales y sobre los problemas científicos, sobre la buena literatura nacional y extranjera y sobre toda clase de manifestaciones artísticas".</text>
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