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                    <text>��1
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DXBECTO!k .JOSÉ DII

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J.OMINJ8TRACIÓH:

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y

LA NOVELA CORTA

e\,..

MAQRIO,-CALVO

A5ENSJO,

3. -

VJIQCl'LI.'

'.'M ~rid

Julio 1

,.. ...

TeLÍPON() j-4194,-APA;:;:!)

"'4

LA IOIHENIA
NOVELA INÉlllT l.

Ramón Gómez de la Serna

1

*•iBI.IOTECA CENTRAL

¡______:U;:•:.;A.:.=.;N,;:,;•~·L.:;__ _ __
I

Ruben se había dicho aquella mañana al despertar: "¿ Qué pasa que parece
que hay más l112i en el día?"
Se podría decir que en su espíritu, en todo el fondo de su ser había una
especie de aurora boreal sobre una placa que se revelaba. poco a poco.
Se quedó deslumbrado como ciego de .aquella particular emoción que no
había sentido nunca. ¿ Qué le pasaba?
Se sentía un poco borracho, no como un borracho, sino como un bizcocho
-borracho, por como el bizcocho borracho está saturado de borrachera y el vino
Í
no es esa cosa que hiede en los borrachos, sino perfume ajerezado 1 perfume natural.
Parecía. que en sueños le habian dado a beber esas copitas que dan a los
niños los días de santo. "¿ Quizás-pensó él-habrá sido mi santo en sueñ9s 1
o habré ido en sueños a una casa en que se celebraba un bautizo o desde cuyos
balcones se veía la procesión? ¿Habré tomado parte en alguno de esos guateques? ... " '
Se acordaba de aquel" día en que se celebró una boda en la vecindad de su
casa y vió, al pasar por delante de la puerta del Piso en que se celebraba, la
mesa del comedor llena de cristalería, rubia por los licores del lunch.
Otros recuerdos confusos, incongruentes, atropellados, surgían en él.
Se
acordaba de aquel día en que vió subirse la liga escocesa a la doncella
comedi i en cuatro actos, originhl de
Adela.
Se acordaba de aquel día de merienda en la Moncloa, junto al sitio por donde pasa el tren y~ue proteje una valla requemada. En la luz clara y atardecida del día de primavera se veían fuera de las falda., las piernas de algunas de
las mujeres que estaban merendando.
Se acordaba de que en la plazuela de Oriente su amiJo Manolo, de los maEl sumario de la NOVELA. TEA. TRAL. formado por las aplaudidas comedí
yores, perseguía a una chica llamada Asunción y que no la dejaba ni un momen1
delos autores más P~ch,ncido!&gt; e\idencia rn.:estro espec,·e1 e
as
lección de ob
·bl. d
·
;:!mero en Ia se• , to, aunque ella daba unas rápidas 1/Ú.eltas para escapar.

LA CASA DE
LA TROYA
LBNARES RIVAS
PEREZ LUGIN

ras pi_

EL

1.::1- S:i .• C on.!tellnites en eEite propósito, publicaremos ~

PROXIMO DOMINGO

la célebre comedí~ en cua:ro actos, titulada, LA CASA.DE LA

TROIM..•

uno de los éx tos más grandes que registra nuestra es

l

·

¡

L ■• novelas dnéditas• qlle publlca esta Revista, son pagadas como lftÉDITAS
y cons.lderada• como tales baJo la hclusiva respon•abllldad de su• autores·

��deees de nalga en sus redondeadas aristas, había algo así como la presencia dP
una maja desnuda.
¡
·
Las celindas estaban abiertas y eran como un frasco de per ume aceitoso
abierto en las narices del transeunte. Parecía, por causa del perfume de esas
flores, que todo el jardín se había echado perfumada brillantina en el pelo.
¡Oh, mareaba la espesa cabellera oleada!
_
El riego les sorprendió, porque se levantaba.de sus arroyos un sabor a hierba.
tan vivo, tan agudo, tan evocador, _que~. acordaba de to~ las veces que había pasado en este mismo tiempo po.r Bitios _en que la hierba acababa. de_ ser
regada. No había encontrado nunca runguna imagen que, como_ aquella, hubiese
hecho coincidir en un solo tiempo todos los momentos parecidos del pasado.
Se acordaba de la Casa de Campo, de la Moncloa, de los jardínes de su pueblo.
Exaltado Ruben por aquella confusión de aromas y escondido de la vergüenza por los grandes árboles altos y tupidos, llevó la conversación hacia el
tema que quería exploraf una. vez más, con .más ansiosas preguntas que nunca.
Le hlzo que le repitiese la primera versión de arcángel de la "enunciación",
porque entonces todo le resultó obscuro. Hoy estaba preparado de otra manera. Después le preguntó:
-¿ Tienen muchos lunares las mujeres?
-Según-contestó Manuel-, unas los tienen y otras no.
-¿ Y en su ombligo no tienen nada de particular? ...
-Nada ... Es un ombligo como el del hombre, quizá un poco mayor, como
]a• eutrada de un hormiguero, por ejemplo-dijo Manuel por decir algo, por
echárselas de entendido, por no dar tanta sencillez a la verdad.
Una niña saltaba a la comba en una de las avenidas. La alegría debía de rebosarla en el cuerpo cuando a aquella hora se dedicaba ya a un sport de la
tarde. Era la niña de medias blancas, que la hacen una cachorrilla juguetona
incitante y tonta.
Se veía que era la niña que ha salido bella, demasiado bella, y tiene que
derrochar desde II\.UY temprano su belleza.
Era quizás la niña que aquel mismo día había tenido la pubertad, como
Ruben, encendido por ese mismo primer día del despertar definitivo, como
en la última. dentición, peligrosa sobremanera cuando coincide coii la primavera. como en él, como quizás en ella.
Los dos jóvenes se sentaron en el banco de enfrente. Dos hermanillas menores y más zarrapastrosas que ella daban a la comba con afán. De vez en
cuando la cuerda cogía las faldas y las levantaba con malicia, como si estuviese hecha con el lar¡o rabo del diablo.
Ya estaba acertada la mañana al encontrar ·esa bailarina. saltarina en el
:?\lusic-Hall del jardín. Había momentos en que la visión era tan aéreaJ que
era como si la. niña saltase en un rayo de sol. Hubo un momento en que saltó
"tocino", el salto voraginosoJ y·desapareció un poco en la velocidad.
Ella. ya tenía el or¡u.Yo defensivoJ el cuidadoso no mirar a los hombres que
tiene la mujer; pero sus dos hermanillas entablaron conversación con los dos
amigos, y ellos insistieron y aceptaron las tonterías con malicias de perrito de
portal de las dos niñitas, por hacerse oir de la impasible saltadora.
1
- ' ¡ Tocino l II u¡ Tocino! "--decían los dos amigos, como quienes piden el
frenesí que muestra más desvelada y más arrebatadora a la joven que salta, que

-Cuando salta "tocino"-dijo R_uben-, se la ca.e el pelo sobre la cara Y
está encantadora ...
-Sí ¿eh? ...-contestó ella con desnfío--:-J y sin perder "tocino"~,~ot~;on sus
dos hermanitas que lo quería saltar, y dieron con fuer:a
p;;c1p1t:1_c1on ª. la
cuerda, hasta que quedó dentro del fonal de cuerda ~el tocm_o la ~ tupida
que cumplía probablemente aquella mañana, o lo habm cumplido hnc1..'L poco, el
primer cuI1,1pleaños de la mujer.
Roto el "tocino", que es como una ascensión de la que lo salta, como si
partiese con la hélice encendida. en vueltas, la. niña. se quedó exhausta, acabada, con el pecho lleno de latidos, como después de una carrera loca, y sin poder más se sentó en el banco de los dos amigos, que se quedaron turbados
como si 1a hubiesen recibido en los brazos.
Parecía desmayada, accidentada, próxima a morir, pero sonreía para disimular esa descomposición de la belleza que hay en el cansancio.
-¿La pasa a usted a1go?-la preguntó Ruben, levantándose para asomarse a los ojos de la niña, que, con la cabezn. echada. hacia atrás, respiraba del
cielo.
-Nada, muchas gracias--contestó ella.
-¿ Quiere usted un vaso de agua. ?-volvió a preguntar Ruben, c9mo si estuviese en el comedor de su casa y pudiese alcanzar un vaso de la bandeja lléna
de vasos.
-¿Pero dónde tienes el vaso?-le preguntó Manolo, riendo y queriendo
dejar en ridículo a su amigo, para vencerle en la contienda empezada.
Las niñas reían y preguntaban a su vez: "Sí, ¿dónde tiene el vaso? Que
diga dónde lo tiene."
Ruben, realmente, se encontró sin el vaso que había prometido y sintió un
fenómeno así como si se hubiese caído y se le hubiese roto algo.
-Hubiera ido por él a ]a fuente del Prado, donde hay una, aguadora con
un vaso de cristal-dijo Ruben con cierto romanticismo de cabaUero que hubiera sido capaz de ir muy lejos por lo que necesitaba para salvarse la dama.
de sus suspiros.
Ya tranquilizada, ordenado de nuevo el corazón, la bella saltarina pidió a
sus hermanitas la comba y la recogió como la que trenza una cabellera, como h
que teje la. trenza de _una hermanita ...
Los dos jóvenes, que sabían lo que tiene de hacer la maleta para la partida, el liar la comba, tuvieron arrebatadas miradas para la que peinaba su comba para atravesar las calJes camino de su casa.
J
-Y se irá usted sin decirnos su nombre ...-dijo Manolo.
-¿ Y parn. qué quiere saberlo usted ?-dijo la joven, mirando por primera
vez de frente a uno de los dos, a 1fanuel.
-Para no olvidarlo-dijo Manolo, más experto en la galantería y sintiéndose el elegido.
Ruben estaba ofuscado. Se le ocurrían cosas apasionadas, pero en voz baja.,
sum.urmujo. Le parecía que todos los perfumes del jardín salían de la niña.
Para él se llamaba celinda, era Celinda, la Celinda.
Ruben, arrebatado como en un día de verano, olía, no los perfumes, sino
las red,:indeces, los hombros, los codos, los hermosos capullos de las rodillas.
Acariciaba a una de las dos hermanitas, como si esa pudiese ser una rogativa
para merecer la. benevolencia de la niña mayor. ¡Pero qué estéril ex voto es
eee en la aspiración de las hermanas mayores 1

r

���mo, el de querer sa1va~, a. morir en vano, a perecer bajo el rayo, sin haber satintos. recién.despiertos rezongó algo en tono muy bajo, como si se refocil~se con
bido cómo es lo sospechado.
1a, caricia y se dispusiese a ser mejor. Pero n~, el po~re padre tendría que
El cruzó los brazos sobre el balcón, y una de sus manos, por bajo de su axiaguantar la descarada cría del cerdo, q~e .es la º1:1ª d~l hi30.
la, fué a buscar a Elvira. No se atrevía, sin embargo, a tocarla; ¿cómo hacerla.
El pobre padre paseó entonces un rato en silencio po~ el comedor. Vera. el
una caricia ambigua? ...
defecto del mundo por el que nunca queda claro su sentidol pues al volver a
La unidad era como el imperio submarino de la tormenta. En los relojes
. brotar la fuerza d~ la Naturaleza en cada ser, ~cede qu~ de nuevo s.a:-gaga.
de la_s torres de la electricidad debía estar señalado el máximum eléctrico las
todo, se obscurece toda máxima . de buen sentido 1 se pierde la eqw
, se
doce del día del tormentazo.
'
eclipsa lo torpe campea con tenac1dad.
. .
Bajo la tormenta, los tranvías que pasaban por la calle transversal estaban
u¡Qué amarga es la ~da!-pensaba el padre-. ¡Que 1!º pueda yo suprlllll~
nerviosos, fuera de sí. Sus troleys estaban excitadísimos, incontinentes.
n mi hijo las equivocamones! ¡Que vuelva a ser el ser irrespetuoso, de des
Parecía. ya que no iba a poder durar ni un momento más aquella. obscu~
deneS solitarios y reconcomidos que fuí yo! ¡ Que sea, por lo menos, normal Y
ridad.
corta la adolescencia 1"
Bajo el miedo de la tormenta, ella se amparaba de él, que parecía el marino
Llegó la hora de acostarse y todos se fueron a ~s cuartos.
.
de la. tormenta, el capitán de barco.
· .
Ruben estaba desencantado por no haber cometido la locura a que le rm-Ya va a estallar... Vámonos dentro-dijo Elvira.
ulsaba la tormenta, aunque a la vez se sentía defraudado de que se le hu-No ... No descarga ... Mira por ahí ... Ya se ven las estrellas ... Ya han
biese ido la tormenta sin arrojarle las rosa_s que !leva en sus carrozas, todos los
descorrido el toldo ... Nos ha engañado ... y después de decir esto _Ruben con
manojos de rosas de más de cien hojas que ~a ido c~rtando ~e los rosales les1;1 mano ~erviosa, ansiosa, que _esperaba. en ~ rincón el mome~to proPicio,
janos; de las rosaledas de las islas de e ~ cordial, de clima ~e vrno ~u1ce.
dio un pellizco en el brazo a Elv1ra y Elv1ra dio un grito ...
La. noche fué vasta, inmensai de snna profun~a, de .P~~o de caree!.
Del tercer balcón, que era el de la madre salía ésta alarmada dejando caer
Dos o tres veces salió por los pasillos para oir resp1rac1o~es y para ~uscar
las tijeras en ~l suelo del balcón...
'
'
por el balcón que daba a la. calle el .olor de las acaci_asi ~ no solo el olor, smo la
-¿ Qué ha pasado ?-gritó.
acacia que las -acamas prodigan como con b1beron.
-Nada-gritó Elvira-, que me tiene muy nerviosa la tormenta...
lJ."- leche"Eldemundo
va lento y quiere que yo espere---se decía ~uben-; pero yo no
-Pues ven aquí a ayudarme-le dijo su tía.
·f11 puedo
esperar, no puedo ... Y ahora ~ o llamaría con un aldabón al cuarto
Elvira,. sin más explicaciones y aomo huyendo del hombre cruel, eclró a
de ella, exigiéndola un beso antes de moru."
.
correr hac~~ la puerta del fondo. Al llegar al dintel, y con la puerta en la
- La angustia de muerte que entraña esa entrada en la. 3:d5&gt;lescenc1a. pose~
mano, le d110 a Ruben:
•
_ ,.a_ Ruben . Como todos los que están en su cnso, creía que monna en segwda, .sm
~Me voy porque ya no hay tormenta Sl. vuelven los relámpagos, yo
poder conocer la vida, y por eso su arrebato era mucho IW;YOr. El ahogo vital
vere . ..
que le subía al cuello y le levantaba los hombros,, le parecia ahogo mortal. .
Ruben se quedó quieto, con aír~ de gran .na.turaliclad, subido al balcón como
Hubiera pedido socorro en la noche en que babia acabad,p de tener la dentiun hombre que ve correr a una mña que se ha convertido en cómplice suya
ción varonil.
cuando temía que le acusase de haberla tocado.
'
Se agarraba a las estr~as como un d~sespe:ad.0 1 como el que se 1agarra a un
La 1:1-oche amanecía medio despejada, medio cubierta, siempre con su tipo
clavo ardiendo. Miraba al cielo, como s1 ahogandose en el mar mas pr~cel.oso
de media tormenta, como un papel de medio luto, con un esquinazo profun~
pidiese un salvavídas a los que se asomaban a la bar.da del gran transatlanfaco,
&lt;lamente negro.
allá arriba, junto a Dios.
. .
.
,
.
Era algo así como la noche de la vendimia de las aoaci~1 y el era el vendimiador al que su padre. no le abría. la -puerta para que saliese a hacer su acoIV
pio, pa~a que se hartase del "pan y quesillo", que hacia ese &lt;;ía de Mayo se ~a
la mejor cosecha. Pensó bajar po~ el balcón a la calle colgandose de una saRuben estuvo preocupado durante la cena1 haciendo como si estuviese afin
bana.
enf~dado con su padre, aunque su disgusto era el vil disgusto de la especie
Por última vez en la última retirada hacia su cuarto,. estuvo un rato :peg~~o
el di5,=,oUSto sensual.
'
a la puerta de la alcoba en que dormía su madre con ~lvira; pero la resp1rac1on
. Elvira es~aba en frente de él, al otro lado de la mesa, y sin tocarla con los
de su madre, fuerte, con cierto ronquido un poco senil, ocultaba. la suave not_a
pies los sen.tia enredados eón los de ella.
del aliento de Elvira. En la insanía de esa ceguera que produce la fuerte enSu pen5a:1;1iento .de vist;i, baj~-el pensamiento de esa edad es así-iba con
sipela de la pubertad, se Uegó a. quejar de su madre ~ hu_~iera tapado su boca 1
una obc;ecamon ternble, q~e deb1a de ha~er cazadores que abatiesen de un tiro
dificultándola la respiración, con tal de oir la otra respuacmn.
de escop~ta de bala, e~ linea_ recta y drsparada hacia Elvira1 la indefensa, la
Por fin en la cama se durmió como muriéndose, como el que se ha a~ostado
que cae_n~, porque ?~die pod1a sospechar que en su despertar no respetase lo
con todas las flores d~tro de la alcoba. ¡No pudo sacar a los balcones aquel
mas proXIID.o y famihar.
intenso oJor de la vida que se había despertado para él aquel día!
. El padre, después de .acabar la cena, acarició el cogote del rebelde que~
nencio amansar aquella disparatada. psicología de mastu~rzo. El jabalí de ins1

1

:c;¡..

1

��-No llueve esta tarde-dijo el padre, y se fueron a hacer algunas ,;si
que terúan que hacer.
El ci~lo desmentía al barómetro. Se nublaban un poco los ojos que mira
la tormenta.
Parecía que todos iban bajo un paraguas, y, sin embargo, de ese para ·
es del que caería la lluvia cuando llegase la hora.
•
Ruben vió a salir a sus padres y después entró para dentro buscando a
vira. Como salió del balcón de estampido y con ese nublado que p';ne la to
menta en los ojos, no vió que Elvira estaba de pie en el centro de la babi
ción y _tro~e.zó con ella_ como si 13: hubiese abrazado. Pareció caer un rayo

bre ehnquilmo de abaJo como chispazo, efecto de aquel tropezón.
Las manos de Ruben encontraron en seguida la mano de Elvira para
nerla.

-~li_ra--dijo Elvira, con esa falsa lást~a de sí misma de la que quiere
car partido de una crueldad y de una h~nda-, mira ... Me he tenido que
ner esta ,otra. b!mm, porque n~ se me Vlese el cardenal que me hiciste ayer.•
¿ Por que me distes aquel pelhzco?
-Perdóname ... No creí que iba a hacerte un ronchón tan grande y tan
gro ... Fué cosa de la tormenta ... Fué la tormenta ...
. La. torm~nta movilizaba 1~ decoración ~e mar picado, y, como en el teat
~rl;illero oscilaban y eran oblicuos los bastidores, y después se ajustaban en
s1t10.
Todo olía a nueva construcción. Parecían estar en la casa húmeda de I
primeros inquilinos.
El gran pienso de la tormenta. ya estaba servido para todos.
De los bordnles, de esas espigas muy secas y agostadas en 1\-layo que ere
e~ los solar~s, y de !as que_ estab~ lleno el solar de enfrente, salía un olor
010 1 como s1 se hubiese baJado cien veces los pantalones Sancho en cien
quinas de los solares con rastrojeras precoces.
La tormenta i~nente había puesto un velo gris a todas las casas.
Ruben se sen;-ia. en el an~ep~l,co de la tormenta. Una cortina venía a gua
cerles en pleno día en la _hab_1!ac1on en qu~ estaban. Eso daba un aire peca.mio
so y reservado a 1~ hab1tac1on y se sentia.n como en cierta clandestinidad q
les preparaba la Illlsm&amp; Naturaleza.
-Ya tiene que ~er .. _. Ya no pu~de oler más... Ya huele toda la tierra.
Ya huelen todos los ¡ardines del Uruverso--&lt;iijo Ruben.
-Tengo núedo-le dijo ella.
-Ven al s_ofá con~igo- le ~ndicó Rub~n-. Veremos desde ahí la tormen
y como estaras muy Junto a rm, no tendras miedo ...
S;ntados fi:ente al, balcón, en el fondo de la S'lla, parecían asistir a un
pectac~o de ,cmematografo .. . a la verdadera película titulada "La tor,menta
Se sent1an mas en el fondo de su casa que nunca.
-Yo ~uel,o todos los aromas de El Pardo y de las Rozas, y hasta de 1
Navas-di¡o el.
Parecía. que la _tormenta, la lluvia, aguantaba con verdadera delicade
para que todos pudiesen llegar a su casa. antes de que comenzase su chaparr
C~mo un buche de agua ~ontenido en la boca, como un estornudo difícil
ev:ita.r, In. to_rmenta contema. las grandes bolsas de agua que hinchaban los
rrillos del ?1elo. f\.lgunos ~~1stales de los balcones brillaban como nácares1
otros se ve1a su rmperfecc1on de color de pescado.

-Vamos a asomarnos un rato ... Todavía no estalla-dijo Ruben, y codola por la cintura, sacó a Elvira al balcón.
Los automóviles amarillos pasaban muy tristes. ¡Los caballos blancos resuln muy bhncos y desnu&lt;los bajo la. tormenta!
Los simones estaban contentos, porque ellos tienen tritones flacos para
lt. tormenta.
Las pieft.ras de la calle, los morrillos con cabeza roma, abrían la boca como

os.
Se despertaban todos los apetitos y todas las ansias ... Las aceras estaban seestallantes, como labios secos. Era el momento álgido en que hasta crece

el brocal de los pozos en un deseo de acuciarse en el seno de la tormenta, y es
el momento en que los árboles crecen más.

Deslucía el concentrado olor de las acacias el que surgía entremedias de él,

el desolado u ¡ay! de las alcantarillas.
A lo lejos, por los campos de los descampados que se veían desde el balcón de la casa, las tierras tom.1ban 1 antes de que se derramase la tormenta,
11

un tinte de campo mojado. Es que las investía el recuerdo de pasa.das lluYias,

y antes de que les llegase el agua les llegaba el recuerdo.
Había. un piar de pájaros llenos de ternura baio la tormenta. En los ale-

ros, en sus altos portales/ se ponían tiernos como las personas y no podían más.
Cuando ya estaban bajo el alero es que la tormenta iba a estallar por fin. Los
pájaros son los únicos que saben cuándo pueden cruzar aun por el cielo y cru1&amp;r de tejado a tejado buscando el soportal de una teja.
Parecía que la inquietud del campo se había calmado. Ya estaba seguro.
En el horizonte, las nubes se desmadejaban en fantásticos flecos de un fantástico mantón.
Las que están sobre la calle se contienen aun un último minuto y miran
:e lo que van a caer. En el centro de su negrura, en lo más alto hay un clal'Or que es como In. linterna de la tormenta.
'
Es todo como un:i niña que va a llorar.
Y los lagrimones de la tormenta comienzan a caer en un preámbulo de silencio. Toda la calle se llena de perras gordas, como si las tirase a porradas el
)l&amp;drino de un bautizo.
-Ya chispea ... Vámonos dentro-dijo Elvira..
-¡Qué va a chispear!. .. Viene el diluvio-dijo Ruben.
Ha sonado el primer trueno, que es como la entrada. en agujas del tren de
la tormenta, el paso sobre la primera plataforma móvil.
Y suena el segundo trueno, que si no tuviésemos otra prueba de que el
eielo está deshabitado, sólo con oir su fracaso nos podríamos convencer.
-Suena el trueno a cielos deshabitados, a espacios sin nadie.
¡Por fin!. ..
Ruben y Elvira se metieron dentro y se.. acurrucaron sobre el sofá abrazados con arrebato. La habitación estaba. obscurísima, con una obscuridad mate
~ fin de mundo. Se sabía más que nunca, bajo esa. obscuridad, que eran de la
eiudad en que se muere. Todo estaba dentro del gran borrón de la tormenta.
Las nubes, amonto~adas, forma~an una espesa. y sucia claraboya, de esas sobre
las que toda la vecmdad ha verbdo el pal vo y las telarañas.
-Nadi~ nos ve-susurró él a:l oído de Elvira, mientras la besaba en la boca.
Les pellizcaba, les excitaba la electricidad, les acab:iba de lanzar.
To_do estaba entenebrecido y parecía que el mundo se había derrumbado
en un rincón de las ruinas del mundo.

Y,•

�1

ou·1or de cabe"Q

Ruben estaba desesperado, cotno si en la tierra que se hundía, que se
gaba, y de la que salían grandes tufaradM de perfume, se fuese ª ir sin
neuralgias y jaqueras des.apArecen-en cinco mibar el fruto apetecido. En su despertar, en el día álgido de esa dentición
LU, nulos con la HEMICRANINA del Dr. Calma, que es la entrada en la adol~scencia, se encontraba so~o con ~ m:'J----------~--;;d:;:e;:l•;;o:;_..;3;:,.:P~E,;;;S~E;;,,T:,A::,;;;S:;,-..:;P;:íd~•:;:s:,:e:.,:e;:":.,:f;:•_:,rm:::;:a:;_ci:_:a~•·
pequeña1 juvenil, un poco infantil, pero femenina co11;10 la pnmera mu]er. ¿
ese AE\',Ítc
• ·o'dolho,od•!
edad tenclria Eva en el día inicial? Esto no lo especiiican los sagraAos
'18ftCl0ft-.S;i los vasos capilares no funcionan
res, pero debía tener muy temprana edad, y la serpiente, que tenía una :i
- 01en, el cabello se seca y se despren•
,
b
d
~e, produciéndose rápidamente la calvicie. Esto se evita es-ciencia antigua, no esperó al segundo día de su pu erta •··
t1mulando el funcionamiento de dichos vfsos, bulbos y glán-

mluaetats

#"

•..• • .. . . . . .. . • ... • . .• • . . . . • . .. . . . • .. . . • ....... , . . .. . . .. . . • ... . . . . . . . •

ELIXIR DENTIFRJCO
Perfuma el aliento.

.... e¿;¡ 'ei filti~~- t~~~-¿ Y.~~~ h. ~z -~íibi~ ·d; d~Pué~. cie· ¡~· io~~nt;~. ~ ..~1-A_

At

-•

dula!ól sebáceas, lo que se logra aplicando el agua La Florde Oro, sin rival para la conservación del cabello.-Se ven-

•_r_a_..._c_a_nn_•_n_,_._º_;;..d_•_·_•_1_ª_'_""_ri_u_m_..._,._._,_d_,_,"_"_e_,_,._•._________

0_
1•_0_•_
1

pertaron sobre ]a vida los dos jóvenes.
Ruben se repuso y dió el ejemplo de presencia de ánimo yendo ha.ci.ai
balcón.
Era, pavoroso el trecho claro. que quedaba en el cielo. Parecía que iba a
recer por allí Dios y a reconvenirles.
.
Aun estaba la tierra embadurnada de tormenta, pero la. obscuridad de a
veía ya el cielo., un cielo como un espejo, un cielo en el que la luz estaba
nada.
El telón iba subiendo de nuevo.
La tormenta había sido como un jardinero que sólo necesita media hora
regar los jardines1 y que además es tau rica que parece que va a salir un j i
dín en todas las calles.
Ruben1 despejado por la duch.a de la, torm~nta, tan despej~do como
la tierra por la ducha que devuelve la razon, _veia en su proporc1_6n lo que
baba de hacer. Estaba, oblig•do y arrepentido de haberse obligado. ¡ Oh,
arrebato de la tormenta.!
Miraba las piedras de la calle dibujadas por la· tinta china de la torro
Por la acera1 algunos pobres a los que ha bañado la tormenta., pasaban
tipo de perros que han sido bañados en el estanque.
Había en los charcos burbujas del agua de seltz de la tormenta.
Ruben no quería volver la cabeza, pero sentía a Elvira llorar.
Puesto que lo ha querido, los padres le darán todas las facilidades que ;' ·
gan para su bien a los hijos, y será el que se casó muy joven y tiene mu
hijos y no enseña nunca a su mujer.
·
Lo que sea ya lo será de un modo mediocre y será un fracasado de por vi

MIS
.:", t,1EJQRES1· QUENTOÍS ,
&lt;NOVELAS BREVES&gt;
·:Jt:rteresantfsima serie compuesta de catorce volúmenes,. en Jos cuales están coleccionadas - previa una
escl'tlj}tllósá $elécéióif - las mejores novelas breves
de nuestros más· ilustres escritores contemporaneos:

ZAMAC:OIS

Precio del tomo: 3,50 r,t_s.

Est~s volúmenes están avalorados por un prólogo,
en el cual, los autores arriba mencionados,
declaran que las novelas breves que en el libro se publican, están señaladas oor él-previa una escrupulosa
selección-como las más notables de todas sus obras.
autografo,

PRENSA POPULAR.- Calvo Asensio, 3.- M&lt;i-drid.-Apartado 498

l'fanuel linares Rivas. Condesa de PilldO Ba•
zan. • znmacois. • Emmo
Carrere. • b)pcz de Ha•
ro. • Joaquln Belda. • Or•
testa l'tnnilla. • Colombi•
ne. • Cristóbal de castro. • fraliCiSCO VillaeS•
pesa. • VaréilS VIJa. • RtPide. ,.. t.arcla Sanclliz.

�Treinta y un aAos de éxito crecienJe.

HIPOFOSFITOS SALUD
Rogamos a nuestro, corresponsales
y suscriptores que nos remitan la correspondencia en IB siguiente forma:

~

A----

Pll&amp;NSA POPULAR
llAllllll&gt;

BIINlfil E_MIB;;NW
ffeno'ltad vuestro mé.todo de elección cuando tratéis de"adquirir' un específico

que combata vuestros trastorno• digestivos. Uecidid antts si queréis hallar
un medicamento que ca me all:!,unas de vuestrasmole...t.ias o ansiáis curar rnt•
grament• vuestra enfermedad de un modo rápido y perm;,inente, par,:1. así hbra-

ros dt los horribles pelif,?"NS a que os expone la cronicidad de vuestro mal. SI
trat•ts sólo de calmar vuei,tra dolencia, podéis hacer uso indistintamente de los
-elixires. digestivos tónicos, pastiJ!-;¡s, comprimidos, polvos, bicarbonatos, mAgnesias, etc., y seréis eternos esclavos de sus nocivos us.,s y de vuestra enfermedad. SI con m•Jor criterio Queréis vencer prontamente y para siempre
vuestros males deestc,mago, hlgado, l1ttestlno-s, como son hlperclorhl.
drla, pirosis (acedias), v6rnltos, estreililrnlento, diarreas, úlcera y dof e r de est6mago, dispepsias, etc. vuestr.t elección ha de ser forzosamente el

l
1

NEUIRAt:111 ESPANll
que es completamente dístínto de todo:, los demás prod11ctos de análoga aplica·
ción y el único lnof•n!llvo qúe n 1 contiene bismutos, bicarbonatos, magnesia ■, purgante•• Morfina, cocalna. beuadona ni calmaRt• alguno, y
del qui:' un frasco de 10.pesetas (OC() gr1:1mos), frecuentemente, o dos frascos, cat:.i
siempre, determinan una m,mwillosa curación. aun en los casos anti'(uos y desesperados, con efectos permanentemente curativos, comprobados por
eminentes médicos Que ral1fican al NEUTflACIDO ESPA O ... de triunfo in~
comparáble de la ciencia nacional.
Concesionario exc:lusiv -; JOSE MARIN GALAN.-Arlona 4. Sevilla.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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