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                    <text>��PERSONAJES !LUSTRES
l. Jorge Sànd, porZola, l pta,115. B'arttt1nb1:U1ch, por Ouerra, 25, Sail:1~-Beuve, pol' Zola, 14.
idem.
•
26. Coocepcl6nArenlll, por Pe8. Balzac, por id., id.
dro Dondo, Id.
116. Clinovas, J!ljr Cainpoamor,
4. AlronsoUaudlit, porid., id, / idem.
lfl. Heine, por Te6lllo0autier,
5, Sardou, por Id., fd.
17. Alare6n, por f~. P. 8azlin, !d.
Î/Îem.
O. tlumas (hljo), por !rl., id. 18. 7.orrille, por Fernrm-Flor, 28. [hsen, par L. Pa.!!9argv, U.
7. O. Flauberi.J por id., id. 1 ltlem.
29. T11ine, por Bourg~t, 50 cén,
8, Chateaulu·it,11 J J&gt;Or. H., hl. 19, Stendlla,-\t_P_o_r Zol1t, [,!.
limas.
10 Goncourt, J&gt;C!r 1d.\ id.
_120. M. d, la lW5lL, por M. y Pe•· OO. Bret.ôn, por Molina, l llta.
10, Mu.sS(lt. por 1d., la.
layo, td.
81. Can1poamar, por B. Pardo
Il BI P. Colom&amp;, por E. Pardo 21. Ayala, por J.O. Pi~6n, id,
Baztn, fr!.
Ba.zan, 2 pl.a. ·
22 Ttnnayo, por 1"ern1U1•Flor, 82.1-·ernlin-Caballero,porAsen.
12. Noi'.tez de Arca, por J,l. y
i,lem.
eio,(d.
Pelayo, J pta.
1' 23. goa,
Trueba,porBecerro de Bon- 88. E. Zola, por Maupassa.nt y
JS. Ventnrade la Ve~porVaid.
.Alexia, id
lera,_id.
2-l.
Lord
Macaulay, por Olads- 34. Mouton (Mêrloos), por BerU. Te6nlo GauHer, porZo111, id, 1 tune, f,I.
gernt, id.
t. VfctorHUll'o, poddem., id.1

1

BIBLIQTECA CENTRA.Lo

U. A. N. L

COLECGION DE LIBROS ESCOGIDOS ATRES PESETAS TOMO
1. Tolstoy, La, Sonata de 43. Ihaen, Casa de muileca.
M. Tolatoy, Mi c:011fesl6n.
Kreutzer.
44. Goncourt, La Elisa.
80 y Si. Zola, El Doetor Paa.
2. Barhe-y d'Aurovllly, El 45. Lombro.~o, A.ntropo1ogiay
eual,
Cabeejlla.
ps1qmat11,a.
88. Kropotkln, La Conqulsta
:1. Toletoy, Marl&lt;lo y mujet. 46. D~uclet, Novelà3 ,!el lunes.
del pan.
,&amp;., Wagner, Reeuerdosde mi .fi. Turgueoef, El Roy Laar 89. Turgueoef, Aguaa primavida.
de la ll:stopa.
verales,
5. Tolstoy, Dos i?8nerac!ones, 41:1. Totstoy Los Cosacos.
llO. Tolstoy, Los Hambrten~.
1.1. Goncourt.. Querida.
"19. Salnte-BeuYe, Tres mu- !Il. C!lerliuliez, Paula llferé.
7. TolRtoy, BI Ahorcado.
jeres.
9:2. I•'errôn Obras completaa
1:1. Turgeneff, Humo.
00 y 6l. Zoln., El Naturaliamo ' !l:l. Cherhuile;,:A Met.a.Buldeni;"
li, Zola, Laa Vel&amp;das de Méen el teatro.
94. Tolstov, 6..iuè hacer1
dan.
.
.
~2- Tolstov-, Ivan el lmbècll. 95. !,lem, Lu que ,leha hacerse.
10, Tolstoy, El Principe Ne-, 53. Tb11en, i,;os A.parecutos.
!JQ. '.!;aine, El Art.e en Orecia.
khll.
, M. Balza i, 1,:u~ooia Orandet. 97. 1 urgoooef, Demetrio Ru.
n. Goncourt, Re1uua lllau•. :;li. R~mlllete ae ouentos. 1 Mn.
perlo.
1 56 :r 51 Renan, Memorlas fn- j 98. Gautier, Las Bombas pru12. Barhey, El rlsodls.tno.
t1mas.
sianas.
13y 14. O,mdot, Jack.
!ia. Caro, El Pesimismo en el 1 00. Lubhock, La Vidadiebosa.
15. Tolst,oy, En el Cfaucnso. ' sil?'lo ,a:x..
100. Daudet, Tartarin en. los
16. Turguenef, Ni,Jo de hidal- ' 50. Dnudet, Cartas de ml mo•
Alpes.
gns
l!no. .
101, Taioe, El Tdeal on el arte.
l'l. Zola, Es;tudios llterarios. 00. Turg-uenor, Un n_esespa- 102. Caro, Cll!itumbrea litur.a111. Cherbuliez, Miss Rovol.
rado.
riait.
19. Ren6.n 1 Mi intancùi, y mi 61. OooMnrt, La. Faustin,
103. Tai1te, NépoJ.es.
juventnn.
81.tzae, Papli Ooriot.
101 y 100. Idem, Roma.
l!O. Tolstoy, La Muerte:
O:l. Tolatoy, El Cantodelcisne. 1100. Idem, Flo:reuela.
21. Goncourt, Oermloi&amp; La- &amp;I.. Coppée, Un ldllio.
1111. Idem, Venecla.
eerteux.
05. Caro, El lSuichllo y la clvl• tœ. Mem, Mih\n.
ia. Dau.det, La Evangeliata. f lizaciôn.
100. Tarde, Batudlos penalœ y
23. Zola, La Novcla exprlmeo- 611. Taine, .l,'ilosofla del arte.
socJalea.
tal.
li'l y &amp;!. Zol11, Loa Novellstas UO &amp;rbey d'AurnUly, Veo24 . .Flaubert, Un cornz6n sennaturnlistua.
ganza Ile un&amp; mujer.
1 69. Campoumor-, Ternezas y Ill. Balzac,CésarBtrotteau.
cillo.
115 . Turgneuer,EI Judir&gt;1 flores.-Ayosdel l!Jma.-Fa-112. ld,1m 1 La Quiebra d1t Cé26. Cberbulie.z, La Tems. de, bulll.8,
sar mrotteau.
Juan Tozu&lt;lo.
1 io. Soria Oay, Saloul!ll céle- 118. TolsLoy, Ml infanc.la.
ri. StuartMlll, Mi&amp; memorias.
bres.
114. 1,lem, Ml juveotud.
28 y 20. Macaulay, Bstudlos 11. Tal!ltoy, El Camino de la. Il~. Id., Fisiologiatle laguerra.
JurÎllioos.
vida..
118. V11rios autores, Cuentoa
8(). Zola, Mis Dd!oe,
"
'i'2. Lombroso, El Hipuotlsmo. escogi,los.
BI. Dolltoyuskl, La Casaclfllos 7.:1. Ferri, Nuevos estudh)s de/1117. Tolatoy. LaEscueladeYasmuer1oll,
J antroJl')log(a.
naia Poliana.
32. Zola, Nuevos estndloalite- 14. Taine, La Pintum en los ll8. P. Merimée, Colomb■.
ra.rios.
Paises BajoR.
Ibsen, La Dama del mar y
88. l)ostoyu.skl, La Novela del "15. TolstoybPateero_a viciosœ. Un eoemigo del pueblo.
' prSllidio.
'l6. Balzac, rsula MlroueL. 120 Barbey, Laa Dlab61icaa,
Ill. Tolstoy, El Sitlo de Sebas- 'i1. T , lstoy, El Dmero y el 1:.11. OauUor, Nerval y Ba.uiletopo1.
1 trablljo.
Jaire.
35. Zola, EstudiOll er!ticoa,
78. Shopenhauer, Eetudloa es- 122. S11l nt-e-Beuve, Retratos de
811 y 3'i. Campe, Historia de
cog-ido11.
Mu).E!rea.
Amér!(ltl,
19. Campoamor, Dolorasy bu• 12.f, l'urgnenef, El Reloj,
·ss. Daudet, El Sitlo de Paris. moradllJ:I.
124. Barbey ,!'Aurnvllly, Una
:is• .ueOIIÎo, Plnz6n,
80. Torguener Primer amor.
historia sin nombre.
10. Cherbuliez, AmQJ'ea frjgi- !:li. Tolsloy, EÎ '1 rabajo.
U5. _Daudet, Cueotos y fuot.a•
lès.
1:12. Tasoro oe cuentgg.
s1as.
,n. Heine, Memoriu.
Ela. Cé!llll' Lombroso, Apllca. 126. TolatoyiMi juventud.
&lt;tl ll'erri , .Aotropologia cricio1193 jndiclliles y mélllcas. t.n. Caro, lttré 'I i!l Poa!tîmlnal,
i 84. Sard'lu, La Perla :o.egra.
vismo.

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1119.

REVISTA INTERNACION,AL

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INTERN.ACION AL
Director: J. LAZARO

15

MAYO 1894

1YIADR1D ·
EST,1.Bl ,ECJMIENTO T lPOGRÂFlCO DE A. ;I.VRIAI..

San Bernardo, 92.-Teléf, 3.074.

�LOS ZUECOS
A. Leon Fontaine.

Para la reproducciôn de los articulas comprendidos en el presente como, es indilpen1abu el permiso del Director de la Rsv1sT A.
1:NTBRNACIONAL.

E

1 anciano cura farfullaba las cia todas las semanas, los asuntos
ûltimas palabras de su ser- întimos de la localidad. Era un anmôn por cima de las co:6.as ciano de cabellos blancos,queservîa
blancas de las aldeanas y de las ca 13: parroquia hacia cerca de cuarenta
bezas de cabellos crespos apelmaza- aîios, y aprovecbaba el serm6n para
dos de los aldeanos. Las que habian comunicarse familiarmente con tovenido de lejos a oir misa, tenian a jos sus feligreses.
su lado sus grandes cestones, y el -Recomiendo-volvi6 â decircalar pesado de un dia de Julio des- â vuestras oracianes â Desiré Vallui,
prenclia de toda aquella gente un que esta muy enfermo, y lo mismo
alor al ganado y un aroma de esta- a la Paumelle, que no acaba de resblo. La puerta abierta de par en par tablecerse de su sobreparto.
dejaba air el canto de los gallos y . No se acordaba de mas, y se puso
los mugidos de las vacas echadas en a buscar los registras de papel meel campo pr6:ximo. A veces un so- tidos en el Bre-viario. Por fin enplo de aire, impregnado del aroma contr6 dos, y continu6 diciendo:
de- los campos, se colaba por el pôr- .:Que no vengan por la noche al
tico, y haciendo revolotear al paso cementerio, coma hacen los muchalas !argas cintas de los tocados, iba chos y las muchachas, porque daré
a hacer oscilar en el altar las luce- aviso al gaarda de campo&gt;. «M. Oe_citas rajas de las velas.
sario Osmont desearîa encontrar
-jHâgase la voluntad de Dios, una muchacha honrada para sirAménl-decia el sacerdote. Call6 viente:..
luego, abri6 un libro, y se puso Estuvo reflexianando breves insâ recomendar â su grey, como ha- tantes, y luego dijo:

�6

BEVISTA INTEBNA.CIONAL

-Nada mas tengo queadvertiros,
hermanos mios, sino desearos la gracia en nombre del Padre, del Hijo
y del Espiritu Santo.
Y dicho esto, baj6 del pûlpito
para acabar su misa. Cuando los
Malaudin e~traron de vuelta en su
choza, la ultima de la aldea de la
Sablière, en el camino de Fourville,
el padre, un aldeano viejecillo, seco
y arrugado , se sent6 â la mesa
mientras que su mujer descolgaba
la marmita y su hija Adelaida sacaba de la alacena los vasos y los
platos, y dijo:
-Quizâ que no seria malo de colocarte en casa del sen.or Osmont,
que sa quedao viudo, que la nuera
no lo pué ver en pintura, y que
tiene monises. Quizâ que no la marrâramos de meter en su casa â
Adelaida.
La mujer coloc6 sobre la mesa
la marmita ennegrecida, levant6 la
tapa , y en tanto que subia al t~cho
el humo de la sopa impregnada de
olor de coles, se puso â reflexionar.
El marido continu6 diciendo:
-Qué si que tiene monises; pero
era menester ser una despavila, y la
chica no lo es ni miaja.
Entonces dijo la mujer:
-ë,Y pa qué no la probamos?
Luego: volviéndose hacia su hija,
una mocetona con aire de simple,
de cabellos amarillentos y gordos

carrillos encarnados como câscaras
de manzanas, la grit6:
-jHas oido, animal! Que te vas
â ir â casa del sefior Osmont, â ver
si te quié pa cria, y haces -toitico lo
que te mande.
La moza se ech6 â reir estupidamente, y no contest6 nada. Luego
empezaron los tres â corner.
A los diez minutos, el padre dijo:
-Oyes tu , chica, y cuidiao con
que no hagas lo que voy â icirte.
Y con frases lentas y minuciosas,
la traz6 toda una regla de conducta 1 previniendo los menores detaIles y preparândola para la conquista de un viejo viudo, indispuesto
con su familia.
La madre habia dejado de comer
para escuchar, y permanecia con el
tenedor en la mano ymirando alternati vamente â su mari do y â su
hija, siguiendo aquellos consejos
con una atenci6n reconcentrada y
muda.
Adelaida seguia inerte, con la
mirada errante y vaga, d6cil y estûpida.
En cuanto acab6 la comida, la
madre la mand6 ponerse su cofia,
y se fué con ella â casa de M. Cesario Osmont. Vivia ésteen una especie de reducido pabel16n de ladrillo adyacente â las casas de labor
que ocupaban sus eolonos, porque
se habia retirado del negocio y vivia
de sus rentas.

LOS -ZUEOOS

Tenia unos cincuenta y cinco
aiios; era grueso, jovial y brusco,
,como hombre rico. Se reia yvoceabacon estrépito capaz de derribar
una pared; se bebia vasos enteros
de sidra y aguardiente , y pasaba por enamorado â pesar de sus
aiios.
Le gustaba pasearse por el campo con las manos atrâs, hundiendo
sus zuecos de maclera en la tierra
grasa, contemplando c6mo crecian
los higos 6 cômo florecian las colzas,
con la mirada de un aficionado saiisfecho, a quien le gusta la cosa,
pero que no se mata por trabajar.
Decian hablando de él: «Es un
tio Buentiempo, que no todos los
dias se levanta bien templado.»
Recibi6 â las dos mujeres con la
tripa pegada â la mesa, acabando
de tomar su café, y repantigândose
en la silla pregunt6:
-ë,Qué se os ofrece1
La madre tomô la palabra:
-Pues venimos sobre proponerle pa criada â mi hija Adelaida,
.atento â lo que esta mafiana ha dicho el sefior cura.
El tio Osmont examin6 â la ohica,
y luego preguntô bruscamente:
-tCuântos afios tiene esta chivatona1
-Veintiûn afios va â hacer pa
San Miguel,-seiior Osmont.
-Bueno; pues la daré quince
francos al mes y la sisa. Que se

7

venga man.ana para hacerme las
sopas del desayuno.
Y despidi6 â las dos mu.jeres.
Adelaida entr6 en funciones al
siguiente dia, y se puso â trabajar
de firme, sin decir una palabra,
como hacia en casa de sus padres.
A eso de las nueve, estaba fregando los ladrillos de la cocina,
cuando el sefior Osmont la llamô â
grito pelado:
-jAdelaida!
La chica fué corriendo.
-Aqui estoy, mi amo.
En cuanto se present6 delante de
él con las manos encarnadas colgando y con los ojos turbados, la
dijo:
-Escucha tu, que no te Hames â
engaiio. Tu eres mi criada, y nada
mas, i me entiendes1 En la vida hemos de juntar los zuecos.
-Estâ bien, mi amo.
-Cada uno en su puesto, hija
mia. Tu en tu cocina, y yo en mi
sala. Fuera de eso, lo mismo para
tique para mî. ë,Estamos1
-Si, mi amo.
-Bueno, pues anda a tu que);lacer.
Y la moza se volvi6 a poner â
trabajar.
A mediodia sirvi6 la comida al
amo en su salita de papel pintado,
y luego, cuando la sopa estuvo en
la mesa, fué â avisar â M. Osmont.
-Lasopaestaenlamesa,miamo.

�L08 :.nJBCOB

8

9

UVUTA nnzB1'ACIONA.L

Entr6 éste, se sent6, mir6 en de- el café solo, jmil demonios! Si no terredor, desdobl6 la servilleta, va- quieres sentar a tomarlo, te vas a
cil6 un segundo, y luego grit6 con laporra, 1mil demoniosl Lârgate por·
voz de trueno:
una taza, iY jo11ito!
-jAdelaida!
Ella fué â buscar una taza, volLlegô ella azorada, y como s1 vi6 âsentarse, prob6 el negro liquifuese a ase inarla, exclam6:
do, hizo un gesto, pero ante la mi-Y tu, mil demonios, ;,ande vas rada feroz de su amo, se echô al
a ponerte~
cuerpo hasta la ultima. gota. Luego
-Yo... mi amo...
tuvo que beberse el primer vaso de
El sigui6 aullando...
aguardiente para el enj uague, el
-A mi no me gu~ta corner solo, segundo para empujar el enjuamil demonios ... ; vas â sentarte ahi, gue, y el tercero del puntapié en el·
y si no, te vas â la porra. Anda â tras.
buscar tu plato y tu vaso.
Entonces la despidiô M. Osmont,
La chica, espantada, trajo su eu- diciéndola:
bierto, balbuceando:
-Anda ahora a fregar. Eres una
-Ya estoy aqui, mi amo.
buena muchacha.
Y se sent6 en frente de él.
Lo :mismo sucediô â la comida.
Entonces se puso muy jovial, Luego tuvo que hacerle la partida
trincaba,dabagolpecitosenlamesa, al domin6, y por fin la envi6 a
y conta.ha chascarrillos, que ella dormir.
•
escuchaba con los ojos bajos, sin -Anda a acostarte, que yo meatreverse â pronunciar una palabra. subo al instante.
De cuando en cuando se levanta- Y ella se subi6 â su cuarto, que
La para jr a buscar pan, sidra 6 era una buhardilla debajo de las teplatos.
jas. Rez6 sus oraciones, se desnud6
Cuando trajo el café, s6lo puso y se meti6 en la cama.
una taza delante del amo, quien al Pero de pronto diô un brinco esverlo se puso colérico, y dijo gru- pantada. Un grito feroz habia hecho
iiendo:
retemblar la ca a.
-Pues, aY para ti1
-jAdelaida!
-Yo no lo tomo, mi amo.
Esta abri6 su puerta y respondio
-;,Y por qué no lo tomas~
desde su buhardilla:
-Porque nome gusta.
-Voy corriendo, mi amo.
Entonces grit6 de nuevo:
-iD6nde estâsî
-Pues a mi no me gusta tomar -Pues en mi cama, mi amo.

Entonces dijo él con voz de 1 -Si que los heroos ajuntao la
trueno:
1primera nocbe, y luego las otras.
-iVas à bajar, mal rayo! A mi -Pues entonces, estâs preiia,
no me gu ta dormir solo, jmil de- gran pécora.
monios!; y si no quieres, te vas â la Pusose la chica a sollozar, y dijo..
1balbuceando:
porra, jIDil demonios!
Entonces ella, toda asustada, res- - -Y t,qué iba yo a. sabel~ iQué iba
pondi6 desde arriba, mientras bus- yo â sabelî
caba su luz:
El tio Malaudin la ech6 una mi-Voy corriendo, mi amo.
rada socarrona, y con aire satisfeOy6 él el ruido de las ligeras ga- cho la pregunt6:
lochas que machacaban los pelda- -Y i qué es lo que no sabias tul
nos de la escalera, y cuando lleg6 Y la muchacha balbuce6 entre
â los ultimos, la cogi6 por un brazo, sus gipidos:
y en cuanto dej6 delante de la puerta -Yo no sabia que asina se hacian
sus estrechos zuecos al lado de los los chicos.
pesados del amo, la meti6 en su cuar- En aquel momento entr6 la ma-.
to de un empellôn, y dijo grunendo: dre. El padre, ya sin enojo, la
-Y mas deprisita, ieh, mil de- dijo:
monios !
-i 1iala ya preiiâ!
Ella, sin saber ya lo que decia,
La mujer, indignada por instinto,
seguia repitiendo:
se atuf6, y llen6 de insultos a la
-Voy corriendo, voy corriendo, chica, que no hacia mâs que llorar,
mi amo.
llamândola bestia y arrastrâ.
El viejo la mandô callar, y mienSeis meses depués fué un domin- tras cogia el gorro para ir a hablar
go a ver â su familia. El padre la de sus asuntos con el sen.or Cesario
üstuvo examinando con curiosidad, Osmont, decia:
y luego la pregunt6:
-Pues entadia es mas bruta de.
-tEstâs preiiaî
lo que yo creiba; que no sabfa lo
Qued6se ella con la boca abierta, que estaba haciendo esta melona.
:-e mir6 la tripa, y contest6:
En el serm6n del domin~o si1guiente, el anciano cura public6 las
-Yo creo que no.
Entonces el padre, queriendo sa- amonestaciones del seiïor Onufrio
ber la verdad, la volvi6 â preguntar: Cesario Osmont con Oelestina Ade-Di, tu, i,IlO habéis ajuntao al- laida Malaudin.
guna noche los zuecosî
G. DE MAUPASSA.~T.

l

�v1s16N DE CARLOS XI

al!

VISIÔN DE CARLOS XI
There are more things
in heav1n and earth, Horatio, Than are dreant of
in your philosophy.
(SIIAJrESPEAJU! ,

B

Hamlet.J

urlanse de las visiones y de ' p6ticos, pero de los mâs prudentes
las apariciones sobrenatura- que ha tenidoSuecia. Restringiô los
1
les; sin embargo, algunas monstruosos privilegios de la no-estân tan bien comprobadas, que si bleza, aboli6 el poderio del Senado
se rehusase darles crédita, para ser é hizo leyes por su propia autori·consecuente, veriase uno obligado â dad; en una palabra, cambi6 la
rechazar en masa todos los testimo- constituci6n del pais, que era olinios hist6ricos.
gârqu.ica antes de él, y forz6 a los
Una relaci6n escrita en debida Estados â confiarle la autoridad abforma y autorizada con las firmas soluta. Por otra parte, era un homde cuatro testigos dignos de fe: · he bre ilustrado, valiente, muy devoto
aqui lo que garantiza la autentici- de la religion luterana, de un caracdad del hecho que voy â narrar. ter inflexible, frio, positivista, falto
Aii.adiré que la predicciôn conteni- por completo de imaginaci6n.
da en ese relato conociase y se ci- Acababa de perder â su mujer,
t.a.ba mucbo tiempo antes de que Ulrica Leonor. Aun cuando dicese
acontecimientos ocurridos en nues- 1que su dureza para con aquella
tros dias bayan parecido con.su- princes:a acelerô su fin, la estimaba,
marla.
y pareci6 mas emocionado por su
muerte de lo que se hubiera podido
esperar de un coraz6n tan seco
Carlos XI, padre de Câr1os XII, . como el suyo. Desde ese aconteci-era uno de los monaroas mas des- miento volviôse aû.n mas sombrio y

I

1

11

taciturno que antes, y se dedic6
Inicîâronse entonces diversos tetrabajo con un afan que probaba mas de conversaci6n, todos los cuauna necesidad imperiosa de apartar les se agotaban â la segunrla 6 terde su ânimo tristes ideas.
Icera frase. Parecia e-vidente que
Al .fin de una nocbe de otofio es- S. M. se hallaba en uno de sus
taba sentado con bata y zapatillas momentos de mal humor, y en tadelante de una gran chimea encen- les circunstancias es muy delicada
dida en su gabinete, en el palacio la posici6n de un cortesano. Sospede Estokolmo. J unto a él estaban chando el conde Brahé que la trissu gentil hombre de câmara, el teza del rey provenia del pesar por
conde Brahé, â quien distinguia la pérdida de su espo ·a, miro algu..n
con su favor, y el médico Baum- tiempo el retrato de la reina colgagarten, qu.ien, sea dicho de paso, do en el gabinete; y después exechâbaselas delibrepensador, yque- clam6:
ria que se dudase de todo excepto
-jQué parecido esta ese retrato!
de la medicina. Aquella noche le iVéase, en efecto, esa expresi6n a
habia hecho ir para consultarle la vez tan majestuosa y tan dulacerca de no sé qué indisposici6n. •ce! ...
Prolongabase la velada; y, con-jBah!-respondi6 bruscamente
tra su costumbre, el rey no les ha- el rey, quien creia oir una acusacia cornprender, dândoles las bue- ci6n cada vez que delante de él se
nas noches, que ya era tiempo de pronunciaba el nombre de la reina.
retirarse. Con la cabeza baja y los -jEse retrato esta. muyfavorecido!
oj os .fij os en los tizones, guarda ba La rein a era fea.
profundo silencio, aburrido de su Luego, incomodado interiormencompama, pero temiendo sin saber te de su dureza, levant6se y di6 una
por qué quedarse solo. El conde vuelta por el aposento, para ocultar
Brahé notaba que su presencia :no una emoci6n de la cual se ruboriera mur agradable, y varias veces zaba. Se detuvo delante del balc6n
habia expresado ya el temor rl&lt;3 &lt;1 ue que daba al patio. Lanoche era osS. M. necesitase reposo: un ade- 1cura y la luna estaba en su primer
mân del rey le detuvo en su sitio. cuarto.
A sn vez, el médico habl6 del daîio
Aun no estaba concluido el palaque las vigilias hacen â la salud; cio don.de residen hoy los reyes de
pero Carlos le respondi6 entre dien- Suecia, y Carlos Xl, que lo habia
tes: «Quedaos, a(m no tengo ganas comenzado, habi taba en ton ces en el
de dormir.&gt;
antiguo palacio, site en la punta del

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BEVJSTA I.NTEJL~ACIONAL

-

Ritterholm que miraal lago. lœler. \nomia expre aba una especie de teEs un gran edificio en forma de \rror religio o. o obstante, sali6
herradura. El gabinete del rey ha- con paso p.rme; el gentilbombre y
Ha.base en uno de los extremos, y j el médico le s.iguieron, llavando
casi enfrente se encontraba el gran cada uno una vela encendida.
sal6n donde se congregaban los Es- Balla.base acostado ya el portero
tados cuando tenian que recibir al- que tenia a su cargo las Haves.
gûn mensaje de la corona.
Baumgarten fué a despertarlo, y le
Las ventanas de aquella sala pa- orden6 de parte del rey que abriese
recian en e e momento iluminadas en el acto las puertas del sal6n de
por intensa luz. Eso le pareci6 ex- los Estados. Grande fué la sorpretraiio al rey. Al pronto supuso sa de aquel hombre al oir e ta inesque aquel re plandor era producido perada orden; vistiôse depri a y
µor el candelabro de algun criado. corriendo y alcanz6 al rey, con su
Pero, iqué iban â hacer a esas ho- manojo de llaves en la mana. Prira en una sala que desde mucho mero abri6 la puerta de una galetiempo atras no habia sido abierta1 ria que sirvia de antecâmara ô sala
Por otra parte, la luz era demasia- de conferencias del salôn de los
do brillante para provenir de un IEstados. Entr6 el rey. Mas j cuâl
olo candelabro. Hubiera podido no fué su asombro al ver las pareatribuirse â un incendia ; pero no des enteramente colgadas de negro!
se veia huma, los vidrios no esta- -iQuién ha dado la orden de
ban rotos, ningun ruido se oia; to- colgar asi esta sala1-pregunt6 con
do anunciaba mas bien una ilumi- \tono iracundo.
naci6n.
-Sen.or, nadie que yo sepaCarlos mir6 aq uellas ventanas un I respondi6 confuso el portero.-Y
rato sin bablar. Sin embargo, el la (1ltima vez que hice barrer la
conde Brahé, extendiendo la mano galerfa, sus paredes hallabanse chahacia el cord6n de la campanilla, peadas de roble, como siempre lo
disponiase a llamar a un paje para han estado ... Con toda certeza, esenviarlo â que reconociese la eau- tas colgaduras no proceden del
sa de esa singular claridad. Pero le guardamuebles de V. M.
detuvo el rey diciendo:
Y el rey, andando con paso râ-Quiero ir yo mismo â ese sa- pido, babia llegado a recorrer ya
16n.
mas de dos tercios de la galeria.
Al aca.bar de decir estas pala- Seguianle de cerca el conde y el
bras, viôsele palidecer, y su fiso- 1portera; el médico Baumgarten iba

\'l81Ô~ DE CARI OH XI

13

un poco atrâs, vacilando entre el \ tiembla !-dijo Carlos encogiéndotemor de quedarse solo y el de ex- 1se de hombros.- Vamos, conde,
ponerse a las consecuencias de una abridno esta puerta.
aventura que se anunciaba de una -Senor-contest6 el conde, remanera bastante extrafia
trocediendo un paso - mândeme
- i Sen.or , no vaya mas lejos V. ~L ir hasta la boca de un cai'iôn
V. M. !-exclam6 el portero.-Por dinamarqués 6 alemân, y obedecemi alma, que esto es cosa de apare - 1ré sin vacilar. Pero V. M. quiere
cidos. A estas horas... desde la que desafie al infierno. .
muerte de la reina, augusta espo- El rey arranc6 la Have de masa de V. 1\1 .•• dicese que se pasea nos del portera y dijo, con tono
por esta galeria... i Que Dios nos despreciativo :
proteja!
-Bien veo que esta me concier-jSefior, deteneos! -exclamaba ne a mi solo.-Y antes de que su
el conde por su parte.-i o oye séquito hubiese podido impedirselo,
V. M. ese ruido que sale del sal6n habfa abierto la gruesa. puerta de
de los Estados~ jA saber â qué roble y entrado en el gran sal6n,
peligros se expone V. M.!
pronunciando estas palaùras:-1 Con
- Sen.or - decia Baumgarten, a ayuda de Dios !
quien una racha de viento acababa
Con él eniraron sus tres ac6litos
de apagarle la vela,- a lo menos, impelidos por una curiosidad mas'
permitame V. M. que vaya en bus- fuerte que el miedo, y avergonzaca de una veintena de sus guardias dos quiza de abandonar â su rey.
reales.
El gran sal6n estaba alumbrado
-Entremos,-dijo el rey con par una infinidad de candelabros.
voz firme, parandose ante la puer- Negras colgaduras habian reemplata del gran sal6n;-y tu, portera zado a los antiguos tapices con
abre pronto la puerta.
figuras. A lo largo de las parades
La pegô con el pie; y el ruido, aparecian dispuestas con orden, corepetido por el eco de las b6vedas, mo de ordinario, banderas alemaretumb6 en la gale-ria como un ca- nas, dinamarquesas 6 moscovitas,
nonazo.
trofeos de los soldados de Gustavo
El portera temblaba de tal modo, Adolfo. Distinguianse en medio banque con la llave golpeaba en la ce- deras suecas cubiertas de fünebres
rradura sin poder conseguir hacer- crespones.
la entrar.
Unainmensa asambleallenabalos
-1 Vaya un soldado viejo, que escanos. Los cuatro brazos del Es-

�14

REVISTA INTERNACIOSAL

tado, sentabanse cada cual en su I En aquella asamblea sobrehupuesto. Todos iban vestidos de ne- mana, nadie pareciô advertir la pregro; y aquella multitud de caras bu- sencia de Carlos y de las tres permanas, que parecian luminosas so- sonas que le acompafiaban. Al enbre fondo oscuro, deslumbraban de trar, solo oyeron al principio un
tal manera los ojos, que ninguno de murmullo confuso, en medio del
los cuatro testigos de aquella escena cual el oido no podia percibir palaextraordinaria pudo encontrar un bras articuladas; después, el mas
rostro conocido entre esa muche- anciano de los jueces de negras todumbre; como un actor, ante un pû- gas, el que parecia desempefiar las
blico numeroso, nove sino una masa funciones de presidente, levantoseconfusa en la cual sus ojos no pue_ y dio tres golpes con la mano en un
den distinguir ni un solo individuo. libro en folio abierto delante de éL
En el elevado trono desde donde Rein6 en seguida profundo silenel rey tenia la costumbre de aren- cio. Algunos j6venes de buena pregar â la Asamblea, vieron un cadâ- sencia, ricamente vestidos y con las
ver sangriento, revestido con las manos atadas a la espal&lt;la, entraron
insignias de la realeza. A su dere- en la sala por una puerta opuesta â
cha, un nifio, de pie y con la corona la que acababa de abrir Carlos XL
en la cabeza, tenia un cetro en la lban con la cabeza erguida y la mimano; a su izquierda, un hombre rada serena. Detrâs de ellos, un
de edad, o mâs bien otro fantasma, hombre robusto, con coleto de cueapoyâbase en el trono. lba con el ro pardo, tenia en la mano el cabo
manto de ceremonia que llevaban de los cordeles que ligaban las de
los antiguos administradores de Sue- lùs jôvenes. El que iba el primero,
cia, antes de que Gustavo Wasa y parecia ser el mâs importante de
la convirtiese en reino. Frente a1 los prisioneros, detuvose en medio
trono, varios personajes de grave y del salon, delante del tajo, mirânaustera apostura, con largas togas dolo con soberbio desdén. Al misnegras, y que parecian ser jueces, mo tiempo, el cadâver pareci6 temestaban senta&lt;los detras de un a mesa, blar con un movimiento convulsi vo,
encima de la cual veianse gruesos y de su herida brot6 sangre fresca
tomos en folio y algunos pergami- y bermeja. Arrodill6se el joven,
nos. Nntre el trono y los escafios puso la cabeza en el tajo, brillo el
de la asamblea, habia un tajo eu•- hacha en el aire y volvi6 â caer al
bierto con un cresp6n negro, y jun- punto con estrépito. Corri6 por el
to â él descansaba un hacha.
estrado un arroyo de sangre, la

V!Si6N DE CARLOS XI

15

cual se confundiô con la del cadâ- los testigos al murmullo de la briver del trono; y rebotando varias sa entre las hojas de los ârboles, y
veces la cabeza sobre el enrojecido por otro al sonido que emiten las
piso, rodo hasta los pies de Carlos, cuerdas del arpa cuando se rompen
tifiéndolos de sangre.
al templar el instrumento. Todos.
Rasta aquel entonces habiale estuvieron de acuerdo respecto â lo
vuelto mudo la sorpresa; pero con que dur6 la aparicion, juzgando
ese horrible espectâculo ( se le sol- que seria de unos diez minutos.
to la lengua». Dio algunos pasos Las colgaduras negras, la cabeza
hacia el estrado, y dirigiéndose a la cortada, los borbotones de sangre
figura revestida con el manto de que mancbaron el suelo , todo haadministrador, pronunci6 audaz- bia desaparecido con los fantasmas,
mente la tan con0cida formula de solo la zapatilla de Carlos conserv6.
conjura:
una mancha roja, que hubiera bas-Si eres de Dios, habla; si eres tado para recordarle las escenas de
del Otro, déjanos en paz.
aquella nocbe, si por si mismas no
El fantasma le respondiô con len- se hubiesen grabado de sobra en su
titud y solemne tono:
memor1a. ·
-jCarlos, rey ! Esa sangre no De regreso en su gabinete, el rey
correrâ en tu reinado ... (al llegar hizo escribir el relato de lo que haaqui, se hizo men.os clara la voz), bia visto y que lo firmasen sus
sino cinco reinados después. i Des- acompaiiantes, firmândolo él tamventurada, desventurada, desven- bién. Por mas precauciones que se
turada la sangre de los \Vasa!
tomaron para ocultar al pûblico el
Entonces comenzaron a ser me- contenido de ese documento no
.
'
nos prec1sas las formas de los nu- dej6 de ser conocido muy pronto,
merosos personajes de aquella pas- aun en vida de Carlos XI; aûn
mosa asamblea, y ya no parecian existe, y hasta ahora no se le ha
sino sombras &lt;le colores; bien pron- ocurrido a nadie manffestar dudas.
to desapar~cieron por completo. acerca de su autenticidad. Su final
~pagâronse los candelabros fantâs- es notable; «Y si lo que acabo deticos; y los de Carlos y su séquito relatar no es la pura verdad exacta
Y_a no al u°:1braro~ mâs que los an- (dice el rey), renuncio â toda espe-tiguos tap1ces, hgeramente agita- ranza de mejor vida; la cual puedo
~os por el vi1:mto. Duran te algun haber merecido por algunas buenas.
t1empo oy6se aun un ruido bastante acciones, y sobre todo por mi celo
melodioso, comparado por uno de Ien trabajar en pro de la ventura de

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BEVISTA INTERNACIONAL

mi pueblo y en defender la religion Icia de los Estadôs es Ankarstroem.
·an
tepasados •...,El cadâver coronado, el de Gus.d e mis
Si ahora se rec~erdan la muerte tavo I~I.
..
-de Gustavo III y el juicio de An- El mfio, su h1JO y sucesor, Gusta.karstroem (su asesino) ' se hallarâ vo Adolfo_ IV.
. .
, de una semejanza entre este
Por ûlfamo, el vieJo es el duque
:::so y las circunstancias de aque- de Sudermania, t~o de Gustavo IV;
·
1ar pro fecia.
·
fué regente del remo y. después rey,
.Ua SlllO'U
El joven decapitado en presen- al destronar â su sobrmo.
PROSPERO MERIMÉE.

EL COBARDE

E

n la alcoba silenciosa, apenas iluminada por elresplàndor de las lâmpa:ras â poca
luz, mientras queelsefior deArgelès
dormita un poco fatigado bajo los
cabellos de su querida, ésta le contempla feliz. Es terrible, â lo que
se ha atrevido. Mujer honrada, respetable por todos conceptos, unida
â un hombre de quien era el ûnico
goce y el mayor orgullo, al caer la
noche ha abandonado furtivamente el domicilio conyugal, poniendo
por pretexto â los criados que iba â
ver a su madre; ha bajado de un
cohe de alquiler ante la tapia de un
jardin; trémula de miedo, volv.iendo atrâs la cabeza, con la inquietud
de un ladr6n que fuerza con ganzua
una puerta, ha abierto la verja por
medio de una llavecita que el sefior
de Argelès la entregara la vispera
en la Opera durante e] ultimo entreacto; y después de atravesar el césped y subir la escalera, se ha encontrado en un aposento desconociREVISTA. -

Mt..ï:O

94.

do, donde por primera vez , espantada y extâtica, ha prohado las
criminales delicfas del abrazo adultero. jLamentable aventuraf Porque, nos6lo ha perdido para siempre
el honor, el respeto de si misma,
los hermosos sueiios tranquilos,
sino que esto concluirâ sin duda
por una catâstrofe. Su mari do, corazôn entero y brazo resuelto, es incapaz de doblegarse bajo la afrenta;
con la rabia de la desesperaci6n, la
matarâ 6 se matarâ a si propio.
Morira ella, 6 llorara junto a un
cadaver. Pues bien; jllO importa!
no quiere convencerse de este siniestro porvenir. Expulsa de su
ânimo todos los negros temores.
Entrégase toda entera â la embriaguez de amar y ser amada. La &lt;licha
que ha conocido, que seguira conociendo, no se paga demasiado cara
ni aun â precio de la vida. i Hora
di'1na la de los labios que se un.en,
la de los alientos que se mezclan!
j Cuân estrechamente la abrazaba
2

�18

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- --------

REVIBTA JNTEkNACIONAL

EL COBABDE

poco ha, con promesas de amor
eterno! Aun muerta ella, la guardaria él fidelidad. o ignora que
hasta ese dia el seftor de Argelès ha
sido frivolo de coraz6n, y riéndose
tras el abanico, se le atr.ibuia mâs de
una aventura galante. Pero ha dejado de ser quien et'a. jAma, ahora
ama! Lo jura y lo ha probado durante seis meses de espera tenaz y
de suplicas dolientes. El es de ella
como ella de él: entera, locamente.
jY lo que su ternura tiene de culpable, sera compensado con creces
por lo que tendra de sublime! Se
rehabilitarân â fuerza de ventura.
Mientras que ella se enorgullece
asi de su afortunado crimen, dan
las doce en un reloj de pared. Y el
seftorde Argelès, despertandose con
un bostezo, dice â su querida en
voz baja, entre la perfumada caricia de los- cabellos:
- jQué pronto pasan las boras
felices! jAy, querida mia ! : lleg6 el
momento de que bas de abandonarma.
Ella se aparta un poco, c~n un
escalofrio; le mira asombrada, como
si no comprendiese.
-jAbandonarte yo ! - exclama.
-Sin duda, querida; para no inspirar sospechas â tus criados, para
estar de vuelta en casa antes de que
tu marido regrese del circulo.
Da ella un grito, salta de la cama,
se viste â escape; después, de lejos,

muy pàlida, con los ojos sumamente abiertos, dice con palabras entrecortadas:
- i Estas loco ! i Abandonarteî
;.Irmeî }.Para no inspi rar sospechasî
tA causa de mis criados y de mi
maridoî aQué criados1 tOué maridoî
tTengo yo ahora servidumbre1 {Me
acuerdo de haber estado casada'?
Me has dicho: «Ven», y he venido.
3Después de tal salida es posible la
-vuelta~ o puedo salir de aqui sino
para ir donde tu vayas, contigo.
Tengo una casa: la tuya. Tengo un
lecho: el tuyo. Si tu no tu-vieses
donde reposar la cabeza, yo seria
una vagabunda. gAbandonarteî jÜh!
He oido mal. Jo bas dicho esa palabra, ô yo no la be comprendido
bien. j C6mo! 3No me re pondes
nadaî 3Vuelves la cabeza~ ï,Con que
es verdad~ iQuieres que me va.ya y
que vuelva maftana, sin duda para
-volverme â marchar como esta nocheî gQuieres que al entrar en casa
le diga a mi marido: « 1i madre va
mucho mejor, no era mas que una
indisposici6n&gt;, y que al dormirme
junto a él me ponga a buscar un
nuevo pretexto para la pr6xima escapatoria~ jÜh, miserable! iY yo,
infeliz ! Has contado con que seria
tu querida sin dejar de ser la esposa de otro. Nosotros nos amariamos
cuando yo me pudiera escapar. Seria tuya después de habel' sido de él.
jA su deseo satisfecho deberfamos

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19

n.ues~r~ pl~cer! jTu beso me acepta-1 en el crimen, pero no en la verria tibia aun del suyo, _Y yo servfria güenza. j o quiero repartirme, no
d~ e~lace entre tus lab10s y su boca. quiero mentir! Acepto, deseo las
Si, si! veo claras las cosas. jLo que hurlas, los desprecios, las iras. He
~e pide_s es un am.or prudente, que podido ser culpable, no sabria ser
tiene m~edo Y se oculta, que toma vil. jLa confesi6n altiva de mi amor
prec~uc1ones y miente; traicionaro! es la unica excusa que me queda!
~o~riendo â él ~or ti y a ti por él! iY pretendo que tu audacia iguale
1S~ que hay muJeres capaces de tal â la mia! Mi coraz6n, mi cuerpo,
haJeza; algunas, que se inquietan la embriaguez que me has debido
poco de su propia estimaci6n, con valen la pena de qae te enor(J'ullez~
tal de no enajenarse el respeto cas y de que proclames tu 0 clicha.
cort?s del mundo, tienen esta hipo- ;Desh6nrame si me amas! iEres un
c~esia abyecta! Todo puede permi- cobarde, 6 no me amas?
tirse, menas el comprometerse. SoHabla y habla, de pie, trémula·
:olor d_e un baiio 6 de una misa, ir sus ademanes parecen arrojar ai
a la cita en coche de alquiler, con vîento, como harapos despreciables
el velo echado a la cara, sin olvi- el vano honor del nombre los fal~
darse de la cajita de polvos de arroz sos pudores sociales y toda~ las prep~ra ocultar a la vuelta el enrojeci- ocupaciones hip6critas.
mibento, que dejan los besos; estar Sin embargo, al fin se calla, y el
1
so re SI en as palabras, en los ges- senor de Araelés se conduce como
tos, en ~as ~iradas; flngir conocer un hombre ~uy hâbil. j Ha cuidado
apenas a q111en se ama, no escribir de no interrumpir â su manceba!
nunca, no dejar cartas tras de si: Pero ahora se acerca se arrodilla
de esto se forma su virtud. jY si les la coge las manos con' d ulzura. iy~
acontece llegar â casa un poco tar- sabe ella. cuâ.n to la adora y que a
d~, hay que acostarse con tanta ra- una sefia suya moriria él con regop1dez, antes del regreso del marido, cijo!Puesbien; precisamenteâcausa
que no siempre tienen tiempo de de esta ternura debe escatimar a su
r~emplazar la camisa del adulterio! amiga los sinsabores y los peligros.
~abete que yo no soy como esas mu- rada mejor an.helaria él que estar
Jeres. Me be entregado por comple- siempre junto a ella. •No deiarse
1
t 0 , Y p~ra s1~~pre
.
.,
. .LNo tedoy una mas el uno al otro! i Qué ensue:iio!
h~ra, smo Illl vida. He roto con todo 'lnglin riesgo, ninguna responsami pasado; detras de mi, ya no bilidad podrian hacerle titobear si
queda nada de mi. He consentido s6lo se tratase de él. z, o adivina

I

�20

BEVI8TA 1NTERNACIONAL

ella sus celos, sus crueles deseos de guras y de la iras, rodea con ambos
posearla é1 soloi Pero, aun al precio brazos desnudos (ad6nde se ha ido
de las peores angustias, es preciso otra vez la ropa~) el cuello del sen.or
que la conserve el respeto y la esti- de Argelés, habla inclinada a su
maci6n de todos. No tiene derecho querido en voz baja, y le besa en el
de arrastrarla â una vida irregular, cabellocon un tenue ruido delabios.
convertirla en una de esas mujeres .En verdad que es otra. Después
a quienes senalan con el dedo. La &lt;lelamor ferozque se exalta, el amor
sociedad es temible y se venga cruel- un poco frivolo que se divierte. Se
mente de los que la retan. Hay ne- rie, con juguetones mimos. No precesidades terribles, las cuales no se gunta mas, con voz ardiente: «;, le
pueden eludir. Y el sen.or de Ar- amarâs siempre, no es asih Y le
gelés dice estas cosas y otras mu- &lt;lice, con coqneteria: «tMe encuenchas mas con tan babil insistencia, tras bonita~ :. Hasta confiesa que
pinta a su amiga un cuadro tan es- hace poco estuvo _m~y novelesca.
pantoso de una existencia an6mala, Los grandes sentmuentos hacen
afiade a este dificil discurso tan za- mejor en los libros que en la vida.
lameras ternezas, que la joven y Es una suerte que él sea razonable
hermosa mujer baja la cabeza, con y que la baya impedido hacer locuaire resignado, . convencida. Sola- ras. Le da las gracias. i r o vol ver
mente pide no salir tan pronto esa â su casa, abandonar â su marido,
noche. Aun puede quedarse sin in- pregonarsusrelaciones! tCômo pudo
conveniente ninguno para su buena imaginar ella tales disparates~ De
reputaci6n. Va a escribir â su ma- ahora en adelante, harâ lo que él
rido que permanecerâ parte de la quiera, sin resistenci~. Y ~o sera
noche junto a su madre, que esta hechicero. Seran fehces, sm zozopeor; y el seiior de Argelés entre- bras. jSe ocultarân tan bien! Ya
gara la esquela â su ayuda de ca- vera él lo ingeniosa que sera ella
mara para que la haga llevar al para encontrar ocasiones p~ra verle
circulo por medio de un manda- con misterio. « Seré tan hsta, que
dero. «i Oh, qué buena idea-dice mi marido nada recelarâ. Hasta,
el amante-y qué buena eres!:. Sién- para des"'liar sus sospechas, seré con
tase ella, escribe, cierra la carta, la él mâs atenta y carinosa que antes.
entrega ella misma por la puerta iÜh, valiente engafio ! ?uando le
entornada al sirviente dandole ra- baya hecho una buena JUgarreta,
pidas instrucciones. Luego, risue- \nos reiremos los dos de él. Esto sera
na, perdido el recuerdo de las amar- muy gracioso, ino te pareceh El

XL COBARDE

21

sen.or deArgelés escucha,conmues- 1 Pero de pronto suena un ruido
t:as de aprobaci6n. Esta contenti- 1de pasos detrâs de la pared, en la
srn:o ~e verla en camino de las ideas escalera que sube del jardin.
practicas, pues no es hombre de en- 1 - i Quién viene aqui î-dice el seredarse con una mujer altiva y de- fi.or de Argelés.
masiado magnânimamente apasio- Entonces yérguese ella, con los
nada. Su buen humor detesta verse ojos echando chispas, y exclama â
sacudido por furiosos arranques pa- gritos:
sionales. Tal como ahora se le pre- -jEl que viene es mi marido a
senta, su queridale agrada por corn- quien se lo he confesado todo ; a
pleto. Hasta se balla decidido a pro- quien mandJ la llave de la verja de
longar un poco esta intriga, nada tujardin!
comprometedora, sin responsabili- Luego, mientras la puerta cede
dad. Y pensando de tal suerte, besa ante un empuje furioso, afiade ella
con un ardor casi sincero los neva- terrible, con la alegria de su amor
dos hombros de donde se deslizan vengado:
los encajes, y se embriaga satisfe- -jMi marido, que nos matarâ â
cho con el tibio olor a sandalo que los dos! j.A ti, por cobarde; â mi,
exhalan los hermosos brazos levan- por traidora!
tados.
ÜA.TULo MENDÉS.

�UN AOOIDD"TE

UN ACCIDENTE

S

an Medàrdo, la vieja iglesia
de la catie Mouffetard, que
en otros tiempos se hizo célebre por la tumba del diâcono Paris y los convulsas, es una parroquia muy pobre. «El arrabal de
Marceau», como se dice por alli, no
tiene religi6n, y el consejo de feligreses distinguidos debe luchar con
muchas d.ificultades para cumplir
los do objetos que le estân encomendado . El domingo , â la hora
de los oficios, a iste poca gente, y
para eso formada casi nad a mâs que
por mujeres; una veintena de burguesas de la vecindad y algunas
criadas con papalina: cuanto â los
hombres, apenas se ven mas que
tres 6 cuatro viejos con traje de
campesinos, que se arrodillan en el
desnudo uelo, cerca de una columna, poniéndo e el gorro debajo del
brazo, mientras bacen pasar por sus
dedos las cuentas de un tosco rosario; balbucean algunas palabras, y

l1evantan sus ojos hacia el techo con
aspecta de santos de vidriera. Pero
durante la emana, ab olutamente
nadie. Los jueves, en el invierno,
las naves resuenan du.rante algunos
minutas con el ruido de los chan.clos
de madera cuando llegan y se van
los discipulos de la doctrina. Sin embargo, algunas vece una mendiga
con paiioleta, llevando de la mano
uno 6 dos nifi.os y otra criatura en
los brazos, va â encender un cirio
en el altar de la capilla de la Virgen; 6 bien junto a la pila bautismal se oyen los gritos del recién
nacido a quien se bautiza; y mas
frecuentemente ocurre el cantar el
responso a algun muerto que llevan
en un ataud de madera recubierto
con un pano negro, ataud que colocan en do banq uillos y que un sacerdote bendice apresuradamente en
presencia de un grupo de mujeres,
en tanto que los hombres, que son
librepensadores, esperan el fin de la

23

~eremonia en la taberna de enfren- las casas de huéspedes de las ce-rcate, ~onde juegan algunos litros al nias van a buscar la absoluciôn para
molmete.
comulgar al dia siguien te, el buen
Por su parte, el P. Faber, uno sacerdote no podia dejar de instad_e los tenientes de la parroquia, 1Jarse en su garita de madera, y de
tiene la seguridad de que lo menos Iabrir, como puntual cajero, su ven&lt;los veces por cada tres que se pre- tanillo â las de votas, para quienes
sente en ~l confesonario no ha de la confesi6n es coma una caja de
tener pemtente , y que solo de vez ahorros del paraiso en donde todas
~~ cuando t~ndra que oir la confe- las semanas depositan sus pecados
s16n , poco mteresante , de alguna veniales.
buena roujer; pero es un hombre También habia salido con dispuntual, y los martes, jueves y sa- gusto el Padre Faber, considerando
bados, â las siet~ en punto, e pre- que aquel sabado era dia de paga,
sen.ta en la cap1lla de an Juan, y ordinariamente, cuando esto ocuaunque tenga que retirarse, después rria, en la calle Mouffetard bullia
&lt;le un corto re~o_, sin q~~ nadie re- la gente, pero una gente poco prodame sus serv1c10s espmtuale .
picia para su sotnna. Es poco agradable para un hombre recto el verse obligado â bajar los ojo ante miradas insolentes y el cerrar los oidos
En una tarde del ûltimo invierno, a palabras jnj uriosas disparadas a
luchando contra una tempestad, con su paso. Ilabia en la calle una tiensu paraguasabierto, el Padre Faber da de licorista que causaba horror
recorria penosamente la calle Mouf- al acerdote, una tienda que rebofetard, en direcci6n a la parroquia; 1 saba de gases y de la que salia un
y como estab~ casi seguro de que se olor alcohôlico insufrible por la
molestaba mut1lmente, 1ba pensan- puerta a medio abrir, de de la que
&lt;:lo con tristeza en el brasero que se veia laper pectiva de tonales con
habia quedado en su hurnilde aloja- etiquetas que decian: Absintho, Bt'tmiento de la calle Lhomond y en el ter, },!Jadera, Vermouth, etc. Alli,
Bollandista in folio que habfa de- de pie, y delante del mostrador
jado abjerto sobre la mesa, don.de I habia siempre un grupo de mozo~
también habia dejado sus gafas; alegres, de larga blnsa y de gorra
pero como era sâbado por la tarde, alta, que saludaban al pobre cura,
y éste es dia en que las viejas viu- el cual dejaba la acera apresuradadas que mascullan sus pensiones en mente con un jhem! jhem! ofensivo.

I

�25

REVISTA INTERNACIONAL

UN ACCIDENTE

No obstante, aquella noche el \pero dé V. por hecho todo lo dePadre Faber lleg6 sin estorbo a su mas. ► El teniente cura entr6 muy
iglesia, porque el mal tiempo habia tranquilo en su confesonario, y
dejado desierta la calle. Moj6 el después de haberse provisto de una
dedo indice en la pila de agua ben- buena toma de tabaco, levant6 la
dita, se santigu6, hizo una corta cortinilla de sarga verde que cerrareverencia ante el altar mayor, y ba el postigo.
se dirigi6 a su confesonario. A lo -Sen.or cura-balbuce6 una voz
menos, su ida no habîa sido inûtil, ruda, que se esforzaba por hablar
porque un penitente lo esperaba.
silenciosamente.
-No soy el cura, amigo mio;
diga V. el Confiteor, y llâmeme
padre.
jUn penitente! j un hombre! ex- El hombre, cuya fisonomîa velatraordinario y excepcional era el da por la sombra no podia ser vista
caso en San Medardo; pero distin- por el Padre Faber, murmur6 lenguiéndose con la media luz de la tamente la oraci6n, que al parecer
lâmpara suspendida en el vértice no recordaba muy bien, y luego
del angulo ojival de la capilla, la dijo sordamente:
blanca blusa corta y las suelas con
- Sen.or cura... no... Padre
gruesos clavos del hombre arrodi- mio ... en :fin, perd6neme V. si no
llado, el Padre Faber pens6 que hablo como debo hablar; pero hace
aquel era un trabajador que habia veinticinco an.os que no me confi.econservado su fe de campesino y so, desde que dejé mi pueblo ... Ya
sus buenos hâbitos de practica reli- sabe V. Io que es un hombre en
giosa. Probablemente la confesi6n Paris ... Y después, yo no era peor
que iba â oir serîa tan vulgar como que otro cualquiera, y me decîa:
la de aquella cocinera de la calle Dios debe ser muy indulgente ...
Monje, que después de haberse Pero boy es tan pesado Io que tenacusado de sisar en la compra, se go sobre la conciencia, que no lo
indignaba de que se le hablase de puedo soportar solo, y es necesario
restituci6n. El sacerdote se . sonri6 que V. me escuche, sefi.or cura ...
acordândose de la sumarisima f6r- He matado a un hombre.
mnla empleada por un vecino de }fil sacerdote salt6 en su banco.
Ios arrabales, el cual fué a pedirle jUn aaesino! No se trataba ahora
una papeleta de confesi6n para ca- de simplezas del ofi.cio, de malos
sarse: c:No he matado ni he robado; -pensamientos contra el pr6jimo y

. 'dd
.. a, qmenes
·
1
·
de mmie
a es de VleJas
m1sma
obra ... pero por la tarde me
escuchaba con oido poco atento y dej6 solo las tres cuartas partes del
absolvia confiadamente. jUn asesi- tiempo; habia ido a divertirse en
no! Aq uella frente que estaba tan compafi.ia de otros amigos... Era
cerca de la suya, habia concebido y muy natural a su edad ... Le gustallevado el pensamiento de un c:çi- ban los placeres, era libre, no tenia
men; aquellas manos, cruzadas aho- obligaciones... en tanto que yo ...
ra en su confesonario, estaban claro es, yo no podia, me era prequizâ todavia manchadas de sangre. ciso trabajar mucho porque tenia â.
En su turbaci6n, mezclada con algun mi madre enfer·ma en mi pais, y porterror, el Padre Faber no encontr6 aquella época le enviaba mis econopalabras, y dijo maquinalmente:
mias ... Entonces yo paraba en el
-Confiésese, hijo mio ... La mi- puesto de una frutera de la casa en
sericordia de Dios es infinita.
que tenîa mi aposento; aquella mu-Entonces escuche V. toda la jer se encargaba de preparar los
historia-dijo el hombre con acento pucheros para los albaniles... Felien que vibraba un profundo dolor. pe no comia alli, se arreglaba en
Soy albaüil, y hace mas de veinte otra parte; verdad es que la comida
an.os que vine a Paris con un corn- no era buena... Pero la frutera era
paii.ero de la nifiez ... Juntos babîa- un.a viuda muy desgraciada, que me
m6s cogidos nidos en el campo y servia con amabilidad, y después ...
aprendido â leer en la escuela ... hay que decirlo, yo me habia encasi como un hermano, i verdadL. amorado perdidamente de su hija ...
Se llamaba Felipe ... ; yo ... yo nie jPobre Catalina! Va V. â saber,
llamo Santiago ... Era arrogante y sefior cura, todo lo ocurrido. Tres
buen mozo; yo siempre he sido ruin afios estuve sin atreverme a declay mal formado, no habia mejor rar mi afici6n a la joven; ya le he
obrero que él, mientras que yo soy dicho a V., no soy mas que un tracualquiera cosa... y bueno, y va- bajador muy mediano, y lopoco que
Iiente,y conelcoraz6nen la mano ... ganaba era apenas lo indispensable
Me sentia orgulloso de ser amigo para mi y para mandar algo a mi
suyo y de pasear con él, y orgulloso madre ... No era posible pensar en
hasta de que me &lt;liera golpes en la establecerse. Al cabo de ese tiempo
espalda y me llamara bestia ... Por mi pobre madre se fué al cielo; yo
:fin, lo queria, porque lo admiraba. quedé menos agobiado, pude ahoUna vez j qué recuerdo! nos ajusta- rrar algun dinerillo, y cuando me
ron â los dos para trabajar en la pareci6 que habia lo necesario para

I

�26

BEVISTA INTEBNAOIONAL

algunos muebles, hablé de mis senti- 1trastienda y acababa de servirme
mientos â Catalina... Por de pronto, mi sopa... ; saqué de mi bolsillo la
no me dtio que si ni me dijo que no. cajita, la abri y le ensené la alhaja.
iPardiez! De sobra sabia que no ha- Entonces prorrumpi6 en la.grimas.
bia de abrazarme; yo no tenia nada
-Perd6neme V., Santiago-me
de seductor ... Sin embargo, Cata- dijo-y guarde ese regalo para la
lina consult6 â su madre, que me que haya de casarse con V .... Y o no
consideraba como trabajador arre- puedo ser su mujer porque amo â
glado, como buen sujeto ... y se con- otro ... Arno â Felipe.
vino el casamiento. ïAhl i Qué feliz
fui durante algunas semanas! Comprendia claramente que Catalina
Ciertamente estuve en ton ces muy
no habiabecho mâs que acepfarme, afligido, me senti mortificado hasta
aunque no sentia mucho afecto por la saciedad; pero i11ué iba â hacer
mi; pero como tenia buen coraz6n, amando como amaba â los dos1 Lo
yo esperaba con el tiempo hacerme que crei que babia de ser su feliciamar mucho, mucho. Por de con- dad: casarlos; y como Felipe no tetado, todo cuanto me pasaba se lo nia dinera, le presté el que yo tenia
referia â Felipe, â quien veia en el en mi hucha para que comprara los
trabajo todos los dias, y cuando Ca- \ muebles.
talina fué mi prometida quise que
Se casaron, y todo fué bien en los
la conociera. Quizâ haya V. adi~i- prim~ros ti~mpos~ tu vie_ron _un hijo,
nado lo demâs, sefi.or cura. Felipe 1de qlllen fm padrmo y a quien puse
era guapo, muy alegre , muy ama- por nombre Camilo, en recuerdo de
ble, todo lo que yo no era, y sin Imi madre. Pero por entonces, Feproponérselo, inocentemente, eau- lipe comenzô a echarse a perder:
tiv6 â Catalina hasta la locura. jAh! rne habia equivocado en el concepto
El coraz6n de Catalina es franco y que de él tenia; aquel hombre no
honrado, y desde que la joven co- era a prop6sito para el matrimonio;
noci6 la pasiôn que experimentaba amaba demasiado los placeres y las
me lo declarô todo ... jJamâs olvi- clistracciones. V. vive en un barrio
daré aquel momento! Era dia del pobre, sen.or cura, y debe saber de
cumpleafi.os tle Catalina, y para ce- memoria aquel relata, la historia
lebrarlo, yo habia comprado una del trabajador que resbala poco â
-crucecita de oro que habîa metido poco por la pereza y la' ernbriaguez,
cuidadosamente en 1rna cajita con que ancla por . tabernas y burdeles
algod6n... Estâbamos solos en la dias seguidos, que nunca cobra la

UN ACOIDENTE

27

semana completa y que no entra en Iperderlos de vista por completo. El
su casa, siempre miserable, mas que sâbado por la noche, cuando Felipe
para dar escândalos y golpear â su se iba con sus compaîieros para gasmujer. Pues bien; en menos de dos tar en bebidas su paga, yo rondaba
aiios, Felipe lleg6 a ser uno de esos por el barrio, encontraba al nino,
desgraciados. Al principio traté de 11e hacia hablar, y si descubria que
que volviera al buen camino, y al- en su casa habia mucha escasez, no
gunas veces, avergonzândose de su lo dejaba ir con las manas vacias;
conducta, prometia corregirse; pero ya lo comprenderâ V. Creo que el
esta situaci6n fué poco durable ... , miserable Felipe se habia enterado
porque mis exbortaciones concluye• de que yo acudia en auxilio de su
ron por exasperarlo, y cuando me mujer, y cerraba los ojos, porque
presentaba en su casa y :fijaba tris- encontraba eso muy c6modo ... En
temente la mirada en la habitaciôn, .fin, para abreviar, porque todo esto
limpia de muebles, porque éstos se es muy triste. Ilan pasado los a:fios;
hallaban depositados en el Monte de Felipe, cada vez mas metido en los
Piedad, y en la pobre Catalina, del- vici.os; pero Catalina, â quien he
gada y pâlida por la pena, Feljpe se Isecundado todo lo que he podido,
enfurecia... En cierta ocasi6n tuvo ha educado â su hijo, que es ahora
el atrevimiento de hacer insinuacio- 1un guapo muchacho de veinte afios,
nes ofensivas para su mujer, que bueno y animoso coma ella ... No es
era honrada como la Virgen, re- obrero, no; se ha instruido, ha
cordânclome que yo habia estado aprendido a dibujar en las escuel.as
enamorado de ella y acusandome nocturnas, y estâ en casa de un arde que lo estaba aûn, y de inconve- quitecto, donde gana buenos suel.:.
nienciàs é infamias que no puedo dos. Asi, aunque el interior esté
repetir ... iAh! Aquel dia estuvimos siempre triste por la presencia del
a punto de llegar a las man os... beodo, las cosas se hallan en mejor
Hice, sin embargo, lo que deb:ia ha- èstado, porque Camilo es muy buecer: renuncié â ver a Catalina y â no para su madre; y desde hàce uno
mi abijado ~ y cuanto â Felipe, no 6 dos afios, cuando encuentro â Cavol via verlo mas que por casuali- talina-jla pobre estâ muy cambiadad, cuando teniamos que trabajar da!-del brazo de su hijo, que va
en la misma obra.
vestido como un· caballero, siento
Pero, ya lo comprenderâ V., mi que el corazôn se me refresca.
afecto hacia Catalina y Camilo era
Pero ayer tarde, al salir de mi
tan grande, que no me permitia flg6n, me en.contré â Camilo, â

�28

UN ACCIDENTE

29

REVISTA. INTEBNA.CIONA.L

quien estreché la mano, porque no por capricbo, y venia â echar una
es orgulloso y no se avergüenza de peonada para tener con qué beber;
mi blusa manchada de yeso, y noté pero el duefio, que debe pagar una
que estaba de muy mal humor.
multa si no concluye la obra en un
- Veamos: i qué ocurre 1
plazo :fijo, admite a cualquiera que
-Que he entrado en sorteo-me le pide trabajo.
respondi6- y he sacado el mimero 10, es decir, que iré â ser victima de la fiebre en las colonias con Hacia mucho tiempo que no veia
los soldados de marina; y en todo â Felipe, y tuve alguna di:ficultad
caso, estaré ausente cinco afios, en para reconocerlo. Quemado y seco
los que no sé qué va a ser de mamâ, por el aguardiente, con la barba casola, sin recursos, con mi padre, nosa y las manos vacilantes, no era
que bebe ahora mâs que nunca y mas que un anciano, una ruina.
tiene peor proceder; y ella morira,
-De modo-le dije-que el mupadrino mio; los pobres estân mal- chacho ha sacado un mal nûmero.
ditos.
-iY qué~-repuso con una vcz
-ïAh, pasé una horrible noche! roncà y dirigiéndome una fiera miConsidere V., sefior cura, los vein- rada.-iVas tu también â marearte afios de esfuerzos de esta pobre me como Catalina y Camilo 1 El
mujer, destruidos en un minute por muchacho ira como los otros a serla ceguera del azar, porque un mu- vir â la patria... ïPardiez! Ya sé lo
chacho ha metido la mano en un que perj udica â mi mujer y a mi
saco y ha cogido un mal nûmero de hijo ... Si yo hubiera muerto, él no
~a loteria. Po~ ese m~tivo, esta ma- tendria que marchar. Pero, ipeor
n~~a me sentia agob1ado comQ un para ellos!, aûn estoy vivo y fuerte,
vieJo que pasa una noche en vela, y Camilo no es hijo de viuda.
y me fui â la casa que estamos edij Hijo de viuda!... i Ah! Sen.or
ficando en la calle Arago. Aunque cura, gpor qué dijo aq uella palabra
se tenga mucha tristeza, es preciso el desgraciado1 Un mal pensamientrabajar como si tal cosa, tno es to se me ocurriô entonces, y no me
verdad 1 Trepé hasta arriba por los dej6 en toda la man.ana, en que esandamios-ya hemos levantado has- tuve trabajando al lado de aquel
ta el cuartopiso-ycomencéâ poner desdichado. Me preocupaba todo lo
los morrillos. De pronto senti que que iba â sufrir la pobre Catalina
~e tocaban en un hombro: era Fe- cuando no tuviese â su hijo para
lipe. Ahora no trabajaba mâs que alimentarla y protegerla, y cuando

quedara sola con aquel miserable perd6n, es claro ... Pero esto no me
beodo, completamente embrutecido privarâ de ver â Catalina con su
ahora, de_ maneras feroces, capaz de vestido negro llena de felicidad,
tod~··· Dieron las once en un reloj apoyada en el brazo de su hijo, y
vecmo, y todos los companeros ba- 1yo seria capaz de no sentir mi delijaron para almorzar ... Nos habia- to. Para evitar esta complacencia,
mos quedado los ûltimos Felipe y emigraré, me embarcaré para Améyo; pero al agarrarse a la escala rica. Cuanto â la penitencia ... Tenpara bajar â su vez, me dirigi6 una ga V., sen.or cura; esta es la crucemirada burlona y me dijo con su cita de oro que Catalina no quiso
voz aguardentosa:
admitir cuando me confes6 que es-2, Lo ves1 Todavia tengo resis- taba enamorada de Felipe: la habia
tencia. Camilo no puede alimentar tenido guardada en recuerdo de
la esperanza de ser pronto hijo de aquellos unicos dias buenos que he
viuda.
tenido en mi vida. T6mela V., vénEntonces senti en el cerebro como dala y destine su dinero para los
un golpe de sangre y de c6lera. pobres. ·
Agarré con niis dos manas las cuerdas de la escala, â la cual Felipe se
afi.anz6 con desesperaci6n, gritando:
jSocorro!, y con un solo esfuerzo la
2,Se levant6 Santiago absuelto por
dejé libre de su carga.
el Padré Faberî Lo cierto es que
Felipe, al caer, quedo muerto en el anciano sacerdote no ha vendido
el acto; se crey6 un accidente; pero la crucecita de oro. Después de haahora Camilo es hijo de viuda, y no ber puesto su valor aproximado en
marcharâ...
el cepillo de la iglesia , colg6 la
Eso es lo que be hecho, sefior alhaja como un ex-voto en el altar
eura, y eso es lo que tenia necesi- de la capilla de la Virgen, adonde
dad de decir â V. y â Dios. Me va â orar frecuentemente por el poarrepiento de m1 cr1men y pido bre albafiil.
FRANCISCO COPPÉE.

�EL HOTEL DE CAPADOCIA
1

EL HOTEL DE CAPADOCIA

E

n lo alto de la calle de Santiago, casi frente â las nuevas construcciones que ha
necesitado la regularizaci6n de la
calle Soufflot, acaban de derribar
11nanegra, horrible, vacilante, agrietada de arriba abajo, en la cual estaba instalado desde 1830 el hotel
de Oapadocia, al que los habitantes
del Barrio Latino habian denominado con mâsfamiliaridady mayorjusticia «Hotel de la Desesperaci6n&gt;.
Sucedianse alli por generaciones los
estudiantes mâs pobres del departamento de la Corrièze, â quienes sus
padres no podian pasar sino mensualidades mezquinas é irrisorias, y
que, sin embargo, ballaban la mâs
amable hospitalidad en casa de su
compatriota Gariel. Este buen hombre (que tiene hoy cu~renta y ocho
an.os) compr6 elhotelenl860ytuvo
la desgracia de perder su mujer el
siguiente afi.o; desde entonces, no
hahiendotenidoning(mcriado, bast6
él solo para el tràbajo, y limpiaba

por si mismo las doce babitaciones,
las cuales bubiera dejado limpias y
aseadas si eso hubiera sido posible
conseguirlo.
Pero convertida desde mucho
tiempo atras en una ruina la estrecha y estrafalaria casa del hotel de
Oapadocia, desafiaba â la escoba y
al plumera; y, recibiendo el polvo
de fuera por sus puertas y ventanas
desvencijadas, era presade una mugre indeleble. Los tabiques habian
dejado caer â pedazos la maclera y
el yeso que los formaban; y Gariel
los habia reemplazadoél mismo, me&lt;liante prodigios de industria, con
trozos de maclera clavados lo mejor
que pudo y sobre los cuales habia
tendido lienzos y pegado pedazos de
papel pintadoque nocasaban; tanto,
que durante el invierno rugia y
silbabael cierzo por todo el edi:fi.cio
como â través de los ârboles de un
desolado claro de bosque.
En cuanto a las reparacionesreales, no habia en manera alguna que

31

esperarlas; porque después de haber figones del barrio, donde reventapertenecido âunaherenciapro indi- ban de bambre al pie de la letra.
viso entremenores, puesta en venta Naturalmente, también bubieran
J~ casa, adquiri6 su propied_ad el tîo /rev~ntado de f~io si, con ayuda de
estre, un us11rero 1 comerciante de Gar1el, no hub1esen derribado dos
trapo y hierro viejo, quien tenia un tabiques (lo cual foé muy fa.cil) y bemodo especial de administrar sus cho un gran sal6n caldeado con un.a
numerosas fincas y que no hubiera lumbre de carb6n mineral quemadogastado dos sueldos para aquella en un hornillo. Reunieron alli las
choza, ni aun cuando su falta de mesas y sillas cojas, los sillones desalineaci6n no la hiciese inevitable- panzurrados, y se congregaban d&amp;
mente ser demolida pronto. Limi- nocbe para trabajar en comûn, alumtabase â coùrar los inquilinatos en brados por lâmparas de desecho adel dia y la hora reglamentarios, sin quiridas en un puesto de trastos viehacer ninguna concesi6n â Gariel, jos y las cuales vivian por la pacienâ quien jamâs otorgô cinco minutos zuda mafia de Gariel. Duran te el
de espera, ni aun durante el afio del dia iban â sus clases en las escuesitio; en lo demas se lavaba las ma- las, estudiaban y escrib:ian en las
nos, por supuesto, abluci~nes nada bibliotecas; pero al llegar la nomas que ideales y en las que se re- che comenzaban su velada, prolonsumian los unicos cuidados que gandola hasta lo mas tarde posible;
aquel s6rdido viejo dedic6 en toda y sôlo en ultimo extremo, molidos
su vida â la limpieza personal.
de cansancio, era cuando se iban â
Pero los inquilinos del hotel de dormir â sus alcobas heladas.
Oapadocia no eran clifîciles y pagaCriados por · esa nodriza que se
ban con exactitud, sabiendo que llama la miseria, cuvas a.ridas tetas
eran demasiado pobres para pedir habian · mamado todos ellos, esos
nada,
y sobre todo para deber a J. 6venes eran investic,adores
pen•
0
'
Gar10l, tan misero como eli_os y que sadores, cavadores intrépidos , reles inspiraba una lâstima profunda. sueltos â domar la vida, costara lo
Si hubieran sido un poco mâs ricos que costase, y que, privados adehubiesen podido ser alimentados por mâs de todos los placeres, s6lo teese buen hombre, que era un exce- nian oomo refugio posible la cienlente cocinero; mas no habia que cia. Afanosos por proporcionarse
pensar en tales lujos, y aquellos in- libros, peritisimos rebuscadores de
felices estudiante tenîan que ir en librotes viejos y capaces todos ellos
busca de la pitanza a los infimos de dar en los montones y en los ces-

�32

REVl8TA l?!iTEB.NACIONAL

tos con los tomos que valen algo y esta.ha prôxima â dar a luz. i Qué
se obtienen por piezas de calderilla, podia hacer ino confiarles madre é
los compraban sucios, descabalados hijo i Los padres_ d~ él e~an ~e la
y ha ta sin tapa , porque Gariel raza de los provmc1anos a qmenes
sabia coserlo y forrarlo , y mien- no se les enternece; y su padre,
tras preparabanse para los exâme- boticario de arra~al y mayo~domo
nes como alumnos de derecho, me- de fâbrica, le hubiese dado mil maldicina 6 farmacia, e tudiaban a fon- diciones con mâs facilidad que una
do la quimica la hi toria, la an- moneda de cinco francos. ~ lo_s estropologîa, los sistema :filos6ficos, tudiantes no se ~es ocurr16 Ill por
la historia natural y la historia de un momento la 1dea de desatender
las reliaione . A i e ta.ban unidos el ruego de su camarada; eran de
en el ~ismo ardiente deseo de esos â quienes ningana faena les
aprender, de saber, de profundi- asusta. y que no ven en la vida s~o
zarlo todo; y se comprendera per- deberes. La co tur_era, Fanny Bu~sfecta.mente su soli&lt;laridad s6lo con son, aunque adm1rablemente as1sdecir que un paseante callejero hu- tida por ello_s, muri~ al echar al
biera cstado fuera de su centro y se mundo una mfla, â quien se le puso
hubie e muerto de aburrimiento en el nombre de Eloi a, y que los esaquel formal y aplicad1 imo falans- tudiantes ll~varon consigo al Hotel
terio. Adviérta e que, forzados y de Capadoc1a, donde con una abn~constrefi.idos por la pobreza , lo gaci6n sin limites l~ criaron _con b1estudiante del Hotel de Capadocia ber6n, pues no hulJieran temdo con
tuvieron que borrar de sus pro- qué pagar las mesadas de una nogramas el inolvidable amor; s6lo driza. .
.
uno de ellos fué excepci6n de esta A partir de en ton ces, hubo stemau tera norma de conducta, lo cual pre, durante el invierno, lumbre en
bast6 para cambiar la vida de los la sala com(m, y in cesar trabaotros como lo vamo a ver.
jaron alguno de ellos alli, rodeanEn11862, uno de ellos, estudian- do de cuidado y ternura â Eloisita
te de farmacia, llamado Perrève, y ocupandose de ella con el esmero
termin6 sus estudios, y obligado a mafioso, la dulzura y la inagotable
obedecer a su padres, que le apre- paciencia de las madres. Las mas
taban para que regre ase a Tulle, linda canciones de nodriza fueron
confe 6 â sus amîo,os que tenîa ana lmurmuradasjunto a su cuna, porquerida una co turera tan pobre que los estudiantes sabian los cancomo él 7, y que la infoliz muchacha tos populares como lo sabian todo;

EL HOTEL DE CAPADOclA

33

mâs farde, Eloisa fué una niiia y hasta se aprendi6 lo lihros, y leia
luego creci6 en ese circulo de hom- Horacio 6 Lucrecio en latin como
bres jovenes, donde se renovaron , una eftorita lee una novela por enla personas, pero quedo la misma tregas. Los e tudiantes no imaginaalma, y en el cual se obedecieron ron ni por asomos enseîiarla un o:fiestrictamente los acuerdos tomados cio para ganar e la vida, abedores
el primer dia.
de la de moralizacion tan grande
Los primitivos tutores de Eloisa, que reina en los talleres; e peraban
los contemporâneos de Perrève, casarla algun dia con uno de ellos,
habian resuelto que seria y se con- con cualquier joven superior y ârservaria honesta y pura; asi, pue , bitro de su propia vida. tDe qué . ei-tenia que permaneccr en medio de viria la inteligencia si no nos enseellos, no habîan de perderla de vista :fiara a creer en los milagros '?
ni un instante, y, sobre todo era Hace tre afios la vi en medio de
preciso in truirla cuanto antes acer- sus amigos. Tenia quince aîios de
cade todas las co as; pues aquellos edad, era alta y e belta, con facciopensadores conocian con dema iada nes correctas, pero algo demacraprofundidad la vida para ignorar &lt;las; extrafiamente hermo a pero
los riesgos â que se ven expuestas de una rara palidez, que hacia rela jovenes solteras por efecto de su saltar atm mâs su prodigiosa cabeignorancia. Por e~o, con todo los llera de un color castaîio o euro,
miramientos necesarios para aquel avivado con resplandores rubios inalma tierna y candida, la enseftaron tensos. Vivia entre los estudiantes,
los sufrimientos, las miserias, las ve tida muy pulcramente con un
tremendas luchas, los horrores de mode to peinador, afable para con
la vida social y todos los viles mar- todos, forma!, llena de gracia, ocutirios que nos acarrea el vicio dis- parla en leer algun libro 6 coserse
frazado con la careta del amor.
la ropa, pero su ropa nada ma ; sus
Protegîala también su misma amigos habianse impuesto eriaciencia, porque, sin advertir que mente la prohibici6n de que ella les
iba aprendiendo algo, vi6se iniciada cosiera ni un bot6n, para evitar por
desde la infancia en los estudios mas completo la menor apariencia de
abstractos· las sôlidas y sanas con- domesticidad, ni aun amistosa. No
versaciones de sus amigos la abrian hablaba casi n unca y permanecia
horizontes inmensos, levantaban a en silencio; i pobre flor que creci6
sus ojos todos los velos; y bien sin aire y sin sol!; pero, cuando se
pronto hizo lo mismo que ellos, la interrogaba, sus palabra tenian
Rsv1su.-Jd.&amp;.yo 94.

3

�34: _________u_

VJ
_ BT.A
_ _lll_TER
~ -s.A_c_ro_N_AL
_ _ _ __

_

_ __

_

la intensa claridad de un buen sen- am6 y por quien fué amad_a, _era
tido sutil y poético. Si se le pedia, un estudiante de derecho rec1én_ mstocaba verdadera musica, de Bach talado en el Hotel de ?apado~1~ y
6 de Mozart, en un pequefio clavi- al cual devoraba lapa 16n pohtica.
cordio de Erard comprado por doce Dotado de un verdadero talento de
francos en casa de un calderero. escritor, fogoso y grave â ~a vez,
A la bora en que los estudiantes mientras ~ablo A~h~nas c?ntinuaba
iban a camer, comia ella sola un sus estudios, e cri b1a _articulas que
plato excelente, aderezado por Ga- llamaron ya la atenc16n en el periel, quien la servia y hallaba el ri6dico dem6_crata mas avanzado,
media de darla un vaso de vino y le pronosticaban un gran porbueno.
vemr.
.
En otro tiempo, los hué pedes del
Eloisa y él f~eron her1dos ~or el
Hotel de Capadocia no comian mismo ra~o; sm ~mbargo, m u_na
nada • entonces comian casi nada; palabra m una mJrada descubriepero' •qué felice eran cuando ha- ron su mutua pasi6n, que todos su
bian 1p~dido robar al bambre ueld? amigo_s adivinaron_, pero de la cunl
a sueldo hasta reunir dos 6 tres lui- no qmso hablar nmguno, pues en
ses, y acompafiaban â Eloisa â com- la mente de todo estaba que no poprarse un vestido! Todas las tardes, dia tratarse ~e ello ha ta ta_nto que
luego de corner, la llevaban varias Athanas pudiera llamar muJer suya
de ellos en verano, al Luxemburgo; â Eloisa.
.
en invi~rno, al bulevar, y en esos
E e intencional y forzado silenpaseos nunca manifest6 la joven ni ci? arrojaba un velo mas denso de
sombra de coqueteria. Ademâs, es- tr1steza obre el Hotel de Capad~taba seO'ura de que sus compafieros cia, donde iban en aumento la ~1matari:U como un perro â cual- 1seria y las dificultade ; porque 1ba
quiera que la mirase con ojos ~tre- extinguié~dose la raza de esos ~ran. dos E to no lo iO'noraba nadie en des trabaJadores pobres el nume~ ba;rio, donde, verla pasar por Iro d~ hué pedes habia disminuido,
la tarde en media de ellos, caùa vez Gariel no lograba alcanz~r~e la or~mâs silenciosa y blanca, la llama- ja con la mano; y aun v1vien~o hban por sobrenombre Eloisa la Pâ- teralmente de nada, los e tudiantes
Irara vez conseguian ahorrar1 una.
lida.
Sin embargo, al a.no siguiente pequena suma, tanto que en e pmam6. •quién puede eximirse de esta nador de rayas de color de ro a
fataliJad di vina~• Aquél a quien 1deEloisa la Pâlida, veianse grandes

al

BL HOTEL DE CAPADOClA

35

zurcidos, hechos por unos dedos de Ide ellos , José Ferrer , subi6 a la
hada. e pre"entia que iba â . obre- sala com(m como si hubiese ido al
venir una gran de. gracia. Y obre- patibulo.
vinù, bru ca, imprevi ta, terrible. 1 Todas las atenuacione fueron
Pablo Athénas tuvo un duelo â inutiles: Eloisa adivin6 u suerte a
consecuencia de un articulo donde la primera ilaba, y desde enfonces,
habia denunciado y orprendido un.a inm6v:il y fiera, como convertida en
gran infamia y que pedia sangre. una estatua de alabastro, permaneCon aquella presciencia que no les ciô en la ventana durante una hora,
falta â la naturalezas â la vez ins- que le pareci6 tan larga coma la
tintivas y profündamente reflexi- eternidad. Al fin, regresaron con el
vas, los estudiantes adivinaron que cadâver de Athénas y lo pu ieron
ese guapo joven iba derecho â la sobre un lecho; Eloi a mis ma lav6
muerte, y piado amen te se distri- la herida, el agujero abi~rto y choùuyeron los papeles â fin de velar rreando sangre, bes6 lo labios y la
lo mejor posible por los dos ere a frente de su amigo con frenética
quienes iba â herir la prev:ista cauis- locura. Sin saber si era de dia ni de
trofe. Para no alarmar â Eloisa, noche, permaneciô alli junto â él
' quedâronse a su lado do de ellos; /hasta que se lo llevaron; y de de
cinco acompaiiaron â Pablo â Meu1 entonces, tranquila, blanca coma
don, en donde tenia que realizarse la nieve, sin hacer mâs ruido que
el encuentro, dos como te tigos, una ombra, dej6 correr lo dia
uno en calidad de cirujano, los otros j con una placidez espanto a.
dos para situarse junto al terreno
Y a no hablaba, jamâs leia, no se
del combate y poder ir â Paris en sentaba · solamente de vez en cuancuanto supieran el desenlace. Los Ido liaba un cigarrillo para alguno
demas hué pede del Hotel de Ca- 1de los que trabajaban, apremiandole
padocia, en nûmero de cinco, e la hora, y se lo alargaba con fünequedaron aguardando fehrilmente bre onrisa. Bien pronto apoder6se
en un cafetucho contiguo al hotel de ella la tisis; la enfermedad fué
y donde penetraban por la vez pri- combatida con genio, tanto como
mera de su vida. Verific6se el de- pudo serlo sin dinera; pero la pobre
safio â las ocho; â las nueve llega- joven era demasiado sabia para enron los mensajeros para anunciar gaiiarse acerca de su estado, aparte
a sus camaradas la muerte de Pablo de que hubiera alejado de i toda
Athénas, herido de un balazo en la falaz ilusiôn. iY para gué necesitaien; y el de mas an.os y prudencia ba ella vivir'?

I

�REVIST.A. INTERNACIONAL

3fi_----~===-=~-------~~
. 'b se el Hotel de Ca- cambi6 después de exhalar el ûltiDesorgamza
a
• t
. 1
t di tes que salian mo ahen o.
padocia; os es u an
Los tres ultimos estucliantes del
de él para siempre ya no eran ree~- Hotel de Oapadocia no quisieron es1 ados por otros. muy pron o
.
.
p azd
'l cuatr~ luego no fue- .cribir â sus amigos y paisanos, m
que ar,on so \
talento bus- siquiera a Perrève; esa -prematura
ron mas que re:~eza se convertia muerte y esa angustia suprema percado entre ~a pol enda Se anun- tenecian â la patria parisiense. Venen una antigua ey
:o la demo- dieron todo lo que ten:ian; Gariel
ciaba para el mes de J~
- vendiô los muebles de su uso persoliciôn de la casa: Gar1~bll, qdue sos nal. y asi bubo flores en el féretro
t • na lucha impos1 e e pro'
'
•d
ema u h b.
dido el reloj ' las de Eloisa la Palida. Oonmo.~ o por
longar, a ia -ven
,
la robidad de Gariel, el YieJ0 usualhajas y l~s ropas. Ello1:a cor;-r::~ re;o Nestre le ha alquilado otra
dia_muy b;e~a q:~:::o:a~a: sino casa y le ha prestado algunos fonam1gos n
b
.
onto dos para instnlar un hotel nue-vo;
muerta. pero desea a mor1r pr
b
clio
'
l
l"vos y sus pero el anciano se a urre en me
esc ,,,
,
.
n
Para. no hacer os
t a· dos Se habia de los estud1antes gomosos que e .
deseos_fueron a e,n. 1 • o el a- sus habitaciones dan ,almuerzos con
vuelto entonces pabd~ :o:setaspen falsos pastelestrufados y champagne
pel blanco' con crue e
er de tres francos y medio â las figulas m~jil1as; y su rostro' que ~ del teatro Folies-Bergères.
maneciô hechicero y herrooso' no rantas

Ei

TEODORO DE BANVILLE,

EL JOVEN MAGO

Historia saoada de un palimpsesto de Pompeya.

D

urantelase-xploraciones hechas â presencia del rey de
Napoles, cuando la restauraci6n de 1815, en uno de los aposentos de la casa de Acteôn se ha116 un gran fresco de particularisima belleza, representandoungrupo de ninfas con los ojos vueltos
hacia la figura principal. Un Amorcillo, galantemente inclinado detrâs de ésta, parecia cuchichearle
al o:ido algûn misterio. La exquisita gracia de las formas, el ademan tan vivaracho y diligente del
pequefio apuntador, el simpatico
talante de las ninfas, y hasta el notable esplendor de los colores, respetados por &lt;liez y siete siglos lo menos, llevâbanse tras de si las miradas de todos los artistas y de todos
los inteligentes. Es natural que la
imaginaci6n italiana anduviese bien
pronto â la b~squeda para encontrar la explicaci6n y la historia de
aquella obra pictôrica incompren-

sible. A dia rio aparecian interpretaciones nuevas, pero faltas igualmente todas ellas del esencial carâcter de la probabilidad.
Sin embargo, la historia del fresco misterioso no estaba destinada
a ser un secreto eterno. En los primeros mesesdel afio 1836, fué abierto uno de esos papiros que ahora se
someten â un excelente procedimiento para desarrollarlos, inventado por el caballero Oollini de Nâpoles, y dejô ver a los ojos atônitos
el fresco, en miniatura, a la cabeza de la primera parte del manuscrito. Desarrollado por cornpleto el papiro, vi6se que contenia la presente historia, la cual habfa servido sin duda ninguna de
tema para el dilmjo con que iba
ilustrada; historia que reproducimos con todas las mutilaciones inevitables por hallarse medio calcinada la frâgil materia del rollo.
La mayor de estas Iagunas se halla

�EL JOVEN HAGO

38

39

REVTIITA INTERNA.CIO. AL

preci~amente en el comienzo; aun I atmôsfera de mi gruta de unium,
de afia â la erudiciôn de todas las en tanto que dure el reinado de esa
academia italianasy dejalibre cam- \ amorosa y pe tilencial estrella.
po â u industriosa fuerza imagi- \ Remonta.base por el espacio Sirio,
nativa.
y el re plandor de este rey de las
.•............................. \ constelaciones tefiia con clara luz
-jOh, Callias! Estoy cansado del \todo el golfo de âpoles. Los ojos
mundo.
del joven y hermoso romano lanza-Te equivocas, Sempronio; estas Iban â la naturaleza una de las mas
cansado de todo menos del mundo. intensas mirada ; y suspir6 mas
-Sé lo que digo, Ca1lias, y hablo \que dijo e ta fra e:
en serio. Pero, i,C6mo convencerte, -jOh! iQueno puedasacudfrcon
c6mo hacer que creas en alguna \el de eo la pesadumbre de la vida
cosa1 Tu, Callia , e céptico de pro- y levantar el vuelo hacia esos g1ofe i6n; tu, incrédulo ateniense; tu, 1riosos viajeros del empireo, tan leindiferente corsario conocido en to- \jos de los cuidados de este mundo
dos los mares del placer de Grecia \ cual alios mismos lo estan de la.s
y de Asia; tû, i oh Callias ! , mari- impuras nubes!
posa nocturna, que revoloteas de Al decir tale palabras, por un
flor en flor a travës de todo los impul o de que no tuvo conciencia,
jardines de lalocurahumana, ;,c6mo sac6 de la vaina un puii.alito y lo
podrias creer en este cansancio in- levant6 â la claridad del ol ponienfinito, en este profundo tedio de te, que hizo relucir la hoja.
todo lo que la tierra contiene~ Pero \ Levant6se Callias de pronto; y
eres un animal epicureo.
echândose â reir, qui o atraer aljo- o, melanc6lico fil6sofo; vuel- ven entusiasta al sentimiento de su
ves a equivocarte. Soy un verdade- 1situaci6n actual.
ro Epicuro. Delicado en mis gus- - i o bay sino dos maneras de exto~, re ervado para familiarizarme, plicar esto-exclamô el cruel zumtierno en mis amistades y en mis Ibôn.-Un homb1·e no mira asi los
amores, no soy cruel ni desdenoso cuchillos sino par amor 6 por venpara mis pobres casas de campo; y I ganza: conquistar una querida ô
de hecho, el ûnico cuidado que en Ideshacer e de una esposa. Pero a
la actualidad me preocupa es el de ti, Sempronio, iqué puede inclinar~aber si iré mafiana â mi villa, en te â tales actas de desesperaciôn'?
la margenes del Tiber, 6 si debo Tu, p11blica y notariamente el mâs
pRSar mis langidos dias en la fresca admirado y envidiado de todos los

hombre que rinden sincero culto Ireunido una colecciôn de las mas
al lujo, a las gracias y a las mâ hermosas pinturas, e cogidas con
bonitas piernas del Palatino; tû, el grandes dificultades en Corinto y
tribuno . de 1~ legi6~ imperial; tû, 1en l~s islas. Aquella estancia, espara qUien vienen directamente los culp1da y adornada del modo mâs
perfumes de la Persia, las togas delicioso, miraba al poniente; y redel ~ilagroso pais donde los gusa- 1creâbase el sol en penetrar dentro
nos truécanse en tejedores, y las jo- \ de ella, tamizando sus rayos carmeyas de las ignotas orillas del Indo; 1sies â través del cristal de las ventû, el primera y màs favorecido de tanas.
los adoradores de la moda, i qué - Y a ves que aqui-dijo Callias,
hermosa ternes que se atreva â re- no sin dejar traslucir en una sonrisistirse a tus innumerables seduc- sa el orgullo satisfecho del colecciociones~
Inista-hc seguido un plan diferente
Y ved cual fué lare pue ta lan- 1del de vuestros romanos que tienen
guideciente de Sempronio:
autoridad en a untos de elegancia.
-Por incapaz me tengo, Caillas, Colocan los cuadros â la luz mëiS
de contestar a tus hurlas. Pero mira amplia, en el sitio mâs claro y mAs
alla lèjos â aquel esclavo que trabaja I pû.blico de us apo ento . Pero yo
y se fatiga aûn, bajo lo po trimeros lo trato cual amigos del alma.
rayas de este sol abrasador. Ahora vengo â conver ar con ellos lo mûs
mismo cambiariaconjubilomisuer- lejos posible del barullo; y para
te por la de ese misero. i Me miras hacer aûn mas interesante nuestra
con unos ojos tan abiertos. Oyeme conversaciôn, ceno en su grata
y me comprendera . "'o puede ha- compaiiia.
ber ahora cleba.jo de la b6veda ce- A pe ar de lape adumbre que le
leste un ser mas sin ventura que tu abrumaba el coraz6n, su amigo no
amigo Sempronio, aun cuando el pudo men os de hallar algùn placer
mundo entera, como dices tu, le ro- en la exquisita. elegancia que refuldee de risuefios halagos.
gia en cada objeto visto por sus
En este momento, los esclavos ojos, y aûn mâs en el modo de estar
domé ticos que entraron a anunciar colocados los cuadros. En vez de
la comida de la tarde impidiéronle exponerlos todos igualmente â la
comenzar su relato. Callias era in- 1misma intensidad de luz, habialos
mensamente rico y tenia el gusto puesto Caillas de manera que cada
exquisito de un griego; condujo â uno de ellos no pudiese recibir mas
su amigo a un triclinio donde habia \1uz que la adecuada para hacer bri1

�40

REVIBTA. INTERNAOIONAL

llar todos sus méritas con su mas yanos. Con esa prodigalidad de los
completa expresi6n. Un Baz'le de millonarios que sacrifican montojovenes lacedemonias a orz'llas del nes de riquezas y tesoros de genio
Eurotas (paisaje de tarde) estaba para el goce de un segundo, pero
situado en el sitio donde vertia el goce supremo y llevado hasta los
sol poniente todo su esplendor; las ûltimos limites de lo posible para
crestas de las montafias refulgian â las imaginaciones mâs delicadas,
poca luz, pero natural y viva, digâ- esa gloriosa producci6n artistica no
moslo asi; los basques escalonados podia verse y comprenderse sino en
en sus faldas balanceaban sus fron- el momento en que el sol tocaba al
das tefiidas por una luz âurea natu- horizonte. Ambos amigos pudieron
ral; los cascos mismos y los ligeros prepararse para ese goce fugaz é
escudos que llevaban lasj6venes en intenso en sumo grado, mientras
sus graciosos simulacros guerreros que una pirâmide de Hamas trepabrillaban como acero, encendidos ba lentamente por la superficie del
por los omnipotentes rayos lumi- cuadro. Toda la parte superior esnosos.
taba envuelta aûn en tinieblas,
En un retirado rinc6n, y sin que cuando la luz comenz6 a tenir el
pudiese llegar â tocarlo sino una pie de la enhiesta montafia. Ese
pobrisima claridad, habia un F;n- rayo, flechado como un dardo incantami'ento tesalico, solemne, se- m6vil, subi6 poco â poco desde los
vero, terrible. La espesura de los valles de vinas y olivares hasta la
bosques, â través de la cual mo- regiôn de las nubes, jamâs hollada
vianse majestuosas formas de espec- por ningûn pie humano. Un minutros, adquiria un aspecta aûn mas to después lleg6 el haz luminoso â
tétrico, pues el débil rayo, como la regiôn de los inmortales y los enun tenue pincel, se limitaba â enl'i- volvi6 en una atm6sfera de oro;
quecer la sombria pintura con al- todo lo que al principio era invisigunos toques mas claros.
ble 6 solo podia entreverse â través
Encima estaba engastada en un de vagas tinieblas, brillaba entonmarco de alabastro, esculpido .con ces con excesivo esplendor.
suma riqueza, un.a obra maestra de
Los tronos de las diversas deidaAlemanes de Jonia. Era el Ohmpo des colocadas encirculo, reverberay la escena descrita por Homero, ban con los colores de todas las
donde Venus acude a la asamblea piedras preciosas conocidas por los
de los ùimortales para implorar â lapidarios mortales, y de los diaJupiter que sea propicio a los tro- mantes que los dioses nada mâs co-

EL JOVEN MA.GO

nocen. El camino que conducia al
gran trono estaba enlosado de estrelias. Un esplendoroso nimbo de diamantes era el velo que aureolaba
con vaguedad la augusta presencia
del soberano de los celestes mundos.
Cuando la râpida invasion del haz
de rayos luminosos atraves6 el
circulo de grandeza y hermosura,
pareciô infundirle una vida y un
movimiento repentinos. Aûn quedaba en el centro una figura, velada
en apariencia por una nube; pero la
toc6 de pronto el rayo de luz y se
h~zo visible entonces, cual si una
mebla real se hubiese evaporado y
fundido con ese beso ardiente. Aquella figura era la de Venus, inclinada
en actitud de dirigir una s6.plica al
padre de los dioses. Toda su belleza
era deliciosamente viva, hubiérase
dicho que acababa de a!zar la bermosa frente; brillaban sus ojos con
nuevos esplendores, y las mejillas
estàban inyectadas de un doble encarnado impelido hacia su rostro
por la agitaciôn de sus sentimientos y por el ardor de su plegaria. Su
actitud era una extraiia mezcla de
nobleza y de humildad; pero su
cara, su indescriptible rostro, era
amor y s6lo amor.
Callias dirigi6 â esa maravillosa
obra la mirada radiante del a:ficionado â las bellas artes; pero eljoven
italiano exhalô un grito, escondi6
la cabeza entre los pliegues de la

41

toga y ech6se de hinojos â los pies
del cuadro, como en un acceso de
adoraci6n.
Cuando se levant6, habia expirado el dia; la pintura estaba en la
oscuridad; toda habia desaparecido
como una obra de nigromancia....
............................•..
-i, Conque estâs decidido â correr mundo, â perseguir al inc6gnito unicornio y monstruo innominado de tu ensuefio, a ver lo invisible, a encontrar lo inhallable~ Mi
joven y galante amigo, atiende a mi
parecer y deja esas peregrinaciones
a los sofiad.ores. Vuélvete â Roma
y di a tu excelente tio que estas
enteramente dispuesto â casarte
con la dote de su hija, aun cuando
tuviese la impudencia de ser diez
veces mas rica; dile que eres unhijo
obediente y que de ningûn modo
tienes proposito de contrariar â tu
excelente padre, aunque la novia
fuese hermosa como las tres Gracias y cligna de ser amada como la
madre de los dos Amores (1). Enton.ces, después de dar humilde
muestra de obediencia filial y de celebrar un casamiento que haga hablar de ti en Roma durante veinticuatro horas, ponte el casco si aun
piensas en viajes; ve honrosamente
â batirte contra los partos, 6 â eclipsar el renombre de Alejandro y ad(1) Eroa y A.nteros.

�42

REVISTA. lNTERNACIONAL

quirir trofeos en el Indo, para ser nos amaseroos, nos acometiô a cada
algllll dia pisoteado por ~a~ sanda- 1 uno un odio invencible contra el
lias del bârbaro, que utihzara las otro, y desde entonces nos separaruinas de tu mausoleo para poner mos ipara no vol ver â vernos nunca!
alli la olla y colgar los Hares encima -Resoluciones de dos chiquillos
de tus ilustres huesos.
sin seso-dijo Callias, que esta vez
Asi hablô Oallias, que nunca po- se puso en guardia y no quiso imdia poner freno â sus zumbas. Pero pacientar a su amigo.-iY son esas
probablementehubiera q?eridocon- l. resoluci~n~s p~ctos indestructibles,
tener la lengua, si hubiese echado una rehg16n mmutable para los
un vistazo â la cara de su amigo. aüos de mas madurez1 Nada hay deEl joven italiano habia escuchado bajo de los astros que no cambie, y
al principio con una sonrisa incré- todo es una crisâlida. ï,Permanecedula y lânguida; pero, al fin, tocan- remos con los ojos fijos en Oriente
dole harto de cerca el asunto, frun- para ver salir el sol, cuando éste se
ciô el entrecejo, y con los labios arregla ya una almohada con las
contraidos y la voz temblona de in- nubes de Poniente1 Tu prima ha
dignaciôn, abrum6 al griego con las pasado de la infancia, y q liizâ es hoy
frias imprecaciones de una ira re- amable cual Hebe y alegre como
concentradà.
Flora, la reina de las flores. i,N unca
-Te he confiado, a ti, â ti solo has tenido curiosidad de saber qué
(i,entiendesî), la infeliz; ino!, la des- tal es, desde aquella batalla que tuconsoladora, la lamentable situa- visteis cuando esta.bais con noci6n de mi ânimo-exclam6 el ar- driza 1
cliente romano.-Ya te he dicho
-jVolverla â ver, â ella, â ese
que la loca, por no decir la feroz instrumenta de tirania paternal!resoluci6n de mi familia, la. cual no replicô Sempronio.-Jamâs tuve talla querido dejarme elegir libre- les deseos, ni jamâs los tendré. Mi
mente en un asunto que es, de to- educaciôn, recibida en Atenas, me
dos los negocios humanos, el que alej6 de Roma desde un principio.
mâs requiere elecci6n, me ha ins- Luego, un dia monté a caballo como
pirado un horror precoz por el ser centurion de caballeria en la legi6n
en aras de quien tenia entonces que imperial, y fui enviado â servir en
sacrificar sentimiento, raz6n y vo- las fronteras de la Pannonia. Desde
luntad; y que desatinadamente uni- entonces he vivido en el Asia Medos en nuestra infancia con el bur- nor, y nunca be visto a Roma. Pero
lesco propôsito de ensenarnos â que\ una palabra te bastarâ.

EL JOVKN MAGO

43

Al llegar àqui Sempronio, hizo dose, la belleza en esencia, tal como
una pausa; y luego prosiguiô:
Vénus alzandose del seno de las sa-He visto al ser creado para lle- Jlobres ondas, ô Pandora descennar el vacio de mi alma y poblarlo diendo de los p6rticos del Olimpo.
para siempre. Era en un banquete I jEntonces presenti que mi destino
ofrecido â los oficiales de la legiôn se habia pronunçiiado, que estaba
por el proconsul Septimio a nues- escrito mi fallo, y para siempre!
tra llegada a Efeso. Todo fué noble I En un instante penetr6 ese conven.Y suntuoso, como presumirâs. Pero cimiento en lo mas bondo de mi
todo quedô eclipsado por un espec- alma. Senti que era claro, brillantet
taculo que hubo en los jardines del acerado, luminoso como las flechas
palacio, y que fué representado por de la verdad. o puêdo decirte ni
los ec6nomos del templo. Era un explicarte con qué ansia, nueva endrama por el estilo de los concebi- teramente en mi, estudié el desarrodos por la imaginaciôn de Ovidio, llo del drama, y cuân violento inbreve, pero deliciosamente hecho: terés ffit} produjo aquella pequefia.
versaba su fàbula acerca del pode- escena. Grave temblor invadi6 torio del Amor. El nifto-dios a.parecia dos mis miembros, cuando la visucon cien formas diferentes, cu:inclo cesivamente tentada por la embriade guerrero, cuândo de poeta 6 mu- gadora lisonja de la poesîa, por la
sico, unas veces de rey, otras de promesa de todo lo que puede halamercader, cargado con una pacotilla gar al corazôn, hecha por el orgude tesoros y joyas: todo ello para llo; por las piedras preciosas y el
acometer la empresa de apoderarse oro que el joven y poderoso mago
del corazôn de una hermosa adoles- de nuestras pasiones desplegaba
cente. Pero también, jqué conquis- ante sus ojos, amontonando visi6n
ta la de aquella contra quien el Jo- sobre visiôn deslumbradora, y haven Maqo ensayaba todos sus po,&lt;le- ciendo sucederse tentaciones cada
res! .r unca he visto ni imaginé nada vez mas peligrosas ante la mas petan hello y tan digno de ser amado. ligrosa de las virgenes de la tierra.
Todo lo mâs excelente que invent6 Resisti6 a todas, y senti palpitarme
la poesia, todo lo que mi a.vida fan- el corazôn de una manera furiosa
tasia ha supuesto como mas lleno de y no acostumbrada â cada nuevo
gracia y de hechizo, de hermosura triunfo; s6lo faltaba una estratay de nobleza, qued6 sepulto entre gema. Desvaneciéronse como ensuelas tinieblas del olvido. Moviase nos los nobles palacios, los aureos
ante mi, viva, mirando y sonrién- \ bosquecillos, los regios camarines,

�44

EL JOVEN MAGO
REVISTA INTERNACIONAL

en los cuales habia evocado el joven mago sus visiones de lujuria,
de orgullo y de riqueza. La escena
fué un sencillo jardin, con magni:ficas vistas â una hermosa montafia
en las riberas del Helesponto. La
bella joven estaba sentada entonces
sobre un mouton de rosas recién
deshojadas, y oia un discurso pronunciado por un joven vestido de
pastor de J onia. Nobles eran su rostro y apostura; pero sus palabras
eran la sencillez, la pasi6n, la elocuencia misma. Nunca he oido nada
tan primorosamente dicho. No - la
ofreci6 ni la pompa ni las riquezas
del mundo, sino que puso a sus pies
un coraz6n lleno de amor:de fe y de
honor hasta desbordarse. Si ella hubiese resistido a esa suplica, hubiera sido mas 6 menos que una mortal. No tué lo uno ni lo otro: fué
mujer, verdadera como la naturaleza, y sensible â los mas dulces
impulses de ésta.
.
Habia yo triunfado con su resistencia de antes, y triunfé con su actual sumisj6n. Vi con delicia que
aquella hermosura, digna de ser celeste, no era una hermosura de estatua. Enrojeciéronseme instintivamente las mejillas cuandose difundi6
el rubor por las suyas. Unalâgrima
que cay6 de sus parpados fué seguida por mis lâgrimas, y me pareci6
que con ellas se me iba el alma. Con
un suspiro y una sonrisa reconoci6

ella el poder del corazôn sobre el

corazôn, y dejôse caer entre el silencioso llanto de su jûbilo sobre el
pecho del jonio. En ese momento
rugiô con estrépito el trueno, levantôse la decoraci6n cual una nube
que se corre, y en lugar del simple
jardin del Helesponto, vimos los inmortales bosquecillos de Idalia. El
jonio era el Amor mismo, vuelto â
su pristina forma: amable, poderoso, festive y semejante â unrey. El
joven dios, volando con sus alas de
purpura, deslizôse entre los brazos
de la hermosa doncella, y la coron6
de amarantoen presenciadelasninfas, como recuerdo de su metamorfosis en inmortal habitante de las
florestas de la isla del Amor.
-De modo-dijo Oallias, confria
mirada, habiéndole preservado de
toda emociôn su caracter satiricode modo que te has enamorado de
una de las bailarinas del templo.
Los hielos del coraz6n son faciles .de
derretir en ese câlido clima delAs1a;
presumo que escuchô ella complacida la repeticiôn que harias del papel del jonio.
_
Sempronio llev6 la mano al pufial,
y exclamô:
--Picaro griego, no me tien tes la
paciencia por segunda vez. Pronuncia otra palabra despreciativa, y
nos separamos para siempre; las estrellas que lucen sobre nuestras cabezasno estan mâs lejos de nosotros

que mi idolo del impuro aliento de
la sospecha. No he vuelto a verla
mâs; fueron vanas todas mis pesquisas. Los devotos que han podido
soportar tus hurlas impias son de
otra raza que yo. Sôlo tu incorre0oible tendencia a ridiculizarlo todo
ha podido hacerte olvidar que las
sacerdotisas son tan sagradas como
las vestales del Oapitolio. Aquella
era una de las hijas del altar.
Callias le pidi6 mil perdones y logr6 calmar lairritaciôn desu amigo,
â quien dijo:
-Pero, inunca has tratado de
encontrar ese cabal modelo de perfeccionesî 3Nunca la ofreciste casarte con ella~
- j Volver â hallarla!-dijo el romano.-Este es el segundo afio que
recorro el Asia, la Grecia y la Italia, siempre impelido por una invencible esperanza. Ha abandonado
el templo, jay!, y he podido creer
que habia vuelto â subir â los cielos. Y aun si pudiese encontrarla
aqui abajo, 3qué podria hacer yoî
En su lecho mortuorio me dejô mi
padre que eligiese entre sus anatemas 6 su bendici6n, si consentia en realizar sus deseos y casarme
con mi prima Eufrosina. Puedo desdeîiar la riqueza y menospreciar la
tirania, pero no puedo pisotear los
mandatos fûnebres de un padre.
Oigo de continuo en mi espàntado
espiritu resonar su voz, que desde

45

el fondo del sepulcro me intima a
que le obedezca. Solo temblando me
dispongo â dormir un suefio corto y
abrumador, porque bien pronto veo
su sombra que me amenaza cruelmente si me atrevo â resistirme
contra su voluntad, mas sagrada.
desde que nos separa la tumba.
-Entonces, bôrrala de tu memoria-replic6 el amable fil6sofo.
El romano levant6 despacio hacia su amigo los rasgados y negros
ojos llenos de desprecio, exclamando:
-jBorrarla de mi memoria! No
tengo mas poder para olvidarla que
para perder la conciencia de mi vida; cada objeto me obliga â recordarla. Musica, luz, estrellas, los sonidos que vagan en el aire de la noche, el balanceo de una rosa y el
aroma de su caliz, las formas ambiguas que flotan allâ arriba en las
nubes, todo loque interesa â mi coraz6n, halaga â mis sentidos y recrea..a mis ojos, todo me conduce
instantaneà.mente hacia ella. No; su
imagen sera indestructible basta el
supremo instante en que se anonade
el sentimiento mismo. Ya viste mi
emociôn la· tarde que cené en tu
quinta de Campania. jÜh, aquella
pintura del Olimpo! En esa Venus
suplicando â Jupiter hallé el idolo
vivo de todos mis pensamientos. La
actitud, las formas, la gracia indescriptible, todo estaba alli, todo lo

�46

REVISTA INTERNACIONAL

que habia visto en la fatal noche del terrumpidos, y la1:: mismas risotabanquete de Efeso. No me atrevi J. das. Sempronio supuso que â su camirar mas tiempo. Hubiera adora- prichoso amigo le habia picado un
do la viva creaciôn del pincel; 6, âspid 6 una tarântula.
cual nuevo Prometeo, con mis ar- -tEstas loco, Callias~-exclamô
dientes labios hubiera infundido mi por fin.
aliento nuevo fuego en aquella figu- - j Por Mercurio! eso creo-resra. Si hubiese sido duefio de los te- pondiô éste.-Me estoy acordando
soros de la tierra, los hubiera dado de la mas extrafia aventura de mi
por poseer aquella pintura y morir vida. Escuchame.
~on los ojos :fijos en ella. Pero en Pero cuando el romano se acerese momento crei que el severo es- caba para escuchar, el esclavo que
piritu de mi padre se alzaba del solia estar en el vestibulo entrô â
fondo de las tinieblas, y cai en el decirles que una trirreme llegada
terror y en la desesperaci6n.
de Roma acababa de atracar en el
Mientras hablaba con la tétrica Pireo, y que habia cartas a bordo
energia de un corazôn destrozado, para los dos.
echabale Callias una mirada de -Ya ves-dijo Callias levantâncompasi6n mas viva.de lo que ha- dose a todoescape;-miralo que hebia concedido nunca â ningûn ros- mos ganado con huir de las câlidas
tro humano. Pero mientras conti- regiones de la Campania: ni uno de
nuaba, un pensamiento repentino mis mil amigos 6 cortesanos hubiepareciô iluminar el rostro deljoven ra tenido la grata idea de escribirgriego. Sonriéndose, hizo como in- me al pie del Vesubio.
tenciôn de hablar, se guardô las Callias se retir6 â su gabinete
palabras en el cuerpo cual si quisiese para recorrer los preciosos docupesarlas, diô algunos pasos desorde- mentos que le llegaban desde la
nad os por la sala como si se propusie- reina de las ci udades acerca de tose moler el piso y reducir â polvo dos los barbilindos, los vagos y los
los amores de Titôn y de la Aurora locos que habia dejado. Sempronio
pintados en mosaico; por ultimo, se puso â sonar despierto contemse ech6 en uno de los asientos de plando los espléndidos reflejos de
marfil, y prorrumpi6 en carcajadas. una tarde de Grecia sobre la noble
Sempronio le miraba con asom- arquitectura del fireo. Grecia, la
bro. Levantôse de nuevo Callias y tarde , Atenas , han sido siempre
volviô â comenzar la misma panto- fuentes poéticasgratas a losforjadomima: sonrisas, frases y paseos in- res de novelas desde que existe y

EL JOVEN M'.AGO

47

tiene nombre Atenas. Sempronio es- el cual oia la voz de la hermosa
taba enamorado, lo cual trae consi- efesiana repetida por el eco de las
go mil antojos caprichosos; ademâs, bôvedas del templo. Respondiô con
estaba contrariado y ci.esposeido de triste sonrisa, que ya le eran en
ilusiones; en una palabra, era un lo sucesivo indiferentes todas las
amante sin esperanza, enamorado cosas.
de un ensueilo, con una pasiôn de
- Entonces, puedo contarte todo
visionario separada de las regiones lo que acabo de saber - le dijo
de la esperanza por obstâculos in- su amigo.-Estoy seguro de que â
superables. Estaba enamorado de lo menos no aumentaré tus pesaun ser tan ideal como un brillante res. Lee esta carta de tu pr6ximo
morador de las nubes; su amor era pariente Catulo; me informa de
el insensato amor de un hombre que que ha muerto tu prima. Habia
quisiese hacer bajar a Diana de la caido en un estado de extraîia debiesfera donde tiene glorioso trono al lidad que se atribuia a un impruborde de los cielos. Una sacerdotisa dente viaje â los bosques de Ostia,
del gran altar de Efeso estaba tan donde los calores del estio engenlejos como estrella de los mortales. dran mortiferos miasmas ; y en uno
Habiendo leido Callias sus cartas I de los paroxismos de la :fiebre se
mientras Sempronio se abandonaba Iarrojô al Ti ber una noche que, seâ los delirios de su imaginaci6n y gun su peligrosa costumbre, habia
:flotaba sobre el mar de los suefios Iido â tomar el fresco en sus orillas.
del poeta y del amante (suefios que, El cadâver de la desventurada jopor una inexplicable ley de nuestra.l ven füé encontrado una semana annaturaleza, siempre tienen un tinte Ites de salir esta carta. Catulo desmelancôlico hasta en sus mas es- cribe la ceremonia de los funerales
pléndidos fulgores, y que son los con su minuciosidad usual en todos
~as deliciosos de lo_s suefios gra- 1 los asuntos de forma y de etiqueta;
mas tan solo â esta m1sma mefanco- era uno de los principales invitalia), reapareci6 aquél con aire pla- 1 dos, de lo cual esta con toda evicentero y apenado â lavez, dicién- dencia muy orgulloso; y me dà
dole:
cuenta exacta de cada litera, de
- Sempronio, i estas suficiente- cada caballo , y, j â fe mia ! , creo
mente preparado para saber que que de cada guirnalda que adornaba
estâ rota tu cadena?
esos ost.e_ntosos funerales.
El joven italiano sali6 de pronto Ambos amigos guardaron silende un suefio que le arrobaba , y en cio un rato, y concedieron cada .

�48

REVIBTA INTERNACTO~AL

cual la parte de tristeza que exigian
el bien parecer en sociedad y el inesperado destino de la inocenc~a y
de la juventud...
...............................
- Y ahora- dijo Callias - i â
Efeso!
...............................
Hacia una noche sublimemente
hermosa. La trirreme,zarpando del
Pireo, dejaba en pos de si largo
rastro de luz, como un arado que
abriese surcos en plata fundida. Los
dos amigos iban en la popa: mira"ban â los cielos, las aguas tranquilas y las nobles cumbres del Atica;
y veian huir en torno y detrâs de
ellos todos los objetos, cual si viajasen sobre una nube y :f:lotasen en
el seno de los aires. Gradualmente
se extinguieron las luces y los ruidos del puerto, y sali6 la luna. A
la claridad de ésta, irguiôse en su
colina el Partenôn, pâlido, solemne
y solitario, como un majestuoso espiritu velando de centinela sobre
todo el paisaje. Preparâronse para
la noche los marineros, y mientras
el barco ~vitaba las gruesas olas
que indican el promontorio de Sunium, comenzaron la funciôn religiosa nocturna en obsequio de Palas Atenea. Iluminaron el altarito
que sostiene su imagen en la proa
del barco, é hicieron arder en su
honor canela é incienso, que bien
pronto bafiaron con una nube de

perfume las empavesadas amuras
del buque. Callias pens6 entonces
en la refacciôn de la noche, y baj6
â un elegante camarote para encargar alli una cena digna de un
trirreme imperial. Sempronio se envolvi6 en su manto militar y permaneci6 con los fijos en la constelaci6n de Tauro, que hacia centellear altivamente su corona de
topacios; pero sus pensamientos estaban muy lejos de alli. A la vista
de un templete sito sobre la fruncida frente del promontorio de Sunium, el piloto toc6 la trompeta; y
â esa sefial, la tripulaciôn enton6
el himno â la diosa protectora del
Atica:
« i Oyenos , amorosa Minerval
jOyenos desde el fondo de la esfera
entretejida de estrellas que rodea y
protege, como una zona de fuego,
los âureos tronos de Jupiter y
Juno.
»Mientras surcamos las olas tenebrosas, encadena las tempestades
dentro de sus cavernas, hasta que
tu an torcha arda encima de la montafia, sefial de nuestro feliz regreso;
»Hasta que tu antorcha arda encima de la montana, como la agitada cabellera de las ninfas de los
bosques, que lanza al aire movientes claridades;
»Hasta que la canciôn del hogar
doméstico nos respqnda y aumente
la alegre brisa, elevândose en santo

BL JOVEN MAGQ

49

acorde hacia tu templo de mârmol, plo y desapareci6 en seguida en las
alturas del cielo.
&gt; Diosa de la lira coronada de
Prosternâronse los marinos y tulau~eles , haz que la funeb~e luz del vier_o~ esa seii.al por la respuesta
relampago y la Hama obhcua del fam1har de la diosa. Algunos crer~yo n~ surquenjamâs nuestro glo- yeron ver â Minerva de pie entre
r1osa tr1rreme, desde la hora en que la llama, encima del promontorio.
la perversa criatura nace en su Todos lo tomaron como feliz aaüero
cuna de ro~as, hasta el mornento en de su viaje por las costas asiâticas.
que la tarde corre las cortinas de su ...............................
pabellôn sobre el cielo, la tierra y
El sacerdote de Diana resistîa con
las nubes del Océano, encendidas y valor la elocuencia de los dos amidoradas como las islas de los bien- gos, empefiados â toda costa en ver
aventurad?s.
â la sacerdotisa del santuario. La
&gt;i Oh Mmerv~ ! Raz que nuestra imagen de la diosa, dicese que vevalerosa proa hienda sana y salva nida del cielo, se venera en el fondo
las olas mâs terribles. Haz que de su santuario, custodiada por dinuestras blancas velas no lleven ferentes sacerdotisas que en honor
,
' sin velo
en su seno mas
que brisas favo- de ella, velan guardândola,
rables, hasta que hayamos vuel- puesto, â cara descubierta. Cuanto
to al b~ndito hogar, â través de mas apremiantes eran sus argula suces16n de calmas y de vien- mentos, el rigido sacerdote mas
tos •
t ema
' por un cr1men
·
el escucharlos •
. &gt; Oye la canci6n del alegre ma- Callias le ofreci6 una boisa llena
r~nero, jOh reina virgen de la glo- de oro de Tracia. No bien hubo senriosa Atenas l »
tido el aruspice que le tocaba en la
~es6 el himno y _diôse por con- mano, arrojôla al suelo y huyô,
clmdo el d_evot~ ofic10 nocturno con como si le hubiese picado un âspid.
una gran smfoma de flautas y trom- Desesperado Sempronio al ver huir
peta~. C~ando todo estuvo tranqui- con él sus :ultimas esperanzas, colo, s~n mrse mâs que el ruido ca- rri6 en pos suyo y le detuvo con
denc1oso de los remos golpeando en violencia por la toga. La manoque
las _aguas, reson~ desde el promon- h~bia cogido al incorruptible mitor10 un repe~tmo y estruendoso mstro del altar de Diana tenia por
toque de clarm; una larga Hama adorno una maanifica esmeralda
roja, de intenso color, tembl6 un Fijâronse de pro~to en ella sus ojo;
momento sobre el front6n del tem- y se volvi6. La piedra preciosa paso
â la claridad de la luna.

REVISTA. -

'MA.YO 94,

4

�50

REVISTA INTERNACIONAL
BL JOVl:N MAGO

· y con misterio â su dedo
en silenc10
anular. Sin decir una palabra, sac6
de su toga de pûrpura unà llavecita, y, abriendo una puerta baja,
casi invisible entre las esculturas de
la pared, introdujo sin ruido â los
d s jôvenes en las profundidades
dol
e t emp1o.
El templo de Diana en Efeso era
1 's célebre monumento de dee ma
· , del mundo • Callias se sinti6
VOCIOn
feliz y enorgullecido al hallarse
bajo las b6vedas de aquel famoso
. to , en el cual habiase negado
recm
la entrada a reyes, y que guardaba
en su seno mas tesoros que muchos
reinos. Habian concluido los divifi.cios del dia. Las puertas de
nos o
bronce del colosal edificio estaban
cerradas después de haber salido ~l
pueblo. Todo era tinieblas, silenc10
y soledad. Entonces pudo convencerse Callias de que se hallaba en
1 c:rar cuya magnificencia exceun U0
dia aun a su renombre. Las luces
del altar mayor estaban moribund
y la multitud de altaritos, dond:s durante todo el dia se habian
ofrecido ·sacrificios, brillaban â lo
lejos cual una miriada de estrellas
ext.mgui·d as.
Veianse a cada paso tales persectivas de arcos y columnatas, lairados por la pacienzuda habilidad
del cincel asiâtico y hechos de mârmoles y metales brillantes con todos los colores del cielo y de la

tierra, y que
, la , débil claridad
, t·
,del.
templo hama mas fantas 1cos aun,
tal profusion de estatuas de alabastro y mar~, cuya muc~edumbre
poblaba los mmensos espac10s, como
ejércitos llenos de no~leza y h~rmosura; tal abundanc1a de estandartes de pûrpura recamados de
oro, religiosas ofrend~s del mundo
entero, suspensas encuna de los alb..
tares, los cua1es tam
1en est a. ban
.
enriquecidos con piedras prec1~~as
que despedian sus destellos env1~ndolos â tapices procedentes
·
fide Tiro
y del fondo de la In.dia; en n, u~a
riqueza tan desordenada y ~n ~concebible, que el hombre mas fr10
y mas hastiado del mundo prorrum.
·t d ·
pia â cada mstante en gr1 os e gozo
y de sorpr~sa. En cuanto al ~omano, embeb1do en los pensamientos
de su alma, subyugado por su ~elancolia y aûn mas po_r la so~1sa
de sus esperanzas, at6mto lo m1raba
·
·
·
"d
.
todo, cual_ s1 hub1ese SI o una VIsi6n. Cons1deraba las b6vedas y los
pilares deslumbradores cual obra
de _un mago; y prestaba oido atento
â los vagos ecos de arpàs y d~ fl.autas que devez ~n cuand~ salian de
los aposentos mas recônditos, como
si hubiese escuchado coros que se
oyeran venir de las :florestas_ ~el
Elis~o. Todo era profundas dehc1as
en el coraz6n del ~~ante, ?oce sofiador, ,~udo ens1m1smamiento de
un esp1r1tu levan~ado en alas del

51

poder de la imaginaci6n ytranspor- gloria en este mundo sin afiadir a
tados â
ultimo~ linderos de la ella la de contar las maravillas y las
perspecfava de la dicha.
circunstancias de nuestra evasi6n.
Pros!gui6 e_ntonces el sacerdote ;Lâstima grande, en verdad, no hasu cammo hac1a un retiro mâs pro- ber seguido mi parecer y mi primer
fund? y mâs secreto. Seguiale Sem- impulso, que era clavarle la espada
pro~10, c~ando de pronto sinti6 que en medio del buche â ese pérfido,
Calhas tiraba de él violentamente antes de que nos atrajese â esta. cehacia atr:is. Al pâlido resplandor de lada para reventar aquî como un
una lâmpara, vi6 que medio _sacaba par de perros hambrientos!
la espada con un ademan inequi- Sempronio seguia hacienda siemvoco. Evidentemente, el griego co pre protestas favorables a la honranocîa el riesgo de hacer càso de la &lt;lez del sacerdote. Transcurri6 una
fe asiâtica. Aquel sitio tal vez no bora, después otra, y éste no volera sino un degolladero â prop6sito vi6. En vista de eso, trat6 Callias
para robar y matar. Sempronio se de abrirse camino y subir â la en~on_ri6 co~o si mirase todo con igual trada; pero hubiérase dicho que el
md1ferenc1a, y meti6se entre las viaje se habia hecho doblemente ditinieblas. El griego hizo alto; luego, ficil desde que habfan bajado. A los
desenvainando por completo la es- pocos pasos el pasadizo estaba obspada, sigui6 despacio la huella de truido por anchos sillares de piesu terco compafiero. El pasadizo era dra.
largo y dificultoso, yen do al final
-r Ahora si que es evidente
cuesta abajo; eclips6se del todo la la traici6n!-exclam6.-Estas son
luz. Llegaron â una puertecilla; la unas catacumbas, y ya podemos
voz del sacerdote se dej6 oir de rondar aqui, cual otros fantasmas,
nuevo, cual una especie de cuchi- por siempre jamâs. ;Magnüica y
cheo.
candida simpleza no haber cono-Aguardadme aqui hasta: que cido que ese ~acerdote no habia de
vuelva-dijo; Y se alej6.
atreverse â descubrir los secretos
. -Ahora llevamos nuestro mere- de su templo, como no se atreveria
c1do, Y nada mâs-exclam6 Ca- â ver una espada de frente! Pero ha
llias.---:Pienso que nunca podremos sorteado esta di:ficulta.d de una maprobar â la _hu~anidad la moraleja nera magistral. Y nuestras ocupade nuestra ms1gne locura; porque, ciones ahora se reducen a rondar
o mucho me equivoco, 6 este sacer- por aqui hasta que caiaamos dentro
dote creerâ que ya tenemos harta de algun foso, 6 mori;nos tranqui-

!os

�- --~~-;:~==-- -

EL JOVEN JIU.GO

53

REVlBTA JNTERNACIONAL

·
al cen
·10 pueden conduc1rnos
lamente de hambre encorvados en- \ : : :~ la tierra ! Vamos, .toma es~a.
02

·

cima de esta..&lt;:1 piedras.
.
mas espada y préstame el ultimo ser~Pero el espiritu de su am1go,
. de un romano a su meJor
ltoy mas puro por naturaleza, es- mo. r.
a
,
· elevado amigv.
il · la
taba ya .â un di~?ason ma~
1.
Sempronio cogi6 en s en_c10
Callias-d1Jo-tu fr1a y ma a
d y la rompi6 con un pie. La
fi.l:ofia te hace desconfi.ar de ~od~,
saltar de la piedra alguhasta de ti mismo. En cuanto a:ai'- n~s chispas, al resplandor fugaz de
no tengo tan tas. cosas que me aisi6n las cuales reconocieron •que e~taban
gan alla arriba, para qu_e esta p~ d' d .. en el centro de una vasta b_oveda,
me cause tan tas angustias. Dem
desde donde irradia~an :ar1os camente el sarcerdote es un cana.
. os en diferentes direcc1ones. Me'
b yo que qwen mm
'a ex
Hnbiera debido sa er
l
tiéronse por aquel que parec1
uede
dejarse
corromper
por
e
or_o
t
nderse
hasta
mas
lejos
y
llegar
al
P
'll puede hacer trai- e
.
6 por un am O ,
h d _ aire exter1or.
.
.
. 6 , sus corruptores. Nos a e
A . a -diJ·o Calhas-acuérdac1 n a
. .
ero - :rru. 0 0
.
jado aqui para que,_muram~:;J del te de que no soy hom~re d~ pac1~n~
la muerte es el ultimo rec
,
. Estoy dispuesto a segmrte aun,
· tate y a lo e1a.
·
t do 1as
L
hombre animoso. evan. ' . - - ero si hemos de ir artas ran
menos no perdamos la v\da_ ced1én ~andalias nada mas que para tropedola sin disputar1a. con alt1vez.
r con senulcros, insisto en que se
'
·
a noble· en za
t'
•
nera
El alma del griego er
'
. mita descansar a ro.1 ma
l h bre del mun- me per
él habia muerto e · om .
. · 0 de mis fatigas.
. ,
do, y apret6 la mano ~e su am1g
-Pido otro instante mas-exclacon la i;nano ·de un valiente. ,
m6 enérgicamente el romano;;-~
-ïAdelante, pues!:-exola~o~ro· después p.odras servirme de guia a
Sempronio marcho el pr1~ ' las regiones del eterno descanso,
mas el pasadizo estaba obstru~!o, { donde los infe1ices olvidan y son olâ cada instante cre~ian l~s d~ eu vidados.
.
tades. Por :fin, fué 1m.pos1ble ir m
Al acabar estas palabras' un _d~lejos.
.
bil rito seguido de pasos prec1p1_:Ahora es completa la experien- dg h.' . , sus oidos. Detuviéron.
una ta os, ir10
1
oia - exclamô el griego con .
Un ravo de luz oscilaba en as
•
· d d desprec1a- se.
'J
• t
m
-voz en que unaJocos1 a
,
f didarl.es del laberm o, y a na Rombr1a pro un
d l t
El
tiva se mezclaba con u
~
bos se precipitaron a e an e.
desesperaci6n.-i A qué r(?m~ernos rayo seguia oscilando y :filtrandose
los huesos trepando sobre penascos

~J: ;izo

~1:.

:S

a través de las grietas de una puerta muy delgada. Sempronio miro
por ellas, di6 un grito y precipitôse
&lt;lentro de la estancia. Una mujer
estaba de pie, con los brazos atados.
Delante de ella habia un altar eneendido, y sobre el ara un cuchillo.
El sacerdote que habia hecho traici6n a los dos jôvenes, miraba â la
vfotima humana con los ojos :fijos de
la crueldad. Un grupo de espectros,
de mirar melancôlico y mantos
largos y negros como las tinieblas,
asistia â la sangri~nta obra. Al aparecer Sempronio, levant6se la mujer y se precipit6 hacia él. El
sacerdote se apoder6 del cuchillo y
quiso clavârselo â ella en el seno;
pero esa terrible punalada no debia
de lograr su fin. Oallias habia conservado un trozo de su espada y lo
metiô hasta la empun.adura en el
-0ostado del sacri:ficador, quien desplomôse rugiendo y expirô â los
pies de ellos. Todos los espectros
sacaron las espadas. En un abrir y
-0errar de ojos, aquello no fué mas
que pelea, estruendo, matanza...
...............................
La trirreme entraba en el Pireo,
y Oallias queria que su desventurado amigo consintiese en permanecer alli; pero Sempron.io, horriblemente herido y con la mâs incurable de las heridas (destrozado el coraz6n), imploraba el favor de ser
trasladado â Italia para exhalar alli

el postrimer suspiro y dormir para
siempre en el sepulcro de sus padres. Oallias olvidabase de toda su
filosofia cuando estaba sentado a la
cabecera del noble joven, y lloraba
al oirle desvariar con los extraîios
y diab61icos delirios que le fingia
su imaginaci6n apasionada y desèsperada.
-Me parece-decia el romanoque aquella victima estâ cada noche junto a mi lecho y dirige â
aquellos monstruos palabras pidiendo piedad. En el laberinto la conoci
al instante, vestida y desmelenada
como estaba. Ha sido la p:rimera y sera la ûltima mujer amada
de mi corazôn. Pero dime todo lo
que sabes acerca de ella; dimelo
y vuélvemelo â decir siempre,
para que muera yo oyéndola nombrar.
Oallias pasaba entonces una hora
repitiéndole· que la hermosa sacerdotisa le habia visto :por casualidad
en el banquete del proconsul; habiale amado con una pasi6n involuntaria é ignorândolo ella misma,
como él; y, por ûltimo, habiéndosele escapado su secreto, habia sido
entregada â la venganza de la diosa como una saoerdotisa rebelde.
El simple deseo de abandonar el
templo era un crimen imperdonable. Pero sa consideraba como incompleta la venganza de la divinida.d hasta que fuese también saori-

�M

REVISTA INTERNAOIONAL

ficado el objeto de aquella pasi6n, habia visto aquella figura de exquilo cual explicaba la promesa del sita belleza, pr6xima a quedar anisacerdote de introducirlos en el san- quilada por el cuchillo del fanatistuario. Asi, pues, los habia cogido mo y del crimen.
en el garlito para servir de vîctiEntr6 de pronto Callias en aquel
mas expiatorias, y habian sido re- delicioso retiro, y con su tono habiservados para el sacro cuchillo. A tual preguntô al enfermo c6mo le
consecuencia del combate que hubo iba con los cuidados del nuevo emen la sala del sacrificio, después de pirièo, que habia venido para salun gasto muy inutil de intrepidez, varle de su terquedad y empefio en
habian sido hecho prisioneros, me- morirse.
tidos en una torre y libertados sin
Sempronio se sonriô con tristeza,
saber cômo; tras de lo cual busca- cogiô la mano de su amigo, y con
ron refugio en el palacio del procôn- voz llena de emoci6n le dijo:
sul, y éste les habia hecho aban- -Callias,creotenerelcerebrotan
donar el Asia mas que a escape. libre de ideas supersticiosas como
La sacerdotisa habia perecido, sin cualquiera; pero hay en ese extraduda...
fio médico algo superior al hombre.
. . . . . . . . . . .. . . . . . ... . . . . . . . . .. .
Por salvajes que sean los acenEstaba Sempronio en un lecho tos de su voz, por repulsivo que
con adornos de marfil y perlas ; las sea su rostro de etiope, tiene el don
cortinas que le defendian del sol de ahondar en 1 n iuraleza humaeran de seda de Persia; una estatua na con un poder despôtico. Lee clade ninfa, de plata, llevando en la ros mis pensamientos, y no es memano u:nas riendas de lapislazuli y nos duefio de los secretos de la
conducida por unos caballos mari- naturaleza. En su presencia, casi
nos de berilo, dejaba caer un chorro tiemblo con la idea de que. estoy en
de agua perfumada desde una urna manos de un ser superior â mis fad~ cristal de Antiparos; .el suelo de cultades mortales.
la estancia estaba alfombrado de ro- -jAh! tDe veras? j Se ocupa de
sas. Veianse cubiertas las parades asuntos de magia!~exclamô Calcon las mas brillantes pinturas del lias con tono desdenoso.
arte griego. Todo respiraba la po- -No tengo secretos para ti, Calderosa y delicada profusi6n de là lias. Le be suplicado que me mosvida patricia. Pero todo eso era tra- trase otra vez las visiones de Efeso,
bajo perdido. El espiritu del joven jOtra vez antes de morir! .. .
estaba en Efeso, en la bôveda donde .............................. .

65

EL JOVEN :IUGO

Sempronio entr6 el primero en
la sala. Todo estaba a oscuras; pero
Callias llevaba una lamparita debajo de su manto, y murmur6:
-Esto se asemeja lo suficiente a
nuestra :antigua aventura del laberinto; pero tengo cierta curiosidad
por ver c6mo manejarâ sus demonios tu etiope, ese maestro consumado en artes magicas.
Mientras hablaba, una llamita de
color azul palido subi6 y se detuvo
en el centro del techo. Entonces
vieron que estabanen una vastasala
de forma circular. Dejâbanse oir
cerca de ellos sonidos de instrumentos de un efecto dulcisimo, y
parecian salir del fondo de la tierra, debajo de sus pies. Ante ellos
se elevô con rapidez una neblina
flotante a dereoha é izquierda sobre
las paredes de la estancia, y por
fin se detuvo encima de sus paredes.
Una voz, que parecia partir de en
medio de esa nube,les preguntô cual
era el objeto que mas deseaban ver.
-ïEn nombre de todo el Olimpo,
mi cena!-gritô Callias con unacarcajada.
Un sordo retumbar de truenos
demostrô que habia enfa,dado al Espiritu, y apagôse al instante la
luz. La voz repiti6 la pregunta, y
Sempronio pronunci6 temblando el
nombre de:
-ïLa sacerdotisa de Efeso!
Una musica numerosa y suave

ondul6 de nuevo el aire. Pareci6 disiparse un lienzo de pared del aposento, dejando ver el mar â la puesta del sol. No era el mar languideciente que acaricia las riberas de la
Campania, sino el mar agitado y
rumoroso de la Grecia. Eleva.base
del seno de las aguas una larga hilera de construcciones de mârmol
coronadas por pasmosas estatuas.
Callias exclam6: &lt; iEl Pireo !)) Y
seîialô con el dedo, con ademan de
asombro, la trirreme que parecia
cortar lasolasy dirigirse â altamar.
-Sus demonios son maravillosamente 'd6ciles - murmur6 Callias.
·- Pero tâ d6nde quiere ir a parar~
La trirreme avanzaba entre las
islas y hendia las ondas cual si hubiese tenido alas . .ffich6 el ancla en
las costas de Jonia. Sempron~o sentia palpitarle el ooraz6n cuando
volvi6 a ver los gloriosos rayos de
aquel cielo del Asia iluminando la
tan bien conocida tierra de sus ensuefios.Elsortilegio continuaba vietoriosamente. Dos hermosas figuras, un griego y un italo, aparecieron bajo las copas de los cipreses
que rodeaban el templo de Diana.
Present6se una tercera figura, se
los llev6 consigo, y los tres desaparecieron entre las tinieblas.
-Si ahora nos hace ver todo lo
acontecido en las catacumbas-dijo
Callias al oido â su compaiiero-no

&gt;

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EL JOVEN li.A.GO

REVIBTA INTERNA.CIONAL

puede ser sino el mismo malvado las flores de aquel delicioso retiro.
sacerdote 6 el principe de los magos; En el trono habîa una joven reina
pero el sacerdote no representarâ en traje campestre, con los ojos bamucho mas tiempo su papel de im- jos hacia el suelo, y un amorcillo
postor, le ajustaré las cuentas.
le cuchicheaba sus encantamientos
Dichas estas palabras, una linea al oido: la escena del banquete del
de luz se deslizo por el suelo y dej6 proconsul aparecia por segunda vez
ver un estrecho pasadizo, en el cual ante los at6nitos ojos de Semproreconocieron al momento nuestros nio.
dos espectadores la caverna donde Hizose irresistible su emoci6n y
estuvieron a punto de dejarse los se lanz6 hacialafantasmagoria, pero
huesos; mas lejos aparecio otra sala, esta vez no era una vision forjada
con una victima, un sacerdote y un de aire y de humo. Una mujer, una
grupo de gentes de melancolicas verdadera mujer suspirante, rubotrazas.
rizada, hermosa, hechicera, cayo
Sempronio dio un gran grito, en sus brazos entre su turbaci6n y
cuando la victima, joven, hermosa, sus la.grimas. iLa sacerdotisa, el
seductora, con los ojos fijos en el mago y Eufrosina, eran una misma
cuchillo fatal, cayo de rodillas pi- persona!. ..
diendo clemencia. Esforz6se enlan- .............................. .
zarse hacia ella; pero fueron vanos - Contempla mi ventura, insus esfuerzos; sinti6se desfallecer y crédulo amigo - dijo Sempronio
cayo en brazos de su amigo.
echando una mirada de indecible
Cuando volvi6 â abrir los ojos, pasion a la belleza de su mujer, que
habia cambiado la escena. Un jar- tenia ya en brazos un hermoso
din frondoso y florido desplegaba nifio.
ante sus ojos todo su lujo de vege- Oonmovido nuestro epicureo, pero
taci6n oriental; flores y frutas em- sonriéndose siempre, murmuraba
balsamaban el aire con sus aromas en voz, baja el hi~no sentimental
.exoticos. El paisaje se anim6 con del excelente poeta latino (1):
:figuras animadas; un grupo de ninEs la hora â los besos favorable.
La tempestad, en que prorrumpe el cielo
·fas se puso a danzar al son de los
y estremece la arista dtl tejado,
·instrumentos que llevaban en las
convida â bacer bajar desde el granero,
-manos; y cuando abrieron el coro,
con cadencia, los vinos genero.sos
-dejaron ver en medio un trono muy
sencillo sin mâs adorno de ricas (1) ~vidi?: Ars amandi, son el poeta y el
-l- l
'
,
poema a qu1enes pertenecen estos versos.-1,e as y pedrer1as que los musgos y (N. nBL T.)

al conyugal bogar. Pues, de su faego,
el fnt-imo calor hace mejores
à los esposos; y el fulmrneo trueno,
c6mplice del amor, harâ â la esposa,
temblando, d6eil hasta el dfa nuevo.

-El desenlace es una prueba en
tu favor-replic6 decidido el joven
griego ;-pero te diré: encuéntrame
una prima j oven, a quien al principio la odie, sin conocerla, tan intensamente como tu; que me arrie
con un amor novelesco como la
hermosa Eufrosina te ha amado, sin
saber si eras ni aun digno de un
suspiro; qµe huya de su pais y se
haga pasar por muerta, para dejarme entera libertad de hacer el loco
â mi capricho; que se haga sacerdotisa, y después de salvarme de
las garras de un colegio infame de
sacerdotes asesinos, abra las puertas de mi prisi6n y n;i.e siga â través
de los mares; que sacrifique por mi
la fil.tima vanidad de una mujer, es
decir, su hermosura, y se metamorfosee en negra y en hechicera para
salvarme; que sea mil veces mas
hechicera a(m por el encanto de sus
miradas, y que se arroj e en mis
brazos. Enton ces...
·
-jY en.tonces-dijo Sempronio,

57

con ojos radiantes de alegria-entonces te casaras, como yo, con el
dolo de tu alma!
-Si-dijo Callias riéndose;-entonces quiza sea un hombre por el
estilo que tu, si antes no me ahorco
por ser tan loco como para pasar
tantos trabajos , cuando para gozar
la misma dicha no tenia sino que
dejarme llevar.
Lajoven madre leoyo; yechando
una mirada de ternura a su marido,
dijo con voz dulce cual una musica:
-i,NO es una sancion de la amistad cada nueva prueba î Sufrir las
angustias de una bora, i,IlO es comprar a poco precio toda una vida de
amorî
- j Si! j Por ti, mi hermosa Eufrosina, quisiera haber muerto mil
veces!-exclamô Sempronio con la
sencilla elocuencia del coraz6n y
estrechando contra su pecho â aquella noble hermosura.
-Si-repetia Callias mordiéndose los labios y con aire de c6mica
gravedad.-j Sea en buena bora!
Pero, en nombre del Amor y de
Venus, te pregunto otra vez: i,por
qué tomarse tanto trabajo1
CARLOS BAUDELAIRE.

�LITrRÉ Y EL POSITJV18HO

E. LITTRÊ y EL POSITIVISMO
CON.CL usION

CA.PÎTULO III
El valor de la .vida humana en el Positivismo.

I

Si el antiguo.Positivismo esta muer- estar1 t,Basta ella par~ todo~;:~::;;:
to en tanto cuanto sistema, he~os re-

a tod;~;:~r:o;::~~1~:::rse, a todas

conocido quetestda ~as ::t~!geaa!u: {:Se :ondiciones de su suerte~ La Fe
nunca como en encia.
· ·
bajo este
las nuevas generàciones e1 problema cientifu:a que ~1ttre :!o::,sentido li·a a resolverse todo nombre expres1vo y
en el cual ha vem o .
l
·t disimo â. las creencias filos6ficas
el esfuerzo de esta laboriosa escue ~,Y m1 ;. iosa: ·es de naturaleza para reque nosotros hemoe tenido_ ~a ocas1on y re 1_g arla; ôen todos sus empleos y
de indicar: ila ciencia po_s1t~v~ es~ ;n emp1:z licaciones legitimas' después
el caso de ser la institutriz uruca e a sus p
d t ·a ~
1 arbitro de sus ideas que las baya es rm o
.
humamda , e
.
,
No intentaremos reconstrmr aqui,
1h
de sus costumbres~ i,Podra dar a omb . del pensamiento especula.1 t'
d echo a es- en nom re
bre todo lo que e 1ene. er . '6
t' o los objetos de intuici6n 6 de creenperar para 1a vida de la i~agmac1 n y ~v ' e. esta critica ha re1egado a la
,
.
0 la qmere aparen- c1a qu
del corazon, que n
.
b' .
. . de las posibilidades inacces1bles
·b·
a a las am 1c10- reg1on
.
temente proscr1 ir' p r
. . s 6 de las -puras quimeras. Esto ser1a
nes del pensamiento ~ las asp1rac10n~ t d un sistema que desen-vol ver cona la justicia' tan f~mlmente como a: t:a ootro sistema. No pretendemos trahace para la conqmsta gr_adual de lx- tar en este momento la cuestion sino
fuerzas de la naturaleza, para la e
b .
te unto de vista: t,qué llegara
tensi6n del poder humano so~re lai:~ aa;:re:a vrda humana bajo el imperio
teria, para el ornato y el meJoram
1
•
de la fe cien tifica ~ Hasta el
.
h b . 1 satis- exc1us1vo
1
de la mans16n de om re Y as .
te no es casi dudoso , segun la
facciones casi ilimitadas de su bien- presen

. a

y

59

nota de un autor inglés que se ha ocu- serâ menester que el hombre moderno
pado mucbo en esta cuesti6n, que «las se habitue â pensar y â. sentir de otro
dos bases de la vida. moral , en los modo que ha pensado y sentido hasta
pueblos occidentales, hayan sido la el dia; sera necesario formarle para las
existencia de un dios persona! que la nuevas formas de idea y de vida; crear
produëe y la inmortalidad del alma para el espiritu humano otro clima y
que la perpetûa&gt;. Es men.ester anadir hacerle vivir en él de grado o por
â eso la fe en lo absoluto del deber, en fuerza.
una ley independiente de las convenLa naturaleza de este nuevo clima
ciones humanas, de las razas y de los moral, la composici6n, los elementosy
climas. Habia ahi un fondo de doctri- losefectos,es_lo queyoquerriaanalizar.
na implicito en las ideas y las costum- Coloquémonos resueltamente en frente
bres de nuestra civilizaci6n, y como de este problema que preocupa a los
:fijado en los instintos de las genera- entendimientos mas distinguidos de
ciones. La conformidad sobre estos di- este tiempo. Los unos parecen heridos
ferentes puntos existe, â pesar de las de una suerte de espanto, cuando midisidencias de detalle, entre Plat6n y den con el pensamiento los vacios que
San Agustin, Leibnitz y Bossuet, Kant van a cavarse en la conciencia humay el cristianismo. Filosofias famosas, na en el lugar de las creencias desapacomo las de Hobbes, de Spinoza 6 de recidas. Los otros, a la vista de una.
Voltaire, no habian logrado extirpar humanidad transfigurada, se lanzan a
de 1a conciencia humana este coojunto pecho descubierto en las esperanzas y
de creencias. Pero lo que la dialéctica en los entusiasmos sin limites; no perde las ideas 6 la ironia no habian po- ciben mas obstâculo en esta via triundido hacer para la gran mayoria de los fal que se abre ante el hombre consahombres, que quedaron :fieles a estas gra:ndose Dios con sus propias man.os,
doctrinas, ni para la civilizacion, cons- el ultimo Dios, es decir, el ser mas
tante a ella misma y a sus direcciones elevadoque le seadado concebir. Otros,
generales, la critica moderna, en nom- por ultimo, aunque favorables te6ribre de la ciencia positiva, esta dis- camente a las nuevas doctrinas, no
puesta a realizarlo. Se asegura que ella pueden menos de estar recelosos ante
habrâ bien pronto, segun una expre- los grandes cambios que prevén: tiesiém célebre del siglo xvrn, « purgado ne'n visiones tristes sobre este man.ana
al espiritu humano de toda materia de la humanidad que va a sonar en el
supersticiosa». Desde entonces, tiene reloj de los siglos. Todos comprenden
uno el derecho de preguntarse loque que hay alli una cuesti6n a lavez inaconteéera en el mu.ndo, cuando «esas evitablé y dramâtica.
bases» estén derribadas. Si la concepDe este orden de ideas es del que ha
ci6n positivista del mundo acaba por s:ilido recientemente un libro que ha
triunfar en los entendimientos, bien producido sensaci6n en Inglaterra, y

�60

BEVJBTA INTEJl A.CIONAL

I

cuyo titulo es tan significativo como el que cada uno de los hombres de este
a.sunto mismo: Is lift wortk li1;ing'I &lt;tLa tiempo y que piensan, se habitûe â
vida t,vale la pena de ser vivida (1 )'?» tratarla. ~aj_o ~?os sus aspec~o~, con
Vivir, si se debe rechazar como una 1calma, sm Ilus1on, con un espmtu de
qnimera todo ideal superior a los he- sinceridad absoluta.
chos y â las leyes fisicas, vivir de ese
No vamos a. dar el analisis del libro
modo, t, valdra el fastidio y los esfuer- de William Matlock; no seguiremos de
zos de la vida'/ Tal es el tema vehe- él ni el plan, ni el método, ni la argumentemente expresado por ese titulo mentaciôn general ; nos reservamos
original é inquietante. Una critica se- simplemente el derecho de citar el
vera tendria que seiialar en él graves autor en ocasiones como un testigo
defectos: demasiadas cuestiones inter- que merece ser oido, cuantas veces el
caladas en un conjunto y que gana- examen que vamos a intentar nos lleve
rian separadamente, enmiendas y la- al encuentro de sus ide:i.s con las
gunas en el contexto general del ra- nuestras. Pero hay un punto esencial
zonamiento, un desorden que no es que el autor ha puesto perfectamente
siempre un efecto del arte, chistes de en claro, y que nosotros tomaremos
dudoso gusto, un kumour sin ligereza; desde luego, es la fuerza de impulsion
en cambio no se pu~de desconocer en adquirida y muy !enta en perderse, que
él una dialéctica penetrante, tenaz, ejercen desde hace mucho tiempo tamsutil, un estudio profundo del tema, bién las ideas religiosas en los espiriun conocimiento exacto del problema tus, aun cuando se crea que han des..
y de sus c-0ndiciones fundamentales, aparecido. Esa consideraci6n es de una
una probidad de pensamiento y de importancia capital en la cuesti6n que
sentimiento que inspira confianza al nos ocupa. Se pregunta uno lo que
lector. Tal cual es, y â pesar de sus llegara a ser la vida humana cuando
defectos demasiado visibles, el mérito se la haya reducido, no parcialmente
de este libro esta en haber aparecido y en algunas de sus manifestaciones,
oportunamente, en el momento en cada sino toda entera, a los antecedentes de
uno la hacîa a su manera y con su la ciencia positiva. Para contestar seidea, y en haber planteado franca- ria y cientifi.camente â esta pregunta,
mente la cuesti6n, tomandola de la hay que llenar una condici6n prelimiconciencia moderna, que la coloca ella nar, la de eliminar con el cuidado mas
misma en términos irrecusables, cada grande, en el anâlisis de la civilizadfa, con una curiosidad cada vez mas ci6n futura, todos los elementos que
apremiante. Esta cuesti6n, es bueno han podido introducir en ella infl.u~n.cias en lo sucesi vo condenadas, esp1n.
.
. tualistas 6 religiosas.
(1). Dos traducc1ones. han aparec1do s1Es un hecho incontestable que vivi-

multaneamente en Francia. La de M. Salm6n
.
.
ha eido autorizada por el autor.
mos mucho tiempo la vida del pasado,

LITTRÉ Y EL P08ITIV18M0

61

aun cuando teoricamente el pasado no Seria menester desde luego examinar
existe ya para nosotros, y eso es ver- en qué parte entran en tal vida ias indadero, sobre todo en el orden de las fluencias actuales 6 seculares, las ideae
ideas prâcticas y de los sentimientos lambientes, por completo impregnadas
morales. Se ha formado en nosotros de cri tianismo difuso 6 de espirituauna serie de costumbres y de instintos lismo latente, las costumbres colectique no son en si frecuentemente sino vas de la raza, de la _na~i~n 6 de la
costumbres acumuladas en una fami- familia, lascostumbres md1vidualesdel
lia ô en una raza, que nos atan des- 1hombre mismo, contraidas fuera de sus
pués en lo por -venir, prisioneros in- convicciones nuevas. Todo eso es muy
conscientes del pasado, y nos empeii.an dificil, muy delicado, complicadisimo.
en asociaciones casi indisolubles de La cuesti6n del ateo hombre honrado,
impresiones 6 de ideas.
no es, por consiguiente, una cuestiôn
Pongamos un ejemplo que nos ser- de hecho. En_el hecho, esta resue~ta
vira. para medir el alcance de estas in- demasiado fac1lmente. Para hacerla mfl.uencias secretas. Hay una cuesti6n teresante es preciso transformarla en
que se plantea muchas veces en ciertas un problema de l6gica; es necesario
escnelas filosoficas y religiosas, a sa- 1preguntarse si la moral del porvenir,
ber: &lt;tSi un ateo puede ser un hombre deducida unicamente de la experiencia
honrado.» Eso no tiene sentido eviden • positiva, podria producir teôricamente
temente sino entendiendo la honradez lo que la civilizaci6n actual Hama un
segun las reglas de la moral ordina- hombre honrado. Ahi s6lo estaria el
ria; sin eso no,•habria motivo para plan- interés de la discusi6n. Y para resoltear la cuesti6n. Pero entonces no es ver la cuestiôn, seria menester desde
asimismo dudosa la respuesta. Si, sin luego descartar todos los elementos de
duda, y nosotros tenemos ejemplos civilîzacion anterior, fijados desde larante nuestra vista; un ateo puede ser ga fecha en la conciencia que fuera
un hombre honrado, con arreglo a las sometida al examen .. Restaria, en fin,
reglas de la moral generalmente reci- que sa ber si, en el fondo de esta conbida. Vemos de estos cada dia, que con- ciencia, no subsistiré. una serie de insforman su vida, no solo a la mâs es- tinto_s y de aspiraciones primitivas,
tricta justicia, sino que también a la originarias, irreductibles a la moral poequidad mas lata, que la elenn asi- sitiva, fa.erzas secretas dimanantes de
mismo hasta la caridad, que se dedican una esencia incompletamente conocia emplearla. para el trabajo mas util, da por la psicologia cerebral; energias
que saben hacer de ella un modelo, un in~eriores de impulsiôn que, aun en el
tipo bienhechor que admirar. Pero ta- trmnfo aparente de la moral nueva, la
les casos individuales no resuelven 16- sobrepasarân por todas partes, la dogicamente la cnesti6n, ni para. la hu- minaran, elevaran al hombre por enmanidad entera, ni para su parvenir. cima de su doctrina y le reharân, â

I

�6t

REVlSTA INTERNACIONAL

despecho de e1la, una moralidad superior, inexplicable por sus ideas.
De estos diversos elementos de la
cuesti6n, el mas considerable es la infl.uencia oculta del cristianismo, sobreviviente a. su falta oiicial en ciertas
aimas. Nadie ha descrito mejor que
M. Renan, en una circunstancia reciente, este estado de conciencia, tan
frecuente entre nuestros contemporaneos, en los cuales un minimttm de
idea religiosa, persistente a través del
seco racionalismo 6 del empil'ismo riguroso, sostiene todavia y dirige la
vida moral. Este penetrante observador nos trazaba el retrato de un
hombre eminentemente moral , que,
después de los estudios hechos para el
ministerio evangélico, habia roto con
la vieja tradici6n y entrado en el camino de Ja filosofia y de la critica
alemanas (1). «Este cambio-nos dijo
-como acontece frecuentemente, no
modific6 en nada sus reglas morales ...
Una vida entera estaba perfurnada por
el recuerdo de estas creencias fecundas, de que se podia sacrificar la letra
sin abandonar el espiritu. » Senala con
un rasgo muy personal «esta hora excelente del desenvolvimiento psicol6gico, en que se conserva aun la savia
moral de la vieja creencia sin llevar
de ella las cadenas cientificas ... Sin
noticia nuestra, es muchas veces a
esas formulas desechadas â loque debemos los restos de nuestras virtud.
Vivimos de una sombra, del perfume

de un vaso vacio; después de nosotros
se vivira. de la sombra de una sombra.
-Temo a veces que esto sea un poco
ligero »-aiiadia el orador académico,
entre aplansos muy significativos del
auditorio.
Este elemento sutil y casi incompren ible es loque seria meoester desde luego eliminar por una operacion
qui mica, sublimar, como decian los
viejos alquimistas, a fin de poder apreciar con exactitud loque quedara, en
el fondo del crisol, de sustancia solida verdaderamente utilizable para los
adeptos del Positivismo. Pero, jcuan
dificil es el llegar â coger este residuo
puro y sin mezcla ! Una operaci6n tan
delicada exige, para dar resultado,
mucho tacto, delicadeza y sinceridad.
Es una experiencia de quimica moral
por hacer. Hay, en efecto, muchos elementos diversos en la atrnôsfera intelectua l don de vivimos; i, no esta saturada de la vida anterior del mundo
civilizado y de sus condiciones de existencia1 Nosotros la respiramos sin darnos cuenta, y los positivistas tan bien
como nosotros. No es difcil de segregar en sus juicios y sus sentimientos
gran numero de estas ideas cuyo origen deberia serles sospechoso; pero
que son parte de este aire natal y familiar necesario a sus pulmones, de
que su vida se alimenta todavia mucho tiempo después del que se imaginan haberse creado ellos mismos condiciones nuevas de existencia.
Este es el ordinario error de los
(l) Seei6n de la Academia Francesa del 25 positivistas cuando se ocupan de la
de Mayo de 1882.
vida humana. Hacen profesiôn- dice

Ll'l'TBÊ Y EL P081TIVI8HO

63

M. Mallock-de haberla desreligioniza- riencia de intensidad y lo mejor de su
&lt;ID antes de ocuparse de ello. Pero es brillo. Si, por un procedimiento sutil,
una singular equivocaci6n. Se imagi- se la quita, todo se empan.a y se denan, por consiguiente, que la religi6n colora (1 ).
no existe en su forma pura, que es Se puede desposeer a la humanidad
siempre un sentimiento distinto de de- de los dogmas, pero no del efecto que
voci6n, 6 el asentimiento de una fe han producido estos dogmas en el
que tiene conciencia de si misma. ~e transcurso de los siglos. Disimulados
ha desem barazado uno de estas formas bajo formas diversas, han invadido,
y se persuade de que todo ha concluido. penetrado la vida moral, y ahora se
Esto es, cuando apenas se estâ al prin- presentan a nosotros mas o menos
cipio de la operaci6n. La idea religiosa ocultos, en todas nuestras ideas y
no se encuentra sino muy raramente nuestras esperanzas, en todos nuestros
en el estado puro; se combina, de or- intereses y asim.ismo en nuestros pladinario, con los actos y los sentimien- ceres. Nada mas dificil también, para
tos de la. vida; ella les da propiedades, el hombre moderno, que el hacerse pocolores y una consistencia completa- sitivista en realidad y con todas las
mente nuevos. Se encuentra por todas consecuencias que la palabra eo.trana,
partes oculta, aUi mismo donde ha- el abstraerse violentamente de diez y
briamos estado menos tentados de ira ocho siglos de cristianismo, de mas de
buscarla, en el entendimiento y en el veinte siglos de metafisica que pesan
mismo kumour, en nuestras ambiciones sobre él. Que setrate decalcular cuanto
presentes y futuras. Mucho mas aun; espiritualismo, después de este largo
la encontrariamos en cl heroismo, en tiempo, queda incorporado en las nola pureza, en la afecci6n, en el amor ciones y en los sentimientos de la hude la verdad y en todo lo que agrada manidad, qué cantidad de ideas moraa. los positivistas tanto cuanto â los les hay almacena.da en la conciencia
espiritualistas exalta. Piensan apa- de las generaciones; como el calor del
rentemente que les es bastante el eli- sol lo esta en la hulla 6 en el diamanminar a Dios para apoderarse de su te. Esta conciencia historica de la huherencia. Luego que han herido las manidad ha quedado, sin que lo soscreencias, se vuel ven del lado de la peche, religiosa. Se nos censurara
vida, muestran los tesoros de ella y acaso el emplear esta palabra de una
nos llaman a gozar de éstos. Pero se manera demasiado general para desigve que estân muy lejos de cuenta. Todo nar todos los elementos idealistas que
ha cambiado ahora de aspecto. La reli- han entrado por la accion de los sigi6n es uno de los colores de la vida glos en el alma de los pueblos de
que se mezcla lo mas intimamente con Occidente. Tales nociones son, lo sé,
los otros colores conservados en la pa- _ __
leta; es ella quien les presta su apa- (1) w. Mallock, edic. Didot, paginas 91-95.

�64

REVISTA !NTERNACIONAL

de origenes muy di versos. Muchas
provienen de las filosofias; han tenido
su nacimiento en la libre refl.exi6n del
pensamiento sobre si mismo. Pero
estas ideas filos6ficas, este espiritualismo secular , si puedo decirlo , no
han ejercido su imperio directo sino
sobre un m1mero muy pequefio de inteligencias escogidas. La gran corriente de las generaciones ha permanecido extraiia a ellas. Por esta raz6n es
por lo que las veces que llegamos a
considerar este grau fen6meno historico, la formaciôn de la conciencia
humana a través de las edades, resumimos bajo el término mas claro, mas
comprensivo y mas usual, todos los
elementos similares que han entrado
sucesivamente en la composici6n de
esta compleja esencia. Cualesquiera
que sean la elevaci6n de sus origenes
y la grandeza de los entendimientos
que la representen, la metafisica no
habra tenido en la historia de la humanidad sino un papel secundario, si
se le compara con el que las religiones
han desempeîiado en la escena del
mundo.
He aqui lo que comprenden algunos
de los jefes de las escuelas nuevas. Asi
es c6mo atacan tan directamente al
elemento religioso, no dudando apenas
que él arastre en su r_uirta al espiritualismo todo entero, comprendiendo en
él el idealismo, quees su ultima forma.
En una discusi6n reciente, nno de los
màs ardientes polemistas de este tiempo, M. Henry Maret, ridiculizaba despiadadamente loque otros demoledores convencidos de las religiones, pero

mas timidos para todo lo demâs, quisieran conservar bajo el nombre de
creencias ldicas y mantener en el lugar
y sobre las ruinas mîsmas de los
dogmas. « Creencias laicas-deciame ha gustado la palab1'a. No me disgustaria el saber en qué consisten.
Una creencia religiosa, esto se concibe. Hacéis intervenir un ser superior,
una revelaci6n; os prosternais, obedecéis. Rasta aqui viene bien. Fuera de
eso, yo no sé que haya otra cosa que
la razôn individual. La. raz6n me enseîia ciertas verdades cien tifi.cas, tales
como àos y dos son cuat'fo, y la linea
recta es el camino mas cortode un punto a
ot,ro. Pero yo no creo que esas sean las
creencias laicas de que se nos habla y
que constituyen la moral. No hay una
de esas pretendidas creencias que no
pudiera ser negada por la raz6n .. Uno
no se apercibe, pues, de que las famosas creencias laicas son simplemente
los vestigios del cristianismo que se
ha destruido. » Y dirigiéndose a los
que las sostienen y a quienes él acusa
de inconsecuencia: «Todas las leyes-dice-con lascuales habéis hecho
la moral, debèrian ser consideradas por
vosotros como otros tantos prejuicios;
porque todas vienen de allâ. Habéis
minado la base, p~ro el castillo permanece todavia en el aire, manteniéndose en pie por la fuerza de la costumbre.»
Parece bien demostrado que el mundo moderno vive todavia, a pesar del
empuje de las nuevasdoctrinas sobre el
capital ( aunque amin,orado y cada dia
decreciente) de las ideas morales acu-

LITTRÉ Y EL POSITIVISMO

65

muladas durante luengos siglos. Pero I ciandose por sus condiciones y sus le1,qué sucedera cuando ese sea perdido yes fundamentales de la vida univery disipado'? Es necesario preverque ese sal, que ella representa solo con un
dia, que_ asimismo no puede apenas grado superior de inteligencia que pertar~a~,. s1 uno cree los pron6sticos del mite al hombre darse mejor eu enta de
Pos1tiv1smo, d_ebera contentarse con estas condiciones y de estas leyes. No
loque ~sta. estr1ctamente contenido en hay nioguna parte de interrupci6n
las dac1ones de la experiencia positiva. brusca en la serie de los fen6menos
Y desde entonces «se realizara en el los cuales se reducen todos igualmen~
mundo un cambio, cuyo sentido y al- .â metam6rfosis incesantes de la fuerza
cance se nos escapan aun, pero que y de la materia, apareciendo, bien sea
podemos tratar de adivinar; es la trans- como individuos bajo la forma de un
formaci6~ de una era que acaba en otra mundo ô de un astro, de un cuerpo ô
que com1enza».
de una célula, bien sea como fen6meProcuremos reducir â su mâs simple nos, bajo las formas del movimiento ô
e~presiôn, ?~slig,ând~lo_s de toda alea- de la sensaci6n, del instinto 6 del pencion metafisica o rebg10sa, los datos samionto,irreductibles hasta el presenfundamentales_ de, lo que M. ~ittré te ~os un.os â los otros, pero mâs y mâs
nombra la fe mentifica: todas las 1deas umdos por el anâlisis y destinados a
consti~utivas de cada ~ien~ia. de~erân revelar un dia u. otro su identidad bajo
s~r obJeto de una exper1enc1a md1scu- 1a variedad puramente aparente de las
tible y comprobada; los fenômenos psi- circunstancias y de las condiciones
quicos no p~~ràn se~ estudiados sino que encuentren en la cupula infinita
en su expres10n sensible y en sus con- de las cosas.-No admitir nada no
dicione~ ~rg~nicas; ~n el fondo, nin- creer nada sino con la fe de la expe;ienguna d1st~nc:6n esenmal entre los fen6 • cia positiva, he aqui toda la doctrina
menos ps1qmcos y los fen6menos fisi- y todo el método.-Sobre esta base es
cos; toda distincion de este género como se empeùa en reconstruir la vida
implicara una diferencia de sustancia, moral toda entera, que estaba en riesgo
alla donde no se pueda concebir sino de perecer bajo las ruinas de las viejas
una diferencia de manifestacioiies. La doctrinas. i,Se ha tenido este empe:ilo'?
unidad de la naturaleza esta presumi- Si no se ha tenido aun hasta la hora
da, no diré afirmada, loque seria con- presente, 1,se puede prever que se tentrario al programa de la mas rigurosa dra un dia, que las promesas de los inabstenci6n sobre los origenes y las novadores· seran realizadas y que se
causas primeras; pero los resultados acabara por volver a la humanidad
son los mismos: la base de la psicolo- bajo otra forma, en cambio de 8 ~
gia buscada en la biologia, la base de adhesi6n a la verdad nueva, las riquela moral en la historia natural de las zas intelectuales y morales que esta
especies; la vida humana no diferen- amenazada de perder, 6 por lo menos
REVIBTA.. -MA.YO

94.

5

�66

REVIBTA WTERNACIONAL

el equivalente positivo de estas ideas pai:;iones de destruccion, en que muque nos parecen solas capaces de dar à chos est.an dominados por un esceptila. vida su valor y sn precio'I
cismo enervante y por una erroista melancolia, es saludable el mostrar a todos que no hay por qué lamentarse sobre el pasado que se desvanece, ni por
que entregarse a los furores de la desII
truccion negativa, ni por qué perderse
mi~erablemente en las languideces del
escepticismo, sino que se puede y se
La cnestion asi plantetlda no tiene debe vivir con el entendimiento claro,
trazas de enibarazar a los positivistas. el alma serena y el coraz6n aoimoso.
Se les dice: «Vosotros arrebatais a la t,Eso es posible con la doctrina nuevaî
vida humana todo lo que podia, a los Seguramente. iQué impide a los posiojos de los sabios, salvarla de la vani- tivistas esperar, de otra manera y con
dad absolu ta. Probad ahora que lo que otros procedimientos, estos bienes inresta de ello no es vano.-» Ellos acep- estimables, la claridad del entenditan esta presentaci6n en resumen. Se miento, la serenidad del alma, el valor
esfuerzan grandemente para probar del coraz6n~ Amar es la primera conque, después de todo, no han destruido dicion de la felicidad prometida y reamas que quimeras, que no podian ser lizada por la filosofia positiva. Ella
s6lido apoyo para la dicha 6 la morali- inspira el horror de este mundo de viodad, y que al transformar las condicio• lencia, de guerra, de domioacion prines y lo!!t aspectas de la vida, con esto vilegiada, de riqneza egoista en que
no han disminuido ni lo serio, ni el nuestros predecesores han vivido devalor.
masiado largo tiempo. Ella inspira el
M. Littré ha mostrado en muchos enérgico deseo de salir de él. Ella abre
p:irrafos el noble cuidado de no dejar à nuestros instintos simpaticos una camermar en sus manos este tesoro mo- rrera infinita. no a una mansi6n soi-al de la humanidad. ne·sde 1851 es- brenatural, sino sobre nuestra tierra,
bozaba la teoria positiva de la feli- en la intimidad de la vida humana, en
cidad. Vale la pena de ser resumida, la berencia permanente de las generaporque contiene en germen todas las ciones. Conocer es el segnndo término
contestaciones que seran dadas mas de la satisfaccion de nuestra alma, i.Y
tarde por los pensadores de esta escue- quiénmejorquelaciencia positiva puela a la grave pregupta de la snerte.
de darlaesta satisfaccion'? 1Cualmâs poEn estos tiempos de anarqnia-de- deroso revelador que elsaberci.entifico,
cia él-en que unos se ]amen tan sin ostentando ante nosotros el espectaculo
fin sobre la inminencia de la ruina, en real de loque vemos en la naturaleza,
que otros se dejan llevar â ardientes espectâculo de! que los antiguos no te-

LITrBÉ Y EL P081TIVISMO

67

nian idea a1gunaf Las inmensidades se ral. En 1878, sometiendo estas paginas
han abierto; los soles caminan allicomo a un examen profundo y jnzgândolas
puntos luminosos. Las antigüedades se libre,mente segun sn costnmbre, las
han agrandado como los espacios; el aprneba; vuelve a tomar algunas ideas
hombre es antiguo, y ante él la vida para desenvolverlas. Hace notar que
hase manifestado bajotoda suertede for- del mismo modo que las revelaciones
mas, tanto menos complejas cnanto difieren grandemente (revelacion teomas alto se remonta, ha~ta que al fin l6gica, revelaciôn cientifica), del misse encuentra los terrenos primordiales mo las felicidades que procuran a los
vacios de todo organismo. He aqui la hombres no difieren menos. La felicirealidad en toda su grandeza, en toda Idad individual tenia puesto preferente
su belleza, en todo su terror. Graves y en el cristianismo; no se ocupaba éste
saludables emociones se elevan en el de la felicidad social, por lo menos dicorazôn a la vista de esta realidad, y rectamente; trabajaba por la salvaci6n
repetimos con Dante: n naufra!la-t' in inclividual, y por eso, sin duda, conquesto mar è gioia: abismàrse en este tribuia en cierta medidaalmejora:m.ienmar es una alegria. Servir es el tercer to de la comunidad; pero, a la verdad
término de la satisfacci6n humana. -dice él-la ciudad de Dios no tiene
Segun M. Comte, lo que habia de mas ninguna relacion con la ciudad hnmadoloroso, para las almas buenas, en el na, y basta acordarse del pequeiio nurégimen antiguo de la esclavitnd y de mero de los elegidos para ver hasta
la servidumbre, era el no pod.~r consa- qué pnuto divergen las dos concepciograrse libremente al servicio del prô- nes de la felicidad, la felicidad cristiajimo. Nosotros, que no somos ni escla- na y la felicidad positivista . .
vos ni siervos, entramos en esta plena
La felicidad social esta, por consilibertad de devoci6n al servicio de la guiente, en primera categoria entre
humanidad. Siendo tanto mâs devotos los objetos que persigue la :filosofia
cuanto mas libres, eocontramos en positiva. Podriase casi decir que absormayor extension un alimento asegu- be ]a felicidad individua1. Ante todo se
rado a nuestra actividad. Todo en esta ocupa de promover, por todos los meclireccion se ennoblece y se santifica. dios posibles, el perfeccionamiento
Y la conclusion llegaba por si misma: general, intelectual, moral y material;
haber contemplado las leyes eternas se define por el deber de conocer la
del mundo y amar lo que es cligna de marcha de las cosas, de contribuir a
ser amado, vale la pena de haber vi- ella por un trabajo consciente y atravido.
yente, de hacer que cada generaci6n
Tal era, hace treinta aiios, bajo el transmita â la generaci6n que la siga
impulsa directo y persona! de M. Corn- una herencia aumentada. No tiene nete, la doctrina de M. Littré sobre el va- cesidad de sancion, en el sentido vullor y la dignidad de la existencia mo- gar de las recompensas y de las penas

I

�68

BEVlllTA. INTEBNA.CIONAL

admini.stradas por un juez supremo. ricter de moral soûal. El célebre proHay una sancion, no obstante, pero fesor inglés Huxley, partiendo de prinque no esta bajo la dependencia de un ci pios ana logos, llega poco mas 6 mepoder personal, y, por consiguiente, nos al mismo resultado. Hablando del
arbitrario: esta remitida â uua poten- bien supremo, que comprende dos tércia im.personal, â saber, la acciôn pro- minos, dicha y moralidad, acuerda que
gresiva del medio contcmporaneo; ella se haga una distinci6n. Si se trata de
cambia y se desenvuelve a medida que la dicha, se puede entender la de una
cambia y se desenvuel ve este mismo sociedad o la de los miembros que la
medio. Nada hay en esto de fortuito, componen. Si se trata de la mora.lidad,
de desarreglado, ni de impotente. La se puede distinguirla moralidad social,
gran masa de los hombres obedece, sin que tiene por criterio y por objeto la
resistencia, a la moralidad rein.ante; y dicha de la sociedad, y la moralidad
aquellos que se sustraen â ella no lo personal, en la que la dicha individual
hacen impunemente. La moralidad, es el cnterio y el objeto. iMaravilloso!
como la ciencia y la estética, estâ inti- Pero cuando, en seguida, llega â dar
mamente incorporada a la sociedad explicaciones, éstas no conducen sino
general; existe por ella, cree por ella, a un solo punto: la felicidad social o la
y en cambio ejerce sobre ella su acci6n moralidad social. De aqui se desprende
bienhechora. Por esto es par lo que los que su modo de ser estâ completamenindividuos no pueden nada contra ella, te de acuerdo con las ideas espirituay por loque su sanci6n tiene un poder, listas, y se comprende el que pueda
no sôlo incontestable, sino que, de he- decir:
cho, incontestado (1 ).
«Suceda lo que suceda con nuestras
Se notara en esta teoria un gran es- creencias intelectuales, con nuestra
fuerzo para enlazar la dicha del indi- educaciôn misma; el encanto de la sanviduo a la de la sociedad, para couver- tidad, las fealdades del mal quedaran
tir la una en la otra, un fervor impre- para los que tieneu ojos para verlos, no
80 en los sentim.ientos simpâticos para en simples metâforas, sino en sentiexaltarlos. Segun una formula que mientos rea1es y profundos.»
agrada a M. Littré y que pone en opoCon mayor raz6n oimos a Tynd~l1,
. sici6n las tres teorias de la felicidad en mucho menos avanzado en el sentido
que se resurne el trabajo de la humani- de las negacione~ que Mr. Huxley, dedad, la red~nciôn pagana tenia un ca- clarar que, hab1endo desechado por
râcter mater;al la redencion cristiana completo las creencias de los anos de
tenia un carik~e1: a"e salvaci6n indivi- su juventud, «no hay ningu.na de las
dual, la redenci6n positiva tiene un ca- experiencias espirituales que conocia
·
entonces, ningun cumplimiento del
(1) Teorla positiTJa de la re'Delaci6n '!I de la deber' ninguna obra de misericordia,

felicidad, cap. ::uvrn de Oonserr,aciôn, Rer,oluio1t, Positioismo, paginas 417-429.
ni un acto de abnegaci6n, ni un pen-

69

LJ'ITBÉ Y EL POBITIVIBM:O

samiento solemne, ni una alegria. en la
vida 6 en los aspectos de la naturaleza,
que no quiera conservar él todavia».
Todas estas aspfraciones, muy respetables en si miemas, si no muy logicas, vienen a resultar en este himno de
Jorge Eliot, que las ha recogido en eu
alma de poeta y que las expresa con
una suerte de fe exaltada:
cjOh! jpueda yo unirme al coro invisiblede esos muertos inmortales que viven todavia,-en las vidas que hace mejores su preeencial-jVivir asi es el cielol...-Es producir
en el muutlo une. armonia que no muete,donde respira el orden me.ravilloso que regula,-con un poder creciente, el progreso de
la humanidad .-iPodam.os recibir en herencia
esta dulce pureza,-por la que hemos cornbatido, gemido, agonizado,-perdida la vista
en el vasto pasado que no prod~jo sino desesperaci6n!-Nuestro ser, asi mejor, viviri
haste.que el tiempo hume.no-baya cerrado
su pârpado, y que los cielos hume.nos- estén
plegados como un rollo, en la tumba,-donde
nunca los leerâ nadie. Es la. vida del porvenir,-que han hecho para nosotros mas gloriosa esos mârtires-de los que procuramos
segnir los pasos. jPueda yo alcanzar-esos
cielos purisimos! 1Ser para otras almas-el
eâliz de valentia en alguna gran agonfa,-encender generosos entusiasmos, alimentar puros amores ,-imgendrar sonrisas exentas de
crueldad,-ser la dulce presencia del bien por
todas partes difundido,-y en au difusi6n
siempre mâs intensa!-Asi yo me unirfa a
ese coro invisible-cuya armonfo es la alegria del mundo.~

Ahi es donde se puede tomar la idea
mas alta que el Positivismo se ha hecho de la vida; la mâs alta, pero también la mas vaga. En efecto, 1,qué es
necesario buscar bajo las formas de ese
poema sociologico '? Una inclinaciôn
singular, y en ciertos puntos de vista
enfadosa en los secuaces de lasnuevas

filosofias, a conservar el antiguo lenguaje religioso y traneportarle en un
r,onjunto de ideas, al cual se asombra
de verse adaptado. Resulta de esta
adaptaci6n, a. veces violenta, que la serie de palabras no es mas que una sucesi6n de metaforas que deben ser explicadas, si no se quiere inducir aerror
a las aimas sencillas. Es menester te•
ner la clave de ese simbolismo para
penetrar en el pensamiento que encierra. M. Littré, hacia el fin de su vida,
después de ha ber sido él testigo apenado de los abusas cometidos de este
género por M. Comte, declara cque no
estaba ya tan dfapuesto, como habia estado en otro tiempo, â emplear en un
1:entido de filosofia po itiva los términos consagrados en el lenguaje de los
creyentes teologicos». Pero la tendencia existe en la escuela; él mismo ha
cedido a ella mas de una vez, y en ninguna parte ha tomado mayor desenvolvimiento que en las efusiones poéticas de Eliot. i, Qué hay, pues, bajo la
expresi6n mistica de estas alegrias y
de estas esperanzas '? t,Qué es ese coro

in'DiSible de muert-0s inmortales, y como
puede unirse a ellos en las 1;idas ques11,
presencia ltace rnejo,res y de las que se
.

. .'

.

puede dec1r que 'Dtvi1· ast, es el cielo'!
Si se mira ello seriamente, todo se reduce a esta idea, que los muertos antiguos reviven de cierta manera, coma
pletamente imaginaria, por los beneficios que han asegurado a su posteridad. Lo demas no es sino el desarrollo
lirico de la misma idea. Esa armonia
que no muere, ese o'f'den maravilloso y
siempre c1'eciente, esa 0iàa del parvenir

�LlT'.taË Y EL POSIT1V18KO

70

71

REVISTA UiTERNAClONA.L

que esos mârtires kan lieclto mas gloriosa, li la penitencia 6 una canciôn para beesa doble perspectiva extendida hacia ber (1).,
el fJtUto pasado que no produjo sino des- 1 Aqui estaria bien el aplicar una opeesperacwn y hacia ese porfJenir q1M nos raci6n quimica del género de aquélla
desr.ubre la alegria del munào, los cielos que hemos ya indicado, y que con isJYISrlsimos â. que aspira toda alma no- tiria en eliminar todos los elementus
ble, es en un sentido por completo rea- 1disparatados de origen metaflsico 6 relista. como hay necesidad de entender- 1ligio o, en descartar todas esas brillanlo. "Las cielos purlsimos-dice Mr. Mal- tes metâforas que ilusionan, en deslock-esoscielosqueloshombresdeuna ~ embarazar al pensamiento de esta engeneraci6n deben tener a la vi ta, son voltura, en reducirle â su verdadera
un acrecentamiento de la aleJ;rria que sustancia. 1Qué realidad desnuda y
babrân asegu.rado, por su buena con- fria se ofreceria enton.ces â. nuestro!:!
ducta, a la generaciôn por venir. Asi, 1ojosl No es la sensibilidad lo que falel presente, para los positivistas, es la \ t.a a positivistas ta.les como Huxley 6
vida futura del pasado, la tierra es un Littré 6 Jorge Eliot. Es, al contrario,
cielo que la realiza sin cesar. Parece su sensibilidad persona!, ardiente bajo
bien que sea. como un coro eterno en los hielos de la doctrina, lo que proacci6n: los ejecuta.ntes estân aûn un yecta su calor fuera. La idea, reducida
poco fuera de tono, pero van hacién- â. si misma, es muy poca cosa. i Cuân
dose cada vez mas y mas perfectos. En pobre, seca, de un realismo frio, de
este momento existe en torno nuestro una mediocridad desoladora, nos pareun cielo de ese género. Nuestra alegria ce, cuando no estâ animada por los deactual, de que nosotros no nos aperci- lirios 6 las pasiones de estos generosos
bimos apenas, bubiera sido el cielo entendimientos, cuando el analisis la
para nuestros abuelos, si hubiera co- despoja de los prestigios que la confiemenzado un siglo mas pronto., Y el re la belleza de refi~jo presta.do por
humorista inglés aiiade algunas refle- ideas de un orden diferente por comxiones amenas: «Pero esta claro que pleto, 6 el encanto soberano de la eloesa pretendida müsica no se encuentra cuencia y de la poesia !
por todas 1&gt;artes. t, D6nde, pues, estâ
Hay en ella todo un grupo de ilusiones
entonces'? Y cuando la tengamos, i,IDe- quepersistenen.losprincipalesrepresen·
recerâ. todos los elogios que se la han tantes de las escuelas nuevas. Su grau.
concedido'? Bien se nos indica el medio pretensi6n esta en no arrebatar al homde asegurar a cada ejecutante su voz 6 bre ni uno solo de sus nobles goces, y
su instrumento, pero no se nos dice c6- aun en ga-rantirlos dândoles un punto
mo tener buenas voces 6 buenos instru- de apoyoinmovilen lareahdad. Oyéndomentos; no se decide tampoco si la or- les hablar, se engailaria uno fâcilmenquesta tocara de Beethoven ô de Offenbach, si el coro cantara un salmo de

(1) W. Mallock, paginas 42-48.

te. Ellos reivindican el derecbodeconsi- un positivista lôgico y consecn.ente,
derarlamoralidadcomo el finmâseleva- este bien supremo que contiene â. la
do, el término hacia el cual debe tender vez el secreto ùe nuestra vida y la recada uuo de nuestros actos. Para ellos, gla de toda nuestra conducta'? Los poeomo para los e piritualistas de todos sitivistas bablan siempre de la vida
los matices, no e lo que es ino con como si la felicidad personal debiera
una condici6n, que con ella pensamos ser su coronamiento, y tan pronto como
tener las mas altati razones para vivir, ·e les pide que expliquen la naturay sin ella perdemos todo. Mas para leza de eBta felicidad, cambian de temantenerse de conformidad con ellos rreno, y nos contestan exponiendo las
e prudente no obligarles a explicarse. condiciones y las leyes de 1a felicidad
Toda explicaci6n llevada â cabo, ten- social (1). Gracias â esta confusion perdria probabili~ades de d~str~r el en- \ petua de puntos de vista, pueden pereanto que proaucen estas ilus1ones. Es manecer de acuerdo en apariencia con
fa.cil d~ ver a. qué se reduce este sobe- el lenguaje de la moral ordinaria, decir
rano bien, cuando se le conduce â los que cl bian queda siempre como fin de
antecedentes estrictos de la filosofia sus e fuerzos, el solo fin verdaderapositiva. Supone necesariamente ésta. mente deseable de la vida. Pero, t,a.
que la vida presente contiene en si la qué precio, en qué condiciones puede
posibilidad de un cierto género de el hombre realizar este bien, alcanzar
dicha accesible â. todos y superior â este fin1 Para eso no es preciso nada
todas las de.mâs. Esto no es ya como en menos que obtener de él que renuncie
las doctrinas que se procuran un cré- a perseguir su felicidad inclividual, lQ
dito ilimitado sobre la justicia de Dios y que no sera fa.cil; es necesario en seque tienen â su disposicion el doble te- guida exaltar sus sentimientos simpâ.soro de lo ideal y de la eternidad. Aqui, ticos, traerle a punto doude él forel fin por el cual se determina el siste- marâ su felicidad de la fclicidad del
ma moral, este fin, la sola cosaque sea prc.'ljimo, lo que es en verdad heroico y
verdaderamente digna de ser alcanza- raro. He aqui condiciones dificiles de
oa, debe serlo en esta vida y no en otra llenar, y que transforman la felicidad
parte. Es menester que pueda ser bus- y la moralidad en objetos de lujo, fuecada en la existencia presente, sobre ra del alcance y del uso del mayor
la superficie de la tierra, en lo.:s limites mero.
de tiempo en que pueden existir la
Por otra parte, i,COn qué titulo y con
vida y la conciencia, foera de toda qué derecho un positivista podria imconcepci6n de un ser trascendente, de poner al hombre moderno un acto, o
toda idea 6 de toda ley imperativa, de mâs bien un estado de renuncia'1 Que
toda fuerza superior a las fuerzas que se le diga â. un discipulo de Budha:
obran en el mundo.
t,En qué, pues, puede consistir, para (1) W.Mallock,ptginas43,52, 104,p111,i•-

nu.-

�72

REVIBTA INTEBNACIONA.L

~La vida es triste, sera seguida de un de la existencia del soberano juez y de
mimero indeterminado de e:xistencias la necesidad de la sanci6n, y por otra
tan tristes como ésta, y el ciclo fatal parte penetrado de la santidad de la ley
volverà a comenzar sin fin hasta el dia moral y de su inflexible autoridad,
en que tu hayas renunciado volunta- tome la resoluci6n viril de ejecutar
riamente a tu propio ser y desechadode todo lo que esta ley exija y se jure â si
tu seno todo deseo, germen funesto de miemo sacrificar sus fines individuales
las vidas futuras&gt;); se podra inducir a en todas Jas ocasiones en que estén en
estd fatalista del extrema Oriente, â oposici6n con los fines generales, esto
que, sucnmbiendo bajo el doble peso esta en el orden, y el orden es de tal
del clima y de la materia, renuncie sin modo riguroso, que se ha visto â kandemasiada pena al trabajo estéril que tistas intranquilos con su conciencia,
agita y abruma su pobre existencia, â cuando creian tener un relâmpago furinmolarse, a matar en si mismo hasta tivo de placer personal insinuândose
el deseo, a sumirse con feroz alegria en en sus determinacionea morales. Mas
la nocbe sin conciencia del nirvana, 1,en nombre de qué consideraci6n suque no es la nada, sin duda, pero si el perior debe renunciar el hombre nuevo
desvanecimiento en lo infinito. Que el a su dicha personal, si la fe cientifica
cristiano, por consideraciones comple- reina sola en el mundo, destituida de
tamente contrarias, llegue al mismo causas primeras .Y de causas finales,
resultado, la renuncia voluntaria; que abandonada â la soberania de las leyes
bajo la acci6n y la doctrina del Cristo fisicas~ Hay ahi dos cosas en presencia,
que ha amado los hombres hasta JP.0- la una dudosa y que ademâs le es exrir por ellos, imprima en su alma esa traiïa, fuera de las deducciones sutiles
gran leccion, ese gran ejemplo; que de que no percibe claramente el prinexalte en él el sentimiento de lajusti- cipio y las consecuencias, esto es, la
cia hasta la caridad, la caridad hasta felicidad general é indeterminada de la
el sacrifioio; que renuncie a su bien humanidad; la otra, clara y manifiesta
propio, por amor para con Dios, 6 bien y que le toca en modo directo, que le
que se inmole por la vida y la felicidad atrae casi irresistiblemente por medio
del pr6jimo, por un motivo menos no- de todas las seducciones, esto es, su
ble seguramente, pero enérgico, la es- propia felicidad. jQueréis quesacrifique
peranza y la idea de la salvaciôn; que el bien cierto y que estâ en él, si le
por esos dos motivos desiguales, pero quiere, puesto que no tiene mas que
ambos poderosol:l, se obtenga del cris- extender la mano para ello, a un bien
tiano el sacrificio actual de su felici- lejano, equiv0co, indefinible en su nadad momentânea, eso se ooncibe, eso turaleza y del cual no sentira probase ve todos los dias y se explica sin blemente nunca los efectos por su partrabajo. Por ultimo, que el discipulo te: el bien general! Le pedis demasiado.
de Kant, convencido, como su maestro, Es una mix.tificaci6o, si es un calculo

a

LITrRÉ Y EL P08ITlVISMO

'73

loque le sugeris: es una snpersticion,
Para obtener esta renuncia, los posi es una obligaci6n loque le imponéis; sitivistas cnentan con los sentimientos
en todo caso, es un oficiodetontoloque simpâtioos que tratan de llevar a un
queréis que baga, y si él tiene la clara grado de intensidad y de energia en
visi6n de la vida tal cual es, no le hara. que, se nos dice, quedaran necesariaEn verdad, 1,por qué se quiere que le mente victoriosos. La simpatia resu.1haga y como se puede esperarlo, si un taria asi la potencia directora de todos
ser superior no debe saberlo eso con los demâs instintos y la fuerza motriz
gusto, si una ley sagrada por su origen de la felicidad uni versal. 1,No hay en
6 su caracter no le hace un de ber de eso también muchas ilusiones'I En este
ello'? iEntre los dos extremos de esta orden de ideas, nuestro autor inglés
vida se ofrece un iritervalo tan corto1 razona a las mil maravillas. Es esta
t,Va él, pues, â llenarlo con la preocu- una de las buenas partes de su libro;
pacion obstinada de la dicha de lns de- analizaré algunaspaginas deél, procumâs'? iHay tan poco tiempo para pen- rando conservar su sabor original.sar en la soya, tanto trabajo para pro- Estos bellos sentimientos se encuencurârsela, tantos esfuerzos que hacer tran, en la prâctica, muy insuficientes,
para retener el goce râpido y precariol cuando no estân sostenidos y dirigidos
jHay ya tanto que hacer para no pade- ellos mismos por una idea superior a
cer demasiado; tan gran mimero de ellos, que les dé lo que no pueden teprobabilidades y de riesgos que correr, ner, la obligaci6n, la cohesi6n y la dude obstaculos que vencer, de odios que raci6n. Estân desigualment~ distribuiimpedir! Y se quiere que él se olvide dos entre los hombres, obran de una
para trabajar por la felicidad de un ser manera oaprichosa y parcial; basta para
abstracto, el género humano, un ser para paralizarlos una vuelta hacia el
que no tiene asimismo existencia pro- egoismo, que es frecuente, y con el cual
pia, que no tiene ni conciencia ni sen- es precisocontar siempre. Vemos ejemsaci6n personal, que no se realiza sïno plos de heroismo desinteresado prodnpor millares de existencias sucesivas, cirse en. hombres groseros, por comsemejantes 9. la mia, no mas &lt;lignas de pleto espontaneamente, en los naufrare~peto después de todo, estando hechas gios, porejemplo. Sepodria creer, viendo
de las mismas impresiones, de las mis- esta espontaneidad maravillosa en el
mas alegrias y de los mismos dolores sacrificio, que es la verdadera naturaque mis alegrias y mis dolores, con la leza del hombre loque li!e traduce aqui,
diferenria que estos son mios 6 mâs que hay en el hombre una fuerza consbien son yo mismo, y que los otros no tante de benevolencia y de simpatia
me tocan sino por la imsginaci6n. iPor que nosotros aprenderemos poco a poco
qué, pues, sacri:ficar la realidad s61ida â utilizar, a dirigir seguramente. Pero
y sustancial
lo que podria no ser que nuestro optimismo no se duerma.
mas que un delirio'?
He aqui que en los mismos hombres,

a

�74

RBVISTA. INTERNA.ClONAL

en otro orden de hechos, el egoismo va
aestallar con una violencia inesperada.
Este marinero, el mismo que ayer
exponia su vida para salvar una mujer
a bordo de un barco pronto a sumergirse, la derribara y la aplastarâ. hoy
para escapar del fuego en un teatro.
Es menester asimiismo reconocer que la
tendencia mâs comun es la que el marinero personifica en el ultimo caso.
Ninguno de los que han estudiado la
historia dira lo contrario de esto. Las
vidas de los mas grandes· hombres, las
vidas mismas de los que han sido los
mejores en la tierra, no serîan las ultimas en testimoniar la fuerza persistente y vanamente combatida de estas
tendencias. Por mas amplitud que se
conceda a los instintos desinteresados,
es necesario reconocer que, en general,
no tienen sino una potencia muy limitada y que no se muestran fuertes màs
que en muy raros momentos, en circunstancias excepcionales. En la au.renci,a àe ttnmotfoo superiorpredominan
s6lo cuando la ventaja de procurar por
los demas, se encuentra momentaneamente investida de un valor singular,
y cuando la pérdida que se ha de eausar a si mismo, es t-ambién singularmente reducida; o bien también cuando la posibilidad de escoger entre dos
partidos desa parece sû.bitamente, para
no dejar otra alternativa que el heroismo 6 la vergüenza. Pero semE&gt;jante
eosa no acon tee~ sino en los sucesos
raros, los grandes peligros I las grandes catastrofes. Pues bien; lo que merece realmente ocupamos, es el estado
ordinario de la vida, cuando los senti-

mientos estân en su diapason normal.
Y en este caso, el desinterés, quedando por completo un hecho tan cierto
como el egoismo, se encuentra esencialmente mas por bajo que la tarea
que se le pide; es muy necesario que
sea una de las potencias directoras de
la vida.
Ved lo que sucede, lo wismo en un
hombre bien intencionado, cuando se
trata de la comparaci6n, siempre delicada, de las condiciones de su dicha
propia con Jas de la dicha general.
Evidentement.e, si podemos, sin inconveniente alguno para nosotros, reprimir to'.l.os los deseos que, como dice
~fr. Huxley, «van al encuentro del bien
del género humano~, todos-casi todos es menester decir, porque tambien hay que contar la parte de las
malas voluntades-todos, lo haremos
de buena gana. Pero si la represi6n de
si mismo produce graves dificultades,
si exige un combate constante, para
decidirnos a abstenernos de una accî6n, nos sera preciso ver claramente
que la dicha que arrebata a los demas,
sobrPpasa con mucho a la que nos
daria. «Suponed, por ejemplo, que
_un hombre esté enamorado de la mujer de su amigo y que tiene el empefio
de llevarla al teatro. Es evidente que
él renunciarâ a ello si sabe que, realizando su proyecto, causara algun accidente grave y hara arder vivos a todos los espectadores de la galeria. Pero
sin la menor duda no renunciarâ :i ello
por la unica razon de que su ejemplo
hara. bajar un poco el nivel moral para
los que ocupan las butacas. »

l

Ll'ITRÉ Y EL P081TlVIS){0

75

Cnando se trata de poner en una ba- te el demasiado ingenioso razonador
lanza los dos género de dicha que se que llevamos en nosf)tros; y el resultrata de pesar, esta uno sif'mpre mâs 6 tado ordinario de esta doble operacion
menos inclinado a hacer trampas en de aritmética, una adtci6n y ana susprovecho propio. Para lo que es de la tracci6n, es lo que escogAriamos casi
ventura de la comunidad no se pone ciertamentd para evitarnos a nosotros
sino una parte en el platillo, se laper- mismos el mayor mal, a riesgo de un
juàica loque se puede antes de la ope- mal menor para la comunidad. &lt;i:Se si
raci6n; calculo, por ejemplo, que lo gue de ahi que las condic,ones geneque yo debo aumentar mi placer en la rales de una felicidad indeterminacla
proporcion de un mill6n de centenes, forman un ideal absolutamente improno costara a cada miembro de la socie- pio para contrapesar las tentacion 1!s
dad la mitad de un céntimo de peseta. personales, 6, loque es lo mismo, para
Heme aqui en uua alternativa frecuen- inspirarnos la voluntad requerida para
tisima, al menos si considero el pro- las renuncias que se nos piden (1). »
medio de la vida. Sé, por una parte,
No parece, pues, posible hacer de )a
que tal linea de conducta me procura- simpatia exaltada una regla universal
râ grandes ventajas; por otra parte, sé y siempre activa. QuArer gobernar la
que, ci todo el mundo iguiera esta vida humana por la sensibilidad desm.isma linea de conducta, causaria un interesada, es una pura utopia, a megran perjuicio general; pero sé tam- nos que no se inspire ella misma en
bién que de hecbo mi manna de obrar, alguna obligaci6n superior que conen este caso particular, sera apenas da- tenga sus desfallecirnientos, que prenosa ala cornu• idad, 6no !osera.en todo veuga sus caprichos, que descubra sus
caso sino muy ligeramente. También ilusfones mâs 6 menas voluntarias, que
mieleccion noseregularâ por la del ma- 1fije sus incertidumbres y regule su
rinero que se sacrifica en el naufragio, perpetua incon~tancia. Todos edtos llaporque la alternativa es ahi brutal y mamientos elocuentes o liricos a lareviolenta: salvar su vida a costa de la nuncia y â. la abnegacion, quedaran
de una mujer, o sal var la vida de una sin eco y sin r&amp; pu esta j unto â esas
mujer arrie~gando la suya." Aqui se almas med.iocres que son, despµés de
trata de un interés menor, y, por un todo, la muchedumbrehumana. Si ellas
in~enioso artificio de 16gica interior, no se sienten obligadas a la benevola proporci6n de las puestas deljuego lencia, sin rechazarla absolutamente,
esta trastrocada; eso seria, por ejem- la subordinarân a lo que les es mas
plo, la alternativa muy capciosa de intimo y mas querido, la inve tigadejar a esta mujer perder un pendien- cion de su propia felicidad. Quedaran
te, loque es muy ligero, 6 de romper- cerradas, en la costumbre de la vida,
me yo un brazo, lo que es grave. He - - - aqui como razonarâ. frecuentisimamen- (1) W. Mallock, pâg. 69 y siguientes.

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LITTBi Y EL P081TlVI8K0

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REVlSTA INTERNACIONAL

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à estos nobles coni:ejos que no son ni libremente su aptitud para ser dichoso.

pueden ser 6rdenes. Todo eso no ten- .La moralidad 11ocial. a la que se nos
dra resultado problemente sino para las invita, seria el conjunto rle las reglaa
bellas al mas que, precisamente no tie- 1em piricas que es necesario respetar,
nen necesidad de ello. 1,No encuentran de las condiciones negativas de la feen si mismas esos instinto y esos Fen- licidad, es decir, de las condidones
timientos nacidos cou ellas, fortifica- que impiden se levante algun obstacudos por la cultura mas delicada'?
\ lo, en el medio social, contra la feliciPor otra parte, es menester enten- dad de cada uno. Sea, pero ante un
derse sobre loque se nos propone. El I simple consejo guardo siempre mi lihombre modt'rno estâ atenido a no bertad de apreciaciôn y de conducta.
aceptar nada sobre la fe del pr6jimo; Si yo estimo que el fin que se me mueses el precepto de sus m3.estros y la pri- tra no vale, al menos para mi, los memera condici6n del método experimen- dios empleadoa para lograrle; si creo
tal. El tendra cuidado de abdicar su que para una parte tan insignificante
derecho al razouamiento cuando se como yo pueda aportar a la coopera•
trate de defender su derecho personal ci6n social, arriesgo el comprometerr
ala dicha. Se quiere que tome la cos- los bienes que prefiero, mi tranquilitumbre de preferir el bien general al dad, mi seguridad personal, el uso fasuyo. Pero, 1,cual es, pues, e~e bien'? cu1tativo de mis aptitudes, mis ocios y
1,Cuâles son el carâcter y el objeto'l Si mis gustos, 1,qu~, por consiguiente,
yo me sacrifico, al menos debo saber podria razonablemente oponerse a mi
a qué ô a. quién aprovecharâ este sa- câlculo, forzarme a. salir de mi retraicrifi.cio. No habria nada mâs tonto que j miento, suficientemente protegido, y
el inmolar, aunque sôlo fue e un pla- â. lanzarme a. la pelea'? Se pretende que
cer, una sensacion, a. un palabra pom- calculo mal, que seré victima de mi
posa, a. una quimera. Esa ventura ge- egoismo, que por la cooperacion social
neral que se nos pone ante los ojos me hago un servicio a. mi mismo, yque,
bajo forma magoifi.cas de lenguaje en definitiva, es â mi propio â quien
me parece que no es sino la suma de traiciono si la hago traici6n. No estoy
las venturas individuales. Si esto no e~ tan seguro en cuanto a eso. Estimo
mâs que eso, 1,por qué me he de subor- que el estado de la civilizaciôn en que
dinar a. ellv'? Mi dicha vale lo que las estoy y en que estân la mayor parte
de los demas y merece, cuando menos, de los hombres, es un estado soportaotras tantas con:,- ideraciones.-Se me ble, que se puede vivir en él a gusto
dice: El bien de la comunidad no es DO pensando mas que en si, y me guars6lo eso, es también la garantia de los daré muy mucho de ir â buscar en otra
bienes particulares: 1-ignifica el orden parte una fortuna mejor, pero incierta,
y la disciplina de una sociedad, en la de la que DO puedo prever ni los capricual cada uno podrâ. ejercer natural y chos ni las tempestades. Bajo el pnnto

de vista del razonamiento experimen- aunque nece~aria momenta.neamente
tal, 1,qué se me puede buenamenté con- en su relaci6n con las condiciones
teetar, Posible es que yo me engaiie, actuales de existencia del grupo; se ha
pero 1,quién me lo probarâ '? S1 se trata becho sagrada C'&gt;ffiO salvaguardia de
unicamente de la felicidan mia, 1,quién los intere~es comune . Su verdadero
tiene, pues, el derecho de en tender la nombre seria el de higii&gt;ne social.
Ese es el origeny las leyes en la ciu•
mcjor que yo'I
Se nos dice, es verdad, que no hay dad sonada por los po Jtivistas. Implican
nada de arbitrar10 en las reglas empi- ellas la nega ·iôn de la uoidad moral
ricas del bien social a las cuales se nos de la e pecie huinma y el predominio
quiere sujctar; que e tas reglas, aun- del punto de vista. histori"O ô local.
que formadas por la experiencia, son RefteJan, no ya la e. encia de la huleyes verdadera ; que expresan la ne- manidad, con tante en si misma bajo
cesidad de ciertos hechos generalcs, y la. divcrsas f ,rmas, sino mas bien la
traducen, no concepciones arb1trarias multip\ici,lad y la diversidad infinita
del entendimiento, sino fatalidadcs de de intereses de lo-. grupos nacidos y
la naturaleza. Al contrario de lo que repartidos por lus difl!rentes puntos del
hacen los plat6nicos, los espiritualis- globo, que tien.,..n conexi6n vagamentas y los eoi'iadores, é ta no es la po1i- te entre ellus, no una identidad de
tica que se bace depender de la moral, na tu ra lez 1, dao do ori 6 en â los mismos
es la moral de la que se hace una de- deberes y â Lus mi.:mos derechos, sino
pendencia de la politica. A i lo qui~re el azar de las aMlo 7 ias an.atômicas, y
la ciencia nueva, la ciencia mae~tra de la coioc1deocia aproximativa de su adlos hechos humanos, la so 'iologia. venimiento al m1smo pirnto de evoluLos maestros de e~ta ciencia nos de- ci6n en la asceosio:1 de la, formas aniclaran que la sociedad humma es una males. Al mii-mo ti~mpo, estâ demacosa. concreta y viviente, del mi ·mo siado claro q ite , ob re cada una de
orden que las Pociedad,.i:; animaleq. Pues estas reg\as ewpirica;;, que se nos dan
bien; eu. Jas sociedades animales, la por leye3 ~ocial .. R, c ta abierto el deacci6n buena es simplement•~ la acciôn recho de di,cn , iol'I. iQ 1é hay mas
conforme i las leyes orgânicas del ~ujeto â las rlivorsas interpretaciones
• grupo considerado como ser viviente; que esas pr~ten li las condiciones de
por con iguieote, la moral humana existencia de ta\ 6 cual grupo, y las
debe tener también u principio en las leyes qne la&lt;1 expre~ani R.,cordemos
condiciones de exbtencia del grupo la cri.tic,1. atrevida que preguntaba,
social. Siendo otra que la9 que son en la tribu na de la Câmara de dip 1taestas condiciones, viniendo â cambiar dos, lo qu d-1 las creendas laicas que
con el clima ô las circunsta.ndas his- constituyen la moral oodrfa e!:icapar a
toricas, la moral cam biaria al mismo la discusi6n y al peligro '.le ser negatiempo. Ella es en si cosa relativa, do por la razôn. «-Hay-decia-insti-

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REVIST.A. INTERNACIONAL

tuciones sociales que se hare bien en I ti_empo, y l~ ~tilidad de ciertas condirespetarlas en tanto que son del_ gusto Clones empmcas puede siempre ser
de la mayoda, pero que no constitnyen puesta en cuesti6n. La evoluci6n lo
en modo alguno una reunion de prin- quiere asi, i.Y no es ella la maestra de
cipios fodiscntibles »; es un conjunto la moral con el mi mo titulo que lo es
de reglas empiricas, teniPndo buen de la naturaleza y de la historia'?
éxito aqui, no teniendo buen éx.ito
Nada también mas dificil de explialla, dependiendo de tal 6 cual estado car que la formaci6n, 6, como se dice
social, de tal 6 cual grado de lati- en este tiempo en que gusta simplitud, y, por consiguiente, siempre 1m- ficar las palabras disminuyendo las
~etidas aexa ~en, pudicndo ser cam- 1 i\i~a~, el génesis de una conciencia pob1adas tan fac1lmente como una ley de s1bv1sta, es decil', de una conciencia
aduanas por un golpedesufragio, cuan- 1en la que no entra absolutamente nindo cesen de agradar a un grupo que no guna inspiraci6n, ninguna reminisreconozca ya en cUa los signos de la Icencia del pasado, de una conciencia
1 colocada fuera de toda especie de ideas,
utilidad social.
El animal sufre estas condiciones de 6 de leyes superiores al hombre. 1,Qué
exi11tencia, estas leyes especificas, pero sera esta conciencia, y c6rno podra ser
las sufre sin comprenderlas, y, por en el rig-or de las palabras una conconsiguiente, no hay en él peligro de ciencia moral, si se constituye sin
que las discuta; el hombre, llegado por ninguna ]ey que la domine, si rechaza
una larga evoluci6n al grado de inte- todo mandamiento categ6rico, si desligencia actual, ilustrado acerca de la carta toda autoridad que pueda aclahumildad de sus origenes probables, rar sus incertidumbres, romper susreno estara ya ignorante del misterio sistencias 6 condenar sus rebeliones'I
que envolvia para sus a11tepasados el 1,Cômo esta conciencia podra ligarse
principio y el nacimiento de estas le- ella misma, obligarse'? 1,En virtud de
yes. Novera en ellas sino costumbres qué necesidad fisica 6 de gué induchereditarias, contraidas tlurante lar- ci6n experimental, pnesto que se exgas generaciones, y desde el momento cluye toda necesidad racional 6 toda
en que el analisis las haya reducido a obligaci6n moral fuera y por encima
un hecho natural 6 â asociaciones de del hombre~
ideas, quepueden ser muy bien también
No hay error mas extendido que
asociaciones de prejuicios, estas leyes éste, que el otro dia aun encontraba
perderan ipso facto su autoridad. No es intérpretes en nuestras Camaras, donexacto el decir, como lo hacen los po- de gtJsto de recoger el eco mas 6 mesitivistas, que ellas no seran menos nos fiel de las controversias contemposagradas por el solo titulo de que son raneas. Se sostenia que si hay diverla salvaguardia de los intereses cornu- gencias entre los hombres sobre Jas
nes, porque los intereses cambian con cuestiones religiosas y metafisicas, no

I

LYTl'RÉ Y EL POSITIV!B340

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existen las mismas divergencias rela- una base seria para la institncion ne la
tivamente a ]o justo y a lo injusto, al monogamiaî Y, sin embargo, si hay
bien y al mal. «Todos los hombres-se una instituci6n en que el deber y el
decia-estan unidos en esta comuni6n derecho estén directamente interesamoral del deber, que consiste en pro- dos, siendo el deber del hombre el gaclamar la existencia del derecho como rantirelderecho dela mujer y su perFoobligatorio para todos; y estos mismos nalidad, es evidentemente esa. -i,D6nque violan la justicia lo afirman tam- de, por consiguiente, fuera de una ley
bién; tan bien, que los ladrones ha- superior, se encontrara ese lazo de las
blan de probidad, y los perjuros de Iconciencias que las impida dispersarse
buena fe, y asi todos rinden homenaje en fantasfas particulares 6 en libres
a la conciencia que los une.:. Seme- utopias'? Pero esa ley superior esta ya
jantes aserciones me asombran.t,D6nde en la metafisica 6 en la religiôn, y no
se ha podido comprobar esa «cornu- se quiere ni la una ni la otra.-Se nos
nion moral» de todos los hombres en habla, es cierto, del honor, de la digel deber y en el derecho1 Eso era bueno nidad. Reconozco cuâl es la fuerza
antes de la era del Po itivismo, cuan- prâctica de estos sentimientos; pero
do la generalidad de los hombres, di- todo eso implica otro orden de ideas
vididos por otra parte, se pooia de que las que caen bajo el gol pe de la exacuerdo sobre los principios de la mo- periencia sensible y de las inducciones
ral, sin mirar desde demasiado cerca el que dependen de ella. El honor es un
origen de esos principios.
sentimiento muy enérgico y muy comHoy que se ha 1levado el analisis a plejo, del que se ha podido decir que
ese lado, no hay mas ilusi6n que' ha- era la conciencia exaltada del deber;
cerse sobre esta pretendida unanimi- si el deber esta atacado en sus ma:nandad moral. De hecho es posible que el tiales superiores, el honor no le sobreacuerdo aparente se mantenga largo vivir:i. Cuanto a la dignidad humana
tiempo por la faerza de la costumbre y que se invoca por ella, es por lo que
dela tradici6n. Te6ricamenteese, acuer- se trailuce y se expresa en rasgos dedo esta destruido. Lo esta desde el dia licados y fieros, el sentimiento que teen que se han discutido las .bases de nemos de la excelencia de la n!lturaleeste acuerdo en nombre de la experien- za humana. Es un sentimiento de oricia positiva. El legislador optimista gen espiritualista, y por ese titulo mecuya opinion hemos citado, t,no habia, rece ser sospechoso a los ojos de los
pues, oido la temible voz que, algunos 16gicos de la escnela. Por todas estas
dias antes, en el mismo recinto, pre- razones, parece como que la conciencia
guntaba si, fuera del gusto de la ma- no es mas que la ultima ilusi6n de la
yoria y de sus decisiones, siempre re- metafisica expirante, 6, lo que es lo
vocables, habia una sola ley moral que mismo, como se ha dicho enérgicaestuviera en pie; si, por ejemplo, habia mente por un notable escritor, « el ul-

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REVISTA INTERNACIONAL

timo espectro de la religi6n desvane- dicha, que los positivistas hacen encida.»
trar en la higiene social, no es dudoso
y ved las contradicciones en que se que el dia, mâs 6 menos pr6ximo, en
tocan la naturaleza y la humanidad. que la doctrina nueva se baya apodeTodo loque decimos ahi esta rigurosa- rado del fondo del alma humana, ella
mente decidido; bajo el punto de vist.a debilitara en gran proporci6n muchos
de la 16gica pura, estamos por modo de nuestros mas preciosos môviles de
evidente en el derecho de decirlo. Pero, acciôn. t,Sera posible, en efecto, que
en el hecho, célebres positivistas han unaexpropiaci6ntancompleta de nuespracticado las reglas, las delicadezas tras ideas y de nuestros sentimien_tos
mismas y los escrtipulos de esta con- mas inveterados no teng-s gr~n. mciencia moral quete6ricamente noexis- fluencia en nuestra manera de ~1vir Y
te ya, no deberia ya existir. Porque no lo mismo sobre nuestros motivos de
es ya existir para ella el depender deun vivir'? jÜuantos ~mbios son de p:cver
instinto que no tiene ninguna regla, en nuestros hâb1tos_ ?e _entend1m1ento
que no tiene nada de universal, que cuando esta r~voluc1on mtelectual sea
puede desmentirse de un momento a un hecho reabzado!
otro, que no se revela mas que por una Parece, al pr~mer acces?, que eete
emocion fugitiva, que no puede sin género de cuest10nes no existe para las
gran esfuerzo soportar, a veces, el peso tres cuartas. partes de los hombres.
del egoismo, y â la cualconsejos pu- Muy pocos p1ensan en esto, m~y pocos
raroente humanos, inducciones mas 6 han pensado en ello. La multitud humenos arbitrarias, no pueden conferir mana vive, dia tras dia, sin cuid~rse
un caracter cierto ni de obligaci6n ni de lo que es la vida, de lo que esta
de duraci6n. Felizmente, el manantial vale, tomadola como viene, sufriendo
desconocido de donde brotan las almas sin maldecirla, fâcil de distraer, con bellas y buenas, no esta agotado; na- tentandose con mediocres_ alrgrias q~e
cen éstas aqui y alli, muchas veces en cruzan el curso de s~s JO~nadas, ~m
contradiccî6n flagrante con los siste- gran contenta, y tamb1én sm gran rusmas que deben ellas inaugurar en el gusto, sal vo aquellos que dependen de
mundo, y éstas son esas almas que la marcha de la natur~ 1 eza. i Cuântos
salvan a la"humanidad de la 16gica.
hombres empeîiados as1 en una suerte
de e:ristencia rutinaria formada por la
indolencia y el olvido! Y a pesar de
eso, por vulgares que sean estas exisIII
tencias, limitadas por algunas fanegas
de tierra en el espacio y por algunas
ideas elementales en el orden del enFnera asimismo de esta grave eues- tendimiento, si se les mirase de cerca,
ti6n de la moralidad privada y de la se descubrirîa que han tenido casi to-

81

LITTU Y EL POSITIVISHO

das un cult.o para algo, para una rea- se note bien, en las condiciones socialidad 6 un delirio, para una gran es- les. Est.a elevaci6n 6 esta mediocridad
peranza 6 una quimera. Han tenido un de la existencia no se mide por el azar
aviso de sensibilidad mas 6 menos cla- del nacimiento. Lo que la mide es la
ro, bien sea para la religion, bien para dignidad del espiritu. Pues bien; cuanel arte, siquiera fuese bajo formas ele- tomas subimos en esta jerarquia de
mentales, bien para la naturaleza, bien las âlmas, la sola que debe contarse,
para la amistad. Ha caido sobre ellas, mas vemos manifestarse esta aspirano se sabe de dônde, un rayo de luz ciôn â salir de la vida elemental, a
que ha coloreado alguna temporada de ornar su e:x:istencia con algtin noble
· su vida y echado sobre algun punto de cuidado, a entrar en la regi6n de las
esta superficie empanada un resplan- alegrias desinteresadas. Tales objetos
dor por el cual su existencia entera ha son los verdaderos blancos de la vjda,
sido alumbrada y honrada. Es ese uno los verdaderos fines que la excusan y
de los rasgos propios del hombre y que la absuelven, los que la dan su valor y
le distinguen profundamente del ani- hacen de ella otra cosaque una insigmal, aun cuando se le supusiera naci- nificant.e sucesion de dias y de sensado otras veces en el mismo grado de la ciones vulgares. Pues bien, i,'}Ué aconescala de los organismos. El animal tecera con estas causae r;foenài, como
no ha tenido nunca el rayo de luz; el las llama Juvenal, con estas admirahombre, aun siendo mediocre, siente bles razones de vivir, si laR colocamos
vagamente la obligaci6n de cultivar enfrente del positivismo'? Preguntémoen él otra cosaque la vida instintiva, lnos si cuando la filosofia nueva haya
6, loque viene a ser lo mismo, el re- triunfado de las ultimas resistencias y
mordimiento de no haberlo hecho. Un de las u.ltimas ilusiones, no sufriran
mimero muy pequeiio se eleva hasta la aquéllas algun menoscabo. Ese dia, escultura de la vida razonable. Pero mu- tando reducida la existencia humana a
ehos ceden, aunque solo sea por un una serie de fenômenos de orden biol6mom~nto, a algun atractivo superior gico, estando reducido el mundo a un
que eUos no saben definir, que les arro- sistema mecanico de movimientos y de
ba momentâneamente en sti humildad combinaciones de movimientos, es6 en su miseria, por encima de ellos tando suprimido 6 descartado del penmismos y del medio vulgar en que la samiento, como una tentacion funesta,
suerte les ha lanzado, y que hace bri- todo mas altà, t,no habra que temer que
llar algunas boras privilegiadas sobre se produzca un frio mortal en las almas,
el fondo oscuro de esta existencia.
una noche en las inteligencias, un gran
Lo que es verdadero aun en las exis- desaliento en los mas nobles entusiastencias mas ordinarias, con mucha mos'? Paréceme que entonces habria
mayor raz6n lo es en una esfera mas que lamentar algo coma h. desaparielevada. No esta. la cuestion aqui, que ci6n de este ûltimo resplandor del ideal
RBVISTA,-MA.YO

94.

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REVIBTA. INTERNACIONA.L

que da el gusto y la fuerza de vivir, sadores que, de cerca 6 de lejos, paralO'o asi como la decoloraci6n de la ticipan del movimiento de la filosofia
vida.
positiva; olvidan que el ·idealismo que
Uno de los rasgos de la crisis actual ha ejercido su acci6n sobre un pueblo,
es el contraste entre ciertas exigen- la ha obtenido por lo mismo que se veia
cias eternas del entendimiento huma- en él otra cosa y que se le tomaba po:r
no y la necesidad intensa que hoy ex- un hecho muy real. T~do cambiara tan
perimenta de darse cuenta de todo. pronto como se le atr1b~ya otra na~Bajo la acci6n de este instinto, como raleza 6 que se le desp?Je d_e su reahse ha notado, el hombre ha perdido dad. No hay en la historia un solo
mucho de su antjgua espontaneidad; ejemplo que nos muestre los hombres
ha llegado é hacerse un ser inquieto, encadenados y esclavizaùos, 6, lo que
desconfiado, que no quiere ser ya ton- es lo mismo, seriame~te afectados por
to, que tiene necesidad de mirar adelan- un ide~lism? re~onoc1do __co~o pur~te y atras; su caracter primitivo de~~- mente 1magmar10. ~.El nmo_ bene m1ecisi6n intelectual y de determinac10n do cuando su nodnza le d1ce que un
practica ha aflojado singularmente ?ajo hombre negro va a deecender por la
la in:fluencia de la re.fle-xi6n.
chimenea para llevarle. El hombre ne«No se admite ya nada al presente gro no es sino un ideal, sin duda, y sin
sin saber el por qué, y se ha aprendi- embargo, el niiio esta afectado. Pero
do a desmontar, roùaje por rodaje, to- dejaria de estarlo desde el momento en
dos los motivos de nuestras acciones. que supiera a que atenerse (1). ►
No solo sabemos mas, sino que no
Es, no obstante, una cosa singular
cesamos de rumiar nuestros conoci- que nunca se nos haya hablado tanto
mientos. » A~i, la critica moderna se del ideal como desde que se le han arrealaba de haber reducido todas las re- batado al entendimiento humano las
ligiones a simples idealismos creados realidades invisibles y superiores que
por el hombre, adroite de buen grado este nombre resumia para él, el orden
q ,1e en esta cualidad y a pesar de ese de las ideas y de las esencias eternas,
vicio de orio-en, han ejercido gran in- el mundo de los tipos concebidos por
ftuencia, pe;o esta in:flaencia va a des- una raz6n superior, la existencia y la
aparecer bajo la luz creciente del ana- perfecci6n divinas. Se ha hecho el valisis. En cambio y como compensaci6n cio sobre nuestras cabezas; se ha roto
se nos promete que la humanidad se el ancla que un célebre orador nos
construira en el porvenir de nuevos exhortaba un dia «a lanzar hacia arriideales, con esta sola diferencia, que ba » ; se 1an destruido todas las formas
eutonces sabremos lo que valen y que austeras 6 encantadoras â. que nuesno .seremos ya los engai'iados de su va- tras creencias estaban unidas. Se ha
lor puramente subjetivo.-Hay un me- - - nosprecio singular de eso en los pen- (1) W. Mallock, pag. 33 y siguientes.

LITTRÉ 7 EL POSITIVIBMO

cerrado el cielo-tanto el cielo inteligible del pensamiento puro cuanto el
cielo teologico.-Desde entonces, esta
bastante claro que nosotros no somos
mas que «apariciones efimeras, fiotando en la superficie de la ilusion infinita», 6 mâs bien, para hablar un lenguaje cientifico, estados de conciencia
momentâneos, salidos del punto de reunion de ciertas fuerzas fisicas y quimicas, infalibles y determinadas. i,Qu13
es, pues, este ultimo idolo que se nos
propone en esta ruina de todo lo demas
Y que se le abandona como un supremo recurso â nuestra adoracion desilusionada'? i,Puede satisfacernos y consolarnos de lo que hemos perdido'?
Se creeria desde luego, de oir el ruido que se hace en torno nuestro, que el
ideal reina boy sobre un gran mimero
de al mas que han arrojado fuera de si
toda otra fe; pero reina sobre ellas engaiiandolas, y la poesia de este noble
culto, sobreviviendo a todaslas demâs,
reposa toda entera sobre una ilusi6n
que no es otra cosa que el re:flejo prolong~do de. realidades desaparecidas,
refleJo pers1stente por una suerte de
incomprensible espejismo. Este mismo
refl.ejo desaparecerâ a su. vez cuando
el hombre esté enteramente persuadido
de que no hay alrededor de él, encima
de él, delante de él, nada mas que el
jue~o eterno de lasfu~rzas ciegas. ~Qué
seria, en efecto, este 1deal en el metodo
riguroso de la escuela '? i, De donde podria salir, sino de un trabajo completamente persona! del entendimiento, que
le crea y le elabora sin ninguna regla,
sin ningun principio objetivo, sin nin-

83

guna otra raz6n de escogimiento que
su fantasia'? Es de lo imaginario puro,
es de lo arbitrario; cada uno le enO'endra en su conciencia, le amolda su
gusto, le acorta 6 le alarga a 11 u medida. Es el espiritu de cada uno que se
adora complacidamente en estaimaO'en
abstracta de si mismo. He aqui lo ~ue
es necesarîo ver bien, he aqui loque es
preciso claramente mostrar a esa multitud inteligente, pero irreflexiva, tan
facilmente engaiiada con palabras, tan
pronta a las ilusiones agradables, que
se consuela de las realidades perdidas
refugiandose en este ultimo sueiio y se
encan ta con la belleza del nombre, que
le toma por una idea, no apercibiéndose
de que este nombre no sirve mas que
para disimular, 6 bien unresto no confesado de supersticion éspiritualista 1 6
la nada mis ma de todo pensamiento, y
para preparar asi un ultimo culto, el
mas vago y el mas inverosimil de todos, para aquellos que no le tienen ya.
Pasemos revista a algunas de las
formas bajo las que se traduce este
culto del ideal, y veamos si, bajo el
punto de vista de la logica nueva alguna de estas formas tiene el der~cho
de mantenerse tan alta en la estimacion y la admiracion de los hombres si
merecen que tan notables actividades
se dediquen a ellas, que tantas existencias laboriosas se consagren a ellas, y
que se consuma asi uno para perseO'uir
fines tan vagamente entrevistos,1\an
pronto desvanecidos, tan poco consistentes y a veces también enteramente
engaiiosos. i,Qué decir, por ejemplo, de
loque nos parece ser uno de lo., fines

â

�84

BEVIBTA. INTEBIUCIONA.L

LITTRÉ Y EL POSITIVI8J,10

,

mas nobles de la vida, el dedicarse {da nos detiene por todos lados, que alli
ciencia'? Ciertamente aplaudiremos con donde la comprobaci6n positiva se para,
toda el alma cuando se celebren en len- alli también se para el derecho del enguaje primoroso esas inteligencias va- tendimiento humano, siempre solicilerosas, esas voluntades apasionadas tado por visiones y siempre descartado
q~e ante n~estros ojo~ h_an construido por manos implacables'? Con el mismo
p1ecira por pied.ra el ed1fic10 de una cien- golpe se le cercenan al pensamiento
cia colosal, que han vivido casi unica- sus ambiciones mas bellas, sus mas
°:1-ente para satisfacer su ardiente nece- Jnobles audacias, se le deshabitua de
Sidad de verdad, quo han empujado el estas hipôtesis, que son como golpes
trabajo hasta el heroismo y por eso de Estado del hombre sobre lo descomerecido ser a su vez «una de las con- nocido. Se podria decir que, en rigor y
ciencias mas completas del uni verso». 16gicamente, estas poderosas y vastas
Disfrutamos de que se nos diga que la conjeturas, que no son con frecuencia
alta vida de tales hombres «les ha pues- sino grandes pensamientos irrealiza~
to en relaci6n con el espiritu eterno bles, no tienen el derecho de existir, y
que obra y se continua a través de los que el entendimiento humano deberia
siglos».
resueltamente sacrificar en él esta alta
Mas ipor qué condici6n nos mueve voluptuosidad cientifica de las intuicio•
ese lenguaje'I Sera porque sea tan nes que sobrepasan la comprobaciôn y
exacto cuanto es hello; porque la nece- son irreducibles a la formula prosidad de verdad no sea una perturba- bada.
ci6n sin objeto y una persecuri6n en
Se ostentan ante nosotros las inel vacio; porque haya en realidad, no mensidades abiertas a nuestras mirapor hipôtesis 6 por metafora, un espi- das 6 a nuestros calculos; se nos
ritu eterno, a la obra del cual el sabio muestra la realidad con toda su granpneda asociarse con el pensamiento; deza. «Nuestras miradas se pasean sin
porque haya en el universo un sistema obstâculo y sin limite hasta los conde ideas que venga a ser el objeto real fines donde los mas brillantes soles
de las contemplaciones de nuestra ra- no son mas que un déhil fulgor, mas
z6n; aJgo, en una palabra, de etèrno alla del cual se puede sonar todo lo
fnera del hombre, que pueda ser pen- que se quiera.» Pero i,qué es toda esa
sado en el hombre bajo la forma de la inmensidad material cuyos limites reeternidad, sub specie aeternitatis, como troceden ante nosotros, y qué importa
decia Spinoza. Pero ~q ué acontecerâ si que sea tal, si esta vacîa para nosel anâlisis desapiadado viene a demos- otros, si no lleva en parte alguna el
trarnos que las formas mâs altas de la sello de una inteligencia '? Hay mâs
ciencia, las que sobrepasan la esfera de grandeza en el pensamiento del sabio
la experiencia sensible, son puras qui- que ha medido la distancia de una es•
meras, que lo inconocible nos limita y trella, pesado en su balanza el peso de

I

80

ese sol, y analizado la polvareda de Si; sin duda, mas z,por qué y en qué
elementos que le componen, que en sentido lo es'? Lo es porque nosotros la
ese infinito côsmico que huye ante relacionamos con alguna cosa augusta
nuestra imaginaciôn inutilmente fati- y eterna, porque expresa para nosotros
gada de perseguirle. Detrâs de esos algo de la soberana raz6n. Llegar â lo
grandes espectaculos, Linneo veia pa- verdadero, dice Mr. Mallock enalgunas
sar la sombra de Dios. Pero si esta mis- paginas que he compendiado, eso sigma sombra ha desaparecido sin retor- nifica que uno se pone en relaci6n con
no, 1,qué restarâ sino espacios sin fin y esta existencia infini ta que nos enocéanos deéter'?i,Qné otracosahay alli, vuelve y nos sostiene. Si tenemos subajo las formas nuevas, que el viejo premos deberes para con la verdad, es
atomismo de Epicuro '? Ciertamente es que entonces, eo el infinito que no es
curioso el asistir con el pensamiento nosotros, algo corresponde â este algo
al desenvolvimiento de las cosas, a la que esta en nosotros, que es la parte
evoluci6n de los fenômenos, a la for- mas alta y la mas fuerte de nosotros
maci6n de los mundos, al nacimiento mismos. Todos los epitetos morales de
de la vida, â la sucesiôn asombrosa de sublime, augusto, sagrado, no tienen
las formas de la vida, si todo esto traabsolutamente sia-nificaci6n
alguna si
•
6
duce. un pensamiento, expresa un plan, no se les aplica a seres conscientes·,
contiene y revela un porvenir. Pero pero, bajo el punto de vista de la crisi eso es , como decian los grie- tica positiva, no hay conciencia en el
gos, una serie de episodios sin enlace, universo fuera de la tierra. Se puede
una historia sin plan, un poema sin oponer el mismo argumento a todos
unidad, si los comienzos son inexpli- aquellos que se niegan a reconocer
cables y los desenlaces incomprensi- francamente un .Espi-ritu 6 un Pensables, si una fuerza ciega ha hecho miento en el origen de las cosas. Recosurgir esta fantasmagoria, en un mo- gemos con emociôn las confesiones
mento dado, de la eternidad muda y que escapan â la piedad cientifica de
debe volver a sumergirla en otro mo- Tyndall, cuando nos dico, en una
mento en el caos informe ., si el A~a1', suerte de himno inspirado, que en las
es decir, una necesidad sin objeto, ha boras de energia, de vigor y de salud,
producido el mundo, y si otro azar en que se detiene el corso de la acci6n,
ùebe ponerle un término, ipara qué e.n que la reflexi6n toma sitio en nosconsumirse por perseguir el secreto de otros, el investigador cientifico se
esas combinaciones extraiïas al orden siente envuelto en la sombra de un tedel pensamiento'? Diremos, noya como rror sagrado. Este le sustrae al conestos griegos que citamos pooo antes, tacto absorbente de los detalles de la
sino wuatç 1tall:E1: la Naturaleza juega tierra y le asocia a la potencia que da
y se burla de nosotros.
é. su existencia todo su nervio y toda
Se nos dice: la verdad es sagrada. su plenitud, sin que él pueda ni corn-

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REVISTA INTERNACIONAL

p~enderla ni ~n~li:zarla ... Hay en eso, j nos_ positivista, «es completamente tan
anade el sab10 mglés, una suerte de racional como hablar de comuniôn con
~i'IJina comuni~n. ïAdmirable! Pero de- una maquina de vapor». No hay mas
Jamos de segmr al celebre doctor cuan- que dos puntos de vista en que el homdo declara que «es co.!l la naturaleza bre pueda compararse al resto de la
c~n lo que entra en comunicaci6n di- naturaleza: desde luego, es porque ella
que la naturaleza es al mismo se revela como una fuerza, y después,
tiempo expoliada y profanada por las porque esta fuerza obedece a leyes.
gratuitas aserciones del teismo ..... Pero la fuerza que se revela en las esOuando yo trato-dice-de dar al po- trellas, por ejemplo, es inmensa, la
der con el cual veo las manifestaciones suya es pequeiia; en cambio, el que las
en el universo una forma objetiva per- considera es un agente que se detersonal
otra, se escapa y se niega
mina por si mismo, en tanto que no
dejarse tocar por mi inteligencia. No hay nada de tal en las estrellas. No
me atreveria de otro modo que en poe- existen, pues, entre estos dos términos
sia a servirme respecto de él _d el pro- sino dos puntos de comparaci6n, y son
nombre .El. No me atrevo a llamarle dos rasgos de contraste y no de semeun Espflritu. Me niego asimismo alla- janza lo que la comparaci6n da por
marie una Oausa. Su misterio me eu- resultado. Bien es verdad que un sentibre con su sombra, pero queda un mis- miento de terrer y de silenciosa solemterio, y las, for:1as objetivas que otros nidad se desprende del espectaculo de
t~atan de aprop1arle no hacen mas que esta aglomeraci6n de soles y de mundisfrazarle- y profanarle (1 ).» Pero en- do que germinan en los cielos como la
tonces, i,qué es, pues, esta àiiiina co- hierba en los prados; bien es verdad
munion de que nos hablaba poco antes'? que una emociém espontanea pone este
Es ~na frase absolutamente vacia de sentimieilto en relaci6n con las profunsentido.
didades de nuestro ser moral. Pero en
No puede haber comuni6n, ni entre rigor de 16gica, no hay ahi mas que
dos objetos m.ateriales, ni entre un una impresi6n y nada mas. No signihombre vivo y un cuerpo inanimado, 6.ca nada; ningun hecho objetivo coni entre un espiritu y una cosa. La rresponde â ello. Es una ilusion, un
comuni6n implica de los dos lados la un engano patético.
existencia de algo comun. Pues bien;
Esto es, gracias a las metâforas cont,qué puede haber en esto de comun tinuas con que los positivistas pueden
entre el doctor Tyndall y los cielos transferir a la naturaleza en general
estrellados'I Hablar de comunion con la las cualidades que, en tanto que las
naturaleza, cuando uno es mas 6 me- conocen ellos, son particulares â la
naturaleza humana y no pertenecen
(1) J. Tyndall: Materialùm and it1 ~po- mas que â ésta. Si uno se atiene â sus
1U#t1.
prin.cipios, «no hay mas sentido en

v_ma,

u

a

LlTTRÉ Y EL POSITIVfBMO

87

decir que el univerao es sagrado, que I qne unirse al horror de sus crlmenes.
en decir que la luna habla francés». i,Cômo, pues, habria algo de noble y
Todas esas adoraciones con que acaban de sagrado en la intimidad de esta
las investigaciones de los sabios, si se gran criminal (l)'?»
descarta de ellas la nociôn de una eau- , Y ved como se interesa por aquellos
sainteligente, no pueden ser mas que que la sirven con pasiôn, por aquel)os
el resultado de una fantasia sin regla que la han amado mis. He aqui un sa6 el acto de una fe sorprendida y mo- , bio que, de ochenta an.os de su vida,
mentâneamente alucinada. En ella, y ha coni:;agrado mas de sesenta a este
fuera de este punto de vista superior culto ferviente de lo verdadero, a la
en que los escandalos se pacifican, 1 persecuciôn de la naturaleza en todos
donde las contradicciones exteriores se sus retiros y !'!US misterios; ha vivido
reconcilian, la naturaleza es cruel, mas que ni ragti.no otro «en esta comumala, inexplicable; es una detestable niôn divina» de que nos habla Tynmaestra de moral. Si nos atenemos al dalL «Ha subordinado â esta pasi6n
punto de vista positivista, segun el Imaestra todos los m6viles inferiores de
cual es el ultimo término asignable, el Ita vida, el interés, los goces, el placer.
ultimo principio del conocimiento, no El fin de una vida tan excelente hatiene el derecho de pretender, ni â bria debido ser tranquilo, dulce y connuestro respeto, ni a nuestra aproba- solado; pero esta madrastra naturalecion. A fuerza de fantasia y de misti- za que recompensa tan mal aqui abajo
cismo mezclados, se ha hecho de ella lo que se hace para cooperar a. sus
una suerte de gran jeroglifico. Pero fines, mostr6 en lo que la concierne su
que se la aplique s6lo una de las re- negra ingratitud. Los ultimos aùos de
glas de la moralidad humana; y el gran M. Littré estuvieron llenos de crueles
jeroglifico, como lo ha mostrado cum- padecimientos_(2)» . t,Y por qué el eloplidamente J. Stuart Mill, resulta un cuente escritor que nos hace oir esta
monstruo. o hay crimen que no sea queja se asombraba de la dureza de la
cometido todos los dfas por la natura- naturaleza'? De seguro M. Littré, en
leza; ésta ignora todo s~ntimiento de verdad positivista, no estaria asombrajusticia 6 de piedad; sus ternuras ilu- do ni escandalizado. S.t.bia que la nasorias y su benevolencia, se cambian turaleza no castiga ni recompensa a
a cadu. momento en perfi.dia; es indife- nadie; impasible, desarrolla en torno
rente ô traidora. « Tan pronto hace el nuestro el orden fatal de sus fen6mepapel de la avaricia, tan pronto el de nos; desenvuelve ante nosotros sns
la prodigalidad; ofrece aqui una pure- mundos y sus sules, sin cuidarse de
za sublime, en otra parte una corrupci6n irritante, y, si es menester juz(1) W. Malloek, paginas 155-165.
garla con arreglo â un tipo moral, sus (2) Discu.rso de M. Renân en la seaiôn de
capacidades admirables no hacen mas recepci6n de M. Pasteur.

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REVIBTA. INTEBNA.CIONA.L

nosotros a quienes no conoce. i,C6mo dfas y sus noches tan estrechamente
tendria ninguna terneza para los que medidos, a la conquista de algo que
cooperan a sus fines, cuando ella, si es no debe durar'? Salvo lo que en la
que tiene fines, los persigue a ciegas ciencia interesa directamente a su
y los ignora eternamente'? Suponer asi- bienestar y al mejoramiento de su
mismo que tiene fines, i,nO es ya salir- mansion sobre la tierra, i,qué le imporse de la regla y de las condiciones de tara lo demas, es decir, la ciencia purat
la doctrina'?
iPor qué las grandes especulaciones,
Parece que, si los positivistas fue- en su inutilidad soberbia, podrân ·en
ran comecuentes con ellosmismos, re- adelante conmover su espiritu, absorconocerian lo vano de esta persecu- ber su voluntad y sus fuerzast En los
oi6n de lo verdadero, que no puede trabajos superiores del hombre, en tonunca ser para ellos mas que un ver- dos sus pensamientos elevados, entra
dadero relativo y momentâneo, no te- la esperanza 6 la quimera de algo
niendo nada de estable el orden actual eterno 6 infinito.
de los fen6menos y antes de sufrir un Una ultima creencia subsiste, es la
dia, como wdas las demas combina- fe en la obra misma de la humanidad,
ciones de figuras y de movimientos, la civilizacion, el progreso. De seguro,
una desagregacion total, una disolu- nadie ha sentido mâs profundamente
cion de la que acaso saldrâ otro uni- el religioso amor de la humanidlld que
verso que no sera en nada semejante a el fundador del Positivismo y su suceéste, en el que ni la vida ni el pensa- sor. De M. Littré son estas hermosas
miento podran nacer de él, y puede palabras, inscritas en su testamento
ser también que un caos supremo, ul- filos6fi.co: «Ya desde el seno de la vida
timo términoposible de las cosas, como individual esta permitido el asociarso
ha sido el primer origen de ellas. Ni a este porvenir, el trabajar para prela]ciencia ni la naturaleza, que es el pararle, el convertirse asi, por el penobjeto de ella, son ya cosas eternas. samiento y por el coraz6n, en miembro
Todo eso pasara, todo- eso no es sino de la sociedad eterna, y , el encontrar
un alto entre dos infinitos impenetra- en esta asociaci6n profunda, a pesar
bles; la naturaleza, un momento en que de las anarquias contemporâneas y de
la vida ha snrgido como un accidente los desfallecimientos, la fe que sostiefeliz; la ciencia, un mqmento en que la ne, el ardor que vivifica y la intima
vida ha producido el pensamiento qne satisfaccion de confundirse conscienteha brillado como una llama entre la mente con esta gran existencia, satisoscuridad profunda del ayer y la del facci6n que es el término de ·la beatimaii.ana. ,se puede creer que el hom- tud humana.» Oigo y admiro, pero yo
bre ilustrado sobre la fragilidad de lo me pregunto si esas son esperanzas
que él creia eterno, dara locamente èl muy s6lidas, durables, para el uso, no
tiempo tan rapido de su existencia, sus solo de algunas ·almas elegidas, sino

LITTRÉ 'l EL POSITIVIBMO

89

de todos los hombres, que todos son ci6n, su triunfo sobre un ultimo prellamados igua1mente a la herencia del juicio, y este prejuicio i,Cuâl era'I Todos
ultimo ideal que se les deja todavia. nuestros modernos sufrimient.os, â su
Volvemos â encontrar aqui el mismo parecer, provienen de tres cosas muy
género deilusiones que hemos ya corn- modernas, en efecto, y que es preciso
batido a proposito de la teoria de la fe- tener el valor de reponer en cuesti6n;
licidad.
el ideal, la filantropia y la idea del
Esta participaci6n de la suerte futu-" progreso.-«Nosotros hemos so:ô.ado
ra de las generaciones de que les sepa- un m undo-decia-que no encontraran muchos siglos, esta fusion volun- mos realizado en·ninguna parte, y que
taria y consciente de si mismo en la es, segun toda verosimilitud, irrealizagran existencia de que somos una par- ble; amamos al género humano con un
te infinitesimal, consagrada a una apa- amor lleno de ilusion, como a miemricion tan râpida y a una desaparicion bros de nuestra familia, como a carne
eterna, tes, por consiguiente, para los de nuestra carne; en fin, con un optihombres un premio suficiente de las mismo pasado al estado de instinto;
fatigas y de los sufrimientos que de- éreemos en U:na marcha de las sociedaben aceptar como condiciones de la he- des que las aproxima siempre mas a lo
rencia preparada para otro'?
verdadero y al bien.
Y, por otra 1&gt;arte, t,quién nos asegu&gt;Son tres enfermedades que el sir&amp;., como lo hemos ya preguntado a glo xvm, con su racionalismo hueco,
M. Littré, que esa herencia, adquirida con sus concepciones abstractas, nos
con tanto trabajo para nosotros, les sera ha inoculado, y que son el origen del
fielmente transmitida, que no habra malestar y de la inquietud de que esuna brusca ruptura en la trama sa- tamos trabajados.» M. Schérer protesgrada del progreso, que no habra re- ta, és verdad; no demasiado enérgicatrocesos a la ignorancia y a la barba- mente sin embargo. Confiesa que su
rie, accidentes del atavismo, reminis- amigo estaba equivocado, pero que su
cencias de la vida salvaje y asimismo error se explica. El mal, segun él, no
animal en medio de las maravillas de esta en las nocionés de que se lamen.:,:
la civilizacion, cataclismos en la obra taba, esta acaso solamente en el caracde la humanidad, como los hay en la ter absoluto . que revisten, gracias a
obra de la naturaleza, M. Scbérer nos nuestra ignorancia de la historia, â
confia ba el otro dia, en una pagina muy n uestro desdén hacia el paaado , a
interesante, las confosiones de uno de nuestra impaciencia de transiciones y
sus amigos, un entendimiento libre, y de transaciones ( 1 ). Sea lo que
que se precia de serlo, y a quien no quiera, el golpe esta dado, y pol'
creo juzgar mal pensando que es un manos amigas, al corazon de este
positivista desengaiiado. Hablaba de lo
que él llamaba su ultima emancipa- (i) Bl Tiempo, 27 Mayo 1882.

1

1

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REVIBTA INTERNACIONA..L

'

dogmatismo , deberîa decir de este I uno de ellos estaba directamente intemisticismo, del progreso infalible, re- resado, la vida futura, las alegrias del
vestido de una suerte de caracter sa- cielo; y la imaginaci6n se encuentra
grado, tal cual le ha concebido 6 son.a- con mucha frecuencia impotente para
do M. Littré.
mantenerla ante nuestros ojos y para
Esta religion del progreso existe sin contrapesar los placeres actuales. i,06duda en algunas almas. La cuestion mo, pues, esperan los positivistas que
esta en saber si se puede hacer de ella su p{llido y lejano ideal produzca en
una religiôn eficaz y universal. i,Se es- el mundo un efecto màs vivo que el
pera hacer el stirmtlus de la actividad que quieren reemplazar, y que el homde todos los hombres'? El sentimiento bre le vea bdllar muy cerca de él, en
con que se puede contribuir por si mis- el término de su vida y como al alcanmo al progre~o del mundo no produci- cede su mano'?-El desinterés, 1cuanra en la mayor parte sino un efecto to no sera necesario para aceptar ese
muy mediocre. A veces darâ mas ardor fin prâctico I Para reservar a otros esa
a nuestras inclinaciones, servira rara- dicha de que se nos habla, tendriamos
mente para reprimirlas.
en gran parte que sacrificar la nuesEn la mayor parte de los casos, ob- tra. i,Se puede contar con que se motendrâ una aquiescencia pasiva, rara difi.carà la existencia humana hasta el
vez grandes esfuerzos. Se hace notar punto de imponerla sin resistencia semuy justamente que, para que el Po- mejante sacrificio1
sitivismo pueda hacer una obra prâcNos hablais de la felicidad asegurada
tica con esta fe en el progreso, seria para el hombre del porvenir, y os imamenester que la nataraleza hamana ginâis siempre, como si fuera esto la
sufriera una completa metamorfosis, cosa mâs natural, que el hombre del
y esto no hay modo alguno de espe- presente gozara po'I' procuraciôn tanto
rarlo. Seria preciso que se dieran en cuanto si se trat.ase de él mismo. Tonosotros y en grado muy alto dos cua- davia seria necesario persuadirle para
lidades: la imaginaci6n y el desin- eso de que se tratarâ de una felicidad
terés.
considerable; porque la dicha por proLa imaginaci6n desde luego; ésta curaci6n no es posible mas que si el
deberia ser excitada hasta el punto de objeto ganado para otro es inmensapresentarnos con una vivacidad extra- mente mas grande que el que se_ pierde
ordinaria los fines lejanos a que debe para si mi .. mo; y tampoco es s1empre
tender el progreso, se apoderaria en- posible en estas condiciones.-De hetonces de todas nuestras aeipiraciones cho, i,110 sabemos que el porvenir al
personales para dirigirlas hacia ese fin cual queréis que el hombre se inmole
ûnico. Pero i cuân dificil y poco pro- no tendra sobre el presente otra v-entabable es eso ! La religion ha propuesto ,. ja que el contar un poco men~s de mia los hombres un fin en el cual cada serias fisicas'I No en.contraré1s proba-

LITTRÉ Y EL PO.BITIVI.!MO

91

que cada uno colabore a ella en la
medida de sus fuerzas. Si ella debe prodncir mas justicia y luz y ese aumento de justicia y de luz se repartiese
entre almas qnt~ no deban perecer, si es
verdaderamente para una obra eterna
para loque trabajamos, para el progr~so de la conciencia universal, para la
realizaci6n mas y mâs extensa y profunda del mundo moral en la tierra,
como inauguraciqn y comienzo del
reino de Dios, ciertamente no hay fin
mas elevado, mas digno de nuestros
esfuerzos. Pero aqui, 1,qué resulta la
obra para la cual se convida a todos
los hombres à aportar su buena volun~
tad y asimismo a sacrifi.carse en caso
de necesidad si es necesario'? tPara qué
porvenir esta reservada1 i, Para qué consagrarnos asi1 1,Para qué con-vertirnos
en obreroa de una tarea que cesar·â
bruscamente un dia y cuyos resultados,
cR1Aalicua expec!at dum de{1.uat amniB, al file
vanamente
queridos y 5;agrados, seran
labitur et labetur in omne voltibitis oevum ( t).
brutalmente destru.idos1 t,A. qué santo1
Una ultima consideraciôn hay de Este es clamor de las generaciones que
naturaleza para marchitar 6 para de- saben de antemano que serân enganacolorar la regi6n del progreso en el das ensu lejana esperanza, y que, para
espiritn de la humanidad, si ésta lle- den.tro de algunos siglos, calculan que
gara a hacerse positivista.
el tesoro de sus sacrifi.cios perecerâ sin
Es la. que tenemos ya indicada, a remedio. De todos lados nos llegan
prop6sito de la ciencia, y que nace muy profecias siniestras.
naturalmeote de las daciones mismas He aqui una bien hecha seguradel saber positivo y de sus previsiones mente para abatir los esfuerzos de la
acerca de la fragilidad de esta combi- bumanidad. «Ya-se nos dice-el fin
naci6n puramente mecânica que ha del mundo aparece en un porvenir del
formado el uni verso. Se nos habla de cual la ciencia desgarra el velo. Corno
la civilizacion como de una obra admi- las especies f6siles de las di versas éporable, sîempre creciente, y que merece cas geo16gicas, el hombre no habrâ
hecho mâs que pasar sobre la tierra.
Lejana 6 proxima, vendra seguramen(1) W. Mallock, paginas 1'74-180.

blemen.te sino muy pocos vol untarios
que consientan en «combatir, gernir,
agonizar», para apresurar la realizaci6n de una felicidad tan mediocre.
cNada mas vanoque el especular sobre
contingentes imposibles. Los positivistas podrîan hablar absolutamente como
lo hacen si hubieran de decirnos con
qué ?i.ipidez se viajaria si se tuviese
alas; en qué aguas profundas se podria empeiiarse si se tuviera vein.ticuatro pies de alto. Todas sus suposiciones equivaleu â esas. Entre la naturaleza humana que tenemos y la que
ellos ambicionan para noeôtros, se cruza un rio profundo y sin vado; ellos no
pueden lanzar sobre él un puente, y en
todos sus razonamientos suponen que
nosotros volaremos por encima, âmenos que él no llegue a secarse por si
mismo, pero

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BEVJBTA. INTERNA.CIONAL

I

te una época en que todo lo que vive ofrece muchas puntos de resistencia insobre la tierra volverâ. de nuevo con el terior y de reacciôn contra las influenhombre al polvo. La lucha por la exis- rcias que hemos tratado de analizar.
te.ncia habrâ terminado. El eterno re- Pero basta a nuestra demostraciôn que
paso de la muerte reioarâ sobre la tie- esas inftuencias sean exactamente derra solitaria. Privada de atm6sfera y ducidas y que se tenga el derecho de
de vida coma la luna, su globo desier- prever los efectos de ellas sobre la huto continuad. girando alrededor de un manidad futura. Por ejemplo, cuando
palido sol. El hombre y su civilizaci6n, mostramos que el valor de la vida seria
sus esfuerzos, su~ artes y s_us cieocias, 1 singularmente aminorado por el triunfo
tod~ eso habra s1do (1) . ., S1 estas pro- de las nnevas doctrinas; que el ideal
focias son verdaderas, si todo perece palideceria en la raz6o; que la devocon la vida sobre nuestro globo, si no ciôn a la verdad 6 al arte, las alegrias
hay en parte alguna un pensamiento desinteresadas de la alta cultura, el
que se acuerde y conciencias que ha- entusiasmo del progreso, no encontrayan recogido el resultado de tantos es- rian tal vez ya alimentas suficientes
f~~rzos y sacrificios, esta ultima reli- en el hombre nuPvo; por ultimo, que
g1on del progreso, con tal ruina por muchos manantiales de la felicidad
fin, t,no es la mas cruel mixtificaciôn humana se secarian bajo la acci6n de
del pobre animal humano, que se ha- estas ideas como bajo un viento helado
br:i. perturbado inûtilmente en su mi- que hace arido todo lo que toca, eviserable dicha para agitarla ea la per- dentemente yo no hago aplicaciôn alsecuci6n de quimeras y forzarla a edi- guna personal de estas deducciones.
fi.car para la nadu 1
He seiialado en modo suficientc mis
Que se note bien, todas estas consi- reservas sobre este punto.
deraciones no tionen su aplicacion sino
Por otra parte, tendria poca gracia
bajo el punto do vista de la _16gica el querer persuadir a las gentes de que
pura, y su exacta realidad mâs que son d~graciadas, fuera loque qu.isiera
para la mediania de los hombres.
loque pudiesen decir, por efecto de sus
Ni una de ellas, verdaderas para la doctrinas, y que la existencia ha degeneralidad de los casos, lo seria acaso bido perder todo su valor a sus ojos
actualmente para uno solo de los re- porque la 16gica lo quiere asi. Se burpresentantes mas 6 menos célebres del larian de la lôgica y de nosotros, y tenPositivismo. Es necesario dar la mayor drian razôn. Me acuerdo siempre de la
parte â. los caracteres, â. los tempera- respnesta ingeniosa que diô Saintementos, alas oaturalezas de inteligen- Beuve a corresponsales demasiado cecia, a la educaci6n inde!eble, â las tra- losos. En los u.ltimos aùo , cuando él
diciones de familia 6 de raza; todo eso se inclinaba sobre muchos puntos hacia el Positivismo practico, escribia a
(1) Julio Soury: Filosofia natwr.zl,pag. 325. uno de ellos. uOs doy las gracias por

I

I

LITTllÊ Y EL POSITIVIBYO

93

todo loque me decis de afectuoso. Mas mientos, que eran continuos y vivos,
dispensadme, 1,por qué las cosas no se- declaraba &lt;tque la filosofia positiva,
ran iguales entre nosotro:!'l Tenéis pie- que tanto le habia ayudadodesde bacia
dad de mi y d9 mi desgracia. Pero 1,os treinta aiios y que le daba un ideal, la
be hablado yo, pues, de mi desgracia~ sed de lo mejor, la penetraci6n de la
;.Y quién os ha dicho que yo esté tan historia y el cuidado de la hnmanidad,
necesitado de compasiôn~ Tened cui- que, en fin, le habia preservado de ser
dado, que el amo. propio, que tiene un simple negador, le acompaiiaba
tantas vueltas, no vaya a deslizaree fielmente en sus filtimas pruebas&gt;. No
tambien en esta pretensiôn de ser mas hay nada tampoco que contestar a eso.
feliz que otro hasta en sus desgracias Por otra parte, tengo mâs confianza en
mismag (1 ).-'&gt;
las declaraciones de Littré que en la
Miss Henriette Martineau escribia de Sainte-Beuve, â quien hemos conoalgo semejante en su Autobiografîa: 1cido en los ultimos afios de su vida de«Algunas pe~son~s _dicen no concebir masiado agitada I demasiado suspicaz
c?mo, con m1s op1mones. no soy des- é irritable, demasiado poco desintered1chada â causa de la muerte, y decla- sado de su yo literario para haber gusra~ que en mi lugar ellas lo serian. A tado una bora de verdadera y tranqu.im1 vez, yo me asombro de que no se la clicha.
aconseje el pen,ar que, acaso, no se
Cuanto a M. Littré, es diferente. La
comprendan ni mis miras ni mis senti- plenitud de la vida intelectual, esta
mientos. El bccho es que mi disposi- moralidad superior, adquirida por su
ci6n general de espirit11 es buena, y fe en el bien, por su tierno amor para
encuentro qt1e uoa buena. disposici6n con los hombres; por su devoci6n absoes un gran punto; pno la solicitud que luta a la verdad, esta natnraleza, de
se atestigua con este motivo y el evi- la que uno de los que mejor la han codente deseo de sacar partido de una nocido ha podido decir que era esta
mala di posicion, si la tenia, son ras- 'lesencialmente religiosa» (cualquiera
gos curioc:;os en mis relaciones, bien que fuese el ideal de su fe); esta volunsea con algunos de mis conocimientos, tad, on fin, heroica consagrada al trabien con extrai'ios que tienen la bon- bajo; este goce profundo del ejercicio
dad de interesarse en mis asuntos. » de su actividad y de sus resultados
Ante semejante prote~ta, no tenemos acumulados; este sentimiento enérgico
mâs que inclmarnos.
y fiero de sus füerzas fecundas, apliNo se discute la manera por medio cadas a. la investigaci6n de lo verdadede la cual Clda uno se encuentra. feliz. ro dunnte el curso de una e:ristencia
Por ultimo, M. Littré, en uno de sus tan larga, to1o esto junto bien parece
ultimos escritos I contando sus padeci- ser prenda de una felicidad s6lida y
elevada.
Quedarian, sin embargo, a1gunas
(1) Oornspondencia, tomo rr, pag. 348.

I

�94

REVIBTA. lNTERNACIONAL

cuestiones muy importantes que resol- justificados por la 16gica. Pero entre
ver en vista del problema general que los hombres que naceran en un siglo
estudiamos. fü.tosnobles instintos que, positivista, lo mismo también que en
al gobernar la vida de M. Littré, le nuesti·as generaciones actuales, i,CUandieron tan excelentes y tan altas satis- tosse podrân contar de este temple'?
facciones i,UO prueban contra su siste- Para los demas, que son la multitud
ma y no son una protesta de la reali- humana, i,qué previsiones se puede
dad viviente contra la 16gica de las hacer razonablemente, al evitar tanto
teorias, en las cualès él ha tratado en ·cuanto sea posible una exageraci6n de
vano de aprisionar su entendimiento'? partido que les desacreditaria't No es
Estos instintos, i,DO serian un residuo dudoso que la vida pierda casi todo su
indisoluble de las antiguas civilizacio- valor para los buscadores de ideal bajo
nes, una resultante hereditaria de las todas las formas y para las aimas simviejas doctrinas, 6 mejor aun, no ten- ple é instintivamente religiosas, cuanderian al fondo mismo de la naturaleza do esté admitido como dogma el que
humana, no serian la expresi6n natu- todo conocimiento esta limitado por la
ral, la aspiraci6n legitima hacia algo experiencia positiva, y cuando este
etemo y absoluto en oontradicci6n con dogma haya tomado puesto en las cosel Positivismo, y de donde se saca el tumbres mentales de las generaciones.
verdadero valor, el verdadero precio de Al contrario, para la gran mayoria
la vida'? En fin, cuando seestudiade cer- de los hombres, la vida, en vez de perca la vida y la conciencia de M. Littré, der de su importancia, habra ganado
cuando se le ve . tan pronto en recono- mucho; ganara asimismo demasiado en
cer sus errores, tan presuroso en recti- un sentido; habra perdido su valor ele:ficarse y corregirse a si mismo, i,nO esta vado, pero su valor vulgar aumentara
permitido creer que él no repos6 nunca tanto mas. Enfrente de este inconocicompletamente en la plen:;i. ytranquila ble 6 acaso de esta nada que nos enposesi6n de la verdad't iQuién puede vuelve por todas partes, que se extiendecir que no le aconteciô un d!a, una de delante de nosotros como detras,
hora, el sentir esta desproporci6n entre ella sola sera. cosa real, sin tien te y sensus instintos y su doctrina'? Son esas tida. Se ligara uno a ella con una
cuestiones reservadas â la psicologia suer te de aspereza, se la defendera con
intima. En todo caso, es men ester abrir f uror, cuando se haya perdid.o las rauna categoria aparte â. estas personali- zones que hacen que, en ciertas cirdades de elecci6n y de excepciôn, que cunstanciBlf!, se la sacrifique con aleencuentran en la cultura intelectual gria, con la embriaguez del honor
mas elevada el empleo de su actividad triunfante 6 de 1a conciencia exaltada.
y motivos de ser suficientemente di- No se tendra mas que a ella, se la pochosas, motivos incontestables de be- seerâ apasionadamente. Asi se formara
cho, cuando asimismo no estuvieran una raza dura, prâctica, calculadora,

Ll'ITBÉ Y EL POSITIVISMO

95

positi'oa a todo trance en el mal sentido I padecer mucho. Aquellos en quienes
de la palabra.
predominan, a pesar de todo, disposiMe figuro esas generaciones nuevas ciones refractarias al nuevo estado de
de gentes j6venes aventureras. confia- cosas, sentimientos indomables y asdas en si mismas, capaces de llevar a piraciones en lo sucesivo sin objeto,
cabo los excesos mas grandes de tra- aquéllos, retrotraidos sobre si mismos,
bajo y de placer, implacables en la c~mprimidos, ca~ran mas y mas en el
gran batalla por la vida, sabios en caso disgusto de la vida. Mas y mass~ lade necesidad, en la medida util de las mentarâ.n de que la verdad es triste.
aplicaciones, porque la ciencia es una fo1n â engrosar la multitud que el
fuerza en la batalla y una probabilidad pesimismo arrastra en pos de si hacia
ademâs para la victoria, que se ence- esos nirvanas peores que los de Orienrraran sin pena y sin cuidado en el hci- te; maldecirân de la conciencia que no
rizonte estrechamente medido por la les ha dado mas que el sentimiento del
fe nueva, que se apoderarân de ella sufrimiento y del vacio. La escuela del
victoriosos de las cosas reale$ y que suicidio renacerâ, como en la d.ecadenextraeran con ardor de ella todo el jugo cia de las füosofias antiguas; ésta teny la sustancia. Seguramente el ideal dra adeptos mas y mas numerosos, no
sin objeto no harâ. ya presa en estas s6lo en la practica, sino que también
almas experimentales y desilusiona- por doctrina.
das. Nada de eso vendra ya â per- Y no seran seguramente ni los mas
turbarles en su entusiasmo razona- mal os, ni los mas cobardes, ni los mas
do para perseguir el género de fe- tontos, ni los menos nobles los q~e se
licidad que esta en su conveniencia vayan de este mundo; seran los irrey a su alcance. Habrân roto para siem- conciliables con la vida, tal cual se les
pre con estas ilusiones valetudinarias habra hecho, y en la que no encontralas circunstan- rân su sitio.
que se llaman. , seg:ûn
0
cias, 6 el escrupulo y el remordimien- Yeso serâ asi hasta el dia en que
to, 6 el delirio y la quimera, productos algun pensador osado se aperciba de
tan enervantes y debilitant-0s de las que hay algo mas alla de la fisica y de
civilizaciones espiritualistas.
la quimica, y por una genial inspiraAl contrario, los que hayan conser- ci6n inesperada descubra el alma y â
vado esta enfermedad y este tormento Dios.
inûtil del i&lt;l.eal, tendrân motivo para
E. ÜARO.

�97

LA SENOBA. GERVAISAIS

LA SENORA GERV AISAIS

I

C

uarenta scuài'J
-Si, Signora.
-0 sean doscientos francos,
en moneda de Francia, t,no es eso'?
-t,Doscientos francos'? ... -dijo la
romana que enseiiaba la habitaciôn a
la extranjera; y pareciô contar y recontar mentalmente.-Si, si... doscientos francos. Pero la Signora no ha
visto bien ...
Y echando con brusquedad el manton encima de una cama deshecha,
pusose a ir de cuarto en cuarto con
vivas ondulaciones de talle, hablando
con la volubilidad de una padrona de
habitaciones amuebla:las:
-Mire V., se fueron esta maii.ana ..•
Una .familia inglesa .... unas gentes
muy cochinas, que por todas partes tiraban agua ... Todo esta en des6rden ...
no ha habido tiempo dearreglar nada .•.
Pero la extranjera no escuchaba:
habiase detenido delante de una ventana con el niiïo que tenia de là mano
y el cual se agarraba a sus faldas; y
le ensefiaba loque desde alli se veia,
la plaza de Espaila y la escalinata de

la Trinidad del Monte. Luego le pregunt6:
--1,Quieres quedarte aqui, Pedro
Carlos'?
El ni.fio no respondi6, pero levantô
hâcia su madre los ojos, llenos de alegria.
-JOiie bellezal-exclamô la alquiladora, con ese grito de la admiraciôn
romana ante todo lo hello.
Al oir esta palabra, la extranjera
miro un minuto al niîio con esa mirada de madre que parece besar en el
rostro de su hijo la hermosura que le
encuentran.
-;,Y esa lengüecita, no habla'?-dijo
la italiana.
-Esta. un poco atrasado para su
edad ... -Y la frente de la extranjera
se puso de pronto seria; y, casi en seguida, prosiguio con tono brusco:De modo que, ;,no es eso'?, hay aqui...
una antesalita, la cocina al otro lado
del rellano, con nna alcoba para un
criado, y estas cuatro piezas seguidas ...
-Sî, Signora ... nosotras nos retiraremos al cuartito del fondo ... No ne--

cesitamos mas para nosotras dos, i,IlO tranjera, ésta dijo, con tono altivo y
es asi, madre'?
breve:
Y la romana volvi6se hacia una vie-Tome V., seno-rita, concluyamos ...
ja, de magnificas facciones ajadas, Aqui estân los doscientos francos del
que estaba de pie, con la dignidad de primer mes ...
su traje de luto, silenciosa, presenY puso el dinero encima de una
ciando esa conversaciôn sostenida en mesa.
una lengua que no comprendia y de
-Veré, después, si me encuentro
lo cual parecia adivinarlo todo, con la bien aqui... ·
inteligencia meridional de sus ojos.
-Mi madre va a quitar el r6tulo de
-Bueno, convenido ... me quedo con «se alquilu-dijo la joven; y mojando
la habitaci6n...
la pluma en el barro de un tinteto se- i Ah! Signora, no es cara... Si co, aùadi6:
este aii.o hubiese mas extranjeros en
-t,A. qué nombre es preciso extenRoma...
der el recibo'I
-Digame V., ;,es tranquila la casa'?
La extr:mjera entreg6 una tarjeta,
i,NO hay ruidos en ella'? Porque, hace en la cual se leia:
poco ... entré en una casa ... Cuando
lei en la calle: Maestro di Mu#ca ...
LA. SKNORA GERV.A.18.A.IS
-jOh! loque es aqui... Abajo, ya
lo ha visto V., hay un librero, con la
calcografia que mi padre tuvo en otros
La italiana se inclino para copiar
tiempos ... y arriba estân sus almace- el apellido, y al volver a levantar la
nes .•. y, respecto a nosotras, nunca cabeza, vi6 al niùo, quien teniendo
recibimos a nadie...
vuelta entre las suyas la enguantada
-Es que estoy delicada, algo malu- mano de su madre, la besaba en el sicha ... Necesito sosiego, mucho so- tio correspondiente a la palma.
siego...
-jC6mo debe V. quererle!
-jA.h!... t,Estâ delicada la seiio-jûhl no tiene mas que â su madre
ra'?- dijo lentamente la paàrona, :i para hacerlo asi...-suspir6 la madre.
quien acababa de entrarle ese miedo -Ya sabe la seiïora que estamos
popular de las alquiladoras de casas obligadas a presentar los pasaportes a
amuebladas de Roma por el contagio la policia ...
de las enfermedades de los pulmones,
-Me han guardado el mio en la
temor encontrado ya por Chateau- fonda. Maiiana se lo entregaré a V., al
briand cuando buscaba alli la ultima tomar posesi6n del cuarto ...
morada para la seâora de Beaumont.
-i,No necesitara la se:iiora que les
Y como tratase de dar vueltas en el hagan el desayuno?
magin a una frase que hiciera expli-No ... me propongo tomar dentro
carse acerca de su dolencia a la ex- de pocos dias un sirviente de aqui,
RRYlBTA.-MAYO

94.

.

7

�.
98

--- - - -

BEVISTA INTEB ••ACJONAL

para la cocina. Hasta mana.na, sefio- vaisais a un camarero que le traia el
ras ... Ven, Pedro Carlos...
potaje de la mesa servida de vigilia,
Y dirigiéndose a su doncella, que en la cnal haiase sentado ella, sin saestaba arrinconada en el fondo de la berlo.
estancia, con el corazon oprimido y la
Al oir esta peticion, un ecle iastico
tristeza pronta a reventar de una bor- coloradote, en actitud de recitar de pie
goiiona fuera de su tierra:
juato â. ella su Benedicite, la echo una
-jA.nda, Honorina, vâmonosl Ya mirada, que reprimi6 casi al punto, é
volveremos, hiJa mia...
hizo retroceder un poco la silla al senY al estar en la puerta, dijo la ita- tarse.
liana corriendo detrâs de ella:
En el monumental comedor donde se
-1A.hl Senora, se me habia olvida- alzaban virtudes, mârtires y heroinas
do. Debo advertir â. V., respecto a la cristianas de yeso, sobre un fondo pinlimpieza de los ,carpe ... a menos que tado imitando mosaico, comia la heteno sea la doncella de V. quien...
rogénea mescolanza de los visitantes
-Mi doncella no hace mas que las de la Ciudad Eterna: hnéspedcs venicamas...
dos de todas partes, cat6licos, laicos
-Entonces... serân a dos /Jaioccos de leviton clerical, sacerdotes de todas
por cada par de zapatos... Eso es el clases y vestimentas, muestras de la
gajecillo de la serta.
clerecia bajs y alta, obispos con soli•
-Pues bien; la ser1Ja tendra sus dos deo de color de violeta, muchas curas
/Jaioccos.
de pueblo, buenos bebedores y de voz
y la seiiora de Gervaisais no pudo recia, :flacos presbiteros de compania
menos de sonreirse al ver a qué poca escoltando à. seiioras ancianas en la
costa se labra en Roma la felicidad del peregrinaciôn de su curiosidad piadopobre.
sa, comerciantes enriquecidos que obsequian a sus mujeres con el viaje de
recreo de las personas distinguidas,
zafios industriales que estropPan los
nombres de las santas corregidos en
Il
alta voz por sus hijas con las lecciones
frescas aun de su educaci6n de convento, viajantes que explican sabiaAquella tarde, estaban llenasde gen- mente a sus vecinos de mesa en qué
te las mesas del H~tel de la .Minuoa, consiste que en los Estados Romanos
y de trecho en trecho los viajeros con- estan dispuestos a. engordar los vinos
cien:t:udos leian la «Guia» en su plato de los paises templados; en fin, todos
esos pasajeros cosmopolitas, an6nisopero, aun vacio.
-No ... sopa de cocido para mi ... y mos, impersonales y vagos, â quienes
para mi hijo-ad virti6 la seîiora Ger- acerca y hace comulgar en su vulga-

LA IŒNORA GERVAISAIB

l

99

ridad la vida de fonda, el codearse con dad~ de no hacer ni siquiera que baellos durante las comidas.
1rriesen todas las maiianas la prision de
En un extremo de la mesa, obser- 1San Pedro.
·
vando con superioridad alos comensaAlegrose la seiiora Gervaisais al pen .
les, destacâ.base de todo aquel gentio sar que esa era su ûltima comida en la
un caballero de una orden de nobleza, Minett&gt;a. Todo aquel ruido necio que
envuelto en esos hâbitos que visten aIoia en torno snyo ha tiabala, casi la
la vejez religiosa con la gracia correc- j ofendia, sintiendo una especie de nâ.uta de lo blanco. Con ademanes de hom• seas al oir hablar alli tan alto â la esb~ d~ la b~en~ sociedad, hablaba al j tupid::::~ .. Su amor propio de fraocesa,
01do a una 1taliana cuyos ca bellos es- de par1s1ense, padecia con esas ineptaban anudados con una cinta de color cias brotadas de labios de cœn patriode faego que recordaba una tira de Itas; y habia alti una humillaci6n para
purpura de peinado antiguo.
ella, al mismo tiempo que un rechinay &lt;'Onforme avanzaba la comida y miento de dientes ca i doloroso, altodifundiase la expansion de los estô- car tan de cerca y en su mas grosera
magos satisfechos, la charla de los expresi6n el «beocismo » exuberante
vecinos de mesa se iba entremezclando que, por singular é irônir.o privitegio,
y se c@nvertia en conversaci6n gene- despierta el espectâculo de la ciudad
ral. Entonces aparecia y se desplegaba mas grandiosa del mundo en el pueblo
la sandez del frances en mesa de fon- mas âtico de la tierra.
da, quien toma todas sus comparacio- -Coge una naraaja y vamonosnes y normas de las ideas, de los pre- acabo por decir a su hijo, concluida ya
juicios y de los productos francese , la paciencia antes de llegar â los posqueriendo toparse otra vez con Francia tres y ofendida por el porte de su veen todas partes del extranjero, y sin cino el capella.a del Benedicite, quien,
admitir nada del derecho de cada uno refocilado por la comida, y con el codo
de los demàs pueblos a ser lo que es. junto â ella. daba e golpecltos en el
Con palabras doctorales y burdas ig- hombro con la lista de los vino-1,
norancias criticabaase las costumbres,
Snhi6 por la e~c tlera principal, ro •
los bâ.bitosylasinstitucionesdel pais. zandose con un capnchino que, arriPor parte de los sen.ores â quienes ha- mado â la garita del portero é inmôvil,
bian servido café con lech~ en vaso, alargaba a los transeuntes una bussola;
alzâ.banse quejas de civilizados que y por los largos corredores, en los rindesembarcaran en una comarca sal- cones de los cuales veianse prelaciales
vaje. A prop6sito de la pequeiiez de los equipajes con aspecta de estuches de
pollos asados, habia quienes decian plateria, de tafilete rojo y estampados
que eso daba triste idea del gobierno; de oro, lleg6 a su cuarto, donJ.e se
y un sen.or calvo, con cara de perso- encerro con su hijo.
naje, acusaba a los ediles «de la localiCaia la tarde, y con la clarinad que

�100

REVIS'îA INTERNAClONAL

se iba entraba en ella el sentimiento penetraba el sol a través de flores
de tristeza de qae las mujeres de cierto puestas en tiestos. Asi que cerr6 la
temperamento no pueden eximirse a la puerta, al irse los mozos de cuerda,
llegada de la noche, en el momento tuvo el placer de esa expansion libre
de desmayar y en el momento de caer que SI.! siente al abandonar la posada,
la tarde.
la fonda, fa casa de todo el mundo.
Poco a poco iba siendo presa de Entreg6se a. la modesta dicha de ver
aquel\a especie de melancolia soii.adora sacar el contenido de su equipaJe, de
é instintivamente medrosa que dan a colocarlo y arreglarlo todo, de sentirlas mujeres, el temor a las tinieblas y se dentro de un hogar en donde por
la ameoaza de la noche. Cogi6 a su largo tiempo iba â encontrar de nuevo
hijo encima de sus rodillas, y se puso a la pulcritud y la duizura del domicilio
mecerlo, estrechando contra su regazo pri vado.
el primer sueno de su niùo, tarareân- La habitaciôn era la ramplona casa
dole quedo la Mecedora, de Schumann, amueblada que Roma alquila a los/ocon la boca en la misma cabeci.ta de él, restiere, y donde, sin embargo, veiase
y echandole la voz entre los cabellos. el caracter del mobiliario romano, soAl de1mudarla para acostarse, la. bre todo en la gran sala que hacia esdijo su doncella:
quioa a la calle delle Oa'l'rozze y a. la
-Pero, t,no toma la seii.ora la poci6n plaza de Espaùa. El techo, pintado de
que el sen.or doctor Andral ha encar- blanco, se dividia en cuatro compartigado tanto que tomase V. todas las mientos con füetes azules y rojos renochesî
cuadraodo ligeros arabescos, de dondt•
-Dios mio, haz el favor de dârmela pendian, balanceandose en la punta
si gu.stas, Honorina ... quiza me impi- de un cord6n, cestillos con flores. Dida sentir las pulgas de la Mine'f'Da.
bujos de adorno a la aguada, en dos
tonos grises, entrelazâbanse sobre el
fondo azul del papel de las paredes.
El entarimado del piso desaparecia
III
bajo las cenefas de una alfombra turca, roias, amarillas, negras y blancas.
Cortinas de algod6n, agitadas por el
aire exterior, ondea ban en los balcoAl siguiente dia entraba la seii.ora nes, bajo guardamalletas de damasco
Gervaisais en la casa que habia toma- con fl.ecos. Sillones de nogal, de una
do en alquiler.
rigidez anticuada, apoya.banse contra
Detrâs del niiio , que iba saltando la pared, con sus curvas patas de malos peldaiios, subi6 por la escalerita dera oscura y su estrecho respaldo, en
de marmol, de losas blancas y negras, el centro del cual se veia en un circuiluminada por ventanas por las cuales lo una Musa taiiendo la lira, cual

LA SENORA GERVAIBAIB

101

un m~l meda~16n de taracea. Sillas 11c6moda, que parecen los juguetes y
del m1smo estilo formaban corro en las reliquias de los dioses Lares de la
torno de un velador sostenido por tres clase media romana.
pies trâgic'ls; y repisas amari\las col- La seiiora Gervaisais pusose bien
gaban de pernios con cab~zas de mu- pronto en esa pieza air de una a otra
jer, de metal dorade.
siUa, cayendo sentada con el resto del
Por la parte contigua â la calle d~lle cansacio del viaje, é inclinândose de
Oarrozu babia uoa. chimenea de mar- continuo hacia su doncelia â. la cual
mol blanco. Su estrecho tablero hori- daba 6rdenes para cambiar de sitio 6
zontal sostenfa. un e~pejo que alzaba de postura esto 6 lo otro; no se levansobre dos garras de grifo doradas sus taba sino cnando el terco ademlm de
tres cuerpos, encerrados en triple mar- su hijo la ensei'iaba con la mano un
code palo rosa coronado por un pe- objeto â mayor altura que la de él y
quefio enta.blamento con una bara11- querfa verlo, como los «tocatodo, de
dilla de cobre: un espejo del pais, se- su edad, teniéndolo un minuto entre
mejante â una vidriera arrancada de sus deditos.
un gabinete.
Por fin fué a descansar al angulo
Enfrente e taba abierto el piano, qu~ del aposento, donde pendi.a una pruela sei'i.ora Gervaisais habia mandado ba antes de rotular de la Tran.ifi,guraponer desde la vispera, d bajo de un ciô11,, en una rinconada mas oscura, y
gran cuadro con la Oronologia de los delante de la cual cruzâbanse sobre la
Papas bordada en negro, en caiiama- alfombra las luces de los dos balcones;
zo, dentro de uoa grau orla de Haves se encontrô bien alli, creyendo haber
y de tiaras; p~adosa obra de la bija de hallado ese lugar querido que toda
la casa, que acompaiiab&amp;n, puestos de mujer elige donde habita para hacerlo
través 1 unos paisajes de Claudio el Lo- su sitio predilecto, est.ar en êl feliz
renés, firmados por el grabador Par- y tranquilamPnte en compaiiia de si
boni.
misma, leer, escribir y sonar. Arrelley por toda la e tancia, encima de la nândose entre los almohadoocillos de
chimenea, de las repisas·, de lo vela- crin del sofa puestos en derredor suyo
dores, estaban puestos, amontonado y para sostenerse, dijo â Bonorina qne
revueltos, mPnudos cachivaches de to- trajese una mesa y pusiese encima la
das clases, reducciones de obeli cos, carpeta y los libros. Por encima de su
muestras de marmoles, copas ne ala- cabeza colgaba un cesto de mimbre,
bastro, columnillas con figuritas de trenzado de oro y blanco; mandô busbronce, un le6n de harro cocido copia car fi.ore. para llenarlo. Y cuando la
del de Canova, imitaciones de vasos cama de su hijo estuvo puesta en el
etruscos dunlr,erquu, ese mont6n de cuarto inmediato de modo que estutrozospequenos degran1es cosas, como viera a la üsta de su coraz6n y pudiercunidos por una solterona sobre su se mirarle dormir por la puerta entor•

�LA 8Jt.:'ORA GERVA lBA.18

102

103

BE\718TA. Th'TEBNACIONAL

nada ... lo qua respiraba y lo que laj vapores, sin una mancha; un cielo
envohia, la luz risueiia, la pieza ale-, profundo, transparente y que subia
gr_e y amena~ insp_iraronla cse movi- como pol villo_ azul ~or e~ éter; un ciem1ento de sabsfacc16n que â las natu- lo con la claridad cnstahna de los cieralezas enfermizas y nerviosas (a las los que mi.ran al agua; la limpidez ùel
cuales impresionan las nonadas en tris- infinito, fl.otante sobre un mar del Metecedoras de las cosas) comunican la diodia; ese cielo romano a qnien la
especie de simpatia, el gran recinto vecindad del Mediterraneo y todas las
de las paredes, el aire dichoso de una causas desconocidas de la felicidad de
mansiôn donde no parece que se deba un cielo hacen conservar durante todo
sufrir.
el dia la juventud, la frescura y el
despertar de su aurora.
Olvidâbase de si misma, reclinada
en la haranda del balcon, apoyada una
IV
mejilla en la mano, aspirando ese
azul, azotado su busto por el bationdeo de las cortinas. Sd abri6 la puerta
En su sueiio de la maiiana, la seiio- detrâs de elia.
ra Gervaisais sinti6 luz y calor, como -iDuerme aun~-preguntô â Honoun suave deslumbramiento que hubie- rina.
se hecho cosquillas en la oscuridad a -No, seiiora ... Y si la seiiora quiere venir ...
sus pârpados cerrados.
Honorina dijo esto sonriéndose; y
Abri6 los ojos: tenia sobre si un
rayo de sol, entrado por una. persiana llevando a la seùora a su cuarto, la
mal cerrada, dan.do de Ueno en el hizo asomarse por una ventanit.a.
· Dt,bajo de la ventana habia un paalmohad6n.
tio,
un agujero, un pozo; pero un pozo
Saliose de la cama, gozosa. con ese
nuevo despertar al placer de vivir, al de luz, como los forma por alla el sol
cual tan poco hab1tuan las desapaci- cayendo a plomo entre cuatro paredes.
bles ma.nanas de Paris a sus morado- Y en el fondo, un jardinillo con colores genuinos. Y echândose un peina- res de decoraciôn de comedia de mador encima. de los hombros, abri6 la gia, donde las frutas parecian frutos
ventana de par en par y se puso a con· de oro, donde el agna de un surtidor
templar el cielo de un hermoso dia de arrojaba al aire un polvo liquido de
Roma, un cielo azul donde creyô ver diamantes y zafiros, â. través de los
la prome.sa de un eterno buen tiempo; resplandores de luces de Bengala que
un cielo azul, de ese tono suave y le- se enviaban unas a otras las paredes
choso que da la aguada â un cielo de pintadas al estilo italiano, agriamente
acuarela; un cielo inmensamente azul, azules. El jubilo del Mediodia deslizâsin una nubecilla, sin una vedija de base y jugueteaba sobre lo reluciente

I

de las hojas y lo brillante de las flores, 1
zu~baba entre el silencio y el calor: y
nubes de moscas, blancas sobre loverV
de y negras sobre lo blanco, entrecruzabanse confu. as en el aire 6 se cernian alli con alas imperceptiblemente 1
te(D.blorosas, cual âtomos de dicha S1;18- I -1Pedro Carlos!-le grit6 11 madre
pensos en la atmôsfera. Un naranjo en desde la venta na.
espaldera, unos limoneros pequeùos en
El niiio salt6 en seguida dela fuente,
grandes tiestos de barro encarnado, y subiendo la escalera â escape, al
!Jotas de nie'De trepando por trozos de cabo de poco tiempo estuvo en brazos
cailizo, donde habiafiascketti vacios de de su madre, fre~co y con olor a flores
vino de Orvieto colgados, junto â ce- mojadas, sin aliento y sonro ado, espillos para los zapatos: tal era, en re- trechândose contra ella, besândola en
sumen, todo ese jardin, al extremo del l 1a cara, los ojos, los brazos, las manos,
cual deshaciase en gotas el delgado en sitios di versos del peinador, con las
chorro de una clara fuente, cayendo \ caricias de un animalito cariii.oso, con
desde lo alto de un nicho de rocas a besos que casi lamian.
un fragmento roto de un sepulcro
-Vamos, Honorina, démonos prisa
antiguo.
a vestirlo... Me encûentro firll).e esta
Alli estaba Pedro Carlos. Habia ido maiiana ... Saldremos para todoeldia ...
naturalmente hacia el agua; y dentro Roy hay que correrla, hijo mio.
del nicho, subido en el trozo de mâ.rY comenzaron las operaciones de
mol de carcomidas e trias, con la ca- tocado. La madre puso al cuello del
misa de dormir pegada en los itie,s niiio una de esas gorgueraR de entonmojados sobre la redondeces de su ces, que formaban tan lindo marco rie
cuerpecito, con los brazos desnudos lienzo blanco encaii.onado alrededor
ha ·ta el bombro, puestas en los pies de la~ mejiltas de los niùos. Ayudada
las botitas altas, sin abotonar, con la por Bonorina, le meti6 lasaltas medias
cabeza un poco reclinada en los peiias- escocesas y el pantal6n corto de tercos, mezclados lo cabellos con plan- 1ciopelo negro. El hombrecito dejaba
tas colgantes, cogiendo el caiio de la hacer, mirando lo que le ponian con
fuente con las dos man os en alto j un- un placer prof undo, casi con recogitas y abiertas, dejaba caer otra vez el I miento, y una ser1edad de dicha que no
agua que se desbordaba al reunirse en tienen los chicos de su eiad. Pusiéla copa de sus dedos, gallardamente ronle la chaqueta de terciopelo. Su
inm6vil, casi serio, con una especie de mad.re le hizo en el cue11o un lazo con
presentimiento de su linda postura, de una cinta de seda de color de cereza.
la hechicera é infantil estatua de Fuen- Luego le calz6 Honorina zapatitos con
te que alli representaba.
tacones, y le cubriô la ca.beza con una

I

�104

REVISTA INTERNA.CIONAL

gorrita de terciopelo negro, tenîendo
por garzota una pluma de garza real,
sujeta con un broche de plata en forma de cardo de Escocia. El niiio estaha vestido; y gozoso con ese traje
artistico, algo teatral, que para él habia inventado el gusto de su madre,
pavoneabase como si se tuviese respeto a si mismo.
-Bueno, Honorina-dijo la seùora
Gervaisais, pasando un dedo por entre
la gorguera y el cuello del niiio;-me
parecen muy buenas perrnnas las mujerea de esta casa ... 1,Te han puesto al
corriente de algo'?
-;Estas mujerea'? ..• Pero, senora,
jsi no comprendo nada de lo que dicen!. .. La miama joven, que habla
francés...
-Tu comprendes muy pronto ...
Eres inteligente y...
-jOh, sefi..ora!--dijo Honorina con
el profundo abatimiento de una mujer
del pueblo que eiente entre ella y los
otros la eterna separaci6n de una lengua que no es la suya, de una lengua
que nunca podra comprender.
-jVaya! Pobre Honorina, yo no tengo la culpa de eso ... Ya sabes que si
estamos aqui...
-Ya lo sé, seiiora, ya lo sé.
Henorina baj6 la cabeza y prosigui6:
-No es por faltar a la seiiora ...
Bien sabe V. que la seguirîa hasta E'll
fin del mua do ... -Y animândose, exaltandose, aîiadio:- jYo sin Vds!... V.,
que ha sido para mi... iYO sin el niii.o!
Oogi6 al nino y lo estrech6 contra
ella, casi con furia, repltiendo:
-jYo ... ·yo!...

-(Estas loca, Honorinal-dijo la seiiora Gervaisais alargando una mano,
que Honorina se apresuro a coger con
una explosi6n de lagrimas.-Anda a
ponerte el sombrero ... ïPronto! que vamos â salir ...
-jPobre chica!-dijo parà si su seiiora, viéndola irse.
Por el tiempo en que comenzaba â
estar embarazada de Pedro Carlos,
acaeciole a la sefiora Gervaisais que
hubo de perder una anciana doncella
que la habia visto nacer. No habiendo
encontrado inmediata.mente con quien
reemplazarla a gusto suyo, mientras
tanto habia tomado de interina a una
costurera que frecuentaba la casa, por
tenerla a jornal dos 6 tres veces por
semana. Al cabo de algun tiempo, hallando en esa joven, a cuya cara estaba acostumbrada, cuidados, atenciones, un aire distinguido y un agrado
en el servir que la complacian, hizo de
esa joven su doncella. Llegado el parto,
tuvo ocasion de ver la devocion que
Ia tenia Honorina, quien velo a su cabecera diez noches seguidas, y la salv6. El dia en que el méd:.co dijo que
habia pasado ya del todo el peligro,
viola entrar por la tarde en su dormitorio con aire de desconsuelo: Honorina dijo que no queria enganarla, que
habia sido procesada por el robo en
casa de la seiiora Wynant, la muJer
del banquero holandés, que ]a habian
declarado inocente y la habian absuelto. Pero estuvo en la carcel con
las ladronas, en el banquillo de los
acusados, entre guardias civiles. Y al
contar esto, casi parecia haber conser-

105

W SENORA GKR~A.I8Al8

vado la vergüenza de ello. Después
trat6 de vol ver a colocarse, pero en
cuanto contaba su «historia» despedianla al momento; y se habfa visto
precisada a. ponerse atrabajar a. jornal.
Al oir esta confesi6n, el primer mal
impulso de la senora Gervaisais habia
sido pagarla sus cuidados con dinero
y quitarsela asi de encima. Después,
al pensar en lo que esa joven habia
sido para ella en su enfermedad y en
que debia estarla agradecida de otro
modo, casi se ruboriz6 de haber tenido
la idea de imputar como un cri men a
esa infeHz un error de la justicia. Pidi6 informes al presidente del tribunal
(un amigo de su marido) que dirigi6
las sesiones del juicio oral; no cabia
ninguna duda respecto a la ino cencia
de Honorina. En vista de eso, la doncella qued6 al servicio de la senora
Gervaisais, agradecida a su seùora por
haberla dado mas que la vida, por la
especie de valor que tuvo en conservarla a su lado a despecho de la opini6n publica; feliz en aquella casa,
pero conservando un fondo de amargura contra el mundo entero por las sospechas y la injusticia que sobre ella
habian pesado. Jamâs lo pudo olvidar,
y a cada momento acometianla como
crisis de un cora:r.6n desgarrado que
estallaba con accesos nerviososde comprimida pasi6n, ana.logos a los de aquel
dia. Imaginâbase que en el banco del
tribunal habia dejado algo de su honradez. Sentia vagamente loque queda
de sospecha, 6 por lo menos de prevenci6n contra una procesaàa como ella.
Su absoluci6n no la habia lavado, ni

aun a los ojos de ella misma, de una
especie de mancha indeleble para siempre, y de la cual aceptaba algo.
Por eso nunca quiso casarse. Su
unica adhesi6n era por aquella madre
y su hijo, los dos unicos seres a los
cuales se habia consagrado en cuerpo
y alma, envolviéndolos en un amorceloso, furibundo, devorador. Todas
estas expresiones se retrataban en su
juvenil y lindo rostro, aunque mohino, contraido, vuelto duro y casi perverso por el martirio de su pasado y
de sus deeconfianzas; y al ir (pisa.ndoles los talones) detrâs de esa madre
y de ese bijo, asemejabase a esos perros fieles, pero tnalos, que gruûen y
ladran, dispuestos a morder a quienes
se acercasen demasiado.
Honorina habia vuelto aentrar.
-Llama un coc,he de punto-dijo la
se:iiora Gervaisais.

VI

-Al Foro... -dijo la seiiora Gervaisais.
El carruaje subi6 por una gran calle
de tiendas, palacios é iglesias, y después por una 'Dia estrecha. De pronto
ensanch6se un espacio, una pequeii.a
llanura abandonada, un erial, un terreno polvoriento, con hierba corta.
El cochero habia detenido a los caballos maquinal é i6stintivamente; levant6se la seftora Gervaisais.
Era el Campo Vaccina: p6rticos su-

�106

BEV18TA INTERSACIONAL

pervivientes de templos derruidos; co- losal Anfi.teatro sobreec:asarcadasconslu.mnatas aisladas que solo se apoya- truidas con sillares ciclôpcos, donde la
ban en el cielo; columnas bennida , furia de los bârbaros no pudo hacer
sosteniendo entablamentos, donde la I otra mella sino agujeros de gusanos,
gramineas roian nombres de empe- \ y se encontr6 en la arena del redondel.
radores; arcos de triunfo enterrados
Abrasaba el sol. Fué â sentarse en
veintepies y veinte siglo.; zanjas ates- la estrecha sombra proyectacia por uno
tadas de fragment.os y migajas de edi- de los altaritos, de pintura de conchaficios; enormes b6vedas de basilicas, da, que rodean el Circo, y abarcô con
con dovelas hundidas, por donde se ve la vist.a el inmenso teatro, que abrumô
lo azul del cielo; al final de la. Via Sa- su mirada y su pensamicnto.
cra, grandes losas yacentes, caoteros Volaban familiarmente las aves en
de lava, pedruscos de fuego enfriado, el monstruoso nido de piedra; alli,
deshechos por el paso de las nacione donde no hay un lugar tamano no mas
encadenadas, ahlmdados por las rode- que como una margarita sin su rocio
ras del carro de la victoria; alla, la ve- de sangre, crecia la hierba, la misma.
jez de oro de las pirdras; acullâ, de- hierba indiferente que en todas partes.
lante de iglesias, el mârmol pagano Lo abrupto de la roca invadia las grapodrido, los fustes de columnas sin das; los palcos derruidos convertianse
brillo, deQconchados, gastados por el en guaridas de fi eras, en las cavernas
tiempo, heridos a golpes, con descan- mi mas de Africa, donde Roma iba a
tillamientos como armaduras guerre- bu car los leones, empobreciendo de
ras y grandes agujeros cual arboles ellos los desiertos para los goces del
viejos; por todas partes restos in men- Pueblo Rey. Crecian arboles, bosques
sos, religiosos y magnificos, sob!'e los d~ malezas trepaban de banco en bancuales parecian ha ber pasado la be- co, saltaban por encima de hoyos de
rrumbre del agua y el hollin de la ochenta pies de sombra. La ruina volllama, un incendio y un diluvio, to- via a la naturaleza ( como vuel ve en
das las iras del hombre y del cielo: tal Roma) con el marmol que se torna en
fué, con su invicta grandeza, la pri- piedra, la piedra que se convierte en
mera aparici6n de Roma antigua a la roca, las termas que se transforman en
senora Gervaisais.
grutas, los palacios que el suelo nivePase6se por largo tiempo sin fatiga, la, las cupulas que una raiz de arbusllevando a tirones de la mano el abu- to hace estallar, los sillares que un
rrimiento remo16n de su hijo.
grano caido del pico de un g'1 rriôn
Luego, pasandopor elArco del Triun- desprende, los coliseos donde se desfo, al final del Foro, se encamin6 al cubre la cantera como en la falda inColiseo. Anduvo por debajo de esas agotable de una montaiia, las tumbas
galerias, semejantes a catacumbas â que se sepultan a si mismas, las estacielo descubierto que sostienen el co- tuas mudadas en cantos rodados, todas

LA !R.NOBA GEBVA18Al8

1'}7

las reivindicaciones y los recobros to- barreando el cielo y sus estrellas. A lo
dos de la tierra eterna sobre la Ciudad Lejus, bajo la curva. del gran arco
Eterna.
triunfal, entre la claridad nocturna,
Poco a poco sumiôse la seiiora Ger- hlanqueaba una especie de valle de
vaisais en una contemplaci6n severa y manes, un como paseo eli. eo y virgien hondas meditaciones. Recod6 lec- liano donde el raro transeunte del senturas, despertaronse en su memoria dero adquiria una apari~ncia vaporosa.
pâginas histôric·as. I.entamente hubo Y todo hubiera dormido alti, sin un
alli una evocacion de lo alli acont,~ci- grillo, que con el ch irriar incisivo de
do. Volviô it. alzarse viva aquella gran- un cincel du.ro cortaba los sef?undos al
diosa escena donde se habian encon- pie de los monument.os ruinosos, pero
trado, como do ca bos y dos extremos inmorta.les y sordos a las horas.
del coraz6n humano, la pasiôn de ver
morir y la locura de morir ... Meditaba,
soiiaba, cuando unos gritos de garraVII
roo el vasto repo~o del cruel lugar;
unos chicuelos astrosos per~eguian a
los lagartos, asentando su resonan les 1
·
pies côrneos encima de las grada~ que
Al dia siguiente de aquella gran jortocaron las tunica de la~ vestales , ô nada da fatiga, la sanora Gervaisais
sobre la b6veda de travertino de una comenzô una vida regular, uniforme,
Porla Libitina.
una vida entrecortada por braves coA la noche prosigui6 la jornada. Asi Irrerias, por paseos en que no se da.ba
que el niii.o estuvo acostado y descao- prisa.
sando con el tranquilo alentar de sus Levant.a.da y vestida à las ocho y
buenas noches, sali6 ella de nuevo media para disfrutar ~e la maii.ana,
para vol ver al For.:&gt;.
hacia una caminata de un par de hoApoy6se en el antepecho del camino I ras, antes del calor y de la deslumbraen escalera que sube al 0apitolio; su Idora luz del dia. Iba a una iglesia, â
coutorno se dibaj6 sobre las rotas es- 1algûn resto antiguo, â un mercado, a
trias del Arco de Septimio S-wno. Y, todo lo que en esa ci~dad-mnseo snsdistraida con una melancolia medita.- pende el paso y la m1rada con un rebnnda, miro la sublime dPcoraciôn de cuerdo, una escultura, una vista panola oscuridad, la quietud de las ruinas, râmica, un hito que es â. veces el pesu tétrica hondura, el augusto sueno de1:,tal de mar.inol de un gran dios y
de la noche sobre su solemniclad firme, hace sonar en su estatua. Al salir de
la sombra de ébano del Capitolio sobre Paris, del morrillo moderno, de la pieel grupo de las tres columna , la ma- dra nueva, de la ciudad sm arte, la
;estuosidad eogranùecida y la soledad parisiense saboreaba un placer de ardesierta de ese «p6rtico sùbre el vacio» tista en vagar por esa ciudad de histo-

I
I

I

I

�LA SENORA QJI.BVA18Al8

108

BEVISTA INTERNACIONAL

l'ia, empeàrada, edifkada, l'econstrui- como una comida de enamorados. Ü')nda con las obras maestras y 1os frag- cluido el almuerzo, tenia costumbre de
mentos pl'eciosos de los siglos.
tocar el piano hasta la lle~ada de HoInteresâbale aquella vistosidad de norina, que acudia a coger â Pedro
los muros, de los patios, de los pala- Carlos para hacerle dormir vestido en
cios, de los tabucos, de los lienzos de la cama. Sola entonces, instalâbase en
paredes del pac:ado, donde abriase a su sitio predilecto. Pasando alli las hoveces, como la boca sal vaje y fresca de ras de sol, empleaba su pesadez en una
un antro el neo-ro aO"uJ· ero de una fru- va12:a modorra de siesta, una especie de
1
0
0
teria engalanada con guimaldas df' adormecimiento de ideas; y en medio
verdura , hierbas y matas de hinojo . de la penumbra del aposento, qaedâPor todas partes veia cuadros q•1P. le base con los ojos abiertos y cac:i adorhacian apesararse por el abandono de mecidos en la muelle transparencia de
la piotura, ese sacrificio de uno de lo aqoella semioscuridad producida por
goces mas car,1s de su vida, Elarrifi.cio las persianas cerradas, levantadas tan
ex.igido y logrado de ella por los mé• solo sobres us borquillas, al pie del huedicos. Y casi siempre regresaba por la co del balcon entreabierto donde refulcalle de los Oondctti, la calle de la {]11,- gia un triangulito de luz.
riosidad. Par:i base en las tiendas de
De vez en cuando, seguia con los
mosaicos y de joyas, en los esca pua ojos por entre las tablillas de las pertes de los anticua1·ios, en la exposici6n si':l.nas el cambiante cspectâculo de la
de cachivaches antiguos, en las vitri- plaza de Espaùa, c6mo avanzaba el
nas polvor;enta repletas de lâmparas dia por la gran escalinata de la Trinietruscas, de mayolicas, de fragmen- dad-del-Monte, abandonada poco a
tos de lamioatorios irisados, de jarro- poco por la sombra del caseron de su
nes, de moned.as antiguas; andaba a la derecha, conforme corrian las boras.
rebusca en el fondo de ei!os tenduchos Elevabaseargentado el chorrode agua,
oscuro , leoneras doude esta.ban ente- volviendo a caer como alj6far en el
rrados bustos, escritorios :florentinos, negro pilon de la fuente en forma de
cofrecillos de porfido, mârmoles y oro barco, recordando la nai,e de una tabla
que relncian. A menudo entraba, le- antigua; junto â ella dormian unos
vantando la red azul 6 parda que de una hombres tendidos como al margen de
malla de seda hace unn. puerta aérea un arroyo. Habia alli un puesto de
en los comercios; daba vneltas a un acquainoZo, con su toldo de tela de colobjeto, lo aj ustaba regateandolo, y se c3ones, sujato en lo alto del enhiesto
lo llevaba consigohito :flordelisado. Veiase por la escaliSiempre estaba de regreso antes de nata la ascension lenta y balanceada,
las once, su bora de almorzar. Almor- la subida escultural de las romanas,
zaba despacio, prolongando esa entre- llevando cargas en la cabeza, mientras
vista a solas con su hijo en la mesa, que, sentadas a su lado, esperaban las

109

«modelos» sus sesiones â cincuenta
bayocos, y los perros de venta tira ban
de su cuerda pasada por el agujero de
VIII
un escal6n de piedra.
Iban â. dar las cuatro. Un coche de
punto, llamadù de la plaza, conduciala
al Pincio y la paseaba un par de hoRoma es la ciudad de los ramos de
ras, entreteniéndola hasta la de corner. fi.ores.
Después de la comida no salia ca i En las esquinas de las calles, en la
nunca; quedâbase en el balcôn escu- de los (Jon&lt;itJW,, en la del .Baouino, las
chando el ruido decreciente de la plaza. Jloristas exponen en rusticos tenderePoco a poco, los dos campaniles de te los ramos de colorines, cogido:i1
la Trinidad del-Monte se tornaban pâ.- frescos en eso3 bajos jardine::; del Pinlidamente blancos sobre el cielo pâli- cio desde dondc, sube, cual toque de
damente azul. La senora Gervai ais se trompas, la fl.ùra brillante y chillona
poniaâ contar cuentos â. su hijo; quien, del pais; junto a esos ramos, otros de
rendido de fatiga y parpadeando mu- matices casados, armouizados con lo
cho, bien pronto df'jaba de escuchar- tierno y suave de los touos, verdadelos, pero siempre queria oir la voz de ras obras maestras de lajioraia romasu madre. Honorina trafa al oscuro na; y esos otros ramos que ya no son
aposento la lâmpara con pantalla, pro- ramilleti:!s, sino restos fl.oriJos, velapia del pais. El niùo ponia por un mo- dorcitos de rosas sobre un fondo de
mento los dedos en los pnntos de fue- helechos, con asas de rosas, cestillas
go que represeutaban por encima «la de camelias blanca~ sobre las cualeô
iluminaci6n de San Pedro» y c. la gi- forma curva un.a rama d~ lilas blancag
rândola de la plaza del Puebla&gt;.
6 de azaleas ligeraa como gasas, cana.sEntonces Honorina se lo llevaba tillas de esa menuda ftor qne se Hama
consigo.
iù,a, un soplo, un polvo de fi.or.
La senora Gervaisais velaba hasta Todos los dias regresaba de sa paseo
las diez, sentada ante el escritorio; de la seiiora Gervaisais con uoo de esos
rato eu rato alargaba un poco la cabe canastillos. Durante el dia, abrianse
za y miraba dormir las gracias de su las flores en el apo cmto donde estaba;
hijo. Acostabase a las diez y se dormia y al fin de la jornada comenzaban a
con ese rumor de ag11a, con la armo- morir con suavidades exquisitas, con
nia liquida de esa:1 fuentes que son en aromas expirantes, cual si de sus marRoma la musica adormecedora de la chitos colores se de3prendie~en sus
noche hasta en los patios de las fondas. adioses olorosos. Bien pronto fué una
necesidad para la vida de la seûora
Gervaisais ese ramo que exhalaba una
\l'espiracion junto a· ella, un rayo de

�llO

REVISTA INTERNACIONAL

luz en su cuarto y era casi una corn- tes fl.uye un poco para todos. Y de dia
paîiia en su soledad. Sus ojos sentian en dia notaba nonadas de su vida ir
voluptuosidad al mirar una camelia adquiriendo para ella la intensidad ~e
reluciente y barnizada, una rosa de recreo y d~ placer que las nonadas tlebordes languidecientes y con corazon mm en el amor. En aquel Mediodia se
de azufre, donde parece haber una afinaban todos sus sentidos, volvianse
gota de sangre extravasada. La sefiora delicados y poéticos.
Gervaisais no habia percibido nunca
cual entonces percibia el brillo, el jubilo, la iluminaci6n de la fi.or, su vida
IX
ligera y tierna, la inmaterialidad de
sus colores de sol y de cielo; y el goce
de esta sensaci6n era para ella enteramente nuevo é imprevisto. En Francia,
Con esa disposiei6n, con ese abrirse
cual toda muj er que es mujer, rodea- a los goces naturales que las naturabase también de flores, perojamâs ha- lezas fi oas y escogidas experimentan
bia sentido esta emanaci6n del alma de al cabo de algunas semanas de resila fi.or. Se pasmaba de ese refinamien- dencia en Roma, la visita a la Villa
to de impresi6n que se habia apodera- Panfili fué un encanto para la sefiora
do de ella desde su estancia en Roma, Gervaisais.
con tant.as otras agudezas de percep- Pasaba la carretela por debajo del
ciones. Preguntabase si en los paises arco de ingreso adornado con esas
y en los pueblos que se aproximan al jardineras hechas de sa~cofagos, en los
sol no se da un organismo mas sensi- cuales un arbusto espmoso brota del
ble que en otras partes, mas hecho hu~co donde hubo antes un~s ceniz~s
paragustar y comprender las seduccio- ant1guas. Y encontrâbase baJO un!l. bones sencillas de las cosas naturales, veda de verdor, alta, espes::i. y oscura,
de una luz de un color, de una fres- atraveilada acâ. y alla por rayitas de sol
cura, de u; bonito ramo de flores, de que parecian alumbrar la lluvia recién
un cielo hermoso, de 11na felicidad cai~a sobre el bruiiido negro de las
cualquiera que ofrece alli la tierra por hojas. El bosque, abriéndose â cada
nada. Se acordaba de un vaso de agua momento, dejaba ver â derecha é iztomado por ella en una de las prime- quierda setos de âloes, quebradas con
ras tardes â la puerta de un cafetin, alfombras de césped, luminosas matas
agua que saboreo como la mejor bebi- de argentea, praderas centelleantes,
da que jamâs bebiera. Pareciale que brillos de hierba, rinco~es de ~om~ra
esos paises calidos tienen toda clase de temblorosa donde dorm1a ~na msc:1ppequeïias felicidades de suelo y de cli- ci6n en el remate de una piedra salienma ignoradas de los paises frios, una te de la tierra, una rampa de verdura,
mâgica acqua felice que por todas par- restos a.ntiguos, arbustos en fi.or, su-

LA SENORA GERVAISAJS

Ill

biendo hasta ese fondo mâgico del par- inclina un rio borroso, asaltado de nique su corona de pinos de Italia, esa nos semirroidos por el tiempo, esas
perspecti va cerrada por pisos de ârbo- aguas corrientes, esas a~uas dormidai,:,
les con copas parecidas a inmensos ra- esas isletas de dos arboles en medio de
milletes puestos uno encima de otro, esos laguitos con limoneros en las oridestacândose abiertos y redondeados llas, todo un paisaje de tal ilusiém de
sobre el azul del cielo. Y a veces, a la arrobamiento, que para la seiiora Gervuelta de un camino en la campiiïa, la vaisais era un paisaje de imaginacion,
inesperada grandeza de la cupula de un sitio ideal que hubiese visto ya en
San Pedro, encajândose en un claro, un poema. Crt&gt;y6se en un canto del
llenaba el firmamento.
Tasso, y acudiàle el recuerdo de los
La alameda principal guiabala asi jardines de Armida.
al palacete de la 'fJilta, a esos muros
Se puso de codos en la terraza. El
revestidos de bustos, de estatuas, in- aire del dia, a lavez calido y ventoso,
crustados todos ellos de bajorelieves, ese aire romano que acaricia la piel con
joya del Algarde, que, deslumbrante la onùulacion y el cosquilleo de una
de blancura entre la intensa claridad tela de seda, soplo sutil, vivo, li!z:ero,
y el espeso follaje, ,parecfa el modelo tan infl.uyente sobre la fibra de las me•
en yeso de un taller de orfobreria del lancolias septentrionales; en torno de
siglo xv1 florentino. Y desde a1li ex- ella, esa apariencia de felicidad que
tendiase y se desplegaba delante de todo parecia tener alli, el jubilo, la paz
ella, con su pompa, su esplendor, su espléndida, la universal serenidad que
triunfo, su vegetaci6n de fi.esta, su ar- surgia por todas partes, produjeron en
quitectura de 6pera, su magnificencÎl. ella una absorcion contemplati va, en
de dicha, de voluptuosidad y de arnor, que, desprendiéndose de si propia y deel jardin italiano, el divino jardin de Jânùose deslizar hasta la dulzura amItalia. Al pie de la terraza, cargada de bien te, permanecio por algun tiempo
grandes tiestos de barro cocido con las enternecida, muelle, libre de sus ideas,
armas de· un papa, mas alla de jardi- en un perezoso lazzaronismo del alma.
nillos bajos con arabescos dibujados Descendi6 lueg-o al parque, y hallo
con guijarruelos y aprisionados por la en él bellas sorpresas: aqui, una encifelpa de una cenefa de bojes, abarco na verde, solemne, con una pâtima de
de una mirada la decoraci6n de escali- metal en la corteza, de una rugosidad
natas y de rampas, de estatuas y p6r- como de piel de animal centenario, ceticos, que mezclan con la na turaleza rrando el camino con un vâstago de
bellezas de palacio; esas paredes de ramas que era otro arbol de un verdor
adorno por donde suben fi.ores vistosas sordo, iluminado con el reflejo siempre
de color de violeta, blancas, amarillas movedizo de un chorro de agua que brode oro, que forman randas de fl.or sin taba debajo de él; alli, un plante! de
hoja, esas fuentes sobre las cuales se camelias, pegando sus hojas y sus fl.o-

�112

REVISTA INTERNACIONAL

d
a do de pronto su madre volviô la caberes de cera contra los pedruscos e und
1 ou· la voz de una italiana que
.
E
e.iio de un Yer e za a
galeria de rocas. n m
d
cantaba un trozo de ôpera: era una
tapiz, de lleno a~ sol, el mar:~~n:eu:: 1mujer pobre y decentemente vestida,
columna refulg1a. blanco .e
en medio de un corro de algunos pauna palmera de dâ.tiles, haciend o pend
y detrâs de la cual
.
d 1 'lf
O de seante:1 para os,
sar en el djrmmoi&gt; e u imo pa~ d Iestaba un viejo con un violin en la
un ejército de Roma _p?r un oasis. e ma no sin tocarlo. y enteramente jnnLibia. Mas lt&gt;jos, sem1cuculos de pie- to . los cantores sentado en un tronco
dra con pilastras, con baranda;d con de ;ino derribad~ vi6 la seftora Gernichos, redondeabanse cual espa eras
. ·s ,. su hi1·0 'quien con fa. manita
•
,é ·
donde se vmeai a.
•
salvajes, enz3.das y co r1cas,
1 levantada por encima de la cabeza, Uëretorcian las yucas serpenteadoras, os
ba el ritmo del canto con una fi.or,
cactus punzantes. y ~rotaban fresco - v:seandola or el aire como la batuta
res de faente, con br1llos de brezos de
n di re!tor de orquesta. Mira.hale
canas moj~das y, cuyas lanzas gotea- t:d: el mundo' contemplando su herban luz humeda.
. .
.
mosura la profundidad de su mirada,
Asi llegô_ al _final del Jardin' a e~~ lo blan~o de su frente desde encima ~e
columnata mchnada de los grandes p l
.
ese repenti no rayo de inteh.
e en fi.las la as ce1as,
nos de I~ba, que yergu
y encia y de pasi6n, esa especie de arro•
majestuos1dad de sus na\'es calad~s.
gb . to de todo el ser del pequenue.
d or debaJO de amien
.
conforme 1ba avanzan P
c,.ntico de la "'ran artista al
tal de tron- 10 pore1 ë1
°
ese gran bosque monumen ' .
. .. b y el mismo vit&gt;io con su cat
dos qmtaso- aire 11 re.
J '
•
d
cos grises' e en rdcruza.
d a beza de an tiguo cantante, E!'rave y tr1sles de ramas J.e color de v10leta, e c , con la vista la mano del
d
. ver- te. seo-ma
lido verdor de musgo y e c~mza
niùo :onriéndole como de ·de el fondo
de, encontraba u~a eleganc1a sabros~ 1de s~s aùos juveniles' regocijadameny una esbeltez oriental en esas ~ab1e
·ct con los ojos medio ceras de Italia' erguidas por enmma de t e conmov1 o,
sus terrazas, de sus palacios, de sus rrados.
iglesias, de sus colinas, como reyes del
horizonte. Apareciansele cu~l ârbol~"
X
de sol, de lujo y de ostenta_c16n, baJO
los cuales se fi.gurara uno s1empre las

!

°

faldas de un .Decamerone abrigado por
. la Vl·da de la senora Ger.
d ce a Prosegma
la sombra de esa mma, que pro u
. . ocu ada encerrada. Lo largo
los ojos la ilusi6n ùnica de e\ev~rl de ~a1t~sdias; de ias noches olvidâ.balo
alejar, de iluminar el a~ul ~e ~1e o~e- c~n ~os li bros, perm1neciendo sentada
Un poco cansado e~ n~~o be l~J,iase con frecuencia muchas ho ras en el sofa,
:~;d!~:~:~srve::: p:s~:ra;âs, cuan- 1sin levantarse, leyendo, tomaodo notas

LA SEHOli GllVAI8Ala

113

de loque leia, a bismandose en reflexio- l
nes a la vez distraidas y concentradas,
que devez en cuando hacianla levantar
hacia las sienes, con sus largos dedos,
XI
las ondas sueltas y rigidas de sus negros cabellos.
En esos momentos transfigura.base
su hermosura, belleza de un caracter y
En el reinado de Luis Felipe hubo un
de un estilo superiores â la humana pequeno circulo selecto de mujeres de
belleza de la mujsr: sus grandes ma- la clase media que tuvieron gusto por
sas planas de cabellos en nimbo, su las cosas de la inteligencia: casi ninfrente abombada y lisa, sus grandes guna ha dejado sino la breve memoria
ojos que parecian lejanos entre las de un sal6n intimo, y, a veces, aigusombras de sus ojeras, sus facciones de nas paginas discretas que releen los
finas lineas â las cuales la enfermedad amigos.
habia conservado a los treinta y siete La sefiora Gervaisais era un ejemplo
aüos el aniiiamiento de la juventud, la y un tipo de esa raza de mujeres que
piel pâlida aunque un poco morena, hoy casi ha desaparecido. Su intelidaban a la seùora Gervaisais la seduc- gencia, que naciô seria, habiase visto
ci6n atracti va y extraiia de una per- llevada por la vida hacia los estudios
sona a parte, inolvidable, profunda y serios. Habiendo perdiùo de muy niiia
magnética, de un ser que viviera pura- su madre, educada por un viejo, no
mente de pensamiento apenas terres- recordaba de su io.fancia mas que un
tre, y cuya cara no fuese ya sino la de antiguo y sombrio gabinete de lectura
un espiritu. Y tambien lo largo del del Pasaje de la Opera, donde iba su
cuello, lo estrecho de los hombros, la padre â leer los peri6dicos, y donde a
carencia de redondeces en el busto, la fuerza de suplicas obtenia permiso para
nada del talle dentro de la tela que lo quedarse mientras iba él â darse un
envol via flotando, una delgadez sin paseo hasta la hora de corner. Horas de
sexo y casi serafica, la lioea austera de dicha de la niûa, blanca y sonrosada,
una criatura psiquica, aumentaban ese lejos del ROl que la llamaba desde la.
aire de «mas alla de la vida:. que daba puerta, oculta entre los negros y etera todo su ser la apariencia de una nos lectores de gacetas, sumida y exfigura extramundana.
traviada. en la lectura celeste de un
En las tablillas de madera torneada inocente libraco del repertorioantiguo.
sujetas a la pared por cuadro cordones Sus ûnicas muiiecas fueron los libros
de seda amarilla, estaban al alcance de de ese gabinete de lectura.
su mano sus libros favoritos con esLa musica y la pintura habian vetos graves nombres: Dugald-Steward, nido â agregarse en la joven a. la lecKant, Jouffroy.
tura, para llenar el tiempo solitario de

a

RRv1sTA..-lf.uo 94.

8

�114

LA 8INOBA GEBTAIBAU

BBV. . ~ACIONAL

una existencia ignorante del mundo, persc,nal, la percepcion de un sentido
interior ya toda ella.
intima, i nfinitamente delicado, hecho
Creciendo asi, educada por el alma a seguir en ella la accion pensadora,
severa de su padre, con el aire estoico la serie de impresiones, de operaciones
y el eco casi antiguo de los recuerdos intelectua.les, de determinaciones voque llevaban todas las noches al hogar luntarias, de todas esas modifi.caciones
viejos amigos politicos, compail.eros de que constituyen los hechos de la conlos mismos destinas; habiendo tenido ciencia.
en torno suyo desde su primera juveni Estudio profundo ! Replegada en sf
tud la lecci6n de masculinas ideas y y vuelta hacia adentro, a menudo en
de principios libres; al formarse su es- el silencio donde los oidos no oyen, a.1piritu, habia pasado del frivolo placer gunas veces en la oscuridad donde los
y hueco pasatiempo de las lecturas fa- ojos no ven, en la soledad don.de se
ciles, a los libros que piden esfuerzo y ocupaba en ahondar lo invisible y lo
conceden meditaci6n, â esos libros que incognito de su ser moral, en interroplantean al entendimiento los mas gar â. los movim ientos de su sensibilibondos problemas que se yerguen ante dad â los fenomenos habituales de su
el enigma del mundo, libros de histo- yo .. •, llegaba
alcanzar un notable
ria, de ciencia, de filosofia.
poder de observacion interna; obligâEn estos ultimos era donde sobre base poco a poco â. sentir cosas que los
todo habia encontrado como una re- demâs no sienten; y con la especie de
velaci6n de si misma. En ellos habia lucidez de «vidente» que adquiria para
reconocido su ilimitado deseo de ele- ese mundo indistinto cerrado a la cevarse, segun palabras de Plat6n, desde guera del comtin de los vivos y tan
el escenario inestable de la vida, desde tenebroso aun para la misma ciencia,
la naturaleza continuamente movedi- advertia por instantes en el horizonte,
za, hasta loque no cambia, las verda- â través del desgarramiento de un
des in.mutables, absolutas y eternas: vasto velo, claridades fugaces que allas ideas. Apoderâbase de ella una eu- gun dia darfo luz rei:pecto a todos los
riosidad superior y dominadora, y la grandes misterios del humano pensaim.pelfa a buscar el mecani ~mo secreto miento.
de las facultades, a. tratar de entreSus iniciadores y guias, en medio de
abrir el santuario velado y ocu.lto de esa pereecuci6a de los mas abrumadolos pensamientos y de las sensaciones, res problemas psicologicos, habian
aestudiu en su propia inteligencia el sido esos dos maestros de la sabiduria
espiritu humano entero. Diferente de moderna, Reid y Dugald-Stewart, los
la mayor parte de los hombres y de las ilustres fllI!dadores de la escuela e comujeres, cuya atencion sale afuera y cesa, los enemigos del método anal6gravita en tomo de los objetos exte- gico é hipotético de las escuelas antiriores, aportaba â ese anâlisis un don guas. Después de haber pasado a tra-

a

vés de todo el escepticismo de Locke
de Condillac , sen t'y
hel materialismo
.
1a
ac1a aquellos dos fi16sofos la gratitud
de haber consegu.ido librarse por ellos
de ~a opresié n' de ha ber por ellos
~espll'ado en esas puras cimas' semeJantes a las alturas del «buen sentido»,
d~nde Reid vuelve al hombre el sentim1ento de su di!?Ilidad y fonda la m
01 1
, ':'
ra y a metafis1ca en el poder y en la
excelencia de la naturaleza humana
y al culto de Reid asociaba el de K· t.
que para ella habia hecho suro-ir i:n1·'
ber tad , el Hombre-Dias del ohermo 1. . .
'
so
prmc1p10 desinteresado que es p
.1
como el bonor de la humanida;ra ~
clave de boveda de su fil fi ~ ~
àeber.
oso a. e
_
La senora Gervaisais era pues

fi.16

,
, una
sofa; pero una fil6sofa que habia
permanecido siendo toda entera .
.
una
muJer. De la mujer habia conservado
el amable deseo de agradar y h t
. .
,
as a
ese sentimrnnto de coqueteria general
que permite :i la amistad hacerse
.
un
ta n t1co
amorosa. Gustaba de la .d
v1
a
con 1as cosas que sonrien a la eleoan
cia. al sentido estético y aun al
. h
smo capr1c
ode su sexo. Un vestido era
.
.,
un ves t ir:..o, un tocado era un tocado
P_ara ell a como para otra. Alegre ,
nsueiia a r:ltos' hubiérase dicho q:a
bajo la gravedad de su ingenio hab'
ia
conservado algo de niiia y de adoles
ce te
n ; y muy a menudo envolviase y
se resguardaba con maliciosa travesura
detrâs de una paradoja ligera
ara
ocultar a todos la exi tencia en
d
una !Jlve-stocling y de un pensado; e
.

ri -

~lt

115

XIl

Ademas e
.
vida u , n los COIDI~nzos de su
d .d' na gran tarea hab1ala engraneci O Y madurado.
Su mad
.
l
a
mur16 de parto al dar a
uz 11un ermano ocho aiios menor
que eda. Desde muy niii.a hizose la
acuna ora la madrec·ta
1 de1 mas pe..:
'
queuo que ella LueQ'O
d
· . n , cuan o ese à.erman;. hub~ crec1do, ocurriosele â. la ya
estu iosa JOven la ambicion de ser la
maestra que le educase, de formar y
acrecentar aquella O • t .
.
.
acien e mtehgen1
c1a con a persuas ·
iu .
'6
~va mana, la dulce
t · !'lllualc1 n y la t1erna autoridad que
1eoen as lecciones d
.
iiaba con cr
e un~ muJer. Soh b ear en ese quer1do hermano
un om re segun el ·d 1 f, .
ella
e
.
, I ea orJado por
l . ' y ~ qmen mas adelante recoo-er
0
as1mpatla de un pen
•
.
sam1ento al unisono y cas1 gemelo del
Co
b
suyo.
nsagrâaslel' dpues, a sus estudios con el orgu O e todo su corazon El l ·
hab1' a in
. terrump1do
. de .n. co. eg10 no
esa d'1recc10n.
. . Los dias dmgunl'dmodo
bastaban ar
c_ sa I a no
las r .p a las conversac1ones, para
.d e usJOnes, para la comunion de
1 eas entre la herm
1h
Do 6 t
ana y e ermano.
s
res cartas por sema
.
dura t
na, eecr1tas
a co:s:1~:r r:~reo ô una velada: venian
su .
. a hermana' qu1en' por
pa:te, habiase puesto â seguir aiio
rr :no~s clases del colegial' aprenO lo que éste aprendia y ha~en
c1éndose la pacienzuda pasante de sus

r:

°

�116

REVISTA J.NTERNACIONAL

lecciones, de sus temas, de sus corn- se casada, encontrândose ahora, por el
posiciones.
camino del mar, entre R~ma y Oran.
Llegada la hora inquieta y critiea en donde acababa Je ser dest~na_do el herque la fe del nifio, cuya primera co- ~ano. de ~a senora _G et~a1sa1\t~~n;
muni6n se borra en el joven, entraba· d1do a teruente corone ~ arti ~na
en lucha con sus primeras dudas, el consccuencia de la campanadeCr1mea.
hermano exponia el estado de su alma
A ese herman? ~scribia desde Roma
a aquella bermana que era para èl mas la seîi.or.a Gerva1Sa1s:
que una hermana, que era como una
« •••• •. • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • · • • •
madre, un amigo y un confesor. A esas .• , •.•.•.•.•. Regresaba yo en coch&amp;
confidencias, que venian sin que ella por el Corso, poco dias después de mi
la.s hubiese solicitado, respondfa fran- llegada. Me extrané al ver todos los
camente la joven, comunicandole no- balcone3 y ventanas con colgaduras
tas, investigaciones, un largo trabajo rojas bordadas de oro, tapices antiguos
que acababa de hacer y que rechazaba en las fachadas de los palacios, llenas
en absoluto lo sobrenatural, guardan- las calles de gente que parecia espedo a lavez un respeto de mujer hacia rar algo. « 1La procesion !» me dijo el
la persona de Cristo. Después de esto, cochero, y puso el coche en fila en la.
trazabale -un plan de lecturas, de es- plaza de Trajano. Miro desde alli... Estudios :filos6ficos, ilustrados con resu- pera un poco que recuerde todo el desmenes y analisis, puntos de gula de file: lo primera, bayonetas ... (aqui preun pensamiento libre que pone para el cede a D1os fuerza armada); luego,
pensamiento que le signe los jalones aranas eneendidas brillando al sol; desdel camino de una religion de lo bello, pues, una bandera grande, grandisilo verdadero y lo bueno.
ma, bordada y pintada, donde una faz
Desde entonces, entre hermana y de Cristo lloraba gotas de sangre, y
hermano, entre maestra y &lt;liscipulo, que avanzaba entre dos filas de penihubo uo. continuo cambio, un dia.logo tentes blancos con manto azul; mas
casino interrumpido de sus dos espiritus banderas, en medio de mayordomos
libres, hablando familiarmente del in- ga.loneados todos con escudos de ar6.nito, de la realidad superior, unica mas, é interminables bileras de clérifuente de toda ex:istencia y de torla gos de negro con cirios; en pos de
causalidad; originales conversaciones esto, una enorme cruz nudosa, un
cruzadas al principio entre una sala de gran âtbol de fosa de osos, mantenida
estudios de la Escuela Politécnica y un en equilibrio contra su vientre por un
cuartito con alegres visillos en la calle Hércules de ,cofradia, gimiendo y sude Helder; mas tarde, entre el ûltimo dando; bajo palio, entre prelados de
campamento francés del Sahara ârabe, oro y seda, la Eucaristia incensada
Bl--B.aàjira, oasis a veinte leguas de por un ni:üo con disfraz de angel; en
Tugurt y el gabinete de la parisien- ultimo término, el gran plato montado

117

LA BENORA GERVAIBAIB

.de la ceremonia. una capilla entera, un
.altar donde brillaba el metal de un
-coraz6n de hoja de lata atravesado por
siete espadas, ·un armatoste que apenas podian sostener y mantener en
-equilibrio con cuerdas y en hombros
-0iez y seis hombres (eran diez y seis,
los contè). 1Y la musica en todas las
-estaciones de la larga y lenta procesi6nl ïSi supieses: una verdadera
musica de feria, murgas y serenatas à
la Cruz, donde dominaba el bombo!
Pues iY el pasmo, la embriaguez fanatica, y los gritos y la fe de aquel populacho de aimas!. .. i,Oômo decirte to·das estas cosas'? N&amp;-esitariase otra
pluma que la de tu hermana ...
&gt;)Qniza te hubieses reido delante de
-esa frrisoria y bârbara ovaci6n; yo, no
sé por qué, no me rei. Conforme caminaba aquello, apoderabase de mi una
tristeza como asco y me oprimia el corazon. La imagen que nos hemos formado de Dios, î distaba tanto de aquella! ï,No es asi, hermano'? Decia para
mis adentros: sin embargo, esta es la
fe de la civilizaci6n ! i Y no veia alli
mas que una salvaje y brutal idolatria
de Oriente, algo del abalanzamiento
en mont6n de India bajo un idolo de
Jaggernatl Estaba atacada, herida, humillada en lo mas profundo de mi por
esa exterioridad y esa groseria figurativas, por ese simbolismo ultrajantemente humano. i Impresi6n ex.traiia y
confusa, pero ~incera y penetrante, te
lo asegurol Sufria por aquella escandalosa degradaci6n de un culto que
me parecia profanar creencias abandonadas por mi vida, si, pero que nun-

came ha gustado ver vilipendiar. Lo
que pasaba ante mi, lo que hu.biera
debido dejarme indiferente 6 simplemente euriosa, haciame padecer,
sin que pudiese e:xplicarme bien a las
claras ese sufrimiento. Refl.exionando
en ello, pienso ahora que me veia herida en el sentimiento elevado, delicado
y pu.dico que toda inteligencia distinguida se forma. del concepto de las relaciones de la criatura en el Creador.
En fin, sea como fuere, al vol ver por el
Corso, desierto ya, he dado mil vueltas
a mis ideas acerca de ello, preguntândome 8Î en este pais (y quizâ. en todas
partes) sera menester tanto material,
tanto espectaculo, tanta realidad baja,
tantos esfuerzos de musculos de hombres, i para hacer lo que se Hama una
religi6n!. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ....
.•............. De vez en cuando. cae
en mis manos un periodico cat6lico, al
cual doy un vistazo. En se nos trata
sin urbanidad. He leido alli el otro dia
que losi librepensadores y los filôsofos
habian tenido por ascendientes a:los
orangutanes ... »

el

XIII

Era costumbre del nifio, después del
almuerzo, coger del talle â su madre,
arrastarla al piano, y con la suplica de
su cara y de sus tiernas manos-, la
sentaba casi por fuer.za en el taburete.
Luego, arrimâ.ndos@ mucho â ella, con
la -cabeza inclinada y puesta entre el

�118

BEVISTA IMTEBNACIONAL

hombro y la mejilla maternales, escuchaba, siguiendo el movimiento del
cnerpo amado y recibieodo en él la musica de los dedos de su madre sobre el
instrumenta sonoro.
-i,Aun 1 i,Quieres que toque mas'i
El nifio respondia que si con la barba y los ojos al beso que su madre le
daba volviéndose hacia él. Corto siempre para hablar, vergonzoso de las palabras rotas y estropeadas que le salian
de la boca, trataba de decirlo todo con
loque hacia expresar él a su vivaracha fisonomia, a su ardiente y movible mirada, a la inim.i~a de susensibilidad; y sus impresiones, sus deseos,
sus pregantas, los secretos de su intima exu.tencia pueril reprimida, iban a
su madreen ademanes sobones y acariciadores, subiendo a lo largo de su
brazo, hacia el cuello, con apretoncitos
presurosos, una especie de teclado
errante y expresivo hecho en ella.
-Pero habla; mi querido perezoso ...
-repetia1e su mad.re.
Casi al punto tenia la boca del nino
sobre la suya, y volvia lt. ponerse a
golpear las teclas melanc6licament'3 .
Pedro Carlos habia nacido de un parto dist6cico, de un parto en que las
ramas del forceps le trajeron a.la vida,
y en que su delicado crâneo füé rozado y comprimido por el brutal instnunento. A la edad en que los nifios
hablan y las madres atienden, su desventurada madre habia tenido el imprevisto dolor de no oir la palabra de
los demâs niiios acudir a los labios de
aquella carita de inteligencia: la pal abra de su hijo era tan torpe, tan dift-

cultosa, tan poco clara y comprensible, que dU.I'ante largo tiempo la seiiora Gervaisais prefiri6 que no hablase
delante &lt;le extraftos. Ai.in aguardaba,
confiando en el tiempo, en una crisie, ·
en la vaga Providencia, pero mas a
[Ilenudo desesperada de verle aa:! para
siempre.
Y sin embargo, su hljo, en medio de
la atrofiade su cerebroydesulenguaje,
mostraba al crecer un sentido raro y
unico, un verdadero genio musical de
nino, una precocidad de prodigio para
coger, comprender, retener, gustar y
saborearloqueoia. Lamusicaerasnpasi6n, el goce, el interés, la expansi6n desu vida encogida é incompleta; y antes
de llevarlo consigo a Italia, el mayor
gozo que la madre podia dar al hijo,
gozo que esperaba él con impaciencia
febril, era hacerle ir con ella todos los
martes a la Opera: el dia siguiente se
lo pasaba todo entero Pedro Carlos encerrado con obstinaci6n en el gabinete
de vestir, tecleando en ·los vidrios todos los principales trozos de la vispera.
La mûsica y nn coraz6n, eso era
aquel niô.o: un coraz6n donde parecia
ha ber refluido, ensanchândolo, todo lo
que por los demâs conceptos ]e faltaba.
En aroar ponia jubilo y dicha, exquisiteces y delicadezas inesperadas, una.
afectuosidad inventiva, un arte adorable de la caricia. Tenia un sutil instinto, la inteligep.cia innata de los desventurados como él para reconocer el
cariîio de las gentes; y cuando desde
la ventana veia llegar una persona
que le parecia buena y amable, corriendo al oi.r su campanillazo entre-

LA SENORA GDVAIIAD ,

119

gabase a ella desde el recibimiento, en
un febril acceso de alegria, salta.ndo
con ambos pies como un loquillo, diXIV
ciendo sin resollar:-&lt;qPedro Carlos
contento, contenta, contenta!...» Luego, agarrandose con mano ardorosa a
la mano ·de la seiiora o del caballero,
Una tarde â. fines de Abril, al pasar
abria el salon de su madre, se quedaba junto a la fuente Paulina y â los tres
con los ojôs encandilados de regocijo, torrentes que vierten el agua Trajana,
en un almohad6n sobre el snelo, junto con el estruendo de cataratas, sobre la
al 6 a la visitante, siguiendo las pa.la- plataforma de esa rampa que baja
bras mientras se hablaba. Al levantar- dando vuelta.s por el antiguo Janiculo
se, no queria dejar que se fuese la vi- y por donde caminan con lentitud
sita, reteniéndola, agardndola, po- frailes capucb.inos y asnos cargados de
niéndose con un esfuercillo de deses- verduras, -la senora Gervaisais hizo
peraci6n delante del que partia, para parar el coche ante aquella gran Roma
impedirlo. Notaba en torno suyo el diseminada, esparcida al pie del monbueno y el mal tiempo del alma de las te con una claridad extraiia.
gentes, cuando para él eran amigas,
A la velada luz de las cinco de la
simpâticas y caras; al verlas tristes, tarde, bajo una densa y pesada nube
envolvialas con su muda efosi6n, las de color violâceo con crestas blancas,
concedia miradas dulces, levantaba tenia â su izquierçla, mas alla del cashacia ellas una especie de interroga- tillo del Santo Angel, las lineas de-una
ci6n que parecia comprenderlas. Apre- campifià verdegueante y la prominenciaba. en el rostro de su madre y en el cia de dos cerrillos parecidos â tumulus
de Honorina las -impresiones mas pa- de pueblos enterrados; a la derecha,
sajeras, mas fugaces, y se engran- por encima del Palatino, el aznl o.scudecian en él hasta hace1·se una di- rode las colinas donde se esconde Aicha 6 un pesar. Y era tal la impresio- bano; y ante si toda la llanura edifinabilidad de ese pequeiio ser, que si cada, la infinita extension de Roma, un
su madre olvidaba retener la mas caos y un universo de piedra, un haci•
ligera nota. de impaciencia y de irrita- namieuto, una mezcolanza, una conci6n hablândole, al punto veia correr fusion, una superposici6n de casas, de
la.grimas en los ojos del pobre nifto de palacios, de iglesias, un bosque de arexcesivo coraz6n.
quitecturas de donde se alzaban aguAmante de las personas, éralo tam- jas, campanarios, cupulas, columnast
bién hasta de los objetos que le prodn- estatuas, brazos de ruinas desesperacian placer, diversion, recreo: besaba dos al aire, obeliscos, Césares de bron•
los juguetes con los cuales acababa de ce, puntas de espadas de angeles, nejugar.
gras sobre el fonda del cielo.

�120

LA 8ENOBA. GEBVAI8AIS.

REVISTA INTERNACIONAL

1Vasto panorama en anfiteatro esa tan enferma, tan indispuesta, que no
capital de Dios, puésta y escalonada he visto aun a nadie. Queria tomar un
en sus siete colinas y subiendo esca- poco el aire del pais ... , tomarme el
leras de monumentos é hiladas de tem- tiempo necesario para restablecerme
plos hasta esas bellas lineas acropo- antes de hacer visitas ... , y crea V. que
lienses que la cortan, la perfilan y la la primera estaba destinada a la se:iiora
hacen reinar asentada en un trono so- de Rayneval...
bre el horizonte!
El Sr. de Reyneval se inclin6.
Una solemnidad inm6vil y muda,
-i,D6nde vive V.~
una grandeza de muerte, un reposo pe- -Plaza de Espa:iia, esquinaala calle
trificado, el sue:iio de una ciudad ador- delle Oarrozze.
mecida por un poder magico 6 vaciada -Pues ha hecho V. una especie de
por una peste, pesaban sobre la ciudad hombrada en salir hoy ... Tenemos un
sin vida, de ventanas desiertas, de chi- horrible sirocco ...
meneas sin humo, de silencio sin ruido E indic6 la nube gris extendida sode actîvidad ni de industria, donde bre la ciudad.
nada se oia sino un toque de campana -jAh ! i, Es el sirocco"# Eso es lo que
de minuto en minuto. Pero, en parti- sentia yo desde esta man.ana ... , una :flocu1ar, el cielo era lo que daba a todo jedad, una especie de malestar geneuna apariencia apagada, con una luz ral...
gris y mustia de eclipse que empolvaba -Pues bien, seiiora, permitame V.
lo musgoso de las techumb1·es y lo des- que la dé el consejo de vol verse a casa ...
gastado de las paredes, envolviendo a Yo mismo, a pesar de lo romano viejo
una Roma amarilla y palida en un tono que me empiezo a hacer-y se sonri6que recordaba a la seiiora Gervaisais siento siempre el mal efecto del picaro
cuadros de Africa, paisajes ahogados «viento de plomo», como ya lo llamapor una polvorienta nube del desierto. ba Horacio ...
Miraba desde su coche parad-0, cuan- Y volviendo los ojos hacia Pedro
do se cruz6 cori ella un carruaje. Ape6- Carlos:
se de él un hombre, se acerc6 a la se- -Recordaba a su niiio de V., de Paiiora Gervaisais, y con un ademân de ris ... ,peroaunestâmuchomasguapo ...
afectuoso asombro, dijo:
-Adi6s, hasta la vista , mi querido
-jV., seîiora! ... iV. en Roma~ .•. iY embajador... Dé V. mis recuerdos mas
ni una palabra al palacio Colonna! ... cariiiosos a la seiiora de Reyneval...
Hubiera tenido el honor de presentar- Y el coche ,se puso a bajar, al paso
me en casa de V.
corto de los caballos, las cuestas del
-Mi querido embajador, he llegado Montorio.

que los extranjeros pagan al clima, del
tiempo inàiavolato que estaba haciendo
desde unos dias, y de otras mil cosas
mas, la extrajo de una vena un poco de
sangre sin que casi lo notase ella.
Sin embargo, aquella do1encia con
la cual se divertia el doctor Monterone
(éste era su apellido), fué mas grave de
lo que él crey6 al pronto. Fué preciso
sangrar otras dos 6 tres veces a la seiiora Gervaisais. Durante algunos dias
di6 serias inquietudes a Honorina. Y
cuando qued6 restablecida, conserv6
una gran debilidad unos dos 6 tres
meses.
Durante los primeros dias de ansiedad, Pedro Carlos permanecio como
una piedra, sentado en una silla baja,
al pie de la cama de su madre, con los
ojos :fijos en los de ésta. Grufi.endo
cuando Honorina iba en su busca para
hacerle corner 6 acostarle, pasaba alli
todas las horas, en el mismo sitio, con
la misma intensa mirada de carifio y
esa ternura triste y absorta que tienen
los niiios al ver sufrir.
-Vamos, Honorina-decia la sefiora
Gervaisais en una de las tardes de su
convalecencia-i,qué hay de nuevo por
la casa'? iSe han ioteresado algo por
mi enfermedad ~
-jûhl Si, sei'iora... , sobre todo las
buenas mujeres de aqui ... ; hasta les
daria mucho gusto la seiiora si las recibiese cuando se sienta bastante fuerte ... También han enviado de la embajada, casi todo~ los dias, a saber noticias de la sefiora ... ïAh! También ha
venido muy a menudo un senor... , un
senor... , un auditor de ... de ...

1

XV

Al otro dia le faltaron animos y fuerzas para salir, y permaneci6 tod.o él
tendida y languida sobre el sofa. Mas
débil al dia siguiente, por instancias y
sup1icas de Honorina, decidi6se a hacer llamar al médico recomendado por
el doctor Andral a las i:enoras a quienes
enviaba a Roma, y al que de dia en
dia fué retardandose en ver, con el perezoso «man.ana» que se repiten à si
mismos los enfermos.
Ese médico era el famoso doctor de
los extranjeros, el unico que tenia el
derecho de decir a las pudicas inglesas
de la plaza de Espana Favorisca il
polso, el liberal, el àiputado revolucionario del 48, el viaje:ro en Viena, Londres y Paris, el sabio, el anticuario, el
aficionado y coleccionista de estatuas
y cuadros, el narrador de anécdotas,
el de chispeante charla, el agudo romano que decia al final todo loque ordenaba, de todo lo que contaba, de todo
aquello por lo cual gemia, este eterno
estribillo de la filosofia y de la paciencia de su pais: ~i,Qué quieren Vds.~
1Estamos bajo los clérigos!», frase que
era preciso oirsela decir en italiano:
-Ohe volete'I 8iamo sotto i pretil
Lleg6, no se sent6; y mientras hablaba â la enferma de una magnifica
coltellata que acababa de curar en el
hospital de la Consolaci6n del Vaticano, del pintor Camuccini, del tributo

121

�122

-i,De la Rota'? ... ïAhl si, el bueno hecho unicamente para amar y ser
de Flamen ... No me ha olvidado ... Ni amado, no teniendo para expresarse
siquiera le anuncié mi llegada. .•
nada mas que la.grimas y besos'I i, Y
Hubo un breve silencio.
como podria vivir ese desdichado Y
-Y él... senora ... -prosigui6 Hono- pequeii.o martir del amor'? La idea de
rina, sefialando al niiio-1, 1).0 sabe V. los sufrimientos, del suplicio que eslo que hacia durante la enfermedad de peraban a la inocente alma achacosa,
la sefiora '? Pues bien; rodas las mafia- desarmada de todas las inteligencias Y
nas cogia un pliego de papel de enci- defensas de las demâs, hiri6la con sûma del escritorio de la seii.ora ... Y des- bito espanto y la hizo dar un gran rorués hacia garabatos ... Y luego tenia deo sobre si misma; irgui6se con una
yo que poner un sobre ... Y des pués -vol untad, casi con un juramento de no
ponia él encima un mont6n de obleas morir; no reconocia en ella ese derepara imitar los sellos de correos, como cho. Era de esas madres que no deben
en las cartas de Francia que ve a la se- desertar y a las cuales un hijo asi les
ii.ora .. , Y luego ... ïdeverdad, sen.oral ... manda que -vivan y duren.
tenia yo que escribir la direcci6n: Al
Santo .Dios ... Y a escape tenia yo que
ir a echar la carta en el buz6n de la
plaza ... Me miraba desde el balcon...
XVI
Veiame obligada a hacer evmo que .•.
Si, senora... i escribia al Santo Dios
para pedirle que no hiciese morir a su
marna! ... ïAh, queridisimo! •.. Los deCuando llego â restablecerse por
mas :ao quieren verlo ... Pero, jcuidado completo la seiiora Gervaisais, hallasi tiene talento en el fondo !
base ya en extremo avanzado el estio
El nino escuchaba â Honorina con para ir al campo y alquilar una casa
ojos inquietos, alargando la cabeza en Frascati o en Tivoli. Prosigui6 en su
para oir mejor, timido y confuso, con vida pasada, mas metida en casa, oculmedrosa atenci6n, como siempre que ta en las tinieblas de su cuarto, entre
de él se hablaba ... La seiiora Gervai- la semioscuridad tranquilizadora de las
sais abrio los brazos, y, estrechandole persianas corradas. Solo salia por la
nerviosa contra el pecho, dej6 caer so- tarde, a la puesta ùel sol. Hacia entrar
bre su cabeza dos la.grimas lentas en en fila â su coche por la carrera paudeslizarse.
sada del Coi:so, desde cl Pincio hasta el
Pens6 en ese pobre ângel si hubiera palacio de Venecia, y del palacio de
muerto ella y no la tuviese él ya. Hijo Venecia al Pincio, llevada lentamente,
del dolor, mal y· â medias nacido, bqué con su hijo adormecido contra ella;
seria de él, solo y sin madre, de ese revivia entre el movimiento de los cadulce ser todo sufrimiento y ternura, ballos, de los carruajes, de los prendi-

123

LA SENORA GERV il8A IB

BEVISTA INTERNACIO:MAL

dos y traJes, y la languidez de un resto de debilidad, los fl.otantes desvarios
de una cabeza un poco quebrantada, de
una imaginaci6n convaleciente, hacianla abandonarse al tan poético hechizo dulcemente melancolico del crepusculo italiano, de esa perezosa llegada de la noche, mas tarda en venir
de la oscuridad que en los cielos del
Norte. Decolorâbase el cielo por encima de su cabeza, se volvfa como el
nocturno azul palido de una nevera.
En torno suyo, cual una apariencia de
desmayo, extendiase la palidez de una
muerte humana sobre los colores de las
co.sas, sobre el anaranjado de la piedra y el rojo intenso del ladrillo. Una
luz de un inenarrable tinte expirante,
de una claridad de alba de luna, parecia ser la luz angélica del A 'De Maf'ia. Un reflejo mustio de ese cielo pasaba por encima de las gentes (rostros
que ya no eran los rostros de durante
el dia), envolviendo a las pequenas
procesiones de huérfanos parecidos a
fantasmas de cleriguitos enteramente
blancos, a quienes les arrastraba ya la
cola de la sotana y se perdia en el -vaho
azulenco ascendente del ar.royo de las
calles, de dos escalones de palacios.
En ambos lados del Corso boi:rà.banse
monumentos, casas y paseantes, que
se sumian y disipaban en el misterio.
Hora de Roma casi fantâstica en la
cual diriase que la realidad se retira de
todas las cosas, la vida se evapora, los
pensamientos no tienen ya d6nde posarse y se levantan de la tierra, en que
las visiones comienzan a aproximarse
al alma como a los ojos ... Y conti-

,

nuando en su largo paseo, la sefiora
Gervaisais tenia la impresi6n de concluirlo en un ensueiio cruzado por el
zig-zag de pequenos murciélagos.

XVII

El Agosto ardiente, ese mes tan temido en Roma que los camareros de
café dan las gracias por la propina
deseando «un buen mes de Agosto» al
parroquiano, la senora Gervaisais lo
paso sin sufrir mucho ni ablll'rirse,
distrayéndose de la monotonia de una
completa reclusi6n y descansando de
sus lecturas con las cotidianas visitas
de dos hombres; su médico, que invariablemente pasaba un par de horas
charlando con ella, y un antiguo amigo de Francia, no menos asiduo y no
menos largo en sus visitas.
El doctor Monterone continuaba teniendo con ella la diversion de una de
esas conversaciones deshilvanadas,
mimicas, ~ordaces, que ponen en los
labios del escepticismo romano una
ironia bufa tan profunda. Soltaba la
sin hueso, tomando pie de una noticiat
un rumor del dia, una palabra, diciendo:
-El Papa 1'ojo ... Pues bien, si, el
Papa rojo ,· asi es como aca le Ba.man ...
Y corrian sin atadero sus palabras:
-jAh! i,NO lo sabfa V.~ Tenemos
tres Papas en Roma: el Papa blanco,
que es nuestro muy venerado Padre
Santo; el Papa negro, que es el gene-

�124

REVIST.A. INTERNACIONAL

ral de los Jesuitas, y el Papa 'i'ojo, que
es S. Emma. el Cardena l Antonelli...
jJa, ja, ja!; recuerdo ahora lo que me
contaba el otro dia, una historia de su
juventud' ... Un dia, paseandose por el
Vaticano ... ,no era aun el monsefior de
hoy ... , hallose delante de la puerta de
los archivos ... Estaba abierta ... y entr6 ... El archivero le deja ir y venir,
pasearse, abrir los armarios ... Al dia
siguiente obtuvo una audiencia de
Gregorio XVI. En la conversaciôn con
el Padre Santo se le escapan estas palabras: -«Santisimo Padre , son muy
curiosos los armarios de los archivas ...
Pero los vidrios se encuentran en muy
mal estado ... -ïHas entrado!... i,Entraste en los archivos y dirigiste la
mirada a los papeles'L. -Si, Santisimo Padre; la puerta estaba abierta ...
iY te atreviste! ... Pero, ;,no sabes entonces, hijo mio, que estas excomulgado'l- iDios mio! -Tranquilizate...
Te impongo la penitencia de que hagas colocar a tus expensas todos los
vidrios que faltan ... &gt;) ïOh ! A nuestros
Papas nunca les falta la chispa. Ahi
tiene V.: nuestro Pio IX, con su aire
sencillote •.. , jtiene unas frasecitas!
Consegui una audiencia 'para un musico &lt;ïlle queria obtener la cruz de San
Silvestre. ï,Sabe V. lo que le dijo el
Papa'? «Dirigete a mi colega Apolo ... &gt;)
y después de sus entrevistas con Rossi ... , el pobre Rossi, a quien recibi mo1-ibundo en mis brazos en el palacio de
la Cancilleria (porque fui yo quien
le ... ) ~Sabe V. lo que decla nuestro
Santo Padre cuando su ministro estaba ya de puertas afueraf «Acabo de

oir al profesor: me ha dado un curso
acerca de lo posible y de lo imposible.»
Y palpando encima de una mesa rosarios comprados por la seiiora Gervaiaais para enviarlos de regaloaFrancia, pregunto:
-i,De casa de la seiiora Rosa, lacélebre coronara de la Minerva'L .. Un.a
compatriota de V., una francesa, una
mujer que esta en todas las interioridades del Vaticano ... iLO que sahria
un gobierno que tuviese ~omprada a
esa rnujer!. ..
Y cortando bruscamente su frase,
afiadiô:
- ...Por ejemplo: que tenemos un
Cardenal de la ultima hornada, que
pasa el tiempo en tocar la trompa de
caza ... l@ mas en secreto que puede ...
Aqui, en el fondo, todo se sabe ... Comia yo el otro dia en la embajada de
la naciôn de V., y se me escapa una
palabra imprudente. &lt;qOh! Aqui, doctor-me dice el embajador de Vds.puede V. decirlo todo ... Estoy seguro
de mis gentes: la mitad pertenecen a
la policia del gobierno, y la otra mitad a la de la revolucion.&gt; Clte 'l)Olett'J
Aqui tenemos una comunidad de frailes nobles: todos ellos se quejan de los
mocaroni; es verdad, ya no se saben
hacer. Y es loque ellos dicen: - (The
'Colete1 Siamo sotto i p-reti! ... ïLos clérigos! iLos sacerdotesl Senora, en los
teatros, dw::ante la semana de Pascuas,
el cura de la parroquia hace la lista
àelle anime, el censo de las aimas ...
Esto love V. durante los ensayos: el
libro de los futuros comulgantes en las
tablas; y toda la compania, el apunta-

LA SENORA. GERVAIS.A.IS

125

dor, el que enciende las candilejas, las trado en Roma por la senora Gervaibailarinas, ilas bailarinas ! , precipi- sais, el sefior Flamen de Gerbois, era
tandose para besar la mano del _parro- otro hombre y muy otra compafüa.
co, llamandole: Padre cu-rato I Y les Este ami go la dedicaba su interés emo•
dice_ él: &lt;tNo se mo1e~ten ... » Se sienta cionado, su palabra (palabra grave y
y mira un paso de balle ... Por supues- dulce de una vida quebrantada ), sus
to, nuestras bailarinas no son como las al tas y melanc6licas ideas, los acentos
de la Opera de Vds .... La Ferra ris no de un amplio ingenio, de un alma hersale nunca a escena sino después de mosa, de una fe de tolerante caridad y
una breve invocacion y un beso a un de bondad infini ta.
amuleto ... Sabida es también la frase
Casado en Francia, padre de dos nide la Fuoco, â quien decian: -«Pero, fias pequefias a quienes llevaba para
t,como no se caen Vds. en un tablado que jugasen con Pedro Carlos, la
tan mal barrido'? ... -1Oh, momentos niuerte de su mujer ( en quien adorahay en que preciso es creer que Dios ba)' habiale hecho recibir las Ordenes·,
nos sostiene! ... &lt;&lt;jY tan desinteresadas y llevaba dos aflos en Roma ejerciendo
las nuestras !&gt;) Oiga V. una frase fres- las f~nciones de aujitor de la Rota por
quita, de la semana ûltima, y dicha a Francia, en el Consejo de lo contenun joven agr'egado diplomâtico del pais cioso eclesiastico, en el tribunal de jude V. Habia aqui una balle-rina, y como risprudencia canùnica y civil, AsyZum.
se excusase él por no haberla hecho j1tstitiae, elevado cargo en el siglo xvm,
aun regalos, encontro ella esta frase venido boy muy a menos, donde una
sublime: «Si me los hubiera hecho V., personalidad de valer queda inutil y
estoy muy segura de que hubieran sido enterrada, con el unico pClrvenir del
hermosisimos ... » A proposito, seiïora, Decanato de la Rota, que conduce al
1,no han tratado de hacerle a V. ingre- cardenalazgo.
sar en nuestra benéfica asociaci6n de Galicano, adberido a las doctrinas
las pe-ric~:ante'l ... Si, de las solteras y nacionales y tradicionales de la Iglesia
casadasJovenes que corren peligro ... de Francia, antiguo amigo de LamenïO6mo! t,No ha oido V. hablar de eso'?... nais, decia y confesaba a menudo a la
ïUna instituciém de geniol ... Un.a mu- sefiora Gervaisais sus profundas tristejer pe-ricol~nte se pre~enta a esta exce- zas y sus secretas amarguras por todo
lente somedad y d1ce: -«'No tengo lo que veia en Roma, en esa corte y
p~n, Y °:1e ofrecen dos duros.» Laso- esa politica ciegas como una corte y
c1edad p1de una prueba, una carta... una politica humanas donde los celos
La mujer lleva la carta, toma los dos de los unos, dueiïos de la pusilanimiduros ... Y·:·
dad de los otros, enemigos de toda su-i,Y ~ue hacei...
perioridad, habian perseguido durante
-1,Qu? hace'l i_Cobra los cuatro!
el siglo a todo gran espiritu religioso,
El antiguo am1go de Francia encon- a toda gran voz que subia al pûlpito,

'

�126

â los talentos, â. los genios, basta

alas

de las iglesias g6ticas las prevencioglorias prometidas â. la Iglesia, con- nes, las repugnancias, y le conduce a
tristado â un Lacordaire y desterrado tener casi lâ.stima de la. pobreza de piepor su elocuencia a Flavigny, recha- dra de sus catedrales; dejâbase llevar
-zado al creyente de la Chesnaye al del amor al marmol, al ma.rmol que
ateismo de su fin.
pone alli por todas partes en las parey asi hablaba el sen.or Flamen de des su brilla de espejo, sus esplendoGerboia mirando a la enferma y aca- res escurridizos, sus lisas superficies
riciando con una mano al nino.
acarîciadas por la luz que juguetea
sobre su dureza preciosa, resbalando â.
lo largo de las columnas y pilastras,
perdiéndose en las b6vedas en queXVIII
brados relâmpagos. Conforme vivia
alli, tomaba la costnmbre de estar durante los calores del dia en medio de
Cnando salia entonces por casuali- esa piedra con venas, brillante casi
dad entre dia, â las horas en que las cual nna joya con ese frio relucir de
iglesias no han levantado aun sobre los colores suavemente rosados, suavesus puertas las mamparas de cuero mente amarillos, suavemente verdes,
para la siesta de la oraci6n, gustaba de fundidos en una especie de nacar que
entrar en ellas.
irisa con sus cambiantes matices el
Lo que la atraia y lo que iba a bus- prisma de toda una nave. Iomovil,
car al1i no era una impresi6n religiosa, contemplativa, sentia un placer en
la aproximaci6n al Dios cristiano en su verse envuelta por aquel~a clarid~d
casa sino la sensaci6n de un lugar relumbrante en que la câhda magmtran~uilo, apacible y silenciosamente ficencia de los dorados, la opulencia de
agradable, que ofrece el descanso y la las paredes y la suntuosidad de las co~hospitalidad de un palacio pacifico. gaduras parecian evaporarse y volatiSalir del sol de la calle y entrar en la lizarse en un aire hecho âgata portofresca, entre el adormecimiento del oro dos los re:B.ejos de p6r.6.dos y jaspes.
y de las pinturas, las brillanteces pulidas y las blancuras vagas , éra para
ella el sosiego que podia proporcionar
XIX
una umbria del Generalife escuchando
el surtidor de su fuente. Y poco a poco,
en la ciudad de las iglesias, yendo de
ésta a aquélla, visitandolas, prolonHay en San Pedro una soberbia y
gando sus estaciones, deja.base llevar regia puerta de la M:uerte: es 11D. p6rde e:1e gusto qneadquiereel extranjero, tico de mârmol negrô sobre el cual se
esa pasi6n que hace p~rder al catolico destacan las tibias de un esqueleto do-

127

LA BEHO.BA. GEBVAISA.IB

BEVISTA INTEBNAClONAL

rado que levanta la recia cortina, la
aplastante colgadura que vuelve a
caerle encima del craneo y forma una
ca-reta ciega a. la imagen de la Muerte,
la cual, porencimadel transeunte, alza
con la punta de sus falanges de hueso
el reloj de arena del tiempo interminable.
En una de sus visitas de tarde a las
iglesias, salia. la senora Gervaisais por
aquella puerta de la sacristia de la
basilica, cuando se le apareci6 una
capilla en que sus ojos no se habian
fijado aun entre las innumerables capillas de San l&gt;edro. Detuvose involuntariamente ante los trece confesonarios que estaban alli, como los oidos y
las bocas de la penitencia cristiana
para todas las lenguas del orbe cat61ico, con estas inscripciones en sus frontispicios:
Pro Gallica Zingua.
Pro Graeca lingua.
Pro Hisp(l31,ica ling1Ua.
Pro Lusitana Zingua.
Pro A n!llica Zing'Ua.
Pro Polonica lin!lua,
Pro Illyrica Zingua.
Pro Flanàrica Zingua.
Pro Germanica lin!lua.
Pro Italica Zingua.
Atraida sin saber por qué, entreteniase en deletrear eselatin.que en~loba
el mundo, cuando, al sentir que la tiraban de la falda, volvi6se hacia su
hijo: el niii.o la enseiiô por encima del
baldaquino, entre una claridad aznl, el
fulgor de la b6veda, el oro de las pala-

bras ... Petrv1 et super hanc petra,n aeàiftca!Jo ... , que en ese momento parecian
escritas con letras de fuego sobre el
anillo de la cupula.

XX

Con el otoiio, con el alivio en su salud, la senora Gervaisais cambi6 su
vida estrecha, solitaria, casi claustral,
por una existencia mâs a.ncha, mas esparcida, y que vol via al trato de soniedad.
Alquil6 carruaje por mes; tom6 uno
deesos criados italianos aptos para todo,
que guisan y suben a la trasera del
coche con una eterna camisa de color
bajo una levita negra. Y para dar comienzo â las yjsitas, entreg6 sus cartas de recomendaci6n en casa de la
princesa Livarini.
Por un momento habia pensado en
buscar unas habitaciones mas grandes;
pero detuvola un poco el io.terés lastimero por aquellas onradas patronas
que subsistian miserablemente de un
antiguo plano de Roma cuya plancha
tuvieron por herencia. Yadema.s, ;,donde hubiera vuelto a encontrar una vecindad. tan discreta como la de esas
mujeres que solo entraban a verla
cuando se hallaba enferma, y todo el
dia estabau en la oscuridad y el silencio de su cuartito, con un perro mudo,
la musica de un reloj de pared, ramitos de flores puestos en vasos; una paz
de mediania venturosa, entrecort~da

�REVI.8TA lNTERNACIO:NAL

ii galeria con piesa en una peque a
.
de tarde en tarde por ell gr~~tas~:=~ ~astras revestidas de tr:os ::u;:rJ:o!
erado de antemano, a v1s1
hojas de acanto, puer s
. meesp
d das piso de mosa1co
tia anciana't
molduras ora d~ violeta y amarillo:
nudo de color
· b por
una. fresca estancia que resp1r~t' a ver
. t as y pernu
dos ventanas ab1er
. :i.a ue
XXI
110 de rosales arboreos q
un bosqueci
amos de rosas
abrian en sus cop~s r mente cansada
Alli grac1osa
. .
.6 muchas lenormes.
'
d l talle, los
128

.;;.~:o;~~~:•;t;:~»:~::i~:~::; !:,~~:::•h;m~.!:1;:1 l::~o=~~
quien daba unos banque s

escuchaba con hgereza,. de suros0 con la sonr1sa
hechicerosl
tenia siempre un traida y corn la uebrada conversaUn roantel, que
. ero de la \ tro nada mas,
q
sillas donlecho de flores, el galano viv do all · ci6n del corrillo sentaddo en tapiceria
as conserva
11
resenta as en
sema~a ~e. :::ude botella.s de vino, de e;~a:a:esr:~logales. Suspend(anse
toùo e ano, . 6n de cdstal de roca, las ir ub
El dialo(J'o tenia pausas
sino un gran J~rr
arte de familia, las pala ras.
as ai° aladeo de un
espléndido obJet~!: el triunfo de An- de reposo an!~o!_ cuanXo se prod~cian
donde estaba gra nvidados se pasaban sorbe~- D~ v d los salones itahanos
fitrite, y que los co é de los platos el esos sllenc10s e l tiempo y parecen
unos â. otros; a trav 3
donde desde que dejan correr e.
se desliza.
antiguo libro de .:n~:s:~râa escribia a escuchar ~ gu~: :~:do a los extranmuchas gen~rac1 l lista del almuerzo
En ese rnter
intimidad a la roadiario el com_~eroy \onde los espacios jeros, ce~oso ~ei::acia principal romay de la com1 a, \enos de notas, fe- nera de .a aris
ente por la noche.
blancos estab_an_ ~tos de familia, pen- na, hab1~ p;cl~a geran un pintor del
chas, acontec1mie ales el regocijo de Toda la er u rincipes romanos 1&gt;asamientos' a los eu
- dia reflexio- pais, algunos p
s primas j6velos hués~edes r!:
esto era la rientes 6 al~f:sd;:~c%1:es como las de
nes ' car1catu
oz de la princesa nes de men d v· ci y dos cardenamesa, junto con a :labra (una risa). la Her~diada e c~:re~tes a quienes se
(un canto) y ~~lrana a la bermosura les' a~duos :~:ombrero con alamares

P:i ~~~::

0
: ~ ~ :: : :

:,nora G-:V.~:•:;.,";1; ~:i ;i:,:;..w debal:,d:!'=~~o~

:a:::;

ca.balo siempre Junto
No la
darse de las perso_nas
gozairoportaba el mutismo e
ba con verlo.
. a.base la prin·
Después de comer, situ

LA BENORA. GERVAJSAJI

•

0

una desenvoltura de
q des silloTomaban asiento en sus g:::ca de los
nes de costu~bre' ~u~ecian esas fraoidos de la prmcesa, y

sesentrecortadas, palabrasdesacerdote
y de diplomâtico concluidas por un
gesto, un mohin, a veces una mi rada
de esa negrura peculiar de los ojos del
prelado romano. Y muy pronto, después de golpearse un momento con los
sombreros las purpu.radas pantorrillas,
levanta.banse ambos porporati, saludaban y desaparecian.

129

I

deci6 la ultima noche, queriendo apagar él también los moccoletti, el cabito
de vela que todos soplan a cada uno y
cada uno sopla a todos, al grito vencedor de 8enza moccolot 8enza moccolot

XXIII

xxn

El afio antes , al llegar de Francia,
se habia encontratl.o la seii.ora Gervaisais harto fatigada y débil para presenciar en San Pedro las ceremonias de
Vino el invierno. La salad de la se- Pascuas. Pero en esta segunda Semana
ii.ora Gervaisais continuaba siendo bas- Santa que pasaba en Roma, tuvo eutante buena para permitirle frecuentar riosidad por sentir esas impresiones.
con asiduidad el sal6n Liverani, y cruEl Domingo de Ramos hallabase en
zar por dos 6 tres salones de esas gran- traje de etiqueta (de negro y con velo
des damas de moda, cuya carretela, pa- negro prendido con una margarita de
rada en la terraza del Pincio, se ve cir- J plata) en una de esas grandes tribunas
cuida al instante por un corro de hom- con asientos en graderia para las sebres.
îioras, a derecha é izquierda del coro.
Lleg6 a ser concurrente casi habi- Pasaba su vista a través de las mohatual a las comidas de la embajada y a rras de las alabardas, de los cascos, de
las recepciones de la Villa-Médicis, 1Ias cimeras de oro, de los penachos de
donde las veladas musicales contaban crines blancas; por encima. de las hileaquel aii.o con el talento de j6venes que ras de patriarcas, de dignatarios con
ya prometian un porvenir de composi- , casullas tejidas de oro; por encima de
tores célebres.
las filas de los cardenales sentados,
Llevaba a menudo a Pedro Carlos j cuyas vestiduras corrian en suntuoso
adonde era tan feliz, a la Opera de oleaJe y casi anegaban, con una oleaRoma, al teatro de Apolo. Y al llegar da de sas colas, a los caudatarios senal carnaval, il 8anti1si11w Oarne1J(l,le, tados a sus pies; por encima de los empaseo durante tres dias por entre la al- bajadores y diplomaticos de uniforme,
gazara estruendosa del Corso al niii.o, el estado mayor en traje de gala de los
encantador con su disfraz de guardia I ejércitos de la tierra, ese ilustre publifrancesa, un poco aturdido por la ba- 1co de Europa que a menudo se confuntalla de los confetti, pero que se enar- de y codea con principes y reyes; y
RBVIST A.. -

llA.YO 04.

5

�130

LA SENORA GERVAI8A.I8

REVISTA. INTE!l.NACIO:SAL

llegaron sus miradas al fondo del coro, los protonotarios apost6licos particisombriamente rojo, hasta el Papa.
pantes y honorarios, el regente de la
Jluminaba la basfüca una lu.z reco- cancilleria, el auditor. de las rép~ic.:15,
gida, piadosa y fria, un dia de Marzo los generales de las ordenes rehg10en que el sol, Hamando y deteniéndose sas, los cuatro conservado:es, los auâ las puertas de bronce de la entrada, di tores de la Rota, los escr1b~nos de la
no encendia au.n la gloria amariUa del câmara, los votantes de la S1gnatura~
Espiritu Santo y su nimba de rayos en los abreviadores, los mae~tros de cerela vidriera de la tribu na de San Pedro; monias, los camareros as1stentes, los
una claridad triste que se tenia del re- camareros secretos , los camareros. orftejo violâceo de las grandes colgad1t- dinarios, los camarero~ ex~raordmaras que rodeaban el presbiterio y el se- rios, los abogados consistoriales~ los
miluto de ese domingo con el duelo de escuderos, los chantres, los ~acr1sta·
nes y los ac6litos de la cap1Ua, los
1a purpura.
d
La inmensidad de San Pedro estaba portadores de la Virpa '!'uoea. _to o un
silenciosa. Solo se oia alli el ruido de pueblo eclesiastico y toda la mnumelos pasos de la muchedumbre, seme- rable ~ Familia pontificia &gt; , alargando
·ante sobre el marniol resbaladizo al su lento desfile _c~~o en. es~ -proceJ d
d muchas aauas que por siones de las m1hmas cr1stianas que
sor o rumor e
o
. .
l
de los
1 •1 1
alli corriesen. De -pronto estallo y ele- van â recib1r en e me o a pa ma
v6se el bimno Pueri UelJraeo'!'uim, re- elegidos.
.
cuerdo de los hijos de Judea que iban El Papa, sentado: ofrecie:n~o a los
delante del Sen.or, un cântico de ale- besos de los que subian las rod1llas eu. ·uvenil un 11,ossanna que desga- biertas por un -velo bordado, la mano y
;;~~~ el aire' con argentinas notas que el pie, distribuia a cada uno la Fa~ma
subian y se desparramaban a la altura rizada de San :temo con ~n movim1ende las bôvedas, rodando por ellas â lo to de automatismo g_rand10s0 , un ad~
lejos como un.a griteria de niiios en los man hierâtico y antiguo que le hac1a
de las montanas.
parecer, bajo el dosel de su silla, entre
ecos
b d · ·
t tua san
Al primer acento de ese cântico y de una nu e e mc1enso, una es a
su jûbilo comenzaba la marcha, la ta del pasado.
. .
.
procesi6n eterna y siempre vuelta â
iPasmoso apara.to escen~co, ~dmuaempezar, de toda esa corte de la Igle- ble efecto de t~atro de la hturg1a, ob~a
sia que iba a recibir los ramos de ma- maestra de~ tnunfal espectâc_ulo relinos del Padre San~o: los cardenales, gioso del s1glo x~, de su gemo de arte
los patriarcas, los arzobispos, los obis- catôlico, d_e todas esas gra~des manos
pos no asistentes y asistentes, los aba- de sus artistas ~e sus pmtores q~e
des mitrados, los penitenciarios , el inventaron el d1~~~0, el ord~n, la,actig bernador de Roma el auditor de la tud, la compos1mon y la s1metr1a de
c~mara, el mayord~mo, el tesorero, las posturas, el apiramidamiento de los

!

131

grupos, la belleza de la decoracion viva I bajo seguia haciendo au.n subir, bajar
que e~calona a todos esos fi_~urantes Iy vol ver a subir con su sorda y velada
magmficos con capas de armrno y so- garganta la lamentaci6n del Sacrificio
brepellices de enc~jes, chorreando bro- 1de una ago?ia de Hombre-Dios, modu•cados y sedas, hac1endo destacar el oro laday susp1rada con el timbre humano.
pâlido de sus palmas temblonas sobre
Durante ese cântico en que resuena
el carmesi de los fondos, sobre las ar- la muerte del autor de toda bendiciôn
,
'
momas y los esplendores sordos de un la Iglesia no pide bendiciones · durante
colosal Ticiano!
ese cântico que enarra la no~he de la
La seùora Gervaisais llegaba a ese Iverdadera luz del mundo, la Ig1esia no
estado vago y un poco confuso de de- tiene cirios encendidos, no inciensa no
bilidad que en estas ceremonias produ- responde Gloria tioi, D&lt;&gt;mine.
'
cen el largo cansancio, la fatigada
La senora Gervaisais seguia escuatenci6n de los sentidos. Su contem- chando siempre el bajo, el bajo cada
placiôn estaba diseminada y errante, vez mas penetrante, mâs desgarrado
cuando sintîose de pronto sacudida y de angustia y que parecia la voz de
despierta por un cantico tal como nun- Jesucristo diciendo: «Triste esta mi
ca oyera otro parecido: un lamento en .alma hasta la muertei&gt;, la voz de Jesûs
que gemia el fin del mundo, una
mismo que por un instante, des de los
sica original y desconocida en que se labios del chantre, hizo pasar a través
mezclaban los insultos de un.a turba de los pechos el escalofrio del desfallefuriosa, un recitado lento y solemne cimiento de un Dios.
de una palabra lejana de la historia, un
Y proseguia el recitado, interrumbajo cantante que Uegaba al infi.nito de pido por las respuestas atronadoras de
las profundidades del alma.
jûbilo del coro: toda esa tempestad de
Era el canto llano dramatizado de la clamores, ruido caricaturesco, comico
Pas~6n de J esucristo , segun. el Evan- y feroz del pue blo homicida, regocij o
gelio de San Mateo, cantado por los discordante y blasfemo de las muchetres diaconos.
dumbres pidiendo la sangre de un jusHechizada nerviosamente, con leves to, gritos con voces agrias de Oruciescalofrios detrâs de la cabeza, perma- .fige! y de Barrabas!, que el doloroso
necia la sefiora Gervaisais lânguida- bajo aplastaba con gran desdén resigmente triste ante el rumor grave de nado.
aquel bajo que hacia oscilar la escala
de las melancolias, emitiendo notas
parecîdas al colosal murmullo de una
XXIV
inmensa desolacion, suspensas y tremolantes minutos enteros sobre sila:.
bas de dolor c:uyas ondas sonoras queAquel cantico, aquella voz que habfa
daban en el aire sin querer morir. Y el concluido por la înefable nota moriJ

mù- 1

�132

REVlST.A INTEBNACIONAL

bunda y crucificada, el Lamma, 8abacàtani del Golgota, dejaban en la sefiora
Gervaisais un largo eco que llevaba
XXV
consigo, una vibracion cuyo estremecimiento en los sitios sensibles de su
ser subiale hasta los labios, los cuales
por si solos repetian muy quedo el su- Las lamentaciones alzaban dentro de
premo suspiro. Y al mismo tiempo, con la capilla Sixtina su rumor desolado.
esa memoria interior, sentia alzarse y
En la parte de la Epistola, un trianvolver a subir poco a poco dentro de si gulo de quince cirios de cera amarilla
todo lo doloroso de su vida, todas sus hacia temblequear sus lucecitas como
la.grimas de adentro. Con la amarga velando a un 'muerto. Una pared irafelicidad del recuerdo, acordabase de cunda manchaba con temerosos colotodas sus impresiones tristes de solte- res, embutia en el fondo el alud y la
ra, de esposa y de madre, todos los re- catarata de los condenadosque rodaban
c6nditos y desconocidos dolores opre- a precipitarse en el infi.erno, atormensos de una existencia de mujer. Pare- tados por todos los escorzos de la caiciale que su pasado se aproximaba con da, portodaslas angustiasde losmuscuel encanto melancolico de una armonia los, por todas las agonias del dibujo,
lejana en las cuerdas de un violin que por todas las academias de la desespehubiese llorado. Era como una llamada racion: cuadro 'mudo del sufrimiento
de sus antiguas emociones, en que le fisico contra el cual iba a chocar, a
volvia a fl.or del corazon lo que habia estrellarse y a morir el coro de los dosentido, ahogado y sufrido. Por su- lores del alma.
puesto, nada religioso y que pareciese Las voces no cesaban: voces de
fe se mezclaba en la senora Gervaisais bronce, voces que producian en los
a esa sensaci6n delicada y profunda, versiculos el ruido sordo de la tierra
pero de un sentimentalismo pura mente que se arroja encima de un ataud, vofemenino, que le producia aquella mu- ces de una ternura aguda, voces de
sica.
cristal que se rom pian, voces que se
Y casi dichosa en ese estado dulce y hinchaban con un torrente de lagricruel, no hacia para salir de él ningun: mas, voces que revoloteaban una en
esfuerzo. Abandonâbase con una in- derredor de otra, voces dolientes por
movilidad de ouerpo y un silencio de donde subia y bajaba una queja sinpensamiento , que parecian querer gultuosa, voce~ patéticas , voces de
guardar y retener una pesadilla agra- suplica adoratriz que se llevaba considable. En esta disposicion de animo go et huracan del canto llano, voces
lleg6 al Miserere de la capilla Sixtina. temblorosas con vocalizaciones de sollozos, voces cuyovivo arranque volvia
a caer de pronto en un abismo de si-

133

LA BENORA GERY.Al8AIS

lencio, de donde volvian a surgir en
seguida otras voces sonoras, voces extranas Y turbadoras, voces aflautadas
Y humedas, voces entre de nifio y de
mujer, voces de hombres afeminados,
voces de una ronquera producida en la
garganta de un angel por la muda,
voce~ neutras y sin _sexo, virgenes y
marbres, voces fragiles y penetrantes
q~e atacan_ los nervios co~ lo imprevisto Y antmatural del somdo.
Entre tanto, a largos intervalos, al
fi_n~l de cada salmo, apagabanse los
cmos_ del tenebrario uno a uno, como
por si solos; Y el caos temeroso del
fondo de la pared ~ntraba en. el caos de
la _noche, oscurec1endo al publico, tan
prieto y tan ahogado contra la barrera
del cancel, que los sacerdotes, entre la
multitud, volvian con la lengua las
n.ojas de sus libros de 8emana Santa.
Ya no quedaba un poco de claridad
sino en la tribuna del muro de la derecha, con balcon de estrecho pasamanos, coronado por un facistol en que
aun podia leer la seiiora Gervaisais:
q.Üantate IJomino&gt;) , la tribun.a de los
cantores pontificiqs, unicos que tienen
derecho a cantar delante del Papa y de
l~s cardenales en capilla; y que solo
e~ecutan el canto Gregoriano y la musICa llamada alla Palestrina. Por una
ventana detras de ellos, un filtramiento
de luz ~lanca ilu_minaba con un rayo
ves~ertmo de ~rimavera de la Edad
Media, lo~ enca3es de sus sobrepellices,
1~ seda v10leta de sus sotanas, de sus
cmgulo~, del coUaro de su cuello. Y
por un_ mstante asomô por encima de
un atril la cabeza de un joven cantor

que recordaba los moftetudos nifios de
coro de Lucca della Robia.
. ~ra la bora veintid6s, segtin el reloj
1tallano. Catorce cirios estaban apagados, el ultimo escondido detras del altar, y habia un recogimi.ento de espera entre las tinieblas de la capilla.
Entonces dulce y quedo elev6 su
murmullo, su plegaria, su gemebunda
armonia el cantico del Misere1·e; musica expirante que volaba a Dios y al
descender otra vez desde las nube; parecia por momentos renovar en la Mvedade la Sixtina el milagrode la misa
del Papa Gregorio el Grande, en la cual
oyéronse caer desde el cielo las respuestas por boca de los serafines.

XXVI

Regres6 despacio, deteniéndose en
las iglesias abiertas y brillantes, una
de l;:i.s cuales deslumbr6 sus ojos llenos aun de la oscuridad de la Sixtina.
Desde la b6veda hasta el pie del altar, una cascada de fuego corria por
los peldanos de una escalera de cirios,
por detras de los cuales pasaban y repasaban las rojas sotanas de los sacristanes que los encendian. Y en las paredes, en las pilastras, en toda la rica
y coqueta iglesia de mârmol y oro (San
Antonio de los Portugueses), refu1gian
millares de girandolas, escalas, columnatas, pin.as de araiias, convirtiendo
las paredes en espejos de Hamas repercutidas, lanzando desde sus cristales de
,

�-----------••·- -----------------

LA BE:'ORA GERV AIBAIB

135

BEVIBTA INTERNACIONA.L

134

fuego relâ.mpagos de rub!es, un incendiode diamantes, entre aquella claridad :florida de estrellas, aquella palpitaci6n de resplandores deslumbrantes,
el hormigueo de luces y el iluminado
1oset6n del coro donde parecia abrirse
en el fondo, entre cortinas de piedra, la
cegadora puerta de la gloria di vina.

XXVII

dillas. En la basilica, en la sacrosanta
iglesia que se llama Omnium Urbil
et Orbis eccùsiarum Mater et Oaput,
bajo el techo de relicario con los Ap6stoles de oro, bajo la â.urea escarcha
del mosaico , sobre el enlosado de serpentina y de p6rfido que extiende bajo
los pasos el antiguo tapiz de los templos, el opus alea:andrinum, entre los
grande muros de mârmol, aquel pueblo andrajoso que inundaba las cinco
naves parecia la invasiôn y el acampamiento de una religiôn bârbara, rustica y brutal, febril, impaciente, removiéndose con impaciencia en e pera

En Sâ.bado Santo, el interior de San del golpe de varita de la absoluciôn,
Juan de Letrân presentô a la seiiora alrededor de los confesonarios, de donGervaisais el espectaculo de la piedad de salian entre las sayas de las mujeferoz que, con su fe de animal salvaje, res que alli se hacinaban vaivenes de
lleva alli el pueblo de la campiiia de \chiquillos, revueltos con los lios de
Roma.
comestibles anudados en servilletas.
Después de pasar por debajo de la La seiiora Gervaisais estaba suspenpesada cortina levantada por la cab~za \sa ~e que un gran artista no hubie:e
y la espalda de un anciano mend1go cop1ado aquella escultura de las act1con un gran garrote, el oleaje del gen- tudes, de los cansancios, de las meditio que entraba detras de ella la echô taciones, de los alelamientos, la ceen medio de grupos de mujeres que guedad de aquella devocion deslumcon los {mgulos de la bora sujetaban brada , la estupidez casi bestial de
entre los dientes las dos puntas de sus aquell.as preces. Chocôle sobre todo el
paiiuelos de cabeza; entre hombres cuadro de las confesiones empinadas
con las esparteiias agujereadas por los de mujeres que, alargando la boca,
dedos de los pie , con las chaquetas y puesta contra la rejilla de cobre del
los calzones recosidos con bramante; confesonario, se sostenian de pie y se
bordas campesinas que exhalaban una apoyaban con ambas manos junto ala
fermentaci6n de sudor, el olor de una cabeza, echadas· de bruces contra la
càlida humanidad. De pie, sentados, madera, con el movimiento de esas
puestos de codos, colocados en los pel- bebedoras campesinas que acercan los
daiios de las escaleras y de los altares, labios â un chorro de agua mas alto
unos comian hojas de alcachofas, otros que su boca.
dormitaban con la cabeza entre las roY en el altar, donde se eleva la mag-

nificencia de las cuatro grande8 co- 1popular de esa fi.esta religio a y naciolumnas de bronce dorado (el bronce de nal de Roma: la .B1,ona Pasqua.
las proas de las galeras de Actium),
Encontr6 San Pedro lleuo de gente
admir6 también una triple fila de mu- \ y siempre sin poder llenarse del todo;
jeres, de belleza dura, juntas y prietas oyo la misa de victoria, y luego sigui6
una contra otra, inclinadas y en mon- afuera al pueblo, que se empujaba para
tones, â. trechos, como un rebaiio asus- salir.
tado; las cuales, arrodilladas y a la Estaba en la plaza: ten!a delante de
vez sentadas sobre sus talones, junw ella escalones negros de gente; en las
a la barandilla, tenian aire como de Igrandes escalinatas ascendentes, homrumiar la Eucaristia, unas pasando las bres, mujeres, peregrinos con conchas,
cuentas de un rosario sobre las rodi- 1viajeros con gemelos de campo, pastollas, otras sosteniéndose la frente con res de la Sabina; bajo los piès de la
una mano que mostraba el cobre de muchedumbre, acâ y alla, madres danuna. gruesa sortija, otras ferozmente Ido de mamar a sus hijos con el seno
med1ta?undas con el dedo meùique en Idesnudo; las gentes del Borgo, del
los lab1os.
Transtevere, àei Monti, amontonadas
1en torno del obelisco, trepando por las
barras de bierro que enlazan sus hitos,
en la basa, en su pedestal, formâbanle
XXVIII
Iun zôcalo con la miseria en racimo de
los barrios pobres; mas adelante, el
'11tosciar'l'ellajo, el vendedor de castaiias
y de altramuces, que despacha con un
Por fin llegô el gran dia: el Domin- cubilete de latôn; a los lados de la
go de Pascua.
plaza, harto estrecha, un hacinamienEl pueblo del Agro romano, los cam- 1to de centenares de coches de gala,
pesinos, lo habian esperado envueltos Icarretelas con ruedas rojas, galerias
en sus capas, tendidos en las plazas, de oro, cajas doradas, caballos injioccki
desparramados por las escalinatas, con cintas y penachos, un ejército de
tumbados al aire libre, recordando, en criados, lacayos, cocheros, mayordoesas vigilias de la Resurrecci6n, las mos, extravagantemente engalanados
hermosas lineas de sueiio dadas por con libreas centenarias, galoneados
Rafael a los guardas dormidos delante con escudos de armas en todas las cosdel sepulcro de Jesûs y la losa pronta turas, con todo el lujo venerablemente
a levantarse sobre su inmortalidad. marchito de la ultima de las cortea
Un coche, cuyo caballo tenia una I sacerdotales y de la antigua prelacia.
rosa en la oreja, llevaba a la senora En el fondo refnlgia el ejército papal,
Gervaisais â través del mo·dmiento, l las filas de dragones con el punto rojo
del ruido, del feliz tumulto, del amor de sus petos y el punto blanco del bri-

�136

BEVISTA INTERNAOIONAL

LA 8BNORA GERVAISAIS

a

llo de sus cascos. Y por todas partes dos. Después desfilaron dos dos los
un hormiguero: en los tejados del con- eminentisimos cardenales, patriarcas
torno, en las ventanas, en las terrazas mitrados, cuya barba tenia el blanco de
del Vaticano y de las dos columnatas, oro palido de sus dalmaticas, obispos
cuya corona de estatuas ponia en el orientales, ancianos que recorda ban los
ciEto el corro de un publico de santos. elegidos, los bienav:enturados, los veZumbaba la plaza. La multitud mur- nerables, los doctores de la Iglesia
muradora se caleo.taba con el pesado pintados en las antiguas capillas, somtiempo, cargado con un sol flotante bras de los Gregorios y de los Ambroque no se mostraba aun. Dieron con sios que pasaban por alli con figura
lentitud las doce campanadas de me- de resucitados.
Entre tanto, cada vez mas deprisa,_
diodia, partiô del sol un rayo, y de
mas
furiosos, el bombardeo de los repipronto sonaron los toques de dos campanas pequefi.as echadas al vuelo y de ques de campanas y la tempestad desu
la campana grande de la ultima ven- bronce tronaban a todo vuelo; cuando
tana alta de la fachada. Al oir el rui- en el marco de la ventana, al quedardo, salieron volando de las cornisas se vacia, subiô sua-vemente, con la asunas cornejas; é hicieron un esfuerzo cension de una nube, la punta de una.
para levantarse unas enfermas ancia- tiara, formândole nimbo dos abanicos
nas cubiertas con un velo, vestidas de de pluma de avestruz, centrados con
beatas, sentadas, casi paraliticas, en plumas de pavo real... y hablaba ya
una voz que habia hecho descubrirse
unas sillas.
Una curiosidad inmensa empezô a todas las ca bezas y doblarse todas las
rebullir entre la muchedumbre, que se rodillas, una voz en aumento y que
apretô, se amontonô, avanzô como el llenaba los ambitos de la plaza, 1tanta
oleaje de un mar humano, y luego se era la silencios~ escucha del gentiol
detuvo; y todos los ojos que alli esta- Levantose de pronto la tiara de oro, y
ban aguàrdar.on âvidos y devorando salio el Padre Santo por detras de lo
con una sola mirada la ventana de la que le ocultaba, del libro que le esloggia, que resguardaba un toldo de condia; y surgiendo con todo el canlienzo, y de donde pendia ·una colga- dor magnifico de su vestimenta, viôdura de terciopelo labrado, con las ar- sele inm6vil en su gloria blanca ...
Entonces, con una lentitud augusta?
mas de Clemente XI bordadas en él.
Por largo tiempo estuvo aûn vacia se alzaron las manos del anciano y
la ventana. Por iin, en su oscuridad subieron a tomar ~el cielo la bendimisteriosa aparecieron religiosamente ci6n, que, detenidas un momento, temuna tras otra tres rnitras, tres tiaras, blorosas y cerniéndose en alto, paremudos y solemnes anuncios del sobe- cieron difundir y derramar sobre toda
rano tres veces rey, otra mitra de oro, la tierra, con la frase: JJescendat super
y una cruz entre dos cirios encendi- vos ...

XXIX

137

da la seiiora'?... La moneda de veinte
pesetas que le di el otro dia, de parte
de la sefiora, para aquella cuèntecita ..•
Al principio dijo que solo era una peieta ... que ninguna de las dos habiamos
visto bien ... ·Después ha dicho que
r
no estaba enteramente seguro, que tenia que echar sus cuentas ... Desde entonces be venido hablandole todos los
dias de esa cuenta; por fin me dijo
anteayer que no habia tenido aun tiempo de hacerla, pero que creia que la
razôn estaba de mi parte ... Y boy, senora, me sostiene que positiva.mente
no era mas que una peseta, y que la
seïïora y yo estamos en un error ...
-jVamosl i,Eso te asombra?-dijo la
sefiora Gervaisais, saliendo de su ensimismamiento con una sonrisa.-i,NO
comprendes, mi pobre Honorina '? ...
Pepe no se habia confesado anteayer;
como todos los romanos, ha debido de
confesarse ayer y le habran echado la
absoluciôn ... Y por eso ... por eso, mi
moneda de veinte pesetas ya no vale ni
siquiera veinte piezas de cinco céntimos•..

Por la noche de aquel dia de Pascua,
la se:iïora Gervaisais, rendida por todas
las fatigas y emociones de la semana,
no tuvo animos ni fuerzas para salir
de casa; envi6 a Pedro Carlos a que
viese con Honorina las calles iluminadas, y se quedo sola, con el recuerdo
y los ojos entreabiertos a las flotantes
imâgenes sagradas de esos ocho grandes dias.
Tuvo una impresion como de despertarse, al bullicioso regreso de su
hijo, a1go a1ocado por la fiesta, tratando de describirla é impaciente por
hacérsela contar a Honorina, a quien
destrozaba un lado con sus dos manitas, con el ingenuo ademan de los ni:iïos que quieren hacer soltar a una persona mayor todo lo que con ella han
visto. La doncella hizo el relato de las
piramides de patos desplumados, de las
filas de corderos â medio desollar, de
los escaparates de salchichones y quesos ài cacio cavallo con guirnaldas de
XXX
laure!, de los techos artesonados de
jamones, de las perspectivas de lonjas de tocino con sus dibujos de color,
de las carnicerias y choricerias, de
El espacio y el t~empo de algunas
fiesta, relumbrantes de luces de gas. semanas bastaron para alejar y casi ·
-Ahora que recuerdo, sefiora-dijo borrar en la seiiora Gervaisais la meinterrumpiéndose de pronto_:_ya sabe moria de la Semana Santa. Parecia que
la se:iïora... respecto al seiïor José ...
todo cuanto sinti6 en ella habia sido
-i,Qué seiior José'? jA.b! Pepe ..•
una conmocion de su sensibilidad, un
-Si, senora ... Pues bien; i,Se acuer- f;acudimiento fisico, el choque vibran-

�139

REVISTA INTERNACIONAL

LA SENORA GERVAISAIS

te de la musica sobre su temperamento con sangre pintada; y en derredor adomusical, y al mismo tiempo una espe- raciones de hombres y de mujeres en
cie de desenlace, de desate de su natu- cuatro patas elegian las partes esperaleza comprimida, encerrada, prieta luznantes y cosquillosas del cuerpo dicomo por desventuras, por la altiva fir- vino para pasear por ellas sus besos de
meza de las ideas, por el orgullo de un amor.
estoicismo de mujer duramente duena
La imagen misma del Padre Santo,
de si misma. Reconociase mas triste, tan alta en· San Pedro, en la Sixtina,
mas amorôsa, con el coraz6n dulce- en el balcon de la Loggia, perdi6 de su
mente melanc6lico.
caracter augusto·, amengu6 para ella
Pero, aun hàbiéndose emocionado en un encuentro fortuito. Hallabase
asi, no sentia en ella esas primeras cerca de las Termas de Antonio. Por el
adhesiones con frecuencia ignoradas sendero que va entre las vinas, unos
hasta por la misma alma que comien- campesinos cayeron de hinojos como
zan a enlazar y a quien a la larga de- heridos por el rayo. En la encrucijada
ben ligar por completo y para siem- de la Via Latina, junto a la cruz hepre. De resultas de la Semana Mayor, lrrumbrosa puesta encima de una conada le parecia haber germinado en lumna antigua, delante de una pared,
ella de lo que constituye la primera de una puerta en verjada y de cuatro
semilla de la conversion en la profun- copas de ciprés, apareci6 una figura
didad recondita de la conciencia. Solo blanca, un sombrero rojo, tres dedos
la artista (asi lo creia) era quien se ha- que se levantaron y belidijeron. Un
bia conmovido por esplendores de ope- rostro bondadoso, dos puntitos negros
ra y emociones de oratorio.
en los ojos, una boca grande y fina,
Ademas, habia sucedido que en esos una cabeza donde habia malicia de
dias santos, que enardecen el fervor ro- hombre: eso fué todo loque aquel dia
mano, la imagen de ciertas idolatrias vi6 del Papa la senora Gervaisais.
groseras hirieron a la religi6n natural
y delicàda de su espiritualismo. Un recuerdo del Viernes Santo habiale dejado la ira y el asco que siempre lequeXXXI
daba de la materializacion del culto.
Era una iglesia de la Piazza Colonna:
entre dos cirios, junto a una bandeja
de plata puesta en el suelo para las
Con las prisas y el desorden de un
ofrendas, sobre una alfombra vieja habia una cruz de madera negra y en esa viaje de enfermo, la seùora Gervaisais
cruz un Cristo nervioso, musculoso, habiase dejado su retrato, retrato que
descarnado, pintado con un colorido su hijo pedia a menudo, queriendo temorboso, una anatomia de asesinado ner a su madre junto a su lecho en

Roma, como la tenia en su alcobita de Aun creia oir preguntar en voz baja
Paris.
su nombre por los jovenes que no la
Una tarde, en que abrumada por el conocian.
calor estaba tendida, floja para todo
Y destacândose poco a poco de la
trabajo, en una meditaci6n de remi- lontananza, iban volviéndole la fresca
niscencias, recibi6 el retrato que aca- memoria de su coraz6n y de su cabeza
baba de llegar por el correo de la em- de soltera, su candido pasado de senobajada. Hizo saltar el sello de la caja rita con su anciano padre. Revivia
que conteN.ia el cuadrito, y volvi6 a aquellos anos unidos y asociados a las
verse tal como era a los diez y ocho lecturas, a los trabajos, a las creenaiios de edad, en la miniatura, obra de cias, a los ensuei'ios del hombre polila seiiora de Mirbel.
tico: conversaciones harto pronto conoy como si ante su alma y sus ojos cluidas, relatos que en boca de él resurgiesen al instante, de la ligera sucitaban la gran Revolucion, trozos
acuarela, de la nube de su color sobre dictados de sus Memorias de que era
el marfil, la sensacion conmovida y la ella secretario con delantal de seda,
presencia visible de un tiempo olvida- largos paseos en que su sociedad mudo, reapareci6 ante ella su persona de tua les abastabay apetecianla soledad,
entonces. Iba peinada con los cabellos cursos a que iban juntos asombrando
alzândose en forma de mariposa por con su confraternidad al mundo sabio.
encima de la cabeza, peinado que daba Volvia â encontrar el hechizo inteliel atractivo de una fisonomia exotica gente, independiente y libre de aquella
a las parisienses de los primeros aiios vida de muchaèho y de estudiante,
del reinado de Luis Felipe. Flores de dulce pareja de padre é hija, unidos los
Fombonne, un brezo blanco y unas dos extremos de la edad y tan bien
rosas de zarza, entremezclabanse con mezclados el uno con el otro, que el
sus rizos. Llevaba un vestido de tul padre parecia tener la sonrisa de su
«ilusi6n» de mallas sobre fondo de raso hija, y la hija el pensamiento de su
blanco, con el cintur6n de moda en padre.
aquel invierno, el in vierno de 1836, de
Casi religiosamente repasaba toda su
color azul princesa. Era un traje de amorosa y seria juventud, toda aquella
baile para ir a casa del seîior Laffitte; grave dicha junto al viejo convencioy aquella noche habiala encontrado su nal, al antiguo hombre sanguinario
padre tan encantadora, que quiso con- humanizado por las ternuras desconoservar una imagen de ella que la re- cidas, la paternidad de enamorado y
presentase siempre asi. Recordaba toda abuelo, propias del anciano a quien le
la breve historia de ese retrato, volvia habia sobrevenido el gozo repentino
a ver en la memoria el baile, volvia a de una hija inesperada a los sesenta
ver el tapizado de un saloncillo de ter- aiios de su edad.
ciopelo bordado en sedas, estaba en él.

138

J

�140

BEV18TA INTEBNACIONAL

gia un personal numeroso, manejaba
grandes cantidades y se imponl'.a a la
opinion publica por lo elevado de su
XXXII
cargo y por su importancia oficial.
i Vivir siempre con aquel hombre:
sociedad insoportable para su inteliy, haciéndose de pronto penoso su gencia y ofensiva cual un penoso chorecuerdo, llegaba a su matrimonio, â que fisico; ni un pensàmiento comun,
ese enlace que habia deseado su padre ni una palabra, ni una idea de él, quecon el presentimiento de su proximo no hiriesen alguna fibra delicada 6 esfin, halagadQ, seducido, tranquilo y piritual de ella! 1Y ese momento en que
consolado en su supremo orgullo de a pesar del beroismo de su paciencia,
padre por la gran posici6n lograda de su esfuerzo sobre si misma, del orpara su hija, y con la idea de dejarla, gullo que ponia en disimular aelante
al faltar él, en ese brillante teatro de de los demas su propia humillaci6n·
u~. salôn parisiense que pond ria de ma- ese momento en que cuando su marid~
~ifie~to su_ hermosura, su ingenio, su h~blaba (y hablaba mucho tiempo ), no
mtehgenc1a. Habiase sacrificado ella podia menos de pasarse ella la mano
e~ aras de esa &lt;licha de sus postreros por la frente, encima de los ojos, por
dias, de esa aspiracion proxima a la un ademân involuntario que parecia
~uerte. ~ repasaba mentalmente esos echar lejos de si un sufrimiento!
tr~stes ?rimeros afios grises de su maiY atm asi, sus mejores aii.os fueron
tr1~omo, esos anos vacios, sufridos, aquéllos, los primeros! iPues y los que
r~s1gnados,_ mon6tonos, de una union seguian, cuando aquel hombre, aquel
sm amor, sm amistad, sin estimaci6n; marido se hizo celoso de la superioriesos an.os con aquel hombre que no era dad de su mujer (no obstante ser tan
ni bueno ni malo, ni amante ni egois- modesta y tan discreta), celoso con
ta, ni joven ni viejo, ni guapo ni feo, una baja envidia, celoso con la amarga
ni fu ~i fa, sino una de esas nulidades conciencia de su desigualdad, con ese
que ciertos altos funcionarios mani- odio que envenenan el contacto, el
fi_estan fuera de la oficina y de la so- roce diario, la convivencia doméstica
medad y parecen descargar sin freno conyu.gal, celoso con iras reprimidas y
en el hogar conyugal. Vol via â contar furores blancos de hombre demundo! ...
el tiempo pasado en que cada hora, Una persecuci6n hipocrita, la persecuuna por una, habiale revelado el se- cion fatigosa·, incesante, encarnizada,
c;e~o de la nulidad, de la estupidez sin de una persona sin talento, todos los
limites de aquel hombre, director de suplicios mezquinos y ·tercos que inuna de las cuatro grandes Direcciones venta la mala intenci6n de los imbécidel Estado, que hacia trabajos estima- les, el martirio bajo el tormento de los
bles, pasaba por un economista, diri- rencores de ,un necio que la soltaba

LA. SENORA GERVAIBAIS

siempre y a proposito de todo su ir6nica frase: «iTu, una mujer tan superior! r, Un marido que se convertia en
el enemigo intimo de su vida, de su
reposo, de su tranquilidad , de sus
amistades, de sus gustos y de sus
ideas; que alejaba de su salon las inteligencias que trataba ella ·de agrupar
alli, imponiéndola el suplicio ( cuya
crueldad conocia él) de una perpetua
compaii.ia suya â solas ..• 1Y esto por
espacio de diez anos! Diez afi.os durante los cuales habiase refugiado en
la dîstracci6n seca y el austero consuelo de los libros; diez aùos en que,
como la Raquel de la Escritura, en
vano grit6. â su verdugo: «i Dame hijos ... ô me muero !» i Diez an.os sin ser
madre! Por fin 1 habia tenido ese hijo...
Mir6 â su Pedro Carlos, su dulce
siesta en el sofa, el puro rostro de su
sueii.o, deteniendo en él el recuerdo de
su tardia ventura maternai. Y al mismo tiempo asomo a su cara una gran
tristeza.

.

141

recorrer Roma con un impetu de fuerza
nerviosa.
Desde la ma:iiana a la noche anduvo
por calles, plazas y encrucijadas, a
través de las ruinas, de los edificios,
de los efectos de luz, de lo pintoresco
de las cosas y de los serés, de las piedras y del pueblo. Se la encontraba en
la plaza Navone, plaza arramblada por
las inundaciones del mes de Agosto,
ocupada enteramente por un mercado
de hortalizas, de trastos viejos y de libracos de baratillo, alrededor de esta
dec01·aciôn·de Pannini: el obelisco, los
rios, los caballos marinos, los surtidores de las fuentes. Encontrâbasela en
el P6rtico de Octavio, en pleno Ghetto,
entre esos muros de prestamistas de la
Edad Media , cerrados por pestillos
enormes, horadados por ventanillas
con rejas, tiendas inquietas. de juderia
con un estercc;ilero de guinapos picoteado por gallinas que saltaban encima
de sillas de paja sin asientos. Deteniase
delante del palazzo Farnese; ante el
templo de Antonino Pio, con sus rolumnas prisioneras en la Aduana; ante
la masa renegrida de humo, agujeXXXIII
reada en su base por cavernas de fraguas, que fué el teatro de Marcelo. Iba
a todas partes, acogida por una especie de asombro por las gentes de Roma
Por algun tiempo, su vida pasada la que comenzaban a conocer aquella mapersiguiô, adhiri6se â ella, retirândola dre s_iempre con su hijo, por su traje,
de la presente. Las lecturas que co- por su eterno vestido negro, por aquel
menzaba no conseguian fi.jar su atèn- abrfgo de terciopelo y pieles que lleci6n. Apoderabase de ella un tedio de vaba la sefiora Gervaisais segun su
ocio y de inactividad moral, cuando un costumbre de enferma friolera; y la
dia sacudi6 ese reposo malsano de su fo-restiera, la seiiorona, al andar por el
desvario, y para huir de él se puso â enlosado, parecia una persona extraiia

�142

a las

REVISTA INTERN.ACIONAL

preocupaciones romanas, casi
El calor, el tiempo que los cocheros
orientales, que conceden una especie 11aman tempo matto (tiempo loco), y en
de originalidad escandalosa a la mu- que lloviznas de un minuto mojan el
jer de buena sociedad que sale a pie, empedrado, seco casi en seguida y volaunque seà la mujer de un embajador. viendo a mostrar sus losetas de mosaiLos cotidianos hallazgos de su eu- co blanco, no suspend.ian esus grandes
rioseo, sus encuentros casuales, un pa- caminatas de la seiiora Gervaisais, â
lacio con rejas de hierro y telaraiias, la cual no desagradaba de ningun
el dornajo de un resto de tumba anti- modo el aspecto de un 'l)icolo (una cagua donde se adherian a los relieves de llejuela) cerrado a lo lejos por un violas ninfas y de los tritones despe:rdicios lado nubarr6n de lluvia, y esos cielos
de hortalizas, una baranda de escalera teatrales de tempestad con sus claros
donde dormia un mendigo con sueno paliduchos, sus desgarrones gigant~sde esta tua, una nonada de estilo im- cos y tormentosos detras de todo lo
previsto, el choque de una linea 6 de monumental que Roma eleva al aire.
un color, despertaban sus pasados gusAdmiraba con una vivacidad algo
tos de pinto'I'. Sentia un continuo arro- forzada, excitandose para admirar, dibamiento artîstico al ver este cuadro ciéndose en voz alta a si misma: &lt;qQué
movedizo: el arroyo de la calle con su hermoso es esto !&gt;)
animaci6n, su libertad y su hospitaliLos domingos tenîa. costumbre de
dad meridionales; las industrias, los pasar la man.ana en el Campo di Fio'l'i,
talleres, las freidurîas humeantes y las plaza convertida en el foro de la camcocinas al aire libre, las tiendas casi pin.a romana, resguardando en·una esarabes, los tipos, los trajes, el ac- trechazonadesombracontralasparequaiuolo y su rotonda de naranjas y li- des y los peldaùos de las tiendas la
mon.es, el carnicero de mandil blanco varonil bilera de hombres de pie osencon aires de sacrificador, el despluma- tados, con garrotes de siete pies, mazas
dor de pollos, el tejedor de canastillos de Hércules, en la mano 6 entre las
de junco sobre su rodilla, el ca'l''l'ettiere piernas, cubiertas de pieles de carnero.
di 'Dino con los caballos empenachados En el fondo, algun Albe1-go del 8ole decon plumas de gallo y con la garita de jaba ver la mugre de una gran b6veda
pieles de animales cascabeleando, llena amarilla, toda de oro, detras de jumende campanillas; la calle de Roma, la tos y de cuévanos de niùos mecidos
calle roja donde de pronto brilla y son- con un pie por las chicuelas.
rie como la b~ancura de una flor lo
La plaza entera abrasaba en pleno
blanco de un corpiüo de mujer, con la mediodia, y en la chicharrera de la
transparencia de su delantal sobre la luz, bajo el gran r6tulo de tombola,
saya de color de rosa, y lo rojo de su donde se leia «8cudi mille», agrupâcollar de coral sobre el moreno anaran- banse, charlaban, se confundian y cojado del cuello.
deaban otros hombres, vestidos de sor-

LA. BENORA GERVAlilAIS

143

didos colores, verde musgo 6 yesca,
miseros pingos que todos llevaban con
lento.s ademanes de pastores de la ArXXXIV
cadia. También estaban alli sus mujeres, mirando con esos ojos como de
cabra que se ven por entre los pampanos de vid en la vin.a, inm6v~, con
Quedabaleotra Roma, la Roma muerun cesto de helechos encima de la ca- ta. Ech6se en brazos de este nuevo inbeza, en una actitud que marcaba las terés, y e:rafrascândose en la leetura de
caderas. Algunas iban andando apa- los historiadores, de los anticuarios, de
readas, cogidas por un dedo de la mano, los top6grafos locales 9 de los u.ltimos
con una sonrisa que hacia vivir un trabajos de la ciencia que en estos
momento su tinte de cera, y al punto tiempos han reconstruido la Roma de
moria. Y bajo el sol cayendo a plomo, los reyes, la Roma de la republica, la
la fuentecilla de en medio de la plaza Roma del imperio, libro en mano iba a
desaparecîa bajo la decoraci6n huma- buscar el sitio y las huellas de las lena, el adorno severo, el grandioso des- yendas y de los acon tecimientos. La
canso de un grupo sedente de contadine presencia de los lugares dabale la vi(campesinas) apoyadas de codos en las si6n de los relatos. Lo que hace recorrodillas, con una postura meditabunda dar una historia leida bajo el aire de su
que hubiera dibujado Miguel Angel, cielo, hacia revivir a sus ojos el pasado
con la sombra de su rostro, que pare- reanimado. Junto al templo de la vecia de bronce, entre el blanco deslum- nus Cloacina volvia a ver el ademan
bramiento de su pan110 y de su paîio- de Virginio arrancando en el mostraleta al cuello.
dor de un carnicero el cuchillo que va
La sei'i.ora Gervaisais tomaba alli a matar a su hija. El Foro volvia a ser
apuntes del natural. Rasta hizo ira su para ella el campo de Cincinnato, y se
casa â una de esas mujeres; y sin cui- figuraba -ver a111 a César andando sus
darse de las prohibiciones de los médi- u.ltimos pasos para ir desde la Reggia à
cos, empez6 a hacer un estudio de ella la Curia de Pompeyo.
al 6leo. Pero au.n no habia hecho el
Visitaba los museos, las galerîas,
boceto, cuando despidi6 â la aldean~ y los tesoros de las basilicas, las quintas
ti:6 a un rinc6n paleta y colores, ato- extramuros (villas), los recuerdos que
mta de haberse curado tan pronto de llenaban la ciudad y sus arrabales,
un capricho, donde habîa esperado en: buscando los restos de la vida privada
contrar el pasto de una pasi6n.
y familiar del romano, los detalles de
la habitacion, de los muebles, de la
casa, mostrando a menudo las confidencias de los sepulcros el oficio y el
comercio del muerto. Volvi6 a hallar

�145

LA 8E..'il.1RA GERVAI~AIB

144

BEVISTA lNTERNACIONAL

ese pueblo, sus héroes, sus dueiios y
tiranos, en esas estatuas y esos bustos
saeados por casualidad de las excavaciones del Panteôn 6 de las Gemonia~,
que aproximaban a ella, como a una
contemporanea, el desfile de los monstruos y de los estoicos, de los antecesores de la cordura humana y de los
locos furiosos.del poder pagano: la galeria de los retratos de TacitG, de Salustio, de Suetonio, de la Historia Augusta. Interrogaba a esas figuras, tur•
bândola a menudo el mentis que daban a la posteridad, inquieta por la
contradicci6n, el azar y la injusticia
de esas cabezas que prestaban â Trajano el crâ.neo de la imbecilidad y a
Ner6n la mentira de la belleza moral.
Estudiaba esas frentes, unas aplastadas y deprimidas bajo la carga del
mundo, otras rugosas, surcadas por
mas repliegues que el mapa de Estrab6n, con fisonomias tormentosas ô severamente tranquilas; aca la serenidad
suprema ô dolorosa de un filosofo, acullâ. una imperial majestad porcuna. Y
de la impresi6n casi moderna de un
Antonino merecedor del sobrenombre
de Pio, su atenciôn pasaba en ràpido
descenso a. lo que ordenaron alli la sucesi6n trâgica y la disputa sangrienta
de la purpura en jirones, la caida
desde los emperadores buenos a }a podredum bre de esos Césares modelados
en marmol corrompido, a los tipos extremos de la sensualidad bestial , a la
hez de la omnipotencia.
Entre todas esas estatuas, una le im•
presionô sobre todo: era un César Augusto con los cabellos en haces y cre-

cidos en forma de corona, con una coraza de Iliada, un ropaje tranquilo caido sobre su brazo portacetro, semejante
a un dios del impasible mando ... La
seiiora Gervaisais acudia al JJ-raccio
nuovo, para admirarlo en el momento
en que el sol forma.baie augustos ojos
de sombra.
Aficiones parecidas, goces de analogas visitas a. las horas favorables, sentia por las ruinas, las plazas con columnas decapitadas, los edificios que
aun levantan al aire un.a cupula agujereada y grandezas venidas a menos.
Atraianle los monumentos por ese encanto intimo y familiar, por esa especie de amistad (como con personas)
que solo Roma es capaz de inspirarnos
por lugares y cosas.

XXXV

En medio de esos estudios, un paseo
que di6 al declinar de un dia del mes
de .Mayo por la Via Appi.a, le dej6 uno
de sus mâs grandes recuerdos emocionados de la antigüedad.
IIacia las siete de la tarde, en medio
de una murmuradora armonia, de un
susurro universal, del cansado recogimiento del dia extinto, encontr6se en
el gran campo de la llanura, verde desierto de ruinas heroicas que aun atraviesa el suelo del âguila de los Césares, sembrado, lleno de columnas, restos de templos, lineas de acueductos,
donde se alzan de su sepulcro de hier-

I
I

bas, a dicstro y siniestro, por todas lores el paisaje, las montanas, el ciepartes, hasta perderse de vista, trozos lo. Y, como marchando con ella y bide monumentos, historia tragada por guiendo a su coche, desfilaba lentala naturaleza. Extendiase ante ella el mente aquella calle de sepulcros que
espectâculo de esa campina ondulosa, no concluye nunca, con sus rotondas,
cuyas hondonadas comenzaban a lle- sus piramides, sus ediculos, sus cip s
narse de sombras que alli buscaban su jfunerarios, sus pedestales sin e.:1t.tua,
lecho, y cuyo terreno, afelpado y do- sus bajo relieves borrosos , sus trozos
;ado por una luz que vibra, mostraba de torso hundidos como héroes cortahasta el infinito de sus términos des- dos por el vientre en moutones de casplegados majestades de arquitectura, cotes esculpidos, sus familias de busarcos renacientes de sus quebranta• tos con mirar de piedra desgastatla,
mientos, pu entes victoriosos, eternos sus tu.mu los deshechos y hasta despoy sin fin, que retienen en su tono ana- jados de su forma, los colombarios desranjado el color de la puesta del sol panzurrados, los sarcôfagos vacios,
como una apoteosis. Y aun mas atrâs rata la in vocaci6n JJiis Manib1is. En
volvian â comenzar otros restos, otras vano se inclinaba aca y alla para deleseries de arcos empequeî'iecidos por la trear un nombre, uno de esos nombres
lejania de la perspectiva hasta el fondo de ro::nano que son una memoria del
del horizonte, que se perdia ya en la mundo. Pero las inscripciones de leneblina de las montaùas del Lacio, bo- tras con fusas eran siempre enigmas de
nitas y surcadas por una nube gris la nada. Todo estab1 mudo, la muorte
cortada por una zona raja.
y la tierra; y en el vasto silencio piaFué a lo largo del maQsoleo de Ce- doso de la soledad y el olvido, s6lo oia
cilia Metella. Continuaba la Via Appia. resonar la hoz de un segador a quien
Una brisa vespertina se levant6 de la no veia, y que parecîale hacer el ruido
llanura, cual de la losa alzada de un de la invisible guadaiia del Tiempo.
inmenso sepulcro. La seiiora Gervaisais
Daba la vuelta, regresaba a lo largo
se abrig6 con su chal contra el fresco, del palido cementerio que tornaba a
meditabunda, son.adora, pensando en conducirla a cada lado por la campiiia
aquella gran Roma adonde conducian de luz dudosa donde se erguîan fanavenidas de tumbas y que plantaba â tasmas de olivares. Y bien pronto, enlo largo de sus caminos, a la ida y a la tre dos muros de tinieblas, vi6 la sevuelta, en vez de la sombra de sus iiora Gervaisais el perfil recortado y
ârboles, la sombra de sus muertos. Pa- rigido de las casas, de las construc:ciosaba por encima de las grandes losas, nes, de los tejados, de los pinos de Itapor entre las pequei'ias tapias, cuyas lia, a travég del mi.sterio de la sorda y
bardas recibian un postrer hlgor de poderosa tinta neutra que sube del
sol en lo rojo de las amapolas; en tor- suelo de la comarca al aire sin luz;
no de ella extinguianse con vagos co• Iseguia un camino oscuro por donde

I

RBVISTA -

lu.YO

94.

10

�146

LA BJÛiOBA GEBVAISAI8

REVIBTA mTERNACIONAL

al final, alla lejos, estaban Roma y sus
cûpulas , destacandose dibujadas en
fila con una negrura vio\â.cea sobre
una faja de cielo amarillo, con la amarillez de una rosa de te.

po, envuelto todo él por una tela mojada que lo abraza, lo bana y lo oprime
adhiriéndose a todos sus miembros: el
velo de mârmol, desde el botôn de los
pechos que lo levantan con su blancura; desciende en caricias por los perfi.les del seno y la redondez del vientre,
rizase alii y se arrt1oCJ1l con mil peq neXX.XVI
,
nos pliegues que van rectos y r(gidos
a quebrarse en tierra; al paso que la
Al frecuentar el Vaticano y el Capi- tunica, casi invisible, pegandose a los
tolio, al vivir largas horas entre esos muslos y como aspirada por la carne
tesoros, esas reliquias de mârmol, de de las piernas, forma grandes trozos de
piedra, de bronce, ese mundo de es- desnudo sobre los cnales corren fruncultura, bien pronto lleg6 a domina? ces, repliegues alto~ arrugados, meanen la seiiora Gervaisais un sentimiento dros de remolinos en la corriente rota
sobre el puro interés arqueologico.
de una onda. En esos vastos museos,
La mujer, de un gusto artistico su- no se hartaba de pasearse ante la eterperior al de su sexo, eleva.base â. la in- nidad de los movimientos en suspenso,
teligencia y al goce de esta belleza de rozarse con un fauno joven tentando
absoluta, b. lo hello de la estatuaria an- con un racimo de uvas la garra alzada
tigua. Su admiraci6n se apasionaba. y los colmillos de una pantera; el borde
por la perfecciôn de esas imagenes hu- de un jarr6n donde se enroscaba una
manas en que el cincel del artista pa- ronda b:iquica; el zôcalo sobre el cual
reciale haber excedido al genio del se ergnia algun tipo admirable del
hombre. Permanecia en contemplaci6n efebismo griego, de aquella. juventud
ante aquellas efi.gies de diosas y de griega que copiaba el dibujo de la de
diosas materiales y sagradas, las Isis Apolo.
serenas y pacificas, las Junos soberY jama.s concluia su larga visita sin
bias, altivas y viriles, las Miner-vas hacer una postrera estaci6n de recogiimponentes que llevan la majestad en miento en el banco frente al trozo de
los pan.os de sus tunicas, las Venus de mârmol mutilado y sublime ante el
piel de marmol, pulidas y acariciadas cual pasa y vuelve â. pasar, centinela
como por el beso de amor de los siglos, del siglo que lo encontr6, un alabardero
la turba de las inmortales del Olimpo suizo: el Torso. iEl torso de Apolonio,
y de las emperatrices del Imperio, a tronco que parece desprendido del cielo
menudo representadas casi di vina- de Grecit1. en sus màs hermosos dias, y
mente desnudas, como Sabina, la mu- que esta alli, rotos los cuatro miemjer de Adriano, que detenia cada visita bros, cual una grande obra maestra
de la senora Gervaisais ante su cuer- caida de otro mundo!

147

con la rigidez de sus rostros y de sus
togas, con sus arrugas lugubres, mostrb.banle la inclemente aspereza prâcti~a de~ genio latino. En las galerias se
imagmaba hallarserodeada de un pueb~o de muertos de mârmol que, cuando

1

XXXVII

Esa pasion por lo bello pagano ese v1v;s, tnvieron la dnreza de él; las
ultimo refugio de aqnel alma in~uie- ::i i°nas, repo~ando ensitiales tiesos,
ta y atormentada' esa pasi6n sincera d
e daban m1edo con lo inexorable
por la Roma antigua que habia lle d
e sus posturas; y cada vez mas temiâ ocultarle la Roma cat6lica con el~:t~ :lei crecia para ella la implacabilidad
vivo de sus estatuas y de sus imagenes eA~ e_statu;.s y de ~os bustos.
petrifi.cadas, sentiala atenuarse poco a so d m1Smo iempo, influyendo en ella
poco en si la seii.ora Gervaisais bor : y secret~mente la memoria de
rrarse Y volverse de pronto 0 ; una SW! ~turas, sm que se diese cuenta,
evoluci6n de sus ideas, cont;a
ad- :o~:1~ a tr~nsportarse â la barbarie de
miraciones de la vispera. Ese arte no d~ba i°s bempos. Le~tamente recorse le aparecia ya sino como una re re- n
a crueldad del cm?adano romasentaci6n de la fuerza, de la salul de
la cr.ue~dad dela mu3er romana, el
la belleza fisica: descubria en él u' na ~ ace: publico por la sangre ,· el circo
.
msac1able y nunca
· d
.
sensual fr1aldad, el cuerpo enteramen- dad funda
sac1a o, una soc1ete solo. Bajo la ejecuci6n, bajo los mi- d
da en el esclavo, aquel munlagros del cincel, comenzaba porno _o en trqu~ el hombre nacia y vivfa
. •
sm en anas para el ho b
·
ver. a il1 smo el ideal escueto de 1a ma-. peto para su 'd
· m re, sm restena. En la perfecta herml)sura de las .
. VI a m para su muerte,
obras maestras ya no veia sino â veces s~n ~ompam6n para sus sufrimientos,
una belleza inm6vil, insensible, inex- s1~ ernura para sus desdichas' sin lâpresiva, casi inhumana; otras una gr mas par~ su llanto, mundo de hiebelleza faunesca' anima da por ei go
rro que cons1d~raba como una de bilidad
ebrio, caprichoso y malhechor de :: y ~na_ ~obard1a la conmiseraci6n.
primera edad campestre y bestial del .
, a _a postre, en aque_llas salas' su
hombre primitivo. La cabeza de Lucio ==~ID.lento _s~ el~vaba mvoluntariaVer~, el rizado vel16n de su cabellera vez al ~l cr1stiamsmo, haciendo otra
COIID~ndosele la escasa frente, losgran- tra end ombre he~mano del_ hombr~,
des OJOs bovinos y duros, la nariz de fuer- co:azono la humarudad al umverso sm
te energia, esas mandibulas con barbas
.
lan~das, ya no eran para ella mas que
el ~1po bruto del violento y magru'.fico
ammal romano · Todos sus antecesores 1

:us

t

I

�14-8

REVIBTA INTERNACIONAL

149

LA BENORA GERVAIBAIB

no probando ni siquiera â leer 6 escribir, cayendo en una tristeza quebrantada.

xxxvm
XXXIX

Asi, el mismo arte paganô volvia a
conducirla hacia las creencias recha·
zadas por las masculinas y firmes re- j Un dia, .sin raz6n, sin m~tivo, sin
fl.exiones de su juventud y para las causa, alzose la figura de Cristo en el
cuales tan muerta se creia la seiiora vacio de su pensamiento, en la soledad
Gervaisais. En vano intent6 resistir y de su cabeza. Sinti6 el choque repenno abrirse a ellas; en vano se esforz6 tino de lo que un moderno Padre de la
contra ese sordo trabajo de sentimien- Iglesia Hama «el encuentro con Jesutos confusos y tiernos, intima sacudi- cristo», como qui en se encuentra ~on
da que fué la primera conmoci6n de la 1ma persona â la vuelta de la esquma
seguridad y de la confianza en su ra- en una calle. La imaginac,ion de la
z6n; en vano emple6 los medios que mujer acababa de encontrarse asi con
una personalidad inteligente y enér- El cara a cara, y quedâbale una consgica usa para fortalecerse y aliviarse, tante obsesi6n de ello.
ded.icândose â alguna ocupaci6n ele- El amoroso Maestro estaba presente
vada que levante el alma. Por un mo- en ella, con la presencia de los seras
mento tuvo la ilusi6n de un completo de la historia· y de la leyenda en el
apego a lo antiguo; pero cay6 también recuerdocontinuoque les hace renacer.
de ella, mâ.s cansada de luchar y sin- Le recordaba con su vida errante y su
tiéndose mas vencida que antes de la predicaci6n vagabunda por los desieraspiraci6n de independencia y libertad tos y las cam pifias de J udea, tomando
de sus pensamieritos, abrumada, des- la sencillez natural y el agreste hechifallecida ante los fen6menos morales zo de sus palab.ras de los arboles, las
contra los que se sentia inerme é im- hierbas, las siegas, las vendimias, la
patente, y desliza.ndose hacia las cosas simiente de mostaza, mostrando el
religiosas, como por invisible atrac- camino del cielo en la senda â lo largo
ci6n a la pendiente de un dulce abis- de los trigos maduros, por donde le
mo, dejabase llevar por la angustia y seguian. sus discipulos comiendo espilangu.idez de una c1.mciencia desatenr gas. Recorda.hale hablando desde esos
tada en absoluto.
horizontes ~l aire libre, desde esas triCedfa al disgusto de todas. las ocu- bunas del infinito que punian detras
paciones que hasta entonces habian de su palabra el monte 6 el mar; y
sido la ftlerza y el impulso de su vida, otras veces desde el extremo de una

barca, donde tuteaba a la tempestad y
la decia: &lt;qCallate!» Y gustaba de pararse , sin creer en ellos , â considerar
esos tiernos milagros en que el Sal vador dejaba caer una lagrima humana
sobre el cadaver de L:izaro; porque
aun no era màs que el hombre lo que
ella veia en El, un hombre que sembraba el bien, aproximandose a los
enfermos , tocando los sufrimientos,
consolando las languideces y los achaques, anunciando la ley de caridad y
de perd6n, humilde y popular, fraternal con los pobres, llamando al reino
-de Dios a los desgraciados, a los oprimidos , a los desheredados, a los pequeiios y sencillos , dando a la afl.iccion la frase del nuevo Evangelio.
J Biena1)enturados los que lloran, porque
ellos serdn consoladosl Poético caminante por la tierra, rey del dolor, que
habia de dejar al mundo en pos de si
la melancolia.
Apegabase también a su suave memoria, como la del patrono de su sexo;
tan. amante de la mujer y tan lleno de
ella, tan misericordioso para sus debilidades y tan agradecido a sus perfumes, que a una mujer eligi6 para obsequiarla con la primera aurora de su
resurrecci6n.
Y mezclando su pensamiento a una
contemplaci6n de Rafael, con la hermosura de las lineas y la pureza de los
rostros del pintor, trataba de fi.jar y
retener con un retrato material la visi6n de la cara de ese Jesus que fl.otaba
y temblaba ante la ensoiiadora vista
de sus ojos, como en la efigie borrosa
del lienzo de la Ver6nica.

XL

Una perversa burla de amiguitot
una de esas crueles frases de nifio contra el achaque de su hijo, oida por casualidad por la sefiora Gervaisais, inspir6le la idea de enseiiar aleer a Pedro
Carlos, y de tomarse, para distraerse
de la holganza de su mente, esa tarea
pesada y fatigosa que de antemano sabia que iba a ser la prueba de toda sn
paciencia y de todo su orgullo de
madre.
Algun tiempo después de su llegada,
para dar lecciones a su hijo, llam6 a
un teniente cura de la parroquia, el
cual, en cuanto vi6 a su alumno tuvo
por inutil hasta el intento de enseïi.arle
nada; se limitaba unicamente a tènerle
a su lado dos horas al dia, entreteniéndose la mayor parte del tiempo en jngara las cartas con José.
La seiiora Gervaisais despidi6 al t.eniente cura; y al otro dia, después del
almuerzo, ense:iiando a su hijo un abecedario nuevecito, abierto encima de
sus rodillas, llam6le junto a si. Habia
en su rostro una voluntad tan resuelta,
que el ni:iio huy6 a escape con ese temblorcillo de todo el cuerpo que le acometia al ver aquella cara a su madre.
Acerc6se luego sumiso y se aplicé&gt; docil a repetir después de ella cada letra
que le indic.aba, poniendo. encima uno
de esos papelillos de color de rosa, retorcidos por la distracci6n de sus de-

�LA BENORA GEBVAI8A.18

150

151

BEVlSTA I&gt;iTE.Bl!IACIONAL

dos, a la tarde, luego de comer. Las antes, con el aire oprim.ido y triste
repetia; pero con un esfuerzo, una con- como la injusta desventura de un niiio.
tenci6n, una contracci6n de garganta,
un trabajo para arrancarlas y un crispamiento que daba pena el verlo y le
XLI
ponia en torno de los ojos la palidez de
las emociones dolorosas en el niiio.
La seiiora Gervaisais habiase prometido no desmayar; sufriendo ella -8eilora-decia Honorina a la mam.isma todo lo que le hacia sufrir â él, dre-ta.mpoco ha dormido en toda la
alli le tuvo durante la hora entera que noche ... ïOh picaras letras! ... Trata de
se propuso.
decirlas él solo en la cama ... y luego
El niiio habia pronunciado poco mâs llora ... 1Llora, el hombrecitol. .. La se6 menos las letras que le deletre6, y, nora acabarâ por ponerle e.nfermo ... ,
por decirlo asi, le maec6 su madre;
La seiiora Gervaisais no respondi6.
pero el dia en que fué preciso acordar- No renunciaba â su proyecto, a su dtr
se, tener memoria de los caracteres de seo, pero proponiase quitar de las lecimprenta, decirlos salteados, dar mues- ciones lo doloroso. Buscaba medios
tra de un entendimiento que sabe y mecânicos de hacer que el nino recorque retiene; cuando la lecci6n exigi6 dase, procedimientos de memoria que
al infeliz niiio este imposible, imposi- recordaba haber leido en los libros de
bilidad de la que él tenia conciencia, educaciôn. Ensayaba esa mnemotecun pequeiio rapto de ira, por la impo- nia que halla la ingeniosa imaginaciôn
tencia de hacer lo que el deseo de su de las madres para las cabecitas tormadre apetecia, surgiô de su corazon- pes. Sus lecciones sin severidad no
cito amoroso. Con la rabia de una dés- eran mas que lecciones de cariiio, de
esperaciôn ciega y loca, se puso de dulzura, de ânimo, de estimulo para el
pronto â patear frenético con ambos nino mismo, tiernos efl.uvios de la edupies. Saltando siempre, cada -vez mas caciôn materna!. A veces parecia acuexritado, mas agitado, repetia:-«jNo dir en suplica a la inteligencia de Pepuede Pedro Carlos, no puedel»-Para dro Carlos, diciéndole: «Vamos, hijito
contenerse, tuvo necesidad de la mano mio, es preciso que leas como los dede su madre puesta sobre él, y de una mas. t,Acaso tu amiguito Renato no
mirada. fija que, como la de un doma.- lee'l t,No quieres leer tu también ... en
dor, dejôle inm6vil y clavado en el este hermoso libro'?»
suelo. Sesiôn desgarradora para. la ma- Y el niiio, inclinândose y encogiéndre; horrible y detestable recuerdo para dose sobre la pagina del libro abierto,
el .nino, que se qued6 enervado, absor- estaba. casi sentado sobre sus corvas
to, sin ganas ,de divertirse, tartamu- dobladas, como si recogiese y concendeando todavia menos palabras que 1trase toda. su persona con atenci6n

l

I

para hacer salir de ella loque su madre le exigia.
-1Vaya! no es tan dificil. ..-continuaba la senora Gervaisais.- Y luego,
iquieres tanto a mamita!. .. 1Mira! nada
mâs que hasta aquî. ..
Y suspendiase la lecci6n con las
efusiones del pobre niiio, que no siempre podia leer, y al cual no decia su
madre una palabra afectuosa sin que
se deshiciese en sollozos, en llanto, en
Cl'isis nerviosas que dejaban en surostro un extravio de sensibilidad entre
una turbaci6n lacrimosa.

XLII

tiene que encontrar donde le duele a
su hijo.
-No sabe... -repiti6 el niiio, cuyos
ojos giraban dentro de las 6rbitas y
cuyas manos se dirigian maquinalmente a Jas ventanas de la nariz.
Toc6le ella la frente:
-ïAbrasa!
Le cogiô las manos:
-1Tiene fiebre!. .. jEl médico, pronto, Honorina!
Al oir esta frase, contrajér,&gt;Ilsele 2.l
nif'io ambas comisuras de los labios; y
con esa expresi6n sardônica, horrible
en u.n nino, que le daba este primer
sintoma de su dolencia, dijo apretando
los dientes:
-Médico... Pedro Carlos no leer

mas ...
La seiiora Gervaisais se puso muy
Pocos dias después, al acudir Hono- pâlida, cayô de rodillas ante el nino y
rina é. la puerta exclam6:
le cogi6 las manos, cuyo perdôn, hu-1Seiioral
medo y acariciador, conserv6 junto a
La seiiora Gervaisais regresaba de su boca hasta el regreso de Honorina
paseo; y ese dia, sintiéndose perezoso, trayendo al doctor Monterone.
no habia querido acompaiiarla Pedro El doctor mir6 al niiio con cierto
Carlos.
aire descontento, murmurô entre dien-8eiiora, bien se lo dije a V.... Ya tes la palabra «convulsiones)) como
esta malo, esta enfermo el pobrecito... consultando consigo mismo, y pregun-ï Enfermo !
tô, volviéndose hacia la madre:
La seiiora Gervaisais corriô al cuarto --1,No habra tenido el amiguito alde su hijo y le encontr6 acostado en la guna contrariedad, una fatigacerebral'l
cama.
-tAh, bien lo sé, doct.ort-exclam6
-1,Estâs malo, hijo querido'l- le la senora Gervaisais. 1 Me dice V. que
dijo, precipitândose hacia él.-Diselo yo lo he muerto'l ... 1Porque yo soy
a tu mamita... i,D6nde te duele'l
quien le ha matado! ... Si muere, puedo
-Pedro Carlos no sabe...
decir que yo fu.i! Quise ... 1oh! ... (1vaya
-Aqui 1 1,eh'l... t,Allâ'? di...
una idea imbécil!) que fuese como los
Y le tocaùa todo el cuerpo, con ese demâs ... 1,Qué neces1dad tenia yo de
tacto de la mano de una madre que eso, pregunto'l... i,Acaso no estaba bien

�152

REYIBT.A. INTERNACIONAL

para mi como era'I ... Vamos, 1,qué po- resuelta, como si fuese otra persona y
dia importarme que mi hijo supiese 6 otra palabra quienes hablasen, dijo:
-ïA nosotros nos toca ahora! Estoy
no supiese leer'I
Y arrebatandose asi, extraviandose en mis cabalei:t ... no tema V.... enteraen una exaltaciôn, en un delirio que mente en mis cabales...
Decia la pura verdad: habiale vuelto
en todos los momentos de peligro para
la vida de su hijo habia apt·oximado a la sangre fria, y la conserv6.
La conserv6 entre los cuidados, los
la locura su espiritu y su raz6n, no escucha ba al doctor, sin parar de ha- remedios, los sinapismos que ponia y
blar, paseândose a paso largo desde el aplicaba ella misma, en una eterna vilecho a la ventana, detallando el su- gilia de una noche entera, inclinandoplicio que le habia impuesto, repitién- se sobre aquella enfermedad, la mas
dose a si propia con tono de despre- barbara de las de la infancia, convulsiones, cuyos accesos, redobles y sacucio:
-iUna madre, orgullo! jOrgullo dimientos de ira parecian querer dE&gt;Suna madi·e cuando se trata de la vida arraigar la vida en el pobre sera quien
retorcian.
de su hijo!
Hubo un momento en que la imagen
Luego, de pronto, inm6vil, con el
del
pequeiïo poseso de la :I'ransjigurabrazo extendido ante si, con la voz involuntaria y suspensa de mujer que cion llen6la de espanto al cruzar por
dijera lo que vie.se en una pesadilla, su mente: i vi6 la misma boca en su
hijo!
exclama con palabra entrecortada:
La crisis no ces6 hasta la man.ana.
-Una cuna dorada ... unlienzo blanco ... un cuerpecito debajo del lienzo .•. Y por la man.ana, el doctor no pudo
un. gran ramo de flores en la cabeza ... ocultar a la madre los temores de un
una corona blanca alos pies ... ïEso es, nuevo acceso, una de esas crisis diurnas que parecen exasperarse con la luz
en efectol
El doctor miro adonde miraba la ma- solar.
dre en la plaza: entre el suave misterio de aquella hora de los muertos en
Roma, verdadera anunciaciém de la
XLIII
noc~e, pasaba el blanco entierro de un
niii.o.
La madre se habia vuelto para echar-iQué hay'?-dijo con dureza la sese a su hijo, sentirle vivo, abrazarle,
poseerle aûn. Pero ante los rasgos del fiora Gervaisais a Honorina, que regrenifio, confusos ya y trastornados por saba del recibimiento, donde habian
sus contracciones nerviosas, detuvose llamado.
-Senora, son las de casa, que vede pronto, se alis6 con viveza las crenchas de sus cabellos con los dedos, y nian para ver al nino.

LA BENORA GERVAIBAIB

-iYo no quiero que le vean!
Y notando a las mujeres, que se deslizaban timidas detras de Honorina,
les dijo con extraneza, como a personas que apenas conociese:
-iQué quieren Vds.'?
-jOh, seii.ora!-dijeron ambas mujeres intimidadas-nos retiramos .. . Dispénsenos ... Vamos a ir por él a SantAgostino .. .
-i, Sant-~gostino'? 1,Qué es eso de
Sant-Agostino'? i,Qué quieren decirme
Vds. con su Sant-Agostino'?
-jûhl Ya lo sabe la senora ... la
Haaona d~l Parto, abogada de los niiïos y de las madres ...
La seiiora Gervaisais, en su estado de
preocupacion fija, no pensaba sino en
un médico, en un curandero, en un
charlatan. Al oir la palabra Madona,
tuvo una sonrisa despreciativa, casi
amarga.
Luego, de pronto, bruscamente, por
un cambio repentino, involuntario, inconsciente, exclam6:
-Vamos, Honorina, _i,qué haces ahi1
t,No me das el chal y el sombrero'? Ya
ves que me esperan estas senoras ...
Estaba en la calle. Ambas mujeres
la aturdian con curaciones obradas por
la Virgen, historias de ninos salvados,
de mujeres parturientes restablecidas.
Hablabanle del ultimo y reciente milagro que hizo ruido y fué la edificaci6n
de Roma: una princesa (â quien designaron por su nombre), habiendo hecho
voto de dar a la Virgen su diadema
con veinticinco mil pesetas en diamantes si devolvia la salud a su hijo, una
vez curado éste, quiso recobrar su dia-

153

dema dando mas dinero del que valia;
dijéronle que no se atrevian a quitàrsela y que la quitase ella misma. Hicieron que se subiese encima de una
silla, pero no pudo arrancar la diadema
de la cabeza de la estatua. La sefi.ora
Gervaisais no escuchaba, no oia. Todas
esas palabi'as no eran mas que un zumbido para ella. Y sin darse cuenta de
nada iba andando obediente a un motor mecânico que la impelia adelante.
Al sabir los peldafios de la iglesia,
las mujeres mostrâ.ronle una joven recién parida, sumamente palida, y mas
aun por la rosa y la seda de su tocado
de primera salida, del hrazo de su marido, quien con sumo trabajo la hacfa
subir sosteniéndola.
Pasada la puerta, en un refuerzo de
oscuridad, bajo el retiro del 6rgano
polvoriento, en la turbia sombra de
viejos cristal es verdosos, en medio de
maderamen carcomido, en un escoudite de tinieblas, s6rdido y podrido,
donde la suciedad parecia una santidad
virgen y respetada, la sefiora Gervaisais vi6 un llamear de cirios y de lâmparas, un altar de fùego, ante una joyeria encendida y hecha un ascua, un
manto de piedras preciosas vistiendo el
marmol de una Virgen y de un .Bambino: el calido mârmol se iluminaba y
se dibujaba poco a poco, de un color
negro amarillento, como renegrido por
el huma de las velas de cera, con esa
patina del culto que tienen los marmoles adorados, con el tono recocido y la
tez mulata del idolo.
Y la seùora G-ervaisais acabo por
distinguir una hermosa Virgen de San-

�154

:REVISTA INTERNACIOl!IAL

sovino, su bella mano larga y sus de- nalm~nte e~ torno de ella, ent~e la
dos en forma de husillos saliendo de oscundad p1adosa, las genuflex1ones
aquel cuerpo ahumador incierto y du- de mujeres de panuelo, a la cabeza,
doso, entenebrecido por el caparaz6n que dobladas como un ho se daban de
de los joyeles, las sartas de perlas de testarazos en la frente contra 1~ malos collares, la abrumadora corona de dera de un_ banco; los rev~lcam1entos
un cimborrio :le oro, los diamantes de de los labr1egos que _hundi~n con :os
las orejas, la gola de pedreria del pe- codos la paja ~e las sill~s, sm ensen~
cho, los brazaletes de oro de las mu- mas que sus OJOS salvaJes, don~~ br1îiecas, el ba.rbaro resplandor de una llaba la reverberaci6n de los cmos, Y
emperatriz acorazada con orfcbreria el tremendo claveteado de las s~elas
bizantina; al cual se anadia el deslum. de los zapatos ; un proster~am1ento
bramiento del Nino Jesu.s que la Madre general, incesante, que se d1sputaba
llevaba encima coronado de oro, bar- las losas del suelo; gentes de todas esdado de oro, en;uelto el brazo por una pecies, de todas clases, de todas las
capa de rosarios de oro, de medallones trazas; sacerdotes de fi.no per~l, con la
de oro, de cadenas de oro, con el vien- barba apoyada en las manos Junta~, Y
tre ceiiido de oro y una pierna metida entrecruzados los dedos con la a_cti~ud
en una pernera de esmeraldas. Lo que de los donantes al pie de una v1dr1era
aun -veia de esa Virgen al borde de la de colores; oraciones reptantes_ de faltunica de marmol era su pie; ese pie das de seda y saya~ de algod~n unas
desgastado, devorado por los besos, y junto a otras, tendién_dose cas1 por. el
cuya mitad rehecha de oro se ha pal- suelo en sus ~enuflex1ones; plegar1as
meado en los dedos bajo la adoraci6n de desesperaci6n que aca?an de abande las bocas y el desgaste de los labios. donar el lecho de un monbundo, donA los dÔs lados del altar habia ala- de no quieren que haya un muerto;
cenas cuadros torrentes de corazones, rabiosas preces de madres que se agade ch~pas de ~lata, exvotos de todas rran a un milagro.
.
clases, bordados, mosai.cos, pinturas,
A cada_ momento el bat_1ente de la
ingenuos chafarrinones figurando ni- puerta deJaba entrar a algmen, co~ un
nos en la cama, heridos O enfermos, poco de lu~ tras él; uno que vema de
con el eterno agujero celestial hecho afuera, qmen apenas entraba converen la pared por la aparici6n de la Vir- tiase en una sombr~, tomab~ agua
gen y del Bambino en el fondo del apo- bendita _en la neg1·a p.üa soste~1da por
sento, encima de los médicos àe levita un angel blanco, ca1a ~e rodlllas de
negra: imagenes que por un momento golpe doblandosele las piernas,_ se lepasmaron los ojos de la senora Ger- vantaba, iba en derechura a: pie de la
· ··
VirO'en da.hala un beso, poma un mova1sa1s.
t:. • ,
La unica que estaba de pie delante mento la frente encima del dedo.gordo
de la estatua se puso a mirar maqui- del pie y volvia a besarlo despues, un-

LA BENO.RA GERVAISAIS

155

taba el dedo de su mano derecha en el Las dos romanas, que habian acaaceite de una lâmpara y se tocaba la bado sus rezos, esperaban en la puerfrente con él. Esto nada mas, y siem- ta. La sei'iora Gervaisais seguia siempre lo mismo, en medio de las adora- pre de pie, quieta, con el rostro mudo
ciones balbucientes, de las contempla- y absorto; cuando una madre que lleciones extâticas, de las actitudes fas- vaba un nifiito con fiebre, le inclin6 la
cinadas , de las inmovilidades muertas cabeza encima del pie de la Virgen,
interrumpidas por la senal de la cruz, donde la pobre criaturita dejo caer un
debajo de aquella Virg-en que de se- beso dormido. De pronto, movida como
gundo en segundo oye el ruido de un por un resorte, atropellando sillas y
beso en su pie, jel pie mas adorado del personas, sin verlas, la otra madre fué
mundo y del cual nunca se despega la derecha al pedestal, ech6se locamente
idolatria de las bocas !
sobre el pie besado, puso la boca y
1Conmovedor y turbador santuario pego la frente en el frio del oro; una
ese rinc6n de Sant-Agostino, esa ca- oraci6n de su infancia, que volvi6 a
pilla de tinieblas ardientes, de oscu- subir a sus labios, quebrôse entre sus
ridad y oro, con el aspecto de aquel sollozos ...
gran mârmol enranciado, el pesado Fuera de la iglesia, las mujeres iban
olor de los cirios y del aceite de las detras de ella: las habia olvidado, no
lâmparas, lo que en el aire queda de les habl6.
una eternidad de oraciones; los recuerdos de los muros, las imâgenes parlantes de las victorias sobre la muerXLIV
te, ese silencio lleno de fervores aho gados, la palpitaci6n oprimida. de
todos los corazones, un cuchicheo de
fe amorosa que suplica é invoca, lo
Dos dias después, ~ecia el doctor â
que por todas partes se sien te fiotar de la seiiora Gervaisais:
todos los dolores entraiiables de la -Querida sefiora, mire V. àsu hijo ...
mujer llevados alli ! i Lugar de vértigo vea los ojos naturales del todo ... la puy de misterio, uno de esos antros de pila ya no esta dila1ada ... los antebrasuperstici6n designados siempre fatal- citos sin extension brusca... sin chamente en algun rinc6n de la tierra, en petas amoratadas en la tez ... Ahora le
un templo , en una iglesia, adonde la respondo a V. de él, esta salvado ... Es
humanidad, bajo los golpes que des- un milagro, mire V.... (Y recalc6 matrozan su raz6n, va en busca de lare- licioso la palabra ~milagro». )Tuve mis
ligion de una estatua, de una piedra, ratos de inquietu~ ... Con una organide alguna cosa que le escuche en al- zacion como la de su hijo, este mal
guna parte del mundo con los oidos siempre da que temer ... En fin, dentro
del cielo!
de quince clias estara tan bueno como

�156

LA SENOR.A. GERVAIBAIB
REVISTA INTERN.A.CIONAL

antes y seguirâ siendo guapo. gracia que estas enfermedades no otorgan
siempre... i Ah! Sant-Agostino hace
magnificascuraciones-prosigui6,sonriéndose;-y si la Maàonna no hubiese
arrimado un poquillo el hombro al indigno doctor Monterone...
-Vamos, querido doctor, t,es cosa
concluida? t., V. me promete... ? z,Esta
V. segurO....'l
-Pero, querida sefl.ora, mirele V.
otra vez: ese sosiego, no mas agitaci6n ... Todo vuelve al equilibrio en el
sistema nervioso...
Inclin6se hacia el niiio, lo examin6
algunos segundos, escuch6 como un se•
creto en aquel cuerpecito; y luego, con
una voz grave, que tenia la emoci6n
de la ciencia, dijo:
-Yo no sé, no quisiera darle â V.
falsas y mentirosas esperanzas ... Pero
seria interesante que esta crisis pudiera producir una revoluciôn interior ... que esta pequefi.a inteligencia
que duerme...
-No hablemos de eso; mire V., doctor ... 1Que viva, que viva!. .. No pido
otra cosa ... Que me lo dejen como ha
venido y como me lo han dado ... Vea
V.: si Dios me le quitase la hermosura, si. .. 1ni aun entonces diria yo nada!
-Tiene V. raz6n, pobre madre ...
Tales ilusiones ..• Lo cual no impide
que si aconteciese una cosa asi-prosigui6 el médico con su _tono de chacota-con las dos parlanchinas de las
patronas de V., que ya han corrido la
historia por el barrio, con los curas y
los fratoni (frallucos) ... iAh, vaya un
estrépito en nuestra Roma! jUna fran-

cesa, una mujer del pais de Voltaire a
la cual habia devuelto la 11fadonna el
cuerpo y el alma de su hijo! ïOb! La
Oongregacion de Ritos se ocuparia de
ello: le obligarian â V. a dar un certificado a la Virgen ...
-ïDOctor, no sea V. malo! jSoy tan
feliz! i Mire V., dejemos eso !-replic6
ella con aire apurado.
Al dia süruiente,
u
habiendo venido
las dos mujeres a buscarla para llevarsela consigo a que diese gracias en
Sant-Agostino, les entreg6 una rica
ofrenda en oro para la iglesia, dispens{mdose con un pretextode volver alla.
Y siem pre que en torno suyo se recordaba 6 se hacia alguna !l.lusi6n a aquella visita, cortaba la conversaci6n, no
permitiendo a los demas el derecho de
tocar a ese recuerdo ahogado en el
fondo de ella misma.
.
Llenabala ahora un pensam1ento
unico, un solo sentimiento: 1su hijo
vivia! Inundada de ese jûbilo inmenso
que sigue arterror de una enfermedad,
con aquel alivio venturoso, aquella posesi6n y aquel abrazo de Pedro Carlos
salvado, con los regocijos de una de
esas convalecencias que hacen renacer
y dan por segunda vez el hijo asu madre, la seüora Gervaisais ya no se ocupaba nada mas que en ver revivir
a ese hijo que aun estaba alli, y que
hubiera podido no estar ya. Amarle en
lo sucesivo, amarle con un amor mas
celoso y mas aspero, con un amor empapado en la.grimas Y_ en ansi~dades,
mimarle, hacerle olv1dar, abr1r otra
vez ese corazoncito cerrado por un momento, hacerle ensancharse al dulce

157

calor de las caricias, devolverle la efu- Castel-Gandolfo, donde habia resuelto
sion y la expansion de las sensibilida- pasar aquel aiio los calores de los
des que eran su salud: no habfa en ese meses de Julio y Agosto. El nifio parmomento mâs que esto en la cabcza de tia con la satisfacci6n de los niiios en
la madre.
cambiar de lugares, a la vez serio y
Rodeado de ese cari:iio que le daba bailandole los ojos. El coche abandon6
calor, el niiio iba resucitando con ra- los ardientes muros de Roma y entr6
pidez; pero sin que en su estado se rea- en la campiiia seca y tostada, con
lizase nada de loque medio prometido manchas negras aca y alla, parecidas
habia el doctor. Persistia la dificultad, a sitios quemados. Grandes bueyes
el apuro en su pronunciaci6n, sus con- marchaban por cauces de riachuelos
cepciones no eran mas vivas. Siempre secos, llevando las grandes astas con
le costaba el mismo trabajo coordinar la majestad de ciervos rendidos de falas ideas. Sin embargo, su madre creia tiga; carneros de color de piedra raadvertir en él mayor conciencia de su mone1ban en la llanura, inm6viles,
invalidez, una repugnancia aun mas bajo un cielo enteramente estriado de
marcada para hablar y expresarse de blanco. A lo lejos aparecian las monotro modo que por el conmovedor len- taiias como las costas que se ven desguaje de sus ojos y de sus manos.
de un barco, con aspecto de pei'iascos
Pero el doctor estuvo en lo cierto en azulados que sobresalen de los densos
cuanto a su belleza. Hubiérase dicho va pores de un Mediterraneo.
que el enfermo habia desarmado a la
El camino comenzaba a subir, y un
enfermedad: las convulsiones pasaron 1&gt;enticello procedente del mar traia su
sin dejar huella, sin tocar a sus lineas, frescura a los viajeros. Set0s de rosas,
a su naricita aguileîia, a esa boca ator- campesinos con rosas en las orejas,
mentada y entreabierta de ternura, a . anunciaban a Albano: el cochero atraese moreno rostro de ângel bajo los ves6 al trote largo las calles con casas
cabellos cortados al estilo breton; y el de un color gris ceniciento; 1uego se
unico cambio que hubo después de meti6 por la Galeria, camino en coraquella crisis fué, en las comisuras de nisa sobre olivares en cuesta, donde,
los labios, la sombra de un bozo fini- bajo la b6veda de arboles centenarios
simo que parecia una precocidad de que formaban la sombra de un bosque,
naturaleza y de pubertad en el niiio de unos estrechos claros mostraban en el
tarda inteligencia.
horizon te lejanisimo u~ polvillo de luz
marina.
Y bien pronto, en una muralla alXLV
menada, abri6se la ancha y unica calle
de Castel-Gandolfo, con el palacio del
Cuando Pedro Carlos estuvo resta- Papa en el fondo y su balcon para las
blecido, la se:iiora Gervaisais lo llev6 a bendiciones ; la calle con sus casas

�159

EEVISTA INTERNACIONAL

LA SdORA GEBVA.I8Al8

alto hizo blanquear con cal, fué donde
se instal6 la sefiora Gervaisais, con
muebles alquilados en Roma, con :flores y cortinas; prefi.riendo a las comodidades que hubiera podido encontrar
en una habitaci6n de la gran calle, el
placer de estar todo el dia al resguardo
del sol, vivir al aire, gozar del paisaje
del lago con su agna solitaria de un
azul durmiente, de su rotunda plenitud en el crâter de un volcân extinto,
XLVI
de su inmovilid~d sin arrugas dentro
de aquel cintur6n de arbolado y aquella agreste coqueteria, que han hecho
Hay en Castel-Gandolfo un sitio llamar tan poéticamente a esos laguiabandonado, un rinc6n desierto por tos del pais «espejos de Diana».
donde nadie pasa, una plaza inanimada y muda donde los chicuelos juegan
a la rayuela italiana, al .filo molino,
XLVII
nna terraza con antepecho de tierra y
piedra, desde donde se derrumban a
pico hasta el lago ribazos de àrboles y
de arbustes que se achican a la vista
Un mes llevaha de estar alli, cnando
segun descienden y â orilla del agua escribi6 a su hermano: « ••••••••.•••
ya no parecen sino tallos de grami- .••..•.•...•.•.••••••.•.•.....•.•
neas. Esta par la parte del ab.side de la Comienzo a creer, querido hermano,
iglesia, una iglesia que muestra el ol- que nosotros los occidentales traemos
vido y la decrepitud de los siglos en al Mediodia cierta provision de fuerza
su fronton borroso, sus ventanas ta- nerviosa que se agota al cabo de algun
piadas, su balcon descuajado del cual tiempo y que no nos esposible renovar
pende un trozo de reja, su grau puerta alli donde estamos. Llamalo como
podrida, su yeso viejo comiào por los quieras: esto es, paréceme, lo que me
mohos amarillos. A cada lado se apel- falta ahora. Voy tan bien como puedo
mazan, derrotadas y leprosas como ir, mejor que desde hace muchas aii.os.
aquella ruina de îglesia, pobres casas Sufro menos y me veo libre del contide campesinos terminadas por esos nuo temor ansioso de tener que sufrir
grandes corredores con ventanales cua- siempre. Honorina me ve salvada, y no
drados que permiten abarcar con la tengo valor para desengafiarla. Y, sin
vista la campiii.a.
embargo, en este mejoramiento de mi
Alli, en nna de esas casas, cuyo piso salud , me noto acometida por una es-

pecie de languidez. No es fîsica: ando, 'trana: desde algun tiempo a esta parte
me paseo; tengo placer al rodar el co- noto dentro de mi un vacio, una soleche que me lleva por estos deliciosos dad. i,Es el destierro, el extranjero, la
contornos. Estoy yendo y viniendo, ausencia '1 No y no, es preciso no hadi~puesta a. moverme, sin que cueste a cerse ilusiones. Mi soledad proviene de
mi cuerpo el esfuerzo y el malestar mi misma, y no es efecto de mi medio
que suole exigir el movimiento a. una actual ni de las condiciones actuales
enferma. Hasta si hubiese aqui alguna de mi vida. Tengo a mi hijo, le quiero
so~ed~, estoy por ~e_cirte que casi es- mâs que nunca. Y, sin embargo,
tana d1spuesta a vis1tarme con ella. amarle y no amar mas que a él no
Por ese lado ya ves que soy valiente. me llena ya por completo como en
Lo que me ha sobrevi'nido es una in- otros tiempos. Al llegar agui, estoy
mensa pereza mental, una fatiga para segura de que me vas a embromar, a.
leer, pensar, ocuparme seria y espiri- forjarte una novela en que me casa.ras
tual1:°e~te. Un libro se me cae del en- con algun principe romano; en fin,
tend1m10nto, como se me caeria de las achacarâs lo que te digo a un tierno y
manos. Me cuesta trabajo raciocinar amoroso sentimiento de mujer ... Te
acerca de lo que leo. Las facultades, equivocarâs de medio a medio, querido
las funciones, las decisiones de mi ce- hermano: mi coraz6n no tiene nada
rebro se aletargan. Tengo la impresi6n que ver con eso. En materia de afectos
de un semisueiio, de un èallejeo al humanos, tiene todo cuanto necesita.
azar de mi inteligencia. A ratos paré- tY qué me falta '? i,Por qué este vacio,
ceme que la vida de mis ideas se aleja donde casi tiene miedo mi pensamiende mi, se dispersa en loque me rodea, t.o, cuando â él desciende'? ..•.•.....
se funde en yo no sé qué embrutece- ..•....•..•......•....•.•.•...•. ,,
dora contemplaci6n ... Me pregunto a
mi misma si no lo producira este pais,
este lago de aguas inm6viles, esta tieXLVIII
rra con su muda serenidad, este cielo
y el tenaz esplendor de su impasible
azul... i Ah I Mira , esta naturaleza de
Italia siempre es harto hermosa ; esto
Después de algunos paseos, la sees hello hasta aburrir mortalmente ... fiora Gervaisais eligi6 para pasar alli
jOh, un poco de lluvia de Francia!. .. las horas pesadas del dia un lugar de
»Despues de eso, la crisis por la cual grata costum bre, al cual conducia un
ha pasado mi pobre hijito querido, jha corto camino sin fatiga y resguardado
sido tal golp~ para mil iMehequedado, en toda su longitud por la magnifi.ca
de resultas , como aturdida ! ïSi le vie- avenida de la Galeria. No le faltaban
ses ahora! Aun se le han agrandado mas que &lt;liez minutos para pasar de la
màs los ojos ... Me sucerfe una oosa ex- pequeiia Virgen de madera que hay en

158

amarillas, las sayas encarnadas de sus
mujeres, su chiquilleria pnlulando sobre pelda:îios de escalera; y esos agujeros extraiios, esas puertas y ventanas de edificios hundidos, abiertas y
vacias sobre trozos azules, que son el
azul del lago y que se tomaria por el
azul del cielo invertido.

1

�160

161

REVIBTA INTERNAClONAL

LA E::ENORA. GERVAI8.A.IS

el camino y Ilegar al final de la ala- ojos apartados del libro que solia llemeda que termina en una plaza redon- var y que muy pronto se olvidaba de
da, al pie de una iglesia de francisca- leer para mirar el paisaje, desemboc6
nos, plaza rodeada por doce estaciones por la f:Jaleria una mujer alta, con ru6 altaritos, cuatro 6 cinco de los cuà- bîos rizos que le azotaban las mejillas
les se erguian alzando sobre el lago el y le caian hasta el pecho, con un veshierro y la sen.al de su cruz.
tirexcéntrico. Al ver a alguien debajo
En medio, una enorme encina ver- del ârbol, dijo un &lt;qAh!» con extraiiede, semejante a un monstruoso naran- za. Luego salud6 a la senora Gervaijo podado como una rueda de molino, sais, sent6se junto a ella, atrajo silendejaba caer bajo él, hacia las dos de la ciosamente hacia si à Pedro Carlos
tarde, desde su masa redondeada y como si conociese al nifio, y entr6 con
plana como un techo, solida y densa, el hijo y conlamadre en una especie de
la sombra de una mesa gigantesca; a inmediata vecindad amistosa, sin mas
pie y medio de sn base, cercâ.bala un presentaci6n que un encuentro simpâcirculo de piedra y de musgo, apoyan- tico, sin una frase ni una palabra, con
do en su tronco el redondo asiento de la original facilidad de trato y la fa.un banco rustico que invitaba al des- miliaridad conquistadora cuyo secreto
canso en aquel sitio donde dormia poseen las grandes seiïoras rusas. Lueel dia, donde el sol no caia sino a go, viendo el libro que estaba junto a
gotas.
la seiiora Gervaisais, con un ademan
Desde alli podia abarcarse todo el ho- cuya gracia ligera excusaba la indisrizonte, parecido a una grau sonrisa, crecion, de una uùada.rechazo la tapa
el lago, la suave linea serpenteadora del tomo que, al abrirse, dejo ver su tide las fronteras colinas, ondulosas y tulo: Ensayo acerca àe la indiferencia
humeantes, cual una playa perdida en- en materia de religion.
tre el vapor, a1zandose a la derecha,
-1:tn el fondo del abismo... ahora
ascendentes, marcadisimas, dibujando esta en el fondo del abismo el presbien su cima el recuerdo del extinto seno tero senor de Lamennais ...
de un volcan, volviendo luego a desDijo esto secamente; y volviendo a
cender y yendo a morir en la muelle cerrar el tomo, su mirada, su atenci6n,
perspecti va radiante y polvorien ta, es- sus ideas, parecieron separarse de su
pléndida y azulad.a, donde se destaca- vecina é ir a perderse en el cielo, en el
ba la achicharrada mina de Rocca di lago.
Papa, Monte Oa'Ci, el punto blanco de Levant6se, una vez concluida su
la Madonna del Tuffo, y alla a lo lejos contemplacion, é inclinandose con exlos grandes paredones del Palaizo de quisita cortesia ante la seùora GerFrati.
vaisaist dijo:
Un dia en que la seùora Gervaisais
-E~te no es ya mi ârbol... Espero,
estaba debajo de la encina, con los seiiora, que serâ el nuestro ...

de difuntos, sin saber si era el muerto
6 la voz interior quien me hacia HoXLIX
rar... He contado a V. la desesperaci6n
que senti â la edad de quince afios,
cuando mi madre me anuncio que se
Menos de dos semanas después, de- habia convertido â la religion cat61ica
bajo del mismo ârbol, por una de esas y abandonado la religion griega; las
comuniones râpidas, de esas intimida- noches que pasé llorando; eljuramento
des repentinas entre dos almas que se que en la oscuridad me hice de no camesperan y a las cuales aproxima una biar nunca de religion, el cual repetia
casualidad abriéndolas una a otra, la todas las noches antes de dormirme •..
extranjera expandia asi la confi.dencia Pues bien; aquella noche, la noche del
y el secreto de su vida ante la seiiora entierro, después de pronunciado mi
Gervaisais: ·
juramento ... i me puse a rezar por los
- ... Tomaba yo lecciones de italia- Jesuitas! ....•....•..............••
no de un sacerdote romano, un viejo .••...•..•...•..•...........••.••
muy simpatico; era alegre, no me ha- Mi madre no ha querido que pronunblaba nunca de religion y me agradaba ciase los votos antes de tener la edad
in:finito estudiar con él. Cayo enfermo de treinta ·anos; pero estoy en corresy falleci6. Mi madre me propuso ira pondenoia con la Madre general del
su entierro. Acepté con toda mi alma. Sagrado Uoraz6n, la cual se ha digPareciame que debia ese recuerdo â nado consentir en recibirme y consiaquel pobre hombre... Apenas hube derarme como miembro de la Congreentrado en la iglesia, cuando una voz gaci6n, aunque retenida aun en el
interior me dijo: «Odias â la religion mundo ... Pero ya no estoy lejos de los
catolica, y sin embargo llegarâ un dia treinta aiios: voy â cumplirlos dentro
en que tu misma seras catolica... &gt; de pocoll meses ... -dijo, para concluir,
Lloré todo el tiempo que dur6 el oficio la condesa Lomanossow.
(Goncluira.)

RBVISTA..-MA.YO

EmroNDO y JULIO DE GONCOURT.

94.

11

�MI JUVENTUD

MI JUVENTUD
CONTINUACION

XX

Donde se me felicita.

Dubkof y Volodia conocian a todo puedo recordar, no dije aquella noche
el persona! de Iar por su nombre, y nada de particularmente candido ).
todo el personal, desde el portero hasta Cuando sirvieron el champagne , todo
el duefio, les mostraban una gran con- el mundo me felicitô; Dubkof y Dmitri
sideracion. Nos dieron inmediatamente bebieron conmigo «a nuestro f~turo
un gabinete reservado, y nos sirvieron tuteo», y me abrazaron. No sabiendo
una comida maravillosa, encargada quién pagaba el champagne (se me
por Dubkof, con ar~eglo a una lista explico después que paga~amos cada
en francés. Estaba preparada la botella uno nuestra parte), y quer1endo regade champagne frappé, y yo me esfor- lar a mis amigos co~ mi propio di?ero,
zaba por mirarla con aire indiferente. que palpaba a cada mstante e~ m1 bolLa comida fué muy alegre y muy agra- sillo, saqué dulc~mente un _billet~. d~
dable, aunque Dubkof nos contara, diez rublos, llame al mozo, y le d1Je a
segun su costumbre, las historias mas media voz, per~ de modo ~ue ~os deextraordinarias. Después de todo, aca- mas, que me m1raban en s1lenc10, me
80 eran val'Ïadas. Nos cont6, entre oyeran: «Otra media botella de chamotras, que su abuela, habiendo sido pagne.» Volodia enr?~eciô, f~é acomeatacada por tres ladrones, los mato a tido de su contracc:on nerv1osa_ en el
todos a mosquetazos. Al oir esto, me hombro, y nos lanzo a todos m1radàs
puse colorado ,- bajé los ojos y volvi 1~ tan_ esp~~~adas, que vi ~i falta, lo que
cara. Volodia, por su parte, estaba Vl- no 1mp1d10 que nos bebieramos la mesiblemente inquieto siempre que yo dia botella con mucho placer. La
abria la boca (hacia mal; en cuanto comida continuo muy alegremente.

163

Dubkof mentia sin interrupciôn y Vo- dirigiéndose é. Dmitri.-Vamos juntos,
lodia contaba también bromas, y las ya verâs qué excelente seiïora es la tia.
contaba tan bien, que nunca lo habria -ïNo solo no iré, sino que le prohicreido de él. Nos reimos mucho. Su bo que vaya!-respondi6 Dmitri enrogracia consistia en imitar, forzando la jeciendo.
nota, la anécdota tan conocida: &lt;q,Ha
-1.A quién'? 1,Al diplomâtico'? Tu,
estado V. en el extranjero '?-No, pero diplomâ.tico, 1,quieres '? Mira su cara: se
mi hermano toca el violin.» Habian le ha llenado de gozo desde que se ha
llevado el género â la perfeccion de lo hablado de la tla.
absurdo. Por ejemplo: en la anécdota -No se lo prohibo-prosiguio Dmique acabo de citar, el segundo respon- tri levantândose y dando pa.seos sin
dia: «No; pero mi hermano no ha to- mirarme-pero le digo que no vaya,
cado nunca el violin.» A cada pre- se lo ruego. jBahl Ya no es un nino, y,
gunta se daban contestaciones de este si quiere, puede ir sin vosotros. Deberia
género; hasta sin preguntas, hacian darte vergüenza, Dubkof: porque haces
por asociar dos ideas por completo dis- mal, quieres arrastrar a los demas.
tintas, soltaban aquellos desproposi-1,Qué mal hay-dijo Dubkof hatos con tono serio, y la cosa resultaba ciendo unaseiiaconlos ojos aVolodiamuy graciosa. Comenzaba yo â coger en invitaros a todos a venir a tomar
el procedimiento, y quise también con- una taza de café en casa de la tia '? Si
tar algo gracioso; pero los demâs te- esto te disgusta, no vengas. Iré yo con
nian el aire embarazado mientras yo Volodia. i, Vienes, Volodia'?
hablaba, volvieron lo9 ojos, y mi his-1Jem, jeml-contesto Volodia con
toria no salio. Dubkof declar6 que el tono afirmativo.-Vamos, y al volver,
«diplomâ.tico divagaba»; pero el cham- iremos a mi casa a acabar nuestro
pagne y la compania de los grandes piquet.
me habîan puesto ·en un estado tan
-Veamos, 1,quieres ir con ellos, si é
agradable, que apenas senti esta ob- no'?-dijo Dmitri acercandose a mi.
servaci6n. Solo Dmitri no se reia, aun-No-contesté, replegândome sobre
que habia bebido tanto como nosotros, el divan para hacerle sitio. No tengo
y su aire avinagrado comprimia un ganas de ello, y aun cuando tu me
poco la alegria general.
aconsejaras lo contrario, no iria.
-Oigan Vds., seiiores-dijo Dubkof Se sent6 a mi lado, y yo anadi en
-después de corner, es preciso que nos voz baja.
encarguemos del diplomatico. Lléve- -No, no hedicho la verdad; querria
moslo a casa de la tia.
ir con ellos, pero estoy contento de no
-Nekhliudof no querra venir-ob- hacerlo.
servo Volodia.
-Bien hecho-dijo.-Vive a tu gas-ïEres insoportable con tu formali- to, y no te dejes gobernar por nadie;
dad, eres insoportable!-dijo Dubkof esto es lo mejor.

�164

.BEVISTA INTERNACIONAL

Ill JUVENTUD

165

,

Esta disputilla, no solo no turb6
nuestra diversi6n, sinoque contribny6
6. ella. Dmitri se torn6 de pronto buen
muchacho, como tanto me gustaba
verlo. Después noté mucha veces que
talera sobre él la infl.uencia de una
buena conciencia. Estaba contento de
haberme salvado, y se anim6 por completo. Pidi6 otra botella de champagne
-esto era contrario a sus principios
-invit6 a un caballero que pasaba, y
le hizo beber; canto el Gaudeamusigitur,
diciendonos que le hiciéramos el coro,
y propuso ir â pasearnos en carruaje
a Sokolnik, a lo que Dnbkof observ6
que la cosa era muy sentimental.
-Divirtamonos-dijo Dmitri sonriendo. Me .he emborrachado en su honor por primera vez en mi vida.
Este genero de alegria no sentaba
muy bien a Dmitri. Tenia el aire de un
preceptor 6 de un buen padre de familia que, estando contento de_los niûos,
saliera de gira para divertirlos, y para
demostrarles al mismo tiempo que se
puede divertirse honestamente. Sin
embargo, su animaci6n inesperada se
comunicaba a nosotros, tanto mas,
cuanto que cada uno habriamos bebido
cerca de media botella de champagne.
En aquella agradable disposici6nfué
c6mo sali con los dema.s para fumar un
cigarrillo que me babia dado Dubkof.
En el momento en que me levantaba,
noté que la cabeza se me iba un poco;
mis pies no andaban, y mis manos no
• estabanen una posici6nnormal masque
cuando ponia atenci6n en ello, si no,
mis pies iban a un lado y â otro y
mis man.os gesticulaban. Concentrb

toda mi atenci6n sobre mis miembros
y ordené a mis manos que se levantaran para abotonarme la levita y arreglarme los cabellos, 1o que ejecutaron,
pero alzando los codos de una manera
extraordinaria. Ordené en seguida a
mis pies que me llevaran a la puerta,
y obedecieron; perô en tanto golpeaban
pesadamente el suelo, en tanto se posaban apenas. Una voz me grito: «i,A
d6nde vas'h&gt; Traen luz. Adiviné que
aquella voz era la de Volodia y me felicité de haberlo adivinado; pero sonrei
por toda respuesta, y segui mi camino.

XXI
Me preparo para hacer visitas .

El dia siguiente era nuestro ûltimo
dia en Moscû, y estaba obligado a hacer visitas. Papa me lo habia ordenado,
y él mismo habia apuntado en un papel las visitas que debia hacer. Nuestro padre se cuidaba mucho menos de
nuestra educaci6n y de nuestra direcci6n moral que de nuestras relaciones
sociales. Habia puesto en el papel con
su escritura râpida y nerviosa:
l.D' A casa del principe han Ivanovitchi inàispensaflle.
2. 0 A· casa de los Ivine; inàispen.-

sa'ble.
3.0 A casa del principe Mikhaïl.
4. 0 A casa de la princesa Nekhliudof y de la seîi.ora Va1akhine; si tie-

nes tiempo.

Venian después el rector y los pro- ' colocados en sillas, y hacia mis prefesores, pero Dmitri me asegur6 que parativos para salir, cuando recibi la
estas ultimas visitas eran mas que in- visita del anciano Grapp y de Lino.
utiles. Habia que hacer todas las otras Venian a felicitarme. Grapp era un aleen el dia, y las dos primeras, aquellas man rusificado, dulz6nycumpliment.eque tenian el inài&amp;pensdle, me inti- ro hasta ser insoportable, borrachomuy
midaban muy particularmente. El prin- a menudo. La mayor parte de las veces
cipe Ivan Ivan.o-vitch habia sido gene- venia a nuestra casa porque tenîa. algo
ral enjefe, era viejo, rico y solo; las quepedirnos, y papâ lo invitaba algurelaciones entre él y un estudiante de n.as veces â sentarse en su despacho,
diez y seis afios no podian tener nada pero jamas le habria hecho comer con
de halagüeîi.o para el estudiante, y yo nosotros~ Aun siendo tan servil y pedilo presentia. Los !vine eran también güefio como era, mezclabase esto congentes ricas: el padre era un elevado cîerta bonachoneria aparente, y de tal
funcionario que habia venido una vez modo era familiar en la casa, que se
nada mas â uuestra casa, en tiempo le tenia en cuenta la adhesi6n que se
de mi abuela. Des pués de la muerte le suponia por todos nosotros. A pesar
de ésta habia yo notado que él mas j6- de todo, no sé por qué, yo no lo queria,
vende los !vine nos evitaba y adopta- y cuando hablaba me avergonzaba
ba grandes aires. Sabia de oidas que él siempre por él.
mayor habia acabado la carrera de de- La llegada de aquelia visita me conrecho y entrado en la administracion trari6 vivamente, y no traté de disimuen Petersburgo. El segundo, Sergio, larlo. Lino habia sido recibido al mismi antiguo idolo, ya grande, era, mo tiempo que yo. Estaba yo tan aoostambién en Petersburgo, cadete en el tumbrado a mirarlo desde alto, y él
cuerpo de pajes.
estaba tan acostumbrado a considerar
En mi j uventud, no solo no me gus- esto como un derecho mio, que me destaba ver las gentes que se considera- agradaba algo verlo· estudiante lo misban por encima de mi, sino que esto mo que yo. Me pareci6 que él mi~mo
me era un verdadero suplicio, porque se sentia molesto con esta igualdad. Le
esta.ba en. un temor perpetuo de recibir saludé friamente, y di orden de enganuna afrenta y mi espiritu tendia siem- char, sin invitarlos â sen tarse, porque
pre hacia un mismo objeto: afirmar me parecia que bien podrian sentarse
enfrente de ellos mi in.dependencia. solos. Lino era un buen muchacho,
Sin embargo, desde el momento en nada tonto, pero tenia loque se Hama
que yo suprim.ia el final del programa un lunar; estaba siempre, sin causa
de papa, tratabase de atenuar su falta ninguna, en estado violento, en tanejecutando la primera parte. Iba y ve,.. to lloriqu.eando, en tanto riendo apronia por la habitaci6n, contemplando posito de todo, en tanto ofendiéndose
mi uniforme, mi sombrero y mi espada, por todo; en aquel momento era est&amp;

�166

REVI8TA JNTERNACIONAL

ultima clisposicion la que prevalecia.
No decia nada, nos miraba a su padre
y a mi con aire furioso, y se contentaba, cuando se le hablaba, con sonreir
con sonrisa humilde y forzada; estaba
ya acostumbrado a ocultar bajo ag_uella sonrisa todos sus sentimientos, en
particular la vergüenza que le inspiraba su padre y que no podia experimentar delante de nosotros.
-Si, Nicolas Petrovitch - dijo el
viejo, siguiéndome por el cuarto mientras que yo me vestia y dando vueltas
lentamente entre sus dedos â la tabaquera de plata que lé hahia regalado
mi abuela;-asf que he sabido por mi
hijo los brillantes examenes que ha becho V.-todo el mundo conoee su inteligencia-he acudido a darle mi enhorahuena, padrecito. Lo he llevado â
V. en brazos, y Dios sabe que los quiero a todos Vd.s. coino si fueran demi tam.ilia. Y aqui esta mi Lino; siempre
esta queriendo venir â. esta casa. Tarnbién él se ha acostumbrado â Vdis.
Durante este cliscursot Lino se habia
sentado en la ventana, y parecia contemplar mi tricornio, pero refunfuiiaba algo entre dientes con tono irritado.
-También queria preguntar â V.
Nicolas Petrovitch-prosigui6 el viejo
-si mi Lino ha hecho buen examen.
Dice que estarâ con V.; asi V. no lo
aballdonarâ, lo vigilarâ, le darâ consejos.
-Ha hecho muy buen examen-repliqué, mirando â Lino, que sinti6 mi
mirada y ces6 de mover los lahios.
-b Podria pasar el dia con V. 'l-pre-

gunt6 el viejo con una sonrisa timida,
como si yole hubiera dado miedo.
Desde que habia entrado, fuera yo
adonde fuera, no se apartaba de mi, de
suerte que yo no habia cesado un
segundo de respirar el olor a vino y â
tabaco de que siempre estaba impregnado. Estaba disgustado, porque me
ponia en una situacion falsa respecto
de su hijo; me irritaba que me distrajera durante una operacion tan importante como mi tocado ; sobre todo ,
aquel olor a vino que me perseguia me
exasperaba. Todo reunido, hizo que
contestara muy friamente que era imposible que se quedara Lino, porque yo
estaria ausente todo el dia.
-i,El padrecito va sin duda â ver
a su hermanito'?-dijo Lino sonriendo
sin mirarme.-Por lo demas, yo tamhién tengo que hacer.
Yo estaba cada vez mas irritado y
contrariado. Para tratar de dulcificar
mi negativa, me apresuré â explicarles
que no estaria en la casa porque estaba
obligado air a casa del principe Ivan
Ivanovitch, â casa de la p~incesa Kornakof, a casa de Ivine «el alto funcionario», y que comeria probablemente
en casa de la princesa Nekhliudof.
Me parecia que cuando supieran a casa
de qué personajes iba, no podrian ya
pretender nada de mi. Cuando se disponian a salir, invité a Lino a venir
otro dia, ·pero se content6 con dejar oir
un sonido inarticulado , sonriendo con
su sonrisa forzada. Era visible que
jamâs pondria yo lo pies en su casa.
Asi que se fueron, subi al carruaje
para hacer mis visitas. Habia pedido

MI JUVENTUD

167

bio, un aire serio é imponente; por 1~
demâ.s, extremamente seductora. .Mi
imaginaci6n se negaba a representa~mel~ con un rostro désfig~rado p~r mcatrices. Muy al contrario, habiendo
oido hahlar, no sé.d6nde, de un amante
apasionado que habia seguido fiel al
objeto de su culto después de haber
XXII
quedado éste desfi.gurado por la viruela, me esforzaba por persuadirme de
En casa de los Valakhine.
que estaba enamorado de Sonia para
tener el mérito de serle fiel a despecho
de sus cicatrices. La verdad es que, al
Parti, pues, solo. La primera visita, llegar acasa de los Valakhine, no estasegu.n el barrio, era â la seiiora de Va- ha enamorado lo mas minimo; solamenlakhine. Hacia tres an.os que yo no ha- te, habiendo removido todos aquel~os
bia visto a Sonia, y no hay que decir. antiguos recuerdos, estaba muy disque mi pasion por ella se habia desva- pue_sto a estarlo ot~a vez, y lo d~seaba
necido hacia mucho tiempo. Sin em- ard1entemente; hacia ya mucho t1empo
bargo, me habia quedado de ella un que me avergonzaba, al ver a todos mia
recuerdo muy vivo, que aiin me pro- amigos enamorados, de estar tan poco
ducia emocion. Durante aquellos tres a su altura.
an.os, me habia ocurrido pensar en Los Valakhine vivian en una casita
ella con tanta fuerza y representarme- de madera, muy limpia, que daba a
la tan claramente, que la lloraba y un jardin. Tiré de la campanilla-laa
volvia a enamorarme de ella. De todos campanillas eran tod~via una gran ramodos, esto no duraba mas que algu- reza en Moscu-y me abri6 la puerta
nos m.inutos, y no se producia mas que un criadito joven, v~tido c?n lim?iea largos intervalos.
za. No supo 6 no qmso dec1rme s1 su
Sabia yo que Sonia y su madre ha- ama estaba en casa, y desapareci6 por
bian pasado dos aiios en el extranjero. un oscuro corredor, dejandome en la
Se contaba que habian volcado en una sombria antecâmara.
.
diligencia, que aSonia se le habian claQuedé solo bastante tiempo en aquevado en la cara trozos de cristal y que lla pieza oscura, â la que daba una
esto la habia afeado mucho. Al diri- puerta cerrada, sin contar la de entragirme a su casa, recordaba la Sonia da y la del corredor. Me asombraba
de otro tiempo y me preguntaba como algo de la fisonomia tenehrosa de la
iha a encontrarla. A causa de los dos casa, pero me decia, por otra parte, que
an.os en el extranjero, me la repre- la cosa debiera ser asi en casa de gen1:1entaba muy alta, con un tall~ sober- tes que habian estado en el extranjere.

por la man.ana a Volodia que me acompan.ara, par~ estar menos intimidado.
Se habia negado, bajo pretexto de que
seria muy sentimental ir juntos, dos
ltermanos en el mismo drosbki.
'

�168

REVISTA INTERNAOIONA.L

Al cabo de cinco minutos, el mismo de nuevo en aquel estado de alegria en
criado abri6 por dentro la puerta de la que me habia encontrado cinco an.os
sala y me condujo a un salon modesto, antes, bailando « el abuelo » con ella
pero limpio. Casi al mismo tiempo en- en casa de mi abuela.
tr6 Sonia.
-Me he puesto muy fea, t, verdadîTenia diez y siete an.os. Era muy pregunt6 moviendo la cabeza.
pequeiia, muy delgada, amarilla, y te-De ninguna manera-me apresurénia aspecto de mala salud. No se vefan a responder.-Ha crecido V. un poco,
sen.ales de cicatrices en su rostro, y es V. mayor; pero, al contrario .. hasta
seguia teniendo los ojos encantadores, encuentro ...
y la linda sonrisa, buenay alegre, que -Bueno, eso no importa. - i, Se
yo habia conocido y amado en nuestra acuerda V. de nuestros bailes, de nuesinfancia. No esperândome de ningun tros juegos, y de Lanit, y de la seiiora
modo encontrarla asi, me fué imposi- DoraU (Yo no habia conocido a la seble, en el primer instante,_dirigir hacia nora de Dorat; evidentemente era arrasella el sentimiento que habia prepara- trada por el placer de los recuerdos de
do en el camino . .Me alarg6 la mano a la infancia y los confundia.) 1Ah, que
la moda inglesa, que era entonces una hermosotiempol-continu6con suantï
rareza como las campanillas, me di6 gua sonrisa, aun mas linda que en mis
un buen apret6n y me hizo sentar a su recuerdos, y su misma mirada lumilado en el divan.
nosa.
- i Qué feliz soy vié~dole, mi queriMientras que ella hablaba, tuve tiemdo Nicolas-diio mirândome de frente po de re:flexionar sobre la situaci6n en
con un aire tan sinceramente feliz, que me encontraba, y de decidir conque .no sorprendi nada de protector en migo mismo que estaba enamorado.
el tono amistoso con que pronunci6 las Apenas hube tomado esta resoluci6n,
palabras: « Mi querido Nicolas.»
cuando en el mismo momento desapaYo estaba asombrado de encontrarla reci6 mi dichosa indiferencia; una estodavia mas sencilla, mas cariiiosa y pecie de niebla me ocult6 la vista de
mâs familiar después de haber vivido todos los objetos, hasta de sus ojos y
en el extranjero. Descubri dos peque- de su sonrisa; me senti vergonzoso,
nas cicatrices, la una junto a la nariz, me puse colorado y perdi la facultad
la .otra en una ceja, pero sus admira- de hablar.
"bles ojos y su sonrisa eran exactamen-Hari cambiado los tiempos-proie los mismos de mis recuerdos y siem- sigui6 suspirando y enarcando ligerapre tan brillantes.
mente las cejas.-Todo se ha vuelto
- ,1C6mo ha cambiado V.-dijo.-Ya mucho mâs malo, y nosotros también,
u V. todo un buen hombre. Y a mi, i, verdad, Nicolas?
,me encuentra V. muy cambiadai
No pude responder, y la miré en si. -No la habia reconocido. Me sentia lencio.

MI JUVENTUD

1 Qué se ha hecho de los Ivine, los
Kornakof'? i,Se acuerda V. de ellos?continuo, contemplando con cierta euriosidadmi rostro empurpurado y asustado.-j Ah, gué buen tiempo!
Seguia siéndome imposible responder.
La entrada de la seiiora de Valakhine me sac6 por el momento de aquella
situaci6n penosa. Me levanté, saludé
y recobré la palabra. En cambio, Sonia se transform6 de repente de la manera mas extraiia. Toda su alegria y
su familiaridad se desvanecieron, la
sonrisa ya no era la misma; se convirtj6 de pronto en la seiiorita extranjera
que yo me habia :figurado al llegar.
Aquella metamorfosis no tenia raz6n
de ser aparente, porque nada habia
conservado su amable sonrisa y su aire
dulce, que se mostraba en sus menores
movimientos.
La seiiora de Valakhine se sento en
un gran sillon y me indicé&gt; un asiento a
su lado. Dijo algo en ingles a su hija, y
Soniasali6 en seguida, loque acab6 de
serenarme.Lase:iiora Valakhinemehizo
preguntas sobre mi hermano, mi padre,
todos los mios; después me hablo de
su pena, la muerte de su marido. Al
fin, viendo que era imposible hablar
conmigo, me miro como para decirme:
« Deberias levantarte, saludar é irte;
esto seria una buena idea, querido.»
Pero me sucedia una cosa singular.
Sonia habia vuelto, trayendo costura,
y se habia sentado al otro extremo del
salon; sentia sus ojos sobre mi. Por
otra parte, mientras que la seiiora de
Valakhine me hablaba de la muerte de

169

su marido, habfa yo tenido tiempo de
acordarme de que estaba enamorado y
de rcfl.exionar que la madre lo notaba
ciertamente. Todo esto combinado me
habia dado un nuevo aceso de timidez
tan violento, que me senti fuera de estado de hacer un solo movimiento de
de una manera natural. Comprendi queme veria obligado, para levantarme y
salir, a fijarme en donde ponia el pie,
en qué haria con mi cabeza y mis brazos; en una palabra, casi me sentia
como la vispera, al salir después de
haberme bebido media botella dechacnpagne. El instinto me decia que jamâ.s
podria salir del paso y que no poària
levantarme; y, en efecto, no podia levantarme. La seii.ora de Valakhine estaba sin duda a~ombrada de mi cara
carmesi y de mi completa inmovilidad,
pero yo habia decidido que mas valia
quedar sentado en aquella situaci6n
estupida, que arriesgarme à cometeruna torpeza al levantarme y al salir.
Segui, pues, sentado, sin moverme
basta!lte tiempo, esperando que un
acontccimiento imp,revistg viniera a
sacarme de alli. El acontecimiento se
present6 bajo la forma de un joven de
pobre aspecto, que entr6 con el aire de
persona de la casa y me salud6 cortésmente. La seiiora de Valakhine se levant6, se excus6 diciendo que tenfa
que hablar a su apoderado, y me miro
con aire perplejo que queria decir: «Si
quiere V. estar ahi cien ail.os, yo no lo
echo.&gt;} Hice un esfuerzo desesperado y
me levanté, pero fué superior a mis
fuerzas saludar. Me dirigi hacia la
puerta seguido por las miradas com-

�170

MI JUVENTUD

:REVISTA INTERNACIONAL

pasivas de la madre y de la hij a, y en
mi preocupaci6n de no enredarme los
pies en la alfombra, me los enredé en
una silla que no estaba del todo en mi
camino. Una vez al aire libre, cuando
me hube sacudido y lanzado un refunfu:ii.o talque Kozuma me pregunt6 muchas vecesqué queria, la crisis se disip6
y me puse a reftexionar con bastante
calma en mi amor por Sonia y en las
relaciones entre la madre y la hija,
que me parecianextraùas. Cuando conté después a mi padre que la seii.ora
Valakhine y su hija no me habian parecido muy unidas, dijo:
-Si atormenta a esa pobre niiia con
su horrible avaricia. Es singular-aùadi6 con mas emoci6n de la que correspondia a una simple parienta lejana.jEra una mujer tan encantadora!,amable, original! No puedo comprender qué la ha cambiado hasta tal punto.
iNo has visto en su casa una especie
de secretario'? '-Qué significan esas
maneras'? jUna sei'iora rusa que tiene
secretariol-ai'iadi6 alejandose de mi
con aire irritado.
-Lo he visto-respondi.
-,Y qué'? t,Es guapo al menos'?
-No, es muy feo.
-Es incomprensible-dijo papa contrayendo el hombro con irritaci6n.
«Herne enamorado »-pensaba yo siguiendo mi camino en el droshki.

XXIII
En casa de los Kornakof.

La segunda visita fué la de los Kornakof. Habitaban el primer piso de una
gran casa. La esculera era majestuosa
y bien puesta, pero no lujosa. Habia
en ella una alfombra sujeta con varillas de cobre, pero ni flores ni -espejos.
La sala que crucé para entrar en el sa16n tenia un piso bien barnizado y estaba bien amueblada; pero todo aquello
era triste y fric. El mobiliario, aunque
algo viejo, era brillante y de aspecto
s6lido; pero no se veia ni un cuadro,
ni una cortina, ni un adorno. Encontré en el sal6n cierto mimero de las
j6venes princesas. Se mantenian erguidas en sus sillas, y tenian tal aire
de ceremonia, que se decia uno al verlas: « No estân asi cuando no hay
visitas.:.
-En seguida viene marna-me dijo
la mayor sentandose a mi lado.
Durante un cuarto de hora me habl6 con tanta facilidad y tanto tacto,
que la conversaci6n no languideci6 un
instante. S61o que se comprendia que
aquello era un trabajo; asi me desagrad6. Me cont6, entre otras cosas,
que su hermano Esteban, que habia
ingresado dos aiios antes en la escuela
de sargentos nobles, era ya oficial. Al
hablar de su hermano, y sobre todo al
contar que habia entrado en husares

171

apesardesu madre, puso una caramuy Esteban son primos hermanos.-Esteasustaua, y todas sus hermanas meno- ban es ya oficial, t,sabe V.? Pero me
res, sentadas en silencio, pusieron la desagrada que se le deje demasiado limisma cara asustada. Habl6 de la muer- bre. i Hay que sujetar a la juventud!. ..
te de mi abuelay adopt6 un aire triste, i,No dispe.nsar:1 V. a una vieja tia que
Y todas las jovenes princesas tomaron le dîga la verdad? Yo sujetaba a Esteel m.ismo aire t:1,'iste. Record6 el dia en ban muy severamente, y me parece
que yo habia pegado a Saint-Jerome que esto es nece.sario ... Yo soy asi. He
Y e~ que ~e habian e~cerrado; se ech6 aqui como somos parientes: el princiâ reir ense.1,mdo los d1entes muy fe-os, j pe Ivan Ivanovitch es tio mio, y tamy todas las hermanas se echaron â reir bién era tio de su madre de V. Yo era,
enseiiando los clientes muy feos.
pues, prima hermana de su marna ...
Entro su ma.dre. Seguia siendo la A prop6sito, 1,ha ido V. a casa del prinmisma mujercita delgada, con su mi- cipe Ivan Ivanovitch'l
rada que huia siempre de la persona Le respondi que iba â ir.
a quien hablaba. Me cogi6 la mano y
-ïC6moesposible!-exclam6.-Esa
alz6 la suya hasta mis labios; sin esto debia haber sido su primera visita. V.
no se me habria ocurrido la idea de be- sabe que el principe Ivan Ivanoviteh
sarle la mano; no me parecia que la es ~omo un padre para V. NQ tiene hicosa fuera indispensable.
·
jos. Sus unicos herederos son Vds. y
-ï Qué contenta estoy de vede a V.! mis hijos. Hay que considerarlo a cau-dijo _con su tono ~~r1anchin, echando sa de su edad, de su posici6n, y de todo.
una m1rada â sus h1Jas.-i 06mo se pa- Sé que la juventud de hoy no tiene en
rece a su marna! i, Verdad, l;,isa ~
cuenta los lazos de familia y no ama !
Lisa dijo que era verdad. Yo sabfa las personas de edad; pero crea V. a
que no me parecia lo mas . minimo a su anciana tia que le quiere y que quesu madre.
ria a su marna; también queria a su
-jYa es V. un hombre! Y mi Este- ~buela con mucho afecto y respeto. Es
ban .. • i. se acuerda V. de él '? ... Es pri- preciso absolutamente ir, a-bsolutamo hermano de V.; no, primo hermano, mente.
no ... i,C6mo hay que decir, Lisa? Mi Dije que iria con seguridad, y me
madre era Barbara Dmitrievna, hija de levanté. La visita me parecia suficienDmitri Nicolaievitch; su madre de V. temente larga, y ya saludaba para
era Natalia Nicolaievna.
irme, pero la princesa me detuvo.
-Entonces es primo en cuarto gra-No, espere V. un minuto. 1iP6nde
do, mamâ-dijo la mayor de las prin- esta tu padre, Lisa? Vé â buscarlo. Le
cesas.
gustara mucho verlo a V. - continuo
-jTodo lo embrollas siempre! -le dirigiéndose a mi.
grit6 agriamente su madre.-Esto noes
Al cabo de dos minutos entr6 el
por completo en cuarto grado-él y principe Mikhaïl. Era un: hombrecillo

�1?2

BEVISTA INTERNACIONAL

rechoncho, 1os vestidos extremada- mi camino. Habitaban una grande y
mente sucios, sin afeitar, la :fisonomia hermosa casa en el bulevar Tzerskoë·
casi estupida a fnerza de indiferencia. Con un sentimiento de temor subi la
No le gust6 lo mas minimo verme; en escalinata, donde habia un portera con
todo caso no lo demostr6. La princesa, su baston de porno. Cuando subi la.
a quien seguramente tenia gran mie- gran escalera me pareci6 que me quedo, le dijo:
daba muy pequefi.o, en el sentido pro-1, Verdad que Valdemar (habia ol-- pio de la palabra. Ya habia tenido esvidado mi nombre) se parece mucbo a-ta impresion, cuando mi droshki se
su marna'/
par6 de1ante de la gran escalinata:
Acompan6 estas palabras con tal droshki, caballo, cochera, todo me paseiia de los ojos, que el principe, adi- reci6 que se empequeiiecia.
vinando 16 que ella queria, se acerc6
Encontré al joven !vine tendido en
à mi, que estaba muy lejos de hallar- un divan y dormido delante de un libro
me encantado, y me alarg6 su cara sin abierto. Su ayo, que me habia seguido,
afeitar, que tuve que besar.
despert6 a su discipulo. Ivineno ma- ï Todavia no te has vestido! ïY tie- nifest6 ninguna alegrfa al verme, y
nes qu,e salir !-prosigui6 la princesa noté que al hab1arme me miraba las
con el tono agrio que le era evidente- cejas. Aunque estuvo extremadamente
mente habitual con las personas de cortés, me pareci6 que no experimenla casa.
taba ninguna simpatîa particular por
-A.Ila voy, alla voy, madrecita- mi, y que no veia la necesidad de hacer
dijo el principe Mikhaïl, y sali6.
mi conocimiento, teniendo ya sin duda
Aquella era la prime.r a vez que yo relaciori.es diferentes de las mias. Todo
oia decir que nosotros éramos los he- esto resaltaba principalmente para mi
rederos del principe Ivan Ivanovitch, de su manera de mirarme las oejas. En
y esta noticia me habia producido un una palabra, y aunque me cueste hacer
efecto desagradable.
esta confesi6n, me trataba poco mas o
menos como yo trataba a Lino. Comenzaban a irritarseme los nervios. Sorprend-i al vuelo todas las miradas de
XXIII
!vine, y ttaduje una ojeada que cambi6
con su ayo por esta pregunta:
En casa de 101 lvine.
-i,Qué viene a hacer a nuestra casat
Después de un instante de conversaci6n, !vine me dijo que su padre y
La visita indispensable que yo debia su madre estaban en la casa, y me
hacerle me costaba aun mas. Pero an- propuso llevarme hasta ellos.
_tes de ira casa del principe, tenia que Me condujo a una. pequeiia habitaver a1~ Ivine, que se encontraban en tacio_n al lado del salon. Su madre en-

MI JUVENTUD

tr6 al mismo tiempo que nosotros por
otra puerta. Me acogi6 muy amistosamente, me hizo sentarme a sa lado y
se inform6 con interés de toda mi familia.
La seii.ora de Ivine, a quien yo no
habia hecho mas que entrever una vez
6 dos y a quien consideraba ahora con
atencion, me agrad6 mucho. Era alta,
delgada, muy blanca, y tenia siempre
un aire triste y abrumado. Su sonrisa
era melancolica, pero de una gran bondad; sus grandes ojos fatigados, le daban todavia una expresi6n mas triste
y mas atractiva. Cuando se sentaba 6
se movia, aquello era como un debilitamiento y un hundimiento de todo su
cuerpo. Hablaba blandamente y pronunciaba con tan poca claridad, que
se oia una letra por otra; sin embargo,
el timbre de su voz y su hablar eran
muy agradables. Se veia que tomaba
un interés melanc6lico en lo que yo
le decia de mi familia, como si mis
respuestas le recordaran tiempos mejores. Sali6 su bijo. Ella me considero
un instante en silencio, y de pronto se
echo a llorar. Yo seguia sentado enfrente de ella, sin saber absolutamenqué decir niqué hacer. Seguia llorando sin mirarme. Mi primer movimiento
fué la compasi6n, el segundo fué preguntarme: &lt;&lt;i,Hay que consolarla '? i. Y
c6mo arreglarme para ello?~ El ultimo
fùé disgustarme que me pusiera en una
situacion tan falsa. «t,A.caso tengo aspecto tan digno de lâstima- pensaba
yo. i.Ü bien lo hace expresamente para
ver c6mo me porto en estos casos'?»
«No seria conveniente irme-seguia

173

pensando;-jpareceria que huia de sus
la.grimas!»
-ï Que tonta soyl-dijo mirandome
y esforzândose por sonreir. Hay dias
asi, en que se llora sin saber por qué.
Se puso a buscar su paiiuelo por el
divan, y de pronto ech6 a llorar con
mas fuerza.
- i Ah Dios mio ! Es ridiculo estar
siempre llorando. i Amaba tanto â su
madre de V., estabamos ... tan unidas ... y ... !
Encontr6 el paùuelo, se tap6 con él
la cara y sigui6 llorando. Yo vol via a
caer en mis perplejidades. Aquella situaci6n se prolong6 bastante tiempo.
Yo estaba molesta, pero sobre todo le
tenia lâstima. Sus la.grimas parecian
sinceras, y pensé que lloraba menos a
causa de mi madre que porque no era
dichosa ahora y porque lo habia sido
antes, en el tiempo de mi madre. No
sé c6mo habria acabado aquello, si no
hubiera entrado su hijo diciendo que la
llamaba su padre. Se levant6, é iba a
salir, -cuando apareci6 su marido. Era
éste un senor pequeiio, muy bien conservado, a pesar de sus cabellos grises,
con espesas cejas negras, cabellos cortados al rape y una boca de expresi6n
muy dura.
Me levanté y saludé, pero el seiior
Ivine, que llevaba tres condecoraciones
sobre su frac verde, no me devolvi6 el
saludo y apenas si me miro.
Tuve de pronto el sentimiento de que
yo no era una person~, sino un objeto
cualquiera~ indigna de atenci6n-algo
como un sillon, 6 una ventana;-al menos, si era una persona, era de las

�MI JUVENTUD

174

175

BEVISTA JNTERNACIONAL

que no se diferencian nada de los mueb~s.
XXIV
1 No b~s escri:? to,davia a ~a con- 1
· desa, querida '?-dtJO a su muJer con 1
aire impasible y duro.
El principe Ivan lvanovitch.
-Dispénseme V., sefior Irteneffdijo con una inclinacion de cabeza la
sefiora de Ivine, haciéndose de pronto
«:Ahora la ultima visita »-dije aKualtanera y mirandome las cejas como zana-y rodamos h~cia la casa del
.
principe Ivan Ivanov1tch.
su hiJO,
. d
. d
.
Le saludé y me incliné de nuevo
De ordinar1O, e~~ues e una ser~e
ante el viejo Ivine, en quien produjo de visitas, yo adquma a~lom~. -~e diesto tanto efecto como si se hubiera rigia, pues, en una d1~pos1c10~ de
abierto 6 cerrado una ventana. Eljoven espiritu bastante tranqmla hac:a la
!vine me acompaii6, sin embargo, has- rada del principe, cuand~ me acud1eron
ta la puerta, contandome que iba a en- suhitamente a la memor1a las p~labr~s
·
·dad
trar en 1a Un1vers1
· de sa·n Peters- de la princesa Kornakof sob:.-e m1 cuah.
burgo, porque su padre acababa de ser dad de heredero. A mayo~ abundamiendelante de
desti.. nado a11'1 (me diJ·o que para un to, vi parados dos carmaJes
· , l
· ·a
·
t
nte)
la
escalinata.
Me
vol,;10
a
hm1
ez.
puest o muy 1mpor a
.
..
. .
«Papa dira lo que quiera-refanfuMe p_a;ec1O que el ~1e30 portero que
îiaba yo entre dientes al subir al ca- me abr10 la _puerta, e. laca!o que me
rruaje, -pero no volveré a poner los pies quit6 el abr1go, las tres se~oras Y los
i La una lloriquea. al verme, como dos caballeros que encontre en el sal6n,
aqu •
1 · · I ' I no
si yoj fuera un pobre desdichado, y ese y, sobre todo, e prrnc1 pe van ;' 3 · 1 e no saluda... me la pa- vitch, que estaba sentaJo, de pa1sano,
amma qu
. .
··6 a·CJ'
ue toara. » De qué r:1anera queria yo ha- en el divan, me parem , 1':' o, ,q
gcersela pagar, es cosa que no se· ver- dos me miraban como se. mua a. un
, he.
redero: con malevolenc1a. El prmcipe
daderamente.
d
·
M b ·
Posteriormente tuve que sufrir nu- estuvo enca~ta _or co~m1go. e eso,
merosos asaltos de mi padre, que decia es decir, rozo_m1s meJ11las con.sus laque era indispensable cultivar' aquella bios des_coloridos '. secos Y_ fnos, ~e
relaci6n, y que yo no podia exigir que pregunto sobre ~1s ocupac10nes y mis
un hombre en la situaci6n del sefior proyectos, me d10 broma, me pregunt6
Ivine se ocupara de un chiquillo como si seguia haciendo versos como los qu~
yo Pero yo me mantuve firme mucho habia hecho el dia del santo de mi
··
abuela y me hizo quedarme a corner.
tiempo.
'
,.
Cuanto mas amable estaba, mll.s me
figuraba yo que no me acariciaba sino
para no dejarme ver hasta qué punto
1

le desagradaba el pensamiento de que tinué, deseoso de mostrar a mi anrigo,
yo era su heredero. Hacia un gesto entre otras cosas, que f!i yo decia todo
que procedia de su dentadura postiza. esto, no era porque me hubiera sentido
Siempre que acababa de hablar alzaba niùo ante el principe, sinoque me era
el labio superior hacia la narit y aspi- odiosa la idea de que se me pueda miraba con un ligero ronquido, como si rar del mismo modo que aquella prinsorbiera. En aquel momento, cuando cesa que vive en su casa y que se arrashacia aquel gesto, me parecia siempre tra ante él. Es un viejo a.sombroso,
oirle decirse aparte:
admirablemente bueno y delicado con
(&lt;Hijo mio, hijo mio; ya lo sé sin que todo el mundo, pero maltrataaesa prinme lo digas: heredero, heredero», etc. cesa de un modo que da pena. ïEsas miCuando éramos pequeùos, nosotros serables cuestiones de dinero lo echan
llama.bamos al principe Ivan Ivano- a perder todo!
vitch «abuelo». Ahora, siendo herede-i,Sabes una cosa'?-prosegui.-Yo
ro, mi lengua se negaba a decirle creo que lo mejor seria que yo tuviera
«abuelo». Deliirle su excelencia, como una explicaci6n franca con el principe;
uno de los caballeros que habia alti, decirle que lo venero como hombre
me parecia bajo. Traté, pues, durante pero que no pienso en su herencia y que'
toda la conversaci6n, de no llamarle le suplico que no me deje nada; que no
de ningun modo. Lo que mas me tur-: iré a verle mas que con esta condibaba era una vieja princesa que era ci6n.
también heredera del principe y que
Dmitri no solt6 la carcajada en mis
vivia con él. En la comida estaba yo narices. Refiexion6, y mè dijo después
colocado al lado de ella. Me :figuraba de algunos instantes de silencio:
constantemente que no me hab1aba
-2.Sabes una cosa1 Haces mal. 0 bien
porque me detestaba, sabiendo que yo· no debes suponer que se puede tener de
era heredero como ella, y que el prin- ti la misma idea que de tu princesa,
cipe no se ocupaba de nuestro lado de 6 bien, si lo supones, ve mas lejos: de
la mesa porque ambos le éramos igual- que sabes que se te puedenatribuir esos
mente od10sos, en calidad de herederos. pensamientos, pero que estan tan lejos
-No puèdes figurarte cuan desagra- de ti, que los desprecias y que jamâs
da.ble me ha sido-dije a Dmitri la no- haràs nada que sea consecuencia suya.
che misma de aquel dia afin de hacerle Supon que supones ... En una palabra,
admirar mi repugnancia a la idea de -a:iiadiô, siutiendo que se embrollaque era heredero ( me parecia ·que esto ba en sus razonamientos,-lo mejor es
era un hello sentimiento )-no puedes no suponer nada absolutamente.
figurarte cuan desagradable me ha sido
Mi amigo tenia completamente rapasar hoy dos horas enteras en casa del z6n. No fué sino mucho, mucho mas
principe. Es un hombre excelente y tarde, cuando aµrendi, por la experienha estado muy cariiïoso conmigo-con· cia de la vida, qué malo es pensar, y

�176

REVI8TA INTERNACIONAL

aun mas decir una multitud de cosas ira â. su madre por la maiiana, y fué â
que nos parecen muy nobles, pero que recogerme después de comer para padeberian quedar eternamente sepulta-1 sar la velada, y hasta ~o~a la n~~e,
das en el fondo del coraz6n del hombre.\ en el campo, _donde vivia su fam1l~a.
Aprendi también que las palabras no- Cuando estuvimos ~aera d~ la cm•
bles van raramente al par con las ac- dad y los colores_ sucios y ab1gar~~os
ciones nobles. Estoy convencido de que de la calle, el rmdo ensordecedor e 1m~l solo hecho de haber expresado una posible del empedrado fue_r,on reempla· tenci·6n hace su realizaci6n zados por la vasta extension del camb uena m
,
.
d 1
d
diflcil, imposible la mayor parte de las po y el ligero rechinar . c as rue as
~Pero cômo impedir a la juven- por la carretera polvor1enta; cuando
veces. o
1
·
1
tud que ha~ ostentacion de hermosos el aire perfu°:1ado de la pr1mavera Y os
sentimientos't Mucho después, al re- 1 grandes hor1zontes me rodearon ~or
cordar e:ios nobles arranqueq, se expe- todas partes: s~lo entonces comence a
· en~ft la misma imprcsi6n de pena encontrar Illl oriente, enteramente pe_rr1m w.
1
d'
b . l . ft
que a la vista de una tlor que no se ha Idido h~cia do~ 1as, aJô a m uenc1~
antes de que de las 1mpres10nes nuevas y del sentldido l·mpedir coO'er
O
po
1
•
d
.. t '
abriera, y que ahora se vé por los sne- 1miento de la hbert~ . Dmitr1 ema su
los marchita y ajada con los pies.
bumor dulce y fücil; no se aco~oda~a
y 0 que acababa de decir hacia un \ la c~rb~ta estirand~ el cuello m h~c1a
momento a mi amigo Dmitri que las mov1m1entos nerv1osos con los OJO~cuestiones de dinera lo echaban â per- Yo estaba contento d~ los bellos sentider tod.o, le pedi ul dia siguiente pres- mientos que le expoma y hablâba~o_s
tados, antes de partir para el campo, amistosamente de mur~as cosa~ mti. ticinco rublos en papel para mi mas de que no se .esta
vem
. s1empre, d1spues1
viaje. Habia ocurrido que me habia to_ a hablar. Dm1_t~1 me poma a cogastado todo e1 dinera en acuarelas y rr1ente de su fam1lia, que yo no conon pipas turcas· Dmitri me di6 los vein- cia: me hablaba de su madre, de su tia,
:icinco rublos, 'ios tomé y tardé mucho \ de su hermana y de la roj~ ~ue Volodia
tiempo en devolvérselos.
y Dubkof llamaban su p~s1on. Hab:aba
dl, su madre con elog10 , con c1erto
\
tono frio y s0lemne, como para prevel
nir toda discusi6n sobre este asunto, y
XXV
de su tia, con un entusiasmo mezclano
1 con un dejo de indulgencia. Me dijo
Conversacl6n Intima con un amigo.
muy poco de su hermana; parecia embarazado al hablar de ella. En cambio
Esta conversaci6n se desaroll6 en Iseextendi6con animaci6n so~relaroja,
faet6n en el camino de Kuntzof. Dmi- de su verdadero nombre, L1ubor Sertri me' habia aconsejado que no visita-\ gueievna, que era una joven algo ma-

I

l

MI JUVDTUD

177

~ura que vi~a en casa_ de los Nekh- Hay que decirte que Liubor Sergueievhudof .en cahda~ de par1ente.
na es muy religiosa y comprende per-S1, es una Joven admirable-dijo fectamente â Ivan Iacorlevitch. Va â
rnborizandose, _Y al mismo tiempo mi- ~menudo â verlo, y Je da para los pobreq
rândome atrev1damente a la cara.- el dinera que ella gana con sn trabajo.
Ya no es una niiia, no es muy linda; Ya veras qué admirable mujer. y 0 voy
pero i qué _tonteria amar la belleza I con ella a casa de Ivân Iacorlevitch, y
iqué absurdo I No puedo comprender le estoy muy reconocido por baberme
e~to, de ~l modo es necio. ( Se habria I hecho conocer a ese hombre notable.
d1cho al 01rle, que habia descubierto la Pues bien; mam{I. no puede absolutaverdaù_ mas extraordinaria.) Pero jqué mente comprender esto: dice que es
~~a ;1ene ! jQué coraz6n I i Y princi- supers_tici6n. Ayer disputé con marna
c1p10s .... Estoy seguro de que no en- por primera vez en mi vida. y con bascontrar_as otra parecida en toda nues- tante calor r,0ncluy6 con un movitra soc1edad ac~ual.
miento nervioso del cuello, que era
_Ignoro de qmén habi~ tomado Dmi- coma una remiriiscencia del efecto que
tri la costumbre de dec1r que todo lo le habfa producido aquella disputa.
que estaba bien era raro en la sociedad
-Bueno, t,y cual es tu idea Y-preactual. Era una frase que repetia mu- gunté para distraerlo de aquel recuercho y que le sentaba bien.
. do desagradable.-;, C6mo crees que
-No temo mas que una cosa-pros1- acabara... quiero decir hablo de lo
gui6 tranquilamente deqpués de ha ber que sucedera y de la madera c6mo acafulminado asi su indignaci6n sobre barâ vuestra pasi6n , vuestra amislas gentes bastante necias para amar tad 't
la belleza.-Temo que no la compren- -;Preguntas si pienso en casarme
das en seguida, que te cueste trabajo con ella'1-dijo, ruboriza.ndose de nueconocerla. E&lt;J reservada y hasta. algo vo y de nuevo volviéndose hacia mi
reconcentrada i no le gusta mostrar sus para mirarme.
be_llas y asombrosas cualidades I Mira,
«B11eno; he aqui, pensaba yo mienmi maùre, que, como vas â. ver, es una tras que me serenaba: somos hJmbres
~ujer excelen~e, jnteligente, conoce â y amigos, y bablamos, en un faet6n,
Lmbor Ser?'ue~evna hace mucbos aiios; de nuestro porvenir. Serîa agradable a
no_ pued.e ru qmere comprenderla. Ayer cualquiera escucharnos en este mom1smo ... Voy a contarte por qué esta- mento y mirarnos.»
ba yo de mal humor cuando me lo -;Por q11é no'?-prosigui6.-Mi obpr~untaste. Anteayer, Liubor Ser- jeto, como para todo hombre razonague1evna me rog6 que fuera con ella ble, es ser, en cuanto sea posible, dia casa de Ivân Iacorlevitcb. 1,Has oido choso y bueno. Con ella, si ella conhablar de I~â.n Iacorlevitch 1 Pasa por siente, cuando yo sea completamente
loco; en reahdad es un hombre notable. independiente seré mas dichoso y eRBVTBTA.-MATO

94.

'

.

12

m

�178

-- - - - - - ----

REVISTA. lliTE.11..NAClONAL

jor que con la belleza mayor del :ribles comenzaban â espigar, mostranmundo.
rlo su cruda verdura. El aire estaba
Durante esta conversaci6n, no notâ• inm6vil y fresco. Las hojas de los arbamos que nos acercabamos â Kunt- boles y los centenos, extraordinariasof, ni que el cielo se cubria y amena- mente clarvs y en relieve, no se mozaba llover. El sol estaba ya bajo, y la vian. Se habria dicho que cada hoja,
mitad de su rojo disco estaba ocultoi a cada brizna de hierba vivia con su
nuestra derecha, por una nube gris vida individual, intensa y dichosa.
casi opaca, justamente por encima de Notaba yo cerca del camino un sendero
los grandes ârboles del jardin de Kunt• negruzco que serpenteaba entre los
sof. De la otra mitad del disco se esca- \ centenos de un verde sombrio, ya alpaban fragmentas de rayos inJlamados tos, y aquel sendero me record6 muy
que inundaban ~e te~plada luz ~as \ vivam~nte nuestro campo; lo que me
masas espesas é mm6viles de los vie- conduJO, por un e.x.traiio encadenajos ârboles, que se destacaban en verde mieot.o de ideas, â pensar en Sonia y
sobre la parte del cielo que seguia azul â acordarme de que estaba enamorado
y luminoso. El brillo y las tintas de de ella.
aquella parte del cielo forma ban un
A pesar de toda mi aID1stad por Dmicontraste violento con la gran nube de tri y todo el placer que me producian
color de lila colocada enfrente de nos- las confidencias de sn corazon, notenia
otros sobre los al'boles que cerraban el ganas de saber mas acerca de sus senhorizonte.
timientos y sus intenciones respec.to
Un poco mas a la derecha todavia, de Liubor Sergueievna, mientras que
se veia detras de los arboles las tejas senti.a unas ganas terribles de partide diferentes colores de las casas de ciparle mi amor por Sonia, que me pacampo. Entre aquellas tejas, las unas recia uo sentimiento de orden mucho
repercutian los rayos deslumbradores mas elevado. No sé por gué, no me dedel sol, las otras teaian el aspecto tris- cidi a decirle directarnente c6mo sente de la parte sornbria del cielo. En un tia yo qne serfamos dichosos cuando
claro é. la izquierda azuleaba un estan- me casara con Sonia, que habitaria en
que inm6vil rodeado de citeros de fo- el campo, que tendrîa ninos que me
llaje verde palido que se reflejaban en llamarian papa y correrian a gatas, que
negro en su superficie mate. Detras lo veria llegar en traje de viaje con su
del estanque extendiase en pendiente mnjer, Liubor Serg-ueievna ... En vez
un barbecho, dividido en dos por una de todo esfo, le dije se:iialandole el sol
Hsta de un verde pâlido, cnya linea poniente:
recta iba a juntarse con el horizon te
-ïDmitri, mira que hermoso!
p]omizo y amenazador. A los dos la.dos
Dmitri no respondi6. Estaba visibledel camino por donde rodaba blanda- mente descontento de que en respuesta
mente el faet6n, centenos tiernos y fie- a una confesi6n que le era costosa, le
J

179

MI JUVENTOD

hiciera yo admirar la naturaleza, que
lo dejaba, en general, mq.y fdo. La naturaleza le producfa un efecto completamente distinto que a mi. Le interesaba, mas bien que lo conmovfa, por su
belleza. La amaba por la inteligencia
mas bien qne la sentia.
-Soy muy dichoso-continuè sin
ocuparme de que estaba absorto en sus
pensamientos y par completo indiferente a lo que yo pudiera decirle. Te
he hablado-1,lo recuerdas~e una seîiorita dequienestabaenamoradocuando era niîio; hoy la he vuelto a ver,
prosegni con calor-y ahoraestoy decididamente enamorado de ella ...
A pesar de la indiferencia persistante
que se pintaba en su rostro, le conté
mi pasi6n y todos mis planes de clicha
conyugal. Cosa extraiia: asi que me
pUBe a describir la violencia de mi sentimiento, senti que éste disminuia.
La lluvia nos sorprendi6 en la alameda de los abednles de la casa. Pero
no la sentiamos. No noté que llovia

sioo porque me cayeron algunas gotas
en la nariz y en la mano, y porque s3
oia un ligero ruido en las hojas de los
ârboles; las ramas de los abedules colgaban inm6viles y parecian recibir
aquellas hermosas gotas de agua transparentes con delirio; expresaban su
gozo desprendiendo un olor proounciado de que estaba llena toda la alameda. Bajamos del carruaje, a fin de
llegar mas pronto cruzando el jardin.
A la entrada de la casa nos encont1•amos con cuatro sefioras que entraban
precipitadamente del lado opuesto, y
dos de las cuales llevaban labor de costura, la tercera un libro un libro y la
cuarta un perrito. Dmitri me presentô
inmediatamente a su madre, su hermana, su tia y Liubor Sergueivna. Se
detuvieron un segundo, pero la llu via
aumentaba rapi&lt;lamente.
-Entremos en la galeria y nos Jo
presentaras-dijo la seô.ora , que me
pareciô ser la madre de Drnitri, y subimos todos j untos la escalera.
CoNDE LE6N ToLSTOY.

( llontinuara. J

�HONORATO DE BALZAO

HONORATO DE BALZAC

CONTINUACIÔN

El Poeta y Pitâgoras fueron, lla primera obra, que bosqueja so ·
pues, una excepci6n, una vida fue- meramente en Luis Lambert, y rera de la vida comun. El instinto tan fiere con una emoci6n no disminuipenetrante, el amor propio tan de- da por el tiempo el decomiso de la
licado de los escolares, les hicieron I caja en donde estaba guardado el
presentir en nosotros inteligencias precioso manuscrito. Unos condissituadas mâs arriba 6 mâs abajo I cipulos envidiosos tratan de arranque las de ellos; de aqui, en unos car el cofrecillo a los dos amigos,
odio anuestramudaaristocracia, en quienes lo defienden con tenacidad.
otros desprecio a nuestra inutilidad; «De pronto, atraido por el estrépito
estos sentimientos existian entre de la batalla, intervino bruscamennosotros sin darnos cuenta, y quizâ te el Padre llaugoult y se enter6
no los he adivinado hasta hoy. Vi- de la disputa. Ese terrible Haugoult
viamos, pues, exactamente como nos mand6 entregarle la cajita;
dos ratones agachados en el rinc6n Lambert le di6 la lia ve, el regente
de la sala donde estaban nuestros cogi6 los papales y los hojeô; luego
pupitres, retenidos alli lo mismo dijo, confiscândolos: - iEstas son
durante las horas de estudio que las necedades por las que Vds.
durante las horas de recreo. »
abandonan sus deberes !-De los
El resultado de estos trabajos ojos de Lambert cayeron gruesas
ocultos, de estas meditaciones que lâgrimas, arrancadas tanto por la
ocupaban el lugar de los estudios, 1conciencia de su superioridad mofué ese famoso Tratado de la volun- ral ofendida, cuanto por el insulto
tad del que varias veces se habla en gratuito y la traici6n que nos afliLa Comedia humana. Balzac de- gîan. El Padre Ilaugoult, probableplorô siempre la. pérdida de aque- mente vendi6 â algun tendero de

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1~endôme el 1.r~tadode ùi ~oluntad, 1vida fué como un largo castigo de
Slil conocer la 1mportancia de los colegial. Amante afeminado de la
tesoros cientifico , cuyos gérmenes perezn oriental, enamorado do mis
abortados se disiparon en ignoran- emmeîios y sen ual, he trabajado
tes man os.»
Isiempre, negândome â gozar de los
Después de este relato, aiiade: placeres de la vida parisiense; afi«En memoria de la catâstrofe ocu- ' cionado a corner bien, he sido sorrida al libro de Luis en la obra, Ibrio; gm~tandome el andar y los viapor la cual com.ienzan estos estu- 1jes maritimos, deseando visitar pai- ·
clios, me he servido para una obra Ises, encontrando todavia gusto en
tlcticin. del titulo realmente inven- 1hacer como un chico recoveco sotado por La~bert; y he ~ado el :bre el agua, he permanecido consnombre (Paulina) de una mnJer para tantemente sentado con una pluma
·
--nena ' en 1a mano; parlanchin por naturaes1 muy quer1·d a a· una Joven
de almegaci6n. »
leza, he ido a escucbar en silencio
En efecto, si abrimos La· Piel de â los profesores en los cursos pCihliza~J~, encontramos alli en ~a ~on cos d~ la Bibli~ca y del 1Iu ~eo; he
fcs10n de Rafael las frases s1gmen- dormdo en m1 camnstro solitario
tes: «Tu solo admirarâs mi Teoria I como un reli !rioso de la orden de
de la voluntad, e a largn obra para ISan Benito, y0 sin embargo, ·1a roula cual ~abia yo aprendido las len- !jer era mi ûnica ilusiôn, jUna quiguas onenta'les, la anatomia y la I mera que yo acaricjaba y la cual
fi ·iologia, y â la cual habia consa- 1hu.ia siempre de mil&gt;
gra&lt;lo la m~yor parte de mi tiempo; 1 Si Balzac ech6 de menos con peobra que, s1 no
me engaîio, comple- 1 sar el Tratado de la voluntad, debi6
•
tara los trabaJOS de Mesmer, de La- ser menos sensible a la pér&lt;lida de
vater, de Gall y de Richat, abrien- '. su poema épico acerca de los Incas,
do un nuevo camino â la ciencia l que comenzaba a~i:
h?mana. Ahi se detiene mi hermosa
jOhinca, rey infortunado y tri~te,
n~a, ese sacrificio a diario, ese tra- desdichada im;piraci6n que le vali6,
bn;10 de gusano de seda, desconocido todo el tiempo que estuvo en el copara el mundo y cuya ùnica recom- legio. el irrisorio sobrenombre de
pe_nsa quiza consista en el trabajo ' Poeta! Preciso es confesar que Balm.Ismo; desde la edad de la raz6n zac no tuvo nunca el don de poe ia,
h~. ta el m_oment_o en que hube ter- 1de v_ersificaci6n à lo m_enos; su penmmado m1 Teorta, observé, apren- sallllento, tan complejo, siempre
di, escribi, lei sin descanso, y mi Ifué rebelde al ritmo.

1

�182

REVISTA INTERNAOIONAL

HONORATO DE BALZAC

183

1

De esas meditaciones tan inten- ba con la misma :fidelidad de las
sas, de esos esfuerzos intelectuales ideas adquiridas por lalectura, como
verdaderamente prodigiosos en un de las que la reflexiôn 6 la convernifio de doce 6 catorce afios, resul- saci6n le habian sugerido. En fin,
t6 una enfermedad extrafia, u.na poseia todas las memorias; la de
fiebre nerviosa , una especie de lugares, la de nombres, la de palacoma, del todo inexplicable para bras, la de cosas, la de fisonomias;
los profesores que no estaban en el no s6lo recordaba los objetos â vosecreto de las lecturas y de los tra- luntad, sinoque hast.a volvia a verbajos del joven Honorato, en apa- los dentro de si mismo iluminados
riencia ocioso y estûpido; en el co- y coloridos tal y conforme estaban
legio, nadie sospechaba esos ferooes en el momento de haberlos visto
excesos de inteligencia , ni sabia por vez primera. Este poder aplicâque en el calabozo ( donde diaria- base igualmente â los actos mâs inmente hacia que le metiesen â fin tangibles del entendimiento. Segllll
de estar libre) el escolar tenido por expresi6n suya, no s6lo se acordaba
vago habia devorado toda una bi- del sitio de las ideas en el libro
blioteca de libros serios y superio- donde las habia adquirido , sino
res al alcance de su edad.
también de las disposiciones de su
Transcribamos aqui algunas eu- ânimo en épocas remotas.
riosas lineas acerca de la facultad
Balzac conserv6 toda su vida este
delecturaatribuida a Luis Lambert, maravilloso don de su juventud,
es decir, a Balzac.
hasta aumentado ; y por él pueden
«Entres afios, Luis Lambert ha- explicarse sus inmensos trabajos,
biase asimilado la sustancia de los verdaderos trabajos de Hércules.
libros que en la biblioteca de su tio
Asustados los profesores, escrimerecian ser leidos. La absorci6n bieron â los padres de Balzac que
de las ideas por la lectura habia fueran en su busca â toda prisa.
llegado en él a un fen6meno curio- Corri6 su madre y le sac6 de alli
so. Su vista abarcaba de un golpe para llevârselo â Tours. Grande fué
siete uocbo lîneas, y su mente apre- el asombro de la familia cuando vi6
ciaba el sentido de ellas con una el nifio flaco y enfermizo que le develocidad anâloga a la de su mirada. volvia el colegio, en lugar del queCon frecuencia, hasta una palabra rubin que habia recibido; la abuede la frase basta.bale para bacerle la de Honorato hizo esta triste obtomar el jugo de esta ultima. Su servaciôn. No sôlo habia perdido
memoria el'a prodigiosa. Se acorda- sus hermosos colores y su fresca

gordura, sino que ademâs, por efec- , de ser mujer superior, le decia:
to de una congestion de ideas, pa- «Pero Honorato , i, eres capaz de
recia imbécil. Su actitud era la de comprender loqueacabasde decirh
un exta.tico, la de un somnâmbulo IY Balzac rie que te rie, sin explique duerme con los ojos abiertos; carse mas, con aquella bondadosa
perdido en un profundo ensuefio, no risa que tenia. El sefior de Balzac
oia lo que le hablaban, 6 su espiri- padre, mezcla â la vez de Montaitu, viniendo de muy lejos, llegaba gne/de Rabelais y del tio Toby, por
demasiado tarde para dar la res- su filosofia , su originalidad y su
puesta. Pero el aire libre, el des- bondad (la sefiora de Gerville es
canso, el carifioso medio ambiente quien habla) tenia un poco mejor
de la familia, las distracciones â concepto de su hijo, segun cierto
que le obligaban y la enérgica sa via sistema genésico que profesaba y en
de la adolescencia, triunfaron bien virtud del cual un hijo procreado
pronto de ese estado enfermizo. por él no podia ser tonto ; sin emApacigu6se el tumulto causado en bargo, no sospechaba en él, de
aquel cerebro juvenil por el zum- ningûn modo, el futuro grande
bar de las ideas. Las lecturas con- hombre.
fusas se clasificaron poco â poco;
Habiendo vuelto â Paris la famiâ las abstracciones vinieron â unir- lia de Balzac, entrô en el colegio del
se imagenes reales, observaciones sefior Lepitre, calle de Saint-Louü1,
hecbas silenciosamente en el vivo. y luego en el de los sefiores Scaucer
Paseândose y jugando estudiaba los y Beuzelin, calle de Thorigny, en el
lindos paisajes del Loira, los tipos Marais. En ellos, como en el colede provincia, la catedral de Saint- gio de Vendôme, no se revel6 su
Gatien y las :fisonomias caracterîs- genio , y permaneci6 confundido
ticas de los sacerdotes y de los ca- entre el rebafio de los escolares conônigos; varios cartones, que sir- munes. Nadie le habia dicho con
vieron mas tarde parael gran fresco entusiasmo: Tu Marcellus eris, o
de La Comedi"a humana, fueron de Sic itur ad astra.
seguro bosquejados durante aquella
'l'erminados los estudios de hufecunda inacciôn. Sin embargo, en manidades, Balzac diôse â si mismo
la familia, lo mismo que en el co- esa segunda educaciôn que es la verlegio, no fué adivinada 6 compren- dadera. Estudi6, se perfeccion6, sidida la inteligencia de Balzac. Has- gui6 los cursos de la Sorbona y
ta, cuando se le escapaba alguna aprob6 la carrera de derecho, miencosa ingeniosa, su madre, â pesar tras estaba trabajando con escriba-

�184

REVI8TA INTERNACIONAL

nos y notarios. Ese tiempo, perdido veiutiun afios, en la que se enconen la apariencia, puesto que Balzac traba Balzac. Pero si el ensuefio de
no fué escribano, ni notario, ni àbo- todo nifio consiste en tener botas,.
gado, ni juez, le hizo conocer el el de todo joven estriba en tener un
persona! de la curia y le puso en cuartito, un cuartito enteramente
estado de poder escribir mas ade- suyo, del cual se tenga la llave en
lante, de un modo que asombra â el bolsillo, aunque se pueda estai~
las personas del oficio, lo que pu- de pie sino en medio de él. i Un
cliéramos denominar «lo contencio- cuartito es la toga viril, la indeso» de La Comedia humana.
pendencia, la personalidad, el amorf
Tomado el titulo, present6se la Hete aqui, pues, â maese Honoragran cuestiôn del rumbo que debia to encaramado cerca del cielo, sen•
seguir. Quisose hacer de Balzac un tado ante la mesa y ensayandose
notario; pero ·elfuturo gran escritor, en la obra maestra que habia de
que tenia la conciencia de su genio ·dar la razôn â la indulgencia de su
aun cuando nadie cr~yese en éste, padre y un mentis a los desfavorase neg6 con el mayor respeto del bles horôscopos de los amigos de
mundo, por mas que le buscaron éste. jCosa extrana: Balzac emp~zô
una notarîa con las mejores condi- por una tragedia, por un Cromwell!
ciones. Su padre le concecliô dos Aproximadamente al mismo tiemafios para que hiciese sus pruebas; po daba Victor Hugo la ultima
y como la familia se volvi6 a la mano â su Cromwell, cuyo prefacio
provincîa, la seîi.ora de Balzac ins- fué el manifiesto de la joven escuetalô â su htjo Honorio en un sota- la dramatica.
banco , seüalândole una pension
apenas suficiente para las mas estrictas necesidades, esperando que
un poco de miseria le haria mâs
II
prudente.
Esa buhardilla estaba en la calle
de Lesdiguières , nûm. 9 , cerca
Releyendo con atenci6n La Codel arsenal, cuya biblioteca ofrecia media hùmana cuando se ha conosus recursos al joven trabajador· cido familiarmente a Balzac, enSin duda, pasar de un.a casa abun- cuéntranse alli esparcidos multitud
dante y lujosa a un miserable chi- de curiosos defalles acerca de su
ribitil seria muy duro en cualquîe- carâcter y de su vida, sobre todo
ra otra edad que no fuese la de en sus primeras obras, donde aun

BONORA.Tû DE BALZAC

185

----------------------------no se ha desprendido por completo Ipos, verles cerrar sus tratos, y disde su personalidad, y â falta de su- putar unos con otros â la hora en
jetos se observa y se diseca a si que dejan el trabajo. En mi habia
mismo. Hemos dicho que comenz6 llegado â ser intuitiva la observael rudo noviciado de la vida litera- ci6n y penetraba hasta el alma, sin
ria en una buhardilla de la · calle descuidar el cuerpo; 6 mas bien, se
Lesdiguières, cerca del arsenal. La apoderaba con tal exactitud de los
novela Faci'no Cane, fechada en detalles exteriores, que al momento
Paris en Marzo de 1836 y dedicada ahondaba mas allâ; me daba la faâ Luisa, contiene algunas preciosas cultad de vivir la vida del individuo
indicaciones acerca de la existencia sobre el cual se ejercia , permitiénque llevaba en ese nido aéreo el jo- dome sustituirle, como el dervich de
ven aspirante â la gloria.
Las Mil y una noches tomaba el
«Vivia yo entonces en una calle cuerpo y el alma de las personas
que sin duda no conoceréis, la calle sobre las cuales decia ciertas pade Lesdiguières : principia en la labras.
calle de Saint-Antoine, frente â una
))Cuando entre once y doce de la
fuente cerca de la plaza de la Bas- noche me encontraba â un obrero
tilla, y desemboca en la calle de la y su mujer volviendo juntos del
Cerisaie. El amor â ht cienciameha~ Iteatro del Ambigû 06mico, diverbia metido en una buhardilla donde tiame en seguirles desde el bulevar
trabajaba durante la noche, y pasa- del Pont-aux-Choux hasta el buleba el dia en una biblioteca, la de Su Ivar Beaumarchais. Esas buenas
Alteza; vivia frugalmente, habien- jgentes hablaban primero de la obra
do aceptado todas las condiciones que habian visto; 4e ahi pasaban :i
de la vida monastica, tan necesarîa tratar de sus asuntos, y la madre
para los trabajadores. Cuando hacia tiraba de la mano de su chico sin
buen tiempo, me daba un paseito Iescuchar los lamentos ni las prepor el bulevar Bourdon. Una sola guntas de éste. Ambos esposos echapasiôn me sacaba de mis ha.bitos es- ban cuentas del dinero que iban a
tudiosos; wero no era también un I recibir man.ana, gastandolo de veinestudio~ Iba â observar las costum- 1 te maneras diferentes. Entonces
bres de los arrabales, sus habitan- 1eran los detalles del hogar, las quetes y sus caracteres. Tan mal vesti- jas por el excesivo precio de las pado como los obreros, indiferente al tatas, 6 lo largo del invierno y
lujo, no les ponia en guardia contra el encarecimiento del combustible,
mi; podia mezclarme con sus gru- enérgicas representaciones acerca

I

�•
HONORA'l'O Dl!: BALZAC

.

186

187

RE.VIBTA lNTERNACl••NAL

1

die

. .

ll

de loque àebian al panadero, y, por Icue~pos 1erente_s _Y v1vll' en e os
ultimo, disputas acres en que cada el tiempo que quis1era; s6lo que el
cual revelaba su caracter con pala- 1m'J.mero de avatares de Vichnû se
bras pintorescas. Oyendo a esas fija en diez, mientras los de Balzac
gentes podia compenetrarme con su son incontables y ademàs pod.ia provida, sentir sus harapos en mi cuer- vocarlos â voluntad. Aunque papo, andar con mis pies metidos en rezca extrafio decir esto en pleno
sus zapatos agujereados; sus deseos, siglo nx, Balzac fué un vidente. Su
sus necesidades, todo pasaba â mi mérito como observador, su persalma, y mi alma pasaba a la suya; picacia de fisi6logo, su genio de esesto era el sueno de un hombre des- critor, no bastan para explicar la
pierto. Enardeciame con ellos con- grandisima variedad de los dos 6
tra los mae tros de taller que les ti- tres mil tipos que representan un
ranizaban, 6 contra los malos pa.- papel mas 6 menos importante en
rroquianosqueles obligaban â hacer La Comedia humana. r o los copiavarios viajes sin pagarles. Abando- ba, los vivia idealmente, poniase la
nar mis costumùres, volverme otra vestimenta de ellos, contraia sus
persona por la embriaguez de las fa- costumbres, se rodeaba de su amcultades morales y hacer este jue- biente, era « ellos mismos &gt; todo el
go â voluntad: tal era mi distrac- tiempo necesario. De ahi provienen
ciôn. tA qué debo este donî tA. una esos personajes sostenidos, lôgicos,
segunda vistaî gEs una de esas cua- que no e desmienten ni olvidan
lidades cuyo abuso me conduciria nunca quiénes son, dot.ados de una
a.la locura~Jamâs he investigado las existencia intima y protunda, que
causas de este poder; lo poseo, me (sirviéndonos de una de sus expresirvo de él, y he agui todo.&gt;
siones) hacen competencia al estado
Ilemos transcrite estas lineas, do- civil. Verdadera sangre roja circula
blemente interesantes, porque ilu- por sus venas, en vez de la tinta
minan un lado poco conocido de la que infunden en sus creaciones los
vida de Balzac y manifiestan en él autores corrientes.
la conciencia de aquella potente fa- Por lo demâs, Balzac sôlo poseia
cultad de intuiciôn que poseia ya en I aquella facultad respecte al presentan alto grado, y sin la cual hubiera te. Podîa transportar su pensasido imposible la realizaci6n de su miento â un marqués, a un hombre
obra. Lo mismo que el indico dios Ide negocios, â un burgués, â un
Vichnù, Balzac tenia el don deava- 1hombre del pueblo, â una mujer de
1
tar, es decir, el de encarnarse en Isociedad, â una cortesana ... , pero

I

las sombras del pasado no obede- los rasgos de varios caracteres hocian su llamamiento; nunca supo, mogéneos, quizâ pudiera llegar yo
como &lt;Jœ_t~~' evocar desde el fondo a escribir la historia olvidada por
de la anfaguedad a la hermosa He- tantos historiadores: la de las cosl~na y ha~erla h~bitar en la seii.o- tumbres. Con mucha paciencia y
nal mans16n g6tica ~e Fausto. Sal- grandes ânimos realizal'ia, respecvo dos 6 tres excepc1ones , toda su to a la Francia del siglo xrx, ese liobra es moderna; habiase asimilado bro que tanto echamos de men os
a los vivos y no resucitaba a los todos, que Roma, Atenas, Tiro,
mu~rtos. La misma. historia le se- Menfis, la Persia, la India, no nos
duc1a poco , segun puede verse en ban legado, por desgracia, acerca
este _pasaje del proemio de La Co- de las civilizaciones, y que, a ejemmedia humana: « Leyendo las a.ri- plo del abate Barthélemy, el ani•das y apestosas nomenclaturas de moso y pacienzudo Monteil habia
hechos llamadas historias, i quién ensayado acerca de la Edad Media
no ha adv~rtido que los escritores pero con una forma poco atractiva.;
se han olv1dado en todos tiempos,
Pero volvamos â. la buhardilla de
en Egipto, en Persia, en Grecia, en la calle Lesdiguières. Balzac no haRoma, de darnos la historia de las bia concebido el plan de la obra que
co tumbresî El fragmento de Pe- debia inmortilizarle · buscâbase aun
tronio acerca de la vida privada de a si mismo con inq;ietud, anhelo y
los. romanos, mas b~e~ irrita que trabajo, ensayândolo todo y sin sosatlsface nuestra cur10s1dad.&gt;
bresalir en nada; sin embargo, po~sta laguna que d~jaron los his- seia ya aquella tenacidad para el
to~1adores de las somedades extin- trabajo, ante la cual tiene que ceder
grudas, propû o e Balzac llenarla un dia û otro Minerva, por arisca
en lo que se refiere â la nuestra, y que sea. Esbozaba 6peras cômicas
bien sabe Dios si cumpli6 :fielmente planeaba comedias, dramas y nove~
el programa que se habia trazado. las, cuyos titulos nos ha conservado
. « La sociedad iba a ser el bisto- la seiiora de Surville (Stella, Coqr1ad.or_, yo no debia ser sino el se- sigrue, Los Dos filosofos), sin conc~etar10; al catalogar los vicios y Itar con el terrible Cromwell, cuyos
virtudes, al coleccionar los princi- 1versos, que tantos afanes le costapales hechos de las pasiones, al pin- ron, no valian muchomâs queaquel
~:r los caracter_es,_ al elegir los prin- por el cual emp~zaba su poema épic1pales acontecim1entos de la socie- co de los Incas.
dad, al componer tipos reuniendo Figuraos al joven Honorato con

�188

11.EVISTA ThTIIBSACIONAL

las piernas iapujadas con un carrick Iaquella buhardilla, de paredes amaremendado, protegida la caja del rillentas y sucias, que olia â misecuerpo por un viej o mantôn mater• ria y llamaba â gritos â su sabio. El
no, tocado con una especie de gorro tecno descendia alli con regularidantesco, cuyo corte tan s6lo era dacl, y las tejas desunidas d~jaban
conocido por la seiiora de Balzac, ver el cielo; habia sitio alli para
la cafetera a la izquierda, el tintero una cama, una mesa, algunas sia la derecha, trabajando con todas llas, y bajo el ângulo agudo del tesus fuerzas y con la cabeza incli- lcho podia alojar mi piano ... En ese
nada adelante, como un buey que sepulcro aéreo vivi durante mas de
tira del arado en el pedregoso cam- 1tres aîios, trabajando noche y dia,
po del pensamiento, no roturado Isin descanso, con tanto placer, que
antes por él, donde trazô mâs tarde el estudio me parecia ser el mâs
surcos tan fértiles. En el fondo de hermoso tema, la mâs feliz soluci6n
la oscura casa brilla la lâmpara de la vida humana. La tranquilidad
como una estrella ; la nieve cae en y el silencio necesarios para el sasilencio sobre las desunidas tejas; bio tienen un no sé qué dulce y
sopla el viento â través de la puerta ebrioso como el amor ... El estudio
y de la ventana «como Tulii dentro presta una especie de magia a todo
de su :flauta», pero menos agrada- cuanto nos rodea. La desvencijada
blemente.
1mesa en que escribia, su pardo taSi algùn transeunte trasnochador pete de badana, el piano la cama,
hubiese alzado la vista hacia aquella el sillôn, los caprichosos dibujos y
siempre temblorosa lucecilla, de se- colores del empapelado, los muegul'o que no hubiera sospechado \ bles, todas estas cosas se animaron
que era la a uro ra de una de las mas y fueron para mi humildes amigos,
grandes glorias de nuestro siglo.
silenciosos c6mpüces de mi porveiQuiere verse un croquis del lu- nir. jCuântas veces les comuniqué
gar (transportado, es verdad, pero mi alma al mirarlos! Con Irecuenexactisimo) dibujado por el autor cia, al tender la vista hacia una
en La Piel de zapa, efm obra que moldu.ra alabeada, encontraba nuecontiene tanto de él mismo1
.vos desarrollos, una asombrosa
«... Un cuarto con vi tas â los prueba de mi sistema, ô palabras
patios de las casas inmediatas, por que me hacian feliz para expresar
las ventanas de las cuales pasaban ideas casi inexpresables.-»
largas perchas cargadas de ropa En este mismo pasaje alude a
blanca; nada era mas horrible que sus trabajos: ~habiaemprendido dos
I

HONORATO DE BALZAC

grandes obras: una comedia, en pocos &lt;lias, habia de &lt;larme renombre,
un dineral y entrada en esa sociedad donde queria yo reaparecer
ejercitando los regalistas derechos
del hombre de genio. jTodos habéis
visto en esa obra maestra el primer
error de un joven que sale del colegio, una inocentada de criatura!
Vuestra chacota destruyô fecundas
ilusiones, que desde entonces no
han vuelto â resucitar ... &gt;
Recon6cese aqui el desdichado
Cromwell, que, leido ante la familia
y los amigos con vocados, hizo fiasco
por completo.
Honorato apelô de la sentencia
ante un ârbitro â quien acept6 como
competente, un buen viejo, antiguo
profesor en la Escuela Politécnica.
El fallo fué que el autor debia ocuparse «en cualquier cosa, excepto
en literatura».
jQué pérdida para las letras, qué
laguna en el ingenio humano, si el
joven se hubiera inclinado ante la
experiencia del viejo y hubiese escuchado su consejo, que en verdad
era de los mâs prudentes, puesto
que en aquella tragedia de retôrico
no habia la menor chispa de genio,
ni siquiera de talento! Felizmente
Balzac, con el seudônimo de Luis
Lambert, por algo habia hecho en
el colegio de Vendôme la Teoria de
la voluntad.
Someti6se a la sentencia, pero

189

sôlo con respecto a la tragedia;
comprendi6 que debia renunciar â
ir â la zaga de Corneille y de Racine, â quienes admiraba entonces â
beneficio de inventario, pues jamâs
bubo genios mas contrarios al suyo.
La novela le ofrecia un molde mâs
c6modo, y por aquella época escribi6
gran nûmero de tomos que no firm6
y que siempre rechaz6 como de él.
El Balzac que conocemos y admiramos estaba aun en el limbo y luchachaba en vano por salir. Los que no
le juzgaban capaz mâs que de ser
memorialista tenian raz6n en apariencia; y acaso le hubiera faltado
este recurso, porque su hermoso cardcter de letra debia de haberse ya
echado a perder en los borradores
como papeles viejos , tachados y
vueltos â tachar, casi jeroglificos,
del escritor en lucha con la idea y
a quien ya no le importa la buena
letra.
Asi, pues, nada habia resultado
de aquel rigido encierro claustral,
de aquella vida de eremita enla Tebaida, cuyo presupuesto de gastos
traza Rafael: «Tres sueldos de pan,
dos sueldos de leche, tres sueldos de
embutido me impedian morir de
hambre y mantenian mi espiritu
en un estado de singular lucidez.
El cuarto me costaba tres sueldos
diarios; quemaba tres sueldos de
aceite cada noche; yo mismo arreglaba la habitaci6n; gastaba cami-

�190

REVIB'i'A INTERNAClONAL

sas de franela para no gastar mas ta celebridad) esta ya alimentado
que d9s sueldos de lavado al dia. enteramente lo mismo que un gran
Me calentaba con carbôn mineral, hombre,esdecir,muerto dehambre.
cuyo precio, dividido por los dias del
Otro siniestro: el café pinta hoano, nunca ha dado mas de dos rribles mamarrachos en el suelo.
sueldos diarios. Tenia vestidos, ropa Necesitase mucha agua para repablanca y calzado para tres afios; no rar el desastre; y como quiera que
queria vestirme sino para ira cier- el agua no sube â mi celeste buhartos cursos pûblicos y a las bibliote- dilla (sôlo desciende a ella los dias
cas; estos gastos juntos sumaban un de tempestad), después de comprar
total de dieciocho sueldos; quedaban el piano -serâ preciso pensar en podos sueldos para gastos imprevistos. ner una maquina hidrâulica si el
Durante este largo periodo de tra- café sigue en sus trece de escaparse
bajo no recuerdo haber pasado por mientras amo y criado se estân pael puente de las Artes, ni haber pando moscas.»
comprado jamâs agua. »
En otra parte, continuando de
Sin duda, Rafael exagera un poco broma, reprende al perezoso Yo
la economia; pero la corresponden- mismo que deja colgar del techo
cia de Balzac con su hermana de- las telaraîias, que se paseen los carmuestra que la novela no difiere neros por debajo de la cama, y que
mucho de la realidad. La anciana en las vidrieras se tamice un polvo
designada en sus cartas con el titulo cegador.
de Iris la Mensajera, de setenta En otra carta exclama: «He coafios de edad, no podîa ser un ama de mido dos melones ... ; habra que pagobierno mny activa. Por eso es- garlos â fuerza de nueces y pan a
cribe Balzac: « Las nuevas de mi secas.»
hogar doméstico son desastrosas:
Uno de los escasos recreos que se
los trabajos van en perjuicio de la permitia era ir al Jardin Botânico
limpieza. Ese gandul de Yo mismo 6 al cementerio del Padre Lachaise.
se abandona caJa vez mas: no baja Desde lo alto de la fûnebre colina
sino cada tres 6 cuatro dias â la domina~a Paris , como Rastignac
compra , acude a las tiendas mas en el ent.ierro del padre Goriot. Cer•
prôximas y peor provistas de todo niase su mirada sobre este océano
el barrio, porque las demas estân de pizarras y de tejas que cubren
demasiado lejos y el muchacho e.co- tanto lujo, miseria, intrigas y panomiza al menos los pasos; de suer- siones. Corno un aguilucho, codite que tu hermano (destinado â tan- Iciaba su presa con el mirar, pero

HONORATO DE BALZAC

191

aun no tenia alas, ni pico, ni ga- de libreria, â las que solo faltaron
rras, aunque sus ojos podîan fijarse capitales para ser afortunadas. Esya en el sol. Al contemplar las tas tentativasle llenaron de deudas,
tumbas, exclamaba: «No hay epita- comprometieron su parvenir; y, â
fios mas hermosos que éstos: La pesar de los desinteresados pero deFontaine, Massena, Molière; jUil masiado tardos auxilios de su famisolo nombre que lo dice todo y lia, le hicieron llevar esa roca de
hace meditarl&gt;
Sîsifo, que tantas veces logr6 subir
Esta frase contiene como una hasta el borde de la meseta y que
vaga percepci6n profética que el cada vez mas abrumadora caia soporvenir j ay ! realiz6 demasiado bre sus hombros de Atlas, cargados
pronto. En la pendiente de la colina, juntamente con todo un mundo.
sobre una piedra sepulcral, debajo Aquella deuda, que reputabacomo
de un busto de bronce fundido por un deber sagrado pagar porque era
el modelo ~e mârmol de David la fortuna de seres queridos, fué
d'Angers, esta palabra, BALZAC, lo para él la Necesidad armada con su
dice todo y hace meditar al pasean- latigo de espinas, con la mano llena
te solitario.
de clavos de bronce, que le acos6
El régimen dietético preconiza- noche y dia, sin tregua ni sosiego,
do por Rafael podfa ser favorable y que le hacia considerar como un
para la lucidez del cerehro, pero de robo cada hora de descanso 6 de
seguro no valia nada para unjoven distracciôn. Domino dolorosamente
habituado â las comodidades de la toda su vida, y con frecuencia la
vida de familia. Quince meses trans- hizo inexplicable para quienes no
curridos bajo aquellos plomos inte- estaban en el secreto.
lectuales, con seguridad mâs tristes Indicados estos indispensables deque los de Venecia, habia hecho del talles biograficos, lleguemos â nuesfresco turense de mejillas satinadas tras impresiones directas y persoy brillantes un esqueleto parisiense, nales acerca de Balzac.
macilento y amarillo, casi imposi- Balzac, ese cerebro inmenso, ese
ble de reconocer. Balzac volvi6 â -fisiôlogo tan penetrante, ese obserla casa paterna, donde sacrificaron vador tan profundo, ese espiritu tan
la ternera cebada para fest~jar el intuitivo, no tenîa el don literario;
regreso de aquel hijo nada prôdigo. abriase en él un abismo entre el
Pasaremos de ligero el tiempo de pensamiento y la forma. Desesper6
~u vida en q~e trat6 de asegur~r su \ defranqueareste abismo, sobre todo
mdependenc1a con especulac10nes en los primeras tiempos. Echaba en

�193

HONORATO DE BALZAC

192

REVISTA INTERNA.ClONAL

,él sin colmarlo tomo sobre tomo, quedara, no podia creer que hubiévigilia sobre vigilia, ensayo solire semas puesto en él todo nuestro ta~nsayo; paso alli toda una bibliote- lento. «Retoc:indolo dos 6 tres veca de libros no confesados. Una vo- ces- nos decia -hubiera estado
luntad menas robusta se hubiera mejor. i.
descorazonado mil veces; pero, por Poniéndosenosél mismoporejemn
fortuna, Balzac tenîa una confianza plo, nos predicaba una extraüa hiinquebrantable en su propio genio, giene literaria. Era preciso encerrardesconocido por todo el mundo. nos â cal y canto dos 6 tres aüos
Queria ser un grande hombre, y lo como en un claustra, beber agua
fué por incesantes proyecciones de sola, corner altramuces remojados,
ese .fluido mas poderoso que la elec- cual Prot6genes, acostarnos â las
tricidad y del que tan sutiles anâli- seis de la tarde, levantarnos â mesis hizo en Luis Lambert.
dia noche y trabajar hasta el amaContrariamente â los escritores necer; emplear el dia en revisar,
de la escuela romântica todos los ampliar, escamondar, perfeccionar
' una- osa- y pulir el trabajo nocturno, corre&lt;males distinguiéronse por
dia y una facilidad de ejecuci6n gir las pruebas, tomar notas, hacer
asombrosas, produjeron sus frutos los estudios necesarios, y, sobre
al mismo tiempo que sus fi.ores, todo, vivir con la castidad mâs abcon un brote, digâmoslo asi, invo- soluta. Insistia mucha acerca de
luntario ... Balzac, igual en genio â este ultimo consejo, bien rigido
todos ellos, no encontraba su me- para un joven de veinticuatro 6
dio de expresiôn, ô no lo hallaba veinticinco afios. Segun él , la cassino al cabo de infinitos afanes. Con tidad real desarrollaba en el mas
su altivez castellana, decia Hugo en alto grado las potencias del alma,
unù de sus prefacios : «Ignora el y daba â quienes la practicaban faarte de soldar una belleza en re- cultades desconocidas. Nosotros obemplazo de un defecto, y me corri- jetâbamos timidamente que los majo â mi mismo en otra obra. » Pero yores genios no se habian privado
Balzac llenaba de tachones hasta del amor , _de la pasi6n , ni aun sidécimas pruebas; y cuando nos veia quiera del placer, y citâbamos nomdevol ver â La Cronica de Paris la bres ilustres. Balzac meneaba la
prueba de un articulo escrito de una cabeza y respondia: «Sin las muplumada en el rinc6n de una mesa, jeres, hubieran hecho cosas mesin mas correcciones que las tipo- jores.&gt;
gra:ficas, por muy satisfecho que se I Todas las concesiones que se dig-

/

n6 otorgarnos, y eso con pesar caido en el tesoro secreto de laresuyo, consistieron en ver media publica, buena parte del cual hahora cada afio â la mujer amada. biase llevado con ayuda de un carcePermitia las cartas: « eso forma el lero comprado. Facino Cane, vuelto
estilo.»
ciego y dedicado â tocar el clariMediante este régimen, prome- nete con el nombre vulgar de «el
tiase hacer de nosotros un escritor padre Can eh, habia conservado la
de primer orden , contando con las doble vista del oro, â pesar de su
disposicioncs naturales que tenia â ceguera; lo adivinaba â través de
bien reconocernos. Bien se ve por las paredes y de las b6vedas, y ofrenuestras obras, que no hemos se- cia guiar al autor, en una boda del
guido este plan de estudios tan pru- arrabal Saint-Antoine, si queria
dente.
pagarle los gastos de viaje, hacia
Y no hay que creer que Balzac aquel inmenso mont6n de riquezas
se chunguease al trazarnos esta re- cuyo yacimiento habia hecho la
gla, que hubieran hallado dura has- caidade la Republica veneciana que
ta los trapenses y los cartujos. Es- se perdiese en el olvido. Conforme
taba perfectamente convencido y hemos dicho, Balzac vi via sus perhablaba con una elocuencia tal, que sonajes, y en aquel momento era
en varias ocasiones intentamos â Facino Cane en persona, excepto
conciencia ensayar aquel método la ceguera, pues jamas centellearon
de tener genio; varias veces nos en rostro humano ojos mas refullevantamos â media noche, y des- gentes. Asi, pues, no soiiaba mâs
pués de ha ber tomado el café ins- que con toneladas de oro, montones
pirador, becho seg(m la fôrmula, de diamantes y carbunclos, y por
nos sentamos delante de la mesa medio del magnetismo, con cuyas
sobre la cual no tardô mucp.o el practicas estaba de mucha atras
suefio en hacernos apoyar la cabe- familiarizado, bacia que lassomnamza. La Muerta enamorada, que sali6 . bulas buscasen el sitio de los tesoâ luz eu La Cr6nfoa de Paris, fué ros sepultos y perdidos. Pretendia
nuestra ûnica obra nocturna.
haber sabido de la manera mas
Hacia aquella época habia escrito precisa el sitio donde, cerca del liBalzac, para una revista, Faci°no mite de la Pointe-à-Pitre, habia
Cane, la historia de un noble ve- hecho enterrar Santos Louverture
neciano, que, prisionero en los Po- su botin, por negros en seguida fuzos del palacio ducal , al hacer un silados. El Escarabajo de oro, de
subterraneo para evadirse , habia Edgard Poe, no iguala en grandeza
REVIBTA..-MAYO

94.

13

�HONORATO DE BALZAC

191

llEVISTA. INTERNA.CIONAL

deinducci6n,enclaridad de plan, en \ No es necesario decir que no desadivinaciôn dedetalles, al febril rela- enterramos el tesoro de Santos Louto que nos hizo de la expeclici6n que verturè. Nos falta?a dinero para
debia intentarse para hacerse due- pagar nuestro pasaJe; entre los tres
fio de aquel tesoro, mucho mas rico apenas teniamos con qué comprar
queelenterradopor Tom Kidd al pie las azadas. _
del Talipot de la cabeza de muerto.
Este ensueno de una fortuna reRogamos al lector que no se bur- pentina debida â. cualquier ,medio
le en sumo grado de nosotros, sl extrafi.o y marav11loso acud1a con
confesarle con toda humildad q_ue frecuencia al cerebro de Balzac.
bien pronto participamos del con- Algunos a~o~ a~tes (en_ 1833) habia
vencimiento de Ba1zac.-i Qué ce- hecho un v1aJe a Oerdena para exarebro hubiera pod.ido seguir su ver- minar las escorias de las minas de
tiginosa palabra~-Bien pronto fué plata abandonadas por los romano~,
también seducido Julio Sandeau; y y las cuales, tratadas por procedtcomo hacian falta dos amigos se- mientos imperfectos, segun él, deguros, dos compaiieros re-sueltos y bian co~tener aun mucho metal
robustas pat·a hac~r las excavacio- :fino. La 1dea era exacta; y confiada
nes nocturnas siguiendo la indica- imprudentemente, hizo la fortuna
ciôn del vidente, Balzac se d.ignô de otro.
admi tirnos por la cuarta parte â
cada uno en el reparto de aquella
prodigiosa fortuna. Una mitad le
III
correspondia â él de derecho , eomo
descubridor de la cosa y director de
la empresa.
Teniamos que coinprar zapapi- Hemos referido la anécdota del
cos, azadones y palas, embarcarlos tesoro enterrado por Santos Louen secreto a bordo de un buq_ue, verture, no por el gusto de narrar
dirigirnos al punto designado por una historieta ~xtravagante, ~ino
camînos dif-erentes para no excitar porque se relac10na con una 1dea
sospechas, y, dado el golpe, tras- dominante de Balzac: el dinero.
bordar nuestras riq_uezas â un brick. .Ciertamente, nadie fué menos avaro
fletado de antemano; en una pala- que el autor de La Comedia humabra, toda una novela, que hubiera na;pero su genio le hacia presentir
sido admirable si Balzac la hubiese el inmenso papel que en el arte esescrito en vez de hablarla.
taba llamado a desempe:iiar este

195

1

héroe metâlico, mâs interesante ~el dinero-y en La Piel de zapa
para la sociedad moderna que los tuvo el valor de representar un
Grandisson, Desgrieux, Oswald, amante intranquilo, no s6lo por saW erther, Malek-Adhel, René, Lara, ber si ha interesado el coraz6n de
Waverley, Quentin Durward, etc. aquella â 'quien ama, sino ademâs
Rasta entonces habiase limitado pensando en si tendra dinero sufila novela â la pintura de una sola ciente para pagar el coche alquil6n
pasi6n, el amor; pero el amor en en que la vuel ve â dejar en su casa.
una esfera ideal, fuera de las nece- Este atrevimiento es quizâ uno de
sidades y miscrias de la vida. Los los mayores que nad.ie se ha permipersonajes de esos relatos entera- tido en literatura, y él solo bastaria
mente psicolôgicos, no comian, ni para inmortalizar â Balzac. Fué
bebian, ni tenian casa alquilada, ni profundo el asombro, y los puros se
cuentas con el sastre. Movianse en indignaron contra esta infracci6n
un media abstracto, como el de la de las leyes del género; pero todos
tragedia. Si querian viajar sin to- los j6venes que para ira una velada
mar pasaporte, .metian en el fondo a casa de alguna dama, poniéndose
del bolsillo algunos pufiados de dia- guantes blancos limpios con goma
mantes, y con esta moneda pagaban elastica, habian atravesado Paris â
â los postillones, q_uienes nunca de- guisa de bailarines sobre la puntita
jaban de reventar los caballos â de los zapatos, temiendo mâs una
cada releva; al fin de sus caminatas leve mota de barro que un pistolerecibianles entre sus paredes, casti- tazo, compadecieron las congojas
llos de vaga arquitectura, y con su de Valentin por haberlas experisangre escribian a sus amadas in- mentado, é interesaronse vivamente
terminables cartas fechadas en la por ese sombrero que no puede retorre del Norte. Las heroinas, no novar y que conserva con tan mimenos inmateriales, se ase.mejaban nuciosos cuidados. En los momenâ los agua-tinta de Angélica Kauff- tos de împrema miseria, el hallazgo
mann: gran sombrero de paja, ca- de una moneda de cien sueldos, desbellos semi-rizados a la inglesa, lizada entre los papeles ~el caj6n
largo vestido de muselina blanca por la pudica conmiseraci6n de
cefiido al talle por una cinta azul. Paulina, producia el efecto de los
Con su profundo instinto de la golpes teatrales mâs novelescos 6
realidad, comprendia Balzac que la de la intervenci6n de una Peri en
vida moderna que queria pintar es- los cuentos arabes. âQuién no ha
taba dominada por un gran hecho descubierto en los dias de apuro,

�196

REVIDTA INTERNA.CIONAL

olvidado en un pantal6n 6 en un viste con trajes sin lujo, pero li~chaleco a1gun glorioso escudo que pios y c6modos. Los pone de pup1aparece' con oportunidad y liberta los en la casa de huéspedes de la
de la desdicba mâs temida por la «mamâ Vauquer» 6 los bace agajuventud, que consiste en verse charse bajo el_ ângulo agudo de un
afrentado ante una mujer amada techo abuhard11lado, los pone de copor un carruaje, un ramo de flores, dos en las grasien~as mesas d~ infiuna banqueta para los pies, un pro- mes figones, los vISte con tr.1Je negrama de espectâculo, una gratifi- gro de costuras grises, y _no tem_e
caci6n â la acomodadora 6 cual- enviarlos al Monte de Prndad s1,
quiera frusleria por el estilo 1
cosa rara, todavia conservan el rePor otra parte, Balzac sobresale loj de su padre.
en la pin tu ra de la juventud pobre,
iÜh Corina! Tu que en el cabo
como lo es casi siempre, ensayân- Miseno dejas colgar tu. brazo_ de
dose en las primeras lu chas de la nieve sobre tu eburnea lira, mienvida, presa de la tentaci6n de los tras el hijo _de Albion, envuelto en
placeres y del lujo, y resi~tiendo una soberb1a capa fla~ant~ y calprofundas miserias con el auxilio de zado con botas de corazon bien lus ·
elevadas esperanzas. Valentin, Ras- trosas, te contempla y te_ escuch~
tignac, B:anchon, D' Arthez, Lu- con elegant~ apostura; Co_rma, 2,q~e
ciano de Rubempré, Lousteau, to- hubieras d1cho de s~meJantes ~edos ellos han dado buenos mordis- roes1 Sin embargo, faenen una mcos a los duros beefsteaks de la vaca significante cualidad que le faltaba
rabz"osa (1), alimenta fortificante a Oswald, _Y es que viven, y con una
para los est6mao·os robustas indi- vida tan mtensa, que parece que
gesto para los :st6magos d~biles. nos hemos encontrado con ellos mil
A todos esos simpâticos jôvenes no veces; por eso enamoran con ~ocura
los aloja en buhardillas convencio- â Paul~na, â Delfina_de Nu~mgen,
nales, con cort(nillas de percal es- â la prmcesa de Cad1g,nan, a ~a se~
tam pado, con ventana festoneada iiora de Barge ton, a Coraha, a
con guisantes de olor y que dan â Esther. .
.
algun jardin; no les hace camer Por 1a época en que aparemeron
«manjares sencillos, adobados por las primeras novelas fi~madas por
las manos de la naturaleza », ni los Balzac, no habîa en el m1smo grado
que boy la preocupaci6n, 6, mejor
(1) Vacke mragée. Asi llaman los franceses dicho, la fiebre del oro; no se habia
a la necesidad. Por exigencia del simil, hedescubierto la California; apenas
mos tenido que traducir literalmente.

UNA NUEVA REVISTA ESPANOLA

]97

habia unàs cuantas leguas de ferro- sima, sin embargo, y que fué reco-earriles, cuyo porvenir no se sos- nocida mâs tarde. Stendhal, con
pechaba lo mâs minima, y que eran una especie de fatuidad desdenosa
considerados como unas especies de del estilo, decia: « Antes de escrideslizaderos llamados â suceder a bir, leo siempre tres 6 cuatro pâgilas mon tafias rusas, caidas en des- nas del Côdigo civil para ponerme
uso; el pûblico ignoraba, digâmoslo en tono. &gt; Balzac, que habia comasi, lo que boy se denomina «los prendido tan bien el diuero, descunegocios », y los banqueros eran bri6 igualmente poemas y dramas
quienes ûnicamente jugaban â la en el Côdigo: El Contrato matrinwBolsa. Este manejo de capitales, nial, donde, con los personajes de
este chorreo de oro, estas câlculos, Matthias y Solonnet, pone en pugna
estas cifras, esta importancia con- el antiguo y el nuevo notariado,
cedida al dinero en obras que aun tiene todo el interés de la comedia
se tomaban como simples ficciones de capa y espada mâs movida. En
n-ovelescas y no como serias pin.tu- Grandeza y decadencia de César Biras de la vida, asombraban extra- rotteau, la !Jancarrota nos hace palfiamente â los abonados en los ga- pitar el coraz6n como la historia de
binetes de lectura, y la critica ha- la caida de un imperio. La Jucha
llaba el total de las sumas gastadas entre el castillo y la choza, en Los
6 puestas en circulaci6n por el au- Aldeanos, ofrece tantas peripecias
tor. Los millones del padre Goriot como el sitio de Troya. Balzac sabe
daban margen â disputas aritméti- dar vida a una parcela de tierra, a
-0as, y las gentes graves, conmovi- una casa, a una herencia, â un cadas por la enormidad de los totales, pital, y los convierte en héroes y
ponian en duda la capacidad hacen- heroinas, cuyas aventuras se devodista de Balzac, capacidad grandi- ran con ansiosa avidez.
TE6FILO GAUTIER.

( C'o-ntinuara. )

�mu

UNA NUEVA REVISTA ESPANOLA

S

11)

abido es que no son muchas ac- y que acusan conocimiento de la vida
tualmente las relaciones que Eu- Intima del pueblo espaüol é igualmente
ropa mantiene con Espaüa, pais criterio exacto en los asuntos exteriores,
poco menos que aisla.do entre los pero que al mismo tiempo reYelan en su
Pirineos y el mar, llegando esta situaci6n autor escasa competencia tocante â las
al extremo de ser pro,erbial casi, y de modernas ideas rein antes, y en particuque li. lo mas raro y ex6tico lo llamemos lar respecto al movimiento cientifico y
espanol. Lo propio ocurre en el comercio los circulos doctos de Madrid. Por lo de literario y periodlstico; son escasos los mas, ningun pueblo ha influido tanto
corresponsales extranjeros en Espa:fia, y como el francés para confundir y extrapor loque hace a los diarios de este pais, viar las nociones referentes al suelo y a
sôlo uno circula por los cafés de Viena, los habitantes de allende el Pirineo, y
La Epoca; y cuenta que estos centros son hasta para entorpecer sus relaciones con
los que mas han contribuido entre nos- las demâ.s naciones civilizadas; y huelga
otros a la difusi6n de revistas y peri6di- aiiadir que de ello tiene la principal c,ùcos extranjeros, entre los cuales se dis- pa el pseudopatriotismo 6 cltau'l)inisme
tinguen los franceses por sus informes, Ide los franceses, causante taro bién de
en su mayoria frivolos é insustanciales, que suela dar· al traste la •joven Galia,
cuando no mal intencionados, siendo con su mas atractiva cualidad: el tacto.
honrosa excepci6n, casi unica, el corres- el sentimiento delicado de lo hâ.bil y lo
ponsa.l ma.drilefio de El Figaro, con sus ingenioso. Si nada mils agradable y simcartas semanales nutridas de ideas, es- 1patico que el interior, el nido familiar
critas con riguroso sentido monilrquico, ~ del francés, nada mas desapacible que el
(l) Este articula ha sido publicado en el ' francés viajando, y lo mismo exactamen.Diario eu Viena.
te pasa con su politica y sus juicios soi

''1EV.A. Rl!.Yl.STA ESPA!ÎiOLA

199

bre la tierra extranjera.: Yanidoso y or- 1dices de sus tomos, que pasan, con mugulloso, para él el resto del mundo se cho, de ciento, para convencerse de que
compone de semi-bâ.rbaros. Siquiera de no es su contenido el que tuvo la culpa
los ~bâ.rbaros de allende el Rhint habla de que se viese precisada. â. suspender su
con cierto temeroso respeto: son para él publicaci6n después de tantos afios de
los ingleses personificaci6n de una ta- ,ida. Otra revista notable parecia destilega de diuero 6 de un mostrador; pero ' nada â. llenar aquel sensible vacio: El
al tratarse de espafioles, ni aun disimula Ateneo, 6rgano de la antigua Instituci6n
el desdén. Tal afan de dep!imir todo lo madrileii.a, hoy tan espléndidamente aloultrapirenaico, 6por ventura se deberil. al jada y organizaùa, cuyo. fines son anillorecuerdo indeleble que conservan del Igos é. los del Club cientffico de Viena,
primer pais que resisti6 con éxito a la aunque le sobrcpuja en importancia, no
marcha triunfal del gran César francés? s6lo por el numero de socios, sino por su
El espafiol, por su parte, sien te en lo mayor significaci6n en la totalidad de la.
mas vivo el proceder de sus vecinos, y de vida nacional, pues al A.teneo pertenecen,
algûn tiempo acâ. trata de emanciparse casi sin excepci6n, los hombres ilustres
de su influjo predominante y de la con- 1que brillan en todas las esferas intelectuacurrencia que le hacen en casi todos los les; revista. que, tomando por punto de
terrenos, asi como de sacar las conse- partida los debates de aquel centro, foco
cuencias de esta nctitud. Entre los esfuer- natural de los intereses cientificos, de la
~os realizados en tal sentido, merece no- literatura y de las artes, debia aspirar a
tarse la fundaci6n de La .Espa'iia Moder- reunir en sus trabajos lo mas selecto de
na, cuyo primer cua.derno lleva reciente la cultura humana y sus progre.c;os denfecha, y que por las indicadas circuns- 1tro, claro esta, de la esfera intelectual de
tancias y los risuefios auspicios que pre- 1la naci6n. Tampoco se e:x.plica satisfacto,,iden é. su nacimiento, es publicaci6n que riamente el c6mo no pudo sostenerse sino
ao debe pasar inadvertida para los ex- pocos meses revista que parecia llamada
tranjeros amantes de la cultura espaiiola. é. tan lucido porYenir.
No es que, en rigor, hayan escaseado Tomado en cuentu el apreciable movien Espafia las revistas literarias y cienti- miento intelectual de Madrid, por sus
ficas: en corto tiempo han apa.recido la Academias de Ciencias, de Bellas artes,
/l,81)ista espanola, la Revista àe Madrid, E ·cuelas de oficios y socieda.des doctas,
la Re'/J1·sta de ciencias, la Rmsta à,e bi- amén de una producci6n literaria que
bliotecas, arcki,;os y museos, todas ellas I s6lo al conocerla se puede apreciar debicon amplisimos horizontes, con nutrida. damente su mérito; Yiendo una poblaci6n
y provechosa lectura; el Anuario del tan aficionada al espectàculo teatral que
cu-erpo de Arckit:eros, con idénticas exce- \ con la mitad de habitantes que encierra.
lencias, y algunas mas. La. que logr6 Vienai sostiene doble mimero de teatros:
existencia. mas duradera. fué la R('//)ista I donde se agitan las cuestiones politicas y
de Espatia, y basta una ojeada a los in- 1sociales mus que en el resto de Espaiia y

�,.
200

REVISTA INTERNACIONAL

con una viveza y ard.imiento de que ni otros estimamos poco porque no la. conosiquiera. tenemos idea aqui en A.ustria, cemos. No; la causa verdadera de que
no es fâcil adivinar por qué faîlecen las I deba luchar al.if con tan graves dïficultaRevistas, â. pesar de sus excelentes condi- des una Revista literaria y cientifica, esta
oiones de estar madnramente meditadas en la fabulosa exuberancia, en el monoen el fondo, escritas en forma esmerada, 1 polio de la preusadiaria, en el afan delos
a diferencia de los peri6dicos diarios, que lectores por los ext.ensos telegramas que
por su efimero caracter pneden aspirar â 110s peri6clicos le ofrecen en sus ediciones
tanta perfecci6n.
de la mana.na, de la tarde y la noche, y
Decia en cierta ocasi6n Castelar-el ~ci- 1que no bas ta â satisfacer, por las ine,icer6n espaiioh&gt;, segun por antonomasia tables condiciones â que se sujeta la rese le nombra-que los espafioles de hoy vista trimestral ni aun la mensual, con
prefieren escuchar a leer; que se impre- sus reposados é interesantes trabajos. Es
sionan mas con la palabra viva, percibida decir; se atiende unicamente al minutero
directa y gratamente por el oido y la ima- del reloj intelectual del pais, sin mirar siginaci6n, que con las letras inertes del quiera al horario.
escrito 6 del impreso, incapaces de exciA.hora bien; ï,aceptara el combate y
tar en tanto grado el entusiasmo de las j triunfara en él La Espana Maderna, que
gentes neolatinas. Y tiene raz6n Cartelar tan digna de recomendaci6n y encomio
hasta cierto punto: la coodici6n primera consideramos'? En rigor, es publicaci6n
del hombre que ha de influir en el publi- que ya cuenta algunos afi.os de vida, s6lo
co y quiere ser considerado como repre- que hoy ostenta su cubierta anaranjada
sentante de la publicidad misma, son las un titulo nuevo, cosa en verdad que no
dotes oratorias; por eso no es hiperbc'ilico me parece bùen presagio. En cambio, ha
el comparar los circulos literarios de Es- tenido la suerte de asociar â su empresa â.
pana con los ingenios atenienses, que ya un hombre capaz, por sf. solo, de consolise sabe ejercian acerada. criticasobre sus dar la exfatencia y prosperidad de cualoradores, tanto del agora como de la es- quier empresa cientifica. Podemos comcena. En efecto; con igual 6 mayor inte- parar su figura a la de dos ilustres alerés que si se tratase de un asunto de .Es- manes reunidos en una sola persona y
ta.do, se juzga y examina en Espafia el trasladados al suelo espaiiol: Guillermo
discurso que acaba de pronunciar en las Scherer y Juan Janssen; sôlo a.si formareCortes; analizase como con escalpelo su mos idea de_l doct-0 académico y profesor
construcci6n; discutese la exactitud de la de literatura espafi.ola en la Universidad
frase, el empleo de los t6picosy galas ora- de Madrid, D. Marcelino Menéndez yPetorias propias del asunto. Pero no alcan- layo. Es de aquellos seres privilegiados a
za la frase de Castelar al fondo dela eues . quienes ha sido otorgado el don de que
ti6n; de ser asi no se halls.ria en Espaii.a sus grandes facultades naturales, unidas
la bella literatura en el estado y a la al- b. admirable aplicaci6n é inquebrantable
ura que a.lcanza realmente, y que nos- per.severancia, no sufran el dafiino y per-

l

U~A NUEVA BEVlSTA. ESP.ANOLA

201

turbador influjo exterior ni los apuros de! un cristiano patriota, a quien-y en esto
la. di'i'a 'Ditm necessitas. Ya casi, desde se asemeja â. mucbos de sus compatrioni.iïo, lleg6 a fijar la atenci6n general pro- tas-nada repugnaria tanto como ciertas
fundizando los mas arduos problemas de atrocidades cometidas por otras naciones
la literatura clâsica y la nacional; por engreidas que acostumbran sonreir con
eso, siendo joven todavia, ha podido gus- lâ.stima ante el pueblo espanol, «todavia
tar en toda su extension los frutos que· no llegado a la madurez».
s6Jo tarde, muy tarde, suele alcanzar el
Ha probado Menéndez y Pelayo que
trabajador en el campo de la ciencia, cabe poner la literatura y la ciencia essembrado de abrojos, como iguahnente pa:iiola al nivel mas alto que conocen los
fijar la atenci6n y capta.rse la admiraci6n pueblos cultos, por medio de una stlbita
de todos los hombres cultos de su patria, y decisiva restauraci6n; y claro esta que
ouando en oposici6n publica y despertan• desde el momento en que toma parte imdo vivo interés entre lo mas selecto de la portante en los trabajos de determinada.
sociedad madrileùa, gan6 victoriosamen- Revista, de nueva creaci6n, ha de imprite la câtedra de literatura espafi.ola. que mir a esa obra el sello de su espiritu, y
habia dejado vacante la muerte del an. que en torno del caudillo habran de agruciano y sapientisimo profesor A.mador de parse, a guisa de estado mayor, otros
los Rios.
muchos jefes del ejército de pensadores
No se vieron defraudadas las esperan- y literatos.
zas que en él se cifraran; cumpli6se el
Sin género alguno de violencia, sin ne•
hor6scopo segun el cual aparecia como cesidad de programa ni glosas, merced
majestuosa personificaci6n del saber na- unicamente a la elecci6n de materiales y
cional, y asi lo prueban sus obras Los â .su contenido , trata La Espano, MoReteroào:oos espaii,oles (ya en su segunda der,na desde sus primeros mimeros de
edici6n), la Historia de las iàeas estéti- plantear la tendencia que se propone secas en Espana y La Oiencia espanola, en- guir, verdadero estandarte que en sus taciclopedia bibliografi.co-critica, sin con- reas ha de guiar a todos sus ilustres
tar docenas de opusculos varios 6 libros colaboradores, a saber: el progreso integruesos, entre los cuales forma época el lectual de la naci6n, basa.do sobre el proestudio en dos tomos: Horacio en .Espafia. pio trabajo patri6tico, asi como la estima
Es Menéndez cat61ico sincero, animado debida a todo cmrnto a él contribuya con
del proposito de enseiiar y demostrar que sentido imparcial. Corno deciamosalprinno es posible arreglarlo todo con s6lo el cipio, es fücil comprender que tal prodogma y los cânones ; pero al m.ismo grama envuelve uoa ta.cita polémica contiempo un cristiano para quien es como tra el vecino pais francés, y en realidad
segunda na.turaleza el clasicismo, el ele- no se ven ya en La llspana Mode1rna las
vado sentimiento de las formas, y al mis- traducciones francesas antes indispensamo tiempo dotado de una facultad deli- bles, ni el influjo decisivo de la literatura
cada para discernir lo mesurado y moral; galica , al menos en lo que afecta. al ca-

�202

REV16TA INTERNACIONAL

No intentamos resefiar todo su conterâcter general de la Revista. En cambio,
puede inferirse de las declaraciones mis- nido en sus varios aspectas, porque mumas de D. Marcelino Menéndez, que se cha parte de él hâllase. lejos de nuestra espropone aquélla trabar relaci6n directa fera de estudios, y debe reservarse para
con los paises donde se hable el idioma los que se consagran a las especialidades,
aleman y estudiar su producci6n intelec- dejando la ancha via de la comûn y getual, demostrando asi el justo reconoci- neral cultura por los fatigosos senderillos
miento hacia un pueblo que, antes que de la erudici6n: nuestro prop6sito es ocudesdefiar lo extranjerD, puede ser acusa- parnos solamente en las cosas de primera
do de estimarlo excesivamente. La Re- magnitud, en aquello que revela la cavista llegara, pues, a ser conocida en racteristica del moderno espiritu espaftol
Alemania y Austria, y por muchas razo- y a cuyo conocimiento invita aun a los
nes es de desear que su empefio se vea que, como nosotros, vivimos alejados de
coronado de éxito, pues de nuestra parte él; todttYia con esta limitaci6n hay amtenemos en la tierra espafiola mas inte - plisimo campo en qué moverse.
Presenta con justicia, a la ca.beza de
reses a que atender de lo que en general
todos
los epigrafes, una rica joya literase cree, principalmente por lo que toca
al conocimiento de la situaci6n del pais ria. Tal es el comienza dela novela Adan
mismo. En este punto es de muy prove- y Eva, por Emilia Pa:rdo Bazim. A. su auchosa lectura el nûmero presente de la tora, por mas que aun sea poco conocida
Revista, y habremos de permitirnos exa- entre nosotros, se la estima en Espa:iia,
minar circunstanciadamente su notable conceptuandola una de las primeras figusumario, y en particular lo que pertene- ras que verdaderamente cosechan los lauce a la pluma de su primer colaborador. reles del escritor; y a esta representaci6n
suma otra, pues es la mas elevada personalidad de su sexo, que con la propaganda del hecho de:fienden su derecho
a la emancipaci6n en el terreno literario. Bastara, para dar idea de la im})Ortancia de la sefiora Pardo Bazan, recordar que se pens6 seriamente en proponerla
para un sill6n en la Academia
Con sumo acierto se propuso la redacci6n de La JJ,spana Maderna presentar en Espafiola, asi coma mâs tarde se trat6 de
su primer nûmero un sumario tan abun- dar ingreso en otra Academia, la de la
dante como variado, de suerte que pudie- Historia, a otra ilustre dama, una duquese ofrecer algo de alto interés para todos, sa que public6 documentas preciosos saasi para los amantes de la literatura,, de la cados del A.rchivo de su gloriosa casa,
historia. y de la arqueologia, como para con eruditas explicaciones, y ofreci6 li.los
aficionados a la politica, la lingüistica y sabios la grata sorpresa de una notable
colecci6n de aut6grafos relativos a Cohasta a las oiencias exactas.

UNA NUEVA REVIl!TA ESPANOLA

16n. Al presentarse otra aspirante a la
Academia de Ciencias morales y politicas, la sefi.ora Arenal, hubo que deliberar
sobre la cuesti6n de si podian tomar
asiento bajo el dosel de la ciencia aca.démica las mujeres, una vez que &lt;(estaba ya
justifi.cado su puesto hist6rico» como soberanas, y aun coma caudillos en el campo de batalla, etc., etc. En aquella sazon
public6se un folleto ingeniosisimo y lleno
de sal atica~ Las Mujeres y las Acatlemias, de Eleuterio Filogino, el cual proponià instituir academias mixtas, alternando la elecci6n entre hombres -y mujeres, y haciéndoseprimeramente laprueba
de si con el infl.ujo del bello sexo padecia
6 no la dignidad de los sabios encanecidos en el estudio y la investigacicin de la
verdad. Produjo sensaci6n en Madrid
aquel escrito, excitando la hilaridady por
tanto ganandose las simpatias de los lectores.
Sin pretender rasgar indiscretamente
el velo del seudonimo, indicaremos la
circunstancia, interesante para Vïena, de
que el desconocido amigo del sexo débil
ocupa en ésta un lugar honroso entre las
personas que representan â las potencias
extranjeras. Mas volviendo a nuestro
examen, es claro que no cabe formular
un juicio completo sobre la producci6n
ultima de la académica in spe hasta que
la novela Adan y E1;a esté terminada.
Lo que si puede anticipar.se es que el comienzo promete grandes bellezas ( aunque el relieve de las descripciones quizâ.
sea excesivamente acentuado) y que acusa un espiritu de alto vuelo ( aunque es
lastima que se incline tanto hacia la
eseuela naturalista). El que dude no

203

tiene sino leer atentamente el prefacio
mismo donde se satiriza y trata desenfadadamente lo mas sagrado; y precisamente ha de dolerme el consignar este
cambio en dofia Emilia, porque la conozco_y admiro como poetisa lirica de
sentimiento delicado, y porque he tenido
el placer de escuchar sus lecturas en el
Ateneo, donde fascin6 a lo mas escogido
de la sociedad madrilefia por la profundidad, claridad y calor de su prosa. Mas
lo que es împosible perder en un talento
tan indiscutible como el de la Pardo Bazan, el vigor de intuici6n, el vuelo de
aguila de sus pensamientos, la elocuci6n
deslumbradora, la musica del lenguaje,
todo se encuentra reunido en la ültima
producci6n de nuestra escritora. i A.h, la
mûsica de su palabra! Este es el mas precioso legado que los espaii.oles de hoy
han recibido de su.s maestros en la «lengua de Dios», y que es de esperar conserven inc6lume para sus descendientes.
Poderoso atractivo ejerce el titulo del
trabajo que sigue, firmado por José Echegaray, y que se titula Los Ea:plosivos.
Tiénese hoy a su autor por uno de los
primeros poetas dramaticos modernos de
Espa:iia, quiza el primero; sus obras se
han insinuado hasts en la escena alemana; bien conocidos son los efectos arrebatadores de sus dramas, ninguno de los
cuales tiene mas desenlace que el trâgico, como si no hubiese en la tierra piedad
ni compasi6n, sino s6lo calamidades,
desastres y asolamientos. Lo que no saben todos es que por su profesi6n esta
Echegaray consagrado a los estudios técnicos, y que goza de gran autoridad en

�UNA ~'UEVA REVIBTA ESPANOLA

204

kEVlSTA lNTERNACIONAL

Espafia como ingeniero y matematico.
Véa.3e por qué es maestro en el arte /11,l,..
minante desùe ambos aspectos, el ideal y
el materiul; sus recientes aforismos explosivos-pues realmente son pensamientos sueltos los que presenta-tratan unicamente del panico, del terror que los
petardos infunden en la sociedad.
Dejando aparte otros trabajos igualmente caracteristicos, como el del conocido cervantista José Maria Asensio, sobre JJon Quijote, el de Eduardo Ibarra
sobre la conquista de Melilla en 1497, y
de César Sili6 acerca de las cuestiones
sociales de actualidad, ciérrase este cuad.ro arm6nico de la vida entera con el articulo cientifico a nuestro J'uicio mas
' el m'unero, escrito' por
importante de todo
l[enéndez y Pelayo, director facultativo
de la nueva empresa. Titulase JJon José

Es la biografia de un sabio hecha por
una inteligancia igualmente genial y que
puede justificar en su trabajo los altos
fines que le muenn Hay en ella perfecto
concepto de la cultura humana, de la labor cienti:fica; profundo conocimiento de
aquella importante personalidad, en si y
con relaci6n a los progresos contemporaneos; sejiâ.lanse clarnmente los puntos en
que se destaca con todo relieve la figura
de su biografiado, visto por todas sus fases; nada de superfluidades aquellas minucias que se complacen en rebuscar los
bi6grafos modernos, ni de esos detalles
euf6nicos que en ,ez de ilustrar perturban. Bien clara y significati-ça. prueba de
c6mo ha penetrado Menèndez y Pelayo
en lo fntimo de su ilustre amigo, e~ la
pregunta que en primer término se dirige, y que seguramente nace de lo mas
Ma1'ia Quaà;raào, S'ltviàay sus escritos. hondo de su alma. tC6mo se explica que
Quadrado es de la profesi6n misma de su IQuadrado, el cual analiza y registra la
bi6grafo, por mas que es düfcil determi- mitad de Espafia en sus obras hist6ricas
narlo asi en concreto; es el representante y arqueologicas, que se ocupa con tal
de una cultura universal, que en Alema- acierto en las cuestiones politicas y sonia, el pais de las especialidades por ex- ciales, que continûa el trabajo de Bossuet
celencia, ya va escaseando mucho; de sobre la historia univer.sal, y no terne
una poligrafia, en el buen sentido de la emprender con afortunada mano el retopalabra, que ha sabido mantener la con- que de los dramas mismos de Shakesciencia antigua del intimo encadena- peare; que al par de Balmes, esa lummiento que existe entre todas las artes brera de la controversia teol6gica, toma
liberales. Es historiador arqueol6gico y parte principal en las candentes cuestioestético; como buen espanol ha revuelto nes religiosas cuando son precisamente
también la teologia, la politica, y sobra mas graves las circunstancias; el homa:ôadir que la poesia. Menéndez es, hasta bre, capaz de redactar y editar por si
cierto punto, émulo suyo, pero le ha so- solo dos peri6dicos a la vez-c6mo es que
brepujado, y no deja de ser espectaculo pasa inadvertido para sus coetaneos al
conmovedor ver cômo el eminente joven bajar ya lapendiente de su fecu:ida vida,
otorga la palma al venerable y anciano cual si fuese una sombra, un inutil'? Memaestro.
néndez y Pelayo declara que no conoce

I

otro oaso semejante en toda la historia de I tan lejos de los apasionamientos de cualla Jiterntura.
quier e-,cuela, cuanto del pseudo-patrioy quiza no lo haya en la naci6n espa- tismo, y, por ultimo, arte soberano en la
iiola, que, dicho sea en loor suyo, no re- narraciôn, sin el cual caera al nive! de la
gatea el reconocimiento de que son clig- mediania en la historia mas discreta, la
nas las al tas inteligeucias que la honran, 1mas imparoial y de mayor solidez de
como tampoeo, y esto importa mas, los base. Las tres condiciones encuentra remedios de estimularlas a superiores pro- ,• unidas en Quadrado del modo mas feliz.
cedimientos. Mas en el fondo, y esto lo Es Quadrado de aquellos hombres que, en
indica el joven académico, existe entre una época que estimaba poco menos que
la actividaù del infatigable sabio que indigestos mamotretos los documento.s
pasa los mejores clias de su vida en for- ' de la mas respetable antigüedad ( casa no
zoso aislamiento, y el traqueteo de la exclusi:va de Espa:iia), no s6lo poseian enmultitud que corre tras la fama escu- Itera convicci6n-y la declaraban- reschando los sonidos de su trompa, un in- pecto al imprescindible ,alor de la insondable abismo que permanecerâ abierto vestigaci6n documenta!, sinoque lo demientras haya santuarios de la cienoia mostraron efectivamente con trabajos
que contemplar. En ultimo térrnino, el propios de esta indole. Duran te medio sigrau juez, el mas justo de todos, la his- glo los continu6 Quadrado en un terreno
toria, no le niega los bien merecidos lau- inexplorado casi, de lo cual es fa.cil inferos; mas tarde 6 mas temprano, aquella rir que llegase a dominar, como ninguno
figura que en su campo ha trabajado in- ! domin6, antes ni â. lavez que él, la biscesantemeute, hallasu dignificaci6n. Me- toria de Espaiia, partieularmentela catanéndez y Pelayo ha demostrado (comple- lana. De aquel persistente estudio en los
tamente a nuestro juicio) que Quadrado archivas, fiuye por modo natural un criobtiene el respeto y obtendra la gloria; terio libre de toda prevencion, cual se
Quadrado, como dejamos clicho, ha pro- halla en sus escritos, Es un hombre crisducido excelentes obras en di versos te- tiano, algun tanto romantico, lo cual se
rrenos, ya en los de mas caracteristico deriva espontâ.neamente del estudio del
matiz local, par ejemplo, el politico y el arte y de la historia medioeval; mas con
religioso, ya también, y en no menor es- todo eso no sale del mundo terrestre, no
cala, en aquellos que despiertan general impngna su pluma la creencia mistica ni
interés, a saber: en la historia, y, espe- la teocratica, y evita toda confusion y
cialmente, en la arqueologia. Tres son las mezcla del cielo y la tierra.
cualidades que exige Menéndez y Pelayo
Coïncide con esto juntamente un estilo
al historiador como imprescindibles: co- enérgico y claro , una vigorosa facultad
nocimiento cabal y extenso I bien ordena- descriptiva, merced a la cual representa
do, del material, asi en sus minimes de- 1plasticamenteel objeto de su exposici6n y
talles como en la concepci6n total; inde- cumple asi las exigencias del lector cuanpendencia y precisi6n de juicio, colocado \ do quiere, no s6lo oir contar, sino ver las

I

I

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U~A NUEVA REVI8TA ESPANOLA
11.EVIBTA lNTERNACIONAL

cosas. Dicese esto, en primer lugar, de Imas extensos horizon tes que ellos, puesto
sus trabajos arqueol6gicos, que no vaci- que podia desde luego apoyarse sobre lo
!am.os en califi.car como los de mayor que aque1los hicieron, tampoco oscurece
mérita, por lo cual diremos alg·unas pa- · la personalidad de Quadrado el prestigio
labras mas acerca de ellos. El nombre de de los colaboradores que en uni6n suya
Quadrado va unido de modo imperecedero aportaron a la gran obra un trabajo ina una de las obras mas sobresalientes de teligente y lleno de originalidad. Rasta
la arqueologia espaiiola, Recuerdos y oe- nos sera licito exponer nuestra opini6n,
llezas ile Bspana, donde se describen, quiza demasiado indivîdual y subjetiva,
provincia por provincia, minuciosamente de que es superior a la del mismo Quacuantos restos not~bles h~ legado la Edad drado la colaboraci6n de otro de los esMedia, aunque sin omitir los usos y cos- critores de los Recue1·dos: aludimos a don
tumbres de cada uno de aquéllos, ni las Pedro de Madrazo, el sabio é ingenioso
obras del arte moderno, constituyendo critico de bellas artes, el primera seguasi una especie de pendant, algo anticua- rameute que Espaiïa puede ostentar hoy
do, de nuestro popular libro.Aust?-io,-Hun- dia.
gria descrita con 11luma y con lrl_piz (l ).
Sea como quiera, tendra siempre QuaRace Mené_ndez y Pelayo resaltar con la drado el mérita inmarcesible de haber
debida justicia los méritos de Quadrado tomado parte importantisima, y que ha
en la composicion de aquella obra, donde de formar época, en el renacimiento arse estudian las regiones de Asturias, queologico de Espafia durante la actual
Le6n, Castilla la Nueva, todo A.rag6n Y centuria, renacimiento que no s6lo ata-la mayor parte de Castilla la Vieja y las iie ala investigaci6n y juicio critico delos
Baleares, aunque quiza va demasiado monumentos antiguos, sino que empelejos al ponderar estos trabajos, siendo zando ya a formar parte de la cultura
éste el unieo punto en que nos sea 1icito popular, ha contribuido a despertar y
ponernos frente a tan respetable autori- mantener el respeto hacia las joyas de
dad como la de Menéndez. Cierto que los tiempos anteriores y a ejercer el moralimannales de Jordy Bourgoing, muy usa- zador in.fl.ujo que ha sido siempre el obje dos hoy todavia, dejan mucho, muchi- tivo ultimo-de las investigaciones arqueosim.o que desear; pero lo es también que 16gicas: aprender, en suma, de las granno llegô Quadrado a hacer otro tanto sin dezas del pasado, y acomodar a ellas el
género alguno de preparaci6n.
presente con senti do prudente y discreto.
Asi coma seria rebajar la importancia No hay pueblo tan afortunado como el
de un Ambrosio de Morales, de un Enri- espafi.ol en cuanto a la posesi6n de rique~
que Fl6rez 6 de un Jaime Villanueva zas legadas por la antigüedad; el extranpretender negar que Quadrado divis6 jero, de cualquier pais que proceda, siéntese poseido de una admiraci6n no exenta de envidia, ante la grandiosidad y
(1) Oesterrcich: Unpam in Wort-iinà Bild. abundancia de monumentos de arte que

207

por doquiera se ofrecen en aquel pais a inmensa, easi inagotable materia. Abrisu veneracion Y recreo.
gamos la confianza- de que es segura
Fué verdaderamente feliz idea la de garantia la direcci6n de la nueva Revispresentar ante el publico el tema de las ta-de que habrân de lleg:ar a nosotros
g_randezas de Espana, con ocasi6n de n.uevas produceiones, no menos acreeb1ografiar una personalidad tan impor- doras a encomio que la presente, y que
tante en este respecta, y de comenzar / surjan del mismo campo cienti:fico.
con esa simpatica figura el examen de la
DB. RODOLFO :BEER.

I

�.
INDICE
,

.;:;;,;,, Z.,00,, pot G. de Maupassant••••••.•....•........•.........•
~ 4, Q«rlOI I [, p,r Prospero lrlerimée. . . . . . •.....•.••.••••••

';,,}I_I (Jo'/Jdr41, por Catulo lrlendés. • • • • • . • . • • • • . . . . . • . . . . . • . . . • • ••
;/Ja, • ~ • pot Francisco Coppée ••.••••.•••••.......••..••.•.•

JII Jlot,l d, CapulocÏ&amp;, p01' Teodoro de Banville •••••.........•• ••

M.,_,. Jfago,por Carlos Baudelaire. • • • . • . • .. . • • • • . . . • • • . .. . •
-w~ IJ,tlrly el Porilit1int0 (conclOBion), pot E, Caro, .•.•.....•....••

-,. pdAr• 8,nd8&amp;Î8, por Edmundo y Julio de Goncourt. • ••...•••
• ,.,,,.,_ (continuaci6n}, l)OT el Conde Leon Tolstoy••...•.••.•••
~ ù B"lw:, por Teofilo Gautier••.••.•.•••.•.••..•.•••.•••
bu ..,.. r,oilla ,~aol•, pot el Dr. Rodolfo Beer ••••...••.••••••

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                <text>Revista Internacional, fundada en 1894 por José Lázaro y Galdiano y editada en Establecimiento Topográfico de A. Avrial.</text>
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                <text>Establecimiento Topográfico de A. Avrial </text>
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                <text>Mérimée, Prosper, 1803-1870, Colaborador</text>
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                <text>Tolstoy, Leo, graf, 1828-1910, Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>. Mi juventud</name>
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        <name>Visión de Carlos</name>
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