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REVISTA MODERNA.

NUPCIAL.

.MÉXICO,

ARo lV

QUINCENA DE :FEBRERO DE

1901

REVISTA MODERNA
ARTE

I
Como una flor rosada, la novia, bajó el diáfano
Cendal que al pelo rubio sujeta la corona,
Frente al altar solemne y entre el incienso mlstico
A las delicias intimas de un sueño se abandona,
Y al novio que la mira, no puede sonrelr.

2'\

OlREC TOH: ,JESUS F,. YALENZUELA,

Y

CIENCIA.
.J FFE DE HEJ)ACC'IO:--: J l.·.Sl '8 lJRUETA.

Y la esperanza
De besos puros,
Que á los futuros
Dlas la avanza,
Y la hace huir
A las fantástica
Horas cercanas,
Vibra en las músicas
De las campanas!
Entre las copas frágiles espira la cbampaila,
En la enervante atmósfera flota un olor de fiesta,
El vals ondula y bulle, y agitanso las últimas
Parejas á los sones lejanos de la orquesta¡
El nupcial cortl'jo se aleja y va á partir!
Y la importuna
MelancoUa
Del muerto dla
Que hace la luna
Lenta, surgh·
Del cielo pálido
Por los confines,
Yibra en las músicas
De los violines!

II
MIO NIGHT DREA:MB.
Anoche, estando solo y ya medio dormido,
Mis sueños de otras épocas se me han aparecido¡
Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrlas
Y de felicidades que nunca ban sido rolas,
Se fueron acercando eu lentas procesiones
Y de la alcoba obscura poblaron los rincones.
Hubo un silencio grave en todo el aposento
Y en el reloj el péndulo detúvose al momento.
La fragancia indecisa de un olor olvidado,
Llegó como un fastasma y me habló del pasado.
Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde,
Y o! voces oldas ya no recuerdo dónde.

. . .. . . . . . . .. .. .. .. . . .. . . .. .. . . .. . . .. ... . .. . . .. ..
Los sueños se acercaron y me vieron dormido,
Se fueron alejando sin hacerme ruido
Y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra,
Y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra!
JOSÉ

)U~cAnA OF.: SÁTIRO. - :'III GUEL ANOEl,.-FLORE:SC!A.

ASUNCIÓN SILVA, el Precursor.
¡.

Ti¡&gt;. tlt J&gt;11Ll1í11.

�REVISTA MODERNA.
REVISTA MODERNA.

58

DISCURSO PRONUNCIADO
ENEL

FESTIVAL ASTISTICO QUE ORGANIZO LA "REVISTA MODERNA,"
EN HOMENAJE AL

DUQUE JOB,

r, A Nocm; DEL

El venerable que en el refectorio dt\ Santa llfa•
ría delle Grazie pintó el fresco evangélico del Cenáculo, Leonardo el sabio, decla: •Ay del disclpulo
que no supera á su maestro!•
El degenerado sublime que vagaba en Sorrento
cantando la epopeya de los cruzados, Torcuato
Tasso, exclamó en uno de sus dlas de fiebre y de
videncia: , Sólo son creadores DioR y el Poeta!•

SEÑORAS y SEÑORES:

Es :Manuel Gutiérrez Nájera un hombre de una
belleza moral extraordinaria: belleza que calienta
, alumbra intensamente su rica obra de arte lite~·ario, como un sol sin tramonto irradiando sobre
una flora sin invierno, y que hizo del versificador
elegante un poeta, un poeta santo y puro, que al
recoger en la metáfora las verdades esenciales de
la vida, apagó odios, encendió esperanzas, elaboró piedades y difundió perdones, constelando sus
versos con las almas de luz de las vlrgenes cristianas, y rematando las alturas de su llrica con una
Estrofa de divino amor, que como el Angel de oro
que abre las !'las en la punta del campanile de San
:Mat·co, parece volar hacia el cielo venturoso!
Poeta santo y puro, si. No entiendo la poesía sin
el alma, no comprendo el arte sin el amor. Bajando á las profundidades donde se generan las pavuras que luego serán herolsmos, las blasfemias que
lutgo serán oraciones, los gritos que luego serán
músicas, los despojos que luego serán justicias, los
dolores que luego serán religiones, los odios que
luego scrau frateruidades, 1011 crlmenes que lutgo
serán virtudes, las muertet1 que luego serán vidas;
penetrando con Shakellpeare, con Dante, con Spencer, con Toh,toi, á. la caverna del Instinto repleta
de larvas pavorosas, y ascendiendo con ellos, de
etapa en etapa, de mt:tamórfosis en metamórfosis,
de tipo en tipv, ha~ta la verdad que ei,plende, basta la virtud qu" lu~tra, luu,ta la bt'llt'za que canta,
11e cuw¡,n:n,lc la umdaut dd e~futit zu que A través
dd inhultv mat LlllU y dti ta ettll'Ull gtvria ltl hace crecer el Alma á. la hu111auidad, que á 11emt'janza del
grupo bimbólico de Augusto Hodin, emprnza 11iendo el 111\tiro que ariabtn~ en t:I faugal liU pezuña inmunda, conttuúa lliendo el bombrn que abraza sus
piedades 1\ la cruz, y termina siendo el dios que
clava l' ll .a visión luminosa de las redenciones sus
ojos adorantes!
Amo1 ! ei; la palabra que recogemos de todas las
tllosoflat1 4ut1 t1e buicidan, de todas las civilizacio-

3

DB l ' RilRERO DE

1901.

nes que se derrumban; amor es la leche que nos da
el seno de la madre, la miel que nos escancia la boca de la amada¡ amor es la ciencia; amo1· es la naturaleza; amor es la poesla¡ amor es á veces el odio
mismo, porque hay odios benditos; amor es casi
siempre el dolor, porque hay dolores envidiable~;
amor eres tú, Laooconte trágico, y tú, tranquilo
Apoximenos; amor es Satán que se rebela; amor
es Dios que perdona!
La obra literaria de Manuel Gutiét-rez NAjera es
una obra de fraternidad: contagia, liga, funde. No
conozco una sola linea suya que nos deje frlos. Nos
toma el corazón, y nos hace pasar de la sonrisa á
la lágrima, removiendo nuestras memorias y agitando nuestras aspiraciones¡ como un hermano,
posa su caricia sobre nuestras tristezas, deja su
lágrima en nuestras urnas, dobla la rodilla ante
nuestra fe; como un amigo, nos brinda en el festival la copa de oro de Ganimedes donde han bebido
las diosas de ojos ollmpicos y los aedas de cantos
pindáricos; de los marcos lujosos de su prosa nos
miran dulcemente las madonas rafaelescas, divinas
de belleza y humanas de pasión; de su verso polifono brota el cortejo de las Harmonlas,-Ias de ojos
castos como la fascinación de una quimera, con
frescos tintes de nardo en la mejilla, que echan A
juguetear en campo de flores el tropel de las borbollantes l'isas; las que ungidas de perfumes para
no dar náuseas, con el pe::ado que las muerde en
los flancos, vierten vino á todos los apetitos y besos á. todas las lascivias; las que rápidas, sangrientas, minervinas, cabelleras al aire como flAmulati,
rotas las espadas, desgarradas las clámides, atra·
viesan el tablado de la Tragedia humana, clamorosas como la cólera de Aquileo recorriendo con su
sonante sandalia el campo épico de Ilion, al compás de los venerables hexámetros homéricos! ... . .
Sufrió lo bastante para poder consolar con su palabra piadosa é irónica, musicando toda su juventud en perfectos ritmos, ecos del sagrado metro universal que puso vaivenes azules en el mar, pausas
sinfónicas en el cielo y adoraciones !!ricas en el alma.- Es Guitiérrez Nájera un Anakreonte cristiano que bañó con mirras de Marta de Galilea la cabellera voluptuosa de la Musa griega.-Como el
divino Alfredo, en sus noches de Diciembre vela
junto á él un pálido enlutado que ese le asemejaba
como un hermano,• y su estancia se cubrla entonces de melancollas dolientes coronadas de estrellas
mlsticas¡ pero cuando la naturaleza en primavera
lo despertaba con los almos coros de las selvas y
con los destellos extAticos de los horizontt:S, su ver-

so se ,·oleaba de los búcaros de Flora sobre los tálamos del amor!- Era un convidado del Dolor: se le
vela oficiando bajo las bóvedas de las cartujas, en
meditación ante las sepulturas yacentes. Sollozaba
en ell•gias virginales sus tristezas y sus desilusiones, pero sin maldecil· la lucha cruel, sin temores,
sin angustias, resignado frente al problema incognoscible, viendo á. la muerte como una buena hermana de la vida, tierna, Inefable, consoladora, con
su regazo suavísimo de sueño y de olvido . . .. . . .
-También era un invitado, y asiduo, de la Locura. A esto debió ser siempre jo,•en, pues como dice
Erasmo de Rotterdam, «es en vano que los estúpidos mortales demanden juventud á Medea, á Circe
ó á Venus; sólo la jovial locura puede conceder tan
envidiable beneficio.• En la brillante mesa del palacio imperial de la graciosa reina, al lado de trovadores, de sabios, de moralistas, de metafísicos y
de clérigos, bebla el satyrion, brebsje que confecciona Afrodita, la blanca diosa de pulidas manos,
con los jugos secretos de las secretas rosas del placer; y ese zumo de corolas femeninas que desliga
la elocuente alabanza y que hace chispear los deseos traviesos, desborda, nectárico, de la Oda brere, con que el poeta adorante consagró su vida á
la inmortal belleza de la forma, sacándola pura y
casta de los taperujos de la bipocresla, como surge
de los ropajes del mármol de Milo el desnudo y altivo busto de inviolados senos, con la gloria irra·
diante de una hostia sobre los altares del arte!
Piadoso é irónico, Gutiét-rez Nájera e11 un educador de nuestro corazón. Vive en el amor de la juventud que preserva de todo polvo ingrato su esplritu harmonioso. Su poesla levanta, conforta, ennoblece, salpica ideales. Si os abruma el desencanto, si os grita la venganza, si os envuelve el tedio
con 11us neblinas frias, si la vulgaridad del profano
os desespera y la envidia del impotente os ensucia,
leed al Du4ue Job, oo importa qué, versos querlan,
versos que besen, versos que lloren, y se restablecerá el equilibrio de vuestros esplritus en la suprema conjunción del amor y de la vida.-Cuando lo
pongamos en contacto con el pueblo, no democm·
tizando sino humanizando su arte incomparable,
por medio de lecturas públicas que siembren los
gérmenes de la poesla en el alma nacional; cuando
hagamos e:,to con todos nue:;tros poeta~, cret:dme,
se l.Onseguin~ mb que enju t1111,lo, secando, anemiando en las t'ijCuelas los indefensos espi1 itus de
los niños. El gran maestro es el cantor, es decir, el
poeta. Martln Lutero escribió ASeníels el 14 de Octubre de 15·¡0 que •no es un buen maestro el que
no sabe cantar • Dándole á esta frase toda su amplitud artli,,tica, es una verdad innegable. En ese
sentido, el Duque Job es un maestro. El ritmo es la
obra más alta del amor, y sin el amor no arraiga la
enseftanza. El poeta es el supremo educador, por·
que es el supremo sugestionador. Preguntando Panoenos á F idias qué forma iba á dará la estatua de
Júpiter, el escultor recitaba este fragmento de la
Rapsodia: «El hijo de Saturno, frunciendo las negras cejas, hizo una señal de promesa; luego, la cabellera divina se agitó sobre la cabeza inmóvil del
Rey, y el Olimpo se bamboleó estremecido.• Asi fué
la estatua, augusta y terrible.-La ciencia es lenta

59

porque es analltica; el arte es rápido porque es sin·
tético. Hoy el psiquiatra estudia á Shakespeare, el
criminologista estudia á DostoYevsky. La verdad
es belleza, la belleza es verdad. La ciencia y la poesia se juntan en una sola acción, tienden A un sólo
ideal: la elaboración lenta, dolorosa, trágica, del
amor. Crear amor, crear fraternidad: he aquí el objeto y el fin de todo el esfuerzo humano.
Y si Gutiérrez Ná.jera superó á sus maestros, fué
porque con sentimiento más depurado y con forma
más simple, pudo crear mucha simpatla, mucho
bien, mucha belleza, aumentando el caudal moral
de su pueblo. En la sátira, en la crónica, en el poema, en el cuento, en la charla, fué dulce y apasio·
nado, ligero y fuerte, humano siempre, creyendo
que su misión de cantar alegrías y tristezas era
una misión religiosa que debla cumplir aun á cos·
ta de su sangre y de su vida. Dispersarse, difun·
dirse, alimentar con su propia alma á los otros,
perfumar, iluminar, rimar . . .. , eso hizo.-Claro es
que los empresarios de hecatombes de puercos para hace1· jamón y los empresarios de hecatombes
de gente para hacer gloria, tienen por el arte musical un desprecio tan grande como sus fortunas
bancarias ó como sus pompas reales. Mejor. En
cambio, los selectos admiran y las muchedumbres
sienten; las ralees de todo arte están en el alma colectiva que nutre con su savia prollfica de pasión y
de fe los brotes florales del verso paradisiaco. Sabemos que el valor moral de un poema es incalculable; sabemos que el manto que cuelga de los hombros de la humanidad está tejido con impt:riales
metáforas; sabemos que los inmortales bajan siempre de la montaña de cristal para conversar con
Platón y con Sófocles, á la sombra de los laureles
áticos; sabemos que la poesla preside los grandes
desastres renovadores que empapan de sangre y de
gloria las crónicas formidables de nuestro mundo;
sabemos, en suma, que dijo bien el Tasso cuanrlo
dijo que sólo son capaces de creat· Dios y el Poeta!
SEÑORES:

El arte de Manuel Gutiérrez ~ájera,-ese hombre
&lt;le extraordinaria bt'lleza moral-no alcanzó la sonoridad monocorde y pr11fé1ic1t rle lns bardos revo1ucionarios que sohrn la torm,•nta lauzan las clán·
sula,; ardit'utes del o Rcu l,•; i,,u obra no chocó con
ninguna iuiquidatl, no st~ pl't'cipitó al combate y á
la batalla; sus versos no tuvit'ron ali-tazos de águilas bravas¡ el casco formidable de Ayax indómito
no aparece entre la polvareda de los hoplitas y de
los carros . .. . Pero vosotros, los que herederos de
su sentimiento y de su forma, tenéis el deber de superarlo; vosotros que recibls en las conciencias el
aliento de mil legiones que comienzan á demandar
revindicación¡ vosotros elaboraréis más amor, crearéis más fraternidad, sintiendo que la •voz de todo
lo que duerme,• el non omnis moriar, verbo de los
muertos ilustres, os empuja, con la irresistible fuerza que tiene el esplritu inmortal, hacia el sacrificio
fascinante. Iréis, coronados de bendiciones, entonando la palabra de Zola:
• Vamos A. la humanidad, á la verdad, á !ajusticia!,
Febrero 3- 1901.
JEl&gt;óS URUETA.

�REVISTA MODERNA.
60

REVISTA MODERNA.

NON OMNIS MORIAR.
¡No moriré del todo, amiga mla!
De mi ondulante esplritu disperso
Algo, en la uma diáfana del verso,
Piadosa guardará la Poesla.

No moriró del todo! Cuaudo herido
Caiga á los golpes del dolor humano,
Ligera tú, del campo entenebrido
LevantarAs al moribundo hermano.

Tal vez entonces por la boca inerme
Que muda aspire la infinita calma,
Oigas la voz de todo lo que duerme
Con los ojos abiertos en mi alma!

Hondos recuerdos de fugaces dlas,
Ternezas tristes que suspiran solaf;
PAlidas, enfermizas alegrías
Sollozando al compás de las violas .. . .

Todo lo que medroso oculta el hombre
Se escapará, vibrante, del poeta,
En áureo ritmo de oración secreta
Que invoque en cada cláusula tu nombre

Y acaso adviertas que de modo extraño
Suenan mis versos en tu oldo atento,
Y en el cristal, que con mi soplo empaño,
l\Iires aparecer mi pensamiento.

Al ver entonces lo que yo soñaba,
Dirái de mi errabunda poesía:
-Era triste, vulgar lo que cantaba ... .
¡:\las, qué canción tan bella la que ola!

Y p,,rque alzo en tu recuerdo notas
Del coro universal, vh'ido y almo;
Y porque brillan lágrimas ignotas
En el amargo cáliz de mi salmo;

Porque existe la Santa Poesía
Y en ella irradias tú, mientras disperso
Atomo de mi sér esconda el verso,
No moriré del todo, amiga mia!

1893.
M. Gt:TJÉRRl!.Z NÁ.JERA.

6l

�63

REVISTA MODERNA.
REVISTA MODERNA.

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11'

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1
J n oRvuAS jol

nificó el amor y el entusiasmo con que el alma de
todos los auditores se unla á aquella apologla fo1·mulada tan felizmente.
Y aquellas damas, aquellas mujeres hermosas que
lloraban ó sonrelan cuando Urbina leyó la soberbia prosa del llorado maestro: •Otelo-Yago- Desdémona? .. .. • ó que perdlan su mirada soñadora
y húmeda en las blancas nébulas del tul que Chucho Contreras prendió á tl'avés de su elegante, sobria y simbólica decoración?
Los músicos tal vez, ataron al mármol de la amada memoria el crespón más sombrio! Con alaridos
de voz humana, con los gritos de una Niobe incon·
solable sollozó el violoncello de Espinosa, y Godard
magistralmente elevó las puras notas de su voz en la
desoladora, en la desesperante Elegla de Massenet
Muirón fué un maestro en el piano, Garcla Sagredo
ució sus dotes y su noble escuela, y Martinez dijo

una Romanza de amor que deshizo en el ambiente
recogido de la sala, el alma Sl:'nsual y galante, e l
alma erótica y delicada del poeta llorado

•••

Todos los dobles de la ideal campana silenciosa
que congregó á los dolientes, resonó, como bajo una
bóveda sonora, en la piedad de aquello!! corazones,
y todos los versos, todas las sonoras cláusulas, to•
das las dolientes melodlas que en aquel ft'stival bro·
taron, tuvieron un eco en aquellas almas perfuma
das con un hálito de Ideal, y vibrantes y tensas bajo el áureo plectro del Arte.
La ,Revista Moderna• se enorgullece porque, al
llorar al gran Poeta, pudo agrupar junto al suyo el dolor de tantas almas nobles y porque ha sabido que el clarln de oro del Ideal puede vibrar despertando ecos y sembrando harmonlas en el silen·
cío de las almas!

1

AL DUQUE JOB,

LA f~[;VIGTA MoDt; rNA
ftJU ÍSTICo OLJ~ ~A oRGANIZAOo

f 'EBRERo 3 Of.18'.}5

rn

INVITA Á UD· AL ~[STlvAL
WoMrnAJ~ AL OUQ U~ JOB·

A LAS 8 · P,M

FEB~ERo J Df 19ol

EL FKSTIVAL DE "RKVISTA MODERNA."

Una Noche de Domingo! Los teatros, los circos,
las salas de espectáculos abrlan sus puertas sugestionando la imaginación de ese gros Jmblic que llora cronoló¡:icamente y se solaza con el reloj en la
mano. Aqul en el céntrico coliseo una multitud que
mira sin asco la parodia de las pasiones humanas y
el simulacro erótico de un galán sietemesino y los
remilgos de una traviata impúber que hace el po1·t
d'arme y sabe se fendre como una otoñal hetaira
allá bajo las frondas pecadoras que aclaran las incandescentes aspas del Jfoulin Rouge .. . . Por otro
lado Barnum y sus fieras y su troupe japonesa y el
clown perenne y la eterna ecuyere .. . . La oronda
burguesla se solazaba aquella noche de Domingo!
)lientras, en un salón que es un lararium para los
ritos del Arte y un Buen Retiro para los devotos de
la estética, una ideal y plañidera campana sonaba
un hondo doble sobre el féretro de un prlncipe de
las letras, en la cripta sonora donde ya glorificado
clescansa de su congojosa y trágica vida terrestre,
ese prócer del Arte que se llamó el Duque Job!
En medio del soez tumulto dominguero que lleno
de rlspidas notas resbalaba sobre el asfalto de calles y avenidas, un piadoso cortejo se dirigla a la
Sala Wagner, a ese santuario donde tantas veces
ha oficiado la Belleza y entre cuyas escocias pintadas por el decorador Gallotti parecen aún latir las
harmonlas del majestuoso Beethoven, de Wagner
y de sus gigantomaquias musicales.
Entre el dominical tumulto, aquel cortejo, aquella concurrencia d'élite habla escuchado el doble de

la ideal campana silenciosa que los congregaba en
torno de la memoria del ilustre poeta muerto. Quizás, dlas antes, un dibujo de Rucias, mostrando al
trovador derrumbado sollre el mortuorio lecho, con
el laúd hecho astillas a sus pies, habla predipuesto
los corazones fieles a la solemne piedad de aquella
conmemoración única.
Unica, decimos después que unánime la prensa
diaria ha juzgado la significativa singularidad del
festival en que la •Revista Moderna• glorificó el numeu y consagró la ilustre jerarqula literaria del inmortal Gutiél'rez Nájera. El poeta celebrado por
los poetas; el precursor glorificado por los espiritas
que devotamente siguen sus huellas sangrientas por
el camino áspero del Arte, encumbrado como las
pendientes de un Excelsior, trágico y amargo como
el vla crucis de un Calvario!
Tenemos el orgullo legitimo de asegurar que el
festival artistico organizado por la •Revista :\Ioderna• en honor del Duque J ob, no tiene precedentes
entre nosotros, y ag1·egamos que nunca tampoco
una ceremonia de esa índole ha teuido un carácter
más harmonioso y una más rítmica unidad.
Los poetas que cantaron al Duque-á un lado el
mérito intrlnseco de sus obras que otros juzgaránhicieron que sus rimas resbalaran con la esponta•
neidad de un llanto y exhalaron sus trenos como
hubieran exhalado los su spiros de su hondo pésame.
El aplauso atronador y unánime que rimó una
por una las cláusulas de la alocución de U rueta sig-

lo memorlam

A mi la Musa torva, silenciosa y hermética,
La de ojeras moradas como flores de hiedra .. ..
La de peplo tejido con ensueños y brumas
Cuya frente es el ampo de una pálid11 luna!
La que implora los astros de la bóveda umbrla
Con los ojos en blanco de una virgo tristlsima
Cuyas manos sostienen de su seno las urnas
Cual temiendo que en ellos se desborde la angustia!
A mi las agobiadas rimas de mármol negro
Dolorosas cariátides de un grave Mausoleo,
Esas que en el silencio dejan caer su lloro
Llenando los profllndos vasos lacrimatorios! !
Que la Elegla el coro de sus versos prosterne!
Que suba á las alturas el ronco Miserere!
Que la musa desgarre su pectoral de seda!
Que la ceniza empolve sus lujuriosas trenzas!
Que exhale cual un trágico ritornelo el sollozo
Con que la joven viuda llora al gentil esposo
Y luego, en el crepúsculo, cuando la tarde muere,
Tras de encender los cirios en la capilla ardiente,
Mientras las hojas secas bajo sus pies rumoran
Se aleje, deshaciendo sus ayes en la sombra
Como un cortejo lento, como una marcha fúnebre
Por una interminable calzada de saúces!!!
Silencio! Ya en la Pena sangrienta,los sollozos
Se anudan cual crespones sobre un corazón rojo!
Y al pésame se abren los brazos de la cruz ... .
Mi duelo es una triste Venecia en Viernes Santo
Silencio! ya en sus aguas nocturnas van remando
Las góndo'as que siguen el funeral del Dux!
De los canales torvos en la obsidiana fria
Riela una mascarada la loca fantasía;
Pierrot tiende furtivo su máscara. de harina
Junto á la faz de rosa que asoma Columbina
Y en un rincón de sombras se esconde Pulcinel&amp;

�REVISTA MODERNA
REVISTA l\IODERNA.
Cuando sobre aquel vano rumor de cas cabeles
Pasa angustiosa. y triste la negra carabela,
La fúnebre trirreme cargada de laureles!

Apenas si en los altos balcones palatinos
Sus rostros enigml.\ticos asoman lns tristezas
\ entre el florón que elevan sus dedos marfilinos
De hiedras coronadas, inclinan las c11.bezas.

Contemplan el doliente cortejo del magnate!
Escuchan cómo gimen los negros violonchelo~,
P ero ni el llanto anubla, ni la. tristeza abate
Rus ojos soñadores cla,·ados en los cielos!

La luz del plenilunio sus cabelleras dora .. . .
Una barca de amores se detiene por vedas,
Y los remos 110 olvidan sobre el agua sonora
Que lll sentirlos anojn borbotones de perl1ts!

El Ayer aún murmura su gentil serenata!
Y del mudo palacio sobre la escalinata,
Con sus cien mandolinas llega. hoy como Antes
A llamar al postigo de la. reja de plata
El tropel almizclado de las Fiestas galantes!

No han plegado su rojo parasol los bufones!
Las Infantas que suefian en los altos balcones
Sobre el mármol deja.ron las ligeras escalas
Y aún parece que suben las amantes canciones
Elevando sus labios y extendiendo sus alas!

Es que el bardo no ha muerto! Sobre :iruertc y Oh·ido
Desatando tu numen ¡oh inmortal Duque Job!
Xucstras almas obscuras y tu gloria has unido
Con la escala de luces que soñara Jacob!

El Poeta sediento de fulgores de aurora,
El ilustre guPrrero, la beldad soiladora
Por ti queman la mirra de sus votos adven,os
Y basta ellos descienden por la escala sonora
Entre arpegios y flores deshojadas, tus v~rso~!

Si la virgen amante que el Dolor importuna
Se anebuja en su tedio que es un fúnebre tul,
Son tus rimas consuelo de su amor sin fortuna
Y desciende tu numen en las noches de luna
A besará la virgen como un Príncipe Azul!

Tú no has muerto! tú vives! en la liza te veo
L evantando en la diestra vencedora el trofeo
Mientra:; suena tus triunfos el sonoro clarín
Aún fulgura tu casco bajo el Sol del torneo
Y se alarga tu sombra de triunfal paladio!

Ah! por eso mi Duelo, la Venecia sin luzSe estremece vibrando como un solo laúd ....
Y al pasar esa góndola que es tu negro ataúd
Creo mirar el cortejo de las nupcias del Dux
Desposado suntuoso del Adriático azul!

.. ..... .. ....... .. ......
....... .. ... .... .... ... .... .... ... ......... .. .. .
Ha pasado el Cortejo y en los hondos canales
Las góndolas se alejan; se van los Carnavales; .. . .
Perdiéndose en la sombra solloza un violonchelo . .
Dejaron las Infantas sus altos barandales,
Sólo ,¡uedó la luna, sonámbula en el cielo .. !
. . ... . .. . . .. .. .. .. . . ... .. . .. . ... ............. .
Desfila. ya el cortejo de bardos y hermosuras,
.Nosotros conmovimos los trágicos bordones,
Ellas te dan sus senos-marmóreas sepulturas Oh Prlncípe! ya mueren los últimos blandones,
¡Descansa sobre el blanco plumón de sus ternurab!
Descansa en lo más hondo de nuestros corazones!
Febrero 3 de 1901.
Jo:-;~ J1 AN TAB[.,ADA.

POE S I A
LKIOA

EN HOMENAJE A MANUEL GUTIERREZ NAJERA.
Llégome tembloroso á la capilla
Llena del ritmo gárrulo del Estro,
Llena de m11.jestad grave y sencilla,
Y al postrar en el polvo la rodilla,
)[e inunda. la memoria del Maestro.
Lo miro entretejiendo una guirnalda.
Con su oda griega y con su estilo jonio,
Y en su sien reverdece la esmeralda
De un lauro fresco, y cuelga de su espalda
La lira decadente de Petronio.
)liro al bardo en la fiesta. de la vida
Deslizar sebre mirtos su sandalia,
Y con la ilustre toga des~eñida,
Apurar en su &lt;.rátera esculpida
El alegre licor de la faunalia.
Lo miro en la brumosa Jejania
Revivir el csplritu de Grecia,
Y derramar su frágil Poesla
Desbordante de clásica ambrosla
Y de opalino ajenjo de Lutecia.
En la nave suntuosa y esplendente
Brilla el oro en la cinta de los frisos,
Arde el óleo en recuerdo del Ausente,
Y solloza la Musa adolescente
Coronada de fúnebres narcisos.

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REVISTA :MODERNA.

REVISTA MODERNA.
Viene á ver al lllaestro en el pináculo,
Venimos sus apóstoles en tropa
A repetir las frases de su oráculo,
Y á. rodear la mesa del Cenáculo
Para beber del vino de su copa.
Sócrates y Jesús: su verso incita
A ceñirse la frente de verbena
Y besar los contornos de Afrodita,
Y con su mano blanca y exquisita
Juega con el toisón de Magdalena.
Su estilo vencedor pide tributo
Al molde galo y al decir latino;
Canta á Marte crnel y á Pan hirsuto,
Y demanda al cincel de Benvenuto
Un cáliz para el oro de su vino.
En la alameda eglógica y sombrla,
Donde mora el artista, hay limpios cauces
De estrofas y susurros de armonla,
Y tiendo sus cabellos la Elegla,
Largos como las ramas de los sauces.
Un cortejo de ninfas soñadoras
Abate con sus hoces la gavilla
De las rimas esbeltas y sonoras,
O sumerge en las cláusulas canoras
Sus elegantes ánforas de arcilla.
Y en tanto que en el intimo oratorio

Venimos á. dejar nuestro tributo
De llanto en el sutil lacrimatorio,
Y besamos el túmulo mortuorio
Que vigila una náyade de luto;
En tanto que nosotros los creyentes
Del Poeta, cedemos al quebranto,
Y graves, pensativos y fervientes
Encendemos estrofas refulgentes
Ante el glorioso altar de nuestro Santo;
Mientras aquí volcamos nuestra pena,
Oigo afuera el clamor de los gentiles
Como un ruido discorde de colmena,
Y oigo que nos censura y nos condena
La tropa de los Bá1·baros hostiles.
Afuera los desdenes del pagano,
Y aquí el amor, y el culto, y uu anhelo
Sin limite hacia el Arte soberano,
Y un corazón que espera, y una mano
Que sostiene una rama de asfodelo.
3 de Febrero-1901.
ErnÉx REBOLLEDO.

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ENRIQUE SIENKIEWICZ.
(DE •REVUE UNIVERSELLE.&gt;)

Estanislao Rzewuski, en un rápido estudio sobre
la literatura polonesa contemporánea, decía hace
más de tres años: •El dla que se traduzca «Por el
fuego y por la espada• ó • Quo Vadis,• el público
francé~, por lo menos aquel que tiene una opinión
que vale, aclamará. á Sit&gt;nkiewicz y dará á su genio y á su triunfo esa con~agración parisiense que
desean desde el fondo del alma, hasta aquellos que
parecen desdeñarla.• Esa predicción se ha realizado más allá de lo que Rzewuski esperaba.
Desde que apareció Quo Vadis, el público francés ha festejado á Sienkiewicz, y no sólo el público
de letrados, sino todo el público, como lo atestiguan
las numerosas ediciones, siempre en aumento, de
esa hermosa novela. Durante todo el verano no se
ha hablado más que de la conmovedora historia de
Ligia y de Vinicio, de la ironía exquisita de Petronio, de las matanzas neronianas y de las predicaciones del apóstol Pedro. Como en la época en que
La Fontaine descubrió á Baruch, las gentes no tenlan en los labios más palabras que éstas:
-¿Ya leyó Ud. Quo Vadis?
Este triunfo coincide con el jubileo que los polacos organizaron en honor de Sienkiewicz; y no fué
simple ceremonia con discursos, ditirambos, orfeones y flore!', la celebrada el 22 de Diciembre de
1900.
Los admiradores del novelista le ofrecieron un
castillo que se llamará Krzemien, amueblado y
provisto desde la bodega hasta la despensa; y hay
ahl seguramente, más de una barrica del famoso
hidromel polaco que desempeña tan importante papel en Por el hierro y por el fuego.
Las paredes de ese castillo están decoradas con
frescos que representan las principales escenas de
las obras de Sienkiewicz. Tal idea puede parecer
extraña en Parls. ,Si se formase un comité, dice
Claretie, para ofrecer una propiedad á cualquier
escritor célebre, ya verlais á los camaradas~ declarar ridicula tal proposición. El pobre hombre se
verla obligado á rehusar ~emejante generosidad, so
pena de ser pasto de periodiquillos y de revistas.,
Sin embargo, si se tratase de recompensar á la polaca y de esta real manera á un autor que á ello
se hiciese acreedor, ¿es crelble que debiera tomarse
en cuenta el tbmor á los gacetilleros? Bastaría dar
el ejemplo y los castillos de nuestros sabios y de
nuestros literatos, no serian castillos . .... en el
aire.

Enrique Sienkiewicz nació el 4 de Mayo de 1816
en \Vola Okrzejska, en el gobierno de Radam, antiguo reino de Polonia. Su abuelo, JoséSienkiewicz,
fué teniente coronel de artillerla y combatió por la
Francia en las filas de las famosas legiones del Yistula.

El futuro novelista debutó en las letras en 1869
con'.artlculos de critica; al año siguiente publicó su
primera novela: En va,w, que después retiró de
la edición de sus obras completas y que con gran
disgusto del autor, acaba de ser traducida al francés. Es una historia contemporánea, los personajes son estudiantes de la Universidad de Kiew
y la acción bastante bien llevada, es Intima. El
amor con sus luchas y sus decepciones, he ahi el
asunto de ese libro; Schwartz el héroe, consiente
por deber en casarse con una viuda joven amando
A otra mujer, la condesa l\Iarfa. Cuando la viuda,
la Sra. Potkanska, sabe el sacrificio de Schwartz,
se ahoga semidesesperada y semiloca. Schwartz
vuelve entonces en si y renuncia á la seductora
l\Iaria.

,Ves querido, le dice su amigo Augustinowicz,
gastamos demasiado nuestras fuerzas en nuestra
caza al amor. Y el amor vuela como un pajarillo
y nuestras fuerzas resultan gastadas ... en vano . .. ,
Asi se explica el titulo de este libro que termina
con tan brusco desenlace. Entre otros ensayos ju•
veniles, pueden citarse: •Nadie es profeta en su tie·
rra,• (1872) refrán al que los triunfos de Sienkiewicz
debían dar más tarde un mentls formal; «Las dos
vías• (1873) y tres narraciones encantadoras: «El
viejo criado,• •llania• y «Selim l\1i1·za., Estos libros firmados con el seudónimo de Litwos no tuvieron gran éxito; se les ha leido y releldo más tarde, cuando Sienkiewicz llegó á ser célebre Y se encontraron en ello.; promesas de verdadero talento,
sobre todo en «Carbones,• donde se destaca una
figura, la mujer de Rzepa, campesina burda, pero
sublime de sacrificio y de abnegación.
Los viajes forman la juventud .... y los novelis·
tas. ¿Cuánto no debemos á las exploraciones literarias de Chateaubriand, de Stendhal, de Flaubert, de
Gautie1· y de Loti? De 1876 á. 1878, Sienkiewicz recorrió la Alemania, la Francia, la Inglaterra, cruzó el Océano,: visitó la América del Norte, recogiendo en el nuevo mundo impresiones frescas y
como una paleta, que le permitirla después di&gt;jar
á un lado sus modestos bocetos al carbón.
Publicó entonces sus •Cartas de viaje• y varias
novelas cortas, que han sido traducidas al francés
y á otras lenguas europeas y que son muy conocidas de los lectores franceses, que buscan ávidamente todo cuanto sale de la pluma del auto1· de
Quo Vadis. Bien conocida es la sencilla y patética
historia ranko el músico, historia que tiene todo el
encanto de un cuento de Daudet ó de una página
de Dickens; el Diario de un profesor de Posen,
narración en la que el héroe es un niño desgraciado y por último dos cuentos que tíen~n la América

�REVISTA MODERNA.
68

REVISTA MODERNA.

por cuadro: A trai:és de la.~ estepas y El gua,·dián
del faro de Aspfowall.
En El guardiá,i del faro, se encuentra bien caracterizado el talento de Sienkiewicz; ahl se hallan
la emoción, la poesía que animan todos sus libros
Y sobre todo un patriotismo, que no por estar contenido deja de ser menos ardiente, pues el novelista es un verdadero autor nacional, el representante de ese pueblo polaco cuya real vida polltica se
ha extinguido; pero cuya alma existe aún en las
obras literarias y artlsticas .... asl como esos campeones que se pasan de mano en mano y á través
de los siglos el fuego sagrado ....
Citemos aún Orso y Bartek el vencedor, este últi·
mo, episodio de la guerra de 1870, en donde se ve á.
un campesino polaco del ducado de Posen (incorpo·
rado á su pesar en el ejército alemán) y á. quien al
regr?so, por prP,mio á sus altos hechos de armas, los
prusianos fanáticos, embriagados con su victoria,
colman de injurias y de malos tratamientos.
En 1834, Sienkiewicz publica Por el hierro y por
el fner¡o, que acaba de publicarse en francés. Esta
es una obra considerable, una epope~·a más bien
que una novela, toda una evocación de la Polonia
del siglo X\'ll. También es una lección, un sursum
C'Ol'da porque no hay que perder de Yista las intencioneR de Sienkiewicz, quien como sus mayoreR,
posee, según la frase de Renan, el arranque impersonal, ese •estado de alma en el que no se hace no
se ddi~e, ni se escribe lo qui:, se quiere, sino lo ~ue
nos 1cta un genio exterior colocado cerca de D!lS·
otros.•
Podrán descubrise en esa novela numerosos defectos; es demasiado enmarañada, demasiado larga, f~ctici~ en algunas _partes; la intriga obligada
está rnhábilmente encaJada en el soberbio y exacto
relato histórico. Pero no puede negarse que ese libro ofrece cualidades completamente superiores.
Al trazar con loable imparcialidad las victorias y
las derrotas de los abuelos; el novelista, mejor dicho, el poeta, quiere levantar los corazones. cllacer servir el pasado, dice perfectamente Garztowt
en instruir y en enseñar á los homb1·es modernos'.
en mostrarles situaciones horribles de las cuales'
el heroísmo de unos y la constancia de otros 1 ha~
permitido surgir al triunfo, he ahl uno de los fines
de la novela histórica, como la concibe Sienkiewicz.
Por el hierro ?J po1· el fuego, es la primera parte de
de una trilogía; las otras dos partes son El diluvio
(1896 y 1'\fessfre Wolodyjoll'sld {1883 ; de estas dos
últimas obras, anúnciase ya la traducción fracesa.
En El Diluvio se pintan las guerras de 165j á
1660 contra los suecos. Es la época de que habla
Bossuet en la oración f1'i0t~bre de Ana de Gonzague:
•Carlos (~ustavo apareció ante la Polonia sorprendida y traicionada, como un león que tiene su pre•
sa entre las garras, lista para ser despedazada ....
¿Dónde están esas almas guerreras y esos martillos de armas tan vanagloriados?. .... Al mismo
tiempo, la Polonia siéntese destrozada por el, rebelde cosaco, por el moscovita infiel v más todavla
por el tártaro, á quien llama desespe;ada en su auxilio.•
.lfessire Wolodyjo11:ski es menos épico y lo novelesco ocupa mayor espacio; sin embargo, en esta

ha qué nueva tortura estaba reservada para la
amada del joven tribuno.
levantado el entusiasmo de millones de lectores.
,La puerta, colocada frente al tablado imperial,
The life in not u·orth living, I hai:ejust fi.nished, rechinó sobre sus goznes y del antro obscuro sur·
Qro YA01s? exclamó una americana fanática. ¿Pa· gió á la arena iluminada, el ligio Urs:is (esclavo
ra qué vivir? Voy á acabar ... Quo l'adis1
abnegado de Ligia ,. Se adelantó hasta el centro y
Sienkiewicz al tratar este asunto antiguo parece sus miradas circulares buscaban qué le opondrlan.
abandonar la Polonia; pero no es asi. En Quo Va·
Los Augusta.nos ~- la mayor parte de los espectatlis encontramos todas las aspiraciones del novelis· dores, sablan que aquel hombre habla ahogado á
ta y bajo los nombres latinizados se disimulan ape· Croton y se levantó un murmullo de grada en gra·
nas figuras simbólicas que representan la nación da .... El permanecía inmóvil en el centro de la lioprimida que sufre.
za, semPjante en su desnudez á coloso de granito,
Ligia, ¿no es la Polonia, convirtiéndose á la reli- llevando en su fisonomla do bárbaro, una expre¡;ión de Cristo? Y los martirios de los cristianos, sión de esperanza y de tristeza .... Estaba sin ar¿no recuerdan los suplicios que más tarde deblan mas y habla resuelto morir pacientemente, como
ser infringidos á los polacos, que luchaban por de- fiel del Cordero. Y, como quería elevar aún su ora·
fender su fe y su patria?
ción hacia el Redentor, se arrodilló, juntó las maLos compatriotas del autor no se han engañado nos y elevó las miradas hacia las estrellas, que paly han colocado más alto que la trilogla, ese fresco pitaban allá en la abertura del velarium. Esa actigrandioso y terrible por donde pasa como un háli- titud desagradó A la multitud; estaba cansada de
to Shakespeariano, y donde los sentimientos que les
ver expirar carneros; si 11I gigante rehusaba defenson queridos están presentados b11jo una luz conderse, el e!'pectáculo resultada desagradable; acá
soladora y poética.
y acullá se escucharon silbidos, oyéronse voces que
El publico cosmopolita, menos asequible á estos llamaban á los mastigóforos... La espera no duró
arcanos, se dejó llevar por la belleza incomparable mucho .... En la liza, entre los clamores de los besdel lihro, por la narración animada y palpitante y tiarios, apareció un monstruoso auroch de Germatambién por el doble interés que el autor ha sabi· nía ron una mujer desnuda sobre la cabeza.
do dará la decadencia del paganismo y al naci -Ligia! Ligia! exclamó Vinicio.
miento de la religión cribtiana, mezclando su rela·
Y ciñéndose las sienes con las manos. se retorció
to con escenas variadas y espléndidas.
como un hombre que siente en sus entrañas el hie·
El argumento de Quo l'adis es muy sencillo: y¡. no de una lanza y gritó con voz ronca é inhunicio,jo,·en patricio de Roma, ama á Ligia, hija de
mana:
Yanio, rey de los Suevios; pero antes q11e Vinicio y
-Tengo fe ..... Cristo. . . . Cristo, yo creo en ti.
Ligia se reunan, surgen numerosos obstáculos.
Cristo .... un milagro.
Es el mom'!nto en que la ciudad eterna va á asís·
Y en la arena pasaba una cosa inaudita; al ver ú
tir á las pei·secuciones del Imperator; Ligia, que es la princesa en los cuernos del toro salvaje, el ligio
cristiana, está presa con millares de neófitos. Vini- cayó oblicuamente sobre la fiera demente ..... De
cio la protege; pero la hermosa princesa es, sin em- un salto llegó hasta el auroch y le asió los cuernos.
bargo, conducida al circo, donde mil3grosamente Hasta un poco más arriba de los tobillos, los pies
escapa de la muerte.
de Ursus estaban hundidos en la arena¡ su espina
Vinicio, tocado it su vez por la gracia divina, se hablase doblado como un arco; su cabeza, hundida
casa con Ligia y el drama termina en un apoteosis, entre sus espaldas, casi babia desaparecido .... y
triunfo del cristianismo que va á regenerar el mundo. el toro inmóvil miraba tan lijamente á su adversaAlgún tiempo antes de la muerte de ~erón, San rio, que los espectadores crelan contemplar un gruPedro, desalentado, abandona Roma y al amanecer, po de los trabajos de Teseo ó de Hércules..... Cé·
ve una claridad que se adelanta hacia él ....
sar hablase puesto en pie.
,Es un hombre que camina entre la irradiacióu
Bruscamente un mugido sordo y gemidor surgió
del sol; el apóstol se arrodilla, extiende sus manos de la liza.
hacia él y exclama:
El brazo de hierro del bárbaro hacia ,,irar á la
-Cristo! Cristo! .... Quo l'adi.~ Domi11e? Dónde monstruosa fiera y de su enorme hocico pendla babosa lengua. Uu instante después, los oldos de los
vas, Señor?
-Puesto que abandonas á mis ovejas, voy á. Ho- espectadores cercanos á la arena escucharon el
ma para que me crucifiquen una vez más ....
ruido sordo de los huesos triturados .... des pues la
. Y desde entonces de las alturas del Vaticano rei- fiera rodó como una masa inerte ... En un momennará sobre la Ciudad y sobre el mundo la basllica to, el gigante habla desligado á :a virgen y tomádola en sus brazos. Su frágil' silueta, su desvanede San Pedro.
An-ancar de Quo l'adis una página caracterlsti• cimiento, el espantoso peligro del que acababa de
ca es cosa sencilla; no hay más que la dificultad de salvarla el gigante, todo, hacia estremecer los coelegir. El suplicio de Ligia es entre otras escenas razones ....
grandiosas, una de las más conmovedoras. Es por
Con gritos y sollozos se exigla el perdón para
la tarde, estamos en el circo; los Augustanos, y en- ambos.... Nerón, indeciso, escuchaha entre los clatre ellos Yinicio, rodean it Nerón; en las gradas se
mores, terribles imprecaciones.
amontona una multitud compacta.
- Ahenobarba! ~[atricida! -Incendiario!
Sablase que César habla decidido ofrecerse coY tuvo miedo; no mirando más que ceños frunmo espectáculo el dolor de Yinicio, pero se ignora-

TRADUCIDA Á VEINTE LEI\GUAS

narración es donde aparece Juan Lobieki, el futuro libertador de la Europa.
Después de esta trilogla heróica, Sienkiewicz escribió Sin dogma, (1890 novela moderna presentada en forma autobiográfica¡ fué traducida al francés en 1895 por el conde Wodzinski; pero casi no
ha sido leida sino despué:1 del triunfo de Quo Vadis. Es un estudio psicológico, sobre lo que se ha
llamado la improductividad eslava y sobre el di·
letantismo. El héroe del libro, León Plozowski edúcase en un colegio de jesuitas en l\1etz, de donde se
escapa para unirse al ejército de Don Carlos¡ vuelve á ser conducido al colegio; termina sus estudios
en la Universidad de Varsovia y va en seguida é
establecerse en Roma con su padre.
Va de cuando en cuando á Polonia, donde inten·
ta casarse con una rica heredera; va tambicn á.Parls .... •No conozco ciudad alguna, dice Plozowski,
donde los gérmenes de ciencia y arte y las más elevadas ideas circulen tan ampliamente en el aire é
impregnen más el cerebro humano. La inteligencia no se asimila alll solameute los descubrimientos del esplritu¡ sino que se despoja de parcialidad
Y se llena de tolerancia; en una palabra, se civiliza.
Podrla suceder que ese respeto {i todas las convicciones de cualquier género, nos condujese á la indiferencia y nos quitase la energía necesaria para la
acción .... Tanto peor, pues yo no sabrla modificar mi naturaleza.•
Y asl diserta 11iempre y sobro todo sin encontrar
ninguna solución¡ parece que camina hacia al"'ún
0
fin .... ¿Pero á qué fin? Plozowdki no lo sabe. Sin
dogma, es deci1·, sin principios, es el representante
de esos neurosados que sufren un nuevo ll'eltschniertz, pero qu~ no tienen la disculpa de un Fausto,
de un ~Iantredo, de un Conrado. Seres inútiles ó
maléficos que activan la decandencia de una sociedad y parece inadmisible que se deslice un mal tan
pernicioso en un pals como la Polonia, donde la vitalidad es moral, donde lo que subsiste de una raza, subsiste solamente gracias á los esfuerzos de
la inteligencia y del trabajo. Plozowski se levanta
la t:9-pa de los sesos .... y esto tampoco es una solución.
Sienkiewicz lo comprendió asi y en otra novela
titulada La Familia Polaniecki (1894. nos ofrece
el remedio, que para él consiste en el 'retorno á la
vida activa y á la sencilla religión di\ tiempos pasados.
El alcance de sus obras, históricas ó modernas
siempre es el mismo. Los polacos encuentran e~
ellas su credo patriótico; Sienkiewicz les enseiía
de dónde puede venir la salvación, y á fuerza de
talento y de genio ha hecho más por el bien de
su d~sdichado pais, que todos los retores que se
embriagan con sus propias palabras y dan consejos teóricos ó ilusorios.
~n c~ant~ á los extranjeros que han asegurado
á S1enk1ew1cz una reputación universal, no deberán ver la lección con indiferencia, pues es grande
Y bastante general para que pueda aprovecharles.
Y Sienkiewicz ha proseguido su hermosa tarea·
en 1895 publicó Quo l'adis, su obra maestra y 1~
obra maestra de la literatura polonesa. ESA MAG·
NiFICA NOV.l'JLA DB LA J;POCA N.l'JRONLUi.\ HA SIDO

•

69

y por doquiera ba

�70

cidos y rostros compasivos, hizo la señal de gracia.•
La muerte de Petronio, el amigo de Vinicio, el
pagana impenitente, forma un constraste exquisito
con este episodio del circo.
Cuando Petronio ve que está perdido y que Ne1·ón, cansado de su ironla, ha decidido condenarle,
se hace abrir las arterias, conservando esa elegancia que nunca le abandona y de la que fué árbitro.
Antes de morir dirige á César una carta en la que
se burla del mal poeta que es el Imperalor y le(esa
carta á sus amigos reunidos en su casa como para
una fiesta.
• El salón huele[~ violeta; los globos de cristal de
Alejandrla filtran luces multicolores. Las cítaras
suspiran á la sordina, mientras que voces alegres
se elevan al unísono. Las bailarinas de Gos, dejan
admirar sus formas sonrosadas entre la muselina
de trasparentes gasas.•
Petronio tiene junto á él á Eunicia, su hermosa
vestiplexia. A una señal del poeta, un médico gl'iego estrecha en un circulo de oro el brazo de aquél
que va á encontrarse en los Campos El1seos con el
alma de Anacreonte y abre la artel'ia en el pufo.
La sang1·e brota é inunda á Eunicia que sostiene
la cabeza de su amante. Ella se inclina hacia él.
•Señor, dice: ¿crees que iba á abandonarte? Si
los dioses me ofrecieran la inmortalidad; si César
me diese el imperio .... te seguirla.•
Eunicia tiende al médico su brazo sonrosado y
un instante después la sangre de los dos se confundla . .. . Entonces Petronio ordena que la música
vuelva á comenzar y las citaras vibraron.
Cuando la última harmonla se hubo apagado, se
volvió hacia los invitados:
-Amigos mios, dijo: conveniú en que con nos•
otros perece ....
Pero no pudo concluir; en un supr&lt;'mo esfuerzo
abrazó á Eunicia y su cabeza volvié, ,l. inclinarse.
Sin embargo, los invitados, ante r~as dos formas
blancas, semejantes á dos mara,..llosas estatuas,
sintieron que se perdla la últimn herencia del mundo romano: su belleza y su poc~la.,
Estas citas justifican elocuentemente el triunfo
de Quo Yadi.~, y mejor qno un comentario harAn
comprender por qué puedoJ decirse que Sienkiewicz
es un pintor y un poeta.
Después Je su esta!1cia en América, Sienklewicz
se ha convertido en un gran viajero; en 1891, estuvo en Africa; escribió de este viaje deliciosas páginas sobre Zanzlbar y el Egipto. Con frecuencia va

71

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.
á Italia, especialmente á \'enecia, ciudad que amit
tanto como Byron; A Roma, á Francia. Estaba en
Parls en 1900 cuando tuvo el dolor de ver morir repentinamente á. uno de sus amigos más fieles, Abakanowicz, cuya casa habitó en el parque de SaintMaur y en Bretaña en la quinta de Ploumanac'b .. .
habla pasado días felices, encontrando placer en
vivil' en un país del que tan bien conoce la lengua
y apreciando todo el intcré3 que Francia puede
ofrecer á un artista.
Pero Sienkíewicz gusta, sobre todo, de la soledad; en París, como en Varsovia ó en Zakopane,
huye de los impertinentes, se contenta con la sociedad de algunos lntimos y de sus dos hijos, que son,
desde su viudez, un recuerdo bien caro de una folicidad pronto pe1·dida.
Siempre trabaja. En 1900 publicó los Caballeros
Cruzados, especie de prólogo para la gran trilc,gia
histórica que pl'incipia en Por el hierro y por el
fuego y te1·mina en Messire Wolodyjotcsld. Sienkiewicz traza en ese libro las luchas de los polacos
contra la Ol'den teutónica, en la segunda mitad del
siglo XIV. Esta nueva epopeya termina con una
descripción de la batalla de Gri.inwald, que fué una
brillante victol'ia y libertó para siempre á la Polo·
nia de las invasiones de los caballeros cruzados.
En una pequeña composición titulada Leyenda
Marítima, Sienkiewicz sintetiza el significado de
su obrn:
•La Púrpura no temla ni las olas ni los más terribles huracanes. El buque navegaba hacia el infinito con los trapos al sol, y la tripulación se entregaba á la orgía .... Una maiían ase escuchó este grito tP,rrible: cLa Púrpura se va á pique.• Y los
marineros desentumecidos quisieron luchar contra
los elementos; pero las olas son más fuertes que los
hombres.
•Algunas voces decían: • Estáis ciegos! Lo que
se necesita, no es disparar cañonazos contra la tormenta, sino carenar el buque. Bajad á la cala y
trabajad .... Aún no ha muerto La Púrpur a.•
Al olr estas palabras, un estremec:miento sacudió á aquellos desesperados... . . y trabajaron desde la mañana basta la noche, retando en un supremo esfuerzo su inercia y su ceguera .... y La Púrpura se salvó .... !•
Y el primer verso del himno nacional os viene á.
la memoria:

NOCTURNO.
Cuando t!Stoy en mi lecho, y afuera
Siento pasos de gente que cruza:
¿De quién son esos pasos, me digo,
Cuando suena en la torre la una?
Si es un padre que busca un alivio
Para el hijo postrado en la cuna,
Que despierte, Señor, ese niño
Sonriendo sin fiebre ni angustia¡
Si es un hombre que vuelve jugando
De su esposa infeliz la fortuna,
Haz que ablanden su pecho de roca
De sus hijos las lágrimas pura~;
Si es la joven quo vuelve del baile
Sofocada de danza y mazurka,
Que los aires no hieran su pecho
Y la tos no la arroje á la tumba;
Si es un pobre ó tal vez mi enemigo
En demanda de pan ó de ayuda,
Dile al punto que toque á mi puerta
Y á mi pecho que olvide la injuria;
Si es malvado que en pos de venganza
En la sombra su victima busca,
Que camine hasta el fin de los siglos
Sin hallar:\. su victima nunca;
Pero si es un amante que Yuela
De la reja á la cita nocturna,
Ilumina, Señor, esa f1·ente
Con un rayo de amor y de luna.
i\l.\:m-:1, S.Í..NCUEZ PESQUERA.

/

Aún no ha muerto la Polonia ....
CASIMIRO

STRYENSKI.

Trad. de Revista llloderna ¡

/

d EN QU~ PENSAR:bj P
¿En qué pensaré cuando me halle á punto de morir, si es que estoy aún en estado de pensar?
¿Pensaré en mi mal aprovechada vida, que pasé
como en un sueño, adormecido, sin saber paladear
sus frutos? ¡Cómo! ¿Es ya la muerte? ¿Tan pronto? ¡Imposible! ¡Aún no he tenido tiempo de hacer
nad11! ¡Sólo que ya me disponla á hacer algo!
¿Recordaré mi pasado? ¿Fijaré mi pensamiento
en los breves instantes radiosos que tuve en la vida, en las fisonomías é imágenes para mi caras?
O bien ¿volverAn á trazarse en mí memol'ia mis
malas acciones é invadirá. mi alma la ardorosa angustia de un remordimiento tardlo? ¿Pensaré en lo

que espera más allá de la tumba y si me espera en
('fecto cosa alguna?
No . ... Paréceme que trataré de no pensar, que
me esforzaré pol' idear alguna pequeñez para distraer la atención de las amenazadoras tinieblas
que se ennegrecen ante mi.
En mi presencia cierto moribundo no cesaba de
condolerse porque no le querlan dar avellanas tostadas. Y sólo allá, en lo más recóndito de sus ojos
ya sin lustre, mientras tartamudeaba sus quejas,
bregaba y se estremecla un no sé qué, como el ala
rota de un pájaro mortalmente herido.
lVAN TURGUENEF,

�72

A~o IV

REVISTA MODERNA.

EL PERRO MUERTO.
Jesús llegó una tarde A las puertas de una Villa
é hizo adelantarse á sus discípulos para preparar
la cena. El, impelido al bien y la caridad, internóse por las calles hasta la plaza del mercado.
Allí vió en un rincón algunas personas agrupadas que contemplaban un objeto en el suelo, yacercóse para ver qué cosa podía llamarles la atención.
Era un perro muel'to, atado al cuello por la cuerda que habla serYido para arrastrarle por el lodo.
Jamás cosa más Yil, más repugnante, más impura,
se había ofrecido á los ojos de los hombres.
Y todos los que estaban en el grupo junto á la carroña, miraban con asco.
-Esto emponzeña el aire, dijo uno de los presentes, tapándose la nariz.
-Cuánto tiempo aún, dijo otro, este animal putrefacto estorbará la vía.

111

QUINCENA DE MARZÓ DE

1901

NúM, 5

REVISTA MODERNA

-Mirad su piel, dijo un tercero, no hay un trozo
en ella que pudiera aprovecharse para cortar unas
sandalias.
-Y sus orejas, exclamó un cuarto, asquerosas y
llenas de sangre.
-Habrá sido ahorcado por ladrón, añadió otro.
Jesús les escuchó, y echando una mirada de compasión sobre el animal inmundo:
-Sus dientes son más blancos y hermosos que
las perlas!-dijo.
Entonces, el pueblo admirado, volvióse hacia él,
exclamando:
-¿Quién es éste? ¿Será Jesús Nazareth? El sólo
podía encontrarse alguna cosa de qué condolerse
y hasta algo que alabar en un perro muerto!. ...
Y cada uno, avergonzado, siguió su camino, inclinando la cabeza delante del Hijo de Dios.
LEÓN TOLSTOI.

"LA·W N TENNIS."
Una francesa, queriendo explicar su carácter, ha
escrito lo siguiente: «Nunca me visto para un baile
sin saber por quién voy allá.,-Las muJeres americanas, por el contrario, parecen vestidas con el
objeto de aparecer bellas, porque son mujeres •hermosas y sanas,, como su raza, y en llquel momento ninguna piensa en el fiirting, absorbi&lt;las como
están en seguir el juego, en que cada m ·ién llegado se interesa inmediata mente al i,!?'11a.l de otros.
Aleccioaaclas por cursos de cultura fí ,ica, comp1·enden el atletismo ea donue quiera q ·1c lo encuentran,
con la misma semi-profesional io.tcligencia que en
un asalto de esgrima un espailachln mide con una
mirada la agili&lt;lau de los co111l&gt;atientes y su juego.
En cierto momento, uno tle los jóvenes jugadores que acalla de herir 111 bola, llama á un asistente para qtw le limpie la ~uela de su zapato de caucho, llena de lodo. Dnrante esa plebeya operación,
el joveu logra asu111ir una postura tan gallarda,
que oigo á una muchacha exclamar: , ¡Oh, cuánto

MÉXICO,

desearla que ganase! ¡Es tan buen mozo! Ingenua
exclamación en que se revela la profunda admiración de la mujer americana por la belleza fisica,
considerada al modo pagano. Va tan lejos esta admiracióu, que uno de los más celebrados atletas de
los Estados Unidos, reune en su palco, después de
la representación en que ha tomado parte, á las
mujeres de la mejor sociedad, y con el torso desnudo, les da una disertación sobre su cuerpo, una
conferencia sobre musculatura. La fotografla de
ese torso, realmente muscular, como aquel del Museo del Vaticano que las manos del viejo Miguel
Angel acariciaban, se vende en todas las tiendas, y
más de una de esas bellas espectadoras de laten
tennis posee una de ellas en su sala. ,Hay gentes
que consideran esto indecente,• decía una de las
meucionadas damas, mostrándome ese singular documento de su independencia de ideas. • Yo no lo
creo,, añadía ella. ,Esto es griego; he ahi todo.,
PAUL

BOURGET.

A NUESTRO DIRECTOR.
El alto, el noble amigo nuestro, que ha puesto todo su genio y todo
su corazón en la "Revista Moderna," sufre en estos momentos un nuevo, un hondo dolor por la muerte de su hermano, el Sr. D. José Valenzuela.
Lo acompañamos en su duelo, siempre amantes, siempre fieles.
Los

REDACTORES.

ARTE
DlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.

JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
'l'ip. de Dubldn.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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ARo lV

REVISTA MODER~A-

ble me la hablan hecho. Amenguóse el resplandor
molesto de sus ojos, que brillaban, si, pero empañados por tenues celajes; dejó de echar fuego como fragua su hermoso cuerpo, y pude acercarme
libremente á ella, sintiendo, antes que calor, un
dulce temple que á un tiempo confortaba cuerpo y
alma.
Despertóse de improviso en mí Yiva inclinación
hacia á ella. Hablamos, se animó mi conversación
con requiebros y se salpimentó con suspiros, me
entusiasmé, coqueteé, me entusiasmé más, me declaré, hicele proposicioaes de matrimonio. ¡Ay! liumanos, ¿sois mortales porque sois débiles, ó sois
débiles porque sois hombres?
Condújome la taimada á un delicioso lugar, nombrado Sardinero, vecino al Océano, verde y cubierto de flores como un jardín, reuniendo en si la suave tibieza de la tierra y la frescura del mar, un
verjel con playa de doradas arenas, donde las liolgazanas olas se extienden desperezándose al sol,
un montecíllo encantador, primaveral, compendio
de todas las bellez.as de la Naturaleza.

Mi compañera, á quien desde aquel instante llamé mi esposa (porque consintió en serlo con pérfida
complacencia), me sumergió en el mar, me invitó
después á paseos y meriendas. ¡Oh, que felices días
pasamos! ¡Qué apacibles noches! ¡Cómo rodaban las
horas sin que sus pasos sonaran sobre aquel césped
florido ni sobre las cariñosas arenas de la playa!
Yo era el hombre más feliz de la creación basta que
un día, ¡infausto día!. .. Nunca babia visto á mi
compañera tan hermosa, ni tan alegre, ni tan amable ....
Nos bañamos juntos, disfrutando del halago de
las olas, asidos de las manos, mirándonos el uno al
otro, cuando de repente desapareció no sé cómo ni
por dónde, dejándome lelo, lleno de desesperación.
Busquéla por todos lados, dentro y fuera del agua.
No estaba en ninguna parte. Me eché á llorar y sentí frío, un frío que penetraba hasta mis huesos.
¡Triste, tristísimo día, horrible fecha! La recuerdo bien.
Era el 22 de Septiembre.
B. PÉREZ GALDÓS. .

NUESTROS COLABORADORES EN EL EXTRANJERO.

Oomunicamos á nuestros lectores que habiendo adquirido la colaboración
del Sr. Abogado Nicola Rubino, eminente escritor italiano, director de «La
Crítica» de Nápoles, tendremos el gusto de comenzar á publicar artículos suyos, brillantísimos de forma y vibrantes de sentimiento. Tendrán ocasión
nuestros abonados, desde luego, de gustar y de admirar las sensaciones de arte oriental_que nuestro nuevo colaborador nos ha enviado con el título de «Piccoli Azzurri d'Oriente. »

EN _HOMENAJE AL DUQUE JOB,
Organizará en su salón la Revista Moderna, la noche del día 3 del próximo
Febrero, un festival artístico.
Oportunamente se repartirán las invitaciones.

.......

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE FEBRERO DE

1901

NúM,3

REVIST A MO DER NA
ARTE V
DlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESU S URUETA.
Tip. de Dt1bld11.

�42

REVISTA MODERNA.

REV1STA MODERNA.

UN VIAJE DE BODAS.
A

JESÚS

E.

LUJ,Í.N.

Volaba el tren sobre su doble cinta de acero. La la moda ferrocarrilera. La muchacha decía en
niebla que babia opacado las primeras luces del al· tanto:
-Gracias, gracias, con las manos en el semblanba, se desvanecía bajo el sol vencedor cuyos áureos
dardos chocaban rompiéndose en viva policromia te, dejando coner sus lágrimas entre sus deditos
en los cristales y remates metálicos de nuestro enor- enguantados.
-Señor, balbutió después levantando la frente:
me carro, remolcado con furia á Jo largo de la lla¿va
Ud. á Chihuahua?
nura escueta y secamente melancólica. Crujía y á
-No, señorita, contestó él.
las veces silbaba la locomotora con plañidero acen-¿Pero cómo pagarle á Ud. entonces? ¿A dónde
to de bestia castigada, que aún más honda bacla. la
puedo
enviarle e3e dinero cuando llegue á mi casa?
solemnidad del desierto fronterizo. Ni un hombre,
-Señorita,
replicó él, sentándose á su lado, eso
ni una res, ni un árbol eu la inmensa extensión heno
vale
nada
y
es para mi una caricia de mi buena
rida por el monstruo vibrante, empenachado de ne·
gro humo que tirado al viento á lo largo de la 11· suerte el haber tenido oportunidad de servirá Ud.
nea recorrida, en grandes volutas semiobscuras, to- en algo.
La mujercita sonrió ligeramente entre su llanto,
cadas á fuego por la luz, se deshacían en la transparencia del aire. Los conductores recorrían los ca- un rayito ele sol rompiendo la lluvia. Y siguieron
rros del convoy revisando tickets. Los pasajeros conversando cada vez en voz más y más baja.
contemplábamos por las abiertas ventanillas la tris- Próximo á ellos percibía yo algunas frases: Era
teza de aquellos terrenos si n aprovechamiento. De ella de Chihuahua. Había venido á ;\léxico con su
pronto uu grueso empleado yankee dijo, dirigién- madre, enferma desde la muerte de su papá, la ha•
dose á una linda mujercita, graciosamente vestida bia perdido desgraciadamente á pesar ele médicos
y medicinas, y r egresaba sola á su tierra, á donde
de viaje.
tenían algunos iutereses, porque ... era sola, ente·
-1'icket?
La rubia de aterciopelados ojos, los 6jó bajo el ramente sola. En el mismo tren, el primer dia de
dosel blondo de su cabeller;-. que se escapaba del viaje, se le habla extraviado su saquito (me lo han
sombrerillo en rizos de oro hasta las cejas negras, robado, dijo) en que llevaba su ticket-recalcó lo
palabra-y su dinero. Luego, sacudiendo con deliy repitió.
cada
gracia su cabeza de arcángel, ya secas las lá·
- Ticket?
grimas:
- Yes, ticket, dijo el conductor.
-"Jfi no entiende, abaco, mu1·muró, dilatando
Volvióle á mirar la joven y como &lt;]icho sólo para
desmesuradamente las negras pupilas sobre la llasi misma, murmuró:
mua interminable.... ¿Y qué hubiera hecho yo,
-Si lo he perdido!
El obeso empleado seguía con la mano tlestendi- sola, allá abaco1 agregó estremeciéndose ante la
torva soledad que se extendla á sus ojos; y como
da hacia ella, diciendo:
que se aproximó, refugiándose, á su interlocutor.
-¿No ticket? ¿~o ticket?
En los ojos de la guapa mujercita querían como Más y más bajo prosiguieron hablando, y no pu•
de percibir sino sus mutuas miradas cruzándose
saltarse las lágrimas.
en rayos de luz con interferencias ele sombra mis•
-¿No ticket1
teriosa, mi entras sonrelan sus labios encendidos,
Mas animada elijo con \'OZ clara:
descubriendo el marfil purisimo ele los dientes jó-Lo he perdido con mi seiquito de mano.
- Mi no entiende, replicóle él; y lernntó la dies· venes. Y seguíamos volando hacia el :Norte á través de la llanura y de los escasos accidentes del catra en ademán de llamar para que el tren se detu
mino monótono, envueltos en una no intenumpida
viera, añadienrlo bruscamente:
-Si no tienes ticket, abaco: si no tienes ticket, ráfaga de polvo .....
abaco.
-Gómez Palacio, llegó Ud, dijo, tendiéndole la
Todos los pasajeros nos incorporamos en defen- mano con tristeza.
sa de la joven, pero no tan rápidamente como un
-No, contestó él, iré hasta Chihuahua. Seré su
charro, mocetón hasta de veinte años, moreno, de escudero-si eso cabe en ferrocarril--hasta su caárabes ojos y fino bozo negro bajo la aguileña na- sa, señorita.
riz de amplias fosas mó,·iles como las de los corce-Pero eso no puede ser.
les de pura raza.
-Oh! perfectamente. . . . Ticket! y está hecho.
-Ticl.:et:' dijo, ya junto y frente al conductor,
La rubia sonrió agradecida, volvió el tren á su
tenga Ud., insolente; y le alargó un billete de Ban- carrera y ellos á sus miradas, á sus sonrisas y á
co, cuyo cambio devolvió el obeso empleado con el sus frases imperceptibles.
ticket, exclamando:
-Chi-júa-júa, gritó el extranjero conductor. Ba-All right; alejándose lueg-o con su enorme ab- járonse algunos viajeros.
domen que parecia un aventador de obstáculos a
Ellos no. ¿Qué habla pasado? ....

En Ciudad Juárez descendieron del tren á la vez
que yo, y cogidos del brazo desfilaron por el andén,
serios y callados, entre bullicioso grupo de pasajeros locuaces.

Al instalarme en el pullman del tren americano
que del Paso parUa para New Orleans, miré á mi
arregante charro, disfrazado de catl'in, con la bella
rubia de obscuros ojos en uno de los ángulos del
carro. ¡Con qué confianza se trataban! ¡Oh juventud! ¡Oh belleza! ¡Oh amor! Vi levantarse en mi memoria los hermosos dias.en que el amor me protegió
también y sen ti, contemplándoles con los o,ios entrecerrados, manos que estrechaban mis manos, ojos
que se miraban en los mios al mirarme yo en ellos,
roce de labios frescos en mis labios, dulce aliento
que perfumaba mi aliento, en medio del ensueño
que tejla y destejía bajo una lluvia de pétalos rosa con mis recuerdos ¡ay! muy lejanos, pero muy
vil"os en aquellos momentos. Y ya no hablaban a
hurtadillas. ¿Para qué?_Alli no se conversaba sino
en inglés. Ellos no sabían el inglés. ¿Por qué hablan de eutender su castellano aquellos figurones
de tapíceda que les rodeaban? Y yo seguia saboreando, casi escondido en la penumbra, las frases
de miel de abeja de nuestra lengua en los deliquios
amorosos de dos almas vírgenes, hechas para el
panal inagotable del Amor, travieso como un chicuelo y fecundo como un Dios.
¡Qué epanáforas las de aquella conversación rlt·
mica! Todas las cláusulas comenzadas con la misma frase mágica, vuelta y devuelta como la veloz
mariposa de un volante, de los unos labios á los
otros, velada apenas entre risas soñadoras. Te
amo! Te amo! Oh Rey Sabio! Oh Villcna! Oh l\fanrique! Oh Garcilaso! Oh Lope! Oh castellano! sacra
lengua inmortal del amor y de la poesía!
De repente se enserió la damíta rubia, Blondina,
le decía él.
-¿Qué tienes? le preguntó.
-Tengo miedo, dijo, y se quedó mirándole intensamente. El se puso serio también, y su mirada
de reflejos act:rados se fundió por algunos instantes en los reflejos negros punteados de oro de los
ojos de ella. Sus manos se buscaron y se estrecharon como ante una visión adversa; y de súbito, se
echaron á reir estrepitosamente. Los tiesos yankees
Y las estiradas misses volviéronse á mirarles frios
pero sorprendidos de aquel parlotear y cantar de
pájaros. Ellos no lo notaron. No vivían sino dentro de si mismos. Uua tejanita que tal vez chapurraba en su inglés un jil'ón de español de algún su
antepasado hispano, dijo maliciosamente á otra su
coterránea:
-Son pichonas.
-Oye, José, interrogaba ella, ¿por qué habré yo
tenido miedo junto á ti? Te lo he dicho, estoy sola
en el mundo ....
-No, no, [interrumpió él, estabas sola antes de
encontrarme, ahora ....
-Eso, eso, se apresuró á decir Blondína, estaba

sola, ya no. Pero lo que pasó hace poco, ¿sabes? . .•
tuve miedo por ti, no por mi, y te comuniqué mi
miedo; tú también tuviste miedo, ¿verdad?.... ¿Qué
será eso? .... Presagios? Mi padre no hizo feliz á
mi madre; mi madre, muerto él, no tuvo dia de salud. Desde pequeña, no diré que he vivido triste,
sino entristecida. La tristeza no me brotaba de dentro, me venia de afuera, digo, del exterior se me
deslizaba al interior del alma. No sé, nunca he sido dichosa .... hasta que perdí el ticket, y más después que confiada te he seguido habiéndote desviado de tu camino. Sin el ticket ni nos hubiéramos ha·
hablado jamás .... ¿Crees en el destino, José?
-Blondina, creo en ti. La verdad es que no so}
fatalista. Si hemos de creer en el destino tú y yo,
tenemos que juzgarle como el mejor amigo nuestro. Sin él no nos hubiéramos conocido.
-Bueno, ¿y por qué tuviste miedo?
-Yo, contestó él, yo .... ¿y tú por qué lo tuviste?
Tú me lo sugestionaste a mi.
- Yo! por ti, te he dicho, por ti, por ti; y martillaba Blondina repitiendo, por ti.
-Explicate, dijole él.
-Poi· ti. En medio de nuestras agradables palabras, viéndome en tus ojos vi en el fondo de ellos
un puntito rojo que fué creciendo, creciendo, basta empaparte la mirada en sangre. No te he dicho
cómo murió mi padre: asesinado. Pequeñita yo,
cuando le llevaron á. casa, le vi cubierto de sangre
roja, roja como el puntito que vi en tus ojos y que
fué creciendo, creciendo hasta empaparte la mirada. Yo le tengo horror á la sangre, mucho horror.
-Blondina, no hablemos de estas cosas. Vuelves
á entristecerte y eso me entristece á mi.
-Dices bien, hablemos de otra cosa, contestó
Blondina, y volvieron á sus primeras frases de tór·
tolas enamoradas, de pichonas, que decía la tejanita.
El tren corrla por las llanuras del Sur de Tejas,
tanto ó.más extensas que las nuestras. Habla obscurecido hacia tiempo y el porte1· comenzaba á preparar los camarotes para dormir. Una sección completa habla tomado mi ex-charro, fué arreglada
desde luego por el negro servicial á quien vi que
le deslizaba aquel algo en la mano: monedas sin
duda. A poco, indecisa, despidióse Blondina, recogiéndose eu el camarote de abajo; vi el movimiento
de las cortinas corridas bajo las cuales se desnudaba la joven. Quedóse su compañero algún tiempo
sentado frente á su sección, con los codos sobre las
rodillas, la cabeza entre las manos, después se levantó y desapareció entre las cortinas que cubrieron la toilette de noche de Blondina y ..... .
........ ; al lecho misterioso
Venus conduce á la beldad divina
Que mal esconde el susto fatigoso.
Mirt-ilo, hablando quedo, á ella se inclina,
Y se oye un ¡ay! mas el Pu&lt;}or cuidoso,
Cierra del lecho la nupcial cortina.
Dije con Luis G. Ortiz¡ y me fui á acostat· de un
humor de todos los diablos.
JEsús E. VALENZUELA.

�44

REVISTA l\1ODERNA.

REVISTA l\lODERNA.

45

LA BALANQOIRE.
DeA pet it'11 , nrant:,; jouaiC'nt Ji.
-Plwtn.'ilwt.

Yola comme ces tL.._,,u~ sont
ftno et ' d 611ra ts.-1'1'iotrit•.

Tout un essaim d'enfants au jardin vaga.bonde;
Et leurs petits peplos, mauv~s, pourprés, bleus, verts,
Jaunes, blancs ou gris perle, en des bouquets divers,
Se sont enguirlandés pour danser une ronde.
Myrtale au- dessus passe, avec un bruit de fronde,
En balanc;oire; et rose entre ses bras ouvertJ,
Par volutes, remous, torsades et revers,
Flotte son long manteau que le soleil inonde.
L'agrafe se détache; et l'on dirait soudain
Un vélum frissonnant llUX arbres du jardin,
Pour éventer les fronts de la troupe enfantine;
Ou quelqu' ibis d'Egypte, ébloui des couleurs,
Et dont l'hésitant vol, sans se poser, s'obstine
Et palpite llU dessus d' un parterre de fleurs.
LtoNcm om JONCI~RES.

LE BATTEM ENT DE SES SEINS.
Pt'Ut f tre mo vlenJra l 11 un
songe qul me mettra dan, Je,;
brAA d&lt;' mi\ bl"n nim~~.-An,t
rlti,u

O ma l&gt;elle, 1111liol(}ue tu m'tu
tlonne ti« embh~m,,; c:'.' e tH
M'ins, Je beni8 ce don tt j'en
n1&gt;11réch1 la \*RIN 1r.
P llirl Ir Sil~1t1..,, ;,,.

Elle ue p"ut soitir ce soir; il pleut, il gréle;
Sa mere a clos la porte aussit0t le repas.
Je ne dois pas entendre accourir son cber pas;
Et je dormirai seul, sans me presser contre elle.
Oisea.ux que nous devions, la tete sous votre aile,
Jmmoler :\ Cypris- puisqu elle ne vient pasJ ' ajourne a son retour votre double trépas.
Repost&gt;, ú mon ramier, pri·s de sa tourterelle!
Mais m'approchant de vous en silence, je ,ais,
Sans vous éveiller, tels, da.ns vos ticdes duvets
Roulés, pelotonnés, je vais vous prendre ensemble;
Et je vous placerai, moelleux petits coussins,
Sur ma. poitrine, a.fin qu'en dormant il me semble
Toute la. nuit sentir sur moi battre ses seins.

LÉOXC■

DE

JONCI~RES.

J,

n

UN TEATRO POPULAR.

cTSt:TA-ZA,• el Teatro de la •Hiedra Legendllria,• abrla. sus puertas á las diez de la mañana. de
aquel dla, para. cerrarlas al cabo de quién sabe
cuántas llricas jornadas. El pórtico ornamentado
con la versicolor floración de mil encarrujados farolillos, lucia. una. pintoresca. serie de esos famosos
•affiches• que Félix Régamey introdujo en la. decoración de los salones europeos y que hace dias celebraba. Jean Lol'l'ain, en un entusiasta articulo dedicado á SADA- YAK0, la. actriz japonesa triunfante
en pleno Pa.ris .... Aquellos caffiches• eran la clave
gráfica del drama. que iba á representarse; trazaban los terroríficos episodios, retrataban á los héroes fabulosos y una. multitud pobre, incapaz de
pagar el medio yen de la entrada, ancianos, mujeres y niños, centena.res de niños, se contentaba. con
caer en pasmo ante los cartelones de furiosas lineas
y ardiente colorido . . . .
Avido de tanta novedad halagüeña, hice mi entrada media hora. antes que la función comenzara. Un
vestlbulo destinado á contener los milla.res de zuecos que los concurrentes, uno por uno, van abandonando al entrar y lateralmente dos loca.les, uno lle·
no de dulces, fmtas y pasteles; el otro de todos los
bibelots de la. cocina japonesa y ambos indispensables en una asamblea. que no se disuelve en las do•
ce horas de un dia. .... Avanzando más, la sala. de
espectáculo: un hall inmenso con un patio en medio, dos gradas de pequeños palcos á los la.dos, una
vasta galerla en el fondo, sobre la entrada, y á su
frente el proscenio, cuyos misterios cubrla. en esos

instantes un gran telón en forma. de cortina corrediza, fresca. y deliciosamente pintada. con una tumultuosa. • marina.• Como detalles, cortando el • patio• á lo largo y prolongando el escenario, dos caminos como puentes, por los que entran y salen los
actores que se ven a.si momentáneamente mezclados con el público, y de un extremo á otro del plafón, largas tiras, especie de bambalinas de telas
multiculores que ofrece al actor triunfante el público que lo admira y que son á la vez ex-cotos artísticos y adornos de los más brillantes. La cortina- telón, partla. de un ancho panneau horizontal
cubierto con una gran franja. de hermosisimo damasco, bo1·dada. con el bl1tsón del teatro, la hiedra
japónica que se vela repetida como motivo orna.mental, en multitud de accesorios y detalles. Al
borde de la rampa, una fila de mecheros de gas y
sin palco de orquesta. el patio tendido de uno á otro
extremo.
Comienza. el público á llegar. Son grupos de
cmusmés• y • muskos• ó familias enteras que se
instalan desde luego, se ponen cá son aise• y se
,en al momento rodea.das por mozos que les Uevan
los braserillos para. las pipas, las salvillas llenas de
bombones ó los accesorios para. el thé. En pocos
momentos el teatro está lleno. Me contraria. ver
que los cmuskos• corren persiguiéndose de un la.do á otro, que el ruido es excesivo, pues eso me impedirá el comprender una frase, una palabra. siquie·
ra del parlamento de los actores. Y lo peor es que
aquel barullo no cesará, pues los japoneses tan co-

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rrectos siempre, no tienen tenue en el teatro cuyo
público parece más bien el de una feria al aire Ji.
bre. Los vendedores, los niiíos y sus ayas van y
vienen interceptando la vista del escenario; los auditores comen, fuman, beben, creo que brindan, y
tanto ruido y tanto movimiento amengua las impresiones que del proscenio emanan ....
Parece por fin que el auditorio se aquieta y calla; .... se oye, previniendo, el duro chasquido de
dos trozos de madera; una orquesta invisible redobla en eusurrantes tamboriles y arpegia en trémulos laúdes y por fin dando principio á la función la
gran cortina se descorre y un actor en traje de antiguo sacerdote ejecuta el •SA)IBASHO,• baile emblemático que en el Japón precede á todas las representaciones como un recuerdo de la danza sagrada que h1ice mil años salvó al Yamato de una
pavorosa catástrofe. El baile es breve, su ejecutante des'lparece y en su lugar invade la escena un
tropel ele viejos samw·ai", cubiertos con armaduras
de laca y oro sobre trajes ele seda, tocados con cascos coronados por antenas, cascos que parecen epopeyas de gloria, sobre los negros himnos de las armaduras tenebrosas ....
Los guerreros al andar entre sus rnbles erizados,
crujían como crustáceos enormes .... Sus menores
gestos eran retos, proYocaciones, amenazas y bajo
el duro hierro de sus armaduras, el ímpetu de sus
rabias y el furor de sus gestos encontraba un noble ritmo grave y marcial.
Los agudos brillos de suq cascos partían como
saetas y las oblicuas sombras de sus cuerpos se
tendían como banderas abandonadas.
)Iarchaban, los guerreros, entre el duelo de sus
armaduras parnnadas de laca y el áureo chispear
de sus cascos damasquinados de oro; ernn sombra
y luz, eran el dla del Triunfo y la uoche de las matanzas, eran la muerte, eran la Gloria ....
El paladín de más alta jerarqula hablaba á. los
demás sugestionitndolos imperiosamente. El actor
que desempeñaba aquel papel debla ser un gran
trágico; la boca y la parte baja de su rostro estaban
cubiertas con la máscara de guena; pero á aquel
l,ombre le bastaban los ojos para agolpar en ellos
como en un fanal condensador todos los sentimien
tos de su alma. Indignado y conmovido, como un
caballero andante, narró una gran injusticia, una
suprema iniquidad y sus ojos en blanco imploraron,
y sus pupilas nubladas sugirieron un llanto piadoso y aquellos ojos mismos se inyectaron á poco, se
enrojecieron como una fragua forjadora de rayos
vengadores que eran miradas de indignación fu.
riosa ....
Por momentos, en los episodios más patéticos,
circulaban por el escenario extraños personajes furtivos con trajes y antifaces negros, que yendo y viniendo ayudaban á los actores á. despojarse de un
trnje, los abanicaban, les alumbraban el rostro en
los momentos más pasionales .... Son los •lrnromango, • y se les supone invisibles, aunque á veces
intervengan con demasiado celo ....
Cuando la escena de los samurai terminaba, se
vió de pronto que todo el e~cenario, con decoraciones y actores giraba lentamente y desaparecía, mientras que el mismo movimiento giratorio hacia apa-

47

recer otro escenario diferente con un nue,o grupo
de artistas .... Es que el piso del foro en los teatros
japoneses está formado poi· un gran circulo dividido por el ditimetro en dos partes: mientras en una,
que es ,·isible para el público, est{L representándose un acto, en la posterior los obreros preparan la
decoración inmediata.
La nue,·a escena era el interior ele un yashiki•
palacio señorial, donde tres damas nobles habla,
ban entre si; los trajes eran suntuosos, los peinado&amp;
magníficos y en los hermosos rostros pálidos sangraba el grano de coral de las bocas diminutas ....
A poco sobrevino una inquietante matrona de gris
cabellera, diabólicos ojos amarillos, ostentando un
kimono ele seda, bruno y dorado como la piel de
una pantera .... ; sus movimientos eran elásticos y
folinos y su boca ensangrentada tenía un no sé qué
ele cruel ....
Era un personaje misterioso y se adivinaba que
en su carácter iba á condensarse la tragedia ....
Las tres suntuosas damas se retiraron, dejando
en la escena la nostalgia de su deslumbrante
hermosurn y la misteriosa matrona quedó sola,
después que un grupo de sirYientas la rodeó
con la lámpara veladora ele papel, los edredones,
todos los accesorios para el sueño japonés. Enton•
ces á la izquierda del proscenio la orquesta prorrumpió en una música inquietante, mientras que á
la derecha el coro, un coro como el de la tragedia
antigua, revelaba el misterio de la matrona enigmática y la deYOlvia á la verdad de su sér diabólico y malYado.
El personaje semejaba una bruja partiendo para
el csabbat;• su rostro iba perdiendo lo humano y en
todo su sér la felinidad se acentuaba; hubo un momento en que sacudió la cabeza y sobre sus sienes
quedaron erizados dos mechones grises como las
orejas de un enorme gato; luego cou un sacudimiento resbaló el primer traje y apareció un segun:lo
que era como la piel áspera de una hiena ... Aquel
sér tenia entonces una dudosa ambigüedad y l:i.
mujer por instantes iba transformándose en bestia .... En primer t(•rmino en la escena, había un
biombo transparente y cuando la mujer pasaba
arrastrándose !'rente i, él, el público veía proyectarse en la pantalla la negra y enorme gilueta de
un gato de maravillosa realidad!
Hubo un momento en que en una de las puertas se
escuchó un ruido alarmante y entonces creyéndose
sorprendido el personaje, con tres gestos volvió su
sér humano; su cabello se alisó, el traje perdió su
aspecto de piel de bestia y al pasa1· por el biombo
la sombra que se proyectó entonces, fué la comim
silueta de una mujer! Estos tom· de force de la escena japonesa son pasmosos en verdad y la mistificación es total, absoluta! .... Pero iba á venir algo
en que el triunfo era para el intrínseco talento de
los actores ....
La mujer pantera volviendo de su alarma, había
recobrado su sér bestial, cuando distinguió á una
de las lindas damas pasear á los rayos de la luna
por el verandah de la mansión ,v desde luego comenzó á acechada como acecharía ft una gacela un
hosco chacal. L~ Bestia-hembra)royeetaha su fascinación y alhi. en el e~trem_o del proscenio la her•

�REVISTA ~10DERNA.
REVISTA MODERNA.

48

mosa criatura. temblaba sin conocer por qué y luchaba desesperada por no ceder á la siniestra sugestión que la atrala. .... Pero fué en vano! al cabo
las distancias se acortaban y cuando la pobre
,musmé• vió por fin á su verdugo y se explicó la
posesión siniestra, el demoniaco maleficio, quiso
gritar y exhaló un ronco estertor, quiso huir y la
fascinación la arrojó tambaleando en los brazos de
la hechicera! Entonces ésta la abrazó con furia sen·
sual y rasgando la veste de brocado, descubrió un
seno ebúrneo y palpitante, que sus dientes mordie•
ron, que sus labios besaron con un heso ventosa,
brutal y astrin;.{ente que aspiró la sangre y dejó
marcado el orbe de marfil del blanco seno coa un
moretón cárdeno como una flor de hiedra!! ....
Después el \'ampiro, la goule asquerosa jugó eon
el cadáver de su victima como intentando una resurrección .. ! La bestia levantaba un brazo y la muer
ta como galvanizada repetla el ademán. Aqul lo ad·
mirable era la perfecta imitación de la rigidez cadavérica interrumpida por la sugestión de la bruja,
y cuando ésta tomó al cadáver y lo arrastró y lo
hizo tomar diversas posturas y al fin lo arrojó de si,
el realismo de aquellos actos motivó que por momentos el público se sintiera estremecido por ráfagas de verdadero pavor ....
La escena macabra y demoniaca se prolongó aún
llena de espeluznantes detalles, y en toda su duración no hubo ni un solo detalle grotesco, pues los
actores supieron mantenerla en el terreno del gran
Arte ....
Siguieron luego otras escenas, entre ellas un baile infantil, un ballet de •muskos, que fué una delicia: las criaturas ornadas con suntuosos trajes

eran flores cuando inmóviles y mariposas al agitar
las grandes mangas de sus irisados trajes!
Una de las últimas escenas fué una disputa entre
dos •samurai• que terminó con el harakiri, el suicidio voluntario de uno de ellos y los protagonistas
desempeñaron admirablemente sus papeles, representando á maravilla la ironla, la burla, la cólera,
el odio ... Y antes de que el noble vencido se abriera el ,,ientre, una patética escena en que interviene
su mujer intentando a.morosamente disuadirlo de
su trágico y caballeresco empeño.
Y la pieza te1·mina con el apoteosis del bravo samurai: que consiguió matar á la imfame bruja, á. la
mujer chacal que desolaba la comarca ....

Hubiera podido de una manera ordenada y sistemática contar á. los lectores el argumento de esta tragedia japonesa, después de traducir su libreto; pero preferl trasladar mis impresiones como
las recibl, con la incoherencia y el misterio con que
por mi fueron resentidas. . . . En el teatro japonés,
los actores son superiores á los autores, y mucht1s
veces una pieza nimia ó defectuosa es dignificada
por el genio de un DANJUR0. Eso fué lo que me
pasmó y me maravilló: el juego magistral, estupen·
do, poignant de los intérpretes de la pieza que he
abocetado!
Y desgraciadamente es un imposible t1·a.e1· al papel, aquellas máscaras trágicas y dolorosas; las dulees y ambiguas fases de las pálidas •musmés, y los
rostros airados y terribles de los samura\" vengadores!

LA BORDADORA.
A Manuel

José Othón.

JOSÉ JUAN TABLADA.

Yokohama, l::&gt;00.

RECUERDO DE INFANCIA.
Señora mla:
A las demandas de las hijas de Eva, creo que el
partido más sabio y sano sea responder siempre
que nó. Esta vez, tratándose de retornará la infancia, no quiero parecer villano.
De mi infancia no tengo memorias, ni bellas, ni
buenas, ni curiosas.
Mi más antiguo recuerdo me pone súbit11mente,
ay de mi! en relació1i con un sér del otro sexo, como se dirla en lenguaje de cierto uso que, según
los manzonianos, debiera ser la lengua del buen
gusto.
Me encuentro en un lugar ni bello ni feo quizá
un jardincillo cerca de la casa donde nacl,- en un
dla ni de primavera, ni de invierno, ni de estío, ni
de otoño. Me parece que todo, cielo y tierra, arri·
ba, abajo, al derredor, fuese húmedo, gris, estrecho, indeterminado, penoso.
Yo, con una niña de mi edad,-ignoro qué haya
sido de ella,- enrollá.bamos, teniéndola de las dos
puntas, una cuerda¡ y me parece que asl declamos
ó crelamos hacer la serpiente.
Trad. de !11. •Rev. '.\loderna.,

/

De repente descubrimos entre los pies una bella
bodda; es el nombre, en el dialecto de la Yersilia,
de algo semejante á la rana. Grandes admiraciones
y exclamaciones de nosotros, dos criaturas nueva~,
sobre aquella antigua criatura.
Las exclamaciones fueron al parecer un poco ruidosas, porque un señor grave, con gran barba negra y con un libro en la mano, se presentó en la
entrada á reprimirnos, mejor dicho, á reprimirme.
No era mi padre: era, lo supe mucho tiempo después, un marido putativo de una mujer de otro, alojada. por casualidad allí cerca.
Yo, blandiendo la cuerda, como si fuese un flagelo, sall ásuencuentro gritándole: fllera, fuera, feo!
De entonces en adelante, he respondido siempre
a.si á toda autoridad que haya venido á amonestarme, con un libro en la mano y un sobrentendido
en el cuerpo, en nombre de la moral.
Pero esta historia, para niños, no es verdaderamente moral.
Qué queréis que yo haga, Señora? Es historia. Y
yo he obedecido.

' CARDUCCI.
Gt0SUE

Acompañada por un lloroso
Susurro de hojas primaverales,
En su castillo del Norte umbroso
La lluvia tiende sus gi-ises chales.
Con sus madejas de fina lana
Oculta el aire tenue y ligero
Y en el cuadrado de tu ventana
Teje embutidos color de acero.
Entre las blondas de tu cortina
Tu mano á. ratos su dorso asoma:
Mano luciente y alabastrina
Como el plumaje de una paloma.
Tras el hilado brillante y fino
Que forma el ngua, la aguja mueve,
Y en tu pañuelo de blanco lino
Dibuja flores color de nieve.
El ágil duende del aguacero
Toca en los vidrios incomodado
O hace que suene su pie ligero
Como lJJ) martillo sobre el tejado.

Ya en tus oídos risas desgrana,
Ya con las bolas de sus granizos
Mata en los tiestos de porcelana
Tus crisantemas de blondos rizos.
Al fin vencida por sus intentos
Dejas tu aguja que pinta flores
Y vuelves todes tus pensamientos
Al paralso de los amores.
Atrincherado tras mi vidriera
Yo un primoroso libro lela:
Verlaine lleno de fe sincera
Y quejumbrosa melancolla.
Y el mismo duende cabecicano
De ojos lucientes de travesura
Que con sus artes paró tu mano
Quitó los ojos de mi lectura.
A ti tornados, miré tu cuello,
Las frescas rosas de tus mejillas,
Y las agujas de tu cabello
Más relucientes que las gavillas,

49

�REVISTA MODERNA.

50

REVISTA l\lODER~A.
Al brillo entonces de un raudo sueño
Pensé en las manos llenas de dones,
En un semblante puro y risueño
Y en los bordados de los nipones.

Miré tus brazos, tersos y flojos,
En tus rodillas abandonados,
Y tus amantes y dulces ojos
Por el arrobo transfigurados.

Y deslumbrado por tu belleza
Que más realzas con tu decoro,
En el brocado de mi tristeza
Bordé ilusiones color de oro.
EFRÉS

REBOLLEDO.

EL MULO, EL BURRO YEL CABALLO
es grande ni por el genio; no sirve para mandar ni
para ser mandado; es inútil y discolo, improducti·
vo y vanidoso, estúpido y rebelde, incapaz y temerario ....
Y lo mismo en la especie bípeda implume. También consta de tres familias. También hay en ella
hombres- mulos y hombres- caballos.
De estas tres familias, yo preferiré siempre la de
los hombres-burros y la amaré con infinita ternura. Asimismo toleraré y respetaré al hombre- caballo .... ¡Pero llbreme Dios del hombre mulo, del
tonto con pretensiones, del necio cuya necesidad
empieza por no conocerse á si mismo, del sandio
ingobernable, del burro con pretensiones de caballo.

Para mi, el mulo es inferior al burro, y mucho
más burro que él, pues es un burro con pretensiones de caballo.
Yo amo al burro .... ¿Y cómo no he de amarlo?
-Su modestia, su mansedumbre, su resignación, su
docilidad me lo recomiendan como á un sér bueno,
pero desgraciado, que conoce su ineptitud y i;e con·
forma con ella; que no es presumido, ni ambicioso,
ni aspira á dominar á nadie; que se somete, en fin,
á la humilde rondición de su destino.
Y yo amo al caballo; yo lo admiro; yo lo respeto;
yo le tolero su soberbia, su jactancia, sn osadía tan
propia de su exquisita naturaleza, de su hermosura, de su ardor guerrero, de su generoso instinto,
de su noble caballerosidad.
¡Pero el mulo!. ... el mulo me irrita, el mulo no

P. A.

DE

ALARCÓN.

UN LIBRO DE JUSTO SIERRA.
A

La •Historia General,• de Justo Sierra, ansiosa•
mente esperada y entusiastamente acogida en el
.mundo de las letras, es una obra de ciencia y de arte escrita por un sabio de vasta erudición, por un
filósofo de poderosas miras, por un poeta de exquisita sensibilidad, es decir, por un historiador. Ha
reconstruido el pasado humano tal como fué, con la
característica topografía de los escenarios, con los
personajes a:iimados que se mueven en el drama,
con los hechos capitales y palpitantes unidos por
hábil relato en su dependencia causal; sin omitir el
estudio de las religiones, de las artes industriales,
de lits be~las artes y de las ciencias que forman por
activa reciprocidad-según frase de Littré- los diferentes estados de la civilización; sin descuidar el
análisis do las instituciones públicas, generadas por
el carácter de los pueblos y modificadoras á su vez
de ese carácter cuauuo se convierten en fuerza educativa; y, finalmente, fundiendo todas las historias
parciales-por suprema y comprehensiva síntesis-

JESÚS

E.

VALE.NZUELA.

en la historia unificada de la cultura humana bajo
la ley universal del Progreso, desde el nombre primitivo de '{isonomia p1·of1mdamente zoológica al
hombre moderno embellecido y dignificado por la
constante y laboriosa selección de la naturaleza.
Este libro puede ser examinado desdo muchos
puntos de vista. Reservo, para artículos posteriores, el estudio de dos tesis: historia de las instituciones é historia de las ideas y sentimientos en la
•Historia General• de Justo Sierra. Hoy me propongo abordar un problema más amplio: cómo debe escribirse la historia; cómo la ha escrito Justo
Sierra.

I
Cuando se trata de historiar un país determinado
ó solamente una época do su vida sociológica, el
trabajo preparatorio de erudición consisto en compilar los &lt;Jocqmentos indispensables, tratados de Ji.

5l

g1·andes nombres figuran en ella, los nombres de
teratura y libros de cocina, memorias, corresponlos maestros, antiguos y modernos. Sierra, desde
dencias, inventarios .... todo lo que se empolva en
hace años, los estudia con amor. Ti13ne, además, lo
los archivos y bibliotecas. Se hará, además, nn estuque pudiéramos llamar el olfato de los buenos lidio d'apres nature, de los Jugares en los que pasó la
bros: esto es perfectamente conocido de los señores
acción, interrogando á esos otros libros que se llalibreros de la capital. En plena vida del siglo, al
man el rlo, la montaña, el valle, la ruina, y en los
tanto del movimiento intelectual europeo y ameri·
sitios mismos se recogerán las tradiciones, las le•
cano, puede decirse que ha leido lo mejor sobre la
rendas las fábulas corrientes que á veces enciemateria. Dado esto, y concedida su capacidad, re~ran u~ fondo de verdad importantlsimo. El traba• sulta que su preparación para los estudios histórijo de critica consiste en escoger, en valorar, en cocos es, en Jo que cabe, completa. En cuanto al criordinar los documentos con lógica inexorable y con
tico, sus facultades anallticas son bien sabidas: es
la pasión de la prueba, comprendiendo por ellos y critico de nacimiento, como es poeta. Sin embargo,
A través de ellos, las épocas y los hombres. El crino se atiene á su flair, sino que verifica cientlfica·
ticismo ó facultad de critica no se adquiere, como
mente sus opiniones y no las da ascenso hasta que
no se adquiere la facultad oratoria: lo que nada di•
salen incólumes de la prueba. No acepta por acepce al vulgar compilador será elocuente para los estar á falta de datos y documentos: no acepta tamplritus sagaces. Un hecho, un rasgo, una palabra,
poco por mera simpatla ni desecha por repugnanpodrán ser datos inesperados sobre un periodo ó cia ó cálculo: es honradc, es sincero, y la sincerisobre un carácter, que modifiquen la simple opidad, dice Taine, es un comienzo de buena critica.
nión-nacida del instinto critico-elevándola á la
Si duda, expone dudas; si sabe, afirma. Cuando la
categoria de certidumbre histórica. Detrás de una
ciencia vacila sobre algún punto, lo dice; se conforfrase aparecen un gesto, una actitud, un perfil; en·
ma con indicar los resultados probables, los que
tre las lineas tortuosas de un manuscrito ó entre las
mejor concuerdan con las investigaciones más acregrandes letras de un in folio, se mueven los gruditadas. Muchos puntos de esos se encuentran á
pos de hombres, vivientes, en eterna lucha por la
cada paso en historia, sobre todo, en la historia de
rxistencia, pensativos en la Asamblea, armados en
las primeras edades, y muy particularmente en la
el campamento, clamoreando en la montaña como
pre-historia, por la escasez documentaria y la imJu aves de presa, rugiendo en el Foro como las
posibilidad de la experimentación. En casos tales,
olas del mar. Entonces, bajo el sudario de polvo
Sierra piensa como Beaufort: • .... para los acontede los archivos y bibliotecas, sentirá el historiador
cimientos pasados, no hay demostraciones geoméque algo se mueve y palpita: el alma inmortal de
tricas; á falta de certeza, el historiador debe con·
un pueblo. Y cuando haya vivido la vida propia de
tentarse con lo veroslmil y tener un acontecimienlos lugares, cuando haya experimentado en si misto por Yerdadero cuando no es absurdo .... •
mo las impresiones de la naturaleza que experi·
El método de Sierra, al distribuir y encadenar los
mentara el grupo social que ali! habitó, llevando materiales, es el método natural que á todos se
un poeta de la época para leerlo junto á las ruinas ofrece, pero que muy pocos-sólo los elegidos-sacantadas (leer á Homero bajo un pórtico de már- ben aplicar: omitir Jo superfluo al pensamiento de
mol ó á Tácito entre los escombros del Circo! .... ), la obra, al objeto que se propone, y vivificar lo
cuando se haya compenetrado con el medio am- esencial (sea cierto ó hipotético) en un relato siste•
biente hasta comprender-por sentirlas-sus secre- matizado y elocuente. Si para damos á conocer
tas influencias sobre el alma, puede empezar su una planta ó un animal se nos señalan algunos
obra: tiene escenario, personajes, drama.
órganos prinripales, no todos, y algunos órganos
Pero cuando se trata de la historia universal, es- secundarios, ó todos, nuestro conocimiento tiene
te trabajo es humanamente imposible; el procedi- de ser forzosamente incompleto é inexacto. En
miento tiene que ser distinto. El erudito critico se cambio, si se precisan las estructul'as, si se seservirá de las monografías, de los estudios de los ñalan todos los órganos principales y estables aun
grandes geógrafos é historiadores, haciendo una cuando se olviden los accesorios y sujetos á variacondensación, en un libro, de centenares de libros. ción, entonces nuestro conocimiento, sin ser comAnotará los resultados culminantes, seleccionando pleto, es exacto. Igualmente, en los organismos soy distribuyendo; mas sin perder la personalidad, cialeR hav caracteres necesarios y caracteres accebase de las obras originales; sin estrecharse á ser sorios; .;i.se tienen en cuenta todos los necesarios,
simplemente copista, no: buscará datos y pruebas se comprende el organismo; si sólo algunos de elloP,
y verificará esas pruebas y esos datos para obte· no se comprende el organismo en lo absoluto, pues
ner conclusiones propias, de tal manera que el se· todos sus componentes se ligan en un agregado esllo individual del escritor marque cada una de sus pecial y con su liga contribuyen á fines especialel•
páginas. No pudiendo obtener de cada pals y de Sierra consigue presentamos el cuadro de la civicada periodo los documentos pl'imos, tiene que va• lización humana en su parte esencial. Hay toques
lerse de los trabajos ya. hechos, y al estudiarlos, débiles, segundos planos en simples croquis, claros
debe seguir el mismo sistema de rigurosa y tenaz en los que algo falta; mas no son de tal suerte in·
Investigación lógica que seguirla si tuviera á su al- dispensables que trunquen la harmonla de la obra.
cance las fuentes históricas.
F:s pasmoso el trabajo de erudición y critica en Después de leerla, tenemos una idea precisa del
egipcio, del hebreo, del heleno, del romano .. . . y
el libro de Justo Si~rra. Al final de cada materia
se encuentran sei\aladas, en la Bibliografia, algu- esto basta. Para conseguir este resultado supremo,
para darnos idea de los hombres, no del hombre,
nas de las obras que b&amp;Il servido al autor. Los más

,.

�entra el autor en plena psicología histórica. Cada
pueblo tiene fisonomla exclusiva, propia conformación. Los antepasados, en virtud de la tendencia
que tienen todos los organismos á reproducirse, á
repetirse en sus descendientes (es lo que se llama
herencia) les tram,miten el carácter, el modo de ser,
el tipo; y este tipo, en el molde montañoso ó plano,
seco ó húmedo, regado ó estéril, (el medio fisico)
que habita, se deforma lentamente, adquiere partí·
cularidades de comarca y de clima, volviéndose ca•
zador, traficante, valeroso ó indolente, idealista ó
práctico, que sin destruirlo por completo (pues el
semen de los padres, ese monstruo de que habla
l\Iontaigne, deja tan imborrables impresiones, que
por sobre todas las capas de revestimiento posterior se manifiestan por ley atávica), lo precisan, lo
contornean, complicándolo y diferenciándolo al
mismo tiempo, como de las varias molduras del artista salen diversos objetos, vasos, jarrones, estatuas, de la misma indestructible materia. Y no só·
lo: la materia humana sufre otras transformaciones
al contacto del medio moral, al impulso de fuerzas
latentes que en determinado momento histórico se
manifiestan, á la reacción inevitable de ciertas tendencias genéricas (los ideales), causas todas de la
creciente complexidad individualizada que const¡tuye el progreso. No hay, por tanto, un hombre, sér
abstracto sin vida histórica, con identidad de imaginación y de alma, sino hombres, seres concretos
que piensan, sienten y obran de maneras especiaJisimas, dadas las causas de su nacimiento y las
causas de su desarrollo.-Sierra, con toques de
maestría artlstica, reduciendo á imágenes y metáforas la psícologia, nos da á conocer hombres. No
es posible confundirlos, las lineas de demarcación
son salientes, vivlsimos los coloridos; hieren la retina del espíritu con un rayo especial.

n
El historiador de la antigua escuela, mejor dicho,
el relatador (la ciencia histórica positiva es de nacimiento reciente), el relatador frío de hechos sin
causas y sin efectos, y por lo mismo sin importancia (estilo César Cantú), el relatador moralista según el cual Dios mueve á los hombres como el titi·
ritero á sus muñecos, y cada acto de la vida es una
lección que semeja un palmetazo (estilo Bossuet),
habrán hecho obras de lo que se quiera, no de historia. Cada acontecimiento y cada grupo de acontecimientos tienen su ley, y el erudito critico que
la busca y la señala se convierte en filósofo. Sin
esto, la historia no es ciencia. Cómo conocer un
hecho sin conocer su ley? Es efecto de otro hecho
próximo ó remoto, y causa á su vez del necesario
consiguiente; todos ellos están enlazados, sus relaciones son vitales, como es vital la relación del latí•
do con el corazón, la del pensamiento con el cere•
bro. La historia no es una agrupación de hechos
inertes: no es la anatomía de un esqueleto, es la
fisiologla de un organismo. Se describe una arteria: debe decirse cómo funciona, qué fines tiene.
Se describe un pueblo, el pueblo griego, por ejem·
plo: si nos conformamos con decir, los helenos hicieron ésto y aquéllo, decimos cosas sin interés; en

cainbio, si se estutlian los orígenes del pueblo y su
habitación geográfica, sus cualidades y defectos
de sangre y sus cualidades y defectos de medio; si
se analizan los siglos de formación, las institucio•
nes fllncionando en activo ejercicio, las ideas, las
opiniones, las costumbres que forman como una
atmósfera moral que también se respira y que tam·
bién nutre; si se muestran las causas de las grandes guerras y las del inmenso triunfo, y as! sucesivamente hasta el crepúsculo histórico (no ha tenido ocaso) de aquella raza de héroes- poetas, entonces los hechos serán elocuentes y despertarán pensamientos y emociones porque con vida real se les
sentirá nacer y desarrollarse. . . . Si todavía nos
elevamos más en la síntesis, podemos resumir en
una fórmula generallsima-causa de causas-el
carácter, la esencia misma del caráctei· heleno: el
historiador filósofo señala esa esencia en el poder
de difusión (la simpatla del alma) que lanzó á los
cuatro vientos la semilla de los laureles, que no secaron ni los soplos abrasadores del desierto, in•
formando las civilizaciones posteriores con las palabras harmoniosas de los filósofos y con los versos de miel de los poetas. El Helenismo: en esta
palabra se condensa toda una historia. Unificar los
hechos bajo las leyes; unificar las leyes bajo la ley:
tal es el problema.
Justo Sierra, hábil, no con la habilidad del slm•
ple retórico, sino con la del pensador que abarca
horizontes de águila, ha conseguido ser historia•
dor filósofo, sin ladear, como es muy fácil, al terre•
no de la pura especulación, convirtiendo á la histo•
ria en auxiliar de la filosofla, y no como debe ser
y lo ha hecho, á la filosofía en auxiliar de la historia. El mismo, en el pequeño prólogo de su libro
Jo advierte: entre otras cosas de ardua realización,
se propuso generaliza¡• sistemáticamente, sin converti1· el libro en una filoso/ta de la histo1·ia.
¿Quó sistema sigue en sus generalizaciones? En
primer lugar, se ha valido de la misma narración,
combinando los acontecimientos con arte delicadi·
simo. Combinar equivale A filosofar. De esta ma•
nera, el orden mismo de los hechos indica los cau•
sales y los producidos, los que tienen resortes remotos, y los que por gran acopio de savias podrán
tener lejanas influencias. En la parte de su tratado consagrada á la Edad l\Iedia, se ha excedido,
haciendo un relato que á este respecto nada deja
que desear. Todas las causas están señaladas, y los
resultados se desprenden lógicamente de la expo•
sición, como una consecuencia de sus premisas.
Los hechos agrnpados bajo las leyes, forman un
concierto harmónico de la vida. Léase, sobre todo,
la tercera división de la Edad Media: el Periodo de
las Nacionalidades. En segundo lugar, ha escogí•
do los hechos con tino inequivocable. Escoger,
equivale también á. filosofar. Entre los que forman
un pel'iodo, entre los que pueden reducirse á una
fórmula comprensiva, los hay estériles en el sentido de que no son del todo necesarios á. la produc•
ción de los estados de civilización, y los hay inútiles, por ser de la misma especie de los que se ge•
neralizan, puesto que en este caso basta y sobr.:.
con citar los culminantes, los decisivos, para establecer la. &amp;'eqer~lización. &amp;i con tres ó cuatro de

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REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

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interés verdadero se puede fijar el carácter de una
época histórica, ó formular la ley sociológica, el
historiador filósofo, para ser conciso y claro, y ver·
daderamente filósofo, debe concretarse á ellos. Un
cronista apunta día á d!a, y minuto á minuto, las
mil peripecias de la vida y no nos hace compren·
der la vida; el historiador que concentra el drama
en las escenas palpitantes, colocándonos en los focos de pasión, excita nuestro interés, despierta
nuestra curiosidad, nos hace asistir de cerca á la
vida, sentirla y comprenderla. En tercer lugar, Sie·
na, después de la historia de cada etapa dtl la civilización, indica en Observaciones Generales, algu•
nas ideas en orden de filosofla histórica. Incomple•
ta es esta parte del libro, y sin las explicaciones
orales del profesor-y de un profesor como él-in·
inteligible. Por ejemplo, luego de brillante resumen
de la historia orit:ntal, escribe en sus Observacioms: •2 -b":sta historia forma una serie, y desde un
punto de vista superior, una civilización sola, que
desenvolviéndose en cada grupo parcial de lo más
á lo menos heterogéneo, de lo indeterminado :í. lo
diferenciado, en su movimiento total marchó por
varias integraciones ó unidad&lt;',s cada vez más comprensivas, hasta la inmensa que se llamó el impe·
rio persa, la mejor organizada de todas.• Escojo
esta nota poi· ser ti pica. El pensamiento que encierra será un misterio de alta filosofla para quien no
haya estudiado los •Primeros Principios&gt; de Her·
bert Spencer; y nótese que esta obra soberana es
fruto prohibido por el Jehovah de la Escuela Pre•
paratoria. Justo Sierra condensa en tres ó cuatro
lineas-y truncándola algo-la ley de Evolución
que el filósofo inglés desarrolla en más de doscientas inmortales páginas. De este defecto, aun•
que no siempre tan marcado, adolece la •Historia
General,&gt;
III
liemos examinado la obra del sabio y del filóso•
fo; examinemos la obra del poeta.
Resucitar al hombre muerto: este es el ideal en
historia. Animar, como Dios animó al barro, el polvo de los siglos soplándole aliento de etemidad;
sacudir en sus criptas á las momias faraónicas del
sueiio de mil siglos; evocar con magia de arte al
César epiléptico y á la cortesana de intachable seno; hacer que se levanten, al claro de la luna, los
castillos feudales y que cuelguen al aire los jardi·
nes babilónicos y que resplandezcan, en una gloria
de luz, los bailes de la corte ...... ser creador in·
cendiando las tinieblas con las chispas de fuego de
los mundos en combustión de vida, como en el Génesis bíblico: ¡qué tentación para el genio, que
ideal! Por lo menos, el historiador poeta debe darnos la semblanza, como Renan en su ,Vida de Jesús,• como Tácito en las •Costumbres de los Germanos.• Cuando el historiador siente como artista,
cuando vibra á la impresión como la lira al viento,
ve levantarse 8obre su mesa de trabajo (Taine y
Michelet han tenido la visión), la cariátide de:Mirabeau con ceño de dios ollmpico, la rubia cabeza de

Cristo de S. Just, el perfil de Robespierre, acera•
do y frlo como la cuchilla de una guillotina; y trans·
portado á la época, apasionado con las pasiones de
la época, sintiendo cóleras y sintiendo amores, con
una frase mueve, con un adjetivo anima, con una
cláusula resucita. Es como el pintor que guarda
en sus pupilas toda la luz del paisaje, y delante
del caballete parece que no con el pincel, sino con
los rayos de sus oj@s, fija los colores en la tela. En
todas partes busca el historiador motivos de pintu·
ra: penetra á la casta sombra de los gineceos, va á
las comidas báquicas de la sociedad romana guia·
do por Ovidio el libertino, corre en pos del pueblo
que aclama al Imperator en su carro de triunfo;
asiste al combate en que Esquilo es poeta, y al tea•
tro en que Esquilo es guerrero: apunta lineas, tra·
za fisonomlas, bosqueja grupos, y Juego, en la soledad de su gabinete, libra con la tela una batalla
de genio.
Como poeta, Justo Sierra es el primero. Su sensibilidad de flexiones, su imaginación simpática un
tanto liesbridada, su estilo lleno de cortes delica·
dos como las curvas de Fidias y de soberbias en·
tonaciones como las estrofas esquilianas, hacen de
él un gran escritor. Tal se manifiesta en su libro.
Retrata á los hombres con su gesto, con su risa:
Anlbal tiene cara de león, Pericles fl't!nte de mármol. Aquellos hombres alentaron, alientan toda·
vía. Los muertos que la humanidad bendice ó exe•
cra, están vivos en la obra.

IV
En suma: •En el historiador se combinan el crl·
tico que comprueba los hechos, el erudito que los
colecciona, el filósofo que los explica; pero todos
los personajes quedan ocultos detrás del poeta que
narra. Le soplan todas sus palabras y no hablan.
La historia no conserva las huellas ni de la~ con·
troversias de la critica, ni de las compilaciones de
la erudición, ni de las abstracciones de la filosofía.
Abstracciones, compilaciones, controversias, deben
fundirse en,una obra de arte al soplo de la imagi•
nación, como en el molde de aquel escultor de Ita·
lia, la plata, el plomo, el cobre, los vasos preciosos,
se fundieron para formar la estatua de un dios.•
(Taine) -Como el artista italiano, Justo Sierra fundió en el molde los materiales: ::10 fué la suya una
obra divina, fué una obra bella.
Sin separarse de la verdad, sin abrir la dorada
reja al idealismo, Justo Sierra en su libro se maní·
fiesta creyente, creyente de la grande especie, co•
mo el impecable Renan. Amor de la vida, savia de
libertad, legitimas aspfraciones, sanos y nobillsi·
mo!I anhelos, todo esto late, como las pulsaciones
de un corazón inmenso, en la obra.. . . . . ¡Es su corazón de filántropo! •Si el progreso se eclipsa en
un mundo, resucitará en otro; creamos en él.&gt; Son
sus últimas pa!abras. Esta creencia es el gran consuelo que deja en el alma la filosofía positiva mo•
derna, tan combatida como fueron combatidos los
Evangelios, por fariseos, y esto es lo que la hace

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REVISTA MODERNA
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REVISTA MODERNA.

acreedora al entusiasta cariño de la generación ac•
tual y lo que la hará digna del sereno respeto de las
generaciones futuras.

No hemos perdido la fe salvadora; •si el progre·
so se eclipsa en un mundo, resucitará en otro:• es·
ta frase del maestro es el Credo de sus discipulos.

POEMAS EN PROSA.

JEsós URUETA.

México, Mayo 2 de 1892.

(Para la •Revista Moderna.,)

¿Escribiría estas lineas en tu álbum? ... Oh, no!
Si me lo hubieras enviado, estamparla en él frases
de banal galanterla, de esas que, como estirados
caballeros en traje de etiqueta, hacen una genuflexión ceremoniosa y se pierden entre la multilud,
sincera pero vulgarmente aduladora; y no quedaría ahi huella de los pensamientos que has hecho
vibrar en mi cerebro ni de los aleteos de mi cora·
zón, que quiere, cuando te veo, romper su cárcel.
Aqui, en cambio, quedará esa huella, aunque in•
comprensible para ti, que no sabes, que quizá no
sabrás nunca que te son dedicadas estas lineas ni
que has inspirado esos pensamientos y provocado
esos aleteos. Porque ha sido uno de los mejores
triunfos de mi voluntad, al estar á. tu lado, el hablarte de cosas indiferentes, cuando dentro dt, mi
sér, como dentro de un templo cuyos rosetones han
sido cubiertos con tupidos velos, para que no se escape ni un fulgor ni un perfume de las luces y de
los inciensos del altar, ni una nota de los himnos
del órgano, se celebraba el sagrado oficio del más
puro de los amores.
Yo sólo sé que estas lineas hablan de ti, y por
eso me son caras; por eso, después de escritas, me
parece que esplenden y que cantan y que perfuman, como esplende, canta y perfuma mi corazón
cuando te acercas á él.
A mi amigo Okada Asataro.

En su rostro ovalado palidece el marfil,
La granada en sus labios dejó púrpura y miel,
Son sus cejas el rasgo de un oblicuo pincel
Y sus ojos dos gotas de opio negro y sutil.

•••
Cual las hojas de nácar de un extraño clavel
Florecieron las uñas de su mano infantil,
Que agitando en las sombras su abanico febril,
Hace arder en su sedas un dorado ron del ....

•••
Arropada en su manto de brocado turquí,
En la taza de jaspe bebe sorbos de tbé
Mientras arde á. sus plantas aromoso benjuí.

•••
Mas irguióse la Venus .... y el encanto se fué! ....
Pues enjuto, en la cárcel de cruel borcegul,
Era un pie de faunesa de la Venus el pié .... !!
Yokohama, 1900.
JOSÉ JUAN

TABLADA,

l;na maiiana .... Estábamos en plena campiña,
en medio de una turba bulliciosa y regocijada. Al
verte llegar, sencillamente vestida con un traje claro de muselina, te babia apenas saludado, alejándome después precipitadamente, temeroso de que
mi turbación traicionara mi secreto. Pero de lejos
te miraba á. veces, cuando nadie podfa advertirlo.
Un fresno añoso inclinaba hacia ti sus frondosas
ramas y sobre el azul del cielo se destacaba tu perfil de diosa griega. Tu cabellera, que reflejaba los
rayos del sol, cubda tu cabeza como un casco, y
bajo de él la corrección de tus facciones evocaba
el recuerdo de Palas; de Palas la virgen armipo·
tente é impoluta, diosa de la sabiduría y de la fuer·
za. :Me senti creyente, creyente de una religión ex•
tinta: de aquella que deificó las fuerzas de la naturaleza y pobló los bosques de hamadriadas y los
mares de n ereidas; sentl que el credo helénico, á
través de los siglos, por sobre la cruz, inundaba mi
1llma.
Gna tarde .... Encima de las montañas que limi·
1001.

....

tau el mar, habla el crepúsculo construido y esta•
ba derribando, entre fulgores de fragua y á mar·
tillazos de nubes, un edificio enorme, que parecla:
primero un templo, después un circo. Sobre ese te·
Ión de fondo te miré, con un traje obscuro de seve·
ro corte, que realzaba la esbeltez de tu talle y la
frágil delicadeza de tu busto. Una brisa ligerísima
acariciaba y hacia volar, formando aureola, las
guedejas de tu cabellera. T11 cabeza se levantaba
cuando escudriñabas el poniente ó se inclinaba
cuando profundizabas el océano con la mirada,
que era inmensamente dulce ú hondamente tierna.
l\Ie pareciste una mártir cristiana arrojada á las fie·
ras: una nube negruzca antojóseme un tigre que
se apercibía á hincarte sus garras, y una pincela·
da luminosa que brillaba sobre el gris acerado del
cenit, una paloma que bajaba del cielo para pre•
miar t11 martil'io. l\Ie sentí creyente, creyente de
una religión olvidada; de esa que deifica las virtu•
des y los sacrificios y pobló los conventos de páli·
dos monjes y el cielo de radiosos ángeles; sen ti
que el credo católico, á. través de los años, por sobre la incredulidad de la orgnllosa ciencia, inun·
daba mi alma.
Porque en mi despiertas el culto de la forma y el
de la idea, de la impasible Belleza plástica y de la
conmovedora Virtud cristiana.
Por ti quemarla la mirra de mi adoración sobre
el ara de Afrodita, ó comulgaria con la hostia san·
ta en el altar del Crucificado.
Condensas para mi todas las creencias, las que
matan y las que vivifican, las q11e hunden en las
sombras del pasado y las que elevan el alma en
asunción hacia los esplendores del porvenir.
Resumes la historia de mi vida á. tal grado, que
me parece que tu amor no &amp;ólo va á llegar hasta el
instante de mi muerte, sino que, por misteriosa é
inexplicable absorción retrospectiva, aboliendo
aílos transcurridos, destruyendo amores pasados,
se ha apoderado del instante de mi nacimiento.
Eres el alfa y la omega de mi carne y de mi es·
píritu.

•••
Pero yo sólo sé que estas lineas hablan de ti, y
por eso me son caras; por eso, después de escritas,
me parece que esplenden y que cantan y que per·
f11man, como esplende, canta y perfuma mi cora·
zón que, cuando te acercas á. él, aletea para rom·
per su cárcel.
l\IANUBIL PUGA Y ACAL .

�96

REVISTA MODERNA.

NUPCIAL.

.MÉXICO,

ARo lV

QUINCENA DE :FEBRERO DE

1901

REVISTA MODERNA
ARTE

I
Como una flor rosada, la novia, bajó el diáfano
Cendal que al pelo rubio sujeta la corona,
Frente al altar solemne y entre el incienso mlstico
A las delicias intimas de un sueño se abandona,
Y al novio que la mira, no puede sonrelr.

2'\

OlREC TOH: ,JESUS F,. YALENZUELA,

Y

CIENCIA.
.J FFE DE HEJ)ACC'IO:--: J l.·.Sl '8 lJRUETA.

Y la esperanza
De besos puros,
Que á los futuros
Dlas la avanza,
Y la hace huir
A las fantástica
Horas cercanas,
Vibra en las músicas
De las campanas!
Entre las copas frágiles espira la cbampaila,
En la enervante atmósfera flota un olor de fiesta,
El vals ondula y bulle, y agitanso las últimas
Parejas á los sones lejanos de la orquesta¡
El nupcial cortl'jo se aleja y va á partir!
Y la importuna
MelancoUa
Del muerto dla
Que hace la luna
Lenta, surgh·
Del cielo pálido
Por los confines,
Yibra en las músicas
De los violines!

II
MIO NIGHT DREA:MB.
Anoche, estando solo y ya medio dormido,
Mis sueños de otras épocas se me han aparecido¡
Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrlas
Y de felicidades que nunca ban sido rolas,
Se fueron acercando eu lentas procesiones
Y de la alcoba obscura poblaron los rincones.
Hubo un silencio grave en todo el aposento
Y en el reloj el péndulo detúvose al momento.
La fragancia indecisa de un olor olvidado,
Llegó como un fastasma y me habló del pasado.
Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde,
Y o! voces oldas ya no recuerdo dónde.

. . .. . . . . . . .. .. .. .. . . .. . . .. .. . . .. . . .. ... . .. . . .. ..
Los sueños se acercaron y me vieron dormido,
Se fueron alejando sin hacerme ruido
Y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra,
Y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra!
JOSÉ

)U~cAnA OF.: SÁTIRO. - :'III GUEL ANOEl,.-FLORE:SC!A.

ASUNCIÓN SILVA, el Precursor.
¡.

Ti¡&gt;. tlt J&gt;11Ll1í11.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 3, Febrero Primera quincena</text>
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                <text>Valenzuela, Jesús E., 1856-1911, Director, Fundador</text>
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                <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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                    <text>ARo IV
24

MÉXICO,

211

QUINCENA DE ENERO DE

1901

NúM,

2

REVISTA M1JDERNA

de la historia los mártires descalzos, los caballeros andantt:s y los profotas videntes; sintetiza
en bellezas los aromas, las músicas y las luces del universo, y cruzan por la humana fauta•
sla la divina Dulcinea con su esperanza y la eucarística Ofolia con su locura! ....

REVISTA MODERNA

,

ARTE Y
PlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA,

CIEN-CIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dublán.

CERYANTES.

Siento palpitar la tragedia!

SHAKESPEARE.
SI, es la tragedia de nuestro(dos espíritus que se han:encontrado y van á chocar sus fa~
langes armadas de rayos!

TELON.

..

\

' 'l\foISÉS11 Dl'.l l\lIGUEL ANGEL.-ROMA.

�26

REVISTA MODERNA

REVISTA MODERNA.

27

EL HIMNO DEL ULTRAJE.

En estos momentos, Parls vive en el Odio.
Las palabras de concordia, las santas voluntades las aspiraciones al bien, la ciencia, la moral,
la ~oesía, el espíritu, todo, todo se dobla bajo las
ráfagas formidables de una tormenta ~emoni~~ª·
La gran ciudad está poseída por la fiebre v1s10naria.
El Gobierno tiene miedo, mucho miedo, Y se hace
criminal.
La Iglesia, hipócrita y rufiana, atiza ~encores,
entrechoca intereses, cava sepulturas, sonando un
instante en la: restauración de su tiranía.
El Ejército, asesino latente, sintiendo palpit~r en
su seno el alma de Napoleón, el asesino glor10so,
cree que el Rey se despertará, vengador, del sueño que duerme bajo el domo de oro de los Inválidos.
La Prensa gigantesca, con sus millares de ojos
ardientes, con sus millares de lenguas caldeada~,
oraculiza fatídicamente sobre su trlpode, como Pitonisa demente.
y la gran ciudad poseída por la fiebre visionaria,
lanza á lo largo de sus avenidas y á lo alto de sus
torres, un grito histérico, robusto, e~orme, brutal,
mientras pasan bajo el Arco de Tnunfo, ª?vueltas por las épicas clámides del sol, con la vida es•
pectral de las evocaciones, las legiones de muertos
de la historia! ....
Detrás de los legionarios viene un tropel de perras flacas, bravas, hambrientas, el tropel de las
Envidias, aullando, mordiendo, devorando honras,
vorazmente, vorazmente ... .
Cada vez más sonoro, sonoro hasta vibrar en to•
do el mundo, aquel grito es un himno, es el Himno
del Ultraje,

Es el alma humana el instrumento más perfecto
de la l\lúsica. Los mares rientemente melodiosos ó

turbulentamente sinfóuicos, los cielos con sus ~ulgurantes harmonlas piadosas, ó con s~s. tra~e.d1as
de astros devorados, no alcanzan el d1v100 hnsmo
del alma que arna y del alma. que odia.

Un dla. un Poeta arrojó una. palabra. de justicia
á su pueblo. El pueblo se embraveció, tormentoso.
Pueblo pasional, era grande amando_ y fué grande
odiando. y de su odio brotó el ultraJe,

•*•
Los sarcasmos mordían a 1 P oeta, 1as 1'nJ'urias le
abofeteaban, las calumnias iban hasta el ~ondo de
su corazón á desenterrar sagradas memorias para
profanarlas, á su sed le daban hiel, á su virtud es
pinas, á su dolor latigazos, á su cuerpo cruz, á ~u
alma anatema .... El seguía, en medio del olea.Je,
alumbrando con las iradiaciones de su frente!

PRADERAS DE OTOÑO.

Llora el Otoño que se va! Llora sobre las auroras opacas que se levantan bostezando en lechos

Fué llevado ante la Justicia, Alli dijo que su obra
era buena, de paz, de amor, de poesía, Sancho Panza ¡0 condenó. El pueblo aplaudió á Sancho Panza.

El Hinmo del Ultraje crecla, crecía, crecla., • • •
tocaba los limites de lo humano, entraba al espacio puro de lo divino .. , . . alli era un Himno de
Amor!

y yo pienso que no hay una gloria más grande
que la de ser odiado tanto, puesto que el odio, ¡oh
Zola! no es otra cosa que la cólera del amor.
Paris, 1898.

de frios plumones, en alcobas de muselinas densas;
llora sobre los helados mediodías que pasan, todos
bruma, con un sol eeca.rlata enmedio, como polares osos blancos de jadeante lengua roja .... ; llora
en los largos crepúsculos que ahondan el tedio y
magnifican la. melancolla y en cuyo albor indeciso
palidece un cadáver: el Sol, y albea un fantasma:
la Luna .. ..

Dónde están mis tardes mexicanas, de largas nubes sombrías y vivos ampos dorados, áureas y negras como la piel de una tigresa .... ? Llora el Otoño inconsolablemente .... ! Los vidrios de mi ventana. están llenos de lágrimas, y en estos instantes
en que la nostalgia se obstina en besarme como
una odiosa querida, el primer huracán del Invierno golpea brutalmente la vidriera dolorosa con el
bofewn de un rufián sobre una mejilla inconsolable ....

JESÚS URUETA.

Llega este Invierno sonando una glacial •tocata•
en su clarín de hielo. Lo preceden sombríos heraldos de negras armaduras crujientes, de grandes
airones tempestuosos .... En el yerto campo debatalla se arremolinarán las ventiscas y se desplomarán los a.ludes .... ; hay legionarios que despedazan
los témpanos para hacer hachas; toda una falange
aguza lanzas y dardos de hielo,.,, Y en brutal de ·
safio, en provocación insolente, choca el Invierno
su álgida rodela con el broquel del sol, sonoro y
áureo!. ... Los rayos del sol se tienden lacios como
aljabas de oro lanzadas por brazos pusilánimes ...

Ya no tiene el So! áureos paladines que llenen de
púrpura el estadio, sino efebos c~bardes que tien·
den flavas antorchas nupciales cuando el Invierno,
para preñarla de huracanes, busca en su tálamo á
Nivosa .... Pero aún el Otoño vive, y antes de que
el Invierno triunfe celebrará luminosos festivales
el Otoño, triste y glorioso como un César decaden·
te, sabio en sus magnificencias, pródigo en sus
pompas, agonizando entre flores que se deshojan,
entre perfumes que arden, entre hetairas que can•
tan, dejándose morir suntuosamente como un Em·
perador Bizantino!

Entre los dias álgidos y pluviosos del Invierno
qué avanza, hay en el Japón luminosas maña.nas y
tardes magnificas. Los jardines, antes de dej arse
besar por la nieve, hacen alarde de un brillo inau•
dito, y en praderas y bosques, donde los bambúes
echan á volar sus últimos plumones de esmeralda,
donde los cedros resisten austeros como ascetas y
vigorosos como guerreros, brilla el •momiji,• con
su milagrosa. policromía! El •momiji• es el arce
nuestro, el «era.ble• de Francia, el •maple• de la
corona británica, el •Acer polymorphum,&gt; en fin,
de los botánicos .... Con las otoñales crisantemas,
con la primaveral flor del cerezo forma la regia tri logia en el poema floral del Japón ....
Como los griegos las •Antesteria.s,, como los latinos sus •Floralias,• como la peca.dora Niza con•
temporánea los floridos combates, el Japón ce'ebra

•

�28

las fiestas de sus jardines. La vida social de este
pueblo refinado está regada de flores, está regida
por un ceremonial y uua etiqueta donde las flores
enardecen sus tintas y exhalan sus aromas. Ellas
intervienen en los nacimientos, en las cfian~ailles•
y en las nupcias; acompañan al asceta que se despide de la vida y al paladln que va á encontrar á
la muerte; hay flores para la cabecera del enfermo
y para las canas del anciano; otras riman el ritual
de los sagrarios ó recelan en su corola una muda
plegaria para implorar de las divinidades agrlcolas la lluvia y el buen tiempo; hay flores que sólo
deben ser contempladas al fulgor de la luna, otras
para las fiestas de thé, para los cinco festivales ó
para la ceremonia del incienso y peonias ó camelias, lotos ó iri!i, crisantemas ó claveles, tienen sus
funciones, sus atributos y sus virtualidades ..... .
Un daimio ó una musmé, un samurai ó un bonzo,
poseen su biografla escrita con flores y todos los
actos de su vida, placenteros ó adversos, tiernos ó
ingratos, se sintetizan en unas cuantas flores que
duermen marchitas, siendo la historia de una vida,
en el seno de un cofre de laca.

El cmomiji• esplende bajo los fulgores dorados
del sol de Otoño y las flores de ese árbol único con
sus hojas, sus ramos polimorfos y policromos. Cuando llegando á Oji, el mágico suburbio de Tokio,
contemplais el primer •momiji,• en vuestra admiración surge una duda y vuestras ideas se resisten
á admitir la verdad del prodigio! Tenéis enfrente
un árbol casi arbusto cuyos brazos brunos y caprichosos soportan un follaje milagroso! Aquel árbol
es de un paisaje de las cl\Iil y una Noches• ó surgió de la paleta del Veronés hecha semilla? Es en
realidad, un árbol ó bien una orfebrería, un capricho de los mosaicistas nipones? Las hojas de aquel
arbusto son de un color rojizo-azafranado al primer golpe de vista; pero acercaos y mientras una
ráfaga otoñal sacude sus frondas, ved cómo las bojas cintilan con lumbres doradas, con verdes fosforescencias, con brillos de topacios y granates, con
flamas de fogata, chispas de ascua, brillos de san.
gre en coágulos, rubores de coral y llamas de fuego fatuo!. . . . Tomad una hoja, quizás es amarilla,
surcada por vénulas de carmln, ó color de oro viejo oxidado de escarlata, ó blanca y franjeada de
esmeralda, ó toda de carmln y ocelada con máculas de nieve .... El Sol de Otoño declina; en la casa de thé, frente al bosque de •momijis• hay una
parvada de cmusmés• no del todo honradas, que
beben •Saké,• el licor nacional, en dedales de porcelana. Una turba de estudiantes de grises kimonos y latina alegria aplaude la danza ondulante de
una cgueisha• cuyo rostro es la máscara de un Pierrot y cuya breve boca es un húmedo grano de coral ....
La bailarina ejecuta el paso de baile en que su
cinturón de brocado se desata y en que su hermosura se entrega á los besos de los mil íncubos que
revolotean en torno suyo .... Va á caer el cinturón,
la hermosa va A entregarse; los laudes suspiran
amorosos y femeninos y de las cuerdas de los ne-

29

REVISTA MODER ·A.

REVISTA MODERl'\A.
gros salterios parece que surge un tropel de sátiros
jadeantes .... Las miradas se encuentran y desfallecen .... ; los labios avanzan hacia las bocas ....
y en aquel crepúsculo inolvidable se desembozó el
Sol, surgiendo de repente entre una nube obscur&amp;
y cayó sobre los •momijis• en glorioso torrente de
lumbre .... Y aquellos árboles policromos y polimorfos temblaron bajo las últimas caricias de la
tarde, se incendiaron como un fuego de artificio Y
lanzaron su alma al cielo, chispeando, rutilando,
centelleando, como la erupción de un joyero oriental, arrojando á puñados, con sus brazos negros,
rubles y topacios al Sol y glaucas obsidianas y turbias ágatas y perlaa tornasoles y negros diamantes
á la Noche que atropellando el crepúsculo, los envolvió por fin en su tiniebla infinita!. ...
Yokohama, J!JOO.

BUCOLICA.
Pasó el verano japonés de siestas soporosas y
desesperantes bochornos .. .. Las musmés han plegado sus abanicos y cerrado sus sombrillas de pinturas desvanecidas, como decoradas al pastel, ó
pintarrajeadas con la violenta policromía de los
mosaicos .... Breves abanicos y grandes parasoles
yacen ahora en el fondo de los baúles de alcanfor
y sándalo, junto á los brillantes ,Kimonos• que
preserva de la destrucción la momia de una cantárida ("'J .... Al fin se ha nublado aquel Sol implacable cuyo enrojecido yugo dobló á los animales
jadeantes; á las flores que, bajo brutales ósculoi.
de fuego, perdlan sus aromas como una virginidad;
á los árboles que sudaban savia; [i las aguas que
cambiando la alegria de sus cristales por turbios
vahos, se arropaban dolorosamente en la bruma,
desvanecidas por aquella lumbre que llevó su tórrido estupro hasta el seno de los claros manantiales ....
Cuando las Náyades y las Ninfas de las fuentl'B
se sumerglan en lo más hondo de los estanques, huyendo la brutal embestida del Sol lujurioso; cuando al cruzar los aires encendidos, caian sofocada&amp;
las palomas tornasoles .... entonces, sobre los pinos de negras cortezas que lloraban ámbar liquido, en medio de las flores violadas, entre los blancos lirios salpicados por la sangre del hymen bestial, habla un sér único, feliz y jubiloso ....

Era la cigarra aquel sér! Su júbilo era una locura, su dicha una histeria, su felicidad un paroxis¡•¡ Las japonesas creen que "la mujer que posea una cantárida, tendrá siempre hermosos trajes, .. y cuidan siempre de depositar en el fondo de sus armarios el cuerpo de uno de esos
coleópteros .... Esta creencia puede explicarse de dos modos:
las propiedades cáusticas del brillante insecto, ahuyentando á
la polilla mantienen en perfecto estado el guardarropa 6 bien
hay que admitir un sentido perverso y recordar las virtudes
eróticas de la cantárida, que en la Edad Media, incorporada en
los filtros, determinaba los "embovedamientos de amor? .. E l
carácter japonés, ingenuo 11. la vez que refinado, hace inminente
esta duda.-J. J. T.

mol .... El repiqueteo de su cascabel agrio saludaba el albor de las madrugadas serenas; el rechinido de su violln estridente señalaba los medios dlas
y bebiendo gotas de Sol se iba. la cigarra embriagando, hasta que congestionada por la lumbre y
por la luz, borracha de fulgores y destellos, llenaba las siestas abrumadoras con la musical locura
de sus chirridos, inflando su grito de duende hasta
convertirlo en alarido, rompiendo con redobles
inauditos los pequeños tambores de sus élitros, basta que por fin en aquella orgla de sonidos, en aquel
sabbat vibrante alcanzando su máximun, atronaba
los aires un estallido ensordecedor .... Las mil facetas de vidrio caían quizás hechas astillas? reventaban los crótalos y las panderetas? Las sonajas y
los sistros, como racimos estrujados, desgranaban
sus cascabeles? .... Nada de eso! A poco el estridor volvla, el canto se obstinaba y después de los
clamores meridianos y de los alaridos de la siesta,
la cigarra encontraba el modo de profanar, en selvas y jardines, el casto silencio de las noches de
luna!

Ese cauto acompañó mis dlas de más acerba nostalgia ..... Soñando con mi amada cuya imagen
destellaba en mi memoria. como una custodia en
una capilla desierta, me internllba en el misterio
de las selvas profundas, buscando un silencio digno de la doliente majestad de mi amor, anhelando
una intensa penumbra sobre la cual pudieran irradiar todas las claridades de la querida imagen
evocada! Llegaba hasta el seno de los boscajes
donde tienen sus templetes los dioses rústicos; el
césped estaba tibio como si acabara de servir de lecho á las hamadryadas desnudas y bajo la sombra
húmeda se ahondaban al ras de la grama, diáfa-

nas cisternas, en cuyo fondo habla inmóviles car-

pas y murenas dormidas ....
Pero en aquellos dias encendidos, en aquellas
mañanas incandescentes, en aquellos sofocantes
crepúsculos cuyos soles chirriaban al hundirse en
las negras aguas de la noche, mi pupila hastiada
de luz no pudo encontrar una penumbra, y mi oido exasperado por obsesoras vibraciones no pudo
descansar en el silencio ....
La cigarra agria, estridente, convulsiva, profanó
esos silencios absolutos que el alma del poeta llena
de suaves eufonías, de murmullos amantes y de
apasionados suspiros! .... La aterciopelada voz de
mi adorada, la inflexión doliente de sus quejas, el
susurro de sus confidencias, la airada vibración de
sus reproches, la sofocada angustia de sus sollozos
y la alegria infinita ,le sus risas, todo ese tesoro de
melodlas, de arpegios y de trémolos que el silencio
y el amor hubieran evocado eficazmente, se perdieron entre la odiosa vibración infinita de los insectos estivales! ....

•
••
lloy que sopla el viento de Oto ño, caen de las altas frondas, con las hojas amarillas, los enjutos despojos de las cigarras muertas, y las veredas y los
senderos se cubren de hojas mustias y de breves
cadáveres .... Hoy el silencio autumnal es propicio á las amantes evocaciones, y la voz querida encanta mi oldo con hondos arpegios y suspiros de
harmónica.
Y si el aura vesperal hace crepitar la hojarasca,
me halaga la ilusión de que mi amada marcha vengadora, haciendo crujir dolorosos, bajo sus pisadas
leves, los muertos élitros cuya música agreste fué
ayer adversa á los ritos de nuestro amor ... !
Honmoku. Japón, 1900.
Josil Je.1.N TABLADA.

No morirá tu rápida sonrisa
sin que yo la recoja entre mis labios;
es, bañada de olor, soplo de brisa
que el cardo conmovió de mis agravios.

¿Cómo te emocioné?. . . . Con una etitrofa
que nunca olste en tu triunfante marcha,
y era de crueldad, era una mofa
envuelta en los cristales de la escarcha.

Diosa impuible en vano con mis ruegos
ay! puse un ormesl bajo tu planta,
tus ojos todos luz estaban ciegos
y muda á mi reclamo tu garganta.

La heriJa fué de amor .... ó de despecho,
pero á mi te volviste sonriente,
apretando las manos contra, el pecho,
cubierta al punto de rubor la frente.

No era tu desdén; tu indiferencia
lo que en mitad del corazón me heria:
mi presencia A tus ojos era ausencia,
y mis versos sin luz, ni poesla.

Oh secretos sin fondo del cariño!
Oh misterios eternos y sin nombre!
Casi, momentos antes, era un niño;
en el instante aquel, era yo un hombre.
JEsús E. VALENZUELA.

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REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

31

FLOR Y FRUTO.

,

La parda sombra de gallardo pino,
El agua amena, !impida y sonora
No tornarás á ver, ni el alba aurora,
Ni la nube, el zafü•, ni el sol divino.
Entre el ramaje de olmo peregrino
Tu volar suspendió liga traidora
Y de esclava el dogal, en negra hora
Te puso al cuello tu infeliz destino.
Y la selva al dejar y aura natía
Tan vivo fué el dolor, tu pena tanta
Que apagó para ti su luz el día.
Si encadena la suerte aquí mi planta
Y si tu patria ¡ay misero! es la mia,
Ven, llégate, avecita . . .. ¡llora, canta!
CLEARCO

MEONIO. (• )

1900.
(") Bajo este pseudónimo, que es su nombr; entre lo~ Arcad~s,
escribe el insigne poeta limo. Sr. D. J oaqum Arcadio Pagaza,
Obispo de Veracruz, á quien la " Revista Modern'.'-" agradece
debidamente la honra que le ha dispensado al enviarle par:t su
publicación este bellísimo soneto.

..

Viola tenia los cabellos blondos, tan rubios como hizo corresponder de ella, que estaba orgullosa de
las espigas de estío, y tan caudalosos que un paje ver rendido á sus pies al galán más famoso entre
bien hubiera podido llevarlos como la cauda de su la garzonia turbulenta; las citas á media noche fuereina.
ron concedidas pronto; las frases quemaderas de
Viola tenla, además, la pequeña boca siempre en- Rogerio abrasaron el corazón apasionado de Viola,
treabierta por una sonrisa; sonreía siempre, son- sus nervios vibrátiles se espasmodiaron en los dulreía sin saber por qué la extrema sensibilidad de sus cisimos coloquios y concluyeron por rendirse á la
nervios cubiertos por una tez blanquísima y sede- soberana voluntad del venc~dor; y una noche en
ña, salia á flor de su boca en una perenne sonrisa que él desplegó todo el prestigio de su palabra
seduciente. Pasó, pequeña y graciosa, abanicando arrolladora, la niña, rendida, le dijo en un suspiro:
con sus blondas la :nesita en que nosotros bebíamos -•¡Ltévame!•-'-y él no"tuvo más trabajo que alzarla
un espumoso bock de cerveza, esparciendo la fres- en sus brazos codiciosos para que salvara las mecura de su sonrisa en la tarde calenturienta de dias rejas de su balcón bajo, y raptarla, semidesAbril .. ..
nuda y palpitante, para hacerla suya.
-¡Qué primor!-dije yo.
El idilio duró breves meses. El seductor, prote- Semeja la encarnación de la alegria, y tiene gido por la. orfandad de Viola, pudo ostentarla en
una historia bien triste,- dijo mi amigo, y prosi. triunfo por la ciudad, más bella que antes de ser
guió:
raptada, florida y joyante, caitla en sus brazos ,coA Viola, que adolescente era un botoncito de ro- mo abejaruco seducido por fascinadora serpiente;
sa, le impresionaban los amorfos románticos de los pero cuando Viola, en su inocencia sorprendida,
pollos más guapos. En las noches de luna, placlale comprendió que su pureza habíase deshojado; cuanflanear con sus amigas por los senderos floridos de do, atada á su amor fatal, vió desaparecer la plélos jardines solitarios, y allá iba t ras ella, tras ella yade de sus amigos y el cortejo de sus amadores,
solamente, una nube de jovencitos blasonados con alejados unos por el estigma social de Viola y otros
los nombres más aristocráticos, á cortejará la pri- por miedo á Rogel'Ío, la dulce niña comenzó á enmorosa Viola que sonreía, sonreía siempre en su tristecer y á marchitarse. Su gracia deleitosa, la
inconsciente promesa de felicidad. Por ella hubo sonrisa, desapareció con su pureza y su alegria, y
desafíos de futuros caballeros, lides de amor por cuando el amante la vió pensativa y desconocida
su sonrisa, navajas abiertas por atavismos macare- en su taciturnidad, pronto se hastió de ella. Las
nos en callejuelas desiertas á donde los pequeños macabeas y el bar lo atrajeron de nuevo; las copas
Don Juanes iban á disputarse á Viola.
desdeñadas por el ardor de la conquista femenina
Su fama de cautivadora esparcióse por la ciudad; llenaron el vacío de su desencanto; pero encontrólas muchachas casaderas la miraban con envidia se súbitamente repudiado por las bellas á quienes
disfrazada de curiosidad; los garzones conquis- saludaba en la calle y friamente acogido por sus
tadores inscribiéronse en la corte de amor del he- amigos: solamente sus camaradas de taberna le
chicero botón de rosa que en breve tiempo, mila- acogieron alegremente pidiéndole noticias intimas
grosamente, se había abierto en magnifica flor de de Viola, con curiosidades de libertinos que olfajuventud, aunque sin dar aún su olor, como el nar- tean un nuevo placer.
do de Sulamita. Y esa flor, abatida por mariposas
Rogerio no era tan depravado que no repugnasedientas, por abejas insaciables, debía ser tron- ra tales preguntas; alejóse también de los antiguos
chada en breve. Una mañana en que pasaba la camaradas que pisoteaban una pureza que solapreciosa por una de las avenidas brillantes, en el mente él habla tenido derecho á hollar, y enconardor del medio día, ataviada y seductora en su trándose súbitamente desencantado, joven, rico, lisonrisa turbadora, al pasar frente á un bar elegan- bre, un día desapareció dejando á Viola bajo un
te, una cortina de seda se alzó con presteza y dos sobre un rollo de billetes. La dulce niña se vió enojos ávidos devoraron á la niña, que acariciada por tonces abandonada y sGla, á la merced de una ronellos, rub11rizóse y sonrió ....
da de codiciosos de su belleza y juventud; pero es-En verdad es guapa!~ dijo Rogerio Aldaz á ta vez no era la garzonia florida de los aristócratas
dos camaradas con quienes libaba alegremente,imberbes, sino una ronda fatídica de banqueros,
y juro por la infancia de Baco que la gozaré como viejos sátiros, libertinos, matronas que la asediagozo esta copa!
ban, la acosaban sin descanso. Pintábanle con aboY vació su bitter de un trago.
rrecible hipocresía su desamparo, su irremediable
Desde entonces el irresistible calavera asedió á miseria, su falta de sostén; unos cínicamente declaViola sin misericordia: más audaz y más práctico rábanle su amor y su deseo; otros cobardemente
que los amadores platónicos de la linda rubia, se franquéaban su puerta en nombre de antiguas

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

3t

amistades de sus hijas ó de sus hermanos con Viola; pero ella se mostró inflexible, incorruptible, inexpugnable.
El amor hablala abierto los ojos á las traiciones
de la vida; comprendió la fatalidad de su calda
cuando la sonrisa desapareció de su boca; lloró la
ausencia de Rogerio y su cobarde abandono con
lágrimas amargas; pero la alivió nn celestial consuelo al sentir en sus entrañas la renovación de su
vida. Desde entonces prometióse, arrepentida y
fuerte, no descender-en·la pendiente, ser toda para su bijo, ofrecer á la adolescencia del niño la
honradez de su vida pura, para que él al comprender la vida no se sonrojara de ser hijo del amor.
Pero en su ignorancia de las necesidades y las miserias no pensó que el dinero se agotarla, y encastillada en su casa fué 1:onsumiendo uno á uno los
billetes que constitulan su efímera fortuna. Una
mañana vió con terror que cambiaba su último billete y que desaparecía rápidamente. Llegó el pri·
mer día en que faltó el dinero y su criada .le aconsejó vender una lámpara; poco á poco fué vendiendo todo lo que poseía, y al aproximarse por momentos su alumbramiento, no le quedaba más que
.un colchón para recibir á su hijo, pues habla ven·dido su lecho para afrontar los gastos del parto.
La criatura nació, linda como un querubín, un ni.ño, y la pobre y feliz Viola, apenas se puso en pie,
lo llevó al Orfanatorio, á que se lo cuidaran mien,tras ella trabajaba en un taller para ganarse la
,vida.
Habían pasado más de dos años cuando el bri~lante calavera Rogerio Aldaz volvía de un viaje
por Europa, donde babia bebido y gozado á sus

anchas, donde habla saboreado todos los placeres
con la avidez con que un día vaciara una copa de
bitter. Volvia con un joven gentilhombre español
á. quien le mostraba su ciudad con el orgullo de
mostrar la única ciudad mexicana de abolengo
ilustrlsimo; y una tarde en que con su tarjeta se
habla hecho abrir las puertas del Orfanatorio, enseñaba á su amigo los diversos departamentos cuando se detuvo de pronto ante una aparición que lo
dejó arrobado y petrificado:
Una rubia primorosa, humildemente vestida, daba el pecho á. un pequeñito bambino, y la púrpura
del pezoncito del casto y culminante pecho era tan
viva como la boquita que se contraía en ávida succión. La joven contemplaba al niño que la sonreía,
y Viola sonreía también, con su antigua risa infantil y cautivadora. En un instante Rogel'io evocó el
paisaje de su felicidad de amor, la sonrisa que lo
habla cautivado y enardecido y que ahora le des•
pertaba una emoción intensa y desconocida, pro_funda y dulcisima, ante aquel niño que era su vivo retrato, el retrato de Rogerio niño en uno de
los cuadros de la galerla señorial de su familia.
Alzó Viola los ojos sonriendo siempre, y al reconocer á Rogerio lanzó un grito; cubrióse el pecho
súbitamente y púsose encendida como la grana,
mientras Rogerio, flaqueante y dichoso, arrepentido y venturoso ante la flor y el fruto de su vida,
decía lacrimoso estrechando á la madre y al niño
contra su corazón:
-Marqués, esta es mi Viola muy amada y este es
mi hijo, y os pido con toda mi alma que apadrintlis
mi boda!
RuBÉN M. CAMPOS.

FAUNALIA.
A Ciro B. Ceballos.

Lloró la Danza en el tecla.do,
Del camarín flordelisado,
Como un suspiro sofocado
Sonó un arrullo de palomas.

Sangraban labios de granate,
Tentaba11 bocas hechiceras,
Y las lÜjurias, su acicate
Encarnizaban en el mate
De las olimpicas caderas.

Atormentaban los turgentes
Senos el lino de las batas,
Y en las alfombras insolentes
Se deslizaban indolentes
Las zapatillas escarlatas.

Bregaba el pecho sofocado
Por el fulgor y los aromas
Del camarín flordelisado,
Y suspiraba en el teclado
Una parvada de palomas.

Desparramaban sus reflejos,
Ojos, turquesas y diamantes,
Y retrataban los espejos
Los azabaches y oros viejos
De los toisones lujuriantes.

Las crespas barbas en horquilla
.Acariciaban la caduca
Coloración de la mejilla,
O deslizaban su cosquilla
Por el armiño de la nuca.

Kipris brindaba su ambrosla,
Baco sus uvas y sus lauros,
Y en el desorden de la orgla
El baile lúbrico segu[a
Como un galope de centauros.

Y en los espejos biselados
De aguas glaciales y serenas,
Se destacaban reflejados
Broncos tritones irritados
Ciñendo grupas de sirenas.

Y entre la luz y los aromas

EFRb REBOLLEDO.

MUSA DE AJENJO.
Tus ojos de ftllpa oscura
tienen extrañas virtudes
que provocan la locura.
Con su fijeza inquietante,
parecen dos ataúdes
que acechan almas de amante.
¡Cuán tristes son tus amoreb!
El lecho en que hemos soñado
fué un cementerio con flores,
y el surco de mi quimera
parece un crespón atado
~n la curva de tu ojera.
Mudos los dos en la sombra
del diván, con miedos vanos
soñamos que alguien nos nombra.
Y en la bruma de las dudas
vemos que pasan gusanos
sobre las carnes desnudas.
No se lo que eres. Tu boca
es un secreto sin dueño,
y hay en tus besos de loca
un vago mar de ambrosía
donde navega un ensueño
como un bajel, hacia el día.
Pero tus ojos de estanque
donde flotan cuerpos muertos,
detienen el noble arranque
y dan al alma angustiada
una impresión de desiertos
por donde marcha la nada.
Cuando la noche ha llegado
y la ciudad se ilumina,
consuelas al que ha llorado:
tu sexo, es un vaso lleno;
tu amor, es una neblina,
y tu espasmo, es un veneno.
Eres diosa y cortesana.
Hoy criminal, tu persona
puede ser santa mañana.
Y es justo que estés serena,
porque, si hay Dios, te perdona,
lo mismo que á Magdalena.
MANUEL

Par!s, 1900.

UGARTE.

(Colaborador Argentino).

33

�34

REVISTA MODERNA.

35

REVISTA MODERN' A.

UN REFRACTARIO.
A J érome Doucet.

Del zanjón de Waterloo donde se desangraba,
acomodado sobre un codo, Pitois miró la llanura.
Estaba roja de soldados muertos. Entonces el rigodón de la Guardia hipó en su memoria: c¿En dónde puede uno estar mejor que en el seno de su familia?• ..... .
-«Es verdad-dijo Pitois-y me voy á buscar el
camino de la muerte para volver á encontrar á los
antepasados.•
Con firme puño desenvainó su sable, é iba á hundirselo en el corazón, cuando advirtió, acostadas
cerca de su saco, las tristes orejas de un vecino, de
un camarada herido que le miraba resoplando. Era
su viejo caballo Bautzen. Entonces, sintiendo que
dejaba á alguno en la vida, el dragón se levantó,
arrojó su sable, y como hundiese la mirada, indeciso, en los años que tenla que vivir todavía,
distinguió á lo lejos pequeñas cosas, que lo llamaban ..... .
Era un sueño de campiña de los días posibles, un
rincón en las flores y en los recuerdos. Hizo levantar á su caballo y partió.
Después de los Adioses, rico de una renta de quinientos francos que le producían once campañas y
ocho heridas, vino á establecerse en Beaume-JaRoche, en Bourgogne, y llevaba con él, además de
una bala de Blücher que rodaba siempre en su
vientre, un reuma de Borizow-y su camarada
Bautzen.
Era un caballo de dieciocho años, peludo, con los
dientes salidos y las clavículas huecas. Tenia las
pestañas blancas, un poco de roña en la nariz, el
hueso de su quijada cortaba como una navaja de
barba. De gris sangulneo que era en Essling, se
había vuelto tordillo en Waterloo-de pesar tal
vez-en seguida blanco y después amarillo. Y ahora, un poco embrutecido, sin aliento y sin haba, la
cabeza baja, parecla no saber ya qué color tomar.
El burgo que habitaba, en lo alto, en un pequeño pedazo de azul, entre una iglesia de cuatro escudos y dos setos de higueras, contaba diez pequeñas fogatas y treinta buenas almas. F.I soldado se
habla hecho alli un jardln, é inmediatamente, curiosas, apresurándose á ver al veterano, se hablan
presentado bellas damas imperiales, rosas de la
Malmaison.
Pero ¿qué hacer de ellas? Las manazas del soldado no habían manejado sino sables; ignoraban
el arte de los ramilletes. ¿Su perfume? Su vasta nariz era un abismo en donde el alma de las rosas,
timoratas, no pasaba más ali{~ de los bordes. Fueron útiles, sin embargo; como los que hacen matl'imenios, Pitois las sembró de abejas, no las abejas primerizas, sino las bellas rubias del Manto.
Una racha de invierno sobre sus flores, tales eran
hoy sus batallas. La humanidarl, después de la

muerte del Emperador, no era ya sino un sueño
para el soldado. El caballo de Luis XVIII pisoteaba la Redingote; sobre el águila borrada se habla
pintado una flor blanca, no babia felicidad verdadera sino en su propia casa, cerca de su bagage,
liado para la partida.
Y as!, entre sus abejas, su caballo, sus rosas, habla llegado A encajar la Euroi1a en su jardín, á rehacerse un sueño, corolario del grande, una especie de Imperio empequeñecido, pero lleno de flores.
Un dfa el alcalde fué á verlo. Esto pasaba en el
jardín; Pitois escuchaba, la cabeza baja, y á medida que el otro hablaba, palidecía.
-Entonces, dijo, es verdad: el rey, como decfs,
quiere verme?
-A vos y á los otros. Quiere hacerse presentar
todos los viejos soldados del Imperio y examinar
los retiros.
-Es preciso ser educado ..... .
-¡Ah, bueno; si no lo fuéseisl
El viejo suspiró. Era un hombre testarudo que
no había caminado sino sobre cuatro ideas en veinte años.
-Es duro, señor Alcalde, para uno de la Guardia, como yo. Si no fuera este Bautzen que no
quiere sino forraje fresco. . . . . . El otro le tendió
la mano, pero Pitois guardó la suya. Se separaron.
Pero en el jardin quién ha hablado? Qué nueYa
de desgracia repentinamente pone en confusión á
las rosas? Se levantan las faldas, hacen mimos; son
rosas más rosas, y miradlas, rosas de vergüenza.
•Demonio! señor, cantan las abejas, se nos olvida,
nosotros os e,;cuchábamos.•
El padre Pitois las miraba conmovido.
Desde entonces no lo abandonaron. Zumbaban
sobre su cabeza, le cosquilleaban los cabellos, el
cuello y los dedos, entraban en sus orejas, en sus
bolsas, y aun una se posó en la extremidad de su
nariz como una amenaza. Llegado el dfa fué á ver
á Bautzen.
De su jacl\lón de glicina~, todo costroso de gloria, el caballo lo miraba venir. Pitois se instaló, y
con una voz temblorosa que cuchicheaba:
-Dime, Bautzen .. . .
El caballo quiso relinchar. Se inflaron sus narices, de donde cayó un poco de polvo muerto.
-Es preciso que vayamos á Dijon-dijo el soldado-el rey quiere vernos.
Bautzen abrió los ojos repentinamente; en ellos
pasaba 1814 como una triste imagen.
-Si, mi viejo, dijo con una caricia el veterano,
adivino ... Pero es preciso no faltar á esta cita bajo pena de reventar de hambre. No es moco de pavo uo monarca. Levántate.
El caballo no se movió.
-Levántate! gritó Pitois, ó te llamo Cobourg!

El caballo se levantó.
Cuando fué ensillado, quiso salir,-pero era preciso pasar por el jardln ... Alli estaban las abejas.
Defendían la puerta, erizadas, furiosas; se hubiese
-dicho que hablan tomado las armas-y alrededor
de ellas, apeaadumbradas, confusas por el escándalo, las rosas encoglan sus pétalos y bajaban sus
dulces caperuzas.
-Me fastidiais al cabo! gritó el soldado.
No habla concluido, que muertas todas repentinamente, las rosas imperiales se deshojaron ....
-Diantre de historia!. ... se admiró el viejo.
Pero las abejas volvían en multitud. Entonces,
eomo todas pareclan decirle que se quedara, sin
comprender, las arrojó con su bastón, montó en el
caballo, y ya en la silla, con la blusa florecida y la
cruz sobre el corazón, Pitois tomó el camino de Dijon para irá ver á l\1r. Bourbon.
Cuando estuvo en medio del camine,:
-Un pequeño trote, Bautzen.
El caballo alargó el cuello, y temblando sobre
sus cuatro pies, relinchó un reproche. Esto era lo
más lamentable: no podía huir como las abejas, ni
.avergenzarse como las rosas.
-Un galope! Vamos, Bautzen, despiértate.
Pero Bautzen no se despertaba. Aturdido sobre
sus cuatro zancos, miraba la colina; después como
si adivinase que el rey estaba detrás, falseó de las
rodillas, y se detuvo.
-Cojeas! gritó el viejo.
El caballo esta vez no tuvo la fuerza de relinchar. La colina llegaba, llegabl\. No era muy alta;
una cabra la habrfa saltado. Pero el caballo no tenia ya piernas, y á pesar de todos sus deseos, los
celos lo decidían. Tembló y sacudió la cola ... Sus
ocho campañas lo detuvieron.

-Tú. también! gritó Pitois.
Continuar el camino á pie?
El rey habría quizá pasado, y el camino hasta
Dijon es largo. Esta fatiga Jo aterró. Llega un dfa
en la vida en que el granadero cansado encuentra
su colina, él también, la pendiente en que lo espera
la muerte.
-Por el flanco derecho. Volvamos á casa.
Bruscamente volteó la brida y vió esta maravílla:
Bautzen que tomaba el frote. Entonces, estupefacto, se puso á soñar en sus abejas y en sus rosas.
-Estas bestias son como su amo, no quieren hacer sino su antojo. Que se borre mi retiro! Nada de
pan: rosas. Comeremos pasteles de miel, verdad,
Bautzen?
El caballo tomó el galope.
-Ah! dijo Pitois, parece que tú no ama
Diez y Ocho .... Hace un momento no eras tan g
llardo.
Fué obligado á contener á Bautzen que se desbocaba.
Todo era calma en su casa cuando entró. Las rosas hablan reflorecido, se habían abierto; se hubiera dicho una sonrisa sobre cada tallo. La colmena
á su vez se volaba hacia él, acariciadora. Sentía á
las buenas amigas sobre sus brazos, en sus cabellos, en todas partes, á lo largo de su blusa y sobre
su sombrero! El mismo Bautzen estaba cubierto de
ellas;-y como un gran sol, caldo en la tarde, envolvía de púrpura la campiña, para recompensar al
soldado le hicieron como al Otro, un autoritario
manto sangriento, alado de abejas de oro, bajo el
cual, orgullosamente á caballo, entt-ó en su pequeño jardfn, como un emperador!

Traducción de •Revista Moderna.•

GEORGKS

D'ESPARBES.

T HEROS .
I
El tren partió de la estación, machacando con sus
patas de hierro las placas giratorias, como si gustara de expresar con el ruido la alegria que Je po-

see al verse libre. Echaba sin interrupción y á compás bocanadas de humo, como los chicos cuando
fumap su primer cigarro, y al mismo tiempo repar~fa á uno y á otro lado salivazos de vapor, asemeJándose á un jactancioso perdonavidas ó á demonio
travieso. Ni siquiera volvía la cabeza para saludar
á los empleados de la linea, ni á las señoras y caballeros que poblaban el andén. Descortés y sin
otro afán que perderse de vista, dejó atrás los al~acenes, los muelles y oficinas de la pequefia velocidad, ~l cocherón, los talleres, 1a:casilla del guarda aguJas, Y se deslizó por la Co1·tadura un brazo
de tierra cuya mano tiene:la misión de a~ir á Cádiz
para que no se lo lleven las olas.
Corriendo por allí, velamos el mar de Levante,

las turbulentas aguas y el nebuloso horizonte, que
bien podríamos llamar el campo de Trafalgar; veíamos por otro lado la bahía, en cuya margen se asientan sonriendo alegres ciudades y villas; veíamos
también á Cádiz, que daba vueltas lentamente cual
fatigada bolera, y tan pronto se nos presentaba por
la derecha como por la izquierda.
Después, el tren pisó las charcas salobres de la
isla, abriéndose paso por entre montes de sal. Franqueó los famosos caños en cuyos bordes España y
Francia han dirimido sus últimas contiendas· cruzó las célebres aguas en que flotó el manto d~l último rey de los godos, y se dirigió tierra adentro
avivando el anhelante paso. Llevábale sin duda tan
aprisa el exquisito olor de las jerez1mas bodegas,
que más cerca estaban á cada minuto, y por último
la inquieta maquinaria dió resoplidos estrepitosos:
husmeó el aire, cual si quisiera oler el zumo almacenado entre las &lt;:.ercanas paredes, y se detuvo.
Estábamos en la más colosal taberna que han vis-

�-

to los siglo~, llena de lo más fino, delicado y corroborante que en materia de néctares existe. Al llegará aquel punto del globo, ningún viajero puede
permanecer indiferente. Ve un glorioso campo de
batalla sembrado de despojos, los mutilados miembros de la sobriedad vencida y destrozada por su
formidable enemigo. El triunfo de éste es completo.
Su insolente orgullo ha poblado de emblemáticos
trofeos el campo. Millones de vides coronan de ver·
des pámpanos la tierra. Toneles hacinados se alzan
en pilas, ó ruerian como bonachos que han perdido la cabeza. Todo es bulla, animación, mareo.
N'l se puede resistirá la tentación del hijo de Noé.
Es del color del oro y tiene el sabor de la lisonja.
Beberlo es tragarse un rayo de sol. Es el jugo absoluto de la vida, que lleva en sus luminosas partl·
culas fuerza, ingenio, alegria, actividad. Su delicado aroma se parece á un presentimiento feliz; su
gusto estimula la conciencia corporal. Engaña al
tiempo, borra los afios y aligera las cargas que nos
hacen doblar el fatigado cuerpo. Lleva en si un espíritu poderoso que se une al nuestl'O, y juntos forman una especie de seráfico genio, el cual, si se ensoberbece, puede trocarse en demonio.
Yo ful de los seducidos, y antes de que el tren
partiera me llené el cuerpo ele rayos de sol. Poco
después admiraba las viñas, respetables madres de
aquel insigne vencedor de las naciones, cuando sen·
tí que me tocaban el hombro.
Sorprendióme esto, porque me creía solo en el
coche; volv!m~ con presteza y,
II

•

.... en efecto, era una mujer; quiero decir, que
al volverme vl á una mujer. Al partir de Jerez hallábame solo en el coche. ¿Cómo, cuándo, por dónde habla entrado aquella señora? He aquí un pun·
to dificil de aclarar, mayormente cuando mi cabe·
za, forzoso es declararlo, no gozaba del beneficio
de una perspicacia completa.
• Caballero ....
A esta palabra siguieron otras que no pude entender bien. Tengo idea de haber dicho:
«Señora ....
Pero no estoy seguro de lo que tras esta palabra
balbucieron mis torpes labios, aunque debió ser alguna frase de cortesía.
Es indudaLle que yo estaba aturdido, no sé en
realidad por qué, como no fuera por el maldito zumo de oro que había alojado en mi. Hallábame cortado y absorto, y seguramente contribuiría mucho
á esto el aspecto singularisimo y por mi nunca visto de aquel!~ persona.
Causábame estupefacción indecible su persona y
su traje, del cual no podía apartar los asombrados
ojos: y ~n verdad, no es fácil imaginar atavíos más
originales. No debla sostenerse que el traje de la
dama fuese extravagante, sino que no tenla traje
alguno.
Tengo idea de haber dicho á medias palabras, teiiida de rubor la cara y apartando los ojos:
• Señora, tenga usted la bondad de vestirse ....
Ese traje, mejor dicho, esa desnudez no es lo más
á propósito para viajar en pleno dia dentro de un
coche del forrocarril.

37

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

36

Echóse á reír. Era de una hermosura sobrehumana.
Yo recordaba vagamente haberla visto en pintura, no sé dónde, en techos rafaelescos, en cartones,
dibujos, quizás en las célebres Horas, en relieves
de Thornwaldsen, en alguna región, no se cuál, poblada por la imaginación creadora de los dioses del
arte.
Nada de cuanto modelaron griegos, ni de cuanto
cincelaron florentinos, puede superar á la incompable estructura de su cuerpo. Su rostro era como el
que la tradición artística da á todas las ninfas acuáticas y terrestres, á las diosas que fueron,• A las jubiladas matronas simbólicas que durante siglos han
representado en doradas techumbres el pensamiento humano. Más perfecta belleza no vi jamás; pero
no era fácil contemplarla, porque sus ojos eran como pedazos del mismo sol, que dedlumbraban y
ofendían quemando la vista, de tal modo que per·
derla la suya el observador si se obstinara en mirar sin vidrios ahumados la hermosa imagen. De
sus cabellos no diré sino que me parecieron hilos
del más fino oro de Arabia, perfumados de aroma
campesino, y que en ellos se entretejían amapolas
y espigas en preciosa guiarnalda.
Su vestido era, más que tal vestido, una especie
de túnica caliginosa, una flotante neblina que la envolvía, ocultando ó dejando ver, según las posturas
de la dama, ésta ó la otra parte de su cuerpo. No
tenia yo noticia de aquella singularlsima manera
de presentarse en sociedad, y si he de hablar claro,
el atavío de mi noble compañera de viaje parecióme en el primer momento escandaloso y desenvuelto en gran manera. Pero bastaron algunos minutos de observación para formar juicio más favorable. En las divinas formas, en la actitud graciosa
y natural de la viajera, así como en sus palabras y
ademanes, resplandecían la castidad más perfecta
y la más irreprensible decencia.

m
Y eso que la señora, si no era el mismo fuego, lo
parecta. Dílogo, porque echaba de su cuerpo un
calor tan extraordinario, que desde su mis'8riosa
entrada en el wagón empecé á sudar cual si estuviera en el mismo hogar de la máquina.
-Sef:.ora,-le dije respetuosamente, limpiando el
copioso sudor de mi rostro,-perm1tame usted que
me aleje todo Jo posible de su persona, porque, ó
yo no entiendo de verano, ó es usted la misma Ca·
nlcula en c;erpo y alma.
Sonrió con bondad, y rebuscando en cierto monalillo que á la espalda traía, ofrecióme un abanico.
Felizmente yo llevaba espejuelos azules con los que
pude resguardar mi vista de los flamlgeros ojos de
la señora. A pesar de estas precauciones, cuando
el tren se precipitó por las llanuras de la izquierda
del Guadalquivir, la irradiación calorífica de mi
compañera aumentó de tal modo, que destrocé el
abanico sin poder refrescarme. Las perspectivas,
ora interesantes, ora comunes del viaje, aburríanme soberanamente. Los pinos valsaban en mareantes círculos ante mi vista; marchaban en columna
cerrada los olivos de Utrera, como ordenados ejér·
citos que van al combate, sin que estos juegos de

óptica, ni el variado espectáculo de las sucesivas
estaciones, ni la cercana presencia de Sevilla, que
desde el último confín visible nos saludaba con su
.Giralda, aplacaran mi mal humor.
Sevilla nos vió llegar al fin junto á sus achicharrados muros que quemaban como calderas puestas al fuego. Reposaba la placentera ciudad bajo
mil toldos, adormeciéndose en la fresca umbría de
sus patios. Las cien torres, presididas por la veleidosa mujer de bronce que da vueltas, á ciento veiutidos varas del suelo, desafiaban al furioso sol. Cual
condenados, cuyo itinerario de expiación ha sido
invertido, subían á los infiernos.
No pude contenerme, y dije á la dama:
cP1·esumo que usted se quedará en esta estación
que tan bit-n cuadra á su temperamento.
-No señor-repuso con la timidez de una novicia.-Voy á Madrid.
Y diciéndolo, se acercó á mi. Creí hallarme de
súbito en la proximidad de un incendio, porque no
era ya calor, sino llamaradas insoportables, lo que
el misterioso cuerpo de la endemoniada ninfa despedía.
-Señora, señora, por amor de Dios-exclamé.
-Es muy doloroso para un caballero huir .... Es
un desaire, una grosería, pero ....
Me hubiera arrojado por la ventanilla si la rapidez de la locomoción no me lo impidiese. Felizmente, la misma que tan sin piedad me achicharraba,
brindóme con refrescos, que sacó no sé de dónde,
y esto me hizo más tolerable su platónica respiración y aquel tufo de infierno que de su hermoso
cuerpo emanaba.
Ibamos por la alegre comarca que separa las Dos
famosas Hermanas andaluzas á orillas del florido
río, entre naranjales y olivos, saludando cada dos ó
tres leguas á un pueblo amigo, tal como Lora, Peñaflor, Palma. Ya cerca de Córdoba, mi sofocación
puso á prueba mi paciencia, pues sintiendo que los
sesos me burbujaban como si hirvieran, y que mi
sangre se iba pareciendo á un metal derretido, tomé la resolución de librarme de la molesta compa·
ñera que desde Jerez traia, y al punto, una vez parado el tren, apresuréme á poner en ejecución mi
pensamiento, dando parte del caso á los empleados
de la vía.
No sé por qué ae reían de mi aquellos malditos,
oyéndome formular mis justas quejas. Podría colegirse que yo me habría expresado en frases incongruentes y desatinadas. Era para reventar de
cólera. El mismo jefe de la estación tratóme como
á un loco cuando le dije:
-SI señor, si señor. Va en mi coche una señora
que echa fuego por los ojos, y por todo el cuerpo
uu calor tan vivo que se podrían asar chuletas y
freír pescado sobre las palmas de sus manos. Esto
no se debe permitir .... Es un abuso, un escándalo.
Me quejaré al inspector del Gobierno, al Gobernador, al Gobierno mismo.
Movióles la curiosidad, más que otra &lt;:osa á registrar el departamento. En él continuaba la dama.
Yo la vi. . .. era ella misma sin duda; pero no ya
con aquellos ligerísimos ropajes que tanto llamaron
mi atención, sino vestida con el habitual modo de
nuestras damas. Sus ojos picarescos y vivos no des-

!umbra.bao ya; su cuerpo no tenía rastro de haber
pasado por el infierno; llevaba en la cabeza el vulgar sombrerillo adornado de espigas, mas todo conforme al arte de las modistas, sin nada que trajese
á la memoria el tocador de las diosas.
IV
Mudo y perplejo la contemplé, y no es dudoso que
me deshice en cumplimientos y excusas, achacando
á desvanecimiento de mi cabeza la increíble equivocación en que había incurrido; mas apenas marchó el tren camino de las sierras, volvió la dama á
presentarse en su primera forma y desnudez, con
los mismos cendales vaporosos que contorneaban
sus bellas formas, con el mismo ornato de rústicas
espigas en la cabellera de oro, los mismos ojos que
no se podían mirar, y la propia irradiación abrasadora de su cuerpo. El calor que despedía era ya un
calor ecuatorial, intolerablr, un fuego que derretia
mi persona, como si fuese de cera. Quise saltar del
coche, llamar, vocear, pedir socorro; mas ella me
detuvo. Cal exánime, sin fuerzas, todo sudoroso,
desmayado, sin aliento; creo que mis facultades se
alteraron profundamente; perdí la noción de todas
las cosas, se nubló mi juicio, y apenas pude formular este pensamiento angustioso: •Estoy en las calderas infernales.,
Arrojado cual cuerpo muerto sobre los cojines,
aspiraba con ansia el rarificado n.ire. La diabólica
aparición llegóse á mi: sostuvo mi cabeza, dióme á
beber no sé qué delicado y refrigerante licor que
facilitó el trabajo de mis pulmones, difundiendo
, cierta frescura por todo mi cuerpo, y entonces me
senti mejor; mis excitados nervios se dilataron, dándome algún reposo; y al aclarárseme los sentidos,
pude oír el discurso que con dulce voz me dirigió
la señora, y que si mi memoria no me es infiel, fué
de este modo.
V

• Yo soy la plenitud de la vida, la cúspide del año
natural; soy la ley de madurez que prellide al cumplimiento de todas las cosas, la realización de cuantos conatos bullen en el seno infinito de la Naturaleza. .Antes de mi, todo es germen, esfuerzo, crecimiento, aspiración; después de mi, todo decae y
muere. Soy el logro supremo y la victoria que se
llama fruto, victoria admirable de las múltiples
fuerzas que luchan con la muerte. Por mi vive todo lo que vive. Sin mi la Creación serla en vez de
gloria y triunfo, una especie de bostezo perenne,
el fastidio de los elementos al verse sin objeto. En
el hombre, soy la edad del discernimiento y del trabajo; en la mujer, la fecundidad y el amor conyugal; en la Naturaleza, el desanollo de todos los seres que al verse completos se recrean en si mismos,
apreciando por su propia magnificencia la magnificencia del Creador. ins cabellos son el sol; mis
ojos la luz; mi cuerpo el ardoroso ambiente que al
pasar reparte la existencia; mi sombra el rocío que
bautiza las nuevas vidas; mi habitación es el cielo
con sus admirables ritmos; mi trono, el zenit. Soy
la sazón universal.

�REVISTA MODERNA.
REVISTA MODERNA.

ao

•En mi curso infinito, guíame el dedo de Dios.
Cuando aparezco, ya está todo preparado. Bástame sonreir para que el mundo se llene de frutos.
El labrador me espera con ansia, porque mi benignidad ó mi cólera deciden su suerte. Dóile abundantes mieses y regalados frutos; le anuncio los
mostos que llenarán sus tinajas; multiplico sus ganados y sus colmenas; aumento para el pescador
los inmensos rebaños de los mares, y al industrioso
le ofrezco días largos, al enfermo alivio, al sano
alborozo, expansión al rico, consuelo al miserable.
• Celébranme los hombres de todas castas, y los
que cultivan la tierra festejan mis clásicos días destinados al comercio, á la amistad, á los campesinos
banquetes, á las regocijadas bodas. San Antonio,
San Juan, San Pedro, el Carmen, Santiago, Santa
Ana, San Lorenzo, la Virgen de Agosto, San Roque, la Virgen de Septiembre son en el orden religioso mis triunfales fechas.
•Mis dias son fecundos y la vida se duplica en
ellos, porque avivo las pasiones de los hombres, y
exaltando su entusiasmo, les llevo á las acciones
más osadas. Acúsanme de incitar á las revoluciones y de seducir á las muchedumbres, agitando en
mis manos ardientes la bandera roja de la emancipación. Me vituperan por triunfos populares, y yo,
-sin pronunciar sentencia sobre esto, tan sólo digo
-que derribé la Bastilla, que destruí al vencedor de
Europa no lejos de estos sitios por donde vamos,
-que también aqui salvé al mundo cristiano de las
huestes de Mahoma. Yo abolí la Inquisición de España; yo detuve á los turcos á las puertas de Vie,na; yo he realizado mil y mil altísimos hechos cu_yo número no puede contarse, pues son más que
las vueltas que en todo el curso de nuestro viaje
dan las ruedas del coche en que velozmente cami.namos.•

VI
Y era la verdad que caminaba con rapidez, traspasando ya la fragosa sierra que es muro de Castilla. Habla caldo mansamente la tarde, y con la mudanza del cielo la señora aplacaba sus insoportables ardores, como fragua en que mueren durmiéndose las brasas. Sus ojos seguian brillando, mas no
con el resplandor del sol, sino con claridad blanquecina semejante á la de la luna. Su cuerpo despedía tibieza grata, que poco á poco se iba trocando en frescura. De este modo, la repulsiva diorn,
cuyo contacto sofocaba, se convertía en el sér más
bello y amable que imaginarse puede, y todo convidaba á reposar á su lado con sosiego y descuido,
viendo roda1· las horas y los astros, sintiendo pasar
el aire rico en fragancias.
Sus miradas me causaban dulce arrobamiento.
Vi en sus pupilas algo semejante al plateado reflejo de un lago tranquilo, y su sonrisa me sumergia
en dulce éxtasis. En sus labios observé no sé qué
eosa semejante á celestiales puertas que se abrian.
Asi pasamos toda la noche, recoriendo de un cabo á otro la tierra ilustre que sirvió de campo á la
inaginaria contienda de lo ideal con el positivismo.
Pero la noche recogla sus obscuridades para huir
.á punto que salían á saludarnos los primeros árbo-

les de Aranjuez, no lejos de donde celebran pacto
de amistad eterna Tajo y Jarama.
Rueda que rueda y silba que silba, entre polvo y
ruido, llegamos al fin á Madrid, donde mi compañera de viaje, profundamente aficionada á mi persona, no quiso dejarme, y me siguió en el coche, y
se aposentó en mi mismo cuarto, y se sentó á mi
mesa, vuelta ya á su primitivo estado, ó sea á la
desnudez abrasadora en que se apareció, pero conservando siempre aquel natural fantástico que la
hacía invisible para todos, excepto para mi.
Por el dia, hfzome sudar la gota gorda, y me sofocaba con solo acercar á mí las yemas de sus candentes dedo~; mas llegada la noche, recobró su
constitución tibia y placentera, alcanzando de mi
las amistades que no podfa concederle á la luz del
sol.
Lo más extraño es que habiéndola invitado á comer en los Jardines del Buen Retiro, la bendita señora descubrió de súbito unas mañas que me pusieron en gran det1asosiego, y fué que en mitad del
yantar, pretextando que su natu:aleza lo exigía,
empezó á menudear copas y á vaciar botellas con
tanta prestezn, que aquella no era señora, sino más
bien una bacante.
VII
No bien hablamos concluido de comer, cuando
la dama, enteramente transformada por todo aquel
liquido que habla metido entré pecho y espalda, empezó á hacer los más desaforados desatinos que pueden verse. Agitó primero las palmas de las manos,
al modo de abanico, haciendo correr un aire cálido
y seco que tostaba. Después rompió á reir con carcajadas estrepitosas de insensato, y cayó espantosa
lluvia, que puso como nuevos á los parroquianos
de aquel hermoso sitio, obligándoles á dispersarse.
Corrió después la niña con tanta rapidez que parecla vendaval, rompiendo las bombas de vidrio, alzando las faldas á las señoras, arrebatando sus sombreros á los galanes, desgarrando el telón del teatro, dóblando los árboles, haciendo gemir las ramas y cubriendo de hojas los mecheros del gas. No
he visto dispersión tan precipitada, pánico tan horrible ni confusión más grande. ¡Y cómo reta la picara al ver tales estragos! Yo procuraba calmarla,
mas esto no era posible. Temí que la llevaran á la
prevención por sus diabluras; pero la muy tunanta
tuvo la suerte (como todos los pillos) de que no la
viera la policla.
Después que desató sobre Madrid la importuna
lluvia que tanto molestó á los paseantes, sopló á
diestro y siniestro, y he aquí que comienza un frío
seco y displicente que hace tiritar á todo el mundo.
Estirando los cuellos de sus ligeros gabancillos, y
abrigándose con pañuelos de la mano á falta de
otra cosa, los madrileños corrían á sus casas, y gruñendo murmuraban: •¡Qué demonio de clima! ¡:\1aldito sea Madrid y quien aqul puso la corte de España!,
La misma autora de tantos desastres andaba con
capa aquella noche burlándose de los cortesanos y
de su cólera. Yo no pude contenerme y le eché en
cara su conducta, diciéndole que no me parecla pro-

3!)

cia; ningún río caudaloso la ha escogido para pasearse en ella; ningún bosque arraiga en su suelo.
Más allá, arroyos y lagunas, en cuyo espejo se
miran hileras de chopos, anuncian la frescura de
próximos montes cuyas primeras estribaciones acomete el tren sin que le estorben rocas ni pantanos.
Venciendo las grandes masas de la cordillera, que
convidan á la ascensión, el tren se empeña en subir
á Reinosa, la encapotada vecina de las nubes, Y lo
consigue.
Más allá, un monte huraño se empeña en detenernos el paso. ¡Pueril terquedad! En castigo de
su impertinencia es atravesado de parte á parte, Y
el tren pasa como la aguja por la tela. Después todo es fragosidad, aspereza, bosques en declive que
se agarran á la tierra y á las rocas con sus torcidas raíces: anoyos que se precipitan gritando como chicos que salen _de la escuela. Pero antes vimos el Pisuerga, un miserable hilo de agua, que
describiendo más curvas que un borracho se dirige
al Sur, y el Ebro, un niño que pronto será hombre,
y marcha hacia Levante.
Nosotros marchamos con las aguas que van hacia el Norte. A poco de salir de aquel largo túnel,
que parece una pesadilla, se nos presenta á la deViII
recha un chicuelo juguetón que marcha á nuestro
-Madrid es feliz-le dije,-si usted le abandona. lado brincando, haciendo cabriolas, riendo y echan-No, porqué allí dt&gt;jo mis delPgados, que son do bromitas á todas las piedras y troncos que en su
como yo misma.
camino encuentra. Es el Besaya, un modesto do
Excuso decir que la señora, transformada por la que nos acompañará gran trecho.
noche, era la más grata compañera de viaje que
Mientras descendemos con no poco trabajo la gipuede concebirse. De tiempo en tiempo sus ojos gant11sca escalera del Cantabria, el pillete, en vez
despedlan lividos relámpagos, lo que me puso algo de trazar curvas como nosotro~, de monte en monintranquilo; pero no pasó de ahl, y á la claridad te, baja á saltos, y le vemos en la hondura, riendo
que difu_ndlan sus miradas por todo el espacio, vi Y jugando. Pero no quiere abandonarnos, y en Bárel Esconal, monte de arquitectura al pie de otro cena de pie de Concha se nos pone al lado izquiermonte; vi los extensos pinares, cuyo bailoteo al pa- do, y por todos aquell,is valles y cañadas nos va
so de minueto me recordaba los olivos de Andalu- dando conversación con mucha cortesía y sosegacia; traspasamos la alta sierra en cuyo término do estilo.
Santa Teresa ha dejado su imperecedera memoria
En una garganta tapizada de lozano verdor, hasobre un caserío amurallado que parece montón de llamos las Caldas, una gran tina entre dos montaruinas.
ñas, y poco más allá, agujereando montes y franArévalo, Medina, los graneros y las eras de Cas- queando precipicios, salimos á un ancho y hermoso
tilla, nos vieron pasar, y sobre el suelo amarilleaba valle. Allí el Sr. Besaya se despide cortesmente de
la paja recién separada del grano. Pasábamos por nosotros, pues su amigo (el Saja) le espera en Tolos dormidos pueblos, que ni al estrépito del tren rrelavega para il' juntos á tomar baños de mar. Le
despertaban, y cuando avanzó la noche y aumentó damos las gracias por su atención y seguimos.
el silencio de los campos, nuestro inmenso vehlcuLas praderas verdes y limpias á nada del mundo
lo articulado parecla un gran perro fantástico que son comparadas en belleza; los bosques de castacorría ladrando de provincia en pl'Ovincia.
ños se extienden por las laderas, á. cuya falda riValladolid la dormida se quedó á mano izquier- cas huertas y frondosos maizales recrean la vista
da, obscura, grande, glacial, acariciada por su y el ánimo con su lozanla. Atravesamos por entre
amante Pisuerga, que anhela despertarla y apenas rejas un gran río que dicen Pas, y poco después
lo consigue. Atravesamos luego los frescos viñedos olemos el mar. Sin duda está cerca. Anúnciase en
y. deliciosas huertas de Dueñas la tro"'lodita
que irregulares charcas, como dedos retorcidos; vemos
o
1
vive en cuevas. Vino al poco rato Venta de Baños, después sus manos que agarran la tierra, y por úlque es un mesón puesto en una encrucijada de vlas timo un enorme brazo que se introduce entte dos
férreas en desierto campo. Torciendo ligeramente cordilleras.
á. la izquierda, tocamos en Palencia, ya inundada
de sol, sin soltar jamás el manto de polvo que la
X
cubre, y luego atrave,amos la tierra de Campos,
¿Y mi compañera de viaje?
surcada por el arado de uu cabo á otro, toda seca,
llana,_ ardiente, verdadero mapa trazado sobr(\yesAl llegar aqul, mejor dicho, desde que dejamos
ca. Nmguoa montaña grande ni chica ha encontra- aquellas fastidiosas llanuras castellanas, desaparedo apetecibles aquellos sitios para fijar su residen- cieron los accidentes caniculares que tan aborrecípio de personas bien educadas molestar al prójimo
y turbar diversiones licítas.
Echóse á. reir de nuevo, y me dijo que en Madrid
no pasaba semana sin hacer alguna travesura de
aquel jaez; que la alegria de la capital y su constante humor de bromas era contagiosa, por Jo cual
ella no podía resistir á la tentación de dar chascos;
que se complacía en deshacer las fiestas, en trastornar el tiempo, en soltar los frios del Norte después
dtl sofocantes horas, y que se divertla mucho viendo el descontento de la gente madrileña. Añadió
que no pudiendo eximirse de asistir á francachelas
y comilonas, la obligaban á empinar el codo, y que
una vez alterado el sentido, hacia las mayores locuras, casi sin darse cuenta de ellas.
Yo le dije que la vela camino de Leganés si se
repetían sus pesadas bromas; pero ella, riendo de
mi enfado, me contestó que al día sí.gqieqte el calor serla más insoportable.
Así fué en efecto, por Jo cual tomé las de Villadiego hacia el Norte, metiéndome en el tren al pie
de la montaña del Pl'incipe Pío: y he aqul que no
había andado dos metl'OS la máquina, cuando mi
compañera y amiga tomaba asiento junto á mi.

�40

ARo lV

REVISTA MODER~A-

ble me la hablan hecho. Amenguóse el resplandor
molesto de sus ojos, que brillaban, si, pero empañados por tenues celajes; dejó de echar fuego como fragua su hermoso cuerpo, y pude acercarme
libremente á ella, sintiendo, antes que calor, un
dulce temple que á un tiempo confortaba cuerpo y
alma.
Despertóse de improviso en mí Yiva inclinación
hacia á ella. Hablamos, se animó mi conversación
con requiebros y se salpimentó con suspiros, me
entusiasmé, coqueteé, me entusiasmé más, me declaré, hicele proposicioaes de matrimonio. ¡Ay! liumanos, ¿sois mortales porque sois débiles, ó sois
débiles porque sois hombres?
Condújome la taimada á un delicioso lugar, nombrado Sardinero, vecino al Océano, verde y cubierto de flores como un jardín, reuniendo en si la suave tibieza de la tierra y la frescura del mar, un
verjel con playa de doradas arenas, donde las liolgazanas olas se extienden desperezándose al sol,
un montecíllo encantador, primaveral, compendio
de todas las bellez.as de la Naturaleza.

Mi compañera, á quien desde aquel instante llamé mi esposa (porque consintió en serlo con pérfida
complacencia), me sumergió en el mar, me invitó
después á paseos y meriendas. ¡Oh, que felices días
pasamos! ¡Qué apacibles noches! ¡Cómo rodaban las
horas sin que sus pasos sonaran sobre aquel césped
florido ni sobre las cariñosas arenas de la playa!
Yo era el hombre más feliz de la creación basta que
un día, ¡infausto día!. .. Nunca babia visto á mi
compañera tan hermosa, ni tan alegre, ni tan amable ....
Nos bañamos juntos, disfrutando del halago de
las olas, asidos de las manos, mirándonos el uno al
otro, cuando de repente desapareció no sé cómo ni
por dónde, dejándome lelo, lleno de desesperación.
Busquéla por todos lados, dentro y fuera del agua.
No estaba en ninguna parte. Me eché á llorar y sentí frío, un frío que penetraba hasta mis huesos.
¡Triste, tristísimo día, horrible fecha! La recuerdo bien.
Era el 22 de Septiembre.
B. PÉREZ GALDÓS. .

NUESTROS COLABORADORES EN EL EXTRANJERO.

Oomunicamos á nuestros lectores que habiendo adquirido la colaboración
del Sr. Abogado Nicola Rubino, eminente escritor italiano, director de «La
Crítica» de Nápoles, tendremos el gusto de comenzar á publicar artículos suyos, brillantísimos de forma y vibrantes de sentimiento. Tendrán ocasión
nuestros abonados, desde luego, de gustar y de admirar las sensaciones de arte oriental_que nuestro nuevo colaborador nos ha enviado con el título de «Piccoli Azzurri d'Oriente. »

EN _HOMENAJE AL DUQUE JOB,
Organizará en su salón la Revista Moderna, la noche del día 3 del próximo
Febrero, un festival artístico.
Oportunamente se repartirán las invitaciones.

.......

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE FEBRERO DE

1901

NúM,3

REVIST A MO DER NA
ARTE V
DlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESU S URUETA.
Tip. de Dt1bld11.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                    <text>��I J •
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18LIOTECA CENTRAL
u. A.. N. L.

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!:-ubscr1~íón en Máxic~ ~estre/Jdelantado: $3-00:,:

Er:1 los Estados r: E,J.:nµJero, J~m~StM:. adelantado': $+~•.:....:"'dm!'!ro·SdP1~;:,¼ &lt;«fl~,t

•

Apártado pÓ!tal núm. 49 (h1"). -· ·

, -~DMlNlS'rRADOR!

Gm,.,tFJRMQ

IDMINISTRlCION: GILLB DBL GOLISBO

1)11 LA PEÑA.

mvo ~-608.
J

MBXICO.

•

�REVISTA MODERNA.
INDICE DEL ARO IV.

'

J

Pi,ra.

ALARCON P. A. n.e:.
El mulo, el burro y el caballo.........

to

ARGÜELLO H. SANTIAGO.
Viaje al pala de la decadencia. . . . . . . . . . .
Id.
id.
.. .........
Id.
id.
.. ..........
El poema de la Locura ... . . . . . . . . . . . . . . .
Id.
id.
. ...............
BARREDA GABINO.
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria. ............ .
...... ...... ..
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria........................ . ........
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria........... . .....................
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria.... .............................

224
301
346
365

38!

217

2i6
292
311

BARREDA L uis.
)Iemoria eterna ..... - • • • • • • · · · · · · · · ·
l08
Job.. ..
. ..... • . - . • • • • • · • • · • · · · · · · · · 204
BAUDELAIRE CHARLES.
Embriagaos............ ......... ·; . ... . 200
Cada uno con su quimera..... .. ...... .. . 304

JflvfLA5· 1'}00·

BERNARD JJIJAN.
Fiestas de poetas ......... .

214

BLOY LEÓN.
El Cristo de los ultr11je~ . . . . . . . . . . ..... . 1!:0
HOURGET PAUL.
Lawn Tenni8. . ......... . .............

.

72

HRYAN W. C.
Upon the mouotains distant head ......... 3i1
Oh the fairest of the rural maids . . . . . . . . . 371

01rPRÓXIMAMENTE A LA VENTA.~

CAMPOS RuBÉN M
Flor y Fruto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
El dictado del muerto.. . . . . . . . . . . . . . . . . . 106
Un egolsta.................. .. ... . . .. . ... 124

Pi,rs

CA)IPOS RUBl!N i\1.
Cuento de Abril. . .... . ..................
Felipe Yillanueva G .................. . ..
Pecado de amor ....................... , .
Cuento bohemio.
A muerte . . . . . . . . . ............. • .. • • • • •
Paisajes parisienses , . . . . . . . . . . . . .. , . . . .
De Natura rerum ... . ................. ...
lrn noctámbulo.... . ......... . ......... . .
El nocturno en sol. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Un suicidio . . . ... .... . .. . . .... ....•.. . .
CARDUCCI GIOSL h.
Recuerdo de infancia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Da Bologna................. • • • • • • · • · ··

154
175

20ti
26f.
~85
29S
:H4
353
:16!-i

:lSl

4S

CASASéS JOAQU1N D.
Al esclavo escanciado1· . . . . . . . . . . . . . . . • . . 157&gt;
La Campesina . ................ .. . . ..... 371
~Iontes, valles y almas... . . . . . . . . . . . . . . . . 371
CLEARCO MEONIO.
A una tórtola ciega............ •• ••••·•·•

:JO

COUTO CASTILLO BERNARDO.
Pierrot sepulturero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142
Una obsesión.......................... • 159
DÁ VALOS BALBil&lt;O.
A Campoamor.... ... .. .. . ...............
Las Ingenuas. . .. . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . . . .
El nombre de l\Iarfa, .... . ...............
Los grandes poetas norte americanos . . . .

157

235
27;,
3:?:1

D'ANNUNZIO GURI.BLE.
In morte di Giuseppe Verdi. .. . .. ... .. .. . 11!)
Da Milano. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . IS3 •
DARÍO R ualllN.
Rodin..... .. . .. . . . . . . . . . . . . . . . .. . .. . . . . !)9
Poesla..... .... ..... ..... .. .. .. . ..... ... HG

I
DELGADO RAFAEL.
;\largarita.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 282

�u

ReVISTA MOIJER A.

. .·

.

Un refractario ...... .

.

-......

. ....•... • ...

:H

t&gt;Í,\Z llIRÓ.'.\ s \LVAlJOR.
Telegrama. .. . ........... . .. ... ...• ... 2hi
ldilio .....•..........•.................. 2fi2
1:1 Riln~asma . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2G'.l
1-'f,llREH Jo,t T&amp;1N10AD.
Cruciticat...... ...... . . . .. ........... lf'i
Las g-uitarra~ .... : ..................... 181
(?ft

HEvu

\NQ¡.; ANATOLE.
~:1 ultimo suciio de Luis X\'... ........... ~ti

FLUAS Jlt;atBBk:ro.
El berolsmo del traidor ....... .

.. 14!'1

LÓPEZ DE ~IATUHA.'.\A Jos•:.
nor de Ototlo ........ . .

LUC:O;'\ES

~I.\RQl'I~A EDt' ARDO.
La mnjer danzando ................
La Balada de los Golfos ... ... .. -~.....

GU l'H:ImEZ NJ\JERA :\IA~UEI,.
Non Omnis .l\foriar............. .• ...... , . 1;1
1\ illiam Shakespeare . , • . . .. ...•.... lSi

JI \LPEf([:-JF'.,..KAMIU Kí E.
l~u In casa do TolstoY . . . . . . . . . . . , ... . . . . 2:-if1
ld.
id.
. . . . . . . . . . . . . , . ... ~iO

HEREDIA Jo f; M. os.

1¡;;

1\(IR.\BEAU OUTAVJ,l .
De •El Jardln de los S,1plicios•... . .. . .

11:!

. . . . . ....... . ~16

La tristeza del Converso.
La luwmana Agua. . . . . • . .
. . . . ..•.
Enigma.
. ....•. .. ..... .
Implacable ..................• • .. • • •. •.

1,¡

. . . .. . . . . . . . ..

l\i:?
193

275
3J5

.

.. ......... ... ..... ....

UF.ltltEUA Jhntc,
Doliente ... ...... .

llUl' SlIA~S JORIS KARL.
Del libro •En Racle• .

..... IOCJ

EtPrnamentt' ..

1:1 Tr,mvla . . ..... .

. .......... 110

JONCl~:HES T.i.ONCD Dl!I.
La Balani;oire.. . . . . . . . . . . . . . . . .
H
Lll battement de ses seins. . . . . . . . . . . . . . 41

:umuc ALsEni o.
Un paisaje I" t un 6tat d'il1M
Lf,; {Arrm: JULJ,5.
Juan Uichepio ....

.. ... .... 2i4

.. . ...• • :Ji:?

(.ÓPEZ PORTILLO y HÓJAS JosE.
Las tres apoteosis de 'Margarita. ... .. .....
Tres sonetos . .. ....... .. ... .......... • . .

l'E IU.:S H. D.
í,R F.voluclou del teatro C1ual4n.

g¡;

il

'.

S ~LAZAH AREL ll.
In memoriam. .

. . . . . . . . . . ..•.. 227
Golondrinas . . .
. . . . . . . . . ... ... . ... 2fiO
!::o Oración .......•.....••.•.•... . ....... !:8.7

SCHWOB MAl:CEL
La ~ds notas de la tlirnta . . . . . . .

. .... 120

. . l li

SILVA Ju • As1·:.-.c1ó:-i.
Xupc1al, ..•....•...•......•..•...• . . .. .
:',[1,1 uight drcams.... .. . .. . .. . . . . . . . . . . .. 511
Vejeces ... ..•... .. •. • . • • • • • • · • • • · · · 141
Las C11~Ahd11s........... .... ....... . .. . . 2H
• ·octurno
............. ........
l\Iur,rto,

. 2-'º..
......

G7

Le ~(isql'l ............. .

...~

l'l'G..\ y A0AI. MA?\ t;.CL.
P.:iemas en prosa.. .. .. ... ...... ...... .
;,~
Para el Aloum de Isabel S. de Coron:t .... :li l
El Bla ón de la Duquesa. . . . . . . . . .
. :k.G

lll-:BOLLEDO J-:rnts.
Faunaha. ..... . ... .
. . . • . . . . :l2
L,i Bordadora.•.....
4!,
l'oesia . ..... .. .. .. • .. . • • • • • • • • • • • • • • • li;j
Poema Cíclico.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . i!i
Crepúsculo. ..
. .. . . . . . . . . . • .
92
La Yejez del SAti ro.. . . . .. . . . . • . .. . • . . . . 11 l
Yoto..... . . . . . . ...................... . 127

................

Cuño ....••..........•........ ..•• .... 13-S

s:;

Nocturno .. ..

Magna \'oluptas.......... ..... .......... J(i.q
Estampa ....... . ............•. -~ ... .. .. 170
Venus P!a... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19!)

TE e A

e

EN TWA

u. A.~&amp;..

TABLAD.\ Jo~g Ju.x.
Poesía en honor rle Jo;; po,•tas :rnglo •ame•
1ka11oi1 ......••..•............ . . . .... !H!l
La IHII~ j- d.: Tjuang To,~ . . . . . . . . . . . . 3i

THECJRlET .boRt.s.
La Mau,;ión .. .. . . .

. . • . . . . . . . . . .... ;¡,9

.TOLSTOI Litó:¡.;¡ Pt:rl'o muerto ..
El credo de Totsroi'.

BE:-lAlm Jm.E~.
El Péndulo... ... ..... .

Sl' LI, Y Pnuonl)llllf'.

Jos1-:.
Lobreguez................ .

OTJI•);\° lil,\I\IH:t..

Dl,l

J A UfE:3 J'ItA?-iCISCO.

i6,I

~TRYES::iKJ CAl&gt;llllRl•.
Enrique Sienkiawlcz ...

onc1 ,h'AI\ n.

... .. IGJ

La Fiebre.. . .. . . . . . . . . . .. . . . . .. . .
1i 4
Ln. ertería rota. . . . . . . . . . . . ......... ... . 171
llú,lca de Oriente .......... . ..... . . . . . 17.J.

Yo no si:........................... ...

La canción del trovero....• .- . . . . . . . . . • 2t.8
Ofrenda .. ... .. .. . .....•.... ..... ... ..... :ll2
Saudade~. . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . .•.. n,o
La mirad/\ de tus dulcei; ojos.
:J&amp;O

STEELl:11. D
Bailad of rhe hand,, . .. ...... .

Tarde de Otoiio
.. ••......••.•. . . l!!fi

rn2

SERAII .\h TILDE.
La Hamlll,1 tf'Jrl\

•·on:ui Jo,f.. 1.

1:1 duque de Hroglie.

IC AZA F1tANCUi"O A.

S1

~IEHnIL S n .\RT.
Paix .... . ..... .

:'\CIGALES Jo,,:.
En el pozo .
1&lt;1.

Tibl, Hegina . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . •... ..

...,Mwm~z Pr:SQur:1u ~r"xLn.

Timbte de alarma...... . . . . . . . . . . .

NER\'O ,h!AVO.
. • 93

~1:J
:J&lt;:,7

:'II \RGUERITTE PAn.

GONCOURT Eo. ,. Jl'uo

Un aguafortistl\. • . . . . . . . . . . . . . . . . .

200

La ofrenda de Hl"rodes . . . . . . . . . . . . . . . , 12:l
Jiortv:; Delici11rum. . . . . . . . . . . . . . . .. .. 3~~1

MILK.
C4ntiga ..•...

JJE.

ltEBOLLEOO E1'.at!-1 .

LKOPOLDO.

G~:NER POllPEVO.
El final del libro •Tuduccioneb•....
IC3
t.a H,gitne. . . . . . • • . . • . . . . . . . . . . . . • . . . . i 14

UERMANT AcEi..
Los Cordero, ..

r;A M~~. . ,

• ,. Plig,;, • •

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'TABLA!&gt;.\. Josr; ,Jt' A:S-.
tn el Pals del Sol ...........•...
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.. . . . . . . . .. • . . .. . . • . .
La \"enus China.... . ....................
Al l&gt;uque Job . .
. .... ....

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G'l

'fl"RGUEi'.\E FF h'A,·.
¿En qué pen,1tré?.... .. . .. . .. ,
1•u Egoliaa. . . . ... .•
Lucharemos . • . . . . . . . . . . . • . . . .
Do,. rico~ . . ......... ,........ . . . . .
Los; dos hermanos.
.,_... . .
El IlltieCto. . .
... .. .
1·GAHTE )[A.XUEL
Mu,11. de ,\jeujo
ne Parir., . . . . . • . . . . . . . . .
A una marquesa .
De un libro en prcusn . .
En ~¡J.,nc10 . . . .

UNA~It.:NO

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... .. .. .

3!):?

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PaiSAje,. Jlllri len:,es

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URBINA Lt r,, G
C'armen

• 209

t"Rl"ETA J1:st:,
Dulclnel\ PrE:ludio .
1:1 himno del ultraje
l?u libro de Justo Sierra
l)i.-.curso. . . . . . . . .
A los Estudiantes .

Su mano... . . . . . . . •.
Lavó su cuerpo con nmbrosla. .
Discur~o. . . . . . . . . . . . .
....... ..
Dlecnr:.o. . . . . . . • . . . .
El Cole6 1 '.'lhlitar. . • .

\' A Lr~~ZIJELA JF.st,. 1•:
¡ - - ! ...
Uu viaje dej) da~
Piedad ... ! . .

U manto &lt;le punitenci11 . . . . . . . . . . . . . . . .
7!)
Q t l Pals del Sol.... . . . . . . . . . . . . . • . . 90
Xotas1llbnogr. flcas....
. ... .. .. . .. 101
Henovare. . • • • .
l'rerrafwlista........... . ............. 113
Lu:1.
de luna...... .
Trag~dra Ohscura. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122
(..!ue tire -ren ieDlpre •
Notas Ilibliogr:\ficas ....... ..... ..... .. .. 131
,Juárez . . . . . ..... .
,\ la sombra de un Hém1e~.. . . . . . . . . . . . l J;;
Otoñal... . ... . . . .
lfaiinn11...... . . . . . . . . . . . . . • . .
rn7
Solo .....
llemar,lo Couto Castillo . . . . . . . . . . . . . . . . . l i l
Himno á Leún Bloy.. . . . . . . • . . . • . . • . . . • . ! SG SI.\' f'mMA.
Tipo,, que se van..... .. . ... , .......... . 1!:18
El Festh·al de la •Hevbtn .)10fféMa•...
Leodemain ............................. :?O:,
A nuestro Director. . .....•.. : .
Tipos que se Vilo •.•...... •••.•.•• . ••. •. .. 2:14
Acontecíniiento literario en la .\mérica la•
De S1111~· Prndhomme. . . . . . . . . . • . . . . . . . . . 236
tina. .. ............ ..... . . . .. . ..•.•••.
Arieta .. ... ...•..•...••.. ....... ....•... 262
\'enta
&lt;le •Lascas• .... ........ .... .......
il'lor de Acanto.................. • ....... 28!
cr;Ua&gt;
de Erne•to Elorduy.... .•....... ..
El Daimlo.. . . . . . . . . . . • . . . . • . . . . . • . . . . . . . 28-1
C(,n-:·ocatoria..
• • . . . . . . . . . . ...........
Las princc~as ....•..........•...... .. .. 300
Programa de la ,•elada Anglo americanA.

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�ARo IV

MÉxICO,

1a

QUINCENA. DE ENERO DE

1901

NúM,

1

REVISTA MODERNA
ARTE Y

D I RECTOR : JESUS E. VALENZUELA.

.

CIENCIA.

JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubl án.

"LA PIEDAD" DE MIGUEL ANGEL.-ROMA.

�PRELUD/o

Jl-l .Sr. q)on Enrique -e·. {Jreel) al bombre -culto) al prote-ctor -generoso) al an,ligo -cordial) -con mi estima-ción) -con 1ni gratitud ;y -con
.
.mi -carino.

;lfápoles) :Mayo de 1899.

J.

u.

NOTA.- Este es el prólogo de una Tragedia en tres Poemas Liricos, que se publicará
próximamente e n Europa.

�MASCARAS TRAGICAS:

ÜFELIA.
SHAKESPEARE.
CERVANTES.
DoN QuIJOTE DE LA MANCHA.
SANCHO

11

,,

p ANZA.

HAMLET.

Estando sentado en _el antiguo sitio augural en donde se retinen todas las adivinaciones, escuché un ruido estridente de pájaros que gritaban de una manera siniestra y salvaje.
SOPHOKLES.

•
ESTROFAS CORALES:

EucARISTíAs.

ÜFÉLIDAS.
DULCINEAS.
FAUNALIAS.
ALUCINACIONES.
CALUMNIAS.
MALDICIENTES.

j USTICIAS .

. . . . io faro una finzione che significa cosa grande
LEON ARDO DA VINCI.

�~..,,,..._,,....,,,...,,.._,,..-""'....,,,.....,_,_,,.._,,.._,-_............,_,,..,.,,.._,...,,,...../"'..r,J"'.,,,,""..,,...._,,,.....,,....,,,.,..,.,_,...,_,~~_,..~~

N BOSQUE sibilino, antiqitfaimo, de in·
tensa flora ur. erable, sacudido á 'Veces po1·
soplos pode1·osos de génesis y á 'Veces aletargado en hondas pausas de expectación.-Es el reposo de una farde caliente.
-Las 'Vívidas púrpuras solares se desgarran en los ramajes nudosos, y caen,pesadas, ab1 mnantes, sobre los pmdos. Bajo
las bó'Vedas de sombm, al borde de las
fuente.~ rítmica.~, vagan las creaciones femeninas de la humana Fantasía, las que besan, las
que oran, las de carne triunfal, las de alma sacrifican te, altei·nando estrofas afrodisias y
versículos eucarísticos con la infinita avidez del amor .. .. A lo lejos se perfilan, amenazantes, los torreones guei·reros de 1tn castillo feudal; y más alta que el vuelo solemne de las águilas, más alta que el vuelo solemne de los espíritus, se alza, altiva, soberbia, indomable, la
montaña; que siente en si, do1·so la fatigosa ascensión de las 1·azas épicas.-Bajo un pórtico
de mármoles sagrados, Shakespeare contempla á Ofelia, que en el fondo, entre las filtraciones ardientes del sol y las redes frescas de las hojas-nítidamente blanca- c01·ta flores y
persigue ma,·iposa.~, atando y desatando sus ilusienes .. . .

SHAKESPEARE.

· Ob, delicia de mis ojos! hija mártir de mi poesía! Te formé con versos diáfanos y con
sangre virginal; y para hacer más bella tu inocencia, la ofrecí, como una hostia, al divino Dolor. Llevas en tu cuerpo adorablemente frágil, los gérmenes de mis tumultuosos amores desesperados .... En la. ideal transparencia de tus pupilas azules se esfuman crepúsculos de
recuerdos cansatlCls y de esperanzas sensitivas que se marchitan y se descoloran y se mueren
en la anemia de la luz .... Y vas, vas con tus hermanas, en el cortejo trágico que atraviesa
el sendero ensangrentado de los siglo~, en pos de la. histol'Ía muerta, delante ele la historia
viva . ... Tú eres la que mas amo, la que adoro, porque en ti puse la mayor dosis de sufrimiento posible á la vida: un átomo más de dolor te hubiera cle~hecho en la inconsciencia, en
la nada estéril, como queja &lt;le agonía .. . . Pero fuiste mujer, y bella, y casta, y tierna: el
amor te díó el suplicio, el genio te dió la inmortalidad. Naciste estrella de una lágrima, caricia de una lascivia, perdón de una blasf&lt;:1mia. Tu carne está hecha de apetitos de mi carne,
tu alma está hecha de oraciones ele mi fe. Cómo brilla, bajo las claridades del zenit, lamadeja de oro de tu cabellera! Ríe, canta, tiende el alma, como ala de paloma, hacia los ensueños venturosos ... . Seguidla, acompaiiadla, tejiendo la mágica cadencia .de las rimas, oh inmaculadas Eucaristías ele alabastro, Eucaristías de los peplos blancoó!-Te concedo una bo-

�8

REVISTA MODERNA.

ra de felicidad, de felicidad completa, colmada, rebosante, para que tus manos recojan las flores del campo, tus labios los arpegios de la fronda y tus g racias las sonrisas del cielo! Después .. .. ay! después tendrás que aspirará. plenos pulmones el polen del deseo y de la universal fecundación .... amarás .... sufrirás . . .. hasta que el esplritu del amor pueda engendrar
en el espíritu de tu belleza un Dios!- 1\lientras yo pienso en los prol:&gt;lemas inicuos, y forjo atle·
tas con mis gritos de libertad, y justicieros con mis virtudes crucificadas, y asesinos con mis
rencores y con mis odios; mientras contemplo el derrumbamiento de las etapas malditas en los
voraces vórtices del castigo; mientras siento que la duda se afana, cada vez con más ahinco,
cada vez con más rabia, ay! y cada vez con menos fortaleza, en levantar la lápida del secreto, la losa inconmovible que cierra á los efimeros la E.'ntrada de los reinos de la muerte .... ,
tú, gota de bálsamo, cae sobre mí cabeza! harmonfa de paralso, brota de mi lirn! onda de juventud, báñame de primavera!

LAS EUCARISTIAS.

E ST.llOFA.

Pausas prolíficas del Ritmo universal! sonrisas infinitas de Flora exuberante!
palpitaciones azules de la Poesfa creadora!
Ya las diosas invioladas desatan la cadencia de oro de las citaras anacreónticas!. . ..
Ofelia, la niña de cuerpo adorablemente frágil, abre su corazón, como una copa, para recibir el néctar perfumado de la vida.
Gotas de la luz, ambrosias de la rosa, frescuras de la fontana, caed, caed en esa
copa de consagraciones! . . ..

REVISTA .MODERNA.

!)

�REVISTA MODERNA.

ANTIE!.TROFA.

11

As! un cruel destino pesa sobre tu limpia frente: las locuras desenfrenadas, las
pesadillas aterradoras, te encenarán en la torre de la Alucinación ... .
Y serás la Victima.
Nosotras recogeremos tu cuerpo, y se lo llevará, por el camino del cielo, la plegaria piadosa.
Las diosas suspenderán los festivales ..... .
Y el Dolor, poeta inmortal, el Dolor de frente solemne y de ojos proféticos,
arrancará de los bordones llricos los preludios de la esperanza y los credos del
amor! .....

Ofelia, co1i el Coro de E1trofas, desaparece e1i las misteriosas profundidades del bosque. Shakespeare, apoyando en su mano la frente vigorosa, medita . .... . Una r áfaga pasa
sobre los árboles, rápida, com o aliento, como profecla . ..... A lo lejos se escucha un clamo .
1·eo . .. ... Luego, el silencio se abate, infinito . .. . . .

•
OFELIA,

con los ojos llenos de una risión maravillosa:

Padre, padre, escucha! Lo he visto, lo he vuelto á ver ... . .. al caballero sangriento .. . . .
allá, en la explanada del castillo feudal, sobre su caballo flaco ..... , agitando con grandes
movimientos su lanza y dando fuertes voces al viento como si amenazara á alguno .. .... ;
su lanza brillaba, parecía tener una esti-ella en la punta . . .... ; y todo él estaba cubierto de
sangre .. .... de sangre . .. ... . de púrpura! Al verme, espoleó su caballo gritándome: , Oh,
mi señora Doña Dulcinea!» y yo corrl, corrl, tt·opezando y levantando, hasta que un lamento
ensordecedor de mil bocas implorantes detuvo su persecución y mi fuga. VI que hombres,
mujeres, niños, surgi1:mdo como por magia de todos los poros de la tierra, lo arrastraron en
un torbellino ... . . .

SHAKESPEARE.

Oh, si, es verdad, no es ilusión, surgen de todas las grietas de la tierra, de todas las brutalidades de la vida: son los infelices, los mutilados, los que tienen el pan escaso y el alma pro·
diga, los que demandan reparación y justicia. El caballero sangriento es su paladín. No
temas que te cause daño; es uno de los mejores corazones que conozco: más noble que un
blasón, más foerte que una torre, más casto que una vestal, más entusiasta que un enamorado, más loco que un poeta y más poeta que un loco . ..... Se llama Don Quijote de la ~lancha:
asombró á los humanos con sus hechos, y es tan lustrosa su leyenda que ha dado envidias
á la historia.

OFELIA.

Yen, padre, dime esa leyenda; nos sentaremos en el pórtico al abrigo del sol, y te escu
cbaré hasta que se fatigue tu palabra. Me soñaré pdncesa, con un caballero vencedor en la
justa y vencido de mi amor... . . . .

/,pa1·ece Cervantes, el Mutilado, de mirada intensa, de boca irónica, hé1·oe, poeta.

�12

REVISTA MOUER~A.

SHAKESPEAR!i:.

Llegas á tiempo, fiel amigo: de ti hablábamos, es decir, hablábamos de Don Quijote. Ofelia lo ha visto en la explanada y la persiguió confundiéndola con su beldad. Yo he calmado
sus temores; y gustando de los maravillosos relatos tuyos que con su gracia rebosante de
enseñanzas, son diversión sana de la infancia y consuelo apacible de la vejez, quiere saber
los trabajos y los amores del incansable manchego. Yo hubiera sido un eco; tú eres la voz
viva: habla, aqui en el huerto sagrado, y con las frases abundosas de tu fértil elocuencia, mientras el sol estalla en colores triunfales, dinos las hazañas épicas que grabaste en tu poema 1
de bronce.

OFELIA.

Y o premiaré A vuestro caballero con una corona de flores. Son unas flores que semejan
mariposas: tienen los pétalos extendidos, como alas salpicadas de puntos de oro, de gotas de
carmin, de hebras rubias ...... Crecen en un misterio del parque, donde no llegan los pasos
de los sátiros bribones. Cuando las vi por primera vez, ere! que se iban A volar, en banda•
da . . . . . . El creerá, como yo, que se van á volar ...... y me reiré de su engaño .... . .

CERVANTES,
saliendo de un éXtasis:

Galante Ofelia, de más dulce hablar que los coloquiod pastoriles y la miel de las colmenas! presta el oido atento, para lección de tu espiritu y para regocijo de tu curiosidad, á las
proezas que de villorrio en villorJ·io y de corte en corte, legaron al mundo, con la vocingleria de la fama, el nombre de Don Quijote de la Mancha á la risa de los estúpidos, A la coro·
pasión de los sabios, al deleite de los más, al estudio de pocos y á la imitacióñ de los menos.
Nació en la guerra: fué el retoño de mi bt·azo roto de soldado y de mi herida conciencia de
hombre; floreció en mi sangre, en mi deber, en mi aspiración y en mi dolor; contempló, desde
la cumbre de vértigo qlle sólo el genio y la locura escalan, el mundo q:ie trabaja con
tragél:lias en la harmonia del amor y de la virtud, á cada paso tejida y desgar\·ada, tejida a.qui
con la atracción de dos besos y desgarrada allá con la repulsión de dos odios; y como yo,
calóse entonces la dura celada, empuñó la adarga vengadora, y pronunciando el nombre de
su dama, Doña Dulcinea del Toboso, {dama fantástica y real, hecha con todos los anhelos
de la ternura varonil, siempre presente y siempre ausente, verdadera como la esperanza y
alucinante como la verdad), se anojó con su sueño al sueño de la vida en débiles lomos de
flaco rocin, á desfacer entuertos y vengar agravios, regando en el camino heroico su pródiga sangre como semen de venideros mártires y de futuros redentores!-Siempre ha sido cómico lo trágico: su largo cuerpo huesoso-escueto como el Infortunio,-y sus clamorosos
apóstrofes bélicos, excitaban la risa de los venteros locuaces y hacian cosquillas á las mozas festivas, cuando llegaba á los cortijos aporreado y maltrecho por duros puñetazos, pero
orgulloso como un vencedor, pues del:,e saberse que nunca la realidad logró desmentir á los
engendros de su magln, sino antes bien, éstos á ella la desmintieron siempre. Y a.si, por sendas ignoradas y recónditos vericuetos, acudla á donde más llagas necesitaban cura y á donde
más angustias demandaban consuelo, levantando sobre la humana miseria, como egida protectore, la lanza de la andante caballerla y ensordeciendo la comarca con sus voces iracundas de reto y de muerte.-No conoció el egolsmo que nutre su insaciable abdomen con las
ajenas miesf;s, ni los espasmos del amor que se aletarga en mullido lecho de abominaciones,

REVISTA MODERNA.

13

�REVISTA MODERNA.

15

y que de dios fecundador-tronco de las razas bellas-se convierte en bestia lasciva- matriz
de los pecados y de las degeneraciones;--fué, es, y será eternamente un batallador, un guerrero de la gran conquista, un héroe de ideal, un poeta de fortaleza, que en cada etapa del
augusto tiempo, reencarna con su anhelo en la frente, con su Dulcinea en el alma, con su
palabra justiciera y fustigante, con sus miserables y magníficos arreos de guerra, sobre su
paciente y fiel rocln flaco, y sin parar mientes en las cobardes adverteucias del buen sentido
(el buen sentido! escurlero glotón, amante del vino, de la pereza y del chascarrillo, que montado en un asno sigue á su amo malhumorado y jadeante), va en pos de una quimera, ele
una alta justicia, rl e una pura verdad, lanza en ristre contra los molinos de viento que voltean sus paletas, como brazos de gigantes, en la fantasmagorfa sangrienta del ocaso y de la
locura!! ...... i\Iirad!

En el fondo de la escena, bajo el incendio de un sol tropical rojo y devorado1·, sob1·e las
espaldas de roca de la montafía se destaca la figura sangrienta de Don Quijote, rodeado de
viudas impl01·antes, de maldicientes pavorosos, de mutilados trágicos que en coro solemne
claman reparación y justicia.

OFELIA,

extdtica, adorante:

Qué hermoso es vuestro caballero! cómo brilla, sangriento, cobijado en las púrpuras
magnificas del sol!

SHAKESPEARE,

clavando en Ofelia sus ojos de penetración y de ai·cano:

Se levanta hasta las altas heroicidades de la fe, midiendo sus arma~ con el Mal, el
manchego que busca como único premio de sus afanes la frente de Dulcinea, para poner en
ella el beso de todas las purezas y de todos los respetos.

DON QUIJOTE,

agitando su lanza:

Seguidme todos, todos los que tengan cuitas, que yo soy Don Quijote de la Mancha, armado caballero andante, y tengo por misión de mis deberes castigará los cobardes que maltratan á la mujer, á los avaros que roban el grano á los pobres, á los tiranos que cortan la
lengua a los profetas, á todos los hi de puta que han puesto su grandeza y su altivez sobre
cimientos de 11\grímas y de sangre; y asi sean fuertes como titanes, vigorosos como gigantes,
vive Dios que he de dar al traste con ellos y con sus atrincheramientos, para ejemplo en la
historia, para gloria de la orden de la andante caballería, para prestigio de mi nombre en
las generaciones venideras, y como debido homenaje á la Señora de mis pensamientos, la
casta, la intachable, la serena, la tierna Doiia Dulcinea del Toboso, que me sostiene y me
ampara y me guía en estas descomunales proezas contra los malandrines de la tie1·ral

�16

REVISTA MODERNA.

LOS :\IALDICIENTES.

ESTROFA.

ANTIESTROFA.

Fue de odio el grito primero que exhaló la tierra hacia los cielos impasibles.
Es de odio el grito que se estrella en las márgenes de la historia.
Rueda la turba humana con sus festivales, con sus locuras, con sus himnos
guerreros, ay! y con sus apóstrofes de blasfemia y de muerte.
l\-Iatar, Señor, es un derecho y puede ser una Yirtud!
Si somos, si tenemos un lugar en el planeta, si damos nuestro esfuerzo á la infinita acción, si en nuestras frentes chispea la luz de un pensamiento, si nuestros
indices señalan en los confines del desierto la promisión riente y tranquila, si
nuestras lenguas han dicho la parábola del bien, por qué entonces se nos persigue, se nos acosa, se nos befa, se nos corta la lengua que habló, se nos troza el
dedo que señaló y se nos abate la frente que pensó?!
l\-fatar, Señor, es un derecho y puede ser una virtúd!

Tú eres, noble caballero, el paladJn de nuestros generosos combates; tú eres
el incansable, el proteó, el armipotente, el que se consagra sin transacciones ni
condiciones á la causa de la miseria y de la redención.
El lecho de la infamia es de una aterradora fecundidad.
El golpe de tu brazo no cesa de caer sobre la injusticia, que parece tan eterna
como tu -pQderio.
A la lid! á la epopeya! blandiendo las picas del odio; haciendo puñales con nuestros rencores; tú, mujer, convirtiéndote en Fuda; tú, poeta, calentando el verso
hasta el ex:te~·minio ...... todos, todos en pos de Don Quijote, al asalto de la Tiranía!

Bajo la flámula del Sol implacablé, entonando im Salmo de muerte y de gloria, el grupo trágico se pierde en las qiiiebras de la monta1ia. Del picacho más alto se desprende una
águila, solemne y profética, llevando al Oriente un presagio.

l{EVISTA MODER~A

L7

�REVISTA MODERNA.

19

OFELIA,

deslumbrada, cae en un pensamiento hondo. Luego, rompiendo la pausa, con la voz ligera·
mente nerviosa, voz en que tiembla un, furtivo preludio timidlsimo, como si una nueva cuer•
da, como si una nueva fibra de la harmonía femenina hubie1·a palpitado con el p1·i·
mer acoi·de de sit anunciación:
Y, decidme: todos esos prodigios los cumple poi· su dama? .... . .. Oh! debe ser buena y
bella, como mi doliente hermana Desdémona.

CERVANTES.

Sí, dulce niña, bella y buena es, como Desdémona, como tú misma ..... .

SHAKESPEARE,

interrumpiéndolo vivamente, da d su expresión un tacto de caricia inefable, y salpica gra·
nos de amor y chispas ele poesía en el corazón de Ofelia, que se abre con avidez para recibir la divina simiente:
Dt1lcinea! Dt1lcinea está en tí, no la sientes? es tu linea, toda tu línea, desde el pie que
sostiene el ánfora de tu cuerpo hasta la cabeza que la remata; es la bondad transparente de
tus ojos azules; es tu cabellera que desata su madej a rubia bajo doseles de frondas; es tu ma·
no que en su suave concavidad guarda dones para el elegido; es tu sonrisa brillante como
ala trémula de colibrí; es la exuberancia de tu alma que se proyecta sobre la realidad embelleciéndola con las form LE inmaculadas que flotan en el celaje, que se columpian en las
ramas, que nos miran en los astros y que nos besan en los sueños!. ..... Eso es Dulcinea,
eso eres tú: un delirio de amor, una esperanza de ventura, una necesidad de caricia ...... .
Diosa fabricada con adoraciones secretas, y que con sus flancos henchidos de voluptuosidad
surge de las amargas ondas del mar y de las amargas lágrimas de la vida! Y poi· ella todo,
para ella todo: pensamos, sentimos, luchamos, nos disputamos en el torneo la hoja del laurel
sagrado y nos arrojamos á la pira de los holocaustos para arder en la glorificación esplen·
dente de los dolores! . ... . .

OFE LIA,

c?n el bochoi-no del pudor en la cai·a, como si se sintiera súbitamente desvestida:
Dios mio! sus palabras son manos febriles que palpan mi cuerpo .... alientos qu e me queman los oídos ... ... bocas que se pegan á mi boca..... . . ojos que se desmayan sobre mis
ojos ...... rocio caliente de germinación divina!. ... . .

SHAKESPEARE,

con mds vivacidad:

El te busca, te ama ...... Ama'.o, ámalo y sufre . .... . es tu destino. Yo te empujo! yo
te lanzr•! Que lloren en tus ojos todas las lágrimas con que he llorado! qu e se tuerzan en tus

�RE\'ISTA ~lODER~A.
REVISTA MODERNA.

20

labios todas las quejas con que me he quejado! que se extiendan en tus brazos todas las imploraciones con que he implorado! que 11e arrastren en tus rodillas todas las súplicas con que
he suplicado! que la ingratitud, la perfidia y la mentirll, pisándose sus mantos sombríos, te
sigan y te acosen como furiosas erine3 implacables! que seas el carbón que arrojado al fuego se hace diamante, el polvo que arrojado al génesis se hace astro, la belleza que arrojada
al amor se hace alma! Ve, ve á tejer la corona de flores par11. tu caballero andante ... .. Don
Quijote ...... el caballero de sangre .... . . el caballero de amor!. ... . .

Transfigurado, irresistible, ordena á Ofelia que salga, se1ialándole con el indice el bosque
sibilino que flamea de sol occiduo. Ella, con la cabeza sobre el vecho, pálida como virgen exangile, dúctil, inconsciente, hipnotizada, camina hacia el fondo, paso á paso .. . .
En estos instantes aparace llAiJfLET, que, al verá Ofelia, sacude la cabeza para tirar
una preocupación sombría, ?J clava .ms ojos, sus t11·andes ojo.~ intelectuales y tristes, fi·
jos, fijos, en la blanca silueta que se desvanece . ...

CERVANTES,

aparte:
Oh, g&lt;lriio! prendes el fostón de hiedra sobre la ruina, yergues el signo de libertad sobre
el estrago, abres alas seráficas sobre la muerte! Eres compara.ble á esas catedra.les de la alucinación mlstica, donde dla. á dla desfilan ante la cruz las penas enlutadas, se lamentan ante
la madona. las angustias llorosas, se castigan con el silicio los pecados blasfemantes, y donde
todas las almas, en la hora suprema de la igualdad y de la comunión, depositan y juntan sus
arrepentimientos, como átomos de incienso, en la casoleta sagrada de las purificaciones, que
eleva al cielo, hasta las plantas de Dios, la blanca. espiral de la plegaria en demanda de paz
y de misericordia! ....

HAMLET.

Cómo á veces su figura espiritual, de sacerdotisa. extática, oficia el amor dentro de mi
alma! Al verla, .espiro un manojo de flores, echo á vola.r hacia. el oriente un enjambre de
versos, me cercan y me arrastran los coros de las Ofólidas triunfantes! Entonces siento que
se reposa el pensamiento, el psicólogo insomne que me eséarba 'y m'! ma.ltrata y me profana
la conéiencia!
.,
' " · ·· v. • • • • •
• ,

-

,,

-

.

·..,

LAS OFÉLIDAS.

ESTIIOt'} .

Nacimos de un Ideal que se de1,barató en ritmos diáfanos; la santa poesla descolgó del firmamento nuestras diademas, extendió tapetes de margaritas á nuestros pies y enhebró en nuestras cabelleras los r11yos fantomáticos de la luna y
los estambres de la neblina. azul de la mont11iia!
A los compases de nuew·a voz eólica danz11n en rondas las hijas efímeras de
la sonrisa, las Esperanzas de oro.
En nuestras miradas cintila, como Yéspero, la melaocolia piadosa.
Yelamo~, esculturalmeote blancas, sobre los Recuerdos yacentes.
Buscamos los corazones altivos para. unirlos á las inmaculadas bellezas, celebramos con cánticos y con besos los himeneos espirituales que dan inmortalidad
religiosa. al germen ennoblecido ele la fecundación!

1

2i

�REVISTA MODERNA.

ANTI-

23

Ven, príncipe rubio, ven! Tu pensamiento se enloquece entre los espectros del
mundo arcano, oyendo las indescifrables confidencias de los muertos.
Ven, príncipe rubio, ven! Ahuyentaremos de tu lado la Fiebre, pálida, convulsiva, de pupilas hipnóticas, de cabellera flamígera, que arrastra á través de la
vida el coro fatídico de las alucinaciones!
Ven, príncipe rubio, ven! El verso de Dios canta en la harmonía fulgurante de
los espacios y en la plegraria nupcial de las almas. Somos las caricias de la Poesía, somos las ternuras del Amor. Ofelia es el amor; sé tú el Poeta.
Amala, ámala, y Canta!

r

ESTROFA . .,,

l

Arrebatado po1· el coro, desaparece Hamlet en el ensueño . ...

SHAKESPEARE
á Cervantes:

Tu lo sabes, maestro de maestrns: el genio es más poderoso, más creador que el sexo; e.s
el gran Sexo hermafrodita, incubo y súcubo, que á si mismo se fecunda dando vida inmortal y magnifica. Los hijos de la carne humana son eflmeros y miserables; están formados por
dos mitades de amor que se juntan en un espasmo y se separan luego sin haberse complementado, sin haberse fundido. iUiralos labrando el mundo: tal parece que apenas sus manos
arrojan la semilla, caen ellos mismos, unos en pos de otros, á los hambrientos surcos ...... .
Oh, qué rápido abrir y cerrar de ojos, qué rápido abril' y cerrar de conciencias es la vida!
Todos pasan, pasan: polvo que sufrió un momento en una idea, polvo que brilló un momento
en una piedad, polvo que se irguió un momento en un deber, y que vuelve al gran laboratorio donde le dan nueva forma raquítica y nuevo destino frágil las manos febriles de un Dios
incansable. En cambio, qué definitivo es el amor del genio! sopla eu la arcilla perdurables
espiritus de ideal; forma tipos gigantescos con los vicios y los crímenes, y rugen entonces,
por los siglos de los siglos, los reyes trágicos y los papas lascivos y las cortesanas ambiciosas; condensa en figuras épicas los credos de la justicia y del bien, y se alzan en las cumbres

�ARo IV
24

MÉXICO,

211

QUINCENA DE ENERO DE

1901

NúM,

2

REVISTA M1JDERNA

de la historia los mártires descalzos, los caballeros andantt:s y los profotas videntes; sintetiza
en bellezas los aromas, las músicas y las luces del universo, y cruzan por la humana fauta•
sla la divina Dulcinea con su esperanza y la eucarística Ofolia con su locura! ....

REVISTA MODERNA

,

ARTE Y
PlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA,

CIEN-CIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dublán.

CERYANTES.

Siento palpitar la tragedia!

SHAKESPEARE.
SI, es la tragedia de nuestro(dos espíritus que se han:encontrado y van á chocar sus fa~
langes armadas de rayos!

TELON.

..

\

' 'l\foISÉS11 Dl'.l l\lIGUEL ANGEL.-ROMA.

�</text>
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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 1, Enero, Primera quincena</text>
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                <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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