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                    <text>�D.R. 2024 © Humanitas. Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios,
Vol. 4, No. 7, julio-diciembre 2024, es una publicación semestral
editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro
de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable: Víctor Barrera
Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100102, ISSN 2683-3247, ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 15 de julio de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle
Autores
Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa
Manuel Santiago Herrera Martínez
José Manuel Medrano
Diana Hernández Suárez
Jesús Gerardo Cervantes Flores y Carlos Recio Dávila
Gonzalo Rojas Canuet
José Alberto Leyva Ortiz
Karime Aylen Anguiano Treviño
Carlos Rutilo Aguilar
Ángeles Serna Moreno
Roberto Kaput González Santos

�Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Víctor Barrera Enderle
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Presentación No. 7
Víctor Barrera Enderle
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
Fecha entrega: 07-2-2023 Fecha aceptación: 27-7-2023

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Barrera Enderle, Víctor. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

�P re s e n t a c i ó n
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

El tema de la representación ha alimentado uno de los debates
más antiguos en la reflexión en torno a la literatura. La mímesis
o la imitación de la realidad causaba conflicto a los griegos
y latinos. Si se buscaba la verdad, el discurso literario era visto
como sospechoso; sí, por el contrario, se hacía apología al carácter
educativo de la ficción (dada la inclinación humana de aprender
imitando), la literatura cumplía un rol subordinado a necesidades
ajenas, surgidas de los campos de la pedagogía y de la ética. Dos
milenios más tarde, y tras un ingente desarrollo de teorías al
respecto, el debate literario en torno a su relación con la realidad
permanece casi idéntico. Esto, sin embargo, confirma, de manera
indirecta, la existencia de un saber que produce la literatura sobre
el entorno que la envuelve.
La séptima entrega de Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y
Estudios Literarios confirma esta riqueza de enfoques y conocimientos
emanados de la literatura. En su sección de “Artículos” presenta siete
acercamientos diferentes al fenómeno. Miguel Cerda estudia al poeta,
dramaturgo y crítico Xavier Villaurrutia, pero lo hace reparando en
su condición de antólogo, es decir, en su actividad como un agente
que revitaliza el campo literario mexicano de la postrevolución al
poner en circulación sendas selecciones poéticas de sor Juan Inés de
la Cruz y Ramón López Velarde. Manuel Herrera analiza, desde una
perspectiva semiótica, la novela de Juan Villoro Las golosinas secretas
y, a través de ella, reflexiona en torno a la literatura infantil y juvenil.
Durante centurias, los cuentos de hadas han relatado algo más que
historias fantásticas, José Manuel Medrano realiza aquí una lectura
1

�Víctor Barrera Enderle / Presentación

entrelíneas de la relación entre este género narrativo y la resistencia
en la España de la posguerra.
La cultura y la literatura caribeñas han sido muestra
palpable de la heterogeneidad latinoamericana: un universo donde
se acrisolan elementos de diversas culturas: Diana Hernández
propone una poética de esta región basándose en la lectura del
escritor colombiano Germán Espinosa. El amor romántico ha
generado infinidad de formas de representación, desde novelas
hasta películas; en su artículo, Jesús Cervantes y Carlos Recio
analizan la forma en que éste se manifestaba en las tarjetas de
fantasías durante los albores del siglo XX. Uno de los poetas
chilenos más importantes (y menos estudiado) de la segunda
mitad del siglo XX fue Juan Luis Martínez, Gonzalo Rojas Canuet
explora una de sus obras emblemáticas: La nueva novela. En 2014
se cumplió el primer centenario del nacimiento del poeta Efraín
Huerta: desde entonces se ha revalorado su obra, en particular la
realizada en su última etapa: José Leyva da cuenta de la poética de
Huerta durante los convulsos años setenta.
La sección de “Notas” cuenta con tres ensayos que, a su
manera, ofrecen una relectura de la literatura mexicana moderna:
Karime Anguiano se hace cargo de Amora, la novela fundacional
de Rosamaría Roffiel; Carlos Rutilo hace lo propio con la
transculturación narrativa desplegada en José Trigo, la monumental
novela de Fernando del Paso; y Ángeles Serna Moreno realiza un
ejercicio de espejeo entre El invencible verano de Liliana, de Cristina
Rivera Garza y El acontecimiento de Annie Ernaux.
Roberto Kaput nos entrega, en la sección de “Reseñas”,
una lectura crítica e iluminadora del poemario Carmen de Carlos
Rutilo, de reciente aparición. Y con ella cerramos este número
2

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

7 de Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios, cuya
entrega reafirma, en su diversidad, la orientación plural y crítica de
la publicación.
Víctor Barrera Enderle

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Polémica y tradición. El trabajo de antólogo de
Xavier Villaurrutia y su incidencia en el campo
literario mexicano
Controversy and tradition. The work of Xavier
Villaurrutia as an anthologist and its impact on the
Mexican literary field
Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
miguel.cerdade@uanl.edu.mx

Resumen. El campo literario mexicano después de la Revolución
mexicana se vio envuelta en el proceso de configuración ante la nueva
situación política, social e intelectual. Pronto comenzaría una polémica
entre dos posturas de concepciones de la literatura -con dos términos
igual de polémicos: “literatura viril” y “literatura afeminada”- en 1925 y
otra similar siete años más tarde, en 1932, cuando se cuestiona la idea
de una literatura nacional retomando los ideales del conflicto civil ante
las ideas influidas por las vanguardias extranjeras que buscaban una
concepción universal y cosmopolita. Como participantes de ambos
momentos, el grupo de Contemporáneos postula sus ideas estéticas en
la producción de su revista homónima y los esfuerzos individuales de sus
miembros para reafirmar su postura, entre ellos la contribución Xavier
Villaurrutia quien publica antologías de poemas de dos autores mexicanos
distinguidos, como lo son Ramón López Velarde y sor Juana Inés de la

4

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Cruz. Villaurrutia utiliza dispositivos basados en sus textos críticos para
elaborar estas recopilaciones con la finalidad de proponer una tradición
literaria mexicana ante la posibilidad de configurar el nuevo campo literario
definitorio para el resto del siglo XX.
Palabras clave: polémica, antología, Xavier Villaurutia, tradición, campo
literario
Abstract. The Mexican literary field after the Revolución mexicana finds a
configuration process in front of the new political, social, and intellectual
situation. Soon would start a controversy between two positions of
literary conceptions -with two terms as controversial: virile literature and
effeminate literature- in 1925 and another alike seven years later, in 1932,
when the idea of national literature is questioned considering the ideals
from the civil warfare before the foreign avant-garde-influenced ideas
looking for a universal and cosmopolitan understanding. As participants
in both times, the Contemporáneos group postulates their aesthetic ideas
in their homonymous magazine, as well as the individual efforts of their
members to reaffirm their position, among them there is the input from
Xavier Villaurrutia who publishes poem anthologies from two recognized
Mexican authors: Ramón López Velarde and sor Juana Inés de la Cruz.
Villaurrutia employs dispositives based upon his critical texts to elaborate
these compilations aspiring to propose a Mexican literary tradition before
the possibility to form the new defining literary field for the rest of the
XX century.
Keywords: controversy, anthology, Xavier Villaurrutia, tradition, literary
field

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

El panorama sociopolítico de México durante la primera cuarta
parte del siglo XX cambió repentinamente y de manera vertiginosa:
como consecuencia del fin del Porfiriato, el inicio de la Revolución
mexicana, el surgimiento de los caudillos como líderes y los intentos
de estabilización del país a raíz de la promulgación de la Constitución
política de 1917. Durante la década de 1920, y principios de la de
1930, en el proceso de la institucionalización cultural, el campo
literario seguía configurándose en la búsqueda de un sendero común
para su progreso; sin embargo, el involucramiento de una variedad
de actores y grupos a raíz de las vanguardias importadas, así como
el encuentro de intereses estéticos discordantes, produjeron dos
momentos decisivos -dos polémicas- que continuaron permeando
en los años venideros: el afeminamiento de la literatura en 1925 y la
literatura nacionalista en 1932.
El surgimiento de la literatura mexicana moderna, de acuerdo
con Ignacio Sánchez Prado (2007), comienza precisamente desde el
producto con el que se intentaría terminar el conflicto civil de la
Revolución, donde “las literaturas nacionales tienen a veces fechas
de nacimiento precisas” (2007: 87), pero que, en México, inicia el 5
de febrero de 1917 con la promulgación de la Constitución Política,
lo cual planteaba el reto de formar una cultura nacional con base en
la problemática que se habría superado:
Esto no era una tarea fácil, dado que, en muy pocos años, se pasó
del sólido edificio institucional del Porfiriato a una atomización
profunda y a veces paradójica de los grupos intelectuales del
país, grupos que iban desde los últimos modernistas (Tablada,
González Martínez, Urbina, entre otros) hasta el influyente
Ateneo de la Juventud (Vasconcelos, Reyes, etc.) y su intento de
“salvar la cultura por las humanidades”, para usar una conocida

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

expresión de Pedro Henríquez Ureña. En este paisaje, emergen
las nuevas configuraciones de la literatura y la cultura del México
moderno: se trata de un periodo en el cual los diversos grupos
intelectuales buscan redefinir la naturaleza de la tradición y de la
cultura nacional (187).

En la década de 1920, se buscaba cumplir este objetivo (la
formación y consolidación de la tradición y la cultura nacionales)
en medio del asedio de las vanguardias europeas, que poco a
poco encontraban su lugar en el ambiente intelectual y artístico,
persiguiendo la concreción de una “vanguardia mexicana”; todo esto
se daba a la par de un proceso de institucionalización de conceptos
y dinámicas, llevado a cabo a través de distintos mecanismos:
El proyecto hegemónico que emergía en esos años de intentos
estatales de institucionalizar la cultura (por ejemplo de concursos
literarios y artísticos financiados por el carrancismo) se basaba en
un nacionalismo fundamentalista que apelaba a la idea de que sólo
producciones culturales cuyas referencias directas fueran la nación
y la Revolución Mexicana eran legítimas [...] Como contrapeso,
surge la idea de una cultura nacional autónoma con respecto al
cada vez más fortalecido estado posrevolucionario, que utiliza los
códigos de la cultura occidental para constituir posiciones críticas
de los nuevos proyectos políticos (2007: 188).

Esta empresa tuvo un primer momento de confrontación
entre posturas disímiles en 1923, durante el Congreso de Escritores
y Artistas, convocado por José Vasconcelos. Ahí se abordaron
inquietudes relacionadas con el “rechazo a la forma en que la
literatura -y sobre todo la poesía- se manifiesta ‘indiferente’ a la
nueva situación política” (Sheridan, 1999, p. 32). Durante sus
participaciones, Vasconcelos deseaba el establecimiento de un
diálogo fructífero entre artistitas e instituciones, para así incentivar
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

la idea de que arte debería reflejar la realidad del país y ser el soporte
de la institucionalización cultural y educativa. En lo referente
específicamente al ámbito literario, el secretario de Educación
Pública compartió tres ideas puntuales:
1. El escritor está obligado a “escribir para los muchos con el
propósito constante de elevarlos”.
2. La literatura tiene la “obligación” de coadyuvar a la “resurgencia
nacional” y a la “unión espiritual” del pueblo mexicano.
3. Los escritores no debemos “preguntarnos qué es lo que quieren
las multitudes, sino qué es lo que más les conviene” (Sheridan,
1999: 33-34)
Este primer planteamiento anunciaba la problemática que se
suscitaría un poco más tarde, (y continuaría, en un segundo momento,
en la década del treinta), y que implicaría una restructuración del
poder simbólico dentro de los campos artísticos e intelectuales, y, de
manera particular, dentro del campo literario. El mecanismo teórico
para abordar estas relaciones se encuentra en el concepto mismo de
campo literario, desarrollado por Pierre Bourdieu, quien lo definió
como un espacio social de relaciones afines a la disciplina literaria
donde se encuentran tanto escritores como editoriales, revistas,
instituciones y lectores, y cuya interacción hace posible el “análisis
de la estructura de las relaciones objetivas entre las posiciones que
ocupan en el campo de producción cultural de los individuos o de
los grupos colocados en situación de competencia por la legitimidad
intelectual o artística” (Bourdieu, 1990: 20).
En esa época, la que va de la primera a la segunda
polémica (de 1925 a 1932), resulta importante y determinante la
contribución y proliferación de grupos artísticos y literarios. Esas
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

agrupaciones colaboraban en sus propios proyectos, muchos de los
cuales culminaron en revistas literarias, tales como Policromías, La
Falange, México Moderno, El Maestro, Prisma, Vida mexicana y Antena,
así como la futura revista homónima del grupo Contemporáneos,
donde José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, al igual que el resto de
sus compañeros de renombre como Torres Bodet, Novo, Ortiz de
Montellano, Cuesta, entre otros, comenzaron a desarrollar y articular
una idea renovadora del concepto de literatura mexicana, la cual fue
recibida…
… con un grado de profundo recelo por intelectuales con mayor
posicionamiento en el reciente campo cultural (intelectuales
tan disímiles como el porfiriano, Victoriano Salado Álvarez, el
naturalista Federico Gamboa, el estridentista Manuel Maples Arce
o el socialista Ermilo Abreu Gómez)” (Sánchez, 2007: 188-189).

1925: “El afeminamiento de la literatura”
Dos años después del Congreso de Escritores y Artistas se erigió
la primera controversia entre grupos literarios en el campo cultural
mexicano. La disputa se dio por el control del poder intelectual y
de las formas de representación cultural. Los contrincantes fueron
bautizados (por parte del grupo con mayor concentración de poder
simbólico) con epítetos que reflejaban la ideología polarizada y
machista del momento: los “viriles”, quienes buscaban la producción
literaria consciente de los esfuerzos y logros de la Revolución con un
enfoque nacionalista; y los “afeminados”, que estaban interesados
en una perspectiva universal (Sheridan, 1999: 35).
Al postular este choque de términos contrarios, los
nacionalistas trataban hacer ilegítimas las ideas de sus contrarios
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

por medio del ataque personal, mención aparte la orientación sexual
de algunos miembros de Contemporáneos que fueron señalados
por este debate. Este enfrentamiento de los términos “viril” y
“afeminado” corresponden, al contrario, a otra manera de referirse
a las verdaderas posturas en discusión: nacionalista vs cosmopolita y
mexicanizante vs europeizante, de acuerdo con Sánchez (2007: 191).
Julio Jiménez Rueda fue el artífice del comienzo de esta
polémica con la publicación del artículo “El afeminamiento en la
literatura mexicana”, cuya intención era
Criticar el aspecto más vulnerable de algunos jóvenes escritores, una
personalidad con manifestaciones evidentemente homosexuales,
que provocan envidias y críticas debido a que ya disfrutan de
cierto prestigio y poder en la sociedad cultural, el gobierno y la
opinión pública (Díaz, 1989: 58).
Lo secunda en su opinión Carlos Gutiérrez Cruz, quien ofrece su
crítica en dos sentidos:
Uno, las “degeneraciones y vicios” de los “poetas burgueses”; su
“asexualidad” consecuente de una vida pasiva que transcurre sin
“contacto” con la “vida exterior” y dentro “de un reducido grupo
de amigos”, donde sólo se habla de libros. El otro, la creación de
obras literarias carentes de una relación estrecha con el pueblo y las
“clases laborantes”, pero en las que sí sobresale una preocupación
estilística excesiva” (En Díaz, 1989: 58).

En estas circunstancias, dos grupos definidos se encontraron
en pugna: los nacionalistas y los Contemporáneos. Los primeros
deseaban seguir el ideal vasconcelista para establecer un canon
donde predominara una literatura que diera cuenta de los temas y
aspiraciones de la Revolución. Dentro de esta línea se encontraba
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

el caso particular de Manuel Maples Arce que buscaba una estética
cercana a lo proletario, como los de su poema Urbe. El grupo
de Contemporáneos, en contraste, compartía una visión más
europeizante, bajo la influencia directa de las vanguardias, como
el surrealismo, lo cual chocaba con la edificación de los criterios
morales y éticos de los nacionalistas (Sánchez, 2007: 192).
El año de 1925 fue importante para el grupo de
Contemporáneos: significó un momento de cohesión grupal, donde
los trabajos individuales se concatenaron y se hicieron públicos,
ayudando a la configuración de su identidad colectiva, tal como lo
señala Sheridan (1985, p. 179). Fue el año también en que publicaron
sus primeros libros varios de sus integrantes: Biombo de Torres
Bodet; El trompo de siete colores de Ortiz de Montellano; Canciones para
cantar en las barcas de Gorostiza; Ensayos de Novo; Desvelo de Owen;
y Reflejos de Villaurrutia. Sus contribuciones intelectuales y artísticas
adquirían, a partir de ese momento, el carácter de profesionales, sin
dejar de ser manifestaciones relacionadas al término de “juventud”,
que formaba parte importante del discurso de José Vasconcelos,
como un elemento esencial para la acción vital:
El joven, declara Villaurrutia, es aquel que tiene “todas las edades”
simultáneamente, es una forma de compromiso con el arte y más
una obligación que una virtud, o, en todo caso, una virtud ardua y
hasta difícil de sobrellevar (Sheridan, 1985: 181).

Con miras de explotar esta cualidad, el grupo decidió fundar
una revista literaria, tomando como modelo a la Revista de Occidente,
optaron por una “revista abierta, polémica, analítica, atenta a su
país pero siempre frente a, y en contraste con, el mundo europeo”.
El nombre tiene una raíz latina, tomada en sentido figurado, de
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

temporaneus (hacer algo a tiempo, a conveniencia) y su acepción
moderna lo define como perteneciente o relativo al tiempo o época
en que se vive.
La publicación formal de la revista comenzaría en 1928,
pero, desde tres años antes, coincidiendo con la primera polémica
literaria importante del siglo XX en México, ya participaban como
miembros del “Grupo sin grupo”. Con el antecedente directo del
modernismo, y teniendo como figura a Ramón López Velarde en el
ámbito nacional más inmediato, el vanguardismo fue, en palabras
de Alí Chumacero (en Villaurrutia, 2014) la “razón y pecado de la
generación de Contemporáneos” con un énfasis en autores mexicanos
como Enrique González Martínez, sí, pero también de artistas
extranjeros como Juan Ramón Jiménez, Jean Cocteau y Giorgio de
Chirico. Chumacero postula que:
Si los anteriores elementos son decisivos para explicarse el
arranque de esas experiencias literarias y comprender cómo,
mediante un desbordamiento con características diversas -sobre
todo plásticas y literarias-, se inició aquella generación, hemos de
señalar asimismo en los jóvenes escritores una incisiva curiosidad
por todo lo que se relacionara con la totalidad de las actividades
artísticas. Porque no sólo la poesía y la pintura, sino particularmente
el teatro, y la música, la filosofía en uno de ellos, el ensayo, la
crítica propiamente literaria, el periodismo, todo menos la ciencia
-salvo el caso extraño de Jorge Cuesta-atrajo sus mentes ahítas
de curiosidad y dueñas de un buen humor que pronto habrían de
perder, tornado en melancolía o en simple desilusión (X-XI).

Finalmente, esta iniciativa del grupo continuaría en el
proyecto colectivo de la revista Contemporáneos y en sus trabajos
individuales hasta 1932 cuando se disolvió la participación en
conjunto, al tiempo que surgía otra crisis.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

1932: Crisis nacionalista
La revista-manifiesto Contemporáneos se editó entre 1928 y 1931,
en sus páginas se publicaron textos de los integrantes del grupo
homónimo, además de pinturas e ilustraciones de artistas nacionales
y extranjeros, siguiendo la convicción por la que habían sido
denunciados y clasificados como “afeminados” en 1925 . En ese
periodo, el grupo maduró y realizó otras empresas en conjunto,
como la Antología de la poesía mexicana moderna (1928) y la revista
Ulises, donde Jorge Cuesta privilegiaba lo cerebral “y aconseja un
‘arte para artistas’, como quería Nietzsche, ‘cuyo objeto no fueran
sino las imágenes, las combinaciones de líneas, de colores, de
sonidos” (Chumacero en Villaurrutia, 2014: XI-XII).
Xavier Villaurrutia fue figura importante dentro de los
Contemporáneos: poeta, dramaturgo, crítico, traductor y editor.
Impulsó la primera publicación del grupo: Ulises, y protagonista
de la segunda (Contemporáneos). Chumacero destaca la influencia
de López Velarde no sólo en el joven poeta, sino en todo el grupo:
“la ‘pureza’ de la obra velardeana nos indica que la generación a
que perteneció Xavier Villaurrutia hacía suya conscientemente
la fórmula de un arte por el arte, presidido por un ‘rigor artificial
y exagerado’”, pues López Velarde: “Es el primero que trata de
construirse un lenguaje; antes de él nadie emplea tal desconfianza
artística en la elaboración de su estilo… Es el primero que aspira a
obtener, y que logra con frecuencia, aunque aisladamente, una poesía
pura” (Chumacero en Villaurrutia, 2014: XII-XIII).
En vísperas a 1932, como expone Sheridan (1999), el grupo
de Contemporáneos terminó su “vida pública”, iniciada siete años
antes, y cada integrante siguió su propia ruta. Desde la polémica de
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

1925 habían sufrido descalificaciones en cada uno de sus proyectos:
los narrativos, las puestas en escena del Teatro Ulises, la Antología de
la poesía mexicana moderna y la revista, propiamente (pp. 39-40).
La controversia inició en las páginas de El Universal Ilustrado
el 17 de marzo con una “encuesta” de Alejandro Núñez Alonso
titulada “¿Está en crisis la generación de vanguardia?” donde
exponía el ascenso y caída del interés hacia los vanguardistas con
alusiones directas:
Han pasado cuatro años… Y la gente, el público literario, los
adultos, los viejos o los inconformes con los jóvenes, murmuran
de los vanguardistas, ponen en duda su autenticidad, su mérito,
su valer. “No han hecho nada”, se dice insistentemente. “De
Ulises y Contemporáneos sólo queda el recuerdo, pero nada más” (en
Sheridan, 1999: 111).

En el mismo texto ofrecieron sus opiniones Villaurrutia,
Gorostiza, Novo, Ramos, Ortiz de Montellano y Abreu Gómez;
pero la respuesta más sesuda provino de Cuesta (1978) con su réplica publicada en la misma revista. Ahí enunció las características que
tenían los escritores de vanguardia, además de la juventud, y que se
resumía en haberse desarrollado en un medio adverso, y de “encontrarse inmediatamente cerca de una producción literaria y artística
cuya cualidad esencial ha sido una absoluta falta de crítica” (91-92).
La falta de crítica había provocado que su generación viviera en
permanente estado de crisis: “Nacieron en crisis y han encontrado
su destino en esta crisis: una crisis crítica” (Cuesta, 1978: 92). Asimismo, Cuesta reforzaba el ideal estético cosmopolita del grupo:
Esta generación no la buscó en las anteriores; la buscó en ella
misma (…) Esta actitud es la única que hace valer la actitud y

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

la obra de otros; es una actitud crítica. Hace valer lo mismo la
literatura y el arte franceses, que los de cualquier otro país. Admite
cualquier influencia. Admite la cultura y el conocimiento de las
lenguas. Admite viajar y conocer gentes. Admite encontrarse
frente a cualquier realidad, aun la mexicana. Es una actitud
esencialmente social, universal. Revolucionarismo, mexicanismo,
exotismo, nacionalismo, son en cambio, puras formas de
misantropía (1978: 94).

Como complemento al texto anterior, Cuesta publicó
el artículo “La literatura y el nacionalismo”, ahí ahondaba en la
problematización del tema y añadía otro componente fundamental:
la tradición. Ante la imposición de “la vuelta a lo mexicano” en el
arte, y frente al cosmopolitismo de los Contemporáneos, afirmaba
que esto “no ha dejado de ser un viaje de ida, una protesta contra
la tradición” ( 97). En relación con la noción de tradición realizaba
varios apuntes, el principal definía su postura: “la tradición no se
preserva, sino se vive”( 97); luego, citaba un comentario realizado por
Ermilo Abreu Gómez : “los discípulos no se seducen; se merecen”,
para responder: “la tradición es una seducción, no un mérito”, y
añadía: “la tradición es tradición porque no muere, porque vive sin
que la conserve nadie” (98); y finalmente: “la tradición no es otra
cosa que el eterno mandato de la especie. No en lo que perece y la
limita, sino en lo que perdura y la dilata, se entrega” (100).
Esta polémica fue la última en la que se enfrentaron
los nacionalistas y los Contemporáneos. En ambas contiendas
participaron figuras importantes de las letras del país como Mariano
Azuela, cuya novela Los de abajo se tomó como prototipo para la
literatura “viril” (Díaz, 1989), y Alfonso Reyes, quien se alineaba con
los preceptos y postura de los Contemporáneos, luego de haber sido
blanco de las mismas críticas que lo tachaban de hacer literatura “no
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patriótica”. Miguel Capistrán (1967) tiene razón cuando señala que
tanto Reyes como los Contemporáneos “pueden catalogarse dentro
de una concepción universalista de nuestras letras y representan,
durante esa etapa -y aun después- las figuras sobre las que se lanza
todo el fuego y el consecuente cargo de descastamiento”.
Las contribuciones que realizó Jorge Cuesta sobre el papel
de la tradición en el debate nacionalismo versus cosmopolitismo
resultaron fundamentales y constituyeron el eje principal de la
reflexión crítica del grupo en torno no sólo al presente de la
literatura mexicana, sino en la configuración de su tradición. Las dos
antologías que preparó Xavier Villaurrutia, una sobre Ramón López
Velarde y la otra sobre sor Juana Inés de la Cruz, así lo confirman.
La antología como forma y medio: ¿Forja el canon o
presenta una tradición?
Tiempo después de las polémicas literarias de 1925 y 1932, y de la
disolución como grupo de los integrantes de Contemporáneos a
principios de la década de 1930, los postulados cosmopolitas que
buscaron de manera colectiva siguieron siendo parte de la agenda
de sus miembros. Xavier Villaurrutia fue uno de los más activos y
productivos, pues no sólo continuó creando poesía, sino también
incursionó en la vida diplomática, en la traducción literaria, además
de ejercer como docente en la entonces Universidad Nacional de
México y en Bellas Artes. Fue en este momento de madurez cuando
preparó antologías de dos autores representativos de la lírica mexicana, situación que también puede leerse como una contestación
tardía las críticas recibidas por el supuesto desinterés por lo nacional: la barroca sor Juana Inés de la Cruz y el modernista Ramón
López Velarde.
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¿Cuál es el propósito de una antología? Es interesante
el contraste entre la ingente producción de antología y la escasa
reflexión crítica sobre ellas. Alfonso Reyes consideraba a la antología
como resultado de un proceso de creación, el cual podría dividirse
en dos formas: la primera en “las que domina el gusto personal
del coleccionista, y las que hay en que domina el criterio histórico,
objetivo” (1948: 137).
Por su parte, Claudio Guillén ve en la antología una manera
de actualizar y poner de nuevo en circulación obras y autores
del pasado. en otras palabras, la entiende como una estrategia de
resignificación:
La antología es una forma colectiva intratextual que supone la
reescritura o reelaboración, por parte de un lector, de textos ya
existentes mediante su inserción en conjuntos nuevos. La lectura
es su arranque y su destino, puesto que el autor es un lector que se
arroja a la facultad de dirigir las lecturas de los demás, interviniendo
en la recepción de múltiples poetas, modificando el horizonte de
expectativas de sus contemporáneos. Escritor de segundo rango, el
antólogo es un superlector de primerísimo rango (1985: 413).

Villaurrutia no era un neófito en las labores de antólogo:
en 1928 había participado, junto a Jorge Cuesta, Gilberto Owen y
Salvador Novo, en la Antología de la poesía mexicana moderna , la cual
finalmente se publicó como un trabajo individual de Cuesta (Sheridan,
1985: 313). Esta propuesta comunal de un grupo, en el marco análogo
de la publicación de su revista, puede verse como un medio para
expresar y reafirmar sus metas estéticas. Anthony Stanton agrega a
la discusión general lo siguiente: “la revista y la antología han sido
utilizadas como canales de transmisión de estas posturas colectivas,
sobre todo entre los grupos vanguardistas” (1993: 24).
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A partir de la lectura prólogo colectivo de la Antología de la
poesía mexicana moderna ya es posible ver la finalidad específica que
buscaban como grupo, y que luego refrendaría Xavier Villaurrutia
con sus dos antologías: replantearse el concepto de “influencia” y
cuestionar el rol de los modelos. Sobre este punto señala Stanton
que para ellos “los modelos […] no son los que generan repeticiones
miméticas, sino los que exigen prolongaciones, correcciones y
contradicciones” (26). En otras palabras, los Contemporáneos no
proponían un canon, un modelo intocable, sino mencionaban a los
autores que, para ellos, forman la tradición. Así lo escribieron:
¡Qué error pensar que el arte no es un ejercicio progresivo! Sólo
dura la obra que puede corregirse y prolongarse; pronto muere
aquella que sólo puede repetirse. Hay obras que no son sino
una pura influencia, una constante incitación a contradecirlas, a
corregirlas, a prolongarlas. Otras cuya influencia es estéril y que no
producen fuera de ellas más que inútiles ecos (Cuesta, 1985: 40).

El conflicto se situaba ahora en la coyuntura entre canon y
tradición. El escrito colombiano Álvaro Pineda menciona que, en los
estudios literarios modernos, se ha reemplazado la noción “canon
literario” por la de “tradición literaria”: “El canon es excluyente;
la tradición incluyente. El canon implica selección, jerarquización,
hegemonía, privilegia el centro, y deja por fuera demasiados
casos particulares” (2009: 128). Inmediatamente explica algunas
dificultades de ambas clasificaciones:
[El canon] privilegia también lo foráneo, en especial lo europeo
[...] El concepto de tradición, anota Laverde, adolece, por su
parte, de conservadurismo, de que lo viejo es mejor que lo nuevo,
privilegia la repetición y condena la novedad, pero tiene la ventaja
de que les da voz a los marginados y a la provincia (128-129).

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Si bien una, varias o muchas antologías pudieran tener como
finalidad última la de establecer una norma literaria, y considerando
el contraste entre el canon y la tradición anterior, Xavier Villaurrutia,
y los Contemporáneos, en un primer momento, realizaron una labor
de propuesta que pudiera servir de guía para la poesía de entonces,
y como proyección para las creaciones futuras. Sus trabajos de
selección traían a la discusión la selección de textos en su presente
inmediato; y no pretendían establecer rígidamente una norma
inamovible de autores y poemas. Volvemos al prólogo de la Antología
de la poesía mexicana moderna:
Los grupos, las escuelas, se disuelven; sólo quedan los individuos
que las han superado, como si la función de aquéllas, cuando
parece, al contrario, que a expensas de ellos se alimentan, fuera la
de nutrirlos y proteger su crecimiento (...) Quien no abandona la
escuela en que ha crecido, quien no la traiciona luego, encadena su
destino al de ella: con ella vive y con ella perece (Cuesta, 1985: 40).

Antología sorjuanina. Antecedentes y alcances
La figura literaria de sor Juana Inés de la Cruz pasó de un
reconocimiento sincrónico en el barroco hispanoamericano al olvido
durante casi dos siglos. La publicación de biografía de Amado Nervo:
Juana de Asbaje en 1910, situada en el contexto del primer centenario
de la independencia de México, ayudó a la reconsideración pública
y crítica de su obra en el ámbito cultural, haciendo ver la necesidad
de reditarla. Uno de los primeros en señalar esta deuda histórica fue
Pedro Henríquez Ureña. El crítico dominicano comparó el caso de
sor Juana Inés de la Cruz con el de Gertrudis Gómez de Avellaneda,
ilustre poetisa cubana, que sí fue reconocida en el primer centenario
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de su nacimiento y celebrada por autores reconocidos como Juan
Nicasio Gallego, Juan Valera y Marcelino Menéndez y Pelayo. La
religiosa novohispana, en cambio, quedó relegada:
Creo que entre los homenajes del centenario de la Avellaneda
se cuenta la reimpresión de sus obras. Éstas no son inaccesibles,
pero van haciéndose raras, y la reimpresión es indispensable. Pero
¡cuán más lo es la de sor Juana, cuyo texto legítimo es desconocido
del vulgo! Sus versos corren, estragados, por todas las antologías,
y sólo en la de Poetas hispanoamericanos de Menéndez y Pelayo
se han reproducido con exactitud. No existe de ellos edición
completa y aceptable hecha en el siglo XIX (Henríquez Ureña,
2013: 133).

El ateneísta concluía haciendo una invitación a la reedición
de sus obras, porque “el decoro literario exige se restablezca el texto
de sor Juana” y “no es excesivo homenaje para la poetisa la total y
cuidadosa reimpresión de sus obras” (2013: 133-134).
Al crecimiento del interés por el legado literario de sor
Juana Inés de la Cruz contribuyeron, de manera indirecta, los
homenajes realizados por el tricentésimo aniversario luctuoso del
poeta Luis de Góngora. Pues entonces se seguía creyendo que
el Primero sueño era una “derivación” de las Soledades. No fue el
caso, sin embargo, de los Contemporáneos, quienes muy pronto
manifestaron su deseo de acercarse a la monja novohispana, y
de leerla de manera productiva. Ermilo Abreu Gómez publicó
la primera edición moderna del Primero sueño en el número 3 de
Contemporáneos; y, en el siguiente número, redactó un resumen del
poema en forma de prosa, además de señalar que “nadie, o casi
nadie, se ha ocupado de estudiar El sueño” (46). Al respecto, señala
Stanton:
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Además, sabemos por varias fuentes que existió un proyecto
colectivo de los Contemporáneos para editar las obras completas
de Sor Juana, proyecto no llevado a cabo. Entre los que son
propiamente poetas del grupo, Villaurrutia es el único que dedica
un ensayo entero a la escritora (1993: 66).

El esfuerzo de Xavier Villaurrutia para reditar las obras de
sor Juana inició en 1931 con la publicación de Sonetos (Ediciones
La Razón), y continuó en 1939 con la aparición de Endechas (Taller,
núm. 7). Finalmente, en 1941, ambos libros se fusionaron en uno:
Sonetos y endechas publicado por la editorial Nueva Cvltura (Lima,
2008; Stanton, 1993: 65-66). El “ensayo entero” al que alude
Stanton tenía como título el nombre de la religiosa. En sus páginas
Villaurrutia comentaba y explicaba las características puntuales de
la obra de la poeta. La mencionó también en otro ensayo acucioso:
“Introducción a la poesía mexicana”. Ambos trabajos aparecieron
en Textos y pretextos, publicado originalmente por La Casa de España
en México en 1940.
Antología velardeana. Admiración y crítica
Algo similar sucedió con la relación entre Xavier Villaurrutia y
Ramón López Velarde. El poeta zacatecano estuvo muy presente en
la cúpula del grupo de Contemporáneos: fue un referente inmediato
y figuró como protagonista en la mencionada Antología de la poesía
mexicana moderna. Para ellos, representaba uno de los pilares de la
escena literaria nacional. Xavier Villaurrutia y Salvador Novo
conocieron y trataron a López Velarde, pues fue su maestro de
literatura en la Escuela Nacional Preparatoria. El poeta les mostraba
a sus alumnos algunas de sus creaciones para recibir sus comentarios.
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Esta amistad literaria fue referida por el propio Villaurrutia en su
ensayo “Ramón López Velarde”, que se incluyó en la edición de
sus Obras; en el prólogo de la antología El león y la virgen, publicada
en 1942, Villaurrutia dejó constancia de su conocimiento de la
producción poética de López Velarde.
La admiración de Villaurrutia hacía el poeta de Jerez quedó
manifiesta muy temprano, en un texto de 1924 titulado “Una nota”,
ahí explicaba que el autor de la Suave Patria “es un caso de excepción
en nuestras letras [...] Con dos bellos libros, con las anticipaciones
de un tercero, logró definirse aproximadamente y esparcir una
influencia que hoy encontramos valiosa”, pues “Él abrió, el primero,
los ojos de los sentidos para darse cuenta de que la provincia existía.
Cantó a la provincia. La pintó con vivas pinceladas -se vuelve un
poco, y justamente, al ‘color local’” (En Campos, 2008: 15).
La presencia física, primero, y la influencia posterior
a su muerte, impactaron de manera considerable al grupo de
Contemporáneos. En el prefacio que Evodio Escalante escribió para
Ramón López Velarde visto por los Contemporáneos (compilado Marco
Antonio Campos) evoca el ensayo temprano de Villaurrutia “La
poesía de los jóvenes de México”, pues ahí…
… había dicho que lo que los nacientes escritores mexicanos
necesitaban era el ejemplo rebelde de un nuevo Adán y una nueva
Eva que descubrieran territorios ignotos a la poesía mexicana.
Esos personajes arquetípicos ya existían. Según Villaurrutia,
Tablada era la nueva versión de Eva, y López Velarde el añorado
Adán que reclamaban los tiempos nuevos (2008: 10).

En la parte final de su texto, Escalante recalca la labor que
hizo el grupo ante la recepción temprana que tuvo López Velarde (el
“poeta de provincia” o el “poeta del México rural”) al ser…
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…Villaurrutia y los Contemporáneos quienes descubrieron en él a
un poeta de la sexualidad y de la muerte, de la angustia y el frenesí
que sintonizaba en todo y por todo con la zozobra que imperaba
(y que impera, me temo) en el México posrevolucionario (11).

Hubo dos selecciones de textos que presentó Villaurrutia de
López Velarde: una publicada en 1935 por la Editorial Cvltura con el
nombre somero Poemas escogidos y la ya mencionada El león y la virgen
aparecida siete años más tarde por la Imprenta Universitaria. Para
este artículo sólo tomaré en cuenta a la última.
Dispositivos: guías de selección para las antologías
Para abordar los criterios de distribución en que Xavier Villaurrutia
seleccionó los poemas de las antologías de Ramón López Velarde y
sor Juana Inés de la Cruz, he tenido en consideración el concepto de
dispositivo propuesto por Agamben, a partir de la respuesta que brinda
Foucault en una entrevista. Agamben lo resume como un conjunto
que incluye virtualmente cada cosa, sin importar si sea o no parte
del discurso (instituciones, leyes, proposiciones filosóficas), indicando
que el dispositivo es la red que se tiende entre estos elementos;
siempre está inscrita en una relación de poder; y que es producto del
cruzamiento de relaciones de poder y saber (2011: 250).
Al trasladar el concepto al ámbito de la literatura “los
dispositivos de registro del texto literario representan un conjunto
heterogéneo de prácticas y mecanismos impuestos e interiorizados que
orientan, controlan, modelan y gestionan, en este caso, la producción,
distribución y recepción del discurso” (Sánchez, et al, 2017: 13).
Los dispositivos que utilizó Villaurrutia para guiar la lectura
de la antología de sor Juana Inés de la Cruz se basan en la cualidad
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de la curiosidad: atributo que el antólogo resaltaba en la producción
textual de la monja. Villaurrutia que la curiosidad de sor Juana Inés
de la Cruz se alimentaba de la pasión y la definía como “una especie
de avidez del espíritu y de los sentidos que deteriora el gusto del
presente en provecho de la aventura” (2014: 776), la cual “es uno
de los grandes motores que ha tenido el mundo” y que, para la
religiosa, su “avidez de conocimiento” hace de ella una “poetisa de
la inteligencia […]un poeta del concepto, una poetisa de la razón”
pero no se queda allí únicamente, sino que “es también un poeta del
sentimiento” porque “alcanza las notas más finas del lirismo más
alto y a la vez más emotivo” al tocar los temas del amor los celos, la
ausencia y la esperanza en la mayoría de sus poemas “no son temas
muy vastos, pero sí fundamentales” (776-780).
Respecto a su producción poética, la clasificaba en o en
tres tipos: cortesano, de ingenio y lírico. En este último, “está
considerada como el mejor poeta de habla española de su tiempo”
(781). Finalizaba su reflexión citando el soneto “Esta tarde, mi bien,
cuando te hablaba” como una muestra de la voz lírica sor Juana que
es “propiamente lírica, íntima, intensa” (781), poema con el cual
había comenzado su antología de 1931.
Para la realización de este artículo, he consulado dos ediciones
distintas de la antología que reunió, a su vez, las recopilaciones que
Villaurrutia hizo de los sonetos y endechas sorjuaninos: a saber, de
manera cronológica, la publicada en 1980 por la Editorial Labor y la
correspondiente por Fontamara en 2008. Ambas son casi idénticas. La
única diferencia es que la primera sí incluye el ensayo como estudio
previo, mientras que la disposición de los poemas es la misma: los
sonetos se dividen en amorosos, burlescos, morales, de homenaje,
religiosos y ex opera omnia; mientras que las once endechas no
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presentan una clasificación como tal presentándose como un grupo
unitario. De esta manera es palpable que el eje rector, cohesivo, de
esta selección obedece al criterio que destacó Villaurrutia de sor Juana
Inés de la Cruz: la curiosidad. La curiosidad como pasión que mueve a
los individuos por senderos tan diversos, y aun así tan humanos, como
el amor, la moral, la burla y la religión por medio de la razón.
En el caso de López Velarde, Villaurrutia se refería a él
como “el más íntimo, más misterioso y secreto”, describiendo
características generales de su lírica, la cual “se instala en un clima
provinciano, católico, ortodoxo” (644-645); sin embargo, advertía
que, aunque no encontraba una conciliación “entre su religiosidad
cristiana y su erotismo” (647) , entraba en sus versos:
Placer y dolor, opulencia y miseria de la carne, delicia de un paraíso
presente y tristeza de un obligado y terrenal destierro a cambio de
la promesa de un paraíso sin placeres, son las pesas que oscilan en
su balanza (648).

Villaurrutia cuestionaba la “admiración ciega” que propició
la poesía velardeana al ser leída superficialmente, y sentenciaba que
“es más admirado que leído y más leído que estudiado” (644). Y en
contraste con las opiniones que definían al poeta como un autor
religioso, proponía una lectura heterodoxa: “Nunca este poeta está
más cerca de la religiosidad que cuando ha tocado el último extremo
del erotismo, y nunca está más cerca del erotismo que cuando ha
tocado el último extremo de la religiosidad” (649) : no es extraño,
por ello, que identificara ecos de Baudelaire en Zozobra, su primer
libro, sobre todo en en tres poemas: “La lágrima”, “Hormigas” y
“Te honro en el espanto” (652). Concluía su análisis con la siguiente
sentencia:
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En la poesía mexicana, la obra de Ramón López Velarde es,
hasta ahora, la más intensa, la más atrevida tentativa de revelar el
alma oculta de un hombre; de poner a flote las más sumergidas
e inasibles angustias; de expresar los más vivos tormentos y las
recónditas zozobras del espíritu ante los llamados del erotismo,
de la religiosidad y de la muerte (659)

La organización dispuesta en la antología El león y la virgen
no seguía un criterio temático explícito (tal como lo había hecho en
Sonetos y Endechas); sí, respetaba, sin embargo, el orden cronológico
de los libros del poeta zacatecano: La sangre devota (1916), Zozobra
(1919), El son del corazón (1921) y Suave patria (1921). Los puntos
expuestos por Villaurrutia se encontraban en los poemas y establecían
un diálogo entre los cambios acaecidos en cada uno de los libros: el
espacio de la provincia era el predominante y los asuntos mostrados
transcurrían entre el contraste que proporcionaban la fe religiosa y
el erotismo pagano. Estos tres atributos se reproducían de manera
constante en la selección de poemas, atributos que formaban parte,
por cierto, de la etapa de transición del Porfiriato y que iban de
la melancolía de la vida de campo a las promesas de la Revolución
mexicana en la capital del país: la urbe en donde la vida personal
se dividía entre la manifestación pública de la fe y lo íntimo que
constituía el erotismo.
No resulta extraño, en consecuencia, que tanto sor Juana
Inés de la Cruz como Ramón López Velarde hayan sido citados
y puestos como ejemplo en el ensayo “Introducción a la poesía
mexicana”. Villaurrutia remarcaba y describía ahí los aspectos
constantes de la producción lírica nacional. La obra de sor Juana le
permitía, además, incorporar el pasado novohispano en su reflexión
crítica, y con la poesía de López Velarde podía dar cuenta de su
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dimensión moderna de las letras mexicanas. La elaboración de las
antologías le permitió compaginas las cualidades individuales con
características generales como lo son la soledad, el tono íntimo
de confesión; lo reflexiva de ella; la musicalidad en el ritmo, en el
timbre; y en la aparición de tres temas abstractos: el amor, la muerte
y el conocimiento (764-771).
El ámbito donde concurren los dos autores antologados era,
para Villaurrutia, la noche (en contraste con el tono crepuscular que
Pedro Henríquez Ureña le había asignado a la lírica mexicana unas
décadas antes). Y argumentaba: “en Ramón López Velarde empieza
la hora de la poesía mexicana a llenarse de tinieblas”, mientras se
percataba de otra característica: “la preocupación de la muerte”
(771). La noche es el espacio que comparten López Velarde y Sor
Juana Inés de la Cruz. De hecho, Villaurrutia describió el Primero
sueño como “el poema más oscuro y más complejo” (774), que habita
en una atmósfera propia de la poetisa: “la noche y el sueño” (775).
La convergencia entre ambos autores, realizada por la lectura
crítica del antólogo, hizo que la brecha temporal entre ellos se
acortara y que, en consecuencia, fueran leídos por nuevos públicos
en un campo literario deseoso de redescubrirlos y de hallar en ellos
aspectos particulares, pero a la vez cercanos, reafirmando así su
pertenecientes a la tradición literaria mexicana.
A manera de conclusión: ¿Sueñan las antologías con formar
tradiciones?
La aparición de las antologías de Ramón López Velarde y sor Juana
Inés de la Cruz se produjo después de las dos polémicas mencionadas
al inicio de este artículo., en un periodo de definición del panorama
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literario tras la Revolución mexicana. En conjunto, ambos trabajos
pueden leerse como dispositivos para definir y difundir la posturas
críticas y estéticas, no sólo de Xavier Villaurrutia, sino de su generación,
en torno a la poesía moderna y a su tradición en el cambiante campo
literario mexicano de la primera mitad del siglo XX.
La labor crítica de Xavier Villaurrutia (desde las acciones
colectivas con el grupo de los Contemporáneos: las publicaciones
de revistas, la confección de la Antología de la poesía mexicana moderna
hasta sus empresas individuales), contribuyó a la modernización
del campo literario en el México postrevolucionario al definir una
tradición basada en el anhelo autonómico del “arte por el arte”.
Su participación (directa e indirecta) en las polémicas de 1925
y 1932 dejó en claro su papel como un defensor de un sentido más
amplio de lo nacional, cuyo reconocimiento de la literatura mexicana
no estaba en disputa con una perspectiva abierta y cosmopolita, que
reconocía y aceptaba influencias extranjeras. Sus antologías tuvieron
como finalidad la edificación de una tradición, esto es, la posibilidad
de crear una transmisión cultural caracterizada por la continuidad,
pervivencia, y perpetuación de una serie de constantes en un
fenómeno “vivo” y dialogante (la literatura mexicana), en lugar de
un canon fijo y petrificado.
Xavier Villaurrutia tomó como base los ideales de su grupo,
exploró el pasado y el presente de las letras mexicanas e hizo visibles
vasos comunicantes, todo con el fin de hacer visible una tradición
moderna que iba más allá de las temáticas y formas impuestas por
los afanes nacionalistas. La selección de poemas realizada en sus
antologías involucró a dos autores importantes de la literatura
mexicana, y lo hizo en un momento decisivo para el establecimiento
de la escena cultural del país. Con ello impulsó su lectura, propició
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el diálogo, y estimuló la crítica y el estudio de sus obras. En el
caso de sor Juana Inés de la Cruz, olvidada por mucho tiempo y
ahora revalorizada, fue un detonante fundamental en el proceso de
la edición de su obra completa realizado en la década del cuarenta
por el Fondo de Cultura Económica; para el de López Velarde,
autor reciente y encasillado como poeta religioso, contribuyó a su
revalorización como fundador de la lírica moderna en nuestro país.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Espacio y gastronomía en Las golosinas secretas,
de Juan Villoro
Space and gastronomy in Las golosinas secretas,
by Juan Villoro
Manuel Santiago Herrera Martínez
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
manuel.herreramr@uanl.edu.mx

Resumen. En la literatura infantil, el alimento no solo funge como
un aspecto fisiológico, sino también denota el espacio corporal de los
personajes con sus respectivos comportamientos. Este trabajo muestra
los roles de género gestados actualmente, a través de la gastronomía,
en el texto Las golosinas secretas, del escritor mexicano Juan Villoro.
Las preguntas que guían esta indagación son: ¿cuál es la imagen social
proyectada entre los actantes por medio del alimento? ¿De qué manera
la comida actúa como un catalizador para convivir en espacios alternos?
¿Cómo el realismo mágico permite la invisibilidad de los roles de género
desde temprana edad? La metodología empleada es cualitativa descriptiva,
y se emprende un estudio semiótico-cultural.Dentro de los sustentos
teóricos se encuentran el realismo mágico de Bautista Ramírez (2014),
para abordar ambos términos (realidad-magia) en la cuentística infantil; la
semiótica de la cultura de Lotman (1996), para visualizar el concepto de
memoria; las fronteras-pasajes de Toporov (1983), para analizar el tránsito
de los personajes en estas dimensiones; la polisemia alimentaria de Vélez
Jiménez (2013), para mostrar las desigualdades en torno a la posición
social y económica de los actantes por medio de la comida; y el tiempo en
Uspenski (2003), para reafirmar el recuerdo como parte de una misión.

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Palabras clave: Semiótica cultural – Polisemia alimentaria – Roles de
género – Juan Villoro
Abstract: In children’s literature, food not only serves as a physiological
aspect, but also denotes the bodily space of the characters with their
respective behaviors. This paper shows the gender roles currently gestated,
through gastronomy, in the text Las golosinas secretas, by the Mexican writer
Juan Villoro.The questions that guide this research are: what is the social
image projected among the actors through food? How does food act
as a catalyst to coexist in alternative spaces? How does magical realism
allow the invisibility of gender roles from an early age? The methodology
employed is qualitative descriptive, and a semiotic-cultural study is
undertaken.Within the theoretical underpinnings are Bautista Ramírez’s
(2014) magical realism, to address both terms (reality-magic) in children’s
storytelling; Lotman’s (1996) semiotics of culture, to visualize the concept
of memory; the borders-passages of Toporov (1983), to analyze the
transit of the characters in these dimensions; the food polysemy of Vélez
Jiménez (2013), to show the inequalities around the social and economic
position of the actants through food; and time in Uspenski (2003), to
reaffirm memory as part of a mission.
Key words: Cultural Semiotics – Food Polysemy – Gender Roles – Juan
Villoro

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

Dentro de la literatura infantil, la comida tiene un rol importante,
debido a que puede representar el alimento característico de algún
personaje o atraer a los actantes hacia un determinado lugar. Este
trabajo analiza Las golosinas secretas del escritor mexicano Juan Villoro,
centrándose en cómo el protagonista ingiere un alimento para sufrir
una metamorfosis que le permite ingresar a un espacio deseado en
concreto. Este relato muestra dos espacios alternos y de convivencia:
el mundo real y el mágico; de ahí que el estudio parta de algunos
puntos tomados del realismo mágico, con el propósito de observar
esa transición en el personaje para alcanzar la misión propuesta.
El realismo mágico es un movimiento literario surgido
aproximadamente en la década de los sesenta. Conjunta dos términos
en apariencia contradictorios: realidad y magia. Se entendería a
primera instancia como una existencia llena de fantasía donde
prevalece la armonía, sin embargo, de acuerdo con Bautista Ramírez
(2014), este tipo de literatura surge a raíz de la fuerte opresión
política que anida en Latinoamérica y estalla de diferentes formas.
A continuación, se presenta un cuadro propuesto por
Bautista (2014) para visualizar los distintos rumbos a los que condujo
la dictadura en nuestro continente.
Figura 1
El realismo mágico

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

De los puntos antes mencionados, sobresale la identidad;
según la definición sugerida por Hall (2003), “las identidades
se constituyen dentro de la representación y nunca fuera de ella.
No puede considerarse como un objeto acabado, sino que se va
construyendo a partir de múltiples discursos, prácticas y posiciones
diferentes, a menudo cruzados y antagónicos” (17).
En esa búsqueda por la identidad, el individuo vive una
utopía, una idealización de sus proyecciones y aspiraciones. Según
Bautista Ramírez, esta tendencia literaria muestra variantes en su
consolidación. Por ello, el autor propone el siguiente cuadro:
Figura 2
Definición de realismo y mágico

Esta idea se complementa con las palabras de Gómez
Redondo, quien afirma con respecto al proceso de creación:
El creador literario se ve obligado a reproducir en su obra el
esquema de relaciones (conceptuales, filosóficas, religiosas, etc.)
existentes en su interior y el tiempo en el que habita […] la literatura
de ficción, más que cualquier otra, permitirá reconstruir la imagen
completa y total de una sociedad en un momento determinado. Y
ello porque la ficción resulta el ámbito imprescindible que el ser
humano debe conquistar para poder existir. (2001:149).

Se observa el proceso de creación de la palabra como la
articulación de la realidad a través de su vehículo de recreación:
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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

la ficción; e, igualmente, se nota cómo, por medio del proceso de
estructuración del discurso ficcional, se produce el vínculo con el
lector y la realidad que a este concierne.
Tanto en la postura de Bautista Ramírez como en la de
Gómez Redondo, se aprecia la búsqueda de la identidad por parte
del escritor en los procesos de escritura; esto conlleva a gestar una
generación de autores(as) que, según este último, son “capa[ces]
de crear una nueva realidad, sustentada en una nueva estructura
de pensamiento, que es la base de una nueva imagen de la ficción,
ámbito por el que penetra el recepto en la obra literaria” (2001:
131). En este rubro, se encuentra Las golosinas secretas de Villoro, al
proponer características del realismo mágico en la narrativa infantil.
Dentro de las variadas definiciones de utopía, retomaremos
la descrita por Ortiz Moyano, quien la explica como:
El lugar que no existe, pero que pudiera existir, se convierte en una
categoría del pensamiento dentro de la literatura. Históricamente,
la utopía está relacionada con la posibilidad de coexistencia feliz
entre los seres humanos. Pensar la ciudad como un lugar de
convivencia armónica entre sus habitantes, aparte de convertirse
en una idealización, es negar la existencia de la violencia como
sustancia de la cultura y cerrar los ojos frente a realidades
socioculturales y económicas. (2018: 7).

La utopía es ese otro espacio donde convergen la realidad
y la magia. De aquí la importancia de examinarla dentro del cuento
de Villoro: se entrecruzan los tiempos para escudriñar la identidad
y darle sentido a la existencia. Por su parte, Bautista Ramírez aclara
que la utopía tiene múltiples funciones; dentro de este estudio,
seleccionaremos solo la siguiente: “Función crítica: de hecho, la
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

utopía está construida a partir de elementos del presente, ya sea para
evitarlos (desigualdades, injusticias…) o para potenciarlos (adelantos
técnicos, libertades…)” (2014: 7). Esta función crítica en el relato se
nota por la desigualdad social entre los personajes y los estereotipos
de género gestados en ellos desde la infancia.
Finalmente, Bautista Ramírez (2014) refiere los rasgos
prototípicos del realismo mágico, entre los cuales destaca:
•
•
•
•
•
•

las barreras entre la vida y la muerte son tenues
un espacio particular
temáticas realistas con elementos irrealistas
búsqueda de la identidad y la sensibilidad
personajes excéntricos
el tiempo cíclico o aparece distorsionado (69).

La semiótica de la cultura
En la Escuela de Tartu, Lotman plantea la importancia de la
semiótica de la cultura como una interdisciplina que abraza a otros
textos. Define a la cultura como un texto complejo por los diversos
entretejidos que la conforman; de ahí el compromiso de ser capaces
de traducir ese entorno cultural. En este sentido, la cultura como
texto semiótico complejo, refleja tanto a los diferentes textos como
a los diversos individuos que forman parte de ella.
Para Lotman, la memoria del hombre es “considerada como
un texto complejo, ya que al entrar en contacto con el texto produce
cambios creadores dentro de la cadena informacional. Lo paradójico
es que al texto debe precederle otro texto, la cultura” (1996: 90). De
acuerdo con lo anterior, define al texto como un “espacio semiótico
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

en que interactúan, se interfieren y se autoorganizan jerárquicamente
los lenguajes” (1996: 9).
Ese espacio semiótico, Lotman lo define como semiosfera.
Señala que el texto es un espacio donde surgen nuevas comunicaciones
e interpretaciones. Dentro de los rasgos sobresalientes de la
semiosfera, se encuentra el de la frontera, vista como los puntos
internos y externos pertenecientes a este espacio.
De acuerdo con Lotman, los textos permanecen en la
memoria de la cultura mediante tres mecanismos: (a) aumenta de
manera significativa el volumen de conocimiento, es decir, la cultura
va tomando de la realidad que la rodea los elementos que necesita
para sobrevivir, (b) reorganiza de manera constante los contenidos
culturales, y (c) utiliza el “olvido” para mantener los textos dentro
de una cultura; es decir, permite que unos textos tomen el lugar de
otros. (2000: 174).
Lotman, al hacer una analogía entre el paralelismo
estructural de las caracterizaciones semióticas y las personales,
define el texto de cualquier nivel como una persona semiótica,
y considera asimismo como texto a la persona en cualquier nivel
sociocultural. Esta definición refleja la interacción que tienen,
para Lotman, el hombre y todos los sistemas semióticos (o textos)
“como manifestaciones de una cultura y dentro de esa misma
cultura, de manera que interactúan no solo como depósito de
información, sino también como textos con capacidad de crear
nuevos textos o mensajes” (2000: 197).
Uno de los aportes de la semiótica de la cultura es generar
nuevos sentidos. Lotman propone la participación de los traductores
o filtros bilingües que expliquen la finalidad de los textos a los demás.
De acuerdo con lo anterior, define al texto como:
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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A la luz de lo dicho, el texto se presenta ante nosotros no como
la realización de un mensaje en un solo lenguaje cualquiera, sino
como un complejo dispositivo que guarda variados códigos,
capaz de transformar los mensajes recibidos y de generar nuevos
mensajes, un generador informacional. (2000: 125).

En esta producción de sentidos, el texto pasa por una serie
de diversos procesos socio-comunicativos, entre los cuales Lotman
(2000) refiere:
1. El trato entre el remitente y el destinatario. El texto cumple la
función de un mensaje dirigido del portador de la información
al auditorio.
2. El trato entre el auditorio y la tradición cultural. El texto cumple
la función de memoria cultural colectiva.
3. El trato del lector consigo mismo. El texto interviene en el papel
de mediador que ayuda a la reestructuración de la personalidad
del lector.
4. El trato del lector con el texto. Deviene un interlocutor de
iguales derechos que posee un alto grado de autonomía. Tanto
para el autor (el remitente) como para el lector (el destinatario),
puede actuar como una formación intelectual independiente
que desempeña un papel activo e independiente en el diálogo.
5. El trato entre el texto y el contexto cultural. Los textos, como
formaciones más estables y delimitadas, tienden a pasar de
un contexto a otro. Al trasladarse a otro contexto cultural, se
comportan como un informante trasladado a una nueva situación
comunicativa: actualizan aspectos antes ocultos de su sistema
codificante. Tal ‘recodificación de sí mismo’ en correspondencia
con la situación pone al descubierto la analogía entre la conducta
sígnica de la persona y el texto. (54).
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La semiótica del espacio
Lotman plantea la semiótica de la cultura como la disciplina que estudia
la interacción de los diferentes sistemas semióticos dentro de una
cultura (259). En esta interacción es relevante la semiosfera, porque
es definida como el espacio semiótico cerrado necesario para la
existencia y el funcionamiento de los distintos lenguajes (Lotman,
1984: 22, y 1990: 123).
Esta semiosfera presenta una serie de rasgos característicos,
siendo el más sobresaliente la frontera, por su carácter espacial.
Para Lotman, la frontera es el conjunto de puntos pertenecientes a
un espacio a la vez interno y externo. Como frontera semiótica, la
semiosfera es la suma de traductores o filtros bilingües, por medio
de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje. La frontera general
de la semiosfera se intersecta con las fronteras de los espacios
culturales particulares.
En este aspecto, son vitales los espacios culturales. Por ello,
Lotman puntualiza que la cultura es “el conjunto de información
no genética como memoria de la humanidad o de los colectivos
más restringidos nacionales o sociales, dichos colectivos históricosociales [que] crean o reinterpretan los textos de acuerdo con su
modelo de mundo” (1979: 41-42).
Lotman expresa que “la memoria no es para la cultura un
depósito pasivo, sino que constituye una parte de su mecanismo
formador de textos” (1996: 161). Es decir, genera sentidos y define
a la identidad como una unidad. Así que propone que las leyes
de la memoria sufren una selección y una compleja codificación
para, en determinadas condiciones, de nuevo manifestarse (1996:
109).
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De acuerdo con Mieke Bal, dentro de la narratología,
el espacio es el lugar en el cual los personajes se desenvuelven. La
autora externa que “el lugar se relaciona con la forma física, medible
matemáticamente, de las dimensiones espaciales. Por supuesto sólo
en la ficción; esos lugares no existen verdaderamente tal como lo
hacen en la realidad” (Bal, 1987: 101).
Los espacios dentro del texto Las golosinas secretas son
esenciales, debido a que se construyen los lugares físicos y
mitológicos. En este sentido, la semiótica del espacio proporciona
los elementos para abordarla y descifrar los sentidos en el relato.
Esta semiótica del espacio, estudiada por Finol, asevera que:
el espacio en los estudios semióticos representa una estructura que
juega un rol importante en la organización social, a través de él se da
sentido a una organización social, pero también a una serie de valores
culturales que soportan ese orden social. El espacio se convierte
en instrumento simbólico, capaz de articular los contenidos de la
cultura misma en una sintaxis particular. (2006: 38).

En este trabajo, se plantean las diversas vertientes sobre el
lugar, propuestas por la semiótica del espacio, y su visualización en
el cuento a analizar:
Figura 3
La semiótica del espacio

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

El apartado del espacio sociodemográfico se basa en la
propuesta de Losada, quien menciona que este lugar es:
el intermedio entre el objetual y el cosmológico. Mientras el
primero abarcaría todos aquellos fenómenos que los seres
humanos pueden manipular en su totalidad (como, por ejemplo,
un palo de madera o una cuchara); el último comprende todos
los fenómenos de rango de magnitud más grande (como, por
ejemplo, el sol, el universo y similares). Es así como el espacio
sociogeográfico abarcaría todos aquellos fenómenos espaciales
con que los seres humanos sólo pueden confrontarse, o estar
ubicados dentro de ellos, sin ser capaces de manipularlos.
Por ejemplo, no pueden moverse o actuar sobre una casa
mientras que sí pueden entrar en dicho espacio o confrontarlo.
(2001: 272).

En el relato de Villoro, tanto Fito como Rosita entran y salen
de estos espacios sociodemográficos para mantener un orden. De
acuerdo con Losada, el espacio también implica el comportamiento
y un significado para quienes habitan en él (2001: 272); esto es visible
cuando Fito se arriesga a cruzar un umbral y visita tres lugares para
encontrar a la niña: son lugares específicos para el desarrollo de
acciones centrales en los personajes.
Continuando con la postura de Losada, también reflexiona
sobre el espacio vivido y lo establece como “[…] la influencia del espacio
no solo interviene sobre el comportamiento y los significados, sino
que también los individuos/grupos realizan interpretaciones sobre
y acerca de él desde temprana edad; mostrándose así el aspecto
discursivo-simbólico del espacio” (2001: 274). Estos espacios, en
los actantes, son centrales, porque construyen la identidad de los
personajes.
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Espacio y gastronomía
Las golosina secretas plantea una historia donde se aborda la rivalidad
de Tencha hacia Rosita, por su belleza y carisma, así como una
gran envidia, porque acapara la atención de Fito y de cualquier otro
muchacho. Al ver por la televisión la venta de un lápiz labial que
desaparece a las personas, Tencha solicita a su mamá ese producto.
Una vez en sus manos, se lo regala a Rosita, haciéndole creer que la
estima. La niña desaparece y Fito acude con Don Silvestre, dueño
de una tienda, para que le dé un remedio e ir en busca de Rosita.
Don Silvestre le da las golosinas secretas cuyo poder radica en hacer
invisible a quien las consuma. Fito logra, de esa manera, rescatar a
Rosita y regresarla al mundo real.
La polisemia alimentaria
La comida es el resultado del paso de la naturaleza a la cultura. Parodi
(2014) externa que la gastrosemiótica o comunicación gastronómica
implica la incorporación de signos olfativos, táctiles y gustativos, y la
construcción de sintagmas nutricionales cada vez más complejos, a
la vez que el ámbito contextual se modifica y enriquece tanto en el
proceso de encodifación del potaje-mensaje por el cocinero-emisor
(productos elegidos, tratamiento ritual, instrumentos usados, lugar,
vajilla, etc.) como en el proceso de decodificación del comensalreceptor (lugar, muebles, manteles, vajilla, cubiertos, ritual de ingestión,
etc.) (15). En este sentido, la comida posee diversos significados
dependiendo del contexto en que se lleve a cabo la degustación.
De acuerdo con Vélez Jiménez, la polisemia alimentaria
consiste en:
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

nuevas conductas, nuevos modos de vida ligados a funciones
rememorativas, conmemorativas o expansivas de la comida; temas
y situaciones que tienen que ver con el ocio, la fiesta, el deporte, el
esfuerzo, la labor, etc., de un hombre que, de manera teatral, desea
tener poder sobre el vértigo de la vida contemporánea. (2013: 26).

En el relato, la presencia de Don Silvestre es central para
regresar a Rosita al mundo visible. Este personaje es conocido como
el sabio del barrio, pues ha viajado demasiado y conoce los secretos
de la comida. Además, trae tatuado un delfín en el antebrazo (en la
simbología universal, este animal se caracteriza por la inteligencia).
Don Silvestre representa de una manera simbólica la figura de Ulises
(personaje de La Odisea): marinero, contaba historias de sirenas, de
naufragios y tenía el don de develar los secretos. Es un intermediario
entre el mundo real y el mágico. Además, le otorga a Fito las golosinas
secretas con ciertas prohibiciones:
Don Silvestre puso un puñado de hojuelas color grosella en
la mano derecha de Fito; en la izquierda puso el contralápiz.
Mientras masticaba las hojuelas, Fito sintió comezón en los pies
y se quitó los zapatos para rascarse. Cuando desapareció estaba
en calcetines. La ropa real de Fito quedó en el piso, pero él podía
tocar los botones de su camisa, que se había vuelto una camisa
imaginaria. (Villoro, 2006: 31).

En el concepto de polisemia alimentaria, se puede observar
cómo las golosinas secretas cumplen otra misión, pues fungen
como catalizadores para motivar a Fito a cumplir un acto heroico:
regresar la presencia física de Rosita entre los suyos. Asimismo,
puede convivir entre estos espacios con cierta cautela.
Un punto qué resaltar es que estas golosinas están en poder
de un hombre. Se puede apreciar el predominio de la masculinidad
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en las artes alimentarias que le han sido conferidas, dentro de la
cultura, a las mujeres. Según Godelier:
Para ser masculino un hombre debe estar dispuesto a luchar e
infligir dolor, pero también a sufrir y soportar dolor. Él busca
aventuras y pruebas de su coraje y lleva las cicatrices de sus
aventuras orgullosamente. Una mujer enfrenta el peligro en
el parto, un riesgo del que no puede escapar. Un hombre tiene
que aceptar el peligro libre y voluntariamente o si no él no es
un hombre. Una mujer sangra en la menstruación y en el parto.
Un hombre sangra en la guerra, en los rituales y en los trabajos
peligrosos que él asume para que las mujeres puedan criar a sus
hijos en un ambiente seguro. (1986: 88).

A Don Silvestre, por su oficio, y por haberse expuesto en
el pasado a peligrosas osadías y personajes, se le confiere un poder
simbólico para dirigir con esmero un alimento sagrado. Las mujeres
mencionadas en el relato, por otro lado, están confinadas en el hogar
para la educación y la manutención de los hijos. Sin embargo, Don
Silvestre es un proveedor: tiene a su cargo una tienda y de alguna
manera administra la alimentación de los habitantes y conoce sus
respectivas vidas.
Este rasgo, resalta la figura de Don Silvestre como poseedor
de un secreto alimentario, se relaciona con la distinción, término
propuesto por Bourdieu (1997), en el cual lo masculino predomina
ante los demás y tiene un prestigio y reconocimiento. Esta distinción
resalta y conmina a distanciar las relaciones personales, provocando
una desigualdad y una representación social entre las personas.
Moscovici (1979), señala que las representaciones sociales constituyen un
proceso de reconstrucción de lo real, de relaciones entre sujetos y
sociedad, gracias a las cuales las personas hacen inteligible la realidad.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

Según Ibáñez (1994), las fuentes de determinación de las
representaciones sociales se ubican en tres dimensiones: (a) las
condiciones económicas, sociales e históricas de un grupo social o
sociedad determinada; (b) los mecanismos propios de formación
de las representaciones sociales (la objetivación y el anclaje); (c)
las diversas prácticas sociales de los agentes, relacionadas con las
diversas modalidades de comunicación social.
Estas representaciones sociales se asemejan a lo que
propone Bordieu (1997) como habitus, es decir, los campos liberan
energía social que se traduce en un tipo de capital concreto; en un
tipo de valor. El capital es la riqueza del campo, y su apropiación y
control, el objeto de la lucha. Hay tres niveles de capital: económico,
social y cultural. En consecuencia, la posición de los individuos en
un campo específico está determinado por su volumen de capital
económico (dinero, bienes, inversiones), capital social (relaciones,
contactos, parentesco) y capital cultural (saberes, información).
El habitus y las representaciones sociales constituyen así
conceptos análogos. En este sentido, Hernández Flores (2013)
externa que “todos los participantes ven afectadas sus imágenes de
alguna forma, este efecto varía en modo y en grado, siendo estos
factores los que determinar el tipo de actividad producido: de
cortesía, de descortesía o de autoimagen” (2013: 184).
Asimismo, Bourdieu remarca que el alimento se torna en un
campo porque solidifica o desestabiliza las relaciones sociales. Recalca:
La cultura alimentaria, campo o cocina es un espacio social, un
campo de fuerzas, pluridimensional de posiciones, diferenciación,
desigualdades y constitución de distinciones en donde los agentes
construyen representaciones del mundo social. Los agentes se

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distribuyen y se posicionan según el capital que poseen y exhiben,
ya sea capital económico, cultural, social y simbólico. (1998: 10).

En Las golosinas secretas, este campo culinario es evidente en el
personaje de Tencha. Es descrita por sus compañeros como la gorda
y solo se acercan a ella por tener un balón de cuero y ser una excelente
futbolista. Tiene dinero, su familia puede viajar a los Estados Unidos,
comprarse lo que sea (como el lápiz labial para desaparecer a la gente)
y comer lo que deseé. Tencha se autodenomina como “un pimpollo de
hermosura” (Villoro, 2006, p. 9) para remarcar una belleza, según ella,
producto de la materialización otorgada por el dinero, y señala que su
familia padece una enfermedad llamada obesidad; de hecho, la madre
y la abuela de Tencha son llamadas en la colonia la “Supergorda”
y la “Recontragorda”, y las descripciones alusivas a su problema de
sobrepeso son detalladas a través de la analogía con el alimento:
El doctor Martínez les recomendó un tratamiento en Estados
Unidos, país donde hay muchas especialidades para gordos:
zapatos tan grandes que las agujetas son largas como espaguetis,
cafeterías donde las leches malteadas se sirven en cubetas, camas
tan amplias como canchas de tenis y, por supuesto, doctores flacos
expertos en gordos. (Villoro, 2006: 16-17).

En este campo culinario, se nota una desigualdad económica
y social en relación con los demás actantes. Por medio de esta
analogía, se establece una distancia y cómo estos responden a través
de la ironía con los sobrenombres. Más adelante, se reafirma el
sarcasmo al referir: “La Supergorda y la Recontragorda adelgazaron
un poco. De 175 y 180 kilos pasaron a 115 y 118, así que en vez de
melones parecían toronjas y ya se podían pesar en la báscula del
doctor Martínez” (Villoro, 2006: 18).
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En estos calificativos, como parte de las asimetrías de
género, se nota un sexismo lingüístico para degradar la imagen de
las mujeres y relacionarlas como objetos. De acuerdo con MuñozMuñoz, este concepto:
Representa a las mujeres de forma indigna, bien utilizando
particular y directamente su cuerpo como un objeto que no tiene
una relación directa con el producto que se pretende promocionar
o bien utilizando su imagen para asociarla a comportamientos
asignados tradicionalmente a la mujer de forma discriminatoria.
(2011: 5).

Una manera de perpetuar el sexismo lingüístico dentro de
la cultura es por medio de las rondas infantiles, donde se refuerzan
los estereotipos de género desde temprana edad. En México, se
entona y baila La víbora de la mar dentro de las escuelas como una
forma de educar a los niños; en ella, prevalece una estrofa que
enuncia: “Una mexicana que frutos vendía, / ciruela, chabacano,
melón o sandía”. De acuerdo con Fernández Poncela (2015),
en esta tradición prevalece una configuración y reproducción
de la imagen de la mujer y su relación intergenérica. Aquí se
evidencia que las mujeres venden frutos para saciar el apetito de
los hombres.
Esta referencia sirve para denotar cómo la madre y la
abuela de Tencha son vistas como objetos de consumo a través
de las denominaciones de melón y toronja. Estas frutas remiten a
mujeres con ciertas características físicas y culturales: confinadas a
lo doméstico, a lo biológico y a ser dadoras de vida. Se gesta una
violencia de género a través de la cosificación, donde se le representa
como un objeto del deseo y necesidad sexual.
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El espacio
Toporov externa que, en el pensamiento mitológico, el espacio
es concreto, discontinuo, cargado de valores y de actitudes
emocionales (1983: 230). El espacio mitológico está construido “a
modo de mosaico” y se manifiesta, por ejemplo, en la distinción
de posiciones, lugares y direcciones cualitativamente diferentes:
sagrados y profanos, favorables y desfavorables, propios y ajenos,
etc” (1983: 15).
Toporov propone las fronteras-pasajes como una línea divisoria
entre los lugares y los que sirven de acceso, entrada o comunicación.
En el relato de Villoro, Rosita y Fito son los actantes que penetran
ambas fronteras: la real y la mitológica. Para enfatizar este concepto
de fronteras-pasajes en el relato, se elaboró el presente cuadro:
Figura 4
Las fronteras-pasajes de Toporov en el cuento de Villoro

Aquí se observa cómo las golosinas fungen como un
catalizador entre ambas realidades, en donde Fito y Rosita pueden
ingresar y salir. Asimismo, el sabor y el aroma de las golosinas
conservan la memoria para cumplir con la misión encomendada.
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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

Es relevante señalar la semiótica del olor propuesta por
Quiroz Marcial (2010), quien plantea que a través del aroma se evocan
los recuerdos sobre algún lugar determinado con sus respectivas
reacciones y emociones. “Esto es un vestigio biológico del poder
ancestral que tuvieron los estímulos olorosos para advertir de la
presencia de estímulos vitales como alimento, sexo o peligro y que
hoy en día siguen vigentes” (2010: 18). En el aspecto simbólico del
espacio entra este enfoque proxémico del olor, ya que en el cuento
el aroma despierta los recuerdos, y con ellos la empresa a defender.
Un espacio central en el relato es la puerta. De acuerdo
con Eliade (1972), es una frontera que separa el espacio interior,
protegido, propio, sagrado, etc., del espacio exterior, peligroso, ajeno
y profano. En el cuento, se encuentra en el presente pasaje:
Don Silvestre abrió una puerta de metal y pasaron a un cuarto
repleto de maravillas: cientos de dinas esponjaditas, peritas de
anís, buñuelos crujientes, paletas de azúcar quemada, malvaviscos
gordinflones, nueces garapiñadas, chicharrones con chile piquín,
cacahuates confitados, todo, absolutamente todo lo ácido, dulce y
picoso del universo. (Villoro, 2006: 23).

Dentro de este concepto de fronteras-pasajes, Toporov
aborda también el término de encrucijada, y lo define como “el paso
de un reino a otro” (1983: 13). En el siguiente ejemplo, se visualiza
esta denominación:
Así es que mejor salió de la tienda sintiendo el piso bajo sus
calcetines invisibles. Lo único visible era el lápiz con el que debía
hacer que Rosita volviera a ser real.
El lápiz labial parecía flotar en la calle. Por fortuna la gente se fija
muy poco en las cosas pequeñas. Sólo un despistado vio aquel

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lápiz que andaba suelto, pero pensó que tal se trataba de la famosa
mosca africana que según los periódicos estaba a punto de llegar
a México (Villoro, 2006: 32).

En esta bifurcación, se percibe cómo el protagonista
traspasa el umbral del mundo mitológico, lleva consigo un encargo
y regresa con su gente. Esta encrucijada se asemeja a los lugares
fronterizos (como la puerta) postulados por Lotman, porque son
“mágicamente activos del espacio cultural: regiones del choque de
las fuerzas terrenales [...] y las infernales [...]” (1984: 20).
El tiempo en Las golosinas secretas
El enfoque semiótico-cultural de la historia supone una apelación
al punto de vista interno de los participantes mismos del proceso
histórico. Resalta la reconstrucción de los motivos subjetivos para
determinadas acciones (que de uno u otro modo determinan el
curso de los acontecimientos). Dentro de esta visión semióticacultural de la historia, los vínculos de causa y efecto aluden al nivel
de los acontecimientos (accional) (Uspenski, 2003: 162).
Esto genera una conciencia histórica que provoca una
marcha inversa del pensamiento: del presente hacia el pasado. Así
que esos vínculos de causa-efecto ejercen una natural influencia
sobre el curso futuro de la historia
Dentro de este panorama, el presente del pasado se refiere al
recuerdo, el presente del presente a la contemplación del recuerdo,
y el presente del futuro a la espera del recuerdo. A continuación, se
ejemplifican estos lazos de causa-efecto en la obra.
El presente del pasado (recuerdo):
Estuvo largo rato viendo el pasto que crecía en desorden y
recordó el día en que fue derribado por el balonazo. Pensó en los
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ojos brillantes de Rosita. Y entonces se le ocurrió que tal vez ella
también se acordaba de ese momento. Sí, a lo mejor ella había
pensado en el lote baldío antes de desaparecer. (Villoro, 2006: 35).

El presente del presente (la contemplación del recuerdo):
Don Silvestre abrió una caja de cartón que contenía bolsitas con
hojuelas de muchos colores.
—Éstas son las golosinas secretas —dijo con voz de capitán de
barco—. Las conseguí en mis viajes. Son los dulces mágicos del
mundo entero.

Fito abrió los ojos como si estuviera frente a un platillo
volador. (Villoro, 2006: 23).
El presente del futuro (la espera del recuerdo):
Fito destapó el lápiz labial y recordó lo que le dijo don Silvestre:
si no acertaba en los labios, Rosita se volvería tan fea como un
orangután.
Pero Fito había visto tantas veces a Rosita, que le bastó oír su voz
para calcular dónde estaba su cara. Se sentía capaz de acertarle
hasta el lunar que ella tenía en la frente. (Villoro, 2006:36).

En este desplazamiento semiótico-cultural de la historia,
se aprecia el recuerdo como una manera de perpetuar la memoria,
resarcir los daños y alcanzar la identidad.
Conclusiones
Dentro de la literatura infantil, el alimento funciona como un recurso
mágico para transitar por los dos mundos. En el mundo real, se
observa la relación cuerpo-comida como un poder simbólico para
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dominar y someter a los demás a los caprichos del personaje. En
el caso de Tencha, su complexión obesa era asociada a las riquezas
materiales, y con ello a un comportamiento de avaricia y envidia. En
cambio, Rosita era delgada y cuidaba su belleza; aunque sus padres
no contaban con suficientes recursos, sí había una atención en su
educación. Por su parte, Fito era el eterno enamorado de Rosita y se
atrevió a cruzar el umbral de lo invisible para rescatar a su amada.
Esto nos lleva a responder a las preguntas de indagación: ¿cuál es
la imagen social proyectada entre los actantes por medio del alimento?
Prevalece una opulencia asociada con la obesidad y con antivalores.
En el lado adverso, la delgadez va relacionada con la salud y buenos
hábitos de comportamiento. ¿De qué manera la comida actúa como
un catalizador para convivir en espacios alternos? Porque cobrará un
efecto benéfico en la persona con ciertos atributos humanista. Rosita
se encuentra desaparecida y Fito emprenderá su búsqueda a través de
este mundo invisible que vive paralelamente en lo visible. Y, ¿cómo el
realismo mágico permite la invisibilidad de los roles de género desde
temprana edad? Al emplear en su estructura estos mundos alternos
(real-mágico), se muestra la identidad entre los personajes, donde la
niña debe ser bella y admirada, mientras el niño debe cumplir el rol de
héroe y luchar por su amor; en cambio, la obesidad es comparada con
malos hábitos alimenticios y de comportamientos.
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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Sueños de libertad: hadas, amor y resistencia en la
España de la posguerra
Dreams of Freedom: Fairies, Love, and Resistance
in Post-Civil War Spain
José Manuel Medrano
St. Bonaventure University
St. Bonaventure, New York, USA
manuel.herreramr@uanl.edu.mx

Resumen: El artículo propone una reflexión sobre el impacto de los
cuentos de hadas en contextos de conflicto y opresión, específicamente
durante la Guerra Civil española y el régimen franquista. A pesar de que
estos relatos a menudo refuerzan estereotipos de género y promueven
una imagen pasiva de las mujeres, se argumenta que también pueden ser
herramientas poderosas de resistencia. Se examinan la novela El mismo
mar de todos los veranos (1978) de Esther Tusquets y la película El laberinto
del fauno (2006) de Guillermo del Toro para ilustrar cómo la muerte se
convierte en una metáfora de la opresión sobre los cuerpos femeninos
en estos contextos históricos. En contraste con la típica búsqueda de un
final feliz, se enfatiza la importancia de enfrentar los desafíos con coraje y
determinación. En esencia, el artículo destaca cómo los cuentos de hadas
ofrecen una vía para la resistencia y la emancipación, permitiendo a las
personas desafiar las normas establecidas y luchar por su propia libertad
incluso en los momentos más oscuros de la historia.
Palabras claves: Cuentos de hadas, Construcción de género, resistencia,
Franquismo, patriarcado.

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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

Abstract: This article proposes a reflection on the impact of fairy tales in
contexts of conflict and oppression, specifically during the Spanish Civil
War and the Franco regime. Despite these tales often reinforcing gender
stereotypes and promoting a passive image of women, it is argued that they
can also be powerful tools of resistance. The novel El mismo mar de todos los
veranos (1978) by Esther Tusquets and the film El laberinto del fauno (2006)
by Guillermo del Toro are examined to illustrate how death becomes a
metaphor for the oppression of female bodies in these historical contexts.
In contrast to the typical quest for a happy ending, the importance of
facing challenges with courage and determination is emphasized. In
essence, the article highlights how fairy tales offer a path to resistance and
emancipation, allowing individuals to challenge established norms and
fight for their own freedom even in the darkest moments of history.
Keywords: Fairy tales, gender construction, resistance, Francoism,
patriarchy.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

La omnipresencia de los cuentos de hadas en la cultura contemporánea,
especialmente a través de las producciones de Disney, ha moldeado
la percepción colectiva del papel de la mujer, promoviendo la idea
de que su realización sólo es posible a través de la pasividad y la
sumisión. En 2015, la compañía Disney presentó al mundo su
versión de La Cenicienta, consolidando así su posición como una
de los mayores éxitos de taquilla en la historia de la empresa. No
obstante, la popularización y comercialización de los cuentos de
hadas por parte de Disney no son un fenómeno nuevo. Estos relatos
tienen sus raíces documentadas desde el Antiguo Egipto, alrededor
del 1300 antes de Cristo. Los cuentos de hadas, con su elenco de
personajes fantásticos como hadas, princesas y duendes, han sido
una herramienta narrativa utilizada para transmitir enseñanzas y
reflexiones sobre la vida real. Sin embargo, es importante reconocer
que el papel femenino en estos cuentos ha sido moldeado por una
construcción ideológica que promueve la heteronormatividad y el
patriarcado. Como argumenta Jack Zipez, “Females are poor girls or
beautiful princesses who will only be rewarded if they demonstrate
passivity, obedience, and submissiveness (1989: 6)”.1 Es decir, los
cuentos de hadas, especialmente los de Disney, proponen un final
feliz únicamente si la mujer está dispuesta a ser rescatada por un
hombre. La posibilidad de vivir feliz para siempre, un “happily ever
after”, está condicionada por un argumento de pasividad, construido
al escuchar y no responder. La pregunta que nace de este argumento
1 En su crítica de los cuentos de hadas, Zipes destaca la representación
de las mujeres como pobres y sumisas o como bellas princesas que solo son
recompensadas por exhibir rasgos de pasividad, obediencia y sumisión. Esta
caracterización subraya los estereotipos de género omnipresentes perpetuados
por los cuentos de hadas tradicionales
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

es ¿cuál es la relación entre los cuentos de hadas y la vida real? Gilbert
Keith Chesterton argumenta que los cuentos de hadas “superan la
realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque
nos dicen que pueden ser vencidos”. Este trabajo propone que
los finales felices no importan, especialmente si se vive en una
etapa de guerra, muerte u opresión como fueron la Guerra Civil
española y el franquismo. Lo que importa es el intento de romper
con el discurso patriarcal, es decir, enfrentarse a los monstros de
la realidad. Por medio de un análisis de la novela El mismo mar de
todos los veranos (1978) de Esther Tusquets y la película El laberinto
del fauno (2006) de Guillermo del Toro propongo cómo los cuentos
de hadas no funcionan simplemente como formas de escapismo,
sino como poderosas herramientas para enfrentar las dificultades
de la vida. En estas obras, la muerte emerge como una metáfora de
la máxima autoridad sobre los cuerpos, simbolizando la opresión
y el control ejercido sobre las mujeres durante el franquismo.
En resumen, los cuentos de hadas nos ofrecen una ventana a la
posibilidad de desafiar las normas y expectativas impuestas por la
sociedad. En contextos de conflicto y opresión, estas historias no
solo nos brindan consuelo, sino que nos invitan a resistir y a luchar
por nuestra propia emancipación. Así, la muerte se convierte en un
recordatorio de la importancia de enfrentarnos a los desafíos de la
vida con valentía y determinación.
La Segunda República Española (1931-1939) marcó un hito
en la historia de la emancipación femenina en España al conceder
a las mujeres una independencia económica, política y sexual sin
precedentes. Por primera vez, las mujeres mayores de veintitrés
años obtuvieron el derecho al voto y la posibilidad de ocupar cargos
políticos, lo que representó un avance significativo hacia la igualdad
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

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de género y el reconocimiento de los derechos civiles de las mujeres
en la sociedad española. Sin embargo, este período de progreso
se vio trágicamente truncado por el estallido de la Guerra Civil y
la subsiguiente posguerra, que sumió a España en un periodo de
oscurantismo y represión bajo el régimen franquista. Durante la
dictadura de Franco, las mujeres experimentaron un drástico retroceso
en sus derechos y libertades, siendo sometidas a un sistema patriarcal
que las relegaba a roles tradicionales y limitaba su participación en
la esfera pública. Al contraste, después de la posguerra, el Estado
colocó a la mujer en un proceso de retroceso destruyendo cualquier
esperanza de emancipación. Como argumenta la autora de la tesis
La mujer bajo en franquismo, “La época franquista supuso para la mujer
un retroceso, iba a volver a parecerse, sorprendentemente, a la mujer
de la vieja España” (Soto Marco, 2010: 5).2 La imposición de leyes
como la Ley del 14 de enero de 1941, que penalizaba la divulgación
de información sobre métodos anticonceptivos, y la Ley de Bases
del 19 de julio de 1944, que condenaba el adulterio, ejemplifican
el intento del régimen de controlar y regular la conducta de las
mujeres, limitando su autonomía y libertad sexual. En este contexto
de opresión y restricciones, El mismo mar de todos los veranos y El
laberinto del fauno usan un marco narrativo basado en los cuentos
de hadas para permitir la lucha contra la opresión de la mujer bajo
el franquismo. En El mismo mar de todos los veranos, el epígrafe y la
frase final “…Y Wendy creció” es adquirida del cuento Peter Pan.
2 Según las autoras del proyecto La mujer bajo el franquismo, este periodo
representó un retroceso para las mujeres, que se encontraron nuevamente en
situaciones similares a las de la vieja España. La opresión de género durante la
dictadura franquista perpetuó una visión conservadora y limitada del papel de
la mujer en la sociedad, afectando negativamente su autonomía y su capacidad
para participar plenamente en la vida pública y política del país.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

El laberinto, empieza con una frase muy típica de los cuentos de
hadas narrando, “Cuentan que hace mucho, mucho tiempo. En el
reino subterráneo, donde no existen la mentira no el dolor, vivía una
princesa que soñaba con el mundo de los humanos”. La persona que
le permitirá a los dos personajes poder explorar los cuentos de hadas
será su hada madrina. En el caso de El mismo mar de todos los veranos es
la abuela de la protagonista quien le brinda el amor que la madre no
le da y es quien le abre las puertas a la rebeldía. Al contraste, Ofelia,
en El laberinto del fauno, recibe amor de su madre, pero es Mercedes
quien servirá como una maestra y heroína. Estas obras nos recuerdan
la importancia de la imaginación y la resistencia en la lucha por la
emancipación femenina, incluso en los momentos más oscuros de
la historia. Al emplear los cuentos de hadas como herramientas
de empoderamiento, estas obras nos invitan a reflexionar sobre la
capacidad de las mujeres para resistir y desafiar las normas opresivas
impuestas por la sociedad, y encontrar su propia voz y poder dentro
de un mundo dominado por el patriarcado.
La figura materna en El mismo mar de todos los veranos encarna
el papel antagónico típicamente asociado con las madrastras en los
cuentos de hadas. La protagonista, en un tono desapegado, hace
alusión a la ausencia de una verdadera conexión materna con su
madre, describiéndola como una “diosa rubia de manos blancas, a
la vieja dama de porte anglosajón que me manda saludos y postales
desde ciudades cuyo nombre no he oído jamás” (Tusquets, 1990:
21-22). Esta imagen de distanciamiento y extrañeza refleja la falta
de vínculo emocional que la protagonista siente hacia su madre,
creando un vacío tanto emocional como psicológico en su interior.
El distanciamiento entre madre e hija se manifiesta también en
un plano físico, donde la narradora retrata a su madre como un
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ser mítico e inalcanzable. La madre es idealizada como una figura
casi divina, tan bella e inteligente que ha trascendido la humanidad
misma, lo que refuerza aún más la sensación de desconexión entre
ambas (Tusquets, 1990: 24). Esta representación distorsionada de
la madre no solo establece una separación emocional, sino también
temporal, insinuando que la distancia entre ellas va más allá de lo
físico. Además, se destaca una disparidad física entre madre e hija,
que sirve como otro obstáculo para la relación. Mientras la madre es
descrita con atributos de belleza clásica y distinción, la protagonista
se presenta a sí misma como nacida “oscura y flaca... de piel pálida,
de ojos castaños” (Tusquets, 1990: 192). Esta diferencia física
subraya aún más la brecha entre ambas, destacando la sensación de
alienación y extrañeza que experimenta la protagonista en relación
con su propia madre. Así, la relación entre madre e hija en El mismo
mar de todos los veranos se convierte en un símbolo de desconexión y
desapego, explorando las complejidades de la identidad y el vínculo
familiar en un contexto marcado por la distancia emocional y física.
La narradora de El mismo mar de todos los veranos, a diferencia
de su madre, carga consigo “todos los miedos sobre sus espaldas”
(Tusquets, 1990: 192). Mientras la madre encarna los valores
opresores que subyugan a las mujeres, la protagonista enfrenta
una lucha interna y psicológica contra estas fuerzas. Como señala
Dorothy Odartey-Wellington, “La madre diabólica en los cuentos
de hadas es una variante de la figura judeocristiana de Eva, que
desde las manifestaciones más remotas de la litera tura de Occidente
encarna las fuerzas negativas en un mundo creado por la imaginación
masculina” (2000: 540). En este sentido, la madre de la narradora
representa las ideologías impuestas por la Sección Femenina
durante el franquismo, perpetuando roles de género restrictivos
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y limitando las aspiraciones de las mujeres. La opresión ejercida
sobre la mujer durante el franquismo se refleja en la educación y el
condicionamiento que recibían desde temprana edad. Según relata la
autora de La mujer bajo el franquismo, las mujeres eran instruidas para
complacer a los hombres y buscar el matrimonio como garantía de
seguridad, en lugar de ser alentadas a buscar una formación que les
permitiera ser autosuficientes como ciudadanas” (Soto Marco, 2010:
12). Esta educación limitada y centrada en el papel tradicional de la
mujer como esposa y madre contribuía a perpetuar las estructuras
patriarcales y restringía cualquier posibilidad de emancipación. El
no poderse identificarse con la madre, usando el complejo de Edipo
propuesto por Freud,3 propone que la narradora no tiene un deseo
sexual hacia el padre, impidiendo el Ciclo de Electra4 y rompiendo
cualquier camino a la heterosexualidad. La homosexualidad entonces
es posible porque la narradora tiene la posibilidad de identificarse
con el padre y desear a su madre. La narradora sí se puede identificar
con la abuela, un personaje también en los márgenes de las jerarquías
patriarcales, quien le da esperanza de romper con el ciclo de opresión.
La obra El mismo mar de todos los veranos nos sumerge en un
mundo donde las normas patriarcales son desafiadas, como señala
Odartey-Wellington al argumentar que la mujer favorecida en la
narrativa es aquella que “se encuentra al margen de las normas

3 Freud define el complejo de Edipo como un deseo inconsciente de los
niños y adolescentes a tener una relación sexual con el padre del sexo opuesto
y a eliminar al padre del mismo sexo.
4 El complejo de Electra, un término psicológico, propuesto por Carl
Gustav Jung consiste la atracción sexual subconsciente de las niñas hacia la
figura paterna. Esto convierte a la madre en un rival al intentar obtener la
atención del padre.

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patriarcales...” (530) 5. La figura de la abuela emerge como un
contraste notable con el rol materno opresivo. Aunque la narradora
la ve en un estado de decadencia, no puede evitar asociarla con la
imagen mítica que tenía de ella en su infancia y juventud, recordando
cómo fue “una figura mítica, la más exquisita entre todas las hadas
madrinas...” (Tusquets, 1990: 146). Más que solo una fuente de amor
y afecto, la abuela representa la entrada de la narradora al mundo
de los cuentos de hadas y la imaginación. A través de sus relatos
vividos y ficticios, la abuela alimenta la imaginación de la narradora
y la sumerge en un mundo de posibilidades. Su pasión por contar
historias inspira a la narradora a seguir su vocación de narradora
de cuentos, evocando la imagen de “una abuela tiernísima que
narra historias en el patio, entre las hortensias y las buganvilias...”
(Tusquets, 1990: 146). La relación entre la narradora y la abuela va
más allá de la niñez; incluso en la edad adulta, la narradora encuentra
en su abuela un refugio seguro donde escapar de los problemas del
mundo. La casa de la abuela se convierte en un santuario no solo
físico, sino también simbólico, donde la narradora se conecta con
su pasado y encuentra consuelo en la familiaridad de los cuentos de
hadas. Es en este entorno acogedor donde la narradora descubre un
libro misterioso, escrito en un idioma desconocido, que despierta su
imaginación y la sumerge en un mundo de fantasía. Como ella misma
lo describe, “Y en esta guarida, en esta gruta hechizada y maléfica y
enternecedora, floreció el país de las maravillas y de nunca jamás”
(Tusquets, 1990: 26), una referencia clara a la obra de Peter Pan. La
abuela, en este sentido, actúa como la hada madrina de la narradora,
5 Esta obra nos invita a reflexionar sobre la resistencia de las mujeres
ante las estructuras de poder establecidas y sugiere la posibilidad de una
emancipación que trascienda las limitaciones impuestas por el patriarcado.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

brindándole la oportunidad de sumergirse en los cuentos de hadas
y utilizarlos como una herramienta para desafiar las estructuras
patriarcales. La narradora encuentra un paralelismo entre su relación
con Clara, su breve amante, y la historia de Peter Pan. Al igual que
Peter Pan invita a Wendy y a sus hermanos a escapar de su hogar,
Clara le permite a la narradora experimentar la rebeldía, el amor y las
experiencias lésbicas, desafiando así las normas sociales y de género
establecidas. En este contexto, los cuentos de hadas se convierten en
una herramienta poderosa para explorar la identidad, la resistencia y
la libertad dentro de un mundo dominado por el patriarcado.
El laberinto del fauno nos sumerge en la España de la posguerra,
un período marcado por la persecución de los últimos republicanos
y la represión del régimen franquista. En esta ambientación, también
observamos una desconexión emocional entre la madre, Carmen, y
la protagonista, Ofelia. Esta desconexión se hace evidente desde las
primeras escenas de la película. Después de una narración inicial, la
primera imagen que vemos en la pantalla es la de un hada dibujada en
un libro, simbolizando el mundo de fantasía en el que Ofelia se sumerge
para escapar de la cruda realidad que la rodea. Las primeras palabras
de Carmen hacia Ofelia reflejan su falta de comprensión y aceptación
hacia los intereses de su hija. Al reprocharle por traer tantos libros y
preferir la lectura a jugar al aire libre, Carmen revela su desaprobación
hacia las pasiones de Ofelia, diciendo: “No entiendo para qué has
traído tantos libros, Ofelia. Si vamos al campo, al aire libre”. Aunque
Carmen no es una madrastra malvada, su falta de comprensión hacia
los sueños y creencias de su hija es evidente cuando le reclama por
su interés en los cuentos de hadas, diciendo: “Cuentos de hadas—Ya
eres muy mayor para llenarte la cabeza con tantas zarandajas”. Sin
embargo, el verdadero villano de la película es el capitán Vidal, quien se
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convierte en el padrastro de Ofelia después de casarse con Carmen. La
insensibilidad de Carmen hacia las necesidades emocionales de Ofelia
se hace aún más evidente cuando, antes de llegar al molino donde
se encuentra el capitán Vidal, le pide a Ofelia que lo acepte como su
padre y lo salude con ese título. Carmen minimiza la importancia de la
relación paterna al decir: “Es una palabra, Ofelia. No es más que una
palabra”. Esta falta de empatía por parte de Carmen hacia Ofelia crea
un distanciamiento emocional entre ambas, que se hace más palpable
en una conversación que tienen en la primera noche en su nueva casa:
Ofelia: ¿Por qué tenías que casarte?
Carmen: Estuvimos solas tanto tiempo.
Ofelia: Yo estoy contigo. No estabas sola. Nunca has estado sola.
Carmen: Algún día entenderás que para mí tampoco ha sido fácil.
Tu hermano está un poco inquieto.

La dinámica entre Ofelia, su madre Carmen y el Capitán
Vidal en El laberinto del fauno refleja de manera impactante el control
y la opresión que ejerce el régimen franquista sobre el cuerpo de la
mujer. A través de las interacciones entre estos personajes, se revela
la brutalidad y la crueldad inherentes al patriarcado, personificado
en la figura de Vidal. Desde el primer encuentro entre Ofelia y el
Capitán Vidal, se establece un claro contraste entre la inocencia y
la autoridad opresiva. Cuando Ofelia saluda al Capitán con la mano
equivocada, él la corrige de manera brusca, señalando su control
sobre el cuerpo y los gestos de la niña. Le dice, “Ofelia. Es la otra
mano, Ofelia”. Esta escena ilustra cómo Vidal impone su voluntad
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

sobre los demás, especialmente sobre las mujeres de su vida. Al
igual, el capitán hace viajar a su mujer Carmen para estar cercas
del hijo que esperan. Vidal no puede imaginarse tener a una niña.
Cuando el Dr. Ferreiro le pregunta cómo puede estar tan seguro de
que el hijo que Carmen lleva en el vientre será varón, él contesta,
“No de joda”, despreciando el cuerpo femenino. Sin dude Vidal
está utilizando y controlando el cuerpo de Carmen para tener el
hijo que tanto anhela. Según Brígida M. Pastor “Para Vidal, el sexo
femenino es invisible en el orden dominante y, por tanto, excluido
como sujeto culturalmente válido y con identidad propia… (2011:
327).6 El control extreme de Vidal sobre su esposa es observado
cuando le pide al doctor que salve el cuerpo del bebe en lugar del
de la madre, dejando a Ofelia huérfana. Vidal también representa la
maldad y la crueldad del franquismo. Ofelia le teme más a Vidal que
a los monstruos que encuentra en sus aventuras. Como argumenta
Pastor, “[e]l relato fantástico dentro de la narrativa fílmica que
inaugura el film aporta una clara indicación de quiénes son y
donde se encuentran los verdaderos monstruos, los humanos…”
(2011:395). Ninguno de los monstros llega a ser tan malo o tan cruel
como Vidal. Anqué los monstros son físicamente grotescos, ella
siempre logra escapar o derrotarlos. Ofelia le dice al sapo, “Hola,
soy la princesa Moanna y no te tengo miedo. ¿No te da vergüenza
6 La película El laberinto del fauno ofrece un poderoso comentario sobre
el control patriarcal y la opresión durante el régimen franquista a través de
la dinámica entre los personajes de Ofelia, su madre Carmen y el Capitán
Vidal. La corrección brusca del Capitán hacia Ofelia cuando saluda con la
mano equivocada ilustra su control sobre el cuerpo y los gestos de la niña,
estableciendo un contraste entre su autoridad opresiva y la inocencia de la
infancia. Además, el desprecio de Vidal hacia el cuerpo femenino se hace
evidente en su deseo vehemente de tener un hijo varón, mostrando su uso y
control del cuerpo de Carmen para sus propios fines.

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estar aquí abajo, comiéndote los bichitos y engordando mientras
el árbol se muere?” Al contrario, ella no puede escapar de Vidal,
quien la encierra y le da una cachetada. A lo largo de la película,
Ofelia enfrenta numerosos desafíos y peligros, pero ninguno es tan
aterrador como la figura de Vidal. Aunque los monstruos fantásticos
que encuentra en sus aventuras son físicamente grotescos, ninguno
se compara en maldad y crueldad con Vidal. Como señala Pastor, los
verdaderos monstruos son los seres humanos, y Vidal personifica
esta oscuridad y depravación.
Ofelia encuentra en Mercedes una figura maternal y protectora
que contrasta fuertemente con la insensibilidad de su propia madre.
A través de sus interacciones con Mercedes (Maribel Verdú), Ofelia
descubre un mundo de posibilidades que su madre no puede ni
siquiera imaginar. Mercedes no solo ofrece amistad y protección a
Ofelia, sino que también desempeña un papel fundamental en la
lucha de los republicanos contra el régimen franquista. Su valentía
y determinación la convierten en una figura clave para el éxito de
su causa, proporcionando comida, medicamentos y apoyo logístico
a los combatientes en la clandestinidad. Su compromiso con la
resistencia la convierte en un símbolo de esperanza y solidaridad para
todos los que luchan contra la opresión. A diferencia de la madre
de Ofelia, Mercedes no niega la existencia de las hadas ni el poder
de la imaginación. Al contrario, le reafirma a Ofelia la posibilidad
de que los cuentos de hadas y la magia sean reales. Este gesto no
solo consuela a Ofelia en momentos de incertidumbre, sino que
también le brinda la fuerza y la confianza necesarias para enfrentar
los desafíos que se presentan en su camino. Uno de los consejos
más significativos que Mercedes le ofrece a Ofelia es la importancia
de mantenerse fiel a sí misma y nunca perder la esperanza. A través
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

de sus palabras y acciones, Mercedes enseña a Ofelia a confiar en
su intuición y a resistir ante la adversidad. Este consejo se vuelve
especialmente relevante más adelante en la historia, cuando Ofelia
se enfrenta a situaciones peligrosas y desafiantes que pondrán a
prueba su coraje y determinación:
Ofelia: Mercedes, ¿tú crees en las hadas?
Mercedes: Ya no, pero cuando era muy niña si. Entonces yo creía
en muchas cosas en las que ahora ya no creo.
Ofelia: Pues anoche me visitó un hada.
Mercedes: ¡Vaya!
Ofelia: Bueno, no sólo una, había otras y un fauno. Ese viejo es
muy alto, muy viejo y huele a tierra.
Mercedes: Pues mi abuela decía que con los faunos, hay que
andarse con cuidado.

Mercedes se presenta como un personaje complejo y valiente
que está dispuesta a sacrificar su seguridad personal por los ideales
de la República. Aunque aparenta ser obediente al capitán Vidal, en
realidad trabaja en secreto para los republicanos, proporcionándoles
información crucial sobre los movimientos militares del régimen
franquista y reclutando a otros para unirse a la causa de la resistencia. Su
papel aparentemente doméstico se convierte en un acto de resistencia
silenciosa contra las jerarquías patriarcales impuestas por Franco,
representando una esperanza de sanación y liberación para su país.
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La escena en la que Mercedes solicita ayuda al doctor
para Carmen, mientras disimula su verdadera intención de
entregar medicamentos a los republicanos, ilustra su astucia y su
determinación para mantener viva la causa. A pesar del riesgo que
implica desafiar al poderoso capitán Vidal, Mercedes demuestra
una lealtad inquebrantable a sus principios y a sus compañeros
republicanos:
Mercedes: Tiene usted que subir a verlo. La herida no mejora. La
pierna se le está poniendo muy mal.

Doctor: No he podido conseguir más. Lo siento.
(El doctor le entrega un medicamento a Mercedes)
Mercedes: Vidal (el capitán) lo espera en su despacho.

Su habilidad para moverse en las sombras y desempeñar
múltiples roles en la casa del capitán, desde el cuidado de Carmen
hasta el suministro de información a los rebeldes, resalta su valentía
y su ingenio. A través de sus acciones, Mercedes se convierte en un
símbolo de resistencia y esperanza para aquellos que luchan por la
libertad y la justicia en un tiempo de opresión y violencia. En última
instancia, Mercedes representa la fuerza y la determinación de las
mujeres que desafían las expectativas de género impuestas por una
sociedad patriarcal y se niegan a ser silenciadas o subyugadas. Su
valentía y su compromiso con la causa republicana la convierten en
un personaje inspirador y memorable en la historia de El laberinto del
fauno.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

El pacto de amistad y protección entre Ofelia y Mercedes en
El laberinto del fauno refleja un acto de resistencia contra el régimen
franquista, similar al presentado en El mismo mar de todos los veranos.
Cuando Ofelia descubre el compromiso de Mercedes con los
rebeldes, su preocupación por el bienestar de su amiga se convierte
en una motivación para mantener el secreto, a pesar del riesgo que
implica. Ofelia le pregunta a Mercedes, “Tú ayudas a los del monte
¿verdad? Muy nerviosa Mercedes le contesta con otra pregunta, ¿Se
lo has dicho a alguien? Ofelia le afirma, “No quiero que te pase nada
malo”. El pacto de amistad y protección se sella cuando Mercedes
contesta, “Ni yo a ti”. Ofelia conoce la causa anti-franquista y
decide mantener el secreto porque según Julia María Labrador Ben,
sabe que lo correcto es no delatar a una mujer que ayuda a quienes
lo necesitan y que además se porta muy bien con ella” (2011: 425).7
Es acto de desobediencia de las dos representa tener propias idead
e ir en contra de las jerarquías patriarcales. El diálogo entre Ofelia
y Mercedes, donde Ofelia muestra su preocupación y Mercedes
confirma su lealtad, subraya la importancia del pacto como una
forma de solidaridad y resistencia frente a la opresión. La cita de
Julia María Labrador Ben enfatiza cómo este acto de desobediencia
es percibido como una decisión moralmente correcta por parte de
Ofelia, quien reconoce la valentía de Mercedes al ayudar a quienes
lo necesitan y al comportarse bondadosamente con ella. El hecho
7 La decisión de Ofelia de mantener en secreto el compromiso de Mercedes
con los rebeldes refleja su solidaridad y preocupación por el bienestar de su
amiga, a pesar del riesgo que implica. Esta acción ejemplifica la importancia
de la lealtad y la colaboración entre mujeres como formas de resistencia frente
a la opresión patriarcal. Además, la negativa de Ofelia a delatar a Mercedes
muestra su comprensión de la moralidad subyacente en no exponer a una mujer
que ayuda a otros.

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de que ambas mujeres decidan mantener el secreto a pesar de las
consecuencias potenciales demuestra su determinación de desafiar
las normas impuestas por las jerarquías patriarcales y de luchar por
sus propias ideas y valores. Esta acción no solo fortalece su vínculo
como amigas, sino que también las une en su resistencia contra un
régimen represivo que busca controlar y oprimir a la población.
El mismo mar de todos los veranos y El laberinto del fauno desafían
los finales tradicionales de los cuentos de hadas, subvirtiendo las
narrativas simplistas de la compañía Disney que a menudo priorizan
el romance sobre la realidad más cruda de la vida. En lugar de ofrecer
un desenlace feliz convencional, estas obras exploran la complejidad
de los conflictos humanos y las luchas internas a través de finales
más sombríos y trágicos. Bruno Bettelheim propone que los finales
trágicos y tristes ayudan a los niños a resolver conflictos personales.
Dice, “…el mensaje que los cuentos de hadas transmiten… que la
lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte
intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se
enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a
dominar todos los obstáculos alzándose, al fin, victorioso” (2010:
37).8 Propongo que la muerte en las dos obras no representa una
derrota de los personajes o de su lucha. Al contrario, representa la
libertad. Presentan la posibilidad de vivir después de haber tenido
experiencias trágicas. En El mismo mar de todos los veranos la muerte de
la narradora es simbólica, pero representa un rompimiento de las
jerarquías patriarcales y la posibilidad de escoger. Aunque el lector
queda muy frustrado porque no se levanta, es la decisión de ella. Ella
8 Estos finales ofrecen la posibilidad de encontrar la victoria a través de
la confrontación y la resistencia, lo que refleja la complejidad de la experiencia
humana y desafía las expectativas simplistas de los cuentos de hadas.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

está consciente de lo que está sucediendo. Julio regresa a su vida y
vuelve a tener su cuerpo, pero este cuerpo parece estar muerto, ya
no siente placer:
Julio me acomoda sobre unas almohadones blancos, entre blancas
colchas llenas de plumas blancas… me maneja, me dispone en
posturas distantes como a una muñeca bien articulada… al final
estoy como me corresponde, tendida de espalda, los ojos fijos en
el techo blanca, su cuerpo pesando sobre el mío, sus brazos y sus
piernas aferrándome en el cepo mortal, y no es posible ni volar…
otra forma de muerte, porque es mi propia muerte la que cabalga
sobre mí, la que me tiene aferrada entre sus piernas sin escape
posible… (Tusquets, 1990: 214-215)9

En este punto culminante de la narrativa, la protagonista
de El mismo mar de todos los veranos alcanza un momento de claridad
y empoderamiento que marca un cambio significativo en su vida. A
medida que reflexiona sobre su relación con Clara y la posibilidad
de seguir viviendo en un cuento de hadas, la narradora toma una
decisión valiente y consciente de dejar atrás el refugio ilusorio de
los cuentos y enfrentar la realidad. La cita “la menor posibilidad
de aprender a volar –ni ganas tengo ya de que me crezcan alas–,
de seguirla más allá del estrecho marco de cualquier ventana y
emprender juntas la ruta hacia las tierras de Nunca Jamás” (Tusquets,
1990: 228) encapsula este momento de transformación. Aquí, la
protagonista rechaza la pasividad y la resignación, optando en su
lugar por asumir el control de su propia vida y tomar decisiones
fundamentales por sí misma. La muerte simbólica entre las piernas
9 Esta escena subraya la lucha de la narradora por liberarse de las
restricciones impuestas por las expectativas sociales y las normas patriarcales,
incluso en la muerte.

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

de Julio no se interpreta como una derrota, sino como un acto de
liberación y autodeterminación. Representa el fin de su vida como
objeto de deseo y el comienzo de una nueva fase donde ella es la
protagonista de su propia historia. Este acto final de rebeldía y
autonomía desafía directamente las normas y expectativas impuestas
por el régimen franquista, que buscaba controlar y limitar la libertad
de las mujeres. Las palabras finales de la novela, “...Y Wendy
creció”, contienen un poderoso mensaje feminista que subvierte las
narrativas tradicionales y patriarcales. En lugar de ser reducida a un
rol pasivo y subordinado, la protagonista emerge como una mujer
madura y empoderada, lista para enfrentar los desafíos que la vida le
presente. La experiencia lésbica que ha vivido le ha proporcionado
un camino hacia el crecimiento emocional y psicológico, desafiando
las limitaciones impuestas por la sociedad y encontrando su propia
voz y poder interior.
En El laberinto del fauno, la muerte de Ofelia adquiere un
significado trascendental que va más allá de la tragedia individual
y se convierte en un símbolo de la victoria de la bondad sobre la
opresión. La película no solo retrata los horrores del franquismo,
sino que también denuncia los abusos de género que sufrieron las
mujeres durante ese período oscuro de la historia española. Sobre
esto Pastor argumenta, “Los personajes femeninos se revelan
con cualidades y características asociadas con la creatividad, la
generosidad, la abnegación y la libertad, en contraposición al
mundo masculino definido por el poder, el consumo, la destrucción
y la inflexibilidad, en un engranaje de sistemas y normas…” (2011,
395). La cita de Partos destaca cómo los personajes femeninos en
la película se rebelan contra las normas de género impuestas por
la sociedad patriarcal, mostrando cualidades como la creatividad, la
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

generosidad y la libertad, que se contraponen al mundo masculino
caracterizado por el poder y la inflexibilidad.
Es la bondad de Ofelia, quien al final decide morir en lugar de
sacrificar a hermano, lo que permite el rompimiento de las jerarquías
patriarcales. El niño sobrevive, pero Mercedes se encargará de que
éste no continúe el legado del padre. Antes de morir el capital le
pide a Mercedes, “Decidle a mi hijo a qué hora murió su padre”.
Mercedes le arrebata al bebe de las manos y le contesta, “No, ni
siquiera sabrá tu nombre”. La muerte de Ofelia entonces no fue en
vano. El bien triunfó sobre el mal. La muerte entonces implica la
eternidad. La escena final no justifica la Guerra Civil española, pero
aplaude a la república por luchar contra el franquismo y sus ideales.
Las últimas palabras del Rey elogian a Ofelia por pensar por sí misma.
Habéis derramado vuestra sangre antes que la de un inocente. Esa
era la última prueba, la más importante”. Ofelia finalmente es
reencontrada con sus padres. El fauno entonces reafirma la decisión
de Ofelia diciendo, “Y habéis elegido bien, Alteza”. En la pantalla
se muestra a Mercedes llorando encima del cuerpo ensangrentado
de Ofelia, pero el narrador interrumpe para decir, “Y se dice que la
princesa descendió al reino de su padre y que ahí reinó con justicia
y bondad por muchos siglos. Que fue amada por sus súbditos y que
dejó detrás de sí pequeñas huellas de su paso por el mundo visibles
sólo para aquel que sepa dónde mirar”. Estas últimas palabras se
pueden interpretar como la derrota del franquismo y un futuro
pacificador por medio de Juan Carlos, el cual unirá a España.
A modo de conclusión, tanto El mismo mar de todos los veranos
como El laberinto del fauno emergen como poderosas narrativas
que desafían abiertamente los ideales opresivos de la España de la
posguerra. Ambas obras utilizan los cuentos de hadas como vehículo
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para la resistencia contra el franquismo y la recuperación del derecho
de las mujeres a sus propios cuerpos y destinos. En El mismo mar
de todos los veranos, la exploración de una sexualidad prohibida por la
sociedad de la época se entrelaza con la narrativa de los cuentos de
hadas. Los relatos fantásticos permiten a la narradora acercarse a Clara
y, finalmente, ejercer su agencia al tomar la decisión de abandonarla
y no levantarse de la cama. Este acto simboliza un enfrentamiento
con la realidad y la asunción del control sobre su propia vida, en
contraposición a las expectativas impuestas por la sociedad. Por otro
lado, El laberinto del fauno aborda la rebelión contra la opresión a través
de la figura de Ofelia, quien desafía a su padrastro y cuestiona las
normas establecidas. Los cuentos de hadas en esta obra representan
la fe en lo mágico y la desconfianza en la religión como fuentes de
esperanza y resistencia frente al régimen opresivo. Además, simbolizan
la lucha por la democracia y la libertad, en contraposición a la autoridad
tiránica del capitán Vidal. Entonces estas dos obras continúan con las
ideas de Bettelheim proponiendo, “renunciar a las dependencias de
la infancia; obtener un sentimiento de identidad y de autovaloración,
y un sentido de obligación moral…” (2010: 14-15). Es por esto que
los dos finales son trágicos y frustrantes para un lector/espectador
acostumbrado a los finales felices. Del Toro y Tusquets proponen
presentar la realidad tal como es: a veces cruel y a veces feliz. Algunas
veces hay hadas y en otras hay niñas inocentes muertas. Los finales
trágicos y frustrantes de ambas narrativas desafían las convenciones
de los cuentos de hadas tradicionales y subrayan la idea de presentar
la realidad tal como es: a veces cruel, pero también llena de momentos
de esperanza y resistencia. La inmortalidad, según estas obras, reside
en la capacidad de pensar por uno mismo y cuestionar los dogmas
impuestos por la sociedad.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

Obras citadas
Bettelheim, B.y Furió, S. (2010). Psicoanálisis De Los Cuentos De Hadas.
Barcelona, España: Crítica.
Freud, S., López-Ballesteros, T. L., y Tognola J. Numhauser (2001).
Obras Completas: T. 7. Madrid España: Biblioteca Nueva.
Labrador Ben, J. (2011). La maldad genera cuentos de aadas: Análisis de la
película de Guillermo Del Toro “El laberinto del fauno”. Consejo
Superior de Investigaciones Científicas.
Odartey-Wellington, D. (2000). “De las madres perversas y las hadas
buenas: Una nueva visión sobre la imagen esencial de la
mujer en las novelas de Carmen Martín Gaite y Esther
Tusquets.” Anales de la literatura española Contemporánea. 25.2:
529-555.
Pastor, B.M (2011). “La Bella y la Bestia en el viaje laberíntico de
Guillermo del Toro
“El espinazo del diablo” (2001) y “El laberinto del fauno” (2006).”
Arbor: Ciencia Pensamiento Y Cultura 391–400.
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Universidad Jaume I de Castelló.
Tusquets E. (1990). El mismo mar de todos los veranos. Anagrama.
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north america and england. Routledge.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Estética narrativa del Gran Caribe: apuntes para
una poética de Germán Espinosa
Narrative aesthetics of the Gran Caribe: notes for a
poetics of Germán Espinosa
Diana Hernández Suárez
Universidad Veracruzana
Veracruz, México
manuel.herreramr@uanl.edu.mx

Resumen. En el siguiente trabajo se exponen algunos apuntes para
comprender la poética del escritor colombiano Germán Espinosa en
relación con la noción de Caribe, aspecto que se puede ver de forma concreta
en su idea de novela comoVra un ensayo sintetizador de experiencias,
imágenes y, sobre todo, de medios de representación artística. Así pues,
se busca mostrar que la noción de “ampliación genérica” que Espinosa
concibe para su narrativa es parte de la idea que el autor tiene de la cultura
caribeña, como un espíritu que se expande y trasciende, inaprensible en
una sola forma de expresión artística y, sin embargo, materializado a través
de una poética.
Palabras clave: Caribe, Poética, Intermedialidad, Novela, hibridación
Abstract. In these work some notes are exposed to understand the poetics
of the Colombian writer Germán Espinosa in relation to the notion of
the Caribbean, an aspect that can be seen in a concrete way in his idea
of ​​a novel as a synthesizing essay of experiences, images and, above
all, of means of artistic representation. Thus, it seeks to show that the

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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

notion of “generic expansion” that Espinosa conceives for his narrative
is part of the idea that the author has of Caribbean culture, as a spirit that
expands and transcends, elusive in a single form of expression artistic and,
nevertheless, materialized through a poetics.
Keywords: Caribbean, Poetics, Intermediality, Novel, hybridization

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Aunque por Caribe se entienda las repúblicas y protectorados
antillanos, abarcando a menudo a Centroamérica y el Istmo de
Panamá, se trata todavía de una visión limitada, impuesta por el orden
geopolítico estadounidense de la Posguerra después de 1945. Más
acertado es hablar del Gran Caribe (de la Cuenca del Caribe) al que
se añadiría Venezuela y la costa norte de Colombia, así como partes
del Golfo de México. Esta es la tendencia más reciente, inaugurada
así por el presidente Ronald Reagan en 1983 (cf. Gaztambide 2003).
En 1998, para conmemorar el centenario de la debacle colonial
de España en Cuba, el ensayista puertorriqueño Antonio Benítez
Rojo publicó La isla que se repite, un ensayo en el que observó que
el Caribe no es solamente el mar interior de las Américas, sino un
meta-archipiélago sin límites:
el Caribe desborda su propio mar, y su última Tule puede hallarse
a la vez en Cádiz o en Sevilla, en un suburbio de Bombay, en las
bajas y rumorosas riberas del Gambia, en una fonda cantonesa
hacia 1850, en un templo de Bali, en un ennegrecido muelle
de Bristol, en un molino de viento junto al Zuyder Zee, en un
almacén de Burdeos en los tiempos de Colbert, en una discoteca
de Manhattan y en la saudade existencial de una vieja canción
portuguesa (1998: 18).

“Nuestra América”, uno de los ensayos más comentados de José
Martí (1853-1896) y cuyo título ya se ha acuñado como moneda común
para referirse a Hispanoamérica, apareció en dos periódicos en fechas
relativamente cercanas: el 1 de enero de 1891 en La Revista Ilustrada
de Nueva York, y el 30 de enero del mismo año en El Partido Liberal,
de México. Para entonces, Martí residía en Nueva York en calidad de
exiliado del régimen español por ser partidario de la independencia de
Cuba frente a España. Se ganaba el sustento económico como periodista
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

81

�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

o corresponsal para varios diarios y revistas de Hispanoamérica,
principalmente de La Nación de Buenos Aires, con lo cual gozaba de un
conocimiento amplio de la política de las principales repúblicas y, poco
a poco, venía influyendo tremendamente en la opinión.
Por estética narrativa del Gran Caribe me refiero a la que
adquiere forma con José Martí en el ensayo “Nuestra América”. En
él Martí se propone hacer una autocrítica. En primer lugar, critica
el europeísmo de aquellos hispanoamericanos que “se avergüenzan
por llevar delantal de indio” y reniegan de la “madre enferma”.
Ataca, en segundo lugar, el exotismo de los gamonales y poderosos
por culpar a sus repúblicas nativas de incapacidad sólo porque ellos
no son príncipes que beben champaña. En tercer lugar, se pregunta
en sentido retórico: “¿Cómo han de salir de las universidades los
gobernantes, si no hay universidades en América donde se enseñe
lo rudimentario del gobierno, que es el análisis de los pueblos
peculiares de América?” Es de señalar que, en ningún momento, a
pesar de sus críticas a los letrados y a los gamonales de turno, Martí
cuestiona lo suficiente al liberalismo progresista. Insiste en salir de
la “colonia” para pasar a la “república” y menciona, basado en el
ejemplo exitoso de Angloamérica, los errores de Hispanoamérica
que podríamos enumerar de la siguiente forma:
1. La soberbia de las ciudades capitales
2. La irrupción de los campesinos resentidos a la ciudad.
3. La importación excesiva de teorías y métodos europeos o
angloamericanos.
4. El desdén políticamente correcto hacia la raza aborigen. 2010
Muchas de estos males persisten todavía. Martí observaba
que no debería hablarse de razas, porque ello niega la identidad
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universal del hombre. A pesar de ciertas metáforas o imágenes que
aluden a cierto lenguaje masónico, Martí no hace sino reforzar un
ideal cristiano de universalismo y mestizaje. Es de notar que ya en
su época, afortunadamente, iban apareciendo “oradores sobrios” y
ensayistas de “prosa centelleante” y “cargada de ideas”. Por último,
resulta muy interesante que su definición de pensar sea la de servir,
puesto que nunca dejó de lado la quijotesca y anti-erasmista idea de
que las armas valen más que las letras. No de otra manera puede
entenderse su sacrificio personal por la independencia de Cuba al
caer, el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos, ametrallado en una batalla
contra las tropas realistas españolas.
Ahora bien, todo lo que Martí propuso y vivió en carne
propia, el novelista Germán Espinosa (Cartagena de Indias, 1938Bogotá, 2007) de alguna manera lo ficcionalizó y lo elevó a un
plano estético, a la configuración de una poética. Para el escritor
colombiano el Caribe es una suerte de “paso de los Vientos”, que
desde La Habana, Cozumel, Maracaibo hasta Cartagena de Indias,
se encuentra una “hibridación” con protagonistas muy variados:
“gentes de todas las latitudes de Europa hasta comerciantes árabes
e hindúes, chinos taciturnos y esclavos africanos que juntaban su
sangre y sus tradiciones con las del indio autóctono” (182), así la
forma de la novela debía hibridar la multitud de experiencias, mostrar
esa “hibridación [que] estaba en movimiento” que configura y define
la experiencia latinoamericana (2002: 182). El Caribe se presenta
tanto como el espacio definidor del continente americano, como el
elemento clave de la poética novelística del escrito latinoamericano.
Si se entiende por Poética la téchne, o la teoría estética a priori,
que de forma explícita y programática establece qué es y cómo se
construye la Literatura (Cf. Aullón de Haro, 1994), implica que
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

el autor tiene plena conciencia sobre su época, sobre la técnica
–intención de la forma y la estructura–, y sobre la relevancia de
los contenidos que le permitirán construir el universo literario –
poético– de sus obras. En el caso del escritor colombiano Germán
Espinosa, los ensayos reunidos en La libre en la luna (1968-1988)
revelan la complejidad que el escritor buscó plasmar en sus obras a
partir de una crítica y diagnóstico de su tiempo, pues, todas sus obras
son una suerte de “ensayo estético”. Con sólidos conocimientos
filosóficos sobre la teoría de la Estética, Espinosa tiene un único
objetivo: hacer de sus obras un objeto de arte. Lo artístico, o lo
literario, corresponde a la relación que establecen los elementos
poéticos, o la metáfora continuada, entre artes a partir del vínculo que
guardan entre sí las diversas manifestaciones del ideal estético, cuya
máxima manifestación sería en la materialización poética, toda vez
que ésta implica la exégesis de la realidad y la imaginación como “forma
de revelación” de la parábola o el símbolo de la escritura, según lo
refiere el autor en “Sobre la génesis y evolución del arte de fabular”.
La interpretación del mundo, en términos hegelianos, responde a una
revelación divina y, después, humana. El escritor siempre debe ser el
“poeta visionario que transforma símbolos abstractos en imágenes
literarias cuya dilucidación será problema para avezados exégetas”
(“Sobre la génesis”, 2002, 17).
Dicho rasgo de interpretación crítica, pero revelada desde
una abstracción poética, particularizada en la narrativa, le permite
al autor entender que las formas de sus obras son más cercanas al
ensayo que a la noción de novela cerrada. El rasgo de “amplitud
genérica” que tienen los géneros ensayísticos garantizan el adecuado
desenvolvimiento de las “necesidades expresivas del autor”. El
ensayo, en su capacidad den ensancharse, no sólo permite que novelas
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como La montaña mágica de Tomas Mann, o La Tejedora de coronas1 o El
signo del pez, sean consideradas por Espinosa dentro de este género,
sino también algunas sonatas, sinfonías y diversas piezas pictóricas
que mantienen siempre la condición de desestabilizar la afirmación
categórica de interpretación. “El ensayo puede serlo todo”, dice
el autor (Cf. “Introducción general”, 2002: 5) y en esa medida, las
relaciones entre medios y artes tienen cabida como exploración
estética de la realidad por vías de la impronta ensayística. Todas estas
alusiones al carácter ensayístico de la obra de Espinosa toman mayor
relevancia si se piensa que sus obras buscan conjugar una compleja
relación estética que “restablezca” –frente al nuevo siglo XXI– cierta
noción de encantamiento del mundo (Cf. Rincón, 2008).
Lo anecdótico, los lugares, lo histórico, los eventos, temas
y acontecimientos narrados son secundarios frente al “velo
poético” que envuelve el ejercicio creativo y permite revelar las
“visiones presentes”, por lo tanto, dentro de su estilo no deberían
considerarse los temas tratados, sino los elementos de reescritura,
que es para él la única forma posible de originalidad, pues se trata
de una “varia invención” que se produce del análisis del presente.
Lo histórico le interesa sólo en la “potencia de la posibilidad” y no
en la comprobación documental. El estilo particular no es si no la
lectura de otros modelos que han leído su propio tiempo (“Sobre
la génesis”, 2002: 23). Sin embargo, admite que el rasgo particular
de su obra es su “buen oído musical” y su afán experimentalista de
1 Espinosa, que se considera a sí mismo un “ensayista temperamental”,
considera que “[l]a más popular de mis novelas, La tejedora de coronas,
constituye también, desde ciertas perspectivas, un vasto ensayo sobre
las corrientes que desembocaron en nuestra Independencia de España”
(“Introducción general”, 2002: 6).
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

mezclar artes (23). Este rasgo es común a todas sus obras, tanto las
escritas hasta el momento de composición de estos ensayos, como
las que fraguaría posteriormente, como Cuando besan las sombras o
Aitana.
En la hibridación genérica, tanto en discurso textuales
como estéticos en general, se encuentra la intermedialidad como
una continuidad artística. El rasgo más sobresaliente de la Poética
espinosiana puede entenderse en términos teóricos como la
concreción del intermedium, en toda la complejidad de dicho concepto.
La conciencia de su téchne sobre estos aspectos es lo que le permite
al autor involucrar el complejo mundo teológico, paranormal,
histórico, erudito, psicológico y medial. En el ambiente finisecular del
siglo XX, Espinosa se identifica como un autor barroco, con rasgos
modernistas y clásicos, como un siglo atrás lo fue Tomas Mann (“El
espécimen”: 46).
Ad portas al siglo XXI, Espinosa se cuestiona en su
ensayo “La novela: de cara al siglo XXI” sobre la vigencia de su
técnica ante la aceleración de los medios digitales. Especula que el
nuevo siglo, ante la aceleración de la tecnología digital, la extrema
secularización y el nacimiento de nuevos fanatismos, atentarán
contra “la imaginación creadora”. Se preocupa y entusiasma a la
vez por las posibilidades o alcances de deshumanización que los
medios pueden implicar, sin embargo, guarda la esperanza en que
la Literatura sirva de garante de lo “humano”, como concreción
de lo artístico y lo filosófico para evitar “perder la conciencia ante
la técnica” (91). Sospecha que el nuevo siglo superará la novela
burguesa: “la novela tenderá otra vez a convertirse en instrumento,
no científico, sino artístico, de fidedigno conocimiento” (92).
Ante lo que augura una nueva época, considera la novela como la
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“síntesis de todos los géneros y medios”, lo que en su propia obra
alcanza cierta concreción en Aitana.2
Se trata de la última novela de Germán Espinosa, publicada
pocos meses antes de su muerte, la cual constituye una extraña
combinación de dos subgéneros dispares: la autobiografía intelectual
y la literatura fantástica. De hecho, Aitana podría considerarse
también como una novela-ensayo no sólo por la erudición histórica
y filosófica desplegada en la narración, sino por la intermedialidad
musical. Ya en una novela anterior, Cuando besan las sombras (2004),
el protagonista es un músico sinfónico que pretende terminar o
hacer una variación de la Sinfonía inconclusa de Gustav Mahler. La
novela Aitana configura dos dimensiones complejas que se reflejan
en un ejercicio de intermedialidad, además de la conjunción de la
autobiografía en la que él, o un alter-ego de Germán Espinosa,
rinde una suerte de testamento del mundo literario colombiano de
la segunda mitad del siglo XX; y, por el otro, la de una hábil voz
narrativa que desliza escenas fantasmagóricas y trata de celebrar un
pacto con el más allá a fuerza de elementos musicales. La novela
nace tras la muerte de la pintora Josefina Torres, esposa del novelista.
Es pues Aitana una suerte de tributo de amor: una estrategia para
trascender la existencia terrenal y para encontrarse o permanecer con
el espíritu de su esposa. La novela es una invocación a la memoria
de la pintora, y específicamente en la trama de esta obra, resulta
pertinente el elemento paranormal en el pacto ficcional.
Los aspectos por estudiar en esta obra son numerosos,
sin embargo, en este ensayo sólo se destacarán dos como rasgos
2 Algunas de los argumentos aquí expuestos han sido referidos en un
ensayo de carácter socio-crítico sobre la novela Aitana, para el SENALUNAM: https://www.senalc.com/2020/12/01
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

característicos de la poética de Espinosa y de su expectativa ante el
nuevo siglo. Por un lado, el carácter intermedial articulado por la
composición musical, recurso ampliamente utilizado por el escritor
colombiano, muy presente en sus célebres libros Cuando besan las
sombras y La tejedora de coronas, y, por otro, el gesto estético autoficcional
como clave de género para incorporar lo metaliterario. La autoficción
–la forma–, entendida como un pacto ambiguo entre el lector y la
obra, debe ser abordada desde una dominación teórica, histórica y,
sobre todo, desde el panorama intelectual, artístico y cultural de la obra
misma, de acuerdo con Manuel Alberca, referencia obligada de este
tema (2007). Para el autor, la diferencia de una novela autobiográfica,
y la autoficción, está en el “camino” que niega las fronteras entre lo
histórico y lo literario, que supera cierta problematización historialiteratura, y se dedica a analizar un “lugar intermedio” del yo narrativo.
Más allá de los rasgos formales de la autoficción que identificados
por Alberca, habría que destacar un rasgo peculiar sobre los límites.
No está demás decir que en Aitana nunca se revela el nombre del
protagonista narrador, lo que refuerza el carácter de ambigüedad de
la autoficción. Lo que interesa destacar, entonces, sobre la autoficción
es la condición intrínseca del desdibujamiento de los límites de
diversos discursos, literarios o históricos: “establecido entre ambos
pactos, el campo autoficcional resulta de la implicación, integración
o superposición del discurso ficticio en el discurso autorreferencial
o autobiográfico y viceversa” (Alberca 2007, 182), y precisamente,
al encontrarse en el terreno de lo autorreferencial, pone en tensión
la relación entre historia y literatura. Estamos nuevamente ante el
pacto ambiguo entre la historia y la ficción, entre lo fantástico y lo real,
entre la erudición y el ocultismo, como en cualquiera de las otras once
novelas de Espinosa.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

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Alberca

continúa

la

categorización

de

recursos

autoficcionales frente a los autobiográficos para generar espacios
narrativos como la “autobioficción” o la “autoficción fantástica”.
Aitana podría catalogarse “estructuralmente” entre ambas, excepto
por un elemento importante: la configuración del yo narrativo no se
presenta con elementos fantásticos ni como una ficcionalización de
la vida del autor, salvo por lo paranormal, un vector que atraviesa la
novela. El protagonista-narrador configura su yo con lo sobrenatural,
e, incluso, este rasgo fantástico determina en buena medida el resto
de estrategias narrativas en la novela. No obstante, pese a todos los
elementos que pueden vincular a este texto con formas de la ficción,
sobre todo por el aspecto fantástico paranormal, los referentes
que conforman el campo literario colombiano tienen un correlato
transparente. Resulta evidente que el elemento paranormal no es
sólo un componente de tensión narrativa, o recurso metafórico
del ambiente cultural, sino, sobre todo, una estrategia literaria de
desvanecimiento de los límites narrativos: entre géneros y entre
artes. El elemento inter-artítsico o intermedial, ampliamente
estudiado por los trabajos postestructuralistas, guarda sus bases en
la propuesta de “narrativa alegórica” de Samuel Taylor Coleridge.
En 1818 este autor data el término “intermedium” en un ensayo
sobre el poeta inglés Edmund Spenser (1553-1599) para referirse a
la narrativa alegórica en contraste con la mitología. A saber:
Narrative allegory is distinguished from mythology as reality form
symbol: it is, in short, the proper intermedium between persons and
personification. Where it is too strongly individualized, it ceases
to be allegory; this is often felt in the Pilgrim’s Progress, where the
characters are real persons with nicknames ([1818], 1914: 231).
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Posteriormente, Coleridge se refirió a Dante para insistir
en que el poeta es una suerte de guardia de la “basta armonía del
lenguaje”, pues el lenguaje es algo intermedio entre la materia y el
espíritu (1914: 276). Aitana se presenta, así, como este intermedio
entre el espíritu del narrador y su ya difunta esposa Aitana. La
novela es un conjuro de la memoria. Lo sobrenatural no es sólo un
aspecto fundamental del pacto de lectura, sino que es también la
configuración de la novela para entenderla, precisamente, como una
invocación paranormal. La estructura de la novela tiene la finalidad
de invocar al espíritu de Aitana/Josefina por medio del arte. De
volver su memoria un objeto estético. El narrador recuerda que el
momento de perfecta y armónica unión amorosa con su amada era
gracias a la música, cuando ella podía fundirse y confundirse con el
cuerpo del narrador y su propio espíritu:
Creo, con la convicción más imperturbable, que en todas aquellas
magias su guía irrebatible era el amor. El mismo, por ejemplo, que al
influjo de ciertas músicas nos impulsaba a estrecharnos en silencio,
durante largos minutos, al extremo de –mientras las oíamos– sentir
yo con una certidumbre sobrenatural que su espíritu entraba en
mí como un invasor exquisito que saturase mi ser con la delicia
perfecta. Entre tales composiciones musicales me parece destacar
como la más incitante cierta Gnossienne lenta de Erik Satie, en la que
el piano nos obliga a ascender a regiones seráficas donde el amor se
remansa hasta aquietarnos en el éxtasis (Espinosa 2007: 64).

Ahora bien, poco se ha especulado sobre el nombre Aitana.
¿Por qué en esta autoficción fantástica, o como se le quiera nombrar,
el autor decide llamar así a Josefina? Es muy probable que refiera
a la composición sinfónica de Óscar Esplá (1886-1976), el Satie
hispánico, “Sinfonía Aitana” Op.56 (1965). Nombre que toma de la
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Sierra de Aitana en la región valenciana. Esta obra, dividida en cuatro
movimientos, lleva por subtítulo “A la música tonal, in memoriam”.
De acuerdo con críticos de la sinfonía, esta composición es un tributo
a la construcción tonal, muy usual a finales del siglo XIX, frente a
la composición serial, característica de las sinfonías del siglo XX:
“Esplá no abandonó nunca la música tonal. En esta obra [Aitana]
parece expresar de forma dramática un estilo musical que tiende a
su desaparición, en un mundo volcado hacia los procesos tonales”,
se da una suerte de hibridación entre ambas formas de composición
(Historia de la Sinfonía). De acuerdo con De Candé, el atonalismo o
el sistema tonal implica la determinación jerárquica de las relaciones
entre las diferentes alturas de consonancia sonora con respecto al
centro tonal o tónica de una nota; en este sentido, la tonalidad, o
la clave de una obra musical, marca el centro de las progresiones
musicales. El serialismo, por su parte, es una técnica caracterizada
por cierta polifonía o parámetros musicales a los que se debe aplicar
un principio de composición serial, es decir, el principio serial
determina las consecuciones de las notas (Cfr. De Candé 2002). Este
aspecto “intermedio” entre el serialismo y la composición tonal de
la obra sinfónica de Esplá es claramente identificable en Aitana de
Germán Espinosa. El ritmo de la novela recuerda los tiempos de la
composición, además de que Aitana en ambas obras constituye la
nota más alta, que en momento se desvanece entre la serialidad de
personajes/notas que componen el cuerpo de las obras.
No sólo la estructura de la novela recuerda a la sinfonía,
sino que la sinfonía misma es una representación alegórica de la
invocación de Aitana. Según el escritor alicantino Gabriel Miró,
Aitana, en su punto más alto, recuerda la felicidad perdida, una
manera de “volver a un lugar” buscando:
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

la memoria y a nosotros mismos, porque el paisaje de Aitana no nos
espera más que una vez: cuando es inesperado para nuestros ojos.
Contemplar es despedirse de lo que ya no será como es. La paz,
el júbilo, la conciencia evocadora, la internación en el paisaje, son
estados reveladores que se disuelven en el tiempo como las nubes y
como el aliento del agua, el temblor de una fronda en el azul (1928).

Aitana representa para el escritor alicantino, el compositor
y el novelista ese lugar de la memoria. La composición, su
forma de invocación. Esta novela, en el caso de Espinosa, es ese
intermedio –o medio– para invocar a Aitana/Josefina. No obstante,
la intermedialidad es pertinente no sólo como juego erudito de
Espinosa, sino como una forma misma de su propia escritura, de
allí la reflexión metaliteraria en su novela, pues el lenguaje por sí
mismo no es suficiente. Para él, cada artista “se desplaza en su órbita
muy propia, cuyo sol –cegador y, por tanto, no discernible del todo
con los medios indigentes del lenguaje– podría definirse con algún
ignoto sinónimo del a voz perfección” (2007: 22).
En la construcción narrativa, el novelista, llevando al
extremo el pacto narrativo, anula los límites temporales para dar
lugar al bucle infinito en donde estará invocando eternamente a su
amada. El narrador se encuentra en un lugar intermedio, en una
antesala de la muerte. Por eso esta novela es su “pasaporte a la
muerte”. No es en sí una despedida, porque la novela es el medio
para alcanzar la trascendencia que lossalve del olvido, tal como
puede leerse en el poema inédito de Espinosa, recuperado por el
Banco de la República, “Invocación a tu memoria” (2006):
Quizá en la dimensión en que reposas
serás la única voz que el nombre mío

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pronuncie sin desidia y sin desvío
con palabras más suaves que piadosas.
La memoria son aves vaporosas
y con ellas nos vamos como el río
que busca el mar tiránico y sombrío
donde han de naufragar todas las cosas.
Qué dichoso seré si en los confines
de sus nostalgias alguien me recuerda
y ése sea tu amor jamás vencido
cuando la muerte lance sus mastines
torvos y mi casual nombre se pierda
en las vastas regiones del olvido.

Aitana es la eterna promesa del recuerdo. La estrategia
estética y narrativa estriba en el elemento sobrenatural –el maleficio
conjurado por Armando García– en cuanto éste, al incorporarse
en la configuración de la novela, no sólo da pie a la invocación
amorosa que Espinosa hace, sino que legitima cierto pacto narrativo
al momento de construir el momento infinito del relato. La novela
cierra con una muestra de una pena incesante por saberse separado
de Aitana, pero también con la certeza de que la invocación ha
superado al maleficio y ha logrado conjurarla con la musicalidad y
armonía de esta obra:
Ahora, no restaba espacio para la duda. Aitana se me había
aproximado toda ella, espíritu y vida, por la vía electrónica y sus
palabras eran decisivas e iluminadas. A nadie, salvo al que lea el
texto presente, he dado antes cuenta del milagro operado. Ni
siquiera a mis hijos. Poco me importa si el lector de este testimonio
me haya o no de creer. Lo cierto es que, con el alma llena de
luz como una hoguera de fe, procedí a digitar el libro que aquí
concluye. Escribí: La tarde en que Aitana murió, alentaban erectas
todavía, en el jarrón de la mesa esquinera, las rosas blancas que un
día antes habíamos traído… (Espinosa 2007: 404).
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

Precisamente la novela comienza “La tarde en que Aitana
murió, alentaban erectas todavía, en el jarrón de la mesa esquinera,
las rosas blancas que un día antes habíamos traído” (Espinosa 2007,
9). La reiteración, o estrategia de recursividad, crea precisamente
una estructura circular, muy cercana la estructura de la sinfonía
homónima, que genera ese bucle temporal propiciado por lo
paranormal, elemento que está presente en otra de sus novelas
con la misma finalidad narrativa. Tal elemento atraviesa, de hecho,
la anulación temporal en La tejedora de coronas. Finalmente, con lo
expuesto, resta decir que la poética narrativa de esta novela invita a
pensar que el autor aquí está buscando una “región seráfica” para
fundir su cuerpo con el espíritu de Aitana por medio del entramado
de la autoficción, conjugado con el elemento fantástico-paranormal,
que compone un universo complejo estructurado por la armonía
musical.
Referencias
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autoficción. Madrid: Biblioteca nueva.
Aullón de Haro, Pedro (1994), “Epistemología de la Ciencia
Literaria”, Teoría de la crítica literaria, Madrid, Trotta.
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Shakespeare and other Poets and Dramatists. Ed. Ernest
Rhys. London-Nueva York, J. M. DENT &amp; SONS,E. P.
DUTTON &amp; CO.
De Candé, Roland (2002). Nuevo diccionario de la música, Vol. 1,
Grasindo.
Espinosa, Germán (2007). Aitana. Bogotá: Alfaguara.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

— (2002). “Caribe y universalidad”, Ensayos completos. 1986-1988.
Tomo I. Medellín: EAFIT: 182-191.
— (2003). La verdad sea dicha. Mis memorias. Bogotá: Taurus.
— (2002). Ensayos completos. 1986-1988. Tomo I. Medellín: EAFIT.
— (2006). “Invocación de tu memoria”. Memoria de Josefina.
Poemas inéditos. Bogotá: El Banco de la República.
Fonseca Gómez, Marco Antonio (2012). “La figura del diablo como
motivo recurrente en dos novelas de Germán Espinosa:
Los cortejos del diablo y Aitana”, Estudios de Literatura
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Gaztambide, Antonio (2003), “La invención del Caribe a partir
de 1898 (Las definiciones del Caribe, revisitadas)”, en
TIERRA FIRME, 21, XXI, 82.
Miró, Gabriel (1928). Años y lenguas. Disponible en http://www.
cervantesvirtual.com/obra-visor/aos-y-leguas/html/
dcd85824-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5.html
Rincón, Carlos y Julian Serna Arango (2008). La palabra como
provocación. Magia, verso y filosofemas, Barcelona: Anthropos.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La representación del amor romántico en las
tarjetas de fantasía de la Época de Oro 1900-1921
The representation of romantic love in the fantasy
cards of the Golden Age 1900-1921
Jesús Gerardo Cervantes Flores
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
j.cervantes@uadec.edu.mx

Carlos Recio Dávila
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
carlos_recio@uadec.edu.mx

Resumen. A partir de los conceptos de amor romántico, definido por
autores como Giddens, Fromm, Hernández, Rodríguez, Corona y
Rodríguez, entre otros, el artículo examina la representación de este tipo
de amor en tarjetas postales de la Época de Oro, destacando cómo estas
imágenes significaron una forma de materializar el afecto y cariño de la
época y cómo los remitentes y destinatarios establecían una complicidad
simbólica a través de ellas.
Palabras clave: Representación, Amor romántico, tarjetas postales,
Época de Oro

96

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Abstract. Based on the concepts of romantic love, defined by authors
such as Giddens, Fromm, Hernández, Rodríguez, Corona and Rodríguez,
among others, the article examines the representation of this type of
love in postcards of the Golden Age, highlighting how these images
were a way of materializing the affection and affection of the time and
how senders and recipients established a symbolic complicity through
them.
Key words: Representation, Romantic love, postcards, Golden Age.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Introducción
En el presente artículo el amor se presenta como un concepto
polisémico y socialmente construido a través de prácticas y
significados transmitidos en la socialización primaria y secundaria. A
partir de una plataforma teórica basada en el construccionismo social
y el interaccionismo simbólico, el artículo explora el concepto del
amor y profundiza, siguiendo a autores como Giddens, Hernández
(2014); Rodríguez y Rodríguez (2016) en el amor romántico.
Se observa que el amor romántico se caracteriza por la
idealización de la pareja, la unión mística y para toda la vida, la
aceptación de todo por amor, entre otros mitos. Se analiza la
representación del amor romántico en las tarjetas postales de la
Bella Época utilizadas en los primeros años del siglo XX como
medios para expresar afecto y cariño, especialmente en este tipo de
soportes editados en París, calificada como la “capital del amor”.
Estas postales, en particular, eran consideradas como un subgrupo
de la gran categoría de tarjetas conocidas como “de fantasía” y
presentaban imágenes de parejas enamoradas en poses teatrales y
estilizadas. Para preservar su privacidad, a menudo los remitentes
escribían mensajes en clave lo que permitía mantener oculto ante
ojos indiscretos lo que deseaban transmitir. Estas características se
abordan en este texto.
Las imágenes por lo regular consistían en fotografías directas
a partir de negativo o bien mediante la técnica de la fototipia,
fundamentalmente en blanco y negro. En muchas ocasiones eran
realzadas a la acuarela, y representaban la estética propia de la
Belle Époque en las poses, los vestuarios y los decorados. Sobre
las imágenes los editores agregaban ciertas leyendas impresas que
98

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

sugerían la naturaleza romántica de la supuesta relación entre la pareja
de modelos. Los remitentes, al escribir en el reverso de estos soportes
de cartoncillo, podían proyectar sus emociones sentimentales hacia
los destinatarios, a través de los personajes representados; y en ello,
entraba en juego las aspiraciones y complicidades propias de una
relación romántica.
Finalmente se concluye que las tarjetas de fantasía de
temas románticos representaban registros diferentes –iconográfico
y textual–, que bien podían reforzar el sentimiento afectivo o, en
ocasiones, guardar distancia entre la imagen presente y el manuscrito,
además de la posición en que era colocada la estampilla postal la cual
podría también ofrecer un mensaje implícito.
El amor
De acuerdo con Manrique (2009) el amor, lejos de ser un
concepto único, objetivo y transparente, es polisémico, variable y
contradictorio. Por esa razón, no se plantea una definición concreta,
sino una serie de conceptos –en ocasiones contradictorios entre sí–
para intentar caminar en la definición de un concepto tan complejo
como el amor.
Al amor comúnmente se le entiende como un sentimiento
que nace de una atracción, pero también es una construcción
social a través de la cual se sostienen gran parte de las relaciones
erótico-amorosas; un dispositivo social que establece una serie de
prácticas y significados en los cuales los individuos son adiestrados
(García, 2015), a través de socializaciones primarias, como la
familia y secundarias, como la escuela, los medios de comunicación,
grupos religiosos o cualquier otro grupo social al cual pertenezca
el individuo. Porque, tal como lo resume Sztajnszrajber (2020),
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amar es entrar en un dispositivo que establece, a priori, una serie de
conceptos y prácticas a seguir.
A través de las interacciones, el individuo construye sus
universos simbólicos, es decir, aprende y da significado a sus
concepciones de amor, las cuales también pudieran ser aprendidas,
expresadas y legitimadas a través de las imágenes con las que se
encuentra en sus interacciones cotidianas, como las postales
analizadas en este artículo, mismas que son, también, una forma de
representación cultural del amor.
En este sentido, Tenorio (2012) señala que los grupos sociales
a los cuales el individuo está adherido, determinan sus discursos y
prácticas en torno al amor –y a otros conceptos–, por lo cual, en
una relación amorosa no sólo intervienen los valores individuales
del sujeto, sino también los establecidos por los grupos sociales a los
que éste pertenece. De aquí, que las representaciones en productos
culturales, a través de las cuales se legitiman ideas y prácticas, sean
tan significativas en la construcción social del concepto de amor.
El amor puede entenderse como una construcción social
moldeada a partir de los universos simbólicos de un momento
histórico, geográfico, cultural, político y tecnológico determinado.
Hagene (2008) señala que las experiencias corporales y sensitivas
son determinantes en la construcción social del concepto de amor,
tanto como las narrativas populares a las que el individuo está
expuesto a lo largo de su vida, por lo tanto, el concepto del amor
es tan cambiante como la cultura misma. Además, señala, en el
amor heterosexual se presenta una reproducción desigual entre los
géneros, donde es común que las mujeres se vean subordinadas a
los hombres, situación constante a lo largo de la historia en muchas
sociedades.
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Por otra parte, Fromm (1959) define al amor como una
actividad problemática para las sociedades contemporáneas, al
señalar que las personas, lejos de enfocarse en su propia capacidad
de amar y entregarse a otro, buscan ser amadas. De ahí que exista
la creencia de que entre más atractiva –en lo físico y/o en la
personalidad– sea una persona, más digna será de ser amada. Para
este autor, en las sociedades capitalistas y mercantilizadas –como la
actual– el amor se ha convertido en un producto más; la persona
espera recibir del otro con quien se relaciona de manera amorosa
igual o más de lo que da.
Desde la visión socioconstruccionista, el amor romántico
está presente en la cultura occidental, por lo menos, desde finales
del siglo XVIII, tomando fuerza en el siglo XIX, hasta nuestros días
y se ha representado –por lo tanto, legitimado– a través de diversos
productos artísticos y culturales, por ejemplo, en novelas como
María de Jorge Isaacs, Madame Bovary de Gustave Flaubert o Thèrese
Raquin, de Emile Zola.
Por otra parte, Ferry (2013) plantea que el amor en la
actualidad se asocia más a una forma de trascender y darle sentido
a la existencia, por encima de un concepto asociado al erotismo y la
intimidad.
Finalmente, el amor, lejos de ser un sentimiento o una
emoción, es un sistema de valoración que forma parte de un conjunto
de experiencias sostenidas en un elaborado sistema de creencias
y valores morales y estéticos; un sistema en el que interactúan
pensamiento, emoción y acción, donde se adoptan formas y
significaciones múltiples y, de cada individuo, surgen de una serie
de ideas, valores y prácticas que, en cada contexto dinámico, son
entendidas de manera distinta (Solomon, 1977; Esteban, 2007).
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

La definición reglamentada del amor
La Real Academia Española define el amor en varias acepciones, y
refiere el concepto no sólo en el ser humano sino incluso también en
los animales. De esta manera lo señala como un “Sentimiento intenso
del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita
y busca el encuentro y unión con otro ser”. En otra acepción lo
significa como el sentimiento “hacia otra persona que naturalmente
nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos
completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”.
En una tercera acepción refiere el concepto como un sentimiento
“de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo” y finalmente
como la tendencia “a la unión sexual”. Igualmente lo señala como
“Voluntad, consentimiento” o bien “Relaciones amorosas”, e
incluso como “Apetito sexual de los animales”. (https://dle.rae.es).
De esta manera, la Real Academia no distingue otros tipos
de amor fuera de tres conceptos, que señala: el “amor platónico”,
el “amor libre” o el “amor propio”1 Curiosamente no aparecen
conceptos como el “amor filial” o el “amor maternal”, entre otros.
Amor romántico
Platón ([385-370 a.C.], 2010), a través del diálogo de “El banquete”,
intenta definir las múltiples concepciones y expresiones en torno
al amor y lo define como un acto inherente al ser humano, que
se presenta en cualquier contexto donde éste se encuentre. En la
1 La RAE define el amor libre como las “acciones sexuales no reguladas”;
el amor platónico como “amor idealizado sin relación sexual”; y el amor
propio como “amor que alguien se profesa a sí mismo, y especialmente a su
prestigio” o bien “Afán de mejorar la propia actuación”. (https://dle.rae.es).

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actualidad, diversos autores y diversas autoras (Rodríguez, 2017;
Rodríguez y Rodríguez, 2016; Pascual, 2016; Hernández, 2014; Ferry,
2013; Carmona,2011; Corona y Rodríguez, 2000; Giddens, 1998)
han caracterizado al amor en diversos tipos, ya que el concepto del
amor suele ser referido para innumerables fenómenos, y puede ser
dividido en tipos, con características diferenciadas.
Este texto se centra en el amor romántico, de manera que
se deja de lado a otros tipos de amor de pareja, como el amor
apasionado o el confluente, los cuales pueden tomar fuerza en una
etapa posterior del proceso sentimental. Asimismo, se dejan de lado
a otros tipos de amor como el fraternal, filial o materno.
El amor romántico se puede definir como un sentimiento a
través del cual se crean vínculos conyugales recíprocos y exclusivos
tanto afectiva como sexualmente (Hernández, 2014). Rodríguez y
Rodríguez (2016) agregan que el amor romántico se centra en la
idealización del amor enfocado en una sola persona, a la cual se
le considera única e inigualable, aspirando a la fusión o simbiosis
entre quienes conforman la pareja, con el objetivo de encontrar la
felicidad.
El amor romántico pareciera estar tan normalizado en
las sociedades actuales que se cree que este tipo de amor ha
acompañado siempre a la humanidad, sin embargo, Giddens (1998)
señala que éste nace apenas a finales del siglo XVIII asumiendo
uniones heterosexuales idealizadas y pensadas para toda la
vida. Ideales morales del cristianismo que, según el autor, en la
actualidad y conforme avanzan las sociedades, se han fragmentado,
especialmente desde la presión de los movimientos feministas, en
los cuales se ha luchado por la deconstrucción o, en algunos casos,
la eliminación del amor romántico puesto que es considerado por
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algunas autoras (Hagene, 2008; Butler, 2006) como una forma de
amor desigual donde las mujeres son subordinadas a los hombres.
Rodríguez (2017) señala que el amor romántico se sostiene
en una serie de mitos entre los que destacan la imposibilidad de
poner límites al amor; la renuncia a cualquier cosa por amor; la
justificación de cualquier acto siempre que sea por amor, incluyendo
los actos violentos; el amor que da todo sin esperar nada a cambio;
existir por y para el ser amado; asumir que cuando se está en pareja
todas las necesidades afectivas del individuo están cubiertas; el
amor de verdad se encuentra en una sola persona, con la que se
está destinado a estar; las mujeres, al ser el pilar fundamental de la
familia, deben estar dispuestas al sacrificio de cualquier cosa por
la persona amada; el amor romántico es la máxima aspiración de
una chica buena y; ante el desamor no hay acciones equivocadas
o violentas, siempre y cuando lo que se busque sea recuperar a la
persona amada.
Estos y otros tantos mitos que se enmarcan en la idea
del amor romántico se presentan como verdades absolutas e
incuestionables resistentes al cambio (Rodríguez, 2017). En este
sentido, Pascual (2016) encuentra problemáticos algunos de los
mitos puesto que su asimilación genera incapacidad de reconocer las
posibles violencias entre quienes viven la relación. La autora agrega
que el amor romántico asocia el encuentro de la persona amada
con la felicidad. De manera que dentro del amor romántico se cree
imposible aspirar a la felicidad si no se está en pareja. Por eso, el
amor romántico parece que se concentra en una búsqueda: la de la
persona indicada, ese amor verdadero que una vez encontrándolo,
conducirá a la felicidad.
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

El amor como una búsqueda.
Una de las características del amor romántico es que su ejercicio
se centra en la búsqueda de ese ser especial, único, al que se le
amará para toda la vida, y no como una facultad o capacidad del ser
humano, como lo señalaba Fromm, (1959).
La búsqueda de ese ser especial y único es ilustrado por
Platón ([385-370 a.C.], 2010), en el diálogo de El banquete a través
del mito fundacional de la separación de los seres dobles, donde
señala que, en tiempos primitivos, los humanos eran seres dobles: de
dos cabezas, cuatro piernas y cuatro brazos. Era una raza fuerte pero
orgullosa y atrevida; un día intentaron escalar al sitio de los Dioses.
Por ello, Júpiter, con el objetivo de disminuirlos, lanzó un rayo que
los partió en dos, condenándolos a la búsqueda de su otra mitad para
sentirse complementados. Así, el mito de la separación de los seres
dobles es uno de los primeros indicios del entendimiento del amor
como la búsqueda de una persona –y sólo una, única y especial– que
complementará al individuo.
Caruso ([1979], 2016) establece dos formas de amor: el egoísta
y el que acepta al ser amado. El egoísta ve al ser amado como un objeto
al cual poseer e incorporarle a sí mismo, a diferencia de quien acepta al
ser amado, quien se relaciona con el otro tal y como es. Sztajnszrajber
(2020) hace una relectura del amor egoísta de Caruso en la actualidad
y lo define como la expansión del individuo que centra su atención
en la posesión de otro idealizado. Lo problemático de la búsqueda de
un ser ideal es que se esfuerza en adaptar y manipular la identidad del
otro hasta que sea lo más cercano a ese ideal.
En este sentido, Fromm (1959) señala que el gran problema
del amor es pensar que se trata de la búsqueda de alguien y que,
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

una vez que el individuo llegue a encontrarse con ese alguien, todo
puede resolverse en el terreno de lo amoroso y de la felicidad. Un
planteamiento romántico y mágico en torno al amor.
La mercantilización en el amor.
Otra de las características del amor romántico es la mercantilización.
Fromm (1959) señala que en una sociedad mercantilizada el amor
no es inmune, pues las personas buscan un intercambio favorable
en términos de atracción y deseo, lo que les hace enfocarse en ser
personas más atractivas y deseables para los otros, con el objetivo
de conseguir la persona más atrayente posible a su alcance. Con
ello existe un alejamiento respecto a lo que el autor considera más
importante: enfocarse en su propia capacidad de amar.
Ese objetivo de ser más atractivo y deseable ante los otros
pudiera asociarse a la belleza. Para Carrit ([1948] 1974) la belleza
es el conjunto de elementos que combinan armoniosamente en
proporciones adecuadas que resultan agradables a la vista, el oído y
la imaginación. La belleza depende, siempre, del contexto cultural
desde el cual se le sitúe; no es posible hablar de una belleza universal,
ya que la idea de belleza de cada individuo está determinada al
contexto cultural donde se encuentre, sin dejar de lado la hegemonía
etnocéntrica que determina a través de los productos culturales –cine,
televisión, música, etc.– qué es atractivo, estético o bello y qué no. Las
tarjetas postales aquí analizadas son, también, una forma etnocéntrica
de definir qué es atractivo.
Materialización metafórica del amor
En la tradición de la sabiduría popular los tipos de amor refieren a
percepciones distintas entre dos personas que se atraen, algunos de
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los cuales han sido materializados en forma simbólica. Tal es el caso
los corazones rojos, estilizados, en torno al día de San Valentín, como
una forma de amor sensible y tierno. En los emoticones utilizados en
las redes sociales existe una forma estilizada e invariable de corazones
para representar el amor o la aceptación respecto a un mensaje
o estímulo. Así, el corazón rojo significa “me encanta”, el corazón
blanco representa un sentimiento puro de afecto, como el corazón
negro puede aludir al luto o a una relación de admiración, entre otros.
A partir del emblema del corazón como símbolo del amor,
en los jardines del Castillo de Villandry en Francia hay un conjunto
de cuatro cuadros denominado “El jardín del amor”: En él existen
divisiones de plantas, cada uno de los cuales integra varias imágenes
de corazones con diferentes diseños. Estas estructuras vegetales
de inspiración andaluza forman diseños geométricos. Uno de ellos
representa “El amor tierno”, y está presente en corazones que se
simbolizan en forma las máscaras del tipo como el que utilizaban
las personas durante los bailes sobre los ojos y que permitían
conversaciones tanto serias como ligeras. El segundo cuadro
corresponde al “amor apasionado”, el cual se representa por medio
de corazones rotos por el sentimiento de ardor sentimental: los
arbustos se entrelazan y forman un laberinto que evoca el torbellino
de la pasión. Un tercer cuadro corresponde al “amor voluble” y
representa la ligereza de los sentimientos; en las esquinas, los arbustos
forman los cuernos del amor no correspondido, y en el centro, las
cartas de amor que los amantes intercambiaban. Finalmente, en el
jardín que hace referencia al “amor trágico”, los dibujos representan
hojas de puñal y espadas como las utilizadas en los duelos debido
a las rivalidades amorosas. Adicionalmente, en estos jardines hay
también una carga simbólica de los colores. Así, por ejemplo, en el
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

jardín del “amor voluble” el color dominante es el amarillo, símbolo
del amor traicionado. Y en la división del “amor trágico”, las flores
del verano son rojas, como un emblema de la sangre derramada
durante las batallas sentimentales. (https://www.chateauvillandry.fr)
La representación del amor romántico en las tarjetas de
fantasía de la Época de Oro
Generalidades de las tarjetas de fantasía de principios del siglo XX
En los primeros años del siglo XX tuvo lugar en Francia el inicio de
las tarjetas denominadas de fantasía. Tuvieron un gran desarrollo en el
periodo denominado La Bella Época, periodo que tuvo lugar a partir
de la Segunda Revolución Industrial. Su utilización continuó hasta
la década de 1950. La tarjeta postal ilustrada, iniciada en los últimos
años del siglo XIX tuvo muy pronto como imagen la fotografía, que
rápidamente suplió a la técnica de la cromolitografía.
La fotografía, señalaba Walter Benjamin, es “un mundo
pequeño” (Benjamin en Sontag, 1980). A partir de esa idea es posible
considerar que la foto de ilusión o de fantasía es la miniaturización
de un aspecto particular del mundo que sugiere una realidad ideal.
Las imágenes de este género tenían distintas variantes; desde
mostrar escenas idílicas de la vida cotidiana, hasta algunas a manera
de collages que integraban fotos y dibujos, como niños con diseños
en los que se les agregaba en los brazos un trébol o una herradura,
como símbolos de deseos de buena suerte. Otras tarjetas hacían
alusión a fechas especiales como el poisson d’avril (el “pescado de
abril”), refiriendo en ellas las bromas realizadas poco antes del inicio
de la Cuaresma. De igual manera había postales utilizadas para enviar
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saludos en periodos como la Navidad o el Año Nuevo. Finalmente,
en las que estaban representadas escenas de amor.
En estas tarjetas eran comunes las poses afectadas y los
retoques sobre la imagen a fin de transmitir una idea. La notable
manipulación por medio de elementos agregados a manera de
collage, marcas con carboncillo o bien detalles coloreados a la
acuarela, no parecía importar mucho a los consumidores, habituados
a una cantidad limitada de estímulos visuales más allá de la realidad
empírica. La fotografía como medio de comunicación tenía pocos
años de haber sido popularizada y la invención del cine también era
reciente.
A principios del siglo XX, los estudios de los fotógrafos
profesionales estaban ubicados en las partes altas de los edificios,
situación que permitía un mejor aprovechamiento de la luz solar, que
atravesaba las ventanas y claraboyas. Los espacios eran pequeños,
angostos y por lo general disponían de distintos fondos o telones, en
ocasiones, neutros o bien pintados a mano representando paisajes
bucólicos o urbanos, lo que daba una ingenua ilusión de profundidad.
Por lo regular los modelos que posaban para las imágenes de
fantasía trabajaban con base en contratos con los fotógrafos o casas
productoras de tarjetas.
La técnica prevaleciente en las postales eran el blanco y
negro, producto de las limitaciones técnicas (el color se popularizaría
hasta mediados del siglo XX). Esta condicionante permitía una
lectura particular por parte del espectador quien tenía que poner en
juego un proceso mental para interpretar los colores abstraídos en la
imagen. No obstante, el blanco y negro permitía al lector orientar su
atención más a las expresiones en los modelos y escenografías que a
la descripción clara del aspecto de la realidad representada.
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

En el momento de su circulación, las tarjetas integraban un
mensaje escrito, redactado por el remitente y uno iconográfico, y
estaban destinadas a ser consumidas de manera casi inmediata. Por
lo regular, los destinatarios de este tipo de imágenes, las conservaban
en algún lugar privado, como una caja de metal o madera o el
cajón de un mueble, o bien, en los álbumes familiares. Este tipo de
cuadernos habían sido creados en la década de 1860, bajo el imperio
de Napoleón III con el fin de resguardar fotografías familiares; pero
desde fines del siglo XIX también fueron utilizados para tarjetas
postales, principalmente de fantasía, tanto en formato francés como
italiano, con elegantes cubiertas estilo art nouveau.
En ocasiones, sobre las postales eran adheridos determinados
elementos reales como pequeñas plumas de aves o flores. Esto les
daba un valor adicional: el de una reliquia. Estas evidencias podrían
relacionarse con la idea de Benjamin (1936) del aura: esa sensación
de la experiencia de lo irrepetible, la plenitud del aquí y ahora.
El amor romántico en las tarjetas de fantasía de la Época de Oro
Las tarjetas postales ilustradas que hacían referencia a relaciones
sentimentales fueron especialmente producidas en París, considerada
desde entonces “la capital del amor”. Muy pronto se distribuyeron
en todo el mundo. Se trata de imágenes realizadas en estudio en
blanco y negro, producidas por fotógrafos profesionales cuyo
objetivo era la venta como tarjeta postal para intercambiar mensajes
de afecto, cariño o amor. Era muy común que apareciera una pareja
de enamorados abrazándose, o bien a punto de besarse, o bien
mirándose a los ojos, en actitudes siempre de galantería por parte del
hombre y seducción por parte de la mujer. Para darles la sensación
de un mayor realismo, muchas veces retocadas a la acuarela.
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En esas imágenes que representaban parejas de enamorados,
los modelos aparecen en poses artificiales a partir de las cuales los
compradores podrían asumir una proyección personal como si esa
pareja les representara a ellos mismos. En muchas ocasiones las imágenes
resultaban ajenas al texto escrito por el remitente. En esa distancia
entre la imagen y el texto manuscrito, la imagen era una mera
ilustración que resultaba, finalmente, neutra.
Dado que las postales podían ser vistas por todas las personas
por las que pasaran –desde el personal de correo, hasta familiares o
amigos– los remitentes en ocasiones se las ingeniaban para escribir
mensajes en clave, en ambos sentidos del soporte: una parte del
texto en forma vertical y sobre él otra parte en forma horizontal.
En muchas ocasiones las imágenes eran retocadas mediante
colores de tonos apastelados o algo vivos con la intención de dar
una idea de mayor veracidad, aunque sólo reforzaban el proceso
ilusorio.
La cantidad de imágenes de enamorados fue enorme. En
Francia existieron una gran diversidad de productores y el mercado
en el cual se distribuyeron alcanzó diversos países.
En las poses de los modelos, los roles de hombre y mujer
aparecen claramente diferenciados.
La representación de los mitos del amor romántico que
señala Rodríguez (2017) y Pascual (2016) estaban presentes en
las tarjetas de fantasía, tales como: la asociación del amor con la
felicidad, el amor incondicional, la renuncia a todo por amor, el
amor como máxima aspiración –en especial en las mujeres–, la
imposibilidad de poner límites al amor, la existencia por y para el ser
amado y la exclusividad erótica y sentimental. Además de reproducir
los roles de género establecidos en el cortejo del amor romántico:
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

las mujeres como seductoras pasivas esperando la acción de los
hombres, quienes tomaban la decisión de acercarse, o no, a ellas.
Asimismo, se representaban –sobre todo– parejas bellas, jóvenes y
heterosexuales.
La materialidad de las postales
Este tipo de tarjetas por lo general estaban impresas en blanco y
negro y la mayoría coloreadas a la acuarela. No obstante, en los
primeros años del siglo XX también existían imágenes en cianotipo,
es decir, en tonos azules o bien con virajes a tonos rosas, sobre todo
en años posteriores a 1910. En las imágenes coloreadas a la acuarela,
era común marcar detalles en los rostros, flores en los vestidos o
algunos otros adornos. Había series en las que se reproducía un
mismo modelo en distintas postales a manera de contar una historia.
Las dimensiones de estas fotografías eran de 4 x 6 pulgadas,
es decir, la misma que las tarjetas postales tradicionales. Este formato
les permitía ser fácilmente colocadas en álbumes.
Por lo regular las postales eran enviadas por correo sin un
sobre. Debido entonces a la imposibilidad de proteger los mensajes,
ante las vistas indiscretas, algunos enamorados hacían uso de ciertas
tretas como escribir en clave, empleando códigos secretos como
utilizar números en vez de letras, utilizar el espacio del reverso
mediante una parte escrita horizontalmente y otra verticalmente
para lograr un entramado de palabras como un curioso enrejado o
entramado difícil de leer.
Los tirajes de la mayoría de las fotografías eran realizados
a partir de negativos directos ya fuera en vidrio o en celuloide por
medio de contacto es decir sin el uso de una ampliadora. Esto
les daba una gran calidad. Además, algunas postales de este tipo
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

también eran impresas mediante el sistema de la fototipia, también
en blanco y negro. De manera regular, los editores se acostumbraban
a insertar en la parte baja de la imagen un pequeño monograma
con sus iniciales. Entre ellos es posible mencionar a editores que
firmaban como PC, AN, PA, sin que su nombre fuera propiamente
revelado, o bien, un pequeño emblema que les distinguía a la casa
distribuidora de las tarjetas, como un trébol, una estrella de David,
una paloma, o una paleta de pintura.
El tiraje tenía un mínimo de 300 ejemplares, un número que
lo volvía rentable, y un máximo de varios miles. La distribución de
las tarjetas por parte de los editores y comerciantes podía llegar a
otros países y era común que en esos lugares, como México, fuera
una práctica habitual.
Aspectos estéticos
La tarjeta postal de fantasía podía servir como mera ilustración, o
bien, como un mecanismo tendiente a sugerir una idea. Es decir, la
representación del amor romántico en la imagen cumplía el propósito
de enviar un mensaje de afecto, materializado en una imagen que
podría ser considerada neutra. Las poses podían parecer sugerentes,
pero por lo general no dejaban de ser afectadas, teatralizadas y, a fin
de cuentas, algo frías, asépticas, lo que pudiera hacerles comparables
a esculturas del periodo neoclásico. De alguna manera reflejaban
los conceptos estéticos de la Bella Época, tanto en los parámetros de
belleza, como la moda de vestidos y accesorios prevaleciente.
Además, los fondos de los estudios fotográficos eran utilizados
para reafirmar la presencia de los modelos y no confundirla con los
escenarios. Prácticamente no hay tarjetas de fantasía en situación, es
decir, que correspondan a espacios libres o lugares privados.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Las leyendas que acompañaban las fotografías eran
sugerentes “El beso”, “Agradable sorpresa”, “Dulces momentos”.
Y en ocasiones las parejas eran acompañadas con un objeto que
reafirmaba la frase impresa sobre el soporte, como “Termómetro
del amor”, en el que una pareja, en la que el hombre galantemente
está a punto de besar en la mejilla a una mujer, aparece con un gran
termómetro que dice “30 muy cálido”.
En ocasiones, las tarjetas postales en serie, las cuales eran
enviadas en intervalos regulares, creaban cierto suspenso. Por
ejemplo, una serie denominada “La Margarita”, que consistía en
cinco imágenes diferentes a lo largo de las cuales una mujer deshojaba
una flor de este tipo, aparecían las siguientes leyendas impresas: “1.
Él me ama… 2. …Un poco, 3. …Mucho, 4. …Apasionadamente,
5. …Nada”. Sobre estas frases están retratadas dos mujeres, una de
ellas representando seguramente al soldado ausente por encontrarse
en el frente durante ese tiempo de la Primera Guerra, junto a la otra
joven que deshoja la flor. (Imágenes reproducidas en Kyrou, 1966)
La complicidad y lo aspiracional en el uso de las
postales de fantasía
Los mensajes escritos por los remitentes podían consistir en saludos
comunes, o bien reflejar formas de afecto, de cariño e incluso de
despecho. Eventualmente el texto que acompañaba a la imagen
enfatizaba lo presentado en la imagen, pero podía no tener ninguna
relación.
Los personajes captados en estudio aparecen ubicados en
un espacio determinado, un lugar específico, pero al mismo tiempo
pueden parecer localizados fuera de él, debido a que la decoración
presenta un paisaje simulado, idealizado.
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

A partir de la representación del amor romántico en las
tarjetas postales de fantasía hay una apropiación simbólica por
parte de los espectadores respecto a los modelos; se establece la
relación como si los personajes representados fueran efectivamente el remitente y
su destinatario. Si bien se trata de un proceso aspiracional, en realidad
no va más allá de un truco reconocido, una especie de complicidad
entre el remitente y destinatario.
Entre la imagen y el texto manuscrito, es común que se trate
de registros diferenciados. La fotografía representa una escena ideal,
de personajes ajenos, lejanos a quienes envían y reciben las tarjetas.
Otro elemento importante en las tarjetas de fantasía era la
posición del timbre ya fuera sobre la imagen –generalmente a la
derecha o izquierda del ángulo superior–, o bien en el reverso.2 Eso
significaba un mensaje adicional que acentuaba la complicidad entre
la pareja.
De esta manera Bourgeois y Melot (1983) señalan que
una estampilla colocada inclinada hacia la izquierda significaba
“amistad”; una inclinada hacia la derecha quería decir “Mi cariño”;
una colocada al derecho –con los pies hacia abajo– significaba “le
amo”; y colocada al revés, con la parte baja hacia arriba quería decir
“un beso”; y una inclinada y al revés quería decir “amor profundo”.
El corpus
Las tarjetas postales que se analizarán corresponden a ejemplares
obtenidos en distintos bazares, ferias y por medio del comercio
2 Los timbres se colocaban en el frente de todas las tarjetas postales antes
de 1904, debido a que el reverso estaba destinado únicamente a la dirección
del destinatario. A partir ese año, la Unión Postal Universal acordó dividir el
reverso en dos partes: una para el mensaje de remitente y la otra parte para la
dirección del destinatario y la estampilla (Recio, 2022).
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electrónico. La mayoría fueron producidas en Francia, pero muchas
utilizadas en diferentes países en el periodo en el que estuvieron
circulando. Se trata de cuatro tarjetas individuales en dos de las cuales
aparecen como modelos un militar francés en uniforme (uno con quepí
otro con gorro liso militar) junto a una mujer, ambas de cabello algo
rizado; otra de un enamorado al pie de un balcón ofreciendo flores a
su amada; y una más en que aparece una pareja de jóvenes hacia 1920
al inicio de la época conocida como Los Años Locos. Además de una
serie de tres tarjetas en que se narra la historia de amor de dos jóvenes.
Análisis
La primera tarjeta, editada como tarjeta fotográfica, es en blanco
y negro, y fue editada por A. Noyer bajo el emblema de “Patrioric
1073”, Figura 1. Patriotic 1073. Tienen un fondo neutro. En ella
los roles masculino y femenino están claramente remarcados. En
efecto, cada uno de los dos personajes tiene atributos de cada género
claramente diferenciados. El hombre es un militar con uniforme y
con bigote. La mujer lleva el cabello algo corto y un vestido vaporoso.
Ella posa su mano sobre el hombro del personaje y ambos se besan
suavemente. La identificación del espectador se da por la distancia
simbólica que les separa de ellos, pues se trata de una imagen en
medio primer plano. La leyenda “Autant de pris sur l’ennemi”
(También podría ser tomado por el enemigo), hace referencia a la Primera
Guerra Mundial, pues la imagen fue realizada durante ese periodo.
De esta manera el mensaje hace referencia tanto al amor que los une
“Mi querido amorcito querido […] ahora no tengo más que una sola
idea, la de abrazarte lo más pronto posible y demostrarte cuánto te
quiero […]” como a su situación articular en el frente militar “por lo
pronto estamos todavía a salvo”.
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Una de las características fundamentales del amor romántico
es que, según Hagene (2008) los roles de género en el cortejo –
el hombre toma la iniciativa y la mujer se resiste levemente a esa
iniciativa– y las expresiones de género –formas de vestir, largo y
acomodo del cabello, maquillaje, entre otros– están claramente
identificadas. En esta tarjeta no hay una resistencia ante estos roles
y expresiones de género, todo lo contrario, son roles y expresiones
netamente románticas.
Figura 1
Patriotic 1073

La segunda imagen Figura 2. Suzy 568. representa también
la pareja de un militar y una joven mujer. Esta vez la toma es en
plano completo, aunque los personajes se encuentran sentados. Ella
tiene un ramo de rosas en su mano y mira hacia un lugar indefinido
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

mientras él le mira amorosamente. El fondo es un telón pintado
con un arco de forma neogótica y un atardecer sobre un lago en el
plano posterior. La imagen editada por Chipault en Boulogne sur
Seine tiene el emblema de Suzy y el número 568. La idea general de
la imagen es de melancolía, tanto por el paisaje del fondo como por
los colores pálidos de los vestuarios, el uniforme azul grisáceo y la
de la joven color violeta. En la fotografía es el hombre quien parece
seducir a la mujer la cual sonríe a manera de complicidad, aunque no
lo observa. La leyenda al pie señala “El corazón no puede callarse,
cuando el amor es sincero”.
Nuevamente se define el cortejo, tal como lo plantea Hagene
(2008), con roles de género preestablecidos, donde él es quien toma
la iniciativa. Además, ubica un elemento característico del amor
romántico: el corazón como símbolo del amor.
Figura 2
Suzy 568

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En la tercera postal-foto Figura 3. Acción de cortejo. la atmósfera
es más bucólica y la imagen representa la acción del cortejo. La mujer
se encuentra de pie en un balcón algo superior al nivel del piso y el
hombre extiende sus brazos hacia ella como si acabara de ofrecerle
el ramo de flores que tiene en sus manos la joven. La atmósfera
es un tanto onírica debido al excesivo retoque de la imagen con
carboncillo y el realce a color por medio de acuarela en tonos verdes,
rosas y rojos del follaje y de las enredaderas que suben a lo largo
del muro. El hombre va vestido con traje oscuro y la mujer con un
vestido naranja. El mensaje manuscrito, redactado por un joven de
nombre Léan a la señorita Marcelle Morizot sólo señala “Una buena
y feliz fiesta”. De manera que el mensaje amoroso de la imagen
parece diluirse con un texto neutro, que pudiera, no obstante,
disfrazar una eventual atracción sentimental.
Figura 3
Acción de cortejo

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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Aunque al mensaje escrito en la postal no se le pueda instalar
dentro del amor romántico, la postal-foto sí, puesto que representa
el cortejo romántico antes citado (Rodríguez, 2017; Hagene, 2008)
y las características oníricas de la postal parecieran coincidir con el
amor idealizado, una de las características del amor romántico que
señala Hernández (2014).
Todo ello pone en evidencia el amor romántico como una
forma en que parece perderse el sentido de la realidad para entrar
en una lógica de ensueño y romanticismo, idea patente por el paisaje
de campo nocturno de una mansión frente a un lago y a un árbol de
aspecto sombrío, reproduciendo la idealización del amor romántico,
descrita por Hernández (2014).
Figura 4
A. Noyer 2879

Un quinto elemento de análisis consiste en tres tarjetas
postales que son tituladas como Mireille y editadas por la compañía
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

E. L D., de Paris, Figura 5. Mireille. Se trata de un conjunto de un
gran grupo de más de 200 series diferentes. Sin embargo, en este
artículo se rescataron tres de ellas. La técnica con la que fueron
impresas las imágenes es “bromuro bisódico en oro”, es decir,
fotografías directas con bordes dorados. La serie trata de cómo
el amor puede sobrepasar la muerte. En las tres fotografías posan
una pareja de jóvenes, el hombre más alto que la mujer, siempre en
tomas de planos completos, en un ambiente bucólico, pues ellos
portan vestuarios típicos de las zonas rurales de Francia.
El grupo de imágenes inicia con el cortejo; la primera una
mujer camina por la calle –que es un escenario de estudio– con
una canasta y bajo ella está inscrita la leyenda “Ven a ayudarme
a colocar en mi cabeza esta canasta” –una canasta con lo que
parecen ser ramos de parra–, para indicar que pide ayuda al joven.
La segunda imagen el hombre dice “Mireille a su lado yo pasaría
mi vida”. Después de varias imágenes en que la mujer debe o no
decidirse por el amor de Vincent le dice “Amigo Vincent, ¿conoces
el proverbio? Cuando encuentran los dos un nido en la morera, se
deben casar antes de que termine el año”. Pero la mujer muere
antes diciendo “¡Aquí están!... ¡Aquí están!... ¡Su dulce voz me
llama! ¡El cielo es azul!... ¡La onda brilla!... y la góndola piadosa,
me lleva al paraíso! ¡Adiós Vicente…Adiós…” A lo que Vincent
contesta: “Oh muerte! Llévame con ella a la tumba”. De esta
manera los dos aparecen finalmente frente al altar. Ambos con las
manos en actitud de rezo, unidos más allá de la muerte. De esta
manera enfatiza un espíritu romántico, no sólo por el ambiente
rural en el que se desarrolla la historia sino también por el final
trágico, que a fin de cuentas lleva a superar los más temibles
obstáculos para lograr el amor.
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Esta serie de tarjetas ilustra el mito del amor eterno
(Rodríguez, 2017), instalado en el amor romántico y lo lleva más allá
de la muerte. Ubica una existencia después de la muerte y al amor de
su vida acompañándole a ese otro escenario post mortem.
Si bien, en el ritual de matrimonio, perteneciente al amor
romántico, se plantea un hasta que la muerte los separe, como una
forma de darle validez al amor, en este caso, pareciera tomar fuerza
el concepto de eternidad en el amor, idea instalada en los valores
cristianos que, como señala Giddens (1998), destaca el de la vida
después de la muerte.
Figura 5
Mireille

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Conclusión
A partir de las distintas dimensiones del amor es posible comprender
que, en general, se trata de un sentimiento que implica aproximaciones
diferenciadas entre dos personas o más, de acuerdo con la distancia
simbólica que pueda existir entre ellas. Al ser materializado en
soportes como las tarjetas postales de fantasía de la Época de Oro,
el amor romántico era puesto en evidencia a través del proceso de
comunicación entre dos personas entre las cuales podría haber un
sentimiento de atracción ya fuera unilateral o mutua. Estos soportes
de comunicación visual, distribuidos tanto en Europa como en otros
países del mundo occidental, representaron los modelos uniformes
de la belleza y la moda de la época.
Entre los usuarios de las postales llegó a existir un proceso
aspiracional en el cual los modelos retratados eran asumidos como
sujetos ideales, con los cuales los usuarios podrían identificarse o
bien representar la materialización de un determinado sentimiento
amoroso. En este tipo de postales, los registros iconográficos y
textuales conformaban un mensaje integral en el que la imagen
podía llegar a decir lo que no alcanzaban a expresar las palabras. En
las tarjetas de fantasía referentes al amor romántico, la información
referencial, expresada a través de la imagen y el texto escrito por los
remitentes, en suma, ponían en evidencia ya fuera formas de cortejo,
de reafirmación del amor, o incluso de despecho.
En conclusión, este artículo ha explorado la representación
del amor romántico en las tarjetas de fantasía de la Época de Oro, que
abarca los años 1900-1921. A través de un enfoque teórico basado
en el construccionismo social y el interaccionismo simbólico, se
analizó cómo estas tarjetas postales capturaban la estética y los mitos
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

del amor romántico de la Belle Époque, destacando la idealización
de la pareja, la unión mística entre hombre y mujer, la aceptación
incondicional del otro, la asociación del amor con la felicidad, la
renuncia a todo por amor, la imposibilidad de poner límites al amor
y otros mitos relacionados con este tipo de amor.
Se reconoce que el amor romántico es un concepto
socialmente construido que se ha transformado a lo largo del tiempo
y que nació en el siglo XVIII, influenciado por ideales morales
cristianos que han evolucionado con el tiempo, especialmente bajo
la presión de movimientos feministas, a través de los cuales se han
visibilizado las desigualdades entre géneros en una relación amorosa
y, a la par, se han propuesto otras formas de relacionarse más justas
para los géneros, entre las que destacan el amor confluente, definido
por Carmona (2011) como una evolución del amor romántico a
relaciones más justas, abiertas y negociadas.
Estas postales presentaban imágenes de parejas enamoradas
en poses teatrales y estilizadas, a menudo realzadas con colores
suaves para darles un mayor realismo. Los remitentes solían escribir
mensajes en clave para ocultar sus emociones y pensamientos, ya
que las tarjetas podían ser vistas por muchas personas en el camino
hacia su destinatario.
En las tarjetas postales de fantasía los roles de género
tradicionales en el cortejo del amor romántico, eran representados
con claridad: las mujeres aparecen como seductoras pasivas y
hombres tomando la iniciativa en el cortejo.
Se observa una complicidad entre remitentes y destinatarios
al proyectar sus emociones sentimentales en los personajes
representados en las tarjetas de fantasía, a pesar de que las imágenes
podían resultar ajenas a los mensajes escritos. La posición de las
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

estampillas o sellos postales en las tarjetas, también añadía un
mensaje adicional que acentuaba la complicidad entre las parejas.
En las tarjetas postales analizadas se identifican ejemplos
que representan el amor romántico en distintos contextos y
atmósferas, donde destacan el cortejo, la melancolía y la superación
de obstáculos para lograr el amor verdadero.
Finalmente, el artículo ofrece una visión detallada de cómo
se representaba el amor romántico en las tarjetas de fantasía de
la Belle Époque, destacando la evolución de este concepto y los
mitos asociados, así como la importancia de la complicidad y la
materialización metafórica del amor en estas representaciones
visuales. Estas postales de la Época de Oro ofrecen una ventana
fascinante a la representación del amor romántico durante ese
período, al capturar tanto los ideales como los mitos asociados con
el amor en ese tiempo, a través de imágenes y mensajes escritos en
las tarjetas postales que ofrecen una visión única de la expresión del
afecto y el cariño.
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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La nueva novela: escritura y borradura infinita
La nueva novela: writing and infinite erasure
Gonzalo Rojas Canouet
Universidad Academia de Humanismo Cristiano
Santiago de Chile
grcanouet@gmail.com

Resumen. Este artículo propone leer La nueva novela de Juan Luis
Martínez desde su condición experimental a través de las nociones de
borradura y escritura infinita. Por lo anterior, habrán tres secciones de
análisis referidos como relatos, discursos y material textual de la obra de
Martinez para dar secuencia argumental, vinculando elementos teóricos
de Derrida y Deleuze y así sistematizar una simetría entre lo experimental
de la escritura del mencionado libro con algunas operaciones rizomáticas
y desconstructivas.
Palabras clave: Poesía chilena- Borradura- Flujo escritural
Abstract. This article proposes to read Juan Luis Martínez’s new novel
from its experimental condition through the notions of erasure and infinite
writing. Due to the above, there will be three sections of analysis referred
to as stories, speeches and textual material of the work of Martinez to give
a plot sequence, linking theoretical elements of Derrida and Deleuze and
thus systematize a symmetry between the experimental of the writing of
the mentioned book with some rhizomatic and deconstructive operations.
Keywords: Chilean poetry- Erasure- Scriptural flow

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Relatos descompuestos
Los textos publicados por Juan Luis Martínez, a la fecha, son La
Nueva Novela (1977), La Poesía Chilena (1978), un texto inédito
“El silencio de la trizadura” y Poemas del otro (Santiago, Ediciones
Universidad Diego Portales, 2003). En el año 2016, Ediciones
Archivo reeditó los dos primeros. El discurso poético, en cada
expresión es concebido a través del principio de multiplicidad del
rizoma. La portada, las contratapas, las solapas, el colofón y el
epígrafe son construcciones incluidas para distintos temas a tratar.
Además de su incorporación de materiales gráficos, objetos y efectos
de diseño que en su totalidad constituye un corpus multiforme. Es
decir, se está en presencia de un libro-objeto. Desde el plano del
sujeto, la construcción de textos y objetos se presenta como un
collage, un artesanado que instala fragmentos de muchas miradas a
punto de constituirse. Todos estos fragmentos o miradas están en
constante resemiotización (la posible constitución del sujeto en un
significado o significados posibles), finalmente, para crear muchas
representaciones (semántica). Esta estrategia escritural es la entrega
de distintas modulaciones de entrada a la lectura; por lo tanto, este
aspecto se podría deducir como una herencia de las vanguardias
históricas en la unión de elementos verbales con los no verbales.
Por otro lado, se observa la idea de sujeto como la
representación y alegoría en distintos personajes ubicados en el texto
(la llamada transparencia del ser, un onthos que habla). Lo anterior,
se da en la negación de un yo monolítico y único: es lo que Deleuze
y Guattari explican como principio de ruptura asignificante, es decir,
“no hay imitación ni semejanza, sino surgimiento, a partir de dos
series heterogéneas, de una línea de fuga compuesta de un rizoma
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

común que ya no puede ser atribuido ni sometido a significante
alguno”. Ejemplo: “Si la Transparencia se observara a sí misma/
¿Qué observaría?// Si la Transparencia se observara a sí misma/
¿Qué observaría?// La Transparencia no podrá nunca observarse
a sí misma” (39,40, 41,42). En la misma línea la utilización de un
personaje como Jean Tardieu y el gato Cheshire: este juego entre
ambos se basa en la metáfora del espejo (“¿Qué hay al otro lado?”)
representado en Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carrol. Aquí
muestra la imposibilidad de separar las dicotomías “Todo es real”
(André Bretón) versus “Nada es real” (Sotoba Komachi), es decir, el
texto de Martínez es un vaivén entre estas dos maneras de concebir lo
real: una escritura escéptica en donde la existencia del sujeto queda en
estado de vibración. Que no está fijo ni quiere estarlo. Una conciencia
de saber que no está el conocimiento de la realidad, ni dentro ni fuera
de sí. O puede estar en ambos lados. Eso aquí no es una complicación
de dónde está el conocimiento, sino que es un juego: entra a plantear
a la escritura poética genera un espacio capaz de borrar la certeza
e instalar la duda: potencial constante de búsqueda de sí mismo.
Es decir, se podría pensar la escritura como laberinto, imagen que
es construida en la tradición de la literatura moderna: el sujeto que
escribe o la propuesta sobre el acceso al conocimiento está basado
en el juego de la incertidumbre, más que de la verificación de lo real
como una meta certera. Al interior del texto, a pesar de dicho vaivén
escritural, esta realidad- sea como sea- es perturbadora y desquiciada
por el sólo hecho de la construcción de sujeto que se basa en otro,
como un deslinde de sí mismo:
“La probable e improbable desaparición de un gato por extravío
de su propia porcelana”
a R.I. *

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Ubicado sobre la repisa de la habitación
el gato no tiene ni ha tenido otra tarea
que vigilar día y noche su propia porcelana.
El gato supone que su imagen fue atrapada
y no le importa si por Neurosis o Esquizofrenia
observado desde la porcelana el mundo sólo sea
una Pequeña Cosmogonía de representaciones malignas
y el Sentido de la Vida se encuentre reducido ahora
a vigilar día y noche la propia porcelana.
A través de su gato
la porcelana observa y vigila también
el inmaculado color blanco de sí misma,
sabiendo que para él ese color es el símbolo pavoroso
de infinitas reencarnaciones futuras.
Pero la porcelana piensa lo que el gato no piensa
y cree que pudiendo haber atrapado también en ella
la imagen de una Virgen o la imagen de un Buddha
fue ella la atrapada por la forma de un gato.
En tanto el gato piensa que si él y la porcelana
no se hubiera atrapado simultáneamente
él no tendría que vigilarla ahora
y ella creería ser La Virgen en la imagen de La virgen
o alcanzar el Nirvana en la imagen de Buddha.
Y es así como gato y porcelana
se vigilan el uno al otro desde hace mucho tiempo
sabiendo que bastaría la distracción más mínima
para que desaparecieran habitación, repisa, gato y porcelana.
* (La casa de R.I. en Chartres de Francia, tiene las paredes, cielo
raso, piso y muebles cubiertos con fragmentos de porcelana rota)
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

133

�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

Por otro lado, se encuentra una posición, paradojalmente,
totalizadora en el lenguaje: esto es a través de la musicalidad de
la palabra poética (por ejemplo en Goethe, “La poesía más que
belleza es verdad” o en Novalis “La poesía es lo real absoluto”). La
musicalidad es la ordenadora, a través de los ritmos (Pitágoras) del
universo: “escuchar” una obra de arte es traspasar la barrera de lo
posible. Es el juego constante en el poema “La poesía china” y en
el canto de los pájaros.
Existe una “cartografía” o mapa que instala un lugar en
movimiento. Un texto que se incluye a través de la intertextualidad
sobre el propio sujeto que habla (Rimbaud, Marx, Huidobro,
entre otros). Entre Rimbaud y Marx se concibe la idea nacida en
Nietzsche, el “eterno retorno”, el cual puede ser, a su vez, una
imagen dual: se muestra una verificación de la figura del eterno
retorno, pero también es tomado como un juego. Por otro lado, los
procesos históricos (Marx) y vitales (Rimbaud) no se modifican: no
hay ruptura ni continuidad, pues sólo existe una especie de devenir
que vuelve a ser lo mismo desde su inicio. De ahí que establezca esto
en un absurdo al ingresar a Marx (el revolucionario de la sociedad)
y Rimbaud (el revolucionario de la vida): dos formas de enfocar
los cambios y los quiebres rotundos, pero que no consiguen el
absoluto. El eterno retorno en los modelos a seguir y su absurdo
en la trascendencia. Sin olvidar que en el final del texto hay una
especie de dialéctica (disculpando la pretensión) del absurdo, ya que
el sujeto une estos dos personajes, sintetizándolos en la figura de
Superman. Los iguala en su acción al grado de fantasmas por su
impotencia (como carácter mesiánico) de imponer la acción antes
que la palabra (onomatesis).
134

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

En esencia, el mito de SUPERMAN satisface las secretas nostalgias
del hombre moderno, que aunque se sabe débil y limitado, sueña
rebelarse un día como un “personaje excepcional”, como un
“héroe” cuyos sufrimientos están llamados a cambiar las pautas
ontológicas del mundo” (147).

Con Huidobro, a partir de los dos personajes anteriores existe
esta intertextualidad con un poema representativo de Huidobro
como es Arte Poética, en la idea sobre el abuso del lenguaje. Esto se
conecta con el poema “Las metáforas”.
- No importa que usted, utilizando todo el poder que le confiere
el uso y abuso de algunas metáforas en el ejercicio de la poesía,
tenga o no el derecho de querer destruir o arrojar a la basura una
vieja cajita de madera, diciendo que sólo la mata, la espulga, la
cocina, la come, la digiere, o bien que la borra, la tacha, la condena,
la encarcela, la destierra, la destituye, la vaporiza, la extingue, la
desuella, la embalsama, la funde, la electrocuta, la deshincha, la
barre, o bien, decir que sólo la decapita, la escupe, la hiela, la
accidenta, la deshilacha, la martiriza, la estrangula, la asfixia, la
ametralla, la envenena, la ahoga, la fusila, la atomiza, la recuerda y
la olvida, siempre y cuando usted le reconozca a esa vieja cajita de
madera el derecho inalienable de morir dignamente en su propia
cama y con la conciencia tranquila. (25).

Más aún, dentro de la dialéctica explicada anteriormente
sobre Superman, como otro absurdo, lo proyecta en la joven poesía
chilena de la época, es decir, en él mismo:
SUPERMAN se hizo extraordinariamente popular gracias a
su doble y quizás triple identidad: descendiente de un planeta
desaparecido a raíz de una catástrofe, y dotado de poderes
prodigiosos, habita en la Tierra: primero bajo la apariencia de un
periodista, luego de un fotógrafo y por último, tras las múltiples
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máscaras de un inquietante y joven poeta chileno, que renuncia
incluso a la propiedad de su nombre, para mostrarse como un
ser a la vez tímido y agresivo, borroso y anónimo. (Esto último es
un humillante disfraz para un héroe cuyos poderes son literal y
literariamente ilimitados)”. (147).

Siguiendo lo anterior, con respecto al sujeto, éste desaparece,
es una Transparencia más, ya que al crear un producto de arte su
carácter absoluto se reduce a un artificio (fragmento del poema “El
cisne troquelado”: 87):
(¿Y el signo interrogante de su cuello?:
reflejado en el discurso del agua:
(¿) : es una errata).
(¿Swan de Dios?)
(¡Recuerda Jxuan de Dios!!): (Olvidarás la página!!)
y en la suprema identidad de su reverso
no invocarás nombre de hombre o de animal:
en nombre de los otros: ¡tus hermanos!
También el agua borrará tu nombre:
El plumaje anónimo: su nombre tañedor de signos
Borroso en su designio
Borrándose al borde de la página...

Por lo tanto, el poeta, en su material productivo origina
su creatividad en “artificios” (“parásitos” en palabras de Derrida)
imposibles de entrar en un absoluto. Para esto, lo que propone el
texto de Martínez es optar por el Silencio como estrategia originaria
del habla; ejemplo de esto está en el poema “El oído” (fragmento:
107): “3. Los sonidos, ruidos, palabras, etc., que capta nuestro oído,
son realmente/ burbujas de silencio que viajan desde la fuente
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emisora que las produce has-/ ta el órgano receptor de silencio que
es el oído”. El lenguaje se origina desde ahí: conocer la realidad se
estima desde el “desorden de los sentidos” (Capítulo VII del libro).
El lenguaje se encierra solo, ahí habita. En un ámbito lingüístico
(Saussure) sería el cumplimiento de este silencio a escala del
significante: inagotable, una eternidad. La imposibilidad de significar
la realidad en palabras: esto conduce al extremo en la tachadura de
la autoría del libro en posibles versiones (Juan Luis Martínez). Un
nombre es tachado por otro nombre (una existencia sobre otra) y
así sucesivamente.
En conclusión, sobre este punto del absurdo dialéctico,
se trata de armar dos estructuras, a partir de dualidades
complementarias (Marx y Rimbaud) que intentan encontrarse en
el absoluto que quisiera entregar la escritura poética. Este ejercicio
que se transforma en juego (que es lo único que tiene el carácter
de absoluto en esta escritura) , es una “cartografía” que responde
al quinto y sexto principio del rizoma, es la construcción de un
lugar que se juega con las cartas del ejercicio poético del absurdo (la
transparencia, Superman, el perro Fox Terrier, por ejemplo). Esto
es: la construcción de imágenes que construyen sólo incertidumbres.
Por lo anterior, Deleuze y Guattari, explican lo siguiente: “la lógica
del árbol es una lógica del calco y de la reproducción [...] Consiste,
pues, en calcar algo que se da por hecho, a partir de una estructura que
sobrecodifica o de un eje que soporta. El árbol articula y jerarquiza
calcos, los calcos son como las hojas del árbol [...] Si el mapa se
opone al calco es precisamente porque está totalmente orientado
hacia una experimentación que actúa sobre lo real. El mapa no
reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo, lo construye
[...] Un mapa es un asunto de PERFORMANCE, mientras que el
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

calco siempre remite a una supuesta COMPETANSE”. Ese juego
de incertidumbres se podría asignar a una performance de escritura,
es decir, el lugar en donde se construye una puesta en escena, en
donde la incerteza de las cosas convoca a un movimiento vital –
desde la propia escritura poética- como un absurdo. No se trata de
un sinsentido vacío que comienza y termina en sí mismo, sino más
bien de la construcción de la palabra poética como cartografía: un
deslinde de sí mismo para construir en el absurdo distintas versiones
e imágenes de sí mismo.
A nivel del discurso, también intertextualmente hablando,
pero desde otro ámbito, el perro guardián: el Fox Terrier ubicado al
inicio del libro en un fondo blanco y al final del texto en una posición
inversa y en un fondo negro. Este perro como centinela del libro
(otro absurdo al pensar en los centinelas dentro de la tradición en
imágenes de fortaleza sagrada como lo han sido dragones, guerreros
o gárgolas en comparación al perrito indicado) es otro en sí mismo
(movimiento de la identidad a través del color y sus posiciones ya
nombradas). Además, el que cuida o vigila los discursos al interior
del texto: el autor se refiere a sí mismo en este animal como su oficio
de cuidador de lo que escribe. Incluso el juego interno que se ha
dicho de este perro con su propia desaparición (“FOX TERRIER
DESAPARECE EN LA INTERSECCIÓN DE LAS AVENIDAS
GAUSS Y LOBATCHEWSKY”, por ejemplo en este título [82]).
El fin del sujeto y del lenguaje (aquí el sujeto es lenguaje y
viceversa) es desaparecer. Es el desequilibrio de los sin límites. En
el poema “La desaparición de una familia”, Elizabeth Monasterios
realiza este seguimiento hasta encontrar la desaparición del propio
protagonista (autor): “A la hija de 5 años sucede el hijo de 10 años, que
se extravía entre la sala del baño y el cuarto de los juguetes; los gatos
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de la casa (Musch y Gurba), que desaparecen en el living, entre unos
almohadones y un buda de porcelana, el pequeño fox terrier, que
desaparece en el séptimo peldaño de la escalera hacia el segundo piso
y, finalmente, el protagonista mismo, que extravía entre el desayuno
y la hora del té. Cada una de estas desapariciones está acompañada
de una frase apocalíptica destinada a recordar la fragilidad del sitio
en que se ha asentado la familia, es decir, la casa misma, como, por
ejemplo, en la tapa del libro se muestra un conjunto de casas entre
derrumbes, en un estado de vacío. Sucesivamente van desfilando
todos los modelos posibles de casas: las grandes y las pequeñas, las
anchas y las delgadas, las bajas y las altas. Todas fatalmente inseguras;
en todas, por las ventanas se filtra el poder corrosivo del tiempo y
por las puertas escapa la utopía de poseer un sitio a salvo. De aquí
en el menor descuido se pierde la condición de un espacio seguro, se
borran las señales de ruta (“señales de ruta” es un título que utiliza
Enrique Lihn para referirse al texto de Martínez) y de esta vida, en
fin, desaparece toda esperanza. Las últimas enunciaciones de “La
desaparición de una familia” captan magistralmente esta dimensión
apocalíptica al registrar la desaparición del protagonista del relato,
cuya identidad está ya ligada a la voz lírica:
Ese último día, antes que él mismo se extraviara
Entre el desayuno y la hora del té,
Advirtió para sus adentros:
-Ahora que el tiempo se ha muerto
y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,
desearía decir a los próximos que vienen,
que en esta casa miserable
nunca hubo ruta o señal alguna
y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza (137).
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Todo acto de representación es producto de cruces de
distintos signos, los cuales se mezclan con distintas cosas (materiales):
uno de los signos a representar y desconstruir es la imagen de
autor en el texto. El ya nombrado principio de multiplicidad del
rizoma. El acto de borradura de la identidad es más bien un acto de
transmutación en distintos elementos (nombrados anteriormente).
Es decir, hay una negación (un no significado) de la autoría, del que
escribió y armó todos los discursos, lo cual produce un quiebre al
estatuto de la “autonomía del arte”. La incorporación de su persona
en, por ejemplo, Sogol, el perro guardián, se crea un otro que
recepciona al texto: participa el lector del proceso creativo, pero no
en un plano extratextual, sino que se ubica al interior del texto, otro
artificio que provoca un infinito que no se sintetiza: está entre la
tesis y la antítesis, la oposición ya clásica de la Desconstrucción. Por
lo tanto, el sujeto entabla su problemática a escala temporal y a su
representación mimética: la imagen del bosque como metáfora del
interior de la casa (en la portada); lo temporal como laberinto (“El
niño que yo era/ se extravió en el bosque/ y ahora el bosque tiene
mi edad” [35]). Este laberinto (imagen constante de la literatura
moderna) es la búsqueda, las “señales de ruta” (“La desaparición de
una familia”) que no tienen esperanza, el fin entonces es desaparecer:
la posibilidad es crear artificios (“fantasmas”, según Bretón) es un
soporte que ubica al sujeto en un tiempo y en un espacio, los cuales,
además, son otros artificios de otros artificios y así sucesivamente.
Tanto el espacio y el tiempo como problemas de desplazamientos
del supuesto ser, están tratados en forma irónica. Este será el tercer
tópico del análisis, el carnaval en la escritura de Juan Luis Martínez.
En la sección anterior, se vieron los problemas del ser y el
no ser frente al lenguaje: la imposibilidad de unir el significado y el
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significante, descartando la famosa dicotomía, sólo proyectándolo
en el absoluto como un absurdo consciente en el autor. Es por esta
razón que no dedico este trabajo como lo hacen en su mayoría, los
artículos periodísticos, a la temática vanguardista y neovanguardista:
por ejemplo en la técnica pura como la Corriente de la Conciencia
(también en la Escritura Automática) presentan conciencia en su
acto creativo separado de un corpus o libro (la correlación entre, por
ejemplo, un poema con otro en el mismo texto), debe demostrar en
su totalidad una coherencia, una organización por capítulos, temas
o secciones que incorporen, se quiera o no, tópicos a expresar. Por
esta razón, en Juan Luis Martínez, hay una conciencia (en extrema
ironía) de lo que hace desde su estructura discursiva y gráfica. Toda
esta modulación entrega la postura de este trabajo indicado hacia
la imposibilidad. Los mundos posibles como artificios creados
para nombrar el absoluto. Esa capacidad de mostrar y nombrar de
esa manera las cosas es el carnaval en esta escritura. Lo anterior se
observa en tres aspectos de lo carnavalesco en el texto de Martínez:
la utilización del lenguaje científico para mostrar paradojas (la
ciencia como verdad, crítica a la visión positivista), el propio sujeto
que escribe como un elemento lúdico y el lenguaje poético como
estrategia para llevar a cabo todo el proyecto. Bajtín dice que lo
carnavalesco no es un fenómeno literario, sino que es “una forma
de ESPECTÁCULO SINCRÉTICO de carácter ritual” (311), por
lo cual las manifestaciones carnavalescas no pueden ser traducidas
completamente, por su naturaleza compleja, pero ésta se asimila en la
literatura “por su carácter concreto y sensible” (312). Para esto, Bajtín
entrega cuatro categorías de este orden: las distancias (“modo nuevo
de relaciones humanas”), la excentricidad (“expresión abierta fuera de
toda restricción”), las desavenencias (“unión de opuestos: sagrado/
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

pagano, sabiduría/tontería) y la profanación (son “pensamientos
carnavalescos que conviven cotidianamente en la sociedad”).
Con el advenimiento del Positivismo, desde el siglo XIX,
se establece el lenguaje científico (más bien entendiendo el lenguaje
como estructura cultural) como el instrumento verídico de la realidad.
Este pensamiento llegó a ser una cuasi religión, lo cual éstos mismos
lo criticaban. El porvenir estaba en ese espacio de pensamiento
(Comte, por ejemplo, hablaba de la etapa o estadio científico como el
tope de los procesos sociales, era la etapa feliz para la humanidad, el
hombre respondería certeramente a sus grandes preguntas). La figura
del escritor debe ser igual a un científico, quien ocupa a la obra literaria
como reflejo de la sociedad, los personajes se están experimentando
al interior del texto para darles la determinación darwiniana, lo cual
es un símil de la concepción de sujeto que está detrás de esa sociedad
burguesa. De más está hablar, en el caso de la literatura, sobre las
paradojas que se han dado en ámbitos cientificistas como lo fueron el
Naturalismo, luego en la teoría literaria con el Formalismo Ruso y el
Estructuralismo. Martínez utiliza el lenguaje científico para mostrar,
del mismo modo, sus ambigüedades sobre lo real. Hay un sin fin de
estos ejemplos ordenados por temas (el espacio, el tiempo, el álgebra,
la Psicología, la Arqueología, la Geografía, la Lógica, la Astronomía,
la Metafísica, etc., en el capítulo “Respuestas a problemas de Jean
Tardieu”). El ejemplo concreto, “LA LÓGICA”:
Encuentre en qué estriba el vicio de
Construcción del sgte. Silogismo:
Mortal era Sócrates.
Ahora bien, yo soy parisiense.
Luego, todos los pájaros cantan

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Cuando usted “supone resuelto el problema”,
¿por qué continúa, pues, la demostración?
¿no sería mejor que se fuera a dormir? (22)

Por esta razón, las expresiones científicas se prestan para
manifestaciones lúdicas, siendo válido plantear un juego poético
en articulaciones silogísticas, en definitiva, del carnaval. En una
entrevista con Ester Roblero, ésta le pregunta a Martínez “¿Es cierto
que La nueva novela ha entusiasmado a muchos físicos extranjeros?”.
Respuesta: “Sí (sonríe divertido). Me han escrito algunas cartas. Pero
la verdad es que han visto en mis versos algún trasfondo que yo no
pretendí poner. Creo que la interpretación de ellos es algo restrictiva,
porque le quita humor a mi poesía”.
Al inicio y casi al final del texto se encuentra el ya
nombrado fox terrier, el “guardián del libro”. Este elemento, tiene
la connotación de ser el alter ego del autor, el cual es el responsable
de lo que escribe desde su “principio hasta el fin”, materialmente
hablando. Esto se comprueba desde la portada: la desaparición del
autor como sujeto organizador de sus discursos, relacionándolo con
la categoría de distancia que habla Bajtín, crea un espacio lúdico del
propio sujeto autor de sí mismo: es su ser en otro, en un acto reflejo,
invocado desde el artificio a lo que el “ser” puede de uno mismo.
Este aspecto es el resultante de todo lo anterior. Es la
estrategia poética como nexo de todo este viaje carnavalesco del
lenguaje: es la contradicción desde su propio lenguaje (lo que uno
es y no es) para demostrar desde ahí la confusión que se produce
en el choque con la realidad. Bajtín dice: “La risa ambivalente
carnavalesca posee un gran poder creativo, capaz de engendrar
géneros. Alcanza y abarca los fenómenos en el curso de su
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transformación y de su reemplazo, fija en ellos los dos polos del
devenir, en su inestabilidad permanente, fecunda, regeneradora:
en la mente presagia el nacimiento; en el nacimiento, la muerte
(...) La risa carnavalesca no deja a ninguno de esos momentos del
cambio absolutizarse y fijarse en la seriedad monológica”.
Discursos residuales
La noción de residuo de Agustín Fernández Mallo en su libro Teoría
general de la basura (2018), es una constante entre lo profano y lo
sagrado. Conceptos dialogados desde Agamben (Profanaciones: 2005),
el residuo es un eco de lo que se puede ser en la escritura: profana lo
sagrado de los estatutos de representación escritural y su condición
inmanentista, por lo tanto, es el recuerdo de un desplome de dichos
estatutos, el recuerdo de una ruina del sujeto integrado.
El residuo es un discurso de La nueva novela. La autoría
tachada que le da o juega a la propiedad de la obra de Juan Luis
Martínez, cuenta mnos de cinco poemas en total en todo el libro
de 147 páginas. ¿Qué es este libro fuera de los poemas elaborados?
Solo residuos que profanan la condición de autor y de escritura.
Desde la portada hasta la contraportada, Sogol en positivo hasta
Sogol en negativo, el guardián del libro; la materialidad de todo el
libro fricciona el carácter sagrado del autor y su escritura.
Desde el autor, las reconocidas tachaduras dobles de Juan
Luis Martínez y Juan de Dios Martínez (además van entre paréntesis),
reconoce que la verticalidad del autor como figura monológica, en La
nueva novela se descompone como acción refleja en donde la autoridad
de quien escribe. Son heterovoces que, residuo tras residuo, desacraliza
la decimonónica voz de quien escribe. El autor se abre desde Miguel
Serrano, Jean Tardieu hasta T.S. Elliot. El modo residual del autor
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carnavaliza su propio sustento: el carnaval bajtiniano nace no por un
estado feliz de la sociedad, al contrario, es porque justamente, en una
sociedad monologizada se necesita contradecir algunos paradigmas.
En el caso literario, desde la herencia de la autonomía de la obra de
arte (Göethe), el creador de obras se distancia de su obra para entender
que ambos, autor y obra, son criaturas independientes entre ellas, son
ontos autónomos que tienen sus propias vidas. Abrir el autor a varios
autores, la materialidad de quien escribe se va refractando desde el
inserto de material gráfico y escritural entre una y otra hasta el infinito.
El autor en La nueva novela nace desde el derrumbe de escrituras
pretéritas y se abre a otros autores futuros: el residuo autoral se
carnavaliza, creando una multiplicidad de voces infinitas.
Desde la escritura, el libro pone en diálogo un anzuelo
con la bandera chilena y silogismos en clave lúdica. La escritura
reflexiona desde horizontes abiertos que se despliegan en el infinito.
La nueva novela es una reescritura del Tao y del logos que seguirá
reescribiéndose en el futuro.
La escritura sagrada y monológica fomenta las pasiones tristes
(Spinoza: 2011), la dislocación de sentido, abre un laberinto en
donde la escritura es una fuga secuencial que se va entretejiendo en
múltiples escrituras. Buscarse desde el ejercicio en La nueva novela,
es abrirse a las pasiones alegres: filtrarse en otras voces es la condición
de lo lúdico que es un contrapunto a la verdad. Por lo tanto, la
escritura deviene en flujo: escribir es una potencia del conocimiento,
creando una diferencia cualitativa entre los modos de existencia. La
escritura validada desde sí misma, otorgando un valor inmanente,
es la obediencia de una moral: encontrar una verdad, una ilusión de
conciencias. La multiplicidad escritural es una pasión alegre cargada de
afecciones depuradoras:
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

“II (el encuentro)
Nombrar/Signar/cifrar: el designio inmaculado:
Su blancura impoluta: su blancor secreto: su reverso blanco.
La página signada con el número de nadie:
El número o el nombre de cualquiera: (LA ANONIMIA no
nombrada).
El proyecto imposible: la compaginación de la blancura.
La lectura de unos signos diseminado en páginas dispersas.
(La Página en Blanco): La Escritura Anónima y Plural:
El Demonio de la Analogía: su dominio:
La lectura de un signo entre unos cisnes o a la inversa”
(Juan Luis Martínez, 2016: 87).

La potencia de la acción refractada del autor y de la escritura
en multiplicidades es el caleidoscopio del ejercicio poético. Su futuro
y subsistencia es la conciencia de la muerte del yo que habla devenidas
en infinitas voces. La poesía tiene la certeza de fenecer al lenguaje y
llevarlo hasta sus últimas consecuencias: es el elástico estirado con la
utopía de no romperse. La poesía es el crujir del lenguaje: se piensa
en la fisura de lo que está por derrumbarse, de ahí su subsistencia.
Es la conciencia de su fin y su eternidad. Esto último, en La nueva
novela no se da en las ideas o en la abstracción del pensamiento, el
cual se presenta paródicamente. Es su cuerpo, su materialidad la que
dará el pie a su subsistencia. Muere la idea y renace en el cuerpo: su
materialidad es donde reside y residirán las voces infinitas. La nueva
novela reescribe los dibujos de las cavernas hasta los flujos digitales de
hoy. Es una docuficción que desmorona el valor-arte de los dibujos de
las cavernas hasta los logaritmos. La poesía es conocimiento para otro
y no para sí. Contrapone y ficciona combinaciones asignificativas. El
poeta plagia un documento en acción ficcional. Una y otra vez: escribe
con una mano y borra con la otra, una y otra vez. Una y otra vez.
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El residuo desarticula el estatuto autor y la noción de
escritura. Es la operación de La nueva novela: un modo de crear
escrituras múltiples y comunitarias. La dispersión autoral y escritural
derrumba la tiranía del lenguaje, volviéndose hacia lo colectivo. La
poesía es una voz coral que resuena la muerte y el porvenir a la vez.
Se escribe y se borra en el infinito.
La pragmática del texto borrado
La nueva novela es un libro pragmático (Fernández Mallo, 2009):
el poeta es un artesano que trabaja con cierta materialidad del
lenguaje y es crítico de esa propia materialidad. Interroga sobre
la importancia de la escritura, sin dogma y funciona desde la
heterogeneidad y la inestabilidad del lenguaje como herramientas de
comprensión del fenómeno poético (Fernández Mallo, 2009: 37):
la poesía se construye por inducción y no desde la deducción,
distanciándose de la poesía ortodoxa. La pragmática va de la
mano con el funcionamiento de la escritura más que lo que quiere
decir: tiene cercanía con la función rizomática, “toda verdad es
contingente” (35).
¿Qué elementos pragmáticos funcionan en La nueva novela?
Si se relaciona con la pragmática a la funcionalidad de la
escritura poética, este libro, desde su experimentación, se podría
proponer la orientación de entender a la literatura y su transparencia
en el lenguaje.
La literatura, como ejercicio humano que ha intentado
nombrar al mundo desde lo retórico. Este punto ha sido una
línea estética desde Platón, continuado por Aristóteles, acentuado
por los románticos y sistematizado por los formalistas rusos y el
Estructuralismo. La fricción de este estatuto literario nace con el
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Postestructuralismo, en especial las nociones de lenguaje/escritura
(Derrida) y el agenciamiento rizomático (Deleuze).
Martínez nombra esta tensión desde la idea de transparencia,
la cual podría ser entendida como una pragmática textual en La nueva
novela. La transparencia es la paradoja del decir y no. Es un recurso
de tensión de la capacidad que tuvo el lenguaje para pkasmar la
subjetividad en la realidad. Esto tiene que ver con la borradura del
sujeto y de su escritura. El lenguaje, en el fondo, no ordena al mundo
y en poesía, sobre todo en Martínez, la escritura es un laberinto en
donde el sujeto descubre y agoniza en paradojas simultáneamente.
La transparencia del lenguaje diluye la calcificación que su estatuto
escritural rehúye de la representación. En las páginas 40 a la 43,
titulado como Un problema transparente:
Si la Transparencia se observara a sí misma
¿Qué observaría? (p.40)
La Transparencia no podrá nunca observarse a sí misma” (43)

El lenguaje criticado es sobre su componente de creación de
certezas. La poesía es una forma de indagar en el propio lenguaje
y reconstruirlo en paradojas posibles: la escritura de Martínez es
un flujo (Derrames: 2005) no determinado, extremando al uso
del lenguaje a la no representación. El flujo crea agenciamientos
asignificantes entre un punto y otro, lo que representa y no. Lo
mismo se puede observar en las páginas 87 y 88, llamada La página en
blanco, en donde la nota al pie dice, “(El Cisne de Ana Pavlova sigue
siendo la mejor página en blanco)”. Martínez intensifica esto que
se ha hablado sobre el lenguaje como la condición de la literatura:
el desplome de éste y el nacimiento de un nuevo modo de escritura
poética, las paradojas, esto es, sus transparencias. Finalmente, el
último ejemplo, es el poema Tareas de la poesía:
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Tristuraban las agras sus temorios
Los lirosos durfían tiestamente
Y ustiales que utilaban afimorios
A las folces turaban distamente.
Hoy que dulgen y ermedan los larorios
Las oveñas patizan al bramante
Y las fólgicas barlan los filorios
Tras la Urla que valiñan ristramente.

EXPLIQUE Y COMENTE:
1. ¿Cuál es el tema o motivo central de este poema?
2. ¿Qué significan los lirosos para el autor?
3. ¿Por qué el autor afirma que las oveñas patizan al bramante?
4. ¿Qué recursos expresivos encuentra en estos versos?
“Y las fólgicas barlan los filorios
Tras la Urla que valiñan ristramente”.
5. Ubique todas aquellas palabras que produzcan la sensación de
claridad, transparencia.
6. ¿Este poema le produce la sensación de quietud o de agitado
movimiento? Fundamente su respuesta” (95)
La ironía de la paradoja, evidente en la actividad
“EXPLIQUE Y COMENTE”, es un distractivo a las dos estrofas
expuestas. Martínez crea una pragmática paródica del lenguaje: crea
una escenificación (el sentido experimental del libro), una realidad
descompuesta y la apropiación que la poesía es el único tipo de
lenguaje que resiste lo binario, entre un color y otro. Martínez
opta por penetrar la realidad desde lo grisáceo. La refractación del
lenguaje con el flujo poético desmembra la operación cognitiva
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

de la interpretación, sino más bien, el flujo poético crea otro en el
lenguaje del receptor, que a su vez recrea otro modo de referirse al
mundo. Y así en el infinito.
Las paradojas y las transparencias son operaciones
pragmáticas que la poesía se apropia para desvencijar y borrar al
sujeto con su lenguaje heredado. El poeta sale a buscar fisuras en
una operación lúdica que crea una nueva posición de la poesía y
que, a su vez, se descompone en otra idea. Va de residuo en residuo,
cruzándolo con quiebres de estatutos literarios. Para tal tarea, el poeta
debe clausurarse en su escritura para salir a una nueva superficie.
Bibliografía
Agamben, G (2005). Profanaciones. Buenos Aires: Adriana Hidalgo
Editores
Bajtín, M (1999). La cultura popular en la Edad Media y El Renacimiento:
el contexto de Francois Rabelais. Madrid: Alianza Editores.
Deleuze, G (2005). Derrames. Buenos Aires: Cactus.
Deleuze G, Guatttari F (1977). Rizoma. Buenos Aires: Pre-textos.
Fernández, Mallo, A (2005). Teoría general de la basura (cultura,
apropiación, complejidad). Madrid: Galaxia Gutenberg.
Fernández Mallo. A. (2009). Postpoesía: hacia un nuevo paradigma.
Madrid: Anagrama.
Martínez, J.L (2016). La nueva novela. Santiago: Ediciones Archivo.
Spinoza, B (2011). Ética: demostrada según el orden geométrico.
Madrid: Alianza Editorial.

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La poética de Efraín Huerta en los años setenta
The poetics of Efraín Huerta in the seventies
Jesús Alberto Leyva Ortíz
Benemérita y Centenaria Escuela Normal
del Estado de San Luis Potosí
San Luis Potosí, México.
jleyva@beceneslp.edu.mx

Resumen. Los años setenta en la poética de Efraín Huerta es relevante por
dos acontecimientos ligados entre sí: el primero es de carácter biográfico,
haber padecido cáncer de laringe y sobrevivido con el coste de la pérdida
de la voz. El segundo es de carácter literario, esa década representó la
mayor producción literaria del escritor en relación a otras pasadas y
futuras, caracterizada por ser su etapa más irónica, lúdica y desinhibida.
Este documento sostiene que, tanto los sucesos de salud en el escritor
como el cambio de estructura versal fueron factores que influyeron en el
cambio del estado anímico reflejado en su poesía.
Palabras clave: Efraín Huerta, obra poética, años setenta, poemínimos,
ironía.
Abstract. The seventies in the poetics of Efraín Huerta are relevant for
two interrelated events: the first is biographical in nature, having suffered
from laryngeal cancer and surviving at the cost of losing his voice.
The second is of a literary nature, that decade represented the greatest
literary production of the writer in relation to other past and future ones,
characterized by being his most ironic, playful and uninhibited stage. This

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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

document maintains that both the health events in the writer and the
change in verse structure were factors that influenced the change in mood
reflected in his poetry.
Keywords: Efraín Huerta, poetic, work, seventies, poems, irony.

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Datos previos del poeta
Efraín Huerta Romo nació en Silao Guanajuato en el año de 1914.
Una década complicada en la historia nacional, la Revolución
Mexicana había iniciado cuatro años antes y el estallido social volvía
difíciles las condiciones económicas de la población en todo el país.
México estaba en plena guerra civil y el panorama político no estaba
claro para nadie, eran momentos de total incertidumbre.
Los padres del escritor se separaron y desde muy pequeño,
apenas seis años de edad, Huerta enfrentó situaciones adversas
junto a su madre y sus siete hermanos, estuvieron probando
suerte radicando en distintas ciudades como Guanajuato, León,
Irapuato y Querétaro. En Irapuato, ciudad donde radicaba su padre,
despuntaron dos de sus grandes vocaciones siendo un adolescente
de 14 años, el periodismo y la poesía, fundó un semanario que
llevaba el título de La Lucha y, además, publica su primer poema
sobre el paisaje de la región, “El poema del bajío”.
A sus 16 años de edad se trasladó a la ciudad de México e
ingresó en la Preparatoria Nacional. En ese ambiente académico
conoció a Octavio Paz, Rafael López Malo y Carmen Toscano entre
otros jóvenes escritores de su generación. Uno de los literatos más
destacados entre todos ellos a la postre, desde entonces, comenzaba
a despuntar. En el año de 1933 Octavio Paz publicaría su primer
libro y, a la par, Rafael Solana fundó la revista Taller Poético. Ambas
figuras de la escritura nacional fueron trascendentes en los inicios
poéticos del joven Efraín Huerta. La asociación de los tres, en la
historia de la literatura mexicana, los identificaría años más tarde
como la generación de Taller, a razón de la aparición de la revista
Taller en el año de 1938, publicación que logró establecerse como
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un referente literario de su época, de tal modo que, con un impulso
nuevo logró diferenciarse de la revista Contemporáneos que los
precedía, perteneciente al grupo de los escritores identificados con
ese mismo nombre, los Contemporáneos.
El grupo Taller tuvo sus propias búsquedas literarias, lo mismo
que sus posicionamientos con respecto a la poesía, éstos habrían de
marcar las diferencias con el grupo de los Contemporáneos debido
a la visión poética que sostuvieron en sus inicios. La generación del
grupo Taller, desde su vida estudiantil tuvo varios elementos que los
nutrieron y dieron forma a su manera de escribir, se pueden señalar
al menos tres de ellos como las influencias más significativas que los
identificaron: a) el marxismo que tuvo movilizaciones de artistas,
obreros y estudiantes en el país, movimiento que a nivel mundial
estaba en voga y concretamente en el país decantó en acciones en
favor de una de las facciones políticas de izquierda. b) El psicoanálisis
de Sigmund Freud que generó una revolución intelectual y estaba
en discusiones constantes, abriéndose camino en su aplicación, no
sólo en el terreno de la psiquiatría, sino en diversos ámbitos tanto
académicos como literarios por mencionar algunos ejemplos y, c)
finalmente los intelectuales españoles que recibieron asilo en México a
consecuencia de la guerra civil española que influyó significativamente
en la comunidad intelectual mexicana de la época y en las jóvenes
generaciones estudiantiles. Guillermo Villarreal explica características
de los integrantes de Taller de la siguiente manera:
Son hasta cierto punto producto de la toma de conciencia de
la época. […] Su arte poética lleva implícita un humanismo que
abraza las ideas de Marx y Freud. Por una parte, su obra tiene
una intención social, pues con la poesía se intenta cambiar el

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destino del hombre. Por otro lado, su estética se acerca mucho
al surrealismo del Segundo manifiesto (1930), más político que
el primero (1924). […] La poesía le sigue en importancia al acto
poético. (Villarreal, 1987: 19)

La revista Taller tuvo doce números de vida y una marcada
influencia española al final de su trayectoria. Rafael Solana lo señala
de este modo: “Taller dejó de ser lo que había sido y lo que había
deseado ser, y se convirtió, o muy poco le faltó para ello, en una
revista española editada en México” (citado por Huerta,1983: 30
-31). Con la muerte de esa publicación cada miembro del grupo
Taller tomó sus propios caminos literarios. Octavio Paz emprendería
una constante producción literaria que con los años le daría réditos
en el reconocimiento literario internacional al obtener el Premio
Nobel de Literatura en el año de 1990.
Efraín Huerta inició su trayectoria poética con la publicación
en el año de 1935 de su primer libro: Absoluto amor, a este título se
sumarán doce publicaciones más para dar un total de trece: una en
1936, dos en la década de los cuarenta, tres en los cincuenta, una
en los sesenta, cuatro en los años setenta y una última al iniciar
la década de los ochenta. Las décadas de mayor producción en el
poeta fueron los cincuenta y los setenta con tres y cuatro libros
respectivamente, en ambas décadas produjo poco más del 50 por
ciento de su producción total.
Después de haber enfrentado al cáncer a principios de la
década de los setenta, tras muchas operaciones y vicisitudes de
salud que tuvo que sortear en sus últimos años de vida, el día 03
de febrero de 1982, a la edad de 68 años, Efraín Huerta, apodado
como El Gran Cocodrilo, moriría de insuficiencia renal en la ciudad
de México.
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Los años setenta fueron determinantes en su producción
literaria, no sólo porque durante ese período produjo poco más de
una cuarta parte de su obra, sino por el hecho de haber dado un
giro en su visión poética en donde se permitió innovar, ser lúdico e
irónico; acaso motivado por un nuevo brío anímico relacionado con su
condición física y las implicaciones de sus padecimientos médicos y, al
mismo tiempo por un impulso de renovación poética que privilegiara
los brevísimos versos antes que él aquellos de largo aliento.
Los años setenta
La década de los setenta fue para Efraín Huerta una etapa de cambios y
propuestas en su producción poética, particularmente experimentaría
una forma de poesía brevísima identificada como los poemínimos,
versos que reflejarán con mayor claridad su carácter irónico, al mismo
tiempo que, en materia de salud, pasaría por situaciones complicadas
como el hecho de enfrentarse al cáncer y vencerlo, no sin antes dejar
en la batalla sacrificios considerables como la pérdida de su voz. Por
lo anterior, sería pertinente plantearse la siguiente pregunta ¿será que
la búsqueda de renovación poética y lucha contra el cáncer, fueron
factores para acentuar el rasgo de la ironía en su poética?
En la década de los setenta ocurrió también, con respecto a
su trayectoria como poeta que, después de décadas de producción,
la crítica institucional reconocería, a mediados de este periodo, la
trayectoria literaria del escritor y, en el año de 1975 obtuvo el Premio
Xavier Villaurrutia y al año siguiente, recibió de mano del entonces
presidente de la República Luis Echeverría Álvarez, el Premio
Nacional de Literatura. Lo más trascendente de este periodo fue
que su obra poética encontró lectores y lectoras, así lo afirma José
Emilio Pacheco:
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Huerta encontró por fin los lectores y las lectoras que no tuvo
en las tres décadas pasadas. Se convirtió en el Poeta del México
post 68 y el maestro y modelo de buena parte de lo que, con un
arraigado galicismo, llamamos la joven poesía. El establishment
al que más de una ocasión había afrentado Huerta nunca le negó
(contra lo que se dice ahora) su reconocimiento, pero en los setenta
tuvo que sumarse a la apoteosis y le dio todos los premios. El
hombre modestísimo y cordial que siempre fue Huerta, agradeció
estas recompensas, tomó su auto irónica distancia respecto a
ellas y consideró su único, verdadero y legítimo triunfo: el que lo
quisieran los jóvenes (y ante todo las jóvenes) (1982).

Para ubicar mejor el escenario cronológico de la producción
huertana en la década de los setenta se puede recordar que, un par de
años antes de ganar el galardón literario Premio Xavier Villaurrutia;
es decir, en el año de 1973, ocurrió la etapa más significativa de su
pelea oncológica: a principios del mes de mayo de ese mismo año,
previo a la fecha de su internamiento en el hospital para atenderse
de su problema de cáncer de laringe en forma definitiva, se publicó
en El Diario de México, la columna “Deslindes” de Efraín Huerta,
un texto que llevaba por título “Hablar, Hablar” y, en la parte
introductoria de su contenido, hace referencia a un ensayo que leyó
de Hilda Basulto, donde hablaba del silencio como instrumento de
expresión y comunicación; así el columnista lo retoma para explicar
lo que considera vendrá a futuro en su estado de salud:
Me cayó de perlas este ensayo, aparecido en Vida Universitaria,
publicación de la Universidad Autónoma “Benito Juárez”, de
Oaxaca, porque tal vez a estas horas ya esté internado en el Centro
Médico, en manos de ilustres cirujanos que me extirparán - si es
que no lo hicieron ya - una dañada laringe y zonas adyacentes. De
manera que tendré que guardar silencio por tiempo indefinido.
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No tengo miedo sino pavor. Pero guardo una enorme confianza
porque, en lo general, puede más la ciencia que la magia.
Espérenme, que yo volveré. (Mansour, 1984: 148)

El día 24 de mayo de 1973, Efraín Huerta ingresa a oncología
del Centro Médico de la ciudad de México, le asignan la habitación
602, una característica particular de ese cuarto de hospital, su ventana
tenía como vista el Panteón Francés. El médico cirujano que le
atendió fue Roberto Garza, le realizó laringectomía, como resultado
de la operación el poeta pierde la voz, pero le da un revés al cáncer.
Sus familiares, compañeros periodistas, amigos de varios
sectores tanto culturales como compañeros políticos, en especial los
escritores, le enviaban muestras de afecto y solidaridad, preguntaban
por su estado de salud y le motivaban. Como ejemplo la escritora
de origen norteamericana Margaret Randall, esposa del poeta
mexicano Sergio Mondragón, desde su exilio en la Habana, Cuba, le
envía una emotiva carta, mecanografiada, fechada con el día 05 de
junio de 1973. Le escribe a raíz de la condición de salud del bardo
guanajuatense, en específico refiriéndose al hecho de la pérdida de
su voz, el siguiente fragmento que refleja su pensar al respecto:
Pero sé que ésta operación te ha de cambiar la vida y que habrás de
acostumbrarte a un nuevo estado de cosas, distinto a lo de antes.
Me pregunto: ¿cómo sería, de repente, no poder hablar? [...] ¿El no
poder expresarse tan fácilmente en palabras cambiaría la expresión
de un poeta? Contestó para mí misma que la respuesta tendría que
ser “sí”. Con un razonamiento, que puede ser absurdo, pero no
deja de parecerme correcto, pienso que el no poder hablar con
esa facilidad de antes produciría en uno un estado muy profundo
lleno de nuevos matices entre la idea y sus múltiples expresiones.
Cuando la palabra escrita se vuelve expresión concreta y hasta
única, ¡cuán más intensa y concisa debe ser! (Mansour, 1984: 150)

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Efraín Huerta con total actitud positiva, ofreció su vaticinio
dando por hecho en El Diario de México, en el ya mencionado texto
“Hablar, Hablar”, antes de ser ingresado al hospital, que saldría y
regresaría, así se lo hizo saber a los lectores de su columna “Deslindes”.
Su confianza en salir bien librado le dio buenas noticias, porque en
efecto superó el problema de laringe, aunque no resultó del todo ileso,
el precio a pagar fue perder la voz. Los amigos estaban al tanto del
poeta, conocían de las secuelas de la operación y se sumaban con
buen ánimo a la pronta adaptación del escritor a su nueva condición.
Después de la operación e impedido para el habla, el
poeta combatió su estancia en la habitación 602 con el trabajo de
escritura, revisó ediciones de libros con ayuda de sus hijos Raquel
y David. La poesía fue uno de los alicientes más significativos
para su recuperación. Esa fuerza de voluntad, esas ganas de seguir
publicando, el tiempo invertido en las ediciones venideras dan
testimonio de ello.
Roberto Garza, el médico que atendió a Efraín Huerta en
1973 en su operación y que extirpó el tumor cancerígeno, escribiría
un lustro más tarde, un artículo titulado “Cáncer Laríngeo como
reto” como un testimonio de la experiencia de haber tenido como
paciente al escritor guanajuatense y, al respecto de la atención al
escritor sobre su padecimiento y la buena relación que surgió entre
ambos, señaló lo siguiente:
Pocas gentes en México tan valientes como el gran “Cocodrilo
de Silao”, que me ha dado una verdadera lección como paciente
y como ser humano, invirtiendo la relación médico-paciente a la
de paciente-médico. Su convalecencia fue larga, penosa y tenaz.
[...] Mientras tanto trabajaba, escribía y advertía misteriosamente
la presencia de amigos sepultados en el Panteón Francés, que
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observaba durante largas jornadas desde el ventanal de su
habitación (cuarto 602). (Mansour, 1984: 151)

La labor esencial de Huerta es la poesía. La escritura es
el medio para sobrevivir, el hábitat del Gran Cocodrilo son los
territorios de tinta y papel en blanco. La escritura es al escritor como
el agua lo es al cocodrilo. Sin importar la situación de vida del vate,
la creación poética, la producción de textos, la imperiosa necesidad
de dar testimonio de su visión de las cosas a través de la palabra
figurada, son los elementos bióticos que lo sustentan.
La poesía es un modo de dar testimonio de sí mismo y, si
esa condición ha cambiado recientemente por un hecho de salud,
es motivo suficiente para expresarlo. En los versos huertanos de la
década de los setenta no debemos esperar lamentaciones, sino una
renovada actitud donde el poeta es capaz de mofarse de su propia
persona, situación que parece simple, pero que para hacerse requiere
una fuerte dosis de autocrítica y una modestia a prueba de todo.
En la edición de su obra de 1973 titulada Poemas prohibidos y
de amor, entre los once poemínimos que incorpora en ella, incluye
uno que lleva por título “SINIESTRIDAD” donde habla de la causa
de su neurosis ligada directamente al cáncer. Este poema mínimo es
un ejemplo de que la poesía es, no sólo un elemento catártico; sino
el testimonio de lo que le pasa al poeta; en él habla de sí mismo,
por un lado, de su alteración de los nervios y, por el otro, del cáncer
como la razón de tal neurosis, además aclara con humor e ironía que
lo primero es un derecho dado a consecuencia de lo segundo.
Nadie tendrá
Derecho
A su neurosis

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Mientras
Alguien
Carezca
De su

Cáncer (Huerta, 1973: 99)

Hablar de sí mismo nunca es fácil y, hacerlo en tan breves
versos pareciera una tarea por demás complicada, pero Huerta lo
logra con una encantadora holgura, desprendiéndose de su ego; de
tal forma que el sujeto lírico ironiza sus dos condiciones, se califica
de neurótico y al mismo tiempo se justifica por ello, atribuyéndole
como un derecho mientras no se carezca del cáncer. En lo anterior
está implícita una sentencia: sólo aquel que padezca cáncer tendrá
justificación para la neurosis.
La temática huertana en esta década
Los grandes temas poéticos de Huerta estarán presentes en sus
producciones de esta década en mención, desde luego el amor
como el principal de todos ellos, también la protesta o la crítica a las
instituciones oficiales, rasgo con el que cierta parte de la crítica literaria
lo asoció totalmente y, entre esa protesta están sus poemas dedicados
a algunos personajes del clero mexicano o bien la iglesia católica en
general. Toda esta temática huertana tendrá cabida nuevamente en sus
cuatro libros publicados en estos años, pero con el carácter irónico,
lúdico y desinhibido del poeta que ha recobrado un nuevo impulso,
no sólo después de superar el cáncer, sino al renovar su estructura
versal, así usar un modo sintético de manifestar su condición y hablar
de su visión de la realidad y de sí mismo.
Entre los textos que eligió publicar en 1974, en la edición
de Los eróticos y otros poemas, en la sección de poemínimos, aparece
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uno de ellos con el título de “Concilio” donde con divertimento
convoca a los poetas al primer concilio energuménico, de algún
modo, asociándose a sí mismo al término y adaptándolo para auto
describirse como una persona furiosa y, la causa o razón para ello, es
la bebida. En esta ocasión agrega, con carácter irónico otro rasgo de
su personalidad: la afición al alcohol.
Se
Convoca
A todos
Los poetas
Al primer
Concilio
Energuménico
Condición
Única:
Saber amar
Entre verso
Y trago
Y entre
Trago
Y verso
Amén (Huerta, 1974: 344)

El poemínimo “Concilio” bien puede representar al menos
dos de sus constantes temáticas, el amor y la irreverencia a cuestiones
propias de la religión. Estos versos igual permiten observar el
respeto que tiene por el quehacer poético y muestra también dos
rasgos de su personalidad que con total apertura ironiza para sí:
la neurosis y la bebida. Qué ironía la del escritor que exhorta en la
ficción a otros energúmenos como él a reunirse en algo tan serio
como un congreso católico y, como carta de entrada o requisito
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de participación les impone saber amar entre verso y trago o bien,
amar el trago y la poesía. Termina su composición con la sentencia
y alusión hebraica de “así sea” en un cierre con divertimento lógico
para el uso de la palabra amén que concluye el poemínimo en el
mismo contexto religioso.
El poema anterior es un ejemplo más de ese sesgo del Huerta
de los años setenta, manifiesto en la irreverencia hacia la institución
religiosa y la asociación que propone con el hacer poético; pero su
formato, aunque breve y con humor, no está exento de la forma en
que dirige su crítica al clero. Ya en el año de 1973 en Poemas prohibidos
y de amor incluyó dos poemas de largo aliento con esas intenciones:
“Los perros de Dios, o las tribulaciones del Arzobispo” y “Dolorido
canto a la iglesia católica y a quienes en ella suelen confiar” el primero
escrito en 1948 y el segundo en 1946. Al respecto de ambos poemas
el poeta escribió lo siguiente:
Sobre Los perros de Dios, etc., aclaro: al arzobispo le apasionaba
inaugurar y bendecir todo. Cuando se abrió en la Avenida Juárez
una sucursal de Max Factor, monseñor llegó en forma tan discreta
que pasó inadvertido; minutos más tarde lo hallaron muy serio,
mirando con excesiva minuciosidad una gran foto de Merle
Oberon. Cuando inauguró la Casa del Viajero (calles de Basilio
Badillo), el elevador sufrió un desperfecto entre el segundo y tercer
piso […] El dolorido canto, etc., lo publicó Siqueiros en la revista
1946, con un friso de cangrejos como ilustración. Santa María,
San Rafael y otras colonias, seguían siendo refugio de neocristeros
y sinarquistas. Creo que es un poema - panfleto sinceramente
cristiano. Los fanáticos, más sutiles que yo, lo encuentran más
antirreligioso que anticlerical. (Huerta, 1996: 9 y 10)

En el caso concreto de “Concilio”, además del gracioso
llamado que hace a la celebración de una reunión de tintes religiosos
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a bebedores y amantes de los versos, explicita el humor negro de
Huerta para la autocrítica al afirmar su carácter furioso o irascible,
no por nada José Emilio Pacheco le impuso el mote de “El flaco
neuras”. Y otra característica importante en este poemínimo es el
amor manifiesto por la poesía y el alcohol. Y es que la capacidad de
hablar de sí mismo, sin tapujos y con total ligereza para mofarse de
su personalidad y de lo que le pasa, no es tarea sencilla, se requiere
de un total desprendimiento del ego y creer en la poesía como el
vehículo de liberación. Al respecto de lo anterior Raúl Bravo afirma
que: “el pincel de Efraín Huerta se convirtió en sus poemínimos en
un instrumento para la libertad”. (Bravo, 2002: 25)
Gran parte de los poemas que incluye en Poemas prohibidos
y de amor (1973) fueron escritos y aparecidos en publicaciones
periódicas en décadas pasadas de su producción poética, pero
principalmente se prohibieron por los tiempos políticos y la poca
libertad de expresión. La edición Los eróticos y otros poemas (1974)
no es la excepción, en ella incluye textos que produjo en los años
de 1969 y 1970 mayoritariamente. Entonces Efraín Huerta elige
publicar tales materiales pasados en 1973 y 1974 respectivamente.
Esa elección pudiera deberse a que, para esos años, los tiempos
sociales e históricos hayan cambiado y existiera mayor apertura para
los temas, Heriberto Yépez aporta al respecto un argumento:
Los primeros poemínimos proceden de finales de los años
sesenta y principios de los setenta: la época en que la burla y
desolemnización del lenguaje nacional se volvió impostergable
después de la masacre y encubrimiento del 68, donde el lenguaje
oficial - como las calles - quedó hecho un asco, habiendo sido
usado como otro medio de corrupción. (Yépez, 2002: 121)

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También se puede considerar la posibilidad de un cambio
de ánimo en su estado emocional y una nueva vitalidad en el poeta.
Estaba reciente su complicada situación de salud, el padecimiento de
la enfermedad acelera los temores, moviliza las ideas y, al superarla,
la motivación de nuevas publicaciones diera la oportunidad de
volver a darle espacio a esas producciones vetadas y dar cabida a
otra genialidad poética como los poemínimos.
En 1977, a la edad de 63 años, el poeta Efraín Huerta fue
entrevistado por Elvira García. En el cierre de la entrevista, como
parte de su última pregunta, ella le cita unos versos del poema “Matar
a un poeta cuando duerme” publicado en Circuito interior (1977)
que escribiera y dedicara Huerta a su amigo, el escritor salvadoreño
Roque Dalton (1935- 1975).
Uno de sus poemas dice: “Esta conspiración de la vida para hacer
más larga mi agonía”, ¿qué podría decir al respecto?
Se impone la vulgaridad: todo lo que vivo ahora, después de 1973,
es ganancia “Ya lo salvamos de la muerte”, me dijo el cirujano
Roberto Garza, “ahora queremos que usted aprenda nuevamente
a vivir”. En eso estoy, a mis endemoniados 63 años (los cumpliré
el próximo 18 de junio): viviendo con furia, bebiendo con
verdadero placer y trabajando como un ángel. Después de todo,
en la zoología fantástica, soy el único ejemplar de hijo de un saurio
y de una paloma azul, El Gran Cocodrilo. (García, 1977: 35)

En los cincuenta poemínimos que incluye en su libro
de Circuito Interior del año de 1977, Efraín Huerta ofrece dos de
ellos que bien ratifican poéticamente esta respuesta que le da a la
periodista Elvira García, por ejemplo, cuando el médico Roberto
García le señala haberlo salvado de la muerte, haciendo referencia
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a la operación de laringectomía que le realizó, el poeta escribe el
siguiente poema titulado justamente LARINGECTOMÍA (Huerta,
1995: 441):
Lo mejor
De todo
Es que
Ya nadie
Puede dejarme
Hablando
Solo

El poeta se burla de su nueva condición a raíz de la operación
que, aunque exitosa con respecto al cáncer, le hizo perder la voz; así
Huerta ironiza su pérdida, pues finalmente advierte que todo lo que
pasó después de 1973 es ganancia para él y justo aprende a vivir de
nuevo después de la experiencia médica y sus implicaciones.
En el segundo poemínimo que también argumenta la
respuesta dada a su entrevistadora, Huerta confirma su dicho:
“viviendo con furia, bebiendo con verdadero placer y trabajando
como un ángel” y pareciera que, en el poema, su autor volviera a
retomar lo respondido en aquel entonces, porque su contenido es
justo una síntesis de esas ideas expresadas, se titula … Y ALEGRÍA
(Huerta, 1995: 441):
Ahora
Aprendo
Tanto a
Sobrevivir
Como a
Sobrebeber

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El poeta habla de sí lúdicamente y, eso que expresa es
congruente con lo que afirma públicamente, los poemínimos dan
fe de lo que vive y piensa. Se percibe un entusiasmo en los versos,
se está divirtiendo al mismo tiempo que describe su condición y se
auto ironiza con total honestidad y modestia.
Al observar el cambio de actitud en el poeta en su producción
de los años setenta puede ocurrir el riesgo de relacionarlo en un
posicionamiento simplista de ironizar porque sí; sin embargo, la
producción poética de ese periodo demuestra transformación
y renuevo, porque es claro que la visión del mundo del escritor
adquirió un matiz particular, donde el humor negro se convirtió
en una forma divertida de interpretación de la realidad, dejó de
albergar el desánimo o la desilusión por tratar temas con excesiva
seriedad o solemnidad. Al mismo tiempo es una manera autocrítica
de enfrentar las dificultades personales con nuevos bríos lúdicos.
Su intelectualidad y sexualidad en esta etapa
La intelectualidad de Efraín Huerta en los poemínimos es más aguda
y, entre ironía e ironía nos deja ver esa capacidad de pensar la poesía
misma, de replantearse incluso los poemas canónicos de poetas
laureados y seriamente estudiados como Ramón López Velarde y
ofrecernos, en escasos versos, con divertida fineza e idea sintética
un replanteamiento de su contenido e invitar directamente al lector
a la reflexión y relectura. En el año de 1971 hizo dos poemínimos a
los que tituló “CINCUENTENARIO DEL SUBDESARROLLO”
(Huerta, 1995: 348) en homenaje a los 50 años del fallecimiento del
poeta zacatecano:
1
Fuensanta
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¿Tú conoces
El Metro?
2
Y tu cielo
Los Bancos
De Comercio
Y el
Relámpago
Verde
De los
Dólares

Es innegable que detrás del divertimento con que Huerta crea sus
poemínimos, hay un hombre de 57 años de edad en ese entonces,
con más de treinta años de creación poética y otros igualmente dedicados al periodismo, detrás de esas líneas existe un lector culto en
pleno ejercicio de su oficio de escritor y con una lucidez extraordinaria para hacer simple lo complicado; es decir, la capacidad intelectual para sintetizar su pensamiento en la brevedad de sus versos
y ofrecer, al mismo tiempo, todo un replanteamiento implícito en
la temática de los mismos, es digno de tomarse en cuenta, porque
la ironía es toda una formulación crítica y lo lúdico una muestra de
dominio en el lenguaje.
Huerta se apropia de los versos de López Velarde y hace un
replanteamiento de los mismos a la luz de la actualidad y su contexto,
ofrece un diálogo entre poetas, al mismo tiempo que desacraliza
los versos velardianos atreviéndose al juego de palabras con la
sustitución de la mar por la de metro, propone una nueva lectura, no
cambia el rumbo del cuestionamiento poético sino que lo lleva en
otra dirección igualmente connotativa, de modernidad e importancia
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y, aunque suena simpático, en el fondo de la propuesta hay un
verdadero homenaje al mirar el México de Huerta de principios de
los años setenta a través de la poética de López Velarde.
Ramón López Velarde fue un poeta que reflejó ese conflicto
con la modernidad y la ciudad, recuérdese como ejemplo su poema
“No me condenes” en Zozobra del año 1919, que le dedica a María
Nevares, su entonces novia potosina y, por otro lado, Efraín Huerta,
heredero de esa tradición, tuvo a la ciudad como protagonista de sus
poemas e igualmente en su interacción con ella, tuvo conflicto con
la modernidad, baste citar ejemplos de poemas al respecto como
“La ciudad”, “Declaración de odio” y “Declaración de amor” en
Los hombres del Alba del año de 1944 o bien el libro de Circuito interior
publicado en el año de 1977.
La ciudad de López Velarde es provincial y la de Efraín Huerta
es capital y, sin embargo, el poemínimo tiende un puente entre ambas,
plantea una nueva realidad, parte de los versos de López Velarde de
1919 para ver su ciudad en 1971. Ese diálogo que logra Huerta con el
poeta zacatecano va más allá de la simpleza con que lo escribe, une los
tiempos y las motivaciones, trasciende los espacios poéticos.
Por lo anterior, la elección de sustituir el mar en los versos de
López Velarde por el metro, no es un asunto fortuito, en ello sigue
estando presente la exposición que ambos escritores comparten con
respecto a la modernidad de la ciudad y su interacción con ella, todo
ese sentido que el poeta zacatecano da en su poema “Hermana,
Hazme llorar” en su libro La sangre devota del año 1916 , donde señala
que su pesar es aún más grande y profundo que el mar, Huerta
es capaz de transferirlo a su realidad capitalina. El metro como
elemento sustituto en la composición poética es producto total de la
modernidad en la ciudad de México. El ejercicio del poemínimo no
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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

sólo nos divierte y nos propone una lectura nueva, sino que además
demuestra la vigencia de los versos de López Velarde a cincuenta
años de su muerte.
En el segundo poemínimo, Efraín Huerta hace una profunda
reflexión y una aguda crítica a la situación económica de la nación
de su tiempo al reformular los versos del bardo zacatecano con base
en la visión que éste tuviera del país en la segunda década del siglo
XX; así las garzas en desliz son ahora los bancos de comercio y en vez de
los loros los dólares. A cincuenta años de distancia de la muerte de
Ramón López Velarde, la propuesta de Huerta en 1971 tiende un
puente de comunicación entre ambos poetas, donde se intercambian
impresiones del México que fue para López Velarde y que observa
el bardo guanajuatense.
Esa capacidad de diálogo que emprende Efraín Huerta
con poemas canónicos, con personajes de la historia de México o
personalidades de su tiempo, la emprende también con las voces del
pueblo y la oralidad como con el dicho y el refrán. La tradición oral
es una fuente de riqueza lingüística donde la inteligencia popular se
destaca con el sentido común, de todo ello se nutre el poeta para crear
poemínimos; estas obras mínimas son un ejercicio intelectual habitual
en su trabajo poético; el manejo que tiene de la intertextualidad,
exige al menos un lector promedio y el planteamiento estético que
resulta de ello, va más allá del simple divertimento.
En ese mismo año de 1971 se puede observar, en contraste
con la alusión a los versos del poeta zacatecano López Velarde, en
el poema “Plagio XVII” (Huerta, 1995: 347), Efraín Huerta acude a
la tradición oral, concretamente al refrán: “El que quiera azul celeste
que le cueste” y lo retoma como base, con total ironía y desfachatez,
para proponer un replanteamiento a través de un poemínimo:
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

La que
Quiera
Azul
Celeste
Que
Se
Acueste

Esta evocación de la sabiduría popular en que conseguir algo
muy singular tiene un costo elevado, como es el caso de lograr el color
azul celeste, emanado o derivado de una piedra aún más cara que el
oro en cierta época y, a través de ese refrán hacer un poema brevísimo
de carácter sexual al intercambiar el verbo costar por el de acostar le da
sentido inesperado, lúdico y burlón, característico del Huerta irónico
de esta década. El propio escritor explicaría, en el prólogo de su libro
Transa Poética de 1980, de este modo los poemínimos:
Creo que cada poema es un mundo. Un mundo y aparte. Un
territorio cercado, al que no deben penetrar los totalmente
indocumentados, los huecos, los desapasionados, los censores, los
líricamente desmadrados. Un poemínimo es un mundo, sí, pero a
veces advierto que he descubierto una galaxia y que los años luz
no cuentan sino como referencia, muy vaga referencia, porque el
poemínimo está a la vuelta de la esquina o en la siguiente parada
del Metro. Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a
tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza. Y no
lo toques ya más, que así es la cosa. La cosa loca, lo imprevisible,
lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera - y
ya se te hizo. (Huerta, 2008: 11)

Bien explica el poeta que al poemínimo no deben entrar
los censores, los que no tienen lírica en la sangre o bien los
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171

�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

indocumentados, acaso porque para ellos el poemínimo puede rayar
en lo vulgar, en el “mal gusto”, en el chiste por el chiste mismo; pero
lo cierto es que el doble sentido que genera la propuesta huertana
con este poemínimo se queda justo en el territorio de donde emana,
en un replanteamiento de la propia voz popular.
Huerta emula igualmente el discurso del pueblo y este es
festivo, dicharachero, plagado de doble sentido. Con su trabajo
en el poema “Plagio XVII”, se abren posibilidades interpretativas,
bien puede entenderse como obtener favores a cambio de sexo
o que todo acto sexual nos lleva a lograr el azul celeste; es decir,
para ver lo divino basta con acostarse. Pero todo intento por
acercarse al mensaje del poemínimo son meros supuestos o como
lo señala el poeta en la cita anterior: “tan sólo te roza la estrecha
entendedera”.
En 1977 con el poemínimo “Sosiánico” (Huerta, 1995: 439),
Huerta es aún más desfachatado y sin tapujos, pero igualmente
creativo y divertido, arroja un replanteamiento del dicho: “Como
dice Juan Orozco, mientras como no conozco” y lo lleva, con total
desparpajo a la referencia sexual, así ofrece el siguiente resultado:
Soy
Como
Orozco:
Cuando
Cojo
No
Conozco

Sería importante no sólo tratar de comprender uno por uno
los poemínimos, puesto que implicaría una tarea divertidamente
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

afanosa, sino también tomar en cuenta la lectura total de los
poemínimos; porque el revisarlos de manera aislada bien pueda
perder el sentido o valor colectivo que guardan también, el discurso
de donde derivan no es singular sino plural, la voz del pueblo es el
conjunto de voces de sus habitantes. La propuesta de poeta parece
ofrecer complicidad entre la tradición oral y la poesía, de tal modo que
la oralidad enriquece la literatura y la literatura enriquece la oralidad,
Heriberto Yépez en su capítulo “Los poemínimos: Fragmentación,
Apropiación y Pop” contenido en la antología Efraín Huerta. El Alba
en llamas (2002) lo explica de este modo:
[...] Huerta deshace dichos (orales) tantos clichés literarios. Utiliza
la literatura para contrarrestar los refranes populares y utiliza la
oralidad popular para contrarrestar la literatura. [...] los poemínimos
- esos poemitas `chistosos´ y aparentemente inofensivos - son
una de las textualidades que más consecuencias inquietantes nos
deparan. Después de Efraín Huerta y sus poemínimos el lenguaje
poético no puede volver a ser ingenuamente lírico ni ser usado
para “revelar” las emociones o ideas auténticas del sujeto poético.
Todo lo que ha sido dicho por la sabiduría popular, todas las ideas
memorables de los grandes autores, puede ser, dicho de otro modo,
puede ser convertido en su reverso cómico. (Yépez, 2002: 132)

Habrá que considerar enfrentar la estampida de poemínimos
y dejarse arrollar por esa masa de genialidad sintética, donde las
moralejas populares pueden recrearse y ofrecer con ellos nuevos
horizontes estéticos e interpretativos, donde la sabiduría colectiva
pueda analizarse a la luz del sarcasmo, de la ironía, con toques de
erotismo, dobles sentidos y sobretodo divertimento, para de este
modo, observar en el conjunto de poemínimos, todo un aparato
crítico.
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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

A manera de cierre
Lo que ocurre médicamente en el año de 1973 en la vida de Huerta
es trascendente para tomar la decisión de publicar con libertad y
seguridad sus trabajos prohibidos y sus nuevas búsquedas, entre
ellas están los poemínimos, que bien reflejan ese carácter irónico
que adquiere el bardo en la década de los años setenta y toman un
impulso nuevo en el año en mención, concretamente después de
perder la voz y salvar la vida enfrentándose al cáncer. José Emilio
Pacheco, haciendo referencia a los éxitos de esa década en Huerta
dirá sobre ello:
Los años de éxito, y la producción ininterrumpida [...] fueron
también los años terribles de la enfermedad. Huerta sobrevivió
a ocho operaciones consecutivas y se rehizo de los estragos
del cáncer. Tras esa prueba heróica, inconscientemente nos
habituamos a pensar que era inmortal e invulnerable y sería él
quien nos llevara a nuestra propia tumba. (1982: 15)

Sus intenciones están dadas en confiar en su poesía como
un medio de criticar los hechos y situaciones del país, pero más
importante aún en revitalizar el amor que es la verdadera razón de
ser de la poética huertana. De los cuatro libros que Efraín Huerta
edita en los años setenta podemos decir lo siguiente:
a. Los Poemas prohibidos y de amor de 1973, son la oportunidad de
publicar libremente aquellos poemas censurados décadas atrás
por la parte oficialista y su propósito sigue siendo el mismo
que aquellos momentos que le dieron origen, la crítica frontal a
las instituciones políticas y religiosas o a los personajes que los
representan. Por otro lado, este libro ofrece once poemínimos
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

que serán una propuesta fresca en la literatura nacional y muestra
sintética de su carácter lúdico, desinhibido e irónico que decidió
adoptar para esta etapa de vida.
b. Los eróticos y otros poemas de 1974, en este libro el bardo decide
incluir 51 poemínimos; con su elección, lleva implícito el
hecho de confiar más en este tipo de poemas, eliminando la
melancolía de las décadas pasadas y, centrarse en su carácter
lúdico e irónico para ofrecer su visión aguda y desgarbada del
país; de la misma forma, su tratamiento del tema amoroso es
creativo, desfachatado y sexual. En general Huerta es capaz
de desprenderse de su ego mofándose de sí mismo y, de igual
manera se divierte replanteando dichos y refranes.
c.

Circuito interior de 1977, edición que muestra al Huerta amoroso
que siempre ha sido, expone ese amor a la ciudad donde plantea
la unión entre ambos elementos, de tal manera que esta nueva
vialidad en la capital del país, cuyo nombre le da título al libro,
bien puede representar, por un lado, una manifestación del amor
como breve y circular. Y, por otro lado, este sentimiento aparece
en cualquier parte de la urbe, siempre presente en ella.

d. 50 poemínimos de 1978, representa la total confianza en el
formato poético pequeño, donde explora todos los temas
que le han acompañado en su trayectoria, destaca su crítica
política, su condición de hombre sexagenario, su relación con
la bebida, con la ciudad, con la sexualidad. Otra vez se observa
al Huerta festivo, gracioso y ocurrente en hacer poemínimos,
eso que parece fácil de su pluma, pero son toda una muestra
de genialidad e innovación, al mismo tiempo que ofrecen una
poesía intelectualmente alegre.
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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

De sus producciones de los años setenta se puede concluir
que: “Recurrir al formato corto implicó que el poeta sintetizara su
pensamiento, con lo que destacó su agilidad mental y una mayor
agudeza para tratar los temas a partir de ideas capaces de despertar,
con muy pocas palabras, la reflexión y el análisis, mientras su discurso
sorprende con giros divertidos y cierres inesperados”. (Leyva, 2015:
140) Y también afirmar que todas ellas, son claro ejemplo de la
actitud que el poeta guanajuatense adoptó en esa década, como
consecuencia de sus experiencias en materia de salud.
De lo anterior, no sólo deja evidencia en la respuesta a
la entrevista con Elvira García en el año de 1977 ya referida en
este documento, donde afirma aprovechar al máximo esta nueva
oportunidad que la vida le ofrece de seguir en pie, sino también sus
propios versos exponen ese cambio en el poeta, ya no hay lugar para
la melancolía, los poemínimos son el rostro más alegre en la poética
huertana.
Los poemínimos forman parte del acervo poético del escritor
guanajuatense, son un aporte a la poesía mexicana contemporánea y
el legado de un poeta que, a través de los años, renovó su escritura y
estructura versal, experimentó de tal modo que fue capaz de romper
su propia tradición, la del verso largo que cultivara desde sus inicios
como escritor en la década de los treinta y continuara así durante
varias décadas hasta el final de su trayectoria en los años setenta.
Los poemínimos son un material poético al que vale la
pena acercarse por varias razones aquí expuestas. Siguen siendo
producto de análisis, pero lo más importante es disfrutarlos como
manifestaciones artísticas de su época y piezas fundamentales de
la poesía mexicana, aún vigentes y extraordinarios que dan fe de
un ánimo renovado en la creación huertana. Acercarse sin tapujos,
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

con entusiasmo lírico o al que no pueden aspirar a los que Huerta
llama como “Un territorio cercado, al que no deben penetrar los
totalmente indocumentados, los huecos, los desapasionados, los
censores, los líricamente desmadrados.” (Huerta, 2008: 11)
La pérdida de la voz en Efraín Huerta, fue el desenlace más
decoroso posible en la lucha contra el cáncer; al mismo tiempo
el comienzo de una nueva faceta en su poesía, más productiva,
renovada, con el carácter irónico y divertido del escritor sexagenario
que disfruta la escritura y que, en esta etapa, observa una nueva
oportunidad de ejercer el oficio poético casi como un festejo por la
vida. La nueva fisonomía versal de Huerta nos permite comprender
su visión de las cosas y de sí mismo en un ejercicio por demás
divertido, capaz de comprometerse con su tiempo y abordar
temáticas críticas bajo la modalidad del poemínimo, también deja
ver al ser humano que siempre fue: intelectual, modesto y amoroso.
Bibliografía
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y edición de Raquel Huerta Nava, México, Conaculta,
Gobierno del Estado de Guanajuato, Instituto Estatal de
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García, Elvira, (1977) “Efraín Huerta: 63 años de vivir con furia”,
Proceso, 30 de abril de 1977. Recuperado de [www.proceso.
com.mx/?page_id=132433]
Huerta, Efraín, (1983), “Aquellas conferencias, aquellas charlas”,
Textos de Humanidades 35, México, Difusión Cultural,
Unidad Editorial, UNAM.
———, (1974), Los eróticos y otros poemas, México, Joaquín Mortiz
(Las dos orillas).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

———, (1996), Poemas prohibidos y de amor, México, Siglo XXI
Editores, 130 pp.
———, (2009), Poemínimos, México, Verdehalago, 160 pp.
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Autónoma de Puebla, 156 pp.
———, (1995), Efraín Huerta. Poesía completa, compilador Martí
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178

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

�Notas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Construcción de una genealogía: el erotismo lésbico
en la novela Amora de Rosamaría Roffiel
Construction of a genealogy: lesbian eroticism in
the novel Amora by Rosamaría Roffiel
Karime Aylen Anguiano Treviño
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
karime.aylen@gmail.com

La autora Rosamaría Roffiel nació el 30 de agosto de 1945 en
Veracruz. Es una periodista autodidacta, que trabajó más de 15 años
en revistas como Proceso y Fem. Ha publicado una antología de poesía
titulada Corramos libres ahora, y un libro testimonial ¡Ay Nicaragua,
Nicaragüita! Sin embargo, Amora es su primera novela. Y ha sido
considerada también como la primera novela lésbica en México.
A pesar de que la literatura lésbica puede parecer un concepto
obvio, en realidad ha tenido inconvenientes para ser establecida,
debido a la escasez de obras que conforman este canon literario.
Es por eso que diversas autoras han tratado de definirlo, entre ellas
Elena M. Martínez, quien escribió un Breve panorama de la literatura
lesbiana latinoamericana en el siglo XX (1997), obra que constituye la base
de la presente investigación. La autora define el término de literatura
179

�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

lesbiana como “aquella que va más allá de la mera representación
de temas y motivos, sino que busca verdaderamente privilegiar una
perspectiva lésbica”. Y sus preocupaciones centrales giran en torno
a lo erótico, lo autobiográfico y lo socio-político; es decir, no basta
solamente con que haya una relación de dos mujeres en una obra
literaria para que sea reconocida como lésbica.
La definición de este concepto reduce el canon lésbico, el
cual tiene sus primeros esbozos en autoras posteriores a Roffiel, las
cuales estaban interesadas en esta temática, sin embargo, se veían
limitadas al explorar cuestiones lésbicas en sus obras, por lo que se
veían en la necesidad de recurrir a juegos de ocultamiento, utilizando
diferentes códigos para que sus textos pasaran inadvertidos como
lésbicos en una sociedad homófoba, o incluso teniendo que publicar
bajo seudónimos. Es por eso que, en muchas ocasiones, para hablar
de la literatura lesbiana hay que descifrar significados que han sido
enmascarados por medio de un lenguaje perifrástico y eufemístico,
generalmente en la poesía.
El

canon

literario

lésbico

latinoamericano

recibe

aportaciones desde el siglo XVII con Sor Juana Inés de la Cruz,
quien es famosa por su poesía lírica y filosófica, y no ocultó su
oposición a las estructuras patriarcales de su época, además, escribió
poemas amorosos que han sido recientemente interpretados como
dedicados a mujeres de la nobleza los cuales sugieren un discurso
lesbiano. El ejemplo más claro de esto es su poema Divina Lysi mía,
el cual ha sido interpretado por críticos como Sergio Téllez-Pon
(citado en Bono, Ferran, 2017) como escrito especialmente para la
condesa de Paredes, María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, quien
a su vez le dedicó poemas a la monja.
180

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-70

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Otra de las figuras destacadas es Gabriela Mistral, quien ganó
el premio Nobel, y escribió poemas que reflejan la conciencia de una
mujer que se identificaba en niveles amorosos con otras mujeres,
tocando temas como la desolación, el amor y la frustración.
Sin embargo, en Amora no hay nada oculto, por el contrario,
la protagonista Guadalupe en todo momento se muestra orgullosa
de quién es y de su capacidad de amar a otras mujeres (en todas sus
formas). Habla de su relación con Claudia, así como de sus relaciones
pasadas, con completa libertad. Incluso se muestra el proceso en el
que le enseña a Claudia, sin presiones, la facilidad y beneficios que le
trae una relación amorosa con otra mujer.
De igual manera, hay un capítulo en el que su sobrina y su
amiga le cuestionan cómo son las lesbianas (sin saber que Guadalupe
lo es), y ella les explica de una manera simple que son mujeres como
cualquier otras, solamente que aman a otras mujeres en lugar de
hombres, por lo que las niñas comprenden sin problema.
Amora se considera la primera novela lésbica, ya que antes
de su publicación las lesbianas existían en un segundo plano
literario y plagadas de estereotipos, víctimas de la moral erotófoba
y homófoba, además de misógina. Su aparición estuvo en primer
lugar a cargo de escritores varones, como en la novela Santa de
Federico Gamboa, donde se narra que La Gaditana tiene una
obsesión erótica hacia su amiga y compañera de trabajo, ambas
prostitutas, la cual es narrada como morbosa y maliciosa, y se ve
como un amor indecente.
Por otra parte, Amora no sólo habla del amor sexual entre
mujeres, sino también de la amistad solidaria entre ellas (que es un
acto de rebeldía en una sociedad machista), sus personajas no son
mitificadas, al contrario, las muestra lo más humanas, retratando su
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-70

181

�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

vida en la ciudad; los ambientes que narra son veladas románticas,
atardeceres lluviosos, noches de viernes solitarias, citas de amigas.
Esta novela se destaca entre otras por su contenido erótico
y sociopolítico en la literatura lésbica. Amora articula un discurso
erótico que se centra en la celebración del amor entre mujeres, pero
también en el dolor del amor no correspondido. Entre sus páginas,
textualiza una escritura erótica que acentúa la pasión y el deseo por
el cuerpo femenino, subrayando la reciprocidad del deseo de las
amantes lesbianas, además de articular el placer del texto.
El epígrafe advierte que el texto a continuación es de
carácter autobiográfico, y está dedicado “para todas las mujeres que
se atreven a amar a las mujeres”. Por lo tanto, Roffiel entrelaza una
historia de amor, lo autobiográfico y el compromiso social y político
a la causa de las mujeres como una reflexión de la discriminación
que sufren en México.
La novela está narrada en primera persona por la protagonista,
llamada Guadalupe y se desarrolla mayormente a través de diálogos,
los cuales son naturales y divertidos, con un lenguaje coloquial, lo
que la hace una lectura ligera y amena.
Asimismo, está separada en capítulos muy breves, de
aproximadamente 3 cuartillas, con nombres creativos como “De
puntitas para no despertar a los fantasmas”, “La vida es una
ensalada agridulce” y “De plano, amiga, ¡no más bugas, por favor!”.
Este último título, muestra un ejemplo de la jerga lésbica que se
emplea en la obra, y que ocasiona que las lectoras puedan sentirse
familiarizadas, evidenciando la cotidianeidad del texto.
La principal jerga lesbofeminista que se emplea es “buga”,
y la misma autora coloca una nota al pie de página explicando el
concepto, con el mismo estilo simple con el que se narra la novela.
182

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Asimismo, otras de las palabras que conforman el campo semántico
del texto son: “closetera”, definido por la autora como: “quienes -por
circunstancias diversas- guardan su homosexualidad en el closet”.
Y “bicicletear”, expresado en la novela como “de bicicleta, como se
conoce a los bisexuales: aquellos seres que no tienen problemas de
estacionamiento. La bicicleteada se puede practicar cíclica, alternada o
simultáneamente.”
El uso de la jerga colabora a crear una atmósfera de
cotidianidad en el texto, así como los diálogos, lo que es preciso
para una novela narrada en primera persona. El único capítulo que
se sale de estas características, es el titulado “Seguramente así aman las
diosas”, donde se lleva a cabo el encuentro sexual entre Guadalupe y
su novia, Claudia.
El interés de este artículo se centra particularmente en este
fragmento, puesto que, si el amor entre mujeres es invisibilizado,
su sexualidad ha sido incluso aún más negada, satanizada o vista
únicamente con morbo por parte de los hombres. Por lo tanto,
el hecho de que un acto sexual entre dos mujeres sea plasmado y
publicado en una obra literaria por una mujer lesbiana, sin tabúes y
estereotipos, es revolucionario y un parteaguas para más textos de
esta índole, así como para un verdadero reconocimiento completo
de las mujeres lesbianas, incluyendo su vida sexual.
Este capítulo se diferencia del resto por ser un poema,
a pesar de ser en prosa. La autora utiliza abundantes recursos
literarios, principalmente metáforas y analogías como: “Te ofreces
como flor, como ola gigante”, “Nido de alondra tu nido”, “El
coral entre tus muslos”, “La penumbra es un chal que nos cubre
los hombros”, “La tarde se tiñe de savia, de pájaros-flores, de olor
a sándalo”.
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�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

Y, como el título lo indica, describe a la mujer como una
diosa, con la capacidad de amar. Una amada describe la escena,
mencionando que no se atreve a tocarla, que tiene fuego adentro
y el tiempo no existe. La narración se centra especialmente en las
sensaciones y emociones, más que en hacer una descripción explícita;
algunas sensaciones que se mencionan son: júbilo, embriaguez,
ansias, deseo, excitación y amor.
Precisamente este aspecto de la narración implícita es lo
que diferencia y hace que este fragmento sea meramente érotico,
a diferencia de otras obras escritas por hombres en donde
muestran la sexualidad entre mujeres de una manera morbosa,
haciendo descripciones explícitas que podrían ser calificadas como
pornográficas. María García Puente (2018) señala que “en el marco de
logos falocéntrico, el significado de lo erótico se ha visto totalmente
desvirtuado deviniendo en una sensación confusa, trivial e incluso
psicótica que se confunde con su opuesto, lo pornográfico.”
Baudrillard (1989) señala que la diferencia entre estos dos
tipos de actos es precisamente lo explícito y lo implícito. Es decir,
en escenas categorizadas como pornográficas, se expone el cuerpo
en su totalidad, al servicio de una representación fetichista que pone
en juego el deseo de “verlo todo”, así como un juego de poder,
donde en la mayoría de los casos las mujeres están en una situación
de sumisión frente a los hombres dominantes.
Por otra parte, un acto erótico procede de una afección
recíproca; el deseo de los cuerpos es sólo la parte física visible de
la experiencia de éxtasis superior al placer del orgasmo. De manera
que, en una obra literaria es descrito de forma implícita, haciendo
uso de recursos literarios. Además, podemos ver una característica
particular del lesbianismo en lo érotico, ya que subraya en todo
184

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

momento la reciprocidad del deseo entre ambas mujeres. Desde el
momento en que el capítulo está nombrado como “Seguramente
así es como aman las diosas”, podemos interpretar que señala a
ambas personajas como diosas, sin hacer más ni menos a una, y,
por lo tanto, sin entrar en juegos de poder como es habitual en lo
heterosexual.
A partir de las características que hemos identificado en
Amora, podemos concluir que esta obra causó revuelo principalmente
debido a la necesidad que tenían las mujeres feministas y/o lesbianas
de identificarse con personajas configuradas sin idealizaciones, sino
verosímiles; así como isotopías que las representaran fielmente y en
las cuales pudieran verse reflejadas, ya que, al pertenecer a estrechos
círculos de población, su literatura ha sido dejada en los márgenes.
Es por eso que, el hecho de que Roffiel haya sido la primera
mujer en publicar, no sólo una historia que represente una relación
entre dos mujeres, sino que además la celebra, e incluye una escena
erótica, así como la amistad revolucionaria y de sororidad entre
mujeres feministas y los labores que toman dentro del movimiento:
causó controversia tanto positiva como negativa, estableció
características que conforman el canon de literatura lésbica, hizo
resignificaciones y reivindicó a las lesbianas, tanto en lo personal
como en lo sexual, ya que naturaliza, mediante sus personajas, el
deseo femenino (lésbico), despojándolo del estigma cultural que
enseña a las mujeres a desconfiar y reprimir su potencial erótico.
Amora significa para las lesbofeministas el inicio de la
construcción de su genealogía; después de haber sido invisibilizadas
y transgredidas bajo una mirada heterocentrada. Roffiel realiza
a través de su novela, una reivindicación de la mujer, tanto de
escritoras, como textos y como lectoras. Al atreverse a nombrar a
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-70

185

�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

las lesbianas, rompe con la norma y aporta nuevos significados en
torno a una minoría doblemente exiliada, primero como mujeres y
luego como homosexuales.
Bibliografía
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�Notas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La transculturación de la novela en José Trigo de
Fernando del Paso
The transculturation of the novel in José Trigo by
Fernando del Paso
Carlos Rutilo Aguilar
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
carlos.ruti.neos@gmail.com
Durante las décadas de principios de los años sesenta y finales de los
setenta fue evidente el dominio que tuvo el Boom Latinoamericano
dentro de un mercado más internacional, llegando así a un
público lector más amplio, y compitiendo con las otras obras que
seguían inscribiéndose dentro de la tradición literaria europea y
norteamericana. Los principales miembros o nombres que suelen
ser frecuentados constantemente en este movimiento de carácter
estético fueron los de Julio Cortázar (1914-1984), Carlos Fuentes
(1928-2012), José Donoso (1924-1996), Gabriel García Márquez
(1927-2014), Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), José Lezama
Lima (1910-1976), Mario Vargas Llosa (1936), entre otros.
Por esta misma razón es que los autores latinoamericanos,
anteriormente mencionados, comparten una misma poética en
187

�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

dicho movimiento debido que las obras de cada autor respondió a
un contexto en particular y se apropiaron de otros recursos literarios,
que generalmente provenían de las vanguardias norteamericanas de
la primera mitad del siglo XX, así como de las propuestas expuestas
en El ruido y la furia (1929) de William Faulkner (1897-1962),
Manhattan Transfer (1925) de John Dos Passos (1896-1970) y el Ulises
(1922) de James Joyce (1882-1940), aparte de aquellas que provenían
por parte de las corrientes literarias europeas.
Como antecedente al Boom Latinoamericano se encuentran
los escritores latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX
como Jorge Luis Borges (1899-1986), José María Arguedas (19111969), Miguel Ángel Asturias (1899-1974), Alejo Carpentier (19041980), Juan Carlos Onetti (1909-1994), María Luisa Bombal (19101980) y Juan Rulfo (1917-1986) con publicaciones de la talla de La
amortajada (1938), Ficciones (1944), El señor presidente (1946), El Aleph
(1949), Hombres de maíz (1949), El reino de este mundo (1949), La vida
breve (1950) y Pedro Páramo (1955) que serían las bases para clasificar
y distinguir entre las narraciones cosmopolitas y transculturados
(Rama, 2008); que cimentarían las bases para la generación de
escritores de la segunda mitad del siglo XX.
Después de siete años de construir una de las obras
fundamentales de la narrativa mexicana, José Trigo (1966) de Fernando
del Paso (1935-2018) aparece, junto con la antología poética Poesía en
movimiento (con las selecciones de Octavio Paz, Alí Chumacero, José
Emilio Pacheco y Homero Aridjis siendo el primero en realizar el
prólogo de la antología), impreso en la recién fundada editorial Siglo
XXI Editores en 1966, en pleno auge del Boom Latinoamericano y
de la Revolución Cubana que había ocurrido unos siete años atrás,
y ocho años desde que, según Gonzalo Celorio en el prólogo a
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

nueva edición de José Trigo en Siglo XXI Editores titulada “Contra
el silencio” (2006: 10-11). Carlos Fuentes publicara la primera gran
novela de la Ciudad de México: La región más transparente (1958), y que
fue de las primeras obras en tensionar tanto la cultura contemporánea
en la que se ve rodeada la capital mexicana junto con la cultura
prehispánica, aquellas que aparentaban haber desaparecido en la
“modernidad” de sus habitantes.
La novela José Trigo está compuesta por tres partes: en
la primera y en la tercera, sus capítulos se ordenan cronológica y
temáticamente hacia adelante y hacia atrás del 1 al 9 y del 9 al 1, y
una segunda parte intermedia que lleva por título de EL PUENTE.
De esta manera la novela parece imitar lo que sería una estructura
piramidal que va subiendo en cada capítulo, llega en una parte
intermedia (que sería la punta) y después baja hacia el principio del
ciclo narrativo.

1

La trama de la novela retoma la historia de la huelga
ferrocarrilera de 1958-1959 en Nonoalco-Tlatelolco, lugar donde
se desarrolla la acción de la novela, y la retoma desde una postura
1

Estructura Piramidal de la novela José Trigo.

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189

�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

crítica de los acontecimientos de la Guerra Cristera y tensionarlos
con los mitos de la cultura prehispánica e indígena, recuperando de
esta manera cuentos populares, nahuatlismos y mexicanismos, sin
contar los corridos que aparecen con frecuencia.
También cabe destacar que no existe un personaje principal
en específico dentro de la novela, aunque lleve por título José Trigo, este
casi no aparece y, si lo hace, es a través de la mirada o de la voz del
otro, dejando que el lenguaje cobre el papel protagónico en la novela.
A diferencia de los demás miembros de la generación del
Medio Sligo Mexicano, Del Paso, no era un miembro apegado al
grupo ni colaboraba en los mismos suplementos culturales que
llegó a realizar, por ejemplo, Fernando Benítez con otros escritores
jóvenes de la generación como Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco
o Carlos Monsiváis, entre otros; pero sí frecuentaba el Centro
Mexicano de Escritores donde entabló amistad con otros pilares de
la narrativa mexicana: Juan José Arreola y Juan Rulfo, siendo estos
últimos los principales exponentes de la literatura, cosmopolita el
primero y transcultural el segundo, los que más influyen en la obra
del entonces joven escritor mexicano.
En ese mismo año también se publica en Cuba la novela del
barroquismo latinoamericano: Paradiso (1966) del escritor cubano
José Lezama Lima, y un año después vuelve a aparecer en España
Tres tristes tigres (1967) de Guillermo Cabrera Infante. Sin embargo la
recepción de José Trigo en la crítica nacional no fue tan bien recibida,
pues, algunos estaban a favor o en contra de ella por su compleja
estructura y dominio del lenguaje.
En su reseña “Un nuevo mexicano”, Artur Lundkvist (19061991), nos propone acercarnos a la obra del escritor mexicano desde
la parte técnica de la narración para así descubrir y apreciar mejor
190

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

la simetría con que la novela está contada y busca seguir contando
desde esa perspectiva (Lundkvist, 2015: 11).
En el presente artículo se busca analizar la primera novela
de Fernando del Paso como parte de la transculturación de la novela
latinoamericana que propone Ángel Rama (1926-1983) en el libro
La Novela en América Latina/Panoramas 1920-1980. Por lo tanto, solo
serán revisados algunos capítulos de la obra del escritor mexicano,
en especial aquellos en las que hagan o responden de mejor manera
al tema de la transculturación en la narrativa latinoamericana.
Esto quiere decir que el artículo solo se centrará también en
algunas escenas de capítulos “clave” y en algunos otros personajes
como Luciano y Manuel Ángel, o Eduviges y Buenaventura, entre
otros tantos que pueden brindarnos pasajes memorables de la trama
y donde sea evidente esta idea de la transculturación en la novela de
Fernando del Paso.
¿Qué elementos de la transculturación pueden ser aplicables
a personajes como Luciano y Manuel Ángel? Ambos personajes son
importantes para la historia de la novela, tomando en cuenta que
José Trigo parece estar involucrado con ambos de manera indirecta.
También se buscará realizar sobre lo que quiere decir
transculturación de la narrativa latinoamericana dentro de la novela
de Fernando del Paso, que a la vez puede coincidir que paralelo a la
obra del escritor mexicano otras obras también buscan realizar lo
mismo, pero desde su propia postura y contexto social y cultural.
La primera vez que aparece el neologismo de la
transculturación es en el libro Contrapunteo cubano del tabaco y el
azúcar (1940) de Fernando Ortiz (1881-1969) sustituyendo de esta
manera al vocablo de la aculturación (Ortiz, 2018: 118). De acuerdo
con Liliana Weibergn (2009) el término de transculturación entra
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

en sustitución del vocablo de aculturación como una interacción
creativa donde el cruce o choque de distintas entidades terminan
por dar como resultado:
procesos dinámicos de selección, interacción, transformación
y creación entre ambas, hasta llegar incluso a la generación de
una nueva entidad que comprende creativamente elementos de
las dos instancias previas al contacto. De este modo, la constante
interacción entre los distintos componentes da como resultado el
surgimiento de una nueva entidad cultural (Weinberg, 2009: 277).

Pero también debemos de considerar que la transculturación
también ha tenido sus debidas modificaciones o evoluciones con el
paso del tiempo, aunque fueron las ideas de Fernando Ortiz las que
se encargaron de cimentar el camino sobre la transculturación y lo
que permitió ampliarnos un poco más el vasto panorama de la gama
de significados que esto traía para la propia América Latina:
Por aculturación se quiere significar el proceso de tránsito de una
cultura a otra y sus repercusiones sociales de todo género. Pero
transculturación es vocablo más apropiado. Hemos escogido el
vocablo transculturación para expresar los variadísimos fenómenos
que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de
culturas que aquí se verifican, sin conocerlas es imposible entender
la evolución del pueblo cubano, así en lo económico como en
lo institucional, jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico,
psicológico, sexual y en los demás aspectos de su vida (188).

Después vendrán conceptos que terminarán por enriquecer
los estudios de transculturación en América Latina, encuentra
también otros conceptos como la “deculteración” o “exculteración”,
la “aculteración” y la “inculteración”, las que terminan por quedar
sintetizadas en el término de transculturación. Pero esto sería parte de
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las bases que retomaran otros autores importantes como los peruanos
José Carlos Mariátegui (1894-1930) y Antonio Cornejo Polar (19361997) desde posturas más panorámicas con la publicación de libros
y artículos como “El indigenismo y las literaturas heterogéneas”
(1978) y Escribir en el aire/Ensayos sobre la heterogeneidad sociocultural en las
literaturas andinas (2019), entre otras obras que ahondan aún más en el
concepto de la transculturación por medio de la heterogeneidad de
las culturas o de la hibridez de ellas mismas, y que comienzan a ser
notorio a partir de las literaturas indigenistas.
Dicho artículo fue leído por primera vez en la mesa dedicada
a “Algunos enfoques de la crítica literaria en Latinoamérica” que fue
organizado por el Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo
Gallegos” a principios de 1977, justo por las fechas en las que se solía
entregar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos cada
cinco años a la mejor novela publicada en nuestra lengua, y cuyos
primeros ganadores fueron La casa verde (1965) de Mario Vargas
Llosa en 1967, Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez
en 1972, Terra Nostra (1975) de Carlos Fuentes en 1977, y Palinuro de
México (1977) de Fernando del Paso en 1982, entre otros tantos.
Justo por estos años es cuando Liliana Weinberg afirma que
comienza a crecer el interés por los estudios sobre la transculturación
latinoamericana entre la crítica hecha desde la propia América
Latina en autores como Ángel Rama y Gonzalo Aguirre Beltrán
(págs. 277-278) y que retoman las ideas que se mencionó párrafos
arriba en relación con Mariátegui y Antonio Cornejo Polar sobre las
hibridaciones, heterogeneidad y mestizaje, entre otros más.
Sin embargo, la transculturación no se limita solo en las
ideas y conceptos de este tiempo, pues más tarde hasta nuestras
fechas académicas y académicos como Mary Louise Pratt, Mabel
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

Moraña, George Yúdice, entre otros, siguen enriqueciendo el
concepto de la transculturación latinoamericana, y no la terminan
por limitar en el mero mestizaje, sino que también es visto como
propuesta de “descolonización del conocimiento” (281), pero que
siguen manteniendo firme esa misma clase de heterogeneidad en el
cruce de distintas culturas.
Debemos entender por discurso heterogéneo lo propuesto
por Cornejo Polar, pero también sintetizado en el Diccionario de
Estudios Culturales Latinoamericanos, como “la condición fragmentada
y fracturada de las naciones latinoamericanas, condición que la
literatura está destinada a reproducir, no a solucionar.” (Tarica, 2009:
130, esto quiere decir que más de un discurso o cultura pueden
coexistir en un solo espacio reflejado en nuestra sociedad o en la
literatura misma, un conflicto de cruces entre ambas visiones. Aquí
nuevamente vuelve a aparecer Ángel Rama y Cornejo Polar como
los referentes al tema; pero también son mencionados autores como
Noel Jitrik (1928) y Antonio Candido (1918-2017) que aportaron
sus distintas visiones acerca del tema hasta Néstor García Canclini
(1939), cuyo trabajo fundamental es Culturas híbridas: estrategias para
entrar y salir de la modernidad (1990) y que se refiere a la hibridez
como múltiples continuidades históricas, cada una de ellas regidas
o direccionadas desde su propio contexto y coexisten cada uno a su
manera particular de concebir el tiempo y espacio (15).
La transculturación de la novela en la narrativa
latinoamericana
Antes de abordar el tema sobre cada una de las obras que ofrece,
se piensa que es necesario repasar la obra de José Ortega y Gasset
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(1883-1955) que dejó manifestado en su libro La deshumanización del
arte e ideas sobre la novela (2007) donde afirmó lo siguiente sobre la
novela a principios de la primera mitad del siglo XX:
La materia no salva nunca a una obra de arte, y el oro de que está
hecha no consagra a la estatua. La obra de arte, vive más de su
forma que de su material y debe la gracia esencial que de ella emana
su estructura, a su organismo. Esto es lo propiamente artístico de
la obra, y a ello debe atender la crítica artística y literaria. Todo
el que posee delicada sensibilidad estética, presentirá un signo
de filisteísmo en que, ante un cuadro o una producción poética,
señale alguien como lo decisivo el asunto. Claro es que sin éste
no existe obra de arte, como no hay vida sin procesos químicos.
Pero lo mismo que la vida no se reduce a éstos, sino que empieza
a ser vida cuando a ley química agrega a su original complicación
de nuevo orden, así la obra de arte lo es merced a la estructura
formal que impone a la materia o al asunto (48).

Retomando las palabras de Ortega y Gasset antes debimos
haber planteado las siguientes preguntas ¿Qué pasaba con la literatura
latinoamericana, en especial con el género novelístico, durante
los principios del siglo XX? ¿Qué tanto de lo que se producía en
Europa y Norteamérica llegaba a los países de habla española en
Latinoamérica? ¿Cómo se manifestaba la recepción literaria entre
los escritores latinoamericanos?
Mientras que Europa y Estados Unidos renovaban las
formas de contar historias por medio de la novela con autores de
la altura de Henry James (1843-1916), James Joyce (1882-1941),
Marcel Proust (1871-1922) y William Faulkner (1897-1962), entre
otros; en Latinoamérica narradores como María Luisa Bombal
(1910-1980), Miguel Ángel Asturias (1899-1974), Jorge Luis Borges
(1899-1986), entre otros, estaban atentos a las vanguardias europeas
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

traídas a partir de los primeros años de 1930 y durante esa primera
mitad del siglo comienzan por incorporar y experimentar con
otros subgéneros y aplicarlos al cuento y a la novela en particular.
Es aquí cuando volvemos a retomar la cita de Ortega y
Gasset porque la literatura latinoamericana hasta este punto
tiene más de dos propuestas distintas de contar la novela: la que
aprovecha los recursos del naturalismo o todo aquello que venga
de occidente para plantear un conflicto de corte social y crítico
(utilizado por los narradores de la revolución); y las obras (novela,
cuento o relato) que aprovechan el efecto fantástico o los recursos
de lo maravilloso para replantear un juego literario o un conflicto
humano que se manifiesta por medio de ritmos e imágenes
aprovechados por el lenguaje para responder a un entorno social
y cultural, que en este caso es específicamente la latinoamericana, y
en otros casos solo corresponden a la literatura misma pero desde
sus posturas como escritores latinoamericanos, como es el caso, a
mi parecer, de Borges.
Dicho en otras palabras, Ángel Rama separa en dos
categorías o vertientes a la literatura latinoamericana a seguir y
estudiar: aquellas en las que la obra parte desde una visión casi
extranjera de su contexto tienden a ser llamadas como la novela
cosmopolita; y las otras son las que buscan responder al contexto
social y cultural del momento partiendo directamente de su entorno
(Rama, 2008). Casi es la misma idea que tiene Seis propuestas para
el próximo milenio (Calvino, 2001) sobre la literatura que dialoga
consigo misma y que coincide con la visión del autor cosmopolita
de Rama, al ver cómo la literatura desde su visión y postura en
particular reconstruye un mundo con el cual se busca cuestionar
y dialogar:
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Los narradores que en sus obras elaboran procesos de
transculturación responden a las circunstancias y especificidades
de las culturas dentro de las cuales se han formado, a las
proposiciones e imposiciones que sobre ellas ejercen la cultura
modernizada y por lo tanto al tipo de conflicto que genera entre
ambas (Rama, 2008: 243).

Es aquí cuando es necesario volver a repensar en la literatura
latinoamericana ahora vista desde la perspectiva del crítico uruguayo,
Ángel Rama, que puede componerse en otras dos “corrientes
literarias” que se manifiestan entre los autores latinoamericanos de
la primera mitad del siglo XX y los de la segunda mitad de ese mismo
siglo en las obras de grandes exponentes como Borges y Asturias,
García Márquez y Fuentes, en los cuales vemos manifestados al
narrador cosmopolita y al narrador aculturado/transcultural.
La obra de Carlos Fuentes como La muerte de Artemio Cruz
(1962), por tomar un solo ejemplo, es una gran novela que cuestiona
y critica al contexto social y cultural en el que se encuentran sus
personajes; pero que a la vez ese entorno cuestionado tienden a
tener paralelismos con su visión social, política y cultural sobre lo
que implica ser mexicano y latinoamericano en un contexto más
contemporáneos sobre la visión de lo que creemos nosotros son
nuestras tradiciones tensionadas en múltiples tiempos y espacios,
“[…] estaba allí todo: lo que yo había soñado, lo que creía muerto.
Estaba vivo lo que yo creía muerto.” (Fuentes, 1982), y este tipo de
visiones y temas quedaron reflejados desde sus dos primeras obras
Los días enmascarados (1954) y La región más transparente (1958), en las
que Fuentes consigue hacer coexistir o tensionar tanto la cultura
prehispánica frente a la cultura contemporánea acerca del progreso
y recepción de culturas y costumbres extranjeras en la Ciudad de
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

México; pero siempre basándose en un modelo literario como el
que propuso John Dos Passos con Manhattan Transfer, donde el
protagonista de dicha novela era la ciudad misma, aquellos habitantes
marginados o relegados que la componían.
Se coincide con Ángel Rama al haber dicho que La muerte de
Artemio Cruz (1962) es la novela mejor lograda en el conjunto de su
obra en esa época (179), pues aunque La región más transparente sea
su obra más reconocida en nuestras fechas, no deja de pecar que
dentro del contenido están muy presentes las ideas propuestas de
El laberinto de la soledad (1949) de Octavio Paz (1914-1998) sobre la
identidad y figura del mexicano; caso contrario sucede con La muerte
de Artemio Cruz, que aunque sí retoma algunas ideas de dicho ensayo,
la novela se arriesga a construirlo todo desde un panorama diferente
sobre lo que es ser mexicano y latinoamericano en pleno siglo XX,
pasando por las revoluciones mexicana y cubana, la Guerra Civil
Española, y siendo este personaje un hijo forzado por la violación
de un cacique español hacía una sirvienta mulata en una hacienda
mexicana el cual quedará en ruinas por la huida de los ocupantes
franceses y el retorno de Juárez al poder, y los desencantos y
ascensos al poder de Artemio Cruz al darle la espalda los ideales
principales que “motivaron” a continuar con la revolución. Más que
la historia de un ex-revolucionario corrupto, es la imagen de una
conciencia colectiva, una novela de crítica social que no abandona
para nada la forma estética de la que está compuesta, desde distintas
visiones y perspectivas, desde distintos tiempos y espacios: Yo, Tú,
Él; presente, pasado y futuro.
El mismo fenómeno ocurre en José Trigo, pues la marginalidad
en que viven los personajes también permite que en un solo lugar
se concentren distintas culturas en distintos tiempos y espacios, y
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las distintas maneras de reconstruir el lenguaje de una sola nación,
que son a la vez una misma y muchas distintas, se encuentran
logrados desde la perspectivas de contar con todos los personajes
marginalizados, desde el discurso mismo de las instituciones
(Foucault, 2014), desde el inicio y final de la novela.
La transculturación de la novela en José Trigo de
Fernando del Paso
Como se había comentado anteriormente, la novela de Fernando
del Paso tiene como protagonista al lenguaje y por medio de ella se
van conociendo historias, corridos y relatos de cada habitante del
campamento ferrocarrilero que a la vez coexisten, o se friccionan,
con las culturas prehispánicas e indigenistas, tal y como lo mencionó
también Cornejo Polar sobre las culturas híbridas.
Vi primero que el sinsonte era Nance Buenaventura, y que Nance
Buenaventura arrancaba una palabra del árbol de la vida una
noche en que subía de la faz de las aguas el amargo olor de las
flores de muerto. Los niños dormían y soñaban góndolas de nieve
y los trenes corrían por los rieles de madera y tocaban sonajas de
niebla y los perros ladraban a la luna porque la luna tenía cara de
conejo: con un cráneo de conejo le golpearon el rostro. Y éste era
su cielo, el cielo de la luna que el Señor hizo para los tiempos…
(253)

De entrada se percibe cómo la novela reconstruye la visión
de lo que sería la poesía náhuatl por medio de sus propios recursos
de la lengua escrita en español para mantener la tensión entre
la historia de un mito prehispánico por medio del ritmo poético
del poema en prosa y así aterrizarlo en un contexto mucho más
contemporáneo para luego hacer juegos de imágenes poéticos,
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

pero siempre alegorizando la coexistencia de más de una cultura
dentro de la historia, pues ¿Quién se supone que es Nance
Buenaventura dentro del contexto de la novela y a la historia a la
que se hace referencia? Pues solo es un personaje marginalizado en
el campamento ferrocarrilero y que coexiste en aparente armonía
junto con los demás personajes que la habitan.
Sobre las novelas regionalistas e indigenistas, Ángel Rama
comenta que “son la estructuras literarias las que visiblemente
registran una transformación, procurando sin embargo resguardas
los mismos valores, aunque en verdad situándose en otra perspectiva
cognoscitiva” (229), y el modelo que retoma Fernando del Paso
para construir la novela José Trigo es evidente que parte desde James
Joyce con el Ulises y, nuevamente, Manhattan Transfer de John Dos
Passos; pero la obra que atañe a este artículo tiene sus modelos
latinoamericanos y contemporáneos a ella como lo son Leyendas
de Guatemala (1930) El señor presidente de Miguel Ángel Asturias, Al
filo del agua (1947) de Agustín Yáñez (1904-1980), El luto humano
(1943) de José Revueltas (1914-1976), Pedro Páramo (1955) de Juan
Rulfo, La región más transparente (1958) y La muerte de Artemio Cruz
(1962) de Carlos Fuentes, La feria (1963) de Juan José Arreola,
La ciudad y los perros (1962) de Mario Vargas Llosa y El coronel ni
tiene quien le escriba (1962) de Gabriel García Márquez, entre otros
tantos, en los que aprovecha los pasajes de desolación y desencanto
por el entorno y las instituciones que las oprimen, la violencia
y la fealdad humana, las narraciones polifónicas que funcionan
partiendo desde un mismo punto, y todo ese folklor literario son
los que terminan nutriendo la novela que también aprovecha los
recursos del cuento popular y la leyenda para contextualizarlos en
un tiempo más contemporáneo:
200

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Hace mucho tiempo que en este pueblo de Xochiacan vivió
Eduviges. Un manojo de años, que llegaron uno por uno y se
fueron todos juntos. No sé por qué, pero las cosas han cambiado,
han ido de mal en peoría. Nos cayó el chahuistle. La tierra está
como martajada, no se maciza aunque queramos. Los obeliscos
están descoloridos… Los patos golondrinos, que llegan por
enero, pasan por arriba y uno los ve pasar a ras del cielo, pero no
bajan. Las golondrinas sí bajan, y anidan en los alcorozados de las
entrevigas, como endenantes, pero se van más pronto y se llevan
el viento con las alas… (90)

Si lo vemos desde la aculturación en este caso puede notarse
a través de “que es la narración donde la realidad y fantasmagoría se
confunden e interpenetran, a la intimidad de su sistema cultural que
articula una organización social primitiva, mitos, creencias, costumbres
desprendidos de la piel de las criaturas...”(212) y es esta desolación que
invaden a los personajes dentro de un sistema que los marginalizan
también responden a otro tipo de modelo, pero ahora literario, como
es el caso de William Faulkner “un escritor que dentro de la cultura
de los Estados Unidos representa justamente la resistencia de una
cultura sumergida, estancada y dominada –el Sur esclavista, rural,
tradicionalista− respecto a los centros norteños civilizadores…” (212),
y estas características están también presentes en la novela, en especial
por las dualidades de personajes mostrados en Luciano y Manuel Ángel,
y en Eduviges y Buenaventura que están involucrados en la huelga
ferrocarrilera; pero más que ellos llama la atención de la imagen que se
tiene de José Trigo “con una caja blanca cargada al hombro” (pág. 5) y
con Eduviges, embarazada, agachándose para recoger los girasoles de
la calle (considerado en su momento como una flor corriente y de mal
gusto) dispuesto a enterrar al niño que acababa de fallecer, mientras el
pueblo y el campamento entero los ve pasar.
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

También hay que prestar atención a las fechas contadas en
distintos capítulos que llevan por títulos “Cronologías” en las que se
hace referencia a la colonización y fechas de la cristiada y la huelga
ferrocarrilera:
19 de enero de 1960
Un ferrocarrilero inicia la compostura de un corrido. Esta es la
primera estrofa: “En la Ciudad de Nonoalco/ presente lo tengo
yo/ por el año sesenta/ nuestra libertad murió.”
1531
Diciembre 12. Se fija este día como el de la aparición oficial de la
Virgen de Guadalupe cuya imagen, pintada en un ayate, se revela
en Tlatelolco ante los ojos asombrados del obispo que fundó la
Escuela de la Santa Cruz.
1539
Ocurre en este año el primer bautizo en la historia de Tlatelolco.
22 de enero de 1960
Un asesor técnico de los ferrocarriles, debidamente informado,
publica en una gaceta especializada un significativo y efectista estudio
donde expone la “mixtificación” de los salarios reconociendo que, los
sueldos reales devengados por los ferrocarrileros computados con
base al costo estándar de vida en 1939, descendieron un promedio
de $5.32 diarios en 1958. Habla también de las dietas exageradas
de que disfrutan los funcionarios en misiones especiales, y de los
numerosos gravámenes que gravitan sobre los ferrocarrileros. No
habla, en cambio, de las prerrogativas (128).

Es importante ver cómo la obra intercala los tiempos y
expone su postura por medio de la tensión del lenguaje, tiempo
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y espacio que existen entre las distintas fechas expuestas, pero a
la vez coincide tener como resultado una cultura en el que están
aunadas más de una distinta. Esta novela también guarda dualidades
entre sus personajes como Luciano y Manuel Ángel que a la vez
pueden simbolizar tanto a Quetzalcóatl y a Tezcatlipoca, donde la
historia de sus antepasados los obliga a confrontarse para cumplir
un destino inevitable para aquellos que creen en la huelga y en sus
héroes, y nuevamente reflejan el fracaso de la Revolución Mexicana
por medio de una traición, o de la Guerra Cristera en la ausencia
de un Dios. Pero más que ellos radican también las instituciones
que los marginan y olvidan en un campamento desolado como
Nonoalco Tlatelolco, pues “en la transculturación de la novela
se va descubriendo el mito” (241), como es el caso también de
“Buenaventura, madre de la tierra, madre de los dioses, vestía su
propia piel, aviejada y sucia, y sostenía en la mano una escoba”
(385).
Los personajes de la novela viven tensionados en el mito,
coexistiendo con ella, pertenecen a una cultura híbrida, pero también
son condenados de la tierra, y les cuesta no tener que inventar formas
de responder al contexto. La novela no es regionalista, al contrario:
pertenece a la corriente de novela transcultural y no renuncia al
lenguaje de la región, sino más bien se apoya de las estructuras del
Ulises y Manhattan Transfer para poder recrearse en el lenguaje.
No es este el espacio para discutir si José Trigo puede
adscribirse a la literatura fantástica, aunque existan mitos y hechos
en la novela que nos hagan pensar lo contrario, y tampoco este
artículo pretende discutir si está del lado del realismo mágico;
más bien es una novela que sabe recrearse en el espacio y entorno
en el que se desenvuelve: una cultura híbrida con múltiples
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

interpretaciones en distintos espacios y tiempos, y que da como
resultado un José Trigo que se mueve hacia adelante y hacia atrás, y
exponiendo la hibridez y la transculturación de su estructura en el
capítulo de en medio.
Aunque el espacio no permite analizar más a la novela, sí es
posible decir que pocas logran concentrar una estructura piramidal
del lenguaje para hacer que la narración responda al entorno y
contextos que sean necesarios, debido que en la relectura siempre se
encontrará más cosas que antes no nos habíamos percatado tanto
de la forma en que está hecha como en el contenido que lleva su
mensaje.
En este sentido Fernando del Paso sí es un autor más
cercano a Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo, Guillermo Cabrera
Infante, José Lezama Lima, un poco a García Márquez y a Carlos
Fuentes; pero sí lejano a los autores que experimentan de la misma
forma con la narrativa como lo serían el segundo Sergio Pitol,
Jorge Luis Borges y José Donoso, debido a una fuerte conexión
con las obras representadas en la transculturación de la narrativa
latinoamericana.
La visión histórica desde un punto más contemporáneo,
aunado a los intercambios de los pasajes y contextos, también nos
ayuda a repensar lo que será después la obra de Fernando del Paso
con Palinuro de México (1977) y Noticias del imperio (1987), debido que
cada transculturación narrativa busca responder al contexto. Vale la
pena volver un tiempo después a cada una de las novelas, teniendo
en cuenta que la historia es la base de cada una de esas narraciones,
y tratar de reflexionar tanto la forma y el contenido con el que son
contadas y en lo que busca decirnos a nosotros como cultura y
sociedad contemporánea.
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206

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�Notas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Ella escribe, la borran y la reescriben: análisis de
la escritura autobiográfica desde la literatura de
archivo en las novelas El acontecimiento (2019) de
Annie Ernaux y El invencible verano de Liliana
(2021) de Cristina Rivera Garza
She writes, she is erased and rewritten: an analysis
of autobiographical writing from archival literature in the novels Happening (2019) by Annie Ernaux
and Liliana´s Invisible Summer (2021) by Cristina
Rivera Garza
Ángeles Stefanya Serna Moreno
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
annstmoreno9930@gmail.com

“No escribas en primera persona” es una de las frases que recibo
en algunos talleres de escritura creativa. Me dicen que es mejor
escribir desde el papel del espectador: segunda o tercera persona,
tal vez un narrador omnisciente. Cualquiera de estos recursos
narrativos es mejor que escribir desde el yo. Sin embargo, en
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�Ángeles Moreno Serna / Ella escribe, la borran y la reescriben

el año 2022, la escritora francesa Annie Ernaux gana el premio
Nobel de Literatura. Gana la primera persona. Gana la literatura
del yo. Eso es lo que aparece en las notas de revistas y periódicos
digitales, en algunos tweets y publicaciones en Facebook. Aparecen
comentarios como “¿Desde cuándo escribir de los problemas de
uno es sencillo?” y de allí se desatan hilos e hilos de lectores fieles
a la ficción.
Ese año también, Cristina Rivera Garza ganó el premio
Xavier Villaurrutia por su novela El invencible verano de Liliana (2021)
que trata del feminicidio de su hermana. Recibió el premio con
algunos comentarios sobre cómo desarrollar más un personaje
secundario: el feminicida. Las recomendaciones de uno de los
críticos se dirigen a leer autores como Ernesto Sábato, Jorge Luis
Borges, Julio Torri, etcétera. La relación que encuentro entre estos
dos casos consiste en que ambas obras tienen en común el uso de
la primera persona y el retrato de sus vivencias, debido a la violencia
estructural que es registrada en archivos tanto afectivos (diarios y
agendas) como institucionales (documentos oficiales).
La tradición literaria latinoamericana la construyen los
escritores por medio del archivo (cartas, crónicas, actas, etc.) y
también del registro oral (canciones, leyendas, relatos), eso lo
menciona Roberto González Echevarría en su texto Mito y archivo.
Una teoría de la narrativa latinoamericana (2011) con el ejemplo de la
novela Los pasos perdidos de Alejo Carpentier.
[…] es un Archivo de relatos y un almacén de relatos maestros
producidos para narrar acerca de América Latina. Así como el
narrador-protagonista de la novela descubre que es incapaz de
borrar su pasado y empezar de nuevo, el libro busca una narrativa

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nueva y original, debe contener todas las anteriores y, al volverse
Archivo, regresar a la más fundacional de esas modalidades
(González Echevarría, 2011: 32).

En el archivo, se guarda la Historia. Esa Historia que no se
quiere contar, la que incomoda, la que no es parte del Sistema. Al
inicio de El Invencible verano de Liliana, Rivera Garza narra el proceso
que pasó para encontrar el archivo del feminicidio de su hermana en
la Procuraduría de la Ciudad de México. En los pasillos y las esperas
eternas entre la hora de comida y de salida de los administrativos, le
responden que no los tienen, se justifican recalcando el tiempo que
ha pasado: 30 años.
En el artículo Archivo y novela. Sobre la dimensión museal de la
literatura latinoamericana (2016) de Juan D. Cid Hidalgo explica el
control de la memoria de parte de los museos “Escribir, nombrar,
tatuar la memoria del porvenir sugiere precisamente lo que un
dispositivo como el museo pretende sea su función: el control de la
memoria, la vigilancia de la misma” (pp.166-167). Aquí me pregunto:
¿quién tiene la autoridad para controlar la memoria histórica?, ¿quién
decide cuáles archivos son importantes?, ¿cuál es la diferencia entre
archivar y cuidar las declaraciones de políticos y los diarios de cocina
de una ama de casa? y ¿quién establece el tiempo necesario para
decidir hasta cuándo un feminicida deja de ser un feminicida?
La respuesta que propone González Echevarría son
los mecanismos de poder. Incluso, Cid Hidalgo establece una
comparación entre los museos como resguardo histórico y el
panóptico de Michael Foucault. La vigilancia y la exposición de
cualquier archivo en los museos está custodiado y protegido, pero
también es necesario que se encuentre a la luz pública, que los demás
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individuos vean, no todo, pero sí lo necesario. Por eso, la literatura
latinoamericana sigue recurriendo al archivo, continúa buscando su
Historia, la identidad de sus pueblos, de sus comunidades.
Ahora, la obra de Ernaux El acontecimiento, una novela que
trata sobre el tema del aborto en Francia en los años sesenta, está
fuera de la literatura Latinoamérica, pero no de los mecanismos de
poder. La protagonista expresa en la obra la postura de la sociedad
francesa sobre el aborto; la represión hacia la mujer sobre su propio
cuerpo, la deshonra social y la deslegitimización a los médicos. El
registro que utiliza la protagonista es su agenda. Cada día que pasa
escribe la situación actual de su cuerpo, su mismo cuerpo recibe los
cambios del embarazo y, posteriormente, del aborto.
Entonces, el archivo, como lo define González Echevarría
es preciso estudiarlo desde la marginación y el señalamiento del
Poder que propone Foucault, ya que las trabas en la investigación
del feminicidio de Liliana Rivera Garza y la búsqueda del aborto de
Ernaux son mecanismos de control establecidos por el poder dentro
de la estructura social. Además, la estructura literaria que escogieron
las autoras para contar su historia es relevante, ya que encuentro
semejanzas en las dos novelas y, así, como menciona Ralph Freedman,
citado por González Echevarría, el género no pertenece a un espacio y
a un tiempo. “El origen de la novela es no sólo múltiple en el espacio,
sino también en el tiempo. Su historia no es, por cierto, una sucesión
lineal o evolución, sino una serie de renovados arranques en diferentes
lugares” (González Echevarría, 2011: 37).
El papel y el cuerpo
En la explicación que hace González Echevarría al inicio del primer
apartado de su libro, menciona que el protagonista de Los pasos
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perdidos tiene el problema de conseguir cuadernos para escribir su
historia. Ni uno ni tres cuadernos fueron suficientes para terminar
de escribir la canción basada en la Odisea que quería hacer. Es ahí
cuando me encuentro con un primer archivo dentro de la literatura
latinoamericana, pero es distinto a los archivos que hay en los museos,
ya que no es una carta de Hernán Cortes o Benito Juárez que hable
de México desde una perspectiva patriótica, sino que son textos que
muestran el entorno del personaje, sea ficticio o no. Después, están
las notas, cartas y el diario de Liliana, recreadas y mostradas en el
libro de Cristina, es un archivo afectivo como lo llama ella. También
lo es la agenda de Ernaux.
Estas novelas vinculan la historia del personaje o narradora
desde los archivos que utilizan como intertexto o paratexto. En el
caso de Ernaux, la agenda tiene relevancia en la historia que está
contando, debido a que, gracias a la mención de ese registro, la autora
rompe la linealidad de los sucesos dentro del plano de lo real, lo cual
este es un elemento importante en la literatura del yo porque marca
parte de la estética de la obra. Considero que este también es un
recurso que utiliza Rivera Garza para la construcción de su novela,
debido a que la historia que narra no es lineal, sino que utiliza la
analepsis con los capítulos y los paratextos que son las notas, cartas
y páginas del diario de su hermana. González Echevarría propone
que este tipo de literatura –la literatura de archivo– tiene la capacidad
de contar la verdad histórica.
Las narrativas que solemos llamar novelas demuestran que la
capacidad para dotar al texto con el poder necesario para transmitir
la verdad está fuera del texto; son agentes exógenos que conceden
autoridad a ciertos tipos de documentos, reflejando de esa manera
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la estructura de poder del periodo, no ninguna cualidad inherente
al documento mismo o al agente externo (González Echevarría,
2011: 38).

Entonces, las novelas son un recurso de escape para contar la
verdad, desde una perspectiva en particular, de los acontecimientos
ocurridos en cierto período de tiempo. Incluso, en una entrevista
que le hicieron a Ernaux, menciona que su libro El acontecimiento
lo escribió mucho tiempo después de que ella practicara el aborto.
También dice que dudó en escribirlo porque en ese tiempo las leyes
y la sociedad no permitían que se trataran estos temas. En el caso de
Cristina, aparte de que su libro sea uno de los más vendidos y utilice
la literatura de archivo, la relación entre historia y literatura es una
acción política contra el Sistema, porque al retratar su proceso como
familiar de una víctima está evidenciando a la justicia practicada en
México.
Asimismo, la literatura no sólo se relaciona con lo anecdótico,
lo íntimo, lo personal, sino que también toma las costumbres y
las tradiciones de las sociedades. Dentro de las novelas que estoy
analizando, encuentro no sólo elementos estéticos y discursos
históricos por medio del archivo, sino que en la intertextualidad
muestra un recorrido etnográfico del entorno. Estas novelas no
solo crean atmósferas, sino que muestran una parte de la realidad
vivencial de lo que fueron –son– las situaciones que retratan.
El documento portador de verdad que imita la novela es el informe
antropológico o etnográfico. El objetivo de dichos estudios es
descubrir el origen y fuente de la versión que una cultura tiene de
sus propios valores, creencias e historia, recopilando, clasificando
y volviendo a contar sus mitos (González Echevarría, 2011: 44).

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Por lo que, el cuerpo también se muestra desde su presencia
en esa realidad que se aleja de la ficción y es necesario analizarlo
como un archivo, ya que el cuerpo (político, social, cultural, humano)
tiene un registro como es mostrado en la novela de Los pasos perdidos
con la presencia de la selva; en El invencible verano de Liliana con
la burocracia y falta de justicia en México; y, por último, con El
acontecimiento de Ernaux, que muestra su propio cuerpo como un
archivo que registró una nueva célula dentro de ella y el proceso de
expulsión. Incluso, es el archivo de los prejuicios funcionando como
mecanismos de poder de la sociedad francesa en los sesenta.
Coleccionar es un acto de supervivencia
Coleccionar es una acción que Cid Hidalgo la relaciona con un
alto poder adquisitivo, personas de clase media-alta son las que se
pueden dar estos lujos. El lujo de guardar. Sin embargo, coleccionar
también implica recordar. Así como Cristina recuerda a su hermana
por medio de sus notas, cartas, diarios. Así como Annie guardó en su
memoria y en su agenda el proceso del aborto. Así como el pueblo
no olvida los sucesos que lo marcaron. En cada caso, coleccionar
es un acto de supervivencia y más cuando perteneces a los grupos
vulnerables dentro de las sociedades que se rigen por el poder.
Cid Hidalgo menciona “El acto de coleccionar se logra rozar
el fuego del placer de poseer” (2016: 169). En una entrevista, Cristina
menciona que su hermana le ayudó a escribir el libro dejando las
notas, recibos, diarios, cartas, cualquier registro en sus cosas fue de
ayuda para crear la historia que cuentan. Es ahí donde se encuentra
el placer de poseer. Tener la información que nadie pidió, que la
Procuraduría no buscó, que el feminicida no borró. En el caso de
Ernaux, ella escribe en su libro lo importante que es escribir la fecha
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en su agenda. Es como registrar que algo sí pasó. Esa colección de
fechas y notas es lo que construye el acontecimiento. Es esa parte
que reconstruye el discurso francés en 1963, donde se menciona
que el cuerpo de una mujer es de su pareja, su familia, sus hijos, el
Estado, la Iglesia, de todos, menos de ella. “La novela crea y marca
el espacio donde se inventara lo coleccionado como un territorio
digno y ejemplar para pensar y planificar la (re)configuración de la
nación” (Cid Hidalgo, 2017: 70).
Considero que esa reconfiguración ahora está presente en
un nuevo formato de novela, donde el archivo no busca contar una
historia diferente a lo que en verdad pasó. Por lo que, es construcción
del espacio y del tiempo, ya no sólo la manejan los mecanismos del
poder dentro de la literatura y del arte en general, sino que son otras
perspectivas que se apropian de sus sucesos y afectos. El trabajo que
están haciendo Cristina y Annie es no limitar su historia que, por
ende, pertenece a una comunidad, a un grupo en específico y no es
nada más una vivencia individual. Incluso, la interpreto como parte de
una lucha contra el mismo sistema, porque quiénes están escribiendo
la memoria histórica de una sociedad, ya no es sólo el poder.
Porque para Foucault la mediación se constituye en el mismo
proceso de limitar, denegar, de constreñir, creado por la
humanidad, y, por tanto, se encuentra en la base misma de lo
social en todas sus manifestaciones; los discursos hegemónicos
que oprimen controlan, vigilan, suministran los modelos que más
tarde serán tergiversados, parodiados, si se quiere, pero sin los
cuales no habría texto novelístico posible (González Echevarría,
2011: 40).

Existe una ruptura entre las novelas que analizo, debido a que
exponen el discurso hegemónico, desde el nombramiento al tipo de
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violencia que vivieron. Por ejemplo, en el caso de Cristina nombrar
que el asesinato de su hermana no fue un crimen pasional, sino
un feminicidio. Eso rompe con lo que pudo haber en los registros
y la memoria colectiva queda presente, que desde los noventa las
mujeres son violentadas por sus parejas y la misma sociedad lo ve
como si fuera una práctica cotidiana del noviazgo, cuando se está
violentando a un ser humano.
Ernaux expone la perspectiva costumbrista francesa de los
sesenta, muestra la vivencia de un aborto y, en la novela, se menciona
la incomodidad de tan sólo nombrar esa acción. No solamente para
las mujeres, sino que era un tabú en la sociedad en general, para
la mayoría significaba algo negativo, incluso, si no les correspondía
esa decisión. Además, Annie nunca menciona la palabra “bebé”, lo
nombra célula y el embarazo lo define como” la enfermedad que
solo les da a las mujeres”.
Memoria/yo colectivo (a)
Conforme pasa el tiempo, la literatura cambia y, se supone, que esas
actualizaciones literarias definen el éxito de la obra y del autor. Sin
embargo, creo que primero debería estar la pregunta ¿todavía este
tema/género dialoga con el presente? La literatura del yo continúa
hablando con los lectores, planteándose nuevas formas de pensar
sobre algunos temas o, en algunos casos, acompañando una historia
con otra. Esto es lo que veo en las novelas de Cristina y Annie, ya
que, tanto en las noticias como en pláticas casuales he escuchado lo
difícil que es hacer una denuncia por violencia de género y lo difícil
que era –es, en algunos casos– abortar.
Considero que el dolor es el mismo, la incomprensión
y el enojo que sienten las personas cuando viven alguna de estas
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situaciones es parecido. Se comparte. Por eso, narrar lo íntimo como
explica Belén López Peiró en su ensayo El atrevimiento de narrar lo
íntimo son acciones que no son ajenas a su entorno. Es el atrevimiento
de investigar en el plano de lo real, sin filtros, sin encubrimientos,
sin vaguedades, para problematizar una acción que acontece a nivel
social, histórico y cultural. A veces, esos problemas son tan grandes
que traspasan fronteras como la novela de Ernaux, donde comparto
el dolor y la angustia del aborto, porque continúa la estructura
patriarcal dentro de las culturas occidentales. Del mismo modo, pasa
con los feminicidios en México y los grupos feministas que pintan
y siguen recordando el nombre de Liliana Rivera Garza, como el de
muchas más mujeres que fueron registradas como asesinadas por un
“crimen pasional”.
Aún la literatura del yo sigue contando las historias de las
sociedades y presentan su contexto histórico de la manera más real
e íntima con el lector, pero algunos críticos comentan que no hay
literatura en esas historias. Incluso los llaman textos o libros de no
ficción. ¿Por qué textos y no literatura? La estética que define a la
literatura como el contraste o la omisión es parte de estas novelas, ya
que se construyen con una estructura no lineal. Al contrario, llevan
al lector por un viaje entre el presente y el pasado.
En la línea estética dominante, nuestro autor autobiográfico también
se va a esforzar en la búsqueda de fórmulas con las que romper la
linealidad narrativa que quiere imitar a la de la vida, troceando el
sujeto textual mediante ciertos recursos que caracterizan a la novela
postfreudiniana (Molero de la Iglesia, 2000: 532).

Entonces, la literatura del yo es un objeto estético que dialoga
con su entorno y establece puentes con el pasado por medio de sus
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mismos archivos que son los recursos para conectar ese plano de lo
real con su propia experiencia y, así, establecer una relación con el
lector de tipo mimética, porque hay dos realidades representadas en
la obra: la del escritor y la del lector. Además, la literatura del yo está
traspasando fronteras generaciones. Está Ernaux escribiendo desde
los sesenta, Rivera Garza desde los noventa y López Peiró desde
la actualidad. Tanto las sociedades como las percepciones estéticas
cambian y sus objetivos se reconfiguran. La violencia es un tema que
ha estado presente en la literatura, sin embargo, la denuncia no. Por lo
que, el archivo, el yo y la literatura han brindado herramientas para que
esa colección de memorias y recuerdos se conviertan en una denuncia
escuchada no sólo por las autoridades, sino por más lectores.
Construir con la experiencia personal un hecho literario,
susceptible, como cualquier otro, de justificarse no por su
condición de cosa vivida por mí sino por su intensidad, su belleza,
por el absurdo o la repulsión o el miedo en que sumerge a quien
lee, por la conmoción o el impacto estético que provoca (Heker
citada desde López Periró, 2022).

En conclusión, la literatura del yo muestra más que una
experiencia personal, sino que hace un recorrido antropológico
de su entorno y de su persona. Desde el cuerpo hasta la propia
existencia, donde enmarca afectos y situaciones que acontecen a
un nivel nacional e internacional. El punto de conexión entre esos
afectos y situaciones es el archivo, ya que acompaña al ser humano
desde mucho tiempo, por la necesidad de narrar las acciones que
vive. Además, es una literatura que se sabe adaptar a las generaciones,
porque el ser humano sigue buscando contar su historia y, muchas
veces, esa historia es la representación de diferentes realidades.
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López Peiró, Belén. (2022). “El atrevimiento de narrar lo
íntimo”. Revista de la Universidad de México. https://www.
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Molero de la Iglesia, Alicia. (2022). “Autoficción y enunciación
autobiográfica”. Revista de la Asociación Española de Semiótica.
https://www.cervantesvirtual.com/obra/autoficcion-yenunciacion-autobiografica/
Rivera Garza, Cristina. (2021). El invencible verano de Liliana. Penguin
Random House.

218

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-95

�Reseñas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Reconciliar al laurel con el tronco quebrado: Carmen
de Carlos Rutilo, Monterrey, UANL, 2023, pp., 96

Roberto Kaput González Santos

I. Frente al espejo
Tras la estela de Eliseo Carranza, quisiera proponer, como clave
de lectura del primer poemario de Carlos Rutilo, la imagen de un
espejo. Pero a diferencia del prologuista de Carmen, en lugar del
“reflejo impar de lo no-recíproco” propongo un espejo de tres lunas
o tres tiempos: “Tlacuica”, imperativo infantil del canto, un canto
de pájaros ahogado en una cruz de agua (I); “Carmen”, compuesto
por palabras pájaro migrantes y la aparición en vuelo del poema,
nacimiento de una lengua niña si acudimos al latín, regreso al jardín
de Dios si optamos por el semítico hebreo (II); “Sofía” y el astro
niño (III), suerte de canto coronado en las derrotas del amor, la
mayoría de edad del poema que nace entre I y II. Esa es la imagen
que propongo abordar ahora: además de “espejo para volver atrás”,
espejo de agua dónde refractar las sombras de los tres tiempos del
canto original, la unidad perdida. Propongo situar esas tres lunas
cara a cara, hacer una lectura abismal. El lector de sor Juana como
el lector de Borges sabrá reconocer lo que se obtiene engastado
imágenes, sean estas espaciales, morales o temporales.
219

�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

II. “¿Dónde está mi casa de lejos?”
Quisiera citar a dos poetas modernos aquí para cubrir la distancia
literaria que nos propone Rutilo, refractar el uno en el otro nos
acerca a Carmen: “Está el compromiso de volver a encontrarnos con
el mundo, pero también está la promesa de tratar de reencontrar
aquello que ya no está ahí y que nunca volverá; y que a través de los
sonidos hace el esfuerzo de comunicarlo a través de una imagen.
Por eso duele, porque ya no está ahí” (“Cuatro poetas jóvenes”,
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, Día Mundial del Libro
y del Derecho de Autor 2024). Esa es la voz de Carlos Rutilo,
poeta de 28 años. Escuchemos ahora la momentánea capitulación
de un poeta de 68: “No sin vencer una íntima repugnancia acepto
(provisionalmente) que la relación entre el sonido y el sentido,
como la sostiene Saussure y sus discípulos, es el resultado de una
convención arbitraria. Mi desconfianza es natural: la poesía nace de
la antigua creencia mágica en la identidad entre la palabra y aquello
que nombra” (Octavio Paz, “Lectura y contemplación”, 1982).
Ambos poetas hablan desde la caída de una antigua creencia mágica:
la unidad originaria del canto, un canto desencantado, consciente de
su caída, como la pérdida de la aureola en Baudelaire. Por lo demás,
la pulsión de crear un canto de pájaros ahogados, que a través de la
ordenación de sonidos aspira a laurear la promesa de reencontrar
aquello que ya no está, es una pulsión moderna: por lo menos desde
esa cruz de agua que va de Novalis a Astroboy y de Ramón López
Velarde a José Emilio Pacheco.
Las imágenes de Carmen son temporales, sombras de
instantes fugitivos o silencios refractados unos en otros que arrojan
una imagen continuada en espejos o canto líquido sostenido en el
tiempo, un canto literario donde morir encunado en el sonido de la
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

lengua de los padres es posible: una canción de cuna de frutos resentidos que reconcilia al tronco quebrado con el laurel:
Hoy mi madre buscó los cuerpos de mis hermanos
y hermanas de lengua y carne; pero sólo encontró restos de
sangre
regada en la tierra que también reclaman las ausencias.
Hoy mi pueblo, vacío de mí y de mi gente, lamenta las pérdidas.
El maíz le retoña con los granos resentidos.
…
Tlazoca
Amar es aprender a reencontrarnos
delante de un espejo herido con el tiempo
…
Ta mostla, ta mostla
en el parque de ayer un niño de agua dibuja un barco de aire: lo
contemplo como el muchacho que soy, mas la envidia de niño
embarga de pena al viejo que un día seré a la hora de cruzar un
puente de sangre.
…
Amatl
Siempre estás mirándome desde esta palabra
que fatiga tu risa de criatura rebelde
[…] Hoy no devolveré las sombras de tu nombre,
y dejo que la noche nos abrace en su luto de astros
cuando […] oiga tus pasos sobre las páginas blancas de un
impronunciable laberinto.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

221

�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

…
In xochitl, in cuicatl
Algo está doliendo en alguna parte
Algo duele,
algo quema.
Algo como una piedra,
un espejo.
Algo como una danza,
algo como un canto,
está doliendo en alguna parte.
Y arrojamos el dolor a varios kilómetros de distancia,
pero rebota en un punto
y con el tiempo nos alcanza.
…
Tlahuelpuchi
Tú eres la hembra de luz
que desnuda
desde los costados
devoras la noche
entre tus colmillos de luna gangrenada
[…] De donde vengo
sé
que tú no cabes en mi boca
que nada de lo que soy
puede caber entre tus manos
de madre desamparada
…
Doña Marina en el hocico del mundo
Yo soy la palabra y a las palabras pertenezco y nadie mata a las
palabras, salvo el silencio que las entierra en mi lengua.

222

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

…
Tlacuica, tlacuica, xinola, tlacuica
Canta,
canta,
mujer,
canta
que una raíz de sangre
crece como una lengua niña.

III. “Jugando en el desierto a las batallas contra el
olvido de tus palabras”
Esa lengua niña que permite al astro de Carmen “reconciliar al
laurel con el tronco quebrado” es una lengua migrante, hecha con
jirones de imágenes literarias: las lamentaciones de los muertos de
Miguel León-Portilla, los cantos de sombra o cantos fantasma de
Juan Rulfo, la caída de las palabras de Octavio Paz, el desplome
de los mundos que nombran esas mismas palabras de José Emilio
Pacheco, el sistema de los círculos del tiempo de Carlos Fuentes,
los sueños o pesadilla de Borges, los presentimientos de Tario,
las tormentas amorosas de Segovia. “Carmen” es un himno de
regreso, un canto de sirenas a la que el astro niño permanece atado.
Pero quien regresa no es Ulises-Eneas, es Telémaco-Ascanio, nieto
de Laertes-Anquises y Anticlea-Afrodita: el canto de sombras,
refractado en la tradición literaria, logra en el poema una imagen
rotada sobre sí misma, signo de nuevo cuño: su obsesión no es la
lengua literaria, o no sólo ella, es lo que esa lengua literaria aspira a
nombrar: ahora sí el silencio, “la reflexión hecha sal para que tenga
sabor la memoria de aquellos días mal sepultados por el olvido”
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

223

�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

(Carranza). El canto reflexiona sobre el poema, el poema sobre el
canto; ambos se comentan y se critican:
La campana
Sueño que en la mirada de mi padre brotan todos los hermosos
caballos.
Y en las manos de mi madre crecen orquídeas como el canto de
la luna.
Pero en silencio también escucho los lamentos de una campana
que me devuelve a las tormentas de la infancia:
detrás de la puerta de mármol hay una criatura de sombras
que camina mirándome como un fantasma
y me muestra un espejo en el cual no me reconozco.
Y por cada golpe de tormenta voy perdiéndome
como si galopara entre los laberintos del tiempo,
donde la noche se convierte en la llaga de una flor caótica.
Y vuelvo a escuchar los lamentos de una campana
que golpe tras golpe se abre como las olas,
que crecen y crecen,
hasta devolverle los dedos helados al agua
y al relámpago algún amparo de águila perdida.

Dejamos atrás las palabras ahogadas como aves en el río, las
jaulas vaciadas del centro de pequeños pájaros alegres de “Tlacuica”
, para adentrarnos en la “laberíntica constelación de pájaros azules”
de “Carmen”, esa orfandad literaria o “reencuentro con la memoria
de un relámpago”.
IV. Luché contra el mar toda la noche, desde
Juan Preciado hasta Astroboy
“Carmen” y “Sofía” son variantes de doña Marina: lenguas migrantes,
la una hecha de sombras, la otra de luz:
224

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Sofía, es tu presencia lo que necesito y lo que duele.
Al buscarte en la sombra, me desgarro:
ahí yace escondido un niño huérfano en este silencio.
Al buscarte en la luz, vuelvo a desgarrarme:
yacen allá escondidas otras gentes muertas.
Al pararme en medio de las dos corrientes, me pierdo.

Lo que el poema descubre es que a estas alturas del partido
la caída del canto es universal, se abisma en los espejos de agua, en
las edades del tiempo. ¿La multiplicación diluye o exacerba la caída?
No lo sé. Sé que “Sofía” se nos presenta como canto coronado en
las tormentas inhóspitas del amor: “recuerdo que el amor era una
palabra lúgubre exhalada en tus labios”, rebote en un punto de la
poesía amorosa de otro momento de la lírica mexicana: “recuerdo
que el amor era una blanda furia no expresable en palabras”
(Lizalde). El sonido de campanas se transforma en bronce sonoro
producido al mediodía para que todos los fieles del poema moderno
hagan juntos oración, resignificando, en puntos diferentes pero
simultáneos, las imágenes de una tradición literaria:
Plegaria

A cambio de tu silencio ofrezco la sangre que brota de mi
costado,
[…] me abro a tu indiferencia para que vuelvas a beber
y a devorar de este cuerpo herido y sediento de ti:
copa color de luz, espada color de sombra.
Al beberte me hiero, al herirme te abrazo.
Tu presencia me devuelve al sótano.
[…] Sofía, la noche no es un telón caído tirado a tus pies,
yo no tengo esa fuerza para hacerlo; pero Ella,
la otra voz que derriba mis noches con su grito, sí.
Yo solo soy un astro niño
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

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�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

que comulga en la pena
de no volver a tocar el polvo de tu boca.

El espejo de tres lunas de Rutilo provoca la relectura del archivo de
nuestra modernidad literaria, su reorganización; no cede a la tentación de ofrecernos imágenes fijas de tradiciones dinámicas, las contrapone para multiplicar sus imágenes, llenar huecos, abismarse en
la caída de los lenguajes, migrar para reconstruirlos. La poesía como
una moneda girando eternamente en el tiempo, una moneda que no
cae pero a la que no dejaremos de preguntar, mientras siga girando,
la suerte de todos nuestros empeños, incluso el empeño literario de
reconciliar al laurel con el tronco quebrado: ¿águila o sol?
Roberto Kaput González Santos
Bibliografía
Lizalde, Eduardo. Nueva memoria del tigre (Poesía 1949-2000). FCE,
2022.
Paz, Octavio. La casa de la presencia. Poesía e historia. Obras Completas
I. FCE, 2014.
Rutilo, Carlos. Carmen. UANL, 2023.

226

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

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                <text>Humanitas : Revista de teoría, crítica y estudios literarios, 2024, Vol 4, No 7, Julio-Diciembre</text>
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                <text>Barrera Enderle, Víctor, Corrección de Estilo</text>
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                <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2024 © Humanitas. Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios,
Vol. 3, No. 6, enero-junio 2024, es una publicación semestral editada
por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de
Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso
1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable: Víctor Barrera
Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100102, ISSN 2683-3247, ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 31 de enero de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle
Coordinadora Dossier / Dalina Flores Hilerio
Autores
Arnulfo Uriel de Santiago Gómez
Laura Guerrero Guadarrama
Dalina Flores Hilerio
Azael Abisaí Contreras López
José Manuel de Amo Sánchez-Fortún
Carmen Pérez-García
Marcelo Bianchi Bustos
Adolfo Córdoba
Alejandro Vergil Salgado
Gloria Vergara

�Jonathan Gutiérrez Hibler
Elsa Margarita Ramírez Leyva
Michelle Monter Arauz
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Víctor Barrera Enderle
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos
Universidad Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

de la

�P re s e n t a c i ó n
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Las transformaciones y resignificaciones que ha experimentado
la literatura en las últimas décadas, posibilitan una amplia gama
de enfoques críticos. Nuevas conductas lectoras han aparecido;
algunos géneros discursivos se han renovado; otros más han caído
en desuso. Sumemos a eso los nuevos soportes para la escritura y la
lectura (y el estrecho vínculo con los medios audiovisuales y digitales
de todo tipo) y tendremos más o menos el complejo panorama del
fenómeno. Entre estos acontecimientos, destaca el crecimiento de la
llamada literatura infantil y juvenil.
Si bien no es un género nuevo, podemos encontrar sus
antecedentes en obras muy lejanas, como las Fábulas de Esopo, la
literatura infantil y juvenil se ha consolidado en el presente como
una de las manifestaciones más potentes y creativas de la literatura
actual. No faltan, por supuesto, los detractores que intentan reducirla
a mera estrategia de mercado, o a simple herramienta pedagógica.
Ni tampoco escasean los apologistas que ven en ella la panacea de
la creación. ¿Cómo encontrar un punto medio? La necesidad de un
acercamiento crítico se hace evidente.
Es por ello que hemos decido dedicar el número 6 de Humanitas.
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios al tema de la literatura infantil
y juvenil. Para tal propósito, invitamos a la escritora e investigadora,
Dalina Flores Hilerio, experta en el tema, para que coordinara el
número. El resultado ha sido excepcional: más de una decena de agudos
e inteligentes artículos, escritos por especialistas de México, España y
Sudamérica. Estamos convencidos que esta edición de Humanitas…
representará un importante aporte para la comprensión del fenómeno.
1

�Víctor Barrera Enderle / Presentación

Finalmente, en la sección de Reseñas, Michelle Monter Arauz
nos habla del ensayo Sor Juana Inés de la Cruz. De reliquia histórica a
texto vivo, de Hilda Larrazábal Cárdenas. Uno de los trabajos más
importantes que se han escrito recientemente sobre la escritora
novohispana.
Cerramos, así, la sexta entrega de Humanistas. Revista de Teoría,
Crítica y estudios Literarios, y con ello reafirmamos el compromiso de
seguir generando nuevos modos de conocimiento sobre la literatura
y sus múltiples y heterogéneas manifestaciones.

2

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

La literatura infantil y juvenil desde la
investigación académica
A guisa de introducción
El estudio sistemático sobre la literatura infantil y juvenil (LIJ) dentro
del mundo académico cada vez cobra más relevancia para detonar
diálogos cuyo proceso incide en la profundización de los enfoques
desde los que se ha ejercido la crítica literaria. Sin duda, la riqueza y
calidad que caracteriza el corpus de la LIJ contemporánea ha sido
una materia prima idónea para dirigir las miradas de los especialistas
en el ámbito literario hacia esta producción, lo cual nos ha llevado a
trascender el cerco de los enfoques pedagógicos y moralizantes con
que se estudiaba todavía a finales del siglo XX.
A pesar de que en la actualidad es evidente que la producción
literaria para la infancia atrae las miradas de investigadores de
múltiples campos, aún quedan algunas reticencias de la crítica
literaria formal; sin embargo, la complejidad de los textos infantiles
contemporáneos ha planteado la necesidad de que las investigaciones
que pretenden explicar o profundizar en el análisis de esta tradición
se alleguen de diversas disciplinas y recursos para ello.
Los libros para niños suelen estar enmarcados en el ámbito
pedagógico porque, desde la mirada adultocéntrica, que ha definido la
forma en que nos relacionamos con los niños, solemos suponer que
3

�Dalina Flores Hilerio / A guisa de introducción

su función es enseñarles valores y conductas que irán matizando hasta
convertirse en adultos. Pero cuando damos relevancia al contenido
estético de las obras para niños, encontramos que esta producción
se asocia con otros elementos que se alejan de la dogmatización
(o colonización ideológica en que inciden algunas propuestas
modelizantes) a partir de narrativas ficcionales ricas que potencian el
desarrollo del pensamiento crítico, imprescindible para la formación
de individuos que analicen y cuestionen la realidad para transformarla.
A pesar de que muchas editoriales enfatizan la función
didáctica de la literatura infantil, es primordial que su propuesta
estética apuntale el pensamiento crítico, el gozo estético y el sentido
ético respecto a la configuración de la comunidad, a través de
recursos lúdicos, como la polisemia o la plasticidad del lenguaje,
para lograr efectos intelectuales y emocionales en el lector. En
este sentido, lo más valioso del texto literario es su capacidad para
llevar al lector a hacerse preguntas. En este sentido, es fundamental
interesarse por desentrañar los elementos que configuran el texto
literario dirigido a públicos no adultos, a través de la investigadción
en este campo. Asimismo, resulta alentador tener un espacio en el
que, investigadores de diversos contexto involucrados en el estudio
crítico de la LIJ, tengamos cada vez más espacios formales para
socializar nuestras experiencias desde la lectura crítica.
En este número de la revista Humanitas, de gran tradición
y reconocimiento en el ámbito académico de nuestro país, hemos
reunido la mirada de diferentes investigadores que con su trabajo
han contribuído, desde hace décadas, a afianzar el estudio crítico
sobre la LIJ que, a su vez, plantea nuevos retos a los escritores,
editores y otros agentes involucrados en la producción de estos
bienes culturales.
4

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

En los artículos que conforman este número podemos
acercarnos a la LIJ desde diferentes perspectivas que sin duda
abren un diálogo con quienes están interesados o involucrados en
la mediación literaria tanto fuera como dentro del contexto escolar.
Hemos tratado de presentar los contenidos de acuerdo con tres
líneas temáticas: a) textos que plantean una mirada histórica o
proponen maneras para definir o conceptualizar el canon literario
infantil; b) aportaciones que analizan poesía infantil contemporánea
y tradicional, así como textos narrativos; y c) artículos que plantean
o analizan estrategias de mediación de la lectura.
En “La Letra niña aspira a un rostro clásico”, de Arnulfo Uriel
de Santiago Gómez, el investigador de la UAM hace un recorrido
por la función tan importante que han ejercido las editoriales
para integrar un corpus de literatura infantil en México, desde las
primeras ediciones que se hicieron de los textos clásicos para niños,
hasta las editoriales más actuales que han integrado diferentes
propuestas de libros infantiles; resulta relevante la detallada lista
que ofrece de referencias bibliográficas de ejemplares que son casi
incoseguibles. En el siguiente artículo, “Un viaje memorioso por la
literatura infantil y juvenil”, Laura Guerrero Guadarrama presenta
los resultados, interesantísimos, de la indagación que hicieron ella y
su equipo sobre un corpus muy numeroso de libros para la infancia,
a partir de la revisión de diferentes catálogos, y los clasifican de
manera que establece diferencias muy claras de las funciones que
tiene cada una de las categorías identificadas, dentro de las que
privilegian la función de la memoria como detonadora de efetos
neosubversivos –y literarios– sobre otras intenciones ancilares en
los diferentes grupos de textos. En el artículo “Lenguaje literario, la
experiencia estética y la literatura infantil”, Azael Abisaí Contreras
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

5

�Dalina Flores Hilerio / A guisa de introducción

y yo reflexionamos sobre la relevancia de la literatura infantil para
detonar el pensamiento crítico y el desarrollo de la emoción estética
a partir del acercamiento a propuestas literarias que privilegien
la experiencia emocional y la participación activa de los niños.
Finalmente, para este primer apartado, José Manuel de Amo
Sánchez-Fortún y Carmen Pérez-García proponen la configuración
de un canon escolar híbrido que considere la integración de los
libros relevantes para la historia literaria, que aún sean atractivos
para los lectores contemporáneos, así como otros texto juveniles
que, aunque sean de tipo comercial, incentivan el gusto por la lectura
en los estudiantes en pos de crear lectores competentes y críticos
que también disfruten el proceso de lectura literaria.
La segunda línea temática inicia con una propuesta muy
detallada para revisar la obra de la extraodinaria escritora argentina
Ana María Shua en el ámbito infantil, realizada por Marcelo Bianchi
Bustos, quien describe algunas características de la producción
literaria infantil de la autora para proponer una especie de poética
que dé unidad a su registro de escritura que es tan diverso. Por otra
parte, Adolfo Córdova, creador de una de las bitácoras virtuales
más relevantes por su estudio sistemático y profesional de la LIJ,
Linternas y Bosques, en su artículo “Otra música, otros retratos
de infancias: una mirada a la poesía infantil en Latinoamérica”,
revisa algunas formas de la poesía infantil que han abonado a la
configuración de un corpus lírico importante para la infancia, desde
mediados del siglo XX a la actualidad, en México, Argentina y Chile.
A través de una mirada crítica amplia, que reconoce la complejidad
de la literaura infantil, Córdova explora también la presencia de
los recursos visuales en el diseño editorial de este tipo de libros
y ofrece una mirada muy valiosa para la promoción de la poesía
6

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

entre los lectores infantiles. Con una visión renovada de la crítica
literaria, centrada en la obra infantil –escrita en su infancia– de la
autora cubana Juana Borrero, Alejandro Vergil propone en “Los
poemas infantiles de Juana Borrero”, una exégesis que integra estos
textos infantiles como una forma de conocer y comprender la obra
literaria adulta de la autora. Sin duda, esta propuesta incide en la
función de la crítica literaria formal pues revisa un corpus que ha
sido sistemáticamente ignorado en la tradición crítica. En el último
texto de esta parte, Gloria Vergara plantea, en su artículo “Verdad
y ficción en Verano, de Carmen Villoro”, un ejercicio crítico que
analiza la relevancia de aspectos socioculturales que rodean a la
autora como parte fundamental de la ficcionalización literaria, lo
que propicia un proceso dialógico entre la realidad histórica y la
ficcionalización literaria donde se pueden rastrear huellas incluso
autobiográficas. De esta manera, el texto literario se configura desde
recursos personales e íntimos que provocan la empatía del lector.
El último eje de esta compilación está conformado por
sendos artículos propuestos por Jonathan Gutiérrez Hibler y Elsa
Margarita Ramírez Leyva, quienes llevan los efectos del texto literario
al ámbito social, al considerar que ofrecen diferentes recursos para
consolidar las comunidades, desde la oralidad y la función de las
bibliotecas públicas. En el texto “Cuando contar es enseñar otros
mundos: de la oralidad al mundo audiovisual en las adaptaciones
de Bernardo Govea”, Gutiérrez Hibler explica algunos recursos,
derivados de la intertextualidad, utilizados por Govea para actualizar
algunas propuestas de la tradición infantil con estrategias innovadoras
y contemporáneas que incluyen la representación oral escénica para
acercar a los lectores/espectadores a la literatura clásica mediante
elementos lúdicos, que conforman un puente muy sólido entre los
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

7

�Dalina Flores Hilerio / A guisa de introducción

textos tradicionales y el pequeño lector contemporáneo. Por último,
Elsa Margarita Ramírez Leyva, en “La literatura infantil y juvenil para
la formación de comunidades lectoras del presente hacia el futuro”,
expone una mirada panorámica sobre las transformaciones de la LIJ
propiciadas por las circunstancias sociales y como respuesta a las
diferentes necesidades del público lector y luego explica cómo se
han integrado una serie de prácticas de acompañamiento, dentro de
los programas de las bibliotecas públicas, para que el acerecamiento
temprano a la LIJ pueda afianzar la permanencia de comunidades
lectoras, desde la infancia hasta la edad adulta, pues la naturaleza de
los textos literarios estimula de forma permanente el pensamiento
crítico y aporta entretenimiento y disfrute a lectores de todas las
edades.
Es innegable que el estudio sobre esta categoría literaria
(infantil y juvenil), que algunas veces se asocia con lo comercial,
aporta miradas diversas derivadas de su misma complejidad y nos
conduce a reflexionar sobre las maneras en que podemos aprovechar y
potencializar sus alcances para contribuir a la formación de individuos
sensibles y críticos, que sean capaces de transformar su contexto, en
beneficio del diálogo y la armonía dentro de las comunidades que
vamos construyendo. Asimismo, resulta estimulante que cada vez
sea más nutrido el número de investigadores que nos interesamos
en el estudio de la LIJ porque esta práctica conlleva también una
mirada crítica que contribuye a la gestación de obras literarias más
atractivas y retadoras para el público lector.
Dalina Flores Hilerio

8

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
La letra niña aspira a un rostro clásico
The small letter aspires to a classic face
Arnulfo Uriel de Santiago Gómez
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco,
Ciudad de México, México
orcid.org/0000-0003-1666-0399

Fecha entrega: 16-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, De Santiago Gómez, Arnulfo Uriel. This
is an open-access article distributed under the terms of Creative
Commons Attribution License [CC BY 4.0], which permits
unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium,
provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79
Email: ausgomez@correo.xoc.uam.mx

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

La letra niña aspira a un rostro clásico
The small letter aspires to a classic face
Arnulfo Uriel de Santiago Gómez
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco
Ciudad de México
ausgomez@correo.xoc.uam.mx

Resumen: De los cuentos clásicos a la literatura actual, hago un recorrido
por las múltiples trayectorias de la literatura infantil en México, durante los
siglos de vida independiente, cuyas obras son testimonio de la transmisión
de saberes y las concepciones del mundo de las comunidades a partir de su
distribución entre la infancia, donde destaco la labor de algunas editoriales
importantes en sus propuestas para el público infantil.
Palabras clave: historiografía literaria, literatura infantil, comunidad
Abstract: From classic stories to current literature, I take a tour of the
multiple trajectories of children’s literature in Mexico, during the centuries
of independent life, whose works are testimony to the transmission
of knowledge and world conceptions of the communities based on its
distribution among children, where I highlight the work of some important
publishers in their proposals for children.
Keywords: literary historiography, children’s literature, community

9

�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

¿Cuándo llegan las primeras versiones de relatos clásicos para
niños a nuestro territorio? ¿A qué nos referimos con el término
¨clásico”? Las respuestas acerca de sus fuentes probables, si bien
comenzaron su recorrido americano tras la conquista, hunden sus
raíces en el tiempo. Tienen que ver primero con la transmisión oral
de la literatura, como indica el italiano Enzo Serge, en entrevista
realizada por Luis de la Peña, a partir de sus investigaciones acerca
del sincretismo religioso en comunidades indígenas de México:
… si se toma en consideración la aportación española, es interesante
ver que mucha de la narrativa que los españoles trajeron aquí en
el siglo XVI es divisible en dos partes. Una es la que pueden ser
anécdotas o historietas que se originaron en la misma España y
forman parte de la vida diaria de los españoles. La otra es una gran
tradición cultural de cuentos y fábulas que tienen un camino muy
largo: un camino que pasa a través de los árabes, de los sefarditas,
que remite al mundo de los persas, y de éstos al mundo de los hindús,
y de ahí hasta los siberianos. Hay una capacidad de estos cuentos y
motivos para cruzar civilizaciones, épocas y tiempos. (1992, 23-29)

Esta transmisión, proveniente de la oralidad, es la lírica
popular y puede darse de generación en generación, como indica
Margit Frenk:
Los niños son muy viejos. Hacia 1626, el poeta español Rodrigo
Caro, autor de la famosa “Canción a las ruinas de Itálica”, escribió
un tratado en el que comparaba los juegos de los niños españoles
de su tiempo con los que –según testimonios de escritores griegos
y latinos– jugaban los niños de la Antigüedad. Encontró un
sinnúmero de coincidencias… (1973, 25)

En una acepción primera, la literatura que consideramos
como parte de los textos clásicos destinados a la infancia proviene de
10

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

la recopilación de cuentos de la tradición popular en Alemania, con
los hermanos Grimm, así como sucedió con su vertiente francesa,
donde Charles Perrault les dio forma literaria a versiones tradicionales.
Un segundo corpus de textos “clásicos” infantiles podría
incluir algunas adaptaciones de textos de autores reconocidos, como
Don Quijote, que han sido graduadas por edades o niveles educativos,
pero sus posibilidades son más amplias.
Aunque no corresponda estrictamente al rubro de lecturas
clásicas, incluyo una tercera categoría: el establecimiento de un canon
de lecturas dentro de la institución educativa, a partir del siglo XIX,
donde fueron paulatinamente editadas las consideradas como valiosas,
y agregadas en las listas de lecturas destinadas a los diferentes niveles
educativos. Esta tendencia también ocurrió en México.
1. Librerías francesas para América
Al referirme a lecturas clásicas, no pretendo abarcar un tema tan
amplio como el de la difusión de la literatura infantil en México,
pues resulta complejo identificar la referencia precisa a periodos
específicos como el siglo XIX. Con todo, y advirtiendo lo limitado
del recurso empleado, resulta ilustrativo mostrar algunos títulos
hallados, en espera de formular hipótesis plausibles sobre su
influencia en nuestra cultura.
Incluyo además títulos que formaron parte de colecciones.
Desde el siglo XIX las casas editoras lanzaron “bibliotecas” para
un público familiar o infantil, como las ediciones de la “librería
española”, producidas en Francia para su distribución en México
y otras naciones de habla hispana. Ello muestra que la literatura
infantil en México tuvo, desde tiempos muy antiguos, una aportación
cosmopolita; es decir, sus fuentes provinieron del resto del mundo.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

11

�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

A partir de esa tendencia, puede ubicarse mejor la lógica
que explica una coedición, en 1838, de Las mil y una noches, cuentos
árabes, por Galland. Traducidos del francés, y adornados con muchas
láminas, que acredita la colaboración de un librero de París y otro
de México. Hoy es un ejemplar que se encuentra en la Biblioteca
Nacional de Francia.

Tomo primero. Paris, Libreria de Rosa. Méjico.- Libreria de
Galvan. 1838
Esta “librería española” tuvo una producción en diversos
campos para responder a los requerimientos de una sociedad en
formación, como la mexicana, aunque esta empresa editorial
internacional tuvo alcances más amplios: hubo libreros franceses e
ingleses puestos al servicio de nuevos gobiernos, en los que fueron
dominios españoles y portugueses en América:
Hemos tenido cuidado en conservar sus caracteres, no desviarnos
de sus modos de hablar y pensar, ni separarnos jamas del testo, á

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no ser cuando lo ha exigido la decencia. El traductor se lisongea de que
las personas que entiendan el árabe, y quieran tomarse el trabajo
de confrontar el original de la copia, convendrán en que en esta
se presentan los Arabes con toda la circunspeccion que exigia la
delicadeza de nuestra lengua y de nuestra época, y aun por poco dispuestos
que se hallen los que lean estos cuentos á aprovecharse de los
ejemplos de virtud y de vicio que hallarán en ellos, podrán sacar
una ventaja que no se saca de la lectura de los demás cuentos, que son
mas á propósito para corromper las costumbres que para corregirlas.(11-12)1

¿Pudo esta obra ser leída por niños? Quizá lo subrayado
por mí en la cita (itálicas) corresponda a un cuidado del lenguaje
que abarca a todos los lectores posibles, y que es nuestra visión la
que hace de estos cuentos un material de lectura infantil cuando
originalmente fueron lecturas para adultos. Serían pues las posteriores
ediciones infantiles de esta obra, realizadas en el siglo XX, las que
me sugirieron la inclusión de sus datos bibliográficos.
1.1 Algunos títulos en español de la Librería de Garnier
Hermanos
Posteriormente hay otros ejemplos que ligan más directamente a
editores franceses con este tipo de ediciones; los datos provenientes
de las obras mismas indican claramente a quiénes se dirigen, al
ser denominadas “bibliotecas” para la infancia o para la juventud.
A continuación, intercalo alguna explicación con las ediciones
localizadas. La primera referencia es de Hans Christian Andersen,
considerado como clásico infantil:
Andersen, El Hijo del portero. Claudio el grande y Claudio el chico, traducción
castellana de García-Ramón, ilustraciones de Yan’Dargent,
1

Las mil y una noches. Las cursivas son mías.

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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

segunda edición, París, Librería Española de Garnier
Hermanos, 6, calle des Saints-Pères, 6, 1885, 88 p. Corbeil,
Imprenta Crète. (Biblioteca Selecta para los Niños)2
Destacan las ediciones de la Librería de Garnier Hermanos
(cuya actividad en México ha sido hasta ahora poco mencionada,
así como las provenientes de algún miembro de la familia Bouret
e, incluso, de Hachette; es decir, algunas de las principales casas
editoras francesas que editaron en español durante la segunda mitad
del siglo XIX.
Sus ediciones están hechas para la competencia editorial, que
apareció primero en el mercado francés: en cartoné con cubierta
roja, muchas veces de tela impresa con grecas, letras doradas y
grabado. Son además obras adornadas con grabados; podría decirse
que buscaban un público que tuviera poder adquisitivo.
Sin embargo, son obras cuya oferta no es frecuente para los
lectores mexicanos o latinoamericanos, debido a que han circulado
en librerías de ocasión, donde yo pude localizarlas, por lo que las
incluyo con el caso mexicano, aunque fueron editadas para lectores
en vastas regiones americanas. Son testimonios de una gran empresa
de edición internacional, al menos desde la década de 1810 en el
mercado ibérico, y desde 1820 en América Latina.
Mi segundo ejemplo es una adaptación de un clásico de las
letras españolas, Don Quijote. ¿Corresponde esta edición a la señalada
por Jorge Luis Borges entre sus lecturas? Para el célebre escritor
argentino, El Quijote que leyó en su infancia era una edición de
2 Andersen, El Hijo del portero…,  en cartoné: cubierta roja impresa con
grabado de pareja de niña mayor leyéndole a un niño menor con un libro abierto.
Contiene además los cuentos ”El traje nuevo del emperador” y “Chismes de
muchachos”.

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Garnier Hermanos. Es difícil asegurarlo, pero habría semejanzas
entre ediciones similares de la misma editorial.
Domingo López Sarmiento, El Quijote de la Juventud. Extracto de la
célebre obra de Cervantes, tercera edición, París, Librería
de Garnier Hermanos, 6, rue des Saints-Pères, 6, 1894,
186 p. Tip. Garnier Hermanos, 6, Calle des Saints-Pères. –
Paris. (Biblioteca Selecta para la Juventud).
Ricardo Fuente, La Antigüedad Clásica, París, Garnier Hermanos,
Libreros y Editores, 6, rue des Saints-Pères, 6, 1894, 192
p. París. – Tip. de Garnier Hermanos. (Biblioteca Selecta
para la Juventud) (Cartoné, con filos dorados.)
Ducray-Duminil, Las tardes de la granja ó Las lecciones del padre,
séptima edición, París, Librería de Garnier Hermanos, 6,
rue des Saints-Pères, 6, 1890, 546 p. París. Tip. de Garnier
Hermanos. (Cartoné, con filos dorados).
De este título hubo una edición de 1950, de Editorial Orión
–editorial hoy desconocida–, cuya conexión con la realizada por esta
casa francesa es innegable, pues incluye el “Prólogo a la edición
de Garnier”. Es una edición en rústica, económica, que en nada
recuerda los cantos dorados y cubierta de lujo de la original.
Los Garnier no son los únicos editores en español que
produjeron libros en Francia. Agrego aquí solamente como muestra
una edición de Hachette.
J. Girardin, Mi abuelito, versión española de F. Corona Bustamante,
adornada con numerosos grabados, París, Librería
de Hachette y Cía., 79, Boulevard Saint-Germain, 79,
1890, 312 p. Derechos de traducción y de reproducción
reservadas. (Biblioteca de las Escuelas y las Familias). París,
Imprenta de Lahure, 9, calle de Fleurus, 9 (Cartoné con
filos dorados.)
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

1.2 Otras ediciones de la familia de Bouret
Después de los títulos de Garnier Hermanos, hay que mencionar otra
de las principales librerías francesas que editaron en español, cuyas
actividades dejaron huella en la historia de la edición en México,
y muy activa además en el resto de América Latina: la Librería de
Rosa y Bouret (si bien la Librería de Rosa comenzó sus actividades
en 1820, la vimos en coedición con la Librería de Galván, en 1838
(que paulatinamente toma el nombre de algún integrante de la familia
Bouret).
En esta época, por supuesto, Jules Verne aparece en las
propuestas editoriales hechas por editores franceses en español. ¿Cuál
fue la recepción que tuvo en México, en América Latina? Esta edición
puede ser útil para seguir la línea de sus publicaciones, que seguramente
llegaron a ser más frecuentes a lo largo del siguiente siglo.
Julio Verne, Una invernada entre los hielos. Obra escrita en francés por
Julio Verne, traducida al español por D. Vicente Guimera.
Edición ilustrada con grabados, Librería de la Vda. de Ch.
Bouret, París 23, rue Visconti, 23. México 14, Cinco de
Mayo, 14, 1893, 128 p. Propiedad del editor. París, Imprenta
de la Vda. de Ch. Bouret.
Anoto a continuación algunas otras ofertas que estas
editoriales incluyeron en sus “bibliotecas”; a la distancia de cien años
–en algunos casos– puede advertirse que muchas de estas propuestas
no fueron consideradas como lecturas básicas para la niñez. No por
ello pierden interés en un recuento, digamos, de clásicos fallidos:
Carlos Nodier, Tesoro de las Habas y Flor de Garbanzo. El genio Bonachón.
Historia del perro de Brisquet por Carlos Nodier, viñetas de Tony
Johannot, traducción española por D. Mariano Urrabieta,
París, Librería de Ch. Bouret 23, rue Visconti, 23. México 18,
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Calle San José el Real, 18, 1881, 128 p. Propiedad del editor.
Sceaux.- Imp. Charaire e Hijo. En la carátula puede leerse:
“París. Librería de la Vda. de Ch. Bouret”.
León Gozlan, Interesantes y maravillosas aventuras del Príncipe Cañamón
y de su hermanita, viñetas por Bertall, versión española por
D. Mariano Urrabieta, París, Librería de Ch. Bouret 23, rue
Visconti, 23. México 18, Calle San José el Real, 18, 1881,
128 p. Propiedad del editor. Sceaux.- Imp. Charaire é Hijo.
(Cartoné, tela verde con grabados, letras y cantos dorados.)
Alfonso Karr, Las Hadas del mar, viñetas por Lorentz, traducción
española por D. Mariano Urrabieta, París, Librería de Ch.
Bouret, 23, Calle Visconti, 23. México Librería de Ch.
Bouret, 18, calle San José el Real, 18, 1882, 96 p. Propiedad
del editor. Sceaux. – Imp. Charaire é hijo. (Cartoné, tela
roja con grabados y letras doradas.)
1.3 Otras vías para seleccionar las lecturas integradas en
planes escolares
Menciono ahora aquellas ediciones que, dada su inclusión en
programas escolares, paulatinamente fueron incorporadas a un
canon de lecturas adecuadas para la formación de niños y jóvenes.
Ese dato lo indican a veces las propias obras. Incluyo también
algunas citas de los propios textos. Por ejemplo, en el Libro de lectura
n° 2, su autor Luis F. Mantilla, “profesor de idiomas en España,
Cuba y Nueva York”, señala: “Para leer bien, no basta pronunciar
clara y distintamente las palabras, sino que es indispensable dar á la
frase toda la entonación que requiere su sentido: de lo contrario, no
nos daremos á entender del oyente, y será la lectura un ejercicio tan
enojoso al que lee como al que escucha” (1885, 3).
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

Entre una vasta producción, la familia Bouret realizó varias
ediciones educativas para lectores de varias naciones, como puede
verse en Rasgos biográficos de Niños célebres extractados, de J. B. Suárez, la
cual indica en su edición para Méjico, en 1889, que tuvo “Aprobación
Universitaria” Santiago [de Chile], agosto 10 de 1859.
Al anotar que la obra fue producida por la “Librería é
Imprenta de Ch. Bouret”, los editores hacen a sus lectores una
“Advertencia”: ellos han “pintado el acento” en las palabras que
lo requieren. El término tiene su gracia, pero sobre todo quizás
indique un elemento que los editores franceses tratan de resaltar
para presentar su producción como muy cuidada:
Con el objeto de habituar á los niños á pronunciar bien las
palabras, en el curso de esta obra hemos pintado el acento en las
voces que lo requieren, siguiendo en todo las reglas de la ortografía
de la Academia española. Desearíamos que en todos los textos
de lectura destinados á los alumnos de las escuelas primarias, se
siguiese este sistema, cuyos buenos resultados hemos podido
apreciar nosotros mismos. (Suárez, 1889, 5).

Habiendo comenzado a mediados del siglo con la Librería
de Rosa y Bouret, esta empresa continuó luego con Charles Bouret,
y después con la muy famosa Librería de la Viuda de Ch. Bouret,
activa todavía hasta la segunda década del siglo XX. Sin duda fue
un punto de contacto que propuso libros de texto para su adopción
en escuelas de diversos países, incluso algunas que requirieron
traducción y su adaptación para nuevos públicos como en el caso de
la obra siguiente:
Jean Bedel, El Año infantil de Lecciones de Cosas, adaptación castellana
por Luis G. León, Librería de Armand Colín, 5, calle de
Mèzières, París. En venta en la Librería de la Vda. de Ch.
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Bouret, 14, Cinco de Mayo, México, 1899, 72 p. (Colección
Infantil Jean Bedel)
¿De qué medios de difusión se valieron estos libreros franceses para
favorecer la circulación de sus libros? Anoto una operación publicitaria que
resultará de interés para los estudiosos de la publicidad: la portadilla
en la primera página tiene un sello en tinta negra: “Obsequio de la
FABRICA DE CIGARROS ‘EL BUEN TONO,’ S. A.”
En la Escuela de Párvulos anexa á la Normal de México […]
reciben los niños una instrucción muy vasta, en forma de Lecciones
de Cosas. Mi primer libro de la Colección publicada en Lecciones
de Cosas comprende el programa marcado por la ley para el Primer
Año de Instrucción Primaria Elemental; pero hacía falta un libro
para la enseñanza de párvulos y que también pudiera ponerse como
libro de lectura para los niños de 1º y 2º año de Primaria Elemental.
El libro que, con el título de “Año infantil de Lecciones de Cosas”
acaba de publicar en francés el Sr. J. Bedel es precioso y su lectura
me interesó tanto que desde luego le traduje y arreglé para los niños
de México y, en general, de todas las escuelas hispanoamericanas.
[…] México, Julio de 1899. Luis G. León.

1.4 Un paréntesis sobre esta producción escolar. Ediciones de
Estados Unidos en español
Otra vertiente de exportación de libros, esta vez proveniente
de Estados Unidos, puede mostrar que el mercado escolar
latinoamericano resultaba atractivo, y que además había que tomar
precauciones ante las copias, con el registro de las obras en México
para proteger su propiedad, o declarar que ésta se garantizaba “por
las leyes de España y otros países donde se perseguirán las ediciones
fraudulentas”, como la siguiente:
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Esteban Echeverría, Manual de enseñanza moral. Edición
arreglada para las escuelas megicanas por Francisco Sosa, The History
Company, Libreros Editores, San Francisco, Cal., 1892, 78 p.
Escrito el Manual para las escuelas argentinas, era preciso, al
adaptarlo á las de México, introducir ligeras variantes por lo que
respecta á las alusiones á la historia patria. Ningún esfuerzo se
necesitaba para la tarea. Pueblos de idéntico origen y de iguales
instituciones el argentino y el mexicano, ansiosos ambos de
colocarse al nivel de los más adelantados del mundo, apenas si
he tenido que cambiar algunas fechas y algunos nombres. […]
Francisco Sosa. (Echeverría, 1892, 4)

Como vemos, la producción destinada a la infancia –y
sobre todo la escolar– no es siempre literaria en el sentido que
lo entendemos ahora, como se observa en este segundo ejemplo
relacionado con la adaptación para lectores latinoamericanos en
general y, a la vez, con la traducción de un texto del inglés al español:
Asa Smith, Primer libro de Geografía de Smith, ó Geografía Elemental,
dispuesta para los Niños. Adornado con cien grabados y
catorce mapas, por Asa Smith, M. A. Traducida del inglés
y adaptada al uso de las escuelas de Sur América, las Indias
Occidentales y Méjico, con adiciones, por Temístocles
Paredes. Nueva edición, revisada, corregida y aumentada
de un capítulo y mapa nuevo de las Repúblicas Argentina,
del Paraguay y del Uruguay. Un tomo de 142 páginas, en
cuarto menor, con mapas y muchas estampas. Nueva York,
D. Appleton y Compañía, [1847].3
3 Asa Smith…, cartoné. Con grabados: en la portada con la leyenda “Primer
libro de Geografía de Smith”, una niña vista de frente montada sobre un caballo
que aparece de costado. En la contraportada con la leyenda “Las cinco razas de
hombres. 1. Europeo. 2. Chino. 3. Natural de la Malecia. 4. Indio norte americano
(los cuatro de pie, en desorden con su número, con un atuendo característico). 5.
Africano, el único sentado a sus pies, cubierto por una saya blanca.

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2. Siglo XX. Los clásicos como oferta primordial para la
lectura infantil
Antes de mediados de siglo, y dominando las colecciones infantiles
prácticamente durante las siguientes cinco décadas, podemos ver
que las ediciones de los clásicos para la niñez se suceden una tras
otra. ¿Qué versiones circularon de cada relato? En un mercado
editorial en el que no había en la mayor parte de los casos que pagar
derechos de autor, ¿qué características gráficas ofrecían las distintas
editoriales para atraer a sus públicos?
En el siglo XX, ya no encontramos la uniformidad de las
ediciones de lujo de las casas francesas. Seguir más detenidamente
tales obras permitiría ver las características propias del avance técnico
de la imprenta mexicana y, en algunos casos, la extensión de estas
características en ediciones que por los mismos años aparecieron en
distintos países con diversos sellos editoriales.
Dado lo anterior, ¿podemos hablar de una literatura infantil
“exclusivamente” mexicana? Pienso que este enfoque sería muy
limitado, dado el panorama hasta ahora presentado, si consideramos
el escaso número de estudios sobre ella. Trazo algunas líneas acerca
de esta literatura clásica para la niñez durante el siglo XX, a partir de
ejemplares que he ido reuniendo a lo largo del tiempo.
2.1 De las Lecturas clásicas para niños a la intervención de
notables autores
Tras los años de lucha revolucionaria, ofrecer una calidad literaria a
la niñez mexicana no pudo tener mejor continuación; en su primer
tomo, las Lecturas clásicas para niños fue una de las primeras ediciones
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

de la recién creada Secretaría de Educación Pública en 1921, un
proyecto de José Vasconcelos para que, una vez aprendieran a leer
en el primer año de escuela, los niños pudieran leer todo, y para
eso hacían falta materiales de lectura, lo que nos recuerda que la
literatura destinada a la infancia tiene rasgos que la asocian a una
pedagogía planeada.
La SEP adquirió 50 mil ejemplares de Don Quijote de la
Mancha, que aparece con el sello de la SEP y Editorial Calleja, de
España. Por definición, a los clásicos hay que volver, y las ediciones
del Quijote van a continuar después.4
Una segunda propuesta es la edición de La luna nueva (poemas
de niños), de Rabindranath Tagore, que formó parte del volumen
dedicado a él en la colección de Clásicos Universales, editado por
la SEP en 1924. También se integró en las mencionadas Lecturas
clásicas. Es otro caso de autores a los que acudieron algunos editores,
así fuera ocasionalmente.5
Otro ejemplo posterior: Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote
de la Mancha, 1, México, Editorial Edicol, S. A., 1982, 132 p. Leemos en
la p. 3: “Sois los primeros lectores jóvenes del mundo que van a tener un
“Quijote” en forma de historieta con ilustraciones. […] Y, para mayor encanto,
este libro todavía os ofrece algo más: hemos fotografiado –recorriendo los
caminos de la Mancha, de Aragón y de Cataluña– los escenarios reales donde
Cervantes coloca las aventuras quijotescas y hemos situado sobre estos fondos
reales los dibujos de los episodios imaginarios.” Guillermo Díaz-Plaja, de la
Real Academia Española. p. 2 Recomendado por The International Society
Education Through Art, Órgano consultivo de UNESCO.
4

Como ejemplo encontramos: Rabindranaz Tagor, Verso y prosa para
niños, con dos poemas de J. R. J., edición exclusiva para las escuelas de
Puerto Rico, segunda edición, México, Editorial Orión, 1948, 335 p., 9,000
ejemplares. p. 12 “Nota preliminar.” De la obra de Tagor, traducida por
Zenobia Camprubí Aymar y Juan Ramón Jiménez, hemos escogido […] lírica,
canciones, cuentos, teatro, pensamientos. […] Hemos respetado también la
ortografía de la traducción”.
5

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De las ediciones originales de los años veinte, hubo hacia
1950 una nueva edición que ilustra este punto de rescate de Tagore,
por lo que anoto la ficha completa, ya que nos permite ubicar otra
casa de edición:
R. Tagore, Poemas de la luna nueva (Poemas y cuentos para niños), México,
Editorial Nueva España, s/a, 64 p. Taller de la Editorial
Nueva España, S. A., Burdeos, 15. (Colección de Lecturas
Clásicas para Niños) (Anotación con pluma: “Ma. E.
Nahoul. 1950”)
En esta reedición, la Editorial Nueva España hace una
especie de homenaje a las Lecturas clásicas para niños: “Forman
esta colección las obras maestras de la Literatura Universal,
adaptadas para niños y adolescentes por los mejores escritores
hispanoamericanos. La mayoría de las adaptaciones e ilustraciones
fueron realizadas por encargo de la Secretaría de Educación Pública,
siendo ministro el Sr. Lic. Don José Vasconcelos”.
Otros títulos de la serie de 1950 fueron Mitos griegos, Cuentos
escogidos (Tolstoi), Tristan e Isolda y otras leyendas europeas, entre otros.
Hago especial mención de Las Sagradas Escrituras, por la sensibilidad
que demostraron los antologadores y autoridades de la SEP en los
años de 1920 al incluir en esta selección textos ligados a la religión
católica.6
También de estas Lecturas… se reeditó Libertadores de América,
propuesto dentro de una serie de “Narraciones americanas”. Este
texto sobre los héroes de la Patria, como lectura complementaria,
6 No presagiaba esa amplitud de miras la Guerra Cristera que enlutó a
México años después. Las heridas que dejaron los enfrentamientos entre la
Iglesia y el gobierno mexicano pueden todavía leerse en las páginas de algunos
textos religiosos dirigidos a la niñez.
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volvió a ser publicado por el Partido Revolucionario Institucional
en 1976, ahora ilustrado con dibujos de niños menores de 12 años,
como un presente “de José López Portillo a los niños de México”,
con el título Lecturas para niños. Forjadores de América Latina. Hidalgo,
Morelos, Bolívar. “Los textos los tomamos de las ‘Lecturas Clásicas
para Niños’, que la Secretaría de Educación Pública editó por
primera vez en el año de 1925. Fueron escritos por los poetas
Manuel Gutiérrez Nájera y Carlos Pellicer y por el historiador
Genaro García.” (1976, p. 5)
Un dato relevante acerca de los escritores reconocidos de
quienes trata la cita anterior, es que un documento oficial de la SEP
explica la relación que la escritora chilena Gabriela Mistral, quien más
tarde ganaría el Premio Nobel de Literatura, mantuvo con México;
de forma particular, con el entonces secretario de Educación Pública
José Vasconcelos quien la invitó a venir a nuestro país para asistirlo
en sus planes de reforma educativa:
… se la contrata en calidad de Comisionada para la redacción de Libros
de Lectura infantil, dependiente del Departamento Editorial de esta Secretaría
[…]. En Oficio – Nº 23555 – de la misma Secretaría se consigna
que el contrato, fecha 26 de julio 1922, se extenderá desde el 1º del
actual hasta el 31 de diciembre. […] Fuente: Archivo Histórico y
Reprografía, México. (Valenzuela, 2009, 22-23).

El primer volumen de las Lecturas clásicas es de octubre de
1924 y tuvo un tiraje de 50 mil ejemplares; en su colofón menciona
como adaptadores de las diversas fuentes literarias a Gabriela Mistral,
Palma Guillén –la joven maestra normalista a quien Vasconcelos
encomendó la atención de la escritora chilena en nuestro país–, y
dos jóvenes que luego desarrollaron una carrera literaria de primer
nivel: Salvador Novo y José Gorostiza.
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Los textos clásicos consignados en el índice del primer tomo
son: el Kata Upanishad, el Ramayana, textos sobre Buda, pasa a Las mil y
una noches, Tagore y algunas leyendas. Luego, de Grecia, incluyeron La
Iliada y La Odisea; y cierra con textos del Antiguo testamento de los hebreos.
El segundo tomo apareció en junio de 1925 con un tiro de
cinco mil ejemplares, y da crédito en su colofón a otros autores
que alcanzarían enorme prestigio en nuestras letras: Jaime Torres
Bodet, Francisco Monterde, Xavier Villaurrutia, Bernardo Ortiz de
Montellanos. Consigna así mismo la intervención en la ilustración
de la obra de Gabriel Fernández Ledesma y Roberto Montenegro.
Aquí los clásicos representan obras de diversos países: El
Cid y Don Quijote, leyendas europeas, Shakespeare, Tolstoi, entre
otros “cuentos célebres” que van de versiones en verso como La
Bella Durmiente, de Gabriela Mistral, a “Pulgarcito, “El patito feo”,
“El príncipe feliz”. La obra se nutre también de versiones de Luis
González Obregón, Carlos Pereira, José Martí y Alfonso Reyes.
Carlos Pellicer escribió sobre Simón Bolívar; de autores del siglo
XIX, aparecen Vicente Riva Palacio y Ricardo Palma.
Es evidente la continua entrada de obras provenientes de
otras regiones. Veamos dos ejemplos de Italia: el primero traza la
trayectoria seguida por la obra de Edmundo de Amicis, Corazón
(diario de un niño), en una edición de Herrero Hermanos Sucesores de
1934, con un tiraje importante de 10 mil ejemplares. Vino de Italia
por la vía de España:
¡Cuán feliz sería si mi pobre libro pudiese, en algún modo, proporcionar solaz
y deleite a los niños españoles; a los niños de esa noble y querida tierra,
a la cual me llevan constantemente los recuerdos más gratos de mi
juventud! EDMUNDO DE AMICIS. Turín, Abril de 1887.
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

La traducción al español de H. Giner de los Ríos fue muy
utilizada por esos años, incluida la edición de 50 mil ejemplares hecha
por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1925, con prólogo
del entonces secretario José Manuel Puig Casauranc. Éste es otro
límite del presente ensayo, al no compaginar aquí la información
correspondiente al sector oficial, a la SEP principalmente, dada la
amplitud de su actividad editorial durante el siglo XX. Introduzco
un segundo ejemplo de esta literatura italiana adoptada:
Ciuglio Cesare Dalla Croce, Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, o sean las
astucias sutilísimas de Bertoldo y la ridícula simpleza de
Bertoldino con la novela de Cacaseno. Obra de diversión
y moralidad. 8ª edición ilustrada con seis láminas, Herrero
Hermanos, Sucesores, México, D. F., 1942, 316 p.
La Biblioteca Infantil “Cervantes” presentó la traducción
del inglés al español hecha por Adolfo Sánchez Vázquez de El
príncipe feliz. El gigante egoísta. El amigo fiel, de Oscar Wilde. Anoto
una ficha bibliográfica completa de otra de las traducciones de este
autor venido con el exilio español de 1936:
Hans Christian Andersen, El valiente soldadito de plomo y otros
cuentos, traducción de Adolfo Sánchez Vázquez y J. Roca,
ilustraciones de A. Artis-Gener, México, Ediciones
Cervantes, S. A., 1944, 64 p. (Biblioteca Infantil
“Cervantes”) Contiene: “Cinco chícharos, “El escarabajo”,
“La sopa al asador”.
Otro escritor de renombre que participó en la edición de
literatura infantil fue Salvador Novo; en el colofón de una serie
dirigida por Luz María Díaz-Caneja, en Ediciones Inves-Mex, se
anota que sus cinco títulos fueron prologados y seleccionados por
“el cronista de la Ciudad, Salvador Novo” para la Navidad de 1968:
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

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Fábulas, Poemas, Cuentos, Leyendas y tradiciones, De la Tragedia griega, con
tirajes de 40 mil ejemplares:
Salvador Novo, selección, De la Tragedia griega, tomo V, México,
Ediciones Inves-Mex, S. A., Navidad 1968, 128 p., 40,000
ejemplares. Ilustraciones de Elvira Gascón. (Primer Festival
de Literatura Infantil), p. 128 “se terminaron de imprimir
[…] el día de La Purísima Concepción, 8 de diciembre de
1968, en la ciudad de México.”
También es de interés la participación de José Emilio
Pacheco, entre estos escritores, a principios de los años 80, en la
dirección de una serie notable por sus textos y por su diversificada
propuesta de ilustración: Clásicos Infantiles Ilustrados Promexa, con sede
en Canoa 521 en la Ciudad de México. Un registro de título puede
darnos una idea más precisa de las características de esta propuesta,
aunque en muchos de sus títulos se anota que la “versión en español
es de José Emilio Pacheco” como en este caso:
La Bella y la Bestia, contado por Marianna Mayer, ilustrado por
Mercer Mayer, versión en español de José Emilio Pacheco,
México, Promociones Editoriales Mexicanas, S. A., 1982,
48 p., 30,000 ejemplares. Título del original en inglés:
Beauty and the Beast, publicado por Four Winds Press, una
division de Scholastic Magazines, Inc., Nueva York, 1978.
p. 2 “Agradecemos a Fomento Cultural Banamex las ideas
aportadas para la realización de esta colección.”
A La Bella y la Bestia, añadimos una lista amplia de versiones
de Pacheco que incluye otros doce títulos: Aladino; Charles Perrault,
La Cenicienta o El zapatito de cristal; Oscar Wilde, El príncipe feliz; El
frijol mágico, por Tony Ross, y Brian Wildsmith, El arca espacial del
profesor Noé. Luego hay dos obras de los Hermanos Grimm, La Bella
Durmiente y Hansel y Gretel, y de Alexander Pushkin, El cuento del Zar
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

Saltán o el príncipe y la princesa-cisne, El cuento del gallo de oro. Finalmente,
Hans Christian Andersen tiene tres versiones: Los cisnes salvajes,
Almendrita, El valiente soldadito de plomo
La misma colección integra una adaptación (Tajín y los Siete
Truenos. Una leyenda totonaca) y cinco versiones de Felipe Garrido:
tres de relatos tradicionales primero mongol, luego húngaro y El
don del Perro Sagrado, una leyenda de pueblos originarios de Estados
Unidos. Y a ellos sumamos de los Hermanos Grimm, Blanca Nieves
y los siete enanos, y de Andersen, El patito feo.
Son parte de esta serie dos títulos más: La tortuga y los dos
patos. Fábulas de Animales de La Fontaine, en versión de Ana Luz Trejo
Lerdo y, como en los casos anteriores, transcribo la edición que falta
de mencionar para dar una idea más completa de esta colección.
El Tomten. Un cuento de Suecia, un poema de Viktor Rydberg,
narrado por Astrid Lindgren, ilustrado por Harald Wiberg,
versión en español de Yolanda Moreno Rivas, México,
Promociones Editoriales Mexicanas, S. A., 1982, 32 p.,
19,000 ejemplares. Título del original en sueco: Tomten,
publicado por Ab Rabén &amp; Sjögren, Estocolmo, Suecia, 1960.
2.2 La integración de nuevas editoriales
Resultaría tedioso incorporar todos los asientos bibliográficos
pertinentes a la edición de los clásicos infantiles durante el siglo XX
en México, aunque ofrecen pistas para rellenar huecos en la historia
de la literatura infantil y juvenil que muy poco ha abrevado en las
décadas que anteceden los años 80.
¿Nació esta literatura a partir de estos últimos 40 años?
Hay quien lo afirma. Frente a ello, la recopilación de ediciones
ofrece algunos puntos para la discusión, por eso hay que considerar
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también a las editoriales no conocidas, que son fuente de mis datos
y permiten trazar un mapa de un territorio poco explorado.
Durante los años cincuenta, comienza a crecer la lista de
editoriales interesadas en los libros infantiles. Las menciono por
número de títulos registrados:
Con cuatro títulos: la Editorial Extemporáneos en su
colección “Arte para niños” editó en la serie “Ballet” La Bella
Durmiente (1973); y tres títulos en su serie “A través de los ojos del
artista” (1976), impresos en la República Democrática Alemana,
con 5 mil ejemplares.
Con dos títulos, la Editora Nacional: Fábulas completas
de Samaniego é Iriarte, con otras sacadas de Fedro y Esopo, 1951, con
ilustraciones de Granville, y Las mil y una noches, 1973.
Con un título en este recuento:
El hijo de Robin Hood, Editorial Leyenda, 1946.
J. M. Barrie, Peter Pan y Wendy, Editorial Época, 1978.
Oscar Wilde, Cuentos cortos. El príncipe feliz y otros cuentos, Ediciones
Prisma, 1980.
Rudyard Kipling, Cuentos para niños, ilustración del autor, Ediciones
Quinto Sol, 1984.
Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, Editores Mexicanos Unidos, 1987.
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, Editorial Grijalbo, 1998.
Con distribuidoras en varios países:
Los más bellos cuentos de Las Mil y una noches, traducción directa del
árabe, selección y prólogo del Dr. Juan Vernet, Editorial
Labor (Barcelona – Madrid – Buenos Aires – Río de
Janeiro – México – Montevideo, 1960).
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

Antiguas fábulas hindúes, Queromón Editores (México, Madrid,
Barcelona, Buenos Aires, Río de Janeiro. Colección
“Maestros del relato infantil”, 1965.)
En este recuento, que muestra la diversidad de editoriales de
literatura infantil y juvenil, está Ediciones Cervantes que lanzó en
1944 su “Biblioteca infantil Cervantes”, con autores como Oscar
Wilde, Andersen, Perrault, y algún relato de Las mil y una noches. Da
el crédito de A. Artis-Gener como ilustrador, poco frecuente para
esos años. La oferta es más amplia si atendemos su lista de “títulos
publicados” y en prensa.7
En 1955 la Editorial Latino Americana publicó libros muy
simples, con una característica: “Las ilustraciones interiores de estos
cuentos se han hecho de manera que los niños puedan colorearlos,
añadiendo así un motivo más de interés y enseñanza a esta bella
colección.” 8
Estas ediciones (las encontramos en su cuarta reimpresión
en 1993 con tirajes de 5 mil ejemplares en rústica) alimentan un
mercado que se nutre de ediciones económicas:
¡De los niños de ayer… para los niños de hoy! Las mismas historias
maravillosas que hace años deleitaron a mamá y papá, hacen
hoy la dicha del pequeño que posee completa, la formidable…
’Colección Infantil’. Cada uno lleva su mensaje de enseñanza.9
7 Biblioteca Infantil “Cervantes”: a El príncipe feliz, se agrega El valiente
soldadito de plomo, La Bella Durmiente…, agrega: El patito feo. La sirena,
La isla del tesoro, pero también otros temas: Los niños de la Biblia, Casos y
pláticas de animales, entre otros.
Juan sin miedo, México, Editora “Latino Americana”, S. A., 1955,
28 p. Editora “Latino Americana”, S. A., Guatemala 10-220, México, D. F.
(Cartoné) 5,000 ejemplares. La cita es de la p. 2.
8

9

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El Barón de la Castaña, México, Editora Latino Americana, S. A., 1ª
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Obras mucho más cuidadas (en cartoné con cubierta de tela
para un público con capacidad adquisitiva) integraron la “Colección
Ilustrada de Obras Inmortales”, de Editorial Cumbre, cuyas
primeras ediciones datan de 1955. Además, de El último mohicano, de
J. Fenimore Cooper, con un cuarto tiraje en 1962 de 4 mil ejemplares.
En 1986, Fernández Editores reprodujo una serie de
ediciones italianas de gran formato, letra grande, texto original de
Rossana Guarnieri e ilustraciones de Cesare Colombi, con tiraje de
5 mil ejemplares, cuyo título era I Capolavori Della Fiaba, en español
Tesoro de cuentos en tres volúmenes dedicados a Perrault, Andersen y
los Grimm:
Charles Perrault, Perrault. Tesoro de cuentos, texto original de Rossana
Guarnieri, ilustraciones Cesare Colombi, México,
Fernández Editores, S. A., 1986, 136 p., 5,000 ejemplares.
Traducción Liana Halphen. Título original: I Capolavori
Della Fiaba Perrault, 1979, editrice AMZ Milano.
Por su parte, Editorial Diana participó en esta oferta con su
“Colección Cuentos y Fábulas”; aunque se presentan en pasta dura,
son ediciones para un público amplio. Un ejemplo Slico amplio adas
edición 1955, 4ª reimpresión 1993, 28 p. La cita es de la contraportada: Vea
qué desfile de “cuentos inmortales”:
Pulgarcito
El sastrecillo valiente
Blancanieves y los siete enanitos
Blanca Rosa, la bella durmiente
del bosque
Pinocchio
Piel de asno  
Caperucita Roja
El soldadito de plomo
La casita de chocolate
El Rey Midas
Alí-Babá y los cuarenta ladrones
El gato con botas
La Cenicienta
El Barón de la Castaña
La tortuga y la liebre
Gulliver en el país de los enanos
Aladino o la lámpara maravillosa
Gulliver en el país de los gigantes
Juan SinMiedo
El ladrón de Bagdad
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

con esta famila, son ediciones para un pes, formatos, adaptaciones.
Una especie de cllacionadas con esta famil: Swift, Gulliver en el país de
los gigantes, adaptación de F. L. Álvarez, ilustración de Serra Mesana,
México, Editorial Diana, 1ª edición de 1952, 9ª reimpresión 1982,
118 p.10
2.3 Novaro, Diana, Fernández, Trillas… ediciones de Clásicos y
Walt Disney
La tendencia a editar obras clásicas se explica por un hecho: la
progresiva consolidación de casas editoras que basan una gran parte
de su producción en los textos escolares. Las menciono con su año
de fundación: Editorial Patria (1933), Fernández Editores (1943),
Libreros Mexicanos Unidos (1944; pasa a ser Editorial Limusa
en 1962), Editorial Porrúa (1944, aunque como libreros iniciaron
operaciones en México en 1900), Editorial Diana (1946), Editorial
Trillas (1953).
El desarrollo de la edición mexicana en las décadas marcadas
por el periodo anterior y posterior a la segunda guerra mundial se
originó por el apoyo oficial a la industria editorial. Juan Manuel
Aurrecoechea y Armando Bartra explican el dinámico mercado
editorial a partir de la venta de historietas como Chamaco y Pepín:
10 Swift, Gulliver…, contraportada: “Colección Cuentos y Fábulas”
Alicia en el país de las maravillas
Fábulas de Esopo
Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno
Fábulas de Samaniego
Cuentos de Andersen
Gulliver en el país de
los enanos
Cuentos de Grimm
Gulliver en el país de
los gigantes
Cuentos de Perrault
Las mil y una noches
Don Quijote de la Mancha
Pinocho

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

… a fines de los treinta. El auge historietil de chamacos y pepines
–difícil mientras el abasto de papel dependía del monopolio
privado constituido por la empresa San Rafael– se facilita con
la creación en 1935 de la paraestatal Productora e Importadora
de Papel, Sociedad Anónima (PIPSA) que subsidia a editores
como Herrerías, Sayrols y Valseca. Igualmente ventajosa es la
disposición cardenista, de 1937, de liberar de porte postal a los
periódicos y revistas que no contengan más de 25 por ciento de
anuncios en sus páginas. (78)

En este ensayo no incluyo el peso que las historietas tuvieron
en el desarrollo de la literatura infantil y juvenil mexicana, pero la
referencia anterior me permite por lo menos mencionarlo.
Tras la Revolución, la obra educativa aumenta progresivamente
a partir de la alfabetización, al dotar de materiales de lectura a
nuevos lectores, en la ciudad y el campo, entre adultos y la población
infantil. Desde el régimen de Lázaro Cárdenas (1934-1940) existen
programas definidos de publicidad y propaganda –como se les
denominó oficialmente–, que favorecen a las publicaciones. Ello es
evidente en los programas editoriales de la SEP que, en 1958, dio
origen a los libros de texto gratuitos, política oficial de dotación de
textos para la educación básica, vigente en la actualidad.
2.3.1 Editorial Novaro y sus otras firmas
Editorial Novaro merece particular atención, pues hay evidencia
de que sus fundadores provienen de la edición de periódicos, entre
ellos La Prensa. Bartra y Aurrecoechea explican el contexto de la
edición de la época:
Los efectos de la segunda guerra mundial también son capoteados
a bajo costo por la industria de la prensa. Los grandes editores
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

obtenían parte de su papel en países como Suecia y Alemania,
y con el estallido del conflicto bélico las importaciones se
suspenden. En este predicamento, Herrerías –que había mostrado
simpatías por el Eje– cambia rápidamente de bando y en 1941 se
asocia con De Llano, de Excélsior, Lanz Duret, de El Universal, y
Novaro, de La Prensa. Para presentarle a Washington un proyecto
de colaboración por el que los norteamericanos deberían poner
papel y aportaciones monetarias para rehabilitar la industria
editorial mexicana, a cambio de una política de prensa favorable
a los aliados. Esta venta de simpatía política no se concreta en lo
referente a las inversiones, pero sí en el suministro privilegiado de
papel por parte de EUA. (78-79)

Desde la década de 1950 puede rastrearse la relación de
Novaro con firmas editoriales de Estados Unidos, por medio de las
que ofrece a los lectores mexicanos algunas fórmulas probadas allá,
incluso de títulos para la infancia.
Técnicamente son series novedosas cuyos textos se
acompañan eficientemente de la ilustración. Algunos ejemplos
incluyen títulos de Walt Disney, una de las cartas fuertes de la
Organización Editorial Novaro.
El nivel de sus operaciones, a finales de 1958, logró que
en sus instalaciones se realizaran los primeros libros de texto
gratuitos. El librero del exilio español, y fundador en México de las
Librerías de Cristal en 1941, Rafael Giménez Siles, estuvo a cargo
de su producción, cuando la Comisión Nacional de Libros de Texto
Gratuitos se le confió al renombrado escritor Martín Luis Guzmán.
Un segundo ejemplo indica que su producción se extendió
hasta la década de 1980, cuando la Organización Editorial Novaro
anunciaba su distribución en México, D. F. (México), Barcelona
(España), Lima (Perú), Bogotá (Colombia), Santiago (Chile).
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Sir Walter Scott, Clásicos ilustrados. Ivanhoe, Versión española adaptada
por Rodolfo Bellani, ilustraciones de Ricardo Ceballos,
México, Organización Editorial Novaro, 2ª edición 1980,
96 p., 2,000 ejemplares.
Esos fondos fueron retomados por editoriales que
sobrevivieron al cierre de Novaro, como Trillas, con distribución
internacional en México, Argentina, España, Colombia, Puerto Rico
y Venezuela.
Anna Sewell, Belleza negra, México, Editorial Trillas, 1990, 96
p., 10,000 ejemplares. Adaptación de Bárbara Nolen,
versión de Raúl de Zaldo Galina, ilustración de Tom Gill.
(Colección “Clásicos Ilustrados”).
En este caso, el copyrigth también está asignado a una empresa
Norteamérica: Western Publishing Company, Inc., en 1990 y 1963.
Es muy probable que la edición de 1963 la hiciera Editorial Novaro,
no sólo para este título sino para toda la serie:
Colección “Clásicos Ilustrados”
Belleza Negra			
Los ocho primos
Ben-Hur			
Los patines de plata
El conde de Montecristo
Los tres mosqueteros
El Mago de Oz			
Mujercitas
Heidi				Robin Hood
Huckleberry Finn		
Sherlock Holmes
La isla del Tesoro		
Tom Sawyer
La vuelta al mundo en 80 días Viaje al centro de la Tierra.
(1996)11
Esta producción compartida de títulos editados en décadas
distintas, la de 1960 por Novaro, junto con la de 1990, ambas con
11 En 2ª de forros
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

sus respectivas reediciones, evidencia la continua inclusión de obras
clásicas en los catálogos editoriales mexicanos, como una oferta
privilegiada para los lectores infantiles.
Esa fórmula de la repetición (Jules Verne, Mark Twain,
Robert L. Stevenson, Alejandro Dumas, etcétera) puede igualmente
apreciarse en otras series editadas por Novaro o por alguna otra
de las firmas relacionadas con esta familia, como es el caso de la
Editora Cultural y Educativa, en Bahía de San Hipólito 56, en la
Ciudad de México, que tuvo como fundador a Luis Novaro: de ella
encontré dos series muy diferentes.
Presento la primera de ellas, con ediciones que se caracterizan
por su portada en cartoné en color negro, con estampa en tercera
dimensión en plástico, y hojas en cartulina, con ilustraciones a doble
página, con técnica de maqueta en tercera dimensión. Es un trabajo
de impresión de una empresa japonesa, como se observa en la ficha:
Hans Christian Andersen, La Reina de la Nieve, México, Editora
Cultural y Educativa, S. A. de C. V., 1969, 34 p., 25000
ejemplares. Ilustraciones de Shiba Productions. Froebel –
Kan Co., Ltd. Copyrigth 1968 Shiba Production.
Los datos coinciden con los de la revista Había una vez…,
de periodicidad semanal impresa en México por la Editora Cultural
y Educativa, de 16 páginas que acredita estar “aprobada por la
Secretaría de Educación Pública”, cuyo fundador fue Luis Novaro,
ya para entonces fallecido. Su primer número es del 8 de julio de
1970, y en su “Presentación” señala:
Es mentira que el PAÍS DE LOS CUENTOS sea solamente un
sueño. Existe en las páginas a colores de nuestra revista HABÍA
UNA VEZ… Aquí es posible “tocarlo” y ser acompañado
por sus maravillosos personajes. Este PAÍS para los niños –y

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

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creo que todos, en alguna forma, tendremos siempre algo de
niños– es una valiosa parte de la herencia que nuestro fundador
y maestro, LUIS NOVARO, q.e.p.d., nos ha dejado. Lo hemos
construido, pedacito por pedacito, con las ideas, con el amor
por la sana diversión y con el recto profesionalismo que él supo
enseñarnos.12

En los siete números revisados de la revista Había una
vez…, se presenta una versión resumida de un cuento clásico cuya
ilustración sirve de portada: “Aladino y la lámpara maravillosa” en el
primer número. Enlisto los siguientes títulos de clásicos conocidos,
provenientes de versiones holandesas si atendemos a los derechos
contratados por Novaro:
Núm. 23, 8 de diciembre de 1970, La princesa y el enanito
zapatero
Núm. 27, 5 de enero de 1971, La Bella Durmiente
Núm. 28, 12 de enero de 1971, Los leñadores y el oro de las hadas
Núm. 31, 2 de febrero de 1971, Las habichuelas mágicas
Núm. 38, 23 de marzo de 1971, El caballo encantado
Núm. 40, 6 de abril de 1971, Blanca Nieves y los siete enanos
Puede notarse que la constante aparición de títulos de
obras infantiles está ligada a la variedad de las adaptaciones, cuyas
características, en cuanto a su redacción más o menos extensa o
en su ilustración más o menos elaborada, prefiguran habilidades
espécificas de lectura del público infantil.

12 Revista Había una vez…, p. 2. [Copyright] N V Uitgeverij Spaarnestad,
Haarlem, Holland. – Derechos mundiales reservados. – Revista semanal
editada en México por Editora Cultural y Educativa, S. A. de C. V. – Oficinas
generales: Bahía de San Hipólito Núm. 56, México 17, D. F. – Fundador Luis
Novaro. – […] Precio por ejemplar, en la República Mexicana, $ 2.00.
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2.3.2. El comic, característica de Editorial Novaro, y otras de
sus ofertas editoriales
Posiblemente los datos de historietas o “libros-comic” de Editorial
Novaro serían los más numerosos en la recopilación de obras
correspondientes a esta empresa. Cosecha por este medio lo
sembrado por sus antecesores –Chamacos y Pepines, como los
presentaron Bartra y Aurrecoechea–. Para muestra bastan dos
botones:
Joyas de la mitología. Los trabajos de Hércules: Los establos de Augías, El
Toro de Creta, México, Organización Editorial Novaro, S.
A., MCMLXXII, 40 p. (Libro Comic).
Grandes viajes. Legazpi, el navegante de Oceanía, tomo VI, México,
Organización Editorial Novaro, S. A., 1972, 64 p. (Libro
Comic).
Organización Editorial Novaro: México, D. F. (México), Barcelona
(España), Lima (Perú), Bogotá (Colombia), Santiago
(Chile). Cuarta de forros: $ 9.50 M Mex.
La lista de productos de Novaro no quedaría completa sin las
colecciones como Desprende y arma, impresiones en cartulina de pocas
páginas que contienen figuras que una vez desprendidas permitían
a los niños construir maquetas de temas vistos como centros de
interés infantil. Una edición como ésta conlleva la posibilidad de la
lectura ligada con el juego:
El Circo, México, Organización Editorial Novaro, 3ª edición 1980,
15,000 ejemplares. Título en inglés: “Three-Ring Circus”…
por arreglo exclusivo con Western Publishing Company,
Inc., de los E. U. A. (Colección “Desprende y arma”).
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Una aldea india, México, Organización Editorial Novaro, 4ª edición
1981, 15,000 ejemplares. (Colección “Desprende y arma”).
¿Qué se conserva de toda su producción? Durante años,
Novaro se identificó con las ediciones de Walt Disney en variadas
presentaciones, formatos, adaptaciones. Una especie de clásico
moderno, que hoy habría que buscar en librerías de oportunidad,
como:
Pedro y el lobo, versión española de Héctor D. Shelley, México,
Organización Editorial Novaro, S. A., 1983, 44 p. (Walt
Disney presenta) Título de esta obra en inglés: Peter and the
Wolf.
2.3.3 Fernández Editores: de materiales para la escuela a los
textos infantiles
En la búsqueda de ediciones de Walt Disney, que identificó a
Novaro, también participó otra casa mexicana que tradicionalmente
ofreció productos a las escuelas: Fernández Editores, con versiones
asequibles a diferentes edades e intereses: para los más pequeños
destacó la ilustración que acompaña con textos breves, como en
Walt Disney presenta. El libro de la selva, México, Fernández Editores,
1986, 24 p. (Colección “Perfiles Disney”)
Con otra presentación, apoyada en recursos fotográficos,
implicó una propuesta editorial atractiva, en la que la ilustración
tradicional de Disney variaba, para el público infantil de Estados
Unidos:
La isla de las focas es el nuevo tema para la realización de una película.
[…] escogimos a los animales silvestres como protagonistas,
encargándose la propia Naturaleza del argumento. Nosotros
solamente ayudamos como camarógrafos y editores.
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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

Ésta fue la primera película que se hizo dentro de la serie: Una
Aventura de la Vida Real […] de la cual “La isla de las focas” es
un volumen, se publica por convenio entre Fernández editores,
S. A., y Walt Disney Productions de Burbank, Cal., E. U. A., que
tiene asegurados los derechos de reproducción total o parcial en
todo el mundo. (1964, 3)

Esa búsqueda técnica puede apreciarse también en una
impresión realizada para Fernández Editores en Japón: Números, para
niños muy pequeños con 8 páginas, todas en cartoné con cubierta
plástica, y con ilustraciones que recuerdan el estilo de la década de
1950, aunque no precisa en sus datos el año en que se realizó.
Para una conclusión, siempre provisional
Cerramos este recorrido por las lecturas clásicas, donde miramos
uno de los rostros de esta producción cultural dirigida a la niñez
mexicana. Nos detenemos en un momento alejado de nuestro
presente: es claro que cualquier propuesta sobre la producción más
reciente amerita una mirada muy atenta para tratar de describir las
estrategias editoriales que vehiculan una producción que, como la
aquí mostrada, es juzgada como parte ineludible del canon ofrecido
a nuestras infancias.
Al hurgar en las ediciones antiguas, rescatadas de las librerías
de ocasión, de viejo como también las denominamos en nuestro
país, recuentos como éste pueden ofrecer aspectos de interés para el
estudio de esta producción cultural.
Rescatar esta herencia cultural, fija en las páginas de
impresos cuya existencia misma no es preservada en bibliotecas
especializadas (depende de las búsquedas, los medios para
adquirirlos, el lugar para almacenarlos, el tiempo para reflexionar
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

sobre sus características y organizar un panorama –así sea
preliminar como éste– y ciertamente del interés de quienes leen),
implica reconocer que en su edición han intervenido, y lo siguen
haciendo hasta nuestros días, una larga serie de personas que
escriben, ilustran, diseñan, arman colecciones, proponen nuevos
proyectos, invierten fondos, leen en voz alta en busca de nuevos
títulos para hacerlos llegar a escuelas, plazas públicas, cines, teatros,
la radio, las nuevas tecnologías, la soledad de la lectura en casa o la
invitación a dormir cuando una voz susurrante recrea las hazañas
de héroes y heroínas para nutrir nuestros sueños.
Referencias
Aurrecoechea, J. M. y Bartra, A. (s/a). Puros cuentos. Historia de la
historieta en México, 1934-1950. México. Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes / Editorial Grijalbo.
Echeverría, E. (1892). Manual de enseñanza moral. (Edición arreglada
para las escuelas megicanas por Francisco Sosa). The
History Company, Libreros Editores. San Francisco.
Frenk Alatorre, M. (1973). El folklor poético de los niños mexicanos,
en Artes de México, núm. 162, año XX.
Luis F. Mantilla, L.F. (1885). Libro de lectura n° 2. Nueva edición.
Bélgica. Librería de Ch. Bouret,
Peña Martínez, L. (1992). Entrevista con Enzo Serge. Sincretismo y
narrativa indígena, en La Jornada Semanal, domingo 23 de
agosto de 1992, pp. 23-29
J. B. Suárez. (1889). Rasgos biográficos de Niños célebres extractados,
traducidos y referidos á los alumnos de los colegios y escuelas por J. B.
Suárez. Librería de Ch. Bouret,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

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�Arnulfo Uriel de Santiago Gómez / La letra niña aspira a un rostro clásico

Secretaría de Educación Pública. (1976) Lecturas clásicas para niños.
Forjadores de América Latina. Hidalgo, Morelos, Bolivar.
Sewell, A. (1990). Belleza negra. Adaptación de Bárbara Nolen,
versión de Raúl de Zaldo Galina, ilustración de Tom Gill.
Colección “Clásicos Ilustrados”. México. Editorial Trillas.
Tagore, R. (s/a). Poemas de la luna nueva (Poemas y cuentos para
niños). Colección de Lecturas Clásicas para Niños. México.
Editorial Nueva España.
Valenzuela Fuensalida, A. (2009). Patrias Pedagógicas de Gabriela
Mistral. Valparaíso. Ediciones Universitarias de Valparaíso,
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Walt Disney. (1964). La isla de las focas. Una Aventura de la Vida Real.
Adaptación de Jane Werner Watson, traducción de Ana
Ma. Martínez Gil y Willy de Winter. Serie “Una aventura
de la vida real”. Cartoné. México. Fernández editores, S. A.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-79

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Un viaje memorioso por la literatura infantil
y juvenil
A thoughtful journey through children’s
and youth literature
Laura Guerrero Guadarrama
Universidad Iberoamericana,
Ciudad de México, México
orcid.org/0000-0003-2801-8969

Fecha entrega: 25-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Guerrero Guadarrama, Laura. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-81
Email: laura.guerrero@ibero.mx

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Un viaje memorioso por la literatura infantil
y juvenil
A thoughtful journey through children’s and
youth literature
Laura Guerrero Guadarrama
Universidad Iberoamericana
Ciudad de México
laura.guerrero@ibero.mx

Resumen: dentro del panorama de la literatura infantil y juvenil
contemporánea, que parece dirigirse a un modelo de producción
uniformizado, altamente influenciado por los bestsellers, surgen los
géneros memorísticos como una modalidad neosubveriva que busca no
solo romper los moldes y funcionar como un antídoto contra el olvido,
sino otorgar visibilidad a la historia de aquellos grupos que han sido
invisibilizados y reconocer la historicidad de la memoria misma.
Palabras clave: Memoria – Literatura infantil y juvenil – Neosubversión
Abstract: Within the panorama of contemporary children’s and young
adult literature, which seems to be heading towards a uniform production
model, highly influenced by bestsellers, the memoir genres emerge as a neosubversive modality that seeks not only to break the molds and function
as an antidote against oblivion, but also to give visibility to the history of
invisibilized groups and to recognize the historicity of memory itself.
Key words: Memory – Children´s and young adult literature –
Neosubversion

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�Laura Guerrero Guadarrama / Un viaje memorioso por la literatura infantil y juvenil

“Esos días, lo rápido que pasan.
Memorias no: destellos, aerolitos
en galaxias de olvido o invención
Esos días” (Pacheco, 2005, p. 38)
“Jardín de niños” (fragmento)
La nostalgia no se marcha como
el agua de los ríos se vuelve un
mar que nos arrastra implacable.
(Pineda, 2018, p. 151) Dos es mi
corazón (fragmento)

Hace poco tiempo terminamos el proyecto “Los géneros de la
memoria como modalidad neosubversiva de la Literatura Infantil y
Juvenil Contemporánea, un estudio de esta corriente en los últimos
años en México, (2010-2018)”, tarea que iniciamos en 2019 con la
revisión de 103 catálogos de editoriales comerciales, independientes,
universitarias y estatales con el fin de seleccionar textos memorísticos
de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) que estaban circulando en
nuestro país, por lo que se encontraban al alcance de la población
y podían ser leídos por los infantes y jóvenes, aun cuando las y los
autores o las editoriales no fueran nacionales.1
A partir de la búsqueda realizada, encontramos 22
colecciones centradas en temas sobre la memoria y analizamos 418
volúmenes con diferentes plantillas de acuerdo con los variados
formatos creativos, incluyendo textos intermediales: narrativa,
álbum, narrativa gráfica, dramaturgia y cine. La adquisición y el
análisis de todo el material fue posible gracias a los apoyos de la
Beca de Investigación Científica Básica SEP-CONAHCYT 2018 y la
1 Este trabajo se sustenta en el volumen Los géneros de la memoria como
modalidad neosubversiva de la literatura infantil y juvenil contemporánea,
escrito en coautoría con Cutzi L. M. Quezada y Alejandro Vergil Salgado,
actualmente [2023] en prensa.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-81

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Dirección de Investigación de la Universidad Iberoamericana Ciudad
de México. El trabajo ameritó un gran esfuerzo por parte de todo el
equipo pues se realizó en medio de la pandemia, que requirió del más
completo aislamiento, por lo que laboramos a distancia y luchamos
arduamente para conseguir los textos (las librerías, bibliotecas y
editoriales estaban cerradas). En esta difícil labor colaboraron, de
manera ejemplar, la doctora Cutzi Quezada Pichardo y el maestro
Alejandro Vergil Salgado como coinvestigadores y posteriormente
coautores del libro que está por publicarse; también nos apoyaron
18 asistentes de investigación y otras personas especialistas en las
diferentes formas artísticas analizadas.
El antecedente inmediato de esta investigación fue el estudio
sobre la neosubversión en la LIJ2 que reflejó cuatro modalidades
importantes en la creación contemporánea: el neorromanticismo, el
neorrealismo, el humor posmoderno y los géneros de la memoria. Lo
neo de la subversión posmoderna significa una nueva mirada sobre la
infancia y la adolescencia, una postura antiautoritaria y una marcada
rebeldía contra el adultocentrismo, más un desarrollo estilístico
contemporáneo con formatos innovadores, en muchos casos
intermediales. No toda la producción contemporánea es neosubversiva,
pues el mundo actual está caracterizado por las contradicciones o
2 Noción que se desarrolló gracias a dos investigaciones previas que
dieron como resultado los volúmenes: Posmodernidad en la Literatura Infantil
y Juvenil. (2012, México: Universidad Iberoamericana) y Neosubversión en la
LIJ Contemporánea: Una Aproximación a México y España. (2016, México:
Universidad Iberoamericana, Textofilia). Lo neosubversivo indica un giro
posmoderno que desestabiliza y cuestiona los patrones heteropatriarcales de
la escritura para la infancia y adolescencia. Siguiendo la idea de la socióloga
Alison Lurie, siempre ha existido una corriente subversiva en la LIJ, pero esa
irreverencia tenía un límite, por lo que era común que las y los personajes
regresaran al orden y se incorporaran en los roles sociales establecidos.  
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-81

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paradojas posmodernas o hipermodernas3, como se les prefiera
denominar. Hal Forster, crítico e historiador norteamericano, destaca
dos posturas, “un posmodernismo de resistencia y otro de reacción”
(1988, p. 11): el primero realiza un estudio crítico de la modernidad,
una revisión de sus postulados y se opone al status quo; el segundo es
reaccionario, por lo que repudia al modernismo y muestra una clara
tendencia neoconservadora, que brotó como “una reacción ante la
penetración infecciosa del modernismo y la postmodernidad cultural,
que amenaza al sistema de valores y socava con su hedonismo,
narcisismo y permisividad las estructuras […] de la sociedad y cultura
burguesas” (Mardones, 1996, pp. 81-82). Esta última postura ideológica
está muy presente en el hecho literario de la LIJ; las personas adultas
(que por lo general son muy conservadoras cuando se trata este tema)
sostienen una imagen de infancia romántica, idílica y anquilosada, y
pretenden preservar o mantener una inocencia imaginada como el
paraíso perdido, sin querer atender lo que la psicología o la pedagogía
revelan sobre el desarrollo infantil ni la complejidad de los primeros
estadios del desarrollo humano.
Incluso la inocencia a la que aluden los neoconservadores
paradójicamente está sesgada por la raza, la clase social e incluso por
el género: existe una discriminación soterrada que otorga esos rasgos
románticos solo a unos grupos privilegiados.4 Este conservadurismo lo
3 Al respecto es importante señalar que el filósofo y sociólogo francés
Gilles Lipovetsky indica que la categoría Posmodernidad en cuanto remite
al post mortem de la Modernidad es incorrecta, por lo que él decidió dejar
de utilizarla, y propuso que más bien vivimos en una segunda o acaso tardía
modernidad que se caracteriza por una revolución hiperindividualista, por lo
que cree que el término Hipermodernidad describe mejor el mundo actual
(Trujano, 2016, p. 30).
4

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Crf. Giroux, H. A. La inocencia robada. Juventud, multinacionales y
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observamos en la narrativa ilustrada, que es el acervo más importante
en la producción de las editoriales estudiadas. De los 177 textos
narrativos analizados, solo el 46.32% resultaron neosubversivos, es
decir, menos del cincuenta por ciento; y en esas mismas historias, la
imagen de la mujer es la prototípica o tradicional del patriarcado en
un 33.3%. Asimismo, domina la actitud explicativa de la voz narrativa,
que es la posición adulta superior que informa, aclara o enseña a las y
los lectores, con lo que se refrenda el desequilibrio de poder entre el
adulto emisor y el receptor infante o adolescente.5
También es cierto que la producción de la literatura infantil
y juvenil se ha mundializado, se han disuelto las fronteras, y en ella
influyen en gran medida los bestsellers, que son aquellos textos que
reciben excesiva publicidad y son leídos por muchas personas, y por
ende resultan atractivos, e incluso llegan a pasar por procesos de
adaptación a otros formatos, como novela gráfica o filme; aunque
hablamos de una categoría amplia, hay subcategorías importantes,
como las que señala Viñas Piquer. 6 Este tipo de obras crean
tendencias que uniforman la creación.
política cultural. Madrid: Ediciones Morata, 2000.
5 No obstante, no debemos olvidar el doble destinatario de la LIJ: el
primer lector/a siempre es la persona adulta, quien se vuelve cómplice de la
voz explicativa del narrador, ya que considera que es apropiada para los niños,
niñas o jóvenes.
6 En El enigma best-seller. Fenómenos extraños en el campo literario,
David Viñas Piquer indica que en la noción best-seller existen variantes: el
fast seller indica un éxito enorme y breve; el steady-seller es aquel que ya no
está entre los más vendidos, pero sigue en la lista; el long-seller señala aquellos
textos que no aparecen en las superventas, pero tienen una larga duración,
como sería el caso de algunos clásicos. Incluso diferencia bestseller (fórmula
comercial) del best-seller, que incluye el éxito comercial pero también valores
estéticos importantes o valiosos. (2009, p. 10)
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Frente a esta constante globalizadora del mercado hay
respuestas diversas que se oponen o se enfrentan a la moda, y una
de ellas es la que está fuertemente vinculada con la memoria y los
recuerdos que nos permiten evocar y recrear hechos, sucesos o
personas del pasado, antídoto que detiene el olvido absoluto y total,
así como la pérdida en el subsuelo oscuro del tiempo. La memoria
es del pasado, señala Ricoeur (2003) siguiendo a Aristóteles: “Es
el contraste con el futuro de la conjetura y de la espera y con el
presente de la sensación (o percepción)” (p. 34); el recuerdo es algo
que nos llega sin ningún esfuerzo, pero rememorar es el resultado de
una búsqueda activa, de un trabajo que conduce a una recordación
correcta o eficaz, con fidelidad al pasado y una ambición veritativa
apegada al ideal, aunque sabemos que la memoria es poco fiable y la
otra cara de la moneda es el necesario olvido. Lo que realmente se
anhela es que aquello que sucedió no sea una borradura o tachadura
completa, y que las voces silenciadas, por ejemplo, se recuperen y
resuenen después de periodos de censura, porque “La rememoración
lograda es una de las figuras de lo que llamamos la memoria ´feliz´”
(Ricoeur, 2003, p. 48). Lo recordado y lo imaginado no son lo mismo;
ambos procesos se valen de las imágenes, pero mientras por un lado
está la búsqueda veritativa del hecho o suceso acaecido en el pasado,
del otro lado está la ficción como producto imaginario; son extremos
que, no obstante, se suelen aliar en la literatura. En nuestro estudio,
por ejemplo, distinguimos las autobiografías de las autoficciones y
las narrativas de la memoria de las narrativas históricas o la historia
para las infancias y adolescencias, de tipo instrumental.
Después de todos los análisis y reflexiones realizadas durante
la investigación, entresacamos de la producción nueve géneros
memorísticos diferentes, sin embargo, nos interesa hacer notar que
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son formas que pueden relacionarse, pues bien sabemos que en la
actualidad los constructos están en movimiento y se enriquecen en
la heterogeneidad. De esta manera localizamos:
1. Narrativas tipo catálogo: textos que utilizan recursos visuales
en formato de libros ilustrados o álbumes divertidos para
representar un listado o una serie de elementos con un
fin didáctico o instrumental, por ejemplo: enumeraciones,
numerologías, abecedarios, diccionarios, recetarios, bestiarios,
adivinanceros, etcétera.
2. Autobiografías y autoficciones: las primeras privilegian,
como se ha señalado, el aspecto veritativo, el llamado “pacto
autobiográfico” del que hablaba Philippe Lejeune (1994), y las
segundas incorporan elementos imaginarios o ficcionalizados
en la aceptación de la poca fiabilidad de la memoria y gran
importancia de lo imaginario en la vida diaria.
3. Mitos subvertidos: el concepto lo tomamos del investigador
Carlos García Gual, catedrático de filología griega de la
Universidad Complutense de Madrid, y con él se refiere a los
mitos que sufren una transformación ideológica y subvierten el
texto tradicional o prototexto.
4. Narrativas de la memoria: relatos que trabajan la memoria, el
recuerdo o la nostalgia. Pueden ir desde lo personal a lo familiar
o colectivo y cultural.
5. Las narrativas históricas: relatos de la historia oficial en
entramados ficcionales que reescriben los hechos o enfatizan
aspectos olvidados.
6. Cuentos, novelas y leyendas actualizadas: la pervivencia del
legado cultural narrativo popular, pero en nuevas historias o
formatos que los revigorizan y traen al presente.
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7. La historia para infancias y adolescencias: estas cumplen una
función instrumental, y recrean para los jóvenes lectores la
historia oficial a partir de relatos sustentados en documentación
y/o testimonios en un proceso historiográfico.
8. Transcripción y/o literaturización de la tradición oral: historias
que se heredan del mundo popular como transcripción o como
recreación literaria. La oralidad y la escritura se contagian.
9. Biografías históricas y/o literarias: historias de vida de personas
que fueron relevantes en la historia, incluso de aquellas que en
su tiempo no fueron reconocidas.
En las narrativas de la memoria, las narrativas históricas o
biografías históricas, podemos encontrar lo que Don Luis González
y González, historiador mexicano, llamó microhistorias o historias
matrias, que son lo contrario a las historias patrias, y están ligadas
a la familia, a las comunidades pequeñas, regiones, barrios, gremios
y monasterios: “La microhistoria se interesa por el hombre en toda
su redondez y por la cultura en todas sus facetas.” (1986, p. 33);
es por esto que puede tomar como asunto las fiestas, el ocio, la
vida infantil, los juegos o festejos familiares; también tiene que ver
con reivindicaciones de los grupos invisibilizados, pues rellena los
huecos enormes del relato patrio oficialista, lo que provoca que, en
el espacio literario, niños, niñas y jóvenes puedan escuchar versiones
diferentes de las cosas o revivir hechos olvidados o negados, con
lo que se activa la lucha por la memoria feliz, la del recuerdo y el
reconocimiento. Como señala Ricard Vinyes, catedrático español
especialista en el tema:
La memoria es un espacio de poder, un instrumento de
adquisición de sentido y legitimidad […] Llevo años interesado en

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los mecanismos y recursos que han utilizado y utilizan las clases
subalternas para comprender el mundo que habitan y el sentido de
la vida que llevan, aspiran o sueñan, y me atrevería a sostener que
su confianza o desolación halla respuesta en los relatos heredados,
modificados o construidos. (Jelin y Vinyes, 2021, p. 17).

Los relatos forjan y sedimentan identidades, luchas,
búsquedas, reacciones frente al poder y reafirmaciones sobre la
justicia. Los recuerdos que se narran sostienen las luchas por el
pasado, como señala Elizabeth Jelin, socióloga argentina que trabaja
desde hace muchos años el tema, lo que implica reflexionar sobre
los sentidos del pasado mismo, porque un mismo hecho puede ser
interpretado de maneras muy diferentes, las versiones pueden variar,
y en esas divergencias se señala un camino hacia la interpretación.
Ella explica:
La “historicidad de las memorias” se refiere al hecho de que, aunque
se trate de un “mismo” pasado, las interpretaciones y sentidos van
transformándose en distintos escenarios y momentos, a partir de
la intervención de nuevxs actorxs y de cambios en las posturas de
lxs viejxs. Cada presente echa nueva luz y nuevos puntos de mira
para encarar ese pasado. (2021, p. 19).

No resulta anodino o banal la selección que un artista hace
de los elementos memorísticos ni la forma como los representa.
Al elegir los materiales del recuerdo, al ficcionalizar los mismos o
expresarlos de una manera didáctica, está ejerciendo un poder que
tiene repercusiones en las y los lectores de cualquier edad.
Incluso las buenas intenciones no siempre funcionan: dentro
de las narrativas de la memoria, se encuentra el libro Frida y Diego en
el país de la calaveras, de Fabián Negrin, álbum editado por Hiperlibro
y la Secretaría de Cultura en 2016. El relato modifica y altera la
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personalidad de los referentes, que pierden su relevancia artística o
cultural, y los convierte en dos seres simpáticos y aniñados, pretextos
para el arte gráfico, que es bueno e imita el estilo de Rivera y recrea
los referentes de la Catrina así como los de la tradición mexicana del
Día de Muertos, pero no sostiene una buena historia.
Figura 1

Portada del volumen Frida y Diego en el país de las calaveras, de Fabían Negrin

La voz adulta explicativa nos narra el Día de Muertos en un
cementerio, y Frida (ilustrada como Frida Kahlo) y su novio Diego
(ilustrado como Diego Rivera) participan en la celebración. Frida ve
a Diego besando a Rosa y lo persigue, por lo que él cae en un hoyo.
Ella decide seguirlo y entra al país de las calaveras acompañada de un
xoloitzcuintle. Hacia el final, los niños se reencuentran y logran salir
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del lugar subterráneo. El sobrepeso del artista es un recurso para
la comicidad y Frida es estereotípica, la típica niña/mujer celosa.
Aunque apunta hacia el folklore del Día de Muertos y a la relación
tortuosa de Frida y Diego, no logra profundizar en esta última y
resulta un mero pretexto. Lo más interesante es el juego del pastiche
del artista gráfico con la obra de Rivera.
Por otro lado, la novela El nombre de Cuautla de Antonio
Malpica, Premio Gran Angular de SM México del 2005, es una
narrativa histórica enmarcada en el episodio conocido como el
Sitio de Cuautla del 19 de febrero al 2 de mayo de 1812; uno de los
primeros hechos memorables de la campaña militar independentista
de Don José María Morelos y Pavón. Sucedió cuando las tropas
realistas al mando de Félix María Calleja cercaron a los insurgentes,
y durante 72 días. En este contexto, Malpica coloca a un joven de
14 años llamado Bruno Belline Fernández quien antes de migrar
a Europa para estudiar música llega al poblado de Cuautla para
resolver asuntos familiares; ahí se enamora de su prima Claudia,
por lo que se queda más tiempo y es atrapado por el cerco. En
ese espacio de tiempo, el joven cambia su ideología realista por una
insurgente debido a todo lo que ve y escucha. El relato intercala
datos e información documental que le otorgan certeza histórica, y
al mismo tiempo juega con la historia no oficial al referir la presencia
heroica de Narciso Mendoza, un joven de 12 años quien según
algunos autores detuvo a los realistas con un cañonazo, y ha sido
conocido como “el niño artillero”:
Y Narciso, en un alarde ejemplar de sensatez militar, oculto
detrás del cañón, esperó un poco más. Y un poco más. Y un
poco más. Entonces cuando casi tenía a los realistas encima,
tomó el botafuego y accionó la imponente pieza de artillería. La
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descarga fue portentosa y el frente de la columna de soldados
fue parcialmente acribillado. Mas eso no fue lo que hizo el
milagro: don Hermenegildo Galena se percató de lo que pasaba
del lado este y rápidamente concentró sus fuerzas en ese punto.
Cuando llegó, encontró a Narciso aún a la expectativa. (Malpica,
2008, p. 84).

Los historiadores actuales dudan de la existencia de Narciso
Mendoza y de su participación en el hecho, pero muy bien podría ser
la representación de todos los jóvenes humildes que lucharon junto
a Morelos. La novela finaliza con la muerte por fusilamiento de José
María. La voz de Bruno se levanta en un ejercicio de memoria futura:
He guardado todas estas cosas en mi memoria con el único fin
de escribirlas para que otros las sepan. […] Escribo estas últimas
líneas con la esperanza de que mis palabras lleguen lejos y duren
años, con la ilusión de que permitan a los que murieron, vivir
siempre y en la memoria. (Malpica, 2008, pp. 220-221).

La voz del narrador se fusiona con la del autor que así
cumple con el ejercicio de la justa memoria para una memoria feliz.
Un cuento que representa la transcripción de la tradición oral
es El conejo y el coyote, narración de Joaquín Trujillo Maldonado,
recopilación de Diane Poole Stockwell, editado y presentado por
Francisco Arellanes y Jaime Pérez González, ilustrado por Carolina
Tovar, texto bilingüe en versión en español y en tzeltal, una lengua
maya que se habla en Chiapas. Pertenece a la colección Xoc Na:
Casa de la lectura del Instituto de Investigaciones Filológicas de la
UNAM del año 2016. La información previa al relato es sencilla
pero inteligente: dirigida al lector/a infantil, señala los antecedentes
y las versiones variadas del relato, así como la importancia de que el
cuento esté escrito en ambas lenguas. La historia relata las desventuras
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del coyote que se ve burlado de manera constante por el conejo. La
estructura es circular, pues el coyote quiere atrapar y comerse al
conejo, pero este lo engaña constantemente escapando de la muerte:
“Y así varias veces el coyote se fue en busca del conejo, pero como
nunca pudo hacer nada, se regresó a su casa. Y aquí termina este
cuento” (Arellanes, 2016). Este texto permite percibir la riqueza de
la oralidad y sus rasgos, como la repetición y sonoridad, y en su
aparente simplicidad otorga la sabiduría que este tipo de historias
tienen, en este caso remarcando que la astucia es más valiosa que la
fuerza, una moraleja que no es explícita pero resulta divertida.
Una obra narrativa tipo catálogo que no sigue la norma de
la numerología o el abecedario tradicional es Noticias al margen, de
María José Ferrada y Andrés López, libro de Alboroto ediciones
del 2020. El volumen ilustrado enlista noticias informativas que han
circulado en el mundo (notas que hablan de desapariciones, desastres
ecológicos o crisis humanitarias) y las coloca al margen, y esos breves
textos de la prensa diaria son interpretados poéticamente, con lo
que cobran otra dimensión más humana que apela a una revisión
crítica de eso que leemos y escuchamos sin atender realmente a su
contenido. Un breve ejemplo:
Sale por la mañana
y llama por su nombre al Sol.
Lo mismo que a la montaña,
al árbol y al río.
Y le parece que de alguna manera silenciosa
ellos responden el saludo.
Porque cada cosa tiene
en el centro del corazón un sonido
que la llama:
Sol.
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Montaña.
Árbol.
Río.
Piensa en el hombre que pronunció
las palabras por primera vez.
El balbuceo.
La dulce costumbre de nombrar el mundo. (Ferrada, 2020, p. 9)

Y al final de la página, se encuentra la nota periodística “La
muerte de un idioma” de El Nuevo Diario de Nicaragua, el 8 de diciembre
de 1999: “Cada año, la humanidad pierde cuatro idiomas. Se estima
que dentro de cincuenta años estaríamos utilizando solamente unos
cincuenta idiomas, siendo el español uno de ellos” (p. 9).
El contraste acelera la comprensión, en este caso, de la
pobreza lingüística en la que va cayendo la humanidad, aquello
tan propio de los diferentes pueblos, que es la lengua, y que es tan
difícil de traducir o interpretar; aquello que es pensamiento propio,
interpretación de la existencia, maneras diferentes de vivir y pensar.
Los géneros de la memoria como modalidad neosubversiva
de la LIJ contemporánea libran la batalla frente a la uniformidad de
la globalización y del cosmos bestseller y otorgan visibilidad y voz a
los grupos marginados por la historia oficial, la de los ganadores y
colonizadores, con lo que cumplen con la justa memoria. También
recrean mundos, pueblos y personas perdidas que necesitamos
atender y traer a la época actual como una memoria feliz, la del
hallazgo y del encuentro que recupera lo importante del abandono
injusto. En sus diferentes modalidades, responden al giro
memorístico del siglo XXI que anhela realizar una revisión crítica
del pasado para generar nuevas interpretaciones en el presente que
puedan proyectarse hacia el futuro, ya que son espacios en los que
se guardan las huellas de la memoria personal, colectiva y cultural.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-81

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Lenguaje literario, experiencia estética y
literatura infantil
Literary language, aesthetic experience and
children’s literature
Dalina Flores Hilerio

orcid.org/0000-0002-4354-0109

Universidad Autónoma de Nuevo León,
Monterrey, México
Azael Abisaí Contreras López
orcid.org/0009-0008-0850-8825

Fecha entrega: 23-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Flores Hilerio, Dalina. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-86
Email: dalina.floreshl@uanl.edu.mx azaelcontreraslopez@gmail.com

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Lenguaje literario, experiencia estética y
literatura infantil
Literary language, aesthetic experience and
children’s literature
Dra. Dalina Flores Hilerio
Universidad Autónma de Nuevo León
Monterrey, México
dalina.floreshl@uanl.edu.mx

Orcid: 0000-0002-4354-0109
Ing. Azael Abisaí Contreras López
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
azaelcontreraslopez@gmail.com

Resumen: Este artículo explora la relación entre el lenguaje literario, la
experiencia estética y la literatura infantil desde una perspectiva teórica y
pedagógica. La lectura literaria se plantea como beneficiosa en términos
cognitivos, culturales y éticos. Respecto a la literatura infantil, se defiende
la necesidad de reconocer la inteligencia, sensibilidad y creatividad de los
niños, proporcionándoles textos que los estimulen y desafíen.
Palabras clave: pensamiento crítico, literatura infantil, experiencia estética
Abstract: This article explores the relationship between literary language,
aesthetic experience, and children’s literature from a theoretical and

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estética y literatura infantil

pedagogical perspective. Literary reading is posited as beneficial in
cognitive, cultural, and ethical terms. Regarding children’s literature, the
need to recognize the intelligence, sensitivity, and creativity of children is
advocated, providing them with texts that stimulate and challenge them.
Keywords: critical thinking, children’s literature, aesthetic experience

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El lenguaje nos ha puesto a pensar en él, a dilucidar su esencia, desde
que existe, ya que, entre otras cosas, es el vehículo del pensamiento.
Conocemos al ser humano por su lenguaje. Sabemos lo que piensa a
partir de sus estructuras lingüísticas; es más: conocemos el mundo,
lo transformamos y reproducimos a través del lenguaje. A lo largo
de la relación que las personas hemos establecido con él, se ha ido
modificahdo su función. De haber sido una herramienta meramente
comunicativa en los orígenes de la civilización, hoy es un pretexto
para el gozo, para la experimentación de la emoción, para sacudir
conciencias.
A simple vista, parecería que el lenguaje utilitario es igual
que el lenguaje literario. Por lo menos están construidos con los
mismos elementos: fonéticos, gramaticales, sintácticos; sin embargo
su esencia es casi opuesta: mientras el primero es referencial, el
lenguaje de la Literatura es afectivo. En apariencia, es fácil asegurarlo;
pero ubicar tangiblemente la diferencia entre ellos es casi imposible.
Cuando se está frente al texto artístico se puede reconocer esta
esencia mediante la comunicación emotiva que el escritor teje a
través de su texto; pero explicar en qué estriba su condición es una
tarea ardua aún para los expertos.
El artista, cual prestidigitador, otorga a la palabra cotidiana
una carga diversa y compleja de sentidos, a través de los giros a que la
somete. El brillo que éstas adquieren se logra sólo a través de los efectos
del estilo; de las elecciones léxicas, semánticas, sintácticas, fonéticas,
etcétera que lleva a cabo el escritor; es decir, asume el lenguaje no
como herramienta exclusivamente comunicativa, sino como vehículo
y esencia del Arte. Este uso es la esencia de la Literatura.
Para el lector, la Literatura significa la posibilidad de llevar a
cabo elecciones y de dotar las palabras de valores con los que configura
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su filosofía personal, a partir de sus propias competencias para leer
los textos y su mundo. La infinita diversidad de las artes literarias
sumadas a la complejidad de la personalidad y los antecedentes de
cada lector justifican la insistencia en integrar la peculiar naturaleza de
la experiencia literaria en la formación escolar, para prepararlo para
la experiencia literaria (proceso individual para evocar los referentes
intelectuales y emocionales implícitos en el texto).
El texto artístico, por lo tanto, es insustituible, a diferencia
de la lectura eferente (utilitaria) que puede ser parafraseada y
remplazable; (un poema no puede parafrasearse sin que cambie su
significación) además, nadie puede leer un poema por nosotros,
ya que el lector debe tener una experiencia a partir de su propia
experiencia vital. Debe “vivir a través” de lo que está siendo creado
durante la lectura (Rosemblat, 2002, 24-56). Esta transacción
remueve los aspectos referenciales y los afectivos, de manera que la
atención que se le concede a cada uno determina dónde se ubica el
texto respecto a un continuum que va desde lo predominantemente
eferente a lo predominantemente estético. A partir de esta mezcla
de sensaciones, sentimientos, imágenes e ideas se estructura la
experiencia que constituye la narración, el poema, en el ensayo o la
obra dramática (60-61).
Las definiciones de la experiencia estética suelen postular
que el arte brinda una satisfacción más compleja de los impulsos y
necesidades humanas que la vida cotidiana con sus frustraciones e
irrelevancias; pero este tipo de experiencia depende tanto de la obra
misma como de las capacidades y disposiciones del lector; es decir,
de sus competencias lectoras o, como las llama Mendoza Fillola, sus
competencias lecto-literarias (2004, 45-78). Al respecto, Rosemblatt
sostiene que no sólo se debe leer Literatura, sino también aprender
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a leer literariamente. Esto quiere decir que además de leer pensando
en el placer individual y estético, el acto de leer Literatura tendría
que ser una experiencia (una forma de vivir vicariamente vidas
y emociones ajenas) que se integre en el lector para dotarlo de
herramientas que lo lleven a enfrentar dilemas vitales. En el ámbito
de la “enseñanza de la literatura”, la formación del lector literario es
el acto de abrir un espacio para que vidas y emociones individuales
se compartan y discutan de manera razonada (10).
El proceso que surge al estar leyendo (los ojos recorren una
serie de signos y éstos remueven huellas de su experiencia pasada)
es una acción recíproca entre el lector y los signos, que Rosemblat
llama “transacción” porque se complementan y determinan a la vez.
El sentido no está ni en el texto solo ni en la mente del lector, sino
en la mezcla continua, recurrente, de ambos, lo cual conduce a este
último a la activación de muchas diferentes líneas de pensamiento.
A esta particularidad del acto de leer Rosemblatt la llama “teoría
transaccional” (14).
La lectura es un proceso selectivo, contractivo, que ocurre en
un tiempo y en un contexto particulares. La relación entre el lector y
los signos sobre la página avanza como en un movimiento de espiral
que va de uno a otro lado, en el cual cada uno es continuamente
afectado por la contribución del otro. El significado emerge en ese
continuo dar y tomar del lector con los signos impresos en la página;
no está en uno solo de ellos, pues ambos son fundamentales para
el proceso transaccional de construcción del significado. Todo el
contexto del lector, en una combinación irrepetible, determina su
fusión con la particular contribución del texto literario (Rosemblatt
2002, 53-57). Sin embargo, canónicamente se ha señalado que el
texto artístico conlleva la existencia de dos entidades inseparables:
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la forma, regida por patrones estéticos; y el fondo o contenido, por
lo que esta perspectiva implica que el acercamiento del niño lector
active tanto la función comunicativa del lenguaje como la expresiva,
lo que promoverá el desarrollo de habilidades cognitivas referenciales
y expresivas o intencionales (van Dijk 1998, 56). Para Rosemblatt, lo que
hace que un texto sea literario es su alejamiento de la referencialidad.
El texto literario hace que los pequeños lectores, lejos de “traducir”
el código a uno más accesible, experimenten y jueguen con las
diversas percepciones que evocan los textos.
Para Rosemblatt, la obra literaria se rige por estructuras
propias; sin embargo, la forma de distinguir un texto literario de uno
que no tiene pretensiones estéticas estriba en su “referencialidad”
(2002, 25). Entre menos literal sea la propuesta del autor, mayor
será el contenido literario de su obra; aunque también Rosemblatt
reconoce que el texto literario existe a medida en que se actualiza al
encontrar un lector. Para ella, lo literario se define a partir del proceso
de lectura, no necesariamente por el texto mismo. La autora asegura
que lo literario tiene que ver con el nivel afectivo y evocativo del
texto, y no necesariamente con los parámetros de la clasificación de
diferentes escuelas o tendencias literarias. Lo literario entonces podría
evidenciarse en un texto a través del grado de motivación que causa
en el lector. Para que el acercamiento de los niños al arte literario sea
efectivo y amigable es necesario que se lleve a cabo sin abrumarlos
con teoría de crítica literaria, aunque el contacto con ella, idealmente
en la escuela, se realice de una forma metódica que permita optimizar
las características y las posibilidades de proyección de cada una de
las formas literarias, dentro de las cuales se distinguen estructuras
distintas. Por ejemplo, Sartre, igual que otros teóricos, reconoce
diferencias fundamentales entre la poesía y la prosa (1991, 25-28).
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La estructura del texto dramático, por su parte, permite
a los niños un acercamiento menos formal, por lo que para los
pequeños es una oportunidad para integrar la Literatura como parte
de un juego en su cotidianeidad: a medida que el niño juega con los
géneros literarios va estableciendo una relación fraternal y cómplice
con el mundo de las Letras. El texto literario ya no es una imposición
académica, sino un pretexto para la diversión, la risa y el placer.
El pedagogo español Antonio Mendoza-Fillola ha elaborado,
a partir de las definiciones de otros críticos y autores literarios
(Borges, Reyes, Todorov, Barthes, Coseriu, Lázaro Carreter, entre
otros), una concepción amplia del texto literario en su libro La
educación literaria. Bases para la formación de la competencia lecto-literaria:
Hay un espacio común para la lengua y la literatura. Entre el
discurso cotidiano y el discurso poético hay un uso compartido
de registros, de formas de expresión, de recursos, de modo que
no es posible delimitar un punto de ruptura entre ambas formas
de discurso (…) las propiedades literarias se encuentran también
fuera de la literatura (Todorov, 1975) (…) La literatura es como
un espejo de aumento donde se ve el funcionamiento del lenguaje
agrandado, multiplicado, complicado a propósito y a veces,
analizado en varios niveles (…) por ello es también un medio de
conocimiento del mundo y de la cultura. (2004, 61)

A causa de la expresividad y recursividad de sus usos, la
literatura se convierte, como señala Barthes en El grado cero de la
escritura, en la utopía del lenguaje (1973, 13). Los efectos estéticos
de la lengua literaria se basan en la selección de elementos y
estructuras y en la intención de sugerir valores connotados (sin
embargo esta condición no es privativa del lenguaje literario); “el
empleo del lenguaje en la literatura, no es un uso particular, sino
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representa la plena funcionalidad del lenguaje o la actualización de
sus posibilidades, de sus virtualidades” (Coseriu, 1987,37). Mendoza
Fillola establece entonces los siguientes presupuestos respecto a la
literaturidad de un texto:
•

La lengua y la Literatura se relacionan entre sí por el vínculo que
supone el uso poético del mismo sistema de lengua, razón por la
que, señala Lotman (1981), la producción literaria resultante se
ubica en el amplio ámbito semiótico de la cultura.

•

Los textos literarios contienen significados connotados que no
suelen ser unívocos.

•

Las obras literarias se construyen según usos y recursos que
cada autor recrea con una intencionalidad específica;

•

su finalidad es la de ser leídas/interpretadas por distintos
lectores-receptores en épocas y contextos culturales muy
distintos (multiplicidad de interpretaciones, dependiendo de la
competencia lecto-literaria de cada lector);

•

en su recepción intervienen los condicionantes de cada lector
(marcos de referencias que le permiten ser coautor de la obra
literaria).

•

La literatura no es necesariamente sinónimo de complejidad
lingüística

•

La actualización de una obra literaria, que siempre es una lectura
lúdico estética o crítica, desencadena en el individuo un proceso
interno de interacción cognitiva.

•

La lectura literaria tiene la capacidad de desarrollar los
conocimientos

(lingüísticos,

culturales,

enciclopédicos,

metaliterarios) las experiencias y capacidades analíticas del
lector, a través de lo que se entiende como proceso constructivo
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de aprendizaje (a partir de la correlación e identificación de los
conocimientos previos acumulados).
•

Desde la perspectiva intertextual, la obra literaria es un hipertexto en
el que están presentes las evocaciones de otros discursos literarios.
Esta dimensión confiere una nueva perspectiva de observación,
valoración y comprensión del hecho literario, puesto que su
significado está en relación de interconexión y de dependencia con
otras producciones. (Mendoza-Fillola, 2004, 109-117).

Lo Bello y lo Sublime
Si se redujera el perfil del arte a su contenido estético, sería necesario
establecer la forma de “medir” o evaluar la estética desde una postura
objetiva; sin embargo esto mismo le restaría gran parte de su valor.
Es obvio que, según reza un dicho popular, en gustos se rompen
géneros, pero esto no quiere decir que cualquier cosa que sea del
gusto público podría elevarse a la categoría de “arte”.
En su ensayo sobre Lo bello y lo sublime, Kant asegura que
las sensaciones de gusto o disgusto obedecen más a la sensibilidad
particular de cada persona que a condiciones externas; es decir, cada
quien tiene una sensibilidad particular para percibir las características
de las cosas y dicha percepción puede inclinarse hacia la emoción de
lo bello o de lo sublime, según sea la propuesta del medio exterior.
Para Kant, lo sublime conmueve; lo bello encanta. La expresión
de quien está dominado por el sentimiento de lo sublime es seria;
a veces fija y asombrada. Lo sublime presenta a su vez diferentes
caracteres. A veces le acompaña cierto terror o melancolía; a veces,
sólo un asombro tranquilo. Según su disposición particular, lo
sublime puede inclinarse hacia lo terrorífico, lo noble y lo magnífico;
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de la forma que sea, finalmente, lo sublime siempre es grande. Lo
bello, al contrario: puede ser pequeño. Lo sublime es sencillo; lo
bello, engalanado (2002, 19).
Kant reconoce que algunas características del ser humano
son proclives hacia lo sublime; y otras, hacia lo bello: mientras
la inteligencia, la audacia, la verdad y la rectitud son sublimes, el
ingenio, la astucia, la broma y la lisonja son bellas. En general, las
cualidades sublimes infunden respeto; las bellas, amor. Sin embargo,
la emoción de los sublime es más poderosa que la de lo bello y, por
su capacidad de conmover, está siempre en el Arte (2002, 27). El
arte “verdadero”, según Kant, siempre es sublime, aunque también
sea bello; no ocurre lo mismo con lo bello que no siempre producirá
el efecto de lo sublime.
Para Kant, el arte no puede ser percibido a través de lo que el
intelecto reconoce, sino a partir de lo que el sentimiento experimenta
(2002, 36). El arte no se entiende; se vive. No tendría caso, según
Kant, desarrollar las habilidades intelectuales si, al mismo tiempo,
no se tiene un vivo sentimiento de lo bello (37); tomando en cuenta
lo anterior, es posible asegurar que cuentos infantiles como la Breve
historia del mundo, de Eliseo Alberto, establecen un diálogo intenso
con el niño que involucra sus capacidades cognitivas y también toda
su emoción. El pequeño lector entiende el mensaje: el ser humano
está acabando con el mundo en medio de una constante: la guerra.
El texto por sí mismo hace un llamado a que el pequeño explore las
razones por las que no debe destruir nuestro entorno, llevándolo a
buscar la belleza y a sentir emociones (vivir una experiencia estética)
frente a su contexto.
La Literatura ofrece a los lectores la posibilidad de
“filosofar” informalmente respecto a la vida y de formarse un
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criterio basado en sus decisiones y participaciones; más aún:
les da herramientas lingüísticas para que organicen sus ideas y
las sustenten con validez. En la Literatura infantil se percibe la
tendencia de provocar la emoción de lo bello y de lo sublime; sin
embargo, la esencia literaria implica que se trascienda la simple
belleza, y la forma despierte un sentimiento de lo sublime que
conmueva al lector; es decir, que sea llevado hasta el punto en que
la experiencia literaria haga explosión en él y lo desborde hacia una
nueva experiencia de vida.
Los seres humanos, según Kant, estamos predispuestos a
encontrar lo bello en lo que nos resulta útil; sin embargo, lo sublime
está en aquello que no presta un servicio particular, de tal forma
que la esencia del objeto en sí mismo se sublima. Esta disposición
para reconocer lo esencialmente estético se desarrolla a partir del
contacto con el objeto y su asimilación a través de la experiencia que
detona, no de su conocimiento.
La Literatura y sus géneros
Sartre asegura que las palabras, materia prima del arte literario, no
son trabajadas por el poeta y el prosista de la misma manera; lo
que pretende el poeta es casi igual a las proyecciones de los artistas
plásticos: construir imágenes y provocar la evocación, de tal forma
que el “autor” se pone al servicio de las palabras; “el poeta no habla,
pero tampoco se calla: el poeta se ha retirado por completo del
lenguaje-instrumento, en pos de la actitud “contemplativa” poética
que considera las palabras como cosas, no como signos” (1991, 49).
La función de la poesía privilegia el sentido estético de la palabra
sobre el referencial, ya que el poeta talla, cincela, pule la palabra en
estado salvaje (utilitario) en busca de la imagen.
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El poeta es un demiurgo que intenta exorcizar sus demonios;
el prosista, en cambio, se rige por el razonamiento que lo convierte
en su propio demonio. El escritor hace un llamado a la conciencia
para que su lector reflexione sobre las condiciones que lo rodean.
Saramago ha dicho que lo que nos hace quitarnos el sombrero
frente a la Literatura es el poder que tiene para sacudirnos a partir
de la reflexión (el reflejo de la realidad en el mundo ficcionalizado)
siendo éste el fin último de la escritura. De acuerdo con el autor
portugués, la obra literaria no es importante por sí misma, como
creación, sino por lo que provoca: el momento más importante de la
lectura es cuando el lector, por instantes, entrecierra el libro y pierde
su mirada en lontananza1.
El narrador está cerca del objeto. Para él, las palabras están
domesticadas; por el contrario, para el poeta las palabras están en
estado salvaje; son cosas naturales que crecen naturalmente sobre la
tierra, como las hierbas y los árboles. “El poeta mira al mundo desde
afuera y considera a las palabras como una trampa para atrapar una
realidad evasiva; todo el lenguaje, entonces, es como el espejo del
mundo” (Sartre, 1991, 50). En este sentido, el proceso de recepción
en los niños, al ser puestos en contacto con la poesía, es similar al
que ocurre cuando están en contacto con otras artes plásticas: el
poder evocativo es mucho más intenso y logra que, en vez de captar
definiciones, perciban ideas generales abstractas o concretas que los
llevan a una experiencia sensorial y emotiva.
El prosista, en cambio, señala Sartre, es un “hablador” en
el sentido de que lo que dice, dice algo; “el habla habla” (Heidegger,
1951, 12) La prosa es utilitaria por esencia: demuestra, señala,
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En conferencia dictada en la Escuela de Graduados del ITESM, 2004.
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ordena, niega, suplica, insulta, persuade, insinúa. Sartre asegura
que no hay nada en común entre los dos actos de escribir (poesía y
prosa) más que los movimientos mecánicos del brazo; en lo demás,
no hay comunicación entre sus universos. La prosa se ejerce sobre
el discurso y su materia es naturalmente significativa; el lenguaje es
usado como caparazón que protege de los demás como si fuera una
prolongación de nuestros sentidos (1991, 54).
El prosista, para Sartre, es un hombre que ha elegido cierto
modo de acción secundaria que podría ser llamada acción por
revelación, por lo que debe preguntársele qué es lo que quiere revelar
y a partir de tal revelación, qué cambio quiere producir en el mundo
(1991, 57); este efecto es evidente en el cuento referido de Eliseo
Alberto, pues se nota el compromiso social del texto y los efectos
que produce en los lectores (incluso en los más pequeños); es decir,
la palabra es acción. Para explicarlo, Sartre utiliza una analogía de
Brice-Parain: las palabras son “pistolas cargadas”. “Si el hombre
habla, tira; aunque puede elegir callarse. Pero si ha optado por tirar,
es necesario que lo haga como un hombre, apuntando a blancos, y
no como un niño, al azar, cerrando los ojos y por el solo placer de
oír las detonaciones” (1991, 57). Con esta analogía, Sartre pretende
justificar la idea de que la prosa, antes que nada es “compromiso”. Se
escribe para transmitir mensajes y pensando en que ese mensaje será
recibido por muchos lectores, lo que le dará validez a la idea de hacer
un cambio trascendental a través de la escritura; no se puede olvidar
que “no se es escritor por haber decidido decir ciertas cosas, sino
por haber decidido decirlas de cierta manera; este estilo representa
el valor de la prosa, pero debe pasar inadvertido” (58).
El contenido literario de un texto podría definirse como
“algo” intrínseco en él que, sin ser panfletario, logra mover al lector;
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le provoca una respuesta que lo transforma, sin que necesariamente
implique una acción concreta. La literariedad es, en palabras de
Man, otra forma para designar la respuesta estética, construida a
partir de los usos retóricos y estilísticos de cada autor (1990, 650).
Es difícil definir el proceso, pero se evidencia en la recepción. Es
innegable que al estar frente a la obra literaria se experimenta un gozo
emanado del estímulo estético. Así como hay adagios (música) que
inexplicablemente provocan con su sonido una intensísima tristeza,
cristalizada en lágrimas, algunas palabras, puestas estratégicamente
junto a otras, conmueven al lector. Esta respuesta surge de la
búsqueda del escritor por provocar ese efecto.
La estética, según de Man, tiene que ver con el efecto
del significado, no sólo en la poesía, también en la prosa y en el
drama, ya que cada uno de estos géneros se plantea a partir de una
superestructura canónica específica enriquecida por la propuesta
única e irrepetible de cada autor (1990, 648). Para los niños que
empiezan a involucrase con las propuestas estéticas de la palabra, el
género dramático es todavía más lúdico ya que es más dinámica por
sus posibilidades de “re-presentación”. Durante la infancia se lleva a
cabo un ensayo natural que consiste en ir “entrenándose” para ser.
Los niños sienten un placer especial en el juego de roles. Les gusta
interpretar y matizan sus interpretaciones a partir del pacto ficcional
establecido con el juego. Ellos no juegan a ser un tigre o un rey; ellos
son el tigre y el rey. Son actores natos, por eso la experimentación
lúdica a partir del teatro les resulta tan atractiva. Stanislawsky (1981)
establece en Un actor se prepara, algunos preceptos básico en el arte
de la actuación que son realizados, de forma intuitiva, por los niños.
“El sí mágico”2 es llevado por los pequeños, a la escena de la vida
2

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Consiste en condicionarse de manera que tal condición sea percibida
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cotidiana, con la maestría que les permite romper los paradigmas del
mundo adulto.
El teatro es un juego donde se experimenta la vida. Para el
niño, el juego es una actividad tan seria como el trabajo para un adulto;
no es un pasatiempo. Cuando hemos trabajado en la mediación de la
lectura literaria con niños, resulta interesante ver el proceso creativo
que experimentan los participantes a partir de la co-construcción de
los personajes. Ellos juegan con la caracterización y los conflictos;
experimentan vicariamente, mientras se divierten, diferentes
maneras de enfrentar la vida. Ensayan relaciones y conflictos que
probablemente vivirán, pues la literatura lleva implícita la vida.
La Literatura ofrece vastas posibilidades de exploración que
pueden ser aprovechadas de manera óptima si se parte de la idea
de que cada uno de sus géneros dispara potencialidades distintas
en los lectores. Hemos observado, a través de numerosos talleres
infantiles de estimulación literaria que, mientras el contacto con la
narrativa permite a los niños ser críticos y explorar inferencias, la
poesía despierta en ellos la sensibilidad y el gusto por los sonidos;
y el teatro, la búsqueda de la experimentación y el desarrollo de
diferentes habilidades sociales.
La literatura infantil
Hasta la primera mitad del siglo XX, se consideraba que lo único que
podía ser literario era la escritura de textos para adultos; actualmente
se reconoce que la literatura forma parte de la vida del niño desde
temprana edad y es uno de los alimentos más precisos para su
desarrollo integral, por lo que algunos autores contemporáneos han
por el actor como una realidad incuestionable
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estética y literatura infantil

enfocado su atención en la escritura para niños creando un género
particular con objetivos específicos. En Europa y Estados Unidos
los anaqueles no sólo se clasifican por género, sino también según
la edad de los lectores. En otros países como Alemania y Suecia, el
libro infantil ocupa un lugar imprescindible en el proceso formativo
integral (Montoya 6). Esto quiere decir que los textos de Literatura
infantil persiguen un propósito particular que es formativo,
informativo, pero sobretodo, recreativo; esta última capacidad
impulsa el pensamiento crítico y la emoción estética, a través de la
experimentación lúdica del mundo. Indiscutiblemente, la literatura
infantil es un puente que comunica las necesidades formativas de los
pequeños con el arte.
La Literatura infantil contemporánea incluye entre su
corpus textos literarios que se acompañan de propuestas plásticas
cuya integración, en el libro álbum, configura un tercer lenguaje
que dimensiona las posibilidades de su interpretación y disfrute.
Así como la música, la danza y la pintura contribuyen a desarrollar
otras áreas de la capacidad intelectual de los chicos en formación,
la Literatura permite, además de enriquecer su acervo lingüístico,
experimentar la vida desde una perspectiva estética y, con ello,
trascender el mundo rapaz de lo material. La estética de la palabra y
la imagen es, sobre todo, una posibilidad para el juego. La práctica
del juego renueva cualquier rutina. Si a un pequeño se le priva de
esta posibilidad, se le está coartando su libertad espiritual.
Retomando la idea de Sartre de que el arte no pierde nada
con el compromiso (1991), en el ámbito de la Literatura infantil
observamos que las exigencias siempre nuevas de lo social imponen
al artista la necesidad de reencontrar o arriesgarse en la búsqueda de
un lenguaje o técnicas nuevas.
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La postura sociológica respecto al Arte pareciera pesimista
y tajante. La Literatura infantil contemporánea, como cualquier
texto circunscrito al universo textual de una cultura, posee una
ideología, o manifiesta subrepticiamente los usos de una cultura; sin
embargo, su apertura hacia lo lúdico permite que el niño explore
y se cuestione sobre el universo que lo rodea y que está integrado
en el texto. A pesar de que refleja claramente valores concernientes
a la realidad social, no pretende una “reproducción” burguesa de
valores superficiales, al contrario: persigue, a partir de la estructura
de sus textos y sus respectivas propuestas visuales (ilustraciones)
hacer de los niños seres críticos, intuitivos y creativos, capaces de
“sentir” y asimilar el texto desde una perspectiva artística.
La prosa invita a que el pequeño lector dialogue con el
texto en un proceso en el que complementa la información (o
el mensaje) planteada por el escritor. Dentro de la literatura
infantil (particularmente la dirigida a preescolares de 5 y 6 años,
en los que ya se empieza a manifestar cierta rebeldía) es necesario
reconocer esta función de la prosa pues mientras más preceptivo
es un texto, más rechazo provoca en los niños; es decir, a pesar
de que existe una función social en la Literatura, ésta no debe
ser predominante (o exclusiva) ni esquemática, para que no le
provoque aversión.
La Literatura infantil contemporánea se ha generado con
características que tratan de cubrir las necesidades de los niños
del siglo XXI. Entre ellas, se prioriza el derecho a la fantasía y la
imaginación, y se reconoce su inteligencia y su participación como
coautores del texto. Aún así, es difícil que el “género” infantil no sea
visto como un género menor, la crítica literaria académica todavía
no abandona los prejuicios del pensamiento adultocentrista.
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estética y literatura infantil

En 1948 un grupo de personas se reunió en Munich para
plantear la importancia de reconocer la Literatura infantil, con
sus características distintivas, como un género tan importante, o
más, que la dirigida a los adultos, pues los estragos que la Segunda
Gran Guerra dejó en los niños debían enfrentarse a través del
arte. Gracias a esta iniciativa, desde los años 50 se han creado
publicaciones especializadas en Literatura infantil y los medios de
comunicación han dedicado un espacio especial a quienes serán
los futuros lectores de la “gran” Literatura universal; asimismo
se ha reconocido que la literatura válida para los adultos podría
también serlo para los niños.
De acuerdo con Sartre, el escritor debe comprometerse
por completo en sus obras y no proceder con pasividad (1991, 6367). Los escritores de Literatura Infantil contemporánea se han
comprometido con un público cada vez mayor y más exigente que
ejerce, en la medida de sus requerimientos, una crítica activa y más
incisiva que la de la crítica especializada. Desde que el niño ha ido
asumiendo el lugar que le corresponde en el contexto social, es
quien ejerce una crítica directa que exige que quien escribe literatura
infantil sea capaz de interpretar el mundo de los niños desde su
interior, como si fuera un niño más. En palabras de Alfonso Reyes:
“Poesía para niños no es ni puede ser una poesía que meramente
trata temas infantiles, sino una poesía que sea limpia y sencillamente
poesía infantil; en la que no hay un adulto que canta el mundo infantil,
sino un poeta que mira el mundo desde la propia alma del niño”.
Afortunadamente, esta tendencia en la Literatura escrita para niños
responde a las necesidades y exigencias de sus lectores motivándolos
de tal manera que en cada texto literario infantil buscan detonar
habilidades afectivas, cognitivas, lingüísticas y sociales.
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Por otra parte, se considera que la lectura de imágenes es una
actividad que realizan los bebés cuando empiezan a conocer el mundo;
sin embargo, algunas investigadoras como Arizpe y Styles consideran
que debe incluirse, en los programas educativos, un sistema de
alfabetización visual que realmente aporte a los pequeños el andamiaje
para decodificar los textos visuales; este proceso se lleva a cabo al poner
en contacto a los pequeños con las múltiples alternativas de textos
visuales que ofrecen los álbumes infantiles ilustrados. El texto visual
ayuda a que los pequeños integren el mundo a su experiencia a través
de sus sentidos (2004,16). La Literatura infantil contemporánea no se
limita a ser sólo una propuesta plástica; integra el texto escrito, tal como
ubica Vygotsky la función del lenguaje (1995), como un mediador entre
los procesos internos del pensamiento (razonar o reflexionar) para
llegar al conocimiento y a la socialización. Para Vygotsky, el desarrollo
de los niños interactúa con su experiencia cultural, por lo que el libroálbum infantil es un andamiaje para la construcción del conocimiento.
El texto visual complementa y sostiene lo que el niño integra al texto
escrito, a través de un proceso dialógico entre el texto visual y el
lingüístico que estimula el desarrollo del pensamiento complejo.
El libro-álbum, considerado como texto literario, tiene
características particulares en el uso del lenguaje. Su inclusión en
diversos talleres de acercamiento a la lectura se debe, en gran parte,
a sus propuestas plásticas. Las imágenes tienen un gran poder de
seducción. Invitan al pequeño a entrar en su particular universo de
ficción, sea ésta una ciudad renacentista, plasmada en tonos grises, o
la locura de planos coloridos y esquemáticos de una ciudad moderna
vista desde la mirada de un niño. Sobre todo, abren la puerta al mundo
de la interpretación; sus códigos no son lineales y requieren de diversas
competencias “lectoras” para ser decodificados. En ello estriba su
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�Dalina Flores Hilerio y Azael Abisaí Contreras López / Lenguaje literario, experiencia
estética y literatura infantil

mayor mérito: cuando un lector pasa de lo visual al texto escrito, ha
desarrollado una experiencia previa en la recepción e interpretación de
códigos. Arizpe y Styles aseguran que un niño que ha sido estimulado
literariamente a través de los álbumes ilustrados tendrá la capacidad
de ser más receptivo frente a los textos sin imágenes.
Una característica primordial de la Literatura infantil
contemporánea, sea ilustrada o no, es la relevancia del texto
lingüístico por sus recursos estilísticos, retóricos y ficcionales. Quien
escribe para niños está comprometido con la visión infantil, lo cual
no quiere decir que elija un registro fácil o elemental; al contrario,
su aproximación reconoce a los lectores como seres inteligentes
que, sin ser adultos, poseen ya o están en el proceso de adquisición
y desarrollo de una visión crítica, reflexiva y profunda de la vida.
La Literatura infantil contemporánea no da recetas para aprender
a vivir la vida, ni marca un camino axiológico en el desarrollo de
los pequeños. Crea una ficción a la que es invitado el niño y lo
conmueve, invita, reta a que reflexione al respecto y configure un
punto de vista a partir de sus propias ideas.
A partir de la propuesta integradora del texto literario, el
pequeño lector va armando rompecabezas con su experiencia
personal y con el texto (“proceso transaccional”, ya que lector y
texto se condicionan y complementan), con un amplio rango de
libre interpretación. En La vaca que se creía mariposa, por ejemplo,
Emilio Ángel Lome escribe en la primera estrofa: “Tras un sueño
sabroso y colorido/ salpicado de ronquidos y mugidos,/ cierto
día una vaca fantasiosa/ despertó creyéndose mariposa” (2004:7),
independientemente de que los recursos líricos son sencillos por la
edad del niño a la que va dirigido el texto, se perciben claramente
algunos tropos como el hipérbaton en la sintaxis y las imágenes
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que parten de la exageración y, aparentemente, lo ridículo. Esta
introducción parecería apuntar hacia una ficción sin dificultades;
sin embargo, la situación del personaje se complica, pues luego de
confeccionarse unas alas, la vaca se pone a volar de flor en flor, lo
que genera un caos en el pueblo ya que su nueva condición propicia
la destrucción de todos los jardines. Los habitantes deciden llevarla
a “una terapia de grupo”, en la que “Un doctor, cada tarde, muy
puntual,/ le decía, buscando curar su mal:/ &lt;Naciste para dar leche
y mugir;/ ese sueño de volar déjalo ir&gt;” Después de seis meses de
sesiones, al fin, la vaca se cura y todos festejan que ya es normal;
sin embargo “Cuando todos estaban festejando,/ pasaron tres
mariposas volando,/ y al verlas, como un murmullo pequeño,/
la vaca recordó su antiguo sueño(…)” (20) y, “sin más alas que el
deseo” (26), la vaca se eleva y llega al espacio, orgullosa.
Además de la musicalidad de la propuesta lírica del poema,
los niños suelen sentirse atraídos e identificados por la trama, pues
cuando empiezan a asistir a la escuela, van interiorizando ciertos
patrones conductuales de la vida social y confrontan las necesidades
(instintivas) de su voluntad contra las del deber ser, impuestas por
su comunidad. Asimismo, los pequeños lectores pueden identificar
que el registro léxico es ajeno al que usan de forma cotidiana, por lo
que entran en contacto y van reconociendo rasgos estilísticos. Otro
mérito del texto es su estructura: la presentación de personajes y el
planteamiento del conflicto se narra en pretérito; mientras el clímax y
el desenlace, en presente. Este recurso le da mayor velocidad al texto
y, con ello, genera más tensión en la trama; pero lo que suele ser más
estimulante para los pequeños lectores es el desenlace abierto, lo cual
detona una serie de preguntas que los conducen a reflexionar sobre
la vida social y sus propias experiencias para proponer soluciones.
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�Dalina Flores Hilerio y Azael Abisaí Contreras López / Lenguaje literario, experiencia
estética y literatura infantil

Los ejemplos de este tipo de textos literarios son numerosos y
pueden atribuirse a autores modernos o clásicos, quienes escriben, o lo
hicieron, pensando en que los pequeños lectores son aún más exigentes
que los adultos ya que si se acercan a un texto y se quedan con él, será
seguramente porque los ha cautivado y no motivados por pretensiones
intelectuales vacías, como suelen hacer aquellos diletantes que gustan
de pasear con una obra clásica bajo el brazo. Los cuentos de Quiroga,
por ejemplo, ofrecen a los lectores una variedad dialectal que abre las
puertas de otros mundos y sus criaturas. Las imágenes de García Lorca
los llevan a transitar por los colores de la vida a través de la melancolía;
y las de Neruda, a través del humor y lo cotidiano; Benedetti y
Saramago les plantean el dilema de la escritura creativa desde la óptica
de la infancia y la vejez como “antónimos complementarios”. Eliseo
Alberto acaricia el espíritu con su prosa poética que busca rescatar al
mundo de la intrascendencia; y otros, como Ann Fine, detonan los
efectos emocionales tras el estilo, como se observa en El diario de un gato
asesino: “Está bien, está bien. Cuélguenme. Maté al pájaro. Por todos los
cielos, soy un gato. Mi trabajo, prácticamente, es andar sigiloso por el
jardín tras los dulces pajaritos de antojo que apenas pueden volar de
un seto a otro. Entonces, ¿qué se supone que debo hacer cuando una
de esas pelotitas emplumadas revoloteantes casi se arroja a mi boca?
O sea, de hecho aterrizó en mis garras. Me pudo haber golpeado”
(2004, 5). La autora, a través del humor y la ironía, crea un texto que
apela al sentido común y al respeto por la naturaleza desde un discurso
desenfadado y ligero que es sumamente accesible para los pequeños y
que además les permite identificar elementos que construyen el tono
irónico, como propuesta estilística.
La Literatura infantil contemporánea en formato de
cuento, novela, poema o álbum ilustrado, lleva a los lectores por
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un camino afable y amistoso que les presenta opciones diferentes
y complementarias de las que han vivido, respecto a su concepción
del mundo; por lo que pueden establecer relaciones y referencias
más allá de sí mismos. Este tipo de literatura reconoce al niño
como un ser pensante con el que dialoga y co-construye el texto; le
ofrece retos para que desarrollen diferentes habilidades cognitivas y
competencias lecto-literarias que irán conformando su experiencia
lectora, así como la madurez para proponer opiniones libres y
autónomas respecto al mundo que los rodea.
La emoción estética a través de la literatura infantil
contemporánea
La contemplación estética es una característica inherente a los
seres humanos. Está presente en la mirada risueña del bebé cuando
escucha la voz de su madre, o en la plácida sonrisa que se dibuja
en su rostro cuando escucha su melodía favorita, quizás reconocida
desde que se gestaba en su vientre. De la misma forma que
tuvimos la necesidad de dibujar sobre piedras, la contemplación de
pinturas rupestres nos llevó a vivir una experiencia en que la simple
observación nos transportó a un estado de éxtasis y liberación
espiritual. Asimismo, investigar sobre los procesos cognitivos y
emocionales que intervienen en la percepción del arte y la forma
en que reacciona el organismo ante ella ha sido un asunto de interés
constante en la historia de la cultura.
¿Por qué algunas imágenes, historias, movimientos tienen la
capacidad de conmover al espectador hasta llevarlo a la sublimación
de sus emociones?, ¿por qué algunas manifestaciones de la emoción
son evidentes y otras sólo dejan huellan internas que apuntalan el
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crecimiento espiritual del individuo? Responder a estas incógnitas
es una labor que desvela a los investigadores. Gardner y su grupo
de colaboradores en la Universidad de Harvard tratan de explicar la
relación entre el desarrollo humano y los procesos artísticos, por lo
que han realizado investigaciones en las que concluyen que los niños
menores de cuatro años experimentan “emociones discretas” frente
al hecho artístico (Arizpe y Styles, 2004, 68) “mirar una pintura implica
la consideración de su estatus de “cosa” en el mundo, como objeto
atractivo y como comentario sobre aspectos del mundo expresado
en un medio simbólico. El poder y la fascinación del arte residen
precisamente en que el individuo participa en los dos planos: sensomotor y simbólico” (Gardner 1973, 132). Como parte del mismo
proyecto de investigación, Perkins (citado por Arizpe y Styles 2004,
70) identifica seis categorías en relación con la percepción artística:
1. anclaje sensorial: el arte es un objeto físico sobre el cual enfocarse
2. acceso instantáneo: está abierto a todo el que quiera ver y alienta
3.
4.
5.

6.

82

al espectador a acercarse más.
compromiso personal: está hecho para mantener la atención y
sirve para sostener una reflexión prolongada
atmósfera abierta: cultiva la disposición al pensamiento y
proporciona una atmósfera de influencia elevada
multiconexión: promueve las conexiones entre los aspectos
morales y los sociales, alusiones filosóficas, temas históricos,
estructuras formales, relevancia para la experiencia personal, etc.
conocimiento de amplio espectro: estar frente a la obra artística
une diferentes tipos de conocimiento, como elaboración visual,
pensamiento analítico, cuestionamientos, puesta a prueba de
hipótesis y razonamiento verbal,
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A partir de las conclusiones anteriores Perkins desarrolla
la idea de la “inteligencia experimental y reflexiva” que describe el
proceso de los recursos intelectuales hacia una conducta inteligente.
Los puntos que establece Perkins respecto a la contemplación
estética se han podido observar de forma gradual en diferentes
grupos de niños con los que se ha trabajado la animación a la lectura
literaria. Los libros anclan la atención de los pequeños tanto por su
propuesta plástica como por la lingüística; tomando en cuenta la
edad y escolaridad de los participantes.
Así como las manifestaciones de la emoción estética no son
percibidas objetivamente en el individuo, las huellas que deja el arte,
sea plástico, literario o musical, tampoco son tangibles con precisión
en la conducta y la cognición; sin embargo, Vigotsky propone acercar
al niño a las artes, que son expresivas, por lo que no pretenden modelar
las respuestas en él, al contrario, éstas generan una marca invisible
que alimentará su goce estético y su juicio crítico posterior, no sólo
respecto al arte, sino en torno a todas las áreas de su interés:
Nuestro cerebro y nuestros nervios, poseedores de enorme
plasticidad, transforman fácilmente su finísima estructura bajo la
influencia de diversas presiones, manteniendo la huella de estas
modificaciones si las presiones son suficientemente fuertes o
se repiten con suficiente frecuencia. Sucede en el cerebro algo
parecido a lo que pasa en una hoja de papel si la doblamos por
la mitad: en el lugar del doblez queda una raya como fruto del
cambio realizado; raya que propicia la reiteración posterior de
ese mismo cambio. Bastará con soplar el papel para que vuelva
a doblarse por el mismo lugar en que quedó la huella (2001, 12)

Vygotsky señala que, antes de ocuparse en “moldear” al niño
para que sea capaz de desarrollar estructuras de cualquier tipo del
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estética y literatura infantil

modo adulto, es importante fomentar el desarrollo de su imaginación
para que así ponga a ejercitar sus capacidades cognoscitivas
individuales. La imaginación es un proceso complejo donde toda
actividad creativa tiene una larga historia detrás; la creación, entonces,
es como una especie de parto, consecuencia de una larga gestación,
que se percibe de manera tanto externa como interna (31). Tomando
en cuenta estas ideas, podedmo inferir que la emoción estética no
sólo es un proceso pasivo y contemplativo que vive el niño al estar
frente a la experimentación artística; la emoción conduce al niño a
vivir apasionadamente la experiencia vicaria (Rosemblatt, 2004) que se
transmutará en creación y creatividad. La emoción se transforma en
pensamiento y éste está latente, como andamiaje, en todo el proceso
de desarrollo cognoscitivo que no finaliza en la infancia.
El pensamiento crítico y el pensamiento estético en la
creatividad infantil
El proceso de pensar objetiva y profundamente empieza a gestarse en
el niño cuando manifiesta actitudes y respuestas críticas hacia lo que
lo rodea y hacia sus propias sensaciones y pensamientos. Este proceso
se percibe claramente frente al texto literario ya que tiene un poder
evocativo, pero también desafiante y reflexivo. La literatura provoca que
el lector cuestione su realidad y que haga inferencias que conformarán
su personalidad; por ser polisémica, activa procesos interpretativos
que relacionan diferentes ámbitos de la experiencia humana. Los
textos de literatura infantil contemporánea promueven un rol activo
en el lector que le permite emitir juicios y cuestionamientos sobre los
textos lingúísticos y gráficos con los que experimenta una visión más
reposada sobre la obra artística en su totalidad.
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Un texto (entendido como un tejido complejo) atractivo
alienta a los lectores al escrutinio; la literatura infantil los invita a ver
con detenimiento, a explorar y a sentir para establecer una comunión
con el texto que los lleva a ser conscientes de lo que piensan. Según
Arizpe y Styles, mediante el cultivo de la conciencia de nuestro propio
pensamiento, del planteamiento de las preguntas adecuadas, la guía
de estrategias, dirigimos nuestra inteligencia empírica en direcciones
fructíferas (2004, 70). El texto de Literatura infantil por sí mismo
abre estas posibilidades al lector; sin embargo, es necesario apoyar
este proceso con una serie de actividades que activen los sentidos de
los pequeños, para hacerlos más perceptivos. Las juego-estrategias
diseñadas especialmente para cada lectura funcionan como guía para el
desarrollo de diversas habilidades; también es fundamental establecer
un ambiente amigable que motive la libre expresión, la confianza y la
experimentación de los pequeños lectores, para que se acompañe su
proceso de maduración emocional, social, lingüística e intelectual.
Los procesos que suceden en el pensamiento de los niños
algunas veces son involuntarios, ya que relacionan inconscientemente
el texto infantil con experiencias previas. La literatura estimula la
identificación de saberes latentes, que quizás el niño aún no se daba
cuenta de que los tenía, y reconoce referentes que se integran a su
forma de ver el mundo. A este proceso creativo en operación, Arizpe
y Styles lo consideran como la mezcla de imaginación, fantasía,
recuerdo y asombro: el inconsciente colabora con la actividad
consciente para generar un “nuevo” conocimiento (2004, 82)
Un elemento fundamental que promueve la activación del
pensamiento crítico en los niños es, según Perkins, su acercamiento
a las artes plásticas (en Arizpe y Styles, 2004). En la Literatura
infantil contemporánea, los recursos visuales son tan importantes
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estética y literatura infantil

como los lingüísticos, ya que provoca “poderosas reacciones […]
como la pasión genuina en el ojo del espectador, que activa en
ellos la participación de múltiples modalidades sensoriales. Para
Perkins, el arte es un asunto de múltiples conexiones que une temas
sociales, preocupaciones estéticas, […] para unir disposiciones del
pensamiento a través de otros y diversos contextos explorados
en conjunto con la obra de arte (85). Otros investigadores han
realizado pruebas con álbumes ilustrados y han observado su
capacidad para detonar juicios y emociones en la recepción de los
niños. Kiefer, citado por Arizpe y Styles, concluyó que los libros
que generan emociones más profundas en los niños son aquellos
alrededor de los cuales la respuesta de mayor duración creció y
se profundizó (2004, 88) y no necesariamente los que más les
gustaron; es decir, los libros que generaron más discusiones y retos
para la interpretación.
La mayoría de los álbumes ilustrados para niños ayuda
de forma lúdica a que los pequeños se cuestionen, incluso se
confundan, mientras provoca sus pensamientos obligándolos a
mirar más allá de la simple trama textual, lo que da como resultado
una mayor comprensión de la forma en que las narraciones,
visual y verbal, se complementan y generan un texto complejo. La
mayoría de los niños entonces trascienden el nivel de comprensión
literal y entienden los hechos y detalles ocultos en el texto que
estimulan su concepción crítica del hecho artístico en su totalidad
(aunque no tenga imágenes). Arizpe y Styles consideran que la
obra de arte tiene la capacidad de llevar al espectador hacia su
interior comprometiendo expectativas, recuerdos, etcétera, por
lo que cuestiona “la respuesta acostumbrada del espectador
contradiciendo sus expectativas con nuevas posibilidades: desplaza
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el reconocimiento con extrañamiento” (2004, 165) El lector, frente
al texto literario, rompe con su rutina interpretativa y, también
de forma lúdica, experimenta con los códigos y registros que el
mismo texto le facilita.
Como ya se ha señalado, la manera más tangible de conocer
el pensamiento es a través del lenguaje; el uso y entendimiento del
lenguaje de los niños es el parámetro para organizar y reconocer la
forma en que se transforma su pensamiento. A través de algunas
propuestas sociolingüísticas y pedagógicas, se pueden ubicar
cuatro categorías empleadas por diferentes grupos de niños en sus
respuestas verbales, ante la lectura literaria: 1. la informativa, donde
sus comentarios se centran en las formas de las ilustraciones, la
trama, y hacen comparaciones con otros libros; 2. la heurística, en
que hacen inferencias, participan en la resolución de problemas y
emplean un lenguaje hipotético; 3. la imaginativa, donde los niños se
integran como parte de la ficción y la llevan a su experiencia personal
previa o presente, y puedem llegar incluso al empleo de lenguaje
figurado; y 4. la personal, en que los niños expresan sentimientos y
opiniones personales, se refieren a los personajes y evalúan (valoran)
las ilustraciones; el lenguaje que emplean empieza a reflejar un estilo
propio, (2004, 86-87).
A través de la observación y registro de datos, luego del
trabajo de estimulación literaria con niños, hemos observado que
las capacidades fortalecidas en lectores iniciales, a partir del contacto
con textos estéticos (literarios) les permite desarrollar habilidades
intelectuales y emocionales, básicas para impulsar su pensamiento
crítico y creativo, lo cual es fundamental para que las generaciones de
niños lectores literarios propongan alternativas para la construcción
de una comunidad más empática e integradora.
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estética y literatura infantil

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�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
La configuración de un canon híbrido para la
formación de lectores competentes
The configuration of a hybrid canon for the training of competent readers
José Manuel de Amo Sánchez-Fortín
Universidad de Almería,
Almería, España
orcid.org/0000-0002-5680-2921

Carmen Pérez-García

orcid.org/0000-0002-5995-4111
Fecha entrega: 15-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, De Amo, José Manuel. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-77
Email: jmdeamo@ual.es cpg516@ual.es

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

La configuración de un canon híbrido para
la formación de lectores competentes
The configuration of a hybrid canon for the
training of competent readers
José Manuel de Amo Sánchez-Fortún
Universidad de Almería
Almería, España.
jmdeamo@ual.es

Carmen Pérez-García
Universidad de Almería
Almería, España.
cpg516@ual.es

Resumen: Este estudio aborda la cuestión del canon literario desde una
perspectiva teórica que profundiza en el debate histórico generado en
torno a su conformación y aplicación en el ámbito educativo. En este
sentido, se incide en la necesidad de implementar un canon escolar híbrido
en el que se incluyan obras prestigiadas por la institución literaria y obras
que partan del horizonte de expectativas del alumnado y se vinculen con
sus gustos, necesidades e intereses. De este modo, la Literatura Infantil y
Juvenil (LIJ) y las prácticas letradas desarrolladas en comunidades virtuales
deben tenerse en cuenta para configurar itinerarios de progreso en la
formación lectora del alumnado de las diferentes etapas educativas.

90

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Palabras clave: Canon – Educación literaria – LIJ – Prácticas letradas –
Competencia lectora
Abstract: This essay approaches the question of the literary canon from
a theoretical perspective that delves into the historical debate generated
around its formation and application in the field of education. In this
sense, it emphasizes the need to implement a hybrid school canon that
includes works that are prestigious for the literary institution and works
that are based on the horizon of students’ expectations and that are linked
to their tastes, needs and interests. In this way, Children’s and Young
Adult Literature (PYL) and the literary practices developed in virtual
communities must be taken into account in order to configure itineraries
of progress in the reading education of students at any stage.
Keywords: Canon – Literary education – LIJ – Literate practices –
Reading literacy – Reading competence.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-77

91

�José Manuel de Amo Sánchez-Fortún y Carmen Pérez-García / La configuración de
un canon híbrido para la formación de lectores competentes

El canon literario, la canonicidad y la LIJ
La cuestión del canon ocupa un lugar preferente en el ámbito actual
de la investigación de los estudios literarios y culturales (Bloom,
2001; Pozuelo y Aradra, 2000; Ordine, 2018; Cerrillo, 2013; Muñoz,
García y Cordón, 2020; Gullón, 2008; Amo, 2021). Al hablar del
canon de una comunidad, se hace referencia a un listado de obras
prestigiadas por los grupos culturales dominantes, utilizado como
instrumento idóneo para construir, identificar y conceder legitimidad
a su propia herencia histórica, geográfica y artística. Son textos que
en el campo literario central ostentan un estatus hegemónico que ha
ido configurándose mediante criterios ideológicos, políticos, éticos
y/o estéticos relacionados, entre otras dimensiones, con la (re)
construcción de la tradición (Talens, 1994) y/o con modelos legítimos
de cultura fuertemente estructurados y excluyentes (Mignolo, 1998).
Constituyen, en definitiva, un punto de referencia moral, educativo,
lingüístico y literario para ser imitados, reproducidos o consumidos
por parte de los miembros de la comunidad.
Desde hace décadas, el interés por la selección de obras,
autores y modelos de escritura se mantiene debido a la controversia
abierta por algunas teorías literarias que se definen por su escepticismo
epistemológico y por la negación de toda jerarquía cultural (Bobes
Naves, 2008). En este sentido, el debate se ha polarizado entre:
a.

92

Los que atienden exclusivamente a universales estéticos como
supuesto principio de selección de las obras. Por ejemplo,
Harold Bloom (2001), considerado el exponente principal de
este polo, acota el catálogo de autores y libros preceptivos,
estableciendo veintiséis escritores como autoridades de nuestra
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cultura (occidental): Shakespeare, Dante, Chaucer, Cervantes,
Montaigne, Molière, Milton, Samuel Johnson, Goethe,
Wordsworth, Austen, Whitman, Dickinson, Dickens, Eliot,
Tolstoi, Ibsen, Freud, Proust, Joyce, Woolf, Kafka, Bordes,
Neruda, Pessoa y Beckett.
b.
Los que, posicionados en movimientos de apertura y
participación más inclusivos, reclaman la ampliación de la
lista aplicando otros criterios, tales como raza, sexo o lugar de
procedencia. Reivindican la revaloración de un amplio corpus
considerado periférico, de escaso reconocimiento simbólico por
parte de la institución literaria, y etiquetado, en la mayoría de
las ocasiones, de literatura de escasa calidad, literatura menor,
subliteratura o paraliteratura.
Este último es el caso de la literatura juvenil. Aunque, en
términos económicos, se trata de uno de los subsectores con mayor
peso en el ámbito editorial español por su volumen de ventas, como
señala el Observatorio de la Lectura y el Libro (2017), ocupa una
posición irrelevante en la configuración del polisistema cultural. En
este sentido, la mayoría de los esfuerzos académicos han consistido
no solo en una defensa de su calidad literaria, sino también en
justificar su valor formativo y, por consiguiente, en promover su
inclusión en el canon curricular (Mendoza, 2001; Cerrillo, 2013;
Lluch, 2010), ya que está constituida por obras que parten del
horizonte de expectativas de los jóvenes, de sus gustos, necesidades
e intereses (Lomas y Matas, 2014; Bombini y Lomas, 2020). Además,
su recepción permite acercar al alumnado a la cultura literaria y
favorece el desarrollo de sus hábitos lectores; es la base literaria para
que se habitúen a reconocer las peculiaridades discursivas, identificar
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un canon híbrido para la formación de lectores competentes

el género literario en el que se inscribe y establecer interconexiones
con otros productos culturales, así como aprender a tener una
respuesta ética y estética.
Por otro lado, la cuestión del canon debe plantearse no
tanto como un simple catálogo de autores y obras, sino como un
corpus constituido a partir de una «gramática» (Pozuelo y Aradra,
2000), es decir, una combinación de rasgos formales, temáticos y
discursivos que consagran o confieren legitimidad a los textos que la
posean. Estas normas y materiales que determinan los mecanismos
de producción y consumo textuales harían referencia al repertorio,
interiorizado por cada individuo en el seno de su comunidad (habitus).
Se hablaría, entonces, de canonicidad; no es una característica
intrínseca del texto que define la buena o mala literatura (EvenZohar, 2017, p. 14), sino la posición que los textos y normas ocupan
en un momento determinado según los factores que intervienen
en los fenómenos culturales. Por consiguiente, el incumplimiento
de esta gramática, que tiene vigencia en un momento histórico
específico, es el elemento que determina que las obras de un escritor
de superventas, por ejemplo, queden excluidas del elenco de textos
consagrados, y sus lectores caminen en sentido contrario al marcado
por la crítica.
Las propuestas de descomposición, fragmentación o
ensanchamiento del canon literario han tenido un campo abonado
especialmente en el ámbito de la formación lectora. La lista de
lecturas elegidas por el docente para enseñar a leer suele ser, en
líneas generales, el núcleo de las experiencias de lectura que los
jóvenes tienen a lo largo de su proceso de escolarización; de ahí que
la construcción de este canon sea un reto educativo prioritario desde
el punto de vista teórico y práctico. Los intentos de configuración
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de este repertorio constituyen lo que se ha venido en llamar canon
escolar, curricular o formativo.
El canon escolar
El significado original de canon se circunscribe al conjunto de obras
seleccionadas por parte de la institución educativa (Bloom, 2001).
Las escuelas, en este sentido, tienen un papel decisivo en el proceso
de consagración de textos y autores: si bien no crean o establecen
los rasgos literarios que determinan y dan notoriedad a una obra,
sí tienen la función expresa de reproducirlos y conservarlos en el
tiempo; constituye, en términos de Bourdieu (2017), la institución
transmisora garante de la cultura legítima y del gusto por las obras
reconocidas socialmente.
A este respecto, Pozuelo Yvancos reconoce que el
centro educativo “actúa como puente entre los valores estéticos
y los consumidores” (Pozuelo y Aradra, 2000, p. 47). Desde
esta perspectiva, los individuos de una comunidad adquieren
y desarrollan la disposición estética hacia los textos del canon
académico principalmente mediante su proceso formativo en el aula
y el contacto continuo con ellos (Amo, 2021). La propia noción de
literatura se forja y desarrolla durante el proceso de escolarización
(Schaeffer, 2013): la manera en que se conciben los textos literarios
y se reconoce su posición en el polisistema cultural se interioriza en
el seno de la comunidad interpretativa de la clase.
Desde su posición privilegiada, la escuela ejerce, por lo tanto,
una fuerza centrífuga sobre toda manifestación que no cumpla los
dictados de la institución literaria. Para garantizar el capital escolar,
los agentes educativos deben: (a) mantener la distinción entre
productos consagrados y aquellos de escaso o nulo valor simbólico
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un canon híbrido para la formación de lectores competentes

(Bourdieu, 2017); (b) validar los modos reconocidos de interpretar;
(c) concretar las obras imprescindibles de su comunidad; (d)
condicionar o modelar el horizonte de expectativas y (e) orientar
las posibles experiencias lectoras de sus miembros en un marco
curricular perfectamente estructurado.
En definitiva, la institución educativa tiene como función
encomendada la preservación y perpetuación del canon literario.
Reconoce en él un valor esencial para que los estudiantes se integren
en la sociedad y en su cultura. Son, por consiguiente, textos clave
(Fleming, 2006, p. 6) a los que los estudiantes deben ser expuestos
para adquirir capital cultural. Ordine, en este sentido, señala que “la
actividad primordial de un profesor debería ser (…) leer los clásicos
a los alumnos y partir de los clásicos para mostrar después su
interacción con los demás saberes y, sobre todo, con la vida misma”
(2018, p. 16). Por ello, durante el proceso de escolarización, se les hace
una aproximación a los autores y obras más significativas del acervo
literario. En su desarrollo curricular, además, esta representatividad
viene condicionada por la reivindicación de los textos generados en el
seno territorial de cada una de las comunidades autónomas, por lo que
el canon oficial se delimita aún más al atender a criterios geopolíticos.
En este blindaje del repertorio, los clásicos ostentan el lugar preferente,
ya que son muestras relevantes del patrimonio cultural, gracias a los
cuales se fomentan la creatividad literaria del alumnado, su visión
crítica acerca de la sociedad, así como su referente ético.
En la materia de Lengua Castellana y Literatura, el
profesorado tiene como objetivo prioritario formar lectores
capaces de disfrutar con los libros o textos. Esta es una cuestión
de extraordinaria relevancia en un enfoque innovador de la
educación literaria orientado a la lectura. Sin embargo, leer no ha
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sido históricamente enseñado como acto de placer (Bloom, 2000, p.
19). El enfoque didáctico tradicional se ha centrado exclusivamente
en el aprendizaje memorístico de contenidos conceptuales (fechas,
autores, obras…) seleccionados, entre otros criterios, por el grado
de representatividad del movimiento o periodo al que pertenecen,
por constituir un modelo retórico y de uso de la lengua, o por el
elemento del código literario que se desee trabajar en clase (narrador,
estructura narrativa, coordenadas espaciotemporales, el diálogo
intertextual, etc.). Esta práctica docente se contradice, como se
acaba de señalar, con uno de los propósitos curriculares prioritarios
en las diferentes etapas educativas: utilizar la lectura como fuente
de disfrute y diversión. Se trata de despertar en los más jóvenes el
placer de la lectura, el deseo de compartir sus experiencias literarias,
la necesidad de socializarse en comunidades letradas, etc., para que
desarrollen la sensibilidad literaria y el criterio estético en tanto que
instrumentos de formación y enriquecimiento cultural.
En este sentido, se han comenzado a revisar los mecanismos
de confección del canon escolar, abriéndolo a diferentes
repertorios que dialoguen con otros discursos sociales y con otras
manifestaciones artísticas multimodales (Bombini, 2020); es el caso
de la narrativa gráfica y de los textos cuya propuesta ética y estética
favorece la construcción de identidades en el seno de sociedades
complejas, pluriculturales, plurilingües, altamente tecnologizadas y
en constante cambio. Debe hacerse hincapié, por consiguiente, en
que el repertorio escolar no ha de circunscribirse únicamente a los
textos canónicos o clásicos, sino también a aquellas obras (literarias,
multimodales o transmedia) que partan del horizonte de expectativas
de los jóvenes, de sus capacidades lectores y de su universo de
experiencias (Lomas y Matas, 2014; Bombini y Lomas, 2020).
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Desde esta perspectiva, los agentes educativos deben
acercarse necesariamente a “esas prácticas incontroladas y
diseminadas” (Chartier, 2018, pp. 64-65) en Internet que no son
tenidas en cuenta por la escuela.
Las prácticas letradas en comunidades virtuales
Al consagrar un repertorio, la institución educativa desestima otras
prácticas letradas emergentes vinculadas tanto al ámbito formal
como al privado y personal de los estudiantes (Cassany, 2012 y 2019).
No obstante, los blogs, las páginas de escritura colaborativa, las tuitnovelas, las entradas en Instagram… son lugares de lectura también
(CERLALC, 2014, p. 23). Constituyen prácticas que implican una
cultura de aprendizaje lector no institucional de primer orden
(Sorensen y Mara, 2014, p. 89) y que ponen en valor el carácter
social de la lectura. Pensemos, por ejemplo, en los fanfictioners y su
activa participación en comunidades virtuales mediante hipertextos
que apenas tienen reconocimiento social (y, en teoría, escasa calidad
literaria), pero que les permiten desarrollar sus capacidades lectoras
y escritoras al margen de la cultura oficial. En la página www.
fanfiction.net, el 14 de marzo de 2022 se registraban más de 840000
fanfics escritos en torno al universo de Harry Potter; son cifras nada
desdeñables para tomar conciencia de que, fuera de las aulas y del
currículo escolar, los jóvenes leen y escriben de manera asidua (Amo,
2021). Los fans de una obra se afilian a un espacio de afinidad con el
objetivo de seguir disfrutando de la trama, de los personajes… de lo
que llaman el canon (o fuente material oficial de la que se nutren los
escritores de fanfics). Constituyen un grupo considerable de personas
que comparten un mismo interés y afición. Se convierten en lectores
no solo de la obra original, sino también de todo cuanto forme parte
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del fandom. Además de leer, pueden elaborar propuestas creativas que
amplíen, complementen o expandan el hipotexto. Por esta razón, el
libro y la lectura dejan de estar sujetos actualmente al monopolio
exclusivo de los contextos formales de aprendizaje (Lluch, 2017
y 2021) y a los preceptos de la crítica literaria (Amo, 2021) para
abrirse a otros escenarios: más informales, menos jerarquizados
y más orientados a la puesta en valor de la función socializadora
del acto de leer. En ellos actúan nuevos agentes que, situados fuera
de los circuitos culturales tradicionales, canalizan las necesidades
sociales y crean estados de opinión sobre temas vinculados al libro
y su recepción.
Se produce, en este sentido, un desplazamiento del
centro de transmisión del gusto cultural y lector. Pensemos, por
ejemplo, en comunidades como BookTube, que ponen al servicio
de sus usuarios una amplia gama de medios para que se realicen
como lectores: no solo median entre los libros y los lectores, sino
también modifican los comportamientos y gustos de su audiencia.
En un estudio realizado por Kraemer (2016), se constata que un
porcentaje muy elevado de suscriptores (92 %) ven vídeos en
los canales de BookTube como forma de orientarse a la hora de
comprar libros. Solo un 5 % de los encuestados admite que su
compra viene motivada por la lectura de una crítica o una reseña
en un blog literario. A propósito de los usuarios, Lebeau (2018)
identifica trece tipos según la función, el grado y el tiempo de
participación en la red social: (a) el nuevo, (b) el seleccionador, (c)
el instagrammer, (d) el comprador, (e) el habitual, (f) el ocasional,
(g) el nativo, (h) el liker, (i) el fan, (j) el pasivo, (k) el suscrito y (l)
el periódico; estas son categorías que pueden tenerse en cuenta en
los estudios sobre lectores adolescentes.
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un canon híbrido para la formación de lectores competentes

Existen investigaciones (Hughes, 2017), a este respecto, que
señalan la importancia de los booktubers en el proceso de constitución
de un canon juvenil adulto y, por consiguiente, en la formación de un
horizonte de expectativas vinculado a estas comunidades letradas.
Un análisis detallado de las recomendaciones que en estos espacios
o grupos se realizan, muestra una clara tendencia hacia la llamada
literatura de jóvenes adultos (YAL) y la literatura de nuevos adultos
(NAL), más cercanas a los intereses y necesidades de la audiencia que
al repertorio desarrollado por las instituciones literaria y educativa
(Amo, Domínguez-Oller y García-Roca, 2021). YAL y NAL son
categorías recientes que englobarían, desde una perspectiva general,
todo tipo de ficción dirigida a un lectorado con edades comprendidas
entre 13 a 17 y 18 a 30 años, respectivamente. Suelen tener a un
adolescente o joven adulto como protagonista y desarrollar temas
que preocupan o interesan especialmente a estos grupos sociales. En
el caso de la YAL, serían los tópicos relacionados con la mayoría de
edad (Rybakova y Roccanti, 2016): drogas, trastornos alimentarios,
primeras relaciones de pareja, etc.
YAL no es una categoría genérica bien delimitada
conceptualmente. No se circunscribe a un único subgénero, sino
que se expande y abarca diferentes posibilidades formales: narrativa
gráfica, chick lit, romance, etc. Incluso, algunas obras canónicas
podrían tener acomodo en esta etiqueta: El guardián entre el centeno
(Cole, 2008), por ejemplo.
Asimismo, y teniendo en cuenta que la mayor parte de la
audiencia de esta comunidad está formada por jóvenes lectoras, ocupa
un lugar especial la subcategoría llamada chick lit, un tipo de narrativa
protagonizada por mujeres entre 20 y 30 años, a medio camino entre
la novela romántica y la revista de moda (Merrick, 2006; Ryan, 2010).
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Aunque no puede hablarse aún de un canon de YAL
propiamente dicho (Hugues, 2017), es innegable el papel esencial
que juega BookTube en su difusión como fenómeno cultural y en
su acelerado proceso de legitimación social. En el presente estudio
(Amo, Domínguez-Oller y García-Roca, 2021), puede observarse
que más del 75% de los libros recomendados pertenecen a esta
categoría. En cambio, los textos clásicos se reducen a un 4%.
Desde el punto de vista formativo, los vlogueros, que en
general se sitúan en la misma franja de edad que sus suscriptores,
constituyen un puente que acerca a los lectores a textos clásicos
mediante temas, personajes, ambientación o cualquier otro elemento
narrativo en común (Herz y Gallo, 2005, p. 12); se convierten en
facilitadores que gradúan las lecturas. Se establece así una escalera
de lectura (Lesesne, 2010) que ayuda a que los jóvenes se enfrenten
de manera progresiva a obras cada vez más complejas. Además,
promueven actitudes positivas hacia la literatura y les proporcionan
marcos interpretativos que los ayudan a analizar e interpretar textos.
Un factor importante radica en la pérdida de confianza en las lecturas
prescriptivas recomendadas por los docentes, más preocupados en
ofrecer el canon literario que en atender las verdaderas necesidades
lectoras de su alumnado.
Para ciertos especialistas, los youtubers son, en general,
un valioso instrumento de mercadotecnia por la viralidad de sus
contenidos generados (Valls-Osorio, 2015). En el ámbito concreto
de los suscriptores de los canales de BookTube, sus edades se sitúan
en el llamado sector juvenil adulto: es un nicho de mercado ideal
al que las casas editoriales desean seducir mediante determinadas
estrategias publicitarias no tradicionales. Entre sus objetivos se
encuentra convertirse en referentes de colecciones de YAL. Son
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un canon híbrido para la formación de lectores competentes

conscientes de la influencia que los vlogueros ejercen sobre este
segmento de la población. En un estudio realizado por Mennour
(2019) acerca de los miembros inscritos a canales franceses de
BookTube, se constató que el 81% de los encuestados leían más
gracias a esta red social. Por ello, aquellos sellos editoriales que
pretenden tener una gran relevancia en este sector envían sus
novedades a estos prescriptores de la lectura, con el fin de que,
a partir de su juicio y gusto independiente, las promocionen y las
conviertan en éxito de ventas. Como indican Castelló-Martínez y
del Pino (2015, p. 50), las editoriales reconocen en estos blogueros
el perfil idóneo: conocen el sector, tienen un gran alcance entre sus
abonados y generan un contenido que aprovechan como apoyo al
sello o a la colección.
Entre los hallazgos del estudio de Amo, Domínguez-Oller
y García-Roca (2021), se observa que los libros más recomendados
por los booktubers estudiados han sido publicados en Alfaguara,
Montena, Norma y Nube de tinta, si bien es cierto que se han
registrado más de 40 editoriales (la mayoría de ellas con una sola
referencia) en el periodo acotado para el estudio.
De acuerdo con la tesis mantenida por Tomasena
(2019), los booktubers más populares, que representan verdaderas
microcelebridades, se relacionan con la literatura más comercial o
de superventas. Esto es especialmente relevante en el caso de las
sagas literarias o narrativas transmedia (Álvarez y Romero, 2018). Los
consumidores, en esta nueva ecología de los medios, son translectores,
usuarios que no solo son lectores en términos tradicionales, sino
también consumidores de narrativas que se expanden en diferentes
medios y generadores de contenido en escenarios de afinidad (Amo
y García-Roca, 2019).
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Si consultamos los diferentes informes de Hábitos de Lectura
y Compra de Libros en España preparados por la Federación de
Gremios de Editores de España, puede observarse que los libros
que aparecen como preferidos por los lectores españoles de manera
continuada en el tiempo son la saga de Los pilares de la Tierra (Ken
Follett), La catedral del mar (Idelfonso Falcones) y la serie Harry
Potter (J. K. Rowling). No es casualidad que las tres propuestas se
hayan convertido en narrativas transmedia, ya que es la forma de
transformarse en verdaderos fenómenos sociales en la esfera digital.
En Goodreads, el premio 2021 al libro más votado en la plataforma
fue otorgado a Sally Rooney, por Beautiful World, where are you? Es una
autora muy popular, entre otras razones, por una obra exitosa que
ha sido llevada a la televisión en formato serie: Gente Nueva.
El elemento clave en estas narrativas es el proceso de
generación de contenidos por parte de su público. En torno a la saga
Harry Potter, de J. K. Rowling, se desarrolla el fandom, una comunidad
de fans centrada en la creación de hipertextos y en el consumo de
medios en un entorno social digital y colaborativo. Transforman el
texto original o canon y lo publican en repositorios o plataformas
específicas: FF.net (fanfiction.net), Wattpad, etc. (Amo, 2019). En la
primera, los productos hipertextuales difundidos se generan, sobre
todo, mediante procesos de trasposición de la acción consistentes,
entre otros mecanismos, en expandir la trama y centrarse en un
aspecto, tema o personaje secundario o en reescribir la historia
por estar en desacuerdo con los hitos narrativos (Barnes, 2015). Se
registran menos procedimientos de imitación, ya que los escritores de
estos hipertextos se ocupan de una obra y no tanto de un estilo. Para
realizar pastiches deberían poseer, además, un modelo de competencia
genérica, extraída de esa performance singular que es el hipotexto, que
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les permita generar un número indefinido de productos hipertextuales
(Genette, 1989, p. 101). Dadas la edad y la formación literaria de los
fanfictioners, el desarrollo de este modelo está aún en ciernes.
A modo de conclusión: el canon híbrido
Como mediador y facilitador de la formación lectora, el profesorado
debe procurar transmitir el repertorio educativo y seleccionar un
buen canon de lecturas que tenga en cuenta el umbral de intereses
del alumnado, así como sus habilidades lectoras adquiridas con una
doble finalidad: (a) formar lectores capaces de enfrentarse a textos
de gran complejidad formal, temática y discursiva y (b) promover el
gusto por la lectura como fuente de entretenimiento y ocio personal.
Atribuirle mayor peso a este segundo objetivo está contribuyendo
a que el profesorado reivindique su reconocimiento institucional
(best sellers canónicos como Harry Potter, Juegos del hambre,
Crepúsculo…) e introduzca un vector que desestabiliza, en gran
medida, la dinámica que define el sistema literario canónico. En este
sentido, los centros escolares forman parte no solo de la institución
literaria, sino también del mercado: el profesorado promociona y
comercia estos bienes culturales entre su alumnado, a la vez que
fortalece sus hábitos y desarrolla las competencias necesarias para
reconocer el valor social de estos (Even-Zohar, 1999, p. 52).
Se debe proponer, por consiguiente, un canon híbrido en
el que, junto a un corpus textual canónico, se incluyan obras de
LIJ, YAL o NAL cuyas propuestas narrativas estén más próximas al
horizonte de expectativas de los jóvenes y, quizá, subordinadas a la
tendencia temática impuesta por los consumidores. De esta forma,
se favorecen la construcción y afianzamiento de un perfil lector a lo
largo de la vida.
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En este repertorio no constituye un factor negativo el hecho
de que los textos estén condicionados por estrategias comerciales
de la industria editorial, acomodada a los nuevos circuitos de
distribución, difusión y recomendación de lecturas. Ahora son
las plataformas, páginas webs o redes sociales los espacios de
interacción que orientan a los jóvenes a la hora de seleccionar
libros o planificar su formación como escritores. Son, en la mayoría
de los casos, comunidades de catalogación de lectura que facilitan a los
usuarios agrupar, clasificar u ordenar los libros que les interesan, así
como compartir repertorios de archivos y formar parte de grupos
de debate sobre temas u obras específicas. Permiten, asimismo,
incrementar y perfeccionar la catalogación, ofreciendo a sus
miembros recomendaciones basadas en un algoritmo que tiene en
cuenta el número de obras leídas y las valoraciones o experiencias
lectoras.
En definitiva, el enfoque didáctico centrado en la lectura debe
promover un canon híbrido gracias al cual se pueda interrelacionar
la experiencia lectora del alumnado, y su nivel de desarrollo de la
competencia lecto-literaria, con un repertorio de textos clásicos
prescritos por la institución literaria y educativa.

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�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Cuentos y poemas para niños en la obra de
Ana María Shua
Stories and poems for children in the work of
Ana María Shua
Marcelo Bianchi Bustos
Academia de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina. Instituto Superior del Profesorado de Educación Inicial “Sara
Eccleston”,
Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino,
Tucumán, Argentina
orcid.org/0000-0001-5860-7807

Fecha entrega: 15-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, De Amo, José Manuel. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-78
Email: marcelobianchibustos@gmail.com

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Cuentos y poemas para niños en la obra de
Ana María Shua
Stories and poems for children in the work of
Ana María Shua
Marcelo Bianchi Bustos
Academia de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina.
Instituto Superior del Profesorado de Educación Inicial “Sara
Eccleston”.
Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.
marcelobianchibustos@gmail.com

Resumen: Ana María Shua es una autora argentina que ha escrito una gran
cantidad de obras literarias que pertenecen a distintos géneros literarios,
destinadas tanto al público infantil como a los adultos. En este artículo, de
tipo exploratorio, se analiza la producción de cuentos y poemas destinados
a los niños y se intenta identificar la existencia de una poética que una su
obra, que es tan diversa.
Palabras clave: Literatura infantil – Ana María Shua – Poética
Abstract: Ana María Shua is an Argentine author who has written a
large number of literary works belonging to different literary genres,
intended for both children and adults. This exploratory article analyzes
her production of stories and poems for children and tries to identify the
existence of a poetic that unites her work, which is so diverse.
Key words: Children´s literature – Ana María Shua – Poetic

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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

“Odio los cuentos en los que
de entrada hay un guiño al lector que dice: no te lo creas,
esto es en broma. Me encantan
las historias para ser creídas”
(Ana María Shua, s.f.).

El fragmento del epígrafe, perteneciente a una entrevista realizada
a la escritora argentina Ana María Shua por el especialista Antonio
O. Rodríguez, es una puerta para ingresar a un mundo ficcional muy
particular en el que todo es posible. El universo literario creado
por Shua es realmente amplio: se trata de una de las escritoras
contemporáneas de la Argentina cuya obra destinada a niños es muy
numerosa e interesante, ya que ofrece, desde sus textos, algunas
visiones particulares sobre la literatura. En toda su extensa carrera
literaria no solo se ha dedicado a escribir para niños, sino también
para adolescentes (aunque no crea particularmente en la literatura
juvenil) y adultos; y como cualquier obra literaria, la suya puede ser
analizada desde distintos ángulos. En este artículo, se abordan los
cuentos y poemas de Shua destinados a los niños que conforman
una poética particular, en la cual entran temáticas y perspectivas
en torno a lo literario, el niño y sus características, estas últimas
implícitas en su obra.
Nada mejor que la literatura para ofrecer otras miradas
sobre mundos diversos o cosas imposibles en nuestra realidad,
pero que dejan de serlo en la ficción. Son esos otros mundos, que
muestran las distintas maneras que poseen los escritores de concebir
obras literarias destinadas para niños, los que hacen que una obra
sea atractiva y genere en los lectores una serie de sensaciones
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-78

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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

maravillosas. Esto es lo que sucede en Caracol presta su casa (2000), un
interesante cuento en el que un niño y un caracol deciden cambiar
de casa. Por un lado, el niño descubre diferentes cosas del mundo
de los caracoles, como por ejemplo, lo incómoda que resultaba la
casa del molusco, pues era demasiado pequeña, los peligros que
todo el tiempo lo acechaban y otra manera de vivir y de comer. El
caracol, por su parte, aprende lo que es vivir en una familia, que la
madre le dé chocolatada mientras mira la televisión y hasta llega a
sentirse muy a gusto con el hermano del niño, un bebé, pues tienen
en común que ambos se arrastran. Se trata de un cambio temporal,
y luego cada uno vuelve a su casa, pero continúan siendo amigos.
En el cuento se presenta de una manera literaria la forma de vivir de
“los otros”, en este caso de los niños y de los animales, hecho que
también fue llevado al papel por otros escritores, como Isol en su
Intercambio cultural, y otros tantos escritores.
Su pluma se vale, en varios textos, del recurso del humor
mediante el uso de lo semántico y generando situaciones absurdas
que pueden ser pensadas desde el nonsense. Esto es notable en su
poema La niña olvidadiza, en el que se describe todo lo que le ocurre
a una niña llamada Romina Brodo:
Romina Brodo
perdía todo.
Yendo a la playa
perdió la malla.
Yendo a la escuela
perdió una muela.
Una mañana
perdió a su hermana
perdió el cuaderno

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-78

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

y una banana.
De vuelta en casa
mamá furiosa
le dijo: “Nena,
pero qué cosa,
segunda muela,
quinta banana,
¡y cuarta hermana
que vas perdiendo
esta semana!”. (Shua, 1998, p. 14).

Lo interesante, y es allí donde lo absurdo se hace presente,
es que el personaje llega a perder hasta sus dos orejas y las muelas.
El efecto de este nonsense es el humor y la comicidad. Aquí, Shua se
instala en un lugar en el que, desde el disparate, crea historias que no
tienen explicación en el mundo de lo real.
Mascotas inventadas y otras verdaderas
Como una gran conocedora del mundo de los niños y de sus deseos
más profundos, Shua se anima a pensar en las mascotas. En muchas
obras literarias destinadas a infantes, es común leer que desean un
animal que los acompañe, pero muchas veces hay negativas (al menos
en un primer momento) por parte de sus padres, como ocurre en
Miedo, de Graciela Cabal, o en ¡Cuidado con el perro!, de Liliana Cinetto;
en estos dos casos, los niños consiguen lo que desean y terminan
siendo los amos de un perro.
En “Mascotas”, la autora ingresa a este mundo, y por medio
de un texto poético inicia una historia en la que un niño presenta
qué mascota desea, sabiendo que existe una negativa constante en
su hogar: “Odio que no me dejen / tener mascotas. / No pretendo
jirafas / no pido focas, / solo quiero un amigo / con quien jugar,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-78

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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

/ peludo y calentito / para abrazar, / y no esos tontos peces / para
mirar” (Shua et al., 2015, p. 6).
Los deseos del niño están presentes durante todo el
texto, pero por suerte puede comprar en la feria de animales tres
microbios domesticados, que tiene escondidos debajo de la cama.
De esta forma se apela al humor: con la introducción de estos tres
seres y esa enumeración que ofrece la autora desde el inicio del
texto.
No solo este libro toma el tema de las mascotas, pues
también se aborda en Mascotas inventadas, en el que la imaginación
y el poder de invención de los niños se hace presente. El narrador
señala que cualquiera puede tener un gato o un perro, “pero no
cualquiera tiene un pólter, una marmolia, un rebudillo, una frátola,
un cantejo” (Shua, 2012, p. 5); algunos de estos seres imaginarios
son de gran utilidad, como en el caso de los mimimones, que
pueden transformarse en acentos, en puntos sobre las íes y en
signos de puntuación; son tan importantes que, gracias a ellos, los
niños que los tienen se sacan buenas calificaciones en la escuela.
Sabiendo que en la niñez muchos niños tienen amigos imaginarios,
Shua (2012) cierra su historia con una especie de texto apelativo
en el que el niño se dirige a los lectores, y les dice que sus animales
tienen tanto éxito que decidió poner un negocio de mascotas, y
por ese motivo, si necesitan una mascota, le digan qué es lo que
desean y él lo inventa.
Pero no todas las mascotas del universo literario de Shua
son inventadas. Algunas, si bien tienen un nacimiento extraño, son
seres reales y logran ser muy bien recibidas en los hogares. Esto es
lo que sucede con Carozo, un perro muy especial, que comienza con algo
cotidiano y extraño al mismo tiempo:
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Un chico se comió un durazno y el carozo se le cayó en el pasto.
Vino el viento, vino la lluvia y el carozo quedó enterrado como si
lo hubieran plantado.
Vino más lluvia, vino el sol y un día algo empezó a brotar en el
suelo, justo en el lugar donde se había caído el carozo. (Lavezzi y
Shua, 2017, p. 3).

De ese carozo nació un perro de nombre poco original,
Carozo, que tuvo como primera misión conseguirse un dueño.
Pero como era un perro distinto, pudo comunicarse con un niño,
hablándole, y pedirle un hogar. Este perro era atractivo, pues hacía
cosas que los demás no podían, como guiñar un ojo, sentarse a la
mesa, comer con cuchillo y tenedor, y hasta leer un libro con la
historia de Super-Can acostado en su camita. En el final de la historia
hay un cambio, y Carozo comienza a comportarse como un perro;
se generan aquí muchas dudas en el lector, y hasta en los mismos
personajes: ¿realmente Carozo hablaba? ¿Sucedieron esos hechos o
todo fue producto del deseo de cada uno de ellos?
En esta obra se apela al recurso filosófico en el que se pone en
tensión “el ser y el parecer”. Carozo parece un perro común, pero es
en realidad un perro MUY especial. ¿Qué es lo que lo hace especial?
La respuesta es muy sencilla: es capaz de cambiarle el humor a la
gente, y las clásicas negativas provenientes del mundo de los adultos
desaparecen ante su presencia, pues actúa de otra manera hasta lograr
su objetivo. Pero ¿cuál de los dos representa al ser y cual al parecer?
¿Cuál de los dos representa la “verdad”? Algunas posibles respuestas
pueden desprenderse de este fragmento de Heidegger:
En la medida en que se entienda ‘verdad’ en el sentido ‘natural’
tradicional, como la concordancia probada ónticamente entre el
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

conocimiento y el ente (...) la Alétheia, el no ocultamiento (...), no
podrá ser equiparada a verdad. La alétheia es, más bien, lo único
que permite la posibilidad de la verdad. (Heidegger, 1978, p. 114).

Tal vez la verdad sea dual y dependa de la perspectiva que
adopte el lector, pero la alétheia posiblemente sea esa imagen del
perro que es capaz de comer milanesas con tenedor y cuchillo.
Como afirma Castro Santiago (1995), ambos componentes son dos
imágenes de una misma cosa, conforman una unidad, que en este
caso permite ver al personaje de una manera más acabada.
Ahora, cuando un niño comienza a crecer y descubrir lo
que lo rodea, las ganas de tocar todo y de hacer cosas comienzan
a ser cada vez más grandes, lo cual implica apropiarse del mundo,
conocer sus reglas y convivir con todas las convenciones creadas por
los adultos; y eso es precisamente lo que utiliza Shua para construir
un texto que es una gran enumeración de NO, es decir, de cosas
prohibidas. Genéricamente se trata de un texto difícil de clasificar:
podría ser, desde la perspectiva de Julio Cortázar, un manual de
instrucciones o, estilísticamente, un conjunto de enumeraciones que
se encuentran casi todas separadas por comas, que dan una idea del
peso de todas esas censuras:
No toques a los perros por la calle,
a los gatos tampoco,
no toques los faroles, las paredes o los cocos,
no toques mis papeles,
no toques mi cartera,
no toques la tele, la computadora, la heladera,
la nariz, el gomero, el techo, la vajilla,
no toques las estrellas, los monos, las vainillas,
no toques la perinola, la llave, la bombilla. (Shua, 2008, p. 8).

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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

La escritora utiliza también en otros textos el recurso del
miedo, no creando cuentos de terror infantiles, sino generando desde
su narrativa una obra en la que afloran los miedos de un niño de
diez años cuando sus padres se van y él se queda solo. Precisamente
eso es lo que ocurre en Solo de noche (2006), una historia que tiene a
Leandro como protagonista. Se está frente a un texto extraño, que
puede considerarse como fantástico, pues genera en el lector y en el
personaje principal una serie de dudas sobre lo que realmente ocurre.
Con algunos giros borgeanos por momentos, donde el lector lee un
libro de cuentos sobre un niño que lee un libro de terror que termina
generando lo que a primera vista parece un sueño (hecho que resulta
muy interesante, pues el lector por un momento cree que se cae en
un lugar literario común), pero deja alguna huella que da cuenta de
un suceso extraño. Shua remarca que se trató de una pesadilla, sin
embargo una pregunta final vuelve a instaurar la duda en el lector.
Algo similar ocurre en otro de sus cuentos, Fiestita con
animación, en el que Silvita, una niña de siete años, el día del festejo
de su cumpleaños hace desaparecer con un truco de magia a su
hermana Carolina. Lo que parece ser un simple juego de niños se
complica, pues Silvia había visto en un programa de televisión cómo
desaparecer a su hermana mediante el uso de la magia, pero cuando
le piden que la haga aparecer, la respuesta es aterradora: “No sé
cómo se hace –dijo Silvita–. El truco lo aprendí en la tele y en la
parte de aparecer papi me cambió de canal porque quería ver el
partido” (Shua, 2008, p. 6). Una elipsis temporal provoca un salto
en el tiempo, y Silvia, ya señora, recuerda ese día y destaca lo útil
que le hubiera resultado tener a su hermana el día del velatorio de
su marido. No hay explicaciones, y es precisamente eso lo que deja
aterrado al lector en las líneas finales del cuento. Esta cuestión no
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

es extraña, sino que tiene que ver con decisiones y procedimientos
propios de la escritura de Shua, quien dijo en una entrevista: “en
mi escritura el realismo y la fantasía se mezclan de manera azarosa,
arbitraria y muy argentina, por el puro gusto de perturbar al lector”
(Shua en Gigena, 2022).
Otras cosas que quieren los niños … y también que odian
Además del deseo de poseer una mascota, el cual los lleva a generar
distintas situaciones para poseerlas, algunas de ellas muy inventivas,
los niños también desean muchas otras cosas, y es posible verlas
en un libro en particular: Las cosas que quiero, escrito por Ana María
Shua con Paloma Fabrykant.
Es obvio que aquellas cosas que los niños desean son distintas
a las de los adultos, pero lo interesante aquí es que las autoras son
capaces de escribirlas con cierta clave humorística. Hay dos preguntas
clásicas que se hacen a todo niño: ¿qué querés ser cuando seas grande?
y ¿De qué te gustaría trabajar? Las respuestas que los niños ofrecen
muchas veces tienen que ver con el mundo que conocen, con los seres
que han descubierto y aman, como los animales, y por eso una de
las profesiones que normalmente eligen es la de veterinario, aunque
también suelen aparecer las profesiones de sus padres, por un proceso
de identificación. En Un trabajo de verdad, se propone algo por
demás interesante: “No quiero ser cocinero / ni doctor ni economista
/ ni informático ni artista / ni bombero. / Lo que quiero es conseguir
/ un trabajo de verdad: / quiero ser paseador de dragones / en mi
ciudad” (Shua y Fabrykant, 2019, p. 7).
Lo que sigue a estas dos cuartetas geniales, en las que se
presenta el tema del poema, es un listado de distintos tipos de
dragones y el orden en que el personaje los iría a buscar, hecho que
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da cuenta del grado de conocimiento que posee de estos animales
imaginarios. Al niño le parece una profesión maravillosa, y concluye
preguntándose si es posible estudiar esta carrera en la universidad.
La preocupación por el paso del tiempo y que las horas del
día no alcancen para hacer todo lo que una persona desea, también
son cuestiones que se abordan en otro de sus textos poéticos: en
Cuatro o cinco horitas más se plantea el profundo deseo de un
niño de poseer, por semana, esas horas de más: “Quisiera tener más
tiempo, / cuatro o cinco horitas más: / un par para ver la tele / dos
o tres para jugar” (Shua y Fabrykant, 2019, p. 9).
La falta de tiempo y el deseo de que éste dure mucho más al
que hace referencia, parece dialogar con unos versos de la Marcha
de Osías, de María Elena Walsh (2000), que dicen: “quiero tiempo,
pero tiempo no apurado / tiempo de jugar que es el mejor” (p. 23).
El niño no deja de hacer lo que debe hacer: las tareas del colegio,
cenar con su familia en el momento que corresponde, jugar al fútbol
con sus amigos y leer las historietas de los X-Men. Son tantas las
cosas, que advierte al lector que vive estresado, aunque para los
adultos eso no sea estrés. Sin perder esa mirada de niño, cierra el
poema diciendo que sólo desea, como regalo de navidad, esas cuatro
o cinco horitas más.
Otro de los deseos que pide el niño parte de una reflexión
en la que un niño se pregunta retóricamente cómo la humanidad y la
ciencia han avanzado tanto y, sin embargo, los seres humanos siguen
protegiéndose de la lluvia con un paraguas. Lo interesante de estas
reflexiones profundas y preguntas que se van desplegando en el poema,
tienen que ver con que cualquier niño se las podría hacer. Hace un
llamado a los científicos para que piensen en algo para cuando vengan
los marcianos o turistas de otras partes de la galaxia a visitar el planeta,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-78

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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

pues se sentirán muy decepcionados por lo que sucede cuando llueve:
“Qué pensarán de nosotros / cuando lleguen los marcianos / y nos
encuentren a todos / con paraguas en las manos. / ¿Estas son las
grandes mentes / que inventaron internet, / estaciones espaciales / y
la tele y el bidet?” (Shua y Fabrykant, 2019, p. 14).
Pero, además de querer muchas cosas, que las autoras
describen en estos dieciséis poemas, los niños también odian
muchas otras, y en Las cosas que odio y otras exageraciones, se propone
un viaje por distintas exageraciones y odios que ellos experimentan.
Por ejemplo, en el poema, Las cosas que odio, puede leerse:
Odio que me acaricien la cabeza
y que me escriban mal el apellido.
Odio toda la fruta excepto las cerezas.
Odio a los árboles porque tienen arañas
y a las películas dobladas en España.
Odio que nos visite gente extraña
porque me obligan a poner la mesa. (Shua, 2016, p. 9).

Además, aparece el odio hacia una comida que forma parte
de los “odios comunes de los niños”, la sopa, y que literariamente se
conoce gracias a La historia de Gaspar Sopas, de Heinrich Hoffmann
(1987), que crea un personaje que se niega a comer la sopa y al
quinto día muere, o a Quino con su universal Mafalda.
Este poema sirve como puerta de entrada para presentar
distintas cuestiones que aparecen en la imaginación de un niño, como
por ejemplo, cuando le dice a su médico que tenga cuidado con
ponerle debajo del brazo un termómetro, porque si lo hace estaría
empollando un huevito de mercurio del que nacerán termometritos
nuevos que tendrán mucha hambre. También se habla sobre una
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

amiga del niño protagonista que tiene muchos dientes muy cuidados,
y que usa cada tanto cuando le da un mordiscón a algún odontólogo.
Compilaciones de cuentos clásicos, no tan clásicos y
otras yerbas
Además de historias que son producto de su creación, Ana María
Shua, que es una buena lectora-investigadora de obras destinadas a
niños provenientes del folklore universal, también ha escrito un gran
número de libros en los que ofrece sus propias versiones de ellas.
Como manifestó en la entrevista mencionada al inicio del artículo,
los mitos, leyendas y cuentos populares le parecen los mejores del
mundo, y es en su reescritura donde se siente realmente cómoda; son
esos clásicos que provienen de antaño y que, más allá de la forma
literaria que adopten, poseen un algo que resulta siempre atractivo
para los lectores de todas las épocas. Expresó: “frente al cuento
popular, tuve que admitir que había algo más, algo que todavía no
soy capaz de definir teóricamente pero que allí está, inmutable, algo
que se puede contar de mil maneras y sin embargo subsiste, atrapa,
sugiere, interesa” (Shua en Rodríguez, 2007).
Algunos de los textos que reversiona pertenecen a la
mitología de la antigua cultura griega. En Dioses y héroes de la mitología
griega presenta, entre otros, los mitos de Dionisio, Hermes, Apolo y
Artemisa. Resultan muy interesantes algunos de los conceptos que
Shua menciona en la introducción a esta obra, pues explica que más
allá de que pueda parecer algo repetitivo que aparezca un nuevo
libro con los mitos griegos, los mismos, y aunque muchas veces no
se lo piense desde esta perspectiva, forman parte de la cultura del
hombre siendo:
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

Extraños y maravillosos, pero también familiares y cercanos.
Porque están vivos. Porque seguimos hablando de ellos, porque
los tenemos incorporados al idioma (¿acaso a un hombre forzudo
no se lo llama un hércules?, ¿acaso las palabras Eros o Venus no
siguen evocando al amor y al deseo?), porque son la fuente de
la que seguimos nutriéndonos los escritores, los guionistas de
cine, los inventores de historias del mundo entero, y también los
pintores, los arquitectos, los músicos. En los dibujos animados, en
las películas de aventuras, en las estatuas, en los edificios, los mitos
griegos y romanos están presentes y nos saludan (o nos acechan)
todos los días. (Shua, 2011, p. 6).

Es muy interesante como les explica a los propios niños que,
en muchos de esos dioses, los escritores encuentran temas y son su
fuente de inspiración para escribir nuevas historias. Al valerse de
ellos, los reactualiza, y por medio de su escritura demuestra que se
encuentran totalmente vivos y que continúan siendo, en palabras
de Ana María Machado (2004), esas fuentes inagotables de las que
siempre se puede beber.
En Cuentos con magia, una vez más se dirige al niño-lector: le
dice algo sobre los textos que va a leer, y lo hace reflexionar sobre los
límites de los cuentos de magia (una denominación que adopta para
los cuentos maravillosos) al decir que lo importante en estos “no es
lo que la magia puede hacer, sino cuáles son sus bordes, hasta dónde
llega, qué es lo que no puede hacer y en qué momento se vuelve
peligrosa” (Shua, 2015, p. 8); de esa forma, explica que más allá del
poder de la magia hay límites precisos que posee, por ejemplo, el
hecho de que a alguien se le concedan tres deseos y que sean solo
tres, o que con una varita mágica se puedan hacer muchas cosas,
pero nada impida que la misma sea robada, etc. Resulta interesante
que utilice sus recuerdos de la infancia y cuente que, desde que los
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

leyó por primera vez durante su niñez en el famoso libro El tesoro
de la juventud que estuvo de moda en los años cincuenta y sesenta
del siglo XX, esas historias nunca dejaron de acompañarla, y ahora
desea que los nuevos lectores también las disfruten.
En Cuentos del mundo (2008), ofrece una selección de cuentos
provenientes de cada uno de los continentes. Se trata de una apuesta
muy importante, pues le permite a un pequeño lector adentrarse en
el universo del cuento de las distintas partes del mundo y conocer, de
esa forma, las más diversas culturas de países alejados. Muchas veces
se trata de cuentos y otras de apólogos, en los que, como sucede con
El contrabandista misterioso, se ofrece una moraleja final, que en este
caso dice: “Lo que está más a la vista es, a veces, lo que menos se ve.
Saber mirar el mundo es uno de los secretos de sabiduría” (Shua,
2010, p. 7). Más allá de la elección de este texto y que cuente con una
sentencia final, no debe confundirse el estilo de la autora, pues como
una gran creadora de ficción literaria aboga por la existencia de una
literatura en la que el goce y el placer estético estén presentes.
Dentro de las distintas reversiones que realiza, también se
dedica a las leyendas, como El lobizón oculto y otras leyendas de miedo (2012)
o La leyenda de la yerba mate (2017). Gracias a su estilo de escritura, es
posible adentrarse en la historia de Yací, la luna, que agradecida con
un anciano por salvarle la vida, le obsequia al pueblo guaraní la yerba
mate, planta que da origen a la costumbre de Argentina, Uruguay y
Paraguay de tomar mate como un símbolo de unión. En el caso del
primer libro mencionado, aparecen distintas leyendas originarias de
las civilizaciones quechuas, guaraníes y la mapuche, ofreciendo una
mirada intercultural que permite que los niños conozcan parte de
la herencia de esos hombres que poblaron el territorio americano.
Sucede aquí algo muy interesante, y que muestra un interés de Shua
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

por que los niños conozcan más de la cultura vernácula, al presentar
el personaje del lobizón, similar a un perro negro, que es propio
del folclor de Argentina, Uruguay y Paraguay, y de esa manera
diferenciarlo del hombre lobo que proviene del folclor europeo.
En otros libros se dedica exclusivamente a compilar y ofrecer
sus versiones de historias provenientes de la Argentina, tal como
sucede en El Hombre de Fuego y otras leyendas argentinas, siete leyendas
pertenecientes a distintas civilizaciones prehispánicas, como los
aymaras, guaraníes, qoms, mapuches, selknam, calchaquíes y wichis.
En estas versiones hay una decisión de Shua, como escritora, que
es digna de rescatarse: iniciar los relatos con una descripción, por
ejemplo, de animal al que se hace referencia. Esta inserción de un
párrafo de tipo expositivo-explicativo en el texto literario resulta
de gran utilidad si el lector no conoce dicho objeto cultural. Por
ejemplo, El sapo y el quirquincho, comienza así:
El quirquincho es un animalito que se las arregla muy bien para
vivir en cualquier lado: en las llanuras y en las montañas, en regiones
muy frías o muy calurosas. Se lo encuentra en toda América del
Sur, y en la Argentina vive casi por todas partes, desde el norte
hasta la Patagonia. Tiene muchos nombres. En algunos lugares se
lo llama “mulita”, otros le dicen “piche”, “peludo” o “tatú”. Y en
España lo llaman “armadillo”. Tiene un caparazón muy grande
que le permite defenderse de sus perseguidores haciéndose bolita
para esconder su tripa tierna. Vive en túneles y cuevas que él
mismo excava con sus uñas enormes y duras. Cavando encuentra,
además, su alimento preferido: deliciosas lombrices, caracoles y
gusanos. (Shua, 2017, p. 5).

De las distintas compilaciones que realizó de cuentos e
historias para niños, provenientes de la literatura universal, es
importante mencionar Este pícaro mundo (2007), que posee como eje la
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figura del pícaro en la Literatura. Todas las culturas tienen sus pícaros,
con características similares, donde lo importante es la función que
realizan más allá de los animales o personas que se encargan de
materializarlos. Por ejemplo, en Costa Rica o en Colombia es el Tío
Conejo, y en la Argentina el zorro que es conocido por este nombre
o por Juancito (Bianchi Bustos, 2021). En este caso, Shua se vale
de distintos pícaros provenientes de distintas culturas: una liebre, un
zorro, una araña o un hombre.
Tanto por los estudios preliminares que se han mencionado
como por las obras que reversiona, es posible deducir el lugar que
la autora le otorga a los cuentos de origen folclórico de las más
diversas culturas y que, desde su perspectiva, pueden actualizarse
para ofrecer a los nuevos lectores historias que forman parte del
patrimonio universal pero que no poseen, en palabras de Machado
(2004), una fecha de expiración, ya que abordan temáticas que son
vigentes en cualquier momento de la historia.
Y la historia se hizo presente
En el mundo ficcional que Shua crea por medio de sus personajes,
utiliza la historia para construir obras en las que se abordan temas
del pasado, no solo gracias a una muy buena documentación de
fuentes históricas, sino también por la ficcionalización de la vida
de grandes personalidades, como la gran escritora Juana Manuel
Gorriti, denominada en el libro con el seudónimo de Mamela, de
quien se toma su niñez para transformarla en un objeto literario.
La obra La flor de la maleza. Una historia de Juana Manuela Gorriti,
ambientada en la ciudad de Salta, ubicada al norte de la República
Argentina, inicia en 1827 y presenta algunas escenas de la vida de
esta mujer que, si bien ya mostraba su amor por las letras desde su
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

infancia, al mismo tiempo era tremendamente inquieta y juguetona.
En ese momento la educación era muy distinta a la actual, ya que la
formación de las mujeres se diferenciaba de la de los hombres , y se
menciona que su madre “les enseñaba a las chicas religión, lectura y
escritura. Y buenos modales, por supuesto” (Shua, 2020, p. 8).
Presenta a una niña como cualquier otra, que no se comporta
de acuerdo con las reglas sociales, sino como una niña impulsiva:
Esta vez, para variar, había vuelto a meterse en problemas. Dos
chicas fueron a contarle a la señora de Velazco que Mamela se
estaba peleando con una compañera en el patio de recreo. ¡Dónde
se ha visto a una dama tirándole a otra de las trenzas! Cuando llegó
la maestra, se encontró con un espectáculo todavía peor del que
esperaba. Mamela y su compañera Carmicha se revolcaban por el
suelo ¡peleándose como si fueran varones! (Shua, 2020, p. 13).

Por un lado, llama la atención la expresión del final de la cita
con la que se puede disentir hoy desde una perspectiva de género
distinta pero que, en el contexto de la época en la que transcurre
la obra, era totalmente común. Y por el otro, tenemos a una niña
que se comporta como tal en un colegio de monjas de la capital
y termina volviendo a la libertad de su hogar por no adaptarse y
después de haber sufrido las consecuencias de una educación
que indudablemente no era para ella. Además, presenta algunas
cuestiones muy interesantes sobre los vínculos de esta escritora con
el General Martín Miguel de Güemes, uno de los guerreros de la
independencia argentina.
Con menos basamentos históricos, Shua presenta una
versión distinta sobre una perra que fue muy conocida durante
su infancia: Laika. Es posible que muchos niños no la conozcan,
y por lo tanto, la autora contextualiza la historia en la época de la
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conquista del espacio con expediciones encabezadas por los rusos
y los norteamericanos. Sin ofrecer toda la información, el narrador
establece un diálogo con el lector y lo anima a que si desea saber
sobre el tema, le puede preguntar a su abuelo. De esa forma, en Ani
salva a la perra Laika (1996) explica que los rusos lograron poner en
órbita el primera satélite llamado Sputnik, que llevaba en su interior
a Laika, una perra destinada a morir dando vueltas alrededor de la
tierra; es ahí donde la protagonista interviene para salvarle la vida.
Retomando algunas ideas de Fanuel Hanán Díaz (2015) sobre
la ficcionalización de la realidad, en el caso de hechos históricos,
podría decirse que la ficción moldea la realidad resignificando
hechos sencillos que tienen que ver con lo cotidiano o modificando
el curso de la historia, para ofrecer otra mirada que no deja de ser
crítica.
Si se piensa en los dos últimos textos mencionados, el
primero tiene mayor anclaje a la realidad que el segundo, al tratarse
de una obra de corte histórico, pero ambos tienen la importancia de
acercarle a los niños hechos de la historia de la humanidad por medio
de la ficción y generando de esa forma, además del disfrute estético,
un aumento de las competencias culturales. A estos títulos se le
podría sumar otro que, si bien no pertenece al ámbito de la ficción,
resulta de especial interés para los niños: Vidas perpendiculares: veinte
biografías de personajes célebres (2019). En él se encarga de escribir las
biografías de grandes personalidades con un tono en el que mezcla
lo literario con los periodístico (una de sus grandes pasiones), para
presentar la historia de hombres y mujeres que se han dedicado,
a lo largo del tiempo, al arte o a la ciencia: Miguel de Cervantes
Saavedra, Marie Curie, Walt Disney, Isadora Duncan, Thomas Alva
Edison, Albert Einstein, Galileo Galilei, Carlos Gardel, Lola Mora,
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

Wolfgang Amadeus Mozart, Mary Shelley o Sor Juana Inés de la
Cruz, entre muchos otros. Son en total veinte personajes que, si bien
son de épocas y de países diferentes, tienen en común la manera
distinta de haber mirado el mundo.
Sus ideas en torno a la literatura infantil
Como lo han hecho otras escritoras pertenecientes al campo de la
literatura infantil, como Graciela Cabal, María Elena Walsh, Laura
Devetach y Graciela Montes, Ana María Shua también aporta algunas
ideas muy valiosas en torno a esta rama de la literatura tan particular
que, si bien no es depreciada ahora como lo fue en otros tiempos,
es utilizada aún con fines que nada tienen que ver con el disfrute del
lector. Por un lado, se encuentran distintos conceptos aparecidos
en prólogos que se han ido presentando a lo largo del artículo, pues
sirvieron como presentación de algunas de sus obras literarias, pero
por el otro algunos trabajos de corte académico. Precisamente en
uno de éstos, intenta definir (al igual que lo han hecho otros) qué es la
literatura infantil. Si bien cae en algunos lugares y lecturas comunes,
sostiene que concebirla como recreación y entretenimiento es algo
relativamente nuevo que proviene del siglo XIX y, aunque se diga lo
contrario, nunca renuncia a la moral. Menciona dos hechos de gran
importancia: la guerra y la censura hacia los cuentos de hadas que
presenta como la última y la aparición de un concepto que caracteriza
como temible, y es la consideración de que algo sea políticamente
correcto. Seguramente su idea sobre este último aspecto la llevó
a crear una gran cantidad de personajes que no cumplen con esa
premisa y son más parecidos a los niños de verdad.
Consciente del valor formativo de la literatura, en el prólogo
a los Cuentos del mundo (2008), Shua se dirige a los lectores y les dice
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que van a compartir su asombro al observar dos hechos que se dan
en paralelo: qué tan distintos son los pueblos del mundo entero y,
aunque parezca contrario a lo anterior, que los seres humanos se
parecen muchísimo.
Además de estas cuestiones, hay otra interesante de tipo
implícito que tiene que ver con el uso de la intertextualidad en sus
textos, apostando por un niño-lector en construcción que es capaz
de vincular distintas obras literarias o provenientes del cine como
un trabajo de apropiación que va realizando mientras avanza en su
camino lector. Esto, por ejemplo, se observa en el cuento Un ciervo
muy famoso, en el que el narrador presenta a Tony, y dice que desea
ser un famoso actor de cine y triunfar como le sucedió a otro ciervo
que había vivido en su mismo bosque, llamado Bambi. Se trata de
un procedimiento literario que resulta ser de gran atractivo para los
niños, pues al mismo tiempo de presentar un escenario geográfico
de la Patagonia argentina como el Bosque de los Arrayanes en
un contexto mucho más amplio, genera un espacio literario que
trasciende las fronteras de un país para pasar a ser universal. Al leer
este cuento de Shua, pareciera que el cervato está fuera del espacio
y del tiempo al intentar ser como ese otro ciervo famoso, y su
accionar al confundir la mira de un arma de fuego con una cámara
fotográfica hace que se combine la inmovilidad y el movimiento,
situando al animal en el ámbito de lo eterno (Arreola, 1972), pues
Shua le da un final (propio de muchos cuentos infantiles) en el que
el narrador apela al lector y le dice que si va al sur puede conseguir
un autógrafo de Tony.
No puede dejarse de lado una cuestión que tiene que ver
con el respeto al sujeto que recibe la producción literaria de esta
escritora. Al igual que lo hace María Elena Walsh (2014) en su
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

prólogo a Versos tradicionales para cebollitas, en el que explicita que el
contenido de ese libro proviene de grandes compilaciones folclóricas
realizadas por especialistas de la Argentina, Ana María Shua, en los
distintos cuentos, mitos y leyendas menciona cuál es su procedencia.
En palabras de la autora, “no me gustan los autores que se apoderan
de la tradición sin informar a los lectores que no están creando sino
adaptando o reescribiendo” (Shua en Rodríguez, s.f.). Por ejemplo,
en su libro, Planeta miedo, señala:
Las historias de este libro no fueron inventadas por mí. Son
cuentos populares, es decir esos cuentos que pasan de boca en
boca, que las abuelas les cuentan a los nietos sin saber de dónde
salieron (…) Todo lo que hice fue contarlos a mi manera. (Shua,
2010, p. 8).

Jugando con el humor, cierra el prólogo que ya se ha
mencionado, al libro Cuentos del mundo, con una frase por demás
atractiva en la que juega con un dicho popular (“los libros no
muerden”), dándole su toque de humor y de escritora comprometida
con el mundo de la cultura:
Yo pienso que los buenos libros muerden, por eso reescribí todos
los cuentos para afilarles los dientes. Cuando un libro te muerde,
te contagia las ganas de leer otro, y esto es lo que me propuse con
Cuentos del mundo. ¡Qué así sea! (Shua, 2008, p. 7).

Cerrando ideas
Este recorrido por una pequeña parte de la obra de Ana María Shua
permite conocer algunas características de una narrativa destinada
para los infantes en la que todo es posible y donde su autora utiliza,
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desde su concepción estética de la literatura y del valor del niño,
dos tipos de textos: por un lado, los provenientes de la tradición
folclórica de los distintos países del mundo y que reescribe, y por el
otro, los que son producto de su creación pero que siempre generan
vínculos con otros textos. Un elemento para destacar, y que se ha
mencionado, tiene que ver con la perspectiva ética de la autora
frente a la literatura de tradición oral y el respeto hacia los niños,
que se evidencia en el hecho de que en todos los casos mencione la
procedencia de los textos, creando en los lectores una competencia
cultural muy importante.
Puede observarse cómo es dueña de una poética de la infancia
particular, en la que la parodia y el humor se hacen presentes, al igual
que una intencionalidad implícita de dotar a los niños de universos
ficcionales en los que el centro sea la palabra literaria como una
puerta a más lecturas y a otros mundos posibles. Su literatura está
dirigida al niño actual, con sus características, los temas que le
preocupan y todas las aristas de un mundo complejo, como lo es el
de la niñez.

Referencias
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�Marcelo Bianchi Bustos / Cuentos y poemas para niños en la obra de Ana María Shua

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�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Otra música, otros retratos de infancias: una
mirada a la poesía infantil en Latinoamérica
Other music, other portraits of childhood: a look
at children’s poetry in Latin America
Adolfo Córdova
Linternas y Bosques. Blog sobre Literatura infantil y Juvenil
Universidad Veracruzana,
Veracruz, México
orcid.org/orcid.org/0000-0002-6990-5663

Fecha entrega: 20-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Córdova, Adolfo. This is an open-access article
distributed under the terms of Creative Commons Attribution
License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution,
and reproduction in any medium, provided the original author and
source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-85
Email: adolfo.cordova@gmail.com

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Otra música, otros retratos de infancias: una
mirada a la poesía infantil en Latinoamérica
Other music, other portraits of childhood: a look at
children’s poetry in Latin America
Adolfo Córdova
Linternas y Bosques. Blog sobre Literatura infantil y Juvenil
Profesor invitado Universidad Veracruzana
Profesor invitado Universidad de Zaragoza
Veracruz, México
adolfo.cordova@gmail.com

Resumen: El artículo proporciona una visión general de la poesía para
niños escrita en español desde mediados del siglo XX hasta la actualidad.
Se destaca la diversidad temática, formal y estética de esta producción
poética, desvinculándola de estereotipos y prejuicios asociados a la
literatura infantil y a las culturas latinoamericanas. A través de ejemplos
de autores y autoras de México, Argentina y Chile, se explora cómo la
poesía infantil latinoamericana aborda temas como migración, violencia,
naturaleza, juego, humor, memoria y asombro, con sensibilidad que respeta
la complejidad psicológica de la infancia y busca ampliar el concepto de
poesía e infancia. También se analizan las propuestas editoriales e ilustradas
que acompañan a estos textos, creando zonas híbridas entre el álbum y el
libro ilustrado, problematizando la relación entre texto e imagen.
Palabras claves: Poesía infantil – Literatura latinoamericana – Libro
ilustrado – Infancia

137

�Adolfo Córdoba / Otra música, otros retratos de infancias: una mirada a la poesía
infantil en Latinoamérica

Abstract: This article provides an overview of poetry for children written
in Spanish from the mid-20th century to the present. It emphasizes
the thematic, formal, and aesthetic diversity of this poetic production,
distancing it from stereotypes and preconceptions associated with
children’s literature and Latin American cultures. Through examples from
authors in Mexico, Argentina, and Chile, the article explores how Latin
American children’s poetry addresses themes such as migration, violence,
nature, play, humor, memory, and wonder, with sensitivity that respects
the psychological complexity of childhood and seeks to expand the
concept of poetry and childhood. The article also analyzes the editorial
and illustrated proposals accompanying these poetic texts, creating hybrid
zones between the picture book and the illustrated book, problematizing
the relationship between text and image.
Keyword: Children’s Poetry – Latin American Literature – Illustrated
Book – Childhood

138

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-85

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

En una cajita de fósforos / se pueden guardar muchas cosas.
Un rayo de sol, por ejemplo. / (Pero hay que encerrarlo muy
rápido, / si no, se lo come la sombra.) / Un poco de copo de nieve,
/ quizá́ una moneda de luna, / botones del traje del viento, / y
mucho, muchísimo más. // Les voy a contar un secreto / en una
cajita de fósforos / yo tengo guardada una lágrima (Walsh, 1965).

María Elena Walsh guardó una infinidad de tesoros en este poema
y lo ofreció a niños y niñas, codo a codo, en 1965. Desde allí,
“entre chicos” y no “para chicos”, como le gustaba aclarar, parecía
susurrarles que los comprendía, que sabía de sus tristezas y gozos,
que no importaba que “las personas mayores” los juzgaran. Ella,
igual que ellos, seguiría coleccionando “palitos, pelusas, botones, /
tachuelas, virutas de lápiz, / carozos, tapitas, papeles…”. Y podían
creerle, porque Walsh lo decía con una voz nueva, que sonaba
distinto, libre de métricas y rimas, íntima, dispuesta a ampliar las
maneras de leer y escribir, habitar, la infancia.
Lo mismo hizo Aquiles Nazoa más de dos décadas antes, en
1943, cuando publicó su poema “Método práctico para aprender a
leer en VII lecciones musicales con acompañamientos de gotas de
lluvia”. Aunque éste no apareció en un libro dirigido a niños y niñas es
evidente que quería hablarles. En su voz, cómplice y cercana, también
sin rima, se dan cita un papá tan heroico como Simbad el Marino, un
hada que hechiza un dedal de plata con su varita, canarios que calzan
“zapatillas de cristal y taconcito algo” y gacelas y cervatillos de lino.
Mi papá era Simbad el Marino. / Mi papá tiene un barco de vela
y un tren. Y un caballo blanco / de general. Y un cinturón de
hebilla de plata. / Mi papá es cazador y el tuyo no. / Mi papá me
trajo del bosque una mariposa verdeazulmar y un arcoíris chiquito
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-85

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�Adolfo Córdoba / Otra música, otros retratos de infancias: una mirada a la poesía
infantil en Latinoamérica

que encontró desnudo en el fondo del río. / La voz de mi papá es
como el viento entre los pinos (1943).

Walsh y Nazoa son dos de los paladines en la historia
de independencia estética e ideológica de la poesía infantil
latinoamericana. Contribuyeron a la liberación de la poesía para
niños y niñas de los deberes escolares, de la instrumentalización
moral, de un imaginario exclusivamente europeo, del encasillamiento
y arbitraje adulto; miraron críticamente las formas clásicas de la
lírica tradicional infantil para expandirlas hacia territorios temáticos
y estilísticos nuevos, más cercanos a los mundos interiores de
cualquier niño o niña.
Allí donde antes había una lección o rima que aprender,
proponían parodia, humor, disparate, duda y placer por la
experimentación, rejuveneciendo a las palabras o dándoles nuevos
significados, como quería Gaston Bachelard (1997), y diversificando
las tonalidades y el ritmo. Su sensibilidad poética, en continuidad
con la de fundadores decimonónicos como José Martí, Rubén Darío,
Carmen Lyra, Amado Nervo, Gabriela Mistral, Rafael Pombo y
Juana de Ibarbourou, y contemporánea a la de poetas como Javier
Villafañe, Dora Alonso, Óscar Alfaro, Jairo Aníbal Niño, Manuel
Agustín Aguirre, Laura Devetach y Alicia Morel, amplía el concepto
de poesía para la infancia, el concepto de infancia en sí mismo, y de
escritura que reproduce una sintaxis infantil.
Con la intención de responder quienes habían sido los
primeros en desplazarse formalmente de la tradición y quienes
continuaban explorando nuevas formas y actualizando los retratos
de infancia, inicié una investigación en 2017 con el apoyo de dos
becas, una de la Biblioteca Internacional de la Juventud en Múnich,
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Alemana, y otra del Centro de Estudios para la Promoción de la
Lectura y la Literatura Infantil, CEPLI, en Cuenca, España. Luego
de dos años de trabajo concluí una selección de poemas que publicó
Ediciones Ekaré a principios de 2021 con la edición de María
Francisca Mayobre y Ana Palmero e ilustraciones de Juan Palomino.
El poema de Walsh, inaugural en la antología y en la historia
moderna de la literatura infantil, inspiró, por sugerencia de María
Francisca, un muy justificado título para la antología: Cajita de fósforos.
El recorrido del presente artículo es resultado de esa
investigación y de otras lecturas previas que realicé en 2016, con
la ayuda de la Fundación SM y la biblioteca de IBBY México, para
presentar un panorama de poesía publicada entre 2013 a 2016 en el
Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil
(CILELIJ) de 2016. Se integra, en su mayoría, por poemas distintos
a los que reuní en la antología. Intento mostrar, con algunos
ejemplos, la diversidad temática y el compromiso político de las
obras contemporáneas. La pequeña muestra proviene de autores y
autoras de México, Argentina y Chile.
Hacia nuevos territorios políticos
Todas las lecciones del “Método práctico para aprender a leer en
VII lecciones musicales con acompañamientos de gotas de lluvia”,
de Nazoa, evidencian una profunda comprensión del mundo
infantil. Tan solo el título del poema ya propone una revolución
pedagógica, el tránsito de una educación para alfabetizar a una
educación artística, y de ahí, un quiebre mayor, el del juego poético.
La transición es entonces ruptura: del texto normado, escolar,
instrumental (y el poema muy a menudo se encuentra al servicio de
procesos de aprendizaje), al poema que resignifica con un enfoque
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�Adolfo Córdoba / Otra música, otros retratos de infancias: una mirada a la poesía
infantil en Latinoamérica

lúdico, que libera, reordena o amplía el mundo. Una cualidad del
quehacer o el cómo hacer infantil.
Este renovado entendimiento de la poesía infantil en
Latinoamérica se refina con la cajita de fósforos de Walsh de 1965
y continúa con poetas como Mercedes Calvo, Gloria Cecilia Díaz,
Antonio Orlando Rodríguez, María Baranda, Clarisa Ruiz, Jorge
Luján, Aramís Quintero, María Cristina Ramos, Marina Colasanti,
Jacqueline Goldberg, María García Esperón, Cecilia Pisos, Micaela
Chirif, Germán Machado, Laura Escudero y María José Ferrada.
Todos ellos y ellas, igual que Walsh, guardan lágrimas en las cajitas
que ofrecen a la infancia, respetan la complejidad psicológica de esa
etapa y aceptan acompañar dudas y temores.
La chilena María José Ferrada es una de las poetas
latinoamericanas más prolíficas y reconocidas de los últimos
años. Desde 2010 ha publicado 53 libros en los que se mezclan la
versificación libre, los poemas en prosa, las narraciones breves y
poéticas e incluso los textos informativos con haikús, siempre libre
de rima y explorando hibridaciones genéricas.
En El lenguaje de las cosas (2011) o en Escondido (2016) revela los
secretos de los objetos de casa, como los ovillos de lana, la chimenea
(donde se oculta un fantasma de humo), el armario o los fósforos.
“Los fósforos son las semillas alargadas del fuego que viven en el
interior de su caja. / Las personas los sacan, los encienden y ellos
brotan. / Su luz dura solo un par de segundos. Lo suficiente para
iluminar la primavera minúscula de la cena” (2011).

En El interior de los colores (2017), el túnel hacia la reelaboración
semántica es más profundo porque además de léxico es gráfico:
propone imaginar un breve momento en la vida privada de un
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color mirando un sencillo círculo de color sólido, una apuesta del
artista visual Rodrigo Marín. El libro recuerda otros experimentos
artísticos, como los lienzos monocromáticos franceses de finales del
siglo XX, o el arte conceptual y minimalista de Sol LeWitt. La voz
en segunda persona tiene un tono de instrucciones pero para un
juego, instrucciones siempre bienvenidas en la infancia.
“Mira el brote / Imagina lo que sueña / la flor que duerme en su
interior”.

El compromiso sociopolítico de Ferrada destaca en libros,
para niños y niñas mayores y adolescentes, como Niños o Notas al
Margen, en los que ensaya formas de habitar la infancia, desde la
poesía, que no niegan la violencia.
Niños (2018) se compone de poemas narrativos breves donde
Ferrada recupera la intimidad y, al mismo tiempo, la universalidad de
la perspectiva infantil, la forma de responder a deseos y reacomodar
la realidad operada por niños y niñas; Jaime, Héctor, Alicia:
Alicia.

De todos los regalos que le han dado este cumpleaños, / prefiere
los globos / con los que han adornado la casa para la fiesta. //
Porque si vuelan, si abre la ventana y los echa a volar, / será como
hacerle un regalo al viento. // Porque el viento también debe
tener un día de cumpleaños. / Aunque no lo sepamos, debe tener.

Sin embargo, como nos enteramos en el epílogo, los niños y
niñas evocados en este poemario fueron ejecutados en la dictadura
militar chilena.
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�Adolfo Córdoba / Otra música, otros retratos de infancias: una mirada a la poesía
infantil en Latinoamérica

La poesía de Ferrada materializa la tensión dialéctica entre
vida y muerte porque los imagina vivos, los hace vivir en tiempo
presente en sus poemas, como en pequeñas habitaciones textuales,
y, al mismo tiempo, no oculta el asesinato del que son víctimas.
Aunque la lectura de los poemas y del epílogo podría realizarse con
independencia de sentido, Ferrada las hace dialogar para activar
la dimensión política de la propuesta: recordarlos y nombrar la
injusticia. Una cara muchas veces oculta a la infancia. Y a pesar del
horror y la tristeza que revela el final del libro, alguna esperanza
mantiene por esa enunciación de los nombres de los niños y niñas
en presente y porque informa, asimismo, que uno de los 34 niños
secuestrados sobrevivió.
Notas al margen (2020) es otra fuerte sacudida en la que la
poeta retoma titulares y párrafos de notas periodísticas como “Miles
de personas desplazadas una vez más por la represa Tres Gargantas”,
“No podemos volver a Rumania, es el infierno” o “Protesta por la
desaparición de sus hijas con cientos de zapatos rojos”, para escribir
un poema que recupera la emotividad de las historias, tantas veces
normalizadas por la impunidad, y despierta la emotividad, empatía,
del lector.
Paisajes familiares, búsquedas y migraciones
Visibilizar un contexto específico también es importante para la autora
mexicana María Baranda, quien le habla a niños y niñas que nunca han
visto elefantes, jirafas y cebras en su patio trasero. En Un ajolote me dijo
(2017) construye paisajes familiares para niños y niñas mexicanos.
“Vienes de la Cueva del Tecolote. / Tienes los ojos negros y la piel
/ como tambor en la cálida selva / de la lluvia (…). Perro mío,

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perro único, / perro monstruo, monstruo mío. // Dame tus ojos
abiertos / para mirar adentro de la noche”.

El xoloitzcuintle, el jaguar, el venado cola blanca, el teporingo,
el lobo gris, la iguana e incluso el buitre dicen sus nombres para
evitar que los lectores les teman. María Baranda explora y juega con
varios tonos y pausas hechas con aullidos, aleteos, deslizamientos
y chapuzones. Las ilustraciones poéticas de Armando Fonseca
aumentan el asombro, la belleza y el tiempo que dedicamos a
cambiar de piel en cada doble página.
En Diente de León (2012), un largo poema narrativo, cargado
de lirismo, Baranda particulariza más al dar testimonio de la precaria
vida de una niña que no puede invitar a todos sus amigos a su fiesta
de cumpleaños porque “la comida no le alcanza”. Entre pueblos
ocupados por soldados, paisajes secos y mucha soledad, la niña tiene
que lidiar con el dolor de perder a seres queridos y viajar en busca de
su madre, que se va casi desde el principio de la historia:
Mañana cumplo once años. / Mamá dice que podrán / venir
Felu y Maki. / Ella hará un pastel grande, / inmenso, enorme,
de ciruela. / Once es mi número de la suerte. / “¿Podrían venir
once amigos?”/ “No”, dice mamá, “no alcanzará la comida. /
Y las fiestas son para celebrar, / No para padecer”. / Padecer
es una palabra que / se cae / lenta / de la boca de todos. / “Se
padece”, susurra la abuela, “ahora / todo se padece”. / “¿Y cómo
era antes?”, quiero saber. / “Diferente”, contesta mamá. / Y sus
ojos se llenan de aire.

Esta dura realidad de exilios y migraciones involuntarias,
que tantos niños atraviesan en México y Centro y Sudamérica, es el
eje de Los hermanos Zapata. Una ópera del desierto mexicano (2017), de
Torgeir Rebolledo Pedersen y Lilian Brogger. Se trata de un soplo
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infantil en Latinoamérica

de aire fresco para la epopeya: las hazañas narradas aquí son las de
un par de gatos que cantan corridos y terminan perseguidos por el
crimen organizado porque no le quieren componer un corrido a un
presidente municipal narco. Cumplir el sueño americano será el plan
de escape y supervivencia, para uno de los gatos, en compañía de
otros personajes amenazados. Pero su trayecto en el desierto, cruzar
la frontera, tampoco será fácil.
Una característica elogiosa de esta arriesgada propuesta
radica en dar visibilidad a un tema casi inédito en los libros para
niños y niñas que se publican en México: la complicidad entre
gobierno y narcotraficantes, las ejecuciones públicas y el exilio. El
tono entre crudo y cómico del poema se corresponde perfectamente
con las ilustraciones hiperbólicas y en clave de cómic. El libro vuelve
paródica la monstruosidad y permite a niños, niñas y adolescentes
transitar una realidad atroz a través del humor.
En un tono muy distinto, pero también con realismo
social y revisitando la lírica de tradición oral infantil, cabe
mencionar Cancionero para los niños invisibles de Emilio Lome y Jimena
Estíbaliz (2022), uno de los diez libros ganadores del concurso
«Alas de lagartija», convocado por el programa Alas y Raíces de la
Coordinación Nacional de Desarrollo Cultural Infantil (CNDCI) en
2021.
Ahí, Lome, también músico y poeta a quien le gusta versionar
retoma distintas canciones infantiles tradicionales y las lleva a un
sitio muy distinto: el de los niños y niñas migrantes de México y
Centroamérica.
«Una muñeca vestida de azul», arrebatada por policías
fronterizos; «Tin marín de do pingüé», a ver a quién le lanza una
piedra a la migra; «Jugaremos en el bosque» mientras el coyote no
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está; «Una rata vieja que era planchadora», como la abuela de un niño
que junta todos sus ahorros para que él se vaya; «Doña Blanca está
cubierta…», canta una mamá para que su hija se tranquilice luego de
una detención; «Los pollitos dicen pío pío pío» y una niña adopta a
otros niños como si fueran sus hijos…; y varios más, con una crudeza
que en algunos casos se aleja de lo que podría considerarse «apto»
para niñas y niños, problematizando esa categoría. También recuerda
al Libro centroamericano de los muertos de Balam Rodrigo (Premio Bellas
Artes de Poesía Aguascalientes 2018), como si esta fuera su versión
infantojuvenil, que abona a la renovación de la lírica de tradición
oral de la presente década.
Hacia interiores más hospitalarios y hasta las estrellas
De una noche fría e incierta en el desierto a una noche, al fin, bien
cobijados. En La casa de mis abuelos (2017), el narrador oral Jermán
Argueta hace que los lectores disfruten de la compañía de los
abuelos en una atmósfera hogareña, acogedora y rural. No depura
la nostalgia adulta, cuenta en verso como si fueran sus memorias
de niño, pero es elocuente y consigue convencernos de habitar
ese recuerdo. “Yo jugaba con el lodo / y hacía pacientemente /
animalitos de barro. // Mis manos eran de barro; / yo era de barro”.
Las ilustraciones de Rosi Aragón exploran en distintas capas,
igual que sucede con los recuerdos, texturas de papel recortado,
fotografía e imagen digital.
Y de esa noche familiar en la memoria a otra noche que
conjura el temor común a la oscuridad en Esto que brilla en el aire de
la argentina Cecilia Pisos (2017). Ahí un chico reinventa la relación
con los temores nocturnos.
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�Adolfo Córdoba / Otra música, otros retratos de infancias: una mirada a la poesía
infantil en Latinoamérica

“La noche es / un animal oscuro / que llega cada día / a la hora
del sueño. // Algunos niños temen / su color profundo / y
dejan / una lucecita / para tenerlo a raya. // Yo en cambio /
me acurruco / entre sus blandas patas / que me protegen del
resplandor del mundo”.

Cecilia Pisos coloca a los niños y niñas en el centro con un
motivo poético clásico: la fascinación por la naturaleza. La nieve, la
tela de una araña, un cardumen de peces como estrellas, una bandada
de versos como pájaros en el cielo, muchos juegos entre charcos de
noche y algunas preguntas recostados en la hierba son abordados
desde una mirada que la hizo ganar el Premio Hispanoamericano
de Poesía para Niños 2016. El libro, ilustrado por Ana Pez, quiere
que la infancia gane territorio. Calma una sed universal de juego y
expedición, independientemente del contexto.
Y ese deseo expedición llega a la luna con dos poemarios
más.
Pequeño elefante transneptuniano de Martha Riva Palacio Obón
(2013) es un extraño paseo estelar, lleno de caligramas, en el que una
niña, Ana, salta, se balancea y explora estrellas, planetas y satélites
junto a un elefante imaginario.
Pequeño / elefante: / tus colmillos / en cuarto creciente / brillan
/ en el cielo. / Si me deslizo / por ellos, / ¿Llegaré hasta Neptuno?
// Lluvia / de estrellas: / Desde su nave en cuarto / menguante
/ Ana pesca meteoritos / con su red de uranio. / Perlas-sideritas
/ para una niña / fantasma.

Y Astronomía poética, escrito e ilustrado por Juan Lima (2018),
en el que se invitar a los lectores a prepararse para ser astronautas,
crear sus propios trajes espaciales, despegar en una nave espacial
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latinoamericana, conquistar galaxias desconocidos y escribir poemas
inéditos.
“Dibujo / en el cuaderno / una nave con forma de flecha /
apuntando al cielo / enciendo los motores / remonta vuelo /
parece pájaro / oriento la antena / y mando señales bip bip/ le
saco una pluma / y escribo este / poema”.

El mismo Lima escribió, en un libro hermano y previo,
Botánica poética (2015), un poema que sintetiza la inquietud de este
artículo: “Si la poesía / no se fuera alguna vez / para el lado de los
tomates / sólo probaríamos / ensalada de / frutas // (el poeta /
cuando no sueña / vuela)”.
Lo que está por suceder
Estas expresiones poéticas sin rima rompen con la idea de que este
tipo de poesía es exclusivamente para jóvenes y que la poesía rimada
es la forma adecuada para dirigirse a los más pequeños. Al hacer
esto, también multiplican nuestras ideas sobre la infancia y dibujan
retratos de niñas y niños más diversos.
Como había publicado ya en 1993 Antonio Orlando
Rodríguez, en un libro pionero en su diversidad de formas, Mi
bicicleta es un hada y otros secretos por el estilo:
“Mi verso es libre de volar a donde quiera. Viene y se posa en la
rama de algún árbol, en un alero, en la tendedera de la vecina, en
cualquier página en blanco de mis cuadernos”.

Si bien todavía existe un estilo poético que recicla y desgasta
el repertorio léxico formal y temático de la poesía escrita en castellano
desde principios del siglo XX, una parte considerable de la creación
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infantil en Latinoamérica

actual en Latinoamérica busca una musicalidad distinta (en forma de
verso libre, poema en prosa y poesía visual, normalmente sin rima,
o con tonalidades mixtas, e incorporando variaciones en sangrado,
espaciado y puntuación), que cuestiona y rechaza los estereotipos
y preconceptos generalmente asociados a la poesía infantil y las
culturas latinoamericanas.
En aquella cajita de fósforos de Walsh hoy caben héroes
y heroínas que emprenden viajes simbólicos y se sumergen
afectivamente en paisajes personales complejos y ricos, objetos
cotidianos o colores interiores que revelan secretos, formas de
nombrar y resistir a la migración, el terrorismo de Estado y el
crimen organizado, regresos a la naturaleza y a lo salvaje y hasta
ampliaciones del espacio en naves espaciales.
Además, esta poesía suele ser publicada en ediciones
ilustradas que problematizan la relación texto e imagen con reglas
distintas a las del álbum y que tampoco se limitan a la lógica del libro
ilustrado, van creando una zona híbrida con sus propias reglas y
potencias que investigadoras como María del Rosario Neira Piñeiro
han llamado “álbum lírico” (2019).
Termino este itinerario con un libro emblemático por su
variedad de formas: poemas con rima y sin rima, con métrica clásica
y libre de ésta, de apenas un par de versos, como greguería o retahíla,
o integrando acrósticos, con tono de haikú o de ronda, usando
hemistiquios que parten palabras, proponiendo juegos visuales y
verbales… Su exploración de temas o tradiciones poéticas (hablar
de la naturaleza, animar los objetos, plantear preguntas…) también
es amplia.
Se trata de Palabras manzana de Jorge Luján, publicado
originalmente hace 20 años con ilustraciones de Manuel Marín por
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la editorial Anaya en España y reeditado el año pasado en México
con ilustraciones de Jesús Cisneros (2022).
Un caligrama reproduce a una bandada en vuelo o es un
pájaro hecho de palabras que dice: “se van / como las aves / Los
días” y también: “Los días / como las aves / se van / Como la
luna que cruza el lago”, y en la ilustración: aleteos en distintas fases
y un ave que lleva en su pico el cordel de una cometa-sol. La tensión
justa entre la literalidad imagen-texto y su reelaboración metafórica
hacen que lector o lectora se sume a la bandada de significados y no
vuele hacia otros libros.
También “La presa” sirve para abrir mundos y cerrar este
recorrido:
“Vi un lobo / pero en realidad / ¿cómo saber si estaba allí? / Su
aliento azul, / no provocaba menos mareas que la luna / De sus
patas sobre mi pecho / no puedo hablar / porque yo aún dormía
/ Todo lo demás / está por suceder” (Cisneros, 2022).

Esto es lo que nos dice la poesía para niñas y niños en
Latinoamérica: que todavía hay vasto un camino de singularidades,
sonoridades, infancias, por escuchar y escribir.

Bibliografía
Argueta, J. y Aragón, R. (2017), La casa de mis abuelos, México,
Edelvives.
Bachelard, G. (1997), La poética de la ensoñación, México, FCE.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-85

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infantil en Latinoamérica

Baranda, M. y Fonseca, A. (2017), Un ajolote me dijo, México, Ediciones
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Córdova, A. (Ed.) (2019). Renovar el asombro. Un panorama de la poesía
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Córdova, A. y Palomino, J. (2020). Cajita de fósforos. Antología de poesía
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Ferrada, M. J. y Carrió, P. (2011), El lenguaje de las cosas, España,
El Jinete Azul.
Ferrada, M. J. y Marin, R. (2014), Escondido, Chile, Ocho libros.
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Editorial Planeta.
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Lome, E. y Estíbaliz, J. (2022) Coordinación Nacional de Desarrollo
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Nazoa, A. (2020), “Método práctico para aprender a leer en VII
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lluvia”, Cajita de fósforos. Antología de poesía sin rima,
Venezuela/España, Ediciones Ekaré.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-85

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

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álbum ilustrado para niños y jóvenes”, Renovar el asombro.
Un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en
español, España, UCLM.
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Rebolledo Pedersen y T., Brogger, L. (2017), Los hermanos Zapata.
Una ópera del desierto mexicano, México, Libros para imaginar.
Riva Palacio, M. (2013), Pequeño elefante transneptuniano, México, El
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-85

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�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Los poemas infantiles de Juana Borrero
Juana Borrero’s children’s poems
Alejandro Vergil Salgado
El Colegio de México,
Ciudad de México, México
orcid.org/0000-0002-4950-212X

Fecha entrega: 17-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Vergil Salgado, Alejandro. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-82
Email: avergil@colmex.mx

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Los poemas infantiles de Juana Borrero
Juana Borrero’s children’s poems
Alejandro Vergil Salgado
El Colegio de México
Ciudda de México
avergil @colmex.mx

Resumen: dentro de la obra literaria de la poeta cubana Juana Borrero, se
ha desestimado aquella parte de su producción escrita durante su infancia.
Considerándolos indispensables para conocer la gestación de la lógica
conceptual, mirada, sensibilidad e imágenes que la seguirían caracterizando
en sus etapas posteriores, el presente artículo analiza, entre otros, poemas
como Sol poniente, «Vino un niño», A la luz de la luna, «¿Dónde estás?...»,
¡Amor perdido!... y Todo para ti, en conjunto con algunas de sus cartas,
para complementar el panorama del imaginario de esta mujer, antes niña,
y establecer conexiones sobre su proceso creativo.
Palabras clave: Poesía cubana – Poética infantil – Juana Borrero
Abstract: within the literary work of the Cuban poet Juana Borrero, that
part of her production written during her childhood has been neglected.
Considering them indispensable to know the gestation of the conceptual
logic, gaze, sensibility and images that would continue characterizing her
in her later stages, the present article analyzes, among others, poems such
as Sol poniente, Vino un niño, A la luz de la luna, ¿Dónde estás?..., ¡Amor
perdido!... and Todo para ti, along with some of her letters, to complete
the panorama of the imaginary of this woman, once a girl, and establish
connections on her creative process.
Key words: Cuban Poetry – Children’s Poetic – Juana Borrero

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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Juana Borrero (1877-1896), escritora y pintora cubana, legó una obra
poética breve e intensa, así como lo fue su corta vida. El único libro
publicado mientras vivía, Rimas (1895), reúne apenas dos decenas
de sus poemas. El resto de ellos se encontraban desperdigados en el
tomo iv de La poesía lírica en Cuba (1928), de José Manuel Carbonell, o
en revistas, tales como La Habana Elegante, El Fígaro o Revista de Cayo
Hueso. Algunos se difundieron por Ángel Augier y Dulce Borrero en
sus conferencias sobre la poeta, y otros estuvieron inéditos hasta que
Fina García Marruz compiló todo ese material, junto con dibujos y
fragmentos de prosa que le proporcionó Mercedes Borrero, en su
edición de Poesías (1966).
Más vasta fue su producción escritural en forma de diario y
la correspondencia con su amado, Carlos Pío Uhrbach, editada en
dos tomos por Cintio Vitier en Epistolario I-II (1966-1967), donde
“llevó a cabo la más exquisita y a la vez atormentada (re)creación
de sí misma” (Moris, 2009, p. 104). En mayor medida, la estrecha
vinculación entre vida y literatura que sus cartas revelan ha llamado
la atención de la crítica, en comparación con sus poemas. ¿Cómo
no va a provocar intriga, admiración o hasta morbo el hecho de que
una joven de diecinueve años escriba una carta con su propia sangre,
meses previos a su muerte, porque se siente limitada para expresarse
a través de las palabras? Borrero redacta el 11 de enero de 1896:
jamás me he sentido tan triste al comenzar a escribirte. Jamás el
lenguaje ha sido más indócil ni más insuficiente tampoco. Por eso
te he querido escribir en esta clase de tinta que te sugerirá la mitad
de mis pensamientos. (1967, p. 256).

Dicha especie de acto performativo representa sólo una parte
de los deseos, de las preocupaciones y emociones que atribularon a
la adolescente.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-82

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�Alejandro Vergil Salgado / Los poemas infantiles de Juana Borrero

Con respecto a los poemas que Borrero escribió durante
su infancia, entre 1886 y 1887, debemos enfatizar que han sido
completamente relegados de los estudios literarios. Quizás lo
anterior se deba a que son considerados a priori como “literatura
infantil”, de escaso valor literario, o caracterizados como meros
ejercicios poéticos, porque fueron escritos por una niña.1 En parte, la
recepción de Borrero ha sido la de una poeta cuya muerte temprana
le impidió “llegar a la plenitud de su talento” (Henríquez, 2003, p.
23), o a “la completa floración de esta excepcional mujer, tanto en
el plano intelectual como en el humano” (García, 1997, p. 294). Las
enunciaciones predisponen la lectura de su obra literaria en cuanto
a inacabada, en gestación, como si hubiera una meta en la creación
poética que sólo se alcanza hasta la edad madura.
Por consiguiente, el presente artículo se aproxima a los
poemas producidos entre los nueve y diez años de Borrero, porque
quiero comprender cómo se relacionan con otros y, así, evidenciar
su importancia dentro del conjunto de su obra literaria. Los textos
considerados en este estudio son: Sol poniente, «Vino un niño», A la
luz de la luna, «¿Dónde estás?...», ¡Amor perdido!... y Todo para ti.2
Como respuesta tentativa propongo que, en estos poemas, el sujeto
lírico configura una mirada interior, una sensibilidad infantil (mas no
infantilizada) e imágenes poéticas que se expanden y transmutan en su
1
García Marruz titula Versos infantiles a la sección donde están
recopilados los primeros poemas de Borrero. Presentarlos como versos y no
como poemas, implica una escisión o diferenciación con el resto de los textos
incluidos en el volumen. En cambio, la edición de Francisco Morán, La pasión
del obstáculo. Poemas y cartas de Juana Borrero (2005), restituye su valor
estético, cuando los reúne bajo el conjunto Poemas escritos en la infancia.
Tales determinaciones editoriales condicionan una mirada crítica.
2 Citaré los poemas desde la edición de García Marruz, Poesías (1966).
Respeto la puntuación como aparece en los títulos.

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obra posterior, escrita durante su adolescencia. Es decir, la melancolía,
el dolor amoroso, la ambientación nocturna, la búsqueda del amado
y las preocupaciones expresivas fueron motivos recurrentes en su
poesía, aun en aquellos poemas que escribió cuando era una niña.
La “virgen triste” es el epíteto “que más ha trascendido en
la recepción de la escritora” (Moris, 2009, p. 112), asignación que
proviene del poema homónimo compuesto por Julián del Casal,
quien apreció antes que nadie la obra de Borrero.3 Como bien señala
Natalie Roque, desde entonces los acercamientos psicológicos o
biográficos han prevalecido en los estudios literarios y han reforzado
la imagen mítica de su personalidad (2018, pp. 9-10). Aunado a ello,
me parece que se produce un fenómeno paradójico porque, por
un lado, sus contemporáneos y la crítica del modernismo cubano,
entrado ya el siglo XX, abundan en otros epítetos para enaltecer el
mito de la niña prodigio;4 por el otro, no profundizan en su obra,
sino que la vinculan con figuras masculinas, como Casal o Uhrbach.5
3 El poema “Virgen triste” fue publicado en La Habana Elegante, en
1893, e incluido en la edición de García Marruz (cfr., la nota al poema de
Casal, 1966, pp. 168-169).
4 Por ejemplo, Casal la denominó “una niña de doce años [que] ha dado
tan brillantes muestras de su genio excepcional” (1966, p. 160). Por su parte,
Aniceto Valdivia, mejor conocido como el Conde Kostia, la llamó “niña-musa”,
“niña-maga” (1966, p. 59), mientras que Rubén Darío se refirió a ella como “una
dulce y rara niña”, “extraña virgen” (1966, p. 175). De manera semejante, la nota
que acompaña el poema “Crepuscular”, publicado en La Habana literaria el 15
de noviembre de 1981, la describe así: “la encantadora y dulce niña” (Borrero,
1891, p. 109). Para Pedro Henríquez Ureña, Borrero es la “hermana menor [de
Casal]” (2003, p. 22); para su hermano, Max Henríquez, una “niña genial” y un
“caso de precocidad sorprendente” (1962, p. 125; p. 419).
5 Francisco Morán apunta que Borrero fue considerada por mucho tiempo
una “sombra casaliana” o un “apéndice [...] de su padre [Esteban Borrero], o de
Casal” (2005, p. xxii).
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Por supuesto, es lógico que no exista mención alguna sobre su poesía
infantil escrita antes de los doce años, pues ésta no se conocía hasta
la edición de García Marruz.
Aunque desde 1966 los estudios han aumentado, la estela
de las percepciones anteriores permanece, pues la mayoría están
“orientados hacia el estudio de su vida y su epistolario” (Schulman,
1997, p. 323), como he mencionado. Escasas excepciones han
intentado deconstruir el mito de la “virgen triste” y reposicionar
la obra como punto central de las inquisiciones. Recientemente
cabe destacar a Ivan Schulman, quien inserta la obra de Borrero
dentro de la poesía modernista hispanoamericana y rescata sus
rasgos más esenciales, como “los paisajes vistos a través de un
cristal interior, concreciones de la vida espiritual”, “la lucha entre
la vigilia y el sueño”, “las bipolaridades simbólicas” (1997, p. 328),
entre otros. Por su parte, Morán insiste en acercarse a la obra de
Borrero “desde la pulsión erótica” y “el protagonismo sensorial
del cuerpo” (2005, p. xxiii). En cambio, Ottmar Ette, desmantela
el concepto de niña-prodigio a partir de las ideas sobre el enfantpoète de Roland Barthes (2017, pp. 272-276), propone una lectura
novedosa sobre el vínculo entre poesía, pintura y juego de miradas, y
evidencia los cuestionamientos de Borrero sobre los roles de género
en sus cartas. Roque (2018) sigue la línea anunciada por Schulman
sobre los paisajes interiores, analiza las configuraciones de espacios
discursivos nocturnos, luminosos y aquellas espacializaciones
vinculadas con la figura del amante. Finalmente, aunque Judith
Moris no realiza ningún análisis textual en su artículo La saga/fuga
de J. B. (2009), el recuento minucioso sobre el devenir crítico de la
obra de Borrero es una valiosa síntesis.
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Con este somero recorrido, puede darse uno cuenta que
ya existe un cambio fundamental en la apreciación de la poesía de
Borrero, desde finales del siglo XX y principios del XXI. Aunque
muchos críticos subrayan que la poeta escribió poemas desde los
siete años, nadie se ha detenido en comentarlos, pues dentro del
corpus los más constantes son Apolo, ¡Todavía!, Mis quimeras, Su
retrato, Las hijas de Ran y Última rima. De esta manera, aún falta
llenar huecos. Un modo de hacerlo es reconsiderar la imagen de la
niña, ya no como virgen ni como prodigio puesto sobre un pedestal,
sino como una mujer que desde temprana edad fue instruida en
las letras y en las artes; condición clave que impulsó y desarrolló
sus habilidades creativas, las cuales, en palabras de Beatriz Espejo,
alcanzaron “una madurez estilística” (1992, p. 70), aunque la poeta
cubana sólo vivió casi veinte años.
Antes de dar paso al análisis de los poemas infantiles,
brevemente quisiera evidenciar la escasa bibliografía acerca de la
creación literaria realizada por niños y no para niños. Si bien en
los últimos años los avances para revalorizar la literatura infantil y
juvenil –aquella escrita por los adultos, pero destinada a los infantes
y adolescentes (Cervera, 1992, p. 18)–, trascendiendo su función
meramente didáctica y reconsiderando sus cualidades estéticas, en
general, los mismos “autores que escriben sobre la literatura infantil
producida por el adulto no mencionan ni hablan de la producción
literaria del niño” (Rodríguez-Bello, 1992, p. 27). Respecto a este
asunto, Laura Guerrero explica:
Los expertos y conocedores que definen el concepto [de literatura
infantil y juvenil] y lo clasifican, no obstante y de manera también
general, no conciben que los textos escritos por niños o niñas

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�Alejandro Vergil Salgado / Los poemas infantiles de Juana Borrero

sean literatura. Están convencidos de que la configuración artística
es una capacidad o destreza que sólo se logra con los años y el
aprendizaje de las reglas de composición. (2012, p. 13).

Cabe preguntarse, entonces, ¿qué ocurre cuando una niña o
un niño tiene una formación disciplinada y se le incentiva a pintar
o escribir con intención expresiva? ¿Es suficiente que las infancias
tengan la aspiración de hacer literatura (escribir un cuento o un
poema), para que lo producido sea analizado por los críticos como
tal? “¿Cómo medir o evaluar los poderes del intelecto del niño si
se considera sólo un consumidor de literatura?” (Rodríguez-Bello,
1992, p. 28). En este momento no tengo respuestas, sin embargo,
el caso de Juana Borrero es particular, porque desde pequeña vivió
dentro de un contexto que posibilitó las condiciones de su escritura.
Ette es muy claro en este punto:
Juana Borrero no era de ninguna manera autodidacta ni como
pintora ni como poetisa, sino que disponía de una excelente
educación gracias a su formación artístico-literaria [...], las
habilidades de la pequeña Juana, sin lugar a dudas muy superiores
a su promedio, fueron promovidas sistemáticamente desde el inicio;
se discutían sus trabajos y se dieron a conocer pronto más allá del círculo
familiar. (2017, p. 273. Énfasis personal).

Dicho lo anterior, el primer poema de Borrero del que se tiene
noticia es Sol poniente,6 escrito a los siete años (Morán 2005, p. ix).
Según García Marruz, Dulce Borrero lo recupera en su conferencia
Evocación de Juana Borrero, de 1945; la editora lo considera un
6 Hay otro poema de Borrero titulado Sol poniente, publicado en El fígaro
de septiembre de 1895. Son dos poemas distintos, en cuanto a estructura métrica
y desarrollo temático.

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fragmento, aunque no justifica por qué.7 A mi parecer, existe un
concepto concluyente entre la puesta de sol y la inspiración poética,
así como una estructura unitaria conformada por endecasílabos y
heptasílabos. Borrero compone una pequeña silva que sólo cumple
con rimas consonantes en los primeros cuatro versos. El poema dice:
Por la tarde, en los sitios misteriosos
cuando cesa la alondra de cantar
y Véspero se oculta tembloroso
en el seno del mar;
cuando agoniza el sol reverberante
y extiende por el cielo su arrebol,
sobre mi frente pensativa siento
bajar la inspiración! (1966, p. 111)8

Llama la atención la configuración del espacio poético y el
detalle de cómo el anochecer es personificado con Véspero, es decir,
la estrella Venus. La transición entre luz y oscuridad, o viceversa, es
una de las imágenes constantes que aparecerá en la poesía posterior
de Borrero. Por ejemplo, el astro es mencionado con su carácter
tembloroso en el soneto Vespertino: “Hacia el ocaso fúlgido titila
/ el temblador lucero vespertino” (vv.1-2, p. 117), mientras que en
el primer cuarteto, la imagen del sol agonizante se repite: “El rayo
débil que las nubes dora, / lentamente se extingue, agonizante,” (vv.
9-10, p. 117).
En palabras de Roque, “con luminosidades que nacen o se
disuelven en la sombra, la aurora y el crepúsculo devienen límites
7

Cfr. nota 1 al poema (Borrero, 1966, p. 111).

8 En cuanto a otros poemas contenidos en el mismo volumen editado por
García Marruz, indico el número de versos (vv.) y paginación.
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entre la noche y el día; integran [...] [una] orilla de tonalidades vagas
definible solo por su mutabilidad, extrañamente detenida” (2018, p. 31).
Los heptasílabos de los versos cuarto y octavo funcionan para agrupar
dos escenas: la primera contiene los elementos visuales y sonoros para
configurar un ambiente íntimo (la alondra, Véspero y el mar), y tiene
como protagonista a Venus; la segunda, desplaza la mirada hacia el sol,
cuyo adjetivo evoca un sentimiento doloroso en sintonía con el color del
crepúsculo, e introduce a la voz poética como observadora y participante
de ese paisaje exterior. Así, el poema enuncia cómo el sujeto lírico siente
“bajar la inspiración”, momento crucial para el proceso creativo. De
manera semejante, y retomando la noche como un tiempo misterioso,
la adolescente Borrero profundizará en Mis quimeras: “En el misterio
de la noche / Cuando el insomnio me atormenta / Gira en mi mente
visionaria / Alado enjambre de quimeras” (1966, vv. 1-4, p. 64).
Ahora bien, cabe mencionar mi sospecha sobre la veracidad de
que Sol poniente sea el primer poema de todos. A pesar de su brevedad,
percibo cierta complejidad en la selección del léxico. Es decir, palabras
como “Véspero”, “reverberante” y “arrebol” son elevadas para una
niña de siete años. Debido a la formación y el estudio de Borrero,
es posible que las conociera y las utilizara, pero no tengo forma de
comprobarlo. Sin embargo, no hay que olvidar que el testimonio al
respecto proviene de la conferencia de su hermana, Dulce, de 1945, y
la crítica lo ha tomado sin cuidado; en su lugar, hay que considerarlo
con recato. Como demuestro a continuación; los siguientes poemas
analizados contrastan drásticamente en el manejo de un vocabulario
más simple, pero que no por ello pierden carga emotiva y poética.
Veamos el primer caso. Fechado en 1886 (para entonces,
Borrero tendría alrededor de nueve años), «Vino un niño» está
compuesto por catorce versos tetrasílabos. Según Rudolf Baehr,
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este tipo de verso es el más corto capaz de lograr autonomía rítmica,
debido a la acentuación en primera y segunda sílabas, configurando
un ritmo trocaico; además, señala que sólo a partir del Romanticismo
comenzó a utilizarse independientemente de otras métricas para
estructurar un poema (1973, pp. 87-90). Escribe Borrero: “Vino un
niño / Pasajero / que se llama / Cupidillo / Mensajero / del amor.
/ Vino aquí / Con alegría / Sana flecha / Me clavó / Que me hiere
/ Noche y día / Y me agobia / De dolor (1966, p. 141). Nótese
la diferencia del vocabulario usado en “Sol poniente”, por lo que
intuyo que éste es posterior.
“«Vino un niño»” es un poema aparentemente sencillo, breve
y condensado, con un léxico llano. Sin embargo, puede apreciarse
cómo Borrero cumple con la condición rítmica y métrica (a excepción
del verso cinco, donde debe producirse un hiato para evitar que sea
hipermétrico), y utiliza algunos recursos formales y retóricos. Por
ejemplo, la anáfora (“Vino”) que ocurre entre el inicio y la mitad
exacta del poema, o la pausa en el sexto verso para establecer dos
unidades de acción distintas (la primera presenta a Cupido como
mensajero, el segundo como arquero que hiere). Dichos elementos
provocan el giro que causa una impresión inmediata en el cambio
de tono. La situación alegre y lúdica se traslada a una emoción
dolorosa, marcada a su vez por la coincidencia de una rima simple
entre “amor” y “dolor”, pero que tiene significado en cuanto a que
los vocablos cierran dos bloques contrapuestos. De esta manera, el
concepto y la imagen desarrollados adquieren una intensidad similar
a la flecha que el pequeño Cupido clava en la voz poética.
Por otro lado, Borrero utiliza encabalgamientos para dar
aliento a versos tan cortos. También emplea un ligero hipérbaton
entre “Sana flecha / me clavó”, que constituye la parte medular
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del poema, pues la “herida de amor” es la que permanece. A fin
de cuentas, lo que estructura el poema es la alegoría configurada
con la alusión mitológica. El dios del amor es caracterizado con
tres palabras tetrasílabas aisladas que forman un encadenamiento:
Cupidillo-pasajero-mensajero. Cabe destacar el diminutivo para el
nombre, porque permite a la voz poética igualar al personaje con su
propia edad; un niño cuya presencia es efímera, ya que sólo viene
a dar un mensaje con su flecha para, después, abandonarla. En este
sentido, Borrero da sus primeros pasos literarios con un poema
corto y alejado temáticamente de lo que uno esperaría leer de un
infante. La herida de amor, que será constante en su obra poética,
aquí aparece como una primera huella.
El dolor permanece en su siguiente poema, A la luz de la
luna, compuesto por dos cuartetas endecasílabas, con una estructura
rimada ABAB CDCD:
Densa es la noche en extranjero suelo,
Me duele el corazón, siento fatiga;
Mas ya, tu blanda luz baja del cielo,
Como una bendición oh! luna amiga.
¡Oh luna! con los rayos de tu lumbre
Ahuyentas de mi noche los enojos;
Se disipa mi inmensa pesadumbre,
Y se arrasan de lágrimas mis ojos... (1966, p. 142).

El discurso poético despliega emociones profundas, como
la pena de amor, el cansancio y el peso de los días. Destaco el
sintagma “los rayos de tu lumbre”, pues el predicativo asignado
parece inapropiado para designar la luz del satélite, produciendo
una tensión entre el calor y la densidad de la noche. Así, la niña
encuentra un escape para desahogar sus emociones negativas en el
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silencio y en la blanda luz de la luna; un refugio, un alivio que llega
como una bendición.
La mirada infantil le permite a Borrero aproximarse a una
realidad distinta, imaginativa, donde el sujeto lírico establece una
relación de amistad con la luna que le brinda cierto consuelo. “¿Acaso
no tiene el niño el poder de representar en sus escritos lo que él es?”
(Rodríguez-Bello, 1992, p. 26). Ette considera que el sistema patriarcal
donde fue disciplinada la niña, así como el ambiente familiar de altas
ambiciones artísticas, “le ponía delante un modelo de convivencia, al
que las jóvenes obedientes, bien educadas y bien vestidas se tenían que
someter” (2017, p. 274). Desde este punto de vista, la imagen de Casal
sobre el hogar de los Borrero se despoja de tintes idealizantes,9 pues
al interior se vivía con normas, exigencias y expectativas que podrían
haber provocado sensaciones de sofoco.
Lo anterior muestra el esbozo de una poesía modernista,
donde las ambientaciones nocturnas perfilan la expresión de los
poetas que se sienten victimizados por el mundo burgués (Schulman,
1997, p. 327). En el caso de Borrero, la situación se interioriza dentro
del ámbito familiar. La opresión sentida y la nostalgia por la infancia
se representan nuevamente, con un tono más reflexivo, en 1891; a
modo de queja o reclamo, la poeta escribe en ¡Todavía!:
¿Por qué tan pronto oh mundo! me brindaste
tu veneno amarguísimo y letal?...
¿Por qué de mi niñez el lirio abierto
te gozas en tronchar?
9 Véase la descripción del viaje para llegar a Puentes Grandes realizada
por Casal (1966, p. 159-161), donde exalta la figura de Juana Borrero como
niña-pintora, al mismo tiempo que el paisaje idílico y tranquilo es “iluminado
por los rayos de oro de un sol de fuego y embalsamado por los aromas de
lujuriosa vegetación” (1966, p. 160).
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[...]
Entonces sienta de tu burla el frío
y de la duda el aguijón mortal...
pero deja que goce de la infancia
en la hora fugaz! (1966, vv. 1-4; 17-20, p. 61).

Con ello, se expresa la pérdida de la infancia y el anhelo por
gozarla. El mundo ha cortado de tajo ese lirio abierto de su niñez,
pero a diferencia de cómo se representa el hastío en A la luz de la
luna, aquí la posibilidad de consuelo y esperanza es sustituida por
el pesimismo y la nostalgia. No obstante, esto no quiere decir que
en otros poemas infantiles no existan también ambas actitudes; por
ejemplo, en la redondilla «¿Dónde estás?...», cuya deficiencia en la rima
cruzada consonante sólo ocurre entre el primero y el tercer verso:
¿Dónde estás divina llama
Que antes en su corazón
Ejercías tu influencia
Y me amaba con pasión?
¿Qué se hizo de aquel cariño
Que ya rayaba en amor?
Todo se ha desvanecido,
Sólo me queda el dolor!...
No eres una mariposa,
Como antes yo te creía
No eres una fresca rosa
Como antes yo te creía. (1966, p. 143)

De esta manera, la niña Borrero sigue la tendencia de la
tradición modernista de la redondilla, como forma usada con
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frecuencia por Casal, Martí, Darío, Mistral, Díaz Mirón y Gutiérrez
Nájera (Baehr, 1973, p. 245). El inicio del poema anterior también
me recuerda a San Juan de la Cruz: “¡Oh llama de amor viva / que
tiernamente hieres / de mi alma en el más profundo centro” (1989,
p. 105). Por el contrario, la “divina llama” de Borrero que alguna
vez insufló al destinatario poético se “ha desvanecido”. Se muestra
a una niña enamorada que ya conoce los estragos del amor, de la
pérdida y del rechazo, si no es que sólo los imagina por el momento.
Recordemos que, hasta 1891, Borrero conoce a Casal, cuya muerte
ocurrirá dos años después. Según la crítica, este acontecimiento
marcará ineludiblemente su poesía. Sin embargo, «¿Dónde estás?...»
anticipa el motivo de la búsqueda del amado que permea la obra
posterior de la poeta cubana, colocando así el antecedente de un
mismo sentir, desde la perspectiva de una niña.
Nótese que la rima “amor”-“dolor” aparecida en «Vino un
niño», se repite aquí como sello particular de la poesía infantil de
Borrero, aunque desaparecerá en sus poemas juveniles; no así la
tensión entre ambos conceptos. Por ejemplo, en Amargura existe
“[...] el anhelo vehemente / en que me incendia sin cesar la llama /
de esta pasión tan triste y tan ardiente” (1966, vv. 7-9, p. 136); en este
caso, la llama no se apaga en el pecho del sujeto lírico, pero le causa
sufrimiento. Por otra parte, el símbolo de la mariposa que en «¿Dónde
estás?...» alude al amado, también conserva una función similar en
Himno de vida: “Allí al posarse en clavel fragrante / se enciende
de pasión la mariposa!” (1966, vv. 3-4, p. 81). En el primer caso, el
destinatario poético deja de ser el insecto alado porque su pasión se
apagó, mientras que, en el segundo, se enciende gracias a la flor. En
consecuencia, la doble repetición del verso “Como antes yo te creía”
tiene la intención de subrayar la pérdida de la fe en el otro.
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En 1887, Borrero sigue algunas de las líneas temáticas antes
señaladas: la herida de amor y la pérdida del amado se conjugan
en ¡Amor perdido!..., poema escrito en versos alejandrinos. Por
consiguiente, la poeta cubana tiene la intención de alongar su
escritura y experimentar con otras formas métricas:
Qué bello luce el mundo!... qué azul el alto cielo!...
Cuán dulce entre las ramas el aura musical,
Las flores cómo brillan regadas por el suelo,
Prendidas con las perlas del llanto matinal.
Do quiera que los ojos dirijo sólo veo
Semblantes que respiran amor, felicidad!...
Yo en tanto en el sepulcro yacer sólo deseo,
teniendo entre mis brazos tu pálida beldad. (1966, p. 144)

A diferencia de la queja contra el mundo que señalé en los
versos citados de ¡Todavía!, en Amor perdido!... este es admirado
por la voz poética. El poema comienza con la descripción sobre lo
sorprendente que puede ser la naturaleza, esa “madre inconsciente”,
porque “la consciencia está en nosotros y no en ella”, según escribe
Borrero en Pensamientos, para la revista El Fígaro, en 1895 (1966, p.
119). Entonces, la dualidad consciente e inconsciente se delimita por
las dos cuartetas: en la primera, los ojos infantiles sólo ven armonía
y hermosura, tal como un niño se asombra con lo novedoso del
espacio que lo circunda; en tanto, la segunda introduce al yo poético
que cobra consciencia de su situación, alienado de lo que ocurre,
porque esa felicidad que está en otros es trastrocada por Borrero
en los dos últimos versos. La imagen de vida se transforma en
una de muerte, metamorfosis que se logra con un hipérbaton más
elaborado que el de «Vino un niño»: “Yo en tanto en el sepulcro
yacer sólo deseo” (v. 7).
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Esa pulsión de muerte, obliga a pensar, otra vez, cuál sería
la situación de la niña Borrero para que sienta la necesidad de
expresarse de este modo, cuando tiene diez años. No se trata de una
muerte solitaria porque en el último verso se configura sutilmente
la figura del amado, que el sujeto lírico desea estrechar entre sus
brazos. Ésta es una más de las obsesiones de Borrero, junto con
el insomnio, las horas del atardecer o el anochecer, que marcan su
obra. Basta mencionar la reelaboración de la “pálida beldad” entre
los brazos del yo poético en el soneto Apolo, de 1891; sobre todo,
los últimos tercetos: “Contra su pecho inmóvil, apretada / Adoré su
belleza indiferente, / Y al quererla animar, desesperada, / Llevada
por mi amante desvarío, / Dejé mil besos de ternura ardiente / Allí
apagados sobre el mármol frío!” (1966, vv. 9-14, p. 77).
Apolo es uno de los textos más citados y estudiados por la
crítica en relación con la producción poética de Borrero. Coincido
con la idea de que es la consolidación de “la imagen masculina
modernista acuñada por la plasticidad del Parnasse francés que nos
revela el paisaje de un cuerpo masculino sin hálito de vida poseído
por los labios del yo femenino” (Ette 2017, p. 278). Además, dicho
cuerpo es un eco de aquél que apareció en ¡Amor perdido!.... Es
claro que existe una coherencia en el imaginario de Borrero que va
cargándose de sentidos durante su adolescencia.
Si recordamos la carta escrita con sangre mencionada al inicio
de este trabajo, el siguiente cuarteto inicial del poema infantil, Todo
para ti...,10 debería parecernos significativo: “Todo... todo... mi bien!...
mi vida entera..., / Mi sangre generosa derrama, / Mi corazón amante
te ofreciera, / Y mi lira tus gracias inspirara” (1966, vv. 1-4, p. 145).
10 Es el único poema infantil donde se anota la fecha y el lugar de escritura
exacta: “Octubre 26, 1887” (1966, p. 145).
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Dichos versos resuenan en la prosa suplicante de Borrero,
donde le pide a Uhrbach que no se enliste en la guerra: “En esta
carta escrita con mi sangre quisiera encerrar todo mi amor hecho
un sollozo vibrante, hecho un grito de angustia, hecho una queja...!”
(Borrero, 1967, p. 256). Su desesperación, ya acentuada por su
enfermedad, le hace recriminarle:
¡Alma mía, será posible que haya algo que valga para ti más
que mi vida? Mi dolor y mis lágrimas no representan nada? Me
sacrificarás a la opinión de todos! Ay! El desprecio del universo
entero me importaría muy poco si tú me apreciaras! (1967, p. 258).

No puedo menos que sorprenderme al descubrir cierto
paralelismo con la cuarteta final, también de Todo para ti...: “Mas si
vuelvo los ojos dulcemente / Para implorar un signo de tu amor...,
/ De desdén una cifra solamente / Me reserva tu ingrato corazón!”
(1966, vv. 13-16, p. 145).
Con ello se demuestra que hay una sensibilidad similar entre
la niña y la adolescente. Juana Borrero se configura a sí misma
como una amante apasionada, fervorosa y desquiciante, que desea
entregarse por completo. Esa “sangre generosa” puesta de modo
metafórico en el poema infantil, se desborda literalmente, años
después, cuando utiliza la suya para escribir sobre el papel. Un hecho
meramente literario se convierte en un acto real, para expresar dos
sentimientos: el amor y el dolor; tal dicotomía persiste, aunque las
condiciones de escritura sean diferentes.
El trabajo aquí propuesto, en síntesis, considera la importancia
de los poemas infantiles como parte del sistema literario y de la
formación del imaginario poético de Juana Borrero. Más allá de
gestar los motivos recurrentes, marcan la pauta y la continuidad que
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caracteriza el resto de la obra de la poeta cubana. Por estas razones,
me parece indispensable que se analicen dentro del conjunto de
otros poemas, así como de sus cartas, para seguir indagando sobre
los puentes que den cuenta sobre su proceso creativo.
Aún queda por explorar qué significó para Juana Borrero
su infancia. Los textos analizados no pueden considerarse simples
ejercicios poéticos, pues como se vio con algunos de ellos, son
textos con lógicas conceptuales, con atención al cuidado de la
forma, aunque no sean perfectos. Sin embargo, los poemas escritos
tanto en la infancia como en la adolescencia desarticulan la noción
tradicional y la idealización de esos estados de vida. Como enfatiza
Borrero en su poema titulado Nostalgia: “el engaño feliz de la
infancia”, entre otras cosas, “no ha podido llenar un instante / el
vacío que siento en el alma!” (1966, v. 8; vv. 11-12, p. 131).

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�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro
Fact and fiction in Verano by Carmen Villoro
Gloria Vergara
Universidad de Colima,
Colima, México

orcid.org/0000-0003-1959-7305
Fecha entrega: 18-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Vergara, Gloria. This is an open-access article
distributed under the terms of Creative Commons Attribution
License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution,
and reproduction in any medium, provided the original author and
source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-84
Email: glvergara@ucol.mx

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro
Fact and fiction in Verano by Carmen Villoro
Gloria Vergara
Universidad de Colima
Colima, México
glvergara@ucol.mx

Resumen: En el presente artículo analizamos la realidad representada en
la literatura infantil y juvenil (LIJ), de manera específica en la obra Verano,
de Carmen Villoro. Partimos de los conceptos teóricos de Geog Lukács
relacionados con la teoría del reflejo y la noción de realidad en el arte
literario, para revisar aspectos del contexto sociocultural, las problemáticas
familiares y, en general, la idea de mundo que emerge de la novela. De
esta forma, entramos en diálogo con los problemas cotidianos de la
familia Hermosillo, los enfrentamientos de Ana y sus hermanos con las
situaciones y el contexto que los impacta y, finalmente, vemos cómo el
mundo mágico de Manuntlán resulta un espacio de resiliencia.
Palabras clave: Realidad – ficción – idea de mundo – Verano – Carmen
Villoro
Abstract: In this article we analyze the reality represented in children’s
and youth literature, specifically in Verano, by Carmen Villoro. We
start from Geog Lukács’ theoretical concepts related to the theory of
reflex and the notion of reality in literary art, to review aspects of the
sociocultural context, family problems and, in general, the idea of the
world that emerges in the novel. In this way, we dialogue with the daily
problems of the Hermosillo family, the confrontations of Ana and

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her siblings with the situations and the context that impacts them and,
finally, we see how the magical world of Manuntlán turns out to be a
space of resilience.
Keywords: Reality – fiction – idea of ​​the world – Summer – Carmen
Villoro

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-84

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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

Introducción
La relación entre literatura y realidad se ha vuelto a discutir
de nueva cuenta, como pasó hace un siglo con los críticos del
realismo, a partir de las ideas positivistas y la crítica marxista. Hoy
no hablamos mucho de la teoría del reflejo como lo hacía Georg
Lukács, o de las homologías como Lucien Goldman; pero hay, sin
duda, entreverada en los conceptos que rigen a la crítica literaria
actual, una corriente que ancla sus redes en la visión que sobre
el arte ya tenían quienes, como Lukács, heredaron el camino de
Kant a Hegel y de éste a las propuestas estéticas de Marx. En este
contexto surge la noción de realidad en el arte literario que aquí
retomamos para acercarnos a la literatura infantil y juvenil (LIJ),
específicamente a Verano, de Carmen Villoro. En nuestro abordaje
partimos de las siguientes preguntas: ¿cómo opera la relación entre
realidad y ficción en la LIJ?, ¿el contexto social, las problemáticas
familiares impactan en la complejidad de los personajes que aquí
se delinean?, ¿cuál es la cosmovisión o idea de mundo que emerge
de Verano? Con esto nos adentramos en el análisis e interpretación
de la realidad representada, buscando las estrategias que pueden
llevar a niños y jóvenes lectores a la apropiación de un mundo
en el que se identifiquen, pero también encuentren espacio de
crecimiento y transformación.
Realidad y ficción en la LIJ
Desde los cuentos populares recogidos por los hermanos Grimm
o Hans Christian Andersen, por no ir más allá del siglo XIX, hasta
la tradición oral que perdura en nuestros pueblos, encontramos
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-84

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realidades mágicas, fantásticas, grotescas, irónicas, etc., que nos hacen
pensar, por un lado, que el mundo cotidiano se presenta a los niños
con estas esferas terribles y que, sin embargo, para ellos resultan
atractivas y naturales. Son mundos llenos de retos y obstáculos con
los que los personajes luchan para salir adelante. Por otro lado,
vemos la impronta moral que se impone en las obras, a partir de
valores y actitudes diferentes de cada época. Nos encontramos así,
versiones y adaptaciones de los cuentos populares clásicos en la
literatura de hoy, la música, el cine, etc., en donde los estereotipos
cambian y se transforman.
Tomando el ejemplo de algunas representaciones femeninas
como Blanca Nieves o la Bella Durmiente, vemos que las heroínas
no esperan ya al príncipe que las despertará con un beso de amor.
Tampoco impera, en las expresiones literarias de nuestro tiempo,
el modelo de Penélope tejiendo, mientras aguarda a que regrese su
amado. Pero hay personajes en la literaria infantil tradicional, que
siguen tocando las emociones de los niños, más allá de los enfoques
críticos de género y la metaliteratura. Caperucita corre peligro y
lo comunica a los pequeños lectores, igual que los siete cabritillos.
Pulgarcito y Jack con su habichuela se renuevan en su lucha contra
gigantes monstruosos. El patito feo sigue conmoviendo por el
rechazo que sufre y por su sorprendente transformación, cuando
reconoce su verdadera identidad. De esta forma, hacemos notar que
lo que no cambia en la LIJ es precisamente esa dimensión de lo
profundamente humano que sale a flote en cualquier época.
En la literatura infantil de nuestros días podemos encontrar
novedosas representaciones que por un lado retoman tipos de héroes
de otras épocas, y, por otro, rompen con acciones inesperadas.
Hallamos en este repertorio:
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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

una realidad sin palabras, un mundo fantástico con dragones y
guerreros, una señora malvada que castiga a sus hijos incluso
cuando se portan bien, un elefante que se convierte en rey, un
joven que resuelve misterios en África, animales ponzoñosos
preocupados porque ya no asustan, un pingüino perdido en su
soledad, una estrella a la cual alcanzar, un conejito blanco que
desearía ser negro, una niña peculiar que lucha por recuperar el
tiempo perdido (Enciso, 2020, s.p.).

Son mundos distintos, realidades misteriosas y complejas
que cambian el rumbo de nuestro devenir cotidiano. Y es que, en la
literatura, como veía Lukács, no se trata de encontrar un espejo fiel
de la realidad, pues “el asunto principal a dilucidar en el problema
del reflejo artístico, no es el de encontrar un equivalente sociológico
a los contenidos de la obra artística; no se trata únicamente de referir
la copia al original”1 (Quesada, 1981, p. 95).
Esto, en la literatura infantil, resulta aparentemente más
fácil de entender, pues, claro está, los animales referidos como el
lobo o los cabritillos no hablan, no habitan en una casa del mundo
real tal como los humanos, aunque así se diga en los cuentos. Aquí
entendemos que la fábula cumple a cabalidad su función y deja
clara la distancia con la realidad en cuanto a la naturaleza de los
1 En este sentido, Lukács transformó los estudios de sociología de la
literatura al ir más allá de la crítica que busca solamente “las correspondencias
entre la obra y el contenido de la conciencia colectiva [...] En la medida en
que [los críticos] consideran la obra como un simple reflejo de la realidad
social se afirman como más eficaces [sus juicios] cuando se aplican a obras
poco creadoras que reproducen la realidad con un mínimo de trasposición;
e incluso en el mejor de los casos, desmenuzan el contenido de las obras,
insistiendo en sacar a la luz lo que es reproducción directa de la realidad y
dejando a un lado todo lo que se refiere a la creación imaginaria” (Goldman,
1969, p. 215).

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personajes. Acciones como las del lobo para entrar a la casa de
los cabritillos o el hecho de que el cazador le abra la panza para
sacar íntegros a los personajes que se había tragado, resultarían
inverosímiles si intentáramos verlas como el reflejo del mundo
original. Pero nos imaginamos sin problema esas escenas, las voces
del lobo; incluso sus intentos en el cambio de tono para tener una
voz más dulce.
Todo esto es posible en el mundo ficcional, porque entramos
en un hálito de realidad a través en los objetos representados, diría
Roman Ingarden2. Volvemos, asimismo, a la mirada ineludible de
Aristóteles, cuando en su Poética afirma que la naturaleza es sólo un
patrón para el arte, pues en el “como si” metafórico, ya sea en la
literatura en general o en la LIJ, hay un principio de contradicción
que corresponde al “es, no-es; es-como” en la estructuración
metafórica de la mimesis o representación de la realidad3.
2 Para ampliar este punto se puede revisar el concepto de cuasijuicios y
el estrato de los objetos representados en La obra de arte literaria. Ingarden
asegura: “En los objetos representados hay solamente un habitus externo de
realidad, que no tiene la intención de ser tomado en cuenta con toda seriedad,
aunque, cuando se lee la obra, puede darse el caso que el lector tome las
proposiciones cuasi-juiciales por juicios genuinos y así considerar como reales
objetos que simplemente simulan realidad” (1998, p. 263).
3 Resulta obligado mencionar aquí a Paul Ricoeur, que retoma de
Aristóteles tanto el concepto de metáfora como el de mimesis. En La metáfora
viva y en Teoría de la interpretación aborda la naturaleza de la metáfora.
En esta última dice: una metáfora “tiene más que un valor emotivo porque
ofrece nueva información. En síntesis, una metáfora nos dice algo nuevo
sobre la realidad” (2006, p. 66). Y es que el excedente de sentido nos lleva
precisamente a relacionar la ficción (el como si) con la realidad. En Tiempo y
narración, Ricoeur deja clara la complejidad de esta relación, cuando retoma el
concepto aristotélico de mimesis y habla de mimesis I o prefiguración, mimesis
II o configuración y mimesis III o refiguración. Ricoeur asegura esta relación,
cuando refiere la cita de Eric Blondel: “Todo discurso está en parte relacionado
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Y en este estira y afloja entre realidad y ficción, con la visión
del realismo de Lukács, es posible decir que:
gracias a la forma en que han sido captados y relacionados los
diversos elementos [...], la extremidad y exageración de los casos
aislados se anulan recíprocamente y en conjunto dan la impresión
de ser un reflejo auténtico de la totalidad de las contradicciones
morales y sociales de su período histórico. (Quesada, p. 93)

Cuando esto ocurre, la conexión entre los diversos elementos
representados provoca que entremos en el mundo de la ficción y
establezcamos reconocimientos análogos con la realidad en la que
estamos inmersos. Se da una correspondencia entre la creación y la
conciencia social, “no a nivel de los contenidos sino de las categorías
que estructuran una y otra y, sobre todo, a nivel de su coherencia”
(Goldmann, 1969, p. 215). De hecho, asegura Lucien Goldmann,
siguiendo a Lukács: “las mismas categorías y la misma coherencia
pueden regir universos de contenidos totalmente diferentes, de forma que
la trasposición imaginaria no constituye ningún obstáculo para la
existencia de una relación íntima entre la cultura y la sociedad” (p.
216). En esta línea, la estética de Lukács “utiliza las categorías de
reflejo y de particularidad, [... para hablar de] antropomorfización y
humanización, para formular como perspectiva final de todo arte el
hecho de que este representa la memoria de la humanidad” (Werner,
2009, s.p.).
Al rebasar la simple descripción de la realidad, toda obra
realista “hace que nos familiaricemos con los problemas, estructuras
y complejos de la época correspondiente” (Werner, 2009, s.p.). La
con el mundo. Porque si no se hablara del mundo, ¿de qué hablaría?”.

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noción de “tipo” de Lukács, afirma Werner, es el medio idóneo para
configurar la realidad en la ficción, pues para el pensador húngaro,
“la verdadera literatura [...] la realista, [...] nos presenta en forma
de «tipos» la soldadura orgánica entre el hombre y el desarrollo
histórico-social” (Anderson, 1979, p. 64).
Lukács asegura que la representación del personaje, así como
las situaciones «típicas», “convergen y se entrelazan en una unidad
viva y dinámica” (Quesada, p. 92), sin limitarse a algunos de sus
aspectos. Realismo, además, implica hacer visible con plasticidad y
perspicacia, la existencia autónoma de los personajes y sus relaciones.
Pues como asegura Lukács:
Todo reflejo adecuado de la realidad abarca ese dinamismo [...] que
tiene una dirección concreta y determinada. Los tipos y formas
responden, según la época y la personalidad del escritor, a una
variabilidad estilística infinita; pero, precisamente de esa intención
de la subjetividad literaria que selecciona y suprime según el ¿de
dónde? y ¿adónde? concretos de la vida autoexperimentada,
surge la íntima unión del sujeto poético con la objetividad, surge
ese salto dialéctico que pasa justamente de la profundidad más
auténtica de la esencia subjetiva interior a la esencia objetiva (en
alguno de sus aspectos esenciales) de la realidad histórico-social
de la época. (1977, p. 69)

Veamos cómo, a través de estas ideas, podemos adentrarnos
en Verano, de Carmen Villoro, que utiliza estrategias para subvertir
los modelos originales de realidad, como ocurre con obras como
Monstruos mexicanos, de Carmen Leñero; La peor señora del mundo,
de Francisco Hinojosa, o El dragón blanco y otros personajes olvidados,
de Adolfo Córdova y Dios es mi corazón [Chupa ladxidua] de Irma
Pineda, citados por Enciso (2020, s.p.).
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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

El contexto social y las problemáticas familiares en Verano
La novela Verano, de Carmen Villoro4, publicada en 2022 por
la Universidad de Guadalajara, narra la historia de la familia
Hermosillo, durante un verano en el que los padres deciden
separarse. Todo cambia en sus vidas. Ana y sus hermanos conocen
a la novia de su papá, ven el proceso de liberación de su mamá y
tienen el acompañamiento de una joven indígena que les enseña a
ver el mundo de manera diferente. De esta suerte, hay una especie
de resiliencia y transformación de la familia, especialmente de los
niños, al enfrentarse a una realidad que los violenta en su mundo
cotidiano. En esta noción de mundo entran aspectos típicos, como
los llama Lúkacs, que vienen del contexto social en el que se ubica la
narradora. De hecho encontramos algunos rasgos relacionados con
el entorno biográfico de la autora, que impactan la totalidad de la
4 Carmen Villoro estudió Psicología en la Universidad Iberoamericana y
la especialización en psicoterapia psicoanalítica en la Asociación Psicoanalítica
de México. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores y es consejera
del FONCA. Es profesora de tiempo completo, directora de la Cátedra “Octavio
Paz” y de la Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz” de la Universidad de
Guadalajara. Es miembro del Seminario de Cultura Mexicana Corresponsalía
Guadalajara. En 1984 obtuvo la beca INBA/FONAPAS (Fondo Nacional
para Actividades Sociales) en poesía, y en 1989, la de Jóvenes Creadores del
FONCA, en poesía y la Beca Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, en
la categoría Autores con Trayectoria (1998). Recibió el Premio de Ensayo
FILIJ (Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil) 1993. Fue galardonada
con el Premio Jalisco en Letras en 2016, el Premio Internacional de Artes y
Humanidades “Hugo Gutiérrez Vega” en 2018 y el Premio “Francisco González
León” en 2020. Es autora de Barcos de papel, Que no se vaya el viento, Delfín
desde el principio, Herida luz, En un lugar geométrico, Marcador final, Obra
negra, El tiempo alguna vez, El oficio de amar, Jugo de naranja, El habitante,
La algarabía de la palabra escrita, Liquidámbar, así como de Papalote,
papelito (poesía infantil) y los cuentos infantiles: La media luna, Amarina y el
viejo Pesadilla y otros cuentos y Verano, entre otros títulos.

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obra, no en el sentido de un reflejo fiel, sino en la conformación de
una idea de mundo.
Carmen Villoro cuenta en una entrevista para el programa
“Contraseñas” del canal 22, su experiencia con el teatro infantil,
cuando su madre era directora del Centro de Teatro Infantil del
INBA.
Yo pasé las tardes de los 6 a los 10 años, por lo menos 4 años
de mi vida, en ese centro. Ahí hacíamos títeres, hacíamos teatro,
hacíamos pintura. Y los domingos salíamos a las calles de la
colonia Roma. Salíamos a caminar en zancos, con cabezas de
papel maché, haciendo ruido con cacerolas. Y las familias se
iban pegando a nosotros. Regresábamos al patio de la casona,
todo mundo se sentaba en el suelo y comenzaba la función...Yo
recuerdo algunos fines de semana con mi mamá en una combi
con un megáfono y los payasos y los mimos ahí trepados porque
íbamos a los pueblitos a llevar función. (2021)

El Centro de Teatro Infantil fue inaugurado el 5 de
septiembre de 1965, en la Colonia Roma y tanto Carmen como su
hermano Juan Villoro hablan de este espacio y lo que representó en
su niñez.
“Era un centro del INBA, ahí empecé haciendo teatro cuando era
niño, tenía 5 años y estuve hasta los 10 años. Luego los egresados
de ese centro nos volvimos a reunir cuando éramos adolescentes,
ahí mismo pusimos una obra de teatro de León Felipe: Tristán
e Isolda, en donde yo actuaba de El Juglarón”, recuerda [Juan]
Villoro. (Paz, 2017, s.p.)

En Verano, la hermana menor de Ana se refugia en el teatro.
El capítulo V nos muestra rasgos de esa realidad que hace eco de lo
enunciado por los Villoro:
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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

Un domingo en la mañana salió a comprar pastelitos a la tiendita
de la esquina [...] Cuando salía de la tienda, un alboroto callejero
le llamó la atención: era un desfile de gente disfrazada, algunos
venían montados en zancos, otros llevaban una enorme cabeza de
cartón, otros portaban sartenes, cacerolas y cucharas con las que
hacían un ruido escandalozo. Una mujer gorda y pelirroja con las
trenzas paradas, llevaba un altavoz por el que gritaba:
—¡Vengan, vengan todos a ver la función de teatro! (Villoro,
2022, p. 47)

Matilde, la niña despistada, la que siempre salía con pláticas
que no venían al caso, es quien escapa de las circunstancias complejas
de su familia de una forma más “fácil”, y encuentra en la casona
vieja del teatro, aspectos de una minirealidad más llevadera: “Sin
pensarlo dos veces, Matilde se unió a la carbana. Hechizada por los
colores, las formas, el ruido y la alegría, desfiló por varias calles de la
colonia entre payasos y mimos...” (p. 47). Desde este ámbito externo
de la calle, el móvil de la fiesta la atrapa y se identifica en los rasgos
definitorios de su vida familiar:
Llegaron a la puerta de una casona vieja que tenía un letrero en
donde podía apreciarse el dibujo de dos máscaras, una con el gesto
de reír, otra con el gesto de llorar. La de reír se parecía a la propia
Matilde: una línea delgada con los extremos hacia arriba era la
sonrisa; dos rayitas pequeñas los simpáticos ojos. La de llorar se
parecía a su mamá. (p. 48)

Así el teatro se convierte en un rasgo que impacta la
totalidad de la obra y ayuda a Matilde en su actitud de resiliencia.
La niña se adentra en una intratemporalidad. Cuando se da cuenta
de que los actores son pequeños como ella, su emoción crece y
se olvida del tiempo que transcurre allá afuera, donde su madre
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la busca angustiada. Ese día, después del enojo de Clara, viene la
comprensión, y Matilde tiene permiso para asistir a los talleres
durante la vacaciones de verano.
La casona estaba llena de sorpresas. “Era vieja y un poco
descuidada, como las de las películas de monstruos, pero a ella no le
daba miedo” (p. 49). Exploraba cada habitación: la de los disfraces
empolvados, el cuarto de las pinturas y los bastidores, la habitación
del piano.
Lo que más le gustaba a Matilde de la casa del Centro de Teatro
Infantil era el taller de Pepe, el titiritero. En su taller fabricaba
los muñecos con los que, los fines de semana, presentaba
sus funciones. Había todo tipo de personajes: brujas, burros,
sacerdotes, duendes, campesinos, reyes, vacas, marineros,
policías... (p. 50)

Matilde disfrutaba el espacio de la casona, los tacos que le
regalaban el titiritero y su esposa cuando iba Amable a recogerla
en lugar de su mamá. Se imaginaba el teatro ambulante mientras se
bañaba en la tina y cuando salía con los dedos arrugados de tanto
estar en el agua, “Matilde se imaginaba que cada dedo era la cara de
una ancianita y, antes de acostarse, les pintaba ojos y boca para que
la acompañaran en sus sueños” (p. 53).
Así, más allá de las descripciones, Verano nos deja ver
aspectos individuales y sociales en cuanto a las emociones que
pueden tener los niños frente a la separación de sus padres.
Afloran rasgos socioculturales de México de los años 70 del siglo
XX, tradiciones y hechos de la realidad cotidiana que se enlazan
y, que nos muestran la profundidad de esas almas que afloran en
las interrrelaciones del mundo representado. Las ilustraciones de
Helena Climent complementan la historia en tanto que ayudan a
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reconstruir la idea visual de la época: la casa de barrio, el carro viejo
de la familia de clase media, incluso la portada del libro que nos
trnasporta a Manantul abonan a la imaginación de los pequeños
lectores. Villoro dice: “He incorporado a mi escritura lo cotidiano.
La cocina, el mundo de los hijos, etc. Todo eso que es tu vida
ordinaria se puede compartir en literatura” (Lavin, 2021). Y, si bien,
como decíamos, lo que reconocemos en la novela no es meramente
una copia de la realidad, “en la aparente incoherencia y contingencia
de los hechos y valores cotidianos, en sus contradicciones internas,
se esconden las fuerzas y procesos latentes cuyo desarrollo lleva a
la afirmación de nuevos y auténticos valores y a la necesidad de
transformar la realidad” (Quesada, p. 89).
En Verano, Ana cuestiona las acciones de los otros personajes;
nos hace entrar en una reflexión profunda sobre el amor y la familia
como núcleo social. La ironía, el juego, la puesta en evidencia de
determinadas normas y conductas son estrategias que le sirven para
cuestionar el mundo de los adultos. Ana es consciente de que sus
padres están planteando las cosas como si todo fuera a seguir igual
en la familia y los enjuicia:
Sus padres habían hablado con ella y sus hermanos la noche
anterior, y les habían dicho toda esa sarta de mentiras que dicen
los papás cuando se van a divorciar: “Lo que más nos importa son
ustedes; su papá y yo ya no queremos seguir viviendo juntos, eso
no quiere decir que ustedes pierdan a su papá o a su mamá porque
la relación de cada uno de nosotros con ustedes seguirá siendo la
misma”, y bla, bla, bla. (Villoro, p. 10)

Rafa también expresa su preocupación ante la separación
de sus padres. “Ahora que sus papás iban a divorciarse, a Rafael
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le importaba sobre todo el sufrimiento de su hermano. Él, por lo
menos, había vivido hasta los doce años con sus papás, pero Callo no
recordaría nunca lo que había sido tener una familia unida” (p. 16).
Por su parte, el niño pequeño “había oído hablar a sus papás
de la separación, y se había imaginado que un malo vendría y se
llevaría a su mamá. Su papá no le preocupaba gran cosa” (p. 17),
pero las reacciones nerviosas de Rafa y de Ana eran la evidencia
de “que algo terrible sucedería, como cuando llovía en la noche y
caían truenos, y su papá no lo dejaba ir a dormir con su mamá” (p.
17). Ante estos ambientes complicados, la narradora omnisciente
encamina los conflictos de Ana y su familia hacia salidas positivas.
Así, aunque Callo y sus hermanos están temerosos, la chispa de
humor que se deriva de la inocencia del pequeño sale a flote: “Por
eso, mientras seguían hablando de cómo sería la separación, él
había ido a ponerse su capa de hombre murciélago, y había sacado
la espada de pilas que prendía lucecitas, para que el mundo no se
convirtiera en esa pesadilla horrible que significa crecer” (p. 17).
Las emociones relacionadas con la separación de los padres
salen aflote, como saldrían en el contexto de una realidad de los años
setenta y de cualquier época. En las acciones de Ana y sus hermanos
hay preocupación, muestras de tristeza, enojo, confusión. Hay rebeldía,
principalmente cuando conocen a la novia del papá. El día que salen
a pasear con ellos, los niños ejecutan su plan para hacer quedar mal
a Rodrigo, quien al principio los regaña y trata de frenar su mala
conducta. Pero ante cada prueba, Natasha sale ilesa y se va ganado
la simpatía de los hijos de Rodrigo y Clara. Así, los niños transitan de
su preocupación por el núcleo familiar a la aceptación de Natasha. Al
principio vemos cómo Ana le llama a su amiga Isabel para confesarle
que sus papás se divorciarán. La idea de familia rige este sentimiento y
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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

crítica hacia los padres. Como ocurre en el contexto cultural en el que
para la mayoría de los mexicanos la unión familiar es fundamental, en
el mundo de Verano la familia es también uno de los valores de mayor
peso, de ahí el impacto que tiene la noticia. Por esto, aún con los toques
de suavidad y razonamiento que Rodrigo y Clara le ponen al discurso
sobre la separación, Ana manifiesta un sentimiento de frustación:
Es difícil tener papás considerados, de esos que piensan cómo
decir las cosas para que no te duelan; que te toman en cuenta —o
que por lo menos creen que te toman en cuenta— para decidir
su vida; que están dispuestos a escucharte si algo te perturba. Es
difícil porque no puedes odiarlos. No puedes ni siquiera enojarte
y decirles que en realidad tú no les importas porque si tú les
importaras lucharían por quedarse juntos. (p. 10)

Desde la perspectiva de Ana, vemos una familia típica
urbana, de clase media. Rodrigo es un profesor universitario; Clara,
una enfermera que dejó su trabajo para dedicarse al hogar pero
que ante las circunstancias debe volver al trabajo. Como extensión
de la familia, aparece Amable, quien es contratada para llevar a
cabo labores domésticas, pero amplía sus funciones como soporte
psicológico de los niños, pues Clara regresará al trabajo y Rodrigo
sólo estará los fines de semana con ellos.
La idea de familia es revisada desde diversos puntos de vista
que dialogan con la realidad cultural de México en cuanto al valor
e importancia de los lazos familiares. Ana manifiesta su anhelo de
reconciliación: “quería creer que las cosas tenían remedio, que eran
desajustes pasajeros, dificultades que tienen todas las parejas y que
acaba resolviéndose con un ramo de rosas una tarde cualquiera” (p.
9). Pero la cuestión se volvía formal con la noticia y ahora llegaba la
incertidumbre de la nueva vida con el papá fuera de casa.
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

El lenguaje coloquial y los elementos mágicos sirven a la
narradora para construir intimidad con los lectores. Surge también
una especie de complicidad con los personajes y sus acciones. Así el
texto nos mueve de la realidad íntima al ámbito externo. Ocurre, por
ejemplo, cuando aparece Amable, la jóven indígena, y las tradiciones
orales de Oaxaca se hacen presentes. Entonces, a partir de lo que
refiere Amable de su cosmovisión, lo mágico impacta en los niños.
Amable sacó una manta bordada con diminutas cruces de hilo
negro que en su conjunto figuraban flores y la colocó sobre
algunas de las cajas a manera de mantel, después fue colocando
sobre él una serie de objetos que a Matilde le parecieron mágicos:
un caracol del tamaño de una mano, una cajita de madera
adornada con una línea roja y una verde, unas semillas con forma
de ojos de vaca, un cofre en el que guardaba cartas, una bolsa de
alpiste, unos frijolitos rojos encerrados en una caja hecha con tiras
ensambladas de madera, un frasco de vidrio que contenía flores
blancas que más bien parecían nubes por su manera de moverse
en el aire encerrado, y una vela. La niña preguntó:

—¿Qué son todas esas cosas?
—Son regalos de mis viejos, cosas que ayudan a la gente de
Manantul, mi pueblo —contestó Amable. (p. 20)

Manantul es un espacio mágico que se traslada a la casa de
los Hermosillo a través de las historias de Amable. “Si te quedas
oyendo, los maíces te cuentan con sus grititos muchos cuentos —
decía” (p. 21). Pero además de los elotes que crepitan en las llamas y
su personificación, Amable les confesó que “siete pericos la vendrían
a visitar pronto desde su pueblo, le traerían noticias de sus vecinos,
de todo lo que pasaba allá, en aquel territorio habitado por la niebla”
(p. 21). Así, en la obra de Villoro se va construyendo un entramado
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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

contextual que modifica la psicología de los personajes en ese ir y
venir de la mirada de Amable. De Manantul viene la magia, el alivio,
la transformación. Viene una nueva forma de vivir la realidad. Ante
las circunstancias adversas para los niños, Amable pone, en cada
acción cotidiana, una nueva estrategia para cambiar el ánimo:
—Vénganse, les tengo preparado un té de hierbas bien calientito
con unos tamales de hoja y una salsita bien picante.
Como siempre, con palabras sencillas y espíritu alegre, Amable les
hacía sentir que comprendía su confusión de sentimientos y les
ayudaba a ver las cosas con naturalidad y alegría.
—Están ricos los tamales, dijo Ana.
—Es que están hechos con puercos juguetones —dijo Amable, y
todos rieron gozosos. (p. 46)

Amable también cura el enojo de Clara, cuando Matilde no
aparece porque está entretenida en el teatro. Con “un puño de nubes
blancas” hace una bebida que logra calmar a la mamá y provoca una
vez más el cambio de ambiente para la familia:
—Toma Clara, para que se te quite la muina —dijo.
Clara tomó la bebida a sorbitos y se fue calmando. La niebla
de Manantul se iba metiendo por su garganta, llegaba hasta su
estómago, se diluía en sus brazos y en sus piernas, le llegaba a la
cabeza como una brisa tibia... (p. 49)

Rodrigo era tal vez el más distante de ese mundo mágico
en el que Amable lo envolvía todo. Él, inclinado más a la razón,
se mostraba receloso de las acciones y el discurso de la joven. La
historia de que Amable hubiera venido a trabajar con su familia
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

porque “había soñado que un árbol perdía todas sus hojas” (p. 23),
le molestaba. Pero ante su regaño por la ligereza de sus palabras y
decisiones, la joven indígena responde:
—Si hubiera sido un árbol de ciruelo o jacaranda, yo no hubiera
venido; porque esos siempre mudan sus hojas, pero los tabachines
no, sólo si están enfermos de tristeza.
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros, Amable? —replicó el
papá.
—Usted sabrá, señor, yo sólo vine a recoger las hojas —dijo
Amable, y siguió barriendo la banqueta. (p. 23)

De esta forma, el texto deja claras huellas de su dimensión
mágica que se extiende por momentos a las acciones de los niños
más pequeños, Matilde y Callo. Cada uno de los personajes de
Verano va modelando su realidad en la ficción. Ana en la amistad
y el primer amor, Rafa en el fútbol, Matilde en el teatro y Callo
en sus luchas contra los monstruos. Incluso los mayores tienen su
espacio-refugio. El papá en su estudio lleno de búhos y Amable en
el rincón de su cuarto, donde monta su altar con objetos traidos de
Manantul. Sólo Natasha y Clara quedan al margen de ese ambiente
mágico. Pero Clara cae bajo lo efecto de serenidad que le da Amable
y Natasha logra ganarse la admiración de los niños, porque en lugar
de perder la paciencia, entra en su juego.
La realidad de Verano se muestra entonces como una
totalidad compleja en donde los rasgos ficcionales están matizados
de realismo. La obra de Villoro nos muestra cómo durante un lapso
que corresponde a las vacaciones de un verano, la familia Hermosillo
enfrenta una crisis familiar que hace crecer a todos los miembros.
Poco a poco viven la transformación de su entorno y de su vida
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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

propia. Incluso Clara, que es vista con cara de tragedia por su hija
Matilde, sale al reencuentro de una nueva vida. Hubo un divorcio,
pero su impacto no es letal; todos se dan cuenta de que la vida sigue,
en gran parte gracias a Amable y su manera de ver el mundo.
Palabras finales:
La interrelación entre realidad y ficción en la obra de Carmen Villoro
es visible por lo menos en tres momentos que a su vez contienen
rasgos mágicos: el teatro, como una marca metaliteraria, indica el
espacio de resiliencia para Matilde. Este ambiente colorea su mundo
aparentemente distante de la realidad de los otros. El estudio de los
búhos de Rodrigo en un momento dado adquiere una dimensión
mágica para Ana y sus hermanos, cuando pasan el fin de semana con
su padre. Y el mundo de Amable se reconfigura en el rincón de su
cuarto, en donde coloca los objetos mágicos; su espacio determina
la presencia de seres que viajan de Manantul a la Ciudad de México,
en donde se desarrolla la obra.
Manantul está presente en todo el proceso de transformación.
Sirve a la cura de Rafa, como a la imaginación de Callo y Matilde
y, sobre todo, aclara la visión del mundo de Ana. Da lugar a una
mirada resiliente de las problemáticas sociales y su significación,
como ocurre aquí con el divorcio y la fractura que implica en la
unidad familiar mexicana de los años setenta del siglo XX. Es el
mundo de una familia citadina típica, de clase media, impactada por
el mundo indígena que arriba al ámbito urbano en busca de trabajo,
aunque en la obra no es la necesidad de trabajo sino el deseo de
ayudar lo que trae a la joven hasta el seno de la familia Hermosillo.
Amable se convierte en presencia definitoria e indispensable para la
transformación individual y del núcleo familiar.
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De esta forma, Carmen Villoro nos entrega una visión crítica
de las relaciones familiares en una situación compleja. Pero también
la obra apunta hacia un mundo en donde es posible salir adelante
de los conflictos, crear una resignficación individual y colectiva, y
recuperarse. Es necesario cambiar de opinión, valorar a los demás
y respetar su manera de ver el mundo. Aquí, la familia completa
cambia, se sale de las normas establecidas y se adapta a las nuevas
circunstancias. En este sentido, como diría G. Lukács, es una familia
más humana. A través de personajes “tipos” como Ana o Amable,
se abonan rasgos transversales que nos ayudan a concretizar y
reconfigurar un mundo total más humano, con sus interrelaciones
entre lo creíble y lo mágico.

Referencias:
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Literatura y sociedad. Ediciones Martínez, pp. 205-234
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-84

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�Gloria Vergara / Realidad y ficción en Verano de Carmen Villoro

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Lukács, G. (1977). Significación actual del realismo crítico. Editorial Era.
Quesada, A. (1981). “Arte y «realismo» en el pensamiento de
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ucr.ac.cr/w p-content/uploads/2022/05/Vol.%20
XIX/49-50/Arte%20Y%20Realismo%20En%20El%20
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Paz A., R. (2017). El Centro de Teatro Infantil del INBA
simplemente se desvaneció. La Crónica de hoy, Crónica Cultura,
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Ricoeur, P. (2001). La metáfora viva. Trotta.
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georg-lukacs-y-el-realismo-revision-de-un-paradigma

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-84

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Cuando contar es enseñar otros mundos:
de la oralidad al mundo audiovisual en las
adaptaciones de Bernardo Govea
When telling is teaching other worlds:
from orality to the audiovisual world in the
adaptations of Bernardo Govea
Jonathan Gutiérrez Hibler
Universidad Autónoma de Nuevo León,
San Nicolas, México
orcid.org/0000-0002-7686-7896

Fecha entrega: 17-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Gutiérrez Hibler, Jonathan. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83
Email: jonathan.gutierrezhr@uanl.edu.mx

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Cuando contar es enseñar otros mundos: de la
oralidad al mundo audiovisual en las adaptaciones
de Bernardo Govea
When telling is teaching other worlds: from orality
to the audiovisual world in the adaptations of
Bernardo Govea
Jonathan Gutiérrez Hibler
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
jonathan.gutierrezhr@uanl.edu.mx

Resumen: Este artículo examina las adaptaciones de cuentos de literatura
infantil realizadas por Bernardo Govea, un escritor, guionista y director
de cine mexicano. Con base en las contribuciones de varios teóricos sobre
tradición oral, ficcionalización, intertextualidad y experiencia del lector, el
análisis se centra en las estrategias y recursos utilizados por Govea en sus
adaptaciones. Se muestra cómo Govea fusiona narración oral, teatro y cine
para recrear versiones de los cuentos originales, respetando sus núcleos, pero
modificando sus formas y contextos. A través de recursos como el humor, la
música, la interacción con el público, el maquillaje, la pantomima y el montaje,
Govea amplía la experiencia del lector al acercarle lo extraño y lo lejano.
Palabras clave: Intertextualidad – Ficcionalización – Experiencia del
lector – Adaptación – Tradición oral

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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Cuando contar es enseñar otros mundos: de la oralidad al
mundo audiovisual en las adaptaciones de Bernardo Govea

Abstract: This article examines adaptations of children’s literature tales by
Bernardo Govea, a Mexican writer, screenwriter, and film director. Drawing
on contributions from various theorists on oral tradition, fictionalization,
intertextuality, and reader experience, the analysis focuses on the strategies
and resources employed by Govea in his adaptations. It demonstrates how
Govea blends oral storytelling, theater, and cinema to recreate versions
of original tales, respecting their cores while modifying their forms and
contexts. Through elements such as humor, music, audience interaction,
makeup, pantomime, and staging, Govea enhances the reader’s experience
by bringing the strange and distant closer.
Keywords: Intertextuality – Fictionalization – Reader experience –
Adaptation – Oral tradition

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Walter Benjamin (1981), en su texto “Viejos libros infantiles” de 1924,
deja claro que el niño le exige a los adultos que sus representaciones
sean claras, es decir, que éste último no debe confundir la niñez con lo
infantil. Por lo tanto, debe representar algo comprensible porque los
niños tienen la capacidad de entender las cosas serias en su gravedad,
siempre y cuando éstas sean sinceras por parte de quien las enuncia.
Para el filósofo alemán, hay algo de eso en los libros viejos y relaciona
estas cualidades exigidas por los niños con la claridad de la Ilustración.
Sin embargo, encontramos dos problemas fundamentales desde la
hermenéutica: los textos son contingentes, es decir, lo que es claro
pertenece a otro horizonte, y no es lo mismo el libro original que la
adaptación; esto nos sitúa ante una cuestión transitiva (Beuchot, 2011)
o de mediación, la cual se vuelve un problema de tejidos, distintos a
los de las palabras, en un mundo con diversas interacciones.
Bernardo Humberto Govea Hernández1, además de escribir
literatura infantil y juvenil, es guionista y director de cine. Su
formación en el teatro le ha dado técnicas para experimentar con
diferentes artes y géneros literarios. Como resultado, su obra no sólo
se limita a creaciones de su autoría, sino a diferentes adaptaciones
de cuentos catalogados como parte de la llamada literatura infantil:
Gorila, de Anthony Browne; El grillo y el topo, de Giambattista
Basile; El flautista de Hamelin, de los hermanos Grimm; La hija del
espantapájaros, de María Gripe, entre otros.
Las adaptaciones de Bernardo Govea combinan la tradición
oral, el teatro y el cine como una forma de ampliar la experiencia
1
Bernardo Govea autor también de novelas, cuentos y textos
teóricos como La muerte en segunda persona: presencia de la soledad y
de la muerte en la literatura infantil y juvenil (2020) https://altexto.mx/
autor/523c1d5ee7c38c0eb8aac7b18cff618a.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83

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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Cuando contar es enseñar otros mundos: de la oralidad al
mundo audiovisual en las adaptaciones de Bernardo Govea

del texto original, pero es en las presentaciones en vivo donde la
ficcionalización cobra otra dimensión y la ruptura de la cuarta pared
permite interactuar con la obra. Por esta razón, a pesar de que la
obra original de este autor también involucra un tipo de adaptación,
me centraré solamente en aquellas actuaciones que parten de un
texto de otra autoría.
Para efectos de este trabajo, partiré de las aportaciones de
Hanán, López Tames (1990), Díaz Rönner (2012) y Colomer (2005)
para dimensionar las representaciones de las siguientes obras: “La
cucaracha, el ratón y el grillo”, de Giambattista Basile, y “Patrono y
contable”, adaptación de uno de los cuentos de Gianni Rodari. De
Hanán (2015) tomaré la intertextualidad como un elemento clave
en la literatura infantil con el fin de contrastar esta postura con las
adaptaciones de Bernardo Govea.
Las aportaciones de López Tames, sobre la tradición oral en
este tipo de literatura, y Díaz Rönner, acerca de cómo se lleva a cabo
en este campo la ficcionalización, servirán como base para analizar
el cambio de una producción cercana a lo cinematográfico a una
donde el público es parte del juego textual. Finalmente, Colomer
plantea que una propuesta en la literatura infantil para ampliar la
experiencia de quien lo lee, sin embargo, la distancia entre el libro
y un mediador mejoran las posibilidades para que se den dichas
condiciones.
En el presente texto, resumiré brevemente cada obra, para
describir los recursos de Bernardo Govea, pues, aunque exista un
hipotexto, su propuesta es transitiva, es decir, interpreta con su
cuerpo y/o con el lenguaje audiovisual una historia que se convierte
en otra obra: permanente en los dígitos, por un lado, pero fugaz y
única para quienes interactúan en un espectáculo en vivo.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Tradición oral y ficcionalización en la literatura infantil
Román López Tamés (1990), en Introducción a la literatura infantil,
trata el panorama de siglo XX en adelante, después de una revisión
entre instituciones, colectividades e individuos en la cultura,
respecto a la tradición oral y su condición. Para él, los tiempos
de la infancia son también los tiempos de la primera. El autor
observa una similitud entre ésta y el estado de la cultura antes
de la creación de la imprenta. Menciona la importancia de las
tradiciones de los aedos, bardos, juglares, por mencionar unos
pocos, y cómo el oído es de vital importancia en la transmisión
de los relatos: “No hay hoy en la civilización occidental esas
formas de enseñanza colectiva. Hace tiempo que la imprenta fue
desterrando al rincón de la infancia la palabra contada y desarrolló
el conocimiento por los ojos, la lectura” (p. 113). Su aportación
es radical, pero entendible: no son las mismas condiciones de los
ejemplos que enumera. Además de la imprenta, para el año de la
publicación de su libro, la tradición escrita se fue ampliando hasta
llegar a más sectores, en comparación con esa etapa del pasado en
Occidente. Y ése es el primer punto por tratar desde su aportación:
los cambios de la tradición oral frente a la escrita. En el caso de
nuestro siglo, no es sólo la escritura, sino el lenguaje audiovisual el
que la impacta.
Bernardo Govea, por su parte, se mueve en este escenario
actual de la tradición oral: media los cuentos en diferentes eventos,
ya sea organizados por instituciones o por cuenta propia, pero en
el últimos años ha aumentado el registro de sus participaciones a
través de los dispositivos móviles. Con la llegada de la pandemia
COVID-19, llegó un reto para todo el mundo cultural: transmitir
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83

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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Cuando contar es enseñar otros mundos: de la oralidad al
mundo audiovisual en las adaptaciones de Bernardo Govea

el conocimiento lejos de los cuerpos, tratar de enseñar y comunicar
desde la distancia física, fenómeno que, por cierto, también evidenció
más las distancias sociales.
Esto, con base en su formación de cuentacuentos, el teatro
y el cine, lo llevó a realizar otro tipo de adaptaciones para transmitir
el contenido de los textos que eligió compartir con su público,
generalmente niñas y niños y una que otra persona adulta con la niñez
en la frente. De los espacios narrativos-orales pasa a experimentar
los del cine por medio de la magia del montaje, pero sin perder la
reminiscencia de la oralidad. Y, en ese sentido, coincidiendo con
López Tamés (1990), el video editado es un embudo similar, hasta
cierto punto, con el alfabeto.
Sin embargo, no deja de estar ahí la base o los espacios
que intentan mantener o adaptar la dinámica de la tradición oral.
Por supuesto, hay reglas y aspectos para tomar en cuenta en el
caso de Bernardo Govea: 1) la prohibición del decir innecesario
(López Tamés, 1990) y 2) la adaptación de lo escrito a pesar de su
transmisión oral. Esto es importante porque “El que narra porque la
colectividad le ha encargado esa función desgrana también su propia
vida y apresura su propio final” (p. 115). Los contadores de cuentos
son, desde esta perspectiva, educadores de pueblos. Para el autor
de Introducción a la literatura infantil, ya no existe en nuestra cultura el
oficio de contar y reduce a la escuela como uno de los pocos sitios
de transmisión oral, aunque en menor medida. No obstante, dentro
de lo que permanece de esta lectura sobre esta tradición, pueden
retomarse algunos rasgos importantes: portar una voz desconocida,
el perfecto conocimiento de lo que se cuenta; no sólo importa el
contenido, sino el ritual de contar, es decir, la repetición como vía
de la expectativa.
200

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

En este sentido es importante tomar en cuenta dónde están
las transgresiones de las personas que se dedican a contar cuentos
en la actualidad. En el caso de Bernardo Govea, como se verá más
adelante en el análisis, no cambia los hechos fundamentales de los
textos de donde parte su transmisión: los conoce a la perfección,
trae voces ajenas a la suya y suele cerrar sus actuaciones con un rito
fundamental: colorín colorado, este cuento ha acabo. Por cierto, se
trata de una frase dentro del ritual que en lugar de cerrar todo un
ciclo es recordatorio de que vienen otras historias en el próximo
espacio donde se enuncien los cuentos por parte de su mediador.
La clave y desviación de todo lo anterior en el oficio de contar
cuentos, dentro de la obra y adaptaciones de Bernardo Govea, se
encontrará en lo dramático del cuerpo, la ruptura de la cuarta pared
y la forma del montaje, esto último para el caso de los videos donde
la experiencia del cine combina el oficio del contar con el lenguaje
audiovisual y las palabras orales.
De ahí la importancia de tomar en cuenta la ficcionalización
en la literatura infantil desde este horizonte. María Adelia Rönner
Díaz (2012), en su libro Cara y cruz de la literatura infantil, toma el
caso de Marco Denevi para plantear una propuesta al respecto. Esto
se debe a un constante dominio en el mundo de la producción de
este tipo de literatura: son generalmente adultos quienes la escriben.
No es la experiencia directa de la infancia, sino la ficcionalización
desde un contexto autorial determinado, según sea el texto o la
enunciación de uno. Es ahí donde quienes escriben historias, además
del oficio de contar, se topan con un primer reto: sus lectores,
niñas y niños, no continuarán la lectura ante la falta de sinceridad:
“…intuyen un mundo insincero para contar o explicar o inventar
detalles del inmenso mundo que los atora y los acompleja debido
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83

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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Cuando contar es enseñar otros mundos: de la oralidad al
mundo audiovisual en las adaptaciones de Bernardo Govea

a su enmarañado andar” (p. 125), algo muy parecido a lo señalado
por Walter Benjamin en cuanto a las exigencias de este público. Por
lo tanto, a las complicaciones de la tradición oral inmersa en un
mundo audiovisual se le agrega este principio: lo que se cuenta debe
provocar un placer, de acuerdo con Rönner Díaz, por averiguar, y
esto se verá en la interpretación de “Patrono y contable”, basada
en uno de los cuentos de Rodari, concretamente el giro que añade
Govea como adaptación libre. En sí, para Rönner Díaz, un relato
donde se intuye dicha insinceridad no genera curiosidad porque el
público infantil ya reconoce ese laberinto y sabe cómo salir o ni
siquiera desea adentrarse en él.
Por ejemplo, en el caso de la adaptación de Anthony Brown
sobre sus libros con gorilas, uno de los retos en las actuaciones en
vivo es decidir si solamente contar la historia y generar la curiosidad
mediante las palabras (cosa que ya hace el autor original) o si tomar
en cuenta el contexto donde se lleva a cabo la función, sobre todo
frente a públicos que practican cada día más el sentido de los
habitantes digitales.
Esto será un aspecto, más adelante, por analizar cuando se le
agregan elementos a manera de exordio moderno: captar la atención
del público infantil no con las palabras, sino con aquello que la
literatura no puede mostrar debido a sus silencios. En el caso de
Bernardo Govea, se apoya generalmente de elementos del teatro: una
máscara de gorila—cosa que ya genera muchas preguntas, porque
los gorilas son robustos y el contador de cuentos es sumamente
delgado—y un tambor o instrucciones que marcan el ritmo de la
atención2.
2

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Véase “Bernardo Govea cuentacuentosyoutube com”, video publicado
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Intertextualidad y experiencia del lector
Los temas son varios en la literatura infantil y no hay un límite
establecido. Dentro de todos ellos está un eje que los cruza: la
intertextualidad. Sin embargo, a primera instancia esta palabra es
extraña a los lectores cuando se le sitúa dentro de un público como
el del presente trabajo, pero no lo es porque en la actualidad las
referencias cruzadas son parte del juego en la literatura.
Y esto es algo que intenta delimitar Fanuel Hanán Díaz (2015)
en Temas de literatura infantil. Aproximación al análisis del discurso para la
infancia. Realiza una lista de fenómenos donde la intertextualidad
aparece dentro de la literatura infantil: a) textos tempranos, b)
diferentes versiones de una misma historia, c) los arquetipos, d) las
convenciones y lo identificable de un género, e) referentes narrativos
de tipo sociohistórico, f) otros discursos dentro del texto, y g) textos
subsecuentes.
Dentro de estos 7 fenómenos que identifica Hanán Díaz,
éste señala cómo toda la literatura infantil actual parte de un texto
ya conocido, aunque en diferentes niveles, no necesariamente con el
título o la cita exacta del mismo. Por esta razón, indica que se trata de
“Un rico entramado de referencias, citas e influencias no parecieran
tejer de manera ingenua los hilos de esta sólida trama, donde muchas
veces los autores utilizan ex profeso un modelo anterior para crear
una nueva obra llena de significaciones contemporáneas” (p. 44). Sin
el 18 de marzo de 2020. No se analiza en este trabajo, por la longitud del
registro, pero es un ejemplo claro donde niñas y niños aplauden, saltan
y se mueven como en un juego de “Simón dice”, pero con un personaje de
Anthony Brown.   https://www.youtube.com/watch?v=0kdOUUGtAsM&amp;ab_
channel=BernardoGovea.  
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embargo, esta concepción de la intertextualidad está en función de
la escritura, lo que se convierte en texto, y no de una manifestación
artística donde éste se adapta con y en otros lenguajes. En el caso
de la adaptación, entrarán en dinámica tanto la intertextualidad del
texto base (hipotexto), como la mediación transitiva (hipertexto) del
primero.
Dentro de la intertextualidad, Hanán (2015) añade una
distinción con base en la propuesta de Genette acerca de la
copresencia de dos o más textos en uno solo. El autor añade lo
siguiente:
La capacidad que tienen todos los textos de relacionarse en
diferentes formas con oír los textos es lo que se conoce como
transtextualidad, y no necesariamente indica una relación
intertextual propiamente, ya que esta se rige por el principio de la
copresencia efectiva. (p. 48)

Se daría lugar, como resultado de lo anterior, los llamados
hipertextos o reelaboraciones de un texto. En este sentido, cuando
se trata de una adaptación que será mediada en vivo o mediante
elementos del lenguaje cinematográfico, la transtextualidad deberá
tomar en cuenta las artes que entran en conflicto a la hora de
transmitir el texto que sirve como base (hipotexto). Por ejemplo, los
silencios en un espectáculo en vivo no son los mismos que los de
la tipografía; y las transiciones en un video, donde se usa el montaje
cinematográfico, obedecerán a una relación transtextual entre el
nuevo producto y el que está debajo suyo.
Esto trae como consecuencia nuevas experiencias en lo
que llamamos “lector”. Hanán (2015) plantea también lo mismo a
partir de estas definiciones y experiencias con la intertextualidad,
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pues todo esto involucra lo que comúnmente se denomina lector
activo. En el caso de la adaptación o de un intento transitivo de un
texto a otro lenguaje, conlleva a una experiencia a las nociones que
tenemos del término ‘descifrar’. Por esta razón, para Hanán, “…
el proceso de creación comienza a cargarse de intencionalidad ya
que el autor trabaja sobre un hipotexto que conoce y maneja a la
perfección, de manera que las alteraciones que introduce generen el
efecto deseado” (p. 49). Esto involucra, desde la perspectiva de este
autor, la presencia de un lector implícito, aunque no en el concepto
exacto de Wolfang Iser, sino hacia un tipo donde se reconozcan
convenciones y exista una participación.
Por esta razón, es necesaria también la postura de Teresa
Colomer (2005) sobre este mismo aspecto, en cuanto a la experiencia
del lector, sobre todo porque existe una búsqueda para ampliarla. La
autora toma en cuenta la importancia de la elección de los temas
para identificar qué es lo lejano y cómo convertirlo en algo cercano.
En pocas palabras, es una forma de explicar, hasta cierto punto, la
mediación en la literatura infantil. Otras expresiones pueden usarse
de manera similar, por ejemplo, convertir lo extraño en lo familiar.
Colomer apunta lo siguiente:
En un sentido completamente distinto, la experiencia de temas
y contextos lejanos puede provenir de la traducción de obras
provenientes de otras culturas o de la reedición de obras del pasado.
La aproximación de la experiencia se produce aquí por inmersión
del lector si la obra permite salvar el desnivel informativo entre
sus destinatarios originales, los niños de esa cultura, y sus nuevos
lectores. Si ello es posible, incluso dejando zonas de sombra, no
hay duda de que su lectura enriquece de un modo muy potente.
(p. 149)
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Y esto que señala Colomer es una parte importante en el
impacto que tiene la literatura en quien la experimenta: colores
de otro sitio, climas que no son ajenos, nombres de ciudades,
expresiones coloquiales, labores sociales que tal vez no se parecen
a las que existen donde se enuncia el cuento, países inventados,
lenguas imaginarias. Todo entra en este punto donde se amplía la
experiencia del lector, siempre y cuando se encuentre la manera de
mostrar lo extraño para facilitar su acercamiento.
Encontramos, entonces, dentro de una transtextualidad, la
necesidad de ampliar la experiencia del lector, tanto en su actividad
más allá de descifrar, como aquella donde lo lejano necesita acercarse.
Por esta razón, Colomer (2005) propone reconocer algunos recursos.
No basta con un prólogo, una nota a pie de página o los apéndices,
aunque son importantes, según la intención de quien escribe. Sin
embargo, esto abre la puerta a otros recursos como las ilustraciones.
La experiencia del lector, entonces, se amplía en una relación entre
las palabras y otros lenguajes:
Otras formas de traspasar informaciones o valoraciones es buscar
maneras asumibles o deseables para los niños. Contar cosas a
través del humor, por ejemplo. Parodias históricas o culturales,
sobre personajes u obras famosas, narraciones que desdramatizan
temas, etcétera, a la vez que dan información o que asumen su
valoración a través de la asociación de los lectores en la perspectiva
humorística adoptada. (p. 152)

Tenemos, en este caso, dentro de una gama de recursos para
ampliar la experiencia del lector, además del código por descifrar y la
transtextualidad en la obra, el humor como una manera de proponer
una valorización de lo que se cuenta. La clave en este recurso estará
en las estrategias para mediar esta información, sobre todo cuando
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puede volverse demasiado explícita hasta convertirse en algo que no
es literatura.
Las adaptaciones de Bernardo Govea: contar para enseñar
un mundo con otros lenguajes
El primer cuento adaptado que se analizará en este apartado es “El
grillo y el topo”, concretamente la presentación que se encuentra
registrada en el canal de YouTube de Bernardo Govea, con fecha
del 11 de junio de 20233. El espectáculo ocurrió en el marco del
FENAL 2023, casi un mes antes de su publicación. El subtítulo
del video es el siguiente: “Espectáculo de narración oral escénica y
músico del periodo renacentista. ¡Ah, y un toque de cumbia” (Canal
Bernardo Govea, 2023). Al tratarse de narración escénica, por
medio de los conocimientos de teatro por parte del cuentacuentos,
tiene también la participación de Arantxa Carré Medina (flauta) y
Ramón Hernández (percusiones). Existen otras versiones sobre
esta adaptación, como la publicada por la Corporación Cultural
Universidad de Concepción en 2021, pero para efectos de este
trabajo se tomará la que se realizó en vivo en la FENAL, con el fin
de contrastar con la faceta cineasta del cuentacuentos.
El título hace ruido en quien conoce el referente textual
porque se presenta como un cuento de Giambattista Basile, pero en
el Pentamerón. El cuento de los cuentos no aparece exactamente de esa
forma, indicio ya de un primer problema de adaptación. El cuento
que adapta Bernardo Govea es el de “La cucaracha, el ratón y el
3 Hay otras adaptaciones en su canal, pero no son en vivo. Cabe destacar
que el cuentacuentos ajusta los cambios después de cada presentación, por lo
cual sería necesario un estudio de las variaciones de un mismo cuento, en el
futuro.
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grillo”4, en la traducción de César Palma (2019). La historia narra
las aventuras de Nardiello, quien es enviado por su padre en tres
ocasiones diferentes a comprar becerros a la feria de Salerno. Sin
embargo, el protagonista se encuentra cada uno de esos viajes con
un hada que le cambia su dinero por una criatura diferente: un ratón
(topo en otras traducciones), una cucaracha (escarabajo, a veces en
el cambio de idioma) y un grillo.
En la segunda parte de esta historia, Nardiello es corrido
por su padre y éste termina conociendo a la princesa Milla, hija del
Rey Cenzone, en Lombardía, lugar a donde huye el protagonista.
El gobernante está preocupado porque su hija vive triste y
propone que quien la haga reír se quedará con su mano en sagrado
matrimonio. Como Nardiello no pertenece a su clase y gana el reto,
le propone consumar el matrimonio en tres días, pero lo droga con
opio para que se quede dormido. En consecuencia, lo lanza a los
leones y la cucaracha, el ratón y el grillo lo ayudan a salvarse. Sin
embargo, la princesa ya está comprometida con otro hombre y
debe consumar también el matrimonio sin los obstáculos de un
narcótico. Los tres “bichos”, como se les nombra en la traducción
de César Palma, ayudan a detener al nuevo pretendiente y al final
el rey decide cumplir, por arrepentimiento, con la promesa que le
hizo a Nardiello.
La adaptación de Bernardo Govea es amplia por muchas
razones, pero no cambia gran parte de los núcleos. El primer punto
de partida está en la interacción con el público. No necesita un
exordio clásico ni su respectiva captatio beneolentiae en términos de un
4 Originalmente, antes de iniciar los registros de su obra, el mediador
contaba esta historia con todos sus detalles, pero la representación escatológica
fue un motivo difícil de adaptar.

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canon retórico. El extrañamiento que sirve de gancho para captar la
atención de niñas y niños es una especie de ruido que atrae a alguien
para decirle “hola” (Canal Bernardo Govea, 2023, m0s38-m0s41)
y que éste le conteste. El inicio es difícil porque hay problemas
con el micrófono, pero el cuentacuentos no pierde el control y
logra arreglarlo por su cuenta para presentarse como “Brunildo”.
Bernardo Govea hace dos cambios drásticos, uno nominal y el otro
de diégesis, en esta parte: 1) cambia el nombre del personaje, de
acuerdo con el original, y 2) ajusta la posición del narrador de tercera
a primera persona, pero sobre todo por el tiempo de la enunciación
con respecto al del enunciado. Comparemos la introducción del
hipotexto con el hipertexto:
«La fortuna es mujer puntillosa y escapa a las caras de los doctos,
porque éstos prestan más atención al paso de unas hojas que a las
vueltas de una rueda; y por ello más gustosamente se relaciona
con la gente más ignorante u de valía escasa y no tiene reparo—
porque es de costumbres plebeyas—en repartir sus bienes entre
los tontos, del modo que me oiréis en el cuento que sigue»”.
(Basile, 2019, p. 265)
El día de hoy es la historia de cómo me convertí en el chico
más inteligente, más astuto y, sobre todo, el más guapo de todo
el pueblo. Comenzamos…[inicia la música de la flauta y las
percusiones]. (1m35s)

En el primer caso, se trata de la historia marco del Pentamerón
en la que diez mujeres cuentan cinco historias a Zoza después de
una serie de acontecimientos similares a los cuentos dentro de éste
que sirve como marco, muy al estilo de la tradición de Boccaccio.
Nos encontramos en el enlace entre el pasatiempo cuarto al quinto
de la tercera jornada, el turno de Popa la gibosa (jorobada).
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En el caso de Bernardo Govea, hay un proceso de
ficcionalización enfocado en darle oportunidad al personaje de
introducirse primero a sí mismo, creando una expectativa por
parte del público y una cercanía de algo completamente lejano: el
cuentacuentos actúa como alguien lento, sin muchas luces, pero su
tiempo de la enunciación corresponde a un presente que ha superado
un pasado, y es que el inicio del cuento original presenta a Nardiello
como un zoquete, dejándolo sin palabra. En ese sentido, esto coincide
con las ideas de Rönner Díaz: se crea una expectativa por averiguar.
Esto sucede tanto en el hipotexto como en el hipertexto, con
diferentes recursos. Por un lado, el cuento de Basile lo hace por medio
de sentencias que establecen la temática de lo que se va a contar, y, por
el otro, Bernardo pone en primer plano al personaje principal para
establecer la existencia de una evolución, sin dar más detalles.
La siguiente parte contiene una serie de adaptaciones
interesantes con respecto al original. Es cuando se detalla que el
personaje principal es un tonto, aunque el cuento lo hace con una
intencionalidad irónica: establece información que debe asumirse
como verdadera para que quien la lee note que es todo lo contrario.
En el cuento leemos:
Había una vez en el Vomero un estanciero muy rico, llamado
Miccone, que tenía un hijo de nombre Nardiello, el más rematado
zoquete que se ha visto jamás en la barcaza de los golfos: hasta el
punto de que el pobre padre estaba amargado y afligido, y no sabía
de qué modo ni de qué manera enderezarlo para que hiciese algo
a derechas. (Basile, 2019, p. 265)

El cuento, compilado y escrito para su contexto, establece un
espacio determinado: una colina de Nápoles. También determina la
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cualidad principal de Nardiello al retratarlo de una forma que incluso
su propio padre no puede soportar sus carencias en el pensamiento,
y esto da pie a una larga enumeración de actividades que ponen en
evidencia la inteligencia del protagonista: los amigos de la taberna lo
engañan, pagaba dinero de más por mujeres que cobraban menos,
en los juegos de azar le hacían trampa, todo relacionado con dinero
para aludir que estaba dejando en la ruina al padre.
En el caso de la adaptación en vivo de Bernardo Govea
sucede algo distinto. Sobre todo porque cambia la imagen del padre
y el enfoque de su enojo. Mientras que el padre de Nardiello está
sumamente borracho, regañándolo en el hipotexto en el que se basa
el cuentacuentos, en su versión es el papá de Brunildo quien decide
planear una prueba para demostrarle al pueblo, cuyo nombre no
conocemos, que su hijo es alguien digno de alabanza:
Un día el padre se acercó a su hijo y con la idea ya muy clara en
la cabeza le dijo lo siguiente: —Brunildo, Brinuldo. ¿Sabes qué,
Brunildo? He estado pensando desde hace tiempo y sabes qué, he
estado muy cansado de que la gente, toda la gente de este pueblo
se esté burlando de ti a tus espaldas. Por eso, lo que vamos a
hacer es algo que te va brindar la oportunidad de demostrar, a
mí y a todo este pueblo, que eres un chico brillante, un chico
astuto, y sobre todo que puedes hacer cualquier tarea, sin ningún
problema. (Canal Bernardo Govea, m4s19)

Después de este diálogo del padre, el cuentacuentos da
una descripción de Brunildo tratando de dormir para cumplir
al día siguiente con la misión que le encarga el padre (en esta
versión, le pide comprar ovejas). Son dos aspectos que cambia en
la ficcionalización para replantear el modo de la historia original.
Omite el estado de ebriedad del padre y cambia su molestia: en el
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original, el problema es la pérdida del dinero, hay un enfoque hacia
el valor de la economía, mientras que en la versión de Bernardo
Govea hacia la imagen de protagonista. Brunildo se pierde en el
bosque; a Niardello lo corren de su casa. El segundo aspecto en la
ficcionalización está en omitir el espacio geográfico, permitiendo
la posibilidad de un extrañamiento por el nombre de la ciudad
y las referencias regionales. La experiencia del público cambia
también porque Brunildo es víctima de las circunstancias y de su
ansiedad, no tanto como la versión despistada de Nardiello y sus
malas amistades.
Este enfoque de la experiencia del lector, entendido en este
caso como el público presente, se acrecienta cerca del final de esta
adaptación. Los llamados bichos en la traducción de César Palma al
Decamerón traen a Nardiello al palacio para que sea reconocido como
hijo político por el Rey, recibiendo un beso suyo, y lo convierten en
un hombre hermoso. El padre es traído a verlo y todo se arregla:
“vivieron juntos felices y contentos, demostrando, después de mil
penurias y mil desvelos, que lo que no acontece en un año acontece en
una hora” (Basile, 2019, p. 272). El cierre permite conectar con una
sentencia a manera de sabiduría popular, para después relacionarse
con la historia marco donde las narradoras y público ríen todavía
por el contenido de la historia, concretamente con la travesura que
hace el ratón.
En el caso de la adaptación, cerca del final del video, la
manera en la que se amplía la experiencia del público radica en
un giro de la música. Durante todo el espectáculo la flauta y las
percusiones interpretan música de estilos medieval y renacentista, y
esta ficcionalización se transforma cuando Bernardo Govea narra lo
siguiente en el triunfo del protagonista:
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Brunildo levantando su copa, mirando a todos los invitados
había preparado algo especial para su amada, quería conquistar
su corazón y quería demostrar todo su afecto, así es que había
acordado con el grillo y el topo tocar algo especial en su día de
bodas. Levantando su copa y mirando al público, Brunildo le
dijo a todos: ¡CUUUUUMBIA! (Canal Bernardo Govea, 2023,
m43s48)

Las percusiones inician y pasa algo sumamente impactante.
Se rompe la cuarta pared desde el público y no desde la actuación
de Bernardo, quien todavía no baja del escenario, y los músicos.
Algunas de las personas del público comienzan a bailar. Uno al
frente, derecha de la pantalla, se pone de pie y esto desencadenará
que el público, fundiendo la ficción del cuento, se encuentre en la
fiesta de Brunildo.
Ese espacio de transgresión amplía la experiencia de sus
espectadores para que los cuerpos participen en el mundo contado
en combinación con elementos de las artes escénicas. Sin embargo,
luego de este espectáculo viene un momento que hace que regresen
a la ficción: aparece el somnífero, en lugar de opio, y esto ocurre
mucho después a manera de la trampa del Rey, similar a como
sucede en el original. Lo que hace el cuentacuentos es cambiar
el final al hacerlos ganarse la vida tocando música, como una
emancipación contra el poder. La princesa (llamada Segismunda) lo
acepta, a Brunildo, como es y no por su riqueza.
El otro cuento que analizamos a continuación es el de
“Patrono y contable o
El automóvil, el violín y el tranvía de carreras”, de Gianni
Rodari (2013), traducción de Esther Benítez. La historia trata sobre
la envidia del comendador Mambretti, dueño de una fábrica de
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accesorios para sacacorchos. Dos son las características físicas que
lo distinguen: tiene treinta carros y treinta pelos. Cuando monta
su carro más lujoso, de doce metros de largo, suele preguntarle al
espejo retrovisor que de quién es el autor más hermoso de todo el
país. Al inicio la respuesta es placentera: no hay automóvil más bello
que el Mambretti. Sin embargo, un día el espejo emite una opinión
distinta de la anterior: el más hermoso de todo el país es nada menos
que el de su empleado, un contable, llamado Giovanni.
En el resto de la historia de Rodari (2013), el patrón de
Giovanni tratará de deshacerse de su competencia para que el espejo
regrese al juicio del inicio. Sin importar que al inicio haya fallecido
una tía del empleado, el jefe Membretti choca un día, a propósito,
contra el carro rojo y pequeño que resulta ser más bello que el suyo.
A pesar de esto, el mejor mecánico de la ciudad lo repara mientras
Giovanni toca el violín; como el espejo sigue repitiendo la misma
respuesta, el patrón, también líder de ladrones de coches que la
ciudad, manda a robar el coche reparado.
No obstante, otra pariente del contable fallece y le hereda
un caballo que resulta ser el nuevo automóvil, para el espejo, más
hermoso de todo el país. Nuevamente, Membretti manda a robar el
caballo, hasta que, en medio de la tristeza del violinista, un maestro
le ofrece trabajar con el para que gane dinero. Como las cosas van
mal (parientes muertas, robos inesperados) decide hacerlo y con
todas las ganancias de su gira se compra un tranvía. Al final, el
horrible hombre que le tenía tanta envidia se queda sin cabello de
tantos corajes, y ahí es cuando se cumple el humor como un tipo de
experiencia.
El primer cambio, en la adaptación, que ocurre del lenguaje
escénico al cinematográfico está tanto en el logo del cuentacuentos,
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como en la primera imagen con un fondo negro. Bernardo
Govea (2022) combina su actuación, ahora maquillado como el
comendador Mambretti, con su voz fuera de la escena. En lugar
de describirlo con poco cabello, resalta lo tanto que le encanta éste:
“El comendador ama su cabello. Se consiguió un peine de Carey,
y con mucho cuidado se acicala” (Canal Bernardo Govea, 1m08s).
En cuanto contenido, este es el primer aspecto que resalta en su
hipertexto de tipo audiovisual: no hay un lamento como en el
original sobre la poca cantidad de cabello, sino que hay un gran
apego a éste. Lo segundo que resalta entre los primeros cambios es
que se le da un mayor énfasis a los carros: son treinta, como los días
del mes, y escoge el que usará dependiendo del humor.
La experiencia de la narración es distinta al de las actuaciones
en vivo. Bernardo Govea juega con los límites de cada lenguaje y los
estira para mantener una tradición oral. No incluye en el video un
carro rojo tal cual, sino que a través de la pantomima y los sonidos
de su boca imita el motor del coche y al comendador Membretti
conduciéndolo:

El cuentacuentos interpreta a Mambretti.
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mundo audiovisual en las adaptaciones de Bernardo Govea

El cuentacuentos aparece como narrador

A pesar de presentarse con actuaciones caracterizadas con
maquillaje, en pantalla aparece el narrador en persona y ya no
por medio de una voz fuera de la escena. Este primer plano no
es gratuito: se trata de un recordatorio de la tradición oral en un
medio audiovisual, no al estilo de los cuentos de Alberto Laiseca
con diferentes tomas al mismo sujeto contando una historia de
terror, sino como una disrupción necesaria para recordar la oralidad
de los cuentos en un mundo dominado por un montaje alejado de
lo teatral, en cuanto a arte escénico.
Dos de los cambios más notables de esta adaptación del
cuento de Rodari son la representación del espejo y la destrucción
del primer coche del contable. En el caso de este último pasaje, en el
original leemos lo siguiente:
Esa misma noche el comendador Mambretti decide ir al cine para
olvidarse de su disgusto. Ante el Cine Star encuentra automóviles
parados, tan abundantes como los pinos en el pinar, las encinas
en el encinar y las guindas en el frasco de aguardiente de guindas.
Mientras busca un sitio para aparcar su supercoche, descubre allí

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mismo, a dos metros de su parachoques delantero, el molinillo, el
miniescuerzo, el microgarabato del contable Giovanni. La plaza
está desierta. Los de Carpi están todos en el cine, en casa viendo
la televisión y en el café jugando al mus. No circula un alma, no
hay guardacoches fraudulentos a la vista, la luna tiene una falta
justificada. (Rodari, 2013, p. 17)

El hipotexto del que parte Bernardo Govea para su
adaptación crea un ambiente de verosimilitud para poder realizar el
crimen. Éste no ocurre dentro de la zona de trabajo, se trata de un
momento en el que nadie puede ver al patrón, y es cuando decide
destruir el coche para dejarlo similar al fuelle de un acordeón, para
después ser reparado por el Siete manos, personaje secundario
dedicado a reparar coches.
El hipertexto es curioso porque elimina este cronotopo
de verosimilitud para el crimen (lugar desierto, sin almas, perfecto
para un crimen, de noche). Después de la explicación del contable
Giovanni sobre la muerte de una pariente, su jefe lo manda de
regreso al trabajo mientras diseña una idea para deshacerse de su
competencia. En el caso de esta adaptación, se trata de un bocho
amarillo y no de un carrito de color rojo:
Finalmente su cabeza llegó a una idea. Salió de su oficina, del
trabajo, se subió en su auto y manejó hasta su casa. Abrió la
cochera de par en par y observó que ahí entre sus treinta autos
había un tanque de guerra. Se subió en él y condujo [sonidos de
vehículo] No hubo semáforo rojo que lo detuviera. Llegó hasta su
trabajo y ahí con su enorme tanque de guerra se el echó encima al
pobre bocho. (Canal Bernardo Govea, 2022, 6m8s)

El crimen en este caso sucede a plena luz del día durante la
jornada laboral del contable. El cuentacuentos magnifica de varias
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maneras el hecho: 1) reitera la cantidad de coches para resaltar su
opulencia, 2) no usa el carro de lujo, el primero, sino un tanque como
declaración explícita de guerra contra la belleza determinada por el
juicio del espejo, y 3) prescinde del maquillaje y la caracterización
anterior de Mambretti para narrar el acontecimiento con ayuda de
la imitación de los sonidos de las llantas del bocho tronando con el
peso del tanque. La escena es sumamente caricaturesca como en
el hipotexto, pero contiene un aspecto escalofriante: transgrede el
cronotopo. Un hombre de poder no necesita ocultarse y, además,
cuenta con las armas para no estropear su auto de lujo en una
venganza. Al día siguiente despierta tranquilo, no porque haya sido
un secreto, sino porque tiene el poder para hacerlo.
El otro cambio importante, de los varios que están presentes
en esta adaptación, está en la caracterización y participación del
espejo. El acierto que toma Bernardo Govea en no quitarlo, a
diferencia del escarabajo o cucaracha en el cuento anterior, radica
en un consejo del mismo autor del hipotexto: “Podemos ver en
Andersen al primer creador de la fábula contemporánea: aquella en
que temas y figuras del pasado salen de su limbo intemporal, para
actuar en el infierno y en el purgatorio del presente” (Rodari, 1973 ,
p. 56). Es importante mantener los elementos de la fábula popular,
como el espejo mágico que habla, pero no en el sentido didáctico
que critica Rodari en cuanto a éstas como materia prima.
Por esta razón, detalla la importancia de lo hecho por
Andersen de cómo transformar estas fábulas en lo contemporáneo.
Y esto es lo que ocurre tanto con el espejo como con el crimen.
Nuestro infierno en el presente no necesita de un cronotopo como
el del hipotexto para que ocurra. En el caso del segundo elemento, el
espejo tiene una participación mucho más activa y permite un final
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

abierto cuando, triunfante, el contable Giovanni se detiene con su
triciclo frente a la luz roja que el patrón no respetó con su tanque.
El personaje dice lo siguiente: “Espejito, espejito, espejito…espejito,
¿cuál el auto piú grande, piú bella di tutto Milano?” (Canal Bernardo
Govea, 2022, 17m47s). La sorpresa es distinta y enigmática. Mientras
en el texto original, el de Rodari, es un maestro quien saca de las
penas al contable con su violín, en la adaptación de Bernardo Govea
resulta que el personaje del espejo también habla con Giovanni y no
sólo con el patrón. ¿Complicidad? No lo sabemos. Ese cambio amplía
la experiencia del espectador para completarlo o dar respuestas más
allá del final cerrado del hipotexto.
Juan Cervera (1992) en su libro Teoría de la literatura infantil
ya observaba preocupado por el papel de esta literatura en el marco
de la pedagogía, sobre todo en las cuestiones institucionales, los
medios de comunicación social y el papel del mediador. A propósito
del último, Cervera dice:
El mediador debe estar convencido de que una de sus funciones
más interesantes es la información, para lo cual tiene obligación
de estar informado él mismo de las innumerables creaciones
literarias y aproximarlas a los niños de la forma más adecuada.
Cultivará mejor el gusto de los lectores sugiriendo y compartiendo
gustos con ellos que imponiendo y prohibiendo. (p. 354)

Esto se relaciona muy bien con la claridad que Walter
Benjamin señaló sobre no confundir la niñez con lo infantil. El papel
que toma Bernardo Govea es el de mediar mundos que provienen
de textos que le gustan, pero los comparte con adaptaciones que
no impongan una lectura pura o literal, es decir, contar tal cual es
el cuento, aspecto delicado si la historia tiene un arraigo poderoso.
Narrar actualmente debe tomar dos cosas en cuenta para ampliar la
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Cuando contar es enseñar otros mundos: de la oralidad al
mundo audiovisual en las adaptaciones de Bernardo Govea

experiencia de quien recibe la historia: involucrar el cuerpo como
una vía de claridad y jugar con los medios audiovisuales sin olvidar
que también somos animales que cuentan historias y que la oralidad
nos hace movimiento.
Conclusiones
Las adaptaciones de Bernardo Govea se basan en la combinación
de las artes escénicas y el lenguaje cinematográfico, pero se resiste a
dejar la oralidad por un lado. No es teatro lo que hace ni tampoco
cine en los trabajos analizados. El hecho de narrar con las palabras
permanece en ambas propuestas, en parte como resistencia, en
parte como experimentación que nutre también a las otras artes que
el autor practica.
Son varias las aportaciones para poner reflexionarlas en este
primer cuarto de siglo. La primera está en no perder la oralidad,
pero adaptar los lenguajes que dominan los diferentes espacios de
enunciación. La segunda consiste en recordar que el cuerpo es parte
de la interacción con las historias; si existe una escritura con éste,
también se puede narrar por medio de él y convertir el acto en un
ritual donde cobre vida la historia: los relatos accionan cuerpos, y
ahí está parte de la ampliación de la experiencia.
Por otro lado, es importante volver cercano lo lejano sin
perder lo auténtico de nuestra época. Las fábulas populares deben
permanecer y dialogar con nuestra circunstancia. Pueden mantenerse
los tropos literarios, pero llega un punto, como Crisóstomo en Don
Quijote de la Mancha, donde lo artificial nos impide ver la realidad,
similar a la impunidad del patrón en la adaptación de Bernardo
Govea. De ahí lo que apuntaba Benjamin acerca de esa claridad
en la literatura infantil: no tiene que ser de noche para que ocurra
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

la maldad. La literatura de Bernardo Govea es una propuesta para
enseñar otros mundos; contar con el cuerpo es también una de las
formas de la educación sentimental.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-83

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
La literatura infantil y juvenil para la formación
de comunidades lectoras del presente hacia
el futuro
Children’s and youth literature for the formation
of reading communities from the present to
the future
Elsa Margarita Ramírez Leyva
Universidad Nacional Autónoma de México,
Coyoacán, Ciudad de México, México
orcid.org/0000-0001-8407-9059

Fecha entrega: 27-1-2024 Fecha aceptación: 29-1-2024

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Ramírez Leyva, Elsa Margarita. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-87
Email: eramirez@unam.mx

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

La literatura infantil y juvenil para la formación de
comunidades lectoras del presente hacia el futuro
Children’s and youth literature for the formation of
reading communities from the present to the future
Elsa Margarita Ramírez Leyva
Directora General de Bibliotecas y
Servicios Digitales de Información, UNAM
Investigadora del Instituto de Investigaciones
Bibliotecológicas y de la Información, UNAM
Ciudad de México
eramirez@unam.mx

Resumen: El artículo analiza la evolución y el potencial de la literatura
infantil y juvenil (LIJ) para la formación de comunidades lectoras desde
la infancia hasta la edad adulta1. La autora repasa los orígenes y los
géneros de la LIJ, así como su relación con los cambios sociales, culturales,
tecnológicos y ambientales. Destaca el papel de la LIJ en el desarrollo
cognitivo, emocional y social de los niños, así como en la construcción de
su identidad, su imaginación y su pensamiento crítico. También señala la
importancia de la lectura en voz alta, la diversidad, la igualdad y la inclusión
en la LIJ, y su contribución al desarrollo sostenible de las comunidades.
Palabras clave: Literatura Infantil y Juvenil – Desarrollo Cognitivo –
Identidad – Lectura en voz alta – Inclusión – Desarrollo Sostenible
Abstract: The article examines the evolution and potential of Children’s
and Young Adult Literature (CYAL) in shaping reading communities from
childhood to adulthood. The author reviews the origins and genres of

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�Elsa Margarita Ramírez Leyva / La literatura infantil y juvenil para la formación de
comunidades lectoras del presente hacia el futuro

CYAL, exploring its relationship with social, cultural, technological, and
environmental changes. It highlights CYAL’s role in cognitive, emotional,
and social development in children, as well as in shaping their identity,
imagination, and critical thinking. The article also underscores the
importance of practices such as read-aloud sessions, diversity, equality,
and inclusion in CYAL, along with its contribution to the sustainable
development of communities.
Keywords: Children’s and Young Adult Literature – Cognitive Development
– Identity Read-Aloud – Inclusion – Sustainable Development

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-87

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Evolución de la literatura infantil
La literatura infantil y juvenil (LIJ) a través del tiempo ha adquirido
relevancia en el proceso cognitivo, emocional y social de la comunidad
infantil, ya que, mediante la lectura en voz de la persona que lee, —
madre, padre, algún otro familiar, docentes, personal de bibliotecas,
promotores de lectura y también ahora audiolibros— se logra
transmitir emociones, despertando la curiosidad y la imaginación,
y también se puede propiciar el gusto por la lectura desde etapas
tempranas antes de iniciarse en la educación prescolar; y cuando la
capacidad motriz avanza, las y los niños pueden sostener el libro en
sus manos, abrirlo, mirar imágenes, identificar formas, colores, letras
o figuras, elementos que pueden incrementar el placer y desde luego
las capacidades cognitivas.
La LIJ, al igual que los distintos géneros literarios, tiene su
origen en los géneros orales, y ha sido parte del proceso del desarrollo
cognitivo de los seres humanos, quienes lograron ir aprendiendo
a leer y a descifrar el mundo natural y social, creando lenguajes
orales, gestuales, visuales (imágenes) y escritos para comunicarlos
en creaciones que sorprenden por la imaginación que lograron
tejer, creando leyendas, mitologías, cuentos, canciones, poemas o
refranes que contienen creencias, experiencias, conocimientos de
comunidades ancestrales que se han transmitido de generación en
generación y que aún son parte de las tradiciones que se preservan y
de las identidades, por lo mismo es fundamental seguir revalorándolas
y difundiéndolas. Así, los podemos considerar no solo como fuentes
de disfrute estético, sino también de información primaria, pues
muchos de ellos se han logrado preservar en formato escrito, grabado
y en representaciones icónicas. Por su valor histórico y cultural en la
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�Elsa Margarita Ramírez Leyva / La literatura infantil y juvenil para la formación de
comunidades lectoras del presente hacia el futuro

Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial
de 2003 de la Unesco, se reconoce a las tradiciones y expresiones
orales como parte de esa categoría (UNESCO, 2022).
La LIJ está integrada por diferentes géneros y temas que
provienen de leyendas, creencias y experiencias que las comunidades
crean y transforman al pasar de manera oral hasta que se logran
registrar de manera escrita, y aunque a veces la narrativa puede ser
muy sencilla y adecuada a la población infantil permitiendo que
se entienda de manera explícita el mensaje, puede contener un
significado implícito que requiere de una lectura profunda, incluso
investigar el contexto en donde surge para entender el mensaje que
puede ser metafórico y que, por lo general, busca ser formativo
en el sentido moral, ideológico, de comportamiento, aleccionador,
con la intensión de divertir, que quizás puedan estar dirigidos al
inconsciente.
Como legado de esas culturas de antes de nuestra era, tenemos
por ejemplo Gilgamesh, epopeya escrita en cuneiforme en tablilla de
arcilla, proveniente de Mesopotamia y se ubica entre 626-539 a.n.e.
Aunque la leyenda se preservó de manera oral, el descubrimiento
de la tablilla que se encontraba en el museo permitió verificar y
ampliar la información, y hoy es un cuento infantil que, a través la
narrativa de las experiencias, sentimientos, comportamientos de los
personajes, muestra los valores de empatía, valentía y humanidad.
En cuanto a las historias de personajes que se integraron
a los cuentos infantiles como hadas, animales, criaturas fantásticas
y otros seres mágicos, se usaron como una forma de enseñar a los
niños sobre el mundo que les rodeaba, los valores morales y la
importancia de la imaginación. Como refiere E. F. Aguilar, tienen
su origen en Europa, pues “se las equiparaba con los duendes, los
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

gnomos durante la Edad Media,” y agrega que en la Edad Media se
les dio “una imagen más benigna a través de los libros de caballería,
donde se las presentaba como altas, aristócratas y de gran belleza”
(Aguilar, 2015).
En los siglos XVII y XVIII, entre los primeros autores de
cuentos infantiles que han llegado hasta nuestra época se encuentran
el francés Charles Perrault, quien escribió algunos basados en
leyendas orales como Caperucita Roja, Piel de asno, Pulgarcito, Barba
Azul, La Cenicienta, La bella durmiente y El Gato con Botas. En la
primera mitad del siglo XVIII, se publicaron Los viajes de Gulliver de
Jonathan Swift y Robinson Crusoe de Daniel Defoe, ambas escritas
para adultos, pero con el paso del tiempo recomendadas también
para niños. Otros autores también considerados clásicos del siglo
XIX, los hermanos Grimm, escritores alemanes, investigadores
culturales y lexicógrafos que se destacaron en filología y mitología,
son conocidos por sus cuentos, El príncipe rana, La pastora de ocas,
Hansel y Gretel, y Blancanieves; Christian Andersen, poeta y escritor
danés, se destacó por sus obras más conocidas Osho, Pulgarcita, La
reina de las nieves, El soldadito de plomo, La sirenita, El traje nuevo del
emperador; James Matthew Barrie escritor escocés, más conocido
por sus personajes de sus cuentos Peter Pan y Wendy; Lewis Carroll,
matemático, fotógrafo y escritor británico se destaca por su novela
Alicia en el país de las maravillas; del siglo pasado, J. R. Tolkien,
escritor, poeta, filólogo, lingüista y profesor universitario británico,
muy conocido por El hobbit y El Señor de los Anillos; también el
novelista, cuentista, poeta y guionista británico Roald Dahl, autor
de Charlie y la fábrica de chocolate y Matilda; y la escritora británica
Joanne Rowling, productora de cine y guionista británica, desde su
infancia le gustaba escribir, alcanzó fama con la saga Harry Potter
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�Elsa Margarita Ramírez Leyva / La literatura infantil y juvenil para la formación de
comunidades lectoras del presente hacia el futuro

que se compone de siete novelas de género fantástico escritas entre
1997 y 2007 y una obra de teatro que escribió junto con Jack Thorne
y John Tiffany, cuyo guion dramático fue publicado en 2016, de
todas las publicaciones se han alcanzado más de quinientos millones
de ejemplares vendidos, y es tema de una serie que contribuyó a
despertar el gusto y deseo por la lectura.
En el siglo XX como parte de la LIJ, también surgió el
género de la literatura gráfica, en donde prevalecen las imágenes
que representan emociones y acciones y se complementan con
textos cortos, se conforman por historietas, por ejemplo, de los
personajes de Walt Disney como Mike Mouse, Pato Donald, y aparte
otros personajes como Superman, obra del dibujante Joe Shuster
y el escritor Jerry Siegel, y Batman creado por Bob Kane y Bill
Finge. Después surgieron los cómics y los mangas japoneses, cuya
narrativa se compone de imágenes y textos, que se incorporado a
las colecciones de las bibliotecas por ser del gusto de la población
infantil y juvenil.
En suma, la LIJ ha evolucionado a lo largo del tiempo,
respondiendo a los cambios sociales, culturales y educativos, pues
antes del siglo XIX por lo general contenía mensajes formativos
y moralejas, además valores morales con finales felices que
indicaban que las conductas se corregían hacia el rumbo correcto
determinado por el contexto moral y social de la época. Después
los avances políticos, sociales y económicos, empiezan a darle otro
lugar a la LIJ, con un propósito educativo, pero después con fines
de entretenimiento y de fomentar el gusto por la lectura, aunque
durante el siglo XIX se tuvieron que vencer obstáculos incluso
para la lectura de géneros de literatura destinados a la comunidad
adulta, pero buscaban la manera de obtenerla y leerla toda vez
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�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

que en las bibliotecas no era frecuente encontrarlas, sólo las que
se consideraban dentro de los cánones morales aceptados, ya que,
por lo general, se consideraba que distraía o desorientaba a las y los
lectores de los fines pedagógicos. Es hasta el siglo XX cuando se
empieza a tener más libertad, y surgen nuevos géneros literarios y
temáticas destinadas a distintos tipos de públicos.
La literatura infantil y juvenil en el siglo XXI
Desde finales del siglo pasado, el sector educativo de distintos países
identifica deficiencias en las capacidades de lectura y escritura en
poblaciones que han concluido la educación básica, pero también
en las de educación superior, y se consideraba que posiblemente la
escuela era responsable, por lo que empezó a recurrir más al sector
bibliotecario para que emprendiera programas de fomento de la
lectura, en especial en la población infantil. Un ejemplo en México
es que en 1983 la Dirección General Bibliotecas, a cargo de la Dra.
Ana Ma. Magaloni, después de identificar brechas en el acceso y
capacidades de lectura, inició el programa de verano Mis vacaciones en
la biblioteca, actividades destinadas a la población infantil y juvenil de
las entonces 6,101 bibliotecas públicas. A la fecha dicho programa
continúa y se sigue renovando, ofreciendo talleres de distintas
temáticas que además de fomentar el gusto y propiciar momentos
de gozo, incluyen otros aspectos que buscan que los grupos
participantes amplíen conocimientos sobre diversas temáticas y
desarrollen capacidades y valores. En el Programa 2021, al reanudar
actividades presenciales después del confinamiento por la pandemia
Covid-19, se incluyeron los siguientes talleres: Arcoíris de Cuentos que
incluye aspectos históricos, artísticos y simbólicos del mundo del
color; Computus que tiene el objetivo de fortalecer capacidades de
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�Elsa Margarita Ramírez Leyva / La literatura infantil y juvenil para la formación de
comunidades lectoras del presente hacia el futuro

atención, la comprensión lectora y la expresión corporal, mediante
el teatro en atril, la escritura creativa, el teatro de sombras y la lectura
en voz alta; Tres Culturas… Grandeza de México que dedica la lectura a
tres acontecimientos históricos más relevantes, a saber, los 700 años
de la Fundación de México-Tenochtitlan, los 500 años de la llegada
de los europeos a tierras mexicanas y los 200 años de la Guerra de
Independencia, el taller incluye la elaboración de un códice en donde
se recrean los eventos y sus reflexiones en torno a nuestra identidad;
Aterrarte se centra en la literatura de terror con el desarrollo de la
creatividad, capacidades de razonamiento y compresión emocional,
además de alentar la imaginación, la fantasía y el gozo; Tito, la vuelta
a Monterroso, dirigido a adolescentes, utiliza las fábulas del autor
con el fin de propiciar la lectura y escritura creativas, el debate y
las dinámicas grupales, además de la diversión, se promueven las
actividades en grupo y valores de convivencia; Un reto saludable busca
promover beneficios de la alimentación sana con frutas y verduras,
se presentan videocuentos, juegos y actividades creativas con el fin
de motivar prácticas para una vida saludable; también, gozarán de
un momento de fama con y como se refiere en el Programa:
La Biblioteca Pública es y seguirá siendo un lugar habitable, hay
que leer para conocer y conocernos; hay que leer para fortalecer
vínculos; hay que leer para contagiar una actitud vital que
anime a todos a avizorar nuevos horizontes; hay que leer para
transformar la realidad. (Secretaría de Cultura Dirección General
de Bibliotecas, 2021).

El fomento del gusto de la lectura también es parte de las
políticas culturales de varios países, en México se han emprendido
programas nacionales, además del que ya mencionamos, se han
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incluido bibliotecas de aula en la educación básica, que se conforman
por colecciones de LIJ, salas de lectura en donde se proporcionan
libros y colecciones de literatura infantil e historietas, y se organizan
círculos o clubes de lectura con apoyo de personas voluntarias. En
algunas universidades se han emprendido actividades de lectura
para sus comunidades y otros públicos, incluso infantiles, además
de cursos para la formación de mediadores que se especializan en
lecturas y actividades con apoyo de la LIJ.
En 1953 en Zurich, Suiza se crea la Organización Internacional
para el Libro Juvenil (IBBY), que es un colectivo sin ánimo de
lucro. Está compuesto por asociaciones y personas de 60 países que
emprende actividades que interrelacionan a comunidades infantiles
con los libros. En 1979 se funda IBBY México, actualmente se
denomina Asociación para Leer, Escuchar, Escribir y Recrear, A.C.,
cuenta con una biblioteca especializada en LIJ, apoya programas de
lectura y la creación de pequeñas bibliotecas que IBBY denomina
Bunko destinadas al público infantil. Asimismo, imparten cursos y
talleres, aparte promueven la LIJ en distintos eventos.
La LIJ en la actualidad se compone de géneros literarios
dinámicos y en constante evolución. Los autores de literatura infantil
están experimentando con nuevos formatos y temáticas, y están creando
obras que son relevantes para los niños del siglo XXI. Los cuentos, las
novelas y otros textos literarios a los que se han incorporado elementos
multimedia como videos, música y animaciones, algunos con realidad
aumentada, permiten a los niños interactuar con los libros de una
forma más inmersiva, los personajes cobrar vida o explorar mundos
imaginarios, asimismo la realidad virtual permite a los niños adentrarse
en los cuentos desde la perspectiva del protagonista. Además, estas
aplicaciones interactivas incluyen juegos educativos. Otra ventaja
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de las tecnologías es que facilitan el acceso desde cualquier lugar y
en cualquier momento a las obras. Algunas aplicaciones son para
aprender a leer y escribir como Google Play Books y Voice Dream
Reader. Leo con Grin, IQ Aprende a leer con juegos. Asimismo, ya
se está incursionando en cuentos por Inteligencia Artificial (IA), tales
como plataformas como Cuenti.to que utilizan inteligencia artificial
para crear cuentos personalizados a demanda. Los “cuentitos” no sólo
son personalizados, sino que son únicos. “Cada historia es original
e irrepetible, de manera que las posibilidades son infinitas. También
existe la posibilidad de imprimirlo y convertirlo en un regalo”. Estos
recursos pueden ser útiles para introducir a los niños en el mundo de
la tecnología y la inteligencia artificial.
La literatura infantil desarrollo de capacidades
cognitivas y estéticas
A la literatura infantil se le han dado distintos usos como ya lo
referimos, y es importante enfatizar su potencial en el desarrollo
del proceso cognitivo y metacognitivo, desde los primeros meses
de edad. Señala J.H. Flavell citando a Gibson y Spelke: “parece
muy probable que los bebés estén predispuestos de forma innata
a prestar atención de forma preferencial al habla humana frente
a otros sonidos” (Flavell, 2000: 32). Un medio que sigue siendo
indispensable es la lectura en voz alta realizada por una o un
mediador que sea capaz de reproducir sonidos. Un medio que sigue
siendo indispensable y puede ayudar a revertir los efectos negativos
de la tecnología y que también debe mantenerse aun cuando los
avances de las tecnologías aportan otros medios complementarios
como los antes mencionados, es la lectura en voz alta.
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La LIJ contribuye al desarrollo y fortalecimiento de las
capacidades cognitivas relacionadas con la oralidad, ya que el niño
progresivamente aprende las palabras y cuando es capaz de ver las
imágenes en los libros, aprende a relacionarlas con su significante y
su significado, además va desarrollando la memoria, comprensión,
interpretación, imaginación y las emociones en la medida que identifica
distintos sonidos, entonaciones y el significado de las palabras, además
la gestualidad, en especial cuando la o el lector que le lee en voz alta
logra expresar la historia, por lo que es necesario darle vida al cuento.
Si se logra que durante esta etapa preescolar se despierte
el gusto de leer y después tener el cuidado de seguirla fomentando
durante la etapa de la educación escolar, el interés de saber más, seguir
ampliando vocabulario, la memoria, comprensión, imaginación y
pensamiento crítico, con sus capacidades cognitivas y estéticas podría
dirigir al lector autónomo en su proceso de formación, ya no solo en la
etapa de educación sino también en el de su formación y actualización
a lo largo de la vida, ya que la capacidad cognitiva no se logra de una vez
y para siempre, para ello se requiere también el proceso metacognitivo
basado en lo que Flavell denomina como metaconocimiento o los
conceptos relacionados con él (por ejemplo, procesos ejecutivos),
que han sido muy útiles recientemente en los campos de la psicología
cognitiva, inteligencia artificial, habilidades humanas, teoría del
aprendizaje social, modificación de conducta cognitiva, desarrollo de
la personalidad, gerontología y educación, así como en el campo del
desarrollo cognitivo durante la infancia (Flavell, 2000:185).
Sin duda, la LIJ es importante para la formación de lectores
desde los primeros años de la infancia, porque favorece el desarrollo
cognitivo, contribuye al desarrollo de la memoria, a través de la
información que obtiene con sus cinco sentidos, en especial con
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el lenguaje oral, los sonidos y el visual que, al relacionarlos con el
significante y significado, se va creando una especie de diccionario
mental mediante narraciones orales y lectura en voz alta de cuentos
destinados a la población infantil, previo al aprendizaje, pues son
por lo general composiciones de texto breves muy elocuentes.
Si el mediador tiene habilidades para imitar sonidos y
entonaciones y los complementa con la gestualidad, los niños que
escuchan y ven a la persona y las imágenes del cuento, van desarrollando
los procesos cognitivos, la memoria, el aprendizaje de significados y
así van conformando, incrementando y diversificando su vocabulario.
Como ya lo referimos, también se van estimulando la comprensión y la
imaginación y se activan distintas emociones, aparte puede contribuir
al desarrollo de la motricidad manual y la cognición de los niños si
se complementan actividades de dibujo y garabatos, en la medida
que su destreza psicomotriz avanza, puede imitar las imágenes, crear
formas geométricas, etc. y poco a poco puede crear los productos de
su imaginación e interpretación de sus propias historias. Con todo ello
se puede lograr el gusto por la lectura. Así se va iniciando la formación
integral en las dimensiones emocional, social y cultural, incluso
medioambiental, como veremos más adelante, y el paso para aprender
a leer facilita diversas experiencias cognitivas y estéticas. Cuando los
niños disfrutan de la lectura, es más probable que sigan leyendo a
medida que crecen e inicien su proceso de formación integral hasta
dirigir sus procesos cognitivos.
Los cambios sociales, culturales, tecnológicos y
medioambientales en la literatura infantil y juvenil
La LIJ actualmente aborda en sus narrativas los cambios sociales,
culturales, tecnológicos y ambientales, la diversidad, igualdad,
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inclusión, violencia, familia, medioambiente, todo lo cual se
identifica en distintas situaciones cotidianas, aparte de contribuir a
desarrollar concentración, comprensión, imaginación y creatividad,
identificar y asimilar valores, todo lo cual favorece que los niños
tomen conciencia de situaciones que les afecta, así como identificar
sus experiencias e incluso puedan emitir opiniones. Todo ello ayuda
en su formación integral de las dimensiones cognitivas, emocionales,
sociales, culturales y éticas. La tecnología, como ya lo mencionamos,
además, ha empezado a incorporar temas de vanguardia como
el cuento Robótica e inteligencia artificial (Futuros Genios 5): La ciencia
explicada a los más pequeños de Carlos Pazos, ¿Querés saber qué es la
inteligencia artificial? de Antonio Vázquez Brust y Marcos Vergara.
Asimismo, en las temáticas de la LIJ se aborda temas como
la diversidad, la igualdad y la inclusión y aunque puede ser una
forma divertida, atractiva, emocionante o gozosa, también puede
ser conmovedora y educativa. La LIJ puede promover el aprendizaje
sobre diferentes culturas, además puede ayudar a los niños y jóvenes
a conocer sus emociones, desarrollar empatía y comprensión, y
reducir el denominado bullying; los prepara para integrarse al entorno
escolar, social y cultural, además, les ayuda a comprender situaciones
e interactuar con distintos grupos y el entorno natural y digital.
Los educadores y mediadores deben analizar los mensajes
culturales contenidos en los libros infantiles para identificar en los
lectores sus capacidades de comprensión, cómo los interpretando,
lo efectos en sus proceso cognitivo y emocionales e incluso en
comportamientos, ya que pueden tener consecuencias que no
siempre son positivas y es necesario trabajar esos efectos, a fin
rectificar los alcances en las ideas o conductas de niño y jóvenes,
hasta en adultos.
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comunidades lectoras del presente hacia el futuro

La literatura infantil y juvenil: su potencial en el
desarrollo sostenible de comunidades lectoras infantiles,
juveniles y adultas
En la población adulta, la LIJ puede producir nostalgia al
recordar su infancia, estimular la imaginación y emociones de
esas lecturas o por los temas fantásticos, ofrecerles momentos
divertidos, activar su fantasía que con frecuencia se relega por el
pensamiento racional. Pero de igual manera, la LIJ aborda temas
que les permite evocar experiencias personales que les provocaron
un sufrimiento emocional o físico y haya quedado velado. Una
lectura aflora la experiencia y la hace consciente, y hasta puede
tener un resultado terapéutico. O bien, esa literatura les ayudar a
percatarse de comportamientos o situaciones que afectan a seres
humanos, fauna o medioambiente. Aparte, las personas adultas
cuando leen para la población infantil y logran involucrarse con
la historia y transmitirla con pasión, también tienen efectos que
provocan sensaciones en las y los escuchas, les pueden generar
estados emocionales que tengan efectos en su ser.
Algunas actividades de lectura con adultos que se han
realizado en la Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales
de Información de la UNAM, son por ejemplo: con la Secretaría
de Movilidad de la Ciudad de México, en el programa Fotocívicas,
el pago de multas de tránsito se realizaba con trabajo comunitario,
como parte de ellas se impartieron los talleres de lectura en voz
alta de cuentos infantiles sobre temas relacionados con ODS de
la Agenda 2030, los efectos entre varios adultos fueron muy
significativos, despertaron emociones conmovedoras de vivencias
236

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-87

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

que experimentaron en su infancia, les hicieron reflexionar y analizar
críticamente situaciones de la realidad, les motivaron a emprender
actividades de lectura. Y esas lecturas de cuentos sobre ODS a la
población infantil y juvenil, por ejemplo, el tema de deterioro del
agua y violencia también les ha provocado emociones, incluso deseo
de “salvar”, en palabras de varios de ellos, al medio ambiente.
En conclusión, la literatura infantil y juvenil tiene un
potencial más allá de iniciar e incentivar el gusto por la lectura, no
solo en las comunidades de niños y jóvenes, sino igualmente en
las adultas, pues activa y contribuye al desarrollo de competencias
cognitivas, comunicativas, sociales y culturales, y ayuda en la
construcción de identidad, conocimientos de distintos entornos,
la curiosidad, la innovación y la creación, aparte el desarrollo
emocional y personal.

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�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Desnaturalizar a Sor Juana
Sor Juana Iné s de la Cruz. De reliquia histó rica
a texto vivo. Hilda Larrazá bal Cá rdenas,
Iberoamericana Vervuert, Españ a/Alemania,
272 páginas.

Michelle Monter Arauz
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
de Monterrey
Monterrey, México
Fecha entrega: 23-7-2023 Fecha aceptación: 24-7-2023

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024. Monter Arauz, Michelle. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-74
Email: michellemonter@tec.mx

�Reseñas
Humanitas, vol. 3, núm. 6, 2024

Desnaturalizar a Sor Juana
Sor Juana Iné s de la Cruz. De reliquia histó rica
a texto vivo. Hilda Larrazá bal Cá rdenas,
Iberoamericana Vervuert, Españ a/Alemania,
272 páginas.
Michelle Monter Arauz-ITESM
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
de Monterrey
Monterrey, México
¿Qué transformaciones culturales se han imantado en la figura
de sor Juana para que su imagen se encuentre tanto en una pared
del barrio Pilsen en Chicago, acompañada de Joan Sebastian y
Ramón Ayala, así como en la pieza Striptease de sor Juana de Jesusa
Rodríguez, pasando por supuesto por las series de Netflix de
nuestra época? ¿Qué nos lleva a identificar en sor Juana un ícono
nacional mexicano, pero nos aleja de leer su obra? Más allá de un
puñado de poemas, cuyos versos los reconocemos como parte de
alguna antología que seguro tuvimos que leer en nuestra formación
básica, la reconocemos como un producto cultural que puede ser
consumido. Para Hilda Larrazábal, la figura de Sor Juana Inés de
la Cruz funciona como un espejo que devuelve a quien lo mira lo
que desea observar (2023, p.15). Así, la preocupación principal de
Sor Juana Inés de la Cruz. De reliquia histórica a texto vivo es estudiar el
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�Michelle Monter Arauz / Desnaturalizar a Sor Juana. Sobre Sor Juana Inés de la Cruz.
De reliquia histórica a texto vivo, de Hilda Larrazábal Cárdenas

devenir de la figura de sor Juana Inés de la Cruz en ícono no sólo
nacional, sino latinoamericano.
Si las transfiguraciones entre la obra y la figura de sor Juana
son el objeto de estudio de este libro, a través del concepto de campo
cultural Larrazábal se decanta por analizar “qué criterios la juzgan
[a sor Juana] y qué es lo que cada generación considera como digno
de valor literario”, además de estudiar “la manera en que su figura
se convierte en mito nacional de forma paulatina y cómo su obra se
institucionaliza” (2023, p. 38). Con esto en mente, el acercamiento
de la autora es transversal. Si bien es de sobra conocido el libro Sor
Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe de Octavio Paz, que para
Larrazábal es un hito de la crítica literaria, para 1930, cuando Paz
comienza a escribir acerca de la monja, ésta ya formaba parte del
imaginario nacional. En el viaje de reliquia histórica a texto vivo
es necesario “acotar las coordenadas y seleccionar un corpus”, es
decir, concentrarse en los momentos liminares, en las coyunturas
y bisagras que marcan el proceso de consolidación de sor Juana en
no sólo dentro de México, sino en el extrajero. Estas coordenadas
comienzan con el capítulo “Sor Juana en la velada literaria de 1874”.
Es necesario recordar que si bien sor Juana gozó de gran popularidad
durante el virreinato, para 1725 su obra cesó de editarse en México.
La autora recurre a Henríquez Ureña para indicar que, en los albores
del siglo XVIII los valores literarios de la época habían desplazado
a todo lo que tuviera un tufo gongorino por “malo y extravagante;
como a sor Juana se le consideraba su discípula quedaba olvidada
y condenada por el culteranismo gongorino” (2023, p. 21). Es así
que la velada marca una vuelta de la figura sorjuanina a los terrenos
celebratorios y su recuperación como reliquia histórica en un
momento de construcción nacional, como un “nudo unificador”.
240

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-74

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

Asimismo, esta velada marca el tono con el cual recuperamos a sor
Juana, no a partir de la lectura de su obra, sino los proyectos de
nación reflejados en su figura.
Posteriormente, la autora trabaja la otra cara del debate
decimonónico a través del debate político a la sombra de uno
estético: ¿es sor Juana mexicana o no y qué implicaciones tiene esta
filiación? Para ello Larrazábal analiza la Historia crítica de la literatura y
de las ciencias en México: desde la conquista hasta nuestros días de Francisco
Pimentel y las antologías que se publicaron para conmemorar el IV
Centenario del Descubrimiento de América. En suma, la inclusión
o exclusión de la monja, como en toda antología, es una muestra de
los proyectos ideológicos que subyacen y que buscan validarse.
El siguiente momento liminal es la publicación de Juana de
Asbaje de Amado Nervo en los albores del siglo XX. Aquí estamos
ante “el primer verdadero rescate que empareja la vida y obra de
Juana Inés” (2023, p. 40). Si antes lo que se encontraba en discusión
era la filiación de la figura de la monja, Amado Nervo realiza una
ponderación de su obra poética bajo la mirada modernista, es
decir, una búsqueda del origen de la revitalización de la poesía
escrita en América Latina. Y aquí el espejo que es sor Juana le
regresará a Nervo una transformación propia y estética: el cambio
notorio en la poética nerviana deviene de una lectura y análisis
minucioso de la vida y obra de sor Juana. Me interesa retomar algo
que considero fundamental de este libro: Larrazábal enmarca su
argumento central en la premisa nerviana de la imitación literaria
como fuente digna de admiración. ¿No es acaso la imitación de
la escritura de sor Juana lo que posibilitó la revitalización de la
escritura de Amado Nervo? Incluso Nervo mismo aseguró que
Juana de Asbaje es quizá su mejor libro. Así, la autora posiciona
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-74

241

�Michelle Monter Arauz / Desnaturalizar a Sor Juana. Sobre Sor Juana Inés de la Cruz.
De reliquia histórica a texto vivo, de Hilda Larrazábal Cárdenas

al espejo que es sor Juana como una revitalización nerviana, cual
transfiguración del modernismo.
La última bisagra: Cuesta, Villaurrutia y Novo a través del
espejo sorjuanino. Larrazábal apunta que la Revolución Mexicana
transformó el campo cultural y abrió la puerta a otra discusión
literaria que tuvo como interlocutor a los textos vivos de sor Juana,
con ello la autora reitera el argumento de los “elementos geopolíticos
que configuran la asignación de valor” (2023, p. 138). No hay
verdad literaria, sino una ponderación de valores estéticos situados.
Larrazábal contextualiza este último capítulo en los dos proyectos
culturales que nacieron en la posrevolución: la escritura con ideales
nacionalistas o con influencia extranjera. Lo cual nos lleva a la
querella de 1932 que, según Díaz Arciniega, muestra las tensiones
estéticas e ideológicas sobre “el planteamiento de un proyecto
político y cultural que se desea para el México posrevolucionario”
(2023, p. 173). ¿Y cómo entra la monja en todo esto? No lo hace.
Según Larrazábal, la restitución que Los Contemporáneos hacen de
sor Juana, es decir, su transfiguración en texto vivo, se da fuera de
los márgenes de esta pugna, pues los jóvenes contemporáneos ya no
“tienen que justificar los usos que le dan a la monja. Sin embargo,
cada uno lo hace a su manera. Para Cuesta, sor Juana es un escudo
contra los golpes retóricos de sus contrarios [...] para Villaurrutia, la
monja es un espejo en el que va a encontrarse [...] Para Novo, es una
risa sarcástica, dirigida a una sociedad a la que quiera escandalizar,
pero que le regresa el aplauso” (2023, p. 225).
El estudio de Sor Juana Inés de la Cruz. De reliquia histórica a
texto vivo abarca un siglo: comienza en 1874 con la velada organizada
por el Liceo Hidalgo y termina con el libro Las locas, el sexo y los
burdeles (y otros ensayos) de Salvador Novo publicado en 1972. La
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-74

�Humanitas, vol. 3, núm. 6, enero-junio, 2024

magnitud de tal investigación exige la consulta de una variedad de
fuentes. La autora consultó y analizó no solo fuentes bibliográficas,
sino hemerográficas y de archivo, como el Archivo Histórico del
Fondo de Cultura Económica. Más aún, la prosa de Larrazábal, ágil
y afilada, ilumina el complejo andamiaje teórico y argumental que
sostiene su trabajo.
Por último, este libro presenta el potencial retórico que ha
tenido la figura de sor Juana, además de las diversas ponderaciones
de valor literario bajo las cuales se ha analizado su obra. Este estudio,
que me parece codificado en clave nerviana, inscribe a sor Juana
como parte de un sistema en el que el valor se construye como parte
de una red extensa y compleja (2023, 140). Sea sor Juana espejo, genia
y poeta, la lectura de Sor Juana Inés de la Cruz. De reliquia histórica a
texto vivo de Hilda Larrazábal se vuelve imprescindible para entender
no solo a la monja, sino a lo que concebimos como literatura.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.6-74

243

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                <text>Barrera Enderle, Víctor, Corrección de Estilo</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2023 © Humanitas. Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios,
Vol. 3, No. 5, julio-diciembre 2023, es una publicación semestral
editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro
de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable: Víctor Barrera
Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100102, ISSN 2683-3247, ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 31 de julio de 2023.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle
Autores
Jesús Alberto Leyva Ortiz
Lilia Cristina Álvarez Ávalos
Jonathan Gutiérrez Hibler
José Manuel Medrano
Javier Hernández Quezada
Verónica Tadea Zúñiga Sánchez
Roberto Kaput González Santos
Ángel Gerardo Hernández Candelaria
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Víctor Barrera Enderle
Maquetación / Concepción Martínez Morales

�Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos
Universidad Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

de la

�P re s e n t a c i ó n
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

Arribamos al quinto número de Humanitas. Revista de Teoría, Crítica
y Estudios Literarios; la distancia temporal que separa el inicio de
este proyecto editorial y el momento actual nos permite ensayar
un breve ejercicio historiográfico: la revisión de los contenidos
(artículos, notas y reseñas) muestra una variedad de enfoques críticos
y teóricos, pero también: la exposición de algunas preocupaciones
básicas que se podrían resumir en algunas preguntas: ¿cuál es el
estado actual de la literatura latinoamericana? ¿Cuál su relación
con el mercado editorial y con los nuevos soportes? ¿Qué papel
desempeña actualmente la crítica literaria? ¿Hacia dónde se dirigen
los estudios literarios? Sabemos que ninguna de estas preguntas
ofrece una sola y definitiva respuesta. Representan, más bien, puntos
de partida: lugares desde donde leer.
En la sección de “Artículos” partimos con una “reivindicación”
de los célebres “poemínimos” de Efraín Huerta a cargo de Jesús Alberto
Leyva y Lilia Cristina Álvarez. Huerta comenzó a publicar este peculiar
registro poético en la década del setenta, y, durante mucho tiempo, la
crítica convencional los abordó como simples y llanos divertimientos.
Eso, afortunadamente, ha cambiado. Jonathan Gutiérrez Hibler ha
desarrollado una larga y fructífera línea de investigación sobre la obra
de la autora mexicana Luisa Josefina Hernández; en este número
nos entrega un estupendo artículo sobre ciertas particularidse de su
obra. La narrativa de Hernández, nos explica Gutiérrez Hibler, posee
marcas de otro modo de escritura que también practicó la escritora:
el teatro; a través de la lectura de tres de sus novelas se muestra su
diálogo con los temas del nosto y la nostalgia.
1

�Víctor Barrera Enderle / Presentación

Jorge Eliécer Pardo es uno de los más importantes escritores
de Colombia, aunque su obra no es muy conocida fuera de su país;
para paliar esa condición adversa, José Manuel Medrano ensaya una
lectura, desde la ecocrítica, de la novela El jardín de las Weissmann de
1978. Por su parte, el escritor y académico Javier Hernández Quezada
realiza un rastreo crítico de las estrategias discursivas desplegadas,
en la década del cincuenta, por el periodista, poeta y antropólogo
Fernando Jordán en sus obras El otro México. Biografía de Baja
California, Mar Roxo de Cortés. Biografía de un golfo y Baja California, tierra
incógnita. Finalmente, Verónica Zúñiga nos entrega un ensayo muy
interesante y oportuno sobre el uso de las herramientas tecnológicas
y digitales en la difusión de la literatura escrita por mujeres.
Roberto Kaput González Santos nos ofrece, en la sección
de “Notas”, una reflexión ensayística sobre “la forma épica chica”
en la obra de Raymond Carver, Richard Ford y Lucia Berlin. Y
en la sección de “Reseñas”, el poeta Ángel Gerardo Hernández
Candelaria realiza una lectura / intervención del poemario [Contra]
Dicción, del escritor, traductor y editor Luis Armenta Malpica.
Como señalé líneas arriba, más que encontrar respuestas
definitivas a los desafíos que enfrenta la literatura latinoamericana
actual, buscamos nuevas formas de exploración de sus
manifestaciones. Así lo constatamos en este quinto número de
Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios.
Víctor Barrera Enderle

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�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

Literatura tradicional en diez poemínimos
de Efraín Huerta
Traditional literature in ten poems by
Efraín Huerta
Jesús Alberto Leyva Ortiz
Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado
de San Luis Potosí
San Luis Potosí, México
jleyva@beceneslp.edu.mx

Lilia Cristina Álvarez Ávalos
Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado
de San Luis Potosí
San Luis Potosí, México
lalvarez@beceneslp.edu.mx

Resumen. Este estudio muestra una selección de 10 poemínimos de
Efraín Huerta analizados en relación a la forma y contenido del dicho y el
refrán, géneros propios de la literatura de tradición oral. Para ello se hace
un recuento biográfico de Huerta a partir de su relación con los acervos
literarios; se ponen en contraste las distintas estéticas de las literaturas
tradicionales y de autor y, finalmente, se analizan los poemínimos a partir
de sus relaciones con la paremiología.
Palabras clave: Efraín huerta, poemínimos, literatura tradicional, refrán,
paremiología.

3

�Jesús Alberto Leyva y Lilia Cristina Álvarez / Literatura tradicional

Abstract. This study shows a selection of 10 poems by Efraín Huerta
analyzed in relation to the form and content of the saying and the proverb,
genres typical of oral tradition literature. For this, a biographical account
of Huerta is made from his relationship with the literary heritage; the
different aesthetics of traditional and author literatures are contrasted and,
finally, the poems are analyzed from their relations with paremiology.
Keywords: Efraín Huerta, minimal poems, traditional literature, proverb,
paremiology.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Literatura tradicional en diez poemínimos de Efraín Huerta
Entre los años de 1974 y 1978 el poeta Efraín Huerta publicó tres
libros: Los eróticos y otros poemas (1974), Circuito interior (1977) y 50
poemínimos (1978). Amor, patria mía estaba en ciernes y no vería la luz
hasta 1980. En el año de 1976, ganó el Premio Nacional de Letras
y para entonces ya había publicado al menos diez libros de poesía
desde 1935 a 1974, situación que lo ubicaba como un poeta maduro
en su última década de producción y, en las palabras fraternas de
José Emilio Pacheco (1982), era “el sabio socarrón y auto irónico
de los setentas”.
El devenir de la trayectoria poética de Huerta ha demostrado
poseer, al monos, dos líneas temáticas centrales, según la crítica
literaria sobre el bardo (Raúl Leiva [1959], Ricardo Aguilar [1984],
José Luis Martínez [1985], Guillermo Villarreal [1987], José Homero
[2005] y Jesús Alberto Leyva [2015]), la más conocida lo ubica como
un escritor contestatario, de carácter político; y, la otra, como un
poeta amoroso.
A través de décadas de producción, su visión de los temas y la
forma de presentarlos en su versificación fueron sufriendo naturales
transformaciones. Según Leyva (2015: 154-157) para apreciarse tales
cambios pudieran considerarse cuatro etapas divididas así:
a) 1935 – 1951
b) 1956 – 1973
c) 1974 – 1978
d) 1980
En cada una de ellas el yo poético se ha mostrado siempre
con un tono melancólico, a excepción del periodo de 1974 a
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

5

�Jesús Alberto Leyva y Lilia Cristina Álvarez / Literatura tradicional

1978, en que se apreciaba irónico y lúdico, del mismo modo, su
postura crítica ante las instituciones era desinhibida y divertida;
así también con respecto a la sociedad y el amor, era explícita la
intención de mofarse de ese vínculo entre ambos y dejar en claro su
visión antimoralista. En el año de 1978 su estructura versal adoptó
totalmente al poemínimo como forma expresiva.
El presente artículo ha seleccionado 10 poemas de la edición
de 50 poemínimos (1978) que tienen estrecha relación con dichos o
refranes, como elementos de análisis para significar el vínculo entre
la literatura tradicional y la versificación de breve aliento en el poeta
Efraín Huerta. Estos poemínimos pueden representar una muestra
de la poesía contemporánea mexicana de finales de la década de los
setenta.
En el año de 1977, Elvira García entrevistó al poeta que, para
entonces, tenía 63 años de vida y, en una sección de la entrevista, el
escritor deja ver sus propias impresiones sobre sus poemínimos al
responder a la pregunta de la entrevistadora: “¿Bajo qué sentimiento
escribe usted?”
Hace muchos años se escribía ─yo al menos─ por todo. Hoy
solamente escribo por amor y porque me divierto mucho
haciéndolo, sobre todo poemínimos, esta formita poética que
tanto irrita a cierta crítica y que tantos imitadores tienen ya,
infelizmente. Digo infelizmente, porque ya he dicho que si bien
todo cabe en un poemínimo, hay que saberlo acomodar.

Es clara y congruente la respuesta con respecto a la época
en la que le fue formulado el cuestionamiento, al mencionar el
sentimiento y la razón del amor que hay detrás de su escritura, no
hace más que confirmar lo que la crítica señaló como una de sus
6

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

grandes temáticas y, al referirse a los poemínimos, también ratifica
ese divertimento en su creación y en el discurso del yo poético,
quien a través del poema con base en la literatura tradicional ofrece
una creación única.
Algo característico de Huerta es, en efecto, su autocrítica,
esa natural forma de humildad que ensaya con el hecho de mofarse
de su trabajo y de sí mismo en toda oportunidad, incluso en esta
conversación formal que sostuvo con Elvira García (1977), acaso
motivada por el hecho de haber obtenido el Premio Nacional de
Letras apenas un año atrás, así el escritor irónicamente no haya
relación entre el poemínimo con el idiograma oriental, pero si
con la flojera: “Huerta, por su parte, sonríe un poco cuando se
intenta relacionar el poemínimo con el ideograma chino, ‘su única
relación es con la pereza, dice, ‘los otros son, o pretenden ser,
poemáximos’”.
A pesar del carácter irónico del Huerta sexagenario que ya
apuntaba José Emilio Pacheco, el bardo también era capaz de afirmar,
con toda seriedad, su punto de vista de la poesía en su actualidad.
En una parte de la entrevista con García se le pregunta: “¿Una
aceptación de la poesía actual podría tener como razón principal
─utilizando palabras de Ernesto Cardenal─, el que ésta no vaya
más al subjetivismo o al lirismo onírico?” A lo que el entrevistado
responde:
La poesía actual se ha despojado del sobrepeso del lirismo que
la mantuvo varada. Se ha liberado: es más directa y su lenguaje
se escucha, a veces, a gritos desaforados. La veo más limpia, más
fraternal, más humana. Con ella se ha experimentado demasiado.
Da igual La palabra siempre tiene la palabra, y si es palabra poética,
mejor.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

7

�Jesús Alberto Leyva y Lilia Cristina Álvarez / Literatura tradicional

Con esta última visión huertiana de la poesía de su época, el
poeta publicará 50 poemínimos y, con ello, dejará fuera de la edición
al verso de largo aliento que tantas décadas usó, el yo poético para
entonces, no estaba ubicado ya en la melancolía, sino más bien en el
ánimo festivo siempre agudo, alerta de su entorno, pero poniendo
como blanco principal de su ironía a sí mismo, de tal modo que
el poemínimo fue el medio perfecto en su formato breve para, en
palabras del escritor, ser escuchado a gritos desaforados.
Sobre los poemínimos del poeta originario de Guanajuato,
la crítica ha tenido coincidencias en sus apreciaciones sobre ellos.
Algunos estudiosos profundizaron y reflexionaron sobre su
fisonomía poética y le dedicaron al menos un capítulo de libro a
partir de la década de los ochenta hasta nuestros días. Mostrar un
acercamiento serio a la obra de Efraín Huerta ha permitido ubicar a
estos poemas mínimos como una propuesta artística en la literatura
nacional. Por ejemplo, Ricardo Aguilar en su trabajo de 1984 acerca
de este tipo de versos, afirma lo siguiente:
[…] los poemínimos descubren al Efraín maestro de la ironía y
del doble sentido, así como de la autocrítica. Se vale de nuevas
técnicas: de la lengua callejera, llena de elementos populares, del
neologismo, y así sus alusiones humorísticas toman el camino
del humor negro y de la abierta descripción sexual. Se ríe de lo
grandioso tanto como de lo insignificante. Las alusiones sexuales
parecen demasiado crudas a la primera lectura, pero cuanto
más las examinamos las encontramos cada vez más artísticas e
ingeniosas. Las malas palabras o los neologismos también chocan
al principio con la sensibilidad del lector, por groseras. A la
larga comprendemos que Efraín las utiliza en su afán de recrear
un ambiente, y a falta de ellas sería imposible trazar con tanta
efectividad y hermosura aquellos ritmos autóctonos que aún
imprimen su fuerza sobre nuestra lengua […] (Aguilar, 1984: 102)

8

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Lo que Aguilar observa en la poética huertiana, a seis años de
publicado 50 poemínimos, es un aporte de ingenio y arte en la obra donde
el escritor propone el humor echando mano del lenguaje popular. Atina
a confirmar la autocrítica, pero también la sensibilidad del escritor en su
propuesta creativa. Esa sensibilidad de Huerta está presente en la postura
aguda y a la vez juguetona que asume de las instituciones sociales, pero
muy particularmente del ser humano en general, por ello Raúl Bravo
apuntaba a inicios del siglo XXI que: “En definitiva, cada poemínimo
insiste en ese impulso vital, instintivo, que con sorpresa y rapidez se
desprende de todo efecto ilusorio para brindarnos, casi rozando, la
caricatura, lo frágil de la naturaleza humana”. (Bravo, 2002: 28)
La incursión del poemínimo en la poesía mexicana es
celebratoria, heredera de la tradición de incursiones como los de
José Juan Tablada y sus haikús, o los poemas de la vanguardia que
experimentaban con las formas en los caligramas u otros poemas
visuales. Renato Leduc retomando refranes en sus versos o Salvador
Novo y sus versos satíricos.
Llegan así los poemínimos a la literatura nacional en una
década vibrante de la historia mexicana que recién había vivido los
movimientos estudiantiles y sociales que cambiaron la confianza
en los discursos oficiales por aquellos que veían las cosas con más
verdad que ocultamiento. La poética de Huerta comienza a tener
cabida entre los jóvenes en los setenta y no necesariamente por el
humor sino por el discurso de conciencia irónica. Sobre esta última
idea Heriberto Yépez lo menciona así:
De esta conciencia irónica acerca del poetizar, arranca la
poética minimalista de Huerta. Los poemínimos son el punto
en el que la poesía deja de tomarse en serio (“el supremamente
cursi / establishment”), y toma autoconciencia de su gravedad

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

9

�Jesús Alberto Leyva y Lilia Cristina Álvarez / Literatura tradicional

histórica en contradicción con la liviandad gozosa o nefasta de
nuestra época. Es curiosamente en esos pequeños artefactos
llamados poemínimos donde convergen las varias contraestéticas
huertianas: compromiso político e incorrección política, ludismo
y coloquialismo, antipoesía radical y alabanza de la poesía maldita.
(Yépez, 2002: 120)

De tal forma que los poemínimos, mucho más allá de
definiciones simplistas, y alejados de todo estudio formal, como el
que alguna vez ofreciera Octavio Paz, al referirse a ellos como “
chistes” (Huerta, 1995), son piezas artísticas singulares en la poesía
mexicana, elementos de crítica y conciencia, ironías con sentido, balas
verbales directas a la cabeza, versos mínimos capaces de evocar la voz
popular y transformarla en poesía. Tal como lo confirma Leyva:
[…] los poemínimos son una síntesis de su pensamiento y no
necesariamente de su obra, del pensamiento que le permite
recrear aforismos y analizar con ellos su tiempo, las ideas
populares por otras irónicas y lúdicas cargadas de sentidos, a veces
dobles sentidos agradables e ingeniosos; otras, obras abiertas a
la reflexión, al análisis de temas diversos como la política o la
historia. (Leyva, 2015: 132)

En 1978, el poeta originario de Silao Guanajuato tenía
64 años de edad; era asiduo visitante de hospitales; había ganado
momentáneamente la lucha contra el cáncer de garganta, pero a
costo de perder la voz. Aún con todo lo anterior, y alejado del verso
libre, era el Huerta jocoso y humilde.
Literatura de tradición oral y literatura de autor
En el caso de los poemínimos de Huerta resulta evidente que las
tradiciones orales y escritas de la literatura son más cercanas de lo
10

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

que a simple vista pareciera. La tradición oral de la literatura se refiere
a aquellos textos orales que son transmitidos por medio de la voz y
cuyo soporte es la memoria; su principal característica es la variación,
ya que se adaptan a diferentes contextos para mantenerse vigentes.
(Díaz, 1991: 57) Por su parte, la tradición escrita de la literatura se
refiere al conjunto de textos escritos que son transmitidos por medio
de la escritura (valga la redundancia) y cuyo soporte es el libro, ya
sea físico o electrónico o algún otro material en el que puedan ser
grabados los signos gráficos de la escritura; su principal característica
es la pertenencia a una figura autoral. (González, 2006: 187-195)
La principal diferencia entre ambas tradiciones es la estética
literaria que presentan. La tradición oral muestra un conjunto de
valores colectivos, los transmisores tienen conciencia de que el texto
les pertenece tanto como al resto de la comunidad que lo conoce
y transmite. Por tanto, sus variaciones están encaminadas a que el
texto continúe siendo aceptado en la cadena de transmisión oral.
Es debido a esto que los recursos mnemotécnicos y los referentes
comunitarios son fundamentales. (Foley, 1988. 122) Por su parte, la
tradición escrita, al estar completamente ligada a una figura autoral,
tiene como principal característica la originalidad y la inamovilidad
(a menos que así lo indique el autor o editor). (Foley: 85)
Sin embargo, ambas tradiciones no son indivisibles ni
restrictivas la una de la otra. Aun cuando en la literatura de estética
escrita se considera que hay textos originales, en la tradición oral
esto no existe, sino que lo que hay son versiones. Una versión es
cada una de las realizaciones de un texto, así que, para la literatura
de tradición oral, el texto es una abstracción que incluiría a todas
sus versiones, pero con el que nunca se interactúa tal cual: lo único
a lo que se tiene acceso es a las versiones de un texto. (Frenk,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

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�Jesús Alberto Leyva y Lilia Cristina Álvarez / Literatura tradicional

1972: 34) Con la literatura de estética escrita sí tenemos acceso
al texto directo mediante su escritura. Incluso cuando se cuentan
con varias ediciones de una misma obra, existen categorías como:
original, manuscrito y primera edición que son un guía temporal de
la evolución del texto. (Mostacero, 2004: 53-75)
Como método de registro, resulta una obviedad afirmar que
cuando la escritura se convirtió en una herramienta asequible, se
buscó registrar también textos de la tradición oral. Ejemplo claro son
los cancioneros, las hojas volante muy populares durante la época
del corrido revolucionario y los libros de leyendas. Para la tradición
oral, las versiones registradas por escrito, justamente se vuelven eso:
una versión más de todas las que integran la abstracción del texto
oral. La mayoría de estas publicaciones no guardan correspondencia
directa con las características orales, sino que a menudo son
reelaboraciones realizadas por escritores que echan mano de los
recursos estéticos de la escritura de autor.
Difícilmente las versiones de textos orales que se registren
por escrito podrán volver a la cadena de transmisión oral, pues su
reelaboración al nivel del discurso puede ya no ser compatible con
la oralidad. Sin embargo, hay ocasiones en que las versiones de los
textos orales registrados por escrito no sólo vuelven a la cadena de
transmisión oral, sino que incluso la alientan. (Ong, 1986: 42) Este
es el caso, por ejemplo, de cuando los libros escolares incluyen la
versión de algún cuento, leyenda o refrán de la tradición oral: de
cierto modo activan la memoria colectiva. (Zavala, 2006: 255)
En otros casos, las recreaciones por escrito de versiones de
textos orales no vuelven a la cadena de transmisión oral, como es el
caso de “El gusto por los bailes”, cuento de Daniel Sada incluido en
Ese modo que colma (Sada, 2010: 35), que es una versión del corrido
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Rosita Alvírez. Es notorio que las tradiciones y estéticas literarias
continuamente se influyen y retroalimentan entre sí. De la misma
manera, en los autores de literatura de estética escrita no es excluyente
que posean un acervo de literatura de tradición oral, por lo que, a la
hora de crear su obra, es común que recurran a estos saberes y los
utilicen como contexto, o, en casos más evidentes, como el de los
poemínimos de Huerta, se reformulen o creen nuevas versiones de
textos de la tradición oral.
Poemínimos, lyra mínima y paremiología
Los géneros literarios pueden variar respecto a si se refieren a la
literatura de tradición oral o a la de autor. El ensayo, por ejemplo,
es incompatible con la tradición oral porque desarrolla una postura
personal. La leyenda incluye creencias y contextos comunitarios,
por lo que es propia de la tradición oral, aunque sea continuamente
reformulada por la literatura escrita. Los cuentos, sin embargo, los
hay en ambas estéticas literarias, pero con características distintas; lo
mismo ocurre con los poemas. En lo que coinciden las dos estéticas
es que ambas cuentan con diversidad de géneros narrativos y líricos.
Los textos líricos de la estética escrita cuentan con
especificidad de subgéneros y, aun cuando en la tradición oral también
se cuenta con ellos, la fragmentariedad propia de la transmisión oral
hace que el modo de estudio de estos textos sea diferente. Por tal
motivo, resulta necesario que se especifiquen los conceptos de la
tradición oral relacionados a los poemínimos, como pueden ser la
lyra mínima y la paremiología.
La base del género lírico de la tradición oral es la copla, un
conjunto de versos que pueden intercambiarse con otras coplas en
diverso orden y variación para estructurar un texto mayor, como
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una canción. Las antologías de textos líricos de tradición oral,
como los cancioneros, más que canciones, incluyen coplas y las
referencias de las canciones en las que han sido utilizadas (Masera,
2019). Un gran subgénero de la lírica de tradición oral es la lírica
infantil, caracterizada por acompañar algún juego, sorteo o acción
de entretenimiento.
Por su parte, la paremiología es la disciplina que estudia
los refranes, proverbios y demás enunciados breves y sentenciosos
cuya intención es transmitir conocimiento basado en la experiencia.
Conceptos íntimamente relacionados de este campo son: paremias,
dichos, refranes, proverbios, sentencias, juegos de palabras y
aforismos. (Pérez, 1996: 7)
Una vez establecido lo anterior, notamos que la selección de
poemínimos que se muestran aquí es una reelaboración de textos de la
tradición oral como dichos y refranes. Estos poemínimos funcionarían
como una versión de los refranes y dichos de la tradición oral, aunque
se salen de la cadena de transmisión oral por utilizar registro escrito
y artificios propios de la estética escrita y de autor. De esta manera,
sería muy poco probable que las versiones de los dichos y refranes
reformulados por Huerta fueran incluidas en los acervos de literatura
de tradición oral. Sin embargo, lo que es un hecho es que uno de los
artificios implementados por el escritor es apelar al conocimiento por
parte del lector de los dichos y refranes de la tradición oral.
Los poemínimos por sí mismos resultan entretenidos y
lúdicos, pero conocer el referente de los textos de la tradición les
da el valor agregado de sátira y parodia. Huerta utiliza un doble
juego de originalidad para sus poemínimos. Por un lado, renuncia
a proponer un texto completamente novedoso, ya que refiriere a
otro de conocimiento ampliamente difundido; pero por el otro
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lado, innova al plantear un cambio de la idea original que proponía
el texto de la tradición oral. Esta innovación ocurre al nivel de la
fábula y del discurso y analizaremos los recursos de reelaboración
implementados en cada uno de los poemínimos seleccionados.
El cambio formal más evidente que ocurre con todos los
poemínimos es en su estructuración gráfica. Los dichos y refranes,
al provenir de la tradición oral, no cuentan con un modo particular,
ni menos artificioso, para ser plasmados por escrito, así que suelen
asumirse como frases cortas. Por el contrario, Huerta se vale de
las posibilidades gráficas que ofrece la lírica escrita y los reformula
gráficamente, ya no son frases cortas, sino versos de apenas una
o dos palabras. La sintaxis, en cambio, se mantiene prácticamente
igual en ambas versiones.
Los diez poemínimos, propuestos en este artículo, se
caracterizan por convertir los refranes a los que hacen alusión al
formato de poemas, están compuestos de una sola estrofa, tienen
una estructura de cuatro a ocho versos, siendo que la mitad de ellos
contienen seis. Su métrica oscila entre el monosílabo y el tetrasílabo.
Su presentación versal implica la lectura verso a verso que pausa
palabra tras palabra, así el efecto fonológico da la impresión de
ofrecer una sentencia que emula la oralidad de su referente. El inicio
de todos los versos con la letra mayúscula, supone su independencia,
pues no sólo conlleva señalar cada punto y final de forma implícita
al término de cada línea, sino el inicio de una idea en cada verso.
La selección de poemínimos puede asociarse en dos grupos
desde una perspectiva temática. En el primero se encuentran aquellos
que hablan sobre el desperdicio en una forma de sinsentido. Los
poemínimos de esta clasificación abarcan lo absurdo de la profesión
del escritor, como es el caso de:
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No por
Mucho
Publicar
Te consagras
Más
Temprano
Este mismo grupo muestra una aparente burla al estilo de el
“mundo al revés” que se obtiene con la inversión de palabras y por
tanto del sentido original propuesto originalmente en los dichos y
refranes. Esta clasificación es en la que más evidentemente incluye
el aspecto lúdico propio del estilo de Huerta, como es el caso de:
No hay
Que
Echarles
Cerdos
A las
Margaritas
La segunda clasificación temática se refiere al asunto erótico,
donde privan las alusiones al placer sexual y los vínculos amatorios,
como se aprecia en:
Hablando
Se
Enciende
La
Gente
El ejercicio del poeta al convertir los refranes en poemas
parece simple, pero, como él mismo reflexiona sobre su elaboración,
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“hay que saberlos acomodar” (Op. cit). La lógica del dicho es
reformulada con los versos, de tal forma que la sonoridad y el
ritmo del poema con respecto a la oralidad de la frase original son
idénticos, implicando así una analogía en dos sentidos: por un lado,
puede entenderse que la frase popular es poética; y, por otro lado, el
poema es tan cierto como la sabiduría popular.
Los dichos y refranes tienen la función de expresar una
enseñanza, la reformulación lúdica propuesta por Huerta a partir de
sus Poemínimos es una forma de actualizar esa enseñanza o incluso
mostrarla como obsoleta por medio de elementos irónicos. En
Aquiniana:
Hasta
No
Beber
No creer
No sólo se establece relación con el refrán: “Hasta no ver,
no creer”, sino también con el dicho: “Los niños y los borrachos
siempre dicen la verdad”. Se le atribuye a la embriaguez la posibilidad
de una visión que el simple sentido de la vista sobria no posee. Beber
establece una relación directa con el ver, pues la ingesta del alcohol
también abre otra posible visión que agrega nuevo sentido a lo
creíble.
Beber sustituye, repite y continúa el significado del refrán,
pero es divertido el significante propuesto por el poeta, dado que la
aliteración implícita entre las palabras ver y beber mantienen el aporte
rítmico que tendrá con la palabra creer en el poema, sino que aluden
al balbuceo y repetición propios de la enunciación realizada a partir
de la embriaguez. Además del aspecto lúdico, también está presente
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el recurso metafísico o psicologista para la reformulación de los
refranes, como en Así es:
Todas
Las
Cosas
Se parecen
A su
Sueño
El cambio de “dueño” por “sueño” podría hacer referencia a
la búsqueda aspiracional que define las características de las cosas; en
el refrán tienen el atributo del dueño, son su reflejo o representación,
sin embargo, en el poema las cosas ya no se parecen a su dueño sino
a su sueño, de tal modo que la sustitución de una palabra por otra
vuelve el discurso poético polisémico. Las posibilidades lingüísticas
se abren hasta alcanzar el territorio de lo onírico.
Otros, en cambio, son deliberadamente lúdicos y se observa
en ellos el intercambio de palabras del refrán, con el consecuente
cambio del sentido original, logrando uno nuevo, divertidamente
opuesto:
No hay
Que
Echarles
Cerdos
A las
Margaritas
La inversión de acomodo entre “margaritas” y “cerdos”
basta para cambiar la imagen que originalmente ofrecía el dicho
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popular de una más sutil a otra más inesperada. El disfemismo
propuesto le da al poemínimo un carácter de humor negro, pues
el lugar que ocupan las palabras en los versos, en contraste con el
referente, intercambia también los significados posibles, de tal modo
los cerdos, sólo por el lugar sintáctico que ocupan, pueden ser la
parte delicada y las margaritas su antítesis.
Ahora bien, el carácter enunciativo del primer verso, puede
resultar en una advertencia del debiera ser, más que un mandato.
Es un discurso amistoso, no impositivo que, por su propio carácter
versal conlleva un llamado al interlocutor para no incurrir en la
acción, dando por sentado la posibilidad del evento, creando así una
situación de juego verbal que compromete la lógica.
Hay poemínimos con recursos metalingüísticos,
como De plano:
No hay
Peor
Poesía
Que la
Que no se
Hace
El poema habla aquí de poesía en contraposición a la “lucha”
de la que hablaba el dicho popular. La frase original alude a no dejar
de luchar, porque hacerlo sería un escenario no deseable; es decir,
incluso el intento tiene más valor que la inacción. El mismo efecto
ocurre en el poema con el intercambio de poesía en el lugar de lucha,
la peor poesía es aquella que no se intenta. La lucha y la poesía tienen
el mismo peso sintáctico y, en ambos contextos, el sentido común es
hacer la una o la otra, no hay cabida para la falta de impulso.
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Similar a éste se encuentran los poemínimos destinados a
hacer burla de la profesión de escritor:
No por
Mucho
Publicar
Te consagras
Más
Temprano
Una de las características de la poética huertina es el tono
irónico con que muestra su visión del mundo, justamente es en esta
década de 1960, donde pone de manifiesto este rasgo distintivo en su
escritura y se observan propuestas artísticas donde hace mofa de su
persona con frecuencia. Aquí se demuestra la frase que José Emilio
Pacheco le dedicaría: “Sabio socarrón y auto irónico” (Op. cit.)
La consagración poética temprana no está relacionada con la
cantidad de publicaciones y, en el caso del poemínimo que contiene
esta sentencia, se percibe la sustitución de dos palabras, publicar por
madrugar y consagras por amanece, siendo que en otros poemínimos la
tendencia es la sustitución de un vocablo. Haber elegido el cambio de
una palabra en lugar de dos afectaría el mensaje significativamente.
Por tanto, es claro que la construcción de los poemínimos no
responde a un formato específico, son piezas poéticas independientes
en la interpretación de la literatura oral de la que se nutren.
Un título no es sólo el nombre de un texto, sino que
es también una guía de lectura. Es importante mencionar que
en la tradición oral no se cuentan con títulos dados a los textos,
y los que hay fueron otorgados como herramienta de estudio y
clasificación por los académicos o los editores, pero cada uno de los
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poemínimos, sí cuentan con un título como recurso de la literatura
de autor. Pareciera que en este caso el título funcionara como una
prolongación de los poemas o una nota al pie sobre el juicio que
la voz poética hace de ellos. En todo caso, esta voz poética que
prolonga el poema, también mantiene el tono irónico y lúdico que
se muestra al interior del texto. Tal es el caso de Plagiazo:
Caras
Vemos
Cromosomas
No sabemos
La elección de la palabra cromosomas, que supone la
transmisión genética y la definición sexual de los individuos, en
sustitución de corazones, que implica sentimientos y emociones de
las personas, alude en definitiva al sentido erótico que distingue la
poética huertiana más el componente lúdico, este poemínimo es un
divertimento del doble sentido.
Lo mismo ocurre con Pues sí, donde el título funciona como
una opinión sobre el contenido del poema:
Hablando
Se
Enciende
La
Gente
Una de las fuentes generadoras del fuego erótico, que bien
puede hacer las veces de oxidante por naturaleza es la palabra
hablada, ya lo señaló en su “Poema V” el poeta Pablo Neruda, esa
maleabilidad del lenguaje y la capacidad de la palabra para llegar a su
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interlocutor: “Para que tú me oigas/ mis palabras/ se adelgazan a
veces/ como las huellas de las gaviotas en las playas”.
Encender el fuego de la pasión con el lenguaje oral va más
allá de sólo entenderse, es compenetrarse y excitarse. Esa es una
verdad, una lógica común como la que el refrán original ostenta,
simple y llana sabiduría popular de la que se vale la poética huertiana
en su divertimento, en esa alegre transformación de la literatura oral
al poema mínimo.
De igual manera ocurre con Final feliz, donde predomina la
intención lúdica:
De todos
Modos
Todo
Por
Joder
Se
Acaba
En una abierta alusión sexual, el poemínimo se aleja de las
posibilidades de la mesura verbal de la que nunca ha sido partidario
su autor y, en su elección del disfemismo utiliza el verbo joder que en
el contexto versal cobra una fuerza en su sentido: la pérdida.
Parece que el autor, motivado por dar una opinión sobre las
cosas, cuando incluye los versos que bien pueden servir de prólogo:
“De todos / Modos” hablase para sí mismo y, en esa introspección
no limita su elección de palabras, pues éstas son meros instrumentos
del sentir.
En otros poemínimos en cambio, Huerta matiza su lenguaje
desde el título donde ofrece un consejo al lector, acaso es más
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transparente y únicamente hace referencia a la función que podría
tener el poema, como Consejo III:
Hazlo
Bien
Y no
Mires
Con
Quién
En Refranero el título alude directamente a la fuente de
tradición oral a partir de la cual se realizó el poemínimo. En él
tenemos el cambio de tuertos por sabios y de manco por tonto. Esto
critica a las figuran que lideran, pues no se les otorga una habilidad
específica para ello, sino que se alude a que cuentan con este cargo
únicamente por ser distintos a los demás, en este caso, tontos.
Tierra
De
Sabios
El
Tonto
Es
Rey
Conclusiones
En sus poemínimos Efraín Huerta rompe y a la vez continúa con
dos tradiciones: la del refrán de la tradición oral y la de la poesía
culta. El resultado es que muestra estéticas de ambas tradiciones.
Es consciente de que los acervos tradiciones se mantienen “vivos”,
es decir, en proceso continuo de transmisión, gracias a su variación.
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�Jesús Alberto Leyva y Lilia Cristina Álvarez / Literatura tradicional

Además de que este tipo de acervos pertenece a todos aquellos que
los conozcan y, por tanto, cada uno de ellos es su poseedor y tiene
la facultad para modificarlos. La conjunción de estos dos elementos
hizo posible que Huerta retomara textos provenientes de la tradición
oral y los reformulara.
Además, continúa la tradición de la literatura culta en México
ya que, para su reelaboración, utilizó recursos propios del artificio
de la literatura culta, sin mencionar que la forma que otorgó a los
poemínimos los relaciona con otras formas mínimas de la poesía,
como los epigramas, caligramas y haikús.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-58

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

Nostos, nostalgia y el mundo como teatro en la narrativa de Luisa Josefina Hernández
Nostos, nostalgia, and the world as drama in the
narrative of Luisa Josefina Hernández
Jonathan Gutiérrez Hibler
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
jonathan.gutierrezhr@uanl.edu.mx

Resumen. La obra narrativa de Luisa Josefina Hernández tiene marcas de
su otro proceso artístico: el teatro. El presente trabajo analiza fragmentos
de tres novelas de la autora donde la influencia del teatro dialoga con los
temas del nostos y la nostalgia. En La plaza de Puerto Santo (1961), Nostalgia
de Troja (1970) y Apocalipsis cum figuris (1981), están presentes dichos temas,
pero se usan recursos dramáticos desde la perspectiva de los narradores y
de los personajes. Además, el teatro está presente como parte de la vida y
esto se extiende a un tercer tema presente desde los clásicos grecolatinos:
Theatrum mundi. Los seres humanos somos como personajes dentro
de una obra teatral. Durante el análisis se encontró el uso de diálogos,
monólogos y elementos metaliterarios en diferentes situaciones. Así
mismo, la autora noveliza géneros propios del teatro dentro de la novela,
como sucede con la comedia de enredos, las pastorelas y el teatro
alegórico. La distancia temporal que hay entre las tres novelas permite
observar una evolución en la narrativa de la autora mediante el uso de los
elementos teatrales. Los regresos o viajes de los personajes ocurren en
dos dimensiones: una física y la otra psicológica. Además de esto, el nostos
como tema no implica un éxito como sucede en la Odisea y la nostalgia
puede variar en lo temporal: pasado, presente, futuro y en lo Absoluto.

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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Nostos, nostalgia y el mundo como teatro

Palabras clave: Luisa Josefina Hernández, novela, teatro, Theatrum
mundi, nostos, nostalgia.
Abstract. The narrative work of Luisa Josefina Hernández has elements
from her other artistic experience: drama. This paper analyses fragments
from three different novels written by this autor, in which the influence
of drama dialogues with subjects such as nostos and nostalgia. In La
plaza de Puerto Santo (1961), Nostalgia de Troja (1970) y Apocalipsis cum figuris
(1981), for these subjects, dramatic elements play an important role with
the narrator’s and characters’ perspectives. Also, theater is there as part
of life and this thing becomes a third subject in play: Theatrum mundi.
Human beings are like characters inside a play. This research shows the
use of dialogues, monologues, and metaliterature elements on different
situations. The author also novelizes genres from drama such as sitcom
‘comedia de enredos’, ‘pastorelas’ y alegoric theater. The time between
the three novels shows and evolution in Luisa Josefina’s narrative with the
help or drama elements. Returns or journeys of the characters are shown
in two dimensions: physical and psychological. Also, nostos as a subject
does not become a success like in the Odyssey, and nostalgia can have
different times: past, present, future and the Absolut.
Key words: Luisa Josefina Hernández, novela, drama, Theatrum mundi,
nostos, nostalgia.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-62

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Los géneros literarios son dinámicos a pesar de sus demarcaciones.
A veces delimitan con claridad sus fronteras, en otras ocasiones
aparecen híbridos de difícil clasificación. Sin embargo, en medio de
estos dos espectros, cada género literario toma elementos del resto
y se nutre en diferentes diálogos que exploran lo mejor de cada uno.
En el caso de la narrativa de Luisa Josefina Hernández, el teatro
está presente en diferentes dimensiones: aparecen sus recursos
dramáticos con influencia del barroco, detalles metaliterarios al
estilo cervantino donde el arte también es parte de la vida e incluso
también tradiciones teatrales donde el mundo es un escenario
completo.
La presencia de estos elementos teatrales en la obra de la
escritora mexicana aparece en relación con dos temas importantes
en la literatura occidental: el nostos y la nostalgia. Tales son los casos
de La plaza de Puerto Santo (1961), Nostalgia de Troja (1970) y Apocalipsis
cum figuris (1981). En estas obras se puede observar la evolución del
nostos y la nostalgia a la par del mundo como teatro.
En el presente trabajo expondré diferentes conceptos de
nostos y nostalgia, principalmente los de Steiner sobre la nostalgia
y su relación con el absoluto y Simon Hornblower en cuanto
a la tradición del primero como tema literario. Con base en lo
anterior y las aportaciones de Antonio Vilanova sobre el gran
teatro del mundo, analizaré las variaciones de lo teatral a través de
dichos temas en estas tres novelas de Luisa Josefina Hernández.
El objetivo que planteo, como parte del análisis en este ensayo,
consiste en describir estas manifestaciones teatrales en cada
novela como una muestra de una de las constantes temáticas en la
narrativa de la autora mexicana.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-62

29

�Jonathan Gutiérrez Hibler / Nostos, nostalgia y el mundo como teatro

Nostos y nostalgia: diálogos desde la tradición
El nostos es un tema recurrente en la literatura occidental. Es importante
retomar el sentido de esta palabra, su evolución y variaciones, pues
incluso en la misma literatura griega tienen sus puntos en común
y rasgos distintos. Simon Hornblower (2018), en la introducción
del libro compilatorio de The Returning Hero: Nostoi and Tradition in
the Mediterranean Settlement, esboza las aproximaciones en torno al
origen de la palabra y sus diferentes acepciones en el mundo griego.
A nostos, como palabra, se le relaciona con noemai y, de acuerdo con,
Hornblower tiene diferentes sentidos como acciones que indican
“yo voy”, “yo vengo” o “yo regreso”. Lo que nos ha llegado con
mayor claridad es el sentido que le damos a su sustantivo: nostos es
regreso. No obstante, las raíces no son suficientes para definir por
completo el sentido de un tema. Por esa razón aclara: “Occasionally
it can mean ‘arrival’ or even ‘journey’, as (perhaps) when Pindar
speaks of Herakles reaching the end, telos, of his nostos” (2018:
6)1. De inmediato surgen una serie de ideas en torno a esta palabra:
regreso, viaje y llegada involucran diferentes aspectos y al mismo
tiempo comparten algunos. Un viaje no necesariamente involucra
un regreso, tampoco llegada, sobre todo si lo llevamos más lejos con
el caso de la Eneida, de Virgilio, donde Troya ha sido destruida y no
hay espacio físico para regresar, salvo el llanto de las cosas.
Hornblower continúa con las variaciones morfológicas de
esta palabra, pero aterriza finalmente en la atención que le damos
1 Lo que llama la atención de esa revisión y comparativa de la palabra
es cómo se amplía la visión clásica, por ejemplo la de Emilio Güemes Crespo
(edición crítica de la Ilíada, 1996) como el regreso de los caudillos después de
Troya, p. 17.

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como tema literario, y plantea de nuevo la concepción clásica: el
regreso. En este tema destaca algo importante: el apego al espacio,
lo que bien podríamos traducir (‘place attachment’) como el arraigo
del hogar o la patria: “But in the Odyssey, the most vigorous and
memorable lines about Odysseus’ return may not contain a nostword at all” (2018: 9). Hornblower se refiere al pasaje donde, cerca del
final, cuando muestra su identidad a los pretendientes de Penélope,
quienes no siguen las leyes del hospedaje. Claudia N. Fernández,
por su parte, apunta lo siguiente: “Como bien observa Padel (1995),
en la cultura griega el viaje no es considerado un desplazamiento
positivo. Ajenos a la idea de la excursión por placer, toda empresa
que exigiera un desplazamiento tenía para los griegos un objetivo
bien definido”. (2006: 222)
Hornblower (2018) comparte similitudes con esta descripción
del nostos al mencionar, como parte del ciclo, el vagabundeo
(‘wandering’) de Menelao, el asesinato de Agamenón, la venganza de
Orestes, pero agrega que los regresos también fracasan. De acuerdo
con el autor, existen viajes narrados en la época helenística, cambio
de espacio, que terminan con la muerte de los protagonistas.
Si bien encontramos una serie de variaciones, la constante
es la separación de un espacio por parte de un protagonista y los
acontecimientos que ocurren en su desplazamiento. Esta estructura
mítica del héroe es bien ilustrada por Joseph Campbell (2010),
en su libro El héroe de las mil caras, traducido en México por Luisa
Josefina Hernández. El autor parte de una fórmula que denomina
separación-iniciación-retorno, lo llama monomito, y explica que
la aventura del héroe empieza “…desde el mundo de todos los
días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con
fuerzas fabulosa, y gana una victoria decisiva; el héroe regresa de su
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misteriosa aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos”
(35). Campbell usa los ejemplos de Prometeo, Jason (sin aclarar
las versiones) y Eneas. Después analiza otros relatos míticos con
similares características y propone su famosa lectura de las etapas en
el relato mítico del héroe.
Además de lo complejo del nostos, su representación va más
allá de la épica o los ejemplos que usualmente se citan dentro de este
género. De ahí la importancia de dialogar con Hornblower (2018) y
mostrar cómo el nostos aparece también en otros géneros literarios,
como el caso de la tragedia y la comedia:
Tragedy naturally exploited the Trojan returns, but also the
Theban cycle of myths. More generally nostoi tragedies include
those ‘escape-plays’ in which the hero returns from exile to his
homeland. Even Euripides’ Bacchai is a version of the return-and
revenge plot of the Orestes type. (14)

Coincide Hornblower, similar a la lectura que propone
Campbell, con que el tema del regreso puede observarse en otros
ciclos (en el caso del autor de El héroe de las mil caras, en otras
culturas). En el caso que cito se observa también la ciudad de Tebas,
uno distinto al del regreso después de la guerra de Troya. Bien puede
incluirse también a Esquilo con Prometeo o el caso de Polinices en
diferentes tragedias, como protagonista o motivo (como en la
Antígona, de Sófocles).
El nostos en un sentido moderno ha tenido cambios
respecto a las polémicas en torno al pensamiento Occidental.
Emmanuel Levinas (2001), en La huella del otro, propone una
lectura distinta al tema del regreso. Frente al mito de Ulises
(Odiseo) Levinas señala: “…quisiéramos contraponer la historia
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de Abraham que abandona para siempre su patria por una tierra
aún desconocida y que prohíbe a su siervo, incluso, conducir
nuevamente y de regreso a su hijo a ese punto de partida”.
(54)2 El filósofo orienta esta propuesta en cuanto a la obra
como un sin retorno, similar al concepto de juego de Gadamer
donde la construcción transforma (a diferencia de alterar)3: el
desplazamiento debe generar un cambio drástico, uno de apertura
frente a las limitaciones del objeto en su realidad4.
A las lecturas, apuntadas también por Hornblower,
sobre otros relatos griegos donde está presente el nostos, María
Begoña Ortega Villaro (2022) agrega un aspecto importante en la
imposibilidad del regreso por parte del héroe:
El exilio es una experiencia universal y lo son también los
múltiples sentimientos generados por él, entre ellos la nostalgia,
literalmente el «dolor del regreso». El regreso que duele por
ser imposible, porque el lugar del que se partió es inaccesible,
o inexistente, o ya no deseado…El exiliado sufre una situación
extrema, en condiciones materiales durísimas, pero también sufre
de «nostalgia», la primera idea que surge cuando leemos los versos
5.151-158 de la Odisea citados más arriba…De acuerdo con las
leyes compositivas del griego antiguo, podría significar: «un dolor
por aquello que regresa»... (4 y 30)
2 Esther Cohen, quien por cierto traduce esta edición de Levinas que cito,
en su libro El silencio del nombre, critica esta postura: Ulises no es el mismo
al regresar y Abraham sigue arraigado sentimentalmente a su patria.
3 Véase en Verdad y método (Trad. Ana Agud Aparicio y Rafael de
Agapito). Sígueme, p. 156-157.
4 Por un lado, el nostos implica un desplazamiento y una transformación
frente al arraigo del hogar; por el otro, todo lo anterior no involucra
necesariamente un éxito (basta recordar el Ulises, de Joyce) ni el cumplimiento
de todas las subetapas del monomito.
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En más de una ocasión surge ese dolor donde la temporalidad
y la distancia juegan un papel importante en la representación que
plantea cada obra literaria. En el nostos, la nostalgia se vuelve un
fenómeno complejo, sobre todo en la literatura moderna, porque el
dolor de eso que regresa no es necesariamente el pasado, sino por
el presente que nunca fue, el futuro que aún no llega e incluso una
nostalgia por un tiempo mítico.
Friedrich Nietzsche (2003), en La genealogía de la moral,
resalta con detalle el primer concepto de nostalgia al que aludí
en el párrafo anterior. El filósofo ve el olvido como una actitud
positiva que se desconecta de ese dolor y apunta a un principio
que él considera psicológico: “Se marca algo a fuego para que
permanezca en la memoria: sólo lo que no cesa de hacer daño
permanece en la memoria” (p. 101). Para Nietzsche, esta dimensión
de la memoria está llena y le sobra sangre, martirio y guerra: el
dolor, por lo tanto, es una fuerza auxiliadora de la memoria. En
el regreso hay otros regresos: si es físico, hay recuerdos; si hubo
destrucción, hay utopía; si hay exilio, hay catábasis. Pero ésa es
una de las trampas de la nostalgia del pasado. Nietzsche agrega
más adelante: “Cuánto más desmemoriada ha sido la humanidad,
tanto más terrible fue siempre el aspecto de sus usanzas…”
(102). La memoria se vuelve algo selectivo en el viaje del héroe,
se selecciona el dolor y entra en conflicto la Mismidad criticada
por Levinas frente a la Otredad.
Finalmente, en relación con el nostos, es necesario retomar el
concepto de nostalgia por el absoluto por parte de George Steiner
(2001). En su ensayo sobre los mesías seculares reflexiona acerca del
lenguaje propio que desarrollan las mitologías y cómo algunas áreas
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del pensamiento crean un lenguaje similar al del absoluto cristiano5.
Steiner plantea lo siguiente:
Esa nostalgia, tan profunda, yo creo, en la mayor parte de nosotros,
fue directamente provocada por la decadencia del hombre y la
sociedad occidental, por la decadencia de la antigua y magnífica
arquitectura de la certeza religiosa. Como nunca anteriormente,
hoy, en este momento del siglo XX, tenemos hambre de mitos, de
explicaciones totales, y anhelamos profundamente una profecía
con garantías. (22)

Lo importante en la aportación de Steiner es esa nostalgia
por lo mitológico: la repetición de sus elementos estructurales,
como el caso de los mesías individuales o colectivos. La nostalgia en
el nostos moderno implica una serie de dolores a lo que se regresa,
con todo y sus fracasos, entendidos como la vuelta al espacio donde
existe el arraigo por el hogar (o lucha por el desarraigo). Uno de esos
elementos mitológicos del cristianismo y que Occidente ha seguido
adaptando de manera nostálgica es el mundo como una ficción, un
texto o una gran obra de teatro.
El mundo como teatro
El teatro estuvo en casi toda la vida de Luisa Josefina Hernández.
Desde los cuatro años iba con su madre y una pariente suya todos
los domingos. El teatro le parecía al inicio parte de esa vida de fin
de semana. No obstante, aparte de los montajes y los textos, en
5 Otro libro muy importante sobre el Absoluto en Occidente es Filosofía
accidental. Ensayos sobre el hombre y el Absoluto, de José María Ridao (2015).
Ridao relaciona el Absoluto como una máscara para esconder la soledad radical
del ser humano: un imposible, similar algunos regresos.
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su vida estaba la narrativa, pues de su madre heredó el gusto por
contar. La narrativa y el teatro están desde muy temprano y, sobre
la narrativa, específicamente el arte de novelar, menciona: “Con las
novelas sucede de otro modo; ahí hay un afán de no perder grandes
momentos de la vida, propios y ajenos, que algo no se olvide, no se
borre tan pronto como nos borramos nosotros mismos” (2016: 16).
La autora sabe distinguir bien sus impulsos y la orientación que tiene
un género del otro: “Mi relación con el teatro sigue siendo turbia,
pero profesional. Emilio me convenció de escribirlo, pero yo me
lancé a estudiarlo profesional y sistemáticamente (mis amigos no
lo hicieron)” (16). Reflexiona lo que escribe después de escribirlo,
sabe cuándo usar las unidades de Aristóteles y en qué momento no
son adecuadas para el texto, inclusive se cuestiona la noción de los
tres actos que le ponen como lectura. Y a pesar de esta distinción
del modo en que se trabajan las novelas, el teatro6 está ahí en su
narrativa de diferentes maneras.
El tema del Theatrum mundo en el mundo Occidental tiene
sus raíces desde la época grecolatina. En un inicio se entiende como
una cuestión de roles sociales, máscaras a la manera de los hipokrates
(actores) del drama ático. Pero uno de los registros importantes
y más claros sobre esta perspectiva se encuentra en la epístola
LXXVII de Séneca a Lucilio. “En el segundo pasaje, Séneca utiliza
el símil de la comedia y los comediantes para probar que las riquezas
y dignidades del mundo no son más que un disfraz, análogo al de
los actores que se despojan de sus atavíos fingidos al terminar la
representación de la comedia” (Vilanova, 1950: 154). La idea que
presenta Antonio Vilanova es todavía un concepto puesto en forma
6

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Sobre todo, la influencia de Bertolt Brecht.
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analógica para explicar los fenómenos sociales, similar a la propuesta
que cita Eugenia Bridikhina (2015) respecto al poder en las cortes y
su teatralización:
La noción de la dramaturgia de la vida, desarrollada por Ervin
Goffman (1987) y Elizabeth Burns (1972), permite comprender
cómo los individuos actúan socialmente como actores y
desempeñan un papel social a partir de las expectativas que tienen
en la reconstrucción de la imagen social por la cual desean ser
reconocidos. (10)

Hay una clara comprensión del mundo a partir de una
manifestación artística, en cuanto a los roles sociales. Cada uno
juega un papel distinto y no por nada la palabra hipócrita, en su
sentido actual, muestra estas ambivalencias entre el ser y parecer de
una persona, aspecto muy trabajado en la ficción.
La aportación de Vilanova (1950) es clave porque traza la
evolución del gran teatro del mundo desde dicha analogía hasta
convertirse en tema e incluso alegoría dentro del mundo occidental.
Uno de los primeros registros como tema se encuentra en Luciano de
Samosata, concretamente uno de sus diálogos, el de ”Menipo en los
abismos”: “…aparece una nueva versión del tema que comparando
la vida humana a una larga procesión7 cuyos miembros se revisten
de diferentes insignias y atavíos, culmina en una perfecta exposición
de la comedia de la vida humana” (157). Las ideas clásicas sobre este
tema pasaran al Renacimiento y es donde crearán la base, junto con
la influencia medieval del universo como un gran texto8, para sentar
7 Imagen muy parecida a la peregrinación en Apocalipsis cum Figuris, de
Luisa Josefina Hernández.
8

En la estética simbolista, detallada por Edgar de Bruyné en La estética

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las bases alegóricas, cómicas, trágicas y metaliterarias del Theatrum
mundi.
Ese giro del Renacimiento y del Barroco crea las bases
dentro del teatro para que aparezca esta consciencia teatral en la
condición humana. Se desarrolla el artificio del engaño con ecos del
mundo grecolatino. Una de las traducciones y comentarios que más
destacan su influencia es la del Enquiridion, de Epicteto, en particular
las aportaciones que hace el Brocense acerca de esta obra. Antonio
Vilanova señala lo siguiente: “En efecto, la postrera interpretación
que da el Brocense del texto de Epicteto, se refiere de manera
específica a la esencia de la representación dramática, cuyo carácter
aparente y fingido subraya con particular detenimiento”. (165)
Además de lo anterior, Dios aparece como autor de la comedia,
ésta entendida como teatro en general, no específicamente lo que
conocemos como género cómico.
Sin duda es necesario agregar a todas estas nociones del
Theatrum mundi clásicos como La vida es sueño, Don Quijote de la Mancha
o Hamlet, por mencionar unos pocos donde este tema aparece en
diferentes dimensiones, sobre todo respecto al engaño y el mundo
como un gran escenario. Desde los diferentes travestismos que
vienen desde el Renacimiento y tienen un auge en el Barroco, hasta
los elementos metaliterarios como en las obras de Shakespeare y
Cervantes, este tema está ahí presente y sigue reproduciéndose en lo
social hasta el siglo XX, incluso en las cosmovisiones, por ejemplo,
Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello, o El gran circo del
mundo, de Rodolfo Usigli.
de la Edad Media, resume cómo los seres humanos son símbolos de algo más
elevado; no se trata de un símbolo como actualmente lo entendemos, sino todo
como parte de una obra de arte o un texto hecho por Dios.

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Regresos, porvenires y teatro novelesco en
Luisa Josefina Hernández
La plaza de Puerto Santo cuenta la historia de un pueblo con el mismo
nombre. En términos de Levinas, acerca del nostos de Ulises, sería
una representación de la Mismidad: se trata de un espacio que puede
cambiar en su proceso de urbanización y el tamaño de población,
pero que sigue siendo el mismo: “Lo más original, lo más terrible de
Puerto Santo y por eso lo más digno de mención, es que soportó tres
siglos sin cambiar salvo en lo que se refiere a un comparativamente
pequeño aumento de población”. (Hernández, 1985: 11) El primer
apartado o capítulo de la novela (son veinte en total) se centra en
la descripción de este pueblo inmutable en su esencia, aunque en lo
accidental parezca cambiar poco con respecto a esa resistencia de tres
siglos. Al final de esta parte se establece la expectativa de la historia:
Como es natural, todos los grupos humanos llevan a vivir
momentos críticos al igual que los seres humanos. De ellos, pueden
surgir tres cosas: una renovación, la destrucción absoluta o el
regreso a un estado anterior, pero difícilmente se logra conservar
la misma situación que dio lugar a la crisis, Puerto Santo, con
ser una excepción, no es tan excepcional que escape a toda regla
general. (13)

Después de este sembrado lleno de ironías, la narración
establece cómo un escándalo cambiará lo que no pudieron
transformar los vientos del norte ni los huracanes. Puerto Santo es
una Mismidad que sufrirá un cambio desde adentro de su tiempo
mítico negado a cambiar los incestos, las violaciones o el suicidio de
algún joven con inclinación sexual contraria a las de las costumbres
de los portosantinos.
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Un grupo de hombres importantes en Puerto Santo se
reúne, como había solido hacerlo durante treinta y cinco años,
para preguntarse cómo llegaron a un acto inmoral. Los personajes
son Fernando Camargo (casado con una de las descendientes del
fundador Arau), Gonzalo Peláez (comerciante de telas y alquilador
de doce casas), Miguel Suárez (dueño de huertos y productor de todas
las frutas) y los jóvenes Ramón Jiménez, Edgar y Claudio Ramírez,
descendientes del fundador de Puerto Santo. De esta élite, a punto
de cuestionarse sus actividades de mirones voyeristas, resalta la de
Fernando Camargo: “El doctor Camargo dejó su lugar de origen
a los doce años, estudio secundaria y preparatoria en Veracruz,
interno en un colegio militar, y luego hizo su carrera en la ciudad
de México su carrera de medicina”. (Hernández, 1985:14) En este
apartado se hace presente un desplazamiento por parte de uno de
los personajes, el doctor Camargo, quien se separa de Puerto Santo
y su iniciación y retorno, irónicamente, es resumido de la siguiente
manera: “Al terminarla tuvo una gran duda y, como en otros grandes
momentos, se dejó llevar por las angustias de su corazón más que
por los razonamientos o las conveniencias y regresó a Puerto Santo
donde se casó con una Arau, tuvo cinco hijos y empezó a envejecer”.
(14) El regreso del hijo pródigo traerá ese cambio importante en la
estructura política; el médico y compañía serán la cura involuntaria
de esa resistencia de más de trescientos años. Su nostalgia por el
regreso, angustia reflejada a la distancia de su lugar de origen, lo
llevará con una fidelidad de ritmo macilento (35 años) a cumplir
dos de las tres cosas que señaló el narrador en el primer capítulo:
renovación y un cierto regreso a un estado anterior. La crisis está en
el personaje que regresa al hogar que tiene arraigado en el corazón.
Tan arraigado que durante su labor le entraba un estupor por
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encontrarse de nuevo ahí, y ese mismo estupor lo llevaba a rencores,
sentimientos negativos y, a la chispa de la trama, el aburrimiento.
El tema de la nostalgia en el nostos está ahí y poco a poco se
introduce este mundo como un gran escenario teatral desde los diálogos
de los mismos personajes. Antes de que surja el esquema de una comedia
de enredos, hay una comparación por parte del doctor Camargo cuando
discuten la razón de cómo llegaron a semejante situación:
En segundo lugar, hay mucho escrito sobre la naturaleza de las
bromas. La risa, por ejemplo, tiene una función especial de catarsis.
Nos reímos cuando las cosas nos afectan, para disfrazarlas. Así
pudiera ser que el nombre de broma no fuera más que una máscara
para ocultar algo innombrable. (Hernández, 1985:18)

El resto del grupo ve—en la novela todavía no se devela la
actividad secreta—toda la situación como una broma pasajera, algo
que dejarán de hacer, pero en realidad ya han comenzado un viaje
histórico sin retorno. Aparecen la catarsis y la risa, como antesala de
la comedia de enredos que se aproxima, sin que ellos lo sepan.
En ese pasaje se siembran varios detalles para el manejo de
la ironía. Este grupo de élites cree tener mayor conocimiento de las
acciones que el resto del pueblo. Y, en ese juego de seres y pareceres,
el doctor Camargo reflexiona en torno a los disfraces y cómo una
palabra sirve como máscara para ocultar lo terrible que ellos están
haciendo en Puerto Santo. Lo innombrable tiene un doble sentido:
no se nos dice todavía desde la narración y los diálogos, y, al mismo
tiempo, es moralmente inaceptable para la histórica idiosincrasia de
la doble moral portosantina.
Los problemas se extienden hasta el presidente municipal,
Teobaldo López y su esposa Florinda Rentería, quienes tienen
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una rivalidad dentro y fuera de casa, y mantienen las apariencias
como personas importantes de esa sociedad: son un matrimonio
por conveniencia mutua, pero su vida está llena de rencores. Para
muestra de su actuación, a la manera del Theatrum mundi, puede
observarse la siguiente narración: “Esa tarde de jueves, Florinda
se maquilló y se vistió con el profesionalismo de una actriz
para recibir a sus amigas, mientras que Teobaldo, echado en la
cama, se preparaba para dormir la siesta”. (Hernández, 1985: 30)
La pareja llevaba dos días sin dirigirse la palabra en el espacio
privado. Los detalles son sutiles las analogías del narrador: el
maquillaje, pero sobre todo el profesionalismo de actriz con las
mujeres fuera del entorno conyugal. Teobaldo le menciona (se
inventa) que una vez en Veracruz tuvo sexo con cinco mujeres y
que podría repetirlo. Florinda esquiva todo, con una naturalidad
sospechosa, y él añade:
La verdad es que para un hombre que ha hecho una cosa así,
las mujeres carecen de importancia. Es lo único que se saca en
claro. Ustedes creen que irse a la cama con un hombre es como
concederle la corona de Francia y no es nada de eso…en realidad
no es nada. Mujeres sobran. (30)

Florinda escapa de esa realidad con su imaginación. Piensa
que es una reina en Francia y viste con las mejores telas mientras un
joven la besa la mano cuando ella la levanta. La escena es bastante
teatral, son dos mundos distintos los que chocan: “¿Qué rayos estás
haciendo?” (30), le pregunta su esposo. Lo que no sabe el alcalde
López es que su esposa tiene un joven amante que no sólo le besa
la mano: Ernesto. Dos tramas se conectarán al mero estilo del arte
nuevo de hacer comedias en los tiempos de Lope de Vega.
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El enredo es simple y esto le permite complicar dos tramas:
la de los mirones de Puerto Santo y el amorío de Florinda con
Ernesto, el joven ayudante del alcalde Teobaldo (quien no sabe jugar
ajedrez, pero irónicamente terminará triunfando en la luz pública).
Todo se complica porque Ernesto y Florinda son descubiertos por
un mirón a través de la ventana de su casa. La narración describe la
admiración de Ernesto por Florinda como un espectáculo y Florinda
no encuentra fabuloso al amante, pero necesita que la contemplen
como la persona que ella se imagina. En medio de este encuadre, se
descubre el acto del mirón:
—Mira, voy a hacer un escándalo antes de que me lo hagan a
mí. Voy a decirle a todo el mundo, empezando por mi marido,
que hoy, al desvestirme, noté que un hombre me espiaba. Que
grité y él huyó. Dejaremos de vernos por una semana y Teobaldo
pondrá que vigile la casa de noche. Así se asustará y no volverá.
(Hernández, 1985: 50)

Lo anterior resulta en una auténtica ironía: Florinda y Ernesto
critican las novelas, entendidas como ficciones; para el primero, le
reflejan un mundo inútil; para Florinda las novelas influyen en la vida
de las personas, incluso en la suya. Con tal de mantener el secreto,
imposible en un lugar como Puerto Santo, se inventa una ficción: un
engaño a la manera del Theatrum mundi, porque el regreso del marido
no significa lo mismo que el regreso del amante: dos ficciones que
vive Florinda y que chocarán con una tercera que acaba de maquilar
junto con Ernesto.
En medio de la comedia de enredos que se desarrolla,
hay diferentes expresiones del nostos como memoria de Puerto
Santo. Aparecen rencores entre las mujeres que son esposas de los
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mirones o historias de supuestos fantasmas, como la historia del
sastre cuando buscan al mirón culpable (que resultan ser varios) y
el recuerda una historia de su juventud: una pianista drogaba a los
padres, seguido, para disfrazarse del fantasma de un ahogado con
tal de verse con un hombre casado. Los ejemplos abundan en cada
diálogo, pero el culminante donde confluyen nostos, nostalgia y el
mundo como un teatro es en las palabras del doctor Camargo, en la
búsqueda simulada, cuando habla del viaje del héroe y lo divide por
los peligros internos y externos:
Todas las grandes tragedias que han conmovida al mundo tratan
de hombres así, de hombres que, como nosotros, han llevado una
vida ejemplar hasta un momento equis, el terrible momento en el
que se vieron arrastrados por una fuerza sorprendente, superior
a sí mismos, superior a sus deberes, al ejemplo de su pasado y
cedieron. (Hernández, 1985: 84)

Esa nostalgia a la que ceden los héroes trágicos, según la
comedia involuntaria del doctor, antes del remate de su compañero
como gracioso, es la del peligro. Y ese peligro se ha repetido una y
otra vez en Puerto Santo: el doctor trata de lavarse con las historias del
pasado, los escándalos de mujeres, para justificar: “Todos los sucesos
precedidos por el hambre de la emoción, por el hastío y la rebelión
contra la vida diaria que requiere humildad y renunciaciones, acaban
en una catástrofe”. (88) Los diálogos ponen en relieve esa consciencia
en el juego de la novela de la nostalgia dentro del viaje de los héroes
modernos, conscientes del escenario teatral en el que viven.
Esto toma una dirección distinta en Nostalgia de Troya. El
pasado, su representación, no es un conjunto de relatos similares
en la Mismidad de un espacio, sino diferentes desplazamientos
centrados en la figura de René. A diferencia de la otra novela, los
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recursos dramáticos, como la abundancia de diálogos, no dominan
sobre la narración, pero al tratarse de narradoras y narradores en
primera persona, entre ellos René, hay monólogos que exploran
ese regreso al pasado con la consciencia de vivir un mundo teatral.
La nostalgia está en dos niveles: el pasado de René (o sus pasados,
porque son diferentes momentos) y la nostalgia por un presente que
no existe, el cual queda de relieve en el monólogo final de la novela.
Destacan en la novela los momentos metaliterarios donde
el teatro es parte de la vida. Por ejemplo, cuando Martin, segundo
narrador, conoce a Elise (primer matrimonio de René) y su madre,
esto sucede en el teatro. Está en escena una obra de Molière, El
burgués gentilhombre. Al narrador le aburre esta obra sin importar
quién la interprete, pero cuando mira a Elise, su madre y el entonces
pretendiente René comenta:
La señora Duchamps, por ejemplo, no reía de acuerdo con el texto,
sino que tenía una sonrisa amable pintada en los labios como para
demostrar públicamente que no estaba preocupada ni tampoco de
mal humor. Elise miraba un poco debajo de la escena. Era obvio
que no se atrevía a mirar a otras partes para evitar de su madre; no se
rió ni una sola vez. René, en cambio, disfrutaba profundamente de
la obra maestra de Molière. No sólo respondía a los parlamentos y
a la actuación, sino que su rostro expresaba toda la malicia de lo que
estaba ocurriendo. Si uno quería ver el Burgués Gentilhombre en
todas sus consecuencias, lo más efectivo era espiar a René mientras
él era espectador. (Hernández, 1970: 41)

Para este capítulo, desarrollado en el año de 1950, trece años
antes de los sucesos narrados en el primer capítulo, ya se tienen los
sembrados de la profesión de René y su hipocresía.
La información narrativa filiada por este segundo narrador
amplía el conflicto de René. En la obra aludida de Molière el engaño
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está en la conversión al Islam por parte de Jourdain, de forma
teatral. René también vive un engaño: su vida, y por eso disfruta con
malicia lo que no se puede decir, pero que se muestra en el teatro.
Los matrimonios, en esa sociedad, también son farsas como la que
vivió el personaje de El burgués gentilhombre, pero se adaptan al vacío
de René, pues, aunque sea años más tarde, desde el primer capítulo
deja claro que “No busco tu alma como soñaste. No, encanto, busco
mi alma, ¿me lo permites?” (Hernández, 1970: 31). René ya le había
dejado claro a la primera narradora, la mujer colombiana, cómo
“Nos explicamos uno a través del otro”. (31) Y esa es la función
teatral que encontrará René a través de las ficciones o las personas
que se asemejan a su nostalgia, sobre todo aquellas donde se ha
dejado la patria, concretamente el hogar.
Hay dos momentos distintos en la novela Nostalgia de Troya que
conectan esta nostalgia en los diferentes viajes de René. El sembrado
ocurre en la narración de su madre, quizá el momento axial, en el
tiempo de la nostalgia, en la vida de René. En el capítulo cuarto, año
1936, la madre de René narra su historia que indirectamente toca
la de su hijo. Ella recibe por error, tal vez, la carta de la amante de
su esposo. El momento es terrible para Laura, madre de René: los
rencores estallan en la ciudad de Roma, ella sabe que François, su
marido, tiene una amante, pero él propone un viaje. Sin embargo,
le llega una carta a éste de parte de su otra mujer y quien recibe el
sobre es Laura. Ella está desolada, intenta aclararle un incidente a su
hijo, pero en la Villa Borghese encuentran por casualidad un teatro
de títeres: “En cuanto René lo vio, se paró como si hubiera echado
raíces y no hubo manera de arrancarlo de ahí a pesar de no entender
el texto… René no reía, pero gozaba”. (Hernández, 1970: 114) La
representación de la nostalgia será distinta en René y su madre Laura;
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�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

en este capítulo se centra en la ruptura, la separación sentimental
con François y, en consecuencia, con su hijo, quien la interrumpe y
corrige constantemente hasta que ya no puede entenderlo.
Durante toda la función de títeres, que Laura considera
vulgar porque se ríen los adultos y hay policías y bofetadas, ella
piensa en la carta, en su contenido y cómo incluso en un viaje para
reencontrarse como familia, todo sigue roto: no hay regreso más
que al dolor, es a lo único que aspiran. Una vez terminada la función
ocurre lo siguiente:
—René, ¿no quieres que te compre unos títeres?
—¿Los venden? —dijo con seriedad.
—Por supuesto y el teatro también.
—Qué lástima.
Me puse impaciente.
—Creí que te gustaban.
—Sí, pero si me los compran no podré verlos ni oírlos de frente.
Manejarlos debe ser muy difícil. (Hernández, 1970: 115)

Se trata de un momento axial por una cuestión de repetición
narrativa y dramática. En otro capítulo, cuando René es narrador
en Ixtapan de la Sal, menciona la dificultad que es para él escribir
una novela y este motivo volverá a aparecer en el monólogo final, la
culminación de su nostos donde la nostalgia ya no es por el pasado,
sino por el presente9. En su niñez, René está fascinado por el teatro
9 En el capítulo donde es narrador en Ixtapan de la Sal, menciona su
nostalgia por el futuro inmediato. Véase p. 105, de la edición que cito.
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Nostos, nostalgia y el mundo como teatro

porque lo puede ver todo de frente, no como los secretos de sus
padres. Es un placer similar al que siente antes de casarse con Elise
mientras observa la obra de Molière. La imagen es simbólica porque
él es el único que se queda cuando desmontan el teatro de títeres,
como si para él la función no hubiese terminado.
Este aspecto metaliterario se retoma en el monólogo del
capítulo final donde René es narrador y su narratario es la primera
narradora de la novela: la mujer colombiana que también huye de su
país, lejos de su marido, su madre y su hijo. Le escribe de esa manera
porque puede ver las cosas de frente, como en el teatro. Le cuenta
su primera impresión del amor es sumamente teatral: una agnición
dramática. Dicha coincidencia sucede al toparse en la noche a su
padre recitando, entre la maleza, con el cabello despeinado, las
ropas mal puestas y con un rostro angustiado, un poema de Catulo
a Lesbia: “Ésa fue mi primer impresión del amor, un espectáculo
que se admira en silencio y del que uno está naturalmente excluido.
El amor era el teatro, la ópera, los títeres y el mundo” (Hernández,
1970: 196). René no ve el amor en el contacto físico, sino en la
contemplación porque solamente se pueden amar las peculiaridades.
Al final, René le menciona a su narrataria que Colombia está lejos,
pero promete que se verán en Troya, símbolo de las ruinas y la
destrucción de lo que un día puede ser vida y no sólo dolor.
Por su parte, Apocalipsis cum figuris10totaliza el Theatrum mundi.
Además de las dimensiones sacra y simbólica de esta novela está
10 Hay una relación paratextual interesante en el título. Por un lado, la
obra pictórica de Alberto Durero (1498) y la obra de teatro de Jerzy Grotowski
(1969). Inicialmente, el proyecto era una obra de teatro que terminó en novela,
viceversa de John Milton con su Paraíso perdido, que empezó como tragedia y
terminó en épica. Véase el artículo de Fabienne Bradu sobre la novela de Luisa
Josefina Hernández en la revista Vuelta, 80, 1983, pp. 41-42.

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presente el peregrinaje como parte de un escenario en la obra divina:
los personajes cumplen diferentes papeles sociales y alegóricos. En
el mundo propuesto en esta novela aparece una variedad de clanes:
Peregrinos y Peregrinas, Payasos y Payasas, Frailes, Caballeros o
personajes pertenecientes a la Commedia dell’Arte (como el caso
de Pierrot), por mencionar sólo algunos. Aunque parezcan de una
naturaleza arquetípica, algunos casos se despegan debido a los
destellos singulares que tienen, por la focalización de la narración,
con respecto al resto. Éste es el caso de la Peregrina, quien tiene
un pasado frente a la revelación a donde se dirigen todos en sus
caminos del mismo peregrinaje; de igual manera, puede citarse
el caso del Fraile que la sigue y las historias que comparten entre
sí, con un parecido algo notorio, en la intensidad, con la mujer
colombiana y René, personajes de Nostalgia de Troya. Apocalipsis cum
figuris es como un tipo de círculo hermenéutico, en el sentido de que
mucho de lo dicho es la efectuación de un texto que es el universo
y se particulariza a partir de citas bíblicas o alusiones medievales
convertidas en acción singular.
El primer momento explícito del teatro y sus parecidos
está después de una de las repetidas despedidas con el Fraile (los
personajes salen y regresan). La Peregrina piensa en evitar la presencia
de un grupo, salvo si se los encuentra en su camino, pues no hay más
opción; sin embargo, en el fondo, aunque no se lo confesara a ella,
los buscaba: los músicos. En el texto se lee: “Ahora sí, verlos. Los
músicos y los artistas. Tres músicos y el director, dos payasos, una
bailarina, un hombre vestido de domador con un león a su lado, dos
perros bailarines. Todo en movimiento…” (Hernández, 1982: 8) El
domador latiguea al león y a la bailarina. Todo se logra, como en el
teatro, por la presencia de un espectador, en este caso la Peregrina,
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Nostos, nostalgia y el mundo como teatro

aunque en un enfoque teológico Dios funcionaría también como
autor y espectador.
La descripción es importante en este pasaje porque prepara
nuevamente un motivo intratextual en la obra de Luisa Josefina
Hernández: el desenmascaramiento o el uso metafórico de las
máscaras como artificio dramático. Se describe con detalle la falta de
individualidad de los payasos: “…adorables payasos color naranja, con
las amplias sonrisas y las grandes lágrimas pintadas en la cara. Nada
de cara. Ojos como botones”. (Hernández, 1982: 19) Caso contrario
a la Payasa, que se encontrarán en dicho camino, quien perderá el
maquillaje, dándole un aspecto singular con respecto al resto de los
payasos. Ahí empieza la nostalgia: una vez desvanecidas las máscaras,
la negación de un rostro, es que comienzan a pesar las narraciones del
pasado. Hay un viaje, a manera de peregrinaje, hacia el perdón o, al
menos, el juicio del Absoluto a través de diferentes tradiciones.
Pero esta representación dentro de la novela no se queda
en el nivel de la descripción, sino que aparece tomando elementos
dramáticos, como el diálogo para introducir la reflexión más allá del
nivel literal de la novela. Esto sucede después de la discusión de la
Peregrina con el Domador, porque su alegría de circo es vergonzosa, y
es ignorada por éste por medio de la música; al final, esa cuarta pared
de la realidad se fortifica. El Peregrino aparece y observa cómo la
Peregrina cede al espectáculo que critica y se une a él. Ya lejos del baile,
entre los arbustos, como una selva oscura dantesca, dice lo siguiente:
—No es posible recibir el perdón si hago lo que odio, si hablo
sin sentido, si nadie me ha dado permiso de reformar el mundo.
¿Por qué no es mío el mundo? Somos bufones sin querer, nuestro
pan es la vergüenza y siempre tenemos hambre de inmundicia.
(Hernández, 1982: 20)

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La Peregrina deja un sembrado sobre su pasado: la búsqueda
de perdón implica una acción hecha con anterioridad, en el contexto
de ese mundo, un pecado que ella busca limpiar. Contrario a René
en Nostalgia de Troya, a la Peregrina sí le gustaría ser dueña de ese
mundo; no como él al negarse a comprar títeres. Por otro lado, el
Peregrino la interrumpe señalando que Sara, en la biblia, río cuando
Dios le anunció que sería madre. Hay un salto del teatro como
espectáculo, donde la Peregrina pasa de espectadora a actriz y luego
a un texto canónico. Dentro del mundo de la novela, se trata de un
texto que es el universo, y aunque esté fijo, requiere efectuarse en
sus protagonistas, como sucederá en las siete vueltas que dará la
Peregrina durante siete días para invocar al Peregrino desaparecido.
Otro de los momentos importantes en el regreso al Absoluto
ocurre cuando la Payasa ha dado a luz una criatura después de haberse
escapado amorosamente con el Unicornio. El Peregrino señala que
deben prepararse para el día de mañana y comienzan las indicaciones
del montaje, casi como de pastorela o escenas teatrales de peregrinaje:
—La payasa y tú tendrán que recibir a cuantos personajes vengan
a felicitarlas.
—¿Irremediablemente?
—Sí.
—¿Qué harás tú mientras?
—Pasear con el Unicornio, si él está de acuerdo.
—Los hombres escogen la mejor parte. (Hernández, 1982: 135)

Hay un claro simbolismo al cristianismo a través del unicornio. De
acuerdo con Cirlot (1992) simboliza la castidad, la palabra de Dios
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Nostos, nostalgia y el mundo como teatro

y a Cristo, y que a veces se transmuta en paloma blanca (Jung, de
acuerdo con Cirlot), en cuanto a la lectura cristiana y otras positivas11.
De manera similar, como Cristo postrado en el seno de la Virgen,
el unicornio de la novela se tiende junto a la Payasa. Además de esta
preparación teatral, se da una razón importante porque el nacimiento
de un Unicornio para muchos de los personajes que viven en ese
mundo es: “…el primero y el único suceso de sus vidas; para los
privilegiados es el último porque este testimonio ha de abrirles la
última de sus puertas cerradas y de dar luz a la más oscura y oculta
de sus cavernas”. (136) En el resto de los personajes hay una certeza
religiosa en los ritos, la que Steiner menciona que se extraña en la
modernidad de Occidente, mientras que en la Peregrina está la duda
y al mismo tiempo hay una lucha entre la nostalgia de su pasado y
la del Absoluto, una incertidumbre de seguir o no las escrituras para
que el texto se manifieste en el mundo. Y para lograrlo, hay que
representarlo con el cuerpo.
Conclusiones
Lo teatral, entendido como elementos dramáticos o la presencia de
éste dentro de la ficción, aparece en la narrativa de Luisa Josefina
Hernández, y esto se manifiesta principalmente en el nostos y la
nostalgia. La culminación de esta relación se da con base en el
Theatrum mundi. En los fragmentos analizados de las novelas, es
posible observar cómo los diálogos y monólogos de los personajes,
su configuración discursiva, se complementa con la de las narradoras
y narradores, sin importar si son heterodiegéticos u homodiegéticos.
11 El unicornio también tiene lecturas negativas, pero no aparecen así en
este texto.

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El nostos en las tres novelas tiene diferentes manifestaciones:
los regresos provocan destrucción (una élite en La plaza de Puerto
Santo), renovación (Apocalipsis cum figuris) y punto de transformación
(como René en busca de una Troya semejante a sus ruinas personales).
Pero los nostos (en plural) no son solamente vagabundeos físicos, sino
psicológicos, y su punto de partida más importante es la nostalgia;
ésta puede ir etimológicamente a un dolor del pasado, pero también se
manifiesta de otras maneras, como el presente o el futuro inmediato, y
a manera de Absoluto, en forma de duda, a diferencia de lo planteado
por Steiner. Y, como señala Nietzsche, los olvidos ocultan algo
terrorífico. La nostalgia lo devela o es síntoma de lo que se develará.
Sin duda esta línea de investigación requiere ampliar su
estudio en el resto de la obra narrativa de Luisa Josefina Hernández.
Son temas que se repiten y tienen un diálogo intratextual entre sí,
por lo cual es necesario otro estudio enfocado en el resto de sus
novelas como El lugar donde crece la hierba (1959), Los palacios desiertos
(1963) o La cólera secreta (1964), por mencionar sólo unos cuantos
casos que se pueden agregar al corpus de este ensayo.

Referencias bibliográficas
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / Nostos, nostalgia y el mundo como teatro

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Universidad Nacional de Colombia, pp. 207-233.
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y Trad. José luisn López y López de Lizaga). Tecnos.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-62

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

Hacia una lectura ecocrítica de El jardín de las
Weismann de Jorge Eliécer Pardo
Towards an ecocritical reading of El jardín de las
Weismann by Jorge Eliécer Pardo
José Manuel Medrano
St. Bonaventure University
Nueva York, EE. UU.
jmedrano@sbu.edu

Resumen. El presente artículo realiza una lectura, desde el modelo de
la ecocrítica, de la novela El jardín de las Weismann (1978) del escritor
colombiano Jorge Eliécer Pardo. Se describen aquí las estrategias narrativas
desplegadas en esta obra para “superar” la influencia de Macondo.
Desde el marco teórico de la ecocrítica, y más específicamente desde el
ecofeminismo, se propone que la violencia, el amor, y la esperanza están
entrelazadas con la naturaleza; pues a través de la representación literaria
de la naturaleza, es posible reflexionar sobre la relación humana con el
mundo natural y explorar cómo esa relación se ve afectada por cuestiones
como el desarrollo industrial, el cambio climático, la degradación ambiental
y la explotación de los recursos naturales.
Palabras clave: ecocrítica, ecofeminismo, Jorge Eliécer Pardo
Abstrac. This article offers a reading, from the ecocritical model, of the
novel El jardín de las Weismann (1978) by the Colombian writer Jorge Eliécer
Pardo. The narrative strategies deployed in this work to “overcome” the

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

influence of Macondo are described here. From the theoretical framework
of ecocriticism, and more specifically from ecofeminism, it is proposed
that violence, love, and hope are intertwined with nature. Because, through
the literary representation of nature, it is possible to reflect on the human
relationship with the natural world and explore how that relationship
is affected by issues such as industrial development, climate change,
environmental degradation and the exploitation of resources. natural.
Keywords: ecocriticism, ecofeminism, Jorge Eliécer Pardo

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Raymond L. Williams, en su trabajo académico titulado Novela y poder
en el Gran Tolima y América Latina (2019), recalca las aportaciones de
los tolimenses a la literatura regional e internacional. En un mismo
párrafo destaca la importancia de la literatura tolimense para los
estudios críticos y remarca los aportes de los hermanos Pardo al
crecimiento/producción en la región. Al mismo tiempo, narra los
comienzos o encuentros de la literatura tolimense con el mundo y
destaca a El jardín de las Weismann. Según Williams:
El surgimiento de dos empresas modernas, Tercer Mundo
Editores y Editorial Plaza y Janés, permitió a los novelistas
colombianos dirigirse a un verdadero mercado nacional, en vez
del regional, y por primera vez, al público internacional. Tercer
Mundo comenzó a operar a principios de los 60, especialmente en
las áreas de ciencias sociales y literatura. La multinacional Plaza
y Janés se interesó por la novela colombiana a principios de los
70, y en 1978 publicó El jardín de las Hartmann (Weismann) del
tolimense Jorge Eliécer Pardo1. A nivel regional, Pijao Editores
comenzó a jugar un papel de suma importancia en esta historia
de la novela tolimense desde su fundación en 1972, el mismo año
que los hermanos Carlos Orlando y Jorge Eliécer Pardo lanzan su
primera aventura narrativa, Primeras palabras. (22)

El jardín de las Weismann aparece como una alternativa
posmoderna que buscaba superar la influencia de Macondo en la
1 Jorge Eliécer Pardo es un escritor, poeta y crítico literario colombiano.
Nació en 1950 en el municipio de Líbano, en el departamento del Tolima.
Es uno de los más importantes y reconocidos escritores del Gran Tolima en
Colombia. Ha publicado varios relatos, ensayo y novelas, entre ellas Irene
(1986), El pianista que llegó de Hamburgo (2012), y Maritza la fugitiva (2018).
Además, ha recibido numerosos reconocimientos y premios por sus obras
literarias, como el Premio Nacional de Poesía (1985) y el Premio Nacional de
Literatura (2013).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

literatura. Pardo logra éxito marchando en contra de la corriente
literaria de tener hombres como personajes principales. Al mismo
tiempo, le otorga al “medio ambiente” importancia, permitiéndole
afectar la trama de la novela al mismo nivel que los personajes de carne
y hueso. El mismo título de la novela incluye la palabra “jardín”. A
más de cuatro décadas de su primera edición, es posible leer El jardín
de las Weismann desde una perspectiva ecocrítica. Propongo, entonces,
una relectura y análisis de El jardín de las Weismann desde el marco
teórico de la ecocrítica, más específicamente desde el ecofeminismo.
Sostengo que la violencia, el amor, y la esperanza están entrelazada
con la naturaleza, sin descuidar, por supuesto, la trama de la novela,
la cual ya obtuvo atención internacional y se está traduciendo al
inglés y al islandés (aparte de su ya traducción al francés).
Al examinar la representación de la naturaleza y el medio
ambiente en los textos literarios, podemos comprender mejor
los valores culturales, los problemas sociales, las creencias y las
actitudes que dan forma a nuestra relación con la naturaleza. A
través de la representación literaria de la naturaleza, los escritores
pueden reflexionar sobre la relación humana con el mundo natural
y explorar cómo esa relación se ve afectada por cuestiones como el
desarrollo industrial, el cambio climático, la degradación ambiental
y la explotación de los recursos naturales. Estas representaciones
pueden revelar cómo las sociedades valoran y perciben la naturaleza,
y también pueden poner de manifiesto las consecuencias de nuestras
acciones en el entorno natural. Además, los textos literarios
pueden ofrecer perspectivas diversas sobre la naturaleza y el medio
ambiente, ya sea a través de la poesía que celebra la belleza y la
armonía de la naturaleza, la ficción que presenta conflictos entre el
desarrollo humano y la preservación del entorno natural, o incluso
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

los testimonios personales que exploran las conexiones emocionales
y espirituales con la naturaleza. En las últimas décadas, la ecocrítica
ha ganado cada vez más atención en el estudio de la literatura
latinoamericana, ya que reconocidos escritores y académicos de
distintas partes del mundo han explorado las complejas relaciones
entre la cultura humana, el medio ambiente natural, y los medios
ambientes artificiales (o construidos).
Las historias clásicas, como la Odisea de Homero, contadas en
términos de la trama, han capturado el interés humano durante
siglos y milenios. El atractivo duradero de la Odisea y otras historias
clásicas radica en su capacidad para abordar temas universales, como
el viaje, la aventura, el amor, el heroísmo y los desafíos humanos.
Estas historias épicas nos conectan con las experiencias humanas
fundamentales y ofrecen una visión profunda de la condición
humana. Su longevidad y persistente interés son testimonio del
poder atemporal de las grandes historias para cautivar la imaginación
y despertar la reflexión en los seres humanos a lo largo de la historia.
Brian Boyd, en su obra On the Origin of Stories: Evolution, Cognition,
and Fiction (2009), explora la relación entre las novelas y la atención
humana. Según Boyd, las novelas demandan nuestra atención de una
manera única y significativa. En su análisis, Boyd argumenta que las
novelas tienen la capacidad de atrapar nuestra atención y mantenernos
comprometidos a lo largo de extensas narrativas. A diferencia de
otras formas de entretenimiento, como el cine, los videojuegos o la
televisión, las novelas requieren que el lector participe activamente
en la creación de imágenes mentales y la construcción de la historia
en su mente. Esta participación activa estimula nuestra imaginación
y nos sumerge en un mundo imaginario de la novela. En el caso de
El jardín de las Weismann, nos enfrentamos a una trama nada simple,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

que posee una gran fuerza y múltiples ramificaciones, por lo que
precisa de una lectura atenta. Pardo logra hacer paralelos entre la
resistencia anti-Nazi en Europa y la experiencia de la violencia en
Colombia.
Desde la publicación de El Jardín…, al igual que acontece
con la Odisea, se ha convertido en un texto que se discute no solo en
círculos académicos, sino también entre el público general: la trama
invita a lector a convertirse en protagonista omnipresente. Por eso,
me interesa explorar la importancia de la novela y al mismo tiempo
analizar y prestar atención al tema del medio ambiente. Lawrence
Buell, uno de los pioneros de la ecocrítica, la define como: “study
of the relation between literature and environment conducted in
a spirit of commitment to environmentalist praxis”. (Buell, 2008:
430) Esta definición destaca la importancia de examinar tanto las
dimensiones estéticas y narrativas de las obras literarias, como su
implicación en la comprensión y la valoración del entorno natural.
Buell sugiere que la ecocrítica puede ayudarnos a entender cómo la
literatura y la cultura influyen en nuestra comprensión y apreciación
de la naturaleza, así como en la forma en que nos relacionamos
con ella. Dentro de este contexto, no solo me interesa analizar
los ambientes naturales de espacios rurales, sino en particular
ambientes construidos (no naturales) en zonas urbanas (cárceles,
casas, prostíbulos, monasterios y edificios), como han señalado
Laura Wright en el campo de inglés y Raymond L. Williams en
el campo latinoamericano. ¿Qué significa, entonces, leer con
conciencia ecocrítica o hacer lecturas ecocríticas? La lectura con una
conciencia ecocrítica o “eco-amistosa” tiene una gran importancia
para este trabajo porque, como ha notado el filósofo y crítico cultural
esloveno Slavoj Žižek en su trabajo Living in the End Times (2010),
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

existe una crisis ecológica y debemos repensar radicalmente nuestra
relación con la naturaleza. Žižek critica la ideología capitalista
predominante que prioriza el crecimiento y el consumo sin límites,
argumentando que esto conduce a la explotación y destrucción
del medio ambiente. El filósofo esloveno aboga por un enfoque
más consciente de lo ecológico que reconozca la interconexión
entre los seres humanos y el mundo natural. Para leer la obra de
Žižek con una mentalidad eco-amistosa debemos centrarnos en las
implicaciones ecológicas de los problemas políticos y sociales. Esto
implica examinar críticamente cómo los sistemas económicos, las
ideologías y las prácticas culturales contribuyen a la degradación
ambiental, y explorar posibles enfoques alternativos que prioricen la
sostenibilidad y la armonía ecológica. Según Žižek:
Disbelief in an ecological catastrophe cannot be attributed
simply to our brain‐washing by scientific ideology that leads us
to dismiss our gut sense that tells us something is fundamentally
wrong with the scientific‐technological attitude. The problem
is much deeper; it lies in the unreliability of our common sense
itself, which, habituated as it is to our ordinary life‐world, finds
it difficult really to accept that the flow of everyday reality can
be perturbed… Our attitude here is that of the fetishist split: “I
know that global warming is a threat to the entire ecosystem, but
I cannot really believe it. It is enough to look at the environs to
which my mind is wired: [T]he green grass and trees, the whistle
of the wind, the rising of the sun… can one really imagine that
all this will be disturbed? You talk about the ozone hole, but no
matter how much I look into the sky, I don’t see it—all I see is the
same sky, blue or grey! (58)2.

2 Žižek,
Pp. 37-72.

S. (2008). “Nature and Its Discontents.” Substance Madison.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

Partiendo del enfoque propuesto de Žižek, propongo analizar
El jardín… desde una perspectiva ecocrítica: porque la guerra al
igual que la violencia y el terrorismo afectan al medio ambiente. En
la primera página del Jardín podemos observar la importancia que
tendrá la naturaleza con la trama y a la vez veremos una conexión
entre la naturaleza y las Weismann. La primera descripción de las
Weismann es que “atravesaron el parque sin saludar a nadie” (Pardo,
2022: 73). Después se describe su apariencia “en la figura de sus
vestidos estampados y en el olor a las flores que expelían”. (Pardo,
2022: 73) En estos dos ejemplos podemos apreciar el vínculo de
las mujeres con la naturaleza. Si esto no fuese prueba suficiente
para recalcar la importancia de la ecocrítica en la novela, el tercer
párrafo dice lo siguiente, “Compraron una casa alejada del parque y
de la iglesia, con ante jardín encerrado en ladrillos… con sus manos
plantaron semillas de todos los tamaños y nombres, removiendo la
tierra”. (Pardo, 2022:73) Y en la última oración el autor claramente
apunta a una conexión donde las emociones de las Weismann afectan
la naturaleza: “Las dalias, los claveles, las azucenas, los crisantemos
y las rosas, crecieron como en orgullo de las Weismann desde el
momento que pusieron sus tacones cuadrados y sus ojos azules en el
lugar más imaginado en sus sueños de niñez y adolescencia”. (Pardo,
2022: 36)
Bryan Boyd explica cómo los autores emplean diversas
estrategias narrativas para capturar y mantener la atención de los
lectores. Sostiene que los escritores son conscientes de la importancia
de mantener a sus audiencias involucradas en la historia y utilizan
una variedad de técnicas para lograrlo. También argumenta que las
novelas demandan nuestra atención de manera especial debido a la
participación activa que requieren y a la inmersión profunda que
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

permiten. A través de la atención sostenida, las novelas nos brindan
la oportunidad de explorar y reflexionar sobre la complejidad de la
vida humana y nos invitan a sumergirnos en mundos imaginarios
de ficción. Jonathan Gottschall, en su libro The Storytelling Animal:
How Stories Make Us Human (2012), explora la relación entre el
lector y los personajes en las historias. Gottschall argumenta
que los seres humanos están intrínsecamente conectados con las
historias y que nuestra identificación con los personajes es una parte
fundamental de nuestra experiencia de lectura. Según Gottschall,
nos identificamos con los personajes de las historias de diferentes
maneras. A través de la empatía, nos ponemos en el lugar de los
personajes y experimentamos sus emociones y experiencias como
si fueran propias. Esta identificación nos permite conectarnos
emocionalmente con la historia y nos involucra en un nivel más
profundo. La relación entre el lector y los personajes se fortalece
aún más cuando éstos son complejos y realistas. Sostiene, además,
que los personajes bien desarrollados, con motivaciones y conflictos
creíbles, nos resultan más atractivos y nos permiten explorar
aspectos de la condición humana. A medida que nos identificamos
con ellos, reflexionamos sobre nuestras propias vidas, experiencias
y dilemas. Por si esto no fuera suficiente, Gottschall destaca que esta
identificación con los personajes no solo ocurre en la ficción, sino
también en la vida real. Los seres humanos somos naturalmente
inclinados a entender y comunicarnos a través de historias, y la
identificación con los personajes es una forma en la que procesamos
y entendemos las experiencias y emociones de los demás,
demostrando con ello el efecto cognitivo (cognitive effects) de contar
o escuchar historias. La narrativa no solamente se mantiene en la
tinta y en papel: tiene efecto en la química del cerebro de quienes
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

leen o escuchan la historia o, mejor dicho, la trama de la historia.
Gottschall explica: “The human mind was shaped by story so that it
could be shaped by story…When we experience fiction, our minds
are firing and wiring, honing the neural pathways that regulate our
responses to real-life experiences”. (Gottschall, 2012: 65)
En el caso del Jardín esta empatía con las Weismann se
construye desde muy temprano cuando aprendemos de como
perdieron a sus padres. “El señor Weismann fue asesinado mientras
protestaba en las calles de Berlín. La Señora Weismann embarco a
sus cuatro hijas para que huyeran de la Gran Guerra, saco la bomba
que había preparado en el sótano, lleno la cartera con ella y se voló
con trece soldados alemanes”. (Pardo, 2022:99) Aparte de que aquí
la madre tiene un papel activo, ella también tiene una conexión
con el medio ambiente y este la arropa después de mostrar gran
valentía. “La nieve quedó como pedazos de nubes sobre el cuerpo
de la mujer”. (Pardo, 2022: 99). Las Weismann usan, de manera
interesante, los eventos trágicos para cumplir uno de sus objetivos.
La Casa del Amor y de la Ternura se convierte rápidamente en
un lugar obligatorio para los que sufren. Un ejemplo de esto es la
escena entre Marlene y el hombre que llego de Asia con el corazón
ablandado: “El olor a flores acabo de trastornar al asiático; le
comentaron la historia de Alemania, el cautiverio de su madre, y
termino llorando desnudo, sobre una cama formada con pétalos
frescos. El hombre salió de espaldas rogándole que se casara con él,
con los ojos llenos de lágrimas”. (Pardo, 2022: 102) Aquí claramente
vemos como las protagonistas utilizan la naturaleza para poder
conquistar a los hombres, reproducirse y algún día vengarse. Según
Gottschall, cuando nos involucramos en la lectura de una historia,
nuestro cerebro activa los mismos circuitos neuronales que se
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

activarían si estuviéramos experimentando las emociones y acciones
de los personajes en la vida real. Esta capacidad de empatizar con
los personajes nos permite comprender sus estados mentales, sentir
sus emociones y compartir sus experiencias. La empatía con los
personajes se basa en nuestra capacidad de atribuir estados mentales
a otros, conocida como teoría de la mente. A través de la narrativa, los
escritores nos brindan información sobre los pensamientos, deseos
y motivaciones de los personajes, lo que nos permite entender su
perspectiva y experimentar empatía hacia ellos. La empatía con los
personajes nos sumerge más profundamente en la historia y nos
permite conectarnos emocionalmente con ella. Nos preocupamos
por el destino de los personajes, experimentamos alegría o tristeza
con sus logros o fracasos, y nos vemos afectados por sus luchas
y conflictos. Gottschall sostiene que la empatía con los personajes
en las historias tiene importantes implicaciones para nuestra vida
cotidiana. Al ponernos en el lugar de los personajes y experimentar
sus emociones, desarrollamos una mayor comprensión y sensibilidad
hacia los demás. La empatía cultivada a través de la lectura puede
tener un impacto positivo en nuestras relaciones interpersonales y
nuestra capacidad para comprender las perspectivas de los demás.
Regresando a los estudios de Boyd, las estrategias narrativas
utilizadas por Pardo en El Jardín… mantienen a los lectores interesados
en la trama. Menciono algunas de ellas: el suspenso, el lenguaje
evocador y el desarrollo de los personajes. El primero mantiene a los
lectores interesados y los motiva a seguir leyendo para descubrir qué
sucede a continuación. El segundo estimula los sentidos del lector
y crea imágenes mentales vívidas. Esto ayuda a mantener el interés
y la participación activa del lector en la trama. Por último, y más
importante, el desarrollo de los personajes genera empatía y conexión
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

emocional en los lectores. En mejores términos, cuando leemos o
escuchamos historias con una buena trama, el lector empieza a ver al
personaje como un ser de carne y hueso. Se construye un vínculo entre
lector y personaje, ya que el cerebro produce la hormona oxitocina
durante el proceso de contar o leer buenas historias. En términos
de supervivencia, la oxitocina tiene varias funciones relevantes.
Por ejemplo, durante el parto, desencadena contracciones uterinas
que ayudan en el proceso de dar a luz. Además, está involucrada
en la producción de leche materna y en la conexión emocional
entre la madre y el bebé durante la lactancia. Además de su papel
reproductivo, la oxitocina se ha asociado también con la formación de
vínculos sociales y relaciones afectivas. La liberación de oxitocina está
relacionada con sentimientos de confianza, empatía y apego, lo que
fomenta la conexión entre los individuos y la cooperación en grupos
sociales. Estos vínculos sociales y la cooperación son fundamentales
para la supervivencia y el bienestar en muchas especies, incluidos los
seres humanos.
Un estudio realizado por Paul J. Zak y su equipo de
investigación mostró que los niveles de oxitocina aumentaban en
los participantes después de escuchar historias conmovedoras y
emocionalmente relevantes. Se encontró, además, que las historias
que generaban una mayor respuesta emocional estaban asociadas
con una mayor disposición de los participantes a donar dinero a
obras benéficas.
As social creatures, we depend on others for our survival and
happiness. A decade ago, my lab discovered that a neurochemical
called oxytocin is a key “it’s safe to approach others” signal in
the brain. Oxytocin is produced when we are trusted or shown a
kindness, and it motivates cooperation with others. It does this by

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enhancing the sense of empathy, our ability to experience others’
emotions. Empathy is important for social creatures because it
allows us to understand how others are likely to react to a situation,
including those with whom we work.3 (2014: 1-5)

Como demuestran los estudios de Boyd y los de Zak,
aunque la oxitocina es conocida principalmente por su papel en la
reproducción y las relaciones afectivas, también desempeña un papel
importante en la supervivencia. Esta hormona facilita la conexión
social, el apego y la cooperación entre los individuos, lo que es esencial
para nuestra adaptación y bienestar en entornos sociales. Sumado
a lo anterior, la oxitocina puede tener efectos beneficiosos en la
salud mental y emocional, lo que contribuye a nuestra capacidad de
enfrentar los desafíos y sobrevivir de manera saludable. Por lo tanto,
una buena trama surge de una conexión sólida con el arte de contar
buenas historias, o storytelling. El storytelling es el arte de comunicar
una historia de manera efectiva, utilizando técnicas narrativas y
elementos emocionales para involucrar y cautivar al público. Una
trama sólida es fundamental para el storytelling exitoso. La trama es la
estructura de la historia, la secuencia de eventos que se desarrollan
a lo largo de la narración. Una buena trama tiene elementos como
la introducción de los personajes y la configuración del escenario, el
desarrollo de un conflicto o problema central, la construcción del
clímax y la resolución satisfactoria. El storytelling efectivo implica una
conexión emocional con el público. Esto significa que la historia
debe despertar emociones, captar la atención e involucrar a los
lectores o espectadores de manera significativa. Para lograr esto, es
3 Zak, P. (2014). “Why your brain loves good storytelling.” Harvard
Business Review. Pp 1-5.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

importante utilizar técnicas narrativas que generen intriga, suspenso,
sorpresa o empatía. Además, los personajes bien desarrollados y
las situaciones realistas también contribuyen a crear una conexión
emocional con la trama. El jardín de las Weismann cuenta una historia
con una buena trama, lo que lleva al lector a invertir emocionalmente
en las mujeres. Esto la convierte, y aquí radica nueva parte de mi
crítica, en unas de las novelas más importantes de Latinoamérica. La
trama, las buenas historias y la naturaleza no solamente construye
un vínculo importante entre el lector y las hermanas Weismann,
sino que también los mismos hombres se convierten adictos a
ellas. Es tanta la obsesión que el marinero prefiere suicidare antes
de estar separado de Marlene. El poder sobrenatural que la mujer
mantiene sobre el hombre es tan fuerte que “Los demás marinos lo
desconocieron tanto que propusieron un exorcismo para sacarle el
demonio, pero el decidió echarse al mar con la boca cerrada, el sexo
erecto y en el pensamiento marcado el lecho de las flores”. (Pardo,
2022: 112-113) De nuevo vemos que la naturaleza está del lado de
las mujeres.
Dentro del contexto del estudio del arte de contar historias y
la ecocrítica, Brian Boyd ofrece una observación de sumo interés. En
su libro On the Origin of Stories: Evolution, Cognition, and Fiction, Boyd
explora la relación entre la narración de historias y la comprensión
de la naturaleza humana, incluyendo nuestra relación con el entorno
natural. Boyd propone que la capacidad humana para contar
historias y crear ficción tiene raíces evolutivas y cognitivas profundas.
Sugiere que, a través de la narración de historias, los seres humanos
podemos explorar y comprender nuestra relación con el mundo
natural, incluyendo nuestra conexión con el medio ambiente y la
importancia de la conservación. Desde la perspectiva de la ecocrítica,
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

que examina la relación entre la literatura y el medio ambiente, la
observación de Boyd es relevante. La narración de historias puede
ser una herramienta poderosa para comunicar mensajes sobre la
importancia de la conservación y la protección del entorno natural.
Las historias pueden ayudarnos a comprender las consecuencias
de nuestras acciones en el medio ambiente, generar empatía hacia
otras especies y promover la conciencia ambiental. Al explorar la
naturaleza humana y nuestras interacciones con el entorno natural
a través de la narración de historias, la ecocrítica busca promover
una comprensión más profunda y una mayor responsabilidad hacia
el medio ambiente. La obra de Boyd, al abordar la evolución y la
cognición en relación con la narración de historias, puede enriquecer
nuestra comprensión de cómo las historias pueden influir en nuestra
percepción y relación con el entorno natural. Desde una perspectiva
ecocrítica, este autor propone que hay narrativas donde el medio
ambiente puede competir con los personajes por la atención del
lector. Así sucede en El jardín de las Weismann: la naturaleza está
siempre presente, al igual que las hermanas. Por ejemplo, el texto le
dedica más palabras a la naturaleza que a los mismos hombres. “Los
hombres de la resistencia cruzaron el jardín oliendo con agrado
los geranios, los claveles, las orquídeas, las dalias, las rosas, los
crisantemos, las violetas, los gladiolos, las azucenas, las gardenias, los
lirios, las margaritas, los cartuchos”. (Pardo, 2022, p. 123) Aquí se les
da más importancia a las flores que a los personajes que, aunque son
ficticios, son de carne y hueso. Por esto, me gustaría afirmar que El
jardín… es una novela esencial para la literatura Latinoamérica:
porque el autor en la década de los 70 ya estaba escribiendo con una
conciencia ecológica donde las mujeres tenían un papel importante
en la trama y en la historia.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

El ecofeminismo es el resultado de la mezcla del feminismo
y la ecología que surgió por primera vez en los años setenta en
Francia. El término ecofemismo nació de los estudios y trabajos de
la escritora y feminista Françoise d’Eaubonne. Según Marta Pascual
Rodríguez y Yayo Herrero López, en su artículo “Ecofeminismo,
una propuesta para repensar el presente y construir el futuro”
(2010), los ecofeministas “buscan una profunda transformación en
los modos en que las personas nos relacionamos entre nosotras y
con la naturaleza, sustituyendo las fórmulas de opresión, imposición
y apropiación y superando las visiones antropocéntricas y
androcéntricas”. (Rodríguez y Herrero, 2010: 6-7) El Ecofeminismo
intenta recuperar los valores matriarcales por medio de la unión de
la mujer y la naturaleza. Greg Garrard destaca lo siguiente, “Si las
mujeres han sido asociadas con la naturaleza, y cada una ha sido
denigrada con referencia a las demás, puede parecer que vale la pena
atacar la jerarquía revisando los términos, exaltando la naturaleza, la
irracionalidad, la emoción o el cuerpo no humano frente a la cultura,
la razón y la mente.” (Garrard, 2004: 24)4 El ecofeminismo critica los
sistemas de opresión y dominación que afectan tanto a las mujeres
como a la naturaleza. Se argumenta que tanto las mujeres como la
naturaleza han sido históricamente subordinadas y consideradas
recursos a ser explotados por el patriarcado y el capitalismo. Esta
perspectiva sostiene que las estructuras patriarcales y capitalistas
fomentan la explotación tanto de las mujeres como de la naturaleza,
y que ambas formas de opresión están interrelacionadas. Entonces
si el ecofemismo le permite a la mujer por medio de la naturaleza
atacar las jerarquías patriarcales. La mujer entonces, desde su
4

70

Garrard, G. (2004). Ecocriticism. London: Routledge.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

posición subalterna, puede moverse en una sociedad patriarcal sin
levantar sospechas de sus intenciones reales.
Pardo les otorga a las Weismann agencia, control y poder
económico. Pero no se aleja de la conexión entre la mujer y la
naturaleza, incluso es algo que se pasa naturalmente a la nueva
generación de las Weismann: “La casa del amor y la Ternura pagaba
más de la cuenta a las monjas por las hermanas Weismann que crecían
con la misma rapidez de las flores”. (Pardo, 2022: 81) Incluso Clara
Weismann se marcha con la resistencia posicionándola al mismo
nivel de los hombres que han estado luchando contra la violencia
causada por el sargento Peñaranda. En una nota, “Clara Weismann
les explicaba que por su propia voluntad se había marchado con los
dirigentes de la resistencia para las montañas y, además, les pedía que
nadie supiera el secreto, que tendría un hijo de uno de los hombres
más importantes de la guerrilla, que las Weismann no se acabarían y
que cualquier día, con las manos listas para la venganza, regresarían
a su país a cobrar las dos guerras”. (Pardo, 2022: 108) De nuevo, la
naturaleza le sirve de refugio a la menor y más bella de las hermanas.
Al mismo tiempo, estar en el monte, en medio de la naturaleza,
le permitirá quedar embarazada y continuar el linaje de su familia.
Olaya Fernández Guerrero también propone que “el ecofeminismo
sitúa la libertad dentro de los límites de lo natural y la territorializa,
en tanto que interpreta la tierra como espacio cultural y simbólico
donde se desarrolla la libertad”. (Fernández Guerrero, 2010: 2)5 En
el caso de Clara, aunque está escondida, tiene la total libertad de
cumplir su meta; la de no extinguirse.
5 Fernández Guerrero, O. (2010). Cuerpo, espacio y libertad en el
ecofeminismo. Nómadas. Critical Journal of Social and Juridical Sciences,
27(3).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

El ecofeminismo sirve como venganza porque permite que
las mujeres, por medio y con la ayuda de la naturaleza, obtengan
papeles de poder. Esto convierte al hombre, al que usualmente
vemos como seguro y fuerte, en un alguien sumiso y lleno de miedo
a enfrentar la realidad. Marta Pascual Rodríguez y Yayo Herrero
López proponen que
El ecofeminismo cuestiona aspectos básicos que conforman
nuestro imaginario colectivo: modernidad, razón, ciencia,
productividad... Estos han mostrado su incapacidad para conducir
a los pueblos a una vida digna. El horizonte de guerras, deterioro,
desigualdad, violencia e incertidumbre es buena prueba de ello.
Por eso es necesario dirigir la vista a un paradigma nuevo que debe
inspirarse en las formas de relación practicadas por las mujeres.
(Rodríguez y Herrero, 2010: 7)

El mismo Ramón, o Ramoncito, es víctima del hechizo de
Gloria y admite no pensar con la mente:
Ramoncito espero la noche con el corazón partido... con los nervios
en las espinas de su jardín. Ramoncito había organizado una clave
para saber el acercamiento, con el cuerpo entero recostado en la
cama blanda de Gloria. Sintió el aroma de flores, y por primera vez
se dio cuenta de que los hombres tienen el alma en medio de las
piernas cuando desean una mujer. (Pardo, 2022: 90)

En este ejemplo, el hombre no recibe el mismo respeto de la
naturaleza que recibe la mujer. Mientras que Ramon recibe espinas,
Gloria utiliza las flores para seducirlo. El ecofeminismo destaca la
importancia de dar voz a las mujeres y a sus experiencias en la lucha
por la justicia ambiental. Reconoce que las mujeres a menudo son las
más afectadas por los problemas ambientales, como la contaminación,
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

el cambio climático y la degradación de los recursos naturales. Por lo
tanto, se enfatiza la necesidad de incluir las perspectivas y las voces de
las mujeres en la toma de decisiones y en la búsqueda de soluciones.
Para concluir este trabajo sobre El jardín de las
Weismann de Jorge Eliécer Pardo quisiera destacar algunos puntos
importantes. Primero, el contar historias no solo es un arte, sino
que también tiene beneficios emocionales y sociales para los seres
humanos. La liberación de oxitocina durante el proceso de contar
historias puede fortalecer los lazos emocionales, fomentar la
empatía y promover la conexión social. Esta capacidad de compartir
historias ha sido esencial para la evolución de la especie humana,
permitiéndonos transmitir conocimientos y experiencias, aprender
de los demás y construir sociedades más cohesionadas. Segundo, el
enfoque ecocrítico nos brinda una perspectiva valiosa para releer y
reexaminar viejos textos. Nos permite apreciar la importancia de
la naturaleza y colocarla en un nivel de relevancia similar al de los
personajes de carne y hueso. Tercero, la ecocrítica resalta la interacción
entre la naturaleza y la narrativa, y nos invita a reflexionar sobre
nuestras responsabilidades hacia el medio ambiente y la necesidad
de preservar y proteger la naturaleza para las generaciones futuras.
Incluso cuando las Wesimann son encontradas sin vida, la naturaleza
está allí y nunca las abandona: “En el fondo del cuarto con cortinas
de terciopelo, geranios, claveles, crisantemos, margaritas, hortensias,
cubrían los edredones que arropaban los rostros pálidos de las viejas
Weismann con la respiración acabada”. (Pardo, 2022: 115) Por último,
una buena trama en la novela moderna6 no se limita a una sucesión
6 Raymond L. Williams explica ha descrito   las   características de
la novela moderna: “Las estrategias narrativas que típicamente emplea el
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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

de eventos emocionantes, sino que está intrínsecamente conectada
con la sociedad y la realidad contemporánea. La trama debe reflejar
las preocupaciones sociales, políticas y culturales de la época, y
proporcionar una comprensión más profunda de las relaciones
humanas y las estructuras sociales. Además, la trama debe estar
integrada con los personajes y su desarrollo, ofreciendo una visión
crítica y reflexiva sobre la realidad contemporánea. El movimiento
físico ha sido fundamental para el crecimiento del cerebro humano
a lo largo de la evolución. El contar historias, aunque no implica un
movimiento físico directo, activa una forma de movimiento mental
que estimula el cerebro y promueve el desarrollo cognitivo. Al contar
historias, reproducimos una necesidad primordial de movimiento y
exploración que ha sido crucial en nuestra evolución como especie.
Y es en movimiento como termina la última parte de la novela. Las
novelista moderno de los años cuarenta y cincuenta son el uso de múltiples
narradores, la fragmentación, el estilo indirecto libre, el monólogo interior,
el fluir de conciencia y la inversión de causa y efectos. En las historias de
la novela latinoamericana, desde Anderson-Imbert y Fernando Alegría hasta
Ángel Rama y Jean Franco, ninguna novela colombiana ha figurado entre las
destacadas pioneras “modernas” en la novela latinoamericana. Esta ausencia
y quizás ignorancia es una de las explicaciones de la necesidad de este libro
[…] Los principios básicos de lo que es la literatura moderna, antes de Borges,
fueron desarrollados por escritores como Marcel Proust, James Joyce, Kafka
y T.S. Elliot. Después de Borges, esos principios fueron desarrollados por
escritores como Faulkner, ampliamente traducido al español. Estos principios
básicos tenían que ver con innovaciones formales (fragmentación, el uso de
múltiples puntos de vista, el uso de neologismos, y la falta de causalidad).
Además, hay una tendencia en la novela moderna del siglo XX de fluir desde
un mundo relativamente caótico a un mundo ficticio relativamente harmónico
[…] Visto en retrospectiva, la novela moderna (Modernism, en inglés, no tiene
absolutamente nada que ver con el término «modernismo» en español), tal
como ha sido practicada en las naciones industrializadas del norte, ha sufrido
más críticas de lo que ha sido el caso en América Latina.” Para más información
remitirse a Williams, R. L. (1997). The postmodern novel in Latin America:
Politics, culture, and the Crisis of Truth. Macmillan.

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�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Weismann sacaron el Ford, el cual llenaron de flores, y recurrieron a
la naturaleza (5 mulas) para poder conducirlo. Y aunque la casa del
amor y la ternura termina incendiada, el jardín siempre se mantuvo
florecido porque siempre hubo muertos.

Bibliografía
Boyd, B. (2010). On the Origin of Stories: Evolution, Cognition, and Fiction.
Harvard University Press.
Buell, L. (2008). The Future of Environmental Criticism: Environmental
Crisis and Literary Imagination. Blackwell.
Fernández Guerrero, O. (2010). Cuerpo, espacio y libertad en el
ecofeminismo. Nómadas. Critical Journal of Social and
Juridical Sciences, 27(3).
Garrard, G. (2004). Ecocriticism. Routledge.
Gottschall, J. (2012). The Storytelling Animal: How Stories Make Us
Human. Houghton Mifflin Harcourt.
Pardo, J. E. (2022) El jardín de las Weismann. Pijao Editores.
Williams, R. L. (2016) A History of Colombian Literature. Cambridge;
New York: Cambridge University Press, 2016.
__________. (2013) “Rural and Urban Rivers: Displacements and
Replacements in the Modern Latin American Novel.”
Hispanic Issues Online: Troubled Waters: Rivers in Latin American
Imagination 12. Pp 195-211.
__________. (1997). The postmodern novel in Latin America: Politics,
culture, and the Crisis of Truth. Macmillan.
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�José Manuel Medrano / Hacia una lectura ecocrítica

Williams, R. y Medrano, J. (2018). 90 años de la novela moderna en
Colombia (1927-2017). De Fuenmayor a Potdevin. Ediciones
Desde Abajo.
Zak, P. (2014). “Why your brain loves good storytelling.” Harvard
Business Review. Pp 1-5.
Žižek, S. (2008) “Nature and Its Discontents.” Substance Madison. Pp
37-72.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-61

�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

La península de Jordán
Jordán´s Peninsula
Javier Hernández Quezada
Universidad Autónoma de Baja California
Tijuana, México
hernandezf71@uabc.edu.mx

Resumen. En el siguiente trabajo estudio los argumentos relativos a la
península de Baja California plasmados por el escritor Fernando Jordán
en los libros El otro México. Biografía de Baja California (1951), Mar Roxo de
Cortés. Biografía de un golfo (1995) y Baja California, tierra incógnita (1996). O,
para decirlo de manera más específica, analizo las implicaciones generales
de la estrategia discursiva seguida por Jordán una vez que viaja por el
interior de este espacio e incorpora, a través de la escritura periodística, sus
signos más llamativos a algo que bien podemos denominar el imaginario
mexicano-revolucionario de mediados del siglo pasado. Tomando en
cuenta, por lo mismo, los correlatos de factores como el desconocimiento
colectivo que existía sobre el entonces territorio federal o su lejanía con
respecto al centro del país, señalo el papel proactivo de Jordán en esta
labor divulgativa que conjuga la manifestación de diferentes cuestiones
vivenciales, culturales y políticos.
Palabras clave: Fernando Jordán, Baja California, viaje, centralismo,
escritura.
Abstract: In the following work I study the arguments related to the
Baja California peninsula embodied by the writer Fernando Jordán in the
books El otro México. Biografía de Baja California (1951), Mar Roxo de Cortés.

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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

Biografía de un golfo (1995) and Baja California, tierra incógnita (1996). Or, more
specifically, I analyze the general implications of the discursive strategy
followed by Jordán once he travels inside this space and incorporates,
through journalistic writing, its most striking signs into something that
we can well call the Mexican-revolutionary imaginary of the middle of
the last century. Taking into account, for the same reason, the correlates
of factors such as the collective ignorance that existed about the then
federal territory or its distance from the center of the country, I point out
the proactive role of Jordán in this informative work that combines the
manifestation of different experiential, cultural and political issues.
Keywords: Fernando Jordán, Baja California, journey, centralism

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-60

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Introducción
En el contrastado escenario de las letras mexicanas, la figura poco
conocida de Fernando Jordán resulta significativa, especialmente si se
consideran los alcances generales de su obra. Una obra testimonialdocumentalista que, sin duda, refiere todo lo correspondiente a la
península de Baja California de los años cuarenta y cincuenta del
siglo pasado: todo lo correspondiente a esa entidad distante y remota,
vista y representada por nuestro escritor al tener en mente muchos
de los dinamismos políticos, sociales y culturales que influyeron en la
“narrativa instrumental” del llamado “nacionalismo revolucionario”
(Ochoa Bilbao, 2017) y que condicionaron un concepto de país
probablemente vigente hasta la fecha. Por tanto, entiendo que el
corpus peninsular de Jordán ––constituido por El otro México. Biografía
de Baja California (1951), Mar Roxo de Cortés. Biografía de un golfo (1995)
y Baja California, tierra incógnita (1996)–– se convierte en un referente
interesante y necesario para pensar en los límites oficiales del
esencialismo de “lo dado” (Marion, 2008: 292), independientemente
de que, me parezca, participe del proceso de unificación-vinculación
mexicanista, tan exigido cuando se fortalece el paradigma retórico
del “Estado estabilizador y unificador de la sociedad en un solo
partido y bajo un solo gobierno, heredero de una mitología gloriosa
y todavía vigente y actuante” (Córdova, 1995: 24).
Determinada, pues, por dichos influjos, el corpus de Jordán
subraya los aspectos peninsulares a difundir en la impostergable
tarea de acercar el elemento bajacaliforniano al cuerpo definido de
la nación y establecer así los anclajes referenciales que lo constituyen
y determinan: de relacionar su singularidad espacial a un mapa
identificable que extiende sus dominios geográficos gracias a la
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-60

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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

labor escrituraria de este intrépido periodista, quien sabe que debe
nombrar lo que se desconoce u olvida.
A mi juicio, es interesante entender que tal captación de la
totalidad peninsular se constituye, per se, en una verdadera referencia
textual si partimos del hecho de que estamos ante la obra de un
autor viajero, nómada e impulsivo, el mismo que recorre de punta
a punta uno de los lugares más agrestes del mundo: de un autor
errante, dispuesto a cruzar los linderos de ese espacio desconocido,
de tal modo que sus descripciones resulten vividas y honestas y
favorezcan la concreción expresiva de un proyecto individual que
enfatiza algo, a saber: la “experiencia [...] de la errancia”. (Gasquet,
2015: 86)
Volcado entonces en las exigencias de lo que a simple vista es
una empresa extenuante, Jordán refiere la imagen llamativa de Baja
California a partir de 1) recorrer sus caminos y brechas, sus valles y
sierras, sus desiertos y mares, y 2) concebir una especie de producto
cultural que, en lo especial, muestra las claves fundamentales de ese
espacio extraño y lejano para el resto de México, donde la sensación
de soledad y vacío se multiplican con creces y obligan a cualquiera
a fundirse ––constantemente–– con el paisaje.
Sobre las exigencias de tal apuesta, Federico Campbell ha
dejado plasmadas algunas estampas interesantes en su excelente
novela semibiográfica Transpeninsular (2000), que hablan del motivo
y la causa personales que impulsan a Jordán a adentrarse en una
geografía aparte, fatigante y límite:
No era improbable que los pensamientos de Jordán fueran
cambiando con el paso de los días. Aislado, suelto, libre, el hombre
entraba en una fase de la concentración que gracias al transcurso

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del tiempo propicia que cada jornada sea diferente de la anterior:
la mente en efecto, desde la perspectiva sedentaria, escapa como
una cabra loca y esclaviza a su sujeto; pero en el destino nómada
y en el ensimismamiento de la más íntima soledad, el curso de las
ideas y las emociones se va centrando. Jordán, luego de más de
dos semanas de travesía [por la península], se hacía uno con el
paisaje y la tierra. (Campbell, 2000: 11-12)

De acuerdo con Campbell, el recorrido de Jordán exhibe el
esfuerzo de quien se pierde en los ámbitos de una geografía solitaria o
poco habitada y, por tal motivo, realiza un proceso veloz e inusitado
de adaptación y despliegue físicos que le garantiza distinguir y
catalogar los signos fundamentales de ese mundo perdido en los
mapas oficiales de la nación. Asimismo, tal recorrido lo impulsa a
volcarse en la exploración del espacio hostil, o difícil de transitar,
dadas las características naturales que ahí existen y apenas si permiten
la sobrevivencia de algunas especies. Es decir, en el fondo lo que
Jordán recrea es la estampa de ese espacio complejo e indómito, capaz
de retar el temple y el carácter individuales, ya que las dificultades que
el desierto o el despoblado entrañan siempre son extremas y obligan
a cualquiera a sacar lo mejor de sí. Hablo, en efecto, del desierto
y su significación menor, de su valía y vocación hostil, en virtud de
los aspectos complejos que conlleva en tanto espacio vacío, de difícil
integración al imaginario reconocible del país.
Desde luego, en dicha empresa Jordán se asume como un
explorador teledirigido, enfocado, que pretende describir-descubrir
lo que resulta distante y excepcional: como un explorador motivado
por aquello que le sale al paso y le hace concebir una obra divulgativa
que, de acuerdo con Karina Flores Acevedo, siempre apela al goce
estético:
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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

Nadie sino Jordán podría haber escrito de forma tan bella, precisa
e informada como lo hizo de sus experiencias de viajes, realmente
nos ha prestado su mirada que es una posición privilegiada para
observar como lectores el México de los años 50; es un observador
poeta, un observador científico y un observador periodista, todo
esto unido a una curiosidad ilimitada que lo lanzó a recorrer en
jeep, sin la ayuda de la carretera Transpeninsular, la península de
norte a sur; que lo lanzó a recorrer en una pequeña embarcación
“Urano” el Golfo de California [...]. Fue un explorador inspirado
en las historias de aventuras de Joseph Conrad o en las obras de
Julio Verne. (2020: 46)

Es por esa razón, entiendo, que Jordán se convierte en
un autor fundamental-fundacional en la literatura del noroeste
mexicano, sobre todo si valoramos el ahínco que demuestra tras
abordar y poner por escrito ítems relacionados con ciudades como
Tijuana o La Paz, u otros vinculados con la flora o la fauna, el mar
o el desierto, las pinturas rupestres o los tipos sociales, etcétera:
por decir algo, imágenes sugerentes de una espacialidad incógnita
que, después de ser descritas minuciosamente, facilitan su rápida
captación por parte de aquel lector que desconoce las cualidades
múltiples de lo peninsular y, mediante las palabras de Jordán,
comprende que el territorio mexicano es amplio y singular: que,
además, posee características propias e irrepetibles, las cuales definen
una y otra vez formas y estilos de vida de muchos seres humanos
que demuestran que “la cultura nacional” está lejos de ser “un todo
uniforme y compartido”. (Bonfil Batalla, 1992: 122)
Desde luego, los libros bajacalifornianos de Jordán hay
que valorarlos a partir de un momento específico del país en el
que su literatura pareciera atender dos frentes: por un lado, el del
nacionalismo centralista que viabiliza la iteración del ideal integrador
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debido a los esquemas que traza sobre usos y costumbres, prácticas,
formas de ser, hábitos (Sefchovich, 1990: 282); y por otro, el de
la modernidad expresiva que, sabemos, a mediados del siglo XX
cosecha infinidad de frutos formales derivados de los novedosos
tratamientos que establecen y patentizan autores como Juan Rulfo,
José Revueltas o Juan José Arreola. (Monsiváis, 1988: 1482-1483)
En más de un sentido, la apuesta de Jordán se acerca al
primer frente, y tal interés lo mete de lleno en la lógica del escritor
documental que, antes que apostar por la creación autonómica, o
volcada de lleno en la recuperación del mundo interior, se lanza al
escenario del afuera con la consigna de revelar las manifestaciones
que más lo seducen e intrigan, y, he indicado, le brindan las
motivaciones suficientes para concebir ese tipo de producto textual
que mezcla los recursos del periodismo, la antropología, el relato
testimonial y la historia. (Rodríguez-Luis, 1997: 84)
Tal planteamiento, percibido en sus tres libros, obedece
a la labor de mostrar las características de una península lejana,
que revela otra imagen de la nación. Otra imagen de su diversidad,
no atada necesariamente a los esquemas mexicanistas de un
esencialismo vigente sino a aquellos que expresan lo diferencial
como piedra de toque y esquema fundamental de un diálogo
vinculante y transformador, y favorecen, en lo inmediato, “la
puesta en marcha de un proyecto nacional pluralista”. (Bonfil
Batalla, 1990: 237) Con lo cual se entiende, en definitiva, que la
vocación documental de Jordán, gestada “en el ensimismamiento
de la más íntima soledad”, procura descubrir la inmensidad de una
tierra incógnita que lo increpa y que, más allá de la parquedad
y aislamiento que implica, le ofrece motivos suficientes para
comprender el valor de su singularidad y atracción.
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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

Como resultado, el corpus bajacaliforniano de Jordán se
suma a la empresa estatal de definir lo mexicano, admitiendo
primeramente que la revelación escrita de semejante espacialidad
supone el ensanchamiento de un concepto: el de país; huelga
decir, de un concepto dialógico y centrífugo, que nombra los
elementos desconocidos, los elementos que se escapan de la norma
y muestran los rostros y facetas del contraste, luego de “abonar a
la manifestación de lo que, desde la perspectiva nacional, no había
sido considerado por motivos diversos, entre los cuales destaca el
franco desconocimiento que ha privado de la otredad”. (Hernández
Quezada, 2019: 155)
En el caso de Jordán y sus aportaciones, es importante
señalar que la presentación del constructo bajacaliforniano subsume
la pieza faltante. De suerte que, como producto lingüístico-literario,
contribuye sobremanera al reconocimiento expreso de eso que
Enrique Florescano ha definido como la “fundación de instituciones
y sus propuestas de identidad”: “propuestas” que posibilitaron que
entre “1930 y 1950 un contingente de antropólogos, historiadores
del arte, museógrafos, folcloristas, musicólogos, escritores, artistas
y políticos promovieran la fundación de instituciones consagradas
a rescatar, conservar, estudiar y difundir el patrimonio histórico,
arqueológico y cultural de la nación”. (2006: 389)
Tres libros sobre “el conocimiento del interior
bajacaliforniano”
Puntualmente, ¿que plantean los libros de Jordán?
Comencemos por el primero, publicado en 1951 ––El otro
México. Biografía de Baja California––, en el cual el escritor declara que
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una de las cuestiones principales que tuvo presente al concebir y dar
forma al libro fue transmitir el “desconcierto” que este territorio
le supuso después de “haber recorrido 7.000 kilómetros por los
desiertos, la cordillera y los mares” (1997: 63): esto es, mostrar a
los demás el desajuste íntimo y experimental que implicó la acción
insólita y especial de atravesar la península de una esquina a otra
y pensar detenidamente en ello, comprendiendo que este locus
establece, desde siempre, una movilidad diferente.
La reiteración, por tanto, de este “desconcierto” al también
navegante le permite asumir que en Baja California se experimenta
la vivencia del locus especial, único en su tipo, en el que se vuelve
necesario desligarse de aquellas trabas mentales que inhiben el
ejercicio de la apreciación profunda y detallada, y solamente insisten
en lo que Jordán define como “lo obvio, lo superficial, lo sensacional”:
en pocas palabras, en aquello que él capta en un primer momento
tras toparse con un territorio ajeno, que le resulta extraño, pero que
poco a poco, al recorrerlo, se convierte en algo diferente y contumaz;
en algo envolvente y tiránico que modifica la percepción obtusa
de las cosas para, en su lugar, estimular el “lento descubrimiento”
de éstas: el encuentro o hallazgo con el exterior que revela que la
“vida peninsular” potencia el surgimiento de “un otro México”. O
sea, de “un otro” país que lleva “implícito un mensaje y un signo”
penetrantes, condicionantes de la experiencia del trayecto, a la vez
que ese “volver atrás”: ese “Regresar nuevamente a los caminos, al
desierto, a los hombres” y a “los hechos que fueron... la clave de los
hechos que son”. (63)
Y ello es que la invocación de tal reconocimiento, después
de viabilizar la “revisión regresiva” (que consiste en volver la mirada
al pasado para resemantizar las vivencias), sustenta la propuesta
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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

descriptiva de Jordán con respecto a la península: una espacialidad
arrastrada hacia los adentros del sujeto en pos de verbalizar un
proyecto cultural, de índole divulgativa, que engrandece la patria
(que la diversifica) y que, al mismo tiempo, muestra los indicios
textuales de la relación subjetiva, pasional y amorosa del yo viajeroescritor con el espacio. Escribe Jordán:
Solamente me he permitido una libertad: romper los tabúes
científicos de la rigidez expositiva (que casi siempre resulta
solemnemente aburrida), de las precisiones cronológicas (cuando
las creí innecesarias) y de la pasividad crítica. He manejado la
historia como novela y la geografía como aventura. Por eso ha
resultado una biografía.
Me han dicho que es éste un libro apasionado. ¡Enhorabuena! No
importa que sea ése el menor de sus defectos. Si eso es verdad,
para mí representa un motivo de orgullo.
Sentiría vergüenza de haber escrito acerca de un trozo lejano de
mi patria sin calor, sin emoción, sin amor... (64)

En general, El otro México. Biografía de Baja California
congrega los procedimientos formales de un vitalismo discursivo
que garantiza que las descripciones y los argumentos vertidos
aludan a los sentidos, a los sentimientos, a las pasiones, logrando
que la escritura propuesta opere gracias a una “revisión regresiva”,
sustentadas en las experiencias vivenciales. Situación que la coloca,
en mi opinión, en un lugar destacado, al lado de aquellas que, en su
momento, ahondaron en el tema de la identidad nacional y dieron
forma precisa a obras ensayísticas como La raza cósmica (1925), de
José Vasconcelos; El perfil del hombre y la cultura en México (1934), de
Samuel Ramos o El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz,
entre otras (Bartra, 2002: 11-21).
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Aunado a esta pulsión afectiva, detectada en los diferentes
capítulos de El otro México, descubro también búsquedas
fundamentales que revelan el verdadero valor de sus aportaciones:
así, por ejemplo, detecto que para Jordán es fundamental el repaso
histórico propuesto en la primera parte del libro donde comenta
el pasado del territorio peninsular, remitiéndose a la época de la
conquista y al rol que tuvieron los misioneros en tal proceso; de
igual modo, me resulta significativa la reflexión que ofrece sobre
las ciudades afincadas en Baja California, señalando aspectos
característicos de su planeación urbana, infraestructura, comercio,
productividad, vocaciones cultural, sociedad, procesos migratorios,
relación con el resto del país y con el extranjero (Estados Unidos);
a la par, no está demás señalar que con esta “biografía” territorial
Jordán se esfuerza como pocos en mostrar las características físicas
de la península, cuestión que lo impulsa a hablar de las islas que
se encuentran frente a las costas, de los animales y las plantas que
la habitan, de los caminos y brechas que se han de recorrer para
salir avante en ese “otro México”, de las llanuras y sierras, de los
desiertos y oasis, en suma: de una entidad material y simbólica que
“cuida un flanco de la nación y se ofrece a ella con un abrazo filial,
cálido y generoso, olvidando los siglos de abandono”. (1997: 366)
En lo que toca a Baja California, tierra incógnita, hablamos de un
libro que Jordán no publicó en vida, pero que recoge sus reportajes
escritos entre los años de 1949 y 1953 para la revista Impacto:
reportajes que, individualmente, se dejan leer como acercamientos
iniciales y exploratorios a la realidad de tal espacialidad; asunto
que, me parece, también abona al desarrollo futuro del libro El otro
México. Biografía de Baja California, en el que es notorio que Jordán
parte de una lógica organizativa bastante clara, que le viene bien
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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

para desarrollar con mayor soltura sus argumentos y temas. Incluso,
analizado a la distancia, se puede afirmar que El otro México. Biografía
de Baja California depende de la base informativa de estos trabajos
concebidos para el consumo inmediato.
Pero volviendo a Baja California, tierra incógnita conviene
retomar las reflexiones de Felipe Gálvez, para quien este documento
demuestra las habilidades narrativas de Jordán: escritor de viajes que
se dedica a informar, desde la perspectiva que brinda el periodismo,
sobre las características generales de Baja California: “En los
reportajes de Baja California, tierra incógnita Jordán busca cumplir
con las reglas que rigen el quehacer de un observador imparcial.
Sin embargo, de pronto apela al dato precioso y preciso, al que
enseguida añade el detalle especioso y el rasgo humano que torna su
empresa en non, alegre, juguetona”. (2005: 17)
Esta idea me parece que es bastante relevante para entender
la propuesta periodística de Jordán, al tiempo que para reconocer
el asunto de que, si bien el acercamiento que realiza al mundo
peninsular es de carácter vivencial, profundo y sentido, éste suele
esquivar los excesos de la escritura subjetiva, indagando, más
bien, en una serie de matices objetivos-materiales del exterior. En
consecuencia, es fácil advertir que nos encontramos ante un libro
de reportajes bastante trabajados, que en su concepción estructural
reiteran la obligatoria y urgente labor de informar a aquellos que,
obviamente, saben muy poco de la península y reclaman un tipo
de datos sustanciales, fehacientes, contrastados, pero que al final
también los atrape y traslade a ese territorio de por sí remoto.
En todo caso, la propuesta de Jordán consiste en apegarse lo
más posible a la realidad del exterior y dar fe, puntualmente, de las
manifestaciones habituales de un extraño universo (“un otro país”),
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que debe ser asimilado rápidamente a los esquemas del imaginario
autóctono. Solo que tan rígida labor, pareciera decir el escritor, no
excluye la adhesión descriptiva de lo vivencial, que de vez en vez
lo obliga a ser parte protagónica del suceso: o sea, a convertirse en
actor principal del trayecto peninsular que, al momento de referir
los recuerdos, se concibe como un yo dinámico que plasma las
muchas situaciones en que participa y le otorga datos necesarios
para decantar el relato y hacerlo verosímil y “alegre”. Por ende, los
criterios informativos perseguidos por Jordán lo llevan a explorar
el territorio de la península con el cuidado que se requiere en
toda empresa destinada a difundirse en las páginas de un medio
importante como lo es Impacto, que contribuye al conocimiento de la
nación más allá de sus límites tradicionales-institucionales.
Este planteamiento, de algún modo, reitera la singularidad de
Baja California, tierra incógnita y es lo que nos obliga, de acuerdo con
Gálvez, como lectores, a ser conscientes de que sus aportaciones
puede que resulten menos efectivas o contundentes si se comparan
con las de El otro México. Biografía de Baja California:
Los resultados de aquellos empeños de Jordán palpitan ahora, de
nueva cuenta, entre las manos de los lectores contemporáneos de
su obra. Y aunque Baja California, tierra incógnita es una suerte de
El otro México que se hubiera quedado en la fase de obra negra, su
calidad no desmerece ante los ojos del lector que al mismo tiempo
que sabe apreciar sus diferencias, también cata sus innegables
bondades. [Lo cual es así porque en] el presente volumen Jordán
resulta más reportero que escritor. En cambio en El otro México,
aparecido por primera vez en 1951, el escritor se manifiesta con
absoluta destreza. (2005: 21)

Aunado a ello, no debemos olvidar que los reportajes que
conforman el libro, casi de forma unitaria, obedecen al esfuerzo
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personal de Jordán por informar sobre la península, asumiendo
todos los riesgos (incluso los de la propia vida); pero, también, que
se conciben, y se difunden, como parte de una estrategia comercialgrupal de Impacto.
En función de lo anterior, se comprende el porqué el
entonces director de la revista, Regino Hernández Llergo, presenta
este conjunto de trabajos periodísticos con verdadero entusiasmo,
dejando entrever la singularidad del objetivo informativo que se
persigue, consistente en revelar, valga la redundancia, la singularidad
de una “tierra incógnita”, ausente del imaginario nacional, y “tierra”
virgen que reclama su pronta divulgación:
Con el título general de Baja California, tierra incógnita, Impacto
inicia la publicación de una serie de reportajes sobre la región
más interesante y desconocida de México: Baja California.
Marchando sobre las rutas de la lejana península, en jeep, a
pie o a caballo, cumple su misión periodística nuestro redactor
fotógrafo, Fernando Jordán, cuya especialización dentro del
terreno periodístico parece ser la de llevar a cabo expediciones,
divulgando todas las bellezas y los problemas de la patria.
Para ejecutar una expedición de esta índole, decidida por Impacto desde su
fundación y preparada durante largos meses de estudio y documentación
por Fernando Jordán, hacíase necesaria no sólo la voluntad del periodista
y la decisión de esta revista, sino también, y en gran medida, el apoyo y
la protección de los bajacalifornianos, quienes mejor que nadie conocen
las dificultades de realizar un viaje de estudio con fines de divulgación
en una región de tan adversas condiciones geográficas que, al decir del
propio Jordán en carta al director, es “mitad montañas y mitad desierto”.
(2005: 25)

Sirva la larga cita para subrayar los propósitos explícitos de
los reportajes que conforman Baja California, tierra incógnita y que
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evidentemente dejan claro que la empresa jordaniana es una empresa
dual ––individual y grupal-empresarial––, ideada para mostrar los
aspectos más desconocidos de ese espacio “interesante”. Una labor
infrecuente, que, de acuerdo con los términos de Hernández Llergo,
reclama los esfuerzos de muchos para hacer realidad y “ejecutar
una travesía” reveladora, que sólo es posible gracias al empeño
y perseverancia de un periodista como Jordán y, especialmente,
al apoyo fáctico de la dirección de la revista Impacto: un medio
comprometido con la idea de mostrar-vender aquello que resulta
impactante, desde la perspectiva noticiosa.
Periodísticamente hablando, solo hay que agregar que los
reportajes de Baja California, tierra incógnita manifiestan el vigor
del escritor versado, profesional y desenvuelto que maneja a la
perfección la gama de sus recursos: recordemos, un reportero de
tiempo completo que está inmerso en el mundo de la información,
y que además, en términos académicos, es antropólogo y gracias a
esa profesión cuenta con una mirada entrenada para comprender
los distintos modos de ser y actuar de aquellos que viven en la
península y se convierten, a lo largo de la extenuante travesía, en sus
interlocutores y confidentes.
Tal impronta formativa, igualmente, contribuye a la
concepción integral y compleja de sus reportajes y muestra los
recursos intelectuales de un estudioso de la cultura nacional que capta
aquellos aspectos relevantes. En amplio sentido, y parafraseando a
Claudio Lomnitz, apuntemos que en lo tocante a Jordán se cumple
el papel del “mediador”, el cual “media entre el Estado y la nación,
explorando las distancias entre el orden legal del Estado y las
realidades del “pueblo”, que pretendía ser la fuente de la soberanía”.
(2006: 110)
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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

Los 23 reportajes “sobre la región más interesante y
desconocida de México” que constituyen Baja California, tierra
incógnita nos hacen comprender, en fin, el rol que Jordán asume
en la tarea periodística-antropológica de nombrar y describir la
otredad mexicana: una condición identificable con el(os) sujeto(s)
bajacalifoniano(s), con las actividades que realizan y las percepciones
e ideas que expresan sobre su tierra y cultura.
23 reportajes pioneros, que muestran el camino recorrido
por Jordán después de desarrollar infinidad de temas incógnitos,
llamativos e impactantes.
En lo referente a su tercer libro bajacaliforniano, intitulado
Mar Roxo de Cortés. Biografía de un golfo, Jordán concibe una reflexión
complementaria a la de El otro México. Biografía de Baja California que,
de entrada, busca extender la imagen mexicana de lo peninsular,
aunque eso sí, centrando buena parte de su atención en esa porción
oceánica, poco conocida, también denominada golfo de California
o mar Bermejo.
Por lo demás, resulta incuestionable que Mar Roxo de Cortés.
Biografía de un golfo es un texto inconcluso y publicado post mortem
(1995, primera edición); al mismo tiempo, que, como lectores, esta
situación obliga a reconocer sus aspectos inacabados e imprecisos,
o que si no, al final, pudieron haber alcanzado una presentación
muy distinta a la conocida. Lo cierto es que este libro, desde sus
primeras páginas, es bastante legible, contribuyendo a evidenciar
los criterios fundamentales que sostienen el proyecto discursivo
de Jordán respecto a la península y que justifican ampliamente su
empresa vivencial. Un proyecto, para el caso, complementario,
extensivo, mediante el cual pareciera ser que Jordán se avoca a
describir el golfo de Cortés hasta el cansancio, a recorrerlo hasta
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donde es posible, con la seguridad de que al adentrarse en tal espacio
contribuye a la divulgación nacional-colectiva de éste y, también,
a efectuar un designio personal, bastante subjetivo, consistente en
recorrer la península por tierra, mar y aire y asumir el reto que esto
le supone como personaje de su propia historia; historia que, huelga
decir, le obliga a ser algo más que un simple escritor o periodista
solvente, que realiza su trabajo con bastante rigor: que lo obliga,
principalmente, a ser un viajero extremo, superviviente de la otredad
peninsular y, como los antiguos conquistadores y misioneros
coloniales, a recorrer los caminos desconocidos, a perderse en ellos
para después encontrarse y extender al público lector un mensaje
estimulante.
El propósito que Jordán persigue, de esta suerte, supone
la reflexión de que en cuanto escritor está dispuesto a hacer lo
imposible para llevar a cabo sus proyectos profesionales y concebir
una imagen sugerente de sí al emprender tal odisea, consistente en
viajar, a veces, por un mar tranquilo y sereno, y en otras, por uno
salvaje y peligroso que lo convierte en ese navegante osado que debe
luchar contra las inclemencias del tiempo.
Asimismo, creo no equivocarme si afirmo que Mar Roxo
de Cortés. Biografía de un golfo es un texto autobiográfico ––o para
ser más preciso: semiautobiográfico––, y que en términos de sus
virtudes argumentales muestra la imagen parcial del sujeto que ha
decidido dar cuenta de sí y de los demás (Gusdorf, 1991). Insiste en
ello el propio Jordán cuando asegura, sin reparos, que escribir sobre
el mar californiano se le convierte, frecuentemente, en un pretexto
para hablar de su persona, más que en otras ocasiones en las que se
dedicaba a describir lo que veía y le contaban:
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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

Posiblemente, a los lectores que me leyeron antes [...] les extrañe
un tanto el estilo personal en que se inician estos reportajes y
que, por lo demás, continuaré utilizando en todo lo que siga.
Siempre tuve una aversión definida a incluirme yo mismo en la
crónica de viaje. A escribir: hice tal cosa o fui después a este lugar
o me sentí enfermo o emocionado. Hice uso de ello en algunas
ocasiones, pero siempre con el propósito de constatar un hecho,
de atestiguarlo con mi propio testimonio. Sin embargo, cuantas
veces pude procuré conservarme en el plan de observador
imparcial; haciendo reportaje y no crónica personal. Esta vez no
me será posible aplicar el mismo sistema. (2005: 31)

La pulsión autobiográfica ––que manifiesta el interés
testimonial por recrear las vivencias del yo–– es un rasgo que poco
se percibe en los libros previos de Jordán, relacionados con la
península; específicamente, hablo de una pulsión reveladora, cuyos
matices hay que interpretarlos a la luz del “curso de la vida visto
más como un proceso que como una entidad estable, como una
configuración psíquica que hace de esta vida la que es y no otra” y
que, por lo demás, entiende que “la memoria” es una “facultad del
presente y un reflejo exacto del mismo”. (Olney, 1991: 35)
Tal postura, en sí, comprendo que obedece a una apuesta
escritural que vigoriza la experiencia personal del trayecto, al tiempo
que a algo que, planteaba, no está presente del todo en los libros El
otro México. Biografía de Baja California y Baja California, tierra incógnita: me
refiero a la incorporación plena y absoluta del elemento peninsular,
antepuesto como referente existencial-material que garantiza la
fundición del yo con el entorno. Por este motivo, Jordán se libera
de ataduras previas que impiden la manifestación narrativa de un
mayor protagonismo y se concentra, más bien, en la elaboración de
ese producto que extraña gracias a la contundencia de un “estilo”: el
“estilo personal”, que dialoga con el exterior.
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En sí, el argumento supone una confesión pública que
utiliza recursos periodísticos para expandir la voz subjetiva del yo e
insistir en la singularidad de ese espacio físico que atrapa, envuelve
y devora:
lo que voy escribiendo ahora, plantea Jordán, en una carta dirigida
a Hernández Llergo, no se parece mucho a lo que escribía antes.
Para mi gusto le falta estructura y estilo, aunque en verdad le
sobra sinceridad y sencillez. Sin embargo (acaso solamente por
ahora durante las primeras semanas) no puedo hacerlo mejor, y
eso deberán disculparlo usted y sus lectores. Le estoy enviando
la crónica simple de lo que sucede y lo que observo, sin análisis
ni conclusiones, porque me falta tiempo para deducirlas. Créame
que no puedo hacerlo mejor, mientras no me haga al ritmo de la
vida de mar. (2005: 91-92)

En general, este libro inacabado pero vigoroso versa sobre
el golfo de California, refiriendo aquellos asuntos que favorecen
la comprensión total del elemento líquido, siempre cambiante e
incierto, poderoso y estimulante. También revela los matices de su
particularidad cada vez que moja a la península y a la gente que vive
ahí, y somete a Jordán a la dinámica de un proceso transformativo, de
cambio, pues tras recorrerlo y navegarlo hace las veces de marinero
advenedizo, muchas veces inseguro, que aprende la gramática del
mar sobre la marcha:
Nací lejos del mar y aunque siempre envidié sinceramente la
vida de los navegantes, nunca me fue posible imitarlos, y mi
experiencia en estos menesteres se reduce a mi lejana práctica
como remero en el equipo de regatas del Instituto Politécnico
Nacional, a mis aún más lejanos paseos en lancha por el lago de
Chapultepec, y a dos o tres viajes, recientes, en barcos de guerra
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�Francisco Javier Hernández Quezada / La península de Jordán

de la Armada Nacional. [...] Pero el buen día que se me ocurrió
la idea no me puse a pensar en ello. Ni siquiera tuve la humorada
de cantarme el estribillo aquel de “Yo no soy marinero...” (que,
entre paréntesis, me está gustando para nombre de mi barco).
Desde el primer momento mi idea me pareció factible, de
interés periodístico, de interés nacional (por lo que más adelante
diré sobre la importancia del golfo de California) y, sobre todo,
me pareció y me sigue pareciendo más la loca aventura que haya
intentado hasta ahora. (27)

Compuesto por 23 reportajes interconectados (donde se
explican los motivos del viaje, se describen las características de las
bahías y los puertos que Jordán visita, las islas y las poblaciones que
ahí viven, entre otros temas), Mar Roxo de Cortés. Biografía de un golfo
muestra las cualidades prosistas de este escritor, que si bien está
limitado para enaltecer sus “pretensiones marineras” (27) nos lega
uno de los libros más bellos y profundos que se han concebido en
México vinculados con el tema de lo bajacaliforniano y sus costas.
Conclusión
El otro México. Biografía de Baja California, Baja California, tierra incógnita
y Mar Roxo de Cortés. Biografía de un golfo conforman una trilogía
fundamental para verbalizar las percepciones territoriales (y marinas)
de un escritor que normalmente carece de reparos al abordar los
aspectos más atractivos y sugerentes de la península bajacaliforniana.
A la consecución de tal objetivo se añade también la necesidad
personal de Jordán de adentrarse en el universo de lo desconocido e
incierto, de lo elusivo y hostil, que lo reta, como sujeto, a asumir un
papel desafiante, casi heroico, justo cuando se desplaza y lidia con el
cansancio y el fastidio físicos que ese entorno extremo y poco apto
para la vida le provocan.
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�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

El resultado, finalmente, de su proyecto literario son tres
textos esenciales para comprender el tópico de lo bajacaliforniano;
tres textos regionales que subsumen la pieza perdida o faltante en
el mapa simbólico-monológico de la nación, y que se concreta en la
idea del espacio remoto, ajeno y distante.
Lo anterior, es evidente, hace pensar en la cuestión de que un
discurso diferente, empeñado en mostrar solo el aspecto reconocible,
propio de la impositiva mitología gloriosa” del nacionalismo mexicano,
es algo ajeno a los intereses manifiestos del escritor. Y tan lo es que
sus libros reiteran, de principio a fin, la necesidad de voltear a ver el
territorio ausente de lo bajacaliforniano, tomando en cuenta lo que es
y no lo que debería ser; o expresado de otra manera, la obligación
y urgencia de incorporar al México de lo peninsular, dado que, en
conjunto, expresa muchos matices relevantes para comprender las
características de un país inmenso y diverso.
Con sus libros, Jordán establece definitivamente tal criterio,
reiterando el ejercicio de una pluma solvente que describe todo lo que
existe y se desarrolla en el perímetro, remoto, de ese universo. En
síntesis, es como si se hubiera impuesto, desde siempre, el reto de
nombrarlo detalladamente con el objeto de recuperar la espacialidad
faltante, ignorada, desconocida, ajena. De igual modo, de recuperar el
locus singular, que, de acuerdo con la óptica personal, ofrece una serie
de referentes impactantes vinculados con la naturaleza, la gente, el
mar, las ciudades, los caminos, o sea: con aquello que es parte, anotaba,
de un “otro México” que conviene prontamente difundir y sumar.
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�Artículos
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

Una relectura digital: el uso de herramientas
tecnológicas para la difusión de la literatura
escrita por mujeres en México
A digital rereading: the use of technological tools
for the dissemination of literature written by
women in Mexico
Verónica Tadea ZúñigaSánchez
Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey
Monterrey, México
veronica.zsanchez97@gmail.com

Resumen: El presente trabajo explora el uso de herramientas digitales
para el rescate y difusión de la literatura escrita por mujeres en México.
Se hará un recorrido por el concepto de ciberfeminismo y su relación con
escritoras y literatura, cómo realiza la función de promoción por medio
de plataformas y las implicaciones sociales que conlleva la literatura y el
activismo digital en nuestro país. Posteriormente, se hará un análisis de
caso al sitio web Decimonónicas. Catálogo de autoras mexicanas del siglo XIX, una
iniciativa de recuperación de escritoras que fueron excluidas del campo
literario de la época, y cómo a partir de los medios digitales se permite una
relectura de su obra. Para concluir, se habla acerca de las posibilidades del
Internet y las herramientas tecnológicas como prácticas para cuestionar el
discurso patriarcal en la literatura.
Palabras clave: Literatura, Mujeres, Ciberfeminismo, Redes Sociales,
Comunicación.

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�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Abstract: This paper explores the use of digital tools for the rescue
and promotion of literature written by women in Mexico. There will be
a review of the concept of cyberfeminism and its relation with female
writers and literature, how it performs the function of promotion through
platforms, the social implications that literature and digital activism
entail in our country. Subsequently, a case analysis will be made to the
website Decimonónicas. Catálogo de autoras mexicanas del siglo XIX, an initiative
to recover women writers who were excluded from the literary field of
the time, and how, through digital media, a rereading of their work is
allowed. To conclude, we talk about the possibilities of the Internet and
technological tools as practices to question the patriarchal discourse in
literature.
Keywords: Literature,
Communication.

Women,

Cyberfeminism,

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-63

Social

Media,

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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

Introducción
Las nuevas tecnologías se han vuelto un medio imprescindible
para la convivencia humana, a partir de ellas se destacan varios
aspectos como la creación y difusión de contenido, entretenimiento,
compartir información, todo esto ligado a la participación de los
usuarios. Con el paso de los años, cada uno ha tomado distintas
vertientes, debido a que las personas le dan el uso que necesitan
e incluso han llegado a tomar un carácter de activismo, que ayuda
a comunicar preocupaciones sociales y a tomar medidas de acción
para acabar con ellas.
El activismo y las mujeres han estado relacionados desde
tiempos remotos, y las ha llevado a realizar distintos movimientos
sociales como marchas feministas, protestas y eventos artísticos;
pero este activismo pasó a un campo más grande gracias al Internet
y las plataformas digitales, de acuerdo con Bárbara Duhau (et al.):
El activismo y la participación de las mujeres en el ambiente digital
vive un momento único. Internet habilitó la discusión de nuevos
temas para la agenda feminista, y las mujeres están usando cada
día más sus herramientas (sitios, redes sociodigitales, boletines
por e-mail, etcétera) para organizarse, comunicarse, informarse y
autogestionar sus actividades. (2021: 21)

Un lugar importante ocupan la literatura y las mujeres como
escritoras en esta agenda, quienes pasan distintas problemáticas
como cuestiones de autoría, temáticas en sus textos y la dificultad
para ser publicadas. El Internet les ha dado la posibilidad de
compartir su obra, pero también ha logrado que establezcan redes
feministas que les permiten crear comunidad y hacer circular los
libros de otras autoras.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-63

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Para este trabajo se toma como objeto de estudio el sitio web
Decimonónicas. Catálogo de autoras mexicanas del siglo XIX de Haydeé
Gisela Salmones Castañeda, el objetivo es explorar cómo el uso de
herramientas digitales permite el rescate y difusión de la literatura
escrita por mujeres a partir del concepto de ciberfeminismo. Se hará
un análisis de datos al sitio web para visualizar los elementos que
permiten poner en circulación las obras de las autoras e insertarlas
nuevamente en los estudios literarios.
La sociedad red feminista: el ciberfeminismo como un
campo de acción para la difusión de la literatura escrita
por mujeres
En la actualidad, el espacio digital ha tomado un significado mayor
en materia de información y movimientos sociales. Es común
ver por medio de posts, videos y páginas web algunas cosas como
noticias, acontecimientos y denuncias, pero también se observa
cómo convocan a la participación de las personas ya sea de manera
virtual o presencial, retomando esta idea, Manuel Castells menciona
que “está surgiendo una nueva cultura: la cultura de la virtualidad
real” (1996: 400), la cual está relacionada con los nuevos medios de
comunicación masiva, la manera en la que interactuamos con ellos,
no sólo como usuarios sino como generadores de nuevos discursos.
En el contexto de esta nueva cultura virtual, se puede
establecer su relación con las mujeres y cómo la han utilizado para
cuestionar distintas problemáticas y cambiarlas en diferentes ámbitos
de la vida. Castells (1996) establece que la comunicación ahora se
da a través de un ordenador, y si bien no se está en físico con las
personas, se forman comunidades virtuales que toman conciencia
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

y deciden crear prácticas de acción utilizando estas herramientas
digitales.
La problemática que es el eje central de este trabajo es
la difusión de la literatura escrita por mujeres. Las escritoras
encontraron en la red el lugar para la promoción de sus obras, al igual
que el de sus compañeras; y es que las plataformas les permitieron
desarrollar su creatividad y hacer del proceso de circulación más
grande y significativo. Algunos de los elementos que utilizan son
los sitios web con documentos PDF de su obra publicada, redes
sociales como Instagram o Facebook, donde pueden compartir
fotografías como frases de sus libros, qué lecturas están haciendo,
recomendaciones de otros textos o también reels y vídeos en vivo
donde hacen lectura en voz alta. ¿Cómo se relacionan estas prácticas
de acción para difundir el trabajo escritural de las mujeres con el
activismo digital?
El uso de herramientas digitales, espacio cibernético y
activismo puede ser analizado desde el ciberfeminismo, el cual
es denominado por Claudia Laudano como una “corriente de
pensamiento y acción feminista que explora los vínculos entre las
mujeres, internet y las tecnologías digitales”. (2021:23) Esta corriente
feminista permite estudiar a las mujeres como usuarios de una
nueva red virtual, la cual logra potenciar sus discursos y acciones,
de manera creativa y, por supuesto sin la necesidad de establecer un
contacto físico.
Por lo tanto, los vínculos mujeres, Internet y tecnologías
digitales que menciona Laudano, se ven inmersos en la difusión de
escritoras y sus textos literarios, ya que se realiza una acción feminista
que permite la circulación de nuevas voces de la literatura, y no sólo
las que están propuestas por las editoriales y el canon ya establecido.
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�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Las plataformas como medios de producción artística se
encuentran relacionadas con la idea del cuarto propio expuesto por
la escritora inglesa Virginia Woolf, de acuerdo con Remedios Zafra,
exponente de la literatura y su relación con el ciberfeminismo, en la
actualidad las mujeres realizan activismo por medio de “un cuarto
propio conectado”, el cual es:
crucial para el desarrollo intelectual de las mujeres sigue siendo un
lugar singular para la reivindicación creativa, pero también para
reflexión política, ampliada hoy a la comprensión de las nuevas
dinámicas económicas e identitarias de (auto)gestión a través de
la pantalla conectada a la Red. (2010: 49-50)

Estas nuevas dinámicas de difusión de la literatura femenina
toman distintos rumbos, muchas veces dependiendo de factores
como el país, el contexto social y las herramientas a las que se
tiene acceso, pero todas comparten un propósito: visibilizar la
labor escritural de las mujeres. En el caso de México, son distintos
los proyectos que tratan esta cuestión, algunos de ellos son:
LibrosB4Tipos, el cual comenzó como un círculo de lectura pero
ahora es una asociación civil que difunde la obra escrita de autoras
y cuenta con 12.8 millones de seguidores en Instagram; Archivo
Conservas, un laboratorio digital de escritura con 665 seguidores en
Instagram y la Red Universitaria de Mujeres Escritoras, blog que difunde
textos de mujeres y disidencias y que cuenta con 4266 seguidores en
la misma red social.
Por supuesto, parte importante del ciberfeminismo es su
activismo digital y las implicaciones sociales que tiene, en el caso del
tema presente la difusión también crea redes feministas que permiten
una mayor participación en la esfera pública de la literatura, sirven
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

como acompañamiento en distintos proyectos, pero también como
espacios de contradiscursos y denuncia.
Un ejemplo de contradiscurso es la Red Universitaria de
Mujeres Escritoras, quienes a falta de espacios para publicar, deciden
crear este proyecto autogestivo en donde las fundadoras realizan
la labor de una editorial, como difundir convocatorias, seleccionar
textos, labores de cuidado editorial y finalmente divulgación de
escritos literarios en su propia plataforma, trabajo que les ha creado
reconocimiento en instituciones como la Universidad Nacional
Autónoma de México.
Análisis de caso: Decimonónicas. Catálogo de autoras mexicanas
del siglo XIX.
XIX Rescate y difusión de la literatura escrita por
mujeres
En México existen distintos proyectos que buscan visibilizar
la escritura de las mujeres, son diversos los medios que utilizan
como círculos de lectura, talleres de escritura creativa, open mics, entre
otros; pero es a través de las plataformas digitales donde encuentran
un espacio para difundir con gran magnitud sus propuestas acerca
de este tema.
La red se vuelve un lugar importante para poner a la mesa
los discursos relacionados con el trabajo literario de las mujeres,
pero también se muestra como una zona de sociabilización entre
distintos individuos, quiénes comparten opiniones, experiencias
y por supuesto recomendaciones sobre autoras y libros. Diversas
personas (de manera individual) y colectivos realizan distintas
acciones para difundir la literatura escrita por mujeres, cada uno
con diversas acciones que se concentran en aspectos específicos,
lo que permite una mayor diversidad, y como menciona Zafra
(2010):
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�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Aquí el pensamiento puede ser ya comunicación, archivo y acción
pública; la actividad remunerada sin exigencia de desplazamiento
físico, viable y cada vez más incentivada por emprendedores,
administraciones públicas y empresas; las relaciones afectivas,
implementadas a través de una interfaz. Tal que hoy el cuarto propio
conectado amplifica el poder de pensamiento (concentración) y
acción desde una posición localizada. (2010: 49)

Por lo tanto, estos grupos e individuos a partir de sus
actividades de promoción y difusión establecen comunicación por
medio de la red, lo que da lugar a una conciencia sobre el tema y al
mismo tiempo tomar una posición y realizar acciones que permitan
una mayor circulación de la problemática. En esta investigación se
destaca el papel de un proyecto autogestivo que tiene como objetivo
difundir la literatura escrita por mujeres en nuestro país durante el
siglo XIX.
El análisis de caso se centra en el proyecto digital:
Decimonónicas. Catálogo de autoras mexicanas del siglo XIX, el cual hace
uso de plataformas digitales para realizar esta labor, si bien en un
principio sólo se trataba del uso de las páginas web, poco a poco la
iniciativa fue creciendo y para tener más visibilidad utiliza de otras
redes sociales, en las cuales no sólo difundieron su base de datos,
sino que realizaron otro tipo de contenido que involucra elementos
audiovisuales, gráficos, entre otros, el cual, como menciona Castells
(1996) logran un cambio en la comunicación, que permite un mayor
acercamiento a la comunidad:
La integración potencial del texto, imágenes y el sonido en el
mismo sistema, interactuando desde puntos múltiples, en un
tiempo elegido (real o demorado) a lo largo de una red global,
con un acceso abierto y asequible, cambia de forma fundamental
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

el carácter de la comunicación, y ésta determina decisivamente la
cultura. (399)

El objetivo central de este análisis es explorar de qué manera
este proyecto hace uso de la tecnología y las plataformas digitales
para rescatar y difundir la literatura escrita por mujeres, y cómo
esta labor entra en el campo de acción del ciberfeminismo. Para la
delimitación se tomará en cuenta el sitio web, puesto que es el lugar
donde se presenta más actividad, y donde se muestra a mayores
rasgos el objetivo principal de la iniciativa. Las categorías con las
que se examina el proyecto son las siguientes: objetivo, contenido,
financiamiento del proyecto y participación de los usuarios. En la
parte final, se agrega un esquema de información con las redes
sociales, número de seguidores y enlace de cada proyecto.
Decimonónicas: una nueva mirada al siglo XIX
Decimonónicas. Catálogo de autoras mexicanas del siglo XIX nace en el
año 2016 y es dirigido por Haydeé Gisela Salmones Castañeda,
egresada de la Maestría en Producción Editorial de la Universidad
Autónoma del Estado de Morelos. Su proyecto se trata de una página
web que funciona como una base de datos para crear un corpus
de datos biográficos y textos de autoras mexicanas del siglo XIX.
Esta iniciativa permite una relectura de las producciones literarias
de nuestro país en esa época, ya que no sólo toma en cuenta los
géneros considerados mayores en los estudios de la literatura (como
el cuento, la novela y la poesía), sino que toma otros como la carta,
la crónica, la edición, entre otras.
Por otro lado, se realiza una labor de rescate, ya que muchas
de las autoras que aparecen en las plataformas son mujeres que
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�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

fueron relegadas por el canon literario, y que gracias a Decimonónicas
vuelven a estar en circulación. De acuerdo con el sitio web, el objetivo
de esta iniciativa es el siguiente: “Decimonónicas surge de la necesidad
de construir una base de datos que permita rastrear y reflexionar
la participación de las mujeres como autoras, editoras y lectoras
de publicaciones periódicas durante el siglo XIX en México”.
(Salmones Castañeda, 2016) A partir de esta idea se observa una
acción ante la problemática (que sería la falta de información de
obras y escritoras) y que gracias al espacio digital puede tratar de
resolverse, además que permite un acceso libre a la información por
parte de otros usuarios.
De acuerdo con Salmones Castañeda (2016) la página se
divide en dos vertientes principales: la primera son las autoras, que
se centra en un catálogo bibliográfico y de biografías de mujeres
que publicaron en la prensa mexicana del siglo XIX, además de un
acceso a un corpus representativo de sus textos; y la segunda son
los artículos, que consta que referencias bibliográficas y enlaces a
distintos estudios interdisciplinarios que abordan el surgimiento del
discurso de las mujeres durante el México decimonónico.
Por otra parte, Salmones Castañeda realiza la autodefinición
del proyecto como “una obra abierta en constante crecimiento”
(2016), lo que habla de la constante actualización del catálogo
ante nuevos datos, además de su característica de “abierta” que se
entiende como un sitio que invita a la participación, no sólo a partir
de la visualización, sino de la colaboración para publicar.
La organización de contenidos del sitio se divide en cuatro
pestañas: “Proyecto”, “Autoras”, “Hojas Sueltas” y “Contacto”.
A continuación, se definirá cada uno de manera descriptiva. La
primera pestaña se subdivide en tres categorías: la primera es la
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

“Presentación”, en donde se establece el objetivo del proyecto,
las vertientes de estudio y la autodefinición, que se mencionaron
anteriormente; la segunda es “Nuestro Corpus”, en donde se
establecen los parámetros de selección de autoras que son: que sea
mujer, que sea mexicana y que haya colaborado en alguna publicación
periódica mexicana entre los años 1800 y 1899 (2016).
En los criterios de selección se observa una labor de
búsqueda dentro del contexto feminista, ya que en el parámetro de
“ser mujer” se toma en cuenta a las escritoras que firmaron con
pseudónimos o de manera anónima, siempre que se compruebe que
se trata de un sujeto discursivo femenino (2016), también se hace
una exclusión a los autores masculinos que firmaron con el nombre
de una mujer, lo anterior demuestra que la creadora digital toma en
cuenta cuestiones históricas pertenecientes al campo de la literatura
y los estudios de género, como la noción de la autoría y el problema
que significaba para una mujer lograr que la publicaran:
Los impactos que la potencia creativa y política de la literatura
hecha por mujeres posibilitan en una sociedad irreversiblemente
conectada, para, en consecuencia, delinear un modo posible de
subvertir el ecosistema tradicional literario actual de la región, con
una red femenina y feminista que empiece a contar otra historia,
ya sea desde el apoyo a mujeres que escriben o desde el fomento a
la lectura de obras de escritoras. (Duhau et al., 2021: 21)

Como se establece en la cita anterior, Decimonónicas establece
una red femenina y feminista que permite contar otra historia de
la literatura mexicana del siglo XIX, la de escritoras que fueron
excluidas del campo literario de su época, pero que ahora se realiza
un fomento de su obra en un contexto actualizado. Para finalizar,
la última subdivisión de la pestaña “Proyecto” es “Advertencia
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editorial”, donde se habla de los criterios de edición para los textos
que aparecen en el sitio web, aquí se establece una actualización
ortotipográfica de las normas editoriales (2016).
La segunda división es la pestaña “Autoras”, en la cual se
encuentra la base de datos de las escritoras, ésta se subdivide en
nueve pestañas que agrupan tres letras del abecedario (ejemplo A, B,
C), al hacer clic en una de ellas nos lleva a otra pestaña donde vienen
las autoras acomodadas por orden alfabético comenzando por el
apellido, el cual, cuando se le da clic te lleva a su biografía.
Los elementos por los que está organizada la biografía
son variados, ya que Decimonónicas es un proyecto que aún se está
gestando, por lo que no todos los datos están completos. Para
este trabajo, se toma de ejemplo la entrada de la escritora María
Enriqueta Camarillo Roa [de Pereyda], la cual se organiza de la
siguiente manera (2016):
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.

Lugar y fecha de nacimiento
Lugar y fecha de muerte
Seudónimos
Estudios
Vida profesional
Participación en prensa
Obra individual
Obra colectiva
Estudios críticos
Obras para descargar

Por medio de la observación de estos elementos se destacan
algunos aspectos como la formación de redes femeninas por medio
de la comunicación digital, ya que permite coordinar estrategias de
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111

�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

difusión mediante otras instituciones, un ejemplo se observa en el
apartado de obra individual de Camarillo Roa, donde gracias a la
relación de Decimonónicas con la biblioteca digital de la Casa Museo
María Enriqueta, se puede tener acceso a textos literarios de la autora
por medio de un hipervínculo, al respecto Duhau et al., menciona
que:
La posibilidad de que el espacio electrónico funcionara como un
lugar de comunicación y empoderamiento, accesible a las mujeres,
para coordinar estrategias globales, amplificar denuncias sociales
y actuar en el mundo digital, ofreciendo una nueva dimensión a la
lucha feminista. (2021: 23)

La tercera división presente en la página web es la de “Hojas
Sueltas”, cuya función es un blog en donde se transcriben textos
escritos por mujeres que presentan aspectos sociales o políticos
de México del siglo XIX. Esta parte se encuentra subdividida en:
“Todas las entradas”, “Crónicas”, “Tradiciones”, “Discursos”,
“Derechos de las Mujeres” y “Mujeres que escribe”, esta sección se
presenta menos trabajada que el resto ya que sólo cuenta con dos
entradas.
Una de ellas se titula Crónica mexicana (fragmento) de Laureana
Wright de Kleinhans. En él se pueden establecer las siguientes
etiquetas: fecha de publicación original, fecha de publicación en el
sitio web, tiempo de lectura, visualizaciones, enlaces para compartir
en otras redes sociales y un botón de “me gusta” en forma de
corazón (2016).
La última división es “Contacto”, que como su nombre
lo indica, esta pestaña permite establecer relación con la creadora
del proyecto. Este punto establece importancia con la cuestión de
112

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participación, puesto que una de las características de este proyecto
es que los usuarios son invitados a colaborar en la recolección de
información para la base de datos.
Si bien en otros proyectos las personas también participan,
esto es diferente porque no se hace sólo por medio de interacciones,
sino que requiere una búsqueda de datos, selección y un pensamiento
crítico para la contribución. Para lograr esta colaboración el sitio de
Decimonónicas pone a disposición de los usuarios documentos PDF
de “Lineamientos para la recepción de documentos” y “Manual
editorial”, con el fin de conocer mejor el proceso de edición y
establecer redes de apoyo desde la virtualidad.
El último punto de análisis de este caso es el financiamiento,
si bien el proyecto cuenta con muchas herramientas e información,
Salmones Castañeda realiza esto de manera autogestiva, lo cual
demuestra la realidad de muchas iniciativas de divulgación de
literatura, si bien Decimonónicas le ha abierto puertas a congresos,
conferencias y programas, no hay una remuneración económica. En
el sitio web existe una pestaña de “Mecenas” donde los visitantes
pueden hacer un donativo para el proyecto y lograr que siga
creciendo.
La iniciativa de Decimonónicas se relaciona con el ciberfeminismo
porque utiliza herramientas digitales para incursionar en el campo de
la producción literaria mexicana, pone de nueva cuenta en circulación
autoras desconocidas para muchas lectoras, y al compartir sus textos
literarios permite que los usuarios realicen una relectura de todas estas
producciones. Por medio del espacio literario y el espacio cibernético
abre posibilidades infinitas de interpretación y por supuesto a nuevos
proyectos que se dediquen a la misma labor, con el objetivo de
reivindicar todas esas voces femeninas.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-63

113

�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

A continuación, en la siguiente tabla se observa el número
de seguidores de las distintas redes sociales del proyecto. A pesar
de contar con un número pequeño en comparación a otros que
se mencionaron anteriormente en el trabajo, se establece que
el crecimiento ha permitido su expansión a otros medios, en los
cuales, si bien difunde su trabajo de base de datos, el uso de distintas
plataformas le da la oportunidad de experimentar con otros aspectos
de los medios digitales como videos, imágenes y escritura.
Tabla 1
Número de seguidores en redes sociales de Decimonónicas. Catálogo de autoras mexicanas del siglo XIX
Red Social

Seguidores

Enlace

Sitio Web

Sin
https://www.decimononicas.com/autoinformación ras-abc

Instagram

743
seguidores

https://www.instagram.com/decimononicas_xix/

Facebook

1,7 mil
seguidores

https://www.facebook.com/decimononicas

Twitter

1174
seguidores

https://twitter.com/Decimononicas_

Nota. Última fecha de actualización de seguidores: 13 de junio de 2023.

Sin duda, el uso de la virtualidad permite elaborar una
nueva narrativa de la literatura escrita por mujeres, al igual que
en los siglos XIX y XX, en el siglo XXI se crean nuevos grupos
literarios que desean entrar a la escena cultural para expresar sus
preocupaciones y romper con lo ya establecido. Si bien, la mayoría
de estos proyectos son autogestivos, es importante mencionar que
las instituciones comienzan a notar su importancia y son invitadas
114

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-63

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

a hacer participaciones en distintos eventos como ferias de libros,
presentaciones editoriales, talleres, entre otras.
Conclusiones
A manera de conclusión, es importante mencionar el valor del
Internet en la sociedad y las redes que se conforman por medio
de las distintas plataformas. El activismo digital propuesto por las
escritoras y creadoras de contenido en nuestro país está pasando por
un momento significativo, puesto que son mayores las comunidades
que se forman alrededor de ellas.
Las herramientas tecnológicas propuestas por los medios
digitales no sólo muestran contenido, sino que generan prácticas
para repensar ciertos discursos, que en algún momento parecen
inamovibles. Proyectos como Decimonónicas demuestran que incluso
es posible cambiar el discurso del pasado, ya que su labor de
búsqueda y rescate permite la combinación de dos elementos (el
texto escrito en papel y su transcripción a computadora) logrando
un archivo digital, que puede ser útil no sólo a gente del ámbito
literario, sino social e histórico.
Finalmente, se destaca la necesidad de seguir analizando
estos proyectos digitales desde la cuestión feminista; si bien el
panorama de muchos es de reciente creación, demuestra que cada
vez son más las mujeres que ven en las redes sociales un lugar de
pronunciamiento y el paso de una esfera privada a una pública.
Referencias
Castells, M. (1996). La era de la información: economía, sociedad y cultura.
Volumen I. La sociedad red. Alianza Editorial.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-63

115

�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Una relectura digital

Duhau, B. et al. (2021). “Un cuarto compartido y conectado a la red:
entrecruzamiento entre mujeres, literatura e Internet en
América Latina”. Debate Feminista, 61, 19-45. https://r.search.
yahoo.com/_ylt=AwrFY4J_OYlk1uUAmYXD8Qt.;_
ylu=Y29sbwNiZjEEcG9zAzEEdnRpZAMEc2VjA3Ny/
RV=2/RE=1686743551/RO=10/
RU=https%3a%2f%2fwww.scielo.org.mx%2fscielo.
php%3fscript%3dsci_ar ttext%26pid%3dS2594066X2021000100019%26lang%3des/RK=2/
RS=f0X8GPt76Rf5YFGkghhrSLJ0kNULaudano, C. (2021). “Ciberfeminismo”. En Gamba, S. B. et al. (Ed.),
Nuevo Diccionario de Estudios de Género y Feminismos (pp. 220223). Editorial Biblos.
Salmones Castañeda, H. G. (2016). Decimonónicas. Catálogo de autoras
mexicanas del siglo XIX. https://www.decimononicas.com/
contacto
Zafra, R. (2010). Un cuarto propio conectado (ciber)espacio y (auto)gestión del
yo. Fórcola Ediciones.

116

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-63

�Notas
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

Americana: apuntes sobre la forma de la épica
chica en Raymond Carver, Richard Ford y
Lucia Berlin
Roberto Kaput González Santos
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
roberto.gonzalezsnts@uanl.edu.mx

Desinflado
En algún lado leí, o me contaron, que el cuento posmoderno era
como una rueda de bicicleta alterada: el autor iba quitando uno a uno
los rayos, para ver hasta dónde aguantaba. El arte de dicha fórmula,
fórmula que a menudo cito, recae en saber detenerse antes de que la
llanta ceda; ahí se juega la calidad del cuento. O sea, la forma circular
de la rueda, aunque disminuida, permanece. Está bien, la imagen
se sostiene, ilustra una intención. Pero ahora que estamos a nada
de mudarnos al metaverso de la realidad clasemediera, donde todo
es alterno, donde seremos sostenidamente felices, desdoblados en
formas redondas, me gustaría escribir sobre lo que pasa en el lector
cuando esa circularidad se desinfla.
El minimalismo de la cuentística estadounidense de los 80 es
la cara académica del realismo sucio anunciado por la revista Granta
en el verano de 1983. De Granta se pueden decir muchas cosas, una
117

�Roberto Kaput González Santos / Americana

al menos es cierta: en el circuito editorial americano sus opiniones
suelen ser afortunadas, lo mismo en Nueva York que en las capitales
latinoamericanas. Sus críticas imponen, o al menos intentan hacerlo,
el gusto continental. Para esto echan mano, con bastante suerte, de
una prosa de bautizo, pensada para futuros cintillos. “La casa de la
nueva escritura”, se hace llamar; y lo es a su manera. El realismo
Kmart, por otra parte, no es sino la masificación del realismo sucio, el
Monsanto de una semilla mucho menos modificada: sus principales
cultores buscaban probar que es posible contar la estandarización
de la tragedia americana echando mano de las mercancías de
un automercado de remate. Un plan de trabajo así denota una
autoconciencia que el Nuevo Realismo, como se autonombraba,
rehuía como a la peste. El término minimalismo, finalmente, resulta
más impreciso que explicativo, porque mientras que la academia
no se percata o decide no ocuparse de las contradicciones entre
el término y sus descripciones, el lector menos especializado pero
igualmente informado relaciona los textos con las artes visuales de
los 60 y 70. La historia de las bicicletas.
La lista de dos and don’ts de Raymond Carver, Bobbie Ann
Mason, Richard Ford, Tobias Wolff y Ann Beattie no se produjeron
pensando en las salas del MoMA. Carver seguramente borroneó la
suya en un volante de Alcohólicos Anónimos.
El amor en Carver
La diferencia entre “Bienvenido, Bob” (1944) de Onetti y “De
qué hablamos cuando hablamos de amor” (1981) de Carver es la
ausencia de autoconciencia ética. ¿Por qué digo esto? Porque el gesto
artificial de autolimitarse al momento de discutir autores americanos
118

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-64

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

me cansa un poco, sólo por eso. Y el ejemplo vale porque permite
percibir una de las ausencias importantes en el cuentista de Oregon:
el narrador que desea algo. El lector puede compartir o no el ethos
que ordena la atmósfera afectiva del relato del montevideano, en
este caso el fracaso de su antagonista; no importa, ahí está, latiendo,
guiándolo en esa atmósfera de revancha largamente aplazada.
Onetti es un maestro en lograr ese efecto. Pienso en Juntacadáveres.
Los narradores de Carver procuran por el contrario la neutralidad,
se detienen, ecuánimes, en la superficie. Cuando dan con una de
las muchas cuarteaduras que comparten sus personajes, cierran. Por
este camino podemos apreciar su diálogo con Fitzgerald, no sólo
con Hemingway. Sus cuentos parecieran surgir de los ensayos que
publicó Scott en la revista Esquire en 1936, The Crack-Up. Pero en otro
registro, con otro estilo, prescindiendo de marcos valorativos. Sus
narradores se limitan a consignar para el lector, y éste, casi siempre
de manera diferida, experimenta el sentido de una forma que se niega
a la circularidad, reproduce la pérdida asordinada de algo medular
(el cierre del relato, el sentido de la historia, la experiencia del amor),
de ahí el efecto de interpretación desplazada hacia el lector, aunque
éste sepa que ese sentido no está enteramente ahí, que bien pudiera
ser otro. La mentada simplicidad inexpresiva de Carver nos implica,
el narrador no sólo participa en una partida de Jenka, recorta para
el lector una pequeña muestra del blue collar cotidiano, haciéndolo
partícipe del colapso: “Fat”, “Boxes”, “Lemonade”, “Feathers”,
“Signals” y ese cacho de americana titulado con derroche “What we
talk about when we talk about love”.
Por cierto, gracias a Gordon Lish, el “capitán ficción” de los
primeros 70, Carver publicó “Vecinos” en Esquire, año 71. Lo apunto
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-64

119

�Roberto Kaput González Santos / Americana

para documentar, así sea editorialmente, la conexión de Ray con
Fitzgerald, y porque Lish fue el Max Perkins de su época: un artista de
la edición, un tiburón editorial, un hombre de letras americano.
La nota deportiva en Ford
Hay vidas que no se ajustan al punto de vista de un periodista
deportivo, o eso dice Frank Bascombe después de entrevistar a
Herb Wallagher, exdelantero del club de futbol de Detroit. Herb es
ejemplo de coraje y determinación para sus antiguos compañeros.
Frank no puede dejar pasar tremendo cachalote: tras sufrir un
accidente de esquí acuático que lo deja en silla de ruedas, Herb se
licencia en ciencias de la información, desposa a su fisioterapeuta
negra, es nombrado capellán honorario de su equipo. Bascombe
viaja de Nueva Jersey a Walled Lake, Michigan, para encontrarse
con un hombre pequeño, de piernas encogidas, hombros huesudos,
camiseta con la palabra BIONIC en el pecho, zapatillas rojas y
bermudas a cuadros. El aspecto general, apunta mentalmente, es
el de una cigüeña con gruesas gafas de concha empotrada de mala
manera en el porche. No importa. Si le sigue el juego, la entrevista
con Frank lo hará superar el dolor, convirtiéndose en modelo de
conducta. Ese es su destino, está en la última yarda del touchdown.
Pero Herb es un exdelantero de americano, en silla de ruedas, con
zapatillas rojas, así que sólo se le antoja mandar todo al cuerno,
insultar al periodista, contarle un sueño, afirmar que él, lo mismo
que Ulysses Grant, es un verbo, arrancarse a llorar para terminar
disculpándose. El veterano, claramente, no se ajusta a lo que Frank
tiene en mente (perseverancia, trabajo en equipo, camaradería), así
que se despide sin perder jamás la compostura. Su profesionalismo
es a prueba de extravíos y dudas melancólicas.
120

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-64

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

El periodista deportivo aparece en 1986 y para mí ahí termina el
minimalismo del realismo sucio. Porque Ford es un novelista capaz
de contar un día en 236 páginas. Su narrador estrella prolonga —con
ajustes regionales, me parece— la ecuanimidad superficial de Carver.
Su mérito reside en otro lado: trasplantar al campo del periodismo
deportivo —subgénero de otro subgénero si somos idealistas,
género estrella del mercado estadounidense si somos realistas— el
hábito más rancio del modernismo literario: ficcionalizar la poética
de la novela como el código operativo encargado de significar en
última instancia los materiales de la historia. En la siguiente novela,
El día de la independencia (1995), Frank Bascombe trabaja en bienes
raíces, el tono edificante de la nota deportiva le parece inhabitable.
Los cuervos en Berlin
Entonces, reconozcamos que nadie sabe exactamente qué fue el
realismo sucio, o el minimalismo estadounidense, o cualquier otro
mote aplicado a la brigada redneck de los 80, como llamaron al
grupo sus detractores. Eso nos permite hablar de Lucia Berlin, a
quien el mercado editorial suele comparar con Carver a pesar de los
desmarcajes de la autora: “I wrote like him before I ever read him”.
La producción de Berlin, hasta donde sé, arranca en 1961
con la publicación de “Mama and dad” en el número 4 de la revista
de Saul Bellow, The Noble Savage. O sea que algún hijo putativo de
Granta anda por ahí, reciclando cintillos. No, Lucia es una autora
de frontera en la línea de James Fenimore Cooper, Louis L’Amour,
Ray Loriga cuando quiso ser neoyorquino y se conoció todas las
casas del panqué de la frontera Estados Unidos-México. Esa mirada
imperial sobre el otro racializado no me interesa, no en el caso de
Berlin. Pero me interesan mucho sus series de miniaturas: salas de
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-64

121

�Roberto Kaput González Santos / Americana

emergencia, problemas con la bebida, trabajos manuales, drifters
solitarios, cuerpos frágiles, cuervos, parejas fracasadas, fragmentos
dispersos en sus cuentos con los que el lector puede reconstruir
paisajes afectivos profundamente americanos.
Podría decirse que los matices autoficcionales de las series de
Berlin funcionan como las acuarelas de Winslow Homer: la autora
echa mano de las cualidades de las superficies con las que trabaja
persiguiendo en última instancia un efecto de luz. El mejor realismo
americano dialogó siempre con la pintura. Tengo la impresión de
que la fijación de Martín Luis Guzmán —quien vivió a las orillas
del Hudson— con la luz del valle de México surgió de ahí; igual me
equivoco, no pasa nada. El punto es que justo en ese cruce se aprecia
mejor la manera en que las narradoras de Lucia iluminan la realidad.
Bajo esa diafanidad sombría, de secado impredecible, “Homing”
es su obra maestra, un clásico de la cuentística estadounidense, la
narración que articula, además, la serie que más me inquita.
El pequeño misterio de la aparición de los cuervos abre el
cuento. El lector —quién no— recuerda las figuras, escucha los
graznidos de la parvada al atardecer. Pero lo que mengua tras sus
formaciones es la luz del sol. Cuando la noche finalmente cae, las
aves se ocultan en uno de los árboles situado frente a su casa. La
mañana siguiente, cuando los primeros albores iluminan las rocas
del monte Sanitas, la narradora sólo ve ciervos. ¿Se marcharían por
la noche? La escena se repite por algún tiempo: cientos de pájaros
negros salidos de quién sabe dónde por la tarde, ocultos entre el
follaje de un arce por la noche, desaparecen antes del amanecer.
Ahora es invierno, los cuervos migran. Su ausencia empuja a la
narradora a repasar su vida desde los supuestos de una ficción
asordinada que opaca el remordimiento: ¿Y si hubiera hablado
122

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-64

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

con Paul? ¿Y si se hubiera casado con H? ¿Y si hubiera vivido con
Wilson? ¿Y si su familia hubiera muerto en un terremoto? ¿Y si
hubiera pedido ayuda? No importa, declara aferrada a su tanque de
oxígeno, todas las combinaciones desembocan en la misma soledad,
en el mismo porche bajo las piedras de Dakota. Los hechos de la
vida son predecibles e inevitables, llegan al pardear la tarde, como
cuervos.
Cintillo
Ahora que la gran mudanza digital nos transformó en exploradores
de mundos virtuales, espero que el metaverso sucio o cualquier otro
sistema de notación formal nos libre de la tentación de reescribirnos
sin culpas ni consecuencias; lo otro, como lo mostraron en su
momento estos tres autores, es insoportable.

Referencias
Berlin, L. (2016). A manual for cleaning women: Selected stories. USA:
Picador.
Carver, R. (1989). What we talk about when we talk about love: Stories.
USA: Vintage.
Ford, R. (2010). The sportswriter. USA: Vintage.
Onetti, J. (2012). Cuentos completos. España: Alfaguara.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-64

123

�Reseñas
Humanitas, vol. 3, núm. 5, 2023

Saberse no solx:
sobre [Contra]Dicción
(Monterrey, UANL: 2022, 112pp.)
de Luis Armenta Malpica.
Ángel Gerardo Hernádez Candelaria
Universidad Autónoma de Nuevo León,
San Nicolás de los Garza, México
Comenzaré por fingir que no escribo esto siendo víctima del descoloco
y los nervios. exponerse a un poemario, así como quien habla de la
exposición a cierto material radioactivo, nunca es tarea fácil. eso queda
claro. no solo por el despojo que nos convidan los puntos de inflexión
ni las coyunturas que el/la posible lector/a encuentra en sí, en el
lenguaje, en el poema, sino porque siempre, siempre, siempre, leer y
escribir poesía lleva consigo cierto grado de convicción, cierto riesgo.
no cabe duda, hay que aclararlo, que incluso con todo y las tensiones
tendidas entre el gusto y lo est-ético, aquello que quizás se conmina
cuestión de gustos, puede entreverse un rastro, e l r a s t r o , que el
lenguaje cimbra tras de sí, en los poemas. este rastro puede guiarnos,
en el mejor de los casos, a una alta esfera, ora ficticia, ora entreverada
de revuelos y maromas, que termine por convertirse en una cierta
incertidumbre de que algo, quizás, en su ir y venir, nos ha sido dado.
tengo fe y certeza de ello. podría incluso jurarlo por Madonna.
124

�Humanitas, vol. 3, núm. 5, julio-diciembre, 2023

Leí a tiempo, justo después de sobajar pendientes y
pintarme las uñas, [Contra]Dicción (UANL, 2022) del poeta Luis
Armenta Malpica para terminar por no arrancarme las cejas de
tanta coraje. la obra galardonada con el Premio Iberoamericano de
poesía Minerva Margarita Villarreal 2021 hace gala de un conjunto
variopinto de inquietudes que constriñen a Yo entre los muros del
poema. hablamos de Yo, entonces, porque Yo se nombra atravezdx
en un juicio donde cuartilla a cuartilla, como si habláramos de salar
el terreno de conquista, deja claras cada una de sus convicciones que
no son pocas. “No me importa si la poesía/resulta transparente/o
es oscura/mientras sirva de espejo”(p.12) sentencia Yo y los poemas
de los que allí se habla nos devuelven astillada la certeza y su palabra.
si bien este recurso donde lo que convencionalmente llamamos E
L yo poético pasa a tomar forma, a ser un ente autónomo bien
cincelado a gusto de quien escribe, Armenta Malpica y su [Contra]
Dicción son capaces de retorcer la torcedura y ofrecernos una obra
honesta, consciente, íntima y profundamente viva que, al filo de
la incertidumbre, sin miedo, se abre en canal a las posibilidades
construyendo para sí, para ti, para Yo, un espacio que invita a
habitarlo, un espacio para habitar[se].
Ahora, hoy en este tiempo tan raro, en este mundo tan
inmerso en la inquietud y en las políticamente correctas buenas
consciencias, las más de las veces, si no es a forma de correctivo,
pareciera que un poema es una máquina que pretende resanar
superficies cariadas, y ya ni hablar del ultraje a la palabra donde
ese quehacer que supuestamente acuñaban lxs poetas y que devino
incendio y urgencia, de hoy a un tiempo, se ha volcado en agresividad
pasivamente pasajera. pero no todo se ha echado a perder un libro
como este, un yo como Yo que se sabe en movimiento e inserto
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-65

125

�Ángel Gerardo Hernández Candelaria / Saberse no solx

en un lugar, en una lengua, en alguna parte, deja en evidencia que
siempre existe algo que nos une con lx otrx, porque Yo se sabe
no solx. basta con revisar el apartado que da cierre a la obra,
donde quedan declarados los rostros que acompañan a Yo y sus
poemas, para comprender que, así como el lenguaje se compone de
convenciones y retazos de otros tiempos, [Contra]Dicción también
invita a otras voces, tales como John Ashbery, James Merril, el
grupo Los Dragones, J.M. Coetzee, a decir[se] y [contra]decirse a la
cercanía y a la distancia.
Voy a concluir brevemente porque es indudable que Armenta
Malpica distribuye la potencia del recio azote que recibe hoy día la
poesía cuando nos acerca a Yo, cuando además de invitarnos a la
purga de las convenciones usuales en el acto de leer, nos recuerda
que un poema es materia viva en constante combustión, que “a “yo”
no le interesa lo que no arde.” (p.16), que Yo es yo, es tú, es otrx, es
y es siempre.

126

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas3.5-65

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                  <text>Heredera del Anuario Humanitas, publicación emblemática del Centro de Estudios Humanísticos de la UANL creada en 1960, Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios responde ahora a la necesidad de la diversificación de enfoques y acercamiento a la literatura en y desde el ámbito latinoamericano.</text>
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                <text>Humanitas: Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios, 2023, Vol. 3, No. 5, Julio-Diciembre</text>
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                <text>Heredera del Anuario Humanitas, publicación emblemática del Centro de Estudios Humanísticos de la UANL creada en 1960, Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios responde ahora a la necesidad de la diversificación de enfoques y acercamiento a la literatura en y desde el ámbito latinoamericano.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>HU M A N I TA S
ISSN: 2683-3247

R E V I S TA D E T E O R Í A , C R Í T I C A Y E S T U D I O S L I T E R A R I O S

VOL. 2 NÚM. 4
JULIO-DICIEMBRE
2023

CENTRO
ESTUDIOS
HUMANÍSTICOS

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
El espacio del cuerpo a través de la escritura del
diario: una aproximación al Yo fragmentado en
Diario del dolor, de María Luisa Puga
The body’s space through the diary’s writing: an
approach to split self on Diario del dolor, by
María Luisa Puga
Jonathan Gutiérrez Hibler
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
orcid.org/0000-0002-7686-7896

Fecha entrega: 18-1-2023 Fecha aceptación: 22-2-2023

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2023, Jonathan Gutiérrez Hibler. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-45
Email: jonathan.gutierrezhr@uanl.edu.mx

�P re s e n t a c i ó n
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Con la publicación de este cuarto número, Humanitas. Revista de
Teoría, Crítica y Estudios Literarios confirma su vocación plural, su
sentido crítico y su ánimo exploratorio del universo literario. Ante la
fluidez y fragmentación permanentes de los tiempos actuales, y sus
heteróclitas manifestaciones artísticas y culturales, la mirada reflexiva
se aguza y ajusta sus lentes, ensayando diversas y variadas formas de
aproximación. La tabla de contenidos de este número así lo atestigua.
En la sección de “Artículos” presentamos tres agudas reflexiones
sobre autores latinoamericanos y temas literarios. Jonathan Gutíérrez
Hibler aborda, desde el amplio abanico de la narratología, el Diario del
dolor de la desaparecida escritora mexicana María Luisa Puga; Jorge
Saucedo analiza a profundidad la sacralidad en la poesía del peruano
José Watanabe; y Ricardo Damián Aguirre Garza se hace cargo del
tema de la lectura y la reflexión vía la hermenéutica literaria.
En esta ocasión contamos con el dossier “Perspectivas
críticas de los géneros de la literatura popular: policiaco y literatura
especulativa en Hispanoamérica”, coordinado por los académicos
y escritores Francesco Di Bernardo y Luis Miguel Estrada de la
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. El dossier cuenta con
siete ensayos que exploran y explican la implantación, el desarrollo
y las particularidades de estos géneros otrora considerados como
“expresiones menores” de la literatura y ahora reivindicados
unánimemente. Creadoras y autores como Fernanda Melchor,
Claudia Piñero y Fernando del Paso y antologías emblemáticas
como Más allá de lo imaginado, de Federico Schaffler, son puestos
bajo la lupa en este apartado.
11

�Víctor Barrera Enderle / Presentación

En la sección de “Notas” publicamos dos ensayos escritos
por jóvenes investigadoras. El primer trabajo es una reflexión crítica
del pensamiento de Charlotte Brunsdon, a través de la traducción de
un fragmento de su célebre ensayo Screen Tastes: Soap Opera to Satellite
Dishes (1997), realizada por Karime Anguiano, Jessica Polina y Sandy
Santos; y Ángeles Serna estudia el tema de la violencia patriarcal a
través de su lectura de la novela Las Violetas son flores del deseo, de Ana
Clavel.
Finalmente, en la sección de “Reseñas”, Ignacio Ballester
nos informa de la aparición del libro Primer infolio de las vidas reunidas
de Almería Smarck, de la poeta Diana Garza Islas.
El espectro de la publicación es, como hemos podido
comprobar, amplio y diverso, lo que nos revela, por una parte,
la vitalidad de la literatura latinoamericana (en la era de las
incertidumbres, de las variables de formato y de soporte, de
los cambios de la función literaria, y de la hegemonía de la
postautonomía), y, por otra, de la riqueza de enfoques críticos que
ha estimulado.
Víctor Barrera Enderle

12

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1

�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

El espacio del cuerpo a través de la escritura del
diario: una aproximación al Yo fragmentado en
Diario del dolor, de María Luisa Puga
The body’s space through the diary’s writing: an
approach to split self on Diario del dolor, by María
Luisa Puga
Jonathan Gutiérrez Hibler
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
ORCID: 0000-0002-7686-7896
jonathan.gutierrezhr@uanl.edu.mx

Fecha de entrega: 18-01-2023 / Fecha de aceptación: 22-02-2023
Resumen: Este artículo analiza las dimensiones y representación del
cuerpo a partir del espacio de la ficción. El diálogo con la enfermedad,
por medio de la escritura, se convierte en un fenómeno de expansión
textual a lo largo de Diario del dolor (2004), de la autora María Luisa Puga.
La consciencia del acto de escritura por parte de la narradora permite
una metaforización del cuerpo donde las emociones ponen en contacto
el dolor individual como un punto de partida para entender el dolor
de la cultura. En el presente trabajo se parte del concepto de espacio
literario, de Mauricio Blanchot, concretamente sus reflexiones en torno al
fenómeno del diario. Este punto de partida se complementa con el discurso
representado desde la perspectiva de Luz Aurora Pimentel, respecto

15

�Jonathan Gutiérrez Hibler / El espacio del cuerpo a través de la escritura del diario

al pantónimo como un elemento clave en la descripción. El corpus de
análisis consiste en diferentes fragmentos de esta obra donde el acto de
escribir aparece de forma explícita y cómo éste afecta la construcción del
espacio del diario a partir del diálogo con Dolor (narratario de la obra).
Palabras clave: Diario, María Luisa Puga, espacio literario, descripción,
dolor, emoción.
Abstract: The following paper analyses the dimensions and representation
of the body through the space of fiction. The dialogue in the book
between the narrator and the disease, with the use of writing, becomes a
textual expansion phenomenon in Diario del dolor (2004), by María Luisa
Puga. The narrator’s consciousness of writing allows a metaphorization
of the body in which the emotions allow individual pain to be a way to
understand culture’s pain. The following paper takes Maurice Blanchot’s
point of view of literary space, specifically his reflections on the diary
as a phenomenon of the writer. This approach will be supplemented
with represented discourse from the perspective of Luz Aurora Pimentel
about pantonime as a key element in description. The fragments that are
analyzed in this work are the ones in which writing is an explicit action:
writing, as an act, will have consequences on the built of fictional space by
the dialogue with Dolor (receptor in the novel).
Key words: Diary, María Luisa Puga, literary space , description, pain,
emotion.

16

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-45

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

El presente trabajo analiza el cuerpo como un espacio de emociones
que parten de una enfermedad: la artritis reumatoide. Diario del dolor
(2004), de María Luisa Puga, sigue un género clínico de diarios que
registran el dolor y las emociones de pacientes médicos por medio
de la escritura. Sin embargo, en el caso de Puga, hay una consciencia
acerca del acto de escribir en diferentes dimensiones, desde lo
instrumental hasta lo artístico-reflexivo. El dolor es representado por
una propuesta del espacio literario a través del cuerpo y las emociones.
Para efectos de este análisis, se tendrá como base el concepto de
diario, por parte de Maurice Blanchot, en El espacio literario, y en
el pantónimo, según la teoría de la descripción propuesta por Luz
Aurora Pimentel en El espacio de la ficción. Las emociones, en el texto
de María Luisa Puga, se convierten en un fenómeno de expansión
textual en torno al diálogo de la escritura con la enfermedad, creando
especies de órbitas en torno a la narradora del diario.
Con base en esto, se compara y contrasta este marco teórico
con fragmentos del texto de Puga, específicamente aquellos donde la
escritura aparece de forma explícita, como sucede con los fragmentos
64, 89, 90 y 94. El objetivo de este trabajo consiste en describir
cómo la escritura metaforiza el espacio del cuerpo y lo lleva a otros
fenómenos: la expansión de las emociones va más allá de éste, pues su
percepción es una síntesis de la interpretación del dolor en la cultura.
El diario como espacio literario: escribir lo interminable
El espacio literario se considera como la escritura, a partir de Blanchot,
distinto al espacio de la ficción—desde la teoría de la descripción—,
tal como se verá más adelante en el apartado dedicado a este segundo
fenómeno. Partiendo de lo anterior, escribir lo interminable, cuando
se trata de una enfermedad como la artritis reumatoide, parece algo
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-45

17

�Jonathan Gutiérrez Hibler / El espacio del cuerpo a través de la escritura del diario

irónico cuando se conoce el desenlace de la vida de María Luisa Puga—
todavía más si atendemos a los fragmentos donde Dolor todavía no
tiene nombre, justo como sucede en su obra Diario del dolor—.
La soledad está en la escritura y ese mismo acto es el que
parece incesante, interminable, de acuerdo con Blanchot. En lugar
de crear un vínculo con la palabra, parece que lo rompe porque ésta
crea una fijación de algo y es la escritura la que entra como un corte,
algo similar a la enfermedad que demarca la percepción de un Yo
dentro de la continuidad de su vida. Para Blanchot, el escribir agrega
algo a esa ruptura del vínculo entre la palabra y el acto mismo:
Además, es retirar el lenguaje del curso del mundo, despojarlo de
lo que hace de él un poder por el cual, si hablo, es el mundo que se
habla, es el día que se edifica por el trabajo, la acción y el tiempo.
(1994: 20)

Mediante la escritura se renuncia a decir Yo, pero esto no es
algo absoluto, no es un corte de enajenación, sino que se trata de un
acto de alteridad. Al escribir se entra en el plano de la duplicidad, el
de los desdoblamientos desde el Yo: en Diario del dolor, de María Luisa
Puga, éstos se darán en diferentes relaciones, ya sea con Dolor, los
espacios físicos de espera, los espacios de la escritura o los objetos
como espacio de diálogo con el cuerpo. Incluso Dolor (narratario)
tendrá sentimientos en el espacio literario de este diario.
Sin embargo, lo interminable en la escritura se refiere a lo
que no se puede dejar de hablar. Frente a ese curso del mundo que
menciona Blanchot, la estridencia de que nos escribe, se propone el
silencio de la escritura como un espacio donde quien escribe se vuelve
sensible. En una enfermedad, el cuerpo se sumerge en aparatos
discursivos y espacios de producción discursiva: el estigma, la
18

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-45

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

intervención del cuerpo por parte de otros, instituciones nombrando
la enfermedad en medio de una burocracia, los sentimientos de los
familiares, entre otros tantos elementos que se asemejan a un ruido
intenso que no permite que se escuche la voz de la emoción. Para
Blanchot, este silencio “…es el recurso de su dominio, ese derecho
de intervenir que conserva la mano que no escribe, la parte de
sí mismo que siempre puede decir no y que cuando es necesario
recurre al tiempo y restaura el porvenir” (1994: 21). La desaparición
de sí, por parte de quien escribe, en la hoja en blanco (material o
digital), es una forma de recuperar ese dominio. La fragmentación
del Yo no es una destrucción de sí, en la escritura literaria, sino una
estrategia para regresar a ese dominio: el Yo es múltiple y comienza
a hablar cuando se elige este silencio de la escritura.
Sin embargo, es muy interesante cómo Blanchot plantea
que el escritor—concretamente los artistas franceses—sacrifican la
palabra individual para llegar a lo universal, como si lo individual
fuese una especie de capricho y no un punto de partida para su
relación con la verdad, pues ésta parece estar más allá del tiempo
presente y de quien vive. La escritura involucra la razón, pero sobre
todo un tipo de razón que se desplaza como orden. Para Blanchot
parece que la literatura satisface a una parte de la sociedad que lo
concentra todo y se mantiene alejada y encima de lo que la hace vivir.
La escritura, como acto de alteridad, aunque tenga un Yo
explícito, se trata de diferentes versiones de un Yo disuelto en un Él
implícito o a veces explícito, según las marcas que vayan brotando
en la hoja en blanco. Escribir: “No va hacia un mundo más seguro,
más hermoso, mejor justificado, donde todo se ordenaría según la
claridad de un día justo. No descubre el hermoso lenguaje que habla
honorablemente para todos” (Blanchot, 1994: 22). Ese Él en el que
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / El espacio del cuerpo a través de la escritura del diario

se convierte el Yo es una alteridad: la fragmentación es parte del
proceso de escritura.
Lo interesante es cuando aparece un soporte de la escritura
como espacio literario y es el concepto de diario, lo que Blanchot
llama “El recurso al diario”. El diario es visto como una forma de
mantener la relación de quien escribe consigo, como si las ficciones
más visibilizadas disolvieran el Yo y mediante éste fuera posible
encontrar un espacio donde la alteridad no devore esta imagen o
certeza de quién es:
El Diario no es esencialmente confesión, relato de sí mismo. Es
un Memorial ¿Qué debe recordar el escritor? Debe recordarse a sí
mismo, al que es cuando no escribe, cuando vive la vida cotidiana,
cuando está vivo y verdadero y no moribundo y sin verdad. Pero
el medio que utiliza para recordarse a sí mismo es, cosa extraña, el
elemento mismo del olvido: escribir. (1994: 22)

La verdad de quien escribe estará, para Blanchot, en las
cosas insignificantes. Lo importante en el Diario es la construcción
de puntos de referencia frente “a la peligrosa metamorfosis a la que
está expuesto” (22).
En el Diario hay una serie de elementos existenciales frente
a la estridencia del discurso que termina escribiéndonos como
personas. Para Blanchot, se trata de un libro solitario, sólo en
apariencia, pues la escritura es efecto de la angustia y el miedo a
esta condición llamada soledad. Parece ser que ésta sólo se crea a
partir de la obra, pero no es así, única, pues la enfermedad aparece
dentro de esa angustia, pero en forma de escritura. “El Diario
arraiga el movimiento de escribir en el tiempo, en la humildad de lo
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cotidiano fechado y preservado por su fecha” (23). En sí, Blanchot
señala que lo que se escribe tiene otra dinámica, a diferencia de
otras ficciones, porque la preocupación por lo verdadero parece no
ser una preocupación central: “…quien escribe ya no es capaz de
pertenecer al tiempo por la firmeza ordinario de la acción, por la
comunidad del trabajo, del oficio, por la simplicidad de la palabra
íntima, la fuerza de la irreflexión” (22). En el Diario descrito por
Blanchot está la preocupación de los días, de lo cotidiano de quien
se dedica a escribir. La construcción del tiempo o la ausencia de
éste señalada será un poco distinta a lo que se observa en Diario del
dolor, de María Luisa Puga, por diferentes detalles: 1) no hay fechas
explícitas, sólo fragmentos, y 2) la percepción del tiempo aparece
dentro de los fragmentos, no como una cronología (algo lineal), sino
como una palabra íntima frente al presente y el tiempo del dolor: un
tiempo compartido con Dolor (narratario), la voz de la narradora y
quienes aparecen en su espacio literario.
Sin embargo, Blanchot comenta todo lo anterior con base
en el diario como un espacio que pertenece a un grupo selecto: los
escritores, como artistas, por su oficio. Este concepto se limita a una
apreciación del diario como espacio universal, con una definición
de la escritura como extensión de la mirada de Orfeo: escribir es
un descenso al inframundo, con un aprendizaje dantesco en esta
especie de viaje, pues involucra una mirada. Con base en lo anterior,
a la definición de Blanchot habría que agregarle el concepto de
un diario del dolor, entendido como un instrumento terapéutico
en el tratamiento de las emociones frente a enfermedades por
parte de alguien. El Pain Diary o diario del dolor tiene una gama
de seguimiento en el registro de las molestias de una persona que
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / El espacio del cuerpo a través de la escritura del diario

padece una enfermedad: existen los que registran escalas de dolor y
otros la experiencia de las emociones, en sus diferentes variaciones
y propuestas. Por ejemplo:
Esta modalidad de documento terapéutico permite aliviar la
carga emocional del paciente y dar paso al proceso reflexivo.
Los eventos desestabilizadores generan emociones fuertes que
dominan la conciencia e impiden la reflexión. La razón y la
emoción deben encontrarse en el mismo nivel de conciencia para
que pueda darse la reflexión, ya que es la razón la que organiza a
las emociones y hace viable su expresión a través de una conducta
ética. De esta forma, cuando un paciente refiere una historia
saturada de dolor, miedo, sufrimiento, ansiedad, etcétera, le
solicito que todos los días se tome el tiempo de escribir en torno
a las emociones que lo acompañaron durante el día, qué eventos
sucedieron y qué emociones le generaron. Esto permite no solo
la expresión de la emoción, sino la introducción paulatina de la
razón, que va ordenando los eventos y emociones del día y con
esto transformando los significados, lo cual genera el proceso de
reflexión. (Reyes-Iraola, 2014: 508)

Los diarios del dolor, en sus diferentes representaciones,
sirven como un instrumento enfocado a este fenómeno y,
dependiendo el tipo, puede observarse una intencionalidad del
registro. Los hay como el de la definición citada anteriormente y
otros que sólo toman escaladas de lo que siente el paciente, dónde
y qué tan intenso es.
A la perspectiva de Blanchot es necesario agregarle este
concepto de diario debido a que se enfoca en una vivencia personal
por parte de quien padece una enfermedad: un fenómeno universal
que puede manifestarse desde lo individual. En el caso de Diario del
dolor, se encuentra este espacio donde las emociones se plantean
a partir de la reflexión, es decir, razón y emoción conviven en
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Ejemplo de diario del dolor, Pain diary (American Cancer Society)

diferentes niveles por medio de un instrumento que registra esta
experiencia. La enfermedad no siempre permite que la percepción
del tiempo sea la misma que la de un diario como el que plantea
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Blanchot. Lo segundo más es importante es tomar en cuenta de que
se trata, en el caso de María Luisa Puga, de una paciente con artritis
ordenando su experiencia desde la consciencia de la escritura como
un acto de alteridad frente a lo interrumpible. El dolor existe y se
ordena a través de otro espacio: el del discurso representado.
El espacio de la ficción: descripción como fenómeno de expansión
Una vez entendido el espacio literario como la escritura, en el
sentido del acto y lo literario, es necesario observar cómo el discurso
narrativo tiene un comportamiento distinto, que complementa el
tratamiento de Blanchot en torno al Diario y el acto de escribir. Si se
mencionó que el diario del dolor, en su vertiente de las emociones,
permite ordenar de manera reflexiva la experiencia del paciente, nos
encontramos frente a una experiencia de mundo donde narración y
descripción entran en contacto.
La descripción, de acuerdo con Luz Aurora Pimentel (2001),
experimenta tres factores para producir coherencia y cohesión en
la construcción de su identidad: 1) su modelo la organiza con el
fin de eliminar todo lo que no concuerde con éste y, por lo tanto,
encontraremos reiteraciones en torno suyo; 2) se establece una
relación dinámica entre el todo y las partes, y de esta manera se evita
la pérdida del conjunto; 3) finalmente, se encuentra el pantónimo
“definido como la permanencia implícita de la nomenclatura a lo
largo de todo el desarrollo descriptivo” (26). En consecuencia, la
descripción se comporta, en un texto literario, como un fenómeno de
expansión textual. Por esta razón, la nomenclatura de una emoción
puede observarse en diferentes objetos, espacios y personas, a
partir del momento en el que nos encontremos de la lectura de un
texto. Para observar esto en Diario del dolor, de María Luisa Puga, es
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importante tomar nota de estas nomenclaturas y cómo se expanden
y reiteran a lo largo del texto.
La definición que comparte Luz Aurora Pimentel (2001) de
pantónimo proviene de las aportaciones de Phillipe Hamon para
explicar que ésta da cohesión léxica y semántica en todo el texto. En
éste se impone la reiteración de un término y sus extensiones. Esto
quiere decir que, si la narradora de Diario del dolor describe a Dolor
con ciertas extensiones, al humanizarlo (como una prosopopeya con
estilos indirecto y directo), este término, a manera de nombre, puede
extender sus cualidades en otros objetos de la escritura del diario
como espacio literario. Sin embargo, la cohesión no sólo estará en
función de volver legible el texto, sino en el proceso de escritura: las
emociones se metaforizan y es posible ver la extensión semántica de
un objeto A en uno B. Por lo tanto, se rompe con el orden de afuera
y el diario se convierte en una representación del cuerpo a través de
la alteridad: ser otra en el texto, la otra a la que le duele, pero cuya
experiencia es ensordecida por los discursos fuera del texto, lejos
de un objeto representado, que es el cuaderno de la narradora, así
como sus extensiones: computadora o escritorio.
A partir de lo anterior, en torno al pantónimo, Pimentel
toma la siguiente aportación de Phillipe Hamon:
El pantónimo, a la vez que subraya el modelo configurativo del
enunciado descriptivo (tiende a ocupar los márgenes, del inicio
o final de la descripción), focaliza el sentido global del sistema,
desencadena las estrategias de retrospección y de prospección
de la lectura y asegura, por su memorización permanente y su
función anafórica, la legibilidad del texto. (Hamon, 1991: 156)

A esto se le debe agregar las observaciones de Hamon
(1991) sobre la memoria intra-descriptiva en un texto. Es decir,
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en el caso de Diario del dolor debe observarse cómo se construye la
persistencia de un lexema, como el caso de Dolor, y su persistencia
en la pluralidad de otros lexemas como el enojo, la tristeza, el humor
y la compasión. De esta manera se crean campos próximos y lejanos
dentro de una obra narrativa por medio de la descripción.
Con base en este concepto del pantónimo, Luz Aurora
Pimental agrega a esta equivalencia entre nomenclatura y predicado
las operaciones tonales y las articulaciones ideológicas-simbólicas
de este fenómeno de expansión textual, como sucede con los
calificativos:
Este tipo de calificativos cumple con una importante función tonal;
textualmente, actúan como operadores tonales, cuya redundancia
semántica - porque habrá de notarse que no es exactamente el
mismo lexema el que se repite, sino el mismo campo semántico
al que se afilian todos los diversos lexemas- genera una isotopía
tonal disfórica y desvalorizante. Es esta isotopía tonal la que no
permite, por ejemplo, leer el adjetivo “ilustre” en su sentido literal,
sino que obliga a interpretarlo como una significación irónica, ya
que es el único lexema que apuntaría hacia una isotopía tonal
eufórica - y por lo tanto hacia una valoración- que el resto del
texto desautoriza. (2001: 27)

Aunque Luz Aurora Pimentel parte de un ejemplo de
Balzac, citado al inicio del primer capítulo de El espacio de la ficción,
esta lógica puede trasladarse a otros textos literarios donde las
operaciones tonales cambian el sentido de una palabra que en otros
campos semánticos puedan leerse diferente, esto dependiendo de la
relación con la extensión del lexema. Aunque Dolor y la narradora
comparten el mismo cuerpo, sólo los conocemos por el espacio
literario en juego: el de la escritura.
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Los elementos citados son la base para entender la proyección
de un texto narrativo a través de sus diferentes sistemas descriptivos.
Lo que ocurre con los nombres comunes en el espacio de la ficción es
un tema de discurso representado. Por esta razón, lo extratextual se ve
desplazado, detalle similar al que señala Blanchot cuando la escritura
corta el movimiento del afuera. Mientras en éste se encuentra una
definición general del acto de escritura, con base en la aportación de
Pimentel se cuenta con un mecanismo particular que tiene relación
con las alteridades. En sí: “…el texto va construyendo su propia
referencia, desplazando así al referente extratextual” (Pimentel, 2001,
p. 38). Lo que para el lector puede significar la palabra dolor, en el libro
de María Luisa Puga se configurara una autorreferencia de Dolorpersonaje y narratario: no pierde en contacto con lo que conocemos
como dolor y crea, al mismo tiempo, un particular con consistencias
individuales en las emociones de la narradora.
Los nombres tendrán un juego, por su construcción y
desplazamiento de referentes reales, a partir de lo intratextual
y lo extratextual. Pimentel señala las diferencias entre el nombre
propio y el nombre común. Sin embargo, los ejemplos citados se
refieren a ciudades y no a sensaciones que pasan por el filtro de la
imaginación, concretamente el de las figuras retóricas. Por tal motivo,
Dolor-personaje debe ser analizado desde estas dos directrices: si
las descripciones de Dolor tienen un referente extratextual, deberá
leerse en función de esta dinámica con el fin de comprender cómo
desplaza esos referentes, pues “La función que cumplen los adjetivos
es precisamente la de particularizar al nombre” (56). Aunque los
adjetivos no tengan referente, como el caso de los nombres, éstos,
en función del pantónimo, podrán expandir el referente interno que
se construye dentro del diario.
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Finalmente, para configurar la descripción en un texto
literario, es indispensable observar un elemento en juego: la
repetición. En arte, la repetición no es lo mismo que redundancia,
en el sentido de copia, sino en el de una reiteración que permite la
cohesión y coherencia de la propuesta de mundo. Diario del dolor, de
María Luisa Puga, es una propuesta de un cuerpo en forma de texto,
el Yo se fragmenta, con base en una temporalidad del antes y después
de la enfermedad, para acceder a un espacio que la estridencia de lo
extratextual no permite la reflexión de las emociones, cosa que lo
que está en el texto sí.
Si la descripción, al inicio en su forma de catálogo o
enumeración, aísla los objetos representados, no es con el fin de
excluir otros fenómenos, sino para poder observarlos y reconocerlos
en objetos que han sido construidos por otra experiencia discursiva.
En este sentido, la repetición se presenta por la extensión de los
nombres y la expansión de los adjetivos en diferentes momentos
del proceso de escritura frente a la enfermedad, esto para el caso del
texto de María Luisa Puga:
Es importante subrayar que la configuración descriptiva es una
construcción abstraída de las variaciones que puedan darse en
el nivel de la manifestación lingüística o en el del contenido de
la descripción. Esto quiere decir que objetos diferentes pueden
describirse utilizando una misma configuración, lo cual puede
establecer entre ambas descripciones relaciones significantes de
diversos tipos. (Pimentel, 2001: 74)

La escritura, como espacio literario, construye diferentes
alteridades de un Yo a partir de las mismas configuraciones de la
descripción. En Diario del dolor, se construyen relaciones significantes
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entre objetos, emociones y sujetos que parecen no tener algo qué
ver fuera de ese espacio ficcional.
En consecuencia, a partir de la repetición, se crean
relaciones de analogía entre objetos, emociones y sujetos distintos.
Por esta razón, éstas “…tienden a articularse de manera metafórica
para reunir diferentes segmentos del relato y conferirles una
dimensión de significado simbólico o ideológico que cada uno
de los segmentos aislados no contiene” (Pimentel, 2001: 87). La
metáfora permitirá la aglutinación de lo que el pantónimo fijó
en los modelos descriptivos presentes en la narración, ésta “…
introduce una imagen estereoscópica, un espacio bi-isotópico
imposible, aunque no por ello menos vívido, ni menos iconizable”
(2001: 90). ¿Qué tienen en común un bastón, una silla con ruedas,
una silla de ruedas, la sala de Nutrición, el escritorio, el cuaderno,
la cabaña y la descripción de Dolor y la imagen que la narradora
tiene de sí? Esto sólo puede explicarse por medio de la metáfora
y ésta se encuentra en la consciencia del acto de escritura además
del instrumento terapéutico de un diario del dolor. El espacio del
cuerpo se proyecta en otros objetos y los objetos se proyectan en
el cuerpo.
Es importante identificar, además de la configuración del
resto de los objetos y emociones, la dinámica que tiene la escritura
en Diario del dolor cuando esta se vuelve explícita dentro del texto.
Por ejemplo, cuando hay una novela en la cabeza (fragmento 17), la
diferencia entre palabras sin sentido y la escritura (fragmento 19),
la escritura como un agente extraño, que supuestamente da orden a
las emociones (fragmento 20) o las preguntas sobre el ser escritora
(fragmento 42), por mencionar sólo algunos de los varios ejemplos
que aparecen en este libro.
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La escritura: metáfora del cuerpo cuando se vuelve
consciente del antes y el porvenir
Para el fragmento 64 el acto de escritura comienza a tomar un
rumbo distinto del que le precede en los anteriores. En realidad,
ésta aparece desde el 17: “La escritura aparece en el pasaje 17 y
tiene dos funciones: evidenciar nuevamente los sentimientos de
desposesión de Puga, y reforzar la función de Dolor como referente
vacío” (Cejudo, 2014: 175). Sin embargo, para el 64 la narradora
ya estableció una descripción clara de Dolor, a quien se refiere en
segunda persona y le ha cuestionado si tiene una especie de fuero
porque no necesita consciencia de su presencia: la paciente-escritora
registra a Dolor, pero éste no tiene la necesidad de registrarla a ella.
Las lágrimas y las risas comienzan a disolver sus fronteras. En el
fragmento 64, se lee lo siguiente:
Cuando voy a escribir algo nuevo, Dolor, merodeo la idea. La trato
de ver desde todos los ángulos que pueda tener. Tú estás haciendo
lo mismo conmigo, ¿no es cierto? Me andas merodeando para ver
cómo me llegas. Ahora te cuesta más trabajo que antes. Era tan
fácil agarrarme desprevenida. (Puga, 2004: 64)

El diálogo con Dolor continúa con la crítica de su nueva
estrategia: la somnolencia, el cansancio de las medicinas y el mismo
dolor prolongándose en el cuerpo de la narradora. En este punto,
puede observarse cómo Dolor se asoma en la escritura asimilando el
mismo proceso: la configuración planteada por el pantónimo en el
fragmento 34, donde aparece el cuaderno como cuerpo y la actitud
misógina de Dolor frente a la escritura, toma un sentido similar al de
la división Yo/Dolor: el Yo se adelgaza, mientras el Dolor engorda
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(fragmento 11). Mientras más se repite el dolor y se expande en
el cuaderno como prolongación del cuerpo, el Yo se cuestiona si
Dolor es parte de una naturaleza o si engorda, como si bailara, sólo
para divertirse: “…te juro que si me llego a enterar de que sólo lo
haces para divertirte, VOY A TOMAR MEDIDAS” (64). Como
puede observarse, la tipografía cambia drásticamente, a manera
de mayúsculas, una motivación paralela a la engorda de Dolor: la
escritura actúa como un acto consciente sobre el registro del dolor
en el cuerpo, un acto de libertad en medio de las fronteras que Dolor
está borrando (risa/lágrimas). Curiosamente, este comportamiento
de copia, por parte de Dolor, ya aparece en el fragmento 17 cuando
se menciona que éste “Simplemente está junto a mí, copia todos mis
movimientos” (p. 20)
Más tarde, en el fragmento 89 se toma la escritura en relación
con el cuerpo y la depresión posparto, donde la configuración
establecida en el fragmento 27, acerca de la diferencia entre desánimo
y depresión, adquiere un sentido donde se cuestiona la narradora si
Dolor es capaz de entrar en el plano de este estado:
No importa que tu género no sea femenino, Dolor, también se
siente al terminar de escribir un libro. Pérate. Ya sé que no sé
si has escrito libros, de eso no estamos hablando ahorita, pero
sí estoy segura de que has leído sobre estas depresiones, tú, un
especialista en antesalas de médicos; la de revistas que habrás
leído. (Puga, 2004: 84)

La narradora está plateando la depresión posvacacional: las
vacaciones como corte del trabajo, lo que se conoce como descanso,
no agregan descanso, sino que intensifican lo que está fuera de ese
paréntesis. Cuando Dolor se toma vacaciones, parece que regresa
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con más potencia porque la depresión “… se encuentra en otra
latitud, pero desde donde ésta puede envolverlo todo”. (26). Dolor
comienza a tener más características de movimiento, como deseo
de la narradora, aunque éste decide invadir y abarcar su espacio de
escritura y cuerpo: le sugiere que se ponga a leer, que se salga a
caminar o cocinar. Sin embargo, dolor se queda quieto en el espacio
del cuerpo-texto.
En el fragmento 90 la narradora señala cómo ha cambiado
la percepción del tiempo, en cuanto ritmo, las cosas parecen ir más
lentas y esta lentitud permite ver la conexión de las manos con otros
objetos y las actividades que se llevan a cabo con ellas:
A mí siempre me ha gustado escribir a mano y ver cómo voy
llenando los renglones al mismo tiempo que cuento lo que quiero
contar, pero ahora que lo hago en cámara lenta me fijo que el
trazo de la t es sumamente placentero, igual que picar cebolla muy
finita o lavar un suéter con agua tibia. (Puga, 2004: 86)

La escritura es un acto de contemplación y corte que deja
varios testimonios: se merodean ideas como en el fragmento 64,
escribir un libro es como tener un parte (deja una depresión) y
permite darle otro ritmo, uno lento a la realidad. También, en
relación con este Yo fragmentado, hay una relación fluctuante de
identidad: “La voz que narra materializa en su reflexión arte/vida
las concepciones de la autora referentes a la escritura como un tapiz
que descifra, revierte y sostiene, una identidad siempre fluctuante
y resbaladiza” (López, 2006: 244). No se trata sólo de contenido
en el acto, sino su corporalidad fluyendo en diferentes espacios.
Las manos escriben una ‘t’ como también cortan cebolla y lavan
un suéter. Por esta razón, la narradora invita a Dolor a ponerse a
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barrer: “Pruébalo y verás que la consciencia se te limpia, se vuelve
tersa y dispuesta para lo que venga” (Puga, 2004: 86). Las manos
tienen diferentes cuadernos donde escribir, tanto que se olvida el
desamparo por parte de la narradora, tan sólo por recordar que al
día siguiente barrerá.
Finalmente, en el fragmento 94 se observa el pantónimo
relacionado con el desánimo establecido desde el fragmento 27. La
tolerancia, ese diálogo amistoso registrado por la escritura, se rompe:
Si nos supiéramos armonizar, equilibrar, mesurar, otra cosa sería,
y bien aburrida. De manera que no queda más que registrar el
hecho, mano: ayer nos peleamos. ¿Qué nos dijimos? Lo que uno
se dice en las peleas, para qué escribirlo en detalle. Sólo diré ... ah,
bueno, diremos, que el diálogo iba así: Es que tú/ No, pero tú/
Pero porque tú/Ah, ¿sí? ¿Y tú ...?
Da náusea. (Puga, 2004: 89)

El desánimo ya había sido descrito antes como el “tufo”
(26) que Dolor deja a su paso. En este pasaje, el tufo se expande a
manera de náusea, tanto así que “engorda” ese desánimo al punto
de mostrar la flaqueza que poco a poco va mermando al acto de
escribir. En el fragmento 17 cuando se señala que “La escritura en
cambio, no pierde detalle” (20). En el caso del fragmento 94, se
registra el hecho del disgusto, la ausencia de diálogo con Dolor: no
hay necesidad de registrado con detalle de acuerdo con la narradora.
La escritura, como espacio-cuerpo, comienza a desanimarse.
Todo esto traerá consigo una pregunta que surge desde los
primeros fragmentos de Diario del dolor: “Es la escritura que me
pregunta: ¿Te vas a curar? / Ni idea. No sé qué es lo que significa
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / El espacio del cuerpo a través de la escritura del diario

estar curada” (Puga, 2004: 20). La narradora es consciente de los
límites de la escritura en el espacio donde registra su diálogo con
Dolor, pues ella no encuentra palabras para “…hablar de una
posible realidad curada” (20). En esta dimensión, la palabra cura
está relacionada con un silencio (el de Dolor), con lo incontrolable
(47), la imposibilidad de los viajes para llevarla a cabo (76) y espacio
de las contradicciones:
Eso es lo que le estoy haciendo a mi escritura, querido y venerable
amigo: la actualizo, y en esta versión, la que contiene operaciones,
tú resultas obsoleto porque, por un lado, todo va a doler, y por
el otro, el dolor va a ser síntoma de curación, no de enfermedad.
Queremos creer eso, pero nos reservamos el derecho a la
contradicción. (91)

Poco a poco la narración, a través de la consciencia del
acto mismo de escribir desembocará en el final de Dolor, crearle
un espacio de alteridad en el cuaderno mediante el acto de dejar de
escribir. Ya en el fragmento 95 se establece la necesidad de terminar
con el Diario, Dolor se ha vuelto repetitivo y se le ha subido la
actitud como protagonista. Pasará a la computadora, aunque
éste sea más independiente, posee las mismas características en
cuanto a lo impredecibles que son: no se sabe lo que harán con
uno. Nuevamente, observamos esa configuración fragmentando en
espacio de escritura, desde el dolor: la computadora, el cuaderno,
las actividades de las manos, la oralidad a manera de diálogo escrito
con las cosas, por mencionar algunos de los citados anteriormente.
En contraste con lo que presenta Blanchot acerca del diario
como recurso, éste mantiene la relación que tiene consigo mismo,
distinto de lo que ocurre con las ficciones donde el Yo se disuelve en
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otros Él. En el caso de Diario de dolor, concretamente los fragmentos
comentados hasta ahora, no es un ejercicio de recordar quién es
vivo y verdadero: la enfermedad es un corte, otra escritura que se
impone y, por lo tanto, el diario ficcionaliza el dolor al darle una
personalidad y convertirlo en narratario donde el Yo de la narradora
se fragmenta, según este Memorial. No se trata de lo vivo, contrario
a lo moribundo señalado por Blanchot, sino el cuestionamiento de
lo que es vivir con un ente que copia todo lo que hace la narradora,
incluso el acto de escribir.
La carga emocional que racionalizan y ponen en perspectiva
los diarios del dolor funcionan de manera singular, de acuerdo con
el proceso de escritura de quien padece la enfermedad. Diario de
dolor, como puede observarse en los fragmentos citados, plantea una
metáfora del cuerpo como espacio de escritura donde conviven la
narradora y, su a veces compañero, Dolor. La escritura habla (fr. 18),
pero se vuelve extraña (fr. 20) y, en el fragmento 35, se metaforiza la
imagen del cuaderno:
Dolor siempre se ha mostrado escéptico ante el cuaderno. Doble
esfuerzo, parece decir con la mirada. O peor aún: Esfuerzo inútil.
Se podría decir que ante la escritura Dolor esgrime una actitud
misógina. En ese terreno ambos nos damos la espalda. Yo me
encorvo ante el cuaderno; él, sepa qué hace. El cuaderno sirve para
inventar las palabras con las que voy a decir o a decirme. O sea,
sirve para ensayarlas. Hágase de cuenta que practico ante un espejo.
¿Se ha visto algo más tangible, más concreto, más sabroso que la
escritura manuscrita? No, hasta donde yo sé. (Puga, 2004: 45)

Dolor se muestra escéptico frente al cuaderno de la
narradora, similar a la posibilidad de encontrar una cura mediante
las palabras. Ese espejo-cuerpo es lo concreto: el acto mismo de
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / El espacio del cuerpo a través de la escritura del diario

escribir es tangible y concreto; en este sentido, el recurso del diario
desde la perspectiva de Blanchot permite ese recuerdo de sí por parte
de quien escribe, pero en este caso mediante la ficcionalización del
Dolor, como prosopopeya y los diálogos que entabla la narradora
con su narratario.
En Diario del dolor está presente una isotopía tonal en torno
al acto de escritura: se expande en el movimiento de las manos en
otros actos y desaparecen emociones relacionadas con la desolación
y el desánimo y éstas son registradas en algunos fragmentos, pero
para que esto se lleve a cabo primero se registra el espejo de Dolor
al imitar las acciones de la narradora. En ese diálogo retórico, la
narradora supera los límites de su narratario (por momentos) con
el fin de presenciar otro tufo antes de que éste lo invada. En esta
isotopía tonal, la escritura es cuerpo a manera de parto, limpieza y
espacio de reconocimiento. El dominio de sí consiste en la praxis:
se registra lo inevitable de Dolor, su presencia constante (incluso
tomándose vacaciones) y una dimensión personal de éste con
la escritura. Lo interesante es cómo la computadora se describe
como un apéndice de la arquitectura interna de la narradora:
escritorio, cuaderno y libro (fr. 35). Cerca del final de Diario de
dolor la computadora toma el lugar de Dolor: se está alerta con ella,
como con él, no se puede bajar la guardia, pero a ella la acaricia
más que a él. Los objetos poseen cualidades del narratario y tienen
relaciones parecidas a partir de esta configuración. Sin embargo,
como apéndice de la escritura, del acto de escribir, se llega al final
de la novela donde, a propósito del desánimo, su tufo presente:
“Así es esto del dolor diario” (Puga, 2004: 92). Como a escritura
que señala Blanchot, se habla de lo interminable y para captarlo
hay que darle un final al diario.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-45

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Conclusiones
La escritura en Diario del dolor metaforiza el cuerpo y se convierte
en un espacio donde las emociones se expanden en el texto a partir
de sus descripciones. La isotopía tonal de la escritura en relación
con la enfermedad inicia su configuración, a través del pantónimo,
desde los primeros fragmentos de su mención consciente (del acto
de escribir).
Sin embargo, esta isotopía tonal del acto consciente de
escribir, desde la enfermedad, adquiere variaciones de significación
en la fragmentación del Yo mediante este acto de alteridad. Es decir,
sus variaciones descriptivas se darán en relación a los estados de
ánimo y la cercanía semántica con los objetos que se repiten en el
espacio literario de la narradora. De igual manera, la personificación
de su narratario (Dolor) determina la expansión textual de esta
isotopía tonal. El desánimo y la depresión quedan fijados por las
certezas e incertidumbres de la narradora mientras su narratario
copia sus comportamientos.
La escritura, en relación con el cuerpo, es consciente de
cómo Dolor la invade porque el desánimo es como bruma, una
laguna (Fr. 19); las palabras en el desánimo no tienen sentido y la
escritura busca ser un espacio que sí lo tenga, pero su mirada (a la
manera del Orfeo de Blanchot) se vuelve extraña. Sin embargo, esta
isotopía tonal es importante describirla y analizarla en relación con
las emociones, pues por momentos en el diario el llorar es parecido
al estornudar (Fr. 28) y esto puede reconfigurarse después cuando
la narradora reflexiona sobre ser escritora (Fr. 42). En resumen, la
metaforización del cuerpo da una mirada estereotópica al acto de
escribir y sus alteridades motoras: barrer, lavar, estornudar, moverse,
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / El espacio del cuerpo a través de la escritura del diario

entendidas como otro espacio de alteridad que se vuelve consciente
en el cuaderno, el acto manuscrito, antes de llegar a su apéndice: la
computadora.

Referencias bibliográficas
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Jinkis. Paidós.
Cejudo, S. (2014). Escritura, cuerpo y voz en Diario del dolor de
María Luisa Puga. Interdisciplina, Vol. 2, No. 3, pp. 163-187.
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de 2022. https://www.cancer.org/content/dam/cancer-org/cancercontrol/es/worksheets/pain-diary.pdf.
Hamon, P. (1991). Introducción al análisis de lo descriptivo. Edicial.
López, I. (2006). (Re)composición del cuerpo/ texto en “Diario del
dolor”. Anuario de Letras. Vol. 44, 2006, pp. 233-253
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Puga, M. L. (2004). Diario de dolor. Alfaguara.
Reyes-Iraola, A. (2014). El uso de la escritura terapéutica en un
contexto institucional. Revista Médica del Instituto Mexicano
del Seguro Social. Vol. 52, No. 5, pp. 502-509.

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�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad
There was another world: José Watanabe, poetry
and sacredness
Jorge Saucedo
Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey
Montwerrey, México
ORCID: 0000-0001-5500-8438
jasaucedomontoya@uh.edu
jorgesaucedo14@gmail.com

Fecha de entrega: 04-12-2022 / Fecha de aceptación: 21-02-2023
Resumen: A partir de la identificación de sus afinidades con Robert Frost,
Rubén Darío y elementos centrales de la poesía romántica, propongo leer
la poesía de José Watanabe como una obra en que la integración de ideas y
mitos provenientes de diversas tradiciones espirituales revela una concepción
de la poesía como tentativa de preservar la experiencia de lo sagrado.
Palabras clave: poesía peruana, romanticismo, espiritualidad, mito,
naturaleza
Abstract: Parting from the identification of affinities with Robert Frost,
Rubén Darío and central elements of Romantic poetry, I propose reading
José Watanabe’s poetry as a work in which the integration of ideas and
myths from diverse spiritual traditions reveals a conception of poetry as
an attempt to preserve the experience of sacredness.
Keywords: Peruvian poetry, Romanticism, spirituality, myth, nature

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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

Los ejes de la poética de José Watanabe, a quien Eduardo Chirinos
identificó a principios de siglo como “el más importante punto
de referencia para los jóvenes poetas del Perú” (2004: 88), han
sido descritos por diversos académicos, creadores y críticos. Se
mencionan, por ejemplo, el deseo comunión que subyace a sus
descripciones del paisaje y la naturaleza (Jara, 2001), la valoración
del imaginario de su natal Laredo, rica tradición oral andina, y la
implícita reivindicación de valores relativos al pensamiento mítico
(Sbárbaro, 2005; Fernández Cozman, 2008), la afinidad con el haikú
y el budismo zen (Tsurumi, 2012; Muth, 2014). También se subraya
la singularidad de la obra del peruano en su contexto literario:
“Compañero de ruta de ruta de los jóvenes airados de los setenta,
José Watanabe (Laredo, 1946) mantuvo siempre una independencia
estética que lo convirtió desde su primer libro en un poeta insular”.
(Chirinos, 2004: 87) En palabras de Camilo Fernández Cozman:
La de [Antonio] Cisneros es una perspectiva urbana. [Luis]
Hernández es un desmitificador de íconos occidentales. [Marco]
Martos es un poeta migrante, pero que critica –con sutil ironía– la
rutina de las relaciones familiares y la desintegración del hogar.
En ninguno de estos tres poetas hay un influjo poderoso del mito.
Watanabe sí bebe de las fuentes de una visión mágico-religiosa:
me refiero a la que inunda las calles de Laredo. Su poesía de
carácter conversacional se fusiona con el mito y deja que el haiku
nos transmita una sabiduría, sin duda, legendaria. (Fernández
Cozman, 2008: 72)

En el presente artículo mostraré cómo esa singularidad que
aleja a Watanabe de sus contemporáneos se sustenta en una afinidad
que le acerca a otros proyectos poéticos y referentes culturales,
a la luz de los cuales es posible una más profunda comprensión
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-47

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

de su poética. Propongo la lectura de su poesía, y en particular
la representación de la naturaleza, a la luz de la obra de Robert
Frost, poeta con cuya obra se reconoce una marcada afinidad. El
reconocimiento de esta afinidad y de la resonancia de elementos
clave de la poesía romántica en la obra del peruano, nos permitirán
identificar el que probablemente sea el elemento central de la poética
de Watanabe: la concepción de la poesía como tentativa de preservar
la experiencia de lo sagrado.
José Watanabe y Robert Frost: las extrañas simpatías
de la naturaleza
La afinidad que Watanabe declaró haber sentido con la poesía del
norteamericano (Pajares Cruzado, 2006) puede constatarse en la
coincidencia en ambas obras de una serie de motivos que conforman
una particular concepción de la naturaleza. Según George F. Bagby,
la obra de Frost se caracteriza por desarrollarse alrededor de la
metáfora de “la lectura del libro de la naturaleza”. Esta metáfora
se manifiesta a través de “poemas-emblema” (emblem poems) que
describen un objeto o escena natural para luego realizar una especie
de traducción, en la que se hace explícito su significado o se descifra
una lección. El término emblem es aquí altamente significativo, pues
Bagby lo toma de Ralph Waldo Emerson, cuya obra considera el
sustento intelectual sobre el cual se desarrollan las ideas sobre la
naturaleza de la poesía de Frost. Emblem, tal como lo usa Emerson,
es equivalente de símbolo, vocablo que Bagby prefirió evitar por
la variedad de asociaciones que suscita, entre ellas, con la poesía
simbolista (Bagby, 1993: ix-x). La metáfora del libro de la naturaleza
es inseparable, en esta lectura de la obra de Frost, de otra que
aparece en su poema “A lone striker”, donde un trabajador siente la
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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

necesidad de dejar su labor en un molino para buscar un lugar y una
actividad más elevados, subir a un risco
among the tops of trees,
their upper branches round him wreathing,
their breathing mingled with his breathing

Esta identificación (que es también una comunión) con la
naturaleza sugiere que ésta es más que su existencia material: Nature,
by implication, is not merely physical; like humans, it is inspirited. Esta es
una poesía animista, en la que los objetos, seres y procesos son en
realidad presencias, y en la que la naturaleza y el ser humano pueden
conspirar (con-spire) para que éste sea capaz de encontrar sentido en
el mundo físico (Bagby, 1993: 1-2).
Esta concepción de la naturaleza llega a Frost como herencia
de la cultura inglesa del siglo XVII. A partir de la obra de Emanuel
Swedenborg, Frost recibiría las nociones de “extrañas simpatías”,
“relaciones ocultas” entre el ser humano y los procesos naturales
(a su vez inspiradas en la antigua concepción del ser humano como
microcosmos que corresponde al macrocosmos del universo)
principalmente a través de la obra de Ralph Waldo Emerson y Henry
David Thoreau. Frost recibió muy temprano, por parte de su madre,
las ideas de Swedenborg y Emerson1, por lo que no es extraño que
1 Para el tiempo en que nace su hijo, Isabelle Moodie Frost se había
convertido a la iglesia swedenborgiana, en la que Robert fue bautizado. Sobre
ella, el biógrafo Lawrence Thompson escribe: “Mrs. Frost herself wrote
browningesque poetry; she was also an optimistic visionary with a very keen
imagination of her own (…) With the aid of Swedenborg’s writings she found
in her own religious visions ample consolation for the difficulties of her
sorrowful life. Her son, thus encouraged by his mother’s ways, soon began
to make his own self-protective retreats into sanctuaries created by his own

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en su poesía se encuentren ecos de la doctrina de aquél sobre las
correspondencias. Entre las ideas generales que Emerson extrae de
Swedenborg está la de que hay un “paralelismo perfecto” entre las
leyes de la naturaleza y las del pensamiento. Y la consecuencia de
esto es que, si materia y mente se reflejan mutuamente, no son en
realidad entidades separadas, sino que existe intercambio entre ellas
y por ello, señala Bagby, los sentidos pueden ser una vía de acceso a
verdades que van más allá del ámbito sensorial (1993: 2-4).
El interés de Watanabe en la manera en que se representa
la naturaleza en la poesía de Frost resulta evidente en las siguientes
palabras: “Estoy seguro de que si la naturaleza pudiera crear a alguien
para que escribiera sobre ella, escogería a Robert Frost, pues a
través de una flor, de una piedra se puede revelar la verdad” (Pajares
Cruzado, 2006). “Tree at my window” sería un excelente ejemplo
del influjo de estas ideas: la imagen paralela de hombre y árbol,
separados por la transparencia de un vidrio, se realiza mediante una
construcción simétrica entre versos e incluso dentro de un mismo
verso. Se habla del árbol como una presencia que el poeta no sólo
observa, sino con la que se identifica. Se encuentran cada uno a un
lado del vidrio (como en un espejo), y enfáticamente se expresa la
necesidad de que, aunque separados, no dejen de reflejarse. (Bagby,
1993: 5-6)
Tree at my window, window tree,
My sash is lowered when night comes on;
But let there never be curtain drawn
Between you and me.

imagination.” (Thompson, 1966: xv-xvi)
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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

Bagby señala dos aspectos clave del poema: la inteligibilidad
del mundo natural sugerida por la asimilación de las hojas del árbol
con lenguas (“Not all your light tongues talking aloud / Could be
profound” [6]) y el hecho de que se trata de un poema sobre “los
trabajos de la imaginación”.
If there is any doubt that the poem is about the workings of
the imagination, we need only note the introduction in the last
stanza of a third force, which is credited with having arranged the
symmetry of tree and poet: “Fate” and “her imagination.” That
fated imagination is both the agency and the ultimate goal of the
conspiracy between the natural and the human; imagination sees
self and tree as “putting their heads together” and “conspiring”
precisely in order to imagine –to make the images that constitute–
the world we live in. (7)

Entre los ejemplos de la afinidad de la obra poética de José
Watanabe con los aspectos de la poesía de Frost que he mencionado (el
procedimiento de los poemas-emblema, la representación de los objetos
y procesos naturales como presencias, la idea de “correspondencias”,
la naturaleza como libro) citaré en primer lugar uno que resulta
especialmente interesante en relación con “Tree at the window”. Se
trata del poema “De la poesía”, publicado en Historia natural.
En este poema (que, significativamente, y tal como lo
sugiere el título, puede leerse como una poética) existe, como en
el de Frost, un paralelismo entre poeta y árbol, que se resuelve en
una identificación profunda. En él se narra el momento en que un
niño descubre la poesía al observar el nacimiento de una planta en
la tierra junto a un árbol donde normalmente defeca. Aparte del
título, en el poema no aparece la palabra poesía sino hasta el final
(es la última palabra). La narración se centra en la anécdota del niño
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

que observa la planta e imagina el viaje de una semilla por su cuerpo
hasta plantarse en la tierra.
El niño entró en la sombra de su árbol extramuros
donde dejaba diariamente sus quehaceres de intestino.
Y si otro niño en árbol vecino se acuclillaba
y se aliviaba
brotaba entre ambos
la honrosa complicidad en la depuración
del buen animal. (Watanabe, 2008: 183)

Aquí es central la idea de verticalidad: el niño mira una
plantita e imagina el recorrido de la semilla por su cuerpo hasta
llegar a la tierra, para luego surgir en movimiento ascendente. La
plantita permite al niño identificarse con el árbol; el niño descubre
que vive (en su interior) el mismo orden que reina en la naturaleza
(el movimiento hacia arriba y hacia abajo). Y es precisamente la
imaginación el mecanismo que revela esta identidad: “Y lo estremeció
la imaginación del viaje / de la pequeña menestra”. Si el poema inicia
subrayando la animalidad del ser humano, lo que de común tiene con
otros animales, en el cierre una nueva e inesperada identificación
ocurre: la de un vegetal y la poesía.
Y en la memoria del niño,
con difícil contento,
comenzó a elevarse para siempre
la planta mínima, tu principio, tu verde banderita,
poesía. (183)

Si las hojas del árbol de Frost son lenguas que a veces dicen
cosas profundas, esta plantita es una bandera. No un libro y no una
lengua, sino una bandera, como es comprensible en un poeta que
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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

insiste en el valor del símbolo, su poder evocativo y su naturaleza no
lingüística.2 Sin embargo, nos encontramos aquí, como en el poema
de Frost, ante una naturaleza que puede ser leída, que mediante la
imaginación resulta inteligible.
Si Frost le habla a su árbol directamente, y da así una
dimensión más profunda a su relación, en el poema de Watanabe
los paralelismos e identificaciones se expresan también de una
manera apostrofada, aunque de modo más complejo. El poema está
escrito en tercera persona, lo que crea una distancia entre el poeta y
el personaje que representa al mismo poeta como niño.3 Este niño
es situado en el poema dentro de la narración, en la que también
aparecen el árbol y otro niño casual, con quien surgía “la honrosa
complicidad en la depuración / del buen animal”. La segunda
persona es empleada sólo al final del poema, cuando se apostrofa a
la poesía. A aquella complicidad inocente, animal, corresponde esta
otra, que nace de “una visión” (“esta vez, sin embargo, / una visión
suspende al niño”) y que por medio de la imaginación reúne, en el
último verso, la existencia vegetal, el mundo interior y sus heraldos
simbólico y lingüístico: planta, banderita, poesía.
2 En numerosos poemas de Watanabe es evidente la inclusión de elementos
naturales con un valor simbólico. Por mencionar sólo unos ejemplos: el sol en
“Refulge otra vez el sol” (del libro El huso de la palabra) y en “El guardián  
del hielo” (Cosas del cuerpo), la montaña en “Animal de invierno” (Cosas del
cuerpo) y el árbol, como en el poema que nos ocupa ahora, en “El árbol” (La
piedra alada). Edmundo Sbárbaro (2005) ha señalado el valor simbólico que
tienen ciertos elementos como la piedra y la montaña en la poesía de Watanabe.
3 El desdoblamiento del yo poético (un personaje conformado a lo largo de
la obra de Watanabe por numerosos datos que lo identifican con el propio autor)
es un recurso frecuente en la poesía del peruano, como ya ha señalado Luis
Fernando Jara (2006: 11). En este sentido es significativo el uso de la segunda
persona en poemas como “El inocente” que se comentará en este artículo.

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En la poesía de Frost, los eventos naturales no son
exclusivamente físicos ni casuales. Las presencias de la naturaleza se
encuentran con la intención de revelar al observador un aspecto oculto
del mundo en el que vive. En “Design” una araña, una palomilla y una
flor coinciden, al parecer, para enseñarle al observador el lado oscuro
de la naturaleza (Bagby, 1993: 7). Estos seres, “Assorted characters of
death and blight”, llevan al poeta a preguntarse
What brought the kindred spider to that height,
Then steered the white moth thither in the night?
What but design of darkness to appall?-If design govern in a thing so small.

El vocablo design, que evoca las nociones de diseño, plan
y propósito, insinúa aquí un destino trazado a gran escala en la
naturaleza, que sin embargo alcanza los procesos y seres minúsculos
que aparecen a la vista del observador. Este encuentro de presencias
de la naturaleza, descrito como una especie de fatalidad, se observa
en el insólito modo en que Watanabe introduce el sol como tercer
personaje, después de que se presentan el yo poético y el heladero
en los primeros versos de “El guardián del hielo”, de Cosas del cuerpo:
Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol. (Watanabe, 2008: 228)

A continuación, el breve poema termina con dos estrofas en
las que, al derretir el hielo, el sol le enseña al yo poético una lección
fundamental: la importancia de conocer la fugacidad de la propia vida
en un universo en permanente proceso de creación y destrucción.
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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

Así que también aquí nos encontramos con una naturaleza animada
que en su coincidencia con el ser humano le permite a éste descubrir
un aspecto antes oculto del mundo en que vive.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol. (228)

En “Design”, un misterioso plan lleva a las presencias de la
naturaleza a encontrarse y revelar algo de la dinámica del cosmos
al poeta. Acaso la afinidad con las ideas sobre la naturaleza y la
creación poética aquí implicadas es más evidente en el “Poema del
inocente”, de El huso de la palabra, en el que se subraya el hecho de
que es el paisaje el que da una lección al individuo interpelado por la
voz poética. Ese individuo aprende que incluso un gesto casual, una
ocurrencia de su parte, tiene un peso y un sentido en la escala mayor
de los sucesos de la naturaleza, y que sus propios actos no pueden
explicarse como meras ejecuciones de su voluntad. El enigmático
orden detrás de los encuentros entre los seres es el que determina
los eventos, incluidos los que él considera actos voluntarios.
Fija en tu memoria esa enseñanza del paisaje,
y esta otra:
de cuando acercaste al árbol reseco un fosforito trivial

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y ardió demasiado súbito y desmedidocomo si fuera de pólvora.
No te culpes, quién iba a calcular tamaño estropicio!Y acepta: el
fuego ya estaba allí,
tenso y contenido bajo la corteza,
esperando tu gesto trivial, tu mataperrada. (Watanabe, 2008: 90)

Existen significativas alusiones a la escritura en la
representación de la naturaleza en los poemas de Frost. En la
descripción de los espacios a los que los poemas se refieren hay una
intencionada mención de letras, así como otros signos e ideas afines:
huellas, impresiones, hojas. En el ya mencionado “Design”, donde
el poeta llama a la flor, la araña y la palomilla “Assorted characters
of death and blight”,
“Characters” is doubly metaphorical: it sees these three things not
only as living presences, dramatis personae, but also as letters in
a message that the poet must decipher. Or again, echoing one of
Whitman’s favorite wordplays, “leaves” in the sense of foliage are
also pages in the vegetable text: fossilized remains, which Frost
callas “leaves of stone”, are “The picture book of the trilobite”,
an age-old natural encyclopedia. (Bagby, 1993: 9)

La gracia con que Watanabe relaciona los eventos, lugares y
seres puede ocasionar que en una primera instancia no sea evidente
su insistencia en describir una naturaleza que puede leerse y que
habla. En la que los personajes son caracteres. En “La mantis religiosa”
(también de El huso de la palabra), después de describir su encuentro
con los restos de una mantis muerta “a 50 cm. de mis ojos”, el
yo poético interpreta el hallazgo: se trata del cadáver de un macho
después de la violenta cópula característica de su especie. El poema
continúa hasta el final manteniendo el zoom en el microcosmos del
insecto; sin embargo, la interpretación ha sido posible gracias a otra
presencia introducida tras una elipsis.
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Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza
cáscara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío. (Watanabe, 2008: 66)

Así como “también coincidió el sol” en “El guardián del
hielo”, esta enciclopedia (nótese que está personificada) aparece en
la narración de una manera que se describe irónicamente como una
casualidad. El indicio con que inicia el poema, el cadáver de la mantis
(cuyo carácter sígnico no debe dejar de subrayarse, pues el animal
muerto estaba “confiando excesivamente en su imitación de ramita
o palito seco”) se alía con otra fuente de signos, la enciclopedia, para
revelar al observador algo sobre un pequeño mundo, un sentido que
explica también su propio mundo humano. Al final del poema, el
observador, al reflexionar sobre esta afinidad de los seres diversos,
pertenecientes a diferentes escalas de existencia, en su inevitable
vulnerabilidad ante las fuerzas creadoras y destructoras (el sexo y la
muerte), insinúa la necesidad de saber lo que la naturaleza tiene que
decir sobre esto. La lectura que el poeta hace de un momento en
el acontecer del mundo (ese cadáver que algo dice al disfrazarse de
palito seco) no descarta la lectura de las hojas de una enciclopedia;
ambas son la misma lectura: la mirada de la imaginación, el
desciframiento de los símbolos de la naturaleza. Con la animación de
la enciclopedia, el poema deja claro que el poeta lee un libro como
si fuera una planta, un animal o una persona, y a un animal como si
fuera un libro.
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Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué
última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra de
agradecimiento. (67)

El conocimiento al que se alude aquí, si bien se conforma
con la experiencia sensible (la observación del entorno, el estar
en la naturaleza) y la lectura, va más allá de la mera recepción de
información; requiere de la acción de la imaginación, que le permite
al poeta, al identificarse con las presencias que le rodean, percibir su
calidad de caracteres y leer en ellos tanto la dinámica del mundo como
su propio drama.
En ciertos poemas de La piedra alada, puede leerse un
procedimiento análogo a la alusión que Frost hace al libro de la
naturaleza mediante imágenes de impresiones, huellas y fósiles (a los
que llama “hojas de piedra”). El libro de Watanabe presenta como
motivo central la piedra en su calidad de símbolo de duración, y
alrededor de este motivo se expresan ideas e inquietudes relativas
al tiempo: la dureza de la piedra en contraste con la fragilidad de
la carne, el lugar de la vida humana en los ciclos de la naturaleza,
la presencia de la muerte y los muertos en el día a día. En “El
fósil”, el poeta le habla a un pez fosilizado que se exhibe en un
museo. La lectura que hace del fósil, desarrollada en forma de
monólogo dirigido a él, contraviene la lógica del espacio museístico,
que implica un tipo de lectura radicalmente distinto. Si el museo
ofrece información en forma de texto y recursos audiovisuales,
esta información se presentará normalmente con la intención de
situar el objeto exhibido en su contexto espaciotemporal, por lo que
en el marco de una muy subrayada relación sujeto-objeto, el fósil
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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

será reconocido por el visitante al museo en su calidad de realidad
extraña, distinta a él y lejana. El poema alude a otra forma de lectura,
que no presupone la radical diferencia entre el fósil y el observador.
Por el contrario, la mirada imaginativa del poeta le permite suponer
la existencia de un plano de realidad en que ambos son idénticos.
La vida en ti fue un pez de 20 centímetros.
Tu remoto latido, hoy petrificado,
vive ahora en mi cuerpo
tan inverosímil como el tuyo. (Watanabe, 2008: 351)

Se alude aquí a una naturaleza cobrando conciencia de sí
a través del poeta, pues éste no sólo le explica su condición al pez
fosilizado, la relación entre ambos, la manera en que están unidos
y se identifican, sino que además lo hace en el contexto de una
intuición cosmogónica. Al igual que en “El guardián del hielo”, el
universo es imaginado como un ciclo infinito de transformaciones.
Tú ya no puedes mirarte ni mirarme, no sabes
lo extraño que es ser pez u hombre.
Somos, te digo, inverosímiles, caprichos
de una madre delirante
que cuaja infinitas e insensatas formas en el mar
y la tierra. (351)

El poema termina con una reflexión optimista que se
produce a partir del choque entre la serenidad especulativa evocada
en las primeras dos estrofas y la ruidosa irrupción de un grupo de
niños. Como se ha dicho de la poesía de Frost, aquí se sugiere que
la naturaleza y el ser humano pueden conspirar para que éste sea
capaz de encontrar sentido en el mundo físico, y aunque no hay una
respuesta clara a esta cuestión, el optimismo de este poema consiste
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en la convicción de que hay un sentido, si bien no se llega a dilucidar:
“después de todo, pescadito, / tal vez alguna razón existe.”
Sincretismo y deseo de unidad
Lo que resulta característico en Watanabe es la integración de estas
ideas en su propia obra, en la que, como se sabe, recurre a diversas
tradiciones espirituales para tomar elementos con los que crear su
propio imaginario: si en sus poemas puede percibirse la idea de las
“correspondencias” (de gran importancia para la poesía romántica
y simbolista, así como para el modernismo hispanoamericano, y
cuya influencia en el siglo XX puede ejemplificarse, como hemos
visto, con la obra de Frost), esa idea está en consonancia con los
aspectos que el peruano retoma del budismo zen, el catolicismo y de
los mitos provenientes del imaginario de Laredo, las tres tradiciones
que recibió en el seno familiar.
Lo que une esa diversidad de visiones espirituales es el hecho
de que, siendo un individuo que no profesaba ninguna de ellas (no
era cristiano, ni budista, ni practicaba el catolicismo sincrético de su
madre),4 pero en cuyo desarrollo personal influyeron profundamente,
Watanabe fue también un poeta interesado en particular por el
tema de lo sagrado, y por la pérdida que supone el abandono de
las nociones de misterio y sacralidad en el mundo contemporáneo,
abandono que con claridad de asocia en su poesía con la vida
urbana. Por ello, su obra podría situarse en la línea de poetas que,
como parte de un impulso originado en la poesía romántica, piensan
el lugar de lo sagrado en un mundo donde la idea de sacralidad
4 Sobre las convicciones religiosas de Watanabe véase Tsurumi (2012:
164).
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parece no tener sentido. Un segundo elemento liga las tradiciones
espirituales cuyos mitos, ideas y símbolos incluye Watanabe en sus
poemas: una añoranza de unidad.
Como afirmó Meyer Howard Abrams, el romanticismo
representó un viraje tan decisivo en la cultura occidental, que aún
a lo largo del siglo XX muchos autores prominentes definieron su
propio proyecto creativo conscientemente en relación, positiva o
negativa, con las formas y el “ethos” romántico (Abrams, 1973:
13). Se puede decir que lo que caracteriza al romanticismo es “una
especie de experiencia devocional secularizada” (65), y entre los
elementos cristianos y esotéricos (específicamente de la tradición
hermética) que sus autores recuperaron para sus propios propósitos
artísticos, tiene un lugar central un símbolo de origen neoplatónico:
el cosmos como círculo.
Here, in formal rendering, is the radical image of a tenacious
metaphysical (and metaphorical) vision of man and the cosmos.
For convenience of discussion, let us call it “the great circle”:
the course of all things is a circuit whose end is its beginning, of
which the movement is from unity out to the increasingly many
and back to unity, and in which this movement into and out of
division is identified with the falling away from good to evil and
the return to good. (Abrams, 1973: 150)

Como ejemplo de la continuidad en la tarea típicamente
romántica de rescatar valores tradicionales adaptándolos a un
presente que les resulta hostil, Abrams cita el poema “Of modern
poetry” de Wallace Stevens:
Stevens expressly identified the aim “of modern poetry” as
the attempt to convert the setting and agents and language of

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Scripture into
The poem of the mind in the act of finding
What will suffice. It has not always had
To find: the scene was set; it repeated what
Was in the script.
Then the theatre was changed
To something else. Its past was a souvenir.
It has to be living, to learn the speech of the place. (69)

En nota a pie agrega otra cita, un texto en prosa donde
Stevens reflexiona sobre el mismo tema:
The major poetic idea in the world is and always has been the idea of
God. One of the visible movements of the modern imagination is
the movement away from the idea of God. The poetry that created
the idea of God will either adapt it to our different intelligence, or
create a substitute for it, or make it unnecessary. These alternatives
probably mean the same thing.” (69)5

Las afirmaciones de Abrams se refieren al ámbito de la
literatura de lengua inglesa principalmente. En el contexto de la poesía
latinoamericana, se pueden reconocer en la obra de Rubén Darío una
actitud análoga a la que Abrams ejemplifica con las citas de Stevens.
Como es sabido, el vínculo de Darío, y de la poesía modernista en
general, con el espíritu romántico ha sido descrito por Octavio Paz.
El modernismo fue la respuesta al positivismo, la crítica de la
sensibilidad y el corazón –también de los nervios– al empirismo
y el cientismo positivista. En este sentido su función histórica
5 Las citas provienen de “Modern poetry”, en The Collect ed Poems
of Wallace Stevens. New York, 1961, pp. 239- 40 y Opus posthumous, Ed.
Samuel French Morse. New York, 1957, p. xv.
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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

fue semejante a la de la reacción romántica en el alba del siglo
XIX. El modernismo fue nuestro verdadero romanticismo y,
como en el caso del simbolismo francés, su versión no fue una
repetición, sino una metáfora: otro romanticismo. Se corre el riesgo
de no entender en qué consiste esa relación si se olvida que el
positivismo latinoamericano, más que un método científico, fue
una ideología, una creencia. (Paz, 1974: 126-127)

A pesar de que Rubén Darío podría no ser en primera
instancia una referencia obvia en la poesía de Watanabe, algunos
elementos cardinales de su obra permiten establecer un paralelismo
entre ambos. Coinciden en la concepción de la tríada símbolo, mito
y poesía como un conjunto con el que el poeta está íntimamente
relacionado. Por otro lado, en ambos el interés por la comunicación
simbólica se vincula con una valoración de la experiencia sensorial y
un sentimiento que podemos calificar de panteísta. Parecen ambos
intentar recuperar –cada uno en el umbral del cambio de siglo en
que vive–, aquella idea que la modernidad ha hecho cada vez más
difícil de comprender, la de –empleando la expresión de Mircea
Eliade– “lo sagrado en sus relaciones con la Materia”.6
En Darío esta perspectiva se sintetiza, en el célebre poema
inicial de Cantos de vida y esperanza,7 en la imagen de la estatua que
6 “El laboreo de las tierras o la cocción de la arcilla, como un poco más
adelante los trabajos mineros y metalúrgicos, situaban al hombre arcaico
en un Universo saturado de sacralidad. Sería vano pretender reconstituir
sus experiencias: hace ya demasiado tiempo que el Cosmos ha perdido
esa sacralidad, como consecuencia sobre todo del triunfo de las ciencias
experimentales. Los modernos somos incapaces de comprender lo sagrado
en sus relaciones con la Materia; todo lo más podemos tener una experiencia
‘estética’, y lo más frecuente es conocer la Materia en tanto que ‘fenómeno
natural’” (Eliade, 1989: 126)
7 Como señala De la Fuente Ballesteros, este célebre poem a, cuyo primer
verso es “Yo soy aquel que ayer no más decía”, “es un poema clave en la poesía

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se convierte en el dios Pan y los versos en que desemboca dicha
transformación: “y así juntaba a la pasión divina / una sensual
hiperestesia humana” (Darío, 2018: 505). La afinidad de Watanabe
con esta poesía que plantea la posibilidad de encontrar en la
experiencia del cuerpo un conocimiento espiritual se manifiesta
en poemas como “La cura”, de Historia natural, en el que el uso
cotidiano de la magia en el ámbito familiar de la infancia produce la
inesperada conclusión de que “la vida es física”.
Eso vi:

una mujer más elemental que tú
espantando a la muerte con ritos caseros, cantando
con un huevo en la mano, sacerdotisa
más modesta no he visto (Watanabe, 2008: 145)

El poema presenta una escena rural cotidiana, con actividades
y personajes que, en su calidad de hechos comunes, ordinarios,
intensifican el asombro que el yo lírico transmite ante la naturalidad
de la relación de la comunidad con lo sobrenatural. Dos planos
de realidad entran en tensión (“con ese convencimiento frotaba el
huevo”) en la reflexión del poeta, pero la madre sacerdotisa encarna
la convicción de que no existe tal tensión, pues en el discurso del
poema la irónica aseveración “la vida es física” deja claro que ella
ve, sin percibir en ello contradicción, cualidades espirituales en la
materia.
Las nubes pasaban por la claraboya
y las gallinas alineaban en su vientre sus santas ovas
y mi madre esperaba nuevamente el más fresco huevo
de Rubén Darío como autorretrato interior”. (Darío, 2018: 505)
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con un convencimiento:
la vida es física.
Y con ese convencimiento frotaba el huevo contra mi cuerpo
y así podía vencer.
En ese mundo quieto y seguro fui curado para siempre.
En mí se harán todos los milagros. Eso vi,
qué no habré visto. (145-156)

Hay una repetición intercalada de las locuciones “eso vi” y “he
visto” que culmina en el final del poema. Este juego de repeticiones
ejemplifica un nuevo aspecto en que la poesía del peruano presenta una
afinidad con la de Darío: la figura del poeta visionario. Ambos poetas
representan su propia labor como la de un observador e intérprete
entre dos planos de realidad: la efímera vida cotidiana y lo intemporal,
la realidad física de la naturaleza y un significado oculto en ella. En
este caso, la cualidad visionaria se presenta vinculada a la madresacerdotisa, quien representa la conservación de un conocimiento
tradicional al que el poeta se sentiría atraído intuitivamente.
La figura del poeta visionario puede entenderse, tanto en el
inicio del siglo XX como en la entrada del XXI, como una tentativa
de recuperar el misterio de la vida, negado por una mentalidad
dominante en la que la misma noción de misterio carece de sentido.
Así, las ideas de Darío sobre lo Real y la Verdad responden a una
noción de verdad necesariamente vinculada a la razón y a los hechos
demostrables propia del pensamiento positivista. Como explica
Cathy Login Jrade en su estudio sobre Darío, la crisis provocada en
los países hispanoamericanos por la crítica positivista a la religión
establecida se intensificó hacia finales del siglo XIX.
The imperial expansion of the European industrial powers that
restructured the countries of Spanish America along the lines of

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the economic and social order of their own capitalist organization
compounded this upheaval. Prosperity and a growing faith in
science had transformed widely held assumptions about life.
According to the evangelists of the day, the society of the future
would be organized upon a more rational basis than ever before,
and humanity would find itself living in a world without problems.
Messianism was intrinsically present in the attitude of scientists
who thought of themselves as the bearers of a demonstrable
truth, that is, of the “Truth,” and trustees of the future. (Jrade,
1983: 5)

Sin embargo, el misterio no se anuló, sólo quedó fuera de
este modo de pensamiento, y Darío veía en esta incompatibilidad
de mentalidades un problema en el que el poeta estaba íntimamente
implicado.
…as Dario himself would write: “El progreso moderno es enemigo
del ensueño y del misterio en cuanto a que se ha circunscrito a la
idea de la utilidad. Mas, no habiéndose todavía dado un solo paso
en lo que se refiere al origen de la vida y a nuestra desaparición en
la inevitable muerte, el ensueño y el misterio permanecen con su
eterna atracción.” (Jrade, 1983: 5)8

En su entrevista con Silvia Sauter, queda de manifiesto que
Watanabe no es ajeno a esta preocupación, y que una tensión análoga
existe en su labor creativa. Como lo menciona en el siguiente pasaje,
en el que alude al poema “La cura” antes citado, para el peruano la
pérdida del misterio está claramente representada por la vida urbana,
lo cual se manifiesta a su vez en su poesía, en la que la recuperación
del misterio del mundo y la sacralidad de la naturaleza se imagina
como un retorno a la vida rural de su natal Laredo.
8 La cita de Darío proviene de “El pueblo del Polo”, Letras, Obras completas,

I, p. 545.

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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

JW: El pueblo en que he vivido es muy místico, está lleno de
fantasmas, de muertos, de aparecidos, de chamanes. Enfermedades
infantiles en que uno se pone pálido y adelgaza, por ejemplo,
fueron curadas por chamanes. Tengo un poema sobre una cura
del huevo porque de niños nos pasaban el huevo para curarnos
de las enfermedades, es un ritual que siempre lo hacían muy
placentero. Yo creo que en los pueblos como el que yo he vivido
hay un equilibrio perfecto entre los terrores y la protección ante
esos terrores. (…) En las ciudades ese hecho no se produce,
tienen la amenaza y no tienen la parte compensatoria que se ha
perdido, más bien las amenazas han crecido y hay una reacción de
defensa por la violencia.

SS: ¿A qué atribuyes esta reacción, será porque se ha perdido
el sentido de lo sagrado?
JW: Claro, se ha perdido la naturaleza sagrada de las cosas y vivimos
muy desorientados. La poesía puede servir para orientar a las
personas, para decirles que hay, que hubo otro mundo, y hay que
seguir deseándolo. Que hay un mundo sagrado y que si se lo perdió
hay que volver a desearlo, recuperarlo. (Sauter, 2006: 196-197)

En el universo de la poesía del peruano, en que una polaridad
se percibe entre la compleja y en ocasiones asfixiante vida urbana y
una añoranza de retorno y reintegración a la naturaleza, trasluce un
deseo de recuperar una unidad perdida en el proceso de acelerada
transformación material y espiritual del mundo moderno. El poetavisionario en Watanabe, que puede leer el misterioso libro de la
naturaleza y escuchar su voz, presenta, sin embargo, un rasgo que
lo distingue del modelo presente en la obra de Darío. En lugar de
resaltar su excepcionalidad, muestra su tendencia a identificarse
con los otros. En esta identificación se manifiesta nuevamente el
recurrente sentimiento de añoranza de unidad. Si en “El guardián
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del hielo” el astro le habla al poeta para indicarle su lugar y su misión,
en “Envío”, de El huso de la palabra, es la sangre de la especie la que
le habla, para revelarle la hermandad de todos los seres humanos.
Una transfusión de sangre es relatada en este poema en prosa. El yo
poético se pregunta a quién le debe esa sangre anónima, y aunque
“iba para misántropo” y no quiere tener esa deuda, la sangre misma
le hace ver que tal deuda no existe.
Sin embargo, la sangre que está entrando en mi cuerpo me
corrige. Habla, sin retórica, de una fraternidad más vasta. Dice
que viene de parte de todos, que la reciba como un envío de la
especie. (Watanabe, 2088: 107)

En la obra de Watanabe la unidad con la naturaleza se expresa
a través de una sensibilidad budista (Tsurumi, 2012: 164-168) y de la
magia y los mitos de Laredo; la unidad entre los humanos se expresa
en términos cristianos. Eduardo Chirinos ha llamado la atención
sobre la importancia del libro inspirado en la vida de Jesús titulado
Habitó entre nosotros.
Es en este libro excéntrico donde hallamos el sustento ideológico
de las parábolas que recorren de norte a sur la obra de Watanabe.
Lejos de una recreación piadosa de la pasión de Cristo, estos
poemas proponen una reflexión poética (y por lo mismo más
popular y más humana) que se solidariza con su mayor deseo: el
que la palabra poética sea la palabra de todos:
La Palabra
siendo como es, divina, se pronuncia
con lengua de hombres
lengua efímera, pero tocada
por una gracia: la parábola,
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�Jorge Saucedo / Hubo otro mundo: José Watanabe, poesía y sacralidad

aquella pequeña historia
que guarda una serena ansia: ser de todos. (Chirinos, 2004: 89)

Sin embargo, de acuerdo con la lectura que he propuesto,
si pensamos en el mito de la Caída como idea central romántica
y post-romántica, su origen religioso y la manera en que ha sido
reinterpretada en relación con Jesús, estos versos de “Razón de las
parábolas” muestran que no se trata de un libro excéntrico dentro
de la obra de Watanabe. Así, por ejemplo, en un poeta como William
Blake, “As the fall of man is ‘his fall into Division’ and death, so
his redemption, reversing the process, is ‘his Resurrection to Unity.’
The unifying principle is Jesus, who in Blake’s myth of mind is
identified with the human imagination” (Abrams, 1973: 258). Desde
este punto de vista, en la poesía de Watanabe, en la que la idea de
fragmentación y necesidad de retorno a la unidad es central, resulta
natural la existencia de un libro como Habitó entre nosotros, y también
que Jesús se presente como figura unificante.
Olvidé otra ansia de la parábola:
durar. Recordadas sean por siempre
todas
porque todas son una, La Palabra,
que por ahora soy yo. (Watanabe, 2008: 311)

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�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Lectura y reflexión: una estrategia hermenéutica
para la interpretación literaria
Reading and reflection: a hermeneutic strategy for
literary interpretation
Ricardo Damián Aguirre Garza
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
Orcid: 0000-0001-5249-0556
ricardodamian595@gmail.com

Fecha de entrega: 25-10-2022 / Fecha de aceptación: 21-02-2023
Resumen: El presente artículo propone la explicación de una posible
estrategia hermenéutica, para la interpretación de los textos literarios,
entendiendo a los documentos como totalidades, los cuales pueden
contener los cuatro sentidos hermenéuticos propuestos por los escolásticos
y nombrados por Dante Alighieri y Boccaccio. En primera instancia
se parte de la concepción histórica de la disciplina y una breve visión a
los autores más reconocidos (Schleiermacher, 2008; Heidegger, 1997;
Ricoeur, 1997; Gadamer, 1998; Schökel, 1994; Beuchot, 2013) hasta llegar
a la rama de la hermenéutica literaria nombrada por Szondi (1975), para
posteriormente explicar cómo es posible identificar los cuatro sentidos
hermenéuticos.
Palabras clave: hermenéutica, literatura, sentidos hermenéuticos,
interpretación, exégesis

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�Ricardo Damián Aguirre Garza / Lectura y reflexión

Abstrac. This article proposes the explanation of a possible hermeneutic
strategy, for the interpretation of literary texts, understanding the
documents as totalities, which can contain the four hermeneutical senses
proposed by the scholastics and named by Dante Alighieri and Boccaccio.
In the first instance, it starts from the historical conception of the discipline
and a brief overview of the most recognized authors (Schleiermacher,
2008; Heidegger, 1997; Ricoeur, 1997; Gadamer, 1998; Schökel, 1994;
Beuchot, 2013) until reaching the branch of literary hermeneutics named
by Szondi (1975), to later explain how it is possible to identify the four
hermeneutic senses
Keywords: Hermeneutics, Literature, Hermeneutic senses, Interpretation,
Exegesis

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-46

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

La hermenéutica es un término proveniente del griego hermeneutiqué
correspondiente en latín a interpretâri: el arte de interpretar los textos
(especialmente los sagrados) para fijar su verdadero sentido, según
se señala en el Diccionario Hispánico Universal. Sobre esta etimología,
Jean Grodin comenta que:
El término hermenéutica vio la luz por vez primera en el siglo XVII
cuando el teólogo de Estrasburgo Johann Conrad Dannhauer
lo inventó para denominar lo que anteriormente se llamaba
Auslegungslehre (Auslegekunst) o arte de la interpretación. (Grodin,
2008: 22).

En la actualidad se le considera como la disciplina encargada
de la interpretación de los textos; y su actividad consiste en:
comprender toda la obra, cada una de sus partes y los elementos que
la componen. Para esto es preciso que el texto y el sujeto encuentren
una relación para entablar un diálogo.
El filósofo canadiense Jean

Grodin (2008) realiza una

clasificación sobre tres estadios históricos y los ejes principales
sobre lo que fue esta disciplina: a) El sentido clásico que se
designa como el arte de interpretar los textos. “La hermenéutica
gozaba entonces de una función auxiliar en cuanto colaboraba en
una práctica de la interpretación.” (17). San Agustín fue uno de
los autores que manejan esta visión; b) La segunda concepción se
empieza a desarrollar con los últimos trabajos de Schleiermacher,
después atribuida a Dilthey, quien percibe a la disciplina con una
nueva función: “estudia las reglas y los métodos de las ciencias de la
comprensión, puede servir también de fundamento metodológico
para todas las ciencias del espíritu” (18); y c) su tercera visión donde
figura “que la comprensión y la interpretación no son únicamente
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�Ricardo Damián Aguirre Garza / Lectura y reflexión

métodos que es posible encontrar en las ciencias del espíritu, sino
procesos fundamentales que hallamos en el corazón de la vida
misma.” (18-19).
Aquí es donde Heidegger (1927) busca romper con las
visiones y “pasa así de una ‘hermenéutica de los textos’ a una
‘hermenéutica de la existencia’” (19), es decir, que “Cambiará
primero de objeto al no remitirse ya a los textos o a las ciencias
interpretativas, sino a la existencia misma.” (45). En El ser y el tiempo
realiza un giro en la importancia del análisis donde refiere que la
hermenéutica no sólo debe realizar exégesis e interpretación de
los textos literarios, sino que este proceso está relacionado con el
ámbito histórico del intérprete, el cual debe reflexionar a través de
su Dasein, o su existencia, como un ente histórico, social y cultural.
A grandes rasgos refiere a la contextualización del emisor y receptor
y los signos lingüísticos que se encuentran en el entorno, como una
reflexión del contexto y nuestro “ser ahí” de mismo, para, partiendo
de ahí, estudiar las “ciencias históricas del espíritu”.
la hermenéutica cobra, en cuanto interpretación del ser del Dasein,
un tercer sentido específico, filosóficamente hablando el primario:
el sentido de una analítica de la existencialidad de la existencia. En
cuanto esta hermenéutica elabora ontológicamente la historicidad
del Dasein como condición óntica de la posibilidad del saber
histórico, ella sirve, en seguida, de terreno de arraigo para aquello
que sólo derivadamente puede ser llamada “hermenéutica”: la
metodología de las ciencias históricas del espíritu. (Heidegger,
1997: 47)

A través del desarrollo de la disciplina han existido un
gran número de autores que, desde su perspectiva sobre el tema
buscan definir lo que es. Aquí se presentará un breve muestreo del
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término de autores contemporáneos, debido a que son ellos quienes
estudiaron la disciplina y la adaptan al presente:
Schleiermacher: “la tarea de la hermenéutica consiste en
reconfigurar de la manera más completa todo el proceso interior
del acto de composición del autor” (citado por Grodin, 2008:
33)
Heidegger: “en la significación originaria de la palabra, significación
en la que designa el quehacer de la interpretación.” (1997: 46)
Ricoeur: “La tarea de la hermenéutica consiste, pues, en
aproximarse a esa supuesta identidad semántica con los únicos
recursos de la descontextualización y de la recontextualización del
sentido.” (1997: 86)
Gadamer: “Hermenéutica es el arte del entendimiento” (1998:
243)1
Schökel: “es la teoría sobre la comprensión e interpretación de
textos literarios. Se diferencia del método exegético (el modo
sistemático de proceder en la comprensión) y de la exégesis (el
ejercicio de la comprensión e interpretación).” (1994: 18)
Beuchot: “La hermenéutica es la disciplina de la interpretación;
trata de comprender textos, lo cual es —dicho de manera muy
amplia— colocarlos en sus contextos respectivos” (2013: 7).

1 Aunque esta cita pareciera simple y demasiado ambigua es necesario
entender que para Gadamer la relación entre emisor y receptor, y su “fusión de
horizontes”, parte, o debe partir, de la phronesis para llegar a ese entendimiento;
es decir, la “prudencia” en la asimilación de las ideas que se comunican, para
de ahí, realizar una comprensión lingüística. El hecho de que lo manifieste en
una frase tan corta alude al mismo principio que ahí plantea.
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Ahora bien, este breve recorrido histórico, así como las
definiciones de la disciplina, muestra la clara relación entre el receptor
y lo que pretende ser interpretado; no obstante, desde sus inicios,
la hermenéutica se emparentaba con los textos sagrados, bíblicos,
las escrituras. Peter Szondi (1975) parte desde esta concepción para
ensayar su propia definición de la hermenéutica literaria: “es la teoría
de la interpretación, interpretatio, de los trabajos literarios”2. (Szondi,
2012: 17) Añade también que esta rama hermenéutica sí está sustentada
en toda la disciplina filosófica que se desarrolló desde los griegos,
pero que no es necesario realizar una retrospectiva para entender la
parte literaria, sino que “las reglas tradicionales y los criterios de la
interpretación filológica se deben revisar con lo que hoy se entiende
como literatura.” (20) Habla, así, de una contextualización, tanto
para entender qué es la hermenéutica literaria como para hacer una
exégesis. Sobre esto existen dos formas de resolver el problema que
plantea el envejecimiento del texto, aunque sean contraria entre sí:
Interpretación gramatical apunta a lo que alguna vez significó
y quiere preservarlo, ya que remplazar la expresión verbal (para
decirlo lingüísticamente, el signo) que se ha vuelto históricamente
ajeno y se ha cambiado por uno reciente, que ahora le permite
sustituido por uno nuevo. […] Por otro lado, la interpretación
alegórica se aluza con el signo que ha sido modificado, a quien le
da un nuevo significado que no nace del mundo conceptual del
texto, sino que pertenece al de su intérprete”3 (24).

Estos dos intentos deben estar presentes para el hermeneuta,
pues la contextualización de un texto literario debe estar enfocada
en el texto, es éste el que apunta a planos de lo real, no al revés.
2 La traducción es propia.
3 La traducción es propia.

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En cuanto al proceso de lectura, el receptor realiza una serie
de mecanismos cognitivos relacionados con las ideas. Al decodificar
estas informaciones, conocidas como isotopías, el lector construye
diferentes hipótesis sobre el posible mensaje que se busca transmitir.
Este proceso es el denominado como interpretación debido a que
es el lector quien, basado en sus conocimientos, crea los puentes de
relación con las “pistas” que se manifiestan en la lectura.; la siguiente
figura ejemplifica ese proceso de comunicación:
Para entender la cuestión de los ‘horizontes’ es necesario
comprender qué es para Gadamer la “fusión de horizonte”. Grodin
(2008) explica esta visión desde el punto historicista del filósofo,
hasta llegar a su raíz interpretativa:
Comprender el pasado, no es salirse del horizonte del presente,
y de sus prejuicios, para situarse en el horizonte del pasado. Es
más bien traducir el pasado en el lenguaje del presente, donde
se fusionan los horizontes de pasado y presente. […] Pero esta
fusión del presente con el pasado es también, incluso de un modo
más fundamental, la fusión del intérprete con lo que él mismo
comprende. […] la comprensión no es sino la aplicación de un
sentido al presente. (83-84)

Este proceso de comunicación, a través de un texto
literario, busca que los horizontes de conocimiento se acerquen
lo mayor posible para que las ideas se logren transmitir de la
forma más completa. O como se mostró en la definición según
Beuchot: “colocarlos en sus contextos respectivos” (2013: 7)
y comprenderlos desde el nuestro. Es aquí donde se identifica la
Teoría de la Comunicación, propuesta por Jackobson (1963) “En
la lectura literaria, como ya se planteó anteriormente, el proceso se
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establece así: autor - texto literario - lector.” (Simbaña y Carbajal,
2013: 175).
Desde la perspectiva de Schleiermacher “la tarea de la
hermenéutica consiste en reproducir lo más perfectamente posible
todo el proceso de la actividad de componer del escritor” (citado
por Grodin, 2008: 34). Reconstruir el texto a partir de sus elementos
y lograr entender la razón de su producción. Ese punto de relación
entre los horizontes ayuda al receptor a comprender la lectura del
texto. Para lograr re-producir esa experiencia creadora “La actividad
del lector consistirá en contemplar lo que el texto dice, en formular
preguntas, en modificar o confirmar sus expectativas, en reconstruir
su significación.” (Simbaña y Carbajal, 2013: 82).
Hablar de una lectura hermenéutica es entender las teorías
de la interpretación y realizar una exégesis de los niveles presentes
en los textos literarios. Estos escalones de la interpretación fueron
expuestos por los escolásticos al trabajar los textos sagrados y dos
de los autores más importantes del Renacimiento: Dante Alighieri y
Giovanni Boccaccio, mostraron esas lecturas. El primero lo expone
de la siguiente manera:
Llámase el uno literal, y es este aquel que no va más allá de la
letra propia de la narración adecuada a la cosa de que se trata.
[…] Llámase el otro alegórico, y éste es aquel que se esconde bajo
el manto de estas fábulas, y es una verdad escondida bajo bella
mentira. […] El tercer sentido se llama moral; y éste es el que los
lectores deben intentar descubrir en los escritos, para utilidad suya
y de sus descendientes […] Llámase el cuarto sentido anagógico,
es decir, superior al sentido, y es éste cuando espiritualmente se
expone un escrito, el cual, más que en el sentido literal por las
cosas significadas, significa cosas sublimes de la gloria eterna.
(Alighieri, cap. 2, párr. 2 – 4)

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Con esta descripción el poeta alude a los niveles que se
encuentran dentro de los textos literarios, así como su función y, dentro
del texto original, se encuentra una breve explicación, relacionado a la
cuestión religiosa por su formación. Por otro lado, en la Genealogía de
los dioses paganos (2018), Boccaccio busca comentar el mito de Perseo
y la muerte de la Gorgona, con los niveles aprendidos de su maestro:
Se debe entender que no hay un solo significado en estas historias,
a esto se le conoce como polisemum (polisemia), refiere a muchos
significados. El primero sentido que se debe considerar se
encuentra en la superficie del texto, llamado literal sense (sentido
literal). Los otros son aquellos que se encuentra bajo la superficie
y se les conoce como allegorial (allegóricos) […] Para clarificar mi
punto lo ejemplificaré con la historia de Perseo, quien fue hijo de
Zeus y mató a la Gorgona, para posteriormente volar a través del
cielo. Mientras este breve resume muestra una lectura literal, el
sentido histórico aparece. Si lo buscamos desde el sentido moral
se puede interpretar como la victoria de la sabiduría sobre el
vicio y el acercamiento a una virtud real. Pero si queremos ver
el sentido alegórico, significa el ascenso de una mente piadosa
hacia las alturas celestiales después de rechazar todos los placeres
mundanos. Más allá, una interpretación anagógica sería la
representación del ascenso de Cristo hacia Dios padre después de
vencer al gobernante de este mundo.4 (Erik, 2018, párr. 1)

Es importante observar cómo desde 1304 y 1307 (exilio de
Dante donde escribió El convivio); 1360 y 1375 (la fecha de muerte
de Boccaccio) la interpretación de un texto ya buscaba dilucidar
los diferentes significados que este podría traer consigo. Es en la
época medieval donde toma auge esta disciplina, pues los teólogos
buscan los diferentes sentidos en las escrituras sagradas, partiendo
4 La traducción es propia.
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de sus conocimientos religiosos y con la intención de transmitir esos
saberes a los creyentes.
En la época moderna, pasa a segundo plano los niveles
interpretativos y los teóricos se enfocan en la reflexión en sí misma, a
lo que después, se le conocería como “Círculo Hermenéutico”, pero
fue Schleiermacher (1829) quien, en Sobre el concepto de hermenéutica
en relación a las observaciones de F.A. Wolf y al Manual de Ast (1999),
rescata las ideas de Friedrich Ast sobre la unión de la figura circular,
y propone que se deben comprender las partes por el todo y el todo
por las partes.
Fue en la segunda mitad del siglo XX donde Hans-George
Gadamer retoma el círculo, sus niveles y características para darle un
vuelco enfocado en la totalidad del fenómeno. A esto se le suma la
reflexión de algunas ideas de Schleiermacher, Dilthey y Heidegger,
cuestiones como la visión romántica retórica, la percepción
metodológica o la “hermenéutica de la existencia”:
el giro hermenéutico de la fenomenología se abre en primer lugar
hacia aquello que se transmite a través del lenguaje, por lo cual yo
puse en un primer plano el carácter conversacional del lenguaje.
En una conversación algo pasa a ser lenguaje, y no un interlocutor
o el otro. (Gadamer, 1995: 67)

El enfoque comunicativo que toma el círculo hermenéutico
es comparado con el giro lingüístico donde todos los procesos son
signos lingüísticos que merecen una decodificación, la cual se realiza
a través de otros signos. Por lo tanto, el “nuevo” enfoque de la
hermenéutica es una decodificación e interpretación del contexto,
poniendo como base el momento histórico, los pre textos del
intérprete y el fenómeno en sí mismo.
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Sobre la interpretación de una totalidad, ya sea de una obra
literaria o de la existencia misma, es necesario remarcar el común
error que cualquiera podemos cometer: la sobreinterpretación.
Cada fenómeno tiene sus distintas lexías, isotopías, leit motivs, y
demás elementos claves que apuntan a otros perceptibles dentro de
sí mismo.
Por ende, es fácil que el receptor agregue símbolos que
asemejan a lo mostrado para sustentar sus hipótesis, es aquí donde
se pierde la singularidad del objeto y se cae en el error. “Toda
interpretación correcta debe guardarse de la arbitrariedad de las
ocurrencias y de la limitación de los hábitos mentales inadvertidos, y
se fijará ‘en las cosas mismas’” (Gadamer, 1995: 65) Es posible que
existan ciertos vasos comunicantes entre el aspecto a interpretar y
pretextos o aspectos del entorno del receptor, aquí es necesario que
el hermeneuta observe cómo el fenómeno apunta a esos elementos
y no al revés, él no realiza la adición de estos.
Ahora bien, para realizar el proceso de la exégesis literaria es
necesario tomar en cuenta los cuatro niveles de profundidad a los
que refiere Dante y Boccaccio: a) sentido literal; b) sentido alegórico;
c) sentido moral; d) sentido anagógico. Con base en estos escalones,
así como su contenido, el hermeneuta debe realizar una serie de
procesos cognitivos que lo guiarán a una interpretación literaria.
En primera instancia hay que hablar del ‘nivel literal’ el cual
comprende lo que está a nivel discurso, la historia que leemos “y es
este aquel que no va más allá de la letra propia de la narración adecuada
a la cosa de que se trata.” (Alighieri, cap. 2, párr. 2) Aquí se habla de lo
escrito y de lo que es necesario entender a través de prestar atención a
los sustantivos, los adjetivos, los verbos y las aliteraciones de cada uno
de estos, así como otras aplicaciones retóricas.
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Después se llegará al siguiente escalón, el ‘nivel alegórico’
“es aquel que se esconde bajo el manto de estas fábulas, y es una
verdad escondida bajo bella mentira.” (Alighieri, cap. 2, párr. 2)
A diferencia del anterior, en este caso el lector realizará una serie
de decodificaciones simbólicas para entender cuál es la alegoría5.
Gadamer en su ensayo Lenguaje y comprensión apunta sobre la intención
de las palabras en un sistema y en un contexto, demostrando el
funcionamiento del nivel alegórico:
El sentido literal que corresponde a la palabra en el discurso
concreto no es sólo lo que está presente. Hay algo más que está
co-presente, y la presencia de ese elemento co-presente constituye
la fuerza evolutiva que reside en el discurso vivo. Por eso, cabe
afirmar que el lenguaje apunta siempre al espacio abierto de su
continuación. (2013: 114)

Debemos entender que ese ‘espacio abierto’ son los
recovecos por donde se llega a la interpretación de los distintos
sentidos. Con base en lo expuesto por los autores renacentistas, y
el mecanismo que apunta Gadamer, es posible reconocer que dicho
nivel cabalga entre dos discursos, donde el literal sirve como un
símbolo de la alegoría a la que se alude; ahora es trabajo del receptor
identificar y reconocer dicho signo.
Para una decodificación de los símbolos que existen
dentro de los textos literarios se requiere de un análisis que parte
de lo general a lo específico. Es posible decir que un camino de
5 Conjunto de elementos figurativos usados con valor translaticio y que
guarda paralelismo con un sistema de conceptos o realidades, lo que permite
que haya un sentido aparente o literal que se borra y deja lugar a otro sentido
más profundo, que es el único que funciona y que es el alegórico. (Beristáin,
2010: 25)

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decodificación simbólica sería: 1) identificar el signo; 2) diferenciar
el significado del significante, “toda relación sígnica es triádica,
y este es un principio esencial de su semiótica, que involucra al
hablante […] Este signo creado es el interpretante del primer signo,
y desempeña la función mediadora entre el objeto y el intérprete.”
(Beristain, 2010: 464); 3) entender la relación entre ambas partes “si
un signo es distinto de su objeto, debe existir alguna explicación, o
argumento, u otro contexto que revele por qué razones, y fundado en
qué sistema, tal signo representa al objeto al que se refiere” (464); 4)
interpretar el signo lo más completo posible “El signo peirciano —
dice Floyd Merrell— es algo que representa algo para alguien. Nada
es un signo para sí mismo. Para ser un signo se requiere que alguien
lo entienda como tal: el signo requiere su interpretante” (464); 5)
contextualizarlo en un sistema “un signo sólo significa dentro de
un sistema de signos y sólo en virtud de que los demás signos del
sistema también significan” (p. 464); y 6) formular las hipótesis en
relación con los otros símbolos
El interpretante, que es el signo interpretativo creado en la relación
[…] es determinado por el signo, y se da dentro de un cuarto
elemento que es el intérprete (el que emite o recibe el signo) (464).

El proceso de decodificación sígnica es esencial para realizar
una lectura hermenéutica, pues descifrar los significados que
esconde el sentido literal muestran al lector que el siguiente nivel
alude a una idea más profunda, que, poco a poco, se concretarán
para interpretar el texto en su totalidad.
El siguiente sentido hermenéutico se denomina “moral”,
el cual muestra un conocimiento que servirá al lector. Boccaccio lo
expresa como la superioridad de la sabiduría sobre los vicios; a su
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vez, Dante lo ejemplifica con un pasaje Evangélico (Cristo subiendo
al monte con tres apóstoles), al cual interpreta que debe haber poca
compañía en aspectos secretos. Beristáin define este nivel como
“aquel que el receptor va descubriendo como una enseñanza útil
para su propia formación” (2010: 25). Con base en esta idea, es
necesario que el intérprete sea capaz de encontrar pasajes o frases
que transmitan un conocimiento moral, las cuales se pueden
denominar como gnomes6 debido a su relación con el nivel y la
utilidad para la vida del receptor; tal como lo describe Alighieri
“es el que los lectores deben intentar descubrir en los escritos, para
utilidad suya y de sus descendientes”. (Cap. 2, párr. 3).
Para comprender las gnomes y su intención dentro de los
discursos basta con acercarse a Gadamer y a sus estudios sobre
hermenéutica relacionados con la comprensión, la estética y la
interpretación. Primero, sin embargo, debe quedar en claro el
concepto de “enunciado” que maneja el filósofo: “Este modo
expresivo que nos es familiar se remonta a […] la construcción
de la lógica partiendo de la enunciación.” (Gadamer, 2013: 108)
Entiéndase como aquellas frases, como súplica, petición, maldición o
mandato, que por el simple hecho de estar ya refiere a la importancia
de su aparición, pues existe una motivación por la cual se presentan;
son de un valor gnoseológico.
Con base en el concepto de “enunciado” es pertinente
preguntarse por su función dentro del texto literario, aunque la
6 Del griego: “γνώμη ης ή facultad de conocer, entendimiento, razón;
conocimiento…” (Vox, 1967: 121) La utilización de este término se remonta la

explicación que Gadamer sobre un poema de Hölderlin, así como a algunas clases del
Mtro. Eliseo Carranza en la Licenciatura en Letras Mexicanas de la UANL y en su Café
literario, de las cuales nació la necesidad por ahondar en el tema y la propuesta de este
proyecto.

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manifestación de dicha frase ya apunte a una intención por su sola
aparición, es necesario contextualizarla dentro del discurso en el que
fue expresada, pues “la interpretación del texto como un conjunto
es lo que hace visible su significado” (Gadamer, 2013: 164). No
se debe olvidar que la intención hermenéutica es comprender la
totalidad.
En cuanto a la forma de la interpretación y sus escalones,
Gadamer retoma el círculo hermenéutico propuesto por
Scheleiermacher y realiza ciertas modificaciones conceptuales,
apoyadas en el giro ontológico de Heidegger. Para el autor de
Verdad y método existen tres categorías que fungen como partes de la
exégesis:
Comprensión. Se debe entender como el proceso de apertura por
parte del receptor. “El que intenta comprender un texto está
dispuesto a dejar que el texto le diga algo.” (1998: 66) Para esto
se utiliza la información dada por el mensaje, en conjunto con los
pre-juicios, para generar las hipótesis, éstas deben ser sustentadas
en el mismo mensaje. El proceso de la comprensión se basa en
que las ideas creadas por el lector, sobre el sentido de la obra,
las cuales deben estar apoyadas en la misma. “La comprensión
empieza cuando algo nos llama la atención. Esta es la principal
de las condiciones hermenéuticas.” (69). Aquí es donde se
manifiestan las gnomés, por su carácter enunciativo.

Interpretación. Se plantea como la integración de la información
recolectada, en donde el lector debe sopesar los datos para conocer
la relevancia de su hipótesis con relación al texto. “Solo a la luz
de la interpretación algo se convierte en ‘hecho’ y una observación
posee carácter informativo.” (2013: 195) Aquí, al momento de
contextualizar las gnomés, por ejemplo, la correspondencia entre
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dichas frases y la totalidad del discurso debe tener un sustento,
modificando así su carácter de frase individual, a elemento
referente para la comprensión de la obra. “Esta indagación podrá
tener siempre una respuesta […] pues el que pregunta busca una
confirmación directa de sus hipótesis.” (196) El aspecto clave de
este segundo punto, es la formulación de la cuestión idónea, la cual
confirme la hipótesis.
Aplicación (o fijación). Es necesario recordar que la
hermenéutica gadameriana busca la comprensión del ser, es por
eso por lo que esta categoría apunta a una praxis. Pero, dentro
del ámbito literario, la utilización de este último punto refiere
a la triangulación de la información para generar una teoría, o
aplicación, sobre los hechos puestos en el escrito. “En todo caso el
escritor […] intenta comunicar lo que piensa […] El otro se atiene
al significado de lo dicho, es decir, lo entiende completándolo y
concretándolo”. (200) Es necesario que el receptor pueda fijar
las gnomés dentro del contexto de la obra con la intención de
comprender el mensaje velado del sentido literal. No obstante,
esos saberes tienen la función de hacer eco en el conocimiento
del lector: “para utilidad suya y de sus descendientes.” (Alighieri,
Cap. 2, párr. 3).
Como ya se mostró, estas categorías tienen la intención de
que el lector aprehenda los hechos que se encuentran en los textos
literarios, para construir su propia interpretación y elucidar el sentido
de la obra. Este tercer nivel de interpretación hermenéutica se puede
mostrar como una advertencia o una frase de conocimiento moral, las
cuales sirven en la práctica de la “frónesis” descrita por Aristóteles y
retomada por Gadamer como punto clave del trabajo hermenéutico.
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Ya explicados los mecanismos de los ‘enunciados’, así como
su proceso de contextualización en la obra de arte, es pertinente
mostrar cómo Gadamer describe dichas frases con relación a la
significación del texto completo. Para esto utiliza un poema titulado
Auf eine Lampe (“En una lámpara”) del alemán Mörike, enfocado en
el último verso “Was aber schön ist, selig scheint es in ihm selbst.”
(“Mas lo bello resplandece en sí mismo.”)
Ahora bien, la posición que ocupa este verso en el poema, la de
su conclusión, le confiere un peso gnómico especial. Y el poema
ilustra en efecto con su propio enunciado por qué […] posee su
propio valor. […] De ese modo nuestra mente no sólo conoce lo
que se dice sobre lo bello y lo que expresa la autonomía de la obra
de arte, independientemente de cualquier relación de uso, sino
que, nuestro oído oye y nuestra comprensión percibe el brillo de
lo bello como su ser verdadero. (2013: 218)

Aquí se aprecia sólo una parte de la interpretación del
filósofo, sin embargo, dentro del texto completo es posible observar
cómo el mismo Gadamer utiliza las categorías relacionadas al círculo
hermenéutico para la interpretación del texto, partiendo desde el
reconocimiento de la gnomé, su relación en la unidad del poema y la
aplicación dentro del texto y el lector. “La verdad que buscamos en
el enunciado del arte es la verdad asequible en la ejecución.” (246)
El cuarto y último sentido se denomina “anagógico”, que
para Dante y Boccaccio refiere al conocimiento superior del espíritu
“significa cosas sublimes de la gloria eterna.” (Alighieri, Cap. 2, párr.
4) Aunque esta definición está medida por los estudios escolásticos
de los autores, es necesario aclarar el término “gloria”. Para la RAE:
“En la doctrina cristiana, estado de los bienaventurados en el cielo,
definido por la contemplación de Dios”. Basándose en ese sentido,
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los personajes del texto son motivados por la bienaventuranza, o la
falta de ella, la cual se presenta en el nivel literal como parte de la
trama. Por otro lado, Beristáin define a lo anagógico como:
Exégesis o explicación e interpretación simbólica de un texto
bíblico o poético […] Algunos identifican el sentido anagógico
con el sentido alegórico que tiende a manifestar la dualidad de
lo material y lo anímico en la vida humana. […] Para Rastier
la anagoge es la conjunción de isotopías en lo poético y en lo
místico, que produce un efecto anagógico pues sugiere una
istopía jerárquicamente superior en la que las otras isotopías se
confunden.” (2010: 42)

Se debe entender que el sentido anagógico es aquel que está
metaforizado por la obra completa, es decir que el texto literario que
se lee es una alusión sobre ese sentido, pues dentro del documento
existen ciertos indicios que llevan a la interpretación de esa idea.
Al recordar la teoría de la comunicación de Jackobson, este último
nivel refiere al mensaje, el cual debe ser decodificado por el receptor,
para esto se necesita, en primera instancia, la observación de los tres
niveles anteriores.
Como se ha presentado a lo largo de este apartado, las obras
literarias suelen cabalgar entre dos sentidos y para comprender que
se busca mostrar en este nivel es necesario recurrir a los trabajos de
Paul Ricoeur en torno a la metáfora y la interpretación, esto debido
a su intención de mostrar cómo dicha figura tiende a una doble
significación, tanto en el literal como al que alude.
La utilización de la metáfora, para develar la idea que se
encuentre en el último sentido, parte del mecanismo de esta figura
retórica, pues al utilizarse para construir una imagen y/o idea, debe
separarse del aspecto descriptivo de las palabras, para dar paso a
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una (re)configuración de la relación entre los campos semánticos,
es decir, una fusión de los sentidos, con la intención de mostrar la
cuestión subyacente.
Partiendo de la definición acuñada por Aristóteles: “La
metáfora consiste en trasladar a una cosa un nombre que designa
otra” (Ricoeur, 2001: 21), es posible entender, en un primer
momento, cómo sirve dicho movimiento. No obstante, Ricoeur la
analiza, no solamente en su nivel lingüístico, sino que trabaja bajo las
teorías de la tensión y la sustitución, para explicar su funcionalidad.
La metáfora debe ser entendida como una figura que ‘hace
ver’ una imagen y que consta de dos partes: 1) “foco” la palabra que
es sustituida; y 2) “marco” la frase completa donde se contextualiza el
trabajo retórico7. El “foco” suele ser una característica de alguna otra
palabra que tiene una relación por semejanza de la frase a contextualizar.
Uno de los ejemplos que se muestra en La metáfora viva es
“Aquiles es un león”, donde la palabra que ha sustituido es ‘león’, aquí
la significación de dicho término debe estar emparentada, de cierta
forma, con la frase completa. Posiblemente las palabras que fueron
sustituidas son: fuerte, valiente, indomable; características que se le
atribuyen al animal. Pero al momento de contextualizar, es decir, de
unir “foco” y “marco”, se presenta una imagen y un significado.
La palabra metafórica está en lugar de una palabra no metafórica
que se habría podido emplear (si es que existe); la metáfora es
entonces doblemente extraña: porque hace presente una palabra
tomada de otro campo, y porque sustituye a una palabra posible,
pero ausente. (Ricoeur, 2001: 31)

7 De las definiciones que utiliza Ricoeur se optó por la propuesta de Max
Black, debido a la facilidad de su explicación.
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La tensión y sustitución manifestadas en la figura retórica
no solamente funcionan en el nivel semiótico, pues al momento
de tomar prestados aspectos de otro campo semántico, algunas
veces, ese lugar aludido se encuentra velado; ahí empieza el trabajo
de interpretación. El hecho de que exista una relación entre el
tema principal y el “subsidiario” confirma que las características
que generalmente se aplican al segundo son trasladas al primero.
(Ricoeur, 2001: 122)
Este juego de referencias, vinculado con las obras literarias, ya
muestra un trabajo de exégesis más consciente, pues “La integración
de estos complejos metafóricos a una obra se realiza por mediación
de una estructura narrativa, o, más sencillamente, por mediación de un
amplio campo semántico metafóricamente detallado.” (Ricoeur, 2001:
272) En este punto los valores de “foco” y “marco” pasan a otro nivel,
siendo el primero los elementos claves (que inclusive pueden ser las
mismas metáforas) y los segundo el documento completo. El trabajo
del lector sería encontrar los “focos” así como su lugar de origen.
En otra instancia, el sentido velado pertenece a un campo
que no se manifiesta de forma directa; es decir, lo que se mantiene
en el nivel anagógico, se intenta mostrar pero de otra forma. Sobre
esta oscilación entre los sentidos y su intención, Ricoeur apunta
que: “Al simbolizar una situación por medio de otra, la metáfora
‘infunde’ en el corazón de la situación simbolizada los sentimientos
vinculados a las situaciones que simboliza.” (Ricoeur, 2001: 254)
¿Por qué se plantea la metáfora como el mecanismo idóneo
para la interpretación de los textos literarios? Debido a dos aspectos
elementales dentro de cualquier obra: a) que lo contado es una “redescripción de la realidad”, en cuanto a que opera como un espejo
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de los sucesos; y b) el lenguaje poético de dichos documentos es
capaz de ahondar en la reflexión sobre el suceso, o la “mímesis”
planteada por Aristóteles (Ricoeur, 2002: 108)
La literatura debe ser entendida como una creación artística
que parte de la observación sobre los sucesos del contexto de
quien busca comunicar una idea. Por ende, la transmisión de la
información no puede ser de una forma directa, como si fuese un
simple comentario, sino a través de la representación de la realidad,
vista por los ojos del emisor y (re)estructurada con un estilo o
lenguaje poético, con la intención de resaltar su idea. “Por eso lo que
queremos comprender no es algo oculto detrás del texto, sino algo
expuesto frente a él.” (Ricoeur, 2002: 192) Se pretende interpretar
esa referencia a la que alude.
Ya entendida la función y los mecanismos de la metáfora
dentro de la obra literaria, no solo como figura retórica, sino como
totalidad semántica, es pertinente cuestionar el origen de la metáfora
y su relación con los distintos campos de significación, los cuales
pueden ayudar a dilucidar el sentido anagógico de la obra. “Para
interpretar la metáfora, es preciso eliminar del sentido propio los
rasgos incompatibles con el contexto.” (Ricoeur, 2001: 245)
Entiéndase la eliminación de los rasgos incompatibles como
aquellos elementos del texto literario que llaman la atención, los
cuales, al momento de la lectura, pareciera que su colocación puede
ser un error o algo extra sobre el camino que marca el documento
(Ricoeur, 2006:63). Por ejemplo: las gnomes vistas por Gadamer, o
algunos signos a decodificar. Todos esos aspectos, “extra-literales”
en su acepción hermenéutica del sentido literal, son los rasgos
que apuntan al nivel anagógico de la obra; el contexto es un mero
vehículo para llevar esos elementos.
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�Ricardo Damián Aguirre Garza / Lectura y reflexión

La metaforicidad no es sólo un rasgo de la lexis, sino del mismo
mythos, y esta metaforicidad consiste, como la de los modelos, en
describir un campo menos conocido —la realidad humana— en
función de las relaciones de otro campo de ficción pero mejor
conocido —la trama trágica—, empleando todas las virtualidades
de ‘desplegabilidad sistemática’ contenidas en esta trama. (Ricoeur,
2001: 323)

Ahora bien, existe un trabajo posterior a la identificación
de los aspectos que nos pueden ayudar a construir los sentidos
hermenéuticos. Como la metáfora utiliza un aspecto binario, es
necesario realizar un proceso de identificación “polisémica”; es decir,
encontrar aquellos elementos que puedan modificar su sentido en
pos de una relación con las ideas veladas.
Ricoeur apunta que existe un “conflicto” de distinciones
entre las interpretaciones, donde “la primera [literal], al no
utilizar más que valores lexicalizados, sucumbe a la impertinencia
semántica”. (385) Entendida esta idea como la lectura tal y como se
muestra ante el lector, donde el sentido de las palabras solamente
se adecua el descrito por el nivel literal. Mientras que “la segunda
[metafórico], al instaurar una nueva pertinencia semántica, exige a la
palabra una torsión que desplaza su sentido”. (385) Aquí se plantea
la modificación de los elementos, partiendo de la relación de sentido
o la polisemia, lo cual será capaz de modificar su sentido “literal” y
mostrar esa “torsión” hacia un sentido metafórico.
Todo este proceso de interpretación y sus niveles (literal,
alegórico, moral y anagógico) busca conocer el significado de la obra
literaria, pues son los clásicos, por ejemplo, que permanecen a través
de los contextos por esa parte elemental del documento, ese sentido
que merece ser descubierto. El mismo Ricoeur se pregunta sobre
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

la importancia de interpretar el significado y se responde aludiendo
a que “el lenguaje es metafórico y porque el doble significado del
lenguaje metafórico requiere un arte de descifrar para desplegar la
pluralidad de estratos del significado.” (2002: 184) Entiéndase que
refiere a la pluralidad de los sentidos hermenéuticos, pues ellos están
colocados de cierta forma para que el receptor perspicaz pueda
observarlo, a la par que realiza la lectura. Porque el texto literario
se puede entender como un fenómeno completo, no solamente la
sucesión de oraciones, sino como una totalidad.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-46

87

�Ricardo Damián Aguirre Garza / Lectura y reflexión

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�Dosier
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Perspectivas críticas de los géneros de la literatura
popular: policiaco y literatura especulativa en
Hispanoamérica
Introducción
En Hispanoamérica existe una larga tradición de literatura policiaca
y de literatura especulativa. Su origen puede rastrearse a finales
del siglo XIX como resultado de la expansión de los canales
transnacionales y transatlánticos de transmisión cultural que
favorecieron la difusión de obras en traducción y las consiguientes
asimilaciones y reformulaciones locales de nuevas tendencias
literarias procedentes de Estados Unidos y Europa (Close, 2008: 4).
Ya en 1877, aparecen ejemplos de novelas policíacas en Argentina,
tales como La huella del crimen y Clemencia, ambas escritas por
Luis V. Varela (Schmidt-Cruz, 2019: xviii). Paralelamente, la obra
de autores tales como Eduardo Ladislao Holmberg, Amado Nervo
y Horacio Quiroga se configura como precursora de la tradición
de la literatura especulativa en la región. No obstante, a pesar de
sus raíces históricas y que la experimentación con dichas formas
fuera empleada por reconocidos/as autores/as, tales como Borges y
Bioy Casares, estos géneros narrativos han sido marginalizados por
la crítica literaria. Si por un lado la asociación con géneros a menudo
considerados populares y menores ha desincentivado a los/as
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�Francesco Di Bernardo y Luis Miguel Estrada Orozco / Introducción
autores/as a reivindicar su obra como parte de estas tradiciones, por
otro lado, la crítica ha concedido mayor atención a las formas del
realismo mágico asociadas con el Boom y sus fortunas editoriales
(Ginway y Brown, 2012: 1; Casanova Vizcaíno y Ordiz, 2018: 2).
Sin embargo, en las últimas décadas, la aparición de
textos que reclaman el lugar de estos géneros en la literatura
hispanoamericana y la mirada retrospectiva puesta sobre obras
anteriores para crear una nueva tradición a través del diálogo entre
pasado y presente, ha estado acompañada de una renovada atención
por parte de la crítica. Sin pretender ofrecer una revisión exhaustiva
del estado actual de la producción literaria sobre estos géneros, el
presente dossier propone establecer un diálogo con la recientes
aproximaciones críticas y teóricas a través de lecturas que abordan
el género policiaco y especulativo a través de un amplio espectro de
perspectivas, centrándose en obras de autores/as que reivindican su
posicionamiento en las tradiciones de las narrativas policíaca y de la
literatura especulativa.
En el caso de la narrativa policíaca, su origen viene de la
mano con los cambios propiciados por la revolución industrial
como el crecimiento poblacional urbano. Ramón Setton destaca
además cambios en los sistemas judiciales: “la supresión de la
tortura y, paralelamente, el desarrollo del paradigma indiciario”
(2013: 10), es decir, la impartición de justicia bajo el supuesto de
investigación y evidencia, y no de confesión obtenida por cualquier
medio. Habría que añadir también la nueva importancia de la prensa
escrita y las “causas célebres”, crímenes verdaderos que acaparaban
la imaginación popular (Flores 2005), pues como demuestra “El
misterio de Marie Rogêt”, de Poe, el crimen real y la literatura del
género tienen nexos profundos. Francisca Noguerol explica que
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

los pioneros del género en América Latina en el siglo XIX “fueron
conscientes de la escasa consideración literaria del género, lo que
los llevó a ocultarse bajo seudónimo” (2006, 115). En el Cono
Sur, el escritor y político argentino Luis Vicente Valera disfraza su
identidad bajo el seudónimo Raúl Weiss para publicar la primera
novela del género en Latinoamérica (la ya mencionada, Las huellas
del crimen, de 1877), la cual, como también lo hicieron las novelas de
Eduardo L. Holmberg y Paul Groussac, siguió el modelo dominante
anglosajón del “whodunit”, la novela de enigma. Este formato gozó
de predilección entre el final del XIX y el inicio del siglo XX como
lo muestran las narrativas breves de los uruguayos Horacio Quiroga
(“El crimen del otro”, de 1904) y Vicente Rossi (en su colección
de relatos Casos policiales, de 1912), además del chileno Alberto
Edwards (Noguerol, 2006: 114-115). En el avance del siglo, la figura
de Jorge Luis Borges se nos presenta en una doble calidad: como
reformulador y como difusor. Como reformulador, en “La muerte y
la brújula” y “El jardín de los senderos que se bifurcan” (ambos en
Ficciones), Borges parodia motivos familiares a los lectores del género
para plantear problemas estéticos. Como difusor, Borges, junto a
Bioy Casares, es responsable de la colección “Séptimo Círculo”, que
llevó autores del género a Latinoamérica desde 1945 (paralelamente,
desde 1946, Santiago Helú, en México, funda la revista Selecciones
policiacas y de Misterio). En la década de 1970 surge un hito en la
narrativa policiaca latinoamericana que seguirá influyendo la
producción del siglo XXI: el “neopolicial”, como se llamó a novelas
alimentadas del hard-boiled estadounidense, pero que aguzaron su
crítica social respondiendo a los problemas políticos de la época
marcados notablemente por Estados latinoamericanos opresores.
Paco Ignacio Taibo II definió algunas características del género: “la
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�Francesco Di Bernardo y Luis Miguel Estrada Orozco / Introducción
policía como fuerza del caos” y el “hecho criminal como un accidente
social”; además de ambientes urbanos y de la marginalidad de sus
personajes centrales. El neopolicial avivó el interés por el potencial
crítico y estético de la narrativa policiaca, y consolidó su lugar en los
estudios literarios, como ejemplifica el clásico Crimes against the State,
crimes against Persons: Detective Fiction in Cuba and Mexico (2004), de
Persephone Braham. Recientemente, el interés por los orígenes del
género entre los siglos XIX y XX han llevado a compilaciones como
la de Ramón Setton, El candado de oro: 12 cuentos policiales argentinos
(1860-1910). Además, estudios como Hispanic and Luso-brazilian
Detective Fiction: Essays on the Genero Negro Tradition (2006, editado por
Renée W. Craig-Odders, Jacky Collins y Glen S. Close) o Contemporary
Hispanic crime fiction: a transatlantic discourse on urban violence, de Glen
S. Close (2008), ponen de relieve tanto las conexiones entre este
género y otras narrativas vinculadas a la violencia social, como la
relevancia de sus conexiones transatlánticas. Durante el siglo XXI,
la novela policiaca ha encontrado formas de volver hacia el pasado
y vincular distintos tipos de violencia como parte de la estructura
de la trama criminal (como guerrillas, terrorismo y violencia política
y de Estado), como ha sido revisado por Gustavo Forero Quintero
en La novela de crímenes en América Latina: un espacio de anomia social
(2017). Igualmente, revisiones panorámicas del género han llamado
la atención de la crítica, como en Crime scenes: Latin American crime
fiction from the 1960s to the 2010s (2019, editado por Charlotte Lange
y Alisa Peate). Recientemente, libros de no-ficción como Chicas
muertas (2014), de Selva Amada, o El invencible verano de Liliana, de
Cristina Rivera Garza, ponen nuevos énfasis en las exploraciones
estéticas y críticas de la literatura latinoamericana sobre crimen que
usa recursos de los géneros policiacos. Como en 1955 hizo Rodolfo
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Walsh con Operación Masacre (otro pilar del género en América
Latina), los recursos de una narrativa identificada con medios
masivos y entretenimiento pueden ofrecer recursos discursivos para
adentrarse en problemáticas sociales.
Por otro lado, como observa Kurlat Ares, un primer
periodo de desarrollo de la ciencia ficción en Hispanoamérica
coincide con la difusión del pensamiento positivista en la región en
la mitad del siglo XIX, mientras que un segundo periodo emerge
en los años treinta con las reflexiones en torno a la modernidad.
Esta coincidencia, añade la crítica, es una de las causas por las que
erróneamente se considera que la ciencia ficción no emerge en la
región antes de los años sesenta (2021: 7), década en la cual el género
empieza a recibir un primer reconocimiento en el mercado editorial
y entre el público. Por otro lado, la crítica literaria ha asociado a
menudo la literatura especulativa a la categoría más amplia de
literatura fantástica, a pesar de que ya en los años sesenta aparecen
los primeros intentos de definición y teorización del género con la
publicación de volúmenes tales como El sentido de la ciencia ficción
(1966) de Pablo Capanna, La ciencia ficción: Breve antología del género
(1966) de René Rebetez e Introducción a la ciencia ficción (1971) de
Oscar Hurtado (Kurlat Ares, 2021: 11). Por esta razón, es sólo a
partir de los primeros años del siglo XXI que el estudio de este
género se consolida como un campo legítimo de la crítica académica
(Haywood Ferreira, 2008: 359; Ginway y Brown, 2012: 3). Esta se
ha centrado inicialmente en un proceso de retrocategorización
(retro-labeling). A través de una mirada retrospectiva se ha buscado
establecer las coordenadas de una genealogía de estos géneros
literarios (Haywood Ferreira, 2011; Ginway y Brown, 2012). Este
proceso se ha desarrollado paralelamente a la reedición de obras
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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�Francesco Di Bernardo y Luis Miguel Estrada Orozco / Introducción
fundacionales de la ciencia ficción en la región (Haywood Ferreira,
2008: 359). Entre los estudios que aparecen en la primera década del
siglo XXI, se pueden mencionar Biografías del futuro: la ciencia ficción
mexicana y sus autores (2000) de Gabriel Trujillo Muñoz, el cual analiza
el trabajo de cuatro autores; Expedición a la ciencia ficción mexicana
(2001) de Ramón López Castro, que se centra en una historia del
género y una discusión de la producción de literatura especulativa
en México; y Ciencia ficción en español: una mitología ante el cambio (2002)
de Molina-Gavilán. Paralelamente se publica un manual titulado
Latin American SF Writers: An A-Z Guide, (2004), coordinado por
Darrell B. Lockhart. Test Tube Envy (2005) de J. Andrew Brown,
por otro lado, analiza el discurso científico en la literatura argentina
desde Facundo de Sarmiento hasta Cortázar, Gorodischer y
Giardinelli (Ginway y Brown, 2012: 4-5). Asimismo, en una más
reciente fase de la crítica académica de la literatura especulativa, que
Brown y Ginway definen como de la fase de teorización, emergen
estudios que a través de diferentes aproximaciones abordan no
sólo una reformulación de la literatura del pasado sino también
de la producción reciente. Si The Emergence of Latin American
Fiction (2011) de Rachel Haywood Ferreira estudia la literatura
especulativa fundacional del siglo XIX, volúmenes tales como, entre
otros, Cyborgs in Latin America (2010) de J. Andrew Brown, Latin
American Science Fiction, Theory and Practice (2012), coordinado por
M. Elizabeth Ginway y J. Andrew Brown y Peter Lang Companion to
Latin American Science Fiction (2021), coordinado por Silvia G. Kurlat
Ares y Ezequiel De Rosso, ofrecen una combinación de revisión
crítica histórica y teorización. Es precisamente en este espíritu en
el cual se inscriben las contribuciones de la sección de este dossier
dedicada a la literatura especulativa.
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El dossier se divide en dos secciones, la primera dedicada a
la narrativa policiaca y la segunda a la literatura especulativa. Si, en
primera instancia, el género policiaco y especulativo parecen divergir,
con el primero preocupado por la revelación de la realidad factual y
el segundo aparentemente centrado en imaginaciones de mundos y
tecnologías posibles, estos géneros no sólo comparten una inquietud
por aproximarse a la realidad social de la región sino algunos aspectos
históricos de su evolución. Es la ideología positivista que sienta las
bases del policiaco fundacional, centrada en detectives cuyo método
de trabajo se basa en principios científicos y racionales (Close
2008: 141). Asimismo, es la difusión del Positivismo en los estadonaciones independientes del siglo XIX que influencia el imaginario
tecnológico y científico de las primeras obras de la especulación
en Hispanoamérica. Asimismo, el neopolicial y el ciberpunk de
los años ochenta y noventa comparten el imaginario y la crítica
social del hard-boiled estadounidense para expresar desconfianza
hacía los aparatos del estado y el sistema capitalista, así como para
denunciar la institucionalización de la represión y de la violencia y la
descomposición social. Efectivamente, las tendencias más recientes
evidencian una creciente hibridez y combinación de las formas del
policíaco, del horror y de la ciencia ficción, como se señala también
en las contribuciones de este dossier. El presente dossier, asimismo,
se configura no sólo como una contribución a y diálogo con los
recientes debates sobre estos géneros, sino también como una
propuesta de teorización de la literatura policiaca y especulativa de
la región y del mundo hispanohablante desde Hispanoamérica.
La primera sección, dedicada al policiaco, comienza con el
análisis de Samantha Escobar Fuentes de Tuya, de Claudia Piñero.
Para Francisca Noguerol (2006), uno de los cambios en la narrativa
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�Francesco Di Bernardo y Luis Miguel Estrada Orozco / Introducción
policiaca latinoamericana, además del giro político implícito en
el neopolicial, fue el “triunfo del asesino”, es decir, el interés por
el personaje criminal. En su artículo “Tuya de Claudia Piñeiro:
de esposa perfecta a asesina calculadora”, Escobar Fuentes, el
personaje de la novela es analizado en las implicaciones que el crimen
tiene en las construcciones de los roles de género y las relaciones
interpersonales. Por su parte, Lya Morales Hernández nos acerca al
cruce entre la literatura policiaca y el periodismo sobre crímenes en
“Crimen, acumulación salvaje y el trópico veracruzano: las tramas de
la ‘NAFTAficación’ en las crónicas negras de Fernanda Melchor”.
En un análisis que sigue algunas de las premisas del neopolicial, las
narrativas sobre crímenes de Aquí no es Miami (2013) son revisadas
desde su la afectación que la lógica extractivista del capital tiene sobre
su periferia. Destaca además el modo en que se analizan los espacios
fuera de la capital mexicana, centrándose en Veracruz, continuando
así con la ampliación de las geografías del crimen en México. En
“Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano: la saga de Édgar
‘el Zurdo’ Mendieta”, Gerardo Castillo analiza la vinculación de uno
de los personajes clave de la narrativa mexicana policiaca reciente
con los modelos de la literatura del género. Mendieta, en este
análisis, es al mismo tiempo un contrapunto honesto e íntegro al
caos violento del crimen, pero igualmente un heredero de los clichés
de sus predecesores. Finalmente, Luis Miguel Estrada Orozco, en
“Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67, de Fernando del
Paso” revisa la única novela policiaca del escritor mexicano desde
una perspectiva doble: el diálogo con los repertorios de la novela
policiaca y los artículos de lujo, así como la implicación de la
ambición cosmopolita tergiversada de David Sorensen, el asesino
y personaje central de la novela, en tanto que representa el reverso
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

criminal y consumista de las ambiciones de pertenencia al mundo en
el cosmopolitismo latinoamericano.
La segunda parte del dossier se centra en aproximaciones
críticas de la literatura especulativa. Si en su volumen Ginway
y Brown ponen de manifiesto la importancia de las antologías
como vitrina para la producción especulativa en Hispanoamérica
(2012: 10), el artículo de Alejandro Ramírez Lámbarry que abre
esta sección del dossier, titulada “La ciencia ficción mexicana: del
margen a un centro que es muchos centros”, propone un análisis de
cuatro antologías de ciencia ficción publicadas en México a través de
la teoría de los campos de Bourdieu. Si las primeras dos, publicadas
en 1991, afirma Ramírez Lámbarry, llenan un vacío en el campo
literario mexicano, generado por el controversial posicionamiento
crítico de la literatura especulativa como género menor o popular,
las siguientes dos antologías se asumen en esta lucha desde el
margen para adquirir mayor capital literario. Esto ocurre a través
de una cercanía y apropiación de tradición literaria más canónica,
la del género de la literatura fantástica, de una reivindicación de su
posicionamiento en la periferia del campo literario mexicano, o a
través de la centralidad de los temas nacionales y de un lenguaje
coloquial. La segunda contribución, “Cuando se finge que es ficción:
aproximación deíctica a La piel del vigilante de Raúl Quinto, un caso
de poesía especulativa” de Gustavo Osorio De Ita, propone llenar
un vacío en la crítica sobre la especulación, a menudo centrada en la
narrativa o en el cine, a través de un análisis de poesía especulativa.
Centrándose en la lectura del poemario distópico La piel del vigilante
(2014) del poeta español Raúl Quinto, poemario circunscrito al
universo paralelo y distópico creado por Alan Moore en la serie
de novelas gráficas Watchmen (1986), Osorio De Ita discute cómo
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�Francesco Di Bernardo y Luis Miguel Estrada Orozco / Introducción
se construye una poesía especulativa desde el posicionamiento
del sujeto y la recuperación de espacios y tiempos a partir de la
narrativa de Moore. Finalmente, si el artículo anterior evoca las
novelas gráficas del británico Alan Moore, el artículo de Francesco
Di Bernardo, “Figuraciones distópicas y civilizaciones perdidas en
la Colombia post-acuerdo: Liborina de Luis Echavarría Uribe”, se
enfoca en la novela gráfica especulativa colombiana, discutiendo
la novela gráfica Liborina (2020) de Luis Echavarría Uribe,
contextualizando el análisis en el marco del “giro rural” (Ospina,
2017) en la cultura colombiana. Por ende, el artículo de Di Bernardo
discute la emergencia de una novela gráfica especulativa que se aleja
de las ambientaciones urbanas que han dominado el imaginario del
comic colombiano y analiza Liborina a través de su relación con los
tropos utópicos de la civilización perdida y la distopía orwelliana.
Francesco Di Bernardo y Luis Miguel Estrada Orozco

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�Dosier
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Tuya de Claudia Piñeiro: de esposa perfecta a
asesina calculadora
Claudia Piñeiro’s Tuya: from Perfect Wife to
Coldblooded Killer
Samantha Escobar Fuentes
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Puebla, México
Orcid: 0000-0001-5123-0437
samantha.escobar@correo.buap.mx

Fecha de entrega: 14-12-2022 / Fecha de aceptación: 20-02-2023
Resumen: Inés, hija, esposa, madre y ama de casa lleva una rutinaria vida
matrimonial con Ernesto Pereyra a quien conoce desde hace veinte años
y con quien tiene una hija adolescente: Laura, Lali como cariñosamente
la llaman. Su aparente estabilidad se ve trastocada cuando descubre
accidentalmente que su marido está teniendo una aventura con otra mujer,
una desconocida que firma notitas de amor a su marido, como “Tuya”.
Ese es el detonante que revelará una nueva e inesperada faceta de Inés,
que Claudia Piñeiro va develando poco a poco en Tuya (2005). Esta breve
novela dividida en dos partes –“Primera parte” del capítulo 1 al 18 y “Cinco
meses después” del 19 al 39– acerca al lector, por un lado, al interior del
mundo femenino de su protagonista, sus recuerdos de infancia, la relación
con su madre –que marca en parte la que ahora, ella como madre tiene con
su hija–, su papel como esposa; y por otro al de su actuación criminal. Este
trabajo pretende abordar a su protagonista desde la perspectiva del discurso
prescriptivo que la lleva de una mujer que justifica y solapa una infidelidad

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a la asesina que con cuadros sinópticos, recortes de periódicos y revistas
forenses planea el asesinato de la amante de su marido con un detalle y
cuidado inusitado, al tiempo que ignora por completo las dificultades por
las que atraviesa su hija, quien critica duramente el modelo de sumisión y
permisividad que observa en la relación de sus padres.
Palabras clave: novela policiaca, Claudia Piñeiro, Tuya, asesinas, narrativa
argentina
Abstract: After twenty years of marriage and with an adolescent daughter,
Ines sees her seemingly perfect life with Ernesto revolted by the discovery
of her husband’s affair with a woman who signs love letters under the
name “Tuya” (“Yours”). This will be the trigger of Ines’ future course of
action, taking her from model wife to coldblooded killer, an unexpected
facet of her personality. In this novel, divided into two main parts –Primera
parte (First Part) and Cinco meses después (Five months later)–, Claudia
Piñeiro, by using three different narrators (Ines, Lali and a third person
narrator), shows both, the life of an average Latin American woman and
her development as a criminal. Thus, we intend to show in the following
pages, the way in which Ines transforms herself from a perfect housewife
who justifies her husband’s infidelities, into a coldblooded killer who takes
time in studying about forensic sciences in order to commit a perfect
crime; ignoring, meanwhile, the problems of her adolescent daughter Lali
who is pregnant. By doing so, we want to show the importance of the
prescriptive female speech (as proposed by Margarita Dalton Palomo),
as a requirement of excellence for women in all of the roles they have to
fulfill in Latin American society.
Keywords: police novel, Claudia Piñeiro, Tuya, female murderers,
Argentinian narrative

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“Con el delito se construyen
conciencias culpables y fábulas
de fundación y de identidad
cultural”
Josefina Ludmer

Desde la génesis de las ciencias forenses en el siglo XIX1 el interés
por definir y determinar la conducta criminal no ha hecho sino
multiplicarse. El origen de la violencia, sus posibles detonadores
y atenuantes han sido objeto de investigación de ciencias como la
biología, la psicología, el derecho y la sociología, que han contribuido
a la comprensión de la mente y las motivaciones criminales. Aunque
las posturas más actuales apuntan hacia la conjunción de una serie
de factores diversos, el del género no siempre fue atendido. Según
Islam, Banarjee, y Khatun “in the early periods of the classical
theories, any types of crime and criminality were treated as male
crime” (2014: 2) otorgando un carácter masculino a la comisión
de delitos2. Esto no es casual considerando que hasta hace muy
poco el término “hombre” era equivalente a género humano y es
que si revisamos la historia escrita de la humanidad, desde Caín,
1 Si bien el interés por la muerte y el conocimiento de sus causas han
estado presentes en la humanidad desde que esta existe, se considera que
es hasta el siglo XIX que la participación de los médicos en el auxilio de la
determinación de las causas de muerte violenta toma relevancia a partir de la
participación de los mismos en procesos judiciales.
2 El primer acercamiento a la criminalidad femenina tenía que ver
con determinar similitudes de las delincuentes con las de sus contrapartes
masculinas: “Female criminals are more ‘masculine’ than non-criminals
females, biologically, psychologically, and socially. In social psychological
terms, female criminal behavior is a concomitant of role reversal (Weis,
1976).” (Islam, Banarjee, Khatun, 2014: 2)
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encontramos una constante masculina predominante, a pesar de
que, como bien apunta Sandra Clark, “women as perpetrators of
disorderly, evil or criminal acts go back to the very beginnings of
Western mythologies” (2003: IX)3. Así, la abundancia textual de
crímenes masculinos evidencia una documentación centrada, como
acabamos de mencionar, en el hombre como epítome de la raza
humana; como recuperan Kottow y Traverso de Amícola, el universal
freudiano de lo siniestro resultó capital al dar “por sentado que lo
masculino era el representante absoluto del género humano. A los
varones del psicoanálisis no les interesó demasiado cuáles podían
ser los miedos femeninos, puesto que la mujer no era el universal
como patrón de medida de la humanidad” (74).
El interés del presente trabajo, si bien no consiste en una
apología de la criminalidad femenina equiparándola en términos
de recurrencia o crueldad con la masculina, sí requiere de dicha
puntualización en tanto que utiliza la idea de discurso sexuado
como relevante en la caracterización del ser y el actuar masculino y
femenino. Dado que la historia de la humanidad está construida por
discursos –predominantemente los verbales, sean estos científicos,
noticiosos o literarios–, no resulta ocioso abordar el tema desde el
punto de vista literario. Baste recordar que ni Sherlock Holmes ni
Hercules Poirot –por hablar de dos de los detectives fundacionales
más conocidos de ficción– se enfrentaron a mujeres criminales,
aunque las existieran desde siempre.
¿Son las asesinas de ficción diferentes en métodos y
motivaciones a sus contrapartes masculinas? ¿es la proliferación de
3 Lo que no significa que no haya menciones bíblicas a mujeres criminales
como Salomé y Dalila por citar dos de las más conocidas.

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asesinas ficcionales un correlato de la criminalidad femenina en la
sociedad occidental? ¿nos muestra una situación desfavorecida –que,
aunque ficcional, es real– en la que el género femenino expresa su
imposibilidad de equidad? Las respuestas son diversas en el tiempo
y el espacio.
Desde las ciencias forenses, uno de los primeros intentos
serios de sistematizar la conducta criminal femenina, fue The
Criminal Offender de Cesar Lombroso quien en 1895 recurriría a la
anatomía como principal explicación de la delincuencia femenina.
Para Lobroso existen anormalidades fisiológicas que podrían ayudar
a la determinación de una naturaleza criminal: el tamaño del cráneo,
características faciales y algunos padecimientos mentales estarían
en la base de la conducta violenta. Dichos razonamientos fueron
polémicos desde su momento de origen y cuestionados por su
reduccionismo centrado en el predominio de la biología sobre el
comportamiento humano sin distinción de género:
historically, criminologists ignored female criminality. The little
attention that was given to female offenders usually was limited to
three contexts: (i). comparison that understood women’s lack of
involvement in crime related to men; (ii). studies of prostitution;
and (iii) analyses of the depravity of violent women, the rational
being that since normal women are passive, the few women who
do commit violent crime must be sick (Curran and Ranzetti,
2001)”. (Islam, Banarjee, Khatun, 2014: 1)

Actualmente, según Islam et al., las diferentes posturas de
estudio pueden ser agrupadas en “four theoretical traditions of
female criminality and its causation: (i) Masculinity Theories, (ii)
Opportunity theories, (iii) Marginalization theories, and (iv) Chivalry
theory” (2013: 3) consecuentes todas de contextos específicos de
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pensamiento de género. Así, se pasa de asociar a la violencia con
la masculinidad (Masculinity Theories), a que, con el advenimiento
de las luchas por los derechos femeninos y un rol más activo de
las mujeres en la sociedad, estas se ven más expuestas a cometer
delitos (Opportunity theories); o a que, su situación desfavorable
y de marginación las llevan a ejercer la violencia como medio de
supervivencia y/o liberación (Marginalization theories); y finalmente
a considerar que el sistema legislativo juzga y castiga con mayor
condescendencia a las mujeres, lo que las llevaría a delinquir con
mayor facilidad y menores consecuencias (Chivalry theories).
En el ámbito literario, Josefina Ludmer señala la importancia
del tratamiento del tema pues “en las ficciones literarias ‘el delito’
podría leerse como una constelación que articula delincuente y
víctima, y esto quiere decir que articula sujetos: voces, palabras,
culturas, creencias y cuerpos determinados. Y que también articula
la ley, la justicia, la verdad y el estado con esos sujetos” (1999: 14).
Así, el discurso literario no opera en el vacío sino dentro de un
marco de referencia conocido para el lector. Esto es, aunque los
delitos y delincuentes sean ficcionales, el entramado social, moral,
legal, emocional, etc. que reviste al crimen no lo es; en palabras
de la estudiosa argentina “el delito es un instrumento conceptual
particular; no es abstracto sino visible, representable, cuantificable,
personalizable, subejtivizable; no se somete a regímenes binarios;
tiene historicidad, y se abre a una constelación de relaciones y
series” (Ludmer, 1999: 12)4 el de género entre ellos de ahí que se
4 Queremos entender por “regímenes binarios” a las categorías de “bueno”
y “malo”; “correcto” o “incorrecto” que estarían detrás del juicio de un crimen
pero que, como Ludmer apunta, encierra muchas más variables que las de una
dicotomía ramplona.

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recurra aquí al concepto de discurso sexuado como generador de las
características literarias de las mujeres (y de las asesinas).
En Mujeres, diosas y musas, tejedoras de la memoria Margarita
Dalton Palomo, al estudiar los orígenes del discurso de lo
femenino5 en textos fundacionales de la cultura occidental, define
discurso sexuado como aquel “que se construye a partir de la
diferenciación entre la mujer y el varón. A partir del sexo del sujeto
se crea el discurso que lo acompañará y deberá determinarlo en
su modalización. Se trata al sujeto de forma distinta si pertenece
a un sexo o al otro” (1996: 18) afirmación que no por obvia
resulta siempre evidente. Así, las categorías de hombre y mujer
en Occidente van acompañadas por un cúmulo de características,
valores y valoraciones que impactan en lo que Greimas ha definido
para el ámbito de la literatura, como competencia modal. La misma
está dividida en seis categorías o niveles de actuación; la del saber,
querer, deber, poder, hacer y ser6. Esto se refleja en que, por ejemplo,
se asume que por nacer hombre o mujer ya se “es” fuerte, valiente,
delicada, etc.; se “sabe” de asuntos domésticos, de negocios, etc.; o
se “hacen” naturalmente cosas como construir, reparar, alimentar,
cuidar, etc. Cabe recordar que aunque “el discurso sexuado es sólo
el reflejo de una realidad social, se intenta en ocasiones presentarlo
5 Discurso que Dalton Palomo define como “todo lo que se refiere a la
categoría mujer: alusiones directas o indirectas a la naturaleza de la hembra
de la especie humana, formas de clasificación sexuada en el pensamiento
abstracto, asociaciones figurativas, metáforas, formas o modos de expresión
que excluyen a la mujer” (1996: 21).
6 Cfr. “Les actants, les acteurs et les figures” de Greimas. Tomamos dichas
categorías de análisis que nos parecen útiles, pero no hacemos un análisis
greimasciano, sino que nos inclinamos hacía lo sociológico que nos permite,
a través de dichas esferas, mostrar cómo se construye al sujeto femenino
discursivamente.
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como una verdad de naturaleza física y/o biológica, y por tanto
inalterable” (Dalton, 1996: 22; las cursivas son del original). Así, la
literatura como discurso social no escapa a estas consideraciones y, a
su vez, repercute en lo extraliterario: “la constelación del ‘delito’ en
literatura no sólo nos sirve para marcar líneas y tiempo, sino que nos
lleva a leer en las ficciones la correlación tensa y contradictoria de
los sujetos, las creencias, la cultura y el estado” (Ludmer, 1999: 15).
Ya hemos señalado como ejemplo de esto que la abundancia
de documentación sobre criminales hombres ha llevado a asociar
dicha condición como propia de tal género y no de su contraparte
femenina. Es así que “tanto lo masculino como lo femenino
evocan un marco de referencia convencional que presupone ciertas
aptitudes según el sexo, pero no se detiene ahí, sino que encierra
concepciones de prestigio, poder, dominio, etc., y sus opuestos”
(Dalton, 1996: 23) por lo que cabría preguntarse por las asesinas
ficcionales, sus razones y métodos.
En El cuerpo del delito. Un manual, Josefina Ludmer revisa
algunos casos de mujeres asesinas en la narrativa argentina y
aunque no es ese su objetivo, a pie de página nos hace una breve
pero sustancial recapitulación de la figura de la femme fatale como
precursora de la asesina, notando que sería en la Inglaterra de
finales del siglo XIX, “en un período de incesante clasificación y
denominación, cuando se define la sexualidad normal, la anormal
y las perversiones” (1999: 376) cuando apareciera esta mujer fatal.
En dicho trabajo, la crítica argentina, estudia lo que ella llama “los
cuentos de delitos” en la narrativa de su país a partir del siglo XIX
para concluir que “las que matan en las ficciones están hechas de
‘signos femeninos’: todas matan por pasión, por amor o celos o
venganza, y sus crímenes son domésticos; matan a ex amantes o
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maridos que no han cumplido con su palabra o mienten”7 (794),
lo que de alguna forma justificaría sus actos al no estar motivados
por la simple sed de violencia sino por una especie de búsqueda de
resarcimiento de algún daño causado a su persona.
Godsland por su parte, enfocada en autoras españolas del
siglo XX, propone que las mujeres criminales adoptan papeles más
“masculinos” que los que le son adjudicados por la sociedad quizá
buscando “demostrar que la mujer no puede alcanzar sus metas
siguiendo las reglas del juego establecidas para ella por la sociedad
patriarcal” (2002: 21), afirmación que compartiría parcialmente la
justificación de la delincuente que sostiene Ludmer.
En el mismo tono encontramos las ideas de Jimena
Bracamonte quien dice que “el asesinato se vuelve instrumento
desnaturalizante de la protagonista femenina teniendo en cuenta las
imposiciones simbólicas de ‘lo esperable’ para ella y el hecho de que
trastocan o deconstruyen el rol social que la mujer tradicionalmente
debe asumir, quizás con el objetivo de recuperar sus cuerpos”
(Bracamonte, 2).
Diversificando un poco estas posturas pero más o menos
en concordancia con lo anteriormente dicho, Kottow y Traverso
agrupan la obra de autoras como Marta Brunet, María Luisa
Bombal y Silvina Ocampo en tres categorías: una en la que las
mujeres se rebelarían contra un mundo masculino en el que se
encuentran aprisionadas; otra en la que el ejercicio de la violencia
no fuera explicable y; una tercera y última en “donde lo femenino
encuentra inusitadas formas de acogida” (2021: 58). La primera
7 En cuanto a la domesticidad de los delitos femeninos véase Godsland,
quien expone, en una nota al pie, varias posturas sobre el asunto para el caso
de España, mostrando que no existe un consenso al respecto.
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de estas categorías sería básicamente coincidente con lo que se ha
venido diciendo sobre la criminalidad femenina como medio de
liberación del régimen patriarcal. La segunda tendría un cariz más
bien experimental en el que “el asesinato ya no aparece como un
efecto más o menos comprensible de múltiples injusticias vividas,
sino como un ente extraño, de imposible absorción” (Kottow et al,
58-59). Finalmente, la tercera categoría comprende textos “donde
la violencia se esconde detrás de máscaras que ostentan una cierta
inocencia, una falta de conciencia, que apunta hacia lo infantil” (59).
El eje rector violento que Kottow y Traverso encuentran en estas
tres categorías muestra a mujeres que “parecen contradecir una serie
de características asociadas tradicionalmente a la femineidad. Por
ello, se pueden leer todas las obras, en mayor o menor medida, como
textos que resisten prejuicios y estereotipos, poniendo en juego
imágenes que impulsan otros imaginarios” (81). Como podemos
ver, la mayoría de los estudios sobre narrativa de mujeres asesinas
sostiene, de un modo u otro que la violencia por estas ejercida
es el resultado de condiciones de marginalidad o agresividad que
requieren de tal tipo de respuesta para poder subsistir y liberarse,
un poco como los estudios de criminalidad femenina que hemos
revisado sostienen.
En el caso que nos ocupa Inés, la protagonista de Tuya
(2005) de Claudia Piñeiro, se nos va revelando poco a poco como
pasional sí, pero no arrebatada, sino pensante y calculadora, reflejo
quizá del papel que como mujer y esposa se espera que cumpla.
Inés no se puede permitir fallar y si bien el asesinato, no pareciera
algo que tuviera contemplado en primera instancia, no dejará que
la infidelidad de su esposo termine con su matrimonio y su familia
por lo que hará lo “necesario” para salir triunfante de dicho bache.
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Esta “necesidad” de perfección está estrechamente vinculada a un
discurso sexuado que define el rol de la mujer como madre y esposa
como nos hace notar, la ya mencionada, Dalton Palomo para el caso
del discurso femenino:
hay dos formas primarias de presentar las ideas que se tengan de la
mujer: una de forma descriptiva y otra prescriptiva. Lo descriptivo
como su nombre indica, presenta una semblanza exterior y
aparentemente objetiva de la mujer. Lo prescriptivo señala cómo
debe o no ser la mujer, todo lo que pretende establecer normas
de comportamiento ideas y que, de forma abierta o encubierta,
amenaza con castigo o exclusión social a quien no las cumple. (16)

En adelante nos centraremos en este discurso prescriptivo en
Tuya desde dos ángulos, el de las características de Inés como esposa
y mujer perfectas; y el de la asesina documentada y competente.
La novela cuenta la historia de Inés, una ama de casa
bonaerense de clase media casada con Ernesto que la engaña con
una mujer que le escribe notas firmadas como “Tuya” con lápiz labial
rojo. Cuando Ernesto recibe una llamada de Alicia, su secretaria, Inés
lo sigue (asumiendo que es ella la amante) y es testigo de la muerte
accidental de Alicia, al desnucarse como resultado de un empujón de
Ernesto. Inés espera la confesión de su marido y cuando esto sucede,
ella urde un plan para ayudarlo a no ser detenido por la policía. Con
este objetivo, Inés prepara una coartada e investiga sobre asesinatos,
evidencias y ciencias forenses. Mientras todo esto sucede, Lali, la
hija de ambos se enfrenta a un embarazo adolescente que sus padres
ignoran y que la hace retraerse de la escena familiar y sus complots
particulares para intentar solucionar sus propios problemas.
La faceta más calculadora de Inés se presenta cuando
descubre, tiempo después que Ernesto sigue viendo a su amante
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que no era Alicia, sino Charo, la sobrina de esta. Para vengarse, Inés
alerta a la policía sobre el paradero de Alicia que sólo esta reportada
como desaparecida. Descubierto el cuerpo, Ernesto se encuentra
nuevamente en peligro de ir a la cárcel por lo que el matrimonio
urde un plan para librar a Ernesto de la cárcel. La idea principal es
inculpar a alguien más; Inés piensa en Charo pero Ernesto utiliza
la estratagema pensando en Inés. Cuando esta última lo descubre,
mata a Charo haciendo parecer culpable a Ernesto. Lali por su parte,
ajena a todo este enredo ha dado a luz a una niña a la que llamará
Guillermina. La novela, de treinta y nueve capítulos divididos en dos
partes (“Primera parte” y “Cinco meses después”) está contada por
tres voces alternadas: Inés (diecisiete capítulos), Lali (trece capítulos,
todos en forma de diálogo) y un narrador omnisciente (nueve
capítulos) que a ratos parece ser un personaje más (una especie de
detective) y a ratos estar dentro de la cabeza de la protagonista y
conocer sus pensamientos. La voz preponderante, no obstante, es
la de Inés, que tanto como mujer, ama de casa y asesina se muestra
bajo la óptica de lo que se espera que sea, haga o sepa; es decir a
través de un discurso femenino prescriptivo de ella como mujer y
como asesina.
Discurso femenino prescriptivo
Este tipo de discurso sexuado está relacionado con las esferas de
acción mencionadas anteriormente, pero principal y evidentemente
desde la óptica del “deber”, mediado por la relación de Inés con
diferentes personas en su vida; Ernesto su marido, Lali su hija, su
madre y “la sociedad”. Así, el ser, hacer, querer, saber, y poder se
establecen a partir del parámetro de lo “correcto” o “conveniente”
en su rol de mujer, esposa y madre. Veamos algunos ejemplos.
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Como esposa Inés, tiene claro que, en el ámbito del hacer, su
tarea principal consiste en cumplir con las labores domésticas con
creces: “Yo llego a la noche muy cansada. Parece que no, pero las
tareas de la casa, cuando una quiere tener todo perfecto, te agotan.”
(Piñeiro 1, las cursivas son nuestras). Ese hacer no es producto de la
nada sino de una conciencia de género transmitida por generaciones
y presente en la sociedad occidental que dictamina, además de su
hacer, su ser: “Yo siempre tapo todos los silencios, cubro los baches
cuando una conversación no está bien armadita. Es como un don
que tengo” (Piñero, 2005: 1; de nuevo las cursivas son nuestras).
Inés siente que la familia que ha formado con Ernesto es perfecta,
“Y lo que veía era que teníamos una familia bárbara, una hija a punto
de terminar la secundaria, una casa que más de uno envidiaría. Y
que Ernesto me quería, eso nadie lo podía negar. Él nunca me hizo
faltar nada” (1), en contraste con aquella de la que proviene pues
su padre se fue, dejando su crianza a cargo de su madre, con quien
Inés se compara constantemente a veces en busca de la aprobación
materna: “Me hubiera gustado que mamá me viera. Ella siempre me
critica lo que me pongo. Dice que no me pinto, que no me arreglo.
Es que ella es tan chabacana, tan de departamento.” (8); a veces
como referente: “Mamá siempre fue una intuitiva para estas cosas.
Un poco pesimista para mi gusto, pero intuitiva.” (19) Su madre
entonces, juega un rol definitorio en la vida de Inés, su historia ha
marcado fuertemente su desempeño vital pues reconoce algunas de
las virtudes de su progenitora, pero trata de no caer en sus errores,
como si en el fondo, la responsabilizara por el abandono de su padre.
En este deber ser y hacer de Inés encontramos también el
papel de la mirada ajena, la de la sociedad que, dado su estatus, la
juzga, “una no se puede presentar en la oficina del marido en jeans
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y zapatillas. Por más que sean de marca. Es una cuestión de imagen.
Una tiene que ser coherente con la imagen que los demás se van
formando de la mujer de un ejecutivo.” (8), sobre todo si el ejecutivo
es el prototipo de hombre exitoso que plantea la sociedad como
ideal, como es Ernesto. Según Inés: “mi marido siempre se viste
muy bien, se combina la corbata con el color de las medias, me
mata si la camisa que se quiere poner tiene una arruga o sus zapatos
no están recién lustrados. Es muy detallista” (8). Eso no quita,
que nuestra protagonista reconozca que su marido puede resultar
bastante inexperto para ciertas cosas “Porque en el fondo Ernesto,
y ése es su grave problema, es un chico. No termina de crecer nunca.
Y yo a veces me canso de hacerle de madre. Porque por más que una
quiera a un hombre, una tiene sus límites, y hay momentos en que,
francamente, le pegaría un tiro.” (7) Esta conciencia de tener que
tomar la sartén por el mago es la que impulsa a cometer el asesinato
de Tuya con premeditación, como veremos a continuación.
Discurso prescriptivo criminal
Para Kottow y Traverso “poner la atención sobre mujeres
asesinas, mujeres que hacen suya la violencia, implica posar la
mirada sobre algo que, en primer lugar, golpea como paradoja: la
premisa de que las mujeres no serían violentas queda entredicha
por las homicidas. De débiles y vìctimas a fuertes y vitimarias; de
ser quienes reciben los golpes se transforman en quienes los dan.”
(57) Si bien el discurso sexuado colabora en la “naturalización” y
generalización de características femeninas y masculinas, en Tuya
el discurso femenino prescriptivo muestra a una asesina, que,
a diferencia de otras nos parece, no utiliza el asesinato como
medio de liberación de una situación de violencia doméstica sino
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como reafirmación del nivel de perfección que debe tener una
esposa para la sociedad.
Desde el primer momento Inés se muestra pensante:
descubre los mensajes con labial rojo y no le reclama a su marido
nada; después del asesinato accidental cometido por Ernesto, lava
su coche sin decir nada. Cuando su marido le confiesa el crimen,
ella elabora la coartada que sostendrán frente a la policía al tiempo
que se documenta sobre el rigor mortis y los procesos y métodos
criminológicos que podrían poner a su marido en riesgo. Llegado
el momento, y con todo lo aprendido, planea el asesinato de la
verdadera amante de su marido de forma que éste parezca culpable.
Se nota entonces en Inés una proeficiencia y perfeccionamiento que
ya fueron palpables en su faceta de esposa y ama de casa.
En lo que al hacer se refiere, aún sin haber cometido el
crimen, Inés es precavida; cuando va al departamento de Alicia, a la
que cree la amante de su marido toma sus precauciones: “antes de
entrar, me coloqué unos guantes de goma que compré en el camino.
A esa altura de mi vida llevaba vistas demasiadas series policiales
como para andar dejando mis huellas por cualquier lado.” (2005: 10)
Su conocimiento, no obstante, no es sólo empírico, los capítulos
6, 13, 17 y 36 son en realidad las transcripciones de documentos
forenses tomados de libros o revistas sobre psicología, criminología
o medicina legal encontrados en su poder –algunos de ellos con
anotaciones–. Inés sabe que debe conservar la calma y actuar con
naturalidad pues “el punto número uno del decálogo del asesino
perfecto es ser fiel a sus rutinas diarias. Si no es como estar llamando
a la policía. ‘Eh chicos, miren, acá estoy yo, con la vista perdida, la
cara desencajada, el café chorreando porque no le emboco a la boca
¿no les parece que debo estar metido en algo extraño?’” (7)
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Lo conducente ahora es analizar sus posibilidades fríamente:
Entonces se me ocurrió hacer un cuadro sinóptico. En la escuela,
cuando había que estudiar algo muy complicado, yo me armaba
un cuadrito sinóptico, con muchas flechas, muchas llaves, todo
bien chiquitito, bien ordenado, cosa que si no me ayudaba para
clarificarme el pensamiento, por lo menos me servía de machete.
Yo nunca fui muy buena en el colegio. No me interesaba, me la
pasaba pensando en otras cosas. (23)

Esto no quiere decir que Inés sea tonta, no, es inteligente y lo
sabe “mi inteligencia es de bajo perfil, es inteligencia en las sombras,
sin alharaca, sin muy bien diez felicitado. Inteligencia práctica, la que
sirve para las cosas de todos los días.” (7) Con esa inteligencia es que
urde el asesinato de Charo, la verdadera amante de Ernesto. Para
actuar hace un cuadro sinóptico como en sus tiempos de escuela: 1.
Va al banco a sacar el dinero de la cuenta de su marido; 2. Se compra
unos jeans y una campera, que se pone deshaciéndose de su ropa;
3. adquiere una peluca castaña (que paga en efectivo como la ropa
para no dejar rastros); 4. Renta un coche (para el que sí tuvo que
usar la tarjeta ¡qué contrariedad!); 5. Sigue a los amantes en el coche
rentado usando la peluca y lentes oscuros; 6 y 7. utilizando la pistola
que encontró en casa de Alicia y que tiene las huellas de su marido,
le dispara a Charo incriminando a Ernesto.
Conseguido su objetivo, Inés, habla con su madre para
contarle todo. Le pide, además, en un último acto de responsabilidad
materna –que choca un poco con su desempeño materno mostrado
durante toda la narración en la que se ha mostrado celosa,
incomprensiva y desinteresada hacia Lali–, que se ocupe de su hija
(quien, por cierto, tuvo una niña a la que llamará Guillermina): “Le
hago prometer que se va a ocupar de Lali. Era lo único que me
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quedaba pendiente. Fue un gran alivio para mí. De alguna manera yo
sé que mamá con todos sus defectos, le va a hacer sentir que sigue
teniendo una familia” (39). De lo que extraemos la importancia
concedida por Inés a la familia en congruencia con su rol de madre,
más que por convicción profunda.
En cuanto a su papel como esposa, a pesar de que ella hizo
lo posible por mantener su matrimonio, le resultó imposible sacarlo a
flote. Quizá porque ese matrimonio “perfecto” nunca lo fue, estuvo
basado siempre en el discurso prescriptivo de Inés como mujer que
debe formar una familia y de Ernesto como proveedor de la misma:
se casaron cuando ella se embaraza para hacer “avanzar” la relación de
tres años que tenían. Ernesto en algún momento consideró que Inés
abortara, pero no se atrevió a pedírselo. El matrimonio entonces parte
de expectativas distintas de cada uno, siempre mediadas por lo que
la sociedad espera de ambos. Ese discurso prescriptivo y su historia
familiar “fallida” llevan a nuestra protagonista a mentirse a sí misma y
al resto del mundo con un matrimonio “perfecto” que sólo existe en
su cabeza justificando las mentiras e infidelidades de Ernesto:
Porque era claro que Ernesto sí me estaba mintiendo. Pero lo
importante no era eso, sino por qué lo hacía. Ernesto me mentía
porque me quería, tan simple y fundamental como eso. ¿Para qué
contarme de una aventura extramatrimonial que ya era historia del
pasado? «Ernesto es un hombre maravilloso», pensé. No como
esos que se sacan la calentura afuera y después vienen a sacarse la
culpa en casa. (12)

El discurso prescriptivo ha modelado la conducta de Inés
como mujer para hacerla vivir en un matrimonio que cuando deja
de cumplir con los estándares de la sociedad, la motiva a enfocar
sus habilidades en la comisión de un delito. Inés, a diferencia de
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�Samantha Escobar Fuentes / Tuya de Claudia Piñeiro

otras asesinas de ficción, se centra en la planeación y ejecución de
un delito como respuesta al nivel de expectativas que la sociedad a
través del discurso prescriptivo ha depositado en ella.
A manera de conclusión
Al inicio de este trabajo nos preguntábamos por las
características particulares de la criminalidad femenina. Nos parece
que hombres y mujeres, esposos y esposas, parejas, amantes, parecen
albergar todos por igual, celos, sentimientos de resentimiento, odio,
humillación y muchas aflicciones mentales más que pueden detonar
un evento violento, inusitado.
En Tuya, Claudia Piñeiro muestra a una mujer con la
sangre fría necesaria para calcular con tiempo y premeditación los
movimientos a seguir para la consecución de un asesinato. Inés
no muestra rasgos de violencia o ira incontrolable, como los que
esperaríamos de alguien capaz de terminar con la vida de un ser
humano. Nuestra protagonista no se deja llevar por los arrebatos
de la visceralidad, sino que posee la capacidad de raciocinio y
autocontrol de emociones que desembocan en una actuación
planeada.
Las ciencias forenses, comenzábamos diciendo, han
intentado determinar los rasgos o características de la personalidad
y la crianza que podrían ser causantes del ejercicio de la violencia
contra otro. Piñeiro reflexiona sobre esto mismo y nos dice que:
no sólo quienes trabajan en la práctica forense sino también la
gente común, muchos, siguen intentando encontrar un patrón
que pueda indicar quiénes podrían, y quiénes no, ser delincuentes
en potencia. O asesinos. Tal vez, lo más asombroso sea que esta

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inquietud no se deba tanto a poder definir esa posibilidad en el
otro, sino en uno mismo. La garantía de que uno nunca podrá
convertirse en un pequeño monstruo (36).

Garantía que, por supuesto, ni Inés ni nadie tiene. El
desempeño vital de nuestra protagonista se ve mediado por el
discurso prescriptivo que pone altas expectativas en una mujer.
La obra muestra dicho discurso de una manera crítica, es decir,
lo denuncia. A través de los pensamientos y acciones de Inés
vamos percibiendo la exigencia de comportamiento que la
sociedad impone sobre la mujer. Así, Claudia Piñero, a través
de sus personajes nos acerca a la realidad de una familia como
cualquier otra pero que toma un camino inesperado. Motivada por
los deseos de perfección y estabilidad, Inés encubre un crimen
y posteriormente comete otro al percatarse de la falsedad de su
relación de pareja. Con toda la paciencia, inteligencia y contención
que ha desarrollado como mujer y esposa, se desempeña ahora
como asesina.
Frente a la pregunta inicial sobre las motivaciones y métodos
de una asesina de ficción frente a los de un asesino, Piñeiro nos
aventura su respuesta personal en el cierre de la novela:
¿Pero acaso todos los seres humanos no somos igual? ¿no valemos
lo mismo? Un clearing. El día de nuestro juicio. Ernesto y yo nos
podremos quejar de que no cometimos el crimen que se nos
imputa, pero no vamos a poder decir que somos inocentes. En
el fondo, nadie es inocente. Aunque todos seamos animalitos de
Dios. Alicia, Charo, Ernesto, yo. Matar a uno o a otro no cambia
mayormente la pena o el castigo. Sí la culpa. Yo no me hubiera
permitido matar a Alicia. Mucho menos a Ernesto que es el padre
de mi hija. A Tuya sí. Tuya es otra cosa. (39)
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-54

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�Samantha Escobar Fuentes / Tuya de Claudia Piñeiro

De lo que extraemos que, aunque la posibilidad de matar estaría
presente en todo ser humano por igual, el papel que ocupamos en
la sociedad tiene incidencia en el sentido que cobra dicho asesinato,
como si el valor de la vida dependiera de nuestra circunstancia social
en ignorancia de la dignidad humana intrínseca que iguala o debería
igualar a todos los miembros de nuestra especie. No creemos
entonces, que la conducta de Inés responda al cliché de la mujer
violenta por naturaleza, la femme fatale ni a la concepción común de
que cuando la mujer comete un delito, lo hace con mayor virulencia
y agresividad. Nos parece más bien que Claudia Piñero muestra el
panorama de una mujer que ha construido una vida y una familia
a partir del discurso prescriptivo femenino; se mueve dentro de
una escala de valores y valoraciones en las que no ve el divorcio, el
abandono o el fracaso como una opción viable: “la sociedad es muy
machista, hay que aceptarlo” (Piñeiro, 2005: 14) nos dice Inés.
Tuya, nos presenta así una asesina que, aunque insospechada
en un principio, se ocupa de cubrir las expectativas que de una mujer
se tiene en todo lo que esta desarrolle, aún si de matar se trata,
señalando así la importancia del discurso sexuado que permea no
sólo las obras de ficción sino el devenir cotidiano de la sociedad en
general. Al mismo tiempo vemos una reflexión sobre el potencial
latente en cualquier ser humano de cometer el mal que no distingue
entre géneros y que, bien mirado, nos equipara como raza y podría
ser desestimado para, desde esa equidad, comprometernos con el
bien y la solidaridad comunes.

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Referencias
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Piñeiro, C. (2005). Tuya. epublibre.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-54

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�Dosier
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Crimen, acumulación salvaje y el trópico
veracruzano: las tramas de la “NAFTAficación” en
las crónicas negras de Fernanda Melchor
Crime, feral accumulation and the Veracruzean
tropic: the plots of “NAFTAfication” in Fernanda
Melchor’s noir crónicas
Lya Morales Hernández
King’s College London
Londres, Inglaterra
Orcid: 0000-0002-4055-8362
lya.morales_hernandez@kcl.ac.uk

Fecha de entrega: 14-12-2022 / Fecha de aceptación: 20-02-2023
Resumen: El presente artículo explora las formas en las que los
aniquilamientos y despojos del capitalismo extractivo que asedian al
territorio veracruzano—una región históricamente marcada por la
infraestructura extraccionista de la industria petrolera—encuentran
expresión en los textos no-ficcionales compilados en Aquí no es Miami
(2013) de Fernanda Melchor. A través de una lectura de las condiciones
materiales que estructuran la crónicas de crimen de Melchor—
particularmente los fracasos y crudos residuos de la “petrolización” y la
fiebre de privatización neoliberal que han dejado huella sobre los paisajes
del trópico veracruzano—el artículo sugiere que el uso y reformulación
de los rasgos característicos género negro (sobre todo el emplazamiento

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�Lya Morales Hernández / Crimen, acumulación salvaje y el trópico veracruzano

portuario y las icónicas expresiones de oscuridad urbana), permite dar
cuenta de los nexos entre la acumulación capitalista y las depredaciones
territoriales en la era post-NAFTA. Asimismo, el artículo rastrea nuevas
direcciones en la crónica de crimen, particularmente, su desplazamiento
de la muy discutida capital mexicana hacia los terrenos provinciales
del sur de México, los cuales, reconfigurados como zonas económicas
especiales o corredores logísticos, aparecen en estos textos como espacios
fragmentados por una desigualdad concentrada, así como por la violenta
desposesión y explotación autorizada por la reconversión neoliberal.
Al enmarcar este giro de perspectiva en la crónica contemporánea en
relación con los violentos asaltos del NAFTA sobre el espacio provincial
veracruzano, el artículo sugiere cómo la desestabilización de los registros y
domicilios geográficos del noir dentro de la escritura no-ficcional sobre el
crimen, permiten escudriñar el brutal control sobre la vida, el territorio y la
mano de obra en las periferias extractivas del capitalismo, y de esta forma,
revelar las operaciones ocultas del capital que han llevado a la ciudad
portuaria de Veracruz a erguirse como sitio privilegiado de violencia y
depredación neoliberal.
Palabras clave: Fernanda Melchor; Crónica mexicana contemporánea;
Noir; Capitalismo extractivo; NAFTA
Abstract: The present article explores the ways in which the annihilations
and overall spoils of extractive capitalism upon the territories of
Veracruz—a region historically marked by the extractive infrastructures
of oil—are given expression in the non-fictional pieces compiled in
Fernanda Melchor’s Aquí no es Miami (2013). Through a close reading
of the material conditions that structure Melchor’s crime crónicas –
mainly, the failures and crude residues of “la petrolización” and the
spoilation of agricultural terrains in the landscapes of the Veracruzean
tropic– this article suggests that the use of noir environments and devices
reconfigured (such as the port city setting and the expressions of urban
darkness), attempts to reveal the nexus between energy-driven interests
and the territorial predations of the post-NAFTA era. Furthermore, the
article seeks to map new directions in the crime crónica, and especially
its turn towards the Mexican southern provinces, which, functioning
predominantly as special economic zones or logistical corridors, appear in
these texts as spaces ruptured by the concentrated unevenness, traumatic
dispossession and exploitation enabled by neoliberal structural adjustment
programs. Framing this perspectival shift at work in recent crónicas in

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

correlation to the extractive thrusts of NAFTA, the article suggest that
the destabilizing of the generic tropes and settings of noir within crime
non-fictional writing allows the crónica to lay bare the brutal management
of nature and labour in capitalism’s extractive peripheries, and, in this
way, render visible the hidden operations of capital that have led to the
catastrophic transformation of the port city of Veracruz into one of the
ground zeroes of violence and neoliberal predation.
Key words: Fernanda Melchor; Contemporary Mexican Chronicle; Noir;
Extractive capitalism; NAFTA

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�Lya Morales Hernández / Crimen, acumulación salvaje y el trópico veracruzano

Los crudos residuos del desarrollismo petrolero que subyacen a
los devastadores procesos neoliberalizantes que asedian al trópico
veracruzano, una región históricamente marcada por la infraestructura
extractivista de la industria de hidrocarburos, si bien pueden rastrearse
en novelas negras tales como La cabeza de la hidra (1978) de Carlos
Fuentes, Morir en el Golfo (1985) de Héctor Aguilar Camín o Sombra
de la sombra de Paco Ignacio Taibo II (1986), se manifiestan de forma
legible en la obra ficcional y no-ficcional de la escritora veracruzana
Fernanda Melchor. Desde el lanzamiento de su obra más celebrada,
Temporada de huracanes (2017), una “Gulf Coast noir” (Lucas 2020)
que toma como centro el asesinato de una figura marginal—conocida
sólo como “la Bruja”—en una empobrecida zona rural de Veracruz
trastocada de forma violenta por la bonanza petrolera, la escritura de
Melchor ha sido leída como inexorablemente atada a la experiencia del
capitalismo extractivo en el Golfo mexicano. Como diversos críticos
han notado, más allá de ser un whodunit en el sentido estricto del género,
Temporada de huracanes utiliza la misteriosa muerte de la Bruja como
una entrada hacía la historia reciente del territorio veracruzano “hit
by rampant violence and economic austerity” (Sánchez Prado, 2020).
Bailey Trela, por ejemplo, arguye que el texto, lejos de asentarse en un
tipo de violencia arcaica o atemporal, vincula las muertes, la violencia
sexual, misoginia, pobreza y el abuso de drogas que azotan al pueblo,
con “the precarities of life in the 21st century [….] where the primary
forces of destruction are, more often than not, economic” (2020). En
efecto, los males sociales que aquejan al “trópico negro”—como la
escritora misma se refiere a dicha geografía—materializan en la obra
de Melchor el oscuro legado petrolero y los impactos económicos y
socio-políticos que los embates del capitalismo extractivo han tenido
sobre la vida y el territorio en el Golfo de México.
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No es casualidad que, en las primeras páginas de la novela,
Melchor salte del descubrimiento del cadáver putrefacto de la Bruja
a una alusión histórica al periodo de apogeo petrolero en la región—
“la petrolización” (1978-1982). La escritora lleva al lector a finales
de los años setenta, cuando el paisaje de “cañas, pastos y carrizos
que tupían la tierra” (2017: 25) es drásticamente reemplazado por la
infraestructura logística que permitiría conectar a la región con los
yacimientos de crudo descubiertos al norte del pueblo, creando una
ilusión de progreso sustentada en la exportación de hidrocarburos.
Sin embargo, este espejismo de desarrollo, prosperidad y progreso
nacional se desvanece cuando los precios del petróleo caen a inicios
de los años ochenta (la llamada “década perdida”), dejando atrás
una serie de “cantinas, posadas, congales y puteros” (ibid.) que
sólo servirían para satisfacer a los ingenieros y narcotraficantes que
fueron atraídos a la zona por la riqueza petrolífera. La crisis del
petróleo y las políticas de shock económico impuestas tras ésta, por
lo tanto, allanarían el camino para el depredador despojo neoliberal y
el brutal ascenso del narcotráfico en la región en la década siguiente,
una restructuración tan radical que, como alegoriza Melchor, es
atribuida por sus pobladores a fuerzas ocultas y sobrenaturales. A
través de estas resonancias góticas, Temporada de huracanes cifra las
ansiedades surgidas por el catastrófico fracaso del desarrollismo
petrolero en las zonas costeras del sur de Veracruz y las oscuras
manipulaciones del poder que hicieron del territorio veracruzano
un espacio donde la neoliberalización alcanzó grotescos extremos.
Recurriendo a estas diferentes tradiciones (desde la novela negra al
gótico), Temporada de huracanes, tal como afirma Gorica Majstorovic,
abre nuevos contextos para una literatura y cultura contemporánea
basada en los “failures of the oil-fueled neoliberal economies” (2021:
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19), usando esta región periferalizada como un sitio privilegiado
desde donde desentrañar el amenazante control que el capitalismo
ejerce sobre la vida, el territorio y la mano de obra en el México del
neoliberalismo tardío.
No obstante, si bien con Temporada de huracanes Melchor
muestra el pleno florecimiento de la crisis mexicana contemporánea,
sus métodos, como apunta Will Noah (2020), pueden rastrearse
en sus primeras crónicas. Su primer libro, Aquí no es Miami (2013;
reeditado en 2018), compila varias piezas no-ficcionales sobre
violencia y precariedad en Veracruz, haciendo uso del canónico
género latinoamericano de la crónica que, combinando aspectos del
cuento, el ensayo y el relato etnográfico con un abierto rechazo a
nociones tradicionales de objetividad periodística (Jörgensen, 2011:
391), ha estado “historcially commited to documenting political
change in the Americas at lage” (Aguirre, 2017: 9). Poniendo así en
primer plano el terror que ha asediado el trópico veracruzano, de
manera similar a su novela, las crónicas de Melchor hacen uso de
símbolos ocultistas para reflejar el malestar social que experimenta
la región. En una de las primeras crónicas, por ejemplo, Melchor
narra la fiebre extraterrestre que atrapó la atención del país en los
años noventa y su propio avistamiento de un ovni sobre el puerto de
Veracruz, que resultó ser nada menos que aeronaves colombianas
cargadas de cocaína siendo traficadas al país en complicidad con
el ejército mexicano. En otra (“La casa del Estero”), que funciona
casi como una alegoría del capitalismo-patriarcal, la incursión a una
casa abandonada que los locales creen embrujada—contada por una
tercera persona conocida por Melchor—deja a una mujer poseída
por un espíritu maligno, que reclamará el cuerpo de la mujer y los
terrenos de la propiedad como suyos (2017: 104). Como Guillermo
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Espinosa Estrada observa en una reseña titulada “Un ovni como
excusa de lo real”: “como si supier[a] que para tomar el mejor pulso
de este país tuviéramos que examinar, antes que nada, sus márgenes,
[Melchor] rodea y se detiene en lugares excéntricos”(2013). Su
novela, por ejemplo, fue originalmente concebida como una
investigación periodística sobre un asesinato, cometido en un pueblo
marginalizado cercano a su ciudad natal, que apareció en la nota roja
con una desconcertante explicación: la víctima era conocida en el
pueblo como una bruja y el motivo atribuido a actos de brujería.
No obstante, los espacios oscuros que Melchor rastrea en su novela
se encuentran también en sus textos no-ficcionales, ya que, como
Patricia Poblete Alday observa en su expansivo estudio del género, “la
crónica narrativa que se escribe y publica hoy en América Latina …
revela aquellas aristas más oscuras de la realidad que nos esforzamos
por mantener ocultas” (2019: 103). En sus crónicas, Melchor usa la
hibridez intrínseca al género para investigar las fuerzas oscuras que
han tomado control del “trópico negro”.
Estudios recientes sobre la crónica latinoamericana
contemporánea (Poblete Alday, 2020; Miklos, 2020; Aguirre 2016),
un género que alcanzó su auge en los convulsivos años setenta para
dar sentido a los nuevos contornos de las megalópolis, reconocen
en la mayoría de los textos que toman la violencia como eje central,
un giro de perspectiva que ha llevado a una gran parte de estos
a mudar tanto de domicilio geográfico como de registro. Por
ejemplo, mientras que críticas como Gabriela Polit-Dueñas (2019)
han subrayado la crónica contemporánea en su encarnación urbana
como el género que ha definido la expansión neoliberal en América
Latina, Juan Carlos Aguirre propone a la “crónica provincial”
como la forma que mejor captura las disrupciones derivadas de la
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compleja estructura transnacional moldeada por los flujos de bienes
y mano de obra bajo la agenda neoliberal global (2016: 11). De
acuerdo con Aguirre, los estudios críticos sobre la crónica mexicana
han privilegiado ampliamente las representaciones de la capital del
país dentro del género, pasando por alto “the highly visible efforts
to narrate the violence that a binational anti-narcotics initiative has
inflicted on Mexico’s provinces” (2016: 10). Los diversos territorios
administrados fuera de Ciudad de México, Aguirre subraya, se han
caracterizado por siglos por su marginalidad económica y por el
saqueo de sus recursos en beneficio de la federación, volviéndolos
la zona cero de la crisis política actual en el país. Para Aguirre, la
provincia mexicana—un término usado para designar el vasto
interior del país—representa ahora el ‘‘lens through which a new,
transnational reality must be understood” (ibid.). Dado que, como
Aguirre argumenta, las crónicas recientes exploran las rutas de
contrabando que marcan a estos territorios, convirtiéndolos en la
otra cara del “formal licit market whose nodal points are in the
great metropolises”, dichos textos abren la posibilidad de redefinir
la crisis nacional en términos que sean “emphatically inclusive of
“provincial” space” (2016: 32).
El análisis de Aguirre —centrado en la colección de crónicas
El hombre sin cabeza (2009) escrita por Sergio González Rodríguez—
no obstante, deja intacto el nexo entre los ámbitos legales e ilegales
en los paisajes provinciales retratados en estas crónicas (situados
sobre todo en Michoacán, Tabasco y Veracruz). La mayoría de estos
territorios no sólo han sido trastocados por la industria ilícita de
tráfico de narcóticos sino, sobre todo, por una regulación diferencial
dada las tecnologías de zonificación que han transformado estos
espacios en zonas de libre comercio o bien, en zonas económica
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especiales (ZES). Como Sandro Mezzadra y Brett Neilson señalan,
puertos, corredores, zonas económicas especiales y otras formas
de espacio logístico operan como las nuevas geografías del capital
global, áreas que brindan a corporaciones excepciones a ley y
diferentes regímenes normativos (2019: 213). De tal forma, en
estos sitios, “el acceso al mercado laboral, los estándares de salud
y seguridad, las relaciones industriales, las políticas ambientales…
son reguladas según la lógica impulsada por el mercado de
la gubernamentalidad neoliberal” (Mezzadra y Neilson, 2017:
250), autorizando así la degradación ambiental, la explotación
laboral y el dominio del mercado sobre los derechos territoriales.
Funcionando bajo ordenamientos jurídicos y normativas especiales,
sin embargo, estas operaciones extractivas frecuentemente aparecen
desvinculadas de la violencia militar y paramilitar (por ejemplo, las
decapitaciones narradas por las crónicas de González Rodríguez
que Aguirre analiza) conectadas a la militarización de la guerra
contra las drogas. No obstante, la formación de una “gobernanza
necropolítica” alrededor de corredores, zonas especiales y nodos
logísticos en México, Colombia y Centroamérica sugiere en cambio
una nociva colaboración entre el estado, paramilitares, carteles de
droga y caciques locales en la producción de estos espacios (Peregalli
2020). En consecuencia, zonas extractivas y logísticas representan,
siguiendo a Mezzadra y Neilson, “lugares paradigmáticos que hacen
visibles conexiones complejas entre patrones de desposesión y
explotación” (2017: 44). En las crónicas de Melchor, estos caóticos,
pero increíblemente opacos patrones de despojo aparecen entonces
codificados en los paisajes provinciales ilustrados, que se presentan
como espacios usurpados, extraños y hostiles, permeados por una
latente violencia.
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�Lya Morales Hernández / Crimen, acumulación salvaje y el trópico veracruzano

Si bien, al dar cuenta de la violenta y oscura reestructuración
del espacio provincial veracruzano, la colección de crónicas de
Fernanda Melchor emerge como ejemplo del reciente giro hacia
la provincia como locus de la catástrofe política, la codificación
de esos alienados espacios como sitios saturados de intriga y
amenaza sugiere además un rasgo distintivo dentro de la crónica
contemporánea. Como Poblete Alday identifica en su estudio de la
crónica mexicana reciente, “México aparece en estos textos como
un espacio ominoso, lleno de peligros y emboscadas tanto para los
migrantes que cruzan de manera ilegal camino a Estados Unidos,
como para el ciudadano de a pie, que vive expuesto a índices de
violencia crecientes” (2020: 141). Para Poblete Alday, los cronistas
contemporáneos invocan los rasgos característicos del horror, el
gótico y lo fantástico para representar al territorio mexicano como
un “purgatorio secularizado”, así como para emplear el clásico
arquetipo del monstruo para representar un vasto número de actores:
narcos, coyotes, migrantes, la policía y el ejército. Estas crónicas,
Poblete Alday concluye, revelan la fragilidad de las fronteras entre
“el bien y el mal” en un contexto plagado de violencia abyecta. No
obstante, si bien las crónicas del Melchor pueden leerse a partir de
este giro de la no-ficción hacia el horror, el enfoque del presente
artículo, moviéndose dentro y más allá del alcance de este dominio,
se centra en cómo estos “espacios del mal” son representados a
través del registro del noir y su “generic investment into investigations
of legality an power” (Pitt-Scott, 2020: 1), un registro que permite
revelar las ocultas condiciones materiales que han llevado a la
ciudad portuaria del trópico veracruzano a erguirse como sitio en
donde se concentran los descartes de la trayectoria predatoria del
neoliberalismo.
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De manera similar a la crónica, el género negro ha utilizado
comúnmente la imagen de la metrópolis como locus terribilis dado
que este comenzó a proliferar por todo el continente a la par de la
arquitectura de la gubermentalidad neoliberal global. Las provincias,
sin embargo, transformadas vorazmente por la infraestructura
capitalista que aceleró la pauperización de su campesinado,
constituyen el sitio ideal para interrogar las fuerzas ocultas detrás
de las zonas de cercamiento y de influencia del capital transnacional.
Dada la tendencia del noir por explorar el paisaje material de las
ciudades “left to the anarchy of market forces” (Davis 1990: 23),
lecturas del género tales como la realizada por críticos marxistas
como Mike Davis, han señalado el arraigado desprecio que el noir
insinúa por una “deprived business culture” (21) como un rasgo
distintivo, caracterizando a la tradición como una “critique of savage
capitalism” (2002: viii). Es por ello que, aunque los orígenes del género
se encuentren en el malestar socio-económico experimentado en los
Estados Unidos durante los años treinta, su oscuridad formalista
y su apolítica visión de la ciudad moderna siguen permitiendo las
representaciones “of capitalism’s unsavory undercurrents” (Palmer
1997:60). La novela negra latinoamericana adopta y transforma
esta tradición, desplazándose de una concepción del crimen como
desviación o anomalía dentro de un orden social que fue respaldada
por la novela policiaca clásica a un reconocimiento de que “it is
not so much the system is broken, but rather that the system itself
in its ordinary functioning produces violence and injustice in the
form of perpetual underdevelopment” (Dove, 2012: 22). De esta
manera, los terrenos hostiles del género negro son adoptados como
un importante vehículo para registrar las contradicciones de la
modernidad en el México post-68 (donde la masacre de Tlatelolco
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en Ciudad de México operó como su símbolo más visible) y
luego, con la rápida neoliberalización de la economía, la violenta
experiencia de fronterización capitalista que vio a las trabajadoras
de maquilas en Ciudad Juárez transformarse en el desecho humano
del comercio global.
Aquí no es Miami—que ya desde su título prefigura una
asimetría respecto a una de las metrópolis globales por excelencia—
sin embargo, se desplaza de la muy discutida capital mexicana y la
zona fronteriza para seguir los rastros del crimen en el oscuro y
violento trópico veracruzano. Asimismo, como ocurre tanto en la
ficción como en la no-ficción mexicana, la figura del “detective duro”
queda suplantada por la figura del periodista que, enfrentándose
al vacío dejado por la retirada del Estado, realiza gran parte de la
investigación policial (Ramírez Pimienta y Villalobos, 2010: 378).
Dado que las guerras territoriales, las masacres, las ejecuciones
sumarias, las desapariciones masivas, la exhibición cuerpos
mutilados, y las respuestas de un gobierno altamente militarizado al
incremento de la violencia empezaron a ocupar los encabezados, la
crónica experimentó un boom que llevó a una diseminación regional
del género, buscando poner de manifesto el contexto estructural
del narcotráfico. La óptica del género negro, “oppos[ing] light and
dark, hiding faces, rooms, urban landscapes —and, by extension
motivations and true character—in shadow and darkness which
carry connotations of the mysterious and the unknown” (Place and
Peterson, 1996: 66), parecen entonces vincularse a los esfuerzos de
la crónica por iluminar las oscuridades alrededor de las tendencias
mistificadoras del discurso periodístico dominante sobre la violencia.
Sin embargo, la mayoría de estos esfuerzos permanecen
aún atados a la zona fronteriza del norte y rara vez dan cuenta de
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las poderosas fuerzas que organizan los territorios despojados del
sur de México. Dada su posición estratégica en el comercio global
(funcionando como corredores logísticos o zonas extractivas), estos
territorios han sido moldeados por lo que Deborah Cowen ve como
una paralela intensificación de la circulación del capital y del crimen
organizado “in ways that might be difficult to recognize” (2014: 11).
La referencialidad de las crónicas que conforman Aquí no es Miami
a lo oscuro y lo laberíntico parecen entonces participar en aquel
desciframiento, mostrando estos espacios como marcados por un
especifica sensación de malestar y una atmósfera sofocante en un
afán de codificar y registrar las amplias ramificaciones de la intensa
violencia en la región. Centrándose en el secreto abierto que subyace
a los espacios económicos del capitalismo, como este artículo intenta
explorar, permite a Melchor tener un mayor alcance de las tensiones
sociales y las constelaciones de poder que permanecen ocultas en
el discurso hegemónico sobre la violencia. El sostenido interés del
género negro por las entrañas de la sociedad permite analizar los
espacios abandonados y amenazantes que figuran en las crónicas de
Aquí no es Miami, y que, al estar dotadas de una fuerte sensación de
alienación, dan evidencia del generalizado capitalismo beligerante
que ahora devora el territorio mexicano.
El trópico negro y las huellas de la “NAFTAficación”
Dada su reciente consolidación como zona cero de la fragmentación
social y material en el país, no es de extrañar que el paisaje provincial
de Veracruz aparezca en la producción cultural reciente como una
escena de crimen e intromisión. Como la fotógrafa veracruzana
Koral Carballo señala en la descripción de su obra Mala hora
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(2019)—una serie fotográfica que captura las silenciosas calles de
la ciudad petrolera de Poza Rica durante los años más intensos
de militarización en el estado—la violencia que ha imperado en el
país desde hace diez años invita a buscar “signos” y “pistas” en el
devastado paisaje del puerto, el cual se presenta como “un espacio
clandestino donde ocurren los actos más violentos y terribles” (2019).
Mediante esta óptica noir, los mundanos escenarios capturados por
Carballo, un deshuesadero lleno de carros policiacos, un desolado
campo de beisbol, una camioneta abandonada en el camellón de una
carretera, departamentos de interés social al borde del derrumbe–
los cuales están inevitablemente ligados a los programas de
inversión social financiados por la petromodernidad– son exhibidos
como sórdidas huellas de la violencia. Mostrando así la decadente
infraestructura de la ciudad de Poza Rica—una ciudad portuaria que
floreció durante el auge petrolero —como una escena de crimen, las
fotografías de Carballo muestran las posibilidades que el noir ofrece
para visibilizar no sólo los rastros de una violencia arraigada en un
territorio atrapado por las dinámicas de la militarización sino además
su capacidad para exponer los perversos costos del desarrollismo
petrolero y evidenciar el resultado de un “oil miracle turned oil
nightmare” (Meyer cit. en Sheridan and McGuire, 219: 18).
Aunque la experiencia de transición neoliberal en México
ha sido ampliamente documentada y debatida, con un consenso
generalmente construido alrededor de la idea de que las políticas de
privatización, medidas de austeridad y la apertura del mercado han
marcado el punto de inflexión de la crisis en el país, recientes estudios
sugieren rastrear en el terreno inmediatamente previo a la consolidación
del NAFTA las pistas de la presente catástrofe. Notablemente, Amy
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Sara Caroll, en un reciente estudio sobre la “era-NAFTA”, propone
el término “NAFTAficación”—jugando con la equivalencia entre los
términos nafta y petróleo—, para denotar la forma en que el periodo
de la petrolización “energiza” la implementación de las políticas
neoliberales. Como Carroll traza, durante el boom petrolero, el afán
del Partido Revolucionario Institucional (PRI) por absorber los
excedentes del capital surgidos de la riqueza petrolífera en la región
en un esfuerzo por reestablecer su legitimidad, llevó a un aumento
de la inversión extranjera y un gasto monumental en la industria
financiado, en su mayoría, a través de préstamos otorgados por bancos
estadounidenses. Una vez que los intereses se dispararon y el precio
del petróleo se desplomó, la economía mexicana se encontró al borde
del colapso y, para 1982, el país alcanzó el dudoso logro de convertirse
en la primera nación latinoamericana en declarar una moratoria al
pago de la deuda externa (ibid.). Mientras que el Banco Mundial y el
Fondo Monetario Internacional llegaron a acuerdos con el gobierno
mexicano para otorgar préstamos de emergencia, el presidente
Miguel de la Madrid ejecutó sus demandas y “privatized many of the
smaller state-run industries, cut investment in infrastructure, reduced
tariffs, refrained from taxing the elite, encouraged foreign investment
[and] slashed government subsidies to the agrarian sector” (Wallace
and Boullosa, 2016: 45). La primera ronda de choque económico
se sintió con particular dureza en los estados del Golfo mexicano,
quedando fuertemente presionados por una profunda crisis agrícola y
las decantes ruinas dejadas por la bonanza petrolera.
Las crónicas compiladas en Aquí no es Miami de Fernanda
Melchor, aunque escritas entre el 2002 y el 2011, parten de este momento
histórico para interrogar los contornos de la actual catástrofe. Como
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Melchor misma ha comentado en entrevistas, nacida en el año de la
peor crisis económica, y, por ende, de cierta forma, biográficamente
marcada por la crisis petrolera, sus experiencias parecen teñidas por
“una sensación de “devaluación perpetua”, una sensación de haber
nacido al principio del fin… puras catástrofes en escalada” (cit.
en Ortuño 2020: 129). Partiendo de esta sensación de ruptura, su
colección de crónicas establece los temas ya característicos que unen
su obra periodística y su obra ficcional: los procesos socio-económicos
que subyacen al violento paisaje de la asolada región. Registrando este
constante declive, sus crónicas—de manera similar a las fotografías
de Carballo—se aproximan a la región como una escena de crimen
y peligro inminente. Sin embargo, mientras que la mayoría de las
crónicas que analizan la violencia que permea estos territorios a través
de un ejercicio periodístico que busca determinar hechos y desde una
mirada externa, las crónicas de Melchor trazan estos procesos a través
de las supersticiones, rumores y las mitologías locales de su tierra
natal. Haciendo uso de las ansiedades locales que surgen en espacios
depredados, el enfoque geográfico de las crónicas de Melchor es
utilizado para registrar la creciente alienación producida en espacios
provinciales al ser abiertos a formas predatorias de acumulación y
trasformados en terreno fértil para lo que David Harvey denuncia
como un capitalismo “salvaje” [feral], en el cual “talar o quemar” [slash
and burn] se ha convertido en la consigna (2013: 227). En este sentido,
la intensificación de “una economía de desposesión masiva y prácticas
depredadoras, en particular de los más pobres y vulnerables” (226)
diagnosticada por Harvey, es registrada por el retrato que Melchor
hace de un espacio gradualmente alienado de sus habitantes, quienes
comienzan a experimentar la amenaza sistemática de un capitalismo
salvaje desatado sobre las abandonadas provincias. De manera más
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contundente, este proceso es sintetizado por los propios recuerdos
de alienación experimentados por Melchor, remontándose a los años
de infancia en Veracruz—los cuales coinciden con las primeras etapas
de la reconversión neoliberal —en la crónica con la que abre el libro.
Describiendo una sociedad en vísperas de un profundo caos
socio-político, “Luces en el cielo” (publicada previamente como “El
ovni, la playa y los muertos”) sitúa al lector en un umbral tanto
espacial (un estuario ubicado en los límites del antiguo pueblo
pesquero de Boca del Río– la ciudad natal de Melchor– y el caótico
puerto de Veracruz) como temporal (la violencia de las últimas
décadas y la infancia tranquila de antaño). Aunque teñida con un aire
de melancolía, la topografía de este territorio descrita por Melchor
está lejos de denotar un paraíso, pues la descripción de la playa que
rodea a su pueblo natal se presenta como un agreste paisaje “replet[o]
de matorrales llenos de espinas en las que quedaban atrapadas las
ramas podridas y botellas de plástico que el río arrastraba” (2018:
15). A pesar de eso, aún lejos de la delirante urbanización capitalista
que reestructurará completamente este pueblo y transformará sus
playas en “un hervidero de turistas” (Melchor, 2018: 24), los detalles
que Melchor describe con cierto sentimentalismo (los letreros mal
escritos advirtiendo del peligro de la corriente con el burdo dibujo
de una calavera) escenifican la nostalgia de Melchor por un mundo
provincial que poco a poco empieza a desintegrarse.
Es en este contexto que Melchor narra su extraordinario
encuentro con un misterioso fenómeno aéreo que su yo de nueve
años está convencido puede ser sólo una señal de vida extraterrestre.
Melchor explica esta profunda creencia en objetos extraterrestres
como ligada a la penetración de la cultura popular estadounidense
y la serie de tabloides sensacionalistas y programas de noticias
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que comenzaron a aparecer en el país, uno que inclusive dedicó
el tiempo récord de once horas con diez minutos a una discusión
sobre la supuesta presencia de vida extraterrestre en la tierra (17).
La sensación de fatalidad que críticos observan en el inusitado auge
de tal cobertura sensacionalista y de narrativas del desastre durante
la crisis económica mexicana (Cabañas Tovar 2009; Anderson
2016), que, como Melchor menciona, mantenían los ojos del país
fijos en el cielo—“¿Los campesinos morían de tifoidea y dengue
al sur del país? Nada de eso resultaba importante” (2013: 16))—
es experimentado como alivio por su yo de nueve años, viendo
en la presencia alienígena una via de escape para una crisis que
había asumido dimensiones catastróficas —“guerras estúpidas que
mataban gente y chorreaban de petróleo a los pobres pelícanos”
(19). Esta improbable esperanza de rescate, que no sólo refleja la
experiencia de un contexto global de creciente militarización sino
además cómo el cambio social ‘has only become imaginable via
the apocalyptic threat” (Anderson, 2016: 103), es inevitablemente
destruida cuando la joven Melchor escucha una conversación entre
adultos que revela que las luces que vio aquel verano no pertenecen
a ovnis sino a aeronaves colombianas transportando cocaína en una
pista de aterrizaje clandestina supervisada por el ejército mexicano.
Este momento revelador encapsula la estructura general de
las narrativas en las crónicas de Melchor: encuentros sobrenaturales
y relatos populares son utilizados como el núcleo narrativo desde
donde se examina la elusiva violencia que comienza a ejercer presión
sobre el mundo provincial. Dado que la violencia suele mistificar
sus propios orígenes, la pesquisa hecha por Melchor parte de una
renuencia a dialogar con “la Historia con mayúsculas” (Melchor, 2018:
9), nutriéndose en vez de una memoria colectiva que da cuenta de esta
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brutal realidad frente a las mitologías del crimen organizado que los
medios masivos comienzan a enarbolar. Por ende, aunque la primera
crónica salta del avistamiento extraterrestre a una macro-historia
del narcotráfico en la región, la exposición periodística es también
utilizada para señalar los inestables cimientos de estas narrativas.
Melchor narra uno de los episodios criminales más notorios
del estado: el asesinato de policías federales en el pasaje “La Víbora”
en el pueblo de Tlalixcoyan durante una fallida redada en 1991, la
cual puso en evidencia la corrupción del ejército que abrió fuego para
proteger el cargamento de cocaína. La masacre alcanzó cobertura
nacional e internacional y, sumada a las horribles fotografías de los
cuerpos baleados de los policías, sirvió para acelerar el discurso
antinarcótico y reforzar la tendencia hacia la militarización (MacielPadilla, 2012: 193). No obstante, como Melchor reporta utilizando
rumores y una cronología extra-oficial de los hechos, reportes de
actividad aeronáutica irregular en aquella base militar se remontan a
los años ochenta, pues los pobladores de la zona que rodea al pasaje
estaban al tanto de los vínculos entre los cargamentos, el ejército
y los agentes de la policía federal (muchos de los cuales estaban al
servicio de los caciques locales) apostada en esa región. Por lo tanto,
los oficiales armados que “supuestamente”, como Melchor señala
con sospecha, llegaron a este sitio clandestino para detener a los
traficantes colombianos, habían estado ya implicados en disputas
territoriales y contrabando con el pleno conocimiento de las
autoridades–como fue ampliamente documentado por periodistas
locales.1 No obstante, el escándalo generado en Tlalixcoyan a inicios
1 Una investigación periodística sobre las relaciones entre grupos
criminales y disputas territoriales, contrabando y caciquismo en relación con
este episodio fue publicada en 1993 bajo el título Todos están dentro por el
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de los noventa junto con otros que rápidamente le procedieron,
fueron convenientemente utilizados para señalar al narcotráfico
como la amenaza número uno para la seguridad de México, llevando
al presidente Ernesto Zedillo a anunciar, a petición de Washington, la
necesidad de “measures never seen in the country to stop it” (cit. en
Andreas, 2000: p. 68). Lo que presenciaron las poblaciones locales,
sin embargo, no fue mayor seguridad, sino un saqueo turístico e
inmobiliario que llevó a la dramática transformación de aquella
región costera, alterando incluso la localmente conocida “Playa del
Muerto” a favor de un nombre con “un apelativo más turístico y
mucho menos tétrico” (Melchor, 2018: 23). Deshaciendo así las
prácticas y formas de organizar el espacio de sus habitantes, como
concluye nostálgicamente Melchor “[t]odo era pura mentira” y
desde ese momento, la escritora agrega, “ni siquiera Dios se salvaría
de mi incredulidad” ( 24).
La reconfiguración del espacio que Melchor investiga en esta
crónica es vinculada, más que a la hiper-violencia de narcotraficantes
y sus sangrientas disputas, al histórico rol de América Latina como
un sitio moldeado, como Eduardo Galeano ha ya diagnosticado,
“siempre en beneficio del desarrollo de la metrópoli extranjera
en turno” (1971: 16). Las presiones que el capitalismo global
comenzaron a ejercer sobre el territorio mexicano transformando
“familiar vistas into newly uncanny scenes” (Shaw, 2016: 62), son
por lo tanto articuladas en las crónicas de Melchor a través de
un registro que ha siempre tomado como núcleo la sensación de
dislocación geográfica y temporal. En efecto, lo que los encuentros
entonces editor del periódico local Notiver, Miguel Ángel López Velasco (Milo
Vela). Aunque Melchor no hace referencia explícita a este reporte, el asesinato
de Milo Vela es mencionado en una de las crónicas del libro.

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de Melchor en las playas de Veracruz evidencian, como ya ha
expuesto la novela negra latinoamericana, es un contexto en el cual
“the promise of modernity has been found empty” (Dove, 2012:
22), resultando en una sensación de crisis y desorientación. Melchor,
por lo tanto, sitúa sus indagaciones en los márgenes de la ciudad
provincial moderna, recurriendo a la atmósfera de criminalidad,
decadencia e inestabilidad propia de los géneros tanto literarios
como periodísticos del crimen, para representar la catástrofe
desatada por la modernidad capitalista. Dado que la integración la
economía mexicana con la estadounidense terminó por despojar las
riquezas restantes que dejó la petrolización y el paisaje provincial
quedó deshecho por la fiebre de la privatización, la inscripción de
estas nuevas relaciones basadas en la depredación y el saqueo son
registradas de forma estética en las crónicas de Melchor como una
trama criminal que se ha convertido en la regla más que la excepción.
Si, siguiendo a Harvey, el mundo neoliberalizado es un dominio en el
que “feral politicians cheat on their expenses, feral bankers plunder
the public purse for all its worth, CEOs, hedge fund operators and
private equity geniuses loot the world of wealth” (2012: 157) las
indagaciones de Melchor se centran en las fraudulentas operaciones
del capitalismo que han llevado al violento colapso de la región.
Sin embargo, de forma similar a los titanes de la
novela provincial del siglo veinte, los cuales daban cuenta de la
desruralización y la pobreza urbana que caracterizaría los años
del “Milagro mexicano”, Melchor registra la pauperización que
acompañó el desplome de las ilusiones impulsadas por el petróleo
al aproximarse a un paisaje provincial similarmente poblado, como
Kerstin Oloff observa en su crítica de Rulfo, por los atrapados ecos
de campesinos desposeídos y asesinados y los espectrales gritos de
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mujeres violadas, abusadas y comodificadas (2016: 84). Como en
otros textos que forman su tríptico dedicado al “trópico negro”,
figuras sobrenaturales son invocadas en sus crónicas para excavar
las tóxicas raíces que dan cuenta de la brutalidad de la existencia en
el trópico mexicano. Haciendo uso del registro informal y colectivo
del rumor, así como del género de la nota roja que históricamente ha
dado cuenta de estos horrores, Melchor investiga los orígenes y los
fines de la actual violencia. Por ejemplo, en la crónica “Reina, esclava
y mujer”, la cual investiga las góticas apariciones en las abandonadas
casonas del centro histórico del puerto de Veracruz, Melchor se
enfoca en un antiguo crimen cometido en estos edificios ahora en
ruinas: el presunto asesinato y desmembramiento de dos niños a
manos de su joven madre, Evangelina Tejera, una mujer que tan sólo
unos años atrás, había sido coronada reina del carnaval de Veracruz.
El crimen, ocurrido en 1989, fue reportado en los periódicos
locales y muy discutido entre los pobladores, volviéndose objeto de
leyendas urbanas y cuentos fantasmales. Más cercana a un cuento de
fantasmas que a un relato de misterio, si uno concuerda con Avery
Gordon que los cuentos de fantasmas son “stories concerning
exclusion and invisibilities” (2008: 17), la crónica hace uso de figuras
espectrales como evidencia esotérica de las condiciones explotativas
que han reconfigurado la geografía del puerto.
Desde sus primeras páginas, la crónica es situada por Melchor
en un ambiente post-urbano espectral que, siguiendo a Marta Sierra,
puede entenderse como una “geography of darkness that engulfs
the dreams of the modern city” (2017: 63), dado que el espacio físico
del centro de la ciudad que rodea al puerto es descrito como: “una
ruina llena de escombros, hogar de dipsómanos y felinos sarnosos,
espectros que penan entre la basura y entre la maleza que espantan
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de vez en cuando las buenas conciencias del puerto” (2018: 43). En
el mismo paisaje y arquitectura del lugar, el cual se nos ofrece como
un “escenario fantasmal” poblado por “casonas abandonadas que
se desmigajan sin prisa en las calles” (44), Melchor lee las marcas
dejadas por la desposesión y la desigualdad derivada de los procesos
de desregularización y privatización, los cuales aceleraron, sobre
todo, la expulsión y alienación de los trabajadores de los centros
urbanos. Así, la crónica se desplaza al deteriorado “laberinto
de apartamentos” en los que un puñado de viejos inquilinos
viven precariamente “a la luz de las velas […] sin agua potable ni
electricidad” (ibid.), retratando el sentimiento de inestabilidad que
experimentan al verse atrapados en las injustas geografías de la
regeneración urbana. Como narra un antiguo residente, después de
un incendio al fin de los años setenta, en un afán por remodelar los
edificios, pero aún restringidos por “las antiguas leyes del inquilinato
[…] los dueños nos cortaron la luz y el agua y nos fueron corriendo a
todos” (ibid.). No obstante, aunque logró resistir así por varios años,
no fueron las precarias condiciones impuestas por los dueños las
que finalmente lo orillaron a desplazarse de su hogar. Según narra,
su eventual salida del edificio se debió a una agobiante sensación
de extrañamiento, a una “mala vibra” (45) en el ambiente, pues los
llantos y quejidos—que presuntamente venían de los hijos mutilados
por Evangelina Tejera—comenzaron a atormentar a los residentes
por las noches. Intentando rastrear el origen de estos miedos, dado
que, siguiendo a Anthony Vidler, las ansiedades producidas por los
espacios laberínticos de ciudad moderna son al fin de cuentas lo
que da lugar a la novela de detective (1992: x), el resto de la crónica
ofrece un exhaustivo relato de las relaciones sociales y económicas
que giran alrededor de este lugar de ruina y tenebrosas apariciones.
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Debido al estatus del puerto de Veracruz como antiguo
ícono tanto del tropicalismo como del desarrollo petrolero
mexicano, su devastadora transformación de floreciente ambiente
tropical a una “distopía tropicalista” (Bencomo, 2016: 34) encuentra
una apta representación en la historia de ascenso y caída de la reina
del Carnaval de Veracruz que la crónica narra. Si como argumenta
Bencomo, en menos de un siglo hemos presenciado el nacimiento y
muerte de las paradisiacas imágenes postales del país, plagadas ahora
por la corrupción, la devastación ambiental y la violencia urbana
(25), el brutal destino de una de las “mercancías” más visibles de
esta fantasía tropicalista es presentada por Melchor como espejo del
brutal deterioro de la región. No arbitrariamente, la cronología que
Melchor traza en la crónica da cuenta de la vida de la joven en un
periodo que va de la crisis económica de 1982 al ascenso del “grupo
delictivo de Los Zetas, recién separados del Cártel del Golfo”, dado
que la vida de esta mujer se desarrolla y termina ineludiblemente
determinada por estas devastadoras transformaciones. Por ejemplo,
como Melchor logra reconstruir, salida de las filas de la clase
media mexicana, una surgida del volátil auge económico petrolero,
Evangelina se ve afectada por “una crisis económica que se recrudece
al iniciar la década de los ochenta” (50), la cual pone en marcha una
fuerte restructuración de clase que empuja a su familia a la ruina y la
obliga a abandonar sus estudios. No obstante, en consonancia con
los discursos neoliberales de superación personal que florecieron
en aquel periodo, el título de Reina de Carnaval, “una distinción
que incluso a la fecha suele considerarse “la máxima aspiración”
de cualquier muchacha de “buena familia” del puerto” (45), ofrece
a la joven una salida de su precaria situación económica. La fiesta
de carnaval y su reina, cabe observar, remontándose a los años del
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periodo post-revolucionario, ha beneficiado por años la percepción
de Veracruz como un atractivo destino turístico, consolidando
una imagen de “charm and tropical hedonism” (Rinaudo 2014,
p. 6) que permite atraer inversionistas hoteleros e inmobiliarios y
promocionar su desarrollo urbano ante el mercado global. En el
contexto de recesión económica, “la alegre disposición” de Evangelina
“para representar la alegría del pueblo jarocho”–como se menciona en la
sección de sociales de la cual se nutre la crónica– señala más bien
una disposición a satisfacer las demandas de mercado, ofreciendo
una distracción a “la baja del precio del petróleo” y “la bárbara
inflación que pulveriza los salarios” (Melchor 2018: 51). Asimismo,
la joven Evangelina se convierte en objeto de deseo de “la prole” de
empresarios inmobiliarios y hoteleros que “antes de su coronación
la despreciaban” (ibid.), y es introducida en su desenfrenado mundo
de fiestas, consumo de drogas y actos ilegales, a menudo ignorados
“pues la policía estaba ahí para protegerlos” (50).
Sin embargo, la comodificación de la joven por estos “hijos
de papi” (ibid.), representativos de la expansión del capitalismo
financiero y su dominio sobre el puerto, pone en evidencia una serie
de rumores que exhiben la problemática respuesta de los habitantes
a la fragmentada realidad social. Rumores de la participación de la
joven en orgías, consumo de cocaína y vínculos sentimentales con
narcotraficantes, convierten a la exreina en un chivo expiatorio
contra el cual los residentes de Veracruz pueden dirigir su ira.
Cayendo en desagracia “con una sociedad que se pretende en
enclave de sensualismo tropical, pero en el fondo es profundamente
clasista y misógina” (60), Evangelina termina descartada viviendo
en los edificios en ruinas del centro, donde eventualmente será
inculpada del asesinato de sus hijos en 1989. Aunque la pobreza
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abyecta de Evangelina, su precaria salud mental y documentada
historia de abuso son expuestas como causa de la muerte de sus hijos
(declarada como muerte por inanición), los medios locales, como
la crónica rastrea, no perdieron tiempo en promover un discurso
patologizante, vilificando los supuestos excesos de la joven (las
especulaciones sobre sus motivaciones incluyen venganza contra su
expareja, homicidio inducido por drogas o abuso infantil). El relato
construido por Melchor traza así una perturbadora contigüidad entre
el vertiginoso declive del puerto durante y después de la “década
perdida” y “la ascensión de la joven al estatuto de reina, emblema
viviente de la alegría, la lozanía y la fecundidad de un pueblo y
su posterior envilecimiento como filicida, villana mítica, bruja de
cuento de hadas” (ibid.). A través del arco narrativo de Evangelina,
Melchor no sólo cristaliza la movilidad descendente experimentada
por la mayoría de la población (sobre todo por las mujeres) como
parte de los ciclos de auge y caída propios del capitalismo sino,
además, una narrativa en la que los riesgos y estragos económicos
que los mismos capitalistas crearon son imputados a los individuos
considerados como “guilty of poor management” (Lazzarato, 2013:
60). De tal forma, con su cuerpo “convertido en un guiñapo de ojos
vacuos” y ya no representando la fecundidad del pueblo jarocho
sino su oscuro reverso, Evangelina termina siendo deshumanizada y
convertida en repositorio de los males que aquejan la ciudad. Al final
de la crónica, no es de extrañar entonces que Melchor invoque el
conocido mito de la Llorona—la egoísta y perversa mujer condenada
a vagar eternamente por sus pecados—para trazar un paralelismo
con el trágico destino de Evangelina: “igual que sus hijos, la antigua
reina del carnaval condenada por homicidio…ha sido obligada a
convertirse en un fantasma” (Melchor 2018:60).
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No sería entonces injustificado en el uso de este léxico
espectral una cierta convergencia con el corpus cronístico
contemporáneo en México y Centroamérica donde “el fantasma pasa
a ser expresión mermada de una humanidad frágil, abandonada por
Estados que se doblegan ante la soberanía de un sistema económico
feroz” (Poblete Alday, 2018: 222). De acuerdo con Poblete Alday,
aunque previamente confinados al campo de lo fantástico, los
espectros, ante la intensificación de fenómenos tales como pobreza
extrema, migración forzada y narcotráfico, deambulan más allá de
los límites del género para ‘‘para instalarse en lo real/referencial”
(ibid.) y señalar la fracturada realidad provocada por las políticas
económicas de los últimos años. De tal manera, si bien la crónica
retiene el tono y textura de una crónica de crimen, Melchor utiliza esta
figura espectral —que en muchos aspectos recuerda a las figuras de
monstruosidad femenina del gótico—para registrar, como el tropo
que evoca, las causas ocultas del horror que se esconden detrás de
esta figura. Lejos de limitar la crítica social, esta figura monstruosa,
que en modo gótico latinoamericano está profundamente ligada a
los encubiertos fracasos de proyectos nacionales que han dado lugar
a la violencia social y la desigualdad (Casanova-Vizcaíno and Ordíz,
2020: 32), permite a la crónica transcender la crítica localizada y
hablar en su lugar de los asediantes legados de la desinversión social
(precariedad, feminización de la pobreza, desempleo y “el fracaso
del sistema de seguridad social” (Melchor, 2018:59)) que fueron
prerrequisito para la ascensión del capitalismo global. Tomando
esta resonancia gótica de la tradición literaria de la región, donde lo
monstruoso y espectral ha sido invocado para expresar “the deadly
consequences of raw capitalist enterprise for the disadvantaged”
(Casanova-Vizcaíno and Ordíz, 2020: 34), la crónica avala “un
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grado de implicación que resulta imposible dentro de la economía
informativa de la nota roja” (Poblete Alday, 2019, 138). De tal forma,
renunciado al desenlace revelatorio que caracteriza a este género de
crimen, que como Melchor misma concluye, usualmente presenta
“los asuntos de su “literatura” como sucesos excepcionales, únicos
e irrepetibles” (60), la crónica traza estos asuntos como producto
de un ensamblaje más complejo (la crisis económica, la violencia de
género y los fracasos del sistema de bienestar) y dirige la atención a
las fragmentaciones sociales experimentadas en la región durante el
proceso de “Naftaficación”.
Crónica de un despojo anunciado: la requisa del puerto
como trama criminal
Mientras que en “Reina, esclava y mujer”, la invocación del fantasma
de la exreina del Carnaval traduce al lector el alto costo social que
trajo la transición neoliberal en México, en ‘‘El Cinturón del Vicio”,
los procesos de explotación y desposesión que marcan el periodo
son trazados a través de las tribulaciones de un descampenizado
estibador portuario conocido como El Ojón en el histórico puerto
de Veracruz. Construyendo un arco narrativo más amplio que el
presentado en la crónica de la vida de Evangelina, sin embargo, el
estibador es caracterizado por Melchor como producto de la larga
duración de desposesión capitalista en la región, dado que la crónica
da cuenta del “nested, rather than linear and sequential, quality of
the roughly post-1970s period” (Deckard and Shapiro, 2016: 5):
El Ojón nació a las orillas del Barrio El Huaco, uno de los
asentamientos populares más antiguos del puerto de Veracruz.
Habitado durante el periodo colonial por libertos de origen

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africano que levantaron sus viviendas en los márgenes del río
Tenoya con los maderos provenientes de los naufragios, El Barrio
(a secas) fue durante muchos siglos el único hogar posible para los
miles de personas que arribaban al puerto huyendo del hambre y
miseria de las zonas rurales, para invariablemente pasar a engrosar
la nómina del muelle, el comercio y el contrabando. (24)

Enmarcando una larga espiral de saqueo, ya que esta
descripción enlaza las temporalidades de explotación colonial con
la expropiación del campesinado mexicano como mano de obra
excedente producida por la industrialización agraria (un periodo que
coincide con el nacimiento de El Ojón), Melchor presenta el puerto
y los barrios del centro que lo rodean como un objeto laberíntico que
demanda la pesquisa del cronista. Más aún, dado que la ingeniería
social de los programas de regeneración urbana busca transformar
este barrio en un lugar “lleno de terrazas y cafés “europeos”’ (31),
Melchor hace uso de la evidencia anecdótica de El Ojón para tejer
una historia de los múltiples ciclos de explotación que han dejado su
huella en estos asentamientos.
Para analizar estos rastros, la investigación de Melchor
se enfoca en la fracturada cartografía del centro histórico en los
años setenta, restringiendo la mirada a la ahora deteriorada serie de
cantinas (conocida localmente como el “cinturón del vicio”) que
forman sus oscuros callejones y que alguna vez fueron “escenario
principal de la vida social de las clases trabajadoras del puerto” (26).
Este espacio, como traza Melchor a través de los recuerdos del Ojón,
“contrario a los refinados clubes, que calles arriba sólo admitían
(y admiten aún) a caballeretes que se las dan de peninsulares”, era
frecuentado por obreros portuarios, cuijes, marineros y pescadores
“que buscaban un respiro de media mañana para sus respectivas
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ocupaciones” (26-27). Por lo tanto, incluso si los recuerdos de El
Ojón sobre aquellos tiempos señalan un espacio caracterizado por
una profunda desigualdad (así como por el legado del colonialismo),
antecediendo al torbellino de la desregulación y la privatización
que debilitará a la fuerza laboral del puerto, estos recuerdos están
inevitablemente teñidos por una cierta nostalgia por el pasado.
Reveladoramente, Melchor narra el orgullo que El Ojón siente por
su musculoso cuerpo— “hasta tensa los músculos de los brazos y
luego los flexiona a los costados para mostrarme la fibra que aún
le queda”—que, aunque claramente resultado de años de trabajo
extenuante como estibador portuario, es contrastado con el “cuerpo
ñengo” de sesenta kilos con el que llegó buscando trabajo al puerto
(27). Además, uniéndose a las filas de este proletariado urbanizado,
El Ojón pudo acceder a artículos de consumo tales como jeans de
marca así como “varias camisas españolas que a él le gustaba dejarse
desabotonadas para que las mujeres del Cinturón del Vicio vieran
los músculos de su pecho” (28).
La coyuntura de finales de los setenta es crucial para
entender la postura de El Ojón. Este era el momento en el que el
PRI, lleno de petrodólares “expanded spending and made rhetorical
gestures towards the radical reforms carried out under Lázaro
Cárdenas in the 1930s” (Wood, 2021). Los petrodólares fueron
un “godsend to Mexican corporatism”, asegurando los recursos
necesarios para engrasar la maquinaria de patronazgo dentro de
los sindicatos afiliados al partido, permitiendo así a sus líderes
repartir recompensas tales como préstamos, becas y aumentos
salariales entre sus filas (Grayson, 2004: 246). Por lo tanto, como
Melchor describe en la crónica, a estas cantinas a menudo llegaban
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trabajadores empobrecidos pidiendo empleo a los líderes sindicales,
quienes concedían trabajos temporales a cambio de apoyo político:
“hombres gordos, cargados de cadenas de oro, que se pasaban el
día entero bebiendo coñac mientras sus cuijes, muchachos fuertes y
ganosos como El Ojón se rompían el lomo en los rústicos muelles
del puerto” (27). No obstante, estos arreglos se vieron pronto
interrumpidos con el recrudecimiento de la crisis, volviendo al
contrabando y al robo de cargas en las alternativas más viables
para la fuerza laboral del puerto. En consecuencia, estas mismas
cantinas empezaron a operar más como un eje estratégico del
comercio extralegal (sobre todo hurto de mercancía importada),
el centro neurálgico para los trabajadores del puerto cuya falta de
conocimientos técnicos era compensada por su “ingenio, el hambre
y las ganas de chingar” (30).
Como el apelativo de este lugar (y título de la crónica)
sugeriría, este espacio marginal es interpretado desde la perspectiva
de la norma social dominante como indicador de la decadencia y
corrupción moral de la ciudad portuaria. Las intricadas descripciones
que realiza Melchor, desde la caracterización del aire que se respira
en este espacio como saturado por “la fragancia de los negocios
clandestinos”, a las referencias de estas cantinas como envueltas por
las penumbras (27), podrían sugerir de igual forma este sitio como
un locus terribilis, un escenario urbano que comunica “a dystopian
view of the modern city, in which chaos, alienation and discord
prevail” (Braham, 2004: xiii). La evocación de la metrópolis del
Golfo mexicano como agobiada por la criminadad, por lo tanto,
comparte una marcada similitud con las atmósferas del hard-boiled,
particularmente por el emplazamiento en una ciudad portuaria
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y las icónicas expresiones de oscuridad urbana. Sin embargo,
la representación que Melchor hace de este entorno social, la
cual se basa en la memoria colectiva más que en el lenguaje del
oficialismo, exhibe esta turbidez no como rasgo distintivo de los
económicamente marginalizados sino como huella de la explotación
de las clases trabajadoras por “los güeritos…gente dizque de bien
que por acá salen en las páginas de sociales […], y por acá son unos
malandros” (30). Como denuncia el El Ojón, fue en realidad “esta
gente riquilla […] de ojos verdes, con sus hijos güeros” (una clara
referencia a las prevalentes jerarquías coloniales que existen aún en
Veracruz) quienes se beneficiarían directamente de las actividades
extralegales del puerto. Al igual que los capitalistas salvajes que Harvey
denuncia, es decir, aquellos que “pontifica[n] empalagosamente
sobre la perdida de sentido moral, el declive del civismo y el triste
deterioro de los valores familiares y la disciplina” (2013: 226), las
elites veracruzanas harían uso de esta misma retórica para legitimar
la disolución del sindicato de trabajadores portuarios, la cual les
permitirá reforzar su poder y acceso a los recursos del puerto. De
esta manera, en 1991, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari—
promoviendo un “nuevo México” de “transición democrática”—
acuerda la requisa del puerto (sólo avalado constitucionalmente en
caso de guerra internacional, de grave alteración del orden público o
cuando se tema algún peligro inminente para la paz interior del país)
citando la corrupción, el robo, la ineficacia y la explotación del puerto
(Hiskey, 2003: 112). Con la requisa de los muelles de Veracruz y la
privatización de las maniobras portuarias, como recuerda el Ojón:
El Cinturón del Vicio se vino pa’ abajo […] Chingo de gente
perdió su chamba, su hueso en el sindicato, y de chupar Napoleón

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etiqueta azul todos los días se volvieron franeleros y acabaron
viviendo en la calle o pidiendo limosna afuera de los bancos y el
mundo entero se les vino abajo con la movida del pelón culero
este. (31)

La descripción que hace El Ojón del desastroso despojo
del puerto—o al menos desastroso para las clases trabajadoras—
captura perfectamente las proporciones distópicas alcanzadas
durante el sexenio salinista. De 1988 a 1994, más de 150 empresas
paraestatales fueron privatizadas y los remanentes del desarrollismo
fueron desviados hacia una clase emergente de oligarcas,
arrastrando consigo una disparidad socio-económica “comparable
only to the post-independent period” (Carroll, 2016: 12). En el
caso de las antiguas elites veracruzanas, como señalan Arroyo
Fonseca y Rebolledo Flores, el giro neoliberal en México y su
violenta economía de desposesión les garantizó no sólo contratos
multimillonarios a través de la transferencia masiva de la riqueza
por varios canales ocultos sino, particularmente, los beneficios
derivados de grandes proyectos de infraestructura y megaproyectos
que serían brutalmente implementados en la región (4435). Estos
proyectos, ciertamente, fueron promovidos a través de discursos
que resaltaban “technological and infrastructural development
and economic growth as a way to help societies with […] poverty
alleviation and pro-poor development” (Córdoba Azcárate, 2020,
286). En línea con este discurso y casi ventrilocuando el lenguaje
de gobermentalidad neoliberal, al final de crónica, Melchor expresa
los esfuerzos del gobierno para transformar el puerto de Veracruz y
reactivar su economía, principalmente a través de un nuevo malecón
que mejorará esta área para el consumo turístico, creando empleos,
brindando seguridad y estabilidad a sus habitantes. No obstante, en la
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devastadora intervención de El Ojón que Melchor introduce al final
de la crónica, este gesto de restructuración espacial es comparado
más bien con una apropiación de tierras neocolonial, llevando al
lector de vuelta al espacio desigual del Barrio con el que la crónica
abre, y por ende, presentándolo como parte de la trayectoria cíclica
de la acumulación capitalista:
Esos pinches españoles lo único que quieren es chingar al pueblo
y que al centro se lo lleve la chingada. Quieren que el puerto se
parezca a Miami o no sé qué pedo pero yo te digo que uno de estos
días el pueblo se va a cansar. En aquel entonces también vivíamos
bien jodidos, pa’ que te miento, pero al menos vivíamos contentos
y teníamos dónde chingarlos nuestras chelas a toda madre y
cotorrear sin que nadie nos hiciera menos por ser obreros. (31)

La profética visión del cercano futuro de Veracruz del El
Ojón que se articula en la crónica, aludiendo al “ajuste espacial”
(en inglés spatial fix2) por venir, registra las desastrosas condiciones
del presente como parte de un largo continuo de depredación que,
aunque enarbolada por una nueva casta de conquistadores, abrirá el
paso a desposesión de las clases populares de la tierra y el acceso a sus
recursos. Presentando así un aplanado horizonte en donde el saqueo
histórico (representado por los españoles) y las desregulaciones
económicas del neoliberalismo coexisten para otorgar al capitalismo
2 El “ajuste espacial” se refiere al proceso a través del cual las recurrentes
crisis de sobreacumulación del capitalismo son resueltas, al menos por un
tiempo, a través de la reorganización espacial y la expansión geográfica
(Harvey 1982), es decir, a través de la incorporación de más territorio del
planeta al ámbito del capital; la transformación de relaciones de producción
y formas de vida en una escala planetaria; y la creación de un expandido y
mejorado entorno construido que permita sostener y mejorar la habilidad del
sistema para acumular riqueza (Schoenberger, 2004, p. 429).

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global con nuevas reservas de materias primas (la reserva del
turismo aún por explotar), el pasaje final de la crónica prefigura la
destrucción presente y futura como determinada por estas viejas/
nuevas lógicas extractivas. Sólo unos años más tarde, al momento de
la publicación del libro, la portentosa acusación del El Ojón será vista
en pleno vigor con el malecón de Veracruz convertido en una fosa
común y el sector de hidrocarburos finalmente abierto a la inversión
extranjera—una revolución en el sector notablemente denominada
“Salvando a México”. No obstante, señalando ya la violencia que
pronto lo consumiría todo y abriría el territorio a una nueva clase
de empresarios—encapsulada con el título de la crónica que cierra
la colección “Veracruz se escribe con Z”—la crónica de Melchor
pone la atención sobre estos negocios criminales (en el sitio original
del colonialismo de conquistadores) como siempre ya inscritos en, y
necesarios para, la trayectoria predatoria del capitalismo.
Las crónicas de Melchor ponen en manifiesto no sólo por
qué este emplazamiento geográfico ha sido recalibrado como el
epicentro de los males que aquejan la nación sino, particularmente,
porqué este terreno ha sido un sitio privilegiado para trazar las
profundas fallas del capitalismo global. Como argumenta Charlotte
Whittle en una reseña reciente de la novela Morir en el Golfo (1985)
de Héctor Aguilar Camín—un texto centrado en el criminal fracaso
de un estado post-revolucionario sostenido por el petróleo—el
título de este thriller policiaco sugiere que el asesinato se encuentra
ya impreso sobre el paisaje del Golfo y está destinado a repetirse
(2016). Las cicatrices dejadas por la petrolización mexicana en los
paisajes de la costa y la magnitud de la crisis actual, como Whittle
sugiere, muestran que el noir continúa siendo un género productivo
para explorar el “intricate maze of links between crime and power”
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(2016). Las preocupaciones formales que surgieron durante un
periodo específico de la historia literaria de América Latina,
principalmente, cómo representar el caos que la violencia estaba
causando en todo el hemisferio más allá de la “tyranny of breaking
news that trivializes criminal violence” (Castellanos Moya cit. en
Luna Sellés, 2020), son por lo tanto entretejidas en las crónicas negras
de Melchor para ofrecer una perspectiva escéptica sobre crisis del
presente. En Aquí no es Miami, por lo tanto, se observa un esfuerzo
consciente por exponer los impulsos económicos del capitalismo
como causa oculta de la restructuración catastrófica y radical de estos
territorios, los cuales, al momento de publicación, se desplegaban
con brutalidad bajo el engañoso término de “guerra contra el
narcotráfico”. Enfocándose en estos ambientes peri-urbanos en
dónde los procesos de acumulación capitalista son implementados
por medio la coerción y el saqueo, las crónicas permiten al lector
vislumbrar las capas de misterio que cubren la extendida explotación
que se ejerce en estos espacios. Por lo tanto, contrario a la puesta en
escena de una violencia inhumana y deshumanizante hecha por los
medios de comunicación dominantes, los paisajes trazados en las
crónicas negras de Melchor registran productivamente los instintos
criminales del capitalismo que se ocultan detrás del espectro del
narcotráfico, usualmente invocado como único culpable.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-54

�Dosier
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano:
la saga de Edgar “el Zurdo” Mendieta
Idealization and cliché in the Mexican narco-police:
the saga of Edgar “el Zurdo” Mendieta
Gerardo Castillo Carrillo
Universidad Iberoamericana de Puebla
Puebla, México
Orcid: 0000-0002-8167-1169
gerardocastilloc@hotmail.com

Fecha de entrega: 14-12-2022 / Fecha de aceptación: 21-02-2023
Resumen: En el presente artículo nos disponemos a revisar la
caracterización que la narrativa mexicana con temática narco ha realizado
sobre el detective. Este tipo de personaje se ha vuelto emblemático, por
ejemplo, en la obra literaria de escritores como Paco Ignacio Taibo II,
Rafael Ramírez Heredia, Élmer Mendoza, Gonzalo Martré, Bernardo
Fernández, entre otros. La mayor parte de estos autores han publicado de
manera frecuente sagas novelísticas con el mismo protagonista-detective
(como Héctor Belascoarán Shayne, Edgar el “Zurdo” Mendieta o Andrea
Mijangos), quienes ante un sistema de justicia inoperante e impune tratarán
de hacer prevalecer el orden social pese a los obstáculos y el peligro que
representa el crimen organizado. De este modo, detectives como Edgar
“el Zurdo” Mendieta desempeña su labor, dentro de la corparación
policiaca, en un contexto de extrema violencia causada por los carteles del
narcotráfico. Pese a esta realidad caótica, el personaje estará caracterizado,
por parte de su autor, bajo una visión romántica e idealista basada en

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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

el estereotipo de agente honesto, íntegro e infalibles ante un sistema
judicial extremadamente corrupto. A partir de estos planteamientos, se
defenderá como premisa central que esta saga literaria, escrita por Élmer
Mendoza, solo reproduce una perspectiva cerrada, utópica y tradicional de
la narrativa policiaca.
Palabras clave: Literatura policiaca, Narcopolicial, Detective, Perdedor,
Cliché
Abstract: In this article we are about to review the characterization that
the Mexican narrative with a drug theme has made about the detective.
This type of character has become emblematic, for example, in the literary
work of writers such as Paco Ignacio Taibo II, Rafael Ramírez Heredia,
Élmer Mendoza, Gonzalo Martré, Bernardo Fernández, among others.
Most of these authors have frequently published novelistic sagas with the
same protagonist-detective (such as Héctor Belascoarán Shayne, Edgar el
“Zurdo” Mendieta or Andrea Mijangos), who, faced with an inoperative
and unpunished justice system, will try to make the law prevail. social
order despite the obstacles and the danger posed by organized crime.
Detectives like Edgar el “Zurdo” Mendieta carry out their work, within
the police corporation, in a context of extreme violence caused by drug
cartels. Despite this chaotic reality, the character will be characterized, by
its author, under a romantic and idealistic vision based on the stereotype
of an honest, upright and infallible agent before an extremely corrupt
judicial system. Based on these approaches, it will be defended as a central
premise that this literary saga, written by Élmer Mendoza, only reproduces
a closed, utopian and traditional perspective of detective fiction.
Keywords: Police Literature, Narcopolice, Detective, Loser, Cliché

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

I.

Precursores de la literatura policiaca en México

Sin duda, uno de los referentes iniciales de la narrativa policiaca
mexicana es la revista Selecciones Policiacas y de Misterio (1946- 1961),
en ella se agrupó una generación de escritores que difundió y
posicionó el género en las letras nacionales. Entre los autores que
conformaron este grupo destacan Antonio Helú, Juan Bustillo Oro,
Enrique F. Gual, Rafael Bernal, Antonio Castro Leal, María Elvira
Bermúdez, Ramiro Gómez Kemp, José Martínez de la Vega, Rubén
Salazar Mallén, entre otros. Muchos de ellos además participaron
como guionistas y directores en nuestra industria cinematográfica.
Justo durante la década de los años cuarenta se publican novelas
como Ensayo de un crimen (1944) de Rodolfo Usigli, El crimen de tres
bandas (1945) de Rafael Solana, Un muerto en su tumba, así como Tres
novelas policiacas (1946) de Rafael Bernal y el volumen de cuentos La
obligación de asesinar (1946) de Antonio Helú; en conjunto estos textos
se centrarán en uno de los rasgos característicos y tradicionales del
género policiaco: la solución del enigma (generalmente un asesinato)
del cuarto cerrado.
La popularidad de esta vertiente literaria permitirá que
precisamente, el detective, personaje y elemento fundamental de la
narrativa de corte policial, tenga gran aceptación entre los lectores;
de esta manera, Máximo Roldán será el investigador recurrente en los
relatos de Antonio Helú1; al igual que Peter Pérez, creado por José
1 Máximo Roldán compartirá características semejantes a los personajes
de Edgar Allan Poe: lógica deductiva, sagacidad matemática y una destacada
inteligencia. Otros de los personajes creados por Helú será el ladrón Carlos
Miranda, protagonista del relato “La obligación de asesinar”, además en
algunos cuentos fungirá como compañero de andanzas de Roldán. En el año de
1937 Antonio Helú escribe y dirige la versión cinematográfica de La obligación
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171

�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

Martínez de la Vega, quien será trasladado incluso al cine. Décadas
posteriores, en la narrativa mexicana surgirán detectives con una
mayor complejidad psicológica, acorde con el contexto sociohistórico
que relatan, tal es el caso de Filiberto García, protagonista de la novela
El complot mongol (1969), y por supuesto Héctor Belascoarán Shayne,
personaje central de las obras Días de combate (1976), Cosa fácil (1977),
Algunas nubes (1980), No habrá final feliz (1981), Amorosos fantasmas
(1989), Sueños de frontera (1990), entre otras.
La crítica considera a Ensayo de un crimen, novela escrita por el
dramaturgo Rodolfo Usigli, como un referente de la literatura policiaca
mexicana, además de su calidad estética, se aleja de los parámetros
tradicionales de este género; su protagonista, Roberto de la Cruz, está
obsesionado con cometer el asesinato perfecto y cobrar notoriedad
como criminal; más allá de este objetivo por parte del personaje
central, el texto realiza una radiografía de la sociedad mexicana
posrevolucionaria, analizando de manera particular la frivolidad,
ambición e inmoralidad de las clases sociales adineradas, quienes para
de la Cruz no merecen vivir debido a su comportamiento disipado, al
respecto Laura Navarrete Maya (2000) asevera:
Las víctimas elegidas por él son seres «despreciables» que no
merecen vivir, decía él. Patricia era estrafalaria, escandalosa,
pervertida; el conde, además de todo eso era homosexual.
de asesinar. A partir de este año comienza a trabajar como coguionista con
Juan Bustillo Oro, ambos tratarán de impulsar el cine policiaco en la industria
mexicana. Entre los argumentos que escribe destacan las películas: La honradez
es un estorbo (1937), Ave sin nido (1947) El Asesino X (1955), El medallón
del crimen (1956), El último mexicano (1956), entre otras. Véase Ortiz BulléGoyri, A. (2020). Antonio Helú y sus aportaciones al género policiaco, en la
literatura, el cine y el teatro. Tema y variaciones de Literatura, número 54,
semestre I, pp. 29-39.

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El mismo Herrera le advirtió: aléjese de ellos porque sólo le
acarrearán problemas; más Roberto de la Cruz lo ignora y dedica
mucho tiempo a planear e intentar cumplir su obsesión: librar a la
sociedad de seres como ellos, apartados totalmente de la norma.
(p. 475)

Estos elementos permiten considerar a la novela Ensayo de
un crimen más próxima al género negro que a la narrativa policíaca
tradicional, debido a que en las tres partes que conforman la obra se
expone la transformación sociocultural de la metrópoli, así como el
desarrollo de la modernidad en el país. Roberto de la Cruz transita
por la ciudad añorando el espacio y la época anterior a estos cambios,
pues considera que hay una degradación tanto en la urbe como en
sus habitantes; por tal motivo, es necesario restablecer el orden a
través del asesinato; puesto que sus víctimas (Patricia Terrazas, el
conde Schwartzemberg, Carlota Cervantes) son todos aquellas que
alteran sus valores e identidad. Su deseo de matar está asociado
más por un principio ontológico que por razones pragmáticas. En
consecuencia, cuando Roberto de la Cruz es acusado de homicidio
pasional, al asesinar a su esposa accidentalmente, prefiere perder la
cordura, antes que ser juzgado como un criminal común y corriente.
Ensayo de un crimen se aleja de los parámetros de la novela
de enigma, debido a que tanto los asesinatos como el hallazgo del
homicida son relatos secundarios, pues en el texto se priorizan,
a través de la voz de Roberto de la Cruz, los cambios sociales,
culturales y económicos que se producen en la Ciudad de México
con la llegada de la modernidad. Ante esta nueva época, el narrador
observa que las transformaciones arquitectónicas de la metrópoli
son signo de una nueva etapa:
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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

Había una fiebre de construcciones en la ciudad, por ser la única
inversión segura, que pronto el solar devastado se confundió con
los otros mil solares que había. Pronto, también, arquitectos y
albañiles empezaron a trabajar con una especie de mecánica
pasión, y una nueva estructura y nuevos bloques de piedra
reemplazaron a los anteriores (Usigli, 1994, p. 57).

En consecuencia, el imaginario urbano se ve alterado por
estas nuevas edificaciones, las cuales para Roberto de la Cruz
significan la pérdida de la identidad en el plano espacial y también
personal. Asimismo, se registran una serie de transiciones culturales
en la vida nocturna de la ciudad: cabarés, salas de juego exclusivos,
espectáculos de medianoche que generarán un sinfín de nuevas
experiencias y prácticas en los habitantes citadinos. Estas dinámicas
de reciente orden provocarán paulatinamente una corrupción tanto
política como social que agudizará la violencia y el crimen en los
distintos sectores sociales. Estos cambios evidencian una estructura
delictiva diferente en el espacio público de la metrópoli.
Este conjunto de transformaciones socioculturales,
así como la presencia de los sectores sórdidos y marginales de
la ciudad, estarán recreados en otro referente de la literatura
mexicana del siglo XX: El complot mongol (1969) de Rafael Bernal.
La novela está conformada por la mezcla de voces narrativas
(tercera y primera persona) su protagonista, Filiberto García,
realizará largos monólogos en los que develará su personalidad
y las deducciones para desarticular el plan ideado por China para
asesinar al presidente de los Estados Unidos; el FBI y la KGB
sospechan que esta intriga se maquina desde el Barrio Chino de
la Ciudad de México, espacio por el que transitará García para
investigar los intríngulis de tal objetivo:
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México, con cierta timidez, le llama a la calle de Dolores, su barrio
chino. Un barrio de una sola calle de casas viejas con un pobre
callejón ansioso de misterios. Hay algunas tiendas olorosas a
Cantón y Fukien, algunos restaurantes. Pero todo sin el color, las
luces y banderolas, las linternas y el ambiente que se ve en otros
barrios chinos, como el de San Francisco o Manila. Más que un
barrio chino, da el aspecto de una calle vieja donde han anclado
algunos chinos, huérfanos de dragones imperiales, de recetas
milenarias y de misterios. (Bernal, 2011, p. 25)

Como se observa en la cita anterior, la descripción del Barrio
Chino, de acuerdo con la percepción del narrador, es decadente y
marginal. De hecho, resulta paradójico que desde estas calles se pueda
urdir un complot de corte internacional. No obstante, conforme
Filiberto García investiga los secretos de la conspiración, descubre
que el corrupto sistema político mexicano es el artífice de esta
confabulación; precisamente, el hombre que lo contrata, Rosendo
del Valle, para investigar los orígenes de tal intriga es el principal
responsable de esta trama porque su ambición es convertirse en
presidente de la república al generar una atmósfera de inestabilidad en
el país. Por consiguiente, Filiberto García al descubrir las verdaderas
intenciones detrás de este plan, en su condición de sicario, terminará
asesinando al exgobernador del Valle y sus cómplices.
El complot mongol está enmarcada como una novela negra de
espionaje, en la que se realiza una crítica social a los estamentos que
produjo la Revolución Mexicana, en particular, a la clase política
y a la corrupción sistemática de los aparatos estatales. De hecho,
su protagonista, Filiberto García, es producto de ese caudillismo
revolucionario: altanero, utilitario, deshonesto. La novela evidencia
la escasa capacidad de los cuerpos policiacos, así como el fracaso de
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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

las instituciones de justicia, aspectos que en la literatura neopolicial
reciente y en la situación política actual se agudizan sin posibilidad
de cambio. Por consiguiente, el Estado como un agente corruptor
será una constante en la narrativa mexicana coetánea, elementos,
por ejemplo, que tanto Paco Ignacio Taibo II como Élmer Mendoza
tendrán presentes en sus sagas literarias.
Sin duda, Ensayo de un crimen y El complot mongol son novelas de
corte policiaco precursoras en la crítica sociopolítica de México de
la primera mitad del siglo XX. Por supuesto, ambos textos apegados
a la tradición literaria del hardboiled norteamericano, develaron un
submundo criminal y marginado que traspasó el clásico asesinato
del cuarto cerrado. Asimismo, quizá propiciaron que escritores
como Paco Ignacio Taibo II, Juan Hernández Luna, Rafael Ramírez
Heredia, entre otros, explorarán en sus narrativa espacios sórdidos
y decadentes de la frontera norte del país, así como de distintas
ciudades de provincia. No obstante, la inoperancia del sistema
político será un rasgo que de manera consuetudinaria tratarán en
sus textos estos autores.
Precisamente Paco Ignacio Taibo II acuñará el término
neopolicial para referirse a una realidad sociopolítica corrompida
de manera sistemática, así como a un aparato de justicia omiso y
cómplice de la delincuencia organizada. En este nuevo contexto, la
policía estará subordinada a los intereses de los grupos criminales,
quienes operarán como agentes represores de la población civil.
Cabe precisar que en conjunto estos elementos serán característicos
de los países latinoamericanos, los cuales, además de tener en común
el retraso económico, producirán lugares de alta marginación y
pobreza. Ante este panorama, los ideales de justicia del personajedetective estarán determinados por factores absolutamente ajenos
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a su voluntad; de este modo, la incertidumbre, la ambigüedad y la
soledad también formarán parte de su psique. En esta dirección
García Talaván (2014) asevera que
la fórmula del detective como superhombre es sustituida por la
del detective duro, marginal y de moralidad ambigua cuyo cinismo
e ironía se oponen a la sociedad en la que vive. Al contrario
del detective clásico, el nuevo es vulnerable, se mete de lleno
en la acción y sufre físicamente sus consecuencias. Para él la
investigación no es un puro juego intelectual sino una toma de
postura ética. (p. 66)

En consecuencia, el detective apegado a los principios de
la novela negra2, ahora estará motivado por un código ético de
carácter personal, el cual tratará de preservar el orden social, pese
a su marginación y vulnerabilidad. Ante un contexto sociohistórico
crítico, en el que la vida urbana produce una masa poblacional
anónima, la complejidad criminal será uno de los rasgos distintivos
del hardboiled. No obstante, el detective de la narrativa neopolicial
también se caracterizará, dependiendo de las circunstancias, por
una indeterminación moral, motivada en muchas ocasiones por la
corrupción y la ineptitud de las instituciones públicas.
Invariablemente el detective o agente policiaco en la narrativa
mexicana tiene en contra el abuso de poder de los aparatos políticos,
2 El escritor argentino Ricardo Piglia considera que en la literatura el
detective policiaco debe atender, en principio, a la tradición y tener como
rasgos elementales la razón y la experiencia. Para Piglia estos personajes
deben dialogar con su realidad histórica y política. Precisamente estos
elementos se pueden observar en Los casos del comisario Croce.  Para Piglia,
la combinación de verdad, conocimiento e imaginación son esenciales para
descifrar los misterios de la realidad. Véase Bueno, M. (2018). “El Comisario
Croce: la forma del policial de Ricardo Piglia”, en  Alea: Estudios Neolatinos,
vol. 20, núm. 1, pp. 90-109.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-53

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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

la incompetencia burocrática, la decadencia moral de la sociedad,
etcétera. Así personajes como Filiberto García, Héctor Belascoarán
Shayne, Ifigenio Clausel, Malverde Chandler, Edgar “el Zurdo”
Mendieta o Andrea Mijangos3, siempre desarrollan su labor de
manera adversa, bajo escenarios violentos y caóticos, pese a estos
inconvenientes, con todas las complicaciones que se presentan para
resolver una investigación criminal o particular, todos ellos logran
resolver sus casos. Esta constante más allá de su valoración estética
evidencia una idealización que contrasta con la realidad extraliteraria.
Por supuesto, todo texto literario contiene un sentido interno que no
necesariamente debe tener correspondencia con el plano de lo real.
Para escritores como Paco Ignacio Taibo II, Rafael Ramírez
Heredia o el propio Élmer Mendoza, el detective se asume como un
perdedor e incluso como antihéroe que, pese a todas las adversidades,
se sostiene a partir de la resistencia y en la paradójica aceptación de
la derrota. Esta posición por parte de este tipo de personajes es
consecuencia de un inoperante sistema político, de la desigualdad
social y de los fracasos personales o afectivos. Por orden general
es un ser solitario que suele tener un pasado traumático, aunado al
escepticismo y al desencanto de los aparatos estatales. Su ethos reside
3 El escritor mexicano Bernardo Fernández ha publicado cinco novelas
bajo la temática narco: Tiempo de alacranes (2005), Hielo negro (2011),
Cuello blanco (2013), Azul Cobalto (2016) y Esta bestia que habitamos: Un
caso del Járcor (2021); en las primeras cuatro obras de esta serie, el personaje
central es la detective policiaca Andrea Mijangos, quien estará obsesionada en
capturar a la jefa del Cártel de Constanza, Lizzy Zubiaga. Esta saga literaria
comparte características semejantes con la de “el Zurdo” Mendieta: a su modo
son agentes honestos, están obsesionados con la justicia y se suelen enfrentar
a criminales poderosos. Esta visión maniqueísta contrasta con la realidad
corrupta e impune de las dependencias de seguridad y de la comprobada
complicidad de las corporaciones policiacas con la delincuencia organizada.

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en su condición marginal y en la acción de investigar, de descubrir
los intríngulis de criminalidad y corrupción del poder. En todos
estos detectives literarios existe un profundo pesimismo, así como
una evidente desconfianza por las leyes, la justicia y las verdades
absolutas.
Finalmente es importante subrayar que tanto la marginación
como el fracaso, además de ser características claves en la psique
personal del detective literario moderno, también se constituyen
como elementos distintivos del género neopolicial. Este rasgo está
asociado con una realidad política y social desfavorable, en la que
permea un pasado trágico y negativo en la memoria individual de
este tipo de personajes (García Talaván, 2011). Es así como Edgar
“el Zurdo” Mendieta, protagonista de una serie de seis novelas
escritas por Élmer Mendoza, manifiesta como principal mecanismo
de defensa la integridad ética y el deber de justicia. En contraste, con
detectives que presentan una posición más cínica o descarada, tal es
el caso de personajes como Jesús Malverde Chandler o Celia Cruz,
alías la Rompecocos, investigadores creados por el escritor Gonzalo
Martré, o el descarado y corrupto policía Luis Manuel Salcido, de la
novela El Sinaloa, de Guillermo Rubio.
II.

Edgar “el Zurdo” Mendieta, el detective héroe

Tal como se mencionó con anterioridad, el detective de la narrativa
neopolicial generalmente está representado como un perdedor. Esta
característica también se observa en la saga literaria del personaje
Édgar “el Zurdo” Mendieta, protagonista de Balas de plata (2008),
La prueba del ácido (2010), Nombre de perro (2012), Besar al detective
(2015), Asesinato en el Parque Sinaloa (2017) y Ella entró por la ventana
del baño (2022), novelas pertenecientes al escritor mexicano Élmer
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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

Mendoza (Culiacán, 1949). “El Zurdo” es un policía Ministerial de
Culiacán, Sinaloa, quien siempre estará una posición contracorriente
ante el denominado Cártel del Pacífico, pues como agente del
estado no tendrá los alcances suficientes para combatirlo; por
tal razón, en repetidas ocasiones tendrá que negociar con la jefa
de este grupo delictivo, Samantha Valdés, para poder encerrar o
castigar a criminales que de manera circunstancial aparecen para
asesinar personas cercanas afectivamente a Mendieta, por alterar
violentamente el orden público, o bien porque afectan los intereses
del Cártel. El escritor y crítico literario Eduardo Antonio Parra
(2017) reflexiona a propósito del personaje:
¿Un detective en México? Preguntan todavía ciertos lectores
incrédulos. Sí, en nuestro país también lo hay, aunque no gocen de
mucho prestigio al pertenecer a la Policía Judicial o Ministerial. ¿Un
judicial es el héroe de estas historias? ... pero habrá que añadir que
Edgar “el Zurdo” Mendieta no es un judicial como aquellos cuya
imagen permanece tenebrosamente grabada en el imaginario de la
gente. Tampoco trabaja para el crimen organizado, aunque tenga
amigos muy poderosos entre los dirigentes de la mafia. (p. 62)

Si observamos la cita anterior, Eduardo Antonio Parra parte
de una idealización para describir la personalidad del detective. De
igual manera, justifica la supuesta amistad que sostiene el personaje
con capos del crimen organizado, pero en términos pragmáticos este
tipo de relaciones están fincadas en la conveniencia de ambas partes
más que en el respeto; de hecho, en la práctica es incongruente que
un policía y un criminal puedan ser amigos desinteresadamente. Por
consiguiente, si “el Zurdo” Mendieta realiza alianzas con el Cártel
del Pacífico para terminar con un enemigo en común, solo evidencia
una actitud permisible ante estos grupos delictivos.
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En el presente estudio no tenemos como objetivo llevar
a cabo un análisis puntual de cada novela, nuestra finalidad es
demostrar que de manera indistinta el personaje a través de la saga
no tiene evolución ni un arco dramático verosímil; por ejemplo,
aunque proviene de una colonia popular tiene gustos literarios
selectos, le gusta el rock clásico, no es misógino con sus compañeras;
por supuesto que estos atributos en un policía mexicano promedio
son irreales, considerando que esto tipo de agentes están expuesto a
contextos de violencia y exclusión, resulta poco probable que Edgar
Mendieta, como agente ministerial, manifieste gustos sensibles en
un entorno de absoluta masculinidad hegemónica, pero resulta
un tanto absurdo que como simple policía tenga el respeto de los
criminales y sea incorruptible, así se observa en la obra Nombre de
perro (2012), cuando “el Zurdo” Mendieta se reúne con Samantha
Valdés, la jefa del Cártel del Pacífico, quien le solicita un favor:
Quiero que encuentres al asesino y me lo entregues. Samantha,
respeto tu dolor, me consta que Mariana era buena persona,
pero no soy detective privado, soy placa y como me dijiste una
vez: de los más pendejos…Ya una vez te invité a estar cerca
de nosotros y quedaste en pensarlo. Silencio. Te lo pido como
un favor personal…Me está cargando la chingada y sé que con
mis métodos no voy a avanzar; así que te necesito…Dame
una camioneta blanca con vidrios blancos y dinero para llevar
técnicos a Mazatlán. Cuenta con ello. Una cosa más: suspende las
carnicerías. (Mendoza, 2012, pp.112-113)

Otras características que presenta el personaje de Edgar “el
Zurdo” Mendieta están relacionadas con su carácter depresivo y
solitario, motivado por una agresión sexual que sufrió en la infancia
por parte de un sacerdote, estos hechos le causarán en cierto momento
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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

un alcoholismo crónico. Además, las relaciones amorosas que sostiene
son intermitentes y poco estables, el único hijo que tiene lo conoce
veinte años después; todos estos antecedentes son compatibles con la
representación del detective perdedor que explicamos líneas arriba, y
que si bien es cierto estos rasgos se apegan a la narrativa neopolicial, la
saga escrita por Élmer Mendoza generalmente está planteada a partir
de investigar un asesinato que afecta de manera directa a amigos o
conocidos del “Zurdo” Mendieta, quien pese a todos los obstáculos
siempre descubrirá el móvil y al homicida, aproximándose más a la
clásica novela policiaca deductiva.
Estas particularidades, mencionadas en el párrafo anterior,
se presentan en la quinta novela de la saga, Asesinato en el Parque
Sinaloa (2017). Mendieta es cuestionado por distintas corporaciones
de estar coludido con el Cártel del Pacífico, tras no comprobársele
esta acusación, decide retirarse y dedicar su tiempo a embriagarse;
sin embargo, resuelve integrarse nuevamente a la policía ministerial
para investigar el homicidio del abogado Pedro Sánchez Morán, hijo
de su mentor y amigo, el ex policía Abel Sánchez: “Voy a volver pero
con una condición…mataron al hijo de Abel Sánchez en Los Mochis
y quiero encargarme de la investigación, ésa es mi condición. Voy
a llevarme al grupo” (Mendoza, 2017, p. 43). Con este propósito
se trasladará a Los Mochis para indagar el crimen. Una vez más
el personaje se centrará en resolver el asesinato, tomándose el
compromiso, al igual que en otros textos, como un deber de justicia.
De igual manera que en otras obras de esta saga, habrá dos
relatos paralelos como parte de la diégesis; por un lado, los intríngulis
y pistas sobre el asesinato del abogado; por otro, la fuga de la prisión
de un alto cabecilla del Cártel del Pacífico: el Perro Laveaga, quien
está obsesionado con Daniela Katz, una conocida locutora de la
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región, que le ha prometido al narco realizar una serie radiofónica
sobre su vida, a cambio de ser entrevistado. Por supuesto que este
relato alterno del capo fugitivo tendrá una evidente semejanza
con la historia de Joaquín el “Chapo” Guzmán, quien también fue
capturado en la ciudad de Los Mochis bajo las mismas circunstancias.
De nueva cuenta “el Zurdo” Mendieta se enfrentará con
distintos obstáculos: policías corruptos, sicarios asesinando civiles,
capos del narcotráfico encondiéndose de las fuerzas armadas, el
ejército sitiando la ciudad; bajo este escenario, será capturado por
confrontarse con agentes ministeriales de Los Mochis, pero a pesar
de haber transgredido las leyes, de manera un tanto inverosímil se le
ofrecerá un trato:
Edgar Mendieta, violaste once leyes y todos los códigos de honor
de la Policía mexicana, además de faltar al respeto al Ejército,
[…]; estás acusado de colaborar en la fuga de Samantha Valdés
y te señalan en Estados Unidos como el asesino de la agente
especial de FBI Win Morrison, estás enterado? […]. Además, cae
sobre tus espaldas haber provocado la muerte del teniente de la
Policía Federal César Obregón, conocido como el Trokas. […]. Si
colaboras con nosotros te dejaremos libre al terminar el operativo
(Mendoza, 2017, p. 202).

El acuerdo propuesto por el ejército, muy al estilo de la
industria cinematográfica holliwoodense, consiste en ayudar a la captura
de Samantha Valdés, trato que no aceptará el agente Mendieta debido a
la amistad que sostiene con la jefa del Cártel del Pacífico. No obstante,
una vez más observamos la sobreestimación que con la que delinea
el personaje, pues no importa que violente las leyes, sea acusado
de asesinato o sostenga relaciones con la delincuencia organizada,
siempre saldrá avante pese a los inconvenientes que se presenten.
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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

Este carácter infalible resulta incongruente con la realidad política y
criminal que se vive en el país, pero además alejado del ethos crítico y
contestario del detective de la novela negra hispanoamericana.
Pese a estos clichés, Asesinato en el Parque Sinaloa es quizá
el texto de toda la saga que mejor aborda las redes criminales del
narcotráfico y expone la evidente subordinación a la que están sujetas
las corporaciones policiacas a manos de los carteles de la droga. Cabe
destacar que, en las primeras novelas, la acción narrativa solo se centra
en resolver el enigma del asesinato. Por ejemplo, en Balas de plata, el
agente Mendieta se dedica a investigar el homicidio de Bruno Canizales,
hijo del exministro de Agricultura, quien lleva una doble vida y es
ejecutado con una bala de plata, aspecto que obsesionará al detective
pero que no podrá esclarecer. En esta primera entrega el personaje
estará más vinculado con un perfil de perdedor (característico de
la narrativa neopolicial): fue abandonado por su mujer, acude con
el psicoanalista, tiene recuerdos poco gratos de su infancia en el
seminario; no obstante, se debe apuntar que es un asiduo lector de
Shakespeare, Capote, Munch, Kerouac, Fromm, entre otros.
En La prueba del ácido, en cambio, el detective resolverá el
asesinato de la prostituta brasileña Mayra Cabral de Melo, con la
que “el Zurdo” Mendieta tendrá encuentros sexuales fortuitos.
Nuevamente el punto narrativo de la novela se centrará en investigar
el homicidio, para cumplir tal propósito tendrá que negociar con
diferentes redes criminales, entre ellas se encuentra la nueva jefa y
heredera del Cártel Pacífico, Samantha Valdés, quien le facilitará los
medios y los hombres para descubrir al asesino. Justo en este texto
se origina la relación de complicidad entre ambos personajes, Valdés
invitará a Mendieta a trabajar para el grupo criminal, supuestamente
por el aprecio y respeto que su padre sentía por el policía: “Necesito
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hablar contigo comandante. No soy tu hombre Samantha, soy
demasiado pendejo y todavía un poco honesto. Precisamente por
eso me interesas, Zurdo Mendieta, ¿crees que no necesitamos
gente honrada en nuestras filas? Aunque no lo creas o no lo hayas
pensado, este negocio no funcionaría sin grandes dosis de fidelidad
y honradez” (Mendoza, 2012, p. 239). Esta lectura que realiza Élmer
Mendoza sobre los convenios entre narcotraficantes y policías
resulta ingenua y poco informada. El crimen organizado más allá
de fidelidad y honradez exige pragmatismo, beneficios personales
y dividendos económicos, aspectos que en esta serie narrativa se
soslayan o pasan desapercibido. Por tal razón, sustentamos que en
conjunto estas novelas replican una visión idealizada y superficial del
tráfico de drogas, reproducida no solo literariamente, sino también
en la música, el cine y la televisión.
En Ella entró por la ventana del baño, la última novela publicada
sobre el detective Edgar Mendieta, titulada a partir de una canción
de The Beatles [“She Came in Through The Bathroom Window”],
el agente ministerial Mendieta tendrá nuevamente una doble
misión; por una parte, Ricardo Favela, un anciano moribundo, le
solicitará como último deseo encontrar a la mujer con la que hace
más de veinte años sostuvo una apasionada aventura amorosa; por
otra, capturar a Sebastián Salcido, alias “el Siciliano”, un peligroso
exmilitar dedicado al narcotráfico, quien ahora que está libre,
después de dos décadas de prisión, ha comenzado a asesinar a
aquellos policías que lo capturaron. Una vez más Samantha Valdés
decide ayudar al “Zurdo” Mendieta a capturar al exmilitar Salcido,
pues es un enemigo en común para ambas partes; por supuesto, una
vez más hacia el final de la novela estos obstáculos se resuelven a
favor del agente policiaco.
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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

Este tipo de historias paralelas son la misma premisa con las
que invariablemente Élmer Mendoza estructura las novelas de esta
saga. De manera recurrente se recrean muchas escenas efectistas,
llenas de balaceras y bazucazos, pero en el último capítulo se resuelve
el enigma y se asesina al sujeto que pone en peligro la estabilidad y
vida de los personajes. Debido a estas características creemos que
en conjunto la serie narrativa de Edgar el “Zurdo” Mendieta está
orientada a la clásica novela policiaca del enigma, recurriendo a una
visión romántica y poco crítica del narcotráfico y del sistema político
mexicano, creando en muchas ocasiones personajes maniqueos
o estereotipos criminales. Por supuesto no se debe minimizar las
cualidades narrativas de su autor, pues la publicación de seis novelas
con el mismo protagonista requiere de oficio literario y disciplina.
No obstante, el Zurdo Mendieta no evoluciona como personajes y
mantiene los mismos rasgos que en la primera obra.
III.

Pistas finales

El detective en la narrativa policiaca mexicana contemporánea
manifiesta un particular interés por la investigación deductiva, muy
apegado quizá a la tradición de la novela de enigma. En otros casos,
la búsqueda o indagación es un detonante para denunciar y hacer
público escándalos de corrupción de índole político, también se
exploran hechos criminales sensibles socialmente, por ejemplo, el
texto Un asesino solitario (1999) del propio Élmer Mendoza, examina
los intríngulis conspirativos para matar al candidato presidencial
del Partido Revolucionario Institucional (PRI); durante el relato,
Mendoza sostiene la misma premisa oficial que se propagó tras
el homicidio de Luis Donaldo Colosio: la ausencia de un autor
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intelectual. Narrada en primera persona por un matón a sueldo, “el
Yorch”, la historia se centra en exhibir la decadencia y podredumbre
del sistema político mexicano.
Precisamente la crítica al régimen mexicano corrupto y
decadente, tal como se plantea en Un asesino solitario, lo realizan años
antes escritores de corte policiaco como Rafael Ramírez Heredia,
Gerardo Cornejo o Juan Hernández Luna, estos autores toman como
núcleo narrativo de sus obras el punto de vista del criminal, explorando
con más profundidad el perfil psicológico, las zonas citadinas de la
periferia y la exclusión social producto de un nuevo orden económico.
Estos antecedentes son necesarios para comprender el surgimiento,
justo en la década de los noventa, de una problemática que pronto
perturbaría el espacio público: el narcotráfico. Es así como las novelas
con temática narcopolicial comienzan a tener resonancia en el campo
literario y editorial de nuestras letras.
La dinámica del mercado editorial, sin duda, fue determinante
para que sagas narcopoliciacas como la del “Zurdo” Mendieta
tuvieran una destacada recepción, bajo el contexto, por supuesto,
mediático y político de la guerra contra el narco emprendida en
el sexenio calderonista. Al igual que Élmer Mendoza, escritores
como Bernardo Fernández, Alejandro Almazán, Víctor Ronquillo,
Guillermo Rubio o César López Cuadras, centraron sus intereses
literarios en la temática narco. Algunos de ellos, reprodujeron en
sus textos la misma retórica maniquea difundida por el gobierno de
buenos y malos; en cambio, autores como Rubio y López Cuadras
trataron de romper con esta inercia discursiva a través de la parodia,
el humor y el cinismo de sus personajes, características más apegadas
a nuestra compleja y absurda realidad criminal.
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�Gerardo Castillo Carrillo / Idealización y cliché en el narcopolicial mexicano

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�Dosier
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Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67, de
Fernando del Paso
Collapses and cosmopolitan crimes in Fernado del
Paso’s Linda 67
Luis Miguel Estrada Orozco
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Puebla, México
Orcid: 0000-0002-3268-7658
luis.estradaorozco@viep.com.mx

Fecha de entrega: 07-12-2022 / Fecha de aceptación: 20-02-2023
Resumen: Desde su publicación en 1995, Linda 67. Historia de un crimen,
la recepción de esta novela policiaca ha sido ambigua, en buena parte
condicionada por la naturaleza de la obra precedente de Fernando del
Paso. En el presente artículo, propongo una lectura en Linda 67 varios
niveles: primero, como una novela que dialoga con el género venido de la
cultura de masas a través de la apropiación latinoamericana de que Amar
Sánchez identificaba como estrategias de “seducción y traición”. Por otro
lado, en Linda 67 existe una búsqueda estética fuera de los márgenes del
neopoliciaco hispanoamericano dominante a finales del siglo XX. La
estética de Linda 67 entrelaza elementos de cultura de masas y alta cultura,
tanto en las referencias directas como en trabajos de estructura profunda
o construcción psicológica de David Sorensen, el asesino que es su
personaje central. A través de los referentes de la publicidad, los productos
de lujo, conflictos sociales y hechos criminales de contemporaneidad, la
novela reaviva las críticas de Adorno y Horkheimer sobre la industria

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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

cultural, al tiempo que expone una suerte de reverso de los deseos
cosmopolitas latinoamericanos, concebidos por Mariano Siskind como un
“deseo de mundo”, una forma de aspirar a la universalidad (articulada
en discursos hegemónicos mundiales) desde la marginalidad geopolítica.
Este cosmopolitismo ha sido revisado por Siskind dadas las coyunturas
políticas del siglo XXI, en el que es patente el colapso de la función
imaginaria asignada a la noción de “mundo” en la concepción inicial del
cosmopolitismo. En el presente trabajo, argumento también que David
Sorensen, encarna ya algunos de los derrumbes del cosmopolitismo
latinoamericano a finales del siglo XX.
Palabras clave: Fernando del Paso, novela policiaca, cultura de masas.
Abstrac. Since its publication in 1995, Linda 67. Historia de un crimen, the
reception of this police novel has been ambiguous, largely conditioned by
the nature of Fernando del Paso’s previous work. In this article, I propose
a reading of Linda 67 on several levels: first, as a novel that dialogues
with the genre that came from mass culture through the Latin American
appropriation that Amar Sánchez identified as strategies of “seduction
and betrayal”. On the other hand, in Linda 67 there is an aesthetic search
outside the margins of the dominant Spanish-American neo-police at the
end of the 20th century. Linda 67’s aesthetic interweaves elements of mass
culture and high culture, both in direct references and in deep structure
or psychological construction works by David Sorensen, the murderer
who is its central character. Through the referents of advertising, luxury
products, social conflicts and contemporary criminal acts, the novel
revives Adorno and Horkheimer’s criticisms of the cultural industry,
while exposing a kind of reverse of Latin American cosmopolitan
desires, conceived by Mariano Siskind as a “desire for the world”, a way
of aspiring to universality (articulated in global hegemonic discourses)
from geopolitical marginality. This cosmopolitanism has been reviewed by
Siskind given the political conjunctures of the 21st century, in which the
collapse of the imaginary function assigned to the notion of “world” in
the initial conception of cosmopolitanism is evident. In this paper, I also
argue that David Sorensen already embodies some of the collapses of
Latin American cosmopolitanism at the end of the 20th century.
Keywords: Fernando del Paso, detective novel, mass culture.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

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Fernando del Paso recuerda en entrevista cómo concibió la idea
de Linda 67. Historia de un crimen. Después de leer varios libros de
la colección “El Séptimo Círculo”, dirigida por Jorge Luis Borges
y Adolfo Bioy Casares, le aseguró a Álvaro Mutis que él también
escribiría una novela policiaca. “No, no puedes, porque hay que
tener una vocación especial para eso”, respondió Mutis. “Veinte años
después recogí el reto y viajé a San Francisco para situarla ahí porque
hay que escoger un buen escenario también” (Domínguez, 2018).
La anécdota recoge, desde su germen, algunas de las dudas
en torno a la relación entre el libro y el autor. ¿Podía el escritor de
José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987)
ceñirse a las expectativas de la fórmula policial? Una vez terminado
el libro, ¿cómo se lee en relación con sus obras anteriores y con el
resto de los trabajos de corte similar en América Latina?
Linda 67 narra la historia del crimen cometido por David
Sorensen Armendáriz, mexicano cosmopolita hijo de un diplomático
de antepasados daneses, quien asesina a su esposa Linda Lagrange,
estadounidense, hija de un magnate texano y luego urde una estafa
para fingir su secuestro, cobrar millones de dólares y huir con su
amante, Olivia. La novela rompe con algunos elementos formulaicos
del género al descubrir al asesino desde el primer capítulo y dedicarse
a reconstruir los motivos que lo llevaron hacia el crimen, así como
los detalles de su planeación y ejecución. Posteriormente, David
Sorensen buscará quedar libre de culpa y fugarse con el dinero de la
estafa. Sin embargo, su plan se verá interrumpido por un chantajista
que busca hacerse con el dinero del supuesto rescate. Al mismo
tiempo, el caso es investigado por un policía mexicano-americano y
Sorensen es puesto contra la pared por una estratagema urdida por
su suegro, el viejo Lagrange, quien lo detesta profundamente.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

En el presente artículo, propongo una lectura de Linda
67, primero, desde una distancia doble tanto con las expectativas
de las fórmulas tradicionales del género, como con el resto de la
producción latinoamericana del “neopolicial” de finales del siglo
XX. En principio, Linda 67 participa de lo que Amar Sánchez
identificaba como estrategias de “seducción y traición”: literatura
que seduce con los recursos conocidos de los géneros venidos
de la cultura de masas y luego los traiciona para hacer su propia
propuesta estética. Por otro lado, Linda 67 escapa de las perspectivas
políticas del neopolicial hispanoamericano dominante a finales del
siglo XX, donde los Estados y sus aparatos de justicia son el centro
de la crítica del neopolicial. Así, Linda 67 es una narrativa que al
“traicionar” las fórmulas de sus referentes y las expectativas de la
producción de su momento gana autonomía. Finalmente, al usar
una serie amplia de referentes del mundo de la publicidad y artículos
de lujo que vincula con el crimen, la novela reaviva las críticas sobre
la industria cultural. Más aún, al contextualizar la narración con
temas en torno a migración, salud, derechos humanos y hechos
criminales de su contemporaneidad, expone un reverso siniestro
de los “deseos cosmopolitas”. Para Mariano Siskind, el “deseo de
mundo” identificado en algunos intelectuales latinoamericanos
desde la década de 1870 fue una forma de aspirar a la universalidad,
identificada en discursos hegemónicos mundiales en el Occidente,
desarrollada desde la marginalidad geopolítica. La idea de
cosmopolitismo, revisada y revisitada por el mismo autor dadas las
coyunturas políticas del siglo XXI, nota el patente colapso de la
función imaginaria asignada a la noción de “mundo”, un mundo
concebido como la estructura simbólica que sostenía imaginarios
humanísticos de emancipación, igualdad y justicia universales.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

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Como detallaré, el asesino David Sorensen encarna ya algunos de
los derrumbes del cosmopolitismo latinoamericano a finales del
siglo XX.
Novela policiaca: géneros bajo sospecha.
Las obras literarias que se apegan a géneros masivos llaman a la
duda. Es decir, juzgar su calidad artística es difícil. En especial, si la
novela se encuentra inserta en la obra de un autor como Del Paso:
Llegué a este título con recelo … Mi desconfianza fue tristemente
justificada: encontré una historia plagada de lugares comunes (a veces
salpicada de cursilería), la ejecución más básica de la novela negra. ¿Por
qué alguien como Fernando del Paso, reconocido por su audaz uso
del lenguaje, escogería un género que exige al escritor apegarse a
una serie de normas estrictas? (Cruz, 2018, mis cursivas).

Es posible que opiniones como la anterior tengan que ver
con cierta distancia con el género usado como punto de partida:
el policial. Si para Cruz hay “lugares comunes” y una “ejecución
básica”, para Amelia Castilla, por el contrario, Del Paso no sólo
ignoró las dudas de Álvaro Mutis, sino que “Tampoco hizo caso
Del Paso de los maestros del género y empezó Linda 67: historia de
un crimen descubriendo al asesino en la primera página” (Castilla,
1996). Operar en contra de ciertas expectativas, en opinión de
Martín Solares, al prologar la novela, revela la elección de un camino
estético. Del Paso no optó por el “detective hiperracional”, ni por
“la relación de una lucha entre dos grupos criminales”; al contrario,
“optó por una vía más estrecha y exigente, que surgió a finales de
los años treinta y acaso es una de las que han dado mayores logros
literarios: la confesión del hombre que comete un crimen por pasión
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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

y lucha por escapar a la justicia” como algunos personajes de James
McCain y Patricia Highsmith (Del Paso, 2017, Prólogo:13).
La idea, por otro lado, de que se trata de un género con un
puñado estable de modelos, es rebatible. Como detecta Rosa María
Ávila (2005), “Desde el surgimiento de los detectives clásicos o
‘duros’, varios críticos han tratado de definir algunos términos como
‘policial’, ‘policiaco’, ‘duro’, ‘criminal’, ‘detectivesco’, ‘negro’, o –en
su caso– ‘neopoliciaco’” (145). Los distintos acentos presentan
variedades formales y estilísticas, además de que están vinculados al
momento de evolución y lugares de producción.
En la literatura moderna, Edgar Allan Poe inaugura el
género detectivesco a mediados del siglo XIX. La línea analítica de
su personaje Auguste Dupin será la dominante durante el fin del
XIX y el inicio del siglo XX, encontrando representantes no sólo en
Europa y los Estados Unidos, sino también en América Latina. De
hecho, es esta línea analítica la que Jorge Luis Borges retrabaja en
“La muerte y la brújula” (de 1942). Además de sus propios aportes
como autor, Borges junto a Bioy Casares también hacen labor
de difusión del género a través de la serie de libros “El Séptimo
Círculo” publicada por Emecé a partir de 1945.
Para este momento, el género en América Latina ya tiene
seguidores entre un público variado. Un año antes del lanzamiento
de “El Séptimo Círculo”, el mexicano Rodolfo Usigli ha publicado
ya Ensayo de un crimen. En México, el “Círculo de la Calle Morgue”,
conformado por escritores e intelectuales reunidos en torno a
Santiago Helú, pondrá en contacto al gran público lector con las
tendencias clásicas y actuales (en su tiempo) de esta literatura a través
de “la revista Selecciones Policiacas y de Misterio, la versión mexicana del
Ellery Queen’s Mistery Magazine” (Negrín, 2005: 39), fundada en 1946.
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Si bien la línea analítica es de gran relevancia en el ingreso
del género a Latinoamérica, la literatura estadounidense hard-boiled
destaca en su evolución posterior. La estética hard-boiled, de orígenes
en la década de 1920, combina la búsqueda heroica con la violencia
sensacionalizada (Braham, 2004: xiii) en ambientes llenos de bajos
fondos urbanos, así como detectives privados con un pie fuera de
la ley y con una clara desconfianza hacia ella (Stavans, 1993: 49;
Noguerol, 2006: 122). Esta última razón es un motivo por el que su
influencia se ha dejado sentir en América Latina, particularmente en
el “neopolicial”.
El término surge a final de la década de 1970 en medio de
sacudimientos sociales en Latinoamérica que Francisca Noguerol
(2006) identifica con un ambiente extendido de caos, violencia
y desencanto político (118). Paco Ignacio Taibo II, uno de sus
principales promotores, discute las condiciones que rigen al
neopolicial:
Caracterización de la policía como una fuerza del caos, del sistema
bárbaro, dispuesta a ahogar a los ciudadanos; presentación
de un hecho criminal como un accidente social, envuelto en la
cotidianidad de las grandes nuevas ciudades; énfasis en el diálogo
como conductor de la narración; gran calidad en el lenguaje,
sobre todo en la construcción de ambientes; personajes centrales
marginales por decisión (Taibo II, citado en Noguerol, 2006: 120).

En esta descripción emergen algunas diferencias que separan
al neopolicial del hard-boiled estadounidense. Principalmente, la veta
en castellano es más política que su contraparte estadounidense
(Braham, 2004: xiii). En efecto, la principal preocupación del
neopolicial no es el misterio, sino el crimen y con él, “el reflejo del
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contexto social” (Noguerol, 2006: 121). Como revisa Persephone
Braham al hacer un detallado recuento de la producción literaria
del género que nos ocupa entre los años 1968 y 2012, para el año
de publicación de Linda 67, la estética dominante en México es
el neopolicial con fuertes cargas de denuncia social y elementos
políticos anclados en las circunstancias latinoamericanas donde se
desarrollan las narrativas (Braham, 2019: 277-285). La manera en
que Linda 67 dialoga con los modelos narrativos clásicos y responde
en sus propios términos a la estética dominante debe analizarse
detenidamente.
Linda 67: seducción, traición y el universo referencial.
Incluso en un género que hace crítica social a través del crimen,
existe un halo de lectura placentera. Para Ana María Amar Sánchez
(2017), el placer implica tanto el enigma, como el cumplimiento de
ciertos elementos de la fórmula además los giros e innovaciones
que un buen escritor pueda encontrar (47-48). Para la argentina,
cualquier obra “policial en América Latina se define por su trabajo
de ‘deformación’ y explotación de las variantes implícitas en las
fórmulas” (49). Más aún, es un género que tiene una inevitable
carga de “complicidades con el lector de policiales” (56) en donde
los autores explotan el atractivo de la autorreflexividad, los guiños,
referencias y diversas intertextualidades con obras canónicas (pp.
55-58). En suma: “Pensar el género y pensar cómo distanciarse
de sus orígenes forman parte del mismo movimiento [en América
Latina]” (59).
Linda 67 está lleno de recursos de esta naturaleza. Las
opiniones que oscilan entre un libro hecho de lugares comunes y
la de lectores que “extrañan el misterio prometido por el género
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policial” (Corral Peña, 2005, p. 126) se deben a la versatilidad con
que Del Paso usa elementos de la novela policiaca, ambientes noir,
tropos del hard-boiled e incluso una crítica social que, sin ser la del
neopolicial, evoca sus perspectivas.
Durante la primera parte de la novela, dado que las primeras
páginas explican que David Sorensen mató a su esposa, la millonaria
Linda Lagrange, el enigma no es el crimen, sino sus razones. El
ocultamiento de ciertos datos por el narrador heterodiegético genera
un misterio para el lector (González, 2017ª: 93). Este narrador
mantiene durante buena parte de la novela una tercera persona que
sigue la perspectiva y los pensamientos de David Sorensen, y que
crea un efecto de subjetividad similar al de la primera persona. En la
segunda parte, este narrador adquirirá un dinamismo distinto.
Las largas analepsis de la primera parte tienen dos líneas
concurrentes intercaladas caprichosamente que no respeta una
cronología estricta, sino que dejan un reguerillo de información
que el lector reconstruye. La primera línea abarca un espacio
temporal más largo a pesar de estar presentada con mayor brevedad:
los orígenes y las ambiciones de David Sorensen. Hijo de un
diplomático mexicano, David nació en Londres y vivió durante un
tiempo en París, Canadá, México y de nuevo en Londres, donde
estudió economía por dos años. Gracias a esta vida es un políglota,
mantiene doble nacionalidad (mexicana y británica). Además, conoce
de primera mano todo lo referente al buen gusto y ropa, accesorios,
cocina y vino de la mejor calidad. Una breve vida de estudiante sin
recursos en Londres lo enfrenta a la existencia dentro de los límites
de su poder adquisitivo. En este punto, David decide que la vida sin
lujos es imposible para él y abandona los estudios para, luego de
encontrarse con su amigo de la infancia, el irlandés Chuck O’Brien,
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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

dedicarse a varios trabajos en San Francisco que este le consigue,
entre ellos, la agencia de publicidad de Bob Morrison, donde el
lector lo encuentra cuando comienza la historia.
En una entrevista poco antes de la muerte de su padre,
retirado en su lujosa casa en Cuernavaca, David descubre que Papá
Sorensen no ahorró nada, dilapidando todo su sueldo para dar una
buena impresión de México en el extranjero, y que incluso la casa de
Cuernavaca fue vendida a su tío para pagar el tratamiento del cáncer
que mató a su madre. Así, David entiende que no tiene dinero ni
herencia y que la vida que mantiene como pareja de Linda Lagrange
es imposible de pagar con sus propios recursos.
La segunda línea narrativa de la primera parte nos cuenta
la infatuación de David con Linda, a quien conoce al chocar el
exclusivo Daimler Majestic 1967 de ella y ajustar la placa que ha
averiado con su propio automóvil, una placa personalizada con el
rótulo “Linda 67”, el nombre y año de nacimiento de la heredera. Su
veloz relación lleva a un matrimonio que se deteriora rápidamente
tras la amenaza del viejo Lagrange de desheredar a Linda si sigue
casada con Sorensen, a quien Lagrange considera un oportunista.
Ni el dinero ni ninguna de las propiedades, incluida la casa en el
exclusivo barrio Nob Hill, y el lujoso BMW que maneja Sorensen,
están a nombre de Linda, sino de su padre. Esta línea concluye con
la declaración de que Linda se divorciará de David pues acepta que
su jefe en la compañía de decoración donde trabaja por gusto, Jim
Harris, es su amante; admite también que se ha hartado de Sorensen
y que no piensa perder su vida de lujos por él.
En esta primera parte existen dos capítulos cruciales. El
capítulo quinto, “Los dos mosqueteros”, que describe su relación con
su amigo de la infancia, Chuck O’Brien, y que también termina con
200

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

las analepsis mayores de la primera línea: en este punto el pasado de
Sorensen se ha construido ya. A partir de este capítulo, las analepsis
se centrarán en la concepción y planeación del asesinato de Linda
y su falso secuestro, hasta su ejecución e inicio de la investigación
del inspector Gálvez. El otro capítulo central, como señala Corral
Peña (2005), es el octavo, “Fiesta en casa de los Harris”, donde las
frustraciones de David estallan (p. 117). El capítulo enfatiza el entorno
adinerado y snob de los personajes además de referencias reales que
el lector puede rastrear en la conversación entre David y Sheila, un
personaje secundario cuya importancia sólo se comprende al final de
la novela: se habla del crimen de Susan Smith, quien ahogó a sus dos
hijos en el lago John D. Long; se comenta el problema de la propuesta
de ley 187 y la intolerancia hacia la migración ilegal mayormente
hispana en California; a raíz de un personaje “cuya presencia da pie
a que se hable del sida”, se aborda la “enfermedad ineludible en una
conversación como la que sostienen los personajes” (Corral Peña,
2005: 122) y finalmente el crimen de O. J. Simpson.
A raíz de la discusión del veredicto de inocencia de Simpson,
Sheila le hace notar a David que ahí hay dos lecciones sobre el arte de
matar: no ser estúpido y obtener algún beneficio de la muerte. Luego
de esta conversación, de la confesión de Linda de su amorío con Jim
Harris y del aviso de que el divorcio está en camino, David decide
matar a Linda y beneficiarse con su muerte. Los siguientes capítulos
abundarán en la planeación y ejecución del crimen, incluido el plan
para hacerlo parecer un secuestro, cobrar quince millones de dólares
y escapar a una vida de lujos con su amante mexicana, la aeromoza
Olivia a quien desconoce la verdadera naturaleza de Sorensen.
Guillermo Núñez Jáuregui (2017) nota la efectividad con que
Del Paso ataca las convenciones del género, desde su ambientación.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

Es el San Francisco de Dashiell Hammett, donde Sorensen bebe
en el mismo bar donde lo hacía el autor de The Maltese Falcon (Del
Paso, 2017: 156). Además del espacio, está el modo en que Sorensen
concibe el crimen: “Más grotesco aún le pareció que, a una velocidad
pasmosa, desfilasen por su mente los recuerdos de los crímenes,
imaginarios o reales, que había leído o visto en novelas y películas, o
visto y leído en los periódicos y la televisión…” (100, mis cursivas). A
esta mezcla de cultura pop y nota roja se suman los guiños para el
conocedor del policial: “arrojarla en su automóvil a un barranco,
después de pegarle en la cabeza con la llave, así como lo habían
hecho, ¿cómo se llamaban?, ¿Cora y Frank?, con el griego” (p.
100, mis cursivas). En este caso, la referencia es a The Postman Always
Rings Twice, de James M. Cain, publicada en 1934 y adaptada al cine
en 1946. Igualmente, sabemos que Sorensen acostumbra comprar
novelas de segunda mano de los autores Patricia Highsmith y Rex
Stout (Del Paso, 2017: 163). De Highsmith, además del inevitable
parecido entre Sorensen y Mr. Ripley, cuya primera aparición fue
en The Talented Mr. Ripley, de 1955, está el homenaje identificado
por Guillermo Núñez (2017) a la adaptación francesa del libro de
Highsmith (hecha en 1960) en el título de un capítulo nombrado en
español igual que el filme francés Plein Soleil: “A pleno sol”.
Además de los guiños, espacios y referentes, existe también
una actitud irónica hacia los lugares comunes. El inspector Gálvez,
fuma pipa y tanto David como él mismo bromean sobre el cliché
(Del Paso, 2017: 167). En la misma conversación, Gálvez nota
varios pisapapeles en la casa de Nob Hill y sugiere que pueden ser
un arma mortal, aludiendo a Hickory Dickory Dock (1955) de Agatha
Christie (177). Cuando el segundo de Gálvez, el sargento Kirby
hace una deducción sobre el lado y ángulo del golpe que mata a
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Linda, el inspector ironiza: “esa clase de conclusiones elementales
perteneces al mundo de Sherlock Holmes o al de Alfred Hitchcock,
no al mundo real…” (274). La combinación de libros, películas y
noticias periodísticas establece una serie de referentes de la cultura
de masas constituyéndola en uno de los múltiples archivos con los
que la novela trabajará1.
El juego de referentes y homenajes no se restringe al mundo
europeo y estadounidense. José Espinosa-Jácome (2006) nota los
puntos de contacto entre David Sorensen y Roberto de la Cruz,
el dandi aristócrata venido a menos que protagoniza Ensayo de un
crimen, de Rodolfo Usigli (171). Más aún, este juego de referentes
aborda también la “alta literatura”. Por ejemplo, hay varias líneas que
conectan a David Sorensen con el Raskólnikov de Crimen y castigo, de
Fiódor Dostoievsky. En principio, ambos son jóvenes que matan a
una mujer movidos para quedarse con su dinero. Las escenas de la
muerte de la vieja usurera y el golpe con que David deja inconsciente
a Linda en su carro antes de lanzarla por una barranca hacia el mar
dialogan a través de las dudas que ambos tienen antes del golpe
final. Igualmente, hay una similitud entre la rumiación del plan de los
personajes y la precipitación de los acontecimientos por el azar o un
aparente destino que favorece al asesino. En el caso de Raskólnikov,
por la conversación escuchada al pasar, que revela que la sobrina que
vive con la usurera, no estará en casa, dejando a la potencial víctima
sola. En el caso de Sorensen, los hechos narrados en el capítulo
“Coincidencias”, en donde una gripe le permite quedarse en casa a
1 Para un análisis detallado de las intertextualidades de Linda 67 con el
género, recomiendo el capítulo “2.3 Intertextualidad en la novela”, de la tesis
de maestría de Natali González Fernández (2016), De lo criminal a lo poético:
una aproximación al carácter ambivalente de Linda 67. Historia de un crimen
de Fernando del Paso.
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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

planear, dejarse crecer la barba para hacerse irreconocible, además
de encontrar una tarjeta de crédito de Jim Harris a quien pretende
inculpar del crimen en caso de que se descubra el cuerpo de Linda.
Por otro lado, el tratamiento psicológico del personaje justo
después del homicidio también tiene puntos de contacto. Tanto en la
novela de Del Paso como la de Dostoievsky, el asesino experimenta
un estado mental febril justo después del crimen fresco. En Crimen
y castigo, esto se traduce en una somatización delirante. Raskólnikov,
una y otra vez, teme haberse delatado entre sus balbuceos afiebrados
frente a Razumijin. En Linda 67, Sorensen tiene una borrachera
babilónica que recorre San Francisco en clave noir, en la que Sorensen
está a punto de delatarse al hablar con Chuck. La borrachera de
Sorensen cierra con lo que Corral Peña (2005) identifica como el
rechazo a sentir incluso la culpa de Raskólnikov (126) dado lo que
Sorensen percibe como la diferencia entre las víctimas, además
de exponer la misoginia de su crimen: “El presente era él, David
Sorensen, un asesino, un criminal sin remordimientos, ¿o no era
verdad?, porque él no había dado muerte a una vieja prestamista
infeliz, ¿no es cierto?, sino a una gringa cabrona, ¿no es cierto?,
cabrona y puta” (Del Paso, 2017: 164). El móvil de ambos, el dinero,
está visto desde perspectivas diferentes: para uno, se trata de un
asunto narcisista de superioridad moral en la Rusia zarista; para otro,
es un acto de egoísmo para no privarse de los lujos de la cultura de
consumo que lo define2.
Volviendo a Linda 67, estructuralmente, la segunda parte
tiene cambios notables. Las analepsis dan paso a los sueños y las
2 Natali González (2017a), además, reconoce un eco del Mersault de
L’Étranger de Albert Camus (95).

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alucinaciones de David que recrean la muerte de Linda y a veces la
confunden con su amante, Olivia3. Por otra parte, el narrador que
ha seguido exclusivamente la perspectiva de Sorensen tiene escenas
en las que acompaña al investigador Gálvez, quien trabaja el caso por
encargo del magnate Lagrange, padre de Linda. En su primera visita
a Sorensen el investigador es informado por el asesino que recibió
una llamada anónima diciéndole que Linda estaba secuestrada (Del
Paso, 2017: 178). Apenas Gálvez deja la casa, Sorensen le informa
acaba de llegar una supuesta carta anónima de los secuestradores
que exige quince millones de dólares por el rescate de Linda. El
lector sabe que David la ha manufacturado recortando letras de
The National Enquirer y The National Examiner, donde abundan las
noticias sensacionalistas: “Era, pensó Dave, como si la muerte de
Linda estuviera formada por pequeños suicidios, por asesinatos
minúsculos, por alevosías y traiciones diminutas” (Del Paso, 2017:
121). Del Paso, como Sorensen, manufactura el crimen no sólo con
los referentes a libros y cine, sino con la misma materia violenta de
la sociedad. Y no únicamente la estadounidense.
Durante la planeación del secuestro, Sorensen duda sobre
la cantidad a pedir y sobre la factibilidad de salirse con la suya;
sin embargo, recupera la confianza cuando recuerda la ola de
secuestros a empresarios mexicanos. Esta ola: “demostraba que,
cada vez con mayor frecuencia, la policía dejaba que la familia se
las arreglara directamente con los secuestradores: su intervención
podía provocar, como había sucedido en muchos casos, el sacrificio
de la víctima” (Del Paso, 2017: 109). Se refiere, probablemente, a
3 Los trabajos “Los sueños y el inconsciente en Linda 67”, de Natali
González (2017b) y “Sobre la estructura de Linda 67” de José T. EspinosaJácome (2006) abundan sobre el aspecto onírico y psicológico de la novela.
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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

casos como los de Joaquín Vargas Guajardo, por quien se pidió un
rescate de 50 millones de dólares; o José Espinosa Mireles, dueño y
fundador de la extinta Printaform, cuyo rescate fue de 15 millones
de dólares (Orgambides, 1992). Formar una nota de secuestro con
letras arrancadas de la nota roja, como se ve, va más allá de un gesto
del personaje.
Con el nuevo dinamismo del narrador, el lector accede a
diálogos entre Galvéz y el sargento Kirby en donde se discuten el
caso y posibles sospechosos, o a entrevistas con el viejo Lagrange,
quien sospecha que David ha secuestrado y asesinado a su hija.
Además, existen capítulos que recuerdan la experimentación formal
del Fernando Del Paso de sus novelas más celebradas, como
“Llamadas cruzadas”, en el que una serie de llamadas entre varios
personajes (David Sorensen, Chuck O’Brien, el inspector Gálvez, el
viejo Lagrange y un reportero que hace pública la nota del secuestro
y el monto del rescate) se entrelazan de modo que el lector puede
seguir pistas, dudas, mentiras, sospechas, cálculos y actitudes de
varios de los personajes. Más complicado aún es el tratamiento de
la voz del viejo “hippie”, veterano de Vietnam que en la segunda
parte revela a David mediante una carta anónima que Linda ha
sobrevivido y que David debe entregarle los quince millones a él
bajo pena de descubrir a David Sorensen como responsable del
fallido intento de homicidio. En el capítulo “Una forma distinta de
morir”, la verbosidad obscena de la carta del “hippie” interrumpe la
escena donde se desarrolla la reunión para una campaña publicitaria
en la que David es la pieza clave: los cosméticos “Olivia”, pensados
para la mujer latina en los Estados Unidos. En el siguiente capítulo,
“Escucha, pendejo…” la voz inunda por completo la narrativa al
convertirse en un monólogo a través de dos llamadas a teléfonos
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públicos en las que da indicaciones a David y al viejo Lagrange de
cómo entregarle el dinero.
Este capítulo ofrece un discurso que revela a un personaje
poco fiable, pues repetidamente hace dudar a David de haberlo
visto cometer el crimen para luego dar detalles del mismo. Las
interpelaciones de la voz permiten suponer las otras partes del diálogo
y las acciones que lo interrumpen, de las que nos enteramos en el
siguiente capítulo “La gallina ciega”, cuando Sorensen comunica a
la policía y a Lagrange las demandas del “hippie” (sin delatarse). El
efecto de este juego de voces y de información poco confiable es
que genera desazón: por primera vez, tanto el lector como Sorensen
no lo saben todo sobre lo que ha pasado con Linda.
En el desarrollo, el “hippie” convierte a Sorensen en rehén
y se apropia del dinero que entrega el viejo Lagrange, para luego
golpear a David, confirmar que Linda siempre estuvo muerta,
y dejarlo libre. Sorensen parece quedar libre de sospecha. En el
hospital, se entera de que la agencia publicitaria lo ha despedido y
su amigo Chuck O’Brien le ofrece conseguirle un nuevo empleo. Al
salir del hospital, David Sorensen es contactado por Eric Beckhart,
supuesto agente de la aristocracia suiza que pretende lanzar una
prestigiosa marca de relojes y que ha pensado en David Sorensen
para dirigir el “Proyecto Andrómeda”, que da título al capítulo
donde transcurre la suntuosa cena en la que se discuten los detalles
de la campaña publicitaria. David viaja a Suiza, se entrevista con el
conde de Agasti y se inserta de nuevo, en apariencia, en el mundo de
lujo y placer que tanto desea.
Al concluir su viaje a Berna, Sorensen se encuentra en la casa
de Cuernavaca con Olivia, quien lamenta haber dudado de él. Al
volver a San Francisco, David Sorensen se entera de que la policía ha
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

encontrado el automóvil y el cuerpo de Linda. El desenlace de Linda
67, regresa a una fórmula de género: el Proyecto Andrómeda ha
sido un montaje del viejo Lagrange para atrapar a David. Sorensen
espera un depósito de quince mil dólares para echar a andar las
supuestas operaciones del Proyecto, pero recibe en su lugar quince
millones. El inspector Gálvez es notificado y sus sospechas sobre
Sorensen se reactivan. Su pesquisa revela el descubrimiento de un
error del asesino: ha mantenido el juego de llaves originales del
Damlier en el bolsillo del saco que usó la noche del homicidio. Si
bien el viejo Lagrange ha manipulado a Sorensen y al inspector,
también es claro que este camino lo acerca a algo que se asemeja a la
justicia, al menos, al castigo del asesino de su hija.
En este juego entre referentes cultos y masivos, fórmulas
y su vulneración además de una actitud irónica y un uso altamente
técnico del narrador, ocurre lo que para Amar Sánchez es la respuesta
literaria que resuelve las posturas en el debate entre “apocalípticos”
e “integrados”. La nomenclatura popularizada por Umberto Eco
hunde sus raíces en las primeras discusiones sobre la presencia de
los medios masivos y la emergencia de la industria cultural. Sus
protagonistas tuvieron posturas críticas afines a Theodor Adorno
y Max Horkheimer, por un lado, o más esperanzadas como la de
Walter Benjamin o Hans Magnos Enzensberger, por otro (Amar,
2017: 17-19). Si bien estas posturas parecen irresolubles, algunos
ejercicios literarios, entre los que destaca la literatura policiaca y su
apropiación latinoamericana, sugieren una vía estética que pone a
los dos campos en tensión productiva.
Las ideas de Amar Sánchez (2017) en torno al uso literario
de elementos de la cultura de masas parten de una división de
múltiples etiquetas: cultura alta y baja, la cultura de élite y la popular,
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binarismos que establecen jerarquías (12). Lo interesante, para ella,
es la visión posmoderna según la cual trabajar literariamente sobre
estos materiales da oportunidad para su transformación además de
generar otros pactos con el lector más allá del entretenimiento; el
lector, después de todo, conoce los clichés a los que se les buscan
salidas novedosas ( 29-30). Esto es a lo que Amar Sánchez se refiere
con los movimientos de “seducción y traición”. Amar Sánchez
entiende la seducción como un juego estratégico de atracción
que pospone el cumplimiento del deseo; los textos que Amar
Sánchez analiza seducen con las fórmulas de la cultura de masas y
decepcionan con su incumplimiento: en esta expectativa frustrada
está la diferencia de las formas mediáticas alienantes y complacientes
(32-33). Linda 67 opera con una plena conciencia de la tensión y
provecho estético de estos movimientos. Más aún, parece invertir
deliberadamente la forma que Amar Sánchez sugiere, poniendo
en primer término la traición (pues revela al asesino y el misterio
se construye de un modo distinto) y luego la seducción (guiños,
referentes, ironías además del giro con la irrupción del “hippie”).
En lo que toca al archivo de literatura neopolicial, la novela
de Linda 67 tiene un movimiento similar. Francisca Noguerol (2006)
identifica al libro como uno de los materiales que se enfocan en una
lección aprendida del hard-boiled y llevada al neopolicial:
Si el hard boiled nos enseñó que el motor del delito es el dinero, el
neopolicial considera las diferencias sociales como su motivación
esencial. … Linda 67. Historia de un crimen (1995) -del mexicano
Fernando del Paso- [contrapone] el american dream a la realidad
del subcontinente, demostrando los extremos de violencia a los
que se puede llegar por conseguir una vida mejor al otro lado de
la frontera (122).
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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

Antes hablaba de cómo la politización del neopolicial duda
del sistema político y judicial al tiempo que condena los crímenes de
Estado. Linda 67 logra elementos críticos. Sin embargo, no apunto a
un Estado latinoamericano o su sistema judicial corrupto. A través
del trabajo de otro de sus archivos (el de las marcas y los productos)
y de su personaje central es donde vemos más claramente a dónde
apunta su arsenal.
Industria cultural, consumo y cosmopolitismo para
el fin del mundo
El mundo de sofisticación de Linda 67 tiene un espíritu cosmopolita.
Al decir esto me refiero en parte a la actitud de los intelectuales
latinoamericanos, identificada por Mariano Siskind (2014), cuyo
“deseo de mundo” los hace mirar más allá de sus fronteras para
insertarse en una universalidad imaginada y al mismo tiempo escapar
de las opresiones de culturas nacionalistas (3). El “mundo”, aquí,
no es un conjunto de lugares, sino un constructo imaginado desde
América Latina: “a strategic, voluntaristic fantasy that is nonetheless
very effective in opening a cosmopolitan discoursive space where
it is posible to imagine a non-nationalistic, nonanthropocentric
path to a modernization that is set against the horizon of abstract
universality” que es legible desde la década de 1870 (7). Para Siskind,
el cosmopolitismo como estrategia literaria latinoamericana tiene un
resultado doble: por un lado, denuncia las estructuras hegemónicas de
formas europeas de exclusión, y por otro, los patrones nacionalistas de
auto-marginalización (6). Siskind parte de una idea de cosmopolitismo
en la que se presupone en esta universalidad un deber de ético de
preocuparse por el Otro y una obligación hacia el género humano
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

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que sobrepasa a la comunidad inmediata (8). Ese Otro es el habitante
de los márgenes geopolíticos. Siskind no es ajeno a la contradicción
que presenta el deseo de mundo y la ambición cosmopolita para el
intelectual latinoamericano, pues parece estar siempre condenado a
la insatisfacción en su búsqueda de universalidad, pero esa búsqueda
es parte constitutiva de su identidad (9). El mundo es una especie de
fantasmagoría imaginada que está siempre en otro sitio, es un espacio
universal de implicaciones éticas en donde inscribir la subjetividad
(10). Esta subjetividad, por ello, está siempre en tensión y búsqueda.
Como he mencionado, la relación de la novela de Fernando
del Paso con las apropiaciones latinoamericanas del género sugiere
un potencial crítico. Dado que la novela escapa de la tendencia
neopolicial, me interesa analizar algunas de las particularidades
de Linda 67 a la luz de las ideas de Siskind para discutir este
potencial. David Sorensen no sólo presenta algunos de los deseos y
contradicciones del cosmopolitismo, sino que tiene una artista que
lo hace notable: mientras que el intelectual que analiza Siskind busca
su camino de entrada a la universalidad por vía de la alta cultura, el
personaje de Fernando del Paso lo intenta hacer desde la capacidad
de consumir los más selecto del mercado. En este sentido, la actitud
de David Sorensen personifica el reverso oscuro de este deseo
cosmopolita, mismo que el propio Siskind (2019) identificará en
una revisión a sus conceptos iniciales como el colapso de la idea
de mundo, y que discutirá en lo que llamará un cosmopolitismo
para el “fin del mundo” (206). El consumo como principio rector
del personaje de Fernando del Paso evoca algunas de las críticas al
capitalismo en “La industria cultural”, de Thedor Adorno y Max
Horkheimer (2013), que parecen anticipar los colapsos cosmopolitas
que preocupan a Siskind y que Sorensen encarna en cierta medida.
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Antes, mencionaba la relevancia del archivo de la literatura
policial, el cine y la nota roja. En el análisis que me interesa ahora,
destacaré el mundo de Sorensen como un catálogo de lujos. La
novela es prolija en marcas de ropa, vino, accesorios, automóviles
y descripciones de alta cocina y maridajes. La primera página, de
hecho, describe el clóset de David, donde hay:
una impresionante colección de trajes y combinaciones de los
casimires y materiales más finos, la mayor parte hechos a la medida
por los mejores sastres de Milán y de Savile Row … Corbatas
de seda acanalada … compradas en Jermyn Street. Corbatas de
brocado de la Place Vendôme, corbatas de regimiento de Harrods
y Pierre Cardin. Corbatas Bernini y Van Laack … [camisas] hechas
a su medida por el camisero de The Custom Shop, de Grand
Avenue, y eran del mejor algodón egipcio. (Del Paso, 2017: 25)

En cuanto a su primer encuentro con Linda, destaca el
automóvil de colección que David choca sin causar daño real. Para
congraciarse, cenan juntos en el restaurante francés “Fleur de Lys”,
donde: “después de la botella del soberbio Château La Fleur-Petrus
82 que eligió David para acompañar la terrine de cordero, la ensalada
perigourdine, la cocotte de ternera aux fines herbes y los quesos —reblochon,
roquefort, brie de Meaux—, Linda ordenó una botella de Bollinger R.
D., también del 82, para rociar el postre” (45), una descripción que
pide al lector actualizar sus conocimientos de cocina y vinos.
La casa de Linda, a donde David se muda al casarse, está
en el exclusivo barrio de Nob Hill. Sus interiores se encuentran
adornados con litografías originales de Vasarely, emplomados
inspirados en Frank Lloyd Wright, sillones Chesterfield, figurillas de
Murano y un incensario hindú, óleos de Saura, Leonora Carrington,
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Tamayo, Botero, Richard Estes y Keith Haring (Del Paso, 2017:
52-56). Como antes el homicidio y el estado mental del criminal
evocaban la novela rusa, estos catálogos de lujo tiene sus propios
ecos. La descripción del apartamento evoca la tienda de curiosidades
junto al Sena donde Raphaël de Valentin encuentra la piel de zapa en
la novela La peau de chagrin, de Honoré de Balzac. Además del lujo, se
trata de lo exquisito y exótico. Los catálogos de prendas y accesorios
de Sorensen desperdigan en la novela lo que en el capítulo 11 de El
retrato de Dorian Gray podemos ver condensado en un sumario de
placeres en los que se dilapida el joven dandi. En ambos casos, un
objeto mágico les permite a Valentin y Gray cumplir con sus deseos:
el lujo y la capacidad de obrar sin consecuencias.
David Sorensen carece de objetos mágicos, pero tiene encanto,
un gran amigo y una esposa millonaria. Su propio empleo tiene una
evidente consonancia con el mundo que desea: es un publicista. Para
los lectores de Fernando del Paso, el uso de la publicidad como un
elemento crítico es familiar. Sólo basta recordar “Viaje de Palinuro
por las agencias de publicidad y otras islas imaginarias”, en Palinuro
de México. La crítica al mundo de la publicidad que en Palinuro ocurre
en clave paródica a través de una hipérbole desaforada, en Linda 67
se lee como una crítica de consecuencias más violentas. A leer, por
ejemplo, el segmento “Palinuro en Productolandia” (Del Paso, 2013:
248-257), y notar la forma de catálogo de productos que adquiere el
discurso, es inevitable notar la relación con Linda 67. Para Palinuro,
el producto común y el de alta gama se entrecruzan: es imposible
vivir un día sin tropezar con algo emergido del mercado. Esto es lo
que lo hace al mismo tiempo terrible e inevitable. Para Sorensen no
se trata de evitar el mercado, sino de acceder a sus bienes y servicios
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más exclusivos a como dé lugar, tanto si esto es haciendo publicidad
o incurriendo en el femicidio y la estafa.
Las constantes referencias a bienes de lujo abundan en la
novela y, del mismo modo que los guiños a la novela y el cine policial
mantienen una actitud cómplice con el conocedor de estos productos,
el catálogo de marcas, lujos y placeres da una idea acabada de una
universalidad deseada que se manifiesta en la capacidad de consumir
productos de alta gama. A pesar de que David es un hombre culto,
su interés principal no radica en insertarse en la universalidad del
“mundo” por la vía de esa cultura, sino de su capacidad como
consumidor. La cultura es un indicador de su mérito al mundo del
lujo, pero Sorensen no la valora por sí misma. La contradicción, para
Sorensen, es múltiple: creció como un dandi, pero su ingreso real es
moderado; ambiciona la alta gama, pero trabaja en campañas para
productos comunes.
A diferencia de los intelectuales que analiza Siskind, Sorensen
no tiene un mundo de opresión nacionalista del que busca escapar.
Su nacionalidad, es apenas un dato curioso: “el desarraigo, la ausencia
de nexo orgánico con un país y una cultura, convierten el origen del
personaje en uno de los muchos engaños de su vida, a la vez que
apuntalan sus comportamientos y decisiones” (Corral Peña, 2005:
116). Este desarraigo se vuelve conflicto al chocar una y otra vez con
los prejuicios sobre la mexicanidad que David Sorensen incumple:
desde la ausencia de la piel morena hasta la exquisitez de sus hábitos.
Esto es fuente de tensión tanto en su círculo social como en su trabajo.
Así se lo hace notar Chuck O’Brien cuando David le comenta que no
es popular en la agencia de publicidad. Además de su vestimenta, con
un aliño muy por encima que la de cualquier agente de publicidad:
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

La otra cosa es el inglés que hablas … Tienes que darte cuenta
que los gringos no pueden tragar a un mexicano que habla un inglés tan
elegante y perfecto como el del profesor Higgins de My Fair Lady,
¿me explico? Aunque tal vez lo mejor es que representes a una
empresa europea y que no digas que eres mexicano sino un
príncipe húngaro (Del Paso, 2017: 92, mis cursivas)4.

En la misma fiesta de los Harris donde los amigos tienen
la conversación, David habla de la reforma 187 con Sheila, quien
se pregunta si a él le afecta. David responde con un chiste mordaz:
—Por supuesto que sí —dijo Dave—, yo soy indocumentado.
Sheila casi se atraganta con la champaña.
—Indocumentado, ¿usted? Está bromeando.
—No es broma. Soy un mexicano que hace casi tres años trabaja
en California sin permiso. Pero nunca me han pedido papeles…
—Claro, con ese color de piel, de cabello, de ojos, y su acento de
Chelsea, quién va a pensar que usted es mexicano… ( 85-86)

A diferencia de su padre, perfectamente aceptado en el mundo
de la diplomacia, Sorensen nunca logra pertenecer por completo
al mundo de los acaudalados. En la novela, la marginalización es
compensada con la lógica de consumo. Para Elizabeth Corral Peña
(2005), esta lógica es fundamental:
4 Elizabeth Corral Peña (2005) nota el juego de Del Paso en la alusión a
My Fair Lady, donde “la aristocracia londinense toma a la plebeya Elisa por
una princesa húngara” (p. 125).
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En Linda 67, como en el pop, la proyección hiperbólica
a primer plano de los objetos comprables y vendibles funciona
como propuesta estética, a la vez que se convierte en un poderoso
instrumento de crítica social. Los personajes de la novela no se
cuestionan la pertinencia de asumir la vida en términos mercantiles,
porque es la que les interesa: incluso parece ser la única manera que
conocen para relacionarse con el mundo. De ahí que David trate a
Linda como otro bien canjeable por dólares (121).
Natali González (2017a) reconoce en la estructura de novela
policiaca un pretexto para criticar a la sociedad consumista sin
moralizar, sino cuestionar las tensiones constantes de esta lógica en
la relación México-Estados Unidos (114).
La lógica de una vida asumida en términos estrictamente
mercantiles que menciona Corral recuerda la línea crítica de Adorno
y Horkheimer en “La industria cultural”. No es una casualidad
que Sorensen, quien encarna a ultranza la lógica de objetualizar la
humanidad, sea un publicista, una labor que Del Paso practicó y
que ha sido blanco de sus críticas por ser un trabajo que utiliza el
lenguaje de un modo especial para fines espurios (Figueroa, 2018;
Beltrán, 2021). Sorensen lleva al extremo su trabajo publicitario al
utilizarlo como la base para planear su crimen:
Cómo, dónde, cuándo: esto le recordaba lo que Bob Morrison le
dijo el primer día de trabajo en la agencia: cada vez que tengas un
producto que hay que vender por medio de la publicidad hazte las
siguientes preguntas, Dave: qué, a quién, dónde, cuándo y cómo
…. ¿Cómo? Ah, esto es lo más difícil de todo: cómo. Cómo vender
un producto. Cómo convencer a una joven chicana que con este
lápiz de labios se verá más bella. Cómo convencer a Lagrange
y a la prensa, a todo el mundo de que Linda fue secuestrada …

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Cómo hacerle creer … a todo el mundo, que si el viejo Lagrange
no entrega los diez, los quince millones de dólares, van a matar a
Linda (Del Paso, 2017: 108).

Espinosa-Jácome (2006) identifica tres proyectos
publicitarios en la armazón de la novela: el proyecto de cosméticos
“Olivia”, el homicidio y cobro de rescate millonario, y el Proyecto
Andrómeda (170-171). Los dos primeros son concurrentes y se
reatroalimentan. El último es un proyecto sólo en apariencia porque
es una celada del viejo Lagrange, quien voltea las tablas a Sorensen
atrapándolo con lo que más lo tienta: el acceso al mundo del lujo.
Para Adorno y Horkheimer (2013) el problema de la
“industria cultural” era que detrás de ella se encontraba la lógica
impositiva del capital. En esta, la experiencia humana queda reducida
a dos posibilidades: productor o consumidor; durante el tiempo
de trabajo se produce y durante el ocio se consume, pero nunca
estamos fuera de la lógica del mercado (8). Los medios masivos
establecen un gran lenguaje que el consumidor entiende y que marca
la pauta de quien lo produce ( 21). La publicidad es clave, pues es un
ejercicio costoso que garantiza que sólo los productos que la pueden
pagar hagan llegar su mensaje; condensa los vicios de la industria
cultural al ser una de sus fuentes principales de ingreso y también al
convertirse en su “arte por excelencia”; al promover sus productos,
construye y perpetúa su lenguaje ideológico (75-77). Para Sorensen,
es claro el impacto de los medios y de la narrativa de la pertenencia al
mundo, como es notable en las estrategias que el equipo publicitario
desarrolla en torno a la línea de cosméticos para mujeres latinas
descritas en el capítulo “Una forma distinta de morir”. Cuando a
su equipo se le cuestiona por qué piensan anunciar el producto en
horarios televisivos entre las nueve y las once de la mañana, cuando
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217

�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

nadie ve la televisión, la respuesta hace evidente el constante ruido
de fondo de la publicidad en medios masivos en la experiencia del
target de mercado:
Nadie la ve, pero muchos la oyen … un estudio que revela que las
mujeres que trabajan en su casa oyen no sólo la radio: muchas …
oyen la televisión mientras cocinan o lavan la ropa. Y todavía hay
un alto porcentaje de mujeres chicanas e ilegales sin empleo. Por
otra parte, muchas ayudan en la limpieza de otras casas, mientras
las dueñas están fuera, y también oyen la televisión. (Del Paso,
2017: 198-199)

Como Adorno y Horkheimer (2013) anticipaban: “Reducidos
a material estadístico, los consumidores son distribuidos sobre el
mapa geográficos de las oficinas de investigación de mercado, que
ya no se diferencian en nada de las de propaganda, en grupos según
ingresos” (12). Esta lógica de mercado utiliza la narrativa del éxito
uno y otra vez para establecer una relación inmediata: triunfar es
ser capaz de participar del mundo del consumo ( 28). El equipo de
Sorensen no es ajeno a esto.
Bob Morrison le muestra un comercial que han desarrollado
cambiando el eslogan original de David, “El orgullo de ser latina”,
por: “el orgullo de ser distinta… A las hispánicas, a las chicanas, no
les gusta que las llamen así. Todas están ansiosas de ser consideradas
ciudadanas norteamericanas… Aunque paradójicamente, al mismo
tiempo, quieren ser distintas…” (Del Paso, 2017: 204). El comercial
en blanco y negro muestra una mujer latina de piel oscura abrazando
a un hombre de piel clara. Sólo las uñas rojas tienen color: “Lo
abrazaban, lo apretaban, lo arañaban. Era evidente que se trataba
del apogeo de un coito … Aparecía el logotipo de Olivia y, debajo
de él, la primera parte del eslogan, leído al mismo tiempo por el
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

locutor: Olivia… una forma distinta de ser” (205, cursivas en el
original). La crítica de los alcances de la publicidad, el uso particular
de su lenguaje es clara en este capítulo. Mientras en la reunión se han
discutido las estrategias, Sorensen lee para sí, en fragmentos cada
vez más grandes, el mensaje que el “hippie” ha dejado en su casa
diciéndole que él atestiguo el ataque de David a Linda, que la mujer
no ha muerto y que Sorensen debe entregarle los quince millones
del rescate. Lado a lado, dos formas de mensaje con la intención de
conseguir un beneficio económico.
El ideal del “deseo de mundo” cumplido, en la narrativa
del comercial descrito, es especular con la experiencia de Sorensen
y su fallido matrimonio con Linda. Como recuerdan Adorno y
Horkheimer (2013), la industria cultural defrauda constantemente
postergando siempre el placer o la consecución de ese supuesto
éxito (8). La forma en que la publicidad funciona como discurso que
condensa en el caso de Sorensen, se vuelve entonces transparente: si
todo el mundo está en la lógica del mercado, el diseño de la campaña
publicitaria también puede funcionar como base para el diseño de
un crimen pues su fin es el mismo: la ganancia económica, el sueño
del éxito, vivir en el mundo del consumo y fracasar.
Mariano Siskind, al revisar algunos de sus planteamientos
sobre el cosmopolitismo de cara a los retos del siglo XXI, discute
la crisis en la idea de “mundo”. Se trata de reconceptualizar la
idea de cosmopolitismo “during a historical juncture defined by
the total collapse of the imaginary function assigned to the world
by the experience of the that was central to the discourse of
cosmopolitanism” (Siskind, 2019: 206); esto es, el mundo como la
estructura simbólica que apoyaba los imaginarios de emancipación,
igualdad y justicia (206). Entre los mayores síntomas que Siskind
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

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�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

identifica en este “fin del mundo”, se encuentran las crisis de
desplazamiento de refugiados y migrantes, la intensificación del
militarismo y la violencia, además de una radicalización de las formas
de dominación y explotación capitalista que han incrementado
las desigualdades socioeconómicas (209). Este fin del mundo ha
alcanzado al propio capitalismo: “And even Capital articulates its
own structuring function in direct relation to it, simultaneously as
causing and being endangered by the end of the world” (212-213). Desde
esta perspectiva, lo que Siskind ya observa en 2019 como colapso ya
se encuentra en formación durante la década de los noventa en que
se ubica la novela.
Antes, discutía las referencias, muchas de ellas originadas en
la nota roja: los crímenes de O. J. Simpson y Susan Smith, actos de
terrorismo, como el bombardeo de Oklahoma, que opaca parcialmente
las noticias sobre el desenlace del secuestro de Linda (Del Paso, 2017:
223 y 232), la epidemia global de VIH/SIDA, la hostilidad contra
las comunidades migrantes en los Estados Unidos, además de las
sucesivas crisis mexicanas posteriores a 1994: los magnicidios y el error
de diciembre, entre otros. Todas ellas, señales del “fin del mundo”.
Algunos de los problemas mexicanos tienen incluso repercusiones en
el mundo estadounidense. Si el inspector Gálvez llega a sospechar de
Jim Harris como posible secuestrador es porque sabe que su compañía
de decoración ha sufrido reveses económicos por la insolvencia de
sus clientes hoteleros mexicanos luego de la crisis del 94 (Del Paso,
2017: 192), una evidencia de que los márgenes geopolíticos nunca
están tan lejos de los centros cosmopolitas.
El cosmopolitismo de la pérdida, que Siskind asegura que
puede aún tener funcionalidad en un estado de cosas donde la idea de
“mundo” ha colapsado, es analizado a través del cuento de Roberto
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Bolaño, “El Ojo Silva”. Sin entrar en los detalles de la trama, Siskind
(2019) nota que los personajes hablan de la India de un modo vago,
una geografía imprecisa en donde ocurre un episodio de tráfico
y explotación sexual infantil. Para Siskind, “It is the intentionally
unspecified name of an elsewhere that requires a lack of geocultural
specificity in order to fulfill its narrative purposes – to underscore
the universality of violence as the unifying constitutive condition of the end
of the world” (220-221, mis cursivas). El movimiento de Bolaño,
para Siskind, coloca a ese mundo colapsado en un allá periférico.
Fernando del Paso, adelantándose al colapso del mundo en una
época particularmente violenta y de crisis, coloca el fin del mundo
en el centro del Occidente desarrollado: San Francisco. En Linda 67,
el fin del mundo no viene desde la periferia hacia el centro, sino que
se gesta en el corazón de las sociedades que alguna vez fueron el
centro del deseo de mundo.
El trabajo que Fernando del Paso realiza con las expectativas y
referentes del género policial es un primer movimiento introductorio
para un entramado referencial mayor. La obra reta los elementos de
las fórmulas conocidas, ironiza y hace guiños, mientras entrelaza
este archivo con el de la alta literatura, los referentes al mercado y las
señales del colapso cosmopolita. Con ello, la obra seduce al lector al
tiempo que lo reta. Por otro lado, amplía las posibilidades de lectura
de los géneros venidos de la cultura de masas al emplearlos como
base estructural de un desarrollo estético que escapa a las expectativas
del neopolicial, mayormente utilizado en Latinoamérica. Sobre esta
base estructural y este desarrollo estético, Fernando del Paso nos
abre al abismo del crimen que se respira cerca del fin del mundo
como deseo universalidad y concebido mayormente como mercado.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

221

�Luis Miguel Estrada Orozco / Colapsos y crímenes cosmopolitas en Linda 67

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-50

225

�Dosier
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

La ciencia ficción mexicana: del margen a un centro
que es muchos centros
Mexican science fiction: from the margin to a center
that is many centers
Alejandro Ramírez Lámbarry
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Puebla, México
Orcid: 0000-0003-3299-5914
alambarry.ffyl@gmail.com

Fecha de entrega: 08-12-2022 / Fecha de aceptación: 20-02-2023
Resumen: Este artículo analiza cuatro antologías de ciencia ficción
publicadas en México. La primera, de 1991, se sitúa desde el margen del
campo literario y justifica su importancia con la apropiación regional que
los autores antologados han hecho del nuevo género de origen anglosajón.
Las siguientes antologías de 1997 y 2001 emprenden una disputa contra
el centro del campo con el fin de obtener mayor capital. Sus tomas de
posición implican la apropiación de la tradición literaria canónica, la
cercanía del género de la ciencia ficción con la fantástica (del cono Sur) y,
de nuevo, la originalidad de la apropiación de este género en México. Por
último, la antología de 2018, de Libia Brenda, se presenta desde un centro
dual o bicultural que modifica la dinámica de margen y centro. Una de sus
mayores aportaciones es ser la primera antología que incluye un número
considerable de escritoras.
Palabras clave: Ciencia ficción, antologías, Bourdieu, margen, centro.

227

�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

Abstract: We analyze in this article four science fiction anthologies that
were published in Mexico. The first one, published in 1991, occupied the
margins of the literary field and argued its importance with the fact that
English science fiction was assimilated –and not only copied– by Mexican
authors. The following anthologies, 1997 and 2001, tried to destabilize the
center with the aimed of obtaining more literary capital. Their strategies
were aligning science fiction with canonical literature and with fantastic
literature (from the Southern Cone) and arguing again that Mexican writers
had successfully assimilated this genre. Finally, Libia Brenda’s anthology
from 2018 situated itself in a dual or bicultural center changing the margin
and center dynamics. Brenda’s main achievement was the addition for the
first time of an important number of female writers.
Keywords: Science fiction, anthologies, Bourdieu, margin, center.

228

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

En este artículo estudiaremos cuatro antologías de ciencia ficción
publicadas en México. Nos interesa evaluar las tomas de posición
que estas antologías realizaron en su momento y su contribución
para cambiar el sistema literario mexicano en lo que respecta, en
específico, a la relación entre el margen y el centro. Las cuatro
antologías son Más allá de lo imaginado (1991),5 El futuro en llamas (1997),
Visiones Periféricas (2001) y Una realidad más amplia. Historias desde la
periferia bicultural (2018). Los antologadores son, respectivamente,
Federico Schaffler, Gabriel Trujillo Muñoz, Miguel Ángel Fernández
Delgado y Libia Brenda.6
Nuestra tesis es que la primera antología colma un vacío en el
campo literario mexicano que nace debido a la original controversia
entre los supuestos géneros menores y el género mayor o canónico.
Estos géneros menores fueron –como lo indica Gabriel Trujillo en la
primera antología– la narrativa policiaca, la novela histórica y la ciencia
ficción, mientras que el canónico fue el realismo histórico y épico con
prácticas de vanguardia. Al referirse a este periodo, Sánchez Prado
5 Se publicó en tres tomos. Los dos primeros son de 1991 y el tercero de
1994.
6 No estudiamos las antologías del cuento fantástico por tratarse de un
género que, si bien cercano a la ciencia ficción, se propone desde otra tradición.
Algunos ejemplos de estas antologías son: Cuentos fantásticos mexicanos,
compilada y prologada en 1986 por María Elvira Bermúdez y Agonía de un
instante. Antología del cuento fantástico mexicano, de Frida Varinia. Tampoco
estudiamos las antologías que compilaron a los ganadores del premio Puebla
de Ciencia Ficción porque su único criterio de selección fue que sus autores
hubieran obtenido el premio. No hay un proyecto teórico-histórico-poético
en su estructura. Algo similar argumenta el mismo Federico Schaffler en la
primera antología de ciencia ficción: “una antología de un concurso no es
representativo (sic) de lo que se está produciendo a nivel nacional” (21). Estas
antologías son Principios de incertidumbre. Premio Puebla de Ciencia Ficción
1984-1991, Auroras y horizontes y El acto y el destino.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

define el canon desde dos prácticas novelescas: “‘fiction of totality’
(which in itself is a variation of narrative modes such as ‘foundational
fiction’, and ‘national allegory’) and the transnational ‘modern epics’”
(2018: 64). Las siguientes dos antologías se asumen en esta lucha desde
el margen, pero optan por estrategias distintas para obtener mayor
prestigio y relevancia. Mientras que la antología de Trujillo incluye
la ciencia ficción en la tradición literaria más canónica; se aprovecha,
así, la cercanía que tiene ésta con el género de la literatura fantástica;
la de Ángel Fernández apela al empoderamiento desde el margen,
la periferia o lo que Beatriz Sarlo llamó las orillas.7 Esta creación
marginal que renueva y empodera se concreta en Visiones Periféricas
con una muestra de ciencia ficción con temas nacionales y un lenguaje
coloquial. Sin embargo, en las tres primeras antologías la posición
marginal que buscaba ser trascendida no les permitió ver que, a su
vez, habían silenciado a otro grupo. La antología de Libia Brenda
carece de una justificación crítica, pero representa en su selección
una ciencia ficción más diversa, ya que incluye por primera vez a un
número importante de escritoras. Se trata, además, de una antología
escrita en diálogo con el país con mayor capital literario en cuanto a la
ciencia ficción: los Estados Unidos de América.
Pierre Bourdieu señala que un campo es un “conjunto de
posiciones distintas y coexistentes, externas unas a otras, definidas
7 En Borges, un escritor en las orillas, Sarlo refiere que parte de la
originalidad de Borges ocurre gracias a su posición marginal: “la soltura de
un marginal que hace libre uso de todas las culturas” (2003: 14-15); asimismo:
“La trama de la literatura argentina se teje con los hilos de todas las culturas;
nuestra situación marginal es la fuente de una originalidad verdadera, que no
se basa en el color local... sino en la aceptación libre de la influencia; donde los
escritores europeos se angustian por el peso de sus antecesores, los rioplatenses
se siente libres de parentesco obligado” (2003: 63).

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

en relación unas de otras, por su exterioridad mutua y por relaciones
de proximidad, de vecindad o de alejamiento y asimismo por
relaciones de orden, como por encima, por debajo y entre” (1999:
16). El campo se activa cuando dos polos entran en conflicto: el
grupo dominante, que desea preservarse en el poder, y el grupo
que lo desafía. El capital literario está en juego; con éste es posible
emitir juicios sobre el valor estético de una obra, de un género
literario y de un grupo de escritores: consolidar a unos en demérito
de otros. El capital configura el espacio del campo; asocia a aquellos
que lo poseen y margina a quienes carecen de él. Según Bourdieu
nuestros criterios estéticos y el valor que otorgamos a una tradición
están determinados por las luchas del campo literario.8 Nuestras
definiciones de margen y centro, de género menor y canónico
responden a su teoría: se trata de las obras, los géneros literarios
y los autores consagrados por la tradición; son el resultado de las
luchas y los conflictos dentro del propio campo por obtener capital
literario.
Es claro que existen diversas instancias de consagración
acompañadas de diversas estrategias para obtener capital. Bourdieu
escribe que la producción del valor de la obra depende:
no sólo a los productores directos de la obra en su materialidad
(artista, escritor, etc.), sino también al conjunto de los agentes y
de las instituciones que participan en la producción del valor de
8 Bourdieu escribe: “La definición más estricta y más restringida del
escritor (etc.), que aceptamos en la actualidad como evidente, es fruto de una
larga serie de exclusiones o de excomuniones destinadas a negar la existencia
como escritores dignos de este nombre a todo tipo de productores que podían
percibir su propia existencia como escritores en nombre de una definición más
amplia y más laxa de la profesión (1998: 331)
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

la obra a través de la producción de la creencia en el valor de la
obra de arte en general y en el valor distintivo de tal o cual obra de
arte, críticos, historiadores del arte, editores, directores de galerías,
marchantes, conservadores de museos, mecenas, coleccionistas,
miembros de las instancias de consagración, academias, salones,
jurados, etc. (1998: 339)

Las antologías que analizaremos en este artículo son tomas
de posición9 con el fin de adquirir mayor capital literario. Con este
capital buscan salir del margen para ocupar el centro. Si la apuesta
es exitosa se volverán, a su vez, en instancias de consagración. Son
famosas las antologías de poesía en México como Poesía en movimiento
y Antología de la poesía mexicana moderna porque consolidaron a un
grupo y a una poética en demérito de otros. Nuestro objetivo es
estudiar este mismo suceso con la ciencia ficción.
El surgimiento del margen
La primera antología de ciencia ficción en México cuenta con
un prólogo de Gabriel Trujillo y tres Introducciones de Federico
Schaffler. Se publicó en la editorial del Consejo Nacional para la
Culturas y las Artes, en su colección de Tierra Adentro: un proyecto
gubernamental que tenía como objetivo descentralizar el poder
literario de la capital y desarrollarlo en los estados de la República. Su
misión busca desafiar el orden y la jerarquía existentes: la literatura
hasta entonces se leía, difundía y consagraba únicamente en la
9 De acuerdo con Bourdieu: “Las tomas de posición (obras, manifiestos
o manifestaciones políticas, etc.), que se pueden y deben tratar como un
‘sistema’ de posiciones para las necesidades del análisis, no son el resultado de
una forma cualquiera de acuerdo objetivo, sino el producto y el envite de un
conflicto permanente. Dicho de otro modo, el principio generador y unificador
de este ‘sistema’ es la propia lucha” (1998: 345)

232

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Ciudad de México. Una antología de ciencia ficción adquiere mayor
sentido al tratarse de un género marginal que busca reconocimiento.
Schaffler reconoce la situación y, entonces, presenta en los tres
tomos las listas de los escritores con sus nombres y su estado de
origen. Refiere que la selección es una: “muestra representativa”,
de “autores de varias partes del país” (1991, I: 19). Se cumple así el
objetivo de Tierra Adentro.
Este proyecto descentralizador se acompaña con el
posicionamiento marginal de la ciencia ficción. En esta misma página
inicial, Schaffler lamenta que este género “ha sido menospreciado y
muchos escritores lo rehúyen por considerar que puede dañar la
imagen que de ellos se tiene o encasillarlos en un nicho literario poco
productivo” (1991, I: 19). El antagonista es la “gran literatura” (1991,
I: 20). Schaffler no aclara a qué se refiere con este concepto. Serán
los otros antologadores quienes lo hagan. Por ahora solo tenemos la
afirmación del margen.10 Trujillo agrega en este espacio marginal a
los géneros de la narrativa policiaca y la narrativa histórica.
De esta manera, la primera antología colma lo que
Bourdieu llama una laguna estructural: un vacío cuyos bordes
están delimitados por la estructura: un vacío en potencia.11 Trujillo
nos revela la temporalidad de esta laguna estructural: “En este
momento, el clima intelectual ya es otro: los ‘subgéneros’ literarios,
10 Trujillo refuerza esta concepción al escribir en su prólogo: “la ciencia
ficción ha sido una literatura al margen” (en Schaffler, 1991, I: 11).
11 Bourdieu define la laguna estructural de la siguiente manera: “Para que
las osadías de la búsqueda innovadora o revolucionaria tengan posibilidades
de ser concebidas, tienen que existir en estado potencial en el seno del sistema
de posibilidades ya realizadas, en forma de lagunas estructurales que parecen
estar esperando y pidiendo ser colmadas, en forma de direcciones potenciales
de desarrollo, en forma de vías posibles de búsqueda” (1998: 349).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

como la ciencia ficción, empiezan a ser considerados como formas
expresivas válidas para percibir las nuevas realidades” (en Schaffler,
1991, I: 13). Este cambio no sucede de manera natural, se provoca;
Schaffler afirma que para continuar con este proceso de cambio
deben intervenir “autoridades culturales, editoriales, autores
y lectores” (1991, I: 22). El orden de la lista revela mucho de la
constitución del campo literario mexicano. En él se sueña primero
con la consagración de los premios y reconocimientos literarios
(autoridades culturales), después la publicación en las editoriales de
mayor prestigio, y le sigue el reconocimiento de otros autores ya sea
por medio de reseñas y comentarios. Nuestros bestsellers –las obras
que han consumido masivamente los lectores– suelen excluirse del
canon (Federico Gamboa, Luis Spota, Jorge Ibargüengoitia). Este
orden es más revelador todavía si consideramos que la ciencia
ficción en el mundo anglosajón surgió como un género de consumo
masivo. Vemos que Schaffler descarta esta posibilidad en México:
los lectores aparecen al final de la lista.
Una vez colmada la laguna estructural del margen y descrito
de manera muy vaga el rival (la gran literatura), la primera antología
describe la originalidad de este nuevo género. Trujillo lo relaciona con
la ciencia y propone una genealogía –que veremos con más detalle
en el siguiente apartado– que abarca a los griegos, los romanos,
la creación de universidades, el Renacimiento, el racionalismo, el
romanticismo y la literatura de terror. Los nombres que acompañan
estas culturas y escuelas son, entre otros, Thomas Moro, Platón,
Shelley, Julio Verne, Darwin y Einstein. Si bien la ciencia ficción
se encuentra en el margen, la tradición de la que abreva es la más
importante de occidente; esto nos dice Trujillo.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Para Schaffler, la importancia está en la adaptación regional
del género. En el primer tomo escribe: “Esta ciencia ficción muy
propia de nosotros y difícilmente encontrable en la producción
comercial mundial, es lo que puede caracterizar y darle validez al
autor mexicano” (1991, I: 19). En el segundo tomo, vuelve al mismo
argumento y afirma que los escritores: “utilizan temas y aspectos
propios de nuestra cultura e historia” (1991, II: 9). Se trata de un
diálogo entre particularidad histórica y universalidad; la apropiación
creativa de un género foráneo. En este sentido, cabe decir, el género
de la ciencia ficción no se distingue de ningún otro en México ni
en Latinoamérica. La literatura que se ha escrito en nuestro país
ha tenido siempre en su origen una influencia extranjera. Antonio
Candido llama a este fenómeno una “relación de placenta”, de “país
nuevo”, y afirma que: “Una etapa fundamental en la superación de
la dependencia es la capacidad de producir obras de primer rango,
influidas, no por modelos extranjeros, sino por ejemplos nacionales
anteriores. Esto significa el establecimiento de una causalidad
interna, que hace incluso más fecundos los préstamos tomados a
otras culturas”. (2000: 346). Schaffler propone algo similar en su
antología: el inicio de una causalidad interna que le dé validez a la
ciencia ficción mexicana.
Además de esta causalidad interna que consolida el campo
literario nacional, la preocupación de Schaffler al destacar la unicidad
de la ciencia ficción mexicana responde a otro tema, presente en todas
las antologías: la relación del campo nacional con el internacional.
Los mercados anglosajón y europeo son desproporcionalmente
mayores al nuestro. De esta manera podemos hablar de lo que
Víctor Carrancá define como una doble marginación: “la primera, en
cuanto a su comparación inevitable con la ciencia ficción canónica,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

es decir, la estadounidense y europea; la segunda, que determina que
la producción literaria interna se encuentra supeditada a sistemas
clasificadores hegemónicos que priorizan otros temas que pueden
considerarse de ‘alta literatura’” (2020: 95). Desde el primer tomo
hay una clara conciencia de la desigualdad de capital y el intento
de Schaffler por obtenerlo; por ende, celebra que su nombre se
haya incluido como miembro activo de la Science Fiction Writers of
America.12 En el tercer tomo vuelve al tema, cuando celebra como “la
máxima exposición que nuestro movimiento ha recibido” (1994, III:
10), la inclusión de un artículo de Mauricio-José Schwartz publicado
en The Encyclopedia of Science Fiction de Inglaterra. Estos primeros
pasos de lo que Pascale Casanova llamó la República Mundial de
las Letras –un campo literario mundial regido por un marcador
temporal de las prácticas escriturales que se validan en el centro
(Meridiano de Greenwich literario), para ser después asimiladas en
las periferias– cobrarán una gran importancia en la última antología
de Libia Brenda. 13
En busca del antecedente canónico
La antología El futuro en llamas realiza un cambio en el
posicionamiento del género de la ciencia ficción al alinearlo con
12 Este hecho: “permite que la ciencia ficción de México esté ya presente
en el mundo y en el mercado más grande del planeta, como punta de lanza de
un movimiento que deberá consolidarse en los próximos años” (1991, I: 23).
13 Pascale Casanova escribe: “what might be called the Greenwich
meridian of literature makes it possible to estimate the relative aesthetic
distance from the center of the world of letters of all those who belong to it.
This aesthetic distance is also measured in temporal terms, since the prime
meridian determines the present of literary creation, which is to say modernity”
(2004: 88).

236

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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otros géneros y autores más canónicos. La introducción de Gabriel
Trujillo retoma el trabajo que ya había presentado en Más allá de lo
imaginado. Tenemos la mención de los primeros utopistas: Platón,
San Agustín, Luciano de Samosata y Tomás Moro. A ellos les siguen
“la ciencia renacentista” y “el enciclopedismo ilustrado” (1997: 7),
y una serie de nombres como Newton, Diderot, Voltaire, Jefferson
y Humboldt. Después de este recorrido universal, Trujillo llega a
México. “La ciencia ficción, hasta donde hoy lo sabemos, comienza
a practicarse desde 1773, cuando todavía éramos colonia española”
(1997: 10).
El primer autor mexicano es el fraile franciscano Manuel
Antonio de Rivas, cuyo texto relata un viaje a la luna. En el siglo
XIX destaca los nombres de Fernández de Lizardi, Pedro Castera
y Amado Nervo; de comienzos del XX: Julio Torri y Martín Luis
Guzmán; después a Juan José Arreola y Carlos Fuentes; por último,
de la Generación de Medio Siglo menciona a Salvador Elizondo,
José Agustín y José Emilio Pacheco. Ningún autor de esta lista
puede considerarse marginal. Son ellos quienes, en realidad, han
impuesto las figuras autorales consagradas y las modas literarias
de su momento. De hecho, es posible resumir este recorrido con
las siguientes escuelas: Costumbrismo, Modernismo, Ateneístas,
Escrituras de Vanguardia y Generación de Medio Siglo. El espacio
del margen, que había ocupado Schaffler, se viste con las vestimentas
del centro.
Al llegar al siglo XX Trujillo aborda el género de la ciencia
ficción sin aclarar si se refiere al mundo anglosajón o al mexicano.
Escribe, por ejemplo: “Al principio, para muchos lectores y críticos
literarios, la ciencia ficción no pasaba de ser una literatura cuasi
aventuresca, exclusiva para niños y adolescentes con intereses
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

científicos”. (1997: 9) A diferencia del mundo anglosajón, en el
campo literario mexicano la etiqueta de la literatura infantil y juvenil
no fue explotada sino hasta bien entrado el siglo XXI. Todavía en
la década de los noventa autores como Julio Verne y H.G. Wells
eran publicados en la misma colección de Sepan Cuantos (Porrúa)
junto con Dostoievski, Shakespeare y Flaubert. En los Estados
Unidos la ciencia ficción se difundió en la serie de revistas pulp, que
como su nombre indica, se publicaba en un papel de baja calidad.
Las publicaciones solían ir acompañadas de imágenes llamativas
y cumplían una demanda de un gran mercado naciente. Estas
publicaciones fueron atacadas como literatura comercial y barata,
pero en México no hubo revistas de pulp ni publicaciones de éxito
comercial de ciencia ficción.
Víctor Carrancá muestra en su investigación doctoral que
la génesis del género en el país se dio en la década de los sesenta
con la primera revista publicada en México, Crononauta, dirigida por
Alejandro Jodorowsky y René Rebetez. A pesar de su nulo éxito
comercial –publicaron solo dos números–, la revista tuvo una buena
estrategia de consolidación ya que sirvió de plataforma para la
creación del Club de Ciencia-Ficción, en el que había que enviar un
formulario y se recibía una credencial oficial del Club. Este hecho,
de acuerdo con Carrancá: “implica una manifestación literaria
de mayor complejidad, que comienza a instaurar los mercados e
instituciones del sistema” (2020: 60). Una vez desaparecida la revista,
la editorial Novaro siguió publicando a autores de ese Club en sus
diversas colecciones. La segunda gran revista del género fue Ciencia y
Desarrollo, financiada por el CONACYT. Esta revista publicaba sobre
todo artículos de divulgación científica. Podemos decir entonces
que la génesis de la ciencia ficción en México es muy distinta a la
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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del mundo anglosajón: allá la mayor fuerza se dio en el mercado
de lectores masivos, mientras que en nuestro caso el impulso lo
dieron las instituciones gubernamentales y personas aisladas en el
medio. De esta manera, Trujillo combina las tradiciones anglosajona
y mexicana (habla del Premio Puebla y de asociaciones de escritores)
para referir una tradición que fue en ocasiones relegada y en otras
promocionada por instituciones y escritores de gran valía.
De igual modo, Trujillo aborda de manera alternativa los
nombres de literatura fantástica y de ciencia ficción. Cuando el
género cae en una posición de subordinación o de género comercial,
Trujillo lo alza a la posición más fuerte y de mayor capital literario de
la literatura fantástica. Cuando el género aprovecha su marginalidad
para subvertir las formas convencionales, entonces retoma la posición
periférica de la ciencia ficción. De esta manera, al tratar el siglo XX
Schaffler lamenta que el género de mayor prestigio en México sea
el realismo histórico. “La ciencia ficción mexicana ha padecido…
una marginación parecida. Su discurso, a medio camino entre el
texto de divulgación científica y el relato fantástico de aventuras, no
parece tener cabida en los temas caros (y prestigiados) de la literatura
nacional” (20). Para contrarrestar esta idea, menciona a Borges, Bioy
Casares, Horacio Quiroga y Julio Cortázar como ejemplos de autores
que conjuntan un escritura experimental, lúdica y compleja en el
género de la fantasía. Esta misma escritura es la que suponemos en los
autores antologados por Trujillo. La lista que presenta a continuación
es de autores muy poco conocidos en su momento: René Rebetez,
Bernardo Ruiz, Mariano Martínez, Edmundo Domínguez Aragonés,
Federico Schaffler, Mauricio-José Schwarz y Arturo César Rojas. La
originalidad de estos autores de ciencia ficción depende de la distancia
con el género canónico del realismo histórico. Trujillo señala:
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

En buena medida, la marginalidad inherente a este género ha
contribuido a que sus autores ejerzan una mayor libertad creadora.
Al no estar sujetos a las modas literarias y a las mitologías
predominantes de la literatura nacional, los escritores de ciencia
ficción se han permitido cometer sus propios errores y aciertos
sin temor al ridículo y al ostracismo (1997: 27).

La mención de “ridículo” y “ostracismo” va ligada a su
posición de marginación en el campo: no tienen el poder de decidir
aquello que es estético ni literario; sus obras pueden entenderse, por
lo mismo, como ingenuas y hasta ridículas. Cuentan, eso sí, con la
tradición de la literatura fantástica (Borges, Cortázar) que Trujillo
ensalza. Y también con esta antología que es una toma de posición
para que las cosas cambien.
En suma, Trujillo enfrenta la doble marginación que vimos
en el apartado anterior construyendo un argumento en el que la
generación de autores jóvenes que practican la ciencia ficción se
integra de manera natural a la tradición humanista occidental, y al
canon literario del país (aunque este canon a veces no los reconozca),
además de continuar la tradición de la literatura fantástica de autores
del cono Sur. Estos escritores son renovadores y experimentales
porque pueden ocupar y dejar a conveniencia su marginalidad.
La dejan para consolidar su tradición y la ocupan para definir su
originalidad subversiva e irrespetuosa. Eventualmente, el objetivo
es convertirse en centro; prueba de ello es que el escritor con el que
termina la introducción es nada menos y nada más que Juan Rulfo,
“otro vidente del árido corazón del México contemporáneo” (1997:
28). Se requiere de un tour de force para concluir una antología de
ciencia ficción con Rulfo, pero vale la pena el esfuerzo si los textos
que forman parte del libro se leen en diálogo con lo que Rulfo
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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representa: el canon de la literatura mexicana. Por si había alguna
duda sobre la intención del antologador, este nos recuerda que el
título del libro El futuro en llamas establece una relación intertextual
con El Llano en llamas.14
La mexicanización de la ciencia ficción
Al igual que con Trujillo, Miguel Ángel Fernández inicia con la
búsqueda del antecedente canónico; entre más remoto mejor: el fraile
ilustrado Manuel Antonio de Rivas que escribió en el siglo XVIII
un viaje a la luna. A diferencia de Trujillo, Fernández desarrolla la
creación institucional de la ciencia ficción en México. Su trabajo nos
aporta una radiografía muy interesante del campo literario mexicano
de esa época. Vemos que, después de las revistas de Crononauta y
Ciencia y Desarrollo, surge en 1984 el premio Puebla de “Cuento de
Ciencia Ficción”. A falta de un gran público consumidor, de nueva
cuenta el Estado –en específico el Consejo Estatal de Ciencia y
Tecnología de Puebla dirigido por Celine Armenta– interviene
para impulsar la producción y el consumo literario.15 El mismo
procedimiento se llevó cabo –por medio del Instituto Nacional de
14 Es tan sorprendente el tour de force que el mismo Trujillo escribió en
la primera antología de ciencia ficción que este género no era reconocido en
México porque: “El panorama de la literatura nacional, que entonces oscilaba
entre el relato rural a lo Juan Rulfo y a la cosmovisión urbana a lo Carlos
Fuentes” (1997: 12).
15 Víctor Carrancá, al respecto, observa: “En el caso del Premio Puebla, al
ser un factor de prestigio entregado inicialmente por quienes conformaban ese
incipiente movimiento de consumidores/productores de CF, la jerarquización
de productores tenía un doble juego, ya que no solo ayudaba al grado
de consagración entre quienes lo recibían, sino que sacó a la CF de las
publicaciones especializadas para darla a conocer a un público más amplio”
(2020: 71).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

Bellas Artes– para promover la creación del ensayo, la novela y el
cuento. Pero el hecho de que surja un premio con una temática tan
precisa indica la importancia que se le dio en su momento a la ciencia
ficción. Y el concurso “Puebla” tuvo éxito. Fernández enumera una
gran cantidad de revistas, fanzines, publicaciones y asociaciones que
surgieron a la postre del premio (entre ellas quizá la más importante
es la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía). Esta parte
histórica, concluye con un ataque a la crítica mexicana: “la poca
difusión que la CF mexicana tuvo desde sus inicios, o algún otro
propósito, ha ocasionado que algunos críticos literarios mexicanos
sostengan que la CF mexicana no existe, que está en decadencia,
o que es tan mala que más vale no tomarla en cuenta” (2001: 14).
Fernández no refiere un solo nombre de estos críticos; entonces,
podemos entender su frase más como una estrategia que como un
argumento preciso. Los críticos, como sabemos, son instancias de
consagración y el objetivo de Fernández es llamar la atención para
aumentar el capital literario de la ciencia ficción con las figuras que
podrían lograrlo. Se trata de una falta que, al enunciarla, busca una
reparación.
Esta misma idea se refuerza en el apartado siguiente donde
se expresa de manera más palpable el objetivo de la antología:
Visiones periféricas nace de un doble intento de reivindicación de la
comúnmente ignorada o, en el mejor de los casos, menospreciada
CF escrita en México. Por un lado, pretende ser una especie de
“visión de los vencidos”, sin tratar de significar la crónica de una derrota,
sino el entuerto de una conquista, recogiendo la voz y los relatos de
quienes eran considerados incapaces de escribir con ideas originales
y posturas propia sus reacciones y extrapolaciones acerca de lo que
sucedería o podría suceder en una época de cambios vertiginosos,

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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siendo capaces de ofrecerlo con calidad a su país y al mundo entero,
sin ser guiados por el malinchismo que podría suponerse en los
cultivadores de una corriente literaria que vino de fuera, pero que
siempre han demostrado que al escribir, como se verá después, lo
hacen desde dentro (del corazón). (2001: 14)

Entendemos que la primera parte de la cita refiere a la condena
que se le hizo a la ciencia ficción por sus orígenes comerciales. A
pesar de que, como vimos con Trujillo, México no tuvo esta tradición
(las revistas de pulp y la literatura juvenil o infantil), los autores de
la ciencia ficción se reclaman herederos de ella. De ahí que cargan
también con el estigma que podríamos ejemplificar con la dicotomía
entre el autor autónomo y el heterónomo; Bourdieu observa que el
primero escribe una obra sin importarle otro beneficio que no sea
el literario, mientras que el segundo busca y se granjea un capital
económico, además del político.16 Un claro ejemplo del primero
sería en la literatura francesa, Baudelaire, y del segundo, Balzac. Los
autores de la ciencia ficción tienen un evidente origen heterónomo,
por su vocación al mercado, al conseguirse ganancias económicas. A
pesar de que en México no hubo autores heterónomos –no tuvieron
ganancias económicas–, estos escritores asumen este papel porque
su posición marginal se explica con los ataques de la “gran cultura”
(Schaffler), de los “géneros mayores” (Trujillo). El margen se vuelve
16 “Por muy liberados que puedan estar de las imposiciones y de las
exigencias externas –señala Bourdieu–, están sometidos a la necesidad de los
campos englobantes, la del beneficio, económico o político. De ello resulta
que son, en cada momento, la sede de una lucha entre los dos principios de
jerarquización, el principio heterónomo, propicio para quienes dominan el
campo económica y políticamente (por ejemplo, el ‘arte burgués’), y el principio
autónomo (por ejemplo, el ‘arte por el arte’), que impulsa a sus defensores más
radicales a convertir el fracaso temporal en un signo de elección y el éxito en
un signo de compromiso con el mundo” (1998: 321).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

de nueva cuenta importante porque se presenta como un espacio de
creación más libre. Fernández continúa el argumento de Schaffler:
apoya la originalidad de la ciencia ficción mexicana gracias a su
apropiación regional.
El índice de la antología nos lleva por un recorrido crítico muy
sugerente. La primera parte lleva como título “Nuevos mundos para
una literatura maravillosa”, y aborda la manera en que las invenciones
tecnológicas afectan la vida cotidiana; la segunda se centra en la
Guerra Fría y la tercera lleva como título: “El localismo de la ciencia
ficción”. Al respecto, Fernández escribe: “Cuatro relatos en los que
se logran colocar satisfactoriamente las premisas de a CF dentro de
problemáticas del presente, el pasado o el porvenir mexicanos” (2001:
16). Cuando revisamos este último apartado, nos encontramos con el
cuento de Héctor Chavarría “De cómo el Roñas y su mamá salvaron
al mundo”. Es un cuento, en particular, ocurrente: narra la llegada
de un OVNI a Tepito. El artefacto es deshuesado y vendido en el
mercado negro. Los extraterrestres huyen de nuestro planeta y lo
califican nocivo en extremo. El cuento de Roberto López Moreno
“El secreto” utiliza la cuenta larga maya para asignar las fechas de
la historia, mientras que el de Arturo César Rojas desarrolla un
espacio azteca futurista: la Pirámide de Guadalupetonantzin. En la
última sección, el cuento de Pepe Rojo “Conversaciones con Yoni
Rey” es muy original por la recreación de la oralidad del talk show. Los
autores recrean en el primer y cuarto cuentos el lenguaje coloquial y la
oralidad mexicana en un ambiente popular. Mientras que en los otros
dos se combina el mundo prehispánico con el futuro. En todos los
casos tenemos espacio, lenguaje y trama nacionales o de color local.
Estos elementos, en conjunto, son para Fernández la prueba de que
el género ha sido asimilado en México y que sus autores han dejado
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de ser epígonos de sus contrapartes anglosajonas. En este mismo
sentido es revelador analizar la portada del libro, en la que destacan
dos imágenes: una diosa prehispánica –que alude a la Coatlicue– con
una mujer voluptuosa en un traje especial en sus palmas abiertas.
Tenemos a la diosa, representante de lo mexicano, y a la mujer de la
ciencia ficción conviviendo en un talante armónico, casi divino.
Al final de la introducción, Fernández utilizará una vez más
el leitmotiv del desprecio de la crítica mexicana –sin mencionar
nombres– y ahora se agrega el malinchismo. Afirma que los
autores antologados por él han sido reconocidos en el extranjero y
despreciados en México: “no obstante la calidad de sus trabajos y el
haber obtenido reconocimientos nacionales e internacionales, siendo
considerados como periféricos aun dentro del a periferia” (2001: 15).
Esta postura es normal en un país marginal que recibe su capital, su
prestigio, del centro (Europa y Estados Unidos). Y adquiere mayor
significado en Fernández porque los autores mexicanos de ciencia
ficción han logrado vencer la relación de subordinación que existía
con el mundo anglosajón. Invitaría entonces a los críticos a hacer lo
mismo.
El margen que excluye
Las antologías de ciencia ficción lograron el reconocimiento
de la crítica y la adquisición, por ende, de mayor capital literario.
Carrancá afirma que en la década de los noventa: “La CF dejó de
ser considerada un subgénero, un repertorio popular o un simple
tópico narrativo sobre futuros distópicos o viajes interplanetarios,
para conformarse como una red articulada de relaciones entre
productores, consumidores, instituciones y mercados” (2020: 87DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

88). Es muy significativo que tuvieran que transcurrir dos décadas
para que una nueva antología reparara otro problema: la ausencia
de escritoras. En el primer tomo de Más allá de lo imaginado hay once
escritores y dos escritoras; en el segundo tomo son trece escritores.
En el libro de Trujillo no hay una sola escritora entre los dieciocho
antologados. En la de Fernández tenemos a una escritora entre
los veintidós antologados. En estos casos la respuesta suele ser:
no había autoras, aunque el propio Fernández desmiente el aserto
al escribir en su introducción: “A principios del siglo XX también
irían apareciendo las primeras autoras de CF mexicana” (2001:
48); menciona a María Elvira Bermúdez; habría que agregar –de
acuerdo con Fernández y Carrancá– a Marcela del Río, Gabriela
Rábago Palafox, Olga Fresnillo y Manú Dornbierer (esta última sí
fue antologada). El problema, en consecuencia, es otro y tiene que
ver con un asunto más sencillo y grave: la marginalización de las
escritoras por el solo hecho de ser mujeres. Un género como el de
la ciencia ficción, que luchó por ser reconocido, reprodujo la misma
exclusión de la que fue víctima.17
De ahí la importancia de la antología Una realidad más amplia:
Historias desde la periferia bicultural, publicada en 2018, cuyo trabajo
editorial estuvo a cargo de Libia Brenda Castro. La antología
incluye a ocho escritoras de trece en total. Brenda no presenta
una teoría de género ni desarrolla una historia del campo literario
mexicano desde una postura feminista. Se posiciona, en cambio,
17 La portada de la antología Visiones periféricas adquiere así una nueva
significación problemática, ya que representa a las mujeres como objetos
sexuales y diosas prehispánicas. Las mujeres no tienen voz, no son autoras,
son solamente objetos de admiración y veneración.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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en la periferia bicultural y aprovecha con ello dos temáticas que
fueron claves para los antologadores previos: el canon y el margen,
lo extranjero y lo local.
La introducción de Brenda está escrita con un estilo coloquial
y con una temática personal. El criterio de selección de las autoras
parece haber sido la cercanía que estas tenían con la antologadora,
además de su disposición a publicar.18 “Todo empezó con unos
mensajes privados y unos correos que decían: ‘¿Y si hacemos un
libro con nuestros cuentos?’” (2018: 6). Es posible que la periferia del
título se refiera al género de la ciencia ficción, pero es más probable
que se trate del lugar de escritura. Este lugar ya no es solo México;
al agregar el adjetivo “bicultural” nos enfrentamos al México de
la frontera y al México relacionado con los Estados Unidos. Cabe
destacar que el libro se publicó originalmente en inglés, además de
incluir a escritoras mexicanas y mexicoamericanas. En lugar de una
lógica antagónica o subordinada, la antologadora aprovechó la fuerza
del mercado anglosajón para establecer un puente que empoderara
también a México. En esta apuesta fue clave la acción del tejano
John Picacio, y su organización Mexicanx Initiative. Ambos, Picacio
y Brenda proponen una poética del “diálogo bicultural, internacional
y, sobre todo, amistoso” (7), aunque no la desarrollen ni la expliquen
con mayor detalle.
18 Al respecto, Carrancá escribe: “la labor de grupos y círculos como el
Cúmulo de Tesla, que integran a plumas feministas como Libia Brenda Castro
o Gabriela Damián, no solo impulsan el trabajo de autoras canónicas y foráneas
como Ursula K. Le Guin, sino que también han creado espacios de divulgación
y fortalecimiento para escritoras mexicanas. La agrupación de autoras
consagradas y emergentes tales como Iliana Vargas, Lola Ancira, Atenea Cruz
o Andrea Chapela, además de contribuir al pensamiento feminista, fortalecen
la crítica de la ciencia ficción mexicana en su conjunto” (2020: 159-160).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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La única escritora mencionada en la introducción es la
estadounidense Ursula K. Le Guin. Recordemos que Trujillo le da una
gran importancia a Juan Rulfo, mientras que Schaffler y Fernández
a la apropiación nacional del género. Con su antología, Brenda entra
de lleno a la República Mundial de las Letras. Sus autoras son en
algunos casos binacionales y sus cuentos se publicaron en inglés y
en español; su apuesta conceptual es de rebeldía y resistencia ante
los peligros del mercado y de la literatura comercial. Para luchar
contra esta última, retoma la frase de Le Guin sobre la necesidad
de escritoras “realistas de una realidad más amplia” (7). A diferencia
de un realismo incapaz de trascender su entorno, la ciencia ficción
nos permite recrear mundos que revelen opciones y soluciones
a la catástrofe ecológica y humanitaria. Se busca una literatura
entretenida sin ser superficial; una literatura contemporánea que no
caiga en las temáticas de moda.
En cuanto a los problemas del mercado, Brenda anuncia en
su introducción que su antología: “no se vende, el ebook se va a
liberar en septiembre y se podrá leer de manera gratuita en todo el
mundo, no está pensado para perseguir una ganancia ni para que
a nadie se le considere importante o con más valor que alguien
más” (2018: 7). Si bien la manera de publicación en versión digital
y accesible (Creative Commons) es revolucionaria, es erróneo asumir
que al no recibir capital económico tampoco recibirá capital cultural,
es decir, que los ahí antologados no se sentirán “importantes”, más
o menos “valiosos”. Bourdieu sugiere, incluso, que es justamente
lo contrario: negar el interés económico es una buena estrategia –
en muchos casos la mejor– para obtener capital literario. Bourdieu
define esto como “acto puro”: mostrar un desinterés en lo
248

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

económico para obtener, en cambio, un mayor capital cultural.19
Como hemos visto en este artículo, las antologías son una instancia
legitimadora sumamente importante, donde la inclusión o exclusión
cambian de manera significativa la posición del autor y un género
en el campo literario. Una antología como Una realidad más amplia
es, en ese sentido, idéntica a las precedentes. Salvo que ahora utiliza
el internet20 para su mayor difusión y la estrategia de “acto puro”.
Prueba del éxito de la apuesta de Brenda es que fue la primera mujer
mexicana en ser nominada a un Premio Hugo en el mismo año en
que se publicó la antología Una realidad más amplia: Historias desde la
periferia cultural.
Las antologías en la ciencia ficción
La primera antología de ciencia ficción en México se publicó en
1991 y la última hace cinco años. Durante este tiempo el género
modificó su posición marginal por otra central en un nuevo
campo literario mexicano que, a diferencia del siglo pasado, ya
no es cósmico, sino cuántico.21 Es decir, ya no cuenta con un
19 Bourdieu señaka: “La ruptura herética con las tradiciones artísticas
vigentes encuentra su criterio de autenticidad en el desinterés. Ello no significa
que no haya una lógica económica de esta economía carismática basada en una
especie de milagro social que es el acto puro de cualquier otra determinación
que no sea el propósito estético” (1998: 320).
20 El uso del Internet para difundir la obra de autores de ciencia ficción
inició en 1999 con la creación de la página La langosta se ha posado 2.0 que
dirigía Gerardo Horacio Porcayo. Desde 2009, la página se convirtió en el blog
La langosta se ha posteado.
21 Carrancá observa: “la CF incorpora fenómenos culturales muy variados
y, por ende, debe replantearse la aproximación crítica hacia ella. No podemos
seguir analizándola en términos de textos canónicos y periféricos, defendiendo
si ciertas obras pueden o no pertenecer a la alta literatura de un país, a lo
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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

solo centro, sino con varios. Las escuelas que mencionamos
con Trujillo (Costumbristas, Ateneístas, Medio Siglo), apuestas
ganadas en la lucha por la consolidación, se multiplican en la
actualidad. Tenemos un campo con varios centros y un cambio
significativo en las instancias de consagración. Donde antes
estaba la crítica, las editoriales, las antologías, los grupos y
escritores consolidados, ahora tenemos, sobre todo, al mercado.
Si la intromisión de un capital en otro es fuerte la frontera entre
los campos se desvanece, lo que Bourdieu llamó el “grado de
autonomía”.22 El que antes era un campo autónomo se convierte
en un satélite del que ahora lo domina. ¿Es esto lo que vivimos
ahora en México (y posiblemente el mundo) con el campo
económico dominando al literario?
Podemos afirmar que las antologías de la ciencia ficción en
México cuestionaron y acompañaron este cambio. En su búsqueda
por salir del margen cuestionaron la importancia y el valor del
centro y propusieron un nuevo modelo. Schaffler fue el primero
que ocupó el margen, y lo hizo desde una colección editorial que
cuestionaba el centro hegemónico del país: Tierra Adentro. Su
popular o a lo culto... Ese discurso ya se ha agotado. Como plantea EvenZohar, al encontrarnos ante un sistema dinámico, encontramos muchos centros
y periferias que se complementan entre sí, fortaleciendo y renovando sus
repertorios por las actividades que surgen en torno a sus componentes” (2020:
425).
22 De acuerdo con Bourdieu: “El grado de autonomía de un campo
de producción cultural se manifiesta en el grado en que el principio
de jerarquización externa está subordinado dentro de él al principio de
jerarquización interna: cuanto mayor es la autonomía, más favorable es la
relación de fuerzas simbólica para los productores más independientes de la
demanda y más tiende a quedar marcada la división entre los dos polos del
campo” (1998: 322)  

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

movimiento inicial marcó el recorrido posterior en al menos dos
sentidos: 1) la particularidad regional del género de la ciencia ficción
y el diálogo con el extranjero, en específico el mercado anglosajón.
Trujillo, por su parte, fue muy consciente del papel de la tradición y
la necesidad de que la ciencia ficción se integrara de manera orgánica
en ella. El futuro en llamas era la continuación de El Llano en llamas.
En el caso de Fernández tuvimos el recuento de la creación literaria
acompañada de las instituciones estatales, que se concretó en una
ciencia ficción adaptada a los intereses e idiosincrasia regional. El
apoyo gubernamental (el premio Puebla) fue clave para encender la
flama que se extendió después en un fuego de autores, asociaciones
y editoriales –no tanto lectores– de la ciencia ficción. Por último,
en un campo que niega su propio capital tenemos, por un lado, la
diversidad de centros y, por el otro, la ausencia de una jerarquización
propia. Brenda afirma que su libro “no está pensado… para que a
nadie se le considere importante o con más valor que a alguien más”
(2018: 7). No es el campo literario quien decide ya sobre su propia
tradición, el que asigna sus jerarquías; son las editoriales comerciales
con sus premios las que dan ahora el capital económico y, por
defecto, el literario. Brenda se opone a esta dinámica sin encontrar
el aparato crítico que la respalde. Cuenta por ahora con el discurso
de entrega del premio del National Book Award a Ursula K. Le Guin,
y con una práctica editorial y de antologadora que se presenta como
espontánea y alternativa.23
23 El premio se entregó en 2014. Brenda incluye el enlace del video en
su Prólogo; en éste, la escritora estadounidense rechaza la jerarquía entre
los supuestos géneros menores de la ciencia ficción y el género mayor del
realismo, además de criticar la pérdida de autonomía del campo literario que
se ha supeditado cada vez más al campo económico.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Alejandro Ramírez Lámbarry / La ciencia ficción mexicana

Obras citadas
Bourdieu, Pierre. Les règles de l’art. Genèse et structure du champ littéraire.
París: Éditions du Seuil, 1998.
Bourdieu, Pierre. Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona:
Anagrama, 1999.
Brenda, Libia (ed). Una realidad más amplia. Historias desde la periferia
bicultural. México:
Cúmulo de Tesla, 2018.
Candido, Antonio. “Literatura y subdesarrollo”.Top of
Latina en su literatura. Fernández,

Form

América

Moreno C. (editor) México, D.F. Siglo Veintiuno Editores, 2000.
Carrancá de la Mora, Víctor Roberto. Ciencia ficción mexicana: modelos,
repertorios y
dimensiones discursivo-simbólicas. Tesis Doctorado. Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla, octubre 2020.
Casanova, Pascale. The World Republic of Letters. Cambridge, Mass:
Harvard UP, 2004.
Fernández Delgado, Miguel Ángel (comp). Visiones periféricas.
Antología de la ciencia ficción
mexicana. México: Grupo Editorial Lumen, 2001.
Le Guin, Ursula. Discurso de entrega del 65th National Book
Award. 19 de noviembre 2014.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Internet
Sánchez Prado, Ignacio. Strategic Occidentalism. On Mexican Fiction, the
Neoliberal Book
Market, and the Question of World Literature. Illinois: Northwestern
University Press, 2018.
Sarlo, Beatriz. Borges, un escritor en las orillas. Barcelona: Seix Barral,
2003.
Schaffler, Federico (comp). Más allá de lo imaginado I. México: Fondo
Editorial Tierra Adentro, 1991.
Schaffer, Federico (comp.). Más allá de lo imaginado II. México: Fondo
Editorial Tierra Adentro, 1991.
Schaffer, Federico (comp.). Más allá de lo imaginado III. México:
Fondo Editorial Tierra Adentro, 1994.
Trujillo Muñoz, Gabriel (comp). El futuro en llamas. México: Grupo
Editorial Vi

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-51

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�Dosier
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Cuando se finge que es ficción: aproximación
deíctica a La piel del vigilante de Raúl Quinto, un
caso de poesía especulativa
When the fact is fiction: a deictic approach to
La piel del vigilante by Raúl Quinto, a case of
speculative poetry
Gustavo Osorio de Ita
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Puebla, México
Orcid: 0000-0002-0975-0030
gustavo.osoriodeita@correo.buap.mx

Fecha de entrega: 13-12-2022 / Fecha de aceptación: 21-02-2023
Resumen: Si bien la poesía ha sido tradicionalmente uno de los géneros
que más complejiza y tensa la relación entre lo fictivo y lo empíricosituacional, existe un subgénero de ésta, denominado poesía especulativa,
la cual es definida por Suzette Haden Elgin como aquella poesía que
da tratamiento a una realidad que es, de cierta manera, distinta de la
realidad existente, es decir, una especificidad del género lírico que se
sustenta no en lo real-empírico, sino en un constructo de ya ficticio. En
este tipo de poesía, que podría aproximarse tanto a la literatura fantástica
como a la de ciencia ficción, sostengo existe una constitución discursiva
y pragmática particular de lo lírico que bien puede ser abordada desde
el reconocimiento analítico de la deixis poética la cual, formalmente,

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�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

implica un mecanismo discursivo que tiende a posicionar al sujeto lírico
(y por consiguiente al sujeto lector) en un espacio-tiempo imposibles
más verosímiles o en todo caso construidos desde la idea de un “campo
vivencial” (Kate Hamburger) que es a priori falso mas cohesivo; lo anterior
resulta en un mecanismo que, a mi parecer, se torna un discurso lírico
que se sostiene en ese “fingir que es ficción”, reformulando la célebre
sentencia de “Autopsicografía” de Fernando Pessoa. A fin de corroborar
esta hipótesis de trabajo y reconocer dónde y cómo se construye ese “fingir
lo que es ficción”, me detendré en el poemario titulado La piel del vigilante
(Premio Andalucía de Poesía Joven 2014) del poeta español Raúl Quinto,
poemario circunscrito al universo paralelo y distópico creado por Alan
Moore en la serie de novelas gráficas Watchmen (1986), en donde mostraré
cómo se construye una poesía especulativa desde el posicionamiento del
sujeto y la recuperación de espacios y tiempos a partir de la narrativa de
Moore, pero también cómo el poema plantea un desprendimiento de lo
empírico apuntalando una configuración deíctica autónoma; un universo
autosustentable e inverosímil en relación con el contexto real-empírico
pero que, ultimadamente, deviene un constructo autónomo y un caso
prototípico de aquello que se ha denominado, desde la crítica literaria
reciente, poesía especulativa.
Palabras clave: poesía especulativa, poesía de ciencia ficción, pragmática
poética
Abstrac. Although poetry has traditionally been one of the genres that
makes the relationship between the fictional and the empirical-situational
more complex and tense, there is a subgenre of it, called speculative
poetry, which is defined by Suzette Haden Elgin as poetry that gives
treatment of a reality that is, in a certain way, different from the existing
reality, that is, a specificity of the lyrical genre that is based not on the realempirical, but on a construct of already fictitious. In this type of poetry,
which could come close to both fantastic literature and science fiction, I
maintain that there is a particular discursive and pragmatic constitution
of the lyrical that can well be approached from the analytical recognition
of the poetic deixis which, formally, implies a discursive mechanism that
tends to position the lyrical subject (and therefore the reading subject) in
a more plausible impossible space-time or in any case built from the idea
of an “experiential field” (Kate Hamburger) that is a priori false, however
cohesive; the foregoing results in a mechanism that, in my opinion,
becomes a lyrical discourse that is sustained in that “pretend it is fiction”,

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reformulating the famous sentence of “Autopsychography” by Fernando
Pessoa. In order to corroborate this working hypothesis and recognize
where and how this “pretend what is fiction” is built, I will dwell on the
collection of poems entitled La piel del vigilante (Andalucía Youth Poetry
Award 2014) by the Spanish poet Raúl Quinto, a circumscribed collection
of poems to the parallel and dystopian universe created by Alan Moore
in the Watchmen series of graphic novels (1986), where I will show how
a speculative poetry is built from the positioning of the subject and the
recovery of spaces and times from Moore’s narrative, but also how the
poem poses a detachment from the empirical propping up an autonomous
deictic configuration; a self-sustaining and improbable universe in
relation to the real-empirical context but which, ultimately, becomes an
autonomous construct and a prototypical case of what has been called,
from recent literary criticism, speculative poetry.
Keywords: speculative poetry, scifi poetry, poetic pragmatics

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

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�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

En el Brazo de Orión, en un sistema solar conformado por ocho
planetas, un planeta enano, centenares de miles de cuerpos menores
entre el Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort, asediado por
asteroides centauros y troyanos, circundado por la geocorona y la
línea de Kármán yace un planeta donde se escribe poesía.
Y la poesía es ficción. Muy a pesar del vínculo tan caro
para el Romanticismo, el cual establecía que aquel que escribe y
quien se hace presente en los poemas coinciden plenamente, yo
sostengo que el yo lírico es una construcción, es decir, que aquel
vínculo entre el sujeto empírico que redacta unas líneas sobre una
pulpa de celulosa o en una pantalla compuesta por miles de pixeles,
ya sea con tintas de pigmentos vegetales o minerales o a través de
un código activado por un teclado como el que ahora se encuentra
siendo impulsado por mis dedos, que entre eso que se escribe y
aquél que ahí deja algo escrito se encuentra una distancia mediada
por la composición, la selección, la invención: el sujeto lírico es
un invento y es fictivo.
Tomemos esto por cierto, que la poesía es ficción1. ¿Qué
ocurriría entonces con una ficción que acepta su circunstancia
fenomenológica y ontológica de serlo? ¿Qué hay con aquella poesía
que finge que es ficción –retomando y reformulando la célebre
“Autopsicografía” de Fernando Pessoa?– ¿Qué con la poesía
1 Hay múltiples discusiones al respecto, las cuales van de la poesía
automática a la autoficción, pasando por la idea de la disolución del “yo” en
la vanguardia y la recuperación del “yo” empírico en la poesía testimonial, las
cuales retoman incluso aportes con miles de años de antigüedad, como es la
misma Poética de Aristóteles. Sin embargo, no considero aquí sea oportuno
retomar u abonar dichas discusiones puesto que no es el eje central de este
trabajo de investigación y, de cualquier manera, considero que la propuesta de
análisis deíctico podrá arrojar, tangencialmente, cierta luz sobre esta idea del
sujeto lírico como una composición y, ergo, como un sujeto fictivo.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

especulativa o de ciencia ficción? Aquí divisamos un punto. Aquí
nos aproximamos.
I. ¿Poesía especulativa?
Habrá que comenzar por acercar el ojo a la lente, por detenerse
en un solo objeto, hipotetizar sobre su distancia, sobre su forma
sobre sus características; como si ocupáramos el telescopio espacial
Hubble –orbitando a cientos de kilómetros en la estratósfera–, así
nos acercamos al fenómeno mismo, explorando el espacio de la
poesía especulativa. Es, por principio, un objeto que “parece poema”
y que gravita en torno a la masa de otro objeto mayor –enorme– que
es el de la tradición lírica; es, por consiguiente, otro tipo de poesía,
salvo una que, a diferencia de lo que comúnmente se da en llamar “la
Poesía”, tiende a aceptar declarativamente su circunstancia ficticia.
Es a partir de este reconocimiento que la poesía especulativa, a
mi parecer, construye una relación específica entre lo fictivo y lo
empírico-situacional, una especulación.
De acuerdo a Suzette Haden Elgin, una de las escritoras
más reconocidas en el panorama anglófono de la poesía de ciencia
ficción2, este género se remite a aquella poesía que da tratamiento a
una realidad que es, de cierta manera, distinta de la realidad existente,
es decir, una especificidad del género lírico que se sustenta no en lo
2 Si bien existe un amplio debate sobre la nomenclatura de este tipo de
poesía –dando cabida a “poesía sci-fi”, “poesía fictocientítica”, “poesía de
ciencia ficción” o “poesía especulativa”– por el momento no entraremos
en tal debate. He preferido retomar el concepto de “poesía especulativa” ya
que, discursivamente, el adjetivo “especulativo” advierte la configuración o
propuesta misma de este tipo de poema, es decir, que lo que se puede notar a
partir de una aproximación deíctica a este tipo de poesía es que se especula con
la subjetividad, el tiempo y el espacio hacia la constitución de mundos posibles
en y a través de los poemas.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

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�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

real-empírico, sino en un constructo de ya ficticio (1975: 77). En este
sentido, coincide con la definición de Kingsley Amis, para quien:
[La] ciencia ficción es aquella forma de narrativa que versa sobre
situaciones que no podrían darse en el mundo que conocemos,
pero cuya existencia se funda en cualquier innovación, de origen
humano o extraterrestre, planteada en el terreno de la ciencia o
de la técnica, o incluso en el de la pseudociencia o pseudotécnica.
[...] Muchas historias están basadas o incidentalmente implicadas
en dimensiones plausibles o en el desarrollo de una teoría o una
técnica ya existente (1966: 14-15).

O también, en el sentido de una realidad existente ajena, se
aproxima al crítico Darko Suvin, quien en el libro Metamorphose of
Science Fiction: On the Poetics and History of a Literary Genre sostiene:
Science fiction is literature of cognitive estrangement [...] a literary
genre whose necessary and sufficient conditions are the presence
and interaction of estrangement and cognition, and whose main
formal device is an imaginative framework alternative to the
author’s empirical environment (2016: 8-9).

Además, Suvin acuñará en la misma obra el término de
novum para referirse a un constructo donde se hace manifiesto
algo tanto nuevo como extraño, pero el cual tiende a mantener un
margen alto de probabilidad en su ocurrencia; es decir, se trataría de
algo que puede pasar por verosímil, que se ostenta como factible y
posible, pero que no por ello deja de extrañar3. En este sentido, el
3 Aquí, por supuesto, se podría vincular la propuesta de Suvin con
las ideas formalistas rusas del ostranenie, partiendo de la idea de un doble
extrañamiento (o quizás un extrañamiento paralelo por vías distintas) como
componencial de la literatura especulativa. Sin embargo, puesto que desborda
mis objetivos de investigación, dejo esto para el futuro.

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

croata coincide con varios otros autores, para quienes la idea de lo
“especulativo” recae en ese constructo subjetivo, espacial y temporal
que raya en las posibilidades, en lo probable, en lo “quizás-futuro”
–de cierta manera en ese novum–. Por ejemplo, Judith Merril, quien
antologase durante más de una década a mediados del siglo XX la
célebre serie The Year’s Greatest Science Fiction and Fantasy, apuntaba la
siguiente definición en torno a la “ficción especulativa”:
Speculative fiction: stories whose objective is to explore, to
discover, to learn, by means of projection, extrapolation,
analogue, hypothesis-and-paper-experimentation, something
about the nature of the universe, of man, or ‘reality’ ... I use
the term ‘speculative fiction’ here specifically to describe the
mode which makes use of the traditional ‘scientific method’
(observation, hypothesis, experiment) to examine some postulated
approximation of reality, by introducing a given set of changes
– imaginary or inventive – into the common background of
‘known facts’, creating an environment in which the responses
and perceptions of the characters will reveal something about the
inventions, the characters, or both. (1957: 7-8)

Consiguientemente, la especulación –o más precisamente
“lo especulativo”– para Merril tiene que ver con una suerte de
propuesta metodológica, con un acercamiento a la idea del método
científico que permite una aproximación distinta a la realidad. Esto
también se puede ver reiterado en la propuesta de Robert Scholes,
quien, en torno al concepto que acuña como “structural fabulation”,
señala:
[…] the tradition of speculative fiction is modified by an awareness
of the universe as a system of systems, a structure of structures,
and the insights of the past century of science are accepted as
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

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�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

fictional points of departure. Yet structural fabulation is neither
scientific in its methods nor a substitute for actual science. It is a
fictional exploration of human situations made perceptible by the
implications of recent science. Its favourite themes involve the
impact of developments or revelations derived from the human
or physical sciences upon the people who must live with those
revelations or developments. (1995: 311)

Yo así quisiera aproximarme al concepto: entender la “poesía
especulativa” como una exploración fictiva de las situaciones
humanas, con parámetros de control, afincada en las ciencias y
temas preexistentes (sin ser la exploración misma sustituto para
la ciencia o el tema, sino aventura inventiva); una poesía donde
se ficcionaliza declarativamente desde la ficción misma, donde,
a partir de cambios propuestos por la imaginación o la inventiva
–procedimientos fictivos– se pueda crear un “environment”; un
ambiente, una dimensión, una realidad. ¿Y cómo se construye una
realidad? Con un alguien, un tiempo y un espacio.
Los tres elementos antes mencionados forman parte de la
idea básica de la deixis, aquel procedimiento de demostración ya
referido por Aristóteles que, concretizado en palabras, señala y
demarca a “alguien” en un espacio y tiempo concretos. Si la poesía
especulativa –de acuerdo a las diversas definiciones y críticas
existentes tales como las que aquí he recuperado– busca construir
una realidad divergente pero a partir de aquella empírica en la que
existe el autor, considero que la deixis puede arrojar cierta luz en el
análisis de un caso concreto de la poesía especular el cual, en esta
ocasión, he elegido sea el poemario La piel del vigilante (DVD, 2014)
del autor español Raúl Quinto (Premio Andalucía de Poesía Joven
2014), poemario circunscrito al universo paralelo y distópico creado
por Alan Moore en la serie de novelas gráficas Watchmen (1986).
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En otras palabras, mi hipótesis es que, de manera general,
en este tipo de poesía, y particularmente en el poemario de Quinto,
existe una constitución discursiva y pragmática particular de lo lírico
que bien puede ser abordada desde el reconocimiento analítico de
la deixis poética ya que ésta, formalmente, implica un mecanismo
discursivo que tiende a posicionar al sujeto lírico (y por consiguiente
al sujeto lector) en un espacio-tiempo imposibles más verosímiles
–en un novum– los cuales en todo caso yacen construidos desde
la idea de un “campo vivencial” (retomando a Kate Hamburger)
que es a priori falso mas cohesivo. En suma, que estos son poemas
que plantean un desprendimiento de lo empírico apuntalando una
configuración deíctica autónoma; un universo autosustentable
e inverosímil en relación con el contexto real-empírico pero que,
ultimadamente, deviene un constructo autogestivo y un poema
especulativo.
II. La deixis del poema
Tal y como he señalado, mi hipótesis es que resulta tanto posible
como viable reconocer en un componente formal –la deixis– uno
de los lugares en donde el poema especulativo tiende a construir,
formalmente, un mecanismo discursivo (posicionar al sujeto lector
en un “lugar imposible”) el cual es específico; el “fingir que es
ficción” equivale entonces a construir ese lugar y tiempo imposibles
y posicionar ahí al sujeto, donde se posicionará el lector también,
creando un “environment” sujeto a especificidades subjetivas,
temporales y espaciales. A continuación presento someramente
sólo algunas de las posibles rutas de lectura a partir de la deixis,
enfocándome en conceptos clave que considero que, ocupados
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�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

simultáneamente en el análisis poético, permitirán comprender de
mejor manera cómo se construye la deixis en un caso concreto de la
poesía especulativa.
Podemos comenzar por ciertas certezas terminológicas.
Kerbrat Orecchioni en “La subjetividad en el lenguaje: lugares en
que se inscribe” sostiene que los deícticos se refieren a:
[…] unidades lingüísticas cuyo funcionamiento semánticoreferencial implica tomar en cuenta algunos de los elementos
constitutivos de la situación de comunicación, a saber el papel
que desempeñan los actantes del enunciado en el proceso de la
enunciación, y también la situación espacio-temporal del locutor
y, eventualmente, del alocutario (1997: 48)

Así mismo, revela que la importancia de los deícticos recae en
que estos proporcionan algo semejante a un sistema de localización,
el cual se efectúa con relación a la situación de comunicación. Así,
en tanto las unidades deícticas convierten a la lengua (sistema) en
habla (caso), y a su vez configuran al poema como una situación de
comunicación y, por ende, como acto de habla, podemos develar
dónde y cómo se está efectuando dicha situación de comunicación.
En el caso de la poesía especulativa, podría darnos cuenta de la
constitución misma del poema en tanto situación comunicativa
autónoma.
Por otra parte, Käte Hamburger en La lógica de la literatura,
sostiene que, de manera subyacente, a todo acontecimiento verbal
–a todo lenguaje– existe una lógica determinada, producto de su
configuración enunciativa4. Así, para Hamburger hay una relación
4 Existen profundos y múltiples vínculos entre el estudio de la deíxis y
el de la enunciación lírica. Aquí, por cuestiones de espacio y extensión, me

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

compleja entre los géneros literarios y el sistema enunciativo del
lenguaje: si la literatura es en cierta medida un arte figurativo, tiene
que implicar la tendencia a crear apariencia de realidad (1995: 49).
Y esa apariencia de realidad será consubstancial, a mi parecer, en la
poesía especulativa. La autora alemana prosigue: “El género lírico
queda constituido por la voluntad expresa del sujeto enunciativo de
proponerse como yo lírico, lo que quiere decir mediante el contexto
en que encontramos el poema” (1995: 163).
Donde, para nuestros propósitos de investigación, el
contexto de la poesía especulativa sería el de la ficción misma; pero
además, aquello que Hamburger denomina como la “hechura del
yo lírico” (1995: 186), nos interpela, pues ahí radica la propensión a
reconocer el poema como una forma de enunciación en donde se vive
lo enunciado como parte del campo vivencial del sujeto enunciativo.
Debido a lo anterior es que el marco general de enunciación de un
poema buscará formularse desde un aquí y ahora y que, en la poesía
especulativa, lo que se construye sea esa posibilidad imposible –ese
novum– a través de una deixis específica. En suma, considero las
ideas de Hamburger resultan convenientes en esta aproximación
a partir de la deixis pues nos permite evidenciar, en los poemas
de La piel del vigilante, dónde y cómo se construye la “sensación
de campo vivencial” (1995: 192) que produce el poema; en otras
palabras, nos posibilita reconstruir un vasto campo de procesos de
conciencia presentes en el poemario, tendiendo un puente directo
entre la enunciación y el receptor empírico de ésta.

remitiré únicamente a recuperar algunos conceptos de diversas teorías de la
enunciación que funcionen en el análisis deíctico del poema, dando por sentada
su comprensión.
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�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

Juan Antonio Vicente Mateu en La deíxis: egocentrismo y
subjetividad en el lenguaje, retomando la Teoría del lenguaje de 1934
de Karl Bühler, apela al concepto de la deixis ad phantasma. Al
hacerlo, Mateu señala que el hablante, en un mensaje cualquiera,
puede llevar al oyente al reino de lo ausente o al reino de la
fantasía a través de los mismos demostrativos de la deixis común
y corriente (aquella denominada como ad oculos por el mismo
Bühler) (1994: 35). A partir de ello, Mateu postula la idea de los
“mundos posibles”, es decir, constructos donde el significado de
una oración depende no del mundo tal cual es, sino de la forma
posible en que puede ser o debió haber sido5 (1994, p. 38). Esto
me resulta de interés pues coincide con la idea de Hamburger en
torno al campo vivencial: en ambos casos lo que se propone es
que, a través de ciertas características propias de la deixis, lo que se
hace posible es la constitución de una situación de comunicación
discursiva particular; en el caso de la poesía especulativa, sería la de
un “mundo especulativo”, en el del poemario de Quinto, el de un
Estados Unidos distópico en donde los vigilantes viven y hablan,
un Estados Unidos ya preconfigurado en la novela gráfica de
Moore, pero aquí reinterpretada y reformulada para que, a través
de su deixis, permita deslizar una suerte de crítica de la crítica de
la modernidad.
Para abonar sobre esta ruta crítica, considero que las
aportaciones6 de Daniele Monticelli, en “Introduction: the many
5 Haciendo aquí una clara referencia a la idea aristotélica de la poiesis,
claro.
6 Me refiero, de manera particular, a la idea en torno a la subjetividad
como un “efecto ilusorio” (19), en donde retoma las propuestas de Bénveniste
y de Greimas.

266

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places of deixis in language and theory”, pueden contribuir a
encontrar asideros en la interpretación de los distintos sistemas
deícticos en el texto, los cuales dependen de posiciones enunciativas
(puntos de referencia). En la teoría de Monticelli, las “instancias
supremas” coinciden con la proyección del autor y lector dentro del
texto, las cuales son responsables de la (re) construcción de todo el
simulacro textual de posiciones enunciativas (2005: 24). Con ello,
podemos notar que la deixis es también una configuración que apela
a lo extratextual, es decir, que lo que se propone en el poemario de
Quinto, por ejemplo, no sólo construye un mundo, sino que también
apela a ser leído por otro sujeto (el lector), espacio (el mundo del
lector) y tiempo (el tiempo del ahora).
Este mínimo recorrido sobre la idea del análisis deíctico,
aunado a otras posturas sobre la enunciación, lo he sintetizado
en el siguiente esquema. En él he retomado las tres instancias de
la polifonía de Oswald Ducrot (emisor, locutor, enunciador) y
las he contrastado con posibilidades de realización o formas de
presentación en torno a los tres elementos de la deixis (sujeto,
tiempo, espacio); pretendo que el esquema resulte funcional no sólo
como un modelo de comprensión de la poesía especulativa, sino
también para el reconocimiento de ciertas pautas en la comprensión
deíctica de los textos poéticos (especulativos o no)7.
7 Para el esquema he recuperado también teorías como las de Barbara
Pihler, José María Pozuelo Yvancos, Henri Meschonnic, Antonio Rodriguez,
Anthony Easthope, Viviana Cárdenas, Émile Benveniste, entre otros. Por
cuestiones de espacio no me detengo a revisar dichas teorías, las cuales
forman parte de otro trabajo investigativo más amplio, el cual se ha publicado
recientemente (cfr. Osorio de Ita, Gustavo. Voces del XIX. Estrategias de
enunciación en el Romanticismo y Modernismo Hispanoamericanos. Del
Lirio, 2022).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

267

�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción
SUJETO

Nivel del
enunciado
(Enunciador-Enunciatario
/
dimensión
homopática
/ referencia
cotextual)

Nivel de la
enunciación
( L o c u tor-Alocutario
/
dimensión
heteropática
/ referencia
cotextual)

268

TIEMPO

ESPACIO

• Sujeto
enunciado • Tiempo enunciado • Espacio enun(de quien se habla y
(real o ficticio).
ciado (real o
cómo se caracteriza • Presencia de adverficticio).
o define).
bios
temporales: • Demostrati• Puede tratarse de
un antes, un ahora
vos de lugar
una autodefinición
o un después que
(aquí
/allá,
o construcción del
posicionan al sujeto
cerca / lejos,
yo (autoficción) en
enunciado con resjunto).
donde el sujeto del
pecto a un suceso.
• Espacios con
nivel del enunciado • Temporalidad veruna determiparticulariza o sinbal como construcnada función
gulariza al sujeto del
to de sucesos y vecsimbólica.
nivel de la enunciatores que dirigen las • D e s p l a z a ción (en una forma
acciones (Barbara
mientos del
retóricamente partiPihler).
sujeto enuncular).
ciado a través
• Construcción decladel espacio.
rativa del yo, el “yoque-se-muestra” (incluidos fenómenos
como el monólogo
dramático).
• Sujeto de enuncia- • Transformación del • Presentación
ción, el cual coincilocutor a través del
de la voz en
de con aquello que
poema (el poema
la página, así
Oswald Ducrot concomo tiempo/sucecomo también
figura en la instancia
so que transforma
la dinámica
del locutor, mientras
al sujeto de la enuncomunicativa
que para Émile Benciación).
dentro de la
veniste es, desde un • Fenómenos partizona visuoenfoque pragmático,
culares del poema,
gráfica
(de
el “nombre propio
como metro y ritacuerdo a Viinstantáneo de todo
mo, que marcan la
viana Cárdehablante” (145).
enunciación (esto
nas).
• Instancia y posición
de acuerdo con la • Espacio conque tomará el lector
idea de ritmo y subcreto desde
de un poema.
jetividad de Henri
donde
se
• Lugar en donde ocuMeschonnic).
configura el
rre la “presentez”
locutor
(el
del poema (en tércual puede ser
minos de José María
indefinido en
Pozuelo Yvancos) o
ciertos casos).
también el “circunstancial egocéntrico”
(de acuerdo a Anthony Easthope).

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023
SUJETO

TIEMPO

ESPACIO

• Sujeto empírico (au- • Momento histórico • Espacio geoNivel
del
tora o autor).
social y cultural en
gráfico
socontexto
• Filiación ideológica
que es escrita y recio-cultural en
o grupos culturales
cibida la obra.
que es escrita
(Emisor-Aucon
los
que
se
ve
y recibida la
ditor/Coenvuelta
la
autora
o
obra.
munidad
autor.
poética / referencia con- • Posicionamientos en
el campo cultural
textual)
(Pierre Bourdieu).

Esquema 1. Análisis de la deixis en el discurso poético (Creación propia)

III.

La piel del vigilante de Raúl Quinto

El poemario de Quinto está adscrito a aquello que sede nomina como
poesía especulativa puesto que incluso parte, transtextualmente, de
una obra de ciencia ficción canónica del siglo XX: un poemario
circunscrito al universo paralelo y distópico creado por Alan Moore
en la serie de novelas gráficas Watchmen (1986).
El poemario se encuentra dividido en 5 partes. Para poder
observar cabalmente la deixis me circunscribiré por lo pronto a
dos poemas: uno de la primera parte del libro, “El comediante”,
y uno de la cuarta, “El lector de cómics”. Esta decisión, además
de optar por la brevedad, obedece a que considero que incluso
atendiendo únicamente a estos poemas podemos notar no sólo
la configuración de una deixis propia del poema especulativo,
sino incluso la fractura con la misma y el replanteamiento de
la situación subjetiva, comunicativa y discursiva del poemario
entero.
La primera parte del poemario –compuesta, además del
poema que aquí retomo, por los de “El búho nocturno”, “El juez de
toda la tierra”, “Rorscharch”, “El espectro de seda”, “Ozymandias”,
y “Moloch”– apela, desde los títulos, a la caracterización de los
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

269

�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

personajes de la segunda generación de los Watchmen, aquellos
que incluso llegaron a conseguir una galardonada adaptación
cinematográfica en 2009 de la mano del director Zack Snyder. Esto
implica ya –incluso desde una perspectiva paratextual– la primera
clave para la conformación de un modelo deíctico: la subjetividad
está referida hacia un constructo ajeno, a otra situación de
comunicación –la de Watchmen de Alan Moore– y, por consiguiente
y a través de un monólogo dramático, da pie a que, deícticamente, lo
que encontremos sea una subjetividad desprendida.
El primer poema, aquel al que he decidido aproximarme que
es también con el que abre el poemario mismo, es el siguiente:
El comediante
Un sudario manchado, un traje de segunda mano
de harapos y de sedas, un disfraz.
(The Velvet Underground)
Es cierto que los hombres se disfrazan
para acercarse más a la verdad.
Vi la piel del incendio derramarse
como un río de algas,
y supe que los cuerpos calcinados
conservan su sonrisa en la ceniza.
Siempre recuerdo las miradas huecas,
los gestos delatores, el perfume
que renuncia a los párpados
para volverse sólido y antiguo.
La condición humana es una mueca.

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Yo vi cómo unas manos escarbaron la tierra
para encontrar un agua del color de su alma,y vi cómo se
hundían bajo su propia arena.
Soporté la mirada de este mundo
y rompí a carcajadas cada velo.
Había comprendido la broma de la vida

En la página de fandom “Wiki Watchmen” se define de la
siguiente manera al comediante:
Edward Morgan Blake (1924-1985), mejor conocido por el público
como The Comedian es un personaje principal en Watchmen.
Es uno de los únicos aventureros enmascarados (junto con Captain
Metropolis) que fue miembro de los Minutemen y Crimebusters, y ha
estado activo durante cuarenta y cinco años con la ayuda de actividades
patrocinadas por el gobierno estadounidense y la prensa que lo
conjuró en un Símbolo patriótico de guerra y victoria. Blake es un
vigilante fumador de cigarros que se convierte en agente paramilitar.
Se le describe de diversas maneras como “deliberadamente amoral”
con un “cinismo practicado”, lo que significa que generalmente tiene
poca consideración por las convenciones sociales o la vida humana.
Siempre en la identidad del Comedian, describe el mundo como una
broma sádica que solo él entiende, pero al final su cinismo practicado
se hace añicos cuando descubre un complot que considera una
“broma pesada” que incluso él no puede creer que alguien se atrevería
a hacer. (“The Comedian”, 2019)

Ahora, notemos cómo se configura la deíxis de este poema.
Podemos comenzar por el sujeto enunciado, el cual se encuentra
constituido por una primera persona del singular –un yo– que
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271

�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

aparece autorreferido de manera textual hasta el tercer verso: “Vi
la piel del incendio derramarse”. Este verso contribuye a afincar la
definición del sujeto propuesta por el título del poema, puesto que
tanto en el universo gráfico de Moore como en el poema de Quinto
tenemos a un sujeto próximo a los incendios, los cuales nos llevan
a pensar en sujeto enunciado coincidente con ese combatiente
de Vietnam cuyo punto focal es el asedio por el Napalm durante
los años 60 al país del sureste asiático. Además, esta subjetividad
está configurada, también a partir de ese tercer verso, como un
sujeto enunciado que nos informa sobre aquello que conformaba
su mundo en ese tiempo pasado (el tiempo enunciado): la piel del
incendio, sonrisas de los cuerpos calcinados, miradas huecas, gestos
delatores, manos (que) escarbaron la tierra, la mirada de este mundo.
Este mundo percibido –el del sujeto enunciado– concuerda con el
tiempo y espacio de El Comediante: la guerra, al dolor de los pueblos,
el incendio, el desastre. Es también un tiempo y espacio enunciados
que se vinculan con el pasado, lo cual implica que el segundo caso
de constitución de la deixis, el del sujeto de enunciación, sea otro: un
yo presente en el mismo mundo.
¿Desde dónde habla el locutor del poema? Desde los
primeros dos versos: “Es cierto que los hombres se disfrazan / para
acercarse más a la verdad.” Esta locución caracteriza tanto al sujeto
enunciado que aparecerá posteriormente en el poema, como a la
subjetividad que inaugura el poema en tanto discurso comunicativo.
Este “yo”, que se encuentre posicionado temporalmente en el futuro
de aquel sujeto enunciado que caracteriza preponderantemente el
poema y espacialmente en un lugar distinto a donde ocurre esa
guerra de incendios pero aún en “este mundo”, es también un
alguien más allá de la decepción. El sujeto de enunciación es alguien
272

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

que mira hacia el pasado siempre, que se posiciona en la decadencia
y, desde un futuro hecho de retazos del pasado, asevera que “la
condición humana es una mueca”: lo que permanece entonces
es su cualidad subjetiva que ha cambiado de tiempos, que se ha
mantenido en el mismo espacio –el mundo– y que, al percibir la
degradación de su circunstancia, apuesta por la burla, por la sonrisa
quebrada; deícticamente, lo que notamos en este primer poema es
la aproximación a un “después” de los sujetos referidos8: el novum
y la sensación de campo vivencial que presenta deícticamente el
poema es aquella de un presente posterior a “haber comprendido la
broma de la vida” que nos hace preguntar qué queda después de la
risa satírica; una disforia posterior a la carcajada, nada salvo un tibio
arrepentimiento, el de un sujeto que rio y que, después del fuego, no
sabe qué hacer con ello. En suma, un sujeto moderno en y desde el
arrepentimiento, el cual es tanto el Comediante como el habitante
promedio de la modernidad, un sujeto tipificante de las maneras
distópicas de la poesía especulativa.
El segundo poema al que quiero aproximarme se titula “El
lector de cómics” y pertenece a la cuarta parte9 del poemario. He
8 Cuestión que no ocurre únicamente con el poema de “El comediante”,
sino también con casi todos aquellos que forman parte tanto la primera como
la segunda parte de La piel del vigilante.
9 Considero interesante recuperar la composición por poemas de
las cinco partes aquí muy brevemente: la segunda parte, que remite a la
primera generación de Watchmen, se compone por los poemas “El primer
encapuchado”, “El tábano”, “Metrópolis”, “Dólar”, “Júpiter en Venus”,
“La silueta” y “El viejo búho”; la tercera parte, donde se hace alusión a la
configuración de distintos arquetipos vinculados con la novela gráfica, por
los poemas “La madre”, “El comerciante”, “La amante” y “La gran figura”;
la cuarta parte, donde se hacen presentes caracterizaciones mundanas, de lo
cotidiano o personajes “de relleno”, se compone por los poemas titulados “El
vendedor de periódicos”, “La enamorada”, “El buen hombre”, “El informador”
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

273

�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

tomado en cuenta este poema puesto que, a mi parecer, en él se inscribe
una situación deíctica particular que toca la situación de comunicación
tanto intra como extratextualmente, es decir, que tiende a configurar
una situación de lectura que aborda tanto a lo referido en las primeras
tres partes del poemario y a la situación comunicativa que compete
tanto al emisor como al lector empírico. Aquí el poema en cuestión:
El lector de comics
Siendo muchos los signos en el mundo, muchos los prodigios
(Scardanelli)
Voy pasando las páginas,
observando los trazos,
descifrando los signos;
y no comprendo nada,
puede que la verdad
flote bajo la tinta,
o puede ser un trucopara tenerme aquí,
amarrado al asfalto,
hasta que me conviertaen una sombra más.
Sin embargo la historia
debe acabar un día,
y para entonces puede
y “El lector de cómics”; y, finalmente, la quinta parte se compone por dos
poemas, que resultan dos tipos de caracterizaciones que desbordan el mundo
construido por el poemario, apuntalando una suerte de metareferencia tanto en
el poema “El náufrago”, como en “El escritor”. Si bien aquí sólo he decidido
retomar dos de los poemas del poemario (aquellos que pienso resultan más
convenientes para evidenciar la deixis y su composición), un análisis crítico
ulterior podría abordar el poemario en su totalidad para demostrar matices de
dicha composición deíctica, comunicativa, subjetiva y poética.

274

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

que ya me haya olvidado
de mi propia existencia.
Pero tendré los ojos
pintados de colores.
Os veré las entrañas.

El locutor del poema es nuevamente uno en la primera
persona del singular, marcado de manera más contundente en
este poema desde la primera palabra del primer verso; es ese “yo”
que “voy pasando las páginas”, que “observando los trazos”, que
“descifrando los signos”. La acción continúa marcada por las
temporalidades verbales permite considerar un espacio que no se
modifica, y un tiempo que avanza lentamente en tanto el “yo-lector
de comics” prosigue con la lectura.
Podemos

entonces

constatar

que,

a

lo

menos

deícticamente, hay cierta uniformidad y claridad con respecto
a este poema. Sin embargo, cuando interpelamos al nivel del
contexto, notamos que el ese yo configurado textualmente puede
rebasar la situación comunicativa y referir al “yo” empírico en
situación de lector de los poemas de Quinto; es decir que, por un
momento, estamos también intentando descifrar lo signos (esos
signos-poemas de Quinto que preexistían en el mundo a través
de la narrativa de Moore y que aquí se encuentran modificados),
y que, al igual que el lector de cómics, formamos parte de esa
situación pragmática comunicativa, la cual nos invita a tener –en
un futuro, el futuro deíctico del aquí y ahora de la lectura–los
ojos pintados de colores.
Esto que aquí he resumido –lo cual José María Pozuelo
Yvancos denomina como “presentez”– construye, a nivel del
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

275

�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

poemario entero, también nuevas posibilidades dentro de la
esfera comunicativa-deíctica: si podemos ser el lector de cómics,
podemos ser también El Viejo Búho, o La Silueta, o La amante, o El
Comediante. Lo que permite este poema es marcar de manera más
señera las posibilidades de ser co-partícipes de ese campo vivencial
en cada uno de los poemas y, de entrar en dicha dinámica, podemos
entonces fingir que es ficción, ser parte de las especulaciones de
cada uno de los poemas del poemario.
IV. Conclusión
Existe una amplia nota del autor que prologa a La piel del vigilante.
Considero que es pertinente recuperarla pues, de cierta manera,
anuncia algunas de las conclusiones que pienso he podido demostrar
a partir de la aplicación de una lectura desde la deíxis a ciertos
poemas del poemario. La nota dice así:
Nota del autor: La piel del vigilante toma como punto de partida
los personajes y la trama del clásico del cómic Watchmen, escrito
por Alan Moore y dibujado por Dave Gibbons a mediados de
los 80; construyendo un juego de máscaras en el que cada poema
se corresponde con un monólogo dramático de uno de los
personajes (el Comediante, Ozymandias, el Náufrago, etc.) que
deben ser vistos como arquetipos de interpretación abierta y no
como referencias culturales cerradas. La máscara que cubre a los
protagonistas de Watchmen es la misma que desfigura el rostro
de la literatura, también la que nos hace conscientes de la carga
teatral del discurso poético. Mi voz se diluye tras el disfraz de esas
miradas ficticias al igual que las suyas bajo mis palabras o las de
los autores que encabezan los poemas. No soy yo, ni Watchmen,
ni las citas, quien configura el sentido de La piel del vigilante; es
la realidad la que se filtra por los poros de esta máscara que ahora
deberá cubrir el rostro y las pupilas del lector (2014: 4).

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

A mi parecer ese “No soy yo…” es donde el autor –o bien la
voz/construcción por la cual ha optado al redactar esa nota– marca
declarativamente la idea de una ficción que finge ser tal. Aquí lo que
he pretendido no es dar un recuento extenso sobre los varios casos
y propuestas de la poesía especulativa10, sino más bien intentar dar
una clave de acceso –la deíxis en la poesía– que permite reconocer
una configuración particular de un caso específico del poema
especulativo11; lo que encontramos es que, a partir de una situación
de comunicación anterior (aquí el texto de Moore), se perfila la
composición (usualmente a través del monólogo dramático, aunque
también a través de otras propuestas, como la metarreferencia, por
ejemplo) de un campo vivencial que permite crear desprendimientos a
partir de dicha situación de comunicación anterior pero también crear
puentes con una nueva: la del hic et nunc del momento de la lectura.
Así, esta poesía especulativa –fingiendo que es ficción–
lo que consigue, a mi parecer, es no sólo posibilitar la creación
de mundos, sino también proponer algo semejante a un “código
abierto” mediante el cual entra en un proceso constante de búsqueda
de significación. Pero no hay que olvidar que se trata de un vasto
territorio, a penas cartografiado y a años luz de distancia; por ahora
nos aproximamos, vemos el espacio que parece hueco en el cosmos,
pero al mirar más detenidamente encontramos luz, luego una forma,
luego un alguien que aquí y ahora nos devuelve la mirada.
10 Para ello sugiero consultar el fantástico trabajo que propone Xaime
Martínez titulado “Poesía 1900-2015”, en el cual construye un recorrido
crítico por las múltiples rutas que han transitado las varias y divergentes
manifestaciones de la poesía de ciencia ficción o especulativa.
11 Si bien considero que esta clave de acceso bien puede resultar útil
en la comprensión de otros casos de la poesía especulativa y de otros tipos,
puesto que permite revisar la composición de un universo textual y sus varias
imbricaciones con situaciones de comunicación extratextuales.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

277

�Gustavo Osorio de Ita / Cuando se finge que es ficción

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Recuperado el 22 de noviembre de 2022 en https://
watchmen.fandom.com/wiki/Watchmen_Wiki.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-52

279

�Dosier
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Figuraciones distópicas y civilizaciones perdidas
en la Colombia post-acuerdo: Liborina de Luis
Echavarría Uribe
Dystopian Figurations and Lost Civilizations in
Post-Acord Colombia: Luis Echavarría Uribe’s
Liborina
Francesco Di Bernardo
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Puebla, México
Orcid: 0000-0002-9972-4003
Francesco.dibernardo@outlook.com

Fecha de entrega: 08-12-2022 / Fecha de aceptación: 20-02-2023
Resumen: Situada en el año 2040, la novela gráfica Liborina (2020), de
Luis Echavarría Uribe, aborda las problemáticas del conflicto colombiano
a través de tropos de la ciencia ficción, representando una Colombia
ucrónica en la cual el conflicto armado ha terminado en 1990 y la memoria
de este ha sido cancelada del discurso histórico oficial. Sin embargo,
centrándose en una expedición de un grupo de jóvenes antioqueños a un
área rural destinada a proyectos de conservación y turismo, la novela revela
el corazón de tinieblas oculto detrás de una aparente utopía. Escondida en
la selva vive una comunidad utópica que, simulando ideales igualitarios,
realiza rituales sangrientos que evocan las prácticas y la simbología del
terror empleadas por los paramilitares en las zonas rurales del país,

281

�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
epicentro del conflicto colombiano. El artículo contextualiza el análisis de
la novela en el marco de lo que María Ospina define como “rural turn”
(2017) en la cultura colombiana, es decir, una renovada atención en las
obras culturales a las dinámicas sociopolíticas y económicas que se viven
en las zonas rurales del país, y discute la emergencia de una novela gráfica
que se aleja de las ambientaciones urbanas que han dominado el imaginario
del comic colombiano. Siguiendo estas dos líneas, el artículo sostiene que
Liborina, más allá de su premisa ucrónica, emplea y subvierte los tropos
utópicos de la civilización perdida, y su variante inspirada por El corazón de
las tinieblas de Joseph Conrad, y el tropo orwelliano de una distopía que se
genera de la aplicación práctica de un proyecto utópico.
Palabras claves:Liborina; Echavarría Uribe; Novela Gráfica colombiana;
Distopía; Utopía; Ficción especulativa
Abstract: Set in the year 2040, Luis Echavarría Uribe’s graphic novel
Liborina (2020) deals with the issues of the Colombian conflict through
science fiction tropes, representing an uchronic Colombia in which the
armed conflict has ended in 1990 and in which the memory of it has
been erased from the official historical discourse. However, focusing on
an expedition by a group of young people from Antioquia to a rural area
destined to conservation and tourism projects, the novel reveals the heart
of darkness hidden behind an apparent utopia. A utopian community
that lives hidden in the jungle and that feigns egalitarian ideals, is, in fact,
devoted to bloody rituals that evoke the practices and symbols of terror
used by the paramilitaries in the rural areas of the country, which is the
epicenter of the Colombian conflict. The article frames the analysis of
the novel in the context of what María Ospina defines as “rural turn”
(2017) in Colombian culture, that is, a renewed attention in cultural works
to the socio-political and economic dynamics that are experienced in rural
areas of the country, and discusses the emergence of a graphic novel that
moves away from the urban settings that have dominated the imaginary of
Colombian comics. Following this framework, the present article argues
that Liborina, beyond its uchronic premise, employs and subverts utopian
tropes of the lost civilization, and its variant inspired by Joseph Conrad’s
Heart of Darkness, as well as the Orwellian trope of a dystopia resulting
from the practical application of a utopian project.
Keywords: Liborina; Echavarría Uribe; Colombian Graphic Novel;
Dystopia; Utopia; Speculative Fiction

282

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

La primera novela gráfica del ilustrador y escritor colombiano
Luis Echavarría Uribe, Liborina (2020), se centra en una premisa
ucrónica: Colombia ha ganado el mundial de futbol Italia 1990 y,
como consecuencia, el país atraviesa una ola de cohesión social
que permite el fin del conflicto armado. Con el paso de los años, el
conflicto desaparece de los discursos oficiales e históricos e incluso
se desvanece de la memoria colectiva e individual de la población
colombiana. Cinco décadas después de los eventos de 1990, en
la mitad de los años 40 del siglo XXI, un grupo de tres jóvenes
antioqueños, Martín, Raúl y Juliana, inspirados por la lectura de
un libro que revela la existencia de un conflicto armado en el país,
emprende una expedición a un área rural remota que el gobierno
había destinado a proyectos de conservación y turismo. Sin
embargo, según se relata en el volumen encontrado por los jóvenes,
este territorio había sido, en realidad, unos de los epicentros del
conflicto. Si bien, por un lado, el uso de la ucronía en la obra de
Echavarría resulta “extraño para la literatura colombiana”, dado que
“[e]xceptuando algunas obras que sitúan sus tramas ucrónicas por
fuera de Colombia, en el país solo se encuentra un par de cuentos de
este género” (Bastidas Pérez, 2021), por otro lado, dada su temática,
la novela se escribe en una reciente tendencia del cómic colombiano
de abordar la cuestión del conflicto armado.
En los últimos años diversos comics han enfrentado la tarea
de lidiar con los acontecimientos traumáticos relacionados con
la guerra interna. Entre las obras más destacadas se encuentran:
Ciervos de bronce (2014) de Camilo Aguirre, centrado en la violencia
contras las organizaciones sindicalistas por parte del Estado y de
los paramilitares; Los Once (2014) de Miguel Jiménez, José Jiménez
y Andrés Cruz Barrera, que relata la toma al Palacio de Justicia por
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
parte del organización guerrillera M19 en 1985; Caminos condenados
(2016) de Pablo Guerra, Camilo Aguirre y Henry Díaz y Diana
Ojeda, que aborda la violencia, el despojo de tierras y el cercamiento
de aguas en la región de los Montes de María; Estado fallido (2018) de
Daniel Collazos que trata el tema del caso de los “falsos positivos”,
las ejecuciones extrajudiciales disfrazadas de muertes en combate
de inocentes injustamente acusados de ser guerrilleros por parte de
integrantes del ejército colombiano. Estas publicaciones comparten
no sólo el afán de denuncia de la violencia perpetrada por parte
del Estado y de los paramilitares, sino también una forma narrativa
inscrita en la tradición del comic de no ficción (Rodríguez-Blanco y
Andrade, 2020: 121). Definida también como comic periodístico o
documental, esta tradición se centra sobre todo en “the presentation
of evidence” de un evento histórico violento y/o traumático,
particularmente en contextos de conflictos armados (Chute, 2016:
2). Asimismo, el cómic documental, popularizado por autores tales
como Art Spiegelman y Joe Sacco, reivindica el valor “of inventive
textual practice [to] express trauma ethically” (Chute, 2016: 4).
A estas novelas se han sumado otros cómics patrocinados
por instituciones estatales de justicia transicional, tales como el
Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), establecidas en
el marco de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras 1448 de
2011​, durante la presidencia de Juan Manuel Santos, con el papel de
contribuir a perpetuación de la memoria histórica del conflicto y de
la visibilización de las víctimas. Entre las publicaciones patrocinadas
por el CNMH, destacan La Palizúa: ustedes no saben cómo ha sido
esta lucha (2018) (con guion de Pablo Guerra y dibujos de Camilo
Aguirre) y Sin mascar palabra: por los caminos de Tulapa (2018) (con
guion de Pablo Guerra y dibujos de Camilo Vieco) que abordan
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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el desplazamiento forzoso de comunidades campesinas por parte
de grupos paramilitares a través de la forma del cómic documental
y del enfoque en el testimonio de las víctimas. Tales obras son
“realizadas para cumplir las medidas de reparación simbólica con
las comunidades que han sido catalogadas como víctimas por la Ley
1448” (Rodríguez-Blanco y Andrade, 2020: 128).
El respaldo de instituciones culturales del Estado a obras que
abordan la temática del conflicto a menudo se inscribe en el marco de los
discursos públicos alrededor del contestado concepto de posconflicto,
término utilizado para señalar un parteaguas en la historia reciente
de Colombia por efecto de la ratificación del acuerdo de paz entre el
Estado y las FARC firmado en 2016. Este término, sin embargo, ha
sido objeto de crítica, ya que, según la perspectiva de sus detractores,
“desactiva el significante “conflicto” del nuevo régimen hegemónico,
lo que borra de la ecuación a otros actores armados que aún están
activos en el territorio” (Rodríguez-Blanco y Andrade, 2020: 121) y
oculta la continuación de las prácticas de violencia y desposesión por
parte del conglomerado de intereses corporativos y paramilitares que
afectan particularmente a las regiones rurales del país.
Liborina aborda específicamente los intentos de encubrimiento,
en el debate público alrededor del posconflicto en Colombia, de
las persistentes dinámicas del conflicto armado en las zonas rurales
del país. Sin embargo, alejándose de la forma documental, la novela
gráfica de Echavarría Uribe experimenta con los tropos de la
narrativa de ciencia ficción, tales como ucronía, utopía y distopía.
De esta manera, enmarcando el análisis de la novela en el reciente
giro rural en la cultura colombiana, el presente artículo afirma que
la novela propone una perspectiva crítica sobre el ocultamiento de
las discusiones alrededor de las causas sociales del conflicto a través
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

285

�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
de una reformulación de tropos de la narrativa de especulación. En
lo específico, en el presente artículo se sostiene que la novela, más
allá de su premisa ucrónica, emplea y subvierte los tropos utópicos
de la civilización perdida, y su variante inspirada por El corazón de las
tinieblas (1899) del escritor anglo-polaco Joseph Conrad, y el tropo
orwelliano de una distopía que se genera de la aplicación práctica
de un proyecto utópico. De igual manera, se afirma que Liborina
expande el enfoque del cómic especulativo, normalmente focalizado
en la ciudad, al situar la historia en un contexto rural, poniendo así
en tela de juicio los discursos del conflicto que buscan ocultar las
dinámicas de desposesión que continúan causando estragos sobre el
territorio colombiano en el escenario de “post-acuerdo”.
La ciudad, el campo y el imaginario distópico
Si bien el cómic posee una larga tradición en Colombia, es a partir de
los años 80 y 90 con el surgimiento de publicaciones especializadas
y fanzines, que el mundo del cómic colombiano “witnesses the
replacement of nationalistic undertones by new themes such as
urban protest, innovative treatments like science fiction, and the
publication of theoretical and critical studies on comics” (Gómez
Gutiérrez, 2017: 50-51). El conflicto interno, el narcotráfico y las
desigualdades sociales comienzan a volverse temas centrales en
el cómic y se empieza a experimentar con formas narrativas para
intentar abordarlos. Entre estas, la distopía juega un papel crucial.
Una gran parte de las figuraciones distópicas en el cómic colombiano
tiene como enfoque la ciudad de Bogotá, como es evidenciado por
Roncallo-Dow, Aguilar-Rodríguez y Uribe-Jongbloed (2019: 29)
en su exhaustivo análisis y categorización de las diversas tipologías
distópicas presentes en los recientes cómics colombianos:
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quince de los cómics exponen un presente distópico […] en los
que los elementos característicos de la organización y la estructura
social colapsan o se encuentran en estado de vulnerabilidad ante
algún tipo de amenaza. En estos presentes, el caos generado por
algún detonante plantea la situación conflicto que rige la historia
que se enuncia. […] De los documentos restantes, doce suceden
en futuros en los que prima el caos y el conflicto […]. Nueve de los
veintiocho documentos gráficos revisados representan un modelo
de distopía de fallo tecnológico, dando cuenta de escenarios en
los que los principios de la organización y la estructura social se
diluyen, dando paso a contextos en donde el conflicto se evade
por medio de dispositivos represivos. El elemento fundamental
del presente distópico en los cómics en que aparece la ciudad de
Bogotá se basa en contextos en los que la disparidad social es la
norma, la pobreza es marcada y la sociedad fragmentada (2019:
43-44).

El cómic distópico colombiano, en la manera tradicional de
la narrativa de este subgénero de la ficción especulativa, se configura
como un “prophetic vehicle […] for writers with an ethical and
political concern for warning us of terrible sociopolitical tendencies
that could, if continued, turn our contemporary world into the iron
cages” (Baccolini y Moylan, 2003: 2). Asimismo, la imaginación
distópica dibuja un “mapa del infierno”, para parafrasear el uso que
Baccolini y Moylan hacen de la expresión de Kingsley Amis (2003:
1), de la realidad sociopolítica colombiana. Liborina extiende dicho
mapa del infierno tomando como eje central los espacios rurales del
país, en donde se presenta con mayor intensidad una “interrelation of
current wars[…], state policing, and the expansion of global capital”
(Ospina, 2017: 250). Moviendo el enfoque de escenarios urbanos
a un entorno rural y utilizando una representación naturalista del
paisaje, la novela gráfica de Echavarría Uribe podría enmarcarse
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
en el creciente “giro rural” en las producciones colombianas de los
últimos diez años.
Si bien el concepto de “rural turn” es acuñado por María
Ospina con respecto a la tendencia del cine colombiano reciente,
el enfoque hacía el mundo rural se puede rastrear también en otras
formas culturales y se vincula a los fenómenos sociales, económicos
y políticos que afectan áreas periféricas país. En estas zonas, la
expansión del capital global en áreas rurales, a través de las prácticas
del monocultivo, del extractivismo y del turismo, se ha cruzado con
las dinámicas del conflicto, lo cual ha producido un crecimiento de
la violencia militar y paramilitar (Ospina, 2017: 250).
En Liborina, este desplazamiento hacia los espacios rurales y
la aproximación hacia la naturaleza es evidenciada desde las primeras
páginas. Las viñetas iniciales, saturadas por ilustraciones del paisaje
natural, relatan un viaje en autobús de los protagonistas hacía una
zona rural de Antioquia. Durante una parada, los protagonistas
deciden abandonar el viaje en autobús y adentrarse en la selva, por
lo que en viñetas posteriores se relata el progresivo descenso de los
protagonistas a un lugar selvático y misterioso. Si bien inicialmente
aún se pueden percibir signos de “civilización”, tales como una
granja de vacas y unos pillares de la autopista, la vegetación ilustrada
en las viñetas se vuelve más densa e impenetrable y la tensión
acerca de las intenciones y del destino final de los jóvenes crece. Es
cuando los protagonistas se encuentran en el medio de la selva que
el personaje que lidera la expedición, Martín, extrae de su mochila
un libro con el título en francés de La République des sables1 y afirma
1 El título parece evocar un libro homónimo de Sophie Caratini (2003)
sobre las luchas para la autodeterminación de una población del Sahara
occidental en 1976, después del fin de la dominación española. Sin embargo,

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que “[p]ara nadie es un secreto que Colombia pasó por una crisis
social y política […] [q]ue desencadenó una guerra a la que algunos
llamaron conflicto armado, y otros, acciones antiterroristas” (17).
De esta manera se aclara que el objetivo del viaje es la búsqueda
de un pueblo que presenta rastros de la efectiva existencia de este
conflicto, dado que, como afirma Martín en las viñetas sucesivas,
“[…] para no perder el control político […] taparon la cagada que
hicieron en este pueblo, montaron mera película y atribuyeron la
mitad a los terroristas y la otra, al invierno” (18).
La ubicación evoca dos cuestiones principales relacionadas
con el conflicto. Por un lado, en línea con ficciones recientes sobre
la violencia, por ejemplo, Los ejércitos (2007) de Evelio Rosero
o Viaje al interior de una gota de sangre (2011) de Daniel Ferreira, el
pueblo rural epitomiza los espacios arrasados por las prácticas de
terror de los grupos armados, por otra parte, el hecho de que los
protagonistas se encuentren en un entorno natural designado por el
Estado colombiano como parque turístico, evoca el encubrimiento
de la violencia en las zonas rurales para garantizar inversiones
capitalistas en estas áreas. De acuerdo con Ospina, los discursos
entorno al posconflicto están en directa relación con “[…] official
and investment tourism campaigns that promote rural regions for
travel and development” (2017: 248). Por otro lado, el tema del
viaje a un lugar remoto en búsqueda de una realidad desconocida
reproduce además el tropo, inspirado por Utopía de Thomas More,
de la expedición de un observador de nuestro mundo a un lugar
desconocido que encarna la perfección utópica, o la pesadilla
distópica, según la declinación del tropo.
en la novela gráfica de Echavarría Uribe no se aclara la referencia a este título.  
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
El tropo de la civilización perdida y el mito de El Dorado
El tropo de la búsqueda/exploración de una civilización
perdida e/o utópica se hace aún más explícito cuando los protagonistas
llegan a un pueblo abandonado, cuyas infraestructuras se encuentran
totalmente devoradas por la selva. Efectivamente, uno de los
personajes, Juliana, compara el pueblo deshabitado a “ruinas de una
civilización perdida” (37). Asimismo, la evocación de este tropo es
reforzada cuando los protagonistas se adentran en las criptas de una
iglesia situada en el centro del pueblo olvidado y encuentran pinturas
rupestres, las cuales son interpretadas por Martín como “algo de una
tradición indígena perdida” (53). Si bien el tema de la civilización
perdida2 que se populariza en la ciencia ficción del siglo XIX, ha sido
sin duda inspirado por las interpretaciones antropológicas de esta
época y por el imaginario de exploración de los voyages extraordinaires
de Jules Verne, no obstante, también “inevitably referred to […]
colonial and imperial situations” (Rieder, 2008: 35). En el contexto
colombiano, el tropo de la civilización perdida llama a la memoria
el mito de El Dorado –aquella tierra prometida en algún lugar de
Sudamérica–, intrínsecamente vinculado al proceso de conquista en
América Latina y las “promises of immediate enrichment, either at
individual, corporate or state level” a través del control imperialista
y colonialista de una región rica en recursos (Varnava, 2015: 1).
Asimismo, después de los procesos de independización del estadonación colombiano, el mito de El Dorado sirvió como justificación
para las prácticas extractivas del capitalismo durante la era del boom
de exportación del siglo XIX (Mutis y Pettinaroli, 2016: 413-417).
2 Llamado también de la “raza perdida”. Sin embargo, en el presente
articulo se referirá a este como “civilización perdida”.

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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

El mito de El Dorado es, asimismo, [r]elated to [..] utopias and
dystopias”, dado que la utopía se vincula a la idea de “finding a
space that can be converted into a paradise for its inhabitants (for
both settlers and indigenous peoples)”, mientras que la declinación
distópica se relaciona con “what results when such expectations go
horribly wrong”. El Dorado, en otras palabras, se configura como
una justificación para continuar las ‘imperial or settlement policies
by arguing that with hard work the place will become valuable if
not idyllic” (Varnava, 2015: 2). Es este ideal eldoradista que subyace
a los discursos post-conflicto y a “official and investments tourism
campaings”, ocultando las nuevas prácticas de violencia contra
comunidades rurales y defensores sociales en favor de un imaginario
idílico de una nueva Colombia posconflicto que promueve las
zonas rurales ‘for travel and development” (Ospina, 2017: 248). La
contradicción entre el discurso oficial en el cual las zonas rurales se
presentan como un nuevo “Dorado” para la inversión y la realidad
de violencia y despojo, es capturada por la respuesta de Martín al
enterarse de los planes del gobierno de permitir a los pobladores
desplazados por el conflicto de volver a su pueblo: “la idea era
devolver a la gente, pero después de la cagada que les conté, no
dejaron volver a nadie para taparlo todo” (37). De esta manera las
palabras del protagonista evidencian el fracaso de un “Dorado”
fundado en el silenciamiento de la persistente violencia en estas áreas
del país. Sin embargo, el uso del tropo utópico eldoradista contiene
una subversión de este mismo ya que, de manera opuesta al mito de
la rica ciudad perdida, el uso de este tropo en Liborina produce una
crítica de las prácticas neocoloniales que se ocultan detrás del discurso
oficial del posconflicto y de la retórica capitalista del progreso social
y económico. De la misma manera, las imágenes rupestres que
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
los protagonistas descubren en unos túneles debajo de la iglesia
del pueblo, en vez de representar escenas de progreso utópico, se
centran en acontecimientos desconcertantes: uniformados armados,
fosas comunes, cadáveres, personas que descuartizan cuerpos con
machetes, etc. Las imágenes representan escenas reales de cualquier
etapa del conflicto interno en Colombia dado que este se caracteriza,
de acuerdo con María Victoria Uribe, “por actos de extrema barbarie
entre los cuales se pueden mencionar las masacres, las mutilaciones
corporales, las violaciones y la tortura” (2004: 56). Las ilustraciones
rupestres, por ende, se relacionan con “símbolos y signos” que han
caracterizado la expresión de violencia entre las partes beligerantes
(Uribe, 2004: 43). No obstante, para los protagonistas de Liborina,
que han crecido en un periodo de olvido forzado sobre el conflicto,
la realidad de la violencia se traslada de la memoria colectiva a un
nivel subconsciente, tal como evidencian las palabras de Raúl que
afirma que “los patrones se me hacen familiares, pero no sé…” (53).
Así como el tropo de la civilización perdida de la ciencia ficción
del siglo XIX producía la irrupción del inconsciente colonial de
esta época, su uso en Liborina produce una irrupción de los signos
de la violencia todavía presentes a pesar de los discursos oficiales
respecto al posconflicto. En la novela, el tropo de la civilización
perdida como instrumento narrativo para confrontar la realidad del
conflicto se vuelve aún más evidente cuando los protagonistas se
encuentran con los pobladores de una comunidad desconocida y
alejada que vive en el lugar que están explorando. La parte de la
novela dedicada al encuentro con esta población se presenta como
una reformulación de los temas e imaginarios de El corazón de las
tinieblas de Conrad, novela que, de acuerdo con Lavender, puede
leerse como una ciencia ficción debido su imaginario directamente
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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influenciado por narrativa de “alien encounters, evolutionary themes,
strange landscapes, lost races, and technology” (2015: 16-17).
El corazón de las tinieblas
Mientras exploran los túneles debajo de la iglesia del pueblo, los
protagonistas son raptados, interrogados y drogados con burundanga
por miembros de esta comunidad desconocida, en la cual un personaje
llamado Albeiro parece jugar el papel de líder. Al despertarse descubren
no sólo que han sido liberados, sino que las personas de esta comunidad
han cambiado su actitud hacía ellos, tratándolos como huéspedes,
ofreciéndoles comida y familiarizándolos con las costumbres y las
actividades de la comunidad y sus valores aparentemente utópicos
de igualdad y autosuficiencia. Superado el momento de desconfianza
inicial, en una segunda fase el encuentro con la “civilización perdida”
se desarrolla según del topos utópico del descubrimiento de una
“[…] ‘perfect’ and ‘ideal’ society” (Varnava, 2015: 9) por parte de
observadores externos. Si por un lado, “observation […]is one of
the ubiquitous […] features of lost-race and lost-world fictions”
(Rieder, 2008: 34), aquí la novela reproduce también la temática de
Utopía de More, en el cual los exploradores se encuentran con una
civilización utópica y perfectamente organizada según principios
de igualdad. De esta manera, se presenta una subversión del tropo
de la raza/civilización perdida, debido a que no es la conquista por
parte de los exploradores que produce el resultado utópico. Por el
contrario, cuando los protagonistas son traídos en presencia de
una mujer que parece fungir un rol de responsabilidad dentro de la
comunidad, es ella quien invita a los huéspedes quedarse en la aldea,
sugiriéndoles integrarse en la comunidad. Sin embargo, en las viñetas
sucesivas, en las cuales se ilustran el almuerzo y la conversación entre
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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
los protagonistas, la mujer y otros miembros de la comunidad, se
siembran las primeras señales de un posible desenlace distópico de
la historia. La novela emplea la dimensión pictórica para señalar un
posible nuevo giro de eventos: mientras la conversación prosigue, las
imágenes se centran en primeros planos de los utensilios para comer,
particularmente los cuchillos, en detalles de los pedazos sangrientos
del lechón que los comensales están comiendo y de la mujer que
se prepara a llevar a la boca un pedazo de la carne. Dichos detalles
aparecen ominosos y generan una atmósfera de tensión y misterio.
El clímax de la tensión quizás se produce cuando la mujer afirma
que, aunque espera que se queden en la aldea, están libres de irse en
cualquier momento. Las palabras de la mujer se sitúan en un globo
que se sobrepone a la imagen de una máscara tribal demoniaca y
amenazadora. Esta viñeta es un preludio a lo que los protagonistas
descubrirán durante una fiesta organizada en su honor. Mientras
que los pobladores están concentrados en las celebraciones, Raúl y
Juliana se alejan y, adentrándose en la selva, se enfrentan a una escena
horrorosa: unos hombres uniformados están atados y unas mujeres
de la comunidad los obligan a actos sexuales con ellas. Sucesivamente,
los hombres son descuartizados por otros miembros de la comunidad.
Efectivamente, los pobladores capturan a hombres externos a
la comunidad, los obligan a relaciones sexuales con las mujeres
para asegurar la reproducción y continuación de la comunidad, y
sucesivamente son asesinados. De esta manera, los protagonistas no
tardan a darse cuenta del corazón de las tinieblas que se esconde detrás
de la aparente utopía a la cual aspiran los miembros de este grupo.
La comunidad, en realidad, se funda en el ejercicio de violencia y en
rituales horrorosos que evocan las prácticas y los rituales macabros de
los grupos armados durante el conflicto. Es en este momento que la
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novela emplea los tema conradiano en el cual “‘Eldorado Exploring
Expedition’ journeys […] meet an untimely demise” (Varnava, 2015:
7). En El corazón de las tinieblas el desenlace distópico se centra en
“Kurtz’s degeneration […] whose obscene craving for wealth and
power by any means dehumanizes the Africans, rendering them into
savages, primitives, and cannibals as well as servants, prisoners, and
slaves—alien to humanity” (Lavender, 2015: 29-30). Si Kurtz es una
metáfora del colonialismo y su voluntad de expansión basada en la
alterización del sujeto colonizado, en Liborina Albeiro, el líder de la
comunidad, el cual domina sobre los demás pobladores a través de la
imposición del terror, es una metáfora de las formas neocoloniales
que se imponen en las áreas rurales de Colombia y que se manifiesta
también a través del borramiento de las persistentes formas del
conflicto. Igualmente, de forma similar a la novela de Conrad en
donde el personaje de Marlow se vuelve consciente de que la supuesta
civilización se basa en el deseo colonialista de sujeción del Otro, los
protagonistas de Liborina comprenden que la comunidad utópica en
realidad se asienta sobre la violencia y, por ende, que el discurso del
posconflicto en realidad se basa en el encubrimiento de las injusticias
sociales y de continuación de las dinámicas del conflicto.
Al escapar de este reino de terror, los protagonistas se
encaminan a través de los túneles desde los cuales habían alcanzado
al pueblo. Sin embargo, su fuga parece llegar a su fin cuando se
encuentran con una mujer desnuda y armada con un machete, la
cual los amenaza con “mocharles las patas” (126) y sucesivamente
añade ilustraciones a las pinturas rupestres que dejan ver un macabro
ritual de violencia que pone fin a la vida de los protagonistas. No
obstante, en un giro de eventos, la mujer revela el dominio de terror
de Albeiro y que ella y su amante, otra mujer, desearían escapar de la
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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
aldea para “[…] empezar una nueva vida allá afuera” (135) y no tener
que someterse al dominio de Albeiro que impone una forma de
esclavitud a las mujeres, obligadas a reproducirse para la expansión
y continuación de la comunidad. Así como Kurtz, en la novela de
Conrad, impone a los nativos africanos la idolatría de la civilización
occidental, Albeiro ha impuesto también la idolatría de las formas
de violencia del conflicto como única forma de organización de la
sociedad. De igual forma, en El corazón de las tinieblas, los contactos
entre el colonizador (Kurtz) y los nativos colonizados “reads as a
series of alien encounters” (Lavender, 2015: 28). Concibiendo la
representación de la relación entre colonizador y colonizados
como inspirado por el imaginario de la ciencia ficción del siglo
XIX, Lavender afirma que lo que particularmente enmarca a los
colonizados como “alienígenas” es su estatus de sin voz (2015: 29).
Asimismo, en Liborina los que están sujetos al dominio de Albeiro
aparecen a los ojos de los tres protagonistas como alienígenas
exactamente por la falta de su voz. El silencio de los pobladores
metaforiza el olvido de las víctimas silenciadas del conflicto y de los
debates sobre la continuación de las prácticas de violencia y despojo
en las zonas rurales de Colombia. Si la “historia nacional pre-1990
está ya olvidada […] los protagonistas descubren que, bajo la tierra,
como un subterfugio del lenguaje, quedan víctimas a quienes solo
les ha quedado la violencia y el olvido estatal como estructuras de
comunidad y como formas narrativas” (Bastidas Pérez, 2021). La
parte final de la novela relata la persecución de los protagonistas por
parte de Albeiro. Aunque los tres logran escapar, Albeiro mutila con
el machete un brazo de Raúl. La parte final de la novela que ilustra
la fuga y la persecución “toma la estructura de un slasher” (Bastidas
Pérez, 2021), con las viñetas que se centran en detalles sangrientos.
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

Por ejemplo, la viñeta que ilustra la mutilación de la mano de Raúl
por parte de Albeiro utiliza un fondo color rojizo con las siluetas de
Albeiro blandiendo el machete que mutila a Raúl y otro personaje en
el piso mirando, impotente, la escena. La viñeta sucesiva muestra un
primer plano de la mano flotando en el aire y un chorro de sangre.
El énfasis en detalles gore se configura como “sedimentos de un
conflicto que reaparece como síntoma” (Bastidas Pérez, 2021). En
este sentido, a pesar del éxito de la fuga de los protagonistas, el
cuerpo mutilado de Raúl cristaliza la herida que cuestiones sociales
no resueltas dejan en el cuerpo social de Colombia, una extremidad
que todavía no ha dejado de sangrar a pesar de la firma del acuerdo
de paz y de la inauguración de la época posconflicto.
El tropo orwelliano
Sin embargo, las partes de la novela que se centran en el encuentro
entre los protagonistas y la comunidad perdida no sólo reconfiguran
el tropo especulativo de la civilización perdida sino que, al presentar
el surgimiento de esta comunidad como el resultado de un proyecto
“posconflicto” del gobierno, la crítica social de la novela se produce
también a través del uso y reformulación de otro tropo clásico de
la narrativa especulativa, en este caso de la ciencia ficción de la
primera mitad del siglo XX: el tema orwelliano del proyecto utópico
que sienta las bases de una sociedad autoritaria y de una realidad
distópica. Efectivamente, la referencia al tropo orwelliano había sido
ya evocada por Martín cuando comenta que el libro que ha inspirado
la expedición reporta el fracaso del proyecto de repoblación forzada
de esta área rural de Colombia como demostración de la pacificación
del país. Martín describe el proyecto del gobierno en términos de
“progreso orweliano [sic]” (38). Sin embargo, es específicamente
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-49

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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
con el encuentro entre los protagonistas y la comunidad perdida que
el tropo inspirado en la narrativa del escritor inglés es introducido de
forma más directa ya que es la parte de la novela que se compromete
concretamente con las formas de la distopía. En primera instancia,
una de las actividades principales de la comunidad es la gestión
de una granja de cerdos que evoca la clásica novela anti-totalitaria
orwelliana Rebelión en la granja (1945). Sin embargo, la reformulación
del tropo orwelliano se basa en la utilización de algunos temas
derivados de 19843, tales como el borramiento del pasado, los hechos
alternativos y el control social. En primera instancia, la novela se
basa en una premisa orwelliana: la modificación y el borramiento de
la historia. El conflicto ha sido borrado de la historia de Colombia
y de la experiencia colectiva de sus habitantes tal como el pasado
precedente a la instauración del INGSOC en 1984, como recuerda el
protagonista Winston al afirmar que: “[t]he past […] had not merely
been altered, it had been actually destroyed” (2013: 45). En realidad,
el borramiento del pasado parece aún más profundo en Liborina. Si
en el clásico distópico de Orwell, Winston retiene por lo menos la
memoria, dado que confirma que “[f]or how could you establish
even the most obvious fact when there existed no record outside
your own memory?” (2013: 45), como mencionado anteriormente,
enfrentando a la representación de las prácticas de guerra del
conflicto en las pinturas rupestres, Raúl no logra asociarla, en su
memoria, con un acontecimiento específico. Asimismo, Liborina
recupera el tema orwelliano de los hechos alternativos. Cuando, en
las fases iniciales del encuentro con la comunidad, los protagonistas
3 En el presente artículo se usa la versión en inglés en la edición de 2013
de Penguin.

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son llevados a conocer la vida en la aldea por dos mujeres (las
mismas que en el final de la novela los ayudarán a escapar), al ser
cuestionadas sobre si alguna vez salen de su comunidad, una de las
mujeres contesta “acá lo tenemos todo, acá nos casamos, criamos
y nos morimos. La mayoría son felices” (73). Presionada respecto
a su desconocimiento del mundo exterior, la mujer añade “los
titos nos contaron que afuera la gente solo vive corrupta por las
cosas que dan plata y lo que puedan comprar con esa plata” (73).
La afirmación del personaje refleja la construcción totalitaria de la
validación del interior (del estado totalitario) con la invalidación de
la experiencia exterior, como sugerido por Winston en 1984 cuando,
reflexionando sobre los instrumentos ideológicos de coerción del
Big Brother menciona que “[n]ot merely the validity of experience,
but the very existence of external reality, was tacitly denied by their
philosophy” (2013: 102). Otro elemento inspirado por 1984 que se
emplea en Liborina es el de la construcción de un ideal societario
basado la homologación y la construcción de una perfecta máquina
de reproducción ideológica. En la distopía orwelliana
[t]he ideal set up by the Party was something huge, terrible, and
glittering—a world of steel and concrete, of monstrous machines
and terrifying weapons—a nation of warriors and fanatics,
marching forward in perfect unity, all thinking the same thoughts
and shouting the same slogans, perpetually working, fighting
triumphing, persecuting—three hundred million people all with
the same face.

En Liborina el uso de máscaras rituales evoca la homologación
impuesta por el INGSOC en 1984. Efectivamente, cuando los
protagonistas de la novela de Echavarría Uribe se encuentran por
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299

�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
primera vez con los miembros de la comunidad en la oscuridad
de las criptas de la iglesia, los pobladores portan máscaras que no
sólo cubren sus verdaderos rostros sino los hace parecer iguales e
indistinguibles entre ellos. Asimismo, Albeiro, tal como el Partido
en 1984, ha creado un sistema perfecto bajo el cual cada uno de los
miembros de la comunidad sigue su rol que tiene como objetivo la
reproducción de la comunidad. De esta manera, la reproducción
sexual a la que Albeiro obliga las mujeres de su comunidad epitomiza
la idea de reproducción ideológica.
Otro elemento orwelliano utilizado en la novela es la
subversión de la verdad. El hecho de que la comunidad igualitaria,
pacífica y utópica sea fundada sobre la reproducción de la guerra y de
las prácticas violentas del conflicto evoca directamente la “verdad”
del Ministerio de la Verdad orwelliana y su lema “WAR IS PEACE,
FREEDOM IS SLAVERY, IGNORANCE IS STRENGTH”
(2013:34). Finalmente, la crítica social expresada por la novela se
basa en unos de los puntos fundantes de la crítica de Orwell, es
decir, el control social a través de la manipulación de los discursos
oficiales. En la novela de Orwell, el eslogan del Partido es “[w]
ho controls the past controls the future: who controls the present
controls the past” (2013: 313). De la misma manera, a través de su
perspectiva de crítica social, Liborina sugiere que la modificación de
la historia reciente y la obliteración del conflicto en los discursos
oficiales tiene como objetivo el control del destino del país. El olvido
de la continuación de la violencia estatal y paramilitar en las zonas
rurales, el asesinato de los líderes sociales y sindicales, así como los
desplazamientos forzados, son el preludio a la expansión del capital
y de los megaproyectos extractivos en las áreas rurales de Colombia.
300

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Conclusión
Inscrita en la reciente tendencia de la narrativa colombiana
de volver la mirada al espacio rural, la novela de Echavarría
Uribe comparte con el cómic contemporáneo colombiano una
preocupación por la historia del conflicto armado interno y sus
ramificaciones en el presente. Concretamente, Liborina produce
una crítica de los discursos del posconflicto y del borramiento de
las discusiones oficiales de las causas sociales de la violencia y de
cómo estas persisten, particularmente en las zonas rurales, en la
Colombia del presente. Sin embargo, alejándose de la forma del
cómic periodístico que ha caracterizado la larga mayoría de las
novelas gráficas sobre el conflicto, la novela gráfica de Echavarría
experimenta con las formas de la especulación, reformulando los
tropos de la civilización perdida (y su variante conradiana) y de
la crítica anti-totalitaria de Orwell. Si bien Liborina comparte con
el cómic documental el compromiso con la complejidad de la
historia reciente del país sudamericano, contrariamente al cómic
periodístico, el énfasis de esta no se encuentra en la presentación
de las pruebas de acontecimientos traumáticos específicos, un
rasgo fundamental del cómic documental (Chute, 2016: 2). Por el
contrario, optando por el uso de la especulación, Liborina propone
una reflexión crítica que va más allá del caso específico de Colombia
y se posiciona como una crítica de las formas en las cuales el poder
produce hegemonía a través del control y de la manipulación del
discurso oficial como premisa para la implementación de una
específica perspectiva ideológica. En el caso de la Colombia actual,
los discursos del posconflicto se configuran como una premisa no
sólo para presentar el país como libre de conflicto social para atraer
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�Francesco Di Bernardo / Figuraciones distópicas
inversión extranjera sino como un borramiento de la persistencia
de las mismas condiciones causantes de los conflictos sociales
y armados. Mientras que el cómic documental se enfoca en la
visibilización de los traumas del pasado y/o en el presente, el futuro
oscuro prospectado en Liborina a través de la forma de la distopía se
configura, de acuerdo con la propia tradición de la narrativa distópica,
como una crítica radical de la dirección que la sociedad colombiana
podría tomar si las causas sociales del conflicto no son resueltas. De
esta manera, Liborina expande el enfoque del cómic y de la narrativa
colombiana, a menudo centrado en la reevaluación histórica y en la
cuestión todavía no solucionada del trauma histórico del conflicto,
al poner el énfasis en las problemáticas socioeconómicas actuales
y sus posibles ramificaciones en el futuro. Por ende, el tropo de la
civilización perdida es empleado para confrontar la alterización de las
víctimas del conflicto armado interno en la Colombia posconflicto.
Por otro lado, el tropo orwelliano es empleado para producir una
crítica de la manipulación del discurso oficial que pretende producir
una hegemonía ideológica y cultural que permita abrir las puertas a
la expansión del capital en las zonas rurales de Colombia.

302

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�Notas
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Feministas y telenovelas: un acercamiento
crítico desde una traducción libre de un fragmento
de Screen Tastes: Soap Opera to Satellite Dishes,
de Charlotte Brunsdon
Karime Aylen Anguiano Treviño
Universidad Autónoma de Nuevo León
karime.aylen@gmail.com

Jessica Yesenia Polina Guajardo
Universidad Autónoma de Nuevo León
jessica.polina.00@gmail.com

Sandy Santos Alanís
Universidad Autónoma de Nuevo León
sandy.santosln@gmail.com

Charlotte Brunsdon estudió la licenciatura en Inglés en la
Universidad de Londres (University College London) y un doctorado
de Birmingham. Realizó su primera investigación en el Centro de
Estudios Culturales Contemporáneos en 1970; así, sentó las bases
que fundamentan sus posteriores trabajos, los cuales destacan por
realizar un análisis cultural al contenido audiovisual, como películas
o series. A partir de ejemplos políticos y sociales de la época,
presenta un recorrido histórico que enriquece la base de datos sobre
309

�Karime A. Anguiano, Jessica Y. Polina y Sandy Santos / Feministas y telenovelas

la información de las representaciones de género en los medios de
comunicación y permiten dimensionar un contexto sociocultural de
los televidentes.
En medio de una cultura expuesta a los mensajes
audiovisuales, las representaciones cinematográficas, televisivas e
informáticas forman parte del día a día del ciudadano; desde una
perspectiva psicosocial influyen en las personalidades y, por ende,
en las relaciones de los individuos. Es por eso que el análisis con
perspectiva de género corresponde a una demanda de la realidad
social que permite esbozar una versión metodológica de lo que
sucede a nuestro alrededor. El análisis de los roles de género en las
telenovelas nos ayuda a entender cómo los medios, y no solo los de
comunicación, ayudan a su reproducción, limitando tanto a mujeres,
hombres y en especial aquellos que no se ven identificados en lo que
la sociedad espera de ellos.
Para los aportes feministas la ampliación del contenido en
la literatura al respecto representa un avance en los estudios de
género que se vienen gestando desde 1990. Expandir los contenidos
a las diferentes lenguas, en especial las propias de aquellos países
cuyos índices de violencia contra la mujer son alarmantes, significa
un argumento más para la importancia del tema. Las traducciones
promueven la visibilización de este problema desde una perspectiva
que no se limita por su entorno de producción, visto así, aportan a
la lucha por contrarrestar la violencia de género y fundamenta parte
del discurso político actual. El derecho a la información, sobre todo
fidedigna y de calidad, forma parte de la agenda discursiva social
actual.
Debido a lo anterior, el presente artículo realiza una
traducción del capítulo “El rol de las telenovelas en el desarrollo de
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

la crítica feminista a la televisión”, del libro Screen tastes: soap opera to
satellite dishes que, mediante un análisis de la representación femenina
en las telenovelas, problematiza la situación de manera eficaz y desde
un panorama general.
El rol de las telenovelas en el desarrollo de la crítica
feminista a la televisión
En años recientes, más de una vez les he planteado una pregunta de
examen a estudiantes de 13 años acerca de porqué creen que las críticas
feministas están tan interesadas en estudiar las telenovelas. Para mi
constante decepción, ningún estudiante ha intentado responder
a esta cuestión, lo que creo que se atribuye al poco interés que
tienen sobre las intenciones ocultas de los profesores para plantear
preguntas sin respuesta. Existe una manera obvia de responder a
esto: “porque las telenovelas son programas para mujeres”, lo que
sería poco interesante en un contexto tan competitivo como lo es un
examen. Este ensayo es un intento de responder a la pregunta, pero
debo aclarar que esta simple y escueta respuesta es, en el Occidente,
en el punto clave del interés feminista, fundamentalmente correcta,
y lo que podría lograr es hacer las cosas un poco más complicadas.
Esto lo haré de dos maneras distintas. Inicialmente, haré un bosquejo
general del contexto semihistórico de los análisis feministas a la
telenovela —un “cuándo” para este interés—, y después, a través de
un rastreo de distintas modalidades de este —un “cómo”—. En este
proceso, espero demostrar la importancia del rol de las telenovelas
en los estudios feministas. Antes de empezar, creo que me tomaré
un tiempo para explicar por qué la pregunta es interesante en sí
misma.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-48

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�Karime A. Anguiano, Jessica Y. Polina y Sandy Santos / Feministas y telenovelas

En primer lugar, a pesar de lo que describiré después en
este ensayo, creo que existe aún una interesante yuxtaposición entre
“feministas” y “telenovelas”. Cada palabra tiene una connotación
de compromiso diferente con la feminidad. La definición en el
sentido común del término “feminista”, que es mucho más
problemática que la de “telenovela”, se construye a partir de la
negación de las maneras más reconocibles de la feminidad. En el
imaginario popular, las feministas son mujeres que no se depilan
las piernas, no aprueban los desnudos femeninos en medios
masivos y no les gustan las telenovelas. Dados los alcances de los
estudios feministas sobre telenovelas en los 1980, estos resultados
son aún intrigantes. ¿Cuál es la relación que tienen las feministas
y las telenovelas?
En segundo lugar, el alcance mismo de los recientes estudios
sobre telenovelas, mucho de este inducido por —o influenciado
por— los paradigmas feministas, incitan a la refracción. Ann
Kaplan, en su reseña crítica feminista a la televisión de 1987, señala
que el punto focal de los trabajos feministas sobre telenovelas ha
incrementado la atención sobre este género desde mediados de
1970. Robert Allen traza los marcos de investigación sobre las
telenovelas en su libro de 1985 Speaking of Soap Operas, esbozando
el crecimiento de este género en las investigaciones de ciencias
sociales entre 1972 y 1982. Es a mediados de este periodo que los
trabajos feministas empezaron a ser publicados, como mencioné
anteriormente. El estatus de las telenovelas, como un objeto
de estudio académico, ha cambiado en los últimos veinte años.
En pocas palabras, esto significa que las telenovelas ahora son
estudiadas en amplios rangos de disciplinas —algo inconcebible en
1970—. La colección bibliográfica de Allen, para la cual se escribió
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-48

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

este capítulo en primer lugar, desde su preciso planteamiento
y financiamiento, apoya este punto. Las telenovelas han sido
particularmente significativas para el desarrollo de la crítica
feminista televisiva, y creo que es discutible que por su estudio es
que esta crítica ha sido expuesta a las masas.
Para remarcar mi pregunta acerca de porqué las feministas
han estado interesadas en las telenovelas es por la paradoja de
que, por un lado, hay una preconcebida incompatibilidad entre las
feministas y las telenovelas, pero, por otro lado, es posiblemente a
que las feministas interesadas en ello las han transformado en un
campo novedoso para la investigación académica.
El contexto general de la investigación televisiva feminista
Muchos analistas han puntuado lo significativo que es lo usualmente
denominado “medios” para el feminismo posterior a 1960. Los
textos más relevantes de la segunda ola occidental feminista, como
The femenine Mystique de Betty Friedan de 1963, The Female Eunuch
de Germaine Greer de 1971 o Woman’s Consciousness, Man’s World de
Sheila Rowbotham de 1973, tienen preocupaciones centrales en el
repertorio de imágenes de la feminidad, con la manera en que las
mujeres son representadas. Este movimiento feminista fue, desde
su inicio, creyente de la real importancia de las imágenes. Los veinte
años o más desde que estos textos fundamentales fueron escritos
han sucedido notorios cambios en el análisis de la imagen de las
mujeres. Para nuestros propósitos, quizás lo más importante es
que este tipo de análisis ha evolucionado de ser primordialmente
político (en su mayoría: proyectos extraacadémicos), a tener una
sustancial existencia académica. Incontables cursos, en materias
como Lengua, Historia del Arte, Comunicación y Estudios de los
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313

�Karime A. Anguiano, Jessica Y. Polina y Sandy Santos / Feministas y telenovelas

Medios, ofrecen unidades temáticas como “la representación de las
mujeres” o “imágenes de las mujeres”. Con la filtración de las ideas
feministas en la Academia, lo que ha sucedido diferencialmente a
través de las disciplinas, ha suscitado debates claves que han tomado
lugar en diferentes maneras según la disciplina. En un nivel general,
uno de los más significativos puede ser visto como uno en el que se
discuten paradigmas realistas.
Antiguas feministas se acercaron a lo mediático, como King
y Stott (1977), a través de un paradigma realista comparan mujeres
reales o la realidad de la vida de las mujeres con las imágenes que
muestran. Las mujeres reales fueron vistas como imperfectas,
trabajadoras, eran de distintas etnias y extremadamente variadas a
comparación de cómo mayoritariamente se les representaba. Esto
fue un aspecto importante para la crítica, el cual todavía mantiene su
relevancia, ha sido desafiado teóricamente por feministas que desean
romper con los paradigmas realistas y que ellas ven como una falsa
distinción entre “mujeres reales” e “imágenes de mujeres”. Estas
feministas esperan debatir que lo que entendemos como mujeres
reales, de hecho, cómo nosotras nos desempeñamos como tales, que
está estrechamente ligado con estas imágenes de feminidad. Esto
es, ellas argumentan que no está claro qué es una “mujer”, excepto
a través de la representación. (Véase Cowie, et.al. [1981] para una
definición previa.)
Estos argumentos teóricos, y lo relativo al debate acerca
de “esencialismo”, estructuran los esfuerzos de la academia
feminista en distintos campos. De hecho, Michèle Barrett y
Anne Phillips (1992) recientemente han discutido que nosotras
podemos hacer una distinción periodística entre feminismo de
1970 “modernista”, con su optimismo de descubrir la causa de
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

la opresión femenina, y el feminismo de 1990 “posmoderno”,
con su sentido de fragmentación de la categoría “mujer”, y su
insistencia en el significado de sus diferencias. Con relación al
estudio de los medios, nosotras podemos remarcar el alejamiento
del estudio de las imágenes de las mujeres a un estudio de la
construcción de la feminidad, o una inscripción de la diferencia
sexual. Así que, si el terreno teórico general envuelve la
afirmación de la presencia de “mujer” en el 1970 para cuestionar
sobre la validez de esta categoría en 1980, ahí también hay
cambios notorios en las actitudes en la feminidad convencional/
tradicional. El reconocimiento de que quizá las mujeres estaban
más comprometidas con los discursos disponibles sobre
feminidad y estaban más constituidas por ellos de lo que el
feminismo de la segunda ola había insistido inicialmente, cambia
fundamentalmente los objetos y propósitos de los análisis
feministas de los medios. Esto lo podemos observar claramente
en las cambiantes actitudes de los medios masivos dirigidos a
público femenino: ficción romántica, películas melodramáticas y
emocionales, revistas femeninas y telenovelas. Libros feministas
clave para los inicios de 1980 son Female Desire de Rosalind
Coward (1984) y Reading the Romance de Janice Radway (1984),
estos articularon un lazo más empático con las feminidades de
los medios masivos, incluso escritoras como Bell Hooks desafían
el racismo de estas feminidades y feminismos. Son estos cambios
los cuales hacen más relevante la construcción de las telenovelas
como un objeto central de los estudios televisivos feministas,
y que hacen más interesante para responder mi pregunta: ¿por
qué las feministas están tan interesadas en las telenovelas? Antes
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�Karime A. Anguiano, Jessica Y. Polina y Sandy Santos / Feministas y telenovelas

de proceder con esta problemática es necesario esbozar algunas
distinciones en este creciente campo de las investigaciones
televisivas feministas.
Investigaciones feministas en televisión
Estudios feministas sobre contenidos televisivos pueden ser
encontrados en diversas disciplinas académicas: Estudios
Cinematográficos, Estudios de Comunicación, Comunicación
Masiva, Estudios culturales, Sociología, Lengua, Estudios
Femeninos. Estos distintos contextos disciplinarios gobiernan la
construcción del objeto de estudio y las metodologías empleadas.
En lo que los investigadores están interesados es en cómo ellos
deben proceder para explorarlo, tiene que ser parcialmente
entendido en cada contexto disciplinario. De esta manera, por
ejemplo, un trabajo sociológico tiende a interesarse más en los
patrones laborales femeninos a través de la industria televisiva
que los de Lingüística, quienes se enfocan en la estructura
narrativa de programas particulares. Sin embargo, muchas
de las disciplinas que se han demostrado más permeables a
las preocupaciones feministas son las de estudios culturales o
mediáticos, que son en sí mismas semi-institucionalizadas —
sólo parcialmente reconocidas como materias formales—. Este
hecho, en combinación con los relativamente nuevos estudios
feministas sobre televisión, y los comúnmente orígenes políticos
de muchos de los estudios, significa que hay un alto grado de
interdisciplinariedad y una tendencia a quebrantar las fronteras
disciplinarias. Se han citado ampliamente los trabajos de Ien
Ang (1985), Ann Kaplan (1983b), Tania Modleski (1982) o
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Michele Wallace (1990), en los cuales se integran distintos niveles
directamente relacionados con la televisión, que no pueden ser
abarcados por una sola disciplina.
Así que, a través de este marco en el que inicialmente
entendemos los estudios feministas sobre la televisión para que
sean tanto interdisciplinarios como difundidos entre las disciplinas
académicas, podemos distinguir cuatro categorías principales de
estudio.
Las mujeres del mundo real trabajando en televisión
Los estudios en esta área investigan los patrones de empleo,
promoción y poder de las mujeres en televisión. Aquí se presentan
dos problemas. Primero, la exploración y documentación de la
manifiesta y continua discriminación hacia las mujeres en casi
cada nivel de elaboración de programas televisivos, excepto en el
trabajo secretarial. Este fue un enfoque particular para el trabajo
feminista en 1970, por ejemplo, Gallagher (1981) y Beasley y Silver
(1977); en algunos países coincide con el periodo anterior a que
la discriminación por motivos de sexo se volviera ilegal. A menos
que se especifique lo contrario, “mujeres” aquí es usado como una
categoría unitaria, como fue característico en la antigua segunda ola
feminista. Margaret Gallagher ha continuado produciendo datos
extensos para la UNESCO (Gallagher, 1987) y “Gender and Mass
Media” de Abrahamsson y Kleberg, boletín que continuamente
reporta sobre Nueva York en el área. Esto es, sin embargo,
sorpresivamente difícil de obtener información reciente para otras
profesiones y países, lo que podría ser visto como lo que Margaret
Gallagher (1992) identificó como un retiro general de la arena
pública en las investigaciones feministas mediáticas.
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�Karime A. Anguiano, Jessica Y. Polina y Sandy Santos / Feministas y telenovelas

En un segundo lugar, más teórico, existe un problema en
el alcance para lo que el género de los productores determina en la
producción mediática. La noción de la “predominancia masculina”
en los medios fue un factor explicativo popular en la actualidad,
pero ha decaído notoriedad. Existe una carencia casi total de lo que
se podía denominar economía política feminista, que quizá señala
las dificultades de usar al género, en sí mismo, como una categoría
explicativa. Tampoco ha habido suficientes discusiones teóricas
sobre esta cuestión, aunque Liesbet van Zoonen reseña las que hay
en su libro Feminist Media Studies de 1994.
En cambio, a pesar de la relativa falta de documentación
en las fuentes académicas, hay incontables informes hechos por
mujeres y grupos de ellas que intentan adentrarse en la industria y
hacer sus propios programas. Estos reportes tienen distintas formas
y enfoques, que en parte dependen de la dirección que tomen.
Por ejemplo, Annette Kuhn (1984b) a manera de carta utiliza un
periódico feminista para publicar sus reflexiones sobre el trabajo
en el colectivo Pictures of Women; mientras que Karen Alexander es
entrevistada en su video trabajo en la misma publicación (Nava,
1984). Helen Baehr y Angela Spindler-Brown (1987) discuten
su involucramiento en Broadside (una compañía feminista que
produce noticieros y programas de actualidad para el Canal 4 de la
mañana) en un artículo de una colección académica, mientras que
ahora hay diversos artículos de encuestas, como los de Marilyn
Crafton Smith (1989) y Linda Steiner (1992), los cuales incluyen
trabajos televisivos por mujeres a cuenta de (mayoritariamente
estadounidenses) los trabajos de mujeres en los diversos medios
masivos.
318

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Para nuestros propósitos, debe ser esclarecido que
“telenovelas” no es un término adecuado para un trabajo de esta
categoría. Con algunas excepciones, como la telenovela lésbica Two in
Twenty, las feministas no se han sentido atraídas en crear alternativas
o telenovelas feministas, ni se han relacionado más con este género
que con la desigualdad de oportunidades o discriminación laboral
en que se han mostrado más extremas. Ha sido en relación con
las noticias y temas de actualidad donde se han demostrado las
aspiraciones y la exclusión.
Análisis del contenido de la presencia de las mujeres
en la televisión
A pesar de que la primera crítica feminista generalmente había
implicado alguna noción de contabilizar cuántas mujeres aparecían en
la televisión para leer las noticias, qué tipo de roles tenían las mujeres
generalmente, cuáles mujeres... ha sido principalmente dentro de la
disciplina de comunicación de masas que preguntas sobre el género
han sido incluidas en la variedad de proyectos cuantificadores. La
formación de 1978 de Gaye Tuchman de “la aniquilación simbólica
de las mujeres” proporcionó la vívida hipótesis acerca de la ausencia
de las mujeres en la televisión, especificando su presencia genérica:
“con excepción de la telenovela, donde los hombres constituyen
la ‘mera mayoría’ de la población ficticia, la televisión ha mostrado
y continúa mostrando, dos hombres por cada mujer.” (Tuchman,
1978:10) Ha habido series de estudios enfocados en las telenovelas,
en la investigación del tipo de mujeres ideales para realizarlos desde
el artículo de Tuchman, y la pieza inicial sobre la heroína de la
serie diurna de Downing (1974) como Life on Daytime Television de
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Cassata y Skill (1983) o Soap Opera Evolution de Matelski (1988). La
extensa colección de estadísticas sobre género no es, por supuesto,
necesariamente informada por un proyecto feminista.
Junto a este tipo de análisis, el cual queda muy dentro de
los paradigmas de la comunicación de masas, ha habido una fuerte
corriente crítica que moviliza la argumentación feminista para
apoyar un metodológico, y a veces epistemológico, ataque a las
prácticas de investigación de la comunicación de masas. Los textos
clave aquí serían el ataque de 1977 de Noreene Janu a los supuestos
de la metodología cuantitativa, publicado, indicativamente, en
el Insurgent Sociologist, trabajo de Lana Rakow (1986), y una serie
de números especiales de revistas, como la edición de 1986 de
Communication, editada por Paula Treichler y Ellen. Este ataque
feminista a los paradigmas disciplinarios dominantes se ha asociado
frecuentemente con un fermento más general en el campo y el
aumento de la influencia de las metodologías de estudios críticos
o culturales. Entonces, dentro de esta categoría de investigación,
la telenovela es un sitio significativo, pero metodológicamente
cuestionado.
Estudios textuales o de programas: “heroína de televisión”
El análisis detallado de los programas de televisión como “textos”
es una práctica relativamente nueva y generalmente ha sido realizada
por académicos cuya primera formación es en una disciplina basada
en textos, como la literatura inglesa o los estudios cinematográficos.
El análisis textual feminista se ha dirigido principalmente a dos tipos
de programas de ficción: los dirigidos a mujeres y los centrados en
personajes femeninos. Quizás no sea sorprendente que la telenovela
tenga tanta presencia en esta categoría de investigación. Los otros
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dos géneros principales que han atraído el interés feminista son las
sitcoms con comediantes distinguidas, como los programas de Lucy
y Mary Tyler Moore, y, curiosamente, uno de los principales sitios
de “imágenes positivas”, la serie policíaca, más significativamente
Cagney y Lacey. Ambos géneros, dado el tipo de interés feminista que
se ha manifestado, podrían subsumirse en una categoría más amplia
de “heroína televisiva” que incluye todos los programas de ficción
posteriores que han sido atractivos para las feministas como Kate y
Allie, The Golden Girls, Designing Women y Murphy Brown. La “heroína
de la televisión” se trata principalmente de personajes femeninos que
viven sus vidas, generalmente trabajando tanto dentro como fuera
del hogar, usualmente sin relaciones permanentes con hombres, a
veces con niños, y tratando de sobrellevar la situación. Es el “tratar
de hacer frente” lo que es crítico. Todos estos programas, de alguna
manera fundamental, abordan el feminismo o abordan la agenda que
el feminismo ha hecho pública sobre las demandas contradictorias
sobre las mujeres. Las sitcoms parecen ser la forma dominante, la
comedia irresistible de ser una mujer moderna, pero ciertamente en
Gran Bretaña ha habido una exploración considerable de las series
policíacas, sobre todo a través de Prime Suspect y el trabajo de Lynda
La Plante.
La telenovela no es exactamente una “heroína de la
televisión”, pero era principalmente atractiva para las feministas
como objeto de análisis porque se percibía que era tanto para y
sobre las mujeres. Discuto esto con más detalle a continuación,
al igual que hago con las referencias múltiples del acrónimo
“telenovela”. Aquí es importante notar que los primeros estudios
sobre telenovelas tendieron a surgir de trabajos relacionados a un
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nivel más general con medios dirigidos a audiencias femeninas. Así,
Carole Lopate escribió sobre la televisión diurna estadounidense en
general en 1976. Dorothy Hobson (1980) comenzó su investigación
con un estudio sobre la escucha radiofónica de las mujeres durante
el día. Tania Modleski (1982) analizó las telenovelas junto con otras
ficciones de producción masiva dirigidas a las mujeres. También es
históricamente significativo que 1978 vio el lanzamiento y posterior
éxito internacional de Dallas. Así, el interés mostrado por las críticas
feministas por los programas de televisión dirigidos a mujeres o amas
de casa coincide con el melodrama serial popular como fenómeno
mundial. El trabajo feminista sobre la telenovela se desarrolla junto
a los estudios sobre la recepción internacional de Dallas (Liebes and
Katz, 1990).

Estudios de audiencia
Como se desprende del apartado anterior, el interés feminista
por los programas de televisión se formuló desde un principio a
través de ideas sobre la audiencia. Varios análisis iniciales de las
telenovelas formulan hipótesis sobre cómo responden las mujeres a
las telenovelas, y muchos estudios posteriores intentan probar estas
ideas. Así, el estudio de Tübingen/Volkswagen (Seiter et al., 1989)
prueba explícitamente algunas de las formulaciones de Modleski, y
Andrea Press (1991) hace preguntas extraídas de una variedad de
trabajos de estudios culturales. Ien Ang (1985 y 1990) ofrece tanto
una lectura extensa de Dallas como un estudio de audiencia. Este
trabajo, también, necesita ser visto en un contexto más amplio. Así,
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mientras que las investigadoras feministas estaban particularmente
preocupadas por la forma en que las mujeres “leían” o disfrutaban
los programas de televisión, hubo una nueva atención a la
“descodificación” de la audiencia en general, como indica cualquier
informe de revisión de la investigación de los medios en la década
de 1980 (ver Corner, 1991b: 267-84).
Podemos notar rápidamente dos tendencias en estudios
recientes, en las cuales la investigación feminista es relevante. En
primer lugar, ha habido un mayor énfasis en el entorno doméstico
y las relaciones familiares en el mismo. El trabajo de Ann Gray de
1992 sobre el uso de la grabadora de video ofrece un ejemplo de
esto, mientras que la investigación de Lynn Spigel de 1992 sobre
“hacer espacio para la televisión” es otro. En segundo lugar, existe
una literatura cada vez mayor sobre las audiencias como fans y la
identidad de los fans como tal, que incluiría el trabajo de Constance
Penley de 1992 sobre los fans de Star Trek y el de Lisa Lewis (1990)
sobre videos musicales.
Al igual que con el análisis textual de los programas, creo
que podemos observar un patrón en el que el trabajo feminista se
agrupa inicialmente en torno a la telenovela, pero luego comienza a
alejarse a partir de mediados de la década de 1980.
Dentro del contexto de este breve mapeo, ahora puedo
ofrecer una cronología del trabajo feminista en las telenovelas. Esto
no pretende ser exhaustivo, una tarea que, dada la interdisciplinariedad
de la investigación indicada anteriormente, sería muy difícil, pero
pretende señalar cuándo se escribieron artículos y libros clave en
relación unos con otros.
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Investigación feminista en telenovelas: cronología1
1974

*Helen Butcher, Ros Coward, Marcella Evaristi, Jenny Garber, Rae
Harrison and Janice Winship, Images of Women in the Media (University of Birmingham, CCCS Stencilled Occasional Paper no. 31).

1976

Carol Lopate, ‘Daytime television: you’ll never want to leave home’,
Feminist Studies 3, 3-4 (spring/summer): 69-82.
+ Horace Newcomb (ed.), Television: The Critical View, 1era ed.
(Oxford: Oxford University Press). Includes: Renata Adler, ‘Afternoon television: unhappiness enough and time’, New Yorker, 12
February 1972.

1977

Richard Dyer, Terry Lovell and Jean McCrindle, ‘Soap opera and
women’, Edinburgh International Television Festival Official Programme:
24-8.

1978

Lesley Stern, ‘Oedipal opera: The Restless Years’, Australian Journal of
Screen Theory 4: 39-48.
*Gaye Tuchman, A.K. Daniels and J. Benét (eds), Hearth and Home:
Images of Women in the Mass Media (New York: Oxford University
Press).

1979

Tania Modleski, ‘The search for tomorrow in today’s soap operas’,
Fil Quarterly, 33, 1:12-21.

1981

Richard Dyer, Christine Geraghty, Marion Jordan, Terry Lovell, Richard Paterson and John Stewart, Coronation Street (London: BFI
Television Monograph no. 13).
Charlotte Brunsdon, ‘Crossroads: notes on soap opera’, Screen, 22,
4:52-7.
Michéle Mattelart, ‘Women and the cultural industries’, Media, Culture
and Society 4, 4: 133-51.
Gillian Swanson, ‘Dallas’, Framework 14:32-5.

1 Las investigaciones marcadas con “*” denotan que el trabajo es
importante en los acercamientos feministas a los medios, pero solo trata
tangencialmente las telenovelas. En contraste, las investigaciones marcadas
con   “+” denotan que el trabajo es acerca de las telenovelas, pero no está
fuertemente informado (o en absoluto) por enfoques feministas.

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1982

Dorothy Hobson, Crossroads: The Drama of a Soap Opera (London:
Methuen).
Ellen Seiter, ‘The role of the woman reader: Eco’s narrative theory
and soap opera,’ Tabloid 6:35-43.
Ellen Seiter, ‘Promise and contradiction: the daytime television serials’, Film Reader 5 (Evanston, III.: Northwestern University).
Ien Ang, Het Geval Dallas (Amsterdam: Eitgeverij SUA).
Tania Modleski, Loving With a Vengeance (Hamden, Conn.: Shoe
String Press).

1983

E. Ann Kaplan (ed.), Regarding Television (essays by Allen, Flitterman,
Modleski) (Los Angeles, Calif.: American Film Institute).
Muriel Cantor and Suzanne Pingree, The Soap Opera (Beverly Hills: Sage).

1984

Jane Feuer, ‘Melodrama, serial form and television today’, Screen, 25,
1:4-16.
Annette Kuhn, ‘Women’s genres’, Screen, 25, 1:18-28. Later reprinted in Christine Gledhill (ed.), Home Is Where the Heart Is (London:
British Film Institute, 1987).

1985

Ien Ang, Watching Dallas, trans. and rewritten (London: Methuen).
Robert C. Allen, Speaking of Soap Operas (Chapel Hill, NC: University
of North Carolina Press).
+ Elihu Katz and Tamar Liebes, ‘Mutual aid in the decoding of Dallas’, in Philip Drummond and Richard Paterson (eds), Television in
Transition (London: British Film Institute).

1986

Mary Ellen Brown, ‘The politics of soaps’, Australian Journal of Cultural Studies 42: 1-25.
Jane Root, Open the Box (London: Comedia), chapter on soaps.
+ John Tulloch and Albert Moran, A Country Practice: Quality Soap
(Sydney: Currency).

1987

*Helen Baehr and Gillian Dyer (eds), Boxed In: Women and Television
(London: Pandora).
+ David Buckingham, Public Secrets: EastEnders and its Audience (London: British Film Institute).
E. Ann Kaplan, ‘Feminist criticism and television’, in Robert C. Allen
(ed.), Channels of Discourse (Chapel Hill: University of North Carolina Press).

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-48

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�Karime A. Anguiano, Jessica Y. Polina y Sandy Santos / Feministas y telenovelas

1988

Sandy Flitterman-Lewis ‘All’s well that doesn’t end’, Camera Obscura
16:119-29.

1989

+ Sonia Livingstone, Making Sense of Television: The Psychology of Audience Interpretation (Oxford: Pergamon).
Ellen Seiter, Hans Borchers, Gabriele Kreutzner and Eva-Maria Warth (eds), Remote Control (London: Routledge).

1990

Mary Ellen Brown (ed.), Television and Women’s Culture (London and
Newbury Park: Sage).
Prabha Krishnan and Anita Dighe, Affirmation and Denial: The Construction of Femininity on Indian Television (New Delhi: Sage).
Tamar Liebes and Elihu Katz, The Export of Meaning: Dallas (Oxford:
Oxford University Press).

1991

Andrea Press, Women Watching Television (Philadelphia, Pa.: University
of Pennsylvannia Press).
Christine Geraghty, Women and Soap Opera (Cambridge: Polity Press)
*Ien Ang and Joke Hermes, ‘Gender and/in media consumption’, in
James Curran and Michael Gurevitch (eds), Mass Media and Society
(Savenoaks: Edward Arnold).
*Liesbet van Zoonen, ‘Feminist perspectives on the media’, in ibid.

1992

*Margaret Gallagher, ‘Women and men in the media’, Communication
Research Trends 12, 1:1-15.
Christine Geraghty, ‘British soaps in the 1980s’, in D. Strinati and
S. Wagg (eds), Popular Media Culture in Post-War Britain (London:
Routledge).
Christine Gledhill, ‘Speculations on the relationship between soap
opera and melodrama’, Quarterly Review of Film and Video 14,
1-2:103-24.
+ Richard Kilborn, Television Soaps (London: Batsford).

¿Por qué y cómo las feministas se interesaron por las telenovelas?
Una vez establecido cierto sentido de la distribución de la
investigación feminista sobre la telenovela —que las feministas
sí se han interesado por el género— y que algunas de las críticas
televisivas feministas más conocidas, como la de Ang, Hobson y
Modleski, tratan sobre este tema, finalmente quiero avanzar hacia
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una respuesta a mi pregunta motivadora. Entonces, ¿por qué las
feministas estaban interesadas en las telenovelas?
Porque la telenovela es un género de mujeres
Desde sus orígenes en las series de radio estadounidenses patrocinadas
directamente por los fabricantes de detergentes, las telenovelas
han estado dirigidas específicamente al público femenino. Esto es
menos cierto ahora que en cualquier momento anterior, pero la
feminidad connotativa del género sigue siendo abrumadora. Las
primeras investigaciones sobre radionovelas realizadas por Herta
Herzog (1944), Rudolf Arnheim (1944) y Helen Kauffman (1944)
bajo la égida de la Oficina de Investigación de Radio investigaron
solo audiencias femeninas. Thelma McCormack (1983) ha analizado
los supuestos sobre la audiencia femenina en otra literatura de
investigación estadounidense sobre el género. Ellen Seiter (1989)
ha revelado el compromiso de Irna Phillips, principal promotora
de muchas radionovelas estadounidenses, de educar a las mujeres
y exhortarlas a comprar. Christine Gledhill (1992) ha examinado el
género de la telenovela en el contexto de una discusión del modo
melodramático en general. En resumen, las mujeres han sido el
objetivo de los creadores de telenovelas, las mujeres han sido
investigadas como espectadores de telenovelas, y el género se cree
amplia y popularmente como femenino, a pesar de la evidencia
obstinada de que no son sólo las mujeres las que miran.
Los primeros escritos feministas sobre los medios, que
dependían en gran medida de la idea de los “estereotipos”,
caracterizaban la representación de las mujeres como dominadas
por dos figuras: el objeto sexual y el ama de casa. Si el primero
se encontraba en concursos de belleza y anuncios de autos; el
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segundo vivía en telenovelas y anuncios de detergente en polvo. Así
que una de las primeras respuestas feministas a la telenovela fue
simplemente hostil. Los programas fueron un ejemplo del proyecto
de lavado de cerebro de los medios de comunicación, el proyecto
para mantener a las mujeres pensando que todo lo que podían hacer
era ser amas de casa. Las mujeres que veían telenovelas, en este tipo
de análisis, necesitaban concienciación, mientras que las mujeres
retratadas carecían de interés. Las feministas estaban interesadas en
las telenovelas sólo en la medida en que transmitían ideologías de
feminidad y familia frente a las cuales el feminismo se definía a sí
mismo. Era un interés combativo, un compromiso de conocer a tu
enemigo.
Pero también fue más complicado que eso.
Porque “lo personal es político”
“Lo personal es político” es la demanda más popular que se sonaba
en el feminismo de occidente en los años de 1970. Esta consigna nos
recuerda a los movimientos feministas anglosajones que surgieron
de los levantamientos políticos y sociales de 1960, con su voraz
fe en el significado de las experiencias individuales y su absoluta
determinación por entender esta experiencia desde lo social. Así
mismo, evoca un movimiento político en específico que nos indica
su directa influencia al movimiento feminista. La definición radical
de lo personal es política, que está asociada con el feminismo de
1970, afectó un gran rango de campos, entre ellos, la investigación
de los medios. Quiero sugerir aquí que es en parte el desafío político
directo de “lo personal es político” lo que contribuye a cambiar
el énfasis de la investigación de medios en las décadas de 1970 y
1980, alejándose de las noticias duras y los asuntos de actualidad
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hacia programadores más suaves. Más allá, quiero sugerir que las
telenovelas, y la influencia del análisis feminista de las mismas, es
primordial para entender la estructura del cambio en el campo de
la multimedia. De este modo, no podemos entender el impacto del
libro escrito por John Fiske en 1987 titulado Television Culture, con
su radical diferencia de los discursos canónicos sin notar la atención
prestada a la agenda feminista. Pues es la crítica feminista lo que le da
significado y no alguna influencia mística de una una determinación
económica de otra parte.
En argumento con el significante histórico de la aseveración
“lo personal es político” para entender las partes de la investigación
mediática no pongo en duda la deconstrucción de lo personal/
político en oposición en específico a las mujeres clase medieras
que han sido educadas con escuelas como las de Aida Hurtado
(1989). Jacqueline Bobo y Ellen Seiter (1991) mapean algunas de
las implicaciones de este argumento en la investigación mediática,
particularmente en las etnografías domésticas, en su artículo The
Women of Brewster Place. El punto de la idea es precisamente que
aquellas mujeres que no son sujeto de la vigilancia o cuidado del
Estado en el hostigamiento dentro de sus hogares y vidas personales
que no solo argumentan con lo personal es político, pero quienes
también ponen su atención en las representaciones de la vida
de las mujeres en la media. Es en el mismo momento, el mismo
movimiento, que declara que lo personal es político, y que ve por
cambiar el significado de las telenovelas en un análisis radical de los
medios de comunicación.
Sí, lo personal es político; sí, está en casa, en las relaciones,
en las familias de las mujeres, en la opresión íntima de las mujeres
—o la opresión a la mujer por ser mujer— es mayormente asegurada,
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entonces la construcción mediática de la representación de la vida
personal se convierte en un fascinante objeto de estudio. Si la crítica
tradicional izquierdista de los medios de comunicación, que está
construida en el sentido del conflicto de clase, se sintió atraída por la
información del mundo público —por las disputas industriales, por
las interacciones del estado y las instituciones de radiodifusión, por
los patrones internacionales de propiedad y control— la erudición
feminista emergente tenía bastante enfoque. El impulso teórico del
feminismo empujó a los académicos no a lo excepcional sino a lo
cotidiano. Como se discutió anteriormente, hubo una investigación
sobre los patrones de empleo de las mujeres en los medios de
comunicación, pero en realidad la preocupación por observar la
representación de las mujeres por necesidad se alejó de las noticias
duras y los asuntos de actualidad. Entonces la convicción teórica de
que había una política en la vida cotidiana y que el trabajo oculto de
las mujeres en el hogar era esencial para el capitalismo coincide con
la distribución genérica real de las mujeres (blancas) en la televisión.
Si el proyecto consistía en analizar la representación de las mujeres
en la televisión, era necesario centrarse en géneros distintos de
los objetos tradicionales de análisis crítico porque, en general, las
mujeres ni leen ni aparecen en temas nuevos y actuales.
Porque las “telenovelas” tienen un significado metafórico
Es evidente que a fines de la década de 1970 y durante la década
de 1980, el término “novela” se usaba para programas que, de
hecho, son bastante distintos: desde telenovelas sudamericanas,
series diurnas de EE. UU., series británicas de realismo social,
programas de horario estelar de Estados Unidos. ¿Qué tienen en
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común que atrae a las académicas feministas hacia todas ellas? Aquí
la respuesta es, de nuevo, la feminidad percibida de los programas,
pero aquí en un sentido bastante más metafórico: lo femenino como
despreciable, como banal, como objeto de una seria atención crítica.
Así, la unidad de estos diferentes programas —la razón por la cual,
en cierto sentido, era correcto llamarlos a todos “novela” en un
período particular— reside en su lugar compartido en el fondo de
la jerarquía estética. Fue a esta generalización del juicio estético a lo
que se dirigieron en parte las críticas feministas, como vemos en este
comentario de 1981 de Terry Lovell: “Sin embargo, dentro de esta
denigración casi universal, la telenovela proporciona los placeres de
la validación y de la autoafirmación, que seguramente debe alejarse
un poco de su popularidad duradera con las mujeres (Lovell, 1981:
51, énfasis agregado).
Porque ellos no deberían ser: ambivalencia feminista
Los primeros trabajos feministas sobre las telenovelas están marcados
por la ambivalencia. Por una parte, está el repudio al género del que
he hablado. Por otro lado, en este sentido de que estos programas
son algo que ven “otras mujeres” —no feministas— ofrece una
justificación política para un compromiso con el género. El trabajo
aquí es hacer una política regresiva. Sin embargo, a veces, debajo de
esta estructura de repudio/reenganche explícitamente feminista, hay
una presencia más evasiva, un fantasma de las feminidades pasadas.
Para muchas feministas, escribir sobre telenovelas —y, diría yo, sobre
géneros y medios comparables como la dicción romántica y las
revistas femeninas— supuso una investigación de las feminidades de
las que sentían, o nos hacían sentir, una distancia muy contradictoria.
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Ien Ang discutió esto directamente en su proyecto de Dallas,
donde inscribió un sentido de actitudes condenatorias hacia ver
telenovelas en su anuncio original: “Creo que estoy viendo la serie
de televisión Dallas, pero a menudo tengo reacciones extrañas”
(Ang, 1985: 10). Ella está, en primera instancia, preocupada por
investigar lo que llama la “ideología de la cultura de masas”, pero
más adelante en el libro critica explícitamente una tendencia hacia
“la sobrepolitización del placer” presente en muchos trabajos
feministas sobre ficción popular. Janice Winship ha escrito sobre
esto vívidamente en la introducción de su libro sobre un género
relacionado, las revistas femeninas, publicado en 1987:
Admitir dentro de los círculos feministas que estaba investigando
—entre todas las cosas— las revistas femeninas solían hacerme
sentir igual de cómoda cuando murmuraba apresuradamente una
explicación de mi “estudio” a los amigos de mis padres que me
preguntaban cortésmente... Si eran amistades feministas lo dijera
o no, sentí que estaban pensando que si realmente tenía que
investigar... debería hacerlo en algo más importante políticamente…
Sin embargo, seguí creyendo que era igual de importante entender
cómo operaba la discriminación sexual en el lugar de trabajo. Sentí
que simplemente descartar las revistas femeninas era también
descartar la vida de millones de mujeres que las leían y disfrutaban
cada semana. Más que eso, todavía los disfruté, los encontré útiles y
escapé con ellos. Y sabía que no podía ser la única feminista que era
lectora de armario. (Winship,1987: xiii)

El uso consciente de “closet” aquí apunta a la forma en
que las primeras feministas, que realizaron estudios académicos de
estas formas populares, realmente enfrentaron oposición no solo
de la Academia, sino también dentro del feminismo. Algunas partes
del feminismo de la década de 1970 estaban muy interesadas en
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construir una distancia entre la identidad feminista y las formas
más convencionales de feminidad. Volvemos a ver estas tensiones
cuando, escribiendo cinco años antes, Terry Lovell defiende tanto
la observación como el estudio de la telenovela británica Coronation
Street en estos términos:
Coronation Street ofrece a sus espectadoras ciertas “estructuras
de sentimiento” que prevalecen en nuestra sociedad, y que son
sólo parcialmente reconocidas en el orden patriarcal normativo.
Ofrece a las mujeres una validación y celebración de aquellos
intereses y preocupaciones que son vistos como propios dentro
del mundo social en el que habitan. La telenovela puede ser el
opio de las masas de mujeres, pero al igual que la religión, también
puede ser, si no “el canto de los oprimidos”, un contexto en el que
las mujeres pueden expresar ambiguamente tanto la aceptación
con buen humor de su opresión como el reconocimiento de esa
opresión y algunos igualmente de buen humor protestan en su
contra. (Lovell, 1981; 51)

Esta leve defensa de la telenovela se produce después de
nueve páginas de escritos teóricos estrechamente argumentados
sobre por qué el género es digno de atención.
Es esta última razón “por qué” lo que nos lleva de vuelta
al punto de partida, el de la picardía percibida en la relación entre
el feminismo y la telenovela. Debido a la sedimentada clasificación
de género en este tipo de programas, no había manera de que un
movimiento político que desafiara la definición de género pudiera
ignorar la telenovela.
Pero tampoco podría, finalmente, repudiar estos placeres e
identificaciones, ni simplemente celebrarlos. Las feministas estaban
interesadas en las telenovelas porque eran programas de mujeres,
pero cada uno de estos términos resulta inestable en una inspección
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más cercana. Lo que se denominó “telenovela” a menudo tenía poco
más que serialidad y falta de presentación poco común. “Mujeres”,
como he encontrado repetidamente al rastrear esta historia, ha
demostrado ser una categoría muy engañosa para el feminismo,
tanto necesaria como imposible, que a menudo excluye a más
personas de las que incluye.
Conclusión
Mediante el rastreo de un conjunto de historias entretejidas, hemos
tratado de sugerir cuál fue el encuentro más significativo entre las
feministas y las telenovelas. El tiempo es importante, porque creo
que podemos fechar el período clave de este encuentro entre 1976 y
1984, y es en estos años cuando vemos que tanto el feminismo como
las telenovelas se establecen por primera vez en sus identidades
académicas tan discutidas y a menudo ridiculizadas. En crisis en la
arena política, el feminismo comenzó a establecer algunos puntos
de apoyo en la Academia, a veces en “su propia” disciplina, los
Estudios de la Mujer, a veces en las disciplinas más nuevas como los
Estudios Culturales o de los Medios, y ocasionalmente en campos
más establecidos. El estudio de la televisión también cambió, y el
interés por los géneros populares, quizás en parte centrado por el
éxito internacional de Dallas, se enriqueció y feminizó explícitamente
a través de la telenovela de atención.
En segundo lugar, el estudio de la telenovela proporcionó un
sitio genérico particular en un nuevo medio para la investigación del
espectador femenino. La cuestión de la mujer lectora/espectadora/
observadora/audiencia ha sido un tema recurrente que ha
ocupado a las académicas feministas en una variedad de disciplinas
tanto a nivel teórico como empírico. Las telenovelas, percibidas
334

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como evidentemente de género, aunque también muy populares
internacionalmente, proporcionaron un excelente sitio para el
análisis de esta figura, cuando se teorizó como una construcción
textual o se investigó como un hecho sociológico.
Finalmente, creo que podríamos decir que la academia
feminista de medios explora y se define un poco en el encuentro.
Tomando la telenovela en serio -y tal vez. lo que es más importante,
tomarse en serio a las fanáticas de las telenovelas- como comenzó
a hacer este trabajo feminista temprano- también implicó tomarse
las habilidades, las virtudes y los placeres de las feminidades
convencionales bastante más en serio. Hacer investigación con
“personas reales” plantea cuestiones éticas complejas y difíciles. Ha
sido en parte a través de la exploración de este “género femenino”
y sus audiencias que algunas de las simplicidades y cegueras de la
segunda. Las oleadas de feminismo han sido cuestionadas. Entonces,
si el feminismo ha sido importante en la producción de un contexto
en el que la telenovela puede tomarse en serio, entonces la telenovela
ha sido significativa como un sitio en el que el feminismo puede
aprender a tratar a los demás con respeto.

Bibliografía
Brunsdon, C. (1997). Screen tastes: soap opera to satellite dishes. Routledge.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-48

335

�Notas
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

La violencia comienza con la mirada. Acercamiento
a la novela Las Violetas son flores del deseo (2015) de
Ana Clavel
Ángeles Stefanya Serna Moreno
Universidad Autónoma de Nuevo León
annstmoreno9930@gmail.com

Monterrey, México

“Me gusta cuando callas porque estás como ausente”.
–Pablo Neruda.

Durante mucho tiempo se han visto en la ciudad panorámicos
sexualizando a la mujer al anunciar un producto, así como canciones
donde narran que el único interés de la mujer es tener relaciones
sexuales. Sin embargo, el poder patriarcal y la violencia, que son
el medio de sometimiento para las mujeres, son muy diversos y se
encuentran en espacios donde no se esperan, como en las fábricas de
juguetes. En este ensayo estudio la novela corta Las Violetas son flores del
deseo (2015) de la escritora contemporánea Ana Clavel, ganadora del
Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen y acreedora a la medalla
de plata de la Société Académique Arts-Sciencies-Lettres de Francia.
337

�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

Me interesa demostrar la presencia de la figura del pedófilo
en la literatura de Ana Clavel para exponer el acto del consumo de
muñecas sexuales como muestra del poder simbólico patriarcal.
Por tal motivo, he dividido el ensayo en cuatro partes; la primera
consiste en los antecedentes, donde narro la presencia de estas
nuevas figuras que presenta Clavel en el libro y la concepción
de la figura del pedófilo en la sociedad, así como algunos de sus
argumentos y redes de consumo. Después, expongo el marco
teórico que he utilizado, el cual se construye bajo cuatro conceptos
que delimitan mi lectura: perversión, poder simbólico, violencia simbólica
y deseo.
En el tercer y cuarto apartado realizo la aplicación de los
elementos previamente investigados, los cuales se dividen en “La
corporeidad plástica del objeto de deseo” y “Las figuras violentas
dentro del valor literario de la obra”. La perspectiva con la que
expongo los argumentos es de género, no obstante, en el apartado
de la violencia a la infancia incluyo ambos sexos, debido a que
las referencias mencionan que la pedofilia es practicada tanto por
hombres como por mujeres, y sus víctimas son niños y niñas
de diferentes edades, pero menores de 18 años. Incluso, existen
categorías para clasificar a los tipos de pedófilos porque no todos se
centran en niños de cierta edad o condición.
Además, analizo, dentro de la perspectiva de género, la
conducta o preferencia de hombres –en su mayoría– hacía muñecas
que son replicas exactas de niñas o mujeres, ya que estos grupos
han construido en la actualidad sus espacios para ese consumo
comercial, especialmente dirigido a cierto público. Este enfoque
se relaciona con la narrativa de Clavel debido a que por medio
de recursos estilísticos y estructuras de narrador-protagonista, se
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�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

representa una realidad social que es ahistórica, si se toma el siglo
XX como punto de partida.
Antecedentes
La literatura contemporánea aborda gran cantidad de temas que
representan distintas preocupaciones sociales y van desde el
feminismo, hasta la presencia de las nuevas tecnologías en la vida
cotidiana. Esto se debe a que se proponen nuevos espacios ficticios
que no habían sido explorados con anterioridad por los autores
del boom o, incluso, antes. En este ensayo estudio brevemente las
condiciones sociales en México, debido a que la autora estudiada es
originaria del país; sin embargo, se mencionan algunas referencias
latinoamericanas sobre literatura que presenta la figura del pedófilo.
Asimismo, Clavel destaca por exponer dos dimensiones con
distintas manifestaciones en la narrativa mexicana, que son: el deseo
y la sexualidad (Plaza, 2016). En una entrevista de su más reciente
obra describe el proceso creativo y de investigación que realiza, lo
que ella busca es presentar la resignificación de figuras literarias que,
por lo general, los lectores tienen identificadas de otra manera más
puritana, dejando de lado, la existencia de la perversión que habita
en la sexualidad y la transgresión que propician los deseos. Además,
en la obra de Clavel es muy común encontrarse con esta propuesta
moderna del cuerpo como un artefacto carnal, debido a que es
donde se desarrolla la tensión y el objetivo de sus obras, en especial,
Las Violetas son flores del deseo (2015).
Dentro de la novela, como también sucede en Cuerpo náufrago
(2005) y en El amor es hambre (2015), se expone el deseo desde
los fetiches que son ocultos para la sociedad; aquellos que no se
mencionan, pero de una u otra manera la sociedad participa en ese
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�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

encubrimiento de deseos compartidos, debido a represión colectiva
que se genera gracias a las estructuras sociales que cada comunidad
comparte. Clavel retrata esas imágenes o realiza un acercamiento a
ciertos sucesos sociales que solo cuentan una parte de la realidad.
Otro punto para destacar de la obra es que en ella convergen
los estudios literarios con los psicoanalíticos: “La crítica literaria y
el psicoanálisis se focalizan en el inconsciente del texto que puede
proporcionar lecturas, interpretaciones y maneras de apreciar un
universo interno que se desprende hacia el exterior gracias al lenguaje”
(Plaza, 2016: 9). En la presente obra, se encuentra un narrador
protagonista que, a través de sus vivencias pasadas y presentes, permite
conocer la historia de una fábrica de juguetes, que además de vender
los tradicionales para niños, también ofrecían muñecas, las Violetas,
destinada para los adultos debido a su finalidad sexual.
En la historia se perciben varios elementos psicoanalíticos
como síntomas de la neurosis del narrador-protagonista, la represión
y el desplazamiento de pulsiones sexuales hacia el objeto de deseo,
que el primero da como resultado a las Violetas, debido a que su
interés sexual es hacía su hija, Violeta. Incluso es mencionada en la
historia como la Violeta original.
La pedofilia, la relación con la obra y la tecnología del género
Desde la etimología, la palabra pedofilia significa ‘amistad con un
niño’ (en griego “pais” significa niño y “philia” amistad) y uno de
los pioneros en tratar el tema desde la psiquiatría fue el alemán
Richard von Krafft-Ebing en el año 1890. Incluso, publica una
obra1 donde describe los distintos modelos psicopatológicos que
1 Psychopathia sexualis

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derivan las variadas preferencias sexuales. Entonces, desde mucho
antes, existe un registro de interés por parte de los adultos a sostener
relaciones con niños. Claramente, esto se observa en las diferentes
culturas donde las niñas son casadas tiempo después de presentar
su menstruación, sin embargo, los trastornos o psicopatologías,
menciona Paul Preciado en uno de sus ensayos, que son resultados
de sus entornos.
En este contexto, existe una confusión entre pedofilia como
sinónimo de pederastia. Para fines prácticos, el que se utiliza en este
trabajo es el primer concepto, el cual se estudia desde su inclusión
a “todo tipo de relaciones con menores, tanto homosexuales y
heterosexuales, la pederastia se refiere a la atracción homosexual
por prepúberes o jovencitos” (Oliveiro y Graziosi, citado en Plaza,
2016: 204). Así que, el sujeto pedófilo emplea varias prácticas para
someter a su víctima u obtener lo que quiere de ella, que van desde
caricias hacia órganos sexuales, hasta la penetración, muchos de ellos
se excusan con el argumento de que los niños disfrutan o que ellos
ya tienen la libre decisión de saber qué les gusta. Sin embargo, en
estos temas entran muchos factores sociales, culturales y políticos
que no se tocarán en este trabajo.
Por otra parte, la violencia presentada por Clavel consiste
una violencia pasiva que no afecta ni física ni mentalmente a las
víctimas, ya que el victimario satisface su deseo con sólo observarlas.
En ese punto comienza el análisis de la novela de Clavel, ya que
no se reprime a la hija del protagonista o a cualquier otra víctima,
sino que se crean muñecas idénticas a mujeres y niñas reales para
violentar a esa representación de personas específicas. A su vez,
se relaciona la tecnología del género, debido a que no son simples
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muñecas de plástico, sino que son muñecas, casi robots, que regulan
su temperatura parecida a la de un ser humano normal, y que los dos
dueños de las fábricas de muñecas utilizan métodos diferentes para
ofrecer ese proceso.
Asimismo, en el libro Feminismo digital. Violencia contra las mujeres
y brecha sexista en internet se encuentra un análisis que argumentan la
existencia de grupos en redes sociales y comunidades digitales que
se reúnen para intercambiar muñecas o hablar sobre las mujeres que
les atraen en la vida real, pero no pueden dominar. Un ejemplo de
esto son las investigaciones de campo de Belinda Middleweek (2020)
que estudia por medio de los hilos de conversaciones de Harmony
en The Doll Forum que los hombres disfrutan entablar conversiones
donde puedan expresar comentarios y perspectivas misóginas
sobre las mujeres en general o de su alrededor: “Observa que los
hombres se sienten seguros reuniéndose en dicho espacio y que su
prioridad temática gira en torno a sus preferencias sexuales, además
de ser frecuentes las alusiones estereotipadas y misóginas hacia las
mujeres” (Delicado-Moratalla, 2021: 492).
En resumen, la narrativa de Clavel destaca

por la

resignificación de la doble manifestación de la sexualidad y el
deseo, donde propone una mirada reflexiva y cruda a nuevos
espacios cotidianos, como lo son las fábricas de juguetes y el
uso de la tecnología con diversas finalidades, donde tal vez sí
se propicie la industria de la pornografía, pero también se están
vinculando otras formas de violentar a mujeres y niños a través
de su imagen y de sus representaciones plásticas. Lo anterior se
justifica en los siguientes apartados donde se aplica la teoría de
la figura del pedófilo como parte del poder simbólico y actor
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principal del consumo de muñecas sexuales como medio de la
violencia simbólica patriarcal.
Metodología
Los conceptos que he identificado y analizado en la novela son:
perversión, violencia simbólica, poder simbólico y deseo. En primera instancia,
éstos son usados para identificar la figura del pedófilo, ya que se
centran en la violación y la reproducción de muñecas sexuales con
el fin de satisfacer los deseos que representa el protagonista. No
obstante, las prácticas a las que estos sujetos recurren son variadas
y muchas de ellas llegan al contacto físico con sus víctimas reales.
Así que, para el concepto de perversión recurrí a los
teóricos Francisco Javier de Santiago Herrero, Alejandra Lin Ku
y Montfragüe García-Mateos y a su ensayo Erotismo y perversión:
un diálogo entre psicoanálisis y filosofía (2019). En este texto se plantea
la definición de erotismos desde las dos vertientes estudiadas: la
filosofía y la psicología. Incluso, hay un punto donde los autores
relacionan estas dos disciplinas en la pulsión de muerte que genera
el erotismo. Además, lo relacionan con la prohibición y transgresión
de los cuerpos violentados.
Por eso, un concepto secundario que empleé fue el de violación,
tomado de un estudio sociológico que realizó Rita Laura Segato
en Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la
antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos (2003). Segato expone
el odio y repulsión de los violadores hacia el género femenino y
esto se relaciona con lo que se menciona en el libro Feminismo digital.
Violencia contra las mujeres y brecha sexista en internet, donde DelicadoMoratalla investiga sobre la finalidad de estos grupos de pedófilos
y acosadores viendo y transgrediendo representaciones plásticas
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�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

de mujeres y niños verdaderos, debido a que en ambos casos que
presentan las autoras hay odio hacia las mujeres.
Los otros conceptos que se entrelacé fueron el poder y la
violencia simbólica desde la perspectiva del sociólogo Pierre Bourdieu,
interpretado a su vez por J. Manuel Fernández en el ensayo La noción
de violencia simbólica en la obra de Pierre Bourdieu: una aproximación crítica
(2005). En este texto se explican los conceptos antes mencionados
y las características que se deben de tener para aplicarlos. Además,
se puede relacionar la violencia simbólica con la violencia pasiva, ya
que, Bourdieu define a la primera como “esa violencia que arranca
sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose
en unas expectativas colectivas, en unas creencias socialmente
inculcadas, transforma las relaciones de dominación y de sumisión
en relaciones afectivas, el poder en carisma” (Fernández, 2005: 9).
Así como resume Fernández, la violencia simbólica es más difícil de
percibir debido a que las comunidades están acostumbradas a verla
en todo momento. Por eso, dentro de esta comunidad de pedófilos,
ellos justifican que no le hacen daño a nadie por estar con una
muñeca o, simplemente, tomar la imagen de alguien para recrearla2.
Por último, abordé el concepto de deseo desde el texto de
Pio Eduardo Sanmiguel Deseo: deseo del otro. Plantear el problema de la
constitución del deseo como deseo del otro (1992). Ahí se define al deseo
como construcción de la relación con el otro por medio de “los
efectos del lenguaje en el viviente” (Sanmiguel, 1992: 59). Esto se
plantea en la novela de Clavel con la mirada desde el lenguaje familiar,
2 Además, la sexualización también está presente en los juguetes para
niñas, ya que se producen muñecas, en su mayoría, con cuerpos estilizados y
alejados de la realidad, en algunos casos se busca que las niñas quieran verse
como la muñeca.

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ya que el protagonista narra que el negocio de las muñecas sexuales
lo habían comenzado su padre y Klaus, un personaje secundario,
debido a que él es su mano derecha en el negocio de las Violetas y
lo alienta continuar con esos tipos de gustos.
La corporeidad plástica del objeto de deseo
Las Violetas son flores del deseo es una narración que se aleja de la
oralidad, en comparación de la novela Páradais (2021) de Fernanda
Melchor y de la estructura epistolar de Liliana Blum con El
monstruo pentápodo (2016). La voz narrativa conduce a sus lectores
al inconsciente de un victimario, pero al mismo tiempo víctima de
sus impulsos y deseos. La obra comienza con una analepsis, donde
el protagonista, Julián Mercader, aparece en la fábrica de juguetes
de su padre observando la entrepierna de una muñeca, desde ese
momento el lector se encuentra inmerso en el pensamiento del
narrador, donde él se pregunta las razones por las que las niñas
tienen diferentes sus órganos sexuales en comparación con los
órganos sexuales de los niños.
La mirada y la estética pornográficas están presentes en otras
muchas industrias asociadas al entretenimiento o a la cultura
[…] La representación de chicas y mujeres con actitudes híper
sexualizadas dentro de la publicidad, así como en las coreografías,
los espectáculos, los videoclips o la imagen turística de diversos
destinos, es cotidiana y masiva en todo el ciber espacio, la televisión
y los paisajes urbanos (Delicado- Moratalla, 2021: 496).

Desde esta primera imagen, aparte de resaltar las narraciones
y que en cada capítulo del libro haya una acción específica que
crea un suspenso, vinculándose así al capítulo siguiente, se expone
la presencia del cuerpo violentado por una mirada, aún sin crear
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�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

representaciones gráficas de mujeres o niñas, sino que, con ver
detenidamente su objeto de deseo, que en ese momento de la obra
era una muñeca cualquiera, los indicios de perversión se hicieron
presentes. Clavel inicia la novela con la siguiente línea: “La violación
comienza con la mirada. Cualquiera que se haya asomado al pozo de
sus deseos lo sabe” (2015: 9). Es clara aquí la referencia a Freud y su
Ensayo sobre las aberraciones sexuales de 1905, donde aborda los deseos
más “oscuros” del ser humano3; sin embargo, Clavel transforma
este discurso en un problema social atemporal, estrechamente
vinculado a la perspectivas sociales que se presentan en cada época.
Segato describe las leyes latinoamericanas que protegen al
violador bajo la justificación de ser “costumbres”. No obstante,
la perspectiva cambia cuando pasa a otros medios como el digital o
el plástico. Estas dos situaciones las presenta Clavel en la novela, ya
que, mientras crecía el negocio de las Violetas, Klaus era la conexión
entre el mundo de la pedofilia digital y el narrador protagonista,
Julián Mercader, para ampliar el negocio y como resultado de la
fascinación de los consumidores que estaban presentes en internet
con el disfraz de la fábrica de juguetes tradicionales, para adquirir
una muñeca sexual tenían que solicitar que querían una Violeta
especial; tenían variedades de representaciones como colegialas,
princesas, etc.
Lo anterior se puede relacionar con el capítulo de Delicado
Moratalla (2021) donde explica el perfil de los consumidores de este
tipo de juguetes. Es similar a lo que representa Clavel en la obra:
en el plano de lo real son personas normales, sin ningún tipo de
característica que los diferencie de los demás. Así pasa en la novela;
3 Ensayo sobre las aberraciones sexuales (1905).

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Klaus y Julián no tienen marcas o comportamiento extraños que
los exilien de la sociedad ficticia. También, Delicado Moratalla
menciona que los hombres inmersos en estos comercios suelen
tener más de una muñeca y les ponen apodos como “mi chica” o
“mi esposa”4, como Mercader, y es debido a este tipo de acciones
por las que comenzó la venta de las Violetas, porque él no podía
satisfacerlas a todas.
Además, dentro de la novela se puede interpretar la
representación de la realidad a través de esta dualidad de perspectivas,
donde por un lado el narrador protagonista tiene una ruptura de
sentimientos por no poder poseer a la verdadera Violeta, y por el
otro lado, continuar pervirtiendo la imagen de su hija y de otras niñas
al crear las muñecas y distribuirlas. Esta situación se puede estudiar
desde la transgresión a la imagen de su hija y el desarrollo del poder
simbólico patriarcal. En el primer aspecto, se toma en cuenta que la
transgresión y la perversión las alimenta la misma sociedad. “Hasta
la transgresión está regulada por el cuerpo social: parece que nada
escapa de su atenta mirada […] rechazar la violencia del impulso
natural no significa romper del todo con nuestra animalidad, sino
acordar un pacto con nuestras bestias” (Santiago, Lin &amp; García,
2019: 6).
En este caso, el primer acercamiento al fomento de esta
acción es Klaus, él fue quien apertura el cuerpo social. Además, que
disfrazan esta acción con la fábrica de muñecas tradicionales. Cabe
mencionar, que la regulación del cuerpo social, en este caso, está
4 Incluso, existen burdeles que son de muñecas, un ejemplo es el que
menciona Delicado Moratalla en su texto: Aura Doll, donde aseguran que las
muñecas tienen una imagen infantil, esto lo expone Delicado Moratalla (2021)  
en el capítulo del libro.
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�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

también representadas por los consumidores. Son como las reglas
del comercio, si hay demanda es por existen consumidores. Por lo
que, el cuerpo social que acepta o denigra estas acciones es la misma
sociedad, como lo muestra Delicado Moratalla con el ejemplo de
los blogs en internet. “El blog Amor de Plástico tiene más de 1.300
seguidores en Twitter y RealDoll más de 11.4 millones. En esos
espacios virtuales, los consumidores tejen una vinculación afectiva
entre ellos al mismo tiempo que se distancian de las mujeres”
(Middleweek, citado en Delicado-Moratalla, 2021: 492).
Esa vinculación afectiva es la crea los lazos entre individuos
para cubrir los deseos que tienen y la relación en la vida cotidiana
dentro de sus grupos sociales. Ahora bien, en el segundo aspecto,
hay un desarrollo del poder simbólico patriarcal desde el hecho en
que son imágenes o figuras plásticas de personas reales, Bourdieu
menciona lo siguiente.
La violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible, e
invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a
través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación
del conocimiento o, más exactamente del desconocimiento, del
reconocimiento o, en último término del sentimiento (Fernández,
2005: 23).

El poder simbólico es el resultado de la violencia simbólica,
debido a que ésta es el medio por el cual se oprime a las víctimas y
debido la inmersión de estas prácticas violentas dentro de cualquier
tipo de institución (laboral, familiar, religiosa, etc.) las normaliza
porque es lo que observamos todos los días. Además, un punto
importante es el análisis es lo simbólico del sentimiento, ya que
está entrelazado al deseo de un individuo. Este se ve afectado por
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pulsiones que lo llevan a depositar su deseo a un objeto prohibido
para su grupo cultural, debido a que los miembros de una cultura
abandonan una parte de sí mismos para convivir en la sociedad y
ser parte de ella. Así que, esto le comienza a parecer atractivo al ser
humano. “Lo vetado es también lo más deseado por la humanidad;
si no fuera así no habría necesidad de dictar prohibición alguna”
(Santiago, Lin &amp;Garcia, 2019: 7).
Asimismo, en la obra de Clavel se crean grupos virtuales
de muchas partes del mundo para consumir a las Violetas, grupos
privados en los que solamente la figura pedófila entra porque
comparte el sentimiento y el grupo guarda el secreto por continuar
generándose más placer con imágenes y figuras de sus víctimas.
Además, en una parte de la novela, se presenta el orgullo de Julián
por la gran demanda que están teniendo sus chicas y la cantidad de
pedidos especiales que les llegaban con fotos de niñas, las cuales las
muñecas debían ser a su imagen y semejanza: “Entonces, por fin,
entendí su petición secreta: debía compartirlas, asignarles un padre y
un hombre para cada una de ellas” (Clavel, 2015: 95).
Para finalizar el apartado es importante retomar el aspecto
de la regulación de la sociedad ante estas prácticas, ya que en el
texto La pedofilia: un problema clínico, legal y social de Victoria Trabazo
Arias y Fernando Azor Lafarga (2019) exponen que la ilegalidad de
la pedofilia se continúa cuestionando, ya sea por costumbres, o por
los argumentos bien construidos de las comunidades de pedófilos,
que defienden la capacidad de los niños para decidir qué es lo que
quiere hacer con su cuerpo. “Los pedófilos defienden su derecho a
amar a los niños y su derecho de expresión alegando que cuando no
hay violencia, explosión o prostitución, su preferencia sexual debe
ser respetada” (Trabazo y Azor, 2019: 207).
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�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

Las figuras violentas dentro del valor literario de la obra
Ahora bien, para demostrar el resultado del objetivo planteado para
este ensayo, es necesario mencionar que se observa el poder simbólico
desde la ejecución de Julián al hacer las muñecas para “satisfacerlas”,
pero capítulos después, se da cuenta que está formando parte una
comunidad delictiva –en el mundo ficcional de la obra– y es él
quien metafóricamente se ha convertido en una muñeca presa de
sus propios deseos. Así que, en relación con la trama construida
con analepsis y prolepsis, como también presentar una narración
activa en el sentido que lleva al lector al dinamismo literario, lo que
lo aleja de meras descripciones, sino que nos presenta la acción en
los verbos: mirar y violar. “He dicho que la violación comienza con
la mirada. ¿Cuándo empecé yo a torturar a mis Violetas y a dejarme
torturar por ellas?” (Clavel, 2015: 97).
Otro aspecto estilístico de la obra son las estructuras de cada
capítulo, ya que combinan la simbología del sueño por medio del
deseo sexual que solamente se llena con el Otro –las Violetas–: “La
importancia de la simbología del sueño en la novela, que nos remite
al aspecto sexual, nos lleva a analizar los elementos oníricos para así
comprender la fuerza del deseo transgresivo en el personaje de la
ficción” (Plaza, 2016, p. 13). Asimismo, esa transgresión se relaciona
a través del resultado de la violencia simbólica hacia su propia hija
que representa la víctima de una gran cantidad de pedófilos. Lo que
nos lleva a tener como resultado general, el poder simbólico, que
se genera desde la proyección de Julián con las muñecas hasta la
regularización del grupo social.
Los capítulos van adentrando al lector desde ese espacio,
donde se encuentra el grupo social, como las conversaciones con su
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padre, Klaus o su esposa hasta su propio inconsciente, donde deja
ver sus deseos hacia su hija y a las muñecas que la representaban,
como también a las características femeninas que le parecían
atractivas de Clara, un personaje terciario en la obra que simboliza
la pureza femenina en la juventud, pero que mantenía una imagen
de niña, aun siendo adulta. Por otra parte, existe cierta complicidad
entre las figuras que representan los personajes, ya que a lo largo de
la novela se dieron referencias de obras literarias que tocan el tema
de la pedofilia o lo incitan. Un ejemplo es la mención de la novela
Las hortensias (1940) de Felisberto Hernández, ya que es una obra
clasificada como literatura erótica por los juegos sexuales que realiza
el protagonista por medio de la muñequización de las mujeres que
le atraen.
Por otra parte, también se analiza el deseo desde la
transgresión del cuerpo, ya que las figuras pedófilas de la novela
veían a las figuras femeninas como alfo roto por la naturaleza de su
órgano sexual: “El placer que en esos dominios de la sombra puede
producir el que unas manos desconocidas serruchen nuestra carne
en una operación silenciosa y sin dolor” (Clavel, 2015: 35). Debido
a que el deseo es relacionarse con el Otro por medio del lenguaje,
este último es quien define a institución natural del hombre, ya que
es su medio de comunicación con el exterior. Por lo que, existe una
regulación de este, pero cuando no se llega a controlar, aparece la
perversión. “La perversión implica por ello la suspensión de las
funciones vitales y sociales” (Santiago, Lin &amp; García, 2019: 10).
En resumen, he revisado la propuesta literaria de Clavel
desde las figuras violentas, los pedófilos, en el simbolismo que crea
en la novela. Además, traté de complementar mi argumentación
con la exposición de los conceptos de violencia y poder simbólico
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�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

aplicados a algunas situaciones de la obra, para tal propósito presenté
las figuras literarias externas a la trama, pero que Clavel menciona
la referencia. Asimismo, la presencia del deseo durante toda la obra
crea la tensión con los verbos de acción que pude identificar.
Discusión
El principal objetivo de este análisis es demostrar la presencia de
la figura del pedófilo en la literatura de Ana Clavel para exponer
el acto de consumo de muñecas sexuales como muestra del poder
simbólico patriarcal. Durante un largo tiempo, las estructuras sociales
cimentadas en el poder simbólico se han percibido en varias áreas
de la vida cotidiana y del estudio de disciplinas, la literatura no es la
excepción. Sin embargo, el cambio que conlleva cada época realiza
un avance para la erradicación de esta violencia que la presentan
como costumbres.
La literatura también resiente esos cambios porque no es
ajena a su entorno. Desde la llegada del boom latinoamericano han
surgido obras que son históricas, atemporales con sus tramas y la
una estética que construye la propia poética del autor. Por eso, esa
época está marcada con clásicos latinoamericanos y basados en esas
novelas se construye el canon literario. No obstante, el tiempo pasa
y la llegada de nuevos escritores con estructuras narrativas distintas,
pero con un enfoque social que se destaca en la oralidad de las obras
vuelve a marcar la época denominándola el postboom.
La responsabilidad social que asumieron los escritores de
este último período se basa en exponer las situaciones críticas de sus
países, pero retomando el sentimentalismo del ser humano, como
el amor, el anhelo y la añoranza. Actualmente, la propuesta literaria
de Clavel contiene ese sentimiento que es exponente del deseo de
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las pasiones, sin embargo, la autora presenta un tema que, aparte de
haber sido tratado por hombres como Felisberto Hernández, Pablo
Neruda y a un nivel internacional Vladimir Nabokov con su obra
Lolita (1995), ella lo retoma y construye un personaje masculino
desde el inconsciente.
Además, la diferencia que establece Clavel ante otras obras
literarias es el manejo del objeto de deseo de Julián, ya que expone
una incomodidad colectiva que sufren las mujeres e infantes que son
las miradas lascivas, pero lo metaforiza y extra pone un tema más
con el comercio de muñecas sexuales. Si bien, la literatura de Clavel
abre el diálogo sobre el deseo y la sexualidad prohibida, desde la
represión de las pulsiones sexuales de Julián hacia su hija, hasta la
posesión del deseo del mismo protagonista.
Otro aspecto que renueva la novela es la concepción del
cuerpo femenino, ya que en la obra de Clavel muestra la imagen –ya
sea de la muñeca, una niña o una mujer– como un cuerpo que ha
sido roto por el deseo del Otro. Sin embargo, se crea un diálogo con
algunas obras del boom latinoamericano como La Fiesta del Chivo
(2000) del escritor peruano Mario Vargas Llosa y El Señor presidente
(1946) de Miguel Ángel Asturias, donde la imagen del cuerpo
femenino es violentada por simbolizar el poder que se ejerce sobre
otro hombre o sobre una comunidad.
En cambio, con la obra Las Violetas son flores del deseo también
se presenta una materialización hacia el cuerpo de la mujer, pero
ahora desde una figura plástica que expone la misoginia, la perversión
y transgresión no de un grupo político, como ocurre en las novelas
del boom, sino de toda una sociedad que resguarda a los victimarios
de estas acciones y no se identifica a una víctima tal cual, debido
a que es un juguete, pero esa es la denuncia que también expone
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�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

Clavel, las miradas lascivas o con deseo no consentido sobre otro
cuerpo es parte de la violencia simbólica que viven las mujeres.
Conclusión
Para la presente investigación se estableció el objetivo principal de
demostrar la presencia de la figura del pedófilo en la literatura de
Ana Clavel para exponer el acto de consumo de muñecas sexuales
como muestra del poder simbólico patriarcal. Se considera que
los resultados obtenidos son congruentes al objetivo establecido,
debido a que se justifican los conceptos de perversión y transgresión,
como también presentamos la realidad actual de algunos grupos en
internet donde se fomenta el consumo de muñecas sexuales e ideas
misóginas que fungen como respuesta al poder simbólico patriarcal
en el que vivimos.
Asimismo, la obra Las Violetas son flores del deseo (2015) de
Clavel, ha sido una obra que dialoga con textos psicoanalíticos,
pero también con un problema de interés social, ya que, como se
contempla en este trabajo, la violencia simbólica y el poder están
relacionados como causa-consecuencia. Por lo que, la presencia
de una novela contemporánea que cuestione estas prácticas como
también aborde obras clásicas como los poemas de Neruda o la
literatura erótica de Hernández, comienza una conversación no solo
con el entorno social, sino con el histórico-literario, aunque estos
problemas no sean sólo de una época.
En la parte estética de la obra, se exhibe una novela breve,
pero con una narrativa que se centra en la acción del verbo y la
creación de imágenes dinámicas que acompañan a la estructura y
delimita la poética de Clavel. Además, las relaciones que entreteje
con los personajes ayudan a continuar alimentando la tensión que
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se extiende en cada capítulo. Se considera que los cierres de los
apartados de Clavel van dando piezas al rompecabezas que presenta,
debido a que todo el tiempo nos dice que la violación empieza en
la mirada, pero es hasta finalizar el primer capítulo, donde, como
lectores, se reconoce el hecho de contemplar la perspectiva del
victimario.
Por otro lado, la justificación del objetivo principal antes
mencionado queda planteada en el análisis de la regulación del grupo
social, ya que se muestra que existen grupos en internet actuales
que continúan cosificando la imagen de la mujer por medio de
comentarios e insultos; sin embargo, como menciona Clavel en su
obra, “comienza por la mirada”. La estética de la obra se entrelaza
con el discurso social-literario que maneja Clavel por medio de sus
estructuras narrativas que simbolizan la intimidad con el propio
inconsciente del narrador-protagonista.
Es preciso concluir que el diálogo que plantea Clavel con
su entorno por medio de la novela abarca situaciones y espacios
más lejanos que Latinoamérica, e incluso Occidente, ya que al inicio
de la venta de muñecas comenta que le están llegando pedidos de
algunos países orientales. Se puede afirmar que la obra de Clavel
es ahistórica, sin embargo, trata de el tema de la pedofilia desde el
inconsciente y lo mezcla con una práctica asidua en la vida cotidiana,
pero se encuentra disfrazada por continuar sosteniendo el cuidado y
protecciones de los grupos sociales a los que pertenecemos.
Además, nos gustaría mencionar los limites presentado en
la investigación; en primera instancia, se encuentra la actualidad de
la obra y de la autora, lo que se resulta tener sus puntos a favor
y en contra. Un punto que contribuye al trabajo es la revisión
de entrevistas recientes de la autora, lo que ayuda a ampliar la
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-44

355

�Ángeles Stefanya Serna Moreno / La violencia comienza con la mirada

perspectiva de su obra por ella misma. En cambio, el punto negativo
es la escasez de artículos y críticas que contrapongan la poética de
Clavel, así como pasa con los autores clásicos y modernos. Por lo
que, se recurre a la interdisciplinariedad dentro de la investigación,
debido a que así se analiza, de manera más objetiva, la presencia de
la pedofilia en la sociedad, pero también en la literatura que, algunas
veces, funge como reflejo de la misma sociedad.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-44

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

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clínico, legal y social”. Revista de psicología y psicopedagogía, 8,
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-44

�Reseñas
Humanitas, vol. 2, núm. 4, 2023

Primer infolio de las vidas reunidas de Almería
Smarck, de Diana Garza Islas
Ignacio Ballester
Universidad Autónoma
del Estado de México
México
A principios del mes de junio de 2021 vi en la página de Facebook de
Luis Eduardo García que Diana Garza Islas (Santiago, Nuevo León,
1985) había publicado Primer infolio de las vidas reunidas de Almería
Smarck (Universidad Autónoma del Estado de México, 2021);
disponible en la web de Grafógrafxs.
No pongan Almería Smarck en ningún buscador. Puede que
les salga algún coche pequeño de alquiler, en el sureste de Andalucía,
pero nada tiene que ver (a priori, al menos) con la ristra de sueños en
los que nos introduce el sujeto poético a lo largo de la treintena de
breves poemas en prosa sin título.
El formato de diario de sueños que cultivaron Homero
Aridjis, Maricela Guerrero o Pierre Herrera, recientemente, es
tratado por la poeta que experimenta en obras que van de Caja negra
que se llame como a mí (Bonobos, 2015) y Adiós y buenas tardes, Condesita
Quitanieve (El Palacio de la Fatalidad, 2015) a En el fondo todo poema es
yo de niña mirándola (La Cleta Cartonera, 2018): algunas de los cuales
se encuentran disponibles en Poesía Mexa o Hastrolabia.
361

�Ignacio Ballester / Primer infolio de las vidas reunidas de Almería Smarck

El yo lírico arranca el texto narrativo: «Yo era una gambusina
italiana y tenía a mi patiño» (4). Como partes del poema largo que
estudia Alejandro Higashi se integran diálogos, preguntas retóricas,
reflexiones cercanas al ensayo (demostrando así la hibridez genérica
que caracteriza a la poesía mexicana) y, en todo momento, una sintaxis
precisa que, no por ello, deja de enroscar el lenguaje cotidiano, el
habla, en cada vez más capas profundas y abruptas del todo que
conforma el proyecto que nos presenta aquí Garza Islas.
En pasado, mas sin respetar el orden cronológico, pero sí
algunos elementos como el queso, los acontecimientos se suceden en la
vida de la artista. El plano onírico permite la entrada de referentes que
en los últimos años han tratado poetas como Christian Peña en Me llamo
Hokusai (2014). Los sueños de Kurosawa, presentes en Raúl Zurita, avanzan
como «hormigas que ya empezaban a visitar mi cabeza muerta» (5).
El doppelgänger facilta la distancia. Hace verosímil el relato.
Debido al desdoblamiento del personaje que da título a la obra,
al estilo de Francisco Hernández ‒que continúa Peña‒, la historia
engarza las diferentes escenas descritas, como decíamos, en la
narración nuclear. Esta viene, explícita, en la parte central del Infolio.
Quien escribe lo hace por lo siguiente; con total seguridad, todavía
en la cama o en el sofá, justo al despertar:
Leo un poema sobre vasos de vidrio. Aparece el nombre Almería
Smarck en una línea viuda y el resto de las palabras se difuminan.
Una voz me dice que debo encontrarla. ¿Armaría o Almería? No
sé si se trata de un libro o de una persona, pero sé que debo hacer
lo que me dicen. (19)

El personaje unamuniano dominado por el interés
calderoniano que lleva al debate de la realidad. Construye una voz
362

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-57

�Humanitas, vol. 2, núm. 4, enero-junio, 2023

onírica que actualiza el tópico para hacerlo reversible. Se vale del
lenguaje, no tan próximo a la ciencia como Gerardo Deniz; sin
embargo, logra aliteraciones que estimulan la lectura como la del
verso suelto que cierra uno de los últimos episodios (próximo, dicho
término, a la experiencia psicoanalítica del Infolio): «En la vereda, si
postiza, que caliente se avizora» (33).
Las numerosas referencias se alimentan más adelante de
imágenes y diferentes registros propios de la artista conceptualista.
Su experimentalismo radica en la relación de motivos o experiencias
aparentemente inconexas. Se acerca por ello al sugerente atrevimiento
que opera en parte de la poesía mexicana, entre la que podríamos
mencionar a los ya citados Luis Eduardo García o Maricela Guerrero.
Veremos de qué manera continúa este Infolio de Diana Garza Islas.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-57

363

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                <text>Heredera del Anuario Humanitas, publicación emblemática del Centro de Estudios Humanísticos de la UANL creada en 1960, Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios responde ahora a la necesidad de la diversificación de enfoques y acercamiento a la literatura en y desde el ámbito latinoamericano.</text>
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                <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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                    <text>HU M A N I TA S
ISSN: 2683-3247

R E V I S TA D E T E O R Í A , C R Í T I C A Y E S T U D I O S L I T E R A R I O S

VOL. 2 NÚM. 3
JULIO-DICIEMBRE
2022

CENTRO
ESTUDIOS
HUMANÍSTICOS

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y EstudiosLiterarios
http://humanitas.uanl.mx/

El presagio de la imagen, la mujer que falta
The omen of the image, the missing woman
María Fernanda Martínez Quintanilla
Universidad Complutense de Madrid
orcid.org/0000-0001-6466-9449

Fecha entrega: 07-09-2022 Fecha aceptación: 13-09-2022

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo
León, México.
Copyright: © 2022, María Fernanda Martínez Quintanilla. This
is an open-access article distributed under the terms of Creative
Commons Attribution License [CC BY 4.0], which permits
unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium,
provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42
Email: mariferm416@gmail.com

�P re s e n t a c i ó n
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

¿Estudiar a la literatura en tiempos inciertos? Ese ha sido uno de
los cuestionamientos más persistentes a lo largo de la era moderna,
cuando el análisis literario comenzó a implantarse en aulas y
suplementos culturales a lo largo y ancho del orbe occidental. No ha
sido algo exclusivo de las letras, por supuesto. La industrialización y
el desarrollo de la tecnología han significado un permanente desafío
para las humanidades en general: la exigencia de rentabilidad,
la imposibilidad de medición científica de sus “productos” y la
hegemonía de los medios audiovisuales (entre otros factores) han
sido obstáculos frecuentes a la hora de ejercer nuestras profesiones.
No existe, pues, una sola forma de responder a esa pregunta. Sin
embargo, la literatura sigue explorando nuevas facetas de la condición
humana; y ahora, luego de una pandemia y en medio de un conflicto
bélico, su estudio y su cuestionamiento resultan más que necesarios.
Prueba de ello, es este tercer número de Humanitas. Revista de
Teoría, crítica y Estudios Literarios, que nos ofrece un amplio y variado
repertorio de lecturas críticas y acercamientos a ese heterogéneo e
inclasificable “objeto” que es la literatura. En la sección de “Artículos”
abrimos con un ensayo puntual e inteligente sobre el terrible caso de
Debhani Escobar, el cual es interpretado y resignificado por María
Fernanda Martínez Quintanilla. Verónica Zúñiga reflexiona sobre
la legendaria revista Rueca, verdadero dispositivo de legitimación
intelectual creado exclusivamente por mujeres al mediar el siglo XX.
María Teresa Sánchez, por su parte, nos propone una nueva y original
manera de leer a la narrativa latinoamericana contemporánea partir
de una nouvelle de Juan Villoro. La irrupción de la distopía literaria
11

�Víctor Barrera Enderle / Presentación

feminista, en la década del setenta, es analizada por Erendida
Hernández. Por su parte, Raúl Martín Catalayud utiliza el concepto
de elocuentia para disertar sobre la obra de Tácito: Dialogus de oratoribus
(circa 102, d. C.). Finalmente, la remediación (esto es, grosso modo, el
“reciclaje” de un medio en otro) en Facebook es el objeto de estudio
de Maribel Maldonado.
Un binomio de ensayos conforma y nutre la sección de
“Notas”. Una lectura crítica de la representación de las doctrinas
anarquistas en la novela Los demonios (1871-1872) de Dostoievski es
propuesta por Rubén Gutiérrez Guajardo. Y Luisa Gómez analiza
su propia experiencia como lectora de los cuentos de Sergio Pitol y
propone un acercamiento a través de la relación entre el tiempo y
el sueño.
La sección de “Reseñas” nos entrega noticias de tres
publicaciones recientes: Roberto García Soto da cuenta de la novela
Casas vacías, de Brenda Navarro; Diana Suárez reseña el volumen
de ensayos Encuadres del discurso cinematográfico, editado por Jaime
Villarreal, Raquel Gutiérrez y Miguel Sáenz. Y la antología de cuentos
Ab animalibus, editada por el colectivo Escritores Neoleoneses
Emergentes, es comentada por Carlos Rutilo.
Confiamos en que esta tercera entrega de Humanitas. Revista
de Teoría, Crítica y Estudios Literarios cumpla cabalmente con el
compromiso que adquirimos al crearla: abrir y mantener un espacio
para el diálogo y la crítica. El juicio final, por supuesto, recae en los
lectores.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1

�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

El presagio de la imagen, la mujer que falta
The omen of the image, the missing woman
María Fernanda Martínez Quintanilla
Universidad Complutense de Madrid

Fecha de entrega: 07-09/-2022 / Fecha de aceptación: 12-09-2022

Resumen. El 9 de abril de 2022, en el municipio de Escobedo (perteneciente
al aérea metropolitana de Monterrey), en el estado mexicano de Nuevo
León, la joven Debanhi Escobar desapareció bajo circunstancias
sospechosa, unos días después fue encontrado su cuerpo en el fondo de
una cisterna. Este ensayo trabaja, a parir de la última foto que se le tomó y
que se convirtió en un símbolo múltiple y con una significación mutable,
con diversas metáforas de la imagen y su relación tensionada con el arte y
la literatura.
Palabras claves: Debanhi Escobar, imagen, fotografía, studium, punctum,
The omen of the image, the missing woman
Abstrac. On April 9, 2022, in the municipality of Escobedo (belonging to
the metropolitan area of Monterrey), in the Mexican state of Nuevo León,
the young Debanhi Escobar disappeared under suspicious circumstances,
a few days later her body was found in the background of a tank. This
essay works, from the last photo that was taken of her, which became a
multiple symbol with a mutable meaning, with different metaphors of the
image and its tense relationship with art and literatura
Keywords: Debanhi Escobar, Image, Photography, studiuam, punctum

15

�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

La Muerte es el «eidos» de esa Foto
Roland Barthes

A manera de introducción o ¿qué es lo que detona este ensayo?
¿Cómo escribir sobre una foto que lleva impresa, como marca
de agua, la muerte? Más allá de la muerte, la violencia acechante,
depredadora y oculta, que estaba ya en la atmósfera; invisible para los
ojos, pero no imperceptible. Si, junto a Barthes y Sontag, tomamos la
fotografía como la prueba, la evidencia de lo que ha sido, entramos,
con ambos pies, en un océano de imágenes que nos hielan el alma. O,
más preciso, la petrifican. Puede tomar mucho tiempo y, peor, muchas
otras fotos e imágenes para invertir el efecto. Yo, que viví el sexenio de
“La guerra contra el narco” en México, lo sé. Hay imágenes que ya no
me perturban, pero han llegado otras rompiendo el conjuro.
Puede ser un salto abrupto: eso o aquél que ha sido, que ya
no es, que ha muerto, y es representado en una imagen, no tendría
por qué llevar directamente a un estado de petrificación para quien
lo ve. Tal vez me adelanto y hago una generalización no justificada al
decir lo siguiente: la fotografía, como objeto guardado en un álbum
—ahora un álbum de fotos digital en dispositivos móviles—, nos lleva
más a pensar automáticamente en un recuerdo1 y no precisamente en
la mortalidad y lo finito. Pero Barthes y Sontag tienen mucha razón al
nombrar lo obvio: todas las fotografías de personas son un momento
mori. Algunas se adelantan al acto de la muerte y lo presagian.
1 Incluso las aplicaciones de Galería en los móviles ensamblan,
automáticamente, una sucesión de fotografías en un video para ofrecer al usuario
un “Recuerdo” de algún evento: unas vacaciones, un aniversario o un viaje.

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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

No hay peor ejemplo, y digo peor por lo atroz del caso y la
pertinencia que tiene para encarnar las palabras de estos autores,
que la fotografía de Debanhi Escobar (Imagen 1). Debanhi Escobar
era una joven del área metropolitana de Monterrey, Nuevo León,
lugar de donde yo soy. Debanhi Escobar salió de fiesta a una quinta
el sábado 9 de abril y no volvió. Desapareció, dicen. Como si fuera
un acto mágico y a voluntad. Debanhi Escobar fue vista por última
vez en esa fiesta y, como un presagio terrible, fue vista por los
espectadores del país a través de una fotografía: a las cinco de la
madrugada del domingo 10 de abril, Debanhi fue fotografiada en
la carretera Monterrey-Nuevo Laredo. Dicen que esperaba un taxi.
Si esperaba un taxi, en una carretera principalmente transitada por
camiones de carga, y a esas horas, ¿quién la fotografió?

Imagen 1. Debanhi Escobar, carretera Monterrey-Nuevo Laredo.. (Morán
Breña &amp; Guillén, 2022)
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

La fotografía está tomada de perfil, de noche, sola. El viento
levanta su falda por encima de sus tobillos, se abraza a sí misma. No
vemos su rostro por la mascarilla, pero su vestimenta y quienes la
vieron con ella dan la prueba de que la joven en la foto es Debanhi.
El referente en la imagen coincide con la mujer que falta.
Después se confirmará que quien tomó la foto era el
taxista que había ido por ella. Entonces, ¿la foto corresponde a qué
momento?, ¿antes de subirse? Si fuera así, ¿por qué la foto no la
muestra dirigiendo su mirada al conductor? ¿a nosotros? Nombro
aquí uno de los elementos que estremecen a quien funge como
spectator —Barthes en La cámara lúcida (1980)— de esta foto: nos
hemos posicionado en la mirada de un par de ojos que sabemos,
hasta ahora, fueron los últimos en verla. Y ella no voltea a vernos.
Después se sabrá que la foto es posterior a haber subido al
auto. Es decir, subió al auto del conductor que fue a recogerla, pero
se bajó. ¿Por qué? Después se confirmará, por un video de seguridad,
que el conductor la acosó. Por tal motivo, Debanhi Escobar bajó del
auto, a las cinco de la madrugada, quedándose sola, de noche, en una
carretera peligrosa.
Después, nada. Solo silencio. Trece días de silencio. Que estaba
siendo buscada. Que cateaban lugares, revisaban videos, que catearon
cuatro veces el Motel Nueva Castilla, en Escobedo, Nuevo León.
Trece días en que la imagen de Debanhi Escobar circuló viralmente
por redes, por la prensa, y en los que colectivos feministas del estado
se manifestaron exigiendo su búsqueda y encontrarla con vida.
Algo más: el día que se notificó la desaparición de Debanhi se
confirmó el feminicidio de María Fernanda Contreras, desaparecida
el domingo 3 de abril, encontrada el jueves 7 de abril, y confirmado
su asesinato el domingo 10 de abril. Desde el 8 de marzo hasta el 10
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

de abril, Nuevo León contabilizaba quince mujeres desaparecidas.
Quince porque la desaparición de María Fernanda Contreras ya había
sido movida al expediente de feminicidio. La trágica coincidencia
entre una desaparecida y la otra llevó a un mayor flujo de imágenes
en redes, protestas, y continua información circulando en la web. La
desaparición de Debanhi Escobar duró trece días, hasta el jueves 21
de abril cuando se informó de un cuerpo encontrado en la cisterna
del Motel Nueva Castilla. Cuatro veces catearon ese Motel, las
primeras tres no habían visto ni olido nada. Fue la cuarta la vencida:
algo olía mal y provenía de la cisterna del motel. El viernes 22 de
abril confirmaron que el cuerpo correspondía a Debanhi Escobar.
Ese cuerpo era de Debanhi, extraño cómo el determinativo entra
en una oración así. Ese cuerpo fue Debanhi. Ya no es… Pienso en el
poema de Verónica G. Arredondo, poeta zacatecana, que dice —a
propósito de las desapariciones en frontera y los feminicidios:
Confundieron a mi familia
con un cráneo sin orejas
sin nariz
ni labios para decir
madre
padre
ese cuerpo
no soy (Arredondo, 2015: 73)

Cuando desperté el domingo 10 de abril lo primero que vi
en mi pantalla del móvil fue la imagen de Debanhi, y pensé: No va
a volver. No importa cuánto haya querido pensar algo diferente,
o cuánto me haya forzado a confiar en que las autoridades
cumplirían con su deber encontrando viva a Debanhi, lo primero
que pensé fue eso: No va a volver. Si no estaba muerta aún, lo
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

estaría después. Imágenes así, fotos así, rompen el conjuro. Algo
terrible y familiar se gesta en la repetición de imágenes. En su libro
Ante el dolor de los demás (2003), Susan Sontag reformula algunas
preguntas que ya se había planteado en Sobre la fotografía (1977),
encuentra nuevas respuestas y echa luz desde otro ángulo a un
tema que es objeto de la foto: el sufrimiento. Sontag escribe sobre
la fotografía de la guerra: el rostro y el cuerpo del horror. Y se
pregunta sobre el efecto de la imagen, la diferencia entre imagen
pictórica y fotográfica; la conmoción que una de ellas provoca.
¿Tiene fecha de caducidad la conmoción? Sontag contesta que
“la conmoción puede volverse corriente. La conmoción puede
desaparecer. Y aunque no ocurra así, se puede no mirar […] Al igual
que se puede estar habituado al horror de la vida real, es posible
habituarse al horror de imágenes determinadas” (2014: 73). ¿Por
qué la foto de Debanhi en la carretera ha conmocionado tanto? ¿Y
por qué poner en relación una foto que, así como está, no muestra
explícitamente la violencia que sí exponen las fotos de la guerra?
Porque dicha foto despertó la conciencia anestesiada, destacó por
hacernos ver mediante la ausencia lo que otras fotos muestran,
pero cuyo impacto había sido adormecido por la repetición. Me
refiero a las imágenes que inundan los medios de comunicación,
prensa y redes sociales: las alertas amber. La sistematización de
informes sobre desaparecidos. En otras palabras, la familiaridad
con el evento y su formato, lo único que cambia es la imagen,
el rostro de la persona y sus detalles particulares. El panorama
general dice lo mismo: otro más, otra más, que ha desaparecido.
Otra vez esa forma de conjugar: ha desaparecido… Incluso en la
sintaxis se refleja la dificultad de nombrar al sujeto culpable de la
desaparición y la posterior muerte.
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

El cuestionamiento como vía para la justificación
de este ensayo
¿Qué hay, pues, en esta fotografía? ¿Y qué relación tiene con el arte
y la literatura? La primera pregunta excede mis capacidades y no me
atrevo a dar una respuesta total. Acaso intentaré iluminar algunos
elementos que han saltado a mi vista y que, espero, tejan alguna
red de sentido para esta imagen que lleva dos meses existiendo
en un imaginario nacional y político-feminista. Con respecto a la
segunda pregunta, sé qué tiene que ver con el arte: el problema de
la imagen, la foto y lo que en ella se representa, su referente. En
cuanto a la relación con la literatura temo que mi respuesta sea por
mucho insatisfactoria, solo sé que, durante la lectura de bibliografía
y el tiempo dedicado a ver, pensar y escribir sobre esta fotografía,
la respuesta se resolvía en la acción que llevo a cabo ahora: escribir,
emplear el lenguaje para intentar dar un sentido a algo que no tenía
razón de ser. La investigación me ha llevado a pensar en otros casos
de archivo de crimen, con una fotografía como primer pretexto en
algunos de ellos, que han pasado a la literatura: Crónica de una muerte
anunciada de Gabriel García Márquez, Temporada de huracanes de
Fernanda Melchor, el poemario Ese cuerpo no soy previamente
citado, la reescritura del mito de Antígona en Antígona González de
Sara Uribe o, para mayor afinidad, El invencible verano de Liliana
de Cristina Rivera Garza. En todo caso, me amparo en las palabras
de Sontag: “Las fotografías pavorosas no pierden inevitablemente
su poder para conmocionar. Pero no son de mucha ayuda si la tarea
es la comprensión. Las narraciones pueden hacernos comprender”
(Sontag, 2014: 79). Por esto escribir, por esto la literatura que otras
autoras y otros autores han podido hacer con el dolor y el horror.
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

Sobra decir que hay en este texto una voluntad de escritura
que va más allá de los intereses puramente académicos, hay un
cuerpo que está atravesado por un interés político y social, y una
empatía ácida que motiva este escrito.
La ausencia y el presagio en la imagen:
pintura y fotografía
¿Qué hay, pues, en esta fotografía? Es una pregunta que ronda
constantemente en mi cabeza. Vale más decir lo que no hay y que,
en su ausencia, anticipa. El escritor francés Pascal Quignard elabora
una tesis en principio sencilla, al menos en su sintaxis, pero con
una profundidad importante: en toda imagen particular falta otra
imagen particular. En La imagen que nos falta (2019) se recupera la
conferencia que impartió en tres momentos diferentes.2 En dicha
conferencia Quignard comienza afirmando que hay una imagen
que falta al inicio, refiriéndose al encuentro sexual del que todos
somos resultados; falta una imagen al final, nadie asistirá vivo a su
propia muerte. Hay, además, una imagen que le falta a otra imagen.
Desarrolla su argumento a partir de frescos romanos, acota su
análisis y se apoya en sus amplios conocimientos del mundo antiguo
para hablar de tres elementos fundamentales para su tesis: el deseo,
la ausencia y la premeditación en la imagen.
El deseo habrá que pensarlo no como aquello que se quiero
poseer, sino como querer ver lo que no está: “La desideratio se entiende
como la dicha de ver, a pesar de la ausencia, al ausente” (Quignard,
2 La conferencia se impartió en el laboratorio de arquelogía de l’École
normale supérieure en el 2009; en el Museo de Bellas Artes de la ciudad de
Lille en el 2010 y en el Collège iconique, en compañía de Serge Tisseron y
Bernard Vouilloux en el 2011.

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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

2019: 11). Para explicar esto, Quignard toma el texto Historia natural
de Plinio el Viejo, y toma la imagen de la hija de Butades que,
teniendo a su amado en frente, quien marchará a la guerra, ella se
inclina para trazar su sombra sobre el muro. Ella mira la sombra que
él será en el futuro, anticipando no solo su partida, sino también su
muerte.
Desear ver lo que no está. Para Quignard hay tres
circunstancias bajo las cuales el ser humano puede ver lo ausente:
el acecho, el sueño y el pensamiento; hace énfasis en la primera y la
tercera. El acecho tiene que ver con lo que aún no inicia, el instante
previo. El fresco romano con el que ejemplifica esto es el de Aquiles
y Troilo. La historia es que Aquiles matará a Troilo, pero el fresco
es Aquiles acechando al soldado: “Es el instante previo. La acción ni
siquiera ha comenzado” (Quignard, 2019: 18). Lo que esta pintura
pone de relieve es que la acción aún no cometida y, por tanto, no
concluida, se subordina al acecho, al ensamble de elementos que
suspenden la acción no representada pues “es todavía una emboscada”
(18). No se representa lo que no ha sido, pero en su falta la imagen
muestra implícitamente dos anécdotas: el asesinato del soldado y la
posterior caída de Troya.3
Si bien el escritor francés desarrolla su argumento basándose
en pinturas romanas, dos obras particulares vienen a la mente, la
primera del siglo XV y la segunda del XIX. Me refiero a San José
carpintero de Georges de La Tour y El perro semihundido de Goya.
Toda imagen tiene una imagen que le falta.

3 El autor explica que parte del oráculo sobre la caída de Troya incluía la
muerte de un soldado joven, Troilo, antes de cumplir los veinte años (v. 19).
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

Imagen 2. El perro semihundido (1820-1823).
(Fundación Goya)

Imagen 3. San José carpintero (1642). (Herrero, 2020)

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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

En el caso de la pintura de Goya surgen varias preguntas: ¿qué
es lo que observa el perro?, ¿qué es eso que, siguiendo la dirección
de su mirada, está al lado y hacia arriba? Además, ¿cómo llegó ahí?
¿Está semihundido en la arena o es cuestión de perspectiva y en
realidad estaría detrás de un montículo de arena? ¿Se ha hundido,
entendiendo un movimiento descendiente, o un ventarrón de arena
ha caído sobre él dejándolo cubierto hasta la mitad? No falta una,
sino muchas imágenes para completar el cuadro, la acción. Con
respecto a de La Tour volveré más adelante.
Ahora, la premeditación en la imagen. El argumento se
construye a partir del fresco de Medea de la Casa dei Dioscuri,
ubicado en el museo arqueológico de Nápoles. En dicho fresco se
ve a Medea sosteniendo una espada, mira a sus dos hijos jugando a
las tabas; detrás de ellos, en el marco de la puerta, está Tragos viendo
jugar a los niños. Al leer Medea el lector se adelanta a la tragedia,
al relato; pero el fresco no. En él, Medea aún no mata a sus hijos,
no lo ha decidido: “La historia no está representada. Pero ahí está
el signo” (25). El análisis semiótico que hace Quignard es puntual,
presta atención a cada detalle y es muy interesante lo que expone.
Conviene ser leído con calma. Sin embargo, por ahora retendré lo
principal de su análisis: la imagen pre-medita, al meditar piensa, y, en
su pensamiento, inaugura, en el sentido augural, “la pintura romana
tiene una manera de salir del relato al que remite: prefigura la escena
que no muestra sobre el muro […] muestra el signo que la augura —que
la inaugura. Para aquello que los griegos llaman la epifanía de un
dios, la palabra latina es inauguratio” (26).
La Medea del fresco no es representada matando a sus hijos,
tampoco es Medea después de matarlos, es antes. Aún lo medita,
y mientras ella lo piensa nosotros hemos visto ya esa imagen que
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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

no está: el asesinato. El fresco lo anticipa de la misma manera que
San José carpintero anticipa la muerte de Jesús en la cruz. Vemos un
cuadro de un hombre trabajando la madera, un niño está con él; es el
paratexto el que termina de echar luz a la imagen, José está trabajando
el material sobre el cual su hijo morirá. Es una pintura inaugural. Al
caer en cuenta, el espectador es herido. Bien señala Sontag que existe
una tradición antigua sobre la iconografía del sufrimiento, en la que
las representaciones de la crucifixión son importantes y numerosas
—una de las más famosas es Descendimiento de Cristo de Rubens—;
sin embargo, algo hiere con mayor agudeza cuando la imagen omite
la acción, convirtiéndola en una imagen “ […] pensativa, meditativa,
porque su imagen ausente […] se torna más profunda aún por otra
imagen, a la cual antecede” (Quignard, 2019: 19). Las palabras de
Quignard resuenan con las de Barthes: “En el fondo la Fotografía es
subversiva, y no cuando asusta, trastorna o incluso estigmatiza, sino
cuando es pensativa” (Bartehes, 2020: 56). Una imagen en principio
inocente —padre, hijo y un oficio— se ha convertido en algo más en
el momento en que se repara en la imagen que falta y que completa
el sentido: el presagio de la crucifixión.
El punctum en lo ausente
La imagen hiere al espectador, he dicho antes. Antes de ser herido
hace falta ver. Barthes acuña en La cámara lúcida cinco términos para
explicar elementos alrededor de la fotografía, pero aquí me interesan
dos de ellos: Studium y Punctum.
Para quien no conozca todo lo acontecido a Debanhi —antes,
durante y después de su fotografía—, ver su imagen en la carretera
surtirá en el espectador un efecto de distinto alcance. Está claro que
Debanhi se encontraba sola en una carretera de noche. Hay un marco
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

cultural que permite leer esos cuatro4 elementos como elementos de
peligro o riesgo. Este es el studium de esa fotografía. Barthes define
este concepto como “la aplicación a una cosa, el gusto por alguien, una
suerte de dedicación general, ciertamente afanosa, pero sin agudeza
especial” (Barthes, 2020: 45), expresado así puede no bastar y no
hacer justicia a la descripción de la fotografía de Debanhi. Entiéndase
el studium como la aplicación de una mirada —con su ideología, su
testimonio político o su cuadro histórico— a una foto, es esto lo que
permite al espectador participar de ella. Sin embargo, Barthes da por
hecho, como Sontag, que cada fotografía, como parte de una mirada,
tiene una voluntad de representación: “Reconocer el studium supone
dar fatalmente con las intenciones del fotógrafo, entrar en armonía
con ellas, aprobarlas, desaprobarlas, pero siempre comprenderlas,
discutirlas en mí mismo, pues la cultura (de la que depende el studium)
es un contrato firmado entre creadores y consumidores” (Barthes,
2020: 47). Sin embargo, no todas las fotografías que se toman están
pensadas para ser vistas a nivel nacional o internacional. El studium está
dado, en el caso de esta imagen particular, más allá de la involuntariedad
de quien tomó la foto. Repito, para quien no sepa que la mujer en
esa foto ya no vive, el studium le permite acceder solo a una parte del
todo. Pero este studium, aunque dé una vista parcial, no es fabricado ni
montado, es real.
¿Qué hay, o qué falta en la fotografía de Debanhi? Volviendo
un poco a esa voluntad de representación del sufrimiento en el
arte —la Pasión de Cristo, Jesús en la cruz o descendiendo de
ella, Marsias desollado por la mano de Tiziano o en la copia
romana en el Louvre, o Los desastres de la guerra de Goya— o en
4 Mujer, sola, de noche, en un lugar de suma vulnerabilidad.
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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

las fotografías de guerra, ¿qué me lleva a empatar tales imágenes
con una fotografía que no muestra ninguna violencia? ¿Por qué,
si Sontag habla de imágenes de explícita violencia, la fotografía
de Debanhi es igual, si no es que más impactante sin mostrar un
cuerpo doliente? Por dos motivos: primero, porque la fotografía
de Debanhi no es una representación intuida por un artista, no es
un “sería así”, sino que es, rotundamente es Debanhi en la foto. El
segundo, no hay un cuerpo doliente, no todavía, no en esa imagen,
pero lo habrá después; aunque no lo veamos lo presagiamos.
La fotografía de Debanhi en la carretera de noche antecede el
dolor que ella sufrirá y que todos los espectadores intuiremos en
el tiempo que transcurra entre su desaparición y su encuentro.
Trece días de dolor real, de dolor intuido y de dolor imaginado.
Una cosa es el horror en la pintura y otra en la foto: “Un horror
tiene lugar en una composición compleja [pintura] (…) pero
que pone de manifiesto la maestría de la mano y la mirada del
artista. El otro es el registro de una cámara, un acercamiento, de
la terrible e indescriptible mutilación de una persona real: eso y
nada más” (Sontag, 2014: 42).5 Entre los argumentos que ofrece
para diferenciar la representación del sufrimiento en imágenes
pictóricas e imágenes fotográficas, Sontag hace hincapié en que,
a pesar de que las fotografías son “tomadas” y no “hechas” —es
decir, no conllevan una construcción en medida que la pintura
lo requiere—, la foto “no puede ser mera transparencia de lo
sucedido. Siempre es la imagen que eligió alguien; fotografiar es
encuadrar, y encuadrar es excluir” (pág. 46). Pero una cosa es
5 Pienso en una comparación entre Marsias desollado de Tiziano y la
fotografía de un hombre torturado al final de Farabeuf (1965) de Salvador
Elizondo.

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

hablar de la fotografía de artista o de periodistas, como aquellos
que capturan imágenes de la guerra, incluso la fotografía común en
redes sociales; todas ellas son encuadres las primeras, o imposturas
en el caso de las segundas, pero ¿cómo se califica una foto como
esta? Fotografía que toca lo real, que entra en un orden de prueba:
fotografiada Debanhi como prueba de que allí está. Debanhi allí
está, a las cinco de la madrugada, sola, en una carretera. La diégesis
empieza a formarse alrededor de ese “encuadre” que, en principio,
era prueba simplemente de allí está ella. Hasta que ya no estuvo. El
punctum radica en su presagiada y cumplida ausencia.
El studium se perturba cuando este elemento entra en juego:
el punctum es el “pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño
corte […] El punctum de una foto es ese azar que en ella me despunta
(pero que también me lastima, me punza)” (Barthes, 2020: 46). El
punctum ha puesto el dedo en la llaga de lo real: la foto se trenza
no solo en lo real-simbólico-imaginario lacaniano; la imagen de
la mujer que falta se trenza en unos afectos familiares-políticossociales.
Al inicio de este escrito hablé sobre imágenes que rompen el
conjuro: el alma petrificada puede revertirse. La herida de la imagen
puede devolver la sensibilidad cuando toca lo real. El punctum podría
definirse también, si tomamos prestadas las palabras de DidiHuberman, como el lugar donde arde la imagen: “el lugar donde su
eventual belleza reserva un sitio a una ‘señal secreta’, una crisis no
apaciguada, un síntoma. El lugar donde la ceniza no se ha enfriado”
(Didi-Huberman, 2013: 28). La imagen ardiendo, como la imagen
impresa en el interior de la capilla de Campo Bruder Klaus del
arquitecto Peter Zumthor: en el interior quedó grabada la imagen
de árboles ardiendo contra el hormigón.
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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

Imagen 4. Campo
de Bruder Klaus de
Peter Zumthor.
Fotografía de Aldo
Amoretti. (Zilliacus,
2016)

La imagen constantemente ardiendo, herida hiriendo.
Debanhi constantemente a un paso de su muerte. Pascal Quignard
recurre al gerundio latino para explicar el tiempo de la pintura
romana. Explica que el gerundio es la acción “no como realizada
en el medio, no como actual en el tiempo, no como efectiva en el
mundo social: el gerundio indica la acción como «estando-delante
de ser hecha»” (La imagen que nos falta, 2019: 35). Delante de, antes
de: Quignard juega con la homofonía del francés devant: debiendo,
delante a, antes de lo actual. Ejemplifica el gerundio latino con un
caso de La República de Platón: unos hombres atados en una cueva,
obligados a ver lo que está delante de ellos: la humanidad obligada
a ver lo que tiene delante y que la luz ilumina desde detrás de ella.
Nosotros, espectadores de la fotografía de Debanhi, la
vemos antes del acto: estando-delante de ser hecha [la acción]. La
imagen nos punza cuando arde e ilumina lo que está por venir, como
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

en Georges de La Tour, cuando su paratexto ilumina lo que falta,
y así pareciera que la luz de la vela se extiende para que veamos,
hiriendo hondo en el espectador. Y esta imagen me hace pensar en
el poema “Ventanas” de Kavafis:
En estas tenebrosas habitaciones
paso días de opresión
y voy y vengo
en busca de ventanas.
Cuando se abren
será un consuelo enorme.
Pero no las encuentro o no hay ventanas.
Acaso es preferible no encontrarlas.
La luz será una nueva tiranía:
Quién sabe qué va a mostrarme.6
(2001: 55)

Dice Barthes que la fotografía está siempre “lastrada por
la contingencia de la que es envoltura transparente y ligera” (27) y
que, como objeto, pertenece a los objetos laminares: “no podemos
separar dos láminas sin destruirlos: el cristal y el paisaje” (28). En
resumen, la fotografía, como la ventana, “es siempre invisible: no
es ella a quien vemos” (28). Esa es también una diferencia entre la
pintura y la foto: en la pintura, como ya se ha dicho, hay voluntad
de representación y aplicación de la mirada del pintor; la foto no,
en ella el referente se adhiere y es inseparable. Nosotros no vemos
el cristal de la ventana, vemos a través de él; no vemos la foto, sino
al referente en ella. Nosotros no vemos la foto de Debanhi, vemos
6 La traducción es José Emilio Pacheco, quien la denomina más una
aproximación que traducción. Otra versión que puede servir es la de José
María Álvarez.
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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

a Debanhi y vemos su futura ausencia. La fotografía entonces, con
su indivisibilidad, une dos atributos: “Su crédito de objetividad
inherente. Y […] un punto de vista. Eran [las fotografías] el registro
de lo real […] puesto que una máquina estaba registrándola. Y
ofrecían testimonio de lo real, puesto que una persona había estado
allí para hacerlas” (Sontag, 2014: 29). La ventana, la fotografía, la
luz que muestra y entonces, el punctum: la herida.
La mujer que falta
Detrás de la imagen está el deseo: fantasma durante el día,
sueño
durante
la
noche,
oráculo,
la
víspera.
Del mismo modo en que tras
cada biografía humana está la
Historia (..) igualmente hay, tras
cada palabra, un ser perdido
Pascal Quignard

Imágenes y fotografías que muestran el dolor del otro y que hieren.
Pero ¿para qué verlas? Por una parte, Sontag dice que no debería
haber un “nosotros” cuando se trata del dolor ajeno, pero no verlo,
ser indiferente e indolente con él tampoco parece ser una respuesta
ética. Pero las imágenes están, existen, eso es un hecho. Y pueden
ellas producir diversas respuestas: pedir la paz, pedir la venganza,
reclamar justicia —aunque cada vez más esta palabra se vacía de
sentido y nunca alcanza una satisfacción—, o simplemente sirve
para constatar, para las conciencias confundidas y adormecidas,
que suceden cosas terribles. Con respecto al libro ¡Guerra contra la
guerra! de Ernst Friedrich, Sontag sintetiza cómo el empleo de estas
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-42

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

fotografías buscaba una terapia de choque: utilizarla para hacer
constar la ruina que la guerra trae consigo. Pone de ejemplo también
la película de Abel Gance, J’accuse, la versión sonora de 1938, cita
las palabras de un personaje: “¡Colmad vuestros ojos de este
horror! ¡Es lo único que puede deteneros!” (cit.en Sontag, 2014: 21).
Nuevamente, pienso en un poema, en este caso de Phillip Jaccottet,
y cito aquí los siguientes versos:
Y es por los ojos, sin embargo
abiertos
por donde esta palabra se alimenta, lo mismo que
hace el árbol,
por sus hojas
(2009: 21).

La luz que ilumina, el punctum revelado, los ojos que han
visto y la palabra que nace después. “Los pintores muestran las
acciones como a punto de acaecer, los relatos los narran como
ya acaecidas” (cit. en Quignard, 2019: 45), dice Plutarco en Sobre la
fama de los atenienses. La diégesis se gesta después de la imagen. A
una imagen particular falta otra imagen particular… y un relato.
La pintura romana, ya expuesta antes, es antes de ser cometida la
acción, antes de que acaezca en ella algo; la palabra, la acción ya
acaecida. Quignard expone de manera muy elocuente e interesante
la temporalidad de la imagen, pero no deja de ser una pintura de
lo que habla y las pinturas, a su vez, hablan de mitos; el efecto que
tienen sobre el receptor es real a través del signo, lo simbólico. La
fotografía de Debanhi, inaugural, tocó lo real a través de la realidad
misma. Su imagen es previa a la muerte acaecida sobre ella, más allá
de la metáfora y la retórica.
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�María Fernanda Martínez Quintanilla / El presagio de la imagen

Los frescos romanos de los que habla el escritor francés
buscan hacer “emerger lo que acaso seguirá al instante que está aún en
instancia […]. O, para hablar como los agoreros, tiene la potencia de
hacer venir o no lo que no está ahí” (49). Pero la palabra, ella viene
después de la muerte. La palabra mata la Cosa. En la foto, Debanhi
está ahí, aún vive y espera, eternamente, lo que está por venir: “la
pintura antigua [o la foto de Debanhi] evoca la acción antes del
punto sin retorno” (51).
Nosotros, como la hija de Butades, vemos a la mujer que
está delante nuestro en la foto, pero no la vemos a ella, aunque
queremos, sino la sombra que será: “Dos vicarios muy distintos
están a disposición de los mortales: la imagen y la palabra” (51).
Nosotros, como los romanos contemplando el fresco de Medea, nos
convertimos en agoreros y presagiamos la muerte de Debanhi. La
foto inaugura su muerte, la imagen ve aquello que falta, dice Quignard,
pero la palabra, ella nombra lo que fue, así, yo digo: más que una
imagen, falta una mujer.

Bibliografía
Barthes, R. (2020). La cámara lúcida. Barcelona: Paidós.
Didi-Huberman, G. (2013). “Cuando las imágenes tocan lo real.”
En G. Didi-Huberman, C. Chéroux, &amp; J. Arnaldo, Cuando
las imágenes tocan lo real (págs. 9-36). Madrid: Círculo de
Bellas Artes.
G. Arredondo, V. (2015). Ese cuerpo no soy. Zacatecas: Universidad
Autónoma de Zacatecas.
Herrero, J. L. (10 de noviembre de 2020). Comentario histórico artístico
de San José Carpintero. Obtenido de La cámara del arte:
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

https://www.lacamaradelarte.com/2020/11/san-josecarpintero.html
Jaccottet, P. (2009). Cantos de abajo. Capilla Alfonsina Universidad
Autónoma de Nuevo León.
Kavafis, K., &amp; (trad.) Pacheco, J. E. (2011). Una noche. Capilla
Alfonsina Universidad Autónoma de Nuevo León.
Morán Breña, C., &amp; Guillén, B. (22 de Abril de 2022). Los puntos
oscuros de la investigación sobre Debanhi Escobar. Obtenido de El
País: https://elpais.com/mexico/2022-04-22/los-puntososcuros-de-la-investigacion-sobre-debanhi-escobar.html
Goya, (1642). Perro semihundido. (s.f.). Obtenido de Fundación Goya
en Aragón: https://fundaciongoyaenaragon.es/obra/
perro-semihundido/671
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Sontag, S. (2014). Ante el dolor de los demás. Barcelona: Debolsillo.
Zilliacus, A. (6 de Noviembre de 2016). La Capilla de Campo
Bruder Klaus de Peter Zumthor bajo el lente de Aldo
Amoretti. Obtenido de ArchDaily: https://www.
plataformaarquitectura.cl/cl/798785/la-capilla-de-campobruder-klaus-de-peter-zumthor-bajo-el-lente-de-aldoamoretti?ad_source=search&amp;ad_medium=projects_
tab&amp;ad_source=search&amp;ad_medium=search_result_all

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�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

Mujeres públicas: la escritura femenina y el papel
de la mujer en la revista literaria Rueca
Public women: female writing and the role of women in the literary magazine Rueca
Verónica Tadea Zúñiga Sánchez
Universidad Autónoma de Nuevo León
veronica.zsanchez97@gmail.com

Fecha de entrega: 15-03/-2022 / Fecha de aceptación: 07-09-2022

Resumen: Este ensayo realiza un primer acercamiento a los contenidos
de la revista literaria mexicana Rueca publicada en los años 1941-1952,
publicación periódica que destaca por la particularidad de contar con un
consejo editorial conformado exclusivamente por mujeres. Dicha revista
transgrede el panorama literario y editorial de la época al crear un espacio
propio para la escritura femenina, además de contribuir al desarrollo de
redes intelectuales al realizar una acción comunicativa entre las editoras
de la revista y los distintos individuos y grupos literarios y culturales del
periodo.
Conceptos: Revistas literarias, Rueca, Públicos, Contrapúblicos, Campo
Cultural.
Public women: female writing and the role of women in the literary
magazine Rueca

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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

Abstract: This essay is a first look into the contents of the Mexican literary
magazine Rueca, published in the years 1941-1952, that particularly stands
out because its editorial counsel was exclusively composed of women.
The magazine goes against the literary and editorial landscape of the time
by creating a space for female writing, besides also contributing to the
development of intellectual networks by establishing communications
between the magazine’s editors and the different literary and cultural
groups and individuals from the time.
Key words: Literary magazines, Rueca, Publics, Counterpublics, Cultural
Field.

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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-31

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

“No cabía en su imaginación que las
mujeres mexicanas pudieran tener ideas,
y menos publicarlas”.
Lilia Granillo Vázquez: Prensa literaria de lo femenino,
femenina y proto-feminista en México:
fuentes para su estudio en el siglo XIX.

Panorama de la revista literaria Rueca
En el año de 1941, en un salón de clases de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, un
grupo de mujeres, jóvenes estudiantes, iniciaron la búsqueda de un
espacio en el ámbito literario y cultural de la época. Ante la negativa
de formar parte de otros lugares decidieron diseñar sus propios
proyectos. Así nace la revista literaria Rueca (1941-1952).
Publicada de 1941 a 1952 de manera trimestral (con algunas
interrupciones) esta revista literaria cuenta con la característica
principal de ser fundada y editada únicamente por estudiantes
universitarias: Carmen Toscano, María Ramona Rey, María del
Carmen Millán, Ernestina de Champourcin, Emma Saro, Laura
Elena Alemán, Pina Juárez Frausto, Emma Sánchez Montealvo,
Margarita Mendoza López, Matha Medrano, Helena Beristáin y
Lucero Lozano (Durand, M. L., Silva, G., 2019).
Dicha publicación creó admiración en el público ya que
las mujeres se estaban haciendo un lugar en el campo literario,
pero a la vez rechazo por la misma situación, a pesar de eso Rueca
logró tener un lugar en la historia de las publicaciones periódicas y
con el paso de los años se ha vuelto objeto de estudio de algunas
investigaciones.
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-31

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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

En 1982, Luz del Carmen Fentanes Rodríguez lleva a cabo
la investigación para su tesis titulada Índices de Rueca, en dicha
publicación logra establecer un panorama completo de la revista
adentrándose en el aspecto histórico cultural de la época en la que
fue publicada, una cronología completa, primeros acercamientos al
contenido que proyectaba, índices de las obras publicadas por cada
autor y una serie de entrevistas con algunos miembros del consejo
editorial.
En 1990, Fabienne Bradu escribió el artículo “Rueca: Una
pensión para universitarias” para la Revista de la Universidad de México,
aquí la autora hace una alegoría comparando las revistas literarias
como lugares donde se establecen lazos familiares, personas unidas
por el propósito de exponer la cultura literaria. Para Bradu, Rueca se
trata de “una pensión de estudiantes universitarias”, chicas que en
un contexto difícil decidieron volverse las anfitrionas de su propio
hogar como se menciona a continuación: “su nacimiento obedeció a
una voluntad más histórica o social que a un programa literario. Un
grupo de alumnas de la Facultad de Filosofía y Letras se propuso
mostrar que las mujeres también eran capaces de hacer una revista
literaria” (Bradu, 1990: 1).
Destacando también momentos cronológicos de la revista
(desde sus inicios en el aula de clase hasta su inminente final) en el
artículo se destacan los propósitos de la revista y las relaciones entre
otros grupos de intelectuales como Tierra Nueva, aunque dejando de
lado el análisis del contenido.
Leticia Romero Chumacero llevó a cabo la investigación
Rastreando “la tarea de los tejidos y de los sueños”. La recepción de Rueca
(2005), aquí se puede observar otro acercamiento histórico a la
revista con descripciones acerca de los miembros que conformaron
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-31

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

el consejo editorial, quiénes participaron en sus distintos números
y descripciones de las relaciones con otros grupos de intelectuales
(volviendo a mención el grupo de Tierra Nueva).
Lo que destaca de este artículo es la mención de la labor
intelectual que estaban realizando las editoras de la revista, tomando
como ejemplo a Judith Shakespeare (personaje imaginario creado
por Virginia Woolf) la autora menciona que las jóvenes se volvieron
un grupo muy activo y Rueca pronto se convirtió en un proyecto
reconocido que estaba dándole visibilidad a las mujeres en el campo
literario y dejar de ser “marginadas” en el ámbito de la cultura.
Para terminar con su investigación, Romero Chumacero
habla acerca de la importancia de la revista en la historiografía
literaria de México, aún con opiniones controversiales menciona
que nadie puede negar que dicha publicación marcó un antes y un
después en las letras mexicanas al presentarnos la primicia de que las
mujeres también pueden publicar y dirigir.
Finalmente, una de las publicaciones más recientes es la
de Lilia Solórzano Esqueda titulada Las poetas en la revista literaria
mexicana Rueca (1941-1952) (2018). Comenzando con un panorama
histórico en donde nos da descripciones de los miembros y algunas
de sus labores realizadas durante el tiempo que duró la revista, esta
investigación nos da un primer acercamiento a trazar un análisis
literario por los contenidos que publicaba, enfocándose en las
poetas que desfilaron por Rueca, podemos encontrar en sus páginas
estudios de poemas completos, estrofas y sus temáticas, destacando
la importancia de esta publicación periódica por brindarle un espacio
a las mujeres que comenzaban su carrera literaria:
Y unas palabras muy justas para la labor que desarrolló esta revista
que llegó a ser catalogada como una de las más interesantes de su
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

época, que no sólo dio a conocer la obra de varias poetas jóvenes
y difundió la obra de aquellas con mayor solidez en el oficio,
sino que destacó por una equilibrada visión en el panorama de la
literatura (Solórzano Esqueda, 2018: 161).

Las publicaciones periódicas son parte importante de
la historia de la literatura. Son propuestas culturales que en su
tiempo permitieron la circulación de textos en distintos países,
además de crear relaciones entre escritores e instituciones. Rueca
es importante para lograr la reflexión acerca de la escritura de las
mujeres, sus primeros pasos, las temáticas y cómo dieron paso a las
nuevas escritoras, el apoyo que se daban mutuamente entre autoras
consagradas y jóvenes y los lazos que formaban.
La mediación letrada
En su artículo “Revistas culturales y mediación letrada en América
Latina”, Mabel Moraña define las revistas literarias como “un
instrumento de mediación cultural (que actúa en la zona de contacto
entre políticas culturales hegemónicas y proyectos alternativos, entre
creación artística y grupos receptores, entre el sector intelectual
o académico y el lector que es introducido al producto cultural
a través de la interpretación o la selección que la publicación le
presenta)” (2003: 2). Las revistas literarias son fundamentales para
la historiografía cultural, pues representan un medio donde muchos
escritores y agentes intelectuales comienzan su carrera, además de
formar un espacio en donde se comparten ideologías, pensamientos
y corrientes estéticas que van de acuerdo a la época o incluso en
contra de ésta.
Como medios de publicación impresa y parte de un
sistema de comunicación, las revistas literarias están relacionadas
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con lo público. En el caso de Rueca, al ser una publicación editada
por estudiantes universitarias que entraban a la cultura literaria
de los años 40 (tiempo en donde la mujer comenzaba a obtener
una educación superior y el ingreso a universidades), se aprecia la
definición y la distinción entre lo público y lo privado, pues durante
esa época no era común que las mujeres tuvieran un espacio para
publicar sus textos, así el equipo editorial de la revista decidió fundar
el suyo tomando en cuenta sus preferencias estéticas, así como las
relaciones que querían formar.
Jorge Ribalta, en su artículo “Contrapúblicos. Mediación y
construcción de públicos”, menciona que: “el público y lo público
son conceptos en los que conviven varios sentidos simultáneamente
y que se definen de manera auto-reflexiva. Lo público tiene que
ver con lo común, con lo estatal, con el interés compartido, con lo
accesible” (2006: 27). Las revistas literarias se relacionan entre sí: los
diversos grupos editoriales actúan en el sistema literario para llegar
a un público determinado.
En el caso de Rueca podemos analizarla a partir del concepto
de públicos y contrapúblicos. Michael Warner, en su ensayo Públicos y
Contrapúblicos (2012), define ambos conceptos de la siguiente manera:
públicos como un grupo social, el cual busca ser convocado en el
discurso. En otras palabras, actúa y va de acuerdo con las normas
establecidas. Por otro lado, los contrapúblicos son los subordinados,
los que crean su propio discurso (2012). Ribalta vuelve a mencionar
este concepto en su artículo diciendo: “Fraser introduce el concepto
de ‘contrapúblicos subalternos´ para referirse a los ‘espacios
discursivos paralelos donde los miembros de los grupos sociales
subordinados inventan y hacen circular contra-discursos’” (2006:
29).
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

En Rueca se crea un discurso propio en donde las autoras se
vuelven los contrapúblicos del campo literario de la época, puesto
que, al no poder participar como parte de un consejo editorial en
otras revistas, decidieron fundar la suya, así la revista se vuelve
un espacio discursivo en donde circulan distintas opiniones y
temáticas.
Porque mujeres públicas es igual a mujeres creadoras:
públicos y contrapúblicos en Rueca

“Y sin embargo escriben.
Los grupos &lt;&lt;inadecuados&gt;&gt;
(por su sexo, su color, su clase social) a veces trabajan, se
escaquean, sudan, van a hurtadillas, osan pasar de largo por
todas las prohibiciones informales para crear algo que tiene el valor &lt;&lt;correcto&gt;&gt;, es
decir, hacen arte”.
Joanna Russ. Cómo acabar con la
escritura de las mujeres

En su ya coitado ensayo, Michael Warner menciona que “estar
en público es un privilegio que requiere filtrar o reprimir algo que
es visto como privado” (2012: 19), retomando esto al contexto
de Rueca se puede crear la relación de lo público y lo privado que
sucedía entre la revista y en el campo literario mexicano de la época.
La publicación de las editoras transitó desde un contexto privado a
uno público, como se muestra a continuación:
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

La idea de formar una revista surgió desde el contexto de
las aulas, alumnas que mediante una reunión privada buscaban
llevar a cabo una publicación periódica que pudiera llegar a distintos
públicos. Las revistas literarias eran el medio por excelencia para
poder realizar la labor; de acuerdo con Ángel Luis Sobrino Vegas:
“la publicación de revistas literarias ha sido desde los inicios del
siglo XX una de las actuaciones preferentes de los grupos literarios
en la esfera pública” (2014: 830). Retomando la importancia de las
revistas literarias, Carmen Toscano (editora de Rueca) menciona lo
siguiente:
El mapa de las revistas literarias se me antoja como un gran
archipiélago; cada una de ellas es como una isla desde donde un
grupo se dirige a los demás, a veces con intenciones sólo de que
le escuchen y otras de reformar al mundo (Toscano, 1964: 93).

Así fue como las autoras encontraron la manera de ingresar
en la cultura literaria de la época, ya que por medio de la revista
daban cabida a que ellas, al igual que otras mujeres universitarias,
publicaran sus textos y por ende darlos a conocer a otros escritores
para intercambiar ideas. Además de la publicación de sus obras,
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

gracias a Rueca muchas escritoras comenzaron su carrera literaria
y pudieron abrirse camino para profesionalizarse en el mundo de
las letras. Al respecto, Granillo Vázquez comenta: “Así, la escritura
profesional de mujeres es el resultado tanto de la apertura para ellas
del espacio público impreso, como de las leyes educativas que a
medio siglo abrieron la educación media y superior que antes eran
exclusivamente para varones” (2014: 31).
Para retomar el punto relativo
de los públicos y
contrapúblicos, volvemos a Warner. El autor menciona que “casi
todos los grandes cambios culturales —desde el cristianismo,
pasando por la imprenta, hasta el significado de lo público y lo
privado. (La cultura impresa nos dio la publicación; el psicoanálisis,
un nuevo sentido de la persona privada.)” (2012: 26), destacando la
importancia de la cultura impresa como un medio para transmitir
ideas y llegar a los distintos públicos.
La cultura impresa dio paso a las publicaciones periódicas:
temas que en teoría eran privados se volvieron de conocimiento
público. Las revistas literarias se convirtieron en medios de
comunicación masiva, pensamientos individuales se unieron para
hacer una publicación y da como resultado algo colectivo. En el caso
de Rueca, tenemos una publicación que se ubica en la esfera pública,
pero que cuenta, asimismo, con rasgos particulares al centrase en la
producción, circulación y lectura de textos escritos.
Retomando el concepto de contrapúblicos, podemos afirmar
que las editoras de Rueca estaban subordinadas en el interior del
campo literario, puesto que se les invitaba a enviar colaboraciones
en distintas revistas, mas no a ser partícipes del consejo editorial
de alguna de ellas; por lo tanto, decidieron crear su propio espacio
discursivo.
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

En este espacio discursivo llevaron a cabo una acción
comunicativa logrando un cambio en el campo literario, al reunir en
un lugar voces emergentes de la literatura (en su mayoría mujeres)
con escritores consagrados, para que existiera una retroalimentación,
así como establecer lazos entre intelectuales de distintas partes del
mundo. Esto se puede mostrar en el siguiente diagrama:

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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

Como se puede deducir del esquema anterior: la publicación
logra un cambio porque se promueven nuevas voces que no tenían
lugar en otros espacios, pero también se crea un nuevo público que
forma una relación con los textos que se publican en Rueca. Mabel
Moraña explica lo siguiente:
Revistas que impulsaron no solamente la cristalización de nuevas
formas de subjetividad colectiva sino la representación de nuevos
actores sociales que surgían a la escena social tratando de definir
no sólo una voz a través de la cual expresar sus perspectivas y
demandas, sino intentando al mismo tiempo crear un público que
funcionara como sistema de control y caja de resonancia de las
nuevas agendas (2003: 67).

Como lo explica la autora, las revistas se volvieron un medio
de mediación cultural, así es como Rueca se convirtió en un objeto
de mediación entre los contrapúblicos (las editoras y escritores de
la revista) y los públicos que se iban creando poco a poco alrededor
de ella. Los contrapúblicos de la revista lograban la creación y
transformación de su público a partir de los textos que producían, lo
que desencadenó más procesos para lograr un diálogo participativo.
Moraña menciona al respecto:
Como instrumento de mediación cultural (que actúa en la zona
de contacto entre políticas culturales hegemónicas y proyectos
alternativos, entre creación artística y grupos receptores, entre el sector
intelectual o académico y el lector que es introducido al producto
cultural a través de la interpretación o la selección que la publicación
presenta), la revista es casi siempre una empresa educativa –política
y pedagógica – aunque más no sea por las maneras en que organiza
y filtra los relatos de identidad y traza los vínculos entre el campo
cultural y sus afueras (regionales, nacionales, internacionales). Es,
asimismo, un vehículo del gusto de determinados sectores sociales o

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intelectuales, que buscan proponerlo, difundirlo, legitimarlo, a través
de diversas operaciones conceptuales, y de diferentes apuestas
estético-ideológicas (2003: 68).

En Rueca se observa cómo, a través de las distintas secciones
y textos, se busca difundir la cultura literaria, ya sea por medio de
cuentos, poemas o incluso a partir de las reseñas y semblanzas en
donde rinden homenaje a los escritores que antecedieron antes de
ellas. Y aunque no contaban con secciones tan definidas, era este
aspecto lo que le daba una característica especial.
Que las editoras de Rueca encontraran su lugar como
contrapúblicos responde a la necesidad de demostrar que las mujeres
también podían escribir y publicar con calidad literaria. Ingresaban
al sistema literario en contra del “pensamiento dominante”, en este
caso en particular: los hombres pensaban que las mujeres no podían
dirigir una revista de cierta “calidad”:
Estas publicaciones, como norma, debido a la característica de
su periodicidad responden con extrema sensibilidad al ambiente
específico en el que surgen y eso se manifiesta en sus páginas,
ya sea a favor o en contra del pensamiento dominante o de las
corrientes artísticas imperantes. Además, muchos de los grandes
escritores de cada nación han formado parte de ellas de una u otra
manera (Gómez Gray, 2013, p. 6).

A pesar de su corta existencia, en esta revista desfilaron
grandes personajes de las letras, pero también varios encontraron su
primera oportunidad. Finalmente, cabe destacar la importancia de
la labor editorial de Rueca, un aspecto importante es la escritura de
las mujeres, pues no solo se trata del hecho de que editan y forman
relaciones con escritores, sino que ellas mismas escriben, ya sea
relatos, poemas o reseñas. Ellas están escribiendo y están creando.
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

Revistas literarias y escritura femenina: una aproximación
a Rueca
“Pero, si disponemos una sola
vida en este mundo, ¿acaso
no será lo mejor vivirla peligrosamente, arriesgándola por
algo, en este caso la escritura, que de veras importe y nos
importe? No sé me ocurre ninguna mejor opción”.
Esther Tusquets, Las mujeres que leen,
son peligrosas

La escritura de las mujeres es un tema que aún en la actualidad
sigue provocando diversos debates, desde los temas que tratan, su
relevancia, y su construcción, hasta su propia autoría. Algo está
claro: las mujeres han escrito desde siempre, pero existe un antes
y un después de su escritura, que va de lo privado a lo público.
Sin duda, los medios impresos lograron que las mujeres publicarán
sus distintas obras y discursos, pero uno de los que más ayudó a
la visibilidad de la escritura femenina fueron las revistas literarias,
puesto que en ellas escritoras jóvenes lograron sus primeras
publicaciones y posteriormente darse a conocer.
Durante el siglo XX en México (al igual que en muchas partes
de América Latina), distintos grupos literarios y culturales optaban
por las revistas literarias para lograr una difusión en el ámbito cultural
de su país, pues a partir de la escritura mostraban sus relaciones,
necesidades y objetivos. Lucrecia Infante Vargas menciona que: “la
escritura tiene diversos propósitos. Se escribe para llegar a quiénes
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

no pueden escucharnos de viva voz, para dejar constancia de las
ideas y los hechos, para expresar las emociones y sentimientos, para
construir una identidad pública” (2008: 69). Es en la escritura donde
muchas mujeres lograron sus primeros pronunciamientos, ideas y
deseos acerca de lo que les inquietaba.
Así, en las revistas literarias se convirtieron en un dispositivo
para la difusión y legitimación de textos escritos por mujeres,
logrando con ello la visibilidad que necesitaban para abrirse camino
en el campo literario. Y, al hacerlo, podrían establecer un diálogo
entre ellas (como escritoras emergentes) y escritores consagrados
que les permitía la crítica y reflexión de sus textos y escritura.
Pero, a pesar de contar con los espacios para difundir su
obra, pronto nuevas inquietudes comenzaron a surgir en torno a la
escritura: una de ellas fue decidir qué se podía publicar y a quién.
Una de las partes más importantes de la escritura de las mujeres es la
conformación de consejos editoriales puesto que “la conformación
de estos equipos editoriales es una de las principales características de
la escritura desarrollada por las mujeres” (Infante Vargas, 2008: 92).
Como se ha mencionado, el nacimiento de Rueca sucedió en
un salón de clases de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Un grupo de estudiantes universitarias decidió comenzar la primera
tarea: la formación de un consejo editorial, y posteriormente una
revista literaria, el medio principal de los grupos literarios de la
época. Bradu menciona que “la mayor hazaña de Rueca fue haber
nacido y existido en una década –los cuarenta– en la que todavía
la mujer era una especie escasa en las aulas universitarias y aún más
en la vida pública del país” (1990: 2). El grupo, conformado por
estudiantes que tenían más experiencia en la cultura literaria (con
textos ya publicados en otras revistas y relaciones de amistad con
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

escritores ya consagrados) y estudiantes que apenas comenzaban su
carrera, se aventuró a dar el paso y crear su propia revista, ya que
no veía la posibilidad de ser aceptado en los consejos editoriales
de otros grupos: “con esta comprensible frustración se lanzaron
a la aventura editorial de la que asumieron todos los riesgos y los
aprendizajes, desde la escritura hasta la hechura misma de la revista
en una forma independiente” (1990: 2).
La revista abrió paso a que las mujeres no solo escribieran,
sino que también editaran, dictaminaran y criticaran textos. En las
revistas literarias y en las publicaciones periódicas se encuentra el
soporte material en donde es posible explorar la modalidad creativa
de los distintos grupos literarios. Los consejos editoriales, tal como
sostiene Sobrino Vegas (2014), desempeñan uno o varios papeles de
actuación posibles en el sistema literario. Lucrecia Infante Vargas
menciona que:
Tanto el surgimiento de las primeras revistas de mujeres escritas y
dirigidas por ellas mismas, como el establecimiento de una tradición
literaria que –aun cuando incipiente–, introdujo en el canon literario
entonces dominante una versión propia de las experiencias y los
símbolos socialmente definidos entonces como femeninos y
adscritos al ámbito de lo privado y la subjetividad (2008, p. 71).

Rueca introdujo al canon su propia versión de una revista
literaria, con su particular selección de textos, entre los que se incluían
como fragmentos de novelas, poemas, semblanzas, traducciones,
teatro, análisis de pinturas, notas y reseñas/recomendaciones de
libros. A pesar de no tener secciones definidas, como otras revistas
de la época, se puede notar como las autoras buscaban abrirse un
lugar en todos los campos artísticos.
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

Como se mencionó antes, Rueca comenzó por la búsqueda
de espacios para publicar. Las estudiantes miembros del consejo
editorial empezaron con la introducción de textos propios para el
primer número, pero a partir del segundo decidieron que solo dos
o tres de las editoras participaran en cada uno de ellos, esto con la
oportunidad de “reunir más bien junto a las formas de escritores
desconocidos a las nuevas firmas deseosas de penetrar en la
literatura” (1964: 106). A pesar de no contar con una reglamentación
de solo dar a conocer autoras, se aprecia que en algunas secciones
predominan las mujeres, muchas al igual que ellas buscaban abrirse
camino en el mundo literario dominado por los hombres.
Son diversos los géneros que utilizaron las escritoras para
dar a conocer sus ideas y trabajo intelectual. A partir de las distintas
secciones se observa la exploración de la escritura por medio de
poemas, cuentos, novelas, ensayos e incluso análisis de pinturas.
La revista Rueca permitió que el trabajo escritural de las autoras
transitara de algo privado a algo público, dando como resultado
que fueran leídas y criticadas. Lucrecia Infante Vargas menciona
como en un principio distintas formas de escritura como la carta, el
diario íntimo, así como actividades de lectura dieron lugar a que las
mujeres se volvieran creadoras y demostraran su talento y manejo
de este arte, posteriormente, el pasar de una escritura íntima a una
pública, les permitió ingresar a otros géneros y por supuesto formar
una crítica, así como relaciones con otros escritores:
Así pues, las siguientes páginas dan cuenta de cómo la redacción
epistolar, o bien diarios personales, el ejercicio de la traducción,
la participación en tertulias, y la lectura (individual o en grupos),
formaron parte de un largo y continuo proceso a través del cual
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

las mujeres pasaron de lectoras a redactoras de sus propias ideas,
y transitaron de una escritura privada a otra que les permitió
demostrar que eran capaces de manejar esa herramienta de
expresión (considerada racional, masculina y, por tanto, propia de
la creatividad intelectual), en el marco de un escenario público
como el de los medios impresos (2008, p. 72).

Ejemplos de las actividades escriturales de las autoras de
Rueca se pueden apreciar en sus distintas secciones. A pesar de
no tener secciones tan definidas como otras revistas, podemos
encontrar la titulada Notas, en donde las editoras escriben reseñas y
recomendaciones de libros. Por ejemplo, María Ramona Rey, en el
número 1 de la publicación, daba cuenta de Algunos Poemas (19251939) de Alfonso Reyes:
Otro de esos pequeños libros de poemas que hace Alfonso Reyes
y que alcanzan siempre un número reducido. Avaro es el autor
con estos cantos. Quizá se debe a que son elaborados en su rincón
más íntimo, a que son la obra de su actitud más querida, de aquella
parte de su alma que será siempre joven. Esta impresión nuestra,
que no desdeñará el conferencista de la Anatomía de la Crítica,
merece una explicación (en Martínez, 1984: 58).

El ejercicio escritural de la reseña permitía a las autoras
dar a conocer nuevas obras de distintos autores, dando visibilidad
y por supuesto emitiendo un juicio y una crítica hacia un texto.
De acuerdo con Sobrino Vegas (2014), algunos elementos a tomar
en cuenta para el análisis literario de una revista son “los modelos
literarios y artísticos seguidos”. Esto se puede ver en el fragmento
anteriormente citado: Reyes era uno de los modelos literarios más
seguidos de la época, además de influir en la creación de la revista,
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

por lo cual el dar a conocer sus trabajos servía como una forma de
diálogo entre ellos, además de incursionar en la escritura.
Un proceso de escritura que está presente es el de la
traducción literaria. En el número 1 de Rueca podemos ver El
Tratado de Narciso de André Gide traducido por Carmen Toscano,
esta traducción responde a lo que Sobrino Vegas (2014) denomina
“conocimiento y valoración de la tradición literaria y artística”
(2014: 837). Toscano recuperaba, de esta manera, el primer texto
del autor y, al mismo tiempo, lo ponía al alcance de su público. El
ejercicio de la traducción permitía a las autoras de Rueca acercarse
a otras literaturas y culturas, así como la posibilidad de explotar
su creatividad: la traducción no solo precisa de escribir la palabra
correcta, sino de transmitir las ideas y los sentimientos que el autor
buscaba dar a conocer. Ejercicio peligroso: una mala traducción
puede hacer que la obra pierda sentido.
Otro de los procesos que se encuentra en la revista y que
también responde al conocimiento y valoración de la tradición
literaria y artística (2014: 837) es la confección de ensayos críticos
como vía para reflexionar acerca de figuras de la literatura. El
primer ejemplo lo tenemos en el número 1 de la revista, con una
sección titulada Semblanza, donde María del Carmen Millán le rinde
homenaje al poeta Gutiérez Nájera: “Delicado, ágil y profundo, tiene
Gutiérrez Nájera la virtud de ennoblecer y sublimizar su trabajo.
Escribía, llenaba las páginas de los periódicos diariamente con sus
artículos; esa era su ocupación” (en Martínez, 1984: 31).
Otra muestra más: en el número 4 de la revista, Pina Juárez
Frausto escribe el artículo Virginia Woolf y sus novelas. Expone ahí su
conocimiento del género literario y una adecuada valoración de la
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�Verónica Tadea Zúñiga Sánchez / Mujeres públicas

figura de la autora, mostrando con ello el valor estético e ideológico
(Sobrino Vegas, 2014) que se discutía en el comité editorial de Rueca
y que podría definir con la pregunta: ¿cuál es el papel de la mujer en
el campo cultural?
Virginia Woolf, maneja esta nueva dirección novelística y hace
del ágil empleo del tiempo su más acabado artificio ¿Pero todo
aquéllo a qué nos lleva? ¿Qué hay más allá de este hábil trabajo?
Y poco a poco somos llevados a los motivos que hirieran con
su realidad el espíritu de la novelista, has encontrarnos con el
problema fundamental: el sexo […] Virginia Woolf, pese a su
inteligencia que le permite concebir abstracciones tan acabadas
con su Orlando, finca sus problemas en un asunto más objetivo e
inmediato: la historia, el presente y el destino de la vida femenina
en el campo activo de la cultura (En Martínez, 1984: 259).

En Rueca observamos cómo las autoras y editoras tomaron
la oportunidad de escribir y posicionarse en la cultura literaria por
distintos medios; destacan, por supuesto, la publicación de cuentos,
poemas y novelas (que por supuesto son importantes); pero también
es fundamental reparar en la escritura de las reseñas, ensayos,
traducciones y correspondencias, ya que fueron el parteaguas para
la participación de las mujeres en la escritura.
Por otro lado y tal como ya se ha apuntado, la concreción del
consejo editorial ayudó al desarrollo de la escritura del grupo y les
permitió integrarse a la esfera pública al compartir conocimientos,
hacer intercambio de experiencias, preocupaciones y fomentar la
formación de una identidad propia. Carmen Toscano menciona
que: “Incursionamos por donde pudimos, dialogamos con seres
inteligentes. Vivimos nuestro propósito” (1963: 11). Y así fue, las
editoras y escritoras de Rueca entraron a la cultura literaria de manera
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rápida, pero con voluntad y cuestionamientos que poco a poco
resolvieron, dejando así una huella en la historia literaria.
A guisa de conclusión
Para finalizar podemos afirmar que las revistas y las publicaciones
periódicas han jugado un papel importante en la historia de
la literatura mexicana moderna: en ellas muchos escritores
comenzaron su carrera y profesionalización literarias. Son, además,
un objeto cultural importante que va más allá de la publicación
de textos: persigue una reflexión en torno a los productos que se
encontraban impresos, establece relaciones e incluso busca romper
los paradigmas.
En el caso de Rueca hemos visto que fue una revista que
abrió paso a las mujeres en el campo cultural mexicano. Cada una
de las editoras de la revista ocupó un lugar de actuación para que su
proyecto pudiera formar parte del sistema literario. Brindó, además, la
oportunidad a las jóvenes escritoras de mostrar sus textos. Sin duda la
publicación, a pesar de tener un tiempo corto y ser intermitente, logró
formar un lugar seguro para las letras de varias autoras, establecer
lazos con ellas e incursionar poco a poco en la literatura.

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�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

“Tiempos que les tocaron vivir”. Un modo de leer la
narrativa latinoamericana contemporánea.
“Times that they had to live”. A way of reading contemporary Latin American narrative
María Teresa Sánchez
Universidad Nacional del Comahue
Neuquén, Argentina
samariateresa@gmail.com

Fecha de entrega: 05-07/-2022 / Fecha de aceptación: 13-09-2022

Resumen. El trabajo: “Tiempos que les tocaron vivir”. Un modo de
leer la narrativa latinoamericana contemporánea propone leer la nouvelle
Llamadas de Ámsterdam de Juan Villoro desde el escenario de las narrativas
que tratan las consecuencias de la globalización. En esos términos, a partir
de la nouvelle, se establecen relaciones con características transversales de
la crónica urbana dando cuenta de las posibilidades actuales de narrar la
experiencia contemporánea. Desde los conceptos de contemporaneidad y
posmodernidad, relevando aportes y diálogos posibles con la antropología,
se propone leer las relaciones personales en la fragmentación de las
megaciudades y observar los modos en que la novela muestra una sociedad
identificada por imaginarios urbanos.
Palabras clave: contemporaneidad- ciudad- experiencia urbana- narrativaLatinoamérica

61

�María Teresa Sánchez / Tiempos que les tocaron vivir

Abstract. The paper “Times that had to live”. A way of reading
contemporary Latin American narrative” propose to read the nouvelle
Llamadas de Ámsterdam by Juan Villoro from narratives about the
consequences of globalized world. From concepts of contemporary and
postmodernism and others from the anthropology, the paper reads the
personal relationships inside fragmented megacities and also reads the
ways that the novel shows the urban imaginaries in the society.
Key words: contemporaneity- city- urban experience -narrative-Latin
America

62

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-40

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

Este trabajo se propone leer la narrativa latinoamericana
contemporánea a partir de las relaciones entre subjetividad
narrativa y espacio en Llamadas de Ámsterdam de Juan Villoro. Su
lectura nos permite mirar la ciudad contemporánea en la literatura
latinoamericana actual como cara visible de las transformaciones
sociales surgidas por la globalización neoliberal. Sin embargo,
consideramos que, en esta nouvelle, resulta interesante observar cómo
ciertos detalles, similares a los de la crónica urbana, nos develan más
que los intersticios de la cartografía urbana, las sensaciones de vivir
en una megalópolis como la ciudad de México. Con el recurrente
estilo zigzagueante de Villoro, ajeno a las sintaxis de continuidades,
las historias personales de Juan Jesús y de Nuria revelan las redes
subterráneas de sus vidas y, paralelamente, a partir de una serie
de desplazamientos narrativos, nos introducen en sus propias
perspectivas sobre la ciudad de México. Sin embargo, para abordar el
análisis enunciado serán necesarias algunas instancias introductorias.
Desde los tiempos que les tocaron vivir, a través de los prólogos,
las crónicas o los proyectos poéticos, los escritores latinoamericanos
reformularon los territorios de la literatura en el marco del ingreso
de los estados a las políticas de mercantilización y, definiendo
los mapas culturales, también fueron dando cuenta de un sujeto
desterritorializado. Ya las vertiginosas transformaciones del contexto
finisecular decimonónico habían revelado la crisis del sistema cultural
anterior y habían suscitado la redefinición de los escritores ante la
emergencia moderna. La nueva organización social complejizaba
la sobrevivencia de los poetas, en el proceso de racionalización y
secularización de la modernidad. Las transformaciones significaban,
en general, el reposicionamiento de los escritores ante la Ley; una, en
líneas generales se imponía, la del mercado. La transformación de las
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grandes ciudades latinoamericanas fue el escenario propicio para el
desarrollo de propuestas estéticas y para la renovación modernista.
Las ciudades latinoamericanas fueron transformando su paisaje
urbano. La “gran aldea” se fue convirtiendo en una ciudad económica,
cultural y edilicia diferente, fue reacomodándose a las estructuras
del capitalismo internacional; sus habitantes tanto los herederos del
patriciado como los nuevos emergentes del cosmopolitismo moderno
fueron incorporándose al proceso modernizador de las nuevas
estructuras. (Romero, 2011: 260, 264).
La transmutación del paisaje urbano, el cambio vertiginoso
de las ciudades se convirtió en una nueva experiencia a la que Walter
Benjamín, en “Sobre algunos temas en Baudelaire”, definiría como
la “experiencia del shock”, en tanto conjunto de manifestaciones
de la transformación de la vida urbana, producto de la pluralidad
de estímulos y del anonimato impuesto por la marcha automatizada
del hombre en medio de la multitud. El hombre de la ciudad de
Baudelaire se topaba con la dificultad de diferenciarse en el espacio
de la calle porque esta se había tornado imposible no sólo por efecto
de la vorágine humana sino porque el proceso de mercantilización
hacía tan abstractas las relaciones humanas como las mercantiles.
En ese espacio, la figura del flâneur, como sujeto consciente de ese
proceso, se convertirá en los ojos y en la voz de la vocinglería urbana.
Pero la relación del hombre y el espacio urbano en nuestra
actualidad se ha complejizado por una serie de factores difíciles de
sintetizar y que exceden el objeto de este trabajo pero que, en función de establecer las diferencias entre ese antes y esta contemporaneidad posmoderna1, ameritan algunos señalamientos. En primer
1 En este trabajo hemos optado por referirnos a la época actual como la
contemporaneidad posmoderna.

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lugar, nos remitimos a los términos definidos por Agamben para
quien la contemporaneidad es una singular relación con el propio
tiempo. De ahí que el contemporáneo es aquel que tiene fija la mirada en su tiempo, para percibir su oscuridad como algo que no
solo le concierne, sino que lo interpela. Es, por otro lado, relevante
enunciar que, según plantea, en esta mirada sobre el tiempo, exista
una adhesión y a la vez una distancia; no coincidir plenamente con la
época en la que se vive permite interpolar su tiempo y transformarlo, poniéndolo en relación con otros tiempos. Ser contemporáneo
significaría, por lo tanto, un modo inédito de leer la historia, en lo
intempestivo del presente.2 Por otro lado, seguimos los planteos sobre la posmodernidad analizados por F. Jameson quien la lee según
la lógica del capitalismo cultural avanzado.3 En líneas generales, su
2 En ¿” Qué es lo contemporáneo?, texto al que aludimos en esta
definición, Agamben recurre a la relación entre lo contemporáneo y la idea
de lo intempestivo; diálogo que surge, según puntualiza, de Nietzsche en un
texto publicado en 1847: Unzeitgemässe Betrachtungen las “Consideraciones
intempestivas”. “[…] contemporáneo es aquel que percibe la oscuridad de su
tiempo como algo que le incumbe y no cesa de interpelarlo […]. Contemporáneo
es aquel que recibe en pleno rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo
[…]la contemporaneidad no tiene lugar simplemente en el tiempo cronológico:
es, en el tiempo cronológico algo que urge dentro de este y lo transforma. Esa
urgencia es lo intempestivo, […] en la forma de un “demasiado temprano” que
es, también, un “demasiado tarde; de un “ya” que es también, un “no todavía”.
(Agamben, 2011: 22, 24).  
3 Si bien somos conscientes que los análisis y debates en torno al concepto
de lo posmoderno, la posmodernidad es diverso y responde a planteos
filosóficos que exceden la índole de este trabajo, nos vimos en la necesidad de
definir nuestra perspectiva. De allí que elegimos la definición de Jameson por
parecernos pertinaz a nuestro objetivo. Una de las razones que encontramos
valederas es su modo particular de entender el posmodernismo como una
conciencia no solo como cambios y modificaciones sino como la búsqueda
de los desplazamientos y los cambios irrevocables en la representación de las
cosas y en la forma en la que estas cambian. Por otro lado, porque remitirnos
a sus debates, nos permite, también, aludir a una actualidad a la que se hace
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anclaje nos permite referirnos a la época actual desde las complejidades filosóficas de la misma, según hacemos constar en la nota al
pie. Nos lleva, además, a poder dar cuenta de las transformaciones
del mundo de la vida que tal como lo sugiere Jameson, resultan incomparables con las convulsiones de la modernización y la industrialización anteriores.
Ahora bien, puestos a tratar Llamadas de Ámsterdam de Juan
Villoro, se observa una subjetividad inmersa en un tiempo “post” en
el sentido de que se vive en un contexto diferente que es un emergente
de acontecimientos anteriores. Sujeto y espacios narrativos son
producto de una ciudad fragmentada en la que es imposible abarcar
un conjunto; solo tenemos múltiples e inabarcables fragmentos. Es
la ciudad palimpsesto de la que habla Susana Montes en su análisis
de la experiencia en la crónica urbana (Montes, 2014). Es la ciudad
en la que la realidad ocurre de forma intempestiva, caótica, ilógica
y, por lo tanto, ya no se puede comunicar la experiencia porque la
cotidianeidad es construida por un relato mediático que ha vaciado
su contenido y lo ha reemplazado por sensaciones. Las urbes son
organismos en constante trasmutación cuyas identidades se redefinen
en el desplazamiento de los sujetos, en las transformaciones de su
arquitectura, en los cambios del paisaje urbano. Es la ciudad que se
revela como un “vértigo horizontal” en metáfora de Juan Villoro
necesario llamar de algún modo para poder contextualizar nuestro corpus y dar
cuenta de nuestro objeto. Como una tercera y última razón, porque sus análisis
sobre el capitalismo avanzado nos dan pistas para entender este contexto, sobre
todo al decir que es avanzado en el sentido de que algo ha cambiado, que
las cosas son diferentes, que hemos atravesado una transformación del mundo
de la vida que de algún modo es decisiva pero que esta resulta incomparable
con las convulsiones anteriores de la modernización y de la industrialización.
(Jameson, 2012).

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quien, en El vértigo horizontal. Una ciudad llamada México, de 2018, a
partir de crónicas diversas sobre focalizaciones urbanas variadas,
invita a recorrer la ciudad de México a través de trazados imaginarios
que proponen leer el sincretismo cultural posmoderno a manera de
zapping. “El desconcierto se vive de diversos modos y no admite
una versión definitiva”, concluye en sus últimas líneas prologales.
(Villoro, 2018, p. 34). De la misma manera, los sujetos de la nouvelle
en cuestión viven un desconcierto que es producto de las historias
personales, pero estas se van resignificando por acontecimientos y
sucesos que indican que las relaciones interpersonales, los afectos,
las oportunidades personales están en crisis. La ciudad por la que se
mueven es la megalópolis mexicana, pero también se revela como
un “algo” fantasmático que excede las redes, las comunicaciones, la
arquitectura.
La narración comienza in media res con una llamada
telefónica que no se concreta ya que quien llama, Juan Jesús, uno
de los protagonistas, cuelga al escuchar el contestador: “Juan
Jesús colocó la tarjeta en el teléfono y marcó el número de Nuria.
Escuchó su voz en la contestadora, el tono fresco y optimista con
que la conoció […] (11).4 Este íncipit dará comienzo a los diversos
fragmentos, constituidos por recuerdos, raccontos, retrocesos del
presente narrativo que nos informan sobre sucesos anteriores a la
serie de las llamadas. Juan Jesús y Nuria han roto su relación de
pareja. Tras la ruptura, Nuria se va a Nueva York. Sin saber nada de
ella por siete años, un encuentro fortuito con un amigo en común,
le proporciona el número de su teléfono; hecho que motiva las
4 Todas las citas a Llamadas de Ámsterdam pertenecen a la edición
señalada en la “Bibliografía”.
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llamadas, realizadas desde una cabina frente a su departamento, en
la calle Ámsterdam de colonia La Condesa. Juan Jesús es exponente
de la clase media mexicana. Un joven con ansias de posicionarse
en el mundo de las artes plásticas pero que se gana la vida como
diseñador gráfico y no ha llegado muy lejos con su producción de
óleos expresionistas. Sin embargo, gana una beca a Ámsterdam a
la que reúsa en función de acompañar a su esposa, Nuria, cuando
su suegro enferma de leucemia. Nuria es un emergente de la una
nueva clase neoliberal. Comienza la novela como directora de una
“conglomerado de revistas femeninas”; su oficina forma parte
de un edificio del barrio Santa Fe y, tras su divorcio, se traslada
abruptamente a Nueva York.
La ciudad de México es el lugar donde viven los personajes y
es posible reconocer los fragmentos de la cartografía urbana, como
la mencionada colonia La Condesa, el barrio Santa Fe, la misma
calle Ámsterdam, cercana al antiguo hipódromo, pero más que los
pormenores de su urbanización nos interesan leer las alusiones a
los efectos de habitarla. Las zonas por las que transitan son puntos
de ese espacio mega que “avasalla”, da miedo, que hace difícil la
comunicación. Según Sánchez Prado, en su trabajo: “Los afectos
de la ciudad neoliberal en Llamadas de Ámsterdam entre la crónica y
la comedia romántica”, la elección de esta geografía, como espacio
de la historia, habla de las nuevas relaciones entre la ciudad y los
afectos. El autor caracteriza la geografía elegida para la historia
como representativa de una nueva economía de restaurantes, bares
y edificios similares a los neoyorkinos y atribuye la ruptura amorosa
de sus protagonistas a un destino inefable de sujetos inscriptos en las
lógicas del capitalismo avanzado. (Sánchez Prado, 2011). Desde esa
perspectiva, analiza sus ocupaciones, la arquitectura de los espacios,
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las zonas urbanas, relacionándolo con los efectos personales de
vivir en una ciudad de México neoliberal. También, el autor pone
de relieve las características del cronista Villoro como un rasgo
relevante al momento de cartografiar el espacio urbano de la novela.
Sin embargo, consideramos que, además de la figura del narrador, la
construcción de ciertos detalles es lo que pone en diálogo la nouvelle
con la crónica.
Las alusiones a las sensaciones de vivir en ese espacio
megaurbanizado con una carga negativa aparecen en frases como:
“[…] la serie de vandalismo expresionista que reflejaba tan bien el
miedo de vivir en la ciudad […]” (13). “La ciudad inmensa, avasallante,
dificultaba los contactos […]” (27) “Esta ciudad es una mierda.
Apuñalan a alguien cada minuto […]” (39).5 De hecho, la ciudad
de México como la megalópolis aparece desde las sensaciones y, en
cambio, cuando se mencionan lugares precisos por donde circulan
los personajes, por lo general, no se alude a lo que estas zonas podrían
suscitar. Así ocurre, por ejemplo, al referirse a La Condesa, al barrio
Santa Fe, la misma calle Ámsterdam, lugares descriptos de tal modo
que podemos reconstruir el punto del fragmento urbano aludido:
“[…] Nuria vivía en la calle de Ámsterdam, el óvalo que recorría
la colonia Condesa, siguiendo el trazo del antiguo hipódromo. […]
5 En una entrevista de 2019, “La crónica tiene un contrato con la
verdad”, de Morales, Villoro alude a la experimentación en relación con los
acontecimientos que, a menudo, origina la escritura de la crónica. Utiliza la
imagen del terremoto para referirse al sacudimiento que provoca el género.
En ese sentido, la crónica se convierte en una escritura del experimentar, del
escribir sobre las repercusiones personales. “Consiste – señala – simplemente,
en decir: “Soy de aquí porque puedo recoger la mierda [sic] de este sitio”.
Y, agrega, “Por eso he dicho que más que un género literario, este texto
corresponde a un género sismológico: es una réplica, los terremotos tienen
réplica”. (Morales, 2019).
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viendo el edificio de los años treinta donde ella vivía, el vestíbulo
renovado con algo presupuesto […]”. (33). De todas maneras,
cuando sí aparece un comentario, el narrador se identifica con el
personaje de Juan Jesús, como ocurre en el encuentro con su amigo
Lascuráin, quien “sugirió un nuevo restaurante en La Condesa […]
El sitio era tan horrendo como su nombre, La Tehuana Oyster Bar,
un enclave para yuppies deseosos de sentirse en un México visto
desde Nueva York”. (47). La mirada, entonces, se asume como la
del cronista que ve una ciudad globalizada, con nuevos agentes, que
ha perdido su identificación cultural y que ha seguido las reglas del
nuevo orbe, respondiendo a las demandas exigidas por la cultura del
capitalismo avanzado. Asimismo, otros pasajes sugieren no solo la
visión de una ciudad despojada de sus espacios de memoria cultural,
sino que también nos llevan a reflexionar sobre el concepto de
“imaginarios urbanos” de García Canclini. Ante la imposibilidad
de delimitar lugares en ese conjunto de viaje, de trabajo y de
circulación en que se han convertido las ciudades contemporáneas,
los imaginarios aparecen como un componente necesario capaz de
establecer relaciones de localización de los sujetos, pero también
de incierta deslocalización ya que cada habitante transita por un
fragmento de la ciudad y solo imagina, tiene conjeturas sobre aquello
que no ve, no transita o atraviesa superficialmente. (García Canclini,
1997). Esta característica de la gran ciudad, puede advertirse a partir
de un comentario nimio del narrador ante un episodio, también, un
tanto irrelevante. Cuando se encuentra con su amigo y este sugiere
un nuevo encuentro, la voz narrativa acota: “[…]sin mucho impulso,
[…]un vínculo vacío, perfecto para ellos reunidos en el bar como en
un andén del metro, por efecto de la multitud, un billar de piezas que
se mueven y repercuten para separarse con garantizada rapidez. (28).
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Las imágenes del comentario citado dialogan con los rasgos
del imaginario urbano, mencionado anteriormente. Las relaciones
resultan vínculos vacíos o, parafraseando a Canclini, son superficiales;
metafóricamente están atravesadas por la inmediatez, lo instantáneo.
Solo se cuenta con instantes para hacer contacto en la vida urbana;
como piezas de billar, los encuentros arman una combinatoria que
se desarma casi al unísono y, en este caso, también el imaginario
resulta un lugar de elaboración de insatisfacciones, deseos, búsqueda
de comunicación con los otros. Por otro lado, estos vínculos remiten
a la crisis de identidad contemporánea generada por las dificultades
de hacer contacto con el otro. A pesar de estar hiperconectado, el
hombre contemporáneo se las arregla para “apagar la calle” en el
sentido de poner entre paréntesis la presencia del otro. (Le Breton,
2016).
En “Travesías: Athas de la memoria”, una crónica del
volumen antes citado, El vértigo horizontal. Una ciudad llamada México,
las descripciones de la gran ciudad se asemejan a esos comentarios
expresados por el narrador de la nouvelle. En ese orden, leemos
apreciaciones tales como: “Las megalópolis llegaron para alterar la
noción de espacio y descentrar a sus habitantes. […]” . “[…] es
imposible tener una representación de conjunto de la urbe”. “[…]
Hace mucho que la figura del flâneur que pasea con intenciones de
perderse en pos de una sorpresa fue sustituida por la del deportado.
En Chilangópolis, la odisea es la aventura de lo diario; ningún desafío
supera al de volver a casa”. (Villoro, 2018: 53-55). La crónica plantea
una problemática puntual de las grandes urbes contemporáneas, la
de la destrucción del patrimonio cultural y, por ende, la ausencia de
espacios de memoria que no solamente contribuyan a no perderse
sino a no sentirse extranjero en la propia ciudad.
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Ahora bien, en este punto, cabe una pregunta: ¿Es la
megalópolis y sus nuevas economías globalizadas la causa de esta
incapacidad de encuentro de los afectos o la narración plantea que
en esta contemporaneidad ese contexto provoca cierto estado de
enajenación que ni tan siquiera puede tomarse conciencia de esta
dificultad de construir vínculos? Por ejemplo, hay un trasfondo
traumático en Nuria, el incesto paterno, que ocupa un lugar
importante en la trama. En relación con la pregunta anterior,
también es parte de la misma problemática construida bajo el orbe
de la crisis contemporánea, inmersa en la experiencia urbana, la falta
de reacción de Juan Jesús ante los comentarios alusivos al abuso.
Durante las reuniones de despedida, motivadas por el viaje próximo
a Ámsterdam, aparecen algunos indicios: “[…]Nuria fue a ver a
su padre y regresó descompuesta”. (15). Hasta que una noche, le
dice: “No sabes lo difícil que es- […] Tengo que estar cerca de él.
Es durísimo. No sabes el asco que me da”. (22). Nuevamente, la
reflexión del narrador focaliza la problemática: “En infinidad de
ocasiones, al repasar la escena, se iba a reprochar no haber buscado
lo que Nuria llevaba dentro y tal vez sólo le diría esa noche”. (23).
En otras palabras, lo que Juan Jesús ha hecho, ante las alertas de su
pareja, es “apagar la calle”.
Es conveniente, asimismo, que consideremos la simulación
de las llamadas desde la calle Ámsterdam. Juan Jesús simula hablar
desde Ámsterdam, la ciudad holandesa, a la que irían motivados por
la beca y a la que no fueron por la enfermedad de su suegro. Aunque
en el universo novelesco esto sea posible por la confusión fortuita
de Nuria, las llamadas, son una clave que habla de esta grieta, esta
búsqueda del otro en la gran ciudad, en la que metafóricamente, la
vida deviene un fragmento más de esa “mancha urbana” y también
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se la vive como un simulacro. La gran urbe solo puede ser abarcada
por simulacros de sutura. (Canclini, 1995). En este caso, en esa
parte del tejido urbano, lo que no se logra es seguir adelante con el
proyecto de pareja y se intenta reanudar la comunicación que, de
hecho, se efectúa, es real pero simulada porque el contacto concreto
no puede darse a menos que se deconstruya la simulación; no de la
llamada porque esta existe sino del lugar desde donde se la efectúa.
En términos de Baudrillard, no hay irrealidad, sino que hay una
ausencia de la referencia de lo real ya que en la simulación- en la
llamada - está la representación de esa realidad. (Baudrillard, 1978).
De hecho, baste con recordar la relación que Villoro establecía entre
la crónica y el simulacro, en su prólogo a Safari accidental; texto en
el que señalaba que, al absorber recursos de la narrativa, la crónica
no “pretende ‘liberarse’ de los hechos sino hacerlos verosímiles a
través de un simulacro, recuperarlos como si volvieran a suceder con
detallada intensidad”. (Villoro, 2005: 15). Desde una perspectiva
próxima, la de la crónica urbana, este simulacro también muestra un
modo de narrar la ciudad. Las urbes se asumen como organismos
vivientes que, en las crónicas, aparecen como sistemas que se
refuncionalizan de acuerdo con la demanda de los nuevos tiempos
y los cambios de la sociedad. Muestran instituciones y seres que
se desconocen entre sí, se enfrentan, se pierden o se encuentran
amorosamente. (Montes, 2014).
Por último, focalizaremos en la construcción de los detalles.
Villoro ha explicado el uso del detalle en la crónica. Lo considera
un dispositivo narrativo clave más que por índole realista por ser
revelador y disruptivo. Lo concibe como un modo estético para
construir sentidos que iluminan aspectos diferentes, no previsibles
de lo real. (Montes, 2008:123). Antes de detenernos en este aspecto
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y enunciar cómo funciona en la nouvelle, citaremos un ejemplo de
una de sus crónicas: “La segunda tortuga”, de ¿Hay vida en la
tierra? Esa crónica recurre a la actividad deportiva -, frecuente en
Villoro -un viaje fortuito a Duchau, una aldea alemana, tristemente
identificada por haber sido sede del holocausto y lugar al que el
narrador llega durante el mundial del 2006. Mientras va dando
cuenta de la sorpresa que les genera, a él y a sus dos acompañantes,
la falta de dramatismo de un espacio que había sido ocupado por el
horror de un campo de concentración nazi, nos relata su búsqueda
infructuosa de un bar. Los tres terminan en el único pub con el
televisor necesario para seguir el partido de ese día. Desde esa parte,
la narración se carga de alusiones siniestras cuando va detallando lo
que ve como macabro, amenazante; estrategia que logra ir generando
una tensión explícita porque los calificativos suscitan una atmósfera
de horror, pero también implícita, por el ya mencionado histórico
pasado del pueblo. La dueña del local es una anciana quien, según los
cálculos del narrador, sería una niña cuando ocurrieron los hechos
del genocidio judío. La crónica va posicionándonos en el lugar de las
víctimas, protagonizado en esa figura femenina. Sin embargo, hay
solo un detalle del final que desvía el sentido construido y disloca la
mirada. Mientras están en el pub y ven el partido, la mujer ha sacado
una tortuga de un acuario y se dirige al animal, repitiéndole “todo
está bien Elvira”, acción que provoca compasión en el narrador,
imaginando un pasado atroz, compartido por la anciana, otrora niña
y la tortuga. Pero esto se disloca cuando, ya próximos a irse, esta
saca una segunda tortuga cuyo nombre era Adolf. “Lo cierto es que
el nombre de la segunda tortuga, quieta al fondo del agua resumió el
estremecimiento de ese día. En efecto, se llamaba Adolf ”. (Villoro,
2013: 52).
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En esa dirección funcionan los detalles de la lluvia y la
bicicleta en la nouvelle ya que deslocalizan la mirada del lector al
ofrecernos una disrupción que nos conduce a saber lo no dicho por
el narrador.
El relato en que Juan Jesús comprueba las existencias
incestuosas entre Nuria y su padre sucede durante una noche en la
que llueve y en la que han ido a acompañar a su suegro. Nuria decide
quedarse porque su padre se siente mal. Juan Jesús, por lo tanto, se
va, pero, pronto a llegar a su auto, un relámpago le recuerda que
ha dejado el paraguas en la casa. Regresa a buscarlo, recorriendo,
para ello, diferentes cuartos. Al abrirse la puerta de la habitación
de su suegro, ve salir a Nuria con una camiseta de hombre y volver
al cuarto del padre. Estas imágenes se suceden como instantáneas
que revelan las referencias anteriores de Nuria sobre el asco de estar
frente a su padre. Podríamos señalar que el detalle más significativo
en esta secuencia no es la lluvia sino la “camiseta de hombre” con la
que Nuria sale de la habitación, sin embargo, seguimos sosteniendo
lo contrario ya que es el detalle de la lluvia lo que enmarca la imagen
intolerable, diciendo lo no dicho. Así, enunciados como: “Los días
siguientes fueron como una lluvia torpe que cae sin empapar las
cosas” y “solo ella podía acompañarlo […] a la puerta y entregarlo
a la lluvia sin ofrecerle la menor protección; solo él podía salir a
la lluvia sin pedirle un paraguas o al menos una bolsa de plástico”
enmarcan la certeza del acto incestuoso. (25).
El efecto es el del elemento singular, absurdo que se revela de
pronto pero que evidencia lo intolerable, en este caso, el incesto. Si en
la crónica lo singular, lo absurdo del detalle origina el acontecimiento,
en esta nouvelle, lo siniestro de ese detalle produce ese mundo posible
de otro sentido. Remite a la construcción de la imagen en el arte
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político, según Rancière, en cuanto la imagen es el juego complejo
de relaciones entre lo visible y lo invisible, lo visible y la palabra, lo
dicho y no lo dicho. Son las imágenes las que contribuyen a diseñar
configuraciones nuevas de lo visible, de lo decible y de lo pensable.
(Rancière,2010). En un texto posterior de Villoro, uno de 2014,
“Conferencia sobre la lluvia”, el autor reproduce la función de la
fantasía para Dante. “¿Qué obtenemos gracias a la alta fantasía?” –
se pregunta- “¡Lluvia! […] En consecuencia, según Dante, ‘llueve en
la alta fantasía’, la zona donde el poeta cambia el clima”. (Villoro,
2015: 19). En otras palabras, también en Llamadas de Ámsterdam, la
lluvia se convierte en la zona donde la narración cambia de clima y
de ser el relato de un amor fracasado, pasa a sorprendernos con un
episodio de abuso sexual.
De todas maneras, no todos los detalles tienen el mismo
efecto, en especial, porque no provocan la misma abyección como
sí lo hacen los anteriores. En este grupo se encuentra el detalle de la
bicicleta. Su mención aparece cuando el narrador nos transporta a la
época feliz de la pareja, cuando surge el sueño de ir a Ámsterdam y
Juan Jesús se proyecta andando en bicicleta en la ciudad holandesa,
con una bolsa de red en el manubrio. La ensoñación lo traslada
a una realidad imposible para la cotidianeidad de la ciudad de
México: “Nada le hubiera molestado más en México que andar
en bicicleta y llevar el pan colgado del manubrio, pero Ámsterdam
estaba para eso, para vivir de otro modo […]” (15). Sin embargo,
hacia el final, cuando ya contamos con el armado completo del
rompecabezas y hemos podido encastrar los diversos fragmentos
de los raccontos, de las historias intercaladas y se realiza la primera
de las llamadas simuladas con la que comienza la narración, se
menciona una bicicleta, pero no en el imaginario posible de
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Europa sino en el de la calle Ámsterdam, de la ciudad de México.
Mientras efectúa la llamada, a unos diez metros, la voz de una
grabadora de un hombre que iba en bicicleta, anuncia “tamales…
oaxaqueños…calientitos”. (35). La bicicleta propone otra lectura de
deslocalización de la mirada: si los personajes sufren en la mancha
urbana la desconexión, lo que puede conectarlos con la realidad
ya que ambos habitan el mismo espacio, se pierde alegóricamente
en el cotidiano multicultural, globalizado, despojado de signos y
símbolos de una tradición cultural compartida, la de los tamales
oaxaqueños. Por lo tanto, producto, productor y transacción
comercial también se invisibilizan en la ciudad neoliberal. El
detalle contribuye a la constitución de una lógica interna creadora
de sentidos nuevos para una realidad que allí se escenifica como
devenir abierto a la inminencia. En todos los casos, los detallen
desvían la mirada.
Como conclusión, podemos decir que en Llamadas de
Ámsterdam se visualiza una narrativa que trata las consecuencias del
mundo globalizado a partir de los desencuentros afectivos de una
pareja en la gran ciudad del México. Lo valioso es que en el escenario
novelesco, creado por Villoro, también se lea una propuesta que
es frecuente en la crónica urbana: la de deconstruir una mirada
homogeneizadora del devenir neoliberal; una mirada que propicia
atender a la complejidad de las interacciones personales que se
esconden tras los megaproyectos transnacionales, responsables de
desbastar zonas urbanas y demoler edificios que contribuían no
solo a orientar al transeúnte sino a recordarle sus raíces culturales e
históricas y permitían conformar una identidad cultural.
En la nouvelle analizada, las llamadas son estrategia novelesca,
por cierto, y además, una lectura de la contemporaneidad en el
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�María Teresa Sánchez / Tiempos que les tocaron vivir

sentido de que a partir de ellas, Villoro nos interpela, llevándonos
a leer un tiempo denso, fragmentario en el que coexiste un vida
urbana plegada a un nuevo shock urbano; ya no hay posibilidad
de transitarlo ni de narrarlo según la experiencia del orden que
entrañaba el flâneur cuando caminaba la calle porque la ciudad se ha
convertido en imágenes discontinuas. En este escenario, las llamadas
simuladas desde una calle de la ciudad de México reflejan una época
de simulacros en la que, como dice Villoro, “algo es misteriosamente
real” (2011). Algo, en efecto, es misteriosamente real, de hecho: el
texto, la literatura que una vez más, de la mano de Villoro, nos ofrece
un retrato íntimo de lo que ocurre en esta contemporaneidad.

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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-40

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�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

La distopía feminista: su surgimiento y evolución
The Feminist Dystopia: Its Emergence and Evolution
Erendira Hernández Balbuena
Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades
“Alfonso Vélez Pliego”
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
ereheba@gmail.com

Fecha de entrega: 01-04/-2022 / Fecha de aceptación: 07-09-2022
Resumen. El presente artículo tiene como objetivo dar una explicación
certera sobre el modo en el que la distopía literaria feminista surge en la
década de los setenta en Occidente. En el texto se propone que la literatura
distópica feminista aparece a partir de la forma literaria utópica feminista.
Es decir, no se atestigua el final de la literatura utópica feminista con el inicio
de la década referida, sino la evolución de esta hacia otra forma narrativa
adaptada a las condiciones históricas y sociales de la época, más escéptica
y cautelosa. Así, la distopía feminista emerge como una manifestación
artística crítica, coincidente con las olas del feminismo activista. Si bien,
la forma clásica de la distopía siempre denotó un rechazo por los modelos
utópicos, esta sufriría una transformación nunca antes suscitada, casi en
contra de sus propios fundamentos. La distopía feminista guarda en sí
misma las censuras a regímenes totalitarios y el rechazo a las relaciones
de género opresoras, pero permite fijar la mirada en un futuro mejor,
no perfecto (como el de la utopía), más bien, realizable. Las distopías
feministas se diferencian de la tradición distópica clásica porque centran
sus narraciones en personajes femeninos, destacando así los horrores de
sociedades tiránicas sufridos específicamente por las mujeres, así como el
papel activo de estas para la liberación de su comunidad.

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�Erendira Hernández Balbuena / La distopía feminista

Palabras clave: distopía feminista, utopía, feminismo, género literario,
evolución histórica.
Abstract. This article aims to provide an accurate explanation of how
the feminist literary dystopia emerged in the 1970s in the West. In the
text it is proposed that feminist dystopian literature appears from the
feminist utopian literary form. That is to say, the end of feminist utopian
literature is not witnessed with the beginning of the aforementioned
decade, but rather its evolution towards another narrative form adapted
to the historical and social conditions of the time, more skeptical and
cautious. Thus, the feminist dystopia emerges as a critical artistic
manifestation, coinciding with the waves of activist feminism. Although
the classic form of dystopia always denotes a rejection of utopian models,
it would undergo a transformation never seen before, almost against its
own foundations. The feminist dystopia keeps in itself the censorship of
totalitarian regimes and the rejection of oppressive gender relations, but
it allows us to look at a better future, not perfect (like that of utopia),
rather, achievable. Feminist dystopias differ from the classical dystopian
tradition in that they focus their narratives on women, thus highlighting
the horrors of tyrannical societies suffered specifically by women, as well
as their active role in the liberation of their community.
Keywords: feminist dystopia, utopia, feminism, literary genre, historical
evolution.

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Introducción
Es posible que no queden lugares
seguros. Es posible que podamos
crear uno nuevo con nuestra ira
y nuestro amor, que otras mujeres ya estén por ahí, haciendo el
trabajo. Vamos a encontrarlas.
Nos reconocerán, ya sin ser niñas, y nos tenderán los brazos.
Dirán, ¿Por qué tardaron tanto?
The Water Cure, 2018.

El término “distopía” puede tener diversos significados. En
literatura, por lo general, es usada para designar “[…] una aspirante
a sociedad perfecta que es, de hecho, un lugar o sociedad muy
mala, desfavorable o defectuosa”1 (Morris y Kross, 2007: 83). La
distopía literaria se distingue por poseer una narrativa involucrada
con fenómenos negativos sociales y políticos, y por tener relación
con el periodo histórico en el que fue creada. Así, esta se destaca
por ser altamente especulativa, particularmente con respecto a la
ciencia y la tecnología, por lo cual pertenece a la ciencia ficción. La
distopía, sobre todo las obras de inicios del siglo XX, exhibe fallas
tanto en la visión presentada en la literatura utópica como en la
propia realidad de quien escribe, por lo tanto, hace una dura crítica
a las mismas. Así, las novelas distópicas “muestran lo que podría
ocurrir si no se toman acciones y medidas […] contra el desborde
de lo monstruoso, pero también critican ese status quo, a través de la
1 Las traducciones del idioma original de las citas al español encontradas
en el presente texto fueron hechas por la autora.
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�Erendira Hernández Balbuena / La distopía feminista

denuncia de sus propios errores o proyecciones imaginarias sobre
ese futuro inmediato que los amenaza” (Honores, 2018: 210).
Mientras que las distopías clásicas,2 florecieron durante el
Renacimiento, no fue hasta las primeras décadas del siglo XX que
las distopías de mujeres parecen haber comenzado a asomar. Las
distopías feministas se diferencian de la tradición distópica clásica
porque centran sus narraciones en personajes femeninos destacando
así los horrores de sociedades tiránicas sufridos específicamente por
las mujeres. La distopía clásica, suele concentrarse en personajes
masculinos que padecen el rigor de regímenes tiránicos, por lo
general, estos se convierten en héroes de sus propias vidas al tomar
acciones para lograr cambios, o bien, derrocar el sistema en el que
viven. En la mayoría de los casos, durante el padecimiento y en la
eventual liberación, las mujeres juegan papeles pasivos en los que los
roles y la violencia de género se perpetúan. En cambio, las distopías
2 Las distopías creadas a finales el siglo XIX y en la primera década del
siglo XX dieron forma al género distópico que ganó notoriedad durante esos
años. Estas distopías marcan el inicio del género que durante esa época tuvo
la finalidad de mostrar, a modo de crítica, lugares contrarios a los placeres
exhibidos en la escritura utópica, un género ya consolidado. De allí la categoría
analítica que nombra a estas primeras distopías como antiutopías o utopías
invertidas (Moylan, 2000), y la fama que el género ganó como el contrario de
la utopía.  La Revolución rusa (1917-1923) influenció fuertemente la creación
distópica de esta etapa (Gilison, 1975; Sitites, 1989; Claeys, 2017), así como
lo harían más adelante los sucesos generados a partir de la Primera y Segunda
Guerra Mundial que en la literatura distópica se verán plasmados en temáticas
referentes a las dictaduras stalinista y nazi en algunas obras célebres del género
distópico de la primera mitad del siglo XX, tales como: We (1924), de Yevgeny
Zamyatin; Brave New World (1932), de Aldous Huxley; Swastika Night (1937),
de Katharine Burdekin; Anthem (1938), de Ayn Rand; y Nineteen EightyFour (1949), de George Orwell. Las cuatro narraciones tienen en común ser
antiutopías, no como representaciones de perspectivas conservadoras sino
como formas que dejan entrever la conciencia ante el dolor, control y traumas
que traen consigo las sociedades perfeccionistas.

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feministas suelen atender plenamente tanto las vidas y la constante
opresión a la que son sometidas las mujeres que se encuentran
en sociedades terribles, así como el papel activo de estas para la
liberación de su comunidad, no siempre conformada únicamente
por mujeres. Por lo general, en las distopías feministas se muestra
la atroz realidad compartida por los habitantes de tales lugares sin
importar el género, sin embargo, estas se dedican a la violencia que
viven los personajes femeninos. Tales formas de violencia de género
solían ignorarse o normalizarse en la forma tradicional del género.
Raffaella Baccolini (1992) hace la distinción entre distopie
femminili (distopías femeninas) y distopie femministe (distopías feministas)
englobadas en el término distopie delle donne (distopías de las mujeres)
como relatos que presentan escenarios que ofrecen espacios de
reflexión y crítica de la sociedad contemporánea. Las distopías
femeninas son novelas distópicas escritas por autoras, mientras que
las distopías feministas son novelas distópicas que tienen algún tipo
y grado de conexión con el feminismo activista y su lucha. Para que
estas últimas sean clasificadas como feministas es necesario que
posean manifestaciones de resistencia visibles a través de su estructura
narrativa, en específico en su desenlace, pues deben poseer un final
eutópico,3 es decir, que logren mantener un horizonte utópico o
favorable. A su vez, las distopías feministas deconstruyen la tradición
distópica clásica y construyen alternativas al poseer finales abiertos
que permiten mantener la esperanza de un futuro mejor.
3 El término “eutopía” implica que tal modelo de sociedad es posible, a
diferencia del término “utopía”, que evoca el ideal irrealizable de la “sociedad
perfecta”, esto sigue la distinción entre “las raíces griegas de ambas palabras:
eu-topos, “el buen lugar” en contraposición a ou-topos, “ningún lugar”. En una
provocadora ironía, se pronuncian igual” (Bhavnani y Foran, 2007: 319).
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�Erendira Hernández Balbuena / La distopía feminista

Asimismo, las narrativas de mujeres, como las distopías
feministas, que actualmente suelen agruparse con el membrete de
“feministas” están relacionadas con la autoidentificación explícita
de las mujeres como un grupo oprimido, que a su vez se articula en
los textos literarios en la exploración y expresión de preocupaciones
centradas en torno al problema de la identidad femenina (Felski,
1989). En este sentido, dentro de este tipo de manifestaciones
literarias feministas se observa la opresión4 como un elemento
central que puede encontrarse de manera gradada, aunque todas y
cada una de ellas aborda el tema, “factor que marca las conexiones
con la cultura androcéntrica contemporánea, dándoles [...] un punto
de apoyo en la realidad” (Cavalcanti, 2003: 15). De ahí, que no
todas las distopías de mujeres, es decir, las escritas por mujeres y
protagonizadas por mujeres, sean feministas.
Así como las primeras novelas distópicas clásicas guardan
relación con la literatura utópica,5 la distopía feminista mantiene
un profundo vínculo con la tradición utópica de mujeres, la cual se
caracteriza por ser ampliamente crítica, siempre en correspondencia
con el movimiento feminista. En el presente texto se afirma, a modo
de hipótesis que, la utopía feminista está indisolublemente ligada a
las distopías feministas que, en menor medida, surgieron a la par de
las utopías, y en mayor medida, aparecieron justo después del declive
4 Es decir, una posición de desventaja en una estructura social (Cortiel,
1999).
5 Las narrativas distópicas se deben definir, al menos al inicio del siglo XX,
por oposición a la utopía. Estas historias dan un giro a las visiones optimistas
de las historias utópicas para representar sociedades en las que el sueño de
una sociedad perfecta se convierte en una pesadilla, a menudo de formas que
proporcionan un comentario satírico sobre la sociedad del mundo real en la que
se produjo la narrativa (Booker, 2010).

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utópico feminista en la segunda mitad del siglo XX, como una nueva
forma crítica evolucionada a partir de la utopía. En la actualidad, las
distopías feministas continúan apareciendo con mayor fuerza que
hace algunas décadas e incluso con mayor ímpetu que el resto de las
formas distópicas.6
Transformación utópica feminista: hacia la distopía feminista
Quizá la primera utopía feminista sea The Book of the City of Ladies
(1405), de Christine de Pizan (Bammer, 1991), escrita incluso
antes de que existiese el término “utopía” que da nombre a una
sociedad perfecta. La historia no es representada en términos de un
estado, sus políticas e instituciones, sino como una recapitulación
de formas de pensar y fantasías. En la obra se mencionan y citan
a mujeres ilustres como María Magdalena, Semíramis, algunas
Amazonas, Circe, Zenobia, Minerva, Helena de Troya, entre otras
mujeres, quienes se encuentran en “La Ciudad de las Damas” para
mostrar la falsedad de los argumentos misóginos en contra de las
mujeres de la época. Así como esta, las utopías escritas en siglos
posteriores, desde XVIII hasta inicios del siglo XX, se desarrollan
en mundos exóticos y fantásticos con temáticas centradas en los
sistemas de gobierno ideales, con influencia de las ideas de libertad
e igualdad revolucionarias francesas y el proceso de industrialización
y urbanización en Europa y Norteamérica que trajo consigo grandes
cambios en las estructuras sociales y económicas. A finales del
siglo XIX y principios del XX, a diferencia de siglos anteriores,
se favoreció la escritura de estas como nunca; los movimientos
de mujeres como sujetos conscientes de su participación histórica
6 Distopía (clásica), antiutopía, distopía crítica, distopía de mujeres, etc.
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�Erendira Hernández Balbuena / La distopía feminista

estimuló también su invención (Farley, 1984; Bammer, 1991). Estos
relatos se caracterizaron por la búsqueda de diferenciación de las
utopías escritas por hombres, no a través de un cambio radical en
la diégesis (aunque sí en sus protagonistas) sino en la significación
de los elementos y los objetivos subyacentes de la narración: los
hombres, en sus utopías, estarían rodeados de mujeres; en las utopías
de las mujeres, sin embargo, difícilmente habría hombres (Morgner,
1980). La utopía feminista muestra un mundo en marcado contraste
con la sociedad patriarcal, pues proyecta una sociedad sin opresión
de género, una realidad alternativa donde hombres y mujeres no
están atrapados en roles tradicionales de género y de desigualdad;
incluso, a veces, los hombres están completamente ausentes.
Ya durante la segunda mitad del siglo XX, los movimientos
sociales y políticos influenciaron directamente al feminismo de la
época que emprendió una búsqueda por la transformación de la
cultura patriarcal, la cual no sólo comprendía estructuras políticas,
económicas e ideológicas sino también las correspondientes a
la identidad, el cuerpo y el lenguaje. Los ideales del feminismo
de la época, en conjunto, eran tan radicalmente utópicos como
revolucionarios. Así pues, se considera que las ficciones que
surgieron de los movimientos de mujeres de estos años reflejan, a su
vez, las dimensiones utópicas del feminismo (Bammer, 1991).
Los cambios de la forma literaria utópica feminista hacia la
distopía feminista comenzaron a gestarse en la década de los sesenta
cuando se publicó un gran número de distopías escritas por mujeres7
7 Algunas de ellas son Ice (1967), de Anna Kava; “Baby You Were Great”
(1967), de Kate Wilhelm; Heroes and Villains (1969), de Angela Carter; For
the Sake of Grace (1969), de Suzette Elgin; The Day of the Women (1969), de
Pamela Kettles; They (1969), de Mayra Mannes; The Ship Who Sang (1969),

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que coinciden con la ideología de la segunda ola del feminismo8
referente a la apelación a los derechos sexuales de la mujer y su
papel en la familia y el trabajo. Tales obras presentan de diferentes
maneras, futuros terribles para las mujeres y “revelan, en diversos
grados, una conciencia tal vez mejor definida como protofeminista9
de Anne McCaffrey; y The Snows Are Melted, the Snows Are Gone (1969), de
Alice Sheldon, por mencionar sólo algunas.
8 La segunda ola de feminismo, a fines de la década de 1960, justifica
el análisis de la literatura femenina como una categoría separada, no por
diferencias automáticas e inequívocas entre los escritos de mujeres y hombres,
sino por el reciente fenómeno cultural de la propia expresión explícita de las
mujeres, la autoidentificación como grupo oprimido, que a su vez se articula
en textos literarios en la exploración de preocupaciones específicas de género
centradas en torno al problema de la identidad femenina (Felski, 1987: 1).
9 “Protofeminismo” define a toda acción, ideología, actividad (política) y
tradición filosófica que siga los conceptos e ideales feministas tradicionales
antes de que estos existiesen como tal (FeminismeCAT, 2019). En este sentido,
es necesario señalar que existen narraciones distópicas que parecen poseer
tintes feministas desde el siglo XIX. La primera de ellas, es The Republic of
the Future (1887), de Anna Bowman Dodd. En esta se relata la vida en el
año 2050, donde todos los ciudadanos viven en casas similares, los hombres
y las mujeres visten de la misma manera y ocupan los mismos cargos. Esta
obra tiene un valor especial debido a que es la primera distopía en cuya trama
se distingue un interés por visualizar un mundo en el que las mujeres no
fuesen seres inferiores sino iguales a los hombres y, por lo tanto, ocupasen
los mismos puestos y tuviesen los mismos deberes, obligaciones y privilegios.
En este mundo alternativo, cocinar ya no es necesario, pues ahora el alimento
tiene forma de comprimidos nutricionales. Los bebés son criados en centros
dedicados a ellos y las relaciones amorosas son cosa del pasado. La búsqueda
de igualdad y uniformidad ha llevado a la prohibición de la acumulación de
riqueza, nadie debe poseer un mayor grado de desarrollo académico o artístico
que el resto de los ciudadanos, sólo es permitido llegar hasta cierto estándar
y si se rebasa, el individuo en cuestión es exiliado. A pesar de las condiciones
que afectan el desarrollo intelectual y el esparcimiento de los individuos que
habitan dicha sociedad, se observa cierta orientación feminista: se ha logrado
alcanzar cierto grado de “igualdad” entre géneros al conceder a las mujeres la
participación en actividades públicas y políticas (el voto de la mujer ha hecho
que las guerras sean ilegales); además, a estas se les ha liberado de tareas
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�Erendira Hernández Balbuena / La distopía feminista

cuando se la ve en relación con las distopías críticas de las mujeres
de los años setenta, ochenta y noventa” (Cavalcanti, 2003: 29). Los
movimientos feministas de la época, concernientes con la diversidad
de mujeres, tenían un interés especial por la construcción de una
subjetividad en relación con la teoría feminista; era necesario rechazar
el esencialismo monolítico de mujer y hablar de un conjunto de
“experiencias múltiples, complejas y potencialmente contradictorias,
definido por variables que se superponen tales como clase, la raza,
la edad, el estilo de vida, la preferencia sexual y otras” (Braidotti,
2000: 30). De tal modo, la utopía (de algunas) no era suficiente para
representar a la diversidad de mujeres siempre existente, aunque no
siempre atendida. La uniformidad de la utopía feminista, más que
esperanzadora, podría parecer ingenua y excluyente. Era necesario
pues representar, de modo más diverso, a mujeres en circunstancias
especiales de acuerdo con su raza, lugar de procedencia, estatus
económico, grado y modo de sujeción, tarea de la que la distopía
feminista comenzaba a ocuparse.
Durante los años setenta se distingue una amplia riqueza y
coexistencia en la creación de ambos géneros feministas, los temas
centrales en ambos parecen coincidir en su preocupación por el
uso del lenguaje en sociedades patriarcales “Dos son los objetivos
de las escritoras: quebrantar el lenguaje patriarcal (y nuestra visión
de género de la sociedad) y utilizar el lenguaje para desarrollar
sus propios discursos” (Federici, 2014: 324). Las distopías que se
publicaron a la par de las utopías feministas de la época subsistieron
siempre calificadas como femeninas (v.g. cocinar). Esta puede considerarse
una distopía protofeminista, pues las mujeres se ven liberadas (parcialmente)
de los roles de género y hay un cambio en los roles de género que hasta el
momento habían tenido que cumplir.

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en el mismo tiempo, compartiendo temáticas. De ahí que sea aún
más notoria la estrecha relación entre estas dos grandes formas
literarias, aunque originalmente antitéticas también emparentadas10
e inseparables como formadoras de un pensamiento que engloba
tanto los deseos esperanzadores de un mundo en que los sufrimientos
tengan fin, como de las probables consecuencias negativas que los
comportamientos monstruosos podrían llegar a ocasionar, pero de
las cuales se podría escapar, con la acción de individuos críticos y
activos.
Una muestra de una de las distopías de esta década es
Walk to the End of the World (1974) de Suzy McKee Charnas, una
novela perteneciente a la serie The Holdfast Chronicles. Después de
un cataclismo que provoca grandes cambios medio ambientales,
sociales y políticos, y por el cual se culpa a las mujeres, los hombres
toman el control de Holdfast. Ahora, ellos adoran la masculinidad,
se ven entre ellos como hermanos y el verdadero amor es el varonil
(el homosexual), el que podría sentirse por una fem es falso porque
es causado por los hechizos de esta. Las mujeres son perseguidas
y quemadas por ser consideradas brujas, o bien, bestias esclavas
sin alma y sin valor alguno, debido a que la principal tarea de estas
10 Esta es una manifestación de lo que Raffaella Baccolini (2004) llama
genre blurring, “una textualidad híbrida” (Moylan, 2000) que tiene lugar
cuando una distopía negocia los terrenos sociales con la utopía y la antiutopía,
lo que conlleva que esta sea menos estable y más contenciosa que otras formas
literarias hermanas. Todos los textos distópicos ofrecen una presentación
pesimista acerca de las posibilidades sociales, aunque algunas poseen ciertas
tendencias que mantienen un horizonte de esperanza, mientras que otras parecen
mantenerse como contrarias a la utopía pues guardan en sí una disposición
antiutópica que anula la negociación o posibilidad transformadora; otras tantas
negocian posiciones ambiguas respecto a la posición antinómica con la utopía
(Moylan, 2000).
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�Erendira Hernández Balbuena / La distopía feminista

es parir, no necesitan hablar, así que sus lenguas son cortadas. A
pesar de que en este mundo el género masculino tendría el control
absoluto y podría tratar a las mujeres como desease, esta también
podría ser considerada como una distopía para los hombres, puesto
que la homosexualidad sería prácticamente obligatoria, pues la
heterosexualidad es juzgada como una perversión. Alldera, una
sirvienta rebelde, huye con la esperanza de unirse a las mujeres
libres que, se dice, han logrado escapar del lugar. En Motherlines
(1978), la siguiente entrega de esta serie, Alldera se ha unido a las
Riding Women, mujeres nómadas que se reproducen sin hombres,
como en la utopía The Wanderground (1978), de Sally Miller Gearhart.
La protagonista de la serie reaparecerá en The Furies (1994) y The
Conqueror’s Child (1999), en ellas las mujeres tomado el control de
Holdfast y convierten a los hombres en sus esclavos. Algunas mujeres,
de la manera más cuidadosa posible, buscan cierta distensión con
respecto al otro género creando una nueva nación; otras emigran
lejos de ese lugar. De tal modo, la serie es críticamente rica debido
al énfasis y complejidad con la que explora las relaciones de género.
Esta colección tiene un avance marcado y gradual en cada entrega
de la serie: de distopía, en las primeras dos entregas, a utopía en la
tercera y, finalmente, eutopía (o distopía feminista) en la cuarta. Las
tres “topías” con una fuerte carga feminista.
Después de la década de los setenta se pueden observar de
manera más clara los motivos por los cuales tiene lugar el declive en
la producción utópica feminista, hecho que daría pie al florecimiento
de una forma literaria hermana, la distopía feminista. Los elementos
narrativos enraizados en la trama de la utopía feminista que exhiben
la agonía de la utopía feminista son las siguientes: la homogeneidad,
en vez de la diversidad, de mujeres plasmada en los mundos utópicos;
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la ausencia de la acción humana para alcanzar el equilibro (utópico);
así como la inalterabilidad de la supuesta sociedad perfecta que es
representada en espacios que no guardan relación directa con la
realidad histórica. De tal modo, con el inicio de la década de los
ochenta, no se atestigua el final de la literatura utópica feminista,
sino la evolución de esta hacia otra forma narrativa adaptada a
las condiciones históricas y sociales de la época, más escéptica y
cautelosa, que demuestra que la utopía no ha desaparecido: ha sido
reconceptualizada.
El esplendor de la distopía feminista
Las distopías feministas, como género literario, florecerían en una
época caracterizada por el activismo político y social de la tercera ola
del feminismo, aún más plural que como fue en décadas pasadas,11
así como por la aparición de las corrientes de pensamiento propias
de las últimas décadas del siglo XX, caracterizadas por los debates
en torno a la universalidad de textos clásicos, el cuestionamiento a
verdades absolutas y el protagonismo del lenguaje como creador de
las realidades propias del posmodernismo. La época se caracteriza
por también por:
las transformaciones profundas del sistema de producción
económica [que] están alterando también las estructuras sociales y
simbólicas tradicionales. […] Este cambio conlleva la decadencia
de los sistemas simbólicos tradicionales basados en el Estado, la
familia y la autoridad masculina (Braidotti, 2000: 27).
11 Ahora se observa una pluralidad de pensamientos críticos tales como el
poscolonialismo y el decolonialismo feminista, la teoría queer, el feminismo
indígena, el feminismo chicano, el black feminism, el feminismo lésbico, el
transfeminismo, entre otros.
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�Erendira Hernández Balbuena / La distopía feminista

Desde los años ochenta se confirma que ahora las mujeres
encabezan el género distópico, el cual se desprende de la distopía
clásica para poner bajo la mira propensiones extratextuales a una
variedad más amplia de comunidades oprimidas antes ignoradas,12
en especial, el grupo heterogéneo de mujeres y la violencia y
desigualdad que las ha aquejado por siglos. Asimismo, la distopía
feminista toca temas de relevancia como las relaciones de género
y la equidad antes desatendidas y recoge componentes utópicos
en su narrativa, sobre todo el de la esperanza (no la perfección)
como horizonte lejano, aunque siempre accesible. Las posibilidades
que la distopía feminista provee gracias a un horizonte eutópico se
relacionan con las probabilidades históricas que anticipan y contra
las que advierten, pues surgen de ellas como un potencial de cambio.
Las distopías feministas no sólo tienen efectos estéticos sino también
políticos. La distopía feminista sobresale de entre la distopía clásica
gracias a que expresa diferentes intereses ahora centrados en la
mujer que repercuten directamente en los personajes, las tramas y
las estructuras narrativas. La distopía feminista visibiliza la opresión
que sufren las mujeres desde sus propias perspectivas, como seres
doblemente oprimidos.13
12 Excepto en las pocas creaciones utópicas y distópicas feministas ya antes
creadas, sobre todo las de la década precedente.
13 Por un lado, la opresión general que sufren los habitantes de dichas
sociedades; por otro lado, la opresión sufrida con razón de su género, las mujeres
poseedoras de un valor más bajo que el resto de los habitantes (masculinos);
“Las mujeres pueden sufrir dos veces: primero, por el poder político / autoritario,
en segundo lugar, por una opresión masculina / sexista” (Di Minico, 2017:
71).   Las mujeres solían aparecer como personajes complementarios cuya
tarea era contribuir a dar sentido al desarrollo de la historia como personajes
desdichados que debían ser rescatados por el protagonista harto de la situación
social, pero cuya doble opresión no parecía digna de atención o protagonismo.

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En las distopías de estos años, las primeras propiamente
feministas, se observa la presencia de un fuerte enfoque en los
diversos usos del lenguaje y las restricciones que prohíben su libre
práctica, de allí que en sus tramas las mujeres hagan modificaciones
al lenguaje restringido para adaptarlo a nuevos usos, siempre de
modos que subvierten el lenguaje oficial. De este modo, se logran
variaciones en el lenguaje único oficial o se logra crear un nuevo
lenguaje (femenino).
Según Raffaella Baccolini (2004), el potencial crítico y de
oposición de la ciencia ficción recuperó fuerzas y se renovó con
la producción de varias escritoras como Octavia E. Butler, Piercy,
Le Guin y Kim Stanley Robinson, quienes recurrieron a estrategias
distópicas para luchar contra el silenciamiento de la época. Las
obras de esta década serían un parteaguas que abriría el camino a
la creación distópica feminista de los años subsiguientes hasta el
Sin embargo, como se ha visto en The Machine Stops, Un mundo feliz o
1984, en las sociedades tiránicas clásicas parece no haber diferencia entre la
violencia que sufren las personas, sin importar el género al que pertenezcan.
Sin embargo, si se observa a detalle, en algunas de esas historias, tal vez en
la mayoría, las mujeres sí están presentes, pero “[…]como los personajes,
imágenes, mitos o símbolos en la escritura” (Eagleton, 1986: 45), aunque no
se visibiliza los sometimientos que se enfatizan en las distopías feministas. La
mujer en estas distopías está cargada de significado simbólico pero privada
del material, pues no juega ningún papel activo ni productivo. En A Room of
One’s Own (1929), Virginia Woolf habló acerca de la posición contradictoria
de las mujeres en la historia: “Imaginativamente, ella es de suma importancia;
prácticamente ella está casi ausente de la historia” (Woolf, 1963: 45). Ella
está por doquier en la poesía, domina la vida de reyes y conquistadores en la
ficción y algunos de los más profundos pensamientos provienen de sus labios;
sin embargo, ella está ausente en la historia, difícilmente lee y es esclava de
cualquiera que le haya puesto un anillo en el dedo (Woolf, 1963). En este
sentido, para Ozick la mujer aparece en la escritura de los hombres como la
Musa “[…] la inspiración idealizada para el escritor masculino” (Ozirick, en
Eagleton 1986: 45), no como la heroína.
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presente, las pioneras continuarían teniendo gran influencia también
durante el siglo XXI. Es común encontrar algunos puntos en común
entre lugares, personajes, y situaciones semejantes que remiten a
esas primeras distopías feministas14.
Las dos últimas décadas del siglo XX y las dos primeras del siglo
XXI han estado fuertemente influenciadas por las visiones distópicas
feministas de Margaret Atwood,15 cuya obra, The Handmaid’s Tale
(1985), presenta un mundo terriblemente violento para las mujeres,
por lo que su valor crítico ha sido insuperado hasta el momento, ya
que es considerada una potente crítica feminista a las definiciones
patriarcales de feminidad (Baccolini, 2018). La novela ha recobrado
popularidad en años recientes16 por su cercanía con crisis de diversa
índole y por el gran número de autoras, sobre todo del siglo XXI, se
han visto impactadas por esta, lo que les ha permitido crear mundos
terribles con cierto diálogo intertextual con ellas.
14 Un ejemplo de ello es Vox (2018) en la que se encuentran diversas
similitudes con The Handmaid’s Tale (1985). El más evidente sea quizá la
presencia de un personaje que marcó a ambas protagonistas. En un inicio, en
ambas historias las protagonistas son mujeres retraídas que acatan las reglas,
con frecuencia ellas traen al presente los recuerdos de sus viejas amigas,
quienes les advirtieron de una forma u otra que el futuro para las mujeres lejos
de ser esperanzador traería un sometimiento aún más profundo. Esas amigas
suspicaces y rebeldes, representan los deseos reprimidos de las protagonistas,
pues recurrentemente estas últimas se arrepienten de haber actuado como sus
amigas o, al menos, haber escuchado las advertencias.
15 La autora ha sido calificada como una de las escritoras distópicas
contemporáneas más influyente, consciente y realista, quien ha producido
visiones futuras alarmantes durante treinta años (Claeys, 2017).
16 De esta novela se ha hecho una adaptación original para la plataforma
de streaming estadounidense Hulu en 2016. Ha sido galardonada como los
Primetime Emmy, en categorías entre las que destacan mejor serie dramática,
mejor guion y mejor actriz, y dos Globos de Oro como mejor serie dramática.
Tanto la serie como la novela, han tenido gran aceptación en años recientes.

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Así pues, en The Handmaid’s Tale (1985) se relata la historia
de una dictadura fundamentalista cristiana situada en lo que solía
ser Estados Unidos (Parrinder, 2015; Claeys, 2017). En la historia
se focalizan los roles de las mujeres en la nueva jerarquía social
en la cual todas ellas poseen un valor estratificado menor que el
de los hombres. Después de una época de guerras que provocó
una gran destrucción medio ambiental y la extinción de especies
animales y un decremento en la tasa de natalidad, las Criadas son un
“recurso nacional” que cumple la labor de dar a luz a los hijos de
los comandantes y sus esposas. Esto se lleva a cabo en un grotesco
ritual, “La violación mensual” (Cavalcanti, 2000), que requiere la
presencia de la esposa, el comandante y la Criada, dicha actividad
“Sintetiza la humillación, cosificación y propiedad institucionalizadas
de las mujeres en Gilead” (Cavalcanti, 2000: 166). Las mujeres que
se niegan a cumplir con sus deberes o que intentan escapar, son
arrestadas y enviadas a colonias en las que prácticamente no se les
alimenta y deben manejar desechos tóxicos, allí son consideradas
no mujeres, unwomen. Sin embargo, la heroína de la historia logra
escapar de la terrible realidad de Gilead. Y, en The Testaments (2019),
la siguiente obra de Atwood ambientada en Gilead, un pequeño
grupo de mujeres y hombres rebeldes, logra destruir el sistema que
los tiene presos de su propia realidad.
Otra autora de la época, sobresaliente dentro del género
distópico feminista, es Suzette Haden Elgin con su trilogía
conformada por Native Tongue (1984), The Judas Rose (1987) y
Earthsong (1994), en la cual se relata la historia de un estado en el que
constitucionalmente se declara a las mujeres como seres inferiores,
estas son privadas de ciudadanía autónoma y pierden el derecho
al voto. Esta es la realidad de Estados Unidos en el año 2205, la
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estratificación según el sexo de las personas ha existido ya por más
de doscientos años. La resistencia de las mujeres, primero por parte
de las lingüistas, y después del resto las mujeres, se hizo notoria en
la creación de una nueva lengua llamada Láadan, la lengua de las
mujeres. Centradas en la creación del lenguaje de las mujeres, las
novelas de Elgin destacan “el papel de la agencia humana (en este
caso, femenina) motivada políticamente en el cambio lingüístico”
(Cavalcanti, 2000: 161). Según la propia Elgin (1999), esta lengua17 se
17 El 1985 se publicó una gramática y un diccionario para presentar esta
lengua o conlang (lengua artificial modelo) al lector y que este hiciese uso
de ella si así lo deseara. La lengua fue creada con los suficientes elementos
gramaticales y un vocabulario extenso con la intención de hacer posible su
uso para la comunicación extratextual, tal y como funcionaría una lengua
natural. Por medio del Láadan, la autora alienta a sus lectoras (sobre todo
a las hablantes del inglés y lenguas provenientes de la misma familia que
es donde ella ha encontrado inconformidades) a hacer modificaciones y
cambios lingüísticos para así lograr poseer vocabulario que permita hablar
de situaciones importantes para ellas y expresar información emocional
de manera conveniente. Otro de los propósitos al crear el Láadan fue el de
probar una serie de teorías (algunas inspiradas en el Teorema matemático
de Gödel): no existe posibilidad de introducir cambios en una lengua sin
destruir esta, así como no hay lenguas que puedas introducir en una cultura
sin destruir esta. El cambio en el lenguaje traerá consigo un cambio social, en
vez de lo contrario. La existencia de un lenguaje de mujeres podría causar el
acogimiento de este o la motivación necesaria para reemplazar el existente con
uno mejor (Elgin, 1999). Diez años después la autora “comprobaría” que esto
no sucedería, por ello creyó mejor esperar otros diez años como fecha límite de
su experimento. Después de 35 años de haber creado este lenguaje de mujeres,
Elgin no logró comprobar de manera positiva sus teorías, pues no parece haber
habido ningún tipo de repercusión en los usos de ningún lenguaje a partir del
Láadan. A pesar de ello, las teorías e ideales que movieron a Elgin para crear
un lenguaje prototipo podrían tener continuidad y alcanzar la comprobación
con el fenómeno actual del lenguaje inclusivo o incluyente. Así como en los
movimientos de liberación de las mujeres en las décadas de 1960 y 1970, en
la segunda década del siglo XXI y durante el reciente comienzo de la tercera,
el descontento lingüístico parece continuar “Las mujeres están angustiadas
porque los lenguajes humanos existentes son inadecuados para expresar sus
percepciones” (Elgin, 1999), no sólo en la ficción.  Algunas modificaciones

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concentra en conceptos importantes para las mujeres e información
emocional, para que estas pudiesen expresar sus percepciones18 de
mejor manera. De tal modo, el compromiso de las mujeres, dentro
de dichas novelas, por la construcción lingüística “constituye una
poderosa metáfora de la agencia, el esfuerzo y la organización
humanos esenciales para las políticas lingüísticas feministas ubicadas
en el mundo “real”” (Cavalcanti, 2000: 161).
La novedosa ciencia ficción distópica feminista de este periodo
da al género un papel cada vez más central. Esta, en ocasiones, toma
forma de reclamos de derecho, y cuestionamientos sobre las identidades
de feminidad, masculinidad y declaraciones de opresión (Claeys,
2017). Las narraciones permiten reconocer una estrategia subversiva
y opositora contra la ideología hegemónica al mostrar mujeres en
que se han hecho, de manera no oficial, a las lenguas inglesa y española con
respecto al uso de términos, marcadores y pronombres, principalmente, que
son considerados como sexistas pues devalúan a los miembros de un cierto
género y promueve la “superioridad masculina”, pues el hombre se convierte
en el estándar (Spender, 1980). Así, el sexismo en el lenguaje se considera
una forma de sexismo indirecto (Mills, 2008). Estas modificaciones muestran
la inconformidad, y la necesidad de ciertos grupos de mujeres por hacer
cambios en un lenguaje que no sólo las oprime, sino que no las representa en
su totalidad.  En enero de 2020 la RAE rechazó cualquier tipo de modificación
a la estructura gramatical del español y puntualizó que algunas expresiones
nominales indefinidas como “cualquier ciudadano” o “abogado” son inclusivas
(RAE, 2020). Otros organismos como la Organización de las Naciones Unidas
han invitado a no hacer modificaciones, pero sí a ser más específico al hablar
y escribir para incluir por igual a mujeres y hombres (NU, 2019). La renuencia
por parte de ciertos organismos para hacer oficiales ciertos usos de la lengua
española, demuestran que, si estos fuesen permitidos, habría un cambio social
relacionado, por ejemplo, con el descontento de la gran mayoría que no aprueba
estos usos. Este cambio, favorable o no, tendría repercusiones sociales que
hasta el momento se han pospuesto.
18 Por ejemplo, radíindin es un lapso de tiempo que supuestamente es
vacacional o pertenece a estas, pero en realidad no lo es. Refiere un tiempo
con una carga pesada de trabajo añadido, una ocasión temida.
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ambientes nuevos, los problemas que pesan sobre sus cabezas y las
limitaciones que intentan superar gracias a su propia actividad. Como
novelas especulativas, estas se apropian de las convenciones de género
no sólo como una posibilidad potencial sino como una práctica
consciente, que extrapola, a modo de análisis crítico, las relaciones de
poder en la sociedad contemporánea (Barr, 1987).
Las pesadillas contemporáneas
Durante la década de los noventa e inicios de los años 2000 la
creación de distopías feministas persistió, aunque el número fue
considerablemente menor que el que se observó en la década de
los ochenta. No obstante, para la segunda década del siglo XXI se
distingue un aumento considerable en la distopía feminista, el cual
puede ser visto como un resurgimiento de las novelas distópicas con
connotaciones feministas o bien, como la total predominancia de
obras feministas dedicadas a las relaciones de género y el papel de
las mujeres en mundos futuros. La distopía feminista es una forma
de escritura opositora y resistente, como puede atestiguarse en sus
características formales y estructurales que mantiene un horizonte
utópico. La época actual, a diferencia de otras décadas, se caracteriza
por el gran desarrollo y uso de las tecnologías de la información y la
comunicación, así como las redes sociales alrededor del mundo que
han permitido que movimientos como el feminista se desarrollen
de maneras diversas y tengan mayor alcance del que tuvieron antes,
incluso prácticas perniciosas realizadas en redes sociales se han
logrado tipificar y sancionar19. El uso de estas ha impactado a tal
19 En el año 2017 en algunas redes sociales se viralizó el hashtag #MeToo,
que utilizaron miles de mujeres de todo el mundo para denunciar el acoso
sexual sufrido, “El impacto global de este fenómeno, ha llevado a diversas

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grado que incluso se ha llegado a decir que el feminismo se encuentra
ya atravesando una cuarta ola, caracterizada por el interés en tratar
de incluir y dejar de excluir a la diversidad de sujetos que componen
la sociedad, pues se reflexiona sobre la heteronormatividad sexual
impuesta, es decir, “para llegar a una sociedad justa, el feminismo
ha de ser transnacional, antipatriarcal, anticapitalista” (Brunet Icart,
2020: 404).
Ya sea como proyección del presente o del posible futuro
ante el aparente alejamiento del horizonte de equidad, o como
advertencia ante la incompetencia política y gubernamental para
corregir y castigar la violencia de género, las novelas distópicas
aparecen en un ambiente de tensión, “Ante hechos políticos
como la violación de los derechos reproductivos y las decisiones
de las mujeres, la distopía resurge como una crítica del presente”
(Baccolini, 2018: 4). Uno de los temas que atraviesa tanto las
primeras distopías feministas de inicios del siglo XX como las
escritas en la segunda década del siglo XXI es la importancia en las
intelectuales y colectivos feministas a preguntarse por el eventual nacimiento
de una cuarta ola del feminismo” (Muñoz, 2019: 178). Esta tendencia digital
sacó a relucir un problema que afecta a miles, quizá millones, de mujeres y
evidencia el poder de las redes sociales. Por otra parte, en México se ha logrado
sancionar la violencia que se realiza por medio de las redes sociales gracias
a la Ley Olimpia implica un conjunto de reformas impulsadas en 2019 por
el Frente Nacional para la Sororidad para sancionar la violencia digital, esta
se produce “[…] cuando una persona provoca o realiza daños físicos a otras
personas, utilizando las Tecnologías de la Información y la Comunicación
(TIC) o cualquier espacio digital en las que se vulnera principalmente a la
víctima en su dignidad, su propia imagen, honor y, sobre todo, su vida privada”
(Ruiz Canizales, 2020: 21). El Frente comenzó esta lucha cuando la poblana
Olimpia Coral Melo se vio gravemente afectada tras la difusión de un video
sexual difundido por su expareja. Actualmente 19 estados de la República
Mexicana sancionan a quien difunda por cualquier medio impreso o electrónico
contenido sexual íntimo de una persona sin su consentimiento.
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relaciones de género: la violencia contra las mujeres como el abuso
sexual y el acoso, así como y el papel procreador de estas, y las
prohibiciones para el control reproductivo.20 Innegable es que las
obras pioneras distópicas feministas de hace casi cuatro décadas
respaldan la creación narrativa actual que ha continuado con la
tradición. Sesgos de aquellas primeras obras como la de Ursula
K. Le Guin, Octavia Butler, Angela Carter, Margaret Atwood se
encuentran en las narraciones contemporáneas. La proliferación
reciente de obras de feminismo distópico se construye a partir de
ese corpus literario pionero para proyectar, a través de su ciencia
ficción, las preocupaciones actuales sobre el presente y el futuro
próximo, al tiempo que se reflexiona sobre el pasado (Alter, 2018),
por lo que la distopía feminista parecer ser, hoy en día, el género
predilecto para expresar una crítica de la sociedad actual y sus roles
de género, así como una forma de lucha y resistencia (Baccolini,
2018).
20 Resulta irónico que la penalización del aborto sea visto como la realización
de una distopía para mujeres en países “primermundistas”, mientras que en
América Latina en países como El Salvador, Honduras, Nicaragua y Haití
los códigos penales prohíben, sin excepciones, la interrupción voluntaria del
embarazo. En otros países como Paraguay, Venezuela, República Dominicana,
Costa Rica y Belice el aborto está despenalizado siempre y cuando la vida
de la madre corra peligro. En México, sólo en 7 de 31 entidades (Ciudad de
México, Oaxaca, Hidalgo, Veracruz, Baja California, Colima y Sonora) las
mujeres pueden abortar hasta las 12 y 13 semanas de gestación de manera legal
por libre decisión. En el resto del país existen condiciones como violación,
malformación congénita grave y salud de la madre que permiten realizar el
aborto sin penalizaciones. Sin embargo, en México aún existen cientos de
casos de mujeres sentenciadas por delitos relacionados con la interrupción
(involuntario o no) del embarazo. Tal y como sucedió con la queretana Dafne
de 26 años quien en 2015 sufrió un aborto involuntario, se le negó la atención
médica y fue sentenciada a 16 años de prisión. Durante una audiencia el fiscal
Gustavo Dolores Acosta, acusó a Dafne de matar a su hija y la comparó con una
“perra”. ¿Acaso las mujeres viven en una distopía (real) en América Latina?

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Si bien la escritura distópica desde sus inicios se ha
caracterizado por pertenecer a la tradición literaria angloparlante,
en especial propia de Inglaterra y los Estados Unidos, fuera de
ella hay aportes valiosos para el género en idioma español creados
en México, Argentina y España.21 Estos han sido superados en
número por los países antes mencionados, aunque su narrativa y
su trama poseen una buena calidad que las hace, sin duda, formar
parte del género literario distópico de mujeres. Algunos de ellas son
El mañana (2010) de Luisa Valenzuela; 2084. Después de la revolución
(2014), de Elia Barceló Kentukis (2019), de Samantha Shweblin. Por
otro lado, en Estados Unidos e Inglaterra aparecen obras relevantes
para el género como The Power (2016), de Naomi Alderman; Future
Home of the Living God (2017), de Louise Erdrich; An Excess Male
(2017), de Maggie Shen King; Hazards of Time Travel (2018), de Joyce
Carol Oates; Vox (2018), de Christina Dalcher; Red Clocks (2018), de
Leni Zumas; The Water Cure (2018), de Sophie Mackintosh; Before
She Sleeps (2018), de Bina Shah; y The Testaments (2019), de Margaret
Atwood, por mencionar algunas.
Conclusiones
Si bien la literatura distópica ha tomado diversas formas a través de
los siglos desde su surgimiento,22 la narración antitotalitaria del siglo
21 Algunas distopías feministas y distopías femeninas (Baccolini, 1992)
publicadas en tales países de décadas anteriores son Opus Dos (1966), de
Angélica Gorodischer, pionera en su tipo; Consecuencias naturales (1994), de
Elia Barceló; Un Dios para Cordelia (1995), de Malú Huacuja del Toro; La
muerte como efecto secundario (1997), de Ana María Shua.
22 La primera distopía registrada, Mundus Alter et Idem (Otro mundo, y la
misma cosa) (1605), de Joseph Hall, es una sátira acerca de los modales de
la época. De hecho, la mayor muestra de avance tecnológico mostrada en la
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XXI tiene su mayor expresión en los relatos distópicos de mujeres
o distopías feministas que muestran, tanto en su trama como en su
estructura narrativa, un interés especial en mostrar las formas de
vida de las mujeres en sociedades totalitarias, aunque con futuros
esperanzadores. No obstante, las utopías y distopías de mujeres
constituyen una tradición literaria continua, presente en occidente
hasta nuestros días.
Durante varios siglos el género distópico estuvo dominado
por escritores masculinos que plasmaron los sufrimientos de los
habitantes de poblaciones subyugadas por regímenes totalitarios,
con hambrunas, malas condiciones medio ambientales y las
disyuntivas de los seres humanos al enfrentarse a máquinas que
podían superarlos en cada aspecto de la vida. Sin embargo, ninguna
de ellas se interesó por los diversos papeles de las mujeres presentes
en esas mismas sociedades. De tal modo, en el presente texto se
afirma que las desigualdades con motivo del género no pudieron
haber sido representada de mejor manera más que en una forma
novelística procedente de la utopía feminista que, aunque como
género no logro cambiar el enfoque existente durante siglos de
escritura dominante, alcanzó a instigar el cambio en el género desde
dentro. Las distopías de mujeres y las distopías feministas cobrarían
fuerza poco a poco hasta florecer en los últimos años siglo XX, con
una fuerte influencia proveniente de los movimientos feministas de
la época.
Las novelas distópicas feministas actuales abordan la
intersección entre género y estado en futuros demasiado plausibles
narración es la embarcación Fantasía que recorre los mares y visita diversas
tierras habitadas por glotones, gruñones, tontos y ladrones.

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y reconocibles, presentando así alternativas a la realidad patriarcal
con las que la lectora podría identificarse,23 por ello representan un
campo fértil para explorar y cuestionar la injusticia, la desigualdad
y el patriarcado (Baccolini, 2018). A su vez, las distopías feministas
continúan resistiendo a la reproducción de las historias que las
sociedades patriarcales cuentan sobre las mujeres y, en cambio,
imaginan historias que las desplazan por completo (Cortiel, 1999).

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23 Quizá estas obras literarias están generando una nueva contribución al
discurso de las mujeres fuera de los textos. Es decir, si las obras literarias se
enriquecen de su entorno próximo, podrían estar, a su vez, enriqueciendo el
mismo espacio social en el que fueron creadas. Como ejemplo de ello se tienen
las protestas de activistas a favor de la legalización del aborto y en contra de las
políticas que lo restringen y penalizan que se realizaron en 2018, en Costa Rica,
Argentina, Estados Unidos e Irlanda. Manifestaciones en las cuales las mujeres
decidieron portar como estandarte el vestuario de la serie The Handmaid’s
Tale. Con respecto a este fenómeno, es posible argumentar que el novelista
absorbe influencias de su cultura y contexto próximo, las cuales interactúan
de una manera impredecible y generativa “[…] por lo que la teoría pura que
se absorbe sufre un proceso de contaminación y manipulación por parte de la
novela. […] esta teoría alterada es luego difundida por la novela, es decir, entra
en la cultura popular y se convierte en parte de la conciencia pública, absorbida
por los teóricos en observaciones a partir de las cuales formulan y desarrollan
sus teorías (Tolan, 2007: 3).
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�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

Sobre el estilo y la elocuencia en el Dialogus
de oratoribus
About style and elocuence in Dialogus de oratoribus
Raúl Martín Calatayud
IES Alcalans
Valencia, España
r.martincalatayud@edu.gva.es

Fecha de entrega: 14-05/-2022 / Fecha de aceptación: 12-09-2022

Resumen: Planteamos un comentario pormenorizado de los diversos
elementos estilísticos que hacen su aparición a tenor de los motivos
tratados y los argumentos esgrimidos a lo largo del Dialogus de oratoribus
de Tácito, todo ello partiendo del concepto de la elocuentia, tal como era
entendida en el tiempo y mente del autor.
Palabras Clave: Tácito, Estilo, Elocuencia, Dialogus, retórica
Abstract: We propose a datiled commentary of the various stylistic
elements that make their appearance according to the motives treated and
the arguments put forward along Tacitus’ Dialogus de oratoribus, all of it
starting with the concept of elocuentia, as it was understood in the author’s
time and mind.
Keywords: Tacitus, Style, Eloquence, Dialogus, rethoric

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�Raúl Martín Calatayud / Sobre el estilo y la elocuencia

[Materno:]
ahora,
puesto
que nadie puede conseguir
al tiempo una gran fama y
una
tranquilidad
absoluta,
aproveche cada cual las ventajas de su tiempo, sin criticar
a los otros.
Cornelio Tácito, Dialogus de Oratoribus,
411

En la mayoría de motivos tratados durante la obra propuesta
subyace una discusión estilística en la que se muestran un abanico de
virtudes y defectos propios de los estilos de cada autor mencionado,
antiguo y moderno, y la importancia que reviste la integración de
estos conceptos en una función argumentativa se desprende de
la naturaleza del tema principal, que el autor plantea en el mismo
comienzo de la obra: una exposición y discusión sobre las causas de
la decadencia sufrida por la oratoria en Roma hasta llegar a su propia
época; un tema, en efecto, que deriva del canon ático oratorio
(Goldberg, 2009: 73). Y para ello elabora un texto en forma de
diálogo, al estilo del simposio platónico o del planteamiento de un
De Oratore ciceroniano (Allison, 1999: 472-479). Si bien la serie de
apreciaciones que Tácito pone en boca de los diversos contertulios
no habrían de adscribirse a una doctrina definida y uniforme sobre
la retórica, así como no se puede pretender demostrar que Tácito
hubiese seguido un manual de retórica concreto2, en estos mismos
1 Para esta y las demás traducciones de la obra de Tácito empleamos la
edición de C. Tácito (1996). Los textos latinos en C. Tacitus (1900).
2 Para éste y otros conceptos en los que este trabajo se inspira, vid. F. Grau
(2005: 141-61).

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

pueden verse apreciaciones de estilo cercanas a las concepciones
que recogen autores como Hermógenes, Demetrio de Falero o
Filodemo de Gadara.
Esta serie de conceptos que en adelante se explicitan se
encuentran en los campos de género poéticos y oratorios, mas se
incide en la importancia que para la elocuentia tiene, a la cual nutre
en sus exposiciones y argumentaciones, y el que la elocuencia tiene
per se no sólo para la oratoria, sino también para los demás géneros
literarios, por lo que la caracterización del estilo revierte en un cariz
importante más allá de otros elementos que vehiculan la retórica que
se discuten durante la obra. De manera que comentaremos aquellas
críticas y alabanzas que versen sobre el empleo de esas características
y de la elocuentia tal como era entendida en el tiempo y mente de
nuestro autor.
Tras el primer capítulo en que Tácito nos introduce el
planteamiento de la obra, ésta toma forma de diálogo por medio
del cual aquel y otros temas que de él se desprenden se desarrollan
a través de la amable pugna de intelectos duchos, entre otras cosas,
en el género oratorio. Es entonces, en el siguiente capítulo, cuando
nos introduce a los interlocutores del diálogo, y en él vemos una
apreciación estilística transmitida directamente desde las propias
palabras del autor, en este caso, de Apro y Secundo:
nam et Secundo purus et pressus et, in quantum satis erat,
profluens sermo non defuit, et Aper omni eruditione imbutus
contemnebat potius litteras quam nesciebat, tamquam maiorem
industriae et laboris gloriam habiturus, si ingenium eius nullis
alienarum artium adminiculis inniti videretur.
Tac. Dial. 2.2
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�Raúl Martín Calatayud / Sobre el estilo y la elocuencia

(En realidad, Secundo era de estilo correcto, conciso y, en la
medida de lo posible, fluido. Apro, por su parte, dotado de gran
erudición, no desconocía, sino que despreciaba, la cultura literaria,
entendiendo que conseguiría para su quehacer y esfuerzo si su
ingenio se manifestaba sin el apoyo de técnicas ajenas.)

A Secundo le atribuye un estilo correcto, más bien puro
(καθαρότης), propio de la claridad (σαφήνεια)3, y además conciso.
En la medida de lo posible, fluido, cercano a un estilo suelto,
apropiado para la oratoria forense (Demetrius, 1902: 193).4 Una
búsqueda de equilibrio entre lo que sería un estilo clausal conciso
y sin demasiado artificio con un desarrollo de construcciones que
tienden, en mayor o menor medida, a despejar esa condensación
con una apertura del periodo. Mientras que de Apro, más que
caracteres puramente estilísticos, se hace referencia al trío
tradicional de características esenciales para el orator: una erudición
(eruditio) unida a una necesaria capacidad inventiva (ingenium) que,
en su caso, opta por no hacer uso de técnicas ajenas, confiado a su
propia diligencia.
Apro defiende la labor poética como una defensa para muchos
cometidos (5.4) y destaca la gran importancia que tiene la elocuentia
para ello (5.5), ilustrando el pasaje con el ejemplo de Eprio Marcelo
al burlarse de la filosofía de Helvidio: qua accinctus et minax disertam
quidem, sed inexercitatam et eius modi certaminum rudem Helvidii sapientiam
elusit. (Tac. Dial. 5.6) «Ceñido con ella [la elocuencia] y desafiante,
3 Empleamos la traducción de éste y los demás conceptos estilísticos
alojados en Hermógenes (Hermógenes, 1993). Sobre la claridad,   vid.
(Hermógenes, 1993: 226-41).
4 Para un traducción, vid. Demetrio (1996).

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pudo burlarse de la filosofía de Helvidio, elocuente, pero a la que le
faltaba experiencia y práctica en ese tipo de confrontaciones.»
Se hace referencia de una manera más literal a que su
elocuencia es tosca y sin la práctica necesaria. Se incide una falta
de τέχνη/ars y de artificio poético, la cual por tanto se encuentra
indefensa ante una estilística argumentativa mejor trabajada. A
continuación, expone las virtudes que la elocuentia trae consigo,
comenzando por el deleite mismo y continuando con todos los
beneficios, honestos, que se obtienen con ella (6.1), y los placeres que
el discurso mismo proporciona al orador: sive accuratam meditatamque
profert orationem, est quoddam sicut ipsius dictionis, ita gaudii pondus et
constantia. (Tac. Dial. 6.5). «Si se pronuncia un discurso cuidado y
meditado, hay una cierta gravedad y serenidad en el gozo, como
ocurre con el discurso mismo.»
Partir de una elaboración técnica y bien fundada provoca
gravedad, una autoridad (gravitas),5 y una consistencia armónica,
esencial para guardar la unidad de tono a la que recurre Tácito en
sus obras. Añade a estos elementos el de la improvisación, audaz y
espontánea, como el más atractivo (6.1), una característica única en
el discurso oratorio que dota de mayor naturalidad a la compositio,
aunque siempre supeditada a una buena preparación del discurso.6
5 Para las cuatro grandes virtudes vid..Cicero (918, 5.12)
6 Quintilian, 1920, 10.7.13-14: nec fortuiti sermonis contextum mirabor
unquam, quem iurgantibus etiam mulierculis superfluere video, cum eo quod, si
calor ac spiritus tulit, frequenter accidit ut successum extemporalem consequi
cura non possit. deum tunc adfuisse, cum id evenisset, veteres oratores, ut
Cicero, dictitabant. sed ratio manifesta est. nam bene concepti adfectus et
recentes rerum imagines continuo impetu feruntur, quae nonnumquam mora
stili refrigescunt et dilatae non revertuntur.
“Ni yo me sentiré jamás asombrado de la ininterrumpida trama de un discurso
improvisado, que podemos ver como fluye con abundancia de palabras hasta
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�Raúl Martín Calatayud / Sobre el estilo y la elocuencia

Apro prosigue su disertación con su afirmación de que
la oratoria actual puede encumbrar hasta al más humilde (8.3) y
comienza una defensa del género frente a Materno como lo útil
(utilitas) frente a lo efímero (brevem) de la poesía, que no proporciona
ninguna dignidad (dignitas) ni beneficios honoríficos (honestas). Sin
embargo, hace la concesión debida por su respeto a las formas
literarias: alude a la sonoridad (sonus) del canto heroico, la gracia
(iucunditas) de la lírica, los juegos (lascivia) de los elegíacos, la
acritud (amaritudo) de los yambógrafos o las bromas (lusus) de los
epigramas. Toda una relación de conceptos literarios que señorean
los géneros, pero a los que antepone esa utilitas, condenándolos a la
intrascendencia (summa in levioribus). (10.4) En definitiva suscribe la
labor del orador al negotium y la del poeta al otium.
Ante todas estas críticas, Materno contraargumenta en favor
de la labor poética (11.2), atacando en primer lugar a la elocuencia
presente, a la que denomina de “lucrativa y sanguinaria” (12.2)
haciendo así referencia a la naturaleza de los delatores y realizando
una afirmación, asimismo, de la novedad de esta forma de elocuentia
(usus recens), por lo que condena el empleo que de ella se hace en la
época, para continuar su apología de los poetas antiguos.
Sin embargo, más adelante el propio Materno realiza una
crítica de toda la elocuentia, también de la antigua:
non de otiosa et quieta re loquimur et quae probitate et modestia
gaudeat, sed est magna illa et notabilis eloquentia alumna licentiae,
entre mujercillas que andan a la gresca, aun cuando no pocas veces ocurre, si
se hizo presente el ardor y el entusiasmo, que una cuidadosa preparación no
pueda alcanzar el éxito de un discurso improvisado.” (Marco Fabio Quintiliano,
1996.)

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quam stulti libertatem vocitant, comes seditionum, effrenati
populi incitamentum, sine obsequio, sine severitate, contumax,
temeraria, adrogans, quae in bene constitutis civitatibus non oritur.

Tac. Dial. 40.2

(No hablamos de algo tranquilo y sin problemas, que se complace
con la honradez y la moderación, sino que se trata de aquella
grande y notable elocuencia hija del libertinaje, compañera de
sediciones, aguijón del pueblo sin freno, desleal, sin disciplina,
rebelde, temeraria, arrogante, que no surge en las Ciudades.)

Hace a la elocuencia hija de la licentia, del libertinaje, y le
asigna una pléyade de términos peyorativos, tras lo que se encuentra
una redefinición de la seguridad del estado y sus requerimientos,
como el de la preferencia del orden sobre la elocuentia (Goldberg,
2009: 80-81).
Si regresamos a la conclusión de la primera disertación de
Materno, y con la entrada en escena de Vipstano Mesala, se presenta
la oportunidad para Secundo de hacer una calificación del estilo de
ambos contertulios:
delectasset enim te et Apri nostri accuratissimus sermo, cum
Maternum ut omne ingenium ac studium suum ad causas agendas
converteret exhortatus est, et Materni pro carminibus suis laeta,
utque poetas defendi decebat, audentior et poetarum quam
oratorum similior oratio.

Tac. Dial. 14.2
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(Te hubiera deleitado la muy cuidadosa disertación de nuestro
querido Apro, con la que ha exhortado a Materno a que emplee
todo su talento y esfuerzo en la abogacía, y la refutación de
Materno en favor de sus versos, entusiasta y tal como conviene
a la defensa de los poetas, bastante atrevida y más cercana al
lenguaje de la poesía que al de la oratoria.)

Volvemos a ver empleado el concepto de la elaboración
técnica destinada a proporcionar una claridad (Demetrius, 1902: 202)
como ventaja para ganar el favor del auditor, aplicado a Secundo, en
tanto a Materno le definen el entusiasmo y la audacia (Quintilian,
1920, 10.1.46) en su exposición, mientras que en un terreno más
puramente estilístico se destaca su cercanía al lenguaje de la poesía
como un elemento positivo. Recordemos que para la tradición y la
crítica cuentan entre los rasgos más apreciados el uso de arcaísmos
y términos poéticos (Grau, 2005: 144).
Tras el discurso apologético de Materno se le concede
de nuevo la palabra a Apro, quien, a tenor de los argumentos
precedentes se dispone a realizar la réplica a Materno, no contra
los antiguos, sino a favor de los oradores contemporáneos y el
valor de su elocutio. Comienza poniendo en cuestión lo que se
podría entender como “antiguo” (16.4), tras lo cual prorrumpe
en su argumentativa una retahíla de denominaciones para los
estilos de aquellos autores llamados antiguos, primero respecto a
sus virtudes, y después respecto a los defectos que se les podrían
asignar:
agere enim fortius iam et audentius volo, si illud ante praedixero,
mutari cum temporibus formas quoque et genera dicendi. sic

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Catoni seni comparatus C. Gracchus plenior et uberior, sic
Graccho politior et ornatior Crassus, sic utroque distinctior et
urbanior et altior Cicero, Cicerone mitior Corvinus et dulcior et
in verbis magis elaboratus.
Tac. Dial. 18.2

(Y ahora quiero expresarme con más valentía y atrevimiento, tras
dejar sentado que se cambian con los tiempos las formas y los
géneros de la oratoria. Así, Gayo Graco, comparado al viejo Catón,
es de estilo más rico y exuberante; así, Craso es más cuidadoso y
elegante que Graco; Cicerón matiza más y es más distinguido y
más elevado que cualquiera de los dos; Corvino es más suave, más
dulce y trabaja más el vocabulario que Cicerón.)

satis constat ne Ciceroni quidem obtrectatores defuisse, quibus
inflatus et tumens nec satis pressus, sed supra modum exsultans
et superfluens. et parum Atticus videretur. legistis utique et
Calvi et Bruti ad Ciceronem missas epistulas, ex quibus facile
est deprehendere Calvum quidem Ciceroni visum exsanguem
et aridum, Brutum autem otiosum atque diiunctum; rursusque
Ciceronem a Calvo quidem male audisse tamquam solutum et
enervem, a Bruto autem, ut ipsius verbis utar, tamquam “fractum
atque elumbem.”

Tac. Dial. 18.4-5

(Bien sabido es que ni siquiera a Cicerón le faltaron detractores,
a los que les parecía vacío, ampuloso, poco preciso, demasiado
enfático, reiterativo y poco ático. Habéis leído las cartas de Calvo
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y Bruto a Cicerón, de las que puede desprenderse fácilmente
que Calvo le pareció a Cicerón débil y seco, y Bruto superficial y
desordenado; y que, a la inversa, Cicerón oyó hablar mal de él a
Calvo, por ser, en su opinión, flojo y sin vigor, y en la opinión de
Bruto (y por utilizar sus mismas palabras), “débil y deslomado”.)

La comparación de todos estos autores conlleva una serie
de conceptos estilísticos que podrían adscribirse a las diferentes
escuelas retóricas y filosóficas: la Aticista, la Asianista, la Rodia.
Todas influyentes en oradores y poetas desde que comenzase la
llamada segunda helenización del siglo II a. C.
Los defectos se basan en excesos en el uso de las diversas
artes compositivas: inflatus como exceso de abundancia (περιβολή)7,
exultans como exceso a su vez de vigor (ἀκμή),sendo exsanguem su
carencia; superfluens acerca de la fluidez ya vista con anterioridad en el
término profluens; aridum en tanto de la aspereza (τραχύτης). Otiosum
y diiunctum, entendidos como superficialidad y desorden, atentan
contra la δεινότης8, la habilidad del orador que produce la fuerza e
intensidad de su discurso mediante la gravitas y el ordo. Un concepto
parecido se observa en los últimos términos fractum y elumbem.
En opinión de Apro, se necesitan nuevos caminos para
la elocuencia (19-20) y no deja de elogiar el estilo de los oradores
contemporáneos, promulgado al parecer por las exigencias de su
propia época:
praecurrit hoc tempore iudex dicentem et, nisi aut cursu
argumentorum aut colore sententiarum aut nitore et cultu
descriptionum invitatus et corruptus est, aversatur dicentem.
vulgus quoque adsistentium et adfluens et vagus auditor adsuevit
7 Sobre la Grandeza, cf. Hermógenes (1993: 241-96)
8 Sobre la Habilidad, cf. Hermógenes (1993: 368-80)

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iam exigere laetitiam et pulchritudinem orationis; nec magis
perfert in iudiciis tristem et impexam antiquitatem quam si quis in
scaena Roscii aut Turpionis Ambivii exprimere gestus velit.
Tac. Dial. 20.2-3

(En nuestros tiempos, el juez se adelanta al que está hablando
y, si no queda convencido y seducido por el desarrollo de los
argumentos, o por el colorido de las sentencias, o por el brillo
y cuidado de las descripciones, le vuelve la espalda. También el
público que asiste y el oyente que de manera casual allí se asoma,
se ha acostumbrado ya a exigir alegría y belleza en el discurso y no
soporta el tristón y descuidado arcaísmo, como tampoco el que
alguno quisiera reproducir en escena los gestos de Roscio o de
Turpión Ambivio.)

Con el desarrollo de los argumentos, a constantia, término
ya aparecido, se le añade el colorido de las sententiae, la σεμνοτής
esencial para apoyar la auctoritas del discurso. El brillo y cuidado de
las descripciones parecería relacionarse con la necesidad del emphasis
nutrido de terminología poética. Todo eso aporta alegría y belleza,
una terminología propia del discurso elegante (Denetrius, 1902: 128)
y del lirismo romano más catuliano que exige el oyente, en lugar de
recurrir al discurso arcaico, que califica de triste y descuidado. Estos
denominativos pueden entenderse desde una concepción según
la cual se acercarían a los desarrollos poéticos que los autores de
época clásica, a quienes se hace mención en el siguiente pasaje en
referencia a la formación de los jóvenes oradores, habrían llevado a
cabo tras verter los conceptos propugnados por un Filetas de Cos,
un Panecio o un Filodemo de Gadara.
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traduntque in vicem ac saepe in colonias ac provincias suas
scribunt, sive sensus aliquis arguta et brevi sententia effulsit,
sive locus exquisito et poetico cultu enituit. exigitur enim iam
ab oratore etiam poeticus decor, non Accii aut Pacuvii veterno
inquinatus, sed ex Horatii et Virgilii et Lucani sacrario prolatus.
Tac. Dial. 20.4-5

([Los jóvenes] Hacen intercambios entre ellos y muchas veces
escriben a sus colonias y provincias cualquier pensamiento
que brille en una hábil y breve sentencia, o cualquier pasaje
que resplandezca por su forma exquisitamente poética. Pues
actualmente se exige del orador un adorno poético, no manchado
por el moho de Accio o Pacuvio, sino obtenido del santuario de
Horacio, Virgilio y Lucano.)

La brevitas, comenzando por el empleo de sententiae breves
e ilustrativas es lo que en la época se demanda, junto con una
dicción poética propia del decorum de un Horacio, equilibrada y
apropiada al tema.9 Apro nos recuerda que ya Cicerón tuvo con sus
coetáneos la misma pugna entre antiguos y modernos, y que siendo
un autor de los apreciados por los contertulios que opinan de la
superioridad del estilo antiguo, él mismo en su época defendió el
estilo contemporáneo. (22.1)10
9 El το πρέπον, vertido a la lengua latina por el poeta Horacio (Horace,
1836: 38-42).
10 Una defensa semejante en Horacio (Horace 1836, 2. 1. 34-49): Si meliora
dies, ut vina, poemata reddit, scire velim, chartis pretium quotus arroget annus.
scriptor abhinc annos centum qui decidit, inter vilis atque novos? excludat
iurgia finis. ‘est vetus atque probus, centum qui perficit annos.’quid, qui
deperiit minor uno mense vel anno, inter quos et praesens et postera respuat

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Con ello Apro sostiene un argumento de autoridad que
desarrolla mediante una exposición del desarrollo estilístico del
orador durante su carrera:
primus enim excoluit orationem, primus et verbis dilectum adhibuit et
compositioni artem, locos quoque laetiores attentavit et quasdam sententias
invenit, utique in iis orationibus, quas senior iam et iuxta finem vitae
composuit, id est, postquam magis profecerat usuque et experimentis didicerat
quod optimum dicendi genus esset. nam priores eius orationes non carent vitiis
antiquitatis: lentus est in principiis, longus in narrationibus, otiosus circa
excessus; tarde commovetur, raro incalescit; pauci sensus apte et cum quodam
lumine terminantur. nihil excerpere, nihil referre possis, et velut in rudi
aedificio, firmus sane paries et duraturus, sed non satis expolitus et splendens.

Tac. Dial. 22.2-3

(Pues fue el primero que pulió el discurso, el primero que lo dotó
de un vocbulario seleccionado y de una técnica en su composición,
aetas? ‘iste quidem veteres inter ponetur honeste, qui vel mense brevi vel toto
est iunior anno.’utor permisso, caudaeque pilos ut equinae paulatim vello et
demo unum, demo etiam unum, dum cadat elusus ratione ruentis acervi, qui
redit in fastos et virtutem aestimat annis miraturque nihil nisi quod Libitina
sacravit. “Si el correr de los días mejora los poemas, igual que los vinos,
quisiera saber cuántos años le dan un valor a los libros. Un escritor que murió
hace cien años, ¿debe contarse entre los perfectos y antiguos, o entre los nuevos
y de poca valía? Pongamos un límite que zanje la controversia. “Es antiguo y
es bueno el que alcanza cien años.” ¿Y entonces, el que murió con un mes o un
año de menos, entre cuáles habrá de contarse?: ¿entre los viejos poetas o entre
los que ha de menospreciar la edad presente y también la futura? “Desde luego,
con toda justicia se contará entre los viejos ese que es un mes escaso e incluso
un año entero más joven.” Me aprovecho de esa licencia y, como crines de una
cola de caballo, voy arrancando y quitando uno y luego otro, hasta que caiga
en la trampa del montón que se esfuma el que apela a los fastos y aprecia el
valor por los años, sin admirar sino lo que Libitina consagra.” (Horacio, 2008.)
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amén de ensayar pasajes de un mayor colorido y hallar ciertas
sentencias sagaces, sobre todo en los discursos que escribió ya
anciano y al final de su vida, esto es, después que su progreso había
sido mayor y mejor había aprendido por la práctica cuál era el estilo
ideal para la oratoria. En efecto, sus discursos anteriores no están
exentos de los vicios de la antigüedad: es lento en los exordios,
premioso en las narraciones, prolijo en las digresiones; tardo para
conmoverse, raras veces se entusiasma; pocas frases acaban de
manera armoniosa y con un cierto lustre; no puedes resumir ni
retener nada y, como un edificio tosco, las paredes son sólidas y
duraderas, pero no lo suficientemente pulidas ni brillantes.)

En palabras de Apro, Cicerón fue el primero que pulió
el discurso, que le otorgó un refinamiento, que lo nutrió de un
vocabulario seleccionado, entendiendo su selección, su distinctio, en
base a lo apropiado (decus), necesario para esa técnica compositiva
que también aplica a este mismo, es decir, una compositio reflexionada
en función de los temas y el ritmo; ambos aspectos al servicio de
ese refinamiento. A esto se añade como ornatus los pasajes alegres,
coloridos y las sentencias,11 que se equilibrarían y alejarían al discurso
de esos elementos tristes y anquilosados que se critican de los oradores
antiguos. Unos elementos que a continuación Apro remarca de sus
escritos de juventud al llamarlo “lento en los exordios y extenso en
la narración y prolijo en las digresiones”; por tanto, eso resultaría
una inequidad compositiva. Le atribuye defectos externos al propio
estilo del discurso, de carácter puramente oratorios: conmoverse
tarde y pocas veces entusiasmarse; y le critica las pocas ocasiones en
que termina con un sentido armonioso y lustre, belleza en el estilo,
lo que pone de relevancia la importancia del perfeccionamiento de
la cláusula.
11 Sobre la Elegancia y Belleza, cf. Hermógenes (1993: 296-311).

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

Finalmente, termina su disertación con un elogio del estilo
de Materno y Secundo:
nam et te, Messalla, video laetissima quaeque antiquorum
imitantem, et vos, Materne ac Secunde, ita gravitati sensuum
nitorem et cultum verborum miscetis, ea electio inventionis, is
ordo rerum, ea, quotiens causa poscit, ubertas, ea, quotiens
permittit, brevitas, is compositionis decor, ea sententiarum
planitas est, sic exprimitis adfectus, sic libertatem temperatis, ut
etiam si nostra iudicia malignitas et invidia tardaverit, verum de
vobis dicturi sint posteri nostri.

Tac. Dial. 23.6

(Pues también a ti, Mesala, te veo imitando los mejores hallazgos
de los antiguos, y vosotros, Materno y Secundo, unís de tal
manera el brillo y la elegancia de vocabulario a la profundidad
de los conceptos, es tal la selección de temas, tal el orden en la
exposición, tal la riqueza expresiva cuando el asunto lo requiere,
tal la concisión cuando lo permite, tal la belleza en la composición,
tal la nitidez de las sentencias, de tal modo expresáis los estados
de ánimo y moderáis vuestras ocasionales licencias que, aunque
la envidia y la odiosidad intentaran entorpecer nuestros juicios, la
posteridad ha de decir la verdad sobre vosotros.)

Profundidad, belleza, selección reflexiva en vocabulario y
temas, orden correcto, exuberancia y brevedad apropiadas junto
a las sentencias son todo un catálogo de aquellos elementos que
encumbran al discurso según el entendimiento más moderno de
Apro. Sin embargo, Tácito parece querer dejar en ridículo a su
personaje, quien, tras atacar a Cicerón, desarrolla un parlamento final
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�Raúl Martín Calatayud / Sobre el estilo y la elocuencia

muy en la línea de su criticado.12 Paralelismo, simetría y repetición
dominan el periodo.
Mesala toma la palabra, no para alabar a los antiguos, sino
para hablar de las causas por las que se ha retrocedido tanto respecto
de su elocuencia (27.1). No obstante, no puede dejar de otorgar a
los autores clásicos su defensa apropiada, diciendo que coinciden en
líneas generales, con sus propias virtudes:
nec refert quod inter se specie differunt, cum genere consentiant.
adstrictior Calvus, numerosior Asinius, splendidior Caesar, amarior
Caelius, gravior Brutus, vehementior et plenior et valentior Cicero:
omnes tamen eandem sanitatem eloquentiae prae se ferunt

Tac. Dial. 25.4

(Lo de menos es que se diferencien por sus rasgos específicos,
si coinciden en sus líneas generales: más ajustado, Calvo; más
cadencioso, Asinio; más brillante, César; más mordaz, Celio; más
trascendente, Bruto; más vehemente, pleno y vigoroso, Cicerón.
En definitiva, todos muestran idéntica lozanía en su estilo.)

Estas atribuciones podrían relacionarse con algunas
formas de estilo propias del discurso: así Calvo es más ajustado,
propio de la simplicidad (αφέλεια, propio del carácter13); Asinio es
más cadencioso (ρυθμός); César es más espléndido, más brillante
(λαμπρότης); Cecilio más mordaz, un concepto hijo de la sinceridad

12 C. Tácito (1996: 195) com.ad.loc.
13 Sobre el Carácter, cf. Hermógenes (1993: 320-52).

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(αλήθεια);14 Bruto más profundo, solemne (σεμνός) y Cicerón más
vehemente (σφροδότης), pleno y vigoroso (ακμή). En cuanto a la
vehemencia, se relaciona con la τραχύτης que Demetrio aplica a la
capacidad de producir un estilo elevado (Demetrius 1902: 49).
A estas apreciaciones Materno expresa un pensamiento
particular sobre sus preferencias en el carácter (ηθος) del discurso,
al confesar su preferencia por el impetus de Gayo Graco y la maturitas
de Lucio Craso a la floritura (calamister) de Mecenas o al tintineo
(tinnitus) de Galión (estas últimas denominaciones más apartadas
de un estilo solemne o elevado), y afirma que es mejor vestir el
discurso con una toga, por áspera que sea (26.1); una preferencia de
los aspectos que constituyen un estilo elevado, caracterizado por la
grandeza, sobre otra tipología. Sirve este concepto de introducción
para su crítica del estilo oratorio contemporáneo con un primer
ejemplo ilustrativo sobre cómo algunos oradores se jactan de que
sus discursos se canten y se bailen, de donde vienen la expresión
foeda et praepostera de que “nuestros oradores hablan melosamente,
nuestros histriones bailan con elocuencia” (26.3).
En adelante hace una crítica del estilo de Casio Severo,
el único y mejor ejemplo que Apro hubiese mostrado durante su
exposición:
librorum suorum plus bilis habeat quam sanguinis. primus enim
contempto ordine rerum, omissa modestia ac pudore verborum,
ipsis etiam quibus utitur armis incompositus et studio feriendi
plerumque deiectus, non pugnat, sed rixatur

Tac. Dial. 26.5
14 Sobre la Sinceridad, cf. Hermógenes (1993: 352-63).
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�Raúl Martín Calatayud / Sobre el estilo y la elocuencia

(Aunque gran parte de su obra contenga más dosis de bilis que de
sangre, pues, desdeñando el orden en la exposición, sin atender
a la modestia y al decoro en las palabras, utilizando sin arte las
armas de las que cabalmente se servía y derribado con frecuencia
por su obsesión de herir, es el primero en mostrarse como un
alborotador, y no como un luchador.)

Con un símil y diversos conceptos referidos a la dispositio y
compositio condena lo que sería un exceso, un desequilibrio estilístico,
un ataque al decus, que da la sensación más bien de una riña que de
una lucha. Y ése para Mesala es el que supera en elocutio a sus demás
congéneres (26.7).
Y así, finalmente, tras los ánimos de Materno de hablar con
la libertas propia de esa época antigua (27.3), lo que se consideraba
un elemento básico para el desarrollo retórico, la última concepción
referida al terreno más próximo de la calidad y cualidad del discurso
es expuesta de nuevo por Mesala en torno a las diferentes escuelas
filosóficas, que siempre han emanado visiones transformadas en
estilos a poetas, prosistas y oradores.
sunt apud quos adstrictum et collectum et singula statim
argumenta concludens dicendi genu s plus fidei meretur: apud
hos dedisse operam dialecticae proficiet. alios fusa et aequalis
et ex communibus ducta sensibus oratio magis delectat: ad hos
permovendos mutuabimur a Peripateticis aptos et in omnem
disputationem paratos iam locos. dabunt Academici pugnacitatem,
Plato altitudinem, Xenophon iucunditatem; ne Epicuri quidem
et Metrodori honestas quasdam exclamationes adsumere iisque,
prout res poscit.

Tac. Dial. 31.5-6

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

(Hay a quienes les merece más confianza el estilo oratorio conciso,
apretado y que redondee cada argumento con prontitud: ante
éstos será provechoso haber ejercitado la dialéctica. A otros les
gusta más un discurso amplio, uniforme y sacado de la experiencia
común: para influir sobre estos otros tomaremos prestados de
los peripatéticos los argumentos apropiados y perfectamente
dispuestos para todo tipo de discusión. Los académicos nos
surtirán de combatividad; Platón, de distinción; Jenofonte, de
encanto. Tampoco le estorbará al orador tomar ciertas máximas
honestas de Epicuro o de Metrodoro y utilizarlas cuando el caso
lo requiera.)

Un estilo conciso (concinnitas), apretado y de argumentos
sencillos y redondeados propio de la dialéctica.15 Otro amplio,
uniforme y sacado de la experiencia común relativo a la escuela
peripatética.16 Los académicos ofrecen combatividad. Platón una
elevación en el discurso,17 Jenofonte encanto.18 Epicuro y Metrodoro
honestidad. Nos encontramos por tanto ante una coda temática
que evidencia la postura, ya promovida en el De Oratore, de que la
filosofía representa la principal fuente de conocimiento del orador,
enfatizada en esta obra por la reiteración en el discurso de Mesala y
ejemplificada en el de Apro.19
15 La dialéctica representaría un estilo simple, propio para la discusión
científica, cf. Aristóteles (199: 4 1005ª). Para una lista de las escuelas y sus
representantes, vid. Diogenes (1972: 1.19-20).
16 A la que Dionisio atribuye el llamado estilo medio (μεσοτής), cf. G. L.
Hendrickson (1904: 125-156).
17 Cuya amplitud y base no fijadas se debe al ritmo, que contribuye a esa
elevación, cf. Demetrio (1996: 183).
18 Nótese la inclusión de este autor y no de otros historiadores por su estilo
diferenciado, como así hace Hermógenes; cf. Hermógenes (1993: 405-406).
19 C. S van der Berg (2014: 225).
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�Raúl Martín Calatayud / Sobre el estilo y la elocuencia

Muchas formas de estilo, muchos conceptos retóricos y
poéticos son esgrimidos por los contertulios en la pugna por sus
respectivos puntos de vista sobre los asuntos que pertocan a las
polémicas planteadas en el devenir de la obra. Asoma a la conciencia
del lector la duda sobre la postura desde la que Tácito habría
plasmado los pensamientos y argumentaciones enfrentadas en el
diálogo. Podría pensarse que, siguiendo el espíritu de la obra como
un planteamiento de cuestiones que deben hacer meditar al lector y
proseguir el debate por su cuenta, la preferencia por uno u otro estilo
o mezcla de estilos, así como la relevancia o irrelevancia de cada uno
de ellos para hallar el mejor modelo retórico queda en manos de ese
lector crítico. El motivo, al fin y al cabo, es hacer pensar.

Bibliografía citada
Allison, J. (1999). «Tacitus’ Dialogus and Plato’s Symposium», Hermes
127, 4th, pp. 469-472
Aristóteles (1994). Metafísica, Calvo, T. (trad.), Madrid: Gredos.
Cicero, M. Tullius (1918). Tusculanae disputationes, Pohlenz, M. (Ed.),
Leipzig: Teubner.
Dangel, J. (1991). «Les structures de la phrase oratoire chez Tacite:
Étude syntaxique, rythmique et métrique», ANRW II,
33.4, pp. 2454-2538.
Demetrio (1996). Sobre el estilo, García J. L. (trad.); Madrid: Gredos.
Demetrius (1902). Demetrius On style, Roberts W. R (Ed.) Cambridge:
Cambridge University Press.
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-35

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

Diogenes Laertius, (1972). Hicks, R. D. (Ed.), Cambridge: Harvard
University Press.
Grau, F. (2005). «Retórica y estilo: Tácito y lo sublime», SPV, Vol. 8
n.55, pp. 141 – 161
Goldberg, S. M. (2009). «The faces of eloquence: the Dialogus de
oratoribus», en The Cambridge companion to Tacitus, Woodman,
A. J. (Ed.), 73-84, Cambridge: Cambridge University Press.
Hendrickson G. L. (1904). «The peripatetic mean of style and the
three stylistics characters», AJP, Vol. 25 n.2, pp. 125-156.
Hermógenes (1993). Sobre las formas de estilo, Montero, C. R. (trad.),
Madrid: Gredos.
Horace (1836). The works of Horace, Smart, C. (Ed.), Philadelphia:
Joseph Whetham.
Horacio (2008). Sátiras, epístolas, arte poética, Moralejo, J. L. (trad.),
Madrid: Gredos.
Quintilian (1920). opera, Butler, H. E. (Ed.), London: Harvard
University Press.
Quintiliano, Marco Fabio (1996). Sobre la formación del orador IV,
Ortega, A. (trad.), Salamanca: Publicaciones Universidad
Pontificia de Salamanca.
Rabe, H. (1985). Rhetores graeci. Hermogenes, Stuttgart: Teubner.
Sancho Royo, A. (2002). «La teoría de los estilos de Hermógenes y el
discurso Sobre la corona de Demóstenes», HABIS 33, pp. 273–299.
Tácito, Cornelio (1996). Agricola, Germania, Diálogo sobre los oradores,
Requejo, J. M. (trad.), Madrid: Gredos.
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�Raúl Martín Calatayud / Sobre el estilo y la elocuencia

Tacitus, Cornelius (1900). Opera minora, Furneaux, H. (Ed.), Oxford:
Clarendon Press.
Van der Berg, C. S. (2014). The world of Tacitus’ Dialogus de oratoribus:
Aesthetics and Empire in Ancient Rome, Cambridge: Cambridge
University Press.

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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-35

�Artículos
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

La remediación de la cultura y la sociedad en
Facebook
The Remediation of Culture and Society on
Facebook
Maribel Maldonado Alcocer
Universidad Autónoma de Nuevo León
maribel_maldonado2@hotmail.com

ORCID: 0000-0002-7896-2213
Fecha de entrega: 25-04/-2022 / Fecha de aceptación: 13-09-2022

Resumen: Este artículo de investigación es un acercamiento reflexivo al
fenómeno de la remediación que se identifica en la red social de Facebook,
por lo tanto, se analizan ejemplos específicos tomados de la plataforma
digital para demostrar cómo se remedian rasgos o características de la
cultura y la sociedad dentro de esta, como lo son: ejemplos de publicaciones
del ámbito artístico, específicamente de la pintura y la narrativa; post
sobre posturas filosóficas; información y difusión del campo educativo;
y comunicados donde se muestran las principales normas de convivencia
y respeto dentro de la red social. Todo ello con la intención de analizar la
importancia del proceso de remediación en los medios de comunicación
masiva donde tienen cabida una gran cantidad de aspectos relevantes de
la cultura y la sociedad, así como su adaptación a los nuevos espacios
digitales de expresión e interacción social en la Red.
Palabras clave: remediación, Facebook, cultura, sociedad, Red.

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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

Abstract: This research article is a reflective approach to the
phenomenon of remediation that is identified in the Facebook social
network, therefore, specific examples taken from the digital platform
are analyzed to demonstrate how traits or characteristics of culture and
society are remedied within this, such as: examples of publications in the
artistic field, specifically painting and narrative; post on philosophical
positions; information and dissemination of the educational field; and
communications where the main rules of coexistence and respect within
the social network are shown. All this with the intention of analyzing the
importance of the remediation process in the mass media, where there
is room for a large number of relevant aspects of culture and society, as
well as their adaptation to the new digital spaces of expression and social
interaction in network.
Keywords: remediation, Facebook, culture, society, Network.

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

El presente trabajo pretende ser un acercamiento analítico de
naturaleza hermenéutica y cualitativa, en el cual se busca mostrar
que dentro de la red social de Facebook se presenta un fenómeno de
interacción y convivencia humana de tal magnitud y significación en
la vida de los usuarios que los lleva a remediar, es decir, a trasladar
una enorme cantidad de aspectos y de productos de la cultura y
la sociedad dentro de esta plataforma digital, con la finalidad,
consciente o inconsciente, de rehacerlos desde las características
intrínsecas del medio al cual emigran, a la vez que pierden o suplen
otros elementos propios que habían adquirido en los medios
analógicos de comunicación. Este hecho aparentemente evidencia
la necesidad humana de recrear o construir una realidad digital
epistemológicamente completa y compleja, donde todos esos
componentes que no corresponden a necesidades apremiantemente
básicas, pero sí de enorme relevancia humana, sean representados y
adquieran sentido dentro de la red social.
En el libro Remediation. Understanding New Media, Jay David
Bolter y Richard Grusin definen y explican el concepto de remediación:
[…] Marshall McLuhan remarked that “the ‘content’ of any
medium is always another medium. The content of writing is
speech, just as the written word is the content of print, and print
is the content of the telegraph […]. As his problematic examples
suggest, McLuhan was not thinking of simple repurposing, but
perhaps of a more complex kind of borrowing in which one
medium is itself incorporated or represented in another medium.
[…] Again, we call the representation of one medium in another
remediation, and we will argue that remediation is a defining
characteristic of the new digital media. What might seem at first
to be an esoteric practice is so widespread that we can identify a
spectrum of different ways in which digital media remediate their
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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

predecessors, a spectrum depending on the degree of perceived
competition or rivalry between the new media and the old1.
(Bolter y Grusin, 2000: 45)

Como se puede observar, el proceso de remediación consiste
en trasladar un recurso de expresión o producto cultural del pasado
hacia un nuevo medio de comunicación, a través de la representación
y adaptación de sus características esenciales, teniendo como
consecuencia la pérdida de peculiaridades y también la adquisición
de más y nuevas particularidades tomadas del espacio al que se
desplazó. Por ejemplo: un chiste que provenga de la tradición oral
es recreado, con otros elementos y diversas características, dentro
de Facebook (u otras redes sociales), como imágenes, videos, gifs,
memes, entre otras peculiaridades que facilita el nuevo medio en
el cual se expresa, con la finalidad de causar una mayor gracia al
redimensionar y explotar las referencias populares en un contexto
de interacción social digital. Los autores afirman que la remediación
es muy antigua, pues en la Biblia ya aparecen ilustraciones y otros
recursos adaptados de la oralidad para que las historias narradas
adquirieran una mayor y más profunda trascendencia, al utilizar
1 Traducción: “Marshall McLuhan remarcó que “el ‘contenido’ de
cualquier medio es siempre otro medio. El contenido de la escritura es el habla,
así como la palabra escrita es el contenido de la impresión, y la impresión es
el contenido del telégrafo [...]. Como sus problemáticos ejemplos sugieren,
McLuhan no estaba pensando en una simple reutilización, sino quizás en un
tipo más complejo de préstamo en el que un medio se incorpora o se representa
en otro medio. […] Nuevamente, llamamos a la representación de un medio en
otro remediación, y argumentaremos que la remediación es una característica
definitoria de los nuevos medios digitales. Lo cual podría parecer en un
principio una práctica esotérica que está tan extendida que podemos identificar
un espectro de diferentes formas en que los medios digitales remedian a sus
predecesores, un espectro que depende del grado de competencia o rivalidad
percibida entre los nuevos medios y los viejos.” (Bolter y Grusin, 2000, p.45)

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

más de un sentido humano para interpretarlas, pero sin abandonar
por completo la sensación original evocada por el antiguo medio.
Una cuestión muy relevante, mencionada por Bolter y Grusin, es
que el nivel de competencia y/o rivalidad entre los medios permite,
hasta cierta forma, reconocer los distintos modos en los que los
recursos de los medios analógicos y/o tradicionales son remediados
en las nuevas plataformas digitales de comunicación, información
y sociabilización; además, los autores identifican el proceso de
remediación como una de las cualidades más determinantes de los
nuevos medios.
Por su parte, Osvaldo Cleger, en la tesis titulada El arte de
narrar en la Era de las Blogoficciones: una aproximación interdisciplinaria a la
literatura en los blogs, se basa en la definición de Bolter y Grusin sobre
el concepto de remediación y la sintetiza de la siguiente forma:
El proceso de “remediation” es aquel que explica la pérdida de
determinados rasgos que sufre cualquier producto de la cultura
al pasar de un medio establecido a otro emergente, así como la
paralela adquisición de nuevas características asociadas con el
medio hacia el cual se emigra. (Cleger, 2009: 371)

Esta explicación ayuda a comprender cómo el proceso de
remediación puede funcionar como una especie de homeóstasis2
moderna o una alegoría de ella porque permite que ciertos productos
culturales de los medios tradicionales eliminen particularidades o
elementos que ya no necesitan y tampoco son relevantes en los
recientes espacios digitales, a la vez que consiguen nuevos rasgos de
2 “[…] las sociedades orales viven intensamente en un presente que guarda
el equilibrio u homeóstasis desprendiéndose de los recuerdos que ya no tienen
pertinencia actual” (Ong, 1982: 52).
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-34

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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

identidad al adaptarse a los nuevos medios de expresión, guardando
un equilibrio pertinente entre los actos de comunicación del pasado
y los del presente.
Definir los conceptos de cultura y sociedad no es una tarea
sencilla porque estos envuelven muchos y muy complejos aspectos
y características de la actividad humana en general, sin embargo, es
indispensable presentar las nociones desde las cuales se parte para
determinar qué es la cultura y qué es la sociedad y poder identificar
cuáles de sus rasgos son remediados dentro de la red social. Por lo
tanto, se expondrán las definiciones que se consideraron como las
más pertinentes de acuerdo con el planteamiento de este análisis. En
el libro Cultura primitiva, el antropólogo inglés Edward Burnett Tylor
afirma: “La cultura o civilización, tomada en su sentido etnográfico
amplio, es ese complejo total que incluye conocimiento, creencia,
arte, moral, ley, costumbre y otras aptitudes y hábitos adquiridos
por el hombre como miembro de la sociedad” (Tylor, 1871: 64);
la definición de este autor fue una de las primeras referencias de la
época moderna y significó un punto de partida para dimensionar la
amplitud heterogénea que abarca el concepto, además de posibilitar
la comprensión de este y su ubicación como objeto de estudio.
Por otro lado, en “La dimensión cultural de la vida social”,
Bolívar Echeverría explica lo siguiente:
El término cultura apareció en la sociedad de la Roma antigua
como la traducción de la palabra griega paideia: “crianza de los
niños” […] Desde entonces, […] su concepto, enraizado en la
noción de “cultivo”, ha mantenido invariable su núcleo semántico.
Se trata del cultivo de la humanitas, de aquello que distingue al ser
humano de todos los demás seres; de una humanitas concebida,
primero, como la relación de las comunidades grecorromanas

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

con los dioses tutelares de su mundo; después, como el conjunto
de las costumbres, las artes y la sabiduría que se generaron en
ese mundo, y, por último, esta vez en general, como la actividad
de un espíritu (nous) metafísico encarnado en la vida humana.
(Echeverría, 2010, p.27-28)

Aunque en su trabajo Bolívar expresa una postura crítica hacia
la idea de cultura manejada en el discurso moderno, al considerarla
contradictoria en su base, la definición que expone permite hacerse
una idea más completa y esclarecedora en torno a todos los aspectos,
características y ámbitos que han sido considerados como parte
de la cultura desde el origen de las primeras civilizaciones hasta la
actualidad, y poder desarrollar una noción más puntual de su esencia
y significación en la realidad, y del valor que posee para la humanidad.
A partir de ambas posturas se puede conformar una
definición de cultura que conjugue lo más posible todo lo que ha
implicado y sigue envolviendo el término, y que corresponda con
el significado que se busca transmitir en este ensayo. Entonces, la
cultura es todo el conjunto de conocimientos, comportamientos,
actitudes, actividades, concepciones y pensamientos que le aportan
sentido, esencia e identidad a la vida humana más allá de la idea
de supervivencia, que alimentan el espíritu y que distinguen al ser
humano entre los animales.
Por otra parte, en lo referente a la definición de sociedad,
que también es un concepto complejo, se utilizará la establecida
por Pierre Bourdieu, quien la explicó al precisar en qué consiste el
espacio social global:
[Es un] conjunto de posiciones distintas y coexistentes,
externas unas a otras, definidas en relación unas de otras por su
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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

exterioridad mutua y por relaciones de proximidad, de vecindad
o de alejamiento y asimismo por relaciones de orden, como por
encima, por debajo y entre. […] esa realidad intangible, que no se
puede mostrar ni tocar con el dedo, y que organiza las prácticas y
las representaciones de los agentes. (Bourdieu, 1997: 16 y 21-22)

Al tomar esta explicación como referencia, se puede afirmar
que la sociedad es o son las diferentes formas de agrupación o
asociación en las cuales se organiza la convivencia humana con
distintos fines y desde diferentes jerarquías. Uno de los objetivos
más importantes para realizar estas organizaciones sociales en la
vida moderna ha sido, sin duda alguna, el que ha hecho posible
el surgimiento del concepto de civilización, como una de las
principales bases del sistema capitalista: “Civilización […] se
refiere a valores y prácticas materiales que son compartidas con
otros pueblos y que no reflejan la individualidad. Designa, grosso
modo, al mundo capitalista burgués” (Benhabib, 2006: 23). Como
se puede observar, tienen que existir intereses y fines compartidos
entre varios individuos para crear una sociedad, sin embargo, los
acuerdos a través de los cuales organizan su coexistencia son de
una naturaleza epistemológica muy distinta a la que posibilita la
unión dentro de una comunidad tradicional, pues los convenios
en las sociedades no autóctonas o tradicionales suelen responder a
necesidades inorgánicas relacionadas con el progreso, en términos
modernos. En este caso y de acuerdo a las características de la
red social de Facebook, de la interacción, de las relaciones que se
establecen en esta y de los contratos implícitos, es pertinente tratar
el concepto de sociedad en su forma singular, al considerar como
una asociación heterogénea el cúmulo de usuarios que utilizan esta
red.
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Antes de abordar los ejemplos de los aspectos remediados de la
cultura y la sociedad, es pertinente preguntarse: ¿Cuál es el papel de las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el contexto
cultural y social contemporáneo? Si se realiza una breve reflexión
histórica sobre el papel fundamental que los avances tecnológicos
e industriales representan en las modificaciones culturales y sociales
que gran parte de la humanidad ha experimentado (sobre todo en los
tres últimos siglos), se puede intuir que su influencia va más allá de
facilitar la vida humana. Desde la época prehistórica, con las primeras
herramientas rudimentarias (el fuego, las piedras y, tiempo después,
la agricultura y la rueda), pasando por la invención de la escritura, el
surgimiento de la revolución industrial (y su visión mecanicista y de
producción masiva) hasta la actualidad, los cambios generados por los
avances científicos y ahora por la revolución tecnológica de las últimas
décadas han contribuido, en gran medida, a las transformaciones de
naturaleza paradigmática de la cultura y la sociedad, e inclusive a la
transición del pensamiento tradicional hacia el pensamiento moderno,
y después posmoderno, en Occidente (y fuera de este).
En La galaxia de Gutenberg. Génesis del homo typographicus,
Marshall McLuhan señala lo siguiente:
Toda tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el
hombre. La escritura y el papiro crearon el medio ambiente social de
los imperios del mundo antiguo. […] Los distintos medios ambientes
tecnológicos, no meros receptáculos pasivos de las gentes, son, por
el contrario, procesos activos que dan nueva forma tanto al hombre
como a otras tecnologías. […] el súbito cambio de la tecnología
mecánica de la rueda a la tecnología del circuito eléctrico representa
una de las mayores conmociones de toda la historia. La prensa de
tipos móviles creó un nuevo mundo circundante, por completo
inesperado; creó el PÚBLICO. La tecnología del manuscrito no tuvo
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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

la intensidad o poder de expansión necesario para crear públicos a
escala nacional. Las que hemos llamado “naciones” en los últimos
siglos no precedieron ni pudieron preceder al advenimiento de la
tecnología de Gutenberg, del mismo modo que no podrán sobrevivir
la irrupción del circuito eléctrico, con su poder de implicarnos de un
modo total a todos en la vida de todos. (McLuhan, 1962: 2)

McLuhan parece plantear una relación directa, y hasta cierto
punto evolutiva, entre las formas en como las recientes tecnologías
van configurando un nuevo mundo o distintas perspectivas de
experimentar y dar significado a la realidad existente (por medio
de la intensificación y preponderancia de un sentido humano
sobre otros, gracias a las características intrínsecas del medio de
comunicación utilizado), y el cambio epistemológico de un tipo de
pensamiento hacia otro, por ejemplo: la transformación gradual de
las comunidades con un sistema de comunicación exclusivamente
oral hacia sociedades escriturales, donde la representación visual del
lenguaje pasó a ser la principal forma de dar sentido y legitimar el
mundo. El autor también fue visionario de los futuros cambios que
habría de experimentar la humanidad ante el desarrollo constante y
apresurado de las nuevas tecnologías de información y comunicación
social, las cuales han tenido un papel determinante en los cambios
epistemológicos experimentados por la sociedad occidental en lo
referente a las formas de comunicación, interacción y sociabilización,
como también en las nuevas maneras de experimentar e interpretar
la realidad, y de acceder a la información y al conocimiento.
Con la popularización del internet, gracias al crecimiento
del acceso social a este, las relaciones e interacciones humanas han
experimentado transformaciones graduales y complejas; sin embargo,
con la invención y comercialización masiva de los celulares inteligentes
140

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(iPhone y Android) el uso de redes sociales se ha vuelto parte de la vida
cotidiana de millones de personas en todo el mundo. Facebook es, sin
duda alguna, la red social más importante y utilizada a nivel mundial:
“[…] ha conseguido superar de largo la cifra de los dos mil millones de
usuarios activos mensuales. Una cifra sin precedentes para una plataforma
web como la suya” (Naveira, 2020, https://marketing4ecommerce.mx/
historia-de-facebook-nacimiento-y-evolucion-de-la-red-social/). Esta
cantidad permite darse una idea de todos los millones de publicaciones
que diariamente, y por segundo, inundan esta red social. La gran
mayoría de ellas, atienden a una necesidad humana innata de narrar una
experiencia personal, un acontecimiento (real o ficticio), compartir su
propia opinión o la de alguien más, y/o publicar memes, imágenes, gifs
y otros recursos digitales, con la intención de legitimar una voz creada
de manera ficcional a través del desdoblamiento de identidad que los
usuarios asumen (de manera consciente o inconsciente) al momento
de publicar. En su trabajo titulado “Redes sociales, prácticas letradas
e identidad(es): el caso de Facebook. Una aproximación al estado del
arte”, Alfonso Vargas Franco afirma:
[…] la construcción de la identidad en las redes sociales está
estructurada a través de narrativas que evidencian determinados
posicionamientos del yo en relación con situaciones de la vida
diaria, del encuentro con los otros, en los acontecimientos de la
vida social y política de su país y del mundo, el deporte, la farándula,
etc. La narrativa es un acto de identidad, así como un indicador de
cultura o un discurso (Davies 2015). (Vargas, 2018: 196)

Se comprende entonces que los usuarios dentro de las redes
sociales manifiestan distintas posturas o actitudes, ante diferentes
acontecimientos o acciones de la vida diaria, las cuales deciden hacer
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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

públicas, independientemente si estas son reales o ficticias, porque
como el mismo Vargas lo menciona, esto les permite expresar una
o varias identidades (lo cual da cuenta de una necesidad humana
legitima) y ser partícipes en el escenario de la realidad digital
contemporánea, que tiene cabida dentro de las plataformas virtuales
de comunicación y sociabilización.
Facebook se presenta, en este caso, como uno de los espacios
digitales donde convergen los antiguos medios de expresión con
los nuevos recursos de comunicación –los cuales manifiestan los
principales rasgos culturales y sociales, que caracterizan la vida
posmoderna, y las transformaciones paradigmáticas sufridas por
estos– gracias al proceso de remediación. Como ya se explicó más
arriba, el concepto de Cultura abarca un sin número de elementos,
características, conocimientos, prácticas y hábitos concernientes a lo
humano, por lo tanto, para los fines de este análisis sólo se abordarán
algunos ejemplos ilustrativos que han sido remediados y que
corresponden al ámbito de las artes (principalmente a la pintura y a la
narrativa), al de la filosofía y al de la educación. Y en lo referente a la
sociedad se presentará un ejemplo sobre la remediación de las normas
de convivencia e interacción humana que se dan dentro de Facebook.
Primeramente, es indispensable hablar sobre los llamados
memes pues es precisamente bajo este tipo de recurso de expresión
que se remedian una enorme cantidad de referencias culturales
sumamente heterogéneas:
La palabra meme hace referencia a ideas, comportamientos o estilos
que se extienden culturalmente entre personas. Fue acuñada por
Richard Dawkings en su libro «El gen egoísta». Es un derivado del
griego “mimema” que hace referencia a lo que es imitado. Este

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concepto se ha trasladado a internet para describir ideas que se
viralizan o son replicadas de forma masiva a través de las redes
sociales, blogs, emails… y pasan de persona a persona de manera
explosiva. […] El formato de un meme puede ser una frase,
una imagen, un vídeo o un concepto más abstracto. En general
su temática es humorística rozando casi lo absurdo aunque en
ocasiones también se conviertan en pequeñas píldoras filosóficas.
(40defiebre, Diccionario de marketing digital, 2019, https://
www.40defiebre.com/que-es/meme)

Los memes se utilizan para transmitir todo tipo de información
de diversa naturaleza y con distintos fines de comunicación –
principalmente el humorístico–, y uno de los puntos clave de su
éxito es que provocan impresiones comunes en los usuarios a partir
de la identificación de las referencias culturales y sociales.
En lo que respecta al arte pictórico, se analizarán los
siguientes ejemplos:

Chloe Isabella, “Classic Art
Memes Group”, Grupo público de Facebook, https://
www.facebook.com/photo/?fbid=3007159006198351&amp;set=g.344777282787219

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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

La recreación, con fines humorísticos, del famoso autorretrato
de Vincent van Gogh puede entenderse como la remediación de la
libertad de interpretación y la capacidad de recepción que el público
expresa al momento de observar una obra artística, en este caso
visual. Por medio del proceso de remediación la imaginación de
los espectadores se concretiza y se vuelve una realidad gracias a la
posibilidad de crear su propia versión de la obra con intenciones
muy distintas a las del artista original, pero respetando, hasta cierto
punto, su esencia.
Es verdad que también en los medios analógicos de expresión
se podían realizar recreaciones o reinterpretaciones de obras artísticas,
como dibujos, disfraces y videos, sin embargo, la remediación de
este tipo de arte a través de la plataforma de Facebook le aporta otras
características que no poseía anteriormente, por ejemplo: la adaptación
o transformación de la narración presentada por la pintura original al
contexto y al momento histórico de la persona que realizó el meme
sobre esta; también, el meme, al ser compartido en la red social, pasa a
ser de dominio público, adquiere trascendencia universal, cosa que no
le solía suceder a una interpretación, reinterpretación o recreación en
los medios del pasado (sólo a la obra original); y además, la afirmación
de que la creación original ya no pertenece exclusivamente al artista
por el hecho de que él o ella la dieron a conocer y le otorgaron una
libertad simbólica, se vuelve más real que nunca porque los usuarios
de Facebook se convierten en productores de contenido al remediar
todos esos elementos y características que la primera versión no poseía
o tenía de más, para adecuar la pintura a sus propias necesidades
expresivas. Por ejemplo: la referencia de la pérdida de la oreja del
pintor se adecua de manera paródica y chusca al momento histórico
actual de la pandemia.
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En otro ejemplo de arte pictórico, se tiene lo siguiente:

“Classic Art Memes
Group”, Grupo público
de Facebook, https://
www.facebook.com/
groups/344777282787219/
media/photos

En este caso, la actividad receptora de los usuarios de la red
influye al momento en que ellos remedian sensaciones y emociones
que asocian e interpretan como las que podría estar experimentando
el personaje dentro de la pintura, según como se descifren las
expresiones corporales de ellos y/o la narrativa expuesta por la
obra. De esta forma, se remedian posibles respuestas y/o soluciones
a los interrogantes planteados por las posturas críticas, motivadas
hasta cierta forma por el surgimiento de las intervenciones3 dentro
de los más importantes proyectos del pensamiento de vanguardia,
3 “Una intervención artística sucede cuando personas, productos o
prácticas del mundo artístico penetran en una organización para desencadenar
determinados cambios ya sea en toda la organización o en una parte de ella”
(http://arteentodaspartes.es/artistic-interventions/).
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-34

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referentes a la institucionalización del arte y las formas en que era
mediado a finales del siglo XX:
El artista centra su actividad en el estudio de los procesos de
mediación en los que se encauza la recepción de la obra de arte,
anteponiendo su función de receptor a la de creador y revelando las
instancias políticas que controlan la recepción y la interpretación
de la cultura y de las obras de arte. Su intención principal es la de
cuestionar el prejuicio filosófico e histórico de que el significado y
el valor son propiedades intrínsecas de los objetos, proclamando
un desplazamiento de la atención crítica de las obras de arte
individuales hacia sus marcos institucionales. Se trata, en definitiva,
de convertir en objeto de arte la investigación sobre las relaciones
entre el hecho artístico y los fenómenos sociales que acompañan
y determinan su producción y su recepción por parte del público.
(Hernández y Martín, 1998: 48)

Como se puede observar, los aspectos remediados
corresponden al arte de la intervención y al concepto de obra
abierta4 planteado por Umberto Eco en referencia a la pluralidad de
significados que pueden desprenderse de la obra artística, en donde
los elementos nuevos que se agregan gracias a las características
de la red social son: que la intervención y la recreación dependen
totalmente de los espectadores, y que las interpretaciones trascienden
4 […] una obra de arte, forma completa y cerrada en su perfección de
organismo perfectamente calibrado, es asimismo abierta, posibilidad de ser
interpretada de mil modos diversos sin que su irreproducible singularidad
resulte por ello alterada. Todo goce es así una interpretación y una ejecución,
puesto que en todo goce la obra revive en una perspectiva original. […] La
poética de la obra “abierta” tiende […] a promover en el intérprete “actos de
libertad consciente”, a colocarlo como centro activo de una red de relaciones
inagotables entre las cuales él instaura la propia forma sin estar determinado
por una necesidad que le prescribe los modos definitivos de la organización de
la obra disfrutada. (Eco, 1992: 33-34)

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más allá de la época histórica y el contexto en los cuales se creó la
pieza original hasta adaptarse a las situaciones actuales.
Existen un sinfín de publicaciones en Facebook que relatan
una historia, ya sea utilizando palabras, imágenes, memes, videos,
gifs, entre muchos otro medios de expresión, donde se remedian
una importante cantidad de elementos, características y canales de
comunicación; sin embargo, una de las narraciones más utilizadas
son las historias y/o anécdotas personales que los usuarios deciden
compartir en sus muros, con diferentes intenciones, en las cuales
se puede observar la remediación de dos subgéneros narrativos:
el diario personal y la autobiografía; pues el tono es íntimo y las
funciones comunicativas corresponden a la confesión, al desahogo
y al testimonio dirigido hacia un receptor no especificado, como
sucede en el diario y en la autobiografía. Por ejemplo:

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Luna Jázara, 2021, https://
www.facebook.com/luna.
jazara

Esta narración es un homenaje que la autora le hizo a su
gato fallecido con la principal intención de recordar y relatar los
momentos más gratos que vivió al lado de él, y también es un tipo
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desahogo o aliciente ante la tristeza por la pérdida de su mascota y
la perplejidad al no conocer la causa de su muerte. Como se puede
observar, por la temática íntima, la estructura de monólogo, los
elementos autobiográficos y la intención comunicativa de expresar
emociones, sentimientos y pensamientos personales esta historia
encaja en la clasificación de diario, además de que la propia red social
le agrega una particularidad identificable del subgénero: la fecha.
En el análisis titulado “El diario personal en la literatura: teoría del
diario literario”, Álvaro Luque Amo afirma:
El diario, por tanto, no solo no destierra la función comunicativa
[de expresarse para un tercero], sino que además debe ser
contemplado como un tipo particular de discurso que tiene un
origen privado, que se dirige paradójicamente a la misma persona
que lo escribe y que, sin embargo, es susceptible de ser leído por
un tercero. (Luque, 2016: 278)

Por lo cual, se comprende que, aunque en su esencia el diario
personal es privado, el hecho de comunicar un mensaje a través de
un medio al cual otros individuos pueden acceder y descifrar lo
posibilita de salir de ese espacio íntimo y trascender al público, como
sucede cuando se divulgan y/o publican. En el caso de Facebook,
estas expresiones adquieren otras características, originadas por el
proceso de remediación, que las diferencian del diario tradicional:
el acceso al ámbito público y a la retroalimentación de manera
inmediata al expresarse dentro de una red social; además, gracias a
la opción de compartir o de copiar y pegar que los usuarios tienen,
se acrecienta la posibilidad de incrementar a un ámbito mundial
dicho post; y debido a que la naturaleza digital del espacio facilita
el anonimato y/o el desarrollo de una identidad fluida, se vuelve
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factible interpretar la narración como una “ficcionalización5” de esa
experiencia personal, a pesar de todas las referencias a la vida real.
Si bien es cierto que el post fue enunciado para destinatarios
concretos, y que sin duda alguna cualquier publicación realizada en
una red social implica precisamente eso (a menos que no tengas
ningún amigo o contacto virtual dentro de estos espacios o que hayas
“posteado” en modo privado), en la narración sobre la vida del gato
Luis Alberto el tono de la autora, así como también su intención
inmediata, parecen conllevar la “ficcionalización” del espacio
digital público y del momento de la entonación, simulando estar
escribiendo para sí misma; existe una simulación de distanciamiento
con los receptores.
Por otro lado, la autora se vale de un seudónimo para
publicar, lo cual hace explícito el alejamiento que se establece entre
ella como sujeto empírico y la voz que utiliza para relatar, es decir
que existe una distinción entre el personaje histórico real que es
la escritora y el sujeto lírico (narrativo en este caso) que cuenta la
historia de la muerte de su gato; este distanciamiento ficcional entre
el que enuncia y el sujeto real puede percibirse en la autobiografía,
incluso a pesar de que los escritores usen su nombre verdadero
dentro de sus obras. En el análisis “La referencia desdoblada: el
sujeto lírico entre la ficción y la autobiografía”, Dominique Combe
explica, con respecto a este tema de la distinción o desdoblamiento
entre el autor y la voz o sujeto ficcional que narra, lo siguiente:

5 “La ficcionalización es la puesta en escena de la creatividad de la
humanidad y como no existen límites para lo que puede ser espectacularizado,
el proceso creativo, en sí mismo, carga la inscripción de la ficcionalidad: la
estructura de doble significado” (Iser, 1990, p.951).

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[…] Roman Ingarden [,] en La obra de arte literaria (1935), había
afirmado que en una obra literaria la enunciación es fingida, como
lo son los juicios lógicos, que son &lt;&lt;quasi juicios&gt;&gt;. De este
postulado puede deducirse, aunque Ingarden no aborde esta
cuestión, que el sujeto en la poesía lírica no escapa a esta fictividad
que lo separa radicalmente de la existencia de la vida. […] La
distinción metodológica fundamental de la narratología es la que
separa entre el narrador y el autor, de manera que el uso de una
primera persona no garantiza la autenticidad o la referencialidad
sino que puede inscribirse en el ámbito de la ficción. (Combe,
1999: 137 y 141)

Se sabe que la publicación de la autora difícilmente puede ser
interpretada como un poema, ni tampoco tiene la intención explícita
de ser un relato ficcional, sin embargo, tomando en cuenta las
implicaciones y significados de la enunciación dentro del subgénero
de la autobiografía, la reconstrucción de la memoria involucra un
distanciamiento entre el pasado y el momento de la expresión y
entre el sujeto que lo vivió y el que lo recuerda, aunque físicamente
sean la misma persona. Además, como ya se mencionó más arriba,
el canal de comunicación, Facebook, posibilita la problematización
o diversificación de la identidad de los usuarios. De esta forma,
el proceso de remediación de la autobiografía permite que esta
adquiera la característica de la manifestación de una nueva identidad
o de diversidad de identidades de forma inmediata (gracias al
seudónimo y al distanciamiento implicado en la enunciación),
pública e interactiva, donde el espacio privado pierde sentido y
significación en el ámbito de la comunicación y la experiencia digital;
así como también el tiempo y el espacio compartido en la virtualidad
extienden sus confines hasta el grado de desvanecerlos, gracias a las
características intrínsecas del nuevo medio de expresión. Como lo
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señala Ana Cuquerella Jiménez Díaz en su tesis titulada El potencial
creativo de la remediación en la literatura digital hispánica:
La interactividad característica de la “cibercultura” ha renovado
la recreación de los antiguos medios hasta límites de los que
todavía no somos conscientes. La cibercultura se ha desarrollado
imparable, con el crecimiento del ciberespacio al que Pierre
Lévy define como: “espacio de comunicación abierto por la
interconexión mundial de los ordenadores y de las memorias
informáticas” (Lévy, 2007: 70). Una interconexión mundial
que diluye las fronteras del espacio y el tiempo. Hasta el punto
de crear ejemplos de presencia digital en tiempo real como
Facebook; un auténtico banquete de la memoria capaz de revivir
antiguas amistades; océano en el que navega, casi vivo, como en
espera, el recuerdo de los que se fueron, como una forma de
“ciberinmortalidad”. (Cuquerella, 2016: 130)

Los usuarios de esta red social aprovechan al máximo las
posibilidades expresivas y re-significativas de la remediación para
atender necesidades comunicativas particulares y sociales que surgen
ante las nuevas tecnologías de la comunicación y la información,
las cuales no pierden esa relación o cercanía con los medios y/o
productos culturales analógicos, sino que los recrean y adaptan a
las nuevas formas epistemológicas de experimentar, comprender y
expresar la realidad dentro del ciberespacio.
Se pasará ahora a revisar un ejemplo donde, a partir de la
interpretación de una corriente filosófica, se remedia la necesidad
humana de reflexionar para tratar de comprender las causas de
los fenómenos sociales, culturales, políticos y económicos, y que
permite establecer distancia de esa realidad para poder examinarla,
manifestar una postura crítica y pensar en el propio papel de
intervención en esa realidad:
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“Memes comunistas para
gente blanca de la burguesía”,
2021,
Comunidad
en
Facebook,
https://www.
facebook.com/MCPGBB/
photos/2676591189312355)

La postura crítica hacia las formas de organización económica
y social establecidas por el capitalismo extremo y/o el neoliberalismo
es muy directa y aguda porque parte de la filosofía anarquista general,
mediante la cual se busca la emancipación del individuo o de la
colectividad de cualquier clase de jerarquía o poder impuesto por la
fuerza, para promover un cambio social basado en la justicia; además
la recomendación del libro del antropólogo y activista estadounidense
es la fuente principal de las ideas expuestas. Gracias a la remediación,
la actitud crítica se enriquece de otras características expresivas como
la fabulación y/o la caricaturización de los personajes principales para
simular lo absurdo y colocar el peso de las connotaciones políticas
implicadas en la enunciación en un ser ficticio y totalmente ajeno a la
realidad humana. Además, el tipo de palabras, de imágenes o recursos
retóricos utilizados en este tipo de memes expresan tonos irónicos,
sarcásticos o paródicos con la intención de hacer más sutil o de
desviar el foco, hasta cierto punto, de la postura crítica y/o política
que se asume en el mensaje hacia los elementos humorísticos, a pesar
de que esta sea una de sus principales intenciones comunicativas.
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Marcelo Dascal reflexiona, con respecto a la realidad, a la
importancia de concientizar a la humanidad a través de la educación
y a la prioridad de desarrollar y promover un pensamiento crítico en
la sociedad, lo siguiente:
El primer paso para liberarse de esa falsa conciencia [impuesta
por la cultura dominante] es percatarse de que la realidad – sea
lo que fuere– no es algo fijo, inmutable y “dado” a lo que uno no
puede más que “adaptarse”. […] La realidad se nos presenta por
medio de conceptualizaciones humanas y por lo tanto criticables
y reemplazables. […] Se debe cuestionar esquemas conceptuales,
conocimientos o soluciones establecidos. La relación misma del
hombre con la “realidad”. (Dascal, 2011: 201-202)

Probablemente, gracias a la reflexión filosófica y a la educación
se puede llegar a esa emancipación, a esa ruptura con las formas instauradas hegemónicamente para comprender y asir la realidad, y acceder a
la pluralidad de pensamientos, culturas y sociedades que cohabitan en
el mundo; ya que, como el mismo Dascal lo menciona, la filosofía es
ese lugar donde concurren diferentes teorías, pensamientos y escuelas
parcialmente incompatibles, pero que deben de coexistir, bajo el mutuo
respeto, porque responden a necesidades dentro de un universo plural y
diverso, como convendría que fuera el nuestro (Dascal, 2011: 189)
Ya que se ha abordado el tema de la educación y su papel liberador, se pasará ahora a exponer una de las principales características que
la remediación le aporta a la tarea ético-educativa –en lo que respecta
a facilitar el acceso a la información y al conocimiento a un mayor número de personas gracias al uso de las Tecnologías de la Información
y la Comunicación contemporáneas, gracias a la reciente y acelerada
revolución tecnológica y a las posibilidades que ofrece el Internet y la
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WEB6– es el traslado del aula, del auditorio, de casi cualquier espacio
físico donde se da el proceso educativo, escolarizado o no, hacia el medio digital dentro de Facebook con la finalidad de que las universidades,
instituciones, escuelas o centros educativos hegemónicos no sean los
únicos lugares encargados de transmitir aprendizajes, conocimiento e
información trascendental, es decir, plantear la posibilidad de evitar la
jerarquización de la educación y la apropiación de la información y el
conocimiento por los grupos privilegiados que ostentan el poder. El
uso de Facebook ha trascendido los aspectos del mero entretenimiento y
la diversión, para convertirse en un espacio y/o herramienta didáctica
y cultural utilizada por todo tipo de universidades, instituciones educativas, centros artísticos y de difusión, entre muchos otros, para intentar
educar y para tratar de transmitir, promover, facilitar y universalizar el
conocimiento, práctica que se ha potencializado debido a la pandemia.
Por cuestiones de extensión, solo se utilizarán breves ejemplos
del contenido de las páginas de Cultura UANL y UNAM (Universidad
Nacional Autónoma de México); sin embargo, prácticamente todas
las universidades nacionales e internacionales, públicas o privadas,
así como también las otras instituciones educativas cuentan con sus
propias páginas dentro de esta red social y comparten todo tipo
de información, cursos, talleres, charlas, conferencias, recursos y/o
conocimiento de diferentes áreas y disciplinas, incluso una gran e
importante cantidad de este acervo que se ofrece públicamente es
de acceso gratuito, lo que garantiza el acceso al mismo.
6 WEB (World Wide Web, o www), es un conjunto de documentos (webs)
interconectados por enlaces de hipertexto, disponibles en Internet [es un subconjunto
utilizable en este medio] que se pueden comunicar a través de la tecnología digital.
[…] La web es un “organismo vivo” y, como tal, evoluciona. Desde su creación el
año 1966, con esa primera red Arpanet, hasta el posterior nacimiento del Internet
que conocemos, no ha dejado de cambiar y perfeccionarse. Hemos pasado de una
web 1.0 a la 2.0, 3.0 y ahora llega la web 4.0. (Latorre, 2018: 1)
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-34

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https://www.facebook.
com/CulturaUANL

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https://www.
facebook.com/
UNAM.MX.Oficial/
videos/?ref=page_
internal

Se puede observar que los contenidos publicados son
de temáticas muy variadas y que pertenecen a diferentes áreas y
disciplinas del conocimiento, pues la misión y filosofía de estas
universidades nacionales se trasladan y adaptan al espacio digital,
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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

con la intención, posiblemente, de promover la democratización de
la educación, desde una plataforma que originalmente fue creada
con propósitos muy distintos. Es cierto que el hecho de acceder a
este tipo de información, conferencias, análisis, charlas, simposios,
capsulas informativas, seminarios, coloquios en Facebook live, oferta
educativa, entre otros recursos, no garantiza la adquisición de
conocimiento real y significativo para los usuarios porque:
[…] la abundancia de información no supone conocimiento per
se. [En pie de página] La información se compone de hechos
y sucesos, mientras que el conocimiento se define como la
interpretación de dichos hechos dentro de un contexto, supone
una comprensión global de dichos hechos y muchas veces una
orientación determinada por alguna finalidad, como lo expresa
Habermas al ligar el conocimiento con el interés. (Picos, 2020: 28)

Sin embargo, el hecho de que sean las propias Universidades
las que tomen el papel ético y social de mover el conocimiento que
ellas están generando desde un espacio tradicional y hegemónico
como lo es la institución y trasladarlo hasta un espacio público
digital y de interacción inmediata, ayuda en gran medida a despertar
el interés por educarse y adquirir conocimientos relevantes en un
mayor número de individuos. Con lo cual se puede interpretar que se
persigue remediar el ideal democrático de la sociedad, por medio de la
difusión y universalización de información y conocimientos legítimos.
Una sociedad es democrática en la medida en que facilita la
participación en sus bienes de todos sus miembros en condiciones
iguales y que asegura el reajuste flexible de sus instituciones
mediante la interacción de las diferentes formas de vida asociada.
Tal sociedad debe tener un tipo de educación que dé a los
individuos un interés personal en las relaciones y el control sociales

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y los hábitos espirituales que produzcan los cambios sociales sin
introducir el desorden” (Dewey, 1998 p. 91)

Como se puede observar, el propósito final que se busca
alcanzar, a través del acceso a la educación, es la participación
consciente de las personas en la realidad y su emancipación, tanto
individual como social. Sin embargo, se sabe que lograr tal objetivo
aún es complicado porque a pesar de que las plataformas como
Facebook ofrecen o simulan otorgar libertad a los usuarios, son
espacios que desgraciadamente no son neutros ni están exentos
de ideologías y estructuras de saber-poder que generan y justifican
la violencia simbólica7. Incluso puede suceder, en ciertos casos,
que el proceso de remediación funcione como legitimador de
arbitrariedades en lugar de ser un medio emancipador.
Finalmente, se realizará el análisis de uno de los ejemplos en
que se identifica la remediación de la sociedad en Facebook, en el cual
se recrean las normas de convivencia e interacción humana, pero
con nuevas características como la “eficacia” y/o rapidez con la
que actúan los administradores de Facebook al momento de eliminar
comentarios, y de restringir y/o eliminar las cuentas de usuarios
que no respetan las reglas comunitarias establecidas explícitamente
dentro de la red social y dentro de los grupos públicos y privados.
También se remedia el ideal de sociedad “Utópica” al buscar la
interacción respetuosa y el principio de justicia y responsabilidad
7 La «violencia simbólica» es exactamente la acción pedagógica
que impone significaciones y las impone como legítimas. Pero justo esta
legitimización implica la autonomía relativa de la escuela para disimular las
relaciones de fuerza que determinan la acción; sin tal disimulo, las funciones
específicamente sociales de la escuela serían evidentes y esto tendría como
consecuencia el impedir que la escuela pudiera llevar a efecto su cumplimiento.
(Bourdieu y Passeron, 1996: 18-19)
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que rigen la libertad de expresión auténtica, la cual algunas personas
confunden con el libertinaje y las expresiones ofensivas, pues
desconocen los derechos humanos internacionales, y las garantías
individuales establecidas en las constituciones políticas de cada país.

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https://transparency.fb.com/
es-es/policies/community
standards/?from=https%3A%2F%2Fwww.
facebook.com%2Fcommunitystandards

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�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

Se prefirió mostrar algunas secciones del compromiso que
Facebook establece con todos los usuarios de su plataforma, ya que en
estas aparecen las principales consideraciones, derechos y garantías
que el creador y los socios de la red social tomaron en cuenta para
instituir las normas de convivencia, las cuales buscan garantizar la
interacción pacífica y respetuosa entre todos los miembros, y el
ejercicio de la libre expresión responsable. Cuando alguien no respeta
alguna de estas reglas y publica contenido ofensivo, inadecuado,
relacionado con la comisión de un delito, o comentarios de odio
y/o discriminación el algoritmo empleado por la red lo detecta o
también los otros usurarios lo denuncian, entonces la plataforma
borra el comentario y/o también puede restringir el acceso a la
cuenta de tal individuo; inclusive si se vuelve a infringir alguna de
las normas de Facebook la cuenta puede ser eliminada de manera
definitiva.
Al parecer, las acciones efectuadas por los administradores
de la red social para garantizar el respeto de las normas de interacción
parecen ser mucho más inmediatas, contundentes y efectivas en
comparación con lo que sucede en la realidad tradicional (fuera
de los espacios de las redes sociales y el Internet) cuando alguien
tiene un comportamiento o una actitud ofensiva, discriminatoria
o acosadora hacia otra persona, lo que se puede interpretar
como la remediación de los acuerdos sociales de convivencia y
tolerancia, que al recrearse en la plataforma digital adquieren la
característica del involucramiento de una gran mayoría de usuarios
con el compromiso de obedecerlas y de que los demás también las
respeten, para poder garantizar la existencia y permanencia de la
sociedad digital, porque esta responde a necesidades humanas de
organización y supervivencia, que también han sido remediadas:
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La vida de comunidad es condición de la sobrevivencia humana, no
existe un modo de ser humanos que no involucre a los demás. El
ser humano es un ser social, gregario, colectivo. El otro, los otros,
semejantes o diferentes, están siempre ahí, con nosotros, somos parte
de su vida y ellos lo son de la nuestra, son muestro entorno y nuestra
condición; frente a ellos caben distintas posibilidades, reconocerlos
como siendo parte de lo que yo mismo soy; sentirlos como iguales
pero ajenos, sentirlos como iguales pero indeseables; sentirlos como
diferentes pero aceptables, queribles, deseables, o sentirlos como
amenaza, como competidores, como desafío. Con-vivimos unos
con otros, no es posible ignorarlos, no hay escape, nacemos de
otros, vivimos entre otros, compartimos lo que hacemos con otros,
esperamos un futuro entre los otros. (de la Torre, 2020: 67)

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de los administradores
de Facebook y de muchos de los usuarios por crear y mantener un
espacio de confluencia entre diversos pensamientos, formas de
ser, de hacer, de comunicarse y de experimentar el mundo –que
conforman la pluralidad de personas que utilizan la red social– bajo
las premisas de la tolerancia y el respeto, la realidad es distinta y se
pueden reconocer actitudes y acciones que reproducen y legitiman
la violencia explícita y simbólica hacia las minorías y hacia los grupos
que han sido discriminados históricamente. Desgraciadamente,
aunque parecen desdibujarse ante la simulación de libertad que
establece la red social por la amplitud de sus contornos sociales
y culturales, el poder de las jerarquías sociales y políticas sigue
vigente, a pesar de los cambios paradigmáticos, epistemológicos y
del proceso de remediación que implicó el traslado al nuevo medio
de comunicación y sociabilización digital.
Para concluir, me gustaría subrayar que el proceso de
remediación de la cultura y la sociedad dentro de Facebook es un
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-34

163

�Maribel Maldonado Alcocer / La remediación

fenómeno sumamente complejo que implica una mayor dedicación y
profundización analítica en cuestiones más amplias que las estudiadas
hasta ahora en este artículo; sin embargo, por razones de extensión
se decidió abordar la temática planteada como un intento de
acercamiento reflexivo, a partir de la observación y la interpretación
de ciertas expresiones y publicaciones de Facebook en las cuales se
recrean rasgos y características de la cultura y la sociedad de manera
creativa o distinta, tratando de respetar, hasta cierto punto, la esencia
del medio o producto original, a pesar de la pérdida de determinadas
particularidades y la adquisición de nuevas peculiaridades.
Es cierto que las nuevas tecnologías de la comunicación
y la información y la remediación no han sido suficientes para
superar la enajenación social, el desinterés y la pasividad de muchos
individuos, debido a la reproducción de los esquemas de saberpoder que controlan el acceso a la información y al conocimiento
(el algoritmo de Facebook8) de una gran cantidad de personas, así
como también difunden y promocionan el consumo excesivo de
todo lo perteneciente a la cultura de masas; sin embargo, como se
pudo descubrir, la remediación puede funcionar, por su naturaleza
8 El algoritmo de Facebook decide qué publicaciones ven las personas
cada vez que revisan su feed de Facebook, y en qué orden aparecen esas
publicaciones. […] no hay un solo algoritmo, sino más bien hay “muchas capas
del aprendizaje de las máquinas sobre modelos y rankings construidos para
predecir qué publicaciones serán más valiosas y significativas para un individuo
a largo plazo”. En otras palabras, en vez de mostrar todas las publicaciones de
Facebook disponibles en orden cronológico, el algoritmo de Facebook evalúa
cada publicación, y después las organiza en orden descendente de interés para
cada usuario individual. Este proceso ocurre cada vez que un usuario, y hay 2.7
mil millones de ellos, actualiza su feed de noticias. (Newberry, 2022, https://
blog.hootsuite.com/es/algoritmo-facebook-como-funciona/#:~:text=El%20
algoritmo%20de%20Facebook%20prioriza,probabilidades%20de%20obtener%20
m%C3%A1s%20alcance)  

164

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

creativa, como una fisura o ruptura desde la cual se le abra paso a la
visión crítica y transformadora para lograr la emancipación cultural
y social, tanto en el medio digital como en el físico.

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�Notas
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

La representación de las doctrinas anarquistas en
la novela Los demonios de Dostoievski. De la utopía
revolucionaria a la ideología nihilista
Rubén Gutiérrez Guajardo
Universidad de Monterrey
a ruben.gutierrezg@udem.edu

Fecha de entrega: 27-12/-2021 / Fecha de aceptación: 13-09-2022

Para realizar este análisis partimos de la vida y obra del escritor ruso
Fiódor Dostoievski, su relación con los movimientos políticos de su
tiempo, de los que él mismo fue partícipe, como prueba su adhesión
al “Círculo Petrashevski”, así como el propósito de la redacción de
su obra Los demonios1 y la representación de las doctrinas anarquistas
de Mijaíl Bakunin y Serguéi Necháyev en dos pasajes de la obra del
escritor ruso.
Como propuesta de análisis y aplicación, desplegamos una
lectura de Los demonios como “profecía” o “advertencia” acerca
1 Para el análisis hemos recurrido principalmente a la misma obra de
Dostoievski Los demonios en la traducción de Juan López-Morillas, publicada
por Alianza Editorial del año 2014, así como a El hombre rebelde del filósofo
Albert Camus, también de Alianza Editorial, obra en la que el filósofo francés
realiza un magistral estudio sobre la figura clave de nuestro análisis, la de
Necháyev.

171

�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

los movimientos revolucionarios radicales totalitarios que se
manifiestan en Occidente en el siglo XX, como el bolchevismo, y en
los que, a semejanza de los hechos ficticios relatados en la novela,
presenciamos un terrorismo o mesianismo terrorista que en su
afán de establecer una supuesta utopía instauran una serie de actos
destructivos de trasfondo nihilista.
La relevancia del tema radica en la toma de conciencia del
peligro de los fundamentalismos de cualquier orden, ya que ningún
movimiento político ni utopía de cualquier tipo podrán erigirse jamás
como justificantes legítimos de actos individualistas y nihilistas que
atenten contra la sociedad y dignidad del individuo. Ninguna utopía
o proyecto político valdrá jamás lo que vale la persona humana.
Nos interesa mostrar cómo las intuiciones literarias
de los grandes escritores como Dostoievski pueden iluminar
profundamente nuestra comprensión de la naturaleza y psicología
humanas, sus motivos e ideales, en este caso destructivos, a veces en
medio de intentos racionales de legitimación de corte hegeliano en
virtud de la supuesta búsqueda de un orden racional, justo y utópico.
A través de una perspectiva analítica y sintética revisaremos
las ideas de las teorías políticas y corrientes filosóficas subyacentes al
análisis del discurso político de Dostoievski, a saber, el anarquismo
y el nihilismo, todo esto en un marco aproximativo y no exhaustivo
con la finalidad de acercarnos a uno de los temas más apasionantes
de la filosofía política de todos los tiempos.2
2 En lo que a nuestro conocimiento y alcances se refiere, encontramos
que existe un número considerable de artículos y libros sobre el tema tratado.
Entre ellos destacan los siguientes artículos: 1864. El asalto a la razón de
Dostoievski del David Montero Bosch publicado en la Revista Internacional
de Filosofía Daimon, y The catechism of destruction: Sergei Nechayev
and the spirit of nihilism del Ph. D. Georgios Karakasis de la Universidad

172

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

Contexto político e histórico de Dostoievski y de Los demonios
El 9 de febrero de 1881 moría en San Petersburgo el novelista Fiódor
Dostoievski, figura icónica y máximo representante -junto con León
Tolstoi- de la literatura rusa del siglo XIX. Escribió la mayoría de
sus obras en diarios rusos de entregas semanales como El Mensajero
Ruso para aliviar sus penas económicas, destacando Crimen y castigo
(1866), El idiota (1869), Los hermanos Karamázov (1880) y Los demonios
(1872) que se han constituido en referentes y paradigmas de la
literatura rusa y universal y lo han colocado en el Olimpo de los
literatos universales de todos los tiempos.
Constituye un tópico común en cualquier exposición sobre
literatura universal señalar a Dostoievski como un maestro en el
arte de profundizar en los insondables abismos de la naturaleza y el
espíritu humanos, como un verdadero “pneumatólogo” según lo ha
descrito algún autor. Como señala el escritor turco Orhan Pamuk en
su obra Otros colores (2011) al relatar su experiencia sobre su encuentro
con el escritor ruso, Dostoievski logra sacudir nuestras cosmovisiones
y plantearnos multiformes visiones de la vida y la realidad: “En alguna
parte Borges dice: Descubrir a Dostoievski es como descubrir el amor
o ver el mar por vez primera, marca un momento importante en la
vida. El momento en que leí a Dostoievski por primera vez supuso
para mí la pérdida de la inocencia con respecto a la vida” (2011: 156).
de Pamplona.   La autora Nelly Prigorian también ha redactado un artículo
muy valioso sobre el tema titulado: El nihilismo de Dostoyevski: Una mirada
sobre la estética del discurso político del autor de Demonios publicado en la
Revista de Estudios Literarios. Voz y Escritura. Existen también libros como:
Confronting Dostoevsky´s Demons. Anarchism and the Specter of Bakunin in
Twentieth-Century Russia de James Goodwin y Dostoevsky´s The Devils. A
critical companion de W.J. Leatherbarrow, entre otros.
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

173

�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

Las obras de Dostoievski constituyen pues una experiencia
maravillosa para el lector que descubre todo el realismo y complejidad
de la naturaleza humana, sus pensamientos, pasiones y motivos más
profundos, a veces, inextricables, melancólicos e inquietantes, pero
siempre reveladores de un carácter esencialmente humano y, por lo
tanto, universal.
Así pues, después de esta breve introducción a toda la
complejidad de la narrativa del autor, se procederá a la exposición
introductoria de la obra Los demonios, su contexto, alcances y premisas
fundamentales como punto de partida para la relación con el análisis
de los movimientos políticos de la Europa del siglo XIX.
Un evento detonante para la imaginación del joven Dostoievski
El 21 de noviembre de 1869, la opinión pública rusa recibió con
conmoción la noticia del horrible asesinato del joven moscovita
Iván Ivanov, alumno de la Academia de Agricultura de Moscú,
cuyo cadáver fue encontrado con una herida en la cabeza, arrojado
al fondo de un estanque con ayuda de piedras atadas al cuerpo.
(Dostoievski, 2014; 9) Este crimen perpetrado de noche y cargado
de extrema violencia causó gran impacto en la conservadora y
religiosa ciudad rusa.
Ante el siniestro acontecimiento y los moscovitas que
se preguntaban, ¿cuál era el móvil de ese crimen tan atroz?, las
pesquisas policiales no tardaron en descubrir que el crimen había
sido perpetrado por un grupo de cinco personas lideradas por
un tal Serguéi Necháyev, un joven revolucionario nihilista, quien
recientemente había regresado de Ginebra, Suiza y era un conocido
discípulo y colaborador del padre del anarquismo revolucionario
Mijaíl Bakunin.
174

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

Es pues el impacto de este célebre caso Necháyev- Ivanov,
del que Dostoievski tiene conocimiento, y que por supuesto, por
el que también se siente conmocionado, el punto de partida y de
inspiración para que tiempo después de haber recopilado informes
al respecto, escriba su obra Los demonios (1872).
Los demonios narra la historia de la sociedad rusa de la década
de 1860 convulsa por los intentos revolucionarios de un grupo
nihilista, liderado por Piotr Verjovenski (representación de Serguei
Necháyev), quienes en un afán mesiánico de instaurar un anarco
individualismo llegan a realizar actos caóticos que escandalizan y
atemorizan a la sociedad rusa, inclusive llegan a quemar parte de la
ciudad, motivo por el cual serán identificados en la obra como unos
“posesos” o “endemoniados” que infectan y esparcen por la ciudad
sus ideas destructivas.
A decir del escritor ruso Vladmir Nabokov en su Curso de
literatura rusa:
Los demonios es la historia de unos terroristas rusos que treman
acciones violentas y destructivas, y llegan a asesinar a uno de
los suyos. Los críticos radicales la denunciaron como novela
reaccionaria. Por otra parte, se la ha calificado de estudio
penetrante de esas personas que, arrastradas por sus ideas, acaban
hundiéndose en el lodo. (Nabokov, 2016: 246).

El divulgador literario Peter Boxall, comenta en la misma
línea acerca del argumento ideológico de la obra:
Ambientada a finales de la década de 1860, la historia gira en torno a
la suerte de un grupo de insurgentes cuyo propósito es desencadenar
la anarquía rusa. Cuando una serie de traiciones acaba con el
grupo, la novela plasma las consecuencias catastróficas que pueden
desprenderse de las teorías políticas abstractas. (Boxall, 2016: 175).
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

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�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

Mediante una narrativa ficticia Dostoievski intenta adentrarse
en los motivos ideológicos de estos grupos o células anarquistas y
nihilistas que comenzaban a manifestarse en la Rusia de su tiempo, y
que, en la mente del autor, representan una amenaza ideológica que
podría desestabilizar a su amada patria, tambaleada por los peligros
de la occidentalización, el nihilismo y el ateísmo.
Pero antes de pasar al análisis de la obra y su trasfondo
filosófico se debe responder a la siguiente pregunta, ¿qué conocimiento
y relación tenía Dostoievski con la política de su tiempo para que
llegue a interesarse por el tema y a escribir Los demonios?
Todos los grandes escritores al relatar sus ficciones
ineludiblemente proyectan sus vivencias, inquietudes y temores. En este
sentido, el mismo Dostoievski no era ajeno a la situación política de
su tiempo, pues inclusive, él mismo en su juventud fue miembro del
“Círculo Petrashevski” asociación ilegal rusa, formada por intelectuales
que entre 1844 y 1849, se dedicó a debatir las ideas del socialismo utópico
de Fourier y que, descubierta por los agentes zaristas, fue clausurada y
sus miembros condenados y deportados a Siberia. Como relata David
Montero Bosch en su artículo sobre Dostoievski:
En abril de 1849 un alto dignatario ruso, el Senador K. N.
Lebédev, escribe en su diario: Toda la ciudad está preocupada
con la detención de algunos jóvenes (Petrashevski, Golovinski,
Dostoievski, Palm, Lamanski, Grigóriev, Mijáilov, entre otros,
quienes se reunían en la casa de Petrashevski, bajo el pretexto
de encuentros literarios, para discursear acerca de la cuestión
campesina, la reforma del gobierno o los desórdenes que ocurrían
en Europa Occidental. (115-116).

Es conocido por todos lo que ocurrió posteriormente,
después de la condena a la pena capital y de un simulacro de
176

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

fusilamiento, los miembros fueron “indultados” por la benevolencia
del Zar Nicolás I y deportados a Siberia condenados a trabajos
forzados. La estancia de Dostoievski en Siberia duró ocho años y
plasmó su experiencia en varias de sus obras como en Memorias de
la casa muerta (1862) y Crimen y castigo en cuyo desenlace el asesino
confeso Raskólnikov, a semejanza de Dostoievski, es enviado a
Siberia a cumplir su condena.
Dostoievski pues, conocía de primera mano la dinámica
de los grupos subversivos de Rusia, por su propia experiencia de
juventud y no duda en usar estos conocimientos para retratar en
su novela Los demonios el caso Ivanov- Necháyev, especialmente a
los miembros del grupo de los cinco, llamado “La venganza del
pueblo” implicados en el caso del asesinato de Ivanov, retrato en
el que profundiza en la complejidad de los motivos ideológicos
anarquistas y nihilistas subyacentes para la perpetración del famoso
crimen y descritos magistralmente en los personajes de la obra.
Sin duda fueron las influencias de las doctrinas anarquistas
de Mijaíl Bakunin y el mismo Serguéi Necháyev las que constituyen
el trasfondo filosófico bajo el que se comprende el proceder de
los personajes que aparecen en la obra de Dostoievski y son estas
doctrinas las que se analizan a continuación.
El anarquismo ruso de 1860, Bakunin. Necháyev y el
Catecismo revolucionario
La influencia de Bakunin. Entre las figuras del anarquismo ruso
sobresale por mucho la figura de Mijaíl Bakunin (1814- 1876), quien
estudió filosofía en Moscú y en sus años de juventud emigró a Europa
occidental donde conoció las doctrinas hegelianas de izquierda y los
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

177

�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

socialismos utópicos, fuentes indiscutibles de su célebre obra Dios y
el Estado (1882).
El filósofo franco-argelino Albert Camus comenta sobre
la juventud de Bakunin: “Apenas salió Bakunin de la adolescencia
cuando quedó trastornado, desarraigado por la filosofía hegeliana,
como por una sacudida prodigiosa. Se sumió en ella noche y día
“hasta la locura”, dijo. “No veía otra cosa que las categorías de
Hegel” (Camus, 2015: 221).
Bakunin, es un anarquista que solicita imperantemente la
abolición de lo que él considera “las dos instituciones fundamentales
de la esclavitud”, Dios y el Estado, que como afirma (Herrera, 2013):
“Son Dios y el Estado los que según Bakunin colaboran para negar
la libertad de los hombres, el proyecto fundamental de la revolución
debe consistir en la destrucción de ambos” (172). Y continúa “No
es que Bakunin niegue la vida en sociedad del hombre, sino que no
tiene por qué vivirse bajo el armazón dominador de un Estado”
(173). De ahí que Bakunin sea pues un “anarco colectivista” es decir,
apuesta por pequeñas federaciones de trabajadores con organización
propia y autonomía del aparato estatal.
Albert Camus, al respecto del anarquismo de Bakunin, en
su famosa obra El hombre rebelde nos muestra valiosos elementos de
análisis:
Bakunin quiso como única religión “la Iglesia Universal y
auténticamente democrática de la libertad” (…) La historia está
regida por dos únicos principios, el Estado y la revolución social,
la revolución y la contrarrevolución, que no se trata de conciliar,
sino que están empeñados en una lucha a muerte. El Estado es
el crimen. “El Estado más pequeño y más inofensivo es también
criminal en sus sueños”. La Revolución es, pues, el bien. (…) “Las
páginas ardientes de Bakunin sobre la revolución del 48 gritan

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

apasionadamente el gozo de destruir “Fiesta sin principio ni fin”,
dice. (Camus, 2015: 222- 223).

La influencia de Bakunin en los futuros revolucionarios rusos
es muy grande, Camus señala: “Bakunin pesó en la sucesión de los
acontecimientos del atentado contra el zar Alejandro II, pero aportó
algo más: un germen de cinismo que se coagularía en la doctrina
de Necháyev y llevaría sus últimas consecuencias el movimiento
revolucionario” (Camus, A. 2015: 221).
Es pues este elemento el que nos da una primera clave
interpretativa para comprender la actuación de Necháyev, el
revolucionario sobre quien trata Dostoievski en su novela quien, al
fundar su grupo anarquista, igual que Bakunin llama a la rebelión
contra las instituciones políticas de su tiempo, Necháyev hace de
esta consigna la motivación principal de su grupo “La venganza del
pueblo” quienes no sólo detestan al Estado y sus instituciones, sino
que desean promover a toda costa la instauración de este régimen
anárquico mediante acciones desestabilizadoras.
Necháyev,

el

primer

terrorista.

Seguéi

Gennádievich

Necháyev (1847-1882), fue según la Enciclopedia británica (2012), un
revolucionario ruso conocido por su esquema organizativo para un
partido revolucionario profesional y por el despiadado asesinato de uno
de los miembros de su organización. Es célebre por la composición de su
famoso “Catecismo revolucionario”, discípulo y colaborador de Mijaíl
Bakunin y fundador del grupo revolucionario secreto “La venganza
del pueblo” (Narodnaya Rasprava en ruso), grupo implicado en el caso
Ivanov y uno de los ejes temáticos de Los demonios de Dostoievski.
Durante su juventud, Necháyev fue discípulo y colaborador
del célebre teórico anarquista ruso Mijaíl Bakunin a quien conoció
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

179

�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

en Ginebra y a quien junto con el francés Joseph Proudhon se
atribuye la paternidad del anarquismo colectivista.
El filósofo Albert Camus en su obra El hombre rebelde realizará
un extraordinario análisis de su figura y se referirá a Necháyev como
el teórico ruso “que llevó la coherencia del nihilismo tan lejos como
se podía” (Camus, 2015: 226) y lo llama “el monje cruel y seductor
de una revolución desesperada” (226).
La influencia de su célebre obra el Catecismo revolucionario (1868)
fue fundamental en los movimientos anarquistas rusos, fue firmada
junto con Bakunin y en ella realiza llamamientos a la instauración de
la anarquía con elementos destructivos y “terroristas”.
El Catecismo revolucionario de Necháyev, comienza afirmando
la premisa fundamental que ha de guiar su movimiento anarquista,
en el parágrafo 1 del Catecismo se afirma: “El revolucionario es un
hombre dedicado. No tiene intereses personales, no tiene relaciones,
sentimientos, vínculos o propiedades, ni siquiera tiene un nombre.
Todo en él se dirige hacia un solo fin, un solo pensamiento, una sola
pasión: la revolución” (Necháyev, S. 1868: 3).
A decir de Camus (2015): “Necháyev no sólo disertó sobre
la destrucción universal; su originalidad consistió en reivindicar
fríamente, para aquellos que se dedican a la revolución, el “todo está
permitido” y permitírselo todo en efecto” (p227), como se observa
en este parágrafo 23 y en los siguientes.
Por “revolución” nuestra Organización no entiende un modelo
o patrón en el sentido clásico occidental, un movimiento que
siempre se detiene y se doblega ante los derechos de propiedad
privada y ante las tradiciones del orden público y las, así llamadas,
civilización y moralidad. Tampoco entiende por revolución una
forma que hasta ahora se ha limitado a deponer un modelo

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político para reemplazarlo por otro que intenta crear un estado
revolucionario, por llamarlo de algún modo. La única revolución
que puede ser benéfica para el pueblo será la revolución que
destruya de raíz todo componente del Estado y que pueda
exterminar todas las instituciones tradicionales del Estado, el
orden social y las clases en Rusia. (Necháyev, S. 1868: 6).

Para terminar con una llamada a la instauración del
anarquismo de la mano de un nihilismo absoluto:
La Organización no intenta imponer desde arriba una nueva
organización para el pueblo. La organización futura crecerá, sin
duda, desde el movimiento popular y desde la vida, pero ésa será
la tarea de las generaciones futuras. Nuestra tarea es la destrucción
despiadada, terrible, completa y universal. (Necháyev, S. 1868: 7).

Así pues, son estos elementos los que se manifestarán como
directrices perennes de la actuación del grupo anarquista de Necháyev
y del personaje que lo representa en Los demonios pues al igual que en
cualquier movimiento político de inspiración hegeliana de izquierda se
llama a la confrontación, con la singularidad que en este movimiento
de Necháyev, la confrontación es absoluta; nihilista, en una palabra.
Así pues, con esta exposición de los parágrafos del Catecismo,
se comprende, pues, que el verdadero seguidor de la revolución según
Necháyev es consciente que esta tiene un álgebra en la que la única
ecuación posible es la de conseguir los fines de la revolución y es lo que
precisamente se encuentra en la obra Los demonios en la que como afirma
Prigorian, N. (2013): “Las páginas de Demonios revelan las consecuencias
últimas de los postulados del Catecismo revolucionario, escrito unos meses
antes del asesinato del estudiante Ivanov. Los 26 puntos de este
documento están presentes en el texto de Dostoievski” (128).
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Representación de las doctrinas anarquistas y totalitarias en
la novela Los Demonios
Estas doctrinas de Bakunin y Necháyev sobre el rechazo de lo
trascendente, la eficacia revolucionaria, los medios subordinados a
los fines, entre otras se ven reflejadas en la novela Los demonios
en varios pasajes, pero de manera especial en dos de ellos que
analizamos a continuación.
El discurso de Shigailov. En el capítulo siete de la segunda
parte de la obra de Dostoievski, titulado “En casa de Virginski”
se encuentran retratados de manera magistral los fundamentos del
obrar revolucionario que manifiestan el recorrido de una utopía a
una ideología nihilista y las influencias de Bakunin y Necháyev.
Encontramos en este capítulo la narración de una reunión
de personajes afiliados al movimiento revolucionario que “eran la
flor y nata del liberalismo más candente de nuestra antigua ciudad”
(Dostoievski, 2014: 504). Según se narra, estos personajes llamados
Liputin, Virginski, Shigaliov, Liamshin y Tolkachenko, habían
entrado al grupo:
Con la ferviente convicción de que eran sólo uno entre centenares
y millares de grupos semejantes diseminados por toda Rusia,
todos ellos dependientes de una vasta y clandestina organización
central, relacionada a su vez orgánicamente con el movimiento
revolucionario general de Europa. (Dostoievski, 2014: 505).

Durante el transcurso de la velada encontramos esbozadas
en las disputas de esta reunión las doctrinas de algunos otros teóricos
anarquistas, por ejemplo, el rechazo a lo trascendente y lo divino
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de Bakunin: “Es bien sabido que el hombre primitivo, aterrorizado
por el trueno y el relámpago, divinizó a un enemigo invisible frente
al cual se daba cuenta de su propia debilidad. Dios pues, nace del
trueno y del relámpago” (Dostoievski, 2014: 511). No está por
demás decir que este rechazo de lo divino anticipa el “ateísmo de
estado” que se instaurará en la futura Unión soviética.
Sin embargo, es en el discurso del personaje Schigaliov
donde se encuentran esbozados todos los planteamientos teóricos
revolucionarios del anarquismo de Bakunin y Necháyev que
inevitablemente deviene en ideología. El personaje comienza
afirmando el fracaso de todas las utopías precedentes hasta la fecha,
en su intento de lograr una verdadera revolución social.
Habiendo consagrado mis fuerzas al estudio de la organización
social que en el futuro remplazará a la actual, he llegado a la
conclusión de que todos los inventores de sistemas sociales, desde
los tiempos más remotos hasta nuestros años han sido soñadores,
fabulistas, necios que no saben nada de las ciencias naturales ni
de ese extraño animal que se llama hombre. Platón, Rousseau,
Fourier sólo sirven para gorriones y no para una sociedad humana.
(Dostoievski, 2014: 519).

Acorde al pensamiento de los revolucionarios anarquistas
la pregunta acerca de por qué no logran pues las antiguas utopías
su propósito se encuentra precisamente en que ninguna ha sido lo
suficientemente radical, es por ello que su propuesta consistirá en
un intento de regeneración social mediante el poder ilimitado de una
clase gobernante que llevará de nuevo al “paraíso original” (utopía)
y que evidentemente profetiza el estalinismo y otros movimientos
revolucionarios occidentales:
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�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

Shigaliov propone la visión de la humanidad en dos partes desiguales.
Una décima parte recibe libertad personal y un derecho ilimitado sobre
las nueve décimas partes restantes. Estas últimas deberán perder toda
individualidad y convertirse en una especie de rebaño, y, mediante
su absoluta sumisión, alcanzarán, tras una serie de regeneraciones,
la inocencia original, algo así como el Paraíso Terrenal. Tendrán, sin
embargo, que trabajar. (Dostoievski, 2014: 521).

Se puede constatar pues en este pasaje, el esbozo sobre el
proceder de los revolucionarios anarquistas de 1860 y los hijos de
estos cuando se instaure en la Rusia soviética el estalinismo, que no
dudará en sacrificar a millones de sus ciudadanos, especialmente en
la colectivización de los campos para con ello contribuir a alcanzar
el “paraíso terrenal” logrado por la revolución comunista.
Por otra parte, la clave para lograr los propósitos
revolucionarios será la obediencia y fidelidad absolutas a los líderes
de la revolución, ya solicitada por Necháyev en su Catecismo, la cual
encontraremos evidentemente manifiesta en el proceder soviético:
-Señoras y señores, en tal caso- prosiguió Verhovenski- yo me he
comprometido más que nadie, y por eso les propongo contestar a
una pregunta. Por supuesto si lo desean, ustedes dirán.

¿Qué pregunta? ¿Qué pregunta? - empezaron a gritar-

-Si uno cualquiera de nosotros supiera que se trama un asesinato
político. ¿iría a denunciarlo, previendo todas las consecuencias, o
se quedaría en casa esperando los acontecimientos? La respuesta
a esta pregunta decidirá si debeos irnos cada uno por su lado o
seguir juntos. (Dostoievski, 2014: 29).

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Así pues, la narración de Dostoievski sobre el propósito
revolucionario para alcanzar la utopía que propone el personaje
Shigaliov, contiene en semilla los elementos que convierten este
intento en una ideología, el despotismo ilimitado del grupo
gobernante y la sumisión absoluta aun mediando actos inhumanos
bajo la lógica de la eficacia revolucionaria.
El paralelismo del asesinato de Iván Ivanov y de Shatov
en Los Demonios. Los motivos de Necháyev en el asesinato de su
compañero Iván Ivanov en el noviembre de 1869 se encuentran en
la negativa de Ivanov a mostrarse en desacuerdo con las medidas
extremas planteadas por su compañero y líder Necháyev y su plan
de abandonar la asociación, decisión que no pudo tolerar el fanático
líder de la asociación y que lo llevó a decidir su ejecución. A decir de
Camus (2015), “La única falta de Ivanov parece ser el haber dudado
del Comité central, del que Necháyev se sentía delegado” (230).
Necháyev se muestra pues completamente acorde a sus
ideas proclamadas en su famoso Catecismo, las defiende y lleva a
la práctica, como muestra su determinación para el asesinato de
Ivanov y la subyacente justificación inmoralista pro revolucionaria
del acto:
Y cuando Uspenski, uno de los compañeros de Necháyev
preguntaba: “¿Qué derecho tenemos de quitarle la vida a un
hombre?”, el líder respondía “No se trata de derecho, sino de
nuestro deber de eliminar todo lo que perjudica a la causa”
Cuando la revolución es el único valor, ya no hay derechos, en
efecto, sólo hay deberes. (Camus, A. 2015: 230).

El inmoralismo que subordina la humanidad a la eficacia
revolucionaria, que sacraliza la idea de tinte maquiavélico del fin
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que justifica los medios, son el trasfondo ideológico del asesinato
de Ivanov por sus compañeros y lo que se observa paralelamente
en Los Demonios con el asesinato de Shátov a manos de Verjovenski
y sus compañeros. Como afirma Prigorian, N. (2013): “Nada vale
en esos sistemas y todo se vale, no hay límites y el fin justifica los
medios, aun si el medio son vidas humanas” (128).
En la novela, Shátov, aunque una vez integrante de la célula
revolucionaria junto con Stavrogin y Kiríllov, Virginski y Liputin,
liderada por Verjovenski, llega a rechazar sus antiguas convicciones
nihilistas y se convierte en un defensor apasionado de la Iglesia
Ortodoxa rusa y del amor por la tierra eslava (tema recurrente en
las obras de Dostoievski), lo cual suscita el odio de Verjovenski que
llega a considerarlo traidor a su causa y decide su ejecución.
Así narra Dostoievski la justificación que dará Verjovenski
después del asesinato de Shátov:
El sitio donde terminaba ese tercer estanque de Skvoreshniki, al
que llevaron al muerto (Shátov), era uno de los más solitarios y
menos frecuentados del parque, sobre todo en esa tardía estación
del año. Pusieron el farol en el suelo, mecieron el cuerpo y lo
arrojaron al agua. Se oyó un chapoteo prolongado y sordo y el
cuerpo, con el peso de las piedras, se hundió al momento. Pronto
desaparecieron las grandes ondas que se habían extendido por
la superficie. Todo había concluido. –Señores- Piotr Stepanovich
se dirigió a todos-, ahora podemos separarnos. Indudablemente
sienten ustedes el orgullo sin trabas anejo al cumplimiento de
un deber libremente aceptado. […] era imposible fiarse de una
palabra de honor si era cuestión de salvaguardar los intereses de
la causa común, y que no había otro remedio que obrar como
lo hemos hecho. […] De momento, lo que hacen tiene como
fin la destrucción de todo lo existente: el Estado y su estructura
moral. Solo quedaremos nosotros, los que nos hemos preparado

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de antemano para asumir el poder. […] Habrá que reeducar a
una generación para hacerla digna de la libertad. Tendremos que
habérnoslas todavía con muchos miles de Shatovs. (Dostoievski,
2014: 775- 776).

Como queda de manifiesto es evidente la vinculación
de las ideas del anarquismo de Necháyev (personificado en Piotr
Verjovenski), que no duda en instaurar un régimen de terror en el
que la finalidad es la destrucción del Estado y de toda estructura
moral, justificado siempre en la premisa atribuida a Maquiavelo y a
un inmoralismo que se presenta como consecuencia de la necesidad
imperante de conseguir los fines revolucionarios.
El nihilismo en los demás personajes de Los demonios,
Stavrogin y Kiríllov, el individualismo metafísico y deicida
Sobre esta negación de la estructura moral preconizada por Bakunin
y Necháyev, y expuesta como teoría y ejecutada en la práctica
por el personaje Verjovenski, podemos encontrar muchísimos
más elementos en nuestra obra analizada, en particular todos los
relacionados con otros dos de los personajes principales, Nikolái
Stravrogin y Alekséi Kiríllov, en ellos se encuentran las mismas
características nihilistas que determinan la actuación del líder
Verjuvenski, aunque con finalidades más bien individualistas y de
índole metafísica y antropológica y ya no política.
El nihilismo que hemos comentado como móvil de las
acciones revolucionarias de Verjovenski y los demás miembros
del grupo encuentra su exposición más radical y podríamos decir
“metafísica” en el personaje Nikolái Vsévolodovich Stravrogin
quien a juicio de muchos autores es el personaje principal de la
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obra, relegando el motivo de la diatriba sociopolítica representada
por Verjovenski a un segundo plano.
Stavrogin es descrito en la obra como soberbio, misterioso,
violento, suicida y satánico (Dostoievski, 2014: 15). Es tanta la
atracción magnética que este personaje despierta en quienes tienen
trato con él que lo siguen hasta la muerte, Verjovenski llega a decirle:
¡Stavrogin, es usted hermoso!¡Usted es mi ídolo!... Usted mi caudillo,
usted es mi sol y yo soy su gusano…” (Dostoievski, 2014: 541).
El absoluto nihilismo de este personaje queda completamente
manifiesto en el último capítulo de la obra (censurado en la primera
edición), titulado “Visita a Tihon. La confesión de Stavrogin” en el
cual Stavrogin confiesa sus crímenes llevados a cabo bajo la premisa
de que “no hay bien ni mal”. Entre los crímenes resalta el de la
violación a una niña de 11 años que finalmente se suicida por haber
“matado a Dios”.
Ya estaban para dar las once cuando entró corriendo la hijita del
portero con un recado para mí de la calle Gorohovaya: Matriosha
se había ahorcado. […] Apenas me importunaron, aunque, por
supuesto, me hicieron las preguntas de rigor. Pero aparte de que
la muchacha estaba enferma y deliraba en los últimos días y de
que yo había ofrecido llamar a un médico a mi costa, no pude
declarar nada […] Del resultado de la autopsia nunca supe nada.
(Dostoievski, 2015: 889).

Por último, en el caso de Alekséi Nilych Kiríllov el nihilismo y
sus fuerzas destructivas se manifiesta, como en el caso de Stavrogin,
no con una implicación socio política sino individualista y metafísica.
En el caso de este personaje el ateísmo es el que posibilita una nueva
manifestación de una libertad humana absoluta, que, en su caso, lo
llevará al suicidio para reivindicarla.
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Kiríllov afirma su creencia en una libertad individualista sin
límites: “Si Dios existe, todo es Su Voluntad y yo no puedo hacer
nada contra Su Voluntad. Si no existe, todo es mi voluntad y estoy
obligado a poner de manifiesto mi voluntad” (Dostoievski, 2015, p.
788). Justificará su suicidio como una decisión sin motivo alguno,
por pura voluntad:
Todo lo que el hombre ha hecho es inventar a Dios para vivir
y no tener que matarse: en eso consiste hasta ahora la historia
universal. Yo soy el único en la historia universal que por primera
vez no ha querido inventar a Dios. Que lo sepan de una vez para
siempre. (Dostoievski, 2015: 789).

Esta libertad que se opone a Dios y el Estado, preconizada
por Bakunin, Necháyev, encontrará su expresión más radical,
profunda y metafísica en las palabras de Kiríllov:
Durante tres años he estado buscando mi atributo divino y lo he
hallado; ¡mi atributo divino es mi “real voluntad”! Esto es cuanto
soy capaz de hacer para mostrar mi insumisión en el más alto nivel
y mi nueva y terrible libertad. Porque es singularmente terrible.
Me mato para probar mi insumisión y mi nueva y terrible libertad.
(Dostoievski, 2015: 791).

Así pues, para concluir podemos afirmar que serán estas
influencias de la negación de la moralidad y de lo trascendente en la
búsqueda de la efectividad revolucionaria, señaladas por Verjovenski
de influencia fuertemente bakuniniana y llevadas al radicalismo en
los personajes de Stavrogin y Kiríllov, las que marcarán el derrotero
por el que transitarán todos los movimientos revolucionarios
radicales de los siglos XIX y XX, aunque cada uno con diferentes
móviles, como profundizaremos en el siguiente apartado.
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�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

Reflexiones sobre Dostoievski y los peligros del “mesianismo
terrorista” de Magris
En este último apartado nos proponemos establecer una vinculación
entre la temática analizada acerca del anarquismo y nihilismo en la
obra de Dostoievski Los demonios y los ejemplos históricos prácticos
en los que estos motivos individualistas y nihilistas de negación de
todo valor trascendente en pro de la revolución u otros móviles
fueron llevados a cabo y siguen realizándose por los miembros de
muchos de los movimientos revolucionarios radicales en Occidente.
En opinión de Montero Bosch (2016): “Admiradores de
Dostoievski como Berdiaeff, Catteau o Camus, asocian su ácida
crítica al nihilismo a la prevención contra los sistemas socialistas
autoritarios” (118), y es en este sentido al que se orienta nuestro
primer ejemplo.
Los “demonios” soviéticos. Los revolucionarios soviéticos
bolcheviques comprendieron siempre a semejanza de Bakunin y
Necháyev, como bien ha señalado Koestler en su obra El cero y el
infinito (1941), que la revolución supone siempre un álgebra en la que
la única ecuación posible es la del triunfo de la revolución y en la que
la libertad del individuo queda siempre supeditada a los intereses del
Estado y la revolución.
Bajo esta perspectiva se pueden comprender todos los
actos de los revolucionarios bolcheviques de la era soviética, desde
el asesinato de la familia imperial hasta las purgas estalinistas, la
colectivización forzada, la práctica institucionalizada de la tortura.
Actos que a semejanza de los de los personajes de Los Demonios
manifiestan el “mesianismo terrorista” comentado por Magris, en la
búsqueda de una supuesta utopía.
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Aunque en el caso del totalitarismo soviético se persigue una
revolución en la que el Estado permanece, en la obra de Koestler
podemos establecer un paralelismo en el sentido de nihilismo
destructor, de “mesianismo terrorista” en el caso de Nicolás
Rubachof quien es sometido a tortura psicológica por supuesta
traición al partido, así como Ivanov en el caso analizado, y, de
igual manera que en el caso Necháyev encontraremos los mismos
mecanismos pro revolucionarios que no toman en cuenta ninguna
dignidad humana ni valor trascendente.
Como bien señala Vargas Llosa en el prólogo de la obra de
Koestler:
En la obra de Koestler el Partido es la encarnación de la idea
revolucionaria en la Historia, y la Historia, que no conoce escrúpulos
ni vacilaciones, nunca se equivoca. El revolucionario auténtico sabe
que la humanidad importa siempre más que los individuos y no teme
seguir cada uno de sus pensamientos hasta su conclusión lógica. Se
siente el desprecio por el sentimentalismo burgués y sus nociones
hipócritas del honor individual y de una ética no subordinada a los
intereses de la praxis política. (Koestler, 2012: 14).

Gracias a la ayuda de Koestler, podemos establecer una
vinculación de semejanza entre nuestro análisis inicial, a saber, los
propósitos del grupo liderado por Necháyev en la década de 1860 y
narrado por Dostoievski en su novela y que, al proponerse establecer
una sociedad utópica basada en los principios del individualismo
contra la institución del aparato estatal los llevó a cometer los
crímenes de tinte fanático e inmoral con las acciones institucionales
del estado soviético.
Para finalizar, quisiéramos comentar que no solo en el estado
soviético presenciamos el inmoralismo y nihilismo denunciado por
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�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

Dostoievski, sino que, a juicio del filósofo André Glucksmann en
su libro Dostoievski en Manhattan, este nihilismo destructor subyace
en los fundamentalismos contemporáneos con sus actos radicales
y terroristas como sucede con todos los fundamentalismos, por
ejemplo, algunos de corte islámico.
A decir del filósofo Francisco Franco en su artículo sobre
Glucksmann (2004):
Para el escritor galo el nihilismo es una silueta insólita que
se encuentra presente en todas las ideologías destructoras ya
sea nazismo, comunismo o islamismo y, por supuesto, en los
movimientos terroristas. La tentación nihilista, como actitud, se
encuentra tanto en las personas, los gobernantes, las sociedades,
en oriente y en occidente. (Franco, s/f,: 100).

Mediante esta última perspectiva podemos darnos cuenta que
la denuncia del individualismo y nihilismo que Dostoievski realiza
en su obra, cobran también relevancia en el mundo contemporáneo.
¡Cuánta razón en Dostoievski al describir magistralmente este
mecanismo como peligro constante que amenaza a nuestras
sociedades! Mecanismo que bajo apariencia de lograr utopías o
“paraísos” en la tierra, devienen en verdaderos infiernos provocados
por “demonios” siempre nuevos.
A guisa de conclusión
Hemos partido de la vida de Dostoievski y los episodios políticos de
su vida enfocados a su novela Los demonios. Después de la descripción
de la obra, ensayamos un análisis de las doctrinas anarquistas de
Mijaíl Bakunin y Serguéi Necháyev y los paralelismos de estas
doctrinas en la obra de Dostoievski.
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Hemos analizado también los paralelismos del caso NecháyevIvanov con su representación literaria en el caso Verjovenski- Shatov
en la obra de Dostoievski, así como los alcances del nihilismo en
otros personajes de la obra como Stavrogin y Kiríllov en los que
el nihilismo toma un carácter todavía más profundo, metafísico y
antropológico y ya no solamente político.
Al comenzar este trabajo nos proponíamos leer la novela
de Dostoievski como una “profecía” o “paradigma interpretativo”
de los movimientos revolucionarios radicales totalitarios que se
manifestaron en occidente en el siglo XIX, y en los que, a semejanza
de los hechos ficticios relatados en la novela presenciamos un
mesianismo terrorista que, en su afán de establecer una supuesta
utopía, instaura una serie de actos destructivos de trasfondo nihilista.
Dicho análisis lo hemos realizado de la mano de los autores Arthur
Koestler y André Glucksmann referido al totalitarismo soviético y a
los fundamentalismos que aún prevalecen en nuestro siglo.
No se equivocaba Claudio Magris cuando, en su obra: Utopía
y desencanto. Historia, esperanzas e ilusiones de la modernidad, afirmó:
“Muchas de las actitudes de nuestra época podrían figurar en una
novela de Dostoievski, especialmente el mesianismo terrorista de las
páginas de Los demonios” (Magris, 2004: 167).
Quizás podamos preguntarnos a manera de conclusión,
¿Qué haremos con los nuevos demonios, que como los de tiempos
de Dostoievski siguen amenazando la estabilidad de nuestras
sociedades contemporáneas? ¿Estamos condenados a un eterno
retorno de utopías fracasadas y con ello al sacrificio perenne de vidas
humanas en los altares del fanatismo e integrismos socio-políticos
y religiosos?
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�Rubén Gutiérrez Guajardo / La representación de las doctrinas anarquistas

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es&amp;site=eds-live&amp;scope=site Acesso em: 14 out. 2020
Montero, D. (2016). 1864. El asalto a la razón de Dostoievski. Daimon.
Revista Internacional de Filosofía. No. 68, 2016: 115- 129.
Disponible en: https://revistas.um.es/daimon/article/
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Prigorian, N. (2013). “El nihilismo de Dostoievski: Una mirada
sobre la estética del discurso político del autor de Demonios.”
Voz y Escritura. Revista de Estudios Literarios. No. 21, enerodiciembre 2013, pp. 107- 132. Disponible en: https://www.
researchgate.net/publication/291972939_El_nihilismo_
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discurso_politico_del_autor_de_Demonios

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-25

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�Notas
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

Tiempo y sueño: La experiencia pitoliana
Luisa Gómez M.
Universidad Autónoma de Nuevo León
Fecha de entrega: 28-06/-2022 / Fecha de aceptación: 13-09-2022

Hace ya varios años que me acerqué a la literatura escrita por Sergio
Pitol: quedé encantada de su forma tan minuciosa de entretejer sus
tramas. Recuerdo haber pensado –y lo sigo haciendo– que sería
capaz de sumergirme en su narrativa breve y salir a flote con algo
que no noté la última vez que me empapé de sus letras. Fue en una
clase de Narratología cuando descubrí el contexto literario en el que
se engloba la escritura del autor de El tañido de una flauta: la llamada
Generación del Medio Siglo. Supe, además, que, a pesar de estar
plagada una originalidad peculiar, sus obras pasaron desapercibidas
para la escena mexicana durante mucho tiempo –probablemente se
debió a su estadía en Europa–, pero que, en las últimas décadas,
habían surgido estudios que centraban su atención en la producción
literaria de este escritor veracruzano y que lo revaloran dentro del
mundo literario nacional e internacional.
Dentro de la narrativa producida por Sergio Pitol se
encuentran más de treinta cuentos y cinco novelas. En esta
producción se pueden apreciar las actitudes que comparte con
197

�Luisa Gómez / Tiempo y sueño

otros integrantes de su generación: la renovación formal, una
constante apertura a lo universal, la preocupación por el lenguaje,
etc.; Al mismo tiempo, sus obras tienen matices particulares
que lo distinguen de sus contemporáneos. Estas características
pitolianas denotan la acentuación de sus novelas y cuentos dentro
de la literatura mexicana. ¿Cómo no amar sus relatos repletos de
referencias culturales, enigmas, tramas laberínticas, que ofrecen una
narración cautivadora, pero que no está hecha para ser entendida en
una sola lectura? Sólo hay una certeza: si buscas llegar al verdadero
significado del relato, deberás destejer primero la construcción
narrativa. Intentémoslo.
Hay una evolución en la narrativa breve de Pitol que me
gustaría resaltar. Esto se puede ver con claridad ver en dos de sus
primeros libros de cuentos: Infierno de todos (1964) y Los climas (1966).
Del último, podemos destacar piezas como “La noche”, “Vía
Milán”, “Un hilo entre los hombres”, “Hora de Nápoles”, “Los
nombres no olvidados” y “Hacia Varsovia”. Para este libro, Pitol
se desprende de las referencias y el mundo que traía consigo en los
cuentos recopilados en Infierno de todos, que consistía de narraciones
ubicadas en las provincias del México pre y postrevolucionario y
con un fuerte carácter histórico-social. Esos aspectos han quedado
atrás y han sido remplazadas ahora por escenarios europeos de
ambiente cosmopolita. En las páginas de Los climas no hay parientes
de los Ferris o habitantes de San Rafael: ahora leemos a un escritor
fascinado por la alta cultura, los grandes artistas europeos y los
viajes. Es aquí cuando su obra se torna una especie de diario de
viaje y Pitol deja de jugar con la línea mística para adentrarse en la
línea terrenal en donde expone –la mayoría de las veces de manera
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encriptada– cómo sus personajes, motivados por alguna epifanía,
reflexionan sobre su pasado para cuestionar su presente.
Primera aproximación: somnolencia
“Hacia Varsovia” es uno de los cuentos más valorados de Pitol:
su trabajo narrativo abre este relato hacia distintas lecturas. Para
mí, las grietas en este relato se presentan en claves que escapan de
los ojos incautos; junto a ellas, el tiempo experimentado por los
personajes se alía con las entradas y salidas de la ficción pitoliana
para explicar el peso del pasado en el presente. Si usted no recuerda
o no ha leído “Hacia Varsovia”, resumiré brevemente: el cuento
relata el viaje realizado por un narrador innombrado, quien se
encuentra con una anciana en una estación de tren durante un frío
invierno, ambos personajes parecen compartir un vínculo que él
intuye, pero se resiste a conocer. Es en el espacio cerrado de un
vagón de tren cuando él comienza a preguntarse: ¿quién es ella?,
además de empezar a dudar seriamente sobre su percepción de la
realidad: pues se encuentra en un estado de embriaguez provocado
por querer disminuir su estado febril. De esta manera, el narrador
innombrado se rinde a su ofuscación y se convierte en una especie de
marioneta que la anciana se encargará de manejar; sin embargo, hay
un propósito detrás de la condición de guía que esta mujer asume:
el de revelar la razón por la que él fue movido a estar en ese lugar, y
así destapar el vínculo que ambos comparten. Aquí el tiempo y los
sucesos ocurren en apariencia de forma cronológica y la presencia
de un sueño encriptado sigue esperando[te].
Debido a la visión comprometida de la realidad por el
narrador, al estar enfermo y embriagado, se puede llegar a interpretar
que “Hacia Varsovia” es similar a Pedro Páramo de Juan Rulfo. El
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�Luisa Gómez / Tiempo y sueño

narrador del cuento y Juan Preciado narran desde la muerte; sin
embargo, el relato no ofrece las pruebas suficientes que confirmen
la muerte del protagonista, lo que supone un acertijo a la hora de
descifrar si la historia en realidad sucede o no. ¿Cuáles son los límites
de la realidad del cuento? Con la relectura, se aprende que, cualquier
fecha o autor mencionado en sus relatos, son un posible guiño
hacia una ficción encriptada. En “Hacia Varsovia”, por ejemplo, la
primera lectura otorga la impresión de que no se trata de un cuento
con rasgos fantásticos; pero, como se mencionó anteriormente, su
narrativa tiene este aspecto como algo característico: el lector no se
percata de todos los secretos que el cuento encierra con una sola
lectura, por ello, es importante que se tengan en cuenta algunos
elementos intertextuales dentro de la obra.
Los diálogos que el texto lanza a otras manifestaciones de
arte son de mucha importancia. Al iniciar la lectura se encuentra
un epígrafe, un fragmento de un poema de Gabriela Mistral en
donde se lee: “si es que estamos soñando / que soñemos hasta que
nos convenza nuestro sueño”. Después de dos años de relectura,
me pregunte cuál era la conexión de esos versos con un cuento en
donde nadie sueña. Sospecho que el relato no es narrado desde la
muerte, sino que la mayor parte de la narración se trata de un sueño.
En este orden de ideas, y como justificación, se encuentra el hecho
que él, después de haberse encontrado con la anciana (para este
punto de la historia desconocida) y de haber mencionado que tiene
fiebre y está alcoholizado, declara: “el cuerpo siguió aflojándose […]
apenas tenía conciencia de él […] El sueño era todo lo que se me
ocurría desear” (Pitol, 1998:157). E inmediatamente después entra
el segundo diálogo de la anciana: “debiste llegar a Varsovia en el
otoño” (1998:158), y él explica “volví a oír a través de la penumbra”
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(1998:158), aunque anteriormente describió con gran detalle como
un marinero tropieza y cae a un lado de la anciana, aludiendo que,
desde su asiento, él podía verla y no perderse detalles. La explicación,
después del diálogo, da la impresión de que al fin ha cerrado los ojos,
reafirmando el hecho de que todo lo que pasa después del segundo
diálogo de la anciana es un sueño.
Segunda aproximación: sueño paradójico
La razón por la cual es relevante la estructura descrita a partir de
la hipótesis de lectura propuesta anteriormente se debe a que la
aparición del sueño provoca una herida en el tiempo de la fábula
y la historia en “Hacia Varsovia”. Esto no es una mera casualidad
y, de hecho, sobresale de los limites estructurales: la noción de
tiempo (pasado o presente, recordado o soñado) que se difumina
es lo que lleva a pensar que es el elemento clave para desentrañar el
sentido de “Hacia Varsovia”, porque, si bien la narrativa pitoliana
tiene numerosos atributos, la configuración del tiempo y su empleo
dentro del relato son rasgos que realzan la producción literaria de
este autor mexicano.
Así, el relato con una cronología lineal se termina
transformando por la aparición de las anacronías, pero a la vez el
tiempo va más allá de un elemento narratológico: su presencia es
fundamental para explicar el sentido del relato. Desde la estructura
narratológica, como menciona Gerard Genette en Figuras III,
debe existir en la narración un grado cero o tiempo cero en donde
el tiempo de la fábula (qué se cuenta) y el tiempo de la historia
(cómo se cuenta), coinciden perfectamente: aquí parten todas
las discordancias de tiempo; en “Hacia Varsovia” el tiempo cero
corresponde al trayecto del tren de donde se desprenden las
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anacronías, las prolepsis y analepsis, luego del segundo dialogo de
la anciana que lo acompaña: “debiste llegar a Varsovia en el otoño”
(Pitol, 1998:158). La narración se fisura y crea una hendidura donde
corresponden el descenso del tren de ambos, el trayecto a pie
a la vivienda de la anciana y los sucesos que tienen lugar dentro
de la casa; mientras todo eso pasa en la mente de protagonista el
tiempo continúa con él durmiendo y por lo tanto soñando, cuando
el narrador innombrado se despierta, al final del cuento, el tiempo
vuelve al mismo punto, es decir al momento desde donde se narra.
Hay una razón para la articulación de esta estructura
en apariencia circular. En el afán de volver a puntos de origen,
por ejemplo, dentro del cuento y contenido en el tiempo cero se
encuentra un diálogo recordado por el protagonista innombrado,
el cual corresponde a la voz de su abuela muerta, esta anacronía
incompleta se denotó cuando él se percata que la anciana que lo
recibió en la estación calza unos “abotonados botines de gamuza
opaca” (Pitol, 1998:156), e inmediatamente recuerda unos semejantes
vistos en casa de su abuela muerta, quién una vez le dijo “tú habrás
de ir a Europa […] Serás un europeo” (1998:156). Este diálogo se
extiende varios renglones y es una especie de vaticinio semejante a
los dichos por el oráculo griego; contiene, además, prohibiciones: la
abuela le indica la existencia de dos lugares a los que él no debe de
ir: un teatro en Italia (que ya no existe) y “el lugar de [su] nacimiento
[y] el de ella” (1998:156). Así, es probable que este diálogo-vaticinio
sea una pista más para llegar al sentido del cuento, puesto que al
igual que el tiempo nos da a entender un círculo y el peso del pasado
en el presente, al mismo tiempo que evoca a las historias griegas,
cuya cultura abraza la idea del destino y la providencia, en donde
los oráculos predicen lo que se ha de vivir; por citar algún ejemplo,
es algo que se ve claramente en Edipo Rey de Sófocles en donde
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el personaje homónimo demuestra que no es posible escapar del
destino.
El tiempo más allá de la estructura
La obra de Sergio Pitol se emparenta con las novelas del flujo de
conciencia del siglo XX, y, por lo tanto, se vincula con autores
como Proust, Joyce, Faulkner, Woolf. El tiempo abarca nuevos
significados en “Hacia Varsovia”; no sólo se trata de cambios
cronológicos sino lo que el tiempo significa para el ser humano,
el tiempo experimentado a través de la consciencia humana que es
abstracto en muchos sentidos y cómo ese tiempo pasado se sigue
manifestando en el presente, como si de un fantasma se tratará, éste
a su vez, condiciona el tiempo presente puesto que lo moldea y
controla.
Inmanuel Kant en Crítica de la razón pura (1781) se dedica a
analizar el tiempo y el espacio: considera que ambos son condiciones
del conocimiento de carácter empírico. Kant propone “la síntesis de
la aprehensión en la intuición”, y señala que las representaciones y
todos los cocimientos se centran o pertenecen al sentido interno,
es decir, se tratan de representaciones en flujo sucediendo unas tras
otras, pero que no son permanentes: aparecen en nuestra mente
bajo una forma temporal y no se contienen en un instante. Para
Kant el tiempo es de carácter empírico en la representación de la
imaginación (“síntesis de la representación de la imaginación”, la
llama) y formula una ley o regla empírica de la imaginación, a través
de ella a un evento X le sigue un evento B, es decir, la reproducción
empírica es, por ejemplo, asociar el invierno con la nieve.
Todo se reduce en asociaciones empíricas; de esta manera
el personaje principal contenido en “Hacia Varsovia” encuentra, en
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el papel que desempeñará sobre su persona la anciana desconocida,
una cierta asociación empírica con la relación que tenía con su abuela
fallecida; dicha relación es apenas un esbozo dentro de la narración,
pero el único diálogo del personaje de la abuela del protagonista
nos deja claro el poder y control que ejerció sobre él, además se le
suman algunos tintes de oráculo puesto que a través de su vaticinio
cumplido y transgredido se da la impresión de que la abuela sigue
moviendo hilos narrativos sobre la historia. Esto no quiere decir
que se trate de relaciones de poder, sino que la abuela es una especie
de fantasma del pasado que se sigue materializando en el presente
del protagonista y que, de cierta manera, aún sigue bajo su control
porque una cosa es clara: la abuela y la anciana innombrada son una
figurad de dos caras, por lo tanto, una actúa desde el pasado y la otra
en el presente.
Hegel explica también que el tiempo se genera en el
porvenir y desde ahí va hacia el presente, pero antes pasa por el
pasado. Estas reflexiones son compartidas por otros filósofos,
como Kierkegaard y Heidegger. Si el punto desde donde parte la
construcción del tiempo es el porvenir, se podría decir entonces
que es una especie de anticipación que el futuro engloba, y que es la
clave para descubrir el carácter del tiempo. La revelación del futuro
puede sonar a embuste, por supuesto; pero hay quienes se dedicaron
a estudiar estas hipótesis, como por ejemplo John W. Dunne, quien
expone, en Un experimento con el tiempo (1927), cómo los sueños
contienen flashazos del porvenir. De este modo, se puede llegar a
intuir que dentro del sueño que tiene protagonista está contenido su
porvenir, es decir, el recibimiento de la anciana ocurre y también su
inminente llegada a la antigua casas de su abuela: lugar que, como se
mencionó anteriormente, fue prohibido durante el vaticinio. Puede
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ser probable que el protagonista haya soñado por culpa al estar
transgrediendo las ordenes de su abuela. Sin embargo, aunque la
abuela haya “prohibido”, se intuye que estaba en su destino el acudir
para reencontrarse con el pasado, es decir, el protagonista cree tener
libre albedrio en sus elecciones (por ejemplo: al elegir ir a uno de los
lugares prohibidos por su abuela), pero la verdad es que él está lejos
de controlar su destino. De hecho, cuando él mismo indica “¿qué
inaplazable urgencia me había hecho correr rumbo a la estación esa
tarde?” (Pitol, 1998:157) alude a que ni siquiera él mismo sabe el
porqué de sus acciones o elecciones.
Por otro lado, la filosofía de Henri Bergson plantea una
crítica a quienes, a su parecer, confunden el tiempo con el espacio
e indica una separación entre lo que él denomina “tiempo físico”
(abstracto y conceptual) y el “tiempo vital” (intuitivo y concreto),
afirma que el pasado continúa en el presente y se ha unido a nosotros
por la vida psíquica. Para ejemplificar esto, dentro del cuento hay
una razón del porque la anciana innombrada es una suerte de doble
de la abuela del protagonista: ellas dos eran hermanas, pero tras la
infidelidad del abuelo del protagonista con la anciana innombrada
(su cuñada) provoca una ruptura en la relación de ambas hermanas,
es necesario que se preste atención a ese dato, ofrecido casi en el
desenlace de la historia, porque esta relación entre abuela-anciana y
anciana-protagonista es tratada de manera elíptica desde el principio
de la historia, aunque se llega a intuir por el desencadenamiento de
recuerdos a través de la mera observación del calzado de la anciana:
“semejantes a unos que viera [él] años atrás en el espacioso caserón
de [su] infancia, en un baúl abominado por [su] abuela” (Pitol,
1998:156). Desde esta narración Pitol ya está dando pistas sobre la
relación del pasado con el presente dentro de este cuento.
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�Luisa Gómez / Tiempo y sueño

Siguiendo con esto un punto importante para justificar estas
reflexiones sobre la relación de los personajes a manera de espejo,
es necesario reconocer la intertextualidad que Pitol establece con
Aura de Carlos Fuentes, con “La cena” de Alfonso Reyes e incluso
con Los papeles de Aspern de Henry James. En todas estas obras l está
presente la figura de dos mujeres iguales, (a pesar de ser una joven
y la otra anciana); por otro lado, se encuentra un joven que tiene
relación con el pasado de ambas ancianas y que suele ser el marido
muerto de la anciana de la historia. Sin embargo, mientras que en
Aura y “La cena” el fantasma (por nombrarlo de alguna manera)
del marido está contenido en unos diarios o en una pintura, en
“Hacia Varsovia” se contiene en la urna con las cenizas del abuelo
del protagonista.
El tratamiento del tiempo a nivel narratológico también
es de destacar. Mieke Bal expone, en Teoría de la narrativa, una
introducción a la narratología (1990), cómo el tiempo es, en una de las
bifurcaciones, la secuencia lógica o la lógica de las secuencias cronológicas,
es decir, las conexiones que ocurren detrás de un acontecimiento, y
menciona como ejemplo “alguien que vuelve tiene que haberse ido
primero” (Bal, 1990:50). Esto es precisamente lo que ocurre en
este cuento de Pitol, al igual que en “La cena” y Aura, los personajes
protagónicos masculinos, en algún punto de la narración y a manera
de epifanía, se percatan de que son una especie de “reencarnación”
de otro hombre importante para las mujeres de cada uno de los
relatos. Si bien, en “Hacia Varsovia” no se toma tan explícitamente
como en los dos relatos antes citados, no significa que no sea de
esa manera. De hecho, él personifica el abuelo para ambas mujeres
en esta narración, lo que crea una atmosfera de reencuentro, tanto
con los restos de su abuelo como el rencuentro con la anciana, así
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continuamente se trata de recuentros con el pasado o el pasado
manifestándose en el presente.
Esto mismo es lo que ocurre con la figura de las ancianas,
tal y como lo menciona la anciana innombrada: “más que heredera
de una sangre en común, éramos la misma persona con dos rostros
distintos” (Pitol, 1998:161). Se reafirma así la idea de que la figura
de la abuela fallecida (y las cenizas del abuelo) simboliza el pasado
y la anciana innombrada viene a simbolizar el presente, porque no
es hasta que las palabras antes citadas son expuestas en el texto que
se revela ante el protagonista la relación que ella tiene con su abuela
muerta y, por lo tanto, él con ella. Él mismo lo indica, a través de
una anacronía, “hablaba con una pasión que sólo recordaba haber
conocido en otra boca, en otros labios igualmente trémulos, en
otra mirada del mismo modo trastornada” (1998:161). Mediante el
recuerdo, se reflexiona cómo el pasado viene a moldear y explicar el
presente como si de un círculo se tratara.
Siguiendo con las concepciones del tiempo, Henri Bergson
también explica que el pasado puede adquirir una dimensión propia
en donde existe por sí mismo y que se separa de nosotros, pero se
manifiesta en el presente por los mecanismos de memoria. Esto se
justifica en la narrativa proustiana: las cosas en apariencia inofensivas
desencadenan el recuerdo; por ejemplo: el sabor de una magdalena
denota en el protagonista sus tardes de verano en casa de su tía, y
Proust nos adentra al pasado mediante una narración de recuerdos.
Con esto se ejemplifica cómo la existencia pasada adquiere forma a
partir del presente, que a su vez es el resultado de nuestro pasado; esto
es reafirmado con la presencia de las anacronías antes mencionadas.
Si las recapitulamos, la primera está contenida en la descripción de
la anciana: cuando él se percata de que los botines utilizados por
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la mujer le recuerdan a unos semejantes que su abuela tenía en un
baúl. Aquí, además de dar pie al vaticinio, se está utilizando la elipsis
puesto que no indica la relación de los tres personajes; sin embargo,
automáticamente se establecen conexiones por el desencadenamiento
de la memoria, cosa que también sucede cuando la manera de hablar
de la anciana le recuerda al protagonista la manera en la que su abuela
hablaba; a partir de este último desencadenamiento de la memoria se
logra saber con certeza la relación de los personajes.
Es curioso, pero premeditado por Pitol, cómo las elipsis se
esclarecen a partir de la memoria para así conectar las relaciones:
con ellas se vuelve al pasado. Para este punto de la historia (el
desenlace), la revelación de que la anciana está conectada con la
abuela muerta (no sólo de manera consanguínea sino metafórica)
refuerza el tratamiento del tiempo en el relato, y otorga la impresión
de que se trata de un viaje y la falsa sensación de que el sentido está
contenido en el tratamiento del trayecto. Pero el tiempo parece ser
el principal protagonista sea el pasado o el presente.
Observaciones finales
El aspecto fantástico se percibe de inmediato en “Hacia Varsovia” y
se acreciente por la duda de si la realidad es tal y como el protagonista
la percibe, o se debe al malestar general que lo acongoja, o quizá a
causa de la embriaguez; de hecho, es la manera en la que la realidad
se percibe el elemento al que constantemente vuelve la narración para
plantar dudas como ¿quién es la anciana? o ¿por qué decidió viajar en
ese estado? Para, desde el inicio, dar a entender cómo el protagonista
no es quien está dirigiendo el relato, sino que él mismo es un elemento
más de la narración. De esta manera, parece ser que lo único de lo que
el protagonista está seguro es de su necesidad de dormir “el sueño
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era todo lo que se me ocurría desear” (1998:157); así, después de que
“cierra los ojos”, ocurre la fisura en la narración que ofrece el mundo
onírico y se adentra en la historia: y es ahí donde la concepción del
tiempo enaltece su importancia en la vida humana. Por otro lado, la
construcción narrativa utilizada por Sergio Pitol también refuerza
el sentido de este cuento. En particular: las estructuras clásicas que
evocan a narraciones griegas; al mismo tiempo, “Hacia Varsovia” se
desdobla en dos grandes espacios: sueño y realidad. Por ese motivo,
la imitación o re-presentación de la realidad y la ficción se desprenden
de la historia como elemento, ya que es fundamental para entender la
estructura del cuento y, por lo tanto, su significado. Cabe recordar que
la fisura crea una historia contenida dentro de otra historia, como si
se tratara de “cajas chinas” o “muñecas rusas”: estas desencadenan el
gran misterio de “lo que pudo ocurrir pero no ocurrió”, es decir, el
porvenir contenido en el sueño premonitorio; así es como se configura
la frontera entre la ficción y la realidad en la narrativa de Sergio Pitol.
Por ello, no es azarosa la dificultad creada para establecer cuando
empieza una y cuando termina la otra, sino que se debe entender
como parte del laberinto narrativo pitoliano.

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211

�Reseñas
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

La vida y la muerte en la concepción humana.
Brenda Navarro: Casas vacías,
México: Sexto Piso, 164 páginas.
Roberto García Soto
Universidad Autónoma de Nuevo León

Fecha de entrega: 09-06/-2022 / Fecha de aceptación: 13-09-2022

En alguna ciudad de México, Daniel fue raptado un día cualquiera
en un parque por la tarde; su madre quedó muy dañada mental y
físicamente. Las ganas de vivir se le han ido. En su “luto” recuerda
a su hijo desaparecido y su pasado atroz. Una incógnita recorre su
cabeza: ¿esto era lo que quería?, ¿debía perderme yo en lugar de él
ya que pensaba en abortarlo?, ¿la libertad regresó con tanto karma
que me devolvió mi tiempo solo para sufrir? Las incógnitas habitan
en su cabeza; poco a poco se destruye en soledad. Su condena es
respirar: no lo merece, y lo hace (Navarro, 2019). La culpabilidad
la carcome de manera física por fuera y todos sus allegados se
dan cuenta de su inevitable destino. Al otro extremo de la misma
ciudad, una mujer sufre ante su adversidad. No puede educar ni
cuidar bien a su hijo Leonel debido a que el infante tiene autismo.
Sufre violencia domestica por parte de su pareja y no le va muy bien
en su trabajo; además de que su familia no le brinda un apoyo, al
contrario, debe soportar sus críticas e indiferencia en cuanto a su
215

�Roberto García Soto / La vida y la muerte

precaria condición. La situación no es la mejor y se pregunta si tener
a Leonel fue una buena idea, pero ya es muy tarde, debe lidiar con él
y con todos los problemas que acarrea, no hay de otra.
¿Estas historias “ficticias” solamente son eso? ¿Pueden
ocurrir en la vida real? Claro que sí, son realidades de la vida cotidiana
para cientos o miles de mujeres en México y en toda Latinoamérica.
La ficción siempre se supera con la realidad, y más con lo surrealista
que puede llegar a ser en este país. La verdadera pregunta que habría
que hacerse es por qué se siguen suscitando casos como estos en los
modernos tiempos que vivimos.
En este breve acercamiento/resumen de la novela he
querido mostrar un poco de las dos partes que rigen la narrativa de
Brenda Navarro en esta obra. Dos gotas de agua que son diferentes
por unos cuantos átomos diminutos. En Casas vacías (2019) se
habla y se critica de dos realidades relacionadas con la maternidad
impuesta y autoimpuesta por la sociedad. Se muestran el dolor y la
pérdida, el daño mental y físico que sufren las mujeres ante la falta
de libertad; la lucha incesante que deben soportar día con día: el
dolor de vivir en general. Esta primera novela de la autora da cuenta
de su participación en la denuncia y crítica de temas referentes a la
maternidad y problemas que aquejan a la mujer en general.
En cuanto a Brenda Lozano, habría que recalcar que estos
asuntos no le son ajenos en absoluto. Nació en 1982 en Ciudad de
México, es socióloga y economista feminista por la Universidad Nacional
Autónoma de México. Realizó un máster en Estudios de Género,
Mujeres y Ciudadanía en la Universidad de Barcelona. Ha sido redactora,
guionista, reportera y editora. Es fundadora de #EnjambreLiterario: un
grupo de personas que buscan abrir espacios de difusión para voces
femeninas. Es una voz más que autorizada para concientizar sobre
216

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

estas problemáticas. Por otro lado, la obra fue publicada en 2018 por la
página web Kaja Negra, una editorial independiente para después pasar
a manos de la Editorial Sexto Piso en 2019.
Un primer gran acierto de la novela consiste en no darles
nombres a las protagonistas de su historia, ya que con esta acción
se crea un sentimiento de empatía todavía mayor que si tuvieran un
nombre. La identificación con su pesar es instantánea y su dolor
habita en los huesos del lector de una manera tan cercana que
pareciera los rompe en miles de pedazos. A partir de este punto
nos sumergimos en su narrativa cortante y directa, describiendo
sin censura los horrores que las dos mujeres sufren en cuanto a su
relación con la maternidad en la sociedad.
Otro gran acierto, este en el plano de la narración, tiene
que ver con la confección de dos estilos completamente diferentes
para cada protagonista de la novela. En primer lugar, la narrativa
nos comunica el perfil de una mujer de mediana edad que sufre la
pérdida de su hijo menor, y comparte sus reflexiones en un monólogo
interno emergiendo desde el epicentro de las emociones, el dolor y
la rabia. “Te imaginas que un desaparecido es un fantasma que te
persigue como si fuera parte de una esquizofrenia” (Navarro, 2019).
Este monólogo utiliza un lenguaje estándar acompañado de recursos
retóricos donde se presentan las metáforas, y en algunas ocasiones la
aliteración. De esta manera, el primer perfil presentado por la novela
conlleva un lenguaje estándar que se vincula con el lenguaje poético,
creando así una sinergia que culmina en la prosa poética.
La internación del monólogo se divide como en una especie
de fragmentos por el texto. Así como la autora nos presenta sus
reflexiones en torno a lo sensible y después desarrolla su ambiente
material, pero vuelve y culmina con una frase encerrando a su vez
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-38

217

�Roberto García Soto / La vida y la muerte

el sentimiento que lo origina. Sus pensamientos y reflexiones son
extractos de la conciencia que nos habla, y a su vez, fluye de manera
fragmentada. Estos fragmentos se distinguen por bosquejar la silueta
de un buitre al volar. Al vislumbrar las imágenes sombrías, el lector
comprende que la reflexión ha concluido y empezará otra. Termina
en una frase de su prosa poética que demuestra la idea principal del
texto originada por un sentimiento. Una de ellas, por ejemplo, es
cuando piensa que la lactancia es el reflejo de las madres que quieren
ahogar a los hijos ante la imposibilidad de no poder comerlos. En
una de sus reflexiones describe cómo la madre “ofrece el pecho
no solo por instinto sino por el deseo obliterado de acabar con la
descendencia antes de que sea demasiado tarde” (Navarro, 2019).
El segundo perfil nos presenta la narración de una mujer
sufriendo de constante violencia familiar. Nos relata a una mujer tan
inmersa en los roles de género: anhela ser madre; lo desea a tal punto
que este anhelo le acarrea consecuencias. Su entorno está marcado
por la violencia, y ésta va creciendo en el epicentro de una familia
disfuncional. Ella aceptando la constante agresión ejercida por su
pareja, además de padecer la presión por el hecho de ser madre. “Ella
solo quería una mujercita distinta que no se dejara de nadie pero que
fuera amorosa, ¿por qué eso podía ser malo?” (Navarro, 2019). La
narrativa de este segundo perfil se distingue por su lenguaje que
media de lo estándar a lo vulgar, y se caracteriza por el uso constante
de palabras altisonantes y mexicanismos abundantes. El texto llega
a tener más fluidez por la sencillez de su lenguaje; la voz narrativa
de Brenda Navarro utiliza oraciones largas o demasiado cortas,
con más descripciones del lugar y de la violencia ejercida; pero no
habla tanto de sus sentimientos como el perfil de la primera mujer.
Los párrafos, oraciones y hasta los capítulos son mucho más largos
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-38

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

debido a las constantes descripciones de las acciones ejercidas sobre
el personaje, el lugar que habita y el entorno violento en el que vive.
A pesar de los extensos párrafos, cada frase y renglón poseen
más sencillez por el acertado uso del lenguaje coloquial. Aquí no se
reflexiona sobre las emociones; sin embargo, el trasfondo de cada
descripción y cada frase acarrea una interpretación originada por
un sentimiento de dolor y rabia. Las dos mujeres comparten la
desesperación, a pesar de los abismos lingüísticos de la narración;
se distinguen por la narrativa del entorno, los acontecimientos y los
tipos de violencia que afectan a las mujeres de diferente manera.
Un aspecto para resaltar es que la novela sirve como un
medio de denuncia. Señala las problemáticas que enfrenta la mujer
en cuanto a la maternidad y las relaciones sociales, donde siempre
deben cumplir un rol específico. La maternidad, nos explica, suele
ser en ocasiones muy difícil para algunas mujeres que no cuentan
con el apoyo necesario ni la fuerza mental y física suficiente para
soportar tal carga. También sugiere que deben soportar los prejuicios
de una sociedad machista que las somete a sus ideales. Las mujeres,
nos sugiere, necesitan tomar el control de sus vidas en situaciones
tan delicadas como el embarazo y la libertad de elegir si desean
o no tener al bebé. También recalca la necesidad de respetar sus
derechos y en la urgencia de crear nuevas sociedades donde exista
realmente la posibilidad de que ellas tomen sus propias decisiones
para sentirse seguras y poseer el destino de su futuro, como por
ejemplo la decisión de ser madre (Barrantes &amp; Cubero, 2014: 36).
Tal vez el único reproche que podríamos esgrimir en torno
a esta la novela sería el ensimismamiento en que a veces cae la voz
narrativa: y sus divagaciones en torno a la maternidad y a la vida en
general. Por un lado, la primera mujer no quería tener un embarazo,
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-38

219

�Roberto García Soto / La vida y la muerte

lo acepta por un capricho y al final sucumbe ante sus deseos. En
el segundo caso, ella desea tener un hijo para obtener al fin un
gramo de felicidad, su dependencia y presión social por ser una
mujer respetable mediante un primogénito la hace cometer delitos
con tal de obtener lo que quiere. Ahora bien, puede que la autora
haya hecho esto para concientizarnos sobre la desesperación que
sufren las mujeres, y hasta qué extremo pueden llegar para intentar
cambiar su situación. Puede que, en ese ensimismamiento que
aparentemente contiene la obra, solo observemos nuestros propios
prejuicios y razonamientos machistas, porque al fin y al cabo, ellas
son las responsables de sus acciones y de su felicidad.
Por último, cabe recalcar el aspecto existencialista que se
puede notar en el primer perfil, esos pensamientos cargados de
pesimismo y muerte nos brindan dos posibilidades: dejar la lectura
en el acto o proseguirla con más entusiasmo y morbo. Y es que
se puede sentir su dolor, su agonía, la desesperación de no poder
hacer nada frente la pérdida de una parte del alma que se pensaba
no afectaría si se iba o nunca se presentaba. “Piensa que hay
personas que no debieron ser madres, se incluye entre ellas, Dios
debió pensarlo mejor antes de crear a dichas progenitoras, debió
esterilizarlas” (Navarro, 2019).
En conclusión, la novela Casas Vacías (2019) de Brenda
Navarro muestra las espantosas situaciones que debe soportar la
mujer, tales como el embarazo no deseado, la maternidad, prejuicios
y reglas de una sociedad patriarcal, violencia física y psicológica.
Como medio de denuncia es un buen aporte por la forma en que
muestra la problemática. Su objetivo de crear conciencia cumple al
mostrar situaciones que puede padecer cualquier mujer. La escritora
nos presenta una novela corta, en donde la ficción y la narración
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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

están congeniadas con el fin de hacernos partícipes de la trama.
Podría definirse como un tipo de confesionario donde, de manera
descriptiva, las voces narrativas nos van contando algunos de sus
pensamientos y recuerdos. La lectura de esta obra es una magnífica
oportunidad para adentrarse en la narrativa de Brenda Navarro,
además de obtener una mejor comprensión de la situación de la
mujer en cuanto a diversos problemas sociales que la afligen.

Referencias
Barrantes, K., &amp; Cubero, M. (2014). “La maternidad como un
constructo social determinante en el rol de la feminidad”.
Wímb lu, revista electrónica de estudiantes. Escuela de
Psicología, Universidad de Costa Rica. Costa Rica. 13 de
febrero de 2014. 9(1): p. 29-42. https://dialnet.unirioja.es/
descarga/articulo/4942668.pdf
Navarro, B. (2019). Casas vacías. 2ª edición. Sexto piso. Narrativa.
México. 164 páginas.

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-38

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�Reseñas
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

Raquel G. Gutiérrez Estupiñán, Jaime Villarreal
y Miguel Sáenz (eds.), Encuadres
del discurso cinematográfico (eds.),
Puebla / Monterrey: CUAP-ICSyH / UANL, 2022.
Diana Hernández Suárez1
IIB, UNAM

Fecha de entrega: 16-07/-2022 / Fecha de aceptación: 13-09-2022

Uno de los grandes y principales enfrentamientos teóricos
sobre el discurso en la segunda mitad del siglo XX se dio entre
el estructuralismo y el historicismo. El enfoque estructuralista
adquirió una singular importancia sobre lo histórico como
valor epistemológico, toda vez que éste supone que todo hecho
sociológico debe estar enmarcado, en tanto fenómeno lingüístico,
dentro de la sincronía diegética, que es evidentemente ahistórica y
antisubjetiva. De esta forma, todo fenómeno cultural y la cultura
misma son susceptibles de ser estudiados a partir de diversos
niveles de “estructuras” a las que se ancla el comportamiento y el
pensamiento. Tal inclinación resta especial agencia a lo humano
y a su derrotero histórico, pues no hay un “yo que habla” ni un
1 UNAM, Becaria del Programa de Becas Posdoctorales de la UNAM,
Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Asesorada por el Dr. Pablo Mora
Pérez-Tejada.

223

�Diana Hernández Suárez / Encuadres del discurso cinematográfico

“yo que piensa” (Foucault), sino una situación diegética –que bien
puede tener un referente humano o maquínico– que se encuentra
articulada por la estructura de cierto lenguaje. El giro lingüístico es el
fundamento teórico de los alcances estructuralistas y de la expulsión
de toda dimensión histórica y humana del método científico de lo
narrativo. Tal inclinación estructuralista y sus derivados semióticos
y narratológicos han sido interpretados por algunos críticos como
una “malversación disciplinaria estricta” –la trampa Jakobson–,
fundamentada en que la Lingüística es la disciplina que engloba todo
fenómeno material-humano. Esta operación establece una relación
crítica de todas las disciplinas a partir del lenguaje, denominando
poética a toda intensión estructural de la obra, dejando de lado la
techne de la Poética, relegando así la Retórica a lo imprescindible
para garantizar una función lingüística y, finalmente, anulando
completamente la Estética como elemento de valoración crítico
ante un objeto de arte (Aullón, 2013: 25). El objeto artístico es
reducido en ocasiones a una suerte de “dispositivo material” cuya
complejidad es sólo susceptible de ser analizada y valorada a través de
su estructura, independientemente de su valor estético, ideológico,
histórico, antropológico, social o tecnológico.
El libro Encuadres del discurso cinematográfico (2022), editado
por Raquel G. Gutiérrez Estupiñan, Jaime Villarreal y Miguel Sáenz
se inserta claramente en la discusión teórica entre el estructuralismo
y el historicismo, y aún más, en la búsqueda por superar dicha
problemática a partir del análisis del discurso cinematográfico. Uno
de los aportes sustanciales de este libro a la discusión teórica de
los estudios del cine es, sin duda, la noción de intermedialidad o
mediación del “dispositivo” artístico –el filme– en la construcción
del mundo (en términos hegelianos), que algunos de los capítulos
224

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

aquí recopilados utilizan como marco teórico. No obstante, este
libro resulta fundamental sobre todo para conocer el estado del
arte de los estudios audiovisuales en México. Hay que destacar
también la importante labor de coordinación de los editores,
ya que la organización de los capítulos recabados en este libro
motiva la discusión a manera de problema teórico y filosófico de
los estudios cinematográficos a partir del estructuralismo frente al
enfoque filosófico-estético (historicismo). Eso es extensivo incluso
a aquellos trabajos que suponen que la obra de arte es un hecho
lingüístico, por lo que al igual que cualquier otra forma del lenguaje,
es posible estudiarla como parte de la semiótica. El libro se divide
en dos grandes apartados rectores: “El cine entre textos” y “El cine
entre discursos”. El primero atañe a los trabajos relacionados con
el análisis narrativo, intertextual y de transposición de sentidos. El
segundo, a los cruces y transferencias de los discursos filosóficos,
políticos, sociales, etc., en la construcción cinematográfica. Este
segundo apartado atiende la compleja construcción de discursos
epistemológicos subyacentes al sentido general de la representación
cinematográfica, más allá de la construcción de una trama o de la
adaptación. Sin embargo, en ambos casos es posible encontrar una
noción de intermedio –In between o Zwieschenraum– que establece la
problemática sobre los procesos de configuración, significación y
redistribución del medio.
El primer apartado abre con el trabajo de Raquel G.
Gutiérrez Estupiñán y Alan Paul Vergara Vallejo, “Comprensión y
expansión en Atonement (novela y filme)” en el que los autores se
proponen mostrar los recursos técnicos en la traslación del discurso
entre un medio y otro, atendiendo de manera muy precisa a las
posibilidades tecnológicas. Una de las principales preocupaciones
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

225

�Diana Hernández Suárez / Encuadres del discurso cinematográfico

de este trabajo se basa en analizar la capacidad referencial de los
recursos discursivos y su trasfondo argumental. Sin caer en los
excesos de la teoría estructuralista, en este trabajo se demuestra
con suma precisión todos los procesos intermediales que se dan
en la adaptación entre la obra textual y el filme. Es destacable de
este capítulo la reflexión sobre las posibilidades de representación y
configuración psicológica de los personajes en uno y otro medio –el
textual y el fílmico–, así como la importancia de la metaficción y la
metarreferencialidad de la escritura frente al discurso multimedial
del cine. Los autores reconocen que en el cambio de soporte se
presenta en primera instancia un problema filosófico, pues los
límites ontológicos frente a la realidad de la escritura y el filme están
fraguados principalmente en el cambio de código.
El capítulo “Memento y la reinvención del policial”, de Jaime
Villarreal, se caracteriza por una redacción ágil y por un marco
teórico actualizado abocado a vincular los estudios audiovisuales
con la tradición letrada de circulación masiva, que encuentra sus
bases en el siglo XVIII, pero que adquiere un papel central en la
cultura durante el siglo XIX. De la mano de Jesús Martín-Barbero,
el autor analiza la discusión teórica desde una perspectiva histórica
y culturalista para mostrar el trasfondo social de la construcción de
género policial en el cine, centrando su análisis en la psicología de
los personajes. Dentro de las discusiones teóricas, el aporte central
de este trabajo está en la comparación del “héroe” entre el policial
periodístico textual y la representación fílmica. Villarreal analizar la
construcción ficcional en ambos soportes a partir de rasgos morales
anclados en aspectos históricos, sociales, culturales y, sobre todo,
tecnológicos. Señala, además, que el policial se relaciona con la
tecnificación de la modernidad, cuyo máximo exponente habría sido
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

finalmente el cine: “El repertorio y registro melodramáticos fueron
claves en la transición de la cultura popular moderna a la cultura
de masas tecnificada de la que el cine es una instancia ejemplar”
(Villarreal, 2022: 67).
Otro capítulo fundamental en la reflexión sobre las
producciones fílmicas es el trabajo de Miguel Sáenz, “El cine de
autor como arte del entretenimiento. El autor implícito en tres
obras esenciales de Ridley Scott”. En este texto se denuncia la falta
de una metodología sólida y concluyente que analice las formas
narrativas de las producciones cinematográficas, condicionadas más
por las posibilidades técnicas que por aspectos teóricos, fuera de
los postulados estructuralistas. Y el autor agrega, específicamente
para sus intereses de estudio, que la categoría de autor implícito ha
sido pensada, de forma casi forzada, como un “aspecto formal del
relato, siendo que, en realidad, se manifiesta en niveles distintos de
cualquiera de las tres dimensiones del relato” que tradicionalmente
se proponen por la narratología (100). Sáenz con esta propuesta
busca mostrar la superación de la teoría anquilosada que supone que
la narratología divorcia al autor de la obra, con el fin de demostrar
el “autor”, más que recuperar la noción de autoridad, adquiere el
matiz de “espacio de experiencia” que se construye gracias a la
intermediación entre obra-receptor y una confusión de miradas
en la relación dialéctica que establece el cine. Este enfoque resulta
muy interesante, aunque no supera el problema del historicismo
que sí plantean los dos capítulos anteriores. El autor identifica las
dificultades teóricas del estructuralismo para dar profundidad y
alcance a su planteamiento. Señala: “parece que sería oportuno -si
no necesario- renunciar a la posibilidad de que funcione como una
especie de estructura formal del medio literario o cinematográfico”
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

227

�Diana Hernández Suárez / Encuadres del discurso cinematográfico

(107), por lo que cabría preguntarse por qué Sáenz no retoma la
teoría postestructuralista para analizar la “situación narrativa” que
produce el autor como categoría teórica, concepto que resulta en
suma pertinente para pensar la relación entre cine y textualidad.
El trabajo de Hortencia Ramón Lira, “Las relaciones
intertextuales entre La fin de Napoleón À sainte-hélène (Pick,
1929) y Napoleón (Ludwig, 1906/1956)” es un análisis intertextual
entre el filme y la biografía que retoma los fundamentos de la teoría
general de Gérard Genette sobre la transtextualidad para analizar
las formas de representación entre el discurso textual y fílmico en
torno a la figura de Napoleón Bonaparte. Si bien la intención de la
autora es analizar el tiempo histórico del relato, y su representación,
a partir de algunas propuestas de dialogismo de Bajtín, tomando
como base el análisis estructuralista, se limita a analizar los
acontecimientos históricos como “formas artísticas” (152), dejando
fuera la oportunidad de teorizar sobre la representación del tiempo
y de la noción de Historia entre uno y otro medio. En el mismo
orden de ideas, “La intertextualidad metaficcional como crítica del
cine y sus creaciones”, de Roberto Domínguez Cáceres, plantea la
representación como un juego complejo de cajas chinas en las que
hay una relación entre la metaficción y la naturaleza “especular de la
imagen cinematográfica” (172). El argumento se centra en analizar la
representación de diversos discursos que atraviesan la materialidad
fílmica como una propuesta de intertextualidad, concepto retomado
principalmente de Genette. Particularmente resulta un trabajo muy
productivo toda vez que realiza un esfuerzo comparatista entre
las diversas formas de reproductibilidad. El autor se interesa por
reflexionar sobre los alcances estéticos del cine cuando hay de
por medio un proceso de adaptación de una obra literaria o un
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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

“antecedente” de representación textual diferente al guion, por lo
que propone deslindar el filme de cierta condición de fidelidad al
“original” –el texto–, para permitirle una construcción simbólica
independiente a partir de sus propias posibilidades técnicas, lo que
llevaría a pensar que la obra fílmica, como artefacto estético, es un
“referente de referencias” (173) autónomo y original en sí mismo al
tratarse de un cambio de códigos.
Finalmente, este aparto cierra con el trabajo de Flor de Liz
Mendoza Ruíz, “La nueva narrativa cinematográfica en La vida ante
sus ojos (2008)”, trabajo en el que analiza la disposición estructural
y los efectos que ésta debería implicar para los espectadores. Se
trata de un entramado estructural muy detallado y minucioso, que
ejemplifica con claridad la teoría narratológica de la fragmentación,
incluso dentro de un “discurso” fílmico.
El segundo apartado, “El cine entre discursos”, abre con la
compleja aportación de Fernando Huesca Ramón, “Post tenebras lux:
un estudio de caso desde la estética institucionalista de Hegel”. Se
trata de un trabajo que busca estudiar el cine dentro de un marco
de interpretación Estética a partir de los postulados hegelianos.
Desde una concepción plenamente filosófica, el autor entiende que
en este concepto se articulan nociones jurídicas, morales, sociales,
económicas, políticas y filosóficas que dan definición al hombre
como ente cultural-social, por tal razón, pensar en una estética
institucionalizada, así como su relación con la “eticidad” permiten
un anclaje teórico para realizar interpretaciones filosóficas del arte.
Hay que señalar, además, que esta revisión permite vincular los
aspectos teóricos del arte con los rasgos históricos del objeto de arte.
Por otro lado, cabe decir que el planteamiento de este texto resuelve
en buen parte los planteamientos expuestos en este volumen, pues
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�Diana Hernández Suárez / Encuadres del discurso cinematográfico

Huesca muestra, por medio de un complejo análisis de las ideas
estéticas de Hegel, que el arte es en sí “un instrumento cognitivo”
irreductible a la estructura, pues engloba tanto los aspectos de la
forma –la materialidad que encarna la cualidad sensible a partir
de sus posibilidades técnicas- con la compleja composición social,
jurídica, cultural e individual del espíritu, rasgo artístico superior a la
naturaleza. La finalidad del objeto estético es, entonces, “presentar a
los sentidos y a la cognición lo esencial de lo antropológico, lo social,
lo económico y lo político” (251). En esta caracterización compleja
del cine como objeto estético, el autor no puede dejar de señalar
la diametral distancia que existe entre el arte de “consumo como
mercancía” y el cine artístico. Si bien esta cuestión representa otro
problema sobre la Estética y el propio origen de la disciplina, vale
la pena resaltar el acierto del autor al no colocar una pieza artística
a la misma altura cultural de una comercial a partir de su estructura.
En concordancia con el artículo de Huesca, Nino Angelo
Rosanía M. y Karen Cárdenas Almanza, en su texto titulado
“Cine y filosofía”, se preguntan sobre el cine filosófico frente a la
implementación académica de otros tipos de categorías usadas
para la cinematografía. Los autores parten de dos criterios propios
del cine para hablar de sus capacidades filosóficas: la Estética y la
Epistemología. Se trata de una reconstrucción crítica de la discusión
sobre el cine como filosofía. Resulta significativo el diálogo que
establece con el capítulo anterior, pues mientras Huesca considera
que el cine puede constituir un objeto estético, susceptible de un
complejo análisis filosófico, los autores de este capítulo rebaten el
principio de reflexión o análisis filosófica a partir de la noción de
“dispositivo”, que puede ser filosófico o artístico. Esta discusión
remite directamente al problema del arte como un conjunto
230

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�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

complejo de representación, que no puede reducirse a aspectos
meramente formales o miméticos, sino que involucra una serie de
complejos procesos de representación de la representación hasta
constituir un mise en abyme teórico y referencial. A dicha discusión
habría que agregar que las manifestaciones artísticas pueden ser
expresiones del pensamiento filosófico y, por lo tanto, un filme puede
involucrar tantos rasgos de reflexión epistemológica y estética, así
como ontológica, tal como señalan los autores del primer capítulo,
y, por lo tanto, derivar en un ensayo filosófico propiamente dicho.
Diversos ejemplos hay en la tradición filosófica, baste recordar
el cuadro de Paul Klee y la reflexión histórica que realiza Walter
Benjamin, no obstante, resulta aún complejo, sin un andamiaje
teórico sólido extender de tal manera la noción de ensayo para que
un producto cinematográfico pueda ser pensado, en sí mismo, como
ensayo filosófico. Un ejemplo concreto de la discusión anterior en
este libro es el trabajo de Liliana García Rodríguez, “La expresión
del deseo: Psicoanálisis y Surrealismo en Un perro andaluz”. Se trata
de una revisión crítica de la “poética” surrealista de Buñuel.
Aparentemente el texto de Yolanda Mercader Martínez,
“Transexuales, transgéneros y travestis. Presencias de identidad
genérica en el cine mexicano” se encuentra en otro orden de ideas,
pues se trata de un aporte significativo para los estudios culturales
a partir de una metodología marcadamente antropológica y desde
la perspectiva de género. La autora piensa el cine como un espacio
de crítica, pero también de estandarización y reforzamiento de
imaginarios sociales a partir de un entramado estético: “a través
de su narrativa e imágenes, ha impuesto su concepción del mundo
asignando un puesto al que lo produce o al que lo recibe, permitiendo
a las mujeres y a los hombres contemplarse en la imagen que se les ha
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

231

�Diana Hernández Suárez / Encuadres del discurso cinematográfico

asignado y conocer dónde están situados, es decir, el cine descubre
el mecanismo de la diferencia sexual en nuestra cultura” (352). La
aportación de este texto es muy significativa, ya que realiza un análisis
pormenorizado de los discursos atraviesan las representaciones y,
por lo tanto, construyen categorías organizadoras o epistemológicas.
Este rasgo guarda una especial relación con la reflexión filosófica
con la que abre el apartado, pues al realizar el estudio histórico logra
anclar la discusión con una gran eficiencia al plano social, que la
autora llamada “integración cultural”, a partir de una crítica de las
categorías organizadoras (la episteme) y la configuración estética.
Por último, el libro cierra con un artículo de Lauro
Zavala, titulado “Una glosemántica narrativa para la traducción
intersemiótica”, propuesta a partir del modelo de Louis Hjelmslev.
El autor busca una resolución a la discusión sobre la adaptación
a partir de una “metafísica de origen” –hipertexto– que
propone la intertextualidad, como parte de una transtextualidad,
independientemente de si se trata de un aspecto pretextual o
architextual. Como si se pensara en una estructura circular, el
trabajo de Zavala a la vez sintetiza las discusiones propuestas en
este libro al circunscribir la discusión a dos grandes aspectos: “un
debate metodológico sobre la relevancia de las aproximaciones
humanísticas (entradas en el empleo de los elementos formales del
lenguaje audiovisual) y las aproximaciones sociales (centradas en la
dimensión ideológica de los contenidos narrativos)” (384). Pero a la
vez, vuelve a poner sobre la mesa la discusión entre el estructuralismo
y el historicismo. El autor relaciona el estudio cinematográfico con
el giro lingüístico y lo ciñe a la relación significado y el significante,
a partir del cual se desarrolla el sistema glosemático para estudiar el
signo pa partir de la “expresión” y el “contenido”. En estos términos
232

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

teóricos, la relación-interrelación de discursos son susceptibles de
una “traducción semiótica” independientemente del medio o la
materialidad, de forma que la filosofía, la pintura, la arquitectura,
la literatura y el mismo cine son entendidos como sistemas de
signos del lenguaje (389). En otras palabras, toda mediación puede
ser entendida como transposición y, por lo tanto, como traducción
semiótica.
Conciliar el análisis del discurso en el cine con sus alcances y
posibilidades filosóficas es el objeto de este libro. Cabe señalar que
algunas de las discusiones planteadas de forma puntual en algunos
capítulos, así como de forma implícita en la disposición de todo
el libro, encuentran una relación clara con enfoques relativamente
recientes sobre las producciones mediales, que van más a allá del
cine para enfrentarse a nuevas formas de representación audiovisual
sin referentes, de allí la importancia de que diversos trabajos de este
libro aún tengan como problema la construcción del mundo a través
de la representación y su relación con la realidad, cada vez menos
“original” y más autorreferida.

Referencias:
Aullón de Haro, Pedro. Escatología de la crítica, Clásicos Dykinson,
Madrid, 2013.
Foucault, Michel. La arqueología del saber, trad. Aurelio Garzón del
Camino, Siglo XXI, México, 2010.

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-41

233

�Reseñas
Humanitas, vol. 2, núm. 3, 2022

Escritores Neoloneses Emergentes:
Ab animalibus/Volumen 1,
Monterrey: UANL, 2022, pp. 120.
Carlos Rutilo
UANL

Fecha de entrega: 12-09/-2022 / Fecha de aceptación: 13-09-2022

Ab animalibus/Vol. 1 (2022) es una antología que reúne once relatos
de escritores que, de alguna forma u otra, pertenecen al estado de
Nuevo León. Fue publicada por la reciente Editorial de Escritores
Neoleoneses Emergentes, en coedición con la Casa Universitaria
del Libro, a través de la Editorial Universitaria de la UANL. Cada
una de las narraciones se valen de diferentes recursos estilísticos
para revelarnos la variedad de inquietudes que anidan en la
literatura escrita en el norte de nuestro país. El punto de partida
(o de llegada) de los textos tiene que ver con el cuerpo o la piel
de algún animal vertebrado: material que los narradores utilizan
para poder contarnos sus respectivas historias. Veamos el listado:
“Huele a trufa” de Mónica Ceballos, “Eli es un gato” de Roberto
Arreozola, “El vagabundo” de César D. Machuca, “Mi abuela es
una ballena” de Mariena Padilla, “Alyas (Ouroboro)” de Leonardo
Rangel, “Miocardio de S. scrofa” de Felipe Saavedra, “Cabrito al
pastor” de Manuel Herrera, “Egoísmo” de Ricardo Pérez López,
235

�Carlos Rutilo / Escritores Neoloneses Emergentes

“El Abado” de Blanca I. Villalobos Mancha, “El reflejo nocturno”
de Alma Sánchez y “Al norte” de Jorge Hernández López. Junto a
ellos, los acompañan las ilustraciones de Diego Cotera y el ensayo
“Hacia una poesía del cuerpo”, una propuesta poética del creador,
narrador y académico Eliseo Carranza Guerra, que hace las veces
de prólogo o estudio preliminar. Carranza logra guiarnos hacia una
idea más amplia y general de la presente antología:
Los once textos aquí antologados están hilvanados bajo el imperio
de ciertos modos de entender el cuerpo y con esos modos decir
algo acerca de nuestra posible naturaleza. Y, para ello, los once
autores decidieron partir de una misma concepción de la realidad.
(2022: 8)

El libro no teme desafiar las convenciones y de manera
íntima nos motiva a leer el mundo a través de las distintas miradas
sobre el cuerpo. Y al decir cuerpo estamos apelando a la condición
escatológica y efímera de lo humano, condición que la literatura ha
conseguido expresar en incontables historias, haciendo uso, entre
otros materiales, de la memoria y su relación con sórdidos entornos
y la naturaleza misma, que casi siempre nos guarda su secreto para
revelárnoslo hacia el final.
Debo destacar también que algunos de los textos de la
antología, como “Huele a trufa”, “Eli es un gato”, “El vagabundo”
y “El reflejo nocturno”, entre otros, logran transitar entre las
fronteras de lo fantástico, o de lo maravilloso, e inclusive juegan
con las alegorías a través de un cuidadoso trabajo con el lenguaje
poético, que cada narración sabe mostrar a su manera:
Estoy seguro de que Eli es un gato. La veo todos los días
convertida, paseándose sobre la barda de mi casa y a veces trato

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DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-43

�Humanitas, vol. 2, núm. 3, julio-diciembre, 2022

de hablar con ella, pero no me contesta. Mi mamá ya no se ríe y
ahora me pregunta por qué digo que la gata blanca es mi hermana,
pero es obvio: tiene los ojos grises como Eli y es blanca como
ella… (23)

Pero tampoco debemos perder de vista “Cabrito al pastor”,
que juega con la historia neoleonesa para relatarnos una narración
fragmentada, como si fueran los miembros de un animal, y
nos muestra el dolor desde otra perspectiva: “Sólo era rumiar la
cotidianidad, mascar la soledad y triturar su propia muerte cada día”
(22). La cotidianidad también es un tema constante y se disecciona
de distintas formas, como es el caso de “Miocardio de S. scrofa”,
cuyo narrador afirma que el “[…] corazón apesta como apestará
todos los corazones en algún momento…” (52); o el de “Alyas
(Ouroboro)”: “[…] me bastará decir que por un tiempo existí entre
ligeras intermitencias traslúcidas de sus reflejos…” (44).
Aunque la antología sea breve, por la cantidad de páginas, no
deja de ser un proyecto de altura, que logra concretarse al mostrarnos
la calidad de cada uno de los narradores emergentes de estos relatos.
No olvidemos que a partir de los sueños suelen surgir grandes ideas,
y éstas pueden consolidarse en obras que nos ayuden a conocer las
inquietudes de las nuevas generaciones y sus propias maneras de
trabajar con la literatura.
Ab animalibus/Vol. 1 es prueba y constancia: nos confirma la
consolidación de estos jóvenes editores que empezaron a cimentar
su propio camino con la publicación de las antologías electrónicas
Elementum (2020, con prólogo de Roberto Kaput) y Finis Mundi
(2021, con prólogo de Antonio Ramos Revillas). Leerlos es una
nueva forma de volver a encontrarnos frente al mundo en tiempos
de crisis, donde la incertidumbre también puede ser vista a través
DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-43

237

�Carlos Rutilo / Escritores Neoloneses Emergentes

de los ojos de los ojos de la literatura para decirnos, o revelarnos,
nuevas cosas.
Por último, me atrevo a decir que las miradas y las voces de
quienes han formado, forman y formarán parte de este proyecto
darán mucho de qué hablar en el futuro de la literatura escrita
en nuestro territorio y en nuestra lengua. La constancia de sus
respectivos trabajos es algo que no podemos dejar pasar de largo.
Enhorabuena por este primer volumen impreso, enhorabuena por
Ab animalibus y por los libros que están por venir.

238

DOI: https://doi.org/10.29105/humanitas2.3-43

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                    <text>�D.R. 2022 © Humanitas Vol. 1, No. 2, enero-junio 2022, es una publicación semestral editada por
la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de Estudios Humanísticos,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte,
Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000
Ext. 6533. https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable: Víctor Barrera Enderle. Reserva
de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100-102, ISSN en trámite, ambos ante el
Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este
número: Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia
Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación de
22 marzo de 2022.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Celso José Garza Acuña
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle

Autores
Mario César Islas Flores
Gonzalo Rojas Canouet
Michelle Monter Arauz
Lluvia Olvera
Omar Armando Paredes
Joseph Amauri Cardona Mora
Valeria Vazquez Elizaldi
Magdalena López
Isabel Alcántara Carbajal, Álvaro Ernesto Uribe Hernández
Francisco Gerardo Tijerina Martínez
Adbeel Darío Duarte Hernández
Roberto Kaput González Santos
Carlos Rutilo Aguilar
Esnedy Zuluaga
Leonardo Pérez Díaz
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales

Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la fuente. Las opiniones
vertidas en este documento son responsabilidad de sus autores y no reflejan, necesariamente, la
opinión de Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo
Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y EstudiosLiterarios
http://humanitas.uanl.mx/
Espacialidad e itinerarios en la cuentística de
Mario Levrero
Spatiality and itineraries in the short stories of
Mario Levrero
Mario César Islas Flores
Universidad Autónoma de Sinaloa

https://orcid.org/0000-0002-8076-6529
Fecha entrega: 06-11-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo
León, México.
Copyright: © 2022, Islas Flores, Mario César. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-1
Email: islas_flores@hotmail.com

�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Espacialidad e itinerarios en la cuentística de Mario
Levrero
Spatiality and itineraries in the short stories of Mario
Levrero
Mario César Islas Flores
Universidad Autónoma de Sinaloa
Fecha de entrega: 6-11/-2021 / Fecha de aceptación: 11-2-2022

Resumen. En una significativa cantidad de cuentos de Mario Levrero los
desplazamientos son frecuentes y cruciales. Se trata de itinerarios emprendidos de forma voluntaria o, por el contrario, forzados por alguna circunstancia que los torna imperativos, incluso, al grado que de su concreción
depende la pervivencia personal o colectiva. Pero, sea que el trayecto tenga
un carácter iniciático o una finalidad tan precisa, como supervisar la disposición del mobiliario de la propia vivienda o la obtención de un refugio,
los pueblos o ciudades que fungen como punto de partida o arribo desempeñan un rol protagónico. Es decir, no son meras escenografías en las que
están enmarcados los acontecimientos, sino que en buena medida tornan
inteligibles a estos. El objetivo del presente ensayo es explicitar la importancia cardinal jugada por la espacialidad en la cuentística levreriana a la par
que se profundiza en los problemas derivados de su reciente compilación,
pero también, trazar ese desplazamiento nada infrecuente entre la cuentística
y la ensayística autobiográfica del escritor uruguayo.
Palabras claves: espacialidad, cuento, autobiografía, biografía, ensayística

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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

Abstract: In a significant number of Mario Levrero’s stories, displacements are frequent and crucial. These are itineraries undertaken voluntarily or, on the contrary, forced by some circumstance that makes them imperative, even to the extent that personal
or collective survival depends on their realization. However, the
towns or cities that serve as a starting or arrival point play a leading role, whether the journey has an initiatory character or a precise purpose -such as supervising the arrangement of the furniture
in one’s home or obtaining a shelter-. That is to say, they are not
mere scenographic frames in which events take place, but to a large extent, they make them intelligible. The objective of this essay
is to make explicit the cardinal importance played by spatiality in
the Levrerian short story while delving into the problems derived
from its recent compilation, but also to trace that not uncommon
displacement between the short story and the autobiographical
essay of the writer Uruguayan.
Keywords: spatiality, short story, autobiography, biography, essay

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-1

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Punto de partida
La de Mario Levrero es una obra que, a partir de la publicación
póstuma de La novela luminosa (2008) ha sido objeto de una
creciente atención. La aparición de sus Cuentos completos (2019)
se inscribe en esta revaloración editorial y crítica hacia los
múltiples registros del literato y ensayista uruguayo, quien, sin
duda, ha devenido en una de las figuras emblemáticas de las letras
hispanoamericanas de entresiglos. La compilación aludida perfila
de entrada la problemática de su propia articulación, es decir, invita
a preguntarnos acerca de la validez del criterio empleado para
decidir cuáles textos dentro del corpus levreriano son susceptibles
de ser considerados literarios y cuántos de ellos, a su vez, podrían
ser clasificados como cuentos. Esta cuestión, como espero ilustrar,
no es en modo alguno menor y considero necesario su abordaje
para adentrarnos en los matices de una escritura que oscila
entre la autobiografía y la parapsicología, entre lo ensayístico y
una imaginación desbordante y regida, además, por una peculiar
dinámica editorial. El protagonismo de la espacialidad en algunas
piezas cuentísticas levrerianas es la otra temática que me propongo
explorar en este ensayo. ¿Cuál es el significado de los recurrentes
y decisivos itinerarios emprendidos por los personajes de esas
narraciones no pocas veces disímiles en contenido y extensión?
Esta interrogante será mi guía en esta geografía compuesta por
lugares tanto enigmáticos como familiares en su rotundidad
genérica (un jardín, una vivienda, una pequeña estación de tren) y
quizás dicho recorrido nos permita ampliar nuestro entendimiento
sobre los móviles de la cuentística levreriana.
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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

Una antología de antologías
El cariz autobiográfico fue enfatizándose hasta volverse definitorio
en algunas de las últimas obras de Levrero y, muy especialmente,
en “Diario de la beca”, que inaugura y abarca la mayor parte de
La novela luminosa (2008). El antecedente más importante de esta
inflexión escritural es Diario de un canalla; texto redactado durante
su prolongada estancia en la capital argentina, por tal motivo, no
deja de causarme extrañeza advertir la presencia de estas páginas
íntimas en el volumen compilado por Nicolas Varlotta (Levrero,
2019: 553-583). No obstante, su decisión de respetar, por una parte,
la voluntad de su padre Jorge Mario Varlotta Levrero, quien en
vida incluyera su diario bonaerense en las páginas de El portero y el
otro (1992) y, por otra, de observar escrupulosamente la trayectoria
cronológica de esas antologías preparadas por el propio escritor
montevideano, me parece positiva en la medida que edificó una
rúa por la que pueden transitar tanto los nuevos lectores como los
especialistas en la obra levreriana, pero el problema reside en que
algunos de los destinos que figuran en ella no se corresponden con
las señaléticas.
Lo anterior, creo, torna pertinente plantear un ejercicio de
aliento contrafactual: y, si El discurso vacío (2019) -por mencionar
otro texto de primer orden inscrito, a mi juicio, en la ensayística
autobiográfica de Levrero- hubiera sido seleccionado por el escritor
rioplatense como parte constitutiva de una antología, ¿acaso también
habría figurado en la obra integrada por Varlotta? En función
del enfoque, a un tiempo, pragmático y didáctico que empleó
resulta del todo probable; empero, cabe resaltar, que la dimensión
autobiográfica ha sido infravalorada u obviada en la mayoría de las
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aproximaciones investigativas a la producción textual de Levrero al
calificar como literarios sus textos autobiográficos (Polleri, 2013;
Bértolo 2010; Gandolfo, 2015; Ricciardi; 2015; Cosse, 2015)1 y, por
tanto, no resulta tan sorpresivo que Cuentos completos refracte tal punto
de vista. Además, el itinerario irregular y accidentado de muchos de
los libros de Levrero representó, sin duda, un reto mayúsculo en la
preparación de este texto que, como los de su especie, tienen como
vocación constitutiva la totalidad, aunque algunos lectores habríamos
agradecido que, en el caso puntual de Diario de un canalla (uno de los
escritos más extensos que figuran en la selección de Varlotta, por
cierto)2 se hubiera especificado, por lo menos -como Varlotta si lo
observó en otros casos-, la problemática de la clasificación textual:
Hemos agregado dos piezas poco conocidas, que no encajan
nítidamente en la categoría de “cuento” y que tampoco figuran
en ninguna de las principales antologías personales del autor:
nos referimos a “Tres aproximaciones ligeramente erróneas al
problema de la Nueva lógica” y “Ya que estamos”. En ambos casos,
los motivos para incorporarlas fueron varios, pero especialmente
dos: por considerar que poseen un gran interés y valor literario y
por tratarse de obras casi desconocidas (Levrero, 2019: 11).

El desconocimiento en el caso de Diario de un canalla no aplica,
en virtud de que se trata de uno de los textos de Levrero que alcanzó
mayor difusión en vida del autor y también de forma póstuma (2015).
La raíz de la cuestión se encuentra en todo caso en la ponderación de
1 Una excepción notable es el estudio de Helena Corbellini (2018).
2 “Diario de un canalla” es el segundo texto más extenso que figura en
Cuentos completos (Levrero, 2019: 553_583) sólo superado por “La cinta de
Moebius” (Levrero, 2019: 149-191).
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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

su valor literario porque en el caso que nos ocupa es ahí, justamente,
donde queda subsumido su potencial valor autobiográfico. Al respecto,
en el prólogo que Fabian Casas preparó para Cuentos completos, se lee:
Encuentro en la obra de Levrero dos grandes trancos. Uno
influenciado por Kafka y los cuentos infantiles, siempre bordeando
lo siniestro, relatos de peripecias, que dan la impresión de que el
escritor inventa a medida que narra. Y el otro, el Levrero realista,
el último Levrero, más cercano a Jorge Varlotta -su identidad real, que dejó por lo menos dos libros maravillosos: El discurso vacío
y La novela luminosa. Este último lo consagró a otro tipo de lector
que hasta entonces no lo conocía, rompió la valla de los lectores
de culto. En los cuentos que acá se prologan está el Levrero más
secreto y el que, de alguna manera, tiene el ochenta por ciento del
ADN que lo hizo un escritor extraordinario (Levrero, 2019: 7-8).

¿Cómo interpretar esa valía, ese porcentaje asignado a la
cuentística de Levrero? Es lícito tener una preferencia como lector
por una de las facetas de un autor, e inclusive, considerar que ese
registro es el más importante desde el punto de vista literario.
No me parece válida, en cambio, la ambigüedad implícita en el
planteamiento: ¿Levrero devino entonces en un escritor extraordinario
por mediación de sus cuentos? La interrogante, entre muchas otras
posibles, se torna pertinente ante la naturaleza de la afirmación de
Casas. Sin embargo, conviene recordar que los diferentes géneros
escriturales frecuentados por Levrero se entrecruzan de un modo
incesante3 y, por tal motivo, la producción cuentística del autor
3 Por tal motivo, me parece que el empleo de una categoría como trilogía,
aunque se encuentre vinculada con el juicio de Mario Levrero acerca de sus
primeras novelas (Gandolfo: 2013:21 y la revelación de un anhelo editorial
relacionado con su prosa autobiográfica (Levrero, 2008:19) está definitivamente
sobreestimada como elemento explicativo (Rosso, 2013:141_163; Libertella,

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montevideano no puede fungir como un antecedente literario
general (con independencia de su potencial preeminencia estética).
Esta sincronicidad tiene, por supuesto, bemoles y permea a todas
las antologías que sirvieron de base a la obra reunida por Varlotta:
Escribía lo que surgía, y eso podía ser un relato, o una novela
corta, o una novela un poco más larga, o un artículo humorístico,
o un poema que jamás habría de mostrar a nadie. Y otras cosas
que salían sin otra finalidad que la de nacer, como por ejemplo,
dibujitos. Con el tiempo se juntaban unos cuantos relatos, y cada
tanto (generalmente cada tantos años), cuando venía alguien a
preguntarme si tenía algo para publicar, podía ofrecerle un libro
con esos relatos que se habían ido acumulado, o alguna de esas
novelas que quedaban inéditas durante años (Levrero, 2013: 29).

Este modus operandi escritural caracterizado por la ralentización
y reciclaje editorial es el responsable de los textos que se repiten
en la media docena de antologías que Levrero entregara a distintas
editoriales rioplatenses. Sobre este asunto, Varlotta indica que Los
muertos fue excluida de Cuentos completos “dado que consta de sus solo
cuatro relatos, todos ellos recogidos al año siguiente en Espacios libres”
(Levrero, 2019: 11). Con esa decisión, sin duda, se evitó una absurda
duplicación textual, pero tan loable como ello hubiera sido evitar la
inclusión de piezas que, en definitiva y por mucho que se extienda
el rasero literario, no se inscriben dentro del género cuentístico,
por tal razón, considero que estamos no ante la reunión total de
2010:41), e incluso, editorialmente, pues, DeBolsillo empezó a comercializar
La ciudad, París y El lugar en un estuche con el título general de Trilogía
involuntaria (Levrero, 2010) y, posteriormente, las tres novelas fueron
conjuntadas en un solo volumen (modificando el orden de aparición original
por el de redacción) con el título global ya referido (Levrero, 2016).
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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

los cuentos levrerianos, sino ante una antología de antologías (y, una
de dimensiones injustificadamente extendidas). No obstante, este
volumen allana el camino, insisto, para quienes deseen iniciarse en
la lectura de uno de los más relevantes narradores latinoamericanos
descubiertos en el siglo XXI, pero también para aquellos que tenemos
la intención de encontrar en este conjunto temática y estilísticamente
diverso algunas afinidades que contribuyan a la comprensión de la
cuentística levreriana. En este sentido, la espacialidad en su acepción
más amplia, es decir, no sólo como el escenario en que se desarrolla
la trama, sino como un factor que, en sus múltiples manifestaciones,
sea como un entorno natural o de factura humana, como punto de
partida o destino, como un lugar regido por una lógica extratextual
reconocible o pautado, por el contrario, por leyes autorreferenciales
fungirá como nuestra brújula por este universo textual.
Puertas y máquinas
“Entro al ropero y cierro la puerta desde dentro” se lee en “La
máquina de pensar en Gladys (negativo)” (Levrero, 2019, 110);
relato final del primer libro de cuentos de Levrero intitulado
La máquina de pensar en Gladys (1970). Éste último también es el
título de la narración inaugural que de forma simplista pudiera
ser interpretada como la versión positiva de una historia que,
en ambos casos, resulta breve y extraña: una suerte de pase de
revista efectuado a la disposición del mobiliario y al orden de
los elementos constitutivos de la vivienda del protagonista antes
de dormir. Levrero consigna con toda naturalidad “la máquina
de pensar en Gladys” que, en ese instante, “estaba enchufada y
producía el suave ronroneo habitual” (Levrero, 2019: 19). Esta
poderosa irrupción en un horizonte doméstico anodino me remite
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a ese tipo de enunciados que Michel Foucault alude (citando a
Borges) en el prefacio de Las palabras y las cosas (1968) en la medida
que no es posible representarnos esa máquina de una forma precisa,
concreta, a diferencia de esa casa cuyos componentes nos resultan,
sin mayor esfuerzo, imaginables.
Empero, esa inconcebible máquina de pensar y la puerta más
común en los cuentos de Levrero están separados por una frontera
mucho más estrecha de lo que pudiera suponerse. ¿Qué nos aguarda
tras la fachada más simple de lo cotidiano? ¿qué acontecimientos se
concatenarán tras la acción mínima de girar una perilla para franquear
un umbral metálico o de madera? Realidades de distinto signo
coexisten en ese desplazamiento mínimo que lleva al personaje a la
recámara y/o al ropero una noche cualquiera con la única finalidad
de conciliar el sueño. Puertas que se cierran tras o frente a él, pero
al fin de cuentas, la colisión entre los dos órdenes se puede suscitar
en cualquier momento:
Por la madrugada desperté inquieto, un ruido desacostumbrado
me había producido un sobresalto; me ovillé en la cama y me
cubrí con las almohadas y me puse las manos en la nuca y esperé
el final de todo aquello con los nervios en tensión: la casa se
estaba derrumbando (Levrero, 2019: 19).

Por su parte, el desenlace en “La máquina de pensar en
Gladys (negativo)” también es calamitoso:
Por la madrugada me despierto tiritando, alguien ha abierto la
ventanita del ropero y tengo fiebre, estoy bañado en sudor y me
duele el ojo izquierdo, pido a gritos un médico o una ambulancia,
pero estoy en medio de un campo desolado y no hay quien escuche
mis gritos (Levrero, 2019: 110).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-1

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La realidad externa puede ser avasallante, no sólo en su
manifestación ostentosa y violenta, sino también en su indiferencia
y trastocar con la misma fuerza el mundo preexistente y, además,
toda tentativa ulterior. “En mi dormitorio” -se lee en “La máquina
de pensar en Gladys”- “le di cuerda al despertador, comprobando
que la hora que indicaba coincidía con la del reloj de pulsera en mi
muñeca, y lo puse para que sonara media hora más tarde a la mañana
siguiente (porque había decidido suprimir el baño; me sentía un
poco resfriado)” (Levrero, 2019: 19) y, en la versión adjetivada como
negativa el protagonista refiere: “entro al dormitorio y encuentro en
mi cama a la mujer, desnuda; promete despertarme mañana a la hora
de siempre” (Levrero, 2019: 110).
En “La casa abandonada” se resalta la importancia que
también juega en los cuentos de Levrero la espacialidad urbana y no
sólo la rural que se enseñorea en su vastedad inmutable:
En una calle céntrica, poblada en general por edificios modernos,
se ve, sin embargo, una vieja casa abandonada. Al frente hay un
jardín, separado de la vereda por una verja; en el jardín, una fuente
muy blanca, con angelitos; la verja parece una sucesión de lanzas
oxidadas, unidas entre sí por dos barras horizontales; de afuera,
se ve de la casa un ex-rosado, actualmente muy sucio y verdoso,
que corresponde al frente, y algo de una persiana muy oscura.
Esta casa interesa solamente a algunas personas que caen bajo su
influjo; estas personas, entre las que me incluyo, saben de algunas
cosas que allí suceden (2019: 26).

En strictu sensu, no sólo personas coinciden en esa propiedad,
porque en dicho relato también se alternan el registro realista y otro
decididamente fantástico. Estas transiciones en la cuentística de
Levrero pueden ser graduales o súbitas, pues, como ya he apuntado,
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con frecuencia la distancia entre ambas está simbolizada apenas por una
puerta, así sea una puerta secreta como acaece en “El sótano” (Levrero,
2019: 38-65). Abro un paréntesis para resaltar la coetaneidad entre
esta última narración y La ciudad (1970), porque con independencia de
que el libro de cuentos en que se incluye y la opera prima novelística de
Levrero fueron publicados originalmente el mismo año, la redacción
de ambas se sitúa en torno a 1966, es decir, en la etapa formativa de
Levrero como escritor; época en la que, en palabras del propio autor
uruguayo, su literatura era una simple “traducción” (Matus, 2013:
197), e inclusive, un “plagio” (Bruno, Galione y Bonino, 2013: 138)
de la de Kafka.4 Resalto esto porque ese inmenso espacio vegetal que
figura en “El sótano” y al que Carlitos accede por la referida puerta
está poblado por jardineros con infinitas gradaciones y por insectos
que son únicos en su género. (Levrero, 2019: 50). Esas presencias, a
mi juicio, se asemejan a esos representantes de la ley que figuran en
la literatura kafkiana (Kafka, 2004: 237-239) y, particularmente, el
insecto Titus (figura clave en la narración en la medida que revela la
estrategia que el niño debe seguir ante el jefe de jardineros para poder
retornar a su mundo) podría formar parte de ese bestiario compuesto
4 Y con ello, no quiero insinuar que en algún momento dicha influencia
desapareció por completo, sino que sí es perceptible su modulación en la
medida en que Levrero fue encontrando un registro propio que, a mi juicio,
marcará su distancia más significativa con Kafka en lo concerniente a la
falta de solemnidad en el registro autobiográfico. Antonio Muñoz Molina, en
cambio, advierte desde ese libro inaugural un deslinde entre ambos escritores:
“En Mario Levrero yo intuyo un fondo más denso de amargura: la mujer
rozada y casi ofrecida y de pronto inalcanzable, la búsqueda por un laberinto de
pasillos y puertas cerradas y escaleras sumergidas en la oscuridad, los campos
desolados sin huella de presencia humana, la carretera que no parece que lleve
a ninguna parte, el tren con las puertas cerradas” (Muñoz Molina, 1999:14).
En cualquier caso, lo cierto es que Levrero infravalora en términos absolutos
la originalidad de su aporte frente a una obra que admiraba intensamente.
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por especies únicas, como aquella que figura en el breve relato de
Kafka titulado “Un cruce” (2004: 430-431).
Pero, así como los itinerarios programados pueden frustrarse
a causa de una fuerza enteramente exógena e ineludible, o suscitarse
a causa de ésta, otras veces son los propios personajes levrerianos los
que buscan dinamitar el orden existente al erigirse como agentes de
un cambio definitivo, sin embargo, en estos casos la referencialidad
a un espacio así sea uno indefinido, anhelado, también tiene lugar,
así como las motivaciones de índole pragmática relacionadas con la
pervivencia que orientan algunos desplazamientos. Ahondaré sobre
estas temáticas en lo sucesivo.
Éxodos y fugas
El protagonista de “Nuestro iglú en el Ártico” encarna la
fuga programada y, aunque el sitio de arribo aún esté indeterminado
su intención de desplazarse es firme y está alentada por una
motivación afectiva, pero el destino último, insisto, es incierto y
hasta intercambiable en su morfología:
-Vamos- le dije a la mujer, tomándola del brazo. Vamos a
descolgarnos por una ventana y a correr por los tejados, hacia
los parques -le dije-. Vamos a huir de esta casa, de esta ciudad, de
este país, vamos a donde nadie jamás pueda hallarnos, una choza
perdida en las islas tropicales, o al nevado pico de la montaña,
vamos a navegar por mares desconocidos, a enfrentar los vientos,
guiados por las estrellas, busquemos un lugar en el mundo,
nuestro iglú en el Ártico, una caverna próxima a un volcán, ese
lugar donde a nadie se le ocurra buscarnos (Levrero, 2019: 301).

En otras ocasiones, los itinerarios en los cuentos de Levrero
son de carácter fortuito y, por ende, el destino al que se arriba es
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inesperado, aunque no por ello necesariamente desconocido. A partir
de la manipulación del mecanismo interno de un encendedor, en
“La calle de los mendigos”, el protagonista arriba a una rúa familiar:
“Es la calle de los mendigos -pienso-, y doy vuelta la esquina y veo
la fuente de luz -un farol-, y por encima las estrellas. En efecto,
hay mendigos suplicantes y con ulceraciones en brazos y piernas,
la calle es empedrada, y empinada; los comercios están cerrados,
las cortinas metálicas bajas” (Levrero, 2019: 24). ¿Es el encendedor
una metáfora de la positividad y negatividad comprimidas hasta el
máximo dentro del ser humano y, que aguardan una fisura mínima,
para emerger y recobrar su dimensión genuina? ¿Esa pretendida
“solidez” del yo es el verdadero “desafío” que Levrero encara a pesar
de saber que la “falla” permanecerá oculta (Levrero, 2019: 21)? Es
probable que, en ambos casos, la respuesta sea positiva:
A esta altura, pienso que me va a ser muy difícil volver a armar
el encendedor; quizás ya no pueda volver a usarlo. Pero no me
importa; la curiosidad por el mecanismo me impulsa a seguir
trabajando; ya no me interesa averiguar la causa (y creo que ya no
estoy en condiciones de darme cuenta de dónde está esa falla), sino
llegar a tener una idea de la estructura de ciertos encendedores
(Levrero, 2019: 22).

¿Cómo puede verificarse una traslación verosímil desde la
interioridad del encendedor hasta la calle de los mendigos? Esa
es la gracia de buena parte de la cuentística levreriana: conjugar
una descripción meticulosa que torna fácilmente asequible una
experiencia rebosante de cotidianidad con acontecimientos rayanos
en el absurdo y lo parapsicológico y con finales que recuerdan a esa
matemática de las soluciones singulares ambicionada por Robert Musil,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-1

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a juicio, de Italo Calvino (2005: 75),5 es decir, repelentes a una
seriación, a un parámetro que permita entreverlos y vincularlos de
forma definitiva a otros ceses de la continuidad narrativa que Levrero
ha juzgado pertinentes una vez que la incertidumbre y complejidad
que atañen a lo genuinamente humano ya ha sido consignada y, por
ello, creo que viene al caso retomar nuevamente a Muñoz Molina,
pues, lo que señala en relación a La ciudad tiene resonancias en buena
parte de la cuentística levreriana: “e intuimos que posee una lógica
oculta, pero en apariencia los hechos y los lugares no se organizan
en un sentido previsible” (1999: 12).
Con Levrero ahondamos, pues, en el misterio de lo humano
y por una vía de doble sentido en el que no pocas veces se dan cita
autobiografía y ficción. En “Historia sin retorno N° 2”, el protagonista
se empecina en deshacerse una vez tras otra de un perro que insiste
en convertirse en su mascota. La primera de esas tentativas fracasadas
consistió en que el animal fue llevado a un bosque y “atado con una
piola que pudiera romper con un poco de perseverancia” (Levrero,
2019: 25). Décadas después, en El discurso vacío, Levrero consigna que
5 Cabe indicar, que el comentario de Calvino tiene su origen en el deslinde
que realiza entre las obras de Carlo Emilio Gadda y Robert Musil; no obstante,
la propia visión de Robert Musil acerca de la orientación que debía observar
la crítica literaria respecto a la estética autoral, me parece que abona a la
comprensión de la problemática planteada respecto a Levrero: “Una mejor
manera de contemplar la literatura sería no sintetizarlo todo en función de lo
que ya existe… Sino desplegar unas junto a otras tan sistemáticamente como
fuera posible las singularidades –aquello en lo que el autor no se repita diez
veces, ni la época mil-. Se obtendría como perfil la curva límite de nuestros
sentimientos e ideas, la línea de conexión de los puntos finales de todos los
caminos, donde se cortan frente a los que aún no se han dado. De esa forma
habría desplazamientos en diversas escalas de rangos, y me parece que en
conjunto se alcanzaría el único modo de observación cuya sistemática es
verdaderamente instrumento de una voluntad de progreso” (1992:322).

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abrió de forma gradual un pequeño orificio en la cerca de su casa en
Colonia del Sacramento, de tal modo, que el perro Pongo “conquistara
por sí mismo su libertad” (2019: 54). Para Levrero no pasó inadvertida
la semejanza entre esta última acción y la búsqueda de su propia
libertad (2019: 56-57), pero, en cambio, no existe constancia de que
hubiera rememorado el parecido entre aquella acción que apelaba a la
voluntad de la entonces mascota familiar con aquella otra consignada
en una de sus primeras ficciones. La coincidencia, creo, le hubiera
divertido en grado sumo.
Otras veces, el desplazamiento es apremiante, e involucra a
una colectividad, como en “Las sombrillas”. El éxodo emprendido
por los habitantes de una pequeña localidad costera está determinado
por la extraña y súbita retirada del mar. Es sugerente la referencia
espacial a Buenos Aires (Levrero, 2019: 214), porque enfatiza el
contraste referido entre la vida citadina y la que se desarrollaba en
esa remota espacialidad:
Cuando alguno de nosotros tiene que ir a la ciudad, por algún
trámite administrativo, no puede resistir allí mucho tiempo. En un
par de horas se va poniendo pálido, demacrado; sus movimientos
son torpes y algo convulsos. A la hora de la puesta de sol, se torna
melancólico; la infelicidad lo envuelve y lo estrangula. Todas las
cosas de la ciudad cobran una hostilidad insospechada, y quien ha
debido pasar la noche en un hotel de la ciudad, si logra conciliar el
sueño es acometido por horrendas pesadillas (Levrero, 2019: 213).

Esta aguda metamorfosis física y anímica se contrarrestaba
paulatinamente una vez que se regresaba a ese pueblo regido por un
destino marino. En “Las sombrillas” la partida está, pues, motivada
por el repliegue del mar, en cambio, en “Gelatina” los constantes
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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

desplazamientos a lo largo de una ciudad que tiene como referente a
la capital uruguaya, están motivados por el incesante avance de una
masa informe que inmovilizaba y asfixiaba a sus habitantes y, a causa
de ello, se ensayaban intervenciones constantes en el espacio urbano
para advertir de su posible arribo (Levrero, 2019: 95). La vacuidad
o la saturación del espacio son, en la misma medida, factores para
que una comunidad decida movilizarse o para que los habitantes
de una ciudad entera se mantengan en constante tránsito dentro de
ella o “en busca de nuevos horizontes” (Levrero, 2019: 104), de una
ciudad que, por ejemplo, no sólo tenga la apariencia de estar viva,
como la que figura en “Los muertos”:
Así, llegué impensadamente a la calle principal, donde de
pronto todo cambiaba de color y de ritmo. La ciudad muerta
o dormida parecía concentrar en ese puñado de cuadras
todo el empeño por disfrazarse de vida; letreros luminosos
relampagueantes, lucecitas de colores que corrían siempre en
el mismo sitio, vidrieras exuberantes de mercaderías novedosas
y gente, gente, gente caminando con dificultad entre gente,
gente que uno no sabía que existe hasta verla allí, con esas
caras extrañas, producto de quien sabe qué sucesión de
disparatados mestizajes; la gente de los sábados a la noche y
los domingos a la tarde, los que trabajan quién sabe dónde
durante toda la semana y aparecen los fines de semana por el
centro; hay búsquedas febriles en los ojos saltones, aindiados,
siempre como con hambre – y yo sentía un envaramiento en
los músculos de la espalda, una presión de terror sobre la nuca,
y trataba de dejarme llevar entre la gente sin tenerla en cuenta,
sin asimilar el horror de esas vidas maquilladas, pero aunque no
las mirara las sentía, las olía, era invadido por vahos pegajosos
de perfumes con olores sexuales concentrados, olores que
trataban de tapar otros olores (Levrero, 2019: 442).

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La gelatina invisible e informe, aunque no inolora, condensada
en esa multitud fatigada, emancipada sólo de forma provisoria de
su extenuante rutina laboral y que se moviliza con fines lúdicos el
fin de semana en el corazón comercial de la urbe donde hay otros
empleados que no corren con la misma suerte, pues, el imperativo
económico termina por absorberlos y hacerlos partícipes de una
geografía deshumanizada:
Y habían quitado todos los árboles de la calle principal y rellenado
los huecos con baldosas, y los carteles publicitarios se apilaban sobre
los carteles publicitarios, la luz artificial corría y relampagueaba
por circuitos cerrados repitiendo mecánicamente, absurdamente
sus triviales mensajes, y la gente se paseaba, mezclándose, desde
una punta a la otra de la calle, mirando y exhibiéndose, exhibiendo
sus ropas y sus radios y toda la extravagancia que por fin se había
hecho popular y colectiva (Levrero, 2019: 442).

Décadas después, ya instalado nuevamente en Montevideo,
Levrero criticará explícita y sistemáticamente en sus colaboraciones
para la revista montevideana Posdata a la publicidad como el rasgo
distintivo y omnipresente en la cotidianidad de una urbe que
transitaba hacia el siglo XXI:
Entro a una carnicería como parte de mi engorrosa exploración
del barrio, porque ya es inútil que intente una vez más en los
supermercados: llego hasta la puerta y allí mismo la publicidad
estúpida y machacona vociferada por los parlantes me pone una
mano en el pecho y me empuja hacia la calle. Como muchos otros
comercios, en los últimos tiempos los supermercados se han
transformado en una máquina de picar cerebros (Levrero, 2013: 59).

La violencia visual y auditiva devino por esta vía en motor
involuntario de reflexiones, e inclusive de formulación de hipótesis de
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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

aliento existencial: “Ese ruido que invade la ciudad, cada día con mayor
fuerza, esos altoparlantes, esa violencia sonora que hay por todos lados,
¿no obedecerá a razones parecidas? ¿No se estará tratando de tapar
algún dolor intolerable?” (Levrero, 2013: 156). Esta dimensión política
hace acto de presencia de una forma mucho más sugestiva en algunos
de sus cuentos, por ejemplo, en la persistencia de localidades aisladas,
comunicadas apenas por un único e irregular medio de transporte de
largo alcance como el ferrocarril: “Hace varios días que estoy en ese
pueblo, esperando el tren. Es como un pueblo perdido, olvidado, como
un pueblo fantasma del lejano oeste. Parece estar a miles de kilómetros
de cualquier otro lugar habitado, parece enclavado en medio de un
desierto; un pueblo que nace por accidente, por azar, o por la voluntad
de un solo hombre”. (Levrero, 2019: 338). Se tiene claro cuál es la meta
(Siukville), pero los medios parecieran confabularse para hacer de una
escala el destino último, aunque en otras narraciones, más que de un
itinerario suspendido pareciera tratarse de un eterno retorno.
El mito de Sísifo
En “El inspector”, Levrero consigna el fracaso de un viaje que, no
obstante, reemprende siempre:
Hablo de esa lenta y tortuosa aproximación a mi verdadero
yo; aproximación que, sin embargo, en los últimos tiempos
no encuentro real; veo todos los ajustes y afirmaciones como
revestimientos caprichosos de las mismas vueltas en torno a un
eje central, pero que siempre esquivan a ese eje, y que con el
paso de los años no me voy aproximando a ninguna otra cosa
que al fin de mi ciclo vital y que, si por momentos obtengo la
ilusión de una proximidad, o quizás se trata de una proximidad
real, ella no se debe a los ajustes o correcciones nacidos del
pensamiento o de la discusión, sino a determinados estados

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ánimo independientes de toda relación con otras cosas interiores
o exteriores (2019: 467-468).

Esta circularidad incesante, esta travesía imposible de coronar
que deviene en fuente continua de desencanto para el personaje nos
coloca de lleno ante una posible proyección autobiográfica:
El inspector insiste en cosas concretas y explicaciones lógicas,
quiere un itinerario exacto de mis pasos, cosa que yo no puedo
darle, aunque quizás podría si quisiera hacerlo; pero me niego
íntimamente a concederle a este hombre el derecho a fijarme
una norma de vida, a utilizar una memoria que no quiero utilizar;
y darle una respuesta significaría sentar un precedente para el
futuro, crearme la obligación de anotar cada uno de mis actos y
el momento preciso en que los realizo, porque de nuevo puedo
verme envuelto en un procedimiento policial y no se aceptaría
que presentara una imagen de mí mismo distinta de la actual.
Es curioso cómo los demás nos exigen una persistencia irreal
de la identidad, nos adjudican ideas inamovibles a causa de un
pensamiento casual, que a la hora o al día siguiente es destruido
por otro contradictorio, o se utiliza una frase desafortunada o
dicha sin convicción o por una convicción momentánea para
atribuirnos todo un sistema de ideas que no poseemos; incluso se
utiliza una verdad dicha en un instante, que al instante siguiente
pasa a ser una mentira (Levrero, 2019: 468).

¿Es Levrero quien habla por boca de ese acusado que
enfrenta una exigencia de rememoración veraz que, a su vez, tendría
que manifestarse en un orden discursivo sin fisuras que reflejara una
continuidad espacial y temporal exenta de puntos ciegos? No se debe
ignorar la crítica a la ilusión biográfica (Bourdieu, 2011)6 contenida en
6 En “Entrevista Imaginaria” (Gandolfo, 2013: 91-105), valiéndose del recurso
literario de devenir en su propio interlocutor, Levrero satiriza, entre otras
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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

estas líneas, pero tampoco habría que reducirlas a una dimensión
estrictamente programática, pues, la del autor uruguayo no es una
literatura de tesis, pienso que, más bien nos encontramos ante otro
cruzamiento entre ficción y autobiografía y en este sentido, me
parece certera una observación de Arthur Koestler que considero
extrapolable a toda escritura del yo: “puede haber tanto ritmo y tanta
armonía en las oscilaciones de un péndulo como en la rotación de
una rueda sobre un eje pulido” (Koestler, 1973: 65): la cuentística
de Levrero gira con frecuencia sobre ese eje pulido por el roce de
la cotidianidad, pero cada tanto, se patentiza también el deseo de
interrumpir súbitamente esa rotación (o de consignar, por el contrario,
un anhelo que ya se ha verificado): “Estoy harto -repetí- Voy a juntar
dinero para irme a París. Merezco morir en un lugar más hermoso
que éste” (Levrero, 2019: 201), se lee en “Todo el tiempo”. Un par
de años antes, el Levrero de carne y hueso había partido hacia la
capital francesa, pero de los detalles de esa odisea amorosa nos
enteraríamos sólo de forma póstuma con la publicación de Burdeos,
1972 (2015).
A propósito del aludido “Todo el tiempo” habría que resaltar
ese mantra que abre y concluye el relato, pues, me parece ilustrativo
de esa circularidad incesante a la que puede llegar a reducirse la
existencia humana “Cuando creía que todo había terminado, todo
recién comenzaba” (Levrero, 2019: 192); “pero, cuando creíamos
que todo había terminado, todo estaba recién por comenzar”
(Levrero, 2019: 208). Lo cierto es que bajo ese imperativo la vida
cosas, el desmedido interés biográfico observado por algunos de sus críticos
y, particularmente, la tentativa de que su obra se corresponda a cabalidad con
su itinerario vital.

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transcurre como si se estuviera “en medio de un largo proceso de
mudanza” (Levrero, 2019: 196) y para trascenderlo a veces basta
un poco de arrojo y que la suerte nos sonría, o al menos eso es
lo que se sugiere en “Novela geométrica”: “Visité muchas figuras
ya transitadas, regresé muchas veces al círculo, y luego experimenté
saltar hacia figuras desconocidas, inventadas, que dibujaba con
prolijidad, previamente, en mi imaginación. También así funcionaba
el sistema” (Levrero, 2019: 486).
Las aventuras del ingeniero Levrero (a manera de conclusión)
La cuentística de Levrero está, como espero haber ilustrado, marcada
por múltiples itinerarios que, a su vez, se entrecruzan de forma
constante con su ensayística autobiográfica y también con su escritura
novelística. Estas intersecciones nos permiten repensar los límites de
la fabulación o la congruencia de los desenlaces en su escritura, así
como la fundamental importancia que la espacialidad tiene en ella y que
se patentiza, precisamente, en esa necesidad que sus personajes tienen
de estar en perpetuo desplazamiento hacia destinos planeados o aún
por definir; viajes iniciáticos o vitales en términos de pervivencia hacia
esas ciudades o pueblos cuya extrañeza y fantasmagoría se asemejan
a la obra inconclusa de un ingeniero. Levrero, por cierto, es el autor
de, entre otras, una historieta intitulada Las aventuras del ingeniero
Strúdel. Sobre ella, rememora:
Esta serie se inició en Burdeos, no sé bien por qué. Sé que no
podía escribir; apenas empezaba algo, el teclado de la máquina
francesa me irritaba porque era apretar una tecla y aparecer el
acento circunflejo, el punto y coma y no sé qué más, y no había
forma de poner una tilde decente (claro que esta razón no es la
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�Mario César Islas Flores / Espacialidad e itinerarios

única; había muchas otras, como por ejemplo el desconcierto
que siento siempre que no estoy en mi casa). El hecho es que
me puse a dibujar, y por suerte (porque dibujar es terapéutico) el
impulso continuó al regreso, al menos durante un tiempo bastante
largo. Quería hacer una historieta que más bien pudiera verse
como un todo, de un solo golpe de vista; que en ese golpe de
vista se captara todo el sentido (o sin sentido) de la historieta. Es
decir, estaba pensando en términos plásticos; quería que pudiera
mirarse como un cuadro. No lo conseguí del todo, al menos en
este primer capítulo. También quería que los globitos formaran
parte del dibujo casi como personajes, y no que se limitaran a
encerrar las palabras que alguien pronunciaba o pensaba (Levrero,
2016: 73).

La organización de la textualidad en Las aventuras del
ingeniero Strúdel está supeditada a la imagen. La parte gráfica llega
deliberadamente a subsumir, fragmentar o invisibilizar el texto, es
decir, las líneas que, teóricamente, deberían explicar la narración.
Y, con independencia de si esta propuesta estética consigue o no
el efecto visual ambicionado por Levrero, lo que resulta indudable
es que nos exige una lectura multidireccional: vertical horizontal y,
sobre todo, transversal. La espacialidad en la cuentística levreriana
puede ser leída también de forma múltiple y es lo que he intentado
en este ensayo a partir de los tópicos recurrentes y las afinidades
entre ella y su ensayística autobiográfica y sus novelas. Sin embargo,
cabe precisar que ni el registro más personal de Levrero podría
explicarse sólo en función de una horizontalidad consuetudinaria ni
la más elemental de sus ficciones como un mero artificio estético
que desciende desde una verticalidad imaginativa, en virtud de que
el ingeniero Levrero evitó siempre los elementos prefabricados en la
construcción de su edificio escritural.
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-1

�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

El signo poético y su desplazamiento performático:
la poesía de Carmen Berenguer
The poetic sign and its performative displacement:
the poetry of Carmen Berenguer
Gonzalo Rojas Canouet
Universidad San Sebastián (Chile)
grcanouet@gmail.com

Fecha de entrega: 24-11/-2021 / Fecha de aceptación: 11-2-2022

Resumen. Este trabajo analizará cuatro obras de Carmen Berenguer

(Bobby Sands desfallece en el muro, Huellas de siglo, A media asta y Sayal
de pieles) como un corpus que representan un momento fronterizo
en la historia política y cultural en Chile: la dictadura y el retorno
a la democracia, esto es, el paso de la instalación y continuidad del
modelo neoliberal y de la globalización. Por lo anterior, Carmen
Berenguer, experimenta desde la escritura poética la crisis de estos
momentos de la historia nacional, “roba” las imágenes del paisaje
neoliberal y las devuelve críticamente, desobedeciendo al lenguaje,
descomponiendo su uso y llevándolo hasta los límites confusos entre lo semántico y lo fónico. Para dar cuenta de este proceso, se utilizarán elementos teóricos de la diferencia de Deleuze y repertorio
y archivo de Taylor.
Palabras clave: Poesía chilena- Performance- Poesía experimental

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�Gonzalo Rojas Canuet / El signo poético

Abstrac. This work will analyze four works by Carmen Berenguer (Bobby
Sands desfallece en el muro, Huellas de siglo, A media asta y Sayal de pieles) as a corpus that represent a border moment in the political and cultural history in
Chile: the dictatorship and the return to democracy, that is, the step of the
installation and continuity of the neoliberal model and of globalization.
Therefore, Carmen Berenguer, from poetic writing, experiences the crisis
of these moments in national history, “steals” the images of the neoliberal
landscape and returns them critically, disobeying language, decomposing
its use and taking it to the confusing limits between semantic and phonic.
To account for this process, theoretical elements of the difference in Deleuze and Taylor’s repertoire and archive will be used.
Keywords: Chilean poetry- Performance- Experimental poetry

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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-2

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

La escritura de Carmen Berenguer es y ha sido una irrupción en
la tradición poética chilena. Sobrepasa y problematiza el formato
poema: su narratología excede y disloca, siendo ésta de un flujo
experimental constante. Su apuesta consiste en que, entre poema,
contexto, política y escrituras, el signo se desplaza: el lenguaje es
una herramienta que convoca a decir algo y, a la vez, es destituido y
agotado en su uso, en su acto comunicativo. Estira el elástico hasta
deformarlo. El signo se desplaza para construir imágenes desde
el “robo” que esta poeta realiza: sustrae del mundo neoliberal sus
palabras, gestualidades y apropiaciones culturales para desplazarlas
en el poema. La venganza es ésa.
Su escritura es amplia, desde el ensayo (Escribir, 2019) hasta
discursos (“Discurso Premio Iberoamericano de Poesía Pablo
Neruda” [2008], 2009) y su propia producción poética que habla por
sí sola. En estas páginas revisaré los libros: Bobby Sands desfallece en el
muro (2018), Huellas de siglo (1986), A media asta (1988) y Sayal de pieles
(1993). A partir de lo antes mencionado, abordaré estas obras desde
las nociones de diferencia (Deleuze, 2017), repertorio y archivo
(Diane Taylor, 2010), esto es, como un modo de contextualización
cultural y su debido rebote con la performance del signo poético
en la dictadura y la posdictadura. Desde la perspectiva de Deleuze,
es en la diferencia donde la comprensión del mundo adquiere una
potencia en el lenguaje que genera ambigüedad: tal será el objetivo
de este ensayo.
Propongo lo siguiente: el signo poético (desde la diferencia
[Deleuze] que se presenta en las imágenes, los giros y la suspensión
del lenguaje en el contexto de dictadura y posdictadura) insta a que
la poesía de Carmen Berenguer sea un acto de performance (Taylor),
entendido esto como una poesía construida desde la ambigüedad.
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�Gonzalo Rojas Canuet / El signo poético

Giles Deleuze, en su libro Diferencia y repetición (2017),
complejiza un problema estético, el de la representación estética desde
lo epistemológico, y lo suma al acontecer en la historia. Esto es: invertir
lo inmanente del platonismo como modo de concebir el mundo. La
diferencia es múltiple. Es decir, funciona a priori desde el interior de un
modelo para resignificar se sentido causal. La diferencia es una potencia,
no busca un resultado, una verdad, persigue un proceso, su función. Es
lo que más tarde, Deleuze sistematizará como rizoma. La “diferencia”
tiene dos rostros (423), los cuales son distintos en grados y niveles: “una,
en extensión; la otra intensiva […] Una es una repetición de exactitud y
de mecanismo, la otra, de relación y de libertad” (423).
La diferencia existe en tanto potencia su función en lo que
desea representar: invierte la representación, liberando la potencia
del pensamiento: “la diferencia no se reconquista, no se libera sino al
cabo de su potencia, es decir, por la repetición en el eterno retorno
[…] Lo que elimina es lo Mismo y lo Semejante, lo análogo y lo
negativo, como presupuesto de la representación” (441).
Con lo anterior, la diferencia es el dispositivo que fisura la
mónada entre una parte con otra, creando imágenes abreviadas del
mundo: un “pliegue” que se potencia y desterritorializa lo uno con
lo otro sin ninguna intención dialéctica.
En Carmen Berenguer, el signo se desplaza desde la diferencia
del material del lenguaje y no de lo que quiere representar. Su poesía
es una espuma que está en la superficie del lenguaje: pertenece al
oleaje, pero emerge. Entonces, qué diferencia quiere elaborar, es la
idea de este ensayo.
En el texto Usted está aquí: el ADN del performance (2010), Diane
Taylor estudia la performance desde el uso de rescate y transgresión
de la memoria. En especial, en un contexto del trauma histórico de
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la dictadura argentina. Estudia la performance desde la ritualidad de
las Madres de Mayo. La tesis principal del vínculo entre protesta y
performance es la de su naturaleza reiterativa, enfatizando el aquí y
el ahora: “Dar testimonio es un proceso vivo, un hacer, un acto que
tiene lugar en tiempo real, en la presencia de un oyente que llega a
ser partícipe y copropietario del suceso traumático” (6). Desde ahí,
Taylor propone una semejanza entre la performance con la ciencia.
La noción de archivo es muy importante para el caso de este trabajo:
“Este archivo hecho por el ser humano mantiene lo que se percibe
como el núcleo duradero –registros, documentos, fotografías, textos
literarios, expedientes policiacos, huellas dactilares y evidencia de
ADN, materiales digitales, restos arqueológicos, huesos – que se
piensa como resistente a los cambios y, la manipulación política. Lo
que cambia con el tiempo, según el archivo, es el valor, pertinencia
o significado de los restos: la manera en que se les interpreta o
incluso como se los encarna” (12). Por otro lado, Taylor, propone
la noción de repertorio, la cual puede almacenarse en el archivo y,
con esto, da continuidad en el tiempo de los límites de lo “vivo”:
“Almacena y recrea la memoria “encarnada” (…) todos los actos
que suelen considerarse de conocimiento o “en vivo”, efímero, no
reproducible” (14).
La bibliografía crítica sobre Carmen Berenguer es bastante
extensa. Sobre todo de libros sobre poesía chilena, Berenguer ocupa
un espacio importante. Es una suerte de bisagra entre el Chile
moderno y posmoderno. El Chile de la dictadura y de la transición
democrática. El Chile cooperativista y neoliberal. En ese entre es
donde Berenguer ha dado en el blanco: el lenguaje, sobre todo desde
la poesía, es y será lo que representa y critique a una sociedad como
la chilena. Es el lenguaje que tendrá la función de robar las imágenes
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del país y donaría a sus lectores. Es un acto de mano a mano. Nos
roban nuestras utopías y Berenguer les roba con su mirada sus
paisajes y reconstruye para todos nosotros.
Hay dos textos críticos que proponen una suerte de poética
escritural de Berenguer: Representación de Santiago en Huellas de siglo
(2008) de Magda Sepúlveda y en Caja de herramientas (2000) de Julio
Ortega. En el primero se destaca la imagen del prostíbulo en la
ciudad de Santiago, específicamente, desde el poema Santiago Tango:
es una huella del ingreso del neoliberalismo en donde se anuló la
industrialización nacional por el ingreso de las importaciones. El
mercado atomizó todo modo de producción. Todo se “empiela”,
se ablanda y se limpió. Como dice Magda Sepúlveda: “El mercado
ofrece tranquilidad, no hay religión o etnia subversiva, en la medida
que participan desde el interior o mirando la vitrina. Por ello, una
vez instalado el neoliberalismo no será necesaria la dictadura. Según
Berenguer, la ciudad neoliberal, tal como el burdel, no repara en la
ideología política, la religión o la etnia de los clientes” (119).
Por lo tanto, la ciudad es una vitrina del neoliberalismo. Es
el prostíbulo y sus prostitutas (quien los vende), ambos están hechos
para ser vendidos y adornados.
Julio Ortega hace un recorrido de su escritura. Su análisis se
da desde el inicio de un poema de Berenguer, Santiago Punk. Habla
de las mitologías del consumo. El nuevo orden del Chile entre el
mercado y la violencia, lo prostibular y la mercancía: “La poesía sin
embargo es consciente de su andadura civil, y al final se vuelve sobre
sí misma, exigiendo al lenguaje su mejor paisaje (31). Es una tesis
posible que afirma Ortega con respecto a Huellas de siglo. Con el libro
A media asta, Ortega plantea una madurez escritural en Berenguer.
Consciente de su devenir histórico y poético. Hay una consciencia del
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papel de la poesía en una sociedad de consumo: “Emerge ahora una
voz fresca y episódica, y a la vez poseída por el fervor de su relato,
que se mueve entre la vía civil herida y el diálogo erótico, la saga
materna, la ironía popular, y el placer de la escritura que dice tanto
como calla” (32). Para Sayal de pieles, Ortega plantea a la escritura de
Berenguer desde su uso del lenguaje hasta sus últimas consecuencias.
Dado esto desde lo experimental: una forma de hurto del lenguaje
para hacerlo acabar en sí mismo. Una vuelta de mano que Ortega lo
plantea así: “Haciendo el desenfado lúdico el eje del libro, la poeta
traza la huella del poema, sus ecos y gestos gráficos, entre blancos
y cortes que escamotean o expulsan al significado, y lo convierten
en un significante sospechoso, inquietado por su experimento sin
retorno […] La marca de la piel como tatuaje del origen, tanto
como la enfermedad, son otras instancias de un referente esquivo y
oblicuo. Al final, el lenguaje es revelado como la piel de un cuerpo de
asociaciones que pueden ser tan subvertoras como restitutivas” (3234). Finalmente, el planteamiento más decidor por parte de Ortega, es
la síntesis de la poética de Berenguer, en donde orienta a su escritura
como un acto dual “escribe desescribiendo”, “un robo del fuego
civil”. En acuerdo absoluto de esta figura del robo a lo que Ortega
relata de esta manera: “Se levanta un relato alternativo en la obra de
Berenguer, a través de sus fragmentos, elipsis y desplazamientos. Un
relato del horror moral y pasión vital, de subjetividad liberadora y
reafirmaciones materiales. Un canto de la tribu convocada por sus
nombres más propios. Por lo tanto, si esta poesía se levanta desde
un espacio que construye como alterno a los lugares socializados
del discurso, se anuncia allí en tanto habla henchida de otras voces.
Así comunica la textura de la intimidad del presente (…) Por eso,
empieza borrando al lenguaje en el mismo momento en que lo
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enuncia. Carmen Berenguer escribe describiendo. Su escritura es un
arrebato, un robo del fuego civil” (35- 36).
Performance, diferencia, repertorio y archivo
Bobby Sands desfallece en el muro (2018) tiene un formato de diario de
vida. Son cuarenta y dos días anotados de sesenta y seis días que
fueron en realidad. Son días de la huelga de hambre de Bobby en la
cárcel, condenado por terrorista y miembro del IRA.
De los días vividos en la huelga a los relatados es el tipo
de discurso que este libro contiene: no es continuo, orgánico. Está
elaborado a saltos. Por lo tanto, este formato es pura enunciación
poética desde otro, la voz de la poeta Berenguer. Resignifica editando
la voz de Bobby Sands. Sus enunciados que a su vez van tejiendo
relatos, están cargados de angustia asociada a la huelga de hambre.
Palabras como pan, fermento, saliva, maíz, estómago y hambre
connotan un tono decidor en la puesta en escena del relato:
“El absoluto rigor del hambre” (16)

Lo anterior, se une a una conciencia de la muerte. Lo que
está vivenciando en su relato es el accionar del fascismo (los “negros
cuervos”) que silencian la libertad (“alondra que en primavera, lo
es todo para nosotros”, 9). Morir es el relato del acto agónico del
mismo Bobby Sands, de Irlanda, del mundo y la libertad:
		
“Día 44
Entrego mi vida como una acción de amor
Me entrego a una agonía lenta
Como único modo de cambiar
La pólvora por jardines de paz
Como única forma de esperar la alondra

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Y nuevas primaveras
Como único sostén para limpiar
Las heridas de Cristo torturado” (26)

Este libro, desde la lógica de la performance, es una puesta
en escena del repertorio, el diario de vida hablando de la muerte, el
cual archiva el acto de libertad frente a la injusticia. Vivifica en el
acto poético un hecho referencial que connota el relato poético
desde lo performático. Como ya se ha dicho, Berenguer “edita” a
Sands, enunciando su relato como tribulación hacia Sands. Dicha
aflicción es un archivo de la situación adversa de Bobby Sands.
Berenguer, experimenta performáticamente la aflicción de Sands
como un modo de liberación a través de la poesía:
“Mañana es el undécimo día
Y hay un largo camino que recorrer
Alguien podría escribir un poema
De las tribulaciones del hombre
Yo podría, pero ¿cómo terminarlo?” (33)

Berenguer ocupa el repertorio referencial de Sands y lo
transforma en un archivo vivo desde la poesía. Escenifica el dolor,
cargándolo de poesía, cruzándolo con enunciados políticos. Esto es:
ambos poetas, Sands y Berenguer, se cruzan y se desplazan entre el
repertorio y el archivo performático. Berenguer se hace parte de la
tribulación. “¿Cómo terminarlo?”, la poeta continúa y pone en escena
el trabajo y la causa de este poeta condenado. La tribulación es la
continuación y resignificación: vivifica el testimonio de Sands y le da
una nueva presencia. Resignificar es la acción poética performática. Es
la diferencia de Deleuze que se da en el texto. La tribulación es el acto
de la diferencia. Sands es resignificado por Berenguer, es una extensión
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de libertad y la poesía es la que enmarca el desplazamiento del signo
aflictivo. Invierte el acto representativo del dolor, convirtiéndola, desde
la diferencia, una nueva potencia creadora. La performance escritural
crea una nueva representación. No la análoga como presupuesto de lo
representado. “¿Cómo terminarlo?”, es un desplazamiento de la poesía
hacia la libertad. La poesía en su función escritural toma y continúa
hechos traumáticos y los renueva: Berenguer desterritorializa la muerte
de Sands en un canto de homenaje libertario. La poesía tendría, por lo
tanto, una función política: contrasta lo referencial, connotando en lo
poético como hecho vivificado. Actualiza el archivo desde la poesía.
Berenguer hace consciente la muerte de Sands, revitalizándolo en la
poesía. Expande lo ficcional como un hecho vivo. No reduce la ficción
la ficción como un acto representativo. La tribulación es la continuación
de la tarea de la poesía: resignificar el dolor humano. El testimonio desde
la poesía toma un sentido y un valor político: la denuncia y la esperanza
desde el dolor. El lenguaje como acto comunicativo, lo reduciría solo
a un dato o a un hecho referencial. La poesía disloca lo anterior desde
la subjetividad: toma posición de una voz martirizada a lo colectivo. El
acto poético es la verbalización hacia un dolor colectivo. El fascismo en
Sands es el fascismo en todos nosotros.
La poesía permea una acción singular en un acto colectivo. El
intermediario poético, en este caso Berenguer, lo concreta en la poesía.
El poeta debe ser consciente de su presente histórico y, su tarea, es la de
crear una nueva imagen, una diferencia, ha de ser leída en ese presente
y en el futuro. Crea un archivo que se almacena en la subjetividad hacia
un sentir colectivo: la poesía como acto político de redención del dolor,
lo resignifica en múltiples voces en el devenir histórico.
En el libro Huellas de siglo (1986) el poema “Santiago Punk” y
–quizás como título, ya que está ubicado al final del poema- “Plan de
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conquista en el café Haití” (34) del libro A media asta (1988). Ambos
poemas tratan de algo fundamental en una etapa de la poesía de
Berenguer: la dictadura política no fue solo desde el símbolo de
poder represivo, sino una dictadura del consumo que se extiende
hasta nuestros días.
El Chile del consumo, está expuesto en las imágenes que
Berenguer experimenta en su escritura: es una poeta que habla como
flâneur, pero no se queda en ese papel, experimenta en el extremo
del lenguaje –sus sonidos- las posibilidades de su habla. El flâneur
de Benjamin indica a un artista en la ciudad, dando identidades o
resignificando el paisaje citadino. Berenguer hace lo mismo, solo
que su escritura es performática. Condensa su mirada crítica al
cambio de paradigma chileno: el de la producción nacional a la
transnacional, el paisaje neoliberal de consumo como reducto de
formas de vida citadina. Desde ahí, experimenta con el lenguaje: se
detiene en la subjetividad como modo de resistencia, entendiendo
que el lenguaje se está neoliberalizando, esto es, pasa por el cedazo
de una globalización de estética. El único espacio de resistencia es
un modo de lenguaje personal que el trabajo de la poesía entrega.
Contra el mundo global es donde todos hablan igual: la captura del
otro y la administración de la paranoia social, Berenguer apuesta en
estos dos libros a lo dicho: la propia subjetividad se experimenta
desde su lenguaje homogenizado por el neoliberalismo es la lucha
que Berenguer, al ser consciente de esto, lo experimenta. Ejemplo
de esto es este fragmento de Santiago Punk:
“un autito por cabeza
Y una cabeza por autito (…)
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Sudoroso mormón en bicicleta
Aleluya la paz (...)
La alameda Bernardo O’Higgins en el exilio
Alameda de las delicias, caramelos Candy (…)
Topless cuchufletos, silicona
Rapa Nui en botellas
Colchones de agua en la cúpula
Coito colectivo” (¿)

Anteriormente, se ha dicho sobre la función del poeta y la
poesía hoy en día. Berenguer desde Bobby Sands hasta hoy, demuestra
una conciencia del presente histórico. Y el poder de su poesía está en
plasmarlo, avizorando el futuro. Descomponiendo el yo, va creando
una subjetividad que pone como primer punto crítico al lenguaje.
La poesía es resistencia política y estética de la homogenización del
lenguaje. Después se verá con Sayal de pieles (1993), que es un proyecto
que extrema lo aquí dicho. En el poema “Plan de conquista en el
café Haití” de A media asta, es el rito de la seducción modelada
como intercambio mercantil. Son los ojos y sus miradas los que van
transando, “espejeando” la transa del consumo y simulacro erótico:
“La patria querida es una boquiabierta muralla donde se
puede pintar en las periféricas zonas no soñadas por labio alguno no
mencionada por voz alguna pulsada por cuerdas que nadie mueve al
interior una sangre fresca capaz de seguir hasta que encuentre salida
por un cauce que nadie sabe gota sobre gota rozando los labios
boquilla dulce de patria fundada por quizás quienes.
Señora fundadora de pie pequeño por los pasos de los
acueductos sobre la hierba amada amante de tu señor viejo zorro
olfatero de faldeos poblados confiscando a las musas doña señora
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ayer paseabas en Ahumada pintada en tus mejillas y dos aletas de
rimmel tus ojos parpadeando al color de una cama de hotel barato
despojada doña y fundándola de nuevo por quizás quiénes.
En la tímida yerba de los faldeos el deseo bravo amantes
la ráfaga dulce de la flora fluorescentes encandilan los candiles de
los cerros en las cruces espejee la mirada de los cafecitos ojos de
la pérfida y ojos sobre ojos van flameando los nuevos valles señor
amor mío señora eres mía eres mía donde estamos en el mundillo
nuevo todo de mirra y sangre de oveja:
“Plan de conquista en el café Haití” (14)

Berenguer le “roba” al poder y a su diseño de ciudad, su
paisaje y se las devuelve inexpresivas para el propio poder. Su poesía
es el triunfo personal y con ello, el de la poesía, esto es, un colectivo.
Roba y ocupa sus diseños, pulsiones y vociferaciones de la ciudad
y lo transforma en un nuevo canto de triunfo: la libertad de la
subjetividad, el lenguaje desplazándose como quiere en un poema.
La subjetividad por la subjetividad en sí no tiene sentido.
Berenguer experimenta en su escritura performática y rizomática
para un receptor que comulgará con sus imágenes: se creará una
“comunidad” discursiva. La poesía es el acto político en donde nos
verbalizamos. Ese ejercicio fue inaugurado por las Vanguardias
Históricas. Berenguer en el espacio poético, agrega, el desecho
del lenguaje, en otra recepción. Ahonda en la performance, en
la tensión del lenguaje como acto de habla, como propaganda
neoliberal, una salida, la ambigüedad. Y con ello, las posibilidades
de constatar hechos denotativos en la historia reciente de Chile: una
fisura de representación, la voz que transa esos robos de imágenes
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de la depredación neoliberal en un canto colectivo. La poesía como
renovación del mundo.
Un libro que cierra y abre lo experimental en la escritura
de Carmen Berenguer es Sayal de pieles (1993), libro cúspide de un
proyecto poético.
La escritura de este libro se podría caracterizar como
barroca. Se inscribe desde la ambigüedad. El material fónico tiene
un protagonismo que circula en la performance; es un devenir
de la diferencia (Deleuze): tiene dos rostros, son niveles y grados
distintos de expresión. No hay simetría entre el material fónico
con el semántico (ni sintáctico). Esa es su complejidad y su
riqueza. Julio Ortega, plantea lo siguiente: “Esta poesía resuena
como el aparato vocálico de la subjetividad nacional. Viene
de su bronca garganta, vibra en su lengua sedienta. Sibilante y
explosiva, reverbera como voz desenrraizada en la plaza pública
de este día siguiente de la taciturna civilidad chilena. Sería la voz
que despertaría para siempre a los pasajeros que, en el metro de
Santiago, guardan silencio” (35).
El “sayal”, un objeto de tela sencilla, una prenda de vestir
(de uso en el medioevo, religioso) de valor menor, rústica. “Pieles”,
es un tema central asociado a la imagen del cuerpo. El cruce de estas
dos palabras es el rizoma interno de este libro. El cuerpo rizomático
pivotea con otros elementos para “exudar” palabras. La piel de este
cuerpo discursivo se sostiene o lo cubre un sayal, una tela pobre: es
el o los cuerpos (individuales o colectivos) sostenidos en la fragilidad
de un manto precario, es el resultado del despojo y la marginalidad
del habla. El “sayal de pieles” es la membrana del habla que parlotea,
que no tiene cabida al discurso completo, por lo tanto, su relato son
frases intempestivas: es el residuo del habla en donde lo que destaca
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es el plano fónico, quedando el acto de habla incompleto, creando
pura ambigüedad performática:
“Confundidos en la microscopía electrónica
Por el ojo natural quedo.
Signo Zeta quedo
Roncha ceda
Cuelga de jeringas
Algodón moro
Esposos de plástico
Mudoso y azul.
PELLEJO DE MANCHAS
CECA DE PIELES EN EL BAJO
AMAPOLAS Y MAGNOLIAS ORMESI
Una línea cruza la pira” (38)

Se pueden unir otros textos, como TATUAJE (41), Hija
natural (43) y Mala piel (47), en donde el cuerpo territorializa y
desterritorializa con otros flujos de elementos: la “mala piel” es la
“mal hablada”, la “hija natural” a la que se le tatuó (“TATUAJE”)
un nombre, BERENGUER. Pero la escritura no queda solo en
ese desciframiento. Los cuerpos se cruzan con otros cuerpos: todo
es texto. Esta frase posmoderna, antiesencialista, corrobora que
el sujeto ilustrado, el que busca desde su valor racional e íntegro,
la verdad de las cosas: la búsqueda del ser humano está en la
contradicción y, sobre todo, en la ambigüedad. Sayal de pieles, es
también, desde la política del texto, un crujir del lenguaje, el cual
muestra sus fisuras, sus sonidos. Aquí es donde este texto hace un
festín: resiste el acotamiento neoliberal, el encapsulamiento del
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lenguaje. Sayal de pieles es un exceso de algo no medido, está en
contra del acto coaptativo, es el placer del lenguaje por el lenguaje.
Berenguer, nuevamente, roba sonidos, frases y palabras sueltas y las
reorganiza. Al hacerlo descompone y performatiza el lenguaje.
Giorgo Agamben, en su libro Profanaciones (2005), plantea
que el capitalismo ha invadido y coaptado prácticas del ser humano
que eran parte de su deseo y búsqueda: el viaje, a través de lo él
plantea como “museificación”, esto es, el turista es un consumidor
de imágenes del mundo, como un gran museo; y el erotismo, a través
de la industria de la pornografía, el deseo queda encapsulado en un
simulacro de lo erótico.
El placer del lenguaje es una resistencia en el libro de Carmen
Berenguer. Crea un intento profanatorio: no encapsula al lenguaje
en una función de acto de habla. Lo desborda y carnavaliza (Bajtín)
solo como un rizoma escritural infinito. El lenguaje se sostiene solo
en el devenir, es como la hoja del árbol que la mueve el viento.
Carmen Berenguer asalta al lenguaje, lo detona, organiza
su desastre, crea un sayal de pieles, escribiendo devenires y pivotes
resistentes al propio lenguaje.
El resultado es una función de la poesía: rescatar al lenguaje
muerto y hacerlo poema. Por lo tanto, el objeto poema es la fricción
del lenguaje. La poesía cruje: no interesa proponer qué fisura
muestra el crujido, sino más bien su sonido que representa a un
lenguaje que fue. Son “sayales” o membranas de tejidos que van
cruzándose infinitamente. La sintaxis es un estorbo. Es una frontera
de la comunicabilidad.
Desde lo contextual, Héctor Hernández, plantea algo similar
a lo dicho: “ensuciar” el discurso higiénico de los ’90 (el neoliberal),
sobre todo en poesía: “De este modo, Sayal de pieles, viene a ensuciar
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las discursividades poéticas de la década de los ’90, es decir, a
blanquear la misma transición, a macular e inquietar la factura del
propio libro y, sin proponérselo, a visibilizar un futuro a mediano
plazo que hoy, más de diez años después, podemos padecer como si
fuera un presente, como si algo hubiese cambiado de fondo” (2006).
Como se ha estado diciendo en este trabajo, Carmen
Berenguer es una poeta que roba del paisaje construido por el
neoliberalismo y lo devuelve en escritura (performática, barroca,
experimental) con otras imágenes. Son testimonios de procesos
vivos. Es lo que Diane Taylor denomina como archivo. Esos
procesos vivos, enmarcan una política del texto de esta poeta: no
recurre al preciosismo ni menos a la inmanencia. Archiva imágenes
de la dictadura y del ingreso del neoliberalismo e invierte su valor,
agudizando las fronteras del lenguaje y su economía (Sayal de pieles),
utiliza a la tribulación para hablar del proceso de la muerte de un
preso (Bobby Sands desfallece en el muro), los gestos eróticos como
intercambio de consumo (A media asta) y la cuidad de Santiago de
Chile como un gran prostíbulo (Huellas de siglo).
Por lo tanto, el “repertorio” de la poesía de Berenguer es lo
que va recreando la memoria de una ciudad y sus habitantes. Memoria
como acto efímero de estos habitantes desde sus gestualidades y sus
palabras pronunciadas en el cotidiano: privilegia el gesto, ese acto
efímero, de los seres humanos como formas de intercambio erótico,
sus carencias, sus deseos y, sobre todo, sus miradas e histrionismos.
Desde ese repertorio, Berenguer evalúa los síntomas del poder
en los cuerpos. Esto se podría entender con mayor proyección
desde Foucault con su texto Microfísica del poder (2019). Esto es: en
los pequeños gestos del cuerpo, el poder ha inoculado su acción.
Berenguer recrea, en un repertorio escritural un archivo vivo de
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movimientos corporales y de la ciudad. La memoria actúa como
filtro de esta operación. La mirada de Berenguer es la de una cámara
fotográfica, un ojo portátil, que va retratando la crisis. Bien vendría
revisar esta idea desde Barthes a través de La cámara lúcida (2014).
Habrá momento para eso.
Este archivo de memoria es la de la desobediencia civil en la
escritura. Es la exaltación de las fronteras del lenguaje: por ejemplo,
en Sayal de pieles, se exagera su semántica hasta transformarla en
sonido.
La memoria escritural de Carmen Berenguer esta
“encarnada” en los gestos de operaciones corporales que habitan
la ciudad de Santiago. Los vivifica desde un encuentro crítico con
el paradigma económico (neoliberalismo) y cultural (globalización)
instalado en dictadura y perpetuado como modelo político hasta el
día de hoy. Los pequeños gestos del poder que Foucault nos presenta
es lo que Berenguer nos devuelve en su escritura: es la venganza
que hace desde la poesía –y que Lemebel hizo en sus crónicas-,
mostrar las aberraciones del poder y devolverles su incomodidad;
resignificar el bienestar de su modelo político como un malestar en
las motivaciones profundas del ser humano. Cierra y abre –como un
obturador de la cámara fotográfica- otros horizontes de expectativas.

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BIBLIOGRAFÍA
Agamben, G. (2005): Profanaciones. Buenos Aires: Adriana Hidalgo
Editora.
Barthes, R. (2014): La cámara lúcida. México: Paidós.
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___, (1988): A media asta. Santiago: Cuarto Propio.
___, (1993): Sayal de pieles. Santiago: Francisco Zegers Editor.
___, (2009): Chiiit, son las ventajas de la escritura. Santiago: LOM.
___, (2018): Bobby Sands desfallece en el muro. Santiago: Quimantú.
___, (2019): Poesía sobre poesía. Santiago: Ediciones UAHC.
Deleuze, G. (2017): Diferencia y repetición. Buenos Aires: Amorrortu/
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Foucault, M. (2019): Microfísica del poder. Buenos Aires: Siglo XXI.
Hernández, H. (2006): Sarcoma piel paginal. http://www.letras.mysite.
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Ortega, J. (2000): Caja de herramientas. Santiago: LOM.
Sepúlveda, M. (2008): “Representaciones de Santiago en Huellas de
Siglo de Carmen Berenguer: La ciudad burdel”. Literatura y
lingüística, N°19. Santiago: Ediciones UCSH.
Taylor, D. (2010) “Usted está aquí”, el ADN de la performance. México:
Siglo XXI.
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�Dosier
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Escritoras Latinoamericanas: miradas críticas
desde el siglo XXI
Toda genealogía acusa con obviedad la preocupación por conocer
el origen, en un intento de filiación
individual. Descubrir diversas historias, definir las diferencias individuales contrarresta el efecto de
mitificación, absuelve la traición.
Margo Glantz

A mediados del 2021 me encontré moderando una mesa titulada
“Periodismo y literatura: fronteras de la hibridación narrativa” en un
evento organizado por mi colega Magdalena López. La mesa estuvo
conformada por Lorena Amaro de la Universidad de Chile, Liliana
Chávez de la Universidad Libre de Berlín y Montserrat Mera de la
Universidad Complutense de Madrid; es decir, todas mujeres. Antes
de comenzar la transmisión, Chávez nos preguntó si la mesa giraría
en torno a la escritura de las mujeres, a lo cual respondimos que
no habíamos pensando en ello como el tema central, sin embargo,
mentiría si dijera que no teníamos cierta certeza de que la discusión
derivaría hacia ese tema. Y lo hizo.
El cuestionamiento sobre si ser escritoras e investigadoras
nos obliga a hablar de la escritura de las mujeres puso en evidencia
varias aristas en torno al panorama actual no solo de la literatura
63

�Michel Monter / Presentación

sino también de la investigación y crítica literarias. ¿Acaso hemos
construido un mandato en el que cuando las lectoras, escritoras e
investigadoras se reúnen es solo para discutir sobre la producción
literaria de las mujeres? Aún más, ¿acaso la categoría de “escritura
de las mujeres” alcanza a cubrir toda la diversidad de producciones
literarias? Me parece que, en principio, continúa siendo estratégico
utilizarla en orden de mostrar las ausencias, pero me preocupa
caer en los esencialismos que sitúan estas producciones casi como
un género en sí mismo, homogeneizando así las manifestaciones
literarias, sobre todo cuando se encuentran acompañadas de una
narrativa en la que se plantea que tales obras surgieron de forma
espontánea.
En el 2017, el diario español El País publicó un artículo
sobre las narradoras latinoamericanas en el que ponía la producción
de Laia Jufresa, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Fernanda
Melchor, Ariana Harwicz, Gabriela Jáuregui, Liliana Colanzi, Brenda
Lozano y demás autoras en relación con aquel movimiento literarioeditorial latinoamericano de la segunda mitad del siglo pasado:
“Después de los Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio
Cortázar, entre otros, de hace más de cinco décadas, ¿hay un boom
latinoamericano en femenino?” Elipsis a la Feria Internacional del
Libro del 2021 en Guayaquil durante la cual las escritoras Mónica
Ojeda, Fernanda Trías y Giovanna Rivero mantuvieron una
discusión en la que criticaron la ligereza con la que se usa el término
boom, pues es una forma de guetización,1 una nueva categorización de
1 Peter Marcuse escribe que un ghetto es “un territorio que concentra
personas que han sido segregadas por el resto de la sociedad, ya sea por su
condición étnico-racial, socioeconómica o por su nacionalidad; a su vez, este
grupo a su vez es tratado por las clases dominantes como inferior” (1997, p. 4).

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la escritura de la mujeres y, en palabras de Fernanda Trías, mientras
que “el tema de los hombres es el mundo, los temas de las mujeres
son los temas de las mujeres”.
En 1983, Joanna Russ publicó Cómo acabar con la escritura de
mujeres, libro en el que explica que, en una sociedad que se define
como igualitaria y en la que gozamos de una supuesta libertad,
históricamente se han conformado estrategias para “ignorar,
condenar o minusvalorar” las obras de quienes son consideradas
inadecuadas para la literatura. Estas estrategias fueron condensadas
en la portada de la primera edición del libro en 1983, en la que se
lee lo siguiente:
Ella no lo escribió. (PERO si es evidente que lo hizo…) Ella
lo escribió, PERO no debió hacerlo. (Si es político, sexual,
masculino, feminista.) Ella lo escribió, PERO mira sobre lo que
escribió. (El cuarto, la cocina, su familia. ¡Otras mujeres!) Ella lo
escribió, PERO solo escribió uno (Nellie Campobello solo publicó
Cartucho [1931]) Ella lo escribió, PERO no es realmente una
artista, así que esto no es arte (Es un thriller, una novela rosa,
un libro para niños, ciencia ficción…) Ella lo escribió, PERO
la ayudaron (el papel de Octavio Paz en la publicación de Los
recuerdos del porvenir de Elena Garro) Ella lo escribió, PERO es
una anomalía (La figura de Rosario Castellanos). Ella lo escribió,
PERO…2
Disponible en: http://www.urbancenter.utoronto.ca/pdfs/curp/Marcuse_
Segregationandthe.pdf
En los términos de nuestra discusión, el término de guetización se refiere al
proceso en el que un grupo de escritoras se margina en un espacio separado
dentro del sistema literario, entendido como la red de mercado, editoriales,
ferias del libro, etc.
2 Traducción propia de la portada de la primera edición de How to suppress
women’s writing (1983) de Joanna Russ en la que modifiqué los ejemplos del
original para adaptarlos a los casos de la historia literaria mexicana.
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�Michel Monter / Presentación

Estos PEROS, no son más que estrategias de guetización,
en términos de Trías, que terminan por obliterar las producciones
literarias escritas por mujeres, pero no solo eso, sino que desvanecen
el camino andado al implantar una narrativa de falsa espontaneidad.
En una adenda a la mesa de la FIL Guayaquil, citada anteriormente,
Giovana Rivero escribió en Twitter que “el término [boom] (de
profunda raigambre economicista y nuclear) anula todo camino
anterior, borra genealogías” (Rivero, 2021). Al hablar de un “boom
femenino” la estrategia utilizada parece ser “Ella lo escribió…pero
es mujer”. Incluso aunque nos conciliáramos con el concepto de
boom, no estamos ante una novedad. Liliana Pedroza menciona en
su libro Historia secreta del cuento mexicano que, durante la década de
1980 y gracias a los movimientos feministas de la época “surge un
boom de literatura escrita por mujeres”, aunque, al igual que en la
actualidad “no es que las mujeres comenzaran a escribir recién, sino
que las editoriales supieron rentabilizar los movimientos sociales
feministas y crearon en el mercado lectores de libros de mujeres para
mujeres” (Pedroza, p. 30). Ciertamente, los booms son mediáticos y
van acompañados de una maquinaria publicitaria estruendosa. En
medio del fragor, es posible interpretar como novedad fenómenos
que han permanecido oculto bajo ciertas estrategias, pero una vez
que entrenemos nuestra mirada nos encontraremos ante un tejido
vivo.
Abro con el recuento de estos episodios porque, en principio,
este dossier nació de la idea de establecer vasos comunicantes entre
las autoras latinoamericanas del siglo XX y XXI. Los artículos aquí
reunidos trazan, a muy grandes rasgos, una panorama literario en el
que los relieves, las similitudes y las diferencias se vuelven evidentes
a través de las múltiples miradas de quienes se dedican a investigar
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

el vasto campo literario con la consigna primordial de investigar a
las escritoras latinoamericanas. Así, este compendio trabaja diversos
géneros: desde el ensayo de María Elena Bermúdez pasando por los
cuentos de Mónica Ojeda, Rosario Castellanos y Guadalupe Nettel,
hasta las novelas de Clarice Lispector y Orfa Alarcón.
El recorrido inicia con el primer apartado titulado
“Identidad” en el que Lluvia Olvera realiza un rescate de la obra
ensayística de María Elena Bermúdez. En la autora que la crítica
literaria reconoce como la “Agatha Christie mexicana”, Olvera
encuentra a una gran ensayista que en su época dialogó con
Octavio Paz y Samuel Ramos al tratar de desentrañar la condición
del ser mexicano. Siguiendo con los rescates, Omar Paredes se
concentra en un elemento poco estudiado dentro de la amplia obra
de Rosario Castellanos: sus cuentos. Para ello realiza un análisis
desde la concepción del espacio y la construcción de la identidad.
En el segundo apartado “Anomalías”, Joseph Cardona estudia La
hora de la estrella de Clarice Lispector desde la idea de lo abyecto, así
como Valeria Vazquez trabaja la mirada voyeur, la incomodidad y el
erotismo del cuerpo enfermo en el cuento “Hongos” de Guadalupe
Nettel. Por último, en el apartado “Violencias”, Magdalena López
analiza la irrupción de Perra Brava como una resignificación del rol
femenino en la literatura sobre el narcotráfico; mientras que Isabel
Alcántara y Álvaro Uribe presentan un trabajo sobre el sistema
literario de Mónica Ojeda a través de la experiencia de la violencia,
el trauma y del dolor como artefactos para provocar horror; y, para
cerrar el apartado y el dosier, Francisco Tijerina se hace cargo del
proceso de territorialización del cuerpo, realizado por un grupo de
narradoras mexicanas.
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

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�Michel Monter / Presentación

En suma, el dossier “Escritoras Latinoamericanas: miradas
críticas desde el siglo XXI” que presenta la revista Humanitas es un
esfuerzo más por continuar un diálogo con las diversas personas
que se dedican a la investigación y crítica literarias, pero, ante todo,
un diálogo con lectoras y lectores de las letras latinoamericanas.
Michelle Monter Arauz

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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Referencias
Corroto, P. (14 de agosto de 2017). “El otro ‘boom’ latinoamericano
es femenino”. El País. Disponible en: https://elpais.com/
cultura/2017/08/13/actualidad/1502641791_807871.
html [Fecha de consulta: 02/12/2021].
Pedroza, L. (2018). Historia secreta del cuento mexicano. Monterrey:
UANL.
Rivero, G. [giovannarivero1]. (16 de septiembre de 2021). Estuve de
moderadora en la charla entre @trias_fernanda y @MonaOjedaF.
Sobre lo “espontáneo” del “boom” quiero completar algo que planteé
y la nota no registra [Tweet]. Twitter. https://twitter.com/
giovannarivero1/status/1438553120984948744
Russ, J. (1983). How to suppress women’s writing. Austin: University of
Texas Press.

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

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�Dosier
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

El ensayo de identidad en México: la perspectiva
de María Elvira Bermúdez en La vida familiar del
mexicano (1955)
The identity essay in Mexico: María Elvira
Bermúdez’ point of view in La vida familiar del
mexicano (1955)
Lluvia Georgina Olvera Coxtinica
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa
lluvia.olveracox@gmail.com

Fecha entrega: 03-1-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022

Resumen. En este artículo se analiza la obra La vida familiar del mexicano
(1955) de María Elvira Bermúdez (1916-1988) a través de la categoría de
ensayo de identidad. En esta obra se configuran los rasgos que conforman
la identidad del mexicano y cómo esta se constituye en el inconsciente colectivo de la sociedad y de los sujetos que a ella pertenecen: mujer y hombre.
Ante las diversas situaciones que la autora analiza y que identifica como
problemas propone una solución que contribuiría a la formación de una
sociedad más justa y equitativa que acabe con los estereotipos de género
impuestos a la sociedad mexicana por la ideología patriarcal gestada durante
años. La vida familiar del mexicano es una obra de un enorme valor literario
que contribuye a la actualización no sólo del ensayo en México sino también
brinda nuevos enfoques respecto a la identidad de las y los mexicanos.

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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

Palabras clave: ensayo mexicano, ensayo de identidad, escritura femenina, familia mexicana, mujer y sociedad.
Abstract. This article analyses La vida familiar del mexicano (1955) by María Elvira Bermúdez (1916-1988) through the category of identity essay.
Bermudez’ essay analyzes the configuration of the features that set up
the Mexican identity and how this is constituted in the collective unconscious of society and the subjects belonged to it: woman and man. The
writer dialogues with the tradition that also raised questions regarding the
Mexican identity, such as Octavio Paz and Samuel Ramos. In addition, it
observes from different points of view the role of women in public and
private spaces of family dynamics, both in the countryside and in the city.
It also determines that parenting of children influences ideologically for
the construction of machismo in Mexican society. La vida familiar del mexicano is a work of enormous literary value that contributes to the updating
not only of the essay in Mexico but also provides new approaches to the
Mexican identity.
Keywords: Mexican essay, identity essay, female writing, Mexican family,
woman and society.

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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Introducción
La vida familiar del mexicano fue escrito en 1955 por María Elvira
Bermúdez (Durango 1916- Ciudad de México 1988)1. Este ensayo,
tanto en el tratamiento de los temas como en extensión y complejidad,
se trata de una obra sin precedentes. Se publicó como parte de la
colección México y lo mexicano editada por la antigua librería Robredo
en 1955, bajo la coordinación editorial de Leopoldo Zea, quien, a
partir de su participación en el llamado grupo Hiperión,2 se inclinó
fuertemente hacia los estudios sobre lo mexicano. Los títulos que
pertenecieron a esa colección son: La emancipación literaria de México
de José Luis Martínez, Tres poetas de la soledad (José Gorostiza, Xavier
Villaurrutia y Octavio Paz) de Ramón Xirau, Crónica de México de Alfredo
1 María Elvira Bermúdez nació en Durango donde vivió gran parte de
su niñez. Durante su juventud viajó a la Ciudad de México para estudiar en
la Escuela Libre de Derecho y fue la primera mujer en obtener su título como
abogada en esa institución. Es probable que al ejercer su profesión se haya
sentido influenciada en su proceso creativo para incursionar en la novela y
cuento policíaco. Ha sido llamada “la Agatha Christie mexicana” por el escritor
y crítico literario Juan José Reyes y también se le ha considerado como la
primera mujer en México y América Latina en incursionar en el género policial.
Sus obras narrativas publicadas son: Soliloquio de un muerto (1951), Diferentes
razones tiene la muerte (1953), Alegoría presuntuosa y otros cuentos (1971),
Cuentos herejes (1984), Detente, sombra (1984), Muerte a la zaga (1986) y
Encono de hormigas (1987). Algunas de sus obras han sido antologadas en Los
mejores cuentos policíacos mexicanos (1955) y Antología del cuento policíaco
mexicano (1987). También escribió en varios suplementos culturales en diarios
de circulación nacional como en Novedades, El Nacional, Excélsior y México en
la cultura.
2 El grupo Hiperión se fundó en la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad Nacional Autónoma de México, conformado por Emilio
Uranga, Leopoldo Zea, Ricardo Guerra, Jorge Portilla, Luis Villoro, Fausto
Vega y Salvador Reyes Nevares, quienes tuvieron como objetivo estudiar lo
mexicano para fundar una filosofía nacional creada en México. Su principal
cuestionamiento fue la existencia de lo mexicano.
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-3

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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

Cardona Peña y La vida familiar del mexicano de María Elvira Bermúdez.
La obra en cuestión se centra en analizar los aspectos
patriarcales y machistas que configuran la función de la mujer en la
sociedad. Bermúdez también rastrea los orígenes de la estructura
patriarcal y los evidencia como una problemática nacional que limita el
progreso de la sociedad mexicana. Para ello analiza de qué forma incide
el machismo en las dinámicas sociales y de qué manera se expresa en
la cultura popular, además de proponer una solución ante el problema
del machismo en México. Esas características construyen una obra de
gran solidez argumentativa que refuta textos canónicos de la tradición
ensayística en México como El laberinto de la soledad (1950) y El perfil del
hombre y la cultura en México (1934), cuya temática abordada —la identidad
del mexicano— convergen en una misma categoría.
La aceptación y recepción de una obra no sólo radica en
publicarla y difundirla, sino en que sea leída de manera crítica, sea
citada y poco a poco se convierta en un marco de referencia de
nuevas formas de pensamiento. De igual manera, se espera que
al incorporarse tangiblemente a la historia literaria de un país se
generen nuevos espacios para el conocimiento y la reflexión, de tal
modo que la sociedad actualice la visión y perspectiva respecto a un
campo específico. Desafortunadamente, no ha sido el destino de La
vida familiar del mexicano, pues al ser un texto que no ha sido valorado
por la crítica no se ha incorporado al canon nacional.
La vida familiar del mexicano como ensayo de identidad
de género
El ensayo de Bermúdez, a pesar de no ser tomado en cuenta
como parte de la tradición ensayística en México, participa dentro
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de las discusiones sobre el tema de la identidad. Por lo tanto,
debe catalogarse como un ensayo de identidad, porque bajo esa
estirpe analizan el ser de las personas que tienen rasgos culturales
en común, como el lugar de origen, la lengua y las tradiciones,
lo anterior con el propósito de caracterizar y explicar la llamada
identidad nacional. De acuerdo con las categorías de Mary Louise
Pratt, el ensayo de identidad fue escrito por hombres privilegiados
que después de la independencia de sus naciones construyeron los
ideales que representaran a un pueblo. Empero, deben considerarse
estos ensayos como una perspectiva o visión incompleta, pues falta
la otra cara de la moneda: la visión femenina. Ante ello, Pratt sugiere
que gran parte de los ensayos que escribieron las mujeres durante
los siglos XIX y XX tienen un sentido contestatario hacia lo que
escribieron sus contemporáneos varones, como se puede apreciar
en la siguiente cita:
Empleo el término “Ensayo de género” para referirme a una serie
de textos escritos por mujeres latinoamericanas a lo largo de los
últimos ciento ochenta años, enfocados al estatuto de las mujeres
en la sociedad. Es una literatura contestataria que propone
“interrumpir el monologo masculino” —por decirlo en palabras
de Victoria Ocampo— o al menos confrontar la pretensión
masculina de monopolizar la cultura, la historia y la autoridad
intelectual, como sucede con el ensayo de identidad (2000:76).

La vida familiar del mexicano se adhiere a esos principios, no
sólo por abordar el tema de la identidad desde la perspectiva de una
mujer latinoamericana, sino porque es evidente que en sus páginas
irrumpe el monólogo masculino de sus coetáneos, en este caso de
El laberinto de la soledad y El perfil del hombre y la cultura en México. De
esta manera, para los estudiosos tanto del género ensayístico como
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

de la temática de la identidad en México en la primera mitad del
siglo XX, resulta de gran utilidad tener distintas focalizaciones que
ayuden a construir un mapa más diversificado sobre los ensayos de
identidad y género en México.
El objetivo de este artículo es dar a conocer La vida familiar
del mexicano como un ensayo de género que no ha sido estudiado
con anterioridad, analizar su singularidad como ensayo de identidad
y de género, y recuperarlo para el corpus y la historiografía del
ensayo mexicano, pues forma parte de una recuperación de textos
olvidados. Asimismo, examino el tratamiento de los temas en
torno a la mujer, la problematización del machismo en México y la
propuesta final que plantea la ensayista para solucionar el problema
del machismo. Tres cualidades que quiero destacar de esta obra son:
el propósito de María Elvira Bermúdez de publicar su escrito como
libro, que además se trata de un ensayo comparado pues no aborda el
problema de la mujer de forma aislada sino en permanente diálogo
con el otro, y que abordó por primera vez con gran profundidad las
dinámicas familiares de México. La autora fue una mujer adelantada
a su época por las observaciones, la problematización, el rastreo y
solución que propuso en su obra.
La vida familiar del mexicano: aproximaciones al tema de la
identidad
Entre la década de los veinte y los treinta acontece una de las disputas
más interesantes en la historia literaria nacional que influyó, en cierta
medida, en la configuración del deber ser del mexicano. Me refiero a la
polémica nacionalista que se desarrolló en un ambiente de pugna por el
afán de conformar los rasgos que caracterizarían a los connacionales.
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Los principales grupos de intelectuales, pensadores y artistas de ese
momento histórico no lograron ponerse de acuerdo. Por un lado,
se apelaba a los valores posrevolucionarios de fuerza y virilidad,
defendidos por Ermilo Abreu Gómez, Héctor Pérez Martínez, Julio
Jiménez Rueda y Francisco Monterde, respaldados bajo los ideales
vasconcelistas representados en la novela de Mariano Azuela, Los de
abajo (1915). Mientras que el otro grupo en disputa correspondía a una
nueva generación de jóvenes: los llamados Contemporáneos, quienes
aludían a un tipo de literatura esteticista, universal y pura.3
Durante el periodo de la polémica surgieron varias obras que
abordaron el tema de la identidad del mexicano, tema que también
atraviesa el ensayo hispanoamericano. Sin embargo, gran parte de lo
que se conoce hoy en día deriva de estudios sobre la mexicanidad
centrados exclusivamente en el varón. Por lo tanto, la presencia
de la mujer como parte de la sociedad mexicana queda sesgada o
se aborda desde una perspectiva completamente masculina. María
Elvira Bermúdez no sólo fue testigo de las polémicas sobre la
identidad del mexicano, sino que, como escritora e intelectual, leyó
con atención las principales obras y estudios en torno a lo mexicano,
y participó en esa reflexión general.
Desde diferentes aristas la ensayista analizó y observó las
estructuras sociales y la organización de la sociedad mexicana de
la primera mitad del siglo XX. En su ensayo cuestiona la noción
de mexicanidad y su constitución en el inconsciente colectivo de
la sociedad y de los sujetos que a ella pertenecen: mujer y hombre.
3 Al respecto del tema de la polémica nacionalista sirvan de consulta
Arciniega, V. (2010). Querella por la cultura “revolucionaria”. México:
Fondo de Cultura Económica y Sheridan, G. (2001). México en 1992 la
polémica nacionalista. México: educal.
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

En el primer capítulo de La vida familiar del mexicano, la autora hace
explícita su intención de hacer un estudio sobre la condición de las
familias mexicanas, su impacto en la sociedad, clase social, ubicación
geográfica para visibilizar la condición de la mujer mexicana como
sujeto activo en la sociedad:
Los mexicanos son absolutamente diferentes entre sí y es
imposible verificar una suma de sus virtudes y defectos;
los estudios sobre el mexicano son absurdos e inútiles y
sólo tienen como corolario la autodenigración. […] SE
PERSIGUE TAN SÓLO EL CONOCIMIENTO DE LOS
DEFECTOS NACIONALES QUE CONDUZCA, NO A
UNA MASOQUISTA Y ESTÉRIL CONTEMPLACIÓN
DE NUESTRAS DEFICIENCIAS SINO AL PROPÓSITO
FIRME DE ENMENDARLAS. El autoconocimiento conduce
a la superación. […] Resulta pues necesario, si se pretende hacer
del mexicano un ser más feliz y mejor, averiguar qué es lo que
le impide progresar o, al menos estar conforme con su destino
(Bermúdez, 1955:17-17).4

Aunado a esto, María Elvira Bermúdez inicia La vida familiar
del mexicano con un frase de Octavio Paz: “Por primera vez en nuestra
historia somos contemporáneos de todos los hombres”.5 Desde
luego no es una casualidad, pues Paz concluye El laberinto de la soledad
con esa frase. Se puede inferir que a la ensayista le pareció necesario
complementar y actualizar lo que el autor ya había concluido. Va más
4 Las mayúsculas se transcriben tal como aparecen en la edición
consultada.
5 Véase en “VII Nuestros días” en Paz, O. (1950). El laberinto de la soledad.
Madrid: Cátedra. Cfr. “I. Directrices de la investigación” en Bermúdez, M. E.
(1955). La vida familiar del mexicano. México: Antigua Librería Robredo.
Colección México y lo mexicano, p. 13.

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allá de Paz al discutir las propias palabras del escritor, redefinirlas y
notar que hay elementos no explícitos que necesitan explicarse.
Para la ensayista, El laberinto de la soledad es un texto que
aborda el tema de la identidad desde un sentido general. Las
afirmaciones ahí planteadas parten desde la subjetividad del autor y
por ende no revela investigaciones o datos certeros, debido a que no
se analizan a detalle las características y peculiaridades de cada uno
de los mexicanos:
la pretensión de marcar a todos los mexicanos con un marbete
estrecho e insalvable es peligrosa […] que los investigadores
lo único que logran es verter inconscientemente sus propios y
peculiares defectos en ese imaginario y sufrido mexicano… que
las investigaciones mexicanistas, en suma, son falsas e inútiles
y que su resultado total es la denigración de los compatriotas
(1955:14).

En este sentido, María Elvira Bermúdez comienza su
escrito con plena intención de dialogar con lo ya fijado y conocido,
emanado de una voz de autoridad. Lo anterior —en esa época—
debe considerarse como un acto disruptivo, en el sentido de que una
obra como La vida familiar del mexicano tuviera la “osadía” de dialogar
con El laberinto de la soledad.
Los rasgos del yo a lo largo del ensayo de María Elvira
Bermúdez serán casi imperceptibles, oscilando entre la primera
persona del plural y la primera persona del singular. Cuando enuncia
ciertas características del mexicano hay un distanciamiento, como si
se tratase de una mirada externa. En este caso, la autora observa y
cuestiona como mudo testigo (hasta este momento no ha emitido,
todavía, juicio alguno y se mantiene en la tercera persona): “Este
modo de vivir del mexicano”, “¿qué es el mexicano?, “el mexicano es
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

un ente irreal”. Conforme avanza el ensayo, María Elvira Bermúdez
cambia de sujeto narrativo a la primera persona y hace explícitos los
objetivos a donde pretende llegar:
[…] no me incumbe zanjar cuestiones que conciernen a filosofías
o investigadores en particular. Respeto la impronta personal y soy
incapaz de juzgar a Tirios y troyanos. Me interesa, empero, dar
una respuesta a las objeciones que tienen apariencia de verdad
(1955:14).

Aquellos vacíos en los que Paz no profundiza, la ensayista
los toma como una oportunidad para reflexionar sobre las
circunstancias sociales de la mujer mexicana. Queda claro que la
exclusión de la mujer se manifiesta en su nula categorización en
las formas culturales. La ensayista no sólo debate el sentido de
generalizar al mexicano, también es interesante la manera en que
no se presume como una entidad fuera del objeto de estudio, no
se refiere a “el mexicano” desde una mirada externa. No habla
de él en tercera persona, se asume a sí misma como parte de esa
generalización empleando el término “compatriota”. Bermúdez
también usa la proposición “el mexicano” en sentido retórico, “es
una sinécdoque que toma el singular por el plural. Nada más, y nada
menos” (1955).
En la sinécdoque del término “el mexicano”, la autora
engloba hombres, mujeres y niños, mientras que Paz emplea,
únicamente, sustantivos referentes al género masculino: “El
hombre, el adolescente, el viejo”. En los momentos en que Paz
llega a reflexionar sobre la mujer lo hace con el distanciamiento
no sólo discursivo, sino ideológico, porque distancia su “yo” de la
configuración colectiva:
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Y por eso la virtud que más estimamos en las mujeres es el recato,
como en los hombres la reserva. Sin duda en nuestra concepción
del recato femenino interviene la vanidad masculina del señor […]
como casi todos los pueblos, los mexicanos consideran a la mujer
como un instrumento, ya de los deseos del hombre, ya de los fines
que le asignan la ley, la sociedad o la moral. Fines, hay que decirlo,
sobre los que nunca se ha pedido su consentimiento y en cuya
realización participa sólo pasivamente, en tanto que “depositaria”
de ciertos valores. (Paz, 1950:170-171).

Bermúdez juega con la retórica y la generalización originada
por la sinécdoque, sugiere que dentro de ese gran todo que es el
mexicano, las mujeres se hallan presentes: “Entendido el mexicano
como el conjunto de todos los mexicanos, es fácilmente identificable
con la nación mexicana” (1955: 20). En este caso, al referirse a México
como nación, le atribuye una personificación femenina; aunque,
no olvidemos que este fue un recurso común, en Latinoamérica y
algunos países europeos: personificar a la patria con las cualidades
de lo que debería ser una mujer.
La autora sostiene que los estudios que intentan definir
quién es el mexicano, al ser muy generales, caen en reduccionismos
y el lector puede tomar en cuenta sólo los aspectos negativos. Por
ejemplificar tal caso, Bermúdez ironiza una posibilidad de lectura de
El perfil del hombre y la cultura en México: “¿Hemos de padecer, todos
los mexicanos, un complejo de inferioridad, únicamente porque el
filósofo N así lo afirma?” (1955: 15). Sin duda, esta aseveración debe
de interpretarse con todos sus matices, analizar en qué circunstancias
se dijo y desde qué posición el filósofo lo está enunciando; no
obstante, lo que la autora pretende demostrar es que obras como las
de Ramos y Paz, canónicas y ampliamente referenciadas por otros
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

estudiosos, suelen considerarse como una verdad absoluta, en pocas
ocasiones cuestionada.
La ensayista explora a la mujer y su función dentro de la familia
mexicana en correspondencia con la clase social a la que pertenece. En
ese orden de ideas, hace un análisis de cómo ha sido la participación
de la mujer en las familias de las clases sociales más bajas, tanto en el
campo como en la ciudad, capítulo al que ha denominado “Gente
del pueblo”. El primer aspecto que se aborda en “Gente de pueblo”
es la familia del campo y, en segundo orden, la familia en la ciudad.
La ensayista busca evidenciar los principales escenarios, vicisitudes,
problemáticas, penas y demás circunstancias que aquejan la vida
familiar en el campo y la ciudad. También se examina, en ambos tipos
de familia, la dinámica cotidiana y de qué forma se constituyen los
ejes patriarcales que las rigen como: el trabajo no remunerado de las
mujeres y las relaciones sociales entre los miembros de la comunidad.
Otro de los tópicos que destaca María Elvira Bermúdez es
la pasividad femenina respecto a la elección de marido. En muchas
ocasiones “la novia ni siquiera es consultada por el pretendiente; este
se vale de sus padres para pedirla; si los presuntos suegros aceptan las
dádivas que aquél otorga periódica y progresivamente, la muchacha
se ve comprometida, guste o no del pretendiente” (Bermúdez, 1955:
32). Esto ocurre en el mejor de los casos, puesto que el rapto también
era una forma común de celebrar un matrimonio. La mujer fuera del
hogar paterno se convierte en propiedad de la nueva familia a la
que se integra. El trabajo en el campo, la comida, el cuidado de los
animales y los hijos son el pan de cada día de las mujeres campesinas.
Ni siquiera sus propios hijos le pertenecen, la autoridad recae en el
padre o el abuelo paterno, destaca Bermúdez en la siguiente cita:
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El hombre, en efecto, valido quizá de las dádivas y de los riesgos
que su mujer le ha costado, la considera como una cosa de su
propiedad a quien es preciso sacar el mayor partido posible. Por
ello le exige un trabajo ininterrumpido y una obediencia muda,
y le niega la mínima iniciativa. Por ello también le pega y la
maltrata. La mujer indígena y la campesina aceptan por lo general
esta situación con ciego fatalismo. Consideran, incluso, como un
síntoma de desamor la ausencia de malos tratos (1955: 35).

Para la mujer citadina la vida de opresión no es muy diferente.
Al asentarse en viviendas irregulares, carentes de los servicios básicos
y en pleno contacto con mendigos, prostitutas y delincuentes,
las familias que ahí se originan viven en un ambiente marginal y
promiscuo. Un cuarto malhecho o de azotea es el escenario donde un
padre desobligado y alcohólico violenta a su mujer y a sus hijos. Es
común que además de cuidar a los hijos y realizar las tareas propias,
estas mujeres laven ropa ajena o se desempeñen como costureras
para poder alimentar a sus hijos o completar para el gasto: “Estas
mujeres […] desempeñan en sus hogares la tarea de los hombres,
pero conservan, como casi todas las que en México son los hombres
de la casa, la pasividad tradicional de la abnegada y sufrida mexicana”
(Bermúdez, 1955: 35).
Bermúdez también analiza el fenómeno migratorio del
campo a la ciudad6 y de qué forma estos cambios de residencia han
6 Las grandes migraciones del campo a la ciudad se dieron principalmente
por la pérdida del derecho agrario, ver: Iturriaga, J. E. (2012). La estructura
social y cultural de México. Sociología, economía y política nacional. México:
Miguel Ángel Porrúa, Serie Las Ciencias Sociales, tercera década. En él explica
por qué hay migraciones, no sólo por el proceso de industrialización del país
que comienza en la década de los treinta sino por la pérdida considerable del
trabajo en el campo.
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

impactado en la vida de las familias mexicanas siendo uno de los
principales motivos de su debilitamiento. Este tema es desarrollado
por la autora al tomar como punto de partida los estudios sociales del
reconocido historiador José Ezequiel Iturriaga. La ensayista plantea
que las migraciones del campo a la ciudad otorgan un sentido de
liberación, una manera de desapego a los usos y costumbres de
la provincia mexicana. La estructura propia de la creciente ciudad
de México y el modo de vida tan agitado hacen que la mirada
fiscalizadora de las prácticas morales pase de largo ante las nuevas
formas en que se relaciona la gente.
Hontanares del machismo en México en la educación familiar
Un aspecto que distingue La vida familiar del mexicano es la atención
que la ensayista mexicana brinda a la niñez y a los jóvenes. La
focalización que ofrece de ellos visibiliza la educación que recibían,
permite conocer cómo se gesta la clase media en México durante
los años cincuenta y cómo se incuba el machismo en los futuros
hombres de México. Es en el seno del hogar donde se les inculca
reprimir toda muestra de sentimentalismo, de modo que “el niño
crece en un ambiente en el cual su misma madre y hermanas
contribuyen a formar esa dicotomía áspera entre lo femenino y lo
masculino” (Bermúdez, 1955: 51). Esta reflexión que hace la autora
es muy importante pues demuestra que las actitudes machistas del
adulto son una conducta aprendida de la niñez. Lo más irónico es
que la mujer vive en una dicotomía de la que no puede salir: es quien
educa a sus hijos bajo una visión machista que al mismo tiempo la
oprime.
María Elvira Bermúdez examina de qué forma la estructura
patriarcal en la que eran educadas las mujeres las hacía entrar en
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un círculo de opresión que se reflejaba en la educación de los
hijos: mientras los maridos violentaban y reprimían a la mujer,
esta replicaba estas actitudes hacia los niños y adolescentes. La
violencia contra la niñez se encontraba normalizada en las familias
mexicanas, símbolo de disciplina y respeto a los mayores. Bermúdez
pone en evidencia este tipo de comportamientos, que, si bien los
enuncia para la clase media, era una situación generalizada en casi
todas las familias:
Entre muchas familias de la clase media mexicana es
perfectamente normal la bárbara costumbre de pegarles a los
niños; se les ajusticia con la parsimonia y la rutina con la que,
por ejemplo, se les enseña a rezar. Ello no obstante, muchas
reprimendas maternales que van rubricadas por latigazos
salvajes y gritos histéricos, no son sino el desfogue instintivo
de la hembra despreciada o maltratada por el macho; en la
imposibilidad de devolver los golpes al más fuerte, la mujer
insatisfecha y amargada los vierte sobre los hijos (1955: 62).

El binomio Madre-Hijo atravesó como paradigma todos
los estratos de la sociedad mexicana durante las décadas de los
cuarentas y cincuentas. Sin duda, el cine y la televisión reforzaban
la idea de que la educación de los hijos era un asunto de las madres,
mientras que los padres se limitaban solo a proveer alimento, casa
y vestido. Martha Santillán comenta que: “[..] se refleja claramente
en la imagen de la madre abnegada y amorosa, la cual también
era ampliamente difundida por el cine y la prensa. Estereotipo a
su vez concordante con el esquema de la maternidad promovido
por la doctrina católica, que circunscribía las conductas femeninas
sexuales y amorosas a su familia, esposo e hijos” (2019:123).
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

Es evidente la importancia que tienen los estudios de
la psique humana para María Elvira Bermúdez, y para todo el
pensamiento y el arte del siglo XX, pues con estas teorías explica,
o busca comprender las actitudes, complejos y conflictos que
se expresan en la vida adulta. Con lo anterior también queda
demostrada la relevancia de la educación infantil, cuya valoración
no sólo es escasa, sino nula. Dentro del panorama general de la
ensayística mexicana escrita por varones, no se advierte ninguna
preocupación por la infancia. Por un lado, se ha soslayado porque
no se considera importante y, por otra parte, porque se vincula
directamente con lo femenino. La educación de la niñez es
exclusividad de las madres.
La ensayista toma como eje principal de su análisis ―y
como principio para configurar el concepto de macho― el
conflicto del hombre mexicano originado en la niñez respecto a
las mujeres. Ya de adulto, la mujer para el mexicano es el centro de
todas sus pláticas y atenciones, ya sea para exaltar o para denigrar,
en palabras de Bermúdez (1955:85): “desprecia a la mujer, pero
vive obsesionado por las mujeres”. No obstante, el interés del
mexicano hacia la mujer es solamente físico y esto se da en dos
dimensiones: la primera de ellas, en que el interés por las mujeres
surge a partir de sus atributos corporales, al varón no le interesan
las virtudes intelectuales de la mujer que le gusta. La segunda radica
en que el hombre se esfuerza en hacer notar los rasgos físicos que
denoten su fuerza y virilidad. Tampoco le interesa mostrar dotes de
intelectualismo. El hombre en México se esfuerza en que la mujer
vea en él una figura de valentía y poder, alguien que no le teme a
nada y que en cualquier momento está dispuesto a demostrar su
fuerza bruta.
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A pesar de todas las características que, en suma, caracterizan
al macho mexicano, María Elvira Bermúdez no considera, de forma
concluyente, que el machismo sea del todo un complejo psicoafectivo
derivado de los traumas de la niñez, aunque es una forma de rastrear
los orígenes del machismo y su gesta, debe considerarse que el
machismo es un desfogue, una liberación. ¿En qué sentido la autora
considera al machismo como un acto de liberación? Habría de tomar
en cuenta que, en gran medida, la represión acumulada es ocasionada
por la misma estructura patriarcal que se ejerce sobre los varones
y cómo a partir de ese orden, el macho mexicano encuentra una
forma de justificar sus acciones: virilidad, fuerza y poder. Desdeña
cualquier actitud que se le parezca a lo femenino, por ejemplo: el
sentimentalismo, la debilidad y la delicadeza. Atributos que, por
cierto, él mismo ha considerado inherentes a la mujer.
Construcción de los prejuicios y paradigmas de género:
machismo y hembrismo
En el capítulo V “Machismo y hembrismo”, María Elvira Bermúdez
sintetiza las características que constituyen la imagen del macho
mexicano. Asimismo, propone el término hembrismo para designar
al conjunto de actitudes adoptadas por las mujeres que legitiman el
orden patriarcal establecido. En primera instancia, la autora hace la
siguiente aclaración: el hombre mexicano no es el único varón que
se siente con ventaja sobre las mujeres. Aunque no ahonda mucho
en esta afirmación, es importante dicha sentencia pues se interpreta
que la superioridad del hombre ―la creencia de la superioridad del
hombre― no es específica de alguna nacionalidad. Ni tampoco es
exclusividad de la mujer mexicana padecer los infortunios y opresión
de una sociedad regida por un orden patriarcal determinado desde
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

tiempos remotos. Estas circunstancias se dan en distintas partes del
mundo y en diversas culturas. Para una mujer intelectual como María
Elvira Bermúdez es relevante reflexionar sobre la paradigmática
superioridad del hombre mexicano, cuya materialidad se encarna en
la típica figura del macho y cómo en este arquetipo se justifica la
opresión de la mujer mexicana en cualquiera de los estratos sociales
y regiones en donde viva. Dicha figura está vinculada con la noción
de identidad nacional, por lo que la reflexión de Bermúdez se
inserta en el proceso de cuestionamiento de la identidad americana
y nacional que parte del quiénes somos y cómo nos diferenciamos
de otros. María Elvira Bermúdez entra en discusión con textos que
se configuran como el canon de esa identidad, a la vez que revela
la ausencia de la mujer mexicana de ese canon. Su ensayo la hace
presente al elaborar la reflexión desde el ámbito de lo privado a
lo público y, por otra parte, la conciencia de la mujer mexicana se
revela como ausencia en la identidad nacional.
Quiero destacar la acuñación del término hembrismo por
parte de María Elvira Bermúdez, porque entiende y justifica esta
denominación como una actitud que legitima el discurso y actitudes
machistas de los varones, comportándose bajo la moral e ideas
regidas por una estructura patriarcal de sometimiento y presión para
las mujeres. La ensayista lo define así:
Llamo hembrismo a esa actitud porque, además de corresponder
exactamente a la
equivocada conducta del hombre, es
una amplificación artificial de las características que comúnmente
han sido consideradas femeninas y que, a causa de que se
limitan a un punto de vista estrictamente somático, invaden
terrenos zoológicos: debilidad, actitud pasiva ante el macho,
e inercia. […] Contribuye, en cambio, de manera tristemente
eficaz a fomentar el machismo de su compatriota. Porque sus

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legendarias abnegación y fidelidad, más que auténticas virtudes,
son el producto de su ineptitud y de su egoísmo (Bermúdez,
1955:93).

Entre las características que reconoce en la mujer mexicana,
la autora arguye que son actitudes aprendidas de la niñez. Por
ejemplo, si se crece y educa a una niña en un entorno donde todo el
tiempo se repite el discurso que la mujer está destinada para realizar
labores de escasa importancia, la niña crece con esa idea y normaliza
el hecho de que le digan que no puede o debe realizar cierto tipo
de actividades. Esto puede desencadenar poco interés en el estudio
y la superación intelectual de sí misma. No obstante, aunque las
niñas y jóvenes tuvieran ciertos destellos y ápices de independencia,
la sociedad les marcaba pautas de conducta irrevocables y se
encargaba de difundir ―en el cine y la literatura, principalmente― la
idea de que las mujeres que deseaban vivir una vida diferente eran
castigadas moral y socialmente. Por lo tanto, de forma inherente, a las
mujeres se les atribuían como virtudes la adaptación, la obediencia
y la humildad. Estas actitudes son las que Bermúdez califica como
hembrismo.
Finalmente, Bermúdez le atribuye a la mujer mexicana una
actitud de “exagerada sumisión al hombre”, a causa de ello llega
a aceptar maltrato psicológico y físico, infidelidades y violencia
económica. La mujer al sentirse violentada y humillada no le queda
más que aceptar su inexorable destino con el que fue educada.
Acepta la fatalidad como un estilo de vida y replica el maltrato del
que es objeto en sus propios hijos o en la envidia y recelo hacia otras
mujeres. Bermúdez resalta cómo gran parte de las mujeres de la época
estaban convencidas de que su papel era guardar obediencia al varón
y que además se legitimaba en el catolicismo como un eje rector de
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conducta. Durante años este modelo de actuar y de sentir, sigue
reproduciéndose en las familias mexicanas. Desafortunadamente
bajo este tipo de vínculos familiares quien se encarga de la crianza y
educación de los hijos continúa siendo la mujer.
Una de las interrogantes que María Elvira Bermúdez se
plantea en su ensayo se enuncia de la siguiente forma: ¿de qué manera
afectan los falsos estereotipos de lo masculino y lo femenino a las
futuras generaciones? La autora tiene muy presente que no se puede
categorizar al mexicano a base de generalizaciones. Si bien, hay ciertos
rasgos en común relacionados con el género, existen hombres y
mujeres que ni son el típico macho mexicano, ni la mujer abnegada
que reproduce y acepta los valores patriarcales de la época. Aunque en
menor medida ―y es un tema en el que la autora no profundiza― hay
hombres y mujeres que sí construyen a partir de lazos afectivos sólidos
un matrimonio, en donde ambos padres participan activamente en
la crianza y educación de sus hijos. Además, estas mujeres ven en
su pareja un compañero, no un proveedor. Llama la atención, en la
siguente cita que su concepción de la identidad no es fatal, ni esencial,
de ahí su preocupación por el futuro. Su análisis tiene una voluntad
de transformación del mexicano, lo que me parece muy destacable,
porque proyecta esa necesidad de cambio: “a aquellos que aspiran a
ser hombres cabales y verdaderas mujeres, y a la sociedad en conjunto,
a quienes dichas consecuencias afectan ostensiblemente” (1955:101).
Como ya lo ha afirmado y sentenciado la ensayista en La vida familiar
del mexicano, es en la niñez donde se aprenden e imitan las actitudes
que estereotipan los roles de género. Por lo tanto, si hay familias que
modifican la forma en que se educa a los niños, esto les permitirá
crecer en un ambiente diferente y desarrollarse bajo principios más
igualitarios y equitativos cuando sean adultos.
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El machismo en México ante una posible solución
Para responder la cuestión de si el machismo es superable, la ensayista
recurre a la observación y análisis del temperamento mexicano. Tal
sentimiento o actitud son consideradas formas de reacción ante una
circunstancia o hecho determinado. El carácter temperamental de las
y los mexicanos propicia y favorece actitudes como el machismo y el
hembrismo. Sin embargo, esas actitudes son conductas aprendidas
y resultado de una influencia colectiva: se adopta lo que se ve. La
autora sostiene que pese al carácter reaccionario e imitativo de las y
los mexicanos, es posible proponer una solución a este problema.
De acuerdo con Bermúdez, el remedio para destruir los prejuicios
e ideologías que inducen al machismo y al hembrismo radica en su
siguiente postulado:
[…] substituir la falsa noción de valentía con el concepto de

valor auténtico y en reemplazar la leyenda de la abnegación
femenina con el anhelo de la dignidad. Sería saludable también
que el mexicano cesara su jactancia cotidiana de responder a
ciertos estímulos rígidos de la moral autoritaria (especialmente la
religiosa), ya que parece incapaz de ajustar su comportamiento a
ellos. Es urgente persuadir al mexicano y a la mexicana, de que la
armonía y la colaboración entre los sexos es posible. […] no me
propongo construir alegatos políticos que en este ensayo están
fuera de lugar; me limitaré a señalar ciertas transformaciones que
en mi opinión son erróneas (1955:123).

Es oportuno mencionar que en el capítulo “V Machismo y
hembrismo” la autora ya había establecido que la valentía es una de
las principales y más evidentes características del macho mexicano.
El hombre en México, a raíz de sus inseguridades y complejos,
intenta demostrar, en cada ocasión que se le presente, su valentía.
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No puede, ni debe mostrarse débil ante una sociedad que exige de
él hacer frente a todo, a responder por su hogar y sobre todo por
su hombría. En este mismo orden de ideas, cuando se refiere a la
mujer mexicana bajo la leyenda de abnegación, también la considera
de manera generalizada como una de las principales actitudes de las
mujeres en México. A pesar del contexto en el que se encuentren, las
mujeres mexicanas difícilmente se atreven a cuestionar lo que sucede
a su alrededor. Se acepta con benevolencia y sigilo tanto su inexorable
destino como los mandatos que los hombres les imponen. Por lo
tanto, si ambas características se reducen a una generalización de lo
que es el hombre y la mujer en México, sí es posible reemplazarlas
por una escala de modelos de comportamiento menos exigentes
para el varón y menos rígidos para la mujer.
Uno de los términos que la autora de La vida familiar del mexicano
utiliza para definir a lo que se refiere con hombría, es el término
‘cabalidad’, el cual se asocia con la integridad y rectitud que posee un
varón, pero principalmente lo relaciona con la fidelidad a una mujer.
Este peculiar rasgo se enfoca en dos aspectos fundamentales: ante el
engaño o ante el abandono. El hombre cabal es aquel que reacciona
de forma justa. La autora lo describe de la siguiente manera:
Su reacción ante el engaño o el abandono de una mujer va desde
el perdón generoso hasta la retirada digna; pero jamás se cubre de
alharacas ridículas ni se satisface con venganzas ruines. […] ve en
la mujer lo que ella en realidad es: un simple ser humano; no la
idealiza innecesariamente como a una santa ni como a perversa la
vitupera (1955:131).

Se hace indiscutible la idea de que el hombre que es capaz de
dominar sus pasiones y respetar a las mujeres de su entorno pueda
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considerarse como un hombre cabal. Además, ofrece un modelo de
hombre al mexicano y esto es parte de la intención transformadora
de su ensayo, de su propósito de brindar soluciones.
En la mayoría de las expresiones colectivas las canciones
y películas señalan a las mujeres como las responsables del actuar
reaccionario de los varones. Lo que evidencia la escritora es que
el único responsable de regular sus emociones, cabalmente, es
y deber ser el varón. El hombre cabal también es denominado
por la ensayista como un hombre verdadero, aquel que: “no padece
complejos de inferioridad, ni necesita de racionalizaciones forzadas
para justificar su conducta” (Bermúdez, 1955:131). Considero
interesante apuntar que llamar de esa forma a los hombres
cabales, confirma que el estereotipo del macho mexicano es una
construcción artificial sin ninguna justificación en su naturaleza
intrínseca y que el verdadero yo del varón en México permanece
latente en la personalidad de gran parte de los mexicanos.
Paradójicamente son las construcciones sociales patriarcales que
él mismo edificó, las que le impiden mostrar al hombre verdadero que
puede habitar en ellos.
En contraparte, María Elvira Bermúdez hace referencia al
hembrismo como una forma paralela al machismo que reproduce
el orden patriarcal y acepta los estereotipos impuestos por los
varones. Por tal motivo, propone la feminidad como una conducta
en reciprocidad a la hombría. La cabalidad también cabe en la
etiqueta de feminidad. Al igual que la construcción de los términos
hombría y hombre verdadero, la noción de feminidad está concebida
en la forma en que las mujeres eligen a su pareja. La ensayista
considera que una mujer cabal no soportaría un hombre machista
a su lado.
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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

Para Bermúdez es preciso subrayar que, a pesar de los
valores que se han construido alrededor del deber ser del hombre
y la mujer y la adaptación que cada cultura ha hecho de ellos, los
cambios son posibles. Transitar del machismo a la hombría y del
hembrismo a la feminidad es un camino viable al considerar formas
más saludables para relacionarse amorosamente. El matrimonio
es una de las principales instituciones que tiene que modificar su
origen. Las relaciones que lo constituyen deben fundamentarse en
el amor y la amistad entre un hombre y una mujer cabales, que sean
capaces de reconocer en uno y otro el apoyo y la colaboración para
progresar. De ese tipo de matrimonios se conformarán familias que
brinden a los hijos otro tipo de educación, de valores, de visiones: la
formación de jóvenes que muestren un claro rechazo al machismo
y el hembrismo. Mujeres independientes que no sientan su instinto
maternal únicamente destinado a la crianza y que puedan enfocarse
en otras actividades como el trabajo o el estudio. Estos hombres y
mujeres son para Bermúdez, “atisbos del ser mexicano y esquemas
de una solución” (1955:140).
Consideraciones finales
Por sus características, puedo afirmar que el ensayo de María Elvira
Bermúdez entra en la categoría de ensayo de identidad. Empero, de
acuerdo con los postulados de Mary Louise Pratt, al ser escrito por
una mujer y a su carácter contestatario se puede clasificar también
como ensayo de género. En La vida familiar del mexicano, Bermúdez
dialoga con la tradición ensayística en México, al mismo tiempo que
visibiliza otros sujetos sociales excluidos de los discursos acerca de
la identidad nacional, como la mujer, el niño, el joven y el campesino.
Además, la ensayista destaca la figura de la familia como un núcleo
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importante donde se gestan gran parte de los valores sociales que
imperan en la sociedad mexicana y que por ende constituyen una
facción significativa de la identidad nacional.
Bermúdez clasifica las formas de vida de las familias que
integran nuestro país. Con la intención de comparar las dinámicas
familiares en México, realiza una clasificación de los principales
niveles socioeconómicos que observa en la sociedad mexicana:
“gente del pueblo” que se refiere a la clase social más baja, y “gente
decente” la cual divide en “clase media” y “clase adinerada”. Estudia
a esas clases sociales en los dos principales espacios donde habitan
las familias en México: el campo y la ciudad. De estas investigaciones
que hace sobre las familias mexicanas concluye que, sin importar el
estamento social al que se pertenezca, ni el espacio donde se habite,
la mujer vive en un estado de continua opresión, cuyo sustento
se valida en una estructura patriarcal, donde el varón es quien
determina y juzga cómo debe ser el comportamiento de las mujeres.
Lo anterior hace visible la violencia real, que se ejerce en la mujer
mexicana desde el seno familiar.
Es importante subrayar que, a pesar de los valores y
estereotipos configurados alrededor del deber ser del hombre y
la mujer, así como la adaptación que cada cultura ha hecho de
ellos, los cambios son posibles. Ante todas las problemáticas que
Bermúdez expuso y analizó en La vida familiar del mexicano, propone
una solución. Lo anterior, enfatiza el carácter transformador del
ensayo y coloca a la autora en una posición activa y propositiva
respecto al problema del machismo y los roles sociales impuestos
en México. Para tal efecto, la ensayista desarrolla los conceptos
de hombría y feminidad, como modelos de conducta ejemplares.
Transitar del machismo a la hombría y del hembrismo a la feminidad
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-3

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�Lluvia Georgina Olvera Coxtinica / El ensayo de identidad en México

es un camino viable al considerar formas más saludables para
relacionarse. Bermúdez concluye en su ensayo que el camino
hacia el bien común y el progreso de la sociedad mexicana es la
solidaridad y la cooperación entre ambos sexos.
El estudio, reflexión, análisis e interpretación de La vida
familiar del mexicano de María Elvira Bermúdez me ha permitido
constatar que es un ensayo que parte de un cuestionamiento muy
general: la idea que se tiene sobre la familia en México. Sin embargo, la
ensayista al conjuntar sus observaciones con sus saberes individuales
convierte la experiencia particular en un ensayo con un sólido aparato
argumentativo repleto de referencias científicas y culturales. Bermúdez
demuestra que, a pesar de las clases sociales y la educación, las familias
en México comparten bastantes semejanzas, todas ellas legitimadas
en una estructura patriarcal que oprime a las mujeres al mismo
tiempo que evidencia la normalización del machismo. El trabajo de
la ensayista es una primicia en cuanto al tratamiento del tema de la
identidad, pues analiza diferentes elementos y a todos los actores que
conforman la sociedad mexicana. Por un lado, los ensayistas mexicanos
varones soslayaron a la mujer de sus estudios y, por otra parte, no
hay un ensayo, próximo en temporalidad —de escritor o escritora en
México— que se le compare en profundidad, dimensión, enfoque y
alcances a lo escrito por María Elvira Bermúdez. Este artículo servirá
como referente para el estudio de la obra de María Elvira Bermúdez
como ensayista y el análisis de La vida familiar del mexicano en futuros
trabajos de investigación, ya sea con otros enfoques teóricos o en
trabajos interdisciplinarios entre los estudios literarios, de género,
antropológicos, sociológicos y filosóficos.

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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

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�Dosier
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Entre sitios y marginalidades: identidades de lugar
y feminidad en “Las amistades efímeras” y “Vals
‘Capricho’” de Rosario Castellanos
Between places and marginalities: identities of
space and femininity in “Las amistades efímeras”
and “Vals ‘Capricho’”, by Rosario Castellanos
Omar Armando Paredes Crespo
Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco
omararmandoparedescrespo@gmail.com

Fecha entrega: 23-12-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022

Resumen. El presente artículo analiza las identidades de lugar y feminidad en dos cuentos poco revisados de Rosario Castellanos: “Las amistades
efímeras” y “Vals ‘Capricho’”, ambos incluidos en Los convidados de agosto
publicado en 1964. Este estudio se apoya en las ideas de Marc Augé respecto a los no lugares y de las reflexiones de Yuri Lotman sobre el problema
del personaje para analizar algunas construcciones espaciales y de personaje
empleadas por la autora, las cuales son fundamentales para configurar ciertas identidades de la feminidad y los destinos trágicos de sus protagonistas.
Palabras clave: Rosario Castellanos, Las amistades efímeras, Vals “Capricho”, identidades de lugar, feminidad.

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�Omar Armando Paredes Crespo / Entre sitios y marignalidades

Abstract: This article analyzes the identities of place and femininity in two
little-reviewed stories by Rosario Castellanos: “Las amistades efímeras”
and “Vals ‘Capricho’” (Los convidados de agosto, Era, 1964). This study relies
on Marc Augé’s ideas regarding non-places and Yuri Lotman´s reflections
on the problem of the character to analyze some spatial and character
constructions used by the author, which are fundamental to configure certain identities of feminity and the tragic destinies of her protagonists.
Keywords: Rosario Castellanos, Las amistades efímeras, Vals “Capricho”,
place identities, femininity.

100

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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Introducción
Ya desde su poesía, Castellanos manifestó interés sobre la
exploración literaria de determinados sitios y de los elementos
que los habitan. El paisaje es una de sus marcas distintivas en su
obra poética. No obstante, su obra narrativa no queda excluida de
mencionado interés: en sus novelas y cuentos existen determinados
sitios que establecen una relación de sentido con el destino trágico de
sus personajes. Específicamente en su narrativa breve, Castellanos
construye con minucia contextos espaciales que se constituyen como
escenarios de la fatalidad, tal es el caso de la casa de la niña Nides
en “Cuarta vigilia” (Ciudad Real, 1960), la plaza en “Los convidados
de agosto” o el consultorio de Carlos Román en “El viudo Román”
(estos dos últimos en Los convidados de agosto, 1964), por mencionar
algunos. Parto así de las ideas de Marc Augé sobre la revisión de
determinados espacios llamados no-lugares para analizar el cuento
de “Las amistades efímeras”, y de las reflexiones de Yuri Lotman
sobre el problema del personaje para abordar la construcción de la
feminidad en “Vals ‘Capricho’”.
“Las amistades efímeras”: la tienda como un no lugar
A inicios de los años noventa, y como resultado de estudios
previos, Marc Augé (Francia, 1935) encontró que la relación
entre la disposición espacial y la disposición social está atravesada
por la aceleración de los factores que constituyen el proceso
de la modernidad y se definen en conjunto bajo el nombre de
sobremodernidad. Así, acuñó este concepto no como fin del primero,
sino como una extensión de éste, el cual da origen a lugares sin
sentido histórico o antropológico; a sitios transitorios que no
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juegan en contraposición a aquellos configurados como lugares
de memoria. No obstante, Augé rechaza una polarización entre
los sitios de memoria y los transitorios, y explica que en conjunto
conforman una espacialidad que da cuenta sobre la convivencia
entre lo relacional y lo anónimo. A estos lugares desprendidos de
simbolismo e identidad histórica los llamó no-lugares.
Antes de indagar en la identidad del espacio en “Las
amistades efímeras”, hay que señalar que Augé establece una
aclaración respecto a la utilización del término lugar y no el de
espacio: espacio —de acuerdo con el antropólogo francés— se
vuelve más abstracto en medida que lo utilizamos para referir
“al menos a un acontecimiento (que ha tenido lugar), a un
mito (lugar dicho) o a una historia (elevado lugar)” (2000: 87).
Además, engloba a menudo características no estrictamente
espaciales, pues a través de él se pueden expresar separaciones
de temporalidad. Por el contrario, al decir lugar damos cuenta de
que la noción se reduce al marco de lo espacial y de todo aquello
que lo habita de forma física. Michel de Certeau también hace
una descripción del espacio como “un lugar practicado […] un
cruzamiento de movilidades […] A diferencia del lugar, carece
pues de la univocidad y de la estabilidad de un sitio ‘propio’”
(2000: 129). Asimismo, también explica que los nombres propios
le confieren al lugar una historia y
abren reservas de significaciones ocultas y familiares. “Tienen
sentido”; dicho de otra forma, impulsan movimientos, como
vocaciones y llamados que cambian y modifican el itinerario
al darle sentidos (o direcciones) hasta ahí imprevisibles. Estos
nombres crean un no lugar en los lugares; los transforman en
pasos (De Certeau, 2000:116).

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La definición de espacio hecha por De Certeau pudiera
considerar al no lugar como un aspecto negativo del lugar; no
obstante, apoya a rechazar tal oposición entre la simbolización de
uno y del otro porque entabla una relación de coexistencia en la cual
el lugar —dice Augé— no se borra totalmente y el no lugar no se
cumple de manera absoluta: “son palimpsestos donde se reinscribe
sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación” (2000:
84). Los no-lugares son productos de esa sobremodernidad de la
que habla Augé, son circuitos destinados a la circulación de bienes y
a la transitoriedad; sitios de paso.
En “Las amistades efímeras” Gertrudis es la hija mayor de don
Estanislao Córdova, un hombre viudo que se muda a La Concordia,
poblado cercano a Comitán, con la intención de no dar de qué hablar
al pueblo con su acelerada vida de soltero. La joven, tras escaparse
y pasar la noche con el desconocido Juan Bautista, es obligada a
“casarse” con él en una ceremonia improvisada y sin mediar el cortejo
protocolario que precede al matrimonio en estos contextos. La unión,
como era de esperarse, está destinada al fracaso. Todo esto es narrado
por la amiga de Gertrudis, quien a través de cartas le cuenta cómo va
la vida en Comitán y la mantiene al tanto sobre Óscar, aquel novio
que Gertrudis deja cuando se va del pueblo. Lo fundamental de este
cuento en términos de conformación espacial no es el desenlace
de la historia, sino el comienzo: ¿dónde se conocen Juan Bautista
y Gertrudis? La tienda que poseía don Estanislao Córdova en La
Concordia, y que era la mejor surtida de la región y sus alrededores, es
el sitio donde Juan Bautista convence a la joven de fugarse con él.
Dentro de una comunidad, la tienda tiene una función
específica: es el centro del comercio local. Además de que en ella
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se ofrecen todo tipo de productos relacionados con el consumo
diario, en la tienda el cruce de voces no tiene mayor relevancia que
la del trato y la suposición. Por su naturaleza transitoria, como sitio
de paso, también es un lugar idóneo para todo tipo de chismes y
rumores. La tienda es una extensión de la casa del señor Córdova,
sin embargo, en su dimensión simbólica, no pertenece a ella porque
el ingreso a la tienda no significa estar dentro de la casa. La tienda
tiene sus propias dinámicas de interacción y la casa tiene otro sentido
dado por la convivencia.
Sin habitantes, en la tienda los clientes y el dependiente
establecen una relación solo contractual, de relación de mercancías.
La interacción del cliente no es interpersonal pues esta mediación
se da con los textos —y con apenas algunas palabras— que el sitio
dispone para anunciar el costo de las conservas. Noelia Zussa escribe
—parafraseando a Augé— que el espacio de un no lugar:
no crea ni entidad singular, ni relación, sino soledad y similitud.
Tampoco le da lugar a la historia, eventualmente transformada
en elemento espectáculo. Allí reinan la actualidad y la urgencia
del momento presente. En suma, es como si el espacio estuviese
atrapado en el tiempo, como si cada historia individual agotara sus
motivos, sus palabras y sus imágenes en el stock inagotable de una
inacabable historia en el presente (2018: 6).

La tienda es un sitio contradictorio porque si bien se halla
dentro de una ciudad, de un espacio geográfico específico, se
encuentra apartada al mismo tiempo de todo interés interior de la
comunidad; es decir, no significa para los ciudadanos algo más que
el lugar (no lugar) donde pueden proveerse de determinadas cosas
y tener un trato cotidiano sin mayor interés que especular sobre
la vida de la gente. La celeridad y el movimiento son sus mayores
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rasgos, la sustitución también. Mucha gente entra a la tienda, pero
nadie permanece ahí, nadie la impregna con su personalidad ni toma
atención sobre los cambios. Tal como se ingresa, también se sale.
Por otro lado, respecto a la sustitución, cuando apenas se agota algo,
debe ser remplazado por otro objeto igual con la finalidad de no
evidenciar la ausencia del elemento que estaba allí. Esta indistinción
aminora el cambio, el desequilibrio.
En “Los convidados de agosto”, por ejemplo, la plaza de
toros tiene una función identitaria: permitir a los espectadores
tomarse ciertas licencias eróticas y sexuales y, además, es el evento
más importante de la festividad. La tienda, por su parte, es la ventana
desde donde se mira el exterior sin reparar en lo que sucede adentro,
porque nada ocurre al interior. Así, Gertrudis observa los detalles
de la naturaleza menos perceptibles, como mirar a las moscas
sobre los dulces. Destinada a pasar las horas detrás del mostrador,
pierde sorpresa cuando lo escandaloso cobra regularidad: deja de
sorprenderse por la muerte de uno que otro hombre:
También se servía licores y Gertrudis gritó la primera vez que un
parroquiano cayó redondo al suelo, con la copa vacía entre los dedos
crispados. Ninguno de los asistentes se inmutó. Las autoridades
llegaron con su parsimonia habitual, redactaron el acta y sometieron
al interrogatorio a los testigos. Gertrudis se aplacó al saber que un
percance así era común. Si se trataba de una venganza privada nadie
tenía derecho a intervenir. Si era efecto del aguardiente fabricado
por el monopolio (que aceleraba la fermentación con el empleo
de sustancias químicas cuya toxicidad no se tomaba en cuenta), no
había a quien quejarse (Castellanos, 1964: 13).

Las muertes de algunos clientes por consumo excesivo de
alcohol se vuelven hechos anunciados y dejan de tener interés para las
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personas del pueblo, para las autoridades y para la misma Gertrudis.
En este sentido, la permanencia aquí, en este no lugar1, tiene una
vigencia y como las mercancías también es perecedera. Ahora, ¿qué
implica que la tienda de don Estanislao sea la más surtida de la
región? Para los habitantes ésta es un vínculo con la economía del
mundo, un nexo con el exterior y con los productos que vienen de la
ciudad. La tienda pone un puente entre dos dinámicas de consumo
porque “la clientela es variada. Desde el arriero, que requería bultos
de sal, de panela, piezas de manta, hasta el indio que meditaba horas
enteras antes de decidirse a adquirir un paliacate de yerbiya o un
machete nuevo” (Castellanos, 1964: 13).
La costumbre y el aburrimiento vuelven a Gertrudis un
objeto más de consumo en la tienda, mientras que la intrusión de
Juan Bautista, el forajido, trasmuta el sitio a un no lugar. ¿Cómo
ocurre esto? El viaje del sujeto configura diversos espacios como
lugares transitorios, lo cuales le brindan una visión apenas parcial
de los sitios a los que llega. Para él, los lugares son solo de paso.
Juan Bautista llega a la tienda para saciar su sed, calmar el calor
y malestar de su travesía llevándose algo más. Gertrudis accede a
fugarse sin que entre ellos medie la insistencia —por parte de él—,
ni la resistencia —por ella—.
La conversación es escasa. Apenas unas palabras para no
descubrir sus reales intenciones. Recordemos que Augé escribe que
el usuario del no lugar “siempre está obligado a probar su inocencia
[…] Las palabras ya no cuentan” (2000: 106). De esta manera,
Gertrudis es extraída de la tienda como mercancía para saciar otras
1 Las tiendas en algunos poblados alejados de las grandes urbes suelen
ser sitios de reunión y apego. Aquí es evidente la intención por construir un
espacio de circulación, transitorio, en donde nada podría ocurrir.

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necesidades, también físicas, de Juan Bautista. Ambos abandonarán
la tienda dejando en ella esa atmósfera transitoria e impersonal tan
propia de los no lugares.
El contrato de la virginidad
Este relato está contado por un narrador en primera persona,2 a
través de una voz femenina que abre —y cierra— el relato focalizando
la narración en un solo personaje con el que comparte el tiempo y el
espacio. Se trata de un narrador testigo de características epistolares
porque parece reconstruir la historia mediante el intercambio de
cartas con Gertrudis. Si bien, en la narración epistolar cada personaje
se convierte en narrador y la historia se modula por una focalización
de alternancia que es clara y explícita, en “Las amistades efímeras”
es posible dar cuenta que, en menor medida, ocurre esto: Gertrudis
también cuenta sobre sí misma al responder de forma escueta las
misivas de su amiga. De alguna manera, su vida es contada por ella,
sin embargo, en la narración se presenta a través de los ojos y las
palabras de una observadora.
La voz narrativa modula la intensidad de la narración por la
intercalación de algunos registros de relato: la epístola, el testimonio
y la memoria. Por ejemplo, en las cartas nuestra experiencia se
condensa en la expresión pura de las palabras, las cuales propician
imágenes que caben solo en la imaginación; es decir, lo que uno
2 Este tipo de narrador es muy común en obras de carácter autobiográfico.
Si bien no hay dato que compruebe si la narradora tiene relación con Rosario
Castellanos, es posible encontrar ciertos elementos que pueden establecer
vínculos entre la voz narrativa y la autora: una jovencita comiteca con
sensibilidad y talento para la poesía, la cual se traslada posteriormente a la
ciudad de México con su familia.
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escribe en una carta jamás se mostrará frente al receptor bajo
las mismas imágenes que los emisores, aunque la escritura sea la
misma para ambos. Entonces, las palabras contenidas en las cartas
se transforman en poesía porque abren la mente a todo tipo de
posibilidades, porque todo cabe en ellas: imágenes, figuras, paisajes
y emociones quedan contenidas en las líneas de una misiva. Escribir
una carta es en muchos casos también un acto de soledad y añoranza.
Se escribe a quien se tiene lejos. La narradora cuenta: “Me gustaba
escribir estas cartas: ir dibujando la figura imprecisa de Oscar, la
ambigüedad de su carácter, de sus sentimientos, de sus intenciones.
Fue gracias a ellas —y a mi falta de auditorio— que descubrí mi
verdadera vocación” (Castellanos, 1964: 14).
La redacción de una carta no sería posible sin cosas que
contar y escribir. Ser testigo es colocarse ante una realidad con o sin
posibilidad de participar en ella, legitimar un momento con el solo
acto de la presencia. Para dar un testimonio no es necesario haber
protagonizado el hecho —como sí ocurre con la experiencia—, basta
a veces solo ser consciente de que sucedió y que eso ha provocado
algo en quienes ha tenido un efecto:
Era yo quien la mantenía [a Gertrudis] al tanto de los
acontecimientos. Oscar había empezado a quebrantar su luto. Con
la antigua palomilla jugaba billar, iba a la vespertina los domingos
y a las serenatas los martes y los jueves. Permanecía fiel. No se le
había visto acompañado de ninguna muchacha, ni siquiera por
quitarle el mal tercio a sus amigos. Asistía a los bailes, y a otras
diversiones, con un aire de tristeza muy apropiado y decente. Pero
se rumoraba que no estaba invirtiendo sus ahorros, como era
de esperarse, en los materiales para montar el taller, sino en los
preparativos de un viaje a México, cuyas causas no parecían claras
(Castellanos, 1964: 14).

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En este sentido, la experiencia de la narradora no radica en
hacer visible el distanciamiento entre Gertrudis y Oscar, sino en una
dimensión más general: la de las estructuras y dinámicas sociales —
pero sobre todo familiares— en las comunidades chiapanecas de La
Concordia y Comitán. La narradora, como habitante de ese espacio,
descubre los prejuicios que operan en la conformación de los roles de la
sociedad y de la familia, los cuales colocan en una posición desfavorable
y de invalidación absoluta a las mujeres. Es posible encontrar en el
personaje de Gertrudis una actitud desinteresada, desapegada de
cualquier afecto, una personalidad que evidencia mayor resignación que
conformidad. La idea de que la resignación es una característica exclusiva
del ser mujer está sostenida por prácticas machistas, y más que tratarse
de una posición únicamente de género, tiene una arraigada relación con
el ejercicio del poder ideológico, político, social y económico.
Gracias a estos mecanismos de poder que operan en la
narración es posible dar cuenta de la posición asignada a Gertrudis. A
partir de la orfandad materna —cuenta la narradora— quedó al frente
de los quehaceres domésticos y del cuidado de sus hermanos, en
especial de la menor, la Picha, quien la sigue a todos lados. Gertrudis
“nunca alarmó a nadie con la más mínima disposición para el estudio.
Su asistencia en el colegio obedecía a otros motivos. Su padre don
Evaristo Córdova, viudo en la plenitud de la edad, llevaba una vida
que no era conveniente que presenciaran sus hijos” (Castellanos, 1964:
12). Así, es introducida a todos los aparatos e instituciones sociales:
la escuela, el empleo y el matrimonio, y no para su beneficio sino
para responder a un interés externo, el de su padre, el cual también
responde y se adecúa con estricto apego a las demandas y normas
conservadoras, aunque no sea practicante de ellas.
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Si en la tienda todo es perecedero y está destinado a
terminarse tras el uso, el “romance” entre Juan Bautista y Gertrudis
no es una excepción. Condenada al fracaso por la premura con que se
llevó a cabo, la fuga con el forajido trae consecuencias perjudiciales
para la joven, quien es expulsada del núcleo familiar y obligada a
casarse después de mantener relaciones sexuales con Bautista. Las
estructuras de poder social se erigen desde la familia, restringiendo
la experiencia de la sexualidad para las hijas, asunto que no sucede a
los varones. Ellas permanecen en abstinencia y se les inculca como
obligación conservar la virginidad a toda costa, pues esta será dada
como prenda de garantía al hombre que se fije en ellas y las elija. En
este sentido, la mujer joven queda reducida a una mercancía donde
la virginidad será el parámetro que mida su valor como persona
y el derecho del varón para efectuar la devolución,3 en caso de
comprobar que ya no la posee.
Con la preservación de la virginidad femenina el cuerpo se
normaliza y privatiza, se construye como una especie de territorio
sobre el cual es preciso efectuar un contrato y una marca. La
virginidad se constituye como mecanismo de control, pero ese no lo
ostentan las mujeres sino quien resguarda celosamente su virginidad
con la intención de convertirla en algo que a corto o largo plazo
brinde privilegios de carácter social y económico. En todas las
sociedades, sea de forma abierta o clandestina, los padres, tutores e,
incluso, los proxenetas ponen etiqueta de precio a la virginidad de
las jóvenes. Una virgen se cotizará con mayor valor económico.
Don Evaristo decide no correr el riesgo y obliga a su hija a
casarse con quien ya ha hecho uso de esa garantía, la cual él, como
3 Esto sí ocurre en la novela corta de Castellanos titulada El viudo Román.

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padre, ya no podrá presumir frente a cualquier sujeto que manifieste
interés por su ella. Menciono “obtener” porque Gertrudis es
concebida como un producto, como una conserva. La relación que
comenzó con premura dentro de la tienda descubre su fugacidad
una vez que Juan Bautista es encarcelado a consecuencia de sus
prácticas delictivas en la región. Para Gertrudis, la virginidad es una
característica biológica; para su padre no.
Hacia final del relato, la voz narrativa recupera la presencia
que le había cedido al diálogo de los personajes y cuenta que
Gertrudis, tras algún tiempo en el que visitaba a Juan Bautista en
la cárcel sin que entre ellos existiera una mínima conversación,
viaja a la Ciudad de México para encontrase con ella, quien vive allí
desde hace varios años. La recién llegada a la capital es rechazada
por los padres de la narradora a consecuencia de su apresurada
unión con el ladrón:
Bien que mal, Gertrudis fue saliendo adelante. Nos veíamos a
escondidas los domingos. Ahora yo me había vuelto un poco
más silenciosa y ella más comunicativa. Nuestra conversación
era agradable, equilibrada. Estábamos contentas, como si no
supiéramos que pertenecíamos a especies diferentes.
Un domingo encontré a Gertrudis vestida de negro y desecha
de llanto.

—¿Qué te pasa?
—Mataron a Juan Bautista. Mira, aquí lo dice el telegrama.
Yo sonreí, aliviada.
—Me asustaste. Creí que te había sucedido algo grave.
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Gertrudis me miró interrogativamente.
—¿No es grave quedarse viuda?
—Pero tú no eres viuda. Ni siquiera te casaste.
Abatió la cabeza con resignación (Castellanos, 1964: 27).

Gertrudis descubre una dolorosa realidad: no es viuda. Si no
es viuda, ¿entonces qué fue? Su presente repercute ahora en todo
aquello que conformó su pasado. Su personalidad continúa sujeta a
ciertos prejuicios que resultan inalterables y que la hacen adoptar un
comportamiento que no debe corresponderle pero que descubren
su necesidad de obtener una identidad. En este sentido, si no es una
viuda, entonces no es ni ha sido nadie.
Gertrudis y su amiga narradora son una oposición de
personalidades que marca el posible límite con el que el espacio del
texto queda dividido. Son dos caminos opuestos que se encuentran
en las palabras de sus cartas porque cada una pertenece a un espacio
que no corresponde con el otro. En ocasiones se enfatiza en aquellas
características que las hacen diferentes, no solo en aspectos sociales,
sino también los personales, como la vocación. Mientras hay una
narradora con inquietudes por la escritura, por el otro lado tenemos
un personaje como Gertrudis, sin ningún tipo de interés y siempre a
merced de las circunstancias y las casualidades.
Yuri Lotman escribe que hay textos en donde a cada personaje
le corresponde una parte, pues un mismo mundo dentro de un texto
puede encontrarse fragmentando de distinta forma y de acuerdo
con las diferencias entre estos personajes. Entonces —señala—
nace una polifonía del espacio, “un juego con las diversas formas
de segmentación” (1982: 282). Un día simplemente la narradora y
Gertrudis jamás se vuelven a ver.
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“Vals ‘Capricho’”: La palabra señorita es un título honroso
Lucien Goldman precisa que el personaje literario es “reflejo
de estructuras sociales e ideológicas, como sujeto de acciones y
pensamientos que han de enfrentarse a un sistema social cuyos
valores deben ser profundamente transformados” (citado en G.
Maestro, 1994: 460). En su crítica, el personaje se articula en el
texto literario bajo las mismas estructuras con las que un individuo
configura su personalidad en una sociedad. En este sentido, se
establece una homología entre ambos con la cual habrá que ir con
cautela a fin de evitar que el análisis literario quede cooptado por la
sociología. La sociocrítica, al ser una perspectiva teórica naciente de
la necesidad por revisar cuáles presupuestos críticos —no solo los
de carácter sociológico— median en el análisis de un texto, establece
relación con otras disciplinas como la semiótica, misma que da
oportunidad para un estudio con diversos niveles de sentido.
Yuri Lotman complementa la visión de Lucien Goldmann
respecto al personaje cuando explica que éste no solamente es
una construcción de la realización de los esquemas culturales,
sino también “un sistema de desviaciones significantes que se
crean a expensas de las ordenaciones parciales” (1982: 307). Estas
desviaciones hacen una importante revelación al dar origen a un
tipo de separación entre el personaje, específicamente su conducta,
y cualquier interpretación que no sea de carácter literario o artístico.
Así, el personaje literario, además de mantener vínculo con
el espacio social representado (podemos decir también configurado,
puesto que es una invención del autor), es una entidad sígnica, una
construcción ficcional que funciona en relación con otros signos,
tales como el lenguaje, el espacio, el tiempo y otros personajes.
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Reinerie se presenta en el relato como una unidad de sentido puesto
que la construcción de su personalidad se encuentra atravesada por
el hacer de otros personajes, como sus tías, las hermanas Natalia y
Julia Trujillo. A partir de las ideas de Lotman sobre el problema del
personaje y el carácter, revisaré cómo ocurre la degradación que
finalmente la conduce a Reinerie a la locura.
En “Vals ‘Capricho’”, Germán Trujillo encomienda a sus
hermanas Natalia y Julia, dos solteronas, la tarea de instruir a su
hija Reinerie en los menesteres femeninos. La joven, quien es
consecuencia del amorío que tuvo su padre con una mujer indígena
de la región, enseguida es señalada y relegada por la comunidad,
incluso por las tías, a consecuencia de su desinterés e indisposición
por aprender buenos modales y adoptar un comportamiento dócil.
Reinerie queda sumida en una profunda locura que da prueba
sobre el poder destructivo que ciertos prejuicios tienen en las
sociedades.
Cuando Lotman aborda el problema del personaje señala
que en la obra literaria es posible la existencia de “personajes
opuestos que pueden tener un parecido exterior, quedar incluidos
en situaciones similares, etc.” (1982: 309). Natalia y Julia Trujillo
avanzan en oposición a Reinerie; mejor dicho, esta última lo hace
en contraste con sus tías. No obstante, si revisamos su entorno es
posible dar cuenta de que las mujeres solteronas, pese a ser la estricta
personificación de la moral y de las buenas costumbres, tampoco
quedan excluidas de la marginación por su condición. A ellas se les
adjudica el cuidado de los ancianos, los enfermos y los locos; así, les
corresponde la de inicio fracasada empresa de “educar” a Reinerie,
joven estigmatizada desde su nacimiento.
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La oposición de caracteres va más allá al develar una
arraigada confrontación entre dos grupos, la cual establece un
vínculo entre los conceptos “dominación” y “resistencia”. Natalia
y Julia Trujillo se presentan como dos damas educadas y de buena
familia. La primera, virtuosa del piano, solía amenizar las reuniones
con la impecable ejecución “de la pieza suprema de su repertorio:
el vals ‘Capricho’ de Ricardo Castro” (Castellanos, 1964: 31); Julia,
por su parte, se dedicaba a la confección de las prendas, hechas con
telas muy finas traídas de ciudad de México, Guatemala y París, que
vestían las señoras de Comitán. La construcción de estas dos figuras
se da en un entorno “educado”, en donde tienen cabida las más
refinadas artes y la posibilidad de una economía desahogada.
Reinerie representa la otra cara de la sociedad comiteca,
aquella que debe permanecer oculta dado que se encuentra en
un estado salvaje. Se trata de un personaje sin identidad porque
se halla en medio de dos grupos: no termina por ser mestiza
ni tampoco indígena. Es posible hablar entonces de personajes
“varados”, pues recordemos que las hermanas Trujillo habitan esa
zona gris que divide todo lo que su apellido significó antes de la
Revolución y el agrarismo y de lo que se ha convertido después
de las reformas cardenistas. El concepto “salvaje” de inmediato
plantea y se desplaza ante la presencia de otro, el de “civilización”,
y su anulación ocurre por los estrictos códigos que conforman al
último, como los que determinan el derecho a la identidad social,
como por ejemplo los códigos de apariencia y lenguaje. Sobre
Reinerie, el narrador cuenta:
Si se examinaba su belleza era para hacer resaltar su falta de apego
a los cánones. Ni pelo ondulado, ni ojos grandes, ni piel blanca,
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ni boca diminuta, ni nariz recta. La suma de leves defectos y
asimetrías no resultaba atractiva para los hombres ni envidiable
para las mujeres (Castellanos, 1964: 48).

La descripción prosopográfica del personaje expone
también condiciones de carácter social y cultural al constituirse la
apariencia como factor determinante para la asignación de lugares
y roles. Lo que se describe como asimétrico en el físico de Reinerie,
en su rostro específicamente, es la carencia de armonía, la negación
rotunda de la naturaleza para dar a una joven ya sea la belleza exacta
o la fealdad suficiente. Reinerie está relacionada no con lo feo,
sino con lo “insignificante”, lo “invisible” y lo “desapercibido”.
En este cuento, cuando el narrador hace la descripción física
del personaje establece una comparación inmediata con otros
personajes; sin embargo, no hay necesidad de esclarecer a estos
últimos en una descripción también prosopográfica porque la
realizada sobre el primero descubre determinadas características
que se individualizan y potencian como rasgos negativos. Estos
rasgos están determinados por la contemplación del otro; por lo
tanto, están sujetos a su aprobación.
Respecto a su lenguaje, no existe parte que refiera
explícitamente a su forma o registro, porque en los diálogos
no se presenta la voz de Reinerie; de hecho, pareciera que
el narrador le niega su condición de hablante. Esta puede
inferirse gracias a lo que Lotman describe como interacción de
estructuras paradigmáticas (de posibilidades y funciones) en el
personaje. El semiólogo explica que la construcción del carácter
a nivel de estructura ideológica está relacionada con “el hecho
de que el texto se desarrolla sobre el eje sintagmático” (1982:
310), esto quiere decir que el lenguaje es algo no acabado puesto
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que “termina de construirse por inducción a partir de nuevos
fragmentos del texto” (1982: 310).
La caracterización de lenguaje del personaje es posible a
partir de lo que otros, en otro momento, dicen sobre ella. Se narra que
Reinerie, además de hablar la lengua de su madre —motivo suficiente
para prejuicios lingüísticos—, es poseedora de conocimientos que
la ponen en posición superior con respecto a las otras chicas de su
edad, pero que a la vez la aleja de lo socialmente constituido como
“femenino” al conocer cosas que cualquier jovencita honorable
debería mejor ignorar:
Porque Reinerie poseía unos secretos que colocaban a las
comitecas en un nivel de subordinación. Estos secretos se
referían a la vida sexual de los animales y también ¿por qué no?
de las personas. Reinerie describía con vivacidad y abundancia
de detalles, el cortejo de los pájaros, el apareamiento de los
cuadrúpedos, el cruzamiento de las razas, el parto de las bestias de
labor, la violación de las núbiles, la iniciación de los adolescentes
y las tentativas de seducción de los viejos […] La fama de la
corrupción de Reinerie llegó hasta las tertulias de los hombres para
provocarles un movimiento de repugnancia. En sus relaciones con
las mujeres contaban, como un ingrediente indispensable, con su
ignorancia de la vida. De ellos dependía prolongarla o destruirla.
En el primer caso tenían segura la sumisión. En el segundo, la
gratitud (Castellanos, 1964: 43).

El anterior fragmento alude al lenguaje de Reinerie y al
mismo tiempo hace referencia sobre su conciencia del mundo, una
que no corresponde a la estipulada por las convenciones sociales.
De esta manera, cuando el personaje coloca a otras jóvenes en
un nivel inferior a consecuencia de su conocimiento sobre la vida
sexual, tal supremacía tiene efectos paradójicos en ella porque al
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efectuarse esta especie de ventaja sobre otras jóvenes entonces se
maximizan sus aspectos negativos y se propicia aquella “mala fama”
del personaje.
Reinerie es presentada a través de las palabras de otro, de
tal manera que la descripción también caracteriza a ese otro que
observa y habla. El enjuiciamiento es evidente para quien conoce
lo que no debería. El personaje se configura en oposición —
resistencia— a las formas sutiles de dominación empleadas por sus
tías y el coadjutor, y que pretenden ceñir su personalidad al título
de “señorita”. ¿Qué implica ser o convertirse en una señorita?
La palabra puede cancelar lo mismo que exalta: en su dimensión
halagadora, el término destaca aquellas características que se han
estipulado como reglas previamente: juventud, comportamiento
(deberá ser recatado y sumiso), lenguaje (deberá ser silencioso y
oculto), expresión (discreta), e ignorancia sobre ciertos temas; en
su dimensión despectiva, bastará con darle un tono, una marca de
lenguaje que excluya al personaje de mencionadas características.
Entonces la palabra “señorita” se vuelve tan castigadora como
honrosa puesto que indica un estado de espera (que además deberá
ser corto) para pasar pronto al de “señora” casada, respetable y con
hijos. Cuando la designación se prolonga implica ya una tragedia, un
estado que empeora con la edad.
Reinerie-Claudia-Gladys-María-Alicia:
un personaje sin nombre
Yuri Lotman señala que “es probable que la más aguda manifestación
de la naturaleza humana sea el uso de los nombres propios” (1999:
52). Por otro lado, cuando Roland Barthes escribe acerca de esto,
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dice que el nombre es un signo que no puede ser aplastado por
ningún uso gracias a su densidad de sentido (1972: 125). Y es que
el nombre propio funcione como un signo verbal que designe una
multiplicidad de elementos de carácter histórico, cultural, político
y social: son la marca identitaria por antonomasia. Quien carece de
nombre prácticamente no tiene identidad; por lo tanto, no tiene una
historia.
A los nombres propios les corresponden estructuras
sintácticas, semánticas y pragmáticas que llevan a cabo una función
lingüística dentro de la cultura, una función de sentido y designación
que se caracteriza por la variabilidad de semas que lo cruzan.
Barthes señala que cuando estos semas se fijan en el nombre surge
el personaje, pues este “funciona como el campo de imantación de
los semas” (1980: 74). El personaje cobra una identidad plena y se
individualiza para distinguirse de otros elementos que poseen la
misma naturaleza, se ubica en el grado esencial de la caracterización.
Pero, ¿qué ocurre cuando el nombre propio despersonaliza? En
“Vals ‘Capricho’”, a Reinerie se le asignan diferentes nombres
porque sus tías creen que el suyo es agresivo y poco ortodoxo:
Julia se adelantaba a las condenaciones que temía. El Coadjutor
esbozó un gesto ambiguo.

—Y en el barrio de la Pila, exponiéndose a que le faltara al
respeto cualquier burrero.
—¡San Caralampio bendito!
—Pues allí, fingiendo negocios, tenemos a la sobrina de ustedes,
Reinerie…
—Gladys, señor.
—Claudia, su reverencia.
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—María, de acuerdo con las costumbres de nuestra Santa Madre
(Castellanos, 1964: 40).

Julia le da el nombre de Gladys, Natalia el del Claudia,
el Coadjutor el de María y Reinerie se nombra a sí misma Alicia.
Estos cuatro apelativos nos insertan en un contexto permeado por
algunos prejuicios que desembocan en el rechazo rotundo hacia
un sujeto, porque no llamar a alguien por su nombre es una forma
de violentar y de anular. Esta animadversión se manifiesta desde
el nivel más elemental, el de la marca identitaria y repercute en la
autodenominación provocando que Reinerie también renuncie a
su nombre. Gladys, Claudia, María y Alicia intentan suplantar una
identidad que ha sido degradada ya; sin embargo, lo que realmente
hacen es fragmentar la personalidad hasta reducirla a la nada, porque
no importa cuántos nombres le den sus tías o el coadjutor, Reinerie
nunca será alguien más que la joven salvaje y la hija que German
Trujillo tuvo con una india.
Entre las reprobables características de Reinerie se habla de
un comportamiento masculino, pues es “capaz de cinchar una mula,
de atravesar a nado un río y de lazar a un becerro” (Castellanos,
1964: 44). En este sentido, se observa una arbitraria relación entre
comportamiento y sexualidad —esta última como una construcción
social en función del aprendizaje cultural y de lo normativo—, en
la cual se fijan también distintos rasgos semánticos. Por ejemplo,
si revisamos el término masculino en este contexto, daremos las
siguientes significaciones: 1) ser un hombre, 2) realizar trabajo
duro y 3) poseer fuerza (tanto física como mental). Ahora veamos
las significaciones de feminidad: 1) ser una mujer, 2) ser dócil y 3)
sumisa. Si partimos de que la identidad sexual es una construcción
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social acotada por determinados comportamientos y códigos
sociales, entonces Reinerie está desplazada de ambos extremos, pues
su sexualidad biológica la excluye de todo menester masculino y su
tosca personalidad la aparta de lo establecido como femenino. Está
varada en los márgenes de la sexualidad social.
Aun cuando Reinerie busca la redención con la práctica de un
comportamiento aceptable, mejor dicho, femenino —ensaya recetas
de cocina, deshila manteles, marca sábanas y adopta el nombre de
Alicia—, su origen e historia ya habrán pesado sobre ella. Y es que
la historia es inherente al nombre, por eso también es irrenunciable,
y ambas se constituyen en una relación dialógica en donde la historia
da sentido al nombre y el nombre la construye. Cuando el boicot
cobra dimensiones catastróficas y la marginación se recrudece con
sobrenombres y evasiones expresas, de las que ni siquiera el padre
ni las tías pueden salvarla, las identidades suplantadas se derrumban:
“Gladys, Claudia, se sentía aplastada por aquel cariño como por la
losa de una tumba. María experimentaba las torturas del Purgatorio;
y en cuanto a Alicia se había borrado como si nunca hubiera nacido”
(Castellanos, 1964: 56).
Qué mayor remedio le queda a Reinerie que escapar. Sin
embargo, esta no puede ser física, pues en los contextos creados
por nuestra autora las mujeres no tienen permitida la huida; están
condenadas a la permanencia, al ocultamiento y a la reclusión.
Entonces la locura es la forma de la fuga, de desprendimiento ante
la hostilidad de una sociedad y una civilización que —como se
narra— todo lo destruye. Este tipo de fuga pudiera ser interpretada
como un destino ineludible, el regreso a su estado salvaje del cual
intentaron desprenderla a través de mecanismos agresivos como la
despersonalización y la anulación. Es la misma Rosario Castellanos
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quien afirma que en los contextos provincianos de sus novelas y
cuentos las mujeres no tienen más opción que estos: “la fuga, la locura,
y la muerte como espacios alternativos que no son propiamente
cauces de vida, sino formas de muerte” (1975: 229), a la que se suman
la muerte social, el enclaustramiento y el desprecio de la comunidad,
como le ocurre a todos los personajes de estos relatos.
Conclusiones
En “Las amistades efímeras” y “Vals ‘Capricho’” la conformación
espacial e identitaria de los personajes femeninos se encuentra
a merced de determinados prejuicios que tienen funciones
particularmente destructivas. Los prejuicios se transforman en
violencia cuando obligan a los personajes a renunciar a su voluntad
o los orillan a la destrucción social y personal. En el primer cuento
que ocupó esta revisión, la virginidad es una característica de la
feminidad que tiene el valor de las mercancías y como tal se tiene
acceso a ella en un sitio de comercio. En esta historia la virginidad
tiene un simbolismo contractual al constituirse como prenda que
sostiene el honor familiar y masculino. En temas de espacio, la
tienda atendida por Gertrudis es un sitio transitorio, de circulación
y celeridad. No de permanencia.
El ejemplo más evidente de la degradación de un personaje
por prejuicios relacionados con lo que debería ser la correcta
feminidad ocurre en “Vals ‘Capricho’”, relato donde se exhiben
las similitudes de personajes aparentemente opuestos cuando la
personalidad debe ceñirse a las exigencias de títulos honorables. En
este cuento la anulación, como consecuencia de diversas formas de
violencia, es una constante que descubre la histórica confrontación
entre “lo civilizado” y “lo salvaje”. Por otro lado, los personajes se
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hallan varados en una zona que alejada de cualquier posibilidad de
identidad. A Reinerie, por ejemplo, se le quita el nombre para que
sus tías, el coadjutor, y hasta ella misma asignen otro que la ponga
a distancia de su naturaleza salvaje. Sin embargo, esta multiplicidad
de nombres termina por violentarla más. Lo que no tiene armonía,
lo irrelevante, invisible e insignificante está encarnado en Reinerie.
Como se ha podido advertir, en estas dos narrativas Rosario
Castellanos plantea temáticas a partir de la articulación literaria de
sitios, prácticas sociales, discursivas y culturales. Al partir de esa
realidad que le ha sido cercana, dota a su obra de un carácter crítico
y personal. La provincia de Castellanos transfigurada por el lenguaje
literario no excluye ninguna dimensión de la vida pública y privada:
la intimidad, la charla, la fuga y la locura son tratados con el mismo
empeño crítico y estético para observar aquellas problemáticas
expuestas en sus cuentos. La estructuración del espacio se da en
relación con el interés por lograr sitios donde la insatisfacción, la
sexualidad y la búsqueda de la libertad ocurran como escándalo,
exhibición y oprobio; lugares donde los prejuicios sean dinámicas
de convivencia irrenunciables.

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�Omar Armando Paredes Crespo / Entre sitios y marignalidades

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�Dosier
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Representaciones de lo abyecto en La hora de la
estrella de Clarice Lispector
Representations of the abject in Clarice Lispector’s
The Hour of the Star
Joseph Amauri Cardona Mora
Universidad Nacional Autónoma de México
gusdck@gmail.com

Fecha entrega: 22-12-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022

Resumen. En este artículo se aborda a Macabéa, personaje principal de
la novela La hora de la estrella de la autora brasileña Clarice Lispector, a
partir de la teoría psicoanalítica de Julia Kristeva postulada principalmente
dentro de su obra: Poderes de la perversión: ensayo sobre Louis-Ferdinand Céline,
donde expone la idea de lo abyecto como objeto de análisis literario por
sus representaciones dentro de la literatura contemporánea. Propongo los
postulados de Kristeva en el análisis de este personaje con el objetivo de
aportar un punto de vista en donde Macabea es configurada a partir del
desarrollo y deterioro de su identidad, derivado de su relación con los elementos sociales que dominan y reprimen su espacio, su corporalidad y su
fe para convertirla finalmente en un ser abyecto.
Palabras clave: literatura brasileña, literatura latinoamericana, psicoanálisis, abyección, espacio, corporalidad, Clarice Lispector
Abstract. This article addresses Macabea, the main character of the novel
The hour of the star by the Brazilian author Clarice Lispector based on

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the psychoanalytic theory of Julia Kristeva postulated mainly within her
work: Powers of Horror: An Essay on Abjection where he exposes the
idea of the abject as an object of literary analysis due to its representations within contemporary literature. I propose Kristeva’s postulates in
the analysis of this character with the aim of providing a point of view
where Macabea is configured from the development and deterioration of
her identity, derived from her relationship with the social elements that
dominate and repress her space, her corporeality and her faith to finally
turn her into an abject being.
Keywords: Brazilian literature, Latin American Literature, psychoanalysis,
abjection, space, corporeality, Clarice Lispector.

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Introducción
Primeramente, es indispensable hacer un breve recorrido por
la vida y obra de Clarice Lispector y del panorama literario de su
época para tener una perspectiva amplia del estilo de esta autora
y de su influencia dentro de la literatura latinoamericana. Esto
resulta indispensable debido a que la obra no sólo novelística sino
también cuentística de Lispector guarda relación entre sí por los
temas presentes dentro de ella, las características que comparten
sus personajes y el tratamiento de los espacios, por mencionar
algunos aspectos de su obra. Aunado a esto, este recorrido muestra
la evolución de Lispector como autora y a la evidente relevancia que
tenía su vida misma dentro de su literatura.
Clarice Lispector es una de las escritoras más reconocidas de
la literatura brasileña. En palabras de Rosario Castellanos: “¿Quién
es Clarice Lispector? Es, junto con Dinah Silveira de Queiroz una
de las grandes narradoras en lengua portuguesa de nuestros días”
(Castellanos, 2017: 99). Lispector ha sido muchas veces comparada
con Virginia Woolf por su estilo narrativo, por los temas en los que
se envuelven sus personajes literarios, por la forma en la que su obra
se centra en lo femenino y su relación con el mundo.
Lispector pertenecía a una familia ucraniana refugiada y,
aunque ella nació en dicho país, siempre se consideró brasileña. Su
obra es bastante amplia: escribió gran cantidad de novelas, cuentos,
ensayos, poesía, cartas de viaje e incluso una obra teatral publicada
en 1964 dentro de A Legião estrangeira; pero, sin duda alguna, es más
conocida por su trabajo como novelista y cuentista debido a su
manejo del simbolismo, sus particulares temáticas, el tratamiento
de la sociedad brasileña de su tiempo, sus impactantes imágenes
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�Joseph Amauri Cardona Mora / Represetnaciones de los abyecto

y la construcción literaria de los espacios. Aunque su primera
publicación fue en el año de 1943 con Perto do coração selvagem, llegó
a declarar en algunas entrevistas que comenzó a escribir cuentos y
obras teatrales a muy temprana edad e incluso llegó a trabajar en
varios periódicos. En el año de 1940 comenzó a redactar columnas
en el Vamos Lêr!, por lo que su trabajo como escritora empezó unos
años antes de haber mostrado su primer novela al mundo. En una
entrevista que dio el 20 de octubre de 1976 al Museu da Imagem e do
Som de Río de Janeiro, Lispector habla sobre sus obras y su estilo
literario, además cuenta que en un principio estudió la licenciatura
en Derecho debido a su intención de cambiar las cárceles en su país,
pero nunca ejerció debido a su atracción hacia el periodismo y la
creación literaria.
La hora de la estrella fue publicada en octubre de 1977 y es
la última novela de la escritora brasileña debido a que Lispector
sufría las primeras secuelas de un cáncer de ovario que finalmente la
vencería la mañana del 9 de diciembre del mismo año. Para algunos,
la última novela de Lispector es la que aglutina en mayor medida su
estilo y le consolida como una de las grandes autoras de su tiempo:
Gran parte de la posterior fama de Clarice Lispector, su
imperecedera popularidad entre un amplio público, se debe a
este breve libro, en el cual consigue conjurar todas las facetas de
su escritura y de su vida. Explícitamente judío y explícitamente
brasileño, enlazando el noreste de su infancia con el Río de
Janeiro de su vida adulta, «lo social» y lo abstracto, lo trágico con
lo cómico, combinando sus cuestiones religiosas y lingüísticas con
el impulso narrativo de sus mejores historias, La hora de la estrella
es el monumento más emblemático del «genio insoportable» de su
autora (Moser, 2017: 423) .

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La trama de la novela se centra en Macabéa y en el monólogo
que tiene su narrador en el transcurso de las primeras páginas por
la dificultad que le resulta narrar la historia de la norestina. Desde
el principio se nos advierte como lectores sobre las características
físicas y psicológicas de Macabéa, las que se conocen poco a poco
conforme se adentra en las acciones narrativas, el lugar en el mundo
que le fue asignado como mecanógrafa en una oficina y el espacio
que habita en las afueras de la ciudad de Río de Janeiro, algo que será
crucial en el transcurso de la historia y en el trágico final que tiene la
protagonista: “La persona de la que voy a hablar es tan tonta que a
veces les sonríe a los demás en la calle. Nadie responde a su sonrisa
porque ni siquiera la miran” (Lispector, 2018:15).
Además de que la misma Lispector hace alusión a sí misma
al introducirse en la voz del narrador de su historia, pues la premisa
de la novela parte como una suerte de viaje espiritual por encontrar
la identidad del narrador (masculino) que funge como avatar de
Lispector a la par que construye la de Macabéa y justifica el haber
escogido a un ser marginal y sin una muestra de carisma, pues podría
haber narrado la historia de un ser que contuviera cada una de las
características normativas de su tiempo como algunos escritores de su
época. Lo anterior forma parte del estilo literario propio de Lispector
y una de las principales razones por las cuales su obra no fue aclamada
en gran medida a nivel nacional sino hasta después de su muerte:
¿Por qué escribir sobre una joven que no tiene ni siquiera una
pobreza ornamentada? Tal vez porque en ella haya un recogimiento
y también porque en la pobreza de cuerpo y espíritu yo toco la
santidad, yo que quiero sentir el soplo de mi más allá. Para ser más
que yo, pues soy tan poco (Lispector, 2018:18).
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El que Lispector haya elegido relatar la historia de Macabéa
en su última novela y no la de un personaje pensado para generar
fascinación o heroísmo tiene mucho que ver no sólo con la situación
en la que se encontraba ─casi en su lecho de muerte y en la etapa final
de su carrera como escritora─. Después de escribir sobre personajes
como G.H., que encuentra una nueva identidad al final de la novela
después de haber emprendido un viaje onírico al entrar en contacto
con una cucaracha dentro del ropero de su antigua sirvienta, o Martim,
en La manzana en la oscuridad, novela en la que cuestiona la moralidad y
crea una identidad a través del pecado y la redención, tiene relevancia
en específico el cuestionamiento sobre los seres marginales como
Macabéa, quienes son controlados y dominados por las normas
establecidas de su tiempo, un aspecto de su obra un tanto olvidado
por la crítica. Sin embargo, este cuestionamiento guarda suma relación
con los postulados de filósofos como Bourdieu, Foucault, Butler o la
misma Kristeva, que cuestionan el poder que ejercen las instituciones
sobre los individuos acerca de sus cuerpos, creencias religiosas y el
desarrollo de su psique, pero este es un tema que abordaremos con
mayor profundidad más adelante.
Abyección y literatura
Ahora que nos hemos introducido dentro de la vida y obra de
Lispector y que hemos hablado, a grandes rasgos, sobre La hora
de la estrella, es momento de introducirnos dentro de la teoría de
la abyección de Julia Kristeva y su relación con el desarrollo de
Macabea como personaje abyecto a lo largo de la novela. Para
Kristeva, la abyección no se define como un objeto tangible
o visible, puesto que el ser que lo padece no es capaz de crear
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autoconsciencia de ello para curarse y continuar con su vida
como antes de estar abyecto. Este es un padecimiento ambiguo y
subjetivo que perturba y deteriora a todo aquel que libra una lucha
interna por rechazarlo; sin embargo, lo abyecto tiene la cualidad
de oponerse al Yo y de atraerlo para intentar ser asimilado en el
interior de la psique humana:
Hay en la abyección una de esas violentas y oscuras rebeliones
del ser contra aquello que lo amenaza y que le parece venir de
un afuera o de un adentro exorbitante, arrojado al lado de lo
posible y de lo tolerable, de lo pensable. Allí está, muy cerca,
pero inasimilable. Eso solicita, inquieta, fascina el deseo que sin
embargo no se deja seducir. Asustado, se aparta. Repugnado,
rechaza, un absoluto lo protege del oprobio, está orgulloso de ello
y lo mantiene (Kristeva, 1988: 7).

Asimismo, lo abyecto tiene la cualidad de violentar de
distintas formas, no sólo mentales, si no que se manifiesta en el
plano físico del ser y en su entorno. Esto es evidente en el personaje
de Macabéa, pues no se trata únicamente de algo que se origina en el
interior del ser, sino que también se origina en el exterior:
Lo abyecto no es mi correlato que, al ofrecerme un apoyo sobre
alguien o sobre algo distinto, me permitiría ser, más o menos
diferenciada y autónoma. Del objeto, lo abyecto no tiene más que
una cualidad, la de oponerse al yo. Pero si el objeto, al oponerse,
me equilibra en la trama frágil de un deseo experimentado que, de
hecho, me homologa indefinidamente, infinitamente a él, por el
contrario, lo abyecto, objeto caído, es radicalmente un excluido, y
me atrae hacia allí donde el sentido se desploma (Kristeva, 1988:8)

Kristeva propone la abyección como una categoría de análisis
no sólo dentro del plano de la psicología, sino que lo emparenta
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con la literatura, específicamente con la contemporánea con autores
como Dostoievski, Proust, Joyce, Artaud y Borges, ya sea por el
cuestionamiento de la fe, el deseo del cuerpo femenino o de la muerte
dentro de sus obras. Además, realizar un recorrido por las características
que relacionan a la abyección con la literatura contemporánea, ya que
esta se vale del uso de algunas dicotomías que competen al paradigma
de lo abyecto. En palabras de Kristeva, “En consecuencia, se podría
decir que con esta literatura se realiza una travesía de las categorías
dicotómicas de lo puro y lo impuro, de lo interdicto y del pecado, de
la moral y de lo inmoral” (Kristeva, 1988:26).
Macabéa y el cuerpo abyecto
A partir de este punto realizaré el análisis de Macabéa como
personaje de La hora de la estrella desde la perspectiva de la
abyección de Kristeva que vimos anteriormente y de las categorías
que forman parte de ella como lo son: la construcción de un
cuerpo y un espacio abyectos, además del tiempo de la abyección,
apoyándome en otros autores que han trabajado la abyección
dentro de lo social, la literatura y otras expresiones artísticas como
el cine.
Dentro de la novela, el narrador describe a Macabéa
físicamente poco a poco conforme se adentra en la narrativa y nos
muestra breves pistas de cómo se conforma la corporalidad del
personaje relacionando algunas veces con la niñez de ésta: “La joven
tenía hombros curvos como los de una zurcidora. De pequeña
había aprendido a zurcir” (Lispector, 2018: 21); en como la miran
las personas cuando camina por las calles: “Cuiden de ella porque
mi poder consiste sólo en mostrarla para que ustedes la reconozcan
en la calle, andando levemente a causa de su flacura revoloteante”
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(Lispector, 2018:17); o en cómo pasaba la noches dentro del
departamento que habitaba con sus compañeras:
“Joven —y veo que ya estoy casi en la historia—, joven que dormía
con una enagua de mezclilla con manchas bastante sospechosas de
sangre pálida. Para dormirse, en las heladas noches de invierno se
enroscaba en sí misma, recibiéndose y dándose su propio y parco
calor. Dormía con la boca abierta porque tenía la nariz tapada,
dormía exhausta, dormía hasta nunca” (Lispector, 2018: 20).

Agregando a las condiciones corpóreas que la conforman,
su condición anémica y principios de tuberculosis se intuyen
cuando Gloria, compañera y nueva novia de la expareja de Macabéa
le recomienda visitar a un médico de pobres por unos síntomas
estomacales que tenía desde hace días después de visitar la casa de la
misma Gloria y tomar ahí un chocolate con galletas:
“Al día siguiente, un lunes, no sé si por causa de que el hígado fue
afectado por el chocolate o por causa del nerviosismo por haber
bebido cosas de ricos, la pasó mal. Pero terca no vomitó para no
desperdiciar el lujo del chocolate. Días después, al recibir su salario,
tuvo la audacia, por primera vez en su vida (explosión), de buscar
al médico barato que le había aconsejado Gloria. La examinó, la
examinó y una vez más la examinó” (Lispector, 2018:73).

Para Julia Kristeva, el cuerpo abyecto se constituye a partir
de lo que las leyes proclamadas por las instituciones (gobiernos)
dictaminan para con o los individuos, lo que causa como la sociedad
visibiliza y aquello que reprime como con Macabéa: “Este gobierno,
esta mirada, esta voz, este gesto, que hacen la ley para mi cuerpo
aterrado, constituyen y provocan un afecto y no todavía un signo”
(Kristeva, 1988: 18).
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�Joseph Amauri Cardona Mora / Represetnaciones de los abyecto

Otros autores concuerdan con Kristeva respecto al cuerpo
abyecto, pues la constitución de este está íntimamente ligada con
lo colectivo y no con lo individual en el que el propio sujeto fija
sus propios límites o los desplaza a voluntad. Para este punto, la
abyección está instaurada desde lo más alto de los sistemas que
rigen a los individuos sobre a aquellos que no tienen acceso a la
educación ni a la información y que no tienen forma de oponerse,
pues veremos más adelante que ni si quiera el placer y el goce logran
eyectar1 al objeto abyecto por completo:
La transversalidad deviene trabajo de lo inconsciente en el sujeto
y sus instituciones porque introduce la finitud, nos confrontan
con la precariedad cuando con el otro buscamos alternativas al
agobio y la precariedad de la vida, cuando la norma ya no puede
contener la producción de las formas de subjetivación se produce
lo abyecto. Quizá hay en el cuerpo demasiado de abyecto, ahí se
produce un real que se desplaza a los umbrales de los imaginarios,
insiste, se reitera en una desobjetivación. El cuerpo es un abyecto
de lo imaginario colectivo (Brito y Guerrero, 2009:121).

Uno de los principales síntomas corpóreos y uno de los más
arcaicos de la abyección son las náuseas o el asco por la comida que
Kristeva describe como:
Quizá el asco por la comida es la forma más elemental y más
arcaica de la abyección. Cuando la nata, esa piel de superficie
lechosa, inofensiva, delgada como una hoja de papel de cigarrillo,
1 El término psicoanalítico eyección proviene del latín eiectio (expulsión,
destierro), y será usado en el presente artículo para especificar la acción del
sujeto (en este caso Macabéa) por intentar excluir, expulsar o arrojar el objeto
abyecto de su psique y de su cuerpo (organismo) hacia el exterior como una
forma de liberación.

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tan despreciable como el resto cortado de las uñas, se presenta
ante los ojos, o toca los labios, entonces un espasmo de la glotis y
aun de más abajo, del estómago, del vientre, de todas las vísceras,
crispa el cuerpo, acucia las lágrimas y la bilis, hace latir el corazón
y cubre de sudor la frente y las manos. Con el vértigo que nubla
la mirada, la náusea me retuerce contra esa nata y me separa de la
madre, del padre que me la presentan (Kristeva, 1988:9).

Dentro de La hora de la estrella se encuentra un pasaje en el que
la mecanógrafa, al ser descrita por su narrador, nos presenta otro de
los padecimientos de su protagonista, pues además de ser delgada,
terminar sus días exhausta y tener síntomas de una tuberculosis y
de anemia, los ascos la perturban a la hora de la comida como una
forma de repulsión que Macabéa tiene hacia sí misma y hacia un
trauma de su niñez que la sigue en su presente, conformando así
uno de los elementos más fundamentales de su cuerpo abyecto:
Me olvidé de decir que a veces la dactilógrafa tenía náuseas al
comer. Eso le venía desde pequeña cuando supo que había
comido gato frito. Esto la asustó para siempre. Perdió el apetito
y sólo sentía el gran hambre. Le parecía que había cometido un
crimen y que había comido ángel frito, las alas crujiendo entre
los dientes. Ella creía en ángeles y, porque creía, ellos existían
(Lispector, 2018:30).

Pero en la abyección no sólo existe el dolor, sino que el placer
y el goce también son fundamentales dentro de un ser abyecto, ya
que la abyección actúa en dos polos para librar una disputa en el
interior del ser por ser asimilado y no eyectado:
Frontera sin duda, la abyección es ante todo ambigüedad, porque
aun cuando se aleja, separa al sujeto de aquello que lo amenaza - al
contrario, lo denuncia en continuo peligro- . Pero también porque

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la abyección misma es un mixto de juicio y de afecto, de condena
y de efusión, de signos y de pulsiones (Kristeva, 1988:18).

Macabéa presenta a lo largo de la obra casi la misma cantidad
de placeres que de dolencias, producto de esta característica polar
de su propia abyección de sí, ya que encuentra en algunos actos
relacionados a la lectura de anuncios y a las cosas que se imaginaba
que haría con los productos que se anunciaban ahí:
Pero se daba sus gustos. En las noches frígidas, ella, toda
estremecida bajo las sábanas de brin, solía leer a la luz de la vela
los anuncios que recortaba de los periódicos viejos de la oficina.
Coleccionaba anuncios y los pegaba en un álbum. Había un
anuncio, el que más apreciaba, que mostraba en colores el pote
abierto de una crema para piel de mujeres que simplemente no
eran ella. Ejecutando el tic fatal que había aprendido de pestañear,
imaginaba con deleite: la crema era tan apetitosa que, si tuviese
dinero para comprarla, no sería boba. Qué piel ni nada, ella se
la comería, sí, a cucharadas y del pote mismo. Es que le faltaban
grasas y su organismo estaba seco como bolsa medio vacía de
tostadas despedazadas (Lispector, 2018:29).

Otro de los placeres de los que la norestina goza está
relacionado con el ámbito del deseo sexual, aunque contrario a los
anteriores, ella misma se encarga de reprimirlo inmediatamente a
causa de las normativas dominantes a las que está sujeto su cuerpo
por ser un individuo marginal, una mujer pobre y poco atractiva, con
dolencias, sin intelecto aparente y el mayor de todos que compete
con el pecado2:
2 El deseo y la consumación sexual son excluidas y prohibidas dentro de
las sociedades latinoamericanas con el catolicismo como religión dominante,
específicamente para las mujeres a quienes se les impone una normativa de

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Ella sabía lo que era el deseo —aunque no supiera que sabía.
Era así: se quedaba hambrienta pero no de comida, era un gusto
medio doloroso que subía desde el bajo vientre y le erizaba las
puntas de los senos y los brazos vacíos sin abrazos. Ella se volvía
toda dramática y vivir dolía. Terminaba entonces medio nerviosa
y Gloria le daba agua con azúcar (Lispector, 2018:33).

Río de Janeiro: una ciudad abyecta
La relación que existe entre un cuerpo y un espacio abyecto, en este
caso el cuerpo de Macabéa y la ciudad de Río de Janeiro resulta
relevante para entender el cómo influye el segundo sobre el primero,
ya que un cuerpo abyecto necesita de una ciudad abyecta para
existir: “El estar fuera de lo social determina no solo unos contextos
de miseria, en tanto no se tiene acceso a unos bienes de consumo,
pero, además, se es confinado a unos espacios abyectos. El cuerpo
abyecto, así, se mueve en una ciudad abyecta” (Montoya, 2012:17).
En La hora de la estrella los espacios están construidos desde
una perspectiva en la que Macabéa siempre está en constante
perturbación por ser violentada de forma simbólica:3“Me limito
humildemente —aunque sin hacer ostentación de mi humildad que
ya no sería humildad—, me limito a contar las pobres aventuras de
virginidad: “La abyección persiste como exclusión o tabú (alimentario u otro)
en las religiones monoteístas, particularmente en el judaísmo, pero deslizándose
hacia formas más ‘secundarias’ como transgresión (de la Ley) en la misma
economía monoteísta. Finalmente, con el pecado cristiano encuentra una
elaboración dialéctica, integrándose como alteridad amenazadora pero siempre
nombrable, siempre totalizable, en el Verbo cristiano” (Kristeva, 1988: 27).
3 “Esta veridicción y naturalización de las relaciones de dominación en
tanto sólo pueden ser aprehendidas mediante categorías que son construidas
en esas mismas relaciones dominación, es llamada por Bourdieu violencia
simbólica” (Grandinetti, 2011: 4).
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�Joseph Amauri Cardona Mora / Represetnaciones de los abyecto

una chica en una ciudad toda hecha contra ella” (Lispector, 2018:15).
Este espacio conforma una parte de la ciudad en específico donde
abunda la pobreza, la prostitución4y la suciedad: “Calle del Acre.
Pero qué lugar. Las gordas ratas de la calle del Acre”(Lispector,
2018:33), los cuales son elementos fundamentales dentro de lo
perverso del paradigma abyecto y se convierten en espacios idóneos
para que el cuerpo de la protagonista comience a sublimarse. El
primero y más importante de éstos, por ser el espacio habitado,
es donde Macabéa vive con otras cuatro compañeras: “El cuarto
estaba en un viejo caserón colonial de la áspera calle del Acre, entre
las prostitutas que servían a los marineros, depósitos de carbón y de
bolsas de cemento, no lejos de los muelles del puerto” (Lispector,
2018:32).
Otro de los espacios abyectos pertenecientes a la ciudad
abyecta de Río de Janeiro es la carnicería que la norestina visita junto
a Olímpico, su pareja que posteriormente la abandona por una de
sus compañeras de trabajo, que a su vez se presenta como otro ser
abyecto, pero que, a diferencia de Macabéa, su abyección consiste en
que tiene una fijación por la sangre y la violencia que implica cortar
la carne:
Al final terminó por volver a ella. Por motivos diferentes entraron
en una carnicería. Para ella el olor de la carne cruda era un perfume
que la hacía levitar toda como si hubiese comido. En cuanto a él,
lo que quería era ver al carnicero y su cuchillo afilado. Le tenía
envidia y también quería ser carnicero. Meter el cuchillo en la
carne lo excitaba. Ambos salieron de la carnicería satisfechos. Ella
4 “Lo abyecto encierra formas de comportamiento que la sociedad tiende
a rechazar; prácticas sobre todo de tipo sexual, que transgreden el orden
establecido, haciendo de la prohibición su mejor aliado” (González, 2010: 147).

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se preguntaba: ¿qué gusto tendrá esta carne? Y él, en cambio, se
preguntaba: ¿cómo es que una persona logra ser carnicero? ¿Cuál
era el secreto? (El padre de Gloria trabajaba en una carnicería
bellísima) (Lispector, 2018: 38).

El último espacio abyecto que la mecanógrafa de Alagoas
visita es un lugar en donde una vidente de nombre Madame Carlota
lee las cartas, lugar que había buscado como última esperanza por
encontrar su identidad dentro de esta ciudad, después de haber
terminado su noviazgo con Olímpico y de haber perdido su lugar
dentro de la oficina en la que trabajaba, agregando además que era
una huérfana que vivía con su tía que la maltrataba hasta que esta
finalmente murió, lo que a su vez se traduce como el último intento
de Lispector por salvar a su protagonista de un destino funesto:
No le fue difícil encontrar la dirección de Madame Carlota y esa
facilidad le pareció una buena señal. El departamento era una
planta baja que quedaba en la esquina de un callejón donde entre
las piedras del suelo crecía hierba; ella lo notó porque siempre
notaba lo que era pequeño e insignificante (Lispector, 2018:79).

El interior de la casa de Madame Carlota contrasta con el
exterior de la ciudad, pues este no se compone de los elementos de
suciedad, violencia, pobreza, sino que está compuesto desde el lujo
y la artificiosidad: “Mientras hacía esto miraba con admiración y
respeto el cuarto en donde estaba. Ahí todo era de lujo. Material de
plástico amarillo en las sillas y sofás. Y hasta las flores eran de plástico.
El plástico era lo máximo. Estaba boquiabierta” (Lispector, 2018:80).
El encuentro con Madame Carlota tiene un efecto
transgresor dentro de la personalidad de Macabéa porque la lectura
le augura un futuro prometedor y hasta imposible de lograr dentro
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de su realidad, ya que parece una especie de relato completamente
ajeno a la vida de Macabéa:
Sentía en sí una esperanza tan violenta como jamás había sentido
una desesperación tan grande. Si ella ya no era más ella misma,
eso significaba una pérdida que valía como una ganancia. Así
como había sentencia de muerte, la cartomante le había decretado
sentencia de vida. Todo de repente era abundante y abundante
y tan amplio que sintió ganas de llorar. Pero no lloró: sus ojos
resplandecían como el sol que moría. (Lispector, 2018: 54)

Esto, desde la perspectiva de la abyección se encuentra dentro
del tiempo abyecto que se configura más allá de las convicciones
del tiempo cronológico, en el que las acciones de los seres o los
personajes en este caso suceden con normalidad, ya que la brecha
temporal y espacial de La hora de la estrella se rompe gracias al poder
que el esoterismo tiene sobre la percepción de la norestina:
El tiempo de la abyección no es periódico o cronológico, es un
tiempo brujo alternado en ritmos que no pueden ser pensables
con la razón, y los espacios, son producción de texturas de goce
de un más allá del principio del placer, en una economía del goce
del cuerpo para ese sujeto que recibe la injuria y los efectos de la
abyección (Brito y Guerrero, 2009:129).

Finalmente, Lispector no es capaz de romper con el destino
fatuo de su protagonista que al igual que ella estaba destinada a perecer,
lo que pudo haber originado que esta, su última novela haya trascendido
más allá de cualquier otra obra de su autoría. Cuando Macabéa sale de
su tiempo abyecto contenido en casa de la vidente, termina fascinada
por la lectura de sus cartas con una pulsión de vida como nunca sintió,
pero el mismo Río de Janeiro termina por atropellarla. Macabéa termina
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su historia sin ser consciente de su propia muerte en las calles de la
ciudad que, como al principio de la novela, ni si quiera se percató de que
la norestina agonizaba en el pavimento:
Si un día Dios viene a la tierra habrá un silencio enorme. El
silencio es tal que ni el pensamiento piensa. ¿El final fue demasiado
grandilocuente para las necesidades de ustedes? Al morir, ella se
volvió aire. ¿Aire enérgico? No lo sé. Murió en un instante. El
instante es aquel momento de tiempo en que el neumático del auto
corriendo a alta velocidad toca el suelo, después no toca y después
vuelve a tocar. Etc., etc., etc. En el fondo ella no había pasado de ser
una cajita de música medio desafinada (Lispector, 2018:59).

La muerte de Macabéa significa dentro de su propia
abyección una liberación que sólo se alcanza en la fascinación por lo
sublime que implica la muerte,5 ya que ésta es la única forma en la
que un ser es capaz de liberarse de ella, pues no hay escape cuando
esta logra asimilarse y la eyección se vuelve imposible. Es por esto
que Macabéa no sufre ni se lamenta cuando muere y su narrador
que encarna a Lispector dentro de la obra al fin se siente librado de
terminar con la historia de una norestina pobre, flaca, huérfana y sin
haber encontrado su lugar dentro de un mundo abyecto dominado
por los poderes de la perversión:
El placer desubjetiza, suelta amarres de pulsiones y
representaciones en el cuerpo, entonces en el sujeto se atreverá
5 Kristeva usa el concepto de lo sublime para definir el momento en el
que un ser arrojado a lo abyecto logra el placer y la fascinación a través de
la percepción: “No más acá, sino siempre y a través de la percepción y de las
palabras, lo sublime es un además que nos infla, nos excede y nos hace estar a
la vez aquí, arrojados, y allí distintos y brillantes. Desvío, clausura imposible.
Todo fallido, alegría: fascinación” (Kristeva, 1988: 21).
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a soltar nudos, para entonces, la identidad se desdibuja. Con
el placer salimos de la abyección, o mejor nos desplazamos
construyendo sentido y nuevos vínculos. La abyección produce
singularidades, quizá exista ahí una transversalidad, una manera
de apropiarse de las formaciones del inconsciente, pero deberá
ser un inconsciente que sí contempla lo transitorio, la existencia
de la muerte, de tiempos muertos que rechazan el olvido (Brito y
Guerrero, 2009:130).

Conclusiones
Es importante que dentro del panorama de la literatura de lo
abyecto que Kristeva plantea al realizar su análisis de autores como
Dostoievski, Proust, Joyce, Borges y Artaud, se inicie una búsqueda
por encontrar realidades en las que los personajes de esta literatura
sean capaces de librarse de su abyección de sí por medios que no
impliquen únicamente la muerte. como ocurre con la protagonista
de la novela que analizamos en este ensayo, para así crear identidades
abyectas sostenibles:
Si toda identificación supone la exclusión de algo -la producción
de lo abyecto- se plantea la paradoja de cómo hacer vivible la vida
de los seres abyectos sin provocar un nuevo campo de abyección
al constituir de lo abyecto una identidad (Grandinetti, 2011:8).

Ahora bien, psicoanalíticamente se sabe que no hay una cura
directa para la abyección, ya que esta actúa dentro de los límites
de la subjetividad y de lo ambiguo, por lo que incluso identificarla
se convierte en una ardua tarea para los psicoanalistas, pero tiene
un papel fundamental para comprender el discurso analítico entre
analizando y analista y averiguar sobre aquello que lo origina:
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Esta abyección, que de la modernidad ha aprendido a reprimir, a
esquivar o a maquillar, se manifiesta como fundamental a partir
de la posición analítica. Lacan lo dice cuando asocia esta palabra a
la santidad del analista, acoplamiento que, del humor, sólo deja lo
negro (Kristeva, 1988: 40).

Las identidades abyectas son productos de la modernidad y
de las relaciones de dominación6 que esta promueve al dictaminar
aquello que es aceptado o rechazado para con sus individuos. La
canonización de algunos cuerpos, la imposición de creencias, o
la creación de espacios abyectos invisibilizan las distintas caras
de la violencia, como ocurre con Macabéa, a la que las mismas
instituciones y cada uno de los individuos con los que interactúa
a lo largo de toda la obra violentan, ya sea la tía, el médico, su jefe
de oficina o su pareja, Olímpico, personaje que tal vez sea el que se
encuentre más arriba dentro de la jerarquía de la abyección perversa
en la obra, aunque eso sería un tema para otro artículo.
De esta manera es posible indicar que Macabéa no sólo se
convierte en un ser abyecto que constantemente es perturbado por
su propio entorno y los seres abyectos que lo habitan, sino que es en
sí misma un producto de las relaciones de poder y una representación
de la sociedad brasileña de su tiempo.

6 “Las relaciones de dominación producen habitus –esquemas de
percepción, visión y división que funcionan como disposiciones para la
práctica- que se inscriben en el cuerpo. Estas relaciones de dominación (en
este caso, de dominación masculina) se fijan en lo más profundo del cuerpo,
en las mismas emociones corporales – vergüenza, humillación, timidez-, en los
modos de relacionarse con el cuerpo propio y del otro”(Grandinetti, 2011, p. ).
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�Joseph Amauri Cardona Mora / Represetnaciones de los abyecto

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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-5

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�Dosier
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

“Hongos”: un erotismo del cuerpo enfermo
“Hongos”: an ill-body’s eroticism
Valeria Vazquez Elizaldi
Universidad Autónoma de Nuevo León
valevazqueze14@gmail.com

Fecha entrega: 22-12-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022

Resumen. En este artículo me propongo analizar uno de los cuentos más
renombrados de la escritora mexicana Guadalupe Nettel, titulado “Hongos”. Se parte de la conceptualización del erotismo, del cuerpo y de la
enfermedad, para plantear un análisis del erotismo del cuerpo enfermo,
atravesado por las nociones de la belleza, lo incómodo y la mirada voyeur
que propone la prosa netteliana.
Palabras claves: enfermedad, cuerpo, erotismo, hongos, Guadalupe Nettel
Abstract. The aim of this article is to study “Hongos”, one of the most
renown short stories of the Mexican writer Guadalupe Nettel, through
the concepts of eroticism, body and illness. My proposal is that the notion
of the eroticism of the sick body is a constant in the nettelian prose, as
also the idea of the beauty, the voyeur and the uneasy.
Keywords: illness, body, eroticism, desire, Guadalupe Nettel

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�Valeria Vázquez Elizaldi/ Erotismo del cuerpo enfermo

Introducción
El erotismo da miedo porque
se lleva las palma en el exceso,
se abre en la superabundancia
y en lo ilimitado. Eleva el instinto a categoría de un arte de
amor, y por lo tanto de vivir.
Sophie Chauveau

“Paso muchas horas tocando la cavidad de mi sexo —esa mascota
tullida que vislumbré en la infancia—, donde mis dedos despiertan
las notas que Laval ha dejado en él” (Nettel, 2019: 102). Esta cita
proviene de “Hongos”, uno de los cuentos poco convencionales de
la escritora mexicana Guadalupe Nettel. Como se puede observar en
este extracto, una de las características de la cuentística de la autora es la
incomodidad. Con su pluma, esta escritora logra exponer las pequeñas
anormalidades del ser humano. El sentimiento inquietante que produce
en sus lectores tiene que ver con el paseo exótico que recorre quien la
lee. Sin duda alguna, su escritura exhibe los aspectos más peculiares de
los seres; en sus cuentos muestra las extrañas pasiones y manías de las
personas (Hernández, 2013). El cuento a tratar en este trabajo no es
una excepción de estos rasgos singulares y únicos, sino que es una obra
esencial para entender la la prosa de esta literata.
La intranquilidad que produce Nettel en sus lectores no sólo
se debe al tono sorprendentemente crudo de los textos que presenta,
sino también al papel voyeurista que le impone (Hernández, 2013).
En el caso de “Hongos”, al igual que en la mayoría de sus cuentos,
la escritora coloca a quienes leen su prosa en un rol de mirón. Es
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

decir, el lector se convierte en una especie de entrometido —en
contra de su voluntad— de los aspectos más privados de la vida de
la protagonista de esta historia de amor grotesco.
Con respecto a lo anterior, resulta oportuno destacar que
mucho de lo que expone Nettel en su narrativa se exhibe a partir de
la mirada. Pardo Garduño (2018: 4) sostiene que “la mirada guía los
relatos. Hay un continuo mirar, e incluso en algunos, la práctica del
voyeurismo”. A lo largo de la narración de “Hongos”, la protagonista
comparte con el lector —de forma involuntaria y en contra de su
conocimiento— su interés por los hongos y Laval. Estas amplias
descripciones tienen la función de transformarse en imágenes
explícitas que cautivan al lector o lectora. Aunque, por otro lado,
en la prosa de Nettel también es evidente “la voz del narrador, que,
desde su voluntario aislamiento describe los espacios y las vidas tanto
de los demás como la propia” (Hernández, 2013). La protagonista
de “Hongos”, quien es una violinista y maestra de música, permite
que el lector conozca sus más profundos pensamientos —asimismo,
accede a un vistazo hacia la vida de quienes la rodean—, y entre más
avanza la narración es posible notar la soledad y el abandono que
siente. En este sentido,
Ferrero y Escobar (2017: 8) establecen que “Guadalupe
Nettel construye protagonistas que tienen como base una conducta
marginal y una relación corporal anómala”. Esto es precisamente lo
que ocurre en el cuento a tratar; el vínculo entre la protagonista y la
micosis presente en su cuerpo parece ser lo único que la acompaña
en su retraimiento de la sociedad.
Quienes han leído esta historia habrán notado que se
trata de un cuento romántico, inusual y diferente pero soñador y
apasionante. Como en otras obras, dos personas se encuentran en un
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�Valeria Vázquez Elizaldi/ Erotismo del cuerpo enfermo

viaje de trabajo, se enamoran y deciden comenzar un amorío oculto
de sus respectivas parejas. Sin embargo, lo que Nettel presenta no
es la típica narración de una aventura adúltera. La narración va más
allá de lo esperado, aborda desde una sensibilidad poco habitual un
romance que engloba los aspectos anormales y desagradables del
ser humano. A grandes rasgos, el cuento presenta la historia de un
romance que destroza la vida y el cuerpo de una mujer. Una violinista
viaja a Copenhague para impartir clases de música; ahí conoce a
Philippe Laval —violinista y director de prestigio—, y comienza una
relación romántica que la consume hasta dejarla sin una verdadera
identidad. Debido a la conexión de dependencia que surge entre la
protagonista y Laval, la protagonista permite el crecimiento de una
micosis en el área más íntima de su cuerpo.
En ese sentido, la autora lleva al lector por un viaje literario en
el que puede conocer el exotismo de las pequeñas anormalidades del
ser humano. En el caso de “Hongos”, con el fin de llenar el vacío que
dejó su amante en su cuerpo, la protagonista propicia el crecimiento
de una micosis en el área de su cuerpo donde más extraña a su amado.
Estos hongos sirven como un parche que sella su orificio abandonado,
ya que la unen más a Laval. La narración dota de una sensualidad
inusual pero exótica al crecimiento de los microorganismos en la
vulva de la protagonista. En este cuento se presenta un fenómeno
poco usual en la literatura: el erotismo del cuerpo enfermo puesto que
existe una clara vinculación entre la escritura de Nettel y el deseo de
las extrañezas de la figura humana; a partir de la prosa se manifiesta un
tipo de lujuria humana velada: el deseo del cuerpo enfermo.
En lo esencial, en la narrativa de “Hongos” se reclama el
espacio del cuerpo vulnerable en la literatura del siglo XXI. No sólo
se establece una presencia propia de las enfermedades, sino que
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

se manifiesta un deseo hacia la preservación de éstas. La micosis
presente en el cuerpo de la violinista parece ser para ella una especie
de refugio; los hongos llenan un espacio en su cuerpo que le dejó
de pertenecer, y eso la reconforta. En palabras de la protagonista:
“la felicidad [puede] encontrarse fuera de lo convencional” (Nettel,
2019: 94).
Con el fin de profundizar sobre el erotismo del cuerpo
enfermo presente en esta obra, resulta pertinente definir el término
de ‘cuerpo’. Borrero destaca que “el cuerpo no es un recipiente
ni un vehículo de transmisión, es un medio en sí mismo. Se va
construyendo en un proceso evolutivo de interacción con el
entorno” (2012: 54). En ese contexto, cabe resaltar que el cuerpo es
el recurso principal de la narrativa de este cuento netteliano. Para la
protagonista su cuerpo se vuelve una extensión de ella misma; no
cabe en la narración la típica separación de mente y cuerpo. Más
bien, se muestra una expansión de la psique que llega al cuerpo sano,
que a la vez es alterado con el fin de mostrar el estado emocional en
el que realmente se encuentra la maestra de música.
Tras ser separada de Laval y regresar a su matrimonio, la
violinista informa que “la forma de estar en mi casa y en todos los
espacios, incluido mi propio cuerpo, se había transformado y, aunque
entonces no fuera consciente de ello, resultaba imposible dar vuelta
atrás” (Nettel, 2019: 90). El amorío que tuvo con el director de
música la afecta tanto hasta llegar al punto que opta por transmutar
su cuerpo, aunque éste se vuelva irreconocible. Así, la definición de
Borrero ayuda a posicionar al cuerpo como un espacio, un medio
que se construye y se deconstruye a partir de las experiencias de
la protagonista. Sin duda alguna, los cambios físicos que ocurren
en su cuerpo están íntimamente ligados a Laval. En palabras de
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la violinista: “sentía mi sexo y hacerlo implicaba inevitablemente
pensar también en el de Philippe” (Nettel, 2019:96).
En ese mismo contexto, resulta oportuno establecer a qué se
hace referencia cuando se trata del término ‘cuerpo enfermo’. Ante
todo, se trata de aquellos aspectos físicos que se desvían de la norma.
De acuerdo con Vivero Marín: “el cuerpo enfermo representaría lo
opuesto a los ideales enmarcados en la independencia del sujeto [...] estos
cuerpos experimentan el espacio social de una manera distinta” (2013:
43), puesto que sufren de cierto rechazo, segregación y menosprecio.
Cabe agregar que son vistos como entes que deben de ser corregidos y
en muchas ocasiones son atribuidos con el adjetivo ‘feo’.
En “Hongos” se pone en primer plano un cuerpo que se
aleja del estándar. Desde el principio de la obra es claro el interés de
la protagonista por la micosis y, conforme avanza la historia, el eje
central de la narrativa gira en torno a la parte anómala de su cuerpo.
Existe un evidente discurso sobre el cuerpo vulnerable en la prosa y,
a diferencia de muchas otras obras, se aborda una enfermedad que
produce un sentimiento protector en la narradora. Cabe agregar que
desde que la violinista era una niña, sentía curiosidad por los hongos
—especialmente por el que creció en la uña de la piel de su mamá—.
La protagonista señala al principio de la obra que “no me inspiraba
la misma aversión que le tenía mi madre, más bien todo lo contrario.
Esa uña pintada de yodo que yo veía vulnerable me causaba una
simpatía protectora” (Nettel, 2019: 85). Sin duda, su actitud hacia
estas criaturas que invaden el cuerpo humano difiere del modelo
establecido por el canon de la belleza.
Es evidente que, en sus historias, Nettel, dota al cuerpo con
un significado que va más allá de la corporalidad. Las marcas enfermas
que adornan los cuerpos presentes en la narrativa de esta escritora
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mexicana sirven para distinguir a los individuos de la colectividad.
Ante todo, sus historias contienen personajes cuyos rasgos y
características se alejan de cualquier tipo de noción convencional
sobre el comportamiento humano. En sus historias se describe “el
cuerpo que suele ser marginado, alejado del statu quo, es el centro de
[estas narrativas], revalorizando y dotándolo de un valor intrínseco a
aquello que lo diferencia de los demás” (Ferrero y Escobar, 2017: 8).
En el cuento “Hongos” el cuerpo es el recurso principal
de la narración para retratar lo que le ocurre a la protagonista —
no solo como un ser aislado sino también como un parásito que
habita indebidamente la vida de alguien más—. Los hongos que
crecen en la vulva de la violinista ejemplifican el incremento de su
dependencia y obsesión por Laval; es una micosis que ella mantiene
oculta y que simboliza el estado en el que se encuentra. Al final
de la obra, la maestra de música deja claro que se asimila con los
hongos que se hospedan en su área íntima al establecer que: “los
parásitos —ahora lo sé— somos seres insatisfechos por naturaleza.
Nunca son suficientes ni el alimento ni la atención que recibimos
[...] vivimos en un estado de constante de tristeza” (Nettel, 2019:
100). De esta manera, es evidente que el cuerpo no solo es una
extensión del ser humano, más bien es el ser en sí —el medio por
el cual es posible percibir el tipo de persona que se es—. En la piel
de la protagonista residen pequeñas criaturas que se presentaron en
contra de su voluntad; pero, al contrario de lo que haría la mayoría,
ella decide quedárselos, dado que existen razones de peso detrás
de su decisión: además de que se identifica con ellas, le recuerdan a
Laval y la mantienen acompañada en momentos de soledad.
Por otro lado, es clave indicar que la violinista encuentra
placer en lo monstruoso, en lo diferente. Umberto Eco sostiene
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que “los monstruos […] son [seres] contrarios a la naturaleza a la
que estamos habituados” (Eco, 2017: 147). En otras palabras, se
considera monstruoso a todo aquello fuera de lo habitual, así, el
monstruo se aleja del ideal de la belleza humana. No obstante, existe
una inversión en la significación que le brinda la protagonista puesto
que los parásitos presentes en su piel representan algo sumamente
bello: su amor por Laval. Que el cuerpo humano presente bultos de
membranas mucosas sea algo mal visto por la sociedad, está fuera de
los intereses de la violinista. Su situación es antitética: es un romance
diferente a cualquier tipo de amor ordinario. En efecto, en esta obra
se presenta una pasión que consume al ser humano; una obsesión
fuera del control de la protagonista. Pero a veces de eso trata el
amor, ¿cierto? De caer tan profundamente por alguien que todo lo
demás, hasta uno mismo, cesa de ser importante. En palabras de la
protagonista, “los enamoramientos muchas veces nacen también de
forma imprevista, por generación espontánea” (Nettel, 2019: 98).
En efecto, hay amores y atracciones incomprensibles para
muchas personas, como el caso que se narra en este cuento. Se trata
de un amorío difícil de comprender a pesar de que está repleto de
aspectos naturales. En ese sentido, resulta oportuno destacar que la
micosis no es algo ajeno a los seres humanos, pero decidir mantenerlos
por amor es, sin duda alguna, diferente a lo habitual. Con respecto
a los hongos que crecen en la piel, en la sociedad actual existe un
claro desprecio hacia estas criaturas que, por diversas razones, llegan
a hospedarse en el cuerpo humano. Este menosprecio es muchas
veces acompañado por un gran sentimiento de vergüenza. Respecto
al hongo que tuvo su mamá en la uña, la protagonista desarrolla que
“más que el aspecto incierto y movedizo, más que su tenacidad y su
aferramiento al dedo invadido, lo que [recuerda] particularmente en
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todo ese asunto fue el asco y el rechazo que el parásito provocaba
en ella” (Nettel, 2019: 84).
No obstante, la actitud de la protagonista, como previamente
se había mencionado, radica en el polo opuesto al de su madre.
Desde la infancia ve a los hongos con ojos curiosos, y tras crecer
y conocer a Laval, esos seres extraños que se hospedan en su vulva
representan su pasión por el violinista. Por lo tanto, al contrario de
su madre, ella está decidida de hacer lo posible para conservarlos:
Los hongos me unieron más a Philippe. Aunque al principio
apliqué puntualmente y con diligencia la medicina prescrita, no
tarde en interrumpir el tratamiento: había desarrollado apego
por el hongo compartido y un sentido de pertenencia. Seguir
envenenándolo era mutilar una parte de mí misma [...] decidí no
sólo a conservarlos sino a cuidar de ellos de la misma manera en
que otras personas cultivan un pequeño huerto (Nettel, 2019: 97).

La anomalía en “Hongos” es vista como una categoría estética.
Sin duda, existe cierta belleza en la micosis que cubre la piel de la
violinista. Asimismo, es claro que su actitud hacia las enfermedades
difiere de la convencional. Por consiguiente, no es inoportuno
destacar que el erotismo presente en la narrativa de este cuento rodea
las descripciones del parásito que habita la vagina de la protagonista.
Con el fin de comprender más a fondo el fenómeno
literario que se manifiesta en el erotismo del cuerpo enfermo, es
pertinente establecer a qué se hace referencia cuando se trata el tema
de lo erótico. De acuerdo con Bataille, “el erotismo, tal como la
inteligencia lo toma en consideración como cosa, es [...] un objeto
monstruoso” (1997: 41). Hablar de lo erótico conlleva hablar
del monstruo que todos llevan dentro. Es un aspecto de la vida,
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completamente natural, que se centra en los impulsos que sufren
los seres humanos. No obstante, existen impulsos menos juzgados
que otros. En el caso de “Hongos”, la sensualidad presente cae bajo
el ojo crítico de aquellos que siguen y honran lo tradicional. Así, el
que la protagonista del cuento mantenga y cuide la enfermedad que
brota entre sus piernas es, no cabe duda, un acto erótico. La razón
detrás es evidente, la violinista quiere mantener un lazo con Laval:
“pensar que algo vivo se había establecido entre nuestros cuerpos,
justo ahí donde la ausencia del otro era más evidente, me dejaba
estupefacta y conmovida” (Nettel, 2019: 97).
En “Hongos” también se transgrede lo prohibido —acto
particular del erótico según Bataille—. Ante todo, el erotismo causa
que una persona se cuestione a sí misma, y a la vez que también sea
cuestionada. Se trata de un acto natural —cabe decir que puede ser
inusual— que en muchas ocasiones está fuera del control del ser. Es
ese estado que protagonista de este cuento pierde el control total de sí
misma. Su libido causa una ceguera extrema de sus acciones hasta que
se encuentra atrapada en un callejón sin salida y lo único que le queda
es aceptar su estado parasitario. No tiene ni oportunidad de detener
aquello que la impulsa; hace todo lo que puede para permanecer en
la vida de Laval y aquello que la llena —aunque sea un poco— es su
cuerpo enfermo. La maestra de música se pierde en sí misma, sufre
de una libido que causa que transgreda todo tipo de límite establecido
por la sociedad con respecto a lo sexual. Resulta pertinente destacar
que de acuerdo con Bataille (1997: 45) “la colectividad humana [...] se
define en las prohibiciones”. Quizás no sea tan sorprendente que al
final del cuento la violinista cesa de formar parte de esa colectividad
—su mundo está compuesto de los rastros de Laval.
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De acuerdo con Pérez (2015: 131) “el erotismo se concibe
como la puerta de entrada a lo desconocido”. Ese es el mundo que
describe Nettel, un lugar inimaginable, surreal, ajeno. Se puede concebir
al lector de este cuento como un forastero que sin saberlo explora las
tierras desconocidas del erotismo anómalo. Cabe agregar que, como
dice Bataille (1997: 51), “la prohibición no previene necesariamente
el deseo”. Para la protagonista de este cuento es imposible resistirse
al sentimiento sexual que siente tras conocer a Laval. Sufre un placer
intenso que llega a angustiar y alejarla de todo lo que conoce —hasta
de su música—: “sigo haciendo música, pero todo lo que toco se
parece a Laval, suena a él, como una copia distorsionada que nadie
interesa” (Nettel, 2019: 101). De eso trata el erotismo ligado al cuerpo
enfermo que se expone en esta obra. Más aún, para Hermosilla:
El erotismo constituye una desviación, una perversión que
invierte, que desvía los fines propios del acto sexual, y de aquella
sobreabundancia y exceso de energía que afecta a los cuerpos [...]
es una perversión que puede llevar nuestra vida a la ruina, debido
a que la despreocupación y desinterés en el cuidado que solemos
mantener en conservar los límites de una persona, en la mesura
de nuestro comportamiento social, y por el descuido o incluso de
las ocupaciones y preocupaciones que llenan nuestra existencia
(2008: 28).

Lo anterior también define el erotismo presente en la obra
de Nettel, ya que, como previamente se ha evidenciado, en la historia
elaborada por esta escritora mexicana se describe una sensualidad
anormal que aleja a la protagonista de todo aquello que una vez le
fue importante. Al final, la narrativa ya no se centra en una mujer
libre que se enfocaba en su carrera musical sino en un ser que vive y
se alimenta de la existencia de alguien más:
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Hace más de dos años que asumí esta condición de ser invisible,
con apenas vida propia, que se alimenta de recuerdos, de
encuentros fugaces en cualquier lugar del mundo, o de lo que
consigo robar a un organismo ajeno que se me antoja como mío
y que de ninguna manera lo es (Nettel, 2019: 101).

Lo que la protagonista experimenta es un amor ardiente
que incendia su vida hasta dejar rastros de polvo y micosis. Como
informa ella misma, ya no se trata de un cuerpo que le pertenece,
sino de una figura humana cubierta de hongos que adora a Laval. De
esta manera, “Hongos” describe el placer gratificante que surge en
las relaciones y cuerpos fuera de la norma. No cabe duda que este
cuento de Nettel aborda la trama del amor obsesivo y para ello se
sirve de las descripciones de los seres parasitarios que viven por los
demás. Sin embargo, puede que la protagonista esté encarcelada en su
propia vida, pero su sexualidad es completamente libre. A través del
monólogo a se expresa la libertad sexual enfocada en el atesoramiento
del cuerpo enfermo. Además, es evidente que la relación que tiene la
protagonista, tanto con Laval como con su cuerpo, no es indeseada:
Los enamoramientos muchas veces nacen también de forma
imprevista, por generación espontánea. Una tarde sospechamos
de su existencia por escozor apenas perceptible, y al día siguiente
nos damos cuenta de que ya se han instalado de una manera que,
si no es definitiva, al menos lo parece. Erradicar un hongo puede
ser tan complicado como acabar con una relación indeseada. Mi
madre sabe de ello. Su hongo amaba su cuerpo y lo necesitaba de
la misma manera en que el organismo que había brotado entre
Laval y yo reclamaba el territorio faltante (Nettel, 2019: 98).

Es la micosis que se hospeda en la vagina de la protagonista
que llena el hueco que dejó el violinista en el cuerpo de la maestra
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de música. No obstante, es ella quien decidió mantenerlos; los
hongos son su fuente de erotismo, así como su forma de expresarse
sexualmente. Resulta pertinente informar que la actividad sexual de
la violinista es guiada por el deseo, en el cual una persona puede
“experimentar y descubrir lo más noble y perverso de [sí misma]”
(Hermosilla, 2008: 32). Cuidar de una micosis que crece en el cuerpo
humano es un acto irracional y violento en contra de la salud propia;
sin embargo, la protagonista no se detiene mucho tiempo en pensar
sobre ello puesto que está cegada por su anhelo por Laval.
Por otro lado, se podría destacar que “la repugnancia, que
el horror, es el principio de [su] deseo” (Bataille, 1997: 63). En
lugar de ignorar o rechazar aquello que la impulsa, la protagonista
de “Hongos” abraza lo prohibido. Transgrede todas las normas
establecidas por el mundo de la razón y cae en el acto de violentar
su propio cuerpo, pero, como ya se había dicho, puede que de eso
vaya la pasión humana. Es evidente que la violinista es consumida
por el amor fuera de lo convencional que le tiene a Laval, porque
como menciona Bataille: “[El deseo] nos arroja fuera de nosotros
[...] exigiría que nosotros nos quebrásemos. Pero puesto que el
objeto del deseo nos desborda, nos liga a la vida desbordada por el
deseo” (1997: 147). Así, no cabe duda que en lugar de ignorar o de
rehusarse a seguir sus impulsos, prefiere quedarse a lado de Laval
mínimo como un parásito. No puede desprenderse de las migajas
de “amor” que supuestamente le da su amante a pesar de que en
la vida de su amado ella solamente es un aspecto invisible y pocas
veces recordado:
Mi necesidad sigue siendo insondable [...] permaneceré así hasta
que él me lo permita, acotada siempre a un pedazo de su vida o
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hasta que logre dar con la medicina que por fin, y de una vez por
todas, nos libere a ambos (Nettel, 2019: 101-102).

Es posible afirmar que el erotismo siempre va acompañado
de lo extraño, así, lo erótico causa que el amor sea impredecible
e irregular. Esto lo demuestran perfectamente los personajes de
“Hongos” en el momento que permiten que su obsesión se traslade
de su mente a su cuerpo.
En ese sentido, resulta pertinente resaltar que al principio
de la obra se informa que Laval tiene una fobia de todo tipo de
enfermedades y contagios. Por consiguiente, cuando ambos
padecieron lo mismo —sus respectivas micosis— la violinista pensó
que Laval haría todo lo posible para deshacerse de los hongos, y,
no obstante, poco después de tener un diagnosis la protagonista
descubre que se había equivocado tras recibir un correo electrónico
en el que Laval expresó: “Mi hongo no desea más que una cosa:
volver a verte” (Nettel, 2019: 98). En efecto, el actuar impropio de
tanto Laval como la protagonista se debe al erotismo que los azota.
Se encuentran perdidos en su deseo sexual. Se trata de un anhelo
que sobrepasa los límites de su psique. En la narración no queda
claro si al final Laval decide cuidar de sus hongos al igual que la
violinista, pero no cabe duda que él reconoció lo erótico que puede
llegar a ser el cuerpo enfermo.
Sobre la actividad sexual de los seres humanos, Bataille
sostiene que “en el trance de la fiebre sexual nos comportamos de
manera opuesta [a la convencional]: gastamos nuestras fuerzas sin
mesura y a veces, en la violencia de la pasión, dilapidamos sin provecho
ingentes recursos” (1997: 176). Este es el caso de los personajes de
Hongos, su fervor por su amorío causa que actúe de forma errática.
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En cierta medida, de eso trata el amor verdaderamente obsesivo.
Queda claro que en “Hongos” se narra la historia de un romance
que se refleja no solo en el sentir de los personajes sino también
en su actuar. Sin duda alguna, es el amor que se manifiesta en sus
cuerpos y cambia sus vidas. Cabe agregar que la protagonista es la
que más se ve afectada ya que se convierte en una reclusa que sólo
vive para Laval:
En su vida, soy un fantasma que puede invocar infaliblemente.
Él, en la mía, es un espectro que a veces se manifiesta sin
ningún compromiso [...]. A nadie le gusta vivir invadido. Ya
suficiente presión tiene en su casa como para tolerar a esa
mujer asustada y adolorida en la que me he convertido (Nettel,
2019: 100-101).

Por otro lado, la vida de Laval parece haber cambiado en
lo más mínimo. Él se asoma en la vida de la violinista cuando se le
antoja. El resto del tiempo la protagonista se queda sola, acompañada
solamente por su micosis. Todos los días despierta en un mundo
violento creado por lo dejó en ella Laval. En definitiva, la narrativa
describe un ambiente violento, puesto que los personajes transgreden
lo prohibido. Cabe recordar que, de acuerdo con Bataille (1997),
son las restricciones las que eliminan la violencia e impiden —en
la mayoría de los casos— que los seres humanos actúen a partir de
sus impulsos. Tanto la protagonista como Laval viven un erotismo
ardiente que causa que actúen de forma peculiar y desmesurada.
Esto probablemente se debe a que existe “en la naturaleza, y subsiste
en el hombre, un impulso que siempre excede los límites y que sólo
en partes puede ser reducido. [...] El exceso se pone de manifiesto
allí donde la violencia supera a la razón” (Bataille, 1997: 44-45). En
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otras palabras, los personajes de este cuento representan la esencia
del ser humano que no puede rechazar sus pulsiones sexuales.
Dicho todo lo anterior, al final del cuento la vida de la
protagonista es un desastre. Ha perdido su sustancia, aquello que
la hacía ser ella: su música, su pasión, su libertad… su todo. Tras
el desenlace del cuento parece que solo existe por Laval; vive en
la melancolía y la nostalgia, y desea sólo refugiarse en su amante.
Philippe Laval, al contrario, demuestra haberse desencantado con
la relación:
Philippe no soporta esta demanda [...] Él también está asustado.
Le pesa su responsabilidad en mi nueva vida y lee, hasta en mis
comentarios más inocuos, la exigencia de que deje a su esposa
para vivir conmigo [...] A veces me parece notar en su rostro o
en su tono de su voz cierto fastidio semejante al rechazo que mi
madre sentía por su uña amarillenta (Nettel, 2019: 101).

Es claro al final de la historia que la maestra de música ha
dejado de vivir una vida propia. Lo único que le queda es su micosis.
Los momentos en los que no pasa tiempo con su amante, los dedica
a tocar o pensar en sus hongos. Su deseo erótico, como señalaría
Bataille (1997), la ha llevado a una vida disoluta.
Conclusiones
Podría interpretarse que tras el desenlace del cuento la protagonista
ha cesado de ser en sí un ser humano; también se ha convertido
en un hongo. Lo único que realmente le queda es su deseo de ser
rescatada. Sin embargo, no se describe a ningún posible héroe y es
evidente que no puede liberarse a sí misma de la triste situación en
la que se encuentra. Tras conocer a Laval, parece que su destino
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es el de un eterno aislamiento, lo cual es paradójico, puesto que es
evidente que a la protagonista no le gusta estar sola. Al leer la historia
es posible que el lector tenga que detenerse varias veces a pensar en
qué tan inconcebible es un amor que llegue a tales extremos. Pero
de un lugar tiene que surgir esa incomodidad. En “Hongos” no se
describe un amor contra natura; al contrario, se narra la historia de
una mujer que se sucumbió ante el deseo erótico.
Al final, no cabe duda que haya cierta belleza en la libertad
sexual; existe una gran tentación por parte de los seres humanos de
la transgresión de lo prohibido. El cuerpo enfermo puede llegar a
ser fascinante, y la obsesión puede verse muy atractiva. Nettel es de
las pocas escritoras que pueden ejemplificar la verdadera naturaleza
de las personas.

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�Valeria Vázquez Elizaldi/ Erotismo del cuerpo enfermo

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�Dosier
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Perra Brava: una mujer frente al narcomundo
Perra Brava: a woman against the drug world

Magdalena López Hernández
Universidad Autónoma Metropolitana
09.magdalo.49@gmail.com

Fecha entrega: 26-12-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022

Resumen. Durante el año 2010, en medio de un México aún atravesado por el Calderonato, la escritora Orfa Alarcón debutó en el campo
literario con su novela Perra Brava. Un trabajo ficcional que destacó por
explorar el rol femenino en el mundo del narcotráfico. Si bien, un punto
señalado por la crítica es que dicha exploración, más que una transgresión o un cuestionamiento crítico, resulta ser una reafirmación de los
estereotipos comercializados en las pantallas, el presente artículo busca
ahondar en el cliché y la cultura pop como un recurso narrativo que le
permite a la autora posicionarse al interior de los imaginarios para, desde
ahí, resignificarlos.
Palabras clave: Orfa Alarcón, narcoliteratura, mujer y violencia, narcocultura, cultura pop
Abstract. During the year 2010, in the middle of the period known as
“Calderonato”, the writer Orfa Alarcón published her first novel Perra
brava. This fictional work stood out foe exploring a feminine role in the

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�Magdalena López Hernández / Una mujer frente al narcomundo

drug traficking world. Nevertheless, the critics pointed out that such exploration reinforced the stereotypes sold in the media. The present article
establishes that the writer re-signifies cliche and pop culture by using
them as a narrative resource.
Keywords: Orfa Alarcón, narcoliteratura, mujer y violencia, narcocultura,
cultura pop

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La posición femenina en los tiempos del narco
Desde que Lola “La Chata” e Ignacia Jasso “La Nacha” —a quien
se le conoce por ser la primera líder criminal en Ciudad Juárez—
comenzaron a hacer presencia en la prensa amarillista durante los
años 30, quedó demostrado el rol activo que las mujeres podían
tener en el mundo, esencialmente masculino, del narcotráfico. No
obstante, pese al protagonismo que comenzaban a adquirir estas
figuras dentro de las estructuras y jerarquías del tráfico de enervantes,
sus roles no fueron visibilizados ni interiorizados por la cultura
popular hasta que, en los años 70, apareció el corrido “Pancha La
Contrabandista”, de Cornelio Reyna y, posteriormente, en 1974, el
tema estelar de Los Tigres del Norte “Contrabando y Traición”, que
convirtió a Camelia “La Texana” en uno de los primeros personajes
mediáticos, masivos y trasnacionales de la narcocultura.
La importancia de recuperar estos referentes radica
en que si bien los relatos en que participan —la prensa y el
corrido— pertenecen a dos terrenos diferentes, el real y el ficticio
respectivamente, resulta indiscutible que las historias de La Chata,
Jasso, Pancha y Camelia marcan el punto de partida de los modelos
de representación femenina de la narcocultura, razón por la cual se
dibujan en ellos algunos elementos que vertebran el imaginario que
se recuperará en las narrativas femeninas ulteriores, tales como la
subordinación a una figura masculina que ejerce el control total sobre
la plaza; el compañerismo romantizado, y finalmente, la apropiación
paulatina del negocio, en el caso de Lola “La Chata” e Ignacia Jasso,
y del poder de ejercer la violencia, en el caso de Pancha y Camelia.
Estos últimos obtendrán especial importancia en tanto plantean una
desestructuración del ideal normativo de la mujer sumisa, pasiva, fiel y
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-7

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�Magdalena López Hernández / Una mujer frente al narcomundo

recatada, para proponer figuras femeninas que se construyen desde el
otro extremo: la acción, el riesgo, la traición y, sobre todo, el ejercicio de
la violencia y la agresividad como medio para agenciarse y construirse
dentro de un mundo regido por hombres. Sin embargo, es importante
mencionar que, como pudo constatarse a lo largo del primer capítulo,
la construcción de estos modelos no genera imágenes estacionarias,
sino dinámicas que se transforman con el pasar del tiempo.
De este modo, si la primera mitad del siglo XX fue
propicia para la aparición de mujeres que buscaron definirse a
partir de la violencia, la segunda mitad del siglo XX y el inicio del
XXI atestiguaron la aparición de nuevos roles en los que, para las
mujeres, la corporalidad se volvió un medio de vital importancia
para sobrevivir la decadencia económica y el exceso de inseguridad.
Por un lado, el cuerpo devino en fuerza de trabajo, como puede
observarse en el aumento de casos de “mulas” del narcotráfico1,
tema denunciado por el director Joshua Marston en la película
María, llena eres de gracia (2004); mientras que, por otro, también se
convirtió en un capital simbólico muy codiciado, tal y como describe
el autor colombiano Gustavo Bolívar en Sin tetas no hay paraíso
(2005), novela que tematiza las intervenciones quirúrgicas a las que
se someten las mujeres para ser del gusto de los jefes de plaza.
Asimismo, cabe mencionar que, si bien la explotación del
cuerpo y la afirmación identitaria por medio de la violencia ya
habían sido tematizadas en múltiples novelas y productos culturales,
en México no habían obtenido un auge significativo hasta que,
durante La Guerra contra el Narcotráfico declarada por Felipe
1 Mujeres que transportan varios kilos de droga en el interior de sus
organismos.

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Calderón en el 2006, las mujeres comenzaron a participar de los
escándalos mediáticos: la captura de Sandra Avilés Beltrán, “La
Reina del Pacífico”, en el 2007; la aprehensión de Laura Zúñiga,
Miss Sinaloa 2008, quien fue arrestada ese mismo año en compañía
de Ángel Orlando García, operador del Cártel de Juárez; y el ascenso
de Eréndira Arellano Félix, quien en 2009 pasó a convertirse en
una de las cabecillas más importantes del Cártel de Tijuana. Las
imágenes que, hasta entonces, sólo pertenecían al imaginario de la
narcocultura y su producción, comenzaron a encontrar referentes
en la realidad inmediata y, en este desplazamiento, surgió un nuevo
interés por ahondar en la posición que ocupan las mujeres dentro de
las organizaciones delictivas o cómo son afectadas por ellas.
Ante esta curiosidad, el poder, la astucia y la belleza fueron
las áreas más exploradas y explotadas, sobre todo, por la producción
periodística, como puede evidenciarse en obras como “Las damas del
narco” (2004) de Mónica Lavín, La Reina del Pacífico y otras mujeres del
narco (2009) de Víctor Ronquillo o Miss Narco: belleza, poder y violencia
(2009) de Javier Valdés. No obstante, el centralismo que obtienen
estos “valores” en las representaciones femeninas del narcotráfico,
desemboca en una exotización que, más que problematizar la condición
de estas mujeres, capitaliza su notoriedad mediática (Herrera Bórquez,
2018: 52). De este modo, se fortalecen los prejuicios colectivos y se
generan una amplia variedad de retratos unidimensionales que, a su
vez, acentúan los estereotipos de narco mujer que, para el 2002, ya
habían sido categorizados en mujer-objeto, mujer-trofeo y mujer-jefa
(Valenzuela, 2002: 164), modelos que seguirían reafirmándose en
telenovelas o series de gran éxito comercial como Breaking Bad (2008),
Rosario Tijeras (2010) y La Reina del Sur (2011).
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�Magdalena López Hernández / Una mujer frente al narcomundo

Aunado a todo lo anterior, las representaciones de la mujer
en el mundo del narco se enfrentaban a un problema capital: la
apropiación de la experiencia femenina, pues ésta, hasta entonces
y como se ha evidenciado en este texto, sólo había sido escrita por
hombres, y es justo desde ese vacío desde el cual toma posición, y
aparte obtiene notoriedad, la escritora Orfa Alarcón.
Planeta: la visibilización editorial
Con la publicación de la novela Perra Brava, quedó de manifiesto que,
dentro del campo literario, las tomas de posición no corresponden
únicamente a perspectivas estéticas o líneas temáticas, ni tampoco
se debaten, en los términos expuestos durante el debate de la
llamada narcoliteratura, entre lo realmente literario y lo puramente
comercial, pues la toma de posición, a decir del sociólogo Pierre
Bourdieu, “está definida por su relación objetiva con las demás
posiciones” (Bourdieu, 2002: 342); en este sentido, frente a un
campo de producción cultural regido por una masculinidad que,
hasta el momento, se había apropiado de la visión femenina
frente a la violencia, la obra de Orfa Alarcón marca un cambio
en el paradigma imperante a partir del cual se elabora su proyecto
artístico —el cual se reafirma tras la publicación de su novela
Loba (2019)— , a la par que se determina su valor distintivo al
interior del campo. Sin embargo, es importante señalar que la toma
de posición de la autora no se gesta tan sólo como una elección
contestataria ni un impulso creacionista ante una producción
cimentada en valores patriarcales, ya que la toma de posición
siempre está estrechamente ligada a las relaciones de cooperación
e interacción que los productores mantienen con el campo de
poder imperante.
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En el contexto de producción de Perra Brava, este último está
representado, en primer lugar, por las instituciones encargadas de
impulsar y gestionar la producción cultural en México, y en segundo,
por los discursos mediáticos que, como afirma el investigador
Oswaldo Zavala, tan sólo reproducen la agenda hegemónica y las
estrategias de representación del poder oficial en torno al fenómeno
del narcotráfico (Zavala, 2018:79). A partir de esto, resulta significativo
apuntar que, en el 2007, la autora Orfa Alarcón recibe el apoyo anual
del Programa Jóvenes Creadores del FONCA para la elaboración
de su novela debut2, lo cual deja entrever cómo este mecanismo
institucional opera, a su vez, bajo criterios políticos: a un año del
inicio de La Guerra contra el Narcotráfico, que para entonces ya
había dejado un aproximado de 3,000 muertos de acuerdo a datos del
Semáforo Delictivo Nacional, es apoyado un proyecto que pretende
dar voz a los acontecimientos violentos que se viven al norte del
país. De esta forma, subyacen también procesos de apropiación e
institucionalización de obras de carácter sintomático —los cuales ya
habían tenido lugar en la década de los 90 con obras como Cada respiro
que tomas (1992) de Élmer Mendoza, y Tierra Blanca (1998) de Leónidas
Alfaro, ambos escritas con el apoyo del DIFOCUR—, los cuales
facilitan la circulación de productos literarios que no necesariamente
cuestionan ni critican la realidad mediatizada de la narcoguerra, sino
que reproducen y participan de su visión espectacular.
2 La participación de la autora en el FONCA resulta interesante, no sólo
por la temporalidad, sino por el capital simbólico que implica. Al ser incluida
en el listado de becarios, la autora obtiene, de forma casi automática, cierto
prestigio y credibilidad autoral, debido a que el objetivo de esta institución
es, precisamente, visibilizar las jóvenes promesas del campo artístico
mexicano, razón por la cual también resulta significativo en tanto aumenta sus
posibilidades de consagración.
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�Magdalena López Hernández / Una mujer frente al narcomundo

Así, la adopción de una perspectiva centrada más en la
exaltación de la violencia que en su problematización, es otra toma
de posición que interactúa con la illusio, con el juego que la autora
mantiene con los campos de poder. Bajo este supuesto, es posible
pensar la reproducción de las convenciones y los estereotipos del
mundo del narcotráfico —que, para el 2007, ya inundaba gran parte
del imaginario mexicano del siglo XXI— en Perra Brava, junto con
la integración de elementos de la cultura popular — las canciones
de Cártel de Santa y los referentes del cine masivo—, como
componentes clave para el posicionamiento de la novela frente a
otro participante importante del campo de poder: el mercado,
constituido por la industria editorial, las reseñas, la crítica literaria,
etc.
Dicho esto, es posible especular que la combinación de
temática, recursos narrativos, apropiación de lo popular, sumado
al hecho de ser la primera narconovela que aborda la posición
femenina en el mundo del narcotráfico y que, además, fue escrita
por una mujer, pudo haber conformado un producto atractivo
para Grupo Planeta, sello bajo el cual se publicaría la obra en el
año 2010 y que, sin duda, aceleraría el proceso de consagración
de la joven autora. De este modo, bajo el sello comercial de la
editorial española y tras la crítica de autores que también han
sido publicado por ella3, la historia de Fernanda Salas, una joven
universitaria de clase media que se ve arrastrada al violento
mundo del narcotráfico por amor, logra visibilizarse tras obtener
el reconocimiento de autores como Cristina Rivera Garza, quien
3 Cristina Rivera Garza y Élmer Mendoza son autores asiduamente
publicados por Tusquets, editorial asociada a Grupo Planeta.

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aplaude la historia de “una mujer que ha tomado las riendas de
sus aspectos más psicológicos” (Rivera Garza, 2010: 44); Élmer
Mendoza, para quien la obra es “sorprendente y vivaz, dura y
propositiva” (Mendoza, 2010); Diego Enrique Osorno quien
afirma que “Fernanda Salas es una mujer que parece no haber sido
inventada antes por la literatura que aborda el tema del narco”
(Osorno, 2010: 26), y finalmente la academia desde donde se le
ha incluido en artículos, trabajos de investigación o compilaciones
como Camelia La Texana y otras mujeres de la narcocultura (2016), libro
compilado por Juan Carlos Ramírez-Pimienta y María Socorro
Tabuerna; “La cabrona aquí soy yo”. Cuerpos y subjetividades femeninas
en la narcocultura (2018), tesis doctoral de la investigadora Kenya
Herrera Bórquez; “De perras bravas y perros falderos: para leer un
thriller de narcoviolencia”, artículo del doctor Christian Sperling,
entre otros.
El género, la edad y la vida de la protagonista de Alarcón
parecen ser los atractivos emblemáticos de una novela que pretende
revelar que el narco no es sólo un asunto de hombres, tanto en el
mundo editorial como en el social, sino que también hay mujeres
implicadas. Ahora, si bien lo descrito al momento representa una
estrategia interesante en cuanto a la toma de posición de la autora
frente a todo un campo de producción, la siguiente pregunta es ¿cómo
logra posicionarse en la mente de lectores que están habituados a
este tipo de mercancías? La estética de la recepción permite esbozar
una respuesta, ya que, al centrar su atención en la relación que el
texto mantiene con los marcos referenciales de la realidad, y por
tanto, con el acto de lectura, facilita el estudio de la revalorización de
los primeros y el impacto en el segundo al momento de que el autor
crea y estructura una obra literaria. De esta manera, la respuesta
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puede encontrarse, no sólo en la novela en sí, sino también en los
elementos que la vertebran, pues, para los teóricos de la recepción,
la obra no es concebida como un todo aislado, ya que el proceso de
ficcionalización forma parte de una red interactiva entre el autor, el
texto, el lector y otros sistemas extraliterarios —sociales, políticos,
culturales, etc.— (Hermosilla Álvarez, 2014: 142), a partir de los
cuales la literatura genera sentido.
A partir de esto, y con base en la multiplicidad de productos
e imaginarios culturales que giran en torno al narcotráfico, resulta
cada vez más difícil e inoperante pensar y analizar estas narrativas
a partir de la oposición realidad - ficción, pues, a decir del teórico
alemán Wolfgang Iser, “the literary text is a mixture of reality and fiction,
and as such it brings about an interaction between the given and the imagined”
(Iser, 1992: 1). Esta interacción entre lo dado y lo imaginado permea,
desde sus orígenes y como se ha evidenciado hasta el momento,
gran parte de estos relatos y es a partir de esta capacidad intertextual
e interrelacional que se gestan sus mecanismos de funcionamiento,
tal y como puede verse en el caso de Perra Brava.
El cártel trae el mando: análisis literario
En su trabajo The Fictive and the Imaginary: Charting Literary Anthropology
(1992), Wolfgang Iser propone tres actos de ficcionalización: la
selección, la combinación y la autoexposición. Aunque los tres
obedecen a funciones específicas y generan distintos tipos de
ficción, no son mutuamente excluyentes; al contrario, se encuentran
en una interacción constante cuyo resultado es la fusión entre lo real
y lo imaginario. A partir de esto pueden conformarse otros mundos
posibles, y, en consecuencia, nuevos horizontes de sentido para el
lector. En el caso de la obra novel de Orfa Alarcón, esta selección
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no genera ficción únicamente por extraer ciertos elementos sociales,
históricos y culturales —en este caso concreto, la realidad contextual
de La Guerra contra el Narco y la Narcocultura— de los sistemas en
los que cumplen funciones específicas (Iser, 1992: 5), sino también
por las tomas de posición estilística a partir de las cuales se acentúa
la transgresión a lo real y se estructuran los marcos referenciales
previamente seleccionados.
Los señalamientos geográficos y locales —como la ciudad
de Monterrey, Linares, McAllen y la Universidad Autónoma de
Nuevo León—, por ejemplo, constituyen la normalidad de Fernanda
y, por su capacidad referencial, también la del lector, genera todo
un marco espacial y político desde el cual la autora construye lo
real, ilusión que es transgredida por la inserción de elementos
claramente ficcionales, como las letras del Cártel de Santa, la alusión
a imaginarios cinematográficos de amplio alcance —que van
del mundo universitario de películas como Mean Girls (2004) a la
violencia explícita del rape and revenge (Sperling,2015: 165) — y la
alusión a estereotipos femeninos de gran popularidad, como Camelia
La Tejana, Regina George, Teresa Mendoza, la buchona, entre otras.
No obstante, estos elementos no anulan lo real, sino que, a partir de
la intencionalidad autoral, lo reafirman, ya que su inclusión activa el
imaginario de un público que ha normalizado e interiorizado estas
narrativas, lo cual le permite a la novela posicionarse frente a un
lector que participa de la misma cotidianidad mediatizada desde
la que Alarcón se enuncia, facilitando la transición de lo real a lo
imaginario y fortaleciendo las formas de éste.
En este punto comienza a desenvolverse el segundo acto
de ficcionalización propuesto por Iser: la combinación. En él todos
los referentes, reales o ficticios, se unen en una amplia variedad de
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lenguajes y puntos de vista que, en otros discursos, podrían resultar
contradictorios (Iser, 1992: 9). Así, los elementos extratextuales
comienzan a estructurar patrones en la organización y las acciones
de los personajes a nivel intratextual, de tal modo que lo ficticio ya
no sólo activa, sino que también se vuelve el medio a través del cual
lo imaginario se reformula. Un ejemplo de esto puede encontrarse
en la alusión a los referentes cinematográficos que, desde la primera
página, trazan la historia y la personalidad de Fernanda Salas:
Supe que con una mano podría matarme. Me había sujetado
del cuello, su cuerpo me oprimía en la oscuridad. (...) No pude
preguntar. Él comenzó a morderme los senos y me sujetó ambos
brazos, como si yo fuera a resistirme.

—Para que no me vuelvas a salir con que te da asco.
(...) Entonces entendí las palabras de Julio: me descubrí frente
al espejo con la cara llena de sangre. Los senos, las manos, la
entrepierna. (Alarcón, 2010: 11)

La violación en medio de la oscuridad, sucedida por el
encuentro con el propio reflejo ensangrentado, que evoca la
icónica imagen de la Carrie (1976) de Kimberly Peirce, muestran
la primera faceta de la protagonista: la sumisión y el victimismo
de una joven que, a lo largo de su vida, se ha visto involucrada en
diversas situaciones de violencia: desde el despojo de la posición
económica familiar, pasando por el bullying escolar en el baile de
graduación, hasta el asesinato de su madre. Situaciones que, por
cierto, pretenden, como se habló anteriormente, apuntalar sobre el
vacío de la perspectiva femenina en las narconarrativas. No obstante,
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la vulnerabilidad de esta posición será subvertida a lo largo de los
capítulos posteriores, donde opera la fantasía universitaria típica de
las películas norteamericanas, a partir de la cual la vida de Fernanda
Salas se apropia del ideal de empoderamiento de las basic bitches o
perras básicas que se alcanza, solamente, a través del atractivo físico,
el cuerpo y el status socioeconómico.
Así, la construcción de una historia de violencia, que además
gira en torno a la vida de y con un grupo de narcos nuevoleoneses,
en conjunción con los referentes cinematográficos, le permite
a la novela construir un puente hacia lo Narcopop, es decir,
hacia el espacio en donde los estereotipos y las convenciones se
interelacionan para resignificar o readaptar lo narco. De este modo,
la convención de mujeres que oscilan entre el empoderamiento
escolar (Regina George y Cady Heron) y la letalidad (Carrie y Beatrix
Kiddo) se conecta con los estereotipos de la narcomujer —sobre
todo, los propuestos por Valenzuela Arce: mujer-acompañante,
mujer-trofeo, mujer- objeto— para delinear a Fernanda Salas y sus
transformaciones a lo largo de la novela. Esta serie de elecciones,
que comienzan a tener lugar al inicio de la obra y que se extienden
hasta su fin, reafirman la cualidad clave del acto de combinación
iseriana; es decir, la de potenciar y evidenciar la intencionalidad
del texto a partir de sus procesos de interrelación. Ante esto, cabe
plantear la pregunta, ¿cuál es la intencionalidad de una obra que se
cimienta, innegable e invariablemente, en imaginarios y estereotipos
de alcance masivo y cómo esto repercute en su construcción literaria?
La unión de los referentes musicales, cinematográficos y
femeninos que predominan en la producción y el imaginario cultural,
marca la dirección de una novela que, en palabras del escritor Élmer
Mendoza, es sólo “un ejercicio no politizante” (Mendoza, 2010) que
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no pretende desenvolverse dentro de los parámetros de la estética,
el valor o la trascendencia literaria, sino dentro de los dispositivos
de enunciación de la cultura de masas, los cuales, como afirma
Martín-Barbero, son reducidos por la crítica culta “a su ‘fórmula’,
a su agotamiento del esquematismo, la repetición y la transparencia
de la convención” (Martín-Barbero, 2002: 155). Por esta razón,
revisar Perra Brava bajo un lente político o de profundo compromiso
social, sólo arrojaría resultados estériles, pues, claramente, la obra de
Alarcón no busca alterar o desenmascarar los estereotipos en boga,
ni generar ningún tipo de impacto social, político o estético. Frente
a esto, cabe plantear una pregunta, ¿desde dónde analizar una novela
que parece apoyarse en los valores y las realidades comerciales de las
mercancías de moda? Ante un mundo en el que los noticieros y el
streaming se construyen desde y para el espectáculo y, en ese sentido,
sólo responden a la inercia del consumo indiscriminado que termina
por vaciar la violencia de significación, el arte —y en este caso, la
novela—, de acuerdo a la investigadora mexicana Rosa Beltrán,
sólo puede expresar este hecho de una sola manera: “hablando de
la superficie desde la superficie” (Beltrán, 2010:16), reafirmando el
estereotipo para orillar a los lectores a pensar si, en una realidad
mediatizada, es posible acercarse al narcotráfico más allá de los
imaginarios y las convenciones que se consumen a diario. Así, Perra
Brava, apoyada en las convenciones formuladas por la industrias de
masas, logra resignificar el narcoimaginario desde el interior.
La novela presenta personajes y escenarios que parten de los
clichés de la cotidianidad del día a día y del mass media: lanzar una tanga
a mitad del concierto; el amigo gay perfecto, ocurrente y dramático;
la relación codependiente con un hombre peligroso, pero irresistible;
la llegada a bares donde las mujeres se pasean como un trofeo. Cada
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uno de los escenarios que se presentan a lo largo de los setenta y
nueve capítulos que conforman la obra, parten y se mueven desde el
cliché, lo cual facilita que la protagonista también se desenvuelva en
esta dinámica: joven, universitaria, atractiva y con un oscuro pasado.
No obstante, la relación que se establece no se mantiene sólo entre
los elementos que impulsan la historia, sino también con el lector, ya
que son estas convenciones los que aluden y establecen conexiones
con la experiencia extratextual, pues, al aludir a lo massmediático
como dispositivo de reconocimiento (Barbero, 1991:147), la
autora emplea los estereotipos para transgredir las demarcaciones
sociohistóricas, meramente referenciales, y aprehender el imaginario,
con el propósito de posibilitar el reconocimiento del mundo narrado
con el mundo del lector popular que pretende resignificar.
Aunado a lo anterior, y como parte de este proceso de
resignificación y readaptación, se encuentra también la inclusión
de la música del Cártel de Santa, lo cual, por un lado, acentúa las
dimensiones de la cultura masiva al interior de la novela, mientras
que, por otro, establece un fuerte diálogo con la tradición musical de
las narconarrativas del siglo XX. Al rescatar las canciones de dicho
grupo que, además, poseen una fuerte carga misógina que afirma
—tal y como lo hacían los corridos a inicios del siglo pasado— el
cliché de la identidad y el poderío masculino hegemónico, así como
sus valores dominantes, la autora explora un camino que le permite
reformular y actualizar el legado del narcocorrido y la estética
norteña para visibilizar cómo “en el medio de la literatura, las
estructuras existentes pueden enriquecerse con elementos nuevos
o interpretarse de manera diferente”(Erll, 2012:209). Aunado
a esto, la interrelación entre la tradición previa y los referentes
extratextuales, permiten el desplazamiento del imaginario hacia un
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nuevo público: la joven clase media que es, precisamente, donde
habita la protagonista de Perra Brava.
Así, con la voz de Babo apoderándose del soundtrack de la
obra, Alarcón musicaliza la inversión que vivirá Fernanda —visible
desde el apellido palindromático Salas—, a la par que refuerza
la imposibilidad del personaje —y quizá también del autor y los
lectores— de significar la violencia más allá de los clichés y las
mediaciones. Desde su vida universitaria estereotipada, cruza hacia
el narcotráfico de la mano de Julio, quien, como representante
convencional de una masculinidad omnipotente, da sentido a la
experiencia de Fernanda al interior de aquel mundo; sin embargo,
el encuentro de ambas realidades —convención y violencia— no
puede darse nunca de forma directa. El encuentro sexual, que alude
a una violación, se da en medio de la oscuridad; el primer encuentro
con la sangre, frente a un espejo-pantalla que introduce las múltiples
veces que la protagonista conoció a Julio narradas, siempre, desde
la superficialidad de diversos clichés que se suceden unos a otros
como por obra del zapping: el niño fresa transformado en hombre
durante el baile de graduación; el novio de su rival universitaria que
cae seducido y rendido a sus encantos en el baño de un antro; el
compañero de secundaria que, años después, la reconoce vuelta otra
en la terminal de autobuses; el acosador callejero que, al final, se
disculpa y se presenta en un acto de ternura. Todo como sacado
de “la típica broma de película gringa” (Alarcón, 2010: 13), porque,
para poder participar de un mundo violento que parece rebasarla,
Fernanda Salas no conoce otra forma más que la de la convención.
De esta manera, a lo largo de la novela, la protagonista
comienza a encarnar las diversas imágenes femeninas, y situaciones,
de la cultura masiva del narco que, para el 2010, ya eran altamente
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comercializadas y consumidas. Aunado a esto, tal como en la realidad
extra literaria, la violencia también comienza a tomar las formas de
lo convencionalizado, es decir, de aquello familiar y rentable que
contribuye a hacer de la obra un hecho social “en tanto establece
formas compartidas de cooperación y comprensión” (Canclini,
1990: 39) con sus receptores. Así, tras entrar en su Atos a mitad de
la madrugada para perseguir a uno de Los Cabrones, Fernanda se
ve envuelta en una escena fílmica típica de las narcoseries: a mitad
de la carretera y con “Santa Muerte”, de Cártel de Santa, a modo
de banda sonora, la novia de Julio Cortés se ve perseguida por una
Suburban del lado izquierdo y por una patrulla del lado derecho,
hasta que finalmente:
(Los policías) me pararon en plena Constitución (…) No sabía
si tenerle más miedo a los de la Suburban o a los policías. Iban
llegando más y más patrullas. El oficial de los lentes oscuros me
preguntó:

— ¿Cuánto ganas? (…) Te pregunto porque ya agarraron a los
putos de la Suburban: eran cinco y estaban todos armados. Iban
a secuestrarte.

Me agaché sobre el volante, no sabía qué hacer ni qué decir. Sentí
que se me desvanecían los brazos y las piernas. Seguramente me
habían asociado con Julio y por eso me buscaban. Justo ahora que
él me había dejado sola. (Alarcón, 2010: 70-71)

El drama de la escena se desarrolla in crescendo cuando el
comandante Ramiro Silva, en primer plano, extiende la mano a
través de la ventana para presentarse, mientras que, en segundo
plano, un perro policía dirige sus ladridos furiosos al Atos. La tensión
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aumenta: un rifle señala la frente de Fernanda; el perro, de un salto,
entra a la parte trasera del auto para señalar la presencia de una
sospechosa bolsa negra; finalmente, “como si fuera una película de
terror” (Alarcón, 2010: 73), el comandante Silva saca el contenido
de la bolsa:
De los cabellos, el policía sostenía una cabeza que aún tenía los
ojos abiertos. De inmediato todas las armas fueron apuntadas
hacia mí.

—Date vuelta, manos arriba. ¿Este carro es tuyo?
— De mi esposo.
— Nombre.
— Fernanda Salas.
— De él, no te hagas pendeja.
— Julio Cortés.
— ¿Y este muerto se lo cargamos a Cortés?
—Fui yo.
(Alarcón, 2010: 74)

A poco menos de la mitad de la novela, Fernanda Salas se
confronta —quizá por primera vez— con la violencia del submundo
del narcotráfico que no había conocido más que indirectamente por
los Cabrones, Julio y las noticias transmitidas en vivo y en directo por
la televisión; sin embargo, su presencia actúa como la mano de Midas,
convirtiendo todo lo que toca en convención. Así, nuevamente,
el encuentro no puede operar sino desde la superficialidad de un
lenguaje cinematográfico que lo vuelva reconocible, por lo que
la violencia atestiguada por Fernanda adquiere la forma de las
representaciones masivas para, desde ahí, construir su sentido.
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Desde el gesto de su entrega a la policía, comienza a
operar en Fernanda, y en su transformación, una reafirmación
del estereotipo de la mujer en el hampa. Al salir de la pesadilla
narcotelevisiva en brazos de Julio, por primera vez se dirige a él
de forma desafiante “No me digas princesa” (Alarcón, 2010: 83),
pues su salida de la casa del alcalde regiomontano es también su
salida de la convención universitaria, de la femme fragile, y su entrada
al mundo masculino de la violencia. Fernanda Salas se reintroduce
al protagonismo de la novela vuelta otra: menos ingenua, más
desafiante, más seductora, más poderosa, pero siempre bajo el
espectro de lo pop como un acceso engañoso a la realidad aludida.
La protagonista de Perra Brava no se sale del estereotipo, sino que
se introduce a otro que alude a las figuras heróicas de Rosario
Tijeras y La Reina del Sur, por mencionar algunas; esto puede
evidenciarse en la aceptación de su condición de mujer-trofeo que
la lleva a cambiar el Atos por una Nitro, la cual anteriormente
consideraba de mal gusto, y su amor incondicional por dinero. De
igual manera, comienza a interiorizar la música de Cártel de Santa,
que antes consideraba machista y misógina, y con ello un discurso
masculino a partir del cual se afirma y se desenvuelve como una
femme fatale en tiempos del narco:
Alcé la pistola con la izquierda nada más para que la tipa la viera.
En cuanto volteó, gritó, perdió el control y se subió a la banqueta.
(…) No estuvo nada estrepitoso, como que coleó, le dio al árbol
con el lado derecho, con la puerta de atrás y ahí quedó estrellada.
(…) Todavía frené junto a ella y le grité:
—¡Para que aprendas a no jorobarme, pendeja! (Alarcón,
2010: 108)
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�Magdalena López Hernández / Una mujer frente al narcomundo

Asimismo, mientras Fernanda Salas descubre el atractivo
de ostentar su poder a partir de la violencia, de forma simultánea
tiene lugar la inversión de Julio, quien, desde la perspectiva de
Fernanda, pasa de macho alfa a perro sumiso, transición que
se efectúa tras la propuesta de matrimonio en la finca de Villa
Santiago. Es en ese momento cuando el sentido de la violencia,
que era representado por Julio, queda subvertido para revelarse
como falso, pues se muestra como “toda una penosa y estúpida
farsa (…) [Julio] no era mío, y cuando comenzó a serlo, dejó de ser
él” (Alarcón, 2010: 118).
Al verse inmersa dentro de esta realidad fársica, Fernanda
decide fingir un viaje a Japón para huir del mundo de Julio y encontrar
su esencia auténtica. De este modo, la protagonista, sentada en el
aeropuerto con botas y accesorios Gucci, se pregunta por primera
vez “¿Quién eres?”. La respuesta comienza a plantearse en una
serie de lugares comunes que van desde esconder marihuana en
los baños del aeropuerto y vivir la fantasía del empezar de cero,
hasta mantener una relación clandestina con el guarda espaldas
de su marido. A lo largo de sus dos semanas de retiro, Fernanda
no hace más que “lo que había visto en las películas” (Alarcón,
2010: 140), herencia que, desde la primera página, estructura toda
su visión respecto al mundo violento que vive y experimenta. Así,
a través de un encadenamiento de imágenes o situaciones cliché,
Fernanda Salas, paradójicamente, emprende la búsqueda hacia
algo que le sea real y genuino, que pueda trascender el mundo
de Julio y Los Cabrones. Es aquí donde la autora pretende que
Fernanda encuentre su potencia, la cual sólo encuentra no sólo en
relación con los clichés, sino en su camino por reafirmarlos. No
es gratuito que, al regreso de su viaje a “Japón”, la protagonista
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comience a formar parte del engranaje del Cártel y a repetir sus
conductas violentas. Al salir a patrullar y usar el arranque agresivo
como medio para dejar en claro su posición de poder, tanto con
la mujer embarazada como con la amante de Julio, se refuerza su
posición de mujer mortífera, la cual encuentra su punto cumbre en
su último encuentro con su antagonista.
En él la autora vuelve a hacer uso del imaginario pop del
narco: la traición, el ajuste de cuentas, el plomo. Tras enterarse
de que su hijo ha sido asesinado por Fernanda, Julio va a
encontrarse con ella con un objetivo específico: “ojo por ojo,
injusticia por injusticia” (Alarcón, 2010: 201), vida por vida. No
obstante, envuelto en un drama amoroso y subyugado por su
cariño a Fernanda, confronta su incapacidad para matarla y, en
consecuencia, se dispara. Más allá de una secuencia melodramática,
el cierre pone en manifiesto cómo la violencia —representada en la
novela por Julio— se diluye y vacía de sentido ante la convención.
En consecuencia, frente a representaciones cuyo objetivo es la
espectacularidad, la realidad fáctica de la violencia no puede ceder
más que al colapso, pues se presenta a un público que se forja y
existe sólo a través de los imaginarios que adopta de los medios
masivos y que en ellos encuentra, tal como evidencia la autora
con esta novela, sus nuevos centros de verdad. De este modo, la
imagen final de Fernanda Salas bebiendo la sangre de su amado
muerto no es más que parte de un espectáculo lleno de sangre,
sexo y drogas, a la par que representa el carácter vampírico de las
realidades mediatizadas que sólo absorben y seleccionan, los trozos
de vitalidad de los fenómenos referenciales para recodificarlos
y transmitirlos a través de convenciones y estereotipos que no
ponen en riesgo ni transgreden el sentimiento de seguridad de
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�Magdalena López Hernández / Una mujer frente al narcomundo

los lectores. No obstante, también queda en manifiesto que, en
un mundo en el cual la imagen ha devenido en realidad (Beltrán,
2010:41) es probable que, así como Fernanda Salas, nosotros como
lectores tampoco podamos aproximarnos a la violencia si no es a
partir de la reafirmación de las convenciones, pues sólo así, a decir
del teórico Wolfgang Iser, “the diffuseness of the imaginary is controlled
and called into form” (Iser, 1993: 3).

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�Dosier
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Quien escucha, tiembla. El uso del sonido en Las
voladoras de Mónica Ojeda
Who listens, trembles. The use of sound in Las
voladoras by Mónica Ojeda
Isabel Alcántara Carbajal
AM-Azcapotzalco
isanami7@gmail.com

Álvaro Ernesto Uribe
UAM-Azcapotzalco
aeuh@azc.uam.mx

Fecha entrega: 22-12-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022

Resumen. El presente artículo analiza el papel del sonido dentro del
libro Las voladoras de Mónica Ojeda. El punto de partida, y eje principal,
es el cuento “Slasher”, a partir del cual se estudia el lugar que ocupan el
sonido y el grito. Proponemos que es posible observar el vínculo de estos elementos con una serie de referencias intertextuales e intermediales
ordenadas alrededor de un dispositivo literario diseñado para generar
horror.
Palabras clave: sonido, grito, literatura latinoamericana, Mónica Ojeda.

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�Isabel Alcántara Carbajal y Álvaro Érnesto Uribe / Quien escucha, tiembla

Abstract. This article analyzes the role of sound within the book Las
voladoras by Mónica Ojeda. For that purpose, the place occupied by sound
and scream is studied in the story “Slasher”. We propose that it is possible
to observe how these elements are linked to a series of intertextual and intermedial references ordered around a device designed to generate horror.
Keywords: Sound, Scream, Latin American Literature, Mónica Ojeda.

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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Introducción
Los estudios literarios paulatinamente han dado cuenta de la manera
como la literatura se vincula con otros sistemas, del mismo modo
que otras disciplinas le han prestado atención como fuente de
estudio. Más allá de la emergencia de nuevas fuentes y objetos de
investigación, conviene destacar que, tal vez, lo anterior se vincule
con la manera como un conjunto de plumas ha posicionado su obra
como iconoclasta. Entre ellas está la de Mónica Ojeda (Ecuador,
1988), quien ha desarrollado una narrativa inquietante, peculiar por
la manera como el horror vertebra un sistema literario que le permite
explorar temas como la violencia en la familia, ser mujer, el cuerpo,
la oralidad andina y fenómenos contemporáneos: los videojuegos,
la Deep web o las Creepypastas. Narradora y poeta, Ojeda ha publicado
tres novelas, dos poemarios y recientemente un libro de cuentos.1
Dos publicaciones de Ojeda, Mandíbula y Nefando, han motivado
sendos análisis que permiten identificar los temas recurrentes
de su producción (Ortega Caicedo, 2018; León, 2019; Jiménez,
2021), además recientes trabajos han caracterizados algunos de sus
dispositivos narrativos (Meza, 2016; Sánchez-Aparicio, 2019; Pezzè,
2020). Con esto en cuenta, nos proponemos abonar al estudio
de los hilos que sostienen la obra narrativa de Ojeda a partir del
uso del sonido en su prosa, elemento temático que cobra especial
dimensión en su más reciente libro de cuentos, Las voladoras (Páginas
de Espuma, 2020). Consideramos que la presencia de lo sonoro en
esta colección de relatos no es gratuita, sino que responde a una
1 Ojeda ha publicado las novelas La desfiguración Silva (2015), Nefando
(2016), Mandíbula (2018); los libros de poesía El ciclo de las piedras (2015) e
Historia de la leche (2019); la colección de cuentos Las voladoras (2020).
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�Isabel Alcántara Carbajal y Álvaro Érnesto Uribe / Quien escucha, tiembla

búsqueda temática que en el camino logra articular un original
sistema literario que no ha hecho más que anunciar sus posibles
alcances.
El papel del sonido en la narrativa de Ojeda
La atención por lo sonoro en soportes considerados silentes ha sido
objeto de debate desde los estudios literarios y los estudios del sonido,
estos últimos más jóvenes que los primeros. La crítica literaria, con énfasis
en la poesía, ha prestado atención a la representación de la escucha, su
descripción y la manera como se hace presente a través de distintos
tropos; también ha resaltado el uso recurrente de sonidos y silencios
como formas de explorar aquello que la lengua no puede nombrar.
Por otra parte, Igor Reyner (2018) sostiene que desde los estudios del
sonoros podemos observar que a la literatura se le consideró en un
principio fuente para ejemplificar propuestas teóricas; con el paso de
tiempo se transformó en fuente documental para reconstruir los sonidos
de épocas en las que no existían otros soportes de almacenamiento y,
recientemente, como base para la existencia de teorías autónomas como
el unseen sound de Brian Kanel y su investigación sobre el la escucha
acusmática en la narrativa de Kafka.2
2 Reyner se refiere al trabajo de Brian Kane (2014), Sound Unseen:
Acousmatic Sound in Theory and Practice, publicado por Oxford University
Press. Kane analiza el cuento “La madriguera” y el papel que juegan los
sonidos para inquietar al lector con la finalidad de conceptualizar desde la
literatura el sonido acusmático:
[…] to show how literature engenders its own productive, informative, and
thought-provoking accounts of sound and listening. It not only offers a solution
to problems of sound and listening, but also presents puzzles to be solved. What
Kane’s reading of Kafka reveals is that while key theoretical categories related to
sound and listening seem to be always already given – such as the dichotomies
listed above –, literature, in dislocating the reader’s attention from sound and

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En el caso de Las voladoras advertimos que el sonido adquiere
vital relevancia como mecanismo para transgredir el lenguaje y
hacerlo llegar a lo que está fuera de él. Esta búsqueda descansa en un
sistema literario cuidadosamente integrado a través de un inventario
de referencias extratextuales y literarias; en palabras de Andrea
Pezzè, una biblioteca, la cual está ordenada para develar un secreto,
lo terrorífico (Pezzè, 2020: 49). Ese terror que se busca alcanzar se
vincula generalmente con historias familiares (madres e hijas, infancia,
el padre) y se manifiesta a través de cuerpos monstruosos. Pezzè
enmarca la producción de Ojeda y de otras escritoras latinoamericanas
dentro del Weird; es decir, obras que dependen de la mezcla de
elementos que ocupan espacios no heterodoxos y producen un
efecto perturbador. Al mismo tiempo, la lectura de Ojeda exige
un sistema de referencias distinto al anidado en el sentido común.
Por tanto, el resultado consiste en: “la exhibición de una biblioteca,
en la que lo literario no depende de un canon o de una definición
académica de literatura, sino de la posibilidad de combinar entre
ellos elementos heterogéneos” (Pezzè, 2020: 53). Siguiendo a Pezzè,
Nefando y Mandíbula recurren a la narración polifónica y fragmentaria
para esconder un artefacto literario, un secreto.3 Del mismo modo,
la puesta en marcha de este artefacto narrativo exige por parte del
lector la resolución del misterio planteado en la narración, del cual se
desprenden todas las interrogantes sobre los personajes.
listening to other subjects at the very moment it speaks of sound and listening,
invites the reader to reassess what they know about what they read, to rethink
in novel terms auditory experiences and aural-related concepts that seem far too
common or familiar. As regards research methodology, literature can be thought
of, therefore, as the written equivalent of sound […] (Reyner, 2018:139).
3 Pezzè recurre al concepto de secreto acuñado por Piglia para estudiar la
narrativa de Onetti, particularmente sus nouvelles (Ver Piglia, 2019).
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Escarbar en los fragmentos del secreto no lleva, como en el
policial, a la resolución de los hechos, al contrario, el artefacto está
diseñado para perturbar. Dice Pezzè que “la búsqueda del horror
es una constante y, de hecho, una aporía” (Pezzè, 2020: 49). El
resultado, por ello, es una diégesis cuyo mundo está estructurado
alrededor de un secreto disruptivo e incómodo, una subversión
heterodoxa e incluso criminal. Y como resultado, en palabras de
Pezzè, el secreto pone en escena “la idea de que en todo género
dicho ‘popular’ se podrían encontrar los elementos literarios que
justificarían su inserción en el mundo del canon de la literatura, o,
desde otra perspectiva, que toda literatura de masas constituiría un
canon en sí misma” (Pezzè, 2020: 60).
Con esto presente conviene preguntarnos qué elementos
conforman dicha biblioteca en Las voladoras y de qué manera se
vinculan para transgredir el canon a través de la construcción del
secreto. Es posible considerar a los elementos del sistema literario
de Ojeda como mecanismos narratológicos: biblioteca, secreto y una
tercera categoría que denominaremos cruce. La biblioteca consiste en
el conjunto de recursos intertextuales e intermediales que construye
a los personajes, el espacio y el conflicto de la historia. Una estrategia
narrativa muy usual es el empleo de mecanismos de fragmentación
de la información discursiva y reiteraciones. Una diversa gama de
temas conforma dicha biblioteca: tradiciones y relatos orales, música,
cine, literatura, leyendas urbanas, internet. La oralidad andina,
secundaria en sus novelas, cobra mayor protagonismo en algunos
de sus cuentos: voladoras, brujas, cóndores y otros imaginarios de la
región se manifiestan como formas de la alteridad que rodean a los
personajes y, al mismo tiempo, permiten resignificar el espacio: la
montaña, el campo y la ciudad. Los recursos provenientes de otros
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soportes (como la música, el cine y los videojuegos), además de
funcionar como referentes intertextuales, reordenan el lenguaje en
un sentido intermedial, es decir, la prosa emula sonidos, murmullos,
ruidos, gritos, recurre a sinestesias con el fin de descolocar al
lector. Cuando hablamos del secreto, segundo elemento del sistema
literario de Ojeda, nos referimos a la construcción de un artefacto
cuyo fin es subvertir y descolocar la realidad de los personajes, lo
entendemos como un componente que reemplaza aquello imposible
de asir con el sistema de la lengua, el horror. El cruce, entonces, es
la instancia donde la narración ordena todas las piezas del secreto y
este se despliega; es el momento cuando los personajes transitan a
la otredad. Tras el cruce, los elementos del sistema literario quedan
subvertidos y se articula un nuevo código de intercambio donde la
inteligibilidad se manifiesta a través del dolor y el horror.
En suma, el sistema literario de Ojeda es uno que pretende
descarnar la palabra para llevar la experiencia lectora hasta los
huesos. Las capas de sentido que crea la lengua sobre la experiencia,
según Ojeda, incomunican a los sujetos; resulta necesario buscar en
la experiencia del trauma y del dolor la posibilidad de abrir vasos
comunicantes.
En una entrevista virtual realizada en marzo de 2021, Ojeda
recalcó que Las voladoras constituyen una exploración de lo que
ella considera el gótico andino: “Entiendo el gótico andino como
una literatura que aborda la violencia y los miedos particulares de
ese territorio, con toda su historia y su contexto” (Ojeda en Pina,
2021: s/p). En esta colección de ocho cuentos, el entorno físico
y cultural de Ecuador nutre con mayor intensidad las ficciones. Y
para explorar el miedo a través de la violencia, Ojeda crea historias
habitadas en su mayoría por mujeres: un mundo femenino que se
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reestructura por y contra la violencia para resistirla o ejercerla. Si
entendemos a ésta como una relación social caracterizada por la
negación de una subjetividad (Wieviorka, 2001), podemos especular
que sus historias son las de aquellas subjetividades, cuya incapacidad
de agencia moldea su persona y su entorno bajo nuevas reglas.
Aquella imposibilidad de ser agentes no se traduce en pasividad. No
es así, puesto que las protagonistas de Ojeda gestionan y resisten
una violencia estructural y simbólica (Segato, 2003). Podemos
aseverar que diversos recursos sonoros en estos cuentos dan cuenta
de las tensiones generadas por dichas violencias: en Las voladoras
escuchamos zumbidos, vibraciones, estruendos y ruidos telúricos:
siempre hay una disonancia inquietante.
En este libro de cuentos apreciamos un menor uso de
la polifonía (salvo la empleada en el cuento “Soroche”) y un
aprovechamiento constante de mecanismos que fragmentan los
relatos a través de analepsis y elipsis. Por ejemplo, el tiempo de la
historia de relatos como “Caninos”, “Slasher” y “Terremoto” resulta
extremadamente breve: algunos momentos de visita por parte de
una madre a su hija, la ejecución de un performance en público
o el encuentro sexual de dos hermanas durante un cataclismo. El
resultado, entonces, es un proceso de búsqueda por parte de los
personajes a través del recuerdo.
Al atender los elementos de la oralidad andina, observamos
que en “Las voladoras”, cuento que le da nombre a la colección, la
autora explora las posibilidades narrativas del relato oral protagonizado
por mujeres aladas en la zona rural de Ecuador. A estas mujeres les
agrega como característica adicional el tener un solo ojo, detalle que
las vincula con los cíclopes homéricos. Consideramos que el vínculo
voladora-cíclope configura una narrativa que pretende subvertir la
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asociación semiótica entre Ulises/Polifemo. En la Odisea, Ulises ciega
a Polifemo con una lanza del Cíclope y se esconde entre su ganado
para huir, arrebatándole a la criatura la única cualidad que le daba
civilización, el ganado, porque ya antes se le había caracterizado como
un monstruo sin ninguna ley, que no come pan y vive al descubierto
(Calame, 1986). Al contrario, las voladoras arrebatan a la narradora
y su madre del espacio regido por reglas masculinas de civilización,
orientadas por un miedo y odio hacia lo femenino.
El uso del recurso oral también resulta evidente en “Sangre
coagulada”, donde también se presenta un cruce a la otredad, en
este caso la narradora aprende a ser bruja bajo la tutela de su abuela:
es capaz de sanar o de matar, además realiza abortos clandestinos
para las habitantes de una comunidad que la desprecia. Al cruce y
resignificación podemos agregarle la manera como la protagonista
resignifica la sangre como bella y placentera, acaso un símil que narra
un tránsito de la violencia recibida a la violencia que se puede ejercer.
En palabras de Claudia Salazar: “en Sangre coagulada’ aparece el
saber de la bruja que le confiere agencia y capacidad de responder
o de vengarse frente a estas violencias, así como de permitir a sus
clientas recuperar el control de su capacidad reproductiva” (2021: 15).
Aunado a la compleja relación de las protagonistas de los dos
anteriores cuentos con la alteridad y la manera como la encarnan,
consideramos que un factor de vital importancia en las historias
de Ojeda es el apego como el motivo que lleva a los personajes a
subvertir las reglas del mundo. Lo último resulta más evidente en
“El mundo de arriba y de abajo”, donde el único narrador hombre
de entre todas las historias crea un conjuro espurio que le permite
revivir temporalmente a su hija y nos adelanta una premisa: lo
masculino no puede acceder a este secreto.
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Estos rituales heterodoxos culminan en cuerpos
monstruosos, por ejemplo, el de la hija en “El mundo de arriba y de
abajo”, quien despierta en estado de putrefacción. Lo mismo ocurre
con la necesidad de llevar la experiencia de la violencia al organismo
de sus protagonistas. El cuerpo de las voladoras, la sangre, la cabeza
decapitada de una niña, una lengua cercenada o el cadáver podrido
de una hija, todos ellos son parte medular del secreto: para construir
el sentido abrevan de intertextualidades cultivadas en el horror,
como las brujas, el cuerpo zombi o a las tradiciones orales. Otro
recurso recurrente es el empleo de símbolos animales: las voladoras
y las abejas, el padre-perro en “Caninos”, los cóndores en Soroche
o un lobo-chamán en “El mundo de arriba y de abajo”.
Los elementos de las bibliotecas perfilan la ruta de una
transferencia semiótica, mientras develan atisbos del artefacto
que sostiene la narración (el secreto de Piglia en Pezzé, 2020). La
revelación se completa a través de cruces, momentos climáticos que
narran la transición de las protagonistas y muestran la última pieza
del secreto. El cruce traza la dirección que debe seguir la transferencia
de los elementos de la biblioteca y, al mismo tiempo, devela el orden
del mundo narrado. Para lo primero, la simbología puede parecer
elemental: caídas y ascensos; es decir, en “Las voladoras” la narradora
se une al vuelo de las criaturas que dan nombre a la historia, en
“Cabeza voladora” se eleva con las Umas hasta el momento en
el que describe como su cabeza logra desprenderse de su cuerpo,
“Slasher” describe un escenario desde donde las protagonistas
montarán su acto final. Por otra parte, “Soroche” emplea la figura
de un cóndor arrojándose al vacío como preludio de la decisión de
su protagonista, “Terremoto” juega de nuevo con la idea de elevarse
y caer, en este caso un edificio durante un terremoto apocalíptico y,
200

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finalmente, “El mundo de arriba y de abajo” aprovecha el descenso
a la muerte y el ascenso a la resurrección como eje de sentido para
la narración, en particular cuando después del ascenso a la montaña
llega la muerte. Todas estas direcciones se construyen sonoramente:
Las Umas murmuran, las voladoras vienen acompañadas del
zumbido de las abejas, las vibraciones de una pieza sonora en
“Slasher” funcionan de manera similar al estruendo del apocalipsis
que viven las hermanas en “Terremoto”, sin olvidar que la montaña
y su fauna crean un ambiente que descoloca a los personajes.
En suma, hasta aquí hemos descrito algunos recursos
recurrentes de Ojeda y la resignificación de sus referencias
intertextuales a través un momento de cruce que reordena el sentido
del mundo narrado. Conviene ahora detenernos en el cuento
“Slasher”.
“Slasher” como texto programático
“Slasher” narra la historia de Bárbara y Paula, hermanas gemelas
que forman un grupo de música noise underground. El relato narrado
desde la perspectiva de Bárbara relata cómo ellas están por presentar
un performance en cuyo clímax Bárbara mutilará la lengua de Paula.
El cuento recurre a la analepsis para introducirnos al mundo de las
hermanas y la razón de la mutilación de Paula: ella es sordomuda
y eso les impide compartir algunas vivencias con su gemela, en
especial el trauma de haber escuchado durante la infancia las crisis
depresivas de su madre.
Resulta posible interpretar “Slasher” como una lectura
programática dentro de la colección de cuentos. El hecho de que la
historia explora la incesante búsqueda de dos artistas sonoras por
transmitir la experiencia del horror y el trauma puede servir como
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guía narrativa para el resto de las historias. Podemos organizar la
biblioteca de esta narración alrededor de tres ejes: la mutilación del
cuerpo (lengua, slasher, giallo, John y Lorena Bobbit), las gemelas
(la doble) como recurso para explorar la comunicación con el
otro y, por último, la reflexión sobre el sonido como forma de
entendimiento previa y paralela al lenguaje. El sentido de estos
elementos logra configurarse a través del secreto que moviliza la
trama, el performance de las hermanas, el cual anticipa un cruce:
lograr que Paula y el público vivan el mismo horror que Bárbara es
incapaz de comunicar por otro medio.
Mutilar la babosa carnívora
Los elementos de la biblioteca necesitan transmutarse para completar
el cruce. Este consiste en transferir las cualidades de un objeto a
otro, transitar, escindir o fusionar, y en el camino revelar un secreto
que ordena el mundo narrado. En “Slasher” el primer elemento
enunciado es la referencia al subgénero cinematográfico de horror,
el cual se complementa con la primera frase dicha por la narradora:
“Bárbara quería cortarle la lengua a su hermana gemela con un
estilete” (Ojeda, 2020: 59).4 Un tercer elemento que dimensiona
sonoramente esta idea es cuando se asevera que a ambas les gustaba
imaginarse a sí mismas componiendo la banda sonora de una
película giallo: “Reproducían el sonido de los cuchillos./Apuñalaban
frutas en bosques fluorescentes” (62). La referencia cinematográfica
perfila la imagen del cuerpo mutilado de una mujer, pero esta cede
a las metáforas sonoras: pasamos de la descripción de una lengua al
sonido de los cuchillos y las puñaladas. Incluso Bárbara caracteriza
4 De ahora en adelante indicaremos solamente las páginas del cuento.

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los gritos de su madre durante sus crisis depresivas, “Mamá suena
por las noches como las mujeres que mueren en los slashers” (73).
Por otro lado, cortar la lengua prefigura también un segundo
nivel de interpretación: rasgar y subvertir los significantes. En suma,
tenemos dos elementos de la biblioteca: referencias de la cultura
popular y cuerpos monstruosos; sin embargo, por sí mismas no
revelan el secreto, necesitan subvertirse a través de un cruce que la
narración se encargará de perfilar. En este caso, a la sonoridad de
los cuerpos mutilados de mujeres se contraponen las referencias a
la historia de Lorena Bobbit y la mutilación de John Wayne Bobbit.
Durante una digresión la voz narrativa nos indica que las hermanas
improvisaron un performance inspirado en el caso de Lorena Bobbit,
una mujer que en 1993 cortó el pene de su maltratador. Después
del incidente ella, estigmatizada, fundó una organización para
apoyar mujeres víctimas de violencia de género y él se convirtió en
actor porno. Una operación de resignificación se perfila durante
la analepsis: “«Nuestra madre se llama Lorena», mentían en sus
presentaciones. «No tenemos padre»” (71). Estos dos elementos
permiten perfilar una morfología: el sentido transita del sonido de
mujeres mutiladas a las hijas de quien mutiló a su abusador, las hijas
sin padre.
La transición de un hombre que mutila a mujeres, propio del
género cinematográfico, hacía una mujer que mutila a su abusador
incorpora una capa más de sentido en el momento en que las
hermanas plantean la posibilidad de explorar con consentimiento
lo extremo. Este giro se perfila cuando las ellas miran la película
porno de John Wayne Bobbit: “Cuando la vieron juntas Paula le
preguntó: «¿A qué suena el sexo?», y Bárbara le contestó: «A selva, a
sudor, a sed». /Le respondió: «El sonido del dolor es muy parecido
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al del deleite»” (71). La similitud entre ambos sonidos perfila ahora
sí una dirección, la exploración consensuada del dolor resignifica
los elementos de la biblioteca al instrumentalizarlos como una
forma de compartir, experimentar y apropiarse la experiencia
extrema del dolor: “las llamaran bárbaras por explorar entre ellas,
de forma consensuada, algo que era parte de la experiencia de tener
un cuerpo” (68). Sin embargo, eso no impedía que Bárbara tuviera
miedo de lastimar a su hermana:
Decirle a Paula lo que había en su cabeza, pronunciárselo aunque
ella no la oyera, le daba a Bárbara la ilusión de tener el control,
pero a veces temía perderlo igual que las personas que salían en
los noticieros y en el Diario Extra; personas normales que, en
cuestión de segundos, lastimaban a sus parejas, a sus hijas, a sus
hermanas o a sus madres. Se enfermaba de miedo en la cama,
boca abajo, y Paula volvía a decirle, con pereza, que no tenía razón
alguna para sentirse culpable.

Que si un día le cortaba la lengua, ella la perdonaría.

Que si un día se hacían daño sería por amor. (72)

La compleja relación con el dolor y las mutilaciones que
la historia quiere explorar nos lleva a aventurar una interpretación
a partir del ensayo de Lucía Guerra-Cunningham titulado “El
personaje femenino y otras manipulaciones” (1986). En su trabajo,
Guerra-Cunningham sostiene que la imaginación masculina
construye relatos de mujeres mutiladas, es decir, que refuerzan el
mito cultural de lo femenino como aquello subversivo que debe de
ser conquistado por la cultura y que en las obras analizadas por ella
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se traduce en la castración erótica, la pasividad y otros elementos
de un Deber-ser (buena mujer y potencial víctima pasiva) (GuerraCunningham, 1986: 12). Algo que Humbelina Loyden caracterizó
como el fantasma femenino imaginado por los hombres para
modelizar la conducta (1998: 40-42). En consecuencia, frente a
personajes femeninos entendidos como sujetos mutilados por un
Deber-ser podemos anteponer la manera como Ojeda desarrolla
en “Slasher” (y en su narrativa en general) mujeres que resisten
esos imaginarios y exploran comportamientos subversivos para
el imaginario masculino, por ejemplo: la búsqueda del placer e
infligir dolor. Se trata de algo más que resignificar a los personajes
femeninos; a veces el afán es mutilar y destruir los relatos nacidos
desde la imaginación masculina.
Gemelas, ecos, reverberaciones
“Slasher” explora la figura de las gemelas en tres niveles. En primer
lugar, dentro de la diégesis las protagonistas (particularmente Paula)
explotan de manera performática su imagen para perturbar a quienes
les rodean: “a su público le daba miedo oír cualquier cosa viniendo
de una gemela” (59). Paula interpreta el juego de dobles y pretende
construir una imagen de gemela malvada. Para René Girard, el otro
(manifestado en este caso en una gemela malvada) representa una
fuerza que elimina la diferencia y mimetiza el deseo. Esto quiere decir
que aquello que se desea es lo que mimetiza a los sujetos. Deseamos
lo que el otro tiene y lo que carecemos; en suma, se abre la puerta “al
reino de la violencia” (Girard, 1995: 150-172). Paula actúa como la
doble que enfrenta a los otros, que les recuerda la existencia del reino
de la violencia y les atormenta. Sin embargo, este es solo un papel
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representado por ella; Bárbara revelará una morfología diferente entre
las hermanas que no es el conflicto, sino la búsqueda de la fusión.
Un segundo nivel es el juego de dobles construido por la voz
narrativa a través de dos mecanismos: en un principio, como sujetas
que guardan una relación estrecha de entendimiento y, después, por
el miedo a perder ese vínculo. Lo primero se manifiesta en la historia
mediante la composición de sus piezas sonoras, Paula improvisa una
serie de sonidos a partir de los cuales Bárbara construye; “su objetivo,
sin embargo, era crear a partir del interior de Paula” (65). La comunión
entre las hermanas se manifiesta a través del sonido y del cuerpo.
Paula es “una anguila nadándole en la sangre [como si] estuvieran
muy adentro una de la otra” (65), aquella que puede leerle los labios
“como si le leyera la mente”. Cabe destacar que la comunión entre
ellas se describe a través del movimiento: nadar, “pelar las palabras y
comer la pulpa”. Bárbara reconoce que es más sencillo comunicarse
con Paula porque “a ellas las unía el pelo, las vértebras, la pelvis. Eran
iguales en cuerpo y sus huesos respondían a una gramática superior”
(72). El empleo de las dobles en la narración pretende explorar las
posibilidades de entender al otro y, por tanto, el motor de las acciones
de las hermanas es salvar un abismo que las separa: “Sus palabras, en
cambio, eran distintas e incompatibles” (72).
Al respecto, Juan Bargalló propuso una morfología del doble
en la literatura. Algunos tienden a la fusión (la mutua aproximación
de dos sujetos, como en Willian Wilson o El Horla), otros a la fisión
(la separación del sujeto en dos personificaciones, como en La
nariz de Gogol) y otro grupo a la metamorfosis (la transformación
reversible o irreversible de un sujeto, como El extraño caso de Dr. Jekyll
y Mr. Hyde o La metamorfosis) (Bargalló, 1994: 7). En “Slasher” las
hermanas tienden a la fusión, procuran salvar cualquier abismo que
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las separa hasta llegar a la reconciliación a través del terror. Tengamos
presente que el yo no se ve a sí mismo, por ello debe desdoblarse, y
esos reflejos son formas invertidas de sí, figuras del otro. Además,
en la historia las gemelas requerían compartir el terror de la madre
para evitar lo que Carl Jung denomina abdicar de sí mismas. Según
Jung el doble se manifiesta por la excesiva influencia que ejercen
determinados esquemas procedentes de los arquetipos ancestrales y
socioculturales propios del inconsciente colectivo (Jung en Herrero
Cecilia, 2011: 18-19). En consecuencia, la persona (imagen social)
somete al ánima. Bárbara y Paula como dobles buscan encontrar en
la otra aquello que les permita liberarse de los padres monstruosos.
Finalmente, un tercer nivel es programático, la historia se
puede leer como una pieza musical en canon donde se intercalan,
por un lado, párrafos con analepsis y narración sincrónica y, por
el otro, pasajes líricos ordenados en verso. La forma de las partes
líricas no solo reitera lo narrado, ofrece variaciones que desplazan el
sentido. En las variaciones, a modo de ecos, localizamos referencias
sonoras que configuran la comprensión del otro:
[prosa] Su objetivo, sin embargo, era crear a partir del interior
de Paula:
[canon] un fracaso, un océano negro en Saturno. (63)
[…] como si el cliché fuera cierto, una verdad mística en la
placenta, y estuvieran muy adentro la una de la otra.
[Canon] Inseparables. Indistinguibles.
Latiendo al mismo ritmo de la mente.
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El sonido como hechizo
El cuento plantea la cercanía del sonido con la animalidad. En algún
momento la lengua es una babosa carnívora; en otro, el chasqueo de
la lengua consistía en el sonido “acuático de la saliva y el músculo
que, como un delfín, se hundía en la carne golpeando el paladar”.
En la historia no interesa el uso del sonido para generar palabras;
importan más los gritos de ballena tráquea y su animalidad. Además,
la exploración sonora de las protagonistas buscaba el efecto de estos
sonidos en el cuerpo: “le gustaba la gente que temía y ver lo que
les pasaba en los ojos, el estado acuático de sus pieles, la tensión
muscular, la cabalgata abierta de los pulmones” (61).
El cuento muestra a las protagonistas en una constante
búsqueda estética. El recorrido permite observar los hilos del
dispositivo narrativo de Ojeda. “¿A qué suena el verdadero fondo de
las cosas?” (62), se preguntaban las hermanas, y esa misma cuestión se
abre al lector cuando los recuerdos de Bárbara anticipan una posible
respuesta: “Había sonidos que revelaban sucesos anteriores al lenguaje”.
La frase la enuncia Paula cuando recuerda su nacimiento a partir de
un concierto de piedras y agua en la licuadora. Más allá de creerle
al personaje, caracterizada en la historia por sus artificios, conviene
reflexionar cómo las protagonistas están convencidas de llegar a las
cosas a través del sonido y no de las palabras. A propósito, conviene
mencionar como Benveniste indicó que el sistema lingüístico está por
fuera del ser humano, los sujetos estamos separados del sistema de
signos y, en consecuencia, lo que el sistema permite expresar es algo
diferente de lo que la persona siente en realidad (Benveniste, 1999).
En “Slasher”, Bárbara y su hermana están moldeadas por un lenguaje
que les resulta insuficiente, externo y ajeno.
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Este planteamiento desplaza la búsqueda de lo lingüístico
y humano a lo sonoro de los objetos, “«El sonido es la poesía de
los objetos», «Yo saco poemas de las cosas»” (63). Esta búsqueda
sonora se manifiesta en el texto a través de metáforas que semejaban
el sonido con lo telúrico: “como una fractura de tierra”, “Un
descubrimiento de lo telúrico de la mente a través de lo que resuena,
vibra y retumba” (64). Para las gemelas, explorar los sonidos
extremos era el único camino para encontrar un “regreso a la vida
previa del lenguaje. Un recuerdo” (64). En este tenor, la búsqueda
de experiencias no mediadas por la realidad lingüística únicamente
resulta posible a través del grito: “«Yo quiero enseñarte lo que
es gritar», le confesó Bárbara a su hermana luego de decirle que
fantaseaba con cortarle la lengua. «Yo quiero enseñarte el verdadero
tamaño de un grito»” (64).
La reflexión de Bárbara entiende al grito como la instancia
anterior al lenguaje, capaz de mostrar aquello que éste enmascara.
Paula, en consonancia con la idea de animalidad, vincula al grito
con la amígdala, el miedo y el afán de supervivencia más primitivo
posible: “Sé que [los gritos] deforman el rostro de la gente, que
hacen temblar la materia, que activan una señal en la amígdala que
genera el miedo y que la naturaleza del miedo es la supervivencia”
(65). Su carácter no mimético se manifiesta cuando Bárbara expresa
que un grito es una “explosión de palabras”, no es un discurso
compuesto por proposiciones, su forma desordena cualquier
semántica: “Cuando alguien grita, las letras se disparan sin ningún
orden y atraviesan el tórax de las personas” (65).
Si el grito es algo que dinamita el lenguaje, una experiencia
que lo atraviesa y destruye, entonces es posible considerar que su uso
y apropiación requiere estructuras culturales que permitan asirlo e
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instrumentalizarlo. Una de ellas es la magia: “«Un grito es una emoción
que se contagia como un hechizo», «Un sonido es una emoción que
se conjura como magia»” (65). En la historia, Paula crea alrededor de
sí una imagen de bruja ante los otros, alguien que manipula el sonido,
“«La magia es que algo invisible pueda enfermarte», le dijo Paula
alguna vez. «Para mí lo sonoro es una deidad imposible»” (66). Este
performance las habilita como demiurgas ante los ojos de su público,
pues se saben conscientes del efecto de este sobre los cuerpos: “Un
sonido era capaz de hacer que los pulmones estallaran, provocar
ansiedad, náuseas, tristeza, migrañas, percepción de movimientos
fantasmagóricos a los costados del campo visual que muchos
confundían con apariciones” (67).
El sonido permite hechizar; abre canales de comunicación
entorpecidos por el lenguaje. Los recuerdos de Bárbara y Paula nos
permiten comprender el rumbo que tendrá el uso de la experiencia
sonora en la historia: Bárbara desea utilizar el performance para salvar
el único abismo entre ella y su hermana: “Su hermana ignoraba la
violencia real del sonido. En cambio, Bárbara se agarraba a la cama
poseída por los ruidos del otro lado de la puerta: golpes, cajones
abriéndose y cerrándose, sollozos, reptares, uñas afilándose contra
las cosas” (68). La revelación del secreto permite conjuntar las
piezas: el horror sonoro de la mutilación será el único puente para
comunicar a las hermanas entre sí y con su público. Esto a través
del montaje de un dispositivo al interior de la historia, que anuncia
la estructura narrativa del cuento: “«Hagamos algo diferente»,
le dijo a su gemela. «Algo que nos una la piel y el pulso» / Una
investigación de lo primigenio/ Un estudio del grito” (69). Bárbara
y Paula preparan las piezas de un hechizo, el secreto (Pezzè, 2020),
ese dispositivo que permitirá que Paula:
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[…] comprendiera las noches de los cajones y de los pies [las camas
separadas son metáfora de su separación en el abismo, la madre
llorando en los pasillos], lo que se sentía estar aterrada oyendo los
alaridos salvajes pero incapaz de moverse fuera del colchón, incapaz
de quitarse la sábana que ardía y se le pegaba como una piel enferma
y viscosa. Pensaba que era su deber enseñarle a su hermana lo que
un sonido era capaz de hacerle a la imaginación (69).

El grito puede equipararse con el hechizo en la manera como
lo intangible tiene efectos reales, en este caso el miedo y, al igual
que los hechizos, algunos refieren a temores antiguos: “El ruido
más alto que Bárbara había escuchado era el de su madre gritando
toda la noche después de haberse roto la cabeza contra el váter.
«Un grito es un cráneo mordido»” (69). La narración explora las
posibilidades que el sonido tiene para representar e insinuar hechos.
El terror está en la sugestión. Los sonidos entonces se construyen
como representaciones de lo que insinúan o a través del efecto que
generan en quien los escucha: “Es un fantasma orinándose encima
de todos los tímpanos” (69)
A partir de la revelación del trauma que se pretende
transmitir a través del secreto, el cuento recurre a las repeticiones.
Bárbara reitera la carencia de Paula, la necesidad de compartirle el
efecto del sonido en la imaginación y el terror de haber escuchado a
su madre durante sus crisis. Reverberar estas ideas semeja un ritual
que condensa los tres elementos que identificamos (mutilaciones,
hermanas, sonido): “Por eso a Bárbara le gustaba imaginar a su
hermana mutilada: para que en verdad lo conociera. Para que a través
de la pérdida entendiera lo que un sonido era capaz de hacerle a la
imaginación” (70). Para expresarlo con mayor claridad compartimos
la siguiente cita:
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[…] estar juntas en el sonido de los rasguños que la madre se
hacía a sí misma, en el de los cajones de las pastillas abriéndose
y cerrándose, en el del agua de los grifos saliendo a toda presión,
en el del llanto pesado. Quería comunicarse con su igual, que el
amor las juntara en el miedo y en el espectáculo de los ruidos de
la noche de la madre.
Paula no sabía cómo sonaba una madre sufriendo de insomnio
crónico y de depresión. Tampoco sabía lo que era levantarse en
medio de la oscuridad y que las rótulas saltaran fuera del cuerpo
como ranas óseas. «Mami está enferma de la mente» (72-73).

Lo que aterroriza a Bárbara es un sonido acusmático.
Proveniente del griego ακουσματικός, la palabra refiere a aquello que
se oye sin ser visto, algo inaccesible para Paula, quien requiere de
otros sentidos o de las descripciones de su hermana para activar su
escucha; sin embargo, estas últimas resultan insuficientes, porque la
lengua también lo es. Otra razón se encuentra en la ambigüedad de las
palabras que podemos apreciar tras la confesión de aquello que oculta
el secreto: “Años atrás su madre les contó algo sobre el padre: que era
un mal hombre, un puño, una cuchara, una aguja. Que se fue antes
de que ellas nacieran. Que era culpa de él que Bárbara hubiera nacido
mala” (70). En el canal de la palabra los significados enmascaran, callan
y en el mejor de los casos insinúan, “Una vez un niño les dijo: «Mami
dice que su papá es su abuelo»” (71). Incluso, Bárbara reconoce que
“Sus palabras […] eran distintas e incompatibles”. En cambio, los
sonidos y el efecto que provocan son más certeros, resultan imposibles
de ocultar, porque “los oídos no tenían párpados” (74).
En consecuencia, ellas diseñan un performance que recurre
nuevamente a la acusmática, pero esta vez definida por Pierre
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Schaeffer como un conjunto de sonidos reproducidos por medios
electroacústicos, cuyo fin es el ocultar las causas del sonido para
llevar al espectador a preguntarse qué está escuchando con la
intención de que el sujeto describa su percepción como tal y no las
referencias externas del sonido (Schaeffer en Reyner, 2018: 132).
En el cuento los sonidos que salen de los altoparlantes incomodan
a los oyentes, algunas personas piden a gritos que se interrumpa,
otros se retiran, unos cuantos permanecen, “Nadie en el público
podría evitar escucharlas y, si decidían hacerlo, tendrían que correr”
(74). El sentido de la escucha acusmática es reiterado cuando
Bárbara describe para su hermana lo que escucha: “Suena a abetos
derribados./ A montañas que hieden. / A campos y llanos de
costillas. /A Dios pudriéndose sobre el mar. /A futuro.” (75). Y este
mecanismo es el que recrea el horror, en este caso, la madre:
Había ruidos que hablaban de un tiempo antiguo de la carne.
Cuando Bárbara escuchaba golpes huecos y repetidos, por
ejemplo, los confundía con el de un cráneo pegándose contra la
pared. Algunos rumores la devolvían a las puertas arañadas de las
habitaciones y de los baños de su casa. Los crujidos y los chirridos,
a los cajones con las pastillas de su madre (75).

“Todo el que escucha tiembla”, repite Bárbara. En el
clímax de la historia, el hechizo del sonido se transmuta en una
violación; es imparable, y quienes prestan su escucha (voluntaria o
involuntariamente) se transforman en “templos donde cabalgar” o
“una gruta que demostraba lo que un sonido era capaz de hacerle
a la imaginación” (75). La disposición de las gemelas durante este
momento de la narración es importante, constituye el cruce que
reordenará el sentido de todo lo referido en la biblioteca del relato.
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Las hermanas se elevan en el escenario y están por encima de su
auditorio. Tras encender los altoparlantes, Paula se arrodilla para
tocar el suelo y las paredes; sin embargo, Bárbara conjura el umbral,
enuncia el sentido del cruce: “Pero aunque se arrodillara y palpara
el cuerpo sudoroso de la madre, solo una de las dos llevaba consigo
el territorio sonoro: el que no se podía contemplar” (76). La pieza
sonora es su madre llenando el espacio y el cruce solo es posible
con esa pieza-hechizo de por medio. Nuevamente la narración
recurre al espacio: las gemelas ascienden, Paula se hinca, el público
se encoge y después se abre, Bárbara levanta y purifica el estilete.
Las contraposiciones anuncian la transferencia: subir-bajar, cerrarabrir, penetrar (con el sonido)-sacar la lengua. Todas estas acciones
se leen como movimientos controlados por el sonido para llegar a
“la verdad y no su simulacro”.
Conclusiones
Para realizar este estudio resultó pertinente caracterizar el lugar que
ocupan el sonido y el grito en la escritura de Mónica Ojeda. Como
resultado, fue posible observar que estos elementos se vinculan
con una serie de referencias intertextuales e intermediales que se
ordenan alrededor de un dispositivo que genera el horror. Para
esto retomamos los conceptos de biblioteca y secreto, además de
proponer el cruce como la instancia ritual que marca la dirección de
las transferencias semióticas en los relatos. De entre ellos, elegimos
analizar el cuento “Slasher” por dos razones: primero, por ser un
texto que tiene como hilo temático el sonido, el grito y la escucha
y, segundo, por ser un texto protagonizado por dos personajes en
una búsqueda estética del horror: un texto programático. De él
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pudimos apreciar que la dimensión sonora permitió caracterizar
intertextualidades relacionadas con la mutilación, el doble y el grito
como forma de comunicación paralela al lenguaje.
En el centro de la obra de Ojeda está la búsqueda de una
forma de comunicar el trauma de la violencia. Para ello sus historias
recurren a una diversidad de elementos heterodoxos. Los ruidos y
los gritos, entonces, forman parte de estos recursos necesarios para
revelarse contra el lenguaje, y con ello contra realidades normalizadas
por éste: la violencia en la familia y contra las mujeres.

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�Isabel Alcántara Carbajal y Álvaro Érnesto Uribe / Quien escucha, tiembla

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217

�Dosier
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

La narrativa contemporánea mexicana frente a la
territorialización del cuerpo: mujeres narradoras
de un cuerpo-territorio
The Mexican contemporary narrative against the
territorialization of the body: women narrators of a
body-territory
Francisco Tijerina
Washington University in St. Louis
paqotj@gmail.com

Fecha entrega: 26-12-2021 Fecha aceptación: 11-2-2022
Resumen. Este artículo explora los procesos de colonización y conquista
del cuerpo de las mujeres
Que la violencia en el cuerpo
de las mujeres no tiene un afuera y un adentro, un origen definido, aún menos un lugar estable. La violencia se mete por
puertas y ventanas. Entra en
nuestras casas, en nuestras habitaciones, en nuestros cuerpos.
Daniela Rea

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�Francisco Tijerina / Mujeres narradoras

El proceso de colonización latinoamericano situó al cuerpo de las
mujeres como un territorio de conquista a través de estrategias
de dominación y control que van desde las políticas públicas
hasta la perpetración de actos violentos. Estas prácticas hoy en
día pueden observarse en distintas latitudes y extrapolaciones que
abarcan otras formas de vida regularmente alterizadas, cuerpxs
y sujetxs feminizadxs, y seres no-humanxs, en distintos cruces
espaciotemporales, también llamados deícticos. En particular, es
evidente que los conflictos bélicos modernos, las guerras contra
el narcotráfico en Latinoamérica y en especial en México y los
sitios emergentes para actividades de extractivismo mineral y
de hidrocarburos han sido parajes para la visualización de este
fenómeno. Esta asociación ha generado un cúmulo de violencias
irreparables de las que hoy numerosos colectivos feministas,
escritoras y activistas dan cuenta diariamente.
El texto que aquí busco esbozar es un ejercicio cartográfico
de obras literarias contemporáneas publicadas en México que
responden al entendimiento hegemónico de los cuerpos como
territorios en disputa, siempre a la espera de quien los ‘descubra’ y
les dé sentido bajo sistemas de explotación capitalista y patriarcal.
Vale la pena detenerme aquí en dos cuestiones. En primer lugar,
quisiera aclarar que entiendo la noción de cuerpo como aquel
referente a seres humanxs y no-humanxs, pero también como
el que es habitado por dichos seres. ¿Qué significa habitar un
cuerpo? Somos cuerpos que habitan otros cuerpos, ya sea a través
de afectos o efectos. Repensar nuestro planeta como un cuerpo
habitado y conformado por cuerpos es también un ejercicio de
decentralización. De esta forma, la idea es cartografiar un cuerpo
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habitado por cuerpos múltiples; un mapa de mapas. Es por eso
que, entrando a la segunda cuestión, me gustaría hacer hincapié
en la no fijeza de este mapeo. Si bien yo propongo la lectura de
algunas obras, pretender una mirada oblicua es entender la siempre
incompletitud de esta tarea. No existen, pues, fronteras estáticas,
ni se busca crearlas.
Tomando en cuenta la importancia que ha tenido el campo
literario para la construcción de conocimiento y la reificación
de narrativas y discursos que se alinean con las exigencias de un
mercado dominado por dichos sistemas, me dispongo a traer a
colación distintos textos que, más allá de su contenido, nos invitan a
repensar la estructura dominante. Entonces, lo que propongo aquí
es una mirada con otras lentes a objetos literarios que hacen otras
cosas más allá de ser novelas, cuentos, ensayos o poemas. Se trata
de que nos adentremos a observar algo que ya existía, pero que
ociosamente, en favor de la preservación del orden determinado, se
veía oscurecido. No es que no hubiesen escritoras mexicanas o que
ahora exista una moda entre las mujeres por escribir y adherirse al
fenómeno literario, sino que ahora existen más oportunidades desde
el mercado y quiénes lo operan para que sus voces sean escuchadas y
visibilizadas. Las razones para escribir pueden ser diversas y algunas
pueden estar o no a favor de un proyecto revisionista y contestario
al status quo. Lo cierto es que sin duda es un cambio de paradigma
que nos obliga a replantearnos nuestros patrones de consumo:
revitalizamos nuestra mirada, discurrimos entre otras narrativas y
discusiones y nos planteamos una cosmovisión compleja que asume
sus huecos en lugar de pretender una respuesta totalizante a aquello
que nos acontece.
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El cuerpo-territorio vs. la territorialización del cuerpo: la
respuesta a la colonización epistémica y física sobre los cuerpos
¿Qué significa territorializar el cuerpo? María Lugones retrata en
Colonialidad y género, en primer lugar, el espacio de distinción que
se generó para las mujeres de color en oposición a las mujeres
europeas. Lugones califica a este espacio como binomial y maniqueo
entre la pasividad y la agresividad; lo educado y lo bestial. Más tarde,
Lugones también explora otra veta donde expone la tradición de la
territorialización del cuerpo femenino cuando explica cómo en el
imaginario de Colón la tierra era retratada como un pecho de mujer,
dando lugar así, también, a una imagen clara: el cuerpo, celeste y
humano, a la mira del ente colonizador, es uno mismo para la tarea
de conquista y explotación. Esta violencia queda evidenciada, tal
como menciona Lugones, cuando tomamos en cuenta la forma en
la que se consideraba a las mujeres no blancas. Menciona Lugones
que “las hembras no-blancas eran consideradas animales en el
sentido profundo de ser seres ‘sin género’, marcadas sexualmente
como hembras, pero sin las características de la femineidad” (94).
Esta categorización, leída desde el trato que se les otorga a los
animales, permite asimilar el potencial de explotación bajo el cual se
observaba a estas mujeres.
El cuerpo, entonces, pasa a ser parte de un panorama
disponible para el ente colonizador. Carecer de género es carecer
de facultades sociales. La dicotomía sexo-género posibilita una
dominación sobre las mujeres y sujetxs disidentes. Pero la exclusión
de esta etiqueta produce una segregación todavía más evidente y
agresiva. Es, en gran medida, calificarles de menos-que-humanos.
Por tanto, esta dominación se caracteriza por no traer a colación
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cuestionamientos éticos que permitirían poner en entredicho las
suposiciones y tratos que se les brindan a estas personas.
La relevancia de esta discusión, a pesar de la distancia temporal
con la que contamos hoy en día, es que en mucha medida estas ideas han
permeado la construcción de este presente. Tal como expone Yásnaya
Elena A. Gil en Tres veces tres. En clave Malintzin: Nueve aproximaciones
a su figura, “contrario a lo que nos muestra la historia oficial, la
Independencia no supuso la suspensión de ese orden colonial” (22).
En lugar de ello, la Independencia posibilitó que el deseo de Estado,
inducido por ideales europeos, permeara en la conformación social
del México moderno. Una vez determinada una jerarquía de orden
patriarcal, donde las mujeres blancas, a pesar de su posicionalidad con
respecto a mujeres indígenas o negras, también estaban expuestas a
ser colocadas por debajo de sus pares hombres, este ideal se mantuvo
y mantiene vigente hasta nuestros días. Esto se refuerza a través de
discursos maniqueos que establecen peyorativamente una inferioridad
ficticia de la mujer con respecto al hombre y justifican su preservación
con ánimos paternalistas y abusivos.
Pero los esquemas de control son mucho más violentos. Rita
Segato, tras su larga investigación sobre los feminicidos en Ciudad
Juárez, establece en La guerra contra las mujeres que “[e]n la lengua
del feminicidio, cuerpo femenino también significa territorio y su
etimología es tan arcaica como recientes son sus transformaciones”
(Segato 47). De esta forma, lo que retrata inicialmente Lugones es
retomado por Segato. Si bien, antes esta inferioridad estaba mucho
más marcada por el esquema racial, ahora podemos extrapolarlo
dentro del locus poscolonial. Lejos de tener una discusión sobre
el fin o la permanencia de lo colonial, lo que demuestran Segato
y Lugones es que la estructura por sí misma no ha dejado de
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funcionar, sino que ha mutado y se ha disfrazado de otras formas
para mantenerse vigente dentro del entramado social.
Una de las consecuencias más evidentes de la territorialización
del cuerpo de las mujeres a las que hace referencia Segato es la
violación. A través de ella determina que “[l]a víctima es expropiada
del control sobre su espacio-cuerpo. Es por eso que podría decirse
que la violación es el acto alegórico por excelencia de la definición
schmittiana de la soberanía: control legislador sobre un territorio y
sobre el cuerpo del otro como anexo a ese territorio” (La guerra contra
las mujeres 38). Este control sobre los cuerpos posibilita el ejercicio
del control patriarcal principalmente sobre los cuerpos de las
mujeres, pero también sobre los cuerpos culturalmente feminizados.
El mecanismo de control, además, se ve magnificado por lo que
Sayak Valencia, en Capitalismo gore, considera como “sociedad del
espectáculo”, que se refiere a aquella que brinda “publicidad y
legitimación, gratuitas, poder medio de la espectacularización de la
violencia” a formas de “propagación de su poder y control sobre
el territorio” (Valencia 115). Con esto, la dominación no sólo se
mantiene en un nivel pragmático sobre los cuerpos, sino que se
inserta en el imaginario social a través del permeado gradual y
constante de la mediatización del terror.
En ese mismo entronque y a manera de síntesis, Julieta
Paredes en “El feminismo comunitario: la creación de un
pensamiento propio” afirma que:
Dos palabras que describen la realidad que pretendemos mostrar.
Penetración nos plantea la acción de introducir un elemento en
otro. Colonial como la invasión y posterior dominación de un
territorio ajeno, empezando por el territorio del cuerpo. Como las
palabras y los discursos son formas auditivas que toman posición

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ante las hegemonías discursivas del poder, podemos decir que la
penetración colonial nos puede evocar la penetración coital, como
la imagen de violencia sexual, de la invasión colonial. No decimos
con esto que toda penetración coital o penetración sexual en
general sea necesariamente violenta, no lo es cuando se la desea,
pero la violación de nuestros cuerpos, ninguna mujer la desea, y la
invasión colonial, ningún pueblo la quiere. (7)

En este sentido, la alegoría del cuerpo como un territorio
de conquista y la penetración no consensuada, como acto político,
social y sexual, forman parte de un imaginario social que se incrusta
en el panorama poscolonial latinoamericano; un pasado vivo al que
aún se le debe hacer frente.
Ahora bien, ¿qué significa responder a todo esto desde el
cuerpo-territorio? Tanto Julieta Paredes como Lorena Cabnal, según
recogen Sofia Zaragocin y Martina Angela Caretta, sostienen que el
cuerpo-territorio opera dentro de un marco de referencia feminista
que le permite evolucionar apoyado en la afirmación de que no
existe una diferencia ontológica entre el cuerpo y el territorio. En
ese caso, lo que le sucede al cuerpo también le sucede al territorio
y viceversa (6). Por su parte, Delmy Tania Cruz Hernández destaca
que la propuesta de un acercamiento a través del concepto de
cuerpo-territorio implica:
mirar a los cuerpos como territorios vivos e históricos que aluden
a una interpretación cosmogónica y política, donde en él habitan
nuestras heridas, memorias, saberes, deseos, sueños individuales y
comunes, y a su vez, invita a mirar a los territorios como cuerpos
sociales que están integrados a la red de la vida y por tanto, nuestra
relación con ellos debe ser concebida como ‘acontecimiento ético’
entendido como una irrupción frente a lo ‘otro’ desde la posibilidad
de contrato, dominación y poder no tienen cabida. Donde existe
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la acogida comprendida como la co-responsabilidad y la única
propuesta viable para mirar el territorio y entonces para mirarnos a
nosotras-nosotros-nosotres mismxs. (44, énfasis en el original)

Entonces, queda en evidencia tras esta comparativa entre
ambas operaciones que la formulación de la territorialización del
cuerpo funciona de manera unilateral. Se coloca al cuerpo en el
terreno del objeto de conquista. Del cuerpo se podrán extraer bienes
que satisfacen las necesidades del colonizador o el sujeto patriarcal en
este caso. La respuesta a esta operación desde una mirada feminista
decolonial responde a replantear estos términos bajo los cuales se
coloca, más allá del cuerpo, al territorio. Entonces, el cuerpo-territorio
es una doble operación dialógica: tanto el cuerpo como el territorio
son espacios que no deben encontrarse en disputa, sino entenderse
como dos cuerpos que se comparten. El giro afectivo al que se sujeta
el binomio cuerpo-territorio permite entretejer las necesidades de
todxs aquellxs que coexisten, sin importar la categoría nominal que se
les asigna. Descentralizar y desjerarquizar es entonces una pieza clave
del ejercicio de imaginar otros mundos posibles.
En esta veta, el objetivo del siguiente apartado es hacer
visibles los hilos que se entretejen entre las autorías contemporáneas
que responden, algunas en mayor medida que otras, a las narrativas
coloniales y capitalistas hegemónicas.
Cartografías críticas: miradas especulativas contra el andro
y antropocentrismo
La literatura latinoamericana, así como el fenómeno literario
internacional, ha sido dominada históricamente por hombres.
Recientemente se habla de un boom de mujeres escritoras, pues
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ahora circulan con una mayor facilidad dentro del mercado
literario. La etiqueta, tal como critican autoras como María
Fernanda Ampuero, Fernanda Melchor, Mariana Enríquez y
Samatha Schweblin, no corresponde con lo que sucede realmente.
El fenómeno editorial del boom latinoamericano poco tiene
que ver con la facilidad en la circulación de textos y artefactos
literarios producidos por mujeres contemporáneas más allá de su
éxito de venta (Scherer). Pretender que esta nueva configuración
simula una repetición en los patrones de consumo es ignorar que
las mujeres no han tenido “sitio en la historia ni en la cultura
porque la historia y la cultura se ven desde un lugar en el que ellas
no han podido estar y al que muy rara vez han tenido acceso”
(Sefchovich 10).
Los textos y proyectos que aquí se exploran de forma
superficial no son más que una forma de entre miles de trazar un
mapa de escrituras que se adentran a estos mercados. Si los textos
subvierten o no ciertas normas y estructuras, no corresponde a
esta discusión. Lo que busco a través de estas líneas es plantear la
posibilidad de otras miradas que a su vez replantean lo canónico de
ciertos textos con respecto a otros; de mantener en silencio y tras
una pantalla oscura otras formas de escritura y pensamiento que ya
estaban presentes, pero ignorábamos con facilidad.
La selección de estos textos responde a la capacidad de
cuestionar ciertas posturas sobre hechos sociales y afrentas que se
viven en el México contemporáneo. A pesar de tener una amplia
variedad de opciones para analizar, me centraré aquí en Temporada
de huracanes (2017) de Fernanda Melchor, La compañía (2019) de
Verónica Gerber Bicecci y Ya no somos las mismas y aquí sigue la guerra
(2020) editado por Daniela Rea Gómez.
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Uno de los puntos clave que tienen en común estas
escrituras es que develan la puntual relación que mantiene el capital
con el patriarcado. Esta hace presente cómo se articula una serie de
configuraciones sociales a las que Rita Segato llama pedagogías de la
crueldad, a las cuales define como “todos los actos y prácticas que
enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y
la vitalidad en cosas” (“Manifiesto en cuatro temas” 223). De esta
forma, Segato encuentra relación entre las actividades extractivistas
de explotación y la explotación sexual:
La trata y la explotación sexual son los más perfectos ejemplos
y alegorías de lo que quiero decir con pedagogía de la crueldad. Es
posible que eso explique el hecho de que toda empresa extractivista
que se establece en los campos y pequeños pueblos de América Latina
para producir commodities destinadas al mercado global al instalarse
llega junto o es inclusive precedido por burdeles y el cuerpo-cosa de
las mujeres que allí se ofrecen. (“Manifiesto en cuatro temas” 223)
Pareciera que esto ha resultado de gran interés para algunas
de las autoras mexicanas contemporáneas, pues es notorio cómo
ciertas obras recientes expanden nuestra visión sobre el extractivismo
mineral y de hidrocarburos, así como la explotación medioambiental
y las consecuencias directas sobre los cuerpos que habitan los
espacios periféricos a ellas. Estas autoras dibujan un paisaje que
también se constituye a través del comercio de los cuerpos del que
habla Segato. Prueba de ello son textos como Temporada de huracanes
de Melchor o La compañía de Gerber Bicecci donde la extracción
de petróleo o mercurio, respectivamente, ayuda a la constitución de
espacios para la explotación en los cuales la instalación de zonas
de tolerancia o zonas rojas es una de las primeras edificaciones
en los asentamientos poblacionales. Pero es el componente de
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verosimilitud de ambos textos el que permite puntualizar una crítica
a la configuración que posibilitan las tareas extractivas.
En el caso de Temporada de huracanes, Melchor crea una ficción
alrededor del asesinato de Raúl Platas Hernández, “El Brujo” (Tijerina
14). Su narración, ilustrada de violencia física, psicológica y estructural,
ilumina las prioridades de un Estado negligente y de actores de
instituciones privadas cuyo único interés reside en su propio beneficio.
La novela cuenta con ocho capítulos, entre los cuales siete mantienen
una estructura similar: un párrafo continuo que simula una historia
contada a largo aliento; una narración popular o un chisme (215-218).
El séptimo capítulo, por su parte, se asemeja a esto en un espacio más
reducido: presenta algunas versiones sobre el destino de un tesoro que
presuntamente tenía guardado La Bruja y lo que se vive en La Matosa
tras su muerte. De esta forma, Melchor nos adentra a un espacio vivo.
La Matosa, aunque ficcional, mantiene anclajes puntuales con nuestra
realidad. Se comparten referentes musicales como Daddy Yankee,
Yuri y Luis Miguel; se observan prácticas políticas clientelares donde
se prometen más y más proyectos progresistas y desarrollistas que
alimentan una falsa idea de un futuro prometedor (Araoz); y se nos
provee de la frase “Algunos de los acontecimientos que aquí se narran
son reales. Todos los personajes son imaginarios”, a modo de epígrafe
que abre la novela, de Las muertas de Jorge Ibargüengoitia, texto en el
que, de igual forma, se ficcionaliza el caso de “Las Poquianchis”, un
grupo de asesinas seriales que operó entre 1945 y 1964 en el estado
de Guanajuato, en México. Bajo esta línea, la estrategia narrativa de
Melchor posibilita una lectura crítica de un evento que, sin los matices
que proveen los personajes que habitan el universo que construye,
fácilmente podría catalogarse como un ‘crimen pasional’ o ‘un caso
más de abuso de sustancias y violencia irracional’. De esta forma,
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Temporada de huracanes funciona como un vehículo narrativo no sólo
para cuestionar, sino para además prestar mayor atención a aquellas
historias que diariamente aparecen en los diarios y que terminan
siendo parte de una estadística gubernamental. Detrás de cada muertx
hay una vorágine de voces que ayudan a profundizar en su historia de
vida.
Por su parte, La compañía de Verónica Gerber Bicecci consta
de dos partes: la reescritura de “El huésped” de Amparo Dávila,
en la cual se presenta un futuro postapocalíptico más cercano de lo
aparente, y una serie de 100 viñetas que recopilan, a manera de archivo,
documentos sobre la adquisición de derecho para extraer en Nuevo
Mercurio por parte de la Compañía Mercurio Mexicano (más tarde
Compañía Minera Veta Rica, S.A.), testimonios, estudios geológicos,
informes sobre afectaciones en la salud de los pobladores y trabajadores
de Nuevo Mercurio, mapas de los túneles, planos de la maquinaria y
documentos de investigaciones variadas a cargo de académicos e
instancias gubernamentales. En la primera parte de este objeto literario,
al intercambiar al personaje de Guadalupe por “la máquina” y al huésped
por “la Compañía”, Gerber Bicecci cuestiona la posición maquinal en
la que comúnmente se mantiene a las mujeres, en específico a las que
se encargan a las tareas del cuidado, mientras que brinda agencia a esta
figura tecnológica para rebelarse contra el sistema o, como se plantea
en el texto, a la compañía extractivista. Mientras que, en la segunda
parte, brinda herramientas críticas a sus lectores para profundizar en
las implicaciones que tiene la práctica extractiva y la participación de
actores públicos para facilitar estas empresas.
Ambos textos dejan en evidencia que la satisfacción del deseo
masculino es su prioridad, tanto en la generación de un mayor capital
económico como en la dominación sobre los cuerpos: en Temporada de
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huracanes podemos observarlo principalmente con los variados casos
de violencia sexual, pero ambos textos nos presentan, como ya se
había mencionado anteriormente, la instalación de zonas de tolerancia,
habilitando un mercado sexual para la satisfacción masculina, y una
empresa extractiva que invariablemente daña al cuerpo de la Tierra.
Pero esto no es todo, también en ambos casos se discute una forma de
dominación sobre seres no humanos. En Temporada de huracanes sucede
desde el plano sexual: Brando, mientras ve una película pornográfica,
se encuentra con un clip donde un perro es captado dándole sexo
oral a una chica (Melchor 164). Mientras que en La compañía sucede
desde el plano económico: una vez que la contaminación producida
de la extracción de mercurio es tanta que se precisa clausurar el sitio,
se identifican a los Tadarida brasilensis Tadarida brasilensis y a los Plecotus
mexicanus, un par de especies de murciélagos a los que se les pretendía
usar como parte de un sitio ecoturístico (Gerber Bicecci 182). Aunque
de distintas formas, en ambas instancias es evidente que estos seres
pasan a funcionar como elementos que dan servicio a las necesidades
del deseo patriarcal-capitalista. El perro, al igual que los murciélagos,
es incapaz de consentir a formar parte de la actividad a la que lo
someten.
Por tanto, vale la pena traer a colación lo que establece
Rita Segato sobre la expresión patriarcal-colonial-modernidad, la
cual “describe adecuadamente la prioridad del patriarcado como
apropiador del cuerpo de las mujeres y de éste como primera
colonia” (Segato, “Manifiesto en cuatro temas” 214). Aquí, me
parece pertinente expandir, más allá del cuerpo de las mujeres al
que hace referencia Segato, hacia el sintagma cuerpo-territorio.
Volvemos, entonces, al ejercicio dialógico al que apuntan Julieta
Paredes y Lorena Cabnal para entender el ejercicio violento al
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que se somete no sólo el cuerpo de las mujeres sino también al
planeta y demás cuerpos no-humanxs que le habitan. Entonces, el
patriarcado, inseparable integrante de la tripartición patriarcadocolonia-modernidad, se apropia de los cuerpos de las mujeres, los
feminizados y los no humanxs para conformar su colonia en su
ejercicio de poder y dominio.
Ahora bien, en 2020 se publicó un conjunto de crónicas
titulado Ya no somos las mismas y aquí sigue la guerra. Este libro reúne
los trabajos de periodistas como Verónica Gargo, Daniela Pastrana,
Celia Guerrero, Paula Mónaco, José Ignacio de Alba, Lydiette
Carrión, Emanuela Borzacchiello, Raquel Gutiérrez, Sara Uribe,
Marina Azhua, Daliri Oropeza, Marcela Turati y Erika Lozano.
A lo largo de los distintos textos presentados en la compilación,
las autoras dan cuenta de los estragos de los sujetos endriagos,
aquellos que “utilizan la violencia como medio de supervivencia,
mecanismo de autoafirmación y herramienta de trabajo” (Valencia
10) que han reconfigurado el imaginario y la praxis social del
México contemporáneo. A través de la llamada “guerra contra el
narcotráfico”, México entró en un Estado de excepción donde
el terror no se limitaba a las figuras paraestatales. Por igual, los
representantes de la ley como los representantes de lo ilegal
convirtieron el espacio público, el territorio, en plazas en disputas.
Estas plazas, a su vez, también incluían los cuerpos de las mujeres,
tal como destaca Segato.
Uno de los textos más desgarradores de la compilación es el
de Paula Mónaco. En él, titulado “Dos mil días robados”, Mónaco
narra las vivencias de Denise Blanco y Korina Utrera, dos mujeres
detenidas por miembros de la Marina mexicana en lo que parecía ser
un operativo armado para la detención de miembros sospechosos
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del crimen organizado. Denise y Korina no sólo se encontraron ‘en
el lugar equivocado, a la hora equivocada’, sino que incumplieron
con una norma social no escrita: eran pareja. La sexualidad de
estas mujeres las convirtió en un terreno de conquista alterizado,
pues ahora los agentes que las detuvieron consideraban que era su
deber convertir a estas mujeres a la heteronorma. Con frases como:
“ahorita te vamos a enseñar lo que es la verga para que pruebes,
maldita machorra” (62) y “—Tú estás bien bonita, tú te puedes
buscar a un hombre que te haga algo bien. No has probado, ven que
te voy a enseñar [...] ¿A poco no te gusta esto? ¡Mira, te va a gustar
más que tu novia!” (66), estos hombres utilizan su investidura como
símbolo de poder de conquista. Bajo el manto de la protección de la
ley, no hay acto ilegal que no puedan cometer.
La narración no escatima en los detalles explícitos y más
descarnados de la violencia desplegada sobre estos cuerpos: “Uno de
los marinos le toca violentamente sus genitales [...] le pellizca fuerte
sus pezones y sus pechos bajo una delgada blusa de tirantes” (63).
La violación se da de manera continua, “[l]a mano-objeto lastima
su cuerpo sin pausa” (63), y no parece tener como objetivo otra
cosa más allá del simple control y la dominación, pues es notoria
la intención de lastimar su cuerpo y quebrar su espíritu, pues “la
violación se dirige al aniquilamiento de la voluntad de la víctima,
cuya reducción es justamente significada por la pérdida de control
sobre su cuerpo” (Segato, La guerra contra las mujeres 38). Es aquí
donde se instaura un Estado paralelo a las leyes, pero indisoluble del
que se desprende.
El territorio de conquista, ahora bajo el conflicto armado
que posibilita la violencia sin repercusiones, es un campo abierto
para los uniformados. Mónaco destaca dos elementos particulares:
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el silencio de quienes no las lastiman, “—Me violaron, me lastimaron
—le cuenta en el instante de paz pero él no responde” (65) y la
voz de las mujeres que defienden esas acciones: la llevan con una
enfermera. Intenta contarle todo lo que le hicieron, pero la mujer la
interrumpe:
“¡Cállate, pendeja! Te has de haber lastimado cuando te aventaron
a la camioneta. No digas esas pendejadas de que te violaron porque
aquí no se hace eso. Yo trabajo aquí y te puedo decir que a eso no
le hacemos”. [...] “Son mis amigos y son buenas personas”. (68)

Es así que el pacto patriarcal se exhibe en dos formatos:
a través del silencio de los hombres y a través de la complicidad
de las mujeres, facilitadoras de un sistema que les usa mucho y
beneficia poco.
En términos discursivos, la narrativa de seguridad provee
un marco que blinda a los agentes del Estado para cometer actos
violentos en/a los cuerpos de las mujeres. Pero, tal como destaca
también Paula Mónaco, estos discursos carecen de validez práctica
cuando se toma en cuenta que “de 100 mujeres arrestadas por
policías y militares en México 97 sufrieron violencia física y 72
violencia sexual” y que “sólo el 0.89% del total de detenidos estaban
‘plenamente identificados’ con alguna organización criminal o cártel
del narcotráfico” (73). La yuxtaposición de ambos datos nos provee
de herramientas suficientes para destacar el acto de la detención
como uno arbitrario que les posibilita el control, posteriormente
exacerbado por la acción violenta que suele acompañarlo.
Estas expresiones de violencia no se limitan a la vía pública; lo
que ocurrió es que, tras la declaración de guerra por parte del Estado
mexicano a ese enemigo invisible que representa el narcotráfico, la
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violencia en lo público aumentó con mucha notoriedad. Estefanía
Barba Vela describe en su ensayo titulado “Desigualdad de género:
más allá de los síntomas y del castigo”, que
[e]l porcentaje de mujeres que eran asesinadas en la vivienda solía
ser mayor. Entre 2004 y 2007, por ejemplo, los porcentajes oscilan
entre el 41% y el 46%. Los números empezaron a bajar porque la
cifra de mujeres asesinadas en la vía pública comenzó a aumentar.
En 2004 el 25% fueron asesinadas en la vía pública (contra el 47%
que lo fue en la vivienda). En 2016, el 41% de las mujeres fueron
asesinadas en la vía pública (contra el 31.4% que fue asesinada en
la vivienda). (44)

Es con esto que no se pretende considerar que la problemática
existe sólo en relación con las figuras paraestatales del Segundo
Estado descrito por Segato (La guerra contra las mujeres), sino también
en los espacios parasociales.
Contrastar el texto de Mónaco a lo que se narra en artefactos
literarios como Temporada de huracanes y La compañía hace evidente que
la idea de la dominación no existe sólo en términos de poder social,
sino también de poder económico. Se coloniza el cuerpo (humanx,
no humanx y celeste) y se empaqueta como producto comercializable
para el consumo patriarcal masculino que lo vuelve herramienta
para saciar sus necesidades alimentadas por el mismo capital. Y en
respuesta a ello, los textos de las autoras que aparecen en Ya no
somos las mismas…, el de Fernanda Melchor y el de Verónica Gerber
Bicecci se nos anticipan las voces de “[l]as mujeres cuyos territorios
y cuerpos están bajo amenaza de despojos vinculados a proyectos
petroleros, mineros, agroindustriales o urbanos [y que] se están
uniendo para convertirse en un río de resistencia transcontinental
(García-Torres, Vázquez, Cruz y Bayón Jiménez 39).
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Cartografías móviles y contradictorias
Me permito, pues, aceptar que la cartografía que presento aquí
es totalmente fragmentada. Que, en un esfuerzo inicial, tenía una
lista más amplia de obras y esfuerzos editoriales entre los que
destaco: Tsunami I (2018) y Tsunami II (2020) editados por Gabriela
Jauregui, Su cuerpo dejarán (2019) de Alejandra Eme Vázquez,
lamaquinadistopica.xyz (2018) de Verónica Gerber Bicecci, Permanente
obra negra (2020) de Vivian Abenshushan y las colecciones Vindictas
de la Universidad Nacional Autónoma de México y A golpe
de linterna: más de 100 años de cuento mexicano editado por Liliana
Pedroza. A esta lista le hacen falta muchísimos otros textos, otro
más que escapan los límites geográficos a los que elegí ceñirme
para efectos de este trabajo. Lo cierto es que este esfuerzo ha sido
alimentado por sus lecturas, conversaciones alrededor de los textos
y esos nuevos mapas que he logrado trazar gracias a las nuevas y
múltiples miradas que proveen.
Finalmente, para cerrar, hilo aquí un pequeño esbozo
de aquello a lo que responde, desde mi perspectiva, el cuerpoterritorio. Retomando a Silvia Federici en El patriarcado del
salario:
El neoliberalismo es un ataque feroz, en su común denominador,
a las formas de reproducción a nivel global; empieza con el
extractivismo, la privatización de la tierra, los ajustes estructurales,
el ataque al sistema de bienestar, a las pensiones, a los derechos
laborales […] Y cada vez más, a la cabeza de estas luchas,
encontramos mujeres que comprenden que hoy no se puede
separar la lucha por una sociedad más justa, sin jerarquías,
no capitalista —no fundada sobre la explotación del trabajo
humano—, de la lucha por la recuperación de la naturaleza y la

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lucha antipatriarcal: son una misma lucha que no se puede separar.
(Federici 20-21)

Es por ello que me gustaría hacer todavía un mayor hincapié
en el gran esfuerzo que escritoras, activistas, madres, trabajadoras
y estudiantes realizan. A través de marchas, publicaciones y la
resistencia continua, estas mujeres han respondido al silencio del
pacto patriarcal y a sus abusos ejercidos sobre los cuerpos. De esta
forma responden a la necesidad de
desbordar el conteo necropolítico que es, lamentablemente,
muchas veces a-significativo, para concentrarnos en construir explicaciones
y contribuir a que, entre muchas, logremos organizar la experiencia colectiva de
estar viviendo en medio de esta guerra que nos ha despedazado, también, como
sociedad. (Gutiérrez Aguilar 120, cursivas en el original)

Pero esto no quiere decir que la tarea es fácil o exenta
de contradicciones. Tal es el caso de La compañía. En una de las
presentaciones del libro, Gerber Bicecci profundizó sobre el hecho
de que la parte A de su texto, la fotonovela con la reescritura del
cuento de Amparo Dávila, fuese financiada por FEMSA a través
de su Bienal de Arte (Lata Peinada). Pensando también en la
publicación de Temporada de huracanes o de Ya no somos las mismas
y aquí sigue la guerra bajo sellos del conglomerado editorial de
Penguin Random House, hay una pregunta necesaria que debemos
plantearnos: ¿qué exigimos a las demostraciones de resistencia? ¿A
qué estándares deben de responder estas autoras? ¿Deben eludir
al capital, como si fuese posible, y hacer una crítica vivencial o
es injusto pedírselos desde nuestra propia comodidad? ¿Serviría
de algo realmente? ¿Nos llegarían sus mensajes sin estos móviles?
Probablemente la respuesta sea negativa.
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�Francisco Tijerina / Mujeres narradoras

“Frente a la globalización neoliberal, social y ecológicamente
devastadora, numerosas personas se esfuerzan hoy por lograr un
viraje que posibilite un presente sostenible y un futuro aceptable
para la humanidad y los demás seres vivos” (Puleo 73) y siguiendo
los preceptos del cuerpo-territorio, es en sus contradicciones,
indeterminaciones, huecos, telas cortas o deshilachadas, donde se
puede construir otro futuro posible.

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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

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�Notas
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Gilgamesh, superhéroe cultural
Adbeel Darío Duarte Hernández
Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Fecha entrega: 21-11-2021 / Fecha aceptación: 28-2-2022

“Creemos, tal y como ha dicho
Jack (Kirby), que no necesitamos
ser tan exactos, porque nos consideramos capaces de mejorarlos.
Después de todo, la mitología es
mitología, ¿y quién es nadie para
decir que no podemos adaptar
nuestros propios mitos? Eso es
justo lo que estamos haciendo
al basarnos en el pasado, y disfrutamos muchísimo al hacerlo”.
–Stan Lee1

A guisa de introducción
La figura del protosuperhéroe es comúnmente relacionado con la
obra La pimpinela escarlata de Emma Orczy antes de la aparición en
las historietas de Superman en el Action Comics #1 en 1938, donde
encontramos al último hijo de Krypton, quien en la Tierra posee
1 Escritor y editor de Marvel Comics.

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�Abdeel Darío Duarte Hernández / Gilgamesh, súper héroe cultural

habilidades metahumanas. En su primera publicación se presenta
como “el campeón de los oprimidos. ¡la maravilla física que juró
dedicar su existencia a cualquiera que necesite ayuda!” (Action
Comics, no. 1, 1938).
Sin embargo, desde la literatura y el mito nos hemos topado con
seres que superan los límites de lo humano, como la figura de los dioses
y su descendencia con los humanos, cuyo referente desde la tradición
helenística está el semidios Heracles (conocido en el panteón romano
como Hércules), hijo de Zeus con una fuerza descomunal innata.
Marc Bloch (1982: 52) describe que las fuentes narrativas, es
decir, los relatos deliberadamente dedicados a la información de los
lectores, no han dejado de prestar ayuda al investigador, ya que son
las únicas que proporcionan un encuadre cronológico casi normal
y seguido. Sin embargo, Fernand Braudel (1970: 77) ha expresado
una desconfianza respecto a una historia que se limite simplemente
al relato de los acontecimientos y sucesos.
Jesús de la Torre sostiene que la tradición iberoamericana de
derechos humanos tiene como elemento esencial su teoría y praxis
desde el pobre, con su raigambre bíblica entendiendo lo jurídico como
Mispat: la justicia al oprimido. Porfirio Miranda nos enseña que Mispat
viene de la raíz spt que significa salvar de la injusticia a los oprimidos
(1971:111); y según de la Torre: “ha sido traducido como derecho ley,
acto judicial, justicia, intervención justiciera extrajudicial, y algunos
términos análogos” (2007: 111). Esta palabra posee en la tradición
bíblica y profética un sentido de liberación de la opresión al débil, es
“velar por los derechos de los pobres, de los oprimidos, de los débiles”
(2007:53). Juan Alfaro valida la interpretación que Porfirio desarrolla
sobre el Mispat: “Que yo sepa, nadie hasta ahora había puesto de
relieve la importancia primordial que en todo mensaje bíblico tiene la
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justicia liberadora de Dios (liberación de los oprimidos) y la exigencia
divina de justicia entre los hombres” (1973: 17).
Mispat “no es dar a cada quien lo suyo en el sentido de la
justicia conservadora, de derechos adquiridos, sino que implica,
especialmente, velar por los derechos de los pobres, de los oprimidos,
de los débiles. Esto también en virtud del paralelismo sinonímico
entre las raíces spt y sdq, derivándose de esta última sedaqa, que se
traduce como justicia” (De la Torre, 2007: 11).
Todo esto lleva a Porfirio Miranda a la siguiente afirmación:
“El mispat es la defensa de los débiles, la liberación de los oprimidos”,
el hacerle justicia a los pobres. El hecho de que las leyes originalmente
sean llamadas mispatim constituye un dato de importancia incalculable,
indicando cuál era la intención y el sentido original de la legislación,
dando así el criterio que permite discernir cuándo los legisladores
posteriores acertaron realmente con la voluntad de Dios, y cuándo,
por el contrario, mitizaron la ley y la autoridad erigiéndolos en entidaden-sí que en peor de los casos se torna en instrumento de opresión y
de injusticia (Miranda, 1971: 129).
Los dos creadores de Superman, el escritor Jerry Siegel y el
dibujante Joel Shuster; el primero nacido en Ohio y el segundo en
Toronto, ambos son hijos de inmigrantes judios. La formación de
los dos artistas se dio viviendo en la sociedad estadounidense (Joel
Shuster se muda con su familia a Ohio, donde conoce a Siegel) pero
cuya formación en casa arraiga los valores de la cultura semita, entre
los que destaca la justicia.
Cultura babilónica
El concepto de derecho y de justicia en la Biblia tiene una de sus
raíces en la antigua cultura de Mesopotamia (De la Torre, 2014: 28),
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�Abdeel Darío Duarte Hernández / Gilgamesh, súper héroe cultural

es en esta cultura donde encontramos la primera obra maestra de
imaginación de la literatura universal: El poema de Gilgamesh, o “aquel
que ha visto todo hasta los confines del mundo” (2020), como
lo describe la primera línea del poema. George Roux tiene casi la
certeza de que Gilgamesh gobernó en Uruk hacia el año 2900 a.
C., por lo que sugiere que algunos de los episodios de esta epopeya
estén inspirados en hechos reales.
Jim Sharpe nos comenta que la historia se ha contemplado
tradicionalmente como un relato de los hechos de las grandes
personalidades, y a pesar de que en el siglo XIX se procedió con
un interés por una historia social y económica de mayor alcance, su
principal tema siguió siendo la exposición de la política de las élites
(en Burke, 1996: 39). El poema nos indica la naturaleza divina del
rey Gilgamesh:
047 Desde el día que nació se le puso el nombre de Gilgamesh.
048 Dos tercios de él eran dios, su otro tercio era condición
humana (2020: 107)

Tal como dice Peter Watson (88), una de las tareas del rey
de Mesopotamia era la de administrar justicia, y que, en las primeras
ciudades, la injusticia era considerada una afrenta a los dioses. Los
jueces trabajaban en los templos o en sus puertas, en particular
aquéllos dedicados al dios de la justicia, Shamash. Sin embargo, el rey
era siempre el tribunal de apelaciones e intervenía cada vez que quería
hacerlo. Los babilonios estaban menos interesados en una teoría
abstracta de la justicia que en encontrar soluciones aceptables que
no trastornaran a la sociedad. Esto lo podemos ver claramente en el
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Código de Hammurabi: “para que yo mostrase la equidad al país, para
que yo destruyese al malvado y al inicuo, para que el prepotente no
oprimiese al débil, para que yo, como el divino Shamash, apareciera
sobre los «Cabezas Negras» e iluminara la tierra, para que promoviese
el bienestar de la gente, me impusieron el nombre.
Al igual que los reyes de Mesopotamia, el discurso de los
profetas del Antiguo Testamento tiene como tema central la justicia,
ya que se presenta como punto de partida para una crítica de la
realidad social existente y como punto de término de la sociedad por
vivir; no defienden la justicia en abstracto, sino que la concretizan en
su opción por la defensa del pobre, del oprimido, del indigente, que
es el que padece la justicia.
Gilgamesh, de tirano a héroe
Felix Morales Luna describe que la imagen de un superhéroe que
opta decididamente en luchar por la justicia está tan asumida que
siguiendo sus historias pasamos por alto el hecho que no hay nada
que impida al superhéroe emplear sus poderes para fines egoístas o
incluso malignos. Jeff Brenzel (2010), sin embargo, menciona que,
si un personaje dotado de poderes fuera de lo normal no hiciera
el bien y luchase contra el mal de algún modo reconocible por el
lector medio, es de suponer que no aparecería como protagonista
de una historia de superhéroes y encarnaría el papel de personaje
supermalvado.
En la primera tablilla nos hablan del gran rey de Uruk-el
Redil, sin embargo, los dioses intervienen al ver el comportamiento
déspota de este con los jóvenes, en especial con una joven prometida
a la que Gilgamesh piensa someter al ius primae noctis:
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�Abdeel Darío Duarte Hernández / Gilgamesh, súper héroe cultural

075 [–«Sumamente poderoso, ilustre, experto […]
076 No deja libre [Gilgamesh] a jovencita alguna [a su novio.»]
077 De la hija del guerrero, de la prometida del joven]
078 sus lamentos [estaban escuchando] las diosas.
079 Los dioses de los cielos, poseedores del mando,
080 (ellos acudieron/ dirigieron su palabra al dios Anu:)
081 –«Tú has hecho que haya un búfalo impetuoso en Uruk-el
Redil.
082 Él no tiene rival y en [hiestas] están sus armas,
083 En el juego de la bola son alzados sus compañeros.
084 Aterró [a los jóvenes de Uruk] sin razón.
085 No deja libre Gilgamesh hijo alguno a su padre.
086 Día y noche se muestra arrogante y violento.
087 ¡Él es el pastor de Uruk-el Redil! (2020: 112)

Max Weber define el poder como “la probabilidad que tiene un
hombre o una agrupación de hombres, de imponer su propia voluntad
en una acción comunitaria, inclusive contra la oposición de los demás
miembros” (2002: 682). Gilgamesh al no tener un rival puede dominar
la ciudad a placer, es hasta que encuentra un igual con Enkidu.
094 (Los dioses convocaron a Aruru la Grande (diciéndole:)
095 –«Tú, Aruru, creaste [al hombre.]
096 Crea ahora una réplica suya,
097 para que pueda enfrentarse al ímpetu arrollador de su corazón,
098 y continuamente contiendan entre sí y Uruk descanse».

Al enterarse del comportamiento tiránico del rey con su
pueblo, Enkidu se llena de furia y decide confrontar a Gilgamesh
en tan equilibrada batalla, lo que los lleva a entablar una fraternal
amistad. Enkidu sirve como el asistente de Gilgamesh, así como
Patroclo a Aquiles, Yolao e Hilas a Heracles, y Robin para Batman.
Enkidu representa el dominio del hombre sobre la naturaleza
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a través de la civilización, los rasgos de comer pan y beber cerveza
lo convierten en hombre, en un ciudadano sujeto de derecho como
varón gracias a la vida sexual activa:
090 No sabía Enkidu/ 091 comer el pan
092 ni a beber cerveza/ tampoco había sido enseñado.
094 La prostituta abrió su boca y/ 095 así habló a Enkidu:
096 –«Come el pan, Enkidu/ 097 bien imprescindible para vivir,
098 bebe la cerveza, destino del país. (2020: 136)

Más adelante, vemos cómo concluye su transformación:
106 Acicaló el barbero/ 107 su velludo cuerpo
108 se ungió el aceite y/ se convirtió en un hombre.
110 Se puso él un vestido,/ 111 era todo un guerrero. (136)

Gilgamesh le comenta a Enkidu la idea de buscar la gloria al
enfrentarse a Humbaba, un monstruo gigante y guardián del Bosque
de los Cedros. Sin embargo, enfrentar a Humbaba es ponerse en
contra de los designios de los dioses, tal como se lo comenta Enkidu:
217 –«¿Cómo vamos [a ir, amigo mío, al Bosque del Cedro]
218a Con el fin de proteger los cedros
219a como terror de la gente lo destinó Enlil.
218b Esta misión n[o debe ser emprendida,] (146-147)

Gilgamesh, sin embargo, convencido de la petición que
su madre Ninsun le rezó a Samash, el dios de la justicia, y ante el
consejo de los ancianos de no continuar su aventura, el rey de Urukel Redil se mantiene firme en su empeño de pelear con el monstruo
para erradicar todo mal:
202 Hasta los días en que, tras partir, regresemos,
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�Abdeel Darío Duarte Hernández / Gilgamesh, súper héroe cultural

203 hasta que lleguemos al bosque del Cedro,
204 hasta que al feroz Humbaba demos muerte
205 y todo el mal que Shamash detesta, hayamos erradicado del
país. (168)

Antes de partir al Bosque de los Cedros, Gilgamesh se dirige
a los jóvenes para pedirles su bendición durante el camino y poder
contemplar sus rostros de nuevo, franquear las puertas de Uruk-el
Redil y celebrar las fiestas de Akitu dos veces al año. Todo indica
que enfrentar a Humbaba significa atentar contra la naturaleza, sin
embargo, la revelación del segundo sueño premonitorio de Gilgamesh
y su interpretación por parte de Enkidu parece significar lo contrario.
020’ Enkidu se dirige a él.
021’ así dice a Gilgamesh: [–«Iremos hacia él, él no es la
montaña]
022’ Él es un ser muy extraño: Huwawa, [iremos hacia él,]
023’ Él no es la montaña. Es un ser muy extraño.

El diluvio y la injusticia arcana de los dioses
Tras la muerte de Humbaba y el toro celeste, Enkidu le comenta a
Gilgamesh el fatídico sueño que tuvo, donde los dioses se pusieron a
deliberar sobre las acciones de los dos héroes, condenando a uno de
ellos a morir, solicitando que fuera Enkidu en vez de Gilgamesh quien
pereciera. Shamash, el dios solar, le reclama a Enlil por la inocencia
de Enkidu al ser una orden de este dios de la justicia la muerte de los
monstruos. Después de un segundo sueño Enkidu fallece.
Ante la muerte de su amigo, Gilgamesh cuestiona su mortal
destino y decide ir a buscar la inmortalidad, con lo que emprende un
viaje al lugar donde mora Utanapishti, quien ha sido el único que ha
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

logrado la inmortalidad entre los humanos. Nuestro héroe atraviesa
la senda del Sol para llegar al bosque encantado donde reside el
barquero Shiduri, quien lo conduce por las aguas de la muerte que
lo llevan con el héroe del diluvio, quien le cuenta cómo los dioses
orquestaron la masacre. El Noé babilonio logró escuchar el plan de
los dioses por designio de Ea, para construir una barca y salvarse de
la tragedia. Una vez iniciado el diluvio, los dioses contemplaron el
horror como si de una batalla se tratase:
114 ¡Hasta los dioses sintieron pavor del diluvio!
115 Se retiraron, subieron al cielo del dios Anu.
116 Los dioses se acurrucaron como perros y se echaron
en la parte exterior de las murallas. (321)

Impacta más la reacción de la diosa madre quien muestra
una actitud de arrepentimiento:
117 Gritaba Ishtar como una parturienta,
118 gimió Belet-ili, la de la dulce voz, diciendo:
119–«En verdad aquel día se trocó en barro,
120 porque yo en la asamblea de los dioses aprobé el mal.
121 ¿Cómo pude yo aprobar en la asamblea de los dioses el mal
122 (y) declarar la guerra para aniquilar a mis gentes?
123 ¡Yo misma los parí! Son gente mía y
124 ahora como peces llenan el mar». (322)

Vemos en este pasaje la angustia de los dioses al ver el
holocausto al que condenaron a la raza humana. Utanapishti, siendo
el único sobreviviente junto con su esposa, recibió el regalo de la
vida eterna por parte de los dioses. Gilgamesh, al saber que no podía
recibir ese don, regresa a Uruk-el Redil devastado; sin embargo,
regresa como un héroe y recordado eternamente por su hazaña de
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�Abdeel Darío Duarte Hernández / Gilgamesh, súper héroe cultural

contemplar el Abismo, enfrentar a las dos terribles bestias y por
revelar las noticias antes del Diluvio.
Jesús de la Torre nos habla sobre la relación de la búsqueda
de la justicia con el derecho al describirnos la matanza de Acteal
ocurrida en Chiapas el 22 de diciembre de 1994, que constituye la
negación más clara de todo derecho:
Estos acontecimientos, como tantos otros que desgraciadamente
son frecuentes en nuestro mundo de hoy –como la muerte
por hambre de tantos seres humanos, por citar sólo uno–,
estos acontecimientos, decimos, nos muestran la injusticia en
su desnudez, y, por lo tanto, nos llevan a pensar en lo jurídico,
nos invitan a reflexionar en eso que se llama Derecho[sic]. Esto
porque una corriente iusfilosófica sigue relacionando la justicia
con el Derecho[sic], y la ausencia de Derecho[sic] con la injusticia,
se trata del iusnaturalismo. (1999: 148)

Tanto el Diluvio como la masacre de Acteal muestran un
mundo lleno de injusticias, ya sea perpetrado por los dioses o por
las élites del poder, que a través del iusnaturalismo a la presencia del
derecho como justicia.
Elementos de Gilgamesh en los cómics de superhéroes
En el poema de Gilgamesh vemos que los principales antagonistas
son creaturas fantásticas, como el guardián del bosque Humbaba y
el toro celeste; son los monstruos los primeros supervillanos que
se enfrentan a los héroes. Lo mismo podemos encontrar en la era
Marvel de los cómics de 1961 a 1978, donde surgen figuras como
los Cuatro Fantásticos tal y como se describe en su primera portada
del primero de noviembre:
Lo primero que ves es el enorme monstruo.

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Una especie de Gargantúa con una piel llena de púas y correosa
como una coraza, unos ojos vacíos de extraño brillo blanco y una
boca que parece la tobera de una aspiradora de tamaño colosal.
Además… ¡es verde! ¿Y he mencionado ya que surge dando
terribles zarpazos del subsuelo de la calzada de una gran ciudad?
Solo después te fijas en las otras personas que aparecen en la
portada del cómic. Pero no en el policía, ni tampoco en los civiles
que se encogen aterrorizados en la acera.
Sino en los otros cuatro tipos. (2020: 5)

Ivan Gaskbell (en Burke: 209) menciona que los historiadores
están mal adaptados para tratar el material visual, utilizando las imágenes
de manera meramente ilustrativa, y apenas se tiene en cuenta cuando se
analizan imágenes en un contexto más amplio. Sin embargo, Roland
Barthes (2016: 7) dice que los relatos existentes son innumerables con
una variedad prodigiosa de géneros, con lo que el relato puede ser
soportado por el lenguaje articulado, oral y escrito, por la imagen fija
o móvil; está presente en el mito, la leyenda, la historia, el cine, las tiras
cómicas, entre otras. Vemos cómo los elementos narrativos del poema
de Gilgamesh los podemos encontrar miles de años después en nuevos
géneros y formatos como los son los cómics de superhéroes.
A manera de conclusión
Podemos encontrar en Gilgamesh un primer precedente histórico para
el análisis de superhéroes y las nociones de justicia, dándonos el elemento
de poder con el que dominaba a su pueblo y cómo pasó de cruel tirano
a héroe cultural de Mesopotamia, todo esto antes de Heracles en la
mitología helénica, de la Pimpinela Escarlata de Emma Orczy y de los
superhéroes que continuaron después del Action Comics #1.
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�Abdeel Darío Duarte Hernández / Gilgamesh, súper héroe cultural

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THOMAS, Roy, La Era Marvel de los Cómics 1961-1978, Italia,
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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-10

257

�Notas
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

El mundo alucinante de Ezra Pound. Un artículo de
aventuras
Roberto Kaput González Santos
Universidad Autónoma de Nuevo León
Fecha entrega: 21-11-2021 / Fecha aceptación: 11-2-2022
I make truce with you, Walt
Whitman—
I have detested you long enough.
Ezra Pound

La risa de Ford Madox Ford
Ford Madox Ford no sólo escribió la historia más triste jamás
contada, la risotada que produjo en él la lectura de Canzoni (1911)
le ahorró a su autor, Ezra Pound (1885-1972), años de búsqueda
poética. El problema no eran las ideas, maduras desde 1909, era
el lenguaje hinchado del romanticismo académico que tornó
ilegibles muchas de las antologías de poesía norteamericana
finiseculares. El mago de Idaho, territorio estadounidense de
1863 a 1890, abandonó la Unión en 1908, destino Gibraltar, pero
no sus artificios. La carcajada de Ford lo arrancó del más allá
de Yeats, arrojándolo al más acá de los poetas modernos: el uso
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�Roberto Kaput González Santos / El mundo alucinante de Ezra Pound

de una lengua viva, el lenguaje de los expatriados. Para lograrlo,
echó mano de la crítica.
Las descalificaciones en torno a la crítica de Pound arrancan
en los 30, en pleno fascismo. En 1936 el poeta norteamericano Allen
Tate declaraba: “Probablemente llegará a ser uno de los dos o tres
autores estadounidenses recordados como poetas de primer orden.
Sin embargo, más allá de su oficio, no hay razón para creer que el
Sr. Pound sepa lo que está haciendo o diciendo” (Russell, 1950: 72).
En 1943, el crítico inglés F. R. Leavis dedica unas palabras a How to
read (1931): “Es difícil creer que el Sr. Pound sea igual de ingenuo
que su panfleto” (1943: 114). En 1955 William Carlos Williams, el
más íntimo de sus colegas, abogó por él en los siguientes términos.
“No debemos reconocer su genio en el ámbito de las cosas generales,
donde se pavonea y revela como un tonto, sino en su lenguaje” (1955:
3). Tonto, ingenuo o ignorante, el engreído Pound creía que la crítica
mejoraba la poesía, llegándola a clasificar en cinco tipos: 1) discusiones,
lo mismo en reseñas que en la formulación de principios generales; 2)
traducciones, llamadas a mediar entre culturas; 3) imitaciones, donde
la prueba final del poeta dependía de su capacidad para reconocer y
recrear estilos esenciales, medio para renovar el pasado y nombrar el
presente; 4) melopoeia, dirección musical del significado de las palabras;
5) nuevas composiciones, su forma más alta. Esos cinco tipos, dentro
o fuera, están presentes en la edición de Personae de 1909. Lo que no
aparece hasta 1912 es el lenguaje.
Fantasmas del Érebo
Los dioses siguen con nosotros, o eso creía Pound. Por supuesto, sus
dioses eran literarios. Pero si no nos apuramos a sacar conclusiones,
notaremos en seguida que su idea de literatura es mucho más rica que la
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

de sus contemporáneos. Bastaría hojear la versión de The cantos (19171970) para probarlo. Pero detengámonos en la evolución de personae:
en la recopilación de 1926, el término se revela como algo más que una
mera máscara, transformándose en sensibilidad verbal, traducciones
contemporáneas de antiguos fantasmas. Ese ethos trasciende o cuando
menos curva las ansiedades modernas de la poesía en el siglo XX.
Aquí la tradición es el inframundo del poeta popular posodisiaco.
Superposiciones presentes en el Canto I: fábula homérica,
traducción latina, rasgos estilísticos anglosajones.
Dos &amp; don’ts en el tratamiento de la cosa
según un imagista transitorio
Réplicas, estocadas, no refutaciones, así traduciría el libro que
marca un antes y un después en su obra, Ripostes (1912): respuestas
ingeniosas, a bote pronto, emitidas tras los efectos curativos de
la crítica en la propia escritura. Y con ello hundiría en el olvido
la traducción entera. Pero lograría acercarme –¿acaso menos
torpemente si me decidiera por ripostas?– a la sintaxis conversacional,
la cadencia desatada, la economía verbal de sus mejores poemas. O
no. Lo importante en todo caso son los hallazgos de las tres reglas
originales del imagismo: tratamiento directo de la cosa, objetiva o
subjetiva; economía en el uso de palabras; crear frases musicales, no
secuencias de metrónomo. O crowd of foolish people!
Con la publicación de la antología Des imagistes en 1914
(Aldington, H.D., Flint, Cannell, Amy Lowell, William Carlos
Williams, Joyce, Pound, Ford, Upward, Cournos), Ezra abandona
el once de la poesía moderna en inglés, adentrándose en las
fantasmagorías orientalistas de Ernest Fenollosa.
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�Roberto Kaput González Santos / El mundo alucinante de Ezra Pound

Ideogramas
Fenollosa muere con siete u ocho títulos del imperio nipón pero sin
terminar The Chinese written character as a medium for poetry, manuscrito
con el que esperaba instalarse en Occidente. El americano parece
haber sido esa clase de académico. Pero el valor de su trabajo no fue
menor: durante sus diferentes estadías en Japón, reunió notas sobre
el teatro Noh y el arte chino con base en testimonios de maestros
locales. Pound escuchó la oferta de la viuda, Mary McNeill, autora
de romances ambientados en la guerra rusojaponesa: completar y
editar los papeles de su marido, ese tarambana delicioso, el cual murió
sin ocurrírsele que el arte del futuro era el cine. Ella ya negociaba
con Universal-Jewel los derechos de The breath of the gods (1905). La
curiosidad moderna del mercado estadounidense era insaciable.
Pound dijo sí, el viejo zorro. ¿Hay algo más americano
que las creaciones de frontera americana? Pound estaba a punto
de entrar en contacto con la cosa más nativista desde Whitman:
el ideograma de Fenollosa, un método para organizar imágenes en
patrones largos sin las pesadas transiciones de los poemas de gran
aliento. Iba a extraer de ahí la idea de montaje: la yuxtaposición
de episodios narrativos o dramáticos, imágenes tradicionales
opuestas, unificadas en la sensibilidad del letrado de frontera, en el
lenguaje del expatriado moderno, rigiendo ambas presencias sobre
los materiales chinos. El fascismo de Pound, el sedimento que le
reclaman a menudo sus compatriotas, es estadounidense. Eliot lo
nombró inventor de la poesía china de su tiempo. Pero como a Tom
nunca le sienta mal la manita de un editor, me detendré en el apunte:
Pound se declara vorticista en el 14, en el 15 publica Cathay.
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Il miglior fabbro
Tres ángulos de The cantos bastarían para llamar la atención sobre sus
patrones geométricos: odisea homérica, metamorfosis ovídica, ética
confuciana. No sé si la palabra sea ángulos. La crítica suele relacionar
el conjunto con los entramados del Tempio Malatestiano de Rimini,
Italia. Hablo en cualquier caso de las superposiciones de motivos
paganos, cristianos, humanistas en la catedral. O para traducirlo
a la jerga del día: hablo de tres reconstrucciones ideogramáticas,
sobrepuestas en una doble serie temporal, interpretadas desde el
presente como un todo, generando nuevos sentidos. Eso son los
cantares: el ideograma pagano, inspirado en una catedral inacabada,
soñada por un renacentista moderno. Obra concebida primero
como borrador, después como notas, finalmente como palimpsesto.
Era el regreso al origen de la poesía del siglo XX.
El artífice de esa “desintegración monstruosa, producto de
un espíritu que carece de verdades centrales” (1984: 189), según
Agustí Bartra, dedicó a la obra poco más de 50 años.
Usura
El 26 de febrero de 1987 The New York Times publicó la esquela del
traductor mexicano de Los cantares completos (1975): “El profesor
José Vázquez Amaral, crítico de literatura española y profesor de la
Universidad de Rutgers, murió el martes en el Hospital Overlook,
Summit, NJ. Tenía 73 años y una afección cardíaca. Vivía en
Warren. De 1947 a 1982 dirigió el departamento de Español y
Portugués en Rutgers. Nació en Los Reyes, Jalisco. Fue alumno
de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la cual se
licenció también en Derecho”. Lo sobrevivía la familia de siempre
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�Roberto Kaput González Santos / El mundo alucinante de Ezra Pound

y ese bellísimo tomo editado por Joaquín Mortiz, el cual ponía
punto final a una ardua traducción de 23 años: pasta dura, forro
de tela, camisa plastificada, estuche de cartón, viñeta del perfil de
Pound en el lomo, autoría de Gaudier-Brzeska, el mesías salvaje.
Ya no hay editores como esos.
Por algún tiempo ese volumen fue la caja de seguridad
de mi padre, le parecía el escondite perfecto. Ese fue mi primer
contacto comercial con la obra de Ezra: sacar un billete de viejos
pesos, regresar la moneda de los cigarros. Así conocí el canto
XLV. Después leí sobre su bel espirit en el libro de memorias de
Hemingway; conocí los pormenores de la dedicatoria de Eliot,
la correspondencia de Pound con Williams; hace no mucho
pude escuchar una de sus transmisiones en Radio Roma. La
imagen del poeta en el Centro de Entrenamiento Disciplinario
del ejército norteamericano en Pisa, encerrado en la jaula de los
incorregibles, es la traducción al inglés americano de la Apología
de Sócrates. Las secuelas de esa superproducción siempre se leerán
como transiciones menores de un poema largo: colapso mental,
arresto hospitalario en el psiquiátrico de Washington, escándalo
alrededor de la entrega del premio Bollingen. Pero el vórtice de
aquel mundo alucinado está en The Pisan cantos: el buey blanco en
la ruta de la ciudad italiana, como enfrentando la torre inclinada,
entrevisto desde un campo de maniobras nublado, bajo la lluvia de
los puestos de guardia del canto LXXIV.
Esas primeras líneas de la poesía de la segunda posguerra
aparecieron en 1948, Adorno escribe Cultural criticism and society en
1949. En 1951 el quiebre parecía definitivo, pero no fue así. Más
allá de su influencia en Eliot, Lowell, Williams, el mismo Yeats,
expatriaciones como la de los Bowles, experimentos como los de
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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Burroughs, salmos como los de Cardenal deben mucho a la estela
de su obra. En 2014, el dibujante y ensayista francés Frédéric Pajak
entregó el tercer volumen de su serie de ensayos gráficos Manifiesto
incierto, titulada La muerte de Walter Benjamin y la jaula de Ezra
Pound. Ensayo gráfico. Yuxtaposición crítica. La literatura del XXI
parece estar llegando a ciertas conclusiones. Let there be commerce
between us.

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

265

�Roberto Kaput González Santos / El mundo alucinante de Ezra Pound

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266

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Vázquez Amaral, J. (1975). Cantares completos de Ezra Pound. México:
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267

�Notas
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Aura: un emblemático fantasma de la
tradición literaria
Carlos Rutilo
Universidad Autónoma de Nuevo León
Fecha entrega: 23-1-2022 / Fecha aceptación: 11-2-2022

Me detengo delante de la pared en blanco, me tomo la famosa
píldora de Luis Buñuel, pero en lugar de ver la película de mi vida o
la de mi primer encuentro con Aura (Ediciones Era, 1962), termino
por imaginar a un joven Carlos Fuentes (1928-2012) dialogando con
Julio Cortázar (1914-1984) en alguna calle de París y a principios de
la década de los años sesenta, tal vez Alfonso Reyes reaparezca como
otro fantasma en medio de la conversación, y el escritor argentino
le hablará con entusiasmo sobre la cinta japonesa que acaba de
ver: Ugetsu Monogatari (1954) del director Kenji Mizoguchi (18981956), y que está ligeramente basada en algunos cuentos del mismo
título, pero del escritor japonés Ueda Akinari (1734-1809) y a la vez
dichas narraciones estarían inspiradas en varios cuentos populares
de la China medieval. ¿Qué habrá visto Cortázar en Fuentes para
recomendarle con entusiasmo la película? o ¿Se habrá acordado del
fantasma del cuento “Tlactocatzine del jardín de flandes” que aparece
en Los días enmascarados (1954)?
269

�Carlos Rutilo / Aura: un emblemático fantasma

En la película hay dos historias de las cuales solamente me
interesa resumir una, la principal: en medio de las guerras de su
tiempo un comerciante japonés en uno de sus viajes se encuentra
seducido bajo los encantos de una enigmática mujer que siempre
estará acompañada de una anciana. Ambas lo invitan a pasar la
noche en su templo y bajo los encantos del deseo nuestro personaje
principal pierde la noción del tiempo y no sospecha de las ruinas
en las que vive ni de los espíritus que lo cautivan y “aprisionan”,
como si quedara atrapado en los espejos de un sueño. Dicho espejo
poético es probable que también sea el mismo que nos termina
seduciendo en Aura. La novela de Fuentes está contada en segunda
persona e inicia dirigiéndose a un personaje, a Felipe Montero, que
podríamos ser todos nosotros, sus lectores: “Lees ese anuncio: una
oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el
aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más…”
La narración de Fuentes nos lleva a una antigua casona de la
Calle Doncelles 815, donde viven exiliadas del espacio y del tiempo
la anciana Consuelo junto con su joven sobrina Aura, cuyos ojos
“fluyen, se transforman, como si te ofrecieran un paisaje que sólo
tú puedes adivinar y desear…”, quienes atraen con el anuncio del
periódico a Felipe Montero, historiador joven, con la idea de ordenar
las memorias del General Llorente, otro fantasma de la ocupación
francesa.
La estructura parece ser la misma que siguen “La dama de
picas” (1834) de Alexander Pushkin (1799-1837) o la de Los papeles
de Aspern (1888) de Henry James (1843-1916), donde encontramos
a dos mujeres (una anciana y la otra joven) resguardando algo
importante y a la vez seducidas por un hombre joven que busca
obtener dicho objeto de deseo; pero desde “La cena” (1912) de
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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Alfonso Reyes (1898-1959) y pasando por “La noche de Margaret
Rose” (1943) de Francisco Tario (1911-1977) hasta Aura esta
estructura da un giro de tuerca agregando el elemento de lo fantástico
dentro de la narración misma; pues Aura parecer ser algo más que
una simple muñeca de Consuelo, es un avatar que solo responde a
los movimientos de la anciana y Consuelo es la viva imagen de la
bruja oriental que parece evocar desde el más allá a su juventud, le
da forma y la mueve como a un vampiro para atraer a sus víctimas
y conseguir así su propio objeto de deseo: “Sí, sí, sí, he podido: la
he encarnado; puedo convocarla, puedo darle vida con mi vida…”
El tiempo parece detenerse y solamente existe en los
momentos de encarnar los deseos de nuestro protagonista y a la
vez nos lleva a ese otro abismo con que se caracteriza el misterio y
el silencio, la vida y la muerte, en ese otro espejo manchado entre
la soledad y el deseo de encarnar a los fantasmas del pasado: “Aura
encerrada como un espejo, como un ícono más de ese muro religioso,
cuajado de milagros, corazones preservados, demonios y santos
imaginados”. Aura es un canto a la vida de la muerte, su estructura
prácticamente con tonalidades poéticas no es para nada gratuita y
prueba de ello es el tiempo con el que se ha mantenido vigente hasta
la fecha, cumpliendo 60 años desde su primera aparición junto con
La muerte de Artemio Cruz, que es un canto desesperado de la muerte
de la vida.

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

271

�Reseñas
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Diego Alejandro Zuluaga Quintero y
Luis Fernando Quiroz Jiménez (eds.):
Ensayos de historia intelectual. Incursiones metodológicas,
Medellín: FOCO, 2021, 161 páginas.
Fecha entrega: 28-5-2021 / Fecha aceptación: 11-2-2022

El Fondo Editorial de la Facultad de Comunicaciones y Filología
de la Universidad de Antioquia (FOCO) acaba de publicar este
libro, ganador de la convocatoria 2019-2020 en la categoría de
investigación colectiva como producto académico del Grupo
de Estudios de Literatura y Cultura Intelectual Latinoamericana
(GELCIL). Algunos de sus integrantes fueron invitados a responder
entre otras cuestiones: “¿cómo se definió la investigación en la
historia intelectual?, ¿cómo se delimitó la búsqueda de las fuentes?,
¿cómo se analizó la información?”. Las respuestas muestran las
particularidades de sus investigaciones y la formación de cada
integrante con diferente grado de participación en el grupo.
Dos mujeres y cinco hombres están a cargo de los siete
capítulos. Es notoria la claridad del contenido que introduce al lector
en cuestiones como: ¿qué es la historia intelectual?, ¿cómo producir
un trabajo académico en este campo de estudio?, ¿cuáles son las
metodologías? En esta dirección, los editores, bajo el título “Hacia la
construcción del objeto de estudio”, hacen una breve introducción
275

�Esnedy Zuluaga / Sobre Ensayos de historia intelectual

señalando que el propósito del libro son las formas que tiene la
historia intelectual de abordar el objeto de estudio: pensado como
el resultado de la presencia e interacción del creador con otros
creadores, lectores e instituciones.
Juliana Vasco Acosta utiliza los conceptos de sociabilidad
y prosopografía para adentrarse en la conformación de la
literatura como institución en la Colombia de finales del XIX. La
sociabilidad, formas en las que se asocian e interactúan los grupos
sociales, es empleada como herramienta de la historia intelectual
y la prosopografía, entendida desde la historia como el estudio de
un conjunto de biografías de los integrantes de un grupo que da
lugar a una biografía colectiva, como metodología para agrupar y
estudiar las asociaciones y las formas de sociabilidad. El problema
particular que trata es el de la profesionalización de los escritores
mediante el estudio de publicaciones seriadas (se abordan como
sociabilidades) entre la segunda mitad del XIX y principios del
XX, que visibilizan tanto prácticas literarias particulares como a
un grupo de escritores.
En un marco sociológico están también las propuestas
de Zuluaga Quintero y Sandra Jaramillo Restrepo, incluso en la
introducción estos tres trabajos se agrupan en un enfoque de
“carácter social de la producción intelectual”. Zuluaga Quintero
emplea los conceptos de rituales de interacción intelectual y campo
intelectual para el estudio de la correspondencia de Rafael Gutiérrez
Girardot con Alfonso Reyes, Ángel Rama, Eduardo Mallea y R.
H. Moreno-Durán. Eventos académicos, publicaciones, relaciones
amistosas y enemistades que legitiman autores, lectores, críticos,
editores, directores de revistas y toda figura de la cultura tenga
visibilidad y alcance entre remitente y destinatario, determinados
276

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

por jerarquías y protocolos mediados por una carta que va de unas
manos a otras con emociones y marcas de elementos rituales que
sellan la relación. La carta se convierte de esta manera en un producto
material cargado de un contenido sentimental que se conserva
como memoria de ese vínculo afectivo. Sin duda el estudio de esta
correspondencia, desde la historia intelectual, revela la dinámica de
la vida cultural de la época antes del correo electrónico. El autor
tiene acceso al objeto de estudio, producto de un esfuerzo colectivo
que describe en detalle como integrante del equipo de trabajo del
archivo epistolar en construcción de Gutiérrez Girardot.
Por su parte Jaramillo Restrepo utiliza los conceptos de
afinidades electivas y sociabilidad para estudiar la vida intelectual de
Medellín en las décadas del sesenta y setenta, a partir de los casos de
los antioqueños Mario Arrubla y Estanislao Zuleta. Dos intelectuales
autodidactas provenientes de familias con estatus socioeconómicos
disímiles, que tienen como primer lugar de encuentro el Liceo de la
Universidad de Antioquia, los centros literarios y las revistas en las
que participan. Años después se reencuentran en Bogotá y fundan la
revista Estrategia. Sus afinidades electivas determinadas por su apoyo
al pensamiento de izquierda les permiten emprender un proyecto
simpatizante con las ideas socialistas y marxistas. Las revistas como
fuente de sociabilidades políticas e intelectuales son documentos
que le permiten configurar a Jaramillo Restrepo los itinerarios no
solo de Arrubla y Zuleta, sino perfilar modelos intelectuales que
dan cuenta de la vida política. Además, La infancia legendaria de Ramiro
Cruz (1967), novela autobiográfica de Arrubla, le posibilita también
adentrarse en la dinámica urbana de la Medellín de la época que
alimentan testimonios, documentos personales, cartas, diarios y
demás material de archivo.
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277

�Esnedy Zuluaga / Sobre Ensayos de historia intelectual

La segunda parte del libro está más ligada a la historia.
Con la pregunta ¿Qué es una biografía intelectual?, Gómez García
introduce la figura del crítico colombiano Gutiérrez Girardot, que
trabaja desde hace décadas. El autor apunta a la moda de la biografía
ligada al tratamiento de la persona (objeto de estudio) como héroe o
genio, a la que ya no es posible pensar en esos términos por acción
de la ruptura definitiva entre vida, obra y nación. De modo que
la metodología biográfica está dada por “un horizonte enrarecido
en el plano de la filosofía de la historia”, alejada de esa utopía. La
biografía en el marco de la historia intelectual conjuga los postulados
intelectuales (contenido de pensamiento) con la praxis (dinámicas
sociales, políticas y culturales) porque los contenidos no pueden ser
entendidos en su totalidad por sí mismos sino solo en relación con
los soportes en los que se originan. Desde la metodología, la biografía
intelectual “es un ejercicio que busca enlazar pensamiento y vida,
forma de pensar y praxis de producción”. A esta discusión teórica
se enfrenta el autor antes de describir el proceso de consolidación
del extenso archivo de Gutiérrez Girardot, la fuente de su proyecto
de investigación histórica en el marco de la historia intelectual y bajo
la consideración de la biografía intelectual como ciencia empírica.
En esta misma línea, Gildardo Castaño Duque se enfrenta a
la ausencia de un archivo familiar, personal o municipal, que lo obliga
a reflexionar sobre la diversificación de las fuentes que incluyan
“cualquier indicio del pensar”, como las orales, los objetos, entre
otras. De ahí la importancia de que el biógrafo construya su archivo
de acuerdo a sus propias necesidades y posibilidades, porque en un
laberinto documental sin hipótesis de investigación claras lo más
seguro es que el biógrafo se pierda. El objeto de estudio de Castaño
Duque es Baldomero Sanín Cano, intelectual de la provincia de
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�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Rionegro, específicamente sus años de formación, que comprenden
el periodo poco conocido de su niñez y primera juventud. Su apuesta
es pensar la biografía intelectual como estrategia metodológica de
investigación, que no está desligada de la invención de un origen ni
de un archivo diverso para sustentar esa creación del biógrafo.
Aunque en la mayoría de capítulos los autores emplean
en alguna medida la autobiografía, de tipo intelectual porque la
narración de la experiencia personal está direccionada al proceso
de investigación, para Rafael Rubiano Muñoz es la herramienta de
su abordaje. “Autobiografía de un viaje intelectual con Baldomero
Sanín Cano” es la descripción honesta de su formación intelectual,
primero como lector de biografías desde su faceta de estudiante de
sociología hasta sus tropiezos en el doctorado, que lo encaminaron
a la historia intelectual. En ese replantearse como investigador se
encuentra con Sanín Cano, de la misma manera que se enfrenta a
la “pérdida de su biblioteca, epistolario y archivo personal”. Como
parte de sus publicaciones las hizo en periódicos y revistas, una de
sus tareas consistió en reunir ese material, epístolas, documentos
diplomáticos, conferencias y todo cuanto pudo recabar creando
su archivo. En 2019 Rubiano Muñoz presenta su tesis doctoral
enfatizando en las ideas de izquierda en el ámbito social y político
de este intelectual liberal. Lo interesante de este recuento de su
vida académica es la confesión de que entra al doctorado en 2010
con un proyecto diferente al que se gradúa. El autor enfatiza en
los tropiezos a los que puede enfrentarse cualquier estudiante,
porque la investigación no escapa a la complejidad de lo que somos,
a nuestra formación, fortalezas y limitaciones, problemáticas
personales, sociales y académicas que están de telón de fondo de
toda investigación.
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

279

�Esnedy Zuluaga / Sobre Ensayos de historia intelectual

El último capítulo, a cargo de Andrés Alejandro Londoño
Tamayo, estudia desde la historia intelectual un expediente criminal
contra el impresor liberal Manuel Antonio Balcázar por delito de
imprenta en la Medellín de 1846. El expediente criminal es una
fuente poco estudiada en las ciencias sociales, pero la apertura
disciplinaria a la que se abre la historia intelectual le permite al
autor explorar en la construcción de perfiles (de las ideas de un
intelectual) e indaga en la actividad y práctica judicial de la época.
El carácter ideológico de los operadores de la justicia, la descripción
del hecho delictivo, las estrategias de defensa, la opinión pública, la
libertad de prensa, la incriminación son algunos de los elementos
que evidencian la cultura judicial que dan cuenta de la tensión entre
el mundo editorial, la política y la religión.
No es gratuito que el capítulo de Londoño Tamayo cierre
el libro. Dentro de los planteamientos de este proyecto colectivo es
el aporte diferenciado en tanto es el único que emplea un archivo
judicial como fuente para la historia intelectual. De igual manera
el volumen en conjunto es de una singularidad única en el ámbito
nacional, si bien existen importantes trabajos en este campo de
estudios en construcción es el primero en términos colectivos que
reflexiona en las metodologías. Es un material invaluable para que
un estudiante lea ejemplos tangibles que le sirvan como modelo e
inspiración de sus trabajos. Sin embargo, es importante mencionar
por lo menos los libros de Gilberto Loaiza Cano (Manuel Ancízar
y su época (1811-1882) (2004) y El poder letrado en Colombia (2014),
Renán Silva (Los ilustrados de la Nueva Granada, 1760-1908 (2002)),
Ricardo Arias Trujillo (Los Leopardos una historia intelectual de los
años 1920 (2013)) y Juan Guillermo Gómez (Cultura intelectual de
resistencia (2005)).
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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Enhorabuena aparece una propuesta que reflexiona en
las metodologías de la historia intelectual en consonancia con
una dinámica grupal. Una de las pruebas es la manera orgánica
como referencian las investigaciones de los otros en sus propios
capítulos. Comparten el interés por consultar archivos de todo tipo,
que les permiten acceder a cartas, diarios, periódicos, entrevistas,
manuscritos, actas de nacimiento, partidas de bautismo, testimonios,
publicaciones y hasta expedientes criminales como fuentes para el
estudio intelectual. Pero la ausencia de un archivo físico tampoco
es impedimento para el investigador. Parte de la concepción de la
historia intelectual permite ampliar el espectro a fuentes de otra
naturaleza como las orales, el canto, la danza, los objetos y de un
sinnúmero de elementos que solo tienen sentido en la forma como
se trate la hipótesis de investigación. Finalmente, el investigador es
el que da sentido al material al que puede acceder, es él quien crea
el archivo en la medida que lo consulta, descubre, copia, conserva,
estudia y difunde en el marco de su trabajo.
Esnedy Zuluaga

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-13

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�Reseñas
Humanitas, vol. 1, núm. 2, 2022

Edwidge Danticat: crear peligrosamente
Edwidge Danticat: Crear en peligro: el trabajo
del artista migrante, traducción de Lucía Stecher
y Thomas Rothe, Santiago de Chile: Editorial
Banda Propia 2019, 199 páginas.
Edwidge Danticat: Claire de Luz Marina,
traducción de Lucía Stecher y Thomas Rothe,
Santiago de Chile: Editorial Banda Propia
2021, 254 páginas.
Fecha entrega: 31-01-2022 / Fecha aceptación: 11-2-2022

La madrugada del 07 julio del 2021, Jovenel Moïse, el presidente de
Haití, fue asesinado a tiros en su residencia privada. El magnicidio
conmovió al mundo entero y, por unas semanas, el país caribeño
estuvo en el ojo del huracán. Luego, el olvido se cerniría nuevamente
sobre aquella porción de isla de la cual tenemos noticias de tanto
en tanto, a propósito de sus desastres naturales, sus convulsiones
políticas, su compleja realidad social y económica o sus migraciones
(recuérdense las brutales imágenes de agentes fronterizos
persiguiendo a caballo a migrantes haitianos en la frontera del Río
283

�Leonardo Pérez Díaz / Edwidge Danticat: crear peligrosamente

Grande en EEUU, difundidas en septiembre de 2021 por los medios
de comunicación). ¿Pero estas mediáticas imágenes contribuyen al
conocimiento profundo del país que hace 218 años se transformó
en la primera nación independiente de América Latina, cuya
revolución fue tanto o más gloriosa -y radical- que la francesa? ¿Qué
expresiones culturales y artísticas ha producido esta tierra dolorosa
desde ese simbólico momento? ¿Qué genealogía de intelectuales,
escritores y escritoras se ha gestado en su suelo? Como miembros
de una comunidad de habla hispana, tendemos a centrar nuestra
atención en aquellas obras y creadores/as que comparten nuestra
lengua, excluyendo o dando un tratamiento más ocasional a otras
literaturas (no hegemónicas) que, sin embargo, tienen en común con
la nuestra bastante más de lo que creemos. La literatura haitiana es
un ejemplo de aquello.
En estas líneas acometo un doble propósito: dar cuenta de
dos obras de la escritora haitiano-estadounidense Edwidge Danticat
(Puerto Príncipe, 1969). Por un lado, el libro de ensayos Crear en
peligro: el trabajo del artista migrante (2019) y, por otro, la novela Claire
de Luz Marina (2021). Ambas han sido recientemente editadas en
Chile. No es menor señalar que el empeño editorial de Banda Propia
es pionero, dado que por vez primera estas dos obras son traducidas
para el público de habla hispana. No obstante, la trayectoria
literaria de Danticat tiene larga data: se inicia con la publicación
de la novela Palabras, Ojos, Memoria (1994) y continúa a lo largo de
casi tres décadas con una producción que incluye novelas, varias
colecciones de cuentos, relatos para jóvenes, poemas, artículos de
prensa, ensayos, inclusiones en antologías, importantes premios
(National Book Awards, National Critics Circle Award, Neustadt
International Prize, entre otros) y apariciones públicas en diversos
284

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

medios de comunicación. Nacida y educada en su primera infancia
en Haití, Danticat emigra hacia EE. UU. a los doce años y comienza
a escribir en lengua inglesa, aunque con un sustrato latente de creol
y francés, lo cual da cuenta de la multiculturalidad de su perspectiva.
Su trabajo está estrechamente vinculado a la realidad haitiana; los
problemas de la isla, su herencia histórica (americana, francesa,
africana), sus tradiciones (la oralidad aparece una y otra vez en sus
relatos), su naturaleza feraz y accidentada, la migración y la diáspora
en EE. UU., las relaciones marcadas por la violencia (a nivel político,
social, familiar) son tópicos recurrentes en su obra.
En Crear en peligro: el trabajo del artista migrante Danticat
reflexiona largamente sobre la creación artística en momentos de
crisis, violencia y diáspora: “Crear en peligro para gente que lee en
peligro. Siempre pensé que eso era lo que significaba ser escritor.
Escribir sabiendo que, sin importar cuán triviales parezcan tus
palabras, algún día, en algún lugar, alguien podría arriesgar su vida
para leerlas” (20). A través de los 12 ensayos que componen el libro,
la autora nos va presentando una verdadera galería de personajes
(haitianos en su mayoría, activistas, escritores/as, pintores,
fotógrafos) que han creado peligrosamente. El ensayo que inaugura
el libro —y le da título– trata acerca de lo que Danticat considera
su propio “mito de creación”: la ejecución de dos jóvenes haitianos
exiliados (Marcel Numa y Louis Drouin) que en 1964 dejaron su
vida en EE. UU. para convertirse en guerrilleros y luchar contra el
dictador François Duvalier. A partir de ese hecho, la autora reflexiona
sobre la vida y la muerte, la patria y el exilio, la migración y el destino
de Haití en aquellos años en los que “Papa Doc” Duvalier y su
cuerpo privado de seguridad, los tonton macoutes, sembraron el horror
en la sociedad haitiana. Desde luego en aquellos años la literatura
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

285

�Leonardo Pérez Díaz / Edwidge Danticat: crear peligrosamente

jugó un rol esencial como forma de resistencia y de humanización,
ante la barbarie imperante. A pesar de los arrestos, las ejecuciones
y la vigilancia, tanto los/las lectores/as como los/as autores/as
pudieron “encontrar el coraje”, la valentía de leer o escribir una obra
prohibida. Según Danticat, se trata de “crear rebelándose contra el
silencio”, aun cuando la lectura y la escritura se vuelvan actividades
peligrosas porque desafían un mandato.
Una de las líneas de reflexión desarrolladas en los ensayos
tiene que ver con la propia autora y su biografía como artista
migrante. Así, en “Camina derecho” narra su viaje a las montañas
a ver a su tía Tante Ilyana, una campesina que a su manera la honra
como escritora llamándola jounalis, periodista. En la misma ocasión,
Danticat reflexiona sobre su oficio escritural y le escribe una
carta a Sophie, la protagonista de su primera novela (fuertemente
cuestionada en Haití por ciertos sectores). Y en “Hijas de la
memoria”, la autora rememora sus primeras lecturas realizadas en
la Biblioteca de Brooklyn, EE. UU., buscando un contacto con sus
orígenes, su tierra natal: Jacques Roumain, Jan J. Dominique y Marie
Vieux-Chauvet se convierten así en sus parientes literarios y ella se
inserta en una genealogía de escritoras haitianas.
Otra de las líneas se relaciona con las biografías de artistas
migrantes que crearon en peligro, en las circunstancias más adversas.
En “Vuelo a casa”, Danticat vincula el ataque terrorista a las torres
gemelas con la vida y obra del escultor Michael Richards, nacido en
Kingston (Jamaica) y fallecido en ese atentado. La obra de Richards
representa a hombres alienados y que no son reconocidos, lo que
expresa sus propios sentimientos existenciales como hombre negro,
artista e inmigrante. Otros artistas que Danticat cita y homenajea en
similares términos son los pintores Héctor Hyppolite y Jean-Michel
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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Basquiat (“Fantasmas acogedores”) o el fotógrafo Daniel Morel
(“Acheiropoietos”), todos de procedencia haitiana.
En estos ensayos, tampoco está exenta la discusión sobre
Haití y sus vicisitudes. En “No soy periodista”, se problematiza el
exilio y la violencia política a través de la narración del asesinato
de Jean Dominique, un destacado periodista radial y comentarista
político de Haití, además de amigo de Danticat. Estos temas se
tratan también en “Alzo la voz”, ensayo que expone el desgarrador
testimonio de Alérte Betance, una mujer mutilada por un grupo
paramilitar que debe refugiarse en Brooklyn. En “Bicentenario”,
se reflexiona sobre la Revolución Haitiana y, a partir de ella, se
realiza un balance tras el aniversario de los 200 años de aquella
rebelión negra que fue pionera en el mundo entero y que marcó
el destino y la identidad de la joven nación. El libro finaliza con
el ensayo “Nuestra Guernica”, en donde la autora viaja a Haití,
luego del terremoto de 2010, para cooperar en la búsqueda de su
primo Maxo que ha sido sepultado por un derrumbe. Un texto
emotivo atravesado por la muerte (“la vida, como la muerte, solo
dura yon ti noman, un breve momento”), la vulnerabilidad de la isla
(“el país puede tener estabilidad en un momento y derrumbarse en
otro”), el replanteamiento de su misión como escritora (“ser una
caja de resonancia, que juntaba y luego reproducía las voces de la
devastación”) o la denuncia del racismo de Estados Unidos ante
una posible avalancha migratoria (“mar adentro hay barcos de la
Guardia Costera estadounidense, cuyo rol es interceptar a cualquier
haitiano que trate de tomar una lancha hacia Estados Unidos”).
Por su parte, Claire de Luz Marina es una novela que aborda
el drama de un padre, un humilde pescador que se ve obligado a
entregar a su hija –Claire— a Madame Gaëlle. Este hecho refleja
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

287

�Leonardo Pérez Díaz / Edwidge Danticat: crear peligrosamente

una práctica real, que está enraizada en ciertos sectores rurales de
Haití: las familias pobres entregan a sus hijos a familias de mejor
situación económica, con la esperanza de que tengan un mejor
futuro. Son los restavek, niños de entre 5 y 17 años que –al contrario
de la intención original de sus padres– ocupan habitualmente un rol
de servidumbre al llegar a una nueva familia: la mayoría no asiste a
la escuela, realizan tareas peligrosas y están expuestos a todo tipo de
abusos físicos, sicológicos y sexuales (Unicef).
La noche que Nozias, el padre de Claire, toma la difícil
decisión de entregar a la niña, esta huye por la playa en dirección
desconocida. Este hecho constituye el nudo central del relato. A
partir de esta circunstancia, la voz narrativa va asumiendo distintas
perspectivas, de acuerdo a cada uno de los personajes que nos
presenta: el pescador Nozias, atormentado por los recuerdos de su
esposa (muerta en el parto) y por la culpa de entregar a Claire;
Madame Gaëlle, comerciante acaudalada que ha sufrido la pérdida
de su esposo e hija; Bernard, un joven pobre que sin quererlo se
ve involucrado con las pandillas o quimeras de Cité Pendue; Max
Ardin jr., joven rico que, apoyado por su familia, sigue las lógicas
abusivas propias de la clase alta; Louise George, insigne locutora de
radio de una emisora local, en cuyo programa se escuchan historias
y se revelan verdades; Flore Voltaire, una joven que en su pasado de
restavek fue violada y se convirtió en madre y ahora debe proteger a
su hijo; y Claire, una niña de siete años, cuya madre muerta solo es
un recuerdo en los labios de otros y que, cada año que pasa, teme ser
entregada por su padre a otra familia.
Todos estos personajes entrecruzan sus destinos en Ville
Rose, un pueblo ficticio (como el Macondo de García Márquez, la
Comala de Juan Rulfo o la Santa Teresa de Bolaño) cuyo perímetro,
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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

visto desde las alturas, se asemeja a una rosa tropical. “En Villa Rose
vivían aproximadamente once mil personas, de las cuales un cinco por
ciento era rico o acomodado. El resto era pobre, algunos pobrísimos.
Muchos no tenían trabajo, otros eran campesinos o pescadores
(algunos eran ambas cosas) o temporeros en las plantaciones de caña”
(17). Trasunto, imagen vívida, metáfora de Haití creada por Danticat y
que aparece también en otros de sus relatos.
El eje central de la novela es la relación padre-hija en un
contexto de precariedad y violencia. Si bien Nozias ama a su hija
y busca su bienestar, son las circunstancias sociales, la miseria
imperante, las que lo llevan a tomar la dolorosa decisión de regalarla
a otra familia. Hay una crítica soterrada, una denuncia implícita hacia
la violencia institucional de un Estado que abandona a las familias
a su suerte y estas, en su desesperación, convierten a sus niños en
restavek con el objetivo (aparente) de darles una mejor vida.
A la vez que el tema central se desarrolla, van apareciendo en
la novela otros asuntos que dan cuenta de la realidad de Haití, pero que
tienen la virtud de traspasar el ámbito local para hacerse universales
(o a lo menos, muy atingentes a la realidad latinoamericana): la
maternidad y sus complejidades; la pérdida y el posterior trauma;
el problema de las pandillas de las barriadas pobres, sus causas y
los efectos que provocan en el tejido social; la imposibilidad de
obtener justicia en una sociedad corrupta; la extrema pobreza y la
desesperada lucha por la sobrevivencia en el gueto; las elites y sus
lógicas abusivas; la sumisión de los pobres ante los poderosos; la
migración a Estados Unidos y la vida en la diáspora. Pero también
la exuberante y magnífica naturaleza, la fuerza y belleza del mar, las
tradiciones orales de los pescadores, la solidaridad de los humildes,
la importancia de la radio como medio de comunicación en Haití.
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

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�Leonardo Pérez Díaz / Edwidge Danticat: crear peligrosamente

Claire de Luz Marina es una novela con oficio: elaborada con
una sabia arquitectura, la voz narrativa va tejiendo (en el sentido
etimológico de la palabra texto: textum, tejido) las existencias
de los habitantes de Villa Rose, anudando de manera magistral
los diferentes destinos de los personajes del relato. La capacidad
de la narradora de abordar una misma situación desde distintas
perspectivas genera un efecto muy sugestivo: la realidad tiene
distintas capas y la narración penetra en cada una de ellas, en un
movimiento concéntrico que posibilita comprender las situaciones
y emociones en toda su complejidad. Como lectores, asistimos al
drama íntimo de la existencia humana que se gesta en el pequeño
poblado de Ville Rose.
Otro elemento para destacar en la obra es la delicada poesía
de la prosa de Danticat. Las imágenes marinas son recurrentes:
“Remó hacia ella y su rostro se relajó cuando vio lo que había
llamado su atención. Estaba rodeada por un brillo deslumbrante.
Era como si en ese lugar el mar se iluminara desde la profundidad
(…) En ese momento era su Lasirèn, su diosa marina de cuerpo
largo y oscuro, de cabellos largos” (45). El mismo nombre de la
niña, Claire Limyè Lanmè: “…era el tipo de nombre que se puede
encontrar en poemas o en cartas de amor, o en canciones. Era un
nombre de amor, no de venganza. Era el tipo de nombre que tenía
el poder de controlar la salida del sol” (129). El estilo de Danticat
alcanza, en ocasiones como éstas, una gran fuerza lírica.
Por último, es destacable el formidable trabajo de traducción
al español de esta novela, ya que, si bien Danticat escribió la versión
original en inglés, el texto contiene abundantes expresiones,
canciones y poemas en creol y francés, reflejo de la visión de
mundo y la cultura representada en la obra. Frente a estos rasgos
290

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

�Humanitas, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

plurilingües de la escritura de Danticat, la edición comentada respeta
la propuesta estética de la autora y para el lector de habla hispana no
existe dificultad alguna con relación a la comprensión.
En suma, ambas obras constituyen una magnífica
oportunidad para quienes deseen acercarse al universo cultural
de Haití y a la producción de una de las escritoras haitianas más
celebradas en los últimos años. A su vez, no me cabe duda de que
la lectura de Danticat contribuirá a la comprensión e integración
de la creciente comunidad haitiana que, en los últimos años, ha
migrado a diferentes países de Latinoamérica en busca de nuevas
oportunidades de vida.
Leonardo Pérez Díaz

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.2-12

291

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                <text>Heredera del Anuario Humanitas, publicación emblemática del Centro de Estudios Humanísticos de la UANL creada en 1960, Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios responde ahora a la necesidad de la diversificación de enfoques y acercamiento a la literatura en y desde el ámbito latinoamericano.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2022 © Humanitas. Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios, Vol. 1, No. 1, juliodiciembre 2021, es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo
León, a través del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México.
C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533. https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable:
Víctor Barrera Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100-102, ISSN
en trámite ambos, ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última
actualización de este número: Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José
Muñoz Mendoza, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000
Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última
modificación de 19 agosto de 2021.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Celso José Garza Acuña
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle

Autores
Alberto Enríquez Perea
Aleida Alexandra Argueta Castañeda
Nora Elvia Cruz Camacho
Rosa María Gutiérrez
Mónica Torres Torija
Michelle Monter Arauz
Nínive Vargas de la Peña
Coral Aguirre
Ana Patricia Torres Vázquez
María Fernanda Martínez Quintanilla
Carlos Rutilo
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales

Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la fuente. Las opiniones
vertidas en este documento son responsabilidad de sus autores y no reflejan, necesariamente, la
opinión de Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo
Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�HUMANITAS
Revista de Teoría,
Crítica y Estudios
Literarios

El Maestro. Revista de Cultura Nacional:
en el origen del universo educativo y cultural vasconcelista
“El Maestro. Revista de Cultura Nacional:
at the origin of José Vasconcelos's the educational and cultural
universe”
Alberto Enríquez Perea
Universidad Nacional Autónoma de México
orcid.org/0000-0002-5870-7231
Fecha entrega: 25-1-2021 Fecha aceptación: 30-3-2021

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de
Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey,
Nuevo León, México.
Copyright: © 2021, Enríquez Perea Alberto. This is an open-access
article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided

the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1
Email: enriquezperea@yahoo.com

�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

El Maestro. Revista de Cultura Nacional:

en el origen

del universo educativo y cultural vasconcelista
Alberto Enríquez Perea
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
enriquezperea@yahoo.com

Fecha de entrega: 25-1/-2021 / Fecha de aceptación: 30-3-2021

Resumen. El presente artículo narra y analiza uno de los aspectos más
importantes de la vida de José Vasconcelos, hacer de la educación un elemento sustantivo de la vida nacional y tener los elementos para hacerla
realidad. Asimismo, se rememora su pasado convencionista, sus reflexiones sobre la educación, la idea maderista que la hizo suya: con educación
el hombre es libre y en libertad puede construir y defender un Estado
democrático y de derecho. A Vasconcelos se le presentó con el triunfo de
los sonorenses la oportunidad de llevar a cabo sus ideas y para ello, como
rector de la Universidad Nacional, las impulsó para que fueran una realidad. Entre esas tareas que eran sustantivas de su pensamiento educativo
estaba la creación de El Maestro. Revista de Cultura Nacional. Y como todo
lo que emprendía el oriundo de Oaxaca la revista la pensaba en grande.
Grande por el número de ejemplares, grande por lo que contenía, grande
por su diseño y sus ilustraciones, grande por el mensaje que llevaba. La
anunció como parte de su gran proyecto educativo, sin olvidar los libros
de “pastas verdes”, y la concibió para que a través de ella dar a los mexicanos elementos de información y de cultura nacional y universal. Para ello
reunió a un grupo de intelectuales mexicanos para que le dieran forma y
contenido tal como él la había diseñado. Así pues, en torno a la revista se
reunieron todos aquellos que tenían un espíritu reformista o regeneracionista,
pues El Maestro. Revista de Cultura Nacional era un símbolo de esta etapa
que Vasconcelos quería y ahora inspiraba e impulsaba. Colaboraban los

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�Alberto Enríquez Perea / El Maestro

espíritus más finos y de mayor raigambre de nuestra América y de Europa.
Páginas que se rescataron o se tradujeron de los autores dilectos del educador y filósofo mexicano. Por fin se tuvo la revista y fue uno de los medios
que acompañaron a Vasconcelos en esta odisea transformadora y generosa por la educación y la cultura de todos los mexicanos. En este recuento
de esos días se podrá observar el ánimo y ambiente que prevalecía en esta
gran cruzada por la educación pública en México.
Palabras claves: revista, libros, lectura, educación, democracia.
Abstract. This article narrates and investigates one of the most important aspects of José Vasconcelos´s life, making education a fundamental
element of national life. Likewise, his “conventional past” is reminded,
his reflections on education he made it his own the Maderista idea: with
education, man is free and in freedom can build up and defend a democratic rule of law. Vasconcelos was awarded with the opportunity to
carry out his ideas, due to the achievements of the “sonorenses”, as the
Universidad Nacional rector, he endorsed them, so they became a reality.
Among those tasks that were fundamental of his educational thinking was
El Maestro. Revista de Cultura Nacional. Everything that the native of Oaxaca
undertook, the magazine was profitable. The magazine was part of his
terrific educational project, without forgetting the books known as “pastas
verdes”, and he envisioned it so that through it he would give Mexican’s
elements of information and national and universal culture. The magazine
was a symbol of this phase. The brightest and most deeply rooted spirits
of America and Europe collaborated. Pages were rescued or translated
from the favorite authors of the Mexican educator and philosopher. Finally, the magazine come with Vasconcelos in this odyssey for the education
and culture of all Mexicans. In summary, you might see the attitude and
the environment that prevailed in this great struggle for public education
in Mexico.
Key words: magazine, books, reading, education, democracy.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

La hora de Vasconcelos.
El año de 1920 fue en la vida de José Vasconcelos uno los más
importantes. Al fin tenía la posibilidad de hacer algo que, por los
menos desde hacía una década deseaba tener, una alta responsabilidad para realizar una obra educativa de alcance nacional y un medio
para expresar sus inquietudes y su pensamiento. Para llegar a este
momento clave en la vida del país y de la biografía del oaxaqueño
recorrió un largo camino. Mas la hora llegó. El aprendizaje que
tuvo a lo largo de los años fue fundamental en su pensamiento al
dotarlo de los instrumentos que necesitaba y que los puso en inmediato ejercicio cuando asumió las responsabilidades que le asignó el
gobierno mexicano.
Ese camino largo, sinuoso, paradójico, acaso empezó, como
dice uno de sus estudiosos, Benito Guillén Niemeyer, cuando la madre de Vasconcelos le daba “enseñanza religiosa”, que las vivía “con
pasión” así como la “instrucción en la historia y el cariño por la
tierra” (2008: 41). Efectivamente, cuando el ex maderista escribía
Ulises criollo. Vida del autor escrita por él mismo tuvo una “visión imborrable” sobre ese episodio que hubo en su infancia. Lo dejó por
escrito para que nunca olvidara sus orígenes ni los renegara:
Mi madre retiene sobre las rodillas el tomo de la Historia Sagrada.
Comenta la lectura y cómo el Señor hizo al mundo de la nada,
creando primero la luz, enseguida la tierra con los peces, las aves
y el hombre. Un solo Dios único y la primera pareja en el Paraíso.
Después, la caída, el largo destierro y la salvación por la obra de
Jesucristo; reconocer al Cristo, alabarlo; he allí el propósito del
hombre sobre la tierra. Dar a conocer su doctrina entre los gentiles, los salvajes; tal es la suprema misión (1936: 10).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1

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�Alberto Enríquez Perea / El Maestro

Vasconcelos, en su sacerdocio laico, hizo cosa parecida a las
enseñanzas cristianas: exaltaba la obra de Dios y la de Atenea porque su “suprema misión” era llevar el nuevo evangelio: el alfabeto
a una nación para liberarlo de la esclavitud que daba la ignorancia.
Guillén Niemeyer (2008: 46) también apunta una fecha axial en la
vida de Vasconcelos que fue la de 1909. Tres cosas le sucedieron
que le cambiaron la forma de ser y el pensar del joven y próspero
abogado: nació su primer hijo, asumió la dirección del semanario
El Antirreeleccionista y se fundó el Ateneo de la Juventud. Tres momentos claves en la vida personal y nacional. Y, sin embargo, fueron
Francisco I. Madero y el maderismo los que hicieron posible que
redefiniera su vida y sus propósitos. Cuando tomó la determinación
de lanzarse a la lucha política lo hizo con toda su energía, con toda
su voluntad y su pensamiento para tener un país diferente al porfirismo; es decir, un país democrático.
En esta etapa aprendió mucho: organizó a los “ciudadanos”,
hizo todo lo que tenía a su alcance para que los hombres y mujeres abandonaran la “indiferencia” ante los problemas nacionales,
redactó el lema Sufragio Efectivo y No Reelección, aprendió a ser buen
orador, a hacer discursos, y de sus fracasos: obtuvo múltiples lecciones. Como aquel día que frente a su auditorio expresó: “antes” de
“intentar democracia y actividad política, el pueblo necesitaba emprender la campaña del agua y del jabón” (1936: 356-366); y le llovieron las críticas. Y, en el semanario bajo su orientación, logró que
tuviera suscritores en casi toda la República, además, “en ella vaciamos nuestro encono contra el régimen” y apareció en la misma publicación “un talento inédito de no pocos compañeros” (1936:366).
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Por otra parte, Madero ponía toda su atención en los escritos que
Vasconcelos publicaba en El Antirreeleccionista. Susana Quintanilla,
a quien se le deben estudios sobresalientes sobre los ateneístas, nos
dice que el “autor preguntó al líder, por intermediación de un tercero, qué opinaba de sus escritos. Madero respondió lo siguiente:
‘Todo lo que él escribe me gusta por la serenidad y el reposo que
revela […]. Al leer esos artículos no parece que vienen de un joven como Vasconcelos, sino de una persona de edad’” (Quintanilla,
2008: 283).1
Desde el Ateneo de la Juventud, dice Roberto Lasa Cavonia, Vasconcelos se opuso al positivismo con “un ideal, una mística, el alma y la música, la literatura, el arte” (2008: 22). Y en esta
línea, Leticia Padilla Arriaga abundaba al decir que la “belleza, el
amor, la libertad, la voluntad fueron valores que siempre privilegió”
(1987:20). Es decir, que empezaba a germinar esa “visión humanística
y no sólo humanitaria” en el abogado oaxaqueño.2 A partir de los
años ateneístas adquirió su “nihilismo nietzscheano y la metafísica
bergsoniana” de acuerdo con Kevia Aréchiga del Río (2019: 29); y
del “espiritualismo francés elaboró la idea de una educación para la
democracia”, según Berenice Amador Saavedra (2013:119). Para redondear estas opiniones, con palabras de Miguel Enrique Morales:
“los ateneístas enarbolaban el humanismo, el afán de saber, la fe en
la educación” (2020). En resumen, como lo dijo otro de sus estu1 Véanse también estos otros estudios sobre ateneístas de Susana Quintanilla: A salto de mata. Martín Luis Guzmán en la Revolución Mexicana, México, Tusquets Editores, 2009; “¿Por qué importa José Vasconcelos?”, en Revista
Mexicana de Investigación Educativa, vol. 22, núm. 75, octubre-diciembre de
2017.
2 Los adjetivos son de Roberto Ernesto Lasa Cavarria (22).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1

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�Alberto Enríquez Perea / El Maestro

diosos, José Joaquín Blanco, fue aquí donde “dio su primer grito de
guerra, de rebeldía totalizante, con una convocatoria al intelectualismo. Un intelectualismo muy intelectual: el de Nietzsche, Schopenhauer, Wagner, Bergson, sus inspiraciones de toda la vida” (2020).
Vasconcelos conoció los pormenores de la lucha electoral
maderista, su triunfo, el desconocimiento del resultado electoral, el
exilio, la revolución de 1910-1911 y también el gesto de Madero
cuando venció a las fuerzas federales y la rendición del porfirismo:
el alto grado de civilidad al no querer derramamiento de sangre sino
construir un Estado democrático y de derecho. En los quince meses de gobierno maderista igualmente observó que el presidente aumentaba el gasto para la educación en un cincuenta por ciento más
que el porfirismo. Se pasó, tomando en cuenta el gasto más alto que
se hizo en esa época de cerca de ocho millones de pesos, a doce
millones y así se establecieron las “primeras escuelas rurales sostenidas por la Federación”. También Vasconcelos recordaba en su Ulises
Criollo que la Universidad le era “antipática” a Madero por ser positivista y deseaba sustituirla “con un espiritualismo libre”. Pero ¿por
qué tanto interés de parte de Madero de “difundir la enseñanza”?
Porque la “enseñanza respondía al deseo de cimentar la democracia”, de acabar con el “sistema de sacrificios humanos” y terminar
de una vez por todas la época de la “supremacía del bruto armado”.
Madero deseaba un país “civilizado constructor” para que cambiara
el “sentido de la historia nacional” (Vasconcelos, 1936: 505).
Mas esta experiencia democrática maderista terminó con el
retorno del “sistema de sacrificios humanos”. Así pues, Vasconcelos tomó el derrotero de los seguidores y simpatizantes de Madero:
destierro, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes por brevísimo tiempo en la era de la Soberana Convención Revolucionaria,
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

colaborador de Venustiano Carranza y posteriormente su acérrimo
adversario. Arreola Martínez nos recuerda que el oriundo de Cuatro Ciénegas nombró al de Oaxaca director de la Escuela Nacional
Preparatoria, “pero lo cesó después de una semana, ante su negación de pronunciarse contra Villa y Zapata”. Más tarde, cuando el
oaxaqueño estuvo en la Soberana Convención dio “forma jurídica
a la voluntad de Villa y Zapata al desconocer a Carranza” (Arreola
Martínez, 2009: 6).
Martha Robles, por su parte, con documentos en la mano,
señala este episodio que nos permitirá conocer otro perfil de Vasconcelos. Mientras el antiguo director de El Antirreeleccionista deseaba, ante la invasión estadounidense al Puerto de Veracruz, la conciliación, Carranza quería sentar un precedente contra la intervención
extranjera en nuestro país. Esta “lección moral” que le dio el primer
Jefe del Ejército constitucionalista nunca se la perdonó3 y se convirtió desde entonces en su más acérrimo contendiente. Como prueba
de ello tenemos: La caída de Carranza. De la dictadura a la libertad
(1920) y su exaltación al obregonismo.
Y, sin embargo, Vasconcelos dejó este reconocimiento de la
obra del presidente de la República asesinado en medio de artificios
verbales que sólo nos indican lo que le pesaba reconocer los aciertos
de sus antagonistas. He aquí sus palabras:
con Agua Prieta triunfó el carrancismo sin Carranza; la plebe
sin su jefe; con ella, una doctrina o seudo doctrina canalla, […]:
Carranza había sido un gran hombre, un estadista, un patriota,
pero había cometido un error; la imposición de Bonillas; o sea,
oponerse al triunfo de Obregón; o sea negarse a que una fac3 Véase la tesis de Martha Robles, Entre el poder y las letras: Vasconcelos
en sus memorias (1988).
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ción de los suyos se quedase con todo el botín… Lo demás, el
crimen verdadero, quedaba absuelto, era perfecto…” (Vasconcelos, 2011: 21)

La hora de Vasconcelos llegó en 1920 dotado de una gran
experiencia política, educativa, periodística y de divulgación de su
obra que era conocida en buena parte del mundo hispanoamericano: Pitágoras. Una teoría del ritmo (1916), Monismo estético (1918), Divagaciones literarias (1919), Artículos (libros que leo sentado y de pie) (1920),
Estudios indostánicos (1920). Muy bien sabía cómo movilizar las conciencias: con la palabra y la letra impresa. Pero se daba a querer.
Según él, al triunfar los sonorenses, caído y asesinado el presidente
de la República, se quería dedicar a su “trabajo profesional”. Pero ya
sostenía pláticas con los emisarios de los triunfadores. Vasconcelos
mismo era y pertenecía a esas fuerzas que derrotaron y sacrificaron
a Carranza. Los emisarios o mensajeros de los sonorenses se acercaban y la preguntaban qué deseaba. Y en entre sus anhelos germinaba
aquella idea que pronto fue realidad: “me obsesionaba -confesaba
en La tormenta- la idea de la Universidad, como base para crear el
Ministerio, que acaso transformaría el alma de México” (1936: 507).
Su anhelo se logró al ser nombrado rector de la Universidad
Nacional de México. Su discurso de toma de posesión de la Rectoría, lo reconoce muy bien Álvaro Matute, es un “manifiesto, es anuncio de una actividad en el cual el ciclo iba a cumplirse. Él tenía que
llevar la Revolución a la Universidad. Las vías paralelas que había
transitado desde 1910 tenían que juntarse. Eso comenzó a suceder
desde junio de 1920” (1983: 11).
Recordemos las palabras del rector Vasconcelos dichas en
ese mes de junio:
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Yo soy en estos instantes, más que un nuevo Rector que sucede a
los anteriores, un delegado de la Revolución que no viene a buscar
refugio para meditar en el ambiente tranquilo de las aulas, sino a
invitaros a que salgáis con él a la lucha, a que compartáis con nosotros las responsabilidades y los esfuerzos. En estos momentos
yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo. El pueblo ha estado sosteniendo a
la Universidad y ahora a menester de ella, y por mi conducto llega
a pedirle consejo (1950: 9).

Desde este primer día de su rectorado Vasconcelos se propuso que, para combatir la ignorancia y la pobreza, había que hacerlo a través de reformas constitucionales, es decir, elaborar una
la Ley para crear lo que hoy se denomina Secretaría de Educación
Pública y que esta Ley saliera de la Universidad. Además, lanzó una
convocatoria para que las mujeres hicieran “compaña contra el analfabetismo” y creación de comedores para alumnos, entre otros proyectos. Para hacer posible toda esta tarea se necesitaban los sabios
y los artistas mexicanos. Llamaba a todos ellos porque deseaba que
México fuera país de “hombres libres”, para impulsar la educación
y la enseñanza y no olvidar a los indígenas (Vasconcelos, 1950: 1112). El rector trabajó incansablemente desde ese día sin dejar de
atender las propias responsabilidades que tenía con la Universidad
y, a tal grado se involucró en una reforma universitaria que le dio
escudo y lema: Por mi raza hablará el espíritu, que “significa[…] la
convicción que la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias
nuevas, de esencia espiritual y libérrima. Sostendrán el escudo un
águila y un cóndor apoyado todo en una alegoría de los volcanes y
el nopal azteca” (en Sicilia, 2001: 125). Y con este acto, de acuerdo
con lo que dice Eva Hernández Avilés, “inmortaliza su convicción
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más profunda, que expresaría ampliamente en La raza cósmica: la idea
que toda América Latina debe trabajar junta hacia el bienestar y la
unidad espiritual, para crear una nueva sociedad de hombres verdaderamente libres” (2014: 58).
Mas no sólo llamó sino buscó y se hizo de un equipo que lo
entendió y lo siguió en sus proyectos culturales, educativos y editoriales. Este grupo fue el que dio impulso, vigor y fortaleza a los proyectos vasconcelistas: Daniel Cosío Villegas, Samuel Ramos, Eduardo Villaseñor, Julio Torri, Mariano Silva y Aceves, Pedro Henríquez
Ureña, Jaime Torres Bodet, Rafael Martínez, Eulalia Guzmán, Miguel Bernard, Adolfo Best Maugart, entre otros. Aunque en el camino algunos se separaron por discrepancias y malentendidos.4 Mas la
plaga de la ignorancia había que extinguirla con la vacuna de la letra
impresa y que los signos alfabéticos circularan por todo el cuerpo de
México para lograr un país vigoroso y dispuesto enfrentar los más
grandes desafíos. El Estado y la Universidad estaban listos para emprender esta campaña en contra del mal endémico. Y el hombre que
era puente entre estas dos grandes instituciones nacionales estaba
listo, se llamaba Vasconcelos.5
Ejemplo sin igual se dio en el México de la Revolución
Mexicana. El propio rector de la Universidad reconoció el apoyo
que le concedieron, primero, Adolfo de la Huerta, en su carácter
de presidente provisional (1920) y, después, como secretario de Hacienda (1920-1923), así como del presidente constitucional, Álvaro
4 Véanse Enrique Krauze: “Vasconcelos: libros, aulas, arte” (en Matute
Aguirre, 2011: 3-16), Javier Garciadiego: Autores, editoriales, instituciones y libros. Estudios de historia intelectual (2015), y Federico Lazarín Miranda, “José
Vasconcelos: Apóstol de la educación” (2009).
5 Título del libro de José Joaquín Blanco, que tomo prestado.

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Obregón (1920-1924).6 Gracias a esos esfuerzos compartidos y a las
altas responsabilidad del Estado y de la Universidad Nacional, pronto circularon miles de libros, ediciones de clásicos mexicanos y universales, creación de bibliotecas y también, una revista. Revista que
siempre fue anunciada por Vasconcelos como uno de los proyectos
culturales más importantes en su gestión como rector y secretario
de Educación Pública.
El Maestro. Revista de Cultura Nacional
El año nuevo de 1921 trajo noticias alentadoras para la “educación
del pueblo”. El 19 de enero se dio a conocer la creación de la editorial universitaria. Por disposición del presidente de la República,
Álvaro Obregón, los Talleres Gráficos de la Nación pasaban a depender de la Universidad Nacional. Así pues, “sin demora”, el rector
José Vasconcelos ya tenía sus planes para ejecutarse al instante. En
tres secciones dividió las tareas de los Talleres: 1) la de “ejecutar los
trabajos de imprenta de los distintos departamentos del Gobierno”,
2) la “edición de libros de textos de las escuelas oficiales”, y 3) la que
el rector consideró la más importante: la edición de “obras de cultura general”. Ocasión para anunciar la colección llamada de “pastas
verdes”. Este plan era ambicioso. Más de treinta autores, y algunas
de sus obras en varios volúmenes, con un tiraje de “por los menos”
treinta mil ejemplares. Más diez “obras notables que serán designadas por el público” y todo el proceso editorial se cuidaría para tener
libros de calidad: desde la selección y traducción a la creación de una
comisión y colaboraciones remuneradas (en Sicilia, 2001: 118).
6 Véase Hombre, educador y candidato, introducción, selección y notas
de Guadalupe Lozada León (1998).
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El rector explicaba la importancia y selección de los siguientes títulos y autores en donde estaba toda su huella, sus autores preferidos, sus dilectas lecturas. Así Vasconcelos explicó: “Se comienza
con la Ilíada de Homero que es la fuerte raíz de toda nuestra literatura y se da lo principal de los clásicos griegos, los eternos maestros. Se incorpora después una noticia sobre la moral budista que es
como anunciación de la moral cristiana y se da enseguida el texto de
los Evangelios que representa el más grande prodigio de la historia
y la suprema ley entre todas las que norman el espíritu; y la Divina
Comedia, que es como una confirmación de los más importantes
mensajes celestes”. El rector también manifestó que el “anuncio de
tal feliz acuerdo” hacía que la Universidad declare este día como el
“más importante en toda su historia” en que se puso “a sus órdenes
una casa Editorial”. Confiaba en que recibiría “ayuda” y “colaboración de todo el pueblo mexicano en la noble empresa” (en Sicilia,
2001: 119).
Y poco tiempo después hizo otro anuncio, la “Fundación de
una gran revista educativa”. Por acuerdo del presidente de la República la Universidad Nacional debería “fundar muy próximamente
una Revista con los más altos propósitos educativos”. La revista
completaba la labor que ya se estaba haciendo de editar y distribuir
libros y folletos y, como estos, debería llegar a todos los “habitantes
de la República”. En esta revista el público encontraría “el dato
útil, la información aprovechable, en una palabra, les permitirá sentir las palpitaciones que producen los más avanzados movimientos
de ideas en el mundo, ampliando los horizontes del obrero y del
campesino, estimulando el estudio de profesionistas y escolares, animando con sugestiones prácticas a los industriales y explotadores
de la tierra y vigorizando el espíritu de todos” (en Sicilia, 2001: 121).
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El tiraje de la revista debería tener un número “máximo”
para llegar a los que sabían “leer y escribir y se interesen por su
propio cultivo”. Porque el gobierno mexicano ponía “al servicio de
todas las clases sociales del país, un órgano de divulgación con las
ideas más nuevas, que servirá a la vez de vehículo para la difusión
de las actividades pensantes mexicanas”. La revista, además, estaba
abierta a todos los mexicanos que quisieran y deseaban escribir y,
sobre todo, “contribuir a esta obra de cultura que aportará las máximas enseñanzas extranjeras y llevará fuera del país la vibración de
nuestra sociedad con las más altas aspiraciones de mejoramiento”
(en Sicilia, 2001: 121).
La Universidad Nacional era la encargada de la distribución
de la revista, era gratuita y se llamaría El Maestro, cuyas oficinas estaban en la calle de Gante, número 3, y sus directores eran Enrique
Monteverde y Agustín Loera y Chávez. Para Francisco Monterde,
Vasconcelos la “puso bajo la guía de dos hombres con caracteres
complementarios”, es decir, uno “estático” y el otro, “dinámico”
(Monterde, 1963: 124), respectivamente.
Evidentemente, este último, hidrocálido, nació el 10 de marzo de 1893 y tenía una larga experiencia editorial y funcionario de
probidad. Fue subdirector de la Biblioteca Nacional (1915-1916).
Fundó y dirigió la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas
(junio de 1916-noviembre de 1917). Al lado de Julio Torri fundaron y dirigieron Cvltura. Antología quincenal de buenos autores que, para
septiembre de 1919, había publicado VIII tomos, 48 títulos, entre
otros, Cartones de Madrid, de Alfonso Reyes; poesías de Sor Juana
Inés de la Cruz, Ignacio Altamirano y Manuel José Othón; cuentos
de Micrós, Manuel Gutiérrez Nájera, Voltaire, y a Selma Lagerlöf,
Premio Nobel de literatura (1909). En ese mismo año de 1919 creó
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con Enrique González Martínez la editorial México Moderno, casa
que editó la revista México Moderno, dirigida primero por el poeta
jalisciense, después por Manuel Toussaint y el citado Loera y Chávez, que fue “presencia cenital de la incipiente cultura posterior a la
Revolución”, de acuerdo con Sheridan (2021); la Revista Musical de
México de Manuel M. Ponce y Rubén M. Campos (tomo I, 12 números, 15 de mayo de 1919 a 31 de mayo de 1920), Boletín Bibliográfico,
y la colección Biblioteca de Autores Mexicanos Modernos.7 Sobre
Monteverde, no hay muchos datos.
Por último, hay que hacer notar que el Boletín de la Universidad anunció el advenimiento de la revista de esta manera: “Nunca
como ahora el Gobierno de la República pone al servicio de todas
las clases sociales del país, un órgano de divulgación con las ideas
más nuevas, que servirán a la vez de vehículo para la difusión de las
actividades pensantes mexicanas” (en Ortega Ibarra, 2004: 63).
Pero, por si no era suficiente lo que el rector de la Universidad Nacional estaba haciendo por la revista, personalmente se dirigió a escritores para solicitarles colaboración para la publicación
recién anunciada porque estaba ya en proceso de edición su primer
número. Tal fue el caso de Carlos Pellicer que Vasconcelos, en carta
de 14 de febrero de 1921, le informó, primero que, por acuerdo del
presidente de la República, la Universidad a su cargo iba a fundar El
Maestro, “con los más amplios propósitos educativos”. Se deseaba y
se quería hacer una “publicación de máxima importancia por su cir7 Véanse Carlos Rubio Pacheco: “Agustín Loera y Chávez (1893-1961)
(en Aurora Ocampo, 2003: 396); y el Archivo Carlos Pellicer. Sección
Correspondencia General (1906-1976). Serie: Léveillé, Charles H. – Loryeus,
Nino. Carpeta: Loera y Chávez, Agustín (1916-1953). Documento 8. Biblioteca Nacional de México.

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culación” y que fuera al mismo tiempo “una obra de cultura intensa
y eficiente”. Y último, que el propósito del gobierno mexicano era
“estimular la educación de todas las clases sociales del país creando
un órgano capaz de interesar al mayor número de personas, así por
su texto cuidadosamente dirigido como por la forma breve, sencilla
y clara de sus escritos”. Lo invitaba pues, a escribir un artículo sobre
Congresos estudiantiles latinoamericanos, pues Pellicer era uno de
los más distinguidos miembros de la Federación de Estudiantes de
México que estuvo en Colombia y Venezuela difundiendo la doctrina internacional de la Revolución Mexicana y fundó la Federación
de Estudiantes de Colombia. Por lo tanto, Vasconcelos le pidió que
su artículo lo debería entregar el 20 de este mismo mes, pues la
revista saldría el primero de marzo de 1921.8 Empero, el primer número de El Maestro. Revista de Cultura Nacional apareció el 1º de abril
de 1921, bajo la dirección de Monteverde y Loera y Chávez.
Los investigadores y tesistas que se han dedicado al estudio
de esta revista, en forma parcial, por temas o en lo general, coinciden en que esta publicación era para “fomentar la obra educativa”
que el rector Vasconcelos estaba impulsando, como lo señala Luis
de la Peña Loredo (2017: 73). A su vez, Ileana Casasola Ruiz Pérez
cree que era para “brindar un espacio al magisterio” (2006: 102).
Berenice García Arteaga asegura que fue la más “relevante” de este
periodo vasconcelista, “planeada como pequeño manual de cultura
general” e “integral, útil para el público más culto, como para los
alumnos de escuelas e incluso funcionó como revista familiar, por
8 Carta de José Vasconcelos a Carlos Pellicer. México, 14 de febrero de 1921,
consultada en el Archivo Carlos Pellicer de la Biblioteca Nacional de México.
Sección Correspondencia General (1906-1976). Serie: Varios (III). Vázquez Gómez, Elena. Carpeta: Vasconcelos, José (I) (1921-1924). Documento 2.
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su amplitud temática” (2006:108). Coincide Leticia Padilla Arriaga
en esa visión y agrega que, en El Maestro se encontraban artículos
“con contenidos educativos […] y era al mismo tiempo informativo,
cultural y de conocimientos prácticos” (1987: 30). Tienen toda la
razón los autores anteriormente citados. El Maestro. Revista de Cultura
Nacional se convirtió en una de las mejores cartas de presentación de
Vasconcelos para realizar su obra educativa, cultural y difusión donde se encontraban herramientas básicas para el quehacer cotidiano
del mexicano y que circuló ampliamente por nuestro país y se envió
a varias repúblicas americanas.
Y como se hizo con los libros de los “clásicos” o de “pastas
verdes” su tiraje fue algo nunca visto en México. El responsable
de la política educativa, en la conferencia que dictó en Washington
en 1922, dijo que se tiraban sesenta mil ejemplares y se repartían
“gratuitamente entre escuelas, maestros de México y de la América
Latina” (en Sicilia, 2001: 155-156). Sin embargo, María del Rocío
García Rey (2006: 30), tomando nota de las cantidades estimadas
por Claude Fell y José Joaquín Blanco, quienes opinaban que la edición de El Maestro. Revista de Cultura Nacional oscilaba entre 50 y 60
mil ejemplares, arriesga una cifra más impactante: 75 mil; lo mismo sugiere Basila Delgado (1983: 67-68). En contraparte, Engracia
Loyo (2020) y Carlos Ortega Ibarra (2004: 54) sostienen que fueron
50 mil ejemplares los que se publicaron.
Gracias a las investigaciones que hizo el último autor citado
en el Archivo de la Secretaría de Educación Pública y al acopio de
documentos del Departamento de Bibliotecas también sabemos que
el costo de la revista fue de $9,190,50. Y de este monto, $4,940.70
fueron para el papel, $4,030.80 para pagar los sueldos de empleados y $220 para gastos generales y de colaboración. Así pues, por
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un tiraje de cincuenta mil ejemplares la revista costó $0.18 (Ortega
Ibarra, 2004: 77).
Si se compara el número de ejemplares de los “clásicos” con
los de la revista se observará todavía más su importancia como obra
de difusión y divulgación de la educación, la enseñanza y la cultura.
Ortega Ibarra, estudioso minucioso de estos menesteres, nos dice
que de las Vidas ejemplares de Romain Rolland y los Evangelios se editaron 25 mil ejemplares; de las Eneadas, de Plotino, cinco mil. Loyo,
interesada también en estos aspectos, señaló que de La Ilíada se hicieron 38,940 ejemplares; de Esquilo, 15 mil; y de La divina comedia
de Dante, 6,300. El costo de cada libro de los clásicos era de “$0.95
aproximadamente y se vendían a un peso, pero se repartían gratuitamente en escuelas y bibliotecas” (2020). Hubo otras ediciones de
gran tiraje como la Historia Nacional de Justo Sierra: 100 mil volúmenes y La muerte de Juan Hidalgo de Lope de Vega: 50 mil. Mientras
que Ezequiel Castillo Braun señala que, en el caso especial de El
Quijote, como no se pudieron adquirir los derechos para una edición
popular, “en su lugar se compraron en España 50,000 ejemplares”
(2008:36).
Un lujo para una revista contar con el siguiente personal para
todo el proceso de edición. Vicente Lombardo Toledano era el jefe
del Departamento de Bibliotecas y veló por ella hasta 1921; a partir
de 1922 lo fue Carlos Pellicer y, por último, Jaime Torres Bodet. El
Departamento Editorial, de julio de 1921 a febrero de 1922, estuvo
en manos de Julio Torri. En la redacción estuvieron, en diferentes
momentos, José Gorostiza, Juan José Tablada, Atenógenes Pérez
y Soto, que también fue administrador. Salomón de la Selva, poeta
nicaragüense, uno de los traductores, como también lo fue Torri. Y
entre los ilustradores y dibujantes que dejaron su huella y que sus
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trabajos en la revista han ameritado señalamientos importantes están Antonio Gómez, Gabriel Fernández Ledezma y Diego Rivera.
Justamente uno de los estudiosos del pintor guanajuatense,
Ricardo Pérez Escamilla, nos dice que, en esa revista, en el tomo II,
número 1, de octubre de 1921…
…Rivera muestra una tipografía que, inspirada en los glifos y estelas mayas, nos remite al tablero de Cruz de Palenque y que se
constituye por méritos propios, en una obra de arte en sí. De
hecho el dibujo ya pone al descubierto el conocimiento que Rivera tenía del mundo prehispánico y su versión estética moderna,
elementos que estarían presentes en toda su obra. (2007: 66)

Además, este estudioso consideraba que, a partir de este año
de 1921, “las ilustraciones de Diego Rivera empezaron a constituirse
en códices visuales de un México recién emanado de la Revolución y
que se hallaba sumido en la encrucijada de encontrar una identidad
política, social, económica y cultural propia” (67).
El universo americano y europeo estaban presente en El
Maestro, y páginas de los escritores favoritos del rector. He aquí algunos de tantos nombres que aparecieron en la revista vasconcelista
iniciando por la del propio Vasconcelos, Ezequiel A. Chávez, Alfonso Cravioto, Antonio Caso, Alfonso Teja Zabre, Jaime Torres Bodet, Ramón López Velarde, Loera y Chávez, Pedro de Alba, Ernesto
Martínez de Alba, Heriberto Ruiz Stanford, Gabriela Mistral, Francisco García Calderón, Pedro Prado, Juan Ramón Jiménez, Miguel
de Unamuno. Traducciones de León Tolstoi, Bernard Shaw, Anatole
France, Romain Rolland, Henri Barbusse. Mención y atención especial merecen dos grandes educadoras mexicanas, con posiciones
diferentes en cuanto a la enseñanza en el Jardín de niños y el papel que
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debería tener y tomar la profesora en la educación: Rosaura Zapata
y Estefanía Castañeda.9
Así pues, entre 1921 y 1923 salieron tres tomos. El primero,
con cuatro números sencillos, del 1 al 4; y uno doble, 5 y 6; de periodicidad mensual, regular, que van del 1º de abril al 1º de septiembre
de 1921. El segundo tomo: cuatro sencillos, del uno al 3, y 6; y uno
doble 4 y 5, de octubre de 1921 a marzo de 1922. Y el tercero, tres
sencillos, 1 al 3 y uno doble, 4 y 5, entre 1922 y 1923 (Leines Mejía,
2020). A partir de este último tomo se hizo cargo de la dirección
Monterde y la periodicidad fue irregular. Por otra parte, en el interior
de la revista, en la página legal, se puso esta leyenda en los números
que aparecieron en tomo I: Departamento Universitario // Talleres
Gráficos de la Nación. - Filomeno Mata Núm. 8; y en los tomos II
y III se modificó por Secretaría de Educación Pública. – Talleres
Gráficos de la Nación. - Filomeno Mata Núm. 8. El cambio era el
tránsito de Vasconcelos de la rectoría de la Universidad Nacional de
México a la secretaría de Educación Pública. Hubo ese movimiento,
pero no se modificaron los propósitos, sino que se redoblaron (Fell,
2009: 485). Por eso, en el primero número, del tomo II, quedó en la
portada de la revista, como testimonio de esa continuidad y de esos
propósitos, el escudo y la leyenda de la Universidad.
Con buenos presagios apareció El Maestro. Revista de Cultura
Nacional en el horizonte mexicano. Los que estaban haciendo posible esta revista querían que en sus páginas quedara el mejor ejemplo
de ese empeño y referencia para el futuro. Todos, pues, listos para
participar en esa gran odisea vasconcelista.
9 Sobre este aspecto, véase el artículo de María Eugenia Reyes Jiménez,
“Estefanía Castañeda Núñez de Cáceres (1872-1936)” (2016).
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El Maestro: Vasconcelos
Como bien lo señalan los estudiosos de El Maestro. Revista de Cultura
Nacional el artículo de Vasconcelos, en su primer número, intitulado,
“Un llamado cordial” era “agudo y reflexivo”, justificaba la revista
y “su proyección” que tendría “a nivel nacional”, como lo señala
Leines Mejía (2020). Y, por su parte, Ortega Ibarra, apunta que este
texto vasconcelista “tenía como objetivos, antes que cualquier otra
cosa, difundir conocimientos útiles entre toda la población de la
República y ser una tribuna libre y gratuita para ideas nobles y provechosas, ninguna de éstas al servicio de un grupo ni de un partido,
sin limitarse a un credo o a una época” (2004: 83).
Pero no sólo hubo tales propósitos en este texto vasconcelista que apareció en este primer número de la revista. También
estaban su pensamiento, sus preocupaciones y sus anhelos de redención del pueblo de México a través de la educación y la cultura.
Estaba, asimismo, la crítica a la situación pasada pero no se quedaba
en criticar sino señalar sus proyectos, algunos en marcha, como esta
revista. Era un texto fundacional donde expresaba claramente que
en esta fecha su propósito era publicar y difundir libros y revistas,
herramientas de papel y tinta, para que se dispersaran por todo México como las semillas del sembrador. Así se empezaba esta gran
campaña para la liberación del mexicano de su ignorancia a través
de la lectura puesta al alcance de sus manos y con toda libertad.10
Efectivamente, el primer número de El Maestro. Revista de
Cultura Nacional lo abrió el rector José Vasconcelos con “Un llamado cordial” al público en general e interesados en colaborar en la
10 Cf., Felipe Garrido: “Lectura, escritura y desarrollo” (2015: 69-71)

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revista. Al primero, reiteraba lo que en otros momentos había dicho,
que esta revista tenía como uno de sus objetivos “difundir conocimientos útiles entre toda la población” mexicana; no costaba un
solo centavo; no iban a pagar por ella a quien le interesara. Era para
servir a “un país entero”. Y a los segundos, les dirigió este mensaje:
deberían tener la
… convicción de que no vale nada la cultura, de que no valen
nada las ideas, de que no vale nada el arte, si todo ello no se inspira en el interés general de la humanidad, si todo ello no persigue
el fin de conseguir el bienestar relativo de todos los hombres, si
no asegura la libertad y la justicia, indispensables para que todos
desarrollen sus capacidades y eleven su espíritu hasta la luz de los
más altos conceptos (Vasconcelos, 1921: 5).

Mientras haya un hombre en el mundo y este mundo sea
infeliz y haya una “criatura” “víctima de injusticia” nunca se debe
dejar de luchar. Por eso, Vasconcelos estaba convencido de que sólo
con “la justicia absoluta, la justicia amorosa y cristiana puede servir
de base para reorganizar a los pueblos” y anhelaba que, “antes de
propagar la alta cultura” se tenía que “hacer llegar a todas las mentes
los datos más elementales de la civilización”. La alta tasa de población analfabeta le aterrorizaba y ansiaba que esta situación cambiara
por el bien de México y de los mexicanos. Con un pueblo analfabeto
no era posible llevar a cabo los empeños de los gobiernos de la Revolución Mexicana. Así pues: “Educar a la masa de los habitantes, es
mucho más importante que producir genios, puesto que en realidad
el genio no vale sino por la capacidad que tiene de regenerar a una
multitud además de su propia persona”. Entregar a todos los “datos
del saber” era un requisito para los que quisieran instruirse.
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Vasconcelos no se quedó con este mensaje cargado de humanismo, sino que entró en polémica con los intelectuales positivistas
que aún quedaban y que aseguraban que “nuestro pueblo” no tenía
“remedio, que este mundo” era de los “aptos, y que los ineptos”
carecían “de todo derecho”. El rector consideraba estas ideas como
“perversas” y “cobardes doctrinas” a las que había que “desacreditar y destrozar al comienzo de nuestras labores educativas”. Esta
“falsa ciencia” todavía nos tenía “invadidos”. Era “menester volcar
el entusiasmo arrasador de la fe en nuestros destinos y de la fe en el
triunfo definitivo de una justicia sin transacciones, de un bien grande, generoso y absoluto” (Vasconcelos, 1921: 5).
El talante de Vasconcelos, sus experiencias políticas, sus estudios filosóficos y pedagógicos, todo ello se muestra, se comprueba y se expone en este pasaje al decir, que: “No sólo la razón nos
dice que todos los hombres tienen derecho al bienestar y a la luz”
también “las más poderosas corrientes del pensamiento contemporáneo proclaman esa verdad”, igualmente “la historia, el pasado
mismo”. Todo ello lo hacían pensar que “cada pueblo” se distinguía
y alcanzaba su “poderío, únicamente cuando ha logrado organizarse
conforme a bases de justicia; sólo cuando todos o casi todos sus habitantes han sido libres y fuertes, igualmente libres y fuertes, no sólo
en los derechos teóricos, sino también en las posesiones materiales
y en la educación personal”.
Además, decía algo que ya estaba tan arraigado en su pensamiento, producto de lecturas, vivencias y modelos que fue construyendo y reconstruyendo a lo largo de su vida: que podemos ser
“libres e iguales” como lo fue Grecia y Roma. La “desigualdad y
la injusticia”, las “facultades excesivas” de los gobernantes, el acaparamiento de la tierra en pocas manos hizo posible la corrupción
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del imperio romano. Roma entonces “se convirtió en la presa fácil
y codiciada de los invasores bárbaros”. Sin embargo, los romanos
eran “libres y fuertes y orgullosamente igualitarios” y con estas conquistas espirituales supieron defenderse del invasor y resistir y cambiar sus gobernantes (Vasconcelos, 1921: 5-6). Esta situación debería ocurrir en México: sólo con justicia los pueblos organizados
crecían; sólo con libertad adquirían conciencia de sus obligaciones
y deberes; sólo iguales podían hacer cosas jamás vistas; sólo con
educación se podría crear y tener Atenas o Roma. Justicia, libertad,
igualdad y educación es la cuadratura vasconcelista perfecta para
fundar un México nuevo.
Mas al rector Vasconcelos le interesaba destacar la educación pública. Era su más alta responsabilidad y desde la Universidad
quería hacer cosas nunca vistas. Entre ellas, atender a “las antiguas
razas conquistadas” que pululaban en la República mexicana, es decir, a los indígenas. Por ello dijo, que la “ciencia encerrada en las
cuatro paredes de unos cuantos colegios” era “vana y servil” sino
iba a esas “antiguas razas”. Los indígenas era también nuestros hermanos. No había que desatenderlos, no había que ignorarlos. Había
que educarlos y hacerlos fuertes, porque siendo educados y fuertes
“su fortaleza sumada a la nuestra nos hará invencibles” (Vasconcelos, 1921: 7).
El indigenismo de Vasconcelos estaba en sus convicciones
que venían de su época de maderista cuando ya tenía arraigada la
idea que la educación era también liberación. El indígena educado
podría decidir más adelante qué hacer con su vida y su proyecto
de vida. Pero si no tenía esas herramientas básicas cómo iba a salir
de esa soledad y de ese abandono que estaba y que al Estado no le
había importado ni tomado en cuenta. Ahora se le reconocía. Era
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nuestro hermano. Juntos, todos los mexicanos, lo decía muy bien
el rector, seremos invencibles ante cualquier adversidad. Y, además,
como lo advierte Zavala, en Vasconcelos también estaba esa cara
idea que postulaba en La raza cósmica: “la creación de una nueva raza
y una nueva cultura” que no significaba una “regresión a lo indígena”. Y aquí la interesante observación de Jacinto Zavala a lo que nos
pide pongamos atención: que esa nueva raza y cultura será posible
“sobre las bases sólidas de nuestra castellanidad, que ya es ilustre
síntesis de la más fecunda antigüedad” (2020).
Y Elba Lira García nos pide reparar cómo veían, en esta
época de los años veinte, los extranjeros a México en su “diversidad
étnica”. Se auxilia del ensayo de Ramón Eduardo Ruiz: México 19201958. El reto de la pobreza y el analfabetismo, y nos señala que en esos
años había más de cuatro millones de indígenas, “más de ochenta
grupos” con diverso número y lenguas. Y estas palabras que parecían que no se erradicaban: los indios eran “nómadas”, “bárbaros”,
“salvajes”, pobres, desnutridos, enfermos, supersticiosos (2020).
El llamado de Vasconcelos, por lo tanto, de prestar atención
a este asunto era relevante porque lo hacía desde la Universidad y
porque lo que se llamaría Secretaría de Educación Pública estaba a
punto de ser una realidad y obrar en consecuencia. Así pues, desde
este momento el indigenismo vasconcelista entraba en la agenda
federal. El primer paso estaba dado. El indígena estaba en la política
educativa de José Vasconcelos.
Otro punto importante que se señala en “Un llamado cordial” era que la edición de El Maestro. Revista de Cultura Nacional era
gratuita y su gratuidad la defendió contestando a los que estaban
contra esta política porque la consideraban un derroche de dinero.
Asimismo, aquella otra que andaba de boca en boca de los adver40

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sarios de la educación pública. Un pueblo analfabeto cómo iba a
leer y ya ni se diga leer a los clásicos. En defensa de su política
educativa y cultural, Vasconcelos dijo que “la verdadera luz” no
tenía “precio, y luz será lo que procuremos difundir, ofreciéndola,
dándola aún a los que no la pidan”. La revista era gratuita porque
deseaba que entrara en “todos los hogares”, y si había “perezosos”
en la familia que no se dignaban “hojearla, no faltará algún niño o
algún sirviente que aproveche la dádiva”. Además, había una razón
elemental para que esta revista fuera gratuita: “nuestro pueblo es
pobre”; y una verdad absoluta, este pueblo no tenía el “hábito de
gastar en lectura”.
Que la revista llegara a todos los rincones de México, a los
hogares, escuelas y bibliotecas, que ya también se estaban construyendo, era crear una necesidad, “la necesidad de leer”.11 La revista era
una simiente más que dejaba caer sobre la tierra y convencido estaba “que al cabo de algunos años ya él sólo podrá fundar y pagar
sus propios órganos de publicidad”. Mientras no llegara ese día era
“necesario y perfectamente legítimo que el gobierno invierta una
pequeña parte de los impuestos, una pequeña parte del dinero del
pueblo, en lo que el pueblo más necesita: en propagar hechos que lo
instruyan, datos que le informen e ideas nobles que aviven el poder
de su espíritu” (Vasconcelos, 1921: 7).
Esta política la siguió defendiendo Vasconcelos a lo largo
de su vida. Cuando escribió la tercera parte de Ulises criollo, recordó
ese capítulo y señaló que, “nadie ha explicado por qué se ha de privar al pueblo de México, a título de pueblo humilde, de los tesoros
del saber humano que están al alcance de los más humildes de las
naciones civilizadas”. No tomaban en cuentas sus “detractores” que
11 Las cursivas son mías.
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donde no había, “precisa crear”; y, les informaba, que hasta en “la
más humilde biblioteca de Norteamérica cuenta con su colección de
clásico” (1938: 56-57).
Roberto Bergés recuerda la evocación de Pedro Henríquez
Ureña, colaborador de Vasconcelos en esta etapa, he aquí sus palabras:
La instrucción es necesaria para todo hombre. la naturaleza educa
por sí sola, a su modo, pensaba Huxley; su educación es ‘obligatoria’; pero dura y larga con exceso. La educación artificial debe ser
una anticipación de la natural. En la vida moderna, ser ciego no es
mayor limitación que no saber leer; ser cojo es menos grave que
no saber escribir. Supuesta la necesidad práctica de la educación,
el primer deber del Estado es exigirla a todos; el segundo deber
es darla a los que no tengan recursos para proporcionársela a sí
mismos (2020).

En “Un llamado cordial” también encontramos la línea editorial que debería seguir aquellos que quisieran publicar sus textos
en esta revista. Es decir, no quería escritores que hicieran “literatura
vana o bien ironía mordaz y destructiva” sino quería aquellos que
supieran hacer una “Obra constructiva”. ¿Qué quería decir esto? Lo
que ya había reiterado muchas veces: no quería escritores que estuvieran sólo en su mundo de cristal y ajenos al mundo y se burlaran
del resto de la humanidad por su pobreza y su ignorancia. Quería
con esta política editorial, reformar. Reformar la mentalidad de los
intelectuales que en su opinión “había perdido su influencia en el
pueblo”. Estaban apartados, no quería la “renovación” y la “regeneración” de México y los mexicanos (Vasconcelos, 1921: 8).
El Maestro. Revista de Cultura Nacional buscaba precisamente el tipo de escritores reformadores o regeneracionistas. Porque si esta
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publicación estaba “libre de la fórmula, libre de la moda, libre de la
retórica y libre del estilo, y así, sin más normas, que un inmenso anhelo de regeneración […] se regocijará cada vez que una idea noble
pueda ser acogida en sus páginas, así proceda del más humilde, del
más ignorado de los hombres, y aunque esté expresada con la sencillez elemental de las verdades profundas” (Vasconcelos, 1921: 9). El
último párrafo fue contundente en este aspecto. Podemos decir era
la síntesis de su pensamiento. Quería y buscaba la regeneración del
mexicano, su educación y cultura, y agregó esta palabra: pero igualmente no debería estar exenta de belleza. Así lo dijo Vasconcelos,
como si fuera una proclama y la lanzara a los cuatro vientos:
Publicaremos los hechos que interesan a la generalidad, las verdades que son la base de la justicia social, las doctrinas que se proponen hacer del hombre el hermano del hombre y no su verdugo, y
daremos a conocer las expresiones de la belleza que es eterna y no
de la belleza pueril que los hombres fabrican y las modas cambian,
¡Verdad, Amor y Belleza, Belleza Divina, tal sea el lema radiante
de los que en esta publicación escriban!” (Vasconcelos, 1921: 9).

Y en este primer número, para demostrar lo que se quería,
tenemos al escritor francés, Romain Rolland, con “Una declaración
de independencia intelectual” que, en el último párrafo, declaró:
Es por la humanidad por la que trabajamos, por la humanidad
entera. No conocemos nacionalidades. Conocemos una nación
universal y es la nación de la gente que sufre, lucha y cae para
levantarse otra vez, regando con su propia sangre y sudor ese
tortuoso camino. Luchamos por la unión de todos los hombres,
todos hermanos, y por el conocimiento de esta verdad, de esta
hermandad sublime, es por lo que nosotros levantamos sobre esas
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horrendas batallas el arca de la alianza. ¡El pensamiento perenne,
firme, siempre eterno! (Rolland, 1921: 12)

En este número inaugural encontramos en la sección “Sugestiones Sociales”, “El trabajo”, por León Tolstoi y “El espanto
ruso” por Bernard Shaw; en la llamada “Pláticas Instructivas”, vieja
y nueva generación: “Los rasgos definitivos de la educación moderna”, por Ezequiel A. Chávez; “Recordando a los humildes”, por
José Gorostiza; “El Emilio de Juan Jacobo Rousseau”, por Jaime
Torres Bodet; “A los estudiantes”, por Carlos Pellicer; en “Conocimientos Prácticos” y “Sección de los Niños”, dos mujeres, Estefanía
Castañeda y Rosaura Zapata, respectivamente. Y un trabajo que cierra este breve repaso de algunos colaboradores del primer número
de El Maestro. Revista de Cultura Nacional que hay que rescatar.
El título del artículo de Ramón López Velarde fue la señal
de lo que se estaba haciendo en México y no hacía mucho tiempo, y
por eso la llamó, “Novedad de la patria”, cuando dice: “El descanso
material del país, en treinta años de paz, coadyuvó a la idea de una
Patria pomposa, multimillonaria, honorable en el presente y epopéyica en el pasado. Han sido precisos los años del sufrimiento para
concebir una Patria menos externa”. Y las siguientes palabras son
el colofón de los anhelos lopezverdianos al señalar que deseaba tener una Patria “Más modesta y probablemente más precisa” (López
Velarde, 1921: 61).
En esa estaban todos los que estaban haciendo posible El
Maestro. Revista de Cultura Nacional, desde José Vasconcelos hasta el
repartidor de la revista, desde los articulistas a los diseñadores, de
los formadores y correctores, todos participando en esta gran odisea vasconcelista.
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Conclusión
Cuando hay voluntad política y altas miras del gobernante, así como
el idóneo encargado de llevar a cabo un proyecto educativo y cultural, los resultados son generosos, permanentes y definitivos. José
Vasconcelos desde hacía años pensaba que uno de los grandes problemas que había que resolver era el de la educación y abatida la
ignorancia habría hombres y ciudadanos libres, capaces de construir
y sostener un Estado democrático y de derecho, como lo vio en la
época maderista. Pero este proyecto lo hicieron fracasar. Pasó algún tiempo. Ahora con el triunfo de los sonorenses esos designios
de inmediato se pusieron en marcha y se invitó a Vasconcelos a
concretarla. Desde la Universidad Nacional empezó a trabajar para
hacer ley la educación y poner las bases de ese edificio que llevaría la
enseñanza y la cultura a todos los mexicanos.
Entre las muchas tareas que se impuso el rector era la de
tener una imprenta para hacer diferentes tipos de publicaciones
como fueron los clásicos de “pasta verde”, obras de interés general y El Maestro. Revista de Cultura Nacional. Esta revista estaba en el
origen de su proyecto educativo y cultural y tenía para ella un lugar
privilegiado. Deseaba renovar la edición de las revistas, aprovechar
las plumas de los poetas y escritores mexicanos como la de Carlos
Pellicer, Ramón López Velarde, Jaime Torres Bodet, los escritores
tan entrañables para él como Roland, difundir páginas como las de
Tolstoi, y americanos como las de la gran Gabriela Mistral, dibujantes, diseñadores e ilustradores como Rivera y Fernández Ledezma y
tantos otros que hicieran posible hacer realidad la regeneración del
alma nacional.
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En esta cruzada educativa El Maestro. Revista de Cultura Nacional estaba destinada a ocupar un lugar trascendental, como los
libros de “pasta verde”. Por eso Vasconcelos señaló las reglas y las
características que deberían tener los poetas y escritores que colaboraran en esta revista, así como las secciones que la integraba. Quería
una revista que además de las plumas antes mencionadas también
hubiera todo de información para que los mexicanos se informaran,
meditaran y pudieran obrar en consecuencia. Esta revista fue pensada para que se distribuyera en toda la República mexicana y llegara
a varios países americanos. Era la carta de presentación de Vasconcelos y también los anhelos de redención que estaba poniendo en
marcha. Abatir el analfabetismo para que, libres de la ignorancia, los
mexicanos en libertad construyeran y defendieran un Estado democrático y de derecho. Esta era la gran aspiración vasconcelista y El
Maestro. Revista de Cultura Nacional era uno de sus medios más importantes para realizar esa tarea. Lo que se logró en esos años fue una
gran odisea por la educación y la cultura para todos los mexicanos.

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

El suplemento sábado del unomásuno: Breve panorama de la hegemonía cultural en México durante el
XX a través del periodismo cultural
Aleida Alexandra Argueta Castañeda
Universidad Autónoma de Nuevo León
aleidaarguetac@gmail.com

Fecha de entrega: 1-4-2021 / Fecha de aceptación: 13-6-2021

Resumen. Este artículo describe, a través de la reconstrucción del campo
cultural mexicano durante el siglo XX, la lucha del suplemento cultural
sábado, del periódico unomásuno, por el monopolio de la legitimidad en el
periodismo cultural en el México moderno. Muestra, asimismo, el proceso
de configuración de la hegemonía cultural en el país haciendo uso del concepto de ‘’naciones intelectuales’’ y abordando las dimensiones intelectual
y política de las producciones culturales. A través de una revisión histórica,
se explica el papel de las publicaciones periódicas para demostrar (y desmontar) las posturas políticas e intelectuales dentro del campo, retomando
el concepto de ‘’autonomía relativa’’ para hablar del suplemento sábado
como un medio donde predomina la ausencia del Estado y su poder coercitivo dentro de sus publicaciones.
Palabras clave: Periodismo cultural, campo cultural, naciones intelectuales, suplemento sábado, publicaciones periódicas, hegemonía.
Abstrac. This article describes, through the reconstruction of the Mexican cultural field during the 20th century, the struggle of the cultural supplement sábado, of the unomásuno newspaper, for the monopoly of legiti-

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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

macy in cultural journalism in modern Mexico. It also shows the process
of configuration of cultural hegemony in the country by making use of
the concept of ‘’ intellectual nations ’’, and addressing the intellectual and
political dimensions of cultural productions. Through a historical review,
the role of periodicals to demonstrate (and dismantle) political and intellectual positions within the cultural field is explained, taking up the concept of “relative autonomy” to speak of sábado as a predominant medium.
the absence of the State and its coercive power within its publications.
Key words: Cultural journalism, cultural field, intellectual nations, sábado
supplement, periodicals, hegemony

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

El propósito de este artículo consiste en brindar una base histórica
del periodismo cultural mexicano a lo largo del siglo XX, y mostrar
de qué forma éste evidencia las estructuras de poder y dominación
dentro del campo cultural. Todo ello a través el posicionamiento
del suplemento cultural sábado del periódico unomásuno. Por tanto, se
partirá desde la siguiente premisa: entender la producción cultural
como el resultado de un conjunto de fuerzas dentro de un contexto
determinado; partiendo, claro está, de la idea de que el campo cultural se encuentra inmerso dentro del campo del poder.
Hasta el momento hemos encontrado y revisado diversas
investigaciones sobre sábado, todas ellas realizadas desde la academia
(en concreto: desde las aulas de la Universidad Nacional Autónoma
de México). En primer lugar, consultamos la tesis de licenciatura, defendida durante el año 2001, titulada El suplemento cultural sábado de
unomásuno, elaborada por Adriana Catalina Miranda Gasca y dirigida por Huberto Batis. Esta investigación se enfoca en el proceso de
elaboración del suplemento; específicamente, en la estructuración,
diseño y contenido. Revisamos igualmente la tesis de Alejandro Román Rivera (también presentada durante el 2001): Literatura erótica
en los suplementos semanales sábado y La Jornada Semanal 1992-1994.
El estudio de Rivera pone el acento en la estructura y las categorías
éticas y estéticas del suplemento, incluyendo, además, una entrevista
a Huberto Batis. Esta entrevista nos permitió vislumbrar la posición
del suplemento dentro del campo cultural y regresaremos a ella un
poco más adelante.
Por otro lado; en 2004, Ariana Noemí Reyes Llamas realizó
la investigación: La cultura mexicana en el suplemento cultural sábado del
unomásuno (1977-1988), donde abordó la situación política, social y
cultural de México durante esos años, y cómo estos ámbitos reperDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-2

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cutieron tanto en el periodismo y en las manifestaciones culturales,
ya sea las artes plásticas, el cine, la literatura y el teatro. En el área
de la bibliotecología, existe una tesis del año 2006 que presenta la
indización de la publicación de un año de dicho suplemento; el título es “sábado, suplemento cultural de unomásuno. Índice del año 1999”
de Celia María Licona López. Todos estos trabajos fueron de gran
utilidad a la hora de acercarnos al corpus de investigación, aunque
sus enfoques daban prioridad al contenido y la estructura del suplemento, y no al rol de éste dentro del campo cultural.
La perspectiva teórica de este artículo retoma a Pierre Bourdieu y sus planteamientos sobre el campo artístico y literario expuestos tanto en su ensayo emblemático Las reglas del arte (2002) como en
su artículo “El campo literario. Prerrequisitos críticos y principios
del método” (1990). Bourdieu define al campo como un espacio
en el que se establecen relaciones de lucha entre los agentes; dicha
lucha consiste en la obtención de un capital simbólico que brinda
autoridad, legitimidad y prestigio. Para él, cada campo tiene sus instituciones y reglas específicas de funcionamiento; además, dentro del
territorio literario, existen un conjunto de fuerzas que actúan sobre
todos lo que entran en él; así, dichas determinaciones externas se
ejercen sobre la producción cultural. Dicho en sus propias palabras:
[…] se trata de comprender a la obra de arte como una manifestación del campo en su conjunto, en la que se hallan depositadas
todas las potencias del campo, y también todos los determinismos
inherentes a la estructura y funcionamiento de éste (Bourdieu,
1990: 11).

De acuerdo con Bourdieu, lo que está en juego en las luchas literarias es el monopolio de la legitimidad. Al mismo tiempo,
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se despliega, al interior del campo literario, la contienda entre dos
principios de jerarquización. Por un lado, la jerarquización heterónoma, la cual es favorable a los que dominan el campo política y
económicamente; por el otro, la jerarquización autónoma, desprovista de capital específico y, por lo tanto, independiente respecto a
la economía.
Así, partiendo de una reconstrucción similar de la producción cultural, hemos retomado también el concepto de “naciones
intelectuales’’ propuesto por Ignacio Sánchez Prado, y las cuales
podrían definirse como aquellas enunciaciones discursivas que proponen, dentro de un contexto hegemónico, proyectos alternativos
de nación. Sánchez Prado menciona que “las ‘naciones intelectuales’
resultan, en parte, de los desplazamientos discursivos e ideológicos
hacia adentro del campo intelectual como resultado de un reacomodo discursivo del campo del poder’’ (2009:18). Finalmente, para
abordar el posicionamiento del suplemento sábado dentro del campo intelectual, tenemos que hacer uso, igualmente, del concepto de
‘’autonomía relativa’’, pues las publicaciones emergentes permiten
mostrar articulaciones al espacio público sin el Estado como mediador coercitivo.
La hegemonía cultural en México
Para hablar de producciones culturales, dentro del campo literario
mexicano, necesitamos inscribirlas previamente dentro de un marco
nacional hegemónico, ya que en éstas se articulan posturas que legitiman la hegemonía o, en el caso contrario, se le oponen. Raymond
Williams retoma el concepto de hegemonía y menciona que:
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Gramsci planteó una distinción entre «dominio» (dominio) y «hegemonía». El «dominio» se expresa en formas directamente políticas y en tiempos de crisis por medio de una coerción directa
o efectiva. Sin embargo, la situación más habitual es un complejo entrelazamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales; y la
«hegemonía», según las diferentes interpretaciones, es esto o las
fuerzas activas sociales y culturales que constituyen sus elementos
necesarios (2000:129).

Esto quiere decir que las formas de subyugación constituyen
procesos de organización social, y la hegemonía, por tanto, se puede
entender también como un proceso por el cual se ejerce una coerción política, intelectual y moral que tiene como fin la preservación
del poder de los grupos dominantes, articulando los intereses de
aquellos en posición de subordinación.
Una vez definido el concepto de hegemonía, podemos aterrizar en el caso de la hegemonía cultural del país. Ignacio M. Sánchez Prado explica, en su ensayo ya citado, que existen producciones
discursivas que se enuncian como proyectos alternativos de nación,
a estas producciones el autor las definió, según referimos hace un
momento, como “naciones intelectuales”.
El concepto de naciones intelectuales es importante puesto
que abre pauta para comprender a la literatura (o a una parte de
ella) como una articulación de resistencia a sistemas hegemónicos,
asimismo, se le asimila como una toma de posición dentro de un
campo de poder. Sánchez Prado aborda el concepto de hegemonía
para hablar de la relación entre la literatura y los poderes del Estado, en el caso de México tiene que ponerse el acento, sobre todo, en
el periodo posrevolucionario (cuando se reconfiguran de manera
profunda el campo literario y sus relaciones con las instancias de
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poder). Continuando con el concepto de hegemonía el autor menciona que éste
[…] permite comprender la manera en que las construcciones estético-literarias de la nación, así como los proyectos alternativos
de nación que agrupo debajo de la noción de ‘ʻ naciones intelectuales’’, constituyen no sólo posturas intelectuales, sino políticas, dado que el contenido ideológico de las narrativas, ensayos y
poemas escritos en la época que me ocupan mantienen siempre
relaciones particulares con la construcción del campo del poder
(2009: 17).

Pierre Bourdieu, en Las reglas del arte, define al campo del
poder como: “el espacio de las relaciones de fuerza entre agentes o
instituciones que tienen en común el poseer el capital necesario para
ocupar posiciones dominantes en los diferentes campos (económico y cultural en especial)’’ (2002: 319-320). Desde esta perspectiva,
resulta conveniente concebir a las producciones culturales o artísticas como una manifestación del campo en su conjunto, en el cual se
hallan depositadas las potencias del campo, pero también las cualidades inherentes de su estructura y funcionamiento.
Ahora bien, en este punto es importante mostrar brevemente el panorama histórico de los principios de constitución de la
hegemonía cultural nacional. Sánchez Prado aclara que ‘’El periodo que va desde la constitución de 1917 al debate sobre la cultura
revolucionaria de 1925 constituye un espacio abierto en el cual se
desarrolla una pugna entre los diversos grupos intelectuales por la
definición del discurso hegemónico’’ (2009: 19). Esta etapa se llevó
a cabo bajo las presidencias de Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, y se caracterizó, básicamente, por el debaDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-2

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te en torno a la naturaleza de las instituciones culturales del régimen
emanado por la revolución.
Unos cuantos años antes se había creado el Ateneo de la
Juventud, primea asociación intelectual moderna en México, constituida por un grupo de intelectuales y escritores emergentes, y bajo
la tutela de Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública durante
la última etapa del porfiriato. El Ateneo contaba entre sus socios
a figuras como José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Antonio Caso,
entre otros. Esta institución fue pensada y diseñada para trabajar
por la cultura con el propósito de renovación y creación de un proyecto cultural de completa reconstrucción del país, vía la búsqueda
de la universalidad de saberes. Sánchez Prado describe – retomando
a Héctor Aguilar Camín – los esfuerzos de estos agentes por elaborar una cultura nacional, con base en la educación como forma de
redimir al pueblo, y haciendo ver a la historia nacional como obra
inconclusa (ante la falta del “desarrollo espiritual”). Finalmente, expone cómo la universidad y los intelectuales terminaron siendo vistos como figuras ajenas a las necesidades del pueblo. Movimientos
como el muralismo nacionalista y los colonialistas también forman
parte en la escena de esta lucha por el poder simbólico y la hegemonía cultural.
De acuerdo con Sánchez Prado, fue a inicios de la década de
los veinte que entró a la lucha por la hegemonía literaria otro grupo
de escritores y artistas: los estridentistas: ‘ʻel estridentismo proviene
de una cultura urbana que se asume como tal y que busca el establecimiento de la cultura en la base de la modernidad tecnológica’’
(2009: 24).
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En tercer lugar, hay otro movimiento que consolidó la constitución de la hegemonía cultural en México: la vanguardia posmodernista, la cual inicia con la obra de Ramón López Velarde y termina con la irrupción de los Contemporáneos. En este movimiento
heterogéneo se reescribe el significado de lo nacional en la literatura
y se desemboca en una concepción cosmopolita de lo poético en
oposición a la literatura nacional. Estas etapas concluyen con la idea
acerca de que “el vacío hegemónico permitió la construcción de
proyectos imaginados de nación desde la literatura, que permitirán
dar cuenta de las distintas ideologías y estéticas en contención en la
época’’ (Sánchez, 2009: 25). En otras palabras, fue:
En las primeras décadas del periodo revolucionario cuando el
campo literario desarrolla un aparato más amplio de publicaciones y casas editoriales que proveen articulaciones de la literatura
al emergente espacio público, sin la intervención directa del rol
pedagógico promovido por el Estado (Sánchez, 2009:27).

El ensayista menciona que ‘’la noción del ‘campo literario’
acarrea la idea de configuración institucional’’ (2009:28). Esto es importante puesto que todos los discursos tienen una base institucional
que puede ir desde instituciones educativas a revistas, de espacios
alternativos como Casa del Lago a movimientos políticos; así las naciones intelectuales pueden tomar una postura concreta de oposición
dentro del campo del poder. En general, estas instituciones funcionan como plataformas para el intercambio cultural dentro del campo
literario. En el caso de las publicaciones periódicas, como pueden ser
las revistas, funcionan como mediación cultural: su publicación contrasta la existente diversidad ideológica y estética de los agentes sociales que se encuentran en lucha por el monopolio de la legitimidad.
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Periodismo cultural en México
Una parte de los impulsos intelectuales dentro del país ha sido manifestada a través de publicaciones periódicas y, al igual que la historia
política mexicana, los productos intelectuales se seccionan en distintas etapas. De acuerdo con Francisco Paoli Bolio, la historia de México en el siglo XX se caracteriza por cinco en específico: la revolución
mexicana en 1910 y el derrocamiento de la dictadura porfiriana; la
primera etapa posrevolucionaria con figuras como José Vasconcelos
o Alfonso Reyes; la segunda etapa posrevolucionaria que se ubica
entre la década de los treinta y los cincuenta; así, estas etapas anteriores tienen como resultado una serie de producciones intelectuales,
políticas o culturales que se divulgan por medio de portales como la
prensa o revistas especializadas. Con respecto al periodo posterior
que abarca de los sesenta a los noventa, Paoli Bolio menciona que:
En esta etapa hay que ubicar publicaciones como el periódico
Excelsior (dirigido por Julio Scherer) y la Revista Proceso (en la que
el equipo de Excelsior continúa una tarea crítica y promotora de la
cultura democrática), el periódico La Jornada (que da espacio en
sus páginas a muchos intelectuales). Se fundan revistas dirigidas
por Octavio Paz (Plural, Vuelta), Nexos, Este País y Letras Libres, en
las que hay impulsos notables a la cultura política activa (2014).

Al hablar, entonces, de campo literario, debemos considerar
su funcionamiento como un espacio donde existe un entramado
de relaciones entre los actores sociales, quienes, desde su propio
posicionamiento, luchan por la obtención de los distintos capitales,
que, según Bourdieu, serían: el económico, el simbólico, el social
o el cultural. Y, como expone Martha Zapata Galindo, “Una de
sus características principales radica en la autonomía relativa que
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puede alcanzar frente a otros campos y ante todo frente al político’’
(2003:191).
Para Bourdieu el campo cultural está ubicado dentro del
campo del poder, pero como menciona Zapata Galindo en la cita
anterior, el campo cultural tiene cierta autonomía relativa respecto
a él, específicamente en los principios económicos y políticos de jerarquización (Bourdieu, 1990). Zapata Galindo también afirma que:
La autonomía relativa se expresa mediante la facultad de traducir
planteamientos sociales, políticos y económicos externos en tal
forma que las coerciones que vienen del exterior desaparezcan y
no sean reconocibles dentro de la lógica específica de las disciplinas científicas y las prácticas culturales (Zapata, 2003:191).

Esta autora retoma a las instituciones que se encargan de la
elaboración y consagración de las obras literarias, de esta manera,
elaborar una división temporal-histórica de las etapas de institucionalización en México: la primera abarca de 1930 a 1970. Zapata Galindo menciona que esta etapa se caracteriza por la injerencia en los
procesos de institucionalización de la cultura, y aunque las instituciones dependían del poder del Estado, los agentes sociales podían
desempeñarse con libertad, actuando de acuerdo con los parámetros establecidos (Zapata, 2003).
De manera posterior a la revolución en México se fortaleció
el sistema político autoritario y central basado en el poder ejecutivo
del presidente, que dominaba el poder legislativo y judicial, obstaculizando otras formas de acumulación de capital económico. Debido
a ese sistema de monopolización de los recursos y la centralización
del poder político es posible explicar la falta de autonomía relativa
de los actores intelectuales dentro del campo. En consecuencia, los
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productores culturales se convirtieron en una suerte de legitimadores del Estado.
En relación con esto, y retomando el tema del periodismo,
Berenice Rojas menciona que:
Los periódicos nacionales en el siglo XX respondieron en sus inicios a reproducir la ideología de la clase en el poder, contribuyeron a la formación de una opinión pública favorable al sistema
social imperante legitimándolo, haciéndose la prensa un instrumento de control político (2011: 64).

Es en esta época, a finales de la década de los treinta, que
Fernando Benítez, agente fundamental en el periodismo mexicano
del siglo XX y creador del suplemento sábado, comenzó a adentrarse
en el mundo del periodismo cultural. Al hablar de su temprana vocación periodística, la investigadora Teresa Férriz apunta: “La creación de un suplemento semanal similar al de los grandes periódicos
argentinos La Nación o La Prensa era un proyecto hondamente acariciado por Benítez desde muchos años antes’’ (Férriz, 1998: 235)
Benítez inició su labor en el periódico El Nacional en 1936, once
años después se convertiría en su director. En este espacio Benítez
colaboró habitualmente con autores españoles (Juan Rejano o José
Moreno Villa) y otros escritores e intelectuales nacionales. Poco
tiempo después, en 1949, emprendió la creación de uno de sus proyectos más ambiciosos: el suplemento cultural México en la Cultura
del periódico Novedades, que luego (en 1961) trasladaría a la revista
Siempre! con el título de La Cultura en México.
Berenice Rojas define al suplemento cultural como ‘’un cuadernillo semanal inserto en el periódico con propia numeración y
con la posibilidad de tener otro formato que lo diferencie del diario
en el que se incluye’’ (Rojas, 2011, p. 66). Un suplemento cultural es,
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de esta manera, un agregado que se divide en secciones como teatro, música, literatura, arte, pero que construye su propia identidad
editorial. Otro aspecto importante de los suplementos culturales es
el hecho que en la noticia no figuran los intelectuales y productores culturales como protagonistas, sino que son los mismos intelectuales quienes toman diversos temas y los comparten a través
de reseñas, ensayos, poemas o crónicas, en el caso de los primeros
suplementos culturales como los de El Nacional y Novedades se especializan en temas de literatura.
Fernando Benítez representó una figura importante dentro
del periodismo cultural, ya que amplió y mostró una visión más
extendida de las manifestaciones culturales, su equipo de trabajo
de La cultura en México fue uno de los mejores del siglo XX, ahí se
abrió senda para la crítica, la narrativa y la entrevista. Colaboraron
en sus suplementos escritores como Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Juan Rulfo, Juan García Ponce, entre muchos otros,
pues “Los suplementos culturales de periódicos y revistas ofrecieron empleo a los escritores, un público para sus ensayos, poemas
o cuentos más amplio que cualquiera de las revistas pequeñas’’
(King, 2011, p. 51).
El periodista dejó a un lado el nacionalismo, característico
de la época, y apostó por la pluralidad para hacer llegar nuevos conocimientos a la sociedad mexicana y demostró que en un país tan
institucionalizado los temas culturales formaban parte del primer
orden. Ahora bien, en lo que respecta a la siguiente etapa de institucionalización del país, Martha Galindo plantea que esta:
… va de 1970 a 1988 coincide con el momento en que el Gobierno intenta dar una solución a la crisis de legitimidad y a la pérdida

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de hegemonía del partido de estado y su sistema político después
de 1968, a través de una intervención y un control de la economía
y de una inversión masiva en la expansión del sector educativo.
(Zapata, 2003:196)

La autora menciona que en esta época hubo un mejoramiento de la infraestructura educativa y que como consecuencia impulsó el establecimiento de la investigación e intensificó la producción
científica, así como fomentó el desarrollo creativo y artístico. Una
cualidad determinante es que durante esta fase se desarrolla por primera vez en el campo intelectual una conciencia acerca de la necesidad de una autonomía relativa, sin que se genere un cuestionamiento o una ruptura de los vínculos concretos que se tienen con el
Estado (Zapata, 2003).
Es en este periodo cuando aparece uno de los suplementos
culturales más importantes de la segunda mitad del siglo XX. El 19
de noviembre de 1979 se publicó, bajo la dirección de Fernando
Benítez, el primer número de sábado suplemento cultural del periódico capitalino unomásuno. Desde las primeras páginas era posible
advertir esa conciencia de autonomía relativa (con respecto al orden
político y económico) descrita por Bourdieu, pues “mientras más
autónomo es el campo literario y artístico, más suspendida se halla
en él la eficacia del principio de jerarquización dominante, es decir,
el económico y político’’ (1990, p.16). El suplemento no tardó en
posicionarse como el más controvertido de la época.
Suplemento cultural sábado del periódico unomásuno
Estamos hablando de una época de convulsión política no sólo para
México, sino para toda América Latina. En 1973 se había llevado a
cabo el golpe de Augusto Pinochet al gobierno de Salvador Allende en
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Chile. En Argentina, tres años más tarde, ocurriría una acción militar
semejante, creando otra dictadura en el Cono Sur. Ese mismo año, el
gobierno de Luis Echeverría dio el famoso “golpe” al periódico Excelsior, provocando una diáspora de periodistas, intelectuales y escritores.
Julio Scherer, exdirector del diario, creó, junto con Vicente Leñero,
el semanario Proceso. Octavio Paz, otrora director de la revista Plural,
tomó a sus colaborados y fundó Vuelta. Pero no fueron los únicos…
Otro grupo de desterrados de Reforma 18, con Manuel Becerra
Acosta al frente, fundó en noviembre de 1977 el diario unomásuno,
que desde el primer día salió con varias páginas dedicadas a la cultura, las que estaban bajo la conducción de Rodolfo Rojas Zea, al
que sustituyó Jorge Hernández Campos, quien optó por dejar en
manos de Roberto Vallarino, hasta que el autor de estas líneas se
hizo cargo de la sección’’ (Mussacchio, 2007:53).

Posteriormente nació el suplemento que, siguiendo una fórmula de
pluralismo, crítica de calidad y el constante debate de ideas logró
posicionarse en la vanguardia cultural del momento: “El suplemento del diario fue sábado, creado y dirigido por Fernando Benítez,
con Huberto Batis y José de la Colina como jefe y secretario de
redacción, respectivamente’’ (Mussacchio, 2007: 153). También Pablo Rulfo estuvo encargado del diseño y en las primeras entregas
contaron con la participación de los mejores escritores, dibujantes y
fotógrafos (Miranda, 2012).
De acuerdo con la entrevista realizada a Huberto Batis por
Catalina Miranda, incluida dentro del libro Huberto Batis: 25 años en
el suplemento sábado de unomásuno (1977-2002) publicado en el año
2012, Batis cuenta que: “Se decidió que el suplemento saliera el sábado y que se llamara sábado porque queríamos que la gente tuviera
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tiempo de leer el fin de semana, para ganarles a todos los demás
periódicos que publican sólo suplementos dominicales’’ (39). Esa
primera etapa duro un lustro.
Con la escisión de 1983, el periódico entró en una gran y marcada
decadencia y con él la sección cultural, que había sido una especie
de bitácora del mundillo intelectual mexicano. Fernando Benítez
salió meses después y Héctor Aguilar Camín le cedió la dirección
de La Jornada Semanal, donde se mantuvo Benítez hasta su muerte,
en tanto que Huberto Batis, quien quedó al frente de Sábado, fue
abandonado por sus colaboradores de mayor renombre y a guisa
de compensación dio mayor espacio a la polémica entre los que
se quedaron y abrió la sección Desolladero que alguien, tal vez
espantado por las cosas que allí se decían, calificó como los bajos
fondos del ámbito literario (Mussacchio, 2007: 153).

Tras la partida de Benítez a La Jornada Semanal, correspondió
a Huberto Batis la tarea de buscar nuevas colaboraciones y mantener en marcha a la publicación. Sus primeras estrategias: ampliar el
repertorio de temas hacia la política y buscar mayor injerencia en
la opinión pública. Las funciones de Batis se dividieron, entonces,
entre trabajar en el diario, pero también ocuparse de la edición del
suplemento. Poco después se fundó el suplemento de El Universal
a cargo de José de la Colina y Eduardo Lizalde, dejando sólo a Batis
en los talleres del unomásuno.
Sin Benítez, quizá habría llegado la oportunidad de hacer de sábado un suplemento libre de facciones. Al unomásuno las derechas y
las izquierdas lo daban por liquidado y muerto; quedó como un
fantasma y, sin embargo, lo sacamos a flote dirigidos por Manuel
Becerra Acosta y luego por Luis Gutiérrez, y logramos que sobreviviera estos 22 años (Miranda, 2012: 46).

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En sábado se trataba de llevar a cabo un periodismo audazmente crítico, siempre al pendiente de los temas actuales, además de
ser un suplemento sin favoritismos ni inclinaciones por conveniencia, puesto que su fin no era precisamente el dinero. Huberto Batis
menciona en la entrevista de marras que en varias ocasiones escritores que comenzaron a publicar en sábado mientras consolidaban
su talento e iban adquiriendo mayor reconocimiento terminaban en
revistas como Vuelta, Nexos, otras revistas universitarias o grandes
editoriales; pues a final de cuentas el unomásuno era un periódico pequeño con salarios bajos.
Así, menciona que Octavio Paz, a través de buena paga
y oportunidades como becas o viajes al extranjero y exigiendo la
exclusividad absoluta de los escritores, condicionaba a autores a
terminar sus colaboraciones con el suplemento sábado, logrando así
llevarse consigo a figuras de la cultura como Guillermo Sheridan y
Fabienne Brandu, entre otros. Muchos escritores reconocidos formaron parte de sábado usándolo como un medio para obtener mejores oportunidades dado que el periódico no podía darles el mismo
nivel de beneficios a sus colaboradores. Se entiende así que el medio
se desarrolla en un marco englobante de relaciones de poder que
funciona sobre una base económica, por tanto
Debido a la jerarquía que se establece entre las relaciones entre
las diferentes especies de capital y entre sus poseedores, los campos de producción cultural ocupan una posición dominada, temporalmente, en el seno del campo del poder. Por muy liberados
que puedan estar de las imposiciones y de las exigencias externas,
están sometidos a la necesidad de los campos englobantes, la del
beneficio, económico o político. (Bourdieu, 2002: 321)
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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

Así en su entrevista, Batis menciona:
Me tocó estar en un periódico de salarios magros, con pobres
emolumentos para los escritores, consiguiendo textos de mis
alumnos en la Universidad, trayendo escritores de provincia, a
quienes nadie les publica, y tratando de llenar un hueco con sentido del humor y chispa, lo que afortunadamente se logra ya sea
por el lado de la irreverencia, del erotismo, de decir la verdad, por
el lado de no ocultar los juicios adversos hacia nosotros, echándonos enemigos por poderosos que sean, dando a conocer opiniones de la más elemental política diría: ‘’No publiques esto porque
vas a pagarlo caro, porque te lo van a cobrar a la corta o a la larga’’
(Miranda, 2012: 101).

Dentro del campo cultural el reto de sábado fue, sin duda,
su posicionamiento. En un comienzo la figura de Fernando Benítez
hizo posible que este suplemento se volviera el centro y escenario
donde importantes debates sobre la cultura y la literatura se llevaban a cabo. Después de su partida y la de muchos colaboradores de
renombre en el año 1983, fue Huberto Batis quien quedó al frente
del suplemento. La autonomía relativa del suplemento dio lugar a
los dos puntos claves en la dirección de Huberto Batis: la polémica
y la visibilidad a las producciones culturales de autores aún no institucionalizados. Al suplemento cultural sábado se le consideró en su
tiempo como el más controvertido del país y demostró la importancia de centrarse en la actualidad y utilizarla como un medio que
permite reflejar las inquietudes de los nuevos escritores del país.

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Luz Corral y Pancho Villa: análisis de una fotografía
Nora Elvia Cruz Camacho
Universidad Autónoma de Nuevo León
necruz1990@gmail.com

Rosa María Gutiérrez
Universidad Autónoma de Nuevo León
rosgutig@yahoo.com.mx

Fecha de entrega: 4-2-2021 / Fecha de aceptación: 4-5-2021

Resumen. En el presente trabajo, se proponen a la fotografía y a los
textos escritos en una autobiografía de una mujer como opciones para
evidenciar y para profundizar la situación femenina en el Norte de
México la primera parte del siglo XX. Al respecto, se observa que tal
situación es de subordinación femenina con respecto a la figura masculina como resultado de las prácticas sociales de esa época. Se elige
como corpus de estudio elementos que están en el texto Pancho Villa
en la intimidad (1948) de la norteña Luz Corral, la primera de las esposas del general revolucionario. Para el análisis, se utilizarán conceptos
de semiótica propuestos por Roland Barthes en su investigación La
camara lúcida. Nota sobre la fotografía, que se relacionarán con lo que desarrollan sobre la historia de las mujeres Cano (2010), Nash y Tavera
(1995), entre otros; así como, lo que explica Michel Foucault (2002)
y Sheila Benhabib.
Palabras clave: fotografía, situación de las mujeres, subordinación

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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

Abstract. In the following study we propose that picture and writtings in a woman autobiographyis an option to prove and to study
about women situation in the North of Mexico the first half of the
twentieth century. We observe that the situation is of subordination
as a result of the social practices of that period. In order to do this,
we select elements found at the text Pancho Villa en la intimidad (1948)
of the northern Luz Corral, who is the first of the Pancho Villa´s
wives. We will use Roland Barthes concepts that can be found at at
his investigation Camera Lucida: Reflections on Photography, that will be
relate with what Cano (2010), Nash y Tavera (1995) among others that
developed investigations about women history as well, we will also use
what Michel Foucault (2002) and Sheila Benhabib sugest.
Keywords. picture, women situation, subordination

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Introducción
Estudiar y conocer la historia de las mujeres nos lleva al descubrimiento de una serie de protagonistas que se han sido dejadas de
lado por el predominio de la visión masculina sobre el pasado. En
ese sentido, y de acuerdo con Mary Nash y Susana Tavera (1995), la
historia de las mujeres surgió y tomó forma a partir de la década de
los sesenta, con una aproximación que ellas denominaron “tradicional”, y en la que se incluyeron temas como los roles femeninos, la
educación, el control de la natalidad, entre otros. Este tipo de roles
correspondían con el tipo de actividades que realizaban las mujeres, pues, hasta hacía muy poco, las tareas femeninas se llevaban a
cabo casi exclusivamente en la esfera privada. En otras palabras, a las
mujeres les correspondía el cuidado del hogar y de los hijos, asuntos que no solían valorarse y que, de acuerdo con Henrietta Moore
(2004), repercutían en la invisibilidad de lo que ellas realizan (60).
Esta circunstancia, desfavorable para el género femenino,
incita a cuestionar la percepción que se tienen en los hogares en
cuanto a las actividades familiares y a las prácticas sociales que la
sustentan; sobre todo, estimulan los cuestionamientos, sobre todo
188), el poder se ejerce por grupos y no por individuos. Llama particularmente la atención la problemática de género que se presenta
día a día y la aceptación de cuestiones recurrentes, en las que parece
evidente la discriminación y la violencia hacia las mujeres, entre las
que se puede mencionar la falta de remuneración al realizar sus actividades en la esfera privada (Samaniego y Ochoa, 2009: 36).
Ante tal contexto, hemos elegido investigar a las mujeres que

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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

jaron las costumbres de su época, logrando, además, participar en
la esfera pública que les estaba negada. Por el especial interés en el
tema de la subordinación de la mujer, hemos seleccionado para este
análisis el texto Pacho Villa en la intimidad escrito por Luz Corral y
publicado por primera vez en 1948. En esta obra la autora recuerda
sus experiencias como la primera esposa de Pancho Villa y como
testigo de la Revolución mexicana. Como dicho libro es una autobiograía nos brinda la posibilidad, a través del análisis, de indagar las
percepciones y las ideas en torno a la situación femenina de acuerdo
a la autora.
Así, nos enfocamos en conocer aspectos de Luz Corral
como la esposa del revolucionario mexicanao Pancho Villa: una
con más de cuarenta años, escribió el texto en cuestión. La lectura
nos proporciona, de entrada, algunos datos básicos que aquí consignamos: su nombre completo era María Luz Fierro Corral de Villa;
nacida el 2 de julio de 1892 en San Andrés, Chihuahua, y muerta el 6
de julio de 1981 a la edad de 89 años en Chihuahua, Chihuahua. De
las trece esposas de Pancho Villa, como ya hemos mencionado, Corral fue la primera y, segú
quien el Centuario del Norte contrajo matrimonio tanto por la iglesia católica, como por lo civil: en 1911 en San Andrés, Chihuahua.
A la chihuahuense le tocó ser testigo de cambios sociales,
económicos y políticos, especialmente los concernientes a la mujer.
Entre los eventos que acontecieron en ese tiempo destacaban los
inició como resultado de la inconformidad de los mexicanos por el
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falta de alternativas para que otros interesados en llevar las riendas
del país tuvieran posibilidades de ocupar ese puesto, teniendo como
consecuencia inconformidades a lo largo y ancho del territorio nacional. Como se sabe, Díaz fue presidente de 1877 a 1880 y después
de 1884 a 1911.Tras el estallido, el general se exilió del país y el
movimiento reformista de Francisco I Madero triunfó llevándolo a
la presidencia. Resulta importante recordar que Madero era originario de Coahuila, estado donde vivía como un próspero hacendado
hasta antes de incursionar en la política (Rosas Sánchez, 2012). El
te derrocado dos años después, en la llamada Decena Trágica que
abarcó del 9 al 22 febrero de 1913 (y que culminó con el asesinato del presidente y de su vicepresidente: José María Pino Suárez).
Después de este hecho sangriento, Victoriano Huerta se instauró
como dictador, provocando el alzamiento de revolucionarios como
Venustiano Carranza, Francisco Villa y Emiliano Zapata entre otros.
todo por su intervención en el Norte del país, zona en donde este
militar contaba con un gran número de simpatizantes. Este hombre
fue quien desposó a Luz Corral. Ella, como tantos otros ciudadanos, se vio ve trastocada en su cotidianidad por los embates de la
lucha armada.
El complejo (y muchas veces contradictorio) proceso revolucionario trajo una serie de transformaciones drásticas en el país.
Surgieron, entre otras, propuestas de cambios sociales, algunas de
índole feminista, por parte de quienes creían que era necesario geDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-3

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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

nerar cambios para incorporar a las mexicanas en el ámbito de lo
público. Por ejemplo, en Yucatán, durante el gobierno del general
Salvador Alvarado (1915-1918), se plantearon escenarios que contemplaban cambios en la situación laboral de las mujeres, en especial, se buscaba que sus empleos les permitieran llevar a cabo las labores domésticas y familiares (Cano, 2010). Pero, así como Alvarado
se percató de la problemática de género, también surgieron mujeres
que alzaron la voz sobre este asunto, como es el caso de Hermila
Galindo, quien defendió la educación igualitaria para hombres y mujeres; y presentó la demanda del sufragio feminista ante el Congreso
Constituyente en 1916. La decisión a la que se llegó en la Constitución de 1917 fue negar a las mujeres estos derechos del ciudadano,
resolución que se tomó bajo dos supuestos: la falta de educación de
686-687). Es decir, prevaleció la idea de Locke en cuanto a que la
mejor alternativa para la participación de la mujer en la política era
a través del padre, hermano o marido. Sin embargo, en el hogar, la
mujer adquirió poder, ya que se estableció en la Ley de Relaciones
Familiares en 1917, y con ello se les permitió decidir sobre la educación de los hijos y sobre la administración de los bienes familiares.
En suma, aunque se dieron pautas para equilibrar la condición de
las mujeres en ese período, sus tareas siguieron encaminadas hacia la
permanencia de la esfera privada.
De ahí la importancia de recurrir a materiales como los ya
señalados (una fotografía y fragmentos de texto de la autobiografía
Pancho Villa en la intimidad que escribe Luz Corral Vda. de Villa) para
indagar más en este tema poco explorado. No existen, hasta donde
hemos podido explorar, muchos trabajos críticos sobre el libro de
Corral. La autora incorporó a su escritura algunas fotografías, apor80

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tando con ello un contenido visual a sus recuerdos. Hemos querido,
en este ensayo, recalcar que la fotografía constituye una evidencia
de cierta situación y que eso puede relacionarse en el análisis con
los textos escritos para profundizar y averiguar un poco sobre la
situación de las mujeres en el norte de México. He aquí la fotografía
seleccionada:

En cuanto al análisis de esta investigación, partimos del hecada de los cuarenta y que la fotografía fue tomada en 1914: durante
ese periodo la cultura era predominantemente patriarcal en México,
lo que se traducía en prácticas sociales aceptadas por hombres y
mujeres del país, y que pueden ser explicadas con los conceptos
desarrollados por Michel Foucault (2002), y cuya premisa podría ser
la siguiente: las sociedades controlan los discursos. El discurso con
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centro masculino repercute en lo que percibe de sí misma la mujer;
al respecto, Sheila Benhabib, propone que la conciencia de sí mismo
se constituye por la unidad de la narrativa que tiene que ver con lo
que yo puedo hacer, he hecho y lo que se espera de mi (2005: 5). Al
primera mitad del siglo XX vivían, descubrimos que se visualizaban
a sí mismas dentro de la esfera privada, sin más responsabilidad que
las labores del hogar y la educación de los hijos. Esto podría ser la
respuesta a la escasez de textos escritos por mujeres.
Objetivos
En este trabajo hemos planteado dos objetivos. El primero: establecer el estudio de la fotografía como alternativa para evidenciar
aspectos de familiaridad entre parejas de hombres y mujeres. Segundo: pretendemos hacer notar que las imágenes en una autobiografía
(complementándolas con fragmentos escritos en ese tipo de textos)
es una opción para indagar sobre la situación femenina que acontece
en el transcurso de la Revolución mexicana.
Metodología
Recurrimos a la semiótica para llevar a cabo el presente estudio. En
el análisis de la fotografía de Corral utilizamos especialmente conceptos desarrollados por Roland Barthes en su clásico ensayo La
camara lucida. Nota sobre la fotografía (1990), esto para establecer que en
esa imagen es posible observar evidencias y aspectos de las mujeres
que vivían a principios del siglo XX, cuyas actividades correspondían a la esfera privada, y que, en ocasiones, como ya se mencionó,
la sociedad no las considera como iguales a los hombres.
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Para realizar esta tarea, buscamos las imágenes que cubrieran las características antes marcadas para llevar a cabo lo planteado.
Análisis y conceptos de Barthes
Tomando en cuenta lo anterior, el material que capta la atención en
aras de lograr lo que se pretende despierta atracción para investigar
cierto corpus de estudio, es decir, profundizar en ese objeto de estudio se relaciona con lo que Roland Barthes llama “aventura” (1990:
54). Ese proceso de búsqueda culminó con la elección de la fotografía que se considera adecuada y que se estima que es en la que
se puede ver lo que enfrentan las mujeres en cuanto a su situación
Prisionera de mi marido del texto escrito por Corral. Se considera que
esa fotografía posibilita conocer la situación de las mujeres del periodo que se determinó: principios del siglo XX, objetivo que, de
acuerdo con Barthes, es el “stadium”, el cual “está en función de mi
saber y cultura cuya emoción es impulsada racionalmente por una
cultura moral y política” (64). Si bien es cierto que la selección de la
fotografía para este trabajo involucró en primer lugar ver varias de
ellas en el texto de Corral, la que se eligió despertó la curiosidad por
saber más de ella, no en sí del objeto o el proceso de la fotografía,
sino de las impliciones de la imagen.
Al observar la imagen de la fotografía visualizamos una
pareja hombre-mujer, en la que destaca Pancho Villa y que remite
a otra, cuestión que será relevante para el análisis y que se explicará
más adelante en este artículo.
En cuanto a las posibilidades que tiene este análisis de la fotografía, hemos subrayado su utilidad como una herramienta crítica
para profundizar en el conocimiento de la historia de las mujeres
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se convierte en una evidencia para establecer que efectivamente
existió una relación familiar (y sentimental) entre Pancho Villa y
Luz Corral, sobre todo si se toma en cuenta que de acuerdo a Barthes, con la fotografía “no se puede negar que la cosa haya estado
muestra en la imagen, se puede conjeturar que esas dos personas se
conocen de manera cercana.
Es impresindible, entonces, proseguir con la descripción de
la fotografía para comprender sus caracteristicas. Hay varios aspectos involucrados en esta imagen: se puede mencionar, en primer
lugar, que corresponde a un retrato, en resolución blanco y negro,
en donde se aprecian dos personas. Otro aspecto relevante en este
Pancho Villa está situado a la izquierda y Luz Corral a la derecha.
Con respecto a la indumentaria y apariencia de la pareja: por un lado,
Pancho Villa porta un traje militar, condecoraciones y sombrero.
En contraparte: Luz Corral lleva como joya una gargantilla; aparentemente la blusa es de cuello redondo, su cabello está peinado con
raya a su izquierda, con un recogido no completamente restirado: el
cabello tapa casí por completo ambas orejas, y, por lo mismo, no es
posible saber si porta o no aretes. En cuanto a sus rostros, la imagen
Por el contrario, Corral sin asomar una sonrisa, sino con un gesto
serio mira al frente directamente a la camara.
Otro elemento a tomar en cuenta: el fondo, que si bien es
muy difuso, permite advertir que la pareja de esposos se encuentra
en el exterior, porque a sus espaldas es posible contemplar las rejas
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de una ventana o puerta tras la imagen de Pancho Villa, mientras
detras de Luz Corral se observa una pared clara.
El dato sobre la locación al exterior es importante en este
análisis, ya que a inicios del siglo XX los retratos que se solicitay acondicionaban para recibir a los clientes interesados en contratar los servicios de los fotográfos. Estos sujetos, a los que Roland

al hombre de pie y a la mujer sentada. Otra pose frecuente en las
fotografías de la primera mitad del siglo XX era la de los varones
posando su mano sobre el hombro de la mujeres. Todas estas fotos se realizaban en el interior de los estudios. Tomando en cuenta
lo antes expuesto, si la fotografía que se analiza en este trabajo, se
tomó en el exterior, entonces es probable que haya sido capturada
de manera espontanéa. Ante esta aseveración, destaca que la mano
de Pancho Villa este sobre el hombro de Luz Corral, es este detalle
el que, siguiendo el análisis de Barthes en su investigación sobre la
fotografía en La cámara lucída, representa el punctum del análisis, es
decir: “el que sale de la escena y viene a punzarme” y que va más
allá de la foto. El punctum tiene que ver, aquí, con la mano de Villa
sobre el hombro de Corral: es lo que ha llamado nuestra atención
para decidir realizar esta investigación en relación a la situación de
la mujer. Esto, en un inicio, lleva a pensar que esa imagen de la pose
de la pareja puede ser el resultado de una práctica social arraigada a
inicios del siglo XX.
Como comentamos anteriormente, seleccionamos esta fotografía de Villa y Corral porque la misma remite a otra, que es la de
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una pareja de pintores destacados en el mundo de las artes plásticas
mexicanas contemporaneas constituida por Diego Rivera y Frida
Kahlo. En esa fotografía como en la de Villa y Corral; Rivera, el
esposo, reposa la mano sobre el hombro de Kahlo, la esposa, es una
foto en el exterior, no en un estudio.
Observar los retratos de ambas parejas y de otras, sugiere
que la pose de la mano del hombre sobre el hombro de la mujer podizar en el análisis de la fotografía y relacionar las prácticas sociales
con el papel de la mujer de inicios del siglo XX, la mano del hombre
puede tener otra interpretación.
Discusión
Si se toman en cuenta los antecedentes de la situación de la mujer
en México a inicios del siglo XX y el texto de Corral al analizar la
fotografía seleccionada, la interpretación del puctum, es decir de la
mano Villa sobre el hombro de Corral, puede ser de sometimiento
de la mujer por parte de su marido, ya que la mano del esposo parece
detener a la esposa. Más aún, Luz y Villa posaban ante el operator
como lo hacían otras parejas dentro de los estudios de acuerdo a las
instrucciones del fotográfo. Es decir, podría ser que esa pose fuera
en esa época una práctica social que traspasó el espacio del estudio
percepciones sobre la fotografía que se elige, ya que es evidente en
el escrito por dicha mujer que se sometía a las ordenes de su marido
voluntariamente y que otras personas eran testigos de que eso ocurría, cosa que se puede constatar en este fragmento de la autobiografía en cuestión: “Señora, yo me resisto a cumplir con esta orden;
¿Por qué no se va Ud. a El Paso, Tex. Mientras se le pasa el coraje a
mi General?” (Corral, 1948: 90)
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Estas lineas del texto Pancho Villa en la intimidad, las envió
Villa en un telegráma a Corral y como su esposa no se encontraba
en casa para recibir el mensaje, la amonestación a la que se hizo
acredora por esa “falta” que cometió fue la de sufrir por la furia de
su marido, quien ordena su encarcelamiento. El militar, a quien se
le ordena arrestarla, se niega a seguir la disposición, pero Corral lo
exhorta a cumplir con la orden de Villa.
Con el análisis de la fotografía y la lectura de este fragmento se puede comprender la práctica social con respecto a la mujer
objeto (Corral), propiedad del hombre (Villa), quizas no aprobados
pero si aceptados por la sociedad. En el texto, Corral aceptó su situación aún y cuando se le presentaba la alternativa de cambiarla, de
la misma manera, la pose de la fotografía también podría haber sido
otra. En ambos casos, Corral siguió las costumbres de la época, de
posar y de obedecer a su marido, pero la posibilidad de cambiar las
prácticas sociales estaban presentes.
Es importante recordar, que, como se mencionó anteriormente, a inicios del siglo XX la sociedad en México era predominantemente patriarcal, cuestión que se relaciona con la conciencia sobre
el “yo” que las mujeres tenían, que era la del “otro masculino”. En
relación a este asunto, Michel Foucault propone que la disciplina
trae consigo “cuerpos dóciles” que pueden ser sujetos para ser usados, transformados o mejorados (2002: 198), el discurso central era
el masculino y por lo tanto las prácticas sociales se traducíann en
mujeres dóciles que aceptaban la situación prevaleciente. El orden
establecido en México a inicio del XX, probablemente invisibilizaba
la situación de la mujer no solo para los hombres, sino para ellas
mismas.
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Siguiendo con las propuestas de Foucault, quien relaciona el
orden social con la subjetividad e identidad (2002: 198), podemos
decir que una práctica social que exalta el poder masculino puede
generar que lo femenino sea subestimado y que la misma mujer se
sienta inferior, cuestión que está latente en la fotografía y en el texto
en los que Corral está involucrada.
Los análisis con respecto a la situación de las mujeres puede generar cuestionamientos para cambiar ciertas prácticas sociales
que la afectan negativamente. Estar inmersos en ciertas situaciones
repercute en la falta de visión sobre las problemáticas que se presencostumbres que afectan al “otro” (que por lo general son la minoría), con expectativas de un futuro mejor. En este mismo orden de
ideas, de acuerdo a Judith Butler: “es necesario formar y construir
2014: 76-77). Revisar la historia de la mujer con una mirada crítica
probablemente se convirtieron en prácticas sociales aceptadas por
hombres y mujeres y que eran recurrentes. De acuerdo a Barthes la
fotografía “es subersiva si se piensa”, por lo que un medio para alcanzar ciertos cambios sociales es confrontar a los espectadores con
la imagen como evidencia de cuestiones negativas, lo cual conlleva
la posibilidad de observar con detenimiento y a detalle cuestiones
que de otra manera no tomaríamos en cuenta y proseguiríamos sin
reparo cometiendo los mismos errores.
Conclusiones
En este artículo presentamos cuestiones relativas al papel femnino,

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la cual afecta a las mujeres de diverssa manera, como la falta de remuneración y vida independiente. Revisamos diversos aspectos de
la biografía de Luz Corral vda. de Villa, una de las trece esposas del
general revolucionario Pancho Villa, para establecer ciertas pautas
de conductas femeninas de la época.
Realizamos, posteriormente, un análisis semiótico, utilizando para ello las propuestas de Roland Barthes en su investigación La
camara lucida. Nota sobre la fotografía
tografía que se encuentra dentro del libro Pancho Vila en la intimidad,
y establecimos que esa es una alternativa para mostrar evidencias
de una situación femenina y profundizar, así, en la historia de las
mujeres. Entre otras cosas, pudimos percbir y describir prácticas
sociales que propician la subordinación femenina. De tal manera,
hemos hecho notar que la fotografía es un medio con el que es
posible observar y corregir circunstancias desfavorables en el caso
de esta investigación para las mujeres, que son sujetos que tienen
desventajas en la sociedad.

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

La violencia del machismo en Adiós, Tomasa de
Geney Beltrán Félix
Mónica Torres Torija G.
Universidad Autónoma de Chihuahua
mtorrestorija@hotmail.com

Fecha de entrega: 15-3.2021 / Fecha de aceptación: 30-5-2021
Resumen. Geney Beltrán Félix propone en Adiós, Tomasa una revisión
a los patrones de violencia que son inculcados desde la niñez y que afectan a los seres más vulnerables como las mujeres y los niños. En un área
serrana, donde las comunicaciones y la presencia del gobierno se caracterizan por su ausencia, impera la proliferación de actividades ilícitas
que están promovidas por la presencia del narcotráfico y la corrupción
del Estado, lo que va convirtiendo el Triángulo Dorado mexicano en
un espacio geográfico donde abundan experiencias trágicas provocadas
por las violaciones, los crímenes y los actos delictivos de esta zona de
clivaje. En este trabajo se analizará la irrupción de la violencia en el
seno familiar y social que prevalece en el pueblo de Chapotán derivado
del machismo cultural y que, junto a las amenazas intimidantes del crimen organizado, trastocan la vida de las personas que intentan subsistir
pese al peligro y de otros que desisten y se aferran al sueño americano optando por la aventura migrante. El elemento autobiográfico y la
focalización infantil serán los recursos con los cuales el autor nos sumergirá en un México con un escenario crudo y grotesco de la realidad
contemporánea que finca su territorio imaginario sobre el desasosiego y
la violencia de la sociedad mostrando cómo la violencia y el odio generado por el negocio del narco han cambiado gradualmente la dinámica
social del norte del país.
Palabras clave. violencia, narcotráfico, machismo, corrupción, migración.

93

�Mónica Torres / La violencia machista

Abstrac. Geney Beltrán Félix proposes in Adiós, Tomasa a review of the
patterns of violence that are instilled from childhood and that affect the
most vulnerable beings such as women and children. In a mountainous
area, where communications and the presence of the government are characterized by their absence, the proliferation of illicit activities prevails
that are promoted by the presence of drug trafficking and State corruption, which is turning the Mexican Golden Triangle into a space geographical area where tragic experiences caused by rapes, crimes and criminal
acts in this cleavage zone abound. This work will analyze the irruption of
violence in the family and social that prevails in the town of Chapotán
derived from cultural machismo and that, together with the intimidating
threats of organized crime, disrupt the lives of people who try to survive
despite danger and others who give up and cling to the American dream
by opting for the migrant adventure. The autobiographical element and
the child focus will be the resources with which the author will immerse us
in a Mexico with a crude and grotesque scenario of contemporary reality
that establishes its imaginary territory on the restlessness and violence of
society, showing how violence and hatred generated by the drug business
have gradually changed the social dynamics of the north of the country.
Key words: violence, drug trafficking, machismo, corruption, migration

94

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-4

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

La violencia nunca puede ser
un espectáculo porque resulta imposible mantenerse al
margen, no hay espacio mental para la existencia de un testigo, de un público mudo, un
pueblo que se diga neutral.
Nadie puede contemplar la violencia
desde una distancia segura. (Chávez,
2011: 133)

Indudablemente, la literatura mexicana contemporánea está permeada por la ola de violencia que se ha desplegado por todo el
territorio nacional y la narrativa ha dado muestras de ello al expresarlo de manera explícita propugnando por un nuevo realismo que
ha suscitado el debate de la crítica por considerar si estamos frente
a una estética que pudiera relacionarse con una narconarrativa, o,
dicho de otra manera, con una estética de la violencia. Lo que es un
hecho es que el escritor mexicano de hoy en día, como lo expresa
Silvia Ruiz Otero…
… es contestatario, irónico, indiferente, transgresor, apático, rebelde, fragmentario, honesto y pretencioso […] tiene una voz
propia que se alimenta de las voces de su región y, al mismo tiempo, pretende elevarse por encima de regionalismos […] responde
con la crítica feroz a su mundo globalizado (2013: 38)

Tales actitudes reflejan el compromiso del novelista por plasmar la realidad en su total desnudez y compaginarlas con un agudo
sentido crítico que pone en tela de juicio la falta de gobernabilidad
de un Estado que ha sido presa fácil de la corrupción, fomentando
la violencia en diferentes zonas del país, en particular en aquellas
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-4

95

�Mónica Torres / La violencia machista

donde se está más desprotegido de los avances de la civilización y en
donde los patrones culturales refuerzan los mecanismos de control
de la masculinidad dominante, lo que perjudica la vulnerabilidad de
los seres más indefensos como lo son las mujeres y los niños.
Tal dilema ante las circunstancias que delinean el panorama
atroz que sacude a la sociedad, lleva a cuestionarse el papel que la
literatura enfrenta al recurrir a la ficción para narrar un mundo tan
agresivo. ¿Es posible, entonces, subsistir en una cotidianidad que
constantemente nos estruja con las irrupciones violentas y nos deja
impávidos al grado de perder el asombro, corriendo el grave peligro de normativizar este desenfreno violento? ¿Cuáles son los efectos que se producen a través de esta experiencia desoladora de la
violencia tanto a nivel personal, como de la colectividad y del país?
Por último, habría que reflexionar lo que la literatura asume como
reto ante la ficción. Como lo expresa Ramón Alvarado Ruiz: “¿puede la literatura comunicar esas experiencias o nos enfrentamos a lo
indescriptible, a lo inenarrable?” (2016: 53). Invariablemente hay
una especie de seducción del escritor por narrar esta literatura de la
violencia, que implica no sólo el abordaje de un contenido lleno de
crudeza y testimonios de una realidad casi aberrante, sino también
el trabajo de una composición narrativa, el uso del lenguaje como
materia primordial para construir un discurso que fincado en las
voces coloquiales y regionales se erija como un rasgo estético más
allá de un tinte costumbrista. Narrativas del dolor que se fincarán
en función de la voz y la mirada de sus personajes testigos de una
realidad que los agredes, los confronta y en ocasiones los aniquila.
Testimonio, relato autobiográfico e historias que mediante el pacto
de ficción revelan la sordidez que nos ha envuelto y que ha propi96

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ciado los altos índices de la violencia en todas las esferas de la vida
pública.
¿Cómo representar esta materia de la violencia, este cuerpo que
tiene menos valor que la moneda? Algunos artistas y escritores
parecen creer que directa e inmediatamente, esto es, en toda su
crudeza. […] Los novelistas, dijo Vargas Llosa, son como buitres:
se alimentan de carroña. [...] Por eso, construir una mirada sobre
la violencia es el dilema ético actual, porque supone asignarle un
lugar a quien encarna la exclusión y desencarna el sistema; esto es,
darle un valor a su agonía. (Ortega, 2012)

De esa carroña que desafortunadamente nos topamos día
con día en las noticias, en nuestro cotidiano andar por este agitado
México, se llega a comprender que la literatura de la violencia es un
intento por acercar la mirada del lector a una realidad que propicie
una reflexión crítica de su entorno para comprender y poder reaccionar a lo acontece a nuestro alrededor y quizá, en alguna medida
posible, hacer algo por cambiar el escenario.
Geney Beltrán Félix, hombre polifacético en el ejercicio de
las letras (editor, traductor, ensayista, crítico literario y narrador) ha
logrado forjarse un perfil literario que ya lo distingue como una figura señera dentro la literatura mexicana contemporánea. Una narrativa caracterizada, a juicio de algunos críticos como Eduardo Antonio
Parra, por “un realismo brutal como una estrategia para reflejar el
caos de nuestro tiempo. Un paso por el infierno muy difícil de olvidar” (2014), o Vicente Alfonso quien la considera una “literatura
compleja cuyos personajes no son sólo víctimas ni sólo verdugos,
sino complejas estructuras sicológicas en precario equilibrio” (2011)
y “la descripción minuciosa del aire de apocalipsis que reina en México y sus efectos en el alma”, según Verónica Murguía (2010).
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�Mónica Torres / La violencia machista

La violencia ha sido un tema ya recurrente en la narrativa
de Geney Beltrán Félix, escritor duranguense quien en 2015 fue
ganador del Premio Bellas Artes de Narrativa Colima por su obra
Cualquier cadáver (2014), donde aborda sus efectos en la sociedad
mexicana contemporánea, a partir de la reflexión ¿qué hacer ante
el dolor y la culpa en el ánimo de las víctimas de la violencia? Un
compromiso asumido por el autor que también se palpa en textos
anteriores como Habla de lo que sabes (2009) y Cartas ajenas (2011),
por desarrollar una sensibilidad y una preocupación para que la
escritura otorgue una voz a aquellos personajes silenciados por la
violencia. En los cuentos de Habla de lo que sabes (2009), se muestra una galería de personajes que son devorados por la vorágine
urbana tanto por sus impulsos, como por su ignorancia o por
malas decisiones. Un mundo absurdo donde la ciudad irascible
surge como un ente que devora y somete a sus habitantes. Por
otro lado, en Cartas ajenas (2011) se puede observar como línea
central de la novela el desencanto, que lleva al protagonista en
su vicio de abrir cartas ajenas, a involucrarse con los remitentes
y rebelársele ante sí un violento trasfondo social, que lo llevará a
planear el estallido de una Nueva Revolución para cambiar desde
raíz tanta injustica y abuso. Se puede señalar entonces, que algo
que ha prevalecido en el universo narrativo de Beltrán Félix es
el escenario crudo y grotesco de la realidad contemporánea que
finca su territorio imaginario sobre el desasosiego y la violencia
de la sociedad mexicana actual. Es interesante conocer la opinión
del autor ante la controversia de la violencia como leitmotiv en la
literatura mexicana:
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No entiendo por qué se les reprocha a muchos [escritores] que
aparezca [en sus obras] la violencia asociada al narcotráfico, al estado, al ejército o a la policía (que muy frecuentemente son la misma violencia), cuando es algo que está definiendo muchas otras
cosas de nuestra actualidad como la vida económica, la contienda
política… la violencia está ahí, permeando todo eso. Se trata, entonces, de una literatura que es muy importante porque dejará un
registro de cómo estamos lidiando con esto. Más allá de la precisión histórica (que es algo que en realidad no se le puede exigir
a la literatura de la misma manera que a la investigación histórica
o al periodismo), queda como un registro muy importante. Y es
que hablemos de lo que hablemos siempre estamos hablando de
nosotros mismos, de nuestro tiempo. (Herrera, 2014, como se
citó en Valencia Badillo, 2017: 28)

Aun y cuando Adiós, Tomasa no es una narconovela, opinión
que también ha sido expresada por el autor, sí pueden encontrarse
en ella algunos elementos que podrían vincularse con ese “nuevo
realismo” que todavía está en un proceso de definición. La presencia
del narcotráfico en la novela de Beltrán Félix se convierte no solo en
un elemento antagónico, sino también en una fuerza temática y en
un motor de la acción, aunque la obra gira en torno de los efectos de
la violencia que sufre la mujer, en este caso Tomasa, y Flavio, el niño
que es testigo de esta realidad que estruja y zarandea la vida familiar
y social del pueblo de Chapotán ante la presencia del crimen organizado en la zona serrana de Durango. Por ello considero conveniente
referir lo que Herlinghaus argumenta en torno al género de la narcoliteratura y el vínculo que sostiene con la obra de Beltrán Félix:
Las narconarrativas (y ahí deberíamos incluir novela, testimonio
y narrativas etnográficas, periodismo literario-investigativo, cine
documental, cines de ficción, teatro) nos interesan como lente

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que permite captar, intensificar, descentrar o refocalizar asuntos
claves de la vida y sociedad contemporáneas desde territorios de
experiencia dolorosos y anacrónicos. Una definición tentativa de
narconarrativas […] podría apuntar en la siguiente dirección. Designan una multiplicidad de dramas expresados en lenguajes anacrónicos y articulados, en América Latina y en espacios de la frontera hemisférica, a través de fantasías que se mueven alrededor de
la depravación y desterritorialización de ámbitos individuales y
comunitarios por diversos factores. Entre esos factores encontramos el deterioro de las relaciones tradicionales de carácter social
y al mismo tiempo de las reglas democrático-civiles, las nuevas
escalas de movilidad y experiencia espacial de la gente común,
junto con el crecimiento drástico de economías informales, especialmente el ascenso de la economía trasnacional del tráfico de
estupefacientes. (Herlinghaus, 2016: 248)

Lo que se propone Beltrán Félix a través de una narrativa
elaborada a partir del recuerdo y la vivencia autobiográfica, es captar
y sobre todo de “refocalizar” la vida social de un pueblo serrano que
ha estado padeciendo experiencias terribles por la violencia desatada
en la región. Debido a esto, se percibe el deterioro de las relaciones
tradicionales de carácter social, lo que repercute en la movilidad de
la gente que opta por la migración como una tabla de salvación a sus
miserias. Todo este cambio generado en la vida que en otro momento se llevaba a cabo en ese lugar, se ha trastocado por el crecimiento
drástico de economías informales, como sería el narcotráfico. Por
ello, Adiós, Tomasa, sin ser propiamente una narconovela, está en
una zona colindante que incorpora la problemática del narcotráfico,
pero se centra más en la vulnerabilidad de los personajes que son sometidos por la violencia que se genera a partir de éste. Silvia G. Alarcón Sánchez (2018) propone un “nuevo realismo” que incorpora lo
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que ella denomina una estilística gore por la representación explícita de
la violencia al describir los crímenes vinculados al narcotráfico; personajes que suelen ser víctimas y victimarios, personajes violentos
y violentados y con narradores testigos; una estética traqueta donde
el lenguaje tiende a mimetizar el usado por el narcotraficante o las
voces regionales; la deslegitimidad del estado y la nación criminal, ya que
el gobierno que debe proteger es el encubridor y coadyuvante de
las prácticas de los narcotraficantes; hay una falta de gobernabilidad
sostenida por una falta de reglas o normas desiguales para todos los
individuos y por último, un pacto de lectura: donde el lector tiene a la
mano muchos recursos informáticos y de los medios que sostienen
la “verdad” de lo narrado (Alarcón Sánchez, 2018: 79).
Algo que es claro en la novela Adiós, Tomasa es la extremada violencia explícita que se da derivada en primera instancia
del machismo, de esa masculinidad dominante que se ve reforzada
por la supremacía del narcotráfico. Violaciones, vejaciones, raptos, golpizas y asesinatos serán plasmados como muestra de esta
violencia desplegada en el Triángulo Dorado de la zona serrana.
De igual manera, Beltrán Félix reproduce muchas de las voces y
de las expresiones propias de lenguaje serrano, lo que le otorga al
discurso narrativo una riqueza invaluable. El gobierno se convierte en un personaje más, un ente escurridizo que se confabula con
los capos del narco para hacer proliferar el Negocio en esa zona,
fomentando la corrupción y evitando la impartición de justicia.
Tales acontecimientos traen a colación para el lector sucesos que
han salido a la luz pública, ya sea por los medios informativos o
incluso pueden llegar a verificarse por medios electrónicos. Esta
verosimilitud de lo narrado fortalece el pacto de ficción y el comDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-4

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promiso del escritor no solo con la literatura sino también con la
función social del arte.
“¿Cómo se puede narrar la violencia, sobre todo cuando alcanza niveles de desmesura y horror que arrasan con todo lo que de
humano hay? pero comprometiéndose a producir efectos de verdad” (Foucault, 1996: 137-138). Detrás de una historia vivida que es
traída al presente por el autor a través del recuerdo, se abordan los
temas “del machismo, el narcotráfico, la violencia contra las mujeres
y contra los niños” (Maristain, 2019). Como lo expresa Geney “...
me interesaba recuperar la épica de puertas adentro, el mundo intimista y doméstico de la familia” (En Alfonso, 2020). Esas historias
de familia, esa épica como él menciona, que resalta lo que pudiera
considerarse la heroicidad de esos personajes que, en su inocencia,
se enfrentan a la adversidad y desafían lo abominable. Un mundo
interior que se verá reforzado por el espacio privado, el doméstico
de la familia, sobre todo el mundo de las mujeres, será el campo de
cultivo en el cual Beltrán Félix narrará la historia de Tomasa y de la
familia Carrasco del pueblo de Chapotán.
Adiós, Tomasa aborda con crudeza la brutalidad de la realidad
en los pueblos anclados en la sierra y muestra cómo la violencia y el
odio generado por el negocio del narco han cambiado gradualmente
la dinámica social del norte del país. “Beltrán Félix interna al lector
en lo más recóndito de la Sierra Madre Occidental, donde el crimen
organizado y la rudeza del sistema heteropatriarcal son asuntos que
las personas han asimilado con naturalidad y resignación” (Cruz,
2019). Más allá de la historia de Tomasa, Geney Beltrán parece advertirnos que la encrucijada por la que atraviesa México, cuyo origen
es impreciso, ha sido detonada en silencio. Los principales testigos
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de esa metamorfosis son personas ordinarias como la familia de los
Carrasco y otras tantas que fueron desplazadas o que, sin otra opción, se integraron a la nómina de los grupos delincuenciales. Los
hechos nos llegan contados por las voces de distintos personajes,
donde predomina la mirada de Flavio, el hijo menor de la familia,
cuya vida se ve trastocada cuando irrumpen en el pueblo narcotraficantes protegidos por el ejército. Así, el libro reflexiona en
torno a fenómenos como la migración forzada, el abuso infantil,
la trata de personas y la ausencia del estado de derecho. Adiós,
Tomasa exhibe el machismo y la no existencia de un sistema legal que
provocan la aparición de arbitrariedades como las desapariciones y violaciones de mujeres, entre otros crímenes.
Adiós, Tomasa trata de una manera general las formas de la
“masculinidad dominante” en Chapotán, un pueblo duranguense
asentado en el “Triángulo Dorado” de la droga, en las estibaciones
de la Sierra Madre Occidental, donde confluyen los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango. (“Adiós, Tomasa no es una narconovela:
Geney Beltrán en el Cecut”, 2019). Un pueblo enclavado en la sierra,
donde dos cosas son incuestionables: el hombre manda en la casa y
la única salida a la pobreza es volverse narco o emigrar al Gabacho.
En ese pequeño lugar, que no es más que un microcosmos del gran
universo del país, una joven es raptada por dos narcotraficantes ante
el pasmoso silencio de una familia y un niño de nueve años.
La novela aborda las formas de la masculinidad dominante
en el pueblo de Chapotán, donde un par de hermanos con fama de
narcotraficantes raptan a Tomasa, una adolescente que sufre la violencia del machismo en un estado de excepción donde no hay ley y
donde los habitantes ven esto como normal.
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Ocurre en uno de esos confines patrios del todo olvidados, ajenos
a la justicia de cualquier clase y a todo tipo de progreso, surtidores
de migrantes a los Estados Unidos, los cuales sólo han ingresado
a la geografía nacional por garantizar seguridad, silencio, terror y
complicidad al narco, gracias a la población sometida, abastecedora del sicariato y a las escasas autoridades en connubio con el
ejército. (Domínguez, 2019)

La novela inicia con una escena brutal que es el rapto de
Tomasa. La violencia se rebela con toda la crudeza cuando se narra
la violación de El Chalío a la joven Tomasa. Insultos y golpes van
cayendo en tropel en la figura de la muchacha que es ultrajada sin
piedad y de la que nos enteramos de que ha sido víctima de estupro
en varias ocasiones, que ha tenido tres embarazos, dos abortos y
solo se le logró el tercer bebé. Este encuadre macabro será el marco
narrativo de este entorno donde la violencia hacia la mujer vilipendiada constantemente por el hombre será la constante que se recrudecerá con las fricciones y rivalidades que afloran con la presencia
del narcotráfico. Beltrán llegó a comentar respecto a los hechos que
sirvieron como referente del argumento de la novela lo siguiente:
No todos los días se encuentran cadáveres, ni se oyen balaceras,
pero hay otras formas de violencia que hoy en día se llamarían
micromachismos, que tienen que ver con la utilización del habla
para trasmitir una educación machista a niños y niñas desde que
están en la primaria. (“Adiós, Tomasa no es una narconovela: Geney Beltrán en el Cecut”, 2019)

La historia de Tomasa es el parteaguas de un mundo que
se ve cimbrado por un machismo, en donde la figura del hombre
tiene que ejercer el control desde el dominio del ámbito familiar y
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del social. De ahí que las relaciones familiares se establezcan mediante el sometimiento y la obediencia ciega al yugo que se ejerce
no solo hacia las mujeres, sino también frente a los plebes. En
el ámbito social, hay que establecer quién es el que manda en su
territorio y establecer, bajo las formas de coerción e intimidación,
quién ostenta la autoridad y el mando para ganarse el respeto y
ser temido por ello, como lo es la figura del Eutimio, el padre de
Flavio.
Los hechos narrados en el pueblo de Chapotán nos muestran a través de sus descripciones a “una novela triste, pero también
un acto de reivindicación y de denuncia ante la vorágine de una
violencia interiorizada en el lenguaje” (Rojas, 2019). Es también un
relato fidedigno acerca de las contrariedades sociales “que emanan
de la desigualdad y de la deuda pendiente del Estado con las víctimas” (Rojas, 2019: 4). No en balde, Maruca, la mamá de Flavio,
al narrarle el encuentro que tiene con el ejército, lo describe de la
siguiente manera:
¡Cuándo el gobierno se iba a hacer cargo de eso! ¡El gobierno sólo
está para robar, mijo!
-Pero ma, ¿quién es el famoso gobierno? ¿Son los guachos?

-Eso decimos siempre, mijo, pero no nada más ellos. (Beltrán Félix, 2019: 113)
Los personajes más indefensos, las mujeres y los niños viven
inmersos en un mundo donde las amenazas, no sólo son la pobreza,
la ignorancia, el aislamiento del pueblo, la migración de los jóvenes
al Gabacho, sino también el secuestro y asesinato por parte de El
Negocio y de la corrupción de los Guachos. Frente a este contraste
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2019). La mirada de Flavio recorre el diario acontecer de la vida
familiar y social; testigo ocular al que los hechos le van arrebatando
paulatinamente su inocencia, transitan frente a él tanto las imágenes
del asombro como del horror: “el descubrimiento gozoso de la escuela, la tensa y amarga relación de sus padres, el dominio creciente
del negocio de la siembra de droga, la migración al Otro Lado como
única alternativa para los chicos del pueblo y la, en apariencia, inmutable vida en la sierra, que termina trastocada por los asesinatos”
(Cruz, 2019).
La infancia de Flavio se desenvuelve en un mundo donde
su padre representa una autoridad intimidante, incapaz de mostrar
afecto y cuya presencia tan solo le produce ansiedad y temor, incluso
sin poder sostenerle la mirada. Por eso se refugia en el espacio que
ocupa la madre, que es la cocina o en la tienda de abarrotes. Es en el
mundo de la mujer, donde Flavio puede mostrar la sensibilidad que
en el mundo del varón se le reprime. Ve en la figura de su padre, un
patrón de comportamiento con el cual le es difícil empatizar, además de que suele ser una figura ausente con el cual conversa poco
y cuando lo llega a hacer, es para acatar las órdenes recibidas. Con
sus pares, Flavio observa y reconoce la manera en que los chicos y
jóvenes van reproduciendo los patrones machistas y anhelan pese a
sus años mozos tener ya sus primeras experiencias sexuales para ir
probando su hombría y presumir de ello; que se conozca y se sepa
que ya son “muy machos”.
Tomasa, por otro lado, es una adolescente que sufre la violencia del machismo. Joven serrana del pueblo Del Toro, las adversidades la llevaron a vivir con Maruca y pareciera que por más que
se le trata de proteger de las amenazas, las calamidades la persiguen.
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de violencia normalizada en los pueblos de la sierra, Geney Beltrán
muestra especial interés al retratar los aspectos de la ternura, del
apego, de la esperanza porque cuando se habla de la violencia rural
se crea la idea de que en los pueblos se piensa todo el tiempo en
muerte y dinero.
Yo quise mostrar que hay ternura en el infierno, que no hay
balaceras todas las tardes, pero sí hay hombres que siembran droga
y se convierten en los machos alfa en un pueblo sin ley que creen
que tienen el derecho de raptar a una muchacha. Por eso la mirada
infantil es importante, es la que permite cuestionar una violencia
que en los adultos es normal. (Piñón, 2019)
Para lograr evitar en una narrativa que bien pudiera caer en
los confines de las ambigüedades de la narcoliteratura, Geney Beltrán utiliza la voz y la mirada de sus habitantes y en particular, la de
Flavio, quien es el hijo menor de ese núcleo familiar de los Carrasco,
el pequeño varón que está abierto al descubrimiento de la otredad,
esos seres que lo rodean y no termina por comprender, que vive un
momento en el que todavía no se ha endurecido y su identidad se
está formando, tanto así que se siente reprobado por la mirada de su
padre y que cuestiona constantemente el mundo que lo rodea.
La historia es contada a través de la mirada de Flavio, un personaje que le permite al autor cuestionar la violencia normalizada.
“Con una educación muy dura, muy de forjar a todos los varones
como futuros machos” (Quiroga, 2019). Identifica en ese tipo de
educación, “tan brutal, indiferente a las emociones y a la sensibilidad
de un niño, como el momento en el que se siembra la semilla de
la futura violencia que esos niños ya adultos van a cometer contra
mujeres a quienes se les educa como objetos de placer” (Quiroga,
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Habiendo quedado huérfana de madre al nacer, fue criada por su
tía Gertudris quien la cuida y protege y le enseña labores propias
del campo. Entre la inocencia de Tomasa y la de Flavio surgirá una
especie de complicidad pues ambos son víctimas en un mundo que
los confronta y que irá interrumpiendo violentamente su inocencia.
Pese a la diferencia de años, pues Tomasa tiene alrededor de unos
catorce o quince años cuando llega la casa de la familia Carrasco y
Flavio tiene unos nueve, la solidaridad que surge entre estos dos
personajes que se comprenden, reconfortan e ilusionan en un amor
idílico al pretender Flavio protegerla de cualquier peligro o amenaza
que pueda lastimarla. Los años mostrarán que este candor infantil
tendrá que desaparecer al igual que la forma en que Tomasa será
secuestrada de manera violenta cuando Flavio se queda dormido en
la tienda de abarrotes. Muchos años después, tendrá la oportunidad
de volver a verla, con su hijo, cuando ya radican en Culiacán, pero
será un encuentro fugaz; la vida misma los ha curtido al grado que
ya no son los mismos.
Se ha dicho que la fatalidad perseguía a Tomasa. Su juventud y lozanía la habían convertido en una atracción y objeto sexual
deseado para los hombres que querían hacer gala de su hombría.
Desde pequeña había sufrido el abuso de su tío sin poder decir nada
al respecto, primero empezó como un manoseo hasta que terminó
con una violación brutal y salvaje:
Él aplastó su cuerpo sobre el de ella. Con una mano le jaló la
pierna izquierda hacia un lado, con la otra velozmente le juntó
las muñecas y las apretó contra el borde del catre. Ella sintió una
quemazón en la entrepierna. Una víbora reseca y con hambre devorándole el adentro. Volvió a intentar un grito, abrió la boca tra-

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tando de jalar aire, él la aplastaba, le hundía la víbora quemante,
le dio un golpe más en la cara cuando ella intentó morderlo en
un hombro, él siguió sacudiéndose, jadeando, y le soltó las manos
para fijarla en un abrazo denso que le impedía finalmente todo
movimiento, hubo un instante en que dejó de convulsionarse, soltó un gruñido y se salió de ella. (Beltrán Félix, 2019: 306)

Ésta no será la única violación que padezca Tomasa, sufrirá
más delante otra, cuando sea secuestrada por El Chalío, cuando se
fue a trabajar con la familia Carrasco.
La novela nos ubica en el México de la década de los ochenta, en el contexto rural, concretamente en el ámbito de la sierra de
Durango. Flavio es un niño que está siendo educado para ser un futuro macho, lo que escucha de los adultos respecto de la sexualidad
es procaz, pero también va a la cocina, lo que puede considerarse el
mundo de la mujer, en donde se relatan historias de familia que para
Flavio representan muchas de las respuestas a las interrogantes que
se plantea ante el mundo que pone en cuestión. El personaje Flavio
es una especie de puente para crear una novela que revindique la
vida en esos pueblos sin énfasis panfletario, ni didáctico, sino para
hacer que el lector pueda estar ahí y entender estos hechos desde la
subjetividad y la sensibilidad infantil. De ahí que el autor compagine
la proliferación de El Negocio con la cotidianeidad en el ámbito de
lo familiar a la luz de la óptica de los seres más vulnerables. Beltrán
Félix ha comentado:
Desde ahí quería yo relacionar lo que es la emergencia de un poder económico como el narcotráfico a nivel micro, como en esta
región, con la situación de las mujeres y los niños. (“Adiós, Tomasa
no es una narconovela: Geney Beltrán en el Cecut”, 2019)
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Indudablemente quienes salen perdiendo en primer grado
al emerger el narcotráfico son las mujeres, porque las pone en una
condición de vulnerabilidad, no solo porque los principales representantes del narco, quienes ejercen el poder en estos núcleos son
varones, sino por la violencia extralegal, de ahí que haya una mayor
desprotección en ese ámbito. ¿Qué instituciones pueden proteger
a mujeres violentadas por narcotraficantes? (“Adiós, Tomasa no es
una narconovela: Geney Beltrán en el Cecut”, 2019). Para el autor
es una gran incógnita que sigue sin resolverse y la brutalidad de la
violencia del machismo es que lo que se muestra en la trama de la
novela, como es en el caso de Maruca cuando se da cuenta de que
tiene que tolerar las infidelidades de su marido, aunque sea algo que
no consiente y peor aún, porque no cuenta ya con el apoyo de su
padre, así es que, si quisiera rebelarse, pues estaría sin apoyo alguno
y estaría totalmente sola.
Sabe que, si lo confronta, en una de esas él y hasta la viene agarrando a reatazos. Si no conocerá historias así de sus vecinas….
Y de arriendarse a vivir con su padre, Eutimio podrá ir a buscar
y su tata Don Gumersindo le dirá te aguantas mijita, tu marido es
bien macho y con el horno caliente cualquiera es panadero, cállese
mujer. (Beltrán Félix, 2019: 83)

Otro ejemplo es cuando la Prócora va al pueblo y quiere hacerle alboroto a Eutimio y éste rápido la pone su lugar, recordándole
quién está al mando:
Tú te aguantas y te callas o te arriendas a Los Mayos y a ver cómo
le haces para criar a los mocosos. Ni me armes argüendes. La llevé
de vuelta a Sahuaténipa y ya no vendrá a querer joder. (Beltrán
Félix, 2019:159)

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Beltrán Félix ha señalado que más allá de hacer denuncia
social a través de la ficción, es una posibilidad del escritor de dar una
imagen compleja de la experiencia humana sin enjuiciar. Asegura
que ése es un aprendizaje que coloca al lector ante la posibilidad de
cuestionarse, con una visión oblicua e íntima a través de la cual se
puede ver una relación con el mundo real.
El reto es no caer en la trivialización y tratar de que lo que uno
represente tenga la sensibilidad para no comerciar con el dolor
de las víctimas. Si eso logra llegar a la conciencia del lector, creo
que la ficción habría cumplido un propósito que es no cambiar
el mundo, sino cambiar la visión que del mundo tiene el lector.
Ahí es donde creo que está el espacio de combate del escritor.
(Quiroga, 201913)

Es sabido que la presencia del narco se agudizó en el llamado
Triángulo Dorado en la década de los ochenta creando un clima en
el ámbito nacional de inestabilidad y de continuas luchas armadas,
no solo entre los carteles y el ejército, sino también entre las mismas
rivalidades entre carteles que se fueron creando por ejercer el control en diferentes zonas del país. El territorio nacional se convirtió
entonces en una continua zona de conflicto que fue perfilando las
áreas donde se fueron fincaron las áreas de dominio, particularmente en las zonas serranas de difícil acceso, pero de fácil control para
la siembra de la droga. Esto contribuyó a cambiar la fisonomía del
país: ¿Qué era México a fin de cuentas? Un país de pura inflación y
crisis, de mentiras y matones (Beltrán Félix, 2019: 288).
Esta descripción que se da de la realidad de nuestro país
es lacerante. Es inevitable dejar de lado el referente del México de
los ochenta y constatar lamentablemente que sigue siendo un vivo
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retrato de lo que todavía acontece actualmente y no solo en el norte
del país. Inflación y crisis, mentiras y matones. Se suscita una debacle imposible de detener, peor aún, una batalla contra el crimen
organizado que no ha podido ser vencida y todavía continúa como
constelación de esta mórbida realidad, la preservación de este machismo recalcitrante que fomenta la violencia atroz, particularmente
contra las figuras más vulnerables, como el caso de Tomasa.
¿Cuál es la relación entre el narcotráfico y el machismo? Los
que se dedican al trasiego de la droga son la manifestación de una
violencia posible, del poder que viene de una práctica a la que muchos aspiran. Dedicarse a sembrar mariguana es mucho más rentable que sembrar maíz y forma parte de un fenómeno progresivo
que ejerce presión para que se respete el poder del narcotraficante.
“Como una manifestación extrema del capitalismo, el narco parte de
que lo que importa es el dinero y que si los cuerpos son utilizables
no importa traficarlos, asesinarlos o violarlos” (Rojas, 2019, párr.13).
En la novela, Maruca tratando de evitar que sus hijos caigan en la
trampa de la seducción de El Negocio, les describe claramente la
otra cara del narcotráfico con miras a evitar que no sean arrastrados
por el narco.
El Negocio era una trampa: al principio te forras de billetes verdes, compras una troca del año, le pones antena parabólica a tu
santa madre para que vea las telenovelas que se le antojen y lo mejor: te la puedes pasar pisteando hasta reventar, sacando a bailar
a las morras más güeritas sin temor a que te hagan el feo, pero al
poco tiempo te pasa lo que le pasó al Ventura, terminas balaceado
por la espalda, aquí no hay lealtades, los mondaos de tu propia
clica te van a querer andar baleando mijo, o te puede pasar lo que
a tu primo el César, que está en las Islas Marías desde hace tres

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años, y sus plebitos, tus primos, pasan las hambres más flacas….
(Beltrán Félix, 2019: 175)

Pero, así como también se da la incidencia de El Negocio en
el ámbito de la sierra, también se da el fenómeno de la migración.
La vida en el campo y las posibilidades de desarrollar una actividad
económica sin los riesgos que puedan eludir el crimen organizado
o la corrupción del ejército propicia que los jóvenes emigren a Estados Unidos a cumplir el sueño americano. Paradójicamente, también este anhelo está construido bajo una falsa concepción pues no
es ni la Jauja, ni de cerca la Tierra prometida.
¿Qué era El Otro Lado exactamente? Parecía no un sitio ubicado
en quién sabe qué región de los mapas, sino una esfera aparte,
casi una pura irrealidad. Algo así como un paraíso envenenado en
que todo es azaroso: te pueden matar a la mala o igual te vuelves
milloneta. (Beltrán Félix, 2019: 173)

Flavio es la voz y la mirada hegemónica del relato y será
quien con su candidez nos revela la crudeza del mundo en que vive
y que se deleita con aprender de los libros en la escuela “lejos de los
pleitos de sus padres, en un sitio distante de las historias de balaceras, guachos, matones y raptos que luego iban y venían por los pueblos de la sierra” (Beltrán Félix, 2019: 174). Es un niño que alterna
sus ilusiones, sus sueños y sus miedos de manera cotidiana. Disfruta
correr por la huerta, bañarse en el río, atender a sus amigos en la
tienda de abarrotes, escuchar las historias en la cocina de su casa…
pero todo se turbia cuando aparece la figura de Eutimio su padre.
Pero ahora que está sentado en la sala, esa voz del padre, enemistosa y ruda como suele dejarse ir y venir por los surcos del aire, esa
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voz lo hace temblar. En una parte del estómago hay un martillo
que golpea, haciendo eco de cada palabra paterna, azuzando inestables, mínimos apocalipsis. (Beltrán Félix, 2019: 15)

Flavio crece a la sombra de un padre rígido al que teme y no
comprende. La timidez del niño lo orilla a una introspección que deviene en una rica vida interior y un agudo sentido de la observación.
Para Héctor, su hermano es un personaje débil y coyón.
Se la vive siempre bajo las faldas de mi amá. Capaz que está escondido debajo de la cama el muy coyón. ¿Por qué salió muy miedoso? El Flavio le parecía el colmo de la debilidad. Lo avergonzaba
con su voz titubeante, las flacuchas facciones de quien salió tan
mal para comer y una expresión (todos los días) de no saber dónde está poniendo los pies. De no confiar siquiera en la realidad del
aire que respira. (Beltrán Félix, 2019: 131)

El machismo en la novela lo vemos reflejado también en
la forma como constantemente se maneja en el discurso que se
dirige a los niños en situaciones en que se les priva de mostrar
debilidad por mostrar públicamente sus emociones. Hay patrones y códigos de comportamiento que hay que seguir si se quiere
demostrar que es “muy hombre”. Estos sentimientos reprimidos
en la infancia por una madre que inhibe la expresión de las emociones, es como si fuera una especie de castración emocional que
en un futuro detonará la violencia extrema hacia las mujeres evidenciándola en el sometimiento que se les exigirá bajo el yugo del
macho.
Deje de llorar, mijo, usted es varón y los varoncitos nada de que
lloran. (Beltrán Félix, 2019: 118)

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… un hombre parrandero que no se cansó de insultarlo y tundirlo
a golpes, a él, ante el silencio de la madre, que le decía así te vuelves hombrecito más pronto, mijo, no lo tomes a mal… (Beltrán
Félix, 2019: 143)

Antes de que rapten a una muchacha, tuvo que haber una
violencia en la educación y sensibilidad de los varones. Tuvo que haber una educación machista que se transmite y refuerza en la palabra,
que obliga a pensar el mundo desde esa palabra. Es fundamental exhibir esa violencia verbal, observar que no son fenómenos aislados,
sino que la violencia de la palabra es el antecedente de la violencia
en los hechos, puesto que legitima al varón con un derecho natural a
agredir a una mujer porque infiere que ser mujer es ser inferior. Bajo
la óptica del sistema patriarcal en el que Chapotán está inmerso, la
realidad funciona así y el único camino para salir de ello es volverse
narcotraficante o emigrar a los Estados Unidos. Porque se piensa
que como el pueblo es un lugar de pobreza, la única forma de salir
de eso es irse a los EU, comprarse una camioneta que al regreso
se presume a los vecinos, pero la explotación laboral en Oregon o
Idaho y la brutalidad de la migra no forman parte de la leyenda americana. “Lo gringo es asumido como naturalmente superior y eso va
de la mano con lo que es la imagen de autodenigración de lo propio.
Hay una dualidad de despecho y admiración por lo gringo que va
de la mano con la desconfianza ante lo gringo que no responde al
universo de masculinidad del mexicano” (Rojas, 2019).
Conclusiones
La literatura aparece como un espejo de la vida que se convierte a la
vez en fuente de respuestas y de interrogantes. La filósofa española
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María Zambrano afirma que cuando la filosofía perdió contacto con
la realidad, la literatura ocupó su lugar. Las obras literarias muestran
una filosofía de vida que es utilizada por el lector. “Con frecuencia
los personajes de papel le ofrecen una compañía donde encuentra
una explicación y vía de salida a las propias situaciones existenciales” (Viñuela, 2010: 5-6).
Con la finalidad de saldar una memoria con su pasado, Beltrán Félix escribió Adiós, Tomasa con una particular observación
mordaz al México olvidado por las instituciones, aquel que persiste en la lejanía del campo y que es controlado por la violencia y
el crimen organizado. El pueblo duranguense de Chapotán tiene su
propia ley. Corren los años ochenta y Tomasa trabaja para la familia Carrasco Heras. Tímida y hermosa, la empleada doméstica es
objeto de disputa entre los varones del lugar. Alrededor de ella se
desdoblan los códigos de una comunidad donde la violencia está tan
normalizada que es difícil reparar en ella.
El asesinato era ya en la sierra una cosa normal; pero esto era
romper a un ser indefenso. Y esa era la palabra que estuve buscando en aquellos tiempos sin nunca discernirla: era Tomasa una
morrita indefensa. (Beltrán Félix, 2019: 314)

Tomasa es un personaje emblemático que vive en el silencio
y que representa el silencio en que viven la gran mayoría de las mujeres cuya educación está subordinada al sistema patriarcal como en
el que está inmerso el pueblo de Chapotán. Sabe que no tiene la voz
para dar cuenta de sus agravios, por eso su silencio es el silencio de
las víctimas que forma parte de la pervivencia de la injusticia. De ahí
que la novela intente rescatar del silencio y del olvido las historias
que las víctimas no han podido transmitir. El silencio de Tomasa es
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el silencio de la madre de Flavio; es el silencio de Flavio, que toman
partido por las mujeres.
La figura de Tomasa encarna el sujeto del placer y los habitantes de Chapotán proyectan en el cuerpo de Tomasa, en su esplendorosa juventud, sus deseos y frustraciones; hay un halo de misterio
que cautiva aún más y que terminará atrayendo la fatalidad que la
persigue, pues es el objeto de deseo sexual de todos los muchachos
del pueblo y de los narcos que transitan por Chapotán. Uno de los
personajes, amigo de Héctor, el Seco es quien al final se convierte
en el narrador de la historia quien reflexiona en todo ese torbellino
de violencia que los vio crecer y reflexiona en ese rememorar de la
infancia:
¿Acaso tengo el derecho a contar la historia de alguien que vivió
en el infierno?… ¿Cómo puedo creer que, desde la sordera de mi
experiencia, tengo el derecho de imaginar lo que ella sintió? ¿Es
posible contar, sin traicionarlas, todas estas historias de vidas desfavorecidas? ¿De qué manera es un acto de justicia el rescatar del
olvido el dolor de los olvidados? (Beltrán Félix, 2019: 324)

Adiós, Tomasa aspira a recuperar el lado íntimo, sensible, de la
violencia machista que destruye la vida de las mujeres. Tomasa es un
personaje vigente lamentablemente. La pregunta que surge entonces
es el cómo enfrentar el problema de la violencia machista ¿Cómo
se crea en el alma de un agresor esa condición violenta? ¿Qué es
lo que ocurre con los lazos afectivos? El móvil de Beltrán Félix ha
sido presentar el todo para que haya una toma de conciencia de
cómo se crea la violencia machista. Esa educación que reciben los
varones desde la infancia, desde la voz de las figuras de autoridad y
que luego deriva a que de la misma manera y con la misma dureza
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hay que tratar a las mujeres; es una agresión al mundo emocional
de los niños, pues se transmite que la forma de relacionarse con las
mujeres es a través de la violencia y no como iguales. No se respeta
la sensibilidad de un niño, alguien que descubre el mundo, cómo
reacciona ante las cosas violentas que ve. Se le impone un machismo
que fomenta la violencia sistemática contra la mujer o las figuras
vulnerables. La novela va cerrando con el narrador que se convierte
en cierta manera en un alter ego del autor que sigue cuestionando la
realidad convertida en ficción:
¿Vale la pena escribir si no es para aspirar a que haya en mi escritura el don de sanar lo que Tomasa vivió en la indefensión? ¿Y
si de nada sirve? Llevamos tanto tiempo dando excusas para que
la imaginación se adentre en el mal, y nada: la vileza y la violencia siguen y siguen no obstante en nuestro mundo… ¿Y si acaso
escribir ficción no es ningún acto de justicia sino una forma hipócrita de servirse del dolor ajeno? ¿De hacernos posar como
insobornables guerrilleros de la verdad? No sólo basta con ocultar
los apellidos de Tomasa… (Beltrán Félix, 2019: 325)

¿Puede entonces la ficción ser un vehículo para incidir sobre la realidad?, cuestiona la escritora Atenea Cruz (2019). La literatura de la violencia incita al lector a crear un puente de empatía
con las víctimas y señala que no podemos cerrar los ojos ante
aquellos personajes que han sido víctimas de asesinato, de violación o que han sido desaparecidos, pues cada uno de ellos tiene
una vida propia, una historia vinculada con la otros, así es el daño
que se produce no solo es con las víctimas, sino también con sus
familiares y la comunidad a la que pertenecen. Por eso hay que
no hay que refugiarse en el silencio “alguien tiene que seguir contándolas para que hablemos. Para no decir adiós y olvidar” (Cruz,
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2019).
Orfa Alarcón por su parte, al mencionar también a las víctimas, enfatiza la importancia de la memoria que debe permanecer
diáfana sin obstrucción alguna. Pero el miedo provoca que la gente
calle y no cuente las historias impregnadas de dolor, por lo que calla
en público por el temor de que “aquellos” puedan estar escuchando
y puedan arremeter contra uno. “Se les nombra «aquellos» porque
queremos sentirlos lejanos, cuando, en realidad, están junto a nosotros en la fila del banco” (Beltrán Félix, 2017). Es en la literatura
donde se puede nombrar y hablar de esos otros que atosigan la existencia y aunque cause estupor la literatura de la violencia requiere
hacerlo explícito para poder lidiar con aquello. “La ficción nos ayuda
a entender que aquellos no son tan lejanos, que los otros no son tan
aquellos” (Beltrán Félix, 2017).
Según Ignacio Sánchez Prado, el autor “construye con ética,
inteligencia y talento una escritura comprometida y de gran fuerza
que vislumbra un camino para representar y pensar nuestros atroces predicamentos” (2019). Geney Beltrán Félix nos sumerge en
un México que quisiéramos no contemplar. Adiós, Tomasa recorre el
velo de la realidad encubierta por la historia oficial, por las víctimas
silenciadas no sólo por la violencia normalizada por el crimen organizado y la corrupción del gobierno, sino también por el machismo
imperante en la sociedad mexicana. Una mirada que no deja de ser
cruda y agresiva como el mismo escenario contemplado. El papel
del lector entonces será el de asumir el compromiso de reproducir
las voces víctimas de la violencia que merecen ser escuchadas y erradicar los patrones de comportamiento machista tan arraigados en
nuestra sociedad que son detonadores de violencia atroz.
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�Mónica Torres / La violencia machista

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

The Monterrey News: la ciudad novelada de Hugo
Valdés
Michelle Monter Arauz
Universidad Autónoma Metropolitana- Azcapotzalco
monter.michelle@gmail.com

Fecha de entrega: 6-4-2021 / Fecha de aceptación: 20-6-2021
Resumen. En este artículo argumento mi lectura de The Monterrey News
de Hugo Valdés como una obra que privilegia la reconstrucción de la urbe
regiomontana. El análisis de la novela de efectuará por medio de tres ejes:
“mito fundacional”, “ciudad sin estilo” y “espacios subversivos”. El objetivo es desentrañar las diversas representaciones de una ciudad norteña
que, si bien se ha construido particularmente en oposición a la visión centralista de la Ciudad de México, contiene diversas similitudes respecto a lo
caótico de la urbe moderna.
Palabras calve: The Monterrey News, literatura urbana, espacio, ciudad.
Abstract. This article argument is that The Monterrey News by Hugo Valdés is a novel that privileges the reconstruction of Monterrey city. The
analysis is made through the following axis: “foundational myth”, “city
without style”, and “subversive spaces”. The objective is to unravel the
several representations of a northern city that has been constructed as an
opposition to the capital of Mexico, but that also contains similarities as
in the chaos of the modern city.
Keywords: The Monterrey News, urban fiction, space, city.

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�Michelle Monter / The Monterrey News

The Monterrey News como literatura urbana
Lo más ordinario para todos, la
calle, fue la que llevó a
cabo
esta revolución del lenguaje.
Mediante los nombres de las calles,
la ciudad es un cosmos lingüístico.
Libro de los pasajes, Walter Benjamin

Este artículo parte de la concepción de que la literatura urbana funciona como un espacio de representación donde el autor
modeliza tanto la ciudad física y sus habitantes, así como las múltiples ficciones que se imbrican en la diégesis. De esta forma, en el
estudio de la literatura urbana1 no se puede prescindir del análisis de
la representación del ámbito social puesto que en ella se encuentra
un registro que da cuenta de las transformaciones de una ciudad paradigmática. Así, la transformación incesante de la ciudad se vuelve
una cualidad para su tratamiento narrativo. Muchos de los estudios
sobre el panorama de literatura urbana en México se fincan en el tratamiento literario que se le ha dado a la capital del país, dejando de
1 Según la entrada sobre ‘Literatura urbana´ en la Enciclopedia para la
literatura en México es “a partir de La región más transparente, de Carlos
Fuentes, publicada en 1958, [que] la ciudad no se conquista, sino que pertenece a
los escritores. En esta novela, Fuentes aborda alrededor de la consolidación de
la burguesía y la ruina de las clases trabajadoras. El sitio físico que elige para
ello es la ciudad de México. En un país que deja de ser presidido por militares
para dar paso a los civiles, Fuentes descubre la vida de los citadinos que han
dejado atrás la Revolución y el antiguo régimen, para insertarse de una vez
por todas en el nuevo orden. Esta obra es considerada, por la mayoría de los
críticos, como la novela que origina la literatura urbana”. Disponible en: http://
www.elem.mx/estgrp/datos/42

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

lado las representaciones literarias de otras ciudades. Una de esas representaciones corresponde con The Monterrey News (Grijalbo, 1990)
de Hugo Valdés Manríquez,2 obra que, si bien contiene elementos
del género de la novela histórica, es unas de las primeras novelas
urbanas donde se retrata a la ciudad moderna de Monterrey.3
Cuando hablo de representaciones en TMN,4 me refiero al
proceso de percepción, interpretación y reproducción que Hugo
Valdés efectúa en la novela. El autor, al hacer una reconstrucción de
un cuerpo social, presenta su propia representación de Monterrey.5
Además, recupero la definición de ‘espacio vivido’ de Henri Lefebvre en la cual alude a los espacios de representación “a través de las
imágenes y los símbolos que lo acompañan, y de ahí, el espacio de
los habitantes, de los usuarios, pero también el de ciertos artistas y
2 Hugo Valdés nació en Monterrey en 1963 y en su obra confluyen tanto
la novela, el cuento y el ensayo. Además de la novela a tratar en este estudio,
también ha publicado El crimen de la calle de Aramberri (Ediciones Castillo,
1994), Días de nadie (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1992) La vocación insular
(Ediciones Castillo, 1999), Breve teoría del pecado (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2013), El asesinato de Paulina Lee (Tusquets,
2016), y Los confines del fuego: diarios de Santiago Vidaurri (Analfabeta, 2020).
3 Con respecto al título de la novela, está tomado del periódico del Coronel J. A. Robertson The Monterrey News cuyo primer número apareció el 23 de
abril de 1882. La característica principal de este periódico es que estaba escrito
en inglés, indicio de que posiblemente estaba dirigido a un público extranjero
en Monterrey. Así como el periódico, la novela da cuenta de los hechos históricos que conformaron la ciudad de Monterrey, así como de las relaciones
sociales de sus habitantes. La publicación en español comenzó a realizarse
hacia 1902 y finalizó hacia 1911. (González citado Bennett, 2007: 14).
4 De aquí en adelante se usarán las siglas TMN.
5 En el Diccionario de estudios culturales se plantea que “la representación constituye la estructura de comprensión a través de la cual el sujeto mira
el mundo: sus ‘cosmovisiones’, su mentalidad, su percepción histórica” (Szurmuk y McKee, 2009: 252).
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�Michelle Monter / The Monterrey News

quizá de aquellos novelistas y filósofos” (2013: 98). Estas premisas
se concatenan con las ideas de Alex Matas Pons quien propone que
el análisis de la literatura urbana debe tomar en cuenta la relación
entre la creación artística y la práctica material que estructura el espacio, de tal suerte que “su densidad semiótica [de la ciudad] incluye
tanto la imaginación del progreso y la tecnificación encargada de su
realización como su contrapartida crítica, revela la falacia del poder
de las representaciones. La ciudad-concepto de la modernidad no
es imaginable […] sin sus contradicciones” (2010: 17-20). Por otro
lado, García Canclini en Imaginarios Urbanos plantea que “debemos
pensar en la ciudad a la vez como lugar para habitar y para ser imaginada. Las ciudades se construyen con casas y parques, calles, autopistas y señales de tránsito. Pero las ciudades se configuran también
con imágenes […] La urbe programada para funcionar, diseñada
en cuadrícula, se desborda y se multiplica en ficciones individuales
y colectivas” (1999:107). Los autores citados hacen hincapié en la
cuestión de las imágenes con las cuales se construye la ciudad. Estas
imágenes están cargadas de significados sobre la ciudad y sus habitantes. Las múltiples ficciones individuales y colectivas que plantea
Canclini nacen de las interacciones del cuerpo social que habita la
ciudad. Esta característica visual está íntimamente relacionada con la
capacidad imaginativa que es el impulso de la creación literaria. Entonces es posible argüir que cuando un escritor reconstruye una ciudad invariablemente reconstruye también el entramado social que
la habita, logrando desentrañar las diversas capas que conforman
un cuerpo social.6 Un ejemplo del ejercicio de reconstrucción de la
6 Es José Manuel Prieto en Poéticas urbanas: representaciones de la ciudad en la literatura quien define a la ciudad como “un sitio, un lugar que acoge
una serie de construcciones e infraestructuras que dan servicio a una pobla-

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ciudad que plantea TMN es visible en el siguiente apartado:
Gilberto Salas se encaminó al estacionamiento donde lo esperaba
su automóvil recién afinado. Tomó avenida Constitución luego
de haber dejado el Monterrey añoso de la colonia Obispado […]
Antes de llegar a Zaragoza, vio los picos de concreto del nuevo
santuario de Guadalupe, y junto a ellos la mole gris del viejo santuario, en cuya planicie fue siempre un niño mimado por el amor
de un padre que se esforzó hasta lo último por no vivir en la pobreza del barrio de San Luisito (Valdés, 2006: 110).

Gilberto Salas es un personaje que pertenece a la clase media trabajadora, pero como podemos observar en el pasaje anterior, proviene del barrio de San Luisito, también conocido como la
colonia Independencia. Para entender el marcador de clase social
es necesario saber que San Luisito es uno de los barrios más antiguos de la ciudad, inclusive se encuentra descrito en el Corrido
de Monterrey.7 Se localiza al sur de lo que ahora es la Macroplaza
y divide el centro de la ciudad del municipio de San Pedro Garza
García. Su antigüedad va de la mano con el desarrollo industrial
de la región a finales del siglo XX. Con la fundación de Cerveción” y que lo urbano “apela a lo social y antropológico; no es la ciudad, sino
el espacio social o urbano donde se genera la vida urbana” (Prieto, 2012: 382-383).
Su libro es una cartografía de la ciudad de Monterrey a través de los espacios
representados en la literatura regional, es decir, el arquitecto usa la literatura
como herramienta para describir la ciudad como espacio físico, a través de sus
calles y sus edificios.
7 “Tengo orgullo de ser del norte, del mero San Luisito, porque de ahí es
Monterrey, de los barrios el más querido, por ser el más reinero, ¡sí señor!,
barrio donde nací”. Este corrido fue escrito por Severiano Briseño Chávez
originario de San Luis Potosí. Se cree que pudo haber sido compuesto entre
1939 y 1941. Ver: https://www.info7.mx/seccion/el-corrido-de-monterrey-es-cantado-con-orgullo-pero-pocos-saben-su-origen/1514748
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cería Cuauhtémoc y la Fundidora de Fierro y Acero se produjo
una ola de migración debido a la gran cantidad de empleos que se
generaron. Gran parte de los migrantes que llegaron a trabajar a
las empresas regiomontanas provenían de San Luis Potosí, lo que
originó que a su lugar de asentamiento se le conociera como Barrio de San Luisito. En 1910, en la celebración de los 100 años de
la Independencia de México, el Gobierno del Estado, encabezado
por Bernardo Reyes, nombró al barrio como se le conoce hasta
ahora: colonia Independencia.
El marcador que tiene esta colonia en particular corresponde con su historia, es decir, es un barrio de migrantes que llegaron
a Monterrey para trabajar como obreros. Así como Valdés muestra
la ficción colectiva en la cual el barrio de San Luisito es un barrio
marginal, aún en la actualidad los habitantes de la colonia Independencia siguen bajo el estereotipo de la pobreza y la delincuencia,
cuestiones que han generado la discriminación de otros sectores de
la población en conjunto con la estigmatización de la zona. Mientras
que el personaje de Gilberto Salas logró salir del barrio, la mirada de
otro personaje, un empleado de mediana edad subordinado de Salas llamado Francisco Cavazos, sirve como muestra del estereotipo
planteado anteriormente:
Para qué cambiar lo que uno es, se dijo don Pancho, lo que uno
nunca va a dejar de ser; Gilberto Salas, un muchacho lleno de
ambiciones, siempre sería para él alguien sin más futuro que aquél
que le impusiera el licenciado Milmo. Aunque odiaba tener razón
sobre ese tema, Francisco sabía bien que Gilberto no llegaría más
lejos, aun con el engaño de creerse una especie de secretario personal de Mario, y que nada iba a ganar copiándole los modos y
hasta la marca de cigarros que fumaba (Valdés, 2006: 116).

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Aunque Gilberto Salas tenga la capacidad y la ambición
como para subir desarrollarse profesionalmente, el personaje de
don Pancho logra ver que Salas está a merced de su jefe, el licenciado Mario Milmo, empresario miembro de la élite regiomontana. La
vida de Gilberto Salas no está bajo su control, sino que alguien de
una clase social más alta es quien podrá decidir sobre su futuro. En
este apartado el autor realiza una crítica hacia la falta de movilidad
en la sociedad regiomontana, donde la meritocracia no es una opción para el desarrollo: Gilberto Salas es un personaje marcado por
el signo del barrio de San Luisito.
El origen de la ciudad como articulación
Anzaldo González indica que es una falacia creer que las ciudades
modernas se crean de la nada porque se tiene el antecedente de
las grandes civilizaciones prehispánicas (2003: 35). La idea general
que enfatiza el autor es muy común dentro del imaginario social:
las ciudades prehispánicas como antecedente de las grandes ciudades de la modernidad mexicana. En Nuevo León no existe este
antecedente de la gran ciudad a la manera del canon prehispánico mesoamericano en el que se encuentran las grandes ciudades
de Tenochtitlán, Chichén Itzá, o Tzintzuntzan. Lo anterior está
relacionado con la concepción del indígena del noreste construida en oposición al indígena mesoamericano; mientras el primero
era nómada, el segundo fue capaz de erigir ciudades. Además, los
grupos indígenas del noreste no tenían una religión como en el
canon mesoamericano, por lo que no construyeron templos. Este
hecho fue un obstáculo al momento de la evangelización ya que,
a diferencia de las culturas mesoamericanas, no existían figuras o
elementos con los cuales realizar un sincretismo. Estos factores
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ayudaron en su momento a crear el estereotipo del “bárbaro del
norte” o del “indígena incivilizado”, el cual condujo a las prácticas de segregación que desembocaron en el etnocidio sufrido por
los indígenas nómadas del noreste (Ramírez, 2006: 23-25). Este
etnocidio fue gradual si tomamos en cuenta que la fundación de
Monterrey se realizó en 1596 y los últimos sobrevivientes fueron
registrados en los albores del siglo XIX. Durante más de dos siglos los grupos indígenas del noreste estuvieron sometidos a las
crueldades de los españoles que se asentaron en la zona. Según
Ramírez, “los indios potencialmente eran una manada que el español podía salir a capturar o un rebaño al que se le podía explotar.
De igual forma en que se hacía para reconocer la propiedad del
ganado, los españoles colocaron marcas corporales a los indígenas
para su identificación” (2006: 34-35).8 Fue la crueldad de los mecanismos con los que los españoles intentaron someter a los indígenas, que éstos terminaron por adoptar acciones de resistencia que
fueron catalogadas como agresiones. Este factor también ayudó a
que se formara la concepción del indígena bélico del norte. Aún en
la actualidad el término “indio bárbaro” es utilizado dentro de la
academia para referirse a los grupos indígenas del norte por lo que
se continua con la estigmatización que justificó el etnocidio. En
8 La figura de las encomiendas era el sistema por el cual se utilizaba a la
población indígena a través del trabajo forzado y funcionaba como un dispositivo de dominación del espacio que se conquistaba. La encomienda dio lugar
a tal nivel de esclavitud que la corona mandó a Francisco Antonio de Barbadillo y Vitoria para regular la situación de las encomiendas. Reproducimos una
propuesta de un encomendero en 1675 en Nuevo León: “antes se marcaba a los
indios para saber con una seguridad de que eran de ellos y no de otros… unos
usaban cuchillo al rojo vivo […] otros usan su marca de ganado […] pero eso
hoy no se usa y es necesario volver para evitar las confusiones que hay […]”
(Montemayor citado en Ramírez, 2006: 35).

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el contexto del folklore nacional el término “bárbaros del norte”
alude a quienes habitan el norte del país.9
En TMN encontramos, sobre todo en la línea narrativa histórica, una perspectiva crítica hacia el hispanismo que ha dominado
la investigación regional.10 Las menciones hacia la esclavitud y el
maltrato de los grupos indígenas en Nuevo León se realizan desde la
voz de los fundadores de la ciudad, Diego de Montemayor, Alberto
del Canto y Luis de Carvajal y de la Cueva, en el diálogo que comparten en el capítulo “Nuestra Señora de Monterrey (1526-1723)”:
Mientras que los españoles, en constante desobediencia de su majestad, seguían llevando indios en abundancia a los duros trabajos
de las estancias de labor, y los naturales se alzaban una y muchas
veces para llevarse consigo yeguas, vacas y cabras; mientras los
gobernadores se sucedían, y el último cronista vivo de Zavala tra-

9 Ver Luis Medina Peña, Los bárbaros del norte. Guardia nacional y política en Nuevo León, México, Fondo de Cultura Económica, 2015. En este libro,
Medina Peña aborda la conformación de la clase política nuevoleonesa durante
el siglo XIX, caracterizada por las batallas con comanches y lipanes, el ejército
estadounidense y por la gran actividad comercial que se desarrolló en el territorio fronterizo. Por otro lado, es de sobra conocida la frase de José Vasconcelos:
“Donde termina el guiso y comienza la carne asada, comienza la barbarie”
(Vasconcelos, 2011: 186). En ella podemos rastrear el estereotipo con el que aún
se habla de los habitantes del norte del país, relacionados con lo salvaje, lo
bárbaro y lo incivilizado.
10 Respecto a este punto Ramírez Almaraz indica que “existían otras prácticas que colocaban al indígena en igualdad de circunstancias que los animales,
prueba de ello es una de las ordenanzas de quien irónicamente ha sido llamado
el ‘defensor de los indios’, el gobernador Barbadillo, quien decretó ‘prohíbese
que a los indios se les eche lazo corredizo por el pescuezo, y sólo se amarren
en manos y brazos’[…] El historiador regiomontano Israel Cavazos describe a
Barbadillo como “pacificador y fundador de pueblos[…] libertador y padre de
los indios” (Ramírez, 2006: 35). Cabe mencionar que Israel Cavazos es una figura
fundamental en el estudio de la historia en la región.
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bajaba para todos ellos, a Juan Bautista Chapa11 se le veía siempre
con un revoltijo de hojas donde, de tanto en tanto, garrapateaba
alguna idea que le venía a la cabeza. Se la pasaba así anotando
[…] perpetuando acusaciones de sublevación y desorden, y proclamando aunque con letra muy queda, anuncios de azotes para
los lomos de los indios. Pero la gente era tan desbaratada y tan
necia a mal usar de aquéllos, que al cronista Chapa no le quedaba
sino lamentarse en silencio (Valdés, 2006: 47).

Una vez que el licenciado Barbadillo calmó con sus gestiones la
violencia de los ánimos, se retiró satisfecho del Reyno, sin saber
hasta algunos años después que los españoles en nada se habían
calmado, y que era necesaria su presencia vigilante en ese lugar
para que los ultramarinos dejasen ya de provocar a los indios que
no podrían sino defenderse con el ataque (Valdés, 2006: 49).

Como podemos observar, el mito fundacional de la ciudad
de Monterrey es una construcción que califica su pasado prehispánico como bárbaro, salvaje e incivilizado a diferencia del de la Ciudad
de México cuya identidad realza ese pasado, cargado de una exotización que también tiene sus bemoles, pero que a fin de cuentes rinde
un homenaje a la civilización que habitó ese espacio desde tiempos
prehispánicos. Al contrario, en Nuevo León poca gente tiene conocimiento de las poblaciones indígenas que hubo en la región y
ese vacío identitario fue llenado con la herencia industrial que dejó
el auge fabril de la ciudad a finales del siglo XIX. Después, cuando
ese auge industrial fue destruido con la declaratoria de quiebra de la
11 Juan Bautista Chapa (nacido Giovanni Bautista Schiapapria, 1627-1695) fue
un conquistador y escritor de origen italiano, llamado El Cronista Anónimo
debido a su crónica de la vida del Nuevo Reino de León en el siglo XVII, cuya
autoría permaneció en secreto por más de 300 años. Escribió el libro Historia
del Nuevo Reino de León de 1650 a 1690.

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Fundidora de Fierro y Acero en la década de 1980, la identidad de la
ciudad se configuró alrededor del discurso empresarial con base en
el trabajo y el hábito emprendedor como emblemas de la sociedad
regiomontana.
Monterrey como una ciudad sin estilo
Fue Alejo Carpentier quien puso sobre la mesa la idea de la ciudad
latinoamericana como “ciudad sin estilo”:
La gran dificultad de utilizar nuestras ciudades como escenarios
de novelas está en que nuestras ciudades no tienen estilo. Más o
menos extensas, más o menos gratas, son un amasijo, un arlequín
de cosas buenas y cosas detestables -remedos horrendos, a vecesde ocurrencias arquitectónicas europeas. Nunca he visto edificios
tan feos como lo que pueden contemplarse en ciertas ciudades
nuestras (Carpentier, 2003: 124).

Aunado a Carpentier, Manuel Delgado ha aludido a los inconvenientes que supone crear ciudades literarias a partir de ciudades “sin chiste”, mientras que José Manuel Prieto planteó la siguiente pregunta: “¿Es Monterrey una de esas ciudades?” (2012: 383).
Monterrey es una ciudad que, como vimos anteriormente, a razón
de negar el pasado indígena de la región, construyó su identidad a
partir de la idea del progreso modernizador de la mano del desarrollo de la industrial hacia finales del siglo XIX. No obstante, es
justamente ese desarrollo industrial el que caracterizó a Monterrey
como una ciudad hostil, contaminada y gris. Respecto a la arquitectura, Monterrey no cuenta con edificios coloniales y no posee
muchas construcciones históricas ya que, como vimos en el capítulo
1, durante la década de 1980 se destruyó el centro histórico. Por lo
anterior consideramos que, en efecto, Monterrey es una ciudad sin
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estilo a la manera de Carpentier, pero también el escritor cubano ve
una oportunidad para los novelistas americanos en la falta de estilo
de las ciudades:
El pasado siempre deja unas decoraciones magníficas, cuya descripción nos sugiere “buenos trozos de bravura” … Pero cabe
preguntarse si el verdadero papel del novelista no consistirá, precisamente, en prescindir de ciertos escenarios demasiado vistosos,
demasiado ricos en sugerencias, para conferir categoría humana y
universal a lo que se ofrece sencillamente a nuestra visión […] Es
precisamente en valorizar lo que carece de estilo propio, en hallar
la poesía donde no pareciera que existe, en valerse de elementos
pobres, donde está el genio de quienes saben elevar lo local y circunscrito a una categoría universal (Carpentier, 2003: 118).

El autor plantea que en el ejercicio de escribir una novela es
importante desarrollar la capacidad de universalizar una representación particular y de brindarle el ámbito humano a lo representado.
La ciudad sin estilo en sí misma no es un impedimento para el trato
narrativo, pues es en el genio del escritor donde reside la capacidad
de novelar.
Existe un carácter monstruoso de la ciudad que se enaltece
en la obra de Valdés a partir de pasajes como el siguiente en el que
el sol, a diferencia del conocido poema de Alfonso Reyes,12 resulta
ser una representación de la hostilidad de la ciudad a partir de la voz
de Rogelio Villarreal, personaje de la línea narrativa contemporánea
que entra en conflicto con Mario Milmo debido a la compra de un
terreno:
12 “No cabe duda: de niño, / a mí me seguía el sol. Andaba detrás de mí/
como perrito faldero; /despeinado y dulce, /claro y amarillo: /ese sol con sueño
/que sigue a los niños […]”

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Pinche Monterrey: pinche Monterrey […] lo dijo cuando dejaba atrás
la calzada Madero para enfilar por Zaragoza. […] Sol enfermo,
rabioso el de la ciudad, el de este cielo tan azul. Lo detuvo un semáforo, casi al alcanzar el verde para seguir, en la calle Espinosa.
Rogelio dejó que su vista corriera hasta la iglesia del Perpetuo Socorro que se alzaba con sus campanarios y sus cúpulas sobre los
locales del mercado. Oyó los pitazos constantes, el golpeteo de un
martillo hidráulico que abría una parte de la calle Zaragoza. Oyó
la radio, oyó que le pitaban y que le mentaban la madre porque
no avanzaba, y se oyó a sí mismo reprochándose por tratar una
vez más con Mario Milmo: pareciera que no escarmiento. Siguió por
un lado del Palacio de Gobierno y vio el color de la cantera vieja
de los muros del edificio […] Entró a las vías de sombra bajo la
Gran Plaza, se olvidó del sol y del calor […] Dejó Padre Mier y
miró de reojo el monumento en homenaje a los obreros asesinados en 1936, y vio el faro anaranjado del Comercio, y detrás de él
el Casino y la catedral, y su vista regresó al encallar en la estatua
cercana de Ignacio Zaragoza. Luego vio las altas paredes del Palacio Municipal que le daban paso a un trabajo de Rufino Tamayo:
el Homenaje al Sol (Valdés, 2006: 85).

En este pasaje la monstruosidad de la ciudad sin estilo es aumentaba por la enumeración caótica a la cual se somete al lector. Los
diversos edificios y la rapidez con la que son nombrados, uno detrás
de otro, dan la sensación de ir por una ventana viendo cada uno de
estos objetos pasar a nuestro lado sin lograr entender del todo su
orden. La relación del sol de Monterrey con la escultura de Rufino
Tamayo funciona como una ironía ya que, en los veranos, Monterrey puede alcanzar temperaturas de hasta 40 grados centígrados,
lo cual le otorga al sol la característica de “rabioso”. También en
este pasaje podemos observar a la ciudad siendo “abierta” por un
martillo hidráulico, justo sobre la calle Zaragoza que cruza el centro
de norte a sur. Anteriormente mencionamos que la capacidad de
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transformación de las ciudades paradigmáticas resulta ser una cualidad al momento de representarla en una obra literaria. Esta idea
podría no contraponerse sino complementar a la “ciudad sin estilo”
de Carpentier y el reto narrativo que implica. En efecto, Monterrey
no es una ciudad estática, está en constante transformación y son
justo estas transformaciones urbanas tan radicales las que la inhiben
de la armonía de un estilo.
Siguiendo con la categoría de ciudad sin estilo, en este pasaje
se describen diversos edificios y monumentos que no guardan relación alguna más allá de que comparten el mismo espacio. El Palacio
de Gobierno fue un proyecto arquitectónico llevado a cabo durante
el gobierno de Bernardo Reyes; es un edificio de cantera rosa cuya
construcción comenzó en 1895 y concluyó en 1908. Por otro lado,
la Gran Plaza, mejor conocida como la Macroplaza, se inauguró en
1987 y es una placa de cemento que cubre casi 40 hectáreas en donde se encuentran, entre otros monumentos, el Faro del Comercio de
70 metros de altura, de color naranja y que por las noches enciende
un láser verde que se puede ver desde varios puntos de la ciudad. Su
autoría se le atribuye a Luis Barragán, pero él jamás lo reconoció.
Este bastardo del diseño es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Recuperamos una crónica de Guillermo Sheridan
que narra la inauguración del monumento:
Desde nuestro concepto del urbanismo hasta los nombres de las
tiendas, pasando por las ideologías, siempre nos las arreglábamos
para atinarle a lo más feo. Los monumentos son tan espantosos
que no se sabe si están allí para adornar a la ciudad o son su sistema de control de plagas […] Pero lo más macro de la Macroplaza
es el Faro del Comercio. Se trata de un monolito como el de 2001
pero cien veces más grande y no negro sino anaranjado y de estilo

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abstracnaco. Está erigido en el mismo lugar donde hace apenas
unos lustros algunos industriales jugaron al tiro al blanco con una
manifestación obrera desde las ventanas del Casino. […] Yo estuve ahí el día en el que fue inaugurado el macrofaro del comercio.
Martínez soltó un macrodiscurso tan elegante como la fuente de
Neptuno. Después conectó el interruptor que debería encender
los treinta millones de pesos de rayos láser que, encendidos en
la parte más alta del monumento, harían saber al paseante que
había llegado a la tierra de la libertad empresarial. Miles de gentes
volteaban hacia las torres esperando ver los rayos láser. El gobernador apretaba una y otra vez el interruptor y… no pasó nada.
Absolutamente nada (Sheridan, 1988: 107).

En esta crónica de Sheridan es posible visibilizar de nuevo el
proceso de encubrimiento de un evento infame con un instrumento
que diera otro significado al espacio. En este caso, Sheridan se refiere a la masacre del 29 de julio de 1936 cometida por miembros del
grupo de corte fascista Acción Cívica Nacionalista en contra de la
Federación Trabajadores de Nuevo León. Para 1936 los conflictos
entre el presidente Lázaro Cárdenas y la burguesía regiomontana
habían alcanzado un punto álgido que culminó con la llegada a la
gubernatura de Nuevo León del general Anacleto Guerrero. Una
de las primeras declaraciones de Guerrero hacia los dirigentes de
las organizaciones obreras de Monterrey fue la siguiente: “Funestos
logreros de la revolución […] zánganos que viven a expensas del
proletariado, escudados en el pomposo nombre de líderes” (Gutiérrez citado en Vázquez: 2017: 169). Después de tal declaración,
el ambiente en Monterrey se polarizó gracias a la afrenta que tanto la prensa como los empresarios a través de sus sindicatos blancos iniciaron. A través de la Asociación Cívica Nacionalista, cuyos
miembros pertenecían a la burguesía regiomontana y donde se enDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-5

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contraban personajes como Eugenio Garza Sada, Roberto Garza
Sada, José Saldaña, Manuel L. Barragán, y Joel Rocha, se gestó un
atentado en contra de las organizaciones obreras.
El 29 de julio de 1936 la Federación de Trabajadores de
Nuevo León organizó un mitin para exigir la disolución de grupos
fascistas como Acción Cívica Nacionalista y Acción Revolucionaria Mexicanista, el cese de los sindicatos blancos en los cuales el
patrón seguía liderando y la creación de una ley de inquilinato que
protegiera de los abusos de los casatenientes. Después del mitin, los
trabajadores fueron atacados con ladrillos que eran lanzados desde
las alturas de los edificios que rondan la Plaza Zaragoza y atacados
con armas de fuego que eran disparadas desde las alturas del Casino
Monterrey por los miembros de Acción Cívica Nacionalista. Los
burgueses asesinaron a tres obreros: Feliciano Alcocer, José Guadalupe Palacios y José Bárcenas, e hirieron a una veintena más, entre
ellos Tomás Cueva, secretario general de la Federación de Trabajadores de Nuevo León. Según Meynardo Vázquez, “el presidente
Cárdenas ordenó al gobernador desaparecer la Asociación Cívica
Nacionalista, lo cual acató, pero los agresores nunca fueron juzgados ni sentenciados, su arresto fue de sesenta horas y no en la cárcel
municipal, o en el penal del estado; sino en las cómodas instalaciones del Campo militar. Los expedientes de ese asunto desaparecieron y a los agredidos nunca se les tomó declaración por parte de la
Procuraduría del Estado” (2017: 170).
No es azar que el Faro del Comercio se encuentre justamente en el mismo lugar donde ocurrió la masacre de trabajadores. Más
aún, la intervención que se hace del espacio no implica solo una imposición del gobierno sobre la población, sino que es también una
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imposición sobre la memoria y la identidad. Ya no son los obreros
antaño los que construyen la ciudad, sino los empresarios junto con
los gobernantes, y el poder económico que representan.
El centro de la ciudad como espacio de marginación
Desde la fundación de Monterrey en 1596 pasaron tres siglos en los
cuales las dimensiones de la ciudad permanecieron muy similares al
encuadre del centro. Su desarrollo a finales del siglo XIX se vincula
con el progreso de su industria. Monterrey comenzó a desbordarse
gracias a la oferta de empleos brindados por las nacientes fábricas.
Incluso para 1900, año de creación de la Fundidora de Fierro y Acero, ésta se encontraba en la periferia de la ciudad. Actualmente el
Parque Fundidora, situado en los terrenos de la fábrica, está considerado dentro del centro de la ciudad. Es decir, el corazón urbano
de Monterrey también ha sido sometido a diversas transformaciones a lo largo del siglo XX. Como en toda ciudad, el centro ocupa
un lugar privilegiado en la dinámica urbana. Por ejemplo, la principal
razón del proyecto de la Gran Plaza estuvo relacionada con la mala
imagen del centro relacionada con el tipo de establecimientos que
abundaban: cantinas, burdeles, vecindades y la gente que habitaba
o frecuentaba estos lugares. En este sentido, el objetivo del proyecto fue desmantelar las estructuras comerciales (en el caso de las
cantinas y burdeles) y habitacionales (en el caso de las vecindades),
también alterando el tejido social que se construía a partir de esos
espacios.
Según Anzaldo, “en la ciudad siempre han existido espacios
negados o ignorados por la sociedad en los cuales los seres humanos
han dado rienda suelta a sus preferencias y conductas sexuales. En el
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caso de los homosexuales, esta población distanciada de la represiva
dicotomía genérica es casi siempre relegada a los suburbios bajos y
a la clandestinidad, oculto ante la mirada de las buenas conciencias”
(2003: 33). En TMN, mucha de la experiencia narrativa situada en
el centro durante la década de 1980 corresponde con espacios subversivos. Valdés enfrenta dos realidades al incorporar estos espacios
de ruptura, ya que los clientes asiduos a este tipo de lugares son los
personajes masculinos de clase alta, como podemos observar en los
siguientes extractos de la novela:
Ahora se dirigía [Julio Villarreal] al Manolo’s para acostarse con la
muchachita que cobraba una moneda por pieza bailada […] Las
puertas del mercado Victoria seguían abiertas; más que la mercancía de sus frutas apiñadas, bajo la amarillenta luz de los focos el
local mostraba el desafío y la miseria de un grupo de prostitutas
tristes que tomaban su café con leche hasta que eran empujadas
de nuevo a la cama prestada (Valdés, 2006: 117).

Recién ingresado, el diputado Luis Orozco permaneció solo en
una de las mesitas […] un travestido se ocultó a un lado, cerca
de los focos de una de las columnas, y se reacomodó un sostén
que ceñía sus senos falsos […] El ayudante que conducía a veces
el auto del diputado advirtió en la sonrisa complacida de su jefe
el preludio de lo que pasaba siempre: las primeras definiciones
sociológicas como un reconocimiento del lugar y luego, con una
presa joven a la vista, la petición de hacerle traer a ese o el otro
muchacho de la barra para platicar a solas con él (Valdés, 2006:
119).

Además de la clandestinidad en la que se enmarcan los actos narrados por Valdés, el caso del diputado Luis Orozco contiene
otros factores que llaman la atención. Orozco, al estar dentro de un
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establecimiento se encuentra fuera del espectro público, pero aún y
con este nivel de ocultamiento Orozco no es capaz de manifestar su
deseo. Su chofer tiene que entrar a cuadro para realizar el ritual de
buscar un acompañante para el diputado. En el mismo tenor, Valdés
como narrador tampoco expresa el acto sexual de manera directa,
sino que lo disfraza con eufemismos como “platicar a solas”. En
este caso, el proceso de ocultamiento atraviesa no solo la capa de lo
público y lo privado, sino que también pasa por la capa del lenguaje
al no ser nombrado.
Por otro lado, la representación que hace Valdés de estos
espacios subversivos, al menos en la literatura regional de la época,
es una cuestión innovadora, aunque en esa misma época, otro exponente literario de la marginalidad regiomontana corresponde al
ámbito de la poesía. Samuel Noyola (1965) publica en 1986 Nadar
sobre mi llama, libro que contiene uno de los poemas más grandes
hacia la ciudad de Monterrey, “Nocturno de la calzada Madero”,
donde a través del recorrido sobre la calzada Madero, que cruza de
oriente a poniente el centro de la ciudad, revela los espacios ocultos
que, de manera paradójica, es en la noche cuando son más visibles:
Porque mis días se han levantado
contra una ciudad enjoyada de mendigos,
circos donde la razón atraviesa aros de fuego,
pirámides con sacerdotes adorando la cifra y el puñal, […]
Allá donde la puta, el califa y el maricón
se deslizan orgullosos de su techo de estrellas,
como una corriente afiebrada que va puliendo las mesas,
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el vidrio turbio de las botellas
donde respiran rumorosas abejas,
y levantan burbujas hasta el ojo ebrio,
que revientan con el tambor y las maracas
si dos bailarines se tallen entre el viento dorado de una cumbia.
(Noyola, 2011:77)

Esta similitud en cuanto al tema de la marginalidad no es
arbitraria. Existe una relación directa entre TMN y “Nocturno de
la Calzada Madero” en tanto que la primera edición de TMN en
1990 contiene el siguiente verso como epígrafe: “Porque mis días se
han levantado contra una ciudad enjoyada de mendigos”. Esta relación también se hace evidente a través de la representación de los
personajes marginados que habitan los espacios subversivos. Tanto
Noyola en la poesía como Valdés en la narrativa posicionan a la
puta, el califa y el maricón como personajes que viven la ciudad nocturna. La calzada Madero en conjunto con las calles de Guerrero,
Reforma y Arteaga, además de algunas partes de la Avenida Colón
y Cuauhtémoc, poseen en conjunto este marcador de zona roja. Las
cantinas, burdeles y comercios que se encuentran en esta zona aún
en la actualidad corresponden a los mismos narrados por Valdés en
TMN. En este sentido, es irrelevante si Valdés nombra los lugares
sobre los que escribe, es suficiente saber que esta parte de la diégesis se desarrolla en el centro de la ciudad para entender qué tipo de
sitios son los descritos en la novela. Mientras que los sitios que pudieran ser catalogados como patrimonio histórico de la ciudad han
sido demolidos o transformados, la cartografía de la marginalidad
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ha permanecido vigente a pesar de los casi 30 años que separan la
publicación de TMN.
Consideraciones finales
En este artículo argumento que la identidad de la ciudad en constante transformación es el gran tema de The Monterrey News. La tesis de
Valdés sobre Monterrey proviene de la vileza de los cimientos sobre
los cuales se ha construido la ciudad y que han quedado ocultos a
través de estas transformaciones identitarias que van de la mano
con sus cambios físicos, no en balde el autor concede amplios pasajes a la reflexionar sobre ello. Además, es posible sostenes que
la principal característica de Monterrey como ciudad sin estilo es
el proceso de trasformación que se realiza constantemente en los
espacios cargados de memoria (el Faro del comercio, la Macroplaza)
despojándolos de una armonía estética. Estos espacios son también
cimientos de la diégesis que, aunados al tratamiento del origen de
Monterrey, funcionan como ejes articuladores de la novela.
Dado que la novela se finca en la representación de la ciudad
a través de las múltiples capas del tejido social, la narración logra
imbricar las características de la ciudad contemporánea con los aspectos históricos que le dieron origen, develando una fuerte crítica
hacia Monterrey. A través de las categorías de análisis propuestas el
mito fundacional, la ciudad sin estilo y los espacios marginados fue
como logré definir que el motivo en la novela resulta ser la vileza
primigenia de la ciudad que se plantea en los pasajes históricos y se
reafirma en la línea narrativa contemporánea.

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�Michelle Monter / The Monterrey News

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

“It’s not Art, It’s State”: Rethinking the Feminist
Interventions into the Mexican Monument of
Independence through the Post-Aesthetic Concept
of Emptiness and Leerraumkunst 1
Nínive Vargas de la Peña
Columbia University
nmv2124@columbia.edu

Fecha de entrega: 29-4-2021 / Fecha de aceptación: 30-6-2021

Resumen. Después de la intervención feminista sobre el Monumento a
la Independencia, aunado a otras acciones históricas en contra de comisiones del Estado, se ha vuelto crítico el cuestionamiento sobre la “profanación” de monumentos identitarios y obras de arte para actualizarlos
históricamente a través de un proceso de violencia creativa. Basados en
el concepto post-estético de Raum o espacio, expuesto por Heidegger,
entendido tanto como presencia, así como el vacío para convenir significado, aunado al nuevo concepto de “arte vacío” (Leerraumkunst), esta
investigación realiza un estudio filosófico e historiográfico del monumento a la independencia, junto con la intervención feminista sobre el mismo.
Teniendo en cuenta el término Heideggariano de “preservación” en el
1 This research could only be achieved through the invaluable guidance
of Professor Diane Bodart, from Columbia University for whose research into
the interaction between public monuments and spaces stands as an exemplary
work into the projection of power in Imperial Spain and its colonies. Equally
indebted is this study to the philosopher and Professor John Rajchman whose
philosophical understanding of art strives for the creation of a new understanding of its importance within post-modern thought.

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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

arte, esta investigación vendrá a demostrar cómo actos de intervención en
el arte del estado pueden ser equivalentes a tal concepto. Esta discusión
nos permitirá cruzar el puente de la singularidad de este evento histórico, a
una verdad ontológica que pueda cuestionar la sacralización totalitaria del
arte identitario del estado.
Palabras clave: feminismo, Heidegger, Leerraumkunst, Raum, arte,
postestética
Abstrac. Leading the feminist intervention on the Mexican Monument of
Independence, and further historical actions into commissions of the State,
question have risen upon the “desecration” of identitarian monuments
and artworks as to historically actualize them through a process of creative violence. Grounded upon Heidegger’s post-aesthetic concept of Raum
or space, understood both as presence and emptiness in which to imprint
meaning, along the newfound concept of Leerraumkunst, this research
conducts a philosophical and historiographical study of the Monument of
Independence, along with the feminist intervention upon it. Taking into consideration Heidegger’s term of “preservation” within art, this research will
come to demonstrate how acts of intervention into the art of the State
might become akin to such concept. This discussion will let us cross the
bridge from the singularity of this historical event and monument, into
an ontological truth that might question the mindless sacralization of the
State’s identitarian art.
Keywords: feminism, Heidegger, Leerraumkunst, Raum, art, postaesthetics

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“Solo
tante
ción
mos

durante el fugaz insde nuestra participacon lo absoluto podeafirmar que existimos”.
José Vasconcelos

Sculpture: the embodiment
of the truth of Being in its
work of instituting places.
-Martin Heidegger, Die Kunst und der
Raum

After four policemen in Mexico raped a 17-year-old girl a massive feminist protest was convoked on August 16, 2019. As part of
the historical strike in Mexico City, the monument commemorating
Mexico’s Independence was vandalized, or shall we say ‘intervened’.
The Angel of Independence, as it’s commonly known, a golden statue of
a female allegorical Victory standing in a column with a mausoleum
at its base, was set partly on fire and covered in feminist mantras and
cries of rebellion at its foundation, such as: “Ni una más” (Not one
more), “Amigas, se va a caer” (Friends, it shall fall), “México Feminicida” (Mexico, murderer of women) and the phrases “No es Arte”
and “No es Arte; es Estado” (It isn’t art, it’s the state) surrounding
its base.2 As the state decided to pardon the women who intervened the monument—along with any vandalization occurred during
the protest—questions have risen regarding the validity of acting
2 Los Angeles Times (2019)  Vandalizan Ángel De La Independencia Durante Marcha De Mujeres. [Video].
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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

upon established identitarian monuments and artworks as to re-signify and historically actualize them through a process of creative
violence. This research aims to discuss this predicament, along with
its occurrence in any future acts of intervention aimed towards the
art of the State. Grounded upon Heidegger’s post-aesthetic concept
of Raum or space, understood both as presence and vacuum, along
the newfound concept of Leerraumkunst, this research will conduct
a philosophical and historiographical study of the Monument of Independence itself, along with the feminist intervention upon it. Ultimately, this research pursues the Heideggerian conviction that thinking
through art can guide us into the future and can help us demonstrate a genuine understanding of the being, as well as his creations
within history.3
Furthermore, as the feminist intervention wasn’t a simple
destruction, or iconoclastic action against the monument but they
imprinted on its surface mottos and phrases in a rebellious act of
“poetic intervention”; a concept underwritten through the covering
of the pedestal (and its surrounding statues) with symbols that rephrased and recontextualized the monument as a landmark of resistance along with a memorial to the fallen women, this study, will
rather contemplate the post-aesthetic validity of its desecration as
an act of reassertion of the self and being—in this case that of
Mexican identity—through Heidegger’s own writings. Therefore,
this research will not only revisit the history of the memorial itself
to understand its contradictory origins and significance, but contrast
3 As Heidegger himself would say in his defense of art as an ontological
tool: “The essential nature of art would then be this: the setting-itself-to-work
of the truth of beings. Yet until now art has had to do with the beautiful and
with beauty—not with truth” (Heidegger, 2002: 16)

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it along with post-aesthetic concepts that might lead us to understand how this memorial, along with any art of the State, has become
susceptible to be actualized when they turn into a Leerraumkunst or
empty art; be it through preservation, as Heidegger envisions, but
also through intervention—a concept he never considered but will
be grounded in his philosophical reflections on creation and preservation, as they both actualize the being across history. In this
way we aim to cross the phenomenological bridge that allows us to
move from an interpretation of a particular work of art or historical
action—the feminist intervention—into an ontological truth that
concerns other interventions into the art of the State.
However, this study sets itself aside of the discussion of
Heideggerian aesthetics (or anti-aesthetics),4 and rather takes on an
approach based upon his famous essay The Origin of the Works of
Art, for which artworks shape and express our historical reality while considering the concept of “preservation” through interaction as
a new origin for the artwork.5 Only through such a post-aesthetic
thinking can we recognize art’s true purpose, helping us understand
4 Through his “Afterword” (late 1930’s) and later “Addendum”(1957) to “The
Origin of the Work of Art”, Heidegger criticizes the modern aesthetic focus
into the beauty of an artwork rather than its potential to create history through
the confrontation of beings with ontological truths of themselves and their realities. Therefore, the philosopher called for its surpassing in what has been
called by posterior thinkers, such as Lan Thomson, post-aesthethics.
5 “The Origin of the Work of Art”, is the essential source to understand the
philosophers attempt to overcome aesthetics through an understanding of the
work of art in relationship to history. Delivered repeatedly between 1935 and 1936,
the essay was held closely by Heidegger himself who added an “Afterword”
in the late 30’s and a further “Addendum” in 1957, making us believe in the
continued importance of his conclusions through his lifetime. Please refer to,
Heidegger, M. (2002). The Origin of the Work of Art. In J. Young &amp; K. Haynes,
Heidegger:Off the Beaten Track. Cambridge University Press.
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the inconspicuous way in which its creation and further contact with
the work of art—be it as an act of conservation or intervention—
unveils the truth of the artwork and actualizes its essence within
history. Furthermore, as we concern ourselves with the notion of
art, we will inevitably deal with the concept of Dasein or being, Raum
or space (both as presence and absence), and history, and thus, his
foundational work Being and Time would be attentively held in this
study, alongside his late-life lecture of Kunst und Raum where all the
aforementioned concepts will be joined. Finally, while this exercise
emphasizes upon the intervention to the Monument of Independence,
the truth uncovered could apply to any historical art produced by
the State. As we will come to see, such works expressly depend on
their interaction among beings as to gain meaning, and not through
their pristine existence without any connection to its surrounding
context.
Emptiness within Presence: Understanding the Leerraumkunst
In ages past the vandalization or damage of a monument, especially one pertaining to the image a figure of authority, would have
had the perpetrator executed or heavily penalized. As mentioned
by Gabriel Paleotti, the statue acted as a replica or extension of
the persona, therefore wounding its image was a crime tantamount
to hurting the person itself, and so a crime of lèse-majesté.6 Nevertheless, the Angel of Independence, as we will explore in our next
section, does not stand in for a figure of authority but as an unclear
commemoration of Mexico’s Independence from Spain—while still
6 Paleotti, G., McCuaig, W., &amp; Prodi, P. (2012). Discourse on sacred and
profane images (191-201). Getty Publications.

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being constructed by the implementation of iconography from Imperial Rome along with other European models of remembrance.
Furthermore, its construction was consistently attempted to glorify and serve authoritarian leaders in Mexican history and not as a
genuine celebration of the liberation of European interventionism.
Thus, in the contradiction of its own existence in accordance with
its ‘intended’ essence other rules might apply to its desecration and
the intervention done upon its plastic presence.
Grounded on Heideggerian metaphysics, when monuments
and statues become empty of meaning they lend themselves to be
rethought. Not as a defect, but rather as an opening; being that truth
can only exist within the possibility of an unveiling and meaning can
only be obtained where there is an empty space to project it into. As
said in Kunst und Raum, “Emptiness is not nothing. It is also no deficiency. In sculptural embodiment, emptiness plays in the manner
of a seeking-projecting instituting of places” (Heidegger, 1969: 7).
This nothing will come to be as the mouth in the Genesis in Judaic
thought that suddenly opened, and sound was born; as it is from the
silence that everything emerges. Heidegger says, “Does truth arise
out of nothing? It does indeed, if by nothing is meant the mere not
of beings ” (Heidegger, 2002: 44). This sort of reflection is made
explicit with his early phenomenological analysis of Van Gogh’s
representation of a pair of tough farmer’s shoes, in which he would
emphasize the nothingness surrounding it as the space in which
meaning is projected. Heidegger says, “There is nothing surrounding this pair of shoes to which and within which they could belong;
only an undefined space. […] A pair of peasant’s shoes and nothing
more. And yet. From out of the opening of the well-worn shoes the
toil of the worker’s tread stares forth” (Heidegger, 2002: 14). In his
Introduction to Metaphysics, the philosopher examines once again the
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painting, and delves even further into the nothing that it contains
along with the potency that that fact encompasses.7 As he says, “The
picture really represents nothing [Das Bild stellt eigentlich nichts dar].
Yet, what is there, with that you are immediately alone, as if on a
late autumn evening, when the last potato fires have burned out, you
yourself were heading wearily home from the field with your hoe”
(Heidegger, 2002: 37-38). For Heidegger, this visible “nothingness”
exists as an entity and not merely a no-thing or no-being at all; after all,
the concept of emptiness, by embodying itself through art as a medium, comes to being. For the philosopher, the encounter with the
void conditions our experience rendering us able to project our Dasein within the painting and uncover an ontological truth of the self.
It is from the experience of nothingness where beings can come
to inhabit an artwork, and thus create an act of historical meaning.
Accordingly, with the dilution of significance and within the
absence of truth, we might be in need of a new term to describe
such state when it comes to inhabit the artworks from within for
which Leerraumkunst, being ‘art of emptiness’ or ‘empty art’ could
be of service. Building upon Heidegger’s concept of Raum, the term
allows to convey both the temporal displacement suffered by the
monument, along with it becoming devoid of meaning while bringing forth an opportunity to be actualized. Furthermore, the term
let us rehabilitate Heidegger’s colonial gaze, not as an ‘art of space’
(Raumkunst) but rather ‘an art of emptied space’ as Leerraumkunst
exists as literally “vacuum art”.8 It is then that when form and con7 Please refer to Heidegger, M. (2000). Introduction to Metaphysics. Yale
Nota Bene.
8 Leerraum also brings forth other sorts of associations such as Leerraum
a space that has been emptied through an act of aggression, be it genocide or

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tent, intent and existence, coming-into-being and actual being occurs in a state of self-contradiction, and the artwork comes close
to the nullification of its essence creating a condition of voidness,
it becomes subject to being resignified; as the basket that has been
cleared in Heideggerian thought, and it is within this emptiness that
it holds potency of carrying fruit once again.9 Therefore, the Leerraumkunst exists as formed matter whose being has become devoid
of meaning and is essentially contested through its own history or
conflicting relation to its contemporaneity for which the art of the
State, due to the ever-changing waters of time and political power, is
more susceptible to fall into. If art is truth made manifest, in the Leerraumkunst the essence of the work will not abide to the occurrence
of truth, informed by its political purpose along with its manner
of interaction with the people of its contemporaneity. This is why
we must emphasize its relationship to this sort of art, and not any
simple artistic creation, as it should inherently belong to the people
that conform it, along with an understanding that this condition of
emptiness tends to occur within this category of art as a more palpable phenomena as it is a being existing through time connected to
the ever-changing identity of a Nation. After all, art is the “Being of
Beings”. 10 Thus, this emptiness should be understood not as a fault,
but rather a condition that brings forth an opportunity.
complete nullification.
9 “To empty the collected fruit in a basket means: To prepare for them this
place.” Heidegger. 1969
10 Heidegger refers to it as such both in in his Introduction to Metaphysics
(p.38), as well as in The Origin of Art. A similar discussion of art as an entity is
developed in Die Kunst und der Raum.
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While Meyer Shapiro saw this self-projection into the nothing as a fault of Heidegger’s interpretation—a vision contemporary commentators do not share—when applied to the art of the
state, this act of projection of the self becomes essential as to position an artwork within its contemporaneity, and thus, in history.
11
Thus, in this developed concept of space, both as presence but
also as the emptiness, such as the nothingness surrounding Van Gogh’s painting but that now inhabiting the artwork from within, is
what the Leerraumkunst conceptualizes. It is through its usage and
comprehension that we might come to understand how an act of
intervention done into a commission of the State, comes to be an
actualizing act upon the essence of the artwork. These new associations will make themselves clearer once we immerse in a brief
exercise of historiography using the “Monument of Independence”
as our object of study, along with its intervention, as to understand
how the memorial since its inception was ultimately created for the
glorification of authoritarian figures within the nation, and not for
the combatants of Independence or the inhabitants of such state.
Thus, its name and identity, along with its chosen iconography and
placement—and displacement from “El Zocalo” to the promenade
of Reforma—, generated a void in which the women of Mexico
could activate the monument, imprinting meaning upon the already
existent vacuum.

11 Please refer to Meyer Schapiro, “The Still Life as a Personal Object – A
Note on Heidegger and van Gogh (1968),” in Schapiro, M. (1994). Theory and
philosophy of art. George Braziller. For a critic into his view, please refer to the
third chapter in Thomson, I. (2012). Heidegger, art, and postmodernity. Cambridge University Press.

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A Conflicting History: The Creation of the Vacuum 12
Once the fight for sovereignty had been won, the ever-changing
governments of the Mexican territory considered building a monument in the Plaza de Armas that would commemorate Mexico’s
independence from Spain. This strategic location not only represented the heart of the colonial cosmos, but also the center of the
Aztec empire, marking itself as a ‘lieux de memoire’, a place where
the society could rally around to assert a common past.13 The creation of an identitarian monument following the experience of the
war, fell in line with an artistic trend firmly established in Europe;14
and so, between 1821 and 1843 several competitions were called but
the project never came to fruition due to the constant conditions of
political instability (Martínez Assad, 2005: 13). However, after the
loss of the territory of Texas in 1836, the fraught experience of the
first French Intervention in 1839, and the increasing tensions with
the American government that anticipated a bigger conflict on the
horizon, Mexico finally decided upon the building of a war monument in Mexico’s main square that would help serve as a reminder
12 This historiographical study is made possible due to the extraordinary
research of Martinez Assad, C. (2005). La patria en el Paseo de la Reforma.
Universidad Nacional Autónoma de México.
13 The term was developed by Nora, Pierre (1997) Realms Of Memory.
Rethinking The French Past.. New York, NY: Columbia Univ. Press and was
found in Rausch, H. (2007). The Nation as a Community Born of War? Symbolic
Strategies and Popular Reception of Public Statues in Late Nineteenth-Century
Western European Capitals. European Review Of History: Revue Européenne
D’histoire, 14(1), 73-101.
14 Please refer to Rausch, Helke (2007) “The Nation As A Community Born
Of War? Symbolic Strategies And Popular Reception Of Public Statues In Late
Nineteenth-Century Western European Capitals”.
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of Mexico’s unification within the increasingly unstable geopolitical
situation. And thus, this monument could stand as a symbol of a
novel republican consensus on political organization as well as a
connection to the building of a new state with a self-defined identity apart from Spain; as the Mexican needed not only to project a
coherent identity to the nations abroad, but also render it visible to
its own citizens who had been continuously hit by foreign entities.
Therefore, by 1843 the Mexican President Antonio López
de Santa Anna—the same man that had signed for Texas’s Independence in 1836 and who had tackled the first French Intervention—
convoked an art contest with the support of the former Royal Academy of Arts of San Carlos. Be it as strategy to help consolidate his
decaying authoritarian image, or as a message of union in a clearly
divided political panorama, he led the efforts for the creation of
the artwork.15 As part of the endeavor, he formulated a series of
requirements for the monument, which will impact and remain into
the final design of 1910. Conforming to his petitions, an honorary
column with a minimum height of 42 m, topped by a statue of Victory, among other requests for the pedestal were established.16 This
structure was meant to act on direct referentiality to the July Column,
15 As part of the design of the column contemplated the inclusion of three
scenes that enhanced the persona of Santa Anna in correlation with the creation
of the Mexican state: el Grito de Dolores, Mexico’s first call for independence;
the triumphant entry of the “Ejercito Trigarante” into Mexico City, marking
the beginning of Independence; and finally, the battle of Pueblo Viejo, a minor
struggle that happened in Tampico for which Santa Anna was responsible for
its victory.
16 At the base of the column the pedestal was meant to be adorned with
statues and bas-reliefs, that would be surrounded by a fence and other minor
statues that would adorn the square as to create a monument within an artificial
public square inside the Plaza the Armas.

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a European monument located in Paris commemorating the French
Revolution. And while the election of its design might have responded to the overall taste for French culture that existed among the
population,17 as well as the increasing influence of that said culture
in Mexico’s ruling classes,18 it was certainly an odd choice considering the Napoleonic intervention that had occurred some years
prior, and the supposed intent of the war monument to commemorate its independence from the European forces.19 By September of
1843, in the frame of national celebrations, the first stone was laid in
the Plaza de Armas. However, when roughly a meter and a half of
the pedestal, or ‘zocalo’, had been constructed the project was abandoned for lack of resources aimed toward its erection (Martínez
Assad, 2005: 13-23). This ‘zocalo’, now long lost, ended up granting
its nickname to the Plaza de Armas now known as “El Zócalo”.20
17 “Las modas y usos franceses han dado tono a la sociedad mexicana
que estaba muy dispuesta a recibirlos, por la conformidad con los que habian
cimentado la educación dada por los españoles que en ésta, como en todas materias, reciben cuanto les viene del otro lado de los Pirineos” (Luis Mora [1836]
in Flores, Torres, 2003: 111).
18 About a third of the population in Mexico City, as well as an important majority of the ruling class, was supposed to have been French or Italian
speakers at the time. As stated by one of Mexico’s first historians José Luis
Mora: “La inteligencia y uso de los idiomas cultos de la Europa, lo mismo que
el gusto y conocimiento por su literatura clásica, son ya demasiado comunes
en México, antes de la Independencia pocos entendían y menos hablaban el
francés, en el día es un ramo necesario de educación; y muy pocos o ninguno
de los que constituyen la generación que va reemplazando a la actual dejarán
de poseer este idioma” (104).
19 Let us be reminded that the first intent of Independence wasn’t even
from Spain itself but from the French intervention in the Spanish territories,
recognizing Ferdinand VII as the only true monarch of New Spain, and not
José Bonaparte who had been appointed by Napoleon to lead Spain.
20 This name has had such an influence in Mexican culture that the word
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The second serious attempt in the construction of the monument will fall once again in the hands of authoritarian figures, but
now from European origin. On September 16, 1865, during the Second Mexican Empire—a monarchy established by the French, with
an Austrian leader, made to restrain the growing power of the United
States—, the new founding stone laid by Empress Carlota was set.
The production of this artwork celebrating Independence, but now
being done by an interventionist force, responded to the need of
unifying the country’s morale through the appointment of a common enemy for both the French and Mexican culture: the Spanish.
However, it will prove to be unsuccessful owing to the fall of the
Empire some years later (Martínez Assad, 2005: 23-32). And so, with
this second attempt, any actual individual that would have participated in the Independence would have been long deceased before the
third and final successful attempt would have been realized.
By the end of the XIX century, a series of real estate developments aimed towards the high class in Mexico City began to
develop in the Paseo de la Reforma. These exclusive neighborhoods
needed public art that would justify its elevated cost of living, therefore the promenade needed to be beautified by statues of heroes,
cobbled sidewalks, groves, and ultimately one of Mexico’s most important public artwork, the long-planned Monument of Independence
(Martínez Assad, 2005: 33-76). And so, its intended original location
in the axis of popular gathering—along with the association that it
entailed— was foregone in favor of this great project of re-urbanization. In regard to its design, in 1884, an international contest
was convened and the American firm Cluzz and Shultze, based on
has come to signify public square.

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Washington D.C., was the winner for the project. But, as it became
temporary postponed, the firm sold its rights to the Mexican government (Martínez Assad, 2005: 77-98).
Therefore, in 1910, 100 years after the Independence, the
monument was finally inaugurated: miles away from its original location, now with a more urbanistic purpose, and maintaining the
European influence on its design that had existed since its inception. However, there weren’t any of the associations to the past before colonial rule, other than a small eagle in one of the sides of the
pedestal, alongside a snakeskin surrounding the base of the column.
Furthermore, more than celebration of Independence from foreign
influence the monument served as a testimony of the power of
the reigning leader, the general Porfirio Diaz who had been leading
the nation for the last 35 years, and who was a known francophile
and lover of European culture himself. Attesting to this fact was
not only the Winged Victory who was based in the small statue of
Victory held by Athena in the Pont Alexandre III in Paris, alongside
phrygian caps in the interior of the monument, but the inclusion
of other questionable symbols through the bas-relief in its pedestal
with figures such as the shield of Medusa, a battle baton with the
initials SPQR, along with other Roman imperial motifs that appear
everywhere throughout the monument. A plausible artistic liberty
taken by the Italian Enrique Alciati, as he was in charge for the
sculptures and bas-reliefs of the memorial. Therefore, the monument acted symbolically as a continuation and celebration—as well
as a house-warming gift—for the European-descending oligarchy
that had come to live and govern in Mexico, along with the commemoration of power being held by Porfirio Diaz, a man with the
uncontested authority of an emperor.
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Years later, once the Mexican Revolution had been won, but
a new authoritarian leader had been established in the period known
as Maximato, the monument will be twice intervened by the standing presidents under the orders of the “Jefe Máximo”, or Supreme
Leader, Plutarco Elias Calles. The first intervention will occur in
1923, with the creation of three niches to house the remains of
the heroes of Independence, further transforming the monument
which was now being converted into a mausoleum (Martínez Assad,
2005: 99-115). And, in 1929 the last modification will occur with the
addition of a niche to add a votive gas lamp with clear pre-Hispanic
style which was meant to be kept always aflame (Martínez Assad,
2005: 115-126). The heavy design of the lamp greatly contrasted
with the rest of the monument, making it stand as the only direct
allusion to a more “authentic” pre-colonial identity, in a sea of European symbols.
Both of these interventions can be interpreted as an attempt
of the current power to appropriate the monument into a symbol
of the—short-lived—glory of the Maximato, as well as a venture
for a more profound connection with the Mexican identity by sacralizing the space through its usage as a mausoleum, along with the
nascent pride of the pre-Hispanic past, palpable within the art of
the beginning of the century. Nevertheless, this endeavor will prove
unsuccessful with time, as the monument became an urban landmark rather than a space of reverence. Categorically, throughout its
history, the monument of Independence has acted as an exercise of
self-reassertion of power rather than identity or being, what is left
then appears merely as a simulacrum of the truth. At least, until the
reactivation of the memorial through the historical feminist inter162

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vention.
“It’s not Art, It’s State”: Rethinking the Feminist Intervention
The female motto inscribed upon the pedestal, “It’s not art; It’s state” can speak to us about the desacralization that this monument
has suffered throughout the years, as well as its difficulty to install itself as an actual reassertion of Mexican identity. However, the
disconnection from the general population has existed prior to the
protest, as well as the need to implement meaning upon it through
acts of ‘non-apparent’ intervention. It is only natural, as Koselleck
mentions in The Practice of Conceptual History, numerous memorials
have fallen into oblivion, and if they are maintained and visited, it is
rarely done to reassert their original political sense (Koselleck, 2011:
324). Attesting to this, nowadays the monument is widely experienced as a desacralized landmark meant for any type of social gathering, ranging from wild football celebrations, quinceañera photoshoot
locations and even a site for Mexico’s Fashion Week. Following the
Heideggerian critique of modern aesthetics, the monument stands
only for its ‘beauty’ and not within a real interaction that withholds
the meaning of Independence, or at least a memorial to the death
that holding within.
As this war monument tried to become an icon that would
celebrate the Mexican Independence from foreign European intervention, and that would therefore assert national identity, it did so
through the appropriation of European symbols that didn’t necessarily connect with the iconographical language of the Mexican population. Corroborating this fact, the Victory has had the need to
be rethought into ideas that pertain to Mexican visual culture, transDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-6

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forming itself from a winged Greco-Roman Victory into a Christian angel to create an actual connection with the core beliefs of
the population. Furthermore, the exclusion of the Roman inspired
figures in the collective memory existed even before the feminist
intervention, as the elimination of these components is so patent
in Mexican visual culture that the majority of pictures displaying
the monument, as well as the visual propaganda, mostly included
the column and the Victory, or just the pagan icon, nullifying the
rest of the structure. The monument has even been renamed in the
collective memory from “Monumento de la Independencia” to the
interpretation of the figure at its top, the “Angel de la Independencia”, or just “El Ángel”, its most distinguishable figure (if it were an
angel). These proceedings could in themselves be interpreted as acts
of intervention upon the “pure” identity of the moment, an inevitable phenomenon within this storm of circumvoluted meaning. Ultimately, the monument has been understood and interacted with as
if it were empty of meaning and reverence long before the historical
feminist intervention, so much so, that most of the structure has
had the need to be rethought from a mausoleum to a landmark, and
its pagan iconography and name converted into Christianity. Again,
not as a fault but simply as the phenomena of the Leerraumkunst at
work, as the art of the State needs to resonate within the people that
it comes to represent, and it is only natural that the being will strive
as to implement meaning upon its world.
Most importantly, alongside its resignification, the pagan
icon has suffered from the asexualization that comes from the
change of identity in the Spanish language, as it has been trans164

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formed from the female winged Victory, or “la Victoria alada”, into
an asexual or even male angel by naming it “el ángel”. Moreover,
even if we didn’t pay any regard into the gender change through language, we can just refer ourselves to its iconology, as Victories tend
to be female, while angels are generally asexual or male-presenting.
Furthermore, the intervention that occurred in the monument was
a dire reminder of the empty symbolism and political implications
that any female allegorical statue contains at its core. As mentioned
by Warner, while female figures are often used to represent abstract
concepts such as liberty, justice, or victory, their gendered form only
serves as an aesthetic choice but not one that actually permeates reality, as women will be often disadvantaged in the claims on liberty,
victory, or justice (Warner, 1985: 17). Thus, “interventionist” acts
upon the identity and into the emptiness carried within the monument had existed prior to the feminist involvement, what is singular
about this historic event is that for the first time since its inception
the monument actually pertained to a being reminiscent of a contestatory memorial that actually celebrated Mexican identity from
an oppressive authority, thus, a true Monument of Independence.
Most significantly, it will be through the usage of symbols and poetic hymns that actually pertain to national culture.
Attesting to this phenomenon, during the Feminist intervention on the monument, while the pedestal and its Europeanized
bas-relief were completely covered and nullified by feminist mottos,
the eagle at the entrance of the monument was colored with pink
painting, respecting and highlighting the outline and the figure itself in an act of hergestellt or setting forth. As Heidegger would say,
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“when a work is brought forth, out of this or that work-material—
stone, wood, metal, color, language, tone—we say that it is made, set
forth [hergestellt] out of it” (Heidegger, 2002: 23). Therefore, the
symbol was reappropriated but not negated or nullified as the rest
of the monument’s pedestal. It was rather emphasized—a meaningful action that speaks not only to the recognition of a common
identity, but to a rejection of the other symbols. In addition, the Europeanized bas-relief acted as an ‘empty’ canvas for poetic intervention, demonstrated through their covering in mottos that nullified
and blocked the view of any iconography while stressing the cries
for justice and dispute against the State. Through the addition of
mottos, alongside the emphasis of the eagle, the work of art started
to make itself anew, while underlining the condition of emptiness
of representation being held not only throughout the pedestal, but
within the walls of the monument itself.
In addition, pictures of the desacralized monument
went around social media with a modified stanza of the Mexican
anthem: “Y tus templos, palacios y torres se derrumben con hórrido estruendo, Y sus ruinas existan diciendo: de mil heroínas la patria
aquí fue.” Or may your temples, palaces, and towers collapse with
horrid clamor, and may their ruins continue on, saying: of one thousand she-roes, here the Motherland was. For the first time since its inception the monument was effectively reaffirming the self, through
elements of poetry and art pertaining established Mexican identity
and framing it through the use of female citizen action; instead of
existing as a monument reaffirming authoritarianism or European
intervention, with the usage of a language—both visual and written—unrecognizable to the nationals. Therefore, this act of namely
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‘creative destruction’ done to the unmistakably Europeanly inspired
monument acted then as the reaffirmation of the self. This was both
an act of independence and the creation of an artwork. As “whenever art happens, whenever that is, there is a beginning, a thrust enters history and history either begins or resumes […] History is the
transporting of people into its appointed task (Aufgegebenes) as the
entry into its endowment (Mitgegebenes)” (Heidegger, 2002: 49).
Art in itself is origin, as Heidegger discussed, and a distinctive way
in which truth manifests itself. The monument covered in mantras,
was as much—or even more—than was existent beforehand, or the
pristine monument that now stands thereafter. As said by Heidegger, when analyzing Hegel’s conception of time and spirit, the progress of the spirit in history carries within a principle of exclusion,
which is meant to surpass the former being (Heidegger, 2021: 467).
As the philosopher would later criticize, if works are to be presented
and enjoyed merely as ‘art’, that is for their beauty, then, it is not yet
established that they actually stand in essence as real works of art
(Heidegger, 2002: 42).
In this act of seeming violence the setting-into-work of the
monument’s intended essence came to be, and thus transformed
itself into art through a process of nullification, that existed in
simultaneity as an act of creation and restoration of essence (2002:
47). As Heidegger would say, “for a work [of art] actually is a work
when we transport ourselves out of the habitual and into what is
opened up by the work so as to bring our essence itself to take a
stand within the truth of beings” (2002: 47). If it is only through
strife that truth might be born, the pink highlighting of the figure
manifests that identitarian conflict, along with its resolution and
coming-to-being of this renewed graffiti covered monument that
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brought itself into a more genuine understanding of contemporaneity. Furthermore, the response of society as to contextualize
it within the national hymn, along with evocative photographs of
the event, created the Mexican Gesamkuntswerk or the total artwork,
even if it was short-lived. This temporary work of art, came to
be aligned with the intended true essence of the memorial along
with the historical reality faced not only by these women, but any
other civilian standing within a position of helplessness and anyone who must face a systemically oppressive system; thus, this action
constructed a genuine artwork that reflects upon the concept of
Independence and contextualized to Mexican motifs, maybe for
the first time since its inception. Desecration suddenly becomes art
creation.
As Thomson compiles in Heidegger, Art, and Postmodernity
(2011), art according to the Heidegger should first give to things
their look, that is, they help establish an historical community’s
implicit sense of what things are in essence, but most importantly
“they give ‘to humanity their outlook on themselves,’ that is, they
also help shape an historical community’s implicit sense of what
truly matters in life (and so also what does not), which lives are most
(or least) worth living, which actions are noble (or base), what
in the community’s traditions most deserves to be preserved (or
forgotten), and so on.” (Thomsom, 2012: 43). The encounter with
the work of art confronts us with the unveiling of a truth for the
individual. Art seen through a post-aesthetic’s lens, should convey
to the community the necessary truths for a more engaged existence within its contemporaneity, while implicitly understanding
himself further through the light of this artwork. As Heidegger
would say, “in the [art]work, the happening of truth is at work”
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(Heidegger, 2002:19). Art, and great art, is capable of setting the
wheels of history into motion, transforming the understanding of
our world and place within it, “Whenever art happens – that is,
when there is a beginning – a push [Stoß] enters history, and history either starts up or starts again”(2002: 49) As said by Heidegger,
“Art is history in the essential sense: it is the grounding of history”
(2002:49).
Finally, as Koselleck mentions, war memorials not only commemorate the dead, but also compensate by rendering survival meaningful (2011: 287). This holds especially true in a country where femicides exist as a looming threat. While the monument as any other
combat memorial, stands as a reminder of the maxim mortui viventes
obligant (the living are obliged to the dead), the feminist intervention is a reminder that the living are also obliged to the living. And
every woman that conveyed that day, was a survivor of the systemic
violence and exists in confrontation to her own plausible death. In
regard to the concept being, the Dasein is incapable of withstanding
the possibility of its death (Heidegger, 2021: 274). The feminist intervention then also acts as an explicit manifestation of the being
trying to dodge its own finite existence, as it is intended (2021: 278).
The reminder and anguish expressed through the slogans of “Estado feminicida” (Feminicide State), set up a theme that was indeed
befitting of the mausoleum existent within the monument and gave
a more profound reflection on death than the usual gatherings that
occur within the memorial since its origin. Through this cumulative
set of actions is that the artwork suddenly became anew, actualizing
itself within history and bringing forth a more profound understanding of both beings within their contemporaneity.
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From Intervention to Restoration: Crossing the Ontological
Bridge
This research has throughout referred to the activists’ demonstrations in the monument as interventions, rather than vandalizations.
However, we can go even further and understand it as an act parallel
to the concept of “preservation” that Heidegger examined and pursued within his post-aesthetics. This discussion will let us cross the
bridge from the singularity of this historical event into an ontological truth that might question the mindless sacralization of the art of
the State, along with aiding in any future argumentation regarding
its intervention. As it has been claimed, the legitimacy and artistic
value of an art intervention may vary, depending on the perception
and the standpoint of the viewer. The following statement, entitled
Stuckism Handy Guide to the Artworld (2011), presented in the Tate
Museum in London, is an interesting take on this discussion:
An act by an individual which interferes with an existing artwork
is termed an “intervention” and the individual termed an “artist”
if they are endorsed by a Tate curator or are dead. The same, or
similar, act by an individual interfering with the same artwork (or
even interfering with the interference to the artwork), if they are
alive and are not endorsed by a Tate curator, is termed “vandalism”, and the individual termed a “criminal”.

Aside from our own individual motivations, we need to
accept that the interaction with the monument gave it emotional
and political value parallel to its intended essence, where before laid
mainly its aesthetic worth and a (mostly unknown) contradicting
history. As mentioned, while Heidegger didn’t contemplate the con170

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cept of intervention, when existent within the Leerraumkunst it is
tantamount to his idea of preservation, as it creates meaning and
historical significance were beforehand the artwork stood as empty.
In no moment preservation, as discussed by Heidegger, resembles its common usage as the maintenance of appearance, but
rather focuses on the interaction of beings across time along with
a return to their historicity. What the philosopher actually tells us is
that the act of preservation is as much of a genesis, as the creation
of the artwork itself and dependent of such.21 Just as a work cannot
exist without being created and creators, “so what has come-to-being cannot also exist without preservers” (Heidegger, 2002: 40).
This notion of art preservation might become more complicated
within the framework of any art produced to honor the State, as it
has a diverse group of owners with an equally shifting set of political ideas. However, if we focus our attention into art’s intended
purpose to bring us back to this “engaged level of existence”, and
how our experience with it must exist within the un-concealment
of truth among beings, when falling into the Leerraumkunst, intervention becomes the only action akin to preservation. As said by
Heidegger, “Preservation of the work does not individualize human beings down to their experience but rather, brings them into
a belonging to the truth that happens in the work. By doing it, it
founds their being-with-one-another as the historical standing out
of human existence. Beings from out of the relation to the unconcealment [of truth]” (2002: 41). When art exists within a state of
disconnection with is contemporaneity it is only through the inte21 As said by Heidegger, “It is not only the creation of the work that is
poetic; equally poetic is the preservation of the work” (2002: 47).
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raction of beings that truth can be produced once again. However,
who is to decide who is allowed to preserve the monument and its
intended manner of preservation? The philosopher establishes that
the correct form is set to be decided in accordance with the subjects
of its contemporaneity and the artwork in itself; as “the manner of
proper preservation of the work is created and prefigured for us
only and exclusively by the work itself ” (2002: 42). Thus within this
set of ideas, is that the notion of intervention can exist as preservation, being that ultimately preservation comes to be defined by its
power to become origin, its meant virtue of providing an interaction among beings, and it is permanently open to interpretation as
who is to interact with it and its intended manner.
Monuments, as any other creation, are vulnerable to be redefined. As authorities attempted to build a monument attesting to
“Mexican identity” in the Monumento a la Independencia, it is within
its own desacralization that we have come to find an actual assertion of Mexican identity. It is through the actualization of beings
through intervention where the truly poeticizing projection in “the
opening up of that in which human existence [Dasein], as historical,
is already thrown [geworfen].” Therefore, it will be through these
and other interventionist acts where we are able to reconsider the
history of our monuments, as well as the inherent state of emptiness in which they exist when they do not interact with contemporaneity in a historical way. Furthermore, it invites us to strive instead in the construction of meaning through active interaction that
understands any artwork as a being, susceptible to falling into the
voidness of the Leerraumkunst; while also, through this condition,
opening the possibility of actualizing itself through history. While
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the origin of the Monument of Independence had always been associated
with the reassertion of authoritarian figures of power, by an act of
“poetic annulment” and “destructive creation”, the monument then
re-emerged and was “preserved” as a work of art, that while being
temporary it was no less meaningful in its demonstration of a true
essence of Independence, as well as a landmark of resistance within
the political panorama.
Heidegger’s postmodern hope is that we come to understand art as a medium to encounter the truths of our own beings,
and thus we cannot preconceive and assume any work posing as art
as an artwork, and we should rather strive for creations that bring
forth the truth of beings. However, when encountered with art that
time has been rendered empty, as in the Leerraumkunst, interaction
through intervention comes to be a possibility that lets us transition from a modern world where meaning-bestowing subjects stand
against an objective world, into a world where beings bestow meaning into the world while aiming to generate another being that will
return to them and their community a sense of historicity through
the unveiling of truth. It is then that intervention can become preservation and a new beginning within history. Never forgetting that
meaning is produced through the collaboration of beings, rather
than vehement acts of mindless sacralization. Meanwhile, we are
convoked to constantly question ourselves of the works that come
to inhabit our world as art, especially when pertaining creations assumed to commemorate the State, its inhabitants, and their history.
If we are meant to cultivate memory, let it be through a careful observation of the tempests and emptiness that comes to inhabits all
beings within the waters of time.
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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

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�Notas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Creación y memoria
Coral Aguirre
Fecha de entrega. 7-2-2021 / Fecha de aceptación: 9-5-2021

Qué impulsó a nuestros antepasados a levantar esas piedras informes la mayoría de las veces y sin embargo cargadas de algo misterioso que no sabemos cómo calificar. Esos dólmenes, esos menhires y
tantos túmulos. Me he plantado frente a ellas con la rara sensación
de rozar el infinito. Piedras albatros, donde su asentamiento en la
tierra las hace torpes y ajenas a este tiempo de hoy en que reinan
no las mariposas sino los artefactos, feos artefactos cuadrados, rectangulares, opacos. Ellas, las piedras no me remiten al simulacro de
la vida, a la prótesis en que los humanos hemos venido a parar. Me
acercan a la Muerte. Muerte con mayúscula, Muerte de persistencia,
Muerte rotunda hecha de granito y laja, mármol y obsidiana. Porque
ellas se levantan, se levantaron para eso, a causa de la Muerte, para
honrarla, para retrotraerla de tal modo que los rostros que esconden
no pudieran ser olvidados.
Nuestra primera creación no es a causa del juego ni del ocio,
ni por hacer cualquier cosa bonita que nos entretuviera del miedo o
del frío. Nuestro impulso estético viene de la Muerte. De la Muerte
de quienes amamos y no queremos olvidar. Las piedras acumuladas
179

�Coral Aguirre / Creación y memoria

de todos los sitios del mundo, en todos los rincones de la tierra,
esos torpes amontonamientos pedregosos que uno ve al borde de
los caminos y los senderos, en la profundidad del bosque y en las
colinas y las costas, significa la ausente presencia de alguien que fue
amado por su clan, o su familia o su amante o sus hijos. Se prolijeó el
hombre al hacerlos, acuñó recursos, reflexionó con las manos, soñó
lo imposible: el lento regreso de los seres queridos. Acaso entonces
levantó un altar con las mismas piedras que señalaban la pérdida
para procurarse el vuelo de la esperanza, de los milagros, del eterno
retorno. Entonces la muerte creó los primeros dioses con las caras
de lo que habían partido inexplicablemente.
Luego de la acumulación de piedras llegaron los primeros
monumentos, toscos e informes, representaban a algún valiente, a
algún padre comunitario, algún defensor del clan y su tierra, que
había sido amado por su pueblo o sus huestes, o tal vez temido. Antes, los tiempos habían grabado manos en todas las cuevas. Manos,
dedos, palmas, huellas de la existencia de un aliento que estuvo allí
y deja su marca. Mucho después la primera pintura que denunciaba
una cara, significó también, aunque no lo advirtamos, un perfil en
particular, el hálito de un ser que quedó grabado a causa de un contorno y unos colores. El retrato fue alguna vez sólo la recuperación
de ese hálito que se había agotado.
Es verdad que en el principio todos los retratos se parecían,
todas las esculturas se parecían; sin embargo, estaban encarnando
la diversidad de seres humanos que hubieron de ser amados y cuya
partida había producido tal desolación como para querer retenerlos
a través de unos rasgos grabados, que implicaban todos los rasgos
de la tribu, y que por eso mismo, para sus herederos, era único e
180

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-8

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

inconfundible.
Vale decir la obra de arte nace a causa de la Muerte. Como
forma de retener lo que se ha perdido. Será después cuando lleguen
las palabras que iluminarán las arenas y los matorrales y cubrirán
de vida el páramo o el valle que alguna vez fue habitado como si
fuera el jardín de las delicias. Piedras, pigmentos, yesos, monumentos, manos y rostros grabados, y por fin la palabra iluminando sus
contornos, son la conciencia que hay un más allá de “el gran universo oscuro del que la literatura puede definir sólo una parte, lo más
cercano, reconociendo sin embargo que es parte de la noche general
circundante” según confiesa José Donoso en sus memorias.
A causa de la Muerte estoy hablando de la Memoria. Muerte y Memoria se entrelazan en una mórbida espiral inacabable. Me
atrevería a decir que todo el Arte es Memoria consentida o inconsciente. Pero la literatura… ¡ay la literatura! Esa recuperación de las
imágenes más allá del olvido. Ese empecinamiento del que escribe
en querer hacer del pasado el presente y proyectarlo más allá de él,
arrojándolo al futuro.
No obstante, lo que conmueve y agobia es que la mayoría
de nuestra literatura latinoamericana, pienso en la sureña particularmente, está hecha en el olvido. Quiero decir en el exilio que lleva a
ver lo que hemos perdido con una suerte de aura que nos propone
el ejercicio de la memoria como un juego de las escondidas. Está,
pero no está, es pero no es. Memoria que se va por las entretelas del
realismo mágico, que se pierde en las fronteras de los cuerpos libidinosos, que se arranca la cara en el momento del reconocimiento.
Los que nos fuimos de nuestra tierra, los que nos exiliamos,
apelamos a la memoria como si ella pudiera devolvernos un mundo
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-8

181

�Coral Aguirre / Creación y memoria

que, desde nuestra partida, es infinitamente extraño. Muchos de nosotros nos pusimos a escribir, o mejor aún no podemos dejar de escribir porque somos marginales. En alguna parte tenemos que vivir
por cierto, entonces vivimos en la reconstrucción de mundos que
se nos han vuelto inaccesibles. Los de nuestra patria. Lo que fueron
nuestros, los que en el presente parecen añorarnos y sin embargo
uno llega, porque a veces uno llega, quiero decir regresa, con el oculto ánimo de reconocer y ser reconocido y ambos movimientos se
tergiversan, se trastocan, operan en sentido contrario y entonces lo
que es peor, uno sigue escribiendo de aquellos pagos en la propia
tierra o por el contrario en la tierra ajena que ahora es la suya tergiversando los datos, los nombres y retorciéndolos en este único lugar
que es el presente y que es el aquí. No sabe cuál, porque ya no los
reconoce y cree estar siempre en otra parte.
Sin embargo, se ha hecho la tarea, se ha puesto la memoria
en la proa y se han recuperado miles de leguas y de lenguas que
no tienen su lugar en el presente. El escritor ahíto de nostalgias ha
provisto a pesar de ello, el rostro que había partido. Se enseñorea
en los retratos de los desaparecidos, los idos, los perdidos, los que
no volverán. EL escritor, quien de alguna manera es siempre un
exiliado, atrapa al vuelo el aire de aquella pianola, el blue de aquel
bar, las puertas destrozadas de aquella universidad, los gritos de los
muchachos o la soledad de las mujeres viendo pelear a sus hombres, y toda la Muerte que ello conlleva se cifra en la letra que ha
sabido parir.
También el escritor exiliado o no respira por las ropas y las
modas, se aloja en las calles y su despilfarro, se acerca al transeúnte
común, ese que no pelea por nada sino por sobrevivir y de un trazo
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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-8

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

lo perfila entero y nos lo regala como quien ofrece un caramelo a
un niño o una flor a una muchacha. Y así nos deja la memoria de lo
pueril y cotidiano, que también es memoria trascendente.
La memoria está presente en un cuadro de Orozco o de Izquierdo o de Herrán, como está presente en la fuente de Lola Mora
en la Universidad del Sur. La Memoria se pasea cabronamente por los
cuadros de Goya y se ampara detrás de la sabiduría popular de Sancho Panza. Esa Memoria que es alusión de la Muerte.
Memoria y Muerte, hermanitas gemelas que nos acompañan
desde que venimos a ser gente.

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-8

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�Notas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

La voz y la armadura. Revisión de Armas y Letras
Andrea Gorgonia Treviño
Karina Lizeth Tirado Alcalá
Ana Patricia Torres Vázquez
Fecha de entrega: 21-2-2021 / Fecha de aceptación: 25-5-2021

Primeros ecos como escudo: La formación y contexto
histórico de Armas y Letras
Su nombre viene de la mediación y del equilibrio de dos acciones
diferentes: la que remite a la fuerza y lo práctico; y, por otra parte,
la que se enfoca al sentido y lo intelectual. La revista Armas y Letras
ha procurado, desde su nombre, ser un espacio de carácter íntegro
horaciano; un foro donde se medie el fondo y la forma y lo útil con
lo gustativo cuyo fin es instruir a quien se acerque a sus páginas.
Al ser una revista que ha buscado alcanzar cada capa social
en sus publicaciones, ha logrado irrumpir en el ámbito social, en un
contexto donde se ha ponderado la importancia de lo empresarial
y lo industrial en el noreste del país. Armas y Letras, con una autonomía que incita a la reflexión, se ha constituido como un medio
que trata, recibe y promueve las artes, la literatura y la cultura. Ha
sabido explorar un espacio, un tiempo y diversas perspectivas re185

�Ana Torres / La voz y la armadura

flexivas desde su nombre hasta la manera en que está constituida. La
emisión de su voz significó la creación y organización de un público
universitario interesado en las humanidades.
De acuerdo con los públicos y contrapúblicos, todo lector
se constituye a partir de su relación con un discurso y la manera
en que este circula. Esta relación ha sido vital para entender cómo
una revista ha logrado permanecer durante el paso del tiempo a lo
largo de 70 años de historia. En la medida en que dicha publicación
cambia y se adapta, su público lo hace también. Debido a la circulación y construcción de la revista, Armas y Letras ha promovido una
evolución histórica aun cuando su esencia horaciana se mantiene,
pues construyó un mundo poético en el cual el lector pudo formar
parte. Puede decirse que esta publicación ha entendido que escribir
para un público implica no solo dirigirse a él, alzar la voz y encontrar
a alguien que parara el eco, sino que debe moldear un espacio para
que funcione como punto de encuentro, espacio donde la difusión
y la crítica puedan coincidir sí.
Es por eso que cada etapa que ha tenido Armas y Letras ha
sido vital para comprender sus objetivos y la caracterización del público lector. Al hacer un recuento histórico, lo podemos entender
mayormente. Pensemos en el primer modelo de Armas y Letras, fundada por Raúl Rangel Frías en 1944, como parte de las actividades
del recién creado Departamento de Acción Social de la Universidad
de Nuevo León. Apareció como un boletín-folleto de formato sencillo (tipo tabloide), con un tiraje aproximado de 2500 ejemplares,
periodicidad mensual y con un propósito bien definido: ilustrar,
acompañar e instruir al lector universitario en un repertorio de temas de carácter universal, nacional y regional.
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Desde su comienzo en la década de los cuarenta, y durante
su primera etapa hasta 1957, la revista recordó el sentido de la Ars
poética, premisa donde se rescata la idea de instruir al lector mediante
dos niveles: la producción escrita y la agregación de elementos poéticos a su publicación. Al mismo tiempo, en sus páginas se exponía
literatura clásica y poesía del siglo de oro. Armas y Letras aportaba
también extractos editoriales de las obras comentadas. En tanto que
la revista hacía un recuento sobre las novedades literarias en el país,
recurría a recursos interiores como crónicas, reflexiones o perfiles
para dar a conocer su centro de interés, de manera que su primera
fase mostró la importancia de crear un espacio característico para
también formar lectores con estas cualidades.
Esta revista se transformó y durante dos décadas siguientes emigró a otro formato. Armas y Letras evolucionó en tamaño
e intereses extendiéndose en cuanto a temas y públicos; sus medidas pasaron de un boletín a una publicación con formato de libro
y orientado a un público cada vez más especializado (formado en
las carreras humanísticas de la recién creada Facultad de Filosofía y
Letras). Su orientación cambió y por añadidura su propósito también. La periodicidad se hizo más constante, siendo una de las pocas
revistas en México en publicarse de tal manera. Esta vez no contó
con la ayuda de ilustraciones o textos que la acompañaran como en
su inicio, pues su carácter era meramente formal y concreto sin grabados ni elementos de ilustración, pero eso no significó que Armas
y Letras, durante su segunda época, se volviera más rígida (aunque
sí más académica); nada ocasionó que su público también cambiase
debido a su sentido de historicidad, pues mostró que el concepto de
circulación resultó crucial en su cambio, ya que constataba que los
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-9

187

�Ana Torres / La voz y la armadura

lectores se mantenían vigentes según la manera en que se publicara
para ellos. La revista se mantuvo, con algunos cambios y algunas
dificultades, hasta 1976. Durante dos décadas no se publicó.
Formación poética: la vestidura como artefacto
Saber dirigirse y acercarse al público según el contexto es una tarea
compleja, pero si hay una revista que lo sabe hacer bien es Armas y
Letras de la UANL.
En este recuento histórico llegamos, por último, a la Armas
y Letras contemporánea, que inició en 1997 y se extiende hasta la
actualidad. El principal cambio en esta etapa ha sido que la revista se ha hecho más atractiva visualmente: presenta un juego entre
imágenes, colores y tipografías que la hace más fascinante al público
actual. Pero ¿por qué este juego con la forma se dio hasta la tercera
etapa?
Nos arriesgamos a presentar una respuesta: Armas y Letras
conoce a su público cambiante y al contexto en el que se desarrolla y sabe que, en este, la forma lo es todo. La revista sabe que los
públicos tienen una vida vigente, cuarenta años y su público es,
en teoría, el mismo. Sin embargo, -los universitarios- crecen, se
gradúan y así siguen entrando nuevos lectores potenciales, cuya
generación es atraída por distintas características. Su público es,
entonces, cambiante: estos jóvenes están interesados en diferentes aspectos de lo humanístico que las generaciones anteriores y
prestan especial atención en la forma en la que se presentan los
contenidos.
Es verdad: vivimos en una época en la que el estímulo visual
es primordial. Entre videos, series, películas todo se trata de lo que
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

vemos y en los textos el juego con las imágenes pasa a ser, más que
un complemento, una parte fundamental del escrito. Así, en la tercera etapa de Armas
y Letras, el diseño ya
no es un acompañante o algo pragmático, sino otro
mensaje que configura a la poética de
la revista. Cuando
me refiero a que el
diseño es ahora un
mensaje, pienso en
la principal característica del medio actual: lo visual.
Hoy en día
nos movemos con
imágenes, y la literatura junto con toda la tradición escrita se adapta
a esta forma; surgen los libros álbum, se atrae al nuevo público con
portadas interesantes, las revistas incluyen como parte importante de
su construcción el juego editorial. Y es justo lo que distingue a este
periodo de Armas y Letras con el anterior: es consciente de esta importancia visual y une los discursos con una propuesta estética que
atrapa al lector desde los juegos con la forma, y lo mantiene ahí con
el contenido. Pienso en el número 95-96 que se centra en Juan Rulfo
y tiene como invitada a Ana Fabiola Medina, cuyo arte va incluido en
la mayoría de los ensayos de la revista. Así, acompañado de una paleta
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-9

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�Ana Torres / La voz y la armadura

de colores monocromática en azul, títulos adornados con diferentes
formas y de fotografías del trabajo de la artista invitada, el lector se
mueve por lo que parece una galería de arte de la mano del ensayista,
quien lo guía mediante el texto hacia sus descubrimientos e ideas.
La revista comprende el peso de lo visual y se adapta al marco actual. Aunque su discurso es esencialmente el mismo, el contexto no es igual que hace dos o cuatro décadas e incluso, ante la nueva
presentación de Armas y Letras en su versión en línea, dígase, su
último cambio, este aspecto contextual sigue cambiando para reinventarse dentro de nuestros días.
La evolución de las armas para la permanencia de las letras
Aunque Armas y Letras ha mantenido su público desde su inicio y
ha sabido resolver las necesidades, el reto ahora ha sido mayor, pues
también se ha creado una distancia entre la revista y el lector debido
a su formalidad.
Recordemos que las revistas de divulgación enfocan su propósito en facilitar la recepción de información mediante el estilo y
el contacto con los receptores, en este caso los universitarios. La
misión inicial de Armas y Letras, al ser una revista universitaria, es
ejercer como marco histórico de la universidad, así como visibilizar
el pensamiento universitario. Sin embargo, la universidad actual es
diferente a la que se refería Rangel Frías en su comienzo, pues tiene
ahora más matices y públicos dentro de ella como consecuencia del
contexto histórico de la humanidad. La actualidad y sus medios son
parte de ese marco histórico que Armas y Letras pretende establecer;
por lo tanto, sería un error evitarlos para llegar a otros públicos, así
como también lo sería delimitarla a los ya letrados.
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Fue Alfonso Reyes, quien habló en su momento de la
prensa oficial como una enorme máquina de noticias y anuncios
que impone obligaciones al espíritu, así, Armas y Letras cumple
el otro lado de la moneda: se consolida como la prensa libre que
redacta de manera congruente, con ideales definidos y está lejos
de imponer obligaciones. La cualidad principal de esta revista es
ser una voz que reclama el bienestar y la dignidad del hombre,
que busca cambiar al público y, a través de la reflexión, asegurar
su libertad; es decir, busca incidir sobre el público un pensamiento que ayude a los hombres en sus actividades, y así, la manera
de ejercer un cambio político y ético. Armas y Letras es práctica
e intelectual, y justamente tuvo el propósito inicial de contrapeso ante los ideales de los empresarios de Nuevo León, que en la
actualidad se traslada al cambio de ideas ante el pensamiento imperante y la visibilidad de las humanidades ante un contexto cada
vez más positivista.
Dicho todo esto, era necesario otra transformación dentro
de Armas y Letras: tenía que dar un paso adelante para presentar las
humanidades y atraer otro tipo de público, la respuesta y modalidad
fue, entonces, cambiar dentro de lo actual por el recurso estilístico. La revista cambió como los medios de circulación lo hicieron,
evolucionó hasta su integración al espacio digital, lo que superó la
barrera formal entre la revista y el lector y presentó entonces una
nueva plataforma para su difusión. Armas y Letras, ahora, mantiene
un diseño tan intuitivo que permite que las ideas plasmadas dentro
de estas ediciones lleguen a una diversidad de personas que enriquecen al público ya creado en su lectura, y, por lo tanto, a la revista
como medio de difusión.
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�Ana Torres / La voz y la armadura

Nuevos métodos de defensa
Aunque se denomina a sí misma como una publicación trimestral,
ahora con la nueva evolución y el salto del papel impreso a las nuevas plataformas de internet dentro de su versión en línea en la web,
podemos decir que, aunque las entradas de Armas y Letras son esporádicas, su contenido está siempre vivo en el tiempo. La publicación
ha dado un paso hacia adelante al marcar una nueva era dentro del
espacio digital, mientras responde a los cambios de la distribución,
publicación y formato para seguir siendo la plataforma del lector
interesado en las humanidades y la cultura que, si bien se enuncia
desde la universidad y la institución educativa pública, puede llegar a
nuevos públicos de diferentes edades y contextos.
Si bien su base siempre ha estado centrada en los abordajes para la crítica literaria, del arte y cultural desde la transmisión y
ensayo de la palabra y la imagen, Armas y Letras como revista sigue
transformándose desde la suma de voces diversas y creatividad con
su publicación en línea: armasyletrasenlinea.uanl.edu.mx, donde recrea su línea histórica desde el comienzo y sigue dejando una huella
en la perdurabilidad con nuevos métodos de batalla.
Con un cambio que emerge desde las profundidades de la
armadura, esta publicación emerge desde las ya sabidas secciones
que giran en torno a letras de Armas tomar, una Anatomía de la crítica,
Andamios a la redonda de textos que integran la política, crónica o
filosofía seguida de otra parte dedicada a Artes y espejismo, pero sobre
todo, abogando por nuevas formas de presentación que tengan que
ver con una contextura de temas diversos y la bien sabida sección
de Caballería con una selección de obras que permanece desde su
comienzo hasta el día de hoy.
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Podemos concluir entonces, con nuestra espada y pies firmes en tierra, cargando la misma caballería de siempre, pero con
una nueva visión, que Armas y Letras sigue demostrando que conoce
a sus lectores y aquellos públicos en potencia que pueden pasar a
formar parte de su lectura, al mismo tiempo que evoluciona al ser
fiel a sí misma.
La existencia de una dialéctica enriquecedora por su diversidad permite que el marco y pensamiento universitario que Armas y
Letras sea más fidedigno, además que se convierte en una herramienta de cambio social, más que permanecer solo como patrimonio y
memoria.
Como conclusión, con el recuento histórico de esta revista,
sumado a su más reciente cambio virtual, se puede decir que. Armas
y Letras tiene materia para llegar a ser aquella revista de accionaria
que cambie a una sociedad sumergida en la inmediatez y el orden
desde el fondo y la forma, o bien, desde la voz y la armadura.

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-9

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�Reseñas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Víctor Barrera Enderle:
Ahora colecciono miradas,
Monterrey: UANL; 2021, pp.
Fecha de entrega: 28-5-2021 / Fecha de aceptación: 30-6-2021

Cuando leí el título del nuevo libro de Víctor Barrera Enderle, lo
primero que vino a mi mente fue una cita del escritor francés Pascal
Quignard: “Existe una mirada que no resistimos”, lo escribió en su
novela ensayística La vida secreta y esa imagen me sedujo desde el
primer momento. Una mirada es capaz de someternos, motivarnos
o inclinarnos hacia una acción, un nuevo impulso; una mirada que
podemos percibir en el rostro de otros, o mejor, una mirada nueva
con la que hemos de observar el mundo.
Quiero destacar cuatro elementos importantes de lo que estos ensayos nos ofrecen: el primero, como lo sugiere el título, las
miradas alfonsinas que nutrieron la escritura de Reyes en su época
de autoexilio; la segunda, entender que el discurso ensayístico puede tomar múltiples formas que escapan a la estructura clásica que
conocemos y la que pensamos cuando se dice ensayo; lo tercero, la
capacidad que tiene el lenguaje para atravesar fronteras geográficas y
literarias; por último, la manera en que el autor revisa la producción
literaria de Reyes, cómo logra concretar una visión homogénea de
la simultaneidad en la que se gestó y nació la escritura de Alfonso
197

�María Fernanda Martínez / Ahora colecciono miradas…

Reyes en Madrid mientras en México continuaba la Revolución y
surgían sus consecuencias: el desarrollo de la literatura mexicana,
la institucionalización de la cultura; en América Latina las discusiones que partieron del ensayo con Rodó, Mariátegui y otros sobre
la literatura, su tradición, cuál es su característica principal que vale
la pena decir es su heterogeneidad. La literatura latinoamericana se
une por sus diferencias. Y es importante señalar este panorama de
la discusión literaria en América Latina durante el siglo XX porque
una cuestión con Reyes es que nació en Monterrey, pero se autoexilió joven y escribió en España, pero quería un lugar en la literatura
mexicana, pero reconoció su tradición occidental, y sí, todo eso es
cierto, mas no por eso su escritura no ocupa un lugar en las letras
mexicanas, hispánicas y en las Letras en general.
El libro inicia con un ensayo acerca de Oración del 9 de febrero,
texto que escribe Reyes en 1930 en la fecha del aniversario luctuoso
de su padre y termina en la fecha de su nacimiento; este libro de
ensayos inicia con la pérdida, un texto sobre la muerte del general, y
termina con el regreso y reencuentro de una identidad, Ifigenia Cruel
y Calendario.
Alfonso Reyes se exilió de México después del 9 de febrero
de 1913, fecha trágica en la que su padre, el general Bernardo Reyes,
fue asesinado. Su hermano se quedó en México, pero Alfonso decidió partir a Francia, primero, y después a España con el estallido de
la Gran Guerra. El primer ensayo de este libro inicia con esta huida
y con el texto Oración 9 de febrero en el que Reyes, más que alabar
la figura del padre que perdió muy joven, interpreta la ausencia y
conjura el dolor. Víctor Barrera señala muy bien la Carta al padre del
escritor checo Kafka y Oración… como dos textos que conjuran dis198

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

tancias, pero que tienen como destinatario final a ellos mismos, ya
que la persona a quien va dirigida no leerá estas palabras. Yo agrego
el libro colombiano El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince,
que se une al lenguaje para escribirle a una sombra. Reyes recurre al
lenguaje para salvar(se). La imaginación, lo retoma Barrera del Diario
de Reyes, acudió en su auxilio: “Consuélate. Acuérdate que, después
de todo, allá en Monterrey, te queda algo sólido y definitivo: Tu casa,
tu familia, tu padre”. Sabemos que no es cierto, la casa familiar y
el padre están perdidos, pero los espacios no son sólo físicos, y las
distancias pueden salvarse con la palabra. La memoria también es
una casa. Y Reyes se refugia en la memoria de sus recuerdos y en la
memoria que la literatura guarda, encontrando así su casa en Monterrey, su patria chica. De esto ya nos da un atisbo Barrera en su libro
Reyes. La conquista de una vocación: “Reyes, sin embargo, evoca (y de
paso reinventa) su nacimiento como un acontecimiento simbólico:
el lazo de unión entre su ser y el suelo que lo recibió al mundo”
(Barrera, 2018: 43). Por esta tierra, desde Madrid, Reyes busca la
vida y obra de Fray Servando Teresa de Mier, inconscientemente,
en un primer momento, su vida se ve espejeada en la vida de Mier,
y después, consciente, reconoce que quiere ser visto como el otro
gran regiomontano.
En este libro encontramos una relectura de distintos textos
de Reyes como Oración del nueve de febrero, Visión de Anáhuac, Cartones
de Madrid, reseñas de cine que hizo Reyes, Plano Oblicuo, Cuestiones
Estéticas, Ifigenia Cruel, entre otros. Textos que van de la narrativa, el
poema dramático a la crítica e incluso a la biografía, así que no nos
inclinemos con la falsa idea de que aquí se ensayan ensayos, sino que
se escribe sobre el discurso ensayístico que es argumentativo a la vez
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

199

�María Fernanda Martínez / Ahora colecciono miradas…

que seductor, intelectual, creativo y poético; ningún ejemplo más
claro que Visión de Anáhuac. Como señalé más arriba, el lenguaje
atraviesa fronteras literarias, eso incluye los géneros:
Comparar, intuir, apostar por la razón misteriosa de la literatura y
no dar por sentado nada. Porque aquí no hay cosa segura, y cada
libro puede, a la vez, ser todos los libros (…). Reyes hacía del
ensayo un continente nuevo (…) el ensayo es el ensayo y siempre
algo más. (Barrera, 2021: 57).

Esto nos lleva a pensar dos cosas: al decir Barrera que cada
libro puede ser todos los libros, nos cuestionamos sobre la originalidad de la escritura. ¿Qué poema que se haya escrito no es reescritura
de otro? Soy una fiel creyente que la escritura es consecuencia natural de la lectura, al tomar la pluma se refleja los autores que hemos
leído, la forma en que nos hemos nutrido de ellos y ellas y hemos
de establecer un diálogo, por lo tanto. Otro asunto es que el ensayo,
muy generosamente nos recuerda Barrera, y Reyes es gran ejemplo,
escapa a la estructura académica, cuadrada y fríamente metódica
para convertirse en creación literaria; nos han abierto las puertas
para ensayar literariamente.
Siguiendo con el proceso de escritura de Reyes y con su búsqueda literaria en Madrid, en Visión de Anáhuac nos damos cuenta
que ya no persigue la consolidación de su escritura, sino el reconocimiento: “Cada texto es una prueba de fuego: demostrar la pertenencia a la tradición occidental, pero dejar en claro su procedencia particular” (2021:59). En el discurso ensayístico de Reyes encontramos
una autoafirmación, un reconocimiento de la identidad que también
se ve en Ifigenia cruel, poema dramático que retoma a la literatura clásica —acción nada moderna y que Reyes la vuelve a insertar en Oc200

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

cidente—, pero la transforma en otra cosa, en un texto donde hay
conciencia, crisis existencial y una nueva identidad, acto moderno de
Reyes y con el que deja también en claro su procedencia. Y esto lo
logra Reyes “al volver la mirada, luego de adentrarse firmemente en
la cultura occidental”.
En el ensayo “Primeros prejuicios de la retina” Barrera escribe acerca de Cartones de Madrid, del primer filtro que la vista es
para pasar a la escritura. “La pintura rompía con la referencia directa
a la realidad. La literatura comenzaba a hacer lo mismo” (2021:66),
y aquí es donde aparece una cuestión: cómo lo hace el ensayo si, en
primera instancia, siempre se piensa en él como una prima de la literatura, solo que mucho más seria, más formal, y que se le había conocido con otros nombres: erudición, filología, historiografía. Pero
Reyes transforma su escritura ensayística en una expresión literaria,
lejos de la disección de ideas, de ese tratamiento casi quirúrgico de
las ideas, ajeno a la visión que Ortega tenía del ensayo, como una
“meditación privada que se volvía pública”. Para Reyes, el ensayo
es materia viva que habla, y la mirada es el vehículo para llegar a la
traducción: Barrera se pregunta si hoy, con el registro fehaciente
de las imágenes que los celulares pueden hacer, valdrá la pena escribir nuestras impresiones. Yo, como él, me inclino a pensar que
sí: “nuestras retinas aún podrán albergar un espacio exclusivo para
las primeras impresiones: nuestro desafío será, entonces, encontrar
la manera de expresar tales imágenes en prosa literaria. Tendremos
que aprender a leer de nuevo” (2021: 80).
María Fernanda Martínez Quintanilla

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

201

�Reseñas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Luis García Montero: Almudena,
México: Valparaíso, 2015
Fecha de entrega: 29-5-2021 / Fecha de aceptación: 30-6-2021

Aunque tú no lo sepas también me he inventado los sonidos de tu
nombre, mis manos también han pasado por los bordes de la playa
de tus labios y hemos hablado de los sueños que se construyeron
a partir de los espejos limpios del amor hasta en una infinidad de
ocasiones. Aunque tú no lo sepas también hemos aprendido a caminar
juntos desde la distancia de nuestras respectivas soledades, vimos
las mismas películas chinas de amores frustrados, releímos los
mismos libros de poesía hispanoamericana, escuchamos las
mismas canciones, desempolvadas con el tiempo, junto a las ideas
de nuestros primeros amores caídos y comentamos cada uno de
los poemas que hallamos en Almudena (Valparaíso México, 2015)
del poeta, narrador y ensayista español, Luis García Montero
(Granada, 1958); y aunque tú no lo sepas, hemos hecho esta
reseña con la esperanza y la necesidad de que algún día la tierra
vuelva a conmoverse en medio de un abrazo.
Tal vez no sea un secreto, y tampoco un atrevimiento, pensar
en la obra poética de Luis García Montero como una de esas obras
fundamentales dentro la poesía contemporánea que trascienden
nuestro tiempo y con una mirada directa, y sincera en particular, nos
203

�Carlos Rutilo / Almudena

cuestione y nos hable sobre temas y asuntos cotidianos, pero necesarios como el amor, para volver a aprender a caminar por el mundo
sin la necesidad de solemnizar el lenguaje de su propio discurso poético: “Porque a veces el mundo, // cabe entre dos palabras”. En este
sentido Almudena no es solamente una antología poética en el cual
se recopilan varios poemas de Luis García Montero publicados
anteriormente en Habitaciones separadas (Visor, Madrid, 1994), Completamente viernes (Tusquets, Barcelona, 1998), Vista cansada (Visor,
Madrid, 2008), Un invierno propio (Visor, Madrid, 2011) y A puerta
cerrada (Visor, Madrid, 2017), que ya de por sí ocupan un lugar
especial dentro de la poesía española actual, además de contar con
un prólogo entrañable de la gran escritora, y compañera de vida
del poeta, Almudena Grandes (Madrid, 1960); más bien busca
ser un libro enteramente nuevo, independiente y dedicado a cada
una de las distintas etapas del amor que nos ayuda a comprender
la realidad a través de las raíces del diálogo que logran construir
con el lector: “Yo estoy donde tú estás, pero en la vida//hay cosas
que no pueden compartirse.//Por eso sigo aquí y voy contigo,//
cercano y lejanísimo,//en busca de otro mundo que no es mío,//
aunque está junto a mí”.
¿Cabe el amor en un mundo tan asfixiante, instantáneo
y caótico como el nuestro donde la realidad tiende a ser más
relacionada con el dolor y la desesperanza? Nos cuestionamos
a lo largo de la lectura y los poemas de García Montero parecen
responder con un rotundo sí y la armonía universal, de la que tanto
nos habló Octavio Paz en El arco y la lira, también logra resonar y
ser comunicado en cada uno de los versos de este libro como un
infinito caracol de ecos azules.
204

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-11

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

El lector mexicano que no se haya acercado jamás a la obra
de Luis García Montero encontrará que, en cada uno de los versos recogidos en este libro de voz firme, y poderosa, se atreven a
mirarnos desde la otra orilla de la experiencia literaria y a dialogar
con nosotros mismos sobre varios asuntos relacionados al amor visto como una manera más de experimentar al mundo: “Que no me
lea//quien no haya visto nunca conmoverse la tierra//en medio de
un abrazo”. Y el amor no es para nada un tema desconocido para la
tradición poética de nuestro país que cuenta con enormes representantes como Efraín Huerta, Alí Chumacero, Rubén Bonifaz Nuño,
Jaime Sabines, José Carlos Becerra y Homero Aridjis entre otros
tantos.
Es probable que también encuentre algo más en Almudena que la sencilla dedicatoria de toda una vida, y más bien termine
por encontrar esa revelación poética que tanta falta nos ha hecho
en estos tiempos de encierro e incertidumbre, donde es fácil
cansarse de uno mismo y no ver que detrás de la puerta de un
nombre también pueda albergar la deseable señal de una posible
esperanza y ediciones como este emblemático libro de Luis
García Montero solamente pueden ser celebradas en los nobles
actos de la lectura y de la relectura que tanto merecen.
Carlos Rutilo

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-11

205

�</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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