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                  <elementText elementTextId="580989">
                    <text>REVISTA DE LA FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL Y DESARROLLO HUMANO
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

"

TrabaJo social

Desarrollo urbano

Un lill!'latillill d •I eonc(lplc) dé wt1pc,dWút11illnto V'\ la pnildiC:a d'-1

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�Trabajo Social

Un análisis del concepto de empoderamiento en la práctica
del trabajo social
Guillermina Garza Treviño

Resumen

E

n el presente ar culo, la autora explora y describe la
perspec va desde el trabajo
social del significado y alcance del
concepto empoderar. Analiza la interconexión del empoderamiento
con otros aspectos relevantes del
trabajo social como son: el diseño
de estrategias de intervención, el
enfoque de procesos aplicado al
empoderamiento y la visión par cipa va en trabajo social. Examina,
también, la clasificación de estrategias para empoderar de Miley:
ac vación de recursos; creación de
alianzas; y expansión de oportunidades. Igualmente revisa las cuatro
grandes categorías de habilidades
básicas propuestas por Rose para
empoderar:contextualización, empoderamiento, colec vidad y Promoción. Concluye describiendo los
aspectos fundamentales del enfoque de Hepworth sobre fortalezas:
búsqueda de ayuda por parte del
cliente; búsqueda de independen-

cia; capacidad de introspección
frente alterna vas; capacidad de
hacer conexiones entre causas y
efectos, entre otros
Palabras clave: Empoderamiento,
Trabajo Social, Intervención
Introducción
México es un país que experimenta
en la actualidad profundas y complejas transiciones. Por su magnitud e importancia, aquéllas se han
conver do en grandes desa os en
todos los ámbitos del desarrollo
humano, económico, polí co y social. En este contexto, se inserta,
configura y desarrolla la educación y la prác ca del trabajo social,
cuyo reto es actualizar, permanentemente, formas de intervención
que respondan a las realidades y
demandas de la sociedad.
Pensar en trabajo social implica
aceptar el desa o de buscar nuevos rumbos en la prác ca profesional, apuntando a la construcción
de alterna vas de acción acordes a

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las circunstancias sociales prevalecientes para responder a las necesidades cambiantes de la sociedad.
El trabajo social es una profesión
global que se prac ca en más de
144 países (IASSW, 2002). Esta presencia mundial, propiciada por las
nuevas tecnologías de comunicación, ha permi do el intercambio
de ideas, técnicas, teorías, experiencias e inves gación que están
enriqueciendo el bagaje de conocimientos y habilidades. Asimismo,
como señalan Bradford, Morales &amp;
Malcolm (2010) el amplio rango de
necesidades humanas con las cuales el trabajador social se enfrenta, el extenso alcance de servicios
que deben proveer y la diversidad
de población que ellos a enden,
apunta hacia la necesidad de contar con una versa lidad de estrategias de intervención que les permitan seleccionar aquella o aquellas
que sean más efec vas para lo que
se proponen.
En este sen do, este trabajo
se propone analizar la literatura
sobre un concepto rela vamente
novedoso para el trabajo social:
‘empoderar’, como una estrategia de intervención dentro de su
prác ca profesional, ofreciendo
una visión general de las diversas
interpretaciones y enfoques que
han sido desarrollados y que representa el paradigma de cambio

más importante desde el modelo
basado en problemas. Esto constuye un fascinante camino para
ver a los clientes del trabajo social
y sus circunstancias, caracterizados
por una posi va y op mista visión
y que al ser confrontados por los
acontecimientos de su vida pueden
permi rse sen rse efec vos, competentes y capaces de tener poder
y control sobre sus vidas.
El concepto de ‘empoderar’
toma fuerza en el contexto social y
polí co desde la década de los noventa del siglo XX. En dicho periodo
se incrementó la búsqueda de enfoques y estrategias más eficaces
para la prác ca del trabajo social
profesional a fin de que, tanto en
lo individual como en lo colec vo,
la población fuera protagonista de
su propio desarrollo.
Dentro del Modelo Generalista,
DuBois &amp; Miley (2007) sos enen
que el concepto de ‘empoderar’
es incorporado dentro de las funciones del trabajo social como un
proceso que incluye el trabajo de
pares; determina el propósito de
la relación; considera alterna vas;
construye un plan e implementa la
acción; iden fica fortalezas; analiza recursos personales; dis ngue
soluciones; crea alianzas; amplía
oportunidades; reconoce e integra logros; y evalúa los esfuerzos
que impulsen el cambio y posibili9

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ten que éste se convierta en motor para el desarrollo del país, así
como que los trabajadores sociales
sean capaces de intervenir en los
diferentes programas sociales desnados a transformar y mejorar las
condiciones de vida de los usuarios.
Explorando y describiendo la perspecƟva de empoderar en trabajo
social. Significado y alcances
El concepto de ‘empoderar’ es rela vamente nuevo para el trabajo
social en nuestro país, sin embargo,
puede afirmarse que la naturaleza
de las prác cas de empoderar encuentra vínculos importantes con
los fundamentos de nuestra profesión, como la acción transformadora y los métodos concien zadores.
En los úl mos años, tal concepto
ha tenido una gran aceptación en
las propuestas de diversos actores sociales públicos y privados
relacionadas con los programas y
proyectos sociales, en donde empoderar se vuelve un proceso de
cambio (Page, &amp; Czuba, 1999; Lorente, 2003).
La palabra empoderar proviene
del verbo en inglés empower, asociado a la idea de que una persona
ejerce poder. Semán camente parece implicar que quienes enen
poder pueden darlo a los que no

lo enen. Bobadilla Diaz &amp; Flores
Zavaleta,(2002) señalan que es un
error suponer que el poder es algo
que se da. Lo que sí se puede dar
es poder de decisión a través de un
contexto favorable. En el fondo, se
trata de que los que carecen de poder tengan las condiciones básicas
para poder empezar a empoderarse y asegurar la existencia de espacios de empoderamiento.
Los términos castellanos que
mejor expresan este concepto son:
autofortalecimiento, control; autopoder; confianza en sí mismo; poder de decisión; vivir dignamente
de acuerdo con valores; capacidad
para luchar por derechos; independencia; tomar decisiones de manera autónoma, entre otros (Bobadilla, Diaz &amp; Flores Zavaleta, 2002).
Empoderar es un constructo
que comparten otras disciplinas
como desarrollo de comunidad,
psicología, educación, economía,
estudios de movimientos sociales y
organizaciones. Se refiere a un estado mental que incluye elementos
subje vos de percepción así como
elementos obje vos de recursos
de poder dentro de las estructuras
sociales. Empoderamiento entonces se convierte en un medio —estrategia—, pero también en un fin
—obje vo— para lograr cambios
sustanciales en la calidad de vida
en las dis ntas aéreas de acción

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pública y privada. De esta manera,
toda la población atendida individualmente, en grupos o en comunidad, puede aprovechar mejor las
oportunidades u opciones que se
les presenten.
Wilson (1996) señaló recientemente que inves gadores, organizaciones, polí cos y empleadores
reconocen que el cambio individual es un prerrequisito para los
cambios sociales; para esto es necesario (Bobadilla &amp; Flores, 2001)
luchar contra la cultura de la exclusión, creando condiciones para que
los propios individuos puedan aspirar a desarrollar plenamente sus
potencialidades, así como trabajar
en soluciones crea vas y reales
mediante un proceso de empoderamiento mutuo y en cascada que
se vería reflejado en el bienestar
colec vo.
La noción de empoderar se
construye en trabajo social sobre
varias perspec vas. Siguiendo a algunos autores, podemos iden ficar
cómo es entendida con referencia
a personas, grupos y comunidades
(Adams, 2003, Lee, 1994, Hepworth, Rooney &amp; Larsen, 2002).
Para Rowlands (1997), existen
tres dimensiones de empoderamiento: dimensión personal como
desarrollo del sen do del yo, de la
confianza y la capacidad individual;
dimensión de las relaciones próxi-

mas como capacidad de negociar e
influir en la naturaleza de las relaciones y la toma de decisiones; y la
dimensión colec va que se refiere
a un grupo, comunidad u organización cuya acción está basada en la
cooperación. Cuando los obje vos
son comunes, la acción colec va se
fortalece y se ene más capacidad
de par cipar y defender sus derechos.
Por otra parte, Hepworth, Rooney &amp; Larsen (2002) definen empoderar como la acción de habilitar a
las personas, grupos y/o comunidades a desarrollar la capacidad de
interactuar con el medio ambiente
que les permita encontrar respuesta a sus necesidades, contribuyendo así a su bienestar, además de
dar sa sfacción a su vida.
En literatura reciente, empoderar es un término definido como un
proceso mul dimensional y social
que ayuda a la gente a ganar control sobre su vida. Es un proceso
que nutre de poder a las personas
para ser usado en sus comunidades
y en la sociedad en asuntos que
consideran importantes. Es mul facé co, pues es donde clientes y
trabajadores sociales pueden generar soluciones en la dinámica de
cada situación.
Lo anterior se complementa con
el aporte de Zimmerman (2000a,
2000b), quien señala que el em11

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poderamiento involucra un incremento de la capacidad individual
para obtener mayor autonomía y
autosuficiencia que propicia que
personas o grupos incrementen su
poder, esto es, que accedan al uso
y control de los recursos materiales y simbólicos, ganen influencia
y par cipen en el cambio social,
lo cual incluye también un proceso mediante el que las personas
tomen conciencia de sus propios
derechos, capacidades e intereses
y de cómo estos se relacionan con
los intereses de otras personas con
el fin de par cipar desde una posición más solida en la toma de decisiones y estar en condiciones de
influir en ellas.
Por su parte, la idea de Payne,
(1997) sobre empoderar en trabajo social se traduce en ayudar a los
clientes a ganar poder de decisión
y acción sobre sus vidas, reduciendo efectos sociales o bloqueos
personales, ejercitando el poder,
incrementando el desarrollo de capacidades y confianza en sí mismos
y transfiriendo el poder desde su
medio ambiente a los clientes.
De nuevo está presente aquí la
idea de un proceso ac vo desencadenado por un acontecimiento
perturbador y cómo las capacidades de las personas y grupos responden con el obje vo de par cipar, negociar, influir y controlar

aspectos que afectan su bienestar
(Bobadilla Diaz &amp; Flores Zavaleta,
2002).
Para DuBois &amp; Miley (2007) es
un concepto complejo, pues si bien
es fácil de entender, resulta di cil
de definir y presenta una amplia
variedad de interpretaciones de
acuerdo a la disciplina de que se
trate. Entendido el empoderamiento en esta lógica, es conveniente, según el campo en que se
prac que, precisar su propósito y
establecer de manera clara sus obje vos. En relación con el trabajo
social, es un proceso colabora vo
entre los profesionales y los clientes para lograr el acceso a recursos
y oportunidades, empoderando a
los segundos para que se perciban
capaces de realizar los cambios
que requieren.
Adams, (2003) define empoderar como el significado por el cual
individuos, grupos y comunidades se vuelven capaces de tomar
el control de sus circunstancias y
lograr sus propias metas y ser capaces de ayudarse a sí mismos y a
otros para mejorar la calidad de su
vida.
Bobadilla Diaz &amp; Flores Zavaleta (2002) explican que el enfoque
de empoderamiento puede entenderse como poder para y poder
desde. Poder para consiste en la
capacidad que enen las personas

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para realizar cosas; se refiere al desarrollo de conocimientos, habilidades y ac tudes para aprovechar
las oportunidades que se presenten: se trata de que las personas se
conviertan en protagonistas de su
propio desarrollo. Poder desde está
relacionado con las dimensiones
psicosociales de las personas, es
decir, que se sientan con la seguridad de asumir su propio des no
enfrentando retos y desa os que
les imponen las circunstancias del
diario vivir; alude a los sen mientos, al sen do del yo, la capacidad
individual y al nivel de autoes ma,
elementos que permiten deshacer
los efectos de dominación interior
como modelo mental, el cual limita
el desarrollo de las personas para
controlar sus propias vidas. Empoderar a las personas puede resultar
en un aumento de su autoridad y
su poder sobre los recursos y las
decisiones que afectan su vida, de
manera que puedan escoger y actuar sobre las circunstancias sociales, económicas y polí cas que los
afectan.

Empoderar: un concepto de interconexiones
Falck (1988) afirma que bajo el
principio de constante conexión,
los componentes del todo están

permanentemente ligados por una
necesidad, función y prerrequisitos
de sobrevivencia. Esto hace una
noción de poder. En la literatura,
el término empoderar es di cil de
encontrarlo como un concepto independiente, ya que generalmente
se encuentra ligado a otros como:
par cipación, defensa, fortalezas,
compar endo información, compromiso, etcétera.
Para comprender el concepto
de empoderar de una manera más
dinámica, podemos considerarlo
un proceso en esencia ac vo que
desencadena acciones que exigen
una preparación, una disposición
y una dedicación reflexiva de los
problemas y cues ones que surgen
en la vida co diana. Este concepto
se puede entender desde cuatro
ángulos complementarios de interconexión: estrategias para empoderar, empoderar como proceso,
empoderar y par cipación y empoderar y fortalezas.

Estrategias para empoderar
Miley, et al (2004) proporcionan
una de las más comprensivas clasificaciones de estrategias para
empoderar y las dividen en tres
categorías: ac vación de recursos;
creación de alianzas; y expansión
de oportunidades. Para cada una
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de estas categorías existe una variedad de técnicas que pueden ser
u lizadas para lograr las metas propuestas para empoderar:

— La ac vación de recursos:
implementar el plan de acción. Es mular la par cipación, desarrollar poder promoviendo el liderazgo, hacer
valer los privilegios de los
clientes y reconocer las diferentes opciones. Perspecvas de cambio ofreciendo
retroalimentación, examinando el comportamiento
con respecto a las metas,
considerando nuevos caminos de hacer las cosas. Administrando recursos: enlazando clientes con recursos,
localizando recursos, maximizando los derechos de los
clientes e implementando
asuntos sobre la jus cia social y enseñando y comparendo información y experiencia profesional.
— Creación de alianzas: los autores señalan la importancia
del trabajador social como
facilitador y creador de
alianzas para los clientes. La
fortaleza de estas alianzas se
puede lograr mejorando las

relaciones y el mutuo entendimiento para formar redes
de relaciones como grupo de
alianzas con clientes, redes
de apoyo, redes de apoyo
profesional y otros.
— Expandiendo oportunidades: a fin de abrir oportunidades para personas que
quieren ser empoderadas,
se refiere a la creación de
nuevos recursos para los
clientes con vistas a enriquecer su funcionamiento social
a través de programas como
el cuidado de la salud, educa vos, capacitación técnica,
derechos humanos, trabajo
y otros cambios de acuerdo
a las necesidades personales
y en la comunidad.

Empoderar como proceso
Según Lee (1994), la expresión de
empoderar habla de un proceso
donde los trabajadores sociales se
comprometen a un conjunto de acvidades con el cliente para idenficar obstáculos de poder que
contribuyen al problema, así como
también al desarrollo e implementación de estrategias específicas
que apuntan a su reducción y que
obstaculizan su desarrollo.

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Por otra parte, para Rose (1990)
empoderar es un proceso donde los
trabajadores sociales apoyan a los
clientes a iden ficar el amplio rango de posibilidades con los cuales
pudieran enfrentar sus necesidades. El trabajo se centra en ayudar
a los clientes a tomar decisiones
que afectan sus vidas. Estos autores coinciden en la importancia de
reducir obstáculos para el desarrollo, el primero implementando estrategias y el segundo, ampliando
posibilidades para reducirlas.
Basar el empoderamiento en
criterios evoca un pensamiento estructurado y ésta es la propuesta
de Lord &amp; Hutchison (1993), quienes dividen el proceso en cinco fases:

— A par r de un acontecimiento perturbador aparece un
problema producto de una
pregunta di cil, de un estado de duda, algo que provoca incomodidad por una
situación que no se atendió.
— Evaluación de la situación
para definir el objeto de sus
preocupaciones.
— Búsqueda de explicaciones
o de soluciones con el fin
de reducir el sen miento de
incomodidad que se experimenta.

— Concepción de diferentes
perspec vas para que surjan
formas de pensar y de actuar
que convengan en dicha situación.
— Resolución de la situación
—comodidad interna—, integración de ideas y sen mientos contradictorios; es
entonces que se empieza a
construir una relación cliente-trabajador social con base
en ac tudes y capacidades
apropiadas y un uso efec vo
de habilidades interpersonales que puedan influir para
lograr los propósitos profesionales. El ejercicio de estas
ac tudes y capacidades posibilita el empoderamiento a
par r de una posi va contribución de trabajo colabora vo en donde el pensamiento
reflexivo, la capacidad de razonamiento y la hones dad
intelectual se orientan hacia
la solución del problema.

Enfoque parƟcipaƟvo
Cro &amp; Beresford (1994) argumentan que el valor del enfoque
par cipa vo consiste en que las
personas desean y enen el derecho a ser incluidos en la toma de
decisiones y acciones que las afec15

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tan. Su inclusión refleja los retos
del empoderamiento y hace posible que las personas se hagan cargo de sus propios asuntos, definan
sus propias necesidades, tomen
decisiones adecuadas, desarrollan
confianza en sí mismas, eleven su
autoes ma, aumenten sus conocimientos y desarrollen habilidades.
Rose (1990) define cuatro grandes categorías de habilidades básicas para empoderar:

— Contextualización: se enfoca
sobre la forma como el cliente en ende su bienestar, en
vez de cómo lo asume el
trabajador social. Esto permite iniciar el dialogo basado en la realidad del cliente;
en este dialogo, el cliente es
capaz de expresar, elaborar
y reflexionar sobre sus senmientos y comprensión sobre su vida.
— Empoderar: la habilidad del
trabajador social para apoyar a los clientes a iden ficar
un amplio rango de posibilidades con los cuales puedan
resolver sus necesidades. El
trabajo se centra en ayudar a
los clientes a tomar decisiones que no afecten su vida,
a mejorar la confianza en sí
mismos, elevar su autoes-

ma, ser aser vos, ampliar
expecta vas y desarrollar
habilidades.
— ColecƟvidad: se enfoca en
reducir sen mientos de
soledad y favorecer las relaciones sociales que incrementen las capacidades de
las personas, grupos, ins tuciones y/o comunidades a
par cipar, negociar, influir y
controlar aspectos que afecten su bienestar.
— Promover la par cipación
tanto en forma personal
como en colec vidad.

PerspecƟvas sobre fortalezas
El enfoque sobre las fortalezas y el
empoderamiento ha ganado considerablemente importancia en
las úl mas dos décadas (Coweger,
1994). Una orientación hacia las
fortalezas contrasta con la inclinación al enfoque sobre deficiencias
y desadaptaciones en el funcionamiento social (DuBois &amp; Miley,
2007).
Las fortalezas varían de persona
a persona. Saleebey (2001) observa que son capacidades, recursos y
caracterís cas atrac vas que algunas personas enen. Dicho autor
menciona algunas de ellas: aprendizaje sobre sí mismas, cualidades

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personales y virtudes, lo que saben
del mundo que las rodea, el talento, historias de la cultura personal
y la tradición popular, incluso el orgullo.
Por otra parte, Hepworth et al
(2002) iden fican un gran número
de fortalezas manifestadas por los
clientes como: búsqueda de ayuda
compar endo problemas con el
trabajador social, expresando sus
sen mientos de amor y cariño a la
familia; búsqueda de independencia, tratando de entender las necesidades y sen mientos de los otros;
capacidad de introspección frente
a nuevas alterna vas e interés en
los propios cambios con capacidad de autocontrol, manifestando
capacidad emocional y efec vidad
en situaciones de estrés; capacidad
de hacer conexiones entre causas
y efectos, demostrando habilidad
para hacer relaciones cercanas y de
considerar alterna vas de acción y
necesidades de otros para la solución de problemas, entre otros.
La orientación de empoderar
es para los trabajadores sociales el
camino que hace de las fortalezas
la piedra angular de su trabajo y
con la que proveen a los clientes de
recursos que generan soluciones
y aumentan su par cipación en el
proceso de trabajo social y ac va
su potencial para el cambio (DuBois y Miley, 2007).

Adams (2003) argumenta que
fortalezas y empoderamiento no
pueden estar separados en la prácca; empoderar es una prác ca
que incluye las fortalezas en una
variedad de técnicas usadas por los
trabajadores sociales para es mular las fortalezas del cliente y de su
medio ambiente.
La perspec va de las fortalezas
como paradigma de cambio, escribe Saleebey (2001) es una salida de la convencional prác ca del
trabajo social y significa que todo
va orientado a ayudar a descubrir
y explorar las fortalezas y recursos
de los clientes que les servirán para
lograr sus metas, echando abajo
sus propias inhibiciones y desconfianzas.
Por su parte, Rankin (2007) considera que los ar culos sobre espiritualidad en las revistas de trabajo social se han conver do en una
tendencia en las úl mas dos décadas, después de que el concepto de
espiritualidad como fuerza había
sido rechazado por largo empo.
Ahora, señala, hay que reconocer
la espiritualidad como una fuente
de fortaleza para que las personas
enfrenen di ciles retos en su vida.
La llave para empoderarse es el
nivel de la propia conciencia, escriben DuBois &amp; Miley (2007), dejando que los clientes par cipen en
su propio empoderamiento para
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iden ficar sus metas y los resultados que desean lograr. El proceso
de empoderarse es dinámico, sinergé co, siempre cambiante y
siempre en desarrollo, preparando
a las personas a an ciparse a las dificultades futuras.
Para DuBois y Miley: Empoderar
es el corazón del trabajo social y la
jus cia social es el alma.

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�Trabajo Social

Algunas consideraciones sobre
el interaccionismo simbólico en la
metodología cualitativa y el trabajo
social
Martha Arredondo Velázquez
José Ricardo González Alcalá

Resumen

E

n el ámbito de las metodologías de la inves gación cienfica en ciencias sociales, el
profesional suele indagar sobre el
enfoque que mejor se adapte a la
disciplina que cul va. En el presente ar culo, los autores exponen
unas breves consideraciones en
torno a algunas caracterís cas de
la fenomenología social, el construccionismo social y el interaccionismo simbólico —presentes
también en la metodología cualita va de inves gación social— y la
importancia que las mismas enen
en el ejercicio profesional del trabajo social. Así, se muestra primero
una discusión sobre el concepto de
metodología, seguida de una exposición de los paradigmas de invesgación en ciencias sociales, resaltando los rasgos más significa vos
de la inves gación cualita va Ya
dentro de este campo, se esboza la
importancia de los enfoques feno-

menológico y construccionista en
su relación con el interaccionismo
simbólico, y cómo estas orientaciones teórico-sociales contribuyen
a generar al conocimiento previamente necesario para la intervención de la problemá ca social.
Palabras clave: metodología cualita va, fenomenología, construccionismo social, interaccionismo
simbólico, trabajo social.
Concepto de metodología
La metodología en ciencias sociales
ene como propósito la construcción de la evidencia empírica. Para
ello, es necesario establecer previamente los fundamentos epistemológicos del conocimiento social
a través de la discusión sobre el
papel que en éste juegan los paradigmas de inves gación. Se trata
entonces de reflexionar acerca de
cómo los valores, el concepto de
causalidad y la teoría se relacionan
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con los datos empíricos. Para Ruth
Sautu, Paula Boniolo, Pablo Dalle
y Rodolf Elbert, junto a todo esto,
el concepto de metodología toma
en cuenta también “el recorte de la
realidad, los factores relacionados
con la validez del estudio, el uso y
el papel de la deducción y la inducción, cues ones referidas a la verificación y falsificación, y los contenidos y alcances de la explicación e
interpretación” (2005: 38).
La metodología establece, también, la lógica interna de la invesgación; esto permite definir dos
cues ones: los obje vos y preguntas de inves gación, por una parte;
y las respuestas a las preguntas de
inves gación mediante observaciones y mediciones, por la otra
(Sautu, R. et al, 2005).
Tanto la metodología como la
teoría corresponden a un paradigma determinado, especialmente al
que el inves gador elige con base
en su orientación profesional. De
modo que al adoptar un paradigma, el inves gador asume también ciertos supuestos ontológicos,
epistemológicos, axiológicos y metodológicos que representan la estructura que apoyará el desarrollo
de la inves gación (Sautu, R. et al
2005).

Diferencias entre paradigmas
Ruth Sautu, Paula Boniolo, Pablo
Dalle y Rodolf Elbert (2005) reducen a dos los paradigmas en ciencias sociales: el posi vismo y posposi vismo, en donde se emplean
las metodologías cuan ta vas; y el
construc vismo naturalista e interpreta vo, donde se u lizan las metodologías cualita vas. Cada uno
ene su forma par cular de abordar la realidad, propiciando con
ello una controversia entre ambos
que se resuelve al establecer las
diferencias y acudir a la ontología,
la epistemología y la axiología (Cortés, F., A. Escobar y M. González,
2008).
Ontológicamente, el posi vismo supone que existe una realidad,
mientras que el construc vismo
es pula la existencia de realidades
construidas y múl ples. La epistemología, en el posi vismo, declara
la independencia de sujeto y objeto, en tanto que el construc vismo
postula la interdependencia del sujeto y el objeto. La axiología ene a
la inves gación posi vista libre de
valores, y al inves gador construcvista, guiado por éstos (Cortés, F.,
A. Escobar y M. González, 2008).
En el posi vismo, el empo y
el espacio no limitan la generalización de los resultados de la inves gación, en tanto que el cons-

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truc vismo reduce la repercusión
del conocimiento obtenido a los
límites de la realidad concreta estudiada. La relación causa-efecto
—sea que se presente simultánea
o sucesivamente— es una caracterís ca esencial de los resultados
cien ficos del enfoque posi vista;
por su parte, el construc vismo
no establece tal relación. Desde el
punto de vista de la lógica, el posi vismo desarrolla una secuencia argumenta va que va de lo general a
lo par cular; en tanto que el construc vismo argumenta exactamente en sen do contrario (Cortés, F.,
A. Escobar y M. González, 2008).
Lo anterior ilustra que tanto el
enfoque posi vista como el construc vista contribuyen al desarrollo de la inves gación cien fico-social, aunque cada uno de diferente
modo. Como lo han adver do de
empo atrás varios autores (King,
G., R. Keohane y S. Verba, 1994;
Winter, G., 1998), la inves gación
social es una ac vidad que se desenvuelve de diversas formas para
llegar al mismo fin: el conocimiento de lo social. Sin embargo, la mulplicidad de esas formas y la especificidad de cada una enriquecen el
cúmulo de alterna vas de entre las
cuales el profesional inves gador
elige la más adecuada a su quehacer. De ahí que, sin rechazar cualquiera otra forma de acercamiento

a la realidad, la profesión del trabajo social opta, en algunas áreas de
su intervención, por los enfoques
fenomenológico, construc vista
—o construccionista— e interaccionista.
La invesƟgación cualitaƟva
Para Enrique de la Garza Toledo,
“las ciencias sociales del siglo XXI
se dirigen a profundizar en las relaciones entre estructuras, subje vidades y acciones, especialmente
hacia el extenso, complejo y heterogéneo campo de la subje vidad,
entendida como proceso social de
dar sen dos” (2001: 34). Esto es
consecuencia del cambio de visiones del mundo que se vuelven
sobre las teorías y epistemologías
y que enen relación con la globalización y el neoliberalismo. Estas
nuevas concepciones confrontan a
las actuales teorías sobre el discurso, convir éndolas en una nueva
teoría social que intenta dar respuestas en un campo que quedó
relegado frente al peso del estructuralismo y el posi vismo (Delgado, 1995)1. Este campo es el de la
subje vidad, de tal suerte que se
recuperan, en términos nuevos, la
hermenéu ca, la fenomenología
1 Citado por Enrique de la Garza Toledo
(2001).

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la etnometodología y el interaccionismo simbólico (Delgado, 1995)2.
Toma fuerza de este modo la perspec va cualita va de la inves gación social.
Los estudios cualita vos son tan
an guos como la historia escrita;
sin embargo, el estudio sociológico
de 1855 de Frederick LePlay sobre
familias y comunidades europeas,
a través de la observación par cipante, es un referente de este
quehacer, así como los estudios antropológicos de Boas en 1911 y de
Malinowsky en 1932. En la sociología norteamericana, el empleo de
métodos cualita vos se divulgó primero en los estudios de la Escuela
de Chicago, de 1910 a 1940; durante este lapso, los inves gadores
produjeron detallados estudios de
observación par cipante sobre la
vida urbana (Taylor, S. y R. Bogdan,
1996).
La inves gación cualita va parte de lo concreto y sigue un curso
induc vo en el cauce de un diseño
flexible, tomando al escenario y a
las personas holís camente. El inves gador es sensible a la influencia que ejerce sobre los sujetos del
estudio e interactúa con éstos de
manera natural, de modo que su
presencia en el escenario de la in-

ves gación ya no es intrusiva. Así,
la comprensión de los comportamientos personales se enriquece
en el marco de referencia de los
sujetos. El inves gador cualita vo
debe entonces tomar distancia de
sí mismo, es decir, alejar sus propias creencias, perspec vas y predisposiciones. De todo lo anterior
surge la consideración de que los
métodos cualita vos son humanistas (Taylor, S. y R. Bogdan, 1996)

2 Citado por Enrique de la Garza Toledo
(2001).

3 Citado por Enrique de la Garza Toledo
(2001).

La hermenéuƟca
La hermenéu ca es una concepción acerca de la realidad y el conocimiento, tal como lo son el
marxismo, el estructuralismo o el
posi vismo, y ene su punto de
apoyo en la comprensión del significado, en par cular la experiencia
como significa va; ésta es, llevada
al detalle, el elemento central que
caracteriza
metodológicamente
al enfoque cualita vo. La hermenéu ca explica cómo se generan
socialmente y cómo se acumulan
los significados que pueden analizarse a nivel individual o en el social (Bordieu, P., 1991)3, y está presente siempre, de alguna manera,
en todas las formas cualita vas de
acercamiento a la realidad; en par-

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cular, las que a con nuación destacamos.
La fenomenología
El paradigma predominante en la
inves gación cualita va es el enfoque fenomenológico, porque su
preocupación está centrada en la
comprensión de la conducta humana.
Es en la filoso a del conocimiento donde aparece la opción
fenomenológica como medio de
comprensión de la realidad. En ella,
Edmund Husserl postula la idea de
que la experiencia no es un ser independiente del actor, sino que es
algo intencional, inherente a éste;
es decir, al aproximarse el sujeto a
los objetos, éstos cobran sen do
en la experiencia de aquél. La percepción de los objetos por el sujeto
se da en el contexto de experiencias y conocimientos adquiridos;
Husserl llama a esto “apercepción”
(Campbell, T., 1992). “Toda conciencia, es por tanto, conciencia
de un objeto y, por consiguiente,
parte de una construcción del individuo que dirige su atención hacia
los objetos de su conciencia” (Campbell, T., 1992).
Pero es Alfred Schutz el que lleva a la ciencia social la concepción
husserliana del conocimiento. Así,
Schutz toma de Husserl el concep-

to de ‘reducción fenomenológica’,
consistente en alejar de la conciencia cualquier explicación previa o
preconcepción para experimentar
el fenómeno al desnudo. El propósito del análisis es encontrar los
elementos esenciales de la experiencia de lo social, que no es otra
cosa que la experiencia de y con
los otros. Cuando interactuamos
con los demás tomamos conciencia de la intencionalidad presente
en tal interacción (Campbell, T.,
1992). De este modo, Shutz piensa
que podemos “trazar las raíces de
los problemas de las ciencias sociales retrotrayéndonos directamente
a los hechos fundamentales de la
vida consciente”4.
Como lo mencionan Steven J.
Taylor y Robert Bodgan, la inves gación fenomenológica “es la que
quiere entender los fenómenos
sociales desde la propia perspec va del actor” (1996: 16), y permite,
además, construir conocimiento
acerca del mundo y de la vida co diana. La fenomenología centra su
atención en la experiencia personal
vivida del sujeto o de los sujetos,
escudriñando, a través de ésta, el
ser de los fenómenos sociales, alcanzando la comprensión de los
mismos a través de la aplicación
de diversas técnicas (Taylor, S. y R.
4

Citado por Tom Campbell, 1992.

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Bogdan, 1996). La fenomenología
“considera que los seres humanos
están vinculados con su mundo y
pone énfasis en su experiencia vivida, la que aparece en el contexto
de las relaciones con objetos, personas, sucesos” (Álvarez-Gayou, J.,
2003: 86).
Para Steven J. Taylor y Robert
Bogdan, la perspec va fenomenológica en las ciencias sociales se
relaciona con diversos marcos teóricos y corrientes de pensamiento,
reduciéndose a dos enfoques principales: el interaccionismo simbólico y la etnometodología. Por otra
parte, Peter Berger y Thomas Luckman, como veremos, derivan de la
fenomenología su teoría construccionista social. Dado el propósito
par cular del presente ar culo,
dejamos de lado la etnometodología y presentamos los pormenores
básicos del construccionismo social
y del interaccionismo simbólico.
El construccionismo
Suele considerarse al construc vismo —par cularmente en el campo
de la educación— como una noción
psicológica y al construccionismo
como un concepto sociológico. En
el fondo, ambas perspec vas centran su atención en el proceso por
el cual las personas construyen sus
visiones del mundo y el ser propio

de cada quien en la vida social. Es
en dicha coincidencia que vamos a
enfocar la exposición de este apartado, prefiriendo u lizar el término
‘construccionismo social’.
La teoría del construccionismo
social es desarrollada por Peter L.
Berger y Thomas Luckmann en su
libro La construcción social de la
realidad. Dichos autores derivan
sus ideas de las concepciones fenomenológicas de Husserl y Shutz.
Así, afirman que el conocimiento,
cualquiera que éste sea, siempre
en el marco del sen do común, es
producto de las interacciones sociales. Las percepciones que sobre
la realidad ene cada persona se
relacionan entre sí, desencadenando un proceso de mutuo entendimiento que desemboca en el conocimiento común de la realidad. En
palabras de los propios autores:

La realidad social de la vida codiana es pues aprehendida en
un con nuum de pificaciones
que se vuelven progresivamente anónimas a medida que se
alejan del “aquí y ahora” de la
situación “cara a cara”. En un
polo del con nuum están esos
otros con quienes me trato a
menudo e interactúo intensamente en situaciones cara a
cara, mi “círculo ín mo”, diríamos. En el otro polo hay abstrac-

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ciones sumamente anónimas,
que por su misma naturaleza
nunca pueden ser accesibles
en la interacción “cara a cara”.
La estructura social es la suma
total de estas pificaciones y de
las pautas recurrentes de interacción establecidas por intermedio de ellas. En ese carácter,
la estructura social es un elemento esencial de la realidad
de la vida co diana (Berger, P. y
T. Luckman, 1968: 46).

El interaccionismo simbólico
El interaccionismo simbólico fue
desarrollado por los sociólogos
norteamericanos George Herbert
Mead (1863-1931) y Charles Horton Cooley (1864-1924) a principios
del siglo XX, y fue retomado por
Herbert Blumer (1938-1969), Erving Goﬀman (1959-1967), Howard
Becker (1936-1984) y otros.
Para Miguel Mar nez Miguélez,
(s/f), el interaccionismo simbólico
es una de las orientaciones metodológicas que comparten las
ideas básicas del proceso hermenéu co o interpreta vo. Trata de
comprender el proceso de asignación de símbolos con significado
al lenguaje hablado o escrito y al
comportamiento en la interacción
social. La ideología fundamental
del interaccionismo simbólico,
tanto teoré ca como metodológi-

ca, fue estructurada por Herbert
Blumer (1954, 1966, 1969) con su
amplia influencia a través de la
docencia en las universidades de
Chicago y Berkeley (Mar nez, M,
s/f).
El interaccionismo simbólico
es una ciencia interpreta va, una
teoría psicológica y social que trata de representar y comprender el
proceso de creación y asignación
de significados al mundo de la
realidad vivida, esto es, a la comprensión de actores par culares
en lugares par culares, en situaciones par culares y en empos
par culares (Schwandt, 1994)5.
Se da aquí una gran similitud con
el significado que Weber y Dilthey
dan al término Verstehen —comprensión—. (Migueles, s/f).
Herbet Blumer6 establece los
requerimientos de los métodos de
inves gación del interaccionismo
simbólico:

Desde el punto de vista metodológico o de inves gación,
el estudio de la acción debe
hacerse desde la posición del
actor. Puesto que la acción es
elaborada por el actor con lo
que él percibe, interpreta y juzga, uno ene que ver la situa5
6

Citado por Miguel Mar nez Miguelez, s/f
Citado por Robin Williams, 1999: 133.

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ción concreta como el actor la
ve, percibir los objetos como el
actor los percibe, averiguar sus
significados en términos del significado que enen para el actor y seguir la línea de conducta
del actor como el actor la organiza: en una palabra, uno ene
que asumir el rol del actor y ver
este mundo desde su punto de
vista.

El enfoque metodológico del interaccionismo simbólico se apoya en
tres premisas básicas:

— Los seres humanos actúan
en relación con los objetos
del mundo sico y de otros
seres de su ambiente sobre
la base de los significados
que éstos enen para ellos.
— Estos significados se derivan o brotan de la interacción social
—comunicación entendida en
sen do amplio— que se da
en medio de los individuos.
La comunicación es simbólica, ya que nos comunicamos por medio del lenguaje
y otros símbolos; es más, al
comunicarnos creamos o
producimos símbolos significa vos.
— Estos significados se establecen y modifican por me-

dio de un proceso interpreta vo: el actor selecciona,
modera, suspende, reagrupa y transforma los significados a la luz de la situación
en que se encuentra y la dirección de su acción (…), los
significados son usados y
revisados como instrumentos para la guía y formación
de la acción (Blumer, 1969:
2-5)7.
Estas premisas representan la idea
central del interaccionismo simbólico y encajan dentro de la perspecva fenomenológica.
Juan Luis Álvarez-Gayou (2003),
siguiendo a Blumer (1969), presenta tres elementos metodológicos
crí cos, esenciales al interaccionismo simbólico:

— El primer elemento es asumir que el único medio de
conocer a los seres humanos
y a los grupos para detectar
sus interacciones es la invesgación naturalista, que implica estar en el lugar donde
se presentan las interacciones y donde se encuentran
los grupos (Álvarez- Gayou,
2003: 70).
7

Citado por Robin Williams, 1999: 133.

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— La exploración, considerada
como el acercamiento inicial
a cualquier realidad que se
estudia y que se desconoce
en un principio. El propósito
de la exploración, que eminentemente es una etapa
flexible, consiste en contar
con un punto de par da para
llegar a la comprensión clara de un problema, detectar
los datos adecuados, idenficar las líneas de relación
importantes y, en términos
generales, lograr que las herramientas conceptuales del
inves gador evolucionen a
la luz de lo que se va conociendo de la parte estudiada
(Álvarez- Gayou, J., 2003:
71).
— La inspección, que apunta
hacia un desarrollo teórico
y hacia desentrañar las relaciones y precisar los conceptos (…) es un examen del
contenido empírico, acercándose al material desde
diferentes ángulos, formulándose muchas preguntas
sobre él y regresando a la
nueva valoración que surja a
par r de tales preguntas (Álvarez- Gayou, J., 2003: 71).
Como se ve, las premisas y los elementos mencionados vinculan al

interaccionismo simbólico con las
caracterís cas cons tu vas de la
inves gación cualita va.
El trabajo social
Ahora bien, por lo que al trabajo
social se refiere, es claro que la acvidad que esta profesión realiza
requiere de un enfoque metodológico que le permita abordar la realidad, tanto para el conocimiento y
comprensión de ésta, en un primer
momento, como para su posterior
intervención.
A este respecto, Natalio Kisnerman, uno de los autores clásicos
del trabajo social en América Lana, acorde con las tendencias de
cambios de paradigmas en la inves gación social, expone que al
final de la década de los ochentas
se reafirma la crisis del posi vismo,
del funcionalismo y del neoposi vismo, dado que entonces “la sociedad en equilibrio ya no exis a”
(1998: 113), y agrega que la crisis
se agudizó por la controversia entre
los que exigen las leyes cien ficas y
las explicaciones obje vas fundadas en datos cuan ta vos, por un
lado; y los que buscan el sen do o
significación de los hechos sociales
a par r de la acción humana, por
el otro. Esta úl ma alterna va ha
ido cobrando relevancia dentro
del ejercicio del trabajo social. Una
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disciplina avanza, dice Kisnerman,
“cuando abandona las teorías tradicionales y trasciende mediante la
reflexión crí ca y la acción crea va,
construyendo nuevas teorías y realizando nuevas prác cas, acordes
al empo en que le toca desarrollar
su quehacer. Esta operación es lo
que lleva a resituar el trabajo social
en una nueva época” (1998: 117).
Esta nueva época del trabajo social, según Kisnerman, está representada en el construc vismo, el
cual responde a las necesidades y
obje vos del trabajo social, porque

cons tuye un enfoque transdiciplinario en el que dialogan
pluralmente la psicología social
de Gergen; la sociología fenomenológica de Schutz, Berger
y Luckmann; el interaccionismo simbólico de Mead. Esta
postura surge de la necesidad
de comprender el sen do de
la acción social en el contexto
del mundo de la vida, desde la
perspec va de los actores, y arcula los llamados paradigmas
cualita vos (1998: 124).

Conclusión
El compromiso del trabajo social
actual se ubica en el desarrollo de
proyectos de inves gación cien fico-social tendientes a compren-

der la realidad problema zada, a
la luz de paradigmas acordes con
los reclamos epistemológicos de lo
concreto y poniendo en juego métodos y técnicas acordes a los dos
momentos del ejercicio de la profesión: el conocimiento y la intervención. La metodología cualita va se
muestra así como una alterna va
viable para este propósito, dado
que la misma permite arribar a dichos momentos: alcanzar el conocimiento de los problemas sociales
desde la óp ca de los sujetos involucrados y en consecuencia construir, desde la inicia va de éstos, las
estrategias de acción surgidas del
contacto inmediato entre personas
y entre éstas y el contexto en el
ámbito de la vida co diana. Como
menciona Natalio Kisnerman: uno
de los obje vos de la profesión es
“la organización de grupos humanos para transformar situaciones
problema, buscando elevar la calidad de vida de la población con la
que trabaja” (1998:164).
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�Trabajo Social

Valores y ética profesional:
nuevos retos para el trabajo social
ante la modernidad
Martha LeƟcia Cabello Garza
María Eugenia Lobo Hinojosa

Resumen

E

n este trabajo se realiza una
reflexión sobre el papel que
juegan la é ca y el código
deontológico de la profesión y de
los profesionales del trabajo social
en su intervención. Se profundiza
en los conflictos de valores que
dichos profesionales están abordando actualmente en el ejercicio
de sus funciones ante los grandes
cambios socioeconómicos y los
avances de la modernidad, algunos
de ellos de orden jurídico como la
eutanasia y el aborto.
Planteamos aquí la importancia
de repensar esos conflictos de valores y realizar cues onamientos
en el sen do de cómo garan zar la
equidad en un mundo de grandes
desigualdades. La época actual, caracterizada por profundas transformaciones sociales, reclama descubrir nuevas formas de intervención
en la labor del trabajo social; ésta
debe integrar valores y competencias técnicas.

Palabras clave: é ca, trabajo social, código deontológico, valores.
Hoy en día, la prác ca del trabajo social se ha centrado en hacer
frente a las necesidades humanas y
desarrollar el potencial humano. El
trabajo social ha crecido con ideales humanitarios y, en general, sus
valores se basan en el respeto a la
igualdad y a la dignidad de la persona. Por otra parte, el bien público
promovido por el trabajo social se
encuentra regido por dos valores
básicos: el respeto a la autonomía
del cliente y la promoción del bienestar social. Según Damián Salcedo
Megales (2010), el compromiso del
trabajador social se basa en el respeto a la autonomía de sus clientes, y puesto que ésta es parte de
la calidad de vida de las personas,
el compromiso con el bien público
ha de expresar el reconocimiento
de estos valores a la hora de ofrecer sus servicios. Esto implica ofrecer de manera competente un bien
profesional, buscando siempre el
acuerdo con los intereses de los

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clientes, salvaguardando, además,
los intereses de otros miembros de
la sociedad con respeto hacia las
normas organiza vas existentes.
Estos elementos del compromiso
con el bien público configuran y determinan los principios y valores de
una profesión y conforman su é ca
profesional (Bermejo, F., 2002).
Los valores son producto de
cambios y transformaciones a lo
largo de la historia, y surgen con
un especial significado y cambian
o desaparecen en las dis ntas épocas. Es precisamente el significado
social que se atribuye a los valores uno de los factores que influye
para diferenciar los considerados
tradicionales —aquellos que guiaron a la sociedad en el pasado, generalmente referidos a costumbres
culturales o principios religiosos—,
de los modernos que comparten
las personas de la sociedad actual
(García, B., 2007).
Los valores esenciales abrazados por los trabajadores sociales
son la base del propósito y perspec va de la profesión; servicio,
jus cia social, dignidad y valor de
la persona, importancia de las relaciones humanas e integridad, entre
otros, deben ser reflejo del quehacer profesional (Eroles, C., 1998).
Una mirada retrospec va nos remite a los principios y valores básicos
de Félix P. Biestek (1957), que son

los que han logrado mayor consenso en el empo y aunque se han
presentado algunos cambios, han
estado vigentes por muchos años:

— La individualización o reconocimiento de las caracteríscas únicas de cada usuario:
enfocado a visualizar a cada
usuario como un ser único e
irrepe ble.
— La expresión explícita de los
sen mientos: el trabajador
social ene que intentar facilitar que el usuario exprese
libremente sus sen mientos.
— La implicación emocional
controlada: el trabajador
social ha de implicarse en la
intervención y en las emociones de los usuarios, pero
de forma controlada, de tal
modo que no le sobrepasen
emocionalmente las situaciones ante las que se encuentre.
— La aceptación: supone tratar
a los usuarios como son, con
sus virtudes y defectos.
— La ac tud “no enjuiciadora”:
el trabajador social no ha de
enjuiciar al usuario en sí mismo, sino su conducta.
—La autodeterminación del
usuario: implica la obliga31

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ción del trabajador social de
respetar las decisiones que
tome el usuario.
— La confidencialidad: la obligación del trabajador social
de mantener confidencial la
información rela va al usuario.
Sin embargo, y ante los grandes
cambios socioeconómicos de la
modernidad, los valores de respeto, autonomía o autodeterminación de los usuarios han caído en
crisis dentro de la prác ca profesional; parecería que existen limitaciones y criterios más racionales
y acordes a las nuevas situaciones
que han traído los avances cien ficos y tecnológicos, algunos de ellos
de orden jurídico, como la eutanasia o el aborto.
Por muchos años, hablar de
trabajo social era hablar simplemente de una vocación de servicio
y simple ayuda a las personas. No
obstante, con el empo se han ido
acumulando en el área de lo social
nuevos conocimientos cien ficos,
metodológicos y técnicos que nos
acercan cada vez más a la realidad.
Esto se vuelca hacia la sa sfacción
de las necesidades, tanto individuales como de grupos, en un marco de acciones más compe vo.
Actualmente, y ante la cada
vez mayor presencia del trabajo

social en los ámbitos ins tucionales públicos y privados, la acción
é ca ha sido mo vo de reflexión y
debates, tanto desde la óp ca de
la intervención profesional, como
desde el análisis de las normas y
principios é cos de las propias instuciones (Salcedo, D., 2010). Es
importante reflexionar, entonces,
sobre los conflictos de valores a los
que nos enfrentamos hoy; en par cular, dentro de las organizaciones
sociales, en donde el ejercicio de
nuestras funciones profesionales
nos enfrenta é camente al deber
de denunciar y demostrar que las
programaciones y normas ins tucionales no siempre responden a
las demandas del bien común.
Se hace necesario, también, garan zar la equidad en un mundo
donde imperan grandes desigualdades. La profesión del trabajo
social ene como obje vo fundamental, precisamente, la promoción del bienestar social a través
de diversos medios, de entre los
cuales resalta el trabajo social ins tucional. A este respecto, una veta
importante para el comportamiento é co del profesional dentro de
las organizaciones está representada por el sen do que ene, para el
bienestar social, el entramado burocrá co de las ins tuciones. Como
afirma Begoña García Álvarez, “los
profesionales del trabajo social se

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sienten u lizados por determinadas acciones polí cas que venden
su falta de é ca tras la máscara de
la transparencia” (2007: 175).
La acción de cualquier profesional es mo vo de debates y
reflexiones. Cuando se trata de
intervenciones profesionales que
se desarrollan en los diferentes
ámbitos laborales y sociales, el juicio sobre el comportamiento é co
se torna más sensible y polémico;
esto es par cularmente enfá co
tratándose del trabajo social, cuyo
ejercicio se enfoca hacia las múl ples y complejas relaciones entre
las personas y sus ambientes. Por
ello, aquí, los valores profesionalmente plasmados adquieren una
dimensión especial: enen la misión de facilitar que todas las personas desarrollen plenamente sus
potencialidades, enriquezcan sus
vidas y de esta manera se aboquen
a la prevención de problemá cas
sociales (Eroles, C., 1998).
El trabajo social es una profesión enfocada a promover el empoderamiento en las vidas de las
personas, familias y comunidades,
a fin de que ellas mismas enfrenten autónomamente los retos que
la problemá ca social levanta a su
paso. En el centro de esta labor
profesional debe cul varse un sistema interconectado de valores,
teorías y prác cas, cuyo fin úl mo

es el bienestar social. Para lograr lo
anterior, la profesión analiza situaciones complejas y facilita cambios
personales, organiza vos, sociales
y culturales (García, B., 2007). En
este devenir, el trabajador social
se enfrenta a las desigualdades e
injus cias, diseñando e implementando estrategias y acciones, u lizando dis ntos conocimientos, habilidades y técnicas; todos y cada
uno de estos aspectos, suscep bles
siempre de un juicio é co. Éste, a
su vez, cobrará las dimensiones de
las crisis, emergencias, problemácas personales y situaciones co dianas intervenidas.
En su ejercicio profesional, específicamente cuando intervienen
en casos, grupos o comunidades
involucrados en situaciones con
alguna implicación legal, los trabajadores sociales se enfrentan a
grandes retos para ayudar a las personas a obtener servicios, recursos,
pero sobre todo a estar informados
de sus derechos (Eroles, C., 1998).
Sus intervenciones abarcan desde
los procesos psicosociales focalizados a nivel individual, como son los
casos de una ruptura matrimonial
o una situación de concubinato; o
procesos judiciales sobre derecho
a los alimentos del menor; hasta el
compromiso con la polí ca, la planificación y el desarrollo social, incluyendo el asesoramiento, el tra33

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bajo de casos, el trabajo social con
grupos, educación social y el tratamiento o terapia familiar. En este
contexto, el trabajo social toma
como valor central el respeto a la
persona en su dignidad y libertad,
defendiendo la aceptación libre
por parte del cliente como principio básico del ejercicio profesional.
En todos los casos que se presentan en una corte o juzgado, la
presencia de un profesional del
trabajo social se hace indispensable. Los trabajadores sociales deben, en tal ámbito, apoyar y defender la integridad de la persona y el
bienestar de la misma a nivel sico,
psicológico, emocional, social y espiritual. Esto significa promover el
derecho a la par cipación de cada
una de las personas, considerar en
cada persona todas sus dimensiones y verla como parte actora de su
propio proceso de vida, sin ninguna
dis nción de dignidad, y contribuir
a iden ficar y desarrollar cada una
de sus fortalezas. En este sen do,
la conducta profesional deberá ser
empá ca, íntegra y no subordinada a intereses ajenos, pero, sobre
todo, responsable ante los usuarios
y las organizaciones donde desarrolle su intervención.
Los trabajadores sociales enen, también, la responsabilidad
de promover la jus cia social en
relación con la sociedad como un

todo y con las personas con las que
trabajan (Banks, S., 1997). Esto significa reconocer la diversidad de
los casos y situaciones en las que
se desarrolla su intervención; ser
eficaz y equita vo al distribuir y
aplicar los recursos con los que se
cuenta para la atención del individuo, el grupo o la comunidad que
se le encomiende, trabajando bajo
el principio de solidaridad. Todo
esto además de la obje vidad, integridad, imparcialidad y transparencia que deben regir todas sus
acciones.
No obstante, en la prác ca diaria esas normas y polí cas se entrelazan en una burocra zación de
tareas y ac vidades que, aún siendo propias de la profesión y sus
actuaciones, se ven relegadas a las
necesidades priorizadas de la ins tución u organización para la cual
laboran. De esta manera, los criterios ins tucionales se sobreponen
a los principios y códigos é cos
del trabajo social y se convierten
en códigos cuan ta vos, donde
los números y puntuaciones son el
principal valor para la obtención de
un determinado recurso. De esta
manera, la intervención profesional individualizada se convierte en
una situación de conflictos y dilemas (Salinas, F., 2003).
Hablar de valores es hablar del
compromiso con nosotros mismos

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y con la sociedad, de hacer lo correcto por propia convicción más
que por obligación.
El código deontológico que se
interesa por establecer marcos o
criterios acerca de cómo deberían
ser las cosas y, por lo tanto, sobre
cuáles son los deberes inherentes
a una profesión en el ejercicio de
sus funciones (García, B., 2007), es
lo que ayudará al trabajador social
a decidir qué es lo mejor y más
adecuado en una situación dada.
Pero en la prác ca deontológica
profesional no sólo se han de tener en cuenta dichos valores, sino
también las normas sociales que
regulan las relaciones humanas en
el contexto donde se actúa.
Es en el entorno jurídico-social
donde el trabajador social se encuentra en muchas ocasiones con
dilemas que van desde lo jurídico,
social y culturalmente permi do,
hasta lo jurídico, social y culturalmente prohibido. El trabajo social,
al tomar como valor primordial el
respeto a la persona, considerando
su dignidad y libertad, debe buscar
en sí mismo la neutralidad, la no
ac tud de juicio, evitando la actuación estereo pada en su intervención,
En el marco de la Asamblea General de la Federación Internacional de Escuelas de Trabajo Social
celebrada en Adelaida, Australia,

se aprobó un documento denominado Ética en Trabajo Social,
Declaración de Principios (2004)
mediante el cual se animó a los trabajadores sociales de todo el mundo a reflexionar sobre los retos y
dilemas de esta profesión y a basar
en la é ca sus actuaciones en cada
caso concreto. Este documento
marca una nueva era para la é ca
del trabajo social. En este acuerdo
se plasmó la situación de conflicto
de intereses en que entran a menudo los profesionales, así como
los conflictos entre el deber ser de
proteger los intereses de las personas con quienes trabajan, y las demandas de eficiencia y u lidad que
les impone la sociedad donde se labora. Asimismo, se reflexiona tanto
sobre las funciones de ayuda y de
control social que ejerce el trabajador social, como sobre el hecho de
que los recursos de la sociedad son
limitados y, por ello, algunas veces
no se cuenta con opciones de ayuda. El documento aborda también
el tema de la di cil cues ón de
cómo llegar a un consenso entre lo
que se piensa con lo que se siente
y se actúa.
De acuerdo a Begoña García
Álvarez (2007), se puede llegar a
afrontar esta serie de problemas
con prác cas par culares. Unas
son las adapta vas, tal vez las menos deseables, mediante las que el
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trabajador social procura adaptar a
las personas a su medio sin ningún
po de reflexión crí ca; otras son
las prác cas educa vas tradicionales, en las que el profesional intentan cambiar la sociedad a través de
una educación “social” con el fin de
superar la marginación y adaptar a
los usuarios a sus recursos. Las más
deseables serían verdaderas práccas educa vas transformadoras
que se cons tuyen por un trabajo social que cues ona incluso su
propio rol en la sociedad, analiza a
la sociedad en una visión global y
emplea técnicas par cipa vas en
donde se exalta el protagonismo
del usuario en el cambio.
La época que estamos viviendo, de profundas transformaciones
sociales, reclama descubrir nuevas formas de intervención como
respuesta al reto humanizador de
la labor del profesional de trabajo
social, que integre valores y competencias técnicas (Salinas, F., 2003).
El trabajo social no es sólo tes go
de esta crisis cultural y de globalización de la economía de mercado
o de la emergencia de nuevos paradigmas, sino que forma parte, como
protagonista, de la naturaleza de
esas transformaciones, y, por ende,
el reto consiste en defender la dignidad humana, así como los derechos
civiles y polí cos vinculados con la
democracia liberal vigente.

Ante la magnitud de los problemas mundiales, la responsabilidad
é ca y moral debe impulsar a tomar decisiones y soluciones oportunas y compa bles con la democracia y el respeto a los derechos
humanos. La labor debe pensarse
en términos de una globalización
mas humana y más solidaria, donde primen nuevos valores como un
amplio sen miento de cooperación universal, un compromiso con
la jus cia que se consolide en un
nuevo “contrato social” (Salinas, F.,
2003).
La profesión del trabajo social,
en términos de valores y é ca profesional, debe despertar la conciencia de que los problemas derivados
de la pobreza mundial afectan
a todos los seres humanos, y de
que la toma decisiones oportunas
y compar das son la base de una
autén ca cooperación. Los trabajadores sociales deben promover en
sí mismos, y en el ser humano en
general, impulsos solidarios cada
vez más desinteresados y altruistas y así inyectar una mayor dosis
de humanidad. Esta postura parece
ser la alterna va viable de nuestro
futuro profesional y el progreso hacia una sociedad más sensible a la
problemá ca social. Como afirma
Francisco Salinas Ramos: “El elemento básico para el progreso hacia
una sociedad más madura y sensa-

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ta es: ‘razonar con otro’ y ‘ponerse
en el lugar del otro’, ‘sen r con...’ y
‘pensar con’... entender el sen do
común, despertar, consolidar, difundir la conciencia de la necesidad de
la solidaridad” (2003: 80).

Bibliograİa
Banks, Sarah, 1997, Ética y valores en el trabajo
social, España, Paidós Ibérica.
Bermejo, Francisco J., 2002, Ética de la Profesión
de Trabajo Social, Bilbao, Centro Universitario de la Compañía de Jesús.
Biestek, Félix P., 1957, Las relaciones de “Casework”, Madrid, Aguilar.
Ética en el Trabajo Social, Declaración de
Principios, 2004, Asamblea General de la
Federación Internacional de Trabajadores

Sociales y de la Asociación Internacional de
Escuelas de Trabajo Social, Adelaida, Australia.
Disponible en: h p://www.tsmu.org/doc/declaracionE ca.pdf
Eroles, Carlos, 1998, “Los principios é cos de las
intervenciones en trabajo social”, en Carlos
Eroles (coord.) Familia y Trabajo Social, Buenos Aires, Espacio Editorial.
García Álvarez, Begoña, 2007, “Los profesionales
del trabajo social y la é ca profesional ante
los nuevos retos y necesidades sociales”,
Humanismo y Trabajo Social, 6, pp. 173188.
Meza, José Luis, 2003, Los valores: aproximación
conceptual, Bogotá, Universidad de La Salle.
Salcedo Megales, Damián, 2010, “Los fundamentos norma vos de las profesiones y los
deberes de los trabajadores sociales”, Trabajo Social Global, 1 (1), pp.10-38.
Salinas Ramos, Francisco, 2003, “Globalización,
Solidaridad y Derechos Humanos”, Humanismo y Trabajo Social, 2, pp. 71-91.
Tostón, Francisco, 2001, Vivir. ÉƟca y valores
para la juventud de hoy, Bogotá, Paulinas.

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�Grupos Vulnerables

Factores psicosociales que
determinan la ideación suicida
en estudiantes de nivel medio
superior de una institución educativa
del área metropolitana de Monterrey
Tabita Balderas Rodríguez

Resumen

E

ste ar culo resume el estudio
de un aspecto importante del
suicidio: la ‘ideación suicida’,
aspecto necesario a considerar hoy
en día para el diagnós co y prevención oportuna de los actos de
suicidio. El obje vo consis ó en conocer la medida en la que factores
como desesperanza, baja autoesma, incapacidad para afrontar
emociones, soledad, antecedentes familiares relacionados con el
suicidio, violencia familiar, presión
de los padres, autoexigencia, conductas de riesgo y rompimiento de
relaciones afec vas —todos y cada
uno considerados como variables
independientes— determinan la
ideación suicida —aquí considerada únicamente como variable
dependiente— en estudiantes de
nivel medio superior —caso de 149
estudiantes regulares del turno

matu no de la preparatoria técnica General Emiliano Zapata, hombres y mujeres, de 15 a 19 años de
edad, residentes en diversos municipios del área metropolitana de
Monterrey—. Una revisión de las
perspec vas sociológica y psicológica sobre el suicidio permi ó enmarcar la indagación. Pruebas po
Likert convenientemente validadas
se aplicaron a la muestra mencionada: los resultados del estudio
indican que la soledad y los antecedentes familiares son factores
predictores de la ideación suicida;
por otra parte, vivir con ambos padres previene la tendencia a caer
en dicho estado. Se indica la necesidad de realizar nuevas inves gaciones relacionadas con este tema
de salud pública y se recomiendan
estrategias para estabilizar emocionalmente a la persona en crisis
y brindar, entre otras cosas, habilidades para enfrentar demandas
sociales y académicas.

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Palabras clave: Ideación suicida,
Suicidio, Factores psicosociales

que orientaron la presente propuesta.

Introducción

ObjeƟvo y pregunta de invesƟgación

Hay comportamientos individuales
que se convierten en problemas
sociales; uno de ellos es el suicidio, es decir, el acto por el cual el
individuo decide quitarse la vida
y lo hace efec vamente. Aquí estudiamos par cularmente un aspecto importante del suicidio: la
‘ideación suicida’. De acuerdo a la
literatura sobre el asunto, las personas que presentan un estado de
ideación suicida tendrán un alto
grado de proclividad a cometer el
acto suicida.
La ideación suicida es un aspecto necesario a considerar hoy en
día para el diagnós co y prevención
oportuna de los actos de suicidio.
En el estado de Nuevo León, par cularmente, el suicidio ocurre cada
vez con mayor frecuencia. En tal
sen do, un acercamiento metodológico al estado de ideación suicida, presente en jóvenes neoleoneses, contribuiría a la comprensión
del problema y a la consecuente
intervención de especialistas.
Planteamiento del problema
A con nuación esbozamos, brevemente, los aspectos metodológicos

ObjeƟvo
El obje vo de esta indagación consiste en conocer la medida en la
que factores como desesperanza,
baja autoes ma, incapacidad para
afrontar emociones, soledad, antecedentes familiares relacionados
con el suicidio, violencia familiar,
presión de los padres, autoexigencia, conductas de riesgo y rompimiento de relaciones afec vas
determinan la ideación suicida en
estudiantes de nivel medio superior de la preparatoria técnica General Emiliano Zapata.
De acuerdo a Eduardo A. Madrigal (2004: 6), “el pensar en morir o
desear la muerte a temprana edad,
pone de manifiesto que las mo vaciones de éxito y de planes de vida
de los adolescentes están siendo
desplazados” por alguno o algunos
de los 10 factores mencionados.
Pregunta de invesƟgación
¿En qué medida los factores psicosociales más recurrentes en los jóvenes determinan la ideación suicida en estudiantes de nivel medio
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superior de la preparatoria técnica
General Emiliano Zapata del municipio de Monterrey, Nuevo León?
Marco conceptual
Aspectos generales
En este estudio se consideran algunos aspectos de las perspec vas sociológica y psicológica sobre
el suicidio. En la primera, Emile
Durkheim, referido por María Marna Casullo (1998: 100), reporta
cuatro pos de comportamiento
suicida: a) altruista: el sujeto hace
idealizaciones tan fuertes que no
duda en hacer sacrificios —incluso
quitarse la vida— con tal de manifestar su lealtad; b) egoísta: el individuo no logra establecer buenos
vínculos psicosociales; c) anómico:
existe en la persona la imposibilidad general de afrontar aquellas
situaciones de crisis que surgen de
manera inesperada; y d) fatalista:
el resultado de un excesivo control
y regulación social.
En la perspec va psicológica sobre el suicidio, Sigmund Freud hace
referencia a la ‘pulsión de muerte’
que puede estar en el deseo de paz
o de escapar de una situación. En
esta pulsión se representa de forma directa el suicidio y los deseos
del suicidio, pudiendo estar acompañados de la agresión, la cruel-

dad, asesinato y la destruc vidad.
Menninger, referido por Roque
Quintanilla Montoya et al (2004:
108), dice que “el suicidio conllevaba tres deseos: el deseo de matar,
el deseo de ser matado y el deseo
de morir, por lo que se entendía
como un acto de asesinato de sí
mismo y del objeto internalizado”.
Con base en las anteriores
ideas, se puede establecer que el
suicidio puede suscitarse como una
reacción interna en donde, en cada
caso, puede exis r un factor detonante que provoque la acción en el
individuo.
Aspectos específicos: suicidio, intento suicida e ideación suicida
La palabra “suicidio” proviene del
la n sui, “sí mismo”, y caedere,
“matar”, es decir, “matarse a sí mismo”. Cuando se realizan actos tendientes a realizar esto úl mo, pero
por cualquier causa tal efecto no
se logra, estamos ante un intento
suicida, el cual cons tuye uno de
los principales factores de riesgo
para cometer el suicidio, dado su
carácter de antecedente. La ideación suicida, por su parte, es “un
síntoma frecuente e inespecífico,
que refleja el nivel de conflicto interno” (López, E, et al, 1994). De la
ideación suicida surge el punto de
par da para llegar a consumar el

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acto suicida, puesto que es en tal
estado donde se generan los pensamientos de desesperanza y depresión.
Más específicamente, la ideación suicida alude a “aquellos pensamientos intrusivos y repe vos
sobre la muerte autoinfligida, sobre las formas deseadas de morir
y sobre los objetos, circunstancias
y condiciones en que se propone
morir” (Eguiluz, L., 1995: 121). Catalina González-Forteza (1995), en
sus estudios sobre los indicadores psicosociales asociados con la
ideación suicida en adolescentes,
iden fica el estrés co diano, las
caracterís cas de la personalidad
y el ambiente social como aquellas
variables psicosociales que determinan la ideación suicida en los
adolescentes de la ciudad de México.
Algunas razones que conducen al
pensamiento suicida
María Mar na Casullo (1998) propone cinco categorías que detonan
el pensamiento suicida en los adolescentes:

— No sen rse apreciado por
lo que se es como persona,
sino por lo que se ene.

— Incapacidad de los padres y
otros adultos significa vos
para generar vínculos afecvos estables desde posiciones asimétricas —un padre
no es un amigo más—.
— Vivir como “traición culposa” toda relación o vínculos
autónomos.
— Ruptura de la “trama social”:
se privilegian el individualismo y el consumismo, se fragmentan los lazos psicosociales.
— Ausencia de valores sólidos
que orienten el “proyecto
hacia el futuro”, falta de modelos adultos iden ficatorios.
Variables y diseño del estudio
Variables
Dentro de las variables independientes relacionadas con la ideación suicida —variable dependiente— se encuentran:

— Desesperanza.
— Baja autoes ma.
— Incapacidad para afrontar
emociones.
— Soledad.
— Antecedentes familiares.
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—
—
—
—
—

Violencia familiar.
Presión de los padres.
Autoexigencia.
Conductas de riesgo.
Rompimiento de relaciones
afec vas.

Diseño del estudio
El presente es un estudio cuan tavo, de po ex post facto, transversal, correlacional y predic vo.
Pruebas estadísƟcas, población,
muestra y esquema de variables

Muestra
Los par cipantes en la muestra del
estudio fueron proporcionados por
la ins tución debido a la falta de
listados actualizados de los estudiantes —éstos se dan de baja con
frecuencia—, así como a la falta de
empo disponible. El cues onario
final se aplicó a un total de 146 estudiantes pertenecientes a ocho
grupos de clase.
Instrumentos, criterios de inclusión, recolección de datos y análisis

Pruebas estadísƟcas
Instrumentos
Para esta inves gación se u lizaron
la estadís ca descrip va, la correlación y la regresión lineal (Pagano,
R., 2006).
Población
Este estudio se llevó a cabo con
estudiantes de nivel medio superior, hombres y mujeres, de 15 a 19
años de edad, residentes en diversos municipios del área metropolitana de Monterrey, inscritos en la
preparatoria técnica General Emiliano Zapata.

Se aplicaron dos instrumentos de
po Likert: uno para medir las variables independientes y otro para
medir la variable dependiente.
El instrumento para medir las
variables independientes con ene
un total de 47 preguntas y entre
dos y cuatro ítems que forman el
constructo de cada una de las 10
variables. Para esto, se consultaron
la Escala de Riesgo Suicida de Plutchik (1994)9, el Inventario de Orientaciones Suicidas (IOS)10, la Escala
de Autoes ma de Coopersmith

9 Guibert Reyes R., 2002.
10 María Mar na Casullo, 1998.

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(1984)11 y el Inventario de Depresión de Beck (1961)12. Enseguida se
elaboró un listado de las posibles
preguntas que se u lizarían. Posteriormente, de manera aleatoria, se
estableció el orden de las mismas
preguntas dentro del instrumento
a fin de que aquéllas estuvieran intercaladas. Se llevó a cabo la prueba piloto con un grupo de 40 estudiantes al que se aplicaron pruebas
de correlación a fin de descartar y
modificar algunas preguntas.
El instrumento elegido para
medir la variable dependiente es
el de William M. Reynolds (1988):
“Ese Pensamiento está en mi Mente”, también llamado Suicidal Ideaon Ques onnaire (SIQ), el cual
es una medida para cuan ficar la
severidad o seriedad de ideaciones suicidas. Este instrumento ha
sido estandarizado para muestras
de estudiantes preparatorianos
norteamericanos. Las preguntas
del mismo están basadas en las
nociones teóricas de Reynolds, que
tratan sobre jerarquías de cogniciones y conductas suicidas serias.
Dentro de este esquema, los pensamientos suicidas y la conducta
forman un con nuo que se clasifi11 M. Asunción Lara-Cantú, 1993.
12 Samuel Jurado, María Enedina Villegas,
Lourdes Méndez, Fabiola Rodríguez, Verónica
Loperena y Rubén Varela, 1998.

ca desde pensamientos de muerte
hasta pensamientos de querer estar muerto; de pensamientos generales a par culares de matarse;
de hacer preparaciones específicas
para la conducta suicida y de intentar el suicidio.
La confiabilidad de este instrumento se encuentra en un muestreo realizado en estudiantes de
preparatoria, en donde tuvo un
nivel de confiabilidad de .72 (EndingSuicide.com, 2008). Por otro
lado, en un análisis de componentes principales del SIQ, del muestreo mencionado se obtuvieron
tres factores con valores mayores
a 1. El primer factor medía la ideación suicida, pensamientos acerca
de no querer seguir vivo y pensamientos relacionados con preparavos para perpetrar el suicidio; el
segundo consis a en reac vos que
evaluaban la respuesta de otros al
suicidio; y el tercero incluía reac vos que medían los pensamientos
generales de la muerte, así como
un reac vo sobre el escrito de una
pe ción final.
El cues onario de ideación suicida es una de las medidas ampliamente u lizadas para rastrear
o iden ficar ideación suicida en
adolescentes, y se ha encontrado
que hay datos recientes que indican que aquellos que intentan el
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suicidio tuvieron puntajes altos en
la aplicación del SIQ.
Los 30 reac vos del SIQ fueron
validados en el contexto puertorriqueño, en un trabajo de tesis sobre
idealización del suicidio en jóvenes
adolescentes (González, M., 2000).
Posteriormente, en el contexto
mexicano, dichos reac vos se validaron por obviedad y con análisis
de correlación que se realizaron en
la prueba piloto de esta inves gación, de la cual se obtuvieron 22
ítems para medir la variable dependiente ideación suicida.
Criterios de inclusión
Los criterios de inclusión de los
par cipantes fueron:

— Estudiantes del turno matuno de ambos sexos.
— Estudiantes regulares.
Procedimiento para la recolección
de datos
Una vez autorizado el proyecto, se
organizó la aplicación de la prueba
piloto en coordinación con el Departamento de Trabajo Social de
la ins tución par cipante. Dicha
prueba se aplicó a 40 adolescentes
y permi ó depurar y sustentar los
instrumentos para su aplicación a

los 146 estudiantes par cipantes.
Aquélla fue efectuada por ocho encuestadoras, cuidando escrupulosamente que los instrumentos fuera contestados al 100 por ciento,
de manera voluntaria, abonando
así en esta etapa la validez de los
resultados del estudio.
Después de la aplicación, se
procedió a la codificación de la información y a la captura de los datos, u lizando el Paquete Estadís co para las Ciencias Sociales (SPSS,
por sus siglas en inglés). Se realizó
análisis de distribución de frecuencias para detectar problemas de
captura y datos faltantes. Posteriormente, se correlacionaron las
variables entre sí y, finalmente, se
corrió un modelo de regresión múlple (Pagano, R., 2006).
Conclusión
En el transcurso de este trabajo encontramos algunos obstáculos para
su realización, unos de carácter burocrá co y otros relacionados con
tabúes respecto al tema del suicidio, arraigados en algunas personas e ins tuciones con las que fue
necesario contactar. La discreción
guardada por profesionales e inves gadores en asuntos delicados
y sensibles como éste, dificulta
emprender estudios que permitan
conocer factores de riesgo impor-

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tantes a los que están expuestos
diariamente los estudiantes adolescentes.
Los resultados del presente estudio indican que la soledad y los
antecedentes familiares son dos
factores predictores de la ideación
suicida en los estudiantes de nivel
medio superior. Tomando en cuenta la soledad, se puede hablar de
dos aspectos de la misma: estar
sólo y sen rse sólo. Así, 83.6 por
ciento de los par cipantes vive con
sus padres y hermanos, mientras
que 6.8 por ciento vive con uno
de los padres y los hermanos, por
lo que estamos en presencia de la
percepción de sen rse solo aun viviendo en familia.
Los datos sugieren, además,
que vivir con ambos padres se puede cons tuir en un factor prevenvo de la tendencia a la ideación
suicida. Corolario de lo anterior, y
evidenciado en los resultados del
estudio, es que tener una comunicación adecuada permite que el nivel de soledad pueda disminuir, ya
que el contar con un ambiente de
seguridad aumenta los niveles de
autoes ma.
Por su parte, el estudio mostró
que los antecedentes familiares
juegan un papel importante en el
desenlace de la ideación suicida.
En los casos detectados, el joven
vivió alguna vez la experiencia de

saber que miembros de su familia
—padre, madre o primos— habían
come do el acto. Sin embargo la
contundencia de esta relación no
se mostró tan alta, tal vez oculta
bajo la circunstancia de que el suicidio es un tema que no es usual
difundir por prejuicios morales y
sociales.
Algo que llama la atención es el
hecho de que el vinculo que se forma entre los iguales es muy significa vo para el adolescente: “Entre
los 12 y los 17 años los adolescentes desarrollan la capacidad de establecer amistades más cercanas e
ín mas” (Craig, G., 1997: 447); así,
71.9 por ciento de los encuestados
que manifestó contar con más de
cinco amigos, puede ser menos
proclive a la ideación suicida.
Aun cuando estos resultados son
simples y su exposición, llana, bajo
el concepto de que la vida humana
es, en general, apreciada como un
alto valor, se pueden considerar algunas medidas de intervención para
los casos de ideación suicida.
Intervención en crisis
Ahora bien, existe una serie de
recomendaciones para estabilizar
emocionalmente a la persona que
presenta ideación suicida, tomando en cuenta lo sugerido por Sánchez Loyo (2004):
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— Permita que la persona hable
libremente del problema, no
lo limite, deje que haga un
desahogo emocional, sobre
todo del dolor y la angus a.
— Iden fique el problema que
genera la situación de crisis
suicida.
— Reconozca el factor desencadenante de la ideación
suicida ac va; qué incidente
le provocó tomar la decisión
de suicidarse.
— Hable abiertamente de su
deseo de morir y quitarse la
vida. Enfréntelo directamente, no permita circunloquios
o evasiones al referirlo claramente.
— Haga una evaluación del
riesgo suicida; pregunte por
el empo que lleva de haber
tomado la decisión; los prepara vos que ha hecho para
ello; el medio con el cual decide quitarse la vida; la cercanía de dichos elementos
en el momento actual y la
presencia de otras personas
en su entorno inmediato; intentos previos y consumo de
drogas o alcohol en el momento.
Es menester comprender que si
bien no todos los suicidios pueden ser evitados, la par cipación

del profesional en trabajo social es
fundamental, principalmente en lo
que les compete como agentes de
cambio social. Se impone, entonces, la elaboración, diseño, aplicación y evaluación de programas y
proyectos dirigidos a la prevención
y tratamiento de pacientes y familiares con ideación suicida, intento
suicida y el suicidio mismo, a fin de
crear redes sociales de intervención en situación de crisis.
Por otro lado, es necesaria la
realización de nuevas inves gaciones relacionadas con este tema de
salud pública, ya que eso permi ría formular diagnós cos y proponer acciones directas y especificas,
coadyuvando así con las autoridades en la creación de unidades organizacionales especializadas.
Se recomienda, también, la implementación de medidas escolares dirigidas a disminuir la ideación
suicida, tales como brindar habilidades para enfrentar demandas
sociales y académicas a través de
talleres de proyectos de vida entre
los adolescentes, a fin de dar a ésta
sen do y expecta vas viables.
Hay mucho trabajo por hacer,
tanto por parte de los profesionales del trabajo social como de las
diversas disciplinas del área social.
Se ene una gran responsabilidad y
compromiso en cues ón de generar polí cas sociales relacionadas

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con la conducta suicida. Los padres
de familia cons tuyen parte fundamental en los lazos y relaciones
afec vas con los hijos, así como en
el incremento y mejora de la calidad en la comunicación entre generaciones.
Sin embargo, no hay que olvidar
que el suicidio en algunos grupos y
espacios aún es considerado como
un tabú religioso y moral. Por ello,
es razonable presumir que los datos cuan ta vos conocidos al respecto están por debajo de lo que
realmente sucede en esa parcela
de la inves gación social: los reportes oficiales de decesos en su rubro
de “accidentes” podrían estar encubriendo verdaderos actos de suicidio (Silber, T. et al, 1992: 437).
Finalmente, queda por comentar que existen ideologías que defienden el derecho a la vida, mientras que algunas otras defienden el
derecho a la muerte. Sin embargo,
lo que se ha planteado en esta inves gación es que el suicidio es el
acto de una persona que se siente
angus ada. Como señala Alfonso Fernández Tresguerres (2002):
“nadie se quita la vida si considera
fac ble con nuar viviendo, y sólo
lo hace cuando las exigencias a las
que ha de hacer frente le resultan
más indeseables e insoportables
que la muerte misma”.

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Adulto mayor,
desarrollo humano y tiempo libre.
El caso del proyecto: Creación de un espacio para
uso recreativo, lúdico y deportivo por parte del adulto mayor en su tiempo libre, implementado
en el Centro de Seguridad Social núm. 4, del
Instituto Mexicano del Seguro Social, en el
municipio de Sabinas Hidalgo, Nuevo León
Rubén Javier Rodríguez Marơnez
José Ricardo González Alcalá

Resumen

E

n el presente ar culo, los autores presentan el contenido
de cada una de las etapas del
proyecto social tulado: Creación
de un espacio para uso recreaƟvo, lúdico y deporƟvo por parte del
adulto mayor en su Ɵempo libre
implementado en el Centro de Seguridad Social núm. 4, del InsƟtuto Mexicano del Seguro Social, en
el municipio de Sabinas Hidalgo,
Nuevo León. Primero se hace un
repaso breve del cambio sufrido,
a través del empo, en el estatus
social del adulto mayor como un
proceso excluyente. Enseguida se
muestra la reacción social tendiente a corregir esa tendencia, a nivel
mundial y par cularmente en Mé-

xico, mediante acciones de polí ca
social cons tu vas de ins tuciones,
planes y programas, en busca de un
cambio sociocultural efec vo en favor del bienestar integral de dicho
grupo etario. Luego se exponen los
pormenores del proyecto, destacando algunos datos demográficos generales y los rela vos al diagnós co
par cular, seguidos de los obje vos
y metas del mismo: incrementar las
alterna vas de bienestar del adulto
mayor; proveer un espacio físico,
identificando, acondicionando y
comprometiendo a aquél para la
implementación de programas ad
hoc. Finalmente, se detallan los resultados de la evaluación realizada
después de transcurrido el periodo
de funcionamiento del primer programa implementado: en general,
los 43 adultos mayores —hombres
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y mujeres— beneficiados, se declararon altamente sa sfechos con el
mismo.

las relaciones y situaciones sociales
en las que el adulto mayor se encuentra inmerso.

Definición del problema

De la disfuncionalidad a la funcionalidad

Dentro de las sociedades modernas, debido al proceso de industrialización ha surgido una gran variedad de problemas; uno de ellos
es la exclusión social del adulto
mayor. La realidad de este grupo
etario se ha transformado, ya que
en las sociedades primi vas y las
grandes civilizaciones del pasado
quien perteneciera a dicho grupo
era considerado como el sabio o
dirigente dentro del clan o comunidad. Siguiendo a Carlos Trejo Maturana (2011) podemos decir que,
antaño, la vejez cons tuía, a la vez,
un depósito de conocimientos y
una base de datos, especialmente
históricos, cuyas fuentes de credibilidad tenían que ver con la voluntad gra ficante de los dioses. Hoy,
en cambio, la vejez, es considerada
un problema, una falla social atada
a la modernidad y sus corolarios:
el u litarismo y el costo beneficio
(Chomsky, 2001), lo cual se traduce
en la exclusión social de los viejos,
quedando éstos, así, fuera del juego social (Gil, F., 2002)
No obstante, la inves gación
social y las polí cas públicas aportan esfuerzos dirigidos a humanizar

En el contexto de la ideología capitalista, el adulto mayor es considerado improduc vo y, por tanto,
estructuralmente disfuncional, lo
cual conduce a una verdadera exclusión social. Sin embargo, el adulto mayor conserva la inquietud y el
deseo de vivir produc vamente.
Ante ello, la intervención se hace
necesaria a fin de insertar e integrar
socialmente a dicho grupo etario a
través de su par cipación en ac vidades recrea vas, lúdicas y deporvas en su empo libre, contribuyendo, de este modo, a un cambio
sociocultural efec vo como parte
del proceso de socialización (Ritzer,
G., 2007). Ello implica una mejora
en el bienestar sociocultural y psicobiológico del adulto mayor, que
se entrega a la realización de ac vidades acordes con sus necesidades, inclinaciones, deseos y gustos
personales y compar dos. Así, la
interacción con el adulto mayor en
el orden familiar, grupal y social, a
través del intercambio de papeles
y roles reconocidos, convierte a los
“viejos” en elementos funcionales
de la estructura social.

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La políƟca social
Un problema social una vez diagnos cado suele venir acompañado
de sugerencias alterna vas para
su tratamiento (Ander-Egg, E. y M.
Aguilar, 2001). En el caso del adulto mayor, ya se han tomado algunas acciones para atender dicha
problemá ca. Desde 1948, la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) ha venido revisado el asunto, pero es hasta 1991 que dicho
organismo promueve la conciencia
mundial del problema y declara a
ése como Año Internacional de las
Personas de Edad Avanzada, convocando además a la Cuarta Conferencia Mundial sobre Envejecimiento (Gambino, D., 2008).
En México, el 22 de agosto de
1979 se crea por decreto presidencial el Ins tuto Nacional de la
Senectud (INSEN), actualmente
Ins tuto Nacional de la Personas
Adultas Mayores (INAPAM), que
a ende a las personas de 60 años
y más. Esencialmente, desde su inicio su ac vidad se enfoca al aspecto médico-asistencial.
Por su parte, el Plan Nacional
de Desarrollo 2007-2012 (Presidencia de la República, 2007), en
su estrategia 3, Igualdad de Oportunidades… Grupos Vulnerables,
considera una obligación del Estado promover la igualdad de opor-

tunidades, la superación del nivel
de vida y el desarrollo para todas
las personas, poniendo énfasis en
los adultos mayores, a quienes caracteriza como los grupos más vulnerables de la sociedad. En Nuevo
León, el Plan Estatal de Desarrollo
2010-2015 (Gobierno del Estado de
Nuevo León, 2010), en su eje estratégico Desarrollo Social y Calidad
de Vida plantea lograr opciones de
desarrollo para todas las personas
mediante el acceso a la educación,
la salud, la vivienda, el deporte y la
cultura.
Por otra parte, el Plan Municipal de Desarrollo 2009 -2012 del
municipio de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, en su apartado número
7: Alianza con Mujeres, Jóvenes
y Personas en Edad de Plenitud,
promete a mujeres, jóvenes y personas de la tercera edad mejores
oportunidades para su desarrollo
(Presidencia Municipal de Sabinas
Hidalgo, 2010).
Aspectos sociales del problema
La llamada revolución demográfica de los empos modernos se
caracteriza, entre otras cosas, por
el número y proporción crecientes
de personas mayores. Así, una de
cada 10 personas pertenece ahora
al grupo de la tercera edad —60
años o más—, y se espera que para
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2050 tal proporción se duplique,
llegando en 2150 a uno de cada
tres; se prevé además que los países en desarrollo tardarán más en
adaptarse a estos cambios que los
países desarrollados (División de
Población del Departamento de
Asuntos Económicos y Sociales,
Secretaría de las Naciones Unidas,
2010)
En México, el Ins tuto Nacional
de Estadís ca, Geogra a e Informá ca (2011) reportó en 2010 una
población adulta mayor —60 años
o más— de 4 millones 679 mil 538
hombres y 5 millones 375 mil 841
mujeres. De estos totales, 190 mil
277 hombres y 217 mil 1 mujeres residen en el estado de Nuevo
León. El municipio de Sabinas Hidalgo alberga, por su parte, 1 mil
983 hombres y 2 mil 196 mujeres
en dichas edades.
DiagnósƟco
Un sondeo realizado mediante
encuesta en los meses de agosto
y sep embre de 2010 en el municipio de Sabinas Hidalgo, Nuevo
León, reveló la carencia de un espacio sico para uso recrea vo,
lúdico y depor vo, especial y exclusivo para el adulto mayor en las
dependencias públicas dedicadas a
la asistencia social que cuentan con
instalaciones. Por ello, en la segun-

da quincena del mes de octubre de
2010 se consultó al respecto a 43
adultos mayores de ambos sexos
inscritos en los cursos que el Centro de Seguridad Social número 4
del Ins tuto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofrece a toda la
población interesada; los encuestados manifestaron mayoritariamente su deseo de contar con un
espacio como el mencionado.
Los puntos más importantes de
la encuesta en su segunda etapa
muestran estos resultados:

— A 88.1 por ciento de la población encuestada le gustaría la implementación del
área exclusiva para los adultos mayores, mientras que
sólo a 11.9 por ciento no le
agradaría.
— Dentro de las ac vidades
que al adulto mayor le gustaría que se implementaran,
26.19 por ciento optó por la
ocupación del empo libre
en general, 19.05 por ciento por ac vidades lúdicas,
16.67 por ciento por el acondicionamiento sico, mientras que 14.29 por ciento por
el Cachibol y 11.9 por ciento
optaron por la recreación.
— En cuanto al horario más
conveniente para la imple-

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mentación de las ac vidades, 52.38 por ciento de los
encuestados eligió el vesperno, en tanto que 33.33 por
ciento optó por el matu no
y sólo 14.29 por ciento dejo
la decisión en manos de la
ins tución.
— En cuanto a par cipar de
alguna manera en la realización del proyecto, 78.6
por ciento dijo sí le gustaría
y 21.4 por ciento respondió
que no.
— Por lo que se refiere a la disposición del adulto mayor
a asis r efec vamente a la
realización de las ac vidades propuestas, 85 por ciento contestó que sí, mientras
que el restante 14.29 por
ciento respondió nega vamente.
Metodología del proyecto
En el diseño y realización del proyecto social que aquí detallamos,
además del diagnós co antes señalado, se aplicaron los siguientes
aspectos metodológicos:
El proyecto buscó crear oportunidades de inclusión y acceso a un
espacio sico para realizar ac vidades recrea vas, lúdicas, depor vas
y de empo libre por parte de los
adultos mayores en el municipio de

Sabinas Hidalgo, Nuevo León, con
el fin de contribuir a que accedan
a más alterna vas de bienestar.
Para tal efecto, se plantearon los
siguientes obje vos:
ObjeƟvo general
Incrementar las alterna vas de
bienestar para los adultos mayores
a través de oportunidades para el
uso, por parte de éstos, de su empo libre, en ac vidades recrea vas,
lúdicas y depor vas.
ObjeƟvo específico
Proveer un espacio

para la implementación de programas que fomenten el uso recrea vo, lúdico y
depor vo por parte del adulto mayor en su empo libre, en el edificio

que ocupa el Centro de Seguridad
Social núm. 4 del IMSS en Sabinas
Hidalgo, Nuevo León.
Metas

— Del 16 de noviembre de
2010 al 15 de diciembre del
2010: iden ficar un espacio
sico específico en el edi-

ficio que ocupa el Centro de
Seguridad Social núm. 4 del
IMSS en Sabinas Hidalgo,

Nuevo León, y comprometer
el des no del mismo para su
uso en ac vidades recrea vas, lúdicas y depor vas por

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parte del adulto mayor en su
empo libre.
— Del 16 de noviembre del
2010 al 15 de diciembre del
2010: acondicionar el espacio mencionado en el punto anterior con las obras de
adaptación y el mobiliario
adecuados para la realización de las ac vidades arriba
mencionadas.
— 1 al 15 de diciembre del
2010: diseñar un modelo de
programa que pueda contener de una a cinco ac vidades recrea vas lúdicas y
depor vas, para el uso del
empo libre del adulto mayor.
El responsable del proyecto realizó una observación estructurada
acerca del espacio, mobiliario y acvidades para los adultos mayores,
encontrando respuestas adecuadas a la implementación del mismo.
Evaluación de resultados
Implementado el proyecto, se
consultó a los par cipantes sobre las ac vidades realizadas para
verificar si se lograron las metas
propuestas, permi endo retroalimentar la toma de decisiones para
generar mejoras futuras.

En lo correspondiente a si el espacio sico asignado al proyecto
había sido dotado con mobiliario
adecuado y suficiente para su funcionamiento, 100 por ciento de los
consultados contestó que sí. De éstos, 45 por ciento afirmó que anteriormente al proyecto no contaba
con mobiliario, 35 por ciento mencionó tener ahora reuniones más
cómodas y 25 por ciento restante
afirmó tener mayor convivencia
que antes.
En lo referente a si las ac vidades programadas habían sido las
adecuadas para los par cipantes,
100 por ciento de éstos respondió
que sí. De este total, 45 por ciento estuvo de acuerdo en tener
ahora mayor convivencia, 35 por
ciento consideró adecuado los horarios y 25 por ciento manifestó
sen rse menos preocupado(a) y/o
estresado(a) al realizar dichas ac vidades.
Sobre cómo se sin eron los parcipantes después de realizar las
ac vidades exclusivas para ellos,
80 por ciento contesto que muy
bien y 20 por ciento dijo sen rse
bien.
Se preguntó a los adultos mayores par cipantes en el proyecto si
se sen a tomados en cuenta por la
ins tución, y 100 por ciento afirmó
ser tomado en cuenta: 30 por ciento porque la ins tución los a ende

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35 por ciento porque ésta escucha
sus opiniones y 35 por ciento, según expresó, porque “me hacen
sen r importante”.
A una pregunta sobre si los
adultos mayores encuestados recomendarían el espacio y las ac vidades a otros adultos mayores, 40
por ciento respondió que lo recomendaría para que otros también
se beneficien; 30 por ciento mencionó que lo recomendaría para
que otros también tengan mayor
convivencia; 20 por ciento dijo recomendarlo para que otros adultos mayores se distraigan; y 10 por
ciento lo recomendaría para que
sus compañeros de edad estuvieran más ac vos.

de la tercera edad, aumentando
así el número de beneficiarios. Es
recomendable, a futuro, agregar
ac vidades relacionadas con programas de alimentación, salud, higiene personal, entre otras, a fin de
mejorar, de manera más integral,
la calidad de vida de los adultos
mayores y des nar, igualmente,
más recursos a proyectos como el
aquí descrito, aumentando de este
modo la cobertura de sus beneficiarios; todo bajo el principio de
igualdad de oportunidades establecido en los planes de desarrollo
del país, del estado de Nuevo León
y del municipio de Sabinas Hidalgo.

Bibliograİa
Conclusión
A par r de los úl mos meses de
2011, los adultos mayores del municipio de Sabinas Hidalgo, Nuevo
León, cuentan con un espacio sico
exclusivo en las instalaciones del
Centro de Seguridad Social núm. 4
del IMSS para realizar ac vidades
recrea vas, lúdicas y depor vas
durante su empo libre.
La difusión y promoción de este
logro cualita vo propiciaría inicia vas semejantes en otras ins tuciones públicas o privadas que dedican
esfuerzos a la atención de personas

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�Desarrollo Urbano

Etapas del proceso de
autoconstrucción
de vivienda en comunidades de
escasos recursos:
Una reflexión en torno a la importancia de estudiar
la relación que guarda el “tiempo libre”
(tiempo laboral residual) con los ingresos de las familias, el tamaño de éstas y los costos de construcción y mantenimiento de la vivienda
José Ricardo González Alcalá

Resumen

L

as familias de escasos recursos
invaden la erra o la compran
a precios bajos para construir
sus viviendas con su propio trabajo, en sus empos “libres”, con el
apoyo de parientes, vecinos y amigos, y, a veces, de algún programa
gubernamental. Este proceso de
autoconstrucción sigue diferentes
etapas definidas por la construcción sucesiva de cada cuarto y puede durar hasta 20 años o más. Si el
número de miembros de la familia
que desempeña un trabajo remunerado crece, los ingresos familiares crecen también y el proceso se
acelera. Pero la esencia del proceso es el ‘ empo residual’ (“ empo
libre”): empo dedicado a labores

de autoconstrucción, producto de
una decisión asumida por los colonos en el marco de un nivel determinado de carencias habitacionales. Aquí proponemos indagar las
relaciones entre empo residual
(como variable dependiente), por
una parte, y los ingresos familiares,
el tamaño de la familia y los costos
de construcción y mantenimiento de la vivienda, (como variables
independientes), por la otra, a través de un estudio cuan ta vo, a
fin de ubicar la importancia, en el
proceso, de la magnitud del primer
elemento mencionado. Los resultados permi rían diseñar mejores
estrategias, e implementar el proceso de autoconstrucción de vivienda más exitosamente. La hipótesis que proponemos se ponga a

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prueba, establece que los cambios
en los ingresos de la familia, en el
tamaño de ésta y en los costos de
construcción y mantenimiento de
la vivienda autoconstruida afectan
el empo residual del proceso de
autoconstrucción, aumentándolo
o reduciéndolo a corto plazo, siguiendo un patrón de reducción
progresiva de largo plazo desde la
primera hasta la úl ma etapa del
proceso.
Palabras clave: Autoconstrucción,
Familia, Tiempo residual
Introducción
El presente ar culo muestra algunos aspectos de interés sobre
el problema de la vivienda de las
personas pobres. Como ya sabemos, éstas invaden la erra o la
compran a precios muy bajos, en
condiciones de dudosa legalidad,
para de inmediato construir sus
viviendas con su propio trabajo en
los empos “libres”, después de
realizar diariamente sus ac vidades ordinarias. Eventualmente, las
familias pobres se benefician de
algún programa gubernamental de
erra barata a plazos y de materiales para construcción a bajo costo.
En los trabajos de autoconstrucción suelen par cipar en diversas
formas y medidas los miembros de

la familia, parientes, vecinos y amigos. El término “autoconstrucción”
implica, además de esto, otras caracterís cas tales como etapas en
el proceso, determinados materiales, técnicas y ciertas condiciones
legales en la tenencia de la erra.
Cuando la gente pobre invade
la erra (Cortés Rocha, X., 1985;
Dwyer, D., 1984) o la compra en
condiciones legales precarias, el
Estado responde en forma negava (Gilbert, A. y P. Ward, 1987) o
bien posi vamente; en este úl mo
caso, lo hace frecuentemente aplicando programas de legalización
de la tenencia de la erra (Zúñiga, V., 1991) cuya implementación
puede alcanzar algunas veces hasta más de veinte años (González, J.,
1998). Asimismo, el Estado eventualmente vende erra barata o facilita materiales para construcción
a los pobres, sea tratando caso por
caso o implementando programas
que promueven la cooperación entre colonos (Comisión Liquidadora
del Ins tuto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad y de la Vivienda Popular, 1982; Secretaría de
Desarrollo Urbano, 1990).
Las diferentes etapas por las
que pasa la construcción de una
vivienda bajo las condiciones anteriormente señaladas cons tuyen el
llamado proceso de autoconstrucción.
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En la primera etapa, la familia
normalmente construye un primer cuarto con cierto po de materiales, comunmente reciclando
materiales de desecho. Cuando
los ingresos familiares crecen, ese
primer cuarto es remplazado por
otro de mejores condiciones. Dado
el tamaño que alcanzan las familias pobres, un cuarto es evidentemente insuficiente y, por ello, éstas
emprenden la construcción de un
segundo cuarto, lo cual cons tuye
la segunda etapa del proceso, y así
sucesivamente.
La gente pobre en México —llamada frecuentemente personas
de escasos recursos— labora principalmente en el sector informal
de la economía, desempeñando
diferentes pos de trabajos, tales
como ventas ambulantes, manufactura domés ca o prestación de
servicios personales. Sus ingresos
suelen ser muy bajos y la estabilidad periódica de su monto —por
semana, por quincena— llega sólamente cuando dichas personas encuentran empleo en la economia
formal. A par r de los doce años
de edad —y muchas veces a edades menores—, los miembros de
una familia pobre se insertan con
frecuencia en el mercado de trabajo. Si el número de miembros de la
familia que desempeña un trabajo remunerado crece, los ingresos

familiares crecen también y, por
tanto, la familia es capaz de inver r
más recursos en la terminación de
un cuarto o el inicio de otro. Más
ingresos permiten también mejorar la calidad de los materiales usados en la construcción. Cuando la
posesión de la erra es legal o se
ha legalizado una ocupación inicialmente ilegal, la mejora en los
ingresos de las familias autoconstructoras permite regularizar la
instalación de los servicios públicos
básicos.
El campo de estudio
Los anteriores párrafos han resumido las principales caracterís cas
del proceso de autoconstrucción
de vivienda para personas de escasos recursos. La importancia de
este campo de estudio ha sido destacada por la literatura en una mulplicidad de trabajos. Dado que la
mayoría de la vivienda existente en
México se ha edificado a través del
proceso de autoconstrucción (Bazant, J., 1985; Comisión Económica
para América La na /Centro de las
Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos-Hábitat, 1987;
Ziccardi A. y A. Mier, 1985), este fenómeno ha sido objeto de acuciosa
observación cien fico-social desde
dis ntos puntos de vista (Aguilera,
M., 1988; Bazant, J., 1985; Catalán,

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R., 1993; Comisión Económica para
América La na/Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos-Hábitat, 1987; Cortés
Melo, G., 1988; Cortés Rocha, X.,
1985; Pozas, M., 1990; Rodríguez,
C., 1978; Turner, J., 1979; Ziccardi,
A. y A. Mier y Terán, 1985).
Los efectos que sobre los procesos de autoconstrucción de vivienda producen los ingresos familiares, el tamaño de la familia, los
costos de construcción y mantenimiento de la vivienda y otros factores —la intervención polí ca, el
apoyo financiero público y privado
y la solidaridad entre los colonos—
han sido estudiados por la inves gación cualita va (Aguilera, M., 1988;
Comisión Económica para América
La na/Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos-Hábitat, 1987; Cortés Melo, G.,
1988; Cortés Rocha, X., 1985; Pozas,
M., 1990; Rodríguez, C., 1978; Ziccardi, A. y A. Mier y Terán, 1985),
algunas veces refinada con procedimientos estadís cos descrip vos y
algún po de analisis correlacional
(Bazant, J., 1985).
Los inves gadores han encontrado evidencia abundante acerca de las formas como la erra es
ocupada y adquirida por los pobres (Gilbert, A. y P. Ward, 1987;
Neira, H., 1990; Pozas, M., 1990;
Villarreal, 1988). Además, muchos

académicos han descrito con parcular énfasis las relaciones existentes entre el ingreso familiar y
las ampliaciones a la vivienda de
escasos recursos (Bazant, J., 1985).
Las formas como las comunidades
pobres han organizado sus procesos de autoconstrucción de vivienda cuando las familias se ayudan
unas a otras, ha sido también objeto de estudios interesantes (Cortés
Rocha, X., 1985; Pozas, M., 1990).
Consecuentemente, muchos de los
hallazgos que la literatura ha difundido ampliamente sobre estos temas serán considerados en el análisis de los conceptos que forman
parte de la presente reflexión.
El tema central
Los procesos de autoconstrucción
de vivienda para personas de nuestro estudio son procesos sociales
dinámicos y complejos, compuestos por algunos elementos, etapas
(ver cuadro 1) y factores que ejercen influencia en aquéllos. Pese a
que todo esto ha sido estudiado
por la literatura, tal variedad de
caracterís cas no ha permi do ubicar el punto central del proceso de
autoconstrucción. Es esencial, entonces, establecer cómo aquellos
elementos y factores están relacionados y cuál de ellos es el punto
central del problema.
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Este proceso de autoconstrucción de vivienda ha exis do principalmente a causa de la escasez
de ingresos de estas familias, en el
marco del mercado de la vivienda
terminada. Sin embargo, la gente de ingresos bajos ene en los
miembros de la familia, parientes,
amigos y vecinos la mano de obra
necesaria para construir su hogar,
una mano de obra además gratuita
o a precio accesible en términos de
salario. Cualquiera que sea el po
y grado de habilidades de la mano
de obra, ésta se torna importante sólo si la ubicamos dentro de
periodos específicos. La esencia
del proceso de autoconstrucción
la cons tuyen, precisamente, estos periodos. Establecer caminos
para conocer cómo estos periodos
están relacionados con otros elementos del proceso de autoconstrucción debe ser la tarea principal
de la inves gación empírica en el
campo de la autoconstrucción de
vivienda para personas de bajos recursos. Enfa zar estos periodos da
también sen do a la complejidad
del proceso de autoconstrucción,
porque el resto de los elementos
y factores que intervienen enen,
así, un punto dónde lógicamente
todos convergen (ver figura 1). Este
enfoque permite entender el tema
integralmente y ene la ventaja de
diseñar y aplicar mejor los progra-

mas de los sectores público y privado de apoyo a la autoconstrucción
de vivienda para las personas a que
nos hemos referido.
Pregunta de invesƟgación
¿Los cambios en los ingresos de
la familia, en el tamaño de ésta
y en los costos de construcción
y mantenimiento de la vivienda
autoconstruida están relacionados
con los cambios en el tiempo libre
—o tiempo residual laboral— existente en cada una de las etapas
del proceso de autoconstrucción
de vivienda? Más específicamente: ¿están las etapas del proceso
de autoconstrucción de vivienda
de personas de escasos recursos
influidas por los cambios en los ingresos de la familia, en el tamaño
de ésta y en los costos de construcción y mantenimiento de la vivienda autoconstruida?
Esta pregunta de inves gación
introduce un concepto nuevo que
es crí co en este estudio: ‘ empo
residual’ del proceso de autoconstrucción de vivienda de personas
de escasos recursos. El concepto
de ‘ empo residual’ iden fica el
punto central del proceso aquí estudiado. La gente de ingresos bajos
que construye por sí misma sus casas dedica para esa tarea el empo
que queda después que concluye

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las ac vidades ordinarias de la vida
co diana —buscar un trabajo, trabajar, estudiar, cuidar a los niños,
etcétera—. La mayoría de los autores marginal-funcionalistas que ha
atendido este campo de estudio ha
llamado “ empo libre” a esa porción de empo, en tanto que los
inves gadores de orientación histórico-estructural consideran que
se trata de una prolongación de
la jornada laboral ordinaria. Ciertamente, de lo que en realidad se
trata es de un empo dedicado a
labores de autoconstrucción, producto de una decisión asumida por
los colonos en el marco de un nivel
determinado de carencias habitacionales. El término ‘ empo residual’ no sólo evita discu r si ése es
o no un empo libre o de trabajo,
sino que principalmente acentúa
su autén ca naturaleza: empo dedicado a realizar tareas específicas
dentro de un proceso específico.
El mejor enfoque para entender
las relaciones entre empo residual, por una parte, y los ingresos
familiares, el tamaño de la familia
y los costos de construcción y mantenimiento de la vivienda, por la
otra, es uno cuan ta vo. Algunas
inves gaciones han establecido
correlaciones en este campo, especialmente entre el tamaño de la familia y los ingresos de ésta, y entre
estos úl mos y las etapas del pro-

ceso de autoconstrucción. El empo residual no ha sido estudiado
aún como variable dependiente.
Aplicar una encuesta a una muestra
de viviendas en colonias populares
para ver la forma cómo ocurren los
cambios en las variables de empo residual, tamaño de la familia,
ingreso familiar y costos de construcción y mantenimiento de la
vivienda autoconstruida, es por sí
mismo un ejercicio ú l para el enriquecimiento del tema, pero puede
además revelar las relaciones entre los elementos más cri cos de
este proceso de autoconstrucción
de vivienda. El procedimiento explicará cuando y por qué el empo
residual aumenta o disminuye su
magnitud, lo cual equivale al aumento o disminución del propio
proceso de autoconstrucción. En
la magnitud del empo residual
descansa el proceso de autoconstrucción. Un par de consecuencias
prác cas podrían, además, resultar
de este enfoque. Por una parte,
siendo el empo residual el centro
del proceso de autoconstrucción,
un estudio completo de cómo ese
empo es afectado por algunos
factores daría información ú l para
diseñar e implementar el proceso
de autoconstrucción de vivienda
más exitosamente. Por otro lado,
la intervención de los trabajadores
sociales en el estudio del campo y
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la manipulación de los elementos o
los factores que componen el proceso podrían mejorar los programas de autoconstrucción aplicados
por los sectores público y privado.
Teniendo en cuenta los recursos de
la comunidad, los trabajadores sociales diseñarían modelos de ayuda mutua, formas de obtención de
empleos, medios para el mejoramiento de los ingresos de la familia
y la organización de coopera vas
de producción y consumo de materiales para la construcción y de
apoyo y entrenamiento técnico.
La pregunta de invesƟgación, la hipótesis, y las variables
Planteamiento del problema: ¿qué
efectos producen los cambios en
los ingresos familiares, en el tamaño de la familia y en los costos de
construcción y mantenimiento de
la vivienda autoconstruida, sobre
el empo residual en cada una de
las etapas del proceso de autoconstrucción de vivienda de personas de escasos recursos?

Pregunta de inves gación: ¿los
cambios en los ingresos de la familia, en el tamaño de ésta y en
los costos de construcción y mantenimiento de la vivienda autoconstruida, están relacionados con
los cambios en el empo residual
existente en cada una de las etapas
del proceso de autoconstrucción
de vivienda? Más específicamente: ¿están las etapas del proceso
de autocnstrucción de vivienda
de personas de escasos recursos
influidas por los cambios en los ingresos de la familia, en el tamaño
de ésta y en los costos de construcción y mantenimiento de la vivienda autoconstruida?
Hipótesis: los cambios en los
ingresos de la familia, en el tamaño de ésta y los costos de construcción y mantenimiento de la
vivienda autoconstruida afectan
el empo residual del proceso de
autoconstrucción, aumentándolo
o reduciéndolo a corto plazo, siguiendo un patrón de reducción
progresiva de largo plazo desde la
primera hasta la úl ma etapa del
proceso.

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Figura 1

FAMILY

FAM ILY

1
2
3
4
5

WAGES

SIZE

STAGES OF
SELF-BUIL T
PROCESS
RESIDUAL
TIME

¡

n

BUILD
AND
M AINTENANCE
COSTS

~

La variable dependiente
El empo residual es la variable dependiente en cada una de las etapas del proceso de autoconstrucción de vivienda de personas de
escasos recursos. Con algunas variantes en cada caso, cada uno de
los cuartos de una vivienda, más o
menos secuencialmente construidos, define, respec vamente, cada
una de las etapas del proceso de
autoconstrucción de vivienda.

El empo residual es definido por
la par cipación y naturaleza de la
mano de obra que trabajó gratuitamente o a un precio accesible en
términos de salario, en cada una
de las etapas del proceso de autoconstrucción de vivienda, y se mide
mediante una escala graduada de
menor a mayor parƟcipación: 0)
“ninguna”; 1) “muy poca”, “poca” o
“alguna vez”; 2) “con poca frecuencia” o “algunas veces”; 3) “muchas
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veces” o “con mucha frecuencia”;
4) “casi siempre” o “siempre”, de
cada persona —abuelo, abuela,
padre, madre, suegro, suegra, hijos, hijas, yernos, nueras, nietos,
nietas, otros parientes, compadres, amigos o vecinos—, en cada
etapa —primero, segundo, tercero
o cuarto cuartos— y en cada po
de trabajo —ayudante; plomería,
carpintería, herrería o electricista;
albañilería, yesero, mosaiquero o
pintor; diseño, planeación o supervisión—.
La par cipación y naturaleza de
la mano de obra contratada en el
mercado laboral de la construcción, en cada etapa del proceso, es
definida también por el oficio del
par cipante y la tarea específica
realizada en cada po de trabajo.
Aquí vale comentar que este po
de mano de obra suele representar
una proporción reducida del total
de empo consumido por todos los
par cipantes en el proceso total.
Las variables independientes
Ingresos familiares: los ingresos
que vienen de cualquier fuente,
obtenidos por cada persona que
comparte la misma casa y par cipa, de cualquier manera, en el proceso de autoconstrucción.
El tamaño de la familia: el número de miembros de la familia y

edades de cada uno, incluyendo a
las personas que comparten la misma casa, pero que no son miembros de la familia ni parientes;
par cipantes todos y cada uno, de
cualquier manera, en el proceso de
autoconstrucción.
Costos de autoconstrucción:
los precios de la erra, de los materiales para la construcción, de la
mano de obra, de los procedimientos oficiales y de la instalación de
los servicios básicos.
Costos de mantenimiento: los
precios del uso de los servicios básicos, del impuesto predial y de las
reparaciones y remplazos a la casa.
Comentario final
Henos presentado en este ar culo
sólo un brevísimo resumen de lo
que podría cons tuir un proyecto de inves gación propiamente
como tal. El propósito inmediato
aquí es propiciar el interés y la discusión sobre un tema urbano que,
a pesar de su ya larga trayectoria,
sigue planteando problemas de sobrevivencia para los pobres de hoy
en México y, par cularmente, en
las áreas marginadas que aún subsisten en el estado de Nuevo León.

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�Desarrollo Urbano

Estudio de caso de pobladores
de una comunidad periférica
en situación de vulnerabilidad
Hortencia Margarita Sánchez Guerrero
María Margarita Ramírez González
María Teresa Obregón Morales

Resumen

E

ste ar culo resume los resultados de un estudio realizado
en el municipio de Zuazua,
Nuevo León, el cual da a conocer la
problemá ca que enfrentan los pobladores de comunidades situadas
en la periferia de dicho municipio
que se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Igualmente,
se describen las acciones realizadas
por las autoridades municipales
para impulsar el desarrollo social
de tales comunidades. El estudio se
llevó a cabo en la colonia Real de
Palmas y presenta un prediagnósco comunitario, así como algunas
propuestas expresadas por los habitantes encuestados.
La muestra, determinada por
conglomerados y que incluyó mil
117 habitantes, es representa va
de los 28 sectores —universo del
estudio— que componen la colonia. El estudio encontró situaciones de vulnerabilidad sufrida por
los pobladores en las áreas de vi-

vienda, servicios públicos, salud,
infraestructura urbana, servicios
ins tucionales, seguridad y problemá ca social.
Palabras clave: pobladores, comunidad periférica, problemá ca social y vulnerabilidad.
Introducción
Como sabemos, las ciudades son
resultado de la convergencia de
diversos factores, entre los cuales destacan los socioeconómicos,
los demográficos y las condiciones
naturales como la orogra a y el clima. El desarrollo y crecimiento de
las ciudades demandan, cada vez
más, espacios, infraestructura y
servicios públicos e ins tucionales;
la presión así ejercida abre la oferta de erra en zonas de la periferia
de las ciudades. Esto significa que
“conforme se expande la ciudad, la
presión de especulación y conversión de la erra agrícola a urbana
se intensifica” (Bazant, J., 2001:62).

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�Desarrollo Urbano

El proceso de formación de
asentamientos humanos urbanos
en zonas tradicionalmente rurales
modifica los modos de vida de los
grupos de población ya establecidos y los de los grupos que se van
agregando (Hiernaux, D., 2000). En
algún grado, estos cambios crean,
concomitantemente, situaciones
de vulnerabilidad.
La vulnerabilidad es producto
de la desigualdad social que, en
razón de diversos factores, tales
como los históricos, económicos,
culturales, polí cos y biológicos,
se presenta en algunos grupos de
población, impidiéndoles aprovechar alterna vas legí mas de
desarrollo humano disponibles en
la sociedad. En este aspecto, suele exis r poca o ninguna presencia
del Estado, tanto a escala nacional
como local, en la prestación de los
servicios públicos e ins tucionales
que superen o atenúen la situación
de vulnerabilidad de dichos grupos;
ello al menos en lo que se refiere a
la sa sfacción de algunas necesidades básicas. Agravan la situación
condiciones como las dificultades
en el transporte y en las comunicaciones existentes en zonas rurales dispersas o urbano-marginales,
de di cil acceso y de alto riesgo en
general, y las relaciones de dependencia y desequilibrio con la economía de mercado que de ahí se

derivan (Ministerio de Educación
Nacional de Bogotá, 2005).
Metodología
Se procedió primeramente a realizar un recorrido de cada uno de los
sectores de la colonia Real de Palmas. Durante aquél, a par r de la
técnica de observación sistemá ca
se elaboró un listado de las principales caracterís cas que presentaban los sectores, tanto en torno a
vivienda, áreas verdes, accesos de
entrada y salida, áreas de recreación, ins tuciones con las que se
cuenta, así como de las ac vidades
de sus habitantes. Posteriormente, para la obtención de los datos
se diseñó una cédula de entrevista
que incluyó 95 preguntas abiertas,
cerradas y de opción múl ple, para
captar los principales problemas
de la comunidad, sus necesidades
prioritarias y las proyecciones que
plasman su visión en torno a la problemá ca social de la colonia.
Considerando como universo el
total de viviendas —14 mil 86— de
la colonia, se eligió una muestra de
mil 117 a través de un diseño de
muestreo por conglomerados; éstos son “unidades de análisis [que]
se encuentran encapsuladas o encerradas en determinados lugares
sicos o geográficos” (Hernández,
R., 2010: 182). Así, se ubicó en un
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�Desarrollo Urbano

plano urbanís co de la colonia a
cada uno de los sectores de la misma, y dentro de éstos, el número y
localización de las correspondientes manzanas; luego del conteo,
se estableció una cuota de tres o
cuatro viviendas por manzana, según el tamaño de ésta. El criterio
de inclusión para los encuestados
fue: ser habitantes del sector considerado y mayores de 18 años.
Una vez realizada la capacitación a encuestadoras, inves gadoras de campo y supervisoras, se
efectuó el levantamiento de los datos; las entrevistas se realizaron a
hombres y mujeres y tuvieron una
duración promedio de 60 minutos
cada una. Para el procesamiento
de la información se elaboró un
manual de codificación que facilitó
el proceso de captura y posterior
análisis; todo esto se realizó u lizando el paquete estadís co para
las Ciencias Sociales SPSS/PC versión 14.
Resultados
Los resultados se exponen de la
siguiente manera: primero un
perfil sociodemográfico de los habitantes, luego una pología de
las familias, posteriormente las
caracterís cas de la vivienda y
las condiciones de salud. En otro
apartado se tratan el transporte, la

seguridad y vigilancia de la comunidad, y, por úl mo, se muestran
de manera esquemá ca los problemas sociales detectados.
Del total de habitantes encuestados, 74 por ciento lo forman mujeres y 26 por ciento, hombres. La
edad oscila entre los 20 y 40 años
de edad, promediando 32; es decir, se trata de personas jóvenes
en plena edad produc va. Por otra
parte, la proporción más elevada
de población en todo el municipio,
según datos oficiales, se encuentra
en el grupo cuya edad varía entre
cero y 14 años, siguiéndole aquellos que enen entre 20 y 34 años
de edad (Ins tuto Nacional de Estadís ca y Geogra a, 2005).
En lo que se refiere a la escolaridad, el promedio de años es de
nueve —nivel de secundaria—. El
porcentaje de nueve años aprobados es de 53.9 por ciento; el de
seis, de 14.3 por ciento; y el de
11, de 9.3 por ciento. En cuanto a
ocupación, ama de casa alcanza 58
por ciento; obrero, 12.2 por ciento;
y carpintero y empleado, 6.7 por
ciento. Las mujeres que no par cipan en el mercado de trabajo refieren dedicarse al cuidado de los
hijos.
En lo referente al estado civil de
los pobladores, 71.2 por ciento lo
componen casados; 13.8 por ciento vive en unión libre; y 10.8 por

82

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�Desarrollo Urbano

ciento lo conforman solteros. El
76.2 por ciento del total de familias
es de po nuclear. El promedio de
personas por vivienda es de 4.15,
representando la tercera parte de
la muestra; 12.3 por ciento de las
viviendas alberga de seis a 12 personas —presumiblemente familias
extensas—.
Esta colonia es de reciente creación, ya que los primeros pobladores llevan 36 meses de haber llegado, representando 11.2 por ciento;
25 por ciento ene 12 meses de
residencia; y 19.6 por ciento, 24
meses. De acuerdo a la tenencia de
la vivienda, 88.5 por ciento lo integran propietarios; 7.2 por ciento
paga renta; y 4.3 por ciento vive en
casa prestada. El número de habitaciones que enen las casas es en
promedio de 3.42.
En relación con los servicios básicos, a con nuación se muestra
el porcentaje de las viviendas que
cuenta con cada uno de ellos.
Servicios con los
que cuenta:

Si

No

Agua

99.5%

0.5%

Luz

99.6%

0.4%

Teléfono público

84.2%

15.8%

Teléfono par cular

26.9%

73.1%

Gas natural

64.5%

35.5%

Gas butano

40.4%

59.6%

Drenaje

97.7%

2.3%

Drenaje Pluvial

67.7%

32.3%

Cable

25.5%

74.5%

Transporte público

96.6%

3.4%

Recolección
basura

96.2%

3.8%

Internet

9.3%

90.7%

Alumbrado público

88.2%

11.8%

Vigilancia

24.9%

75.1%

de

Estos datos sugieren que, en cuanto a servicios básicos, la población
disfruta de una alta calidad de vida.
Respecto al servicio médico,
908 de los encuestados —81.3 por
ciento del total— se encuentran
afiliados a alguna ins tución de
seguridad social; 83.4 por ciento lo
está al Ins tuto Mexicano del Seguro Social (IMSS); mencionan, sin
embargo, que para ser atendidos
enen que trasladarse a otros municipios; y 12.6 por ciento carece
de seguridad social
El 79.9 por ciento declara que
toda la familia acude al servicio
médico que le corresponde. Cabe
señalar que en el caso de la atención médica de la población afiliada al IMSS, no acude en su totalidad a este servicio, lo cual puede
ser explicado con base en los escasos recursos que ene actualmente la clínica localizada en Zuazua:
dos consultorios. Algunos de los
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�Desarrollo Urbano

colonos afiliados no se encuentran aún registrados en esta clínica
debido a que no han no ficado al
IMSS su cambio de domicilio. Por
otra parte, el total de médicos con
que cuentan todas las ins tuciones
de salud establecidas en la colonia
es de cuatro.
Las enfermedades consideradas por los encuestados como de
mayor presencia son las relacionadas con el medio ambiente o que
presentan riesgos de contagio. El
porcentaje de pobladores que declararon haber padecido alguna
de las enfermedades señaladas se
presenta así en el siguiente cuadro:

En lo que se refiere al transporte que u lizan los habitantes de
la colonia, 76.9 por ciento señaló
u lizar el transporte público para
trasladarse a escuelas, trabajo, lugares para la recreación ubicados
en otros municipios del Área Metropolitana de Monterrey (AMM) o
para visitar a sus familiares.
La vigilancia con que cuenta la
colonia fue considerada muy mala
por 41.7 por ciento de los encuestados; mala por 30.4 por ciento; regular por 21.6 por ciento, y buena
por 6.4 por ciento. Es decir, más de
70 por ciento de los encuestados
opinó nega vamente.
El porcentaje de pobladores
encuestados que perciben la existencia en la colonia de alguno o algunos de los siguientes problemas,
aparece a con nuación:

En el
úl mo año

En el
úl mo
trimestre

Intes nales

9.8%

9.1%

Respiratorias

13.1%

9.8%

De la piel

8.7%

8.8%

Dengue

1.7%

0.5%

Pandillerismo

Varicela

5.8%

2.2%

Drogadicción

70.1%
75.4%

Enfermedades

Problema social

Existe en la
colonia
83.7%

Sarampión

0.2%

0.2%

Alcoholismo

Rubeola

0.3%

0.2%

Robos

80.3%

Tuberculosis

0.4%

0.3%

26.4%

Tosferina

0.9%

0.8%

Violencia
intrafamiliar

Neumonía

0.7%

0.4%

Maltrato infan l

17.5%

Influenza

0.5%

0.5%

Maltrato a adultos
mayores

12.8%

Otros

1.7%

1.5%

Inseguridad

66.3%

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�Desarrollo Urbano

Problemas con los
hijos

22.4%

Grafi

77.8%

Venta de bebidas
alcohólicas

62.6%

Bares y can nas

16.1%

Problemas de
servicios públicos

57.0%

Criaderos de
animales

30.5%

Riñas entre jóvenes

57.5%

Riñas entre vecinos

34.4%

Lotes baldíos

51.8%

Otros (especificar)

2.7%

Son relevantes los porcentajes relavos a pandillerismo, drogadicción,
alcoholismo, robo y riñas entre jóvenes o vecinos.
En cuanto a la u lización de su
empo libre, los habitantes encuestados lo ocupan en paseos o algún
po de diversión: va al cine 4.8 por
ciento; sale al parque o plaza 4.7
por ciento; acude a algún centro
comercial 4 por ciento; come fuera
de su casa 3 por ciento; visita lugares turís cos 2.1 por ciento; y realiza días de campo 1.7 por ciento.
En menores proporciones mencionan: salir a la iglesia, 0.4 por ciento;
reuniones con amigos/vecinos 0.4
por ciento; acudir a kermeses, 0.1
por ciento; visitar museos, 0.1 por

ciento; salir a bailar, 0.1 por ciento;
y acudir a espectáculos ar s cos,
0.1 por ciento. Estos seis úl mos
rubros evidencian muy poca afición
de los pobladores por las ac vidades sociales y culturales. Respecto
a la prác ca del deporte, solamente 12.3 por ciento de los encuestados indicó que algún miembro de
su familia realiza esa ac vidad; 6.9
por ciento hizo referencia al futbol.
En el siguiente cuadro se enlistan las ins tuciones de asistencia
social, recrea vas y religiosas cuya
existencia en la colonia es reconocida por los colonos, y si las mismas
son o no u lizadas por éstos:

Ins tuciones

Cuenta con
ellas
Si

No

Las u liza
Si

No

Educa vas

97.9%

2.1%

59.6%

40.4%

De salud

41.8%

58.2%

16.4%

83.6%

Asistencia
Social

47.5%

52.5%

7.0%

93.0%

Religiosas

14.2%

85.8%

3.6%

96.4%

Comercios

86.6%

13.4%

74.2%

25.8%

Depor vas

67.1%

32.9%

25.9%

74.1%

Bibliotecas

3.0%

97.0%

0.4%

99.6%

Guarderías

29.6%

70.4%

1.2%

98.8%

Centros
sociales

3.0%

97.0%

0.5%

99.5%

85

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�Desarrollo Urbano

Recrea vas

22.8%

77.2%

10.0%

90.0%

Seguridad
pública

26.8%

73.2%

3.3%

96.7%

Vigilancia

26.1%

73.9%

1.6%

98.4%

Bomberos

2.0%

98.0%

0.1%

99.9%

Centros de
emergencia

3.8%

96.2%

0.4%

99.6%

Los rubros sobre los que se demanda sean atendidos y el porcentaje
de encuestados que en cada rubro
así lo manifiesta, es como sigue: vigilancia y seguridad, 34 por ciento;
servicios públicos y mantenimiento
de la comunidad, 7 por ciento: y
construcción de áreas recrea vas y
cuidado del medio ambiente, 5 por
ciento.
Conclusiones y recomendaciones
La colonia Real de Palmas es una
comunidad con presencia de familias nucleares jóvenes con hijos
pequeños, así como de parejas sin
hijos, por lo general unidas recientemente. Esta combinación sugiere
una tendencia demográfica en pleno crecimiento, que subraya una
creciente demanda de servicios
ins tucionales dirigidos a niños,
adolescentes y adultos jóvenes. Lo
anterior se confirma si recordamos
que la proporción más elevada de
población en todo el municipio de

Zuazua, según datos del Ins tuto
Nacional de Estadís ca y Geograa (2005), se encuentra en el grupo cuya edad varía entre cero y 14
años, siguiéndole aquellos que enen entre 20 y 34 años de edad.
Si bien el número promedio de
colonos que habita en cada vivienda es de cuatro, las variaciones hacia abajo y hacia arriba de esta cifra
muestran la presencia de parejas
sin hijos y hogares unipersonales,
así como la existencia de viviendas
que albergan a más de una familia; cada una de estas diferentes
situaciones presenta a su vez condiciones de vida dis ntas y genera,
también, dinámicas diversas en el
interior del hogar.
Los datos anteriormente expuestos sugieren para la colonia
Real de Palmas una problemá ca
social muy puntual. De acuerdo a
los mimos, sobresalen los problemas de pandillerismo —riña entre
jóvenes y entre vecinos—, robos,
grafi , drogadicción, inseguridad,
violencia intrafamiliar, maltrato a
adultos mayores, alcoholismo y
venta de bebidas alcohólicas, falta
de servicios públicos y existencia
de lotes baldíos insalubres. Aunque con menor presencia, pero
también con el carácter de problemas graves, los focos de infección detectados en los recorridos
iniciales por la colonia, ponen en

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�Desarrollo Urbano

riesgo la salud de los pobladores,
y los bares y can nas, igualmente
detectados, abonan en favor del
incremento del alcoholismo; todo
esto demanda atención por parte
de las autoridades. Cabe señalar
que los problemas sociales referidos se encuentran relacionados
con la inseguridad existente en el
área de estudio y en la cual se encuentra involucrada principalmente la población joven, de acuerdo
al tes monio de los encuestados.
Las necesidades más apremiantes
expresadas por los encuestados,
consecuentes con los datos, son: la
vigilancia, la seguridad, las clínicas,
hospitales y servicios públicos.
Los habitantes de la colonia,
en proporción importante, perciben problemas en el transporte,
relacionados principalmente con
el costo para los usuarios y con el
empo que les lleva trasladarse a
otros municipios del AMM. Lo anterior revela que los colonos de
Real de Palmas viven aislados del
casco municipal de Zuazua y alejados de las fuentes de empleo y
de otras ins tuciones, lo cual les
dificulta o impide tener acceso a la
sa sfacción completa de sus necesidades económicas y sociales.
En torno al tema de salud, se
destaca que cuatro de cada cinco
habitantes cuenta con seguridad

social, principalmente como derechohabientes del IMSS. Sin embargo, sólo existe una unidad de medicina familiar, misma que cuenta con
dos consultorios y donde sólo uno
se encuentra en funcionamiento
en el turno matu no, y brinda únicamente atención primaria —no
urgencias—, en tanto que los derechohabientes que requieren atención especializada son remi dos a
unidades de ubicadas en el AMM.
Para atender este universo de
problemá cas par culares, es
conveniente la creación de mecanismos que den respuesta a las
necesidades expresadas por los
encuestados. Es conveniente que
el Estado, en sus tres niveles de
gobierno, oriente sus acciones o
programas con el fin de elevar los
procesos de mejoramiento ins tucional, distribución y asignación de
recursos humanos, técnicos, administra vos y financieros que generen las oportunidades para superar
la situación de vulnerabilidad existente en las zonas periféricas. Es
necesario, también, unir esfuerzos
a través de redes de apoyo e n t re
l o s h a b i ta n t e s y las ins tuciones a fin de que se implementen
programas y proyectos que den
respuesta a la problemá ca aquí
reseñada.

87

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�Desarrollo Urbano

Bibliograİa
Bazant, Juan, 2001, Periferias urbanas; expansión urbana incontrolada de bajos ingresos
y su impacto en el medio ambiente, México,
Trillas.
Hiernaux, Daniel, 2000, Las nuevas formas metropolitanas y su relación con el mundo rural en procesos metropolitanos y agricultura
urbana, México, Universidad Autónoma
Metropolitana.

Hernández Sampieri, Roberto, 2010, Metodología de la invesƟgación, México, Mc Graw
Hill.
El Periódico, 2006, 3 de diciembre, España, Extremadura.
Disponible en:
h p://www.elperiodicoextremadura.com/no cias/merida/la-zona-periferica-de-ciudad-gana-poblacion-endetrimento-del-centro_273419.html
Ministerio de Educación Nacional, 2005, Lineamientos de políƟca para la atención educaƟva
poblaciones vulnerables, Bogotá, Colombia.
Ins tuto Nacional de Estadís ca y Geogra a,
2005, EstadísƟcas Históricas de los municipios
Nuevo León, Monterrey, INEGI/Gobierno del Estado de Nuevo León.

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�Educación Media Superior y Educación Superior

El pentagrama de Ginger y la tutoría
Miguel Ángel Iglesias Cantú

Resumen

Introducción

A

El presente ensayo analiza los resultados de la primera inves gación que se realizó en la Facultad
de Trabajo Social y Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma
de Nuevo León (UANL) en febrero
de 2009. En ella se buscó determinar las áreas en que el estudiante
manifiesta tener algún problema a
fin de que el tutor tenga una mejor
intervención en el proceso de tutoría y que esa intervención genere
una toma de conciencia, lo cual implica la generación de ac tudes y
estrategias para lograr una formación integral del educando (Ramos,
A., 1999). Se buscó que el estudiante de cada uno de los cinco grupos
del segundo semestre manifestara
su percepción de cada una de sus
dimensiones personales y que sus
resultados se dieran a conocer a
los tutores grupales de cada grupo
para una planeación de su intervención tutora.
El concepto de ‘formación integral’ se refiere, según Azucena
Ramos Herrera (Ramos, A., 1999),
a la orientación metodológica que
promueve el crecimiento humano

yudar al estudiante a resolver los problemas que
enfrenta al estudiar y, a la
vez, proporcionar al tutor una visión de las áreas de oportunidad
en las cuales aplicar su función tutora para que su intervención tenga un efecto posi vo y el tutorado
pueda resolver integralmente sus
problemas, cons tuye función fundamental de la tutoría. Para ello,
mediante un cues onario, cada
estudiante se valora en las áreas
que integran su personalidad: académica, económica, religiosa, de
salud y social. Este cues onario se
construyó de acuerdo al Paradigma
Holográfico de Serge y Anne Ginger y su interpretación gráfica nos
permite visualizar cómo se percibe
el tutorado y por lo tanto en qué
áreas éste siente tener algún problema.
Palabras clave: tutoría, pentagrama, maestro, estudiante, scaﬀolding.

90

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�Educación Media Superior y Educación Superior

a través de un proceso que implica una visión mul dimensional del
ser humano. Para ello es necesario
disponer de una metodología coherente que nos permita observar
y obtener información para llegar
a un diagnós co integral que nos
acerque a los alumnos y sus diversas capacidades y problemá cas.
Cuando apenas ingresa, el estudiante de la Facultad de Trabajo
Social de la UANL se encuentra en
la etapa de la adolescencia y al terminar sus estudios universitarios
ha alcanzado la ciudadanía, conver do ya en un joven adulto.
Ese tránsito significa cambios
sicos y hormonales para él; también alcanza condiciones óp mas
de expresión corporal. En el plano
emocional implica la necesidad de
armonía, de afianzar la confianza
personal y su ubicación en la realidad. En el plano racional llega al
pensamiento formal, en el cual alcanza su máxima expresión, aunque con facilidad puede quedarse
en niveles de desarrollo cogni vo
que corresponden a etapas previas
a su edad cronológica.
Para una aproximación a lo que
significa la formación integral, es
necesario par r de un modelo del
desarrollo humano que permita
la incorporación al ámbito escolar
de todas las dimensiones que un

alumno manifiesta y que están referidas a su vida en general:

— Una dimensión que hace énfasis en la necesidad del cuidado de la salud sica y del
desarrollo orgánico y su influencia sobre el aprendizaje
del estudiante.
— La dimensión emocional
humana que incluye la ubicación y expresión de emociones como alegría, tranquilidad, seguridad, sa sfacción
y fortaleza. Este aspecto de
la experiencia humana, el de
la dimensión social, está muy
poco presente en los planes
curriculares de nuestras escuelas y es importante su
incorporación, dado que su
impacto en el aprendizaje es
fundamental.
— Dimensión académica: el
mundo racional o intelectual
se refiere a todas la ap tudes mentales que facilitan
al ser humano la resolución
de las situaciones que se le
presentan en la vida y la expresión crea va; incluye el
pensamiento formal y el razonamiento lógico en general y sus habilidades primarias como el razonamiento
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�Educación Media Superior y Educación Superior

verbal, matemá co y mecánico.
— La dimensión que abarca la
vida económica, social y comunitaria del estudiante, es
decir, la forma en que está
inmerso dentro de su medio social, los papeles que
desempeña en él, con todas
sus implicaciones en cuanto
a clase social, raza, familia y
educación.
— El desarrollo implica también una relación cósmica, el

plano trascendente de la experiencia humana; se podría
hablar de su aspecto religioso y de valores.
El desarrollo humano integral ende hacia un equilibrio de todas las
dimensiones, aunque el equilibrio
perfecto ocurre sólo en el modelo
teórico. La experiencia de cada estudiante se manifiesta de manera
diferente en cada una de las cinco
áreas, lo cual no siempre indica riesgos o problemas de aprendizaje:

EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO: SERGE Y ANNE GINGER
Intelectual

Emocional

Social

Material

Trascendental

92

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�Educación Media Superior y Educación Superior

Para esta inves gación, las e quetas del pentagrama se adecuaron al
instrumento de inves gación, cuya
equivalencia es la siguiente:

Pentagrama

Instrumento

Intelectual

Académico

Social

Económico

Transcendental

Religión o valores

Material

Salud

Emocional

Dimensión social

Su visión es que los estudiantes y
sus experiencias en el aprendizaje no pueden separarse, sino que
conforman un ente en el que sus
diferentes áreas o dimensiones
interaccionan entre sí con todo lo
que ello implica, como podría ser la
influencia de una mala salud en el
desempeño académico.
El pentagrama de Ginger permite una par cipación ac va en el
proceso de enseñanza-aprendizaje
tanto del maestro como del estudiante en todas las diferentes áreas
de su vida, sea personal o académica. Al estudiante le proporciona la
posibilidad de hacerse consciente
de una serie de requerimientos
que necesita en su paso por el aula
para desarrollarse o formarse integralmente. Esta toma de conciencia
—resultado de un análisis personal

en las áreas académica, económica, de valores, salud y dimensión
social— facilitará el proceso de tutoría y logrará que los actores del
proceso de enseñanza-aprendizaje,
maestro y alumno, tomen las decisiones o elaboren e implanten las
polí cas y acciones necesarias que
impulsen al estudiante tutorado a
su mejoramiento escolar y general.
Procedimiento
Siguiendo los conceptos teóricos
de Serge y Anne Ginger, al estudiante se le pide que reflexione sobre lo que él es dentro o fuera de la
facultad en relación con sus cinco
dimensiones; y que cada estudiante represente en forma gráfica sus
percepciones en forma de una estrella personal de cinco picos de
acuerdo al nivel de desarrollo en
que se encuentra. En la inves gación se pide además al estudiante que valore, en una escala del
1 al 10, su percepción alcanzada
en cada área, así como contestar
varias preguntas sobre cada una
de dichas áreas, ello a manera de
verificación de la apreciación que
ene cada estudiante de aquéllas.
Es importante mencionar que a las
áreas con un valor bajo las llamaremos “áreas de oportunidad para
la intervención del tutor o traba93

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�Educación Media Superior y Educación Superior

jador social”. Es conveniente en
este momento poner un ejemplo:
el maestro tutor pide al estudiante
que reflexione sobre el valor que

le da a cada eje y los resultados se
reflejan en la tabla 1 y el gráfico 1,
representando la percepción de
cada uno.

Tabla 1. La apreciación de cada estudiante
Valor Áreas

Académico

Económico Religión

Salud

Dimensión
social

Valor ideal para
cada área

10

10

10

10

10

Valor que indica
el estudiante

8

5

8

5

8

Fuente: el cues onario de la inves gación.

Procederemos a graficar la percepción del estudiante y tendremos que
Gráfica 1. La apreciación de cada estudiante

Académico
10
8
6
4
2
0

Dimensión
Social

Salud

Económico

I=

Valor Ideal
Valor del Estudiante

Religión

Fuente: el cues onario de la inves gación.

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�Educación Media Superior y Educación Superior

Hallazgos

Bibliograİa

En la primera etapa, el estudiante
menciona como áreas de oportunidad las dimensiones económicas y
de la salud, pues para un comportamiento funcional menciona tener
en estas áreas una media de cinco
y no de ocho —ver como sucede en
las otras áreas en la tabla y el gráfico 1—, conceptuándose como una
debilidad que podría ser atendida
por el maestro tutor dándole a conocer al estudiante las áreas per nentes de la universidad o las áreas
de gobierno que lo puedan ayudar.

Ginger, Serge y Anne Ginger, 1992, La Gestalt,
una terapia de contacto, Editorial El Manual
Moderno
Ramos Herrera, Azucena, 1999, “La formación
integral”, en Azucena Ramos Herrera y Ricardo Vázquez Valls, Manual para el desarrollo integral, México, Editorial Amate, pp.
19-22.

Conclusión
El llenado por parte del estudiante
y el análisis del tutor acerca de lo
manifestado por los estudiantes
en el proceso de enseñanza-aprendizaje les permite a ambos tomar
conciencia de sus fortalezas y debilidades y llevar a cabo las acciones
necesarias para solucionar sus debilidades o, bien, para mejorarlas
en caso de estar considerando sus
fortalezas.

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�Educación Media Superior y Educación Superior

Anexo
CuesƟonario aplicado al estudiante
Universidad Autónoma de Nuevo León
Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano
Fecha ___________
Núm. cues onario________

Grupo _________
Dimensión social

Se entenderá por dimensión social la forma en que el estudiante interactúa con la sociedad. Se pide su opinión respecto a cómo piensa que
realiza esta función con los demás miembros de la sociedad.
Dimensión social __________ . El valor mínimo será 1 y el máximo, 10
Conteste las siguientes preguntas marcando x en su respuesta. Se deberá contestar sólo una opción. No podrán quedar preguntas en blanco.
Muy frecuentemente

Algunas veces

Muy de vez en

Nunca

cuando
¿Discute usted
con su familia?
¿Comparte la
opinión de los
demás?
¿Comunica
fácilmente su
opinión a los
demás?
¿Se asegura
de que su
opinión es
comprendida?

96

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�Educación Media Superior y Educación Superior

Religión
Religión l ___________ . El valor mínimo será 1 y el máximo, 10
En esta dimensión el estudiante selecciona si prác ca su religión, ene
valores y los observa, etcétera.
Conteste las siguientes preguntas marcando x en su selección. Se deberá contestar sólo una opción. No podrán quedar preguntas en blanco
Muy
frecuentemente

Algunas

Muy de vez
en

Nunca

veces
Cuando

¿Asiste a
servicios
religiosos?
¿Practica su
religión?

¿Piensa en
Dios?

¿Piensa que
está bien
que una persona tenga
otra religión?

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�Educación Media Superior y Educación Superior

Salud
3. Salud ___________ . El valor mínimo será 1 y el máximo, 10
En esta dimensión el estudiante indicará con un valor del 1 al 10 su
estado de salud. Ejemplo: 10 sería un estado op mo de salud y 1 el de
un estado pésimo de salud.
Conteste las siguientes preguntas marcando x en su selección. Se deberá contestar sólo una opción. No podrán quedar preguntas en blanco; se debe indicar qué enfermedad padece.
Sí

No

¿Cuál?

¿Padece alguna
enfermedad?
_______________
¿Se enferma con
frecuencia?
_______________
¿Viene a clase sin
comer?
¿Por
qué?___________
¿Tiene sobrepeso?
Aprox.__________

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�Educación Media Superior y Educación Superior

Económico
4. Económico ___________ . El valor mínimo será 1 y el máximo, 10
En esta dimensión el estudiante indicará con un valor del 1 al 10 su
estado económico Ejemplo: 10 sería un estado económico óp mo y 1
el de un estado económico pésimo.
Sí

No

¿Trabaja usted?
¿Su papá trabaja
actualmente?
¿Tiene casa propia?

Académica
5. Académica ___________ . El valor mínimo será 1 y el máximo, 10
En esta dimensión el estudiante indicará con un valor del 1 al 10 su
situación académica. Ejemplo: 10 sería un situación op ma y 1 el de
un estado pésimo.
Sí

No

¿Tiene alguna
materia pendiente?
¿Cuál?
________________
¿Se le dificulta
alguna materia?
¿Sabe usted
quién es su tutor
individual?
¿Sabe usted quién
es su tutor grupal?

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�Educación Media Superior y Educación Superior

Perfil ético-académico de estudiantes
de nivel superior:
Reflexión del docente a partir de
la experiencia cotidiana en el aula
J. Jesús Pérez López
Rebeca Guerra Orona
Juan Manuel GuƟérrez Rodríguez

Resumen

L

os autores plasman en el presente ar culo el resultado de
una reflexión, realizada por
cada uno de ellos y comentada
en equipo, acerca de la necesidad
de conocer el perfil real de los estudiantes universitarios a los que
a enden día con día dentro de las
aulas. Más que en el perfil de conocimientos y habilidades vistos
como aspectos separados, que desde luego consideran importantes,
el énfasis del ar culo está puesto
en la integración de aquéllos a las
ac tudes, par cularmente al perfil
é co. Se hace pues una descripción
de las dis ntas experiencias por las
que pasa la relación maestro-alumno dentro del aula, derivando de
las mismas la necesidad de conocer a fondo la realidad académica,
ap tudinal y ac tudinal del estu-

diante a fin de mejorar la intervención docente en cada caso.
Palabras clave: perfil del estudiante, perfil é co, trabajo en el aula.
Introducción
La Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) “ ene como misión la formación de bachilleres,
técnicos, profesionales, maestros
universitarios e inves gadores capaces de desempeñarse eficientemente en la sociedad del conocimiento; poseedores de un amplio
sen do de la vida y con plena conciencia de la situación regional,
nacional y mundial; que aplican
principios y valores universitarios,
se comprometen con el desarrollo
sustentable, económico, cien fico,
tecnológico y cultural de la humanidad; son innovadores y compevos, logran su desarrollo perso-

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�Educación Media Superior y Educación Superior

nal y contribuyen al progreso del
país en el contexto internacional”
(Universidad Autónoma de Nuevo
León, 2012).
Cada semestre, miles de jóvenes acuden a cada una de las escuelas y facultades de la UANL con
el fin de integrarse a ese ejército
de personas que trabajan y luchan
para formarse como profesionistas: muchachas y muchachos que
acaban de terminar su educación
media superior, es decir, el bachillerato, y que buscan con mucho
interés un lugar en las aulas universitarias, tratando de hacer suyos
los conocimientos y las habilidades
que los habiliten para desempeñar
una profesión.
¿Cómo son, cómo se comportan
y con qué cuentan para ubicarse en
una ruta de formación profesional?
¿Cuáles son sus conocimientos,
sus habilidades y sus actitudes
para enfrentar una tarea de
suyo compleja? ¿Cuál es el perfil
con el que entran y cómo van
respondiendo a las tareas de su
formación? ¿Cuál es su perfil éticoacadémico?
Durante varios semestres, los
autores hemos observado el comportamiento de alumnos universitarios de diferentes grados. Algunos son diligentes, cuidadosos,
cumplidos, responsables y me culosos; otros son simplemente

diferentes. Existen muchos factores que influyen en ellos, antes y
durante su estancia en la universidad: sus familias, las diferentes
instancias escolares por donde han
pasado, el entorno social, par cularmente los medios de comunicación, y muchos otros. La universidad es una ins tución que está
hecha para formar; sus instalaciones y estructura organizacional están pensadas para formar personas
y profesionistas con un perfil determinado; si ellos vienen a formarse,
entonces hay que formarlos con, y
a pesar de, los factores influyentes
del entorno externo. Los maestros
universitarios enen bien claro el
perfil que quieren lograr en ellos,
los conocimientos, las habilidades
y las ac tudes que deben lograr.
Las ins tuciones de educación
superior cuentan con documentos
orientadores del trabajo pedagógico y didác co en los que establecen
las competencias que los estudiantes deben lograr. También están los
perfiles de egreso de cada facultad:
documentos orientadores, guías
para la formación del perfil profesional de los estudiantes.
¿Por qué puede ser interesante
conocer su perfil ético-académico?
Lo ético y lo académico son dos
ámbitos de lo humano que no
pueden separarse; la formación
profesional de nuestros estudiantes
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�Educación Media Superior y Educación Superior

no sólo comprende lo intelectual
y lo procedimental, también está
presente la esfera actitudinal y
de los valores. Su formación tiene
un impacto dentro del campo de
la ética que les debe quedar bien
claro, no sólo en la etapa de su rol
de estudiante, sino principalmente
cuando ejerzan su profesión, porque su quehacer se verá reflejado
en una relación humano-é ca.
El concepto de competencia
combina atributos referidos a diferentes órdenes de la persona: a)
los conocimientos, ap tudes y destrezas técnicas: saber; b) las formas
metodológicas del proceder en una
ac vidad: saber hacer; c) las pautas y formas de comportamiento
individuales y colec vas: saber estar; y d) las formas de organización
e interacción: saber ser (Soler, I.,
2009).
El componente é co se puede
entender como competencia transversal o genérica e interpersonal,
según el Proyecto Tuning (h p://
tuning.unideusto.org/tuningal/).
El desarrollo de la solidaridad en
el alumno podría ser considerado
como un componente de esta competencia relacionada con el “saber
estar” y el “saber ser”
Las ins tuciones educa vas
son universos complejos donde se
vive de manera intensiva una rica
interacción entre sus componen-

tes; tales ins tuciones enen obje vos y/o metas que alcanzar, de
tal modo que alumnos, maestros y
personal direc vo están en acción
con nua, planeando, realizando
o evaluando y replanteando sus
ac vidades. Las ins tuciones educa vas se expresan, generalmente, en un esquema prediseñado
de ac vidades; se ene calculado
qué hacer y qué obtener con tales
acciones en determinado empo,
pero es claro que queden muchos
detalles no contemplados en sus
planeaciones.
¿Qué hacen y cómo se
relacionan los maestros y alumnos
en el aula de clase? Generalmente,
lo que se observa de ese quehacer
son los productos, es decir, datos
en función de calificaciones. Por
lo general, quedan ocultos las
actitudes, los procedimientos, los
comportamientos que dibujan el
perfil de maestros y estudiantes.
En el trato diario con los alumnos, los maestros observan que
hay algunos que son puntuales,
generalmente se sientan en las filas de adelante, están atentos a
las indicaciones, les gusta par cipar, plantean sus dudas y hacen
comentarios relacionados con los
temas que se tratan. Esos alumnos
generalmente toman notas, hacen
sus lecturas y eventualmente enen el ánimo de leer algunos datos

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relacionados con las ideas centrales de los temas, datos, detalles o
personajes; generalmente enen
sus cuadernos en orden y entregan
sus tareas o trabajos en empo. En
su trato con los maestros son respetuosos y son sociables con sus
compañeros; se advierte que su
entorno social-familiar les es favorable, que enen control del empo y enen muy claro lo que quieren y lo que les corresponde hacer
cada día.
Hay otros que no son así y cuyo
desempeño como estudiantes deja
mucho qué desear, pero no hay
quién se los diga, quién los oriente,
o ellos mismos no enen disposición para escuchar una sugerencia
o una orientación. Los maestros
nos concretamos a entregar resultados de sus aprendizajes y nadie
quiere ahondar en tales resultados;
así, se van acumulando resultados
de bajo rendimiento y un comportamiento que no es favorable a su
preparación. Son estudiantes que
no enen control del empo, casi
siempre llegan tarde, se sientan en
el lugar que encuentran solo; como
no saben de qué se está hablando,
se comportan como desorientados, no traen libreta, tampoco lápiz, preguntan a los demás de qué
están hablando, y como nadie les
hace caso, mejor salen del aula,
pero regresan para jus ficar su

asistencia, no toman notas, no leen
y no saben cuándo deben entregarse trabajos o tareas; se observan
en suma fuera de lugar.
Estas reflexiones nos brindan
ya de conjunto una problemá ca
que planteamos en los siguientes
términos: ¿cuál es el perfil é coacadémico de los estudiantes universitarios?
Perfil éƟco-académico
Este trabajo se refiere al perfil é co-académico de los estudiantes
universitarios a los que los autores
a enden co dianamente en virtud
de su ejercicio académico. Cuando
se habla de perfil, se hace referencia a: “Conjunto de cualidades
o rasgos propios de una persona o
cosa” (The Free DicƟonary, 2012);
la forma como se comportan las
personas; en este caso, nos referimos a la forma cómo son los jóvenes en su rol de estudiantes.
El concepto de perfil
se u liza para nombrar al conjunto de los rasgos que caracterizan a alguien o a algo.
En el caso de los seres humanos, el perfil está asociado a
la personalidad. Escuchamos
con frecuencia estas expresiones: Estamos buscando una
persona de perfil humanista
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para desempeñarse en el área
de relaciones públicas. El entrenador pidió la contratación
de un volante de perfil ofensivo
para completar el equipo. Ambos candidatos son parecidos,
aunque García Ɵene un perfil
más conservador. No me gusta
el perfil de este hombre para dirigir la empresa… (Definición.
DE, 2012).

Dice Aznar (1981) que un perfil
debe responder a la configuración
de cuatro componentes:
Dominio de conocimientos inherentes a un área determinada.
Descripción de lo que realizará
(tareas, ac vidades, acciones,
etc.) como consecuencia de ese
dominio.
Adquisición de valores y ac tudes inherentes al desempeño
de la profesión.
Destrezas que deberá desarrollar o que ha desarrollado.
(S/A, “Notas en torno a definiciones del perfil”).

Horacio y Litzajaya Mercado Vargas
señalan:
Las corrientes psicológicas y
pedagógicas reconocen etapas
o momentos par culares en
el desarrollo del individuo. Se
resalta la aparición de ciertos
procesos intelectuales, socia-

les y afec vos. Es importante
reconocer el perfil del estudiante de las Ins tuciones de
Educación Superior (IES): par cularmente sus competencias.
Su ubicación en las dis ntas
nociones de edad reconocidas:
cronológica y social. En este
contexto se acepta que se trata de un período de transición
hacia la adultez (adolescencia
tardía). El estudiante promedio
de las IES, ene entre 18 y 23
años. Desde el punto de vista
sico-fisiológico ha alcanzado
la madurez en todas sus funciones. Los jóvenes de esta edad
han debido alcanzar un nivel
de pensamiento complejo, de
mayor rigor y autonomía, que
les permite concebir de manera dis nta los fenómenos a los
que se enfrentan. En la perspec va construc vista se denomina: pensamiento formal.

Los autores son muy claros al referir el significado del perfil: esto es
lo que le interesa a este trabajo, revisar y precisar la forma de ser de
los alumnos de esta facultad para
saber con qué contamos y qué es
lo que se ene qué hacer para ayudarlos en su formación profesional.
Estudios antecedentes
El tema del perfil de los estudiantes
de educación superior no es algo

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nuevo; se han hecho numerosos
estudios al respecto, a nivel local,
nacional y en otros países.
En Estudiantes, valores y tendencias valorales en la Facultad de
Filosoİa y Letras de la Universidad
Autónoma de Nuevo León, Guadalupe Chávez González (2003) “describe la forma en que los estudiantes usan su empo y los valores
que privilegian en ello; el aspecto
religioso… como elemento de idendad; cualidades que los iden fican en lo individual… y los intereses y expecta vas que enen en su
modo de vida”.
Inés Soler Julve (2009), doctoranda de la Universidad de Valencia, España, señala que “existen
muchos estudios sobre aspectos
socioeconómicos de los estudiantes universitarios, pero no existen
sobre lo que pasa en el trascurso
de su formación”. Así, su estudio
“aporta una visión esclarecedora
dentro de la opacidad que rodea
la realidad de los estudiantes universitarios; contribuye de forma
notoria a construir lo que podemos
llamar una sociología del oficio de
estudiante universitario. Su mejor
virtud es la de pretender mostrar a
los estudiantes tal como son y no
tal como nos gustaría que fueran”
(Soler I., 2009). Por su parte, Martha Vázquez Reyna (2010).

parte de [que] la tasa de abandono universitario se atribuye
a las caracterís cas psicológicas del propio estudiante. El
informe “Variables psicológicas
y educa vas en el abandono
universitario”, del grupo de inves gación del Departamento
de Psicología Evolu va y de la
Educación de la Universidad de
La Laguna, concluye que en las
percepciones del alumno estas
variables son más relevantes
que las contextuales.

En general, los maestros conocemos a los alumnos por sus resultados, los que aprobaron, los que
enen buenos resultados, los que
a marchas forzadas avanzaron y los
que defini vamente se perdieron
en el camino. ¿Qué sucede en ese
trayecto entre el principio y el fin
de un semestre o de una carrera.
¿Cómo son los estudiantes, cómo
se comportan?
El maestro debe conocer a sus
alumnos
Sin duda que el maestro debe conocer a sus alumnos. Es necesario
conocer sus datos de familia, sus
antecedentes como estudiantes,
sus habilidades intelectuales y opera vas que tendrán que desarrollar
como estudiantes, dado que sus
tareas diarias se los exige; es ne105

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�Educación Media Superior y Educación Superior

cesario conocer también su estructura moral para saber hasta dónde
están dispuestos a par cipar en su
propia formación y la ac tud que
asumirán como par cipantes en
un entorno social en el que están
inmersos.
¿Qué esperan los maestros de
sus alumnos? Seguramente que
sus alumnos estén siempre dispuestos a participar en las múltiples
actividades que se desarrollan en el
aula. Esta relación maestro-alumno
parece simple; el caso es que
algunas veces se vuelve exigente,
obligatoria y hasta intransigente: el
alumno no ene un solo maestro,
sino muchos, y cada uno dispone y
pide y espera cumplimiento en sus
ac vidades. Cuando esto sucede,
el alumno se ve abrumado por muchas ac vidades y compromisos,
trata de cumplir con todos, pero a
veces no puede porque para lograr
lo que quiere se necesitan habilidades y experiencias que a veces no
ene o que no están firmemente
desarrolladas, y entonces viene el
rezago, llega la desesperación y el
desgano.
¿Qué esperan los alumnos de los
maestros? Seguramente que dominen sus campos disciplinarios,
que tengan un buen repertorio
de estrategias didácticas, pero,
sobre todo, que tengan deseos de
ayudarlos a aprender, que incluso

disfruten su trabajo ayudándolos a
la construcción de susaprendizajes,
sin perder el respeto y una buena
comunicación para que lo que se
aprenda tenga un buen soporte
humano y técnico. Habrá alumnos
cuyo proceso de aprendizaje es rápido y ágil, pero habrá alumnos que
no son así; entonces es importante
diferenciar y ayudar, saber esperar para que las actividades de
aprendizaje y de relación social
humana no se limiten sólo acumular datos e informaciones.
Cuando los alumnos llegan a la
universidad, ¿qué traen, con qué
cuentan, cuáles son sus habilidades intelectuales y opera vas, morales y sociales para trabajar por su
formación profesional? Generalmente, los profesores suponen que
los alumnos traen sus “armas” para
desempeñarse en la que será su
profesión: enen un historial favorable por sus experiencias, por sus
conocimientos, por sus habilidades
desarrolladas en sus niveles previos, saben leer y entender bien,
redactar, analizar textos, argumentar, inferir, buscar, seleccionar y
exponer información, hacer propuestas y una cultura general, de
historia, geogra a y ciencias, cómo
trabajar en equipo, enen facilidad para preguntar y relacionarse
con sus compañeros de trabajo. Si
tal hipótesis es correcta, qué bien,

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�Educación Media Superior y Educación Superior

todo saldrá como se espera, pero
si esto no sucede así, entonces los
alumnos tendrán muchas dificultades y seguramente entrarán en ese
síndrome llamado burnout, del que
hablaremos en seguida.
Una ruta larga
Por lo general, los alumnos que llegan a la universidad en los primeros tres o cuatro semestres ponen
mucha voluntad en su trabajo, pero
ese ímpetu se va desdibujando
hacia el cuarto o quinto semestre
para ir decayendo en los siguientes; ese fenómeno puede verse
en cada semestre: en las primeras
semanas de trabajo se observa mucha ac vidad, pero más allá de la
semana seis o siete, el ánimo se va
opacando.
Es importante encontrarle una
explicación a este comportamiento. El doctor Herbert Freudenberger, psicólogo norteamericano,
habla del fenómeno burnout. Este
comportamiento, según Freudenberger, lo padecen todas las personas cuando viven un compromiso
prolongado de trabajo. Eso puede
pasar con los estudiantes en la universidad y con cualquier trabajador
que se satura de tareas y enfrenta
un lapso corto que le resulta imposible realizar; entonces viene la
preocupación que se traduce en

cansancio, desgano y aba miento.
El síndrome burnout se presenta
en varias fases: la primera es la inicial o de entusiasmo; este primer
momento
aparece cuando nos ofrecen un
nuevo puesto de trabajo que
deseamos y en el que tenemos
puestas unas buenas perspec vas de futuro. En este momento
experimentamos un gran entusiasmo, parece que estamos
llenos de energía e incluso no
nos importa quedarnos más
empo del habitual en el trabajo. El segundo momento llamado Fase de estancamiento,
se presenta cuando nos vamos
dando cuenta de que aquellas perspec vas de futuro tan
posi vas que teníamos no se
cumplen. Empezamos a dar
vueltas a las cosas, hasta llegar
al punto en el que sen mos
que la relación que existe entre
el esfuerzo que realizamos y la
recompensa que tenemos del
trabajo, no está para nada equilibrada. En este momento ene
lugar un desequilibrio entre las
demandas y los recursos con lo
que parece irremediablemente
un problema de estrés psicosocial, así que nos sen remos
incapaces de dar una respuesta
eficaz cuando se nos planteen
los problemas co dianos del
trabajo. La tercera fase llamada
Fase de frustración se presen107

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�Educación Media Superior y Educación Superior

ta cuando (…) llegado a este
punto, como cada vez estamos
más desmo vados con nuestro trabajo y el entorno que le
rodea, nos aparece irremediablemente un sen miento desagradable como una mezcla de
frustración, desilusión y desmoralización… Luego viene la
Fase de apa a (…) La situación
ya llega a ser casi insostenible
y como una especie de defensa
cambiamos nuestras ac tudes
y conducta… Y por úl mo, viene la fase que el autor llama
Fase de quemado… Ahora si
que ya tocamos fondo, nuestro
cuerpo decide que ya no sigue
más y nos da un colapso emocional y cogni vo que conlleva
importantes consecuencias para nuestra salud. Esta situación
nos puede empujar a dejar el
empleo y arrastrarnos a una
vida profesional de insa sfacción equivale a estar quemado.
(http://contenidos.universia.
es/especiales/burn-out/concepto/index.htm)

Este modelo explicaría lo que les
pasa a muchos de los estudiantes en
esa ruta larga de su carrera, sus bajadas y subidas en su rendimiento escolar. Habría que observar y dialogar
con ellos para saber qué pasa, cómo
se sienten en la sexta o sép ma semana del semestre, o en el semestre
cuarto o quinto de su carrera.

Independientemente del peso
que le diéramos a ese síndrome,
es importante también ver con qué
cuentan nuestros alumnos; con algunos no habrá problemas porque
enen suficientes “armas” para
responder a sus compromisos de
trabajo o de relación con el entorno; habrá quienes enen voluntad
pero no enen el dominio ni de conocimientos ni de habilidades o actudes: a ellos habrá que apoyarlos y orientarlos; pero habrá otros
a los que defini vamente tendremos que ver muy de cerca para que
afinen sus comportamientos, sus
conocimientos, sus habilidades y
sus ac tudes; tendremos pues que
ayudarlos a formarse.
Es entonces fundamental hacer
un trabajo serio para asegurarse de
lo que los alumnos traen al ingresar
en una carrera universitaria. Hacer
ese mismo trabajo en la mitad del
camino y al final será sin duda una
tarea sana para los universitarios,
pero también para sus maestros y
para la ins tución; todos ganarían.
Una información confiable sobre
las “armas“ de los estudiantes permite a los maestros poder par r
de datos reales respecto a la disposición de los alumnos; se busca
aprovechar sus habilidades, pero
reforzar y tal vez formar algunas
más; se busca que la formación del

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�Educación Media Superior y Educación Superior

alumno se convierta en una experiencia gra ficante; es necesario no
sólo servirse de datos para evaluar
la formación del alumno, se trata
de que el proceso de aprendizaje
sea un trabajo consciente para que
sea un compromiso aceptado libremente. No basta el conocimiento
o información que el estudiante
alcance a construir, se trata de un
proceso mucho más complejo,
de que su desarrollo sea integral,
comprendido y for ficado por los
valores del propio alumno.
Una vez que han quedado claras las fortalezas de los alumnos y
también sus debilidades, se podrá
hacer un trabajo ins tucional y
cada maestro podrá implementar
algunas medidas para que su labor
esté más fundamentada en la realidad del alumno y no sólo en los
programas de estudio. No se trata
de abaratar la formación profesional de los alumnos, sino de hacer
un trabajo soportado en hechos de
la propia realidad que son los alumnos, los profesores y las ins tuciones y la sociedad, la cual espera
profesionistas capaces, integrales.
Se podría decir que se trata de
formar profesionistas para la vida,
para que le sirvan a una sociedad
que los forma y espera que le den
lo mejor.

¿Qué hacer?
Debe hacerse algo para conocer
de cerca su comportamiento. Y lo
mejor que se puede hacer es obtener la información que nos permita intervenir; es inmoral y a todas
luces incorrecto ver que algo no
se está haciendo bien y cruzarse
de brazos, y más aún con nuestros
alumnos que han venido a nosotros para formarse. Una entrevista
con quienes lo requieran puede ser
una respuesta acertada. Una entrevista como técnica de obtención de
información permite el encuentro
cara a cara con el entrevistado; eso
favorece obtener una información
fresca y actualizada. “Las ventajas
de una entrevista son valiosas porque más que un interrogatorio se
puede conver r en una conversación, así, estableciendo confianza
con los entrevistados, se puede
obtener datos que no se pueden
obtener de otra manera” (Taylor, S.
y R. Bogdan, 1998: 101). Eso permi ría conocer de cerca a los estudiantes: conocer su perfil é coacadémico.
Conclusiones
La dinámica que se vive en las escuelas nos lleva muchas veces a
pasar por alto detalles importantes
del comportamiento de los alum109

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�Educación Media Superior y Educación Superior

nos que nos pueden decir mucho
sobre su desempeño como estudiante; al reconstruir lo que pasa
dentro de las aulas, seguramente
aparecerán muchos detalles que
los profesores y los alumnos podríamos aprovechar.
La doctora Inés Soler habla de una
sociología del aula: qué hacen, qué
dicen, cómo hablan, cuánto hablan, cómo interactúan maestros
y alumnos adentro del aula, considerando que es en ésta donde se
generan los aprendizajes.
Los alumnos preguntan, muestran
interés, ¿qué ac tudes muestran,
par cipan en las ac vidades que
les permiten construir sus aprendizajes? Asisten a clase, toman notas,
leen, consultan, redactan. ¿Cómo
es esa relación entre los que enseñan y los que aprenden? Por ello,
es en este momento importante
documentar lo que sucede en ese
espacio que se llama aula.

Definición.DE, 2012.
Disponible en:
h p://definicion.de/perfil./
Freudenberger, Herbert,
Disponible en:
http://ojs.uv.es/index.php/attic/article/
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Mercado Vargas, Horacio y Litzajaya Mercado
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Disponible en:
http://www.eumed.net/libros/2010f/885/
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Disponible en:
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Disponible en:
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Soler Julve, Inés, 2009, “El estudiante universitario: un perfil heterogéneo y un compromiso
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Taylor, Steven J. y Robert Bogdan, 1998, Introducción a los métodos cualitaƟvos de invesƟgación, México, Paidós.
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Misión.
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(Consultado el 5 de abril de 2012.)
Disponible en:
(http://contenidos.universia.es/especiales/
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Chávez González, Guadalupe, 2003, “Estudiantes, valores y tendencias valorales en la Facultad de Filoso a y Letras de la Universidad
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pdf

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18/05/2012 09:19:01 a.m.

�Educación Media Superior y Educación Superior

La percepción de los estudiantes
respecto de la educación media
superior
Emmanuel Díaz del Ángel
José B. García Horta

Resumen

E

n este trabajo se explora la
percepción que enen los
estudiantes sobre Educación
Media Superior. Para ello, se elaboró un instrumento conformado por
ítems po Likert que buscaban indagar sus puntos de vista sobre los
maestros, la ins tución, los temas
que revisan en clase y los estudiantes. Con la idea de contar con un
marco referencial que permita interpretar los resultados, se recurren
a diversos marcos conceptuales:
interaccionismo simbólico, teoría
de la complejidad, posmodernismo
y construccionismo. La idea no es
probar estas aproximaciones teóricas, sino retomar algunas de sus
formulaciones para darle sen do a
lo encontrado en la aplicación del
cues onario. Se presenta un ejercicio de validación del instrumento y se entrecruzan algunas de las
secciones del mismo, u lizando los
marcos referenciales para aventurar
algunas explicaciones.

Palabras clave: Educación media
superior, Percepción del estudiante,
Introducción
En el sistema educa vo mexicano
hay ins tuciones formadoras de
maestros para los niveles de prescolar, primaria y secundaria: las escuelas normales. Para el caso de la
educación media superior (EMS) y
la educación superior, empero, la
cues ón es diferente.
El docente de bachillerato se
enfrenta a cierto contexto dentro del salón de clase que le exige
no sólo compar r el contenido de
cierto programa, sino también espacio, empo y la dinámica entre
maestro y alumno; sin embargo,
al no tener una preparación profesional para tal empresa, frecuentemente se guía por sus creencias,
ac tudes, significados y supuestos
que determinan, en gran medida,
su prác ca docente (López Bonilla,
2009).
Ante la ausencia de una ins tución formadora de docentes para la
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EMS, el maestro opta por realizar
su tarea de acuerdo a supuestos
que se remontan a su época de estudiante o a sus primeras experiencias como docente (Báez, 2007).
Colom (1994) indica que hay
un atraso con respecto al po de
educación que se ofrece y la que se
requiere en la actualidad; en cierto sen do, se intenta enseñar con
formas que ya han quedado desfasadas, por decir lo menos.
El estudio aquí descrito se centró en la percepción de los alumnos
con respecto a ciertas cues ones
referentes a la EMS, tales como el
docente, la ins tución, el plan y los
programas de estudio y su propio
quehacer como estudiantes, con la
intención de conocer un poco más
de cerca la forma de pensar de los
jóvenes con respecto a este nivel
educa vo.
Las preguntas de inves gación
formuladas fueron:

• ¿Cómo ve el alumno a la instución en que estudia?
• ¿De qué manera percibe el
alumno de la EMS las formas
de enseñanza del maestro?
• ¿Consideran los alumnos
que los temas de clase son
adecuados para su formación?

• ¿El alumno considera que
sus ac vidades en clase son
suficientes para obtener un
buen aprovechamiento?
La información se obtuvo de dos
preparatorias, una pública y otra
privada, con la idea de captar puntos de vista diversos.
Algunos apuntes con respecto a la
educación medía superior en México
De acuerdo con la Ley General de
Educación, la EMS comprende el
bachillerato y equivalentes; es posterior a la secundaria y su población la integran sobre todo jóvenes
de entre 15 y 18 años. Entre sus
principales funciones se ene que
es forma va, propedéu ca y prepara para el trabajo.
Asimismo, se mencionan algunas caracterís cas de los docentes;
entre otras, debe tener: autoridad
moral, habilidad para es mular la
curiosidad, conocimiento de las
caracterís cas pedagógicas que
par cularizan a los estudiantes, conocimiento teórico y metodológico
de la psicopedagogía y cultura en
general, además de conocimiento actualizado sobre el acontecer
nacional e internacional relevante
para el desarrollo del estudiante,
para sí mismo y para la ins tución.

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Respecto de los alumnos, diversos estudios han encontrado
que poseen ciertas capacidades y
habilidades para poder tener un
aprendizaje significa vo, por lo que
en mucho depende de la forma en
que se imparte ese aprendizaje
para alcanzar su comprensión; es
decir, cuenta con ciertas habilidades que deberían ser promovidas
por el docente (Díaz Barriga, 1994).
En cuanto al discurso del profesor,
los alumnos sienten distanciamiento y falta de solidaridad cuando su
exposición predomina en el aula;
es decir, no es suficiente con que el
mentor domine el tema, sino que
sea justo y a su vez los escuche (Camacaro, 2008).
Primer acercamiento al tema
Con la idea de hacerse de una perspec va general de los escenarios
y los posibles par cipantes en el
estudio, así como aprovechar la
oportunidad para tener una visión
general del tema, se pensó en realizar un primer acercamiento, para
el cual se visitaron dos preparatorias. Adicionalmente, se pensó que
este ejercicio también serviría para
delinear los temas que conformarían el instrumento defini vo para
la colección de datos; en ese sendo, se establecieron algunas preguntas generales relacionadas con

el tema. Las preguntas fueron:

— ¿Para qué estudias la preparatoria?
— ¿Qué te parece el ambiente
general de tu preparatoria?
— Desde tu perspec va, ¿qué
te parecen los temas que revisas en clase?
— ¿Qué opinas de tus maestros?
— Si pudieras cambiar algo de
tu prepa, ¿qué cambiarías?
Sin embargo, este primer acercamiento no fue tan afortunado
como se esperaba, ya que se percibió en los alumnos poca cooperación; no obstante, los comentarios
sirvieron para relaborar las preguntas e intentar un segundo acercamiento. En la segunda visita a las
preparatorias, se hicieron ocho
entrevistas, y los cues onamientos
fueron los siguientes:

— Para , ¿qué es un buen
maestro?
— ¿Para qué vienes a la prepa?
— ¿Qué haces durante la clase?
— ¿La escuela cumple con tus
expecta vas?
— ¿Qué te parecen los temas
que revisas en clase?
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En esta ocasión se procuró dar un
poco más de contexto al alumno,
de modo que expresara abiertamente su puntos de vista con respecto al tema de inves gación. La
información obtenida sirvió de insumo para generar la primera versión del instrumento.
Construcción del cuesƟonario
La parte medular de la inves gación incluyó la construcción de un
instrumento con ítems en escala
Likert, es decir, se presentan afirmaciones o juicios para que los
par cipantes gradúen sus reaccio-

Totalmente
de acuerdo
1.

nes en una dimensión dada (Hernández, 2006); se prefirió esta opción ya que, entre otras ventajas,
con un instrumento de tales caracterís cas se puede obtener mucha
información en poco empo y es
rela vamente fácil de responder y
comprender por parte de los sujetos (Cañadas, 1998).
El instrumento constó de 52
preguntas que abarcan los temas
tratados en las entrevistas —maestro, ins tución, temas y estudiante—, con cinco opciones de respuesta; a con nuación se muestra
un ejemplo:

De
acuerdo

Ni en
acuerdo
ni en
desacuerdo

En
desacuerdo

Totalmente
en
desacuerdo

El alumno generalmente es indisciplinado en lo que
dura la clase

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Las preguntas no están agrupadas
por temá cas ni están todas formuladas en afirma vo, sino que
algunas adoptan un fraseo en forma de negación, por ejemplo: “Los
temas de las materias son inapropiados para la preparatoria”. La
intención era evitar, en la medida
de lo posible, que los alumnos contestaran de forma mecanizada. El
total de ítems por aspecto es como
sigue: referente al maestro, 10; temas de clase, 12; ins tución, 18; y
estudiante, 12. Se procuró tener un
balance en el número de preguntas
planteadas de forma afirma va o
nega va.
El instrumento se some ó a una
prueba de material en la preparatoria privada con la intención de idenficar las preguntas que no fueran
entendibles y, en su caso, corregirlas, suprimirlas o replantearlas. Se
u lizó el Alpha de Cronbach con la
ayuda del SPSS (Sta s cal Package
for the Social Sciences) para detectar las preguntas que no tuvieran
un buen índice de validez. Un dato
interesante es que la mayoría de
los ítems que se referían al docente
tuvieron como resultado una baja
validez —seis en total—, así como
otras referentes al rubro de alumno —dos ítems—; estos reac vos
se replantearon para dar lugar a la
versión defini va del cues onario.

Marco teórico de referencia
Dado que este estudio no pretendía probar alguna teoría en parcular, ni se ene alguna afiliación
con alguna perspec va conceptual
en específico, no se sigue una sola
teoría sociológica; más bien la idea
fue intentar algunos ejercicios explica vos que dieran cuenta de los
resultados obtenidos. Las perspecvas u lizadas fueron: el interaccionismo simbólico, la posmodernidad, el construccionismo y el
pensamiento complejo. Para tener
al menos una idea general sobre
estas posturas, a con nuación se
presentan unos breves apuntes.
Interaccionismo simbólico. De
acuerdo con Mead (1973), hay una
adaptación de los actos al estar
en contacto con otros humanos,
donde las ac tudes determinan el
medio por la relación de los individuos ante el proceso de experiencia y ac vidades sociales; por ello
se dice que la retroalimentación de
los individuos afectan el entorno y
la idea que se ene de él, y donde
el comportamiento es una influencia recíproca de los individuos en
la colec vidad por medio de la interacción social. El hecho de que se
recurriera a los alumnos para conocer su perspec va sobre algunos
aspectos del bachillerato encuentra en parte su jus ficación con
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esta postura. Por ejemplo, Carabaña (1978) dice que el inves gador
debería enfocar el mundo a través
de los ojos del actor y no suponer
que lo que él observa es idén co a
lo que el actor observa en la misma
situación. De esta manera también
podría jus ficarse la diversidad de
puntos de vista, pues no se pueden
jus ficar los actos como resultado
de una realidad obje va (Sandoval,
2010).
En lo que a la escuela se refiere,
los estudiantes, como actores educa vos, enen cierta perspec va
de lo que para ellos es la preparatoria, pues las ins tuciones de la
sociedad son formas organizadas
de ac vidad social o de grupo, y
sus miembros actúan adecuada o
socialmente adoptando ac tudes
de otros a ciertas ac vidades
(Mead, 1973). La preparatoria significa algo para el estudiante y se
actúa en consecuencia en forma
determinada de acuerdo al significado que le da.
Posmodernidad. García (2008)
menciona que en la modernidad
exis a la idea del progreso y que
la ‘tecnociencia’ era para controlar
la naturaleza y obtener bienestar,
pero a par r de las dos guerras
mundiales del siglo pasado surgió
un discurso que hablaba del agotamiento y decadencia del proyecto
de la modernidad, que antaño

había prome do jus cia social y
progreso para un mundo mejor
(García, 2008). Los esquemas existentes ya no podían explicar las
nuevas circunstancias (Lipovetsky,
2006), donde se ene desconfianza hacia los metarrelatos, la fe
ciega en la ciencia y la pérdida de
la creencia (García, 2008). Cuando
la modernidad se hizo presente en
el siglo XVIII, indicaba lo transitorio
de ciertas caracterís cas fundamentales que una vez ausentes no
nos permiten seguir considerando
la condición social como modernista (Bauman, 1996). Es un cambio
paradigmá co donde ya no triunfan los valores del progreso y la
razón; el individuo es fragmentado
y dividido, los mass media influyen
en las opiniones y es los de vida
(Fullat, 2002).
Estas caracterís cas han acompañado a la escuela contemporánea (García, 2008). En este
contexto, el alumno puede encontrar cierta información dentro de
las aulas donde se habla de un universo todavía estable, pero se encuentra con una realidad diferente
fuera de ellas. En un marco así no se
podría educar al alumno de forma
tradicional cuando su naturaleza es
compleja. La idea de la inclusión
de la postura posmoderna es ver si
el joven piensa diferente respecto
a lo que la ins tución dice, si con-

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sidera que la escuela ene otras
finalidades —incluso prioritarias—
sobre lo que es la escuela.
Construccionismo. Tineo (2009)
menciona que la realidad, tal y
como es, se encuentra parcialmente determinada por la realidad
tal y como lo es para cada quien; es
decir, la realidad, existe, se encuentra en el exterior, pero está influida
por la forma en que se percibe
para cada quien por la construcción subje va que de ella se hace
de acuerdo a las circunstancias de
los individuos. La construcción del
significado se hace desde la perspec va del involucrado, pues son
sus percepciones las que forman
la realidad obje va; trata de entenderse la complejidad de la realidad, pero considerando la individualidad de las personas. El individuo
cumple ciertos roles desde los que
se da cierta realidad a la vida codiana (Berger, 2008).
La construcción que de la escuela se hace depende del punto
de vista de los alumnos, de la edad
que enen, del mundo que les tocó
vivir, y esa realidad no ene que
ser idén ca —por esa construcción
subje va— a la idea que ene la ins tución de sí misma o de los maestros. Se parte de significados diferentes, aun y cuando se iden fique
cierta finalidad, ya que lo que se
pone en duda o se cues ona no es

esa finalidad —que el alumno sea
educado, formado—, sino la forma
en que se realiza. Si bien el alumno
debe tener cierta conciencia de
que ésa es la finalidad, puede creer
que se acude a la escuela con otras
finalidades, por ejemplo socializar
(Tineo, 2009).
Complejidad. Esta postura retoma algunos puntos de la posmodernidad y entre sus principales
argumentos establece que un problema no puede solucionarse viéndolo de forma unidimensional, ya
que hay fenómenos, como el educa vo, que requieren análisis mulfacé cos (Vilera, 2000). El saber
ya no puede ser lineal, concreto,
y es conveniente apoyarse en una
dinámica interdisciplinaria para
tener una visión transdisciplinaria del mundo, una donde puedan
verse las diversas dimensiones de
un problema (Mo a, 2002; Morin,
2006).
Las polí cas educa vas deben
explicitarse de forma integral, y
esto implica interrelación con, entre otras, las polí cas económicas y
sociales (Taeli, 2010). La educación
no podría estar está ca desde este
punto, pues se requiere una con nua modificación para ir al paso de
la realidad que trata de aprehender (Mo a, 2002). Tanto los ejes
de planeación curricular, planes de
estudio, metodologías, estrategias
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pedagógicas y didác cas deben estar en función del panorama complejo que no permite la formación
de un pensamiento delimitado por
un solo campo disciplinar (Roa,
2006).
Análisis de resultados
Finalmente, se logró colectar 213
cues onarios, con 136 alumnos
de la preparatoria pública y 77 de
la privada, que cursaban entre el
segundo y cuarto semestre/tetramestre; 113 fueron contestados
por mujeres y 100 por hombres.
La edad de los par cipantes se
concentró entre los 15 y 18 años.
El procesamiento de datos se hizo
con ayuda del SPSS
Para el análisis de validez se u lizó el Alpha de Cronbach; a este respecto conviene mencionar que la
subescala maestro fue anulada por
la poca consistencia en las respuestas de los alumnos; en los otros
casos, en los temas de clase se rescataron cuatro de los 12 ítems; en
el rubro de la preparatoria, de 18
ítems se recuperaron 12; y tres de
12 de la de estudiante.
A par r de las 3 subescalas con
reac vos válidos, se procedió a
sacar el puntaje bruto de las respuestas para posteriormente obtener
un puntaje Z, y de esta manera ver
las tendencias generales de las re-

spuestas; así, se obtuvo que 59 por
ciento de los alumnos manifestó inconformidad con los temas de clase
y 41 por ciento restante expresó lo
contrario; en la subescala preparatoria, 51 por ciento manifestó estar
conforme con su preparatoria, a
diferencia de 49 por ciento restante que consideró lo contrario; y por
úl mo, en el rubro estudiante, 60
por ciento de la muestra consideró
que está conforme con sus ac vidades como estudiante, por 40 por
ciento que piensa diferente.
Posteriormente se procedió a
hacer asociación de variables para
ver la relación de los resultados de
las tres subescalas; los resultados
se presentan a con nuación:
AcƟtud del estudiante hacia
sí mismo versus acƟtud hacia los
temas. De acuerdo a estos resultados, de 207 instrumentos válidos, 124 alumnos muestran una
ac tud posi va hacia su quehacer
como estudiantes; de éstos, al
hacer el cruce con la ac tud hacia
los temas, 42 muestran también
una postura posi va, y 82 enen
ac tud nega va. Asimismo, de los
83 alumnos restantes que consideran no tener un buen desempeño
como estudiantes, 42 mostraron
su acuerdo con los contenidos y 41
su desacuerdo. En otras palabras,
del grupo que considera no estar
cubriendo su trabajo en clase, casi

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la mitad piensa que los contenidos
son los adecuados y la otra mitad
considera lo contrario. En el primer
caso, el resultado pudiera deberse
a que este segmento no ene una
mala percepción de los temas de
clase y piensa más bien que su mal
desempeño obedece a su propio
desinterés; sin embargo, con el
resto, puede decirse que el estudiante no ene un aprovechamiento
escolar que sea aceptable por la
misma percepción nega va de los
contenidos, ya que si los temas no
son de interés, sí son repe vos.
AcƟtud del estudiante hacia
sí mismo versus preparatoria. En
este cruce sí se pudieron rescatar
los 213 instrumentos aplicados,
que corresponden a la ac tud de
los estudiantes hacia sí mismos.
Según los resultados, 136 alumnos
pertenecen a la preparatoria pública; de éstos, 71 sujetos están conformes con la preparatoria y 65 no
lo están. Esto puede explicarse por
el hecho de que, al estudiar en una
ins tución pública, en este caso
perteneciente a la Universidad
Autónoma de Nuevo León (UANL),
la elección de la escuela depende
mucho de la ubicación. Ese ligero
número mayor que muestra la
conformidad con la ins tución en
la que se estudia puede deberse
a que el sistema de la UANL ene,
a fin de cuentas, pres gio, si bien

no son los únicos mo vos con los
que se encuentra el estudiante
cuando empieza a estudiar. Por su
parte, de los 77 alumnos que estudian en una preparatoria privada,
57 muestran estar conformes con
pertenecer a esa ins tución y 20
no. Cuando un alumno ene los
medios de escoger la ins tución a
la que va a asistir, elige determinada ins tución por ciertos mo vos, como el pres gio académico o
las ventajas al egresar. Por ello, no
sorprende esa tendencia de mayor
aceptación que hay hacia el sistema de la escuela privada respecto
a la preparatoria perteneciente a
la UANL. Al sumar los resultados
de conformidad de la preparatoria
con respecto al total de los que se
encuentran insa sfechos, el primer
caso sigue teniendo un puntaje
mayor. En otras palabras, sí hay relación importante entre la percepción posi va que el alumno ene
de sí de acuerdo a la ins tución a la
que pertenecen.
AcƟtud hacia los temas versus acƟtud hacia la preparatoria.
Fueron 207 los instrumentos rescatados en este cruce; de ellos, 79
mostraron conformidad con los
temas de clase, mientras que 119
expresaron en el cues onario su
poca sa sfacción. Es importante
denotar la relación que hay entre
el desacuerdo hacia los temas de
119

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clase: de esos 119, 74 expresaron
su desacuerdo también hacia la
preparatoria. Esto puede deberse a
que el alumno encuentra relación
entre esos contenidos que lo enen
poco sa sfecho y la ins tución que
los proporciona, cons tuyendo la
mayoría —62.2 por ciento—, mientras que los 45 restantes —37.8 por
ciento— expresaron su acuerdo.
Tiene sen do si se compara con los
79 sujetos que muestran su acuerdo, de los cuales 52 contestaron
que su ac tud hacia la preparatoria era posi va; es decir, sí hay relación entre el nivel de sa sfacción
de la preparatoria y los contenidos
de las materias, pues aquélla es, en
cierta forma y al cabo, la responsable de que sean esos contenidos
y de que se ejecuten.
Preparatoria/acƟtud hacia la
preparatoria. Si bien de 204 sujetos, 103 manifestaron una ac tud
posi va hacia la preparatoria como
ins tución y 101 mostraron estar
inconformes —50.50 y 49.50 por
ciento respec vamente, es decir,
casi distribuidos de forma equitava—, sí se encuentra diferencia
al tener los resultados de cada ins tución. Los estudiantes de la preparatoria pública conformaron una
muestra de 133 sujetos, de los cuales 75 manifestaron una tendencia a aceptar a la ins tución como
algo posi vo y 58 contestaron lo

contrario; más de la mitad estuvo de acuerdo con esta postura.
Sin embargo, en la preparatoria
privada la tendencia fue nega va:
sólo 28 sujetos opinaron que la
escuela era adecuada como ins tución y 43 opinaron lo contrario
—39.40 y 60.60 por ciento, respecvamente—. Por ello, el hecho de
pertenecer a tal escuela sí influye
con respecto a la opinión que se
ene de ella.
Un breve ejercicio interpretaƟvo a
la luz del marco conceptual
Una de las primeras cosas que
saltan a la vista es la anulación de
la subescala del maestro. Lo anterior podría interpretarse al menos de dos formas: primero, que
en cierto sen do el alumno aún
percibe al maestro como una figura
de autoridad a la que no puede
hacerle críticas, pues es quien a fin
de cuentas está frente al aula; no
es una figura abstracta, como lo puede ser la ins tución o un plan de
estudios, sino que es quien intenta
enseñarle, quien lo conoce, con
quien se relaciona el estudiante.
También puede especularse que el
maestro no es tan importante para
el alumno porque, con los medios
de acceso a la información, éste
puede aprender por cuenta propia,
sin necesidad del maestro, lo que

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indicaría algo con respecto al nivel
del conocimientos del docente —
lo que dice puede encontrarse en
otro medio—, o de su trato hacia
el alumno —el maestro no es tan
necesario porque no ene trato
cercano con el alumno—.
También es posible que algunos alumnos tuvieran en mente
a un profesor aceptable o a uno
bueno, accesible, tradicional, no
apto, y de ahí que las respuestas
no hayan tenido uniformidad. Lo
cierto es que, en todo caso, no se
pudo estandarizar la forma en que
el alumno podría hacer una crí ca
al docente de forma que se pudiera
establecer con claridad un argumento que mostrara esa percepción del estudiante en esta subescala.
Por otra parte, con respecto a
la escuela, dado que la postura es
mínimamente a favor de lo que
aquélla representa, quizá se esté
perdiendo la imagen que se ene
de la ins tución en cuanto a centro
del saber, como un lugar al que el
alumno acude para aprender, para
intentar insertarse en sociedad,
para formarse en cuanto a conocimientos y ac tudes.
En el apartado de la posmodernidad se vio cómo en la actualidad hay una pérdida de fe en las
ins tuciones, en los valores —y
esto quizá también podría explicar

la falta de concordancia respecto
la subescala maestro—; se citó a
Fullat para mencionar que el joven
de ahora es un individuo fragmentado, influido en sus opiniones y
modos de vida por los mass media,
modos de información a los que el
joven ene acceso. La pérdida de
la creencia en la ins tución escolar
puede interpretarse como un síntoma de la posmodernidad, donde
los esquemas propuestos por el
sistema no son suficientes para
actuar con confianza respecto a
ellos. Por lo tanto, queda cues onarse qué medidas puede tomar la
ins tución para retomar esa confianza en los des natarios de la educación, adecuándose a su forma de
pensar, sin los argumentos de lo
que la ins tución debe representar, sino de lo que representa para
ellos. Si los parámetros han cambiado a comparación de épocas anteriores, la ins tución debe actualizarse si pretende con nuar con su
papel y generar confianza como lo
que representa.
El cambio con nuo de la realidad implica que también lo que la
conforma debe ir a la par; no sería
posible con nuar con esquemas
que están quedando obsoletos,
an cuados; la educación varía de
acuerdo al contexto histórico y
ese cambio no puede darse únicamente en ciertos aspectos. Esto ll121

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eva a pensar la prudencia de que se
estudie desde varias perspec vas,
ya que son muchos los factores que
afecta y por los que se ve afectada.
Para ello, el pensamiento complejo
da pautas a seguir para poder ver
los problemas de forma transdisciplinaria, de forma que no se
a enda el problema de forma aislada. Si la educación con núa con
los lineamientos de la modernidad,
con la fe en la razón, con la confianza en la figura de la autoridad,
será insuficiente para poder cubrir
las necesidades de alumnos que no
responden al perfil que solicitan. El
impera vo categórico no responde
a lo que el alumno busca para formarse, por lo que debe mantenerse abierta a las innovaciones en
todo sen do (Lampert, 2008).
Con respecto a los temas de
clase y los contenidos de las materias que los alumnos ven, la tendencia está más marcada a mostrar
o expresar su desacuerdo en cuanto a lo que aquéllos significan o
les aportan. La simple aportación
del saber no es suficiente; se citó
a García (2008) para comentar que
la formación pedagógica se refiere
a educar a un alumno de acuerdo
al modelo económico y social de
la modernidad; el docente no puede seguir con el mismo papel académico, sino que debe pensarse
en el mundo, como dice el mismo

autor, para que el alumno también
aprenda que los contenidos no son
para memorizarlos, sino para contextualizarlos y ver cómo, de esta
forma, puede obtener provecho.
Los cambios no pueden ser sólo
ins tucionales, sino también de
contenidos, pues son los que representan lo que el alumno será en
el futuro, la manera en que se entrega a la sociedad cuando termina
su formación. Hay que plantear los
modelos pedagógicos y las polí cas ins tucionales (Vilera, 2000;
Mo a, 2002) de forma integral. El
conocimiento contextualizado puede ser una de las respuestas que
se han de buscar para impar r una
educación no por temas, sino por
problemas que aporten soluciones
al mundo en que el estudiante vive.
Metodologías, estrategias, planes
de estudio, como se mencionó
con Roa (2006) en el apartado del
pensamiento complejo, deben estar en función no sólo de un campo
disciplinar.
En resumen, la cues ón de la
complejidad puede verse en dos
niveles: para estudiar todo el fenómeno educa vo en la preparatoria
con esta visión, lo que puede aportar datos interesantes; para considerar la per nencia de un enfoque
así en los planes y programas de
estudio a fin de ver la mul dimensionalidad de enfoques cuando se

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estudia la escuela, y para ver si es
posible aportar esa variedad de
enfoques al sistema educa vo con
miras a tener una educación integral o, en las palabras citadas de
Morin (2006), regenerando la enseñanza.
Como se mencionó en el apartado correspondiente al interaccionismo simbólico, las ins tuciones
son formas organizadas con ciertas actuaciones y ac tudes. Estas
ins tuciones representan algo en
función de lo que realizan, pero en
la retroalimentación de los individuos, a la hora de interactuar, intercambian significados y conductas
hacia ella. El comportamiento varía
por la conducta de un grupo de individuos con caracterís cas par culares.
El alumno del nivel de bachillerato comparte esos significados
y los asigna a la escuela, a los temas o incluso al mismo maestro.
El estudiante de la EMS, dada su
edad, empieza a tener conciencia
del mundo, de sí mismo, empieza
a reflexionar y a otorgar valores y
significados a las cosas, y también
reacciona de tal o cual manera.
Puesto que los actos son de acuerdo al significado que se da y éste
se deriva de las interacciones con
el otro, aquéllos se modifican. Si se
aúna la ac tud reflexiva que se va
dando en la edad del estudiante de

la EMS por las nuevas experiencias
a las que se enfrenta, el significado
dado a la escuela cambia. El joven
en general comparte ciertas ac tudes y comportamientos, e incluso
formas de reacción, pero si se hace
una comparación entre dos grupos de jóvenes con ciertos contextos dis ntos —el económico, por
ejemplo—, es natural pensar que
también habrá cambios en cómo
actúan o piensan. Ya que en el interaccionismo simbólico importa que
se escuche la voz de los actores
sociales, en este caso se pretendió
escuchar la voz de los alumnos hacia la escuela y algunos de sus componentes.
Se descubrió que el estudiante
ene, en general, una buena imagen de sí mismo. Tanto los alumnos
de la escuela privada como los de
la pública enen la misma construcción de sí mismos en referencia
a la preparatoria; en ambos casos,
la idea del estudiante es que desempeñan su papel de forma adecuada.
El apartado del construccionismo mencionó que a las cosas se les
dan y aportan significados, se construyen; el contexto compar do por
los estudiantes de la escuela privada no es igual al de sus análogos.
La construcción de los alumnos
que enen la oportunidad de solventar una escuela privada ene
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una percepción no buena sobre
su escuela; de esto puede decirse,
primero, que puede resultar raro,
pues quien elige la escuela privada
pareciera que ene opción para escoger a cuál ins tución asis r y, por
lo tanto, considerar cuál le conviene, pero si se muestra este bajo nivel de conformidad también puede
deberse a la ac tud que el alumno
ene y que puede relacionarse con
la forma de pensar de algunos de
ellos que consideran que por el hecho de pagarlo, enen la prerrogava de exigir un buen servicio. En
estos términos podría explicarse la
forma en que se ve a la ins tución:
por una construcción par cular de
lo que la escuela debe ser. Así es
como puede concebirse el alumno
de la escuela privada, y tanto éste
como su similar de la pública enen
una perspec va diferente del sujeto. La influencia entre ciertos estudiantes y otros es diferente por la
falta de similitud en algunos aspectos, pues aunque el rol sea similar,
sus experiencias son diferentes.
En resumen, se puede comprobar una falta de confianza hacia
la ins tución, una postura crí ca
respecto a los temas de clase y la
ins tución misma, y un constructo
educa vo creado por los jóvenes
a par r de sus propias vivencias y
contexto. Como se dijo en cierto
momento, la educación, en tanto

tema complejo, requiere ser abordado por múl ples perspec vas
que afectan incluso a lo social por
sus repercusiones.
Comentarios finales
Una de las principales metas de
esta inves gación era explorar la
percepción del alumno respecto al
maestro, pero como ya se vio, fue
un rubro anulado por la poca congruencia en las respuestas de quienes contestaron los cues onarios;
sin embargo, se cree que la información de los otros rubros pueden
dar pie para ciertas afirmaciones o
bien para poder seguir inves gando en la percepción del alumno
con la EMS.
Los resultados, pues, muestran
cierta percepción de los alumnos
respecto a algunas cues ones que
atañen a la EMS. En otras palabras,
el primer obje vo respecto a descubrir si para el alumno la forma
de enseñanza y el comportamiento del profesor son los adecuados
en las aulas no se cumplió desde
el momento en que todas las preguntas de este apartado no fueron
consideradas válidas. Los otros tres
obje vos, empero, dieron pie para
la discusión con los resultados encontrados, aun en las limitantes del
trabajo de campo o del tamaño de
la muestra.

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�Educación Media Superior y Educación Superior

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                    <text>REVISTA DE LA FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL Y DESARROLLO HUMANO
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

• Mu¡er y salud.

Administración de procesos.
• La evaluación aplicable al proceso
de ense~anza-aprendizaje.
• La Implementación de estrategias.

�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en la ciudad

El interjuego de lo legítimo y lo
ilegal en las percepciones que
los pobladores de comunidades
en situación de pobreza tienen
acerca de sus estrategias de
supervivencia
Laura González García
María Eugenia Lobo Hinojosa

Introducción

L

a pobreza es un tema que ha
sido considerado ampliamente por diversos organismos a
nivel nacional e internacional y en
los cuales se cree que las condiciones de exclusión producen una serie de problemáƟcas sociales, tales
como el delito y la violencia. Para
sólo referirnos al úlƟmo lustro, Miguel Mancera (2009) comenta que
se trata de “un fenómeno a nivel
mundial que ha iniciado en Estados Unidos con el abuso bancario,
caracterísƟco de las crisis actuales”. En lo que respecta a México,
las finanzas públicas se complican,
el crecimiento económico se
ha debilitado y el desempleo se
presenta con índices alarmantes.

Esta problemáƟca a nivel mundial y nacional permea en las comunidades marginadas de nuestro
estado, provocando una serie de
dilemas comunitarios que se agravan, aunados a las situaciones de
delincuencia organizada y corrupción.
Para afrontar estas situaciones,
la acción social se plantea como un
camino profesional y sistemáƟco en
la búsqueda de soluciones. Dicha labor es compleja, pues intervienen en
ella diversos factores y es, como lo
califica Malcolm Payne (2002), “socialmente construida”. Ello significa
que es mulƟdimensional y sólo se
puede comprender en el contexto
sociocultural de los elementos
participantes, porque es en esta realidad donde dicha labor se desarrolla
y en la que se presentan elementos

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de interacción y de organización que
posibilitan la intervención y el desarrollo social.
Esta acción social se manifiesta
cuando el agente está inserto en la
realidad, atento a la reflexión, buscando explicaciones y caminos de
solución a la problemáƟca encontrada. El énfasis de la intervención
profesional está en el dominio de
la sistemaƟzación, la invesƟgación
y la reflexión teórica, en tanto que
en la acción social el enfoque se
centra en el hacer, que representa
el desarrollo de destrezas y habilidades técnicas. Así, el conocimiento no es tal si no se completa con
un enfrentamiento con la realidad;
como dice Malcolm Payne:
La acción profesional es integral
y compleja, Ɵene propósitos y objeƟvos, puede desarrollarse simultánea y secuencialmente. Además,
ésta se inscribe en una realidad dinámica en proceso de cambio y en
la que se configuran múlƟples interacciones, significados y senƟdos
disƟntos (2001: 13).
Es importante, pues, determinar en lo concreto las manifestaciones grupales y comunitarias de
la pobreza; de esta problemáƟca
social que agobia, entristece y despierta coraje en quienes la presenciamos, generando a veces una impotencia que daña la comunicación
e interacción humanas.

El presente estudio adopta una
postura metodológica humanista,
de respeto ante la diversidad, ajena a la exclusión y buscando, en
cuanto a escenarios y actores, la
integración, la interdependencia, la
unidad, el pluralismo y la interacƟvidad. Precisamente una de las formas de la acción social donde estas
caracterísƟcas se manifiestan, es
la organización natural adoptada
por los actores para enfrentar las
problemáƟcas que aquejan a los
pobladores de comunidades marginadas y con situaciones graves
de pobreza. Son estas acƟvidades
las que se podrían reconocer como
‘estrategias de supervivencia’.
Existen acƟvidades en las comunidades marginadas que se realizan como estrategias de supervivencia, pero que Ɵenen, también,
un carácter ilegal. En su extremo
más grave llegan a consƟtuir Ɵpos
delicƟvos, tales como: venta de
piratería e información clasificada;
cuidado de menores sin los permisos correspondientes; preparación,
venta y distribución de alimentos
sin cubrir los lineamientos oficiales; y robo, distribución y venta de
diferentes metales. Desgraciadamente, no se Ɵenen cifras oficiales
que precisen de manera segura la
dimensión de este problema que,
en algunos casos, es tolerado por
la ciudadanía y las autoridades.
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La existencia de estas formas
ilegales, concretas, de estrategias
de sobrevivencia, y el hecho de ser
relaƟvamente toleradas, plantea
las preguntas de cómo y por qué
sucede así. Para dar respuesta a
tales cuesƟones habrá que indagar sobre las percepciones, los significados y relaciones insertos en
el surgimiento de diversos Ɵpos
de estrategias de supervivencia
en las comunidades consideradas
como barrios pobres. Además, deben considerarse la marginación
y pobreza que enfrenta el poblador ơpico de estas comunidades
y, a nivel proposiƟvo, determinar
cuáles podrían ser los mecanismos
para orientar y fortalecer acciones
como estrategias de supervivencia
producƟvas y socialmente aceptables.
En el presente trabajo se expone
el resultado de algunas reflexiones
acerca del asunto planteado, con
base en la información recabada
en la fase exploratoria de la intervención en una comunidad del área
metropolitana, efectuada por equipos de alumnos de la Facultad de
Trabajo Social y Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de
Nuevo León (UANL) en diferentes
comunidades del área metropolitana de Monterrey.

¿Qué significa
supervivencia?

estrategia

de

El ser humano Ɵene necesidades
básicas de seguridad, esƟmación,
sociales y biológicas, entre otras, y
busca, para poder saƟsfacerlas, las
estrategias adecuadas. La estrategia, según James Stoner (1987),
“puede definirse desde dos perspecƟvas diferentes: lo que una organización intenta hacer y lo que
realmente hace, sin importar si
es lo que estaba planeado”. En la
primera perspecƟva, la estrategia
significa el programa general para
definir y alcanzar los objeƟvos de
la organización y poner en prácƟca
su misión, mientras que en la segunda, el significado cambia como
un patrón de respuestas del grupo
a través del Ɵempo.
Entonces, estrategia es “una
secuencia de acontecimientos planeados con más o menos lógica,
con mayor o menor éxito, cuyo objeƟvo es el bienestar a corto plazo
de sus miembros” (González, M.,
1986: 18).
En lo que se refiere a supervivencia, la estrategia alcanza un
significado más completo cuando
se trata de aquellas acciones que
se realizan con el fin de enfrentar
la pobreza, los efectos que producen en las condiciones de vida, las
crisis económicas y el desempleo,

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es decir, “alternaƟvas a corto plazo para resolver los problemas y
carencias, previstos e imprevistos,
de la vida diaria, de cada uno de
los miembros de la familia y llegar
así al bienestar de los mismos”
(González, M., 1986: 16).
En esta búsqueda por la saƟsfacción de sus necesidades, el ser
humano parƟcipa en la generación
de sus potencialidades, creando,
en algún punto entre la espontaneidad y la planeación, caminos y
estrategias que le dan la posibilidad de alcanzar una vida mejor.
Por otra parte, la comunidad
es una formación social consƟtuida por familias sujetas a reglas
y normas que no siempre coinciden propiamente con las establecidas por el Estado. En general,
los miembros de una comunidad
comparten cultura, políƟca, clase
social y otros aspectos, orientando la acción social comunitaria en
busca del bien común, que es, según José Honorio Cárdenas Vidaurri (1998), “la acƟvidad de la población que se encamina hacia la
saƟsfacción de necesidades”. Sin
embargo, existen algunos casos en
los que, cuando adoptan un carácter ilegal, estas acƟvidades —que
pueden ser perfectamente organizadas— afectan la estabilidad y
seguridad de las comunidades de
manera considerable. Se trata de

acƟvidades no programadas oficialmente, que no cuentan con un
permiso especial de la administración pública, o que son manifiestamente ilícitas.

¿Un tipo de estrategia de supervivencia?
Para el diseño adecuado de estrategias de intervención perƟnentes,
es de gran importancia rescatar las
experiencias que se recaban en el
contacto coƟdiano de la prácƟca
profesional del trabajo social con
la realidad social, en el esfuerzo
por crear las condiciones que posibiliten una mejora en la calidad
de vida de los pobladores de las
comunidades consideradas en situación de pobreza y marginación.
Se hace necesario, pues, desarrollar especialmente el trabajo de
sistemaƟzación de las experiencias
de la prácƟca profesional, de manera coherente y constante, para
generar conocimiento desde ahí.
Al mismo Ɵempo, se impone moƟvar fuertemente la invesƟgación
y la ‘praxis’, reconociendo este
término, según Ezequiel AnderEgg (1996), como una acƟvidad
profesional y consciente de acción
social reflexiva, con los elementos
teóricos integrados en esa experiencia, y de acuerdo a las nuevas
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situaciones comunitarias que están
emergiendo en la realidad social
contemporánea.
Toda intervención social Ɵene
que ver con definir el objeto-sujeto
de la misma, lo que significa entender que su acción emerge en
los procesos interacƟvos y comunicacionales entre seres humanos
pensantes y capaces de intervenir y
transformar su propia realidad. Estas acciones se realizan como parte
de la generación de procedimientos de parƟcipación, de educación
y de transformación de su propia
realidad —procesos de los cuales
el sujeto se hace parơcipe como
agente de cambio, considerando al
contexto sociopolíƟco y económico—. Así, el poblador es percibido
como objeto-sujeto, es decir, como
individuo que no sólo es transformado, sino que además transforma, lo cual exige establecer una
relación dialógica y horizontal, en
donde se parƟcipa en el encuentro para la solución de situacionesproblema, de las cuales todos somos parte.

Descripción de una comunidad
La comunidad seleccionada, cuyo
caso presentamos en este trabajo,
está ubicada en el área metropo-

litana de Monterrey y cuenta con
más de 170 viviendas, las cuales se
distribuyen en nueve manzanas, y
goza de todos los servicios públicos. Esta comunidad colinda con
otras con las que comparte problemáƟcas y necesidades sociales.
Las vías de acceso son las calles
y avenidas que comunican a comunidades y municipios de dicha
área y los medios de comunicación
son internet, servicio telefónico y
correo, mientras que los medios
de transporte constan de diversas
rutas urbanas, taxis, transporte ferroviario, carretones y automóviles
parƟculares.
Se pueden observar los diversos Ɵpos de vivienda, clasificadas
según los materiales con que fueron construidas, como el concreto,
lámina, madera y mampostería.
Resaltan además otros aspectos
como la uƟlización del lote, ya sea
como vivienda habitada, deshabitada, vivienda-negocio, y otras
caracterísƟcas, como por ejemplo
si está en construcción o si es un
predio abandonado.
Cuenta con diferentes comercios, entre los que se enumeran
negocios y viviendas-negocio. Cerca de la comunidad se encuentran
las vías del tren que transporta
metal. Los pobladores refieren que
conocen los días y horarios de este
medio de transporte. En cuanto a

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la descripción de insƟtuciones que
se encuentran en la comunidad,
se enlista una iglesia católica y un
templo crisƟano. En relación a insƟtuciones públicas, está el Centro
Comunitario DIF, que desarrolla los
programas educaƟvos y asistenciales determinados por la Secretaría
de Desarrollo Social del municipio.
En lo que respecta a la vegetación, ésta se compone de disƟntas
especies: encinos, árboles de limón,
ficus, rosales, sábila, buganvilias y
otras plantas de ornato, así como
palmas, arbustos, trueno, jacubes,
pinos, entre otros. En lo que concierne a la fauna, se observan perros y gatos como mascotas, y otras
especies que representan recursos
o medios de subsistencia familiar
tales como caballos, gallinas, puercos, corderos y aves —canarios, golondrinas, palomas, etcétera—.
Respecto a la seguridad, no
existe ningún Ɵpo de apoyo de vigilancia por parte de la administración municipal, ya que no circula
ninguna patrulla para realizar rondines dentro de esta comunidad,
a diferencia de como se hace en
otras del municipio. De igual manera, se detectó que la comunidad
carece de áreas verdes, escuelas,
centros recreaƟvos o algún centro
de salud.

Metodología del estudio
El presente estudio se propuso explorar la forma como los habitantes de la comunidad descrita enfrentan y resuelven sus carencias,
poniendo en juego estrategias específicas de sobrevivencia. Para tal
fin se aplicaron técnicas cuanƟtaƟvas y cualitaƟvas de recolección e
interpretación de datos: las primeras para determinar la dimensión
de los rasgos más caracterísƟcos
de los habitantes y problemas de
la comunidad; y las segundas para
conocer las percepciones de los colonos respecto al senƟdo estratégico que Ɵenen para la sobrevivencia
individual, familiar y comunitaria,
las acciones que ellos emprenden
con miras a enfrentar y resolver
las carencias que padecen. Los
datos descripƟvos se obtuvieron
mediante la observación simple de
personas y escenarios, consulta de
material periodísƟco y la aplicación
de cuesƟonarios estructurados;
en tanto que los significados atribuidos a las acƟvidades realizadas
por los habitantes de la comunidad
fueron expresados por éstos en entrevistas abiertas y a través de la
aplicación de algunas técnicas proyecƟvas.

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Historia de la comunidad
Es importante para toda intervención profesional conocer los aspectos de la realidad en la cual se ha
de intervenir. Si se trata de una comunidad, uno de estos temas es su
historia desde su fundación, la cual
puede proporcionar datos de cómo
los pobladores se han organizado
en el pasado en lo que respecta a
la solución de problemas sociales
y a la relación con insƟtuciones y
autoridades.
El primer dato recabado es que
fue fundada antes de 1960 con la
ayuda de líderes que los orientaron
para ocupar predios abandonados
cerca del área metropolitana, en
calidad de lo que se denomina comúnmente “posesionarios”.
Se determinó que no existen líderes formales dentro de la comunidad, ya que para cualquier asunto
que se presente, se comunican con
el juez auxiliar, quien habita en una
de las comunidades vecinas. Los líderes informales son con quienes
se ha establecido contacto. Fue a
ellos a quienes se les informó el
objeƟvo y se les solicitó apoyo para
la realización del estudio.
Estos líderes comentan que, en
determinado Ɵempo, los habitantes de la comunidad “lucharon”
por sus Ɵerras en conjunto con
otras comunidades aledañas que

estaban en la misma situación, realizando manifestaciones, batallas
campales con palos, piedras, armas
blancas y de fuego. De esta manera se apoderaban de los transportes urbanos para llegar a donde
se localizaba el alcalde en turno y
demandar la regularización de sus
Ɵerras; y así, con el Ɵempo, lograron un convenio.
Estas referencias muestran una
estrategia de conseguir el sustento
y condiciones adecuadas de vida
que pudiera ser considerada arbitraria y conflicƟva. Los pobladores refieren por cierto que ésa es
la única manera de hacer valer su
voluntad, porque “si no es así, [las
autoridades] no les hacen caso”.
Han expresado además que, en vista de la situación económica que
prevalecía en el área rural de donde procedían las familias, tal forma
de organización ha sido necesaria
para acceder a servicios y mejores
condiciones de vida.
Años más tarde, la administración estatal de Alfonso Marơnez
Domínguez (1976-1982) intervino
en la comunidad de estudio por
medio del Fomento Metropolitano de Monterrey (Fomerrey), cuyo
objeƟvo fue legalizar la posesión
de esos predios, permiƟendo a las
familias pagarlos a plazos y a bajos precios y recibir apoyos para la
construcción de sus viviendas. Fue

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así como se consƟtuyeron en colonia.

ProblemáƟca encontrada
Se realizaron 115 entrevistas a mujeres mayores de 15 años, y a resulta de las cuales se tuvo que 54 por
ciento abandonó su preparación
escolar —no concluyó la primaria— por moƟvos económicos y de
discriminación.
Los problemas sociales que se
detectaron en esta comunidad durante la exploración son: alcoholismo, robos, drogadicción, lotes
baldíos, violencia, grafiƟ y la existencia de viviendas deshabitadas.
Es importante destacar que la expresión que han manifestado los
pobladores al respecto de su propia problemáƟca, es que todas estas situaciones se presentan a causa de la pobreza y de la injusƟcia
propiciadas por las insƟtuciones y
los gobernantes, y en algunas ocasiones por la “maldad de la gente”.
Esto úlƟmo hace pensar en la percepción como una especie de conciencia mágica, en la cual la persona da una explicación metaİsica o
mágica a todo fenómeno del que
es parơcipe, al contrario de la conciencia críƟca en la que el poblador
es consciente de los elementos de
la realidad y en qué forma éstos

parƟcipan en los acontecimientos
(Freire, P., 1974).
Los problemas que se manifestaron en las respuestas al cuesƟonario son variados, destacando
principalmente el robo, con 60 por
ciento, al cual le siguen el pandillerismo y la drogadicción, ambos con
10 por ciento.
Además, se han detectado constantemente jóvenes que se agrupan en las esquinas de las calles
para ingerir bebidas embriagantes
y realizar diversas acƟvidades de
carácter delicƟvo, como el grafiƟ
en bardas y viviendas, destrucción
de alguna parte de la banqueta o
calle, maltrato de árboles o mascotas, entre otras. También se ha
obtenido información referente a
que consumen algún Ɵpo de droga
como marihuana, pasƟllas psicotrópicas y cocaína. Respecto a todo
esto, los pobladores manifiestan
que se trata de acƟvidades coƟdianas que no han recibido sanción
por parte de las autoridades.
Mediante los recorridos del área
se observó que existen también
problemas comunitarios que no
fueron manifestados en las entrevistas, como la insalubridad resultante del tratamiento y ubicación
inadecuados de caballos, puercos
y gallinas que se manƟenen en los
hogares con fines de crianza, venta o alimento. Esto representa un
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constante foco de enfermedades,
ya que no se cuenta con las condiciones para las acƟvidades descritas. También existen lotes baldíos
repletos de basura y casas abandonadas donde se reúnen algunos
jóvenes, además del problema del
robo de metal contenido en los vagones del tren que pasa por la colonia. En la comisión de este úlƟmo
delito parƟcipa la mayoría de los
habitantes, sin disƟnción de edades.
Un aspecto interesante es la interpretación que los habitantes le
dan al delito del robo y cómo se
manifiesta en esta comunidad, ya
que por un lado rechazan y condenan el robo que se comete en sus
viviendas por parte de sus propios
vecinos, pero por el otro perciben
de forma muy diferente el robo del
metal transportado en los vagones
de la compañía ferroviaria. De hecho, no lo comentan ni lo expresan
como algo ilícito —ya se comentó
que casi todos los pobladores parƟcipan—, y lo consideran más bien
como estrategia de supervivencia.
Al cuesƟonarlos acerca del robo
considerado un hecho delicƟvo
cuando es sufrido por los propios
colonos en su patrimonio, manifestaron que sucedía en toda la comunidad, y que los afectados conocían
incluso la idenƟdad de las personas
causantes del ilícito. Sin embargo,

nadie suele denunciar tales hechos
a las autoridades, pues ello implicaría problemas aún más graves,
como represalias o enfrentamientos, pues la mayoría de los presuntos responsables son habitantes de
la colonia, hijos de sus vecinos, con
quienes necesariamente conviven
día a día. En una de las entrevistas, una persona comentó que “lo
más que se han atrevido a hacer”
los afectados es ir a la vivienda del
responsable del robo y solicitarle a
alguno de sus padres, y ello de manera amable, que se les devuelva el
objeto sustraído de su vivienda. En
uno de los tesƟmonios recogidos
se comenta al respecto:

No, pos…. Si sé quién me
robo… pero para qué le digo
a la policía… nomás le van
a quitar a él un moche y a
mí no me van a devolver mi
tele… Yo mejor fui a casa
de la vecina y le dije: doña
Lupe, por favor que Pepe
me devuelva mi tele… él se
la llevó de mi casa anoche,
lo alcanzamos a ver, ándele,
por favor.
En entrevistas con diferentes grupos comunitarios, los pobladores
han manifestado desconfianza sobre el quehacer de los elementos

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policiacos, ya que los han observado incurrir en situaciones irregulares. Aunado a ello, se ha formado
en la opinión pública una imagen
muy clara de corrupción e ineficiencia de todos los agentes del
orden, razón por la cual los colonos no informan a las autoridades
de nada extraño que pueda suceder en las calles, ni de los delitos
de los que pudieran ser tesƟgos o
vícƟmas, ya que piensan “que les
puede ir peor”; así las cosas, los
afectados consideran mejor, en
ocasiones, defenderse por propia
cuenta o tomar jusƟcia por su propia mano. A esto se suma el hecho
de que la policía no realiza rondines por las calles de la comunidad,
por cuesƟones de falta de personal
y por problemas de seguridad que
se dan allí.
Al preguntar a los pobladores si
conİan en los elementos de seguridad, 70 por ciento respondió no
tener confianza.
La gente opinó también que se
siente en un ambiente inseguro, en
el que se corre peligro a cualquier
hora del día: se han presentado
asaltos y enfrentamientos entre
pandillas rivales, donde se uƟlizan
piedras, cadenas, objetos punzocortantes y hasta armas de fuego.
El poblador expresa que su comunidad es insegura en 79 por ciento.

¿Delito o supervivencia?
El problema más representaƟvo de
la comunidad objeto de este estudio —y que comparten otras comunidades aledañas—, como ya se
dijo, es el robo de metal, acƟvidad
en la cual parƟcipan familias enteras, menores de edad, jóvenes en
grupos, mujeres de todas edades y
hombres adultos. Según lo expresa
Cárdenas Vidaurri:

El robo es un delito que se
da en contra del patrimonio
y que consiste en el apoderamiento de bienes ajenos
con la intención de lucrar,
empleando para ello la fuerza o bien violencia e inƟmidación hacia la persona. Son
precisamente estas dos modalidades de ejecución de la
conducta las que la diferencian del hurto, que exige únicamente el acto de apoderamiento (1998: 22).
El robo de chatarra en las comunidades marginadas del área metropolitana de Monterrey, según los
tesƟmonios recabados y datos obtenidos de fuentes periodísƟcas, se
presenta en una modalidad organizada, con diversas funciones que
son llevadas a cabo por los habitan17

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tes de las comunidades y en las que
éstos ponen en riesgo sus vidas, al
realizar las maniobras de apoderamiento del metal mientras el ferrocarril se encuentra en marcha. (Talavera, G., 2007). Este acto delicƟvo
surge, en opinión de los colonos,
por la necesidad de sobrevivir, algo
muy diİcil, según aseguran, por la
falta de educación, la escasez de
orientación familiar y la poca comprensión por parte del gobierno,
que no conoce ni resuelve las necesidades de la comunidad y sus
habitantes. Así, los parƟcipantes
perciben este hecho ilícito como
una forma de mantener a sus familias y sus hogares, mientras que el
resto de la sociedad ve a aquéllos,
de acuerdo a notas periodísƟcas y
otras referencias, como ladrones.
El robo de chatarra presenta el
carácter de una organización delicƟva debido a la canƟdad de personas involucradas, desde las que
suben a los trenes, hasta las encargadas de reparƟr el producto de las
ventas.
Lo interesante de este Ɵpo de
“organización” es que crea en el
individuo una nueva construcción
ideológica respecto al valor de la
honesƟdad y de la respuesta que se
debe dar a la necesidad inmediata,
según Mercedes González de la Rocha (1986). Es decir, se ha creado
una doble perspecƟva acerca del

acto de apoderamiento ilegíƟmo
de una cosa ajena, ya que el mismo
es y representa un delito cuando
el afectado es el patrimonio personal, pero no así cuando dicho
apoderamiento busca resolver la
subsistencia familiar, dejando en la
indiferencia al legíƟmo propietario;
como si, en el caso que comentamos, la chatarra sustraída de los
vagones del ferrocarril no perteneciera legíƟmamente a una persona
o grupo de personas, sino a un ente
desconocido, sin rostro y sin figura
y que, por lo tanto, no es dañado.
En entrevistas con menores de
edad, se ha encontrado información adicional que sugiere que se
ha transmiƟdo esta percepción a
los hijos, ya que ellos comentan
que de grandes quieren “trabajar
agarrando metal del tren”. De hecho, han manifestado su deseo por
ser el que “trepa” y distribuye las
ganancias, por tratarse, a su parecer, de quien Ɵene el más alto
rango en la jerarquía de este grupo
comunitario. Se sabe que ésta es
una actividad peligrosa, en tanto
que se arriesga la integridad física
y en algunas ocasiones la vida, ya
que se han presentado casos en los
que personas sufren accidentes al
caer de los vagones hacia las vías
del tren. En el desarrollo de estas
acƟvidades, según lo que se ha observado, no Ɵene injerencia ningún

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miembro de otros grupos, ni organizaciones formales o informales,
ni de seguridad pública estatal o
municipal.
En esta interacción con los menores, éstos han expresado, por
medio de disƟntas técnicas proyecƟvas como el dibujo, el collage y la
escenificación, que esa acƟvidad
se ha venido desarrollando en su
colonia desde que ellos Ɵenen conocimiento, considerándola como
las otras o “quizá la mejor”, ya que
implica la emoción de subir al tren,
seleccionar el material, correr si es
que viene la policía, etcétera. Y aun
así, curiosamente, no lo consideran
un delito, aunque saben que si se
acerca un policía habrá que correr,
dispersarse o esconderse.
La distribución de funciones,
como ellos lo han manifestado, es
de la siguiente forma:

Trepador: también denominado
“Mono” por la prensa, es el que se
sube al tren cuando está en movimiento y arroja los materiales al
suelo. Este personaje es de los considerados “importantes”, ya que
están conscientes de que arriesgan
su vida. Los menores presentan, al
relatar lo relacionado con esta función, una emoción intensa: alzan la
voz, sus ademanes se intensifican y
la animación en el relato es mayor.

Algunos de ellos han expresado
que “de grandes quieren ser trepadores”.
Distribuidor: es quien, una vez terminado el hurto, cuenta todo el
material, lo vende, trae las ganancias y las distribuye. Aunque los
menores no lo mencionan como alguien tan importante como el trepador, se podría deducir que, por
su función, este personaje es el jefe
de esta “organización”.
Vehículo de transporte: empleando un taxi algunas veces, es quien
transporta el metal al lugar o lugares de venta.
Recogedor: generalmente son mujeres, amas de casa, madres de
familia y niños, quienes al caer la
mercancía arrojada por los trepadores de los vagones, la recogen y
distribuyen en la entrada de las viviendas aledañas a las vías del tren.
Aguador: es quien está al pendiente de avisar, si se da el caso, cuando pase una patrulla o un carro de
vigilancia.
Los menores han expresado toda
la información al respecto de este
fenómeno. Los adultos pertenecientes a sus familias lo comentan y
se organizan durante su conviven19

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en la ciudad

cia. Ellos son tesƟgos y, en algunas
ocasiones, colaboradores. De esta
forma es que se ha transmiƟdo informalmente en su conciencia este
nuevo esquema de valor: “el hurto
no es un delito ni es algo incorrecto
o malo. Se puede realizar en caso
necesario y por causa de pobreza,
o en caso de no conocer a la persona afectada”. Esta situación trata
de una organización —compañía
ferroviaria— que no Ɵene idenƟdad para ellos, por lo que se deduce que no es una acƟvidad que les
produzca un senƟmiento de culpa.
Ésta es la nueva construcción ideológica que se ha gestado en estas
comunidades y que se ha transmiƟdo a través del tiempo (Facultad
de Trabajo Social y Desarrollo Humano, UANL, 2007).

Conclusiones
Se hace necesaria la reflexión acerca de las estrategias de supervivencia que se han presentado en los
úlƟmos años en nuestras comunidades marginadas, y reconocer
que la situación de pobreza le ha
dado un Ɵnte muy diferente a la organización familiar y comunitaria.
Se ha gestado una nueva lista
de valores, la cual se interpreta con
base en unas peculiares concepciones del concepto de delito, como

una nueva construcción ideológica
en la que se pueden realizar ciertas
acƟvidades sin senƟmiento de culpa —en casos de necesidad y cuando no se conoce al afectado—. Este
nuevo esquema se ha producido
y reproducido en las familias que
residen en las comunidades objeto
de este estudio.
Los menores, como actores
importantes y receptores de este
nuevo concepto de delito, parƟcipan en las acƟvidades organizadas por los adultos, pero además
muestran empeño y alegría por
senƟrse úƟles y por colaborar a solventar, en alguna medida, las necesidades económicas de su hogar. Es
así como se transmite a las nuevas
generaciones, en cadena, este Ɵpo
de acƟvidades que son consideradas por sus protagonistas como estrategias de supervivencia.
A parƟr del anterior análisis,
surge la necesidad de plantear
alternaƟvas de solución a esta
problemáƟca, y de abrir nuevos
caminos para que estas familias
alcancen un mejor nivel de vida;
además del diseño de acƟvidades
grupales y comunitarias que representen un apoyo económico para
los pobladores y que erradiquen
las prácƟcas ilícitas que, paradójicamente, son vistas como opciones
válidas en la lucha contra la pobreza y la desigualdad social.

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en la ciudad

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

Situación socioeconómica de
agricultores del sur del estado
de Nuevo León
María Francisca García Ramos
Reina Hernández Hernández
Guadalupe Alemán Torres

Resumen

E

l propósito de este trabajo es
caracterizar el perfil socioeconómico de los agricultores
del programa Empresas Familiares
del tecnoparque horơcola y caprino
ubicado en el poblado de San Rafael,
en el sur del estado de Nuevo León.
Se parte de los hallazgos obtenidos
en la invesƟgación sobre el proceso
de selección de agricultores del Tecnoparque Complejo Agropecuario
Nuevo León Unido, apoyándose en
la base de datos de la convocatoria
FIDESUR 2010. Se muestra asimismo
la perƟnencia de elaborar un perfil
sociodemográfico que coadyuve a la
realización de estudios y diagnósƟcos tendientes a formular estrategias
para solucionar problemáƟcas y promover programas de intervención
que contribuyan al bienestar y desarrollo social. La estructura metodológica de esta invesƟgación es de Ɵpo
descripƟva, con la cual se obƟenen
los datos y el impacto en las vidas de

las personas; el proceso se realiza a
parƟr de una entrevista inicial a los
aspirantes. La selección de los agricultores se realizó en función a los
“Criterios de exclusión” establecidos
por la Corporación para el Desarrollo
Agropecuario del Gobierno del Estado de Nuevo León. De los 120 informantes, cuya edad oscila entre los 37
a 46 años, destaca la escolaridad básica, donde 90.5 por ciento presenta
estudios de nivel secundaria; en lo
referente a la ocupación, se detectó
que una buena parte de los seleccionados, 61.2 por ciento, realiza acƟvidades como el cuidado de siembras,
pintura, acƟvidades temporales, mismas que caracterizan a esta población, configurando disƟntos grados
de marginación y pobreza.

Introducción
El objeƟvo general de este estudio
es caracterizar el perfil de los hogares de los agricultores aspirantes al

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

programa Empresas Familiares del
tecnoparque horơcola y caprino
ubicado en el poblado de San Rafael, en el sur del estado de Nuevo
León, a parƟr de las caracterísƟcas
sociodemográficas. De acuerdo a
Fernando Rello (1987), las variables sociodemográficas que debe
considerar un estudio como el que
se propone son edad, sexo, ocupación, horas de jornada laboral y estado civil, variables todas que jusƟfican la elaboración de estudios y
diagnósƟcos que contribuyen en la
idenƟficación del perfil sociodemográfico, así como el grado de la vulnerabilidad social de la población
agrícola.
Con Moser (1998) llama ‘grupos
vulnerables’ a aquellos que presentan inseguridad en los niveles
de bienestar frente a los cambios
sociales, económicos, ecológicos
y políƟcos que se manifiestan en
forma repenƟna, cíclica o mantenida, incrementando los riesgos y la
incerƟdumbre de dicha población.
Desde esta perspecƟva, Moser
enƟende la vulnerabilidad social
vinculada a la línea conceptual de
pobreza como carencia y los altos índices de migración como un
estado de deterioro, es decir, una
situación que indica ausencia de
elementos esenciales para la subsistencia y el desarrollo personal.
De este modo se es pobre cuando

no se logran saƟsfacer algunos de
los requerimientos que han sido
definidos como “necesidades básicas”, y cuando además, aun cubriéndolas, los ingresos se ubican
por debajo de una imaginaria línea
de pobreza.
La situación prevaleciente en el
sur del estado de Nuevo León, aunado a la necesidad de crear polos
de desarrollo e infraestructura en
dichas comunidades para abaƟr las
carencias socioeconómicas en estos grupos, lleva al diseño de estrategias de sobrevivencia en el campo. En este tenor, existen estudios
como el de Rocío Enríquez Rosas
(2008) en el que se han idenƟficado como estrategias las empresas
familiares de apoyo y la ayuda mutua para garanƟzar el bienestar de
las familias. Esta estrategia se consideró en la presente invesƟgación,
idenƟficando a la familia como una
“red de apoyo” en donde todos los
integrantes colaboran en el bienestar de las familias del sur del estado.
Patricia Arias y Ofelia Woo
(1999) refieren que las familias
asumen diferentes estrategias de
sobrevivencia y una de éstas es la
de incorporarse a programas sociales de apoyo, donde se busca
la incursión social con el propósito
de acceder a nuevas fuentes de ingreso que los lleve a la saƟsfacción
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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

de necesidades, como se refleja en
este estudio.
Estas redes contribuyen a que el
grupo domésƟco vaya generando
la búsqueda de ese desarrollo, sobre todo en el aspecto social, confirmando lo que menciona Arias
(1992), sobre el ampliar la mirada
sobre la pobreza. Desde esta perspecƟva, Moser (1998) busca entender la problemáƟca de la pobreza
y de los hogares a parƟr del marco de la vulnerabilidad, entendida
como la inseguridad en los niveles de bienestar de los individuos,
hogares y/o comunidades. En los
poblados del sur se idenƟfica esta
perspecƟva mediante la parƟcipación en los programas de desarrollo social en busca de superación
de la pobreza y como una estrategia para que decrezca esta vulnerabilidad social.
Cuando las familias desarrollan
esta habilidad para definir las redes
con que cuentan, ya sean naturales, construidas, primarias, secundarias o insƟtucionales, se ha dado
un paso importante para alcanzar
resultados efecƟvos en los procesos que adelantan a nivel individual
como colecƟvo. Por ello el reto
más grande es lograr que la familia
comprenda el senƟdo de las redes
y se integre en éstas de tal forma
que amplié su perspecƟva en relación con el entorno que la rodea, el

cual le puede facilitar múlƟples alternaƟvas ante las situaciones que
vive en la coƟdianidad.
Para el programa Empresas Familiares, el trabajo en red consƟtuye una herramienta de abordaje
que permite a las familias, así como
a la organización, alcanzar resultados y aprendizajes que se convierten en enseñanzas circulares para
quienes asumen este reto. A conƟnuación presentamos una ilustración al respecto.

Un aspecto significaƟvo en este
tema es el análisis de las desigualdades a parƟr de las diferencias de
género, edad, ocupación y escolaridad para la toma de decisiones
en programas de políƟcas sociales. Se han realizados estudios a
nivel nacional e internacional en
materia sociodemográfica en grupos específicos de la población
(Comisión Económica para América LaƟna/Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura
y la Alimentación/Centro LaƟnoa-

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

mericano para el Desarrollo Rural,
2003), según los indicadores de la
Comisión Económica para América
LaƟna/Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (1992).
Este Ɵpo de trabajos buscan incidir
en las políƟcas públicas a parƟr de
las necesidades básicas detectadas
para un país como Ecuador por la
Comisión Económica para América
LaƟna/Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (1989).

Necesidades básicas, dimensiones y
variables censales
Necesidades
bádicas

Dimensiones

Variables
censales

Acceso a vivienda

a) Calidad de vivienda

Materiales
de
construcción en
piso, paredes y
techo

b) Hacinamiento

I) Número de personas en el hogar
II) Número de
cuartos en la vivienda

a) Disponibilidad
de agua potabl

Fuente de abastecimiento de agua
en la vivienda

b) Tipo de sistema
de eliminación de
excretas

I) Disponibilidad
de servicios sanitarios
II) Sistema de
eliminación de
excretas

Asistencia de los
niños de edad
escolar a un establecimiento educaƟvo

I) Edad de los
miembros
del
hogar
II) Asistencia a un
establecimiento
educaƟvo

Acceso a servicios
sanitarios

Acceso a educación

Capacidad
nómica

eco-

Probabilidad de
insuficiencia de
ingresos del hogar

I) Edad de los
miembros
del
hogar
II) ÚlƟmo nivel
educaƟvo aprobado
III) Número de
personas en el
hogar
IV) Condición de
acƟvidad

Metodología
El presente trabajo parte de un estudio descripƟvo más general de
la selección de candidatos para la
incorporación a programas de desarrollo agropecuario del sur del
estado de Nuevo León.
Para el diseño del instrumento
se trabajó en dos etapas de acuerdo a los requerimientos establecidos por la Corporación para el
Desarrollo Agropecuario del Gobierno del Estado de Nuevo León.
El primero de ellos se centró en determinar el puntaje total obtenido,
siguiendo los criterios de exclusión
establecidos por los responsables
del programa de empresas familiares de agricultura protegida:

— No residir en el sur del estado de Nuevo León.
— Ser mayores de 60 y menores de 18 años.
— Contar con un empleo fijo de
Ɵempo completo.
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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

— Haber recibido apoyo del
programa AcƟvos ProducƟvos, anteriormente Alianza
para el Campo, en los úlƟmos tres años.
— Contar con antecedentes penales
— No tener capacidad para
trasladarse diariamente a las
instalaciones del tecnoparque.
— No asisƟr a las reuniones de
capacitación y organización.
— Estar en el buró de crédito
Posterior a este proceso de exclusión, se realizó la aplicación de encuestas a un total de 232 agricultores informantes, de los cuales 132
se registraron para el programa
horơcola, 34 para el caprino y 66
en ambos proyectos. Cabe señalar
que, en su mayor parte, 88.94 por
ciento, los parƟcipantes son originarios de poblados de Galeana,
Nuevo León.
La recolección de datos se efectuó por medio de entrevistas cuya
duración era aproximadamente de
20 a 30 minutos, consƟtuidas por
un total de 25 preguntas abiertas.
Es importante destacar que la fase
de levantamiento se realizó en dos
momentos; primero se diseñó un
manual que facilitara la codificación y posteriormente se conƟnuó
con la captura; simultáneamente

se inició con el procesamiento de
la información.
Durante la etapa de la aplicación, se detectó una dificultad entre los agricultores: la lejanía entre los lugares de procedencia y el
área en que se realizó la entrevista.
Ante esta situación, se estableció
una red social de apoyo, de tal forma que quienes poseían vehículos
propios quedaban como responsables del traslado de agricultores
interesados en el programa. Para
llegar al tecnoparque, 52.6 por
ciento mencionó que uƟlizó como
medio de transporte automóvil o
camioneta propia, subrayando la
cercanía de su vivienda; 37.9 por
ciento, autobús o transporte colecƟvo parƟcular; y 9.5 por ciento,
bicicleta o caballo, o se trasladó a
pie. Estas redes se integran al contexto vecinal, ubicándose en las de
Ɵpo secundario, en el contexto de
las redes sociales de apoyo y ayuda
mutua para garanƟzar el bienestar
de las familias.

Resultados
Este trabajo caracterizó el perfil sociodemográfico de los agricultores
aspirantes al programa Empresas
Familiares del tecnoparque horơcola y caprino ubicado en el poblado
de San Rafael, en el sur del estado.

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

Para la realización del análisis
descripƟvo, se uƟlizó el paquete
estadísƟco para las Ciencias Sociales SPSS/PC.
Uno de los hallazgos más importantes en este estudio es la
vulnerabilidad social, situación
prevaleciente en los sectores poblacionales con ciertas regularidades que permiten esbozar un perfil
sobre la pobreza en los agricultores, lo cual se refleja en los resultados obtenidos entre los asistentes
a la convocatoria FIDESUR 2010
con relación al grado de estudios
de las personas entrevistadas: 23.7
por ciento dispone de secundaria
completa; 23.3 por ciento, de primaria completa; y 19.8 por ciento,
primaria incompleta.
En lo referente a la edad, está
representado en el rango de 37 a
46 años, 27.2 por ciento; el de 27
a 36 años, 26.7 por ciento; y el de
16 a 26 años, 24.1 por ciento de los
entrevistados.
Un indicador significaƟvo en
la invesƟgación es el que refiere a
recursos monetarios en el hogar,
donde 56.9 por ciento de los entrevistados contestó que de una a
tres personas dependen económicamente de él o ella; 30.2 por ciento, Ɵene de cuatro a seis dependientes; y 9.9 por ciento no Ɵene
dependientes en el hogar.

Al cuesƟonar sobre el número de personas que viven con él o
ella y trabajan en un empleo que
le genera ingresos, 46.1 por ciento
contestó que de uno a dos integrantes del hogar aportan recursos
monetarios para los gastos; y 8.6
por ciento refirió que de tres a más
de cuatro miembros de la familia
aportan ingresos al hogar.
Estableciéndose como estrategia para incrementar los ingresos,
62.1 por ciento de los agricultores
entrevistados menciona que realiza acƟvidades que le dan dinero el
fin de semana, como cuidar parcelas vecinas.
De acuerdo a la información referida por los candidatos, 61.2 por
ciento comentó que se dedica a
una acƟvidad laboral eventual, es
decir, cuidado de siembras; 10.3
por ciento Ɵene alguna acƟvidad
solamente algunos días de la semana, como pintor, por ejemplo; 5.2
por ciento trabaja todos los días,
pero no es de planta, dedicándose a tareas como vigilantes o integrantes de grupos musicales; y 23.3
por ciento contestó que no trabaja.
En lo que respecta al Ɵempo
que les generaba arribar a San Rafael, 60.3 por ciento manifestó tardar menos de media hora y 25.9
por ciento, entre media hora y una
hora, aproximadamente. Lo ante27

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

rior permite confirmar en nuestra
población de estudio la información detectada en estudios realizados por Bazán (1998) en torno a
las redes sociales de apoyo y ayuda
mutua para garanƟzar el bienestar
de las familias: en esta población,
las familias generaron las “empresas familiares”, ya que usaron las
redes insƟtucionales al echar mano
de los recursos de éstas a través de
sus programas de apoyo; así como
también las de corte primario, al
incorporar a los integrantes de la
familia que contaran con habilidades, conocimientos y experiencia
en el culƟvo, a fin de cubrir los requisitos de selección al programa
Empresas Familiares del tecnoparque horơcola y caprino.
A conƟnuación presentamos
información relevante de los aspirantes al programa Empresas Familiares:
Localidad

CanƟdad

Porcentaje

Galeana

209

88.94

Aramberri

20

8.51

Iturbide

3

1.28

Dr. Arroyo

2

0.85

Zaragoza

1

0.42

Total
232
10%
Fuente: elaboración propia, con base en los resultados obtenidos en el programa Empresas
Familiares.

Otro aspecto considerado en los
datos generales en los entrevistados es el lugar de procedencia:
88.94 por ciento, proviene de Galeana; 8.51 por ciento, de Aramberri; y 1.28 por ciento, de Iturbide,
Nuevo León.

Gráfica No. 1. Experiencia en el
culƟvo

1Nol\a 1Nnbr.Jdo
l (fllttl"l'9\ll!C6
■ MJ1d&lt;IOv«&lt;&gt;

Fuente: elaboración propia, con base en los resultados obtenidos en el programa Empresas
Familiares

Otro aspecto importante es
conocer el número de veces que
han sembrado culƟvos los entrevistados. La relevancia de este indicador es la garanơa de capacitación,
experiencia y adiestramiento, los
que hacen efecƟvo el alcance del
invernadero, detectando 31.9 por
ciento de candidatos que señalan
haber realizado culƟvos de una a 9
veces; 29.7 por ciento no aplica, ya
que hace referencia a las personas
que piden el apoyo caprino.

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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

Tabla No. 2. Tipo de culƟvo que ha
sembrado
Tipo de
culƟvo

CanƟdad

Porcentaje

Maz

92

28.93

Frijol

63

19.81

Calabaza

47

14.78

Tomate

31

9.75

Papa

18

5.66

Repollo

15

4.72

Alfalfa

10

3.14

Ajo

9

2.83

Cilantro

8

2.52

Chile

6

1.89

Lechuga

5

1.57

Trigo

5

1.57

Otros

9

2.83

Total
318
100%
Fuente: elaboración propia, con base en los resultados obtenidos en Programa de Empresas
Familiares

Al cuesƟonarle sobre el Ɵpo de culƟvo sembrado, 73.27 por ciento
contestó dedicarse a la siembra de
productos de la región, como maíz,
frijol, calabaza y tomate. En general, los agricultores señalaron que
esto es de gran uƟlidad para ellos
por tratarse de un Ɵpo de agricultura de subsistencia que, al mismo
Ɵempo, les permite intercambiar
parte de la cosecha con los vecinos
por enseres para el hogar.

Conclusiones y recomendaciones
Analizando la información presentada y las experiencias del trabajo
de campo en la región sur del estado, consideramos conveniente
señalar que la mayor parte del análisis para el proceso de selección
fue cuanƟtaƟvo. Asimismo, que
el equipo de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano de
la UANL detectó en la mayoría de
los casos una gran disposición para
parƟcipar en este Ɵpo de proyectos: los agricultores mostraron su
convencimiento, además de contar con experiencia suficiente en
la agricultura y apertura a las innovaciones agrícolas. Queremos reconocer la moƟvación y el interés
mostrado por estas personas, pues
están convencidas de que si son
beneficiadas con algún invernadero y/o apoyo caprino, pueden mejorar la situación familiar y contar
con un patrimonio para las futuras
generaciones; por ello no dudan en
invitar a parƟcipar a más vecinos
para que, tanto como ellos, contribuyan en el beneficio y progreso de
su comunidad.
Este análisis nos permite considerar cómo hoy en día las redes sociales de apoyo siguen consƟtuyéndose como una estrategia cultural,
a pesar de la tendencia, observada
por Bazán, de las redes familiares
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�Estrategias de sobrevovencia de comunidades en pobreza en el campo

mexicanas a reducir su importancia
como estrategias de supervivencia,
debido esto a la fragmentación sufrida por las familias extensas, por
una parte, y a la crisis de las familias nucleares, por la otra, todo ello
como producto de la pobreza y el
desempleo (Bazán, L., 1998).
Otro factor determinante para
estos grupos lo consƟtuyen los
apoyos insƟtucionales, como la referida convocatoria del programa
Empresas Familiares del tecnoparque horơcola y caprino, cuya finalidad es favorecer el desarrollo en
los poblados del sur. Proceso de
Es por ello que se sugiere:

— La contratación de profesionales en Trabajo Social y Desarrollo Humano con el propósito de monitorear este
Ɵpo de proyecto y permanentemente buscar el alcance de objeƟvos, convivencia,
trabajo en equipo y garanƟzar el éxito del programa
a través de un proceso de
parƟcipación “consciente” y
“críƟca” de la población en
el análisis y solución de sus
problemas y en la transformación de su situación.
— Dar conƟnuidad a estos proyectos que benefician a la

población y que promueven
la coordinación y vinculación
interinsƟtucional tendientes
a realizar acciones en materia
de desarrollo social, lo que
contribuye a mejorar la calidad de vida de los habitantes
del sur de Nuevo León.
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Nuevo%20Leon.htm

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�Mujer y salud

La vulnerabilidad de la mujer
apodaquense en relación con
el aspecto de la salud
María Margarita Ramírez González
Hortensia Margarita Sánchez Guerrero
María Teresa Obregón Morales

Resumen

E

ste estudio se propone dar
a conocer, con profundidad,
cuál es la problemáƟca de salud que enfrentan día a día las mujeres del municipio de Apodaca, en
el estado de Nuevo León, a fin de
plantear programas de acción que
afirmen con seriedad y profesionalismo esta necesidad. El presente
trabajo procede de una invesƟgación descripƟva sobre el diagnósƟco situacional de la condición de las
mujeres de un municipio del área
metropolitana de Nuevo León, con
el que de forma parƟcular se pretende conocer la situación de salud
de las mujeres del referido municipio. Metodológicamente se aplicaron 906 encuestas a un grupo significaƟvo de mujeres distribuidas
en tres grupos de edad, el primero de 15 a 25 años, el segundo de
26 a 35 años, y el úlƟmo de 36 a
60 años. A parƟr de los resultados
obtenidos, se concluye que casi 80

por ciento de las mujeres sí cuenta
con servicio médico: 58.9 por ciento pertenece al InsƟtuto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y 11.8
por ciento Ɵene Seguro Popular; el
porcentaje restante se aƟende en
otros servicios de salud. Sin embargo, no se realizan estudios de prevención de enfermedades, y en lo
que concierne al número de veces
que han visitado al médico al año
las mujeres de Apodaca, se encontró que 33.2 por ciento consulta de
una a dos veces al año al médico
general, y tan sólo 32 por ciento
al ginecólogo, por lo que se puede
destacar que 54.4 por ciento de las
mujeres ninguna vez ha consultado
con el ginecólogo para un estudio
de Papanicolaou o mamograİa.
Esto manifiesta, de manera alarmante, que las mujeres en estudio
no le dan la importancia a su calidad de vida en relación a su salud
personal.

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Introducción
La situación de vulnerabilidad de
las mujeres que viven en el municipio de Apodaca, Nuevo León, parƟcularmente en lo que se refiere a
las condiciones de salud, impacta
sustancialmente en su calidad de
vida. La preocupación de revisar y
analizar las condiciones y necesidades enfrentadas por las mujeres ha
adquirido especial relevancia. En el
caso de México, esto ha ocurrido especialmente a parƟr del año 2000,
fecha en la que se incluye de manera explícita la perspecƟva de género
en la agenda pública, lo que implica
la búsqueda de equidad e igualdad
de oportunidades entre hombres y
mujeres (Castro, A., 2006).
Según reza la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración de
Principios de la Organización Mundial de la Salud: “El goce de la salud es uno de los derechos fundamentales de cada ser humano, sin
disƟnción de raza, religión, credo
políƟco o condición económica y
social” (San Marơn, H., 1981: 3).
En México, el derecho a la protección de la salud se reglamenta
con la promulgación de la Ley General de Salud, en la cual ubicamos
los siguientes términos (Hernández, R., 2007: 50):

Arơculo 1. Consiste en que
toda persona tiene el derecho a la protección de la
salud basada en el arơculo
cuarto de la ConsƟtución
Mexicana.
Arơculo 2. El derecho a la
protección de la salud Ɵene
como finalidad el bienestar
İsico y mental del hombre
para contribuir al ejercicio
pleno de sus capacidades,
prolongar y mejorar la calidad de la vida, proteger y
el acrecentar valores que
contribuyan al desarrollo
social a través de acƟtudes
solidarias y responsables,
disfrutar de servicios de salud y de asistencia social que
saƟsfagan eficaz y oportunamente las necesidades de la
población, el conocimiento,
la enseñanza, la invesƟgación cienơfica y tecnológica
para el adecuado aprovechamiento y uƟlización de
los servicios de salud.
Con esto podemos destacar que
la población en estudio cuenta
con los recursos insƟtucionales de
servicios de salud; sin embargo, se
denota negligencia para el aprovechamiento y uƟlización de estos
servicios.
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En el ámbito de la administración pública de México, la planeación de la salud se establece
como una de las prioridades en el
Programa Nacional de Desarrollo
2000-2006, y el Programa Nacional
de Salud menciona como retos la
equidad, la calidad y la protección
financiera,
El sistema de salud en México
brinda atención principalmente
por medio del InsƟtuto Mexicano
del Seguro Social (IMSS), la Secretaría de Salud y el InsƟtuto de Seguridad y Servicios Sociales para los
Trabajadores del Estado (ISSSTE)
(Castro, R., 2001).
Existen además otras insƟtuciones como Petróleos Mexicanos
(Pemex), la Secretaría de Defensa
Nacional (Sedena) y la Secretaría de
Marina (Semar), que cuentan con
sus propios servicios de salud. Empero, cabe señalar que si en otros
países el promedio del Producto
Interno Bruto es de 6.9 por ciento,
en México es de 5.8 por ciento (Cuadernos de Salud Pública, 2005).
Hay que subrayar también que
la población con derecho a la seguridad social se concentra en las
zonas urbanas, mientras que amplios sectores de la población rural
carecen de este servicio, y cuando
la economía no permite el acceso a
los servicios de salud, las personas
viven con su enfermedad con una

mala calidad de vida e incluso pueden llegar a la muerte.
Según Enrique Guinsberg (2004),
en el caso de México es importante
destacar que el modelo económico
neoliberal impuesto se ha caracterizado por la racionalidad del gasto
público, la exacerbación del libre
mercado, el individualismo, la competencia desleal, las desregulaciones estatales, mínimos derechos
con máxima producƟvidad y sus
concomitantes privaƟzaciones.
Desde la década de los ochenta
del siglo XX, las políƟcas de salud se
redefinen a parƟr de los ejes de la
modernización neoliberal, circunstancia en que organismos internacionales como el Banco Mundial
(BM) y Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) establecen recomendaciones a los países en
desarrollo sobre las acciones a seguir, como descentralización de los
servicios de salud; disminución del
gasto en salud; promoción de los
seguros privados de gastos médicos mayores; reorientación de recursos hacia intervenciones de bajo
costo; y alto impacto sobre algunas
causas de mortalidad (Hernández,
R., 2007).
Posteriormente surge como una
iniciaƟva federal el llamado Seguro
Popular de Salud (SPS), un instrumento de transferencia de subsidios a través de un paquete de

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servicios médicos que Ɵene como
objeƟvo proteger a la población
que no cuenta con seguridad social
formal y con alto riesgo al empobrecimiento por gastos en salud. El
punto central del esquema de aseguramiento del SPS es la reducción
del ‘gasto de bolsillo’, entendido
como el gasto realizado por una
familia por concepto de consultas
médicas y compra de medicamentos. El gasto de bolsillo en salud
Ɵene mayor impacto en las familias de bajos ingresos, por lo que
incrementa la desigualdad social,
según los úlƟmos reportes realizados por la Secretaría de Salud.
De acuerdo al Consejo Nacional
de Población (2010), el cambio en
la composición de las causas de
muerte se puede explicar por medio de dos enfoques diferentes: por
un lado, la transición epidemiológica en la que las intervenciones de
Ɵpo médico y los avances tecnológicos abaten los decesos en edades
tempranas; y por otro, la transición
de la salud, que enfaƟza la importancia de las transformaciones sociales y el comportamiento de las
personas al promover la prevención y el cuidado de la propia salud.
En 1980, una de cada 10 muertes era ocasionada por algún tumor
maligno; poco más de dos décadas
y media después, la relación aumentó a cerca de una de cada cua-

tro, entre mujeres de 25 y 44 años.
Los tumores malignos de mama y
de cuello del útero son los principales causantes de las muertes de
las mujeres mexicanas. La segunda
causa de muerte es por enfermedades cardiovasculares, con 11.4
por ciento, mientras que los accidentes Ɵenen 10.5 por ciento. La
cuarta causa es la diabetes mellitus
y la quinta causa de defunciones es
por enfermedades digesƟvas, con 8
por ciento para cada caso.
A parƟr de lo mencionado, la
muerte es un fenómeno complejo
que depende de múlƟples factores,
muchos de los cuales van más allá
del ámbito sanitario y de los determinantes biológicos, que responden a condiciones y esƟlos de vida.
El riesgo a morir va de acuerdo a la
exposición de la edad y a los comportamientos específicos por sexo,
como resultado de una construcción cultural.
Las estadísƟcas sanitarias de
la Organización Mundial de la Salud (2008) señalan que el cáncer
es una de las 10 primeras causas
de muerte en el planeta. Se esƟma que 7.4 millones de personas
murieron de cáncer en 2004 y, si
conƟnúa la tendencia actual, 83.2
millones más habrán muerto para
2015.
Entre las mujeres, el cáncer de
mama es la causa más frecuente de
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mortalidad, representando 16 por
ciento de las defunciones por cáncer en mujeres adultas. En la actualidad, el cáncer de mama, junto con
el de cuello uterino, el colorrectal
y, posiblemente, el de cavidad oral,
es el único en el que se ha comprobado que su detección temprana
reduce la mortalidad. Hay pruebas
suficientes que demuestran que la
mamograİa en las mujeres de entre 50 y 69 años podría reducir la
mortalidad por cáncer de mama de
15 a 25 por ciento.
De acuerdo a la Secretaría de
Salud (2008), exisơan 8 mil 72 casos
por cáncer de mama en el país y 3
mil 911 por cáncer cérvico-uterino.
La tasa de incidencia por cáncer de
mama en ese mismo año fue de 7.6
por cada 100 mil mujeres mayores
de 14 años. La tasa de incidencia
por cáncer cérvico-uterino fue de
10.1 por cada 100 mil mujeres mayores de 14 años. Por grupos de
edad, las mujeres que presentaron
la mayor tasa fueron las de 60 a 64
años —23.5 por ciento—, 45 a 49
—20.9 por ciento— y de 50 a 59
años —19.6 por ciento—.
La situación que enfrentan las
mujeres que viven en Apodaca,
parƟcularmente en lo que se refiere a las condiciones de salud, merece especial atención en torno al
grado de vulnerabilidad, como de
equidad e igualdad de oportunida-

des en su nivel de atención, específicamente en el área ginecológica,
donde se manifiesta que existe negligencia y falta de cultura para el
autocuidado de la salud.
Ante este hecho surge la
preocupación de revisar y analizar
las condiciones y necesidades enfrentadas por las mujeres, que en
el caso de México ha ocurrido especialmente a parƟr del año 2000,
fecha en la que se incluye de manera explícita la perspecƟva de género en la agenda pública, lo que
implica la búsqueda de equidad e
igualdad de oportunidades entre
hombres y mujeres (Castro, A.,
2006).
Este estudio presenta los resultados de un diagnósƟco situacional
de la condición de las mujeres de
Apodaca y su posición de género
en féminas mayores de 15 años,
mediante el cual se propuso conocer la problemáƟca de salud que
enfrentan las apodaquenses. En
función de sus resultados se darán
propuestas de intervención a esta
problemáƟca.
Las preguntas de invesƟgación
que guiaron este trabajo fueron:
¿cuál es la problemáƟca de salud
que manifiestan las mujeres apodaquense?; y ¿qué aspectos de la
salud conforman la problemáƟca
de la mujer apodaquense?

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Metodología
El presente trabajo se deriva de
una invesƟgación descripƟva sobre el diagnósƟco situacional de
la condición de las mujeres en un
municipio del área metropolitana
de Monterrey, con el que parƟcularmente se pretende conocer la
situación de salud de las mujeres
del municipio de Apodaca a parƟr
de la obtención de la información
desagregada por sexo y mediante
la elaboración de un análisis de indicadores con perspecƟva de género en el área de la salud.
Se aplicaron 906 encuestas a
un grupo significaƟvo de mujeres distribuidas en tres grupos de
edad: el primero de 15 a 25 años, el
segundo de 26 a 35 años y el úlƟmo
de 36 a 60 años. Del total, 600 de
ellas fueron visitadas en sus viviendas y 306 encuestadas en mesas de
trabajo dentro de las instalaciones
del InsƟtuto Municipal de la Mujer
de Apodaca.
Para la selección del instrumento se trabajó de acuerdo con los
requerimientos establecidos por
el InsƟtuto, previamente validado
por éste.
Este instrumento consisƟó en
119 ítems estructurados en las siguientes secciones: datos sociodemográficos de la persona entrevistada, de los padres, y de los hijos,

trabajo, expectaƟvas académicas,
vivienda, equidad, discriminación,
salud, seguridad, conflicto y violencia, interacción familiar y vecinal; cada uno de ellos enfocado a
obtener información socioeconómica de la persona entrevistada,
así como también referente a perspecƟva de género en las áreas de
salud, trabajo, educación, pobreza
y violencia. De estos indicadores, el
presente estudio se centró específicamente en el área de salud.
La capacitación de los encuestadores estuvo a cargo del Centro
de InvesƟgaciones de la Facultad
de Trabajo Social y Desarrollo Humano de la UANL. Asimismo, se
capacitó al supervisor y a los trabajadores del InsƟtuto, quienes
recibieron orientación en torno a
las secciones de las que constaba
el instrumento con cada uno de sus
respecƟvos ítems. Dicha orientación consisƟó en darles a conocer
el instrucƟvo para la aplicación de
la encuesta, el cual quedó conformado por los siguientes puntos:
realizar las entrevistas en cualquier horario del día; de acuerdo a
la colonia asignada, llevar consigo
croquis; aplicar una entrevista por
manzana a mujeres mayores de 15
a 60 años.
La recolección de los datos se
efectuó por medio de entrevistas
cuya duración fue aproximada37

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mente de 20 minutos. El proceso
de levantamiento de datos tanto
de campo como de mesas de trabajo abarcó un periodo de tres semanas. Para este trabajo se contó
con 27 encuestadores, todos empleados del InsƟtuto.
Para el procesamiento de la
información se elaboró un manual de codificación que facilitó el
procesamiento de los datos. Después de codificar cada una de las
encuestas, se pasaron al proceso
de captura; durante esta etapa se
inició simultáneamente con el análisis descripƟvo de la información,
uƟlizando el paquete estadísƟco
para las Ciencias Sociales SPSS/PC
versión 14.
De acuerdo a lo anterior, fue considerado el Censo de Población y Vivienda de 2005 del InsƟtuto Nacional
de EstadísƟca y Geograİa (INEGI),
seleccionando 150 Áreas GeoestadísƟcas Básicas (AGEBS), correspondientes al municipio de Apodaca, así
como el número de población femenina que habitaba en cada AGEB.
Con esta información, se determinó
uƟlizar para los tres grupos de edad
la siguiente fórmula:
PFEM (población femenina)
por AGEB/Total de la población
(195771)*200
Siendo necesario que en cada
AGEB se aplicaran mínimo tres encuestas o hasta nueve, dependien-

do del número de población femenina que habitara en cada AGEB.
Considerando que en los úlƟmos años el municipio de Apodaca
ha crecido a un ritmo poblacional
acelerado, fue inevitable no sólo
uƟlizar el Censo de Población y
Vivienda del INEGI del 2005, sino
también trabajar con las colonias
de nueva creación, surgidas de
2005 a la fecha. Por tal moƟvo, fue
necesario solicitar a la Secretaría
de Obras Públicas información sobre los nuevos desarrollos habitacionales.
Una vez con esta información,
se tomó la decisión de recurrir al
mismo procedimiento que uƟliza
el INEGI para crear un AGEB, donde cada una de éstas se conforma
mínimo por 25 manzanas. Se elaboraron así AGEB ficƟcios para poder darle una asignación a todas
las colonias construidas a parƟr de
2005, tomando el mismo criterio
como mínimo de tres encuestas
por AGEB.
Referente al grupo de las 306
encuestas a realizar en mesas de
trabajo, se esƟpuló que las mujeres
a encuestar serían las que asisten a
talleres o a terapias en el InsƟtuto,
o bien aquellas que acuden a solicitar algún Ɵpo de servicio.
La muestra estuvo conformada por 906 mujeres, 600 de ellas
visitadas en sus viviendas y 306

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encuestadas en mesas de trabajo dentro de las instalaciones del
InsƟtuto Municipal de la Mujer de
Apodaca. El criterio de inclusión
fue convenido por dicho InsƟtuto
en conjunto con el Fondo para el
Desarrollo de las Instancias Municipales de las Mujeres (Fodeimm),
que dispuso se incluyeran a mujeres cuyas edades oscilaran entre 15
y 60 años de edad y que residieran
en Apodaca.
Para la distribución de las encuestas se trabajó con un muestreo
por cuotas de acuerdo al universo,
para lo cual se definieron tres grupos de edad a encuestar: el primero de ellos fue de 15 a 25; el segundo, de 26 a 35; y el úlƟmo, de 36 a
60 años de edad.
Es importante aclarar que para
la aplicación de las encuestas en
mesas de trabajo no se determinó
trabajar con grupos de edad; únicamente se esƟpuló que debían ser
mujeres mayores de 15 años que
habitaran en el municipio y que
asisƟeran al InsƟtuto.

Resultados
Análisis descrip vo de la población
de estudio
En este estudio fueron encuestadas
906 mujeres, de las cuales 422 se

ubican en un rango de edad de entre 36 y 79 años, lo que representa
46.6 por ciento, es decir, que casi la
mitad de la población encuestada
se sitúa en este rango; 259 —28.6
por ciento— Ɵenen entre 26 y 35
años; y 222 —24.5 por ciento—,
entre 15 y 25 años.
En lo referente al estado civil,
resultó que 63 por ciento de las
mujeres encuestadas está casada; 18 por ciento, soltera; 10 por
ciento vive en unión libre; y 6 por
ciento está separada. Es importante mencionar que existe sólo 1 por
ciento de mujeres divorciadas legalmente.
Es significaƟvo mencionar que
la gran mayoría de las mujeres apodaquenses cuenta con algún nivel
de estudio; solamente 1.9 por ciento dijo que no lo tenía, y 1.3 por
ciento no contestó o no sabe.
El 39.1 por ciento de las personas que sí Ɵene estudios se coloca
en el nivel de secundaria y 17.6 por
ciento en educación técnica; sin
embargo, existe un alto porcentaje
de personas —17.2 por ciento—
con estudios de primaria solamente y un bajo porcentaje con estudios de preparatoria —12.7 por
ciento— y de profesional —10.2
por ciento—. En este senƟdo, se
requiere mayor preparación educaƟva en la mujer, porque eso le
permiƟrá tener mayores oportu39

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nidades para mejorar su nivel de
vida.
En el ámbito ocupacional, la
mayoría de las mujeres son amas
de casa —53.9 por ciento—, lo cual
indica que no realizan aportaciones económicas para la mejora del
sustento familiar. El 17.7 por ciento
es empleada, 15.5 por ciento es comerciante, 7.2 por ciento es estudiante y 5.7 por ciento realiza otras
ocupaciones.

Resultados obtenidos en relación a
la salud de las mujeres apodaquenses
El 79.8 por ciento de las mujeres
encuestadas sí cuenta con algún
Ɵpo de servicio médico y tan sólo
19.8 por ciento carece de este servicio. De las mujeres que mencionaron contar con servicio médico,
58.9 por ciento pertenece al IMSS.
Algo interesante por resaltar es
que 11.8 por ciento de las encuestadas cuenta con SPS.
En lo referente a las veces que
durante el año la mujer ha visitado
al médico, se observó que 33.2 por
ciento acude de una a dos veces,
seguido con 28.3 por ciento para
más de cinco veces al año, por lo
que se impone implementar estrategias para aumentar el número de
visitas al médico anualmente para

un chequeo general. Al cuesƟonarles a las mujeres sobre si han visitado al ginecólogo durante el año,
54.4 por ciento contestó que no lo
ha visitado ninguna vez.
Posteriormente, al preguntarles
sobre si se han efectuado estudios
de Papanicolaou, se observó que
62.2 por ciento no se han realizado este Ɵpo de estudio; asimismo,
referente a mamograİas, 80.6 por
ciento respondió que no, y 93.6 por
ciento tampoco se ha hecho estudios sobre la osteoporosis; 87.6
por ciento de la población no se ha
pracƟcado ningún Ɵpo de estudios.
Lo anterior refleja que la necesidad
de sensibilizar a las mujeres sobre
la importancia que Ɵene el visitar
al ginecólogo, así como realizarse
los estudios perƟnentes.
Es interesante señalar que las
mujeres encuestadas no padecen
enfermedades crónicas degeneraƟvas en 90.9 por ciento, en relación
con 9.1 por ciento que sí presentó
algún Ɵpo de enfermedad. De las
que sí padecen algún Ɵpo de enfermedad, solamente 3.9 por ciento sufre de diabetes, seguido de
hipertensión arterial con 3.5 por
ciento, y tan sólo 1 por ciento padece cáncer.

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Resultados finales obtenidos del estudio
De acuerdo a los resultados obtenidos en el estudio, se puede destacar que son mujeres casadas entre
los 36 y 79 años; más de la tercera
parte Ɵene estudios de secundaria;
son amas de casa; y las tres cuartas
partes cuentan con servicio médico, principalmente el IMSS y SPS.
Sólo una tercera parte de la población encuestada acude de una
a dos veces al médico al año, y es
preocupante que la mitad de las
mujeres no haya visitado ninguna
vez al ginecólogo. Al cuesƟonarles
sobre los estudios ginecológicos
que se han realizado sobre esta
especialidad las mujeres apodaquenses, 62.2 por ciento refiere no
haberse realizado el estudio de Papanicolaou; 93.6 por ciento nunca
se ha pracƟcado el de osteoporosis; 80.6 por ciento nunca se han
hecho el estudio de mamograİa; y
87.6 por ciento no se ha realizado
ningún otro Ɵpo de estudios.

Conclusiones y recomendaciones
Podemos entonces concluir que
casi 80 por ciento de las mujeres
encuestadas sí cuenta con servicio
médico, donde se desprende que
58.9 por ciento pertenece al IMSS y

11.8 por ciento Ɵene SPS; mientras
que el porcentaje restante se aƟende en otros servicios de salud. Sin
embargo, no se realizan estudios
de prevención de enfermedades.
La mujer apodaquense, a pesar
de contar con insƟtuciones de salud y con infraestructura médica en
su municipio, solamente visita al
médico de una a dos veces al año.
De ello se deduce una falta de autovaloración, desatención, descuido y falta de cultura en el cuidado
de la salud personal, desmereciendo su calidad de vida.
En torno a las necesidades de
atención médica, es de parƟcular
importancia que se aƟendan las
carencias señaladas en este rubro
por los disƟntos grupos de edad
en ambas muestras, en las cuales
destacan la falta de servicios médicos, aun cuando algunas de las
encuestadas son económicamente
acƟvas; así como enfermedades
de Ɵpo crónico degeneraƟvo —
diabetes, hipertensión arterial y
cáncer—, parƟcularmente entre
las mujeres de mayor edad que no
acuden, en una proporción elevada, a los programas prevenƟvos
y estudios ginecológicos que les
permitan la detección oportuna de
problemas graves de salud.
Por otra parte, en el estudio se
encontró que las mujeres enfrentan una sobrecarga de trabajo ex41

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tradomésƟca, laboral y con ello un
desgaste İsico y mental.
Ante esta situación es importante promover una corresponsabilidad social, la cual tendrá que
asumirse no sólo en el interior de
la familia, sino desde la sociedad
en general, aunado a la promoción
de leyes y medidas que desde lo laboral consideren los requerimientos familiares que Ɵenen ambos
padres como responsables del cuidado y atención de los hijos y del
hogar.
A parƟr de este estudio se sugiere conƟnuar con invesƟgaciones
dirigidas hacia la salud de la mujer,
específicamente en lo que respecta
al área ginecológica donde existe
negligencia y falta de cultura para el
autocuidado de la salud, con lo que
se evitaría llegar al extremo de posicionarse como la principal causa de
mortalidad de la mujer mexicana,
neolonesa y apodaquense.
Por ello se plantea que sean las
insƟtuciones públicas de salud las
que retomen los hallazgos encontrados en este trabajo para que diseñen estrategias de intervención
a través de proyectos de carácter
prevenƟvo y de atención dirigidos
hacia las mujeres.
Desde el enfoque de la profesión de Trabajo Social, nuestra función sería planear la intervención
y ejecución del diseño de políƟca

pública de salud a través de programas de sensibilización que conlleven a la cultura de atención de la
salud hacia la mujer.
Se propone la implementación
de programas permanentes de
atención médica gratuita y promociones que les permitan realizar medidas prevenƟvas no sólo al
menor costo posible, sino además
en sus posibilidades de Ɵempo. Se
busca que las políƟcas y programas
promuevan no sólo la equidad,
sino que la población en general,
y parƟcularmente en el interior de
las familias, se sensibilice, al Ɵempo que se promueva la corresponsabilidad que Ɵenen los miembros
de una familia en la atención de la
salud femenina.
Se recomienda que se inicie
una educación generalizada con un
compromiso éƟco hacia las enfermedades propias de la mujer con el
fin de fomentar en ellas la prevención, diagnóstico y tratamiento de
las enfermedades que se presentaron en este estudio; y que en los
centros educaƟvos, desde nivel de
educación primaria hasta el universitario, se comprometan en implementar programas prevenƟvos de
atención a la salud de la mujer desde la niñez hasta la etapa adulta.
Así como que el gobierno, los
organismos no gubernamentales
y la sociedad civil, en conjunto,

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contribuyan a apoyar con recursos esenciales para la atención de
la salud femenina a fin de evitar
muertes a muy temprana edad.
Se recomienda iniciar programas con paquetes de salud y servicios médicos eficientes.
Y, por úlƟmo, la creación de comités interinsƟtucionales de salud
con intervención comunitaria, así
como la promoción de campañas
permanentes que ataquen este
grave problema.
Bibliograİa
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situación actual”, en Manuel RibeiroFerreira y Raúl Eduardo López Estrada,
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Hernández Palacios, Rosa Diana, 2007, Una
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México, Alegatos, 65, pp. 49-50.
http://www.diarioeyipantla.com/cancerde-mama-principal-causa-de-muerteen-mujeres-conapo
hƩp://www.diputados.gob.mx/cesop/doctos/El%20Seguro%20Popular.pdf
San Marơn, Hernán, 1981, Salud y enfermedad, México, La Prensa Médica Mexicana, p. 3.

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Comportamiento del entorno
social respecto al embarazo no
planeado de jóvenes universitarias
(estudio de cuatro casos)
J. Jesús Pérez López
Rebeca Guerra Orona
Juan Manuel Gu érrez Rodríguez
Mercedes Villafranca Treviño

Introducción

L

a incidencia de embarazo en
jóvenes que asisten como
estudiantes a centros educaƟvos, en parƟcular a insƟtuciones
de educación superior, es una situación presente desde hace Ɵempo y que ha sido de interés para la
invesƟgación social. La Universidad
Autónoma de Nuevo León (UANL)
no ha escapado a este fenómeno,
de modo que el mismo ha sido objeto de observación, análisis y reflexión por parte de los docentes.
En este espacio presentamos
uno de esos esfuerzos, realizado
por cuatro profesores de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo
Humano de la UANL, dirigido a
indagar la forma como las redes
de apoyo social y las insƟtuciones
parƟcipan e intervienen dentro del
proceso de relaciones sociales que

se establecen cuando una joven experimenta el estado de embarazo
mientras asiste a cursar los ciclos
académicos de su carrera.
La iniciaƟva surgió cuando los
autores de este arơculo observamos, durante el ciclo agosto-diciembre de 2007, cómo en un grupo de sexto semestre siete alumnas
tenían ausencias conƟnuas. Poco a
poco nos fuimos dando cuenta de
que dichas alumnas, o estaban embarazadas, o ya tenían sus bebés,
lo que nos llamó la atención y moƟvó a hurgar en el pasado cercano
sobre el tema —tres semestres
anteriores—, para adverƟr que el
fenómeno había estaba allí desde
antes, sin que nos percatáramos de
él. Eso nos llevó a emprender un
proyecto de invesƟgación sencillo
y breve que nos acercara al conocimiento de tal fenómeno; así, los
cuatro profesores acordamos di-

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señar el proyecto de invesƟgación
que a conƟnuación resumimos.

El problema
El embarazo en las universitarias
se presenta como un fenómeno
más o menos extendido; así lo subrayan tesƟmonios que surgen de
comentarios espontáneos entre
colegas maestros pertenecientes
a diversas enƟdades universitarias.
En tales procesos de comunicación,
fueron surgiendo diversas preguntas cuyas respuestas contribuirían
de manera importante a definir
el planteamiento del problema:
¿cómo han enfrentado la situación
de embarazo las universitarias
que han vivido esta experiencia?;
¿quiénes han acudido en su ayuda?; ¿cómo se les ha ayudado?;
¿cuál fue el nivel de suficiencia de
la ayuda?; ¿qué piensan y sienten
ellas al vivir tal experiencia?; en su
caso, ¿bajo qué condiciones conƟnuaron sus estudios?; ¿qué pensaron sobre sus estudios y qué sinƟeron al respecto durante el Ɵempo
de alejamiento de las aulas?
Estas interrogantes, pues, orientan el estudio aquí brevemente reseñado.

Estudios antecedentes
Sólo como información para el lector interesado, mencionaremos
algunos trabajos realizados sobre
el tema en los úlƟmos años en algunos estados de la república, así
como referencias de trabajos efectuados en otros países de América
LaƟna.
En la Facultad de Derecho y Criminología de la UANL, el doctor
Ramiro Ramírez Pérez terminó en
febrero de 2008 un estudio en el
que consideró el caso de 121 alumnas de esa Facultad. Al momento
de la realización del trabajo, ellas
habían vivido o estaban viviendo
la experiencia del embarazo al mismo Ɵempo que cursaban la carrera
(Meza, J., 2008).
Un equipo de maestros de la
Preparatoria Técnica Médica y de
la Facultad de Salud Pública, ambas
de la UANL, realizó en 1999 un estudio Ɵtulado: “La interrelación familiar con la prácƟca de relaciones
sexuales en adolescentes de 15 a
19 años en Monterrey”. Dicho trabajo se enfocó en estudiantes universitarios, pero no reporta sobre
casos de embarazos (Salud Pública
y Nutrición, 2001).
David de Jesús Reyes, en su tesis doctoral Ɵtulada: Vivencias y
significados de la sexualidad y la
reproducción en padres y madres
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adolescentes del área metropolitana de Monterrey, sugiere causas
del embarazo en adolescentes, sin
hacer mención del estatus de estudiante del sujeto (2007).
Roxana Loubet Orozco (2000)
estudió el embarazo adolescente
en la Universidad de Occidente,
campus Mazatlán. La autora exploró sobre el Ɵpo de información que
los estudiantes Ɵenen acerca de los
métodos de prevención de embarazo y enfermedades venéreas y
del funcionamiento básico de sus
órganos sexuales. Aunque el trabajo está desƟnado a los estudiantes,
no alude a embarazos en universitarias.
Por su parte, el área de salud
pública del Gobierno del Estado
de Tamaulipas reporta que a abril
de 2007 “no disminuye la cifra de
embarazos adolescentes en Tamaulipas”, y agrega que de los 30
mil embarazos y cesáreas que cada
año se pracƟcan en ese estado, 5
por ciento corresponde a mujeres menores de 18 años (Cruz, D.,
2007).
A su vez, una nota periodísƟca
afirma: “Impulsan con guardería
oportunidad de estudio”, en referencia a la estancia infanƟl que la
Universidad Autónoma de Zacatecas construyó para apoyar a las estudiantes universitarias madres de
familia. Tal guardería, dice la nota,

“cumplió ya un año de funcionar,
fue promovida y está funcionando con el apoyo de la Universidad”
(Romo, G., 2009).
En el ámbito internacional,
existe información sobre estudios
y acciones que los gobiernos y las
insƟtuciones de educación superior han realizado en torno a los
embarazos en adolescentes y, en
parƟcular, en estudiantes universitarias (Sánchez, J., 2004; Revista
de Ciencias Sociales, 1997; Araya,
A., 2008; Carvajal, R., 2006). Tal información guarda semejanza con la
que hemos mostrado en el caso de
México

Soporte teórico
Como marco conceptual de referencia, hemos acudido a fuentes
sobre temas psicológicos, sociológicos y, en parƟcular, sobre redes
sociales de apoyo, que consideramos perƟnentes para un mejor
acercamiento a la comprensión del
problema aquí planteado.

La psicología
Las ideas que se vierten en el presente apartado fueron tomadas
de los estudios realizados por Erik
Homburger Erikson (citados en

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Rice, P., 1997: 504-505), relaƟvos
a la psicología del desarrollo, parƟcularmente en la etapa de desarrollo psicosocial de los jóvenes.
Una de las etapas del desarrollo psicosocial es el tránsito de la
adolescencia a la edad adulta. En
este tránsito, los jóvenes viven momentos de confusión de roles para
poder asumir su idenƟdad. Antes
de la adolescencia, el niño aprende roles o papeles: estudiante,
amigo, hermano, católico, atleta y
muchos otros. En la adolescencia
es importante integrar todos estos
papeles en una idenƟdad —es la
condición de ser él mismo que lo
califica como ser humano, parƟcularizándolo dentro del ámbito de lo
biológico, psicológico y social—.
En los úlƟmos años de la adolescencia, el conflicto central del
desarrollo es la inƟmidad. La inƟmidad de la que habla Erikson es
algo más que la inƟmidad sexual
del adolescente; para él, la inƟmidad es la capacidad de comparƟr el
yo con otra persona, sin miedo de
perder la propia idenƟdad; la eficacia con que una persona conquista esta inƟmidad, se verá afectada
por la resolución de los conflictos
precedentes.
En esta etapa del desarrollo,
el varón y la mujer determinan su
propio senƟdo de vida, incluyendo
el papel que van a jugar en la socie-

dad con base en su propia idenƟdad.
La inƟmidad de los adolescentes
difiere de la inƟmidad madura, la
cual implica compromiso y sacrificio
para los hombres, pues la inƟmidad
no puede tener lugar hasta después
de que sea adquirida una idenƟdad
estable. En cambio, la mujer pone
su idenƟdad a un lado cuando se
prepara para definirse a través del
hombre con el cual se casará.

La sociología
La Teoría del Desarrollo Ecológico
de Urie Bronfenbrenner Ɵene tres
caracterísƟcas importantes: ofrece
un esquema de la sociedad estructurada en círculos concéntricos, en
los que va ubicando los diferentes
elementos que poco a poco van impactando a las personas conforme
su desarrollo; mediante la noción
de desarrollo, concibe a las personas en su dinámica con su propio
entorno social; y, finalmente, entre
el individuo y la estructura social
se establece una relación dinámica específica de influencia mutua.
Una manifestación de esta relación
dinámica son las redes de apoyo,
las que, en el asunto que nos ocupa, sirven a las estudiantes universitarias embarazadas en sus necesidades de madres emergentes.
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Dice Urie Bronfenbrenner, desde su postura de la ‘ecología del
desarrollo’, que los ambientes Ɵenen parƟcular efecto en el comportamiento social de los individuos.
Este autor concibe el entorno social como un espacio que se estructura en círculos concéntricos. Muy
cerca de las personas hay un círculo cercano, al que Bronfenbrenner
llama ‘microsistema’. Ese círculo
está consƟtuido por la familia, es
decir, los elementos con quien se
ha nacido y con los que convive
cara a cara; el segundo círculo está
un poco más alejado del individuo
pero está integrado con el primero. A este segundo círculo lo llama
‘mesosistema’, y su componente es
“un sistema de microsistemas que
forman un sistema (y) que se amplían cuando la persona en desarrollo entra en un nuevo entorno”.
Un tercer círculo, llamado ‘exosistema’, es el entorno donde la
persona no Ɵene una parƟcipación
acƟva, pero que interfiere su vida
personal, como: el lugar de trabajo
de los padres, el círculo de amigos
de los padres, las clases a las que
asisten sus hermanos, las acƟvidades del consejo escolar del barrio y
otros. El úlƟmo círculo según este
autor, el ‘macrosistema’, está compuesto por otros círculos menores
y por elementos como los medios
de comunicación, las políƟcas que

el Estado implementa o lo que
acontece a nivel de otros países.
Al vivenciar el entorno del ‘microsistema’ como expresión de su
desarrollo, las jóvenes Ɵenen el
impulso de salir de él cuando han
dejado de ser niñas. La experiencia que han obtenido del círculo
cercano las lleva a querer transitar
a otro círculo de la sociedad; ellas
viven ahora una etapa diferente de
la vida y buscan un nuevo círculo
en donde modelar su propia idenƟdad adulta, pues sus necesidades fisiológicas y sociológicas son
otras. Son la expresión del cambio
y, buscando hacer su propio círculo inmediato, asumen las consecuencias de sus propias decisiones.
Transitar y movilizarse dentro de
los otros círculos no es una tarea
sencilla; se requieren los elementos de los otros ambientes para
ubicarse poco a poco en la gran sociedad.

Redes sociales de apoyo
María Zúñiga Coronado considera
que, ante la tendencia neoliberal
de las políƟcas sociales estatales
y “del individualismo contemporáneo, se llama en contraparƟda a la
solidaridad frente a los problemas
sociales. De esta manera, las redes
sociales de apoyo aparecen como

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una respuesta ante los problemas
que enfrentan las personas más
vulnerables” (2007: 7).
Zúñiga clasifica las redes de apoyo
en formales e informales y agrega
que las redes brindan apoyo en diferentes ámbitos, como la salud, la
tercera edad, el hambre y la desnutrición, incluso para casos de divorcio y de violencia conyugal. Tales redes pueden ser la familia, los
vecinos, los amigos, los clubes de
servicio, la Cruz Roja, la Cruz Verde
o incluso parƟculares que suelen
concurrir en auxilio de emergencias.
Mónica Chadi (2000), citando a
Mony Elkaim, dice:

e insƟtucionales. Las primeras las
idenƟfica con la familia, la familia
ampliada, los amigos y el vecindario; las segundas las forman los
grupos recreaƟvos, la comunidad y
las relaciones religiosas y laborales
o de estudio; y la tercera la forman
la escuela, el hospital o equipo de
salud y el sistema judicial.
Enlazando estas clasificaciones
con los círculos concéntricos de
Bronfenbrenner, las primeras estarían ubicadas en los dos primeros
círculos y las dos úlƟmas en el exosistema y el macrosistema.
Las redes de apoyo están presentes ante las emergencias de las
estudiantes que vivieron o viven la
experiencia del embarazo.

Metodología
La Red Social es un grupo de
personas, miembros de una
familia, vecinos, amigos y
otras personas, capaces de
aportar una ayuda o un apoyo tan reales como duraderos a individuos o familias.
Es, en síntesis, un capullo
alrededor de una unidad
familiar que sirve de almohadilla entre esa unidad y la
sociedad.
La autora clasifica las redes de
apoyo en primarias, secundarias

Delimitación
El presente estudio conƟene cuatro casos que corresponden sólo a
la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano de la UANL. Esta
escuela alberga poco alumnado; su
población ronda las 500 estudiantes y 95 por ciento son mujeres.
Pese a no contar con un censo sobre los casos de embarazo ocurridos en esta insƟtución, por lo observado en el transcurso de varios
semestres hallamos que en cada
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grupo ocurren, cuando menos, uno
o dos casos.

Tipo de estudio
Éste es un estudio de Ɵpo cualitaƟvo, ya que la información con la
que se va a trabajar Ɵene un carácter personal y subjeƟvo. Esta cita
de Steven J. Taylor y Robert Bogdan
viene muy a propósito sobre esta
elección:

Cuando reducimos las palabras y actos de la gente a
ecuaciones estadísƟcas perdemos de vista el aspecto
humano de la vida social. Si
estudiamos a las personas
cualitaƟvamente, llegamos
a conocerlas en lo personal
y a experimentar lo que ellas
sienten en su lucha coƟdiana
en la sociedad (1998).

La entrevista
Para los casos que nos ocupan, la
entrevista en profundidad es el instrumento ineludible para recoger
los datos. Como lo recomiendan
los metodólogos, se trata de dialogar con las personas que viven o
vivieron el fenómeno a estudiar —

en este estudio, la experiencia del
embarazo en estudiantes universitarias— y, en un ambiente de confianza, obtener del entrevistado la
información perƟnente.
El cuesƟonario para la entrevista conƟene 83 preguntas organizadas por categorías con el fin de
enfocar los diferentes aspectos de
la experiencia vivida. Dichas categorías son: 1) Inicio; 2) Estado de
ánimo; 3) El embarazo; 4) Redes
de apoyo de: a) amigas, b) novio, c)
familia, e) insƟtuciones, e) vecinas,
f) Facultad; 5) Lo económico; 6) Los
estudios; 7) Proyecto de vida; 8) El
final.
Presentamos así un avance de
cuatro conversaciones con alumnas cuya edad oscila entre los 19 y
20 años. En la realización de cada
una de estas entrevistas se cumplieron escrupulosamente con las
manifestaciones claras del caso
concernientes a los principios éƟcos de libertad, gratuidad, honesƟdad, privacidad, información y
respeto a la idenƟdad personal,
respetando su anonimato.

Las respuestas
A conƟnuación aparecen las respuestas verƟdas por las cuatro estudiantes entrevistadas respecto a
cada una de las preguntas plantea-

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das y en el orden preestablecido
en el cuesƟonario, facilitando así
el análisis comparaƟvo de los datos
recabados en los cuatro casos.
Dentro de la categoría Inicio las
respuestas fueron:
¿Qué semestre cursabas cuando te
diste cuenta de tu embarazo?: una
estudiante estaba en primero, otra
en cuarto, una en quinto y la otra
en sexto semestre. En cuanto a si
su embarazo había sido planeado,
las cuatro alumnas contestaron
que éste fue inesperado; ninguna
tenía planeado embarazarse.
¿Cómo y cuándo conociste a tu
novio?: dos contestaron que lo conocieron en una fiesta, una en un
cibercafé y la otra respondió que
era conocido de su familias; dos
tenían un año y medio de novios,
otra tenía ocho meses, otra, siete
meses.

En la categoría Estado de ánimo
contestaron:
Al saber que estabas embarazada, ¿cómo te senƟste?: muy mal
porque defraudé a mis padres;
feliz, pero a la vez muy asustada;
preocupada, nerviosa y feliz; me
alegré, pero después me preocupé
mucho.

Al saber que estabas embarazada, ¿lloraste, te preocupaste, te
arrepenƟste o te alegraste?: lloré y
me alegré; nunca me arrepenơ, pasaron todo Ɵpo de emociones por
mí; sí, sí lloré, me preocupé y me
arrepenơ; feliz de que iba a traer
una vida al mundo.

En la categoría del Embarazo las
preguntas fueron:
Durante tu embarazo, ¿tuviste
atención médica?: las cuatro alumnas contestaron que sí tuvieron
atención médica; una agregó que
en el Seguro Popular, otra que en
una clínica parƟcular, otra aclaró
que sólo los úlƟmos tres meses
y que había recibido tratamiento
porque le detectaron anemia.
Se pidió a las entrevistadas un
comentario acerca de su proceso
de embarazo: las cuatro contestaron que su embarazo estuvo bien,
ellas se sinƟeron contentas; dos
agregaron que gozaron su embarazo y una de ellas dijo que sólo en
los úlƟmos meses se senơa cansada, porque seguía haciendo sus
prácƟcas en la Facultad.

En la categoría de Redes sociales
de apoyo, referente a las amigas,
se les planteó:
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¿Cuántas amigas supieron de tu
embarazo?: una alumna respondió
que cuatro, a la vez compañeras de
la escuela; otra que ocho amigas,
también de la escuela; todas mis
amigas del grupo donde yo estaba,
dijo otra; mis amigas, todo el salón
completo.
¿Qué te dijeron tus amigas?:
estaban sorprendidas y me dijeron ¿cómo le vas a hacer?;
me felicitaron; me aconsejaron
que hablara con mi mamá: se
preocuparon por la reacción de mis
papás al saber lo del bebé, pues
pensaban que me podían pegar,
también me dijeron que lo tuviera.
¿Te apoyaron o te ignoraron?:
me apoyaron; me apoyaron y me
animaron a tener el bebé; me
apoyaron, me dijeron que le echara
ganas, que no me deprimiera
y que había becas para seguir
estudiando; algunas me apoyaron,
dijo otra.
¿Cómo te apoyaron?: me apoyaron
moralmente y me daban ánimo
para que todo saliera bien; moralmente, me dijeron que no hiciera
mucho esfuerzo y me ayudaban
con la mochila y a subir el camión;
me felicitaron y me decían que
era algo muy lindo tener un bebé;
me apoyaron mucho, me daban

mucho apoyo moral y me daban
la mano en trabajos de equipo.
¿Cómo te ayudaron?: con trabajos,
en cuidarme, en darme la mano
para subir al camión y también que
no cargara cosas pesadas; desde
que estaba embarazada nunca me
dejaron sola, me ayudaban a cargar
la mochila, las cosas que traía a la
escuela y me traían comida, por lo
del antojo; [buscaban] que no hiciera esfuerzo y me ayudaban con
la mochila y a subir el camión; estuvieron pendientes de mi embarazo.
En lo referente al novio se preguntó:
¿Qué reacción tuvo tu novio
cuando le dijiste de tu embarazo?:
se preocupó y se emocionó mucho;
se alegró y se preocupó; se puso
contento y lloró de felicidad; se
sorprendió, pero después se despreocupó, frecuentó otros amigos
y amigas; se ausentó.
¿Recibiste ayuda de él?: no recibí
ninguna ayuda; me ayudó en todo
y me dijo que no me preocupara y
que él iba a hacer todo por nosotros, el bebé y yo; no; sí, me ayudó
en todo momento, fue muy responsable económicamente.
¿Cómo te ayudó?: no me ayudó;
después de que supo del embarazo, ya no se dejó ver, sólo una o dos

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veces; en todo, económica y moralmente; cuidándome, protegiéndome y [se convirƟó en] un apoyo
incondicional.
¿Se siguieron viendo durante el
embarazo?: algunas veces, pero
nada más; sí, todos los días; algunas veces, él dijo que me ayudaría,
pero no lo hizo; sí, todo el Ɵempo,
vivimos juntos desde que supimos
que estábamos esperando a nuestro bebé.
¿Te acompañó algunas veces en
tus visitas al doctor?: la mayoría de
las veces me acompañó a hacerme
los ecos y a las citas con ginecólogo; dos dijeron que no que ya no
los vieron; sí, casi todas.
¿Tu novio fue solidario conƟgo en
los gastos?: sí, se casó conmigo;
dos dijeron que no; sí, él pagó todo.
¿Él trabajaba o estudiaba?: los
cuatro trabajaban y uno ganaba
poco.
¿Los papás del novio se enteraron
de tu embarazo?: tres dijeron que
sí y una dijo que no, sólo su hermano.
¿Recibiste ayuda de parte de la
familia de tu novio?: tres dijeron
que no, otra dijo que sí.

En la categoría de Redes sociales
de apoyo, respecto a los papás se
preguntó:
¿A tus papás les dijiste o te descubrieron?: no tengo papás, ellos fallecieron; una le dijo a su mamá; y
a dos las descubrieron.
¿Cuál fue su reacción al darse cuenta de tu embarazo?: al principio se
molestaron, después se preocuparon; mis hermanos se molestaron
un poco, pero después se les pasó
el enojo; mi mamá se enojó mucho,
tanto que me corrió de la casa y me
propuso abortar; mi papá también
se enojó, pero aceptó apoyarme y
me dijo que tuviera al bebé; al principio se asombraron porque pensaron que era una enfermedad, porque estaba a dieta y no enflacaba,
después me llevaron al análisis y
me descubrieron.
Si te aceptaron, ¿de qué modo te
ayudaron?: mi papá me apoyó moral y materialmente, mi hermano y
mi hermana también me apoyaron
y a mi mamá se le pasó el enojo y
después me apoyó; mi mamá me
cuidaba y me hacía de comer; con
los gastos, con los ecos y medicamentos; me aceptaron.
Todas estas ayudas, ¿cómo te sirvieron?: mucho, porque me senơa
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siempre acompañada y querida; el
apoyo de mi familia me sirvió mucho para senƟrme bien emocional
y İsicamente; mucho, me senơ
muy bien; fueron de mucha ayuda.
¿Alguien
te
propuso
que
abortaras?: sí, mi mamá; tres dijeron que no.
¿Alguna vez pensaste en irte de tu
casa?: las cuatro dijeron que no.

Respecto al apoyo de las insƟtuciones se preguntó:
¿Recibiste apoyo de alguna
institución?: dos dijeron que no y
dos dijeron que sí.
¿De cuál institución recibiste
apoyo?: dos recibieron apoyo del
Seguro Popular.
¿Cómo te ayudó la insƟtución?: las
dos que recibieron apoyo del Seguro Popular, fue a través de la atención médica y alumbramiento.

Respecto al apoyo de las vecinas,
se plantearon a las entrevistadas
cuatro preguntas en torno al apoyo que recibieron de las primeras,
y las cuatro coincidieron en que no
obtuvieron ninguno.

Sobre el apoyo obtenido en el
ámbito de la Facultad, se preguntó:
En el inicio o durante tu embarazo,
¿recibiste algún apoyo de la Facultad?: como fue entre semestres, yo
no necesité ayuda; otra entrevistada dice que sí; otra dice que no recibió ayuda porque un día solicitó
algo sencillo y se lo negaron de mal
modo; otra dijo que sí, económicamente fue a través de la beca.
¿De quién especialmente recibiste
ese apoyo?: de amigas, compañeras y maestros; de amigas y maestros; yo no recibí apoyo porque no
lo necesité; especialmente de algunos maestros.
¿En qué consisƟó la ayuda?: los
maestros fueron flexibles con mis
faltas con el Ɵempo para presentar
exámenes, también me decían que
no dejara de estudiar; mis maestros me consideraron en la entrega de trabajos y en las fechas que
tenía que presentar exámenes;
algunas maestras me aconsejaban
que no me desesperara, que todo
iba salir bien; dos de ellas dijeron
que las cambiaron de salón, ya que
estaba en el segundo piso.

En la categoría de lo Económico se
indagó:

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El embarazo es un estado de cuidado y de atenciones, ¿cómo le
hiciste con tus gastos?: mi esposo
se puso a trabajar más, me pagó
los estudios, la comida y todo; mi
familia, mi papá y mis hermanos,
aparte la beca que yo tenía de
Pronabes (Programa Nacional de
Becas para la Educación Superior);
mi esposo cubrió todos los gastos
del embarazo y las colegiaturas de
la escuela; me ayudé con el Seguro Popular. ¿Cómo has enfrentado
los gastos después del embarazo?:
aunque mi esposo trabaja, hemos
batallado por los gastos que tenemos con la bebé, la leche, los pañales, etcétera, tengo que agradecer el apoyo de mi mamá, porque
ya con la bebé nos fuimos a vivir a
su casa; pues mi familia me apoya económicamente y también la
beca que da la Universidad; gracias
a mi esposo, pues él trabaja en dos
partes, de lunes a domingo; con el
Seguro Popular, la beca y la ayuda
de mi familia.
¿Cómo has vivido anímicamente
después de tu alumbramiento?:
muy realizada con el rol de mamá;
me siento feliz, realizada, contenta
con mi bebé y feliz por formar mi
propia familia; muy contenta, muy
estable por mi bebé; bien porque
quería tener un bebé, pero no tan
de repente como me pasó.

¿Cómo estás resolviendo ahora
los gastos tuyos y los de tu bebé?:
mi esposo sigue trabajando y yo
le ayudo vendiendo cosas en el
mercadito, vendiendo perfumes
y cosméƟcos; mi familia me sigue
apoyando, pero ahora que ya terminé la carrera, pienso buscar trabajo para enfrentar los gastos de la
bebé y míos; con lo que aporta mi
esposo; mi mamá me apoya y yo le
ayudo con el negocio que Ɵene.
¿Piensas que ya asimilaste tu
nuevo estado de madre o estás
inconforme?: no estoy inconforme, estoy saƟsfecha con mi hija y
sólo quiero ser una buena madre,
esposa y estudiante; sí, y me siento
bastante bien; sí, estoy feliz; sí ya
lo asimilé, estoy tranquila. ¿Cómo
calificarías esta experiencia de tu
embarazo?: fue bonita y la disfruté,
pero me hubiera gustado esperarme un poco más; muy significaƟva,
puedo decir que mi bebé es el moƟvo para trabajar y seguirme superando; bueno, porque me apoyaron, pero es complicado cuando
no se Ɵene un apoyo del padre del
bebé, además esto me hizo madurar; es una de las etapas más hermosas de mi vida.

En la categoría Proyecto de vida y
estudios se preguntó:
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¿Qué has pensado de tus estudios
en la Universidad?: terminar la carrera para apoyar económicamente a mi esposo; seguir estudiando;
pienso que debo terminar mis estudios; Ɵtularme y trabajar.
¿Tuviste tiempo para pensar qué
hacer con tus estudios antes o
durante tu embarazo?: pensaba
que podía estudiar y estar embarazada, pero la verdad es diİcil; sí,
acabar los estudios y en cuanto al
embarazo, pensé en cómo hacerle
después para cuidar a mi bebé y seguir estudiando; estuve estudiando
durante el embarazo, pero después
pienso seguir; siempre pensé que
mis estudios debían conƟnuar.
¿Por tu embarazo interrumpiste
tus estudios?: las cuatro entrevistadas afirmaron que no interrumpieron sus estudios; una de ellas
agrega: pero fue diİcil llevar los
estudios con el embarazo.
¿Qué has pensado durante el
tiempo de tu embarazo sobre tus
estudios?: el estado del embarazo es un estado muy bonito, pero
combinarlo con la responsabilidad
de estudiar es diİcil de sobrellevar;
pues ahora con más razón que tengo mi bebé, tengo que acabar mis
estudios; no dejarlos; quiero se-

guir estudiando, terminar, pero sin
descuidar a mi bebé.
Si no interrumpiste tus estudios,
¿cómo viviste ese periodo con dos
compromisos?: viví apoyada de
mi familia, amigas, maestros, mi
mamá y mi esposo; creo que me
esforcé para seguir estudiando,
pero gracias al apoyo de mi familia, amigas, compañeras y maestros pude terminar mi carrera;
muy cansada; mi ơa me apoyó cuidando a mi bebé.
Si piensas seguir tus estudios,
¿cómo resolverás el cuidado de
tu bebé?: por lo pronto mi hermana me cuida a la bebé, pero el
siguiente semestre ya no va a poder; mi mamá trabaja y no me la
puede cuidar, tendré qué buscar
una guardería que me la cuide; mi
mamá me ayuda con la bebé; dejarlo al cuidado de mi mamá; actualmente mi ơa me cuida la bebé,
eso hace posible que siga viniendo
a la escuela.
¿De quién o de quienes has
recibido más apoyo en esta
experiencia?: de mi mamá, de mi
esposo, mis hermanas y mis amigas; de mi familia, mis amigas,
compañeras y mis maestros; de mi
mamá y mi padrastro; de mi marido y mis maestras.

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�Embarazo adolescente

¿Tu familia te sigue ayudando
ahora que ya tienen tu bebé?: sí;
sí, mi mamá me cuida a mi bebé;
sí, moralmente; sí me siguen ayudando.

Sobre la categoría El final se preguntó:
Ahora que Ɵenes tu bebé, ¿qué
piensas del matrimonio?: pues
hay complicaciones como en todo,
pero hay más comprensión, Ɵene
que haber mucha comunicación y
negociación; me hubiera gustado
estar casada, pero no se me dio,
me gusta más ser madre soltera;
es muy estable tener una pareja
y más cuando se Ɵene un bebé;
pienso casarme con alguien que
me quiera a mí y a mi bebé.
Si tuvieras algo qué decirles a tus
compañeras estudiantes de la universidad, ¿qué les dirías?: que se
cuiden, porque es diİcil llevar los
dos roles, porque a veces yo no
puedo estar al cien por ciento en
las clases y cumplir con los trabajos, pero si ya se dio esto, que le
echen ganas y sigan adelante; yo
le agradezco mucho a la gente linda que me apoyó y me sigue apoyando; que lo piensen antes de
embarazarse, porque aunque es
una experiencia muy bonita, estar

embarazada y estudiar es a veces
complicado; que no se dejen llevar
por el momento, que piensen más
con la cabeza que con el corazón;
que ser madre es algo muy bonito,
que es lo mejor que le puede pasar
a una mujer, pero que lo hagan a
su Ɵempo, ya que combinar el rol
de estudiante y de esposa es muy
estresante.
Análisis
A conƟnuación presentamos una
síntesis de la contribución que las
redes de apoyo proporcionaron a
cada una de las jóvenes del estudio. Los resultados de las entrevistas han sido insertados en la matriz
que aparece enseguida y que analiza las respuestas de las entrevistadas a través de la siguiente escala
de valores: Muy bien: la entrevistada recibió la atención que esperaba
por parte de la red correspondiente; Bien: recibió un apoyo de menor intensidad al esperado, pero
saƟsfactorio; Regular: el apoyo recibido no saƟsface las expectaƟvas;
Nulo: no recibió apoyo alguno.

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�Embarazo adolescente

Conclusiones

Matriz de análisis

Resultados por entrevistadas

Facultad

Vecinas

InsƟtuciones

Familia

Novio

Amigas

Redes sociales de apoyo

Entrevistadas

Resultados
por redes

A

B

C

D

Mb

Mb

Mb

Mb

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Mb

Nulo

Mb

Mb

B

Muy
buen
apoyo

No
hubo
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Buen apoyo

B

Mb

Mb

Mb

B

Buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Buen apoyo

Nulo

Nulo

Mb

Mb

B

No
hubo
apoyo

No
hubo
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Buen apoyo

Nulo

Nulo

Nulo

Nulo

Nulo

No
hubo
apoyo

No
hubo
apoyo

No
hubo
apoyo

No
hubo
apoyo

No hubo
apoyo de
vecinas

B

B

Mb

Mb

B

Buen
apoyo

Buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo

Buen apoyo

B

R

Mb

Mb

Buen
apoyo

Regular
apoyo

Muy
buen
apoyo

Muy
buen
apoyo.

Muy buen
apoyo de
amigas

Del novio

De familia

InsƟtucional

Las preguntas planteadas en el
presente arơculo, relaƟvas al fenómeno del embarazo vivido por
estudiantes universitarias mientras
cursaban sus estudios profesionales, recibieron en general estas respuestas:

¿Cómo enfrentaron los sujetos de
estudio su situación?: en el fondo
hay una decisión muy firme a salir
adelante con su embarazo, como
un hecho emergente del que no tenían claro su nivel de compromiso,
pero también una decisión firme
sobre la conƟnuidad de sus estudios; nadie pensó en dejar éstos.
¿Quiénes acudieron en ayuda de
las estudiantes involucradas?: varias redes sociales, en parƟcular
personas cercanas a dichas estudiantes, que sin una propuesta manifiesta previa cristalizan el apoyo
cuando se presenta la urgencia;
acudieron en ayuda, también, sus
amigas, su novio, su familia, algunas insƟtuciones, y la Facultad en
la persona de sus direcƟvos y sus
maestro(a)s.
¿Cómo fue la ayuda?: de sus amigas recibieron ayuda moral, que
se expresa en simpaơa, en brindar

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�Embarazo adolescente

ánimo, consejo, sugerencias; por
parte del novio, afecto, apoyo moral y económico; de sus familias,
también apoyo moral, pero sobre
todo apoyo económico, consejos,
apoyo en servicios; de las insƟtuciones, apoyo profesional médico;
y de la Facultad, becas, tolerancia y
flexibilidad de maestras y maestros
con relación a sus tareas, horarios
o días de exámenes.
¿La ayuda fue suficiente?: es diİcil
precisar el nivel ópƟmo de la ayuda, sin embargo, las respuestas evidencian que todas las estudiantes
del estudio recibieron ayuda, pero
no fue igual para todas; hubo quienes recibieron más que otras, y las
que recibieron menos sin duda vivieron con más apuro su experiencia.

ausentes por su embarazo?: nunca
pensaron dejar sus estudios, ni renegaron del embarazo vivido.
La experiencia que han vivido estas
alumnas las ha cambiado. Hoy ven
disƟnto su estudio y pareciera que
su esfuerzo por salir adelante Ɵene
un senƟdo especial. Su esfuerzo
Ɵene dedicatoria; trabajan y estudian mucho porque sus bebés y sus
familias las necesitan.
Gracias a las redes sociales de
apoyo pudieron salir adelante con
cierta holgura, con un cierto nivel
de bienestar, ciertamente diferenciado, pero efecƟvo. Ellas siguen
estudiando, una ya terminó y está
buscando emplearse. Las demás
terminarán pronto.

Bibliograİa
¿Qué piensan ellas de su embarazo?: lo vivieron posiƟvamente,
lucharon para sacar adelante sus
necesidades e incluso lo disfrutaron; aunque reconocieron los
inconvenientes de enfrentar una
situación imprevista como la experimentada, nunca se arrepinƟeron.
¿Regresaron a la Universidad?: nadie desertó.
¿Qué pensaron de sus estudios
durante el Ɵempo que estuvieron

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�Embarazo adolescente

Comentarios a los relatos de
jóvenes universitarias acerca
de su experiencia de embarazo
y posterior cuidado del bebé,
vivida al mismo tiempo que
realizaban sus estudios
José Ricardo González Alcalá

Resumen

E

l embarazo de jóvenes universitarias y posterior cuidado del o la bebé experimentado al mismo Ɵempo en que
aquéllas cursan sus estudios, genera una variada serie de comportamientos en el entorno social que
abarca ámbitos diversos y produce
resultados que parecen adoptar,
a pesar de las diferencias, ciertos
patrones recurrentes. El análisis
cualitaƟvo de los datos proporcionados por los cuatro casos del estudio que aquí se comentan, arroja
una lista puntual de conclusiones
que abonan a la exploración de un
tema relevante dentro de la problemáƟca social del momento.

Introducción
El presente arơculo expone una
breve contribución del autor al
análisis de datos realizado en el
estudio “Comportamiento del entorno social respecto al embarazo
no planeado de jóvenes universitarias (estudio de cuatro casos)”, de
J. Jesús Pérez López, Rebeca Guerra Orona, Juan Manuel GuƟérrez
Rodríguez y Mercedes Villafranca
Treviño, el cual aparece en páginas
anteriores de este número.
Los datos del estudio proceden
de cuatro entrevistas realizadas
con alumnas en estado de embarazo que tomaban cursos de licenciatura en la Facultad de Trabajo Social
y Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Nuevo León
(UANL), y cuyas edades oscilan entre los 19 y 20 años. El cuesƟonario
para la entrevista conƟene 83 pre61

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�Embarazo adolescente

guntas organizadas por categorías
con el fin de enfocar los diferentes
aspectos de la experiencia vivida.
Dichas categorías son: 1) Inicio; 2)
Estado de ánimo; 3) El embarazo;
4) Redes de apoyo de: a) amigas, b)
novio, c) familia, d) insƟtuciones, e)
vecinas, f) Facultad; 5) Lo económico; 6) Los estudios; 7) Proyecto de
vida; y 8) El final.
La literatura consultada proviene de diversas disciplinas, especialmente de la psicología y la sociología. Las citas correspondientes
se refieren a contenidos derivados
de la aplicación de metodologías
diversas y Ɵenen solamente un
propósito ilustraƟvo para las respuestas de las estudiantes entrevistadas. A conƟnuación presentamos un resumen de las respuestas
(R) a cada una de las categorías
señaladas, seguido del comentario
(C) respecƟvo.

Inicio
R: El embarazo fue inesperado e
inició entre el primero y sexto semestres de la carrera.
C: De ello resulta obvia la diversidad de momentos en la vida de las
entrevistadas, en los que la experiencia no planeada de embarazo
se convierte en un compromiso

que trasciende las expectaƟvas
ordinarias de una joven estudiante; es decir, “surgen otros intereses como preocuparse por el niño
que se está desarrollando, relaciones con su pareja, y adaptarse al
entorno y condiciones de sus padres” (Lozada, J., 2006).
R: Orígenes diversos de la relación
de noviazgo, y de siete a 18 meses
de duración de éste antes del embarazo.
C: La variedad de situaciones propiciatorias de los primeros encuentros, que a la postre se convierten
en compromisos de alta exigencia,
todo esto en breves lapsos de noviazgo, Ɵene implicaciones tales
como el nivel de madurez en la
personalidad de cada involucrado
y en la relación de noviazgo en sí
misma. En otro estudio,

el análisis de la trayectoria
de los noviazgos puso de
manifiesto la diversidad de
formas y Ɵempos en que ese
senƟmiento fue registrado.
En el caso de noviazgos de
más de un año, el senƟrse
“clavada” (con la frase “estar clavada”, las informantes
describían la intensa orientación afecƟva que despertaba

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�Embarazo adolescente

la pareja) y la relación sexual
fue relatado como un proceso gradual de acercamiento.
En estas circunstancias el
riesgo de embarazo era percibido pero no evitado, bien
fuera por temor a las consecuencias de los métodos anƟconcepƟvos o para probar
su capacidad reproducƟva
(Román, R. et al, 2011: 9).

Estado de ánimo
R: Al saber del embarazo, senƟmientos encontrados —muy mal,
asustada, preocupada, nerviosa,
arrepenƟda-bien, feliz, alegre— en
las cuatro jóvenes.
C: SenƟmientos contradictorios parece ser la regla en estas expresiones, aunque maƟzados de disƟnto
modo en cuanto a la intensidad de
los mismos. “De acuerdo a la realidad vivencial la adolescente embarazada se enfrenta a una confusión de roles y a la desesperación,
la cual es un problema criƟco en
esta edad” (Lozada, J., 2006: 18).
Álvarez, citado por Lozada (2006:
18), “afirma que el temor y la curiosidad son los senƟmientos que
acompañan constantemente a las
primigestas durante el embarazo”.
Embarazo

R: Las cuatro jóvenes recibieron
atención médica durante el embarazo, el cual no sufrió contraƟempo
y fue disfrutado.
C: En general, parece que el estado de salud durante el embarazo
de estas jóvenes se desenvolvió
sin mayores sobresaltos, lo que
plantea cuesƟones alrededor del
papel jugado en ese aspecto por
la familia y las redes de apoyo. En
estudios enfocados a este aspecto,
se “ha propuesto que la presencia de un fuerte apoyo familiar en
la cultura mexicana es uno de los
factores que protegen la salud materna e infanƟl” (Fernández, L. y A.
Newby, 2010: 1).

Redes sociales de apoyo (amigas)
R: Sus amigas —todas compañeras
del grupo de clase escolar— supieron del embarazo y expresaron
senƟmientos de apoyo de diversas
formas.
C: Lo anterior revela el impacto
amistoso que la frecuencia de la
relación entre las jóvenes produce;
frecuencia propiciada por la estancia en la escuela y la consecuente
parƟcipación en acƟvidades conjuntas. Igualmente, se percibe en
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�Embarazo adolescente

las expresiones comentadas un entorno de primera mano que ejerce
en las jóvenes una influencia con
implicaciones psicológicas y sociales de apoyo. De acuerdo a varios
estudios: “La fuente interpersonal
preferida para hablar sobre temas
de sexualidad… es el grupo de pares, es decir, amigas, vecinas y hermanas” (Pantelides, E., 2011: 20).
R: “Me animaron a tener el bebé
y [comentaron] que había becas
para seguir estudiando; “me apoyaron moralmente”; “me ayudaban con la mochila y a subir el
camión”; “me felicitaron”; “me
daban la mano en trabajos de equipo”; “nunca me dejaron sola”; “me
traían (el) antojo”.
C: Domínguez, citado por Lorena
Pasarín y otros, apunta: “El apoyo
social se asocia con mayor frecuencia con los lazos ‘fuertes’, que Ɵenden a estar compuestos por parientes, vecinos y amigos ínƟmos. Estos
lazos generalmente proporcionan
a los individuos apoyo emocional
y expresivo, así como ciertas formas de ayuda instrumental” (2011:
7) En los casos que aquí nos ocupan, son comprensibles los actos
aprobatorios expresados por las
amigas de las jóvenes, dada la natural idenƟficación de senƟmientos
entre miembros del sexo femenino

respecto al hecho del embarazo,
el cual, por sí mismo, representa
natural y socialmente un acontecimiento posiƟvo y deseable. Al respecto, Ana María del Rosario Asebey afirma:

En virtud de los casos observados dentro de una prácƟca
clínica sustentada en marcos
teórico-técnicos psicoanalíƟcos freudianos, kleinianos,
y postkleinianos de las escuelas inglesa y americana,
así como en la teoría de los
sistemas, podemos afirmar
que la maternidad es un
fenómeno maravilloso en
la mujer, implica el triunfo
de su propia idenƟdad, por
lo cual Ɵene importancia y
trascendencia en sí misma
(2004: 2).
En los casos expuestos, el asenƟmiento mostrado por las amigas
cobra una importancia especial,
dado que las circunstancias en
que el hecho sucede no son las
socialmente esperadas, quedando así la joven que lo experimenta en situación vulnerable. Más
específicamente, la naturaleza
de los apoyos prestados, si bien
modestos en cuanto a su valor
material, parecen mantener, en el

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ánimo de la joven involucrada, el
entusiasmo que naturalmente un
hecho así produce en la mayoría de
las mujeres que viven la experiencia del embarazo.

Redes sociales de apoyo (el novio)
R: En tres de los casos, el novio “se
preocupó y se emocionó mucho”;
en el otro, “se ausentó”. Sólo en
dos casos hubo ayuda económica
y moral; en uno, la pareja se siguió
viendo coƟdianamente, y se acompañó en las visitas al ginecólogo.
Los cuatro novios trabajaban; uno
ganaba poco.
C: Estas respuestas reflejan, claramente, cómo los embarazos ocurridos fuera de una relación de pareja
socialmente más o menos estable
y presidida por algún Ɵpo de compromiso expresado y reiterado de
alguna manera socialmente admiƟda, muestran reacciones disƟntas
en cada caso por parte de los varones involucrados. “La situación de
compromiso es diferente si el embarazo surge dentro de un noviazgo con fuertes relaciones afecƟvas
o de un encuentro poco planificado” (Brañas, 2011:4). Así, al

recibir la noƟcia de su paternidad, el varón se enfrenta
a todos sus mandatos personales, sociales y a sus carencias, exacerbándose todo
ello por altruismo, lealtad,
etc. como también por su
dependencia económica y
afecƟva. Por ello, busca trabajo para mantener su familia, y abandona sus estudios,
postergando sus proyectos
a largo plazo y confunde los
de mediano con los de corto plazo, comenzando a vivir
las urgencias. A todo esto se
agrega el hecho de que la
adolescente embarazada le
requiere y demanda su atención, cuando él se encuentra
urgido por la necesidad de
procuración (Menacho, L.,
2011: 12).
En cambio: “El temor a no poder
asumir el papel de padre y las consecuencias que esto acarrea para
la autoesƟma, pueden llevar a la
comprensión de la inestabilidad
en las parejas jóvenes” (Benatuil,
D., 2011: 18) Parecería que al momento en que la pareja de jóvenes
decide relacionarse sexualmente,
deja al azar de las circunstancias
emocionales que se presenten espontáneamente las decisiones que,
necesariamente, deberán de tomar
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una vez aparecidas las consecuencias de tales relaciones; en los casos
que nos ocupan, el embarazo de la
compañera.
R: Tres papás del novio se enteraron del embarazo y sólo una de las
cuatro jóvenes recibió ayuda de la
familia de aquél.
C: Estas reacciones de los padres
del novio podrían ser consecuencia
más bien de las circunstancias económicas, más o menos limitadas
a los gastos ordinariamente esperados, y desde luego aderezadas,
en alguna medida, con senƟmientos de desaprobación ante las circunstancias socialmente “desviadas” en la ocurrencia del hecho.
De cualquier manera, tal reacción
suele ser la común en cualquier
circunstancia, y referida al joven
varón que se casa o decide vivir en
pareja, representa un rasgo propio
de nuestra cultura.

Redes sociales de apoyo (los padres)
R: Sólo tres de las jóvenes contaban
con papás —las cuatro contaban
con mamás— al inicio del embarazo. Los padres “al principio se
molestaron, después se preocuparon”; “mi mamá se enojó mucho”;

“me corrió de la casa y me propuso abortar”; “mi papá también se
enojó pero me dijo que tuviera al
bebé”. En todos los casos la familia
de la joven apoyó moral y materialmente en el evento: “me senơa
siempre acompañada y querida”;
“me senơ muy bien”. Ninguna de
las jóvenes pensó en abandonar la
casa de sus padres.
C: Lorena Pasarín y otros citan un
estudio del College of Nursing de la
Universidad de Arizona que describe

las percepciones de las puérperas adolescentes acerca
[de] las caracterísƟcas de su
red social y de su experiencia en la obtención de ayuda
durante su embarazo…[y reporta] un mayor apoyo por
parte de la familia [la madre
en primer término y la pareja en segundo término] y los
amigos (2011: 7).
Si bien en los cuatro casos descritos aquí, el desenlace final de la
perturbación en la dinámica familiar ordinaria —provocada por un
acontecimiento inesperado con
las características del que aquí
analizamos— parece resolverse
sin afectar gravemente los vínculos

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familiares, las etapas previas muestran diferencias importantes en el
grado de aceptación del hecho perturbador por parte de los padres,
lo cual influye de manera directamente proporcional en el ánimo de
la joven afectada para asumir posiƟvamente su experiencia de embarazo, aun cuando todo termine en
aceptación plena. A esto úlƟmo parece contribuir más el apoyo afecƟvo y moral otorgado por la familia,
aunque el económico juegue necesariamente un papel importante.
Todo esto en un contexto en el que
las jóvenes que rodean los 19 años
“se acercan nuevamente a sus padres y sus valores presentan una
perspecƟva más adulta; adquieren
mayor importancia las relaciones
ínƟmas y el grupo de pares va perdiendo jerarquía; desarrollan su
propio sistema de valores con metas vocacionales reales” (Menacho,
L., 2005: 3).

Ins tuciones de salud
R: Sólo dos de las jóvenes recibieron
atención médica institucional por
parte del Estado, particularmente
del Seguro Popular del Gobierno
Federal.

la carga —material y/o emocional— producida por el hecho perturbador en la dinámica familiar,
especialmente en las relaciones de
la joven embarazada con sus padres; igual efecto puede esperarse
en las relaciones de las jóvenes con
sus parejas.

Redes Sociales de apoyo (vecinas)
R: Las entrevistadas manifestaron
no haber recibido apoyo de parte
de sus vecinas.
C: Como se vio más arriba, los lazos amistosos —en algún grado
alimentados en el diario convivir e
interactuar como individuos— juegan cierto papel de cobijo, moral
principalmente, a favor de los casos de embarazo de la naturaleza
de los que aquí estudiamos. En
cambio, las relaciones de vecindad
suelen crear redes para la solución
de problemas que afectan a la comunidad en cuanto tal, es decir,
asuntos de carácter colecƟvo más
que de índole individual. Por otra
parte, la cercanía İsica, propia de
la vecindad, no implica necesariamente una interacción individual
frecuente.

C: Obviamente, la existencia de
apoyo insƟtucional puede aligerar
67

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�Embarazo adolescente

La Facultad
R: Durante el embarazo, en uno de
los casos la joven disfrutaba de beca
escolar otorgada por la Universidad, en tanto que en otro, la ayuda
se concretó en detalles puntuales;
otra de las jóvenes no requirió ayuda, mientras que a la restante no se
le proporcionó el apoyo solicitado.
En dos casos, la insƟtución permiƟó cambio de salón a la planta baja
del edificio. Junto al apoyo que las
cuatro entrevistadas recibieron por
parte de sus condiscípulas-amigas,
tres de ellas solicitaron y recibieron
un trato flexible por parte de lo(a)s
maestro(a)s en cuanto a faltas, plazos y cambios de fechas, además
de palabras de aliento
C: Todas estas son formas de apoyo
insƟtucional y están determinadas,
como en el caso de cualquier insƟtución, por las funciones y acƟvidades oficiales que caracterizan a la
misma. Sin embargo, dadas las reglas que prevalecen en la relación
de los estudiantes con la insƟtución y, parƟcularmente, con lo(a)s
maestro(a)s, los casos examinados
reflejan un ánimo personal permisivo por parte de ésto(a)s para cubrir las necesidades parƟculares de
la joven embarazada en cuanto a
las dificultades que enfrenta en el
cumplimiento de sus deberes como

alumna. Se trata entonces de decisiones que, más allá de las reglas
de aplicación general de la insƟtución, quedan al arbitrio del criterio
personal de cada maestro(a).

Lo económico
R: En cuanto a los recursos económicos necesarios durante el embarazo, las respuestas fueron: “mi
esposo se puso a trabajar más,
me pagó los estudios, la comida y
todo”; “mi familia [apoyó], aparte
[conté con] la beca”; “mi esposo
cubrió todos los gastos del embarazo y las colegiaturas de la escuela”;
“me ayudé con el Seguro Popular”.
Después del alumbramiento: “mi
esposo trabaja, hemos batallado”;
“nos fuimos a vivir a su casa [de
la mamá]”; “mi familia me apoya
y también [cuento con] la beca”;
“mi esposo trabaja en dos partes”;
“[me apoyé en] el Seguro Popular,
la beca y mi familia”.
C: Los meses de espera para el
alumbramiento y los subsecuentes
después de acaecido éste, son ciertamente lapsos en los que la necesidad de atención y apoyo, respecto al hecho que aquí analizamos,
alcanza su mayor nivel, tanto en lo
económico como en lo afecƟvo. De
ahí que destaca, de igual manera,

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�Embarazo adolescente

la importancia de la intervención
de la familia de origen de la joven
involucrada en el hecho y de las
insƟtuciones con las que ésta entabla relación. Por otra parte, en “un
estudio chileno se encontró que
era cinco veces más probable que
el padre proporcionara apoyo al
niño si tenía empleo” (Benatuil, D.,
2011: 19). De ahí que la intervención de la pareja —novio o esposo— deviene también, en tales momentos, hecho crucial, sobre todo
cuando alcanza la consolidación
necesaria que coloque a la pareja
y al bebé como familia nuclear independiente. En casos como los de
estas jóvenes, “es frecuente que el
embarazo sea el elemento que faltaba para consolidar su idenƟdad
y formalizar una pareja jugando,
muchas de ellas, el papel de madre
joven” (Menacho, L., 2005: 11).
Esta evolución, desde luego, debido a las circunstancias parƟculares de este Ɵpo de casos, se antoja
lenta, por lo que, por el momento,
la familia de origen y las insƟtuciones asumen un protagonismo especial, en parƟcular también para
el caso de la joven sin pareja. Por
lo pronto, la pareja o la joven involucrada forman parte de una familia extendida, con todas las consecuencias que esto trae consigo.
R: Destaca el estado anímico junto

a la problemáƟca económica después del alumbramiento. Una respuesta refleja el senƟr de las cuatro
jóvenes: “me siento feliz, realizada,
contenta con mi bebé”. El esfuerzo
económico conƟnúa: “mi esposo
sigue trabajando y yo le ayudo vendiendo cosas en el mercadito”; “mi
familia [me apoya]; “pero ya terminé la carrera [y] pienso buscar trabajo”; “[vivimos de] lo que aporta
mi esposo”; mi mamá [me apoya y]
le ayudo con el negocio que Ɵene”.
De nuevo el estado anímico: “estoy
saƟsfecha con mi hija y sólo quiero ser una buena madre, esposa y
estudiante”; “me siento bastante
bien”; “estoy feliz”; “estoy tranquila”. La experiencia del embarazo:
“fue bonita y la disfruté, pero me
hubiera gustado esperarme un
poco más”; “mi bebé es el moƟvo
para trabajar y seguirme superando”; “es complicado cuando no se
Ɵene un apoyo del padre del bebé,
esto me hizo madurar”; “es una
de las etapas más hermosas de mi
vida”.
C: Aquí resalta el efecto especial
que produce en el ánimo de la mujer la experiencia de la maternidad:
aceptación entusiasta del hecho y
asunción de un compromiso nuevo
y disƟnto al que venía ocupando la
atención de la joven estudiante antes de vivir las experiencias del em69

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�Embarazo adolescente

barazo y el alumbramiento; ahora
se ve claro cómo la preocupación
por los propios intereses, sin desaparecer, cede en el plano de las
prioridades un espacio importante
a la atención material y afecƟva del
bebé y, cuando es el caso, de la familia nuclear emergente.

Proyecto de vida y estudios
R: “Terminar la carrera” es la respuesta común; “para apoyar económicamente a mi esposo”, dice
una joven; “Ɵtularme y trabajar”,
dice otra. Otros relatos agregan:
“el estado del embarazo es muy
bonito, pero combinarlo con la responsabilidad de estudiar, es diİcil
de sobrellevar”; “ahora con más razón que tengo mi bebé, tengo que
acabar mis estudios, no dejarlos”;
“quiero seguir estudiando, terminar, pero sin descuidar a mi bebé”.
Ninguna de las cuatro entrevistadas interrumpieron sus estudios
durante el embarazo
C: El significado del estatus de estudiante parece sufrir un cambio
en la medida en que la joven embarazada va encontrándose con el
nuevo compromiso que, como vimos, se consolida a parƟr del alumbramiento. El carácter uƟlitario del
ejercicio de la profesión, que antes

del hecho aquí estudiado representaba sólo una expectaƟva, cobra
realidad cuando aparece el embarazo, induciendo naturalmente a la
joven madre a intentar saƟsfacer,
en el presente o en el futuro, las
nuevas necesidades mediante el
ejercicio de la profesión.
R: Sobre cómo se sobrellevaron,
concomitantemente, los dos compromisos —embarazo o cuidado
del bebé y estudios—, las jóvenes
afirmaron haber recibido apoyo de
“mi familia, amigas, maestros, compañeras;” y, además, en su caso,
“de mi mamá y mi esposo”. Otros
relatos: “mi hermana me cuida a la
bebé, pero ya no va a poder”; “mi
mamá trabaja, tendré qué buscar
una guardería”; “mi mamá me ayuda con la bebé”; “[pienso] dejarlo
al cuidado de mi mamá”; “actualmente mi ơa me cuida la bebé”.
C: Retomando el papel que en el
Ɵpo de casos en estudio juegan las
redes, las insƟtuciones y la pareja
en el apoyo a las protagonistas,
éste se vuelve indispensable una
vez que sucede el alumbramiento.
Especialmente la familia de origen,
ahora en su versión ampliada, se
consƟtuye en respaldo críƟco para
permiƟr la conƟnuación de los estudios de la novel madre.

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�Embarazo adolescente

El final
R: Sobre el matrimonio: “Pues hay
complicaciones como en todo,
pero hay más comprensión, Ɵene
que haber mucha comunicación y
negociación”; “me hubiera gustado
estar casada, pero no se me dio,
me gusta más ser madre soltera”;
“es muy estable tener una pareja
y más cuando se Ɵene un bebé”;
“pienso casarme con alguien que
me quiera a mí y a mi bebé”.
C: El paso de la relación de pareja a
la formación de una familia nuclear
parece reflejar, en el Ɵpo de casos
examinados, el cumplimiento de
un paradigma sociocultural generalmente admiƟdo. Por otra parte,
la inclusión del incipiente grupo familiar en el de origen de uno de los
miembros de la pareja tesƟmonia
el surgimiento intempesƟvo, dentro de la familia ahora ampliada, de
nuevas necesidades económicas y
afecƟvas.
R: Consejos a las compañeras estudiantes: “que se cuiden porque
es diİcil llevar los dos roles, pero
si ya se dio esto, que le echen ganas y sigan adelante”; “yo le agradezco mucho a la gente linda que
me apoyó y me sigue apoyando”;
“que lo piensen, estar embarazada
y estudiar es a veces complicado”;

“que piensen más con la cabeza
que con el corazón”; “que ser madre es lo mejor que le puede pasar
a una mujer, pero que lo hagan a
su Ɵempo, ya que combinar el rol
de estudiante y de esposa es muy
estresante”.
C: De acuerdo con estas respuestas, y volviendo al paradigma del
comentario anterior, parecería que
el modelo ideal integrado por la
secuencia: noviazgo-preparación
para la vida y el trabajo-matrimonio-hijos resulta el más adecuado
para que pareja, embarazo, alumbramiento y familia nuclear surjan
en condiciones socioeconómicas y
afecƟvas ópƟmas.

Conclusión
Del análisis realizado a las respuestas verƟdas por las jóvenes universitarias entrevistadas, respecto
del apoyo recibido por parte de las
redes de su entorno social de las
que ellas formaban parte en el momento de vivir su experiencia de
embarazo y posterior cuidado del
producto, se pueden extraer diversas categorías y proposiciones que
describen algunas caracterísƟcas y
patrones de conducta peculiares al
hecho estudiado.
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1) Existe una diversidad de
momentos en la vida de las
entrevistadas en los que se
presenta un compromiso —
embarazo-cuidado del producto— que trasciende las
expectaƟvas ordinarias de
una joven estudiante.
2) Son variadas las situaciones
propiciatorias de los primeros encuentros sexuales, en
breves lapsos de relación de
pareja, vividas por la joven
estudiante protagonista de
la experiencia aquí estudiada.
3) El nivel de madurez en la
personalidad y en la relación
de pareja de los jóvenes padre/madre ejerce alguna influencia en el Ɵpo de acƟtudes y comportamientos ante
el hecho estudiado.
4) La experiencia del embarazo
en las condiciones descritas despierta senƟmientos
contradictorios de disƟnta
intensidad en la joven que
experimenta el hecho.
5) El estado de salud durante el embarazo sin mayores
sobresaltos está rodeado de
un ambiente de apoyo sustancial por parte de redes,
destacando las insƟtuciones
y la familia de la involucrada.

6) En casos como los aquí estudiados, el impacto amistoso
producido por la frecuencia
de la relación entre jóvenes
condiscípulas se manifiesta a
través de tres vías:

a) una influencia con implicaciones psicológicas y
sociales de apoyo;
b) mediante actos aprobatorios respecto al hecho
del embarazo; y
c) alimentando el entusiasmo en la joven embarazada, contribuyendo así a
superar el estado de vulnerabilidad social que el
embarazo intempesƟvo,
acaecido fuera de los esquemas aprobados, propicia.
7) Se presentan reacciones diversas, a veces encontradas,
frente al hecho estudiado,
por parte de los varones involucrados
8) Los casos estudiados muestran que las relaciones
sexuales entre la joven estudiante y el varón parƟcipante, y las decisiones sobre sus
consecuencias, quedan al
azar de circunstancias emocionales espontáneas.

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�Embarazo adolescente

9) En el contexto del hecho
comentado, con su carácter
intempesƟvo surgen reacciones negaƟvas por parte
de los padres del varón involucrado, en circunstancias
económicas parƟculares y
de senƟmientos de desaprobación del hecho
10) En el contexto de la familia
de origen de cada una de las
jóvenes del estudio, sobresalen cuatro aspectos:

a) la perturbación en la dinámica familiar se resuelve
sin afectar gravemente
los vínculos familiares;
b) el grado de aceptación
del hecho perturbador
por parte de los padres
muestra diferencias importantes en cada caso;
c) el grado de aceptación del
hecho perturbador afecta el ánimo de la joven
embarazada para asumir
posiƟvamente tal experiencia; y
d) la familia es crucial en el
apoyo afecƟvo, moral y
económico a favor de la
joven que experimenta el
hecho estudiado

11) Dos son las insƟtuciones
que juegan en estos casos un
papel importante:

a) los servicios médicos prestados por las insƟtuciones públicas aligeran la carga material y/o emocional en las
relaciones de la joven con
sus padres y con sus parejas;
y
b) además del apoyo insƟtucional, cuando éste existe, de la
enƟdad educaƟva donde la
joven realiza sus estudios, es
importante el ánimo permisivo insƟtucional en el cumplimiento de los deberes escolares de la embarazada de
acuerdo al criterio personal
de cada maestro(a).
12) La expectaƟva de apoyo hacia la joven embarazada por
parte de vecinas se diluye
en estos casos, dado que las
relaciones de vecindad parecen crear redes para la acción frente a problemas comunes más que individuales,
y porque la cercanía vecinal
no implica necesariamente
una interacción individual
frecuente.

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13) La problemáƟca económica que surge en estos casos
muestra relevancia en los
contextos siguientes:

a) la necesidad de atención y apoyo económico
y afecƟvo a favor de la
joven involucrada en el
hecho alcanza su mayor
nivel en los lapsos anterior y posterior al alumbramiento;
b) la intervención de la familia de origen de la joven —familia que se exƟende al acoger temporal
o permanentemente a la
joven involucrada— y de
las insƟtuciones —de salud y educaƟva—;
c) la intervención del varón parƟcipante, crucial
cuando la relación alcanza, lentamente, la consolidación como familia
nuclear independiente; y
d) después del alumbramiento, la preocupación
por los propios intereses
cede terreno a la atención material y afecƟva
del o de la bebé o, en su
caso, de la familia nuclear
emergente.

14) Por lo que hace, finalmente,
a los proyectos de la joven
universitaria, ahora afectados por su situación de madre, muestra cinco aspectos:

a) intentar saƟsfacer, por
parte de la joven, en el
presente o en el futuro,
las nuevas necesidades
mediante el ejercicio de
la profesión;
b) la familia de origen, ahora ampliada, se consƟtuye en respaldo críƟco
para permiƟr la conƟnuación de los estudios de la
novel madre;
c) la formación de una familia nuclear, que refleja y
cumple un paradigma sociocultural generalmente
admiƟdo;
d) surgimiento inmediato,
dentro de la familia ahora
ampliada, de nuevas necesidades económicas y
afecƟvas que saƟsfacer; y
e) el modelo ideal integrado por la secuencia: noviazgo-preparación para
la vida y el trabajo-matrimonio-hijos, resulta,
para el imaginario de las
jóvenes entrevistadas, el

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�Embarazo adolescente

más adecuado para crear,
dentro de la familia, condiciones socioeconómicas y afecƟvas ópƟmas.

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

La evaluación curricular en los
nuevos tiempos
Laura González García
María Eugenia Lobo Hinojosa

Resumen

L

as nuevas tendencias en la
educación a nivel mundial hacen necesario un replanteamiento en la visión que se Ɵene de
la evaluación curricular. No se trata
ya solamente de la evaluación de
resultados, sino de una evaluación
integral de todos los elementos y
actores que intervienen en la educación. Se debe también incluir en
el análisis los diversos componentes del plan curricular con el fin de
contribuir a la opƟmización de la
acción educaƟva, proporcionando
información relevante para efectuar una regulación críƟca de las
acƟvidades y de todo el proceso.
En este trabajo se presenta una reflexión acerca de tales elementos y
de la consideración de los posibles
ajustes en la operación y diseño de
estrategias educaƟvas en la prácƟca del docente, así como de la
intervención de los demás actores
de la educación que comparten la
responsabilidad de educar.

Introducción
Como sabemos, los cambios sociales y tecnológicos que se han
venido presentando, dan como
resultado transformaciones en el
sistema educaƟvo en el mundo entero. Aunado a estas transformaciones, existe en concordancia un
movimiento ideológico que se ha
proyectado fuertemente en la educación, dando pie al surgimiento
de nuevos modelos educaƟvos que
incluyen estrategias disƟntas en el
proceso de enseñanza-aprendizaje.

Así, el aprendizaje y las teorías que tratan los procesos
de adquisición de conocimiento han tenido durante
este úlƟmo siglo un enorme
desarrollo debido fundamentalmente a los avances
de la psicología y de las teorías instruccionales, que han
tratado de sistemaƟzar los
mecanismos asociados a los
procesos mentales que ha-

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

cen posible el aprendizaje
(Reigeuth, 1993:43).
Como es natural, en la generación
de posturas ideológicas se procesan estrategias y formas de actuar
que estén en sintonía con y que
den respuesta a estas nuevas expectaƟvas. En el caso de la educación superior, es el nuevo modelo
educaƟvo basado en competencias
y centrado en el estudiante donde
se idenƟfican diversos aspectos
importantes a considerar en la planeación curricular. Estos aspectos
actúan como indicadores del rumbo que debe tomar el diseño de los
planes educaƟvos e influyen, junto
con otras consideraciones, en el
proceso de evaluación curricular
del plan cuando está en operación.
Así, es necesario disƟnguir entre
evaluación tradicional académica
y evaluación curricular. La primera es aquella en la que se monitorean solamente los avances del
estudiante en relación a los conocimientos adquiridos, en tanto que
en la segunda la evaluación toma
en cuenta todos los elementos y dimensiones del programa educaƟvo
en operación.
Esta nueva tendencia en la educación se traduce en una ópƟca disƟnta en relación con la percepción
del papel que Ɵenen el estudiante
y el docente, ya que se considera al

estudiante como actor del proceso,
a diferencia de la concepción tradicional de receptor de la educación.
En lo que se refiere al docente, se
considera que su papel debe ser
más dialógico y más dinámico en el
senƟdo de promover la criƟcidad,
la flexibilidad y la autodeterminación, ponderando primordialmente la prácƟca de los conocimientos
adquiridos; todo ello representa
una resignificación de las estrategias educaƟvas, considerando
el aprendizaje significaƟvo como
aquel que es transferible, perdurable y comprensivo en un enfoque
global de “aprender a aprender”.
El diseño curricular consiste entonces en:

Construir de forma parƟcipaƟva y con liderazgo el
currículum como un macro
proyecto formaƟvo auto organizaƟvo que busca formar
seres humanos integrales
con un claro proyecto éƟco
de vida y espíritu emprendedor global. Lo anterior
se debe reflejar en poseer
las competencias necesarias
para la realización personal,
el afianzamiento del tejido
social y el desempeño profesional, considerando el desarrollo sostenible y el cuidado
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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

del ambiente ecológico (Tobón, S., 2005: 93).
La conversión hacia un nuevo modelo de aprendizaje que se está viviendo en la educación superior plantea
cambios importantes como fruto del
proceso de adaptación a las nuevas
circunstancias sociales que las carreras universitarias experimentan
en los diferentes países del mundo.
Estas adaptaciones generan cambios
que afectan no sólo al procedimiento de diseño de los nuevos planes
curriculares y a la selección y organización de los contenidos, sino que
además implican transformaciones
en las metodologías de enseñanza y
evaluación que se han desarrollado
hasta ahora en la formación de los
futuros profesionales.
En este nuevo modelo educaƟvo, las estrategias y herramientas innovadoras que se plantean,
permiten valorar el alcance de las
competencias, así como el grado de mejora. En la construcción
del currículo, la formación universitaria debe relacionarse con la
prácƟca y con el desarrollo que el
egresado experimentará a lo largo
de la vida profesional. Otro aspecto fundamental a considerar es la
profesionalización del docente, en
la que el papel de éste es transformado para el logro de los nuevos
objeƟvos curriculares; en este sen-

Ɵdo, se considera ahora al profesor
como un facilitador y generador de
procesos de aprendizaje. Con este
propósito, los modelos simultáneos son los que mejor se adaptan
a la formación de los docentes universitarios ante las innovaciones
curriculares emergentes, porque
responden a una formación específica, profesional y prácƟca.
En lo que respecta a los alumnos, se pretende que sean capaces
de parƟcipar en su propio proceso
educaƟvo y puedan reconocer el
grado de viabilidad y de desarrollo
de las competencias trabajadas. En
general, se trata de desarrollar capacidades y habilidades innovadoras y acordes a los nuevos escenarios sociales y laborales. Para esto,
la capacidad del docente, tanto
para moƟvar el trabajo en equipo
como para crear expectaƟvas de
aprendizaje en los alumnos, es importante en el logro de aprendizajes significaƟvos que den respuesta
a los nuevos retos del entorno. Así,
el plan curricular se ha de diseñar,
desarrollar y evaluar considerando
las necesidades sociales y las condiciones en las que se encuentra
inmerso. Como lo plantea Margarita Pansza (2003): “El diseño, implementación y evaluación de un plan
de estudios en educación superior,
representa una concreción de la relación educación-sociedad”.

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

Principales lineamientos de la evaluación curricular
Es en concordancia con este nuevo enfoque de la educación como
se debe plantear el diseño de la
evaluación curricular. Un plan curricular no puede ser considerado
como estáƟco, pues está basado en
necesidades que pueden cambiar
y en avances disciplinarios, lo que
obliga a actualizar permanentemente el currículo de acuerdo con
las necesidades imperantes y los
adelantos de la disciplina (Díaz-Barriga, Á. et. al, 1995). Para lograr un
plan curricular dinámico, se debe
contemplar la evaluación externa e
interna del plan de estudios y que
los resultados de ésta conduzcan a
la reestructuración curricular que
proceda.
En este entendido, la evaluación curricular debe ser considerada como una acƟvidad sistemáƟca
y permanente que permita mejorar
en forma conƟnua el currículo, ya
que de no ser así éste puede dejar
de responder a las necesidades y
valores que lo jusƟfican. El término
evaluación curricular, no obstante
los diferentes contextos o situaciones en que se aplica, se refiere
siempre a un proceso de parƟcipación en la toma de decisiones
que hace posible que el currículo
se adapte a los cambios tecnoló-

gicos y a las necesidades sociales
(Díaz-Barriga, Á. et al, 2005). Obviamente, el proceso de evaluar un
proyecto curricular en operación
representa un esfuerzo insƟtucional en el que todos los involucrados deben parƟcipar. Docentes,
administradores de las funciones
académicas —coordinadores académicos, de áreas, de unidades
de aprendizaje, de carrera y/o de
disciplina— y estudiantes pueden
aportar elementos de juicio que
se consideran importantes para la
estructuración de valoraciones curriculares que servirán como base
para la mejora conƟnua.
Es importante considerar los
diferentes enfoques de evaluación
curricular para ubicarla en el contexto adecuado. José Félix Angulo
Rasco (2001) señala que la evaluación es un elemento fundamental
del proceso educaƟvo, dado que
permite centrar y orientar las acƟvidades, de modo tal que pone
a prueba el potencial educaƟvo.
Brevemente exponemos aquí tres
diferentes perspecƟvas curriculares posibles: la técnica, la hermenéuƟca y la críƟca, cada una de las
cuales demanda un papel disƟnto
para la evaluación.
En la perspecƟva técnica, el
modelo por objeƟvos enƟende al
currículum como un producto. En
este caso, la evaluación es un ins81

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

trumento externo y objeƟvizado,
operado por los profesores, que
mide la conducta observable en
los alumnos. La evaluación cumple
aquí, únicamente, una función de
control, más fiscalizadora y represora que creaƟvamente correcƟva
y orientadora para el alumno, potenciando un modelo social de dominación más que uno parƟcipaƟvo. De este modo, la perspecƟva
técnica se encuentra separada del
proceso de enseñanza-aprendizaje.
En la perspecƟva hermenéuƟca
todos los parƟcipantes del proceso
habrán de ser sujetos acƟvos, por
lo tanto, la evaluación no puede
ser considerada fuera de los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Los objeƟvos se transforman en
hipótesis y la evaluación se realiza
con el propósito de mejorar dichos
procesos.
La perspecƟva críƟca se orienta
hacia la autonomía y requiere una
evaluación que sea parte del proceso de construcción del currículum. En otras palabras, la acción y
la reflexión se encuentran dialécƟcamente relacionadas, puesto que
no hay acción sino como consecuencia de la reflexión críƟca que,
a su vez, requiere ser someƟda a
un análisis de conjunto. La evaluación se realiza entonces con el objeto de decidir la prácƟca.

Es evidente que en este proceso de evaluación se debe asumir
una postura críƟca y holísƟca. Se
trata de la consideración y comprensión de todos los elementos
que componen el plan curricular,
las estrategias de aprendizaje, el
perfil del docente, la organización
de contenidos y el planteamiento de las competencias. “La visión
de conjunto remite a la totalidad
como unidad, en la que no es posible afectar a una de las fases, los
procesos o dimensiones, sin que se
afecte lo demás que conforman el
todo” (Ruiz, M., 2007: 214).
Es la perspecƟva críƟca la que
determina, así, lo que realmente
significa el proceso de evaluación
curricular como acƟvidad integral
que compromete y hace responsables a todos los actores de la acƟvidad educaƟva y a la insƟtución que
se proponen llevarla a cabo. Este
punto de vista intenta disƟnguir el
proceso evaluaƟvo integral de las
acƟvidades evaluaƟvas parciales o
sesgadas con las que, a veces, se
confunde la evaluación curricular,
en parƟcular cuando a ésta se le ve
desde una perspecƟva meramente
tecnicista y efecƟvista. Previamente a esta nueva visión, la evaluación curricular se había centrado
en la simple medición o conteo de
algunas de las caracterísƟcas del
plan implementado, en especial

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

de los resultados, sin considerar el
proceso como un todo.
Las posturas técnica y hermenéuƟca de evaluación curricular,
aisladamente consideradas, aluden
a los niveles de rendimiento obtenidos por los estudiantes como criterio de valoración de un programa.
Esta idea es evidentemente parcializada, no proporciona indicadores
de otras dimensiones del proceso
y resulta en una evaluación de solamente un aspecto de los resultados. Tales enfoques no son lo más
aceptable si se quiere estar acorde
a los nuevos escenarios en la educación a nivel mundial. Entonces,
así como se ha creado un plan
curricular considerando todos los
lineamientos de este nuevo enfoque, se ha de diseñar la evaluación
como un proceso coherente con
esta nueva postura.
Podemos así determinar que la
evaluación curricular es un proceso criƟco, conƟnuo, parƟcipaƟvo
y constante que —a través de las
dimensiones de efecƟvidad y eficiencia y considerando los recursos
y estrategias— permite mantener
la conƟnuidad entre el diseño y el
desarrollo del currículo en la prácƟca pedagógica; y analiza hechos
y experiencias que contribuyan
a fortalecer la acción educaƟva,
propiciando acciones correcƟvas
o mejoras dentro del quehacer cu-

rricular. De esta manera, la evaluación curricular reorienta las acciones hacia la búsqueda de la mejora
conƟnua de docentes y estudiantes
que interaccionan de una manera
u otra, dialécƟcamente, en niveles
cada vez más colaboraƟvo-compeƟƟvos entre sí y con los demás actores del proceso educaƟvo.
Según Vilma Pruzzo (1999), en
esta concepción el currículo es un
proyecto ins tucional coopera vo
que representa una visión del conocimiento y de la educación, capaz de generar responsabilidades
comparƟdas para transformarlo en
prácƟca pedagógica autorregulada.

Diseño de modelos de evaluación
curricular
El nuevo modelo educaƟvo y el
plan curricular correspondiente,
incluidos todos sus elementos, deben servir como base en el diseño
de los medios de evaluación y seguimiento de este úlƟmo. La evaluación curricular debe idenƟficar,
primero, las expectaƟvas de quienes estén involucrados en la generación del proyecto educaƟvo insƟtucional y con su ejecución. En este
caso, la perspecƟva de la evaluación se concentra en los procesos
insƟtucionales, en las estrategias
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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

que se operan para la consecución
de los objeƟvos planteados —especialmente en los que se refiere
a la formación académica—, y en
cómo los parƟcipantes y los miembros ligados a ella —el docente,
el estudiante, los administradores
académicos, los empleadores y la
sociedad en general— perciben la
labor insƟtucional.
No podemos olvidar que el propósito principal del desarrollo del
currículo es responder a los problemas y cuesƟones reales que presentan los disƟntos sectores y actores insƟtucionales cuando echan a
andar el proyecto que han diseñado. ParƟendo de esto, la finalidad
central de la evaluación curricular
es incrementar la comprensión
de los miembros de la insƟtución
acerca de cómo se percibe el trabajo que ellos mismos realizan, orientándolos más al análisis del proceso que al análisis del producto. No
se excluye, ciertamente, la consideración de este úlƟmo, interpretando y evaluando los resultados
junto a los procesos, visto todo ello
como una unidad relacionada con
el contexto social en donde se lleva
a cabo la labor profesional.
Toda evaluación curricular debe
incluir el análisis de los elementos
de operación que se consideran
en el plan curricular diseñado, las
estrategias educaƟvas, el diseño e

implementación de las unidades de
aprendizaje, el papel que desempeña el docente, así como las técnicas y estrategias de evaluación esƟpuladas para el cumplimiento de
las competencias descritas en el logro del perfil profesional propuesto. Es decir, los elementos del plan
curricular se han de valorar en su
dimensión parƟcular y general, en
su relación con los otros elementos
del plan que se evalúa, en una lógica holísƟca y de integralidad.

Conclusiones
El nuevo enfoque de la evaluación
curricular se refiere a la evaluación
concomitante de procesos y resultados. Dirige su atención al trabajo de profesores, invesƟgadores y
estudiantes, así como a las condiciones que facilitan u obstaculizan
el desempeño de todos estos actores. La finalidad de la evaluación
curricular es ahora proporcionar
al evaluador un conocimiento sobre el desempeño de los procesos
y sus resultados; unos y otros han
de ser objeto de análisis, y no sólo
para ser juzgados conforme a parámetros previamente establecidos,
sino además para comprender mejor las relaciones existentes entre
procesos, entre resultados diversos
y entre procesos y resultados.

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

Por lo tanto, sin dejar de reconocer y fundamentar por qué y
cuándo es necesario recurrir a procedimientos y análisis de Ɵpo cuanƟtaƟvo, el nuevo modelo enfaƟza
las caracterísƟcas cualitaƟvas de la
evaluación curricular. Se propone
un Ɵpo de evaluación que no está
desƟnado a la simple verificación
de la presencia o ausencia de determinados indicadores cuanƟficables de un proceso educaƟvo, sino
a la realización de una valoración
integral del desempeño de todos
los elementos del plan curricular.
La información sobre el desempeño es obtenida aplicando también
instrumentos cualitaƟvos de recolección de datos. Aquí, la descripción de lo que ocurre se completa
y profundiza con la interpretación
de la información que se obƟene.
Lo que se espera del plan evaluado depende del modelo educaƟvo
que la insƟtución ha considerado
como propio. El proyecto de evaluación Ɵene que diseñarse para
proporcionar evidencias acerca del
desarrollo del plan curricular y descubrir aquellos aspectos en los que
se habrá de trabajar para lograr el
cumplimiento de los propósitos
planteados en dicho plan.
Finalmente, un aspecto de
suma importancia en la evaluación
curricular es la parƟcipación acƟva
y compromeƟda de todos los acto-

res del proceso educaƟvo con una
acƟtud críƟca de evaluación y de
autoevaluación, tanto en aspectos
cuanƟtaƟvos como cualitaƟvos,
con la firme convicción de que
todos los esfuerzos que se llevan
a cabo en acƟvidades de análisis
curricular representan una oportunidad invaluable para la mejora
conƟnua del plan curricular y de
la insƟtución de la que los actores
educaƟvos forman parte.

Bibliograİa
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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje
Ruiz, Magalys, 2007, La educación por competencias, Algunas propuestas desde la
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Tobón, Sergio, 2005, Formación basada en
competencias. Pensamiento complejo,
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Ediciones, Bogotá, Colombia.

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

Evaluación curricular integral,
sistemática y permanente:
un camino a seguir
María Eugenia Lobo Hinojosa
Laura González García

Resumen

E

ste trabajo plantea la necesidad de considerar a la evaluación como una cuesƟón
intrínseca al proceso curricular que
debe construirse como un proyecto
de invesƟgación-acción y establecer, desde su formulación inicial,
sus propósitos y límites. Se trata de
puntualizar lo que realmente significa realizar evaluación curricular
como una acƟvidad integral, sistemáƟca y permanente, que permita
mejorar en forma conƟnua el currículo con la convicción de que si no
se hace, éste puede dejar de responder a las necesidades y valores
que lo jusƟfican.
Se enfoca, específicamente, al
ámbito de la evaluación curricular
integral en el plan de estudios de la
Licenciatura en Trabajo Social y Desarrollo Humano de la Universidad
Autónoma de Nuevo León (UANL),
diseñado de acuerdo al Modelo
EducaƟvo de la UANL; si bien se
enmarcan las razones para realizar

dicha evaluación, ésta puede enfocarse también en otros planes de
estudios de la UANL e incluso de
otras universidades. Se realiza una
disƟnción entre este trabajo evaluaƟvo y las acƟvidades parciales
o sesgadas con las que, a veces, se
confunde la evaluación curricular,
desde una perspecƟva meramente
tecnicista.
Se desprende como planteamiento principal de este trabajo
que: la evaluación curricular requiere ser concebida como un proceso permanente de invesƟgación
que debe insƟtuirse en forma integral, dinámica, sistemáƟca y de
manera deliberada desde el inicio
del plan curricular para suministrar
validez, confiabilidad y objeƟvidad,
además de establecer relevancia,
alcance, duración y eficiencia del
plan curricular, de acuerdo con las
innovaciones que la propia profesión, así como el proceso educaƟvo
y social exigen en el momento actual.

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

Introducción
Un plan curricular no puede ni
debe ser considerado como estáƟco debido a que está basado en
necesidades cambiantes y en avances disciplinarios, lo cual obliga a
actualizarlo permanentemente de
acuerdo con los requerimientos
imperantes y los adelantos de la
disciplina (Díaz-Barriga, F., 2005).
Sin embargo, es importante entender que la evaluación curricular es
una acƟvidad social que no puede
ser simplificada a un enfoque tecnicista y conductual, pues su base
determinante es socioeconómica
y su análisis no puede reducirse a
una simple suma de un conjunto
de mediciones. Debe construirse
como un proyecto de invesƟgación-acción y establecer, desde su
formulación inicial, sus propósitos
y límites (Pérez, A., 2004).
En realidad, no es posible evaluarlo todo, en todo momento, ni
en detalle; como en toda evaluación, es necesario seleccionar la
muestra de su contenido, precisar
los métodos, procedimientos y técnicas a emplear, así como los criterios para su calificación, resaltando
la importancia de la valoración en
este proceso, de forma planeada
y permanente. De esta manera,
la comprensión de la evaluación
curricular como proceso conƟnuo

permiƟrá precisar las relaciones y
orientar las vías de invesƟgación a
parƟr del dominio de la teoría educaƟva que se sustente.
Con la visión anteriormente expresada, se pretende trabajar el
ámbito de la evaluación con el plan
de estudios de la Licenciatura en
Trabajo Social y Desarrollo Humano, el cual fue diseñado de acuerdo
a los nuevos Modelos EducaƟvo y
Académico de la UANL.

Definición, importancia y problemá ca que conlleva la evaluación
curricular
Aunque la evaluación curricular se
puede definir de diferentes maneras, para sentar las bases del
trabajo propuesto se define como
el seguimiento conƟnuo y sistemáƟco que se le hace al objeto de
evaluación curricular seleccionado,
a fin de de idenƟficar los logros y
las dificultades presentadas en el
proceso y poder tomar decisiones
que lleven a un mejoramiento de la
calidad educaƟva (Lazo, J., 2000).
Bajo este contexto, la evaluación curricular debe ser entendida
como una acƟvidad integral, sistemáƟca y permanente, que permita
mejorar en forma conƟnua el currículo, ya que de no hacerse, éste
puede dejar de responder a las

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

necesidades y valores que lo jusƟfican. El término evaluación curricular, de acuerdo a los parámetros en
que está aquí especificado, manƟene su concepción de un proceso de parƟcipación en la toma de
decisiones que hace posible que el
currículo se adapte a los cambios
tecnológicos y a las necesidades
profesionales y sociales (Salas, R.,
2000).
Es perƟnente aclarar que si bien
la evaluación curricular siempre ha
sido importante, en los Ɵempos
modernos tal importancia se ha
magnificado, producto de la globalización, el avance de la tecnología
y los innumerables hallazgos cienơficos, impactando los requerimientos sociales y laborales, por lo que
en la educación superior en general
y, específicamente, en el campo del
trabajo social y el desarrollo humano, se hace primordial juzgar conƟnuamente los resultados obtenidos
para, cuando así se requiera, realizar cambios en forma racional y
fundamentada. Con este enfoque,
la evaluación proporcionará la información necesaria que permiƟrá
establecer las bases objeƟvas para
mantener o modificar los elementos del plan de estudios a evaluar.
Es indispensable también valorar
lo más objeƟva y sistemáƟcamente posible los logros y las áreas de
oportunidad del plan curricular en

operación (Díaz-Barriga, F., 2005).
Una cuesƟón importante de
aclarar aquí, es el hecho de que
la “puesta en escena” de esta forma de evaluación curricular no se
presenta como tarea fácil. Generalmente, cuando se lleva a cabo una
evaluación se conduce de manera
no sistemáƟca, sin metodología alguna y sin atender todos los aspectos que la engloban, lo que muchas
veces conlleva a la creación de planes de estudio que se uƟlizan por
años sin modificación alguna, o a
planes que sí se modifican, pero
sin un proceso cienơfico de evaluación.
Lamentablemente, en muchas
ocasiones el método más uƟlizado
se limita a analizar la secuencia y organización de los ơtulos de las asignaturas y de las unidades temáƟcas,
lo que da lugar a la obtención de
información descripƟva e incompleta, pues no se indica el rendimiento
real de los estudiantes, y tampoco si
al egresar de la carrera han desarrollado las competencias que les son
solicitadas en el área profesional
(González, E., 2007). Cabe señalar
también que, habitualmente, se ha
ubicado a la evaluación curricular
al final del egreso de una generación, lo que resulta en que se revisen sólo los componentes curriculares finales de todo el proceso,
prácƟca por demás inconveniente,
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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

pues la evaluación se realiza tarde
e impide detectar errores e incongruencias comeƟdas en las etapas
iniciales (Salas, R., 2000). De aquí
la jusƟficación de que el proceso de
evaluación del plan de estudios de
la Licenciatura en Trabajo Social y
Desarrollo Humano sea conƟnuo y
se lleve a cabo bajo un seguimiento
permanente. Otro problema que se
enfrenta en el proceso de evaluación consiste en que se involucran
intereses humanos e insƟtucionales, lo cual la obstaculiza, pues en la
recolección de datos, éstos pueden
ser distorsionados u obstruidos en
favor de dichos intereses (Díaz-Barriga, F., 2005); por ello es importante que parƟcipen acƟvamente
todos los actores involucrados en
el currículo —profesores, alumnos,
administradores, evaluadores, empleadores, etcétera— de manera
integral.

Razones para realizar una evaluación curricular de un nuevo plan de
estudios.
De acuerdo a lo expresado, surge
una pregunta obligada: ¿por qué
planear e iniciar una evaluación
curricular cuando aún no se ha
puesto en marcha un plan de estudios? Tal es el caso de un plan de
estudios nuevo de una licenciatu-

ra, recién aprobado por un Consejo
Universitario y que ha sido cuidadosamente planeado en su diseño,
de acuerdo a un Modelo EducaƟvo
que toma en cuenta los úlƟmos
requerimientos en lo referente a
la educación superior: basado en
competencias generales y específicas, centrado en el aprendizaje
y en el estudiante, flexible e innovador. La respuesta puede ser muy
amplia, sin embargo, para efectos
de rápida comprensión, es posible
resumirla en lo siguiente:
Primero: en la actualidad, en función a los grandes cambios y los
avances cienơficos permanentes
de las diferentes disciplinas, deben
planearse con cuidado los pasos
a realizar para juzgar tanto el proceso como los resultados, lo que
permiƟrá reestructurar, adecuar o
realizar los ajustes en el momento oportuno, de manera racional
y técnicamente coherente con la
situación profesional, educaƟva y
social.
Segundo: se facilita la opƟmización
de cada uno de los elementos del
proceso al proporcionar la información necesaria que permiƟrá establecer las bases confiables y válidas
para modificar o mantener dichos
elementos.

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

Tercero: para lograr la mejora educaƟva conƟnua, es indispensable
valorar lo más objeƟva y sistemáƟcamente posible los logros y áreas
de oportunidad del plan curricular
previsto.
De lo anterior se desprende,
como planteamiento principal de
este trabajo, que la evaluación
curricular requiere ser concebida
como un proceso permanente de
invesƟgación que debe insƟtuirse
en forma integral, dinámica, sistemáƟca y de manera deliberada
desde el inicio del plan curricular
para suministrar validez, confiabilidad y objeƟvidad, además de establecer relevancia, alcance, duración y eficiencia del plan curricular,
de acuerdo con las innovaciones
que la propia profesión, así como
el proceso educaƟvo y social exigen en el momento actual.

diseñado se cumple o no. Ello supone considerar la evaluación curricular del plan de estudios como
un proceso amplio que incluye la
evaluación del aprendizaje de los
estudiantes y todo lo que Ɵene
que ver con el aparato académico y
administraƟvo, e incluso la infraestructura que soporta al currículo
en forma sistémica.
Se debe evaluar lo que está
concebido, diseñado, ejecutado,
incluido el proceso de evaluación
curricular en sí mismo. Es decir, es
importante tener en cuenta la necesidad de evaluar la propia estrategia de evaluación, por lo que se
han de diseñar y probar los instrumentos y técnicas que se usarán,
procurando que sean objeƟvos, válidos y confiables.

Elementos
Evaluación curricular sistémica, sus
fases y elementos
Frida Díaz-Barriga (2005) señala que la evaluación curricular es
una dimensión que forma parte
de todos los momentos del diseño y desarrollo curricular, debido a
que en todo proceso educaƟvo es
una tarea esencial mediante la cual
puede saberse hasta qué punto —
con determinados indicadores— lo

En el diseño de la evaluación curricular de la Licenciatura en Trabajo
Social y Desarrollo Humano, los
principales elementos a tener en
cuenta son (Fernández, J., 2008):

— ¿Para qué? Objetivos más
generales de la evaluación.
— ¿Qué? Todo el currículum
o un aspecto parƟcular de
éste.
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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

— ¿Quién? Según lo que se
vaya a evaluar y el nivel
organizativo en que se
realizará, se determinarán
los parƟcipantes y se atenderán los criterios o sugerencias de los estudiantes.
— ¿Cómo? Métodos a utilizar
en dependen-cia de lo que
se evalúa.
— ¿Con qué? Medios, recursos,
presupuesto.
— ¿Cuándo? Secuenciación u
organización del proceso de
evaluación.

Dentro del marco de la evaluación
se considera importante realizar
cuatro operaciones fundamentales, como bien lo menciona Tyler
(citado en Díaz-Barriga, F., 2005):

— La definición y delimitación
precisa del aspecto educaƟvo que se quiera evaluar.
— La definición operacional del
aspecto educaƟvo en cuesƟón.
— La selección y elaboración
de instrumentos y procedimientos de evaluación más
adecuados para dicho conjunto de conceptos y suposiciones; entre los procesos
para recopilar información,

pueden uƟlizarse tanto procedimientos formales como
informales, estrategias cuanƟtaƟvas o cualitaƟvas; el
empleo de análisis de interacción, videos tomados en
el aula, observación parƟcipante, análisis documental,
listas de comprobación, entrevistas, cuesƟonarios o encuestas, escalas, entre otros.
— La revisión conƟnua de todos los pasos anteriores, de
acuerdo con la información
obtenida a parƟr de la aplicación de los instrumentos y
procedimientos diseñados,
de la definición del aspecto
educaƟvo evaluado, de los
conceptos y suposiciones
formulados y de los mismos
instrumentos y procedimientos desarrollados.
Por medio de estos pasos generales, se conducirá la evaluación de
cada una de las diversas etapas del
proceso de derivación curricular,
en su conjunto y en diferentes niveles, aunque habrá variantes de
acuerdo con las caracterísƟcas de
cada etapa y de cada evaluación.
Es importante aclarar que las
estrategias de evaluación del currículum deben ser válidas y confiables. Deben estar prescritas por
una éƟca de la evaluación, donde la

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

transparencia de los propósitos, la
credibilidad de los procesos, el manejo confidencial de la información
y la racionalidad de las decisiones
serán criterios clave que habrían
de seguirse (Santos, 1990)

Momentos y etapas
En dependencia de lo que se evalúa, la evaluación curricular debe
realizarse en disƟntos momentos
y con funciones diversas, pero con
los mismos criterios generales (Fernández, J., 2008):

— La evaluación curricular inicial o diagnósƟco: que corresponde a la etapa preacƟva del proceso y Ɵene como
principal propósito determinar si las condiciones para
ejecutar el currículo están
dadas o deben ser creadas.
En el caso de la Licenciatura
en Trabajo Social y Desarrollo Humano, esta etapa se ha
realizado de forma previa al
inicio del plan en agosto de
2011.
— La evaluación curricular forma va o conƟnuada: que
corresponde a la etapa acƟva del proceso de enseñanza-aprendizaje. Esta fase se

plantea como una importante función reguladora, ya
que estudia aspectos curriculares que pueden no estar
funcionando bien y propone
alternaƟvas de solución para
su mejoramiento.
— La evaluación curricular suma va: que se realizará en
la etapa posacƟva del proceso de enseñanza-aprendizaje y permite la toma de
decisiones respecto al currículo —dejarlo igual, mejorarlo o rediseñarlo—. De ahí
que se puede converƟr en
evaluación inicial o en parte
de ésta, cuando sirva para
plantearse una adecuación
curricular.
Fases: evaluación interna y externa
De acuerdo a Frida Díaz-Barriga
(2005), en la evaluación integral
del plan de estudios se deberán
incluir los aspectos internos y externos del mismo. Surge de esta
manera la necesidad de una evaluación interna y externa del plan
de estudios en cuesƟón.
La evaluación interna está referida a la evaluación del proceso,
midiéndose a través de la eficacia
y eficiencia. Se trata de determinar
el logro académico de los estudiantes con respecto al plan de estu93

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

dios; comprende la evaluación de
los elementos curriculares, organización y estructura del plan. La evaluación externa Ɵene relación con
la evaluación del producto como
proceso final del proceso educaƟvo. Busca determinar el impacto
que puede tener el egresado con
respecto a lo determinado en el
perfil profesional propuesto y a su
capacidad para solucionar los problemas y saƟsfacer las necesidades
que el ámbito social demanda.
Entre las acƟvidades sugeridas
para realizar la evaluación interna
se encuentran:

— Analizar la congruencia o coherencia entre los elementos curriculares en cuanto a
la relación de correspondencia y proporción entre ellos,
así como entre las áreas, tópicos y contenidos especificados.
— Analizar la secuencia e interdependencia de las unidades
de aprendizaje en función
de los principios del modelo
psicopedagógico asumido,
con el propósito de adecuarlos.
— Analizar la educación de
contenidos y acƟvidades
curriculares con los principios epistemológicos y psi-

—

—

—

—

copedagógicos referidos a
la población estudianƟl y
a la estructura sintácƟca y
semánƟca de las disciplinas
o campos de conocimiento
que sustentan el proyecto
curricular.
Analizar la operaƟvidad de
los aspectos académico-administraƟvo insƟtucionales e
interinsƟtucionales.
InvesƟgar los factores relacionados con el aprendizaje,
desarrollo personal y logro
académico de los alumnos,
como causas e índices de
reprobación, número de desertores, aprovechamiento
escolar, destrezas académicas, acƟtudes y moƟvación,
rasgos personales y aprendizaje, etcétera.
IdenƟficar los problemas
que el currículum plantea
en su prácƟca, así como los
factores que condicionan su
éxito o fracaso, como confrontación potencial, interés
y condicionalidad.
Contrastar los presupuestos del currículum formal
en cuanto a las capacidades
cogniƟvas y desempeño de
los estudiantes con la instauración de acƟvidades metacurriculares e instruccionales.

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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

Para la evaluación externa, se trabajará con:

— Revisión críƟca del marco de
referencia que da sustento al
proyecto curricular.
— InvesƟgación conƟnua de
las necesidades sociales que
abordará el egresado, en el
contexto de un análisis de
la prácƟca social de la profesión.
— InvesƟgación conƟnua del
mercado ocupacional, demanda laboral, subempleo
y desempleo del egresado;
delimitar la formación requerida y potencial en el
ámbito ocupacional y retroalimentar la estructura formal
del currículo.
— InvesƟgar los alcances y limitaciones de la incidencia
de la labor profesional del
egresado en relación con las
diferentes áreas, sectores y
acƟvidades propuestas en
el perfil profesional, tanto a
corto como a mediano plazo.
—InvesƟgación de las funciones profesionales desarrolladas en el desempeño de
la profesión con respecto
a la formación ofrecida en
la insƟtución educaƟva y la

propuesta a los egresados
de otras insƟtuciones.
Tomando como referencia la contextualización anterior, se pretende:

Realizar las evaluaciones interna y
externa del plan de estudios de la
Licenciatura en Trabajo Social y Desarrollo Humano y, con base en los
resultados que se obtengan, plantear —si es necesario— las modificaciones necesarias para conservar
el plan de estudios adecuado a los
requerimientos, educaƟvos, laborales, sociales e insƟtucionales.
Para llevar a cabo este importante trabajo, se uƟlizará información que provenga de estudiantes,
profesores, egresados, autoridades, expertos y empleadores en el
área del Trabajo Social y el Desarrollo Humano.

Conclusiones
La evaluación curricular, en cuanto
al análisis de su diseño, proceso y
producto resultante, requiere un
periodo que comprenda el Ɵempo
de duración de la carrera, más uno
o dos años de ejercicio profesional
del egresado. Por dicha razón no
puede —ni debe— esperarse a
desarrollar este proceso completo
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�La evaluación aplicable al proceso enseñanza-aprendizaje

para iniciar el perfeccionamiento
curricular.
Es necesario establecer, en el
proyecto de evaluación curricular,
propósitos parciales, por etapas,
con el fin de ir garanƟzando la retroalimentación necesaria que
posibilite enfrentar el perfeccionamiento constante y sistemáƟco del
currículo, así como asegurar su correcta direccionalidad técnica hacia
el logro de los objeƟvos generales
propuestos.
La evaluación integral, sistemáƟca y permanente del currículo
consƟtuye un proyecto de invesƟgación-acción de desarrollo educacional que deben efectuar las
universidades, lo que asegura una
mayor exigencia en la calidad del
profesional que se forma y alcanzar
una mayor excelencia académica;
todo lo cual necesariamente repercuƟrá en un incremento en la calidad de los servicios del profesional
y en la saƟsfacción de la población.

Bibliograİa
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grado de Msc., La Habana, InsƟtuto Superior Pedagógico Enrique José Varona
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04/11/2011 09:33:26 a.m.

�La implementación de estrategias en general

¿Mucha estrategia, poca
implementación?
Juan Manuel Gu érrez Rodríguez
J. Jesús Pérez López
Rebeca Guerra Orona

F

ormular estrategias es complicado. Sin embargo, implementarlas resulta una tarea
mucho más ardua y compleja debido, principalmente, a los obstáculos políƟcos y organizacionales
que se presentan dentro de las insƟtuciones. Es por ello que se dice
que cualquiera puede elaborar una
estrategia ingeniosa, pero son muy
pocos los que en verdad logran que
ésta se lleve a cabo.
Antes de entrar al tema de implementación de la estrategia, es
importante estar 100 por ciento seguro de que el proyecto es el adecuado. Una pregunta que se puede
formular para contar con mayor
seguridad, es: ¿está mi estrategia
enfocada en el sector o mercado
correcto? De acuerdo a varios estudios, se puede asegurar que es
mucho más importante el dónde se
implemente la estrategia que cómo
se lleve a cabo.

De hecho, el 80% del crecimiento en ingresos se puede explicar con las decisiones sobre dónde actuar o
compeƟr, de acuerdo a un
estudio en The Granularity
of Growth, dejando solo el
20% explicable con el cómo
actuar o compeƟr. (Hall, B.,
2008).
Una vez asegurado que la estrategia se encuentra en el lugar correcto, el administrador de proyectos
se puede cuesƟonar cosas como:
¿la estrategia está por delante de
las tendencias o simplemente sigue a la manada?; y si la información que se tomó en cuenta para
la elaboración de la estrategia es
privilegiada o cualquier compeƟdor puede llegar a ella. CuesƟones
como éstas y muchas otras más le
ayudan al administrador a escoger
la estrategia correcta; sin embargo,
el tema a analizar en este arơculo
no es la estrategia en sí, sino la for-

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�La implementación de estrategias en general

ma en que ésta se implementará en
la insƟtución.
Para implementar una estrategia se necesita, antes que nada, el
apoyo de las personas más influyentes dentro de la empresa:

En la primera etapa de planeación, uno de los elementos críƟcos para la implementación exitosa de la
estrategia es la necesidad de
un completo apoyo y determinación de la alta gerencia
o los accionistas y que esta
misma se mantenga durante todo el proceso (Ross, J.,
2011).
La colaboración y aceptación debe
ser de 100 por ciento para que la
estrategia se lleve de acuerdo a lo
planeado. Esta cooperación se logrará en la medida que los direcƟvos sientan en verdad el proyecto
y comprendan, además, los beneficios que brindará a la insƟtución.
Para el administrador de proyectos, es importante contar con
el apoyo de los direcƟvos, consejo administraƟvo o accionistas, ya
que con su colaboración se le otorga a aquél un gran poder mediante
el que la estrategia puede llevarse
a cabo:

Finalmente, el poder es vital para la implementación
exitosa. Cualquier estrategia
que viole los valores organizacionales y las estructuras
de poder no logrará ser implementada (Bradley, C., M.
Hirt y S. Smit, 2011).
Con el apoyo de los direcƟvos y demás personas de los puestos más
altos de la insƟtución es como se
inicia el proceso de implementación de estrategia.
Un úlƟmo punto importante:
además de contar con el soporte
esencial de direcƟvos, consejo administraƟvo o accionistas y el poder que éstos le otorgan, es que al
administrador de proyectos consiga que estos mismos se involucren
en la fase inicial, ya que es aquí
donde se pueden encontrar errores inadverƟdos que pueden corregirse antes de iniciar el proceso de
implementación.
Una vez contado con el apoyo
de los accionistas, se necesita crear
un buen plan de acción, porque es
en esta etapa donde se definirá el
éxito o fracaso de la estrategia: “un
claro plan de acción alineado con
la meta final necesita ser establecido para todos los elementos del
proyecto” (Ross, J., 2011). El administrador debe informarle a cada
quien su rol en la implementación

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�La implementación de estrategias en general

del nuevo proyecto y para ello necesita de un plan detallado que involucre a todos los componentes
de la estrategia en acción. Se necesita además marcar varios puntos
en donde se logren victorias y que
éstas sean celebradas por todos “y
asegurar que son significantes, observables y reconocidas victorias a
lo largo del camino” (Springer, C.,
2005). De esta manera se manƟene el ánimo de todo el personal involucrado en la estrategia y se crea
una sensación de ir avanzando. Por
úlƟmo, el plan de acción debe llevar una sólida base de reglas: “Es
esencial que se establezca una clara base de reglas que sea entendida
por todas las partes involucradas”
(Ross, J., 2011). Se necesitan reglas
para cada parte del proceso y para
todas las juntas que deban realizarse, entre otros eventos necesarios
para mantener la estrategia con un
buen nivel de implementación. Un
plan de acción con victorias y reglas constantes crea una seguridad
y tranquilidad en todas las personas involucradas en el proyecto y
facilita el cambio.
Después de realizar estos pasos, el administrador se encuentra
en buenas manos y puede empezar
con certeza la gran travesía de implementar la estrategia en la insƟtución. Sin embargo, es importante
no olvidarse de dos puntos claves

que serán vitales para el éxito de la
estrategia. El primero: una buena
comunicación.

Se capacitó a 50 administradores en técnicas de presentación para asegurar un
método de comunicación
estándar, el cual sería transmiƟdo a todos los afectados
por el proyecto para que de
esta manera comprendieran
el contexto de los cambios
y la forma en que estos los
afectarían a cada uno de
ellos (Ross, J., 2011).
Y no es sólo tener una buena comunicación, sino por lo menos una
comunicación estándar y relacionable con todas las áreas dentro
de la insƟtución. El segundo punto:
los eventos inesperados. Es crucial
saber que al final siempre surgirán
cosas inesperadas y es de suma importancia que el administrador conozca cómo manejarlas.

lo inesperado ocurrirá. Cuando suceda, es imponderable
que los lideres uƟlicen toda
su experiencia y la de sus colegas para que puedan adaptarse a la nueva situación y
el proyecto se mantenga en
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�La implementación de estrategias en general

pie; y de esta manera cumplir con sus compromisos
hacia la organización (Ross,
J., 2011).
Con una rápida adaptación impulsada desde el administrador, la
estrategia podrá seguir su marcha
hacia el objeƟvo planeado.
Es curioso que la principal razón
por la cual las estrategias no se implementan adecuadamente resulten ser las personas mismas que
las formulan. Y es que aun y cuando son ellas las más moƟvadas para
implementar dicho cambio, dejan
esa tarea a alguien más o a la suerte. Por alguna razón, sienten que su
trabajo ya está hecho y que no necesitan involucrarse más. Y es normal senƟrse más a gusto con la sola
tarea de planear una estrategia, ya
que la implementación suele venir
de la mano de muchos problemas
y situaciones inesperadas. Sin embargo, debe surgir un cambio en la
mentalidad de los administradores,
en especial de aquellos que sienten
que su trabajo está terminado cuando en verdad apenas comienza.
En conclusión, cito al exejecuƟvo en jefe de IBM, Louis Gerstner,
que resume excelentemente la situación actual: “Lograr que ocurra
es posiblemente más importante
que crear una brillante nueva es-

trategia. Ejecución —hacerlo posible— es la cualidad más menospreciada de un líder empresarial”.

Bibliograİa
Springer, ChrisƟne, 2005, “Keys to Strategy
ImplementaƟon”, PA Times, 28(9), 9-9.
Ross, Jeremy, 2011, “Factors to Support
Successful Strategy implementaƟon.
LogisƟcs and Transport”, Focus, 13(1),
pp. 40-43.
Bradley, Chris, MarƟn Hirt y Sven Smit,
2011, “Have you Tested your Strategy
Lately?”, McKinsey Quarterly, (1), 4053.
Hall, Brandon, 2008, “Five Key AcƟons for
ImplemenƟng Strategy”, Chief Learning
Oﬃcer, 7(11), 18-18.

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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Realidades. Revista de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano es una publicación semestral que reúne las contribuciones académicas de cualquier interesado en dar a conocer su trabajo de investigación acerca de temas relacionados con el desarrollo social, desarrollo humano, familia, género, salud, educación, vivienda, comunidad, desarrollo urbano y rural, pobreza, bienestar social y, en general, tópicos de políticas sociales, programas y proyectos sociales, mediante artículos de investigación, ensayos, reseñas, informes, entre otros.</text>
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                <text>González Alcalá, José Ricardo, Editor Responsable</text>
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                <text>García Horta, José Baltasar, Coordinador</text>
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